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                    <text>Sección Segunda
LETRAS

�LA FUNDAMENTACIÓN PSICOLÓGICA DE LA
POtTICA EN DILTHEY
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA
Universidad de Nuevo León

ENTRE LOS MUCHOS ESTUDIOS que Dilthey consagró a los problemas literarios, uno, fechado en 1887, está íntegramente dedicado al de la teoría literaria. Propiamente, Dilthey no maneja ni utiliza esta denominación, sino la de
poética, pero en el fondo el estudio de referencia está orientado totalmente
a uno de los aspectos o problemas centrales de la teoría literaria: la explicación del fenómeno de la creación. La imaginación del poeta, título que dio
Dilthey a este trabajo (con el subtítulo "Materiales para una poética"), ofrece
una introducción de carácter histórico y se extiende después en consideraciones que desembocan en leyes generales y conclusiones sobre la técnica poética.
En estas páginas trataremos de comentar y estudiar las principales ideas de
Dilthey sobre estos problemas.1 ·
A un siglo de distancia de las inquietudes poéticas y filosóficas de la época
de la Ilustración, así como de las expresiones en las que vertieron esas inquietudes los grandes poetas y pensadores alemanes de la segunda mitad del siglo
XVIII, Dilthey encuentra que la anarquía reina en el campo de la poética, es
decir, no hay, al finalizar el siglo XIX, caminos o ideas que pretendan esclarecer, a través de la interpretación y la investigación, el fenómeno literario,
lo que se traduce en anarquía tanto desde el punto de vista del poeta como
del lector; aquél no cuenta con leyes (más adelante veremos el sentido que da
Dilthey a este problema en particular, pues no se trata de ningún modo de reglas según las impuso la preceptiva decimonónica), ni por su parte el lector
1

Para este trabajo se utilizó la tradución de Eugenio lmaz, en el vol. VI de las
obras de WJLHELM DILTHEY, Psicología y Teoria del Conocimiento, Fondo de Cultura
Económica, México, 2a. edición, 1951. Del mismo texto hay traducción también de
Elsa Taberning, con el título: Poética (Biblioteca Filosófica), Ed. Losada, Buenos
Aires, 1945; apareció una edición posterior.

157

�cuenta con elementos que permitan orientar o dirigir sus relaciones con la literatura. Esto tiene singular importancia en las ideas de Dilthey, porque él
concibe que la poética debe tener un doble valor, proveniente de la estrecha
relación en que deben encontrarse teoría y práctica poéticas. No podría, pues,
pensarse en una teoría de la literatura que estuviera divorciada del hacer mismo literario.
La estética alemana del siglo XVIII dejó las bases para fundamentar una
poética ( Schiller, Herder, Goethe, Schelling, los Schlegel, etc.) y sobre las tres
principales proposiciones de esta estética inicia Dilthey su trabajo, no sin antes dejar bien claro que la poética aristotélica, como teoría de las formas y
como técnica, nada podía proponer. 2
La primera proposición que desprende Dilthey de la estética alemana tiene
que ver directamente con lo que la poesía es. Se llega a .esta concepción de la
poesía sólo a través de la reflexión directa sobre ella, es decir, sin pretender
explicarla por lo que no le es esencial, actitud verdaderamente nueva y que
implica una postura diferente frente al fenómeno, manejado hasta entonces
desde fuera mediante un lenguaje que por sí mismo no proponía ningún problema y por lo mismo ninguna solución: no se trata ahora de saber cuál es
la ubicación de la obra, según sus características, en un determinado lugar del
campo literario sometido a clasificaciones y subclasificaciones, sino de saber
cuál es la naturaleza de esa obra, aquello que la hace ser poesía, mediante el
conocimiento de lo que hace el poeta cuando la escribe. Dice Dilthey: '•y
cuando en el siglo XVIII la poesía se convierte en Alemania en potencia dominante y al reflexionar sobre la fuerza psíquica que actúa en ella se percata
de su capacidad genial para producir un mundo propio, cuando se pudo gozar en Goethe la encarnación de esta capacidad genial, surgió este conocimiento fundamental de la poesía: no es imitación de una realidad que ya estaría ahí; no consiste en el revestimiento de verdades, de un contenido espiritual existente de antemano; la facultad estética es una fuerza creadora que
engendra algo que sobrepasa a la realidad, un contenido que no se da en ningún pensamiento abstracto, en definitiva, un modo y manera de considerar el
' La segunda mitad del siglo XVIII inició la reacción contra la poética aristotélica.
René Welleck habla de una concepción de la literatura, igual en 1550 y en 1750, es
decir, que a partir de la segunda mitad del siglo comienzan a desplegarse ideas independientes de la autoridad aristotélica en los estudios literarios, si bien ya la literatura
seguía otro camino. Cfr. RENÉ WELLECK, Historia de la crítica literaria (1750-1950)
1, La segunda mitad del siglo XVIII, Ed. Gredos, Madrid, 1959, p. 16. Un estudio
magnífico sobre las limitaciones y estructura de la Poética de Aristóteles, en la introducción de Juan David García Bacca, incluída en su edición de la obra: ARISTÓTELES,
Poética (Biblioteca scriptorum graecorum et romanorum mexicana), versión, introducción
y notas de Juan David García Bacca, Universidad Nacional Autónoma de México,
México, 1945.

158

mundo. De esta suerte se reconoció en la poesía una facultad autónoma para
contemplar la vida y el mundo; se convirtió en órgano de la comprensión del
mundo y se puso así al lado de la ciencia y de la religión".3 Todo esto proviene de Schiller, y Dilthey da el nombre de este poeta a la ley que se desprende
de sus ideas: "El proceso estético abarca en la forma la vida gozada en el sentimiento y así anima la intuición, o que representa en la intuición esta vida y
así traduce la vida en forma, teniendo, por lo tanto, lugar una reversión constante de la vivencia en la forma, de ésta en aquella ... " 4 En verdad, esta
idea es la principal para una nueva concepción de la tarea del poeta; se trata, en el fondo, el descubrimiento de la fuerza creadora, lo que desarrollará,
y ejercitará, en pleno romanticismo.
Las otras dos proposiciones de la estética alemana, se refieren, una al problema del gusto: la impresión estética, el efecto que la obra causa en el lector
u oyente, obedece a los mismos principios que la creación; la otra, se refiere a
la relación existente entre creación y realidad: "El arte resuelve constantemente una tarea para cuya solución las condiciones se hallan en la realidad
exterior. Entre la realidad exterior y el ojo que percibe la belleza en ella tiene
que darse una relación que haga posible descubrir la belleza en el mundo. La
creación del artista no hace sino potenciar propiedades que se hallan ya en
lo real".5
3

DILTHEY, p. 15.

• lbidem. El texto de Schiller dice: "El objeto del impulso sensible, expresado en
un concepto general, se llama vida en su significación más amplia, un concepto que
significa toda existencia material y todp lo presente inmediato a los sentidos. El objeto
del impulso formal, expresado en un concepto general, se llama / orma, tanto en su
significación propia como en la impropia, un concepto que comprende en sí todas las
cualidades formales de las cosas y todas las relaciones de las mismas con las facultades del pensamiento. El objeto del impulso de juego, pensando en un esquema universal, podrá llamarse, pues, / orma viva, concepto que sirve para la denominación de
todas las cualidades estéticas de los fenómenos y, en una palabra, para aquello que
en su significación más amplia, se llama belleza. Con esta explicación, si lo es, la
belleza no se extiende a toda la esfera de lo vivo ni se encierra simplemente en esa
esfera. Un bloque de mármol, aunque es y permanece inerte, no por eso deja de
poder tomar una forma viva en manos del arquitecto y del escultor; un hombre,
aunque viva y tenga forma, no es por eso ya forzosamente una forma viva. Para ello
se requiere que su forma sea vida y su vida sea forma. Mientras sólo pensemos en
su forma, ésta carece de vida, es simple abstracción; mientras solamente sintamos su
vida, ésta carece de forma, es pura impresión. Unicamente cuando vive su forma en
nuestra sensación y su vida adquiere forma en nuestro entendimiento es él forma viva,
Y este será siempre el caso cuando lo juzguemos bello". ScHILLER, Cartas sobre la
educaci6n estética del hombre (Biblioteca de iniciación al humanismo), Aguilar, Madrid, 1963, pp. 89-90.
' DILTHEY, pp. 17-18.

159

�A partir de estas tres ideas centrales, Dilthey se pregunta cómo hacer para
llegar a un conocimiento causal del fenómeno -lo que no se logra ni con la
retórica, ni con la gramática, la filología o la métrica-. Teniendo a la mano,
dice, no sólo los testimonios de los poetas, sino el proceso vivo de la creación,
ya que en los poetas vivos se cumple ese proceso desde su nacimiento hasta su
configuración, la observación de ese proceso a través de un método interno o
psicológico podrá resolver las "cuestiones centrales de la poética", todo· lo cual
implica a su vez tres problemas: el primero, relativo a que no puede determinarse el valor de la poesía mediante métodos empíricos exteriores; el segundo referente a la validez o cambio histórico del gusto, es decir, la variación
'
histórica
de los juicios estéticos, del concepto de belleza, de la técnica y de sus
reglas. Por último, que las diversas formas de la poesía no pueden explicarse
por meros métodos de observación externa, ya que la poesía misma es expresión de la propia interioridad. El fondo del problema está, como puede verse,
en saber si pueden encontrarse leyes universalmente válidas frente al cambio
histórico del gusto.
Al describir la organización del poeta, y manejando en cierta forma las ideas
de Schiller apuntadas en la primera proposición de la estética alemana, Dilthey
afirma una relación estrecha e íntima entre vida y poesía: ésta se alimenta
de aquélla. El mundo todo puede ser material para la poesía porque ésta se
sustenta en la vivencia. Sin embargo, los apuntes que deja Dilthey sobre la
vivencia son de diez años más tarde ( 1907-1908) , como fruto de una segunda
reelaboración que quiso hacer de su trabajo sobre la imaginación del poeta.
En estos apuntes afirma que: "La vivencia es una realidad, que se presenta
como tal de modo inmediato, de la que nos percatamos interiormente sin recorte alguno, no dada ni tampoco pensada. La muerte de un amigo va unida
estructuralmente, de un modo especial, con dolor. La vivencia• es esta unión
estructural de un dolor con una percepción o una representación, referida a
un objeto, que es por el que se siente dolor. Todo lo que esta conexión ~structural, que se presenta en mÍ como realidad, contiene como realidad, es la vivencia" .6 Otras referencias sobre la vivencia, no menos importantes, dejó Dilthey en El mundo histórico, en relación con sus estudios sobre la conexión estructural de la vida psíquica. Afirma aquí que la vivencia encierra un contenido, pero también una actitud, y ambos dan la unidad estructural de aquélla. La vivencia como tal unidad estructural es la base de la estructura de la
vida anímica. Todo esto está íntimamente relacionado con la concepción de
Dilthey de la vida psíquica como conexión estructural, que tanta importancia
tiene en su poética. "La estructura - dice Dilthey- es un orden con arreglo
al cual los hechos psíquicos se hallan enlazados entre sí mediante una relación

interna• cada uno de los hechos referidos así recíprocamente constituye una
parte d~ la conexión estructural".7 Esta estructura e~treteje el_ percibir, e~ sentir y el querer mediante conexiones. Todo esto reafirma lo dicho por Dilt~ey
en el sentido de que la poesía se alimenta de la vida, ya que el poeta, en quien
la vivencia se presenta con toda su fuerza -y esto implica la recepción de la
vida en sus múltiples manifestaciones, a través de la conexión estructural psíquica-, lo que hace es expresar ese mundo interior en lenguaje, y ponien~o
en juego, como veremos más adelante, los procesos formativos en los que tienen papel preponderante los sentimientos.8
Así pues la creación es posible a partir de la vivencia. Y siendo ésta la c~ptación del mundo ( con, claro está, todo lo que se incorpora como conterudo
0 actitud en la vida psíquica), afirma Dilthey que aquello de lo que se alimenta la poesía es una "factibidad histórica": "un modo determinado de ver
los hombres, tipos perfilados, un modo de complicar la acción y desenlazada
condicionado por los sentimientos morales de la época y del pueblo, contrastes
y relaciones de imágenes que la época siente con una fuerza especial. Toda
técnica poética no puede hacer sino transformar esto, que actúa naturalmente, en algo necesario, unitario, concentrado en su efecto. La técnica poética se
halla condicionada históricamente" .9
Ahora bien, no es que en el poeta se cumplan procesos psíquicos d_iferent:s
a los de los demás hombres. En esto Dilthey es muy claro: lo que diferencia
al poeta de los que no lo son, es la intensidad con que se presentan esos procesos que da luo-ar a la fantasía creadora. Son cinco las características pecu'
b
liares del poeta en lo que toca a su conexión psíquica: lo. Sus imágenes perceptivas se presentan con una especial intensidad, precisión y riqueza. Tal
energía proviene de su organización sensorial. 2o. La claridad, la fuerza y }a
energía con que proyecta sus imágenes recordadas. 3o. La fuerza con que puede reproducir estados anímicos, tanto los experimentados por él como los captados en los demás. 4o. La energía con que anima las imágenes y la satisfacción que esto produce. Esta energía de su sentimiento vital es la que permite
mantener y provocar imagen "de los estados de ánimo de muchas situaciones
7

DILTHEY,

El mundo histórico, Fondo de Cultura Económica, M éxico, 1944, p. 19.

• También dice DILTHEY en El mundo histórico: "¡Cuán pobre y. _escaso seria nuestro conocimiento psicológico de los sentimientos sin la ayuda de los grandes poetas,
que han expresado toda la riqueza del mundo de los sentimientos y que, a menud?,
han destacado en forma sorprendente las relaciones estructurales que se dan en el
cosmos del sentimiento! Y es completamente indiferente para semejante descripción
que yo enriquezca mi estudio con las poesías de Goethe o con su personalidad, pues
la descripción tiene que ver únicamente con la vivencia y no con la persona en la
cual tiene lugar", p. 2.3.
9
DILTHEY, p. 26.

• Estos apuntes se incluyen en el mismo volumen, p, 362 y ss.

160

161
Hll

�de su vida". 5o. Por último, el poeta puede desplegar sus imágenes y sus combinaciones niás allá de lo real. Así pues, el poeta, frente al mundo y los hombres, capta, evoca, reproduce imágenes, percepciones, estados de ánimo. En
esto radica según Dilthey la fuerza del poeta y en ella se finca su condición
de creador. Si relacionamos todo esto directamente con lo afirmado sobre
la vivencia, tendremos entonces que el poeta vive sus vivencias con intensidad, recoge en ellas el mundo exterior y las actitudes con las que ese mundo
fue captado. Así, toda poesía es vivencia.10
Esto nos acerca más al problema, pero todavía no llegamos a la ubicación
exacta de la creación poética, que es lo que busca Dilthey dentro de la estructura psíquica. Establecido que en el poeta lo peculiar es la fuerza e intensidad con que recibe y reproduce el mundo, es necesario ahora penetrar en
esa estructura psíquica para llegar hasta la actividad creadora que en ella se
realiza. Detengámonos pues un momento en esa estructura de la conexión
psíquica. Según Dilthey todo proceso que se realiza en la psique (en la conexión
psíquica) es casi siempre un proceso de formación. Quiere esto decir que todo
proceso psíquico se cumple dentro de la conexión estructural, y en consecuencia, las percepciones, las representaciones, o sus parte~, se ven afectadas por
estos procesos ya que éstos no se realizan en forma separada de la conexión
de la vida psíquica, de la que son partes componentes esas percepciones y representaciones. Dilthey entiende por procesos formativos "todos los procesos
psíquicos más complicados en la medida en que están actuados por la conexión
de la vida psíquica y no se limitan a diferenciar, fundir, relacionar, acarrear
a la conciencia o desplazar de ella representaciones fijas, sino que tienen
por consecuencia cambios en estas percepciones o representaciones" .11 A partir
de estos procesos es que se producen cambios importantes en los contenidos
de la vida psíquica, o mejor dicho, que ésta actúa, porque no debe olvidarse
1
• Johannes Pfeiffer, en su libro sobre la poesía, y refiriéndose al temple de ánimo
que hace posible el surgimiento de la poesía, encuentra una relación directa entre
ésta, cuando es auténtica, y la vida: "Porque revela, ilumina y hace patente, el
temple de ánimo es 'verdadero'; y por serlo -sólo por serlo-- puede la poesía, poetizadora de los temples de ánimo humanos, poseer algo así como una "verdad interior'. Eso que en la trama de nuestra existencia no son sino chispazos sueltos ocurre
en la poesía con reconcentrada receptividad y concentrada expresividad: la atemperada revelación de nuestro ser más auténtico. Así pues, la poesía arraiga en el fondo
prístino del ser humano, que escapa a toda intervención planeada y a toda confección intelectual. El que un paisaje de luna se presente en tal o cual forma y coloración; el que una fuente o el otoño se nos ofrezcan así o de otro modo, todo eso
está decidido de antemano por el temple de ánimo que los alumbra en cada caso".
J. PFEIFFER, La poesía (Col. Breviarios, No. 41), 3a. edición, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, pp. 51-52.
u DILTHEY, p. 39.

q~e. ~a estructura _de la conexión psíquica, como la concibe Dilthey, no permitm~ procesos aislados en los que actuaran sólo percepciones, 0 sólo representaciones, etc. R_ecordemos que en El mundo histórico dijo que en esa estructura se entreteJen el querer, el percibir y el sentir.
No es nece5:1rio insistir en la importancia de estos procesos formativos. En
ellos, y a traves de e!lo~, se hace la vida psíquica. Pero hay un punto import~te en todo esto. Si bien las percepciones y las representaciones sufren camb10s al efectuarse_ estos procesos formativos, ello no quiere decir que así se
produ~~an cont:mdos nue~os nunca antes experimentados. Así lo explica Dilthey: Y semeJante cambio no consiste en la creación nueva de contenidos
que nunca fueron experimentados, sino en la eliminación de contenidos singula~es o de enl~ces, en su reforzamiento o atenuación O en su completarlos
mediante. ;ontemdo~ o enlaces que se agregan a una percepción O a una representac1on a partir del material de la experiencia (las cursivas -on nuest ) " 12 s.
~ alteran
ras ·. 1 ap1·1ca~os esta peculiaridad de los procesos formativos, que
c~n::md~s Y ~centuan algunos de sus aspectos y hacen desaparecer otros, a la
f1cc10n hterana,
encontraremos
en el fondo que el hecho d e que en 1os pro.
.
c~sos _forma~vo~ ~e co~stituyan los contenidos a partir del material de la experiencia, no s1gnif1ca smo que esa ficción (Dilthey la llama fantasía creadora)
emerge de la realidad, parte de ella y con sus elementos se elabora.is En tal
forma _actúan es,tos procesos formativos, que la conexión psíquica toma como
contem_dos no solo las percepciones y representaciones, afectadas en los procesos, smo l_os enlaces entre las mismas, los que se viven y experimentan en un
grado seme1ante a _aquéllas. En el estudio de estos enlaces podría quizá encontr~rse -aunque Dilthey no lo hace en su ensayo-- una base para el conoci!
~iento -~e la ~~táfora, una de las expresiones en las que toma cuerpo la manifestac1on ~~et1ca. 14 _Entre los estímulos del mundo exterior y los impulsos y
procesos volitivos del individuo, su actuar, la estructura de la conexión psíquica
lo envuelve todo: "~el m~n~o exterior procede el juego de los estímulos que
se proye~ta en la ,vida ~s~qUJca c~mo sensación, percepción, representación;
l~s :amb1os q,ue as1 se ongman se viven y aprecian en la diversidad de los sentrm1entos segun su valor para la vida propia; luego, a partir de los sentimien" Ibídem.
1
•

ª Cfr. ALFONSO REYES, cap. VI, "La ficción literaria", en El deslinde t. XV de
su:, Obras _Completas, Fondo de Cultura Económica, México, 1963, pp. 192-20 7.
Estas ideas de DILTHEY sobre la presencia de los enlaces de contenidos en la conexión psíquica podrían estudiarse en relación con las de W. M. URBAN, Lenguaje
Y Realidad (Col. Lengua Y estudios literarios) Fondo de Cultura Económica México
1952., _p. 85 y SS•., p. 142 y SS.
'
'
'

162
163

�tos, se ponen en movimiento impulsos, deseos y procesos volitivos". 15 En un
esquema, estos elementos quedarían así distribuídos:
.
}
mundo ext enor:
estímulos

diversidad de sentimientos
}impulsos
sobre
deseos
sensación, percepción, representación procesos volitivos

Dirigida por la atención, la estructura de la vida psíquica actúa en nosotros:
así lo que se encuentra en la conciencia, la certeza de las proposiciones, los
conceptos, los sentimientos, la voluntad que tiene certeza de los fines y los
medios, todo esto se encuentra en la conexión psíquica. Veamos ahora los procesos formativos, que se presentan en tres formas diferentes.
La primera corresponde a los procesos formativos del pensamiento y del conocer. Entre ellos, en primer lugar, se encue'ritra la apercepción, que es, siguiendo las palabras de Dilthey: "la acogida de contenidos empíricos, sensaciones de los sentidos o estados internos, en la conexión de la conciencia a través de la dirección de la atención". También se encuentran los procesos iniciados por impulsos internos. Estos procesos, mediante la participación de la
voluntad, desembocan en las operaciones lógicas sencillas, de donde se desprenden luego los procesos lógicos, las formas y las leyes del pensamiento, todo a
través del lenguaje. Las ciencias son así la coronación de estos procesos formativos. Dentro del campo científico, las hipótesis aparecen sobrepasando la
realidad: es la imaginación científica.16
La segunda forma de procesos formativos podría decirse que opera a la
inversa que la primera. Si ésta va de lo exterior a lo interior, en cuanto el razonamiento lógico interpreta lo que le llega a través de las representaciones,
la segunda forma de procesos formativos repercute en el mundo exterior: son
los procesos volitivos provocados bajo determinadas condiciones por los sentimientos. Pero Dilthey distingue entre acciones volitivas externas e internas.
Las externas son las que logran adaptar el mundo exterior a nuestras necesidades, las que, dice Dilthey, dominan los fenómenos de la naturaleza y pretenden dirigir la sociedad; la vida económica, el orden jurídico, el dominio
de la naturaleza. Las acciones volitivas internas, por su parte, ordenan y guían
nuestras representaciones, sentimientos y pasiones: la formación moral, el proceso religioso, etc. Y así como en los primeros procesos volitivos se llamó imap. 39.

"

DILTHEY,

16

ALFONSO REYES

dice algo semejante al enfrentar la ciencia a la literatura: "Claro
es que la hipótesis científica no es literatura, no tiene intención literaria, pero es un
modo de lo literario espiritual, un modo de ficción, aunque no cumple su destino dentro del fin ficticio, sino como tanteo para buscar el ajuste con un suceder real que
aún se ignora". Op. cit., p. 102.

164

ginación científica a aquello que sobrepasaba la realidad, en éstos también hay
representaciones que exceden a la realidad, a lo que Dilthey le da el nombre
de fantasía práctica.
El tercer tipo de procesos formativos se encuentra entre los dos anteriores
'
por cuanto no provoca estímulos para que haya adaptaciones de la realidad
exterior a la voluntad o a la inversa: son los procesos en los que los contenidos representativos se configuran a partir de los sentimientos. Es en estos procesos donde nacen, entre otras, las formas del arte. Corno en los casos anteriores (imaginación científica, fantasía creadora) lo que en este campo excede a la realidad es la imaginación, pero se trata ahora de la imaginación artística. Ya hemos llegado al lugar que pretendía Dilthey desde que se propuso
buscar la fundamentación psicológica de la poética: dentro de la estructura
de la conexión psíquica, así corno hay territorios que operan lógicamente, o
que traducen su actividad en la imposición de sistema u órdenes, internos o
externos, así también hay un cierto campo en el que se opera a partir de los
sentimientos, en el que la voluntad se orienta hacia dichos sentimientos, es decir, las representaciones se forman a partir de una situación afectiva. La conclusión de Dilthey es que puesto que estos procesos formativos se actúan a partir
de los sentimientos, la explicación de dichos procesos radicará en un estudio o
análisis de los sentimientos, los cuales aparecen de manera semejante a como
ocurre con las sensaciones: hay, pues, ciertos procesos afectivos elementales que
se producen en forma semejante a las partes elementales de la percepción, que
son las sensaciones. Ligadas directamente con los sentimientos están las consideraciones de valor y significado, y para llegar a un conocimiento más o menos exacto de estas relaciones que hay entre el sentimiento, el valor y el sicrnificado (lo que en otras palabras quiere decir tratar de conocer las posibilidades de interpretación o valoración de los distintos aspectos de la vida y el
mundo por medio de los sentimientos únicamente), Dilthey divide estos procesos afectivos en seis círculos de sentimientos elementales, en los cuales podrá descubrirse cómo surgen las formas y las expresiones poéticas.
Estos sentimientos elementales que actúan entre sí dentro de la estructura
de la conexión psíquica, los divide Dilthey en círculos con el propósito antes
indicado, pero si bien cada uno de ellos es resultante de determinada causa
pertenecen a un todo en el que son partes componentes inseparables. Estos'
círculos se presentan aquí de la periferia al centro, por así decir, ya que se va
desde los sentimientos provocados por. los sentidos puramente, hasta los que
surgen por las actuaciones de la voluntad. El primer círculo está compuesto
por los sentimientos sensibles, en un plano puramente fisiológico al nivel del
cual se produce el agrado o el desagrado. Este agrado o desagrado serán resultado, en el segundo círculo, de un elemento nuevo: la intensidad a través
de la atención, es decir, los sentimientos surgen aquí como productos de un

165

�interés, y "el grado de intensidad de la sensación ~arda una. rel_a~ión 'lega:'
con el agrado y el desagrado". De aquí desprende Dilthey el pnnc1p10 de excitación sensible. En la poesía lírica, por ejemplo, el efecto que produce se debe
entre otras causas a cierta sonoridad en las palabras cuya suavidad provoca
el surgimiento de determinados sentimientos. El valor fonético del lenguaje,
sin atender aún a los contenidos de las palabras, proporcionaría en poesía numerosos ejemplos: es la musicalidad de la palabra.
El tercer círculo implica ya el enfrentar los contenidos sensoriales, es decir
que estos sentimientos surgen en el plano de las percepciones. La armo~,ía, el
contraste, la simetría, el ritmo, todo esto sería producto de la confrontac1on de
contenidos sensoriales. Es claro, los sentimientos de este tercer círculo no pueden estudiarse sin tomar en cuenta los del segundo, con los que hay íntima relación. Los estudios estilísticos atienden a estos efectos que se producen cuando se enfrentan esos contenidos. Un ejemplo típico de esto es el estudio de
Dámaso Alonso sobre unas estrofas de la "Fábula de Polifemo y Galatea", particularmente la que nos pinta la oscuridad de la gruta: Caliginoso lecho el
seno oscuro / ser de la negra noche nos lo enseña / infame turba de nocturnas aves ¡ gimiendo tristes y volando graves. Dice Dámaso Alonso: "Hay sobre todo, un verso en el que esa representación de lo oscuro parece que se
nos condensa:
infame turba de nocturnas aves
"Es una oscuridad con una nota añadida: la de malaugurio, o monstruosidad, que sugiere la idea del adjetivo inicial 'infame'. Esta sensación de horrible oscuridad la percibe -también oscuramente- todo lector del poema. Pero
el que se acerca a este endecasílabo con intención de arrancarle su secreto,
siente, literalmente, la sacudida del prodigio. Este verso tiene sus acentos en
la 4a. y en la 8a. sílaba. ¡ Los dos acentos han ido a caer, matemáticamente,
exactamente, sobre dos sílabas idénticas: dos sílabas tur!:

4

8

infame turba de nocturnas aves
"Y esta sílaba tur con su vocal profunda y su cerrazón por la r es la que
da contrabalanceadamente esa sensación oscura a todo el verso" .17 El princi" DÁMASO ALONSO, Poes!a española. Ensayo de métodos y límites estilisticos, Ed.
Gredos, Madrid, 1952, p. 328. V. también lo que dice del verso de GARCILASO, Un
susurro de abejas que sonaba, pp. 78-79. En estos, como en otros muchos estudios estilísticos, se aprecia el valor que se da estilísticamente a la sonoridad de la palabra
y a los contrastes sensoriales, tal y como corresponden a los círculos segundo y tercero de que habla DILTHEY.

166

pio que desprende Dilthey de este tercer círculo es el de la relación agradable de las sensaciones.
El cuarto círculo de sentimientos elementales es el de aquellos que surgen
del enlace o trabazón mental de las representaciones. En este caso se trata también de confrontación, pero ahora de los procesos men~ales mismos, de las
representaciones; de ahí que Dilthey considere que de este círculo se desprenden las posibilidades de lo cómico, del -símil, la antítesis, etc. El agrado o el
desagrado que resulte de todo esto provendrá de los procesos representativos
o mentales. Si al anterior círculo correspondió el principio de la relación agradable de las sensaciones, ahora se trata del principio de la complacencia que
procede del enlace mental de las representaciones. Ligado estrechamente con
este círculo, el que le sigue es el que se produce por el contenido del poema:
"El quinto círculo de sentimientos procede de cada uno de los impulsos materiales, que atraviesan toda la vida y de cuyo contenido total nos percatamos
en los sentimientos. Se producen estos sentimientos cuando los impulsos elementales experimentan entorpecimiento o estímulo que proceden del medio
que los rodea o de los estados intemos".18 Es aquello de que se alimenta la
poesía, la vivencia con toda su potencia y carga de contenidos vitales que se
vuelca en la expresión poética, desprendiéndose de todo esto el principio de
veracidad. El sexto círculo, por último, es el de los sentimientos que se producen al percatamos de los movimientos de la voluntad y de sus propiedades
generales, es decir, de los rumbos y orientaciones que toma la conducta -la
propia o la de los demás-, es el espectáculo de la vida que actúa, lo que implica apreciación de valor. "Al actuar en el poeta las imágenes de estas grandes propiedades de la voluntad y de los sentimientos que proceden de ellas
-dice Dilthey-, se convierte en alma de su creación poética una idea d~
vida" .19 Aquí opera el principio de idealidad.
Como se ve, estos círculos operan entre sí, los sentimientos surgidos componen efectos estéticos, todo según esos principios o leyes que dejó Dilthey establecidos en cada círculo. Todo lo cual le hace concluir que sí hay leyes de validez universal que determinan tanto la creación como la impresión estética,
y si bien la técnica poética responde a las ondas y los movimientos de cada
época y lugar, condicionándose a éstos, "de la naturaleza humana surgen principios que rigen el gusto y la creación de un modo universalmente válido y
necesario como los principios lógicos rigen el pensamiento y la ciencia".2 º
Así llegamos a la exposición de las leyes superiores de la poética, que la
fundamentan y explican las transformaciones de las representaciones, en un
plano que desborda lo real:
18

DILTHEY, p. 49.
,. Ibid., pp. 49-50.
1
º Ibid., p. 52.

167

�lo. "Todas las fonnaciones de la vida psíquica se componen de percepciones como elementos suyos; también las creaciones poéticas". 21 Esto lo vimos
ya cuando nos ocupamos de los procesos fonnativos, en los que importan tanto los contenidos de la conexión psíquica como los enlaces entre ellos, pero
sin que de esto se desprenda el surgimiento de nuevos contenidos nunca experimentados. Los cambios producidos en estos procesos formativos anulan, atenúan o refuerzan los contenidos, pero siempre a partir del material de la experiencia. La ficción, como dice Alfonso Reyes, tiene siempre un mínimo de
realidad, y es de la propia experiencia de donde el poeta toma los elementos·
para su obra: sus vivencias son el material de su poesía.
2o. "La creación del poeta transforma libremente las imágenes de lo real
compuestas de estos elementos y las combinaciones de tales imágenes, contenidas en la realidad, sin estar limitado por las condiciones de la realidad; por
esto semejante creación es afín al sueño y a otros estados vecinos, lo mismo que
a la locura". El poeta, aunque toma todos sus elementos de la experiencia
(sus vivencias), no está sujeto por las limitaciones de la realidad. La contradicción es sólo aparente, porque de lo que se trata aquí es de afirmar que la
libertad creadora del poeta no tiene más límites que los que le impone su condición humana. Hay pues una "configuración libre de las imágenes", un juego
en el que las combinaciones de los elementos (que se tornan de la experiencia)
para nada dependen de lo que es propio de la realidad en cuanto a hechos
pasados o presentes, situaciones establecidas o relaciones de cualquier índole:
"La característica del genio poético reside, precisamente, no sólo en que es
capaz de reflejar en fonna convincente la experiencia, sino que puede producir, por una especie de poder espiritual constructivo, una forma que no pudo
darse en ninguna experiencia y a través de la cual se hacen comprensibles las
experiencias de la vida diaria y significantes para el corazón". Es lo que hace
el novelista, que toma de la realidad todo lo necesario para su obra, pero ésta
no depende para nada de la realidad en tanto que es obra literaria. Por cuanto a la afinidad que encuentra entre la creación del poeta y los estados como
el sueño y la locura, la precisa en el punto siguiente.
3o. "Esta afinidad se debe a la ausencia de condiciones que suelen gobernar a las representaciones; sin embargo, en el que sueña, en el loco, en el hipnotizado, es producida por causas muy diferentes de las que actúan en el artista o en el poeta; en el primer caso mengua la conexión adquirida de la
vida psíquica; en el segundo, toda su energía se aplica en la dirección de
la creación libre". Como quedó dicho antes, en la estructura psíquica hay una
21

Esta, y las citas que siguen sobre las leyes superiores de la poética, se encuentran
en las páginas 59-70 de la obra citada de DILTHEY.

168

conexión que establece relaciones estrechas entre los procesos que en ella actúan, operando en un todo que es dicha estructura. En la locura y estados afines esta conexión se mengua, y se producen orientaciones que rebasan la realidad. En el poeta, por el contrario, el sobrepasar la realidad se opera sin que
ésta desaparezca en su conexión y estructuras; frente a ella se instaura la apariencia, la ficción, "en virtud de la libertad de la capacidad creadora que es
dueña de sí misma". La fantasía del poeta permite, no obstante que excede
a la experiencia, conocerla y comprenderla mejor. En la ficción literaria encontramos la expresión de la vida, porque la capacidad creadora es "dueña
de sí misma". No así en los otros estados donde la disminución de la conexión
psíquica provoca el rompimiento con la realidad a través de la dispersión.
4o. "Las imágenes cambian porque partes de ella se desprenden o son eliminadas". Esto obedece al orden interno que el poeta impone a su creación,
en la que tales eliminaciones o desprendimientos darán los perfiles necesarios
a los elementos con los que se arma la ficción.
5o. "Las imágenes cambian al distenderse o contraerse, al aumentar o disrninuír la intensidad de las sensaciones de las cuales se componen". Como en
todo proceso formativo, aquí las imágenes sufren los cambios de las sensaciones. Se trata de los rumbos que se imponen por el poeta a ciertas representaciones, lo que trae como consecuencia alteraciones fundamentales en esos elementos de la conexión psíquica que son las imágenes. "Como en el poeta desaparece el propósito de una reproducción fiel que es el que regula las imágenes del recuerdo, mientras que se introduce la voluntad para conformar esas
imágenes en forma que satisfaga el sentimiento, las eliminaciones, exageracio;
nes, atenuaciones provocan una idealización progresiva de las imágenes. También en las aportaciones más altas de la imaginación estas eliminaciones procuran la armonía en los caracteres y en las acciones y las intensificaciones
acrecen el contenido efectivo". Todo esto se complementa con el punto siguiente y último:

60. "Las imágenes y sus combinaciones cambian cuando penetran en su
núcleo más íntimo nuevos elementos y combinaciones y las completan". En
esto radica, para Dilthey, lo más importante desde el punto de vista de la
creación misma. Este principio es el que viene a completar en cierta forma a
todos los anteriores, particularmente a partir del que nos dice que no surgen
contenidos nuevos diferentes a los que se manejan ya en la conexión psíquica.
Es precisamente este proceso de incorporación hacia las imágenes, lo que permitirá transformar éstas de tal manera que en ellas se inicie ya el camino de
la creación. No se trata solamente de modificarlas, como se enunció en el
punto cinco, sino de que la modificación implica necesariamente la presencia
169

•

�de otros nuevos elementos ( también existentes en la cone,aon psíquica) que
formarán con la imagen uno nuevo, diferente en cuanto a que lo constituye
todo lo que se ha combinado y agregado a la imagen, transformándola. Dilthey señala que este proceso es difícilmente comprensible, y su afirmación
deja ver que esta dificultad se presenta porque estamos en el centro mismo
de la creación. "Siempre que se da una verdadera obra de arte tiene lugar
un despliegue nuclear de las imágenes mediante un completar positivo".
Cuando expone Dilthey los procesos fonnativos, y previamente habla de los
procesos elementales (pp. 37-38), dice cómo percepciones y representaciones
iguales o parecidas entre sí, o bien sus partes componentes, se conjugan. Esta
ley de fusión la vemos aplicada en este punto para explicar el surgimiento
de la nueva imagen en la creación. Porque estos elementos se conjugan sólo
por sus semejanzas, sin que importe el lugar que ocupan en la conexión psíquica. En la misma forma se relaciona con esto la ley de asociación, por la
que las percepciones y representaciones que se encuentran unidas en un proceso consciente pueden producirse mutuamente si operan el interés y la atención. "En primer lugar -afirma Dilthey-, según las leyes de fusión y asociación, una percepción o una representación se transforma al penetrar en
ella o asociarse con ella a otra representación". En estos procesos es que se
presenta el que se señala en el punto seis. Además de la fusión y la asociación, que conjugan y unifican, se realiza este otro fenómeno que da el salto
sobre los contenidos mismos para, sobre ellos y en función de toda la conexión psíquica, producir los cambios indicados en el punto antes dicho : "Sólo
cuando actúa toda la conexión adquirida de la vida psíquica pueden transformarse, a partir de ella, las imágenes: tienen lugar en su núcleo mismo
cambios innumerables, inmensurables, imperceptibles y desde la plenitud de
la vida psíquica se completa de este modo singular. Así se logra, mediante
imágenes y sus combinaciones, lo 'esencial' de una realidad que le proporciona su significado dentro de la conexión real. Hasta el mismo estilo del
artista es influído de esta manera".
Recordemos la "ley de Schiller" que propuso Dilthey: "el proceso estético
abarca en la forma la vida gozada en el sentimiento y así anima la intuición", por la que la vida se traduce en forma y la forma toma vida; recordemos cómo se afirmó que la poesía se alimenta de la vida, que las vivencias
-contenido y actitud al mismo tiempo- son las que se expresan poéticamente; recordemos también la insistencia de Dilthey sobre la estructura de
la conexión psíquica, en la que percepciones, representaciones, sentimientos
se afectan y modifican entre sí; unamos a esto las características propias del
poeta que se traducen en una energía y una fuerza propias para evocar y
reproducir imágenes y estados de ánimo, y volvamos a los círculos afectivos,
para detenernos en particular en aquellos que responden a los sentimientoi1

170

que resultan del percatamos de las propiedades generales de los movimientos
de la voluntad, experimentando su valor, y en los que surgen de los impulsos
vitales; agreguemos por último estas ideas expresadas sobre la transformación
Y modificación de las imágenes, y encontramos un hilo conductor con el que
Dilthey ha seguido el camino que le lleva ahora a la ubicación del fenómeno creador. La vida, lo exterior, la conexión psíquica, lo interior, se complementan en cierta forma. Aunque es patente que no puede entenderse lo
uno sin lo otro, lo importante aquí es señalar que lo exterior toma forma por
lo interior y éste se patentiza por aquél. "La relación legal según la cual se
vincula a una realidad una impresión satisfactoria del sentimiento o una parte
de ella y, de modo correspondiente, la creación artística busca satisfacción
con el establecimiento de una realidad semejante, la denominamos principio

estético".
¿Por qué la obra poética posee validez universal y necesidad? Lo primero,
porque en todo hombre en que se produzcan semejantes procesos, se puede
reproducir la obra y gozarla. En cuanto a la necesidad, "significa que la conexión que se da a un poema es tan ineludible para el que lo capta como
lo fue para el artista creador". 22
Estas son las principales ideas de Dilthey sobre el fenómeno de la creación
literaria. El resto del estudio se dedica a la técnica poética, como resultado
de los cambios y modificaciones a través de épocas y lugares, y a la demostración de que la impresión estética, la repercusión de la obra en el lector
u oyente, obedece en principio a los mismos procesos aquí indicados.

n

Ibid., p. 79.

171

�EL PAISAJE EN LA POES1A DE ANTONIO MACHADO
Lrc. EDUARDO GUERRA CAsTELLANOS
Universidad de Nuevo León

No INDICAREMOS DATOS TEÓrucos acerca de la poesía. No. Más bien, recordaremos a un Hombre, con mayúscula si se quiere; a un espíritu amplio, fuerte
y enigmático: Antonio Machado y Ruiz, ese gran poeta de la Generación
del 98 en España.
La inclusión de Antonio Machado dentro de la Generación del 98 no
puede discutirse a estas alturas. Asimismo, no entraremos en disquisiciones
sobre la existencia o no existencia de dicha Generación, puesto que ha sido
probada y comprobada casi exhaustivamente por muchos autores. El hecho
~vidente, que nos conviene señalar, es que existe un grupo de escritores españoles de finales del Siglo XIX que están unidos por ideales comunes y por
una norma estética revolucionaria frente a las categorías establecidas; asimismo, que una de las figuras centrales de ese grupo, en la que se muestran ,
esos ideales con una fuerza extraordinaria, es Antonio Machado. Tanto las
fuentes de su inspiración poética como sus normas filosóficas responden a
los ideales del grupo: reacción frente al Positivismo dominante, redescubrimiento de una España esencial, manejo de un lenguaje poético renovador,
recurso a una filosofía existencial y predominantemente temporal y, finalmente,
valoración exacta de lo que constituye una España abierta frente al mundo,
que se descubre a sí misma interpretando y revalorando su pasado.
Antonio Machado y Ruiz no elaboró, en sentido estricto, una poética nueva
ni formuló, en su ideario estético, principios que pretendiesen tener una validez universal. No. Antonio Machado, hablando por medio de sus apócrifos
-personajes misteriosos en sus características individuales-- Juan de Mairena y Abel Martín, sienta los fundamentos generales de una nueva poesía,
que no es precisamente la Modernista, sino otra más esencial que busca contenidos fundamentales sin despreciar estrictamente lo formal. Esa poesía que
se incluye en la Metafísica o, como diría Machado, esa Metafísica que es

173

�poesía pura y verdadera. De aquí la importancia que tiene la relación de
poesía con filosofía, que en última instancia se viene a convertir en punto
central de la preocupación de Machado. En algún caso, como se anota en
su producción poética, Antonio Machado es fiel discípulo de Henri Bergson,
en otros se adelanta felizmente a los postulados de la filosofía existencial de
Martín Heidegger.
Por lo que vemos, la personalidad de Antonio Machado está llena de complejidades. Pero como ya hemos dicho, no hablaremos de tecnicismos teóricos.
No. Solamente recordaremos con sencillez de espíritu a un Hombre verdadero cuya obra nos ha dejado un sentimiento amplio, amargo y dulce a la
vez en nuestro corazón.
Empecemos, pues, tomados de la mano, a penetrar en lo interno y esencial
de Antonio Machado, en su verdadero espíritu.

aliño indumentario-,
mas recibí la flecha
que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan
tener de hospitalario.2

Continúa Machado exponiendo su retrato interior, su retrato del alma.
El no ha sido un seductor, a la manera de un Don Juan, o un Mañara, que
atrae a las mujeres por su desenfreno amoroso. No. Antonio Machado es
una persona acomodada psíquicamente. El ha amado como cualquier hombre que recibiera "La Flecha que le asignó Cupido". Y por eso nos dice que
amó en tal forma y de tal manera. No era pues, un misógino, un descentrado
y acomplejado por las circunstancias.
Hay en mis venas gotas
de sangre jacobina,
pero mi verso brota
de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso
que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido
de la palabra, bueno.3

Mi infancia son recuerdos
de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde
madura el limonero;
mi juventud, veinte años
en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos
que recordar no quiero.1

Antonio Machado había nacido en Sevilla el año de 1857. A los 8 años
de edad se traslada a Madrid donde estudiará en la Institución Libre de Enseñanza. Su infancia, pues, no es sino un recuerdo lejano, aunque presente,
claro está, de Sevilla. Luego, veinte años, su juventud, en tierras de Castilla.
¿ Y su historia? -casos que no quiere recordar-. No por olvido, no por
desinterés, sino por dolor, por angustia.
La historia de Antonio Machado está llena de dolorido penar. Primero la
muerte de su esposa; luego, el penetrar a una realidad nunca soñada: La
Filosofía de la existencia: ¡ Heidegger! ¡ Nietzsche! Para, por último, enfrentarse a una guerra entre hermanos.
Pero prosigamos:
Ni un seductor Mañara
ni un Bradomín he sido
-jiª conocéis mi torpe

La formación de Machado, hemos dicho, fue impartida por la Institución
Libre de Enseñanza. Institución que tenía una serie de grandes maestros que
sustentaban ideas un tanto liberales. Así pues, Antonio Machado confiesa •
tener en su sangre ese liberalismo que aprendiera en su juv(!ntud, pero no
por ello su verso está lleno de compromisos. Es "manantial sereno". Así pues,
él es bueno.
Adoro la hermosura,
y en la moderna estética
corté las viejas rosas
del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites
de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas
del nuevo gay-trinar. 4
1

!bid., p. 147.
!bid., p. 147-48.
• !bid., p. 148.
3

1
MACHADO, ANTONIO, Poeslas Escogidas. Tercera Edición. Edit. Aguilar, Col. Cri•
sol, núm. 221. Valencia, 1958, p. 147.

174

175

�Es aquí donde Antonio Machado empieza a exponer su teoría literaria,
por así decirlo. Machado, según lo confiesa, corta de su poesía lo malo y
deja aquello que es benéfico, como lo es la influencia consciente de Ronsard.
Asimismo Machado no soporta la poesía Modernista que en su tiempo ya
sonaba, por su tremendo adorno, y es por eso lo de "los afeites", llamando
a los seguidores de Rubén Darío y su Modernismo "aves del nuevo gaytrinar".
Desdeño las romanzas
de los tenores huecos
y el coro de los grillos
que cantan a la luna.
A distinguir me paro
las voces de los ecos,
y escucho solamente,
entre las voces, una.~

Converso con el hombre
que siempre va conmigo
-quien habla sólo espera
hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática
con este buen amigo
que me enseñó el secreto
de la filantropía. 1

Sí. Antonio Machado sólo conversa consigo mismo. Ese hombre solitario
que siempre va con él. Su propia sombra. Y si ,habla, sólo espera hablar a
Dios. A ese Dios que no existe en él, pero que él va a crear con su imaginación para tener fe.
El defiende su soledad, gusta de la soledad porque tiene que gustarla.
Y, al cabo, nada os debo;
debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo,
con mi dinero pago
el traje que me cubre
y la mansión que habito,
el pan que me alimenta
y el lecho donde yago.8

Ya hemos apuntado que Machado no soporta la corriente Modernista y
por ello desdeña a "los tenores huecos". Así pues, sólo escucha el eco y se
detiene para distinguir una voz que es la suya propia.
¿Soy clásico o romántico?
No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja
el capitán su espada:
famosa por la mano
viril que la blandiera,
no por el docto oficio
del forjador preciada.6

La pregunta surge. ¿Es Antonio Machado clásico o romántico? El mismo
nos contesta que no sabe. Lo único que puede decimos es que quisiera que su
verso -la poesía- brotase espontáneo, limpio. Porque lo único que importa
en su estética personal es esto y no el oficio de versificar.
Luego se pasa al plano espiritual. Imagen terrible de la poesía Machadina.
Antonio busca la fe. Pero ¿qué es la fe? ¿Será acaso creer lo que no vimos?
¡ Creer lo que no vimos, no! sino crear lo que no vemos. Crear lo que no vemos, sí, crearlo, y vivirlo y consumirlo de nuevo viviéndolo otra vez, para otra
vez crearlo . . . y así. Veamos a Machado :
• Ibid., p. 148-9.
• Ibid., p. 149.

176

Sí. Antonio Machado, nuestro poeta, no queda debiendo nada. El está solo.
Los deudores somos nosotros que leemos sus poemas y que encontramos en
ellos un complemento para nuestra soledad, un estímulo para nuestra conciencia estética. El, todo pagado, nada nos debe.
Y termina Machado con aquella cuarteta terrible para su vida. La anticipación de su muerte:
Y cuando llegue el día
del último viaje,
y esté al partir la nave
que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo,
ligero de equipaje,
1

Ibid.
• Ibid.

177
H12

�casi desnudo, como
los hijos de la mar.9

Aquí tenemos a Antonio Machado, listo para enfrentarse a la muerte, al
final de su existencia. Como en efecto, muere en 1939, en otra tierra, bajo
otros soles que no eran los suyos, sin un amigo. Así fue Antonio Machado.
Un hombre en el tiempo, buscando la solución a su problemática vital. Sus
82 años fueron vividos en plenitud de ideales. 82 años que no significan nada
en el tiempo físico, si no se toma en cuenta primeramente el "cómo" fueron
vividos.
De ese espíritu claro que es para nosotros Antonio Machado, tal como lo
hemos afirmado en un principio, hemos de estudiar aquello que más amó,
aquello que se convirtió en el centro de su preocupación estética, y en el de
toda la generación del 98: El paisaje, visto como trascendencia.
Ya hemos dicho anteriormente que para la generación del 98, de la cual
participa nuestro poeta, el paisaje vale en cuanto tiene un mensaje extraestético. El paisaje causa una emoción que no es estética completamente, más
bien es mística, histórica, moral.
Ese paisaje que canta la Generación del 98 es el Castellano. Un paisaje
triste que se deriva de razones muy distintas a la realidad objetiva. Ese paisaje les causa a los miembros de la generación, pesimismo, y, además, se refleja como desesperanza ante el porvenir. El paisaje, así visto, trasciende hacia lo suprasensóreo. Es decir, aquí ya no importa el paisaje como tal, sino
lo que dentro de esa experiencia sensible se puede contener de sentimiento
del alma. La vibración material no es sino un reflejo de lo que dentro de sí
comporta.
Veamos un poema de Machado:
Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos . .. 10

sentir la tarde etérea, amarga. Los árboles, aquí, no pueden dar fruto; la tierra está estéril; las hojas de los árboles marchitas. Pero
tras la tierra esquelética y sequiza,
rojo de herrumbre y pardo de ceniza
hay un sueño de lirio en lontananza.11

Aquí vemos cómo el sentimiento del poeta ha sido transferido al paisaje.
El loco, ese hombre que huye de la ciudad, nunca antes pudo haber sido descrito como ahora: a través del paisaje. Esas palabras utilizadas por Machado
no sólo nos dan la idea de sus sentimientos, sino que nos dan la vivencia personal. El ambiente propicio.
El paisaje en la poesía de Antonio Machado toma además otras características: es temporal. Bástenos recordar ahora que Machado es el poeta del tiempo. Y "Ese empeño que en Machado había de acentuar la temporalidad de
todos los elementos de su poesía le llevó, como era natural, a un planteamiento
también temporalista del espacio, o, para decirlo con más precisión, del paisaje. Porque, en efecto, el paisaje, según él, debía igualmente ser expresado por
el poeta de modo temporal. Y es que sucede, explicaba Mairena, que el campo obliga al poeta 'a sentir las distancias -no a medirlas-- y a buscarles una
expresión temporal, como, por ejemplo:
El día dormido
de cerro en cerro y sombra en sombra yace

que dice Góngora, el bueno, nada gongorino, el buen poeta que llevaba den- ,
tro el gran pedante cordobés'.
En la obra de Antonio Machado abundan los ejemplos de esa manera de
sentir las distancias, sólo que, a veces, la expresión temporal de las mismas es
todavía tenue, disimulada como en los casos siguientes:

Ya su perfil zancudo en el regato,
o en el azul el vuelo de ballesta,
o, sobre el ancho nido de ginesta,
en torre, torre y torre, el garabato
de la cigüeña . ..
El plomizo balón de la tormenta
de monte en monte rebotar se oía". 12

Antonio Machado para darnos esa ambientación especial tuvo antes que
' lbid.

'º MACHADO, ANTONIO, Poeslas Completas. Cuarta Edic. Edit. Lozada. Buenos Aires,
Argentina, 1958, pp. 99-100.
178

,,

u
12

lbid., p. 100.
ZUBIRÍA, RAMÓN DE,

La Poesía de Antonio Machado. 2a. Edición. Edit. Gredos

179

�•

Ahora bien, en la obra de Machado se pueden observar dos fenómenos que
analizaremos por separado: el paisaje objetivo y el paisaje subjetivo.
Entendemos por objetivo lo que realmente es así. Lo que la vista capta sin
que para ello penetre nuestro juicio axiológico. Es la cosa vista tal como es
en su realidad propia, en su ser mismo. Por lo tanto, el paisaje visto de tal
manera será el paisaje como es, sin que lo veamos con los ojos de nuestro yo
interno y valorativo.
En Antonio Machado, poeta observador de la Naturaleza que le rodeaba,
podemos encontrar pocos ejemplos de un paisaje objetivo.
Porque si Machado observó la naturaleza, fue en función de una idea más
allá de lo estético propiamente dicho. Sin embargo, veamos algunos ejemplos
del paisaje objetivo interpretado por Machado:
Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
lavó la lluvia, sobre el muro blanco,
las empolvadas hojas de la hiedra.
Del viento del otoño el tibio aliento
los céspedes ondula, y la alameda
conversa con el viento . ..
¡ El viento de la tarde en la arboleda!
Mientras el sol en el ocaso esplende
que los racimos de la vid orea,
y el buen burgués, en su balcón, enciende
la estoica pipa en que el tabaco humea.

Veamos otro poema:
Los árboles conservan
verdes aún las copas,
pero del verde mustio
de las marchitas frondas.
El agua de la fuente,
sobre la piedra tosca
y de verdín cubierta,
resbala silenciosa.
Arrastra el viento algunas
amarillentas hojas.
¡ El viento de la tarde
sobre la tierra en sombra.14

Este poema es más objetivo. Se nos narra un estado de la naturaleza. Sólo
se está describiendo, sin entrar a rasgos propios del alma del poeta. Sin embargo, volvemos a ver que hay algo que es subjetivo: el poeta ha tomado un
momento determinante de la naturaleza que muy probablemente esté relacionado con su alma. Basta ver las expresiones que utiliza: "verde mustio",
"Tierra en sombra". Estas locuciones nos muestran más que el estado del paisaje, el estado del alma de Antonio Machado. Este poema que acabamos de
considerar es de tristeza, de melancolía.
Pero veamos este otro poema:

Voy recordando versos juveniles . ..
¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?
¿Será cierto que os vais, sombras gentiles,
huyendo entre los árboles de oro? 13

Desgarrada la nube; el arco ms
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto . .. 1 5

Aquí el paisaje se nos presenta casi fenomenológicamente. Es el objeto y
nada más que el objeto. Sin embargo, el terceto final de este poema ya no implica paisaje, sino un pensamiento del propio poeta con respecto a su pasado
inmediato. ¡ El tiempo ... ! En el poema se nos narra una tarde de otoño, después de una lluvia, en un jardín. Pero luego entra la meditación y el poema
de objetivo se nos ha convertido en subjetivo.

Aquí sólo entra el paisaje. La objetividad se va logrando, pero ¿cómo?
El poeta nunca puede liberarse de su propia sombra. De su yo cuotidiano.
De allí podemos colegir que es casi imposible que Antonio Machado escribiese poemas de paisaje plenamente objetivo. Sólo a través de la despersonalización, de la descensión al plano inferior es como se puede lograr la objetivación del paisaje.

.,

(Biblioteca Románica Hispánica, Col. Estudios y Ensayos No. 21). Madrid, 1959, pp.
174-175.
13
MACHADO, ANTONIO, Poes!as Completas, p. 81.

Si lo objetivo es lo que es, sin que para ello utilice el poeta su juicio valo" lbid., p. 80.
11

lbid., p. 66.

180
181

�•

rativo, lo subjetivo será todo lo contrario. El poeta ve la cosa y la juzga conforme a su plano axiológico. Lo ve a través de su propia individualidad y, sobre todo, lo interpreta conforme su estado se lo indique. El paisaje visto subjetivamente se nos presentará con matices siempre nuevos. Ya no será el árbol tal, sino un árbol particular y concreto que sea expresión de lo individual,
de lo axiológico. Es, por decirlo así, una imagen visionaria, es decir, una imagen irracional, subconsciente. Mas ésta, recordémoslo, debe ser -y en Antonio Machado lo es- universal. La imagen visionaria es la imagen contem-

al rec~,nocimiento intelectual del parecido objetivo que pueda ofrecer la comparac10n entre el plano real y el plano evocado. Aquí se nos invita en cierta
forma, a la meditación. Algo hay bajo ese cielo, bajo esa luna ... '
En otro poema encontramos con más claridad el estado anímico de Machado a través del paisaje:
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños .. . 17

poránea.
Este tipo de visión nos llevará en Antonio Machado a considerar el paisaje
como interpretación del problema de España. Aquí el paisaje juega el papel
más importante, porque es a través de él que siente la problemática de España
Antonio Machado.
En primer término hay que mencionar que el paisaje de Castilla será el impulso vital de Machado. Es en Castilla donde encuentra un paisaje peculiar,
posiblemente doloroso, que lo llena de melancolía, pero que al mismo tiempo
lo lanza en un afán de lucha contra sí mismo y contra los demás. Es el paisaje árido de Castilla la inspiración más honda de Machado para conjugar la

Lo raído: lo triste, ya _no es _s,ólo del paisaje, sino del alma misma. Se puede
ver, a traves de la amb1entac1on, cómo nuestro poeta se siente solitario 1·unto al Duero.
Y luego:
¡Oh Duero, tu agua corre
y correrá mientras las nieves blancas
de enero el sol de mayo
haga fluir por hoces y barrancas,
mientras tengan las sierras su turbante
de nieve y de tormenta,
y brille el olifante
de sol, tras la nube cenicienta! . .. 1s

problemática española:
Veamos un poema:
¡Soria fría, Soria pura,
Cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero,
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Soria fría! La campana
de la audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡ tan bella! bajo la luna.16

Aquí el sentimiento imperante está en la cadencia. El ritmo. Pero también
en el paisaje. Todo está tranquilo. La luna machadina, sobre Soria, nos da
ese impulso hacia lo trascendente. Todo es tranquilidad, pero también hay
desasosiego. Se puede notar esa pequeña angustia en el alma de nuestro poeta.
Algo que aunque no es visible se deja sentir, porque recordemos que nuestra
emoción en toda imagen visionaria, contemporánea, ·es independiente y previa

A~uí ya hay una ~ayor ~ro~orción hacia lo trascendente. Los primeros ver6?s cor~e Y corre_ra . nos md1can un destino preestablecido. Ahora bien, no
~~o sentimos el pa1sa1e y oímos el correr de las aguas del Duero, sino que tamb1e~ vemos y palpamos un camino muy otro al del paisaje: El camino de Espana. Hay en este poema un dejo de amargura, pero también hay esperanza.
Y luego:

¡ Alamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
Alamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
" lbid., p. 137.
" 1bid., p. 94.

•• lbid., pp. 108-9.

183
182

V

�álamos del amor cerca del agua
que corre, pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi coraz6n os lleva! 19
Los árboles significan no sólo lo que son, sino también hombres. Hombres,
nos dice Machado, cerca del agua ... cerca del tiempo ... «que corre, pasa
y sueña". Son árboles que llevan sobre sus hombros -¿por qué no?- el peso
de la historia de España. Esos árboles u hombres mañana serán los cantores

•

de la belleza o ruina de la tierra.
Aquí está una visión del paisaje subjetivo en Antonio Machado. Su situación de poeta lo coloca en una posición difícil: no puede cantar el paisaje
objetivo sin entrar en el juicio axiológico que lo convierte en subjetivo.
Como podemos ver por lo anteriormente dicho, Antonio Machado es un
poeta de lo interior, de lo subjetivo. Y esto no es nada raro: recordemos que
la generación del 98 tiende hacia esa subjetividad precisamente porque el
paisaje -como lo hemos dicho- es interpretado como trascendencia hacia
lo suprasensóreo. El paisaje siempre será en Machado una forma abierta para
incluir sus sentimientos y sus juicios sobre valores. El Paisaje de Machado
comporta en sí toda la carga de la historia de España.
Del contexto anterior surge un problema: ¿De qué manera -nos podríamos preguntar- se puede hacer una correlación entre el plano objetivo y el
plano subjetivo del paisaje?
Creo yo que esta correlación se puede encontrar en la siguiente fórmula:
Mientras más alejado está nuestro poeta de su propia personalidad, mientras
más en descenso esté hacia lo inferior al hombre, más objetivo se convierte
su canto al paisaje. Mientras más cerca de sí y de los problemas que lo afectan
íntimamente, más cerca estará de lo subjetivo su poema.
La producción poética de Antonio Machado presenta una unidad perfecta,
pero, sin embargo, se puede notar bien ese proceso de descensión hacia lo
inferior, hacia las cosas, y también el proceso contrario -el de ascensión-,
hacia lo trascendente. Esto, lejos de lo que podríamos pensar acerca de quitarle unidad a la obra Machadina, la unifica más. Casi podríamos decir que
es una especie de penduleo entre los dos polos: Lo objetivo y lo subjetivo.
Ahora podemos afirmar que un poema que tiene como característica su
acercamiento a las cosas, es un poema objetivo, pero, cuando el poema está
cargado de emotividad, de interioridad misma ya se ha trasladado hacia lo
trascendente. Ya no es éste una narración sucinta de un hecho o cosa deter,. lbid., p. 110.

minado, sino la interpretación axiológica que el poeta ha querido darle a
cada palabra, y más que a cada palabra al conjunto, es decir, al poema.
Junto a esos dos polos se me presentan otros dos aspectos que quisiera tratar
aquí mismo, porque ellos están de manera directa ligados al paisaje de Machado: Lo estático y lo dinámico.
Entiendo lo estático en el paisaje poético de Machado como lo que está
allí. Lo que no se mueve. Lo que no cambia. Lo que no se puede incluir
dentro del devenir. Lo dinámico, por el contrario, es el continuo movimiento,
el empuje, la fuerza, el devenir mismo. Pero entiéndase bien, aquí no hablo
del estatismo y dinamismo de. los objetos, sino de la mente, del pensamiento,
o para decirlo mejor, del sentimiento.
Cuando nosotros penetramos con ojos sensitivos a la poesía de Antonio
Machado, encontramos estos dos elementos presentes juntos y en contra-posición a la vez.
En la poesía de Antonio Machado un paisaje puede ser estático y al mismo
tierr_ipo dinámico. Es decir, el paisaje para nuestros ojos profanos está allí,
y, sm embargo, tiene un movimiento propio que me atrevería a calificar de
sentimental.
Veamos estos procesos:

Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano,
el caser6n ruinoso de ennegrecidas tejas
en donde los vencejos anidan en verano
y graznan en las noches de invierno las cornejas. 2º
En el primer verso encontramos el verbo "es". Este verbo juega un papel
importante. A través de él nos podemos dar cuenta de que Machado aquí
trata solamente de describir la vieja casa donde está enclavado el hospicio.
El verbo "ser" utilizado así nos da la idea de estatismo. Las cosas que se
van a describir están así y allí tal como las vio y captó la mente poética de
Antonio Machado.
No importa, ciertamente, que los vencejos aniden y graznen las cornejas.
El hecho cierto y único es que " es" el hospicio, y nada más.

Con su front6n al norte, entre los dos torreones
de antigua fortaleza, el sórdido edificio
de agrietados muros y sucios paredones,
es un rinc6n de sombra eterna. ¡ El viejo hospicio! 21

-- - - -

.. lbid., p. 90.
21
lbid.

185
184

�El verbo ser de nuevo está utilizado. El viejo hospicio -nos dice Machado-"es un rincón de sombra etema". Se puede decir que el edificio está cumpliendo su misión: ser. Pero dentro de ese edificio hay gente enferma de
soledad y angustia. Rostros que se asoman "A contemplar los montes azules
de la sierra".
Aquí la contraposición es clara: El edificio solo y viejo que sencillamente
es, y la gente, los rostros pálidos que sus paredes encierran, que se asoman, que
se mueven en busca de ese algo perdido tras el paisaje, que se mueven, son
dinámicos.

En otro poema:
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas de rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor;
a la espalda la escopeta
entre sus galgos agudos, caminando un cazador. 22

I

ha sido utilizado unos cuantos versos arriba. Aun por su lejanía llega a influir en cierta forma al gerundio simple "caminando".
En conclusión, podríamos apuntar que cinco son los elementos que comporta el paisaje interpretado por Antonio Machado: El tiempo, que se me
aparece como función estética y lírica en la producción poética de Antonio
Machado.
La objetividad, que la veo como elemento de formación y enriquecimiento
poético.
La subjetividad, que se vislumbra como material íntimo del alma poética.
El estatismo, que aparece como base o cimiento del equilibrio histórico
planteado como problemática por la Generación del 98, de la cual participó
Antonio Machado.
Y por último el dinamismo, que se reduce a esa fuerza interior que está
en continua y estrecha relación con lo temporal.
Cinco elementos, todos ellos localizados y conformados en el alma poética
de Antonio Machado.
Aquí tenemos, pues, una visión imperfecta, si se quiere, del objeto amado
con pasión poética por Antonio Machado: El paisaje. No hemos descubierto
nada nuevo, pues sólo apuntamos aquello que apareció con más firmeza ante
los ojos de nuestro corazón.
Valga, pues, este esfuerzo animoso como un pequeño, un humilde homenaje, para ese nuestro poeta Antonio Machado. Que esto sea lo único que
nos justifique.

Lo interesante en este poema es el poco uso de verbos. Uno solamente es
de movimiento: Caminando. Los demás sólo nos dan idea de estatismo. Hay
que observar que por un momento la poesía nos da la idea de faltarle algo.
Sobre todo los cuatro últimos versos. Sin embargo, la poesía está completa.
La explicación que se puede dar a este fenómeno es sencilla: el poco uso
de verbos. El verbo caminar, indicador de movimiento en este poema, parece no haberle importado mucho a nuestro poeta.
Su idea era el paisaje. Así, la carretera rodeada de rocas y maleza y la
tierra que está mojada, y el color oro de los pastos tienen más preferencia.
Lo estático es lo que importa, pero también hay dinamismo. Así, un hombre,
un cazador, que va caminando. La idea de movimiento ya está dada.
Lo que nos hace falta cuando leemos este poema de prisa es un verbo que
auxilie a "caminando". Lo extraño es que cuando se lee por segunda o tercera vez, el auxiliar ya no falta. ¿ Por qué? Muy sencillo. El verbo estar ya
" Ibid ., p. 103.

186

187

�AZOR1N, RE-VALORIZADOR DE LO ESPA~OL
LIC.

MARÍA

GUADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.L.
Sumario: 1. Situación de España hacia 1898.-2. La generación del 98 y su interés en
el cauce literario e histórico.-3. Azorín, noventaiochista. Su obra.-4. Influencias
diversas en el pensamiento azoriniano.-5. Algunas novelas de carácter auto-biográfico: Las Confesiones de un pequeño filósofo, Don Juan y El Escritor.-6. Conclusión: Azorín, re-valorizador de lo español.

l.

SITUACIÓN DE ESPAÑA HACIA

1898

Al hacer un estudio de uno de los hombres de la época moderna, que
marca uno de los pilares fundamentales de la Literatura Española, José Martínez Ruiz, empezaremos con una pequeña exposición de los diversos acontecimientos que sucedieron a fines del siglo pasado y a principios del presente,
ya que Azorín nació en el año 1874 y és uno de los noventaiochistas.
Dentro de la historia de la Literatura Española, el año 1898 marca un
momento fundamental y decisivo para España, a un grado tal, que los hombres que nacieron alrededor de ese año y que luego se destacan como grandes
intelectuales, forman lo que se ha llamado "la generación del 98", año que
ofrece la aparición del Modernismo en Hispano-América.
Hacia fines del siglo XIX el pueblo español estaba en manos de agricultores, y "en el mercado mundial, España sólo podía pi:;esentar los productos
de su suelo y los de su subsuelo, a cambio de los productos manufacturados de
las industrias extranjeras"/ y este hecho hacía que España se desinteresase
por el extranjero y el extranjero de España, teniendo como consecuencia que
la mayoría de los españoles llevase una vida un tanto pobre y en ciertos casos
mísera.
1

PIERRE BROUÉ

y

EMILE TEMIME,

La Revoluci6n y la guerra de España, tomo l.

C.P. No. 33, p. 23.

189

�Por otra parte, el Socialismo creciente y la evolución socio-económica-política que se gestaba en el pueblo dio lugar al cambio de la Monarquía en
República. Surgió asimismo la pérdida de las últimas posesiones españolas
en Hispanoamérica, y estos hechos corroboraron la incertidumbre del porvenir
español que se refleja en el pensamiento angustioso de los filósofos de entonces y de los noventaiochistas, cuya preocupación fundamental fue España.

2. LA

GENERACIÓN DEL

98

Y SU INTERÉS

EN EL CAUCE LITERARIO E HISTÓRICO

La generación del 98 es la denominación dada a un grupo de escritores
de esa época, quienes dieron a conocer a través de su pluma sus inquietudes
acerca de su querida patria: España. "El tema fundamental de este sutil
movimiento es España. La generación del 98, diremos, se preocupa de lo
español, pero con una insistencia particular, y, sobre todo, con una visión
inconfundible".2
Los intelectuales del 98: Angel Ganivet, el precursor, Pío Baroja, Maeztu,
Benavente, Valle Inclán, Unamuno, los Machado, Joaquín Costa, José Martínez Ruiz -Azorín-, Francisco Villaespesa, el bejamín Juan Ramón Jiménez,
etc., etc., se preocupaban por la inestabilidad socio-política de entonces que dio
lugar a la tragedia civil, en la que predominó una lucha ideológico-religiosa
y sociológico-económica-nacional, con proyección internacional.
La historia nos dice que España ha sido cristiana, pues ya desde las primeras obras literarias como El Cid, de autor anónimo, o Los Milagros de
Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, o Las Cantigas de Alfonso X, el Sabio,
etc. se nos muestran las diversas cualidades y característica¡¡ de lo español,
de lo que es castizo y puramente ibero. El Cid, símbolo de una raza y de
una nación, es un héroe cristiano, un perfecto guerrero, amante esposo y
padre; en fin, el reflejo del ideal caballeresco que predominó en la Literatura Española Medieval, y en la España misma. Además, observamos en el
poema El Cid, la lucha ideológica-social de entonces: los moros adoraban a
Alá; en cambio, el Cid y sus hombres a Dios y a la Virgen; y esa lucha
ideológica que, claro está, va ligada a un determinado momento histórico y
especial, se nos antoja que vuelve a repetirse en "la guerra civil española"
-1936-39-; pero los caudillos y los héroes nacionales de esta época, la historia y el tiempo los proclamarán.
Ahora bien, nos preguntamos, ¿ cuáles son las actitudes que tienen los noventaiochistas frente al problema de su yo y al de su patria, España?
' Historia de la Literatura Española. E.P.E.S.A., p. 98.

190

Cada uno de ellos tiene una especial actitud ante la vida y en relación
con sus semejantes, pero todos tienen un denominador común: el enfocar
directamente el problema de su yo relacionado con su pueblo: España. Esta
actitud concreta, directa, al enfocar dentro de los márgenes geográficos de
España su especulación literaria y filosófica primordial, les caracteriza. No
olvidemos que España en una época fue el centro de Europa y del pensamiento occidental, y de ello, todos los que pertenecemos a los países iberoamericanos, deberíamos estar plenamente orgullosos. Como lo señala la historia, ese poderío español que alcanzó su clímax hacia los siglos XVI y XVII,
y ese renombre histórico-literario-cultural que obtuvo bajo el reinado de Alfonso VII, es un orgullo y una honra de todo español e hispanoamericano.
En la época moderna, la actitud de los hombres del 98 al meditar en el
pasado de su historia confrontada con el presente y el futuro, da lugar a esa
renovación del espíritu que particulariza a la tan polemizada «generación noventaiochista".
A partir del 98, surgen dentro de la historia literaria, una gama de géneros y de nombres estilísticos, y de aquí la importancia de esta época. Así
tenemos el "esperpento" de Valle Inclán; "las doloras" y "humoradas" de
Ramón de Campoamor; los "paliques" de Clarín, el "disparate" y las "greguerías" de Ramón Gómez de la Serna; el "ensayo"; lo que se ha llamado
" nueva novela ", la"prenovela", la' "etopeya"de A
zonn,
' etc., etc.
Sin embargo, como decíamos, el común denominador de los noventaiochistas es la preocupación por España y sus hombres, como lo captamos en Azorín.

3.

AzoRÍN, NOVENTAIOCHISTA.

Su

OBRA

Azorín, que nació en Alicante, España, en 1873, aún vive a la fecha. Cuenta
con 91 años. Sus padres fueron Isidro Martínez Soriano, abogado, y Lucía
Ruiz, maestra.
De familia de clase media, hiro su instrucción primaria en su ciudad natal;
su bachillerato en el Colegio de los Padres Escolapios, en Yecla, pueblo de
Murcia, donde recibió una educación esmerada. Luego, siguió sus estudios
universitarios en la Facultad de Derecho en Valencia y en Granada -1888
a 1894.
Desde esta época colaboró en Las Provincias, y en El M ercantil, haciendo
crítica teatral.
El 25 de noviembre de 1896, se trasladó a Madrid, en donde colaboró con
la prensa capitalina, en el periódico El País.
Hacia 1897, el gran crítico Clarín -Leopoldo Alas-, le presagia buen
éxito y le introduce en el medio periodístico, en sus célebres paliques.
191

/

�Después, Azorín publicó en El Progreso, en la sección de Avisos, la fecha
clave de la generación que surgía -1898-.
En 1899, publica Alma Castellana.
En 1902, colaboró en El Globo, periódico republicano y anticlerical, y en
esa misma fecha dio a publicidad su novela Voluntad, que le dio renombre
en España.
Desde entonces siguió colaborando sin interrupción en diversos diarios y
revistas: Alma Española, Revista Nueva, Juventud, Arte Joven, el Imparcial,
el A.B.C., etc. A la vez tomó parte en la política, ya que fue cinco veces
Diputado al Congreso, de 1907 a 1919.
En 1924 fue elegido académico de la Real Academia Española de la Lengua con su publicación: Una hora de España, de la que comenta Walter Starkie que Azorín nos lleva por espacios y tiempo a través de tierras y siglos de
España.
En la guerra civil española -1936-1939-, José Martínez Ruiz salió de
España. Fue a vivir a Francia, de cuya estancia tenemos la prueba de sus
recuerdos en sus libros.
Utilizó diversos pseudónimos en las primeras obras para luego escoger definitivamente el de Azorín.
En La Crítica Literaria en España -1893-, se firma Cándido; en Buscapiés -1894-, Arhimán; en Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904-,
Azorín, el que siguió utilizando posteriormente.
Martínez Ruiz, a través de sus obras, se nos muestra como un hombre apacible, sencillo, inteligente, con una visión muy amplia del mundo y de la
vida y con un interés predominante por su pueblo, el que ve desmoronarse
poco a poco al estallar la guerra civil y luego la segunda guerra mundial, en
donde predominó la fuerza bruta sobre la razón. Azorín tiene una conciencia
histórica profunda y un orgullo de raza, ya que se da cuenta perfecta de lo
que significó y ha significado España a través de la historia mundial, y a
pesar de que le tocó vivir en un momento de desquiciamiento de los ideales
fundamentales del español, medita con angustia en el porvenir de su patria,
mas siempre conservó la fe en el futuro, en el que ha supuesto que se reconquistará nuevamente la re-valorización de los valores intelectuales, religiosos,
morales, místicos, teológicos y sociales de su pueblo, del que no ha habido
paralelo en el mundo, en su época de florecimiento.
Azorín, en sus primeras obras como en La Voluntad, se nos muestra como
"un anárquico y un revolucionario"; "ni religión ni Estado". Entonces, Martínez Ruiz contaba apenas veinte años -1901-, mas ese desequilibrio nervioso y rebelde pasó pronto, y en su madurez tenemos al escritor meditabundo
y angustiado por los problemas del hombre y de su tiempo.

192

Azorín escribió novela, teatro, crítica y ensayo. Entre sus libros principales
tenemos: Antonio Azorín -1903-; Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904-; Los Pueblos -1905-; El paisaje de España visto por los españoles -1917-; Los dos Luises y otros ensayos -1921-; Don Juan
-1922-; Una hora de España -1924-; Doña Inés -1925-; Blanco en
Azul -1929-; Salvadora de Olbena -1927-; El Escritor -1943-; Españoles en París, etc., etc.

4.

INFLUENCIAS DIVERSAS EN EL PENSAMIENTO AZORINIANO

Entre las influencias que sufre Azorín, podemos señalar la de Montaigne,
la de Descartes, la de los Goncourt -tendencia al análisis y a la despreocupación por la trama argumental-; las diversas corrientes francesas de fines
del siglo XIX y principios del XX: el Simbolismo, el Impresionismo, el Realismo, el Surrealismo, el Neo-romanticismo, etc., etc.
La influencia de Montaigne en Azorín la captamos de la obra del ilustre
francés: Los Ensayos, en la que el autor medita sobre el hombre en sus diversas edades y situaciones; en sus estados anímicos; en las relaciones con
sus semejantes, etc., etc. Según Montaigne, los elementos esenciales para la
elaboración de sus ensayos fueron: los dados en los libros, los de la vida y
los de él mismo, y opina que su obra no se puede comentar independientemente de su autor, puesto que él mismo va implícito. Anota: "Mon libre,
ce n'est que la peinture de moi-meme".3 Y, en efecto, nos da el resultado
de su experiencia personal en una forma aparentemente expuesta sin orden ni
sucesión ni relación alguna, ni plan estricto, con muchas evasiones fantásticas como siguiendo sus propios sueños, pero en esencia se impone el pensar
filosófico del hombre. Así dice que "filosofar es aprender a morir". Montaigne
a través de sus Ensayos nos da juiciosas observaciones, interesantes confidencias y un arte estilístico maravilloso: utiliza la antítesis, las metáforas, las comparaciones, las imágenes, la expresión sencilla y sin rebuscamientos, "escribe
como habla", no corrige demasiado lo que escribe; sin embargo, en ese desorden aparente tenemos la técnica artística del escritor, la que Azorín adopta
a través de la observación del detalle, puesto que tiene una sensibilidad exquisita, una percepción diminuta y una profundidad de pensamiento. Sin
embargo, Azorín logra destacar su personalidad propia.
La mayoría de los personajes azorinianos son de buenos sentimientos e incapaces de llevar a cabo una mala acción, diferencia ésta en relación con los
escritores naturalistas. Tal parece que Azorín no daba cabida a un tipo in• MoNTAIGNE, Essais, I (L'homme). Ciassiques Larousse, p. 9.

193
H13

�moral O amoral en sus obras. Sí se preocupa por la clase ínfima y la retrat_a
en algunos de sus libros, principalmente en aquellos en los que enfoca el paisaje de España, pero la maldad en sus héroes no la encontramos. Como decíamos, Azorín se interesa por todo lo que está a su alrededor, captando_}ª
realidad, unas veces con un tono más subjetivo como en su etap~ de adheston
al surrealismo, pero al final de su evolución artística de escntor vuelve a
su personalidad íntima de escritor realista. A~orín no enfoca al hombre en sus
estados anímicos pasionales o anormales, smo al hombre co~o. :ªl, en su
actitud normal, y primordialmente al español como entidad md1v1~u~: Y al
pueblo español corno realidad social. Corno apuntábamos, la descn~c~on . ~e
la realidad en sus más crudos detalles hasta llegar a la caricatura, estihzac1on
de los escritores naturalistas, como Zola, o Flaubert, o los Goncourt, no la
tenemos en Azorín, aunque se haya nutrido de la lectura de estos autores.
Azorín también se nutre de la lectura de los clásicos españoles y en general de la Literatura Española, influencia que tenemos reflejada en sus obras
como en Cabeza de Castilla, en la que pinta al Cid; o en Salvadora de Olbena, 0 en Tomás Rueda, o en Los dos Luises y otros ensayos, etc., etc.

5.

ALGUNAS NOVELAS DE CARÁCTER AUTO-BIOGRÁFICO: LAS CONFESIONES
bE UN PEQUEÑO FILÓSOFO, DON JUAN Y EL ESCRITOR

I

,f

De la obra tan extensa y variada de Azorín me limitaré, por ahora, a comentar solamente: Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904--; Don
Juan -1922- y El Escritor -1943-, ~n. las cuales ~ptamos las div~rsas
etapas de la vida y del pensamiento azonmano, para situar la personalidad
propia de Martínez Ruiz, interesante, definitiva '. de transic~ón en u~ mundo
que marca una evolución decisiva en la Historia de EsJ:ana, no solo en el
aspecto literario sino en todos los aspectos, ya que Espana sufre ~n~. tra.~sformación aún no acabada para incorporarse en el mundo de la c1v1hzac10n
contemporánea.
España tuvo un triunfo literario, la Edad de Oro, pero en el s. XIX sus
hombres se estaban rezagando con las glorias anteriores. Entonces era necesario un empuje de algunos intelectuales valerosos, capaces d~, dar a la p~blicidad los problemas y las sugerencias posibles para la soluc10n de los mismos, como podemos catalogar al grupo de la generación del 98, y entre éstos
a Azorín.
José Martínez Ruiz, a quien consideramos como un pilar fundamental en
la historia de la Literatura Española, escritor individualista y de visión polifacética, nos ofrece un campo de investigación muy interesante, desde todos

los puntos de vista. En sus obras de aspecto autobiográfico, refleja una imaginación creadora unida a una observación detallista, adhiriéndose de esta
manera a la corriente impresionista y posteriormente a la supra-realista. A
la vez, observarnos ese dinamismo interno de acción a través del tiempo y
del espacio. En algunos pasajes de sus obras se capta la introspección de los
personajes con sus soliloquios y ensimismamientos; en otros, el romanticismo
(en algunas de sus obras) como en Salvadora de Olbena, y en otros, la manera de pensar y de sentir del hombre contemporáneo: rebelde, individualista,
idealista y revolucionario.
Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904-, una de las primeras
novelas de Azorín, es una serie de recuerdos e impresiones de su infancia y
de su juventud pasada en Monóvar y en Yecla, pueblo murciano cerca de
Madrid, en donde hizo sus primeros estudios, en el Colegio de los Escolapios,
uno de los más severos y estrictos de la época, que, sin duda, influyó en su
personalidad posteriormente. Hay en Azorín una simplicidad y una sinceridad que atrae. La técnica literaria que utiliza es muy personal; el aspecto
subjetivo y la pintura del detalle es el que predomina en su obra. Es un gran
paisajista y un magnífico retratista. Pinta a sus profesores y a las personas
que le rodean con una psicología individual y muy propia. Hay mucho de
intimidad y de confesión en sus relatos: muchas inquietudes en su espíritu
y una fuerza interna para captar el porqué de las cosas y de los sucesos.
Así anota: "De Monóvar a Yecla hay seis u ocho horas: salíamos al romper
el alba; llegábamos a prima tarde. El carro iba dando tumbos por los hondos relejes; a veces parábamos para almorzar bajo un olivo. Y yo tengo
muy presente que, ya al promediar la caminata, se columbraban desde lo
alto de un puerto pedregoso, allá en los confines de la inmensa llanura negruzca, los puntitos blancos del poblado y la gigantesca cúpula de la iglesia
nueva, que refulgía". 4

Y en otro párrafo: "Yo he sentido muchas veces estas tristezas indefinibles;
era muchacho; en los veranos iba frecuentemente a la capital de la provincia
Y me sentaba largas horas en los balnearios, junto al mar. Y yo veía entonces, y he visto luego, algunas de estas mujeres misteriosas, sugestionadoras,
que, como el mar azul que se ensanchaba ante mi vista, me hacían pensar
5
en lo Infinito". ¿ Y quién es lo Infinito sino Dios? Azorín con sus diversas
inquierudes desde joven, siempre medita en Dios y en su misericordia.
Con la lectura de esta novela, notamos también el inquietante meditar
sobre el tiempo, una de las temáticas constantes que particularizan a Martínez
Rwz como escritor contemporáneo. Captarnos, asimismo, una cierta ironía
• AzoRÍN, Las Confesiones de un pequeño fil6sofo. Col. Austral No. 491, p. 30.
' AzoRÍN, lbidem, p. 125.

194

195

l

�acerca de la clase social alta española, quizás porque le dolía la pobreza que
observaba a su alrededor, pues ha llegado a ser uno de los mejores críticos
de la época moderna. Su actitud frente a la vida y frente a la muerte es
realista, decidida, inquieta, meditabunda y comprensiva, y su conocimiento
de las cosas es claro y preciso, no rebuscado como sucede con las elaboraciones mentales de muchos de nuestros literatos contemporáneos.
Martínez Ruiz en esta novela: Las Confesiones de un pequeño filósofo,
esboza a la mujer de una manera muy idealista, que se reafirma dada la
época de estudiante que expone. Posteriormente, en el Don Ju,an, prosigue
el ideal amoroso y la nostalgia de la plenitud de la vida.
El nombre de esta obra de Azorín, el Don Juan, nos trae a la mente el
Don Juan de Tirso de Molina, o el de Moliere, o el de Puschkin, o el de
Zorrilla, o al Marqués de Bradomín de Valle Inclán, pero de todos ellos, el
de Azorín difiere en esencia: ni es un bulador, ni un descreído, · ni un fantástico, ni un romántico; sino un hombre común del siglo XX, un hombre
español que contempla la vida, el pasar de los días y de las cosas con una
serenidad profunda, que acepta su destino y aunque angustiado por su patria, tiene una fe y una esperanza en sus semejantes. Así dice al final de
su novela: "Las maravillas que yo veo ahora son la fe de las almas ingenuas
y la esperanza que nunca acaba" ... "El amor que conozco ahora es el amor
más alto. Es la piedad por todo".6
Azorín concibe la novela como "una serie de notas vivaces e inconexas
como lo es la realidad" con un mínimum de argumento, y de esta manera
marca una evolución dentro de la Historia de la Literatura Española, ya que
reforma las normas clasicistas de ciertos géneros literarios o enfoca a su renovación. Como apuntábamos, nosotros consideramos a Martínez Ruiz como
un eje de transición entre la época anterior y las corrientes modernistas y
contemporáneas de la Historia literaria.
En el Don Juan se supone que el personaje principal sea el mismo Azorín,
pues se nota a cada momento la observación directa de las cosas, los recuerdos y las vivencias. Como sabemos, Azorín vivió en París y en esta novela nos
relata con una sencillez de estilo, esos momentos agradables y esas amistades
' en la capital francesa. Como escritor modernista, nos muestra esa
que tuvo
inquietud por salir de su propio ambiente -la España- y esa atracción por
las cosas extrañas a su patria, el exotismo.
El Don Juan, "viejo pecador arrepentido, ahora hombre sencillo y generoso", es un hombre común. Así lo describe Azorín: "Don Juan es un hombre
como todos los hombres. No es alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Trae una
barbita, en punta, corta. Su pelo está cortado casi a rape. No dicen nada
• AzoRÍN, Don Juan. Col. Austral, No. 153, p. 152.

196

sus ojos claros y vivos: miran como todos los ojos. La ropa que viste es
pulcra, rica; pero sin apariencias fastuosas. No hay una mácula en su traje
ni una sombra en su camisa". . . "Acepta la flaqueza eterna humana y tiene
para los desvaríos una sonrisa de piedad".7
Luego, Azorín sigue describiendo las diversas cualidades de su personaje
que seguramente las tuvo él mismo. Así anota que su Don Juan gusta de la
soledad, de la meditación y del arte, ya que el arte es la esencia de la espiritualidad del hombre, sea éste árabe, inglés, alemán, judío, francés o español.
"En arte lo que importa no es la cantidad, sino la espiritualidad y delicadeza
del trabajo",8 apunta.
Se supone que la concepción de esta novela la tuvo Martínez Ruiz de la
lectura de Los Milagros de Nuestra Señora, de Berceo, obra del siglo XIII,
en la que se describe a un monje pecador que por la intercesión de la Santísima Virgen se reforma y se salva en el relato medieval. Ahora bien, el Don
Juan azoriniano, hombre sencillo y simple, no hace más que ofrecer al lector
sus vivencias y observaciones tanto de España como de Francia. Azorín recoge en esta obra no sólo la influencia española sino también la francesa.
Esos años vividos en la "Ville Lumiere" no pasaron en balde, puesto que se
reflejan, en su novela, las alusiones a los diversos escritores franceses que leyó seguramente: Racine, Bossuet, etc., etc. y, asimismo, se observan las diversas expresiones en boca de sus personajes como en el capítulo XXVII
que recuerda a París como la ciudad más hermosa del mundo, cuando Don
Gonzalo dice a Jeannete: "Ton village est le plus joli du monde". En esta
novela tenemos a Azorín, escritor español, de un estilo castizo, sencillo y ágil,
entremezclando el idioma francés dulce, encantador y apacible. No en vano
ambos idiomas provienen de un mismo tronco, y no en balde el francés y el
español tienen esa manera de ser y de pensar propias del hombre latino.
Asimismo Martínez Ruiz nos da en esta obra una visión profunda del futuro
de la humanidad que tiende sus lazos amorosos para poder lograr una convivencia humana y una paz estable en el orbe.
El tema de la mujer y del amor en el Don Juan azoriniano es muy sutil.
Apenas dibuja unas cuantas mujeres como la monja Sor Natividad, abadesa
del convento de San Jerónimo, quien logra inquietar al personaje central,
Don Gonzalo, cuando éste la observa al inclinarse ella a arreglar una maceta
en el jardín; y Jeannette, una jovencita francesa que también influye un
tanto en él. El tema del donjuanismo, tan hispánico, en esta novela carece
casi en absoluto del argumento fundamental. Sin embargo, Azorín en su
obra El Escritor, a la edad de sesenta y nueve años, continúa con el tema
1
AzoRÍN, op. cit., pp. 17-18.
• AzoRÍN, op. cit., p. 20.

197

�del "eterno femenino" y hace hincapié en la necesidad de una re-valorización de la Literatura Española y de su temática. Recordemos que en la Edad
Media, la mujer logra tener un sitial dentro de la nomenclatura sociológica
de la época, a pesar de que era llevada al matrimonio por convenio de sus
padres o por "intereses del Estado": se le valoraba como tal. En la época
barroca, la mujer deviene a ser un valor meramente estático, plástico, positi- •
vista, similitud ésta con la corriente naturalista; en cambio, Azorín vuelve a
idealizar a la mujer como en la época renacentista española, como la Dulcinea del Quijote, etapa en la que surge una gama de valores humanos: el
amor, la conciencia del honor, de la familia, de la sociedad y de Dios. Azorín,
a pesar de su recorrido por las diversas corrientes renacentistas tanto francesas como extranjeras, vuelve, en su madurez, a re-afirmarse como un español realista y castizo, orgulloso de serlo, y ofrece a sus lectores la re-incorporación del pasado de España al presente y la visión futura a través del
hombre y de su obra artística como acontece en El Escritor.
El Escritor -1941- es una novela dedicada a Dionisia Ridruejo, en la
que Azorín relata la vida de un escritor afamado, Antonio Quiroga, y su
relación con el escritor Luis Dávila, representación de la nueva genetación
literaria. La trama argumental es muy sutil y algunos capítulos son un manual
de técnica literaria. Martínez Ruiz va describiendo en esta obra sus impresiones de la vida cotidiana y la manera de concebir y elaborar un libro.
Apunta: "Como fúlgidas exhalaciones en la noche, pasan por la conciencia
viniendo de la hondura, sensaciones que lucen unos segundos y desaparecen
súbitas. Nos hacemos la ilusión -si es que nos la hacemos- de que poseemos
el óvulo fecundo de un poema o de un cuadro, y no tenemos, en definitiva,
nada en nuestras manos. Y hay que esperar de nuevo. Esperar contemplando
las nubes, el paisaje, el trajín afanoso de la ciudad. ¡ Y ay de nosotros, poetas
o pintores, si intentamos forzar el hado! El hado, para nosotros, es el azar
fecundo, o el instinto, o la fuerza creadora de que nosotros no podemos
disponer a nuestro talante y que se complace en jugar con nosotros, burlándonos unas veces, regalándonos otras. En el caballete el lienzo blanco espera.
Y en la mesa, las blancas cuartillas".9

Luego, el mismo autor se asombra de su propia creac1on. Sigue la exposición de sus personajes, un tanto imaginarios y un tanto reales, y poco a
poco va introduciéndonos en los problemas de la literatura. La realidad es
para Azorín como la tela para el pintor o la cuartilla para el escritor. Allí,
el artista vuelca sus impresiones, dando a su prosa la diversidad de matices.
Su estilo es ameno, sencillo y simple. Opina que el escritor debe poseer el
tono, la materia, el estilo, y tener conciencia de la dificultad de todos estos
• AzoRÍN, El Escritor. Col. Austral, No. 261, p. 13.

198

problemas. En esta novela tenemos, a cada momento, las indicaciones que
conducen a ser un verdadero artista y un buen escritor.
Azorín es un hombre que se ha preocupado por España; y esa queja y
esa angustia se reflejan en su obra, ya que ha enfocado sus especulaciones en
la historia española, en sus hombres y en el futuro de su patria. Así apunta:
"Y que si yo me precio de psicólogo -lo soy en poca escala- he de reconocer que en la mente de un hombre inmóvil, contenido entre ·cuatro paredes, pueden darse, respecto a su actitud ante el Infinito, ante Dios, en sus
esperanzas y desesperanzas, en sus fervores y en sus desfallecimientos, conflictos tan dramáticos como los que motiva la más intensa acción".1 º
Martínez Ruiz hace alusión a que no gusta de las abstracciones sino más
bien de la observación y de la narración de los hechos cotidianos, y así nos
ofrece a través de su pluma sencilla, clara y elegante, una visión de la vida y
de las cosas, de la cultura, del arte, de su actividad de escritor, etc., etc.

6.

CONCLUSIONES. AzoRÍN, RE-VALORIZADOR DE LO ESPAÑOL

Como conclusión opinamos que estas tres novelas comentadas: Las Confesiones de un pequeño filósofo, Don Juan y El Escritor, marcan momentos
fundamentales en la vida de Azorín como hombre y como escritor, ya que
en Las Confesiones de un pequeño filósofo nos describe su propia vida de
niño y de adolescente con los PP. Jesuitas de Yecla; en Don Juan, su vida
de juventud, dándonos un personaje simple y sencillo, opuesto al "tipo legendario", el Don Juan. Don Gonzalo, el personaje central en el Don Juan azoriniano, se siente atraído por la mujer, la idealiza y la ama como tal, y este
esbozo de idealismo amoroso no se concretiza sino posteriormente en otra
de sus novelas, Tomás Rueda; y en El Escritor tenemos al hombre y al escritor en su plenitud creadora, ofreciéndonos un manual de técnica literaria.
Así pues, consideramos que José Martínez Ruiz, ~orín, es un verdadero
literato y un re-valorizador de lo español.
Monterrey, N. L., mayo de 1964.

BIBLIOGRAFIA
l. PIERRE BROUE y EMILE TEMnIE, La Revolución y la guerra de España. F.C.E. (C.P.
No. 33). Tomos I y II.
10

AzoRÍN, op. cit., p. 54.

199

�2. Historia de la Literatura Española. E.P.E.S.A.
3. SALINAS PEDRO, Literatura Española. Siglo XX. Clásicos Modernos, No. l. Antigua
Librería Robredo. México, 1949.
4. MoNTAIGNE Essais. l. L'homme. Classiques Larousse.
5. AzoRÍN, La; Confesiones de un pequeño fil6sofo. Col. Austral. No. 491. 5a. Edición,
1962.
6. AzoRÍN, Don Juan. Colección Austral. No. 153. 5a. Edición, 1957.
7. AzoRÍN, El Escritor. Col. Austral. No. 261, 4a. Edición, 1957.
8. GRANJEL, Luis S., Retrato de Azorín. Colección Guadarrama de Crítica Y Ensayo.
No. 13. Madrid, 1958. Ediciones Guadarrama.
9. P. LAIN ENTRALGO, La generaci6n del 98. Col. Austral. No. 784. la. Edición, 1947.
10. Drnz EcHARRI E. y RocA FRANQUESA, J. M., Historia General de la Literatura Española e Hispanoamericana. Edición Aguilar, 1960.
11. VALBUENA, A., Historia de la Literatura Española. Tomo 111. Editorial Gili, S. A.
6a. Edición, 1960.
12. PATTEE, RrcARDo, Informe sobre España. Editorial Jus. México, 1948.
13. RrvorRE, Europa desde 1918 hasta hoy. Manuales U.T.E.H.A. México. No. 88. Colección Ciencias Sociales.
14. GoNzÁLEz, MANUEL PEDRO, Notas en torno al Modernismo. Facultad de Filosofía y
Letras. U.N.A.M. No. 27.
15. MARINELLO, JUAN, Sobre el Modernismo. Polémica y Definici6n. Facultad de Filosofía y Letras. U.N.A.M. No. 46.
16. DÍAZ PLAJA, GUILLERMO, Hacia un concepto de la Literatura Española. Ensayos elegidos 1931-1941. Col. Austral. No. 297. 4a. Edición, 1962.
17. SÁIN~ DE ROBLES, F. C., Los Movimientos Literarios. Historia. Interpretación. Crítica. Editorial Aguilar. Madrid, 195 7.
18. P. LAÍN ENTRALGO, España como problema. Ensayistas Hispánicos. Aguilar Editor.
19. GAETAN PrcoN, Panorama de la Nouvelle Littérature Franfaise. Librairie Gallimard,
1960.

200

BÉCQUER: SU REALIDAD POÉTICA
CÁNDIDO AYLLÓN

University of California, Riverside

DENTRO DE LA POESÍA ESPAÑOLA del siglo XIX representa GUSTAVO AooLFO
BÉCQUER algo muy singular: una "depuración" y una ''Poética".
En cuanto al momento histórico ocupa Bécquer una posición peculiar: vivió en el momento del paso del romanticismo al realismo ( 1836-1870). Entre
estas dos sensibilidades la del sevillano es muy original. Para el romántico de
la etapa inicial (un Espronceda, un Duque de Rivas), las grandes preocupaciones habían sido el culto al "Yo", la exaltación de la propia personalidad,
las ansias de libertad, las angustias metafísicas. Pero, digamos, este romántico
trató sus preocupaciones con bastante exhibicionismo: desde el perímetro hacia afuera. En la segunda mitad del siglo el realista se halló en busca de la
realidad exterior: abandonó el exhibicionismo y se fue en busca de mayor
objetividad. Al desaparecer el exhibicionismo, se dedicó a observar la realidad externa, desde el perímetro todavía más hacia afuera. Frente a estas dos
actitudes Bécquer está en completo desacuerdo: una vida sombría, aislada;
un hombre tímido, retraído, soñador: un artista sólo en busca de sus realidades poéticas. Rechaza la objetividad del realista y purifica los intentos del romántico: vive desde el perímetro hacia adentro.
Y en cuanto a la poesía de los dos momentos ocupa la becqueriana una posición peculiar: rechaza lo aparatoso de la romántica. Desaparecen los gestos
estridentes, la musiquilla fácil y el colorido chillón. Intenta una purificación
de sí misma. El contenido se caracteriza por lo hondo e intenso subjetivo; la
forma, por su sencillez y la levedad.
Si dentro de la poesía del siglo XIX representa Bécquer una "depuración",
representa a la vez una actitud del artista consciente. Crea una "Poética", algo
raro en España, más raro todavía en el siglo XIX. Nos deja ideas fijas sobre
¿ Qué es poesía? Su "Poética" resulta un nexo para el estudio de su obra, más
bien de sus Rimas, que nos interesan aquí.
Hay dos vidas de Bécquer: la que sufrió y la que creó en su imaginación
201

�escapando a la otra. Las dos están en desacuerdo con el exhibicionismo romántico o el materialismo realista. La vida desde el perímetro· hacia adentro
se exterioriza en la obra, es la obra misma. Es la realidad poética que nos interesa más, con la cual nos preocuparemos. De la otra vida basta apuntar
unos detalles breves, el esqueleto de la vida del perímetro hacia afuera.
Nació en Sevilla, en 1836 (los Bécquer, de estirpe flamenca, habían llegado al sur en el siglo XVII) . Quedó Bécquer huérfano en su niñez y vivió con
una madrina que le ofreció los primeros viajes en el reino de la literatura por
medio de una biblioteca, adonde se escapó el joven. Fue alumno del Colegio
Náutico de San Telmo, pero bastante indiferente: prefirió soñar con una vocación literaria; desde niño tenía ganas de hacerse artista -pintor o escritor.
Desde el principio se vio la dicotomía becqueriana: la vida que iba a sufrir
y la otra que iba a crear en un mundo de imaginación, de arte. Prefirió soñar
con una vida "independiente":
Y o soñaba entonces una vida independiente y dichosa, semejante a la
del pájaro, que nace para cantar, y Dios le procura de comer; soñaba
esa vida tranquila del poeta que irradia con suave luz de una en otra
generación; soñaba que la ciudad que me vio nacer se enorgulleciese con
mi nombre, añadiéndolo al brillante catálogo de sus ilustres hijos.1

Pero si soñaba con una vida independiente, pronto inició la otra, la dolorosa y prosaica. A los 18 años se marchó a Madrid, impulsado por el deseo de la
vocación literaria. Buscó trabajo en las redacciones y consiguió al fin un empleo del Estado. Se quedó cesante, enfermo. Se trasladó con su hermano, Valeriana, el pintor, al monasterio de Veruela; se casó con una joven, de la cual
· acabó separándose. Colaboró en varias revistas, viajó por España, pintó, escribió. Al momento en que estaba para lograr ciertos elogios por su obra y
cierto bienestar económico, sufrió ataques de hemoptisis y murió ( 1870) .2
Esto es nada más que el esqueleto de la vida del perímetro hacia afuera.
Hay que acercamos a la otra vida -la del perímetro adentro, la de la poesía, la verdadera realidad becqueriana. Unos rasgos del carácter del poeta.
Fue un hombre tímido, retraído, soñador. Azorín ha notado su "exasperada
sensibilidad",3 sin duda resultado de un temperamento demasiado enfermizo.
Tal temperamento le predispuso a huír de la realidad cotidiana y le hizo percibir la existencia de otro mundo de misterio y de poesía más allá de las realidades tangibles. La cualidad de "exasperada sensibilidad" le condujo a la
1

GUSTAVO ADOLFO BÉcQUER, Obras completas (Madrid, Lib. de Fernando Fe. 5a.
edición, 1904), III, 231.
2
Véase: BENJAMÍN JARNÉs, Doble agonía de Bécquer (Madrid, Espasa Calpe, 1936).
JosÉ PEDRO DIEZ, Gustavo Adolfo Bécquer, Vida y poesía (Madrid, Editorial Gredos).
3
AzoRÍN, Obras completas, "Bécquer" (Madrid, M. Aguilar, 1947), pág. 272.

202

fa'.ta de _adecuaci~n a la vida. cotidiana y al fracaso sentimental. Bécquer, tímido, sonador, huia de la realidad dolorosa. Nos pinta Jamés a Bécquer como
una fina alondra per?ida en un parque zoológico colmado de avestruces y
pavos reales; arpa olvidada en un estrepitoso concierto de trombones timbales
.
'
Y cometas. Nos pmta a Bécquer pálido, taciturno, ausente, mudo, mal alimentado, lamentablemente vestido, entre estos desmelenados folletinistas que escribían odas, entre unos pomposos dramaturgos que alternaban el escenario
de teatro con el político,4 un tímido soñador que huía del exhibicionismo romántico y de la sensiblería burguesa materialista.
: a vamos ~cercándonos a la otra vida becqueriana, la verdadera, la del
penmetro hacia adentro, la de la poesía: las Rimas.
Nos parece justo dedicamos al deslinde mismo de la poesía de Bécquer dig~mos, a
"Poética", si cabe decirlo así. Hemos indicado que lo peculia~ de
Becquer nene que ver con una "depuración" y una "Poética".
Nos deja el sevillano ideas específicas sobre varios problemas del artista.
¿ Qué es poesía? El poeta y la poesía, la emoción poética y la emoción viva
la imaginación del poeta, el problema de la expresión, la forma de la poesía'.
P~sa del simple "Poesía, eres tú'' de la rima a una definición de la forma
misma de su poesía. La "Poética" resulta el nexo del estudio de las Rimas.
Tal "Poética" no se halla completa en ningún ensayo, ni carta literaria. Se
halla, m~s bien, esparcida por muchas de las cartas literarias, por muchas
de, las Rimas, en 1~ '.',Introducción sinfónica", escrita por el poeta en 1858,
prol_ogo de una ed1c10n de su obra. Lo que sigue resulta una síntesis de
sus ideas sobre la poesía. 5

!ª

. Para Bécquer la poesía es la expresión de emoción. Existen potencias poéticas en tres mundos: a) el mundo de lo sensible (imágenes, luces, sonidos,
perfumes) ; b) el mu~d~ del misterio (origen de la vida, destino del hombre) ;
c) el mundo del sent1m1ento (desacuerdo del corazón y cabeza, esperanzas y
re;uerdos, anfor-I~). Es1:s potencias poéticas las debe sentir el poeta. Para
B:,cquer es el sentir el nucleo de toda poesía. Esencialmente, poesía es emoCion. ~Recuérdese la famosa definición romántica: "Poesía eres tú"). Bécquer
no est~ con~ento con una definición tan fácil. La depura más al escribir la
carta l:te~ana a una m~je~: "La poesía :res tú, he dicho, porque la poesía es
el sent~1mento, y el sent1m1ento es la mu1er". Tal definición quedaría también
muy difusa -todavía no está satisfecho el poeta; no cabe su definición en lo
peor del romanticismo. Bécquer no cree que la poesía es el súbito resultado
• ]ARNÉS, op, cit., pág. 105.
' Véase J. G UILLEN,
'
"La poet1ca
'·
de Bécquer", Revista Hispánica Moderna 1942
VIII~ 1-42. DÁMASO ALONSO y CARLOS BousoÑo, Seis calas en la expresi6n literari~
esp~nola (Madrid: Editorial Gredos, 1956), págs. 195-239. DÁMASO ALONSO, "Originalidad de Bécquer" en Poetas españoles contemporáneos (Madrid: Editorial Gredos
1958), págs. 11-52.
'

203

�de una corriente de alta tensión; no es puro sentimiento. El no se dejó arrastrar por tan sencilla investigación de los orígenes de la poesía. Para Bécquer
(e interesante es notar cómo al fin del siglo el crítico italiano Croce "depura" de la misma manera) hay una diferencia entre la emoción sentida y la
emoción poética. El poeta siente más vivamente las potencias poéticas; de la
experiencia frente a estos mundos nace la emoción en el poeta; guarda la emoción "viva" en la memoria: "por lo que a mí toca, puedo asegurarte que
cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro
misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras
y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas_ tra?sparentes, que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis OJOS
como en una visión luminosa y magnífica".6 Quitemos la ropa metafórica:
¿Qué dice? Nos parece lo dicho muy cerca de lo que opina Wordsworth, lo que
iba a depurar al fin del sigld el italiano Croce; hay una gran diferencia entre
"emoción viva" y "emoción poética": ésta es "emotion recol!ected in tranquility"; ésta no es "emotion in its immediacy". El sevillano ha planteado el mismo
problema: el poeta siente más hondamente que los otros; guarda lo sentido -la
emoción viva- en su mente, la imaginación. ¿ Cuándo escribe? "Cuando
siente, no escribe". Cuando Bécquer se dispone a escribir, el sentimiento ya
no subsiste en la mente con aquella intensa actualidad primaria; algo ha ocurrido dentro de la mente del artista: la emoción "viva" se ha convertido en
"poética"; las emociones vivas se han aumentado, han acumulado otras emociones hasta que es difícil distinguir entre lo no soñado y lo soñado: "Me
cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido. Mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales. Mi memoria clasifica, revueltos, nombres, y fechas de mujeres y días que han muerto
7
o han pasado, con los días, mujeres que no han existido sino eñ mi mente".
Las emociones sentidas, refinadas y combinadas con lo que añade la imaginación del poeta, van a exteriorizarse en su poesía.
Y he aquí una de las grandes preocupaciones becquerianas: una preocupación que es problema, problema que se manifiesta siempre en las Rimas,
preocupación problema que le duele constantemente. ¿ Cómo exteriorizar este
mundo de emoción poética? Bécquer cree, o, más bien, siente que el lenguaje
no es adecuado: "¿ Cómo la palabra, cómo un idioma grosero y mezquino,
insuficiente a veces para expresar las necesidades de la materia, podrá servir
de digno intérprete entre dos almas?" Como medio de expresar, de exteriori0

GUSTAVO AnoLFO BÉcQUER,

op. cit., pág. 560.

zar el contenido de la emoción poética, el lenguaje es mezquino. Hay un abismo entre la emoción y su imagen, entre el contenido y la forma: el lenguaje
como medio de expresión -puente entre emoción y forma- no es adecuado.
"Pero, ¡ ay!, que entre el mundo de la idea y de la forma existe un abismo que
sólo puede salvar la palabra; y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar
sus esfuerzos". Cuántas veces en la busca de un medio de expresión adecuado
a Bécquer le atraen los medios de otras artes: los de la pintura y de la música: "¿ Cómo podrá llegar mi pluma, sin más medios que la palabra, tan pobre, tan insuficiente para dar idea de lo que es todo un efecto de líneas, de
claroscuro, de combinación de colores, de detalles que se ofrecen juntos a la
vista, de rumores y sonidos que se perciben a la vez, de grupos que se forman
y se deshacen, de movimiento que no cesa, de luz que hiere, de ruido que aturde, de vida, en fin, con sus múltiples manifestaciones, imposibles de sorprender
con sus infinitos accidentes?" Lucha con el problema de la expresión y en gran
parte resuelve la lucha huyendo a los medios de la pintura, y de la música, artes que tienen mucho qué ver con la poesía:
Yo quisiera escribirlo
con palabras que fueren a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Es decir, el lenguaje poético, el medio de expresión, no será exclusivamente
lógico, racional. Su lenguaje, adaptándose a los medios de la pintura y de la
música, adquiere valores inefables: de color y de música.
Como epílogo de esta "Poética" becqueriana pongamos su propia definición
de su poesía. Describe adecuadamente la poesía de las Rimas: es la suya "natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere
el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada
dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que
duermen en el océano sin fondo de la fantasía".
Ya se queda indicado que las Rimas de Bécquer ofrecen la verdadera vida
del poeta, si hay las dos vidas, la dicotomía becqueriana: la vida exterior que
dolía y la de la imaginación, del arte, la que iba expresándose en su obra. Para
nosotros las Rimas son Bécquer. 8 En ellas caben rasgos de todo: lo que vivió,
lo que soñó, lo que imaginó. Creemos que el crítico se equivoca cuando trata
de ver solamente la trayectoria de la vida emocional del poeta.9 Sería inútil,
una pérdida de tiempo, tratar de coordinar las dos vidas. La vida afectiva,
subjetiva que se exterioriza en las Rimas es la principal. Por eso, las Rimas
son de una sensibilidad peculiar.
• La ordenación es de la 5a. edición.
• ]ARNÉS, op. cit., pág. 135.

' !bid, pág. 563.

205
204

'

�Tratemos de delinear esta sensibilidad becqueriana. La ordenación tradicional ha establecido cierta sucesión de temas que se encadenan por las Rimas.
Los temas ofrecen las directrices que establecen la base de la ~sencia becqueriana:
19 El problema del arte: qué es poesía; qué es la inspiración; qué es genio
poético; el problema de expresión;
29 El tema amoroso: del conjunto de las Rimas es el tema del amor, el "leitmotiv" principal. Y aunque este amor becqueriano es muy inconcreto, vago,
nebuloso, se caracteriza por un fervor intenso. El momento del amor es breve; "es el amor que pasa"; el júbilo del enamorado dura poco tiempo. ¿ Quién
era ella? ¿ Cómo la conoció?
Vaguedades. Nada se sabe. "Ella" de las Rimas no es más que una emoción, pero una emoción intensa -un fervor, rasgo más característico de su
sensibilidad.
39 El dolor de los celos: al amor siguen el rompimiento, la desilusión, la
soledad.
4º La melancolía del vacío espiritual: las Rimas posteriores aluden a la
última fase del proceso sentimental: una melancolía, una monotonía que es
la vida sin amor.
59 El olvido y la muerte: si principia el poeta intentando definir la inspiración, la poesía, el genio, si pasa por los sentimientos del amor, del dolor, de
la melancolía, termina la trayectoria cantando la brevedad de la vida, la fugacidad de todo: "¡ Despertar es morir!" (LXIV). En la rima inicial se delinea el tema principal de toda la obra becqueriana:
Y o sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora.

Es un himno gigante y extraño --el fervor becqueriano- el mundo de emociones, de sueño~, de fantasía que va a exteriorizar el poeta. Es el contenido.
La obra será la expresión de este contenido:
Y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Se plantea al mismo tiempo el problema del artista, el de la expresión, de la
forma: ¿ Cómo expresar el contenido?
Y o quisiera escribirlo . ..
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

206

Se plantea el problema de la mezquindad del idioma. El lenguaje resulta casi
incapaz de expresar su himno gigante y extraño:
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡ oh hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oírlo, cantártelo a solas.

Digamos que la esencia de la sensibilidad poética becqueriana es el fervor -el
himno gigante y extraño-. El poeta lucha para expresarlo; será algo íntimo,
delicado, leve pero intenso.
La dificultad de expresar el mundo interior es tanta como la de reducir la
inspiración a la razón ( III). Romántica -es su idea de la inspiración:
Locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador.·

Pero el problema, la dificultad, es reducir tal inspiración a la razón: Gigante
voz que el caos -Orden en el cerebro-. La razón presta orden a la imao-inación; ordena el caos dentro de la mente del artista antes de la exterio:ización:
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata.

Nos encontramos en la IV con la trinidad becqueriana de potencias poéticas:
Son todo lo que el artista puede sentir: a) el mundo de lo sensible (ondas
de luz, perfume y armonías) ; b) el mundo del misterio:
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de las vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;

(el origen de la vida, el destino del hombre) ; c) el mundo del sentimiento:
lo afectivo:

207

�Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

Habrá poesía; son las potencias poéticas. Sigue el poeta contemplando "lo poético" en la V. Las potencias poéticas residen en todo lo que siente el poeta; son
ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta.

La poesía es la potencia poética expresada por el poeta. Como preludio a la
introducción del tema amoroso (el 2Q tema, directriz de la poesía) -el "leit
motiv" del conjunto-- Bécquer simboliza el amor con la imagen del beso,
beso que se ve en todo lo que le rodea: el aura besa las leves ondas, el sol besa
la nube, una llama besa otra, el sauce besa al río (IX) . El poeta no solamente siente las potencias poéticas en el mundo que le rodea, sino a la vez sus
propios símbolos. Se proyectan los símbolos sobre las potencias' poéticas. Después se introduce el tema del amor (X).
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran. . . ¿ Qué sucede?
-¡ Es el amor que pasa!
¿ Qué es el amor en la poesía de Bécquer? Una emoción, un fervor que el
poeta exterioriza por medio de unas imágenes leves, sencillas: las miradas, los
labios, los besos, los suspiros, unos pechos que palpitan ... Nada se sabe definitivamente de lo que ocurrió en la vida "exterior" del poeta. ¿ Quién es
"ella"? ¿ Cuándo se enamoró él? Lo importante es la emoción misma. "El
amor becqueriano, quiero decir, naturalmente, el que aparece en la poesía
de Bécquer, no solamente ofrece la vaguedad objetiva que hemos copiado, sino
que en sus fragmentos descriptivos no se repite siquiera el tipo femenino" .10
La manera de exteriorizar este fervor es típicamente romántica: es el amor

'º G.

208

DÍAZ PLAJA,

La poesía lírica española (Madrid, Ed. Labor, 1948), pág. 335.

.. .un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, son intangible;
no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú! (XI) .

El poeta se atrae por una fascinación indefinible, que se simboliza por los ojos
de la amada; pero ¿ adónde se atrae? No se sabe:
Y o me siento arrastrado por tus ojos,
Pero adónde me arrastrarán, no lo sé. (XIV)

El fervor becqueriano.
Examinemos brevemente (Rima XVIII) la actitud del poeta frente a la
realidad. Bien se entiende cómo la poetiza, depurándola, desmaterializándo!a
de todo lo anecdótico. El poeta no refleja la realidad exterior sino una realidad afectiva -~a real!dad como se siente por el mismo poeta. Hay en la
XVIII un~ mu!er fatigada del baile; una flor que levantaba el palpitante
seno; Y ¿como siente el poeta tal realidad? Siente la potencia poética: ¡ Ojalá
fuera él la flor que se halla sobre el seno!
Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento
¡Oh, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño!

s:

En todas las Ri"!as en qu: poetiza el amor (XI-XXVII) se siente el gran
fervor, fervor &lt;letras de las rruradas, de los ojos, de los besos: es un volcán:
¿Cómo uive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en la tierra
sobre el volcán la flor. (XXII)

Se siente un fervor que está al punto de romper la forma bien dominada:
Por una mirada, un mundo:
por una sonrisa, un cielo;
por un beso. . . ¡Yo no sé
qué te diera por un beso! (XXIII)

Brevemente el poeta rompe la contención (en este caso lograda por el uso

209
H14

�de la forma casi tradicional del adagio español) , la contención de la pauta;
grita frenéticamente "¡ Qué te diera por un beso!"
El fervor se siente más intensamente en la XXIV, cuyas metáforas son, sin
duda, símbolos eróticos. El intento, el simbolismo refleja el fervor becqueriano bien dominado:
Dos rojas lenguas de fuego
que, a un mismo tronco enlazadas,
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama;
dos
dos
dos
dos

notas que se abrazan;
olas que vienen juntas;
jirones de vapor que f arman una nube;
ideas, dos besos, dos ecos se confunden;

Ya bajo la aparente calma y tranquilidad de una de las rimas más tranquilas
del grupo de tema amoroso, se siente el gran fervor del poeta; en la XXV no
se halla la aspiración de las que preceden ni el rencor, los celos de las que
siguen; hay cierta calma:
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño,
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano;
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto,
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo:
la luz, el aire
y el pensamiento.

¿Posee lo deseado? Es dudoso. Bajo la aparente calma surge, hierve el fervor:
Por ver entre .sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos.

La tercera directriz, el tema que se exterioriza en varias de las Rimas principiando con la XXX, es el rompimiento, los celos, la desilusión. A nuestro
parecer muchas de éstas son bien inferiores. El poeta está cerca de la realidad
misma; siente demasiado fuertemente el rompimiento. No ha pasado bastante

210

tiempo para que se temple la emoción. Más bien que "poética" la emoción
es "viva". En muchas de las rimas desde la XXX el poeta nos dice prosaicamente lo sucedido. La emoción intensa parece haberse convertido en orgullo, y Bécquer nos lo dice en vez de comunicarlo poéticamente:
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Y o voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor
yo digo aún, ¿por qué callé aquel día?
y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?

El poeta está demasiado cerca del arrepentimiento. Lo siente demasiadamente. No puede poetizar, sentir. Piensa: "él" habla; "ella" dice; y cuando piensa Bécquer, mucho del encanto, mucho de la poesía se destruye. Se notará
tal tendencia en la XXXI. La actualidad del rompimiento, la intensidad de
los celos prohiben que él poetice la emoción. Al tratar de comunicar el desengaño, la desilusión, fa poesía sufre. "Nuestra pasión fue un trágico sainete".
¿Cómo se relacionan pasión y trágico sainete? A nuestro parecer, en conjunto,
la rima es muy inferior. Habla, piensa el poeta en vez de cantar, intuír.
Y sigue pensando en la XXXIII: ¿Por qué rompieron? En esta rima
llega muy cerca de la sensiblería burguesa de un Campoamor, es decir, hay
poca emoción y demasiada razón. La cabeza domina al corazón. El poeta
raciocina:
Es cuestión de palabras, y no obstante
ni tú ni yo jamás,
después de lo pasado, convendremos
en quién la culpa está.

La última estrofa resulta muy prosaica:
¡ Lástima que el amor un diccionario
no tenga dónde hallar
cuándo el orgullo es simplemente orgullo,
y cuándo es dignidad!
Para clarificar lo que queremos decir, examinemos la XXXVIII. Nos parece que en esta rima a Bécquer le ha vuelto la musa. He aquí todo lo bueno
~ecqueriano: lo frágil y fugitivo: lo espontáneo que da vida poética, vida emo~ a~ R~as:
.

211

�Los suspiros son aire, y van al aire,
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

El orgullo (con el desengaño, la desilusión) se ha cambiado en algo muy simple, muy espontáneo. No hay nada de lo grotesco de la XXXI; no hay el
excesivo pensamiento, no hay el orgullo racional excesivo.
La XLI es buen ejemplo de cómo termina el poeta combinando los dos elementos, lo intelectual y lo afectivo (se plantea el problema en la III ); todavía parece que el poeta trata de explicar racionalmente el rompimiento; pero
la rima se halla a la vez dentro de lo emocional de su poesía. Dice, piensa:
"No pudo ser". Pero hay también las tres metáforas que poetiza la incompatibilidad de la pareja: tú: el huracán, el océano, hermosa; yo: alta torre, la
enhiesta roca, altivo. ¡ No pudo ser! El poeta ha vuelto a lo poético: Las Rimas si&lt;&gt;uen la trayectoria de la realidad subjetiva. Sentimos -por medio de
las imágenes-- lo sucedido. No sabemos los hechos ( la realidad objetiva) sino
sentimos la actitud subjetiva del poeta.
Al fin de esta trayectoria del rompimiento, de los celos, de la desilusión cuando el poeta se da cuenta de que "ella" le ha abandonado, siente; ya no piensa. Expresa lo sentido metafóricamente:
Cuando me lo contaron sentí el frío

de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba. (XLII)

Se desarrolla una intensa soledad; siente un abismo:

'

Mas, ¡ ay! de un corazón llegué al abismo,
y me incliné por verlo,
y mi alma y mis ojos se turbaron:
¡Tan hondo era y tan negro! (XLVII)

J

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí, al hacerlo, que la vida
me arrancaba con él. (XLVIII)

Las Rimas posteriores aluden a una última fase del proceso sentimental
(LII: ¡ Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!). Esta última fase
se caracteriza por una dulce melancolía del vacío sentimental, por una monotonía de la vida sin amor. Quizá sea la LIII -la de las golondrinas-- la
mejor de las rimas de esta etapa. Bécquer ha regresado a la simpleza becque-

212

riana; ha vuelto a la expresión genuinamente personal de su emoción; el rompimiento, los celos se han suavizado, se han "poetizado". Ahora parece que
contempla la emoción viva tranquilamente: la emoción viva se convierte en
emoción poética. El dolor, la soledad, el grito de la LII se han combinado con
imágenes leves y se han hecho el "desengáñate". Comunica la melancolía por
medio de una construcción paralela: contrasta melancólicamente lo que era
con lo que es ( es la melancolía del "En los nidos de antaño no hay pájaro
hogaño"):
a)

b)
c)

Volverán las obscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán. .
a') pero: las que conocíamos no volverán.
Volverán las tu pidas madreselvas
b') pero: las que conocíamos no volverán.
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
c') pero: no habrá quien te ame como yo
.. .desengáñate,
¡ así no te querrán!

Las tres imágenes (golondrina colgando de los nidos; las madreselvas escalando las tapias; las palabras de amor sonando a los oídos) ; la pauta a, b, c;
el empleo de tres conjunciones (pero) ; el empleo de las tres aquellas; el empleo del futuro en contraste con el imperfecto, el desengáñate final -todos
estos elementos se combinan para evocar una profunda melancolía.
Le preocupan al poeta desde aquí en adelante una melancolía y una monotonía; LVI: todos los días, "todos ellos sin goce ni dolor"; LXI: ¿Quién lo~
cerrará? ¿ Quién murmurará? LXV; la soledad, el vacío, sin ser metaforizados:
Llegó la noche y no encontré un asilo;
¡ Y tuve sed! . .. Mis lágrimas bebí;
¡ Y tuve hambre! ¡ Los hinchados ojos
Cerré para morir!

Con la Rima LXVI llega a una conclusión del problema ya planteado en
la II (". . . cruzo el mundo, sin pensar de dónde vengo, ni adónde mis pasos me llevarán ..."). Es el Warum romántico. Las preguntas y tres metáforas
como respuesta vacía: el vacío, el aislamiento, la melancolía: A) ¿De dónde
vengo? a) el más horrible y áspero de los senderos; b) las huellas de unos
pies ensangrentados sobre la rbca dura; c) los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas. B) ¿ Adónde voy? a) el más sombrío y triste de

213

�los páramos; b) el valle de eternas nieves y eternas melancólicas brumas; c)
una piedra solitaria sin inscripción alguna.
Al fin de la trayectoria llega el poeta al olvido, a la muerte (el 5o. tema) .
Anhela y halla un reposo eterno en la nada. Las últimas rimas se caracterizan por la calma, la resignación:
Al brillar un relámpago nacemos,
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡ tan corto ts el vivir!
La gloria y el amor tras que corremos,
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡ Despertar es morir! (LXIX)
Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo ... (LXXVII)

Tal es el contenido de las Rimas. Nos restan unos comentarios más sobre
la forma misma, el estilo becqueriano. Bécquer define bastante bien (definición ya comentada) su propia lírica al oponer a "una poesía magnifica y sonora -hija de la meditación y del arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua", otra que es "natural, breve, seca, que brota del alma como
una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio-, es un acorde que se arranca de un arpa y se quedan las
cuerdas vibrando, con un zumbido armonioso". Es la poesía que Azorín declara "frágil, alada y fugitiva", cuya sencillez y levedad contrastan con el aparatoso efcctivismo de los románticos que viven y escriben desde el peómetro
hacia afuera. Y fue Luis Cernuda quien delineó la depuraci6n becqueriana
como una "liberación de la pompa, del ornato que como vano ramaje rodeaba con sus anchas hojas decorativas el cuerpo esbelto y ligero de la poesía".
Como rasgos característicos principales de esta poesía frágil, alada y fugitiva, esta poesía depurada: la contención (un sentido de la St&gt;ncillez popular
-popular asonancia, los populares octosílabos-; la musicalidad tembloro~a,
versos sencillos, espontáneos, rimas asonantes predominantes) ; lo plástico
(Bécquer, un artista quien dibujaba, pintaba al escribir -recuérdese el problema del medio de expresión) .
La expresión de lo íntimo (lo lírico ya delineado -el desencanto amoroso,
los celos, la soledad) se logra por la contención. Son breves, sencillos, concentrados los mejores versos. Y al sentido de contención se une el de lo popular; muchas de las rimas recuerdan al adagio popular español:
Los suspiros son aire, y van al aire,
las lágrimas son agua y van al mar.

214

Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
uabes tú adónde va?

Eabonla mayor parte de las Rimas se emplean la asonancia popular y los octosíl s populares.
· a h mr
, de
I El factor
d • musical es uno de los más notables· Hay una tend enc1a
a rot~n 1dad so~or_a hacia una tenue musicalidad temblorosa. A veces el
contenido se extenonza por medio de una forma casi perfecta. XV
c·ó
· · 1
d "
•
, cuya emo1 n pnnc1pa
·
Los
e
· es 1a e ansia perpetua de algo meJ·or", el fervor becquenano.
v rsos m1~mos captan un sentido de ansia, un gran sollozo. Se em lean
versos
de 10 silabas, con pie quebrado de 5 ,• alternac,·o·n q ue evoca unap an.
sia, en sollozo como eco: 10 10 5 5 10 5/ 10 10 10 10 5/ 10 10 5 5 10 5
La la. estrofa:
• ~
,.
,.
~ ~
·
0

Cendál /lotánte de léve brúma
rizáda cínta de blánca espúma, '
rumór sonóro
de árpa de 6ro
béso del áura, ónda de lúz:
eso eres tú.

Acentuación
4-4-2-2-4-2.' asonancia AA, BB, ce, Dd, con el eco final.
.
·
d
La téc1
nica es e emp eo frecuente: nótese la XVI; se alternan los versos de 10 4
captando los murmullos, rumores, lejanas voces por el leve eco mismo. y '
. A veces l_a_ músic~ no se expresa de esta manera mecánica sino
r una
1i:r1agen auditiva: m1resc la LXIII en la cual los recuerdos del poe:se asocian con el rumor de abejas irritadas:
Como enjambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salm a perseguirme los recuerdos '
de las pasadas horas.

Tan importantes como los valores musicales son los plásticos. y lo pi' f
a. su vez se. caracteriza por Ios vagos y esf umados contornos las trémulas as
1· .1co

c1ones luminosas·. "las aJas d e tu ¡ del sueño" "niebla dorada"
-,
"C d I nsafl
tan te de leve b ruma" ' " tremu
, Io f ulgor de leve
' bruma" "ra . , d en
I a odif " L · á
,
,
yo e uz tenue
\s f~: .., as im genes mas comunes en la poesía de Bécquer son los "fuegl b os ' las azucenas tronchadas, los ojos, las ardientes chispas brilladora
uro re Y temerosa sombra.
'
~ a úl_tima mdetáfo~ nos trae a una de las más delicadas, más tenues más
quenanas e las nmas: la LXII -en la cual el conten"d
.
'
1
cia ín t'
t
1 •
o IDJSmo se aso1~.u:nen e con a 1magen principal: luz, alegría; sombras el pesar Hay
un movumento perfecto:
'
·

215

�A.
B.

"un albor trémulo y vago",
"raya de inquieta luz",
c. "en ardiente explosión de claridad",
D. "la brilladora luz",
E. "la temerosa sombra",
F. "obscura noche",
G. "¿ Cuándo amanecerá?"
Perfecto es el crescendo-diminuendo en el matiz de luz: AF; BE; CD como
clímax. El epílogo ( en el cual el poeta expresa su duda) se queda solo, más
triste frente a la luz de la imagen principal.
Que el comentario en esta rima nos lleva a una de la~ técnicas más becquerianas: las que hemos bautizado "metáfora-conclusión". Primero se ven en
la II : en la última estrofa se da la "conclusión" ( proposición a la vez) de
las cuatro imágenes que preceden:
A.
B.
C.
D.

"la saeta que voladora",
"la hoja que del árbol seca",
"Gigante ola que el viento ... ",
"luz que en cercos temblorosos";

las cuatro imágenes seguidas por la conclusión:

Eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán.
La misma técnica se emplea en muchísimas -otro ejemplo se encuentra en
la VII· la imagen inicial del arpa del salón en el ángulo oscuro, y la idea
misma:' o sea el genio que "Así duerme en el fondo del alma". E~, un~ _t~enica poética de amplificar la intuición directa por una enumerac1on m1é1al
de analogías, de metáforas. Tal técnica ha sido criticada por muchos, pero
admirablemente defendida por Jamés: "Ha sido criticada como defecto. Tal
vez lo sea, pero nosotros sólo pedimos que las imágenes sean ~ellas. No es
Bécquer un talento discursivo, sino intuitivo. El _n~ podía explicamos nad~.
Sólo podía hacer esto: ver el mismo objeto por d1stmtas caras. Opera por subitas iluminaciones ... " 11
Claro está: "súbitas iluminaciones"; la técnica, el estilo (en cuanto a la
contención, la musicalidad, lo plástico} sirven para expresar lo más característico de la sensibilidad becqueriana: El fervor.
11

216

]ARNÉS,

op, cit., pág. 140.

REFLEXIONES SOBRE LA SEMANTICA LINGütSTICA
Y SU EVOLUCIÓN

DR. Ono DucnÁcEK
Praha, Checoslovaquia

I
LA SEMÁNTICA o SEMASIOLOGÍA es una de las disciplinas lingüísticas menos
exploradas. Los lingüistas se han interesado más en la forma que en el sentido de las palabras. Nada de extraño porque el estudio de la forma no presenta tantas trampas como la exploración del sentido. Este último es, en lamayoría de los casos, mucho menos estable que la forma y más complicado, puesto que comporta generalmente, además de la dominante, otros muchos componentes nacionales y, a veces, incluso otros : afectivos ( que expresan la emoción), expresivos (cuya afectividad se expresa incluso por medio de la forma
de la palabra), volitivos (que traducen la voluntad, el deseo, la intención, etc.,
del sujeto hablante) y funcionales (que juegan un papel más o menos importante según el empleo de la palabra en diferentes medios o en diversas situaciones). Su número, su importancia, sus relaciones mutuas, todo eso no es
generalmente constante. En una época dada se pueden verificar las diferencias dialectales, sociales (entre los miembros de diversas capas sociales o distintas profesiones), generativas (que se refieren a la edad de los sujetos hablantes) e incluso ocasionales (bajo la influencia de la situación en cuestión)
e individuales (según la cultura y la formación del hablante, según su carácter, religión, etc.).
Hay lingüistas que quisieran escamotear el sentido de la lingüística y que
creen que las palabras no tienen sentidos, sino únicamente usos (por ejemplo,
R. L. Wagner) . Olvidan que la lengua, al ser el medio principal de la comunicación, sirve para expresar nuestros pensamientos, nuestras opiniones, nuestras experiencias, nuestra voluntad, etc., en una palabra, todo lo que quere-

217

�mos hacer saber a nuestros interlocutores. El proceso del entendimiento se
hace posible por el hecho de que, entre todas las personas que hablan una
misma lengua, cierta percepción acústica, eventualmente visual (gráfica), evoca el mismo concepto, la misma idea, pero seguramente, no siempre una sola.
Ahora bien, la forma de la palabra no es más que el signo del concepto en
cuestión que, en la lengua, está representado por la acepción de la palabra.
El sentido y la forma son, por tanto, dos partes inseparables. que componen
la palabra.
La semántica examina las acepciones de las palabras y su evolución ( semántica diacrónica) o sus relaciones mutuas, su interdependencia o incluso su
interacción en un momento dado (semántica sincrónica).

II

I

'

Al estudiar la historia de la lingüística, se cae en la cuenta de que; a partir
del siglo V a. C., los filósofos griegos se esforzaron por resolver el problema
de si las palabras representan una expresión natural de las cosas y los seres
designados (Heráclito, Platón, Aristóteles, los epicúreos, los estoicos) o bien
únicamente signos convencionales (Demócrito, los escépticos).
No nos ocuparemos sobre las hipótesis, sobre el origen de la lengua y sobre la relación original entre la palabra y la cosa designada. Contentémonos
con comprobar que, en todas las lenguas indoeuropeas (y en otras), en su forma actual, lo mismo que en sus fases históricas, se encuentran palabras semánticamente transparentes (es decir, motivadas, por ejemplo, cancionero
"que hace o canta canciones"), también palabras semánticamente opacas (inmotivadas: padre, mesa). Dicho se está que la motivación primitiva puede
haberse olvidado y las palabras transparentes pueden llegar a convertirse en
opacas (bec d'ane) "bédane".
Al examinar la conexión entre los conceptos y las palabras que los designan, Demócrito ya señaló que un concepto puede expresarse mediante diferentes palabras y, por el contrario, que una palabra puede expresar muchos
conceptos. Ya Aristóteles distinguió entre palabras autónomas y palabras "instrumento".
Se hace necesario esperar diez siglos para poder contemplar progresos importantes en esta disciplina. Proclo (412-485), filósofo de la escuela neoplatónica de Alejandría, estudió diversos cambios del sentido, sobre todo la metáfora, el deslizamiento y la extensión del sentido.
Los gramáticos griegos y romanos examinaron después los cambios de sentido como recursos estilísticos y retóricos. Los gramáticos medievales acaba218

ron por distinguir catorce "tropos" : la metáfora la sinécdoque la m t . .
la ant
· l
,
.
'
,
e onuma
. , onom~s1a, a c~tac~es1s, la onomatopeya, la metalepsis, el epíteto, la ale~
go:1a, el emgma, la iroma, la perífrasis, el hipérbaton y la hipérbole. Todavía
mas tarde se_ encontraron otros. Apresurémonos a comprobar ue todos estos
tropos se refieren a los cambios del sentido.
q
d/ohn Locke hizo un ensayo más serio para clasificar los cambios de sentiS~n su obra An Essay &lt;:oncerning Human Understanding, publicado en 1660.
m em~ar~o, no f~e. smo hasta 1825 cuando acabó el período "precientífico"
e_n la ~emant1ca. Christian C. Reisig echó los primeros fundamentos de la semas10lo~1a en sus Vorlesungen über lateneische S prachwissenschaft t en dond
estudia, sobre todo, la sinécdoque, la metonimia y la metáfora '1a t
.•: _e
dad 1 · t
· · 'd d
,
rans1uv1. . y . a m rans~tiv~ a ' el _paso de la esfera espacial a la temporal las mod1f1cac1ones
. .
y
s 1 semanticas
. realizadas por el empleo de las preposmones.
us a ~mnos contmuaron su obra. El curso de semántica latina d F H
:~: pubhc~d~ después de su muerte por sus discípulos F. Eckste: ( Íer. a;;~
en, Le1pz1g, 1874) y H. Peter 2o. volumen Leipzig 1880) F H d
'b · ' U
'
• . eer egen
escn JO.. ntersuchungen zur lateinischen Semasiologie (Erlangen 1881)
Grundzuge der Bedeutungslehre (Berlín 1890) . H L hm
Üb' d
y
d t
d z ·
.. .
'
' · e ann,
er en Beeu ungswan
e
im
Franzosischen
(Gottingen
1883)
.
M"hl
f
Id
Ab
.
d
.. · h
'
, u ee ,
riss er
f ranzosisc en Rhetorik und Bedeutungslehre (Leipzig 1887). G F
Üb
den Bed t
d ll
.
,
' . ranz,
er
eu un~swan e atenemischer Worter im Franzosischen (Leip . 1890)
Las obras citadas -lo mismo que On the study of words por R.
Trend
~~ondon, 1856) y Incercare asupra semasiologiei limbei romane por L. Sainea(Bucarest, 1887)- pertenecen al primer período de la semánt'
. tíf'
ca en Ja
t d
b
1ca cien 11
.
que ~ a p~ ~ ra es estudiada separadamente y todos los cambios de
sentido
se
umcamente por las leyes de la l'og1ca.
.
E
,exphcan
d
ste peno ~ está coronado por las leyes de la lógica. Darmesteter (La vie
des mots, Pans, 1886) 2 distingue los cambios semánticos siguientes: la sinéc-

~f'.

Después de su m~erte, su alumno F. Haase las editó en 1839 en Berlín donde e
H_cerddegenB hd1zo reimprimir la parte referente a la semántica bajo el títul~ d:
asio ogze o er e eutungslehre
• Esta obra, precedida por la .de G. Mano Del/ f t
1883) · · ,
'
e or una del/e paro/e (Turino,
' ~~spiro a muchos otros lingüistas. Merecen citarse:
J. STOKLEIN, Bedeutungswandel der Wiirter 'München 1898
KR
·
'
'
·
. : NYROP, Ordenes L'w ( trad uc1do
por Vogt
al alemán:
D
L b
Le1pz1g, 1903).
as e en der W iirter,

!!:O, ~l1

E ...STERN, Das Leben der Wiirter, Prague, 1904.
~U~LER-FRLAUR~UTH, Aus der Welt der Wiirter, Halle, 1904.
· ARis, a vze des mots, Paris, 1909.
J. DvoRÁCEK, Ze zivota slov, Prague, 1920.
R. THOMASSON, Naissance et vicissitudes de 300 mots et locutions, Paris 1935.
A. DAu~AT, Voyage a travers des mots, Paris, 1947.
'
M. ScHONE, Vie et mort des mots, Paris, 1948.

219

�. f
1

I

cloque ( en la cual coloca la extensión, la restricción y la elipsis) , la_ metonimia,
la metáfora y los cambios complejos ( la irradiación, el encadenamiento).
Michel Bréal (Essai de sémantique, Paris, 1897) es el primero en buscar un
sistema en semántica. Intenta encontrar las leyes intelectuales del lenguaje: la
ley de la especialidad (el latín, lengua sintética, se_ t:~nsform~ en la_s !~?guas
romances, que son analíticas) y la ley de la repart1c10n (la dife:enc1ac1on semántica de los sinónimos). Se da cuenta de los cambios de sentido en la restricción, extensión, metáfora y "espesamiento". Trata de la polisemia, de la
elipsis, de la influencia del contexto, etc.
Una nueva fase de la semántica comienza hacia fines del siglo XIX. A. Rosenstein estudia la influencia de los fenómenos psíquicos sobre los cambios de
sentido en su obra Die psychologischen Bedingungen des Bedeutungswandels
der W orter ( 1884).
Su maestro W. Wundt, el principal representante de la concepción psicológica, publicó su obra maestra Volkerpsychologie en 1900 (Leipzig). Según él,
los cambios de sentido son parcialmente inconscientes y, consecuentemente,
generales, parcialmente intencionales ( tales son los cambios individuales)• ~os
cambios o-enerales pueden ser asimilativos ( pied d'une montagne), comphcativos ( sin6stesis, abstracción, etc.), afectivos o asociativos. Estos últimos están
causados por el contexto o por factores externos. Perteneciendo a los cambios
individuales la nominación en la base de las asociaciones individuales, el cambio de los nombres propios en nombres comunes y la metáfora. El progreso
de la concepción de Wundt consiste en el análisis de los fen~menos semá~ticos. Los semánticos del primer período únicamente se dedicaron a clas1ficarlos.
De acuerdo con Wundt, creemos también que la lengua y el pensamiento
son inseparables. El proceso para expresar nuestros pensamientos (la ~alabra),
resulta de nuestra forma de pensar, la cual, a su vez, depende en cierta medida del sistema de la lengua porque formula sus ideas con la ayuda de las
frases. Por tanto, la palabra, según nosotros, forma una unidad dialéctica con
la acción de pensar. Por consiguiente, las leyes psicológicas pueden influir
sobre la manera de hablar y sobre el sentido de las palabras.
Algunos semánticos, por ejemplo K. Nyrop y A. Camoy, combinan los puntos de vista lógico y semántico.
K. Nyrop ( Grammaire historique de la langue franfaise, IV: Sém_anti~ue,
Copenhague, 1913) nos presenta un conjunto de interesant~s estudios neamente documentados sobre los más diversos cambios de sentido y sobre sus
causas, sobre la influencia de la afectividad, etc. Sin embargo, no intenta clasificarlos sistemáticamente.
A. Camoy (La science du mot, Louvain, 1927) ha hecho un serio inte~to
por descubrir un sistema en semántica. Después de haber tratado de la lID220

portancia del símbolo, del substrato intelectual de las palabras, de los tres aspect~s ?el sentido de las palabras (perceptual, afectivo y conceptual), de las
aso~1~c1ones de la~ lenguas :speciales, de los argots y de las jergas, llega a
clas1f1car los cambios de sentido. Los divide en inconscientes y conscientes. Los
cambios inconscientes, que son graduales, pueden ser simples (el deslizamiento, la irradiación, la extensión y la restricción) o complejos: la antisemia
(_l~ antonimia ~ l~ diferenciación de los sinónimos), la homosemia (la atracc10n, 1~ h~monun;1a, la c_ontaminación, la etimología popular y los calcos)
y. la s1semia (la mfluencia del contexto, la elipsis, la braquisemia, la pérdida del valor semántico). Subdivide los cambios conscientes (que son súbitos) en evocativos (la metáfora), apreciativos (el eufemismo, el disfemismo, la degradación y el ennoblecimiento) y cuantitativos (la exao-eración Ja
a~enuación: _litote, ironía, juego de imágenes de palabras). Su sistema, ~or
bien pensado que esté, sin embargo, nos parece demasiado "atomizado" (no
hemos podido se~alar aquí todas las subdivisiones) . Lo que es más grave es
que el autor no tiene en cuenta los factores externos. A pesar de esto su libro
fue, en su tiempo, una contribución importante al conocimiento de 'los fenómenos semánticos.
E. Gamillscheg (Franzosische Bedeutungslehre, Tübingen, 1951) parte de
la concepción de Wundt al considerar los fenómenos lingüísticos, sobre todo
desde el punto de vista psicológico (la lengua es, según él, la expresión de
nuestros sentimientos y de nuestra manera de pensar). Sin embargo, aporta
algo nuevo. Examina la influencia de los factores externos y de las causas
puramente lingüísticas de los cambios de sentido. Combina el aspecto sincrónico con el diacrónico. Sin buscar un sistema, estudia, basándose en un material muy rico y original, las relaciones entre las cosas (los seres ... ) , los conceptos _de que se forman y las palabras que los designan; las relaciones entre
el sentido virtual de una palabra y su sentido actualizado que le da el sujeto
hablante en una situación determinada o que resulta del contexto; la influencia del sistema gramatical sobre el sentido de las palabras; la asociación de
ideas; la estructura de la acepción; las palabras: polisémicas, de valor pleno,
de valor debilitado, semánticamente vacías; diferentes tipos de cambios de
sentido; la influencia de los hechos históricos; las lenguas especiales; la interdependencia de palabras y de sus acepciones. Se puede comp¡obar que, estando al corriente de las teorías modernas ( de las cuales hablaremos más adelante) se sirve de ellas para modificar y completar la concepción psicológica
de la cual es el representante más destacado.
H. Kronasser (Handbuch der Semasiologie, Heidelberg, 1952) explica los
cambios de sentido también desde el punto de vista psicológico. Los examina
con mucha conciencia y seriedad al servirse de ejernnlos tomados de varias
221

'

�lenguas. Para apoyar sus hipótesis concernientes a la evolución semántica en
las fases de las más antiguas lenguas indoeuropeas, destaca ciertos hechos del
lenguaje infantil. De acuerdo con Gamillscheg cree que es imposible establecer en semántica un sistema satisfactorio. Pero prevé un sistema en que todo
cambio de sentido encuentre su lugar.
G. Stem (Meaning and changes of meaning, Goteborg, 1931) es el representante de la tercera concepción semiológica. Partiendo de la bipolaridad del
significante y del significado,3 considera los cambios de la lengua desde el punto de vista causal y funcional y distingue los cambios externos (las sustituciones objetiva, cognitiva y subjetiva) y lingüísticos: 19 los desplazamientos relativos a la forma, causados por la braquisemia, por la elipsis o por la analogía;
esta última puede ser combinativa (la composición, la derivación, la flexión),
correlativa (la sinonimia, los calcos semánticos) o fonética (la atracción, la
etimología popular) ; 29 los desplazamientos de la relación referencial: la composición, la derivación, el transporte intencional o no· intencional, sobre la
base de la similitud, de la función, del espacio: se trata aquí de la metáfora,
de la hipérbole, del litote y de la ironía; 39 los desplazamientos de la relación
subjetiva entre la palabra y los hablantes: la permutación (la metonimia y
la sinécdoque) y la adecuación (la metonimia combinada con el deslizamiento).

I

'

S. Ullmann (The principies of Semantics, Glasgow, 1951) nos presenta otra
clasificación semiológica. Según él, hay cambios de origen histórico y extralingüístico, debidos al conservatismo lingüístico, y cambios debidos a la innovación lingüística. Divide estos últimos en traspasos del nombre (causados por
la similitud o la contigüidad entre los sentidos) y traspasos del sentido (causados por la similitud o la contigüidad de los nombres). Forman un tercer
grupo de cambios compuestos, ocasionados por asociaciones complejas, por
ejemplo, por una doble elipsis: un beaujolais (un verre de vin de Beaujolais).
Ullmann pone en evidencia la bipolaridad de la palabra ( el significante -el
significado-) y la doble forma de la naturaleza psicoasociativa del proceso:
la similitud o la contigüidad de las imágenes mentales asociadas. La similitud
del sentido puede ser sustancial (similitud de forma, de función o de situación), sinestésica (douce voix) y afectiva (amitié chaleureuse). La similitud
de formas puede llevar a la atracción léxica o a la etimología popular. La contigüidad de sentidos puede ser espacial, temporal o causal. La contigüidad de
las palabras en un contexto puede manifestarse por una elipsis o por un contagio sintáctico.
• La distinción entre el significante y el significado aparece por vez primera en la
Glossology de G. GROTE ( 1871); fue precisada por F. DE SAUSSURE en su Cours de
Linguistique générale ( 1916).

La clasificación de Ullmann tiene la ventaja de ser simple y de poner en
evidencia el carácter psicoasociativo y funcional del proceso. Ullmann intenta desc~brir l~s leyes y las tendencias semánticas "pancrónicas" y llegar así a
descubrir el sistema en semántica. Busca también las relaciones entre esta
última Y ~as ~emás disciplinas lingüísticas (sobre todo la estilística) y aun
de otras c1enc1as (sobre todo la psicología). Al estudiar el acto de la comunicación examina el problema de los signos y de los símbolos lo mismo que
el de los reflejos condicionados, la conexión entre el concepto y el sentido
y la forma de la palabra.
En su Précis de sémantique franfaise (Berne, Francke, 1952) Ullmann aplica la concepción y los métodos formulados en su obra anterior. Partiendo de
los principios estructuralistas, distingue la lengua del habla, el sio-nificante
del
0
signif!cado, sub_raya la interdependencia de todos los elementos de la lengua
Y la IIDportancia de las diferentes funciones (funciones semánticas de los sonidos, de los sufijos, etc.) y valores (afectivo, etc.). Estudia la autonomía
de la palabra francesa desde puntos de vista fonético, morfológico semántico Y sintáctico. Examina las motivaciones de las palabras: fónica \1a onomat~p~ya, la . expresividad_) , morfológica ( la composición y la derivación),
semantica (diversos cambios de sentido). Son instructivas sus explicaciones
referentes a los campos asociativos y semánticos, el carácter abstracto del francés, la lexicalización de los cambios de sentido, la afectividad y la evolución
del léxico. Importante es la comprobación de las dominantes semánticas del
francés: las palabras francesas son esencialmente arbitrarias, abstractas, polisémicas, la autonomía semántica de las palabras francesas es débil por causa
de la polisemia, de la homonimia y del hecho de que la palabra francesa no
es ni una unidad fonética ni sintáctica.
. L~ ,sémantique de P. Guiraud (Paris, 1955) es un excelente libro de vulganzacion que, con la ayuda de comentarios a la vez exactos y muy claros y de
muchas tablas sinópticas, pennite incluso a los no especialistas comprender
los métodos modernos y los fines de las investigaciones semánticas contemporáneas, el lugar de la semántica entre las demás ciencias, etc. En ciertos detalles el autor aporta algunas novedades.

K. B_aldinger (Die Semasiologie. Versuch eines Oberblicks, Berlín, 1957)
aporta igualmente informaciones muy útiles y muy precisas sobre la evolución
Y el estad~ ~ctual de los estudios semánticos, de métodos nuevos y de los problemas mas rmportantes de la actualidad.
Para concluir este capítulo quisiéramos comprobar que, estimando en mucho las sólidas obras de Gamillscheg y de Kronasser, que demuestran vastos
conocimientos y grandes alcances, preferimos las obras de los autores que intentan descubrir el sistema en semántica. Juzgamos como la más moderna y
la más acertada la concepción de Ullmann aunque nos parece, lo mismo que

222
223

I

'

�las de Bréal y la de Stem, demasiado vasta. En cuanto a las obras ,de ~llmann,
no creemos indispensable el estudio de los fonemas (pues, por s1 _mismos, no
comportan ninguna acepción) y el del valor simbólico de los somd?s porque
los mismos sonidos no evocan siempre y entre todo el mundo los rmsmos sentimientos. En el libro de Bréal creemos que son superfluos los análisis de diversos problemas morfológicos, sintácticos y estilísticos. Inútil es tamb~~n en la
obra de Stem el examen de la formación de las palabras y de la flexion.

III
Hemos hecho un breve examen de obras cuyos autores se han esforzado
por presentamos una vista de conjunto de los cambios más diversos y de las
relaciones semánticas de las palabras. Estamos interesados, sobre todo, en la
semántica del francés y, en cierta medida, en la semántica lingüís~i:a general.
Hemos renunciado a mencionar las obras más o menos monograf1cas Y que
se refieren a problemas especiales, por ejemplo, los campos lingüísticos.4
Quisiéramos comprobar que, al estudiar la conexión de las palabras en toda
su extensión se cae en la cuenta de lo difícil que es encontrar lo que se podría llamar :'leyes semánticas". Se pueden descubrir cier~as tendenc}as que se
de·an sentir en el curso de la evolución de la lengua, ciertas dominantes semlnticas que se pueden verificar en una época dada, por ejem~lo'. en el francés actual, pero sería exagerado, creemos, hablar de leyes semant1cas. .
Sin embargo, estamos persuadidos de que se puede encontrar. un sistema
en semántica. Seguramente, este sistema será mucho más comple30 y m~cho
menos estable que los sistemas fonológico y morfológico. No hay que olvidar
que: 1Q en una lengua, no hay, por término medio, más que tres doce~as de
unidades fonológicas (fonemas), pero hay centenares de millares de u~1dades
semánticas (palabras); 2Q los fonemas son unid~des rela~ivamente. simples,
mientras que las palabras son unidades mucho mas comple3as, que tienen no
solamente una forma (menos estable que la de los fonemas), sino_ i~cluso una
0 varias acepciones, quizá muy inestables; 39 el número de opos1c10nes entre
los fonemas es muy limitado, pero la cantidad de relaciones entre las palabras es muy elevada.
• Para informarse sobre la historia y el estado actual de la teoría de l~s campos
¡¡ güísticos véase mi monografía Le champ conceptuel de la beauté en franfais moderne
(~eta Uni~ersitatis Brunensis 71, Praha, Státní peda~ogické nak!adatelství 1960, p.
5-25) 0 mi artículo Les champs linguistiques, Philolog1ca pragens1a III, 1?60, 2~-35
( traducido al español por Juan Antonio Ayala en Armas y Letras 4, Julio-Septiembre de 1961, p. 31-51).

224

Para encontrar diferentes conexiones entre las palabras, es muy instructivo
explorar diversos tipos de campos lingüísticos,5 lo que nos permite descubrir
la estructura actual de una parte del léxico que concierne, por ejemplo, a
cierta esfera intelectual, moral o estética (estudio sincrónico) o bien la estructura progresiva de una parte del léxico, si estudiamos cómo evoluciona
la expresión de ciertos conceptos o la nominación de ciertos hechos extralingüísticos (estudio diacrónico) .
Por el contrario, el estudio de un campo lingüístico no puede ofrecemos una
vista muy sistemática de todos los cambios de sentido, de sus relaciones mutuas, de sus interacciones, etc.
Según nosotros, es necesario distinguir claramente la semántica diacrónica
que estudia los cambios de las acepciones, sus diversos tipos, sus causas (lingüísticas, psíquicas, externas), sus condiciones necesarias, etc., de la semántica
sincrónica que examina las relaciones mutuas entre las palabras y sus acepciones, las relaciones que, sin embargo, en un momento dado (por ejemplo,
en nuestros días), no son absolutamente estables, pero que algunas veces lo son
en vista de un reagrupamiento y que, además, reflejan a menudo la evolución
semántica anterior, por ejemplo, una palabra puede tener muchas acepciones, algunas de las cuales son muy antiguas, otras más recientes y otras completamente recientes. En casos parecidos, que son muy numerosos, se pueden
confrontar, en el plano sincrónico, muchas fases anteriores sucesivas.
Desde el punto de vista sincrónico, es importante estudiar las relaciones entre una realidad (cosa ser... ) , su nominación (palabra simple o compuesta
o bien un grupo de dos o de varias palabras) y el concepto que nos hemos
formado de la realidad en cuestión.
El concepto resulta del total de nociones de que están hechos los individuos
o los objetos de una determinada especie. Las nociones, a su vez, proceden
de sensaciones. Por los sentidos se aprehenden los objetos exteriores. En nuestro cerebro las percepciones se transforman en sensaciones. Mediante estas últimas se forma la noción del objeto. En la base del conjunto de las nociones
que tienen los objetos de una especie determinada, se constituye el concepto
del objeto respectivo y es así que este concepto, y no solamente cierto objeto,
es el que se designa por medio de una palabra.
Es igualmente importante definir la palabra y precisar las relaciones entre
su forma (el significante) y su sentido (el significado). Proponemos la siguiente definición de palabra: "La palabra es la unidad más pequeña del plano
lexicológico, relativa a uno de los hechos de la realidad extralingüística y caracterizada por la unidad dialéctica del sentido y de la forma". En el len• Cfr. mi programa de una nueva concepción de los campos lingüísticos en las obras
citadas en la nota anterior o en la revista Vox romanica 18, 1960, 297-323.

225
Hl5

�guaje hablado, la forma de la palabra es una formación al mis~o tiempo articulatoria (desde el punto de vista del sujeto hablante) 1y acústica (desde el
punto de vista del oyente), formada por un grupo de sonidos .~ in~luso por
un solo sonido (fonema). En la grafía, se trata de una formac10n visual formada por un grupo de letras, excepcionalmente por una sola letra (gr~em~)
y separada de otras formaciones análogas. En la frase, se puede,. de ord1:1a_no,
intercalar una o varias unidades del mismo orden entre dos urudades lex1cas
vecinas.
Ampliemos aún nuestra definición del sentido de palabra: el sentido_ de la
palabra está constituído por la síntesis de todos sus elementos, es decir, del
dominante (ordinariamente nocional, raramente expresivo) y de los elementos complementarios nocionales, expresivos ( afectivos o volitivos), gramaticales ( tiene importancia que una palabra como bello, sea adjetivo o sustantivo)
y funcionales (hay palabras que no se pueden utilizar más q~e en cier:os contextos ciertas situaciones o ciertos medios) . El número, la unportancia y las
relaci~nes mutuas de estos elementos no son generalmente constantes. Se pueden verificar diferencias generativas, dialectales, sociales, individuales e incl~so ocasionales; por ejemplo, los elementos afectivos pueden resultar de una situación determinada o bien de la apreciación subjetiva de los hechos. Evidentemente, es posible que la apreciación de cierto hecho esté conforme, en ~n_a
época dada, con la mayor parte o con todos los individuos de una colectividad determinada (el proletariado, la nación, etc.). En este caso, el elemento
afectivo gana un valor social comunicativo.
El sentido puede estar matizado por la influencia de condiciones temporales
(empleo arcaico o neológico) , espaciales (matices dialectales) o sociales ( diferencias entre la lengua de las personas cultas, de la del pueblo, etc.) .
Es preciso, también, estudiar la elección de palabras según el contexto, la
situación y el medio en los cuales se utilizan, según la formación, las maneras
de ver, la edad, el carácter, el humor, etc. del sujeto hablante. Tampoco hay
que olvidar la influencia de las relaciones entre el sujeto hablante y su interlocutor.
Las unidades léxicas pueden estar repartidas o puestas en oposición según
diferentes criterios y según diversos aspectos:
l 9 conforme a sus relaciones mutuas: sinónimos-antónimos (acepciones idénticas-contrarias) , sinónimos-homónimos ( pluralidad de la forma-pluralidad del
sentido), homónimos-parónimos (identidad-similitud de la forma), palabras
coordinadas-palabras subordinadas, etc.;
29 según la extensión y el carácter de sus acepciones: palabras polisémicas,
bisérnicas, monosémicas; palabras de valor pleno, debilitadas (por ejemplo,
los verbos semiauxiliares) o casi nulo (las palabras-instrumento) ;

9

3 según sus caracteres especiales: palabras empleadas corrientemente Ii.
, .
'

teranas, poeticas, populares, vulgares, de argot; infantiles, especiales, dialectales; arcaicas, neológicas, de moda, etc.
Tod~ esto nos permitirá ilustrar las interdependencias múltiples y a veces
comple3as y, por lo menos comprender, las diferentes asociaciones.
Después de haber estudiado las relaciones entre las cosas (seres ... ) de una
p_arte y las sensaciones, las nociones y los conceptos, de otra parte, las relac_10nes entre estas últimas y las palabras, la conexión entre la forma y el sentido de la palabras, los lazos entre las diferentes categorías de palabras según
sus relaciones diversas, después de haber sopesado todo esto, se puede examinar cómo las palabras se influyen mutuamente y cuáles son los resultados:
l 9 los cambios de sentido o los de la forma o bien los de las dos partes de
la palabra, estando condicionado el cambio de sentido por el de la forma 0
viceversa;
9

2 la restricción del empleo de ciertas palabras; se convierten en puramente literarias, especiales, dialectales o arcaicas o bien no se utilizan más que en
locuciones ya hechas por completo; esto puede llevar a
39 la pérdida total de palabras;
9

4 ~a formación de palabras nuevas que pueden llegar a ser indispensables,
por e3emplo, como consecuencia de la pérdida de palabras que entran en co!isiones homonímicas o paronírnicas o bien de las que han sucumbido bajo la
mfluencia de la atracción semántica o morfemática, etc.6
Las reiaciones entre las palabras, sus interdependencias y su interacción
pertenecen a los problemas de la semántica sincrónica. Los casos en que estas relaciones causan un cambio pertenecen al mismo tiempo a la sincronía
Y a la diacronía; a ésta porque todo cambio forma parte de la evolución de
la lengua, a .aquélla en tanto que el sentido primitivo subsiste al lado del sentido nuevo. La sincronía no es estática, encierra, sobre todo, cambios en curso de realización. Ahora bien, muchas veces es bastante difícil determinar los
límites entre la semántica sincrónica y la semántica diacrónica.
Pertenece a la semántica diacrónica el estudio de los cambios de sentido
de sus causas, de sus condiciones y de sus consecuencias. Se pueden distino-uir los'
cambios de sentido cualitativos y cuantitativos, intencionales e inconscientes;
éstos se realizan, en general, lenta y progresivamente; aquéllos, súbitamente.
Hay ca~bios realizados en la lengua común y otros que no existen más que
en un dialecto o en una lengua especial.
' Cfr. O. DucHÁCEK, L'attraction lexicale, Philologica pragensia 7, 1964, 65-76.

226
227

/'

�'

La multiplicidad de cambios y la complejidad de problemas explican la
multitud de sistemas de los que se sirve para clasificar los cambios de sentido.
De acuerdo con Bréal, Camoy, Stem, Ullmann y otros, creemos que es
perfectamente posible formar un sistema semántico relativamente completo y
conveniente (lo que niegan Gamillscheg y Kronasser), pero para esto hay
que cumplir con ciertas condiciones: lo. hay que abordar la semántica como
una disciplina lingüística (Gamillscheg la llama ciencia auxiliar de la historia, sobre todo cultural, de la psicología y de la 'Volkskunde'), 2o. basar
su estudio sobre el análisis del material concreto y no sobre una teoría formada a priori, 3o. servirse de todos los métodos propios para explicar los
cambios de sentido lo mismo que las relaciones, a menudo complejas, entre
las palabras, 4o. no olvidar ninguno de los factores que influyen en la evolución de la significación (factores puramente lingüísticos, manera de pensar,
afectividad, condiciones históricas y sociales, etc.), 5o. precisar la conexión
de la semántica con otras disciplinas lingüísticas (fonología, morfología, sintaxis, estilística), pero no englobarlas en la semántica como hacen, parcialmente al menos, Bréal, Stem y Ullmann.
No es preciso mezclar las relaciones sincrónicas con hechos diacrónicos, pero
no hay que olvidar que a veces el conocimiento de la evolución es importante
para la comprensión del estado actual.
En cuanto a los cambios de sentido, creemos que lo más natural es clasificarlos de acuerdo con los hechos que los han provocado. En nuestra gramática francesa (Francouzská mluvnice, Praha, Státní pedagogické nakladatelství, 1957), los hemos repartido en tres grupos. En el primero, hemos puesto
los cambios ocasionados por los hechos lingüísticos (la influencia de la estructura del léxico), en el segundo, los que se explican por los fenómenos psíquicos (la influencia de nuestra manera de pensar, el de la conexión entre
las cosas y sus conceptos, la fuerza de nuestros sentimientos), en el tercero,
los que han sido causados por hechos externos (históricos, culturales, económicos, etc.) .
Para comprender la influencia de la estructura del léxico en una época
dada (por ejemplo, en la lengua actual), es preciso estudiar sobre todo la
polisemia, la homonimia y la paronimia,7 la antonimia y la sinonimia,8 las
asociaciones entre los nombres coordinados y los subordinados, la interacción
de la forma y del sentido de las palabras, la influencia de las categorías gramaticales, la del contexto; en una palabra, todas las relaciones semánticas
de las palabras y examinar cómo nacen todos estos fenómenos, de qué forma
' Hemos hablado de esto en L'homonymie et la polysémie, Vox romanica 21, 1,
1962, 49-56.
s Cfr. O. DucHÁCEK, Differents types de synonymes, Orbis XIII, 1964.

228

n_if!uyen en el reagrupamiento de las palabras (los camb. d 1
lex1ca) o causan d.
b.
ios e a estructura
sión homonímica ~veprsoas ~~ ioslde sus a~~pciones o de sus formas (la colironrrmca, a atracc10n lé ·
1
· 1 ,
1
~~e~o:=:::~ió;érd~~a~esdoblamiento de palabr::,ca~l ;ue~:m~eº~:lat:~~

ª¿

En lo que concierne a las odif. •
por los fenómenos
, .
m
1cac1ones y las transformaciones causadas
en
.
psiqwcos, es preciso examinar la interdependencia del
~ tam1ento y de la palabra. Son ocasionadas por la conexión de 1
e os conceptos en cuestión, así como por la manera de pensar. as cosas y
. 19. _muclhas esp~ci~s de de~plazamientos del sentido (comprendidas la irradiac1on, a metommia y la s1 , d
) 1
quet 'petit banc' f . l
nec oque a os que da lugar el contexto (ban- aire e repas sur le banqu t f . l b
'festín') la
t' ... d d
e - aire e anquet- banquet
(spatul: 'om:;~a~~ :pa::m)poerlalen(caladt. suc~urrere- fr. secourir) o espacial
,
enamiento causal ( p
) ¡
tesco ( nepos 'petit-fils'- neveu)' los lazos entre un ser
re;~e , ~ paren'ét~ndard' - 'cel~i qui porte la comette'), entre un obj:to~ :~e:~n-::::e~e
~bJetos de la misma especie (verge 'baquette' y 'poignée de baquetteJ) entr:
a parte y el todo (grosse-gorge- denominación de una clase de
1'
)
entre el prod t O
pa orno ,
d .,
uc por una parte Y el productor ( stradivariJ el Jugar de ro
ucc1on ( roque/ort), el material ( marbre 'estatua de má~ol')
1. p mento (fusain 'dibujo hecho con carbón')
o e mstruciales de desplazamientos de sentido son . 'efº~;::~ pa(rte- Casos más espe0
la ab t
·' ( ·
·
monter sur le troneJ
. s racc10~ re¡eter_ un libre- rejeter un offre), la concretización (be
-~
mu1e: q~e nene esta c~alidad)' la extensión (ferrer 'garnir dea:;:
r un metal . ferrer de cuwre) y la restricción (femme 'esposa').

~::!:~ª!~

29 los cambios de sentido que resultan. a) de la
.. , d
c
¡
¡
·
omISion e una palabra
~n a ~ua' la palabra en cuestión, expresa un solo conce to (la . . .
v1lle capitale- la capitale) o b) de la
., d
p
elipsis.
supres1on e una parte de la palabra
la cual puede ser. fácilmente sobreentendida (la b raqmsemia.
.
. . automov1l-auto)
, .
•
39 la transferencia de sentido (la metáfora) en la base de:

'

A) la semejanza material: a) de la forma (f eullie: de un árbol- de a el)
b) del color ( Cardinal: prelado- pájaro de plumaje rojo)' etc.;
p p '
d' B) la an~logía en_tre las percepciones transmitidas a nuestro cerebro
1versos sentidos ( voix douce, basse . .. ) ;
por
d

C) la analogía entre las cualidades puramente psíquicas y las
·r
que se pueen ven icar por nuestros sentidos ( accueil chaleureux, ardeur);
D) el hecho de que dos seres o dos cosas se parecen por una cualidad
229

�(Cic'éron- cicéron), por sus relaciones (frere en tanto que miembro de una
familia o el de una sociedad aparte: moine . .. ) , por sus funciones ( baudet
'ane' -'tréteau de scierur de bois', se les carga el uno y el otro), por su posición (pied de un hombre- de Üna montaña).
En lo que concierne a los cambios que se derivan de una emoción, sobre
todo del amor, del odio, del desprecio, de la cólera, se puede distinguir el
mejoramiento y la &lt;legración del sentido, la ironía, el sarcasmo, el disfemismo,
el eufemismo y el tabú, el debilitamiento y la hipérbole. Aquí es preciso mencionar las palabras de ternura (mou chou), las injurias ( chameau, andouille)
y las burlas ( caillou 'tete chauvé') .
Los cambios provocados por factores externos muestran la influencia de
la vida del pueblo sobre la evolución de la lengua. El léxico, la desaparición
de palabras, la formación de palabras nuevas, algunos cambios de sus acepciones, los préstamos, etc., reflejan los grandes sucesos históricos, el advenimiento de épocas nuevas (el cristianismo, el feudalismo, el capitalismo, el
comunismo), las guerras y las revoluciones, las relaciones entre pueblos vecinos, los cambios sobrevenidos en la forma de vivir y las instituciones económicas, políticas y sociales, el desarrollo de la agricultura, de los oficios, de la
industria, de la literatura, de las bellas artes, de las ciencias, etc. Estos cambios muchas veces están causados por el espíritu conservador de la lengua.
Estos son los casos de la sustitución que comporta a veces un mejoramiento
del sentido (que refleja, por ejemplo, el crecimiento de la importancia de
un empleo o dignatario: cancellarius- chancellier) o, por el contrario, un
empeoramiento que trae el odio ( soldatesque) o el desprecio de los miembros .de cierta clase social ( vilanus- vilain). El espíritu conservador de la lengua está incluso confirmado por el hecho de que, para designar a los objetos y a los productos nuevos, se sirve de los nombres de sus inventores, productores o propagadores, de nombres de ciudades en que se lo fabrica, etc.,10
las cuales palabras no son nuevas.
La influencia de factores externos se hace sentir también en el paso de
palabras de lenguas especiales a la lengua común y viceversa.• Este fenómeno
atestigua condiciones económicas y sociales, permite juzgar el número y la
importancia de los miembros de ciertos grupos sociales o bien la influencia
que ejercen sobre otros ciudadanos.11
La ideología propia de ciertas épocas ha dejado igualmente rasgos característicos en el desarrollo del léxico. Entre los cambios de sentido provocados

'º Cfr. mi artículo

por la influencia de factores externos se encuentra no sólo el
.
.
( f
me3oram1ento
. .,
-~n o c r. supra)' sino también la sustitución y la trans o~1c1~n, la ~xt~ns10~ y. ~a restricción, la abstracción y la concretización, el r:iaJamie~~o, a 1rrad1ac10n, la metonimia, el debilitamiento y diversos cambios
c_ompdeJods. Eln una palabra, se puede comprobar que ciertos cambios idént1cos es e e .punto
d e vis
· t a l'og1co
• pueden estar provocados por diferentes
.
causas Y en d1stmtas condiciones.
Como las p~l~bras son unidades complejas que, además, no están aisladas
:an~estrlol espmdtuf,. sino que fo~an parte de estructuras en las cuales cada
e e as se e me en cualqmer f
.,
de otras I b .
,
o~a por su re1ac1on a series virtuales
d
, dpaha bras, no s~ podra determinar el sistema en semántica más que
espues e a er estudiado a fondo:
y el empeorami t

. l 9 las relaciones entre la forma y el sentido de la palabra
t
1
tido y el c
t
, en re e senoncep o, entre 1a cosa nombrada la palabra y el
t
diferent
·
'
concep o entre
es acepciones de una sola palabra, entre diversas ;.midades Íéxicas
que expresan un solo concepto, entre diversas unidades lé .
'
nezcan a un 1
,
xicas que perte(identidad d so o rupo s'un c~~tigüidades: a) etimológica, b) morfológica
.
e pre lJOS o e suf11os, etc.)' c) semántica (sinonimia antoni: : · ·(~ad) t~ntextual ( sintáctica, sintagmática, fraseológica), e) de situa.
. ~a a ra puede evocar, por asociación, la idea de un hecho o d
una s1tuac10n
que' a su vez, pued e h acer surgir
. otras nociones y como cone
.
s:t:nc1a, tras palabras, por ejemplo la palabra malfaiteur pu;de recorda;
p . a ras ta_ es como gendarme, 7uge, tribunal, justice, détenu crime unition
prison, maison de correction, peine [capitale], etc.);
,
, p
,
29 los hechos
' ·
. que cond ic1onan
y 1os que causan los cambios de sentido
las consec~enc1as y las interdependencias de estos últimos.
'
Es preciso conocer las leyes que rigen la forma d
1
.
tema d I l
•
e pensar Y as leyes ms e a ~~gua a fm de comprender la estructura actual lo mismo u
la estructurac1on progresiva que continúa siempre por 1
. q e
parciales, pero no independientes.
os reagruparruentos
Así s~ concibe que el sistema en semántica es extremadamente complicado
y muy mestable Y, por consiguiente, muy d'f'
. embargo
1 1c1·1 de conocer. Sm
vale la pena tratar de establecerlo, por ardua que sea la ta rea.
'
Traducción de Juana Soriano de Ayala

Od pojmenování ke zmene vyznamu, Sbomik prací filosofické

fakulty brnénské university A3, 1955, 78-94.
11 Cfr. mi articulo referente a la generalización de los términos especiales en francés
K zovecnování odbornych slov ve francouzstine, Sborník prací filosofické fakulty brnenské university A 4, 1956, 66-76.

230

231

I

�EL SENTIDO DE LA REALIDAD EN UNAS NOVELAS ARGENTINAS
MYRON

I.

LICHTBLAU

Syracuse University
Syracuse, New York

•

Si EL SENTIDO DE LA REALIDAD es impreciso en su explicación filosófica, no
es menos fácil representarlo en el mundo literario, en particular en la novela.
Como la literatura se nutre fundamentalmente de la captación artística de
la vida, cada novelista busca una expresión individual de esta realidad.1 Pero la
realidad es muchas veces indefinida, enigmática, ambigua; y el afán de
representarla conduce al deseo de interpretarla según distintos criterios y puntos de referencia. Para manifestar la esencia de esta realidad, no caben reglas
fijas, pues su faz es demasiado variada y compleja. Para unos novelistas la
vida real es el antagonismo entre el hombre y su medio social, o entre el
hombre y la naturaleza; para otros es la lucha entre sus aspiraciones y lo
que es; para otros más es la red de conflictos interiores con su propia conciencia y emociones. En esta última categoría, con toda la gama de implicaciones psicológicas, tienen cabida muchos elementos que más distinguen
la novela hispanoamericana contemporánea, sobre todo la argentina. La indagación psíquica puede dar lugar a la novela existencialista y a la novela intelectual; abre las puertas al estudio del hombre no tanto en relación con su
ámbito social sino con lo más hondo de su ser. El hombre, pues, se estudia
en sus elementos más básicos y más universales en tomo a sí mismo. Mas
los recursos novelescos para revelar este fondo interior son tan diversos que
cada nueva generación de escritores pretende rechazar sistemas ya gastados
para adoptar otros conceptos narrativos más modernos e innovadores. En su
forma más tradicional se descubrió al hombre a través de una trama bien
definida y desarrollada, de una relación de sucesos cronológicamente exacta
' En cierta medida, hasta la llamada ficción de fantasía o de ciencia es una tentativa por comprender este mundo más allá de su aparente exterior, de conjeturar lo
que está fuera de nuestro conocimiento.

233

�y explícitamente motivada, y de una técnica narrativa bien disciplinada. Se
rompió este marco convencional cuando novelistas más atrevidos se pusieron
a dar otro enfoque a la realidad, otra dirección por sendas desconocidas o
desatendidas. De modo que para sondear la realidad más a fondo se ha desbaratado todo el aparato formal de la narración, incluso la cronología, la
presencia efectiva de los personajes, y el confín divisor entre los fenómenos
reales y los imaginados. De allí resultan ciertas desviaciones de los planos
rectilíneos normalmente expuestos en obras de ficción de tipo tradicional.
Es el objeto de este artículo examinar varias manifestaciones de esta visión
total de la realidad, reveladas en cuatro novelas argentinas contemporáneas
-dos del conocido escritor Manuel Gálvez y dos de Jorge Masciangioli, cuyo
valor literario ya se está despuntando. Por estas obras, las cuales no excluyen otras muchas, se puede apreciar una de las tendencias más marcadas de
la novela argentina de hoy -la de sesgar la realidad para hacerla resaltar
con más vigor.
Manuel Gálvez sorprendió gratamente a su público en 1954 cuando sacó
a luz Las dos vidas del pobre Napoleón,2 novelita que él apropiadamente
designó "un capricho literario". Por primera vez Gálvez abandona su base
firmemente realista para dar rienda suelta a su fecunda imaginación, aun
a su fantasía, creando una doble dimensión de la realidad y la irrealidad en
la mente trastornada del desgraciado protagonista. 3 En esta novela Gálvez
da un paso más al escudriñamiento psicológico que caracteriza muchas obras
suyas y cala lo recóndito y lo puramente conjeturado. La exploración de
la conciencia llega a ser la exploración de la subconciencia, en tanto que la
visión del mundo real queda supeditada a ese otro mundo imaginado que
anubla el entendimiento de Napoleón. La deformación de la realidad se deriva de una extraña transferencia de identidad, pues Napoleón Machuca
no sólo anhela imitar a un personaje de ficción, sino que acaba por confundir la personalidad novelesca con la suya. Poco satisfecho con su propia
• MANUEL GÁLVEZ,

Las dos vidas del pobre Napole6n (Buenos Aires: Editorial

Losada, 1954).
ª Una de las razones para explicar este cambio radical de tema en las obras de
GÁLVEZ era tal vez su sordera, que iba agravándose más y más en los últimos veinte
y cinco años de su vida. GÁLVEZ mismo sentía que este defecto le impedía mantenerse en contacto total con el pulso de la sociedad argentina. Por eso no pudo reflejar en sus novelas, con la gran fidelidad a que estaban acostumbrados sus lectores, la
realidad a su alrededor. Otra razón sería que GÁLVEZ buscaba un cambio de materia
para contrabalancear la pesada documentación social e histórica que caracteriza toda
la serie de la época de Rosas, que acababa de terminar en 1954 después de largos años
de trabajo. Las dos vidas del pobre N apole6n le ofreció justamente este alivio, sobre
todo por el tono muchas veces caprichoso y ligero que penetra la base filosófica de
la novela.

234

existencia
, se sumerge en la vida , . ,
'd
. monótona e insípida' Napo1eon
p1 a y disoluta de Alejandro Pacheco sacado d 1
, .
mas mtrede un · tal Pedro Roig L ¡· . ,
' .
e as pagmas de una novela
. a 1cc1on se convierte para N
1,
l
.
y paulatinamente pierde la facultad de di t'
. l apo eon en a realidad
·
l
s mgmr a una de la otra El
sonaJe nove esco representa una amb· . ,
.
perpuede ser, de vivir en una forma u1c10n no realizad~ de ser lo que no
bien conservador y seco Alejandr q e 1se opone a su mnato carácter, más
poleón, pero simboliza ~ucho má~ es e 1otro pla~o de la realidad para Naneras ya como su conc· .
y se e puede mterpretar de diversas ma'
Iencia, ya como su alter eao
• .
bajos. En efecto se funden las d
l'd :, , ya como sus mstmtos más
.d d
'
os persona I acles para formar una 1
tI a . Esta pesquisa ontológica se torna todavía má
.
so a enleón, bajo la influencia de Al . d
f
s ~ompleJa cuando NapoeJan ro, esta a unos nnles d
.
y luego se niega a admitir su culpabilidad atribuyéndo l e ?esos a su Jefe
ser -Alejandro- y después 1
.
'
.
se a pnmero a su otro
.
a propio novelista Roig
,
naJe ficticio.
, que creo este perso·Poco
• • a poco se nota la metamorfosis de la persona1·1dad de Napol , Al
prmc1p10 sus acciones y palabras son más º .
,.
, eon.
dias percibimos su desorden mental A ºr~t:sas que patetic~s y solo a meetapas de su enfermedad n t . . , me I a que presenciamos sucesivas
' ues ro mteres comprende cierta .
,
pasión. Pero el desequilibrio de Na l ,
s1mpatia y comcompleta disociación de aquella rea~i~=~n nun~al llega a ser absoluto; no hay
quívocamente. En verdad el mensaje de ¿~~ e ector reconoce y acepta inemedia entre la razón y la locura E l 'la.vez se a~oya en esta zona ínter.
· n as u timas págmas de la
conducido al sanatorio Napole,
.
nove1a, a 1 ser
'
on expresa sus pensamientos así:
"¿ A dónde me llevan, secuest rad ores, asesinos,
.
sicarios de la . . t. . ?
l
m7us zeta.
M e tratan como a
yo! ¿ Cómo puede un loco, perho estoy más cuerdo que ustedes. i Loco
ser oco un ombre que razona co l ' .
lento? Locos son los de la p l.. , l
.
n ogzca, con tao zeta, ocos son el Juez y el
t .
me creían autor ú . d
. . .,
secre ano, que
meo e una falstftcacion. y o les demostré
.,
el verdadero delincuente los hu 'l['
quien era
d
, y
,
mi e, y por eso ahora quieren ven
garse e mi. o estoy por encima de todos ellos or
. ,
o }e d;~cubierto el. orige~ de todos nuestros p;obl!:a;º~uU::a~i~;sot~
e escu ierto que existe Dzos. ¿ y tienen ustedes el l
,
.
dísimos trompetas? S' D'
.
va or de rezrse, granel mundo El h' . ~ dtosRex~te, y El es el autor de todo: El hizo
.'
, , izo ~ e ro ozg. El me hizo a mí y El hizo inclu .
a mz otro yo' a Ale¡andro Pacheco".4
szve

~

En el primer capítulo el empeño frenético de adquirir la novela de Roig
• Las dos vidas del pobre Napoleón, p. 142.

235

I

t'

�1 librería nos da algún indicio de presión emocional. Su vergonzosa des::rt:sía hacia los dependientes nos parece extremada: Aun~ue por el momento ignoramos si el incidente se debe tomar en seno y s1 t~les ~rran~ues
de hostilidad con poca provocación apuntan mal genio o co~fhctos mtenores
de más gravedad. Cuando se repite semejante comportamiento gro~ro en
otras ocasiones en la librería, es evidente que el problema de Napoleon penetra más hondamente que su desilusión al no poder co1:1p_rar la novela ~n
que va a verse retratado. Lo motiva un arraigado resentimiento ~e su baJa
estatura y su mediocn.dad física en general·' se vuelve hosco, renc1lloso,
· · para
E
contrapesar esta deficiencia y para ahuyentar la burla que se le ~mge. n
efecto se creó una segunda naturaleza de asperidad y adustez, disfrazando
su ve:dadera personalidad, mucho más agradable. El _caso es tal ~ez e~~gerado pero señala su inestabilidad y sirve como preludio a su rara identificación' con Alejandro. En su vida matrimonial ~us rasgos m~!humora~os se
expresan en un mutismo inexorable, que es smt~ma tamb1en de trran~ez
emocional, así como del deseo de esquivar una realidad poco grat~. Una vez
que Napoleón lee la novela en la que se cree u?o de los ~erson~Jes Y reac:
·
!la la realidad se transforma en fantas1a. Su ansia de verse rcpre
c1ona a e ,
· ·d d d
sentado en la obra responde a una necesidad ?e venc~r _l~ anommi a
e
su vida rutinaria y de ser reconocido, si bien solo en f1cc1on, a base de. sus
propias cualidades, cualesquiera que sean. El razonamiento, _aunque. torcido~
no alcanza lo absurdo. No se lo puede rechazar como un simple d1s~arate,
su pizca de verdad nos incomoda. La presencia imaginada de AleJandro
.
de
acaba por ased1ar
a Napoleón y dominarlo' a pesar de
, sus esfuerzos
bl
desechar la imagen. La enfermedad se empeora y Napol~on enta a conversaciones animadas con Alejandro y aun le solicita consejos. Atormentado Y
confuso, el pobre no sólo ajusta su vida casi exclusivamente en_ tom_o a ~u
relación con Alejandro, sino que duda de la realidad d~ su prop:a ex1st~nc1a
para hundirse en la del ente de ficción. Cuando Alep.1:dro mismo afirma
ue él también tiene vida propia, aparte de ser personaje novelesco, la de!encia de Napoleón se vuelve agonía. Alejandro dice ufanamente:
" · Por qué no ( tengo existencia)? Y eso que _llamas "realidad" ¿qué
e;? La prueba de mi existencia real es que Roi~, a poco ~e empezada
Vela quiso obligarme a seguir por determinado camino, que era
su no
,
,
h b' d d l
el de su plan. y no pudo, porque yo seguí el mw. _El_me a ta a o a
vida un determinado carácter, cualidades y sentimientos, pero Y~ no
' hacer lo que él quisiera sino ir por ~onde .de,,b'i: ir.
. L o mio
' t nunfó
podía
contra lo suyo. Roig nada pudo contra mi destino .
• !bid., p. 111.

236

Se manifiesta más su aberración cuando Napoleón le echa en cara al novelista Roig la creación de Alejandro, acusándole diabólicamente de mala fe
y de inmoralidad. Parece paradójico que Napoleón sea capaz de entrar en
largas discusiones filosóficas y en polémica medio sofística con Roig, pero
todo cuadra bien con la tesis implícita en esta novela -la negación de una
división clara y concreta entre la cordura y la locura. La investigación policial respecto al robo traslada la culpabilidad e identificación personal más
allá de los confines de las emociones y conflictos de Napoleón. Ahora la sociedad y las leyes intervienen en el asunto, como si de este modo la realidad
imperara sobre las ilusiones y sueños de un pobre hombre que se atreve a
torcerla. En verdad, el juguetear con la realidad constituye uno de los aciertos
más notables de Las dos vidas del pobre Napoleón; es más, es la fusión en
la mente de Napoleón entre la fantasía no del todo ilógica ni ridícula y una
realidad no tan precisa ni obvia.
·
Si en Las dos vidas del pobre Napoleón la enajenación mental del protagonista es una búsqueda vana de su identidad, en M e mataron entre todos 6
el desorden gira en tomo de una extraña facultad de adivinar los pensamientos ajenos. Impulsado por la buena acogida de Las dos vidas ... y por
su interés recién adquirido en temas metafísicos, Gálvez trata también la
realidad frente a la fantasía en M e mataron entre todos, pero varía el enfoque que da al tema. Esta obra, de mucho menos mérito artístico que la otra,
tiene como figura principal al profesor Segismundo Cuenca, cuyo don rarísimo de leer en las conciencias de otros, de penetrar sus más íntimos sentimientos, acarrea una serie de problemas que acaban por destruir su equilibrio
mental. De modo que vemos dos planos de la manifestación externa a resultas de esta aberración: uno es la realidad expuesta al mundo y el otro
es lo que Segismundo supone leer en la mente de otros. La intención de
Gálvez es patente: presentar otra dimensión de la realidad vista y conocida
para entrar en lo no expresado y miedosamente sentido. Los poderes intuitivos le insinúan a Cuenca la infidelidad de su esposa y la lascividad de su
• MANUEL GÁLVEZ, Me mataron entre todos (Buenos Aires: Emccé Editores, 1962 ) .
Esta es la última novela de Gálvez, que falleció en Buenos Aires el 14 de noviembre
de 1962, a la edad de ochenta años. Gálvez nota en el prólogo de Me mataron entre
todos, pp. 11-12, que el novelista Eduardo Barrios también concibió el mismo tema
para una novela suya. Parece que Gálvez le escribió al escritor chileno avisándole del
asunto de una novela que tenia ideada; y en contestación éste le informó de la coincidencia. Gálvez dice: " A fin de que yo no dudase, me señaló táles y cuáles líneas
de aquel libro suyo. Las leí con el interés que es de imaginar, y encontré que, en
efecto, en esas frases de Los hombres del hombre, estaba contenido, aunque de modo
no muy visible, el asunto de mi aún nonata novela". Los dos novelistas convinieron
en que cada uno escribiera la novela según su gusto. Aquí tenemos la novela de
Gálvez; Barrios murió hace poco sin escribir la suya.

237

�hermana, quienes temen que cada acto y pensamiento quede divulgado a
este entremetido. En parte esta dimensión imaginada de la experiencia humana que el profesor posee es más bien la prolongación de su propia personalidad y su reacción más genuina y abierta a los que se hallan en su medio
social. A través de lo que él imagina ver en los otros se ve a sí mismo y al
mismo tiempo capta la reacción que su carácter efectúa en otros. Dice Cuenca, y sus observaciones parecen abarcar uno de los temas de la novela:
"En la vida corriente no podemos saber con exactitud lo que piensan
de nosotros los demás, pues nadie deja ver su verdadero pensamiento.
Todos tratamos de mostrarnos amables. Vivimos en frases hechas. Toda
nuestra vida es una continua farsa, una comedia. Algo, naturalmente,
vislumbramos a veces de la verdad. Pero yo, ahora estoy viendo la verdad. Ahora nadie puede engañarme. Para mí ya no valen las amabilidades de memoria, las frases hechas, los convencionalismos". 7

Para Segismundo la realidad total es la unión de su observación y su conjetura, pero por ésta se encuentra gobernado desmesuradamente. Cuenca es
más consciente de su aberración que Napoleón, pero tampoco puede vencerla y a veces la utiliza en beneficio suyo. El se siente razonar perfectamente,
con la misma lógica que un hombre cuerdo, pero se le considera demente.
En su lucha con la enfermedad busca ayuda de un psiquiatra, pero tal vez
tarde porque termina por dudar, como Napoleón, de la realidad de sus acciones y por creer que toda su vida es un sueño. Desesperado, Cuenca dice
a un amigo : " ... cada uno es según lo ven los otros, de tal modo que si los
otros me ven de manera diferente yo no soy nada en concreto, no tengo
unidad, no existo. Antes yo creía saber lo que era yo mismo. Me sentía uno.
Vivía con mi unidad moral y la conciencia de mi ser. Ahora ya no me siento
uno. Me parece que todos me han disgregado, deshecho. Me parece que me
han matado".8 Como Napoleón Machuca fue víctima de su propia imaginación, Cuenca lo fue de la superposición exagerada de su personalidad sobre
los asuntos de otros.

•
J orge Masciangioli, joven escritor nacido en 1929,9 ha llevado su novelística
exclusivamente a un plano de orientación psicológica e introspectiva. En El
" Me mataron entre todos, p. 172.
• l bid., pp. 171-173.
• Masciangioli nació en Buenos Aires el 28 de agosto de 1929. Es hombre culto

238

pro/esor de inglés,10 el suicidio de un Joven llamado Gustavo sirve

afrontar la realidad desde varios puntos de enfoque El t ' . f'
para
· d ·
.
·
rag1co m provoca
~a sene e mterrogatonos psicológicos sobre la vida no sólo del
· "d
srno d
·
su1c1 a,
e :us parientes, sus amigos, y sobre todo de su profesor de inglés. Lo
que conuenza con una natural simpatía por la muerte de uno de sus alum~os acaba p~r tr~sformar al profesor en una persona atormentada y desequilibrada. Su mtere: por averiguar los móviles que condujeron a Gustavo a
a~orcarse :s, excesivo y extraño, máxime porque ni siquiera le tenía afecto
~~ent~~s viv1a. Otra vez, semejante al caso de Napoleón, tenemos la identif_icacion anormal de una persona con otra, como se ve cuando el profesor
afirma que "Para mí algo había comenzado. Yo sentí concretamente a Gustavo en mí. Era como si de pronto hubiera abierto una puerta enfrentándome con una persona en la habitación que creía despoblada" 11 L
1
·d d d
.
e urge
. a necesi ~ e sostener la imagen de Gustavo dentro de sí, de concederle la
~por~:ncia q~e no otorgó a la presencia viva del joven. En parte esta identificacion proviene del hecho de que el profesor se siente responsable de la
:nuerte de Gustavo por haberle dirigido fuertes reconvenciones cuando el
Joven se ~os:~aba torpe o poco interesado en sus estudios. y a pesar de que
~sta exphcaci?n es pura suposición, el profesor la acepta casi como la realidad Y se ~eJa _llevar por las implicaciones morales y sociales. y para aplacar la c~nciencia .de su culpa, él se pone a reconstruir la personalidad de
Gustavo u:idependiente de quienes lo conocían; es decir, sacar la verdad de
lo presuntiv~mente auténtico y aparentemente significativo de los antecedente: ~~l desdichado muchacho. Las visitas que el profesor hace al sitio del
sm~1di,o ~ a la casa de los padres de la víctima no pueden aclarar en nada
la mcognita que _rodea la ~ragedia. Nada se saca en limpio precisamente porq~e ca~a uno mira la realidad con criterio personal y conforme a sus propias
exigencias.
d
d
. · · d El profesor apoya una tesis parecida a la de Seer·
0 ismun o cuan 0
dmgien
o
sus
palabras
al
joven
muerto
afirma•
"Me
cuesta
h
.
, .
,
.
creer que aya'
una realidad autentica en tomo a tu muerte. Advierto que distintas
d d
t d
'lid
, .
ver a es,
o as va as por si mismas, son irreducibles a una sola verdad" 12 As'
N 1, M h
.
1 como
f apo eon ac uca en su delirio sostuvo diálogos con su alter eao
1::, ,
el proesor por su parte se pone en contacto verbal con el suicida para averiguar
que ha estudiado idiomas, pintur~ y música, además de dedicarse a la literatura. Era
u~o de los fundadores de la revista Existencia y es frecuente contribuidor a La N
c16n, El Hogar, y Ficci6n.
a10 !ORO~ MAsCIANGIOLI, El profesor de inglés
(Buenos Aires: Compañía General
Fabril Editora, 1960) . Esta novela ganó el premio en 1960 q
f .,
editora.
ue o recio esta casa

u lbid., p. 22.
,. lbid., p. 122.

239

i
i

�tod~
cuanto se relacione con Su decisión fatal de matarse. Claro
fl · está
d que propio
estas comunicaciones de Ultratumba no son más que un re eJo e su
ser, un espejismo.
,
a acio-uar su espíritu hasta comEl mal del profesor está en que no puede p t&gt;
edio de la vindileto hasta desahogarse por m
prender a Gustavo por comp , . , til .nasequible pues la realidad se le
•, d I
h ho Pero es tarea mu , 1
,
cac10n e mue ac . L dos personas G ust avo y el profesor, se mezc1an;
escapa a cada paso. ads t , d él hasta que éste resuelva el porqué del
Gustavo, muerto, no se esa ara e
acto de suicidio. Exclama el profesor:
. .d. d Gustavo ha trastornado mi
"Es increíble hasta qué punto el suici w eM' nducta no se ha altevida. Nadie lo ha advertido, por suputt:uer:/~e Gustavo no soy, no
rada. Pero desde el día en que sie:r; de todo cuanto hago hay una
puedo volver a ser el 1e .antes.
l fondo de cada uno de
.
.
l
distinto se mueve en e
nueva vivencia, a go
_
l .
e no soy yo pero que
.
ompanara a auien qu
,
mis actos. Es como si me ac
. :s
mo el habitual múltiples
Un yo que no tiene, co
'
sin embargo soy yo. .
.
'lo una y excluyente: pensar en
ocupaciones en qué dispersarse, sino so
esa muerte".13

f
de sí arita. "Gustavo, yo soy tu' ".14 En
Se enloquece y una vez, uera
'f t&gt; t, a. una asimilación cabal, o más
el desorden emocional del prof~sor se e ecl'du d n la de Gustavo. La doble
• , d u propia persona i a e
bien, la proyecc10n e s
b
d
n conflicto interior dentro de
.
d
esta novela rota e u
.
realidad presenta a en
d
"d
la realidad no descubierta
El elemento esconoci o o
.
f
la mente del pro esor.
1 1 t como el tremendo torbellmo
res ecto a Gustavo no interesa tanto a ec or
p .
. a suscita en el profesor.
emocional que este emgm
.
. r is 1 tiem )O pasado y el presente forEn El último piso de Masc1ang10 i e
elntran en conflicto constante
d 1
!'dad que se encu
man los dos planos e a rea_i
A , 1
blema no es la realidad obseren la conciencia del protagoms~a. _qmd e ~ro l pasar del tiempo con relardad dimaama
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t&gt;h ·1'd peón de albañil ya entrado en
,
t al Ama eo umi e
ción a la epoca ac u .
, .
n quilibrio los dos tiempos, pues
1 f 1 ro que mantiene e e
,
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años, representa e u e
I
d ha cambiado mientras el se a
'mo todo e mun o
observa penosamente co
. .
haza la actualidad por no
b
la miseria Aunque rec
1
estancado en a po reza y
.
al pasado fanáticamente por.
1 tampoco se aaarra
0
poder arrostrarla m to1erar a,
d
· ta ambigüedad de
que éste nunca le ha sido grato. Mira el pasa o con cier
,s Ibid., pp. 73-74.

p. 188.
",. JIbid.,
OROE MAsCIANO!OLI,

240

.

El último piso

(Buenos Aires: Editorial Losada, 1960).

emoc10n, el presente con ira y resentimiento, el futuro con temor y timidez.
Su sensación de la realidad proviene de una concatenación de la época pasada que recuerda viva pero tristemente y la época presente que considera
impasible y frívola. Se ha vuelto indiferente no sólo a los sucesos cotidianos
a su alrededor, sino también a los acontecimientos de gran significación social- guerras, política, educación, huelgas, inundaciones. Nada le interesa;
nada le conmueve. Se da cuenta de su apatía y se pregunta si se han alterado
las cosas a que antes reaccionaba con tanta emoción, o si él mismo ha sufrido un cambio irrecuperable.
La trama de El último piso versa sobre las dificultades domésticas que importunan la familia de Amadeo cuando por razones económicas se ve obligada a vivir juntamente en el mismo apartamento con su amigo Juan y la
familia de él. Como último recurso Amadeo tomó esta medida, que le parecía tan incómoda como desconcertante para las dos familias. Es natural que
surjan conflictos insuperables y por fin no le queda más remedio a Amadeo
que salir de la casa de su anfitrión. Su trabajo actual de peón implica cierta
ironía: resulta que va a ayudar en el derrumbamiento de su propia casa, la
cual él abandonó por falta de fondos hace dos años para aceptar la generosidad de Juan. La angustia emocional que experimenta al ver la demolición es inaguantable. En la destrucción de la casa, en parte hecha con sus
propias manos, ve el aniquilamiento de una porción de su ser, pues alrededor de ella forjó su vida entera por tantos años. Comienza a revivir el
trajín rutinario con su esposa e hijos, reconociendo que ya se ha terminado
una etapa de su vida que no será captada de nuevo. El espera que esta realidad pretérita se conserve en alguna forma en su memoria. La ironía continúa más cuando unos meses más tarde Amadeo también consigue tra~ajo
como albañil en la nueva casa de apartamentos que se está construyendo
sobre los escombros de la vieja. Si para nuevas generaciones la nueva casa
encierra esperanzas de una vida mejor, para Amadeo representa algo anhelado pero fuera del alcance, ya que sus recursos económicos no le permiten
el lujo de adquirir ni siquiera un apartamento modesto en el edificio. El se
cree un fracasado, un inútil. Masciangioli exclama:
Ahora sólo siente en su pecho un infinito vacío. l Ha necesitado vzvir
esa grotesca pantomima para saber lo que ya sabía desde antes, desde
siempre? Ha trabajado en vano. Ha colaborado en la construcción de
todas aquellas casas, y ninguna es suya. Las ha hecho para los otros,
los que pueden pagarlas, los que no conocen el lento, trabajoso proceso de levantarlas milímetro a milímetro. " Es injusto", se dice. Lo

241
H16

�es haber construido veinte, ochenta casas, y no ser dueño siquiera de
una miserable habitación.16

Mas su deseo de desconocer esta pobreza, de ir más allá de la realidad de
su existencia, le impulsa a cometer una tontería, si no una temeridad casi
ridícula. Se le antoja ocupar ilegalmente uno de los nuevos apartamentos a
medio terminar, sin firmar ningún contrato, y en efecto, usurpando un domicilio ajeno, ya que está vendido. Aturdido y frustrado, Amadeo no puede
más y pierde la razón. Instalado absurdamente en su nuevo hogar, abre el
gas del calefón y las cinco hornallas con la intención de suicidarse y matar
a toda su familia. La irrealidad del apartamento queda diametralmente opuesta a la dura realidad de la cual quiere huír. Le salva la policía que acude
para desalojarle; y al hacerlo parece que le despierta de su estupor para
infundirle alguna esperanza de recuperación mental.

•
Para concluir: Es casi interminable la variedad de formas para revelar la
totalidad de la experiencia humana. El único límite es la capacidad creadora
del escritor, quien ensaya diversos modos de expresar su concepción del mundo
que lo rodea. Con Las dos vidas del pobre Napoleón y Me mataron entre
todos tenemos el ejemplo de un novelista que, después de cuarenta años de
trazar la línea recta de la realidad exactamente copiada, siente la atracción
de desviar el camino y comentarla oblicuamente. El profesor de inglés y El
último piso son dos novelas de la nueva promoción argentina que también
toman un rumbo tortuoso para sacar los rasgos esenciales de los protagonistas
y observarlos en su contacto con la realidad de su ambiente. La carrera literaria de Manuel Gálvez ya se terminó y estas dos novelas tratadas aquí,
aunque no representativas del autor en cuanto al tema, quedan como prueba
de su preocupación metafísica por la formación mental del hombre; la carrera de Masciangioli apenas empezó, pero en estas dos obras se advierte
un gran interés psicológico con enfoques poco comunes de la realidad.

Pasajes del "Quijote" mal interpretados

EL FINAL DE LA PRIMERA PARTE Y LOS EPITAFIOS DEL MISMO
GREGORIO B. PALACÍN
Universidad de Miami, U.S.A.

AL TERMINAR LA LECTURA del Quijote en 1605, el lector sabe, o puede suponer,
~u~ ?ervan_te_s se proponía _continuarlo en el de 1615 o segunda parte. Son
md1c1os suÍlc1en~es para suponerlo cuando menos cuatro pasajes del capítulo 52 de la pnmera parte y el verso con que se cierra ésta. Los pasajes son
los siguientes:
a) "Finalmente, ellas (el Ama y la Sobrina) quedaron confusas, y temerosas, de que se auia de ver sin su amo, y tio, en el mesmo punto que tuuiesse
alguna mejoría: y si fue, como ellas se lo imaginaron''.1 Indudablemente se
alude aquí a la tercera salida de Don Quijote; se anticipa.
b) " ... sólo la fama -se lee más adelante-- ha guardado, en las memorias de la Mancha, que Don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue
a , Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad
hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento ... ";
donde se habla aún más claro de la nueva salida del Ingenioso Hidalgo.
' Texto de la edición príncipe, de Juan de la Cuesta. La expresión "si fue como
ellas se lo imaginaron", podría tomarse como que el Ama y la Sobrina se ima¡inaron
que su señor y tío habría de volver a sus caballerías; pero debe entenderse como afirmación del autor de que• sucedió como ellas temían, lo cual está perfectamente claro
con la coma después del verbo fue, como aparece en la edición príncipe y con acento
en la i, que no tiene en esa edición. Francisco Rodríguez Marín, y con
muchos otros
comentadores del Quijote, pusieron: "y así fue como ellas se lo imaginaron". Enmen~aron arbitrariamente, dándonos otro caso más de modificaciones introducidas en el
bbr~ de Ceruantes con el pretexto de aclarar lo que está bien claro, para cambiar el
sentido o para dejarlo confuso en fin de cuentas.

é;

" Ibid., p. 93.

242

243

�c) " ... y se animará (el autor) -se dice luego- a sa~ar y ~~scar otras
(historias) ,2 si no tan verdaderas, a lo menos, de tanta ~nvenc1on y pasatiempo". y ¿ a qué otras hazañas podría referirse el autor s1 no a las de Don
Quijote en una nueva salida?
d) "Tiénese noticia -léese en el párrafo final de la primera parte, después
· · y sonetos-- que 1O ha hecho (que un académico, ha declarado
de los epitafios
por conjeturas el contenido de los versos que no pudieron ser_ le1d~s en ~-1 p~amino)' a costa de muchas vigilias y mucho trabajo, que t_1:ne,,mtenc1_on, e
;acallos a luz, con esperanza de la tercera salida de Don Q~1Jote . PasaJe este
en el que se alude clar~mente al relato d\ un! nueva salida del Caballero,
la que es objeto de la segunda parte de la o ra.
,
·
·'
·
d'
·
de
que
el
autor
habna
Suficiente expresivo es tamb1en, com?. m ic10
.
"
. devolver sobre las hazañas de su Don QwJote, el verso f~al: Forse altn can,
. 1·10r plettro" (quizá otro cantará con meJor. pluma)., }?¿Por
tera, con m1g
N que
otro cantará la tercera salida del Ingenioso Hidalgo meJor ~ue e . ¿ ~ sab' de sobra que él mismo habría de cantarla, y muy consc1e~te por cierto
las
d eial va1or d e su obra;&gt;• Abundan en el Quijote alusiones
, psemeJantes,
· , enhay
q ue el escritor maneja magistralmente la más fina iroma. orque iroma . '
. 1 verso d e1 canto XXX, estrofa 16' del Orlando
sin duda en aque
J'b Furioso,
tal como' lo puso Cervantes al fin de la primera parte de su gran i ro...
Sin embargo, interpretando mal ese final de la primera part~ d_el_ Qui1ote,
se h a pensad o que C ervantes al tenninar ésta no da .al lector "md1c10 alguno
1 re
de que vaya a continuarla en la segunda. Sólo dos eJemp1os: ... con _e 1de Don Quijote a su lug~r -escribió Romera Navarro--, termina a
greso
. m
. d.1c10
. a1guno que
esperar
novela ( la primera parte, por supuesto ) ' sm
. . haga
,
.
4
a los lectores una con t1.nuaci'o'n" · y los comentadores de la ed1c1on
. M. AgmC' d
lar del libro de Cervantes, llegando a la frase en que el ~utor dice que Q1 _e
Hamete no pudo alcanzar cosa alguna del "fin y acabamiento" de Don mjote, han escrito: "Esto de su fin y acabamiento parece dar a entender que
,
MARIN
' anot6.· "Este otras parece referirse a caballerías, que áestá
• RODRIGUEZ
¡ ·poco
t
no como sospechaba Clemencín, a historias, que queda mucho m s eJOS Y
an e~, y 1 ,; ( IV 327) Para mí sin embargo, es obvio que se refiere a hazañas. En
en smgu ar
,
·
'
'
h
de
· de plomo "se habían hallado unos pergaminos ... que,, conteman mue as
1a caJa
" El autor "se animará a sacar y buscar otras, ..
h sus azanas • , •
, 1 52 d la primera parte le
• s ho hablando con su mujer, en el mismo cap1tu
o
e
,
.
ce
"ancy
p'
or
agora
estad
contenta;
que
siendo
Dios
servido
de que otrad vez sal!amlos
di
· ·· · · buscar aventuras, vos me veréis presto cond e, o gobernador e una. msu a,
e\:1iee 1:s de por ahí, sino la mejor que puede hallarse"' lo cual parece presagiar tamy
Q ..
bién la tercera salida de Don 111Jote.
H h C
• M. ROMERA-NAVARRO, Historia de la Literatura Española, D. C. eat Y ompañía, Boston, 1928, p. 259.

244

al llegar aquí Cervantes no pensaba escribir la Segunda Parte del Quijote,
circunstancia que confirma el que incluyera al final de la primera parte los
epitafios de Don Quijote, Dulcinea, Rocinante y Sancho, que en caso contrario hubieran estado mejor en la segunda". 5
Tampoco se ha entendido la función de los epitafios y sonetos con que termina el Quijote de 1605. Rodríguez Marín, aceptando lo que nueve décadas
antes había dicho Clemencín, escribió: "Con razón repara Clemencín que
'los epitafios de Don Quijote, Sancho y Dulcinea que puso Cervant¡s al fin
de la primera parte, hubieran estado en todo caso mejor al fin de la segunda.
Aquí -añade-- parecen impertinentes, y sólo prueban el ningun plan que
tenía Cervantes al escribir el Quijote'." 6 ¡ Cómo escribían a vece~ sus juicios
sobre Cervantes y su obra los dos más famosos comentadores de ésta!
Pero los epitafios y sonetos sí son pertinentes en el lugar en que los puso
Cervantes, y éste sí tuvo plan al escribir su gran libro: un plan magnífico,
con el que reflejó la vida maravillosamente.
La técnica de volver sobre la vida de Don Quijote después de darnos el
epitafio en que declara la muerte del genial hidalgo, tiene semejante, aunque en escala menor, en el capítulo 27 de la segunda parte. En el capítulo
25, terminado el relato de la aventura del rebuzno, "entró por la puerta de
la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, gregüescos y jubón, y
con voz levantada dijo: -Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el
mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra. -¡ Cuerpo de tal
-dijo el ventero--, que aquí está el señor maese Pedro! Buena noche se
nos apareja".7 Y Cervantes observa: "Olvidábaseme de decir como el tal
maese Pedro traía cubierto el ojo . izquierdo y casi medio carrillo con un
parche de tafetán verde ... " 8 El capítulo 26 lo dedica el autor a "la graciosa aventura del titerero, con otras cosas de verdad harto buenas", como reza el título de mismo. Al final deja la venta maese Pedro, y Don Quijote y
Sancho "dejaron la venta y se pusieron en camino, donde los dejaremos ir
-dice la narración-, que así conviene para dar lugar a contar otras cosas
pertenecientes a la declaración desta famosa historia".9 Y seguidamente, al
principio del capítulo 27, declara que maese Pedro era Ginés de Pasamonte,
recuerda el robo por éste del burro de Sancho, la determinación del pícaro
de pasar al reino de Aragón y cubrirse el ojo, para escapar mejor a la justicia, "que le buscaba para castigarle de sus infinitas bellaquerías y delitos", de
• El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Editorial Aguilar, Madrid, 1960,
p. 956.
•
•
•
•

El Ingenioso Hidalgo ... , Ed. Clásicos Castellanos, IV, 332, n.
!bid., VI, 141.
!bid.
!bid., p. 175.

245

�cómo compró su mono y de cómo le adiestró en sus habilidades, detalles todos
que habrían sido muy oportunos en el capítulo 25, cuando el autor observó:
"Olvidábaseme de decir cómo el tal maese Pedro traía cubierto el ojo izquierdo", etc. Pero Cervantes, que escribió la novela, no lo consideró así, y prefirió
reservarlos para el principio del capítulo 27, volviendo al tema de maese Pedro después de que este pícaro se había marchado de la venta. Es, pues, a
todas luces poco acertado tachar de impertinentes los epitafios y sonetos en
el lugai¡ en que los puso Cervantes, Y, mucho más lo es a~ii:mar qu:. esa,,colocación denota "el ningún plan que tema Cervantes al escnbir el Qwjüte , como
aseguró Rodríguez Marín.
· Qué sentido y qué función debemos dar a los epitafios y sonetos con que
e
Cervantes cerró el Quijote de 1605? Todo tiene en el gran libro su sent1'do Y
función. La tragedia de la vida aparece en él al lado de lo cómico, de lo humorístico, que la rodea y sostiene, en evidente contraste. Si no fuese por
ese sentido de sano humorismo, que nos compensa y eleva frente a las durezas
del existir, difícilmente podríamos soportar las miserias de la vida. Los héroes
de la épica cervantina, incluso Rocinante, desaparecen ante lo ine~~rable ~e
la muerte. Pero Cervantes nos da el fin de sus héroes, nos lo anticipa al final de la primera parte de su libro, con el donaire que nos hace olvidar de
momento la tragedia. No sería acertado pensar que los epitafios y sonetos d:l
final de esa primera parte son simplemente adorno, o que carecen de sentido y función. Nos da Cervantes una obra llena de tristeza, el libro más triste
que ha producido el hombre, como pensaba Dostoievski, aunque rebosante de
sano humorismo. Lo cómico es lo que más se ve en el gran libro. Pero si se
penetra en su sentido se advierten los problemas vitales del hombre: problemas morales y filosóficos, y con ellos un profundo sentido humanizante y rectificador de vicios y defectos. Podría Cervantes haber escrito en tono más serio, digamos así, los epitafios y sonetos del fin del Quijote de 1605, más fue
su voluntad y mérito hacerlo como lo hizo, en forma tan donosa y agradable.
Esos epitafios y sonetos, de apariencia burlona, son, pues, valioso elemento
neutralizador, por su efecto cómico o humorístico, de la tragedia de la vida,
tan admirablemente reflejada en la obra, y de la que es culminación la "desaparición", no muerte, de Don Quijote, símbolo de plenitud innaccesible por
lo general al humano mortal.
El tono humorístico con que escribió Cervantes los epitafios y sonetos no
sólo lo denuncian los nombres que da a los supuestos académicos, sino también el contenido de los poemitas. Así, en el primer epitafio llama a Don Quijote el calvatrueno que adornó a la Mancha de más despojos que Jasón de
Creta".1º Y de rostro amondongado dice refiriéndose a Dulcinea el primer so-

neto, en el que llama Sierra Negra a Sierra Morena. Pero, como es frecuente
en la obra de Cervantes, al lado de la frase humorística, la ironía O la sátira
aparece la exaltación de su propio arte y la reflexión filosófico-moral. Exal~
tación del propio arte literario, con pleno reconocimiento de su novedad y
alcance respecto del arte de los libros de caballerías y del Orlando, implican
estos versos del segundo cuarteto del soneto del Caprichoso en loor de Rocinante: "¡ Nuevas proezas! pero inventa el arte / Un nuevo estilo al nuevo
paladino", como elevada filosofía moral encierra el terceto final del soneto
del ,Burlador
a Sancho Panza: "¡ Oh, vanas esperanzas de la gente! / 1• Cómo
•
pasa1s con prometer descanso, / Y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño!"
Quiso Cervantes atribuir los poemas a alguien, y ocurriósele adjudicárselos al
Monicongo, al Paniaguado, al Caprichoso, al Burlador, al Cachidiablo y al
Tiquitoc, a los que llama académicos de la Argamasilla. Pero ni en Argamasilla
de Alba ni en Argamasilla de Calatrava había academia o tertulia literaria.
. José María Asensio y Toledo aventuró que los académicos de la Argamas1lla a que aluden los epitafios y sonetos "lo eran de la tertulia que en tiempos
de Cervantes se reunía. . . en la trastienda de la botica de Argamasilla ... " 11
Para él, Asensio y Toledo, el Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el
Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc eran, respectivamente, el boticario, el
médico, el sastre, el escribano, el cura y el sacristán de Argamasilla. Pero todo
eso no pasa de ser pura fantasía de Asensio, como resaltó Rodríguez Marín.12
Refiriéndose a la misma alusión de los epitafios y sonetos, Martín de Riquer
ha escrito: "Téngase en cuenta que todo lo que aquí viene (los epitafios y
sone~os_) es puro donaire. No hubo nunca tal academia en Argamasilla, y los
fantásticos nombres de los académicos no son, que se sepa, alusión a nadie
13
determinado". Pero luego observa: " ...son poesías humorísticas y en todo
ello hay una burla de las academias o reuniones literarias tan frecuentes entonces en Madrid y otras ciudades". 14 Y los comentadores del Quijote, en la
edición M. Aguilar, han opinado que Cervantes "desde luego debió de referirse en los epitafios y sonetos a los concurrentes a alguna de las academias
que por entonces se celebraban o reunían en Madrid, casi todas presididas por
Lope de Vega, que lleva el nombre de El Ardiente, y de las que solía ser se11

J
'M
' ASENSIO Y ToLEDo, "Los académicos de Argarnasilla" en Nuevos
OSE
ARIA
documentos para ilustrar la vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Sevilla'. 1864.
12
RODRÍGUEZ MARÍN, op. cit., IV, 327.
" MARTÍN DE RiQUER, El Ingenioso H~dalgo .. . , Editorial Juventud, Barcelona, 1958,
p. 519, n.
" MARTÍN DE RrQUER, Cervantes .Y el Quijote, Editorial Teide, Barcelona, 1960, p.

'º
246

Calvatrueno es persona de cabeza alocada.

161.

247

�cretario Castillo Solórzano (Cf. Los dos Don Quijotes, de García Soriano, pp.
253 y siguientes)" .15
Tengo para mí, no obstante, que los encabezamientos humorísticos de los
epitafios y sonetos implican sátira contra los envidiosos de Cervantes, que no
eran pocos: pero sin apuntar a ninguno en particular. La ironía del verso
"Forse altri canterá con miglior plettro" bien claramente dirige la mente del
lector a los envidiosos enemigos del autor del gran libro, del que tan orgulloso
se sentía él, como lo prueban declaraciones como éstas:
"No ha de haber lengua ni nación donde no se traduzca" (Bachiller Sansón Carrasco, en II, 3) .
"Es tan clara (la historia de Don Quijote) que no hay en ella nada que
dificultar: los niños la manosean, los jóvenes la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran" ( El Bachiller, en II, 3).
"Yo apostaré que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni
mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras
hazañas" (Sancho a Don Quijote, II, 71).
"Pinta los pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las (preguntas) tácitas, aclara las dudas, resuelve los argumentos; finalmente, los átomos del más curioso deseo manifiesta" (Cicle Hamete Benengeli, en II, 40).
"Y pues se contiene y cierra en los estrechos límites de la narración, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo,
pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe,
sino por lo que ha dejado de escribir" (Cicle Hamete, en II, 44).
Cervantes, en uso de su libérrima voluntad y por su fecunda imaginación,
da a los supuestos académicos nombres burlescos (Monicongo, Cachidiablo,
Tiquitoc) ,1 6 y nombres expresivos de una condición o circunstancia (Caprichoso, Burlador, Paniaguado). Pero en ellos sólo podemos ver simples sátiras
burlescas dirigidas a cuantos para labrar su corto prestigio en el arte acudían
al descrédito de otros más valiosos, entre ellos el propio Cervantes.

Mis conclusiones son:

l. Cervantes da a entender al final de la .
..
continuará la misma en la seeu
pnmera parte del Quz¡ote que
ción de que un académico ti:n:d:t~::~:·nE~ elocuente al respecto la afirmapudieron ser leídos en el er
.
"
e sacar a luz los versos que no
Don Quijote".
p gammo, con esperanza de la tercera salida de
2. L.os epitafios del final de la primera parte están en ese ª
~:d~::ntQe, ?.º;que _vafn precedidos de una breve síntesis de l;e,t::c::y s=~~r;
u130 e e m orman de la muerte del hidal o
.
, ,
La segunda parte es detallado desarrollo d
g , en ~men encamo este.
a que el autor la dé lueao de habem d ~ aquella smtes1s y nada se opone
preparando así al lectore, en tono hi.::o ~ / por muelrto a Alonso Quijano,
héroes cervantinos.
'
ns ico, para a desaparición de los
·t f
.
epi a ios y sonetos tienen funmgi a a personas determinadas.

3. Los encabezamientos y el contenido de los

ción satírica, pero generalizada no d. . 'd
'

4. El tono_ y el sentido dado por Cervantes al verso final d l
.
parte de su libro son los mismos con que comenzó el r·
, e a pr~era
larmente al dar el calificativo de "estéril y mal c If p ;e: pro~ogo, particupropio ingenio, y llamar a su obra "leyend
u iva o mgemo mío" a su
de particular tiene toda vez
~ ,seca como un esparto ... " Nada
final de la novela' I
.
que esa prefac10n fue . escrita a continuación del
' a prunera parte, y con muy poco tiempo de diferencia.

"El Ingenioso Hidalgo ... , Edición Aguilar, Madrid, 1960, n. 958, n. Podría continuar las citas, pero mi propósito no es éste, sino interpretar, como yo lo veo, el sentido de los epitafios y sonetos.
10
El nombre M onicongo se usaba humorísticamente, y así se halla en la jornada tercera de La inocente sangre, de Lope de Vega, donde el gracioso Morata dice: "Calla,
que agora compongo / un libro, y serás en él / pastora: que yo, Isabel, / soy el pastor
Monicongo". Y en el Romancero General (edición de 1604, folio 109), se lee: "Pedro,
el que vivía / En más cautiverio / Que los Monicongos / De virote al cuello, / Por la
villa se anda / Horro, libre y suelto ... " Cachidiablo era 11ombre de un corsario argelino. Quevedo lo usó con sentido burlesco en este pasaje de La necedades y locuras de
Orlando: "Todo el infierno está clavicolando, / todo dominichucho y diabliposa / en
torno de su libro está volando: / hasta los cachidiablos llamó a gritos ... " (Bibl. de
Aut. Esp., t. LXIX, p. 291, a.).

248

249

�1NDICE DEL HUMANISMO EN SAN LUIS POTOSf
DR. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí, S.L.P.

EL HUMANISMO HA smo PATRIMONIO de México a lo largo de cuatro siglos,
fuente de verdad y de belleza, honda y operante raíz de nuestra cultura nacional.
Claros varones de San Luis Potosí han contribuído, con un afluente nada
despreciable, sino en algunos aspectos considerable y valioso, a la anchurosa
y perenne inundación humanística de la cultura patria.
Con las inevitables fronteras que acota una síntesis, ofrecemos hoy un índice
del humanismo en San Luis Potosí.
Los misioneros que llegaron al alborada de la conquista sembraron en el
valle potosino el tesoro grecolatino, la cultura occidental cristiana, conforme
recogían los valores espirituales del indígena. Así es como empezaron a escribirse al mismo tiempo gramáticas y vocabularios de las lenguas nativas junto
a obras latinas de filosofía y teología.
Mucho más que escritores de oficio, aquellos evangelizadores eran forjadores de hombres. Por eso su humanismo vital los llevó a la conquista espiritual
del indio. Tal fue el signo que presidió a nuestros siglos XVI y XVII.
En el siguiente, que fue el siglo del humanismo novohispano, San Luis Potosí está presente en el movimiento humanístico de los jesuitas. Se abre el siglo XIX con el Colegio Guadalupano Josefino, de cuya fecunda semilla habrían de germinar casi todos los valores culturales de esa centuria.
El XIX ofrece una rica y variada teoría de hombres eminentes cuyo número y mérito se acrecienta en este propio siglo.
La obra de algunos humanistas potosinos ha logrado trascender el ámbito
provinciano para engrosar definitivamente el cauce del humanismo mexicano:
Andrés Diego de la Fuente, extraordinario poeta latino; Manuel María de
Gorriño y Arduengo; Modesto Santa Cruz, autor de un solo y delicioso poema latino; Ignacio Montes de Oca, intérprete de los clásicos griegos; Ambro-

251

�sio Ramírez traductor de toda la obra lírica de Horacio; Primo Feliciano Velázquez am'oroso catador de las humanidades y las "indianidades"; y el can' "Poemas Rústicos", Manuel José Othó!1, en cuya voz se umeron
.
"la
tor de los
miel de los helénicos panales" con "la sangrienta flor del cristianismo".
.
Al lado de ellos muchos otros han contribuído a la tarea común de ah'
.
~
mentar aquel fuego que ilumina y calienta por más de cuatrocientos anos.

l. Los siglos XVI y XVII
Padre del humanismo potosino es el humilde y heroico lego franci~c~o
Fray Diego de la Magdalena ( 1510-1605) que, lleva~do a cabo la pacificación de esta tierra, hizo por sí solo lo que en sesenta anos (1531-1591) no pudieron las armas.
.
.
Primer educador de San Luis Potosí, estableció una escuela para mstrmr
a los niños indígenas; una antigua tradición ~odavía señala ~l mezquite a cuya
sombra enseñaba a los nativos. Entre los primeros evangelizadores que llegaron a San Luis en pleno siglo XVI, hay que recordar el nombre venerable de
Fray Juan de Ayala, doctor parisiense e? Sagrados Cá~?nes que vivió..en el
convento franciscano de esta ciudad a raIZ de su fundac1on y compuso Opus
Canonicum Morale", donde es verosímil que trató las cuestiones a la sazón
debatidas sobre la conversión y gobierno de los indios.
Abre el siglo XVII, la figura entrañable de Fray Diego B~salenque, de_ la
Sagrada Orden de San Agustín de cuyo convento en esta ciudad fue pnor,
humanista más en acciones que en libros, aunque fue hombre de muchas letras humanas y divinas, fundador de la primera enseñanza d; Gr~ática "p~ra los niños del pueblo, que no había", de cuya escuela saldnan, an~s despues,
varones muy floridos en religión y letras, lectores de Arte y Te~logia, o cel:brados predicadores. En el convento potosino_ existió el_ manu~cnto d~ su Historia de la Provincia de San Nicolás Tolentmo de Michoacan, publicada en
1673, y, según Beristáin, en la librería de Valladolid se hallaba Philosophia ad
usum Scholae, Y.heologiae Scholasticae, Tractatus varii y otras obras más.
Emulo del gran jesuita español de igual nombre y sobrino suyo, autor de
varias obras teológicas y morales y predicador muy aplaudido en la Casa Profesa de México, el P. Luis de Molina fundó el Colegio potosino de la Compañía de Jesús, que durante 143 años daría frutos copiosos. _En Españ~ ~ue
maestro de Humanidades y Retórica en la ciudad de Plasenc1a y en MexICo
fue profesor de Artes. Beristáin vio en la Biblioteca de la Universida~ de ~éxico una obra de Molina, titulada Espejo de Prelados, a la que Juzga de
gran política y doctrina".
Fray Juan de Herrera, mercedario, tuvo la gloria de construir el primitivo

252

convento de su Orden en esta Ciudad. Mereció que sus contemporáneos lo
llamasen "Herrera el sabio", así por la profundidad de sus escritos como por
los aventajados discípulos que formó.
Estos cinco varones son los patriarcas del humanismo en tierras potosinas,
menos por su cultura que fue vasta, o por sus escritos, de que algunos no carecen, cuanto por su ejemplo y su acometedora actividad, por los espíritus que
engendraron a la cultura en ese humanismo vital que fue siempre el sello de
aquellos hombres egregios que en diversos lugares de la patria llegaron sembrando, con el bien, la verdad y la hermosura .
. Entre los jesuitas que enseñaron en su Colegio de San Luis Potosí, en el
siglo XVII, sobresalen por los escritos que dejaron: el P. Mateo Galindo,
maestro y rector del Colegio ( 1666-69), murió en San Luis, imprimió en
México una Gramática Latina; Juan Contreras, profesor de Retórica, murió
en San Luis, dejó un manuscrito sobre tema navideño; el ferv~roso misionero Juan Cerón, llamado "pico de oro" que, entre varios tratados compuso
uno "De virtutibus theologicis". Nació en Tegucigalpa, se educó en Tepozotlán y, ya jesuita, ejerció su ministerio en el Colegio Potosino, murió en San
Luis en 1705. Juan de Dios Rivera, vicerrector del Colegio, murió en San
Luis en 1718; dejó un manuscrito titulado "Certamen poético en celebridad
de!, nacimie_nto del Niño Jesús bajo la metáfora de fuego", de 1669.
Muy exigua debe parecer esta cosecha de un siglo, escribe Primo Feliciano Velázquez. Puede añadirse que de los 3,678 artículos que la Biblioteca de
Beristáin contiene, la cual como se sabe, abraza todo el período de la dominación española, no pasan de veinte los relativos a los potosinos de origen".
Muy escasos fueron los libros que por aquel entonces se publicaban, como
que los gastos de impresión corrían por cuenta de los fondos conventuales 0
de al_gú~ devoto del autor. Muchos más se quedaron para siempre inéditos en
las bibliotecas de_ los conventos. "La verdad es que en su gran mayoría aquellos hombres, temendo ocupadas las manos, dejaron ociosa la pluma".
Habría ~~~ añadir a. 1~ causas indicadas por Primo Feliciano Velázquez,
la desapanc10n de las bibliotecas conventuales en tiempos de la Reforma.
Tanto en la ciudad capital como en varios pueblos del estado, no había
convento sin biblioteca donde se guardaban libros y manuscritos valiosos. La
mejor de todas ellas fue la de los franciscanos que llegaron al valle potosino antes de los conquistadores por 1583, y fundaron en todo el estado 60 conventos; bibliot~cas tuv!eron también los agustinos que llegaron al poco tiempo
de establecida la ciudad, los Hermanos Juaninos venidos en 1611, los Jesuitas en 1623, los Mercedarios en 1628 y los Carmelitas en 1735. Nada O casi
nada queda de sus bibliotecas, como no sean algunos cuantos libros y un escaso número de manuscritos, descubiertos y catalogados por el Lic. Rafael
Montejano y Aguiñaga.

253

�"Es característica que entre los manuscritos que descubr~os'. ~o _hayamos
encontrado uno solo de historia, de literatura y de las ciernas d1sc1plmas fuera de la filosofía y teología. Es que éstos o por estar en latín o por el x_n~nosprecio de que los hizo objeto el positivismo. c~iollo: _no .~ueron tan cod1c1ados
por los inescrupulosos buscones de tesoros b1bliograficos .

2. El Siglo XVIII
El siglo XVIII fue más fecundo. El franciscano Fray José Victorino enriquece la filología indígena con un "art_e y vocab_~lario comp_leto de, la len~ua
Tarahumara"; otros franciscanos, potosmos tamb1en, Fray ~1guel D1az Y_ F ay
Antonio Ruiz hacen florecer los estudios teológicos con escntos que confirman
al primero el título de Escoto de la Nueva España.
. .
Díaz, qu~ fue colegial en San Buenaventura Tlaltel~l~o ~ l~ctor }_ub1lad? ~
definidor de la provincia de Zacatecas, escribió E_xp~siti~ libn ter~ii A~ag_zstri
Sententiarum, manuscrito que el cronista Arlegm vio listo para rmprlllllrse.
Fray José Arlegui fue nombrado cronista de su Orden francis~ana en ;l
Capítulo intermedio que se celebró en el Convent~ de Santa ~ana del R10
el 6 de noviembre de 1734, y con tal carácter examinó los arc,h1~os de la Pr~vincia zacatecana, recogió documentos y noticias para su Cromca q~e term1' de escribir en el convento de Tlaxcaltilla, ex-tramuros de esta Cmdad de
nSoan LUIS
· p o tOSI, el lo • de aaosto
de 1735' y que sería publicada
dos
º
.
. años
, des1
pués. Por su excepcional valor histórico, por la abundancia Y ~l ~:eres de ~s
noticias y aún por la vitalidad de su estilo "briosamente maneJado , esta Cro·ca de' Arlegui es "un monumento de inestimable valor y fundamental para
ni
. p
,,, (Al t
el estudio de gran parte de la historia colonial de. San Lms otos1
cor ~;
Pedraza), "la obra más fina y preciada de una literatura dos veces secular
(P. F. Velázquez).
Del también franciscano Francisco Calvo Durán, que fue "Moder~dor Y
profesor público" en su convento de esta ciudad, hacia finales del Setec1e~tos,
la Biblioteca de la Universidad Potosina conserva un volumen que contiene
obras suyas sobre filosofía, teología y derecho canónico, escrito naturalmente
en latín.
Entre los mercedarios, Fray Juan Salazar y el Ilmo. José Vital de_ Mocte:
Lms Potosi
zuma q ue fue Obispo de Chiapas después de ser párroco de San
.
.
-aunque no es potosino de cuna-, figuran como hombres emmentes en Ciencia y literatura.
. .
.
En cuanto a los jesuitas de este siglo, hay que recordar a. F~!1c1ano P1mentel Pimental (1661-1773), potosino de cuna que en 167? v1st10 la sot~?ª de
la Compañía en Tepozotlán. Enseñó filosofía en GuadalaJara, donde deJo mu-

254

chos monumentos de su piedad y celo, y murió en medio del duelo general.
Escribió dos obras: Elogio fúnebre del ilustre caballero y capitán don Ginés
Gómez Valdés (Impreso en México por Lupercio, 1724); y Aparato fúnebre
para las solemnes Exequias, Inscripciones y Poesías Latinas y Castellanas para
el Túmulo y Elogio Fúnebre del Sr. D. Juan José Veitia y Linage, de la Orden de Santiago" (Impreso en Puebla, 1723).
La expulsión de la Compañía de Jesús comprende a los potosinos, el P.
Francisco Xavier Molina y el P. Diego de la Fuente.
Francisco Xavier Molina, nació en San Luis Potosí en 1708 y en el de 1726
vistió la ropa de jesuita en la provincia de México. Enseñó en varios colegios la latinidad, retórica y filosófica, y en el de Guatemala la teología; fue
a11í prefecto de la congregación de la Anunciata. Murió expatriado en Europa después del año de 1767.
Escribió: El Rey de las luces y la luz de los Reyes: Elogios latinos y castellanos del animoso Rey de las Españas Felipe V, impreso en México por Hogal, 1748; y El llanto de los ojos de los jesuitas de Guatemala en la muerte
de su luz, el Ilmo. Sr. D. Francisco Gigueredo Victoria, Obispo de Popayan
y Arzobispo de Guatemala; Descripción de su funeral, honras, etc., impreso
en Puebla, en la imprenta del Colegio de San Ignacio, 1766.
El nombre de Andrés Diego de la Fuente ( 1695-1783) primer poeta potosino, ha de incorI?orarse al núcleo de los grandes humanistas de nuestro siglo XVIII. Se Je desconoce aún porque su obra no ha vuelto a imprimirse
ni a estudiarse desde su siglo, y por las tergiversaciones de varios historiadores que lo han confundido con otro jesuita contemporáneo, casi su homónimo,
el P. Andrés Fuente o Andrés Prudencio Fuente, nacido en la Ciudad de
Guanajuato.
Del humanista potosino, conocemos un soneto castellano, dos breves epigramas latinos en homenaje al bibliógrafo don Juan José Eguiara y Eguren
y su obra capital, que es un poema latino consagrado a narrar las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, publicado en el destierro, en Plasencia, año
de 1773.
Se trata de un poema de más de mil versos, de fácil estilo y segura métrica,
que esperamos publicar muy pronto en edición bilingüe.
Otro de los grandes humanistas del XVIII, y perito en ciencias naturales,
que se relaciona con San Luis Potosí, es el también jesuita Rafael Campoy,
que vivió un tiempo entre nosotros. Aquí pronunció su "Oración Fúnebre por
Felipe V" en elegante latín, con motivo de los funerales que la Ciudad celebró en 1749. Tampoco podemos olvidar al Padre Juan José Arriola, celebrado poeta, que fue catedrático del Colegio de la Compañía y su prefecto de

1747 a 1754.
El clero diocesano se honra con dos escritores ilustres: don Andrés Maldo-

255

�nado Zapata, descendiente de los Condes de Lemus, y don Manuel María de
Gorriño y Arduengo.
El Pbro. Dr. don Manuel María de Gorriño y Arduengo ( 1767-1826), después de brillantes estudios iniciados en su tierra natal y continuados en el
Colegio de San Francisco de Sales de San Miguel el Grande, en el Colegio
de Todos Santos de México del que llegó a ser Rector por dos veces, en el
Colegio de San Ildefonso de México y en la Universidad de Guadalajara donde obtuvo la borla de doctor en Teología, regresó a San Luis Potosí para incorporarse activamente a la vida política y cultural.
Hombre de amplios conocimientos, de ingenio vivaz, apasionado de la cultura, hábil en lenguas extranjeras y habilísimo en la latina, familiarizado con
los buenos autores de su tiempo, orador elegante y ponderado, el Dr. Gorriño
cultivó en sus escritos principalmente la filosofía. Entre ellos El Hombre Tranquilo, inédito aún, que está pidiendo un estudio desde hace tiempo; sus desconocidas Vidas de Jesuitas Americanos, vertidas del latín; posiblemente se
trate de la versión de las egregias biográficas que Manuel Fabri dedicó a sus
hermanos Diego José Abad y Francisco Xavier Alegre, o quizá se refiera al
libro de Juan Luis Maneiro Vida de algunos mexicanos. Obras suyas son también el Ensayo de una constitución Política de la Luisiana Potosinense, Oración Eucarística, la Oración inaugural en la apertura del Colegio Guadalupano Josefino, Reflexiones sobre la incredulidad y Filosofía de la fe católica.

3. El Colegio y el Seminario Guadalupano Josefino
El Lic. José Ildefonso Díaz de León, primer gobernador del Estado al establecerse la República después del Imperio de Iturbide, gran protector de
la instrucción pública, fundó en 1825 el Colegio Guadalupano Josefino. Este
Colegio ilustre dio origen en 1855 al Seminario Conciliar y en 1860 al Instituto Científico y Literario, que hoy es la Universidad Autónoma.
El Colegio Guadalupano Josefino nació con claro sello humanístico. Así lo
garantizaban sus constituciones apegadas a las del Colegio de San Ildefonso
de México y la voluntad del Dr. Gorrigo que en el discurso inaugural así lo
anunciaba al proclamar la importancia del estudio del latín, cuyo primer catedrático fue el Pbro. Francisco de los Santos González.
Ya en 1842, la formación humanista del Colegio rendía sus frutos. Uno
de los más jóvenes alumnos, José María Guajardo -futuro Canónigo de la
Catedral, Rector del Seminario y por sus dotes oratorias llamado "el Bossuet,
potosino"- pronunció una oración latina que, a juicio del cronista, "mereció
el aplauso de los inteligentes, ya por su dirección, ya por su elocuencia, ya

en fin por los sublimes pensamientos que contiene, digno de todos los tiempos
romanos".
_ En 185:, existían d~s cursos de latín; el Pbro. Antonio Mascorro desempenaba la_ ~atedra del primero y don Mariano Villalobos la del segundo.
Al engirse la nue~a Diócesis ~e San Luis Potosí, su primer Obispo el Ilmo.
S~. Dr. ~edro Bar~Jas,_ estableció el Seminario Conciliar, cuyo plan de estudws nac10 del Semmano de Guadalajara y del que había elaborado don Clemente de Jesús Munguía para el Seminario de Michoacán.
El día de la inauguración, el 11 de agosto de 1855, el Pbro. Nemesio Cabañas, ~~tedrá_tico de Filosofía y Vicerrector del Nuevo Seminario, pronunció
1~ orac10n latma, llamada "Initium", "desempeñando este cargo satisfactoriamente".
E~ el pr~mer claustro de profesores del Seminario, aparece el Pbro. José
Mana Gua1ardo como catedrático de elocuencia y griego, y el Pbro. Modest~ ~anta ?ruz, de quien en seguida nos ocuparemos, como catedrático de retonca y literatura.
La enseñanza del latín se dividió en dos grupos, uno para los mínimos y
menores~. ?tros ~ara los medianos y mayores. Para todos los alumnos se adoptó
la gramatica latma de Araujo y para el segundo curso, el propio maestro Santa Cruz preparó los ejercicios de versión latina en su libro Tentamina Poética.
Au~ cuando el naciente Seminario tuvo que diseminarse por injusta pers~cucion y vulgares atropellos, el Padre Santa Cruz y el amable "Padre Lucito" -:-!ray José _de la Luz Rodríguez, franciscano exclaustrado, y consumad_~ latimsta de quien Ai:nbrosio Ramírez escribe que "sabía latín a la perfeccion_Y yo no tengo motivos para dudarlo" facilitaron su casa para continuar
ensenando Latín y retórica a sus alumnos.
. En 1860, se adopta la Gramática Latina de Nebrija sin suprimir la de ArauJO; y además del latín, el griego y el hebreo se imponen obligatoriamente "para
los cursantes de Teología". Durante el breve período que riaió a la Diócesis
~1 Ilmo. Lic. _do~ Man~el del Conde, de 1869 a 1872, los e:tudios humanísticos _del Semm~r~o contmuaron la misma línea trazada por su antecesor.
BaJo el pontificado del tercer Obispo potosino, el Lic. Nicanor Corona
(1873_-1883):, la lengua_ latina se estudió en dos cursos. En 1874, fue profesor
de_ pnmer, ano el ~acl:íll;r Pedro de María Segura y de segundo año el Bac~iller Jose ~: Jesus Jimenez. En 1876, aparecen como profesores, en primer
ano, e_l subd~~cono Pedro de María Segura y en segundo año el Bachiller
Antomo Gut1errez.
~esde 1877 hasta 1883, se reparten elegantes pliegos con solemnes dedicaton~s latinas para invitar a la sociedad potosina a los Certámenes Públicos
de fm de año.
En 1880, el señor Corona concibe un vasto plan para acrecentar el clero

256
257
H17

.

.

�indígena; para lo cual funda seminarios auxiliares en diversas poblaciones de
su Diócesis. En el Seminario de Tancanhuitz, "Noyola" inaugura las clases ~e
latín· en Santa María del Río, el minorista Anastasio Miranda; en Atotomlco, l~s hermanos Ireneo y Andrés Mata. Otro tanto sucedió en Tierranueva Y
Atotonilco Moctezuma y Ciudad del Maíz.
Los est~dios de humanidades en los nueve años en que regenteó su Diócesis continuaron al mismo ritmo y programa que venía desde el señor Barajas,
si 'bien se ampliaron en extensión geográfica gracias a los colegios auxiliares.
Desde entonces, esos pueblos no han vuelto a tener cátedras de latín, griego
y letras superiores.
~
Reconocidos maestros de latinidad surgen por estos anos, como Fray Juan
C. Rodríguez, el Pbro. Wenceslao Martínez, el Lic. José de Jesús Jiménez, el
Canónio-0 Anastasio Escalante, Rector del Seminario de 1878 a 1884, el Canónigo t&gt;Luis Arias y, un poco más atrás, los también Canónigos Guajardo Y
Saldaña.
El Ilmo. Dr. don Ignacio Montes de Oca y Obregón tomó posesión de su
obispado el 14 de febrero de 1885.
.
Su sola prestigiada presencia significaba un acrecentamie~to de la cultura
general de su Seminario y especialmente en la tarea humamsta.
Así lo prueba el hecho de haber traído a los jesuit~s p~ra que ~e encargaran de la dirección espiritual e intelectual de sus semmanstas, quienes adoptaron en seguida el antiguo plan de estudios del Seminario d: acuerd~ co~ la
célebre "Ratio Studiorum", centenaria norma de los colegios y universidades de la Compañía de Jesús, de honda y vigorosa raíz humanista.
Profesores distinguidos venidos de España e Italia para unirse ª. sus hermanos mexicanos, los jesuitas integraron un claustro de maestros dignos del
mejor Seminario.
. .
Se aumentó un año más de Humanidades, en lugar de los dos tradic10nales, con lo que se impulsó el estudio del latín y del. griego, c~nforme los m~todos pedagógicos ponían al alumno en contac:o di~ecto y vivo con
clasicos de la antigüedad. Se implantó como obligatorio el uso del latm para
maestros y discípulos en las clases del teologado.
, .
Muy pronto el señor Montes de Oca podía ufanarse del exit?, cuando_ elorriaba el "correcto latín" o la "fácil latinidad" con que los mas aventapdos
t,
•
alumnos hablaban y escribían.
Cuando los jesuitas dejaron el Seminario en 1894, vinieron los. Padres
Paúles quienes, en los nueve años que permanecier~n al !rente, c~n~uaro~
con el programa de humanidades tal como lo habian depdo los Jesuitas, si
bien no lograron los frutos brillantes de antaño.
En los años posteriores, en que el clero diocesano volvió a regen~ear su Seminario, habrá que recordar, entre otros, al Pbro. Juvenal de la Higuera, ca-

!ºs

tedrático de griego y hebreo hasta 1914, al Pbro. don Manuel Campos, profesor de Sintaxis y Poética, o al Pbro. José Bustamante, que durante largos
años enseñó Gramática Latina y Griega, Retórica y Poética.
Una crónica de El Estandarte (26 de julio, 1904) nos narra el banquete
con que el señor Obispo Montes de Oca agasajó al señor Domingo Serafini,
Delegado Apostólic9 en México que en su visita a San Luis Potosí bendijo
el refectorio próximo a terminarse, del Seminario Conciliar, el 24 de julio de
1904. "A la hora conveniente se presentaron en el Salón dos colegiales vesti~os_ ~e pastorcitos con elegancia y buen gusto, y declamaron una Egloga de
Virg1ho. Estos fueron los alumnos don Manuel Herrera y Lasso y don Sixto
Rocha.• Virgilio, el dulce Virgilio, nos deleitó con su temísima érrloo-a
que fue
t,
t,
muy bien declamada y nos hizo saborear un dejo de la clásica antigüedad.
Después el señor Diácono don José E. Bustamante, profesor de Sintaxis Latina y de Griego, recitó su "Carmen Graece'' con mucha elegancia; el señor
Pbro. don Baltasar Nieto, profesor de Primer año de Latín, su Epigramma
Latine; el teólogo don Santos Vázquez su Oda Italice; por último, para coronar el banquete, y a la usanza de los antiguos monasterios se presentó el
Pbro. José Guadalupe Castillo, prefecto del Seminario, expuso la solución de
un caso de Moral en Latín sencillo y correcto".
El menú estaba impreso en hermosas tarjetas de cuatro planas en elegante
latín, precedido de esta dedicatoria:
Viro spectatissimo / Dominico Seraphinio Spoletan. Praesuli / Sanctae Sedis in Nova Hispania Legato / peramplum hoc triclinium / fusis precibus
epulis sumptis, expletis gloriis / auspicanti / Antistes, Klerus, Ephebi gratu~
lantur.
"El Obispo, Clero y Alumnos honran al muy distinguido señor Domingo
Serafini, Obispo de Espoleto, Delegado de la Santa Sede en México, e inaugurador de este magnífico refectorio, una vez que se hayan elevado las preces rituales, terminado el banquete y concluída la alabanza".
El espléndido menú decía así:
"Elenchus Epularis. Pulmentum Iulianum, Pastilli Parthenopei, Pisciculi,
crusta, volatili incocti. Pullus gallinaceus fumo assus. Lactucae agrestes. Piso
viridis. Cinarae. Phaseli. Cucurbitulae. Brassica Pompeiana. Olivae Hispalenses. Tumaculum Bononiense. Cappares amygdalae.
Dulciaria: uva Boetica, Piri, Ficus, Mala Persica.
Vinum: Ex Capreis, Nostras, Burdigalense, Ex Trinacris Insula, Effervescens ex asta, Pompeia. E Falerno. Lachryma Christi. Programa de la comida
(menú) : a) Condimento. Pastillas de Nápoles, pececillos, pasteles, aves cocidas, pollo asado al horno, becerro cebado. b) (Legumbres) lechugas silvestre~, guisantes verdes, alcachofas, habichuelas, calabacitas, coles pompeyanas,
aceitunas españolas, tomatito boloñense, almendras de Capri. c) Repostería:

258
259

�• d) Vinos: Capri' Del país,
h·gos manzanas d e P ersia.
uvas sevillanas, oeras, i ' A
d p mpeña Falerno Lachryma
Bordeaux, Siciliano, Champana de sta e o
'
'
Christi. , 1
, la cromca
, . · d e una fiesta dentro de esta síntesis.
n demasia
.,
Parecera a argar e
,
mo es el caso. y la ocasion
,
' en latm tan raro co
'
Bien se lo merecia un menu . . ,
'
. t Montes de Oca, que así fue
de ver de cerca a aquel anfitno~, renacentis a,
de magnífico aun en la humillac10n.

4. Varones del Siglo XIX
, .
el Cole io y el Seminario Guadalupano
Durante este siglo, no umcamente 1
gt· e humanista También en el
· ú c·ones de cara es irp
·
Josefino surgen como ms i u i . .
d.
forman en las humanidades
.
1
tos los religiosos estu ian Y
.
silencio de os conven '
d 1 ..d d d su convento franciscano 1o
•
1
Profesores e atmi ª
e
a sus propios
a ~os.
, d e Arboleya' que fue provincial, y Fray Anse1mo
fueron
Fray Jose
Garcia
F
I acio María Nava.
M
d
Gotor
ray Rosa
gn Angel, C, ornend ad or del convento potosino de la erce '
FrayyFélix
fue fácil versificador en Iatm.
ables de este siglo: Mendizábal,
Detengámonos en cuatro varones memor

f

Santa Cruz, Estrada y Nájerb~· Id
. , en San Luis Potosí en 1785, aunLuis de Mendizábal y Zu ia e_a nac'.o d I . dad natal especialmente
d u vida leJOS e a cm
'
que pasó la mayor parte e s
,
d rez Eclesiástico culto y virtuoen Puebla de los Angeles, donde paso sullmdaf u de México y dos veces Rec. R t del Coleaio de San
e onso
_, d
so' fue ViceC ¡ · ecdorSan Pabloo· de Puebla. En 1816, ingresó a la Compamal e
tor delpero
o egio
e
Jesús,
la abandonó
en 18~1, :uand o Ia Orden fue nuevamente expu sada. Su hermano Francisco fue Jesmta.
C
.
de la Inde.
México lo prueba su atecismo
Defensor es de la libertad de
F :b las políticas y militares del mismo
pendencia, publica~o en 1821, y s~s L:d:vico Lato-Monte, además de otros
año, amparadas baJo el an~grama e
apólogos no recogidos en libro.
. e no carecen de ingenio
Aunque el valor literari~ de, las fábulas ehs m:!~~t:· 'pero de su afición por
.
N
d considerarsele como um
'
y donaire. 1, o• pue e deJ· ó dos orac10nes
.
f,unebres latinas.· una por la muerte
d
las letras c asicas nos
.
b.
d la Angelópolis edita a en
de don Manuel González y Campillo, o ispo e_ d en la Catedral de Puet de Pío VII pronuncia a
1
1814, y la otra a a muer e
' b''
la obrita Méritos y ejercicios
bla el 14 de diciembre de 1823. Suya tam ien es
. ' .
br d en Puebla en 1809.
literarios, pu ica
en el Seminario las cátedras
S ta Cruz que inaugura
M d
Del Padre o esto an
'
d
. ·ento Nació en 1787, mude Retórica y Latín, ignoramos el lugar e su nacrmi
.

ª

260

.

rió en Venado, S.L.P. en 1877, donde pasó los últimos años de su prolongada vejez. En 1857 publicó el Arte Poética de Horacio seguida de ocho odas
del mismo poeta, en su original latino y en la noble versión neo-clásica de
Leandro Fernández de Moratín. Santa Cruz encabeza el libro con un breve
prólogo de autodefensa y lo enriquece con algunas notas.
Se trata de una antología latina con fines didácticos, que expresa el fervor
de Santa Cruz por el Príncipe de los líricos del Lacio, su buen gusto en la
selección de las odas, su conocimiento de la métrica latina tal como lo demuestran las notas, su luminoso arte de enseñar a los clásicos mediante el trato personal y viviente, y aun su generoso corazón que brinda gratuitamente a
sus alumnos este instrumento de enseñanza.
La mayor gloria de Santa Cruz es un breve poema latino de ciento diez
versos escrito en 1850 y publicado veinticinco años después en 1875.
Bien puede considerarse como un juguete de la literatura latino-mexicana,
este poema que el propio autor llamó Breve descripci6n de una tarde de primavera en un pueblo de la República Mexicana.
Es una hermosa postal eglógica de extremada finura· en el dibujo y trémulo candor en el sentimiento, que refleja la hermosura y la paz de los campos.
Por su perfección formal y su gobierno de la métrica latina, por su acierto
descriptivo y su cuño mexicano, por el equilibrio y elegancia del estilo, este
poema deberá incluírse en la futura antología de la producción latina de
México.
Gloria extrínseca comunican a este poema, sus traductores: Manuel José
Othón lo vertió con el nombre de Tarde campestre, y Ambrosio Ramírez con
el nombre de Reinando primavera. Ambas traducciones son del mismo año
de 1893 y ambas se escancian en la misma ánfora de los tercetos italianos.
Francisco J. Estrada (1801-1885) ofrece diversas facetas; médico, impresor, bibliotecario, político. Fue padre del eminente físico del mismo nombre.
Estudió latín casi desde su infancia, primero con el franciscano Fray Cayetano Salazar, luego con el Pbro. Antonio Vázquez, con quien estudió de
1813 a 1816; de tal manera alcanzó un pleno dominio del latín, que se convirtió en ayudante del maestro.
Cuenta Muro que Estrada se presentó al examen de oposición a que convocó el Ayuntamiento para proveer la cátedra de latín que estaba vacante;
y aunque los votos de los tres sinodales fueron a su favor no concedieron la
cátedra porque "era muy joven".
En 1842 aparece como profesor de latín en el Colegio Guadalupano, cátedra que continuaría por largos años, hasta 1883, en el Instituto Científico
Literario.
Oriundo. de la Ciudad de México, el carmelita Fray Manuel de San Juan
261

�Crisóstomo Nájera ( 1803-1853), dejó sentir su influencia en San Luis Potosí,
de cuyo convento del Carmen fue prior, y donde residió de 1828 a 1831.
Contribuyó eficazmente en la fundación del Colegio Guadalupano Josefino.
Conocedor de varios idiomas, fácil orador sagrado, fue el primero en enseñar
taquigrafía en San Luis; maestro eficaz, aquí tradujo a varios autores latinos.
Desterrado en Filadelfia, ahí leyó en latín su disertación sobre la lengua
otomí, vertida al español más tarde por él mismo. Tema tan de su predilección, que habría de madurar en su "Gramática de la lengua tarasca".
Dentro de este siglo XIX, recordaremos otras más breves muestras de
trabajos latinos, como la oración fúnebre latina de Juan M. Camacho en
los funerales de don Miguel Barragán, el año de 1836; y la poesía latina
del padre Bemabé Saldaña en sus Cármenes dedicados a Ignacio Montes
de Oca en el aniversario de su consagración episcopal (El Estandarte, 19
de marzo de 1896).
Francisco de Asís Castro recuerda esta otra huella latina: "Una traducción del latín que en un pequeño volumen publicó el distinguido médico
don Buenaventura Paz, y que llevaba el título de la Sobriedad; libro muy
curioso, lleno de reglas higiénicas y doctrinas bien saludables". Se trata del
libro "Arte de vivir con salud perfecta hasta edad avanzada. Nueva traducción de los tratados de Lessius y de Cómaro sobre la vida sobria, por Buenaventura Paz. México, Tip. Literaria de Filomeno Mata, 1880". ( Cfr. Ramón Alcorta Guerrero, El Dr. D. Francisco de Asís Castro, precursor de la
Bibliografía Potosina. Cuadrante, San Luis Potosí, Año IV, núm. 1-4, 1956).
Por lo excepcional de la ocasión y la persona, mencionemos el "Discurso
pronunciado por la señorita Mónica Tena, el día 30 de noviembre de 1882
al presentarse a examen de Latinidad ante el Jurado del Instituto Científico
y Literario de esta capital" (San Luis Potosí, Tipografía El Eco de la Moda,
1882).

5. El Siglo XX
Tres son las fases de la personalidad literaria de aquel pastor de almas y
de la Arcadia que fue el Ilmo. Señor Ignacio Montes de Oca y, Obregón
( 1840-1921), Ipandro Acaico entre los Arcades Romanos: el orador fecundo de severa elegancia, el poeta original de fácil versificación y fría inspiración, y el noble y grande intérprete de los clásicos griegos.
Nació en Guanajuato, fue obispo de Tamaulipas y Linares; pero San Luis
Potosí fue su gloria y su corona, cuya sede episcopal rigió por espacio de
treinta y seis años.
Educado en Inglaterra e Italia, desde su adolescencia muestra su predi262

lección por las humanidades tal com
Preferencia que debe darse :l estud· o ru~de verse en su ensayo juvenil
México, 1855; y "Estilo" S L . pio c, aszc~ en la educación (La Cruz
"Hombre d
,.
' an uis otos1, Num. 10, 1948).
'
e solida y severa educación el, . "
.
layo, Montes de Oca traduJ·o
asica ' afmna Menéndez Pe,
muy poco a los poetas I +:
1os conocia y los amaba y h bl b
a ...nos, no obstante que
d
'
a a a un rotundo I t'
.
emuestra su tesón en aprender d d 1
. . . a m c1ceronia~o, como lo
habrían de rendir en la
l, d"des e o~ eJerc1c10s escolares de Oscott que
.
esp en I a Oración fúneb d I O .
noamencanos en el Concilio Pl
. d
, . re e os b1spos Hispa! f
enano e Amenca La(
.
a utura antología de la prosa laf
M, .
ma, pieza obligada en
lado por Montes de Oca en fa;na edn I ex1co, Y_en el Votum, áureo, formuA
S
or e a canomzac·, d S
reo, anta Margarita Marí Al
ion e anta Juana de
.
a
acoque y San Gabr· l d I D
presencia del Papa Benedicto XV d l C l .
ie e a olorosa, en
Abside, Méjico año IV N 8 1940y e
o egio Cardenalicio ( Publicado en
.
'
, o. ,
, p. 35) .
De la literatura latina, sólo vertió la ele í
. .
papagayo de Corina (Amorum rb III Ig a de Ov1d10 en la muerte de El
d el Jesuita
. . napolitano Carlos d ' Ai . . ' e eg. IV) ' y una corta anacreóntica
, .
.
e qumo a Santa Cat Ji d S
una deb1l Imitación de Horacio (Lib
a _na e ena. Anadamos
nantes "fácil y graciosamente construid~:,,oda 7~'. e~cnta en pentasílabos asoqueño poe~a, _A Estacio, al leer su Psittac:;~u1~1~ el Maestro--, y un peIogo de la msp1ración latina de M t d
ehons. Tal es el breve catáEn
b.
,
on es e Oca.
ca~ 10, su afan se vierte hacia los rie&lt;1
.
a traduc1r a los dieciséis años A ,
, g i,OS eternos, a quienes empieza
· qui estan en demost ·,
suyos: P aetas bucólicos griegos (M, . '1 77
rac1on, estos cinco libros
en México en 1882· 2a en M d ·¿ex1co, 8 ) ; Obras de Píndaro (la ed
' ·
a n en 1893) • El
·
·
l917); La Argonáutica (dos v0 l'
'
rapto de Elena (Madrid
umenes en 1919 192l
'
co~ anterioridad los Ocios poéticos ( 1
,Y.
respectivamente)' y
dnd en 1891) donde reún
.
a. ed. en_ Mexico en 1878 y 2a. en Ma'
e vers10nes grecolatma
,
s con poes1as originales.
D e los bucólicos griegos M t d
·¿·1·
'
on es e Oca vert"'
· · ,.
I I ios de Teócrito fíele
io vemtise1s de los treinta
. .
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s a conceptos e imágen d 1 . .
mev1tables paráfrasis que no
.
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gmal que se pierde en versiones d
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onservan aquel perfume oriA nton10
· Caro, tanto más q
a . mano", como califica
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Miguel
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mas, nueve de los quince "dT
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1d1hos de Mosco el tercero de I
d i i ws atn mdos a Bión; los siete
'
os &lt;1ran es b T
·
netos, diecisiete de las odas aladas º f .
uco icos gnegos Y, en bellos so"C
y estivas de Anacreonte
on asombrosa facilidad y rica vena"
. ,
.
ladó Montes de Oca íntegros lo
' _continua Menéndez Pelayo, tras'
, s cantos tnunfales O " • • • ,,
que comprenden las catorce Oda 01' .
epmic1os de Píndaro
s 1mp1cas las d
P' ·
'
meas y las ocho Istmicas A
d
',
oce 1t1cas, las once Ne.
pesar e ser poes1a profunda y oscura, Ipandro
263

�Acaico pudo brindar la primera versión completa de Píndaro en castellano,
con la idea hoy dichosamente más aceptada, de ensayar en español la reproducción de los metros del original.
Después de un largo silencio de casi veinte años, toma el traductor juvenil y recio en El rapto" de Elena, poema griego de Coluto de Licópolis para
concluir con La Argonáutica de Apolonio de Rodas, sueño y afán de largos
años, centellante de versos admirables y "octavas enteras que parecen bloques de mármol".
En todas estas versiones hay variedad de ritmos, con predilección por las
formas más estrechas y difíciles de la métrica castellana --octavas, tercetos,
sonetos- y en alguna ocasión, en la Pítica IV, se introducen al gusto romántico, diversos metros en la misma pieza.
Menéndez Pelayo así resume certeramente el perfil de traductor de Inpandro: "Entre las pocas, poquísimas, buenas traducciones de poetas griegos
que posee nuestra lengua, nadie negará a las de Montes de Oca uno de los
primeros lugares".
Español por el nacimiento y la formación, potosino por el magisterio y el
apostolado, el dominico Fray Guillermo García (1872-1910) contribuyó eficazmente al movimiento precursor del neoescolasticismo en México así por
sus libros como por su cátedra de filosofía tomista en el Seminario Conciliar
de San Luis Potosí. En 1902, el señor Obispo Montes de Oca lo trajo de España precisamente para esto.
Aquí en San Luis Potosí escribió sus libros: tres de tema piadoso; y dos de
filosofía. Inspirado en los escritos del Ilmo. Sr. Portugal, otro ilustre propulsor del neoescolasticismo, publicó El Seráfico Doctor San Buena V entura
( 1906), donde ensaya una concordancia entre Santo Tomás de Aquino y el
Doctor Franciscano.
Su obra capital, cuya segunda edición aumentada forma un grueso volumen de 447 páginas, se llama Tomismo y Neotomismo (primera edición 1903,
segunda edición, 1905 ) . El libro, como el título, consta de dos partes. En la
primera, ofrece una síntesis histórica ordenada y clara del pensamient0 filosófico en que surgió Santo Tomás, y el propio pensamiento del Doctor Angélico. Son especialmente originales los capítulos consagrados a defender el
método y el estilo de la Escolástica.
La segunda parte, mucho más breve, pero más importante que la primera,
estudia el aspecto histórico y doctrinal del neotomismo. Junto a los nombres de Sollano y Abarca, Portugal y Valverde, precursores del actual retomo a la Escolástica y a Santo Tomás de Aquino, habrá que colocar la obra
de Fray Guillermo García, quienes "lograron ligamos, son palabras de Oswaldo Robles, a un pasado glorioso que tiene sus raíces cuatro veces centenarias
en las cátedras de San Esteban de Salamanca".
264

El licenciado José de Jesús Jiménez (1851 1919)
.
vivió en San Luis Potosí desde lo 16 - h ' nacido en Guadalajara,
Al
d
. .
s
anos asta su muerte.
' umno el Sernmano y del Instituto Científi
L"
.
duo de abogado, fue profesor de latín en am
_co ~ ~terano donde se gradesde 1869 y en el Instituto desde 1879 h bas mstit~c10~es, en el Seminario
F
. .
asta 1897 sm ninguna interrupción
ruto de su magisterio perseverante diutum .
. .' .
.
.
texto: Reglas para la construc . , d l y
. o, rmpnmio cmco libros de
mejores gramáticos que tuvo ~ion d~ . as oraczone: latinas, extractadas de los
os e ic10nes (la prrmera d 1881) L
.
d e gramática general de 1884 C t .
d
, .
e
, ecczones
.
, a eczsmo e retorica p 't" d 1
pendzo de Literatura Preceptiva de 1905
C
y. oe zca e 885, ComL
,
Y ompe ndzo de Lógica de 1906
.ª. poes1a de Manuel José Othón (1858-1906)
"
.
.
eqmhbrado paisaje de la poesía
d
d
' . aparece en el no siempre
, .
mo erna e Mexico" co
"l
,
c1asica de poesía pura" Un
,
,
.
mo a mas alta nota
.
a poesia, segun su propia confesión, labrada
"Con miel de los helénicos panales
y en la sangrienta flor del cristianismo".

Los seis años que pasó de estudia t
IS . .
le dejaron una herencia decisiva n ef en e . , ernmano Conciliar ( 1869-1876)
, ·
, su ormacion humanísti
c1asicos, especialmente por "m"
d
. ..
ca y su amor a los
i muy arna o Vmnlio" tal
'l 1
noce en su prosa "27 de abril".
"'
'
como e o reco"Fundamentalmente clásico es 0th, af"
no sólo por su amor a la bruñida b ~nd, d idrma Gabriel Méndez Plancarte,
.
so ne a
e los metros t d" · l
no1es, smo por las hondas
.
ra ic10na es esparesonancias que en su alm
de los viejos cantares del Lacio"
. , a e~~ontraron algunos
tica del arte.
' y por su concepcwn eqmlibrada y aristocrá"Sin ser el acabado latinista ue al
.
y profesábales a todos una admq. . ,gu~os ~m_eren, conocía sus clásicos latinos
irac10n sm lrmites · p
b
d
.
'
-palabras de AUonso R
' ero so re to o a Virailio"
0
eyes- cuyas obras "le'
testimonio de José López Portillo y Rojas.
ia constantemente", según el
De Virgilio, en verdad, bien lo expresó el
.
.
"la afición del campo el don d 1' .
propio Reyes, tiene nuestro poeta
resuella bajo el campa'.nilleo de 1:s :~::;~. y el profundo clamor humano que
De Virgilio es el bello epígrafo de Poemas R , .
de Títiro florida" (Eccl. I ) ba"o
d UStlcos (Eccl. IX); "el haya
tinal") . y la b T
fl
'
J 1a cua1 eseaba reposar el poeta ( "Ma'
uco ica auta que heredó de T , .
l
Dafnis" ("La musa") E
eocnto, e "griego cantor de
. n su cuento "El Pastor Co d "
de la Egloga II.
ry on , recuerda versos
En cuanto a las huellas de Horacio en 0th'
que las de Virgilio, ya fueron sab.
?n, mucho menos profundas
iamente precisadas por el doctor Gabriel
265

p

�Méndez Plancarte en su Horacio en México, si bien podríamos añadir- algún
detalle más.
"Simple mención ocasional, no influencia horaciana", encuéntrase en aquella quintanesca "Oda a la Juventud", en que el joven poeta recién salido
del Seminario, "sacaba a relucir toda su erudición clásica" :
Ved a Séneca, a Horacio y a Virgilio
ser más grandes que Lépido y que Bruto.

El "aere perennius" de la Oda XXX del Libro III brilla fugazmente en
su medianísimo soneto "Al Señor General Díaz". Por el título y el tema, no
por el estilo, pueden considerarse horacianos los sonetos de~ bello tríptico
campestre "Procul negotiis" que, "mucho más que a Horacio, recuerda a
Virgilio: al de las Geórgicas, por la amoro~a y sabia precisió~, con que describe las faenas agrícolas, y al de las Bucólicas por la evocac10n antes mencionada de la Egloga I".
"Más directamente horaciano, aunque tampoco lo es mucho, el soneto A
un traductor de Horacio, brillante, pero superficial".
En la carta que Othón dirigió a Juan B. Delgado comentando la aparición
de "Lascas", subraya certeramente la "influencia caliente y vibrante de Horacio" en Salvador Díaz Mirón, "para bien de nosotros y regocijo de las letras americanas" (Lerdo, 26 de octubre de 1901).
Recojamos algunas otras huellas menores del latín y sus clásicos tanto en
el Léxico latinizante y culto como en las alusiones mitológicas de su obra capital, Poemas Rústicos.
.
En cuanto a los títulos, once poesías --casi la mitad de las que mtegran
el libro -llevan un nombre latino: Surgito, Pulcherrima Dea, Meridies, Noctifer Angelus Dornini, Frons in mare, Intempesta Nox, Lumen, In terra pax,
Pro~ul negotiis, Rosa Mystica, a los que habrá que añadir el soneto "A un
traductor de Horacio". Othón es uno de los poetas mexicanos que, con más
alto porcentaje, tituló sus poemas en latín.
En cuanto a los epígrafos, enumeramos desde luego · 1os versos de Virgilio,
en su Egloga IX, que inauguran el poemario; y el epígrafo "O ubi campi"
del poema '°Nostálgica".
.
Respecto al léxico, Othón emplea viejas voces de colmado sabor lanno,
que un día sorprendieran por "cultas" e inauditas, y que hoy deambulan
pacíficamente populares: acre, cerúleo, rústica, ~dos?, hórrido, a~o, trémulo, avena, canicular, ígneo, fragor, etéreo, occ1duo, ileso, exultar, mgente,
cálido, parvo, gélido.
También se vale de palabras latinizantes mucho menos usadas, como ignífera,
criniforme, vernales, espelunca, ignipotentemente, túmido, nauta, húrnida,

furente, unísona, terrífico, tonante, alígera, caterva, melificada, flavo, bruno,
diurna!, etc.
El hipérbaton de Othón es generalmente el hipérbaton normal de la poesía
no buscado de propósito como sistema, ni con un fin estético ni tampoco
como sello de arcanidad. Pero como desenvuelve el poema en ~plias estructura~, es natural que incida el hipérbatpn a cada paso, a veces dilatado hasta
en siete versos como en la quinta parte de la portentosa Pastoral, así sea siempre accesible a la primera lectura.
Las alusiones mitológicas asoman en varias ocasiones como muestra de la
altu~a humanís~ca de Othón; "pero sólo para resumir alguna idea poética
en fo1:11ula precisa, no para adornarse con ella, sino para explicarse con ella".
Umc~ente convoca a los dioses, mayores o menores, cuando su símbolo
s~ relaciona con una idea de perfección y de hermosura; en su olimpo poétlco no hay lugar para lo innoble y defectuoso. Fuera de las divinidades no
alude ni ~a vez al mundo infernal grecolatino, ni a las creencias populares,
o a las vanas leyendas, o a los héroes famosos. El Olimpo "extático" de Othón
está presidido por la más bella diosa "Pulcherrima Dea", Venus, que conc~~tra el rec~e~do del paisaje_ del amor, arquetipo de toda perfección, estrella
rutila y nostalg1ca; Venus brilla en aquel soneto entero y en otras alusiones
más (en "Surgite", "Noctifer", "Invitación al poeta", "Intermezzo", ..Adiós
al poeta").
Pan es su dios predilecto, protector de los ganados, enamorado de la danza
músico y soñador, símbolo cósmico del gran todo. Lo recuerda en diez oca~
siones ("Pulcherrima dea", "A un traductor de Horacio", "La selva", "Los
fuegos fatuos", "Epitalamio", "Orillas del Papaloapan").
Ahí, también, el palacio de marfil de Apolo ("Pulcherrima dea"); la sangre y e_l alma _de Afrodita ("A un traductor de Horacio" y "Epitalamio");
"Favomo rendido a Flora ingrata'' ("El ruiseñor"); Ceres que vierte la lluvia
de sus dones ("In terra pax"); el almo trinar de Filomena ("La musa"); las
musas inspiradoras ( "Invocación" y "La musa"), entre quienes recuerda especialme~~e a Er~to, la musa del amor (en "Los poetas" y "Epitalamio") ;
la expres1on _sencilla de las Gracias ( "Pulcherrima Dea") ; el tropel de los
Faunos y Dnadas ("La selva") ; las rientes Náyades de "El Río" y los soplantes Cíclopes ("Angelus Domini"); o los bondadosos genios tutelares ("La
selva").
Habrá que añadir el recuerdo a la fuente Castalia y la mirada ardiente de
Gliceris, la doncella que Pausia pintó antes con su corazón que con sus manos
("A un traductor de Horacio").
Es:as. alusiones van fluyendo, con dosificada prudencia, pero se agolpan y
mult1phcan en los dos sonetos que quizá, por ello, el Poeta tituló "Sonetos
paganos".

266
267

�La figura del licenciado Ambrosio Ramírez ( 1856-1913) aparece ante el
escritor Rodolfo D. Ruiz como "un busto romano o estatua griega, propia
para tallarse en mármol negro veteado de obsidiana".
Es el príncipe de nuestros humanistas. Hijo del Seminario Conciliar y del
Instituto Científico y Literario, a estas dos instituciones dedicó gran parte
de sus afanes como maestro de latín 1 literatura.
Alternó su vida entre la cátedra, la judicatura y la burocracia. Fundó en
Matehuala el Colegio del Sagrado Corazón para varones y en la Capital del
Estado el "Ateneo Manuel José Othón", de donde surgieron a las letras varios nombres. Fue miembro correspondiente de la Academia de la Lengua y
amigo de los mejores escritores de su tiempo.
Pero su verdadera vocación apasionada fue el culto de las letras latinas.
Tradujo a verso castellano toda la obra de Horacio, aunque se desconocen
algunas de sus versiones. Sólo Pagaza aventaja a Ramírez en cuanto al número de composiciones traducidas de Horacio. Y es el único mexicano que
ha interpretado íntegramente la Carta a los Pisones.
La traducción es siempre cristalina. No por ceñirse a la palabra y a la
concisión de Horacio, oscurece y retuerce. Prefiere el giro ancho, la amplificación, el circunloquio clarificador con tal de evitar la oscuridad. A ser breve,
prefiere ser claro.
Emplea rica variedad de combinaciones métricas y estróficas, por lo que
en esto aventaja a · la versión de Pagaza. Pero indudablemente que nadie
arrebata a Clearco Moenio su cetro como rey de los traductores mexicanos de
Horacio.
No se limitó Ambrosio Ramírez a traducir al Venusino, sino que, por conocerlo y gustarlo hasta la médula, le consagró varios estudios históricos y críticos, inéditos aún, que fulgen así por lo minucioso como por lo profundo.
De esta manera estudió la Oda I del Libro I, las odas 9 y 12 del libro 111;
las odas 1 y 3 del Libro XV; el E podo 11; dos estudios sobre la Epístola a
los Pisones y el poema "Glicere" de Manuel M. Flores. No pudo ir más
adelante en su propósito; pues en estos estudios va examinando el original
horaciano y diversas traducciones de españoles y mexicanos casi verso a verso,
mediante el análisis del estilo, las referencias históricas y mitológicas y cuanto
pueda iluminar el texto.
Lo que nos indica el aliento de la obra comenzada y la honda y vital compenetración horaciana del potosino.
Dejó igualmente inéditos unos "Apuntes para la vida de Horacio", "Datos
sobre el Tibur" y una incompleta "Colección de Odas de Horacio traducidas
por ingenios españoles, mexicanos y sudamericanos" de 1911.
Adelantándose más de treinta años al trabajo del Dr. Gabriel Ménd~z Plan-

carte, con quien coincide en propósitos n b
un estudio sobre Horacio en México. y om re, proyectó, y realizó en parte,
De sus versiones de Virgilio nos han
d d
completa, y los 32 versos iniciales d 1 q':; ~do _manus~ritas la Egloga I, casi
traducir otras composiciones D V~ ~li ne1 a,_ pero mdudablemente debió
•
· e rrg1 o estudió a fond d ·
d
c1ones y estudio como lo hab'1 h h
.
o 1versas tra uc'
ª ec o con Horac10
Del latín tradujo el poema descriptivo de Mod~sto San
hemos aludido (El Estandarte 12 y 19 d f b
1
ta Cruz, al que ya
de J. M. Gutiérrez Rosas (El, E
d
e e rero. ~93)' tres dísticos latinos
d 1
stan arte, 12 de d1c1embre de 1893)
e as Breves nociones de Estética d 1 . .t D .
,
y parte
a editar. De entre sus ensayos consag;ad~:s: :em:~i::~~::1s, ~ue empezó
cordar su estudio sobre las versiones d H
.
. . . os ay que rePagaza (E E 1 d
d
e orac10 y Vrrg1Iio realizadas por
. . o. e enero e 1894) . el Ens
C ,.
de Pa&lt;Yaza
(E. E lo 3 5 6 7 d
:
ayo ntrco sobre el "Virgilio"
0
•
•
,
,
Y
e noviembre de 1907). y su t b • "S b
la pronunciación del latín" (E E 20 d . r d
'
s ra ªJos o re
y "Sobre el estudio del latín" (.E .E 9 de JU ro e 1904 y 10 de enero de 1905)
Al
· ·
e agosto de 1907)
margen de esta labor que compromete un 'd
.. ,
po don Amb ·
. . .
ª
vi a, todavia encontró tiemros10 para escnb1r diversos estudios c 't'
d'
siones del francés poesía o . . l
n reos, iscursos, prosas, verhabl,0 d
1 ' ,
ngma' numerosas y frecuentes cartas y aún se
e nove as y fabulas.
,
Maravilla de veras que aquel hombre en l
.
.
vincia, y en los "desdich d
.
'
.ª. ~wetud msular de su pro1
~ismo escribe, en ~u_e se :i~:b~:17o~ Je:df:s~:: :::d~ess~:::::•, como él
1
t~:t~:r:;:c~:a
~:;: especializ~da/e cuest~ones latinas, Ilen: ~:y~b~:~
romana.
'
consagra o e por vida al Príncipe de la lírica

;i~~

Abogado ilustre, catedrático por vocación periodista .

l

.

La Voz de San Luis y luego en El Et d '
eJemp ar pnmero en
gidos por él mismo h' t · d
san ª:te ( 1885-1915) fundados y diri. ' is ona or por excelencia de San Luis Potosí Acad, .
d e 1a 1engua y rruemb
d 1
. .
,
em1co

.
. . ro e as pnnc1pales asociaciones culturales d
.
po, do~ Pnmo Fehc1ano Velázquez (1860-1953) es uno d
e su tremhumamstas y lo es con tal plenitud ue su o h
e nuestros ~randes
con la prehispánica Se ocup' d H' q
p ermanar la cultura occidental
.
o e amero y de Cervante t d .
.
el latín y el nahuatl.
s, ra UJ0 por igual
Aprendió latín desde su infancia con el Pbro A t .
de su tierra natal Santa María del R' L . nas as10 Escalante, párroco
nario bajo la sabia dirección del Lic r;~sé ~eg~ lo, p;~fe~cionó en el Semitodos sus estudios hasta graduarse de .abogadoe /sus ~ene: donde realizó
de latín en el propio Seminario.
. or vanos anos fue profesor
"Algunos meses después de haber recibido la r
.
.descansar de las rudas fatigas del estudio
'b 1cenc1~tura, Y_ acaso para
-escn e su amigo el L1c. Ambrosio

268
269

f

�. ,
.
traducir en versos castellanos a Virgilio y a ~oRamírez- dedicose Pnmo a
d 1 libro primero de la Eneida,
'
¡ d,
ctavas reales to o e
. d
racio. Del primero tras a o a o
h
ede ahora no haber hbra o
, que mue o me pu
d
trabajo de primor que conoci, y
'ón diversa a que luego se e.
d'able por la ocupaci
de extravío, acaso irreme i
.
b . , de las odas del poeta
dicó su autor, como libré las traducciones que tra ªJº
de V enusa". h
.
d H
. que nos tocó en suerte publicar
t
Así es como ay es as versiones e . .oracio
. 1951) Las odas traduci·das, son
(E fl s L p abnl-3uruo
·
por primera vez
si o, . . .,
4 21 24 Libro
II Oda 14, Li'bro III'
. .
L'b I Oda 1 3 12 1 ,
Y ·
'
I
las sigmentes: i ro '
' ,' ¡~ rimera estrofa. y el Epodo I .
odas 4 y 30. Libro IV, oda 2, solo ? , Ambrosio Ramírez- lo mismo en
"Me consta que Velázquez -contmu~
la de las odas de Ho.
l'b de la Eneida, como en
11
la traducción del pnmer i ro
.
tadores . antes bien huía de e os
1, t
versiones m comen
'
1
racio no consu to o ras
.
d 11 &lt;Yar a poseer la hermosa engua
com; de cosa perjudicial a su mtento e eº
latina".
.
r Don Primo cuando frisaba en los veintiún año~,
Estas versiones, realizadas po . .
1
s demuestran así su conoci,
· les eJ·ercic1os esco ares, pue
son mucho mas que simp
f ·¡·dad de versificación. No se sa1va
h
·ana como su ac11
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miento del alma oraci
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b t' lo en los traductores e o,
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h sido frecuente o s acu
.,
de la parafrasis, que a
. . 1
han de menos en la vers10n.
.
fe s del ori&lt;Yma se ec
.
racio. y numerosos ma i e
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d 'do estas obras de Horacio, se'
p .
no hubiera tra uci
,
Aun cuando Don nmo
.
. t d hermosura encontro
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fue espíritu en quien o a
&lt;YUiría siendo el humamsta que
'd. h' to'ri·cos puede hallarse un rico ma1 1
º
d sus estu 10s is
,
. 1m t
resonancias. A o argo e
d I humanismo re&lt;Yional, especia en e
terial para la historia de la cult~~a ;úb~ica de San Luisº Potosí, en s~ Jntro~
en su Discurso sobre la ln:~ru_ccwpn
.
n su Historia de San Luis Potosi
. , a la Historia Eclesiastica otosma y e
d uccwn
en cuatro volúmenes.
.
F 1· .
Velázquez Tomás Ortiz ( 1859. R ,
Pnmo e ic1ano
,
.
L'
Como Ambrosio
amirez
y
.
.
d
I Instituto Científico y iterah ., 1 no del Semmano y e
1930) fue tam ien a um
llos traductor de Horacio.
rio como ellos fue abogado, y como e d
·~ez ~ivió en la capital del Es'
d d l M , pero des e su mn
~
Nació en Ciuda
e suaiz~
. . . d e su profesión y por varios anos
,
casi
toda
vida
al
e3ercicio
tado. Consagro
fue juez.
. , .
nte tres odas: la oda 2 del Libro II, y las
Del Venusino, tradujo umcame
entos felices de fidelidad y
Odas 22 y 28 del libro III. Hay algunos miolmt . pero se le escapan maH
.
aun a a e ra,
apego al pensamiento de orac10 y J'b
ente con lo que se destruye el
.
del on'ginal o parafrasea
'
tices
, muy
• i rem
. t d de la poesia 1atma.
. .
rigor y la exacti u
.
( 1873 1926) profesor de H1stona
.
1 . M tínez A&lt;Ymlar
'
.
El Pbro. Lic. Apo omo ar
º .
.
d , de varios discursos,
c· tífco y Literano, a emas
y de Latín del Instituto ien I n·
d la Magdalena (S.L. Potosí, la.
imprimió las semblanzas de Fray iego e

edición de 1908, 2da. de 1914) y de Fray Diego Basalenque (S.L.P. 1914).
Su trabajo más original es su doble versión en prosa de la Egloga Cuarta de
Virgilio "al mexicano que actualmente se habla en la Huasteca Potosina"
(S.L.P. Im. de Fernando H. González, 1910) .
Al quinto obispo de San Luis Potosí, el Dr. Miguel de la Mora (1874-1930)
se le conoce más por su acendrada virtud que por su sólida formación en
letras humanas y divinas. Cuando tomó posesión de su diócesis en 1933 ya
había cosechado frutos copiosos en la cultura; profesor del Seminario de
Guadalajara, había publicado su Manual de Literatura General ( 1901) que
vería una segunda edición póstuma (1932) con el nombre de Manual de Literatura Castellana; fácil orador y conferencista, había pronunciado un buen
número de discursos sobre temas sagrados y sociales, muchos de ellos impresos, algunas alocuciones en latín y aun en griego; y había escrito varios poemas castellanos, un ensayo sobre La belleza y un interesante estudio filosófico
sobre El reino hominal; dirigió los periódicos Seminario Marino (que duró
del 8 de diciembre de 1903 a 31 de dic. de 1904), y Artes .Cristianas (abril
de 1908) ambos de Guadalajara. En San Luis Potosí, fundó la Gaceta Eclesiástica Potosina el 12 de julio de 1922 que, con breves interrupciones, continúa hasta el presente; en esta revista se encuentran versiones suyas en verso
español a varios himnos latinos del Breviario Romano.

Del Canónigo Pedro de María Segura ( 1855-1943), profesor de latín y
Retórica en el Seminario desde sus 19 años, es una "Colección de opúsculos"
que publicó en 1896 con el subtítulo Ensayos literarios castellanos y latinos,
donde encontramos una dedicatoria latina al señor Obispo Montes de Oca,
dos textos en prosa Dissertatio de Juris Canonici Praestantia y Oratio de
Linguae Latinae Praestantia, además de tres breves poemas latinos Himno al
Sagrado Corazón de Jesús, Oda a Jesucristo, Himno a la Santísima Virgen
de Guadalupe. Publicó otros poemas latinos en El Estandarte ( 15 de Sept.
de 1893) y una oración fúnebre latina a la muerte de Montes de Oca.
Otro Elogium fúnebre, pero a la muerte del Ilmo. Señor Obispo don Miguel de la Mora, es el del Canónigo José M. Díaz, de 1931.
Entre su vasta producción lírica, el Lic. José Antonio Niño escribió "Dos
imitaciones de metro horaciano'' (Estilo, San Luis Potosí, núm. 21, 1952).
No podríamos olvidar el paso fugaz pero fecundo de Concha Urquiza
( 1910-1945) por San Luis Potosí, donde residió de 1939 a 1944. En su cátedra de la Universidad Potosina renovó los métodos en el estudio de la
literatura según descubría a sus alumnos el mensaje vital y eterno de los
clásicos.
"Sin ser propiamente humanística su formación literaria, escribe Gabriel
Méndez Plancarte, Concha logró un conocimiento no vulgar del gran tesoro

270
271

�Peña, Francisco.
- ES t udios históricos sobre S
L · p
Estandarte, 1894.
an u1s otosí. San Luis Potosí. Imprenta Editorial El

grecolatino, y supo asimilar algunas de sus fértiles savias" que afloran en su
voz lírica inconfundible y grande.
"Mucho más que a los helenos, frecuentó a los romanos, cuya lengua estudió con fervor y llegó a leer con cierta facilidad, si no con plena maestría ...
No momias de museo, no cadáveres para la autopsia del erudito sino alimento vivo y sustancial de almas juveniles, fuente inexhausta de júbilo y
de belleza" fueron para Concha U rquiza y para los humanistas potosinos de
cuatro siglos las riquezas del humanismo.
Convencidos de los motivos que Menéndez y Pelayo aducía para no llevar
a los escritores contemporáneos al Valle de Josafat, ni convertir a los vivos
en juicio literario o en "historia", aquí concluímos este índice del humanismo de San Luis Potosí, en cuya secuencia histórica vive y alienta, con sus
inevitables altibajos, pero con perseverante continuidad, una de las raíces más
hondas y operantes de nuestra cultura mexicana.

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4) Datos sobre el Colegio G. J. Eco Universitario, S.L.P., julio-agosto de 1949.
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7) Documentos inéditos sobre el Colegio G.J. Centro, S.L.P. I, 7, julio de 1952.
8) El Colegio G.J. hace cien años. Estilo, S.L.P., enero-marzo, 1953.
9 ) El Colegio G.J., actual Universidad Autónoma de S.L.P. Letras Potosinas, S.L.P.,
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274
275

�ESTILIZACIONES DE UN TEMA METAF1SICO
EN ALFONSO REYES
JAMES WILLIS ROBB
The Georges Washington University, U.S.A.

LA OBRA ENSAYÍSTICA DE ALFONSO REYES es tan vasta en sus múltiples formas
y variadísima temática, que no intentaremos reseñarla toda en estos breves
momentos* sino limitamos a un pequeño grupo de ensayos dentro de otro
más grande -los de tema metafísico-, no para enjuiciar sus ideas filosóficas (de eso no somos capaces) , sino sobre todo para examinar algunos de
los medios artísticos que emplea Reyes para estilizarlas en forma literaria.
No pensamos en Reyes como un filósofo sistemático, sino como poeta que
dentro de su preocupación humanística muy amplia da expresión poética en
prosa a un quehacer metafísico.
La temática metafísica abunda en los ensayos de Alfonso Reyes, intensificándose especialmente en los volúmenes Ancorajes (1951), Marginalia (dos
series: 1952, 1954) y Las burlas veras (dos series: 1957, 1959). Aquí nos
concentraremos en un grupo de cinco ensayos de la serie Ancorajes, que tratan todos de variaciones de un tema metafísico central, y que fueron elaborados en diversas fechas: La caída - 1928-, La catástrofe -1937-, Palinodia del polvo -1940-, Meditación sobre Mallarmé -1942-, Metafísica
de la máscara -1945-. Debido a las limitaciones del tiempo-espacio, tendremos lamentablemente que saltar sobre muchos detalles interesantes y ricas
implicaciones adicionales.
El tema común de este grupo de ensayos -desarrollado con distintas variaciones-- es el de "La caída" o del derrumbe cósmico. Aquí nos parece que
desde muy temprano Reyes se asoma a las angustias metafísicas de nuestro

* El presente trabajo fue preparado para ser leído en las sesiones de la Modern
Language Association of Arnerica en Nueva York en diciembre de 1964, en la sección
de literatura hispanoamericana contemporánea, dedicada enteramente a diversos aspectos de la obra de Alfonso Reyes.
277

�tiempo, con raíces en el intuicionismo bergsoniano de su generación y luego
afinidades -avant la lettre- con el causi-existencialismo de un Albert Camus y con la preocupación por los enigmas del espacio tiempo de un Jorge
Luis Borges. Todo esto en un gran humanista conocido por su serenidad
clásica.
El ensayo titulado La caída - exégesis en marfil formula una teoría del universo en términos de derrumbe, de pereza cósmica, de caída de la materia
equivalente en lo teológico a la caída de Luzbel. 1 Literariamente, lo que nos
parece más interesante es la manera alfonsina de presentarla a través de un
estímulo artístico,2 el de un objeto de arte -escultura en marfil- visto en
el Museo Arqueológico de Madrid, con su carácter plástico-visual, que se
refuerza por el agente catalístico de la memoria que precipita la reacción.
Después de una meditación nutrida de nuevas contemplaciones del objeto
que producen nuevas imágenes -el demonio opuesto al santo y al aeróstato,
la masa celeste hecha aerolito, asimilación asociativa a una pintura del
Greco- volvemos al punto de partida para sacar una nueva implicación:
"(Visto el objeto a contraluz, entre las venas caladas del marfil, entre
la parrilla satánica, otro, otro labrado indefinible -el labrado del aireme daba la pauta del trasmundo, del trasmundo virgen aún para los
sentidos y -debo decirlo- prometedor.)"

Este enfocarse en el elemento del aire a través del marfil crea un nuevo
símbolo del "envés de la tela" o "reverso de la medalla" que invierte la
perspectiva de negativa en afirmativa, abriendo un horizonte de infinidad
para futuras meditaciones, como la titulada Meditación sobre Mal/armé.
Estructuralmente, este volver al punto de partida y luego apuntar hacia el
infinito anticipa la forma espiral que se verá en la Metafísica de la máscara.
La catástrofe, ensayo mínimo en su brevedad, enfoca el mismo concepto
del derrumbe cósmico mediante una sola imagen dinámica, de carácter primordialmente cinético, relacionado con las leyes de la física, la imagen de
la honda:
" Cuando la piedra de la honda viene en camino, algo que es mineral en nuestra came la presiente por imantación . ..
Hay un derrumbe cósmico en marcha constante hacia nosotros. Tar1 Luis Leal ha comentado en tal sentido este ensayo, en "La caída de Alfonso Reyes",
El rehilete, México, No. 4 (Febrero 1962), pp. 5-8.

' El propio Reyes comenta este tipo de estímulo en "Los estímulos literarios" ( tipo
visual), Tres puntos de exegética literaria, en Obras Completas, XIV, México. Fondo
de Cultura Económica, 1962, pp. 275-280.

278

dará
milenios en llegar' o tardara, so'lo unos segu d
·
p
siempre profético adivi·na
l .
n os. ero el corazón
,
que e tiempo el p ·
l
'
debles, y que. una amenaza ll
d
'. es aczo y a causa son enzumbando, sobre nuestras ,fr:::s"~ explosiones de astros, está suspendida,
Palinodia del polvo enfoca el conce to del
,
otro estímulo y otro símbolo. 1 , p1 . derrumbe cosmico a través de
.
. e estunu o visual y tácfl d 1 . .
y
.
,
1
e paisaje y el símboIo táctil y metereológico del I
, b I d
po vo. a vimos como en L
'd
.
sun o o e promesa. En la v· ., d
,
a caz a el aire fue
· •
mon e Anahuac de Alf
R
espmtual del valle mexicano se . t t·
onso eyes, el sentido
.,
,
sm e iza en el concepto t
f' . '
g1on mas transparente del aire"
1 .
a mos enco 'la red 1 .
' en que e aire tambié
, b 1
e c andad, inspiración y renovación d 1
,.
n es sun o o de promesa,
negación de ese símbolo metafísico:
e cspmtu. Este ensayo presenta la

"¿ Es
· ' mas
, transparente del . J •
. ésta l a regzon
,
,.
de mi alto valle metafísico' ·P
,
aire. 'Que habe1s hecho
· , or que se empaña p
é
.
. . ' or qu se amarillece?
C, orren sobre él como fueabos f at uos 1os remolm
[l d
·
el los mantos de sepia q
b
i os e tierra. Caen sobre
, ue ro an profundidad al P . .
. .
en un solo plano espectral l . ,
aisa¡e y precipitan
e¡amas y cercaní
d d
colores la irrealidad de un
l
,
as, an o a sus rasgos y
.. .
a ca comama grates
d
artifzczal, de una ho¡·a pre t
~a, e una estampa vieja
"
ma uramente marchita.
Mordemos con asco las arenillas y l
ganta, nos tapa la respiracio'n
l .
e polvo se agarra en la garcon as manos Q ·
¡· ·
estrangularnos".
· uzere as ixtarnos y quiere

, Así el
, valle de Anáhuac, ant'1guamente tan J' '
.
b d
unp10 y tan despejado, hoy
dia esta asediado de tolvaneras y
el mundo ha evolucionado en lased~u r~, e dpolvo. Con el paso del tiempo
,
1recc10n el de
b
'
vue1ve sunbolo del derrumb
d .
.,
rrum e, Y este polvo se
e Y esmtegrac10n de t0d 1
as as cosas, que acaban por volver al polvo, a la nada:
"Microscopio
de las cosas' camino
.
d e la nad
·
· ·1 ·
gl orza; desmoronamiento d .
.
,
a, anzqu1 amiento sin
e inercias, enstropí , .
del polvo, lo más bajo del mu d "
a, venganza y venganza

n o.

El ambiente de pesadilla futurista amenazadora cul ·
r·
apoteosis del polvo:
mma a 1 mal de esta
"¿Será que el p oluo pretende, además, ser espíritu? ; y
verdadero dios?"
• si fuera el

279

,

�En su Meditación sobre M allarmé Reyes ahonda en la angustia metafísica
a través de la creación literaria, sentida en las luchas del poeta Mallarmé
con "la tortura Técnica". Donde en su estudio inicial de Mallarmé s Reyes
encontraba el mundo de la caída, del derrumbe cósmico: "la desesperación
ante esta irremediable caída desde la cima de la realidad hasta el fondo de la
página escrita", ahora ha descubierto una nueva perspectiva en que la caída
al abismo podrá llevar a una nueva subida:
"Pensemos, ahora, que el derrumbe desde la cima de la realidad
hasta la página muda. . . no sea necesariamente una angustia, sino un
grávido y acelerado placer, por cuanto encierra en sí el propio dibujo
de una esperanza, el sentimiento de una ascensión ulterior, de un rebote hacia arriba y, lo que es mejor, hacia más arriba que antes. Así el
cirquero que se vale del trampolín para poder saltar más alto. O el
nadador, cuya zambullida respira ya la victoria de un delicioso retorno
a la superficie, donde el bien perdido del aire recobre un valor de creación reciente y anhelada. El ángulo de incidencia hacia abajo lleva ya,
en preñez geométrica, el ángulo de reflexión hacia arriba".

•

Reyes encuentra su propia salvación del abismo metafísico en la exuberancia de la creación poética que hace nuevas conquistas y descubre nuevos
mundos, saltando como resorte desde el fondo de la sima hasta las cimas --o
cumbres- a la vista de otros horizontes. El aire nuevamente es símbolo de
promesa, esperanza, exuberancia refrescante y renovación del espíritu. La
oposición de caída y subida que forma el eje de este ensayo se cristaliza en
una brillante cadena de imágenes: primero el núcleo de tres imágenes complementarias -el cirquero, el nadador, los ángulos de incidencia y reflexión:
dos imágenes deportivas, una imagen geométrica. Una nueva elaboración de
la imagen del nadador lleva a una constelación final de tres imágenes: el
escarabajo egipcio que "trabaja con los residuos de una catástrofe vital" y
produce nueva creación; y el doble símbolo de Mallarmé y los dados, y de
las boleadoras de gaucho: es decir, desafío al azar, y a la aventura de la cacería suprema.
Metafísica de la máscara: En este caso Reyes vuelve al tema de la caída
o del derrumbe metafísico en la dimensión enteramente negativa, a través
de otro estímulo artístico: el de una colección de antiguas máscaras mexicanas. La contemplación de las máscaras pone en marcha toda una serie de
divagaciones sobre diversos temas o subtemas, creando una estructura espiral

en que el pensamiento vuelve varias vece 1 ,
. .
n~ev:nnente a desarrollar otro tema marg:n:i es;'.mulmlo ongmal para partir
cosm1ca de la Caíd
.
Y ma ente trazar la visión
a que apunta hacia el infinito p
. 1
.
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'd
,
' _ero sm a sugerencia pro.,
a caz a mas promment
,
1
czon sobre Mallarmé Un ra g
1· , d
e aun en a Medita.
s o pecu iar e estas á
. d'
represente una cara dentro d t
f
m scaras m igenas --que
e o ra cara armando
. . f' .
a esta reflexión final:
'
una sene m mita- lleva
"Pero he aquí q ue est e universo
•
en series
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,
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, en imenswn de multiplimascara e la m '
l
.
nos produce una impresión d
, t.
aseara, os o¡os de los ojos)'
.
e ver zgo· tonel d l D
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sin palpable fondo. Por aquí lle am .
e as anai _es, pesadilla
de ser ( casi) un mero a
t g . os a sospechar que la existencia pue.
mon onamzento de la
d
czones se van espesando l
.
na a, cuyas leves coagulaencimarse y acaban p
d
de una sustancia verdadera
l
or arnos el engaño
, en a que nuestro
t 'd
•
que nuestra mente cree as;r
s sen z os se detienen y
• con esas sus aarr · · 'bl
A
cierta metafísica para la c l l
I:&gt;
as_ znvm es. nda por ahí
ua e ser es tambzé
ser, visto en perspectiva El ti P
l,d
n, un espesarse del no
, .
.
em o rea e Berason es p
mea,
algo
como
el
sabor
d
l
d
I:&gt;
,
ara esta metaf
e a na a, remansado
l
· ·
nuestra conciencia ·Hast d, d
l'
en os czmzentos de
· t
a on e ca o el m
· d'
vertiginosa caída rumbo al e t
d l
. ascarero zn zgena, en esta
llarmé temía precipitarse con ::srod e l undwerso? Detengámonos: Maos a as esplumada 'p
·d
caer durante toda la eternidad' ·N
s, or mze o de
• t o es esto lo que ac t · , S
,
on eczo a atanas,
S enor de la Caída?"

ª

Volviendo a Mallarmé -su rota on·
.
imagen teolóaica de Sata ,
p
g ista de la creación poética- y a la
º
nas -presentada en el ensa L
'd
través de esta imagen de las m,
.
yo a caz a- Reyes a
asearas viene a acentu 1
•
.
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..
ar a existencia como
concepto antes visible en la p l' d' d l
y d eI ser como espesarse del no s
.. ,
a zno za e polvo)
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1a d e Ios existencialistas y cuasi ex'st . 1·
d
de
.
- • i encia 1stas e Ja post ece ya cercana
d'
,1 .
-guerra mun ial No.
2' especialmente Albert Camus c
Chute") y cuya imagen mitológic~~eu : ~ n;ela. se titul~ _La caída ("La
a subir repetidamente una piedra d d I b ( mito de Szszfo), condenado
b
es e a ase de una
t re, no deja de tener alguna afinidad con I lf .
rnon ana a su cumdenadas a seguir llenando d
a .ª onsma de las Danaides, con,
e agua un tonel sm fondo.
Asi en este pequeño grupo de ensa os h
.
.
físicas desarrolladas en c1·nc
.
y
emos visto un ciclo de ideas metao variantes con send d' ·
yección artística -modelos ensayístico; d I
las istmtas maneras de proque es Alfonso Reyes.
e exce so pensador-poeta del ensayo

• "Sobre el procedimiento ideol6gico de Stéphane- Mallarmé", 1909, Cuestiones estéticas, en Obras completas, I, México, 1955, pp. 89-101.

280

281

r

�EL ESCENARIO DE SAN MANUEL BUENO, MARTIR
COMO "INCANTATIO POÉTICA"
DR. Huoo RooRÍouEz - ALCALÁ
University of California, Riverside
¿Qué es tu vida, alma mía? ¿ Cuál tu pago?
¡ Lluvia en el lago!
¿ Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡ Viento en la cumbre! . ..
UNAMUNO

En lo tocante al estilo, sin perder reciedumbre, ni adustez, fluye a qui la prosa,
libre, en cambio, de las abruptas durezas
en que con tal frecuencia suele tropezar,
entorpecida, la pluma de Unamuno, y alcanza esa elegancia que s6lo la economía
confiere.
FRANCISCO AVALA

The tragic correlative most stikingly a part
of the l'lwareness of Western manwriter, reader, or indeed non-reader is the correlative
of Christ or, in a broader sense, the pattern of learning through suffering as endlessly and recurrently dramatized by Christ.

E. M. MOSELEY
(Pseudonymus of Christ in the Modern
Novel)
Estéticamente, intuímos con toda nuestra
psique, Puesta de modo automático en una
especie de via muerta, o de ensueño, o
de momentánea infancia, o de dia de domingo, es decir, en un estado hábil, no

283

�práctico, no comercial, puro,.libérrimo, iluminado. La intuición literaria, la del ensueño y la del juego infanti/, son fenóme~os
relacionados. Pero el lector sabe que suena,
sabe que sabe que juega . ..

DÁMASO ALONSO

MÁs DE UNA VEZ SE HA SUBRAYADO el hecho d e que San Manuel .Bueno,
.
.
d
l
ran
mayoría
de
las
ficciones
mártir, tiene escenario, cosa que no suce e en a g .
.
de Unamuno en que, podría decirse, el mundo exterior no existe. 1
.
El mismo autor de la novela, en el prólogo de ésta, indica ser Sanabria la
ubicación geográfica de Valverde de Luce1;1a_ y exp,lica por qué, al comion;r
la historia, imaginó una aldea de vida publica mas desarrollada ~ue a e
las que en la realidad se encuentran a orillas del lago de San Martm de Cas·' V a 1verd.e d e Lucerna
tañeda.'2 Sin embargo,' al transfigurarse en la fºicc10n,
se localiza en la jurisdicción de la diócesis de Renada. Esta c1Udad ~at:drai
licia. ya tiene nombre conocido en el mapa novelístico de Unamuno . es e ;
- d 1916 fecha de Nada menos que todo un hombre, muy anterior a a·
ano e
,
, • R
d
se recorde la redacción de San Manuel Bueno, martzr. ena a es, comO d 1916
dará, la ciudad nombrada, nada más que nombrada, ~n e~ _relato e.
.
En efecto de la Renada de los trágicos amores de Juba Yanez y AleJandro
Gómez ei autor no nos dice nada, salvo que en la ciu~ad había dos cosas
di as 'de verse: la catedral y la belleza de la pro_tagomst~.3 Esto_ n~ a~onte: con Valverde de Lucerna en los límites del mismo obispado fmg1do_- la
aldea de Don Manuel es el centro de un paisaje y el drama de sus ag?ms~as
se efectúa en un escenario constantemente sugerido en el relato, en un ambito
' Ver por ejemplo, dos análisis de la novela aparecidos con veinte .ªdñoEs de disCta~cia
'
, MARIAS,
, • en Mºiguel de Unamuno,
Madn - ' M
spasa
pe,
uno de otro:
el de JuLIAN
•
drid aEdis A 1943 pág 122. y el de FRANCISCO AVALA, en Realidad y ensueno, a ' ,
• . •, G d , 1963
·
'
p'g
102 Lo que no se h a estudºta do t odavía' que yo sepa' es como
tonal re os,
, ª ·
·
. .
• · 1 d San Manuel Bueno
Unamuno "pinta" el paisaje natural y el pa1saJe espmtua e d d
C lumbi~
, 1
xtraído de las notas de un curso a o en o
má~tir
. . El en
presiente
artlcdue º{ 9~3 , se propone estudiar la técnica empleada en la susciUmvers1ty
e verano
tación del paisaje en dicha obra.
.
.
.
, MIGUEL DE U NAMUNo, S an Manuel Bueno, mártir ,y tres historias más, Buenos A12a edición Espasa Calpe Argentina, S. A., 1945, pags. 11-12.
res, ·
'
· " d A Sá h
Barbudo
Consúltese el capítulo titulado "Impresiones ~e Sa~a_bna Ge d.
ne e;959 págs'
en Estudios sobre Unamuno y Machado, Madrid, Ediciones ua arrama,
,
.
144-147.
, ) E
• Tres novelas ejemplares y un prólogo, Buenos Aires ( quinta edicion ' spasa
pe Argentina, S. A., 1945, pág. 91.

284

e 1
a•

espacial poéticamente delimitado por accidentes geográficos cargados de sentido simbólico: una montaña y un lago.

He dicho escenario sugerido y no descrito. Esta distinción tiene importancia
esencial a los efectos de este estudio porque interesa aquí analizar precisamente la técnica del paisaje en San Manuel Bueno, mártir.
Antes de entrar, sin embargo, en el análisis de la notable virtualidad expresiva de nuestra historia, convendría anticipar dos conclusiones: la.) El
escenario de la novela se hace visible gracias a una suerte de incantatio que
consiste en la habilísima intervención de leitmotive: el lago y la montaña
de Valverde de Lucerna, ya unidos o separados en cada tema conductor; 2a. )
Al evitar lo descriptivo y adoptar lo sugestivo, Unamuno no sólo evade la
técnica del realismo, la cual le es, por más de una razón, inaceptable, sino
que lleva a cabo uno de los mayores logros poéticos de su narrativa. Y digo
esto último porque el escenario de su drama religioso cobra gradualmente
prestigios de paisajes bíblicos que, superponiéndose al que inspiró el de la
novela, transforman a éste, mágicamente, intermitentemente, en un trozo de
Tierra Santa. Se diría entonces que una luz de Oriente alumbrara el lago
de Sanabria; que éste se trocase en lago o mar de Genesaret y que la hispánica Valverde de Lucerna tuviese un no sé qué de Tiberíades o de Cafarnaúm. Por lo que nos parece ver al héroe de Unamuno, imitador de Cristo
aunque incrédulo y sin fe en las promesas del Maestro, abandonar las orillas
del lago español y avanzar entre endemoniados y tullidos a orillas del de
Galilea, acaso hacia una montaña que no es la de la Peña del Buitre sino la
del Sublime Sermón.
Y de este modo rehacemos hacia atrás la vía de una milenaria tradición,
hasta su mismo origen y, alejándonos de la España contemporánea, nos abismamos en la sima histórica rumbo a la Palestina del Nuevo, y también, como
se verá, del Viejo Testamento.
Y así, merced a esta que llamaría yo fantasmagoría poética, Unamuno infunde al escenario de su relato la máxima universalidad posible dentro del
orbe cristiano: apela a la conciencia histórica de toda la Cristiandad, despierta· en zonas acaso adormecidas de nuestra alma visiones, las más conmovedoras, de la Sagrada Escritura y superpone, de una parte, paisaje sobre paisaje y, de otra, figuras de un ayer remotísimo sobre figuras hechas como la
estofa de nuestro tiempo. En efecto, don Manuel es nuestro contemporáneo,
comparte nuestra realidad histórica de hombres del siglo XX, habla nuestro
lenguaje, usa sus tópicos, pero detrás de su angustiada figura y como doblando su perfil español, hay otra figura, menos dibujada aunque no menos presente, que como el halo a las cabezas de los santos, le acompaña. De aquí
que haya dicho arriba que el lago de San Martín de Castañeda se nos trans-

285

�.
figure
en 1ago o mar de Galilea
, y la montaña de la aldea de Sanabria se nos
convierta en Monte del Sermon.
Describir y sugerir

La Academia anota tres acepciones del verbo describir:
l. "Delinear, dibujar, figurar una cosa, representándola d~ ~º1~e~u:a~é
cabal idea de ella. 2. Representar a personas o cosas por _medio e_
3g DJ ~
. .
• e
O circunstancias.
refiriendo o explicando sus d1stmtas
partes, cualidades
.
. 1
. o dando
finir imperfectamente una cosa, no por sus predicados esencia es, sm
una idea general de sus partes o propiedades".
. ..
"
.
, n la misma autoridad, s1gnif1ca: Hacer entrar
enS:ig::~~:~eº:1~:::t:~;r:ea ó especie, insinuándos~la º,,haciéndole caer en
ella Su&lt;Terir
una buena idea; Sugerir un mal pensamiento .
d
0
•
s
trata
aquí
e tener
d f' . . , de términos tan comunes. e
Perdónese, e:a e i~~:: en rigor cuatro formas diversas de suscitar intuipresentes mas e una
'
'
J'd d
f' de que cuando
dones en el lector u oyente, de cualesquiera _rea i a e;bt:n~:-mayor claridad
se citen y comenten trozos de texto una~umano, se
sobre la índole de su técnica representativa.
.
.
1m
e
mira
al
mundo
exterior,
1
Me refiero a esta técnica especia ente en o ~u .
es decir al escenario de San Manuel Bueno, martir.
B' . 'mas como acontece que muchos lectores, completa~ente absortos en
ien .
l t
inar la pnmera lectura, que
el relato -lo cual es de esperarse- ~re~n, a erm
roli'as aclaremos ante
hay en la obra descripciones, descnpc1on~s _tal vez p / ;ea en el sentido
todo si la susodicha técnica es o no descnptiva'., aunqueltarºa, prematura antes
., d d
"bir Tal aclaracion resu
de la tercera acepcion e escn ·
•, d "cosas" en el texto
de un examen de ejemplos concretos de represent~~1on e
l )
mismo (o antes de una segunda lectura, ahora critica, de la nove a . . , de
Cabe sin embargo señalar que la diferencia entre _la tercera, ~cepcic;; . .
, .
la Academia ofrece de sugerir no es facil de eter
describir y la u~1:a que .
d 1 1
. 'n de U namuno nos mostrará que
·
U análisis detenido e a e ocucw
.
.
1;11mar. . n no describe como queda ya dicho, sino que sugiere, bien que este
el, en· ngor,
pueda menos de compart'1r algún rasgo o rasgos comunes con
sugerir suyo no
. ' define imperfectamente las reaaquel describir que, en la tercera acepc10n,
.

lidades.
t · ' alerta a
Planteado así el problema, tratemos de mantener nuest:a a encd1~nl .d y
. i.1ustren 1o ~ue nos, interesa
i ,uc1 ar.
medida que los pasajes citados abaJo
.
t bl
d d l unto de vista artístico, lo mas no a e
tengamos bien presente que, es e e p
.
·¡ . ' de plenitud reen la técnica de Unamuno consiste en que suscita una i usion
286

presentativa y que logra esto "haciendo entrar en nuestro ánimo" un escenario que en realidad nunca se define directa, detenida y ordenadamente.
Dicho de otro modo, cabe afirmar que los arbitrios estilísticos de Unamuno
fingen esa plenitud representativa gracias a una suerte de incantatio poética.
Esta incantatio poética, a medida que sus fórmulas mágicas actúan sucesivamente en nuestro ánimo, hace entrar en éste una vislumbre del escenario del
Valverde de Lucerna; luego otra, y otra y otra y, de esta manera, el escenario
se nos insinúa cada vez más rico en cualidades visuales ( y aun auditivas) hasta que caemos en él; mejor dicho, nos encontramos en él viviendo con los personajes y, por consiguiente, el paisaje tan fuertemente vivido, vive en nosotros,
es parte de nuestra vida, se incorpora definitivamente a la galería de paisajes
poéticos de nuestra memoria.
A primera vista podría parecer sencillo el procedimiento estilístico de Unamuno pero es de rigor bien complejo: la incantatio no consiste más que en
la reiteración de "fórmulas" en que las voces lago y montaña resuenan página tras página. La complejidad del procedimiento se revela en la asombrosa multiplicidad de efectos expresivos que esas palabras obtienen en sintagmas
de poderosas, cambiantes cargas conceptuales, imaginativas y afectivas cuyo
impacto en la mente del lector resulta en la intuición de un ámbito geográfico colmo y tremente de tensiones espirituales.4
Estadística de los "leitmotive"

En los 24 capítulos 5 de la historia de San Manuel Bueno, que ocupan sólo
40 páginas en la edición que tengo a la vista, la palabra lago aparece cuarenta y tres veces, dos de ellas en plural; la palabra montaña, veinte veces. Lago,
sola, está repetida diecinueve veces. Montaña, sola, aparece una única vez.
Un estudio exhaustivo de las significaciones de los leitmotive requeriría demasiada extensión: acaso más páginas, muchas más que las de que consta la
novela misma. Por eso me limitaré al examen no muy pormenorizado de los
casos más significativos.

• En cuanto al tipo de intuiciones referido en el texto, véase DÁMAso ALoNso, Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos, Madrid (segunda edición ), Editorial Gredos, 1952, págs. 38-39, 484-493. Lo que afirma Alonso es aplicable a nuestro caso, con los distingos claramente establecidos por él.
• San Manuel Bueno, mártir, no tiene, como se sabe, capítulos numerados como
acontece con otras narraciones de Unamuno. Pero, aunque no numerados, los capítulos
están señalados por espacios en blanco. Una edición reciente de la novela que el lector
podrá más fácilmente numerar en capítulos merced a sus cualidades gráficas es la de
las Américas Publishing Company, Nueva York, 1960.

287

�Retrato del protagonista.
La montaña y el lago

Leemos en la primera página: "Tendría él, nuestro santo, entonces, unos
treinta años. Era alto, delgado, erguido, llevaba la cabeza como nuestra Peña
del Buitre lleva su cresta, y había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago".
Esta es la primera mención del medio geográfico, del escenario natural de
la acción novelesca. Nótese que Unamuno retrata físicamente (y moralmente)
a su héroe comparándolo, en su complexión y postura, con la Peña del Buitre
de la montaña, montaña que aún no se dice estar ahí, pero que queda aludida. Y, en lo que mira al color y profundidad de la mirada de don Manuel,
con los del lago. El lector ignora todavía la ubicación de la montaña y el
lago. Sabe, sin embargo, cómo era don Manuel, el don Manuel de la narradora Angela Carballino y de su pueblo. Sabe también, y de manera más inferida que taxativamente revelada, que hay una relación aún no explicada
entre ~l párroco de Valverde de Lucerna, la montaña y el lago. Y esto lo sabe
gracias a la carga expresiva de los tres posesivos: "nuestro don Manuel", "nuestra Peña del Buitre", "nuestro lago". Estas tres entidades, asociadas por las
comparaciones caracterizadoras, suscitan una idea de pequeño mundo de aldea vertida sobre sí misma, de aldea ensimismada. Lo cual coadyuva ya a la
intuición, si puede decirse, embrionaria, del escenario.
De entrada, pues, se establece un vínculo sugestivo, una similitud de misterioso sentido entre protagonista, montaña y lago.
Así comienza muy pronto a movilizarse la psique del lector en rápida actividad intuitiva; la fantasía elabora la imagen de un hombre alto, erguido, de
cabeza enhiesta como la cima de una montaña, y se figura un lago -lejos,
cerca, no importa- cuyo azul y cuya hondura son como los ojos de aquel
hombre alto y erguido. La voluntad matiza afectivamente estas imágenes: aquel
hombre se presenta como poseedor de una grandeza moral sobrecogedora, capaz de fascinar a todo un pueblo, de hacer de él un pequeño mundo aparte,
de darle, si puede decirse, límites como se los puede dar una montaña y un
lago pues en él altura y hondura espirituales asumen la majestad de las creaciones inmutables de la naturaleza. El es suyo -de todo un pueblo-- como son
suyos -de todo un pueblo-- una montaña, un lago: en suma, el mundo constituídos por la aldea y su paisaje. La inteligencia se apodera de estas visiones
para darles orden, coherencia, claridad, perfil nítido.
Y tenemos ya la primera vislumbre del escenario de San Manuel Bueno,

288

mártir. Una intuición pa · 1
.
·
., d
. . . rc1a , es cierto,
aunque de gran capacidad
d
ti •
pac1on e otras mtmc1ones que, muy pronto, se suscitarán.6
e an c1Situación de V alverde de Lucerna

En el capítulo III el leitmotiv 1 lago-montaña suena dos
L
·
veces.
a primera,. para potenciar la noción del vínculo entre el santo y lo
.
.
s acc1dentes geográfico . "
y
d
,, s. · · · Y a 1os qumce años volví a mi Valverde de L
a to a ella -evoca Angela Carballino-- "er d
ucema.
con el lago y la montaña " p
l
a on Manuel; don Manuel
···
ero es en a segunda
· ·, d l •
donde la situación de la aldea d d M
l
. . apanc10n e eitmotiv
e on anue se md1ca dentro de un , f
en
I que un endecasílabo concentra' lleva en s'1, la mayorcarga d es· ifparra
., o
en (~:a ~:i~:~ª:;:é~:~rrió en la primera cita: recuérdese el ;~e~::~:i:;

toda la hondura azul de nuestro la;o.)

Pero regresemos al capítulo III
d
,
leitmotiv. "
p
'l
, Y, en~ro de el, a la segunda aparición del
. . . . orque e no quena ser sino de su Valverde d L
su aldea perdida como broche entre el lago y la mo t e ~cerna, de
Ah
n ana que se mira en él"
vació~r;é:!=~~:

!~;::

;;t;i~~:;li;:,spectivamente, aldea, lámina azul y ele~

como un broche entre el lago y la montaña.

Adgrega Unamuno_ a la indicación "situacional" de la aldea otra m·dº . , .
la e que la montana se m·Ira en e1 1ago Y esto no 'l
,
1cac10n.
ºb
vista más sobre el pa·s .
.
.
so o contri uye con una
mamiento del mundo ~t~atm~ q~e ~efuerza nuestra intuición del ensimisdura, se abisma en ella.
ver e e ucerna: la altura se refleja en la honSabemos, también desde un comienzo, aunque esto no sea mucho
lag,? y esa montaña ( cuyas formas nosotros debemos imaginárnoslas' que ese
panoles. Nada ha metamorfoseado , l . ,
) son es"d
aun as rmagenes que de ell
h
I o muy por nuestra cuenta forºando
dº
os nos emos
se ha ido desarrollando. El paisaje q:;~ ida que el relato, hasta este punto,
ay en nuestra mente es un paisaje
• Ver lo dicho respecto al citado libro de D,
Al
' L
1b l .
.
amaso onso en la nota 4
a pa a ra e1tmotw aparece en este traba.o
,
. .
ral. Esto se debe a que lago y m t - f
J ' se~un los casos, en smgular o en pluon ana orrnan un leitmotiv único
pa1ab ras se separan y constituyen ¡ •, t. . d
, pero, a veces, las dos
ºfº
mo we m ependientes tal
¡¡
n icario con el texto de la novela ¡
.
.
, . corno e ector puege vea a vista, en vanos pasaJes.

e,

289
H19

�•
peninsular. Lo hemos forjado con la exactitu~ y ri~ue~~ proAp:;~t:~:;o:u:;~
E ~
1 oder de nuestra 1IIlagmac1on.
tro saber de spana Y a P
.
d sde el principio de este estudio,
cómo el paisaje, conforme lo anunciamos e
se metamorfosea.
Primera "palestinización" del
escenario: capítulo IV

El capítulo IV comienza de este modo:

Maestro rodeado de la muchedumbre intimidada, hipnotizada por el magnetismo de su presencia. Pero donde la imitación no de Cristo por el protagonista sino del estilo del Nuevo Testamento por el escritor exhibe formas sintácticas inequívocas, es en la frase siguiente a la citada. Y esta frase, que no
accidentalmente encierra el leitmotiv del lago, dice literalmente:
"Con lo que creció su fama, que atraía a nuestro lago y a él todos los enfermos del contorno ... 8
Otra vez don Manuel, el lago y
la montaña. Y el espacio
·

del año, solían y suelen
En la noch e de San Juan ' la más breve
.
p
hombre-

acudir a nuestro lago todas las pobres mu7erucas, y no ocolso son sino
,d
d
· dos y parece que no
cillas, que se creen posei ~:' e_n emo~:n Manuel emprendió la tarea de
histéricos y a las veces epi epticos, y
. . l
.
po
hacer él de lagoi de piscina probática, y tratar de aliviar es y si era
•
sible de curarles.

.
d estos oseídos de estos endemoniados, ¿ no
La aparición a orillas del lago e. 1 ~ t .. 'n' de otro laao de otros per. · no nos suscita a m mc10
t&gt; '
insinúa ya otro pa1saJe,
b V l d de Lucerna. esta es la noche
sonajes? Han caído las so:11bras so re a vt v:rón acosad; por la turba dode San Juan, la noche milagrera. y el san ºarece e~guirse cabe el primer lago
liente, miserable y quejumbrosa, ya n?dnosdpl ·elo sino próximo al rumor de
.
. d
h
n vagas luces ca1 as e ci ,
imagma o, a ora co
h d, de la tierra y en otra parte
llena otro vasto on on
.
d
otra masa e agua que
l .
laao intuído en un comienzo,
.
vemos
sobreponerse
a
primer
t&gt;
T
de la 1erra: ya
•, b'blica se nos dice que
G n
y ara reforzar 1a i.1us10n
i
'
el lago o mar de a i_ea.
p d h
'l de lago de piscina probática ... "
don Manuel "empren~1ó 1~ tarea . ; acer :aor es i:na correlación) entre el
La extraña, sugestiva vmculac1~n (en t&gt;d las dos únicas realidades conshombre y el lago, entre el protagodmslta y una_ e potencia con la conversión
· t realidad e escenario, se
titutivas d e 1a ya vzs ª
,
h
h ce él lago y entonces una
, . d
'l n éste. el heroe a ora se a
.
.
metaforica e aque e . .
l
t fantasía palabras adelante, hacia
referencia bíblica más directa sop ªs nlues ,ra ·t· de '1a piscina de los prodigios.
,
lo de a omon s1 10
1T
la misma Jerusalen y el
·,n del esce~ario se refuerza aún más, rengloAhora bien, esta pa estm1zac10
nes abajo. Veámoslo:

:~P

. de sus mira
· d as, y tal sobre. todo
la
y era tal la acción de su presencia,
ué mi-

dulcísima autoridad de sus palabras ~ sobre todo :e :u voz - , q
'
que consiguió curaciones sorpren en es . ..
l agro de v Oz.-

He aquí al Imitador de Cristo d el pueblecito español asumir el perfil del

290

La cuarta vez que el consabido leitmotiv cumple su cometido de creador
de escenario merece especial atención. Esta vez se diría que la intención de
Unamuno fuese suscitar una intuición de espacio de gran amplitud. En efecto, ahora, lago y ·montaña, conceptos de muy compleja carga psíquica, se
asocian de nuevo al protagonista o, mejor, a la voz del protagonista. El resultado intuitivo de esta asociación será en la mente del lector un ancho, un
grave, un misterioso panorama. Veremos entonces la dormida superficie del
lago y la base inmoble de la montaña contener en el ámbito por ellas limitado,
como se contiene algo material y tangible, la voz de don Manuel hecha canto
sagrado. Dicho esto así y sin tener a la vista el respectivo pasaje resulta acaso
ininteligible. Pero el pasaje será pronto citado. Sigamos, pues, anticipándolo.
El canto de don Manuel, merced a la maestría estilística de Unamuno, se
va a "patentizar" ante el lector como una larga, inmóvil nube flotante dentro
del espacio abierto entre la montaña y el lago.
El pasaje dice:
Su maravilla era su voz, una voz divina, que hacía llorar. Cuando al
oficiar en misa mayor o solemne entonaba el prefacio, estremecíase la
iglesia y todos los que le oían sentíanse conmovidos en sus entrañas. Su
canto, saliendo del templo, iba a quedarse dormido sobre el lago y al
pie de la montaña. 9

Adviértase lo curioso de esta nueva v1s1on del mundo exterior que el escritor suscita. El canto religioso, algo intangible, incorpóreo, mero temblor en
el aire, sale de la iglesia, va a situarse tal como si se hubiese corporizado y,
por consiguiente, hecho visible, sobre el lago. Lo concebimos entonces provisto de color como un trazo largo de vapor acuoso y estremecido. Y así, ante
• Véase como posible modelo estilístico de Unamuno, San Mateo, 4, 2-6.
• Capítulo JV, página 30 de la edición mencionada en nota 2.

291

�•

nosotros y contra un cielo no nombrado pero presente, el canto visibilizado,
espacializado se constituye en nueva entidad (dos veces sensible) de paisaje:
la voz se hace parte del panorama, por decirlo así, espacio, adquiere perspectivas, es cosa. O, si se quiere, es espiritualidad cosificada, poéticamente cosificada.
No tratemos de desentrañar inequívocamente el sentido de bellísimo paisaje. Nos interesa más que nada el efecto visual que obtiene. Y subrayemos el
hecho de que logro tan sugestivo se verifica gracias a una nueva asociación
de los tres ingredientes, digamos, utilizados en éste y en otros pasajes, en la
suscitación del escenario: protagonista, lago y montaña.
El pueblo y el lago

Líneas después del pasaje arriba citado y al parecer otra vez el leitmotiv
del lago, nuestra atención de lectores no va a concentrarse en el protagonista
mismo. Ahora el pueblo y el lago serán términos de una comparación que nos
hará visible el efecto que la vehemente religiosidad del santo produce en sus
feligreses. Por esto digo que nuestra atención no se polarizará hacia don Manuel aunque el vínculo entre éste y el lago no quede, en rigor, suelto. El pueblo entero será como el lago. Mejor dicho, el pueblo, bajo la tormentosa pasión del sermón del santo, será como el lago bajo el azote del cierzo:

Y cuando en el sermón de Viernes Santo clamaba aquello de: "¡ Dios
mío, Dios mío!, l por qué me has abandonado?", pasaba por el pueblo
todo un temblor hondo como por sobre las aguas del lago en días de
cierzo de hostigo. Y era como si oyesen a Nuestro Señor Jesucristo
mismo ...

Henos, pues, aquí con una nueva intuición del ya "conocido" paisaje: la comparación, en su segundo término, nos la ofrece. Claro que este lago no es
ya el de azules aguas en paz que imaginamos antes, sino uno de frías, de encrespaqas, de violentas y oscuras olas. Radicalmente ha cambiado el escenario en !~ que mira a color y hasta en temperatura: el paisaje ahora es invernal. Hemos asistido por unos segundos a un cambio de estación, aunque, recordemos, el Viernes Santo se solemniza en primavera. La comparación, no
obstante, nos hace intuír lo ya dicho: el lago de Valverde de L~cerna en plena
invernada.

El pueblo (la voz del pueblo)
Y la montaña

En el capítulo V Unamuno congrega a todo el pueblo de Valverde de Lu
cerna. par~ emple~r con nuevo efecto -digamos- el sortilegio poético d~
los leitmotwe. Veamoslo:
En el pueblo todos acudían a misa, aunque sólo fuese para oírle
por verle e~ el altar, d~nd~ !arecía transfigurarse, encendiéndosele
rostro. H~bia un santo e¡ercicto que introdujo en el culto popular y es
que,
reuniendo
en el. templo a todo el pueblo, hombres y mu¡eres,
·
·
.
·vieJos Y nznos, unas mil personas, recitábase al unísono en una sola voz
el.Credo: "Creo en Dios Padre Todopoderoso, Cread:r del Cielo y de la,
Tierra
·
y no era un coro, sino una sola voz una voz
.
· · · " Y l O que sigue.
stmple Y unida, fundidas todas en una y haciendo como una :no t cuya cumbre, perdida a veces en las nubes, era don Manuel. . .
n ana,

;i

Vim~s antes que don Manuel "llevaba erguida la cabeza como nuestra Peña
del ~mtre llevas~ cresta", y que en los ojos del párroco había "toda la ondura
azul, del lago; v1m?s luego. 4,u~ don Manuel hacía él de lago para con los
pose1dos y endemomados, h1stencos o epilépticos; más tarde, que los Viernes
:~ntos, p~saba sobre
pueblo un temblor como sobre las aguas del lago en
{~ d~ c1:rzo, de hostigo. y ahora vemos que la voz del pueblo, al recitar
e re º', ac1a como una montaña cuya cumbre. . . era don Manuel y si
en el capitulo IV -agreguemos completando nuestra recapitulación- ia voz
d~ don Manuel _salía del templo e iba a quedarse dormida sobre el lago y al
P1~ de la montana,
en el capítulo V, es la montaña la que sale del paisaJe ~ue, Pº~ 1~ fe poetica, es movida e instalada en el templo (en instantánea
hazana faraomca) ; no sólo toda su mole se coloca y yergue podría decirse
sobre el corazón de la levítica aldea·• el lago va a seguir
· 1e en 'pos.
'

e!

ª~º:ª,

La voz del pueblo como lago

y al ;;egar a lo de "creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable , la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la
d~l pueblo todo, y era que él se callaba. y yo oía las campanadas de l
villa que se dice aquí que está sumergida en el lecho del lago -campa~
nadas que se
. dice también se oyen en la noche de S an Juan- y eran
las de la villa sumergidas en el lago espiritual de nuestro pueblo; oía

292

293

�la voz de nuestros muertos que en nosotros resucitaban en la comunión
de los santos.
¡ Qué utilización prodigiosamente expresiva de las dos únicas realidades
cuyo mágico barajar poético ya ha creado antes el paisaje y ahora sirve para
simbolizar, por un lado, las emociones religiosas y la secreta angustia del pastor y por otro la vida de todo su rebaño en los momentos de más entrañable
' '
'Obsérvese que ni aquí Unamuno desvincula a su héroe de la
espiritualidad!
montaña y el lago, aun cuando éste y aquélla han dejado de ser entidades
físicas para trocarse, por decirlo así, en puras imágenes.
A esta altura de nuestro comentario ya podemos caer claramente en la cuenta de que el mundo de Valverde de Lucerna ha adquirido densidad, realidad,
sustancia, en virtud de la intrincada red de relaciones establecidas de una
parte, entre don Manuel, el lago y la montaña y, de otra, entre el pueblo como
masa, como entidad colectiva, y don Manuel. Este podría decir, parafraseando
la famosa sentencia de Ortega: "'Yo soy yo y Valverde de Lucerna, el lago y
la montaña".
El Héroe de Unamuno y del
Viejo Testamento

Ahora el Viejo Testamento, por vía de comparac10n y de alusión, va a
ejercer sobre el relato su enorme poder sugestivo. Unamuno recurre al milenario texto del Deuteronomio y, dentro de él, al episodio más dramático, para
hacer más patética la figura del héroe cuya santidad escondía caritativamente el escepticismo y la desesperación.
Bien se recuerda que don Manuel, en esta vida, "no espera en Cristo". Morir para él ha de ser la extinción de su conciencia, el total, absoluto anona'
' hay allende esta vida otra perdurable, como asegura el Credo
damiento.
No
y como prometía el Cristo. He aquí el secreto que explica, por un lado, la
desesperación del protagonista y, por otro, su caridad activa. Su caridad, conforme a la teoría de Unamuno, es compasión por los que también van a morir y no verán jamás la Tierra Prometida. De aquí que el pueblo todo necesite, para seguir viviendo, el consuelo de una fe fingida, el espectáculo de un
viviente testimonio que es Don Manuel y su simulada creencia en la resurección de la carne y en la vida perdurable. Gracias a esta fe fingida, se mantiene y depura la fe ingenua de los feligreses. Para éstos es la religión un opio
consolador del trágico, inevitable destino.
Bien: la comparación de que será objeto don Manuel en medio de su pueblo con otro héroe del Viejo Testamento infundirá, como queda anunciado,
un mayor patetismo en el protagonista. Y este patetismo, a su vez, se proyec294

tará sobre el mundo que a don Manuel rodea, al escenario físico y espiritual
del relato.
Tal efecto -efecto reflejo, entiéndase bien- se ha de producir en la psique
del lector por inconscientes procesos de la fantasía. La montaña de Valverde de
Lucerna se perfilará entonces bajo una nueva luz o, mejor dicho, será en rigor
otra, y no ya como la del Sermón sino como la que se yergue "enfrente de
Jericó". Mas todo esto no ha de ocurrir, insisto, en una zona lúcidamente racional de nuestra alma sino en una de asociaciones oscuras de conexiones
.
.
'
1mprec1sas, borrosas como las de los sueños.
Leamos, pues, con estas aclaraciones previas, dos pasajes del relato. Uno y
otro se encuentran, respectivamente, en los capítulos V y XX:
Después, al llegar a conocer el secreto de nuestro santo -cuenta Angela Carballino- he comprendido que era como si una caravana en
marcha por el desierto, desfalleciendo el caudillo al acercarse al término de su carrera, le tomaran en hombros los suyos para meter su cuerpo sin vida en la tierra de promisión.

La alusión a Moisés es evidente: don Manuel, por no creer es privado,
como el caudillo de los primeros libros de la Biblia, de entrar en la tierra de
promisión. El pueblo de Valverde de Lucerna -sus feligreses- en cuya voz
colectiva se zambullía la suya como en un lago al llegar el momento de profesar en el templo la creencia supremamente consoladora, tenía que tomarlo
en hombros y "llevarlo", como sin vida, hasta el final de la plegaria.
Pero es en el capítulo XX donde la alusión se convierte en referencia taxativa al caudillo hebreo. El párrafo que voy a citar pertenece al episodio de la
confidencia que a los hermanos Carballino, Lázaro y Angela, hace don Manuel en su lecho de muerte:
Recordaréis que cuando rezábamos todos en uno, en unanimidad de
sentido, hechos pueblo, el Credo, al llegar al final yo me callaba. Cuando los israelitas iban llegando al fin de su peregrinación por el desierto,
el Señor les dijo a Aarón y a Moisés que por no haberle creído no meterían a su _pueblo en la tierra Prometida, y les hizo subir al monte de
Hor, donde Moisés hizo desnudar a Aarón, que allí murió, y luego subió
Moisés desde las llanuras de Moab al monte Nebo J a la cumbre del Fasaa
b J
enfrente de Jericó, y el Señor le mostró toda la tierra prometida a su pueblo; pero diciéndole a él: "No pasarás allá" y allí murió Moisés y nadie
supo su sepultura. 10

'º Ver Deuteronomio, 34, 1-16.
295

�. No se insinúa en nosotros lectores una conexión entre el monte Nebo Y su
~umbre del Fasta con la montaña de Valverde de Lucerna y su Peña del Buitre? Don Manuel tiene algo en común con Moisés; éste miró de_sde una cumbre la tierra prometida; aquél y su montaña y su cumbre han sido tantas veces relacionados . ..
Analícense por tanto la multiplicidad de intuiciones con que el autor enciende nuest:a psique ahora que a la luz de estos pasajes se puede vislumbrar
el secreto de la incantatio a que se nos ha sometido. ¡ Qué ~iqueza de s~g:s•
tión en este calidoscópico manejo de "elementos representativos" de ya1saJe,
de número éstos, en verdad tan reducido! Obsérvese c~mo la mon~~na _Y su
Peña del Buitre ya no están, en cierto modo, en Sanabna o en la d1oces1s de
Renada, cabe el lago, ni ya en la Galilea de hace casi dos mil años, sino en
un panorama muchísimo más antiguo: es aq~éll~ aho~a un monte que domina la llanura moabita y que se nos desd1buJa baJo resplandores transmundanos.11
Montaña, lago y cielo

Pasemos a examinar en el capítulo IX, el siguiente episodio: Angela Carballino pone a don M~uel, en lo que mira a las creencias de éste, entre la
espada y la pared. En efecto, la feligresa y discípula ~r~gunta al sacerdote
"mirándole derechamente a los ojos", si hay o no hay mf1emo.
y el santo escéptico, que no quiere decir ni sí ni no, se escapa por la tangente y, mirando al cielo, a la montaña y al lago, tras dos breves contrapreguntas, evade de este modo la respuesta:
-Cree en el cielo, en el cielo que vemos. Míralo -y me lo mostraba
sobre la montaña y abajo, reflejado en el lago.

hacemos indirectamente presente el escenario y dejamos a nosotros la tarea
de representárnoslo en su amplitud y colorido. Vemos así nuevamente cómo
Unamuno no desaprovecha ocasión de seguir sugiriendo, o, si se quiere, de
seguir sugestionando.
¿ Cómo no va a ir entonces estructurándose progresiva y "sólidamente" en
nuestra psique ese mundo exterior sobre el que los personajes vuelcan, de una
manera u otra su vida interior? La "solidez" a que me refiero no puede menos de suscitarse porque tanto la montaña como el lago -y ahora el cielo-son, además de símbolos de lo real, de lo estadizo, de lo permanente, la querencia obsesivamente expresada de los protagonistas. 12

El hermetismo del mundo de la ficción

En su estudio de San Manuel Bueno, mártir, afirma Julián Marías "que
es decisiva para Unamuno la existencia de un mundo de ciertas condiciones
de una determinada circunstancia espiritual y" -agrega "aun física, para la'
realidad de las vidas que aquí le importan1'.
Según el mismo crítico, "Unamuno, por primera y única vez en toda su
obra, supera la abstracción del yo y lo instala realmente en un mundo: y,
como era de esperar, no en un mundo de cosas sino en el mundo de la persona. La persona en su mundo, insistiendo en el su, podría ser la fórmula de
la estructura de esta novela". 18
Nada hay en mi juicio que rectificar en las aseveraciones de Marías, excepto el hecho de que no es San Manuel Bueno, mártir el único caso en que
Unamuno "supere la abstracción del yo". Recordemos El marqués de Lumbrías. Si analizáramos detenidamente esta narración advertiríamos que el marqués y su familia (tal como don Manuel y sus discípulos) viven también en
un mundo no por más pequeño menos mundo: el de la casona cuya blasonada
fachada da a la plaza de la Catedral, y a cuya espalda "gruñe en el congosto
de su cauce" un río. La técnica de esta "novela ejemplar" es afín a la de la
que nos ocupa en lo que atañe al empleo de leitmotive para suscitar y potenciar la representación del escenario.

Don Manuel incita a su discípula, con esta evasiva, a aceptar como verdad
la bella mentira de
... "ese cielo azul que todos vemos".
Esto, a mi juicio, resulta evidente por lo menos_ en un sentido: la r:spuesta
implica el consejo de no cuestionar ~a fe, la fe 1~genua, la que prescmd~ d~
teologías. Pero el pasaje mismo nos mteresa aqm desde otro punto de vista.
el hecho de que exhibe una vez más el arbitrio de que el autor se vale para

Ahora bien, de Marías nos interesa aquí la observación según la cual el
mundo de San Manuel "no es un mundo de cosas sino mundo de la persona".
Y, sobre todo, la acertada síntesis de sus asertos anteriores: "La persona en

11 Hay en San Manuel Bueno, además de otras alusiones bíblicas, unas "Bodas de
Caná", cuyo comentario paso por alto. En estas "Boda~" ~¡ I_ago ent~ro. es lo que el
párroco quisiera convertir en vino y no el agua de las seis tmaJas que md1ca San Juan,
2, 1-11.

,. Esta simbolización de lo permanente en lago y montaña se sugiere en el capítulo
VIII, pág. 37 y, sobre todo, al final del capítulo XV, págs. 48-49. Según vemos en la
página 49, ni el lago ni la montaña forman parte de la historia.
" Miguel de Unamuno, Madrid, Espasa Calpe, S. A., 1943, pág. 122.

•

296

297

�su mundo, insistiendo en el su podría ser la fórmula de la estructura de esta
novela" .14
El mágico manipuleo de los leitmotive confiere realidad plena de mu~do
al setting de la novela tocante a lo físico y también a lo espiritual. (Lo físico
que en ese ámbito existe, entre paréntesis, es d~ lo más físico, -:la piedra en
la montaña, por un lado y, por otro, una realidad aunque líquida Y evaporable no por eso pasajera en la vastedad de su volumen: el agua del lago)•
Lo intearador de mundo en estos dos únicos ingredientes físicos de la circunstancia ionsiste en la hiperespiritualización a que son sometidos en los múltiples
usos estilísticos ya comentados.
Para ilustrar mejor lo dicho, observemos en el siguiente pasaje cómo Unamuno vio-oriza
los vínculos existentes entre lo personal
y lo circunstanto
o,
o
.
.
dicho de otro modo, la correlación, la interdependencia de persona1es y contorno. En el pasaje de abajo es a Angela Carballino a quien vemos absorta en
el paisaje de su aldea en forma tal que sin este paisaje ella no puede ser, se
. Unamuno, " se ah oga" .
siente ella insuficiente, indigente 15 o, como dice
Fui unos días invitada por una compañera de colegio, a la ciudad, Y
tuve que volverme, pues en la ciudad me ahogaba, me fal!aba algo,
sentía sed de la vista de las aguas del lago, hambre de la vista de las
peñas de la montaña; sentía, sobre todo, la falta de mi don Manuel Y
como si su ausencia me llamara . . .

Este mundo físico tan repetidamente asociado, en especial, a don Manuel
¿ obedece a un propósito de caracterizar al héroe atribuyéndole calid~des ?ºr
encima de las comunes y corrientes? La respuesta la hemos dado, afirmativa,
antes al comentar el primer esbozo del retrato del párroco.
Cabe aquí subrayar ahora que la consistencia del mundo de don Manuel
y sus discípulos estriba en forma no desdeñable en estar aquel mun~o se~arado del resto del universo: de la ciudad, de las otras aldeas, de Espana, bien
que asimilado a otro que no pasa (porque_ya es pasado), y que, da_fijez~:
el de la Biblia. El de Valverde de Lucerna es un mundo hennetlco, sm mas
dimensión horizontal que la abarcada por la aldea, el lago y la montaña. En
efecto, se adivina que al menos para la mayoría de los feligreses ~e don Manuel, aparte de la susodicha dimensión, sólo existe otra: la vertical, pr?yectada hacia arriba; hacia el cielo; y hacia abajo, .hacia el seno de la tierra,
adonde regresa el polvo de que están hechos.

1:

" Sobre la idea de circunstancia, véase al libre de JuLIÁN MARÍAS, Ortega. Circunstancia y vocación, Madrid, Revista de Occidente, 1960, págs. 377-439.
.
,
,. Véase la teoría de "el ser indigente" en ÜRTEGA Y GAsSET, ¿ Qué es /1losof1a? Madrid, 1958, capítulo X, págs. 22 y siguientes.

298

Los personajes centrales -especialmente don Manuel, Angela Carballino y
su madre- viven inmersos en su mundo hermético. Es más, ese vivir inmersos en la aldea, su lago y su montaña, en obstinada reclusión, es un afán exclusivista que en la madre de Angela se expresa en un p¡urito de prolongar, de
algún modo, aun después de la muerte, la contemplación indefinida del lago
y la montaña. Veámoslo:
Por entonces enfermó de muerte y se nos murió nuestra madre, y en
sus últimos días todo su hipo era que don Manuel convirtiese a Lázaro,
a quien esperaba volver a ver un día en el cielo, en un rincón de las
estrellas donde se viese el lago y la montaña de V alverde de Lucerna.
Ella se iba ya, a ver a Dios.
A ver a Dios, pero no a dejar de ver su paisaje. Pero olvidemos ahora lo que
ven, van a ver o quieren ver los personajes y pensemos en el lector o, mejor,
en lo que Unamuno invita al lector a ver, y preguntémonos: ¿no está invitándonos el poeta a ver, desde otro ángulo, literalmente desde las estrellas,
ese paisaje, allá, muy abajo?
Y no sé por qué pensamos entonces en el trasabuelo del Dante, en Cacciaguida, que desde el Paraíso aún quisiera contemplar, inmutable la Florencia
de su tiempo:
Fiorenza, dentro dalla cerchia antica,
ond' ella toglie ancora o terza e nona,
si stava in pace, sobria e pudica. . .

(Paradiso, XV, 97-99).
Otra vez don Manuel y el lago

En el capítulo XII, Lázaro, el librepensador progresista, y don Manuel, el
sacerdote incrédulo, se han hecho muy amigos. Los dos van a menudo "de
paseo, orilla del lago, hacia las ruinas, vestidas de hiedra, de la abadía de los
cistercienses".
La personalidad de don Manuel ha impresionado profundamente a Lázaro,
hasta el punto de desvanecer sus prevenciones de progresista. En el pasaje
que voy a citar abajo hay un diálogo entre Lázaro y su hermana acerca del
párroco. El diálogo se verifica en la casa de los hermanos.
-Es un hombre maravilloso -me decía Lázaro- . Angela Carballino es quien habla. Y a sabes que dicen que en el f ando de este lago hay

299

�una villa sumergida y que en la noche de San Juan, a las doce, se oyen
las campanadas de su iglesia.
-Sí -le contestaba yo-, una villa feudal y medieval . ..
-Y creo -añadía él- que en el fondo del alma de nuestro don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se
oyen sus campanadas.
-Sí -le dije-, esa villa sumergida en el alma de don Manuel, ¿y
por qué no también en la tuya?, es el cementerio de las almas de nuestros abuelos, los de esta Valverde de Lucerna. . . ¡feudal y medieval!

Vamos a pasar por alto el comentario de la leyenda que Unamuno hace
inteivenir en su relato aunque su valor sugestivo represente importantísimo
papel.
Tampoco comentaremos los arbitrios de caracterización que de modo directo e indirecto actúan en este pasaje. Otra cosa nos interesa más que nada
aquí; es ésta: el paisaje sublacunar, digamos, que se nos sugiere. Se nos invita, en efecto, a imaginar el fondo del lago con la villa en él cubierta por
la masa líquida, visible la villa bajo el son cuando, en el cenit, hace refulgir
la transparencia de las aguas sosegadas.
Una morosa reverie multiplicaría las intuiciones de esa villa sumergida -casas, calles, la catedral sonora, etc.- ya propiciadas capítulos atrás, como al
caer una piedra sobre ese lago los círculos luminosamente concéntricos rizarían en dilatados avances, el cristal.
Anotemos, de pasada, una nueva asimilación del lago y de don Manuel,
es decir, del fondo de aquél y del fondo del alma de ésta. Y, la misma cosa,
en lo que atañe al otro personaje, a Lázaro Carballino.
Transformaciones del escenario: blancura
de invierno sobre el paisaje

La madrugada en que don Manuel, vuelto ya Lázaro al seno de la iglesia
( en apariencia, al menos), da a éste la comunión, montaña y lago, una vez
más, están presentes en comparaciones que ayudan a diseñar física y emocionalmente al protagonista:
Y llegó el día de su comunión, ante el pueblo todo con el pueblo todo.
Cuando llegó la vez de mi hermano pude ver que don Manuel, tan blanco como la nieve de enero en la montaña y temblando como tiembla
el lago cuando le hostiga el cierzo, se le acercó con la sagrada forma en
la mano, y de tal modo le temblaba ésta al arrimarla a la boca de Lá-

300

zaro, que se le cayó la forma a tiempo que le daba un vahído. Y fue mi
hermano mismo quien recogió la hostia y se la llevó a la boca. Y el
pueblo al ver a don Manuel, lloró diciéndose: "¡ Cómo le quiere!" y
entonces, pues era la madrugada, cantó el gallo. (Capt. XIII).

Considérese lo que con los aquí llamados leitmotive logra Unamuno: no
me refiero sólo a ese continuo poner ante la mirada del lector el medio circundante a la tragedia, medio que ahora aparece emblanquecido de nieve
gracias a la feliz comparación. (Esta transfiguración invernal del paisaje nos
interesa, dicho sea de paso, por ser un ejemplo más de la técnica representativa indirecta del escritor). Me refiero a lo que completa el cuadro de esta
madrugada de extraña unción en Valverde de Lucerna, entre el lago y la
montaña: el "retoque evangélico" que presta al cuadro su ambivalencia pictórica. Esto es: la mentada superposición de escenarios; un aquí, contemporáneo, el de Valverde de Lucerna; y un allá, milenario, de Jerusalén. 16
Resumen

Reducida a breve fórmula, la técnica del escenario de San Manuel Bueno,
mártir, consiste en una incantatio operada por leitmotive que son las palabras lago y montaña, ya juntas, ya separadas, según los casos.
Los leitmotive actúan trayendo consigo comparaciones, "imágenes" y alusiones. Las comparaciones vinculan al protagonista y otros personajes con aspectos del mundo físico circundante. O suscitan sugestiones bíblicas, las cuales, a su vez, metamorfosean ese mundo físico (y espiritual). Entonces, la
montaña de Valverde de Lucerna tiene un no sé qué de la del Sermón de
Cristo; el lago de la aldea, por otra parte, cobra también un no sé qué del
lago o mar de Galilea. Y algo parejo acontece con los personajes de la novela
cuya semejanza con figuras de la Biblia se sugiere y muestra más de una vez.
El resu1tado de esto es lo que he llamado la palestinizqción y la ambivalencia pictórica del escenario.

•
El leitmotive es un recurso frecuente en la obra de Unamuno. El escritor
se complacía en repetir, en insistir. Hay leitmotive -para citar una obra bien
conocida en varios idiomas--- en Niebla. Era Unamuno un repetidor de ideas,
1
•

Ver San Mateo, 26, 69-72; San Lucas, 22, 54-61; San Juan, 18, 17-27.

301

�de temas, de opiniones propias y ajenas. Y con expres1on no elogiosa, debe
añadirse que resultaba frecuentemente machacón.
En su San Manuel Bueno, mártir no acontece tal cosa. La tendencia a veces viciosa de su elocución se vuelve excelsa virtud estilística. Y lejos de incurrir en machaconería su estilo logra una prodigiosa incantatio poética.
University of California
Riverside, California

Sección Tercera

HISTORIA

302

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�HACIA UN NUEVO DERECHO INTERNACIONAL DE LA PAZ
LIC. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

NUNCA COMO AHORA NUEVAMENTE se ha planteado el problema tradicional de
la Fuerza y el Derecho, a nivel tal, que vemos cómo se encuentra mortalmente
comprometido el porvenir del Hombre. Resultaría prolijo enumerar todas las
causas que han producido esta situación, pero es indudable que entre los factores p'rincipales está el notorio progreso que se ha venido operando en el
campo de la moderna civilización técnica, lo que ha producido una revolución en todos los órdenes de la vida humana.
En tanto que el hombre avanza por la senda del progreso científico, paradójicamente, se encuentra ante una crisis de los valores y principios que han
sustentado su vida en lo moral, social y cultural. En esta etapa de transición
se destaca de manera preponderante el Derecho Internacional si se toma en
cuenta que en las circunstancias actuales de la Humanidad, ésta se encuentra
colocada en un plan eminentemente internacionalista, por no decir universalista y que, por tanto, corresponde a este Derecho el realizar no solamente
las tareas jurídicas de relación ordinaria entre los Estados, sino que en esta
ocasión tiene una misión por demás importante: lograr el aseguramiento de
la paz, pero de una paz dentro de las nuevas circunstancias y que, lejos de
ser sólo una fórmula más, constituya un conjunto de normas que puedan salvaguardar la vida misma del hombre.
Son advertibles los esfuerzos -los nobles esfuerzos- por convertir al Derecho Internacional en "esa alta técnica de la concordia" de que habla Ortega y Gasset, que no es otra cosa que la realización de la justicia social internacional; o sea "aquella que no se funda directamente en un conjunto de
relaciones pacticias de miembro a miembro, sino que se deriva de las exigencias de la vida social, de la comunidad y del bien común.'
i

JosÉ MA. DIEZ-ALEGRÍA, Presupuestos Etico-Sociol6gicos del Derecho Internacional

455

�La crisis señalada anteriormente se refleja en forma natural en el Derecho
Internacional, atribuíble también a múltiples causas; sin embargo, lo cierto
es que resulta imposible negar la existencia de un ordenamiento jurídico de
reconocimiento entre las naciones que a través del tiempo ha permitido una
vida de relación, la que si bien en determinados momentos de la historia ha
sido precaria y, en otros, por desgracia, la guerra ha servido para violar principios y normas jusintemacionalistas, no por ello ha dejado de tener indudables
muestras de vigencia., Así, en realidad, resultan inoperantes, tanto la incomprensión como las críticas acerca de la eficacia del Derecho Internacional ante
los complejos problemas que la fuerza suscitara en el pasado, así como los
definitivamente graves de lo porvenir, lo que resulta irrelevante ante la carencia de otros medios que hayan podido prevenir el empleo siemp're creciente
de la guerra. Amén de su naturaleza intrínseca, tan cercana al hombre, no
&lt;lebe olvidarse que el Derecho Internacional ha hecho permisible el que la
vida de relación entre los Estados se haya canalizado dentro de cauces más o
menos jurídicos -pero jurídicos, al menos, cuando no imperó la fuerzaenmedio de serias turbulencias y, por último, es necesario el reconocimiento
de su valor como posibilidad para la salvaguarda de la propia supervivencia
humana.
La crisis del Derecho Internacional -como así lo ha advertido algún
autor-, no es solamente privativa de tal Derecho, sino que es común a todas
las manifestaciones jurídicas, ya que en ninguno de los casos existe crisis en
el sentido de falta de normas, éstas siempre existen por ineludible necesidad.
ciPero es que al hablarse de crisis se hace referencia a un ordenamiento jurídico con existencia histórica y características determinadas; en lo nacido
en el estado moderno y que llega en la actualidad a la etapa de su evolución
dialéctica, la crisis actual que comienza a gestarse con la aventura napoleónica pues en tal se abandona una metafísica de la fuerza para ser dominada
por una física de la fuerza. La técnica política y mecánica escapa al hombre
haciendo imposible el control de la fuerza y determinando con el miedo la
sumisión a la física de la fuerza". 2
Existe, además, el hecho de que si el hombre no cree ya en el Derecho, esto
se debe a su desilusión nacida de los fracasos y de las experiencias amargas
del pasado. Todavía conserva el recuerdo de la Sociedad de Naciones y en
nuestros días, no deja de observar, con angustia, las dificultades, los intentos
fallidos y los graves problemas que encara la Organización de las Naciones
Unidas en su lucha por la paz.
Público. Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional,
pág. 17, vol. II.
2
!bid. Antonio de Luna. págs. 430 a 468.

456

Cabría formularse la pregunta acerca del por qué debe atribuírsele exclusivamente al Derecho Internacional la grave responsabilidad de hacer de la
paz una institución salvadora de la misma ~atendiendo a que la paz está
seriamente amenazada-, cuando es indudable que podría haber otros medios
que tal hicieran, pero es que la Humanidad ha llegado, no ya a una situación
teórica del trágico binomio fuerza-derecho! o al sacrificio del Derecho Internacional por la política del poder, sino que este último puede sucumbir ante
la primera y considerando la trascendencia de lo que esto significa, si el hombre
desea sobrevivir, necesita del Derecho.
Recordemos las palabras del internacionalista Alfred Verdross, en relación
a este punto: "Más ello es olvidar que ninguna comunidad pacífica puede
existir sin el reconocimiento de un orden jurídico".3
No hay otra alternativa, ya que, en última instancia, en el caso de sobrevivir, cualquiera que fuese la fórmula jurídico-política que pudiera haber en
lo futuro, conjunto de organizaciones u organización mundial, la norma jurídica estará siempre protegiendo los valores que le han sido encomendados
al Derecho, colocada en un orden jurídico, ya que sin éste, no podría tener
realidad el Derecho.
No debe extrañamos el que el hombre de la calle no crea en la posibilidad
de un nuevo orden internacional y ponga su creencia en bombas atómicas,
pensando que las palabras del Derecho Internacional resultan impotentes para
evitar una tercera y más terrible conflagración universal. Algunos autores hablan de su inexistencia o bien de la ineficacia de toda una complicada red de
tratados bilaterales y colectivos en la solución pacífica de los conflictos internacionales y de que los valores contenidos en el Derecho Internacional, como
son, en primer término, Ia paz y la justicia -para no citar sino los principales-, no han tenido su plena realización, especialmente cuando se observa
que el más preciado de todos ellos, como es el de la paz, puede ser aniquilado en cualquier instante.
"Si bien es cierto --como dice Antonio de Luna- que ya desde Espinoza,
pasando por Gumplowicz, Lassol, Lundstedt y su discípulo Lunau, para terminar con Olivecrona no sólo el vulgo sino filósofos y juristas ilustres han
llegado a negar rotundamente que exista normatividad internacional alguna,
pues lo que llamarnos "Derecho Internacional" no es para ellos más que la
expresión ideal de la constelación de fuerzas que juegan en el campo de la
política internacional; y que otros, aun admitiendo la existencia de una normatividad internacional, niegan que sea derecho a consecuencia de que la
misma carece de uno o de varios de los elementos peculiares del derecho legal
moderno: a), comunidad jurídica; b), legislador; c), auténticos tribunales;
ª

ALFRED VERDROSs,

Derecho Internacional Público. Prólogo.

457

�,t
1

d), ejecuci6n coactiva, todo ello sazonado por la inseguridad y escasez de su
contenido, la carencia de unidad sistemática, la obscuridad y falta de principios de interpretación de sus normas, la gran cantidad de limitaciones y
excepciones, la imprecisión de sus nociones de "estado de necesidad" y de
la cláusula rebus sic stantibus, el derecho de represalia, el efecto anulatorio
de la guerra, su falta de elasticidad ante los cambios políticos, lo frecuente de
su violación y la escasez y heterogeneidad de sus su jetos p·o r lo que el derecho
internacional no es derecho, sino moral, para Hobbes, Austin, Puchta, Baumgarten; en parte moral y en parte usos sociales, para Binder; una normatividad "sui generis", para Somlo; un derecho imperfecto para Savigny, Wilson,
Zitelmann, Becker, Burckhardt, Elrnunds y Decensiere-Ferrandiere. Sin embargo, estos defectos y aun otros más, como consubstanciales con el Derecho
Internacional, inherentes a su propia esencia, incurables, por tanto, y que no
son debidos a que el Derecho Internacional se encuentre en un estadio primitivo de desarrollo del que pueda evolucionar y salir por un perfeccionamiento,
sino al concepto mismo de un derecho entre grupos sociales con poder de
autodeterminación, no son la principal causa del desprestigio en que ha caído
en la actualidad":'
Afortunadamente tales doctrinas y teorías han sido superadas en contra del
Derecho Internacional, pero frente a la realidad que el Derecho Internacional
sea más o menos observado y cumplido, como así lo expone el autor que
citamos, nada dice respecto a su existencia, ya que pertenece a la esencia
de toda norma moral o jurídica la posibilidad de su violaciónJ pues de otro
modo no se trataría de un deber ser, sino del ser probable de las leyes físicas,
y -agrega el autor- tan inútil su promulgación como el tratar de reglamentar la circulación de las estrellas o los latidos de un corazón enamorado. 5
En la actitud actual de escepticismo frente al Derecho Internacional no ha
influido grandemente ninguna de sus genuinas características (los defectos),
y no lo ha hecho porque, inherentes a la esencia del mismo, la Segunda
Guerra Mundial y la amenaza de una tercera, los habrá quizá puesto de relieve, pero no los ha creado de nuevo. Lo ocurrido es mucho más grave. No
ha sido sólo una violación del Derecho Internacional, sino una rebelión contra
el mismo". 6
Resultaría, pues, extenderse mucho, el hacer el señalamiento de los diversos
factores que han determinado la crisis del Derecho Internacional, porque no
es uno solo, sino que, como nos dice el ya citado internacionalista Antonio de
Luna, "las causas cuya conjunción se presenta por primera vez en la historia";,
' !bid., pág. 445.
' lbid., pág. 433.
' !bid., pág. 436.

458

que han engendrado la crisis actual, son las siguientes: a) el paso de la guerra
limitada a una guerra total, entendiendo a la guerra como una lucha armada
en la cual los contendientes se op'Onen en virtud de su pertenencia a grupos
sociales diferentes; por primera vez en la historia el objetivo de la guerra
es el dominio del mundo; disminución de las fuerzas políticas en una solidaridad internacional y ruptura de la unidad cultural del mundo". 7
Internacionalismo. Sin embargo, estas causas, a su vez, son convergentes y
reveladoras de otro fenómeno que se ha venido produciendo gradualmente
en el curso de la historia del hombre y el que es claramente distinguible de
los otros, nos referimos al lnternacionalismoJ que ha venido creciendo en
forma insospechable.
Este movimiento, el que no tiene manifestaciones doctrinarias ni políticas,
claramente objetivas, es, sin embargo, una corriente que de hecho pone de
manifiesto el acercamiento cada vez mayor del hombre con• el hombre. Desde
luego ese hecho es de la mayor importancia dentro de la panorámica futurible de integración de un nuevo Derecho de la Paz.
En trabajo previo,8 ya habíamos estudiado este fenómeno, ya que en la
actualidad, aun dentro del terreno mismo de la organización de las Naciones
Unidas se presentan otra clase de problemas que están relacionados entre el
"Regionalismo" y el Universalismo, compromiso que se encuentra incorporado significativamente en la propia Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, el Internacionalismo difiere del Universalismo, pese a que han sido
comúnmente empleados en forma indistinta por tratadistas y escritores dentro del campo del Derecho Internacional. Imp6nese, desde luego, el hacer
la distinción- clara entre el Internacionalismo, el que de acuerdo con nuestro
estudio citado, concebíamos, al hablar de sus principios, en que: "Los orígenes del Internacionalismo -en primer término-- es posible encontrarlos en
la naturaleza misma del hombre, el que a su vez alberga un anhelo de U niversalidad, Pero paradójicamente, el propio hombre se ha encargado de obstruir, de poner murallas y de sembrar odios fratricidas, con los resultados
que la Historia contempla". En otras palabras, el Internacionalismo obedece
a un proceso de integración vía jurídica. Sobre esta afirmación hay múltiples
ejemplos que así lo confirman, bastaría recordar los agrupamientos que tanto
en Europa como en América han venido operando con halagüeños resultados.
Además, el Universalismo, cae más bien dentro de la órbita de lo ideal en
la Filosofía, en uno de los aspectos de la antropología filosófica. Mencionamos
aquí ambas corrientes porque las dos tienen posibilidad en sus respectivos es' Ibid., pág. 435.
Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEz, "Internacionalismo y Universalismo", Humánitas.
Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, vol. 5, página 534.
8

459

�tadios de convertirse en importantes vehículos integrativos de un nuevo orden jurídico que permita el establecimiento de la paz permanente.
El Derecho de la Guerra y el Derecho de la Paz. Los tratadistas y autores,
especialmente en Derecho Internacional, en el pasado, hicieron la división
de esta disciplina jurídica en Derecho Internacional de la Paz y Derecho
Internacional de la Guerra, observándose cómo complejos factores -predominantemente bélicos----, habrían de crear esa consecuente división. En otras
palabras, el anacrónico problema de todos los tiempos, fuerza y Derecho, ha
producido discusiones y doctrinas y posiciones dentro del campo históricojurídico y en ellas han intervenido, lógicamente, los jusinternacionalistas.
Adviértese, desde luego, que la guerra, a semejanza de un péndulo trágico, ha
venido oscilando crecientemente entre los extremos de la paz y de la guerra;
por desgracia, es posible observar cómo ese péndulo ahora ha llegado a la
trágica posibilidad de paralizar su movimiento, no precisamente en el lado
de la paz, sino en el de la guerra.

Pero en tanto que los tratadistas estudiaron en el pasado el problema de
la guerra y su adjunto el de la paz --como así sucede en Vitoria, Suárez y
otros destacados autores de la escuela Hispánica del Derecho Internacional
de los siglos XVI y XVII, nunca como ahora este problema ha llegado a su
máxima y última expresión. Podría decirse que ha quedado atrás la etapa
de las teorías, para enfocarse la atención en las graves urgencias del momento
histórico actual. Así las diferencias especulativas y teoréticas acerca de la
fuerza y el Derecho pertenecen a épocas históricas superadas, cuyas circunstancias permitieron su verificación en la medida que el poder y la fuerza
gradualmente fueron creciendo hasta llegar a la Era Atómica y hoy, ~orno
nunca, vuelve de nuevo a p'lantearse con exigencia vital y con cruda realidad,
el problema de si la fuerza predominará sobre el Derecho, sólo que las condiciones de los planteamientos anteriores han cambiado totalmente.
No es posible desconocer que las presiones ejercidas dentro de la esfera del
Derecho Interno han trascendido al campo de lo Internacional, y estas presiones son debidas al desconocimiento por parte de los Estados de los derechos
del hombre, produciéndose así que éstos se han revelado no solamente contra
el Derecho Internacional, sino contra todos los Derechos, el encontrar la so~
lución a este desequilibrio jurídico y político corresponde como misión fundamental al Der-echo Internacional. Lo que significa que es necesario volver
la vista al hombre. "La guerra no es un hecho cuya casualidad sea extraña al
hombre --dijimos en otro estudio---9 si el hombre está en conflicto con sus
semejantes es que ya de por sí el hombre es un viejo conflicto, que vive en

perpetua tensión dialéctica y de su insuficiencia radical, que al tratar de
colmar, ya de facto, origina las guerras, que tal es el estado actual del hombre".
Así vemos como las presiones que mencionabamos de lo nacional han repercutido en lo internacional, y ya se habla en este último aspecto de los
Derechos del Hombre, como así se desprende de la Declaración hecha p·or la
propia Organización de las Naciones Unidas y esto es significativo, ya que los
ordenamientos jurídicos nacionales no solamente no han sido capaces de encauzar plenamente dentro del Derecho la vida de sus súbditos y ciudadanos,
sino, lo que es peor, hay graves violaciones que lesionan la dignidad humana.
Interesante, desde todos puntos de vista, resulta el enfocar la atención acerca de la naturaleza de la norma jurídica internacional, atendiendo a su efectividad, la que de ninguna manera puede ser reveladora de la multicitada crisis del Derecho Internacional. Y así, tendremos que volver nuestros ojos hacia
el campo fecundo de los orígenes del Derecho Internacional, ya que en ellos,
se puede tomar un nuevo punto de partida y tratar de aprehender los elementos
que informan su contenido.
Verdross -distinguido internacionalista- rinde un tributo por demás significativo a la doctrina que crea la ciencia del Derecho Internacional, cuando
dice: "por cuanto los fundamentos filosóficos en que se apoya (mi obra) echa
sus raíces en la Doctrina Española del Derecho de Gentes de los siglos XVI y
XVII de irradiación universal", 10 o sea que esta escuela cuyos principales creadores lo son Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, han establecido con claridad los verdaderos fundamentos del Derecho Internacional. Recordemos cómo
Suárez lo definía como el ªconjunto de normas jurídicas introducidas en el
curso de la Historia por el uso constante de las naciones como miembros de la
sociedad internacional".
Verdross -ya citado- establece que el Derecho Internacional no depende
sólo de la norma moral de la buena fe; se haya también determinado materialmente, en su contenido, por normas de moral social, que suelen recibir el
nombre de « Derecho Natural" .11 Es necesario buscar en la propia naturaleza
del hombre hasta qué punto es la relación que existe entre éste y el Derecho
Internacional, sólo que bajo un nuevo planteamiento, atendiendo a que si
Aristóteles dijo que el hombre vive en sociedad, tal sociedad presenta indudables cambios y estructuras. Ahora vivimos una intensa vida de relación y se
han perdido los elementos informativos del hombre colocado, digamos en pequeñas sociedades, para contemplar una gran sociedad, que sin tener las características de un monstruoso estado mundial, de hecho, se vive en una sociedad
internacionalista. Si la naturaleza humana está caracterizada por su racionali10 ALFRED VERDRoss,
11

• Ibid .. vol. 2, 1961, pág. 531.

460

ALFRED VERDROSS,

op. cit. Prólogo, p.
op. cit., p. 31.

VI.

461

�dad y su sociabilidad, es indudable que, antes que la fuerza pueda destruirla,
debe haber una nueva organización jurídica que lo lleve y mantenga en la paz
y al hablar de paz, no nos referirnos a la "ausencia más o menos prolongada
de la violencia, la pura tranquilidad", nos referimos a esa paz certeramente
establecida por el Dr. Adolfo López Mateos, o sea "la paz que anhelan los pueblos no es una tregua armada, tampoco una era de inmovilidad infecunda. Es
preciso concebir una paz dinámica, generosa y realista, en que se sobreponga
el principio de la convivencia mundial al de la destrucción; en donde prevalezca la negociación sobre la amenaza, y el diálogo persuasivo substituya a la
disputa violenta. La paz del mundo debe apoyarse en el principio de la seguridad de todos. Una paz sin justicia sería opresiva, y una paz sin progreso,
estéril inacción".
Verdross se refiere también a la norma fundamental del Derecho Internacional y dice: "que si el jusnaturalismo quiere aprehender la índole del Derecho
Natural, no puede hacerlo partiendo de los deseos y afanes de los respectivos
autores sino apoyándose en una antropología filosófica que indague la naturaleza del hombre en todas las direcciones. Y una indagación de esta clase nos
revela que algunos rasgos de la naturaleza humana permanecen constantes
junto a muchos factores variables. Ello excluye desde luego la elaboración de
un sistema de Derecho Natural inmutable y complejo; pero de los fines de la
naturaleza humana --existenciales- cabe deducir determinados principios
generales de validez universal" .12 El hombre -como decíamos con anterioridad-, de acuerdo con su naturaleza tiene que vivir en sociedad y "una sociedad sólo puede subsistir si los miembros están obligados entre sí a respetar sus
vidas y los bienes que les pertenecen. Más, para descartar toda lucha interna,
la sociedad tiene que establecer un orden que proteja a los consortes jurídicos
y sus bienes; y para que la comunidad esté en condiciones de cumplir este
deber, los consortes jurídicos habrán de contribuir a los cometidos de la comunidad tomando parte en ellos y poniendo a su disposición los medios nece.
/
sanos". 13

Las anteriores consideraciones nos permiten tener un mejor enfoque de la
norma fundamental del Derecho Internacional, sólo que los elementos fundamentales que permiten su vigencia no presentan la solidez necesaria: orden
jurídico internacional y fines. Diversos autores jusinternacionalistas consideran
que la norma jurídica internacional descansa en principios como el de "Pacta
sunt servanda" (Anzilotti). Para otros, la norma fundamental prescribe que
los Estados se comporten con arreglo al uso establecido (Kelsen y Guggenheim)
--citados por Verdross-, quien agrega que nos encontramos ante una norma
u lbid., p. 32.
13

462

Ibid., p. 32.

fundamental que puede ser rellenada con cualquier contenido, lo que no es aceptable. O sea que a esto ''hay que agregar que estas normas fundamentales presuponen ya la existencia de los Estados, puesto que sin ellos no puede haber
tratados ni usos interestatales. Ahora bien, admitida la existencia de los Estados
y demás su jetos originarios del Derecho Internacional como supuestos previamente dados a éste, se verá que el Derecho Internacional Positivo presupone
aquellos principios jurídicos en los que se asientan los ordenamientos de los
pueblos civilizados y han sido por éstos parcialmente positivizados.
La conjugación y concurrencia de los factores que actualmente determinan
una nueva situación internacional ante la fuerza (Era Atómica) empleada con
bélicos fines de destrucción mundial, exige la creación de un nuevo ordenamiento jurídico internacional, que determinando los vínculos jurídicos que ligan entre sí a los miembros de la comunidad internacional, tenga, no como
en el pasado, como único fin la eliminación de la guerra para la solución de
los conflictos internacionales, sino el objeto exclusivo de la paz.
Ya se observa cómo ia comunidad internacional paulatinamente se va agrupando y cómo muchas fronteras van cediendo y de cómo la distancia que antes
separaba a los hombres, tanto en lo espiritual como en lo material, ha sido
salvada. Nuevos tratados dan forma a estructuras internacionales que permiten
concebir -sin caer en utópicas esperanzas--- la posibilidad de que el hombre
puede salvar a su linaje de la destrucción total. El regionalismo y el universalismo no son oponibles, por el contrario, pueden integrarse, se están integrando.
No es posible desconocer que (\el fundamento del Derecho Internacional ha
estado a través de los siglos en relación con el progreso histórico contemporáneo
y con los requerimientos de la mentalidad humana correspondiente". 14
En otro aspecto, el término paz, siendo unívoco, se ha tomado en diversas
acepciones, de ahí que al hablar de un Derecho Internacional de la Paz, se
piense -y con razón- en que más parece una utopía que una posible realidad
fáctica, ya que a los múltiples obstáculos, habría que agregar el del nacionalismo
y el de la soberanía, que, hoy por hoy, y pese a que de hecho han sido superados, resultaría atrevido hablar de desconocerlos todavía.
Ciertamente, estamos a distancia lejana de San Agustín, cuando decía: "PAX
Est OrdinaJa Concordia", "Paz es la concordia en el orden". Con razón el
internacionalista Antonio de Luna ha dicho que "es inútil pretender resolver
la crisis del Derecho Internacional con meras reformas ni pretender resucitar el
cadáver de la justicia internacional asesinada a manos del nihilismo reinante
frotándolo con el viejo bálsamo positivista. Así, se encuentra este mundo en
un prolongado período de postguerra y en ese estado que padecemos, del que
11

Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano. Op. cit., p. 38.

463

�debe decirse que si la guerra abierta ha cesado, no es la paz". 15 Recordemos el
mensaje sublime del Pontífice Romano Paulo VI acerca de la paz.
Si bien el título de Derecho Internacional de la Paz no es ciertamente nuevo,,
no deberá obedecer a una simplista división metodológica, como en el pasado
así aconteció, con el trasfondo imperativo de la fuerza, porque ha llegado el
momento -grave momento-- de que el hombre haga un nuevo Derecho Internacional de la Paz, cuyo contenido determine el nacimiento de un nuevo
orden jurídico internacional. A este propósito cabría analizar -aunque esto
sea en forma somera- los antecedentes del propio Derecho Internacional
acerca de la paz. Esta ha sido buscada desde todo tiempo, pero es indudable
de que "las tareas de la comunidad internacional. . . no podrán r~alizarse. si
los Estados no se dejan guiar por determinados valores. En ese sentido -afirma Verdross-, ya hemos subrayado con anterioridad que el valor COMUN a
16
todo ordenamiento jurídico es el valor del orden o de la paz".
La Convención para el arreglo Pacífico de los Conflictos Internacionales, celebrada en la Segunda Conferencia de la Paz reunida en La Haya en 1907,
por la que se perfeccionó el instrumento análogo adoptado en 1899, _durante
la Primera Conferencia del mismo nombre, considerado como el primer mtento multilateral de importancia para dar permanencia a procedimien~os_ de
solución pacífica de las controversias internacionales mediante el establecumento de la Corte Permanente de Arbitraje, presenta interesantes aspectos. Así el
Título I se habla de "La conservación de la Paz General" y dice:

'

"Con el fin de evitar, hasta donde sea posible, que los Estados recurran
a la fuerza en sus relaciones recíprocas, las Potencias Contratantes convienen en hacer uso de todos sus esfuerzos para asegurar el arreglo pacífico de las desavenencias internacionales".
En el Pacto de la Sociedad de las Naciones, se agregan nuevos elementos,
cuando en él dice: "Las Altas Partes Contratantes: Considerando que para
fomentar la ~ooperación entre las naciones y para garantizarles la paz Y la
seguridad, importa: ... "
Tenemos el Protocolo para el Arreglo Pacífico de las Controversias lnt_ernacionales O "Protocolo de Ginebra", adoptado por la Asamblea de la Sociedad
de las Naciones del 2 de octubre de 1924, el cual dice: "Los Estados signata'
.
'
rios convienen en que en ningún caso deberán recurrir a la guerra, n~ en~re s1
ni contra cualquier Estado que llegado el caso, aceptare todas las obhgac10nes
especificadas a continuación, excepto en el caso de res1stenc1a a actos de agre!bid., p. 435. Vol., 1.
iu ALFRED VERDRoss 1 op. cit., p. 484.

15

464

sión o cuando obren de acuerdo con el Consejo o la Asamblea de la Sociedad
de Naciones, según las disposiciones del Pacto y del presente Protocolo" (Articulo 2).
Viene después, el Tratado sobre Renuncia de la Guerra, conocido bajo el
nombre de "Pacto de París" o "Pacto Briand-Kellog", suscrito en París el 27
de agosto de 1928, el que contiene en el capítulo de propósitos, una no menos
interesante confesión, cuando se dice: ªPersuadidos de que ha llegado la hora
de formular una franca renuncia a la guerra como instrumento de política nacional, con el fin de que las relaciones de amistad y paz que actualmente existen entre sus pueblos puedan perpetuarse ... "
No podíamos olvidar en esta breve panorámica, a los esfuerzos realizados
por la paz a la proposición de México en relación con el ¡'conmo DE LA PAZ"
presentado a la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz en'
'
Buenos Aires, del lo. al 23 de diciembre de 1936. En el capítulo I, Principios
Generales, Artículo I, se lee: '·'Las Altas Partes Contratantes declaran solemnemente que condenan las guerras de agresión en sus relaciones mutuas, y que
el arreglo de los conflictos o divergencias de cualquier clase que se susciten
entre ellas no deberá realizarse sino por los medios pacíficos que consagra el
derecho internacional''.
Tenemos, por últimos, las Declaraciones de la Carta de las Naciones Unidas,
en las que hay ya un nuevo enfoque hacia el problema de la paz -ampliamente conocida-, pero que dado nuestro estudio, resulta de interés, cuando en
ellas se dice: Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas resueltos ... a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor
de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de
las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan
mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados
y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y
a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad".
Conceptos que claramente denotan cómo gradualmente se ha venido creando
una conciencia cada vez mayor que puede acercar al hombre a crear un nuevo
Derecho Internacional de la Paz, bajo nuevas concepciones.
No podemos terminar nuestro breve estudio, sin antes consignar algunas palabras de admiración para aquel insigne creador y maestro, Francisco de Vitoria,
creador de la escuela hispánica del Derecho Internacional, quien anticipándose
a su época, su pensamiento ha logrado que sus doctrinas le sobrevivan y puedan ser reactualizadas para bien de la paz, de esa paz que el hombre necesita
para poder cumplir con sus designios y misión entre hermanos.

465
H30

�EL PERIODISMO DESDE ADENTRO
LIC. RODRIGO MENDIRICHAGA

HEMOS VISTO A UN HOMBRE que leía un libro por la calle. Ya era de noche
y cerca de él brillaban los escaparates de la zona comercial.
Parecía mal situada su figura. No porque sea malo leer un poco estando
próximo a las tiendas. La figura chocaba con algo más importante aún: con el
ambiente social.
En nuestro medio nacional -y sobre todo en nuestra ciudad- no se leen

libros. Hemos desterrado de entre los hábitos el de la lectura de libros.
Y un hombre sentado en su casa, leyendo La Caida de Camus, o El Viejo
y el Mar de Heminway, será para sus amigos un tipo raro. Qui7.á su propia
familia le califique bajo en su respeto.
Cuando un hombre sale a la calle de Morelos y se propone seguir leyendo su
libro, éste sí ya rebasa lo tolerable. Como a un apestado, el prójimo le dirá
tímidamente, sólo con la intención, "vete a tu casa".
Nuestras ciudades tienen un complejo de velocidad que quiere excluir la

pausa meditadora de la lectura de libros.
Recordamos aún con melancólico desprecio la observación de una mujer
adulta, esposa de un hombre de negocios, que al ver a un niño desplazarse
activamente en sus juegos e intereses, comentaba con orgullo que sería un hombre de negocios.
Su reducida visión de las labores humanas Je había hecho descartar de entre
las tareas activas, que requieren el espíritu pronto, la voluntad firmísima y el

trabajar continua y rápidamente, la labor intelectual.
La admiración por los oficios con resultados inmediatos en lo económico y
el rechazo de la tarea intelectual, conduce a la eliminación de los libros de

entre las cosas útiles.
Vertiginosa época en busca de dinero es la nuestra.
Pero la escuela sigue enseñando a leer y la gente continúa teniendo la necesidad de conocer lo interesante y lo nuevo.

467

�El hombre promedio que ya sabe leer ha de aplicar su conocimiento. Enfrentado un día entero a la deprimente rutina de un trabajo administrativo, seguirá
necesitando algo más. Aplicar su alfabetizada intelectualidad a papeles de diversos colores que' poseen datos monótonos, le dejaría permanentemente vacío.
Recepción y embarque de mercancías, clasificación de productos, numeración
de máquinas; y, cheques, letras, facturas ... Para la economía esto será importante. Para la urgencia humana de conocer y de estar enterado, los papeles
rosas, verdes y blancos, todas esas documentaciones que se parecen a las de
ayer y a las del año pasado, no dicen nada.
Tantos hombres que conocen que hoy será este su destino, con variantes maYores o menores, no pueden estar conformes.
Antes de marchar a enfrentarse con su rutina, o al volver de la misma, el
hombre buscará llenar su vacío.
Sólo que, por razones de época, es un ser vertiginoso.
No dispondrá de mucho tiempo, ni tendrá la madurez necesaria para permanecer quieto, anclado, en un solo sitio.
Quiere conocer, quiere estar informado, pero no sabrá mantenerse mucho
tiempo recibiendo y meditando.
Porque es un ser vertiginoso, ya lo hemos señalado, y porque su prodigiosa
época le ha mostrado muchas noticias en una forma ágil, fácil, que sólo le
pide mirar; porque cine y televisión le han dado gráficamente muchos mundos ignorados, el hombre rehuye la lectura de libros.
Ese hombre, fruto del tiempo y de su abandono, lee periódicos.
Rabia de leer algo más que aquellos papeles de colores que pasan diaria e
interminablemente por su oficina. Pero no conocía el reposo fecundo y, por
tanto, ni imaginó que debiera acercarse a Camús, a Goethe, a Cervantes, a
Dante.
Esa es la arcilla de la cual está hecho el consumidor de periódicos. Usamos
deliberadamente el término consumidor -tan de la economía, tan de nuestro
medio-, para situarnos en léxico comprensible. Y pensamos que será mejor
entender como consumidor al que lee, para no tener que aceptar al comprador
por kilos de periódicos viejos. Para no tener que recordar, con pena, que este
es el destino general del periódico: acabar reunido, sólo unos cuantos días
después de salir, alegre y violentamente de las rotativas, en las colonias de
"pepenadores" de cosas inútiles.
Por razones de época, por la mediocridad del consumidor, el p·eriódico no
tendrá siquiera ni la decorosa vivienda propia de los libros. No hay estantes
-que son estructura e indican permanencia- para los periódicos.

468

EL

CONTENIDO

En el examen del periodismo no es posible quedar en análisis de época y
de lectores.
Este problema recuerda mucho al que plantea el arte cinematográfico.
Que al espectador de cine le gusta ver pornografía, se dice. Que podemos
observar la enorme demanda de boletos cuando lo que se anuncia presenta insinuantes escenas.
Siempre hemos recordado, al pensar en este tipo de dramas sociológicos, en
el acertijo de la infancia: "¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?"
La gente no influyó, con una correspondencia abundante o con manifestaciones masivas, ante las casas productoras de películas.
El cine tuvo cierto decoro y también gran público en otra época.
Luego, algunas mentes y sensibilidades, proyectaron ir girando hacia el descaro en temas y escenas; se basaron, quizá, en el conocimiento de la fácil propensión humana hacia el mal. Y buscaron, ciertamente, una finalidad económica.
Hecho el cambio, habituado el espectador, hoy es difícil saber quién fue
pnmero ...
Y el periodismo presenta esta misma amalgama de culpabilidades.
La gente no sabe leer mucho porque ha descuidado su capacidad. Es culpable.
Pero los editores también han retirado cada vez más las palabras para enseñar gráficas "que hablen".
El consumidor dé periódicos no tiene cariño por lo que compra y lee cada
mañana; porque no aprecia nada que no le conduzca directamente a mejorar
sus ingresos en dinero. Posiblemente entre los pobres la única sección que se
conserva por unas horas sea la de avisos de ocasión.
Y el lector es culpable de esta actitud fenicia.
Pero, ¿ qué es lo que entrega el periódico?
¿ Valdrá la pena conservar anuncios comerciales, historietas gráficas, fotografías de gentes vanidosas, espacios pagados que no son noticia, informaciones
de dudosa procedencia y comentarios tibios o comprometidos?
Un descrédito se gana poco a poco. Pero en el periodismo se tiene la terrible
desventaja de poder mostrar las lacras cada día.

FINALIDAD PRIMARIA DEL PERIODISMO

Posiblemente el error base en la organización de muchos periódicosi sea una
creencia que va muy bien con el sentir propio del siglo.
469

�Los periódicos se piensan, primero, como negocios.
Imaginamos a los aspirantes a la creación de un nuevo diario o revista des•
'
' un
trozandose
el cerebro p·a ra encontrar los caminos por los que pueda ser
buen negocio. Un gran negocio.
Y si un periódico tiene ante sí como principal finalidad alcanzar grandes
beneficios económicos, el mismo se ha prostituido, poco importa si desde su
origen o posteriormente.
Porque el periódico tiene una responsabilidad y ésta es su primera meta.
El periódico, que maneja información y plantea criterios con sus comenta•
ristas, tiene como fin primario el de orientar la opinión, el de crearla con
su mensaje.
Pero hacer un periódico cuesta mucho dinero; por tanto, debe vérsele tam•
bién como negocio. Deberá ser negocio para poder realizar su fin principal.
Esto es diferente.
Cuando se ha creado y llevado adelante la empresa periodística con este criterio, entonces se cumple con la responsabilidad y se vive decorosamente.
Pero si se desvirtuó el orden que por naturaleza debe tener la vida del periódico, si se pensó en alcanzar fortuna, lo más que tendrá su creador es hartura
económica, habiéndose olvidado de todo lo demás, desde su fin principal hasta
muchos otros aspectos que tienen relación con la verdad, la justicia y la caridad.
El periodismo.negocio es una deformación muy generalizada.
El asunto se manifiesta ridículamente y con las proporciones más increíbles.
En el periodismo-negocio viven docenas de mediocres aspirantes al pan día•
río; y al tequila diario, por qué no. Son ciertos seres mezquinos de aspecto y
peores de intenciones. Inventan hojas, boletines, revistas, diarios, y van viviendo por temporadas del favor de minúsculos políticos ambiciosos o de gentes
que prefieren adelantar su dinero a ver impresas calumnias, insinuaciones y hasta verdades.
Ninguno de estos miserables llega lejos, ni en la consideración pública ni en
fortuna. Pero tampoco lo desearon.
Son los que quieren tener algo más de dinero del que merecen por su capa•
cidad. Y lo obtienen aprovechando unas embrionarias y atrofiadas cualidades
que recuerdan un poco a las que debe tener un periodista.
Casi siempre aprendieron algunas cosas fundamentales sobre la exterioridad
del periodismo vegetando un tiempo en algún diario grande. Porque ahí estuvieron, saben hacer una nota informativa, conocen el proceso técnico del taller
y pudieron llegar a ciertas fuentes.
Por eso deciden algún mal día independizarse para vivir mejor, para alcanzar más beneficios económicos.
470

Inventan desde la carta confidencial hasta algo parecido a un periódico por
,su formato.
Hacen vivir su grotesca creación sólo el tiempo justo que les da para comer,
vestir y tener desórdenes morales frecuentes.
Hoja, carta, boletín, revista, periódico, nacieron y subsistieron en función del
fruto que pudieron dar. Cansados los anunciantes, menos asustados los tramposos, removidos los políticos amigos, el periodismo-negocio termina.
No así el hábito de su creador. Estos parásitos continúan inventando el siguiente negocio-periódico.
Y si estos seres desagradan, por sus intenciones, por sus actos, por su indigni•
dad al arrastrarse en busca de ayuda, no son mejores quienes alcanzan riqueza,
poder y aceptación social p·or los mismos medios.
Este otro extremo del problema se muestra en condiciones externas distintas.
Aquí, casimires suaves como piel de mujer, oficinas suntuosas, orientales, olor
a perfumes extranjeros y licores elegantes. Siempre afeitados; con el aroma de
cigarrillos americanos.
Es la alta escuela del periodismo-negocio.
No tienen que arrastrarse tan abajo ni tan frecuentemente. Los suaves casimires van al piso de las Secretarías de Estado y de las grandes empresas industriales y bancarias.
Van de vez en cuando; sólo a recoger un cheque bien gordo.
Aquí, los titulares se cotizan en miles de pesos. Los silencios también. La adhesión vergonzante a un régimen lo mismo.
Pero el creador de esta parodia de periodismo vive lujosamente y puede
extender favores y pasar con facilidad cualquier contrabando moderado. Tendrá acceso al mundo social de moda. Este negociante del periodismo puede
estar en clubes y casinos exclusivos.
No es menos indecente que el desarrapado que publica un boletín y espera
audiencia de un alcalde provinciano para recibir el pago por su alabanza o su
silencio.
Debiéramos creer que es peor. Porque su acción maligna, o su abstención en
la responsabilidad periodística, va a mayor número de lectores.
Siendo peor, esta época graciosa, especialísima, le aplaude, le tiene respeto.
Epoca curiosa que en voz baja condena todo el día los males y crímenes,
pero que admira al hombre que alcanza el poder económico, aunque haya llegado a él por caminos tortuosos.
Y entre este potentado del periodismo-negocio y el otro aprendiz eterno de
este nefando oficio, una gama interminable de eslabones. Ahí, desde los que
creyeron que sería sólo un medio para hacer dinero pero, a su vez, deseaban
471

�decir la verdad, hasta los que bandean de una borda a la otra, pues equivocaron desde el origen su finalidad.
Esta forma de periodismo es un error desde su raíz.
Un trabajo que se inicia con mentalidad propia de otros oficios, no podría
ser un acierto.
La apostólica misión de informar y orientar con verdad -que supone despego de beneficios propios, visión puesta en el prójimo como receptor de nuestro servicio---, no es posible condimentarla con miras de instituciones de crédito.
Son dos cosas bien diferentes. Lo son por definición, por naturaleza, de
origen.
Si soy poseedor de una información valiosa, conocedor de un enfoque correcto de la realidad, si tengo, en definitiva, la verdad, no es legítimo especular
con ella. La verdad es algo tan digno en sí, que sólo puede transmitírsela, no
negociar con ella.
Por los medios de que dispone, el periodismo está capacitado para alcanzar
la verdad; deberá decirla, por tanto.
Y en este magnífico oficio, creado para los buenos, no para el desecho de la
sociedad, no habrá más que una condición que la impone la persona humana:
al ejercer el periodismo, poder vivir de él con decoro.
Obtener del trabajo periodístico lo necesario para vivir con holgura no supone transgredir finalidades.
Quien vaya más allá y confunda esta misión con el tráfico comercial, es un
pobre diablo que no entiende en lo que anda o un perverso que sabe demasiado bien lo que desea.

PRESIONES ECONÓMICAS

a ver peliculas y se sienta desganadamente a aburrirse ante la pantalla de televisión. No lee, no quiere leer.
Ahí está el fenómeno, vergüenza de nuestro tiempo.
Y paradoja también. Pues, a medida que disminuyen los índices de analfabetismo, se va leyendo menos. Y esto, aunque verdad sociológica que enseña
nuestra observación, parece ser un reto a la lógica ... y quizá a las matemáticas.
V amos a dejar esto por ahora como un mal acumulativo que, para corregirse, requerirá de mucho tiempo. Creamos por un momento, optimistamente,
que en algún buen siglo próximo la gente quiera volver a leer.
Y vayamos al p'roblema que esta ausencia de lectores causa al periodismo.
Si el periódico no puede vivir de la venta tendrá que vivir de otras dos so~
luciones: publicidad y subvenciones.
De momento podemos quedar perfectamente tranquilos de saber que existen
medios de acercar la ayuda necesaria cuando han fallado los lectores requeridos.
Pero, subvenciones y publicidad, suelen allegar el dinero y ciertas condiciones.
Lo cual no sucedería fácilmente con una enorme masa de lectores, que no
estarían asociados como compradores de un diario determinado.
La vida más libre para un periódico existe cuando su tiraje y venta es tan
alto que cubre todos los gastos y hasta puede reportar alguna utilidad.
Un periódico en tales condiciones de subsistencia tendría que equivocarse
demasiado para ser abandonado por sus lectores, esos hombres anónimos que
con unos centavos diarios le hacen posible vivir.
Es más difícil que un solo hombre, o un pequeño equipo de hombres, no
vaya a tratar de exigir algo más a cambio del apoyo económico que proporciona a un p·eriódico.
Conociendo las reacciones humanas, podría predecirse que la libertad de expresión estaría en riesgo al recibir subvenciones y publicidad.
Pero no hace falta tomar actitudes proféticas.

Haber pensado un momento en la desviada mentalidad que programa un
periódico como negocio solamente, nos coloca de lleno en otro asunto que se
presenta como una peligrosa constante en México, y que sabemos también es
propio de otros lugares.
Los periódicos no pueden vivir de la circulación.
La crisis alérgica hacia la lectura es tan grande en nuestro p•aís, que m se
leen libros, ni suficientes personas leen periódicos.
Y la venta del periódico es tan pequeña, comparativamente al costo de su
elaboración y tiraje, que no podrían vivir las editoras de esto solamente.
No queremos insistir sobre esa masa humana que crece en nuestras ciudades,
que trabaja, pulula por las aceras y cafés, asiste al futbol y los toros, se mete

472

El hecho está aquí, y es uno de los mayores problemas para poder desarrollar
un periodismo libre.
Necesitado de dinero para imprimir la verdad, sabedor de que la venta
por voceadores, estanquillos y suscripciones no sería suficiente, el director programa su publicidad.
Debiera de ser una simple relación comercial. Pero no queda en esto porque
una de las partes, desde el punto de vista económico, está en desventaja. El peTiódico necesita del anuncio. No así el anunciante, pues para él es sólo uno de
los medios de mostrar el producto a sus compradores.
El anunciante entonces empieza a pensar en el periódico, creyéndose con
·unos derechos que pudiéramos llamar laterales, para intervenir en sus destinos.

473

�Si se dijeran ciertas cosas, o se dejaran de decir otras, el anunciante amenaza
con retirar su colaboración.
El periodismo está atado.
No todos los anunciantes serán así, pero existen muchos con este criterio.
Lo que es vida para el periódico -esa fuente de ingresos que llamamos publicidad- es sin embargo, también, una amenaza permanente. Y, a sabiendas
o ya como un complejo grabado dolorosamente en el subconsciente, muchos periódicos tienen que ir informando y comentando cuidándose de no lastimar
a los poderes económicos que hacen posible ir diciendo verdades a medias,
cuando menos.
Las subvenciones son otros de los caminos para procurarse recursos para
subsistir y que p'resenta riesgos similares.
En este caso, además, quien aporta el dinero ni siquiera vera illlpreso un
producto y recibirá ese servicio; por tanto, estará más listo para esperar el favor del periódico o quedará seguro de no ser atacado jamás.
El periodismo de hoy, de aquí, de muchas otras latitudes, cuando tiene que
depender en lo económico, fundamentalmente, de poderes externos, suele ser
un oficio difícil, muy difícil.
Y esta terrible angustia de querer decir la verdad, toda la verdad, y sentirse
dependiente del apoyo económico de algunas personas o grupos -públicos o
privados- no puede terminar con una actitud del periódico.
No bastaría con decidirse a actuar haciendo a un lado ese temor a los poderes económicos. La aventura puede durar un tiemp·o pero, al fifl, el anunciante inconforme o el político ofendido retirarían su ayuda y el periódico moriría o, en el peor de los casos, llevaría una vida precaria.
Si el periódico tratara de decir sólo la verdad y, sin embargo, sintiera la
presión del anunciante o del subvencionista para que callara, entonces el problema que se ha creado no está en el periódico mismo.
El problema lo ha creado un ser extraño al oficio que quiere opinar y decidir
sin tener ni capacidad ni derecho de hacerlo.
Si volvemos sobre nuestras primeras ideas y recordamos que el periódico es
hoy el medio más aceptado de lectura, si es, por lo tanto, una necesidad social
la existencia de buenos periódicos y la vida social es responsabilidad de todos
los que particip•amos de ella, lo menos que debe sugerirse a los extraños a la
tarea periodística es que retiren las manos.
Esta grave amenaza que existe sobre los periódicos de países donde aún no,
es posible vivir de la circulación, no terminará más que con la educación de
anunciantes y subvencionistas. Cuando entendieran que gracias a ellos puede-decirse la verdad y estén satisfechos con sólo esto, el problema se habría.
subsanado.

474

No puede estar la solución en otro lugar.
Deseamos que algún día, mayor número de colaboradores económicos entiendan esta otra obligación maravillosa de abstenerse de opinar.
Pero sabemos que será muy difícil alcanzarlo.

EL PERIODISMO COMO CARRERA

Pero, ¿ de qué serviría una correcta intención del director y una útil abstención de anunciantes y subvencionistas, si no se tiene un personal que realice un
periódico digno?
En este aspecto encontramos cierta semejanza entre las actividades magisteriales y periodísticas, que parecen provocar una dificultad de origen.
Por nuestras escuelas secundarias y preparatorias pasan meteóricamente cientos de maestros improvisados e inestables.
Para sólo ejemplificar, de las Facultades de Derecho mexicanas un p·orcentaje considerable de alumnos intentan probar capacidad temporalmente como
profesores de enseñanzas inferiores a las que ellos van cursando.
Es un fenómeno conocidísimo; y, según el hábito que ha creado y la reincidencia, se presenta casi como inevitable.
Durante algunos años y generalmente antes de recibirse, los aspirantes a la
abogacía prestan servicios en escuelas secundarias y preparatorias. También se
da esta tendencia entre estudiantes de medicina, ingeniería, contabilidad, etc.;
pero la hemos observado más frecuente entre estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales.
Pues, estos meteoros de la enseñanza, son un caso que debe analizarse. Si a
cada uno le sirvió como entrenamiento para presentarse en público, le obligó
a prepararse mejor, le acostumbró a argumentar, puede ser interesante; p·ero
sólo para él.
Quienes tuvieron que sufrir como alumnos estos experimentos, no se habrán
beneficiado especialmente.
Por allá entre las intenciones, confesadas o no por los actores de este drama
educativo nacional, existe un deseo de hacer algo de dinero dando clases, para
pagar la ropa nueva, los cigarrillos, la gasolina del coche, los espectáculos.
Se miró, desde el principio, como oficio pasajero. Había tal demanda de profesores que podía estarse ahí -enseñando mal- durante unos años.
¿ Por qué no se continuaba en ello?
En primer lugar porque jamás se tuvo la vocación para hacerlo. Ni se sintió
el llamado, ni se tenía la capacidad p·a ra realizarlo.

475

�Pero también, y esto es muy importante, porque la perspectiva económica
que se ofrecía era lamentable.

El estudiante universitario que anda de aprendiz de profesor conoce los bajos sueldos de las escuelas. Y conoce los altos sueldos de otros oficios.
No está mal que mire este asunto con interés. Es chocante el joven que de:sea ser millonario; pero no lo es el que busca la dignidad económica.

Como en el magisterio llegaría a la estrechez, no lo pone frente a su elección
-como un camino posible. Lo rechaza desde el principio,
Los oficios profesionales, industriales, bancarios, comerciales, dejan abundantes frutos aun ejerciéndolos honestamente. Los sueldos del magisterio han que,dado rezagados.
El joven que ensayó la cátedra --con vocación tambaleante o sin ella-, ya
tiene decidido no continuar.
Por tanto, entre nosotros, pocos hacen del magisterio una carrera. Y, sin per-sonas suficientes que se especialicen, que dediquen una vida, esta actividad
siempre estará en crisis.

,

1,

Este mismo fenómeno hemos advertido en el periodismo.
Pocas vocaciones, es cierto. Pocas capacidades, también. Pero, habiéndolas,
un temor legítimo de pasar estrecheces económicas, pues los sueldos no valen la pena.
Y, si continúa esta situación, seguiremos viendo, como en las aulas, el paso
de jóvenes que sólo estuvieron una temporada en las redacciones y los talleres
,de los periódicos.
Pocos quieren hacer carrera.
En ciudades como las nuestras, en que otras labores se adelantaron ya en
mostrar decorosos resultados económicos, el joven que permanece un tiempo
de reportero tiene la mira definitiva puesta en otro sitio.
Casi nadie hace carrera.
Sin una generación de periodistas de carrera, no será nunca posible tener
tradiciones, experiencias, escuela.
Este grave problema puede tener solución en las empresas editoriales mismas.
Hace falta una meditación sobre los daños que acarrea, debe hacerse el esfuerzo de revisiones a la contabilidad y, pudiéndose, habrá que tener la actitud ge...nerosa de aumentar los sueldos.
Que, quienes posean vocación y capacidad, puedan estar tranquilos porque
alcanzarán holgura ejerciendo el p·eriodismo honestamente.

Los

MEJORES HOMBRES

Y, entonces sí, a exigir,. Los directores que entreguen sueldos suficientes,.
pueden hacer la limpia de indeseables.
Dado el paso de la nivelación de sueldos respecto de otras actividades se
podrá, como se procura hacer en la industria, la banca, el comercio, escoger
lo mejor.

Hemos estado tan pesimistas en la contemplación de las necesidades del periodismo, que queremos pregonar entusiastamente, con Daría y sólo para los;
efectos de nuestro tema, que andan por ahí "tantos vigores dispersos ... "
Hay calidad moral e intelectual que ha quedado dispersa porque no podía
o no se atrevía a agruparse en periodismos que negaran su finalidad, que estuvieran presionados por los p·oderes económicos y porque no se podía hacer
carrera.
Presentado un sugestivo sueldo, se haría la selección.
Entonces sí, casi violentamente.
El periodismo es la lectura más generalizada hoy, ya lo hemos recordado in-•
sistentemente. Para servir a la comunidad hacen falta en el periodismo los mejores hombres.
Exigir calidad moral, que también por ahí la habrá.
Aceptar sólo vocaciones probadas; aquellos que sientan urgencia de decir la
verdad, pero que sean capaces para decirla.
No sólo moralidad, no sólo buenos deseos, también cultura, una preparación
suficiente para ejercer el oficio.

Que no llegue por el teletipo una noticia de Indonesia y el entusiasta redactor la cabecee en Malaya.

SJNTETJZANDO

Recapitulemos lo dicho en esta visión panorámica e incompleta del periodismo.
Sería saludable el recuerdo, la revisión permanente, la autocrítica, para saber si se cumple con la primera finalidad: decir la verdad .
Es necesario que en una sociedad perfeccionada, los grupos económicamente poderosos que rodean la vida del periódico, tengan la madurez de comprender que, para bien de todos, deben dejar paso libre a la verdad.
Urge una reestructuración económica en los periódicos, para poder ofrecer
un mejor futuro en ganancias legítimas a los aspirantes que sí tienen vocación.

476

477

�Deberá exigirse, entonces, de quienes quieran continuar en el periodismo,
calidad moral y capacidad cultural.
_
.
Habrá otras muchas cosas interesantes que no hemos senalado; habran otras
formas de decir lo que hemos presentado. Pero el análisis, la ':'ed'.tación y la
redacción de estas ideas han sido efectuados con profunda conc1enc1a del puesto del periodismo en las responsabilidades de este siglo. . .
•
Hemos escrito además con el cariño que nace de percibir la fuerza aromatica de los ling~tes de :Uetal y de escuchar el melódico chasquido de los
lino tipos.

VENEZUELA EN LA EMANCIPACIÓN
DE AMtRICA
PROF. ANTONIO POMPA y POMPA

Instituto Nacional de Antropología e
Historia. México, D. F.

ESTE ENSAYO HISTÓRICO se propone llevar a un mejor intento de interpretación
integral, uno de los fenómenos de mayor trascendencia en la evolución de
América.

Las complejidades de este fenómeno histórico, el movimiento de emancipación americana, se van destruyendo en tanto la investigación va sugiriendo cauces que conducen a causas endógenas o exógenas que hacen la manifestación
externa del fenómeno y que plantean a la crítica en sus diversos aspectos, desde sus mismas fuentes, los orígenes de las manifestaciones externas, a veces
deformadas, azás frecuente, entrañando un imperativo de revaloración.
El gran movimiento de la emancipación americana es esencialmente uno e
indiviso aunque accidentalmente se manifieste múltiple, las causas u orígenes
remotos están concatenados y obedecen a postulados perfectamente definidos.
Peculiaridades las hay por el influjo del medio o del hombre, o de una circunstancia particular, sea ésta específicamente de tipo económico, político o ideológico.
Así, dentro de este concep'to general, lógico dentro de la evolución biológica
de América, hay objetivos que por propia naturaleza aparecen determinantes
y destacan por su propio destino como el muy particular, por sus proyecciones
continentales, que se operó en la capitanía general de Venezuela, cuya naturaleza le da preeminencia en el movimiento de la emancipación americana.
Antes de abordar el estudio de acontecimiento tan trascendente, nos parece
indispensable actualizar someramente la organización colonial, de la manera
como actuaba en los últimos años de la dominación española, y de esta manera conseguiremos a la vez, tener un juicio, aun cuando sea somero, de las
instituciones diversas que tuvo la capitanía general de Venezuela, ya sean és-

478

479

�tas de carácter político o administrativo, logrando también ubicar_ a 1_~ Real
Audiencia (de Caracas)' en la complicada estructura de. la ~rgam~ac10n col .al spañola institución la Real Audiencia que conslltuyo el tnbunal
;:~ar ecategorí~ judicial e~ esta parte de los domini~s español_es. ~o conoc10
más superior que al rey, quien por medio de su ConseJo de Indias ma en casos
especiales, apelaciones de sus sentencias.1
. . .
A esar de su importancia, que la tuvo como corte de Justicia, como cuerpo•
cons!itivo del Gobernador y Capitán General, y como _r,epresentant: en Vc~e-•
· person al.dad
de 1J monarca , su erecc10n, mstalac1on,
func10-•
zuela de la propia
1
•
•
• l
. t
xtinción e influencia que ejerció en el desenvolV1m1ento socia y
narruen o, e
, d 1 h' t . dores p·ara
olítico de Venezuela, no ha llamado la atencion e . os is ona
, .
~acer una exégesis que permita tener un concepto preciso acerca de la tornea
que imprimió a la sociedad de su tiempo. 2
•
•
•,
L Real Audiencia era el nexo de unión entre las provmc1as de la _reg1~~,.
,
·
las aque tenían gobernadores autono~os,
qmenes
reºcrían por la leg1slac1on
que España había dado para sus colonias.
.
,
La milicia tanto en los cuerpos fijos como en los de otro tipo, teman ~u
centro en C~racas que era la Capital de la provincia de ese nombre y don e
residía la autoridad de la Capitanía General de Venezuela.
. .
tanto los regulares como los seculares, reconocían como principal
El el
1 1os d.istmos
· t t n·bunales que
.d ero,
d I Ob,·spo de Caracas· y en lo judicia'
auton a a
'
.
.
c
S 'l
impartían justicia, reconocían la instancia supenor ~es1den~e. en aracas. ;. ~
conservaban autonomía bastante manifiesta los Cabildos c1v~les, donde se_
cutían prerrogativas y derechos, como en los Cuer~os ~oleg1ados, Y e:~n:::
tución de raíces tan antigua conservó sus preemmenc1as como los
g
Cabildos españoles.'

d:

i:

Un somero análisis de la evolución colonial de Venezuela Y_ de_ los_ ~nte~edentes del Cabildo español, nos hará ver, con efecto, que ~st~ mstltu:1~n hizo
germinar muchos de los valores _que_ ;ontribuyeron a const1tmr el esp1ntu que
animó al movimiento de emanapac1on.
, .
. .
Desde el siglo XI los monarcas de Castilla concedieron ª. sus subd1tos pnv1~
legios extraordinarios que constituyeron los fueros de las cmdades, siendo as1
b . n puede mirarse..al reino de Castilla como el lugar de Europa en_ que
que 1e
, ·
régunen
se implantó por vez primera y con particularidades caractensticas un
liberal de libertades municipales.'
· de Historia Colonial V enc;:olana. Caracas,
GARCÍA CHUECOS, HÉCTOR, Estu d lOS
1938, t. II, p. l.
: GARCÍA CHuEcos, H., ob. cit., t. II, P· l.
a LEVENE, RICARDO, Historia de América, t. VI, p. 309.
.
17 y 18.
. toria del Reinado de los Reyes Católicos, t. I, pp.
t PRESCOTT, WILLIAMS, H ts
l

Estos fueros daban al ciudadano la facultad de organizar ayuntamiento para
la dirección de los negocios del municipio, bien así como la de designar los
jueces que administraran justicia en lo civil y en lo criminal. Ningún hombre
podía según los fueros, ser molestado en su persona o en sus bienes sino por
determinación de los jueces municipales, cuya autoridad era tan precisa que
a los tribunales superiores no les era lícito avocarse el conocimiento de los
asuntos que estuviesen ventilándose por los jueces municipales; las libertades
públicas habían llegado a una madurez verdaderamente ejemplar.'
El doctor Angel César Rivas en su discurso de ingreso a la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, nos dice, refiriéndose a este tip·o de libertades públicas otorgadas a los ayuntamientos, que en Castilla habían llegado
al punto de que con frecuencia se establecía en las cartas, que a los nobles
no les era permitido adquirir propiedad raíz dentro de los límites del Municipio; que no era lícito a los mismos levantar en ellos fortaleza alguna y que
cuantos de su clase residieran en la jurisdicción mencionada quedaban sujetos
a la autoridad municipal, la cual podía rechazar legalmente por la fuerza
cualquier ataque de aquellos contra los ciudadanos. 6 "Así, mientras que los
habitantes de las primeras poblaciones de otras partes de Europa gemían bajo
el yugo de la servidumbre feudal, los de las villas y ciudades castellanas que
vivían bajo la protección de sus leyes y magistrados en tiempos de paz y eran
mandados por sus propios oficiales en la guerra, estaban en el pleno goce
de todos los derechos y prerrogativas de los hombres libres". 7 Por su parte
el doctor Rivas agrega que los ciudadanos de Castilla no se limitaron a entender en los asuntos exclusivos de su ciudad, se restringía el poder del soberano y se afirmaba el imperio de las libertades adquiridas. 8 Y por un natural
reflejo al proyectarse el Cabildo en Venezuela adquiriría todas las preeminencias del Cabildo castellano.
Consecuentemente con el clima que daba el Cabildo a la sociedad venezolana y teniendo en cuenta la evolución natural y lógica de este pueblo, se
llega a la conclusión de que fue madurando, fue fraguando ese espíritu de
independencia y libertad ante el aspecto despótico de muchas de las autoridades de la Corona.
Sólo un análisis preciso de los diversos factores que privaron en la evolución, no sólo del Cabildo, sino de otras instituciones coloniales de Venezuela,

~ Varios, La Colonia y la Independencia. Juicios de Historiadores Venezolanos. Caracas, 1949.
~ RtvAs, DR. ANGEL CÉSAR, Orígenes de la Independencia de Venezuela. Discurso
de ingreso como Individuo de la Academia Nacional de Historia. Caracas, 1909.
7
PRESCOTT, ob. cit., t. I, p. 19.
8
R1vAs, DR. ANGEL CÉSAR, ob. cit., p. 21.

480
481
H31

�puede llevar a una mayor claridad en la v1sion de los orígenes históricos de

q~eros de Ausb~rgo sólo fue un contrato con la corona de Castilla y que ade-

la emancipación de este país. El desenvolvimiento trisecular colonial venezolano nació, se crió y desarrolló en medio de un sistema de leyes y de instituciones sociales, políticas y culturales, que causó impacto e imprimió carácter
en la estructura colonial y dejó estratos manifiestos que aún superviven en
la estructura nacional republicana, a pesar de acciones negativas, que las ha

mas, los companeros de los Welser eran en su mayoría españoles: sin haber

habido en todos los tiempos; supervivencias como también las dejó el mundo
indígena prehispánico cuyo carácter provocó un Fuero Indígena Venezolano,9

por la lucha represiva del Estado y la ambición del conquistador, situación
jurídica que hizo nacer y desarrollar una amplia legislación desde las llamadas
Leyes Nuevas (1552), cuya aplicación provocó escaramuzas y motines civiles
en el Perú y protestas enérgicas por encomenderos de muchos lugares,1° y
después de la Recopilación de Indias, amplio monumento legislativo comparable a los mayores y más notables del derecho universal."
Dentro de esta circunstancia de tensión y aparato jurídico-administrativo
de la Audiencia, Consejo de Indias, Chancillería y demás organismos vivió

el venezolano desde el siglo XVI, desde que fue puesto el territorio en 1526

e_st ado segregada_ propiamente e:,ta _región del imperio de las leyes españolas,
smo, como lo afirma Humbert
de esas leyes". 16

mas de una vez sintieron sobre sí la sanción

C~n esta estructura inicial y el aparato jurídico-administrativo de la Colonia
r~afinnamos nuestro criterio de que sólo el Cabildo tuvo la constitución pro~
p1amen~e, venezolana, por las preeminencias específicas de esta institución que
le penm:1a por los fueros municipales, dar una estructura propia regional con
las esencias del hombre y del medio; pues mientras instituciones de otra Índole~ Y funciona:ios llegaban de la metrópoli con orientaciones y disposiciones

preCisas, los Cabildos eran la reflexión autóctona de lo que se iba constituyendo
con su propia idiosincrasia.17

'

La. confo~~ción social de la comunidad venezolana fue similar a la de
toda mdoamenca, con sus peculiaridades regionales que sólo fueron una pincelada en el mosaico continental.
La vida colonial en Venezuela fue más que todo una vida criolla en lo ur-

que p'romovió su colo-

bano, puesto que el peninsular se acriollaba en el medio y el hijo de éste era

nización por expediciones enviadas a la Costa de Cumaná y Coro. El rey hizo
del territorio dos circunscripciones, la de Venezuela y la de Nueva Andalucía
y el Dorado, y capituló en el año 1526 la población de la primera con Enrique
Ehinger y Jerónimo Sayler, siendo causahabiente de ellos desde 1531 Antonio
y Bartolomé Welser 13 y la de la segunda con Diego Femández de Serpa en
1568," ambas entidades quedaron sujetas a la Audiencia de Santo Domingo,
como ya lo habíamos referido.
La colonización de la región venezolana dio principio por 1528, ya que los

el ~~e por dere_cho vivía esa vida, en el funcionamiento de la vida social y
pohtica predo~maban lo~ blancos europeos, quienes tenían los cargos princi~ales que los cnollos les disputaban, tal y como aconteció en toda nuestra Aménea; estaban frente a frente dos orgullos en pugna, indiscutiblemente con mayores derechos los segundos; los primeros alegaban su "raza superior" y eran

bajo la inspección de la Audiencia de Santo Domingo,

12

intentos anteriores como el de Uvagua fueron sólo eso, intentos, siendo la
región occidental y un tanto del sur, de mayor ventaja por el tesón de los
alemanes Antonio y Bartolomé Welser, aunque esto representó una mayor cru-

deza por la energía de las bases de la colonización que la de los propios castellanos. Para 1556, época en que concluyó la capitulación de los alemanes
ya existían Coro (1528), el Tocuyo (1545), Borburata (1549) y Valencia
(1555). 15 Angel César Rivas nos hace ver que la capitulación con los ban11
GABALD6N MÁRQUEZ, DR. JOAQUÍN, Fuero Indígena Venezolano. Parte Primera
(1552-1783). Caracas, 1954.
10
DÁVILA, DR. VICENTE, Encomiendas. Caracas, 1927-49.
11
Recopilación de Indias. Lib. IV. Tit. I-XIX.
11
Ob. cit. Lib. II. Tit. XV. Ley II.
11 HuMBERT J., L'Ocupation Allemande du Venezuela au XVle. Sieclé. 1928.
1
• Apuntes Estadísticos del Estado Cumaná, 58.
u RlvAs, ANGEL CÉSAR, ob. cit., p. 32.

482

~ombres P?'. l? general llenos de prejuicios y supersticiones de sangre y de
ti tu los .n~b1hanos,. muchas veces discutidos, por su parte el criollo pretendía

el dormn10 de la llerra donde había nacido y consideraba que sólo a él correspondía. Los pardos, u hombres de color, eran el mayor número, como mestizos
de las razas blanca, broncínea y negra y como los nativos sin mezcla estaban
relegados a un plano inferior y sólo tenían permitido los oficios m~nuales y
las bellas arte.s; los esclavos negros y los sirvientes nativos formaban generalmente la servidumbre. Calcúlese que la capitanía general de Venezuela tenía

en. las proximidades del movimiento emancipador 800,000 habitantes, distrib,mdos en los 950,000 kilómetros cuadrados de superficie, constituían mayona los hombres de color y luego se contaban los criollos y peninsulares que
éstos eran en minoría, pues se calculaban unos 12,000.
Aun cuando hubo intentos y propósitos de mejorar intelectualmente a la co•
munidad venezolana, la masa estaba en una categoría ínfima, pues esto con~
ob. cit. Introducción.
Recuérdese al Ayuntamiento de la Ciudad de México y el caso particular, en el
Movimiento Emancipador, del Lic. Primo de Verdad y Ramos.
JG HUMDERT,

17

483

�venía indiscutiblemente a la política regional, y por lo general sólo los criollos
estudiaban en escuelas particulares o públicas y después seguían carrera en
la Universidad de Caracas, en el Colegio de Mérida o bien en Santo Dominao Santa Fe o la ciudad de México del reino de Nueva España, por ello
vem~/ que muchos de los venezolanos que figuran en la revolución emancipadora, carecían de la preparación necesaria, y buen número de ellos eran
autodidactas. 18
Adúcese como una de las razones o motivos principales para la guerra a
muerte durante la lucha de la independencia, la premeditada ignorancia con
que España mantuvo a Venezuela, con objeto de _retener mejor,el comercio,
la agricultura y ganadería y los diversos monopolios que se habian f~ndado,
ello hizo que fuera creándose un rencor latente co~tra los_ qu~ dommaban,
porque privado de toda noción de libertad e_n s~ vida o_rdmana, no encontraba modo de expresar sus sentimientos y aspiraciones y siempre pensando en
•
,
un porvemr
mas
venturoso.19
.
,
Sólo una minoría formada por criollos y algunos mestizos sab1an lo que
era_. aunque en forma inicial, el sentido de patria, los demás por el ai~lam~e~to
con Esp·aña y la ignorancia de las esencias que constitu~en a la _patria, v1v1an
sin el vínculo de las tradiciones, desligados de toda esencia aglutmante. . ,
La vida colonial fue en las ciudades, dentro de una paz y tranquilidad
manifiesta, sin mayores entretenimientos que la vida cotidiana de las transa~ciones propias de un mtmdo más medieval que renacentista, con entretenimientos a veces de tipo religioso o de fiestas reales, en ellas como e~ natural
participaba el pueblo en su segundo medio; vida galana de la sociedad de
la época, muy particularmente la de Caracas, donde -nos ~ice la obra de
Levene- las familias mantuanas, las que venían de los conqmstados Y gobernantes mantenían en vivo las pocas tradiciones de la patria.
En los campos -nos sigue diciendo-- el que más se esbozó c~n sus perfiles
propios fue el llanero, semejante al gaucho de las Pampas argentmas:, ocupa~o
en domar potros y carnear reses para su industria y diaria ahmentac10n, a1::_en
de improvisar coplas alegres al son de sus maracas ~ ?uitarras: Desde m~os
se ejercitan y ejercitaron en el manejo de sus fuerzas f1s1cas y adiestran su_ rustico ingenio en la astucia, disimulo y agilidad, para salvarse de los peligro;
de una naturaleza indómita y salvaje. En la guerra, desde luego, encontro
el llanero su vocación natural, de alli el papel preponderante que tuvo en las
campañas, tanto en las filas realistas como en las de la emancipación. Y p~ra
completar este magnífico cuadro de los llaneros, la ?bra de Levene nos_ dice
que sin más ley que su habilidad en el rodeo, la reciedumbre de sus punos y
18

19

484

LEVENE, RICARDO,

Ibidem.

oh. cit., t. VI, p. 310.

su afilado cuchillo, se advierte que cuando algún habitante de las montañas
cometía un homicidio o latrocinio, para evitar los inconvenientes de la intervención de la justicia, se refugiaba en los llanos, donde se convertía en cuatrero.
En esta forma tan clara y precisa la obra de Levene nos da los rasgos principales de quienes con su lanza en ristre y sobre indómito caballo serían los
bravos combatientes en las luchas cruentas por la emancipación venezolana. 20
Esto no quita que un grupo selecto de criollos y mestizos fuera el núcleo
que contribuyera a formar el espíritu de nación y conservar todas esas inquietudes y esencias que pudieron consolidar y ser la circunstancia principal y el
alma de un movimiento que un poco complejo por diversas influencias trajo
el rompimiento del vínculo con la Metrópoli.
Aun cuando la política de España en sus colonias, muy particularmente en
Venezuela, fue la de preservar la entrada de ideas distintas a las tradicionales,
las corrientes del pensamiento se manifestaron con espíritu de renovación desde
el siglo XVII, subrepticiamente hicieron presencia las ideas de la modernidad
como algo inevitable.
U na minoría selecta venezolana, con una conciencia de mayoría de edad, y
que había captado esa serie de inquietudes, estuvo apta para lanzarse por nuevos cauces con sentido autonomista, hacia una postura de soberanía, de libertad e independencia, no sólo dentro de un concepto económico, ni político,
sino ideológico, dentro de la corriente cuyo movimiento recibe tónica del
liberalismo europeo y cuyas raíces pueden encontrarse muy atrás, desde que
en Venezuela empezó a conformarse una conciencia mestiza. 21
Los descubrimientos geográficos; la ruina de la economía feudal; el establecimiento de nuevas iglesias que no reconocían ya la supremacía de Roma; la
revolución científica que trastornó las perspectivas mentales; el volumen creciente de los inventos técnicos que es causa de nuevas riquezas y aumentos
de la población; el invento y desarrollo de la imprenta tipográfica, con su
inevitable consecuencia sobre los ensanches de la cultura, de lo cual nace una
teoría política que, en Maquiavelo y en Bodin, funda la investigación del
problema social en la relación del hombre con el hombre y ya no en la relación del hombre con Dios.
Esta vida nueva de los ilustrados de los siglos XVII y XVIII fue infiltrándose a pesar de la vigilancia y de la acción de algunos tribunales como el de
la Inquisición, en las colonias españolas de ultramar y fue creando una crisis
de la conciencia venezolana así como transformando su fisonomía p'ropiciándola para el movimiento emancipador,
Roto por Renato Descartes el centro de la autoridad tradicional, y erigida
:ro LEVENE, RICARDO,
21

POMPA

y

ob. cit., t. VI, pp. 311-312.

POMPA, ANTONIO,

La Reforma Liberal en México, México, 1965.

485

�la afirmación de propia conciencia en base y fundamento de toda filosofía,
cambió de pronto bruscamente el punto de partida y con él cambiaron los procedimientos todavía más que las soluciones. He aquí la raíz y la razón de la
nueva doctrina reflejada en América, en Venezuela. 22

•

Es, pues, la doctrina de la Modernidad la que transforma y conforma la
crisis de la conciencia venezolana, dentro de una tónica que imprimen los
mismos ilustrados españoles, quienes la recibieron a su vez de la gran revolución filosófica preparada por los pensadores italianos y españoles del siglo
XVI; es el Cartesianismo y los principios de lo positivo que les llegan a los
ilustrados venezolanos por los ilustrados europeos, son las ideas muy particularmente de Benito Jerónimo Feyjóo y Montenegro y de Tomás Vicente Tosca;23 es la doctrina de esta gran transformación que los sujetos de la Compañía
de Jesús tratan de acriol!ar dentro de una postura ecléctica y después auspician cuando han sido expulsos por la política de Carlos III ;" es la doctrina de
las sociedades secretas, políticas y masónicas ; 25 esi en fin un nuevo concepto
del mundo y de la vida bajo la tónica de los imperativos ideológicos, políticos
y económicos lo que ha transformado y creado una nueva crisis en la crisis de
la conciencia venezolana, propiciándole idoneidad para la lucha p·or la emancipación.
Preparado el clima con el concurso de múltiples circunstancias internas, da
aliento el de otras circunstancias del mundo exterior, y por ello vemos que
potencias como Inglaterra y Francia participan, lo mismo que los Estados
Unidos, en acelerar ese movimiento que llevaría a Venezuela a la emancipación de la Corona española. Aquí resurgirá la lucha secular entre Inglaterra
y España y la lucha ideológica entre España y Francia y los intereses de una
21

POMPA y POMPA, ANTONIO, ob. cit., México, 1956.

u

FEYJÓO

y

MONTENEGRO, BENITO JERÓNIMO, Teatro Critico Universal. Madrid,

1778-79.
Cartas Eruditas y Curiosas. Madrid, 1760.
ToscA, ToMÁs VICENTE, Apparatus Philosophicus Sive Enciclopaedia Omnium Scien-

tiarum (Valencia, 1754).
:u QuIROZ•MARTÍNEZ, ÜLGA VICTORIA, La introducci6n a la Filosofía Moderna en
España. El Eclecticismo Español de los siglos XVII y XVIII. México, 1949.
NAVARRO, BERNABÉ, La Introducci6n de la Filoso/la Moderna en México. México,

1948.
is LAZCANO, MARTÍN V., Las Sociedades Secretas, Políticas y Mas6nicas en Buenos
Aires. Buenos Aires. P. García. "El Ateneo", 1927, 2 V.
NrcoLÁs RANGEL, COMPILADOR, Los Precursores I deol6gicos de la Guerra de Independencia, t. I. La Revoluci6n Francesa, t. JI. La Masonería en México. México,
1929•1932. México. Archivo General de la Naci6n.

486

nación joven y pujante, los Estados Unidos; además de otras potencias; como
intereses de empresas holandesas.
La sociedad criolla y mestiza empieza a manifestar, no ya inconformidades
sociales discretamente expuestas, sino manifestaciones agresivas, y como un
reflejo aparece la actitud de nativos y negros y así tenemos que desde la segunda mitad del siglo XVIII, el espíritu de rebeldía de algunos grupos hace
preocupar a las autoridades españolas; es el malestar propio de una situación incómoda para las mayoríasi e intolerable para las minorías que aprovechan intereses externos ya económicos, ya políticos, ya ideológicos; los criollos
tratan y no tratan de romper con el régimen español puesto que piensan, como los criollos mexicanos, en Femando VII; los mestizos son más del lugar
y ellos proponen el rompimiento total con la metrópoli; la tensión esp'iritual
del venezolano siente y hace sentir más, como sus hermanos de Continente,.
el momento aventajado de esta crisis.
El expediente formado por las autoridades de la Capitanía General de Venezuela, con motivo de la insurrección acaudillada por Juan Francisco de
León en 1749, con el fin de lograr la expulsión de la Compañía Guipuzcoana,
contiene, en efecto, elementos preciosos para el estudio de la situación generar
de la Provincia en aquellos momentos; para medir el grado de su progreso
económico y la densidad de su población; para señalar las circunstancias políticas, particularmente en lo relativo a la ingerencia de los negocios locales
por parte de las autoridades peninsulares; y para apreciar el grado de la evolución del espíritu público frente a los problemas planteados por la colonización, especialmente los políticos ya que iba dando lugar el desarrollo ascendente de las fuerzas vivas autóctonas. 27 La manera como el patriciado caraqueño, lo mismo que "la plebe toda de estos valles", según reza el expediente,
hubieron de comportarse dentro del antagonismo político y económico surgido de la actuación de la Compañía Guipuzcoana, pone de manifiesto, en
forma muy clara y elocuente, el vigor con que los nativos sin distinción de
categorías, reaccionaban solidariamente ante las pretensiones absorbentes de
los elementos metropolitanos. 28
En el archivo del Consejo Municipal de Caracas existe documentación del
cabildo de la Ciudad que completa los expedientes de esta insurrecci¡Sn de
don Juan Francisco de León, uno de los p'recursores destacados del movimiento
de emancipación venezolano.
La población negra en Venezuela es capital para entender la composición
social de ese país y por consiguiente, la influencia que tuvo en muchas de
:, Documentos relativos a la insurrección de Juan Francisco de León. Prólogo de
Augusto Mijares, Caracas, 1949.
2t

lbidem.

487

�las actitudes del venezolano en la época colonial son de inexcusable presencia;
así lo acepta el doctor Pedro Manuel Arcaya en sus diversos trabajos de so-

decreto de 25 de julio de 1796, y así fueron destinados a reclusión perpetua

ciología venezolana.

en los castillos de Puerto Cabello, Portobelo y Panamá, 29 en tierras americanas.
Un equipo magnífico de revolucionarios intelectuales aposentaría en lugar

Al enfocar el doctor Arcaya los diversos complejos móviles que determinaron el principio y luego el desarrollo de la insurrección de los negros de
las serranías de la región de Coro en 1795, puntualiza con claridad el medio
social donde estalló la sublevación y el panorama esclavizante en Venezuela,

muy particularmente en la región de Coro. Lugares y haciendas en los cuales
estaban distribuidos los esclavos, la transformación de esa esclavitud en servidumbre de gleba, la organización social y económica de estos esclavos en

las haciendas agrícolas y de los que moraban en los fundos pecuarios así como de los destinados al servicio doméstico.
El valioso estudio del doctor Arcaya analiza la forma como los negros y los
pardos libres llegaron a formar una numerosa congregación de hombres de
población en el partido de Coro, y cómo el proceso de emancipación de los
esclavos fue iniciado desde la fundación de la Colonia, ora por ¡&gt;'ropio rescate, ora porque los amos, como era frecuente, les hacían gracia de la libertad,
manumitiéndoles por escrituras o testamentos.

t

Como era natural, los negros de la región de Coro en ese complejo devenir de intranquilidad y opresión, fueron activos agentes en esta conjuración
en que participaron José Leonardo Chlrinos muy particularmente y algunos
otros, como se asegura, de la talla de José Caridad González. Muchas circunstancias operaron en este movimiento de los negros, que consideran como
inicial en la lucha por la emancipación, muchos rumores hubo que se conjugaron para que estallara el movimiento que con enérgica y sangrienta repre-

sión sólo gestaba un esfuerzo de mayor altura.
El día 3 de febrero de 1796, día de San Bias, debía estallar en Madrid la
conspiración planeada para transformar la monarquía es¡&gt;'añola en RepúbHca
-nos dice Pedro Grases---- al estilo de lo acontecido poco antes en Francia.
La influencia de las ideas francesas tenía que sacudir forzosamente la península. Un grupo de hombres de letras dirigía la conspiración, capitaneados por
Juan Bautista Mariano Picornell y Gomila, mallorquín de Palma, maestro
reform'ador de la escuela tradicional en España, autor de vanos tratados pedagógicos, políticos. Acompañaban a Picornell, José Lax, Sebastián Andrés, Manuel Cortés Campomanes, Bernardo Garasa, Juan de Manzanares, Joaquín
Villalba, Juan Pons Izquierdo, todos profesionistas, abogados, médicos, profesores, quienes la víspera, es decir el 2 de febrero, fuer~n hechos prisione:~s,
excepto Garasa quien alcanzó a huir a Francia. Este mtento de revoluc1on
en España iba a terminar con la vida de los con jurados, mas por la interven-

ción del agente francés, Mr. Perignon, se logró una conmutación de pena por

propicio y donde había voluntades decididas como las de los hombres de
San Bias.
La piratería había hecho difícil el tránsito de la marina española y por
este motivo, los conspiradores fueron transladados separadamente y encerrados
en las mazmorras de La Guaira, entre tanto se les llevaba al destino final, así
llegó a La Guaira el bergantín correo "La Golondrina", con Juan Bautista

Picornell, dirigente principal del movimiento de San Bias, hombre dinámico,
de decisión, tiempo después, Sebastián Andrés, José Lax, Manuel Cortés Campomanes y Juan Pons Izquierdo, quienes continuaron sus propósitos revolucionarios.

Al contacto de los conjurados de San Bias con los americanos de La Guaira,
se inició una nueva conspiración, la de Manuel Gua! y José María España,

historiadores venezolados como Caraccio!o Parra Pérez lo han estudiado y
Pedro Grases lo trata ampliamente.'°
El día 13 de julio de 1797 fue denunciado el intento de sublevación al
capitán general de Venezuela, don Pedro Carbonell, siendo encarcelado buen
número de los comprometidos, mas don Manuel Gua! y don José María España lograron escapar y refugiarse por lo que parece en Curazao. 31
Tiempo después José María España regresó a La Guaira donde fue detenido, procesado y luego condenado al suplicio, ejecutándosele en Caracas el
8 de mayo de 1799. Gua! murió en Trinidad, en San José de Oruña, el 25 de
octubre de 1800.
El movimiento de la emancipación venezolana no había terminado, había
&lt;:oncluido tan solo un episodio.

Un importante hallazgo hecho por el historiador colombiano don Jorge Ri-cardo Vejarano, da una contribución de particular importancia en el estudio
de los orígenes de la emancipación venezolana y que se refiere a la con jura-

&lt;:ión de 1808 en Caracas, dirigida con el fin de formar una junta suprema
gubernativa que rigiera los destinos de Venezuela y según se desprende, como
lo conjeturó el doctor Vejarano, da oportunidad para estudiar dos aspectos
diferentes dentro de los movimientos de emancipación, el que se refiere a

julio de 1808 y el que hace a noviembre del mismo año, este segundo de
n

LAFUENTE, MODESTO,

•

GR.ASES, PEDRO,

Historia General de España. Madrid, 1869.
La conspiraci6n de Cual y España. Caracas, 1949.
n DAUXIÓN LA VAIS.E, jEAN FuNi;:ors, Vo, 1agt aux iles de Trinidad, et Tabago, dt la
Margarite, et dans diverses parties des Venezuela, dans L'Amerique meridionale. París,

1813, II, 116.

488
489

�extensísima documentación en 23 cuadernos que componen las declaraciones
de conjurados y testigos, a quienes se siguió un amplísimo proceso que obtuvo
sentencia el 4 de mayo de 1809; en este documento de una grande importancia y que publica el comité de Orígenes de la Emancipación, de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, se tienen
multitud de testimonios, de confesiones, de informes y declaraciones que llevan no sólo a atisbar con conocimiento de causa, sino a palpar el estado de
ánimo, la crisis de la conciencia patria que operaba en Venezuela.
Desde antiguo, aparecen testimonios que hacen manifestación franca del
estado social, económico y político de Venezuela, muy particularmente al finar
del siglo XVIII; de los proyectos fallidos y de los vaticinios, algunos después
comprobados acerca del futuro de Venezuela, se conocen y se conservan en
repositorios documentales; uno de ellos el que dejó don Gabriel Femández
de Villalobos, tiempo después Marqués de Varinas, en que vaticina la pérdida
de las Indias para la monarquía española. El comité de Caracas para el movimiento emancipador, dependiente de la Comisión de Historia del Instituto
Panamericano de Geografía e Historia, publicó Vaticinios de la Pérdida de
las Indias y Mano de Relox con una introducción del Dr. Joaquín Gabaldón
Márquez. 32
Fernández de Villalobos natural de Cuenca, Castilla la Nueva, pasó a las
Indias en 1654, cuando tenía doce años, estuvo en Cuba y fue un observador
muy dedicado y aprovechó cuanto le fue dable observar; se dio cuenta de
los traficantes de negros, supo de la vida en las Costas del Brasil, fue prisionero y salvado por traficantes holandeses, visitó Curazao y escribió Vaticinios
de la Pérdida de las Indias, que tuvo por primer título Desagravio de los Indios y Reglas Precisamente Necesarias para Jueces y Ministros, así también
escribió Mano de Relox que muestra y pronostica la ruina de la América e
ldrografia y Cosmografía de la América de Sona a Sona. Femández de Villalobos como se ve en sus manuscritos era un conocedor del medio y del hombre,.
por ello con tanta certeza pronosticó las consecuencias del coloniaje cruel

hacen ver testir~on~o_s expresivos y valiosos como el de don José de Austria
o el de ~on_ Jose Fehx Blanco, libro de influencia definida que vino a recon
fartar y Justificar las opiniones sobre la emancipación. u
-

Como, referimo~, la corriente de la mo-dernidad imprimió una fisonomía a la
r~vo~uc1on e~~nc1padora y no sólo los hombres en lo particular sino ue instituciones se f1ha~on a esta corriente renovadora, ni que decir de las so1edade
s:~~~ta~, ~as polít'.c~s por táctica de lucha, el secreto conservaba mejor la se~
g n a
el eJerc1c10 de un plan, mas las sociedades masónicas lo tenían como
una no~a. y tomaron participación en forma definida puesto que encerraba
~st~ ~ov~~uento ~~stulados humanos de libertad, por ello vemos Ia acción de
a ogia Lautaro de Londres: donde se iniciaron muchos de los caudillos
ie _la !~cha por la emanc1pac10n, además muchos oficiales eran iniciados en
og1as¡¡ otantes, es .dec1r, en los barcos que traían cuerpo rm·1·t
1 ar o aun en
aque os que se dedicaban al comercio por ello ]a maso ' 1·
•
· ·,
d
'
nena 1ene una partic1pac1on muy estacada en el movimiento emancipador de América.
Otra
institución, la Compañía de Jesús' tamb"é
·
1 n es importante
• •
en este
mov1m1ento de la independencia, pues aun cuando estaban la
, d
los . t
1
11
mayoria e
suie os expu sos, a e os se debe el progreso de las ideas de la mo-d "d d
q
·
· · hl
erma,
uc vieron en mev1ta e c?rriente y que adaptaron a la concepci6n venezolan~ del m~ndo Y de la vida; entre las figuras notables de este movimiento
est~ _e_l Jesuita Juan Pablo Viscardo, quien merece en particular estudio y un
anahs1S Justo a su Carta Dirigida a los Españoles Americanos publicada en
L ondres 1801."
'

y tonnentoso. 33
Otro observador de la vida venezolana fue Tomás Paine (1737-1809) in-glés de origen, demócrata y luchador denodado por la libertad, de este importante escritor existe La Independencia de la Costa Firme, traducida del inglé~
al español por don Manuel García de Sena, este interesante estudio cuandofue publicado y al ser conocido en Venezuela fue libro de sensación, así lo

Así como encontramos instituciones como las referidas en el p
d ¡
·
•;
b''
,
roceso e a
"'.'1anc1pac1on tam 1en_ h_ubo países entre los que destacaban Inglaterra y Francia. •Inglaterra
es . defm1t1va en la emancipación de Ame'r"ca
.,
.
1
y 1a ptratena
auspiciada
desde
tiempos
remotos
por
ella
es
la
que
rompe
la
,·nte
·
.
rcomumcanón entre la metrópoli y las colonias; ejemplo destacado es la Escuadra chilena_ que organiza y mantiene Lord Thomas Cochrane. La acción inglesa muy
particularmente en los mares dio el tiro de gracia al coloniai·e arneri
F
•
cano.
rancia con su Revolución Francesa y con política interna en España desde
la, entrada, de los barbones, cooperó eficazmente a la independencia americana,
lo hacia ver a la Corona Española y al Virrey de Nueva España el minIStr_o don Lms de Onís, quien residía en los Estados Unidos como plenipotenciano. Napoleón Bonaparte fue uno de los muy interesados por la ernan-

= FERNÁNDEZ DE VILLALOBos, GABRIEL, Vaticinios de la Pérdida de la.s Indias y
Mano de Relox. Con una introducción del Dr. Joaquín Gabaldón Márquez. Caracas.,.

A:

1949.

" lbidem.

490

ª"

La Independencia de la Costa Firme justificada por· Thomas Paine T . t
nos Ha. Trad. de Manuel García de Sena Prólogo de Ped . G
' rcm a
•
·
ro rases.
BATLL~RI, S. J. MIGUEL, El .A.bate Viscardo. (Historia y Mito de la Intervención
de los Jesuitas en la Independencia de Hispanoamérica). Caracas, 1953.

491

�cipación americana y conocemos lo menos tres instrucciones dadas a los agentes

gobierno, a pesar de sus ofertas, porque está empeñado en arrancar a la co-

revolucionarios en América.36
A Francia más que todo le interesaba la independencia de Amfaica desde
el punto de vista ideológico y por ello luchó en diversos aspectos; s1 a Inglaterra interesaban los mercados y el progreso de la revolución industri_al, I_o que
acontecía también con Holanda, a Francia le interesaban las conciencias, el

la Soberana y le da amplia recomendación para sus Ministros en Europa, le
cubre con el uniforme de Coronel ruso y una orden por miles de libras ester-

rona española sus Colonias hispanas. La grandeza del propósito halaga a

linas. De este modo generoso salvó Catalina al futuro precursor de la inde-

pensamiento del americano.
.
.
La revolución de la emancipación amencana, coro~ hemos d1c~o, en su
esencia es una e indivisa, obedece a un común denommador que impone la
evolución y el progreso de la humanidad.
.,
.
.
.
La figura prominente, no sólo en la emancip~c1on a~encana, smo !igura
en la revolución universal, es don Francisco de Mtranda, ilustre caraqueno_ nacido en 1750 y ausente en forma definitiva en 1816, es por ello el pnmer
criollo de dimensión histórica mundial, el primero que en aquel turbulento
siglo XVIII figura y con categoria en el Viejo Mundo, su nombre está g:abado
de manera indeleble, en forma lapidaria, en el Arco del Triunfo en P~"-, .
El tema de Miranda -nos dice Picón Salas- es para un drama ps1colog1co
político drama de eterna vigencia porque inciden en él, co°:o ~n muchas
~ragedias ,colectivas, el irracionalismo y la lógica, la cultura Y_ el m~tmto ~ cons. ,
las Cortes europeas en los grandes círculos de estadistas financieros Y
pp:l~ti::, siempre pensando :en la libertad de Venezuela. Williams S. Robertson
' una amplia biografía lo m1Smo
·
le dedica
que R"1cardo .Bcrra"ynohay
_e e ,
_
historiador de la emancipación americana que pueda onuttr su nombre,_ hombre de contrastes, incomprendido a veces; para los con~1;adores ~tran~a
aparecía como un peligroso jacobino, para los liberales u~ ~~eJO revoluc1onano.
. el pensaE ra e I d rama del hombre de alta cultura y pulida sens1b1hdad,. era
miento maduro que ya ha tenido la manifestaci6n de la expenenc1a.
_
De este extraordinario personaje, Ricardo Levene en su Historia de Aménca
nos lo describe con amplitud y conocimiento en los interesantes párrafos que

pendencia hispano-americana. Regresa a Londres el 89, después de recorrer
varias naciones europeas. La relación de sus servicios y sus viajes se encuentra
publicada en tomos, titulados Archivo del General Miranda, que corresponden

a 26 volúmenes de infolios custodiados por la Academia Nacional de la Historia en Caracas.

Ya en Londres presenta al Ministro William Pitt en 1790 sus proyectos para
emancipar la América española. En constante labor hasta 1792 por medio de
informes que dirige a varios Ministros ingleses, con el fin de conseguir auxilios militares, a trueque de un comercio en los puertos de las colonias, sin

compromiso alguno de las soberanias de aquellos pueblos una vez emancipados.
Decepcionado de la politica inglesa ante la perspectiva de la Revolución francesa se dirige a París en marzo del 92. Entra en seivicio, como Mariscal de
Campo por sus grandes conocimientos militares, con las condiciones de cooperar a la independencia de América y de atender a sus asuntos económicos .
Su actuación en Francia como militar, escritor y hombre de estado, se encuentra publicada en otros siete tomos, que corresponden a 18 volúmenes de

su Archivo.
Expulsado de Francia por Napoleón, en marzo de 1801, se refugia de nuevo
en Londres donde continúa, ya más hombrado por los grandes acontecimientos

de aquella revolución, en la cual llegó a mandar en las batallas hasta 20,000
soldados, y tuvo bajo su dirección unos 60,000, con el firme propósito de
la Independencia hispano-americana. El conocimiento del fracaso de Gua!
en La Guayra el 99 se pone en inteligencia con éste, una vez refugiado en
Trinidad. En todas las Colonias hay revolucionarios que reciben sus inspira-

,

ciones. En las logias que fundó en España se inician americanos que serán

Francisco de Miranda pasó en 1785 a Inglaterra -nos dice- y continuo
sus viajes por pueblos y ciudades europeas, ilustrando su m~nte para enfrentarse a la Monarquia Española. En Rusia, Catalina II, _a quien se lo presenta
· ado Potemkin acoge con deferencia al suramencano que habla vanos
su pnv
,
I
· · .,
idiomas, tiene conocimientos generales y está per~guido por la n~u1S1c1on
politica de España, Tribunal que odia la Emperatriz. No acepta servir en su

futuros libertadores. Desde México hasta Buenos Aires y el Brasil se extien-

siguen:

• El Movimiento Hist6rico en México, No. l. México.' noviemb,re 1937.
Aº; .. Luis México y sus Revoluciones. Pans, 1836.
MORA, D R. Jos É M ~
•
.
11 RoBERTSON, WM. S., The Life o/ Miranda. Chapel H1ll, 192~.
.da de don Francisco de Miranda. Madrid.
BECERRA, RICARDO, VI

492

.

den sus actividades emancipadoras. Prepara, con políticos ingleses la expedición,

que en 1806 conduce Popham a la Argentina, la cual enseñó a los porteños
cómo se rechazan a los expedicionarios que pretenden ser conquistadores y
no saben ser libertadores. Parte a los Estados Unidos y allá, con la ayuda de
ingleses y americanos, sale de New York en febrero de 1806 con 200 hombres y algunos oficiales que logra embarcar para invadir a Venezuela. A bordo
del "Leandro" iza, por vez primera, su pabellón tricolor, que llama colombiano

en desagravio de la memoria de Colón. Recibe auxilios en Haití y en Barbadas, islas del Caribe, se entrevista con Lord Cochrane, Almirante inglés que

493

◄

�le ofrece su cooperación. En abril se acerca a Ocumare, costas de Venezuela,
pero su gobierno, en conocimiento de la invasión, le recibe en armas y des•

En el primer semestre de 1810 es cuando los emigrados políticos españoles
e hispanoamericanos agitan más en Londres, el problema de la rebelión penin-

truye la expedición. Apresa dos goletas con 58 prisioneros, fusila a diez en
Puerto Cabello y los otros van a las prisiones. La cabeza de Miranda, apellidado traidor, es puesta a precio. Intenta reparar el fracaso y desembarca en
Coro, pero encuentra la ciudad desierta y juzga por ello la carencia de espí-

sular se liga al movimiento que se prepara en las colonias; Venezuela como
Nueva España están en vísperas de algo extraordinario, los Cabildos son el
centro donde se respira con mayor libertad la decisión de la comunidad.
En el momento en que la crisis de la conciencia venezolana llega a una
marcada madurez, las circunstancias generales parece que se hacen más propi•
cias y parece que la hora de la emancipación se halla próxima.

ritu revolucionario. Regresa a Trinidad y desde allí continúa en sus empeños

que los renueva en 1808 al arribar una vez más a Londres.
A la invasión de Bonaparte el pueblo español contesta con el 2 de mayo de
1808 en Madrid, y esto tiene resonancia en Venezuela. Por eso los caraqueños
expulsaron a los comisionados franceses y pretextando los derechos de Fernando VII, se apercibieron a la lucha. El Ayuntamiento depone al Gobernador Emparan, cuando Francisco Salias le obliga a regresar al Cabildo, donde
le esperan Roscio, Félix Sosa y El Canónigo Chileno Cortés de Madariaga
que se nombran, a sí mismos, Diputados del pueblo y del clero. Estos sucesos
constituyen el 19 de abril de 1810 que proclaman la autonomía municipal.

El flujo y reflujo de las conspiraciones sigue. Inglaterra y Francia no descan-

bién al exterior. A Bogotá fue el Canónigo Madariaga, gran revolucionario y
pactó el primer tratado público. A Londres fueron Bolívar, López Méndez
y Andrés Bello. Hubo decretos favorables a la comunidad, en uno de ellos se

san y sus agentes recorren el macizo americano en todas direcciones. España
se aproxima al término de una de sus grandes crisis, lo que se agrava con la
presencia de los ejércitos napoleónicos. La autoridad del rey la ha usurpado
José Bonaparte, y las colonias de ultramar tienen su momento p·ropicio.
Hay ensayos, propósitos y proyectos. Los cabildos toman iniciativas; Venezuela se agita. Caracas crea un Consejo de Regencia, hasta que de la Junta Pa•
triótica, que preside Francisco de Miranda salió la idea de la Proclamación de
lndependencia. Junta patriótica donde con sagacidad y elocuencia destacaba el
joven Simón Bolívar.
El gran acontecimiento de la declaración de que las provincias de Venezue.
la formaban una confederación y se hacían libres e independientes se llevó al

prohibió el trato de esclavos. De las Provincias, siete se adhirieron a la revo•

cabo el día 5 de julio de 1811.

lución y tres permanecieron realistas. Ante los sucesos del 2 de agosto de
1810 en Quito se protestó en Caracas, y se pidió la expulsión de españoles y

En esta forma, Venezuela toma primacía y preponderancia en el movimiento
de la emancipación americana.

La Junta revolucionaria envió al punto comisionados a las Provincias y tam•

canarios, primer grito de exterminio de la raza blanca. El Marqués del Toro,
Coronel de Milicias, sometió en Coro a los realistas en armas. Bolívar regresó
BIBL!OGRAFIA GENERAL

de Londres, en diciembre del 10; con él vino Miranda después de 40 años
de ausencia. La amistad de éste con Bolívar fue de gran importancia, pues
sembró en su joven cerebro el caudal de sus muchos conocimientos.

El 2 de marzo de 1811 se reúnen en Caracas 45 Diputados de las Provincias
de Barcelona, Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. El 5
de julio de 1811 se declara la Independencia absoluta de Venezuela; la "Sociedad Patriótica", convertida por Miranda en Club de Jacobinos, fue eficaz

colaboradora del Congreso, por medio del verbo cálido de Bolívar y otros oradores. Los realistas de las Provincias de Coro, Maracaibo, del Morro, de Valen.

cia en agosto de 1811. En este momento es cuando Bolívar se perfiló ya como
oficial facultativo.
La tormentosa guerra que comenzara en Venezuela se extenderá entre 1810

y 1825 por toda la América del Sur, tocó pues a Miranda dar una tónica, pero
no ser el caudillo central, de todas maneras su figura llena totalmente los ámbitos de la gran revolución.
494

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496

497
H32

�POR LA JUSTICIA EN EL ESTADO Y EN LAS
RELACIONES INTERNACIONALES
GIORGIO DEL VECCHIO

Universidad de Roma

EL MUNDO ESTÁ HOY GRAVEMENTE TURBADO:

una oscura amenaza pone en pe-

ligro la paz, reclamando a nuestra mente los horrores de las dos recientes guerras mundiales. Sería una inmensa desgracia para el género humano si tales
horrores debieran repetirse, tal vez de modo aún más catastrófico por la siempre mayor potencia de los medios de destrucción.
¿ Qué cosa puede salvarnos de éste sino el derecho, que debería inspirar la
política internacional y garantizar un justo orden de paz? Pero, si es fácil afirmar en general este concepto, no es fácil, por otra parte, determinar el preciso

significado, tántos son los problemas que ello suscita, y tántos los errores y los
prejuicios que se oponen a la solución de tales problemas.
Ya la palabra derecho encierra una ambigüedad, que es bueno aclarar de
inmediato. En un sentido meramente formal, derecho significa una coordinación
de relaciones intersubjetivas, por la cual a ciertas facultades corresponden ciertas obligaciones. En este sentido, un cualquier derecho existe necesariamente

en cualesquiera condiciones de vida humana, porque ésta no puede subsistir sin
un complejo de relaciones sociales. Así, no es posible un Estado que no tenga
un derecho propio (en sentido formal) es decir un ordenamiento jurídico, del
cual esto es precisamente el centro y el su jeto.
Pero la cosa cambia si se entiende el derecho como un valor esencial atribuido
a la persona humana, por quien ella puede pretender un absoluto respeto de la
propia naturaleza espiritual. Si sobre esta base se constituye el Estado, esto se
anuncia frecuentemente como Estado de Derecho. Pero sería más propia {para
evitar cualquier equívoco) la denominación Estado de justicia, que propuse
hace ya algunos años 1 y recientemente también como tema de una discusión
1

La Giustizia. (3a. ed., 1946, p. 132 ; y así en las sucesivas ediciones ) .

499

�•

( Estado de derecho y Estado de justicia)'. que se llevó ~ efecto ampliamente
en el último Congreso de la Sociedad Italiana de F1losoha del Derecho. _Pero
no conviene hacer debate de palabras, a condición de que quede bien defm1do
el concepto. Por otra parte, la expresión fütado de Der~cho ha entrado ahora
tan ampliamente en el uso, que sería vano intentar ehi:nmarla. Lo que tmpo:ta
es que se tenga clara conciencia de que con tal expresión no se _trata de designar cualquier Estado que tenga (como no puede no haber) un sistema de le_galidad positiva, sino tan sólo un Estado que se conforme con el ideal de la JUSticia, 0 sea que se reconozcan los derechos fundamentales de la persona hu~~ªNosotros reafirmamos con esto un concepto que, ya anunciado en la ant1guedad clásica, tuvo luego más amplia expresión en las sublime_s máximas d:I
mensa je cristiano, de ahí todavía nuevas razonadas demostracrones en 1~ Filosofía moderna : el concepto, en una palabra, del derecho natural. No ignoramos que a este concepto se oponen todavía diversas escuelas, que a menu~o
representan viejos errores, ya perentoriamente ~e~utados. Algunos a~tores afirman a priori admitir solamente al derecho positivo, y luego con ev1de~te _paralogismo, partiendo de este arbitrario postulad?, deduce~ que, ~or cons1g_u1en:
te no existe un derecho natural. Otros, aduciendo la mexactitud de ciertas
fó:mulas, usadas tal vez p·or simple comodidad de lenguaje _por algunos _jusnaturalistas de los siglos decimoséptimo y decimooctavo, consideran tales m_iperfecciones verbales como una prueba suficiente de la falsedad del pcnsam1en~o
fundamental de aquellos autores y de otros innumerables qu~, ante~ o despues
de ellos elaboraron la misma doctrina sin incurrir en aquella mexachtud. Otros
aún (~r ejemplo aquel gran erudito, pero mediocre filó~~fo que fue Benedetto
Croce) se fundan en la obvia observación de la mutab1hdad de las leyes humanas para rechazar el concepto de un derecho universal, racional o n~tural; 2
como si no hubiera ya estado demostrado c6mo se concilian la eternidad ~e
ciertas máximas de razón con la variedad de sus aplicaciones en el curso h_1st~rico. Tomás de Aquino, por ejemplo, ha claramente exp~ca~o que_ los pnnc1pios de la ley de la naturaleza, mientras permanecen_ en s1 m1sm_os mmutables,
no pueden aplicarse siempre de igual manera, y admiten determinados detalles
"et secundum personas, et secundum negotia, et secundum tempera". 3 Hay, ~n
a en las leyes humanas un elemento de relatividad, que no excluye, sm
sum '
. 1 1 d
embargo, un fundamento suyo absoluto.• Este fund_ame~to, es de,c1r a . ~y e
la naturaleza, vale como criterio para reconocer la Justicia, de ah1 tamb1en las
: B. CROCE Filosofia della pratica - Economia ed Etica. (6. ed., Bari, 1950), ~- _323.
a v. s. To,MAsso, Summa Theol. la. 2a. e, q. 95-97. Cfr. SuÁREZ, De Leg,bis ac
Deo legislatore, L. II, C. XIII, 3-5.
• Sobre esto puede verse mi ensayo Mutabilita ed eternita del diritto (en la revista
"Jus", 1954, y en Studi sul diritto, vol. II, 1958).

500

posibles desviaciones de ella, porque la mente humana es falible, y en la forma
de la juridicidad puede encerrarse una real in justicia.
El significado de aquella ley, que corresponde a una exigencia inabolible de
nuestra conciencia, es esencialmente deontológico, o sea que expresa un deber
ser, válido sobre la esfera del empíreo. De hecho, esta ley puede ser transgredida, pero las transgresiones no destruyen su valor. Sólo una falsa filosofía
desconoce que el ser humano, aun perteneciendo al orden fenoménico, es también partícipe de ideas y de normas universales y eternas. Por esto ello es y se
siente libre e imputable; por esto tiene un lumen rationis naturalis, que le impone el respeto de la Etica en sus ambas formas fundamentales, de la caridad
y de la justicia. Por esto ello puede legítimamente pretender, en el nombre
mismo de la Etica, el reconocimiento de su dignidad de persona.
Conviene advertir que el principio ético es único, y se distingue en sus dos
formas mencionadas sólo porque da norma, respectivamente, a cada sujeto para
sí, y a las relaciones entre más sujetos. La justicia no es otra cosa que el perfil
social de la Etica.
De estas elementales nociones consigue una recta concesión del Estado y de
la Política. Pero ¡ cuántas erróneas doctrinas fueron sostenidas en contra! Para
indicar sólo algunas de las más notables, recordemos que según Maquiavelo
el Estado debe entenderse como fuerza y poder de mando, sin ningún límite
ético; de ahí la justificación del poder absoluto de un príncipe, que tendría fa.
cultad para usar la violencia y la crueldad, y también la simulación y el engaño.' El fin último que Maquiavelo se proponía, es decir "libertar a Italia de
las manos de los bárbaros" con la fundación de un Estado unitario, era noble;
pero su fatal error fue creer que para alcanzar un fin deseado, cualquier medio, hasta el más inmoral, fuera lícito.
Si en la obra de Maquiavelo están, junto a los defectos, también innegables
méritos, bastante menos estimable, por su extremo inmoralismo, es la obra de
Nietzsche. Es bien sabido que, con su extravagante "inversión de todos los
,·alares", él combate ásperamente no sólo los principios fundamentales de Ja
Etica, sino la idea misma del Estado, al cual define simplemente como "un
monstruo". 6
Croce, al contrario, exalta al Estado, pero sostiene "la amoralidad de la Política, la anterioridad de la política a la moral" : 7 una doctrina que se acerca
en sustancia a la de Maquiavelo, sin aquella relativa justificación que se puede
conceder a Maquiavelo con relación a las circunstancias y a las costumbres de
1

V.

JI Pri11cipe, C. XVIII.
Also sprach Zarathustra (en la edición de Leipzig, 1904, p. 69).
' B. CROCE, Elementi di Politica (3a. cd., Bari, 1949), p. 27. V. también del mismo,
contra los derechos naturales, Filosofia della pratica, cit., p. 324.
MACHIAVELLI,

• NIETZSCHE,

501

�su tiempo. Pero tal justificación no puede concederse a quien hoy propugna
semejante doctrina, luego que con tanto trabajo de pensamiento y tanto sacrificio de sangre se ha constituido el Estado sobre las bases de aquel principio de
libertad y de fraternidad, que Croce desprecia y escarnece como "fórmulas
insulsas''. 8
Maguer de que estas falaces doctrinas han sido ampliamente propagadas
volviendo mundialmente famosos a sus autores (porque las paradojas y los
errores más que la verdad procuran fama ) , las máximas capitales de la Etica,
también por lo que concierne al derecho y al Estado, permanecieron siempre
vivas en la conciencia de los pueblos civiles, como aparece no sólo en las obras
de muchos autores, sino también en las leyes constitucionales y en los documentos internacionales: baste recordar, por ejemplo, que la vigente Constitución de la República italiana "reconoce y garantiza los derechos inviolables del
hombre" (Art. 2) , y que análogas afirmaciones están decretadas en la uUniversal Declaration of Human Rights" del 10 de diciembre de 1948.
El viejo sofisma según el cual la Política estaría exenta de la obligación de
respetar la verdad, y así el arte de la política consistiría principalmente en
saber fingir, fue expreso en varios proverbios, citados a menudo todavía; signo
indubitable del perdurable durar de deplorables equívocos en una materia tan
importante. Se ha confundido al silencio, que puede ser sugerido por la prudencia, virtud necesaria a todos y particularmente a los hombres de Estado,
con el vicio de la mentira, vicio tanto más criticable cuanto más elevada es la
condición de los que se hacen culpables de ella. Justamente observó Romagnosi
que los gobernantes deberían dar el ejemplo de la veracidad y de la lealtad.'
Y Mazzini inspiró todo su nobilísimo apostolado en el concepto del uculto a
la verdad", combatiendo enérgicamente contra ula diplomacia fundada sobre
la mentira", contra "las teorías de los delitos útiles y de la mentira oportuna,
y otras semejantes". "Es necesario, es urgente", declaró, "fundar la política sobre la moral". 10 Y dirigiéndose especialmente a los jóvenes de Italia, así los
amonestaba: ~'Alejad de vosotros a los predicadores de maquiavelismos, de
tácticas, de oportunidades. No es así como se crea una nación; se crea con la
verdad, con la audacia en la fe, con el sacrificio".
Máximas luminosas, a las cuales la Historia misma confirmó: porque la
unidad de Italia fue hecha por la virtud y el heroísmo de los que siguieron,
8

Elementi di Politica, cit., p. 23.
RoMAGN0s1, Instituzioni di civile Filosofia essia di Giurisprudenza teorica (en Op.,
ed. De Giorigi), vol. III, p. § 2974.
ro MAzzrnr, Scritti editi e inediti (ed. Daelli) , vol. VI, p. 232 y sig.; vol. XI,
p. 74; etc.

mientr~s los frau~es Y los engaños aconsejados por Maquiavelo no valieron
para librar a Italia de las discordias intestinas ni de las dominaciones extranjeras.
Una_~ª polític~ n_o puede prescindir de aquellos principios de moralidad y
de Justicia que estan impresos en el espíritu humano por su naturaleza racional. A tales_ principios deben conformarse las constituciones de los Estados que
qmeran calificarse como legítimos, según la acostumbrada fórmula, "de derecho". Corresponde ahora a la política promover la aplicación y el desarrollo
de los mismos principios, con relación a los medios existentes y a las condicio-•
nes de hecho. Esto pide un continuo trabajo, porque la vida del Estado no
ca.nace pausas, mientras mudan a menudo las circunstancias, y en el seno
".1'.smo del Estado son frecuentes las discrepancias y los contrastes, que la poht1ca debe tratar de resolver, teniendo siempre como mira las bases y los fines.
esenciales del Estado.
Por otra parte, a nadie escapa el hecho ( demasiado claramente demostrado
no sólo en la historia del pasado, sino también en la actual experiencia) de que
un Estado puede erigirse sobre bases diversas de las indicadas por la ley natur~l. o sea rac10n~l, qu_e la Teología concibe como un reflejo a la sapiencia
d1vma. Por la existencia de un Estado, en rigor, es suficiente el instaurarse de
un poder de hecho sobre un cierto pueblo en un territorio determinado, aunque·
t~l poder se funde solamente sobre la fuerza y no sobre el derecho, en el sentid~ ~ue habíamos arri~a exp'licado. Se tendrá, de un lado, una política oportun1stica, que secundara aquel poder; pero se tendrá en contra otra política
que trayendo inspiración de los más profundos motivos del ánimo human~
t~~derá a la co~stitución de un Estado diverso, esto es, de un Estado de justicia. Esto podra suceder por vía de reformas, pero en los casos más graves.
también con una sublevación y una revuelta. La celeste voz de la conciencia
no podrá ser callada definitivamente; y de esto la historia de todos los tiempos da innumerables ejemplos. Célebres son las palabras de Antígena en la
tragedia de Sófocles, que contra la cruel prohibición de un tirano invocó "1as
leyes indestructibles de los dioses", palabras que, según el P. Yves de la Briére,.
son "le témoignage de l'ame naturellement chretienne". 11 No menos célebre
es aquel llamado al Cielo ("appeal to Heaven" ) , que Locke indicó como
última instancia cuando no sea posible un llamado a una autoridad terrena. 12
Análogas son las expresiones de Guillermo Tell en el drama del poeta Schiller:
la potestad de los tiranos tiene un límite ("eine Grenze hat Tyrannenmacht"),

i

502

n YvEs DE LA BRIERE, La race et le droit (en el vol colectivo: Racisme et Christianisme, Paris, 1939), p. 112.
12 LocKE, Two treatises of government (1690), II, Ch. XIX, § 242.

503

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,,

1

'

1

y cuando el peso de la opresión es intolerable, el oprimido trae del Cielo sus
eternos derechos, inquebrantables como las estrellas. 13
•
Al Estado, en cuanto personifica un orden jurídico positivo, se atribuye formalmente la calidad de soberano. Pero la soberanía se puede entender en dos
modos bastante diferentes: como poder absolutamente arbitrario, o como poder vinculado a una ley, y por esto no ilimitado. Análogamente, la libertad dd
.individuo se puede concebir o como simple arbitrio, o como facultad s~bord1nada a una ley. Es fácil percibir que en el primer sentido, soberanía y libertad
no tienen éticamente valor alguno. Un Estado que se considere desligado de
la obligación de respetar los derechos fundamentales que sus ciudadanos así
como los de los otros Estados, y hasta de la obligación de tener fe en lo'. tratados concluídos por sí mismos ( aunque esto, como es notorio, ha sucedido a
veces y fue sostenido por algunos autores), no es un verdadero Estado, es un
ultraje a la razón humana y una permanente amenaza contra la paz del mundo. Asimismo, es una vana ilusión que el hombre esté libre cuando sucumbe
al impulso de las pasiones; lo cierto es que él es tan sólo cuando obedece a la
ley de la propia naturaleza espiritual.
No ocurre insistir aún sobre estos elementales conceptos para rech~zar los
gravísimos errores que hemos señalado. Conviene más bien notar cu~n inaceptable es también una tesis que se hace retroceder a la Paz de Westfaha ( 1648),
según la cual un Estado habría tenido que observar solamente aqu:llas normas
del derecho internacional al cual haya dado el concurso de la propia voluntad.
Pero en verdad no parece que con los tratados de Westfalia se haya quendo
negar la existencia de una ley de la razón, válida para todas las gentes; ~on ello
se intenta más bien poner en relieve que ningún Estado debe ser sometido a la
hegemonía de otros Estados o de otras parecidas potestades. Inex_act_ª, es pues,
a mi parecer, la interpretación de algunos autores respecto al s1gmf1cado de
esos tratados.
. ,
Cierto es que la idea de una sociedad natural_ d~l ~énero humano,_ ya mtmda
en la antigüedad clásica y convalidada por el Cnst1amsmo, tuvo p~rc1ales ac:uaciones, como ya antes de la Paz de Westfalia, así también en los siglos sucesivos
y especialmente en la edad más reciente, aunque no llegando a _aquella realización integral, que aparece todavía como una met~ un tant~ leJ~ª·
La organización unitaria, hacia la cual está encammad_a la h1st~n~ ~el mundo, para ser sana y vital debería fundarse sobre los. m1:mos prmc1p10s a los
cuales deben conformarse, como decimos, las const1tuc10ne~ de los Estados
. lares. La adhesión de éstos a la organización
internacional debe• repupart lCU
.
.'
tarse obligatoria, y facultativa como la considera actualmente la Orgamzac10n
de las Naciones Unidas. Ningún Estado tiene el derecho de rehusarse a entrar

en relaciones p'acíficas con los otros Estados del mundo. Justamente el gran
jurista español Francisco De Vitoria, afirmando que "totus orbis alique modo
14
est una respublica", sostiene el principio de libre comunicación de la gente
de intenciones pacíficas y consideró la violación de este principio como una de
las pocas justas causas de guerra. 15 El mismo concepto fue sostenido, no mucho después, de otros grandes juristas y filósofos, como Alberico Gentili y
Francisco Suárez.
La adhesión a la sociedad universal no significa que a todos los Estados
deban atribuirse en el organismo social iguales funciones y poderes. Por el contrario, debería aplicarse aquí la distinción entre los Estados legítimos o de
justicia y aquellos que desconocen los derechos esenciales de la persona humana. Solo a los primeros, en mi opinión, deberían atribuirse facultades deliberativas, al menos para las materias más importantes, mientras a los segundos
podrían concederse funciones menores, haciendo depender la atribución de
aquellas mayores de una reforma de sus defectuosas constituciones, lo que
-obviamente valdría como estímulo para una tal reforma.
Un falso igualitarismo, que no tenga relación con las diferencias de capacidad, de méritos y de actitudes, donde ellas son realmente de gran peso, es
un error gravísimo; y duele deber notar que de tal error no está exenta la
Organización de las Naciones Unidas, que especialmente en los últimos tiempos ha admitido en su seno un gran número de pueblos apenas salidos de la
barbarie, y privados del todo de válidas normas constitucionales, equiparándolos
a Estados entre los más civilizados del mundo. Con otra evidente anomalía, la
Carta de esa Organización ha concedido una posición de privilegio a cinco Estados (los llamados "original members"), ciertamente no todos respetuosos
&lt;le los derechos humanos, dando a cada uno de ellos la facultad de impedir
las deliberaciones de los otros para todas las más importantes materias. Ya in-convenientes no pequeños se han verificado, en consecuencia de estos defectos;
y hay el peligro de inconvenientes aún más graves, especialmente si, como no
está del todo excluído, alguno de los miembros privilegiados concuerde con
los numerosos Estados que ignoran la libertad y la justicia, para oponerse a
]os que representan y sostienen estos ideales.
No debemos todavía repudiar esa Organización, si bien debemos hacer votos
:para que corrija sus imperfecciones a fin de que pueda más eficazmente operar
en su noble fin. En caso contrario, ninguno puede garantizar que, como ella
-sustituye a la difunta Sociedad de las Naciones, así no debe a su vez ser sus1ituida por otra Organización que defienda mejor los derechos humanos.
F. DE VITORIA, De potestate ciuili, 21.
Id., De lndis recenter inuentis, Sect. III, De titulis legitimis, 2 y sig.; v. también
:ita otra Relectio, De Indis, sive de jure belli Hispanorum in Barbaros.
u

3

13 ScHILLER;

504

Wilhelm Tell, II Aufzug.

~

505

�1
'

Entretanto es de suma importancia la adhesión a aquellos organismos internacionales que, aunque coligando un menor número de Estados, son efectivamente más válidos defensores de la civilización y de la paz por ser más
homogéneos, o sea fundados sobre una real comunidad de ideas y de principios.
Poner en duda la fidelidad de estos organismos, constituidos con la participación del Estado italiano, sería de nuestra parte, más que un error, un delito.
Un estéril neutralismo es signo de escasa conciencia, y no ha servido nunca
para asegurar la paz, que, como la justicia, puede ser salvaguardada solamente
con una acción vigilante y resuelta. Recordemos que, según la máxima de Lactancio, "mili tia est in ipsa justitia" ,1 6 y que un pávido amor del quieto vivir
no sólo no ha impedido la guerra nunca, sino a veces la ha directamente provocado, como una reciente experiencia lo ha claramente demostrado.
Es falsa aquella política que aconseja mantener una equidistancia entre el
bien y el mal, entre la civilización y la barbarie. Por un falso igualitarismo se
ha consentido el abandono de las colonias, que habían encaminado pueblos
semi-bárbaros sobre vías del progreso, para crear otros tantos Estados, donde
han encontrado fácil terreno bajas pasiones, como el odio racista, y se han
insidiado a menudo la anarquía y la tiranía. Lo que no ha impedido, como
notarnos, la admisión de tales Estados con paridad de derechos en la Organización de las Naciones Unidas.
Los pasados errores políticos son casi siempre irreparables ( quod factum est,
infectum fieri nequit), pero es obligatorio reconocerlos y hacer todo esfuerzo
a fin de que, por lo menos, no sean repetidos y agravados. Ocurre tener presente y defender sin descanso los valores supremos del espíritu, y también
verdades lógicas elementales que, si bien bastante obvias, están a veces desatendidas u olvidadas; por ejemplo, que no se puede sostener la paz internacional
mientras se atenta contra la paz de la propia nación fomentando luchas de
clases.
Una coherencia es necesaria entre la política interna y la externa. Un Estado
legítimo, que cumple su misión, debe tutelar el propio orden jurídico, manteniendo sin culpables abdicaciones la integridad de su territorio y favoreciendo
el desarrollo intelectual de la nación. Tanto más culpable sería hoy de parte
nuestra cualquier debilidad y renuncia en este propósito, luego que un injusto
tratado ha infligido a Italia crueles mutilaciones.
Pero, al mismo tiempo, el Estado debe estar abierto y no cerrado hacia el
exterior. Debe promover y facilitar lo más posible las comunicaciones con los
otros pueblos, sobre todo en el campo del pensamiento. Debe cooperar para
el desarrollo de los acuerdos con los otros Estados, no sólo sobre objetos particulares, sino también a fin de organizar una estable unión, que comprenda al
1G

me~o~ u~a parte de los Estados europeos sobre la base del derecho de la
Justicia, s1 actualmente no es posible sobre esta base
.,
y
d , ,
una umon con todos Se
~roce e~7 as1, _aunque ~ea por grados, sobre la vía de la positiva constitu~ión
e aque a sociedad :1mversal, que por indefectible postulado de la razón humana vale ya como imperativo categórico.
Hagamos fézvidos votos para que, superada la crisis que hoy amenaza las
~ue~tes del mundo~ según la altísima invocación del Pontífice Paulo VI la az
md1solublemente ligada con la justicia, triunfe al fin p'or todos los si;Ios. p '
GIORGIO DEL VECCHIO

LATTANz10, Divinarum Instit., VI. 20.

506
507

�•

EL HUMORISMO: FILOSOF!A EN PEQUE¡;¡o
JosÉ

SALVADOR GuANDIQUE

al afirmar cuál nota distintiva del hu~
morismo en relación con los géneros afines su tendencia filos6fica. Quien
busca "hacer reír" sin propósitos ulteriores nunca será un auténtico humorista.
TAL VEZ SE ASUSTE ALGÚN RETÓRICO

1

1

Este protagoniza un filósofo en pequeño.
Luis Alberto Sánchez superó el concepto rígido al calibrarlo lirismo contrahecho. Esa ampliación constituye miraje, no rasgo característico. El escritor
festivo carece de sentido último. Atrae, alegra, divierte. Nunca profundiza, ni

ahonda, ni "filosofa".
El desorden intencionado del humorista constituye refulgente faceta. A primera vista suena paradoja que lo antimet6dico apoye un estilo, pero éste más
aparente que real, representa un recurso, brinda un camino.

Hay cierta inclinación a querer gozar por lo menos incidentalmente de la
rebeldía frente a los ordenamientos. Y el humorismo explota esa llama. Piruetea
con las palabras y vuelve juego la terminología. Utiliza -picaronamente- los
puntos suspensivos. Se burla de la preceptiva y viola reglas gramaticales. A ratos emerge trasmutante casi anárquico.

Ese desorden -tenso y prefabricado- entretiene o convence. Ilumina contornos en alucinante giro. Chisporrotea para persuadir o "corregir costumbres".
Disimula y aproxima, entre ingenuo o despreocupado. Y en la entraña palpita
algo -pensante, reflexiv~ pugnando por salir a la superficie.
El humorista tiene un campo suyo, sui géneris. Hay distancia del Lazarillo
de Tormes al Tartarín de Tarascan. Y no podrá forjarse dicha filosofía minúscula -a ratos extraordinariamente efectiva- en párrafos rotundos o largas tiradas.
Esto llevaría a la concatenación estilística o a los procedimientos técnicos,
más importa sobre todo advertir a estos "filósofos" influyendo en zonas específicas. A momentos su finura disminuye extensión y alcance. No se trata de
desatar tempestades sino de dirigir brisas. Por eso, caracteres y temperamentos

509

�'

'

.

reaccionan divertidísimamente ante Chesterton o Bennet, por referimos a los
ultramarinos. Y para cada uno abundan partidarios o detractores.
Por sobre la subjetividad atribuida estéticamente al arte moderno, lo humorístico afina, centra y preocupa. Cada autor en tal rango ostenta su propia semántica al aire de singular terminología. Van y vienen los rubros entre fluir
conceptual y expresión huidiza. Nervioso aparece Cami. Rítmicamente acelerado, más allá y más acá de semitonos, Soiza Reilly, en aquellos fantásticos
reportajes de la bonaerense revista Caras y Caretas. Ondulante y ágil, Vital
Aza. Y tantos otros en su eterno cambiar voces y acepciones. El humorista
desarrolla un lenguaje especial.
Lo típico del género, sin embargo, radica en el fondo y no en la forma. En
las diversas escuelas y tendencias juegan ambos conceptos bifrontalmente: el
fondo ejemplifica algo inclasificable.
Se habrá notado cómo, en muchos escritores llamados "serios", cierto tono
raro. Aunque no hagan humorismo de primera intención, inciden en ello de
manera tangencial, episódica, por la agudeza comparativa, la temática planteada o el proceder de un personaje. Eso -indeciso y real- es el fondo.
La vida conlleva mucho de humorístico. Doloroso, hondo, hasta sangrante.
Nunca hilaridad ingenua, chiste burdo o payasada vulgar, cuyos resortes encuentran teorías explicativas de Freud a Jung pasando por Woolf. Al contrario: intención, sutileza, contraste ...
El fondo impregna las obras universales, según esos calumniados clásicos,
leídos por muy pocos y citados a diestra y siniestra. Así la tragicomedia del
Quijote sentida en carne viva, también por Sancho; palpita en Nietzsche pese
a su arrebatado meditar; singulariza a Shakespeare, autor y actor; obsesiona a
Shaw y borda los claro-obscuros dostoyevskyanos. Por eso los raros -siempre
salta Rubén- albergan un burla burlando entrevisto, difuso, a veces negado.
Tenemos humoristas por vocación, incidencia o a su pesar. En tal tipología
surgen casos y contrastes en pugna inacabable. Y los límites varían mientras
crecen las obras y aumentan las citas bibliográficas. Veamos los detalles ...
Los primeros se sientan a la mesa de trabajo decididos a la tarea. Tienen
pose, oficio, rutina. Y lo demuestran con demasiada frecuencia. Son consagrados, técnicos, empeñosos. Los segundos pueden ocuparse de historia o filosofía,
aun de matemática. Fluye bajo la propia tarea esa vena punzante como de
incógnito. Canta el humorismo entre los resquicios del documento, la nota,
el sistema, el teorema. Ahí el juglar le hace competencia al concurso sinfónico.
En estos momentos el fondo parece perderse para regresar, a lampos, entre las
arideces cinstíficas, la sabia monotonía erudita o el acerbo biblioteconómico.
En los terceros, el fondo se venga de la forma, al viso de dos viejos y conocidos
rivales. Ni uno ni otro quieren dar su brazo a torcer. Cubre el manto de lo

510

mesurado aquella inquietud brotada de muy dentro. En circunstancias extremas, la inspiración taladra el ropaje y, de repente, sentimos el humor arrasando
a la inquisición metafísica o al trabajo sociológico.
En el humorismo cunde una tragedia: se siente, lucha, clama y sufre con
igual o mayor intensidad pero nadie quiere ver lo adolorido bajo el sayo multicolor de la paradoja o el retruécano. Y tal filosofía minúscula pasa inadvertida, pues el lector común está a caza del ingenio superficial.
El humorista no es un señor dicharachero y ocurrente como muchos escritores más o menos festivos, meros recopiladores de anécdotas o chascarrillos.
Al revés, no faltan ansiosos y vociferantes, implorando tierras prometidas sin
tregua para el esparcimiento. Con tan visceral debatirse no reza la superficialidad ni la despreocupación, aunque sean éstas notorias. El humorismo arguyendo con método sería algo extraordinario cuando no ridículo. Debe hacerlo
con disimulo -al desgaire--- cubriéndolo todo bajo un matiz peculiar. Y hay
exponentes que filosofan agónica y férrearnente -ante la indiferencia de unos
y la risa de otros.
Sería sugerente trabajar una psicología del pseudónimo humorístico, esa
careta con la cual se atrae la mentalidad del lector, reviviendo en él cosas
sub o inconscientes, casi muertas. La eufonía del substituto adoptado explica
éxito y proyección. Si resulta bien escogido crea esa atmósfera propicia a una
filosofía sutil -a ratos lacerante e incisiva- cuyos rasgos escapan a los
desaprensivos.
El humorismo no es sólo prosa o poesía; aflora en pintura, teatro o cine.
Shaw en su Prefacio a Santa Juana -y él mismo calificó su obra de crónica
en forma dramática lanza dardos: "Siempre es difícil a los entendimientos
superiores comprender la cólera que suscitan al p·oner de manifiesto las majaderías que corresponden a cada tonto ... " Y esa vitriólica portada dice hasta
dónde el humorista levanta tempestades y dirige conciencias. Alguna vez -en
el N ew York Times- alegorizó Chaplin: "Hay algo saludable en la risa, en
el reír de las cosas más trágicas de la vida y aun en la misma muerte. . . La
risa es el tónico, el alivio, el fin de la pena. Es saludable, la cosa más saludable del mundo y da esperanza".
Desde luego rubricamos esa apología al lado de Bergson con su ensayo inimitable por apoderamos de un oasis, inexpugnable a los apetitos, al jadear de
las ambiciones. Porque el humorista sigue haciendo filosofía, a su modo, con
esperanza o fe.
Hace poco vimos por enésima vez la película "Candilejas" en un cine de
San Salvador, comprobando que el hombre del bigotito no hace de víctima
pasiva sino como denodado impulsor, si bien levanta los hombros en aquel
personalísimo gesto, aparentemente resignado. Los verdaderos humoristas --den-

511

�tro y fuera del cine- no son seres distraídos y confusos, anhelosos de provocar la carcajada; en determinados trances se alzan en contra de las injusticias individuales o colectivas. Aquello del arte igual a juego implicó amabilidades siglo XIX.

de brindar un brillante comentario sobre la Electra de E , 'd
f'lm · El - •
unp1 es en vers10n
~ ica, Di~;zo de Hoy, 4 agosto 1963- tiene la palabra. Con nuestro artista creemos que el temblor del twist ni el rumiar del h' 1
1
gracia de la vida".
c rc e no son a

Una labor humorística desborda los fines meramente recreativos. Lo me-dular de toda filosofía consiste en definirse ante las cosas -no mediante la
conocida operación que reivindica Rickert después de años en descrédito-sino como actitud humana íntegra, definitiva. Y el auténtico humorista será.
un filósofo en pequeño y no decimos en grande por no suscitar mayores;
controversias.

Y -desde sus rumbos- T. P M hí
. ec n y el negro Lagos nos guiñan el o1·o,
esperando ...

Estarnos viviendo un minuto signado por el existencialismo, vuelto preocupación psicológica en Kierkegaard, angustia esencial en Heidegger, obs~sión
inapagable a lo Unamuno, vendaba! crítico en Sartre, más el de la Prostituta Respetuosa que el del Ser y la Nada ... Atrás quedan fenomenología
husserliana; formalismo a lo Marburgo o Baden; neotomistas de Maritain a
Jollivet; axiólogos, sea Scheler o Hartmann; historicismo, de Dilthey a Meinecke. Ahora el aluvión de los poseídos barre con académicos y rebeldes, contraprobando lo afirmado por Azorín en su lúcida "Postdata": "el mundo moderno tiene miedo a la soledad".
A la vera de cumbres y a la rosa de los vientos se entrecruzan huracanes o
fantasmas: estremecidos a lo Van Gogh, obsesos a lo Holderlin, suicidas a
lo Zweig. Aquéllos y éstos tiemblan ante lo desconocido como Sócrates se
autoaniquiló místicamente, no por las leyes atenienses sino en virtud del cosmos helénico.
En la misma trayectoria, Cendras epató a los burgueses y Malaraux -er
militante no el ministro-- desataba fronda a través de su condición humana,
mientras Faulkner y Hemingway, con o sin premio Nobel, aparecen profetas
desarmados como Maquiavelo calificó a Savanarola cuando desafió la ira
papal.
Y los humoristas no pueden quedarse fuera, al fin hombres de su época.
También ellos levaotan pabellón y dicen mensaje. Nuevo padre de la Iglesia
llamó Alfonso Reyes a Chesterton. Mark Twain también tuvo sus epítetos y
Kipling nos dice que alguno de sus porcentajes era de perversidad mercantilizada. Por norte y sur afloran testimonios agudos, penetrantes, a kilómetros
de la prosa regocijada o procaz.

Todavía algunos niegan al humorismo su noble jerarquía. Sin adentrarnos
en clasificaciones ni distingos lo localizan entre las ramas que el clasicismo
estético llama "impuras" al lado de la crítica y la caricatura. Para nosotros
merece figurar al nivel de las artes puras, pero Toña Salazar -y nos acaba
512
513
II'.13-

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Quinta

~
COMENTARIOS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�]EAN LACROlX: Marxismo, Existencialismo, Personalismo, Editorial Fontanella, Barce•
lona, 1962.
DENTRO DEL MOVIMIENTO PERSONALISTA -una actitud más que una doctrina- Jean
Lacroix, junto con Mounier y Nedoncelle, ocupa un lugar destacado. Acaso sea el
pensador más profundo y congruente del personalismo. Cofundador de la revista Espirit,
profesor de Filosofía del Politécnico de Lyon, colaborador de las Semanas Sociales de
Francia, autor de numerosos e importantes libros ... Sus reflexiones se centran en el
compromiso, la trascendencia, la historia y el progreso. Habla, con ejemplar honestidad
intelectual, para que le entiendan los cristianos y los no.cristianos.
La obra Marxismo, Existencialismo, Personalismo, pretende confrontar la inspiración
personalista con el marxismo y el existencialismo. "A fuerza de privilegiar el proyecto,
los ex.istencialistas, acaban por desconocer el valor de la ciencia y del conoc1m1ento
objetivo, casi a negar la previsión,· a fuerza de privilegiar la previsión, los marxistas
llegan fácihnente a rechazar toda interioridad, a olvidar el aspecto, a la vez reflexivo
y moral del Cogito, y a no ver que la misma obra colectiva, para poder llevarse a
término, exige que llegue a ser para todos un proyecto individual. Ambos no pueden
combatir al otro sin mutilarse a sí mismos" (Marxismo, Existencialismo, Personalismo
~Presencia de la Eternidad en el tiempo-, pág. 11, Editorial Fontanella, Barcelona,
1962). El personalismo prosigue las filosofías del sujeto, pero las sumerge en el mundo
físico y social. Es un proyecto que excede a todas las previsiones, sin cesar de apoyarse
en ellas. Filosofía de síntesis y de totalidad, profundamente personal y universal a la
vez¡ preocupada, medularmente, por el debate, la explicación y la condición humana.
Más que la construcción de un sistema filosófico, político y económico, el marxismo
se propone la edificación de un hombre nuevo. "Las tesis de Marx han sido refutadas
mil veces; se ha demostrado, en particular, que su noción de clases sólo se aplicaba
adecuadamente a la clase obrera y que había sido hecha extensiva, abusivamente, a
otros medios sociales¡ que su concepción del valor, tomada en gran parte de Ricardo,
no tenía en cuenta las teorías psicológicas que se elaboraban ya en su tiempo y que
han llegado a prevalecer; que, de un modo general, en fin, sus intuiciones más justas
y preciosas estaban constantemente viciadas por expresarse en el cuadro demasiado
estrecho de una filosofía racionalista y científica que fue, demasiado a menudo, la de
su época" ( op. cit., p. 15). Y sin embargo, el marxismo no ha dejado de vivir en el
corazón y en el espíritu de millones de hombres. En consecuencia, es preciso aproximarse y aprehender este importante movimiento social de nuestros días, con esa "sim.
patía mt:todológica que, en reciprocidad, quisiéramos que los intelectuales comunistas
aplicaran a la actitud cristiana". A Juan Lacroix no le interesa conocer y criticar tal
o cual tesis de Marx, sino el tipo de hombre que está laborando el movimiento comunista. El marxista quiere sobrepasar la actitud filosófica contemplativa. La existencia

517

�humana no se deja captar por el pensamiento desinteresado. El comunista se siente
comprometido en el tiempo y en la tierra. "Los filósofos, hasta el presente --decía
Feuerbach-, no han hecho más que interpretar el mundo. Ahora se trata de trans•
formarlo". Antes de que adquiramos cualquier compromiso, estamos ya comprometidos.
Contra la inteligencia contemplativa el marxismo postula la inteligencia transformadora.
"En lucha con esta situación social, escribe Marx1 la crítica no es una pasión del ce•
rebro, es el cerebro de la pasión. No es un instrumento de disección, es un arma. Su
objetivo es el enemigo, al que no quiere refutar sino aniquilar. No se da nunca como
un fin en sí, sino simplemente como un medio. Su pasión esencial es la indignación,
su misión esencial la denuncia". Entre la producción colectiva de nuestros días y la
propiedad privada - supervivencia de regímenes superados~ hay una contradicción
que se precisa resolver. ¿Cómo? Mediante la socialización de los instrumentos de pro•
ducción. La lucha de clases es un hecho que el marxismo no crea, sino que comprueba.
El régimen capitalista produce al proletariado, pero el proletariado sepultará el ré•
gimen capitalista. La historia se mueve dialécticamente. El comunismo se presenta en
Marx no como un ideal sino como un movimiento efectivo que suprimirá la situación
actual. El proletario en la "pérdida del hombre". Pérdida que subleva. El burgués
es un inconsciente alienado. La trascendencia hegeliana de la Idea es sustituída por
la dialéctica revolucionaria del proletariado. Para "desalienar al hombre", ninguna pa•
lanca mejor que el proletariado. Por la revolución se marchará de la necesidad a la
libertad. Pero es preciso que el hombre tome conciencia de lo que es y del movimiento
histórico al que pertenece.
Con la sociedad presente, el marxista se encuentra en estado de guerra total. La
lucha debe ser implacable. Nada importa la buena voluntad, sino los actos. La refe•
rencia a lo eterno es huída o traición. "No es la conciencia de los hombres la que
determina su ser -dice Marx-, es su ser social quien determina su conciencia". Obrar
moralmente es obrar en el sentido de la revolución. Esto es progreso. Las catástrofes
mismas son condición del progreso. El Estado proletario se destruirá a sí mismo y na•
cerá la ciudad sin clases. El partido es, para los comunistas, una iglesia. "Fuera del
partido no puede existir ni verdad ni historia". El hombre degradado del mundo bur•
gués sólo merece desprecio. El entusiasmo del marxista vuela hacia el hombre nuevo.
El comunismo se presenta a sí mismo como una reconciliación del hombre con la na•
turaleza y como una reconciliación de la humanidad consigo misma. El trabajo es el
acto por el cual el hombre se produce a sí mismo. Cabe, en consecuencia, hablar de
un proceso de autocreación. En el período de la dictadura del proletariado se aplicará
la fórmula: "a cada uno según su trabajo", en el período auténticamente comunista
prevalecerá la fórmula: "a cada uno según sus necesidades". Al concluir la distinción
de clases acabará el Estado: instrumento de opresión de las clases dominantes. Se su•
primirá la dualidad de lo social y lo político. El estado se absorberá en la Sociedad.
Nunca más se volverá a caer en el atomismo individualista.
"El ser humano, dice Marx, no es una abstracción inherente al individuo. En su
realidad, es el conjunto de las relaciones sociales". El hombre marxista cree conocer y
querer la historia. Participa en el grandioso acaecer histórico de los hombres y lo
hace libremente.
Juan Lacroix objeta: "el marxismo oscila, necesariamente, entre la afirmación de la
desaparición de las alienaciones, que llevaría el fin de la historia, y la afirmación de
la continuación indefinida de la historia, lo cual implicaría la subsistencia de las aliena•
ciones: propone como inmanente a la historia de un ideal declaradamente transhistórico i

518

un ideal tan superior al hombre, que no pide solamente una mediación continua sino
la brusca intervención de un Mediador" (opus cit., págs. 58 y 59). La dialéctica' mar•
xista no puede eludir una flagrante contradicción interna: "le es necesario dar como
fin de la historia el final de la historicidad, como finalidad temporal la detención de
la dialéctica; o en caso contrario, no le queda más que una dialéctica indefinida 1 sin
término Y sin significación 1 tan vacía como un proceso discursivo desprovisto de toda
intuición" (pág. 62). En el marxismo, el individuo queda vacío de su interioridad y
el mundo despojado de su misterio. "Sólo la resurrección de todo lo vivo puede dar
un sentido al proceso histórico del mundo, un sentido que tiene una medida común
con el destino de la persona". Jean Lacroix no trata tanto de refutar, sentimentalmente
al marxismo, como de pedirle que reconozca aquello sin lo cual su intención más pro~
funda no podría realizarse.
Una desconfianza hacia todo conocimiento que pretende escapar a la condición
~umana preside la marcha del existencialismo. Importa, sobre todo, estudiar al ser en
situación. _Es una filosofía del sujeto, de la libertad creadora e individual. Hay un
menosprecio, un tanto extraño, del conocimiento objetivo. El individuo realiza su des•
tino y escoge su esencia en cada instante. El proyecto temporal de cada persona dota
de sentido el mundo. El sistema es sólo un medio de acción del individuo existente
un suceso de su vida física, pero no hay posibilidad de escapar al tiempo y dominarl/
"Existe una perpetua protesta de lo existente contra lo sistematizado; pero, desde e[
momento en que lo existente quiere filosofar --comenta Lacroix-, ¿ qué hace sino sis•
tematizar aunque sea solamente la existencia?" (opus cit., pág. 68). Hay un diálogo,
entre sistema y existencia, entre tiempo y eternidad. "El sistema auténtico no consiste·
en una reducción de todas las verdades a algunas fórmulas abstractas susceptibles de:
ser clasificadas sino en la estructuración del conjunto de estas verdades, en un todo coherente" ( opus cit., pág. 70). Las verdades son sistemáticas por su interdependencia. Hay
un doble interés del sistema: intelectual y estético. Sistematizar es asignar a cada
término su lugar. Es así como unifica y comprende el espíritu del hombre.
Teoría Y práctica se implican mutuamente. Para observar los hechos es menester
una teoría. Para construir una teoría se requieren hechos. Para comprender los hechos
el pensamiento agresivo responde. Para transformar los hechos en ideas y ordenar su;
relaciones, surge la estructuración. En todo caso, los sistemas filosóficos tienen un valor
de verdad Y una estructura polifónica. Y aunque existe un sentido de la belleza filosófica, "el sistema aspira a la verdad, más que a la belleza".
Como advierte Hamlet, existirán siempre más cosas en el cielo y en la tierra que en
toda nuestra filosofía. No cabe confundir todo lo real de cielo y tierra con nuestros
deficientes sistemas. "El hábito de sistematizar es el que nos ha hecho creer que podríamos poseer la verdad", cuando nuestra misión no es poseer la verdad, sino ser
poseído por ella. Gabriel Marcel desconfía del sistema. "En efecto, ¿ cómo no recono•
ceré en la necesidad de sistematización, por una parte, la preocupación del perfeccionar
la red de comunicaciones que una nuestras ideas unas a otras, para transformarlas en
una sola heredad -se pregunta Gabriel Marcel- sobre la cual nuestro dominio se:
ejerza con creciente facilidad, y, por otra, el deseo de que nuestro pensamiento sea
cada vez más transmisible, de verlo encarnado en un todo que pudiéramos contemplar
como nuestro, de la misma manera que un objeto o una propiedad?" Se corre el riesgo
de ocultar la complejidad de lo real bajo la simplicidad de cuadros rígidos. Las filoso•
fías de la existencia aparecen como una protesta contra el espíritu de abstracción y
-de sistema. "La persona está comprometida, es decir, que forma parte de los datos:

519

�•

.rriismos del problema y el problema en el cual se está comprometido, más que un
problema es un meta•Problemático, lo que Marce} llama un misterio. La persona se
encuentra arrojada in media res entre un principio y un fin que ignora. Construir un
.-sistema de ideas es evadirse de la realidad en la cual la persona se encuentra y que
,es ella misma: todo se reduce a su ser personal concreto. Así Kierkegaard opone a la
,dialéctica hegeliana la realidad de la vida individual, sus estremecimientos y sus irreWuctibilidades en lugar de una filosofía del sistema y de la verdad, el existencialismo
:propone una filosofía del acontecimiento y del encuentro" ( opus cit., pág. 79). En
·conclusión: la existencia no se deja reducir a un momento dialéctico; no puede ser
parte integrante de ningún sistema. Al menos, así lo piensan los existencialistas. "Es
--sólo rompiendo el círculo cerrado del mundo --escribe Jaspers------ como, la exploración
filosófica del mundo, me permite, refluyendo hacia mí mismo, permanecer disponible
para la trascendencia".
Lo cierto es que, como apunta Jean Lacroix, "no podemos pasarnos sin los sistemas,
ni contentarnos con ellos". Menester es construir una noción de sistema que satisfaga,
.a la vez, la necesidad arquitectónica del espíritu y la realidad existencial, que ninguna
•doctrina podría agotar ni apresar. No vamos a negar el sistema en aras del métodG
:para caer en pragmatismo filosófico. El método, en última instancia, no es más que
1una ductiina en crecimiento. Resulta imprescindible el sistema. Pero un sistema que
-ponga su mira en la existencia. No podemos perdernos en la abstracción por el camino
de una visión no situada de las cosas. Está bien que no haya historia sin negatividad
y temporalidad; pero sin la eternidad, la historia misma carecería de sentido.

trascendencia, Jean Wahl ha objetado: "¿ Cómo conservar este sentimiento de algo
que rebosa, en un universo en el que, sin embargo, ensayamos explicarlo todo con rela.
ción a este mismo universo?"
Cada uno de nosotros tiene la obligación de rehacer su sistema indefinidamente. Cada
uno de nosotros tiene que ser un sistema actuante que se sobrepase a sí mismo.
Más que una filosofía técnica, el personalismo es un espíritu capaz de encarnarse
en posiciones distintas {existencialismo de Gabriel Marce!, idealismo de Lachiéze.Ray).
La persona --objeto y sujeto del filosofar personalismo-- "no es un conjunto de lazos
extrínsecos que se establecen entre un individuo desde ahora real y una comunidad
distinta; es la participación viviente del yo en un orden concreto que se compromete
a servir y que, a cambio le confiere la sola realidad a la que puede aspirar" (opus
cit., pág. 96).
El personalismo tiene su origen en el Cogito Cartesiano. Emplea la duda y la in•
quietud como patentización de que todo pensamiento y toda acción humanas tienen
su apoyo en la libertad espiritual. Soy libre porque no estoy obligado por el objeto .
Domino al mundo porque tengo la capacidad de negarlo, de reducirlo a la nada,
como diría Sartre. La duda cartesiana puede interpretarse como una heroica voluntad
de elevarse del mundo corporal al mundo espiritual. Descartes no duda por las razones
de los escépticos, sino porque quiere dudar, por un heroísmo del querer. Mientras no se
alcance la certeza, la duda de resucitar y subsistir. "La duda es el jercicio mismo del
libre albedrío y su prueba primera y fundamental, puesto que permite cortar nuestras
ataduras y tornar carrera" ( opus cit., pág. 104). Nos separa de todo dogmatismo, es decir,
de toda adhesión inmediata e ingenua al contenido de la representación. Acaso la reali•
dad sea una ilusión. En todo caso, quedará siempre lo inteligible, aunque dude de lo
sensible.

.¿ Qué género de conocimiento le conviene a la existencia? La existencia sólo puede
ser vivida. Para constituirse en filosofía, el existencialismo tiene que reconstruir, de una
manera o de otra, las vivencias. Lo demás es impresionismo filosófico. Lo que importa
es llevar a cabo, como apunta Vialatoux, una re/lexi6n progresivamente intuitiva. Todo
ello dentro de un sistema abierto.

1

1

El origen de toda filosofía puede encontrarse en la existencia auténtica. Al univer•
salizar una experiencia espiritual -traduciéndola en conceptos intelectuales válidos
para todos- filosofamos. Le Senne ha definido a la filosofía como la descripción de
la experiencia. Personalmente me parece muy pobre esta definición. En rigor, las des•
cripciones fenomenológicas son meros preámbulos de la filosofía. Pero aun partiendo
de esa definición, la filosofía como la experiencia, sería inagotable. Por lo demás, la
realidad, que nos resiste y nos rebasa, desborda nuestros sistemas una y otra vez.
De ahí la legítima e insoslayable variedad de los sistemas. "Mi sistema -asegura La·
croix- es mi forma de crecer, por el conocimiento, en el ser; si el sistema es la más
profunda expresión de mi persona, ¿ cómo podría ser impersonal? ¿ Cómo podría yux•
taponer-se, en mí mismo, a otros sistemas? El personalismo es lo único que puede con•
,ciliar tan integralmente la seriedad de cada sistema con el respeto a los demás sistemas,
es decir~ a las demás personas" (opus cit., pág. 89). Y habría que agregar -~cómo
olvidarlo?- la natural abertura de mi sistema a otros sistemas, esto es, de m1 per•
.sana a otras personas, por medio de una continua confrontación. La inquietud -marca
,del ser en nosotros- es irremontable y permanente. Tiende -advirtámoslo o no-a la posesión soberana. Excita la voluntad y sirve de aguijón. La inquietud Heva a la
trascendencia.
"Lo propio del existencialismo ateo es multiplicar las trascendencias, es decir, los
movimientos de rebasamiento, pero permaneciendo siempre en el mundo: su trascen•
dencia está en el interior de la inmanencia''. A esta trascendencia horizontal o pseudo·

520

En la interioridad misma del juicio, está metido el tiempo. Y el tiempo permite la
duda. La duda es un esfuerzo para separar el juicio de su contenido. El contenido
proviene de las cosas materiales. Al establecer una distancia entre nosotros y el
objeto de nuestra creencia, la duda pone de relieve la primacía del sujeto. Por la duda
descubro lo espiritual. Es un ejercicio, una ascesis para elevarse del mundo sensible al
mundo inteligible. Si el fin de la filosofía es alejar el espíritu de los sentidos, el único
medio para lograrlo es la duda: toma de conciencia de la persona. Al dudar me com.
prendo como espíritu finito vinculado al espíritu infinito. Bien lo dice Descartes: "Pues
sólo es posible conocer bien la certeza y la evidencia de las razones que prueban, a
mi juicio, la existencia de Dios, que recordando claramente aquellas que nos hacen
reparar en la incertidumbre de todos nuestros conocimientos de las cosas materiales
{Cartas, A. T., t. I, p. 560). Lo que olvida Descartes es que el mundo es la causa
necesaria de la duda. El mundo está frente al que duda, "al menos como ocasión de
duda o de suspender su juicio".

l

La creencia -personal y comunitaria- afirma la superioridad del sujeto en su
compromiso con el objeto. Este compromiso se da en comunión con los demás sujetos.
En este sentido cabe afirmar que la creencia es pensamiento comprometido. Compromiso total. Personalidad del juicio. Todo ello va involucrado en nuestras creencias. Si
filosofar es suponer que el mundo tiene un sentido, creer en un sentido que es preciso
descifrar, comprender, entonces la creencia importa a la vida y a la filosofía. Las mis•
mas pruebas de Dios, para Jean Lacroix, explicitan una fe natural e implícita, de una
especie de creencia, de fiducia elemental. "El hombre es exigencia de sentido: Dios
,e~ el sentido del mundo, el lenguaje de Dios. Si Dios ha creado el mundo, es que

521

�habla a alguien y probar su existencia no puede ser más que escuchar este lenguaje,.
comprender esta palabra. La filosofía no es conocimiento, sino comprensión. Y comprender es siempre comprender un sentido" (pág. 128). Más que de pruebas, cabe hablar, pascalianamente, de signos o marcas de Dios. Al buscar las huellas de Dios le
conocemos ya de alguna manera.
Desgraciadamente Lacroix no hace un análisis ontológico de la fe. Nada nos dice
sobre el objeto inevidente que se afirma a pesar de su inevidencia, debido a un elemento extrínseco: la "auctoritas". Tampoco analiza el concepto de autoridad y los motivos de credibilidad. Se limita a observar que la fe trae aparejado un compromiso
total, una adhesión integral a sí mismo, a los otros 1 al mundo y a Dios. El asentimiento
es absoluto o no es sentimiento. Aquí no se dan grados. Nos juzga nuestra creencia, más
que nuestro juicio. El criterio último de la creencia --d.e un orden superior a la lógicaes ético-religioso. Al personalismo -filosofía de la síntesis y de la totalidad- no le
puede ser indiferente la creencia. No le puede ser indiferente, porque es una filosofía
del comportamiento humano. Es preciso reintegrar el conocimiento al conjunto de la
actividad humana. Hay que partir del hombre como ser en situación, como ser dividido entre el tiempo y la eternidad.
¿ Qué es la creencia? "Ni puro saber objetivo pretendidamente universal, ni simple
suposición subjetiva al estilo de un proyecto temporal. Pues la creencia, en el fondo~
no es más que una progresiva captura de la eternidad a través del tiempo: no es visión, sino movimiento para ver". Es claro que las frases que anteceden no integran
una definición esencial. Pero acaso a Jean Lacroix le interese más sugerir que definir.
Por eso nos dice, líneas delante, que la creencia es unidad de nuestro ser que piensa,
actúa y siente. Por eso apunta que el creyente es, al mismo tiempo, ser en el mundo
y ser superior al mundo; sujeto que progresa en la verdad participando en ella. Por
eso reconoce, corno única creencia, la que nace de una duda siempre superada.

Lo que los marxistas llaman la reconciliación de la humanidad consigo misma, sólo
cobra sentido a la luz del personalismo como una conquista progresiva que conducirá,.
en el límite, a la reciprocidad de las conciencias. El personalismo concilia dos valores
esenciales: el concreto -de origen existencial- y la objetividad.
S6lo se cree con los demás y con todos los demás. Creencia es sistema abierto, consolidación del ser. "En la fe existe un elemento de conocimiento nocional, los enunciados dogmáticos, y un elemento de conocimiento concreto, una relación nueva y vivida
del alma con Dios". Por la creencia nos encontramos con la verdad y con los demás
hombres. Devenimos y somos. La persona y la humanidad están por hacer. "Creer
-nos dice en conclusión Jean Lacroix- es anticipar en una experiencia actual un
porvenir ya de alguna manera presente, o más bien, la única creencia que se dirige
hacia un futuro que tiene la posibilidad de no ser un espejismo: consiste en reconciliar
lo temporal y lo eterno en un crecimiento actual del ser, ya que el presente no es
más que la presencia de la eternidad en el tiempo" (Marxismo, existencialismo, personalismo, pág. 151, Ed. Fontanella).
El libro Marxismo, Existencialismo, Personalismo consta de una introducción y cuatro
capítulos: "El hombre marxista", "Sistema y existencia", "La significación de la duda
cartesiana'', "La creencia". Fue publicado, originalmente, por "Presses Universitaires
de France". La traducción castellana publicada por la Editorial Fontanella de Barcelona, con una introducción de Antonio Jutglar, enriquece nuestra bibliografía y abre
nuevas perspectivas a los lectores de habla española. Se trata de un estudio conciso,.

522

sincero y luminoso. Jean Lacro,·x, cas,· d esconoc1"d o por Jos Jectores de nuestro idioma,
merece mayor atención y más amplia estima de los hispanolocuentes. Hagamos votos
porque se traduzcan, a nuestra lengua, el resto de sus obras.

DR.

DR.

AGUSTÍN

BASAVE

fERNÁNDEZ

DEL

Samuel Ramos -trayectoria filosófica y antología de textos-, Centro
de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, México, 333 págs.
1965.
VALLE,

MOTIVO DE GRATA SATISFACCIÓN ha sido
en los medios culturales en general, la
publicación del libro Samuel Ramos
-trayectoria filosófica y antología de
textos-, que debido a la pluma del Dr.
Agustín Basave Fernández del Valle y
como publicación del Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, acaba de ver la luz pública.

Decíamos al principio, que es motivo
de satisfacción, porque en este momento
histórico actual, las "cosas" del espíritu
están siendo relegadas a un último término, y así resulta altamente reconfortante el ver y el leer una obra del espíritu para el espíritu.
Samuel Ramos, cuya sencilla enunciación envuelve a su vez a la sencilla personalidad de un filósofo auténtico en su
pensar y obrar, es la figura mexicana que
movió a ~asave a ocuparse de una tarea
que mucho lo dignifica, a través de su
laborar cotidiano y fecundo.
En México, como en otros países, son
escasos los filósofos, en el alto sentido
que la palabra filósofo encierra, porque
en Samuel Ramos no fue pose ni máscara, sino una realización humanamente
profunda de la filosofía y una proyección
amorosa de lo suyo, lo mexicano, hacia
la propia filosofía. Con modestia, tampoco fingida, la vida de Samuel Ramos
transcurre cristalina, no exenta tampoco

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

de los dolores que en ocasiones laceran
el corazón humano, pero pudo más en él
su genuina vocación y su innegable inteligencia para seguir fiel a ese camino
luminoso de la verdad, pero árido por
la incomprensión que exige el estudio
y la dedicación a las faenas del intelecto. Los que tuvimos el privilegio de
conocerlo -como alumnos-, en sus clases de la Escuela Nacional Preparatoria
de la ciudad de México, en aquel ilustre albergue colonial, no podemos menos de rendirle un tributo de homenaje
a través de nuestro agradecido recuerdo,
por sus orientaciones y por habernos
guiado en el camino que, por desgracia,
ha sido desconocido para muchos mexicanos: México, si bien, no tenía la oratoria de otro no menos ilustre maestro,
Antonio Caso, sin embargo, sus ideas claras, dichas con una modestia que se antojaba religiosa, produjo en varias generaciones el amor por la filosofía, y sobre
todo, por la filosofía en México. Y así
el mexicano trasciende de su corazón hacia su cerebro y produce estudios filosóficos que indudablemente son la pauta
para un futuro mejor de investigaciones
y producciones que vengan a darnos mayores luces acerca del complejo del ser
y del pensar mexicano.
Por eso resulta encomiable, desde todos puntos de vista, el esfuerzo realizado
por Agustín Basave al entregarnos esta
obra primera en su género acerca del
ilustre maestro desaparecido Samuel Ramos, dividida en las siguientes partes: l.
La Figura de Ramos; 2. La Polémica
entre Antonio Caso y Samuel Ramos; 3.
El Intelectualismo de Samuel Ramos;

523

�4. "El Caso Strawinsky"; 5. Perfil de
la Cultura Mexicana; 6. Psicoanálisis del
Mexicano; 7. Veinte Años de Educación
en México; 8. Hacia un Nuevo Humanismo; 9. Filosofía de la Vida Artística;
10. La Pintura de Diego Rivera; 11.
"Estudios de Estética"; 12. Samuel Ramos ante la muerte; la segunda parte,
comprende la antología de los textos del
maestro Samuel Ramos repartida de la
manera siguiente: l. HipóteJis: La campaña anti-positivista; Caso, abogado del
pragmatismo; La historia de la filosofía
teatralizada; El irracionalismo; La intuición no es una teoría gnoseológica; El
dogma de la acción; El conocimiento es
un valor; La vuelta de la razón; conclusiones; Mi experiencia pragmatista;
II. El Caso Strawinsky: La Impersonalidad de Strawinsky; El Período Ruso;
III. El Perfil del Hombre y la Cultura
en México: Vasconcelos y la revolución
educativa; El fantasma de la educación
socialista; IV. Hacia un Nuevo Humanismo: La crisis del Humanismo; Programa de una Antropología Filosófica;
Axiomas de la ontología humana; El
hombre como "deber ser" j Las teorías
del hombre y la curva del humanismo;
La nueva valoración de los instintos; Las
capas del ser humano; V. Historia de la
Filosofía en México: ¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos?; La Filosofía en el siglo XX; La Filosofía en la
época con temporánea; José Vasconcelos;
VI. Filosofía de la Vida Artística: Introducción; psicología del artista y la
creación; El objeto estético; La esencia
del arte y su función en la vida humana;
VII. Diego Rivera: Diego Rivera; Los
temas; El estilo; La estética de Rivera;
Paralelismo de los estilos de arte y pensamiento en la cultura mexicana; VIII.
Estudios de Estética: La Estética de Martín Heidegger; Estética de la música en
los filósofos románticos; La música y el
scntimientoj estética de la pintura.
Como es de advertirse en el conteni-

524

do de esta obra. Basave divide en dos
partes a la misma y en la primera, vemos como hace una incisiva penetración
en el pensamiento del maestro Samuel
Ramos. Así, en el parágrafo número tres,
perfila la actitud intelectualista y realista de Samuel Ramos y establece -al hacer la crítica-, el no existir el pretendido
parentesco cultural avasallador que tiene
México con Francia, señalando también
las debidas proporciones y la distancia
entre ambas.
Las ideas políticas de la ilustración
francesa se presentaron en México cuando el mestizaje cultural hispano-indígena
estaba ya realizado. Además, menester es
recordarlo, hay órdenes anteriores y superiores al orden político, por ejemplo,
el orden religioso, el orden metafísico, el
orden moral. Y en estos órdenes, la Fecundación hispánica estaba ya verificada.
Nada tiene que ver con el neo-clacisismo
Francés, el barroquismo -patetismo vital trascendente, apoteosis de valores personales- de nuestra cultura hispánica.
Por último, la obra de Agustín Basave, creemos que constituye la primera en
su género por su valimiento de crítica
filosófica y, además, no deja de reconocer otra de las cualidades del maestro
Samuel Ramos, o sea la lealtad con que
expuso doctrinas y autores, cualidad que
revela, a no dudar, otra de las facetas
de la relevante personalidad del maestro.
No es menos valiosa la aportación de
Agustín Basave en relación a todas las
obras de Samuel Ramos, muchas de las
cuales, por desgracia, se encuentran ' agotadas. Siendo de desearse que en lo fu.
tura dichos libros fuesen reeditados, si
se considera que toda la obra de Samuel Ramos constituye el primer paso
al descubrimiento del pensamiento mexicano en el campo de la Filosofía y de la
Cultura en general. Siendo de desearse,
también, que el mensaje del maestro
Samuel Ramos que ahora en forma por
demás completa y atildada aparece en

el libro de Basave, llegue a la juventud
de México.

Lic. ALBERTO GARCÍA

GÓMEZ

JESÚS GUISA v AzEvEno, Me lo dijo
V asconcelos, Editorial Polis, México,

1965. '
CON VOLUNTAD JUSTICIERA, con ánimo
comprensivo, son propósito esclarecedor,
Jesús Guisa y Azevedo nos ha dado su
testimonio. Testimonio pulcro, viril, luminoso. El autor conoce a su personaje.
Lo trató íntimamente y lo quiso como a
un hermano mayor. No se trata de una
exposición y de una crítica de la filosofía
vasconceliana. Tampoco de una biografía.
Trátase de una semblanza espiritual, de
un ideario o "formentario" El libro está
escrito con pluma limpia y afilada. Muestra escuela y estilo. Mueve a la simpatía
y a la gratitud.

El índice de la obra es ya de por sí
bastante elocuente: Capítulo I. "Este es
Vasconcelos ... "; Capítulo II. "Este
era Vasconcelos ... ''; Capítulo III. ''Vasconcelos y su dolor de ser mexicano ... ";
Capítulo IV. "Vasconcelos, genuino humanista pese no haber sabido griego ni
latín"; Capítulo V. "Este par de malhechores: Marx y Freud"; Capítulo VI.
"¿ Decadente y claudicante Vasconcelos,
a causa de su catolicismo?"; Capítulo
VII. "Suma, sentencias y cuestiones".
Vasconcelos no cesaba de pensar en la
presencia ausente de la muerte. Liberación, complemento, revelación.. . "Vasconcelos hablaba de la muerte como de
una presencia que nos incita, que nos
previene, que nos corrige, que nos hace
reflexivos, que nos madura y que, por
todo esto, nos perfecciona y nos trasmuta
en buenos. La muerte viene a su término
y a su hora ( Opus. cit., pág. 13). Y sin
embargo, amaba la vida. Quería gozos
subidos y sobrados. Anhelaba una vida
digna para México, para el México de

su familia modesta. No fue ajeno a la
pasión, a la diatriba, a la cólera y al calificativo vivaz. Era una legión en un
solo hombre. Filósofo, esteta, educador,
político, poeta ... Todo lo veía bajo el
signo de lo bello. Su visión de poeta le
hizo concebir la política como "actividad
de colaboración, de unidad, de concierto
y armonía, de fraternidad y amistad"
(]bid., pág. 18). Nos dio a conocer un
nuevo tono de vida, anudando el hilo de
la vieja y por siglos pujante acción misionera de los frailes. Música, danza, teatro, recitación poética fueron convocados
para entretener al pueblo en menesteres
estéticos.
El enderezamiento de la política mexicana -inclinación del poder a la j usticia, racionalización, rectificación y humanización- data de la audacia y diligencia de Vasconcelos, en su campaña
presidencial de 1929, y de la generosa
respuesta -heroica en muchos casosde la juventud.

"Por mi Raza Hablará el Espíritu",
reza el lema que Vasconcelos donó a la
Universidad de México. Su inspiración
fue un don de la gracia. "El Espíritu que
tiene que hablar en los universitarios,
portavoces titulados de las grandezas de
México, y obreros diligentes de ellas, es,
y así lo declaró él mismo, el Espíritu
Santo, dador de consolación, difusor de
dones y motor de las bellas acciones, escudo y fortaleza, bien y dulzura, manjar
de vida, fuente de agua clara, constancia amorosa y seguridad de permanecer
en la vecindad divina" (Opus cit., pág.
13). En los momentos de mayor peligro
Ulises Criollo se amarró al mástil de su
nave, gritando a grito herido su verdad,
para no irse tras los encantos de las sirenas, seducido por sus cantos. Como el
Ulises griego cayó el Criollo en tentaciones. Y se solazó con las gracias de
Adrianas y Antonietas. Pero volvió a Itaca para vivir, para dar testimonio de la
verdad, para denunciar la nocividad de

525

�las fuerzas del mal, para volver a la fe
de sus primeros años. "Itaca para Vasconcelos es la Iglesia Católica, la Penélope que no teje ni desteje, que no teme
a nada y que no se cansa de esperar, que
tiene abiertos y largos sus brazos de misericordia y dulce, atractiva, fresca como
el rocío, y líquida como la luz del sol,
su palabra de perdón. Itaca son las virtudes del hogar, la modestia de las familias, la sencillez de las costumbres, el
temor de Dios y, para decirlo todo de
una vez, el México justiciero, pacífico,
sociedad de amigos, empresa de todos ... "
(Opus cit., pág. 23).
A Vasconcelos le causa tedio, cansancio, arrepentimiento el haber ocupado su
tiempo en el solaz de la carne: Pero a
nosotros nos interesa todo lo suyo: su
actividad amatoria y su tedio espiritual.
Sentía la insuficiencia del porfirismo:
arbitrariedades, manías legiferantes, imitaci6n de lo francés ( descastamiento).
No quiso seguir el camino fácil del profesional burgués: ahorro, comodidades,
seguridad. Sentía muy a lo vivo el dolor
de ser mexicano. "Vasconcelos de recién
recibido de abogado y patrocinador de
pingües negocios, no se dejó ahogar por
la codicia del dinero, ni fue seducido por
el miraje de una vida cómoda y tranquila, burguesa, diríamos ahora. Le dedicaba sus horas de soledad a su dolor, a
cultivar su inquietud, a alwnbrar su conciencia de ciudadano con la luz ardiente
de su amor a México, con su sostenido
propósito de ir derecho a la fuente que
es el pueblo, con su designio de interpretarlo con honradez, sinceridad, interés
por el bien común y constancia de patriota". (!bid., pág. 35). Los temas mexicanos, vistos y tratados por Vasconcelos, nos pueden dejar tristeza, nunca desánimo. Nos mueve a la acción y nos
transmite su cólera. Sus facultades creadoras eran extraordinarias. Su obra es
como "la novela de una Naturaleza y de
un Cosmos que él ha recreado, que ha

526

dotado de alma para que estén en contacto íntimo con nosotros, esto es, con
nuestra propia alma".
Sus confesiones se parecen a las de
San Agustín, no a las de Rousseau. Mide
la altura desde donde ha caído1 da testimonio de lo humano y nos hace asistir
al triunfo del espíritu. Era un inconfor•
me. Los mexicanos tenemos que agradecerle su desazón, su rebeldía, su desdén
o su cólera ante la injusticia. Nos punza, como para que México se haga más
nuestro.
Se le llamó maestro de la juventud.
Enseñó a los j6venes mexicanos -nunca
lo olvidemos- "la dignidad de vivir y,
como remate de esa dignidad 1 la grandeza de saber desprenderse de la vida".
Al final de sus días sólo quería escribir
una palabra: misericordia. Sabiéndose
anclado en lo eterno1 anhelaba llenar la
vida de grandeza. De la anécdota a la
categoría, de la fugacidad a la eternidad. Agobiado por el peso de sus culpas,
llevando en su corazón el arrepentimiento
y pidiendo, humilde, el perdón 1 seguro
de la misericordia: no se presenta, con
todo esto, con las manos vacías. Lleva en
ellas su dolor de ser mexicano, las batallas que libró por el enderezamiento intelectual, su amor cívico a la comunidad,
su afirmación, oportuna e inoportuna,
como conviene hacerla, según San Pablo, de católico, apostólico, romano1 sus
arrebatos de perseguido y, como suma
y razón de ser de todo, su ardorosa, su
cabal, su infantil y por consiguiente genuina y pura, amigable humanidad. La
calidad humana de Vasconcelos es única,
de dilatada anchura y en la que, con
amor de caridad, quiso abrazamos a todos los mexicanos'' (!bid., págs. 60-61 ).
Amaba la verdad de México, aunque esta
verdad fuese cruel. Sacrificio, víctimas y
sangre de nuestras revoluciones. Injusticias que se perpetúan y se multiplican.
Acaso por eso declaraba sentir dolor y
rabia de ser mexicano. Y sin embargo

su deseo de hacer un México bello era
patente. Su devoto interés por los mexicanos no quedó estampado, tan sólo, en
las frases del gran escritor sino en los
hechos del Ministro de Educación y del
político militante.
El verdadero humanista no se circunscribe en lo grecolatino. Las humanidades
son, antes que un sistema de doctrinas,
una búsqueda que replantea incesantemente los problemas, para sacar de ellos
el significado y la realidad de la vida
humana. No andamos en pos de un humanismo libresco y conceptual, "almendrado de citas griegas y latinas, pero sin
latido cordial para el hombre" (Caba).
Queremos llegar a un saber del hombre
para el hombre. Un saber del hombre
concreto, del hombre integral que es, a
la par, espíritu y carne, alma y hueso,
razón y sangre, instinto y pasión.
Vasconcelos "no sabía griego ni latín,
pero honró la tradición clásica advirtiendo en ella la fuente de donde mana n uestro sentido y nuestra conciencia de hombres cultos. San Agustín no sabía arameo
Y, con todo esto, entendió, con una amplitud que nos conmueve todavía ahora
las palabras de Nuestro Señor en la ver~
sión griega hecha por los mismos evangelistas. Santo Tomás no sabía griego y
penetró, pese a ello, con más rigor que
.infinidad de comentaristas y de filósofos,
al pensamiento de Aristóteles. Nunca
pretendió Vasconcelos, por otra parte, ser
traductor de los clásicos, ni discutir pormenores de la vida privada de griegos y
romanos, ni hacer interpretaciones de la
conducta de tal o cual personaje, de la
historia o de la literatura, comparando
los textos de éste o del otro autor" ( "Me
lo dijo Vasconcelos ... ", pág. 75, Ed. Polis), Vasconcelos fue un gran humanista
porque fue un hombre lleno, pletórico de
humanidad, por ser católico de corazón
y de espíritu, por ser heredero consciente
de Grecia y Roma. "Escribir libros sobre
la religión de los griegos y no ser sensi-

ble, ni siquiera por tentación, a la religión de los mexicanos, le parecía una
aberración, una pedantería y una ausencia de conciencia nacional, además de la
exhibición de un falso humanismo".
( Opus cit., pág. 76). Tampoco simulaba Vasconcelos conocer las lenguas sabias para ponerse dizque a traducirlas o
"trasladarlas" al castellano valiéndose de
las versiones inglesas, francesas e italianas.
"Malhechores, y en grado subido, con
malicia grande, diligencia incansable, malevolencia constante, insidia penetrante,
fiel aborrecimiento a la tradición cristiana, complicado aparato científico pretendidamente contundente, equívoco hábilmente aprovechado de verdades a medias,
fueron, para Vasconcelos, estos dos judíos, Marx y Freud, los cuales por ellos
mismos, y por su valía intelectual, la fuerza corrosiva de su razonamiento, la malversación de los valores j udeo-cristianos
de Occidente, la irrefragable voluntad de
dañar de una parte, y, de otra, por las
carencias de los cristianos, su infidelidad,
su dura cerviz, su afición a buscar el cebo
de la ganancia, su inhwnano trato para
los de abajo, su canalla práctica de usar
las cosas santas para el propio provecho,
su apego a los bienes temporales, mudaron los rasgos de la justicia y han precipitado al mundo a la aberración que, en
muchos aspectos, consiste en un retorno
a la animalidad, la cual es temida por
ellos, Marx y Freud, como el carácter
prístino y genuino del hombre" ( Opus
cit., pág. 100). El Dr. Guisa y Azevedo
emprende una aguda e implacable crítica a Marx y a Freud. Lástima que la
crítica esté hecha sobre comentarios a
las doctrinas de Marx y de Freud, sin
acudir, el 99% de las veces, a las fuentes
originales. Sólo una vez se cita la traducción francesa de las obras completas de
Marx.
¿Decadente Vasconcelos porque había

527

�vuelto a vivir lo sobrenatural y a tenerle
preparada en su mente y corazón una
casa al verbo de Dios?, se pregunta
Jesús Guisa y Azevedo. ¿ Claudicante porque había dejado las malas compañías y
porque cay6 en la cuenta de que servir
a México, y servirlo con todas las potencias del alma, no era sino trabajar por
la elevación de sus compatriotas basta lo
divino? Viéndose católico, José Vasconcelos sentía la consoladora seguridad de
ser hombre completo. Sabía que la Iglesia le hablaba su propio lenguaje y le
hacía eco a sus propias inquietudes de
hombre moderno. "Vasconcelos, no por
decadente y claudicante; no por débil
mental ni por cálculo y codicia; no por
ignorante, ni menos por inhibición de
su espontaneidad, sino por todo lo contrario: por lúcido, por desinteresado, por
reflexivo y contemplativo, por hombre
libre, por fiel a su tradición, por defensor de la familia, por patriota iluminado,
por hombre de historia que hizo historia
y que poseyó, clara y transparente, la
conciencia del mexicano; por humilde y
por noble, por alto y robusto, cuya altura
y robustez alcanzó él en la verdad, fue
católico" (Opus cit., págs. 157-158). Su
vida de escritor la concluyó con una plegaria: "Letanías del Atardecer", "libro
de dulce, de confiada, de sincera humildad".
La obra Me lo dijo V asconcelos . ..
se cierra con un capítulo intitulado "Suma, Sentencias y Cuestiones", en el cual
Jesús Guisa y Azevedo agrupa, alfabéticamente, algunas de las ideas-madres
en la producción escrita de José Vasconcelos. Aunque reconocemos el cuño vasconceliano de la mayor parte de las ideas
expuestas por Guisa y Azevedo, no dejamos de advertir, en algunas sentencias
y cuestiones, el sello personal -filias y
fobias- del Dr. Guisa.
Vasconcelos ha muerto, pero vive su
obra. Para los discípulos y amigos de
José Vasconcelos, la aparición del libro

528

de Jesús Guisa y Azevedo es una buena
nueva. Mientras le sigan recordando y
evocando los verdaderos y buenos mexicanos, nada importa que su nombre no
aparezca en las placas que escribe la adulación y en los homenajes que gestan las
caravanas del servilismo. Vasconcelos
-árbol azotado-- hunde muy hondo sus
raíces en suelo mexicano. Su voz la guardan los bosques, y los vientos, y las campanas... Su alma -que mucho tiene
que ver con el fuego, como observó recientemente mi cordial amigo, Enrique
Ruiz García- seguirá siendo evocada en
las emociones hondas y en los pensamientos vehementes. Amó entrañablemente,
desesperadamente, pero sin transigir, a
este México nuestro. Acaso lo haya amado así, con rabia, porque le dolía --como a Unamuno la Esoala de su tiempo-,
porque lo soñaba diferente, porque lo
quería con voluntad de perfección. Nunca gust6 de componendas ni de medias
tintas, síntoma inequívoco de su llamado al cumplimiento de una misión. Como
funcionario público supo realizar con
maravillosa naturalidad y sencillez una
síntesis bien difícil: servir con dignidad,
estar en su sitio sin humillación ni vergüenza y desempeñar su puesto con desenvoltura y gravedad. Un poder de acción y de creación -que nunca le abandonó- le hizo sentirse vivir con fuerza.
Prefirió la verdad antes que la paz. Padeció persecución por la justicia y sufrió
destierros. Esa pasión, ese color y esa vida
que supo poner en sus libros, subsistirán
mucho tiempo después que se hayan perdido en el olvido los nombres de sus
detractores.
Quiero evocarle corno le vi en Venecia, la última vez: sus ojos eran de rey
vencido que ve su reino desde el fondo
de una cárcel. Subía y bajaba de las góndolas con el aire trágico de un árbol azotado. Después se quedaba en pie, como
un niño asombrado, pero dispuesto siempre a marchar a todos los rumbos, del

brazo de la aurora. El lo sabía: su lábaro
no estaba hecho para el lucimiento de
los desfiles. Era un airón de combate.

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNOEZ DEL
VALLE, Metafísica de la Muerte, Librería
Editorial Augustinus, Madrid, 1965.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

SE TRATA DE COMPROBAR y de comprender. De comprender o entender lo entendible del misterio de la muerte. Pero antes, Y quizá más importante que hacer el
misterio racional, se trata de tomar conciencia de la vital resonancia que para
la existencia tiene la idea de la muerte.
Las comprobaciones iniciales han de ser
lo más objetivas que sea posible: con ese
tipo de objetividad en el que la conciencia y el sentido común reconocen (a su
manera respectiva) su ideal común. Ha
de hablarse de la muerte que angustia a
quien la presiente y atemoriza a los que
con despecho iconoclasta, hacen de ell~
un tema de conversación ordinaria·1 ha
de mirarse su imagen corno la ven alucinadora, los que la rehuyen a pes~r de
sentir su naturaleza imantada por ella
o como los que se le acercan sin poder
contener el grito de su carne y de su espíritu rebeldes al destino inexorable ...
Debe hablane de ella, de la muerte, como un hecho dramático, ante el cual
todo fil6sofo 1 todo pensador1 ha de dar
su medida.

AUERBACH, EatcH, lntroduzione alla Filologia Romanza, Picola Biblioteca Einaudi, Torino, 1964. (PBE 29).
~P~RECE POR SEGUNDA VEZ, en lengua
1taliana, esta obra de Auerbach que sirve
de maravilloso auxiliar en la cátedra de
Filología Románica.
El Texto, en una presentación de 10
por 18 cm., está compuesto de 308 páginas y dividido en cuatro grandes partes.
La primera parte, que se titula "La
Filología en sus diversas formas" presenta una explicación general de la ciencia
&lt;le la Filología que va desde la edición
crítica de un texto hasta la explicación
&lt;:lel mismo.
La segunda parte "El origen de la lengua romance" se inicia con un brevísimo
resumen de la historia de Roma y sus
colonizaciones para luego, en forma detallada, pasar a hablar de la lengua latina vulgar, origen de las lenguas romances. Un siguiente capítulo se dedica a
explicar el desenvolvimiento del latín
vulgar hasta su natural desembocadura
-en las lenguas romances.

La tercera parte "Doctrina general de
las épocas literarias" abarca tres capítulos: La Edad Media, el Renacimiento,
,¡, los Tiempos Modernos. En cada uno
de estos capítulos hace especial referencia a las tres grandes 1iteraturas roman-ces: Francesa, Italiana y Española.
L_a cuarta parte, muy importante1 la
dedica el autor a dar una guía bibliográfica en los dos campos de la filología:
Linguútica y Literatura.
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

Más aUá del sentido común más allá
de la ciencia, el filósofo ha d; ocuparse
de ese gran drama y tratar de arrancarle
su secreto arcano y de hacerle mostrar su
sentido más profundo. Pero ¿ tiene la
muerte un sentido profundo, o es ella un
sin-sentido? ¿ se topará, el que lo busca,
con el absurdo, o encontrará una explicación que arroje luz y comprensión sobre la misma vida? Estas son las primeras formulaciones filosóficas de ]a gran
interrogante1 y a ellas quiere dar respuesta en tono metafísico el Doctor Basave,
después de hacernos asimilar en la primera parte de su obra, la sabiduría de
los siglos que nos invita a ser "poetas de
la existencia que saben hallar a su vida
la rima exacta en una muerte inspirada".

529
H

�La insuficiencia radical, la indigencia
ontol6gica del hombre, es vivida por todos en un menudeo de insatisfacciones en
nuestros gozos y en nuestras tristezas,
en nuestras aspiraciones y en nuestros
desencantos, en nuestras realizaciones y
en nuestros padecimientos: siempre queda el hombre más acá o más allá de lo
esperado, y en esa distancia de lo adecuado, en ese desajuste entre su ser y su
deber ser, vive en la vida diaria su co~dición de ser contingente. Pero esa mlSma condici6n 1 vivida en su radicalidad
extrema, hace surgir en nosotros la muerte como aquello a que naturalmente estamos abocados, siendo tal vocaci6n un
elemento constitutivo de nuestra propia
existencia. La muerte, inherente a nuestra vida como el término que le da fin y
la acaba, no es por lo mismo sino más
dramática. Se traduce, en efecto, ese término en un límite desde donde empieza
la "allendidad" que encubre el misterio
de lo incierto: "El último día nos enfrenta con la eternidad o con la nada" y
desde luego, º¿acaso nos puede ser indiferente esa ultimidad?" El drama se agudiza haciéndose personal en la certeza
de que somos cada uno de nosotros, de
que soy yo el que tendré que interrogarme entonces: "¿ aniquilación o segundo
nacimiento?''
En este planteamiento de disyuntiva,
la cuestión de la 11allendidad" sólo puede tener respuesta a partir de la reflexión
sobre el alma y sobre su estructura ontológica. Y habrá de cuidarse que dicha
reflexi6n no contravenga la elemental
preceptiva de la lógica, pues realmente
"¡ trágico hado el tener que cimentar en
la movediza y deleznable piedra del deseo de inmortalidad la afirmaci6n de
ésta!", según la admonición de Unamuno. Pero el autor sabe que ha de probarse por otros caminos lo imperecedero del espíritu, el cual no puede correr
la misma suerte que el cuerpo al que
está unido por mostrar ya en esa unión

530

una cierta autonomía en sus operaciones.
o actividades propias.
Pero, no es ese todo el cometido de la
obra del Doctor Basave. A esta tarea han
entregado, cien otros, muy valiosos esfuerzos. No se quiere dar por satisfecho
integrando la muerte a la vida, como su
elemento constitutivo 1 ni probando a su
manera la perenidad del alma humana.
Desea llevar su pensamiento de filósofo
católico hasta convertir el ya clásico "ser
u
para la muerte" del hom bre, en un ser
para la vida real e inacabable". Quiere
probar que la raz6n asiste al "mu~ro
porque no muero" de Santa Tere~; quiere hacernos trocar la repugnancia ante
la "presencia ausente" de nuestra muerte
por la alegría que ha de sentir el que
ve en ella una "libre y cordial adhesión
a los designios del Señor".
FRANCISCO Buc10 PALOMINO
JEAN WAHL, L'Expérience Metaphysique,
Flamarion, Paris, 1965.
UNA COSA ES METAFÍSICA y otra cosa es
"experiencia metafísica". La primera _se
hace con juicios que por lo menos quieren ser plenamente predicativos. La s~gunda toca el terreno de lo "pre-predicativo" en sentido husserliana. Pero
-con la venia de Husserl-, si hay experiencia de lo pre-predicativo o de lo
antipredicativo ¿podría ser ésta una
experiencia metafísica?' ¿ no se contraponen por un lado "experiencia" Y "an'
.
tepredicativo"
Y, por el otro, " experiencia" y "metafísica"?
Es muy importante la cuestión para
todo pensador que quiera pisar un suelo
56lido. Jean Wahl está consciente de ello
al entregarse en esta obra a la tarea de
analizar a los "fil6sofos célebres" en sus
respectivas experiencias metafísicas i al
aplicar a cada uno de los grandes sist~mas filosóficos la pregunta sobre la posibilidad de la experiencia metafísica, para

invitarlos a responder afirmativamente
octu excercito, brindándoles a la vez la
ocasión de manifestarse en su genuino valor. Pero no es precisamente un desfile
de filósofos ante la prueba de fuego lo
que intenta el autor; este cometido histórico ha de ser propuesto en primera
intención a los historiadores de la Filosofía. Trátase más bien de cercar la experiencia metafísica, a la luz de la Historia de la Filosofía, para descubrir su
esencia. Y la esencia de la experiencia
metafísica va a revelarse, a través de todos los ejemplos históricos examinados,
en el sentido de "prueba" de la presencia
de "Algo" que sobrepasa nuestro conocimiento ordinario y que a la vez "nos
prueba", a la manera como el hombre
religioso "éprouve qu'il est éprouvé" por
Dios. En tanto que presencia obsedante,
el término de la experiencia metafísica
no conserva su categoría filos6fica sino
por ser presentida en él una explicaci6n
englobante de la realidad al trascender
el tipo de explicaciones dadas por la ciencia. También por esto ha de tipificarse
la experiencia metafísica más en forma
de interrogante que en forma de respuesta. Así, en la defensa que Jean Wahl hace de la metafísica ante los analistas lógicos, nos dice que aquella es por lo menos ese saber que el hombre consigue
acerca de las cuestiones que pueden ser
planteadas sobre las cosas que sobrepasan
nuestra experiencia ordinaria. Que el término internacional de tales cuestiones llegue a ser expresado en conceptos claros
u obscuros, según una secuencia racional
precisa o con errores J6gicos, ello dependería de Ia habilidad que se tenga
en el manejo de la argumentación y del
lenguaje. Pero aun cuando éste sea torpe, en nada afectará el que haya sido
posible la auténtica experiencia metafísica. Cierto es, por otra parte, que el
contenido intencional de toda experiencia metafísica permanece con una ambigüedad radical por el hecho mismo de

no poderse desvelar una vez por todas.
Quizás, por Jo mismo, no estamos siempre seguros de la autenticidad de las diferentes experiencias metafísicas de los
grandes filósofos. ¿ Será, o no será una
experiencia metafísica el Cogito Cartesiano? Jean Wahl no lo creía antes, ahora está convencido de que sí lo es. En
todo caso. no tenemos razón para negar
su posibilidad, como, por otra parte, no
tenemos razones para asegurar que es
prerrogativa exclusiva del filósofo. Ya sea
que hayan muchas, ya sea todas se reduzcan a la experiencia metafísica del
Ser ( como Jo cree firmemente Heidegger), nuestra actitud interrogante no
está lejos de ser hermana de la del poeta
que quiere abandonarse al inconmensurable todo que es él, que eres tú, que
soy yo.
FRANc1sco Buc10 PALOMINO
MARIANO BAUERO GoYANES, Proceso de
la novt:la actual, Biblioteca del pensamiento actual, Ed. Rialp, S. A., Madrid 1
1963.
TAL COMO EL AUTOR INDICA en la Introducción, el libro está integrado por un
conjunto de ensayos y artículos referentes a la novela. No trata de hacer una
apología del género, sino de caracterizarlo de acuerdo con una precisa conciencia hist6rica y a la luz de la problemática del pensamiento contemporáneo.
El tema se abre con comentarios a la
discusión entablada entre Ortega y Baraja en 1925. El camino que el autor se
ha trazado es el de una presentaci6n de
la problemática actual a partir del pun.
to de vista de quienes consideran el género como medio expresante del Humanismo (Jean Paul Sartre) y el de quienes lo reducen al exclusivo valor de lo,
literario (Paul Valery). Es por esto que
uno de los ensayos se titula "Deshumanizaci6n de la novela". Estudia las pecu-

53?
H

�liares "fisonomías" que la novela presenta en nuestro siglo, partiendo desde
Dickens para señalarlo como un punto
inicial con su obra Pickwick Papers; esto
no es sino un modo de hacer resaltar el
nuevo sentido de la novela sin argumento en la que "nuevas estructuras expresivas se apoyan sustancialmente en el símbolo, la situación, el contrapunto de monólogos" ; sobre este particular cita a
Proust, Joyce y Virginia Woolf.
El problema de las relaciones existentes entre el teatro y la novela lo enfoca
a propósito de la adaptación hecha por
Camus de Requiem para una mujer de
Faulkner. En el fondo replantea el problema apuntado por Ortega al considerar la novela como "categoría del diálogo".
En torno a las opiniones de Gabriel
Marcel y Sartre de si la novela estricta
es o no políticamente reaccionaria, se
pone de lado de este último: "En mi
opinión, no existen grandes novelas reaccionarias ( o no suelen existir), por la
misma razón que tampoco existen novelas de signo ideológico opuesto. . . incluso entre los grandes creadores novelescos suele ocurrir que sus creaciones
más tendenciosas (las más juveniles corrientemente) son, a la vez, las menos
artísticas e importantes.
Respecto al destinatario de la novela,
dedica todo un pasaje a "El público, lector de novelas", señalando la tesis de
Unamuno, para quien "todo es novela,
todas sus obras en cierto modo, y no pocas de las ajenas, desde la Jlíada hasta
la L6gica de Hegel". Se remonta a los
orígenes del género en un capítulo que
llamó "El ocio y las formas novelescas",
rastreando los antecedentes en la Edad
Media 1 el Renacimiento, y el Barroco i
hace hincapié en el esfuerzo de los novelistas del s. XIX en dar jerarquía artística al género. Su opinión primordial
es que "En la medida que la novela ha
ido emancipándose de su antigua candi•

532

ción de género enderezado a cubrir el
ocio femenino, ha ido, al mismo tiempo,
superando los prejuicios que, a su alre•
dedor, había permitido crecer el énfasis
clasicista, jerarquizador de géneros y es•
tilos".
En los últimos capítulos trata de hacer
ver que el enfoque intelectual de la no•
vela ha servido "para hacer ver lo que
de falso y convencional había en la imagen de este arte". Su problemática desemboca en las técnicas, que a su juicio
presentan una doble vertiente: la del
mero snobismo y la del necesario encuentro de nuevos procedimientos expresivos
para "conseguir formalmente una visión
adecuada del hombre de nuestro tiempo
y de sus problemas".
M. DEL VALLE DE MONTEJ ANO
JAVIER M1rnDIRICHAGA CuEvA, Tres Mo•
numentos Virreinales de la Ciudad de
Monterrey. Tesis para obtener el grado

de maestro en historia universal. Escuela
Normal Superior Labastida. Monterrey,
1965. 56 pp. Mimeógrafo, carátula im•
presa.
INVESTIOACIÓN DE CARÁCTER histórico ar·
tístico, que comprende sendos estudios
del desaparecido convento de San Francisco, de la Catedral y del Obispado.
Del primero ofrece interesantes descripciones de diversas épocas, y consigna,
al final su opinión sobre el estilo. Asienta
que este templo no se ceñía al barroco
imperante, y encuentra la explicación en
"la realidad geográfica y psicológica, es
decir, por la aridez del terreno en que
se levantó y por la angustia vital que
padecían los pobladores". Era un edificio de escasa altura "y apegado a la tie•
rra", en lo que el autor cree "descubrir
el dramático mensaje de aquella genera•
ción batalladora que buscó la satisfacción de tantas necesidades humanas";
aunque pudiera ser más bien la caracte-

'

rística establecida para las construcciones religiosas y civiles de los lugares de
clima cálido.
El mayor número de páginas está dedicado al estudio de la Catedral. Los
datos históricos son de primer orden y
las descripciones bien logradas. En su
opinión, la portada cae dentro del barroco moderado y lo atribuye al medio
en que se movió "una generación ruda,
bizarra, en constante lucha con la naturaleza y el indio hostil".
De igual manera procede para el
Obispado: antecedentes, descripción y
juicio crítico. La portada, que clasifica
en el barroco estípite, es descrita con
acierto y encuentra en ella elementos
que interpreta como "una anticipación
al grito de Independencia".
El autor rebate las opiniones adversas
de especialistas, de viajeros o de informes oficiales. Dignifica, además, el ma•
terial de la región: el sillar, y protesta
contra el empaste de cemento y contra la
"yesería y filigranas ridículas".
El libro logra su objetivo: reivindicar
el legado artístico j aportar datos nuevos
Y provocar la inquietud en los estudiosos. Está escrito con sencillez y claridad
admirables y, además de ser el único en
la bibliografía local en su género, es lo
más valioso que se haya escrito aquí sobre el tema.
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA
CARLOS FUENTES, Cantar de ciegos, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1964.
ESTA OBRA SE INTEGRA con siete relatos,
independientes entre sí, pero tendiente
cada uno de ellos -al menos esa parece
ser la intención del autor- a reforzar
una sola idea, tema de la obra: la impo•
sibilidad del hombre de alcanzar la plena
realización de sus anhc1os.
De estos siete relatos únicamente Las
dos Elenas, El costo de la uida, La mu-

ñeca reina y A la uíbora de la mar cum-

plen aceptablemente su cometido. En
efecto, cada una de las cuatro historias
desemboca en un mismo desenlace: el
protagonista, al ver frustrados sus mayores deseos, cae abatido por el desengaño.
. En Las dos Elenas, Víctor, el protagonista, comparte su vida con la de su esposa Elena, mujer aristócrata, egoísta e
inclinada a todo género de actividades
frívolas y escandalosas. Cegado por el
amor, Víctor anula su personalidad para
entregarse débilmente a secundar los caprichos y extravagancias que la vida vacua que consume su mujer exige para
librarla del tedio. La incomprensiva Elena excluye de las metM que se ha propuesto perseguir la felicidad de su amante consorte. Impelido por el agobio que
este alejamiento le produce, el marido
conforma en su mente, con calidad de
consuelo ficticio, la imagen de otra Elena, más diáfana y consistente que la imagen que le ofrece la Elena real. La Elena idealizada es más dulce más tierna
más apegada al hogar. . . ;n una pala~
bra, es un verdadero complemento. Y un
complemento es lo que Víctor más ne•
cesita como antídoto para su soledad.
Pero al percatarse de lo irrealizable de
su ideal, ora por su sentido de responsabilidad, tan arraigado en él, ora por
su falta de energía para instar a Elena
a que recapacite sobre sus actos, tan
poco dignos de una esposa, Víctor queda impedido para evadir su situación;
irremisiblemente se condena a convivir
rutinariamente con la compañera equivocadamente elegida.
En El costo de la vida Fuentes hace
derroche de acción y dramatismo. Esta
narración justifica en mayor medida que
las restantes el propósito último del autor.
La joven pareja que interviene en el
relato lucha por vencer las penalidades
económicas originadas por los excesivos
gastos que requiere la vida en una gran
ciudad. Los miserables salarios de am•

533

�bos cónyuges -maestro él y oficinista
ella- no bastan para asegurarles una
tranquilidad material estable. Para colmo de desdichas, un mal día enferma
la esposa, y el marido, desesperado, se
moviliza sin descanso hasta conseguir un
empleo eventual de chofer de carro de
alquiler. Este empleo complementario le
permite equilibrar nuevamente el presupuesto habitual. Pero cierta noche en
que el infeliz se dispone a desempeñar
sus nuevas labores, sus esfuerzos por continuar viviendo reciben la más irónica
de las respuestas: un absurdo altercado
con un sujeto de mal vivir le acarrea la
muerte, al ser apuñaleado en el vientre
por su inesperado enemigo.
En La muñeca reina un bello recuerdo de adolescencia resurge en el corazón
de un joven abogado. A los catorce años
había conocido, en un parque de los
alrededores de la capital, a Amilamia,
preciosa chiquilla de siete años que le
había proporcionado inolvidables momentos de alegría con sus infantiles ocurrencias. Quince años más tarde, abrumado
por el hastío y el aburrimiento que le procura la monótona rutina, evoca la calma, la sencillez y los sueños que lo
acompañaron en su segunda infancia.
Asocia aquella felicidad pasada con los
grandes ojos grises de Amilamia; con su
cabello amarillo pajizo de tonos cambiantes; con su delantal a cuadros; con
sus dibujos grotescos y su mala ortografía; con su gravedad innata. . . Pero
lo que más añora es el afán que bullía
en la niña por infundirle entusiasmo,
poniendo al servicio de este afán su portentosa imaginación con la que urdía
una ilimitada gama de piruetas y travesuras.
Deslumbrado con la perspectiva de un
reencuentro con la actual Amilamia, acude presuroso a la antigua casona en la
que viviera hacía quince años. Los padres, al conocer ]a finalidad de su visita,
lo enteran de la repentina muerte de su

534

hija, ocurrida precisamente cuando contaba siete años de edad. Y para que
Carlos no abrigue ninguna duda al respecto, lo conducen a un sombrío sótano,
en cuyo centro descansa un pequeño
ataúd conteniendo una muñeca de pasta1 destinada a conservar el recuerdo de
la desaparecida.
Tras la penosa escena, los ancianos
suplican al visitante que se marche y que
no regrese más; su presencia 1 de repetirse, renovaría con intensidad cada vez
más creciente el dolor que hasta entonces
estuvo asentado en sus almas. Sin embargo, pocos días después, contra lo prometido1 Carlos sorprende a los padres de
su amiga con una segunda visita para
devolverles unos dibujos hechos por Amilamia. Pero el espectáculo que contempla
en la puerta de entrada lo estremece
violentamente: Amilamia, sentada en una
silla de ruedas lo recibe, sonriendo con
expresión estúpida j la abultada joroba
que deforma su pecho hasta hacerla aparecer monstruosa mata de golpe la hermosa ilusión que daba a la vida de Carlos un toque de ensueño. En este mismo
instante comprende la verdad: los ancianos prefirieron mantener intacto su
frágil ideal haciéndole creer la muerte
de su hija, antes que enfrentarlo con la
despiadada realidad.
Por último en A la víbora de la mar,
Isabel Valles, mujer bastante madura,
es víctima de su lastimosa credulidad, al
ser burlada y estafada por dos degenerados.
Isabel dedica los mejores años de su
juventud a trabajar duramente hasta reunir un capital considerable con el que
abre una tienda de artículos para regalo.
Cumplidos los cuarenta años, una tía suya
con quien a la sazón vivía y que había
sido testigo de la fatigosa existencia de
su sobrina, la persuade para que emprenda un largo viaje por Europa con
sus ahorros.
Una vez a bordo del Rhodesia Isabel

se siente torpe y ridícula; por ser la primera vez que sale del país ignora las
normas de comportamiento en tales circunstancias. Para evitar el ridículo decide imitar al resto de la tripulación.
Sin embargo, no obstante sus precauciones, Harry y Jack 1 dos vividores de oficio, con la malicia y vivacidad propias
de los hombres acostumbrados a toda
suerte de correrías, descubren al punto
la ingenuidad de la novel viajera. Inmediatamente recaban informes sobre la fortuna que porta la dama. Sabedores de
que lleva consigo ocho mil dólares en
cheques de viajero, ambos la asedian con
sus galanteos sin ningún escrúpulo. Uno
de ellos, J ack, incurre en el extremo de
casarse con ella.
Asombrada, a la par que halagada con
su nuevo estado1 Isabel rejuvenece visiblemente. Tiene conciencia de que, aunque tardía, la felicidad tanto tiempo esperada ha por fin llegado.
Cierta ocasión, convencida por las argucias de su "marido", pone en manos
de éste la cartera de cheques, facultándolo para que haga uso de ellos como
mejor le plazca.

l.

Logrado su objetivo, los dos homosexuales bien poco se cuidan de no despertar sospechas en Isabel y en los demás
viajeros con su vergonzoso proceder. Y
las murmuraciones no tardan en levantarse. La misma Isabel es objeto de la
cruel maledicencia. Los pasajeros del
Rhodesia no conciben que un hombre
de la apostura y elegancia de Jack se
enamore de una solterona vieja y desabridaj tampoco pasa inadvertida la extraña amistad que une a los dos ingleses,
a quienes se les ha sorprendido en actitudes demasiado sucias. Isabel, hasta entonces ignorante de la relación que mediaba entre Harry y Jack, adivina su
fracaso. Herida profundamente, pero sin
acobardarse, resuelve arrancarles la careta a los timadores. Temblando de indignación pide a uno de los camareros

que la conduzca hasta el dormitorio de
Jack. Su decepción se convierte en asco
al irrumpir en la habitación: Harry y
Jack, estrechamente abrazados, se hacían
el amor, y entre risotadas y majaderías
festejaban su último triunfo: ocho mil
dólares en cheques de viajero, obtenidos
con sólo despertar una ilusión engañosa
en una mexicana solterona e insulsa.
Los otros tres relatos: Fortuna lo que
ha querido, Vieja moralidad y Un alma
Pura distan mucho de sostener con su
peso la estructura total. Introducen la
nota discordante en el conjunto. Vieja
moralidad refiere la falsa virtud que engendra el fanatismo en tres viejas libidinosas. Sin tapujos ni rodeos saca a
relucir Fuentes la hipocresía revestida de
piedad que tornan como estandarte algunos miembros de asociaciones religiosas.

Fortuna lo que ha querido y Un alma
pura carecen de lo que propiamente se
denomina argumento; el estilo1 retorcido
y obscuro, resulta vacío por el uso excesivo de giros y expresiones pedantescos.
Es evidente que el tema elegido, considerado en sí mismo, es de extraordinario interés humano. Desafortunadamente
Fuentes lo trata desde la superficie. La
falta de unidad en la trama y la vulgaridad de los personajes, que en lugar de
mostrar una vigorosa individualidad actúan como indefensos ciegos, quedando
a merced de la disposición que de ellos
se sirva hacer su autor, son testimonio
de la inautenticidad del sentimiento creador de Fuentes. Su capacidad para desarrollar asuntos de innegable hondura
filosófica está en entredicho. Dentro del
campo realista, donde es más factible
plantear problemas políticos y sociales,
entresacando a contraluz inquietudes triviales de la cotidiana existencia, este escritor es más convincente. Los temas de
trascendencia universal, como pretende
serlo la presente obra, los ejecuta corno
trabajo de laboratorio. Abundan en ella

535

�mezclas de todo género pero no la sincera visión original del artista. Todas
estas deficiencias, no vislumbradas por
Fuentes o tal vez no vistas intencionalmente, actualizan en forma poco seria y
deslucida lo que bien pudo haber sido
un gran logro literario y artístico.
EvA

MARLA ALVAREZ

Q.

NOTICIA BIBLIOGRÁFICA

LA Biblioteca de Psicología y Psicoterapia

dirigida por el Prof. Dr. Juan José L6pez Ibor, acaba de aparecer en sus primeros 4 volúmenes a través de la prestigiosa Editorial Gredos de Madrid. Se
trata de una colección largamente esperada por el público de habla castellana.
Primero que nada porque hace años el
Prof. L6 pu I bor es reconocido en el
mundo entero dentro del campo específico de la Psiquiatría y también como
pensador y conferenciante.
La idea central es aportar en español
un amplio campo en el que remansan
las más activas corrientes del pensamiento
contemporáneo. No se trata de llegar al
gran público, sino al especialista preferentemente y además a aquellas personas
que se mueven en un ambiente cultural
para el que el conocimiento de estos temas, supone franquear una divisoria decisiva.
En el título de la Biblioteca, las palabras "Psicología y Psicoterapia" no suman sus contenidos, sino que cada una
limita y determina en cierto modo a la
otra. Tampoco en sus contenidos estarán
estas materias dogmáticamente adheridas
a una escuela, sino que alcanzarán la amplitud suficiente para que el lector tenga
conciencia de encontrarse en un campo
científico seguro.
Serán características destacadas de esta Colección la cuidadosa selección de
títulos y su modernidad 1 de manera que

536

el lector esté siempre en el umbral cambiante de un cautivador campo cultural.
A continuación ofrecemos algunos de
los títulos que aparecerán en la Biblioteca de P.ficología y Psicoterapia.

V. E.

FRANKL,

Teoría y terapia de las

neurosis.
P.ficoterapia desde el punto
de vista antropol6gico.
DIETER WYss, Las escuelas de p.ficología
profunda desde los comienzos hasta la
actualidad.
J. J. LÓPEz 1BoR1 La neuro.fis como enfermedad del ánimo.
lGoR A. CARUSO, Bios, p.fique y persona.
HENRY EY, La conciencia.
JuRG ZuTT, En el camino de una psiquiatría antropol6gica.
JASPERS, E.fcritos sobre psicopatología.
KLAUSER, Manual de análisis biográfico.

BRAUTIGAM,

En el Prólogo a la Colección, L6pez
lbor señala entre otras cosas:

"El hombre contemporáneo se siente
atraído por la psicología. Tiene, además,
necesidad de ella para entenderse a sí
mismo y la sociedad en la cual vive. Por
eso, de todas las direcciones psicológicas,
aquella que mayor fascinación ejerce sobre él es la que se ha dado en llamar
'psicología profunda'.
Resulta imprescindible subrayar, una
vez más, que la psicología profunda ha
sido obra de los médicos.
Este ser humano, tan simple en apariencia1 tan complejo en el fondo, responde siempre a lo que se le pregunta,
lo cual quiere decir que en la respuesta
no está nunca más que una parte de
él. Quiero decir con ello que la investigación en profundidad es una investigación abierta, con respuestas múltiples
y diversas, según la dirección de donde
vengan las preguntas. Si Freud preguntaba por la dinámica de los instintos, es
natural que no hallase más que dinámica
de los instintos en su respuesta. La psi-

cología profunda es, pues, un campo
abierto a la interrogación y no un terreno acotado para la manipulación.
Entre las muchas utopías del hombre
se halla ésta de la manipulación de sus
vísceras anímicas. La educación, la formación de la personalidad, la adscripción a una mentalidad colectiva y social,
mayoritaria o minoritaria, son formas de
manipulación de las vísceras anímicas.
El hombre es, en este sentido, el ser más
plástico que existe, pero también el más
rebelde 1 porque la manipulación encuentra siempre sus límites. Uno de los elementos utópicos de Ja sociedad futura
es el de lograr hombres conformados con
arreglo al esquema de la misma. Una
de las resistencias frente a esa utopía
es la insobornalidad de la persona humana. En cualquiera de los casos esa
ambigüedad incita a su estudio, El' descubrimiento de la textura de las opacas
entrañas del ser facilita su comprensi6n 1
aunque no haya que pensar que con
"comprender", la tarea esté terminada.
Cada vez crece el número de libros
que se publican sobre estos temas. Es
evidente que en el conocimiento de los
mismos nos hemos enriquecido, y que
este enriquecimiento ha sido una obra
compleja. El pensamiento filosófico contemporáneo ha sido fecundado de un
modo decisivo. Yo ya sé que para la
acción son más eficaces las ideas elementales que las complejas, y que, a medida
que se aumenta la complejidad de una
situación psicológica, nuestra capacidad
de actuar sobre ella es menor. Por eso
son temibles los hombres y los libros de
una sola idea. A la larga -y a veces a
la corta-, el monoideísmo lleva a la
frustración. Siempre se escapa sustancia
humana que resiste a ser envasada en
recipientes estrechos. En la hipnosis, el
campo mental del hipnotizado parece
reducirse a la monoidea del hipnotizador.
Los primeros resultados son brillantes,
deslumbradores. Al cabo de poco tiempo,

su insuficiencia y lo que de tosquedad
hay en su interpretación del contacto hu•
mano aparece claramente. De ahi el
flujo y reflujo que ha habido en ]a utilización de la hipnosis como técnica psicoterapéutica.
Lo más apasionante de Ja psicología
profunda es que enseña a actuar sobre
el hombre. El "contacto personal" deja
de ser una cutícula sin estructura para
convertirse en una red compleja, que ha
de ser manejada con arte de pescador.
El mayor problema de la medicina actual consiste en que no se pierdan esas
formas milenarias, transidas de una especial luz afectiva, que permitían que
el contacto humano entre el médico y el
enfermo fuese algo singular que contribuyese a la curación o ayudase al enfermo a soportar su cruz.
En la sociedad actual, a medida que
crecen las técnicas de comunicación, crece la distancia que existe entre los hombres, aun entre los que físicamente están
más próximos.
No diré yo que la psicología profunda
posea un secreto que permita en seguida
demoler estas dificultades¡ pero sí afirmaré que ese conocimiento de lo extraño
del ser que propugna es, al mismo tiempo, apertura de cada uno a los demás.
De ahí la influencia de sus puntos de
vista en el mundo contemporáneo.
Con esta colección pretendemos ayudar
a nuestros lectores a encontrar caminos
propios para entender los problemas de
la intimidad humana. El que en ella se
acojan direcciones distintas se debe, precisamente, a que, a pesar de todo, la
singularidad de cada uno debe ser salvada".
La presentación impecable de un pensamiento profundo, aparece a primera
vista sencillo. Cuando habla y escribe el
Prof. L6pez Ibor lo hace en forma sencilla. En su último libro La A ventura
Humana, dice que estarnos asistiendo his-

537

�tóricamente "a una hipertrofia del quehacer, como conducta. La historia no es
:algo que pasa, sino algo que se hace.
En el hombre actual se subraya su di,ncruión aventurera. Realmente, la aven"tura pertenece a la esencia humana, ex-presión de la libertad". No es de extrañar

que el Prof. López Ibor haya sido nombrado Presidente del Cuarto Congreso
Mundial de Psiquiatría, que deberá celebrarse en Madrid, durante los primeros
días de septiembre de 1966.
DR. ADRIÁN Qumoz

CANJE

Publicaciones recibidas

*

(1956)
ALEMANIA

Das Tier in Der Spanischen Bildsprache, Ibero-Amerikanisches Forschungsimtitut, Hamburgo, 1949.
Institut für Auslandsbeziehungen Stuttgart, Ausland-Institut, 1963, 1964, 1965.
Problems of the peoples of the USSR, edited by a Comttee or the Loague for the Liberation oí the peoples of the USSR, Munich, No. 23 (Autumn 1964), No. 24
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Uber den Indianismus, das ibero-indianische Lcbensgefühl und seine Gestaltung bei Ricardo Rojas, Ibero-Amerikanisches Forschungsinstitut, Hamburgo, 1951.
Universitas, Revista alemana de Letras, Ciencias y Arte, edici6n trimestral en Lengua
Española, Stuttgart, Vol. II, No. 3 (Diciembre 1964), Vol. II, No. 4 (Marzo 1965).

ARGENTINA
Bibliografla Argentina de Artes y Letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires
(Compilaciones Especiales) No. 19, No. 20 (Octubre-Diciembre 1963), Nos. 21/22
(1965).
Boletín Bibliográfico, Ministerio de Gobierno, Biblioteca Pública Gral. San Martín, Mendoza, No. 2 (Julio-Diciembre 1963).
Boletín Informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 35 (Junio-Julio
1965).
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires ( 1963).
Estudios, Revista argentina de cultura, información y documentación, Buenos Aires
(Noviembre de 1964), (Diciembre 1964), (Marzo-Abril 1965), (Mayo 1965), (Junio
1965), (Julio 1965), (Agosto 1965).
Fichero Bibliográfico Hispanoamericano, catálogo mensual de toda clase de libros en
español publicados en las Américas, Buenos Aires, Vol. 4, No. 4 (Enero 1965).

* Se recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas.

538

539

�PETIT, ULYSEs, El Miserable Amor, Buenos Aires, 1959.
Philosophia, Revista del Instituto de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cuyo, Mendoza, No. 28 ( 1964).
Revista de Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía
y Letras, Mendoza, No. 3 (1964).
Sapientia, Organo de la Facultad de Filosofía, Uhiversidad Católica Argentina, Santa
María de los Buenos Aires, Año XIX, No. 73 (1964), Año XX, No. 75 (1965),
Año XX, No. 76 (1965).
Universidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 59
(Enero-Marzo 1964), No. 60 (Abril-Junio 1964), No. 61 (Julio-Septiembre 1964),
No. 62 ( Octubre-Diciembre 1964).
Versión, Revista de la Biblioteca Pública General San Martín, Mendoza, No. 4 ( 1965).

BRASIL
Caravelle, Institut D'etudes Hispaniques, Hispano-Americaines et luso-brésiliennes, Université de Toulouse, No. 3 (1964).
Revista da Facultade de Direito, Universidad de Sao Paulo, Vol. LVIII (1963), Vol.
LIX (1964).
Revista da Universidade de Minas Gerais, Belo Horizonte, Minas Gerais, No. 14 (Seternbro 1964).

GANADA
Annales de L'acfas, Association Canadienne-Francaise pour l'avancement des Sciences,
Montreal, Canadá, pour l'année 1961-1962, Vol. 29 (1963).

COLOMBIA
Colegio de Bibliotecarios Colombianos, Editorial Universidad de Antioquía, Medellín,
Vol. !, No. 1 (Diciembre 1963), Vol. II, No. 2 (Junio 1964).
COTE LAMUs, EDUARDO, Estoraques, Ediciones del Ministerio de Educación, Bogotá~
No. 2, 1963.
Estudios de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de
Antioquía, Año XXV, Segunda Epoca, Vol. XXIII, No. 65 (Marzo 1964), Año
XXV, Segunda Epoca, Vol. XXIII, No. 66 (Septiembre 1964).
SÁNCHEZ, JORGE, Cristo (un poema meditado), Bogotá, 1964.
Thesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, Tomo XIX, No. 2 (MayoAgosto 1964), Tomo XIX, No. 3 {Septiembre-Diciembre 1964 ).

COSTA RICA
Revista de Ciencias Jurídicas, Universidad de Costa Rica, Escuela de Derecho, No. 4
(Noviembre 1964).

540

CUBA
AuGIER, ANGEL, Nicolás Guillén, Dirección de publicaciones, Universidad Central de
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El Movimiento de los Romances Cubanos del siglo XIX, selección y prólogo de Samuel
Feijóo, Editora del Consejo Nacional de Universidades, Universidad Central de las
Villas, 1964.
FEIJÓo, SAMUEL, Cantos a la Naturaleza Cubana del Siglo XIX, Editora del Consejo
Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964. Ser Fiel, Editora
del Consejo Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964. Libreta de Pasajero, Editora del Consejo Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964. Tumbaga, Editora del Consejo Nacional de Universidades,
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541

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EL SALVADOR
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Prcss. Syracuse, New York, Vol. XVIII, No. 3 (Fall 1964), Vol. XIX, No. 1 (Spring
1965), Vol. XIX, No. 2 (Summer 1965), Vol. XIX, No. 3 (Agosto 1965).
The Hispanic American Historical Review, published quarterly by The Duke University
Press, Durham, North Carolina, Vol. XLV, No. 1 (February 1965), Vol. XLV, No.
2 (Mayo 1965), Vol. XLV, No. 3 (Agosto 1965).
The Journal o/ Aesthetics and Art. Criticism. Published quarterly the American Society
for Aesthetics of the Cleveland Museum of Art and Western Reserve University,
Baltimore, Maryland, Vol. XXIII, No. 2 (Win.ter 1964), Vol. XXIII, No. 3 (Spring
1965), Vol. XXIII, No. 4 (Summer 1965).
The New Soviet Society, Final texto of the Program of the Comunist Party of the Soviet
Union. Fully annotated and with an introduction by Herbert Ritvo, Center for International Studies, Massachusetts Institute of Technology, 1962.
The Personalist, an international rcview of philosophy, religion, and literature, The
School of Fhilosophy University of Southern California, Los Angeles, Vol. XLV, No.
2 (April 1964), Vol. XLV, No. 3 (July 1964), Vol. XLVI, No. 1 (January 1965),
Vol. XLVI, No. 2 (April 1965), Vol. XLVI, No. 3 (July 1965), Vol. XLVI, No. 4
(October 1965).
The Philosophical Review, Cornell University, Vol. LXXIII, No. 3 (July 1964), Vol.
LXXIV, No. 1 (January 1965), Vol. LXXIV, No. 2 (April 1965), Vol. LXXIV,
No. 3 (Julio 1965).

543

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1 (January 1965), Vol. 15, No. 2 (Abril 1965), Vol. 15, No. 3 (Julio 1965), Vol.
15, No. 4 (October 1965).
The Southern Review, published quarterly at Louisiana State University, Vol. I, No,
2 (Abril 1965), Vol. I, New Series, No. 2 (Abril 1965), Vol. !, No. 3 (July 1965).
THoMPSON, PATRICIA, Sir Thomas Wyatt and his Background, Stanford University
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Annales de L'Université de Paris, Revue Trimestrielle, Sorbone, Paris, 340. Année, No,
I (Janvier-Mars 1964), 350. Année, No. 1 (Janvier-Mars 1965), 350. Année, No. 2
(Avril-Juin 1965).
Les Cahiers du Nouvel Humanisme, Rivista del Nuovo Umanesimo, Revue littéraire
fondée en 1946 por Lucien Poyet sous le haut patronage de Saint-Georges de
Bouhéliter, Troisicme Série, Nos. 5-6-7 (Février 1962).
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Instituto de Estudios Hispánicos, Portugueses e Ibero-Americanos, establecida na Universidadc Nacional de Utrecht, correspondente ao ano de 1964, No. 14.

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GoNZÁLEZ

DE

LA CALLE, P. U., Quevedo y los dos Sénecas, México, 1965,

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Vol. XIV, No. 2 (Octubre-Diciembre 1964 ), Vol. XIV, No. 3 (Enero-Marzo 1965)'
Vol XV, No. 1 (Julio-Septiembre 1965).
'
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La Palabra Y el Hombre, Revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz,
No. 29 (Enero-Marzo 1964), No. 30 (Abril-Junio 1964), No. 31 (Julio-Septiembre
1964), No. 32 (Octubre-Diciembre 1964), No. 33 (Enero-Marzo 1965), No. 34 (Abril
Junio 1965).
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No. 2J 1963. Tomo V, No. 3, 1964.

INGLATERRA

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(January 1965).
The British Journal of Aesthetics, Published for the British Society of Aesthetics by
(January 1965),
Thames &amp; Hudson Ltd., Vol. 4, No. 3 (July 1964), Vol. 5, No.
Vol. 5, No. 2 (April 1965), Vol. 5, No. 3 (July 1965).
ITALIA
Giornale di Metafísica, Revista Bimestrale di filosofía, Genova Universitá, Genova.
Anno XIX, Nos. 4-5 (Luglio-Ottobre 1964), Anno XIX, No. 6 (15 NovembreDecembre 1964), Anno XX, Nos. 1-2 (15 Gennaio-Aprile 1965), Anno XX, No. 3
(15 Maggio-Giugno 1965).
Quaderni Ibero-Americani, Attualita Culturale nella Peninsola Ibérica e América Latina
Torino, No. 29.
Rivista di Estética, Instituto di Estética dell'Universitá di Torino, Torino, Anno VIII,
fascicolo III (Scttembre-Diciembre 1963).
JAPÓN
Bigaku, is published quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-sha by the Japanese Society for AestheticsJ Tokyo, Vol. 14, No. 2 (September 1963)¡ Vol. 15, No.

544

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Síntesis Económica, Gobierno de Veracruz, Dirección de Industria, Comercio y Estadística, Veracruz, Tomo II, No. 8 (Junio 1965).
Universidades, Unión de Universidades de América Latina, México, Segunda Serie,
Año IV, Nos. 16-17-18 (Abril-Diciembre 1964).
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XX, No. 1 (Enero-Marzo 1964), Año XX, Vol. XX, No. 2 (Abril-Junio 1964),
Año XX, Vol. XX No. 3 (Julio-Septiembre 1964 ), Año XX, Vol XX, No. 4. Año
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VIENTÓS GASTON, NILITA, Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico, San Juan
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ATTI, Instituto Veneto i Scienze, Lettere ed Arti, Venezia, Anno Academico CXXV,.
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VENEZUELA
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(Marzo-Abril 1964).
Cultura Universitaria, Revista trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas (Enero-Junio 1961), período de Marzo
de 1964 a Junio de 1965.
Revista Shell, Editada trimestralmente por la Compañía Shell de Venezuela, Año X,
No. 38 (Marzo 1961).

Acab6se de imprimir el día 22
de marzo de 1966 en los Talleres de la Editorial jus, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero, México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

I'

EJEMPLAR

546

•

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

UNIVERSIDAD DE ~UE/0 LEOlt

BIBLIOTEC~ UN!VERSITARIA
"ALFf'NSO REYES"
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7

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 6 6

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:

DR. AGUSTÍN BASAVE fERNÁNDEZ DEL VALLE
Jefe de la Sección de Letras:

Lrc. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS
Jefe de la Sección de Historia:

,

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA
Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:

Lrc. ALBERTO GARCÍA GóMEZ
Jefe de la Sección Editorial:

DR. FRANcrsco Bucro PALOMINO

7

1966

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria Monterrey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
Dr.

PRIMERA EDICION
Marzo de 1966.-1,000 ejemplares

Lic.

Fundamento y Esencia
de la Belleza ............................................. .
CoNSUELO BoTELLO DE FLORES: En Torno al Valor ........... .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

( B)
Dr.

Dr.

Dr.

Dr.

COLABORADORES FORÁNEOS

FRITZ J. voN R1NTELEN:

Lo Trágico en la Actitud Espiritual

..................................................
REms JoLIVET: Solitude et Amour . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ALBERTO CATURELLI: La Metafísica lntramundana de Xavier
Zubiri . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
lsMAEL QuILES: La Doctrina de la Interioridad según Lnuis Lavelle
y la ln-sistencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
lsMAEL DIEGO PÉREz: Introducción a la Filosofía de la Belleza . .
Griega

Prof.

INVESTIGADORES LOCALES

43
59
73

99
111

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

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fil,ll1 ..__,, ,,_.. _,,.,,,,• • " " " ' " , _ , . , , . . --~- , par

�ALBERTO GARCÍA GóMEZ, 523.-JESÚS GUISA y

AzEVEDO:

Me lo dijo
525.-ERICH

Vasconcelos, por AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE,
lntroduzione a/la Filología Romanza, por EDUARDO

AuERBACH:

GUERRA

CASTELLANOS, 529.-DR. AausriN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

Me-

tafísica de la Muerte, por FRANCISCO BuCio PALOMINO, 529.-JEAN
L'Expérience Metaphysique, por FRANCISCO Bumo PALOMINO,
530.-MARIANO BAUERO GoYANES: Proceso de la Novela Actual, por M.
DEL VALLE DE MoNTEJANO, 531.-JAVIER MENDIRICHAGA CUEVA: Tres
Monumentos Virreinales de la Ciudad de Monterrey, por ISRAEL CAvAzos
GARZA, 532.-CARLOS FUENTES: Cantar de Ciegos, por EvA MARLA ALVAREZ, 533.-Noticia Bibliográfica, por ADRIÁN QmROZ, 536.
WAHL:

Sección Primera

FILOSOFIA

�FUNDAMENTO Y ESENCIA DE LA BELLEZA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo León
Sumario: 1. La vivencia de lo bello.~2. ¿Qué es lo bello?-3. Lo bello real y lo bello ideal.-4. Lo bello y lo feo.-5. Lo bello y lo interesante.-6. Las bellas artes.
7. Fundamento de la belleza.

l.

L.

LA VIVENCIA DE LO BELLO

¿ CÓMO DESLINDAR EL TERRENO propio de la belleza frente a los de los otros
valores? Partamos de la vivencia estética. El objeto bello no es una mera
apariencia ilusoria. Lo ilusorio atribuye al fenómeno una realidad que no tiene. Por el contrario, en la percepción de un objeto bello podemos constatar
la consistencia (real-ideal) de lo representado. En la representación de un
paisaje, por ejemplo, advertimos la distribución de masas, la tonalidad, el
colorido ... El efecto psíquico sobreviene por la contemplación de algo que
está en el objeto bello. Algo que aprehendemos inmediatamente y lo acogemos emotivarnente en la intimidad. La proyección sentimental presupone ciertas cualidades en el objeto. Antes de introducir nuestra vida íntima en el objeto contemplado, hemos advertido la valiosidad objetiva de la belleza que
penetra en nuestro espíritu a la manera de un rayo luminoso. No basta decir, como dice Kant, que el acto estético es un "placer desinteresado" y que
es bello todo lo que "agrada en general sin concepto". El aspecto formal del
"placer desinteresado" no permite delimitar el contenido del objeto estético.
Las creaciones estéticas no pueden disolverse en un sentimiento, puramente
subjetivo, de agrado sin concepto.

La vivencia de lo bello nos cautiva íntimamente y nos colma por el momento. Al captar la belleza gótica de la Catedral de Colonia, por ejemplo,
se despierta en nosotros la conmoción de algo grandioso, elevado, que apun13

�ta hacia algo que nos trasciende y que participa de lo sublime, vale decir, de
lo que desborda toda medida. Esta vivencia estética tiene, en su magnitud y
potencia, algo más que placer. Yo diría que la vivencia trasciende la esfera
puramente mundana y se avizora la región de lo eterno con un sentimiento
de liberaci6n.
Los aspectos más importantes, puestos de relieve en la vivencia de la belleza g6tica de la Catedral de Colonia, nos ayudan a aclarar la esencia de la
belleza en general. La vivencia de lo bello posee un carácter axiol6gico. Expresa un valor espiritual, universal, propio, objetivo. No se trata de un mero estado de ánimo que me es privativo; cualquier otro sujeto puede recibir,
con las condiciones adecuadas, una vivencia estética semejante. Diríase que
la Catedral de Colonia está exigiendo ser reconocida en su valiosidad. Una
sensación de aérea ligereza, sin mengua de la grandiosidad de la Catedral,
nos invade en los umbrales de este magnífico templo. La imponente altura
de las torres gemelas -las más altas en el estilo gótico- parece un triunfo
sobre la ley de la gravedad. Al contemplar sus altísimas bóvedas experimentamos una mezcla indescriptible de pavor y recogimiento. La sombra nos envuelve en el interior gigantesco de la Catedral y sólo brillan, con tenue luz, los
bellos vitrales. La altura vertiginosa de líneas, flechas, pináculos y columnas
que se lanzan hacia arriba con ímpetu incontenible, nos levanta el espíritu en
una especie de vértigo religioso. Desprendamos, de la contemplación de este
singular objeto estético, algunos rasgos esenciales. La belleza la porta un objeto inanimado. A diferencia de la bondad, la belleza no requiere, necesariamente, un portador personal. El acto sensible de visión tiene un carácter
intuitivo. La intuición sensible primigenia es correlacionada, de algún modo,
con un sistema de conceptos : ligereza, grandiosidad, vértigo religioso .. . Surge entonces la comprensión de la obra de arte -obra de vida humana objetivada- y la explicación. En el proscenio real de las torres gemelas, de las
gigantescas bóvedas, de las flechas, pináculos, columnas, capillas radiales,
coro, etc., aparece algo diferente de los puros trozos de materia. Aparece la
idea de aérea ligereza y de grandiosidad. A través de las piedras, advertimos
la armonía de las líneas. Y con sus campanas evocamos voces henchidas de
esperanza. Una Catedral como la de Colonia no se construye sólo con piedras, sino con los anhelos y arrobos místicos de los fieles. Todo esto es también real; pero no tiene una realidad sensible. La materia expresa, manifiesta, esplendorosamente, una constelación unitaria de ideas. ¿No es eso, acaso,
la belleza? Poco importa, para el caso, que se trate de algo sublime: grandeza ilimitada de lo bello. Lo que buscábamos era llegar, por la descripción
y el análisis de una vivencia estética particular, a la esencia de lo bello en
general.
14

La cosa corpórea y perceptible de nuestro ejemplo, es sólo escenario y campo de expresión, perfectamente adecuado, de la idea del maestro Gerhard van
Ryle y de sus colaboradores en la realización .de la Catedral. En este sentido,
podemos decir que lo bello no está en la idea misma del arquitecto y de los
artistas -sus colaboradores- sino en el "resplandor sensible" de la idea. La
Catedral de Colonia es una obra de arte, no por los materiales de que está
hecha, sino en virtud de la relación en la que se encuentra con la vivencia estética original del artista principal y de sus colaboradores. Vivencia que ha
quedado plasmada, por así decirlo, en la materia y que nosotros podemos revivir "mutatis mutandi".
Hasta aquí hemos analizado wrn vivencia de lo bello artístico. Pero se da
también otra clase de vivencias de lo bello natural. La belleza de] cielo estrellado -grandeza de multitud- y la belleza del mar -grandeza de magnitud- nos conmueven y agradan lo mismo que la belleza de los seres vivientes. Una mujer o una gacela presentan, dentro de su variada unidad, una feliz armonía de elementos. Y hasta se habla también de almas bellas, refirién•
dose a la belleza de la vida mental. En todo caso, ya se trate de una obra
de la naturaleza o del hombre, descubrimos en lo bello un concierto de cualidades y calidades que nos satisfacen o estimulan espiritualmente. Es el valor
intrínseco de estas obras, y no su valor técnico como medios, el que nos proporciona el gozo.
La belleza es el concepto central y fundamental de la estética. El género
belleza contiene diferentes especies entre las cuales se encuentra lo "bello"
en sentido estricto. Pero es el género belleza el que presta unidad analógica a
sus diversas especies. Antes de cualquier actividad artística existe la belleza
natural e ideal que irradia armonía y paz. Armonía y paz que se dan en el
mundo, pero "que el mundo no puede dar". La vivencia estética nos lleva
al reino de los valores espirituales. Y este reino amplía y enriquece el horizonte de la vida humana. Algo más importante aún: la vivencia estética
-Hsensibilidad espiritualizada"- eleva y purifica el espíritu por encima del
prosaísmo cotidiano, dotando al compuesto humano -alma y cuerpo- de
una armonía plenaria y aproximándole al vislumbre y al presentimiento de
lo divino. Una vez analizada la vivencia de lo bello, es menester realizar mayores precisiones sobre la esencia de lo bello.

2. ¿ QuÉ

ES LO BELLO?

Porque lo bello, para ser apreciado, requiere previamente ser sentido, se denomina Estética {de la voz griega "aistesis", sentimiento) a la ciencia de lo
15

�bello. Dos problemas fundamentales abarca la estética: el problema de lo
bello y el problema del arte. Mientras la teoría del arte se aplica a considerar
la realización de lo bello producido por la actividad humana, la teoría de
lo bello estudia lo bello en sí mismo, según se encuentra en la naturaleza v
según sus efectos en el espíritu del que lo percibe. En este sentido cabe con'templar lo bello bajo dos puntos de vista: subjetivo --en el hombre- y objetivo --en las cosas bellas.
Una resonancia emotiva -emoción estética- y un efecto intelectual -juicio estético- acompañan siempre a la visión de lo bello. Al admirar lo bello
experimentamos, ineludiblemente, un puro y peculiar sentimiento de agradabilidad que constituye la emoción estética. "Pulchrum est quod cognitum
placet'' (bello es lo que conocido agrada), dijo Santo Tomás. Pero además, emitimos, al contemplar una cosa bella, un juicio sobre objetividad.
En la Critica del juicio (lib. I, 5-10) Kant sintetiza el aspecto subjetivo
de lo bello en cuatro reglas:
I. Lo bello es esencialmente desinteresado. El placer de lo bello es superior y distinto de las sensaciones agradables que experimentan los sentidos. "El

gusto, afirma Kant, es la facultad de juzgar un objeto por una satisfacción
libre de todo interés; el objeto de esta satisfacción se llama bello".
II. "Lo bello es lo que agrada universalmente y sin concepto". Las cosas
bellas lo son para todos; los desacuerdos sobre la valoración provienen de
los críticos, no de lo bello en sí.

III. "Lo bello es una finalidad sin fin". Con ello quiere indicarse que encierra una finalidad en sí mismo -lo que no quiere decir que sea la finalidad absoluta- y sin fin alguno ulterior utilizable como medio.
V. Lo bello es objeto de una satisfacción necesaria. Una cosa bella se impone necesariamente a la admiración del contemplador. Sólo quien carezca
de gusto estético o no sepa contemplar puede no gozar ante una obra bella.
Los clásicos han pensado que en el orden ("unitas in varietate"), estriba
el primer elemento que exigimos a las cosas, para tenerlas por bellas. Sin desconocer la importancia de este elemento, pensamos que no alcanza a resumir toda la belleza objeúva de todas las cosas bellas. En efecto, existen cosas bellas -un quieto lago, un azul celeste o un sonido deleitoso- en las que
el elemento orden no desempeña papel principal o destacado. Pero hay algo
más: a nadie se le ocurriría llamar bellos, aunque les reconozcamos la cualidad de ser ordenados en extremo, a un libro de química o de geometría, a un
edificio, o a una cara inexpresiva.
¿Estará tal vez caracterizado lo bello por la grandeza de la cosa y el poder

16

de la misma? Ante todo se ocurre pensar que existen objetos que no son grandes ni poderosos -una niña, un gatito, un rosal- y cuya carencia de dichas
notas no obsta para que sean bellos.
Seleccionemos, para analizar, algunos objetos bellos: El "Entierro del conde de Orgaz" del Greco, la Basílica de Santa Sofía, una fuga de Bach y el
paisaje de la bahía napolitana. Todos estos objetos son esencialmente expresivos, significantes; nos hablan a la sensibilidad y a la imaginación, advertimos una íntima vinculación entre lo bello y el pensamiento, un sentido interno y un vigor propicios para sugerir, al espíritu contemplador, un puñado
de sentimientos e ideas: majestad, dulzura, dignidad, gracia, alegría, dolor,
generosidad, fuerza, armonía, delicadeza . .. De ahí el genial pensamiento platónico: "la gracia de las formas consiste en que ellas expresan en el seno de
la materia las cualidades del alma". Y no anda lejos de Platón, Hegel, cuando afirma, en su Estética, que lo bello es "la manifestación sensible de la
idea".
Para que una cosa sea bella, no basta que sea expresiva. Exprésese la idiotez, el horror, la repugnancia y la fealdad y no se conseguirá la belleza. Es
que algo más se requiere: unidad, orden y armonía de la vida noble, plena,
libre, rica de ideal. Bien sabía Kant lo que decía cuando afirmó: "bello es
lo que satisface el libre juego de la imaginación sin estar en desacuerdo con
las leyes del entendimiento".
Belleza es plenitud .de vida plasmada en forma, manifestación sensible de
lo ideal, forma pletórica de expresión, ser sin mácula. . . Podríamos decir
con Friedrich Kainz, profesor de estética en la Universidad de Viena, que
"La Belleza de un objeto reside en su fuerza de expresión, en la plétora de
espíritu y de vida que en él se manifiesta, pero, además, en el hecho de que
se ajuste a determinadas leyes formales ( unidad en la verdad, arn1onía, simetría, ritmo, proporción, equilibrio de todas sus partes), de que fluya en
líneas claras y límpidas, de que presente una clara ordenación armónica en el
tiempo y en el espacio, armoniosos sonidos y combinaciones sonoras, limpios
colores, etc." 1
Atrayéndonos irresistiblemente, resplandeciendo por doquier, la belleza -esta belleza terrena que no es más que pálido reflejo de la belleza increadanos conmueve y nos eleva hasta Dios.

1

FRIEDRICH

KA1Nz. Estética, Fondo de Cultura Económica,

p. 112.

17
H2

�3. Lo

BELLO REAL Y LO BELLO IDEAL

Superando su afán por lo útil y práctico, el espíritu humano busca y ama
lo bello, porque su contemplación le produce el puro e inefable placer que lo
transfigura y arroba. Posesionados y transformados por las cosas bellas que
admiramos, reproducido lo bello en todo nuestro ser, despiértase en el espíritu el anhelo de engendrar la belleza, cuya virtud lo embelesó y pone en acción esa fuerza irresistible que es la inspiración. Es así como nace el arte: ese
mundo maravilloso e ideal que posee una realidad más duradera que este
mundo en el que nos debatirnos en medio de la angustia y la desesperanza.
Por medio del arte, libremente regido por su voluntad, el hombre logra satisfacer su natural deseo y necesidad de vivir en un mundo ilimitado.
El realismo artístico se contenta con copiar lo natural sin aditamentos ni
restas ni modificaciones de ninguna especie. A mayor reproducción, mayor
progreso. Intuir los máximos matices y detalles de la realidad y trasvasarlos
escrupulosamente a la obra artística, es lo único que cabe.
Se ha observado -y con razón- que el realismo artístico es insuficiente.
El arte no puede limitarse a copiar la realidad. Lo bello natural es imperfecto, incompleto, limitado. En la naturaleza, lo bello está mezclado con lo
feo, con lo insignificante o con lo prosaico; velado y oscurecido por manchas
que lo enturbian.
Precisamente porque el artista advierte estas imperfecciones de lo bello real,
se aleja de la imitación servil y concibe lo bello ideal. Si la reproducción totalmente fiel fuese el objeto del arte, la fotografía sería superior a la pintura,
el modelado a la estatuaria, y la versión taquigráfica de un proceso judicial
superaría en fidelidad a la más artística novela o al más acabado drama.
La arquitectura y la música son las más alejadas de la imitación. Pero aun
la pintura, la escultura, la poesía y la elocuencia, que parecen artes de reproducción, no se atan a objetos reales. Tras la elección de la cosa bella, real
o ideal, se procede a eliminar lo prosaico y vulgar. Atenuando unos rasgos,
reforzando otros, interpretando y sintiendo el objeto bello, el artista imprime su alma y crea la obra de arte.
¿ Podrá creerse sensatamente que la realidad logre satisfacer el ansia de belleza que se agita en el espíritu del hombre? Todo auténtico artista depura
lo real, lo transfigura. Sirve a una intuición primigenia, eliminando lo incompleto, lo imperfecto. Habrá ocasiones en que el artista exprese la belleza
ideal, abstrayendo lo feo, lo prosaico, lo vulgar que encuentra en la realidad,
y aumentando los rasgos bellos de las cosas sensibles. Otras veces, cuando la
naturaleza no ofrezca modelos, creará directamente la belleza ideal, respe-

18

tanda el ser unitario y verdadero de las cosas, pero expresándolo en bellos y
perfectos sonidos, colores y formas.
Es menester, sin embargo, que el artista no huya de lo natural, porque si
no asumiera como base de su producción la realidad, la obra de arte carecería
de verdad y de naturalidad. Las consecuencias son fáciles de advertir: caída
en lo falso, en lo ficticio, y en lo fantástico. Ni realismo exagerado ni idealismo a ultranza.
Para sentir y discernir la belleza, requiérese la facultad estética del gusto.
Para comprender lo bello en las cosas naturales o en las producidas por el
arte necesitamos el gusto estético: cuyos elementos son la razón, la imaginació~, y la finura de la sensibilidad. El talento estético supone, a más de los
elementos anteriores, la técnica y práctica artísticas. El genio se eleva sobre
el talento. "El genio es ante todo inventor y creador. El hombre de genio
-dice Víctor Cousin- no puede dominar la fuerza que en él reside y es hombre de genio por la necesidad ardiente e irresistible de expresar lo que experimenta. Se ha dicho que no hay hombre de genio sin puntas de locura; pero
esta locura, como la de la cruz, es la parte divina de la razón" .2 Enciéndese
en el artista genial la incitación a crear, el aguijón de una lucha espiritual
constante, al producir la obra magistral. Un algo divino, una. fuerza supe•
rior e irresistible, se apodera del genio, lo guía, lo seduce, lo gobierna y lo
mantiene siempre en febril actividad. Sus creaciones, siempre elevadas, son
inimitables.
Hay quienes reprochan al genio el hecho de que no forma escuela. A esto
se le llama en buen romance, "pedirle peras al olmo". Si el genio traspasa
los cánones comunes de escuela y crea obras maestras de acuerdo con medidas que sólo él es capaz de utilizar, ¿ cómo esperar que tenga discípulos?

4. Lo

BELLO Y LO FEO

Modernamente se dice que la belleza artística es el esplendor del ser puesto en obra. Este pensamiento equivale a aquella vieja y genial sentencia platónica: la belleza es el resplandor de la verdad. Por eso en la historia del ser
en el pensamiento occidental, los cambios esenciales de la verdad corresponden -como observa agudamente Heidegger- a los cambios de interpretación de la belleza.
Se podrían formar bibliotecas enteras con las definiciones que se han dado de la belleza. Por el momento nos interesa tan sólo la concepción greco2 VÍCTOR CousIN. Le Vrai, le Beau et le Bien, Ba. lección.

19

�cristiana de la belleza como un trascendental del ser, como una cualidad del
cosmos o atributo de Dios. Ciertos objetos poseen la cualidad de producir
una emoción estética. De ahí que Santo Tomas haya dicho que bello es lo
que agrada al ser contemplado : "quae visa placent". Pero cabe preguntar:
¿ qué es la emoción estética? ¿ Cuál es la cualidad de los objetos capaz de
agradar al ser contemplados?
Siempre que experimentemos un sentimiento desinteresado, puro, agradable, que afecta armónicamente a todas las facultades humanas -sensitivas,
intelectuales y morales- estaremos gozando una genuina emoción estética.
Mientras el placer de los sentidos está localizado en el órgano sensorial im-

presionado por el objeto, el placer estético no está localizado en ningún órgano, nace de la mera contemplación del objeto que nos agrada, aunque no encontremos ninguna utilidad en él. El sentimiento armónico generado por la
belleza se extiende a todas las facultades humanas. De no ser así ---excitación
excesiva de una facultad a expensas de otra- la belleza será .defectuosa.
Pero la emoción estética es, en última instancia, inefable. Algo hay en ella
de amor, de entusiasmo, de aprobación, pero no cabe confundirla con ninguno de estos sentimientos.
¿Por qué decimos tan sólo de determinados objetos que son bellos? La
Teoría clásica sostiene que existe en ellos algo fundamental, nece3aria para
la belleza; pero que no es todavía la belleza. Eso fundamental es: el orden,
la verdad, la bondad. Aunque fundamental, este elemento no basta. Se precisa algo más: el esplendor, el brillo -elemento formal- que origine la belleza. Por eso se dice que la belleza es el esplendor del orden, el esplendor de
la verdad, el esplendor de la bondad.
Menester es no confundir la belleza con conceptos afines a lo bello. He aquí
las principales categorías estéticas: a) Lindo (belleza en pequeñas proporciones); b) Bonito (si el objeto reúne la armonía completa, con todos sus
elementos, que supone la belleza) ; c) Gracioso (viveza y suavidad de movimientos); d) Elegante (formas selectas, distinguidas); e) Sublime (grandeza ilimitada de lo bello) .
A lo bello se opone lo feo, lo ridículo, lo grotesco. Lo feo, a diferencia de
lo bello, produce repugnancia. La falta de armonía, de orden, de proporción
en la forma de los objetos, nos desagrada.
Una moda estúpida ha hecho escoger, a determinados artistas "snob", la
fealdad y los valores negativos. Los degenerados morales -que nada quieren saber del amor, de la verdad, de la belleza y de la santidad- representan lo malo en colores atrayentes, por treinta monedas de plata. Y naturalmente que sus mercaderías -revestidas de un ameno aspecto de bellezaatraen a muchos incautos. Con un poco de propaganda y considerables esfuer-

20

zos de sugestión, se logra "embobar" a muchos hombres de este siglo de modorra que padece una aguda ausencia de sentido crítico. ¡ Y cuidado con que
alguien se atreva a llamar a una obra fea o fútil -su nombre verdadero-porque los artistas le desacreditarán, pontificalmente, como un ignorante del
arte! Hace falta un poco de coraje para no sucumbir a esa sugestión del
momento.
Es antihumano buscar la fealdad por la fealdad. El hombre es un animal
sediento de belleza. Cuando falta la belleza, en todo hombre noble., se produce
"una angustia tan dolorosa -ha dicho monseñor Gustavo J. Franceschi- como el espectáculo de la perversidad o el contacto con la mentira".
Hoy en día se pretende pasar de contrabando, bajo el pabellón del arte, la
música más exótica y estrafalaria, la pintura más absurda y antiestética. Es
muy fácil llamar retrógrados e ignorantes a los que se atreven a hacer una
crítica desfavorable de los esperpentos pseudo-artísticos, pero es muy difícil
hacer tragar al hombre natural que la belleza reside, precisamente, en la fealdad. Cuando Dostoiewsky -un verdadero artista- representa lo malo, tan
abundante en la vida, lo hace como una sombra de lo bueno, como una cosa
que debemos evitar; y justamente esa representación se hará en forma tal,
que lo bueno se vislumbrará claramente a través de ese mal. Porque el fin
propio de todos nuestros anhelos, el verdadero alimento de nuestro espíritu
no puede ser la maldad, el error y la fealdad, sino el bien, la verdad y la
belleza.

5. Lo

BELLO Y LO INTERESANTE

Las cualidades objetivas de la obra de arte sólo cobran vigencia cuando se
actualizan en el espíritu de un gustador o -para decirlo en té1minos más académicos- contemplador entendido. Las imágenes concretas y sensibles operan una trasposición de sentido. "En la tela -advierte Nicolai Harbnann'aparece' otra cosa distinta de lo que está sobre ella. Aparece el paisaje con
su profundidad especial, la escena con su vida, la cabeza con sus rasgos característicos. Todo esto no es real, no se debe tomar por real; real a primera
vista es solamente la distribución del color en la superficie de la tela. Todo
eso 'aparece' sobre ella o por medio de ella. Lo mismo sucede en la escultura. Una figura representa movimiento ( el Discóbolo, el caballo de Coleone), pero el producto material en piedra o bronce no se mueve, no debe ser
tomado por algo que se mueve. El movimiento, la vida aparecen como otra
cosa en lo que es inmóvil e inanimado". (Sistematische Selbstdarstellug) .
21

�Bien puede afirmarse entonces, con los estetas contemporáneos, que todo arte tiene un sentido metafórico.
En la antigüedad clásica y en el Medioevo, lo que hoy llamamos Estética
era una auténtica filosofía de la obra bella. El pensamiento moderno ha dejado de ser, en muchos- casos, reflexión filosófica de la belleza para convertirse en una técnica de hacer obras interesantes. El hombre de nuestros días busca en el arte un remedio para atenuar o curar su angustia metafísica ante la
nada. Los artistas contemporáneos -muchos de ellos, por lo menos- buscan
la belleza en el no-bien; hacen de lo demoníaco y de lo caótico la suprema categoría estética. Pero un arte nihilista no puede perdurar. Vivimos en una
época de transición. El arte superrealista -expresión de la actividad automática e inconsciente del espíritu- nos ha producido un desencanto. No se trata de escandalizarse ante el levantamiento de un sistema de represión del
subconsciente, sino de percatarse que en el fondo de esa manifestación artística no encontramos ningún mensaje apetecido. Querer destruir la objetividad y dinamitar la realidad, es vana pretensión. En vano intentarán los pintores distraernos con colores "agrestes, hirientes, como queriéndose imponer
por si mismos y adquirir una calidad sustancial". Hoy se habla de una plás..
cica del absurdo. Buscando algo nuevo se ha llegado a pintar vaciamente el
vacio. Dejémosle la palabra a un ilustre psiquiatra: "¿ De dónde procede el
valor estético de lo interesante? Lo interesante es lo que atrae y sacude. Sólo
el hastiado necesita ser atraído y sacudido. Lo interesante es h categoría estética creada por el aburrimiento. Cuando el aburrimiento subsiste, aumenta
las exigencias de interés que deberán ofrecer las creaciones artísticas. Este incremento impone una línea evolutiva al arte, que cada vez se ha de volver
más sorprendente, más chocante. Tal sentido evolutivo conduce, necesariamente, a una disolución de las verdaderas categorías artísticas. Al final de 1a
serie el interés ha de venir de mundos desconocidos: fuertes llamadas del in~
consciente'' .3
Hace ya tiempo -y el mismo López Ibor lo recuerda- que Friedrich
Schlegel &lt;leda que el predominio de lo interesante significa una crisis pasajera del gusto, puesto que al fin del camino sólo existia este dilema: o la es·
tética volvía a regirse por normas superiores -Jo bello como trasunto de lo
bueno, como en la estética clásica, con la consiguiente desaparición de lo interesante- o persistiría en ese mismo nivel, en cuyo caso lo interesante, para mantener su valor estético, debería ser cada vez más excitante y acabaría
por degenerar en lo chocante. Lo chocante es la última convulsión del gusto moribundo.
3

JuAN JosÉ LÓPEZ IBoR.

85-86. Ediciones Aguilar.

22

El descubrimiento de la Intimidad y Otros Ensayos, pp.

Todos los esnobismos han resultado, a la postre, inútiles .::orno medios de
evasión al imperio de la genial sentencia platónica: la belleza es el resplandor
de la verdad. Traducida a términos modernos por el Dr. Luis Juan Guerrero, profesor de Estética en la Facultad de Filosofia y Letras de Buenos
Aires la sentencia de Platón se convertirá en esta otra: la belleza artística
es el ' esplendor del Ser puesto en obra. Integridad, proporción y esplendor
han sido, clásicamente, los tres requisitos de la belleza. Cuando las partes de
un objeto resplandecen a la luz de una forma sustancial, nos enfrentamos a
la belleza. Lo demás es alegria inefable, presentimiento de la originaria Be•
lleza divina, de la cual toda belleza terrenal no es sino reflejo.

6.

LAS BELLAS ARTES

Etimológicamente la palabra arte deriva del verbo griego "aro", yo dispongo. Comúnmente se define el arte como "el conjunto de reglas y preceptos para hacer bien alguna cosa". En este sentido las artes pueden ser mecánicas y liberales. Las primeras tienen por objeto la confección de cosas útiles (oficios). Las segundas se refieren a la imaginación y al intelecto. Ere
aquéllas trabaja más la mano que el espiritu, en éstas más el espiritu que la
mano. Dentro de las artes liberales están comprendidas las Bellas Artes.
Aunque existen numerosas clasificaciones de las Bellas Artes, nos inclina:mos por ofrecer la más clara y sencilla: artes plásticas y artes fonéticas. Esta
clasificación tiene su base en el hecho de que el placer estético nos es proporcionado por la vista (forma, colores) o por el oido (sonidos). A las artes
plásticas y a las artes fonéticas, habría que agregar las artes de movimiento
( danza, cinematógrafo, representaciones teatrales), cuyo efecto es un conjunto de impresiones visuales y acústicas.
Pintura, escultura y arquitectura constituyen las tres artes plásticas que se
desarrollan en el espacio. La primera bajo dos dimensiones y las dos últimas
bajo tres. Son características esenciales de las artes plásticas, la objetividad
y la extensión.
La danza suaviza ese tránsito de las artes plásticas a las fonéticas. Las expresiones de belleza en el espacio son unidas, en su rítmico movimiento, a
las expresiones de belleza en el tiempo (música).
Las artes fonéticas emplean, como medio de expresión, el sonido musical
y articulado. Música, elocuencia y poesía hablan al oído y se desenvuelven
en el tiempo sin ocupar espacio. Mientras las artes plásticas tienen partes
coexistentes en sus obras, las artes fonéticas son sucesivas.
Es nota común de las Bellas Artes el que se vuelvan -&lt;lespreocupadas de

23

�otros valores captables- hacia el valor expresivo de los seres y de las formas como tales. Dejando lo perturbador y enmarañado, búscase la configuración pura, la forma evocadora que suscite sentimientos armónicos. Hay una
verdad llamada estética que se da cuando se logra el ajuste perfecto entre
:sentimiento y expresión. Un resultado así es de valor estético universal.
Evidentemente hay un trato pre-artístico con las cosas, pero el arte modifica las formas de la naturaleza, estéticamente impuras, valiéndose de la transformación, :de la yuxtaposición y de la selección. De este modo elévase el valor expresivo, pero siempre en una dirección determinada. Cabalmente por
eso se puede hablar de estilo, que no es otra cosa que la modificación, más o
:menos intensa, del material dado en servicio de la pureza de expresión.
Para el efecto estético es decisivo el equilibrio de los contrastes, la recta
proporción, la distribución de los colores y tonos, de las luces y sombras, la
medida de la materia y del sonido.
En ocasiones basta la alteración de un solo punto en la obra de arte, para
acabar con la recta proporción y producir efectos totalmente diversos.
Se ha dicho, y con razón, que la obra de arte es un ser tierno, frágil; y
una pequeña modificación, como el matiz sonoro de una vocal en un verso,
puede dar al traste con su belleza.
Hay muchas expresiones posibles para sentimientos idénticos. De ahí la
variedad de estilos bellos en los diversos países y los diversos siglos. El arte
se vincula fuertemente a grupos y comunidades. Para hombres de otra experiencia y de otra nacionalidad, las mismas obras artísticas tiener. diverso
contenido sentimental. Y es que la expresión artística está íntimamente vinculada a la eventual totalidad de la situación existencial. La poesía lírica, por
ejemplo, resulta casi intraducible, a menos de acabar con la armonía vocal,
adaptada al sentimiento, y de destrozar la configuración poética. Hay que tener presente que el arte, en cuanto arte, expresa; no comunica. No se trata
de revelarnos el ser en sí de las cosas, sino de orientarnos a configuraciones
que alegran el corazón.
El arte como liberación nos proporciona descanso en la lucha de la vida. Le
experimentamos como "catarsis" y como liberación, no como salvación. Nos
quitará, y ya es bastante, la carga de la existencia por unos momentos, para
que, fortalecidos, podamos recomenzar el asalto de altura.
El ilustre filósofo alemán Prof. Dr. August Brunner, escribe estos luminosos conceptos: "Lo bello es algo sensitivamente perceptible que agrsda a
todos ----&lt;listinguiéndose aquí el agradar del apetecer y querer. Cuanto este
agrado sea más universal en el espacio y el tiempo, tanto más pura es ia expresión encontrada por el sentimiento, y tanto más universalmente ,humano
será éste. El lugar metafísico de lo bello es, pues, el de la intersección de la

24

vida y el espíritu, pero\ cayendo más del lado de la vida" .4 El arte -elemEnto
indispensable para nuestra felicidad- hace que nuestra vida humana se tor~
ne alegre, colorida, noble. . . ¿ Cuál es, en última instancia, el fundamento
metafísico de la belleza?

7.

FUNDAMENTO DE LA BELLEZA

La belleza es un aspecto de la realidad. Aspecto que se relaciona con la
finalidad o con la razón suficiente del ser total. Nuestra inteligencia percibe
la armonía de los seres considerados en sí mismos, con relación a otros y con
relación a nosotros mismos. Esta visión intuitiva nos pro.duce gozo, exalta~
ción, alegría. La inteligencia humana, abierta a la infinidad del ser: se deleita con las cosas que presentan integridad, proporción, claridad; porque
ama el ser, el orden y la inteligibilidad. Toda forma es un vestigio impreso
por el Creador en las entrañas del ser creado. Por eso toda belleza es
amada. Sólo que el ser creado es bello en determinados aspectos, que unos
descubren y otros no. De ahí la divergencia de gustos.
¿Es lo bello una propiedad trascendental del ser? Así lo cree Jacques Maritain cuando afirma: "S'il en est ainsi, c'est que le beau appartient á l'ordre
des trascendentaux. C'est-á-dire des objets de pensée qui depassent toute li•
mite de genre ou de catégorie, et qui ne se Iaissent enfermer dan5 aucune
classe, parce qu'ils imbibent tout et se retrouvent partout. Comme l'un, le
vrai et le bien, il est I'etre meme pris sous un certain aspect, il est une
propriété de l'f:tre; il n'est pas un accident sura!outé a retre, il n'ajoute a
retre qu'une relation de raison, il est 1'€:tre pris comme délectant par sa seule
intuition une nature intellectuelle" .5 Contra lo que piensa Jacques Maritain,
a mí me parece que la belleza no es propiedad trascendental del ser. ¿Razo-nes? Lo bello no va unido inmediatamente al ser, puesto que es una especie
de bien para las facultades cognoscitivas. Si está en el ser es por intermedio de
lo verdadero y del bien. Por estar unida a estas nociones, la belleza posee
-cierta trascen_dencia. En el plano metafísico, la belleza se identifica con la
amabilidad del ser. En rigor, sólo hay dos términos en presencia: ser inteli,gible y apetito intelectual. Todas las restantes distinciones se desvanecen en
-el plano metafísico.
La complacencia que provoca lo bello produce, a la facultad cognoscitiva,
Prof. Dr.
p. 186.
4

AuGUST BRUNNER.

6 JACQUES MARITAIN.

Ideario Filos6fico. Editorial Razón y Fe, 3a. edición,

Art et scolastique, pp. 45-46. Librairie de l'Art Catholique.

25

•

�•

un descanso "de llegada", si se me permite la expresión. No se trata del conocimiento simplemente, sino del conocimiento como fuente de fruición. La
relación del ser a la inteligencia provoca complacencia cuando se advierte la
integridad, la proporción y la claridad de los objetos. Los mismos sentidos
que perciben la belleza están penetrados de razón. Percepción que es, a la
par, sensible e intelectual, intuitiva y sintética. La integridad no se refiere
tan sólo al aspecto material sino también -y acaso más- a la manifestación
de la idea. La unidad del objeto bello admite la variedad y se revela por
ella, concilian.do elementos, que parecían inconciliables, en un todo armonioso.
La claridad surge de la perfección del orden y se ofrece como resplandor.
Hablar de la belleza en sí, como idea que mora en un mundo ideal, es un
puro mito. No intuimos directamente del mundo inteligible. Captamos realidades sensibles y en ellas la perfección de la forma. El artista aprehende los
reflejos de la Belleza infinita, pero no la Belleza infinita misma. Hay que
decir, no obstante, que el espíritu concibe una belleza ideal, ejemplar, que le
sirve de pauta en la produccíón artística. En todo caso, "la amabilidad del
ser en cuanto ser es el fundamento último de todos los valores humanos, especialmente del bien (moral) y de la belleza", como apunta Fernand van
Steenberghen. 6
Del hecho de que la belleza no tenga un fin útil, se ha querido derivar
la consecuencia de que es un efecto de la pura actividad del juego. No se
advierte que en el juego no se busca producir una obra bella, ni se manifiesta
como una cosa grave, ni trasciende el libre ejercicio de la actividad. El sentimiento estético -alegría y goce espiritual-, la admiración -estupor y
respeto ante la perfección inesperada- y la simpatía -unidad espiritual por
vibración de almas al unísono--- son elementos exclusivos de la complacencia
ante la belleza, que no pueden aplicarse al juego.
Desde el momento que la belleza finita se da en seres contingentes, podemos decir que no es bella por sí misma, aunque lo sea en sí misma, y que
no es bella absolutamente. Esta belleza finita se predica de los objetos a
título diverso {"sub diversa ratione"). Por tanto es esencialmente análoga. La
perfección que entrañan los objetos bellos se encuentran, de un modo formaleminente, en Dios como "soberano analogado", sin alteración IH vicisitudes.
La causa fontal de toda belleza es la Belleza misma. Baudelaire, inspirándose
en Edgar Allan Poe -y casi traduciéndolo-- nos habla de un instinto de
lo bello que nos revela los esplendores situados más allá de la tumba: "C'est
cet immortel instinct du beau qui nous fait considérer la terre et ses spectacles
comme un apen;u, comme une correspondance du ciel. La soif insatiable de
6

26

STEENBEROHEN, FERNAND VAN,

tout ce qui est au delá, et que révele la vie, est la preuve la plus vivante de
notre immortalité. C'est a la fois par la poésie et a travers la poésie, par et
a travers la musique, que l'ame entrevoit les splendeurs situées derrif:re le
tombeau; et quand un poeme exquis amene les !armes au bord des yeux,,
ces larmes ne sont pas la preuve d'un exces de jouissance,. elles sont bien
plutot le témoignage d'une melancolie irritée, d'une postulation des nerfs,
d'une nature exilée dans l'imparfait et qui voudrait s'emparer immediatement,
sur cette terre meme, d'un paradis révéle" (L'Art romantique, Charles
Baudelaire) . El instinto de lo bello nos eleva de la pluralidad a la unidad
superior. Al contemplar la experiencia sensible y pasajera no podemos dejar
de pensar en el fundamento invisible, en la esencia eterna. Es la f;articipación
de la misma Belleza lo que hace, en última instancia, la belleza de las creaturas. Y esta participación es suficiente para que los seres finitos resplandezcan
en su orden sin ofuscamos. Si "el hombre --como ha dicho un filósofo contemporáneo-- tiene una misión de clari.dad sobre la tierra", no es menos
cierto que padece un axiotropismo estético que le hace remontarse, desde las
armonías vivientes, hasta la región donde lo bello, lo bueno y lo santo se han
fundido, hasta confundirse, en la región de lo eternamente perfecto.

.¡

Ontología, p. 84. Editorial Gredos.

27

�EN TORNO AL VALOR
SRA. Lic.

CONSUELO BoTELLO DE FLORES

Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Nuevo León.

nutre un cierto sector de lo que el hombre ha
hecho, desde hace una treintena de siglos. Se necesitó un milenio para que
San Agustín de Hipona destacara el primer territorio filosófico con un
objetivo ya más constreñido.
Si con San Agustín en la posición del cero de las coordenadas se retrocede
hacia el clacisismo e incluso al presocratismo y a los renglones germinales de
las meditaciones filosóficas, o bien, si se avanza por el desarrollo posterior para
alcanzar la actualidad en nuestros días, me parece que el quehacer filosófico,
aparte cuanto ha dicho y concluído, enmendado o completad0, etc., equivale
a un trato continuo con la realidad. Esto quizá haya nutrido mi intuición
originaria durante mis proximidades con la filosofía; el filósofo filosofa acerca
de lo que le parece algo, de lo real o de lo ideal, de la materia o del espiritu;
del tiempo o de la eternidad. Lo que he vivido, aquello que me sacudió con
su evidencia, o que me ha impulsado a la perplejidad o incertidumbre, lo más
inmediato a cuyo impacto certeramente surgen la inquietud y la actitud filosóficas, es lo que aquí y según la documentación de quienes la han enfocado,
considero "lo real". Dicho así, resultaba en comprimida precisión "la realidad", lógicamente tan extensa como metodológicamente ardua. No por temor
al trabajo, pero si a la falta de capacidad para trasladar las formas más
rigurosas a la forma académica válida, se impuso la disciplina de perfilar lo
encontrado en una forma moderada y reduciendo estas perspectivas como lo
llamaría Ortega, sólo a los aspectos actuales de esa "realidad". Es decir que
hay que examinar qué modo sustenta esa realidad para los actuales existentes.
Y éste se nos .dá cuando observamos que el pensamiento humano se nos determina de pronto como buscador de algo valioso.
LA PREOCUPACIÓN FILOSÓFICA

Tantos empeños como se llevan ya anotados sobre esa avidez humana de

29

�saber y de saberse carecerían casi por completo de sentido, de significación
última, si no se procura verlos en dirección de algo más. Siempre el pensamiento quiso, a las solicitaciones de lo que enfocaba como real, como algo,
la obtención de un valor. Habrá sido la justicia, el bien, la verdad: cualquiera
que se prefiera establece que el hombre y su tarea de ubicarse en sí y conforme a los demás presupone la obtención de valías. Para explicar esto el
argumento se estructura en los siguientes pasos:
Primero: Algo hay;
Segundo: Ese algo implica algo más; pues que dado algo es dado según
-otro algo y no se interconfunden (de haber algo parmenídeo, único, inmóvil,
etc., resultaría puramente inteligible, tal como Parménides encuentra la última verdad necesaria) ;
Tercero: Entre cuantos algos registra el existente que los estudia, unos se
le dan como ajenos y extraños: tal es lo sorpresivo platónico, los utensilios
para Zubiri (familiares, serviles), los distantes para Heidegger;
Cuarto: Ese ciclorama de lo dado, necesario y apodícticamente múltiple,
puesto que es distinguible -distinto- se da ante un alguien que lo recibe
como aspecto de lo dado;
Quinto: No se sostiene por el anterior argumento que lo dado no se dé,
sino que se recibe su realidad en un cierto y determinado aspecto;
Sexto: Entre esa diversificación ( no en un aspecto físico sino en un ámbito
dialéctico) se recogen existentalmente los valores como dados;
Séptimo : No tan sólo la forma de darse y de acceder al valor y a los seres
difiere, sino incluso su tipo de realidad suscita diferentes maneras de captación;
Octavo: Entre el ser que es y el valor que precisa el deber ser de cada
ser se obtiene fenomenológicamente el proceso de la valía.

,,

Así, el ser-axiotrópico no es nada, se decía ya, equiparable a una categoría
predicación respecto al ser del hombre. La fórmula: el hombre es un ser
axiotrópico funciona como compendio para que estalle su significación plena;
es éste el resultado de una marcha dialéctica, que se ha seguido; corolario
de enfrentar la realidad, a partir de otra, la de quien la enfoca, y por considerarla en tanto que real e indicadora de sentido (Heidegger) es por lo que
el hombre estudioso, el filósofo y el científico, pero sobre todo cualquier hombre emplaza la realidad lo mismo que Kant a la razón, que Ortega a la
vida o que Santo Tomás a Dios, en la inteligencia de que su conocimiento, la
comprobación de su ser o la admisión de su realidad, etc., valen. Esto es ser
axiotrópico, esto quiere decir optar valores; a esto se ha referido sin excepción
oponible, todo aspecto de lo real consignado en los instrumentos de jnformación.
-0

l..

De semejante modo se ha excogitado la presentación de la realidad en sus
muy varios aspectos por un ser-real que lo expresa en sus filosofemas con

30

pretensión de validez. El mismo caso de falacias tan detonantes como las de
Gorgias o las de Sartre, no han sido expuestas sin dirección o sentido hacia
un valor. El escéptico niega la verdad y al negarla la establece latente en su
negación; fenomenología nos repite Heidegger, es la penetración misma de
lo que hay ahí", lo dado, real o no, ideal o supra ente. No ha sido factible
recibir una noticia relativa a algo, que no pretenda valer; lo mismo en el
ámbito filosófico que en el científico, político o histórico, etc. La existencia
misma como "peripecia axiotrópica" es comprobación o cuando menos testimonio del ámbito donde el existente se encuentra siendo.
Además de la entitación de los seres, ejemplo : materia agente, forma y
finalidad, son como deben, máxima o mínimamente. Deben ser válidamente
en obediencia a una valía procesual que los coordina a un valor. Y al hablar
de valores y su manera de acceder a ellos, cabe recordar lo citado por AllOys
Müller en su Introducción: La Metafísica de los Valores: "Hasta llegar al
fastidio hay que resignarse a oír la cantilena de que la institución de la esfera
de los valores es una hipostatación metafísica, o que la esfera de los valores
necesita de una fundamentación metafísica. Ambas cosas son falsas. Los
valores no son realidades metafísicas, que causen efecto, den forma o impriman
sello; y por ende, no estamos ante ninguna hipostatación metafísica. Por otra
parte, a consecuencia de su eternidad, los valores son completamente autónomos: no tienen necesidad de sostén metafísico alguno. Lo que es eterno lleva
en sí mismo el fundamento de su ser-real (pág. 36, Ob. cit.). Por otra parte,
¿ es acaso factible, en nuestra actualidad filosófica y circunstancial, el tratamiento dialéctico de esta realidad de lo que vale con tan sólo las armas del
razonamiento lógico aplicables a la realidad del ser? Aquí se opina que quienes han descubierto el territorio objetal (no óntico, ni ontológico) de los
valores, se demuestra histórico-filológicamente, que lo fueron Sócrates o Platón, la última Academia o San Agustín, Santo Tomás en alguno de sus pasajes y ya tardíamente el rejuvenecimiento neo-escolástico de Lotze y Brentano, Husserl, Scheler o gran parte de nuestros días, etc., sin apenas advertirlo
han emprendido la estructura de una lógica ad hoc mediante cuya estructura
.axiomática mostrar, no demostrar la peculiar realidad e inserción de lo
valioso en el ser. Ya cuando Radbruch condensa la problemática en el deber-ser,
utiliza un complejo de significaciones que innegablemente preenunciado en
Husserl principia a reclamar sitio autónomo en la circulación filosófica. Aparece esa nueva lógica relativa a lo que vale ante nuestros ojos en la mitad de
nuestro siglo como una porción entre tantas otras de la realidad no cultivada
por el hombre. Ahí ha estado y estaba; nada o muy poco se había pensado a
su respecto; pero tampoco el tratamiento físico-matemático del observatorio
quieto a una velocidad, había sido estudiado antes de Fitzgerald, Laurenz y
11

31

�Einstein; sin embargo ya están ahí en pleno tráfico y exámenes esas realidades.
Igual nos parece el caso de los valores y de las valías; se entrevieron, de vez
en vez se alude a ellos y no es sino a la estentórea agitación de Nietzsche, cuando su problemática empieza a ser considerada.
Ahora la filosofía cosecha de un antiquísimo sembradío que ya en las Leyes
socráticas se hace presente o mejor dicho patente para e~ hombre como deberser. Toda nonnación, ha establecido Husserl, en la segunda de sus Investigaciones Lógicas, aunque se desobedezca o desatienda, alude a una validez que
la sustenta. "Quien estudia ha de . .. o bien el castizo chascarrillo español:
"a nadie se le exige tocar la guitarra, pero si lo hace. . . debe. . . etc." Se
está palpando tras cualquier forma de darse la realidad que "debe de ... esto
o lo otro ..." Imper.ativa y apodícticamente la creatura humana como a.x.iotrópica se orienta rumbo a lo que vale o parece valer. No !e basta, porque
no es suficiente, cualquier solución o decisión. Ortega nos dice que somos programas que no venimos a nuestro ser desde antes sino a partir del futuro que
nos señalamos: el anteproyecto "nuestra vida" es ya trance y existencia. No
es que seamos libres, Ortega extrema y piensa que lo somos fatalmente; no
es posible humanamente dejar de ser libres; pues ya lo veíamos antes aquí
mismo, lo que nos dejó el asiento de la enseñanza en San Agustín: nuestro
desvío de lo efectivo y actualmente válido, la dirección y orientación a valores
subordinados y no supremos nos mutila la libertad; dicho en el excelso lenguaje agustiniano, el pecado nos esclaviza. Para Ortega en el orden del ser y
en la categoría del cuantum, lo menos se requiere para lo más. Ante lo que
vale, lo subordinado no se estima sin la perspectiva de lo supremo.
11

;

I'

1

1

Resulta evidente que si prefiero lo que no vale absolutamente y sin comparación, al renunciarlo o renegarlo, me ato, me coarto en la minusvalía que
he preferido. La premura de acertar y la gravedad de acertar para siempre
nos detiene y sobrecoge en el acto existental mismo de obedecer las exigencias
supremas de las últimas valías. El pensamiento y el hombre mismo que lo
emprende, peligran de continuo.
Por todo ello no somos fatalmente libres; la misma necesidad lógica doblega
el pensamiento, porque su urgencia de reconocer y comprobar lo conocido o
supuesto, el existente mismo atónito frente a lo que vale y le exige cumplirlo,
muestra la radical libertad de existir y de pensar, pero nunca la fatalidad.
Tal opción a lo que se juzga digno de seguirlo e implantarlo en el ámbito de
la existencia constituye la destinación libre de todo ser humano, filósofo o no;
lo haga a sabiendas o lo practique y lo ignore; "por el hecbo simple de haber
hombres, se suscita la filosofía", di jo serenamente Platón. Podría aquí intentar
parodiar al ateniense de la Academia con "en el dato mismo del existente

32

está la integro-vivencia del valor como una de las formas de la realidad y la
premura para seleccionar el más alto entre todos".
Los diferentes tratadistas del valor lo han enfocado desde muy diferentes
puntos de vista; hay quien se pregunta ¿qué se entiende por valor?, pero
según lo afirma;do aquí anteriormente, la realidad de los valores no se entiende,
de ahí que habláramos de la inadecuación de una lógica puramente noética
para tratar con sus preceptuaciones o fundamentos teoréticos la forma de
realidad de los valores, de otra manera, que al decir que los valores se entienden, quiere indicarse que no es esa la manera existental ni la dialéctica para
dar cuenta de lo que vale.
Por otra parte tenemos a Riehl, que nos dice: "lo real al ejercer su influencia
sobre nosotros, no solamente es percibido por la inteligencia, sino también
vivido con todo nuestro ánimo, estimado por el sentimiento, apetecido con
la voluntad. A tal estructura corresponden ideas o valores"; en fin lo que se
quiere evidenciar aquí, es que ya consta la diversidad entre ser y valor. En
unos párrafos, por ejemplo, de la monografía que sobre los valores produjo
Linares Herrera nos dice: ''Los valores se nos ofrecen como una especie peculiar de propiedades ( útil, noble, bello, santo . . . ) "; conceptuación que permitiría una respuesta para quienes andan investigando ¿ cómo a:dyace el valor
al ser? La respuesta caería de esta cita: los valores se insertan como "propiedades" .
Sólo que cabría objetar semejante opinión, pues ya vemos que constan diversas maneras de darse la realidad. A una de ellas a la que céntricamente
oriente y predisponga al hombre para la peripecia de su destino porque vale
o le parece valer, se la vé válida. No es, sino que vale. Linares Herrera organiza un ensayo con los valores en el ser, nada extraño tiene que juzgue de
ellos como de entidades.
El hombre busca comodidad, por ejemplo, para eliminar alg" que niega un
valor. Tampoco esta posición extrema resuelve el problema, que entonces
se enunciaría así: ¿ vale aquello que se anhela? La belleza de un panorama
o la abnegación de un acto pueden evidenciar la falta de belleza y de abnegación en quien los estima, y como no se trate de un resentido morboso del
dibujo existental de quienes para elevarse, pisotean lo digno, quien accede a
la presencia del valor lo estima, aunque no lo obedezca en sí como persona.
Por eso es axiotrópico.
Cuando Sócrates explica que se ama aquello que no se tiene, ilumina rneridianamente la naturaleza de esta aparente aporía. No nos parece amable
algo por estarlo anhelando, sino que lo ansiamos porque vale como amable.
No parece que haya más que discutir en relación a este pretendido subjetivismo ante las realidades valiosas. Ser axiotrópico no quiere decir ejercer la apó-

33
H3

�fansis de lo valioso, predicación de dignidades; se dijo ya que es la contextura
misma del existente que se percata que ha de salvarse o de perderse: tertium
non datur. No se puede decir como de una piedra o de un vegetal, que
presenta tal tamaño, es útil, abundante, etc., predicar del hombre adjetivarnente, que es axiotrópico, porque a éste le es estructuralmente consustancial
orientarse en la perspectiva de lo que vale o vive como valioso.
Aparece como el iniciador de las actuales investigaciones sobre el valor, H.
Lotze, que cree encontrar la esencia del valor en un valer, practicando así una
escisión estricta entre el mundo del ser y el mundo del valer, entre lo que es
y lo que vale; aunque habría que estudiar detenidamente si verdaderamente

se da en Lotze esta pretendida separación de ser y valer. Sólo que en ese tipo
de discusión habría que tomar en cuenta las significaciones de los vocablos.
Met~rse en esas prioridades terminológicas equivale a una logomaquia. Es

claro que el término valor se levante hacia el campo de la filosofía desde "el
mismo lenguaje vulgar que se compone tanto de juicios de valor como. de
existencia" (J. Ferrater Mora, Dic. de Filosofía, 3a. edición, Buenos Aires

1951, p. 961-c) artículo en el cual ya se entrevé "la clásica identificación del
valor supremo con la suprema realidad". Sigue diciendo Ferrater: ºSi la
filosofía antigua y la medieval en opinión de muchos pensadores, es una

filosofía que se ocupa predominantemente del ser, ello no equivale a decir
que el valor no ocupa lugar dentro de ella, sino más bien que se haya subordinado al ser, el cual es comprendido siempre inequivocadamente en fun~ión

de realidad". Recordemos que es Platón el máximo representante de esa hipótesis· el cosmos inteligible y el sensible constituyen, que lo es completamente
en l~ supremo de la idea primera, es decir se advierte la perduración de un
primer principio o arjé y el estudio subsecuente del cambio y la permanencia.
El ser es o vale más en tanto más perdura y menos pasa sensiblemente, mien-

tras más inteligible.
Aquí ya no puede pronunciarse una predicación en la que la realidad au-

ser) y otra presentación totalmente diversa la del deber-ser. La realidad del
valor a la que tanto ha pretendido constreñirse autonómicamente la meditación desde muy temprano en nuestro siglo, se interfiere tajantemente con la
consideración ontológica de la existencia.
Mirar hacia la realidad en demanda de su conocimiento supone un deber-ser

que la interrogación, humana busca. Urge adecuar la noción a la realidad que
la suscita, el hombre no se satisface ni con su propio ser, sino que barrunta

que debe ser algo más. El ser axiotrópico al dirigirse a lo que predica en el
deber-ser que lo inquieta, norma no tan sólo su afirmación, su aporética como
lógica de la interrogación, sino su propio ser que es en concordancia mayor o
menor, según algo que se le da digno o valioso para servirse de ella como
referencia y aspirar a su consecución. Este proceso existental se da como

valía en lo hecho o intentado por el hombre y como realidad en él mismo,
pues su realidad es scr-axiotrópico.
En cuanto toca a las negaciones adiaforéticas (inercia ante el valor) el tratamiento psicológico no solventa el problema, ya que filosóficamente la rea-

lidad del valor se da indiscutiblemente en sí y por sí, aparte de que alguien lo
obtenga como dato, lo viva, obedezca o no. Si en rigor puede predicarse del
hombre que se pregunta por lo que vale, que según ello se orienta hacia su
deber-ser, no puede tomarse como ceguera, en una forma inerte o negativa
sino según el proceso activo de su valía. Se muestra esto con los pasos procesales
de "elección, dilección, predilección". La raigambre brentaniana y schelerina
de esta síntesis salta a la vista.

Cuando Linares Herrera en su Problemática Actual del Valor (Rev. de la
Universidad de Buenos Aires XLVII - 364, Núm. 20) emprende el examen
de la "actualidad filosófica", trata la "relación entre valor y realidad" y dice:
el valor ¿es algo real o ideal?, planteo que en conformidad con lo ya dicho en
estas páginas no puede aceptarse; se vuelve a retroceder a lo valioso en contra

de lo real o esto frente a lo ideal. Nada se ha anticipado ni tratádose puntual-

mente o disminuya según sea o valga; son o valen las realidades, se dan como
tales realidades. La identificación agustiniana mediante el Splendor ordinis se
filtra del platonic;;mo más clásico, valor o no valor en el ser o en el no-ser

mente sobre ninguno de los tres extremos: valor, realidad, idealidad. Parece
verdaderamente extraño el reporte: "en esto concuerdan fenomenólogos y neo.

equivale a la reunión de la realidad.
Lo que Ferrater consigna en su Diccionario en relación a "la ausencia de

insistir en que la fenomenología signifique un idealismo de principio, en este
trabajo fenomenología es aceptado según en un principio, se estableció como
método y Linares no cuenta con ningún antecedente en su obra, para poder
tomar la fenomenología como posición y así hacerla confluir con la neokantiana que en verdad tiene que aceptarse como un idealismo.

una reflexión autónoma sobre el valor no es, pues, debida más que a esta
inmersión de lo valioso en lo verdadero o existente, o si se quiere del valer
en el ser". Vistos los argumentos anteriores manejados en este trabajo no
parece necesario volver a insistir en esa indiferen~i~;ión de lo que aquí !e
denomina Formas de la Realidad; pues la expos1c10n de Ferrater bastana

para recordar que una cosa es el ser-verdadero-uno-bueno ( trascendentales del
34

kantianos: ¿ es reductible el concepto de valor al concepto de ser? Hay que

Tampoco el retorno a explicaciones psicologistas esclarece los manejos valorativos, ni puede tomarse con una aceptación indiscutible el que las nociones
ónticas y ontológicas se representen al examen epistemológico en condiciones

35

�equivalentes al dato valor. Aparte de la condición fenomenológica de la obtención del valor lo correspondiente a la realidad del ser seüala un campo
totalmente aparte: lo conocemos, se le ignora y cuando menos se sabe que
se Je ignora. Ante el valor no tomamos una actitud de cognoscentes, activa y
en deliberación. Cualquier valor insta a su aceptación o determina su preferibilidad.
Nadie adopta una postura ante el ser; intelectivamente se apetece su realidad y por ende conoc~rlo, resulta el valor verdad de su noción y al insistir
en que en serie al valor se alcanzan realidades de diferente tipo, la diversidad
de temática está urgiendo la de método.
El fenomenológico es tangente de la Simplex Aprehensio escolástica. Santo
Tomás retrocede en cualquier problema a lo evidente, según los primeros
principios; no se dan ni se sospechan primeros principios del valor, luego el
tratamiento filosófico de s~r y de valor cuenta para posibilitarse con cimientos
y postulaciones en todo diferentes. Otras realidades no entes también se
localizan en esos primeros principios o Simplex Aprehensio.
Ahora se interpone la necesidad de enfocar la realidad y en ella, esta
neoplanicie apenas principiada a explorar, la realidad de los valores. Ortega
al avizorarla habla de la innúmera fauna y flora valorativa, pues como siempre y ya lo he anotado, al alcanzar el pensamiento un territorio de la realidad
no advertido antes o no estudiado suficientemente, hay que repasar dialécticamente lo visto y dicho al respecto para intentar una posición propia ya que
en ello consiste parte de la intrinseca dialéctica del filosofar.
Fenomenológicamente, es decir, con entero apego a "lo dado, tan sólo y
únicamente lo dado y todo lo dado" la realidad del valor no se ofrece ante
la existencia ni ante el existente, como la realidad del ser que se sabe, se
presenta en la conexión del ser conocido. Al trasluz de todo ser se palpa su
deber-ser. Confluyen ser y valor: éste se delata o refleja en aquél, no ad yace
como pretende Linares Herrera, como se objeta en los tratamientos "nudamente metafísicos". La metódica para el manejo de las dignidades valiosas
¿consiste en una sumisión del valor?, evidentemente no, puesto que al ~er se
somete la indagación y al valor se le avizora, se obedece a su exigencia de
cumplimiento o se prefiere a otro.
De un ser no puede predicarse la preferibilidad o la exigencia, por cierto
que en los análisis sartrianos el ente opaco, empastado que disloca el pensamiento y lo vuelca en la náusea, hay una activación al contacto con el ser:
compromete o rechaza. Sólo que esta ágil fenomenología del ser de Jean Paul
Sartre no lo es aunque el célebre escritor la proponga como tal; es una fenomenología de la vivencia en que el ser penetra la existencia o rehuye el
acceso del existente.

En cambio enfrentarse como lo que vale, inclina hacia o desvía de, éste es
el contacto metódico con las realidades que valen. Ni remotam~nte se sostiene
que sea el único acceso al valor, pero sí que es el encontrado con rigor metódico. La actitud para un tratamiento exhaustivo de la realidad sobre admitirla
completa e integrada orientada a sus aplicaciones de estudio, según el sector
de la realidad que enfoca si se emprende el examen filosófico de una teoría de
ecuaciones en el campo abstracto de la idealidad de los entes matemáticos, no
convendría quizá la estricta fenomenología categorial, sino el artificio inductivo o la secuela deductiva o el procedimiento intuicional de Poincaré. La
consolidación filosófica sí pide reducir fenomenológicamente los pasos o matrices que se investigan en lo dado. La realidad supra-real tal vez no sea
obtenible en la plena vivencia en que se manifiesta justicia, verdad, belleza y
sus constelaciones.
La réplica más seria que yo he encontrado consiste en que la metódica
adecuada requeriría ya un preconocimiento, una prenoción, pero conocimiento
y noción al fin; ¿ cómo adecuar un método para conocer si ha di! í{Uardar
congruencia con lo estudiado que se supone desconocido?
La fria respuesta es de las del tipo de las de Heidegger: él le da en su
Ser y Tiempo . Nada se supone sabido de la interrogación por el ser: hay tan
sólo una trémula dirección rumbo a quien tiene sentido plantear su problema.
Declarar que se desconoce algo equivale a fundamentar su conocimiento; se le
conoce en la medida en que "nada se sabe" (Heidegger). Reconocer que no
se sabe es el humilde principio socrático de toda noción valedera. Santo Tomás
nos dice: ¿Hay Dios? Al postular que no acepta el conocimiento de lo que ignora se orienta a la sapiencia.
De los valores no se sabe; esto es funda·.11ental en estos análisis. Pues los
valores orientan al ser-humano que como existente se confiesa sin comprometerse (Sartre) al cumplimiento de ellos. No los desconoce como tampoco
al sol lo saborea, ni al pensamiento lo somete a manejos físico-químicos. Juan
D. García Bacca reduce lógicamente a sin sentidos y contrasentidos esas falsas
conexiones entre campos de la realidad. Tomemos un ejemplo; "la raíz cuadrada de dos es muy alegre", pues algo similar se advierte al decir "el valor
justicia es . . .", cualquier cosa, alguno de los predicados categoriales del ser.
Esta digresión metodológica dice que el trasiego de las realidades valiosas
queda aparte de las posibilidades apofánticas de lo ente. Lo valente quizá se
conozca que se da, pero Ir conocido es el dato, no el valor, de acuerdo con los
análisis anteriores.
Después de estas ideas generales con respecto al valor y al ser como aspectos
simultáneos de una realidad que así se nos 'da, me gustaría llegar a la actualidad y vigencia de las nociones axiológicas haciendo antes un breve repaso por

37

36

�el pensamiento que a este respecto se ha esgrimido previamente a nosotros.
El pensamiento en torno a los valores, aunque seguramente no como ahora
se les puede considerar, es retrollevable a dos milenios y medio antes de nuestros días: ya la sofística griega había distinguido "valores objetivos" ... y ' 1valores subjetivos". El descubridor e instaurador de la dignidad céntrica del
hombre en la realidad, Sócrates, de quien proceden todavía las líneas principales de la filosofía, inaugura una preeducación valorativa de consistencia
humanística.

1

1

I
1

Juan Luis Angelis en el Diccionario Filosófico dirigido por el señor Julio
Rey Pastor y el Padre Ismael Quiles, S. l., juzga de las enseñanzas a.'&lt;iológicas
de Sócrates como de una doctrina "todavía primitiva y empírica"; no convendría enjuiciar a nuestra vez el dictamen del colaborador de este Diccionario; baste con decir que el bienestar o la felicidad señalados por Sócrates se
apoyan en sapiencia o conocimiento de lo valiosa. Cierto que la dedicación
a lo bueno, a lo justo, a lo verdadero, a lo bello, etc., era para el maestro de
Platón función del conocimiento de esas realidades; por eso el diálogo Fedón
concluye tan majestuosamente con el conocido epitafio a Sócrates: "el más
justo y el más sabio de los hombres". Que la satisfacción de las dignidades
valiosas en el antecesor de la Academia reconozca como posteriormente Platón
una jerarquía de aspiración suprema, no autoriza del todo la emisión de que
se trate de una perspectiva "todavía primitiva y empírica".

.,

La derivación palmaria de la estimativa socrático-platónica en Aristóteles un siglo después de Sócrates, aunque con un sentido opuesto recoge las
meditaciones del mayeuta y del ideísta. En el peripatos, Aristóteles se atrevió
en su polémica frente a Platón a organizar sus Eticas con el apoyo previo de
su Política. La teoría del "buen ciudadano" para el estagirita reconoce como
criterio el estatal. En la Academia la felicidad como cumplimiento y realización humana se sustentaban en la personalidad de cada quien. En ambos
ilustres sistemas fluye larvada la presencia de los valores. La totalidad de la
subsecuente consideración patrística, bizantina, alejandrina y medieval, persiste en avizorar lo justo, lo bueno, etc., es el legado aristotélico-platónico; sus
máximos representantes en el intervalo de casi un milenio lo son Filón, Plutarco y San Agustín de Hipona. Hasta la culminación escolástica en el siglo
XVIII, los órdenes valiosas en el mismo Santo Tomás de Aquino siguen orientándose según el ser, su razón y su deber-ser. El bien como causa eficiente y
germinal cuanto última y final en la Quaestio XVI de la Theología de Santo
Tomás de Aquino atraviesa como una constante evocación de los maestros
griegos, 1700 años de reflexiones.
Las antevísperas y los decenios, anteriores e inmediatas unas y subsecuentes
las otras al renacimiento testimonian la vacilación de las creencias, las dubi-

38

taciones de Descartes a propósito del deber-ser. Los valores les eran presentes
a los epígonos de la Edad Media y lo fueron también para los ejemplares del
amanecer renacentista, pero el hombre no se fincaba en su orientación como
para postular ninguna jerarquía estable, cuando un siglo más tarde durante
la agonía de la efervescencia dorada que suscitó el haber recuperado la biblia•
grafía clásica de la antigüedad y la expansión geográfica de los ecúmenes, en
la arista secular ya final para el iluminismo con la importancia de "haber plan•
teado la problemática de lo valioso".
Tanto como para F . Larroyo en México, como para De Angelis en la Argentina, cuando menos, la palabra valor procede de la Economía Política de
Adarn Smith; pero ya el Diccionario que aquí se sigue distingue en la acepción económica la bifurcación entre utilidad y eficiencia adquisitiva.
Sobra aquí en unas páginas de reflexión filosófica detenerse a demostrar que
lo que en otros campos del conocimiento significa diferenciar equívocos, en
el de la filosofía siempre encamina de modo fatal, en una distorsión dialéctica:
lo que el sentido de lo valioso desempeña en la Economía donde solventa.
exigencias e insatisfacciones, nada o muy poco tiene que ver con las indicaciones que cumple en el ámbito filosófico.
Filosóficamente tomado, el valor solicita y obliga aunque no se le atienda;
en tanto que económicamente satisface como acaba de verse. Por lo cual el
tránsito que se quiere ver a través de la psicología y de las ciencias exactas,
de la conceptuación axiológica al campo de la filosofía, insistimos en que debe
tomarse con muy serias reservas.
En el positivismo de fines del siglo de Hippolite Taine hay ya una clara
conceptuación del valor, entre sus meditaciones estéticas en las célebres lecciones que dictó sobre Filosofía del Arte. Y todo el mundo sabe que contemporáneamente al positivismo y a la restauración del criticismo, Hermann Lotze
en su Microcosmos es quien demuestra y establece decidida y modernamente
que la realidad del valor difiere de todos los entes. Habla de una "sensibilidad
para el valor". Se vio ya reaparecer en las ondas de la elegante dialéctica
fenomenológica de Max Scheler, esa visión de lo que vale aparte de lo que
se sabe conceptualmente. De modo que si yo digo que al ser del ser corresponde
clásicamente la razón del ser, su noticia y tentativa de conocimiento; parece
que al valor del valor no se le compagina una razón del valor. Es otra la
forma de su realidad, otro también el acceso humano a su contacto y elucidación; tanto la citada sensibilidad de Lotze cuanto la intuición emocional de
Scheler, resultan consecuentes con esa diversidad de la realidad que los valores
representan. Se ha descartado también aquí la factibilidad de alcanzar valores
por vía puramente sentimental o emotiva. El ser axiológico incitado a lo que
vale no es pura razón ni menos afectos o voluntad o voliciones. Es todo eso,

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1
1
1

aspectos y estructuras de eso y acaso algo más. No es el ejerc1c10 aislado y
parcial de ninguna de esas funciones generales de la conciencia como ahora
se las designa. Tales son los argumentos por los que ni a Lotze, genuino instaurador de la primera visión axiológica congruente, ni a Scheler, tan adelantado e ilustre, puede aceptárseles en ese sentido.
Precisiones tan exquisitas como el distinguir V erdad y Valor en una noción,
-están esperando desde hace más de medio siglo una exploración más minuciosa,
seria y filosófica de los trabajos de Lotze. Su proximidad, por ejemplo, a
Franz Brentano en los análisis psicogenéticos requiere un esclarecimiento en
•orden a la fundamentación fenomenológica de todo cuanto posteriormente se
•organizara Husserl o Heidegger y Scheler cuando menos.

Ya la escuela badeniense y su contraste frente a Nietszche han de ser con·siderados, como meditaciones propiamente axiológicas. Lástima que la pré·dica de Nietszche o quede en los linderos filosóficos sin delimitarse o los
,derrame. El super-hombre no cabe circunspectamente en ninguna concepción
filosófica, pues su transmutación de los valores los supone en repertorios de
factura óntica, vistos con sentido de preferibilidad humana; y el valor si algo
entrega a su captación existental, consiste en una distancia impenetrable a
la lesión o confusión del ser: por no ser, los valores se entrañan en el deber-ser.
Tampoco esto quiere decir lo que Oswald Spengler postula: "debe-ser, luego
es"; pero ni eso, ni el reflejo del puro ser de las ideas platónicas en los probables concretos, ni forma alguna de ser en general.
Se ha llegado así a las antevísperas del pensamiento axiológico. Conviene
desde luego esclarecer terminantemente que no puede admitirse en la misma
significación filosofia de los valores y filosofía del valor. Esta última se ha de
entender como un episodio teórico en el que en cualquier posición filosófica
se trate o estudie el problema del valor en general; y como filosofía de los
valores, se presenta como aquella que establece su tarea a partir de los axiomas
valorativos, su base de partida la constituyen los valores; no los disputa, los
toma para hacerse con ellos como presupuesto. Éstas páginas pretenderían, de
haber sido pensadas y trazadas en dirección a los valores y no a la "realidad
toda, en su total orden y a fin de su total conocimiento", elucidarlos en su
real conexión con lo demás, no aislarlos ni ignorar sus peculiaridades, sus
problemas, ni formas accesibles a la meditación.
La figura de Guyau es vista por el mismo De Angelis como similar si no es
que como derivada de Nietszche. A Brentano a quien ya hicimos mérito sería
imperdonable desconocerlo: su establecimiento del "sentimiento de existencia"
equivale muy próximamente a la Erlebnis de Husserl. Lo mismo hay que decir
del esquema tridimensional que encuentra Brentano para la esfera psíquica,
de ahí proceden las intuiciones más tardías de Scheler. Coetáneo de este último

40

lo fue Meinong; se le reprochan sus tendencias psicologistas. El orto de sus
significaciones se comparte entre Husserl y Urban; igualrnen~e se conecta a
Ehrenfels con el psicologismo dicho; para él los valores careceríari de "realidad
objetiva" y acaso los reduce a relaciones; no es fácilmente inteligible como
puede aludirse a algo sin admitirlo como objeto, como término de referencia.
Las conexiones entre deseo, sentimiento, tendencias y volición en Ehrenfels,
como facultativos o representativos, ya proporciona un criterio estimativo.
Eisler avanza el siguiente paso al dictaminar que la "inteligencia no crearía
en absoluto los valores sino que los descubriría". Es de considerarse poco aprovechable este último autor por su extremada cautela ante normaciones que lo
hicieron temer un dogmatismo, pues al rechazarlas cae en una desviación
naturalista.
Aunque Eucken filosofa en el campo de la religión, ve con bastante justeza
el espíritu ya corno integración elevarse sobre el reino de los valores. La bifurcación entre lo natural y lo cultural para Rickert y para Windelband ya contiene luz actual para la contemplación de los valores y el mismo De Angelis al
reportar esta proximidad a nuestros días se disculpa casi con decirnos que la
obra de Rickert es de sobra conocida para dar noticia de ella.
El abolengo en la posición que aquí se tomaría se encuentra en Husserl,
Hartmann y Scheler; todavía el ex-rector de Friburgo luce la herencia de las
significaciones y por su limpieza lógica padece el espejismo de las esencias (ser
del ser). Los valores en Husserl significan esencialidad, pero he aquí lo fundamental: "no son intelectualizadas sino meramente aprehendidas" . Ya esto es
hablar responsablemente a propósito de una realidad, de una nueva región
de la realidad. El mismo apriorismo scheleriano, tan merecidamente prestigiado, se apoya completamente en esa espléndida conclusión fenomenológica de
Husserl. Si Scheler se impone como programa de superación de todo psicologismo relativista, del formalismo kantiano, se debe en principios que su maestro
haya delimitado con todo rigor las diversas ontologías racionales y los estratos
fenomenológicos de su posible acceso.
La entitación espiritual en Hartmann, al producir una resonancia tan hermosa del pensamiento de Eucken idealiza al valor. Se descubre también en
Hartmann a Hegel equilibradamente compaginado con Dilthey. Por eso se ha
discutido tanto y se continúa la polémica en torno a esa idealidad de lo
valioso.
A partir de esos movimientos reseñados, la cultura articulada en valoraciones
y valías, pasa por los tratamientos de Gustav Radbruch, del Münch, de
Orestano, etc. Ya los valores en boca de A. Müller no dejaban dubitaciones
.a propósito de si son o no son.
Fundamentar el valor ha significado para los diferentes pensadores que lo
41

�intentaron, precisar funcionalismos psíquicos como en Brentano. La medida
existental en Ehrenfels se reduce a un cimiento psicológico. Las interconexiones
entre datos del psiquismo muestran, según páginas antes se dijo de los análisis
de Sartre, vivencias de ... , no la realidad de lo dado en las vivencias.
Uno de los aspectos más importantes con respecto a la consideración del
valor sería aquel que se refiere a la preferencia y menosprecio de los diversos
valores que para algunos pensadores resulta arbitraria. Ese o aquel valor ante
el ser que lo vive y a cuyas solicitaciones se dirige, constituye una valía aunque no se realicen, no obstante que tan sólo parcialmente se cumpla su llamado, en tanto en cuanto queda el valor como valor. Habría arbitrariedad
sólo en el caso en que se deje de lado la consideración del valor v. se haua
o
referencia únicamente a la discriminación personal, pues en cuanto al valor
propiamente dicho posee como se ha podido entrever a través de todas estas
líneas por ser más que todo un tratamiento del deber-ser, una absoluta objetividad que lo hace aún más apetecible.
En fin no se pretende en estas páginas agotar todo lo referente al valor,
investigación, profundización y completo esclarecimiento de todo lo que a él
se refiere, sino mostrar únicamente un aspecto interesante y relativamente
actual de esta realidad que al existente se presenta, le llama, le solicita y le
urge su interés y su aquiescencia.
1

LO TRAGICO EN LA ACTITUD ESPIRITUAL GRIEGA
FRITZ JoACHIM VON RINTELEN

Universidad de Maguncia

I
EN TANTO Los HOMBRES sean capaces de un saber acerca de su propio destino,
el sufrimiento trágico, comparado con la posible felicidad, pondrá al espíritu
viviente frente a cuestiones decisivas. Una pregunta, empero, sólo halla su
respuesta cuando es posible expresar algo del sentido subyacente sobre el que
ella yace. Debemos arriesgamos a ser hombres esforzados y probos para afirmar
así, al igual que los griegos, a partir de la profundidad del espíritu, la noble
combinación de sufrimientos y alegrías de la existencia. Este espíritu, por
cierto, no es el espíritu aritmético o el mero intelecto, sino el espíritu que se
hermana con la profundidad esencial de las cosas. En este sentido, el espíritu
no tiende sólo a lo verdadero, sino también a lo valioso y a lo bello. Y han
sido nuevamente los griegos -esos favoritos de los dioses- quienes en primer
término reconocieron ese espíritu; accedieron a él porque experimentaron en
toda su profundidad el sufrimiento. "¡ Cuánto tiene que haber sufrido ese
pueblo para poder llegar a ser tan bello!" (Nietzsche).
Tres cosas queremos preguntar a los griegos: ¿ cómo vieron el mundo?;
¿ qué respuesta le dieron a él?; ¿ cómo se manifiesta esta respuesta en la tragedia?
¿Cómo vio el griego el mundo? No solamente divisó su belleza, sino que
también, en el sufrir del héroe, del .f/eWt;- vio su inconsistencia y 5U actitud.
La miseria de la inestabilidad, de lo incalculable, de lo enigmático e imponderable lo conmovieron profundamente. Por ello su mundo no consiste tan
sólo en la alegría serena del clasicismo. Este claro y temprano saber acerca
del sufrimiento es íntima necesidad para el griego, pero también pesada y
dolorosa carga.
l. ¿Cómo vio el griego el mundo? Para apreciar esta cuestión en toda su

42

43

�importancia es menester que tengamos presente el hecho de que los griegos,
como casi ningún otro pueblo del mundo, respondieron a ella bajo el aspecto
del espíritu. Sólo a partir de esta perspectiva es posible plantear en su precisa
dimensión las cuestiones del sentido, de la justicia y la injusticia, del sufrimiento merecido e inmerecido, especialmente dentro del ámbito de Jo trágico.
Conjuntamente con el espíritu está dado también el privilegio de lo valioso
frente a lo de bajo valor, del sentido frente a lo absurdo, porque éste nos
haría perecer en el orden del espíritu . El apasionado rechazo de lo carente de
sentido no tiene, sin embargo, nada que ver con una cobardía frente a la
falta de horizontes. El orden y la disciplina donantes de sentido se contraponen
más bien al caos entendido como la perdición.
2. Bien pronto se puede notar, sin embargo, que este pueblo tan amante
del sentido y del espíritu no ha dejado de ver, en el momento de la reflexión,
la inconsistencia y la falibilidad de toda humana existencia. Nuestra pesada
tarea es luchar contra ellas. Una suerte de resquebrajamiento se extiende a
través de lo más íntimo del mundo y llega hasta la cercanía del ser divino.
También el destino humano está especialmente afectado por esta hendedura.
Y es precisamente el hombre heroico el que está siempre amenazado, hasta
lo irreparable, a partir de algo inconcebible. Nunca hay seguridad para lo
que amamos y veneramos, ni estabilidad para nuestras esperanzas e intenciones
espirituales, si bien ellas resplandecen más claramente en algunos momentos.
Firmeza de la existencia, seguridad: hacia ello tienden por cierto las épocas
reflexivas de todos los pueblos. Una total incertidumbre, por el contrario, no
permite el nacimiento y la floración de una formación superior. Debe darse,
pues, una dinámica fluctuación de las posibilidades del espíritu y su cuestionamiento para que la vida pueda ser cumplida como tarea.

•

No se trata de que lo ansiosamente deseado, lo elevado al espíritu, se cubra
temporariamente de nubes. La escisión del mundo es aún más seria. Y justamente quien se sustrae a lo bajo, el hombre elevado al grado de una voluntad
espiritual, es decir, el héroe, está más amenazado que el hombre mediocre,
insensible e inerte. Malignos poderes acechan incesantemente para deshonrarlo, para poner en cuestión su distanciamiento. Ante todo en su propio interior,
a veces inevitablemente, preparan los demonios el poderoso contragolpe que
tiene por fin hacerle sucumbir negándose a sí mismo.
3. Ante esta realidad siempre desilusionante quisiera el griego llorar su
miseria. Por cuanto no puede explicarse la vida, quisiera formular sus quejas,
dolorosamente herido como un joven que antes fue creyente. Su queja sobre
el sufrimiento no se limita empero al destino personal ligado a lo corpóreo:
a través de todo, en lo más profundo de este mundo, surge una insuficiencia

44

y amargura, un escarnio de todo aquello que es valioso. Lo que allí nos enfrenta es un sufrimiento metafísico. El miedo y el espanto están en las cosas
existentes. Como comparación recordemos el "caballero, muerte y demonio"
del alemán Durero. Por todas partes chocamos inmediatamente tanto con los
límites más elevados de nuestro ser-hombre y del ser-mundo, como con un
límite inferior, de cuya transgresión nos previene una profunda voz anunciadora de un orden espiritual. Por esto tenemos que esforzarnos incansablemente para salir airosos en la prueba de la vida.
&lt;· De dónde viene esta maldición en todas las cosas? Virgilio dirá más
. tar~
de que sunt lacrimae rerum, que todas las cosas tienen su llanto, sus tristezas.
Esta tristeza se le revela especialmente al griego en el saber del j1ermanente
cambio y de lo que jamás permanece, del constante aniquilarse, aunque más
no sea del mundo exterior. Platón designó este mundo, precisamente, como
el mundo del ¡ny'VÓµtvov, como el mundo del devenir, de lo que carece de
valor, de lo inesencial, oVx 'óv. De un modo semejante dice Novalis que
nosotros buscamos por todas partes lo incondicionado y siempre encontramos solamente cosas. Y justamente porque el transcurrir de las cosas le era
tan doloroso, permaneció Platón saturado del eterno anhelo de la forma
esencial bella y permanente."¡ Permanece pues!,¡ tú eres tan bella!" (Goethe),
podría decir el griego. Aun a las estatuas griegas, tan encantadoras para los
sentidos y tan noblemente bellas, les es propia una velada "tristeza" causada
por aquel transcurrir. Tal vez ella pertenezca a la esencia de la belleza.

La vivencia de la belleza anímico-corporal y el ascenso a la belleza eterna
en Platón es tan elemental porque está hermanada con el conocimiento de la
destrucción y caída de todas las cosas, como así también con el saber de la
muerte, cuyo incondicional llegar es lo más ineludible que pueda afectar a
todo consistir. Detrás de las palabras de los trágicos griegos escuchamos a menudo una suave voz que habla de una íntima y profunda melancolía y aflicción --causada por las cosas .
4. El clasicismo fue en gran parte una interpretación falsa, aun en Burckhardt, por cuanto propuso la leyenda de una antigüedad siempre serena e imperturbada. También Stefan George se instaló afectuosamente dentro del
mundo de esta representación. Pero el mundo griego no debe ser contemplado unilateralmente desde un punto de vista estético; no es únicamente una
perfecta armonía, si bien ésta es siempre anhelada. En efecto, la lúgubre sombra de la que acabamos de hablar empaña el resplandeciente cielo griego.
Aquí, empero, no se trataba de un encarnizamiento o un deleite en el sufrir
-como en parte hemos experimentado nosotros- sino que el griego conocía
también la alegría que es capaz de conducir más alto.

45

�Una alegría espiritual, por cierto; entendida como la consecución de la
felicidad y no como trivial placer superficial y diversión. La serena alegría
griega conoce también el júbilo, aun cuando un júbilo en medio de la aflicción. A los duros factores de la existencia se une un optimismo práctico de la
vida Y de la actitud humana, que es tan fuerte como para posibilitar luego la
perspectiva conducente a un optimismo filosófico.
5. Este pueblo griego, tan subordinado al espíritu, intentó necesariamente
la aclaración de la existencia. Pero el espíritu es siempre una espada de doble
filo. El cumple el gran anhelo de captar la verdad, lo desoculto. Sin embargo, no es siempre y solamente elevación, sino también, y quizás más aún,
carga, cuando deben ser abiertas profundas posibilidades; pues el saber -el
saber de uno mismo y del ser del mundo en general- eleva el dolor (Antiguo
Testamento). Entonces se hace patente lo pesado de la vida y de lo vivido
y ya no es fácil trasmutar ello en esperanzas. Es aquí donde surgen los problemas, las cuestiones acerca del sentido, del sufrimiento, de la culpa. Esta
problemática pasa de lo inconsciente a la plena conciencia, y la conciencia
puede convertirse en fatalidad . Los griegos reconocieron ya en la temprana
juventud esta difícil y pesada existencia; también tempranamente 5e extendió su saber del mundo. Por ello fueron más conscientes que otros pueblos en
el conocimiento de su propia naturaleza. Pero también por ello fueron muy
pronto sensibles a la fluctuante transición de todos los valores: verdad que
no es fácilmente soportada y que sólo mediante fuertes luchas espirituales
puede ser superada y ordenada. Pues, efectivamente, a menudo se enfrenta
un valor contra otro, y estos movimientos pueden hacer naufragar trágicamente algo tan grande como una fe, una fuerza, una esperanza, un amor, una
elevada voluntad, y, junto con ellos, a su propio portador. Así pues, el irrumpir hacia un conocimiento tan fundamental de la vida exige ahora su respuesta.

II
La respuesta de Grecia a estas candentes preguntas está dada en la reconocida adhesión al espíritu, al Dios Apolo, a la forma y lo configurado, frente a lo cual la realidad es únicamente una parodia. Esta parodia, en cuanto
es la insuficiencia aciaga e inquietante del ser terrenal, es el fundamento de
todo lo trágico. En Dionisia, el Dios proveniente de Tracia, el griego reafirmó
la vida, plena al mismo tiempo de alegría y sufrimiento, de un salvajismo apasionado y audaz. Pero esto solamente como punto de transición. El portador
y modelo de esta vida es el hombre extraordinario en cuanto héroe, que por

46

ello mismo, tiene que apurar también el sufrimiento, pues una rebelión contra él significaría tan sólo un incalculable agravante.
l. La fe en el espíritu -y esto significa al mismo tiempo fe en el sentido,
en la forma eterna, en el orden con sus contenidos de valor- se ha encamado profundamente en los griegos; es su gran regalo a la humanidad. Con esto
ascendemos por encima de 1a estrechez de la pura naturaleza hacia el saber
del mundo ordenado con sentido. Al mismo tiempo, se reconoce así la insuficiencia de la mera naturaleza entendida como physis: a priori originario de
toda filosofía. Con la fe en el orden ya no tenemos ante nosotros el caos, la
falta de forma, la ceguera de lo innominado, es decir, el vacío de la nada; sino que e] ser es, en cuanto configuración de una forma plena de sentido,
siempre más que el no-ser {Jihio11 TO El11a1 'i¡ TO µi¡ El11a1 (Aristóteles :
De gen. et corr. II, 10, 336b), axioma elemental de la actitud griega, como
así también de toda filosofía y orientación en el mundo positivamente afirmativa. Así se suprime la innominabilidad de lo no-ente, el desierto de lo caótico. Podría decirse : nombramos las cosas con nombres; esto es: existe un
enseñorearse de las cosas terrenales por medio de la palabra, de la palabra
eencial. Las cosas están ordenadas claramente y por ello reconocidas como
determinadas por un sentido. De otra manera nos encontraríamos, tanto exterior como interiormente, en una confusión sin plan.
Los griegos convierten en ley de la existencia lo que Goethe llamó el milagro de "la forma acuñada que se despliega viviendo". "Yo no puedo imaginarme ninguna otra" (ley), dice aún Goethe. Con esta creencia en el sentido y en el orden el griego se defiende a sí mismo, defiende su más íntima
naturaleza esencial, entendida como última verdad, y no como un sueño, como creía Nietzsche. En esta dirección el griego progresa hasta un nivel en el
que participan hombres y dioses. Así sucedió que el griego, y luego el mundo de la cultura occidental de la edad media y gran parte de la edad moderna, sólo se haya podido representar a Dios como cumplimiento absoluto de
las últimas ordenaciones y formas espirituales, como actualitas espiritual determinante del sentido, pero no como una pura dinámica. Esta inquebrantable confianza en el orden y justicias divinas en el Cosmos, basado en el hecho de que lo divino es espíritu donante de sentido, se expresa en todas las
cosas. Acuñación mítica de esa profunda creencia es la figura del Dios
A.bolo.
Recién entonces todo deviene pleno de sentido, traspasado por el Lagos y,
por cierto, de tal modo que áyafJ011 xal xaAó11 sentido (ser), lo bello y lo
bueno son uno en lo más profundo de su esencia. Aún má3: Lagos y Bios
son uno. En efecto, la vida misma no es energía en sí, sino la t,,ieyt1,a del
espíritu. Y con esto se ha hallado también un incondicionado fundamento.

47

�Los enigmas de la vida y del sufrimiento no están empero solucionados. Frente a aquellas exigencias aparecen, por el contrario, más fuertes sus contraargumentos -la tribulación y lo ajeno al espíritu.
2. La realidad es siempre una parodia en estas forma1_;, este orden, estas
ideas, para decirlo con palabras de Goethe. Hemos visto el abismo que atraviesa todo el mundo y que los griegos con tanta profundidad reconocieron.
En el mundo del devenir, del yty11Óµevo11, no sucede siempre el triunfo de
la justicia ni la victoria de lo noble. Tampoco es justamente el hombre virtuoso y apto, a quien le es propia la areté, el que se convierte en modelo.
Tampoco se imponen siempre el sentido y lo bueno. Esto sería demasiado hermoso para ser verdadero. Pero más grave aún es el hecho de que precisamente el hombre más valioso es a menudo aniquilado, quebrantado por el sufrimiento, despreciado. "El mundo ama ennegrecer lo radiante y arrastrar
por el polvo lo sublime" (Schil!er). La teología y filosofía griegas eluden a
veces estos espacios intermedios; ellas parecen perseguir más la claridad que
la incomprensible opresión que se adhiere tan cruelmente a la vida y a la
muerte y al destino personal.
3. En este aspecto son quizás la poesía y la tragedia más esclarecedoras:
ellas ponen al hombre de un modo más inmediato frente a lo recién mencionado. También en ellas se trata de las más fundamentales, íntimas y últimas
tensiones. ¿ Dónde podría hallarse mayor conflicto que el que se nos presenta cuando el mundo del espíritu y de los valores, fervorosamente contemplado e indubitable, se contrapone a la vida que se realiza y al acontecer,
cuando el mundo del ser propio de las ideas se contrapone al ser de nuestra
vida, del cambiante acontecer en el que la vida transcurre? Este conflicto
trasciende nuestra existencia y se convierte entonces en el decisivo conflicto
inmanente a nuestra mismidad, contra el cual parece quebrarse precisamente el hombre más elevado. A partir de la pasión por lo ideal se origina en
él el sufrimiento, sufrimiento que no puede ocultarse si no se quiere caer en la
apatía y el aburrimiento estéril.
Así pues, en lo trágico se trata siempre de un honroso querer reflexivo
que casi forzosamente conduce a la desilusión, cuando no se convierte en fatalidad sin esperanza. Porque, en efecto, todo hecho, y en mayor medida el
hecho extraordinario, participa de aquella insuficiencia de lo finito y por ello
nos hace culpables en una oculta e inadvertida forma, ya que aun huyendo
de esa calamidad la provocamos. Sin embargo, podemos hablar de lo trágico
no solamente cuando el sufrimiento se produce a partir de la propia personalidad, sino también allí donde la desgracia, como a partir de sí misma,
nos sobrecoge.

48

4. Dionisia nos hace olvidar esto durante un breve tiempo. Aflojemos una
vez las riendas del orden, para poder así sumergimos en los excesos dionisíacos. Dos cosas pueden resultar de las pasiones que así irrumpen. Por una par.
te que, fecundados nuevamente por el impulso dionisíaco, renazcamos al servicio de Apelo. Pues en Dionisio se expresa más inmediatamente lo cósmico,
aunque en última instancia no en la forma de un impulso caótico y sin sentido: el griego no conoce ni mucho menos admira cosa semejante. El se
ha preservado de este peligro de Dionisia, pues Grecia es afirmación de la
pasión dentro de la disciplina del espíritu. La otra posibilidad consiste en que,
por medio de la "enajenación'' dionisíaca ( µa'VÍa), se opere la irrupción hacia
el mundo de la libertad redimida, como primer grado purificador que conduce
hacia la esfera de los dioses: Dionisia es sólo un tránsito.
5. Este proceso se consuma primordialmente y del modo más ejemplar en el
héroe sufriente de la tragedia, tanto más cuanto más insondable es su dolor.
Pues precisamente lo grande, lo que está por encima de lo cotidiano, lo elegido, parece conjurar sobre sí los más peligrosos poderes y arriesga sucumbir
a ellos. Así como el pararrayos atrae el rayo, así atrae el hombre elevado el
peligro del fracaso, el peligro de la calamidad, del extravío y de la interna
destrucción, porque la tensión parece ser demasiado potente. Al hombre in•
auténtico no le incumbe criticar al héroe, porque él no ha alcanzado la altura desde la cual sería vidente y podría 'despeñarse. La vida de los hombres
demasiado apegados a lo inesencial permanece indiferente, porque elude aquel
gran destino y se resiste a salir de lo habitual.
El héroe de la tragedia se destaca como imagen de los dioses frente a la
mayoría de los hombres. En su actitud, en sus movimientos y palabras se
puede reconocer al héroe. Lo que en él es culpa e inconcebible fracaso se
convierte en un vulgar desacierto para el hombre sin vida interior. Lo que
en el héroe es valentía y decisión deviene en éste insolencia y torpeza. La
entrega de aquél es desesperación en éste, su pobreza miseria_, su felicidad
y delicia deviene en el hombre medio sólo placer y goce. ¿ Por qué es así?
Porque en lo más profundo el héroe quiere más que los otros. El se reconoce llamado a un radio más amplio y peligroso de obligaciones wciales, sobrepasa el nivel de término medio, se equivoca, por cierto, fácilmente en la
necesaria limitación y se interna así en el riesgo. Pero, tomando sobre sí las
consecuencias, realiza este riesgo irremediable tanto como es posible. Puede
ser que él caiga en el aislamiento, pero habla sin embargo a partir de una
profun'da comunidad, a partir de un centro. Aun cuando la carga resulte alguna vez demasiado grave, el héroe asciende siempre y sabe, y tiene un presentimiento de las verdades supraempíricas, de los eternos invisibles poderes a los
cuales él, aun en medio del sufrimiento, les manifiesta su humana valentía.

49
H4

�6. El sufrimiento, empero, se produce necesariamente, porque él quiere más
que los demás, porque él ve más que los ciegos, y porque él, por elJo mismo,
soporta más que los cansados y por este exceso tiene que convertirse, de alguna manera, en culpable. El destino que lo ha escogido para ello le enseña a
paladear el sufrimiento, puesto que él ha intentado alcanzar lo divino con
medios humanos.

III
La tragedia es pues este espectáculo en que se nos representa la vida; es
primeramente una lucha en tomo a la cuestión de la vida, con el propósito
de defenderla de la interna disolución. En Esquilo y Sófocles es todavía un
intento metafísico-religioso. En Eurípides solamente intramundanal. No se
encuentra empero una solución que no deje tras de sí algo de insuficiente,
que satisfaga totalmente. Resta por lo tanto la búsqueda de una redención o
la sumisión al destino . Así la tragedia porta un decisivo valor estético, religioso y pedagógico.
l. La representación trágica, como representación de la vida humana, es
el siempre renovado intento de dar una respuesta definitiva a la pregunta por
el sentido de la vida. Una respuesta desde la cual la vida pueda ser sostenida,
aun frente al sufrimiento y las injusticias que continuamente se acumulan, y
no teniendo en cuenta solamente la alegría, Era difícil soportar y conciliar
la cuestión del sufrimiento y la injusticia con la creencia en los dioses. ¿No
llevan los hombres en sí mismos una culpa originaria, de la que tan sólo un
oscuro presentimiento existe? ¿No es la situación precisamente más agobiante por cuanto los dioses quieren y provocan traviesamente tanta miseria?
Esta es, finalmente, la antigua y eternamente nueva pregunta de toda teodicea, la pregunta acerca de lo Divino, acerca de Dios.
Cuando aún subsistía la creencia en la eficacia de los misterios -como
los de Dionisio y Apolo-- todo era más fácil de soportar con miras a la redención. Pero cuando esta confianza juvenil en los dioses hasta entonces venerados comenzó a decaer creció la conciencia de lo trágico en sentido estricto, y con ella la conciencia de la situación sin salida. La creencia originaria
ha desaparecido, si bien subsiste una creencia en una indeterminada divinidad que no puede llegar a ser viviente. Ya en Esquilo está el comienzo del
ocaso de los dioses, la ruptura de la antigua imagen del mundo, y ya se presienten los grandes peligros. Luego tendría que confundirse también la justificación de los conceptos morales y del valor y del disvalor. Tal vez tampoco

50

pare la cosa en esto y se llegue a un proceso de general descomposición y escepticismo. Pensemos en Euripides y en la época de los sofistas. Recién Sócrates se preocupará por captar nuevamente los valores morales a partir del
espíritu.
En la tragedia se consuma una única y grandiosa rebelión, un heroico defenderse del alma contra el proceso de descomposición y así, contra su propia
caída y aniquilación. Ella debe conservar lo que tiene, lo que puede cumplir. El alma no consiente tan rápidamente en la resignación pasiva que, tomada a la ligera, conduce a la más perfecta trivialidad. El alma quiere que
aún sucedan grandes cosas en ella; no quiere perder su acento supramundanal. Sin embargo, rechaza espantada una renuncia de su mismidad, pero toma a menudo sobre sí, mi entrega, lo inevitable.
2. El intento originariamente religioso y metafísico de los primeros tiempos ya no resiste más, no resulta más. El esfuerzo encuentra luego una triple respuesta o interrogante : ¿Son los dioses culpables?; ¿sucumben hombres y dioses a la violencia del destino?; o ¿ha pecado el hombre?
Establecemos prometeicamente un tribunal ante el cual comparecen los
dioses supraterrenales. "Vosotros hacéis que los pobres devengan culpables
y luego les dejáis la pena" (Goethe) . ¡ Los dioses descuidan frívolamente el
destino humano! Pero esto no puede ser: los dioses no hacen nada malo. Lo
que Zeus quiere es siempre bueno, dicen Esquilo y Sófocles. Bruscamente se
enfrentan la acusación y la defensa o confianza. Siguiendo esta dirección ne
se halla respuesta alguna. Más bien nos preguntamos si los dioses mismos
no están amenazados, si su vida no es solamente paz. Conjuntamente con
ellos tendríamos que acusar al Destino. En el corazón del que acusa, sin
embargo, surge siempre el temor de una culpa en la que hayamos caído, una
culpa originaria que exceda a los hombres y -si fuera posible- a los dioses
mismos. El nacimiento de las cosas es su pérdida, dice aproximadamente Anaximandro. Ellas deben "expiar y hacer penitencia por su in justicia", su culpa original. Por ello sería mejor no haber nacido, pues ningún mortal pasa
sin culpa por la vida (Esquilo). Pero también encontramos la representación de un Dios sufriente, Dionisio-Zagreus, cuyos dolores repercuten nuevamente en los nuestros. Todo esto no C'S, sin embargo, una respuesta positiva
y comprensible. ¿No haríamos mejor si nos colocamos a nosotros mismos
en uno de los platillos de la balanza?
3. Entonces, en efecto, parece ser que el culpable no es un de~tino ciego,
sino que nosotros mismos -con Sófocles- nos reconocemos culpables. U na
voluntad inconsciente obra en nosotros y hace insensiblemente surgir la culpa. Así sucede en Edipo y Prometeo. La culpa estriba ante todo en la volun-

51

�tad de desmesura, en la hybris, en el hecho de que el hombre sucumbe a la
ofuscación de la razón, sobreestima sus fuerzas, es vencido por el Eros o

tiende desmedidamente a la felicidad y comienza lo que no le incumbe (fa]_
ta a la cual gustosos nos entregarnos). Al auténtico griego, que sentía el misterio de la medida y de la forma como principio de solución para el enigma
del mundo, esto se le aparecía corno un evidente sacrilegio. El se horroriza

de la "envidia de los dioses. La pura alegría de la vida no le correspondió
a ningún mortal" (Schiller). La culpa consiste también en el hecho de que
el hombre se vuelve unilateralmente solamente hacia uno de los dones divinos y desprecia los otros. ¿ Cómo habría que interpretar esto? También aquí
el hombre no apunta hacia la armonía y la medida; unilateralmente se di-

Tan sólo resta el frío soplo de la autoafirmación. La irrupción de la pura interioridad humana apenas parece entonces una ganancia. Esto lo v~mos en
Eurípides. En esta época tardía --&lt;epoca de los sofist~s- la t_raged,a gana
una significación mucho más psicológica y, en ese sentido, prov~s1~nal, m~r:mente estética. De esta forma elude lo decisivo. El mismo Ans_toteles ~Ir~,

en el siglo siguiente, en su Poética (6, 1449b, 24s.), que la tragedia es la 1m1-

por los distintos dioses. Dentro de esta conexión es posible ver hasta qué

tación de una acción con un contenido serio, importante y pleno, representado en forma conmovedora, con el objeto de anular los afectos mcdiant~ la
excitación de compasión y temor. Teayruo,a
•• . . . u,
• ' E'}.'eov xa,' 'P o{Jv
neeaí-.,ovaa -r:r/'&gt;' -r:00-., -r:o,o1J-r:ru1' na011µár:ru"II x~Oagc,,-.,.
, .
,
En términos de una filosofía más moderna: en tiempos de Eunp1des ~un
no se vio, 0 no se vio ya más, por encima de ]a situación concreta el re1_no
de Ja libertad trascendente, en el sentido de un Kant, por ejemplo,_ es decir:
de una libertad que eleve el núcleo esencial de nuestro ser por en_c1ma de la
necesidad del acontecer externo e interno y de toda fuerza extenor amenazante. Así pues, no se puede considerar aquel intento tar~í~ solamente com,o
una pura unión a las cosas terrenales, co~seguida auto~~t1camente, _pues el
no nos conduce en espíritu a sentimos obhgados en relac1on a una mas esen-

profundidad arraiga en la imagen griega del mundo el ideal de] medio, del

cial patria.

µtaó-r:r¡c; y, con esto, de la medida, de la forma. Ideal que nosotros deberíamos reaprender. Pero el hombre recaerá siempre en el error y no guardará la medida, las proporciones y mediante decisiones exclusivistas devendrá

Por cuanto no se locrró mostrar en ámbitos más profundos, el plano del
ser propio, de sí mismo;,~ con esto, el de la libertad, esta ?onsideración 'demasiado estrecha y "realista" tuvo forzosamente que conduar_ a una de~_omposición racionalista y, por ello, al fin de la tragedia convertida en apattc~ resignación. Por cierto, se da aún ]a gran actitud serena frente a las cuest1on~s
decisivas como un encubierto nihilismo. Pero más fácilmente se hace sentir
la pura huída y entrega a la felicidad fugaz, que el mismo Eurípides alaba
aun como último bien salvado.

rige hacia este o aquel poder divino que poseemos como dones. Así provoca

el desprecio de los derechos de los otros dioses y los derechos de las otras necesidades vitales, que luego se atrofian y cobran su venganza. Si sólo reconocemos a Apelo, al espíritu, protesta en nosotros y en los demás Dionisia, la

vida. El exceso unilateral, el del Logos, por ejemplo, parece provenir de la
vanidad, de] egoísmo y del celo exagerado. Ello hiere el respeto debido a
todo lo demás que nos ha sido dado por la naturaleza, o, podríamos decir:

culpable. El hombre sucumbe también a las faltas de sus virtudes, como diría Mme. de Stael; su propio hacer con jura la mayoría de las veces la catástrofe, pero no en la forma de un despliegue mecánico y necesario. Aun siendo consciente de su libertad ve el hombre penetrar lo fatal. Algo falta a su
hacer, evidentemente, pero él era inevitable desde una más alta conexión.
4. Cuando, más tarde, los dioses son comprendidos en un sentido mucho

más figurado y no puede existir una culpa ante ellos, este problema se retrae de manera casi inevitable hacia lo inmanente, hacia el interior del hombre. A medida que las perspectivas últimas más se oscurecen mediante tales
interpretaciones, tanto más fuertemente la tragedia deviene crisis del hombre
interior, como sucede en nuestros días. Esta etapa es el último impulso de
la tragedia decadente. Pero es sólo un estadio de transición entre la fe y la

incredulidad, estadio que, como la tragedia griega en general, sólo puede ser
de corta duración.
Establezcamos, pues, que los dioses permanecen mudos y no nos dan respuesta alguna: entonces el hombre está más estrechamente aún encerrado
en un círculo; la irremediable insatisfacción se hace tanto más apremiante.

5. Con todo esto no había sido dada aún una respuesta satisfactoria -ante
todo: ninguna respuesta de las buscadas por el hombre elevado- sino u~a
renuncia: alegría diaria o resignación. Por cierto, aquí no puede yacer un ul-

timo sentido, para no hablar del hecho de que así no habríamos logrado _una
ordenación con sentido del mundo. La demanda capital que tan terriblemente subsistía aun en la pregunta acerca del sufrimiento permaneció sin
explicación. Pero hacían falta aún algunas fuerzas para tomarse a sí mi~mo
en serio de modo que se continuara, sintiendo en lo más íntimo esta tragedia.

Al griego de esta época tardía le estaba pues rehusado el interpret~r co,n
sentido el sufrimiento. Entregado a su infelicidad el hombre permanec1a trafilcamente sin salida, percibía cada vez menos el aliento de los dioses )' no
:lcanzó la verdadera victoria de la libertad redentora del espíritu, mundos
que en última instancia, por cierto, se tocan. Por amor al Logos abandonó las

52
53

�imágenes de _I~s dios_es que se habían convertido en indignas de creencia y, con
esto, desprec1.o el digno lenguaje plástico de los mitos. Empero, a causa del
L~gos ~emas1ado unilateral se tuvo que quedar atascado en Ja crítica; y la
existe~c1~ Y el sufrimiento humanos no ha11aron respuesta. Sólo, cada uno
por s1 mismo pudo asegurársela siempre.

,6 .. Si~ em?argo, esto era solamente el final del desarrollo de la tragedia,
trag1co el mismo, por cierto: la tragedia de la tragedia. Pero aún existía el
an~el~ de, u~a real solución. Sin embargo el griego queria ser purificado y
redu~ndo ml!ma~ente de la culpa sentida y no naufragar en el espejo que
refle¡aba.~u propia una~en. Junto a todos los insatisfactorios intentos de interpretac10n resta todav1a un presentimiento de esta posibilidad l'b d
rif
1 era ora
Y pu icadora, aun c~ando no de modo comprensible. Al héroe mismo, empero, le concedemos siempre una catharsis como purificación.
Tend~íamos ~ue. ?ecir sobre el héroe -tomando lo que Rhode dijo de las
celebrac1ones_d10ms1acas- que la crueldad de su muerte parece sin embargo ser transfigurada, El que se desploma trágicamente gana su libertad y su
calma frente a las fuerzas purificantes cercanas a los dioses, liberado de la
vida e~cerrada en lo corpór~o. La impotencia de la ruina es para el héroe, la
mayo_na de. las v~~es, el pnmer paso hacia su acercamiento a las manos de
los d10ses, hberac1on y nueva elevación, Todo el terror del ser hombre tod
1 d
.,
d I
'
a
a ~ses~erac1on, to
e rigor y toda la miseria, no permanecen encerrados
en s~ mismos., ~or cierto, 1a vida del hombre grande y solitario tiene que
se: siempre ~r~g,.ca; pero también puede serlo la de cada uno en las más hu~1ldes cond1c10nes. La grandeza, empero, sólo Ia consigue aquel cuyo corazon. está lleno en abundancia de algo, que sabe de algo decisivo, no el demas~~do apegado al término medio, cuya vida provoca una lamentable impres10~, El fracaso de! _héroe es, empero, el primer grado del ascenso hacia /as
cosas ultimas, que estan oscuramente contorneadas. Por esto su tragedia no
debe .~levarse. a un grado absoluto como si fuera la última grandeza. Su superac1on mediante el atrevimiento y la digna resistencia del héroe y con II
l .,
. ·r
'
e o,.
su ~o _uaon, se Jusu 1ca ante un plano más elevado y posee -excluyendo a
Eunp1des- su repercusión en lo eterno.

?

¡,
1

7. Con esto lle.gamos al final: la significación religiosa, ética y pedagógica
de la tragedia gnega. La tragedia es una íntima unión del impulso estéticoartístico con el filosófico-espiritual de los griegos, pero con preponderancia
del espíritu donador de sentido, que nos dice algo detemiinado y no solamente un mero goce estético. Pues el abismarse estético es un fenómeno se-cun~ario. La tragedia griega se muestra históricamente como un singular
medium entre creencia y descreimiento, fe en los dioses y duda sobre su dig-

54

ni dad y existencia, absoluta confianza en el valor y desconfianza en él; en
definitiva: un medium entre afirmación y negación de la vida, risa y llanto, gracia y seriedad.
Por cierto el afecto profun'do es esencialmente elevado por medio de la forma estética. Es verdad, verdad de la vida presentada en forma bella. Y la
verdad revestida estéticamente obra más hondamente. como sucede en toda
poesía. La verdad que anuncia la tragedia es la siguiente: la vida del hombre no es solamente alegría, sino también sufrimiento enviado por los dioses o provocado por la propia culpabilidad.
¡ Sal airoso de esta prueba! La trageclia es la propia reflexión de la vida.
El mito del héroe muestra así al hombre, en el pugnar de la vida, su verdadera vida, El hombre decidido (hoy diríamos, el hombre existencial) debe
ser tu modelo, de tal modo que tú puedas salir airoso de todo. Confía en los
poderes suprahumanos y no te edifiques airadamente. De alguna manera habrá todavía un camino, un sentido, un -riAoq, pero tú solo no te !o puedes
dar. Por cierto, puedo permanecer porfiadamente y no retroceder, como·
aquel soldado romano ante los torrentes de lava de Pompeya que permaneció, porque equivocadamente no fue relevado. También a él le reconocemos;
trágica grandeza.
No es del todo correcto decir que el espectáculo trágico debe brindar consuelo. El griego sabía que todo consuelo sólo nos conduce hasta las gradas de
la desgracia sufrida y es triste y sombrío, como dice Rilke. Pero el espectáculo,.
trágico denuncia una extraordinaria verdad. Lo que interesa es la coloración
del "cómo", pues nosotros queremos ganar una nueva actitud, una actitud
valiente y abierta frente a lo más alto para que éste pueda entrar a raudales
en la vida humana tal como ella es.
A todos nosotros nos va igual, por eso debemos inclinamos con juntamente
ante lo amenazante y estrecharnos las manos como amigos. La tragedia nos
enseña la ayuda recíproca y el no hacemos recíprocamente Ia vida más pesada, ni destruirla, pues, como dice Sófocles: "No estoy aquí para co-odiar,
sino para ca-amar". Oir~ot av'IIÉXOEw, dllll avµcptlEi-v lq;v-v (Antígena

III, !, 523) .
La actitud del héroe concilia al mismo tiempo a los rivales: "Yo era un
enemigo para ti, pero ahora que tú te has acreditado como un héroe en la
vida y en el sufrimiento que a todos nos circunda, ya no lo soy más". Si nosotros, a través de la consideración del héroe, dejando obrar sobre nosotros
de esa forma el destino humano, llegamos a esta abierta actitud, entonces
algo se transforma en nosotros. Llegamos a ser otros, y esto en un doble aspecto, que de manera negativa podríamos formularlo de la siguiente forma:

55

�no podemos ir sólo a la caza de goces exteriores, pues "aún no he visto acabar feliz a nadie a quien los dioses esparcieran a manos llenas sus dones"
(Schiller). No podemos mostramos lastimosamente frente a la desgracia que
irrumpe, para luego carecer de forma interior y perder toda digna actitud.
¡ Mostraos como héroes!, dice pedagógicamente la tragedia, vuestro destino
sois vosotros mismos. Soportadlo, pues, dignamente.
Formulado positivamente, la tragedia provoca una transformación interior de nuestro ser. Esta catharsis se traduce en un proceso anímico interior.
La tragedia conmueve, estimula, arroja fuera de lo cotidiano, sacude en nosotros la ley de gravedad; así como hoy decimos: "esto le ha tocado, le ha
herido" ( es hat ihn getroffen). La palabra "impresionado" (beeindruckt)
es en este sentido aun demasiado trivial. Con esta catharsis el hombre se
transforma, se ponen en movimiento sus últimas posibilidades. Han sido ,:heridos" los estratos profundos y yacen abiertos, como si hubieran ~ido siempre nuestra propia naturaleza. Esto opera la catharsis; y aun un cierto deleite en el acontecer doloroso (Nietzsche) si bien no en un sentido propio, pues
es también la alegría del triunfo.

posición interior más elevada. Entonces el Logos buscará con su mirada al
Mito, como también lo exigiría Nietzsche.
Precisamente en esta confrontación pudimos ver cuántas cosas actuales,
cosas que hoy nos preocupan, nos salen al encuentro en la pugna por lo trágico, por lo existencial, como diríamos en nuestra época.
Traducido por MAAro A.

PRESAS

Es singular el que los hombres, en su mayoría, transitan solamente por las
antesalas del alma, o por los subsuelos, aun cuando estén a su disposición
los grandes espacios de los pisos superiores. Todo lo esencial que la tragedia
puede provocar resbala así por encima de ellos. ¿ Por qué somos tan pródigos
y abandonamos desconsideradamente este tesoro que descansa en lo profundo de nuestras almas? En todo caso, así procede, al parecer, la mayoría de
los hombres.
Mediante el ennoblecimiento del ánimo operado por la trage'd ia nos inmunizamos contra toda pequeñez y mezquindad. Mucho nos es revelado de una
sola vez. Nos convertimos en visionarios de nuestra vida y de otras vidas. Sin
embargo, tenemos que cuidarnos siempre y temer de nuestro propio interior, de
modo que no irrumpan nuevamente mezquindades, para que, ante todo, no
renazca la hybris. Así pues, dice la tragedia: ¡ Tú debes re-comenzar tu vida!
Esta enseñanza debe ser fielmente observada. La purificación no es lo {1ltimo
en la mayoría de los trágicos, sino la preparación para un nuevo ascenso,
ascenso por encima de nosotros mismos tomados como hombres singulares.
En este sentido, es también ordenación dentro de una comunidad más amplia, en un plan, finalmente, que nos supera. Solamente entonces es dada
la reconciliación con los dioses y con sus ideales exigencias. La catharsis, pues,
conduce al griego hasta las últimas zonas de su imagen del mundo, la cual,
pese a la añoranza de ella, no puede ya tomar plena forma. Lo último es,
pues, el esfuerzo espiritual tendiente a lograr una visión creciente y una dis-

56

57

�SOLITUDE ET AMOUR
PROF.

REms

JoLIVET

Université Catbolique de Lyoa

LE TITRE MEME DE CET ARTICLE semble imposer a la réflexion une insoluble
contradiction. Car l'amour est essentiellement désir et volonté d'union, et
d'une union aussi étroite que possible ( on pourrait meme dire de fusion), alors
que la solitude parait etre, physiquement, moralement et metaphysiquement,,
notre inéluctable condition.
Le probleme qui se pose est done de savoir si la solitude peut de quelque
f~on etre surmontée et abolie, si l'union a laquelle aspire l'amour et qui le
définit dans son essence, peut, -et jusqu'A quel point-, Ctre réalisée.
A priori, on peut et l'on doit meme admettre que la contradiction n'est
pas absolument irrémédiable. Car l' amour ( dans Jeque] je comprend ici toute~
les formes et tous les degrés de l'union: l'amour proprement dit, qui est l'union
physique et morale de deux personnes de sexe différent -l'amitié, qui est
union morale et spirituelle, la sympathie, qui est union affective et expression
de bienveillance-, et, tres généralement, la "proximité" ou sentiment vécu
du prochain comme tel. L'amour, dis-je, est plus que le vceu de la nature,
la condition m€me de la vie humaine, qui ne peut se développer et qui ne·
s'épanouit que dans un climat d'amour.
La nature ne peut Ctre frustrée dans l'une de ses exigences aussi fonciercs:
si l'amour, c'est-3.-dire l'union entre personnes humaines, est fondamentalement nécessaire, il faut qu'il soit possible. Sinon, nous serions installés dans
l'absurde et la vie humaine, sous toutes ses formes, ne serait plus, selon la
formule célebre de Shakespeare, qu'une histoire, "racontée par un fou, pleine
de bruit vain et de tumulte dépourvu de sens".
Sartre, on le sait, non seulement consent a cette absurdité fondamentale de
la vie humaine, mais encere en fait un principe de sa philosophie, en vertu
de laquelle tout effort pour communiquer et pour communier a la subjecti-vité d'autrui serait nécessairement voué a l'échec (Cf. L'ltre et le Néant, pp.

�275-503). Mais, -sans entrer ici dans une discussion qui serait trop technique-, il est clair que la conscience proteste centre cette conception sartrienne (dont le fameux "L'enfer, c'est les autres" de Huis-Clos parait f:tre la formule adéquate) et affirme, en droit et en fait, la possibilité et la réalité de
l'amour, c'est-a-dire d'une victoire sur la solitude.
Par contre, l'antinomie tres réelle entre la solitude, qui est notre condition
inéluctable d'individus, a savoir de réalités humaines séparées et distinctes
(indivisum in se et divisum a quolibet alio), - et l'amour comme union et
rnf:me comme unité des personnes, nous impose des l'abord le sentiment que
si la solitude doit etre surmontée, l'union sera toujours une conquf:te difficile
et jamais pleinement et définitivement acquise.
Ainsi done, le problCme que nous avons a résoudre est celui des conditions
d'un amour authentique~ capable d'abolir entre les personnes la distance qui
nait des limites de l'individualité, des partialités de l'egoisme et des réticences
ou des conflits de l'intéret.

par chacun, au mayen de sa liberté, qui est l'expression et la forme de la personnalité rneme, et sous sa propre et inaliénable responsabilité.
Par dessus tout, l'exigence morale nous installe dans le sentiment de notre
solitude, en tant qu'elle nous impose d'etre un soi, autonome, ne reposant
finalement que sur soi. Je puis, assurément, dans- ma vie morale, f:tre aidé,
soutenu, conforté, instruit meme par autrui, et, de fait, il n'y a pas de vie
morale authentique qui ne comporte appui, concours et secours de la part
d'autrui. Mais ma vie n'est morale que dans la mesure oll elle est mienne
exclusivement mienne, sans que rien jamais me permette de me décharge;
sur autrui de ma liberté et de rna responsabilité. De ce point de vue, non
seulement, comme le disait Pascal, on rneurt seul, mais aussi on vit seul. Cette
"solitude" est d'ailleurs la forme meme de notre grandeur humaine. Inversement, comme l'ont souligné en des sens divers, mais convergents, a la fois
Jaspers et Heidegger, toute existence vécue sur le patron du "On" perd du
méme coup son caracthe d'humanité et retombe fatalement dans l'inertie de
la chose.

•

Enfin, métaphysiquement aussi, nous sommes de quelque fa¡_;on des solitaircs. Sans doute, communiquons nous par la parole, par le geste, par les
multiples échanges de la vie en commun. Mais, -sans parlcr des tromperies
des équivoques, des falsifications du langage interindividuel et du néant d~
bavardage de la quotidienneté, nous savons que la conscience de chacun est
un domaine inviolable. En admettant que chacun fasse l'effort nécessaire
pour "s'ouvrir" (comme on dit} au prochain, chacun ne peut recevoir que
selon son propre mode ( receptum recipi,tur ad modum recipientis), si bien
que, en un certain sens, toute communication, si intime qu'elle se veuille
et qu'elle soit, implique fatalement un degré de malentendu.

Commen,;ons par bien définir la forme du probleme.
Nous avons dit que la solitude est irrémédiable de quelque fa,on. Elle
l'est meme, devons-nous ajouter, au point de subsister jusque dans l'amour
humain le plus parfait. (Ce n'est qu'en Dieu que la "solitude", c'est-il-dire
la distinction et la subsistance des Trois Personnes est surmontée dans l'unité
de l'Essence).

"

Physiquement, nous sommes des individus, des substances distinctes et incommunicables. Si la société des hommes ne se ramene pas purement et simplement a une collection d'individus, selon le schf:ma leibnizien des monades,
c'est évidemment par autre chose que les corps. L'unité du Tout, ---d'ailleurs
mobile, changeante et constarmnent menacée-, est une unité morale, c'esta-dire qu'elle suppose elle-meme l'amour ou l'amitié. C'est par la meme
qu'elle se distingue de l'unité accidentelle que produit, chez les animaux et
dans les foules, la contagian émotionnelle, "unité" qui est proprement de type
mécanique et infra-humaine.
M oralement aussi, nous sommes des solitaires ou, pour employer le terme
kierkegaardien, des Uniques. Kierkegaard, en effet, a insisté la-dessus avec
une puissance inégalée, ---et non sans quelque risque, et plus qu'un risque
.en vérité, d'opérer le passage a la limite! L3.-dessus, disons que si le devoir
humain, sous toutes ses formes, s'impose a taus- et crée déja, par ses seules
exigences, une unité ou un concert des hommes entre eux, il doit etre assumé

Le plus souvent, dans nos rapports, la sincérité, surtout quand elle est
affirmée et recherchée, -car elle n'est vraiment authentique que vécue et
exercée au-de 13. de tout discours-, n'est qu'une forme subtile de la duplicité
-il arrive plus communément qu'on ne croit que l'amour ne repose que sur
le contre-sens. De toute fagon, le secret de la consciencc résiste ?t taus les
essais de la livrer ou de le saisir. La distance entre les consciences peut C:tre,
si l'on veut, diminuée, mais jamais annulée. D'ailleurs faut-il admettre que la
distance, df:s qu'elle existe, est infinie. Et c'est 13. un des tourments de l'amour.
Ainsi voyons-nous que, dans l'ordre métaphysique, si la communication est
possible, c'est avant tout dans le monde abstrait et idéal des idées. II y a évidemment un concert des esprits et la vie de l'humanité est un dialogue permanent entre les contemporains et avec les grands esprits du passé. Mais justeme~t, les idées sont impersonnelles, elles composent un monde qui est a
la fo1s en nous et au-dessus de nous. Si nous n'etions qu'esprit, nous pour-

61

60

�rions réaliser l'union dans une participation commune au monde jdéalJ -et
Saint Thomas veut que ce soit Ia le mode d'union des anges entre eux, dont
,chacun cependant constitue, selon lui, une espece a lui seul. Mais notre humanité, corps et ame, ne se satisfait pas pleinement de cette communication
impersonnelle, qui est pour elle comme une lumiere sans chaleur.
Sous ces trois aspects, physique, moral et métaphysique, la solitude est done
plus qu'un fait: elle définit notre condition hwnaine. Cependant, on l'a vu,
elle peut et elle doit etre surmontée. L'amour peut et doit etre le remede a
cette solitude. Corrunent et jusqu'a quel point, c'est ce que nous avons a
ehercher.

•
Si l'amour est union, comment peut se réaliser et se maintenir cette union?
Précisons d'abord le sens exact du probleme. 11 s'agit de communiquer
avec la vérite d'autrui, avec ce qu'il a de plus personnel, -au point, s'il est
possible, de ne faire plus qu'un avec lui.
II est évident qu'il ne peut s'agir d'union des corps: la communion charnelle, dans l'amour, n'est pas l'amour, rnais l'un des moyens de l'am~ur_- Lais-sée a elle meme, I'union charnelle n'est que contact d'épidermes et 1ou1ssance
solitaire. L'amour authentique, lui, vise á l'union la plus intime qui soit, celle
des ames et des coeurs. Aussi, comme on retrouve la mélodie dans chacune
de ses notes, dais-je, pour communiquer avec !'ame d'autrui, c'est-a-dire avec
,a vérité la plus profonde, redoubler, par un échange inexprimable, le mouvement intérieur qui anime ses gestes et ses actes, ses paroles et ses reuvres
et qui est leur véritable sens.
Cela revienta dire, en d'autres termes, qu'il faut rejoindre la subjectivité d'autrui -et non seulement la rejoindre, mais coincider d'une certaine fat;on
'
.
avec elle et avec l'élan qui la caractérise. Je connais autrui comme Je me connaisJ par conséquent sans le voir ( car je ne me vais jamais moi-meme) o~
du moins, je ne le vais que pour saisir de lui ce qui précisément ne se voit
pas, mais qui seulement s'eprouve et se vit.
.
.
C'est 1a la réplique du mouvement par lequel je coincide avec mm, p_u~s
m'écarte de moi pour revenir a moi. Car l'unité doit laisser paraítre la duahte,
sinon l'experience que fai d'autrui ne serait plus éprouvée et vécue comme
étant celle d' autrui. Mais la dualité doit envelopper l'unité, sinon la communication ne serait plus expérience, mais discours et interprétation.
Tel est, ramené a ses éléments essentiels, le probleme de l'arnour. Comment
résoudre toutes les antinomies qu'il paraít envelopper? Comment la solitude,

62

qui est, en un sens, comme nous l'avons montré plus haut, irrémédiable, peutelle se concilier avec l'union la plus intime et la plus profonde?
Le besoin, le souhait et le désir de surmonter la solitude son absolument
universels. lis répondent en effet a un instinct, l'instinct de communauté ou
de socialité, car l'homme, disait Aristote, est un "animal politique" ( c'est-3.dire social), -et cela par essence. Par quelles voies et par quels moyens cet
instinct peut-il aUer a ses fins?
Notons d'abord qu'il y a des moyens qui, non seulement sont inefficaces,
mais qui ne peuvent qu'aggraver la solitude, au point de la rendre douloureuse
et misérable.
Le premier et le plus commun, de ces pseudo-moyens, consiste a demander
au corps seul d'etre le remede a la solitude. Par le tenne de "corps", nous
entendons ici tout ce qui est de l'ordre extérieur, a savoir, d'une part, le corps
comme chose, comme proximité ou, plus exactement, comme contiguité physique ou matérielle, --et d'autre part, tout ce qu'on peut comprendre comme
"intéfet" .
Sous le premier aspect, a savoir celui du corps, ou de la sexualité pure,
d'innombrables études, a notre époque, ont établi ( conformément, d'ailleurs,
a ce que le sens commun a toujours su), que les relations sexuelles, par elles
mCmes et par elles seules, 1oin de lever l'obstacle de la solitude, n'ont d'autre
effet psychologique que de la faire ressentir plus fortement et plus douloureusement. "Faire l'amour", comme on dit, n'est pas aimer: c'en est mCme sans
-doute le contraire, en imposant aux deux partenaires le sentiment que chacun,
quoi qu'il fasse, ne jouit que pour soi et ne se sert de l'autrc que comme d'un
moyen. On a remarqué souvent qu'ici l'intimité physique est a base d 1hostilité, parce qu'elle abolit sans ressource et sans recours le respect mutuel, qui
est le vrai ciment de l'amour, c'est-a-dire de l'union et de la communion. Les
amants, dans ce cas, ne sont plus l'un pour l'autre que des choses.
II ne s'agit pas, bien entendu et nous devons le dire netement et fermement, de déprécier les rapports sexuels, en cédant a un jansénisme qui, il
faut bien le dire aussi, est !'une des constantes, non pas certes de la moralité,
mais de la "morale" commune, indulgente et sévCre a la fois: mais c'est au
théologien qu'il revient d'expliquer cet illogisme et de résoudre cette aporie.
Tout ce que nous voulons marquer, c'est que les rapports sexuels n'ont et
ne peuvent avoir leur valeur de communion que dans la mesure meme oll ils
procedent de l'arnour, c'est-a-dire qu'a la fois ils le supposent d'abord dans
sa plénitude, comme union des ames et des creurs, et qu'ils se subordonnent
entii:rement a l'amour. Faute de quoi, ils nourrissent une haine secrete, -qui
est la forme la plus grave de la solitude.
Quant 3. l'intéret, auquel beaucoup d'hommes confient le soin de produire

63

�.,

et de cimenter leur union, il est clair qu'il ne peut jamais que réaliser l'union
par le dehors, d'une maniere en quelque sorte mécanique, laissant subsistcr
toujours et irrémédiablement la distance entre les individus. Car la liaison
mécanique de proche en proche, ou, come s'exprime J. P. Sartre,1 la "liaison sérielle", qui parait si solide, est si peu l'union que c'en est le contraire le
plus net: les anneaux d'une chaine ont beau etre solidement lies l'un a l'autre, ils sont séparés et isolés par cette liaison meme. Inversement, si le lien qui
rasscmble et maintient dans l'unité les membres d'une société est si fort et si
durable, c'est parce que l'union qu'il produit ou consacre est une union morn.le,
c'est-a-dire une participation commune, consentie et rcnouvelée, aux memes.
sentiments et a un meme idéal de vie.
Ainsi, livrée a l'intéret et censément garantie par lui, l"'union" des individus
est la plus précaire et la plus illusoire qui soit, car elle est toujours a la mcrci
de la "polémique" :' conflits et réclamations de toute espece juqu'a la gucrre
declarée), qui fait corps fatalement avec le jeu des intérets.
On sait trop que les "amitiés" fondées sur l'intérct n'ont que le faux visage
de l'amitié authcntique et qu'elles sanctionnent, loin dq )'abolir, la dualité laissant chacun des pseudo-amis asa propre solitude, c'est-a-dire a son égoisme. Le
bon sens populaire ne s'y trompe pas et sait fort bien que, dans les affaires, dans
la politique ou meme dans le jeu, "cher ami" ne déclarc pas plus certainem&lt;'nt
l'amitié ou l'union des creurs et des sentiments, que "cher Maitre" ne proclame
le talent et n'exprime l'admiration.
Du point de vue moral, il y a aussi une maniere fort commune de chercher
a surmonter la solitude, qui ne peut conduire qu'a des déceptions. Elle consiste
a confier le soin de l'union a l'abandon passif aux formes les plus basses et les
plus vulgaires de la socialité, qui nous conduisent a devenir de plus en plus un
neutre anonyme et impersonnel, un "On". 2 C'est le danger permanent, -et
auquel on n'échappe jamais que partiellement-, de l'existence "en commun":
il va a dissoudre plus ou moins gravement, parfois completement, le Moi propre dans le mode d'etre des "autres", au point que les autres eux-memes, par
une sorte de choc en retour, perdent leurs caracteres distinctifs propres.
Le "On" exerce une véritable dictature: il exige le nivellement, l'installation
dans la moyenne, la "vie publique et ouverte". Le "On" est une cspece de
carrefour, ouvert a tout venant. Chacun est l'autre et personne n'est soi. Le résultat est qu'il y a bien une sorte d'unité ou de totalité confuse, qui abolit, en
effet, une maniere de solitude, puisque nous cessons d'etre le "soi" que nous
sommes, comme personnes. Mais justement, il n'y a plus d'union ou de com' Cf. J. P. SARTRE, Critique de la raison dialectique, p. 165 sv., Paris, Gallimard, 1960.
• Cf. M. HEIDEGGER, Sein und Zeit,, 6e éd. (1949), pp. 114-130 (spécialement § 27.
Das alltagliche Selbstsein und das Man).

64

munion, au sens propre de ces termes, s'il est vrai que l'union suppose la dualité
qu'elle doit surmonter sans !'abolir.
'
On ne se sent jamais aussi seul que lorsqu'on est "tout le monde", interchangeable a volonté avec n'importe qui. S'il y a une expérience morale qui
s'impose, c'est bien celle qui nous révele que les unions les plus profondes,
les pl~s fortes, les plus durables, se réalisent entre des personnes parfaitement
consoen_tes de. ce qu'elles ont chacune de propre et d'inaliénable, ~t qui ont
le dessem, clairement con&lt;;u ou, en tout cas, puissamment vécu, de mettre
en commun ce par quoi elles sont, chacune et le plus profondément qu'il soit
ce qu'elles sont. Finalement, la solitude de l'etre-en-commun (comme forro~
d u "On ") &lt;'St encore e11e-meme une sohtude de "choses".
Reste la communication des consciences. Elle est vraiment notons-le d'abord
1 f
l
a orme meme de la communion, puisqu'elle est seule a pouvoir nous faire
participer a la subjectivité d'autrui et qu'elle conditionne l'amour sous sa forme
la ~lus ~aute. ~~is, i~i encore, il Y_,ª une maniere commune de la poursuivre
qui est a la fms mefficace et foncierement trompeuse. Disons d'un mot que
c'est celle du langage, ou plutot, pour employer un terme plus précis ccl!e
de la confidence.
'
La confidence est ou veut etre un dévoilement a autrui de ma subjectivité
propre.
. . Or,
. si sincere et si profonde qu'elle se veuille, la confidence ne réussira Jamais, par elle-meme, a donner acces a l'immédiat que poursuit une
authentique communication.
Elle exige, en ef~et, que je me raconte, et que j'exprime, en termes valant
pour_, ~ous, mo~ exister personnel. Or je rencontre ici la meme impuissance
qu~ J ~proll'~'e a me raconter a moi-meme au moyen de termes et de concepts
qui, nec:ssa1rement étant généraux, banalisent mon expérience vécue.
, Combien plus cet obstacle vaudra-t-il de la communication avec autrui
QU l' e
•
• me refere,
, '
xpenence
a' 1aque)1e Je
pour donner un sens a ma confidencel
ne peut jamais etre que la sienne, en tant qu'autre, et par conséquent celle d~
tout le monde. Des que je parle pour autrui, je parle pour tous.
Dira-t-on que ce que je lui confie de moi, je ne voudrais le conficr a nul
autr:? Rien de pl~s certain. Mais cela ne saurait faire que je ne doive, pour
m~ livrer, comme J1y tends et prétends, emprunter un langage et des concepts
qui sont communs et qui conduisent, par leur nature meme. a transformer
ma subjectivité en simple objectivité.
,
A

A

•

)

Le c_onfidcnce, sous toutes ses formes, ne peut done valoir qus! comme
suggestion et les mots qui l'expriment ne peuvent intervenir qu'a. titre de
symboles: leur valeur est, si l'on peut dire, musicale: ils créent une atmos-

phere et agissent par les voies mytérieuses de la sympathie.
Voila ce qui peut expliquer le désespoir de ceux qui, voulant livrer leur cons-

65
H5

�cience ou leur intimité, ne savent que la parler et n'arrivant jamais a trouver
assez de mots et d'expressions pour achever leur dessein, retombent lourdement dans le sentirnent de leur invincible solitude. L'union d'amour qu'ils
poursuivent, avec une ténacité passionnée, trouve son échec douloureux dans
les moyens mCmes qu'elle veut mettre a son service.

•
Ces analyses, il faut en convenir, ont quelque chose de décevant et semblent
nous fonner toutes les voies a l'union cependant voulue par l'amour. Mais il
se pourrait que ce ne soit qu'une apparence. Car elles ne font que souligner les
obstacles qu'il faut franchir pour réaliser dans sa perfection, autant du moins
qu'elle est possible, la communion de l'amour.
Quelles sont done les conditions, et quels les moyens de cette authentique
communion qui s'identifie avec l'amour? C'est-a-dire: si la dualité, comme
on l'a vu, ne peut jamais etre abolie, comment pourra-t-elle se concilier avec
l'unité, et mtme, plus encore, si paradoxal que cela paraisse, fortifier et cimenter cette unité?
Nous résumerons tout la-dessus, en disant qu'il faut réaliser la présence
réciproque . Dans toutes les situations que nous avons envisagées jusqu:ici,
c'était justement cette présence réciproque qui faisait défaut, parce que nous
cherchions moins la présence que la co-existence, c'est-a-dire la continuité
physique ou le langage en troisiCme personne, -alors que la présence est
chose spirituelle. Mais essayons de préciser tout cela.
Autrui, comme tel, n'est pas un objet ou un spectacle, ma1s une présence
et, comme s'exprime Gabriel Marce!, un Toi devant Moi. Kierkegaard avait
déja noté, admirablement, a propos de "l'exister-chrétien", qu'il n'y a d'existence chrétienne digne de ce nom que celle pour laquelle Dieu est Présence
3
et qui, elle-meme, est "devant Dieu", a savoir présence a Dieu. Par voie de
concept, on ne communique pas plus avec Dieu qu'avec autrui, pas plus avec
autrui qu'avec Dieu. C'est pourquoi aussi on ne peut s'emparer de la subjectivité d'autrui: on ne s'empare que des choses (Ia-dessus, J. P. Sartre, a écrit
des pages remarquables) ,4 -ni la posséder, ni meme la "connaitre", car seule
une chose peut etre possédée et seul un fait ou une notion peuvent Ctre
"connusi'.
S'emparer pour posséder témoigne a la fois de ma solitude devant les choses
3

4

Cf. R. JouvET, Kierkegaard, Paris, Fayard, 1958, pp. 136 sv.
Cf. J. P. SARTRE, L'Etre et le Néant, pp. 431-503. Cf. notre J. P. Sartre, Paris,

et de leur irrémédiable éloignement, puisqu'on ne les "possede" jamais que
par force ou violence. La présence, au contraire, nous rend douloureuse notre
solit,ude_ ~: nous pousse a l.a rencontre de l'autre. Quand elle est présence
de 1am1tie et de la sympath1e, elle détermine ce processus de communion qui
la suppose déja et la parfait, -et qui, étant par lui-meme découverte et ;évélatio~ d'autrui dans ce qu'il a de plus personnel, nous remplit d'une si pure
emotion, comme si tout un monde spirituel, auquel jusque Ia nous n'avions pas
acces, surgissait pour nous, ici et maintenant, dans sa radieuse nouveauté.
Ce qui est réel alors, ce ne sont plus deux individus isolés et séparés, mais
la relation meme qui les unit. La rencontre est ce qui actualise cette coprésence essentielle et fait aborder autrui sur un plan qui exclut les rapports neutres et indifférents de la quotidienneté et fait apparaitre la relation du Je et
du Toi, oll l'autre devient l'Unique.
Dialectique merveilleuse de la distance et du rapprochement, de la dualité
et
. . de l'unité, oll l'on éprouve en commun les memes sentiments, les m6mes
JOies et les mimes souffrances. Dialectique de l'amour, qui est échange et don,
-et z:nystCre de l'unité de ce qui est deux: je me retrouve en autrui, comme
autrm se retrouve en moi, l'un et l'autre pour chacun de nous médiateurs
de notre personnalité et de notre subjectivité.
De 13. vient que jamais je ne sens mieux le rythme profond de ma vie que
par I'effet de la présence d'autrui, dont I'amitié me révCle a moi-meme et
amplifie, en quelque sorte, les battements de mon cceur et le chant de mon
ame. Dans son article sur L'origine de l'reuvre d'art,6 Heidegger propose une
image oll l'on peut découvrir un magnifique symbole de ce miracle de la coprésence. II évoque le temple grec et le site escarpé oll il est construit: le
soleil dore la pierre et lui donne son éclat; mais, en retour, le temple fait le
soleil plus brillan!, !'azur du ciel plus intense et le lieu plus solennel, -et plus
sonare le bruit des vagues qui viennent buter sur son silence.
Car il est vrai que tout s'accomplit dans le silence, et que c'est 1c1 mCme
que nous pouvons résoudre les apories de la solitude, c'est-a-dire, comme nous
l'avons dit plus haut, celles du corps, de la généralité et de la conscience clase
qu'aucun discours n'arrive jamais a livrer et a transmettre.
'
. En eff.et, t~ute communication vient s'achevcr et se parfaire dans une plémtude s1lenc1euse, la plus mouvante qui soit. Il ne s'agit pas simplement
du silence qu'évoque le Teste de Paul Valéry, pour qui toute communication
est impure, parce que ses expressions nous rejettent au plan de l'abstrait et
du général. Le silence est ici plus profond et plus solennel, requis non seule•
ment par le fait que les notions communes doivent se remplir d'un contenu et
5

Cf. M. HEIDEGGER, Holzwege, Klostermann, Frankfurt am Main, 1950. Der Ursprung des Kunstwerkes, p. 30 vv.

Fayard, 1965.

67
66

�d'un sens qui ne peuvent s'exprimer, parce qu'ils sont marqués d'une singularité irréductible (comme nou~ l'avons vu quand nous analysions la solitudc ) ,
mais aussi et surtout par l'approche du secret que rien ne pennet d'épuiser
ou mCme de dire et qui est le mystere ultime du "Je".
Ce secret, le silence oll s'achtve la communication est la voie d'accCs vers
lui, puisqu'il temoigne de l'unité de mon Ctre et que l'unité, étant ineffable, ne
se livre que par le silence.
Ainsi est-il vrai, comme le disait magnifiquement Saint-Exupéry, que "le
silence est l'espace de l'esprit",6 ou, si l'on veut, l'atmosphhe oll l'existence
se manifeste dans son indivise totalité.

•
La communication cependant ne serait pas encore parfaite, si elle en restait
a ce qu'on pourrait appeler le plan physique de la participation a la subjcctivité
d'autrui. Car, comme on l'a vu, les consciences ne communiqucnt pas entre
elles directement, --ou, du moins, cette communication ne se réalise que par
la méditation du príncipe identique qui fonde leur réalité. Si elles peuvent
s'entendre, se comprendre et de quelque fa(j,on s'identifier "par cette union si
étroite que l'amour réalise entre elles et qui les intériorise l'une a l'autre",
dit L. Lavelle,1 c'est toujours par la vertu de la source commune de leur
@tre, en laquelle elles se rejoignent et, du mCme mouvement. se reconnaissent.
Pour le mieux comprendre, nous pouvons partir du fait que la connaissance
de soi est avant tout saisie de la valeur qui m'anime et que je suis réellement,
en tant que telle personne humaine, incarnée ici et maintenant dans mon
univers familier et engagée profondément dans l'a:uvre continue de ma propre création, par le jeu d'une liberté qui me rend responsable de moi-m@me
et, plus encore, responsable du monde ou j'existe. Seule, la valeur et le dynamisme qu'elle engendre, peut me révéler a moi-mCme, parce que je suis historique et ne puis jamais m'abstraire de ma continuité temporelle. Je ne me re·
trouve vraiment que dans mes projets et mes fins.
Je ne puis communiquer avec autrui et m'unir d'amour ou d'amitié avec
lui que par les mCmes voies et les mCmes moyens. Eadem vell&lt;'-, eadem
nolle, disaient fortement les Anciens. Car autrui ne m'est connu vraiment
que par la médiation de la valeur qui l'anime. Sa présence a moi et ma présence a lui, cette coprésence dont nous parlions plus haut, s'achtvent, en leur

vérité et leur plénitude, par la communication des valeurs qui donnent ¡
d
.
e
sens e notre ex1stence et expriment notre Ctre le plus intime.
C'est, e~ effect, la ~aleur qui nous fait émerger du monde des objets pour
nous constituer en suJets et en personnes. Et s'il est vrai, comme le disait L.
Lavelle, que "la dualité est la consolation et le remede tempere] de ]a fini~ude,,, c'est pare~ qu'elle se fond, sans l'abolir, dans la participation com.mune
ª, des valeurs qm nous orientent vers l'infini. Car l'espoir constamment cares.
se de l'amour et de l'amitié de parfaire une unité qui ne cesse de i;e dénouer
et de s'effriter, a peine réalisée, ne peut s'actualiser, dans le domaine oll
l'u,..nité est possible, et qui est celui des ames, que si les 3.mes, toujours deux,
meme dans le plus ardent effort de communion, fusionnet daos l'amour
commun d'une meme valeur.
Cela, Nietzsche l'avait bien vu, qui écrivait: "11 y a bien la et la sur terre, une sorte de prolongement de l'amour" (mais on dirait mieux sans
doute: une manifestation d'amour), "dans lequel le désir cupide que deux Ctres
ép~~uve,nt l'un ~our l'autre fait place a un nouveau désir, a une nouvelle con•
v01t1se, a une s01f supérieure commune ( c'est Nietzsche qui avec raison souligne
1•
m ~eme le mot "comune"), celle d'un idéal qui les dépasse tous deux''. 8
Ma1s, ajoute-t.il aussitOt, "qui connait cet amour•l3.? Qui l'a vécu? Son véritable
nom est amitié".
Oui, il est bien vrai que l'amitié est la forme parfaite de l'amour en tant
~u'elle. réalise cet idéal de présence réciproque, de coprésence, ~ue nous
mvoqmons précédemment. Car il n'y a finalement de présence á autrui et
d'autrui ~ moi•m@me, c'est.3.~dire, en d'autres termes, qu'il n'y a de victoire
sur la s~htude~ que_ morale et spirituelle, -et nous ne nous comprenons et ne
nous umssons Jama1s que par la participation au mouvement par lequel chacun
~e nous est constamment en acte de se faire Ctre selon l'ordre des valeurs otl
11 engage toute la vérité de son existence.
Sain~-~xupéry ~arle de "cette altitude oU je me condamne a Ctre seul". 9 (Mais
~ous d1nons plutot q~e c'est dan~ l'altitude que l'on cesse d'ttre seul et que
1on tro,u~e: de s_urcro1t, cette paix et cette sérénité qui, selon Goethe et en
toute vente, habite les hautes cimcs: Vber a/len Gipfeln, ist Ruhe. Nous ne
nous-rencontrons qu'au-dessus de nous•memes, dans ce domaine infini "espace
de respnt
.,,, ou' nous retrouvons le seul lien des 3.mes qui est Dieu '
C'cst qu'en effet, toute valeur authentique contient 'nieu, et de 13..vient qu'il
n'y a pas de pont de moi 3. l'autre et de l'autre a moi "sans le chemin de
n·1eu,, .10 e ar n·1eu "est 1e na:ud divin qui noue les ames'' .11
A

1

)

)

L, gai savoir, n. 14.
Citad,lle, p. 163.
Id., ibid., p. 202.
Id., ibid., p . 301.

NtETZSCHE,

• SAINT ExuPERY,

Citad1ll1, p. 100.
D, l'itre, (1947), p. 20.

• SAJNT-ExuPERY,
1

L.

LAvELLE,

1
'

n

69
68

�Ainsi done, la possibilité de la communication, la réalité de la communion
et la vérité de l'amour, résident dans Je fait que les etres communiquent entre
eux par quelque chose de plus profond que la conscience. Je ne communique
avec autrui, je ne l'aime vraiment, ne faisant qu'un avec lui, que par le
mouvement qui nous éleve J'un et l'autre au-dessus de nous-memes. Je découvre
en lui et il découvre en moi ce qui nous fait !'un et l'autre pleinement ce que
nous somrnes.
Nous ne sommes un, en effet, et nous n'existons comme un, que par cet
élan commun, et c'est Dieu, en qui nous retrouvons, qui est, déja au plan
naturel, mais plus parfaitement encore, et par le mystere de la grace, au plan
sumaturel, ce vinculum caritatis, ce lien d'amour que nous cherchons vainement
a réaliser en perfection par la voie du dialogue et de la confidence.
On comprend mieux maintenant la vertu du silence dans lequel, disions-nous,
s'acheve toute communication authentique. Non seulement il laisse entendre
le.Is mots que, meme si nous parlions, nous ne saurions dire -mais encore
il traduit l'atmosphere religieuse et sacrée de la véritable union des ames et
des creurs. Le silence de la communication exprime le sentiment indicible
que Dieu est la et que c'est Jui, et luí seul, qui fait et scelle notre vérité et
notre unité.

•
Pour condure ces vues, nous proposerons deux observations.
La premiere est que nous n'avons voulu ici que décrire les conditions les
plus générales d'une victoire de l'amour sur la solitude et par conséquent que
l'amour n'etait pour nous, dans cette étude, que le nom commun de toutes les
formes de la communication ou de la communion avec autrui.
Mais il est bien évident que, s'il y a maintes formes d'amour, a savoir,
l'amour proprement dit, qui est l'union entre personnes de sexe différent ou
amour conjuga), l'amour filial, répondant a l'amour matemel ou patemel,
J'amitié, union plus exclusivement spirituelle -la sympathie, qui est union
affective-, chaque forme d'amour a son caractere propre, son :i.tmosphere
particuliere, ses conditions et ses expressions spéciales incomparables.
Mais, en toutes ces formes, si diverses soient-elles, la solitude des deux n'est
jamais surmontée que par la participation commune a un bien ou un idéal qui
transcende les individualités de ceux qui aspirent a s'aimer vraiment. Faute
de quoi, l'amour est un tourment, --et précisément le tourment de la solitude
(car, comme Dieu le déclare, "il n'est pas bon que l'homme soit seul") ,u
,. Genese, II, 18.

70

c'est-a-dire d'une situation ou chacun se sent autre, ou, plus précisément,
s'éprouve l'autre, irrémédiablement étranger a l'autre.
Quane la haine, déclarée ou sourde, ne s'installe pas dans les rapports devenus
rapports de chose a. chose, la vie a deux n'est plus que la banale juxtaposition
de deux solitudes et le seul remede qui s'offre, -et qui n'est, en fait, qu'un
pseudo-remede--, consiste pour chacun a étourdir, s'il se peut, le désespoir
profond de l'échec, dans le bruit et le bavardage de l'inauthenticité, ou chacun,
ccssant d'etre soi et d'etre présent a un autre soi, s'evanouit dans son néant.
Car on peut parler d'amour pendant une longue vie a deux, sans avoir jamais
su ce que c'est que l'amour.
Notre deuxieme observation est que, dans le cas le plus favorable, l:i. solitude
peut etre surmontée, mais non pas abolie. Jusque dans l'extase de l'amour
le plus haut et le plus conforme a son essence, le deux de la solitudc subsiste.
C'est ce qui fait a la fois l'inquiétude et la grandeur de l'amour. Son inquiétude,
parce que le vreu de l'amour est de réaliser l'union complete et indestructible,
alors qu'elle ne peut le'etre absolument. Sa grandeur, parce que l'amour ne
peut vivre et grandir que s'il est l'reuvre toujours reprise des amants eux-memes.
-et non cette pure passion (au sens de passivité subie ou de fatalité affective) ~
qu'une littérature romanesque et un cinéma dégradant exaltent ~ans répit,
faussant et ruinant a fond dans les imaginations le sens meme de l'amour.
Redisons que l'inquiétude, mais une noble inquiétude, habite nécessairement
l'amour, parce que, si profonde que soit l'union, il y a toujours, entre les amants,
ce mystere et cette obscurité qui est, pour !'un et pour l'autre, mais aussi et
d'abord de chacun pour soi, quand i1 veut se saisir dans sa vérite demiere
et radicale, le fond indépassable et inexprimable de tout ce qu'il est -et surtout
parce que l'union n'est jamais une acquisition définitive, mais une réalité a
reconquérir sans cesse sur les réticences de l'égoisme, sur les partialités de
l'"intéret", sur le banalité de la routine, sur les défaillances et la mobilité
continue du sentiment ou de l'affectivité.
Tout bien considéré, et si paradoxal que cela paraisse au premier abord
l'amour, a tous ses niveaux sous toutes ses formes, est moins affaire de sentimen;
que de volonté, si bien qu'aimer est sans doute la chose la plus difficile du
monde. Il ne saurait s'agir, bien entendu, d'exclure le sentiment, qui donnc a
l'amour comme a l'amitié un charme si puissant. Mais il faut dire que l'amour
n'est vrai qu'a partir du moment ou, non seulement on reconnatt qu'on aime
mais ou l'on décide d'aimer. C'est la décision d'amour qui seule fait dure;
et vivre l'amour. Sans elle, tout est laissé aux vicissitudes de la sensibilité aux
. de l'heure et, finalement, au hasard. L'amour n'est plus vérité, 'mais
capnces
chance. 11 ne vit plus, mais, tout au plus, se survit. Et l'on ne sait meme plus
si l'on aime, puisque l'on ne commande plus a son creur.

71

�Mais, s'il est vrai que tout amour est inquiet, cette inquiétude est salutairer
Elle nous rappelle notre condition de personnes distinctes, responsables chacune
de son destin, rnais responsables aussi du destin de l'autre. Et cette inquiétude
meme devient un principe de grandeur, quand elle est celle d'une participation
commune et de plus en plus parfaite au Bien en lequel se réalise et s'acheve
l'accord profond des volontés et des creurs.

R.

JoLI\'ET

LA METAF1SICA INTRAMUNDANA DE XAVIER ZUBIRI

Université Catholique de Lyon.

DR. ALBERTO CATURELLI

Universidad de Córdoba (Argentina)

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J.

DE BouRBON·BUsSET, Les aveux infidtles, París, Gallimard.

Zubiri ~ España y en Hispanoamérica es, sim.
plemente, un hecho, quizá, desde 1931 y, sobre todo, desde aquel primer testimonio de su saber filosófico en el volumen Naturaleza) Historia, Dios ( 1944).
Después de casi veinte años parece haber comenzado a publicar su esperada
obra madura con el volumen Sobre la esencia ( 1962), algunos ensayos que
utilizo en este escrito y las Cinco lecciones de filosofía ( 1963), de tono menor comparadas con el libro fundamental, a mi parecer, sobre la esencia. 1
Todo hace sospechar que estamos ante el comienzo de la publjcación de la
obra madura, es decir: simplemente, de la filosofía de Zubiri.
Ante todo, no debe pensarse, debido al título del libro fundamental, que
"Se trata de un pensamiento Hesencialista" en el sentido que comúnmente asignamos a ese término ( como opuesto a "existencial" o concreto) pues la verdad, quizá, sea la inversa, puesj para Zubiri, la realidad misma es esencia, pero es esencia como algo anterior y envolvente respecto de la clásica di visión
de esencia y existencia. Desde ese punto de vista, ya veremos que 'Se trata de
una verdadera filosofía de lo concreto si entendemos por "concreto" la estructura misma de lo real. En efecto, aquello que preocupa a Zubiri no es otra
cosa que "el problema de la estructura radical de la realidad y de au mamenLA PRESENCIA FILOSÓFICA DE

Naturaleza, Historia, Dios, 437 pp., Madrid, 1951 2 (primera edición, de 1944).
Sobre la esencia, 521 pp., Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1962;
1

además, 19632 y1964 3 • Cito esta obra con la sigla SE.
"El hombre, realidad personal", en Revista de Occidente (2a. época), I, 1, p. 5·29,
Madrid, 1963.
Cinco lecciones de filosofía, 284 pp., Sociedad de Estudios y Publicaciones, Ma•
drid 1963. (Se estudian aquí las ideas de la filosofía, caracterizadas por su objeto,
,en Aristóteles, Kant, Comte, Bergson, Husserl, Dilthey y Heidegger}.
"El origen del hombre", en Revista de Occidente (ibídem), 11, 17, pp. 146•173,
_Madrid, 1964.

73

72

�to esencial". 2 Pero esto debe ser bien entendido, pues, por .ahora, lo que interesa es la esencia intramundana ( que no niega una realidad supramundana). s y en ese sentido como confiesa Zubiri, "el hilo conductor de toda esta i~ves~igación ha sido la idea de que la esencia es un momento íísico de la
sustantividad'';• en tal caso, provisoriamente y hasta dond_e ha Il~gado la
reflexión zubiriana, solamente se trata (en este nivel) de mtroduc1rnos en
el desarrollo esencial de una metafísica intramundana.
Entonces, si aquello de que se trata es la estructura radical de lo ~~al y de
su momento esencial como lo intrínseco de la cosa, es claro para Zub1n que se
trata de la esencia no como nuestro modo de interrogarnos, ~or las cosas
reales, "sino como momento de ellas"; o sea, como mome~to /meo de ,1~ cosa no como algo conceptual ni algo objetivo (como decimos en la log1ca) h
y~ se ve que en la esencia aparecerá como "lo verdaderamente real de la
6
cosa" s O como "la unidad principal de la cosa real" misma. Por tan_to, la
esencia no es ni "sentido" (Husserl), ni es concepto formal _(Hegel), m concepto objetivo como en el racionalismo (Leiniz y Ka~t) ! m es }ª~poco correlato de la definición (Aristóteles)' sino momento intnnseco de la cosa.
Es pues necesario entrar directamente en la real~dad y preguntamos por la.
esencia. Este retrotraerse a la realidad para averiguar el, mo~ento est~,uctural más suyo nos descubre que la realidad misma es el amb1to de lo _esen. ble". per~ este ámbito corresponde sólo a las "cosas-reales" que tienen
cia
'
fd " de las que so
tales notas mientras que no corresponde a las cosas-sen ~ o
,
lamente t:nemos concepto ( como, por ejemplo, un cuchillo). Entonces, para Zubiri, las "notas" de la cosa real son, simplemente, todos los momentosque posee; lo esenciado, por tanto, es la realidad verdad~ra; ,~n _la sola enunciac10n se transparenta que la verdad no es la "conformidad, :mo ;;u funda. ás aún no es ni la verdad lógica ni la verdad ontolog1ca, pero es_ su
\ m
roen°,
'
·
t
ons1stefundamento; se trata aqu '1 de la verdad real cuyo pnmer mamen o c ,
en ser ''actualización de la cosa en la inteligencia" _1 Como se ve, aqm ~eafirman dos cosas: Por un lado, el acto formal de la inteligencia es "actuah11

.,
z b" .
t•
de siempre puede notarse
6 Esta preocupac1on de u m es an igua,
'
.
., . .
b
. la filosofía y el ser del hombre van a nutrirse,
t to. "Necesitarnos sa er s1
h b
ex . .
. d 1
'pasa en el mundo' o de lo que las cosas y el om re
ma mstanc1a, e O que
.
- D·
99 • en este
. , •e·1enc1a
• y Realidad'"
Naturaleza, Hutoria, ws, P·
,
realidad en
,
f
84
d l te
la preocupación fundamental era "la cosa real" ; c . p.
en a e an .
z

SE

' SE., 370, 340.
4
SE., 343.
ª SE., 33.
e

SE., 18.

en este·
'l .
en u u-,
son, ui:
trabajo,.

zar" 8 en el sentido de mera actualización de la cosa en la inteligencia; lo inteligido resulta pues lo actualizado: 9 por otro, la cosa misma en cuanto inteligida es la "verdad real" anterior a toda "conformidad"; por tanto, en la intelección, la cosa real "remite" formalmente desde la actualidad intelectiva
a su propia realidad; es "reduplicativamente rear'. 1 º Es pues un acto que
si bien se da "en" la inteligencia no es "de" la inteligencia, sino de la cosa)· es
decir, un "acto en que ésta (la cosa) no sólo es real sino que está realizándose como real". 11 Así pues, si la verdad consiste, fundamentalmente, en esta
realidad verdadera ( en la actualización que reduplica y nos "mete" en la cosa
haciéndonos "quedar" en ella), la inteligencia es "la capacidad que el hombre
tiene de aprehender las cosas y de enfrentarse con ellas como realidades" n o,
lo que es igual, "la capacidad de habérselas con las cosas como realidades"; 13
por eso, la inteligencia aprehende las cosas como realidad actualizándolas y
su acto formal consiste, precisamente, en "actualizar".14 El lector debe retener estas ideas, pues sin ellas no podrá comprender la doctrina zubiriana sobre el hombre, como veremos más adelante. Supuesto lo dicho, si la intelección es ese 11 quedar" la cosa en su realidad, se trata, primero, de una actua' SE., 113, 119.
' Cf., SE., 113, 371, 380-2, 405.
w SE., 117 .
u SE., 118.
"' El origen del hombre, p . 148.
13
El hombre, realidad personal, p. 18.
14
SE., 119. La realidad como la formalidad absoluta, parece insinuarse claramente en sus ensayos primeros: "El saber principal de las cosas, decía, contiene una justificada exigencia que le confiere su fuerza especial, frente a todo saber raciocinante:
saber que no es sólo saber la esencia, sino la cosa misma. La cosa misma: ésta es la
cuestión. ¿ Hasta qué punto queda resuelta con la especulación? Cuando quiero saber
lo que de veras es esto que parece vino, la cosa misma, el vino mismo, el "de veras",
no es un huero "ser verdad", relleno de predicados o notas. En la expresión del vino
"mismo" el "mismo", significa esta cosa real. La cosa "misma" e!I la cosa en su realidad. Realidad no significa exclusivamente "ser material". Los números, el espacio, las
ficciones, tienen también, en cierto modo, su realidad. No es lo mismo la idea de un
personaje de una novela que el personaje novelesco mismo; al igual que no es lo
mismo la verdadera idea del vino que el vino "real y verdadero", como decimos en
español. El saber especulativo ha desarrollado todo el problema por el lado de la verdad, dejando en suspenso, tan sólo como propósito firme, la realidad de lo que es. No
ha logrado salir de la idea para llegar a las cosas. Por esto, eso que pudiéramos llamar
ideísmo ha sido, en última instancia, idealismo. Saber, no es sólo entender lo que de
veras es la cosa desde sus principios, sino conquistar realmente la posesión esciente de
la realidad; no s6lo la "verdad de la realidad", sino también la "realidad de la verdad".
"En realidad de verdad es como las cosas tienen que ser entendidas" ("¿Qué es saber?",
en Naturaleza, Historia, Dios, p . 55-56).

' SE., 114.

74

75

�lización pluridimensional 15 según diversas dimensiones (estructura de toda
verdad real) ; pero hay también una actualización "simple" cuando sus notas (de la cosa) no se aprehenden "cada una por sí misma"; y es "compleja"
cuando se actualiza la cosa como aquello que tiene notas como momentos
reales suyos. Pero lo que interesa es la realidad absolutamente que es la cosa
que es físicamente actual o, como dice Zubiri "la última y radical realidad
fundante de todo lo que es real 'en' 'algo'." 16 Entonces, lo actualizado es la
cosa en la totalidad de sus notas, las cuales no significan una inhesión ( Aristóteles) sino "una estructura de actualización o proyección" en diversos ''respectos"; a cada uno de los "modos" de la actualización, es decir, a cada uno
de sus respectos formales, Zubiri llama dimensión por la sencilla razón de que
17
"en cada uno de ellos se mide o mesura la cosa real entera" ; a su vez, la
"dimensión" implica las tres dimensiones de la verdad real: la patentización
que es la "ratificación de la realidad propia como meramente descubierta en
y por las notas" ( actualidad de la cosa entera) ; la seguridad en cuanto la realidad aparece como lo actualizado en notas "que la hacen de fiar"; la constatación como lo actualizado en notas que lo denuncian como real. A la patentización corresponde el respecto de la manifestación que es "el carácter
descubridor de las notas", la misma proyección de toda la realidad de la cosa (manifestación intelectiva); a la seguridad corresponde el respecto de la
firmeza porque, dice Zubiri, "la verdad real tiene una dimensión de 'seguridad' en la que se ratifica la realidad propia de la cosa en la dimensión de su
interna 'solidez'." La actualidad de la cosa entera en sus notas, en esta dimen18
sión formal de solidez, es lo que llamamos "firmeza"; por fin, a la ''constatación" responde el respecto del simple estar siendo, subrayando el estar que
es lo circunstancial de la cosa en su momento físico; más aún, Zubiri afina
un poco más su análisis pues, en resumen, "la actualidad de la cosa entera en
sus notas, en esta dimensión física y formal del estar siendo" es lo que él
llama efectividad.19 Como se ve, de todo este finísimo análisis se desprende
que toda la realidad es dimensional.
SE., 120.
,. SE., 123.
" SE., 126.
11
SE., 129.
11 SE., 131. Además, SE., p. 132-2: "Estas tres dimensiones de la verdad real (paten-

11

tización, seguridad, constatación) son tres dimensiones según las cuales la cosa se ratifica en su realidad propia, y responden, por manifestación, la firmeza, la efectividad. Y
cada uno de estos tres momentos es la proyección o actualización de lo que la cosa
"realmente" es: en la manifestación se actualiza la realidad en su riqueza, en la firmeza se actualiza la realidad en su solidez, en la efectividad se actualiza la cosa en su
estar siendo".

76

Pero, ~ la _realidad. es dimensional porque la cosa aparece como estructura
de actualización en diversos respectos, aquí se implica la cuestión del tipo de
~otas correspondientes a la realidad: No se trata de las notas de tipo "causal"
smo de las de tipo "formal" que corresponden a la cosa en sí misma. A s~
vez, las notas de tipo formal son de tipo constitucional o adventicio· en efect 0 , 1a " const1tuci
. "6n" , para Zubiri, es individual; es, precisamente, el 'momento
por el cual "la cosa es esa unidad física irreductible" ( esto es formalmente
"~sto") en lo cual consiste la individuación. A tales notas de tipo constitución ~ refiere Zubiri en cuanto forman parte de la índole de la cosa 20 como
notas infundadas; tal es también la explicación de la unidad meramente numeral q~e es la individualidad singular por contraposición a la individualidad estncta que significa, precisamente, la "constitución real intrínseca de
1~
.~on t~as sus notas". De modo que esta unidad estructural es "constituc1~n ,:• s1 lo_es, la unidad de lo real no puede ser aditiva sino primaria,
anteno~, u~ P~•~s respecto de la posesión de cada nota aisladamente consi· · 1mente
·derada
rd ; el • md1v1duo se muestra como un sistema de notas pos1c1ona
mte ependi_entes. _Aquí, s~ debe poner toda la atención en hacemos cargo de
qu~ esta unidad s1stem_a~1ca es anterior a la idea de substancia pues aquella
umd~ ~s lo que Zubm llama la sustantividad en cuanto tiene suficiencia
c?~st1tuc1onal. La sustantividad no es, por cierto, la "subjetualidad" aristotehca (1~ sustancia _c~mo sujeto del logos predicativo) ni es tampoco la mer:1 capaci~a~ de existir; la sustantividad es, formalmente, la unidad sistemática Y P~s1c1onal de estas notas.21 La sustancialidad aristotélica puede ser (
e~ un tipo de _sustantividad~ nada más; en cambio, hay sustancias (los mili~
n~s de sustancias que constituyen un organismo) que carecen de sustantividad; sólo el organismo como tal posee sustantividad · entonces "sustantividad ~ _la ~uficiencia de un grupo de notas para co~tituir algo propio; es
· ·
dla suf1c1enc1a en el orden constitucional" ·22 Lo cual exp1·1ca que la sustanhv123
ad aparezca _"como estructura" según veremos mejor más adelante: por
t:uito,
pro~io de la sustantividad es "la interdependencia posicional ~ el
sistema . , o bien, "la um·dad s1stemat1ca
·
, • y poSicional
.
de estas notas" lo c al
en senud
· h ace evidente
·
. . 0 c•on trano,
que las notas son "actualización •físicaude,
1a suf1C1enc1a constitucional, de la sustantividad" . A su vez, Ias dimens10· ·

~:1

~?

,. SE., 137. En_ otro lugar, p. 478: "tanto en el primer grupo de notas como en el
s~gundo, trát~ ~1empre, según vimos, de notas fundadas. Frente a ellas las notas esencaal~s o co?stltutavas son infundadas". Por eso Zubiri dice que "la unidad de las no~6_1;,~::.~~es51~on la esencia es una unidad de 'ad-herencia'" (loe. cit.) Cf. pp.
: SE., 157. Véase todo el &amp; 3 (pp. 143-174).
., El h~bre, realidad personal, p. 22.
Op. cit., p. 13.

77

�nes ( de que hablamos antes) aparecen como los "distintos respectos formales de esta suficiencia". 34 A la sustancia (aristotélicamente entendida) corresponden las categorías, mientras que a la sustantividad corresponden las dimensiones.

Es evidente que estos principios fundamentales están en la base misma de
lo que se podría llamar la Antropología filosófica de Zubiri pues la sustantividad inteligente será, precisamente, el hombre. Pero vayamos más lentamente:
La sustantividad es anterior, más profunda, que la sustancia o, como dice Zubiri, que la "subjetualidad". Si retrocedemos en la consideración de la sustantividad, la sustantividad biológica se constituiría en la confluencia de la independencia del viviente respecto del medio y cierto control sobre el mismo; el
viviente aparece en estado de equilibrio "entre" cosas, dinámi~ament~. Por eso,
Zubiri sostiene que su "tono vital" se muestra en la colocación (locus) y en
la situación (situs) que no pueden identificarse aunque el situs se funde en el
locus." A su vez, las cosas modifican el todo vital (suscitación) transfom1ándolo en tensión- "hacia", lo cual provoca la respuesta. Y ésta es el estrato primero de la sustantividad del viviente como "unidad de la independencia Y
",. M' b .
del control en la tensión que lleva una respuesta adecuada .
as a a.10
aún de esta tensión hay aquel "modo primario de habérselas con las cosas"
que es la habitud fundamento de la suscitación-respuesta; en la. hab'.tud las
cosas simplemente "quedan" en cierto respecto que es la actualizaczon cuyo
carácter es la "formalidad". Entonces, la habitud última, radical, depende
del tipo de viviente y son tres: nutrición, cuya formalidad es el alimento_:
sentir, cuya formaHdad es el estímulo y el, inteligir cuya formalidad es la realidad. Como se ve, tal es el medio del viviente que tiene su "entorno" como
dimensión sobre la cual se funda su "respecto"; y así el segundo estrato de la
27
sustantividad del viviente es esta habitud-respecto formal. El animal, pues,
recibe cierta estimulación ( o susceptibilidad) y, a su vez, "la liberación biolócrica del estímulo" constituye el sentir que reconoce los grados de la "susce~tibilidad", la sentiscencia" ( sensibilidad difusa) y la "sensibilidad". La
unidad en que consiste la sustantividad animal posee cierta clausura y las estimulaciones forman "recortes" autónomos que explican el comportamiento
unitario del animal. Y aquí aparece la diferencia radical con el hombre que
es una sustantividad hiper-animal pues la habitud radical del hombre consiste en "aprehender las cosas no como puros estímulos, sino como realida11

1t

SE., 157.

u;

El hombTe, realidad personal, p. 8.

• op. cit., p. 9.
~r

des"." Recuerde el lector que hace poco dije (con Zubiri) que la formalidad
del inteligir era la realidad y que la inteligencia era, precisamente, la capacidad de aprehender realidades; entonces, así como al sentir corresponde el
estímulo, al inteligir corresponde la realidad. Las cosas remiten a lo que
son "de suyo" 29 y entonces se ve que la habitud del hombre es inteligencia y
que el "conjunto de las cosas reales en tanto que reales... es el mundo, 3 º sobre cuyo carácter trascendental hablaremos luego. 3:t La sustantividad del
hombre es, pues, libre y abierta ( a sí y a las cosas) y no es "animal racional"
sino "animal de realidades 1'. 32 Pero, básicamente, la sustantividad del hombre,
en cuanto mera combinación funcional de sustancias mutuamente codeterminadas, es una estructura (unidad coherencia! primaria) que no se puede explicar por la doctrina aristotélica del acto y la potencia pues no l'!S el alma
( psyché) la que organiza el plasma germinal sino que es el plasma el que
modula el alma desde la concepción; luego, no hay unidad sustancial sino
unidad de estructura en la que "alma" y "cuerpo" son coextensivos; y esto
porque el alma es "versión- a" "un cuerpo" 33 ( corporeidad estructural del alma); y el cuerpo es "organismo-de" un alma; luego, el alma es "corpórea"
y el cuerpo "anímico". En pocas palabras de Zubiri: "considerado desde el
alma, el 'de' consiste en 'corporeidad'. Considerado desde el cuerpo, el 'de'
consiste en animidad. Tomadas a una ambas determinaciones, dirí3.mos que
la unidad del 'de' es 'corporeidad anímica'. 34 Y así como dijo Zubiri que, en
cuanto a sus actos, el hombre era anima!1 de realidades, en cuanto a su sustantividad es realidad personal. 35
Así se comprende a fondo por qué, en Sobre la esencia, la sustantividad del
hombre aparece como "apropiación de posibilidades 1' ; de modo que no es sujeto de, sino determinante de posibilidades (supra-stante) 36 hasta el punto
que solamente es sujeto-de cuando se ha apropiado de sus posibilidades. Y también se ve la superioridad y anterioridad de la sustantividad respecto a la sustancialidad ( aunque existan sustancias insustantivas como las que componen
un organismo). La sustantividad entonces, implica la individualidad estricta
(yo diría que es la individualidad estricta); de lo cual se sigue que no hay in28

Op. cit., 18.
Op. út., 19; SE., 416.
ª~ El homhre, realidad personal, p. 20.
31
SE., 42Q y SS.
" El hombre, realidad personal, pp. 21, 29; El origen del hombre, pp. 155, 159.
SE., 391-2; también 113 y ss.
33
El hombre, realidad personal, p. 26.
31
Op. cit., p. 28.
~ Op. cit., p. 29.
;IG SE., 159; El hombre, realidad personal, p. 22.
n

Op. C!t., 11.

79
78

�dividuación de la especie ( tal especie que, en el árbol de Porfirio, se individua
de tal manera) sino especiación del individuo; " desde este punto de vista, es,
.
table la clásica "contracci6n" de la especie al individuo. Lo que hay es
macep
.
1 · di 'd r d d es
la expansión del individuo. Resumiendo, lo sustanhvo_es a m . v1 ua1 ~
.tricta como suficiencia en el orden constitucional y lo msustant1vo es la msuh~·
ciencia en orden a la constitución.
. . _
Entonces, desde lo meramente singular a lo estrictamente md1v1dual, hay
una evolución progresiva. Zubiri explicitará este aspecto de s~, pensamiento
más adelante; por ahora, siguiendo el ritmo inte~or de su. refle~1on, basta con,
- 1
on e'l que el mundo material es sustantivo en su integridad; todos sus
senaar,c
,
.
• ·¿ d
·
l s
"fragmentosi' (partículas, átomos, moléculas) son sustant1v1 a es sm~~ arde
. . ll
t
nidad por aaregac10n e
(multiplicidad numérica) y Zubm ama, a es a u
, o
.
"
b'l' ,, de la materia"· ss luego (como se vio antes) apasmgulares esta 1 1zac10n
'
.
d
,
'
. , dº ºd alidades o combinaciones con mdepen enc1a y, a
recen estas cuas1-m 1v1 u
" . ¡· . , d
.
1 b
1 dº o y es lo que Zubiri llama v,ta ,zacwn. e
la vez cierto con tro so re e me 1
' .
t bl " (loe cit ) . por último nos encontramos con la estricta
la materia es a e
·
· '
.
• · ·, d ¡
·
•
• • •
•
• a0
a la "inteligzzacion e a aminstantivtdad md1v1dual, que ya vimos' o se '
. .,
.
.
t hablando la sustantivac1on de la realidad o
malidad". 40 Esta es, prop1amen e
,
realidad esenciada,

II
,
h
, dentro Metemos ( si puedo hablar así) el entro de
Debemos 1r, a ora, mas a
•
..
la misma realidad esenciada, cada vez más._Ya aclaró_ z~~m odportunla)mente
f' • (fíS1co como smonimo e rea Y no
f' . . d' 'd 1
que la esencia aparece como . a1go lSlCO
¿ l "momento lSlCO 1n 1v1 ua
solamente como algo conceptivo; se trata pues e
" d 1 "momento nuclear" no definible de la cosa; lo opuesto a la
en cuan t o t al , e
.
"
. . .
. d tal cosa La esencia entonces es moespecie abstracta y pnnc1p10 activo e
.
"f
ento entitativo" y el "conjunto de notas de algo en cuanto_ posee una l un-

{º~:~ ~:

:ón propia" individual, de orden cons:i~uci~nal, y ~ue _con~1~e
. 'dad esto es a la sufic1enc1a constituc1ona e a g .
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t "de la realidad sustantiva en cuan o a '
a:den::,e:::r:~li~:: ese:s:e::::nn:tas1 hay q~e d~stinguir entr_e notas _"cons~
Y_ co.
1 " 1
no lo son. las notas const1tuc1onales son siempre m-fun
tttuc10na es y as que
'

dadas o propiamente constitutivas. Ellas con momentos de la sustantividad pues,
a la vez, forman lo que Zubiri llama un subsistema que es como el corazón, el
momento formal del sistema mismo. En cuanto es uno en sí mismo, el subsistema
es el mismo núcleo formal de la sustantividad o, como dice Zubiri, es, precisamente, "el" sistema.42
Determinada así la esencia desde el punto de vista de sus notas constitutivas,
éstas, en sí mismas, son la ultimidad constitucional la cual es triple: factual,
individual e inalterable. En el primer sentido, la cosa tiene condiciones metafísicas intrínsecas que son la necesidad {notas fundadas en las constitutivas);
luego la contingencia (notas causales o adventicias) y la libertad.13 En este
orden, la esencia es absoluta y las notas esenciales son, por eso, absolutas ( absoluta) como suficientes para constituir un sistema sustantivo (autosuficiente).
A esto llama Zubiri lo factual como lo no fundado (in-fundado) en nada
intramundano "ni necesaria ni contingentemente. Lo absoluto es lo que es y
nada más; es simpliciter realidad y nada más"; el mundo está fundado en lo
factual, es un puro factum.. 44 Como ya se insinuó antes, la esencia es absolutamente individual en sentido estricto y, al mismo tiempo, los individuos se
diferencian entre sí, pero no se diferencian sino en la esencia.
Para Zubiri, la esencia física (real) es constitutividad intraindividual -1 5 y
tiene los caracteres de la "minimidad" ( que es un "mínimo de constitución"
como momento de las notas constitutivas intraindividuales); de la "ultimidad" ( que es la autosuficiencia de lo constitutivo) y de la "diferencia esencial" (que no es diferencia "de", recuérdese, sino en la esencia). Por tanto,
la esencia es ante-predicativa; es decir, es ante-predicativa la misma esencia
constitutiva y, por eso, es posible toda predicación. Luego, una cosa es la
esencia constitutiva (anterior) y otra posterior la tradicional esencia quidditativa que, a su vez, aparece sólo como momento suyo. O sea que la esencia
quidditativa debe expresar la esencia constitutiva, pero le es posterior; cuando se trata del qué de una cosa, podemos distinguir el conjunto de todas las
notas, el sentido de las notas que caracterizan la mismidad y el mínimo de
notas que tal cosa debe poseer; en este último respecto, la esencia constitutiva
es el conjunto de notas constitutivas (suficiencia en el orden constitucionalsustantividad); la esencia quidditativa (especie) es el conjunto de notas articuladas. Por lo tanto ( y esto parece fundamental) no hay diferencias "de"
esencias quidditativas sino diferencias en la esencia quidditativa pero dentro
de lo constitutivo individual. En otras palabras: El quid o esencia estricta
2
'

SI

SE., 166.

~

SE., 172.

:su

El hombre, realidad personal, p . 18.

.o

SE., 73.

u

SE., 186.

80

'

3

SE., 191-4.
SE., 204.

« SE., 209.
• SE,, 219.

81
HG

�implica el conjunto de notas, el sentido de las notas que caracterizan la mismidad, el núnimo de notas que una cosa debe poseer para ser real; en este
último sentido, la esencia es constitutiva o quidditativa (especie) .
Pero se puede entrar más. En efecto, cuando la esencia constitutiva se encuentra simplemente "replicada" en multitud de individuos, aparece la idea
de clase natural que se funda en la multiplicidad de individuos de la misma
esencia constitutiva, mientras que la especie (quiddidad) se funda en la multiplicación física de sus esencias constitutivas. 46 Por eso, los individuos son
"especiables" cuando sus esencias constitutivas son susceptibles de multiplicación y no sólo de "repetición". En el fondo, para Zubiri es esencial dejar
en claro que es la especie constitutiva la que se quiddifica, pues existen orga·
nismos que no son ni clase ni especie pero tienen esencia constitutiva: por
tanto, el primer individuo es "modelo" de los producidos y hace surgir la
constitución de una línea homónima que Zubiri llama ph,•lum, idea fundamental en el pensamiento zubiriano.
En efecto, la especie constitutiva es filetizable (especificidad ) ; entonces,
"la razón formal de la especie es la capacidad de pertenencia actual o virtual a un phylum". 61 Esto no excluye, sino que explica, la inespeciabilidad debida a la pobreza de notas constitutivas; se da también en los intentos frustrados de la naturaleza por constituir especie cuando la esencia constitutiva
existe pero no hay especie (esto sería la inespeciabilidad defectiva ) . Existe
también la inespeciabilidad perfectiva que solamente se daría en una esencia super-mundana. Pues bien: estas esencias inespeciables (inespeciabilidad
defectiva) existen: a) en la zona de la naturaleza inanimada en la que sólo
la materia tiene sustantividad, cuyas partículas tienen notas constitutivas
que, siendo meros singulares, se producen pero no filéticamente; b) en la
zona de la naturaleza animada cuyos seres vivos se multiplican de modo generante, constituyendo un phylum; o de modo sólo originante, cuando no hay
transmisión de caracteres quiddificables, así como las aves se "originan de los
peces" . Como se ve, los seres vivos tienen apenas una cuasi-individualidad
que progresa en la escala zoológica." Siempre se produce un proceso, una
evolución y, en ese sentido, las esencias constitutivas pueden ser ''especiables",
"meta-especiables" o "inespeciables". e) En la zona de la naturaleza humana
donde se da la estricta sustantividad individual y la unidad filética y especí- SE., 233.

SE., 23 7. Esta idea del phylum es esencial para la comprensi6n de la evoluci6n
41
gen~tica en el pensamiento de Zubiri: Cf. todo El origen del hombre (ed. citada) y
SE, 256 y ss.
d
SE., 239 y ss.

fica·"p t
'! ¡
dos 'moa:' 1:n:~:n:~ao ae thraº";brde els estricta especie, la única definible. De to'
,
ves e as tres zonas
" 1
d
cam~_nte transmisibles y perdurables por interf;c~snd~da~';'.1~; e notas genétiD1Je con Zubiri anteriormente que la esencia desd 1
.
sus notas constitutivas son la lf .d d
. '.
e e punto de VJ.sta de
dual e inalterable· en' cuant ~ ,mlt' abl colnst1tuc1onal que es factual, indivi'
o ma era e as not
( • ) .
constitutivamente en la . 'dad
' .
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'
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pues s1 deJa d
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re~/ sigue siendo "el" mismo. La i;alterabilidad n .e '.er
o . m1Smo, lo
mismo, la "oriuinación" d
.
conshtubva explica, por eso
o·
e nuevas esencias porque
d
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.
. ' "cuan
° se l"da1teran
las noy se nene
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d
todo reconoce una génesis constituyent
o a rea i .ª ; luego, el
miento de las esencias por eta. e,_ ~n p~ceso, que explica el "naci.
m
espec1ac10n o, sunplemente di h
z b' .
c o, por evo1uci6n metafísicamente concebida" p
lución esencial en la línea de l . oríf~So,, u in p~ede hablar de una Hevoo espec ico y el mismo mund
:~t~n(: ::::af;nt::to~:;sci~~::nEsta ~énesis es consti_tuyen~ ª:ª~:~:;~:
0
espíritu humano por transmut~ción
e. p~oceso ~enébc~ no produzca el
tinúa siendo verdad que la
. h ps1qu1smo animal, sm embargo, conesencia umana es 1 t, . d
zoológica" 112 En el f d d
e ermmo e una evolución
fundadas ~n precisa':e:te e este proceso, Zubiri muestra que las notas in'f' . '
,
por eso, {undantes de la sustantividad v
"!
1s1co
. , smo
. que es lo metafísico por excelencia".&amp;'
~ que o
En no se opone .a lo 'metafis1co'

¿~e

~:e:~

te se :~;;;::::::, ;
~ci\que la filosofía (y la teología) solamen0
desde el momento ue
e "om re actual; pero como se acaba de ver,
pedfico" es ciar q ~ ª?e_pta una evolución esencial en la línea de lo escomo ev~lución :~~:Ióg~~~n Eascteptca lat.etvolución desde el animal al hombre
·
o ons 1 uye el aporte d ¡ • .
..
y afecta a la filosofía.
.
e a c1enc11 positiva
1
tand
. ..
' o que parece mnegable es que el phylum h
o const.J.tu1do por la inteli encia (
umano, esanimales sino a realidades) h g
,(u,: responde no a estímulos como los
genética, debida sobre todo aª~~ :: ~ ' . ,una verdadera y estricta evolución
también al tipo de inteligencia; 11• d: : : : de las est~cturas. ~máticas", y
evolución genética intrahumana A , 1
que_ tamb1en Zub1n acepta una
• s1 os cuatro tipos d h b
mos como datos de la ciencia ( r· '
. .
e om res que conoce·¡· 1
p ,meros homm1zados -australopitecos u h
habi ts os arcentropos, 1os pa1eantropos y los neantropos) "se superponen"omo
pe• SE., 242; El origen del hombre p 155
• SE., 243.
' .
.
lit SE., 257 y SS.
a SE., 262¡ El origen del hombre p 147
ª SE., 273.
' .
.
._ El origen del hombre, p. 154.

83

82

�ro no estratificados sino que su sucesión "no es sólo sucesion sino verdade;a
·, g ne'ti"ca" 1&gt;s Aunque sea imposible saber el momento exacto de a
evo luc10n e
·
· ·
mi
"horninización" en los diversos tipos existe "un esquema constitutivo ~ra5 tido por generación" (phylum genético) y, en cuanto animales ~e reafrdades,
res 56 Al mismo tiempo hay diferencias peestos topos ya son verd a d eros· h omb •
,
ro estrictamente estructurales dentro de la unidad filética, de mo~o que, al
.
.
. .
d t d cada "tmo". Pero
no ser específicas tales diferencias cualitativas en ro e
. ~
r
a uí se ve claro ~uei si es así, las estructuras somáticas ~eterrnman la cua
d~d de la psique, cuya unidad es esencial y n~ substancial ( como de po_ten,
.
to) . por tanto hay evolución de los tipos humanos; o, s1 se quier~'
~;: :v:~uci6n humana ~s ... una evolución de las cualidades típicas d~( la_ un~.
a'ti·ca" s1 De donde se infiere que no es el hombre el amma •
,
,
d ad ps1co-som
.
l" si"no (como vimos antes) animal de realidades)· la razon aun no enrac10na
.,
b
,
to capacidad de argumentac10n abstracta, pero asta, para
tra aqm en cuan
. d ,, (" 1· en
"la capacidad de aprehender cosas como reahda es
inte ig ser h omb re,
·
0
. ) El hombre como "animal racional" es, apenas, el horno sapiens; co~
d~J· éramos el hombre actual. Pero, además de esta evolución deh rac10,
.
, )
¡
e el phylum umano
. . 'n (de la inteligencia a la razon es caro qu
.
nal1zac10
.
h
¡
de los pnmates
1
"está inserto en un phylum animal no humano, en e p y um
.
.
,, ss Es decir si la forma de los antepasados ''deterrmnan inantropomo rfos .
,
¡
. , de algunos momentos estructura es suyos,
trínsecamente, por trans f ormac10n
f
d
. d
t
'sta consei:va trans orma ala estructura de la nueva especie, e suer e que e
.
l . , 59
mente esas mismas estructuras básicas"' entonces hay estricta evo uc1on.

1:

~;3

M

Op. cit., 153.

" Op. cit., 156-7.
51

Op. cit., 159.

" Op. cit., 162.

d
etafísica
•
Esta idea si la contemplamos en el contexto e una ro
Op. cit., p. 163 .
'
l"d d
d' l escuentra en ella su fundamento
.
d
d la esencia como rea t a ra ica '
.,
mtramun ana e
.
d
tafísica intramundana, la evoluc1on es
'l .
"d de el punto de vista e una me
.,
, .
u timo:
es
.
.dditativas tienen una constituc1on genetlca
aquel carácter según el cual las esenci~s qm
n su contenido constitutivo son
.
la tienen precisamente porque e
a lo largo d el tiempo, Y
.
,.
es
sólo táxis orden, sino que es
á b't de las esencias espec1 1icas n 0
'
.
inalterables. El m 1 0
.
mero
hecho de que unas especies
.
.
r
Esta génesis no consiste en e1
,
,
'génesis esencia •
d ,
sino una 'generación equivoca, que
"d
r otras Esto po na no ser
. .
.,
estén pro duc1 as po
·
.
d todo lo contrario. La ortgmac1on,
. ,
.
p O no se trata de esto, smo e
, .
dirtan los antiguos. er
,
,.
át' ca' Cada esencia especifica surge
.
te todo un caracter sis 1em 1 ·
en e1ecto, tiene, an
,
.
c·es perfectamente determinadas y en
•
·
d una O vanas espe 1
no de otra cualquiera smo e
C d
.
specífica tiene una intrínseca 'poten.
t del tiempo
a a esencia e
h"
.
un preciso mamen o
.
·
,
.es se , n los momentos de su istor1a
cialidad evolutiva'' muy variable segu~, l~s espec1 m!ra;.nte biológicd' ( SE., 256).
natural. Es para mí un concepto met lSICO y no
,
5

11

El hombre, su momento mismo de hominización "es evolución de los homínidos prehumanos al homínido hominizado".
El hombre, como unidad psico-somática, emerge evolutivamente de un homínido pre-humano; lo cual no sólo se opone a la creación sino que la exige
pues la creación no es una intervención exterior de Dios, sino intrínseca, determinada por y desde la misma transformación de las estructuras germinales; luego, ªla creación no es una interrupción de la evolución sino todo lo
contrario) es un momento, un rmecanismoJ causal intrínseco a ella" (subrayado mío) .60 Las estructuras bioquímicas del plasma germinal son, virtualmente,
"una causa exigitiva de la psique humana"; la psique es exigitiva de un cuerpo ( de este cuerpo) y el cuerpo exige a su vez una psique intelectiva y este
momento exigencia}, que es unidad, es la "unidad esencial de la sustantividad
humana" . Así pues, es en este momento cuando el equinodermo, en cuanto a
su potencia evolutiva, se hace exigitivo de la hominización, es decir, de la psique intelectiva. Si la hominización es "exigencia biológica", es claro que "su
psiquismo sensitivo es producto de una evolución que arranca, por lo menos,
del psiquismo del equinodermo, pero que sólo en el homínido transformado
se hace actualmente exigitiva de un psiquismo intelectivo". 61 Aquí aparece el
homínido sentiente de la realidad (hombre) que aparece por creación y es
por ella que existe evolución; la creación es exigencial-intríns'eca como "acción que actúa intrínsecamente ( ab intrinseco) desde la entidad misma de
las estructuras somáticas". 62 Es verdad que la psique no es transmitida por
los padres "pero" florece vitalmente en el acto generacional desde dentro de
la transmisión y constitución exigitiva de las estructuras somáticas"; de tal
modo que "esta eflorescencia procede en su última raíz de una acción creadora, pero intrínseca a la acción genética de los progenitores". 63 A esta gran00

El origen del hombre, pp. 166-7.
Op. cit., p. 169.
s Op. cit., p. 170.
ª Op. cit., 171. Léase este perfecto resumen de su pensamiento: "La evolución es
un hecho establecido razonablemente por la ciencia. Y admitir la evolución no significa conceder, por un lado, el hecho de la transformación de las estructuras somáticas y
mantener, por otro, a la psique como algo que quedara inafectado por la evolución. No;
la evolución afecta a la psique. Le afecta, ante todo, en su "tipificación"; la humanidad se va constituyendo evolutivamente a través de diversos estadios cualitativamente
diferentes no sólo en su morfología sino también en su psiquismo. Y la evolución afecta también a la psique en la primera "hominización". La psique humana sólo puede
florecer de muy precisas estructuras morfológicas, las logradas por transformación del
plasma germinal del homínido no hominizado. Más aún, la psique humana no puede ser humana más que incluyendo como momento esencial suyo el psiquismo animal,
pero no un psiquismo animal cualquiera, sino precisa y constitutivameste d psiquismo
transformado del homínido inmediato antecesor suyo. Y esta unidad psico-somática se
m

85

84

�diosa concepción de la evolución armónicamente pensada con el acto de creación le llama Zubiri "creación envolvente" pues, desde Dios, hay ºvoluntad
de evolución genética'' .641

III
Este riguroso desarrollo lleva a Zubiri a la necesidad de resolver el problema de la unidad misma de las notas pues todas ellas producen la actualización de la unidad esencial; cada nota está de antemano "vertida" a las demás porque, primariamente, anteriormente, hay unidad primaria del sistema;
por tanto, la unidad esencial (importante para fundamentar a fondo incluso
el tema de la evolución genética que acabamos de ver) es intrínseca y primaria. Cada nota es "versión" hacia las demás y, cuando se dice ''nota-de",
el de es la versión intrínseca y el carácter constitutivo de la "versión" es la
respectividad como momento pre-relacional, ya sea la respectividad externa
(el mundo) o la respectividad interna (la misma versión)." Así, estas notas
no lo son de un sujeto sino de un sistema que forman por sí y directamente;
por lo tanto, solamente las notas constitutivas son "notas-de"; son coherentes o eo-hieren con las demás; luego, la unidad es unidad coherencial que es,
precisamente, la razón formal de la unidad esencial.'" Esta unidad coherencia! es la unidad constitutiva que no excluye la unidad quidditativa, la cual
es ( según vimos) un momento suyo. Y aqui reaparece el gran tema del proceso genético ( o evolutivo) pues esta unidad constitutiva (coherencia!) es
el esquema constitutivo que es el phylum trasmisible, precisamente, en el proceso genético. Las notas generan.tes forman el subsistema generante dentro
de la esencia constitutiva; este subsistema (cuya noción vimos antes) es el
generador de los individuos (es, dijimos, "replicable"). De modo que la unihalla determinada intrínsecamente por y desde la transformación .de las estructuras.
Correlativamente, la evoluci6n necesita integrar a ella la aparici6n de una psique intelectiva que es esencialmente irreductible a la pura sensibilidad" ( Op. cit., p. 172).
" Op. cit., p. 173. Zubiri aclara -aunque su aclaración no era casi necesaria pues
se sigue de los mismos supuestos de su pensamiento-- que el hombre del cual se ocupa la Teología no es, forzosamente, el de la paleontología j en verdad, solamente se
ocupa del homo sapiens elevado al orden sobrenatural "elevación no exigida pero sí
intrínseca". Y ese momento no tiene que coincidir necesariamente con la aparición dd
primer animal racional: "en su hora, el animal racional, el horno sapiens, ha sido elevado a ese estado teologal, constituyendo así el hombre de que nos habla el Génesis y
del que desciende toda la humanidad actual" (Op. cit. 1 p. 173 in fine).

• SE., 288-9; 297.
"SE., 298.

t!ad filética es la unidad propia de la esencia quidditativa dentro de la esencia constitutiva como momentos, cada una, solamente diversos con distinción
de razón .. Así pues, la unidad esencial es la unidad coherencia! primaria de
lo real m1~0. Pero, como ya se dijo, esta unidad es anterior a las notas y
las funda; ninguna de ellas tiene sustantividad porque son precisamente "not as-d"
, . absoluto que es presente al, término "construc'
e • H ay pues un termmo
to", pero le es presente como previo a él. A su vez, la esencia como sif)tema
de notas es solamente realidad sida ( como un pasivo presente). Eso como sistema de notas pues, como unidad de notas constitutivas es realidad como ser•
pero "~r" Y "sido" son momentos de la actualidad, nunca del devenir. La;
notas tienen pues, una exigencialidad hacia la unidad previa y la esencia es
por ello, "la actualización entitativa de su unidad coherencial'',GT
"

Co'.°o se ve, 1~ _e5:ncia quidditativa_ ,º realidad verdadera exige un lagos
antenor a la defm1c1on o a la ahrmac,on predicativa que Zubiri llama f .
•• ,
.
68
• •
.
•
'
~ro
posici.on _esenct~l;
la propos1c16n esencial, simplemente, enuncia la esencia
constitutiva dejando abierta la posibilidad de predicados posteriores y, precisamente po~ ello, es .proposición "abierta". Entonces, no es verdad que sólo
sea cognoscible lo universal porque las proposiciones esenciales lo son de una
realidad individual (la esencia constitutiva) y este lagos ante-predicativo sellama logos nominal que es denominación afirmativa de lo real." O sea que·
la esencia se conceptúa "en función de la 'constructividad' intrínseca" en
cuanto la esencia es usistema de notas intrínsecamente constructo" y por eso taT
1~gos es "!ogos nomma
· ¡ constructo,, .10 La esencia pues, yendo más adentro
'
'
todav1a, es lo que hace que lo real sea "tal", tal como es; y esto, en el orden de·
lo constitutivo, es lo que Zubiri denomina talidad que es el "contenido-de" de
las "notas-de"; pues tal contenido hace a la esencia "tal" esencia. La esencia,
por e_so, en este orden, es "auto-suficiencia talificante".7 1 Las notas talifican
la umdad esencial y la unidad es la razón de la misma talidad · en este orden
e_l t~o es limitado y esta co-limitaci6n mutua de las notas es Ía clausura ( ta:
htat1va) de la esencia. Más todavía, el todo coherencial que vimos es clausura dclica porque cada nota es de todas las demás, exigencialmente. En este
sentido, la esencia es el modo de estar "construida" la cosa real como "tal".

SE., 342.
• SE., 348 y ss.
• SE., 353.
" SE., 355.
" SE., 360.
u

87
86

�IV
Así pues, este orden de la realidad en cuanto realidad simplemente (por
encima de cualquier talidad) es el orden trascendental. En este orden, las co'Sas reales son como algo "de suyo", en y por sí mismas antes de semo_s prese~tes.
Naturalmente no se trata aquí de lo trascendental según el idealismo ni según la escolá;tica; pues, para el primero, lo trasce~dental es ,ila posición del
yo puro"; al poner la idealidad en la trascendentahdad, l~ trascendental aparece romo la realidad en cuarto objeto (objetualidad); mientras que, para la
,escolástica, lo trascendental es el ser pues inscribe el ser dentro de la tras&lt;eendentalidad. Para Zubiri, tanto en uno como en la otra aparecen mezcla,dos los conceptos de "ser", "realidad" y "existencia" que es menester es_claiI'CCer {como ya veremos). Lo trascendental es "aquello en que to~o conv1~ne
independientemente de su talidad" 72 y aquello en ~ue _todo. co~,v1ene es: JUS•
tamente, la realidad; la cosa actualizada en la ~ntehgenc1a como siendo
"de suyd antes de estarnos presente"; 73 tal es la ~eal1~ad de q~ e se trat~, es de1
. 1 cosa como siendo "de suyo" 74 es la apar1enc1a y este de suyo es ancir, ª
.
.
•u
"
· "
"
· no ex se
•
te rior a la esencia y la existencia no siendo m per se .dmd" a75 se si ,
e
Luego, la existencia y la esencia "presupone~ la ~e al 1 a
. por mas qu
yo pueda posteriormente considerar lo real ex1stenc1al o esenc1alm~te. Sen'' de sztyo"; m es extraa ·11am"'"'te
- , en el orden trascendental, la realidad es lo.
. . M.
· ·s-d ni es el esse escolástico "flotando" entre ex1stenc1a y esencia. 1enanuruua ,
. .
rd d
l
tras en la escolástica la realidad es un tipo de ser, en Zub1n la r~a 1 a e~ ,ª
forma primaria de ser. Por lo tanto, llegarnos así a lo qu~_ constituye, ~mza,
la afirmación capital de la filosofía de Zubiri: que la realldarl es anterior al
ser,1ª pues es precisamente, el prius, lo "de ~uyo". En~onces el ser Y.ª n~ es
e l " ens commune" y anter,·or sino la actualidad ulterior de la realidad, o,
. zub"1n,· "la actualidad de lo real en el mundo es lo que .formalcomo d ice
" er" n s·, la cosa no fuera el "de suyo", semejante actualidad no
roen t e es e I s •
·
¡
sería (el inteligir Ja cosa). Por tanto lo trascendental no es el ser, smo o
real. Si la rea/,idad es la cosa como un "de suyo", el ser es el acto ultenor de
"
l
, , " 1s
lo ya real y el ente es lo ya rea en cuanto es .
11

SE., 388. Sobre la crítica zubiriana al

"d 1·
a la escolástica, ciertamenteea 1smo Y

1

importante, cf. SE., 373-388.
" SE., 395.
" SE., 399.
" SE., 400; 409.
" SE., 410.
u SE., 433.
SE., 435: "ente es sólo la cosa real qua actual en respectivi18 SE., 413 Además:

Ahora se ven los fundamentos por los cuales el inteligir no es intelección
ni de la objetualidad (idealismo) ni del ser, sino de la realidad. Por eso,
dije antes con Zubiri que el hombre es animal de realidade,. El hombre está
abierto a las cosas por la sensibilidad ( a las cosas estímulo) y por la inteligencia es abierto a las cosas como "realidades"; 79 lo formal de lo inteligido
es la realidad, pero tal realidad es primariamente también sentida. Por eso
'Zubiri habla de una "inteligencia sentiente" que significa que sensibilidad
e int';!ligencia son una estructura metafísica aprehensiva única, que es la
'"aprehensión sen tiente de lo real,, .80 O sea que la realidad es dada, primaTiamente, bajo forma de "impresión" (impresión de realidad) y esta impresión de realidad "es constitutivamente trascendental" más allá de toda especi-ficidad. El primum cognitum zubiriano es "lo real sentido" ( primer inteligi•
ble); luego, "Aquello, dice Zubiri, que primera y formalmente es inteligido
:sentientemente, y aquello en que se resuelven todos los conceptos de la inteligencia, no es ente sino realidad,,_ 81
Así pues, si miramos a las cosas como tal cosa determinada, miramos el
-0rden de la talidad; pero si las miramos en cuanto reales, nos instalamos en
el orden trascendental. Lo trascendental mismo es lo real (res) que implica
dad, en mundo. En definitiva, mundo es el primer trascendental complejo, y la propiedad de la cosa real según este trascendental completo es el 'ser' " .
19
SE., 413-14; "El hombre, realidad personal, p. 11: "las tres habitudes más radicales, las tres maneras más radicales de habérselas con las cosas : nutrirse, sentir, inieligir, En ellas quedan actualizadas las cosas según tres formalidades: alimento, estímulo, realidad". Op. cit., p. 18: "la capacidad de habérselas con las cosas como realidades es, a mi modo de ser lo que formalmente constituye la inteligencia. Es la habitud radical y específica del hombre. La inteligencia no está constituída, como viene diciéndose desde Platón y Aristóteles, por la capacidad de ver o de formar 'ideas',
sino por esta función mucho más modesta y elemental: aprehender las cosas no como
·meros estímulos, sino como realidad''. Op. cit., p. 21: "el hombre es ciertamente un
animal, pero un animal de realidades". Además, El origen del hombre, p. 155; también, p. 159: "la inteligencia no consiste formalmente en la capacidad del pensamiento
;abstracto y de la plena reflexión consciente, sino simplemente en la capacidad de apre_hender las cosas como realidades. Animal inteligente y animal racional son, pues, cosas
distintas; éste es sólo un tipo de aquél" . Op . cit., p. 169: "la inteligencia es capacidad de
aprehender las cosas como realidades, como cosas que son algo 'de suyo'; y esta realidad
la aprehende el hombre intelectivamente sintiéndola; la inteligencia humana es cons·titutivamente sentiente, siente la realidad, y la siente al modo como el homínido siente sus estímulos: por impresión". También SE., p. 416: "Aquello que primera y formalmente es inteligido sentientemente, y aquello en que se resuelven todos los conceptos de la inteligencia, no es ente sino realidad. Contra lo que la Escolástica postclásica
viene diciendo desde hace más de medio siglo, la inteligencia no es 'facultad de ser',
:sino 'facultad de realidad'" .
M SE., 414 y 452.
81
SE., 416.

89
88

�una "estructura trascendental de la realidad" que consiste ya en "'propiedades trascendentales", ya en "funciones trascendentales" pues función sería
aquello "por lo que una talidad constituye las propiedades trascendentales de
la realidad".82 Las cosas reales "de suyo", en y por sí mismas, son los trascendentales simples ( res y unum) ; pero las cosas reales "de suyo" también son
respectivas y tales son los trascendentales complejos, ya sea disyuntos ( mundo), o conjuntos ( aliquid, verum, bonum). Pero vayamos por parte para explicar esta división: La realidad es pues una estructura trascendental determinada por la talidad en función trascendental; mas previamente es preciso
decir que esta estructura se determina por "vinculación de cada cosa con ]él$
demás" formando una totalidad intrínseca ( no por adisión) . A esta totalidad
por la cual todas las cosas reales en cuanto reales están vinculadas entre
sí, llama Zubiri respectividad, idea fundamental de toda su filosofía; la res-•
pectividad funda toda relación pero nv es una relación; es una anterior e intrínseca vinculación de todas las cosas ( totalidad intrínseca); es decir que la
realidad, como formalidad absoluta, consiste en este estar en respectividad cada cosa real con todas las otras cosas reales en cuanto reales. Esta idea atraviesa toda la obra de Zubiri 83 y le da un carácter muy propio. En efecto, la.
respectividad, en el orden de la talidad o respectividad talitativa, es el cosmos; en cambio, la respectividad en el orden de la realidad en cuanto tal
es el mundo.84 Como se ve, puede cambiar el cosmos, pero siempre sería el
mismo mundo ( desde que es real). El mundo entonces es "un carácter trascendental de la realidad en cuanto tal"; más aún, es el primer trascendental
complejo (según vimos antes) que no sería sino la "respectividad de lo real
qua real". 85 De modo que toda la estructura trascendental tiene su fundamento en los dos trascendentales primeros que son realidad y mundo; reaparece
aun con mayor claridad que el ser el estar en respectividad con las demás
cosas reales como reales; 86 de donde se sigue, nuevamente, que mientras la
'"SE., 425; también, la aguda crítica a los trascendentales: p. 417-23.
" SE., 426, 432, 434, 338. Ademú, mis adelante, considero otros textos sobre Jo .
mismo: 203, 205, 287-8, 181, 198-9, 291, 316, 318, 335, 386-7, 422 y ss., 492.

SE., 427.
.. SE., 429.

14

'" SE., 433. Léase este perfecto resumen de la doctrina zubiriana: SE., p. 432: "el
orden trascendental es el orden de las cosas reales en cuanto reales, esto es. como algo 'de suyo'. Estas cosas son 'de suyo' en y por sí mismas; son los trascendentales simples (res y unum). Y son también 'de suyo' respectivas; son los trascendentales complejos, bien disyuntos (mundo), bien conjuntos ( aliquid, verum, bonum), de los cuales
éstos se fundan en los disyuntos. Esta es la estructura trascendental de h realidad,
una estructura determinada por la talidad en 'función' trascendental. Esta estructura
trascendental reposa, pues, sobre dos trascendentales primeros: realidad y mundo•
trascendental simple aquél, trascendental complejo éste". Cf. también p. 449 donde..

90

realidad es "formalidad absoluta" 1
"
rior a la realidad
" ' e. ser es un carácter respectivo",ª7 ultemino Zubiri esclar;~ei:;rc:~ep:tduah,~ad mundana de lo real". Por este cae iempo que sería sólo "mod0 ,, d
d
manera que el "es" "fue" " , ,.
e ser, e
'
' sera ' expresan modos segun' l
al
respectiva. Con ¡0 cual puede
.
os cu es la cosa es
'
conc1wrse con Zubiri
al"d d
y ser, constituyen "la estructura d 1
'
d
,88que re i a , mundo
e o trascen ental"
C
¡
que Zubiri intenta ir mucho más allá
H "d
.
on o cual parece
dría de la nada. no se ,
que e1 egger pues el ser no provenel contrario, ex ~ealitat;;it::~~r~aq~:I e~:;;i ex..nihilo fit sino que, "por
pectos de la cosa" .89 po
al ad .
n, un respecto entre N res'
r IO cu n a tiene que ver 1
¡D ·
hombre sería el "pastor" d 1
e ser con e asein ni el
prensión del ser sino el m:i:~;rque no. ~aracterizaría al hombre la comrealidad) .
aprehens1on de las cosas ( aprehensión de
Por un lado entonces el
l
•
.
pliciter "de suyo" allende t r no ~s o rnm~ro Sl~O la realidad: 90 Es lo simro que el comie~ absol ta ese/nc1aaly a ex1stenc1a en sentido clásico; es clau o es o re como tal y esta est t
tal primaria implica la "limitación
"
_ruc ura trascendenmo (lo "de suyo"). como . d""é trascendental o caducidad de lo real mis'
si 1J ramos con Zubiri
¡ uf" • .
plenaria de lo real La realidad
•' ,
• que es a s 1c1enc1a no.
p 1enana sena Dios que
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1
no es ser ya que el ser es . t
d
.
' por ser o, por ser Dios,
m ramun ano Por cierto
b ¡
blando, solamente Dios es la , . R !:dad
que a so utamente ha.
umca ea I
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1 R .
~tada; entonces aquí se habla, cuando se habl do 1comod a calidad no-limtramundano que deJ·a abiert 1
.
a e ser, e un trascendental
0 e camino a Dios obJ"et0 d
, •
transmundana s· ¡
.
,
e una metaf1S1ca
dentalmente ~n ~l :t:.~:c1a, e:tonc~s, es, un constructo estructurado trasceny el "suyo" , 1 '.
suyo e~ e caracter de realidad de lo real como tal
es a misma pertenencia de lo re 1 , •
incomunicabilidad de lo real y esto . a a s1 ~1smo; en esto consiste la
mismo lo es a su m d
.d
nusmo, es decir, este pertenecerse a sí
. .,
o o en ca a caso ( el modo propio de ser "su o")
es 1a. const1tuc1on trascendental m
. d"iv1"dua1. Corno vimos e5t
y . .y esto
. .
d
,
a esencia md1vid uahza todas las nota lte .
dad). A s
la
s u . no~s,. to o cuanto de ella dimana (individualiu vez,
cosa es mtenondad ( es "de suyo" desd , .
----,
e s1 misma, lo que
~specto de Heidegger, dice: "realidad no es sólo el 'de
'
lidad en respectividad trascendental y esta r s t" 'd d suy? de cada cosa, sino reatra.cendental. El mundo es el brill~ en func:pe~ 1v1 a es JUSt~ el mundo en sentido
luz. y la actualidad de la cosa real en 1 ; n_ e entorno luminoso, de -:laridad, de
como 'de suyo' (brillo) es el f da
a candad ~e la luz: es el ser. La realidad
la actualidad de la cosa real enun tam;nto de la realidad como iluminadora (luz); y
n SE., 434, 410.
es
uz, en el mundo, es el ser".

"'SE., 437.

• SE., 450.
• SE., 458.

91

�es) y la interioridad autoplasmada es la exterioridad, lo cual constituye aquello que Zubiri llama dimensión . Pero entonces, la diversidad talitativa respecto de la diversa función trascendental es lo que el filósofo denomina la
tipicidad de la esencia. Esta esencia es cerrada en su mismo carácter de realidad, menos la esencia intelectiva ( como ya vimos antes) que es "abierta" a
-su mismo carácter de realidad. Por eso, aunque trascendentalmente cerrado,
es abierto a los estímulos ( no a su carácter de realidad) ; en cambio, el hombre
91
,es "suyo" reduplicativarnente. Y este acto segundo de poseerse es vida. Es
el modo de ser suyo por el cual es persona y, por tanto, "intramundanamente
92
es la única esencia ( el hombre) que es persona" . En este sentido es ani-mal de realidades o "animal personal"; más exactamente, "desde el punto de
vista de sus actos ... es animal de realidades; intelige, decide libremente, es
sui juris; y por esto tiene carácter personal. Pero desde el punto de vista de
,su sustantividad, el hombre es una corporeidad anímica, y es por esto una
realidad personal". 93 Por último, Zubiri medita el carácter principal de la
94
•esencia y si "principio" es el "de donde" de algo en el sentido de "de suyo" ,
la esencia es principio de la sustantividad, pero principio "estructural"; de
· "d ad" .95 As1' conc1u,donde, la esencia "es principio estructural de 1a sustantiv1
ye Zubiri este primer momento ( a mi parecer) de su investigación que pone,
-¡,rimero, "el problema de la estructura radical de la realidad y de su momento esencial" ,96 Pero también Zubiri ha puesto las bases, diría los cimientos, de
una filosofía completa cuyas lineas fundamentales podemos perseguir.

sobre la metafísica de la esencia como principio estructural de la sustantividad
~s dec~r, d_e, lo propiamente mundano. Por ta~to, para Zubiri "queda en pie un¡
mvestigac10n transmundana; pero esta última caería en el vacío si no se apoyara
en una filosofía primera intramundana". 97 Por eso, en determinado momento
dice Zubi~i: "estamos intentando una metafísica intra-mundana y, por.tanto, 1~
que necesitamos saber es si existen y en qué forma existen esencias inespeciables en el mundo".98 Y bien, Sobre la esencia podría haberse titulado "metafísica intr~mundana" desde que es metafísica de la realidad respectiva) que
debe explicar, como tarea previa, la actualidad intramundana de lo real que
es el ser y el mundo como trascendental primero de la realidad. Para esto,
para que semejante metafísica intramundana fuera posible, Zubiri ha debido
penetrar dentro de la estructura interna misma de lo real anterior a toda
predicación (Iogos nominal ante,predicativo) ; y semejante anterioridad lo
instala en la esencia constitutiva cuyo moroso análisis he intentado mostrar.
Pero u~a metafísica intramundana planteada así, implica nada menos que
la necesidad de asumir la contribución de la ciencia positiva en su totalidad
y Zubiri es uno de los pocos hombres actuales capaz de llevarla a cabo.
. ~or debajo de toda esta investigación laten ciertas ideas madres (sustant1v1dad, esencia como constructividad, etc.) las que suponen, a la vez la ant~riori~ad ab-soluta de la realidad (lo trascendental primario) y la respectivz~ad mtra-m~ndana del ser como acto ulterior de lo real. Esto permite explicar la esencia, en su carácter constitutivo, con la interna explicitación de
M

V
Estos fundamentos a los que hago alusión, constituyen, en sí mismos, una previa investigación intra-mundana. Semejante investigación es e$encialmente metafísica, desde que lo "físico", para Zubiri, es lo metafísico; y por el hecho que
esta investigación sea previa, en modo alguno significa que sea meramente provisoria. Porque se dice provisorio a aquello que luego de servir a detern:iin~do
fin, debe desecharse o superarse; por el contrario, es previa ( y ~o prov1sona)
porque una metafísica transmundana será necesariamente ultenor y asentada
" SE., 504.
uz
m

SE., 505.
El hombre, realidad personal, p. 29.

H SE., 511.
"SE., 517.
" SE., 6.

92

SE., 210.

n SE., 237-8; ibidem, p. 208: " .. .lo factual no está fundado en nada intramundan~ ni neces~ria ni contingentemente"; 210: "Todos estos caracteres, y ante todo la fac~.uahdad, ~on mtrarnundanos. Queda en pie una investigación transmundana"; p . 237-8 :
estamos mtentando una metafísica intra-mundana y, por tanto, lo que necesitamos sa~er es si exist_en y en qué forma existen esencias inespeciables en el mundo; esto es, qué
tipo de esencia poseen las realidades del mundo"; p. 256: "desde el punto de vista de
u~a metafísica intramundana, la evolución es aquel carácter según el cual las esenc~as quidditativas tienen una constitución genética a lo largo del tiempo"; 303: "tratandose de una metafísica intramundana nos encontramos con que las realidades más importantes del mundo, en cuanto realidades ... poseen rasa'', (se refiere Zubiri al concepto de la esencia como simple "constituir", de la metafísica de la India); p. 340: "el
~rigen de las cosas intramundanas es siempre procesual"; p. 370: "todas las esencias
mtra~undanas poseen este carácter de clausura cíclica en su unidad de talidad"; p .
430, s1 nos referimos a Dios, "es formalmente extramundanal"; p. 436: lo fuera del
mundo no ser~a "ser" ni tiempo: "Una realidad extramundana es un extra.ser, y es
por esto esencialmente extratemporal : Es "eterna"; p. 463: "de hecho todas las reali•
dades int~am~ndanas son, en una u otra medida, caducas"; p. 467: Zubiri hace notar que
las esenaas mtramundanas son "limitadas" y, por ahora, debemos referirnos sólo a
ellasj_ p. 505: dentro de lo intramundano, el hombre, "intramundanamente es la única
esencia que es persona". Cf. también, SE., 472, 494, 474, 493, 513·14.

93

�sus notas como "versión-de" ( por ejemplo) que es, justamente, "respectividad". Y así sucesivamente toda la realidad respectiva.
Entonces, la respectividad no es, como advierte el propio Zubiri, una relación, sino "el momento pre-relacional y constitutivo de aquello que es respectivo. La cosa no "está" en respectividad con otras sino que "es" constitutivamente "respectiva". 99 Y si la cosa es respectiva en su esencia constitutiva, la
esencia constitutiva ( aunque parezca redundante) es respectividad pre-relacional; y si la cosa es la realidad radical (lo entitativo y constitucional mismo) entonces "toda realidad es . .. 'respectiva'." 100 Por eso dije más arriba
que esta idea está en la base del sistema pues, si vamos más adentro todavía y
valiéndonos siempre de los- mismos textos de Zubiri,101 es claro que la respectividad no sólo es intrínseca a la cosa, sino que es 'condición intrínseca para que
ella pueda tener realidad" .102 De donde se sigue claramente que la respectividad interna es respectividad de las notas mismas siempre que estas sean entendidas como "versión-hacia" lo previo de la cosa. Y entonces, la respectividad tiene vigencia en toda la realidad intramundana que es como decir la
realidad respectiva; en otras palabras, el ámbito del ser como actualización de
la realidad. A su vez, si abandonamos el orden trascendental para dirigir nuestra atención al orden talitativo, entonces la respectividad es "respectividad del
'en' de la unidad respecto 'de' las 'notas'." 103 Por fin, la respectividad abarca (si se me permite la expresión algo impropia) a la esencia como constructividad y a la sustantividad como la autosuficiencia constitucional. Por tanto,
solamente se evade de ella (y debe ser así en los supuestos zubirianos) una
Realidad irrespectiva que es como decir supermundana.
Fíjese el lector que, supuesta la anterioridad abs-soluta de la realidad sobre el ser y la respectividad pre-relacional (y pre-predicativa), se comprende a fondo por qué hay un 11 respecto coherencia!" entre los individuos que
constituye su "unidad filética" puesta en la base misma de la genial idea de
la evolución genética coincidente con lo que el propio Zubiri llama "creación envolvente" y que he expuesto más arriba. 104 De modo que el esquema
1

SE., 287-8.
l09 SE., 181.
JOl SE., 199.
l(R SE., 335.

N

•~ $E., 492.
~ Es naturalmente explicable que, espontáneamente, el lector relacione el pensa•
miento de Zubiri acerca de la evolución con la idea de evolución en Teilhard de Char•
din, para quien hay una "evolución continuada", como se sabe; quizá se puedan en•
contrar analogías de importancia, por ejemplo, en la tercera parte de El fenómeno hu•
mano sobre lá "hominización del individuo" y el "paso filético" de la hominización
de la especie. No me atrevo, por ahora (pues espero más adelante intentar un estu•

94

constitutivo, el phylum evolutivo es, también, respectividad. Considérese también el. val~r que_ ~sto tiene como asimilación coherente de las investigaciones
de la ciencia positiva Y que Zubiri hace ingresar a su sistema con meticulosa
preci:ión ; ~erfe~ta congruencia. Es verdad que todo esto puede discutirse
(la filosofia 1mphca esto en su misma naturaleza) pero deseo más bien ha..
'
'
cer una positiva valoración desde lo interno. Y recordar que el propio Zubi~, hace muchos años, ya había afirmado enérgicamente, refiriéndose a la física contemporánea, que "la ciencia positiva no es más que el reverso de
la
t l , ,, ios S
d. . ,
on o ogia •
u me itacion sobre la esencia parece ser la resouesta a
aquella cuestión pues se trata de una metafísica (el enverso) que po;e al descubierto las est;1~tur~ donde ha buceado la ciencia positiva. Desde aquí,
~e:de esta_ metaf1S1ca mtra-mundana ( que por sí sola es cierto todo) se justifica segmr el camino hasta completar una metafísica total.
También el lector se habrá preguntado, tratándose del filósofo de la "religació~" y la fundamentalidad,1° 6 si el Zubiri actual hace un "lugar" al tema
de Dios. Pues todo ello está más o menos implícito en su meditación sobre la
esencia; pues si toda esencia es ex se (según vimos) únicamente una Realidad _plenaria p~ede ~era se; por tanto, la aseidad es el carácter de Dios cuya
plemtud no es identidad de esencia y existencia, sino "la suficiencia plenaria
en or~en a la realidad". 107 • Por eso, Dios es "la" Realidad que, respecto de la
e.senc1a Y la existencia, "como realidad está 'allende' esta dualidad y esta iden:1dad: es el 'de suyo' plenario".108 Entonces, si es el "de suyo" plenario y lo
mtramundano es formalmente limitado "en y por sí", se sigue que "la limitación intrínseca y fonnal es la razón adecuada de la necesidad de una causa primera" ,1° 9 como dice ocasionalmente el propio Zubiri; a lo que habría
que agregar, con sus mismas palabras, que la constructividad intrínseca de la
esencia "conduce a la posibilidad de una esencia extramundana esencialmente simple". 11 º Y, como se recordará, cuando expuse el tema de la especie constitutiva como filetizable (especiable) dije que la inespeciabilidad dedio comparativo) a ir más lejos, salvo señalar el hecho. Unicamente podría adelan.
tar que, como era 16gico pues Teilhard no es estrictamente filósofo, el penumiento de
Zubiri es más filosóficamente coherente. Habría que hacer otro tipo de confrontacio•
nes además de la filosófica. Por otra parte, no existen concomitancias intrínsecas con
el pensamiento de Bcrgson sobre la "evolución creadora"; el propio Zubiri se encar•
ga de hacer la distinción cuando dice que su concepto de evolución implica más bien
la idea de una, "creación envolvente" (El origen del hombre, p. 173).
,
'
105
"La I'd ea d e naturaIeza: Ia nueva f'.
'
1SJca" , en N aturaleza, Historia,
Dios, p. 293.
1
"
Cf. "En torno al problema de Dios", en Naturaleza, Historia, Dios, pp. 329•361.
101
SE., 466.
1
°' SE., 468.
•• SE., 473.
llO SE., 474.

95

�lectiva ( cuando no hay especie) no excluía una inespeciabilidad perfectiva,
pero que tal inespeciabilidad sería propia de una esencia super-mundana que
es, precisamente, Dios. Habrá que ver, en los futuros escritos de Zubiri sobre

este tema, hasta qué punto mantiene la tesis de la fundamentalidad de Dios
que implica mi estar re-ligado; más aún implica que "el hombre es radicalmente religado". 111 Pero la solución o el desarrollo de estas posibilidades requieren una metafísica de lo supramundano que completaría ( si puede decirse así) una metafísica total. Yo creo que Zubiri ya lo tiene todo pensado. Solamente nos queda esperar.

Por último, si se reflexiona sobre el modus philosophandi del filósofo, viene a
las mientes su propio concepto de "mentalidad" que me hace pensar sobre

la "mentalidad" propia, personal, intransferible, del propio Zubiri. En efecto, él mismo a descalificado, sólo para aprehender metafísicamente la esencia, tanto la idea de sustancia como la idea de definición ya que hay, más
abajo y previamente, el logos nominal antepredicativo; para ello se apela al
lenguaje que significa "expresando"; precisamente, "entre toda expresión,
sea o no lingüística, y la mente misma hay una intrínseca unidad, honda y
radical: la forma mentis. Por esto es por lo que el decir, el légein, no es sólo
un decir "algo", sino que es decirlo de "alguna manera, esto es, con ciertos
112
módulos propios de una determinada mentalidad".
Precisamente si en Zu-

biri, además de una filosofía profundamente original, hay algo que le es muy
propio de su intransferible légein, su decir de alguna manera que es manifestación de la síntesis entre la expresión y su mente, es dcir, su "mentalidad".
Y la "mentalidad" de Zubiri (si hacemos una analogía) no se asemeja (como la de un Lavelle por ejemplo) a una melodía a través de la cual pode-

par~cida. Toda la historia de la filosofía, realmente sabida pasa por su en
sam'.ento'. a la vez libre de la carga del saber histórico. Ésta independ!ci~
en
sm tesis
· , conced e una tregua, es típico de la menta.dad
b' con
. un rigor que ¡amas
11
zu 1nana.
De
acuerdo
f'l, f
.a .lo dicho
. Y tam b"
,en de acuerdo con la formación personal del
I

o~o o, es c,as1. imposible leer a Zubiri sin el conocimiento, por ejem lo, de

la ngur~sa tecmca de la filosofía escolástica y de la filosofía actual tola e t ra asumida
por e'I • Las am b"1c10nes
·
ne
.
de Zubiri son, en este sentido , 0·rrandiosas

porque pmtenta una síntesis integradora y filosófica de todo e1 saber' contempo•'
ráneo
fía . or eso, resu 1_t~ verdaderamente insólito que se piense que esta filosono es actual; qmza lo que ocurre es que el filósofo no ha hech

sola conc ·,
·
od
es1on a nmguna m a, a ninguna superficialidad brillante

.

o ni una

Demás está_ decir el valor que su obra tiene para el pensarnient~ que se expresa en espanol; cuando se lee (en una revista española)' que Zub' ·

sa en

"l
• b
1n se expreun . ~nguaJ~ a struso, Y en cierto modo indescifrable", uno está ante
una confes1on de 1mpreparación filosófica que rebela a un aficionado q

verdaderament:, no puede leer a Zubiri. Porque, de veras, es muy dificil; ;:'.
ro extraord1~anamente claro. El español se enriquece con sus términos técnicos
h Y ha
á vemdo a demostrar que nuestra lengua es tan d'uc t'lI (y a veces mue O . m s) que otras para la expresión filosófica. Esta tarea de la que han
part1c1pado Un,amu~o y Ortega ha encontrado en Zubiri un consumado maestro. Con:º. dec1a n_1as arriba, creo que el "sistema" está completo, todo vivo

en el espmtu del f1l6sofo. Sólo debe terminar de escribirlo.
ALBERTO CATURELU

mos captar siempre el mismo tema se asemeja, más bien, a una obra arquitectónica en la cual, su autor, no solamente tiene visto el todo, sino cada par-

te, cada ladrillo y, en cada uno de éstos, ha hecho un microscópico análisis de
sus moléculas en orden a la obra total. Su mentalidad es pues "sistemática"
sin ser circularmente cerrada en un sistema. Más aún, a pesar del equívoco que
algún lector pudiera imaginar, su mentalidad a la vez que sistemática, tiene

la pasión del singular ( esta cosa real) casi llevada hasta límites últimos insospechados. Y en esta actitud, su capacidad casi ilímitada de análisis nos
hace recordar a Duns Escoto, no tanto en sus tesis cuanto en su "mentalidad"
m "En tomo al problema de Dios11 , p. 358. Cf. mi exposici6n en Breve ensayo so•
bre el ser, p. 171, en Hu.manitas, 11, Monterrey, (México), 1960; y tuve en cuenta
la idea esencial en mi comunicaci6n "El ateísmo desde el punto de vista metafísico",
en el vol. 1l problema dell'ateismo, Atti del XVI Convegno de Gallara.te ( 1961),
Brescia, Morcelliana, 1962.

"' SE., 345.

96

97
H7

�LA DOCTRINA DE LA INTERIORIDAD
SEGúN LOUIS LAVELLE Y LA IN-SISTENCIA
DR. ISMAEL QUILES

Universidad del Salvador

de la "esencia originaria" del hombre es el fundamental en la historia de la filosofía y en la filosofía misma. Toda investigación filosófica, toda inquietud sobre la esencia de las cosas y la explicación última del universo o tiene como último fin el esclarecimiento de la posición del hombre en el cosmos o, aunque no se intente explícitamente, de hecho, rebota siempre hacia la aclaración de lo que es y de lo que significa el
hombre en el mundo.
En nuestra investigación sobre la esencia originaria del hombre hemos señalado la "in-sistencia", el ser-en-sí, no en el sentido hegeliano, sino en el
preciso sentido metafísico del sujeto que está presente a sí mismo porque ónticamente está replegado sobre sí mismo, como el núcleo metafísico más simple, más profundo, más originario de la realidad del hombre.' La proyección
luminosa que este punto central de la realidad del hombre ejerce sobre toda la problemática filosófica en torno al hombre mismo y a sus relaciones con
el universo, nos confirmaba en el carácter de prioridad óntica que la "in-sistencia" posee respecto de todas las demás características que puedan señalarse como exclusivas y esenciales del hombre.
Por supuesto, el haber señalado como centro del hombre y de la filosofía
la interioridad, no es nada nuevo. Desde los presocráticos, desde Heráclito o
Gorgias y, sobre todo, desde Platón, la intuición de que todos los problemas
del hombre se refugian en último término para encontrar su solución en lo
más recóndito del hombre mismo, era tan normal y tan obvia, que clararnen•
te aparece como una expresión de la vivencia existencial del hombre. El filóSIN DUDA QUE EL PROBLEMA

1

Ver nuestra obra Más allá del existencialismo (Filosofía In-sistencial). Ed. Miracle,
Barcelona, 1958 y Tres lecciones de Metafísica ln-sistencial, Ed. Balmes, Barcelona, 1961.

99

�sofo debía naturalmente expresarla. Platón lo hizo en términos explícitos. Le
siguió también la tradición post-aristotélica, pero sobre todo el neo-platonismo. De éste recibió Agustín no la inspiración personal, sino las fórmulas
en qué traducirla. El mismo Santo Tomás de Aquino, aunque en su horizonte aristotélico parecía alejarse de la interioridad sujetiva, le rinde tributo en
2
los textos, por cierto numerosos también, de inspiración neo-platónica.
La historia moderna desde el Renacimiento hasta el idealismo, acentúa la
sujetividad, con mayor o menor suceso, cayendo a veces como extremo sujetivismo, pero apuntando con frecuencia la trascendencia como esencial a la
interioridad humana. Lo mismo digamos de la filosofía contemporánea.
Naturalmente teníamos interés especial en confrontar el resultado de nuestra investigación sobre la esencia originaria del hombre con las experiencias
traducidas a través de la historia de la filosofía. Esta comprobación nos ha
parecido mostrar que, si es cierto que la realidad de la interioridad en el hombre aparece subrayada, y aún con cierto privilegio, a través de toda la historia filosófica de la humanidad, sin embargo, no parece que se haya precisado debidamente ni su estructura ontológica, ni su carácter privilegiado absoluto de manera que sea el centro efectivo, desde el cual se orquesten y se
expliquen los problemas fundamentales del hombre y del universo, es decir,
el conjunto de la filosofía misma.
Este es tal vez el trabajo que faltaba realizar y que hemos tratado de cumplir desde que comprobamos el carácter de la in-sistencia como esencia originaria del hombre.
Entre las confrontaciones de nuestro pensamiento con el de otros filósofos,
nos ha parecido que merece particular atención la labor delicada, sutil y llena de sinceridad y de rigor metafísico de Louis Laveile. Pues, entre los autores contemporáneos es él quien ha desarrollado un pensamiento más afín
con el nuestro. Creemos pues que será de particular interés un estudio comparativo.
Toda la obra de Lavelle gira en tomo a la descripción de la experiencia
esencial del hombre, que incluye la conciencia de sí mismo como inserción
del hombre en el ser. Especialmente ha estado utilizando Lavelle, como expresión de la realidad del hombre y de la realidad del ser, los términos de
"interioridad" e "intimidad" que tanto se aproximan al de "in-sistencia"
utilizado por nosotros, como expresión de la esencia originaria del hombre.
Hemos de confesar que los análisis y las conclusiones a que hemos llegado en
nuestro libro Más allá del Existencialismo y en nuestros primeros trabajos de
exposición de la esperiencia in-sistencial, fueron escritos antes de ponemos en
• Ver especialmente el comentario al De Causis, c. XV y textos paralelos sobre la

contacto
con el pensamiento de Louis Lavelle· Pero, al realizaresoneo
1
d h"15ó"
t. neo_ sobre los antecedentes y vestigios de la experiencia insistencia! en la
hi5tona _de la filosofía, Y, especialmente, al recorrer los autores modernos con
est~ 0~J~to, tuvimos necesariamente que estudiar el pensamiento de este
sabio filosofo, cuya misma consigna de iºn+:-:dad
· t enon
· "dad nos estaba
uuu
e m
0st
~ rando un acuerdo esencial con nuestra dirección. Es fácil comprobar el
dive~ enfoque en que se mueve Lavelle, respecto del que nosotros hemos
seguido desde un principio. Sin embargo, es muy fácil señalar la coincidencia
de muchos de los aná_Iisis y conclusiones de la filosofía de Louis Lavelle (la
cual. se mueve en el m1SID0 fondo originario del hombre que nosotros deseamos
anahzar) con nuestros propios análisis y conclusiones.
No tr~tamos de realizar un análisis completo del pensamiento de Lavelle.
Nuestro mtento es, simplemente, señalar algunos rasgos esenciales coincidentes
así como _cierta diversidad de enfoque y aún del punto mismo de partida, qu;
ya es posible advertir a primera vista.
Ante todo, observemos que, para Lavelle, el hombre posee una experiencia
" esencia
. I",3 con 1o. cual. nos esta' expresando, al parecer, que esta experiencia
nos revela la esencia misma del hombre. Esta "experiencia esencial" es justamente la que el pensamiento filosófico debe tratar de descubrir y dilucidar
apo~ándose en ella.y "de la cual tiene necesidad, como piedra de toque, pan:
anahzar su contenido y mostrar que todas nuestras operaciones dependen,
encuentran_ en ella su fuente, su razón de ser y el principio de su poder".'
Esta expenencia es esencial al hombre, porque todos los hombres la poseen
aunque no todos la actualizan debidamente. "Saber que ella existe no ~
todavía realizar su plenitud concreta, no es todavía actualizarla y poseerla".6
La causa de este olvido de la experiencia esencial del hombre es el estar absorbidos e impedidos por los acontecimientos exteriores.6
. Por lo mismo, (ella) "no es jamás, para los hombres, el objeto de una mirada
d1recta ni de una conciencia clara; y si a veces su pensamiento llega a aflorar
no se trata más que de un contacto pasajero, cuyo recuerdo pronto se esfuma"J
' La Presence To tale, p. 26.
' " • ..et Que l'on a besom
. d' une bome et d'une pierre de touche, d'analyser son
contenu et de montrer que toutes nos opérations en dépendent trouvent en el) 1
·
d'.
,
e eur
source, 1eur raJson etre et le príncipe de leur puissance". Jbid.
' "Savoir qu'elle existe, ce n'est pas encore en réaliser la plénitude concrete ce , t
,
al'
.
,
n es
pas 1actu 1ser et la posséder". lbid.
1
"La plupart des hommes sont cntrainés et absorbés par les événements" Jb1·¿
••
1 •· ". • .elle• n'est • jamais pour eux l'objct d'un regard direct, ni d'une · consc1ence
c aire; et s1 p~rfo1s leur ~ensée ~ent a l'effleurer, ce n'est qu'un contact passager et
dont le souvemr s'efface vite". lb1d., p. 27.

reditio completa.

101
100

�Podíamos esperar que Lavelle nos indicase que esta experiencia esencial nos
revela, ante todo, al hombre, pues en realidad ella es la esencia y la presencia
del hombre a sí mismo. Sin embargo, Lavelle afirma de inmediato (será éste
un tema dominante en todas sus obras), que en esta experiencia lo que in-8
mediatamente se afirma, es justamente "la solidaridad del ser y del yo".
Esta solidaridad es para Louis Lavelle "el acto mismo de la vida" con lo
cual nuevamente nos está apuntando, sin nombrarla explícitamente, que en ella
reside la esencia misma originaria del hombre. La "inmediata conexión del
ser y del yo, como fundamento de cada uno de mis actos y como valor de
los mismos" es lo que aparece en esta experiencia esencial.º Lavelle nos lo
recordará casi en cada una de las páginas que él ha escrito.
Un análisis del contenido de esta experiencia nos es útil, así para comprender mejor cuál es, según Lavelle, la esencia originaria del yo, como para
descubrir hasta, qué punto está él instalado en la experiencia y, sobre todo, en
la realidad misma del hombre que hemos denominado in-sistencia. La afinidad
de un pensamiento y de otro aparece en no pocos aspectos, totalmente coincidentes.
Es interesante observar que para Lavelle el comienzo no es la presencia
del yo a sí mismo sino la presencia del ser al yo. De esta manera Lavelle parece comenzar no tanto por el yo, como por el ser en sí mismo. El origen de
nuestra intimidad, o por mejor decir, el primer elemento que aparece en
nuestra experiencia esencial, no es la intimidad del yo a sí mismo, sino la
presencia del ser, y esta presencia del ser es la que "crea nuestra propia intimidad del ser" .10 Efectivamente, Lavelle distingue tres como estadios o planos de esta experiencia esencial, aun cuando, como es natural, reconoce que
los tres planos están ónticamente implicados entre sí. En primer lugar, esta
experiencia esencial "nos da la presencia del ser" .11 A la dificultad que aparece de inmediato de cómo es posible que aparezca la presencia dd ser sin
que se suponga ya el yo, que es, por así decirlo, sustentáculo de esa presencia,
responde que el yo, precisamente, no se descubre "sino por un análisis del
12
ser al cual no se puede oponer el yo, sino formando parte del ser mismo".
Porque, continúa Lavelle, "la originalidad del sujeto individual consiste no
• "Mais celui qui par contre a saisi une fois dans un pur recucillement et comme l'acte
meme de la vie la solidarité de l'etre et du moi ne peut plus détacher d'elle sa pénsée".

!bid.
• " ...liaison immédiate de l'etre et du moi qui fonde chacun de nos acles et lui donne
sa valeur". La Présence Totale. [bid.
10 " ••• crée notre propre intimité a l'etre. !bid., p. 42.
11 "En premier lieu, elle nous donne la présence de l'etre... " !bid.
12 "Mais ce moi ne se découvre précisément que par une analyse de l'etre, auquel on
ne peut l'opposer qu'a condition qu'il en fasse partic ... " !bid., p. 43.

ª!

en volver se~ ~n cuanto sujeto, sino a condición de estar envuelto por el ser
en cuan to individuo". 13
A~í, sólo en un _segundo estadio aparece en nuestra experiencia "que la presencia· del
d ser deviene nuestra presencia al ser" ·14 De esta manera so'¡o en una
es~ecie e se~nda etapa se carga el acento sobre el yo como presente él
mismo al ser. Con nuestra presencia al ser, la noción del yo aparece pero
nosotros
no sabemos todavía lo que él es" .15 p ara L ave11e e1 yo aoarece
' en
.
pr:mer lu~ar, como pura posibilidad sin contenido alguno. "Se ~ompn:nde
ª~ 1 por que el descubrimiento del yo precede lógicamente al de su contenido".16
~m embargo, ~are~e que_ el descubrimiento del yo lleva necesariamente aparcpdo un ~ont~n'.do i_nmediato de sí mismo, que justamente es, a nuestro parecer,
su
y consiste en afirmarse él en sí mismo, en reconocerse
'l esencia
, ongmana,
.
e _en s1 mismo plenamente, como su esencia y realidad fundamental. Pero
deJemos estas observaciones para el balance crítico.
Un t~rcer. estadio en esta experiencia con.siste en el reconocim!ento "de
nuestra mtenoridad" con relac'o'
· que nosotros comprobamos,.
i n al ser, es decir,
frente al ser, que nos hallamos dentro del' ser y que, por ¡0 tanto, esa presencia
de! ser a nosotros y nuestro ser no es sino "un solo y mismo ser, considerado
baJo dos aspectos diferentes".17
He aquí cómo sintetiza Lavelle la "experiencia esencial" en tres etapas
que so~, entre sí s?lid~as: "el ser se descubre de inmediato al yo, el cual,
descubr~cndose a si mismo, debe necesariamente inscribirse en el ser·•.1s
. RecoJamos, ahora, el concepto que Lavelle tiene de intimidad O interiondad. Ante. todo, la intimidad es propia del ser como tal. Lavelle nos habla
en este sentido de una "intimidad universal del ser" .19 y , por 1o mismo,
·
nos
,.. ".: .l'ori~inalité. ~u su!~t individue!, c'est en effet de n'cnvclopper l'etrc en tant
que suJet qua cond11Ion d etre enveloppé par luí en tant qu'individu'' Jbi'd
u "D
.
.
ans une seconde démarche, la présence de l'etre devient notre présence a l'etre.
Et s;uis doute. cette secondc phase de l'expérience initiale était impliquée dans Ja
précedente, ~a1s elle n'en était pas encorc distinguée. ttre présent a l'etre, c'est seulemcnt
poser
un repere, sans lcqucl la présence de J'etre ne serait pas reconnue" . [bid.,p. 44.
,. "A
vec n~tre présencc a l'etre, la notion du moi apparah, mais ne savons pas
cncore ce qu'1l est". !bid.
,. "On comprend aussi pourquoi la découverte du moi préccde Jogiquement cclle
de son contenu". !bid.
11
" •• .il no~s faut encore reconnaitre notre intériorité par rapport a l'ctre, et pour
cela apercevoir que les deux observations précédcntes n'en font qu'une ou encore
que l'etre_bdont tous avio~ns découvert la présence totale et l'etre que nou: venons de
n?us attn uer
nous meme sont un seul et memc etre, considért sous deux aspects
différents..." Ibid., p. 45.
lll " • . . J'etre se dé couvre d' a bor d au mo1. qui,
. se découvrant lui-meme doit nécessaircment s'inscrire dans l'etre". 1bid., p. 46.
'
11
" • • • l'intimité universclle de l'etre ..." !bid., p. 49.

103

102

�habla como fenómeno primario, de la interioridad e intimidad del Ser y del
Todo a sí mismo. "El carácter esencial del ser, es el de ser solamente en sí, de
ser el término exclusivo, fuera del cual ya no hay nada, que es enteramente
20
interior a sí mismo y debe ser definido corno siendo la intimidad. pura".
Por lo mismo, afirma Lavelle que "si el todo es necesariamente interior a
-sí mismo y si él no puede ser interior a sí mismo sino por la iniciativa misma
•que le permite crearse, entonces es el ser el único que puede decir yo, el único
que posee esta ipseidad absoluta, en la cual todos los seres particulares alcanzan la posibilidad incierta y a los cuales se les ha dado también la oportunidad
de decir a su vez yo" .2 h
Es notable el empeño de Lavelle por recalcar la intimidad o interioridad del
:ser y del todo a sí mismo. A veces esta intimidad universal, esta interioridad
del todo a sí mismo, parece atar demasiado al individuo al todo y señalar
que la interioridad en el hombre, como experiencia individual, es posterior a
la experiencia de una intimidad universal. La experiencia originaria "del hombre" como punto de partida, como "arché", de todo su ser y de todo su
pensamiento, desde el punto de vista del hombre, queda así en cierto punto
disminuida.
Mitiga esta impresión la afirmación, casi siempre subsiguiente a la anterior,
según la cual la interioridad del yo al ser, ya que el yo forma parte del todo,
no se obtiene sino por la interioridad del yo a sí mismo. Aquf encontramos una
mayor conexión de Lavelle con la experiencia in-sistencial y con el valor que
nosotros le atribuimos. Si la interioridad del yo al ser se ha de obtener por la
interioridad del yo a sí mismo, en tal caso, esta interioridad es lo primario
para el yo. Sería su verdadero punto de partida y su primera experiencia.
Recojamos algunos textos de Lavelle al respecto, los cuales, a nuestr~ pa~ecer,
moderan la primera afirmación del principio originario de la expenenc1a de
la interioridad O intimidad del ser al yo. Por de pronto, afirma claramente que
22
"'el descubrimiento del yo contiene el descubrimiento del ser" . Pero el descubrimiento del yo se hace justamente por el camino de la interioridad: "sólo
mi interioridad a mi ser propio, es decir, mi pensamiento podía asegurarme de
mi interioridad al ser puro". 23 Más aún, esta interioridad del yo al ser debe

logra~se _"tomándose el yo cada vez más interior a sí mismo" .H Esta expresión
~s ~omci~ente con la supremacía que nosotros atribuimos a la experiencia
m-sistencial en cuanto tal, para descubrir la esencia del hombre. Lavelie re~
pi~e en diversos pasajes esta misma idea. "La función del yo numenal es de
afirmar el yo en el interior del ser total". 25 Y asimismo "descubrir la existencia
del yo es descubrir la presencia del yo al interior del ser" .26 Finalmente
repite Lavelle que la "adquisición de la intimidad (es decir de la propia intimi~ad) . o el descubrimiento del yo, consiste precisamente en su penetración
al mtenor del ser mismo". 27 De esta manera nos parece que Lavelle, aun
cuando por una parte afirma la primacía, por así decirlo, de la presencia
del ser Y de la intimidad del ser a sí mismo, por otra parte va reconociendo
lo que nosotros creemos que es la esencia más originaria del hombre su
'" arché" primario y su punto de partida, esto es, la autoconstitución O adqui-sición de la propia intimidad y el descubrimiento del yo en cuanto tal, que se
realiza, justamente, en la vía de la intimidad o de la interioridad. Más aún,
el descubrimiento de esa propia intimidad será también el punto de partida
para descubrir su inserción dentro del ser total y, por tanto, para explicamos
todo el conjunto de relaciones del individuo con la totalidad. De esta manera
la experiencia in-sistencial es el centro de la filosofía y de toda la problemática
filosófica: "pero si el yo es, desde el origen, interior al ser, tomándose cada
vez más interior a sí mismo podrá esperar descubrir el misterio de su propio
:advenimiento, la ley según la cual él debe colaborar al orden universal y devenir el obrero de su destino individual". 28
Recojamos ahora algunas expresiones de Lavelle que son más coincidentes
-con el concepto de in-sistencia que nosotros hemos estado desarrollando. La
intimidad y la interioridad la describe Lavelle como "presencia del yo a sí
·mismo"; 29 como "conversión interior".ªº Pero esta presencia de sí a sí mismo
.
'
esta conversión interior, no es un sujetivismo puro, sino presencia al ser, y
por tanto presencia y apertura : "la presencia total del ser está ya implicada
~• " ... en devenant de plus en plus intérieur a lui-meme ... " La PrJsence Totale, p. 37.
"La fonction du moi nouménal est d'affermir le moi a l'intérieur de l'Ctre total".
_De Ntre , p. 147.
2
~

1

~ "

le aractf!re essentiel de l'Ctre, c'est d'Ctre seulement en soi, d'Ctre le seul
.h.. de
\' ·1 n'y ait rien qui soit tout entier intérieur a lui-mCme et doive etrc
terme ors uque 1
•
défini comme étant l'intimité pure". De l'acte, p. 127.
1

Jbid., p. 131.
u "La découverte du moi contient déji la découverte de l'Ctre". La Présence Totale,

21

~35.

u "Seule mon intériorité

de mon intériorité

104

a mon Ctre propre,

a l'Ctre pur.. ."

.

,

c'est-i-dice ma pensée, pouva1t m assurer

@ " • • • découvrir l'existence du moi,
c'est non pas découvrir la présence de l'étre
l'intérieur du moi, mais la présencé du moi a l'intérieur det l'étre". [bid., p. 153 .

11

"Car l'acquisition de l'intim.ité, ou la découverte du moi, consiste précisément dans
:sa pénétration a fintérieur de l'étre méme". La Présence Totalej p. 47.
:s " .. .il pourra espérer découvrir le mysthe de son propre avCnement, la loi selon
laquelle il doit collaborer l'ordre universel et devenir l'ouvrier de sa destinée indivicduelle". !bid., p. 37.

a

:!11

"La préscnce du moi

30

De J'itre, p . 140.

a

" •••

a lui-méme,

ou l'intimité .. ." [bid.~ p, 4 7.

commune et en approfondissant, par une conversion intérieure ... " [bid., p. 49.

JQj

�· t en e·1a" .31 El couito
en la simple experiencia que el yo h ace de su ex1s
_:::,
"de
Descartes lo interpreta en el mismo sentido, es d~cir, qu~ en él se tiene el
contacto o la posesión del ser mismo".s2 Por lo rrusmo, leJOS de preocuparnos
( como si éste fuera el camino para encontrarnos y perfecc_ionamos a nosotro~
mismos) de dominar el mundo exterior, el cual en 1~ ~~d1da en qu~ nos esta
excitando nos aparta de nosotros mismos, es necesano tratar de penetrar en
un mundo cada vez más y más interior a nosotros mismos y donde nosotros
·
· ·
de to do 1o que es1' •33 Y continúa más adelante:
encontraremos la mtenondad
la ipseidad "es la relación inevitable de mí mismo con:11ig~ mismo, que ~:ce
que yo no me posea y a'n
u que yo no sea sino por el c1rcutto de la reflex10n,
.
.,
que yo pueda separarme de todo objeto en el mundo, pero no de est_a m~erc1on
en la interioridad del ser, que es el acto mismo por el cual yo me inscnbo en
él diciendo yo" .34
.
·
de
hacer
otra
referencia.
Lavelle
nos
describe
acerPero no queremos d eJar
"
.
d.
tadarnente el yo como captado en el sujeto, que experimenta las 1versas
potenciasu ( de pensar, de imaginar, de estar afectado, de desear, de querer, de
sufrir, de alegrarse, etc.) y que las actualiza; "que no puede. separar una~ de
tras ni separarlas de sí mismo, que las reconoce como propias, porque el es
:l ce~tro y el germen que las contiene todas y que a condición de q.ue l~s
dé él su consentimiento, le permite expandirse".35 Este texto es de_ sumo mteres
porque señala y reconoce toda la profu_ndidad óntica del yo al afum~rlo com~
"sujeto" o "centro" de las potencias. Sm embargo, como veremos mas adelanl
te hay ciertos textos que atenúan esta afirmación de Louis Lavelle con a
d~scripción de la intimidad, como propiedad esencial del yo, que en este
pasaje nos ofrece Lavelle:
.
.,
Después de señalar que los caracteres del yo son la indetermmacton, la totalidad y la intimidad, la cual describe como aquello "que nos revela su oría1

"De plus, la présence totale de l'Ctre est déj3. impliquée dans la simple expérience

que le moi fait de sa propre existence" . /bid., p. 51.
,
,
~ .
= " Descartes a senti qu'il falla1t· partlf· d e sa propre pensee 1 e• est-a-dire du seul
tenne. d~nt on ait une expérience directe, et qu'on obtenait en elle le contact ou 1a
possession de l'Ctre lui-mCme". De l'etre, p. 140.
83

De l'acte, p. 151.

/bid., p. 131.
· l''
t t
"Seulement aucune de ces puissances séparées ne constitue _encare, le m01; 1mpo~ an ,
'
, ·é
d
1
· t qui les eprouve et qu1 1es
c'est que nous les saisissions prec1s ment ansd e suJe
. 1 d'tacher de lui-mCme
.
ut as les détacher les unes es autres, m es e
.
.
actuahse, que ne pe P .
,. 1 t le noyau et le germe qui les contient
ui les reconnait comme s1ennes, parce qu l es
q
. ,
d't'
qu'il leur donne lui-meme son consentement, leur pennet.
toutes et qui, ;1 con 1 10n
de s'épanouir". De l'intimité spirituelle, P· 72 .
s,

3li

106

ginalidad radical y su esencia la más secreta", 36 analiza la relación rle los térnúnos "yo" e "intimidad" .
"Todo lo que pertenece al yo, pertenece también a la intimidad". 37 Los
términos interioridad y exterioridad, están tomados del lenguaje espacial y por
ello al aplicar el término "interioridad" al yo, dice Lavelle, parece encerrarlo
en un círculo sin salida que lo separa del exterior y que de ninguna manera es
posible atravesar. "Pero el término intimidad tiene más profundidad" .38 He
aquí las características que Lavelle asigna al término intimidad, tal como él
lo entiende: ante todo la intimidad es como el fondo último fuera del cual
ya no es posible pasar, es como un absoluto; la intimidad es el origen de todo
lo que podemos pensar y hacer; es el reducto último y origPn de las marchas
más secretas del espíritu; la intimidad finalmente es la captación del ser y
del devenir. 39 Esta magnífica descripción de la intimidad está coincidiendo
con la idea central de la in-sistencia que nosotros hemos estado desarrollando,
en cuanto ésta es la esencia originaria, última y absoluta o primaria del hombre y en cuanto ella nos explica todo lo que el hombre es y hace. Ella nos
explica el modo propio de inserción del hombre en el Cosmos y, por tanto,
en el ser y en el devenir. Este es el texto de espíritu más afín con nuestro
pensamiento que hemos podido hallar en los escritos de Louis Lavelle.
Como se puede apreciar, hay una coincidencia en la dirección del pensamiento filosófico de Lavelle, con la insistencia. Está moviéndose en el mismo
3G "Ce caractCre
d'intimité enfin, qui nous révCle son originalité radie.de et son
essence la plus secrete". !bid.
3
: "Tout ce qui appartient au moi appartient aussi a l'intimité". !bid.
38
"Mais le mot intimité a plus de profondeur". !bid., p. 73.
3'i "Car il dési.~ne une sorte dr: fond ultime au dela duquel il
est impossible de
passer. L'intimité est elle-meme un absolu. Elle n'est l'apparence de rien. Elle est
ce domaine tout entier livré au moi, oll toutes les apparences s'abolissent, ou chaque
etre se réduit, par une sorte de dépouillement continu a l'égard de tout ce qu'il rec;oit
et de tout ce qu'il montre, a un pur pouvoir de dire moi. L'intimité est en nous
!'origine mCme de tout ce que nous pouvons penser ou faire. On descend toujours
en elle plus avant, mais on ne descend pas plus loin qu'elle. C'est en elle que se
meut la pointe extreme de la sincérité. C'est a elle que chacune de nos paroles, que
chacun de nos actes emprunte son sens et sa valeur. Elle exprime cette fécondité subjetive par laquelle chaque Ctre tire de lui-meme tout ce qu'il est et tout ce qu'il veut
C.tre. Elle est une réalité invisible et cachée, astreinte a demeurer toujours telle, sous
peine de se dissiper dans des manifestations qui non seulement la trahissent, mais
l'abolissent. L'intimité est en chacun de nous le réduit le plus reculé, la source de
ses démarches les plus authentiques, le secret inaccessible qu'il est incapable de li.vrer.
C'est en elle seulement que nous pouvons saisir non seulement retre, par opposition
a l'apparence, mais l'etre en train de se faire, par opposition aux choses déj.\ faites".

Ibid.

107

�círculo y tratando de encontrar, a través de él, el fondo de la realidad del
hombre y del ser, así como del pensar todo de la filosofía. Existe, pues, ,"nte
todo, una convergencia de fondo en cuanto a lo que podemos llam~r _el metodo
y la fecundidad de la interioridad, de inspiración netamente agustm1ana, aun•
que con un intento o preocupación más metafísica.
Nuestra impresión es que textos como el que a~bamos de an~liza:, con :1
cual hallamos una casi plena afinidad de pensamiento, no han mflmdo suficientemente en el desarrollo total del pensamiento de Lavelle. En vez de
afincarse en la interioridad propia y estricta del yo y realizar primero los análisis de todo su campo, horizontal y verticalmente, a fin de tener una base _de
las experiencias más inmediatas del yo en cuanto tal, L~ve~le sal_ta ensegmda
a la experiencia del ser en cuanto ser y con ello queda la m-s1stencia, en cuanto
tal, o la interioridad misma en cuanto t_al, en cu~nto perso~al~
cuanto
'
n
segundo
plano.
La
in-sistenc1a
es
estrictamente
md1v1dual,
mza, en u
.
, Y. a
mí se me da primariamente mi in-sistencia individual, como primero y umco
medio de acceso al ser y a los demás entes.
En segundo lugar la intimidad misma en cuanto tal, a juzgar por las descripciones y análisis que hemos estado sintetizando, y ~ue nos parece resumen
sustancialmente el panorama antropológico y ontológico de Lave~l:, no nos
da, tal vez, con precisión, la raíz última del ser del hombre. Adf~u_timos, con
gusto, con Louis Lavelle que "interioridad" no es una palabra su 1~1entemente
adecuada y que expresa más profundamente la realidad de la ese~c,~· del homeste tenmno queda
b re e1 t e'rmino "intimidad". Sin embargo, nos parece que
. •, d 1
l'd d
todavía impreciso y que no llega a damos la última exphcac10n e a rea 1 ~
misma que descubrimos. Porque "intimidad" no ~s otra cosa que la p~esenc1a
del ser a sí mismo, como el mismo Lavelle la defme. Pero esta presencia es, a
nuestro parecer, ya un grado secundario O derivado de~ ser del hombre., Para
que la presencia de sí a sí pueda realizarse, es neces~no. que el ser este _previamente todo en sí mismo, vuelto ónticamente sobre si rrusmo, en esa realidad
que nosotros hemos descrito y denomin~d~ ~-sistencia:
_esta manera no_sotros diríamos que la in-sistencia es la ra1z ontica de la mttm1dad. Es necesario
descender todavía un grado más para explicar la razón, el fundamento y el
ser de la intimidad misma, y éste lo hallaríamos en la que hem~s ap~ntado
nosotros como in-sistencia. Tal vez el descenso a este pla:1o todav1a mas pr~fundo hubiera facilitado los análisis de Lavelle y lo habnan llevado, con mas
seguridad, en algunos puntos dudosos de su filosofía.
.
, por e¡· emplo, entre otros aspectos que chocan con frecuencia ~ la
As1,
aliorar a ,u m1sm o
terminoloaía por lo menos, d e L ave 11e, Y que parecen
.
pensamie~to' debemos citar el marcado "actualismo" de que se resienten
algunas de 'sus descripciones de la realidad del hombre. No creemos que

:n

J?e

108

pueda simplemente clasificarse a Lavelle en un simple actualismo metafísico.
Sin embargo, su descripción resulta con frecuencia ambigua y parece navegar
entre dos aguas. Esta falta de precisión tal vez se debe a que no nos da en
el hombre un punto de arraigo seguro, óntico, como el que ofrece la insistencia. Con demasiada frecuencia aparece en Lavelle el yo reducido a sus
"actos". Estos actos parecen insertos en una presencia eterna o en una intimidad eternal y universal, que les da la posibilidad y, por así decirlo, el
hogar en que pueden producirse. El yo es con demasiada frecuencia identificado con sus actos y a veces con cada uno de sus estados. "El yo se identifica paso a paso con cada uno de sus estados". 40 Esto parecería negar un yo
"óntico", un yo que él es el que está en sí mismo y que es el "sujeto" de sus
propias actividades y potencias. Lo mismo sucedería en las expresiones ambiguas, utilizadas cuando repite, acertadamente por otra parte, que la esencia
del hombre se manifiesta no sólo en el pensar puro, sino más todavía en el
sentir y más todavía en el obrar: el yo se descubre a sí mismo en último
término "cuando él tiene conciencia de obrar". 41 Pero parece confundir Lavelle el obrar con lo que se manifiesta en el obrar como fundamento y origen
del mismo, es decir, en el obrar se manifiesta el principio mismo del obrar
como idéntico a sí mismo y como permanente en su actuar. Por igual motivo
y tal vez olvidando el núcleo mismo de la realidad interior del hombre, es
decir, su in-sistencia óntica plena y última, dice Lavelle que "no puede decirse que el yo es, sino que el yo se hace". 42 No es de extrañar pues que
Lavelle nos haya legado expresiones como éstas: "Es por lo tanto en el punto
en que esta experiencia tiene lugar ( experiencia del absoluto) donde alcanzamos nosotros la esencia del yo, del cual puede decirse, a la vez, que ella
es relativa, puesto que ella está subordinada a condiciones sin las cuales ella
no podría realizarse y también que es absoluta, puesto que ella se realiza en
virtud de una marcha de la conciencia por la cual yo me doy a rrú mismo la
existencia y que ningún otro ser en el mundo podría jamás cumplir en mi
lugar" .43 Esta "marcha de la conciencia'' por la cual yo me doy a mí mismo
la existencia es una auto-creación, un impulso de un acto a otro acto, que
40

a

" • • .le moi s'identifie tour
tour avec chacun de ses états". La Présence Totale,
p. 198.
41
"Aussi faut-il dire que le moi se découvre lui-mCme non pas, comme il le semblait
d'abord, quand il est affecté, mais quand il a conscience d'agir" . De l' lntimité S pirituelle~ p. 78.
-u "On ne dira done pas du moi qu'il est, mais qu'il se fait". lbid., p. 94.
.s "Et c'est au point otl cette expérience a lieu que nous atteignons l'essence du
rnoi, dont on peut dire a la fois qu'elle est relative, puisqu'elle est subordonnée a
des conditions sans lesquelles elle ne pourrait pas se réaliser, et qu'elle est absolue,
puisqu'elle se réalise en vertu d'une démarche de la conscience par laquclle je me

109

�parece desconocer el fondo mismo del yo, su realidad 6ntica originaria Y primera, su arché, que hemos denominado in-sistencia.

En sintesis, podriamos decir que Louis Lavelle ha señalado aspectos esenciales de la interioridad e incluso su carácter privilegiado, pero no ha de_scendido a su raíz metafísica misma. Por eso, tal vez, nos parece encontrar ciertas
fallas en sus descripciones y en sus interpretaciones. Un mayor análisis meta-

fisico de la estructura de la interioridad, lo hubiera llevado a mostrar su
raíz óntica, es decir, el ser-en-sí óntico que hemos llam...ado "in-~istencia".

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFIA DE LA BELLEZA

Por no haber descendido a esta raíz óntica no es ext~ano que, s1_ no su pensamiento, por lo menos las fórmulas de Lavelle se ~sientan de cierto actua-

lismo, lo cual es nuevamente desconocer el fondo úh:imo_ del yo. N~t~ra!mente
Lavelle está preocupado por señalar el carácter esencialmente dmam1co de
la interioridad humana, pero lo prolonga a costa de su ser.
.
.,
Tal vez puede señalarse también que falta_en Lavelle la, ~fecti:,-a \'~oyecc10n
integral de su doctrina de la interioridad hacia la problematica f¡losof1ca total.
Pero ello no es por cierto una falta positiva. Debemos_agradec~rl~ lo, sutiles y
acertados análisis de no pocos aspectos de la interiondad, casi s1emp~ en_ el
plano de la auténtica experiencia metafísica. y siempre con la resonancia vital
que ha sabido traducir en sus magníficas expresiones. Con ello _Lave;le nos

ha dejado sin duda una de las contribuciones más valiosas de la f1losofia contemporánea para elucidar la esencia originaria del hombre.

DR.

ISMAEL

Dmoo

PÉREZ

Universidad Nacional Autónoma de México.

HEGEL Y SUS CARACTERES GENERALES DE LA PINTURA

HEGEL EN su "Sistema de las Artes" hace un estudio de los caracteres
más distintivos de todas las artes. A las artes de la Pintura, de la Poesía y de
la Música las llama románticas y en estas tres se puede expresar apropiadamen-

C. F.

te el espíritu del hombre, que es un reflejo del espíritu absoluto, especialmente
en la pintura.
De las imágenes pictóricas contemplamos todo cuanto se mueve y agita dentro del espíritu humano y así el principio divino aparece como un ser vivo y
espiritual.
Los objetos exteriores, mediante el sentimiento y el alma de la concepción,

dan también un reflejo del espíritu.
El arte manifiesta una evolución dimensional de estilos: a) el estilo severo
o las primeras esculturas de los pueblos orientales, que son trozos de piedras
más o menos toscamente talladas. Veamos la diferencia entr1:; el Escriba sen-

tado o las Esfinges con la gracia y la racionalidad del arte griego; b) el estilo
ideal, con las esculturas de Fidias, donde la vida ha logrado todas sus formas,
movimientos y expresión corpórea; c) el estilo gracioso, donde se adquiere
un movimiento de las formas y de la pasión humana, como la Victoria de
Samotracia, el Laocoonte o Niobe; d) el estilo efectista, donde se busca la
expresi6n por los contrastes, como las esculturas de Miguel Angel.
La humanidad ha pasado por tres dimensiones artísticas, lo que se llama
Edades en la Historia del Arte: a) edad antigua o ingenua, donde se cultiva
la arquitectura y la escultura, que son más artes simbólicas que espirituales.
donne a moi•mCme l'existence et que
accomplir ama place". lbid., p. 79.

110

nul autre Ctre au monde ne pourrait jamais

Aumentan el sentido espiritual los ornamentos o las artes murales o escultóricas
al servicio de las obras centrales de arquitectos y escultores, como las cerámicas

111

�y los vasos de Creta, las pinturas murales de las casas de Pompeya, con su
buen gusto y delicadeza. Señalamos especialmente las pinturas murales de la
Casa del Poeta Trágico de Pompeya; b) el arte ideal de los griegos, que siendo
antiguo por la cronología, es nuevo por sus ideales. Allí se buscaba la medida,
el orden y la proporción y es un arte de una belleza armoniosa, insuperablemente bella; c) el arte cristiano, que tuvo su mayor grandeza expresiva en
los siglos XVI y XVII, surgió de sentimientos íntimos, como la felicidad o el
sufrimiento del alma.
Si comparamos la !sis Egipcia con la Virgen Cristiana, la temática es la
misma: Una madre y un hijo.
!sis representa la fecundidad de la naturaleza, pero no expresa un sentimiento maternal; en cambio, la Virgen Cristiana adquiere tonos de una ternura y de una belleza espiritual, con hondura humana y divina. Recordemos
las Madonas dd Rafael, las Vírgenes del Greco o de Murillo o la de cualquier
maestro europeo del Renacimiento.
Fondo de la pintura. Se hace sobre superficies y es una simple apariencia
del espíritu interior, afirma Hegel, que quiere ser contemplado en sí mismo y
para sí mismo como espíritu. Wolflin decía que las Vírgenes de Fra Angélico

creaban un ilusionismo de las formas.
La pintura admite en su representación los estados más diversos de la pasión
o del espíritu humanos y que a la escultura o a la arquitectura le son inaccesibles: el mundo religioso, las imágenes del cielo y del infierno, la historia de
Cristo y sus discípulos, los santos, las escenas de la naturaleza y de la vida
humana y hasta los accidentes más fugitivos, en que los objetos se transforman

a la luz de las antorchas; la magia del colorido, que pertenece al talento
del artista.
A~monías de ~os colores. Con la perspectiva aérea se da la encamación y la
m~gia del/ol~ndo; el color de la carne reúne los distintos colores. Ya dijo
~iderot: Quien ha llegado a sentir la carne, ha llegado muy lejos. Mil
pintores han muerto y mil morirán sin llegar al sentimiento de la carne".
0 nstitu_ir un cambio de colores, de apariencias, de reflejos, de manera fugitiva Y animada, que la pintura parezca que entra en el dominio de la música.

.?

Dos form_as de creación. En las "Vidas paralelas" de Plutarco, se presenta
un personaJe romano al lado de un personaje griego, buscando siempre el
contraste.
~) Arte de exaltación, o de embriaguez espiritual, de creación febril, de
org1a : bo:rachera, de frenesí sagrado, que los griegos llamaron Manía y que

Dosto1evsk1 llamaba "corazón elevado que se atormenta". Así es la pintura
de Van Gogh, del Greco, la Filosofía de Federico Nietzsche o la música de
van Beethoven. Es el arte llamado barroco o romántico.
B) Arte clásico, de creación serena, de medidas y proporciones, que evita
toda vaguedad, o lo que llamaba Nietzsche el arte apolíneo. Así la poesía en
la obra de Goethe o la pintura en Velázquez.
La obra pictórica habrá logrado la gracia creadora conjugando todos esos
elementos d: _la creación, con un estilo o con otro, expresando lo que llama
~egel el, ~spmtu absoluto, en las formas plásticas de la pintura y logrando en
cifra poet1ca lo que llamaba Shelley:

en un espejo del espíritu.
Elementos de la pintura. El elemento físico es la luz. La luz que penetra en

la obscuridad y la ilumina, y junto a la luz, el color; y los contornos de los
objetos por medio del dibujo. La forma y dimensiones constituyen la parte
plástica. Con el empleo del color, la pintura adquiere un grado extraordinariamente vivo, como iluminado por la naturaleza y por la luz mágica del arte y
es una expresión del hombre y de las cosas. Los maestros venecianos y holandeses han sido los maestros del color; tal vez han sido influídos por la cercanía
del mar; los dos países son bajos, cercados por el agua, cortados por canales
y marismas.
Hay diferentes maneras de iluminar los objetos, buscando la mayor oposición entre la luz más deslumbradora y las sombras más obscuras. El artista no
puede ser sólo dibujante. Necesita de los elementos pictóricos: la luz, el color,
los contornos y los dintornos de las figuras, las dimensiones y las formas; la
luz del sol, de la luna, las luces crepusculares, en un cielo claro y encubierto;

Some world
W here the music, the moonlight and the feeling
are one.

PERCEPCIÓN DEL FENÓMENO PICTÓRICO

La percepción del fenómeno pictórico es un acto de intuición. Otto Gründler
establece varias clases de intuiciones:
A) Percepción sensible o captación de lo objetivo.
B) Intuición categorial. Así de un árbol intuye un ser verde, en su plástica plenitud.
113

112

H8

�e) Intuición esencial, en que aprehendemos la esencia verde o color en
general.
D) Intuiciones sensibles mediatas: el_ re~e~o de un~ cosa, cuy? anverso
percibe, me es dado intuitivamente, en mtmc10n encubierta o mediata.
E) Intuiciones anímicas mediatas. Por la cabeza de una persona veo su inteligencia, por su rostro expresivo su entusiasmo, la lealtad, su comportamiento, etc.
f ,
t l
De estas intuiciones se vale el artista hasta llegar a ver los. enomenos, a
como se ofrecen a su contemplación en una depuración expresiva. Son as1 en
su esencia o en su realidad categorial.
Falta por establecer una fenomenología del proceso artístico y el logro de
la expresión a la luz de una filosofía del arte.

DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE

Es el arte que se cansa de las formas clásicas y trata de reno:ª":º· Wolflin
aseguraba que la repetición de un estilo embota y can'.ª la sens1b1hdad Y que
esta fatiga tiene la virtud de movilizar el arte, obhgandolo a una transformación.
Ortega y Gasset dice en su libro La deshumani~ación del arte que a un
joven de hoy no puede interesarle un verso, una pm celada o un 50nido que
no lleve dentro de sí un reflejo de ironía.
,
Un grupo de románticos alemanes, encabezados por Schelegel, proclamo
la ironía como la máxima categoría estética.
.
.
Huizinaga en su Hamo ludens propugna por la vuelta a la mfancia, a la
pirueta y al juego.
d z b '
Estilizar en la opinión de Ortega es deshumanizar. El art~ e .,ur
verbigracia, tiene carácter, pero no tiene estilo. El llanto y la n~a so~1 esteticamente fraudes. El gesto de la belleza no pasa nunca de la melancoha o de la
sonnsa. El poeta O el pintor empiezan donde acaba ~l- hombre.
,
Artistas con estilo son, verbigracia, Debussy en mus1ca, Mallarme en poe-

~:an,

sía, Dalí o Picasso en pintura.

HIPÓLITO TAINE Y SU FILOSOFÍA DEL ARTE

Hi ólito Taine no hizo una Estética con sentido dogmático,, dando_ d~f~nicion! de lo bello, sino un estudio de las obras de arte con caracter h1stonco,
114

mostrando sus cualidades esenciales; es una comprobación y explicación de
la realidad artística, tal y como se presentan a la especulación y a la observación del contemplador.
De las cinco bellas artes, especialmente se ocupó de la poesía, la pintura y
la escultura, y dentro de la poesía, las obras literarias. Estas tres artes dice
que son en general artes de imitación: ese es su carácter esencial.
Hay dos períodos importantes en la producción esencial de las obras de
arte: cuando nacen del temperamento y de la propia naturaleza de los orígenes, expresando un sentimiento verdadero. Y cuando se llega a fórmulas
intelectuales, académicas, que es la ausencia de la verdadera obra de arte.
Coincide con mis propias ideas sobre la poesía, expuestas en otro capítulo,
cuando hablo de la poesía lírica y de la poesía pura.
El artista produce influido por su estirpe y por su tradición cultural. Por eso
al hablar de un gran artista hay que estudiarlo dentro de su escuela nacional
o del país donde se han desarrollado sus circunstancias personales. El artista
imita la naturaleza y se inserta dentro de la historia de una escuela de arte.
Pero la imitación en la pintura, en la escultura o en la poesía no es exacta,
sino que gozan de la inexactitud que les confiere el talento del artista; siempre existe una transformación de la naturaleza. Y quedan aureoladas por la
intención espiritual que se buscó expresar en la obra por el artista.
En definitiva, el genio del creador es lo que cuenta fundamentalmente, como en Miguel Angel, que como asegura Taine "es en su propio genio y en su
propio corazón donde el gran hombre encontró sus tipos".
En toda obra de arte se ha de manifestar una cualidad esencial del objeto;
o hallar la esencia de los objetos es la finalidad del arte, o algo que destaca
sobre otras cualidades no esenciales. La pintura de los Países Bajos, de Italia o de España habrá de reflejar la esencia nacional de esos países.
Si el artista no sabe crear expresando el espíritu esencial de su arte, enton•
ces la imitación de la naturaleza será la de un copista o la d~ un obrero de las
formas naturales.
La arquitectura y la música se fundan en relaciones matemáticas, que el
artista puede combinar o modificar. El arquitecto busca las relaciones, las proporciones y las dependencias, calculando las resistencias de materiales. Y el
músico busca el enlace entre la melodía y la armonía, constituyendo las dos
partes esenciales de la música.
El arte como la ciencia buscan la expresión de causas superiores, con esta
diferencia: la ciencia busca causas y leyes fundamentales y las expresa en
fórmulas exactas y abstractas. Y el arte manifiesta -estas mismas causas y leyes de
la naturaleza, no solamente con la razón, sino con los sentidos y el corazón.
Taine define así la producción de la obra de arte: "está determinada por
115

�FILOSOFÍA ESTÉTICA DE

JosÉ

VASCONCELOS

un conjunto, formado por el estado general del espíritu y por las costumbres que le rodean".
Taine realiza un estudio psicológico e histórico de varios países de Europa
occidental para justificar la expresión de su arte. La agudeza y el talento de
observación nos hace justificar y hallar las excelencias de grandes artistas como Rembrandt, Rubens, Miguel Angel, Velázquez o Gaya; de grandes escritores que nos legaron la expresión de un carácter nacional, como la esencia
del arte, tales Cervantes, Moliere o Maquiavelo. Igual estudio realiza con
Grecia y Roma para justificar su arte magistral, de donde nos hemos alimentado toda la cultura de Europa y América. Y también para reconstruir el arte de los grandes artistas helenos nos hemos de apoyar en la historia cultural

de este pueblo.
El carácter esencial de los helenos sirve para explicar su arte, lo mismo que
el carácter esencial de los ingleses, de los españoles o de los alemanes justifica sus diferencias respectivas y la esencia de sus creaciones en la historia
del arte.
El ideal en el arte es formarse por el artista una idea del carácter esencial
que quiere expresar, y con la idea formada, transforma la realidad, aunque
la realidad objetiva sea la misma para todos, pero el arte opera el milagro de
transformarla. Igual es el hombre en su concepto natural en todos los países
del mismo origen, pero ese hombre es diferente señalando el carácter esencial
que el artista le imprimió.
Los ideales son diferentes para un italiano, para un español o un francés,
y esa diferencia quedará expresada en las artes.
Taine concluye diciendo que "las obras de artes son más bellas a medida
que el carácter se imprime y se exterioriza en ellas con más intensidad, dominando en la obra entera". Y que la obra llamada maestra "es aquella que
tiene la máxima potencia en su pleno desarrollo".
En la producción de la obra de arte hay un principio de excelencia en
que se logra expresar un carácter esencial y un principio de subordinación,
donde los caracteres no esenciales están subordinados a la idea más importante, donde se centra como en un núcleo de interés toda la explicación o
justificación de la obra realizada. O la presencia de efectos convergentes y di-

vergentes, dentro de la unidad general.
El estilo pertenece al talento del artista, aunque con el carácter formen un
todo indivisible, que sirven como referencia fundamental de una escuela de
arte.

La Estética
para José Vas canee¡os es una teona
, del conocimiento o una
,
onto:ogia. No __conocemos _al ser por medio de la abstracción aristotélica, ni
:º;di: ~aptacwn, de ~sencias husserlianas, ni por la razón cartesiana, ni por
.,
e la razo~ v_1tal;, el conocimiento se construye con lo heteroaéneo
0
val_iendose del_ a ~non estetico en unidades homogéneas, que se fundan en sín~
tesh1s de ~xpenencia sensible, de razón y de amor. y la verdad estética es una
co erencia de pensamiento , obtem·d a por coor d"macion
·' de conjuntos de hechos y de zonas del saber.
La. filosofía
, . to do cuanto existe
.
. . , se funda en
. ¡a armoma,
es un canto de amor
Y la mtu_ic1on sobre el ntmo pitagórico nos lleva al descubrimiento de las leyesy del
·
1 ntmo,
· como fundamento de la cualidad que en todas ¡as cosas existe
.. , a reahdad responde cuando se expresa según cualidad; tenemos la i~tmc1on de su presencia y el goce de su conocimiento
. José Vasconcelos
. escribió una Estética y una Sinfo nz'a com o ¡orma ¡·z1eraria antes de s~ f1losofí~ estética, incidiendo en que el conocimiento es la busca de_ una umdad de tipo armónico. Existe en nuestra conciencia un a priori
esp:cial: que llama el apriori estético y que actúa según cualquier realidad
segun ntmo, melodía y armonía.
'
· ¡a poe' Cita· al"dpoeta Elliot en
. su obra Los cuatro cuartetos, quien al def"mir
sia
comc1
e
con
la
tesis
estética
de
Vasconcelos
"un
esf
e
d
O
·' d
,
u rzo e um·¡·1cac10n e los elementos heterogéneos de la intuición".
La verd~~ es armonía y las distintas disciplinas del saber concurren a form,ar la estetica. Y que se logra en la unidad armónica de elementos heterogeneos por el método de la coordinación.
Cit,a .ª Eugenio D'Ors con el Secreto de la Filosofía, quien al dialoaar sobre
la mus1ca, nos dice: "cuya solución suprema no sea la anulacz"o'n d ¡
.·
¡ "d "d d •
e o vano
en a 1 enti a , smo su conciliación en la armonía".
En alg~na ocasi~n he escrito que la Filosofía racionalista en sus últimas
espe~ulac10nes tropieza con un muro infranqueable y vuelve a empezar su rcrazones que sobrepasen su limitación., Y en su esfrorndo,d buscando nuevas
,
u'2' rzo enodado, solo encuentra copias o réplicas de la misma reard d
entonces
la filosofía halla solamente dos caminos·. 0 se hace teol ogza
, o' se
a h, a-y
.
ce
lzteratura.
Por
eso
una
gran
parte
de
filósofos
escriben
co
¡
·
.
.
n un enguaJe
l1terano.
Aristóteles lla~aba a la fi~osofi~ "te~l~gike episteme". Vasconcelos adoptó
la postura del teologo y su filosofia estetica termina en teología.
, El filósofo racionalista que construye categorías de pensamiento, como Aristoteles, Kant, Hegel o Heidegger, levanta una entelequia de puros conceptos,
0

0

117
116

�se hace "aséptica" a los problemas del hombre vivo y tropieza en su evolución de pensamiento con el propio muro que ha creado con su~ redes conceptuales, sin dar solución al hombre integral, que es razón, sentimiento y sociología.
La filosofía idealista de Hegel encontró una reversión en categorías reales
de economía y política en su discípulo Carlos Marx.
O bien ante la imposibilidad de salvar el muro de la razón, nos refugiamos con Heidegger en la nada y en la angustia. O derivamos en teatro pornográfico como Sartre.
El filósofo racionalista necesita del arie fresco y húmedo de las ciencias sociales y de la naturaleza, y el hombre de ciencia necesita complementar lo
que sabe con justificaciones filosóficas.
Vasconcelos adoptó una actitud de aventura del pensamiento; trató de escapar de la filosofía abstracta, dando una explicación irracional del conocimiento.
En un principio, hablamos del ser de realidad y del ser de fabulación para
explicar la proyección estética del hombre. V asconcelos fue un creador de
filosofía poética. Por el método de coordinación de con juntos imaginamos una
síntesis y nuestra intuición con el a priori estético nos la ofrece.
Vasconcelos no se resignaba con el conocimiento abstracto y quiso salvar el
muro con el que nos encontramos al final de toda especulación. Quería encontrar una nueva dimensión de realidad y de pensamiento para crear una
nueva filosofía o una nueva ciencia.
Ante la ausencia de una solución, nos propuso una intuición poética. Y es
que el misterio o la limitación nos ronda y nos constituye. ¿Cuál es el origen del
hombre? ¿ Cómo es su constitución espiritual? ¿ Cuál es su destino después de
la muerte? ¿ Cómo llegar a la evidencia del conocimiento? Las contestaciones de la filosofía racionalista son conjeturas intelectuales, pero nada prueban en un orden científico suficiente. Entonces la filosofía racional se hace
irracional, formando la teodicea o pruebas racionales de lo que por naturaleza no es racional. Y se constituye con la teología negativa en una pura argumentación en el misterio. La palabra "mistor" en hebreo y "misterium"
en latín, significan lo que se esconde u oculta.
Nos movemos y somos seres de tres dimensiones de tiempo y espacio y como
nuestra razón es de tres dimensiones, todo lo que imaginamos más allá serán
conjeturas de la mente; nuestra constitución racional tiene los mismos límites
de su propia naturaleza. Unicamente las creaciones de la estética en el sistema de las artes podrían damos otra dimensión espiritual que fuese superior
a las tres dimensiones conocidas. Tal vez podríamos llamarla como Leonardo
de Vinci "el éxtasis tetradimensional de las figuras".
118

Lo que llamamos revelación superior del arte tal vez sea como un fulgor
un destello de una cuarta dimensión de espíritu expresable con los medios
de los que disponemos. Y que correspondería co~ la misma idea expresada
por _San Pablo el apóstol, en su Epístola a los Efesios, 111, 17-18: "Para que
an:aigados Y fundados en el amor, podáis comprender con todos los santos,
cual sea la anchura, y longura, y altura, y profundidad".
¿Q~é sería la cuarta dimensión en lenguaje inteligible para los humanos?
El umverso y el conocimiento humanos son de tres dimensiones. La geomet~ía de_ ~uclides_ Y 1~ física de la energía son de tres dimensiones. La cuarta
di_mension de Emstem se llama tiempo. O la coordenada de la duración. El
numero Y la medida del movimiento, según el concepto de antes y después
como definía Aristóteles el tiempo.
'
La c~arta dimensión sería esta fijación de límites entre antes y después, en
un~ ~mdad, que no conocería el primero y el último. Sería tal vez el a priori
estehco de Vasconcelos, coordinando conjuntos en ritmo, melodía, armonía
contrapunto.
y
La prim:;a condició~ ~el movimiento creador es el ritmo, y éste es un modo_ de ~c1on y conoc1m1ento. El ritmo y la armonía se manifiestan en la
ex1stenc1a como color y sonido. El desarrollo general de todos los fenómenos
obedece a combinaciones rítmicas y melódicas.
Bergson lo señaló también en su estudio sobre la duración : "La sucesión de
nuestros estados de conciencia se unifican, cuando no establecemos una separación entre el estado presente y los estados anteriores, lo mismo que cuando recordamos juntas las notas de una melodía".
La organización rítmica del conjunto es la que nos advierte de la presencia de la calidad, que es el conocer por excelencia.
Amar al mundo es acomodarse a su armonía; no se trata de comumar reglas universales, como Kant, sino realizar arquetipos vivientes, como el amante, el héroe o el santo. Y la Estética se logra por composición de los artistas
en las diferentes artes.
La obra estética se logra con el poema del poeta, la tela pintada de un
pintor o con el secreto de armonía de la naturaleza que logra expresar un
compos'.tº~· Es, ~na unidad. operante que coordina las ~artes heterogéneas por
el a pnon estetico. Coordmar es en el fondo armomzar y los instrumentos
del conocer son el ritmo, la melodía y la armonía y los frutos son el poema
la pintura y la sinfonía.
'
La verdad no es lógica de premisas y conclusiones, sino un proceso de
coordinación funcional vivo e inteligente; la conciencia establece la coherencia y no el pensamiento.
El silencio es al sonido lo que la luz blanca es al color; el silencio es armo0

119

�nía y coherencia de todos los sonidos; todos los elementos de la naturaleza se
pueden manejar ordenadamente por el ritmo, melodía, armonía. y contrapunto. El a priori estético nos lleva a un modo de pensar por concierto o :onc_urrencia de intenciones y significaciones, que se organizan en la conc1encia.
Pensar es coordinar conjuntos.
El cosmos es un contrapunto de contenido universal; el todo no es el conjunto de las partes, sino el resultado de la interacción de partes o elementos
internos activos.
El Todo es un orden existencial de armonía y proporción, como el de los
colores y los sonidos, pero más variado. En la filosofí~ de _la coordinaci?n lo
que intentamos es captar la calidad de las cosas, una smtes1s d~ heterogeneos,
en la que tengan cabida la verdad dialéctica, la verdad expenmental Y una
nueva síntesis, propia de la conciencia, y la operación coordmadora es lo que

llamamos orden estético.
. .,
Vasconcelos partió de Empédocles, cuando afirmab~ que la combmac10n
de elementos es el secreto del ser, no intentando reducir la calidad . . , .
El filósofo ha de interpretar todas las expresiones: conceptual,_ p1ctonca,
musical, expresión sentimental o relaciones del ser con 1:uest:a vida. Y. ha
de lograr una síntesis superior que no puede .dársela la ~az~n.., .smo la conc1~~. con tres categorías: a priori mental racional; a pnon etico, por los JU1c1a,
., .
Teas·
cios de valor; a priori estético, que respande a las formas esteticas espec1 1 .
ritmo, melodía y contrapunto.
.
La coordinación nos permite concebir pasado, presente y ~uturo en s1mul•
taneidad de tiempo y conciencia. Esta definición nos perm1t~ pensar en la
cuarta dimensión que hemos señalado en razonamiento antenor.
El ser en sí es el alma en el gozo de sentirse llena y se sirve de distintos aparatos para el conocimiento: sensitivo, intelectual, ético, estético; todos operan
por medio de a prioris estéticos específicos.

idea panteísta, sino el princ1p10 que existe por sí mismo y que opera según
elemento trino, por el cual se comunica con todo lo creado, pero guardando
su aislamiento y su poder, del que dependen los demás seres.
Los entes pueden ser pensados, pero no son realidad existencial; sólo hay
entes encamados en un ser concreto y particular. El ente supremo es innece•
sario; es una idea ejemplar para sus creaciones.
Vasconcelos cita a Filolao en la justificación de la armonía : "La única ma.
nera de establecer unidad entre los disímiles, los heterogéneos, se encuentra
en el orden que nos ofrece la armonía".

LA

FILOSOFÍA COMO ARMONÍA Y COORDINACIÓN

La realidad es unificación o la unidad de los heterogéneos, o una coordina•
ción mental que une factores heterogéneos y conjuntos de relativa homoge.
neidad, como fruto de las ciencias particulares.
Pensamos en un objeto y separamos mentalmente lo que nos dice la física,
la química, la literatura. El filósofo relaciona y coordina todas estas esferas
distintas del conocimiento para lograr una síntesis, que no logra el lagos, sino
la armonía propia de la existencia. La verdad es una coordinación de con•
juntos.
En el paso del lagos a la armonía, la estética da una síntesis más completa
&lt;jue toda síntesis lógica. La verdad no es la reducción de lo particular a lo
general, sino el sistema de coordinación de valores, que sin reducirse unos a
otros, se ligan por la vida y la acción, dando una existencia como armonía.
En la esencia misma del ser encontramos el acierto de la existencia, engen.
&lt;lrando júbilo y sentimiento de vida, que el hombre descubre en la totalidad de sus facultades. Y estas facultades son tres: el himno de la juventud,
la sinfonía de la madurez y las letanías de la vejez.

Existen cuatro categoría del ser:
a) una estructura, dentro de la cual opera u~.. i~pu~~' un.a e~ergía ani•
macla de propósito, tendente a mantener una acc1on md1viduahsta . el átomo.
b) una célula orgánica que posee estructura y fuer-ta anima~ora, qu~, tien•
de a realizar propósitos, no dispersos, sino encaminados a la mtegrac1on de
un organismo.
· ·a hecha de diversas estructuras mentales, emocionales, co·
c) una conc1enc1
.
.,
· d de un modo coherente a la mtegrac10n
ordinativas O estéticas, encamina a
de una persona.
d) la Persona divina, que no es la suma de las partes del Todo, según la

TESIS ORIGINALES EN OPINIÓN DE

V ASCONCELOS

A) La teoría del a priori estético. El fenómeno de la belleza obedece a las
formas específicas de ritmo, melodía, armonía y contrapunto. Son formas in•
dependientes de las formas lógicas aristotélicas. Aquí queda cifrado el problema de conocer y ser, que se resuelve por la Estética y por el a priori lla~
mado estético.
B) La teoría de la coordinación, que tiene su antecedente en Empédo-

121
120

•

�eles. La verdad no es reducir los conceptos o términos, cada vez más generales, dando sólo abstracciones. La verdad es coordinar los factores heterogéneos del espíritu. Al estudiar los colores del espectro no nos interesa reducir
todos los colores a uno, o color blanco, sino conservar la variedad de los matices para pensarlos en conjunto, tal y como los da la naturalezaj es como una
sinfonía orquestal, en que cada instrumento tenga su intervención peculiar,
sin anularse ninguno y dando en el conjunto una unidad musical.
C) La filosofía es el paso del logos a la armonía, o tendencia hacia la estética y queda explicado en el a priori estético.
D) La esencia del ser es la alegría de existir, o júbilo y sentimiento de la
vida de la existencia humana, en las tres etapas señaladas de juventud, madurez y vejez.
E) Culminación en San Pablo. Conocemos por todos los medios ordinarios de los sentidos, los instintos y la inteligencia. La inteligencia Investiga y
sólo encuentra su igual, su copia o su reflejo de cuanto la rodea. Además de
la inteligencia obra el ser. La inteligencia mide al ser, pero esta medida no
explica las intenciones del existir. La imaginación se hace aliada de la inteligencia; investiga y a veces yerra, aliándose con sus propias sombras. La imaginación descubre al ser en sus diversas zonas, las halla y las organiza en
amor, por melodía y simpatía La ciencia cristiana es orden estético y conduce al amor.

ESTÉTICA DE LA NOVELA

La estética de la novela consistirá en la creaci6n de personajes con un carácter O con una acción bellos, en contraste con personajes opuestos donde
se dé la fealdad de su carácter o de su acción. Por eso en el lenguaje habitual se dice es "una bella persona" o es "un hombre malo". Se emplea además el término "bonito" o "lindo" para designar un carácter bello, o un
modo de ser o comportarse.
La estética de Dulcinea del Toboso consiste en que su hermosura está idealizada por Don Quijote y el lector se la imagina tan bella como Ceivantes,
aunque nunca se dio en la realidad. Otras veces se da el objeto bello en una
criatura real O imaginada como real: tal el caso de Ofelia, el amor de Hamlet.
El objeto bello se encuentra en el argumento de la novela o de un libro. Los
actos morales son bellos, aunque la belleza sea invisible a nuestros ojos, perovisibles en la persona que los ejecutó, en quien se da la belleza moral.

122

La novela ejerce una gran influencia social. El elogio de un ethos bello es
ejemplar, inclinando a los lectores a tomarlo como paradigma de conducta. Y
lo mismo en el cine, que son novelas con los recursos de la fotoarafía, del valor
de las imágenes en movimiento, de la mímica, de la gesticula;ión o de la expresión de los personajes.
~~contram~s objetos .bellos en las novelas de Bruno Traven, el escritor enigmatlco. Su acierto consiste en hallar categorías estéticas y morales en personajes ~nónimos_ del puebl~ mexicano, adquiriendo validez argumentativa por su
caracter nac10nal; los tipos creados pueden encontrarse en todos O en cada
uno de los actores de la vida mexicanaj tipos humanos en la revolución de
~é~i~o, mostrando sus anhelos de justicia social, en contraste con la injusticia
md1v1dual o colectiva, encarnados en los ejemplos novelados.
O l~s humanidades indí.genas de carácter poético, idealista: como aquellos
marav1llosos relatos contemdos en su Canasta de Cuentos Mexicanos.
Hay objeto bello novelable en Carlota-Amalia, la mujer de Ma'&lt;imiliano,
hermosa en la realidad, pero más hermosa por estar idealizada sentimentalmente ante su viudez trágica. Y hay belleza en la actitud de Juárez, llamado
el impasible, al tomar decisiones históricas para salvar a México de la invasión francesa. Y hay belleza en todos los ejemplos novelados de los grandes
personajes de ficción, encamados a veces en la realidad histórica O en la realidad anónima, al presentar actitudes bellas. La Comedia Humana de Balzac, las almas endemoniadas de Dostoievski o de Gogol, las novelas o los
episodios nacionales de Galdós, las novelas ejemplares de Ceivantes, las biografías de Coriolano o de Julio César, la literatura de imaginación como los
viajes de Gulliver o los cuentos de Andersen; en todos podemos encontrar
objetos bellos, enriqueciendo la constelación de valores estéticos.

MANUEL KANT Y LA ESTÉTICA KANTIANA

Alemania ha logrado desde los últimos años del siglo XVIII un mayor y
sistemático desarrollo de la filosofía del arte. En otros países se han creado
ideas aisladas, pero hay que reconocer que la ciencia estética tiene en lengua
alemana su mayor expresión. Adoptamos en gran parte la exégesis critica de
M. Menéndez Pelayo.
Así como en la antigüedad toda poesía procede de Homero, en el mundo
moderno toda filosofía procede de Kant: el idealismo y el materialismo encuentran recursos para sus respectivas posiciones en la Crítica de la razón
pura, publicada por vez primera en el año 1787 y reimpresa con muchas alteraciones.

123

�Lo que llama Kant Estética trascendental no es otra cosa que 103 elementos a priori que contienen la sensibilidad, o las formas en que necesaria y fatalmente se van encerrando las sensaciones. Estas dos formas son el espacio
y el tiempo. No son sustancias ni modos de la sustancia, sino condiciones subjetivas, que poseen lo que llama Kant una realidad empírica o una idealidad
trascendental. La una y la otra son la base de los conocimientos sintéticos a
priori. Así la geometría parte de la idea del espacio y la mecánica de la idea
del tiempo.
La sensibilidad contiene formas subjetivas, en las cuales se amoldan las sensaciones, y el entendimiento tiene elementos puros a priori, que estudia Kant
en su Analítica trascendental, tomando como base la clasificación Je los juicios. A las formas del juicio y del entendimiento llama Kant categorías y
que reduce a cuatro: cantidad, cualidad, relación y modalidad.
Las categorías son conceptos a priori o formas puras del entendimiento. El
tiempo une estas categorías a los fenómenos y hace posible su aplicación en
forma de esquemas o representaciones sintéticas de carácter general. Hay
tantos esquemas como categorías. Las categorías y las formas de la intuición
sensible no tienen para Kant valor objetivo. La crítica kantiana no responde de la cosa en sí o del noumeno, siempre incognoscible. Parte por eso simplemente del fenómeno. No responde de la unidad de la conciencia, o de lo
que llama unidad primitiva sintética de la apercepción.
La Estética trascendental sólo puede decimos: de esta forma nos representamos los objetos.
Y lo que la Analítica trascendental nos enseña es la manera como pensamos los objetos de la intuición.
Las categorías son por sí puras formas lógicas y el noúmeno no puede salir
nunca de la posibilidad, no siendo objeto de intuición, sino una hipótesis del
entendimiento. La intuición no da de sí más que fenómenos, y cuando de estos fenómenos se quiere pasar a los noúmenos, es un verdadero vicio de tránsito, que Kant llama anfibolis, confundiendo lo empírico con lo trascendental.
Kant hace el estudio de la razón como facultad superior y es lo que llama
la dialéctica trascendental. La razón reduce a unidad los conceptos intelectuales, y el entendimiento reduce a unidad las representaciones sensibles.
Lo que hace la sensibilidad por medio de la intuición y lo que hace el entendimiento por medio de las categorías, lo completa y perfecciona la razón
como facultad superior por medio de los elementos a priori que tiene en su
constitución. Y estos elementos a priori son las ideas.
El entendimiento tiene la facultad de juzgar y la razón la facultad de razonar, o deducciones de lo particular a Jo general y de Jo general a lo absoluto y a lo incondicionado.

124

de. la razón
p ura son t res, que K ant saca d e Jo~ Ju1c1os
· · · categórico,
·
. Las, ideas
.
.
hipotetico Y disyuntivo: el yo o sujeto que piensa; el mundo, o la unidad absoluta de la serie de condiciones de los fenómenos. Dios es la unidad absoluta de
_condiciones de todos los objetos del pensar, la condición suprema de
la pos1b1hdad de todo lo que puede ser pensado.
EStas tres ideas forman la base de una ciencia diferente: Psicoloaía Cosmología, Teo!ogía, Ciencias trascendentales del alma, del mundo y
Dios.
Pero estas ideas ~o tienen para Kant ningún valor objetivo, como no Jo tienen l~s representaciones sensibles ni los conceptos intelectuales. A los ojos de
la r~on pura, la Cosmología, la Psicología y la Teología son una serie de paralog1smos y antinomias insolubles.
La_ ra,zó? no puede afirmar ni negar nada del yo, del mundo, ni de Dios.
La d1alect1ca trascendental es un remedio contra las ilusiones naturales O fatales_ ~e la raz~n pura., P~ra Kant tiene el mismo valor el dogmatismo y el
empmsmo y Dios estana siempre en la región de lo ideal, si no fuese por la
prueba moral en la que. Kant f~ndamenta la "Crítica de la razón práctica",
como un postulado del imperativo categórico para regir los actos humanos.
En la "Crítica del juicio", se halla desarrollada su doctrina estética.
Kan_t _quería l!~rar su juicio de todo empirismo, aunque empezando por ser
un ~stetico empmco. A~tes de haber publicado su Crítica del juicio, se Je conoc1an ~lgunas observaciones sobre el sentimiento de lo bello y de lo sublime.
Menendez Pelayo, al que seguimos en sus comentarios sobre el kantismo
asegura ~u~ . esas observ~ciones están llenas de subjetivismo y relativismo'.
Y un subJetiv1smo sensualista, que no es el idealismo kantiano que conocemos
~as varias sensaciones de placer y dolor no dependen de cualidades de lo~
objetos externos, sino del propio sentido de cada hombre; que sohre gusto
no hay discusión, porque a unos agrada lo que a otros fastidia.
s
Este senti~o que llama animal, es. el que Kant estudia, rechazando el placer
que se expenmenta en la alta contemplación de las verdades científicas.
_N~ investiga la esencia de lo bello y de lo sublime sino que se limita a descnpc1ones por sus _efectos.. Divide lo sublime en terrible, generoso y magnífico,
y cree que lo subirme es inseparable de la grandeza; en cambio Jo bello puede darse en objetos de reducidas dimensiones. La nota de lo bello es Ja simplicidad. En arte, la tragedia es el campo de lo sublime y la comedia de Jo
bello.
Hay una especie de sublimidad a los ojos del gusto animal, no de! Ja razón
incluso en pasiones viciosas, como la iracundia y la venganza, y hay ciert~
especie de belleza en la astucia criminal.
Expone la doctrina de los temperamentos, dando al melancólico el sentido
de la sublimidad y al sanguíneo el sentido de la belleza.

!~

d;

125

�Kant atribuye a los españoles y a los ingleses el sentido de lo sublime, y el
sentido de lo bello, a los italianos y franceses.
La Crítica del juicio, publicada en 1790, supera estas observaciones ligeras
sobre lo sublime y lo bello.
En la Crítica del juicio pretende resolver la antinomia entre el concepto
de la naturaleza y el concepto de la libertad, que da lugar a la Filosofía teorética y a la práctica.
La Crítica del juicio se divide en dos partes: Crítica del juicio estético y
Crítica del juicio teleológico.
La "Crítica del juicio estético" está dividida en dos partes: una analítica
y otra dialéctica. La analítica comprende el análisis de lo bello y el análisis
de lo sublime.
El juicio del gusto, como todo juicio puede ser considerado en las cuatro
categorías de cantidad, cualidad, relación y modalidad. Son momentos del
juicio la aplicación sucesiva de estas categorías.
En la categoría de la cualidad, se conoce el juicio del gusto por su carácter desinteresado, no solamente porque no despierta en nosotros idea alguna
de poseer el objeto, sino porque no nos preocupamos de su existí!ncia real,
preocupándonos tan sólo por el puro placer de la representación. Se distingue el placer de lo bello de lo agradable, que no es placer contemplativo,
sino sensual, y del placer de lo bueno que es siempre un concepto racional,
bien sea útil, o bueno en relación de algo, o bueno intrínsecamente y per se.
Para tener una idea de lo bueno, es necesario tener algún concepto del mismo,
Jo que no sucede para considerar lo bello. Las flores, la jardinería, las artes
ornamentales, no tienen sentido racional ni dependen de ningún concepto, y
nos producen agrado. Nuestro juicio del gusto no es de conocimiento, ni teórico ni práctico. Lo que es agradable es común a todos los animales y lo bello es exclusivo del hombre; lo que es bueno tiene referencia a toda naturaleza y a toda razón posible, y en cambio, el placer de lo bello puede llamarse libre, puesto que no hay en él ningún interés, ni sensual ni racional.
En la categoría de la cantidad, dice Kant que lo bello es lo que agrada
universalmente y sin concepto. El concepto depende del agrado universal, o
de su carácter desinteresado, puesto que no existiendo un interés particular
del sujeto, no podrá el contemplador suponer otra cosa que el objeto bello
producirá en otros los mismos efectos que en él ha producido.
Este juicio, aunque sea estético, tomará apariencia de lógico, y tendrá universalidad, aunque sea subjetiva, sin un consentimiento racional, pero con
un asentimiento instintivo.
Lo agradable es particular y relativo, y es al gusto al que se refiere el proverbio "sobre gustos no hay nada escrito". Lo bello eleva siempre el signo

d_e univ,ersalidad, aunque los Jºuicios estéticos no tengan como cantidad lógica m~s _va~~r que el de juicios singulares.
~a :1st1~c1on e~t_re el valor lógico y el estético hay que tomarla en cuenta
en a octrma estehca de Kant. En el orden lógico, en la relación de los conceplltos,Lnodpu_ede haber razón ni regla alguna que obligue a declarar una cosa
b e a. o. ec1mos por una acePt ac1on
· , universal,
·
en que no interviene la razón
1
bl:ntervi~n: : juicio, po~que de lo contrario lo bello sería más bien agrada~
· ESt e Juicio es espontaneo Y no puede separarse de la impresión efectiva·
:l pl_acer que experimentamos en la contemplación de la belleza nace del ti~
. , cono.re .Juego de .nuestras. facultades cognoscitivas, no reduc1"das a nmgun
c_imiento
particular, smo a representaciones del conoc1·m1·ento genera1 y exisd
t1en
armó~ica independencia entre la fantasía y el entendimiento; este
placer es universalmente comunicable.

°

~n la_categoría de relación, lo bello nos parece como la forma final de un
obJeto sm representación de fin, o como una finalidad sin fin.
En la doctrina kantiana se entiende por fin el objeto de un concepto en
tanb_tot que este concepto es considerado como razón real de la posibilidad' del
O Je O.

La causalidad de cualquier concepto con relación a su objeto es Jo que
llamamos forma final.
'
. ,El j~icio del gu~to, que no tiene ~~r fundamento un particular fin subjeti, o, ni tampoco nm~una representac10n determinada de un fin objetivo, como,:¡ con~epto del bien, porque no es un juicio de conocimiento, ~ino juicio
:stet1co, ni envuelve conc~pto alguno de la cualidad, ni de las posibilidades
1~ternas _Y externas del obJeto, dependiendo únicamente de la relación armómea y hbre de nue,stras facultades representativas entre sí, no puede tener
por fundamento mas que una forma final subjetiva sin fin particular ·
. .
. b" .
'
' n1
subJet1vo m o Jetlvo; una pura forma que tiene su fin en la misma representación.
. ~a concienci~ d~ esta finalidad sin fin en la acción de las fuerzas cognosc1tlvas, 1~ conc1enc1a de esta causalidad interna es lo que constituye el placer estético, que puede ir unido y mezclado a otros placeres más O menos
puros, pero que en su esencia excluye todo movimiento interesado.
Los juicios estéticos, igual que los lógicos, pueden dividirse en empíricos y
puros.
Los empíricos son los que añaden al objeto la calificación de agradable 0
desagradable; y son puros los que sólo dicen del objeto su belleza.
Los empíricos son los juicios de los sentidos o juicios materiales estéticos•
los juicios puros son los juicios formales o los juicios propios del gusto. El

127
126

�del gusto es gusto cuando no se le mezcla ningún elemento de complacencia empírica.
El puritanismo idealista de Kant le lleva a considerar como elementos verdaderamente estéticos a la línea, al trazado, al dibujo, a la figura, negando
que la sensación del color ni la del sonido puedan ser _estéticas por s~ solas.
Los colores y los sonidos son bellos en cuanto se les considera puros Y simples.
La pureza y simplicidad es lo único que los saca de la pura sen~a:ión Y les.
da un valor formal. Los colores mixtos los excluye Kant de la Estetica.
El juicio estético puro está también totalmente libre y vacío de la repre-·
sentación del bien y del concepto de la perfección. El bien supone una forma
final objetiva, 0 una relación del objeto a un fin determinado. Esta forma
final puede ser de utilidad o externa y de perfe;ción o intc'.7'ª· La perfeccwn se acerca más al predicado de la belleza. As1 algunos filosofo, han definido la belleza como una perfección confusa.
Kant distingue1los dos conceptos, fundándose en que es imposible pensar en
una forma de la perfección, sin materia ni concepto alguno.
Para juzuar una forma final objetiva, se requiere el concepto del bien; y
si se trata bde la perfección, que es forma final interna, el concepto de un

JU1C10

fin interno.
La razón determinante del juicio estético no puede ser un concepto Y menos el concepto de un fin determinado. El juicio estético es_ irreductible y no
nos da el menor conocimiento ni confuso ni distinto del obJeto, el que se conoce solamente por el juicio lógico.
.
.
.
La facultad de los conceptos confusos o distintos es la mtehgencia, no como facultad de conocer, sino como sentido íntimo de la armonía de las potencias del alma.
Kant distingue dos géneros de belleza. Lo que llama belleza libre y lo que
se llama belleza adherente; esta belleza última es la que va mezclada con el
concepto de perfección o de fin particular.
La belleza libre pertenece al juicio estético puro.
Si se mezclan estos dos conceptos de belleza, la libre y la adherente, da lugar a muchas contradicciones sobre el gusto.
Ahora bien, no puede haber para el gusto una regla obje'.iva y_ derivada
de conceptos intelectuales. Por eso es inútil buscar un cnteno umversal de
lo bello.
Existe un ejemplar O un prototipo ejemplar de belleza. Pero este ideal de
belleza no depende de la razón, sino de la fantasía, ~i puede aplicarse a. la
belleza libre, sino a la belleza adherente, que cae baJo el donumo de la inteligencia.
Nadie habla del ideal de las flores. El hombre es el único que contiene en

sí mismo el fin de su existencia, y puede proponerse por la razón sus propios
fines. Si los toma de la percepción externa, ha de compararlos con los fines
esenciales y universales, juzgando estéticamente de su armonía y puede ser
así ideal de perlección, porque de todas las cosas existentes en el mundo, sólo
hay una capaz de perfección ideal y es la inteligencia humana.
Manuel Kant se olvida aquí de todo el sentido de la crítica del juicio, en
opinión de Menéndez Pelayo, al que seguimos glosando casi literalmente en
sus conceptos. Y dice que Kant está dominado por su propensión ética, haciendo consistir el ideal humano, o el único ideal que reconoce, en la fuerza
expresiva de las ideas morales, que internamente dominan al hombre.
De esta forma su teoría de lal finalidad sin fin y la Crítica de la razón práctica se internan en el domino de la Crítica del juicio.
En la categoría de la modalidad para considerar el juicio del gusto, dice
que el juicio del gusto es necesario, pero con cierto género de necesidad peculiar, no con necesidad teórica objetiva, ni con necesidad práctica, sino con
necesidad hipotética y subjetiva, fundada en cierto sentido común a todos los
hombres, obligándoles a suponer que la satisfacción que ellos expi;:rimentan
al contemplar el objeto bello, deben sentirla por igual todos sus semejantes.
Este sentido común no es para Kant ninguno de los sentidos exte1nos, sino
un efecto de la libre acción de nuestras facultades de conocer.
Al análi,sis de lo bello sigue el análisis de lo sublime. Coinciden lo bello y
lo sublime en agradar por sí mismos; convienen en no ser objeto de un juicio
empírico ni de un juicio lógico, sino ·de un juicio de reflexión. Coinciden en
originarse el placer que producen del acuerdo entre la facultad de exhibición,
o de la fantasía, y el entendimiento; también coinciden en que siendo singulares sus juicios, adoptan un valor universal. Y finalmente en que no traen
ningún conocimiento del objeto contemplado.
Hemos señalado las semejanzas de todo juicio estético, y ahora señalamos
las diferencias.
Lo bello tiene relación con la forma final del objeto. Lo sublime reclama
un objeto destituido de toda forma, en el cual pueda representarse lo infinito.
Si lo bello puede considerarse como la exhibición de un concepto intelectual indeterminado, lo sublime es la exhibición de un concepto racional jndeterminado.
Lo bello y lo sublime son diferentes entre sí como el entendimiento y la
razón. La representación de lo bello es representación de cualidad, y la de
lo sublime es representación de cantidad.
El placer de lo bello lleva consigo una excitación suave y directa de las
fuerzas vitales, una manera de expansión.
Lo sublime por el contrario empieza con una suspensión momentánea de

129
128
H9

�estas fuerzas, a las que siguen una efusión mucho más intensa que la de lo
bello, por razón de tratarse de una cosa seria y no de un juego como en el
objeto bello.
El objeto bello atrae siempre. El objeto sublime nos repele a veces. Lo sublime es más que un placer positivo, una generación de admiración y respeto, o un placer negativo.
Ninguna cosa de la naturaleza puede ser sublime, aunque sí puede ser bella.
Y no puede ser sublime, porque lo sublime excluye la finalidad formal y no
puede estar contenido en ninguna apariencia subjetiva; tiene su origen en las
ideas de la razón, y especialmente en la idea de lo infinito.
Lo sublime es puramente subjetivo y no se le puede explicar por un principio de conveniencia natural; trasciende de toda finalidad y nos da una visión
anticipada de lo infinito.
La razón de la belleza natural debe buscarse fuera de nosotros y lo sublime
está en nuestro mundo interior. No es sublime el mar agitado por el temporal, pero lo son las ideas que despierta en nosotros. La idea de lo infinito
es la clave y la razón de lo sublime.
El juicio de lo sublime, como el juicio de lo bello, están sujetos a las cuatro categorías, y es universal, desinteresado, subjetivo y necesario.
Kant establece una distinción entre lo sublime matemático o de extensión,
y lo sublime dinámico o de fuerza y poder.
Define Kant lo sublime matemático como aquello que es absolutamente
grande, o aquello en comparación de lo cual todas las cosas parecen pequeñas. Y finalmente, aquello cuya sola concepción atestigua en el alma la presencia de una facultad que sobrepuja toda medida de los sentidos. Tal magnitud no se halla en la naturaleza, donde toda cantidad es relativa, sino en el
mundo de las ideas.
El efecto mayor de la idea de lo sublime depende del contraste y discordancia entre la magnitud, relativa y limitada, de todas las cosas del mundo
visible, y la facultad que nuestro espíritu posee de concebir la totalidad absoluta y suprasensible.
Así se explica la mezcla de dolor y placer, que es el signo del fenómeno de
lo sublime; es un dolor que nace de la impotencia de nuestra imaginación al
no poder alcanzar otra cosa que la cantidad limitada; o el placer que nos infunde la posesión de la idea de la cantidad sin límites, o tesoro inestimable
de nuestra razón.
Este género de sublimidad no es en rigor sublimidad matemática, dice Menéndez Pelayo. ¿Qué son las matemáticas, sino la ciencia del número o de la
cantidad relativa?
El alma oye dentro de sí la voz de la razón que reclama la cantidad uni-

versal, como fundamento de todas las cantidades que se pueden alcanzar y
de las que nunca serán alcanzadas. La exhibición de todos )os miembros de
una serie progresiva que crece hasta lo infinito; el infinito mismo, levantado
sobre t°?o sentido; la idea del noúmeno, a la cual ninguna visión alcanza, pero que sirve de sustrato a la visión de todo fenómeno o a la visión del mundo.
La razón que alcanza este infinito suprasensible, superando la medida de
toda facultad sensitiva, logra lo que llama Kant una amplificación del alma.
Ahí está verdaderamente lo sublime y no en los objetos de la naturaleza.
Por grande que sea la cantidad imaginada, siempre podemos llegar a cantidades mayores. Y siempre serán pequeñas en relación con las idc:as de la
razón.
En cuanto a lo sublime dinámico dice que es el sentimiento de una gran
fuerza natural que no tiene imperio sobre nosotros. Del contraste entre nuestra impotencia física y la conciencia de nuestra personalidad libre, o la conciencia de nuestro destino y de nuestra superioridad moral, que está fuera de
la naturaleza y sobre la naturaleza, nace esta especie de sublime, caracterizado por la contradicción y la lucha.
La naturaleza se considera como sublime en cuanto excita y despierta nuestras energías morales y levanta el ánimo a la consideración de nuestro sublime destino.
De estas condiciones de lo sublime depende el que sea de difícil ;1.cceso; el
que pocos hombres sean capaces de sentirlo y el que demande una cultura
mucho mayor, no sólo del juicio estético, sino de la facultad general de conocer.
Este análisis de lo bello y de lo sublime constituye la parte más sólida y
más original de la Crítica del juicio estético.
Kant deduce los juicios estéticos puros, refiriéndose solamente a lo bello
'
que es donde se descubre la finalidad, y no a lo sublime que carece de forma final.
El juicio del gusto es un juicio sintético a priori, ya que no se deriva de la
experiencia, ni es explicativo, sino extensivo. El elemento a priori que contiene es la universalidad del placer. Sería un juicio empírico, si nos limitamos a
decir que una cosa nos agrada; pasa a ser un juicio de anticipación, en cuanto
afirmamos que la cosa es bella y que necesariamente debe agradar a todos.
El placer es el elemento empírico; la necesidad postulada el elemento a priori. No implica esto nada sobre la realidad objetiva del concepto de belleza,
pero podemos pensar en todo hombre las mismas condiciones subjetivas que
en nosotros. La belleza sin intervención de concepto alguno, es esencialmente comunicable y un gran elemento de sociabilidad.
La Crítica del juicio no es una estética completa. Kant negó siempre la
posibilidad de una ciencia estética. No hay ni puede haber ciencia de lo be-

131
130

�llo, sino Crítica de lo bello. Si el juicio de lo bello fuese una ciencia, ¿ qué
valor tendría el juicio del gusto? En las Bellas artes cabe modalidad, pero no
es posible el método.
Kant habla de las Bellas Artes y de sus cultivadores con desdén, y los declara frívolos y poco apreciables bajo el aspecto moral; considera en cambio como indicio de un espíritu recto y sano el amor a las bellezas naturales, muy
superiores en su opinión a las bellezas artísticas, incluso por la fruición pura
que proporcionan y preparan para el sentido moral, al conducimos a un juicio teológico sobre la naturaleza. La contemplación de la naturaleza no se
considera desde un punto de vista estético, sino más bien como un estímulo
intelectual.
El desdén de Kant para los deleites estéticos, se ha reflejado en sus opiniones
sobre el arte. Distingue la ciencia como la facultad práctica de la teoría, y
la distingue del oficio, considerando a éste como el arte libre del arte mercenario.
Las artes se dividen en mecánicas y estéticas, y las estéticas en agradables y
bellas. El arte solo no podrá llamarse bello cuando tengamos conciencia de
que es arte y cuando no conserve ningún aparente vestigio de forma académica,
y no podamos pensar que las reglas han encadenado la fantasía del artista.
La forma artística debe ser final sin parecerlo.
La producción del arte es obra del ingenio, y el ingenio es una gracia de
la naturaleza, que no puede sustituirse con ningún talento de ejecución. El
ingenio es la verdadera fuente de los preceptos artísticos, y en esto se diferencian el arte y la ciencia.
El gusto es la facultad de juzgar, y el ingenio es la facultad de producir.
Pero la fantasía y la inteligencia forman el ingenio.
Para Kant es la poesía el arte de las artes, en la que cabe toda la inmensa
variedad y riqueza de las formas posibles.
La dialéctica del juicio estético se encierra en la solución de la antinomia
del gusto y que Kant formula así:
Tesis. El juicio del gusto no está fundado en conceptos, porque si estuviese,
se podría disputar o argumentar.
Antítesis. El juicio del gusto está fundado en conceptos, porque si no lo
estuviera, no se podría exigir la aceptación general de los demás hombres.
Kant resuelve esta antinomia con el mismo procedimiento que las antinomias de la razón pura teórica y de la razón práctica, recurriendo hipotéticamente a un sustrato suprasensible de los fenómenos, o a un noúmeno.
La palabra concepto se toma con un sentido en la tesis y con otro sentido
en la antítesis. La tesis y la antítesis son igualmente verdaderas, porque en la
tesis darnos a entender que el gusto no se apoya en conceptos determinados,

132

lo que es verdad; y en la antítesis afirmamos que depende de un concepto
indeterminado, de un elemento a priori, sin el que no podría tener valor
necesario. En la tesis se habla de un concepto intelectual, y en la antítesis
de un concepto trascendental y puro.
Con la presencia de este concepto, el juicio del gusto, que es singular, puede
pretender un valor universal.
No hay principio objetivo determinado del gusto, pero hay un principio subjetivo. O la idea indeterminada de lo suprasensible que existe en nosotros.
Si en lugar de basamos en este principio, explicásemos lo bello por lo
agradable, o por el principio de perfección, la antinomia sería insoluble, por
ser la tesis y la antítesis contradictorias. La idea estética es una idea no exponible, porque su fundamento excede a todo concepto intelectual.
Falta considerar cómo lo bello es símbolo de la moralidad. La belleza no
es símbolo del bien como una representación imaginativa del mismo contenido
que la idea del bien, sino como una intuición, que no por su contenido sino
por el procedimiento y la regla del juicio tiene alguna analogía con el concepto del bien.
En la doctrina de lo bello se ofrece un análisis del gusto o una psicología
estética. Pero no puede existir física estética cuando no hay fin estético, ni
filosofía del arte, cuando el arte no tiene conceptos determinados en qué
fundarse; ni metafísica de lo bello cuando en realidad toda metafísica es
una hipótesis gratuita y laboriosa de un noúmeno.
Menéndez Pelayo asegura que Kant anula la ciencia estética y al mismo
tiempo la levanta, estableciendo las futuras teorías de lo bello con una base
crítica y analítica, que establece la independencia de la crítica de su objeto,
poniendo a salvo los derechos del genio artístico, enfrente del criterio de
utilidad, del empirismo sensualista y de las intromisiones del criterio ético mal
entendido.

LA FILOSOFÍA ESTÉTICA DE HEGEL

Seguimos en el estudio de la estética de Hegel con las emeñanzas críticas y
expositivas de Menéndez Pelayo en su Historia de las ideas estéticas.
Podría caber una nueva actitud crítica frente a la obra de Hegel, pero esto
sería una salida impropia del fin propuesto en este trabajo.
Hegel representa uno de los grandes filósofos de la humanidad que surgió
de la filosofía de Fichte y de Schelling, de la tradición aristotélic:i o de la
tradición kantiana. Sus lecciones de Estética son un legado inapreciable a la
Historia de la cultura. No agota con este libro toda la ciencia r.stética, pero

133

�,1

sus fundamentos tienen una aspiración universal como toda su obra filosófica.
Puede decirse que la Estética es su obra mejor y más duradera, con indepen~
dencia esencial de su obra filosófica en su conjunto. El filósofo alemán Max
Schasler dio su opinión crítica: "La Estética de Hegel no sólo ofrece el primer
sistema completo de una Filosofía del arte, que por la profunda vitalidad de
la concepción, por la riqueza y variedad de las ideas que contiene, sobrepuja
a cuanto habían intentado los predecesores y contemporáneos de Hegel, sino
que hasta la hora presente, a pesar de todo lo que se ha trabajado para completarla y distribuir mejor sus partes principales, noi ha sido todavía superada".
Menéndez Pelayo asegura que la Estética de Hegel tiene la perpetua juventud de las obras del genio. Debiera llamarse Filosofía del arte, ya que
para ser Estética general le hace falta todavía mucho. La idea de lo bello, la
realización de lo bello en la naturaleza y la doctrina del ideal artístico han
quedado incompletas. La Estética de Hegel es admirable por ser una Estética
práctica, una Estética para los artistas compuesta por un hombre que no
era artista por la forma, pero sí por el pensamiento creador; que tenía el
gusto más exquisito y el conocimiento más profundo de la Historia y de la
técnica del arte. Sentía la belleza realizada por los grandes artistas en mármoles, en cuadros o en poemas y de ahl que su, obra tenga el valor de todo lo
vivo, sustancial y creador. Su discípulo Rosenkranz opinaba así, hablando
de Hegel: "identificarse con la vida espiritual de los pueblos y con su literatura en toda su extensión y hasta en sus producciones más insignificantes".
La Estética es un capitulo de la Filosofía del Espíritu, y así se explica la
rapidez con que trata el tema de lo bello en la naturaleza, considerando la
belleza artística muy superior a la belleza natural, porque surge directamente
del espíritu, que es siempre más elevado que la naturaleza. La hermosura del
mundo físico no tiene valor, sino como reflejo de la belleza del espíritu. No
hay belleza verdaderamente bella, sino en cuanto participa del espíritu o es
generada por el mismo.
El arte que estudia es el arte independiente y libre en su fin y en sus
medios, no el arte que siive en vano pasatiempo para la verdad práctica y
moral. La verdad que el arte manifiesta es de especie más alta; es un modo
de revelar lo divino a la conciencia, de expresar los intereses más profundos
de la vida y las más ricas intuiciones del espíritu. El arte no es la religión ni
la filosofía, pero cumple el mismo fin con diversos medios. El arte no es
tampoco una ilusión o vana apariencia, pues lo que en el arte llamamos apariencia o forma sensible es tan esencial como el fondo, y la verdad no existiría
si no apareciese o se manifestase.
Si calificamos de ilusorias las formas artísticas, podemos decir lo mismo
de los fenómenos de la naturaleza y de los actos de la vida humana, puesto

que más allá de todos estos objetos que percibimos por los sentidos y la conciencia, hemos de buscar la substancia y esencia de todas las cosas. El arte
libera de la imperfección de las pasiones y voluntades individuales, por una
forma más elevada y más pura, que es creación del espíritu; el mundo del arte
es más verdadero que el de la naturaleza y de la historia, pues con sus representaciones más expresivas tienen una perpetuidad que no alcanzan los seres
de la naturaleza.
La ciencia del arte se impone al artista en nuestros tiempos, considerando
como ciencia del arte una verdadera teoría, un organismo o un sistema.
El arte es obra del espíritu y debe ser estudiado como el espíritu mismo.
¿ Es lo bello un sentimiento, un goce, algo meramente subjetivo, o hay realidad
exterior que le corresponda?
El objeto de la ciencia ha de ser demostrado como necesario, y para hacer
esta demostración hay que acudir a un principio anterior, que está fuera del
dominio de la Estética, si se la considera aisladamente. Hay que aceptar la
idea del arte como una especie de lema o corolario, porque sólo en la exposición de toda la Filosofía cabe demostrar su naturaleza esencial y necesaria.
La Estética de Hegel no contiene una metafísica de lo bello. Hegel da por
sentada y supuesta la idea de lo bello y se limita a los principales aspectos con
que el sentido común suele representarse esta idea en el arte.
El genio, para producir algo substancial y perfecto, debe ser educado por
la experiencia de la vida y la reflexión, pues el conocimiento de las reglas del
arte no es bastan te.
El arte pertenece a la actividad práctica y no a la teórica o científica, aunque
el arte no se dirige exclusivamente a la sensibilidad del hombre: las sensaciones son subjetivas e individuales y por eso decimos sentimiento moral, sentimiento religioso, sentimiento de lo sublime.
En relación con los objetos exteriores, el arte ocupa un término medio entre
la percepción sensible y la abstracción racional. Lo que el arte ve en el objeto
no es ni su realidad material, ni la idea pura y general sino una apariencia
o imagen de la verdad, algo de ideal que en el objeto aparece. Crea imágenes
o apariencias destinadas a representar las ideas, a mostrar la verdad bajo
formas sensibles.
Hegel rechaza el sistema de la perfección moral, aunque el arte produce
efectos morales y eleva el pensamiento a una región ideal, presentando la
verdad bajo el velo de símbolos o figuras. Pero una cosa son los efectos del
arte y otra su fin.
Aunque exista armonía entre el arte, la religión y la moral, tienen sin embargo formas diversas de la verdad. El arte tiene sus leyes y sus procedimientos

135
134

�y no debe ofender al sentido moral, ya que el arte se dirige al sentido de
lo bello.
El bien es la armonia buscada, la belleza es la armonía realizada.
Lo bello es la esencia realizada o la actividad conforme a su fin, libre en
su armónico desarrollo. Representar la armonía, manifestar lo bello, es el fin
del arte.
Consiste la idea de lo bello en la unión y armonía de dos términos que se
presentan al pensamiento separados y opuestos: lo ideal y lo real, la idea y
la forma, cuya oposición es en el fondo, el problema capital de la Filosofía.
La más alta verdad en el arte consistirá en que el espíritu haya llegado a la
manera de ser que mejor convenga a la idea del espíritu.
Aquí radica el fundamento de las divisiones de la ciencia del arte, porque
~1 espíritu, antes cle alcanzar la verdadera idea de su esencia absoluta, tiene
-que recorrer una serie gradual de desarrollos internos, y a estas modificaciones
,corresponde una sucesión de formas artísticas, encadenadas entre sí por las
mismas leyes, mediante las cuales, el espíritu como artista, adquiere la conciencia de sí mismo.
Este desarrollo se puede considerar de dos maneras: como desarrollo general
de las faces del pensamiento en el mundo del arte, y como desarrollo en formas
sensibles de distinta naturaleza, de donde nacen las diversas artes.
Tres son las divisiones de la Estética: a) idea de lo bello en el arte, o sea
lo ideal; b) desarrollo de lo ideal en la Historia general del arte; e) sistema
de las artes particulares.
El primer apartado lo subdivide en otros tres: a) noc10n o idea abstracta
de la belleza; b) lo bello en la naturaleza; c) lo bello realizado en las obras
de arte.
Lo bello es la manifestación sensible de la idea, o la idea confundida con
su apariencia exterior. Lo sublime es una tentativa para expresar lo infinito
en lo finito, sin encontrar ninguna forma sensible que sea capaz de representarlo.
La belleza es la forma total, en tanto que revela la fuerza que la anima;
es la fuerza manifestada por un conjunto de formas, de movimientos independientes y libres; es la armonía interior y viviente que se descubre al¡ exterior.
La belleza física es reflejo de la belleza moral y las dos son expresiones de
la verdad in tema.
En la belleza artística hay que considerar tres aspectos: a) el ideal en sí
mismo; b) la determinación del ideal como obra de arte; c) las cualidades
del artista.
El fin del arte es representar lo real como verdadero, en conformidad con
la idea que ha llegado a la perfección de la existencia reflexiva. El ideal es
136

una especie de purificación para salvar las limitaciones de lo accidental o
&lt;le lo externo.
Schiller había dicho: "Lo serio es propio de la vida; la serenidad pertenece
"Sólo al arte". Para Hegel, el llanto, como simple lamentación, no cabe en
el arte.
Lessing pone el fin de las artes plásticas en la expresión de la hermosura
corpórea. Hegel quiere que por esta hermosura se transparente la superior
belleza de la Idea.
El artista debe gozar de facultades productoras, como imaginación, genio,
inspiración, diferenciando el genio y el talento, como la manera, el estilo y la
originalidad.
Tres son los momentos esenciales de la idea, que en el reino de la belleza
se traducen por tres formas particulares de arte, y_estas tres formas son: el
arte simbólico, el arte clásico y el arte romántico.
Hegel se inclina con amor por el desarrollo del ideal clásico, o el valor
estético de la concepción antropomórfica, o la serenidad inalterable de los
dioses inmortales.
El arte romántico, que es para Hegel el arte cristiano, se caracteriza por
el principio de la subjetividad infinita.
El arte clásico había sido la representación perfecta del ideal, el reino de
la belleza; nada más bello se ha visto ni se verá.

Pero hay algo todavía más elevado que la manifestación bella del espíritu
bajo la forma sensible, y es la conciencia que el espíritu adquiere de su na-

turaleza absoluta e infinita, llevando a la absoluta negación de todo lo finito
y particular. "La llama de la subjetividad devora todos los dioses del panteón
,clásico".
El arte romántico que así lo expresa es la historia íntima del alma. Como
ya no es la belleza el principio esencial, como lo era en el arte clásico, en
-que la belleza se define por la idea, el arte nuevo adquiere proporciones con

la expresión de lo real en sus imperfecciones y defectos. La estética de lo feo
es importante en el arte romántico, ya que no aspira a reproducir la belleza
-ideal en el reposo infinito sino que tiende a la expresión de la espiritualidad
pura e invisible. Si la escultura es el arte clásico por excelencia, la música y
la poesía lírica son artes románticas por excelencia. Se manifiestan en la

•epopeya y en el drama y en las creaciones de las artes figurativas, infundién·doles un sentimiento profundo.
Hegel en el sistema de las artes las clasifica en cinco: arquitectura o arte
·simbólico; escultura o arte clásico por excelencia; pintura, música y poesía
,como artes románticas.

137

�DIRECCIONES PRINCIPALES DE LA EsTÉTICA ACTUAL

La Estética puede ser considerada como ciencia normativa, o que formula
preceptos, o como descriptiva, que describa y explique el fenómeno estético.
Por eso señalamos la disyuntiva entre la Estética subjetiva psicológica y la
Estética objetiva no psicológica. Tomarnos de la Estética de Meumann.
La Estética como ciencia normativa es la que menos se tiene en cuenta en
la actualidad, y puede hacerse la siguiente pregunta: ¿es cometido de la
Estética formular leyes que tengan carácter de normas o de preceptos de
valor absoluto, o bien ha de renunciar la Estética a semejantes leyes, juzgando que su cometido principal es sólo la descripción y explicación de los
hechos estéticos?
Aceptando el primer criterio del carácter normativo de la Estética, habremos de considerar en el desarrollo de esas reglas o leyes con carácter de preceptos o normas, y si mantenemos el segundo criterio de la descripción y explicación de los hechos estéticos, podriamos hablar de leyes del agrado y del
juicio estético, de la cultura estética, considerándolas como leyes causales
que indiquen las condiciones del agrado, del juicio o de la, creación en el
orden estético; o la indicación de dichas condiciones o reglas normativas para la actitud estética, si tratamos de realizar algún fin estético.
Los partidarios de la Estética descriptiva y explicativa aseguran que si conocemos las condiciones que de hecho corresponden a la creación artística o
al juicio estético, con todo ello podremos fijar los preceptos que han de observarse para la realización de fines estéticos determinados. En cambio, las normas o preceptos especulativos suelen llevar carácter arbitrario si no brotan de
la investigación empírica de los hechos. Meumann sigue el punto de vista de la
Estética descriptiva y explicativa.
Teodoro Lipps ha estudiado la relación de las dos actitudes estéticas, o las
condiciones de la actitud estética y las que son preceptos o normas para la
misma.
Entre la Estética de la investigación de los hechos de lo bello y del arte y
la Estética como expresión de mandatos o normas, no hay propiamente oposición: la oposición entre estos dos cometidos de la Estética, el investigar lo
bello y el arte y el sentar normas o preceptos para ellos, la crean los partidarios de la Estética normativa de un modo artificial, al renunciar al estudio
de los hechos, considerándolos equivocadamente como superfluos para la obtención de las normas estéticas.
Los partidarios de la Estética normativa se mantienen en las ideas de la
doctrina kantiana del juicio estético como juicio especial del gusto, que no
138

se puede explicar más y que radica en la constitución original de nuestro
espíritu.
Sigue este criterio entre otros Jonas Cohn en su Estética corno ci~ncia crítica del valor.
_ Todo juicio del valor lleva consigo tres cosas: a) tiene que darse algo estimado como valor sobre lo cual se juzga; b) el juicio expresa determinada
clase de va!or, y el valor estético ha de distinguirse de los otros valores por
notas especiales; c) a todo juicio compete una validez determinada y se impone el s_eñalar la especie de validez que a lo estético compete.
Lo e~tm~ado estéticamente como valor, lo señala Cohn por intuición, con
~o que md1c~ ~e modo especial lo inmediato del juicio estético; todo lo que
~uzg~os esteticamente, obras de arte y objetos naturales, posee carácter de
mt~ble y no de conceptual abstracto. El valor estético es intensivo, no consecutivo. Lo _bello es valioso por sí mismo, porque no sirve para otro valor, ni
para otro fm que no sea el estético.
~l juicio estético tiene carácter de postulado, con lo que se pretende que la
valrdez de un juicio estético, como esto es bello, esto es sublime esto es cómico, significa otro sentido que la afirmación esto es verdader;
_La v~:dad la ha de reconocer todo hombre que piense, y en cambio, Ja
af1r~ac1on -~sto es, ?ello o cómico, significa para los otros que juzgan como
una 1mpre-s1on estetica con pretención de validez para el que juzga sin que
otros la reconozcan igual.
'
Para_ Cohn toda la Estética se considera como una Lógica del juicio del
g~s.to, mcluyendo la ciencia normativa de valor y excluyendo todo lo psicologico.
. Meumann se pregunta si la Estética es una ciencia con unidad O si más
~1en se ::ata de investigaciones aisladas de clase diferente y com;letamente
sm rel_ac1on entre sí. Y se contesta que la Estética si ha de corresponder a su
cometido ha de extenderse a cuatro diferentes puntos: a) La Estética tiene
el ~eber de an~lizar p~icológicamente el agrado o placer estético y explicarlo
s:~un su~ co_n~1c10nes mtemas y externas, formando lo que se llamaría la Estetica ps1colog1ca; b) la Estética ha de ofrecer a la vez una teoría de la creacmn artística, analizada psicológicamente, estudiando sus condiciones individual:s y sociale~ y tratando de descubrir su origen en la especie humana 0
sus pnmeros comienzos y las relaciones primitivas del arte y de la cultura del
hombre; c) la Estética. como ciencia objetiva ha de estudiar el arte y el sistema de las artes particulares, con las diferentes obras artísticas sus cualidades, su~ medios artísticos específicos, sus leyes, su técnica, y den~ro de cada
arte, .particular, el sistema de sus formas fundamentales·, d) la mves
·
t"1gac:1on
·,
estetlca se ha de extender al campo cle 1a cultura estética. Nuestro instinto
139

�estético no se manifiesta sólo en crear obras de arte, sino haciendo penetrar
Jo estético en todo nuestro ser y trabajando para volver artística su forma exterior. Por eso dotamos a nuestro cuerpo, a nuestro traje, a nuestros instrumentos y objetos de uso, y al conjunto de nuestras condiciones externas de
vida, de vestidura estética o de bella forma.
Meumann se pregunta otra vez, si no es posible una Estética filosófica, en
el sentido de un sistema general de juicios y conceptos estéticos, o una metafísica de lo bello. Y se contesta: una Estética filosófica sólo será posible
sobre la base de una Estética empírica.

TEODORO LIPPS O UNA ESTÉTICA DE PROYECCIÓN SENTIMENTAL

El agrado estético no se refiere sólo a la proyección sentimental, sino que
establece también ciertos principios formales generales estéticos, tales como el
de la unidad en la variedad, que saca de la naturaleza del alma. Y esta naturaleza anímica no es otra cosa que la regularidad de los hechos psíquicos.
La proyección sentimental es un proceso general que no se presenta sólo
en el agrado estético. Por eso distingue entre la proyección sentimental práctica y la estética. La primera acompaña todas nuestras percepciones; no podemos contemplar gestos o movimientos de otro hombre, sin añadirles con el
pensamiento estados internos, cuya expresión nos semejan. Estos estados internos hacen que la proyección sentimental se vuelva proyección sentimental simpática, y ésta posee una significación general : en ella radica toda simpatía moral hacia otros hombres. Pero la proyección es siempre imperlectamente simpática, porque pueden limitarla demasiadas circunstancias turbadoras. Sólo la proyección sentimental estética es completa y perfecta; sólo el
arte puede proporcionarla y el hacerlo es su propio cometido.
Lipps ha mostrado por qué el arte hace posible la proyección sentimental
perfecta.
Si vemos representado en un cuadro a un hombre colérico, la impresión
de la cólera no se relaciona con un hombre, sino con un hombre representado. El arte tiene una clase peculiar de realidad, que experimentamos internamente y que convivimos una realidad estética. Así desaparece la impresión
de la realidad común, las circunstancias accesorias turbadoras, la amenaza
del colérico, y en general toda relación práctica con el hombre representado.
El artista efectúa una elección entre los ademanes con que ha de representar la cólera, reproduce los rasgos capitales, los especiales para la actitud y
para la mímica del colérico; deja de lado lo accesorio y con eso facilita la
proyección sentimental.

No se representa en la obra de arte una cólera cualquiera, sino una cólera
repleta de significación humana.
Por eso el contenido fundamental de toda proyección de sentimientos, es
siempre el obrar interno, la actividad interior de nuestra propia personalidad.
El hombre y las cosas naturales son considerados como objetos de proyección sentimental, lo mismo que las impresiones espaciales y temporales, color,
sonido y palabra. O las modificaciones de lo bello, lo sublime y sus especies,
lo trágico, lo cómico y lo feo. Lo cómico y el humor y la cuestión de la tragedia han sido examinados desde el punto de vista de la proyección sentimental. En la Estética del espacio ha creado Lipps una Mecánica estética,
señalando cómo y en qué sentido vemos las líneas como animadas de fuerzas
motrices y las interpretamos mecánicamente. La satisfacción estética que experimentamos a la vista de una línea ondulante que se desarrolla con regularidad y proviene de la contemplación inmediata, sin ninguna clase de meditación sobre el hecho de que alli se dé regularidad mecánica, o las fuerzas que
animan la línea ondulante, sin la menor especie de conocimiento intelectual.
Por medio de la interpretación mecánico-estética se explican numerosos
engaños ópticos, al ver figuras lineales o formas arquitectónicas.
Lipps señala la diferencia entre lo bello y lo sublime. En lo bello, o bien
descubro un querer y un obrar, o una potencia para ello, una fuerza, o bien
un cesar de esa fuerza y una satisfacción sin trabas, la que se contrapone al
querer y al obrar como logro, como algo conseguido, como algo ganado; expresa que se me da alguna cosa, que tengo, que poseo, que gozo algo.
Esta contraposición se alcanza en la significación de lo bello y lo sublime.
Lo sublime se coloca en abierta oposición a lo no sublime, pero que impresiona como bello. Y dice literalmente: "La esfera de lo sublime es la de la fuerza que se ofrece y que obra; la de lo bello no sublime como lo agraciado
'
'
lo atrayente, lo grato, acaso lo encantador, es el del logro y goce sin resistencia. La oposición se esclarece y semeja aumentar, si consideramos que la
fuerza de lograr y el sentimiento de fuerza, crecen con el estorbo que se interpone en su realización. La esfera de lo sublime es sob111 todo la de la lucha,
aún la de la lucha en vano; la de lo bello por el contrario, la del goce tranquilo de verse uno colmado".
Semejante explicación de lo sublime consiste en una determinación psicológica.

141
140

�PSICOLOGÍA DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA

Meumann expone las siguientes ideas: la creación del artista es por esencia
actividad creadora; sólo la puede comprender en su totalidad quien por sí
mismo sea capaz de crear; es una clase especial de actividad creadora: el artista no trabaja como el investigador científico, con conceptos abstractos, accesibles a fórmulas y a medios de comunicación comprensibles en general, sino
que produce sus creaciones con medios intuibles al material de un arte determinado.
Como en todo lo estético interviene siempre en ]a creación artística un momento puramente individual; el artista usa en su creación los medios generales de la memoria sensitiva, de la fantasía, de la reflexión, los procesos de
los movimientos para dar forma con la mano o con el lengua je, y todo esto
es objeto de investigación psicológica.
Wundt ha señalado la importancia de la inspiración artística, que ilumina
de repente al creador, cuando éste encuentra de repente la idea de su obra.
Dessoir ha examinado especialmente el aumento, lindante con la enfermedad,
de la actividad nerviosa del hombre genial. Guillermo Dilthey ha tratado de
encontrar semejanza entre la imaginación poética y la locura, aportando un
análisis especial de la fantasía poética. P. J. M6bius ha explicado que Schopenhauer, Nietzsche, Goethe y otros de dotes geniales, tienen disposiciones neurasténicas, defectos hereditarios y numerosos rasgos de enfermdad.
La actividad artística ha sido entendida: a) como imitación de la naturaleza; b) como actuación del instinto de juego; c) como expresión de afectos; d) como clase particular de presentar y formar.
El impulso artístico del hombre se considera pues como instinto de imitación, de juego, de expresión y de presentación.
La teoría de Freud ve en la actividad artística una descarga y una reacción
de los sentimientos.
La nueva Estética, corno la de Meumann, se inclina más bien por admitir que la actividad artística por sí misma consiste en presentar y formar,
no en imitación, ni en juego, ni en expresión de sentimientos.

142

Sección Segunda

LETRAS

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>sentido indio de la palabra. Los nahuatlismos son muy frecuentes. En un pasaje hallamos un vocablo indio integrado con el habla y la personalidad de
un hijo de conquistador:
Orno. No tanta burla, señor,·

que ya probé que soy fino
hijo de conquistador.
Mi padre dice que busque,
pues él es, viejo y trabaja:
no hay para vestir de raja
en doscientos de tepuzque
que me dieron de la caja. 58

La identificación y amor por México son totales. Se atreve a decir que
con la llegada del virrey Velasco, que, de paso, era criollo, se vería realizada
ailí la edad de oro. 58 Además, incluye el paisaje mexicano en un sentimiento
vivo de lo propio:

•

TIEMPO:

!bid., p. 44.
!bid., pp. 177-181.
" !bid., pp. 176-177.
M

~

298

Contempla los resplandores
de las selvas mexicanas,
mira cumbres y sabanas,
con tal esmalte de flores
que te quitarán mil canas.ºº

Sección Tercera

HISTORIA

�EL MUNICIPIO DE SANTA CATARINA, EN LA HISTORIA
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

DE Los PUEBLOS DE NuEvo LEÓN, uno de los más vinculados a la historia de
Monterrey, es, indudablemente, el de Santa Catarina. Establecida la ciudad en
1596, su fundador don Diego de Montemayor, le señala como jurisdicción quince leguas por cada viento, y debido a ello, sus límites por el poniente llegan
hasta la cuesta de los Muertos.

En los primeros años, han sido fundadas por este rumbo la estancia de la

Rinconada, de Alonso Diez de Camuña; la de la Pesquería Grande, de los Fernández de Castro; el puesto de Camacho; la hacienda de Santa Catalina y la
de San Pedro de los Nogales.
Asalto del Huajuco.

La hacienda o estancia de Santa Catalina, es fundada por uno de los conquistadores más antiguos e importantes del Nuevo Reino de León: el capitán
Lucas García. Enclavada en un sitio que es acceso obligado a la ciudad, vive
las mismas penurias y las mismas zozobras que ésta. De allí que, cuando el 8
de febrero de 1624 sufre Monterrey el albazo de los temibles Huajuco y Colmillo, días después el mismo Huajuco da sobre Santa Catalina, en ausencia de
sus dueños, y, sorprendiendo al mayordomo Diego Pérez de Orellana, finge
dejarle libre, pero los suyos le dan muerte a flechazos en un montecillo cercano. 1
La casa fuerte es incendiada totahnente y en el botín se llevan doscientas fa-

negas de maíz que había en la galera, todo el ganado mayor y menor, la herramienta, ropa, etc., y además, se han perdido en el incendio las mercedes y
títulos de las tierras y las certificaciones de los servicios hechos al rey por Lucas
García.
1

ALoNso DE LEÓN y otros, Historia de Nuevo León ... , Monterrey, 1961, p. 67.

301

�El fundador.

A fin de resarcirse de por lo menos sus títulos, promueve el fundador de
Santa Catalina una información testimonial, comprobando la posesión de éstas
y otras tierras, y en especial, los servicios hechos a la corona durante más de
treinta años.

Conocedor de la lengua huachichila, en compañía del Cap. Diego Rodríguez, su hermano, p·acifica a los indios cercanos a Saltillo, y los hace mantenerse en población. Asiste, por orden de Francisco de Urdiñola, al castigo de
los indios que han dado muerte al misionero fray Martín de Altamira. Acompaña a Diego de Montemayor a la fundación de Monterrey, y es uno de los
primeros vecinos, que entra con su mujer Juliana de Quintanilla. Funda la
estancia de Santa Catalina, indudablemente en 1596; descubre minas importantes e impulsa la entrada de mercaderes de metales y de trigo.
El justicia mayor Diego Rodríguez, revalida las mercedes, que años más tar-

Jerónimo; de cuatro caballerías hacia el norte y otras tantas en la Pesquería
Chica, hacia las Tapiezuelas; de cuatro caballerías más en el Alamo de los
Cuataes, y de otras cuatro detrás de las Salinas. Y, además, la propiedad de los
caciques Oyoluque, Ayulama, Abinima, Cacanaoa, Caminicubama y Canaboyauma.

Aunque la hacienda sufre, hacia 1626, un nuevo albazo de los indios de Guapale, en el que mueren varios indios fieles y queman a una india encerrada
en el rancho, los daños materiales no son tan graves y logra la hacienda re-

cuperarse.

Muerto el capitán Lucas García por esos años, su viuda, Ju liana de Quintanilla, queda, como labradora y encomendera, al cuidado de la hacienda. Sus
hijos, Bernardo, Diego, casado con doña Mariana de Sosa; Tomás, Lucas y
Nicolás, casado con Nicolasa de Bracamonte, son soldados brillantes y llegan
a ocupar puestos honoríficos. La hija, Juana de Farías, está casada con Nicolás

Flores de Abrego.

de ha de confirmar el gobernador Martín de Zavala.
En la información recibida (31 de mayo de 1624) el Cap. Bernabé de las
Casas afirma haber conocido a Baltazar de Sosa e Inés Rodríguez, padres de
Lucas García, vecinos de Saltillo y muertos allí en servicio de Su Majestad: y
a los de Juliana Quintanilla, que entraron al Nuevo Reino de León.
Gonzalo Fcrnández de Castro, declara que la hacienda de Santa Catalina, es

Tomás es soldado desde 1635 en las compañías del Cap. Gregorio Fernández
y del Sargento Mayor Jacinto García de Sepúlveda. "Es práctico y entendido
en las cosas de la guerra", y el 22 de febrero de 1650 es ascendido por el gobernador Zavala a capitán de infantería española, arcabuceros de a caballo.'

"la mejor de toda la tierra, desde Zacatecas a estas partes". Diego de Montemayor, nieto, dice que le consta que estuvo en Saltillo, en compañía del Cap.

Visitas de gobernadores.

Alberto del Canto y de Estefanía de Montemayor, sus padres, y que pacificó
11

a los indios con suavidad y buen medio". Francisco de Avila, da fe del incen-

dio de la estancia, porque "lo vido todo, y trajo el cuerpo muerto de Diego
Pérez a la ciudad".

El mismo Bernabé de las Casas, testifica que Lucas García es "hombre honrado y de mucha reputación y crédito, y por tal ha sido estimado y querido;
y que ha dado entera y cumplida cuenta de todo lo que se le ha encargado . . .
y es digno de que Su Majestad le honre ... " Miguel de Montemayor añade
que, por ser "una de las mejores lenguas", don Diego, su abuelo llamó siem-

pre a Lucas García como intérprete de los huachichiles, y que sabe que por
ello le llamaban "el Capitán de la Paz".'
Los herederos.

Con esta información, comprueba la propiedad de la hacienda, compuesta
de doce caballerías de tierra; del herido de molino e ingenio de fundir, en San
2

302

Ms. Archivo Municipal de Santa Catarina. Legajo l. (Papeles sin clasificación).

De las visitas periódicas realizadas a la hacienda por el gobernador del reino

o por jueces comisionados, es importante la de don Martín de Zavala, de 7
de octubre de 1626. Le fueron manifestados por doña Juliana de Quintanilla,
el capitán Diego, cuatae, con cuatro indias y cinco muchachos; más una india
y dos indios chichimecas, en el servicio de la casa. Todos dijeron "que están

con gusto, que no han recibido agravio y (que) los tenían con amor y les enseñaban la doctrina. "Tenía entonces la hacienda siete bueyes, doce novillos,
trescientas cabezas de ganado menor, cincuenta yeguas y cinco arados en~
rejados".

Durante la visita del general Juan de Za,·ala -7 de marzo de 1653- vivía
todavía doña Juliana y presentó a los mismos indios cuatae, llamados también
ayuguamas, de los cuales sólo quedaban cinco, por haber muerto los demás.
Manifestó asimismo otra encomienda de borrados, "de hacia el pilón", llama~

dos cauyguama, más otra de traspaso del capitán Pablo Sánchez; todos ladinos en lengua castellana, y contentos porque ules daba de comer y vestir y que
no les quitaba sus hijos y mujeres . .. , y que todos los días les enseñaba la doc* l. CAVAZOS GARZA, Cedulario Autobiográfico ... , Monterrey, 1964.

303

�trina al pie de una cruz1' . La encomendera declaró que en tiempo de tunas y
mezquites, los indios bozales se le iban, y que volvían durante la cosecha del
trigo y el maíz.
El capitán Bemabé González Hidalgo, en su visita de 22 de diciembre de
1660, encuentra a los indios vestidos "con calzones de paño y sayal, y a las indias del servicio, con naguas y guipiles".
El Cap. Nicolás López Prieto (27 Dic., 1661) ; y el Cap. Alonso de León
(23 Mayo, 1669), encuentran que los indios reciben buen tratamiento.
El gobernador, marqués de San Miguel de Aguayo, advierte el 15 de febrero
de 1665, que sólo las indias saben rezar y no los indios, "por ser bozales". Durante su visita, Lucas presenta su encomienda de indios aguimaniguaras, que
significa "campo falto de leña y montes", y los cuales se hallan en Monterrey,
trabajando en la obra del convento. Tomás presenta más de 34 indios caguiamiguaras, o esa "gente que anda a la orilla del río". Doña Mariana de
Sosa demuestra los suyos garastiguara puanipuatama, que el intérprete traduce
como: "agua clara de los cerros". Pablo, su capitán, dice que los trata bien
"en la comi&lt;la y en todo lo que alcanza a darles". Todos los indios están "remotos", esto es, ignorantes u olvidados de la doctrina, por lo cual el gobernador dispone que pongan persona que los enseñe o lo hagan ellos personalmente.
El gobernador Francisco Cuervo de Valdés, en su visita de 22 de noviembre
de 1687, encuentra otra encomienda de Nicolás, de indios ariscapana canapanama archimamoica, cuyo significado es: "comedores de gavilanes". Todos están ausentes, porque es el tiempo en que suelen irse a su tierra, a comer tunas
y mezquites. 4

•

En 1692 (14 de marzo), al gobernador don Pedro Fernández de la Ventoza
se le da cuenta de dos minas, existentes en la boca de Vivanco. Para ese tiempo, figura un nuevo dueño de la hacienda: Baltazar de Treviño, quien ha
adquirido por compra; y dos años más tarde aparece también como propietario Francisco de Arredondo.
El 6 de abril de 1695, los herederos de Diego García: Nicolás, Margarita,
Gertrudis, Agustina, María, Josefa, Vicente y Lucía, venden su parte a don
Blas de Arrechederra y a doña María González Hidalgo, su esposa. Deciden
vender por ser muchos y tener casi todos su vecindad en otras partes. Del producto de la venta: doscientos diez pesos, tocan dieciocho pesos cuatro reales
a cada uno.

En el siglo XV 111.
A raíz de la muerte del capitán Lucas García, el viejo, y al hacerse la partición de la hacienda, de la acequia madre, que sale del Potrero, se abren
tres nuevas acequias para regar cada una de las partes: la de Arriba, o de los
Garcías; la de Enmedio, o de la Capellanía; y la de Abajo.

Observamos, así en el Archivo Municipal de Santa Catarina como en el
Municipal de Monterrey, numerosos litigios por el uso del agua, particularmente con los Flores o con los vecinos de San Pedro; y, sobre todo ya en años
posteriores, cuando se forman las haciendas de Capellanía, Buentellos, Arredondo, Molino, Abregos y Salinas.
F:l Valle.

Poco antes de 1735, observamos que Santa Catalina deja de ser hacienda
para titularse valle, jerarquía política establecida en las Leyes de Indias y que
concedía a este tipo de lugares un juez subdelegado, dependiente de la villa
española inmediata o del gobierno de la provincia.
El gobernador Bahamonde, en su visita de 1788, dice que el valle fue establecido '1Jor excusarles trabajos y gastos" de venir a Monterrey a ventilar sus
causas; y que les fue asignado un af~de mayor, "elegido de los pocos que
saben leer". 5
\
Advertimos también que no es ya Santa Catalina, sino Santa Catarina, americanismo generalizad~cipios del siglo XVIII.
No podemos dejar de mencionar a uno de los alcaldes mayores más importantes, el Cap. Juan García de Quintanilla, qlen a los quince años es ya soldado, y a los 20 ha sido ascendido a capitán. En 1717, el virrey marqués de
Valero le da título de reformado; y en 1722 1 vemos acudir a Coahuila, al
llamado del marqués de San Miguel de Aguayo, y hacerse cargo, con cuarenta
hombres, de una campaña que dura cinco meses, contra los indios que dieron
muerte al teniente de gobernador Juan de Valdés y a numerosos soldados. Ocho
años más tarde va a Texas, en auxilio del gobernador de aquella provincia,
Juan Antonio Bustillo, y comanda la campaña co~tra los apaches hasta pacificarlos y librar de sus ataques al presidio de San Antonio de Béjar. 6

5

1

Todos los Autos de Visita se hallan en el Archivo Municipal de Monterrey, Ramo
Civil.

304

J.

ELEUTERIO GoNzÁLEZ,

Colecci6n de Noticias y Documentos ...• Monterrey, 1867,

p. 112.
0

Ms. Archivo Municipal de Santa Catarina.

305
H20

�Límites del Valle.

El obispo Verger.

El extravío de los títulos antiguos da motivo a serios conflictos. El gobernador Juan Manuel Muñoz y Villavicencio dispone la composición de las tierras
y comisiona a Marcos Nicolás de Escamilla para este efecto. Este realiza la
vista de ojos y la medida de las tierras y señala los límites del valle.

El agua es abundante y sobra hasta para el servicio de Monterrey. El Ilmo.
Fr. Rafael José Verger, 2o. obispo de la diócesis, viendo que la ciudad carece
de agua para los usos domésticos, compra en 1786 al bachiller Alejandro de la
Garza, tres cuartas partes del agua de la Capellanía. Conducida a Monterrey,
es llevada a los hogares reineros por sendos canales especiales, y constituye,

Hacia el sureste, hasta el río, dividiendo a San Pedro al estrecharse en las
Mitras. De aquí al noroeste, "hasta el camino real de los saltilleros" y puesto

indudablemente, el primer servicio de esta naturaleza.

del Durazno. De aquí al suroeste, pasando por la falda de la loma y la cima
del cerro de la Escondida, Hmirando a un peñón colorado". Luego al poniente,
hasta la boca o potrero de Vivanco, para volver al oriente, por la falda de la
Sierra Madre, hasta el mismo peñasco colorado, y seguir por la ladera de la

Hay el propósito de llevar el agua por acequia especial; pero, hasta 1789, es
conducida por la acequia de Abajo. Ello provoca algunas diferencias interesantes contra don José Mariño Sotelo, mayordomo del obispo, porque el agua

Sierra Madre, al sureste, hasta el río de Santa Catarina al oriente, hasta el

de que no hay agua para los anímales domésticos y que se han perdido las sandías, los melones, las cebollas y el chile. Además, los vecinos pobres sólo tienen
una vasija y apenas la llevan y ya se agotó.'

primer punto de las Mitras.
Concluída la medida el 2 de agosto de 1760, resultó la impresionante cantidad de quince y un octavo caballerías de tierra y ocho cordeladas; ·más diez y
medio sitios de ganado mayor y tres cordaladas, valuadas, las primeras, en 200
pesos, y los segundos en 50 pesos, cada uno.'
Alcanzan a pregonarse en la plaza de Monterrey, para su remate, pero, encontrados los títulos, recuperan su derecho.

Estadistica.
Conviene mencionar algunas cifras estadísticas dadas por el gobernador don

Melchor Vida! de Lorca, en su visita de 10 de febrero de 1775. Tenían los valles de San Pedro y Santa Catarina una compañía de caballería española, montada, de 62 hombres. Había, en los dos valles, 63 vecinos españoles y 21 personas "de color quebrado"; en total 60 casados y 23 solteros. Santa Catarina contaba con las haciendas de Capellanía, la de los Ayalas y la de don Joaquín de
Mier (padre del ilustre fray Servando) .
Los vecinos cultivaban maíz, frijol, y caña dulce, y algunos criaban ganados

mayores y menores. La cosecha llega a ser hasta de 3,000 fanegas de maíz,
"bastante frijol y no menos piloncillo".
Hay en ese año en Santa Catarina 29 casas de adobe y 31 jacales de zacate
y caña. No existe la capilla y los vecinos van a Monterrey a los servicios religiosos.8

306

J.

ELEUTERIO GoNZÁLEZ,

El primer Ayuntamiento.

En esta vida patriarcal y bucólica asoma Santa Catarina al Siglo XIX; y
sólo interrumpe su quietud con el paso de don Mariano Jiménez, enviado de

Hidalgo en 1811; o con las guerrillas insurgentes de José Herrera, que se encuentra en el Durazno, después de su asalto a Monterrey en julio de 1813.
El número de vecinos ha crecido; pasa de mil doscientas almas, y el gobierno del reino, de acuerdo con la Constitución de 1812 y con el parecer del Lic.
Rafael de Lano, asesor letrado, y de la Exma. Diputación Provincial, dispone
que el valle de Santa Catarina deje de tener alcalde mayor para nombrar su
ayuntamiento. El lo. de octubre de 1820, los vecinos eligen su primer cabildo.
Y toca a Santa Catarina tener como primer alcalde a don Joaquín García, mis-

mo quien después ha de gobernar el Estado y distinguirse como patriota.
José de Gracia Rangel resulta electo procurador; y Antonio Rodríguez y Juan
de Luna y Góngora, regidores.

Trabaja este primer ayuntamiento con entusiasmo. Jura el 25 de octubre la
Constitución y el 8 de noviembre nombra a don José Manuel de Cuevas, primer maestro de primeras letras, con la dotación de doce pesos mensuales. El
4 de julio del año siguiente, un día después que en Monterrey, jura solemnemente la Independencia, de acuerdo con el Plan de las Tres Garantías.
• Ms. Archivo Municipal de Monterrey, Civil, 1789, Exp. 47.
Ms. "Creación del Ayuntamiento del Valle ... ". Archivo Municipal de Santa Catarina, Exp. 400.
10

' Ms. lbidem.
s

se confunde. En Santa Catarina se produce escasez y el vecindario se queja

obra citada.

307

�Traza del pueblo.

Desde ese mismo año de 1821, inicia la traza del pueblo. Para el asiento
urbano es señalado ''desde la acequia del Molino para arriba, hasta la loma
Pelona. . . de sur a norte".
Hay objeciones de parte de los accionistas antiguos, y, aunque se delinean
las calles no se llega a un acuerdo definitivo.

Ha de ser hasta el 8 de mayo de 1844 cuando una comisión compuesta por
Juan Luna, Norberto Ordóñez y Julio Morales, formula un dictamen aceptado por todos. Hecho el avalúo de solares; establecidas las condiciones de vecindad y de pago, y prohibida la extracción de maderas que ha de ser exclusiva para la edificación del pueblo, se procede al reparto de solares.
Comprendidas en cuatro calles y diecisiete callejones han sido trazadas setenta y dos manzanas, tres de las cuales son reservadas para el templo, la
plaza Y el Ayuntamiento. El precio de los solares es fijado de acuerdo con la
situación de éstos, fluctuando entre 3 pesos 4 reales los más baratos, y 8 pesos
]os más caros. 11

Realizado el reparto en absoluta conformidad, observamos que figuran como
apellidos fundadores los García, Góngora Guerra Arizpe Luna Rodriauez
'
'
'
'
o
'
Flores, Ayala, Gracia, Rangel, Arredondo y Páez, como más predominantes;
y Padilla, Almaraz, Breceda, Jiménez, Buentello, Sepúlveda, Ordóñez, Hemández y otros, menos frecuentes.
El templo.

Hemos visto ya que el lugar estuvo desde sus orígenes bajo el patronato de
Santa Catalina Mártir. El 25 de noviembre, fiesta de la santa, y el 25 de julio,
del apóstol Santiago, eran las dos fechas en que, durante toda la época colonial, se pasó revista de armas a los vecinos del reino.

Hay constancias de que hubo capilla en el siglo XVII. El Marqués de San
Miguel de Aguayo ordena el 15 de febrero de 1685 que, por ser mucha la
gente y grande la distancia a Monterrey, "dentro de seis meses reedifiquen la
capilla que solia haber en esta hacienda, y la pongan decente, de suerte que
pueda el ministro celebrar Misa".

Ya para 1810 existe el templo actual, sujeto a la Parroquia de Monterrey y
al cuidado de un vicario. El 26 de octubre de 1848, el Ayuntamiento del valle

soli:ita del provisor y vicario general un ministro. Señala la urgencia que hay
de este, así para la administración de los sacramentos cuanto por el peligro
en que se hallan los habitantes "de ser envueltos en la anarquía de las ideas
antir~eligiosas ~ue con tanta profusión y desvergüenza hay por todo Méjico".
El mismo Cabildo propone al Pbro. Jesús. Ma. Navarro y se compromete a
dota:lo con 300 pesos anuales, "contribución --dicen- que no tiene ejemplo
en nmguna parte de la diócesis" .12

La fama .

Sufre el pueblo en los días de la invasión americana. Partidas de soldados
invasores atropellan a hogares humildes y a vecinos pacíficos. Las casas de
Nazario Páez y Patricio de Luna son robadas e incendiadas. Cierto que no hay
día e~ que no aparezca un extranjero muerto o que del propio campamento
enemigo se rescaten los bienes perdidos.
Vienen dias de tranquilidad y el pueblo como que florece con el establecimiento de la fábrica de hilados "La Fama", en 1854. Esta planta ha de dar
origen a un importante núcleo urbano, que en nuestros días ha llegado a ser
uno de los más progresistas y ejemplares del Estado.
La villa.
Con la categoría de valle, pero con ayuntamiento propio e incluída como
municipalidad en la Constitución local de 1825, Santa Catarina vive toda la
primera mitad del siglo. Los historiadores Hermenegildo Dávila, Amado Fernández y David Alberto Cossio, la señalan como municipalidad desde 1812.
Santiago Roel y Timoteo L. Hernández consignan la versión generalizada de
que fue el presidente Juárez quien la elevó a villa, durante su estancia aquí
en 1864.
Sin embargo, una revisión de los manuscritos oficiales existentes en el riquísimo Archivo Municipal de esta villa, y en el General del Estado, nos han demostrado que Santa Catarina ostenta ese título antes de dicho año. Y encontramos que no sólo en 1864, sino en el 63 y el 62, usa este título invariablemente. Advertimos luego, tras de una paciente búsqueda y con el auxilio de
los señores A. Núñez de León y Agapito Renovato, que el 7 de diciembre de
1860 y en libro de Demandas Verbales del juzgado 2o., por primera vez es
titulada asi, llamándose después valle hasta el 27 de mayo de 1861 en que, así

11

Ms. "Expediente incluído sobre el reciento, formación y ornato de este valle, desde
el año de 1821, hasta la fecha, 2 de abril de 1837". Archivo Municipal de Santa Catarina, Exp. 1048. (Aunque dice concluir en 1837, comprende documentos hasta 1844).

308

iz

Ms. "Libro de Contestaciones". Archivo Municipal de Santa Catarina, 1848.

309

�en el libro citado, como en los del Registro Civil y la correspondencia oficial
despachada y recibida, se llama villa definitivamente.
La Constitución local de 4 de octubre de 1857, incluye a Santa Catarina

plaza de Santa Catarina se libran encuentros con el comandante vidaurrista
Cisneros.
El secretario en funciones de alcalde vive días angustiosos. El pueblo ha que-

como municip·aiidad. De derecho podría tomarse como documento que la elevó

dado vacío; las familias han salido al Potrero y a otros sitios; sólo hay dos policías y ni un solo vecino. Los soldados exigen bueyes para los carros militares,
y cuando el alcalde no puede dárselos intentan uncirlo a él. Sólo se escapa porque en eso pasa el presidente Juárez, por cuarta vez, rumbo a Saltillo, y le saca
del apuro.
Se advierte un fervor extraordinario del pueblo de Santa Catarina por la
causa de la República, y no deja de causar estupor el hecho de que Quiroga
ordene el 24 de agosto que se prepare el mejor recibimiento posible a las fuerzas francesas de Castagny, que ya vienen de Saltillo.

a esta dignidad; sin embargo, el uso definitivo del título, insistimos, data de
27 de mayo de 1861.
Juárez en Santa Catarina.

La historia está constantemente renovándose. El hecho de que no haya sido

el presidente Juárez quien declarara villa a Santa Catarina, para nada mengua el lustre del lugar.
Hemos visto que cuenta con ayuntamiento desde 1820, y que se la reconoce
como villa mucho antes de 1864.

Puerta de Monterrey.

Asoman nuevos días fatales para la Patria. Francia interviene en la vida de

México y el gobierno de la República se ve precisado a refugiarse en el norte.
Son de sobra conocidos los antecedentes de la actitud de don Santiago Vidaurri. Juárez ha llegado a Saltillo y decide establecer el gobierno nacional en
Monterrey. El ministro de Relaciones, Sebastián Lerdo de Tejada, participa
antes que el gobierno de Nuevo León al ayuntamiento de Santa Catarina este
propósito, en oficio de 5 de febrero de 1864. Vidaurri dispone que el pueblo
de Santa Catarina "aloje lo mejor posible al Presidente y sus ministros. 13
Ha llegado aquí el día 8 la División de Guanajuato, al mando del Gral.
Antillón. Dos días después arriba el presidente y se aloja en la casa cural, para
preparar su entrada a Monterrey.

No es posible un entendimiento con Vidaurri y de Monterrey vuelve J uárez
a Saltillo. El gobernador de Nuevo León ha mudado su actitud y ahora ordena al alcalde de Santa Catarina la interceptación de los correos del gobierno
federal. Juárez vuelve a Monterrey en abril. Vidaurri sale del Estado y el go-

Sería imposible reducir al marco de este ensayo histórico la vida de este

pueblo prócer. Santa Catarina ha sido, en el decurso de los siglos, la puerta
occidental de Monterrey. Ha visto entrar a todos los gobernadores coloniales

y a todos los prelados que gobernaron la diócesis, y ha presenciado el paso
venerable de Fr. Margil de Jesús. Vio entrar a Mariano Jiménez y salir abatido
el ejército mexicano a la caída de Monterrey en el 46. Las huestes de Ayutla y
de Reforma pasaron por su suelo y también las del Ejército del Norte marchar
arrolladoras rumbo a Querétaro. Santa Catarina sufre el azote constante del
salvaje y vive sucesos de trascendencia nacional en los días de la Revolución

de 1910.
La belleza imponente de los riscos de la Huasteca y de las Mitras, ha servido de regazo de este jirón de tierra nuevoleonesa, cuyos hijos son ejemplo de

tesón y de traba jo.

bierno nacional permanece en Monterrey durante cuatro meses.
En Santa Catarina estos acontecimientos hacen que la situación sea desespe-

rante. El alcalde Pablo Ayala ha preferido renunciar a su cargo, que acceder
a las órdenes de Vidaurri. Andrés Garza es designado para sustituirlo, pero
enferma (?) de gravedad. Es llamado el suplente, Juan Saldívar, pero, apenas
toma posesión, sale de noche a Saltillo y no vuelve. Queda entonces como primera autoridad el secretario, Juan Chrisman.

Don Benito Juárez se ha visto obligado a dejar Monterrey y la ciudad es
ocupada por J ulián Quiroga, cuyas fuerzas persiguen a las federales. En plena
13

310

Ms. Archivo General del Estado, Monterrey, 1874, Leg. 35.

311

�LA DECENA TRAGICA
JosÉ P.

SALDAÑA

Presidente de la Sociedad Nuevoleonesa
de Historia, Geografía y Estadística

LA voz PÚBLICA CALIFICÓ CERTERAMENTE, con el título de Decena Trágica, los
acontecimientos que precedieron a la caída del Gobierno Constitucional de
don Francisco I. Madero.
Diez días de incertidumbre, de cruel lucha entre el bien y el mal; diez días
en que se puso a prueba la maldad de unos y la bondad de otros; días negros
de nuestra historia, trágicos, sangrientos; pero al mismo tiempo engendradores
de grandes sucesos que habrían de cambiar radicalmente la vida institucional
del país.
Se impuso la fuerza de las armas sobre la fuerza de la razón, del esp'Íritu y
de la Ley. Imposición negativa como todo lo que carece de principios generosos
y por su propia esencia condenada al fracaso.
Habíase formado un clima contrario a Madero. Los mismos que habían sido
derrotados en la revolución, los que aparentemente se sometieron al nuevo régimen, fueron quienes sembraron el descontento y lo cultivaron con apasionado encono.
Por un lado, el ejército técnicamente derrotado; pero en quien descansaba
la seguridad del nuevo Gobierno. Por otro lado, los políticos despechados, que
habiendo ocupado en el régimen porfirista puestos de alta categoría, no se resignaban a lo que suponían una suplantación. Había que agregar todavía a los
maderistas que de buena fe criticaban a Madero, y a quienes, con carácter independiente, juzgaban necesario oponerse a lo que consideraban un Gobierno

débil e inepto.
Tendencias todas ellas distintas en su origen e intención pero coincidentes
en la finalidad que significaba el desprestigio de un equipo gubernamental lleno de deficiencias, pero imbuído de las mejores intenciones democráticas y de
los más sanos principios de honradez.
313

�EL CUADRILÁTERO

El Congreso de la Unión, integrado por la voluntad del pueblo mediante
elecciones de las más limpias que han tenido lugar en México, estaba formado
lógicamente por personas de diversas tendencias siendo en su mayoría simpatizadores fervientes de Madero. La Oposición se creó por obra de las circunstancias más que por acción premeditada de los enemigos.
Cuatro Diputados asumieron el papel representativo de la oposición. Inteligentes, jóvenes, dotados de brillantez en la exposición de sus ideas, honestos,
reuniendo en sí mismos condiciones de prestigio, lograron obtener la categoría
suficiente para asumir el difícil papel de oposicionistas, pero que resultaba airoso cuando tenían enfrente numerosos personajes de cultura envidiable.
Los cuatro parlamentarios de la oposición eran los señores Licenciados Francisco M. de Olaguíbel, José María Lozano, Querido Moheno y Nemesio García Naranjo. Ganaron el título de Cuadrilátero con el que se les distingue
históricamente.
Contendieron con tribunos de categoría por su ilustración, su honradez, espíritu combativo, dignidad y amor a la democracia, como los Licenciados Jesús Urueta, Luis Cabrera, Roque Estrada, José I. Novelo y Enrique Bordes
Mangel e Ing. Félix F. Palavicini.
Sin embargo, porque había en el cuadrilátero sinceridad, porque en su oposición existían convicciones, porque ninguno de ellos ofrecía antecedentes criticables, por eso precisamente los ataques resultaban demoledores para el régimen, máxime cuando había en muchas ocasiones razón para ello.
Los defensores del régimen, tanto o más preparados que los impugnadores,
se batían con denuedo, con inteligencia y con la fuerza que les daba el cumplimiento de los principios revolucionarios, que significaban la libertad de que
se gozaba para la expresión de las ideas, y el respeto al derecho del voto, que
ha significado para México la preocupación de más de un siglo.
Pero la opinión pública inclinada al lado de Madero, paulatinamente iba
perdiendo fuerza y en esa pendiente peligrosa buena parte tuvo el cuadrilátero;
pues siempre el que combate a un Gobierno, por recto y progresista que éste
sea, crea un ambiente de simpatías aun cuando sea por breve tiempo.

EL

EJÉRCITO

Al triunfar la Revolución Maderista quedaron las Instituciones bajo el sostén del ejército que había sido derrotado. Absurdamente se procedió en esta
314

forma porque Madero consideró que el ejército debería estar al margen de la
política ya que, tratándose de profesionales imbuídos de disciplina y de honor,
deberían continuar en servicio. Tanta era su confianza que ni siquiera conservó
a los contingentes armados que lo siguieron en ]a gran aventura.
No valieron consejos de los amigos porque para Madero, como hombre de
honor creía ciegamente que todos sus colaboradores obrarían en este plan. Grave error que vino a reconocer cuando ya era demasiado tarde.

EL HOMBRE

Bondad impresionante, credulidad extrema, valor excepcional, idealismo limpio, fueron características congénitas de Madero. Cualidades preciosas para un
hombre público de un país ideal que posiblemente todavía no existe.
La malicia no existía en Madero; pero podía comprender que a su alrededor
se movieran fuerzas traidoras. Cuando se le hablaba de intrigas, cuando se le
comunicaban noticias adversas apenas si ponía atención, pues siempre tenía
a flor de labio la más amplia excusa. No conocía la maldad ni creía que existiese. Ingenuo, con sana ingenuidad, disculpaba fácilmente los errores de los
demás, sin que alcanzara a comprender que muchas veces encerraban dolo y
mala fe.
Estimaba grandemente a los amigos pero no participaba de sus temores. Tenía tal confianza en sí mismo, que le parecía imposible la traición ni mucho
menos que se le derrocase. Sentía en lo más profundo de sus convicciones estar
cumpliendo con los ideales que había exaltado en la contienda armada. Los
ataques a su Gobierno los consideraba simplemente como producto de la libertad y eran en consecuencia la mejor demostración de su triunfo. No había por
qué ni para qué preocuparse. Si había luchado por la libertad, se disfrutaba
de ella y lo correcto era mantenerla incólume a toda costa.

ANTECEDENTES DE LA TRAGEDIA

Tres personajes cuentan como antecedentes de la decena trágica: el Gral.
Bernardo Reyes, el Gral. Félix Díaz y el Gral. Victoriano Huerta.
El Gral. Reyes, señalado en primer término por la opinión pública como el
indicado para suceder al Gral. Porfirio Díaz, en el momento decisivo optó por
retirarse de la contienda aceptando un puesto diplomático en Europa, a donde
marchó eliminándose automáticamente de la política, puesto que siguió al servicio del Gobierno Porfirista.
315

�Cuando ya habían pasado los acontecimientos revolucionarios maderistas intentó una contrarrevolución internándose al país por la frontera con los Estados U nidos y después de algunas correrías sin importancia se entregó preso en
Linares, N. L.
El Presidente Madero ordenó se le tuviesen toda clase de atenciones, y lo
que pudo ser un consejo de guerra sumario, se convirtió en cautiverio en la prisión militar de Santiago Tlaltelolco, de la ciudad de México.
Por cuanto al Gral. Félix Díaz, habiendo encabezado un cuartelazo en el
Puerto de Veracruz, fue sometido al orden quedando prisionero en San Juan
de Ulúa, Veracruz, y trasladado posteriormente a la Penitenciaría de la Ciudad de México.
Del Gral. Huerta existían antecedentes prestigiosos. Había combatido la
sublevación del Gral. Pascual Orozco hijo, caudillo de la revolución maderista, levantado en armas en contra de su antiguo jefe por no caminar de acuerdo con él.
Con una poderosa columna el Gral. Huerta, como General en Jefe, se enfrentó a los valientes orozquistas derrotándolos completamente en las batallas
de Rellano y Bachimba, del Estado de Chihuahua, regresando a la ciudad de
México con la aureda de la victoria. Esto le valió las simpatías de Madero, que
conseivó a pesar de algunas situaciones enojosas que significaron el retiro de
Huerta del servicio activo.

SE ACERCA LA CRISIS

Al principiar el año de 1913 todo era confusión y pesimismo. La actuación
del cuadrilátero en la tribuna de la Cámara de Diputados cumplía la más amplia y demoledora tarea. La siembra de ideas contrarias a la solvencia moral
del régimen maderista y a su capacidad administrativa, estaba minando día
a día la fuerza del Gobierno.
Abonaba la tierra removida la prensa de oposición. Los periódicos doctrinarios lanzaban cargos tremendos en contra del Gobierno dejando resabios y
sembrando dudas en todas partes.
Las versiones más desatinadas se transmitían de boca en boca y formaban
una malla espesa que ahogaba la realidad, presentando un panorama de tal
manera desastroso y desesperante, que obligaba a pensar en la necesidad de
un cambio.
El hombre de la calle no sabía a qué atenerse. Había recibido a Madero
como héroe, y apenas transcurrido algo más de un año, se le veían serios defectos, que opacaban las cualidades y los méritos que antes se le concedían.
316

¿ Qué había en todo ello? No era cosa fácil de explicar, no existía forma
alguna de comprender lo que bullía en el fondo de las pasiones exaltadas, y la
opinión pública, incapaz de formarse por el criterio de los más, se imbuía de
la prédica constante de los menos, que con su dialéctica transformaban la realidad en la forma que a sus intereses convenía.
Cierto que los hombres como los pueblos tienden siempre a caminar hacia
adelante; pero cierto, también, que en ese esfuerzo de superación los obstáculos
hacen muchas veces que se retroceda; pero es signo que acompaña al progreso
superar los obstáculos para avanzar cada vez más.
De esta manera, puede exp'licarse que la presión ejercida en contra del régimen maderista, deslumbrara a muchos, convenciéndolos de que había sido un
error considerar a Madero con la capacidad suficiente para dirigir los destinos
de México.
Al iniciarse el mes de febrero, la atmósfera estaba cargada de negros presagios. Algo grave estaba por suceder sin que pudiera definirse lo que sería.
Quince días antes el Bloque Liberal Renovador, integrado por la mayoría
de Diputados del Congreso de la Unión, de filiación maderista, había entregado
al Presidente don Francisco l. Madero un extenso memorial, redactado con la
vehemencia de quienes, conocedores perfectos del momento que vivían, formulaban sugestiones de altísima importancia, que al transcurso de los días, resultaron verdaderos vaticinios.
Sin reservas, llamando a las cosas por sus nombres, expresaban los renovadores: "La Revolución va a su ruina arrastrando al Gobierno emanado de ella
sencillamente porque no ha gobernado con los revolucionarios. Sólo los revolucionarios en el poder pueden sacar avante la causa de la Revolución". Porque
Madero, ingenuamente, creía que gobernaría con libertad, sosteniendo los postulados de la Revolución, con la colaboración de los mismos personajes que
habían sido clave del Gobierno Porfirista.
Si aquellas personas no habían actuado en la Revolución ni sentían sus ideales, su gestión no podía identificarse con tendencias que les eran contrarias a
sus principios.
Así veían la situación los Diputados renovadores diciendo: ''De ahí esa guerra civil que se desenlazará tal vez con el derrumbamiento del Gobierno más
fuerte que ha tenido la República".
La insistencia de aquellos amigos de Madero en ver próxima la caída del
Gobierno era producto de sus sentimientos revolucionarios y del conocimiento
real de la situación prevaleciente. Por lo demás muy cerca estaba la realización
de esos presagios.
Madero encontraba un pesimismo agudo en lo que le exponían los Diputados, confiando siempre en sí mismo, porque tenía la convicción de estar go-

317

�bemando con toda honradez, tratando de cumplir lo que había prometido al
pueblo.
Pensando en su forma de ser apegada a la más estricta ética, creía que sus
colaboradores harían honor a los compromisos contraídos, de manera que, siempre optimista, no hizo caso a las advertencias que de la mejor voluntad se le
hacían, y con ello marcó fatalmente el signo de su martirio.

DESPUÉS DE LAS PALABRAS LA METRALLA

Preparado el ambiente por los civiles, el siguiente paso correspondía darlo
a los militares. Para la explosión no faltaba sino la chispa que diera principio al fuego.
El día 8 de febrero fue de incertidumbre, de nerviosismo. Las más variadas y
extrañas versiones circulaban por la ciudad. Algo grave estaba por suceder. En
el ambiente se respiraba la proximidad de la tragedia.
Quienes preparaban la asonada, sí sabían cuáles eran sus propósitos, y hasta
dónde estaban resueltos a llegar. En cambio, para Madero y sus cercanos colaboradores existía incertidumbre, presagios más o menos graves, pero ningún
dato concreto que pudiera descubrir la conspiración.
Pasó el día entre zozobras precursoras de lo que en la noche ya sería signo
de activísima acción engendradora de uno de los más desventurados episodios de nuestra historia.

AMANECER TRÁGICO

Con el nuevo día nacía la deslealtad del brazo de la tragedia. No se trataba
ya de la versión callejera, ni de la amenaza tribunicia, sino del hecho tangible
que hablaría por boca de los cañones y de los fusiles.
El Gral. Manuel Mondragón, Jefe de la Artillería, con asiento en Tacubaya,
estaba en pie de guerra, dispuesto a usar las armas en contra del mismo Gobierno que se las había confiado para la defensa de las instituciones legales.
Disponía de 300 Dragones del Primer Regimiento y de 400 hombres del Segundo y Quinto de Artillería.
Habían sonado p·ausadamente las cuatro de la mañana. Principiaba el día
9 con fatídicos designios. A esa hora el Licenciado José Ma. Pino Suárez, VicePresidente de la República, llegaba a la casa del Licenciado Federico González Garza, Gobernador del Distrito, para comunicarle la fatal noticia.

318

Por teléfono fue plenamente confirmada: primero por conducto del Inspector General de Policía, Mayor Emiliano López Figueroa; después por testimonio del Prefecto de Tacubaya. Pasados unos cuantos minutos se tuvo conocimiento de que los alumnos de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan secundaban
el movimiento. Se trataba de 400 muchachos entre los 17 y 18 años de edad,
a quienes mañosamente se les sorprendió manchando a tan temprana edad su
vida de soldados.
A las cinco horas se desprendieron las dos columnas en dirección de la ciudad de México. La comandada por el Gral. Mondragón fue directamente hacia el Cuartel de la Libertad y sin disparar aumentó sus contingentes con 100
hombres del primer Regimiento. En seguida avanzaron sobre la penitenciaría,
emplazaron varios cañones frente al edificio, y sin resistencia alguna libertaron
al Gral. Félix Díaz.
Pasaron rápidamente a tomar posiciones frente a la ciudadela, fortaleza de
gran importancia estratégica por sus resistentes muros, ubicación cercana al
centro de la ciudad y por contener enormes almacenes de armas y de parque,
capaces de proporcionar elementos para tres meses consecutivos de combates. .
Durante tres horas se mantuvo el fuego hasta la capitulación de los defensores
ocupando la fortaleza Félix Díaz y Mondragón.
La traición hizo posible el rápido tránsito. Defendía la ciudadela el Gral.
Manuel P. Villarreal, valiente y leal. Distribuyó a su gente en los lugares más
adecuados, emplazando dos ametralladoras en la azotea a cargo de dos expertos oficiales. El se mantuvo en ese lugar la mayor parte del tiempo, vigilando
con sus gemelos el movimiento de las tropas enemigas y dando órdenes para
dirigir el fuego en la forma que convenía.
No era fácil para los atacantes el triunfo. Así confiadamente lo consideraba
el Gral. Villarreal; pero ignoraba que entre los oficiales a sus órdenes había
quienes estaban comprometidos con el enemigo.
Durante tres horas se estuvo combatiendo sin que lograran los atacantes
avanzar. De pronto, los oficiales que manejaban las ametralladoras, en un movimiento previamente acordado, volvieron sus armas en dirección a donde se
encontraba el Gral. Villarreal, dejándolo muerto con una ráfaga de balas. Siguieron vomitando fuego las ametralladoras hasta terminar con todos los soldados que se encontraban en aquel lugar.
Lo demás fue cosa fácil. Los oficiales comp·rometidos maniobraron rápidamente imponiendo su criterio. Se izó bandera blanca y el enemigo, sin riesgo
alguno, a tambor batiente, entró al enorme edificio.

319

�LA SEGUNDA COLUMNA EN ACCIÓN

Los aspirantes, mandados por oficiales del ejército, al llegar a la ciudad ~e
dividieron en dos fracciones: una se dirigió al Palacio Nacional y la otra a la
prisión de Santiago.
La guardia del Palacio, de acuerdo con el movimiento, fraternizó con los
aspirantes, procediéndose de inmediato, a redoblar la vigilancia. Sorprendido
el Gral. Angel García Peña, Secretario de Guerra, fue apresado junto con don
Gustavo A. Madero, hermano del Presidente. Como tratara el General de defenderse fue herido levemente.
Minutos después de estos acontecimientos llegó el Gral. Lauro Villar, Jefe
de Armas de la Plaza, en conocimiento de lo que había sucedido, violentamente
acudió al Palacio, y con unos cuantos soldados, haciendo alarde de audacia y
de valor, dio órdenes imperativas que sorprendieron a los guardias y a los aspirantes, haciéndose dueño de la situación.
En la confusión que se provocó logró el Gral. García Peña salir del lugar de
su reclusión, así como don Gustavo Madero, quienes se dirigieron inmediatamente a informar al señor Presidente de lo que sucedía.
La otra fracción de aspirantes atacó la prisión de Santiago sin encontrar gran
resistencia, más parecía un simulacro que un formal combate. La confusión
provocada por el tiroteo la aprovecharon algunos reclusos para evadirse. No
estaba ese acto en el programa y fueron ametrallados sin compasión, muriendo
más de 200.
Puesto en libertad el Gral. Bernardo Reyes, motivo principal de la acción,
se le dio el mando de los contingentes armados, fortalecido por más de 100
soldados que allí se agregaron. Jinete en magnífico caballo el Gral. Reyes ordenó la marcha hacia el Palacio Nacional, que creía en poder de sus amigos,
según noticias que se le habían comunicado.
Confiadamente llegó a la puerta principal del histórico edificio, dando voces
para que se le dejara franco el paso. La contestación partió de los fusiles y de
las ametralladoras, entablándose un nutrido tiroteo, siendo el Gral. Reyes uno
de los primeros en caer sin vida. Su estrella eclipsada de tiempo atrás, había
llegado al cenit.
El combate fue terrible, y solamente por las ventajosas posiciones de los defensores del Palacio, pudieron repeler el ataque infligiendo muy serio descalabro a los insurrectos, que dejaron entre muertos y heridos más de quinientas
personas, algunas de ellas civiles, que se habían agregado a la columna, creyendo que se trataba simplemente de un brillante desfile.
Los sobrevivientes huyeron en distintas direcciones tratando de unirse a los
sublevados que asediaban la Ciudadela. A pie y a caballo pasaban por las ca-

320

lles -~ toda velocidad espoleados por el miedo, al igual que numerosos caballos
sm Jmete que corrían alocadamente.
Entre los prisioneros hechos por las fuerzas del Gral. Villar se encontraba el
Gral. Gregario Ruiz, a quien se le formó consejo sumarísimo de guerra siendo
fusilado inmediatamente.
Se ~puso: a~emás, un doloroso escarmiento, fusilándose a 15 aspirantes, que
el destmo senalo. Ordenó el Gral. Villar que se formaran en línea desplegada
para ser pasado por las armas uno de cada cinco.
Este primer episodio había sido del todo favorable a las armas leoítimas •
pero quedaban reservadas muchas sorpresas.
b
'

Vivía en el castillo de Chapultepec. Informado de los sucesos llamó a su
lado a los amigos y a los funcionarios de mayor confianza. Acudieron los Ministr_os Ernes~o Madero, Lic. Rafael Hemández, don Manuel Bonilla; el VicePreS1d_ente, Lic., José Ma. Pino Suárez; el Gobernador del Distrito Federal, Lic.
F:denco_ Gonzalez Garza; el Inspector General de Policía, Mayor Emiliano
Lopez F1gueroa; los Ayudantes del Presidente, Capitanes Federico Montes y
Vázquez Chaffino, y algunas otras personas. Después de una agitada deliberación Madero decidió trasladarse al Palacio Nacional.
Encabezó Madero la comitiva montando un caballo blanco de buena estampa, llevando en la diestra una bandera nacional. Lo escoltaba un pelotón de
alumnos del Colegio Militar, y en seguida caminaban las demás personas.
Al llegar al monumento de Colón se incorporó el Gral. García Peña dándole
cuenta pormenorizada de lo que había pasado en el Palacio. Poco más adelante
se agregó el Gral. Victoriano Huerta, que no tenía comisión alguna, situándose
c.erca de Madero. A medida que se avanzaba se incorporaban amigos y simpatizadores del Presidente.
Cerca del cruzamiento de Juárez y San Juan de Letrán fue recibida la columna con nutrido tiroteo, obligando a Madero y a su comitiva a buscar refugio en un edificio ocupado por la fotografía Daguerre, en tanto los alumnos
del Colegio Militar rodilla en tierra contestaban la agresión.
Este inesperado percance obligó al Presidente a considerar de nueva cuenta
la conveniencia de seguir hacia el Palacio. Las opiniones estaban divididas•
pero se impuso el criterio de seguir adelante.
'
Aprovechando Huerta aquel momento de indecisión ofreció a Madero sus
servicios alegando que el General Villar, Jefe de Armas de la Plaza, se encontraba herido. Con patética emoción dijo que ofrecía su vida para salvar las
321
H21

�Instituciones amenazadas por ambiciosos vulgares; que él se comprometía a
restablecer la paz si le daba la oportunidad de hacerse cargo del Ejército leal.
Presente estaba el General García Peña a quien consultaba con la vista Madero, y como no viera gesto alguno que indicara la inconveniencia de un nombramiento provisional y a la vez urgente, desde luego designó a Huerta Jefe
de la Plaza.
Acallado el fuego enemigo por los alumnos del Colegio Militar, continuó la
marcha. Para cuando llegó Madero a Palacio era aclamado por millares de
personas, que pedían armas para combatir a los rebeldes.
Instalado Madero en Palacio, procedió a discutir la situación con los Ministros y amigos de confianza, en presencia del General Huerta, quien se retiró
para organizar las tropas haciendo protestas de lealtad y de seguridad en aplas•
tar a sangre y fuego la insurrección.
Se dispuso llamar a las fuerzas rurales del 80. y 300. Regimiento que guarnecían Celaya, Gto. y San Juan Teotihuacán. Como el General Felipe Angeles,
de absoluta confianza, se encontraba en Cuemavaca con 2,000 hombres, el
mismo Madero decidió personalmente ir a conferenciar con él. Salió inmediatamente en automóvil acompañado de varias personas. Al día siguiente, 10 de
febrero, regresó en compañía del General Angeles al frente de sus hombres.
Para Madero la situación se aclaraba. No era posible que 1,500 hombres,
encerrados en la Ciudadela, con todos los elementos con que pudieran contar,
por valiosos que fueran, significaran más que el resto del ejército, y sobre todo,
frente a un Gobierno Constitucional, electo por el pueblo.

SIGNOS ADVERSOS

Frente al optimismo de Madero, subsistente a pesar de cuanto le habían dicho sus más íntimos amigos y sus más adictos correligionarios, que los hechos
confirmaban, se urdía la obscura trama de la traición.
Concentrada la fuerza infidente en la Ciudadela, con limitado número de
combatientes, solamente la traición podía convertir una clara victoria en una
derrota. Ninguna posibilidad tenía Félix Díaz de recibir ayuda fuera del limitado radio de acción que dominaba, que aun cuando ofrecía magníficas posiciones defensivas, poco significaban ante la fuerza del Gobierno.
Cierto que el ambiente público había sido envenenado y cierto que la reacción cobraba bríos; pero el problema de la Ciudadela no era de carácter político sino militar, y en ese campo no había por qué dudar sobre el triunfo de
las Instituciones legales.

322

Sorprende que una traición premeditada, cuya ejecución se llevó diez días,
no hubiese sido frustrada. Cabe pensar en los designios inexcrutables del
destino.

PREPARACIÓN DEL GOLPE

Recibe el General Huerta plenos poderes militares del Presidente Madero.
Asegura, teatralmente, que muy pronto someterá al orden a los infidentes.
Confía Madero en el militar ostentoso y audaz, a pesar de cuanto se le ha
dicho en su contra. No tiene duda alguna de que en el término de 48 horas
las cosas volverán a su curso normal.
Sin prisas Huerta actúa en relación a sus objetivos personales. Prolongar la
tensión nerviosa de la populosa ciudad, era uno de sus propósitos. Necesitaba
impresionar en el sentido de que era punto menos que imposible tomar la fortaleza a sangre y fuego.
Pasa el día 9 sin gran aparato. Al caer de la tarde, como si se tratara de re~
cardar lo que pasaba, son disparados algunos cañonazos desde la Ciudadela,
que causan serios daños a edificios cercanos, especialmente a la prisión de
Belén. En la noche vuelve el silencio, que se rompe al aclarar el nuevo día.
Aprovecha Huerta la llegada de refuerzos para retardar el ataque. Debe llegar Angeles con 2,000 hombres ese mismo día 1O, anunciando en consecuencia
el ataque a fondo para el día siguiente.
Para ese día se disponen los efectivos del Gobierno en plan de combate. Por
delante van los rurales y en seguida la gente del General Angeles, dejando en
reserva a las tropas regulares. A las diez horas principia el tiroteo, que gradualmente aumenta en intensidad, participando a poco la artillería de una y
otra parte.
Durante ocho horas se combate sin cesar. Pierden los rurales importantes
contingentes al intentar repetidos asaltos. Las ametralladoras de los insurrectos
funcionan sin cesar ocasionando tremendos estragos. Los leales hacen infructuosos esfuerzos para acercarse a los muros de la fortaleza. El General Huerta
insiste en el asalto como si tuviera la diabólica intención de sacrificar a los más
adictos defensores de Madero. Ante el espectáculo de una inmolación criminal,
el General Angeles interviene evitando que continúe la absurda matanza. Para
entonces las cruces roja, blanca y verde, atienden a más de 1,500 heridos, y
recogen como 200 muertos.
El espectáculo es espantoso. Los cañones ensordecen con su continuo estruendo. Más edificios son dañados por la metralla, en tanto que Huerta no decide
un ataque en forma, maniobrando en detalle con la finalidad de ganar tiempo.

323

�SE

PROLONGA LA CONFUSA SITUACIÓN

Contempla con infinito dolor el sacrificio de sus más fieles elementos integrantes de los regimientos de rurales, se da cuenta de la impotencia a que ha
Con pequeños intervalos continúan los combates hasta el día 18. Parece como
que Huerta se complace en ello, no obstante las renovadas protestas de adhesión
a Madero.
En tanto los cañones no cesan de vomitar fuego, la ciudad principia a sufrir
seriamente los rigores de la escasez de alimentos, de luz, de agua, y de los más
elementales servicios, a la par que circulan toda clase de versiones contrarias al
régimen, versiones que tienen su origen interesado de los grupos de civiles par-

tidarios de Félix Díaz.
Cuanto más se prolongaba la contienda, mayor es la confusión entre el pú-

blico, y las dudas se extienden sobre la capacidad del Gobierno para sofocar
la rebelión.
'

sido sometido el General Angeles, en quien, justamente, tiene completa con-

fianza. La prolongación de la lucha es signo inequívoco de que algo existe que
él, por su congénita bondad y buena fe, no había advertido. Se niega, aún así,
a dar por hecho que la traición lo amenaza.

En tanto pelean denodadamente los soldados leales, que mueren porque a
esto se les envía a la línea de fuego, una serie de incidentes graves colocan a
Madero en situación desesperada.
El Senador Licenciado Francisco León de la Barra ofrece sus servicios a

Madero y recibe la encomienda de hablar con Díaz y Mondragón con el fin de
concertar un armisticio, en tanto dos representantes de cada parte proponen la

forma de solucionar el conflicto.

Los amotinados, a medida que pasan los días, se afianzan en la idea de que

En cumplimiento de la misión el Licenciado León de la Barra efectúa una

existe un interés preponderante en que la lucha continúe. No pueden localizar
con precisión dónde radica; pero sienten esa colaboraci6n, que los alienta a
continuar en la brega, y no tardan mucho en darse cuenta de que es el General

entrevista con Díaz y Mondragón, quienes aceptan al armisticio con la condición irrevocable de la previa renuncia de Madero y Pino Suárez. Informado

Huerta quien maniobra en tal sentido.
El secreto lo guardaba Félix Díaz. Había conferenciado con Huerta; pero
conociendo sus turbios procedimientos, no tenía confianza en el cumplimiento

de lo pactado. Sin embargo, era signo inequívoco de que Huerta se aliaría a
la rebelión, la forma en que llevaba las acciones militares.
No era necesario conocer de estrategia para darse cuenta de que cuanto hacía Huerta significaba una victoria moral para los sublevados. Pero ¿ cumpliría
Huerta su compromiso de reconocer a Félix Díaz como Jefe del movimiento?
Por Jo pronto, para los sublevados, lo importante era derrocar al Gobierno;
después cada quien pensaba en lo mejor para sus intereses, y en este punto,

muerto el General Reyes, lo indicado lógicamente, era que Félix Díaz se destacara en primer lugar, de manera que, aun cuando Huerta ambicionara cobrar cara su infidencia, tendría que aceptar esta situación.

Madero de tal pretensión, la rechaza indignado.
Por su parte los Ministros de España y de Inglaterra y el Embajador de los
Estados Unidos, hacen una primera visita a Madero, solicitando que se demarque una zona de fuego, haciendo la consideración de que es inaceptable que
a una ciudad de la importancia de la de México se le someta a la acción de los
combates. Madero contesta cortésmente que tiene la seguridad de dominar la
situación en breve plazo.

Al mismo tiempo, día 14, en la casa particular del Senador Sebastián Camacho se reunieron los Senadores Juan C. Hemández, Ricardo Guzmán, Jesús

Flores Magón, Guillermo Obregón, Víctor Manuel Castillo, Luis C. Curie!,
Carlos Aguirre, Francisco León de la Barra, Emilio Rabasa, Rafael Pimentel
y Tomás Macmanus. Asistió también el Ministro de Gobernación don Pedro
Lascuráin. Hubo un intercambio de opiniones prevaleciendo la idea de pedir
a Madero su renuncia, evitando así mayores males al país, y el riesgo de la
intervención armada de los Estados Unidos. Se convino en efectuar una junta

LA DIPLOMACIA Y LOS INTERESES CREADOS

más amplia en la Cámara de Diputados, coincidiendo la idea con el propósito
del señor Madero de informar al Senado sobre la situación prevaleciente.

Estoicamente resiste Madero la terrible situación. Se agrieta su autoridad,
pierde la adhesión de quienes antes lo adulaban; recibe frente a frente la demanda de su dimisión, por conducto del Cuerpo Diplomático, de Senadores,
Diputados, y aun de algunos de sus Ministros; p'ero él, imperturbable, firme en

La Asamblea tuvo lugar al día siguiente en la Cámara de Diputados sin que
se reuniera quorum, no obstante haberse hecho la cita con la urgencia que
demandaban los acontecimientos. Veinticinco Senadores pasaron lista de presente, y ante el Licenciado Lascuráin se llevó a cabo la sesión extralegal, tornándose los siguientes acuerdos:

sus convicciones, rechaza con indignación toda insinuación indecorosa.

324

"Primero: Consúltese al Presidente de la República en nombre de la supre-

325

�ma necesidad de salvar la Soberanía Nacional, que haga dimisión de su alto
cargo".
"Segundo: Hágase igual consulta al C. Vicepresidente de la República".

HUERTA EN ACCIÓN

Aprovecha Huerta la desorientación general, tanto en lo que respecta al Go-

bierno como a los rebeldes encerrados en la Ciudadela, a quienes les faltan ali-

"Tercero: Nómbrese una comisión que haga saber al señor Presidente Madero y al señor Vicepresidente Pino Suárez, los acuerdos adoptados".

mentos y no ven la forma de salir de la ratonera y en cambio esperan de un

Fueron comisionados para el desempeño de la delicada misión los Senadores
Gumersindo Enríquez y Diego Fernández.

son sino cortinas de humo para ocultar su verdadera situación.

Acompañados del Licenciado Lascuráin los 25 Senadores se trasladaron al
Palacio.
Advertidos oportundamente Madero de la visita de los Senadores y de sus
propósitos, comisionó a los Ministros Ernesto Madero, Manuel Bonilla y Jaime
Gurza, para que lo excusaran expresando que había tenido necesidad de ausentarse por cuestiones urgentes.
Ante los Senadores, reunidos en la antesala de la Presidencia, los mencio-

nados Ministros, después de los saludos protocolarios, don Ernesto Madero
expuso la razón por la cual el Presidente no podía recibirlos y que, aunque sin
la encomienda oficial, se permitía expresar que, atento a las condiciones especiales del Gobierno, había decidido el señor Presidente no renunciar a su pues-

to, pues tenía la seguridad de obtener el triunfo.
Replicó el Senador Enríquez expresando su pena por no transmitir personalmente al señor Presidente el acuerdo tomado por los 25 Senadores presentes,
que aun cuando no constituían la mayoría de todas maneras su número era

respetable, considerando interpretar el sentir de la mayoría, que dada la gravedad del momento de todas maneras expresaría la opinión de que era porta-

dor, expuesta en la sesión que habían celebrado. Que le suplicaba al señor Ministro hiciera del conocimiento del señor Presidente que los Senadores presentes habían acordado "suplicar al señor Presidente, al señor Vicepresidente y al
Gabinete, que renunciaran a su alta investidura en aras de la patria, a impulsos del más sublime patriotismo" ...

Agregó que la independencia de México estaba amenazada a pesar de cuanto oficialmente se decía, y en consecuencia, la actitud de los Senadores no
cambiaría.

En un ambiente de aparente cordialidad se dio por terminada la embarazosa entrevista.

momento a otro la ofensiva formal de las tropas leales. Sus baladronadas no
Al amanecer del día 18 cita urgentemente a los Senadores que habían pedido
la renuncia de Madero. Acuden a su llamado los Senadores Sebastián Camacho, Gumersindo Enríquez, Juan C. Fernández, Emilio Rabasa, José Castellot,
Ricardo Guzmán, Guillermo Obregón, Carlos Aguirre y Rafael Pimentel.
Insinúa Huerta la necesidad de actuar con rapidez para resolver la situación
y para el caso dice necesitar del consejo de los Senadores, versados en cuestiones de leyes, ya que en lo militar las cosas no se presentaban como era de
desearse.
Informan en seguida los Senadores a Huerta de la frustrada entrevista con

el Presidente, y de lo expuesto al Ministro Ernesto Madero, sobre la necesidad
de la renuncia del Presidente, del Vicepresidente y del Gabinete.
Con muestras de satisfacción Huerta encomió la actitud patriótica de los Se•
nadores, empeñada decididamente a procurar para el país el bienestar que solamente puede conseguirse mediante la paz.

Con base en la amable atención de los Senadores, Huerta, dando a sus palabras el tono más solemne posible, expresó su sentimiento por los males causados con motivo de la lucha entre hermanos, lamentando el sacrificio de los
que habían caído en cumplimiento de su deber; pero desgraciadamente sin resultados satisfactorios en atención a las circunstancias que rodeaban la empresa.
Después de una breve pausa, simulando hacer un gran esfuerzo al revelar
la noticia que iba a dar a conocer, recargando el tono apesadumbrado de sus

palabras, leyó un documento que había sido firmado el día anterior por los
Generales Angel García Peña, Ministro de la Guerra, y Aureliano Blanquet,
Jefe del 9o. Batallón, que no participaba todavía en la contienda, por motivos
ignorados, aun cuando altamente sospechosos. En el documento se hacía cons-

tar el informe técnico del Coronel Rubio Navarrete, Jefe de la Artillería Legal,
consistente en la imposibilidad de tomar por asalto la Ciudadela.
Honda impresión causó a los Senadores cuanto habían escuchado, afirmán.
dose con mayor decisión en su empeño de pedir la renuncia de Madero. Apro•
vechó Huerta la coyuntura para ofrecer su intervención a efecto de lograr una
entrevista con el señor Presidente, proposición que fue aceptada.

Para el efecto Huerta solicitó la cooperación del General García Peña, y de
inmediato se trasladaron a Palacio, logrando ser desde luego recibidos.

326

327

�Con extraordinaria serenidad escuchó Madero a los Senadores contestando,
en tono comedido pero enérgico, que no había motivos graves que no pudiesen ser superados, para su dimisión, máxime cuando el pueblo libremente lo

había elegido; que en consecuencia no le era posible complacerlos.

CONSUMACIÓN DEL CUARTELAZO

Había logrado Huerta sus propósitos. Contrariados los Senadores y alarmados por la situación le servirían incondicionalmente, como le serviría también

el Embajador Norteamericano, partidario acérrimo de Félix Díaz. El mismo
General Díaz, encerrado en la Ciudadela, suponiendo a su alcance los más
poderosos elementos de guerra, no podría sostenerse indefinidamente y al intentar una salida fácilmente sería aniquilado. Quedaba indudablemente también a merced de Huerta.
En cuanto al Ejército Federal, con excepción del General Felipe Angeles v
las debilitadas fuerzas rurales, estaba plenamente seguro de que todos los demás
jefes le serían adictos, especialmente el General Aureliano Blanquet, que le
había manifestado absoluta adhesión y quien se encontraba al tanto de los
proyectos que pronto pondría en ejecución. Toda la mañana del día 18 que
tantas alternativas había tenido, la pasó Madero en compañía de Pino Suárez,
Lascuráin, Bonilla, Rafael Hernández, Vázquez Tagle, Ernesto Madero, González Garza y Marcos Hernández. El tema a discusión no podía ser otro que
el de la revuelta, al que se le daban vueltas por todos los ángulos y se concluía
por caer en el mismo punto crucial: la renuncia del Presidente y Vicepresidente de la República, que en ninguna forma debla aceptarse, ni siquiera como
una lejana posibilidad. Se tomaba en cuenta que al renunciar ante la acción
de unos cuantos militares ambiciosos, resultarían inútiles los sacrificios que se

hicieron para el triunfo de la revolución.
Al mismo tiempo que en el Palacio Nacional se debatlan los altos intereses

contraba Madero y sus amigos, con paso vacilante y semblante sombrío. Su
aparición causó sorpresa máxima cuando, dirigiéndose al señor Madero le ma-

nifestó que por órdenes del General Aureliano Blanquet le comunicab~ que el
·General Manuel Rivera, procedente del Estado de Oaxaca, venía con sus soldados en actitud de rebeldía. Que en consecuencia lo invitaba a ocultarse en
un lugar previamente escogido en donde estaría completamente seguro. El
·señor Madero, sin perder la serenidad, con voz clara y terminante replicó que

·él no ten_ía _por qué abandonar el Palacio y consecuentemente que si Blanquet
deseaba ms1st1r en ello, que acudiera personalmente a notificárselo. Como in1entara Jiménez Riverol llevarse a Madero consigo sujetándolo de un brazo
protestó el Presidente en alta voz, haciendo acto de presencia el Mayor Iz~
quierdo y tras él se apostó un pelotón de soldados cubriendo la puerta.
La traición tomaba cuerpo y los acontecimientos no dejaban lugar a dudas
robre que se estaban viviendo momentos decisivos. El Mayor Gustavo Garmen-

dia. Ayudante del Presidente, se encaró a Jiménez Riverol y después de breve
eambio de palabras Garmendia le disparó certero balazo dejándolo muerto.
A l_a detonación irrumpieron en el salón los soldados con las armas preparadas
a tiempo que el mayor Izquierdo les ordenaba que hicieran fuego. En ese instante el también ayudante del Presidente, Mayor Federico Montes, disparó
-sobre Izquierdo matándolo.
Las descargas resonaron con estruendo produciendo espesas nubes de humo.
Se produjo tremenda confusión, que aprovecharon audazmente Garmendia y

Montes dando órdenes a los soldados para que retrocedieran, lo que hicieron
-desalojando el salón.
En las alfombras había tres cadáveres: los de Jiménez Riverol, de Izquierdo
y el de don Marcos Hernández, Introductor de Embajadores, y hermano del
Ministro de Justicia Rafael Hemández, quien viendo en inminente peligro
al Presidente Madero, lo cubrió con su cuerpo, salvándolo de una muerte segura.

El tiempo apremiaba; no podía perderse un instante ya que importaba antes que nada salvar a los primeros funcionarios del país, Madero y Pino Suárez. Las opiniones se cruzaban, pero en términos generales convergían en el

de la Patria, representados por sus más significados funcionarios, Victoriano
Huerta se dedicaba a consumar el cuartelazo. Para la ejecución de cuanto se

sentido de que se procurara salir a la calle en donde a pocos pasos se encon-

habla planeado quedaba Blanquet autorizado, de manera que el golpe fuese
decisivo. Para tal objeto Blanquet cambió las guardias del Palacio, colocando
soldados del 290. Batallón que le eran incondicionales. Asegurados sus movimientos de esta manera, comisionó al Coronel Jiménez Rivcrol y al Mayor Izquierdo para que, al frente de un pelotón de soldados, aprehendieran al señor
Madero, al Licenciado Pino Suárez y a las demás personas que se encontraban

Madero siendo aplaudido y vitoreado. Ellos serían los primeros defensores para

en el despacho presidencial.
A eso de las dos de la tarde entró Jiménez Riverol al salón en que se en-

traba un destacamento de rurales, a quienes momentos antes había arengado
continuar la lucha contra los traidores.
Poniendo en acción lo proyectado, Madero tomó uno de los elevadores que

dan al patio del Palacio y apenas había pisado tierra, le salió al encuentro el
General Blanquet conminándolo a rendirse. No había ya duda alguna; en la
propia casa se tenía al brazo ejecutor de la traición. Madero, a pesar de la situación, contestó a Blanquet con entereza: "es usted un traidor", a lo que éste,

329
328

�elevando la voz, replicó: "es usted mi prisionero"; pero de nueva cuenta Madero con más energía le dijo: "usted es un traidor" .

Nada había ya que hacer. A estos actos de fuerza bruta, de cobardía frente
a la dignidad, siguió un simulacro de cuartel: pelotones de soldados marchaban en todas direcciones; se daban órdenes en alta voz que retumbaban en el
ambiente · las ametralladoras se colocaban en dispositivos de combate; Y entre
el estrépi;o de armas, órdenes de trogloditas qu~ destroz~n las Leyes y pisotean
la majestad de la Patria personificada en sus mas altos d,gnatanos, pasaban los
prisioneros de unos a otros corredores entre filas de rud~s soldado~: don _Francisco I. Madero, Licenciado José Ma. Pino Suárez, PreSidente y V1cepreS1dente
de la República, y las demás personas, a excepción del Ministro Bonilla, que
aprovechando el desorden, logró escapar.

•

y don Adolfo Bassó, Intendente del Palacio, que también estaba en el banquete,

fueran detenidos conduciéndoseles a Palacio.
Cuando Huerta consideró propicio el momento hizo su entrada a Palacio

recibiendo del General Blanquet los más ostentosos honores. Informado de
todo cuanto había sucedido, ordenó la libertad de los Ministros y demás funcionarios, con excepción de los Generales Felipe Angeles y José Delgado. En
cuanto a don Gustavo y a don Adolfo Bassó dispuso que se complaciera el
pedimento de los rebeldes de la Ciudadela y ordenó se les enviaran. La crueldad de Huerta adquiría relieves infernales; pues sabía que serían bárbaramente sacrificados, como en efecto sucedió.

Llegaron los presos a la Ciudadela en donde los esperaban Félix Díaz y
Mondragón, además de un grupo de civiles capitaneados por el Licenciado
Cecilia Ocón, individuo de pocos escrúpulos, que a toda costa trataba de congraciarse con el General Díaz .
Siguió un simulacro de proceso organizado por Ocón, dando lugar a que los
civiles, serviles y cobardes, descargaran sobre los indefensos presos los más soe-

En esos precisos momentos Huerta se encontraba en el restaurant Gambri-

ces insultos, acompañados de golpes. Cuando la comedia había llegado a des-

nus. Se efectuaba un banquete que él mismo había preparado en hon~r de
don Gustavo A. Madero, hermano del Presidente, a quien Huerta d1Straia de

pertar los instintos bestiales de los circunstantes ordenó Félix Díaz que los reos
fuesen trasladados a otro cuarto.
Salieron a un patio seguidos de Ocón y del grupo de civiles, que hacían la
comparsa a la escolta que conducía a los reos. Continuaban en voz alta los insultos, arreciaban los golpes y un soldado con una bayoneta pinchó el ojo bueno
de don Gustavo, produciéndose el más espantoso espectáculo, impropio aun de
los hombres de las cavernas. Siguieron después de los golpes para rematar a la

esta manera, para maniobrar a su gusto.

Era del dominio público que a don Gustavo Madero, no tan sólo no le inspiraba confianza Huerta sino que había tenido con él diversos altercados y en

n momento de ira le había echado en cara su falta de hombría y de honradez,
;uesto que con sobrados elementos no había recuperado la Ciudadela.
Con el pretexto de aclarar situaciones y demostrar su lealtad, Huerta org~nizó el banquete invitando a varios amigos de don Gustav? y a o_tros de la mb'd d de él para teatralmente significar que no hab1a motivo alguno de

m1 a
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·,
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distanciamiento entre quienes buscaban el mismo fin . La conversacion. se _1~0
general y en el momento oportuno Huerta man~estó sus s~~atías, estunac10n
y admiración por don Gustavo exaltando su caracter y patn~tismo. . . ,
Cuando el ambiente parecía acercar a todos en una misma asp1rac1?n, el

General Huerta se alejó para hablar por teléfono, regresando pocos mmutos
después excusándose por tener que retirarse.

Esta actitud de Huerta dejó a don Gustavo profundamente preocupado,
presintiendo que ese llamado telefónico _algo grav~ significaba y dentro de s_u
preocupación pensó inmediatamente en 1r a Palacio. Las cosas cammaron mas
aprisa de lo que pudiera pensarse y los temores de don Gustavo estaban plas-

mándose en hechos, de manera que nada quedaba por hacer.
Entre tanto Huerta, antes de ir a Palacio, dictó varias órdenes de carácter
militar con el objeto de afianzar el golpe de Estado. Dispuso que don Gustavo

víctima con una descarga de fusiles.

Quedó tendido el cuerpo de don Gustavo empapado con su propia sangre.
No había cometido más delito que el ser fiel al gobierno de su hermano. Jamás
se le ha formulado cargo alguno que mereciera castigo semejante.
Minutos después, con menos demostraciones de salvajismo fue muerto Bassó.

LA EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS

El Embajador de los Estados Unidos, Mr. Henry Lane Wilson, decano del
Cuerpo Diplomático, hombre versado en los asuntos diplomáticos, pero engreído de su propio valer, por las distinciones que recibía tanto de las esferas oficiales como de los demás representantes de los países amigos, daba a sus actuaciones una importancia que sobrepasaba los límites de su gestión diplomática.
En el caso de la decena trágica, en esa tragicomedia que costó centenares
de vidas y transformó la organización política y social del País, la participación

331
330

�de Lane Wilson fue de tal manera notoria y de tal forma absurda que llegó
a límites increíbles.
Desde el momento mismo en que se iniciaron las operaciones militares en la

ciudadela, Lane Wilson manifestó un desbordado interés por intervenir y tratando de encubrir sus actividades con frecuencia citaba al Cuerpo Diplomático
para cambiar impresiones y decidir lo que debía hacerse en defensa, según él,
de las familias extranjeras así como de los ciudadanos mexicanos ajenos a la

contienda. De esta actitud se originaron algunos actos fuera de todo principio
legal y de toda consideración de respeto a la soberanía de México.
Se puso en comunicación con el General Díaz, encerrado en la ciudadela, por

medio del señor Enrique Zepeda. Al mismo tiempo estrechó relaciones amistosas con Victoriano Huerta influyendo en su ánimo para que, de acuerdo con

Félix Díaz, se diera término a la angustiosa situación que privaba en la ciudad
de México.
Por supuesto que para Huerta aquella intervención del Embajador americano le abría de par en par las puertas de sus ambiciones y convirtió al señor Lane
Wilson en su confidente y en su director espiritual en todo aquello que a sus
planes convenía.

En la Embajada se establecieron las comunicaciones entre Huerta y Félix
Díaz, conviniendo ambos en que Huerta daría los pasos necesarios para que la
contienda armada terminara, en la inteligencia de que, en su debida oportunidad, formularían los términos para garantizar a cada parte lo que correspon-

diera en el reparto final.
Tan descaradas eran estas maniobras, que pronto trascendieron al público y
no podían quedar fuera del conocimiento de los amigos de Madero, diputados
y senadores, así como del grupo político afín a Madero y, consecuentemente,
se trató de influir por todos los cauces posibles ante la mente de don Francisco
I. Madero para que destituyera a Huerta del puesto que le había confiado,
considerándolo un elemento peligroso.
Sabemos que Madero no dio crédito a cuanto se decía de Huerta, ni aun en

el caso evidente tratado por su hermano Gustavo, quien había desarmado a
Huerta durante una acalorada discusión, poniéndolo virtualmente preso, y don
Francisco se opuso ordenando su libertad. Conferenció con él, recibiendo las
demostraciones más serviles que pueda hacer un hombre carente de dignidad
y a pesar de todo lo conservó en su puesto.
Para el Embajador Lane Wilson, Madero era simplemente un loco pernicioso al País y digno de ser eliminado como Presidente de la República. No le
concedía capacidad alguna para gobernar y, consecuentemente, debía hacerse
el esfuerzo máximo para eliminarlo de sus altas funciones.

actuara como si estuviese en su propio país. Su intervención en la política
mexicana fue clara y abierta y puede decirse que definitiva por cuanto a que

facilitó los designios perversos de Huerta.
Cuando el General Huerta en su carácter de Jefe de las Fuerzas del Gobierno, con la renuncia del Presidente y Vicepresidente de la República, Madero
y Pino Suárez, el Embajador Wilson le hizo presente sus cordiales felicitaciones
y sus deseos porque se realizaran los propósitos de que llegase a la Presidencia
de la República y estableciera el orden y la paz en el País.
Para darle forma a las impresiones que se habían cambiado entre Huerta y
Díaz, citó a ambos en la Embajada a la que acudieron, acompañados del General Manuel Mondragón y del Lic. Rodolfo Reyes. Después de los saludos de
rigor y de los abrazos efusivos, se entró en largas y embarazosas discusiones, surgiendo lo que se dio en llamar el Pacto de la Ciudadela.
En ese plan se establecía que Huerta sería el Presidente Provisional de la
República, comprometiéndose a convocar a elecciones a la brevedad posible a

efecto de que Félix Díaz pudiese llegar a la Presidencia mediante el voto
popular.
En el mismo pacto se señalaba a las personas que formarían el Gabinete, en
el cual figurarían, en su mayor parte, elementos que el propio Félix Díaz

designaría.
Toda esta trama y estos formulismos denigrantes se firmaron por las partes

interesadas, pero allá en el interior del espíritu de Huerta había el propósito
definido de no cumplir, como vino a confirmarlo el tiempo.

LA FARSA EN PLAN DE ALTURA

Dueño Huerta de la situación militar, procedió a informar de la prisión de

Madero y Pino Suárez, en primer lugar al Embajador de los Estados Unidos,
rogándole que hiciera conocer la situación al Cuerpo Diplomático, al Presidente de los Estados Unidos Mr. William H. Taft, y a los Generales Díaz y
Mondragón .
Esta actitud convertía en certeza la versión que circulaba en los centros po-

líticos y sociales, sobre el entendimiento de Huerta y el Embajador de los
Estados Unidos. De otra manera no se explica que comisionase a Mr. Lane
Wilson para que le sirviera de intermediario con los Generales Díaz y Mon-

dragón. Había en esta actitud de Huerta una lógica secuencia de hechos, que
se proponía aprovechar en toda su extensión.

Colocado Mr. Lane Wilson en este plano inclinado, se veía comprometido a
continuar en la pendiente. Si formaba parte de un complot, que según las pre-

Bien que el señor Lane Wilson tuviese esa opinión de Madero, pero mal que
333
332

�sunciones lo hacía por conviccrnn, sentía el deseo de actuar hasta conseguir
que el desastre (según él) de la administración maderista fuese corregido, por
un hombre fuerte, militar y políticamente, para bien de México.
En esta forma pensaba y actuaba en consecuencia. Ayudó eficazmente a la
caída de Madero y continuaba saboteando toda acción encaminada a proteger su vida.
Había perdido la noción del papel que le correspondía como Embajador, y
en forma cada vez más descarada inteivenía en los problemas que correspondía
resolver exclusivamente a los mexicanos.
El día siguiente de la caída de Madero Mr. Lane Wilson envió al Departamento de Estado de su país el siguiente mensaje: "El Presidente de la República y el Vicepresidente han renunciado, y sus renuncias se presentaron ante
el Congreso, el cual naturalmente las aceptará. Por ministerio de la ley el
Poder Ejecutivo recaerá en el señor Lascuráin, quien no ha tenido oportunidad
de renunciar. Este asumirá el cargo durante pocos momentos y desp'ués el
General Huerta será proclamado Presidente Provisional y anunciará inmediatamente el siguiente Gabinete: Relaciones Exteriores, De la Barra, Hacienda,
Toribio Obregón. Guerra, General Mondragón. Fomento, Robles Gil. Gobernación, García Granados. Justicia, Rodolfo Reyes. Instrucción, Vera Estaño l.
Comunicaciones, De la Fuente".
En efecto ese mismo día Huerta designó como Secretarios del Gabinete a
las personas mencionadas, cumpliendo en parte con el llamado Pacto de la
Ciudadela.

•
Con engaños Madero y Pino Suárez habían firmado sus renuncias de Presidente y Vicepresidente Constitucionales de la República. Se les había ofrecido
respetar sus vidas, enviándolos al Puerto de Veracruz para que se trasladaran
al extranjero, aprovechando la oferta hecha espontáneamente por el Ministro
de Cuba, poniendo a su disposición el crucero Cuba anclado en el Puerto.
Las renuncias fueron entregadas al Licenciado Pedro Lascuráin, Ministro
de Relaciones Exteriores en el Ministerio de Madero, con instrucciones de que
no fuesen presentadas hasta que ambos estuviesen en el Puerto de Veracruz.
A pesar de estas instrucciones, Lascuráin procedió en forma distinta, ya por
impulso propio o por amenazas o temores, que en ninguna forma podían ser
justificables, pero lo cierto del caso es que una vez en manos de Huerta las
renuncias, procedió de inmediato a citar a los Diputados para que en sesión
plena las aprobasen y se continuara el proceso constitucional correspondiente.
Reunido el Congreso, aun cuando en forma irregular por falta de quórum, se
334

dio cuenta con las renuncias que fueron aprobadas designándose al mismo señor Licenciado Pedro Lascuráin, como Presidente, de acuerdo con la Constitución. Pasados 20 minutos, Lascuráin designó al General Victoriano Huerta,
Ministro de Relaciones Exteriores, y minutos después presentó su renuncia
como Presidente de la República y el Congreso designó como tal a Victoriano Huerta.

•
Amaneció el día 19 después del cambio brusco de gobierno. Grupos azuzados por los felicistas recorrieron las calles tumultuosamente provocando incendios y saqueos. No hubo la presencia de personas de solvencia moral. La brutalidad se hacía presente en apoyo de un cuartelazo carente de todo sentido
patriótico.
Entre tanto los familiares y amigos de Madero y Pino Suárez hacían activísimas gestiones cerca del Embajador de los Estados Unidos, de Cuba, Chile,
España y Japón solicitando sus buenos servicios para garantizar la vida de
Madero y Pino Suárez. Se enviaron mensajes al Presidente de los Estados Unidos solicitando que influyera con Huerta para que respetara la vida de los
pns1oneros.
En cumplimiento de estas peticiones, y en el caso del Ministro de Cuba, don
Manuel Márquez Sterling, también motu proprio, para mantener al respecto una línea de conducta seria, envió al de los Estados Unidos una comunicación fechada ese mismo día 19 en la que, en la parte fundamental, decía:
"Me permito rogar a Vuestra Excelencia que disponga del Crucero Cuba
anclado en el Puerto de Veracruz por si la mejor medida fuese sacar del País
al señor Madero y, asimismo, que cuente con mis humildes seivicios para todo
lo relativo a dar asilo en dicho crucero al infortunado Presidente preso".
El Embajador de los Estados Unidos no dio crédito alguno a esta oficial
solicitud porque allá, en su fuero interno, él coincidía con la idea de Huerta
de que Madero y Pino Suárez, vivos, serían un gravísimo problema para el
nuevo gobierno.
En atención a la frialdad del Embajador de los Estados Unidos, los Ministros de Cuba y de España acudieron personalmente a Palacio con el propósito
de entrevistarse con Huerta. Encontraron ahí al Ministro de Chile señor Hevia
Riquelme que conversaba con el General Blanquet, haciendo gestiones en el
mismo sentido.
Solicitaron de inmediato una entrevista con el General Huerta, que al General Blanquet le pareció muy oportuna, y sonriendo, dijo que lo esperaran unos
335

�momentos. Desapareció por una puerta para aparecer de nueva cuenta instan-

tes después, expresando su pena porque el General Huerta estaba dormido.
Al despedirse de Blanquet, éste manifestó que podían irse completamente
tranquilos pues las vidas de Madero y Pino Suárez estaban a salvo desde el
momento en que, habiendo firmado sus renuncias, no había obstáculo alguno,
para ser trasladados de inmediato a Veracruz, como se había convenido.
Pero el tiempo transcurría y no se veía ningún acto encaminado seriamente
a proteger a Madero y Pino Suárez. Un pretexto, otro, y otro más, se enreda-

ban en las horas que iban transcurriendo para diferir la salida del tren quedebía llevar a los prisioneros al Puerto de Veracruz, y esto significaba que había algo oculto que se alejaba radicalmente de tales propósitos.
El Embajador de Cuba, testigo presencial de los hechos, considerando que a.
medida que el tiempo pasaba se hacía más grave la situación, al salir del despacho Presidencial, después de la infructuosa visita, fue directamente a la Intendencia encontrando a Madero, Pino Suárez y al General Angeles.
Nada alentador era el cuadro. Fue recibido con efusión, como si su llegada
tuviese el significado de una garantía de salvación. Madero, tan presto se sen-

taba como se paraba para dar vueltas de uno a otro extremo del cuarto. Comentaba lo sucedido como algo que no ha terminado, cuyo fin for,osamente ha
de ser satisfactorio. Pino Suárez y Angeles no compartían las conjeturas optimistas de Madero, a juzgar por sus semblantes, aun cuando no se atrevían a
contrariarlo.

Luego, como hablando consigo mismo, expresaba sombríamente: nada ganarán con matarnos, al contrario, provocarían una nueva revolución. Y diri-

giéndose a Márquez Sterling le preguntó por Gustavo, su hermano. Piadosamente le ocultó el Embajador su terrible muerte. Madero insistía: es que Gustavo es impulsivo; pero en esta ocasión fue vidente, causó a Huerta una de sus
más dolorosas vejaciones, y temo por su venganza.

Márquez Sterling, tratando de llevar la conversación a un plano de optimismo, les informó sobre la plática que había sostenido con el General Blanquet
en compañía de los Embajadores de España y de Chile, insistiendo en las seguridades que les había dado Blanquet de que ese mismo día 19 saldrían los
prisioneros hacia Veracruz en el tren que ya estaba listo en la estación.

Pero los hechos hablaban con mayor elocuencia. La tarde se había esfumado
en la obscuridad de una noche llena de negros presagios. El Embajador, tan
preocupado como los presos, ofreció pasar la noche con ellos, en espera, según

MOMENTOS DE ANGUSTIA

?orno el General Huerta no cumpliera su ofrecimiento de que el día 19
senan llevados Madero Y Pino Suárez a Veracruz, la intranquilidad se acentuó
entre qmenes tenían interés, llegando a crearse situaciones de profunda angustia
El ~ía 20 el Embajador de los Estados Unidos recibió un mensaje del Se:

cretano de Estado de su país concebido en los siguientes términos: "Aun cuando ~s un deber general de_ este Gobierno conservar la influencia que posee, para
usai _la en favor de sus cmdadanos y sus intereses nacionales, la consulta que

le hizo _el General Huerta respecto al tratamiento que había de dársele a Madero,
' es obvio
·
d · llende a dar a usted cierta responsabilidad en el caso . Ad emas,
ec1r que un tra~ento cruel_ fªra el ex Presidente dañaría ante los ojos del
mun?o l_a 1:putacwn _de la nac1on mexicana1 y este Gobierno seriamente espera
no oir nmgun tratamiento de esa naturaleza y espera saber que ha sido tratado

en una fo"."a compatible con la paz y con la humanidad. Sin asumir ninguna
r~~ponsab1hdad, puede usted usar, a su discreción, estas ideas en su conversa.
c1on con el general Huerta. Knox".
Este ~ensaje con~iene una evidencia condenatoria en contra del Embajador

L:"'e Wilson, pues SI el general Huerta consultó con él el tratamiento que debía
darsele a Mad~ro ello significa que obraban de común acuerdo. Así lo entendió
Mr. Kno~ _Y discretamente le advierte: "que esa consulta tiende a darle cierta
responsab~~1dad e~ el caso" y observa sobre el daño que causaría a la reputación
de la nac10n mexicana el hecho de que no se tratara en forma humanitaria al

Presidente caído.
Pero el. refinamiento de crueldad del General Huerta no se detenía ante
cons1der~c1ones que pudieran menoscabar el poder tiránico que pensaba ejercitar: Tema a su alcance demostrar que él lo podía todo inclusive eliminar a

qmenes le hicieron sombra, y no iba a perder esa oportunidad.
A los requerimientos que le llegab~n por diferentes conductos, explicaba que
habiendo rec1b1do un telegrama del ¡efe de las operaciones militares en Verac~z,_ Gene~a! José Refugio Velazco, no muy satisfactorio, había determinado
diferir el v1aJe por un día más.
,~itó ~l General Huerta con carácter urgente a sus Ministros y a los Generales
Fehx D1~ Y, Mondrag6n. Inició la sesión Huerta y en tono solemne, manifestó
qu~ const1tman _Pª~ª. él un mo~vo de inquietud los señores Madero y Pino Suárez, _que sus pnnc1p1os humanitarios le indicaban la conveniencia de ponerlos

expresó, de acompañarlos a la estación llegado el momento de la partida.

~n libertad; pero que, por otra parte la tranquilidad del País demandaba

A media noche un enviado de Huerta fue a comunicar a los presos que la
salida a Veracruz sería hasta el día siguiente. Con esta noticia abandonó la es-

unpenosamente que se mantuviera a toda costa la paz. Que encontránd
·· d
ose
en esa encruc1Ja a deseaba conocer la opinión de sus consejeros.

tancia Márquez Sterling, ofreciendo regresar oportunamente.

336

No hubo resultado positivo alguno por cuanto a que hubiese una decisión

337
H22

�definida, pues las opm10nes se emrtieron sin coordinación alguna y nadie se
atrevió a expresar concretamente lo que debía hacerse. La disyuntiva era
tremenda: libertad o muerte.
Para Huerta no había necesidad de un acuerdo categórico, siendo su Gabinete, y de Félix Díaz y Mondragón llegara a la tensión necesaria de manera
de colocar el problema en un plano de incertidumbre y de inquietud. Por
lo demás, como no había una sola voz que abogara por que se respetaran las
vidas de los prisioneros, virtualmente se colocaban en el otro extremo.
¿ Qué sucedería? La incertidumbre en que quedaron los Ministros se prestaba a toda clase de conjeturas; pero en la conciencia de todos se había
grabado la idea de la tragedia. Por algo, después de este incidente, uno de
los Ministros, el Lic. Jorge Vera Estaño!, al escribir años después su libro
La Revolución Mexicana pinta a Huerta con estos negros perfiles: De sesenta y un años de edad, físicamente recio e inmune al trabajo, excesos y
vigilia; despejado de inteligencia en los períodos normales, malicioso y suspicaz; militar por meollo y educación; sostenido y tenaz en sus determinaciones
también durante los períodos normales, y hombre de acción; pero egoísta,
inmensurablemente ambicioso, renuente a la noción del deber, ignorante o desdeñoso de toda energía individual o social, libre, maquiavélico, falaz hasta
la decepción de sí mismo, brutal, arbitrario, disoluto y por remate alcohólico
empedernido con las consiguientes intermitencias de abulia y ofuscación, Huerta,
bajo la acción aumentativa del poder, es dentro del Gobierno el elemento
11

~uan~~ llegaron frente a la Penitenciaría, por el lado de atrás se indicó
a os rISioneros que b_ajaran. En ese momento sonaron los primer~s disparos
cayen o muerto el senor Madero
rf d I
b
e instantes después el señor Pino'
h:ri;o c:ai:~e'~oer dios prboyectiles,
tres bal
,
'
n a ca eza por
as, caia para no levantarse más.
Los ~ism;s esbirros tirotearon los automóviles tratando de hacer creer en
un asa to , _ectuado por los Maderistas. La burda maniobra nadie
d'
creerla, max1me cuando no hubo heridos ni de las f
po ta
riales d l
d
uerzas causantes mate} t e ª .¡:iuert~ . ; los prisioneros, ni de las personas que se dice efectuaron
e a aque. a º,pm10n pública condenó el ignominioso crimen principiand0
a gestarse la mas tremenda revolución.
'
En esta forma sucumbieron dos hombres buenos, paladines de la libertad
y enamorados de los principios democráticos.
,
Es ley eterna que los pueblos, para su grandeza, necesitan
.
de los mártires.

s~:r::a

disolvente por excelencia".

•
Madero y Pino Suárez veían acercarse el fin de su existencia. Habían
perdido toda esperanza y la inquietud y empeño de sus amigos en salvarlos,
para ellos era el síntoma más firme de lo que les esperaba.
El día 21 recibió Madero la visita de su señora madre y ante ella don
Francisco se arrodilló besándole la mano, y pidiéndole perdón por la muerte
de Gustavo, pues para esos momentos ya don Francisco estaba enterado de
su martirio.
Mientras la Embajada de los Estados Unidos, la noche del 22 se engalanaba con fastuoso homenaje en honor del libertador Washington y se hacían
votos por la paz de México, brindando con champagne Lane Wilson y Huerta,
don Francisco I. Madero y don José Ma. Pino Suárez, eran sacados del Palacio Nacional para ser llevados a la Penitenciaría, obedeciendo órdenes directas de Huerta. Se trataba, según lo ofrecido, de llevarlos a lugar más seguro
en tanto se les enviaba a Veracruz para que se embarcaran.

339
338

�BREVE RESEfil'A DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE LA
CATEDRAL DE MONTERREY
TOMÁS MENDIRICHAGA CUEVA

Sociedad N uevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística

IV
Los LIBROS 9 y 10 de bautismos, que abarcan de febrero de 1751 a agosto
de 1768, se encuentran empastados en un solo volumen.

Libro 9 de Bautismos: Febrero de 1751 - Abril de 1759.
Consta de 174 folios numerados. Contiene casi 1300 partidas de bautismo
sin numerar.

Los folios, en general, conservan la numeración. Varios de ellos se encuentran destrozados por el efecto corrosivo de la tinta, en cuya elaboración se
usaban substancias como vinagre y caparrosa. En otros folios la tinta se ex-

tendió y traspasó el papel, siendo muy dificil la consulta de las partidas. Las
manchas de tinta son muy frecuentes, notándose cierto descuido de los amanuenses en la escritura.

En el folio 36 se asentó la fe de un bautismo que se hizo el 24 de junio de
1753 en "esta Santa Iglesia Parroquial de San Andrés de Monterrey", o sea
en el convento franciscano.

En el margen del folio 67 se inscribió una fe de bautismo con esta curiosa
aclaración: "Va al margen esta partida porque no se pudo más. Bachiller
Acosta".
Se encuentra una partida interesante en el folio 68 vuelta: el bautizo (14
de agosto de 1754) de José Ignacio, "de quince días", hijo legitimo de don
Francisco de Elizondo y doña Ana Josefa Lozano, "vecinos de Huinalá (ha-

341

�cienda en el actual municipio de Apodaca) de esta feligresía ... " ¿ Será el
mismo Teniente Coronel don Ignacio Elizondo, que aprehendió a los primeros caudillos insurgentes en las Norias de Baján?
A partir del folio 98 se empezó a anotar al margen de cada partida el
nombre o los nombres del bautizado y su raza o casta. Desde el principio
del libro hasta el folio 98, sólo tienen estos datos una que otra fe de bautismo,
lo que dificulta bastante la investigación.

CURAS y FRAILES

Desde el folio 1 hasta el 98 casi todas las partidas aparecen firmadas por
el bachiller Agustín de Acosta, cura de la iglesia parroquial regiomontana,
pero algunas también fueron rubricadas, "curo licentia parochi", por los
bachilleres Juan y Pedro Regalado Báez Treviño,1 Fray Antonio Tenorio, Fray
Francisco Rangel y Amézaga, Fray Miguel de la Portilla, el teniente de cura
bachiller Francisco Xavier Landeros Rodríguez, una por Fray José García
y otra por el bachiller José Lorenzo Báez de Treviño. (Desde el folio 74
vuelta hasta el 83 vuelta y del 89 al 91 las firmó el bachiller Pedro Regalado
Báez Treviño). La última fe de bautismo que rubricó el bachiller Acosta se
encuentra en el folio 98 y está fechada el 22 de septiembre de 1755. Enseguida
dice: "Monterrey y octubre 1 de 1755 años. Hoy recibí este libro de bautismos a mi cargo, por haber tomado posesión de este beneficio, y para que
conste lo firmé en dicho día. Bachiller Bartolomé Molano". De ahí en adelante hasta la última partida del libro, fechada el 18 de abril de 1759, todas
las f{rmó el mencionado bachiller Molano, siendo rubricadas varias también
por el bachiller Francisco Antonio Larralde, Fray Blas Quintanilla, Fray Miguel Pérez, los bachilleres Cipriano García Dávila y Juan José Amalo de
Arizpe y algunos de los ya mencionados anteriormente.

1 Los bachilleres Juan Bautista y Pedro Regalado B.áez _Treviño, ~lérigos presbíteros,
recibieron sepultura eclesiástica en el presbiterio de la 1gles1a parroqmal {hoy ~~tedral}
el 11 de abril de 1764 y el 11 de febrero de 1767, respectivamente. Fueron h1JOS 1~~1timos del General Francisco Bácz de Treviño y doña Catal~na de ~aya Y Trev100.
(Libro 6-7 de entierros, octubre de 1752 - enero de 1773. Mismo archivo).

APELLIDOS

En este libro aparecen los primeros nuevoleoneses que llevaron los apellidos
Delgado (folio 9) y Quirós (folios 73 y 125 vuelta).
En el folio 40 vuelta se halla la primera fe de bautismo de un vástago del
apellido Gracia, sin embargo esta familia residía desde treinta años antes en
la villa de San Juan Bautista de Cadereyta.
Por primera vez fueron registrados, en los folios 11, 77 y 115 vuelta, los
bautizos de algunos vástagos de la familia Escobedo, que es más antigua. Su
origen nuevoleonés se remonta a la primera mitad del siglo XVII, cuando
se avecindó al sur del Nuevo Reino de Le6n, en los valles de Pablillo y Labradores (actual municipio de Galeana).

EDICTOS y AUTO DE VISITA

Edicto General y Carta Pastoral del Obispo de Guadalajara Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y Diez de Velasco, O.F.M.,
fechados en el Palacio Episcopal de aquella ciudad el 13 de abril de 1753,
(" ... he determinado salir con el favor del Señor el día 13 ó 14 de mayo
próximo venidero ... " a la visita pastoral). (Folios 30 a 35).
Edicto del mismo ilustre prelado, expedido el 19 de mayo de 1753, en los
folios 38 a 40.
Carta Pastoral fechada el 11 de mayo de 1753, que incluye en testimonio
una Real Cédula firmada en el Buen Retiro el 6 de Agosto de 1747, sobre la
prohibición de hacer aguardientes de caña y otras bebidas. (Folios 40 vuelta
a 45 vuelta) .
Auto de visita del Obispo Martínez de Tejada, fechado en Monterrey el
16 de septiembre de 1753 (folios 46 vuelta a 50). Su Señoría Ilustrísima llegó
a esta ciudad el día 13 del mismo mes y año, consultó este libro 9 de bautismos
y mandó que "expresen en lo de adelante en las partidas el día que nació
el bautizado ... y que cuando otro eclesiástico celebre el bautismo de licentia
parochi, se exprese así en la partida y la firmen ambos, para que en todo
tiempo conste ... " El día 16, "como a las nueve de la mañana", el ilustre
prelado inició su visita a la iglesia parroquial de esta ciudad, hoy Catedral,
con una misa solemne a la que asistieron el Gobernador y Capitán General
del Nuevo Reino de León don Pedro del Barrio Junco y Espriella y los miembros del Ayuntamiento regiomontano. Después se asentó que "todo se halló
en conveniente forma. . . visitó el altar mayor con su colateral nuevo y de343

342

�más de dicha iglesia, que se hallaron muy decentes y con la debida limpieza ... "
(Folio 47 vuelta). El cura bachiller Acosta le presentó el padrón de la feligresía, "que se compone de tres mil trescientos treinta y cuatro personas . .. "

(Folio 48 vuelta). Luego aparece una extensa e interesante noticia: "Y atendiendo Su Señoría Ilustrísima a que el Ilustrísimo señor doctor don Juan Gómez de Parada, de gloriosa memoria, Obispo que fue de este Obispado, estando en esta ciudad en su general visita nombró maestro de escuela para
Ja buena educación y enseñanza de los niños que ocurriesen a ella,2 encargándole al Vicario Juez Eclesiástico el cuidado de dicha escuela, y habérsele
ahora informado el que sobre las casas de la morada del Bachiller don Bartolomé Molano, vecino de esta ciudad, están impuestos quinientos pesos de
principal, que para la manutención de dicho maestro de escuela dejó el General don Francisco Báez de Treviño, y que asimismo están depositados en
poder del Alférez Real don Domingo Guajardo seiscientos cincuenta y cinco
pesos y un real de los réditos que ha producido dicho principal, mandaba y
Su Señoría Ilustrísima mandó que dicho Cura y Vicario Juez Eclesiástico luego
incontinenti solicite persona capaz y temerosa de Dios que ejercite el ministerio de maestro de escuela en esta ciudad y que, para su manutención, se le
den anualmente cincuenta pesos, los veinticinco que producen de réditos los
referidos quinientos que reconoce dicho Bachiller (Molano) y los otros veinticinco restantes se le vayan reemplazando con ciento cincuenta y cinco pesos
y un real de la cantidad que está depositada en poder de dicho don ~mingo,
ínterin que tiene dicho maestro suficientes emolu1:°e~tos con que _p~erse
mantener, y los quinientos pesos restantes al cumplimiento de los se1sc1en:os
cincuenta y cinco pesos y un real, para que se inv~ert~n en 1~ _obra mater:ial
de la iglesia parroquial de esta ciudad, a que Su Senona Ilustns1ma los aphc_a
como causa pía tan precisa y necesaria, teniendo cuidado dicho Cura Y Vicario de visitar dicha escuela, celando el que los niños sepan y entiendan la
doctrina cristiana y que sean educados en buenas costumbres y santo te~or
de Dios, sobre que se le encarga gravemente, como asim_ismo en q;~ se cu:de
y cele la observancia de lo prevenido y mandado por dicho IlustnS1mo senor
Parada en su auto general de visita y que se cumpla punto por punto_ al
pie de la letra en la forma que en él se previene, sin permitir su con~ravenc1~n
en manera alguna" (Folio 49 y vuelta). Inmediatamente, en el mismo foho,
se asentó que doña Josefa Francisca Cantú del Río y la Cerda "ha ofrecido
libremente hacer a su costa uno de los cruceros de dicha iglesia (parroquial,
hoy Catedral) y poner en él un altar dedicado a la Santísima Trinidad, adorJ El Obispo Gómez de Parada nombró maestro de la escuela de esta ci~dad a don
Martín de Arrambidc, a mediados de enero de 1742, como asenté en el numero 5 de

"Humánitas".

344

nándolo de todo lo necesario, y (ha) pedido a Su Señoría Ilustrísima le conceda licencia para fabricar un sepulcro o bóveda en dicho crucero o capilla
para que se sepulte su cuerpo y los de sus hijos y demás descendientes . ..
atendiendo a lo mucho que benefició a esta iglesia el general don Francisco

Ignacio de Larralde, marido que fue de la dicha doña Josefa y a los crecidos
suplementos que hizo para su fábrica material, a más de lo que gastó en ella.
de su propio caudal de que jamás le hizo cargo, en recompensa de su celo
y aplicación con que se dedicó al aumento y servicio del culto divino, le con-

cedía y Su Señoría Ilustrísima concedió a la susodicha el que pueda hacer
el dicho crucero o capilla con su altar y colateral dedicado a la Santísima
Trinidad ... " (Folios 49 vuelta y 50) Por último, el citado Obispo confirmó
"a un mil ciento setenta y tres personas ... " (Folio 50).
Enseguida, en los folios 50 y vuelta, aparece un edicto del Obispo Martínez
de Tejada, expedido en Monterrey el mismo día 16 de septiembre de 1753,
"estando en nuestra actual y general visita", en el que conmina a los curas
beneficiados, vicarios jueces eclesiásticos y padres ministros de doctrina para
que hagan cumplir un edicto general del mismo ilustre prelado, expedido un
año antes, sobre la prohibición de los juegos de apuesta, que aún no había
sido publicado en muchos lugares de su Obispado a pesar del tiempo transcurrido.
En el folio 63 vuelta se encuentra un despacho del citado Obispo, fechado
el día primero de diciembre de 1753, dirigido a los vicarios y sus tenientes,
ordenando que remitan todos los negocios eclesiásticos a su Secretario de Cámara y Gobierno y "de ningún modo" a la Notaría Mayor del Obispado,
"como se ha introducido de poco tiempo a esta parte.• . . "
Edicto del mismo Obisp"O, dado en el palacio episcopal de la ciudad de
Guadalajara el 24 de abril de 1754 (Folios 71 a 73).
En los folios 85 y vuelta se encuentra en testimonio una carta de don Miguel Francisco de Vargas, Secretario del señor Obispo, fechada en Guadalajara el 28 de marzo de 1755 y dirigida a los vicarios y curas del Nuevo Reino
de León.
Despacho del mismo Obispo, fechado el 28 de mayo de 1755, en el que
manda a todos los vecinos y moradores de ambos sexos del Nuevo Reino de
León, que vayan a contraer matrimonio y tuvieren impedimentos dirimentes
por consanguinidad u "otra cualesquiera forma", soliciten el beneficio de la
dispensa (Folios 89 vuelta a 90 vuelta).
En los folios 91 vuelta a 94 aparece otro edicto del Obispo Martínez de
Tejada, fechado el 4 de abril de 1755 (" ... mandamos que ninguna persona
de cualquier calidad o estado que sea, sea osado entrar en las iglesias con
gorro o birrete, escofia, pelo atado o paño . .. ") .

345

�Por último, en los folios 95 a 97 se halla un edicto del mismo Obispo,
fechado el 17 de mayo de 1755, dirigido al clero secular y regular de su diócesis.

•
Libro 10 de Bautismos: Abril de 1759 - Agosto de 1768.
Este libro consta de 210 folios numerados.' Contiene cerca de 1340 partidas sin numerar. Al margen de casi todas aparece el nombre del bautizado
y su calidad.
Ostenta una carátula manuscrita: "Libro en que se asientan las partidas
de bautismos que se hacen en esta Parroquial de Monterrey, perteneciente a
esta administración del cargo del señor Bachiller don Bartolomé Molano, Cura

por Su Majestad de esta Ciudad y su feligresía. Y comienza hoy veinte de
abril del año de 1759".
Todas las partidas de bautismo, desde el folio 1 hasta el 132, se encuentran
firmadas por el bachiller Molano. Lo último que aparece con su nombre es
la siguiente nota: "Desde hoy, 19 de abril de 1765 años, por hallarme sumamente fallo de la vista y no serme posible firmar con perfección, seguirán
firmando las partidas de este libro, respectivamente, los padres tenientes de
este beneficio. Y para que conste puse esta razón que firmé en dicho día,
mes y año. Bachiller Molano". En adelante, hasta el folio 191, rubricó las
partidas el bachiller Pedro José de Esparza, quien también firmaba así: Pedro
de Esparza o Pedro José García de Esparza.' (Tres partidas aparecen rubricadas por el bachiller Ildefonso Ramos y Gómez, teniente de cura, en los folios
156 y vuelta). En el mismo folio 191 y vuelta hay tres partidas sin firma.
Enseguida se hizo cargo de la administración de sacramentos el bachiller Francisco Manuel Polanco, "como teniente de cura", quien suscribió las partidas
hasta el folio 20 l. Desde ahí hasta el fin del libro ya no fueron firmadas.

Algunos folios están manchados por la humedad, pero esto no impide su
consulta. En general se encuentran muy bien conservados.
El libro concluye con una nota que dice: "Finalizado en el día de la
fecha y siguen".
En los folios 197 y 198 probablemente se cometió algún error, pues fueron suprimidos.
En el folio 151 se encuentra la siguiente anotación: "En veinte y dos de diciembre
de mil setecientos sesenta y cinco años, por dignación del Ilustrísimo Señor Doctor
Diego Rodríguez de Rivas y Velasco, dignísimo Obispo de esta Diócesis, mi Señor, me
llegó título de Cura Interino de esta ciudad y su feligresía, y en esta virtud me he
hecho cargo de todas las alhajas y ornatos de esta Santa Iglesia Parroquial y de este
libro de asientos. Y para que conste pongo esta razón en dicho día que firmé de mi.
puño. Bachiller Pedro de Esparza".
3
4

346

ALGUNAS PARTIDAS NOTABLES

La primera partida de este libro está fechada el 20 de abril de 1759. Es el
bautismo de Francisco Xa~ier Teodoro, "de ocho días nacido", hijo legítimo
del Sargento Mayor Antomo de Urresti y doña María Francisca de Larralde.
Don Francisco Xavier de Urresti fue Capitán de la Primera Compañía de
Milicias Urbanas y tuvo el cargo de Protector del Pueblo de Nueva Tlaxcala
de Nuestr~ Señora de G_uadalupe de Horcasitas (hoy Villa de Guadalupe,
Nuevo _Leon). Fue tambien Alcalde Ordinario de Monterrey en 1795, 1801 y
1802 siendo además Regidor Alguacil Mayor vitalicio en el Ayuntamiento
reg10':1ontano de 1787 .ª 1807. A fines del siglo XVIII y principios del XIX
ocupo en vanas ocasiones, interinamente, el Gobierno del Nuevo Reino
de León.
En el folio 39 vuelta (octubre 21 de 1760) se encuentra el bautizo de
Jo:é Froilá~, "de _doce días nacido", séptimo hijo legítimo de don José Joaqum de M1er Nonega y de su segunda esposa doña Antonia Francisca Guerra.
Don Froilán de Mier fue Alcalde Ordinario de esta ciudad en 1784 1800
1813 y 1815; Procurador General en 1796; Regidor Honorario del Ayunta'.
miento de Monterrey en 1798 y 1799 y, por último, siendo Alcalde en el
año 1815, tuvo además el cargo de Gobernador Político Interino del Nuevo
Reino de León. Este caballero fue hermano camal del célebre Fray Servando.
El 26 de fobrero de 1761 se asentó (folio 45 vuelta) el bautizo de José
Agabo, ongmano del valle de San Pedro (Garza García), uno de los diez
hijos legítimos del Capitán Pedro de Ayala y doña Clara María Guerra vecinos de dicho valle. Nieto, en línea paterna, del Capitán José Cayetan~ de
Ayala y doña Josefa Francisca de Treviño y, en línea materna, del Capitán
Juan Guerra Cañamar y doña Juana Flores de Abrego, antiguos pobladores
del Nuevo Reino de León. Don José Agabo de Ayala figuró prominentemente, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, en el Ayuntamiento
de Monterrey.
~n el folio 105 vuelta se inscribió el bautizo (28 de octubre de 1763) de
Jase Servando de Santa Teresa, "de nueve días nacido", octavo hijo legítimo
de don Joaquín de Mier y de su segunda esposa doña Antonia Guerra. Es
el futuro dominico Fray Servando Teresa de Mier.
En el folio 160 aparece el bautizo (28 de mayo de 1766) de Bernardo
Pedro Regalado, hijo único de don Ignacio Ussel y Guimbarda, Gobernador
del Nuevo Reino de León, y de su esposa doña María Josefa de Larralde.
Don Bernardo U ssel y Guimbarda fue Alcalde Ordinario de Monterrey en
1804 y Regidor Fiel Ejecutor del Ayuntamiento regiomontano de 1806 a
1810. A partir de 1809 figura como Regidor Perpetuo. En 1811 ocupó el cargo
347

�de Vice-Presidente de la Junta Gobernadora del Nuevo Reino de León. Era
en ese año, además, Regidor Fiel Ejecutor del Ayuntamiento reinero y Alcalde Ordinario de esta ciudad; en 1812 tuvo sólo el primer cargo y en
1813 ejerció los dos. Desde el año 1813 aparece como "decano del Ayuntamiento". A fines del siglo XVIII y principios del XIX fue Teniente de los
Gobernadores don Manuel de Bahamonde y don Santiago de Villarreal.
El 14 de septiembre de 1766 recibió el santo sacramento del bautismo
María Adriana, "de siete días nacida", hija legítima de don Joaquín de Mier
y doña Antonia Guerra (Folio 165 vuelta). Doña Adriana de Mier fue esposa de don José Joaquín de Ugartechea, genearca o fundador de su apellido
en Nuevo León.

lo menos las cinco reglas de contar, para la enseñanza de los mnos de la
escuela, a quien se le darán anualmente para ayuda de su manutención veinte
y cinco pesos en reales, los cuales se ha de ir sacando de los ochenta pesos

que sobran de los un mil depositados y que dichos un mil pesos procure
dicho Vicario Eclesiástico imponerlos a réditos en finca segura y de su satisfacción y los que así produjeran se vayan depositando hasta que haya competente cantidad para que también se imponga y se vaya juntando una mediana congrua para un sacerdote que se ejercite en enseñar la Gramática a
los niños de esta ciudad, y en acabándose los dichos ochenta pesos se tomará

el salario de la importancia de dichos réditos reservando lo demás que sobrare
para el referido fin". Por último se asentó que el ilustre prelado confirmó a

878 personas. Este auto de visita se encuentra en los folios 18 a 23.

•

AUTO DE VISITA

El 14 de enero de 1760, Su Ilustrísima el señor don Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada, Obispo de Guadalajara, llegó a la Ciudad
de Monterrey en su visita pastoral. Consultó los libros 9 y 10 de bautismos
y "declaró estar dichos libros y sus partidas con la debida expresión y formalidad . .. " Se asienta, entre otras cosas, que el padrón de la ciudad y su
jurisdicción "se compone de tres mil setecientas sesenta y siete personas ... "
(Folio 20) El día 17 Su Señoría Ilustrísima se trasladó al Pueblo de Nuestra
Señora de Guadalupe (hoy Guadalupe, Nuevo León), "que dista una legua
de esta ciudad", y visitó la iglesia y su altar mayor "que halló en conveniente
forma", ordenando al cura beneficiado que ~'procure ir ornamentando la dicha

iglesia como cómodamente pueda y que la fábrica material de ella la prosiga
de cal y piedra, como lo deja ordenado para su mayor duración y perpetuidad". (Folio 21) El Padrón de los indios de dicho pueblo ascendía a 69
familias, compuestas por 255 personas, incluyendo 72 párvulos. (Folio 22)

Libro JI de Bautismos: Septiembre de 1768 - Abril de 1779.

Consta este libro de 163 folios. En los cinco primews aparece destruída la
esquina superior derecha, donde se acostumbraba anotar el número del folio.

Otros ya no tienen la numeración debido al uso y los efectos de la humedad.
En algunos más casi no se distingue a causa de una mancha· de tinta.

El folio 145 es en realidad el 144 porque éste, por equivocación, no fue
anotado. Es decir que lo saltaron, pero no es que falte.
El folio 149 se encuentra muy deteriorado. En él están inscritas la última
fe de bautismo del mes de octubre de 1778 y ocho partidas de noviembre del
mismo año.

PÁRROCOS

Enseguida aparece otra noticia inédita relacionada con la enseñanza en Mon-

terrey: "Y porque en poder de doña Josefa Francisca Cantú del Río y la
Cerda se hallan depositados un mil ochenta pesos y un real, de principal,
los quinientos que dejó el General don Francisco Báez Treviño para la manutención de una escuela en esta ciudad, en que se cuidará de la buena crianza,
educación y aprovechamiento de los niños, y estaban impuestos sobre la casa

de la morada del actual cura beneficiado de donde se redimieron, y los quinientos ochenta pesos y un real, que produjeron de réditos en el tiempo que
duró la dicha imposición, debía mandar y Su Señoría Ilustrísima mandó que
dicho Vicario Juez Eclesiástico promueva el establecimiento de dicha escuela
y solicite ,un maestro de buena vida y costumbres que sepa leer, escribir y a
348

Desde la primera fe de bautismo inscrita en el folio 1 hasta el folio 9, las
partidas -sesenta en total- fueron firmadas por el bachiller Pedro José de
Esparza, excepto una que también aparece rubricada por el bachiller Francisco Antonio de Larralde. Hasta el folio 99 todas están firmadas por el doctor José Antonio Martínez. En seguida aparece la siguiente nota: "Desde hoy,
cuatro de marzo del corriente año de setecientos setenta y seis, por viaje que

hago a la ciudad de Guadalajara, seguirá firmado las partidas de este libro
y los demás de esta administración el Bachiller Don Alejandro de la Garza,
por dejarlo substituido en mi lugar de este beneficio curado (sic). Y para
que conste lo firmé". En efecto, el bachiller De la Garza las firmó todas,
349

�excepto una, hasta el folio 136.' Después, hasta el folio 158 vuelta, lo hizo el
doctor José Antonio Martínez. Inmediatamente hay otra anotación: "Hoy
doce de febrero del corriente año de setenta y nueve, por ascenso del señor

doctor don José Antonio Martínez, cura propio de esta ciudad, a la canongía
penitenciaria de la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara, qued6 a mi cargo
este curato y administración de su feligresía, en cuya virtud sigo como cura
interino de él firmando estas partidas. Y para que conste lo puse por diligencia y lo firmé. Bachiller Alejandro de la Garza". Por lo tanto, de ahí en
adelante, hasta el final del libro, sigui6 el mencionado bachiller.

LAS PARTIDAS

En la primera partida, fechada el lo. de septiembre de 1768, se aclara que
el bautizo fue "en esta Parrochial de Monterrey". Este dato aparece asentado
en casi todas con otras variantes, por ejemplo: "en esta Ig.ª Parroq. 1 de Ntra.

S.• de Monterrey". Pero en el folio 150 vuelta dice: "Nota. Hoy veínte y
tres de noviembre de setenta y ocho ( 1778), remiti6 el sacristán de Pesquería
Grande (Villa de García) las partidas de bautismo que se han hecho en
aquella Ayuda de Parroquia, desde primero de noviembre del año pasado
hasta veinte y seis de octubre del corriente. Y para que conste los días propios en que se hicieron, mandó se asentaran en sus fechas como siguen y lo
firmé. Doctor José Antonio Martínez". En efecto, en los folios 150 vuelta a
153 vuelta se asentaron 32 partidas de bautismo pertenecientes a la actual
Villa de García, que se hicieron desde el primero de noviembre de 1777 hasta
el 26 de octubre de 1778. Debo aclarar que, en las cuatro partidas de noviembre y en una de diciembre de 1777, se rectific6 el año y se puso err6neamente 1778. También los dos encabezados del folio 151 que dicen "Dbre de
1778" y "Henero de 1779" están equivocados, siendo verdaderas trampas en
las que puede caer el investigador; lo correcto es "Diciembre de 1777" y
"Enero de 1778".

Al iniciarse el año 1777, a partir del folio 111 vuelta, por primera vez se
numeran las partidas de bautismo. Al empezar los años de 1778 y 1779 se
inicia otra vez, al margen, la numeración. Se registraron 170 partidas en el

año 1777, pero repitieron los números 131 y 151, por lo tanto son 172. En

1778 anotaron 176 Y hasta el fínal del libro, en abril de 1779, asentaron 81.
Son 429 partidas, incluyendo las 32 de Pesquería Grande, pero hay que añadir
las que se encuentran sin numerar desde el primer folio hasta el 111 vuelta

que son casi 1100.

'

ÜTRAS ANOTACIONES

En el folio 16, al margen, hay una aclaración acerca de una fe de bautismo
que se dice fue asentada más adelante, en el folio 15 7 vuelta. La misma aclaración se repite en el folio 22, sin embargo la partida aparece inscrita en el
folio 158 vuelta.

En cada uno de los folios 30, 59 y 81 vuelta, al margen, se anot6 con letra
muy pequeña una fe de bautismo. La partida asentada en el margen del
folio 81 vuelta lleva la siguiente anotaci6n: "esta partida se hallará por duplicado a folio 157", pero fue inscrita en el folio 158 vuelta.
Otra aclaraci6n aparece en los folios 159 y vuelta: "Esta partida no vale por
estar duplicada a la vuelta".

AUTO DE VISITA

En los folios 119 a 123 ap·arece un interesante "Auto General de Visita",
fechado el 10 de julio de 1777. El doctor don José Antonio Martínez, Juez
Visitador y Vicario General, ordenó después de su visita, entre otras cosas,
"que se retoque la antigua Patrona" y "se demarque el cementerio, aunque
sea con pared sencilla, para que se le guarde su inmunidad ... " (Folio 120
vuelta) El padrón de la feligresía "asciende al número de cinco mil doscientas
treinta y cinco personas, con la inclusión de los pátvulos . .. " Se menciona al

bachiller Juan José Paulíno de Rumayor, presbítero del Obispado, "preceptor
de la clase de Gramática de esta ciudad" (Folio 121). Por último, hay algunas noticias interesantes sobre el Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe

(hoy Guadalupe, N. L.) y su iglesia, "que están fabricando a piedra y cal ... "
(Folio 122 vuelta).

6 En el folio 107, al margen, se anot6: "Aunque el día 13 de este mes vino de Guadalajara · el señor cura propietario, por traer las comisiones de Juez Visitador y Vicario
General de este Reino, me manda siga firmando las partidas como cura sustituto.
Y para que conste lo rubriqué de mi apellido", pero no lo rubricó el bachiller Alejandro

de la Garza.

350

351

�DON MART!N DE ZAVALA, PROMOTOR DE LA AGRICULTURA
Y LA GANADERIA EN EL NUEVO REINO DE LEÓN
EUGENIO DEL HOYO

Instituto Tecnol6gico de Monterrey

LA

AGRICULTURA

EN EL PERÍODO que va de la fundación definitiva de la ciudad de Monterrey
por Diego de Montemayor en 1596 a la llegada de don Martín de Zavala
al Nuevo Reino de León en 1626, todo habían sido intentos fracasados o ensayos infructuosos; sólo bajo el gobierno de don Martín de Zavala, el Nuevo
Reino va tomando forma, consolidándose, poblándose, y los fracasos y los
ensayos, convirtiéndose en logros y realizaciones. Es cierto que la colonización
agrícola se había iniciado en el período anterior; pero, el estado constante
de "guerra viva", así como la falta de un gobierno fuerte y eficaz, no menos
que la incuria de los vecinos, hicieron que los resultados fuesen tan precarios,
que la producción agrícola no bastaba para alimentar a la escasa p·oblación.
Los diez primeros años del Gobierno de don Martín se nos presentan como
años de inercia en que se prolongan, en lenta transición, todos los graves pro~
blemas de la época inmediatamente anterior. El cambio se opera, ya en forma
vigorosa, hasta el año de 1637, que corresponde a la fundación de la Villa
de Cadereita y que se explica por la entrada al Reino de un importante y
valioso contingente de nuevos pobladores, a partir de 1635, provenientes, los
más de ellos, de zonas en que la explotación agrícola y la cría de ganados
constituía una temprana y vigorosa tradición: Huichapan, Tepatitlán, San
Luis de la Paz, Puebla de los Angeles, Querétaro, Guadalcázar, son algunos
de los lugares de origen de aquellos colonos. El foco principal de esta nueva
corriente migratoria se localizaba en Huichapan en la Provincia de Jilotepec, 1
1
Véase la lista de los fundadores de la Villa de San Juan Bautista de Cadereita
en JosÉ ELEUTERIO GoNzÁLEZ, Lecciones Orales, etc., p. 68.

353
H23

�tan famosa ya al mediar el siglo XVI, tanto por su fuerza de expansión colonizadora hacia el norte de la Nueva España, representada por aquellos indios
caciques conquistadores, de raza otomí, como don Juan de Tapia o don Nicolás de San Luis Montañez, como por su fabulosa riqueza ganadera. Era
esta además una de las zonas de más intenso mestizaje y de más temprana

un nuevo tipo humano, más dúctil y complejo y, por lo mismo, menos conservador que el de los antiguos pobladores; las costumbres, las tradiciones y
el folklore iban a recibir también tan decisivo y favorable impacto.

tenemos la impresión de que la mayor parte de los u españoles"
que entran al Reino desde esa región, eran en realidad mestizos o castizos y
vienen con ellos gran cantidad de "indios laborios", mulatos, zambos, coyotes,

Zavala, sino también a las actividades de los nuevos colonos y al espíritu innovador que representaban.

'
'
aculturación;

etc. Don Luis de Zúñiga Almaraz declara en una relación de méritos el 16
de abril de 1635 haber venido del Pueblo de Huichapan "con mucha cantidad de ganados menores, con seis españoles que a su cargo los traían y más
de cien personas, indios e indias, chicos y grandes, y negros, para la guarda
del dicho ganado",' y en 1642 su hermano don Juan de Zúñiga Almaraz al
pedir licencia para el traslado de un obraje, dice: "Habrá tiempo de cuatro
años . .. que yo entré a poblar la Villa de Cadereita ... con más de cuarenta
indios naboríos con sus hijos y mujeres";' Juan Alvarez de Godoy, también
originario de Huichapan, en su relación de méritos de 16 de abril de 1635,
dice: "había entrado a dicho Reino ... con cinco españoles y más de setenta
indios e indias, chicos y grandes, y negros esclavos"/ y el 26 del mismo mes

y año, Mateo de Arce declara: "que ha entrado. . . con mucha gent~ española indios laborios y esclavos". 5 A estos numerosos indios mesoamericanos,
cristianos y "políticos", hábiles en los trabajos mineros y agropecuarios, _así

como en las artesanías, se debe la intensa nahuatlización del Nuevo Remo
que lo mismo se manifiesta en la toponimia que en el habla popular,º ~n el
folklore· a ellos se debe también, en gran parte, el incremento econom1co Y

'

,

.

la elevación del estandard de vida, ya que, en su gran mayona, eran romeros
u hortelanos, albañiles, carpinteros, tejedores o alfareros, pintores, canteros,
entalladores e imagineros; por último, frente a la ignominiosa esclavitud sufrida por los indios "naturales", estos indios "laborios" que se sabe~ ?ro~e-

gidos por las Leyes de Indias, defienden celosos sus_ derech~s. y pnv1leg1os
como lo demuestran multitud de documentos del Archivo Mumc1pal de Monterrey. No es pues extraño que esta nueva corriente de po?lación no, sólo viniese a fomentar vigorosamente la hasta entonces precaria econom1a agropecuaria del Nuevo Reino, sino a influir decisivamente en la integración de
Cedulario Autobiográfico de Poblaciones Y Conquistadores
de Nuevo Le6n. Monterrey, 1964, cédula 425 .
• "Licencia para el traslado de un obraje de Juan de Zúñiga Y AlmaTtzr''. Cecralvo,
17 de octubre de 1642. A.M.M., Civil, vol. IIIi exp. 11.
.
4
ISRAEL CAvAzos GARZA, Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores
de Nuevo Le6n. Cédula 5.
' ISRAEL CAVAZOS GARZA,

' !bid. Cédula 8.

3j4

Debemos señalar aquí la resistencia sorda y encelada que oponían los an-

tiguos pobladores o sus descendientes, no sólo al Gobierno de don Martín de

El régimen de propiedad de la tierra sufrió un notable cambio en este período al surgir una tendencia muy marcada a la formación de grandes propiedades; el término "caballería" va siendo sustituido por la palabra "estan•
cia" que "debían ser cuadrados orientados de Este a Oeste, y medir una legua
por lado ( las de ganado mayor) o sean tres mil pasos, que son cinco mil
varas; y dos mil pasos o tres mil trescientas treinta y tres varas las de ganado
menor; lo cual representaba más o menos mil setecientas hectáreas las primeras y setecientas ochenta hectáreas las segundas". 8 En otras palabras, la

unidad de medida era ya notablemente mayor que en el período anterior.
A partir de 1635, se forman verdaderos iatifundios que estudiaremos al hablar
de la ganadería. El proceso de este fenómeno económico es muy simple: en
primer lugar, don Martín de Zavala concedió mercedes de tierras con mano
pródiga extralimitándose de sus facultades 7 y, en segundo, unos pocos terratenientes fueron adquiriendo, por compra o por otros medios, las antiguas

mercedes; sin embargo, en el Nuevo Reino de León no llegó a desaparecer
la pequeña propiedad agrícola, que generalmente estaba localizada en las
cercanías de las ])'oblaciones; las grandes propiedades eran ganaderas y se
extendían por el inmenso "despoblado". A través de los documentos estudiados hemos podido observar un interesante fenómeno que explica, en parte,

la constante importancia de la pequeña propiedad dentro de la tenencia
de la tierra en Nuevo León. Siendo las familias muy prolíficas y estando reducidos los bienes de fortuna a la tenencia de la tierra y no existiendo otros
caminos vitales que seguir, al partir la herencia entre los muchos hijos, las

grandes propiedades volvían a fragmentarse en parvifundios.
En 1626, en que el único lugar habitado por "españoles" en el Nuevo Reino
seguía siendo la Ciudad de Monterrey, en un radio no mayor de ocho leguas
a partir de dicha ciudad, estaban establecidas siete "estancias": la de San

Francisco de Bias de la Garza y Alonso de Treviño, la de Gonzalo Femández
• FRAN~o1s CHEVALIER,

La formaci6n de los grandes latifundios en México. Mé•

xico, 1956, p. 84.
' "Real cédula sobre las mercedes de tierras hechas por don Martín de Zavala en
el Nuevo Reino de León". Madrid, 9 de mayo de 1672. A.G.N. Reales Cédulas, dupli•
cados, vol. XXX, exp. 86. Documento inédito, copia mecanográfica en la Biblioteca
del Instituto Tecnológico de Monterrey.

355

�de Castro, yerno de Diego Rodríguez, la de Bias Pérez, la de Bemabé de las
Casas en el Valle de las Salinas, la de Alonso Díaz de Camuño en el puesto
de los Muertos, la de Miguel Sánchez Sáenz, yerno de José de Treviño
y la de Diego de Montemayor, nieto del fundador de la ciudad; algunas otras
que se habían fundado en años anteriores, en ese de 1626 estaban despobladas
por causa de la guerra, como la de la Pastora, fundada en 1598 por Juan
López, la de Juan Pérez de los Ríos en Pesquería Chica, la que fuera de
Diego Díaz de Berlanga y que al pasar por compra a Pedro de la Garza en
1605, se llamó San Nicolás de los Garza. Pero, a partir de 1637, con la fundación de las Villas de Cadereita y Cerralvo, del Valle de las Salinas, y el
Alarno, así como con el incremento de la población, las "labores", "estancias" y ' 1haciendas" se fueron multiplicando, como lo demuestran las muchas
solicitudes de mercedes de tierras presentadas ante don Martín de Zavala.
Además, los documentos consultados nos permiten afirmar que ya en este
período los trabajos agrícolas se hacen en mayor escala y con técnicas más
eficaces que en el período anterior: En 1634 Bias de la Garza y Alonso de
Treviño declaran que su hacienda de San Francisco había proveído a "la dicha
ciudad (Monterrey) y esta Villa (Cerralvo) en muchos bastimentos y ganados ... y que habían venido a multiplicarla de tal suerte, que estaba a punto
de ser muy poderosa, así de panes que se cogían en ella como de ganados
mayores y menores, y gran cantidad de caballada que tenían ... "; 8 en 1642
Don Juan de Zúñiga Almaraz dice, haciéndo relación de sus méritos: " ... abrá
tiempo de cuatro años ... . que yo entré a poblar la Villa de Cadereita ...
con ... más de cuarenta indios naborios con sus hijos y mujeres y muchos
bueyes mansos, rejas y aperos para fundar haciendas de labor. . . y he estado
sacando una acequia de agua para labor, más tiempo de un año, que me ha
costado más de dos mil pesos de maestro y españoles que están sobrestantes
con salario en la dicha acequia . .. " 9 Sabemos por Díaz de la Calle, que
don Martín de Zavala en Cadereita ''porque el río está a gran distancia, hizo
hacer encañado y acequia para llevarle a ella, obra que dura más ha de
10
cuatro años, con grande gasto, y se quedaba prosiguiendo" .
Nos dice Alonso de León que antes de la entrada de las ovejas al Reino
en 1635 "no había sementeras, más que de trigo, y eso, sólo el necesario
para comer; no había saca, antes de Zacatecas traía el Gobernador lo que
se gastaba en Cerralvo; maíces no se sembraban, sino muy poco y mal, y en
berzas; se iba con el gasto de las haciendas de ovejas, que estaban habituadas
más al maíz que al trigo. Se empezaron a hacer labores, y una semilla de
8 lsRAEL CAvAzos GARZA,

maíz que envió don Juan de Zúñiga de Guadalcázar, privó y se da muy
bien; el que antes se sembraba, no acudía: hoy se coge cantidad en cada
labor, y doblado trigo que antes, tanto que con haberse acrecentado los gastos ( con el aumento de población), se suele hacer saca de ello habiendo
falta allá fuera. Arroz se da en cantidad tan gruesa y mejor que el de Castilla" .ª Hay que advertir aquí que el trigo que salía del Reino salía ya elaborado, convertido en harina; en casi todas las solicitudes de mercedes de
tierras y aguas, se solicitan "saca de agua para acequia" y "herido de molino".
Estos molinos eran grandes muelas de piedra movidas por agua. Uno de los
fines principales que se pretendían al intentar restablecer la comunicación
con la Huasteca, era abrir mercado a las harinas que salían de esos molinos;
ya en 1609 "salió el capitán Joseph de Treviño a hacer una jornada a la
Huasteca, con una recua de harina" 12 y esa "harina" fue lo que lo salvó de
una muerte segura: "llegó al Estero, catorce leguas de Tamaulipas; saliéronle
muchos indios; el paso era estrecho; tuvo por mejor acuerdo de derramarles
allí la harina y volver para, con carretas y más fuerza, hacer el viaje". 13 y
el año de 1645, nuestro cronista Alonso de León, salió de Cadereita "para
efectuar lo que tanto se deseaba, que era la comunicación de este Reino con
la Provincia de la Huaxteca y Puerto de Tampico ... llevamos treinta mulas
cargadas de harina para muestra de la que en este Reino se daba . . . " 14 Como
se ve, la industria harinera es de rancio abolengo en Nuevo León y el gusto
por la tortilla de harina muy antiguo.
No sólo se cultivaban trigo y maíz, sabemos por el cronista que el arroz
se daba en gran cantidad y "tan grueso y mejor que el de Castilla" . La caña
de azúcar, que empezara a cultivarse desde fecha tan temprana, llegó, con
el tiempo, a constituir uno de los cultivos más importantes, como lo demuestra la gran cantidad de trapiches o molinos de caña mencionados en los documentos y, la caña de azúcar, al igual que el trigo, fue industrializada y el
piloncillo" o "panocha" del Nuevo Reino, tenía amplio mercado en la zona
minera zacatecana y otros lugares del Norte de la Nueva España. Aunque
sólo tenemos un dato sobre el cultivo del algodón, conjeturamos que no se
trata de un hecho singular: en 1648 doña Juliana de las Casas, hija de Bernabé de las Casas, dice en un pleito sobre una ranchería de indios de encomienda: " ... y por ser p'obre y enferma, que al presente estoy en la cama;
11 ALONSO DE LEÓN,

u

lbid., p. 133.

18

lbid., p. 133.
]bid., p. 160.

Cedulario. Cédula 141.
u

' Ver nota 3.
10 JUAN DIEZ DE LA CALLE,

Relaci6n y Discursos, p. 143.

Memorial y Noticias Sacras, p. 232.

357
356

�y que con los dichos indios me sustento sembrando un poco de algodón y
otras cosas ... " 15
Todos los antiguos historiadores y v1a1eros nos hablan de la fertilidad de
las tierras y la abundancia de las aguas; de los pastos siempre verdes y las
hermosas arboledas. Juan Díaz de la Calle, hablando de Cerralvo, dice : "Esta
Villa y su distrito abunda de muchas aguas, y por medio ella pasan los arroyos,
son sus campos muy apacibles y deleitosos", 16 y dice de Cadereita: "Su distrito es de alegre sitio y fertilísimas tierras. . . En sus distritos ( de las dos
Villas) se coge mucho trigo, maíz, frijoles y otros frutos y legumbres con
abundancia .. . (hay) grandes montes para carbón y muchas aguas para la
labor de las mismas" .11 Alonso de León hace su elogio diciendo : "Es tierra
fértil, de muchos pastos y casi siempre verdes. Dan se los panes muy bien;
todas semillas y géneros de árboles frutales, de muy gran sabor y gusto; muchos melones, sandías y todos géneros de semillas. Sólo falta, lo que no puedo
decir sin gran lástima, hombres curiosos y trabajadores, con cuya causa no
hay sino muy poco de cada cosa, pudiendo haber en tanta abundancia, que
se pudiera pasar con mucho gusto la vida" ,1 8 y, añade: "Tres géneros de
frutas lleva este Reino, como las puede haber en España: higos, melones y
sandías; uvas me han dicho las hubo en las Salinas, que hacían ventaja a
las de Castilla, que se tienen p·o r buenas" .19

LA GANADERÍA

Mucho más importante que la agricultura, lo fue la ganadería en la vida
económica del Nuevo Reino de León. A pesar de la "guerra viva" y del
especial atractivo que los animales domésticos ejercían sobre los "naturales",
que consumían de ellos grandes cantidades, los ganados se multiplicaban en
forma prodigiosa y los hatos, manadas y rebaños iban, poco a poco, en forma
progresiva, aprovechando los "pastos casi siempre verdes" de aquel inmenso
"despoblado"; los "cimarrones", "mesteños" u "orejanos", cruzaban los desiertos, habitat de los nómadas, provocando notables cambios, tanto en su
alimentación, como en sus costumbres.
Mientras que la explotación agrícola, casi toda de pequeña irrigación, que13
«Pleito sobre indios entre doña Juliana de las Casas y Diego de Villarreal". Monterrey, 1648. A.M.M., Civil, vol. V, exp. 2.
1
ª JUAN DIEZ DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacras, p. 230.
" !bid., p. 231.
1
ª ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, p. 82.
19
/bid., p. 83.

358

daba localizada en los aledaños de los escasos y pequeños centros de población, las "estancias de ganado" se iban alejando como avance temerario de
la acción colonizadora y como única base de la ocupación extensiva de las
tierras. Fue la ganadería y no la agricultura la que condicionó la formación
de los latifundios en el Norte de México, y muy especialmente en el caso
particular de Nuevo León. La "estancia de ganado", que al decir de Charles
Julián Bishko, " . .. implica el criadero de ganado en número considerable sobre extensas tierras de pastos con el propósito primario de la gran producción
de carne y cueros . . . " 20 y que tiene sus más hondas raíces en los "ranchos
ganaderos" de la España medieval, floreció con extraordinario vigor en los
amplios "despoblados" de Aridamérica. El "rancho ganadero", antecedente
de la "estancia de ganado", siendo ésta a su vez el antecedente de la "hacienda" mexicana, tiene su origen en las tierras semidesérticas de la Meseta
Central de la Península Ibérica y, muy especialmente, en regiones como Zamora y Salamanca, en León o Segovia y Avila al Sur de Castilla la Vieja.
Desde esta área original, mediante la Reconquista, el "rancho ganadero" se
extendió hacia el sur por los extensos pastizales de Castilla la Nueva, Extremadura y el Alentejo, en Portugal y, a partir de 1250, con la reconquista
de Andalucía por Femando III, el "rancho ganadero" surge, renovado y
vigoroso, en el Valle del Guadalquivir. Y fue así como el urancho ganadero',
que había sido, desde una remota antigüedad, institución peculiar a la Pe•
nínsula Ibérica, "cosa de España", en tierras de Extremadura y Andalucía,
iba a adquirir las características definitivas con que llegaría a tierras de América. Dice Bishko: " ... la llanura de Andalucía vino a ser, en la edad media
cercana, la única región de la Península, y posiblemente de toda Europa,
donde la vida pastoril, y la verdadera vida campesina en general, fue dominada por una floreciente y altamente (sic) organizada economía de ranchos
ganaderos. El hecho de que muchos de los más antiguos colonizadores de las
Canarias y de las Indias proviniesen de esta andaluza región ganadera, la cual
estaba en su apogeo en el siglo XV y principios del XVI, o del no muy diferente ambiente ganadero de Extremadura, summ1stra una pista muy significativa sobre los adelantos ganaderos, muy especialmente en los ranchos de
ovejas en las colonias americanas". 21
Hemos querido insistir sobre este origen andaluz o extremeño de la Hestancia
de ganado", que tan bien se refleja en nuestro folklore campesino, para poder
explicar la presencia en el Nuevo Reino de León de importantes instituciones
~ CHARLES JuLIÁN BISHKO: "The peninsular background of Latin American Cattle
Ranching" en The Hispanic American Historical Review, vol. XXXII (noviembre
1952), número 4, pp. 491~515, La cita se encuentra en la p. 494.
11
/bid., p. 495.

359

�que le son peculiares dentro del marco novohispánico, como la Mesta y la
trashumancia de los ganados menores.
No fue ciertamente sólo un capricho el haber llamado, en su descubrimiento,
"Valle de Extremadura" al lugar en que habría de erigirse la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey; sus descubridores, tal vez uno de
ellos extremeño, han de haber encontrado evocadoras semejanzas: una y
otra fueron, a sus tiempos, tierras de "frontera", de "guerra viva", planteles
de hombres de armas; cuando Bishko describe el clima en la cuenca de Guadiana, nos parece que está hablando del clima del Noreste de Nuevo León:
1
' tierra de prolongados y abrasadores veranos y de frígidos inviernos sin nieve,
-de régimen pluvial inadecuado cuyos efectos se agravan con un alto grado de
-evaporización y con la extremada permeabilidad del suelo ... ríos que se convierten en el estío en arroyos secos o minúsculos regatos.· . . La vegetación
predominante es el matorral, que comprende varios tipos de arbustos leñosos,
aromáticos, de raíces profundas, hojas coriáceas, siempre verdes y resistentes
a la sequía .. . " 22 Y lo que nos dice acerca de las tierras de la Mancha o de
Extremadura, parece escrito sobre el cambio sufrido en el paisaje en la región de nuestro estudio: uParece sin embargo muy probable que durante la
Edad Media las tierras con hierba ocuparan una mayor extensión que la que
ocupan hoy ( invadidas por el matorral), después de siglos de excesivo pasto
e incendios de primavera . .. " 23 La investigación que hasta ahora hemos podido realizar nos lleva a la conclusión de que aquí se dio el mismo fenómeno: desde la entrada de las ovejas al Reino en 1635, el excesivo pastoreo
fue convirtiendo en matorrales las tierras que antes habían sido de pastizal;
huizaches, retamas, mezquites, chaparros y nopales dieron al paisaje nuevo
carácter que es el que ahora conocemos. Así como los antiguos viajeros y
cronistas hablan de los "pastos siempre verdes" del Nuevo Reino de León,
dice Bishko: "Notemos como característica de la hierba del Valle del Guadiana que crece no sólo durante la primavera, cuando la hierba abunda en la
mayor parte de la península, sino también y muy ferazmente durante el lluvioso otoño. Esto explica los grandes traslados, desde el Norte, de ovejas y
o-anado vacuno trashumantes que tuvieron un papel central en la historia
b
de las regiones manchega y extremeña durante su período de tierras fron~
terizas" 24 y fueron el carácter de frontera con tierras virtualmente despobladas y los "pastos siempre verdes" los que hicieron aparecer la trashumancia
:i,,. CHARLES JuuÁN
BisHKO, El Castellano hombre de llanura. Trabajo inédito ~resentado en el Segundo Congreso Internacional de Historiadores de los Estados Umdos
y México1 celebrado en la ciudad de Austin, Tex. en noviembre de 1958, pp. 2 Y 3.

u Ibid., p. 3.
" Ibid., p. 3.

360

en tierras del Nuevo Reino de León : HEI año de treinta y cinco habiendo
' siempre'
algunos antes, estado en este Reino Antonio Leal, cuyo oficio era
pastor, como vio la tierra tan poblada de pastos, y tan diferentes, verdes todo
el año, tantos ríos y salitres, todo útil y provechoso para la cría de ganados
menores, salió a la Nueva España y dispuso el volver a guardar ovejas; y
conseguido, sin dar parte a su amo del intento, metió la hacienda y otras
dos que sus hermanos traían, con muy grande dificultad del camino, a causa
de los pocos aguajes y largos matorrales y nopaleras, que les causaban mucho
impedimento y pérdida de ganado; mas la esperanza de llegar a gozar la
fertilidad del Reino, les facilitaba todos los embarazos. Llegaron finalmente
y avisaron a sus amos la resolución que tuvieron ellos; vinieron al principio
muy pesarosos por ver el camino; después que vieron tanta amenidad, trataron de pedir tierras en propiedad, que les dio el Gobernador ( don Martín
de Zavala) conforme la cantidad de ganados que tenía cada uno. Salieron
las haciendas medradas, a cuyo ejemplo fueron entrando otras, y cada año
otras nuevas, de tal suerte, que cuando esto se escribe (1648), entran trece
haciendas de ovejas de más de a treinta mil cabezas, cual más, cual menos". 25
Y esta entrada de ganados trashumantes siguió en aumento como se desprende de una nota puesta por Juan Bautista Chapa en 1690, a continuación
del párrafo de Alonso de León arriba transcrito: "Ahora cinco años, que
fue el de mil seiscientos y ochenta y cinco que se hizo cómputo del ganado que
entró en este Reino, se hallaron quinientas y cincuenta y cinco mil cabezas en
solas diez y ocho pastorías, y se han aumentado, que ya entran veinte y una
y veinte y dos haciendas, sin otras muchas de cameros, todo lo cual saca muy
gran multiplico" .26
La trashumancia de ganados en el Nuevo Reino de León en los siglos XVII
y XVIII es un hecho de la mayor importancia histórica ya que obliga a rectificar lo que hasta ahora se había escrito sobre el tema: Julius Klein en su
fundamental obra The Mesta, dice, refiriéndose a la trashumancia en la Nueva España : "(un rotundo fracaso) acompañó a la introducción de la Mesta
en la Nueva España por Cortés y sus continuadores, muchos de los cuales estaban particularmente familiarizados con la ganadería trashumante ... En México, como en Santo Domingo, todos los esfuerzos encaminados a introducir la
trashumancia del ganado lanar resultaron frustrados, por la falta de condicio·nes geográficas favorables y por la mayor atracción ejercida por otras industrias,
'Singularmente la minería. La única parte del Código de la Mesta que sobrevivió
:fue la antigua disposición relativa a los consejos semestrales para disponer de
2~ ALONSO DE LEÓN,

Relaci6n y Discursos, pp. 142 y 143.
!bid., p. 143. Nota puesta por Juan Bautista Chapa en 1690.
.2r Suprimida.
26

361

�los animales descarriados". 28 Ya José Miranda en su trabajo: Notas sobre la
introducción de la Mesta en la Nueva España,2 9 objeta esta opinión de Klein;
pero, por los datos que aporta, más bien se refiere a un pastoreo a base de rotación de los pastos de acuerdo con las estaciones y dentro de una región limitada que a la trashumancia propiamente dicha; además los datos corresponden
todos al siglo XVI y para Mesoamérica; esto explica su última conclusión: "De
lo expuesto, debe concluirse que la migración periódica de los ganados, aunque
no alcanzara en la Nueva España el grado de importancia a que se remontó
en la Península, sí adquirió suficiente entidad para que se la considere como
elemento integrante del todo orgánico que fue la Mesta mexicana".'° El deficiente y superficial estudio que hemos podido hacer sobre tema tan importante,
nos permite afirmar que la Mesta en el Nuevo Reino de León presenta todas las
características de la Mesta española medieval y que la trashumancia sí alcanzó
un grado de importancia comparable al que tuvo en la Península Ibérica. A
fines del siglo XVII más de medio millón de cabezas de ganado lanar entraban
a pastar al Reino 31 y, pocos años más tarde, en 1715, un nuevo cómputo arrojó
más de un millón. 32 Los rebaños venían de regiones tan distantes, como son los
actuales Estados de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato, 33 principalmente; es decir que los ganados trashumantes recorrían distancias mayores a ochocientos kilómetros. Los ganados llegaban al Nuevo Reino por el mes de noviembre y no
salían sino hasta el mes de mayo,3 4 es decir, los ganados pasaban el invierno y
parte de la primavera en el Norte, donde tenía lugar la "nacencia", mientras
que la trasquila se realizaba en el Sur, en sus lugares de origen. Las fechas de
entrada y salida resultan perfectamente lógicas si se piensa en el camino que
tenían que recorrer y que, tentativamente y a grandes jalones, vendría a ser por
San Luis de la Paz, Guadalcázar, Matehuala, Misiones del Río Blanco, Pablillo,
28
Juuus KLEIN, The Mesta, p. 9. En una obra de fecha más reciente; The Mexican Mesta, por WILLIAM H. DusENBERRY. Urbana, 1963, tampoco hay la menor

referencia a la trashumancia de ganados en el Norte de México.
:~ Publicado en Revista de Historia de América, núm. 17 (junio 1944), pp. 1-26. La
cita se encuentra en las pp. 1 y 2.
~

lbid., pp. 5 y 6.

n Ver nota

412.

IsRAEL CAvAzos GARZA: "Algunas características de los pobladores de Nuevo
Le6n en el siglo XVII", en Humanitas, número 1 (Monterrey, 1960), pp. 467-480.
32

Galeana Y Montemorelos." Juan Bautista Chapa en su Historia del Nuevo Reino de León nos dice: "Hay tres caminos para ir a él ( al Real de Minas del
Río Blanco) : el un_o es el que llaman del Pilón Chico, que se pasa el río treinta
Y siete veces, que viene por entre dos sierras altas, inaccesibles, y en donde está
una puente que la llaman de Dios, por ser de naturaleza fabricada, y debajo de
ella pa.sa el ~icho río, cuya caja está del hondor de veinte estados, a lo que paree; Y_ de alh se va a dar a un puesto que llaman Labradores (Galeana), que
esta cmco leguas de un valle que llaman Pablillo, y de allí al Río Blanco. El
otro camino se llama DE Los PASTORES, que no hay ningún río que pasar; es
una abra pequeña y angosta, que tiene cinco leguas de largo; muy arriesgada al
pasar las ovejas, en caso que hubiese accidente de algún aguacero, p·orque va
tan encañada, que fuera imposible escaparse ninguna. El otro camino es por la
misión de San Antonio, y para llegar a la población del dicho Río Blanco se
pasa éste cuarenta y cuatro veces, y no obstante estos inconvenientes, se trajinan
estos caminos de ordinario por los dichos pastores y por ellos salen a la Nueva
España".ªª Aquí surge otra de las más importantes características de la Mesta
medieval española: la existencia de "cañadas" bien determinadas y su jetas a las
Ordenanzas de Mesta. El Diccionario de Autoridades la define: "Cañada, s. f.
El camino que tienen los ganados merinos para pasar a extremo, que a lo men~s ha de ser de treinta varas de ancho, el cual no se puede romper para labrar,
m embarazar en modo alguno, pues lo contrario tiene penas establecidas en las
Leyes de la Mesta. Viene del nombre Cañal, p·orque en los campos lo parece
este camino, que en algunas partes es en barrancos, que semejan mejor a la canal". En la Nueva España las "cañadas" aparecen en fecha muy temprana, en
las Ordenanzas de la Mesta de 1574," se dice: "Que los Alcaldes de Mesta
abran cañadas por las partes y lugares que les pareciere ser necesarias, así para
que salgan los ganados a los agostaderos y para que tornen a volver a ellos ... " ss
Es indudable, aunque no podamos documentarlo, que el paso de ganados tan
numerosos, año tras año, por tan largo camino, tuvo que provocar numerosos
conflictos entre los pastores y los propietarios de las tierras que cruzaban, lo que
tuvo que conducir a las autoridades a señalar "cañadas" sujetas en todo a las
Ordenanzas de la Mesta)· pero, tomemos de nuevo el hilo del discurso: decíamos.
atrás que las fechas de entrada y de salida de los ganados resultan perfectamente lógicas si se piensa en el largo y difícil camino que tenían que recorrer: dejaban las majadas de verano por el mes de septiembre, al presentarse allá las

La cita en la p. 471.

"Acta de fundaci6n de la Villa de Cadereita" en DAVID ALBERTO Cossío, Historia de Nuevo Le6ii, vol. I, pp. 246-248. O Testimonios de las constancias relativas a
la fundaci6n de Cadereita ]iménez, publicadas por SANTIAGO VmAURRI. Monterrey, 1863.
M PEDRO DE RIVERA, Reglamento para todos los Presidios de las Provincias Internas.
Ordenanza 176.
13

362

3/i
36

1
~

"Descubrimiento del camino del Pilón". A.M.M., Civil, vol. VI, exp. 28.
JUAN BAUTISTA CHAPA, Historia, p. 347.
Ordenanzas de la Mesta en Pacheco y Cárdenas: Documentos, segunda serie,.

vol. XXII.

• lbid., p. 213.

363

�primeras heladas, para cruzar las zonas semidesérticas antes que se agotasen
los aguajes y abrevaderos y que el hielo quemase los pastos; llegaban al Nuevo
Reino ya entrado Noviembre para salir a principios de Mayo, ya cuando el
calor de las llanuras norteñas hacía peligrar a las ovejas y cameros cargados
de fina lana, y si no salían antes era para poder cruzar las zonas semid:sérticas con las lluvias tempraneras. Otra característica de la trashumancia
medieval española aparece también, como notable reminiscencia, en la trashumancia neolonesa; el complejo "esculca-rafala" tan bien estudiado por
Bishko :19 tiene tardíos renuevos acá. En la cercana edad media española eran
las esculcas "escoltas de jinetes armados y soldados a pie, que acompañan a
los rebaños durante su estadía en lejanos campos de pasto, al objeto de guardar
el ganado y a sus pastores" 40 y añade más adelante : '~las ovejas y el ganado
vacuno. . . se colocaba bajo la guarda oficial de lo que se llamaba la esculc~,
que era claramente una compañía de gente armada, jinetes que eran fac1htados por los dueños del ganado a base de un caballero por rebaño de ganado
vacuno O tres de ganado lanar" .41 La rafala, también "escolta armada ~ara
la seguridad del pastoreo", 42 puede diferenciarse de la esculca en que mientras ésta acompañaba a los ganados desde el lugar de origen a lo largo del
camino, la rafala se organizaba en el lugar de destino para _c uidar la seguridad de ganados y pastores en su invernada. Aunque los pmtorescos y arcaicos términos de rafala y esculca no aparecen en nuestros documentos -en
ellos se habla de soldados escolteros-, creemos haber podido identificar la
institución. no hay que olvidar que el Nuevo Reino de León era tierra de
"guerra vi~a" y que los ganados eran tentación irresistible para los bárbaros y
hambrientos chichimecas. Un alto porcentaje de los procesos penales que
guarda el Archivo Municipal de Monterrey, se refiere a muertes de pa~tor_es
a manos de los indios. 4s De aquí que la escolta de los ganados fuese md1spensable. Aquellas enormes "haciendas de ovejas", de treinta_ mil o ~ás c_abezas 44 venían bajo la responsabilidad de un mayordomo y cmco o sets asistentes todos españoles y jinetes en caballos "encubertados", armados de ar•
cabu/ lanza y espada y protegidos por ''chimales" y "escaupiles"; generalment~ a estos mayordomos y asistentes se añadían los "soldados escolteros~'
cuyo número variaba según las circunstancias; condu~ían_ los ganados multitud de pastores, de sesenta a cien, a pie y a caballo, md1os, negros, mulatos,
39 BisHKO,

!bid., p.
(l !bid., p.
d
!bid., p.
~ A.M.M.,

~

0

-14

364

ALONSO

El Castellano hombre de llanura, pp. 11-14.
11.
11.

12.

!'
Causas Criminales, especialmente los tres primeros vo umenes.
DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 143.

coyotes, zambos, que venían, muchos de ellos, acompañados de sus mujeres
y de sus hijos; no era caso insólito que mercaderes, frailes, estudiantes o simples viajeros, acompañasen también a los rebaños en busca de seguridad,
aumentando así la escolta armada. 45 Como se ve, tenemos aquí un tardío retoño de la vieja esculca. Pero hemos podido encontrar también notables supervivencias de la rafala en el Reglamento para todos los presidios de las Provincias Internas, formulado por el Brigadier Don Pedro de Rivera como resultado de su viaje de inspección y publicado por orden del Marqués de Casa
Fuerte en 1729.46 Lo que aquí nos interesa está contenido en las ordenanzas
175, 176 y 177: "número 175. El Gobernador del Nuevo Reino de León, hará
cumplir cuanto la siguiente ordenanza previene sobre el ganado menor, que
todos los años entra a pasar el invierno en sus tierras, se mantenga con la
seguridad de no ser insultado y los pastores muertos por los enemigos".
"Número I 76. Cada año, por el mes de noviembre, saldrá el capitán de
la Villa de Cerralvo con doce soldados de su comando y marchará al Vallecillo, situado entre la Villa de Linares y Valle de San Antonio, donde luego
que lleguen dichas haciendas de ganado, contribuirá cada una con dos hombres equipados de todas armas que se agregarán a dicho cuerpo, a los que
como soldados, mandará dicho capitán, y con ellos correrá toda la tierra que
los enemigos habitan y hace frontera con el Valle del Pilón, por el río de
las Conchas, para que con esto se resguarden la Villa de Linares y las haciendas que pastan en las inmediaciones del cerro de Tamaulipas y Valle de
San Antonio, y se libren los pastores y pueblos de ser insultados, siendo dicho
capitán responsable a cualquier defecto que provenga de su descuido, y por lo
que mira al mantenimiento de cada dos hombres que ha de contribuir cada
hacienda de las que entraren a pastar, habrá de ser a costa de sus dueños, lo
que se les advertirá, para que cuando llegue el caso, estén prevenidos y este
gasto se repartirá entre los interesados igualmente, conforme a la ley".
"Número I 77. Luego que por el mes de mayo, salgan de dichas tierras las
referidas haciendas de ganado y no antes, se retirará el dicho capitán de Cerralvo a su presidio, donde se mantendrá hasta el tiempo prefinido que repetirá la misma campaña y el tiempo que se gastase en ella, estará al cargo de
los vecinos de Cerralvo, el defender la frontera que aquella Villa hace al
Río Grande del Norte" .47
Creemos haber presentado un cuadro completo de la trashumancia de ganado menor entre el Reino de la Nueva España y el Nuevo Reino de León
y demostrado su profunda analogía con la institución medieval española al
..:. FRANQOIS CHEVALIER,

La joTmaci6n de los grnndes latifundios en México, p. 142.

Ver nota 420.
n lbid.

-i(I

365

�señalar la presencia aquí de características tan privativas como las ,rcañadas"
o el complejo uesculca-rafala". La trashumancia en Nuevo León ha de haber
alcanzado su apogeo en la primera mitad del siglo XVIII en que se nos
muestra con toda su madurez jurídica. Israel Cavazos Garza en su magnífico
trabajo ªEl muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey'' recoge los nombres
de los alcaldes de la Mesta en la Ciudad de Monterrey en los primeros años de
dicho siglo.
1707. Alférez Bias de la Garza.
1708. Capitán Cristóbal González.
1709. Capitán Eugenio de la Garza.
1710. Caudillo Diego de Ayala.
1711. ¿ ... ?
1712. Capitán Cristóbal González.
1713. Capitán José Eugenio de la Garza.
1714. Capitán Juan Esteban de Ballesteros."
La existencia de la Mesta local desde los orígenes de Monterrey no la hemos podido documentar por las premuras con que se ha hecho este trabajo;
pero es indudable que existió ya que las Ordenanzas de la Mesta de 1574 extendieron la institución a toda la Nueva España 49 y, además, se comprueba la
existencia de un registro de marcas y hierros a través de los documentos, así
en el testamento de Diego de Montemayor el mozo otorgado en la Ciudad
de Monterrey el 29 de Abril de 1611, se lee : "Y asimismo me pertenecen y
tengo la mitad del ganado mayor que está en la dicha boca en el Río de San
Gabriel, así de grandes como de chicas, machos y hembras y el hierro mío
que es el del margen y se han de herrar la dicha mitad del dicho ganado
con el dicho mi hierro". 50
La especial atención que pusimos en el tema de la trashumancia se justifica por las múltiples e importantes consecuencias, tanto sociales, como económicas, que de ella se derivan.
Pero, hay que aclarar que no sólo la ganadería trashumante tuvo importancia en el cuadro económico de este período; la crianza de ganados menores
y mayores recibió también notable impulso 51 y don Martín de Zavala, por
razones de índole militar fomentó personalmente la cría de ganado caballar, tan
sólo en sus estancias de ganado de la jurisdicción de Cerralvo los inventarios
de los bienes que quedaron a la muerte del Gobernador registran en diferentes
-13

lsRAEL CAvAzos GARZA, El Muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey, pp. 60-62.

* Ver nota 37.
"Testamento de Diego de Montemayor el mozo". Monterrey, 29 de abril de 1611.
A.M.M., Civil, legajo 3, exp. 24.
61
ALONSO DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 126.
:111

366

partidas 770 cabe~s, grandes y chicas, machos y hembras, sin contar las numerosas_ yeguas reJegas que no se pudieron juntar. Copiaremos algunas de
las partidas de tan curiosos inventarios:
"La mulada del molino: cincuenta mulas y machos de tiro, carga, silla y
carroza, viejas y nuevas.
"Dos garañones: el Columpio y el Güero.
"Cuarenta y cinco caballos mansos, enteros y capones, v1eJOS, mansos y
buenos.
"Sesenta y nueve caballos mansos de todas edades.
"Manada del Blanco: treinta y nueve yeguas de vientre, dos machos y una
mula de a dos años, dos potros y dos potrancas de a dos años, ocho crías y
once muletos por herrar, un burro maestro". 52
Desgraciadamente los beneficios de estas prosperidad aanadera se vieron
limitados por la notable decadencia que presentan los ;eales de minas en
el transcurso del siglo XVIII, ya que estos reales eran el mercado natural de
los productos agropecuarios y mineros del Nuevo Reino.
Pero, pasemos a hablar de las funestas consecuencias de la trashumancia :

Los

SEÑORES DE GANADOS

Para poder atraer al Nuevo Reino de León las grandes "haciendas de ovejas"
de Hidalgo, Guanajuato y Querétaro, don Martín de Zavala tuvo que conceder mercedes de tierras y aguas con mano pródiga, demasiado pródiga, a
los ricos ganaderos del Sur. Es muy interesante comparar las antiguas mercedes con las de este período, a partir de 1635: en aquéllas, lo normal eran
cuatro caballerías de tierra y un sitio de ganado; en éstas, son cincuenta y
más estancias de ganado. Tomemos algunos ejemplos: el día 16 de abril de
1635, en la Villa de Cerralvo, el Gobernador Don Martín de Zavala hizo
merced de 76 estancias de ganado mayor (?) y 8 caballerías de tierra a Juan
Alvarez de Godoy, vecino del pueblo de Huichapan y que había entrado al
Reino con más de 30 mil cabezas de ganado menor, 130 bestias entre caballos,
yeguas de cría y mulas de recua; y, para la guarda de dicho ganado, 5 españoles montados y armados y más de 70 indios e indias, chicos y grandes y
negros esclavos. 63 El mismo día, otro vecino de Huichapan, don Luis de
Zúñiga Almaraz, "hizo relación diciendo que, ... por la noticia que de su
bondad (de las tierras del Nuevo Reino) se le dio, se dispuso a entrar en él
62
"Inventarios de los bienes de don Martín de Zavala en la jurisdicción de Cerralvo",
1664. A.M.M., Civil, leg. 5, exp. 26.
111
ISRAEL CAVAzos GARZA, Cedulario . Cédula 5.

367

�con mucha cantidad de ganados menores, con seis españoles que a su cargo
los traían y más de cien personas, indios e indias, chicos y grandes y negros
para la guarda del dicho ganado; y más de cien bestias, caballos y yeguas
y mulas de recua, entrando en el mayor y más apretado tiempo del año, con
notable riesgo de perder hacienda tan considerable . . . " 54 y, por ello, recibió
en merced, 75 estancias de ganado mayor y menor; asimismo Francisco Leal,
en representación de don Juan Méndez Tovar, otro rico ganadero de Huichapan, recibió otros 75 sitios de ganado menor;" el 4 de Mayo de 1638,
Don Juan de Zúñiga Almaraz, hermano de don Luis, recibió 50 sitios de
ganado menor en el "agostadero de San Juan" ;56 el capitán Remando de
Mendiola, que entró en 1636 "como vecino y poblador del Reino, con su casa,
familia y hacienda de treinta mil ovejas y otros ganados", recibió 30 sitios,.
15 de ganado menor y 15 de mayor y 16 caballerías de tierra," y, por último,
nuestro cronista don Alonso de León que, como uno de los fundadores de
la Villa de Cadereita, recibió 30 sitios de ganado mayor y menor y 6 caballerías de tierra "en los cerros de las garrapatas". 58 No hay que olvidar que
la estancia de ganado mayor representaba más o menos 1,750 hectáreas y 780
hectáreas la de ouanado menor. Y de estos grandes propietarios sólo
Remando
.
,
de Mendiola y Alonso de León se avecindaron en el Nuevo Remo, los &lt;lemas.
mantuvieron su vecindad en Huichapan. Y esta política de liberalidad, tan
desusada en las mercedes de tierras y a no pobladores del Reino, la llevó don
Martín a verdaderos extremos. Fran~ois Chevalier en La Formación de los
Grandes Dominios, etc. nos da una interesante lista de beneficiarios de dichas.
mercedes: "Se encuentran en ella (la lista), el capitán Juan de Espindola,
en 1644 tesorero de la Santa Cruzada en México; el contador mayor Juan
de Alcacer, tesorero, asimismo, de la Santa Cruzada en 1643 y ya propietario
de vastos territorios en la Nueva España y en las provincias del Norte, compró al capitán Juan de Zavala las 25 estancias que éste había recibido . ~1gunos meses antes de manos del Gobernador don Martín de Zavala; el cap1tan
Antonio de Godínez, que estableció un mayorazgo, y sobr~ todo, su h~rmano,
el poderoso Luis Tovar Godínez, que compró por 126 "..111,,pesos el_ titulo -~e
"Secretario de la Gobernación y Guerra de Nueva Espana y fundo tambien
un rico mayorazgo en 1643-1644. En la lista aparecen, además, don Juan
Francisco de Vértiz regidor y alférez real de México; 4 Zúñigas: don Lms,.
don Juan, don Fra~cisco y don Lucas, y el capitán don Diego de Horduña,
" /bid., cédula 425.
611 A.M.M., Protocolos, vol. I, doc. 25, f. 34.
1141 A.M.M., Civil leg. 3, exp. 42.
1
G1 lsRAEL CAVAZOS GARZA, Cedulario, cédula, 263.
GS "Mercedes de tierras y encomienda de indios a Alonso de León". Cadereita, 1637.

A.M.M., Civil, leg. 2, exp. 13.

368

que poseía inmensas y ricas haciendas dispersas en todo el virreinato: por
mercedes o por compras, había reunido, sólo en Nuevo León, más de 150
. d e oveJas
" ".59 Td
es t
ancias
o os ellos hombres ricos y poderosos que, en su mayoría, vivían en la ciudad de México y que sin duda nunca conocieron sus
alejadas posesiones en el Nuevo Reino de León. Israel Cavazos Garza, en
Algunas características de los pobladores de Nuevo León en el siglo XVII,
dice: "Casi toda la nobleza criolla tiene aquí sus latifundios, en los siglos XVII
y XVIII. Los marqueses del Castillo de Aysa, de San Francisco y de Buena
Vista; los condes del Alama, de Penalva y de la Canal, etc., poseen dilatadas
1
posesiones '.ºº Este hecho económico-social es de la mayor trascendencia en
la historia de Nuevo León: El carácter de la propiedad rústica fue muy peculiar, pues si bien las tierras del Nuevo Reino estaban ocupadas, casi en su
totalidad, desde fines del Siglo XVII, esa ocupación era muy relativa, ya que
los propietarios de los enormes latifundios eran verdaderos "absentistas" que
residían a más de 800 kilómetros de sus propiedades y que no tenían más
lazos con el Reino que el aprovechamiento de los pastos por sus ganados trashumantes que, como decíamos, ni siquiera eran esquilados aquí; todos los
impuestos sobre ventas de lanas, cueros o crías, eran pagados fuera del Nuevo
Reino y, como dice Chevalier: "Entre estas vastas posesiones, algunas permanecían inutilizadas, o porque sus dueños no tenían mucha prisa en explo•
tarlas, más preocupados como estaban por acaparar tierras que por realizar
utilidades, o bien porque se trataba de zonas particularmente expuestas a
los ataques de los nómadas. Así las 150 estancias que había adquirido el
capitán Diego de Horduña eran declaradas 'Ynabitables' en 1677; sus herederos ya no las explotaban, y se les atribuía apenas un valor de un mil
pesos en una fortuna, casi únicamente territorial, de 400 mil pesos". 61 El
"absentismd' de los propietarios determinó que el fomento económico así
como la colonización del Nuevo Reino fuese, a pesar de los esfuerzos de don
Martín de Zavala, limitados y raquíticos y que no surgiesen aquí las grandes
haciendas de economía casi autosuficiente: de hermosas '~casas grandes" y
suntuosas capillas; haciendas que eran orgullo y deleite de sus dueños y que
tanto contribuyeron a la consolidación social y económica de otras regiones
del país; este "absentismd' impidió, asimismo, la integración de la "civitas"
en los pueblos y villas del Nuevo Reino de León y, en el campo del Arte,
la ausencia de grandes obras arquitectónicas: templos, conventos, palacios o
casonas, enriquecidas con esculturas, pinturas y todas las ricas y variadas
manifestaciones de las artes menores. En otras palabras, este peculiar régimen
9

FRANi;o1s CHEVALIER, La formaci6n de los grandes latifundios en México, p. 143.
ISRAEL CAvAzos GARZA, Algunas características, etc., p. 471.
41 FRAN¡;o1s CHEVALIER, La formaci6n de los grandes latifundios en México, p. 143.
~

369
H24

�de la tenencia de la tierra, en distritos en que no llegó a desarrollarse la minería, impidió la formación de una clase de "hombres ric~s ' !' poderos~s, _?u.eso
y nervio de la república", verdaderos creadores del Mex1co novoh1spamco.

Los vecinos del Nuevo Reino de León eran pobres, muy pobres: a unos pocos
podríamos llamar "acomodados", como lo revelan todos los inventarios de
bienes que hemos podido estudiar. Si los "señores de minas", íntima Y emotivamente vinculados con su ciudad, las fomentaron y embellecieron: Guanajuato, Taxco, Zacatecas, Sombrerete, San Luis Potosí, estos "seño~es de ~anados", para quienes las tierras del Nuevo Reino de Leó~ no eran smo aneJOS
a sus grandes y prósperas haciendas del Sur, lugar de invernada de sus rebaños un nombre más en la extensa lista de sus propiedades, nada, absolutamente' nada hicieron en su beneficio.
'
Tuvimos la fortuna de dar con un importante documento hasta ahora desconocido: se trata de una Real Cédula de la Reina Gobernadora, fechada
en Madrid a g de mayo de 1672 años "sobre las mercedes de tierras hech~s
por don Martín de Zavala en el Nuevo Reino de León". Por su importancia
dentro del tema que nos ocupa, lo vamos a insertar aquí:
"La Reina Gobernadora.
"Virrey, Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Ciudad de México de la Nueva España, don Nicolás de Azcárraga, gobernador de la Pr~vincia del Nuevo Reino de León, en cartas del 29 de Septiembre del ano
pasado de 1667 y 5 de abril de 1669, me dio cuenta de difere_nt~s cosas que
tuvo por convenientes, tocantes al gobierno de aquella Provmcia y ~ayor
aumento y beneficio de la hacienda real
entre otras c~sas, represento que
aquel Reino por su fertilidad y abundancia de pastos Y_ hierbas, es e~ agost~dero de todos los ganados ovejunos de la Nueva Espana y que están en el
cada año más de 300 mil ovejas, de que se sigue a los dueños grandes conveniencias por lo que se multiplican los esquilmos, así de lanas, como de
borregos ',in parrar a la Real Hacienda ningún derecho por razón de los
· · por
' e1 d esor
bden que tuvo don Martín de Zavala en dar títulos. supuestos
s1tJ.os,
de sitios de tierras, adjudicando a uno sólo ciento y a otros doscientos y al
que menos cincuenta, sin tener facultad ni cédula real para poderlo hacer,
pues aunque la tuvo para dar a los pobladores que _le ayu~asen algun~s de
las dichas tierras, había sido limitadamente, en cantidad senalada, se~un la
. ·, d e1 poblador, y que hoy están apoderados de los dichos sillas
los
con d1c1on
.

y,

dueños pastores, sin constar ser pobladores, y excediendo en la cantidad de
lo dispuesto en las ordenanzas reales, de que suponen _tener derecho por la
·' sien
· do el principio ninguno por no
poses10n,
. haber habido facultad para poi

i

derlas dar, y ser del patrimonio real a qmen pertenece y q~e con solo este
que se cobrara de los dueños pastores, limitadamente a med10 real por cada

cabeza del hierbaje que comen sus ovejas, era bastante para la paga de dos
presidios de veinte soldados que conservan y defienden aquel Reino de los
daños que causan los indios bárbaros y, demás de esto, hacerse pago al gobernador de dos mil pesos ensayados de oro de minas, que tiene de sueldo,
sin que fuese de gravamen al que pagare el dicho derecho, porque en seis
meses de asistencia que están las ovejas en aquel Reino, sale ganancioso el
dueño de siete reales, por lo menos, en cada una, y que fuera razón pagasen
derecho de este aprovechamiento, así por ser las tierras del real patrimonio,
como por conservar en paz y quietud, defendiéndolos de los indios enemigos,
pues los soldados asisten con todo desvelo y cuidado, escoltando los ganados
para que no tengan pérdida, y que en caso que no fuese conveniente este
derecho por situación de años, se podría enviar orden para que se vendiesen
dichas tierras, de que se podía sacar cantidad considerable. Y que don Nicolás de Azcárraga a los dueños pastores, que están a derecho, de lo que
deben de arrendamiento de dichas tierras; y para situar el de medio real
por cada cabeza de ganado, ofrece su persona, prorrogándole aquel gobierno
por más tiempo y mantener los dichos dos presidios y poner otro de diez
soldados, para conservar aquel Reino con toda quietud, en que se logrará
el interés de diez mil y cuatrocientos pesos que se pagan a los dichos veinte
soldados que están situados guarneciendo las fronteras de Cadereita y Cerralvo
y los dos mil pesos ensayados del sueldo del Gobernador y el aumento de
diez soldados más para otra frontera que ha de estar en un para je que llaman
Anhelo, puesto arriesgado de los indios de la Nueva Vizcaya, con que resultará de beneficio a la Real Hacienda diez y nueve mil pesos cada año. Y habiendo informado sobre ello esa Audiencia en carta de trece de Julio de
mil seiscientos y setenta y uno. Y vístase todo en el Consejo de las Indias
con lo que acerca de esto pidió el fiscal de él, como quiera que por cédulas
de la fecha de esta, envío a mandar a vos el Virrey, dispongáis se introduzcan
los derechos de la Alcabala y media Annata en el dicho Nuevo Reino de
León, y que se vendan los oficios de república en la ciudad de Monterrey, que
es cabecera de aquella Provincia, ha parecido ordenaros y mandaros, como
lo hago, que habiendo precedido la introducción del derecho de Alcabala y
media Annata y la venta de los oficios y reconociendo lo que esto produce
y qué personas poseen las tierras que dio don Martín de Zavala, sin tener
facultad para ello, y si los poseedores son españoles o naturales y si los ganados que pastan en ellas son suyos o de otros particulares que los lleven,
pagando el pasto, y lo que contribuyen por esto, con particular noticia de
todo lo referido, me informaréis lo que convendrá ejecutar sobre el p'unto,
sin hacer novedad en ello, hasta tener otra orden mía. Y vos el Virrey, con
acuerdo de esa Audiencia, haréis poner el Tercer presidio que propone don
.371

370

�Nicolás de Azcárraga en el dicho paraje que llaman Anhelo y que éste y los
otros dos que están puestos, se paguen de lo que rindieren las alcabalas y
demás derechos y también lo que faltare para el salario del gobernador de
aquella Provincia y en esta conformidad lo ejecutaréis, dándome cuenta de
lo que se hiciere. Fecha en Madrid a 9 de mayo de 1672.
"Yo la Reina (rúbrica) .
"Por mandato de su Majestad, Francisco Fernández de Madrigal (rúbrica)". 62
Detrás de esta peregrina resolución se adivinan las manos poderosas de los
"señores de ganados", nobles o burócratas demasiado influyentes.
Esta peculiar y desusada situación de las tierras del Nuevo Reino y el auge
alcanzado por la trashumancia a principios del siglo XVIII, inquietó también a las autoridades eclesiásticas; así "El Oidor Francisco Picado Pacheco
propone al Rey, en 1717, la erección de un obispado. El millón de ovejas
(según cómputo del gobernador Barbadillo en 1715) procrea 300 mil cabezas al año. De éstas, 30 mil corresponden al diezmo y su valor asciende
a 15 mil pesos. Igual suma producen la lana y las pieles. Con 30 mil pesos
anuales, de sólo este ramo de ingresos, bien puede sostenerse una institución
piadosa tan necesaria, por lo apartado de los obispados de Guadalajara y
Michoacán. El obispado de Monterrey no se pudo crear, sin embargo, hasta
sesenta años más tarde. Los productos del Nuevo Reino de León siguen
siendo centralizados por el virreinato, sin provecho alguno para Monterrey,
cuyos templos y edificios públicos son, por ello, los del más pobre villorrio"."
Los "señores de ganados" detuvieron, en buena parte, el desarrollo económico y demográfico de esta región por dos siglos.

ª

Ver nota 7.

&amp;3

ISRAEL CAvAzos GARZA,

372

Algunas características, etc., p. 471.

LA LUCHA POR EL PODER EN 1871
Lrc. JosÉ

FUENTES

MAREs

Universidad de Chihuahua

EN 1871 SE AGITABA MÉXICO en una lucha electoral sin precedentes, al coincidir
factores que no se reunieron antes ni después, dos sobre todo: la talla nada
ordinaria de los candidatos, y una combativa madurez democrática en amplios estratos de la población. El periodismo de Zarco y Ramírez, de Altamirano, de Vigil, de Zárate y Velasco terminó por formar una conciencia
política entre grupos selectos y emprendedores; Juárez, Lerdo y Díaz no surgían candidatos de improviso, casualmente, sino reclamados por una circunstancia madura. Y era tan decisiva su aparición en ese instante, que de la
lucha electoral tendría que resultar el tirón definitivo hacia la democracia, o
la regresión a las viejas fórmulas del fraude político y la dictadura.
Mr. Nelson, ministro de los Estados Unidos, recibía informes de la contienda en los diversos Estados: incidentes violentos en Zacatecas; buen trabajo de los porfiristas en Sinaloa; Acapulco se declaraba por Juárez, y en
Piedras Negras, donde el Cónsul americano "nunca había vistou tan grande
interés por los negocios públicos, los porfiristas andaban activos, mientras
Juárez contaba, sobre todo, con el voto de los empleados públicos. Constantemente llegaban noticias a la Legación: que si en Tamaulipas era J uárez el
más fuerte; que si en Chihuahua, "aunque el pueblo en general está en
favor de Díaz", el resultado final tendría que favorecer a J uárez porque el
gobernador Terrazas y los empleados públicos, según el cónsul Moye, inclinarían Ia balanza en ese sentido. En Monterrey, en cambio, la importancia
de la contienda cedía ante los intereses locales: el general Treviño, gobernador
en funciones, y el señor Melo, "todo lo inteligente y progresista que un mexicano pueda ser", se disputaban el gobierno del Estado. Del resultado de esas
elecciones dependería la federal, ya que, de ganar Treviño, el cónsul americano daba por cierto que la balanza se inclinaría en favor de Díaz.1
1

Thomas H. Nelson a Hamilton Fish, desp. 402; México, 28 de mayo de 1871; en:

373

�una opinión pública vigilante, la única garantía posible de un gobierno

Gravísimos acontec1m1entos se registraban, mientras tanto, en el Distrito

Federal. El 9 de junio, el gobernador del Distrito acusó al Ayuntamiento de
"pretender falsear el voto público en las próximas elecciones", y lo suspendió
en sus funciones. El úkase cayó como carga inflamable en las columnas de
la prensa oposicionista, mayormente cuando el Ayuntamiento depuesto, lejos
de someterse, se instaló en el Hotel lturbide y dirigió un Manifiesto a los
habitantes de la capital, rechazando "la hipócrita imputación" que le hacía
el Gobernador, nada más que "un subalterno del C. Juárez". Acusarlo de
que pretendía "falsear el voto público en las próximas elecciones", era un
grueso expediente para "resguardar a un poder cobarde que se parapeta en
un funcionario irresponsable". No, no entraba en los planes del Ayuntamiento
falsear el voto del pueblo -protestaban los ediles-, pero tampoco estaban
dispuestos a "degradarse" hasta el extremo de entregar los colegios electorales
"a la corrupción ministerial". 2
De considerar la trascendencia política de la medida que adoptó el gobernador del Distrito, resulta difícil admitir que lo hiciera sin el consentimiento
de Juárez, a pesar de que éste sólo escribió ese día en su cuaderno de notas:
"El Gobernador don Gabino Bustamante suspendió al Ayuntamiento. La
Diputación permanente pidió informes al Gobierno, que le contestó que ya
las había pedido al Gobernador para determinar lo que fuera justo y conveniente" .3
Para desgracia del Ejecutivo, la Diputación permanente se hallaba entonces
en manos de la oposición, y ésta aprovechó el incidente no sólo para reclamar que el Ministro de Gobernación informara de los hechos sino, además,
para que reinstalara al Ayuntamiento depuesto, y mandara enjuiciar al Gobernador. Era una agitación que El Mensajero describía como "precursora
de las tempestades", aunque la gente se expresara sólo "a media voz", temerosa de que la policía secreta la llevara "al cuerpo de guardia". Los defensores
del gobierno contaban poco a esas alturas. Refugiados en el Diario Oficial,
ensayaban argumentos en defensa del Presidente, pero aun aquí tuvieron
que moderar su tono cuando una nota del Congreso advirtió a Balandrano,
director del Diario, que el periódico era órgano del Gobierno -o sea de los
tres poderes del Estado--, y no sólo del Ejecutivo. Funcionaba en el país
una democracia imperfecta, pero democracia al fin. Y sobre todo se formaba
General Records of State Departament, vol. 43, acompaña los informes consulares que
se reproducen.
2 El Ayuntamiento Constitucional de 1871, a los habitantes de la Capital; en: Dia~
rio Oficial del 15 de junio de 1871, t. V, No. 166.
• BENITO JvÁREZ, Documentos, Discursos y Correspondencia; t. I, p. 368. Selección y
notas de Jorge L. Tamayo, México, 1964.

374

popular y representativo.
El 26 de junio, sin incidentes violentos, tuvieron lugar las elecciones, y al
comenzar julio, a la vez que se perfilaba Juárez como el vencedor, se sospechaba también que no obtendría el número suficiente de sufragios para
asegurar la mayoría absoluta, y que, en consecuencia, el Congreso tendría
que resolver entre los dos candidatos con más altas mayorías relativas. Se
avizoraba, pues, el único riesgo que Juárez temía realmente, o sea el de una

fusión lerdo-porfirista que hiciera peligrar su reelección, al plantearse el caso
en el Congreso, y se puso en guardia. Era preciso vigilar el movimiento de
sus enemigos en el nuevo frente.

r'

El 2 de julio, por fin, se reunieron diputados lerdistas y porfiristas "para
dar forma Y autoridad a un pensamiento que ya está aceptado de uno y
otro lado", según Isidro Montiel, un entusiasta de la idea, que consistía en
hacer concurrir los esfuerzos de ambas partes "para que sea una verdad práctica la estricta observancia y perfecta consolidación del régimen constitucional;
para que sea una verdad práctica las Leyes de Reforma, y para que partiendo
de esos principios se trabaje mancomunadamente por el progreso del país"."
Si, como decía Vigil, la reelección significaba el "abuso de la fuerza armada
la disolución de Ayuntamientos y la lucha abierta con el poder Legislativo"'
era preciso afrontar el riesgo, y salvar a la democracia de la dictadura. EÍ
camino adecuado, el único realmente al alcance de las fuerzas antirreeleccionistas, era el de una coalición parlamentaria, a cuyo solo anuncio, según
José María Lozano, "han temblado de temor los palaciegos y los parásitos
del señor Juárez". Con la fusión, pensaba Lozano, los partidos desaparecerían,
y el pueblo entero haría acto de presencia "frente al poder perpetuado en el
señor Juárez". fi
Zamacona, uno de los entusiastas del proyecto, ideaba de tiempo atrás "hacer de los juaristas y lerdistas enemigos irreconciliables", aun cuando, abiertas

apenas las sesiones extraordinarias, halló que los agentes del Ejecutivo oponían
a su plan cuantos obstáculos tuvieron a su alcance. El Gobierno procuraba
naturalme.i:te, desintegrar la mayoría adversa que se formaba en el Congreso:
y que hacia prever desagradables consecuencias a la hora en que la Representación nacional afrontara el problema que las urnas dejaron pendiente. La
corrupción, al decir de Zamacona, abría brechas tanto en las filas lerdistas
• Isidro Montiel a Mariano Riva Palacio; México, 2 de julio de 1871; en: Archivo
Mariano Riva Palacio de la Universidad de Texas leg. 26 · fondo Genaro Ga '
No. 171.
'
'
rc1a,
11

J. M. LozANO, La Hora del Peligro11 , editorial en El Siglo XIX del 5 de julio de
1871, t. 52, No. 9675.
G

375

�"como entre la opos1c1on veterana", más todavía en aquéllas puesto que el
partido que sostenía a don Sebastián, "recién destetado de la ubre ministerial", se formaba con gente Hmuy accesible a las seducciones del poder''. 6
En maniobras de una y otra parte se consumieron los meses de junio, julio
y parte de agosto. Para entonces, el cómputo de votos confirmaba la predicción que se hizo poco después de las elecciones, en el sentido de que J uárez,
por no haber logrado mayoría absoluta en las urnas, quedaría forzosamente
sujeto al riesgo de la decisión final del Congreso. Pero aquí, mientras tanto,
la coalición oposicionista tropezaba con nuevas y graves dificultades. Los diputados juaristas cortejaban a los porfiristas, induciéndolos a romper todo
contacto con el lerdismo,7 y no es precisa una gran imaginación para suponer
que harían otro tanto cerca de los afectos a don Sebastian. Pero un riesgo
mayor todavía se hacía patente dentro del porfirismo mismo, y era el de la
escisión del grupo en dos facciones, una inclinada al triunfo de su candidato
por el camino de la ley, encabezada por hombres como Montes y Zamacona,
y otra resuelta a lograr eso mismo por medio de las armas. Hacia el 20 de
agosto era ya tan precario el entendimiento lerdo-porfírico, que Ezequiel
Montes se resolvió a reclamar la intervención personal de don Porfirio.
La carta de Montes es un magnífico documento para comprender la situación del antirreeleccionismo, y los medios que todavía tenía a su alcance para
asegurar el triunfo. De las cifras electorales conocidas, según Montes, resultaba
"la verdad indeclinable" de que el Congreso tendría que elegir Presidente entre
Juárez y Díaz. Mas como Juárez contaría al llegar la elección con 98 diputados, Lerdo con 62 y Díaz con 52, "saltaba a la vista" no ya la conveniencia
"sino la necesidad, absoluta, de que el partido porfirista celebre una alianza
parlamentaria con el partido lerdista". Esto, por supuesto, sobre la base de
que Montes interpretara correctamente la conducta del candidato, en el sentido de que el "verdadero y legítimo intérprete" de sus intenciones fuera el
grupo que perseguía el triunfo electoral por medios constitucionales. Si el caudillo no intervenía directamente y sin pérdida de tiempo, ordenando a Benítez y demás belicistas que apoyaran la fusión, el resultado no podía ser otro
que la revolución, "que traerá a nuestro desgraciado país todo género de males".
"He expuesto a usted toda la situación que aquí guardamos --concluía Montes--, a usted toca apreciarla y pronunciar su última palabra:
• Manuel María de Zamacona a Porfirio Díaz1 sin fecha; en : Archivo del General
Porfirio Díaz, t. IX, pp. 143-156; México1 1947. En lo sucesivo se mencionará este archivo bajo la sigla A.G.P.D.
7
Manuel María de Zamacona a Porfirio Díaz: op. cit . supra; loe. cit.

376

la mía está resumida en este pensamiento de Tácito: 'Quieta turbidis
ante habeo'." 8

Ezequiel Montes tenía razón en todo, salvo en suponer que, a esas alturas,
fuera Porfirio Díaz un partidario de la paz. En los últimos meses, la actitud
pacifista del caudillo había sufrido un cambio radical. Dos años y medio
antes temió Montes también, como hoy, que Porfirio pudiera caer "en las
redes de los malos demócratas, que pretenden subir a los puestos públicos
por una vía diversa del voto popular, emitido en los términos prescritos por
la Constitución", y con esa inquietud escribió a José Antonio Gamboa -amigo
personal de Díaz-, para que interviniera cerca del caudillo, y evitara que
"una de las figuras más limpias y elevadas" pudiera caer ''de su pedestal glorioso, al fango de las revueltas" .9 Gamboa intervino como se lo pidió Montes,
y dio oportunidad a que Porfirio redactara una de sus elegías pacifistas más
conmovedoras:
"Dime, José, con la mano sobre tu corazón; tú, que conoces mis sentimientos como los tuyos propios; tú, que has vivido en íntima unión
conmigo . . . tú, mi único confidente . .. tú, que sabes cuánto me gusta
el trabajo material, y la aptitud que la naturaleza me ha dado para
soportarlo, y que conoces la pequeñez de mis necesidades ¿has podido
creer, o siquiera dudar, que sea conspirador? ... {Has podido creer,
repito, que de un día para otro se cambiara la naturaleza e índole de
un hombre de conducta constante hasta la fecha? 10

Pacifismo antiguo, patético por añadidura, sobre el cual habían corrido los
resentimientos. Hoy, dos años después, Porfirio se hallaba resuelto por la
violencia, y este era el error fundamental de Montes. La labor de Benítez
y demás partidarios de la revolución dentro del porfirismo culminaba al mismo
tiempo, ya que sólo cinco días después de la fecha de la carta tuvo lugar
el rompimiento que temía don Ezequiel, y los partidarios de Lerdo abandonaron la coalición oposicionista, para respaldar la reelección de Juárez. 11
Volvían de ese modo a su tronco primitivo, ya que si en los orígenes de la
• Ezequiel Montes a Porfirio Díaz; México1 20 de agosto de 1871; en: op. cit. supra1
t. IX, pp. 251 -255, edic. cit.
11
Ezequiel Montes a José Antonio Gamboa; México1 11 de enero de 1869, en: op. cit.
supra, t. VII, p. 1801 edic. cit.
10
Porfirio Díaz a José Antonio Gamboa; Oaxaca, 27 de enero de 1869; en: op. cit.
supra 1 t. VII, p. 203, edic. cit.
11
Thomas H. Nelson a Hamilton Fish; desp. 440, México 1 30 de agosto de 1871; en:
General Records of State Departament, vol. 43.

377

�campaña fue el lerdismo sólo un juarisrno sin Juárez, ahora, derrotado, y sin
posibilidad de entendimiento con la oposición porfírica, el lerdismo volvía a
ser lo que siempre fue: nada más que un juarisrno con Juárez.
En el campo porfirista quedaban fuera de cortadura los creyentes en la
victoria electoral por los caminos de la ley. Se salían en cambio con la suya
hombres corno Benítez, Mena y González, los saboteadores de la coalición
parlamentaria, llenos de fe en las excelencias de un movimiento armado. Sin
esperar la declaratoria del Congreso, para saber quién habría de ser el próxico Presidente, pretendían que se proclamara la nulidad de las elecciones;
que el general Méndez se levantara en la Sierra de Puebla; que Negrete
hiciera eso mismo en el Valle de México; y que los demás lo siguieran en Veracruz, en Tamaulipas, donde quiera que hubiera un porfirista con mando de
fuerzas. Faltaba una semana para que se produjera el levantamiento de la
Ciudadela. Faltaba un mes para que Gerónimo Treviño comenzara la revolución en el Norte. En relidad todo era cuestión de horas, de días cuando
más. Al acabar de mal modo la fusión lerdo-porfírica, se rompía el último
eslabón entre la paz y la guerra.
El 16 de septiembre, en la apertura de sesiones del Congreso, Juárez se refirió a "los mexicanos pervertidos", que promovían desórdenes y revueltas
"para satisfacer sus criminales intentos". Pero estaba seguro de que sus esfuerzos se verían rechazados por el buen juicio de las mayorías. Todo el discurso del Presidente era una invocación a la paz:
"La paz es hoy el medio de alcanzar la apetecida y necesaria reconciliación de los mexicanos . .. Cuando ella esté consolidada se olvidarán
todos los errores, todas las diferencias de partidos. Habrá siempre diferencias, pero sin el veneno del rencor, y bajo los pliegues de la bandera
nacional cabrán todos los hijos de México, sea cuales fueran sus creencias
y sus pasados yerros políticos"."

Mas no esperó, confiadamente, el fracaso de la coalición oposicionista. Sabía
muy bien que, en Oaxaca, los hermanos Díaz se entregaban a febriles aprestos
revolucionarios, y también en agosto, mientras las maniobras lerdo-porfíricas
en el Congreso entraban en su etapa crítica, acudió a los servicios de Matías
Romero para prevenir a Porfirio, por su conducto, contra quienes le inducían
a encabezar un movimiento armado en el caso de perder las elecciones. Para
cumplir la misión que le confió el Presidente, Romero escribió a Díaz en la
esperanza de que ni aun en el caso de padecer un fracaso electoral, se aven-

dría a tomar parte en movimientos "que empañarían su nombre sin mancha".
Esgrimía, para terminar, el mismo viejo y tentador argumento:
"Y o soy de los que creen que no se pertenece usted a sí mismo sino
que tiene un gran destino que llenar en este país, y que lamentaré por
lo mismo no solamente como la desgracia de un amigo, sino como una
verdadera calamidad pública, el que por cualquier combinación de circunstancias llegase a tomar parte en cualquier revolución". 13

Un mes después insistía Romero en la necesidad de que ambos oaxaqueños
llegaran a un entendimiento:
El señor Juárez no ha tenido ni tiene mala voluntad respecto
usted. Lejos de esto, ha sido el mejor apreciador de su mérito, y le
tenido verdadero cariño. Creo que si usted une sus esfuerzos a los
él, en beneficio de la nación, se podrá conseguir mucho en favor
nuestra patria en el próximo período presidencial. 14

de
ha
de
de

Y al siguiente día volvió a la carga:
Repito a usted. . . que el señor ]uárez no tiene prevención alguna
contra usted, y que, lejos de eso, reconoce el mérito de usted, y le ha
tenido verdadero cariño. 15

Pero ninguna negociación pacífica torcería ya el curso de los acontecimientos.
La revolución estaba en el aire desde mayo de 1871, cuando se produjo la
chispa de Tampico. Ahora, en septiembre, no se apagaba todavía el eco de
las palabras que Juárez dirigió al Congreso, el 16, cuando el 20 se pronunció
en Sinaloa el general Parra, y siete días despué3 hizo lo mismo, en Monterrey,
el general Gerónirno Treviño. Pero faltaba algo más: cerca del mediodía
del lo. de octubre, un batallón de gendarmes se apoderó de la Ciudadela al
grito de "Viva Porfirio Díaz", y esa misma tarde atacó Aureliano Rivera por
el rumbo de San Cosme. Los pronunciados coordinaron mal su acción, y
Aureliano tuvo que volver a sus madrigueras en el Ajusco, mientras Sóstenes
u Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 8 de agosto de 1871; en: A.G.P.D., t.
IX, p. 234, edic. cit.
u Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 10 de septiembre de 1871; en: A.G.P.D.,
t. IX, p. 287, edic. cit.

21

El discurso de Juárez en El Siglo XIX del 17 de septiembre de 1871, t. 52,
No. 9748.

378

15

Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 11 de septiembre de 1871; en: op. cit.
supra; loe. cit.; edic. cit.

379

�Rocha debelaba la resistencia de la Ciudadela,16 mas Juárez no podría ya
continuar su jeto a los efectos de su propia propaganda. Aunque el Diario
Oficial asegurara haber pasado ya el tiempo "en que los cañones de la Ciudadela dominaban la voluntad nacional", lo cierto era que tres brotes revolucionarios en el lapso de diez días anunciaban la vuelta de los malos tiempos,

que en forma tan simplista se daban por desaparecidos. Más cerca de la verdad estaba Bablot, quien se hizo cargo de la dirección de El Federalista ese
primero de octubre: para él, el primer cañonazo de la Ciudadela anunciaba
"la impía y nefanda tentativa revolucionaria, que iba a inaugurar una nueva
era de discordias civiles y de incalculables desgracias".
La nueva era de discordias, efectivamente, quedaba inaugurada. Juárez, con
su laconismo de obsidiana, se limitó a escribir en su cuaderno de notas: "Octu-

EL GENERAL DON LUIS CABALLERO, GOBERNADOR DE
TAMAULIPAS, Y EL FUSILAMIENTO DEL GENERAL
EUGENIO AGUIRRE BENAVIDES

bre lo. Comenzó la sublevación, ocupando los revoltosos la Ciudadela a las

Lic. Cmo R. DE LA GARZA

tres de la tarde" .17

Cd. Victoria, Tamaulipas

Nadie podía suponer que el motín del lo. de octubre de 1871 fuera un hecho aislado, pues no era lógico que un grupo en armas se encerrara sin víveres
en un recinto vulnerable, como la Ciudadela, sin contar con algún plan cuya
combinación falló en el último momento. La circunstancia adicional de que los
hechos ocurrieran en la capital, donde el gobierno contaba con mayores elementos, apoyaba más todavía la convicción de que los pronunciados contaban
con auxilios que no se les prestaron. Todo era demasiado claro, y Juárez, al
siguiente día, se presentó en el Congreso a reclamar facultades extraordinarias.
Era preciso, nuevamente, dominar la situación. Seguro ya de que su reelección

no era la paz, el hombre tomaba medidas para la guerra.
El 12 de octubre, el Congreso proporcionó las cifras electorales definitivas:
de los 12,266 votos emitidos, 5,837 fueron para Juárez; 3,555 para Porfirio
Díaz, y 2,874 para Lerdo de Tejada. Tal y como se previó desde julio, Juárez
ganaba sin mayoría absoluta, pues para lograrla necesitó 297 votos más. 18 Ganar sin mayoría absoluta significaba una victoria a medias, ya que el Congreso
tendría que decidir finalmente entre los dos candidatos con mayorías relativas,
o sea entre Juárez y Díaz. El triunfo del Presidente parecía seguro aquí, gracias
a la fusión lerdo-juarista de última hora. Pero algo más era cierto también, y

estaba en la mente de todos: que si la coalición lerdo-porfirista habría pospuesto la guerra, la fusión lerdo-juarista significaba la revolución.

PROEMIO

EN 1910 LA DICTADURA PATRIARCAL del señor General don Porfirio Díaz, por
sus métodos, achaques y senectud, resultaba anacrónica por todo extremo, señaladamente la prestigiosa devoción con que la y lo veía el pueblo mexicano,

había declinado, después de la Conferencia Díaz-Creelman, en la que declaró:
"que el pueblo de México estaba ya apto para el ejercicio de la democracia",

y el libro de don Francisco I. Madero, bondadoso soñador, sobre la "Sucesión
Presidencial".

Y Madero se opuso al tirano. Después de una campaña electoral llena de
incidentes hostiles, y que culminó con el in justo proceso y prisión en San Luis

Potosí, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en función electoral, declaró reelecto ¡ por sexta vez! al General Díaz para el período 19101916, y el volcán que tanto temía el anciano dictador, hizo erupción.
Sirviendo de fundamento el "Plan de San Luis Potosí" del 20 de noviembre
del año en cita, y de bandera el "Sufragio Efectivo-No Reelección", se iniciaron los prolegómenos de la Revolución Mexicana, y de allí a seis meses, después

de la toma de Ciudad Juárez, y de una imprudente y poco meditada transacción ( revolución que transa, revolución perdida), renunció el General Díaz a

El parte militar de Rocha sobre la toma de la Ciudadela, en El Siglo XIX del 2
de octubre de 1871, t. 53, No. 9764.
lT BENITO JuÁREZ, op. cit. supra, p. 369, t. I, edic. cit.
u Las cifras del escrutinio electoral, en el Diario Oficial del 28 de octubre de 1871, t.
V, No. 271.
1

•

380

la Presidencia (el 25 de mayo de 1911) y se expatrió a Europa.
Y el Pueblo Mexicano en "luna de miel con la democracia" (la frase es de
Francisco Bulnes), eligió como Jefe de Estado al señor Madero, iniciándose
un telurismo político (lucha por el poder) que tanto angustiaba al General
Díaz, y quien al declinar como persona física y como gobernante, decía no

381

�querer que se despertasen de nueva cuenta, en el Pueblo Mexicano, instintos
atávicos que adormecidos consideraba olvidados, por el largo período de "su
paz octaviana.
Madero el apóstol, fue un incomprendido por "tirios" y "troyanos" ( abstrac-

Y apenas vencido el "huertismo" y cuando aún no se disipaba el humo del
combate por Zacatecas, y con pretexto de él, la Revolución se extraviaba por
el laberinto de las incomprensiones, de las desmesuradas ambiciones, bajo la
errónea creencia de que la fuerza aventaja al derecho, perdiendo algunos de

ción hecha de su inquebrantable falta de carácter), lento en la iniciación de

los caudillos total y lamentablemente toda autocrítica.

las reformas sociales, estorbado por el "cientificismo", atado por engorroso
legalismo y pesando como grillete sobre él una maquinaria administrativa, que
no se resolvió a renovar con celeridad, fue asesinado la noche del 22 de febrero

Con efecto, tratábase de un problema castrense, el doce de junio de 1914
el señor Carranza ordenó al General Villa, auxiliase al General Pánfilo Natera,
con tres mil hombres (de la División del Norte) que comandaría el General
José Isabel Robles, de la propia División para tomar Zacatecas, cuyo ataque
había sido iniciado por aquél. Villa, con cualquier pretexto, desobedeció ne-

1

'

de 1913 por un pretoriano ebrio de sangre y de Poder, que soñaba, controlando
la Capital, que controlaría y sería obedecido por todo el país.
Huerta, el centurión descalificado de la decadencia, pretendió gobernar la

gando su concurso. Reiteradas las órdenes por el señor Carranza, el General

República como si fuera un gran cuartel, yendo de violencia en violencia ( asesinatos de los señores Madero y Pino Suárez, con los que se estrenó, el de don

Villa renunció a la Jefatura de la División del Norte, renuncia que fue aceptada de inmediato por el Primer Jefe, y quien llamó telegráficamente a To-

Adolfo Bassó, el de don Gustavo Madero, el de don Abraham González, el del
Doctor Belisario Domínguez, el de los Diputados Licenciado Serapio Rendón,
Adolfo Gurrión y Pastelín, el del General Gabriel M. Hernández, éstos sólo,
de las personas más significadas) culminando con el golpe de Estado, de la
disolución del Congreso en octubre de 1913.

rreón, a seis de los Generales de la tan citada División, entre quienes se encon-

traba Eugenio Aguirre Benavides, para conferirle al que ellos eligieran el mando de la misma, negándose todos a aceptarla enviando al señor Carranza altanero mensaje, que a petición de éste, ratificaron por escrito. Villa asumió
de inmediato una actitud hostil y poco comedida hacia la Primera Jefatura,

Y ante la conculcación de tantos y tan escarnecidos derechos, surgió un hom-

quien separó al General Felipe Angeles de la Sub-secretaría de Guerra, sur-

bre: Venustiano Carranza, varón probo y completo, Gobernador del Estado
de Coahuila, quien llamó al pueblo a las armas estallando una guerra civil,

giendo así la división entre "villismo" y "carrancismo", que habría de disputarse

que en poco tiempo y como inmensa hoguera, abrasaba todo el país, despertán-

dose en el pueblo los instintos atávicos adormecidos que como pesadilla temía
e inquietaban al señor General Díaz.

ANTECEDENTES REMOTOS

El General Francisco Villa, cuyo verdadero nombre era Doroteo Arango,
"maderista irregular" que había estado a punto de ser fusilado por Victoriano

Huerta, durante la campaña contra Orozco (incidente por la substracción de
una yegua de la propiedad del General Terrazas) y quien acudió al llamado
de Carranza, llegó a disponer, en poco tiempo, de una fuerza bélica incontrasta-

ble. Entre las personas que se le unieron desde el principio de su aventura, se
contaban los hermanos Aguirre Benavides: Luis, que ocupó el cargo de Secretario Particular del General Villa; Don Eugenio, que llegó a ser uno de los
Generales más destacados de la División del Norte, y el señor Licenciado don

Adrián (claudica de una pierna) y quien hasta hace unos veinte años, era un
consumado litigante, en los Tribunales del Fuero Común del Distrito Federal
(en Donceles 100) .
382

palmo a palmo el ya dolorido y sangrante territorio nacional. De todos modos, Villa marchó sobre Zacatecas, cuando quiso hacerlo, y dueño de la Ciudad, lo comunicó al señor Carranza, protestándole su subordinación y respeto,
por lo que algunos altos Jefes militares que le eran adictos presionaron, para
buscar una reconciliación, reuniéndose para tal efecto, en Torreón, del tres al

ocho de Julio los Generales Antonio I. Villarreal, Cesáreo Castro, don Luis
Caballero, Teniente Coronel Arturo Lazo de la Vega y Ernesto Meade Fierro
como Secretario, por parte del señor Carranza, y el Ingeniero Manuel Bonilla,
el Doctor Miguel Silva, el General José Isabel Robles y el Licenciado Roque
González Garza, como Secretario por parte de Villa, llegando a un acuerdo
que fue más aparente que real, como lo justificaron los hechos posteriores;
pero que el señor Carranza utilizó como expediente, para que llegasen primero

a la Capital de la República, los Generales Alvaro Obregón y don Pablo González. Entre los puntos de acuerdo, se pactó que se convocaría a una Conven-

ción ( imitación extralógica de la francesa de 1789).
El primero de octubre, y en los términos de la convocatoria respectiva, e&gt;..-pedida por el señor Carranza, se reunieron en el local de la Cámara de Diputados
en la Ciudad de México, militares y civiles "Constitucionalistas" (Villa lo era
hasta entonces) estando integrada la Comisión revisora de credenciales por los

Generales Ramón F. !turbe, Juan Dosal y los tamaulipecos General don Luis
383

�Caballero y Coronel Gregorio Osuna, quien fue electo y fungió como Secretario. Poco después, se trasladó a Aguascalientes, instalándose el día diez de octu-

órdenes de su Presidente, General Gutiérrez, había salido hacia México, buscando liberarse de influencias que la asfixiaban.

bre. El General Caballero, Gobernador del Estado, desconfiando de la actitud

Precisamente entre las fuerzas "convencionístas" que salieron a México quedaron como parciales de ésta: "carrancistas" como los Generales Eulalia Gutiérrez y Lucio Blanco, "villistas" como los Generales Mateo Almanza, José Isabel
Robles y Eugenio Aguirre Benavides, designados estos dos últimos Secretario y Subsecretario de la Guerra de la Convención y aún algún otro de extracción "zapatista". Ante el empuje "villa-zapatista" comenzó la disolución de las

que el General Villa pudiera asumir, designó su representante al Coronel Bi-

biano Saldívar, volviendo él a Tamaulipas. Comenzada la desbandada, la
mayor parte de los Delegados que iban por el Estado (Generales Emiliano P.
Nafarrate, Alberto y Francisco Carrera Torres, Antonio Medina -"El Mechudo"-, Coroneles: Rafael Cárdenas, Gregario Osuna, Bibiano Saldívar, y Mayores: Pedro Morales y Clemente Osuna), la abandonaron el día siete de
noviembre habida cuenta de que no se podía deliberar con libertad, ya que
declarada Aguascalientes Ciudad neutral, poco después fue ocupada por fuerzas de la División del Norte, siendo desconocida la citada Convención por el
señor General Caballero el día nueve de noviembre siguiente, desp·achando su
adhesión el señor Carranza, desde Monterrey, el trece del mismo mes, y lan -

zando el 29 un manifiesto al Pueblo del Estado, en el que entre otros conceptos
afirmaba: ''Llamo otra vez a la guerra de las armas a los hombres honrados,
que me siguieron en mi lucha contra el Dictador Porfirio Díaz y contra el
usurpador Victoriano Huerta. Ahora tengo que combatir la nueva tiranía que.
se cobija detrás de la División del Norte. Hombres revolucionarios de Tarnau-

lipas: se posa en el corazón de nuestra República el germen maldito de una
inicua trinidad, encabezada por el bandolero Francisco Villa; el deber nos
manda salir a aniquilarla".
De momento tal parecía que la Revolución se había dividido en "carrancismo" y la Convención; pero cuando poco después Villa se dio cuenta de que la

Convención, de la que había sido designado Presidente el General Eulalio
Gutiérrez, no sería como supuso, un instrumento en sus manos, se echó encima
de ésta, y al parecer se unió a Zapata, y es oportuna la cita, de que Villa y
Zapata sellaron su acuerdo con recíproca infamia que venía a justificar la falta

de libertad de la Convención para deliberar. El periodista Paulino Martínez de
la Delegación "Zapatista", fogueado en su lucha contra la Dictadura, talentoso

periodista, hiw un bellísimo discurso refiriéndose a la debilidad de carácter del
señor Madero. Ello disgustó al General Villa. El General Zapata tenía algún
motivo de resentimiento contra el General ex-zapatista García Aragón, de
las fuerzas de Villa, personas éstas que fueron intercambiadas entre ellos, y que
recíprocamente mandaron fusilar.
Tres, pues, eran las facciones que se disputaban sobre montones de cadáveres el ejercicio del Poder Público, la de Carranza, que era ciertamente la

más equilibrada y que sólo contaba con Veracruz y algunas otras Ciudades,
entre ellas todas las más importantes de Tarnaulipas; la facción "villista", su-

puestamente ligada a Zapata y la más poderosa, y la Convención, que por
384

fuerzas de la Convención (a la que por otro lado nadie obedecía), saliendo
ésta de México a Toluca donde se inició el principio del fin.

ANTECEDENTES PRÓXIMOS

El día 31 de enero de 1915, el General "villista" Agustín Estrada contando
con el concurso de las fuerzas de los Generales tamaulipecos Alberto y Francisco Carrera Torres, derrotan sucesivamente en "La Quemada" y "San Felipe
Torres Mochas", Guanajuato (hoy Ciudad Hernández Alvarez) las fuerzas
"convencionistas" fuertes en nueve mil hombres bajo las órdenes de los Gene-

rales Lucio Blanco, Miguel M. Acosta, Gonzalo Novoa, José Isabel Robles,
Eugenio Aguirre Benavides y otros de menor significación. De ellos, llegan 500
dispersos a Chijol a las órdenes del General Juan Pablo Marrero, los que fueron reincorporados a las del General Don Pablo González, y 1500 a "Micos" el
trece de febrero, cuyo Jefe lo era el General Fortunato Zuazua y quien también
se reincorporó al "carrancismo".

El desastre anterior, y la derrota que infligió el General Alberto Carrera
Torres, al General Eulalio Gutiérrez el 24 de marro en "Palmas Gordas" y en

Venegas, San Luis Potosí, donde aquél tomó preso y colgó todo el Estado Mayor del General Mateo Almanza, fue el fin de la Convención, pues en abril
siguiente el General Alberto Carrera Torres, que del "carrancismo" se había
pasado a la Convención y de ésta había derivado hacia el "villismo", le tendió

una trampa en Tula de Tamaulipas, tomando presos a los Generales Lucio
Blanco y Alejandro Mackiney, logrando escapar aunque herido, el General
Eulalia Gutiérrez y finalmente en junio dos, éste lanzó un manifiesto, en "Ciénega del Toro", Nuevo León, renunciando a la Presidencia Provisional que le
había sido otorgada por la tan citada e infortunada "Convención", dando por
terminadas las funciones administrativas, civiles y militares de su referido ca~
rácter, diciendo entre otras cosas: "Por las circunstancias en que me encuentro,
todavía convaleciente de mi herida, ocasionada por la traición de Carrera Torres, nada puedo hacer".

385
H25

�Habré de hacer una digresión, antes de seguir a los Generales José Isabel
Robles y Eugenio Aguirre Benavides, después de "Palmas Gordas" y "Venegas"
para afirmar aunque se me considere parcial y jactancioso, que en tan trágicos
y solemnes momentos, para la salud de la Patria y el triunfo de la Revolución,
Tamaulipas, sí, mi amado Tamaulipas, salvó la Revolución en el norte del
país. Es un hecho evidente, consagrado por la historia, que en la primavera de
1915 todo el norte de la República (con alguna excepción en Sonora), quedó
sujeto al imperio del ' 1villismo", no así Tamaulipas, y que precisamente en la
antigua Nueva Santander, comenzó el principio del fin de dicha facción concomitante con las derrotas que le infligió el señor General Obregón en el Bajío. Con efecto, después del desastre de Ramos Arizpe (enero d_e 1915! donde
el General Felipe Angeles derrotó totalmente al General Antomo I. V1llarreal,
quien hubo de abandonarle Monterrey, la Revolución en el Norte f~e sal~ada
en "El Ebano" sucesivamente por los Generales (por su orden) Cesar Lopez
de Lara, cuya ala izquierda siempre estuvo a las órdenes d~l bravo Gen~~al
tamaulipeco don Carlos Osuna, Pablo A. de la Garza y Jacmto B. Trevmo,
que detuvieron y derrotaron a los Generales "villistas" Chao y Urbina, quie~~s
pretendían apoderarse de Tampico, para disp·oner de chapopote para mov1hzar sus trenes; en H. Matamoros (el 28 de marzo de 1915) donde los Generales Emiliano P. Naffarrate (sinaloense) e Ildefonso V. Vázquez, humillaron
la soberbia de los Generales "villistas" Absaul Navarro, que murió, y José María
Rodrícruez· en Nuevo Laredo (el 13 de abril de 1915) donde el "bayardo" de
la Re:olu~ión ( la denominación es del señor Carranza), General Maclovio
Herrera con la cooperación de los Generales Vicente Dávila, José E. Santos,
Alfredo' Ricaut, Benjamín y Reynaldo Garza, derrotó en el "Huizachito" las
falanges "villistas" a las órdenes de los Generales Orestes Pereyra y Pedro
Bracamontes quienes huyeron a Monterrey, y, finalmente los Generales don
Luis Caballero y César López de Lara, auxiliados por Eugenio López, Francisco González Villarreal, Ricardo Cortina, Pedro Morales, José Villanueva
Garza, Agapito Lastra, Rodrigo Flores Villarreal y o:ros, derr~taron e~ "villismo" representado por los Generales Máximo Garc1a, Sevenno Cemceros y
Alberto y Francisco Carrera Torres, castigándolos sucesivamente en Padilla
(el 23 de abril), en Linares Nuevo León (el 17 de mayo), y en Ciudad Victoria (el 28 de dicho mes) .
Después del desastre de "San Felipe Torres Mochas" (hoy Ciudad Hemández Alvarez), el 31 de enero de 1915, se pierde la pista de los Generales José
Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides, y no se vuelve a tener noticias de
ellos sino hasta el tres de marzo de 1915, fecha en la que una Comisión de su
part:, se presentó en Linares, N. León, al General don Luis Caballero, solicitándole garantías para dichos Generales, pues que don Eugenio deseaba se le
386

permitiera ir a Veracruz (vía Tampico) para hablar y sincerarse con el señor
Carranza, en Faros. El señor General Caballero, accedió concediendo la autorización y aún esperó algunos días; pero habiendo sido movilizada la 5a. División de Linares, sin que el General Aguirre Benavides se hubiera presentado,
instruyó al General Eduardo Vera, de sus fuerzas, quien quedó de guarnición
en Linares, en el sentido de que al presentarse, lo condujese personalmente a
Tampico, con toda clase de consideraciones.

LA TRAGEDIA

El General Eugenio Aguirre Benavides, después de que despachó la referida
comisión a Linares, N. León, cambió de idea, y en lugar de marchar a Veracruz,
a hablar con el señor Carranza, quien le profesaba especial afecto, pues que
había actuado como "poder moderador" ante el incontrolable Jefe de la División del Norte, se puso en contacto con el Doctor y General Rafael Cepeda
(ex-Gobernador ''maderista" de San Luis Potosí y quien otorgó la fianza, para
que el señor Madero obtuviera su libertad cuando por junio de 1910 estuvo
procesado y detenido en la Penitenciaría del Estado, fugándose, para lanzar el
"Plan de San Luis"), gestionando su paso y exp·atriación hacia los Estados
Unidos, mediante un salvoconducto.
Con efecto, los dos Generales "ex-villistas", Secretario y sub-Secretario de
la Guerra de la Convención, José Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides,
se concordaron con el citado señor Doctor y General don Rafael Cepeda, Jefe
de las Operaciones Militares en el Sur de Nuevo León y Norte de San Luis
Potosí (ruta de los "convencionistas"), entregando los restos de sus fuerzas al
"constitucionalismo", solicitando se les permitiera emigrar a los Estados Unidos,
concediéndoles las garantías necesarias, para cuyo efecto, el señor Doctor Cepeda, obrando por instrucciones del General don Pablo González, les expidió un
salvoconducto con la conformidad y refrendo del señor General Caballero,
Jefe como ya se sabe de la 5a. División, y cuyas fuerzas y subordinados guarnecían la frontera norte del país, en el Estado de Tamaulipas. Hecho el arreglo
y de paso hacia el Norte, pernoctaron en doliente caravana de noche entre el
treinta y uno de mayo y primero de Junio de 1915, en la Hacienda de Guadalupe, del Municipio de Los Aldamas, N. León, y un vecino de dicha hacienda, avisó al Coronel don Teódulo Ramírez de la Brigada Nafarrate, de
la 5a. División, cuyo Jefe lo era el señor General don Luis Caballero, que un
grupo de gente armada estaba pernoctando allí. El Coronel Ramírez, para
investigar la procedencia de dicho grupo, verificar si no se trataba del enemigo,
pues pululaban por el rumbo ''partidas villistas", y resolver si su presencia podía
387

�no justificarse, en territorio bajo el imperio del "constitucionalismo" y sujeto
a su mando, despach6 comisionado al Capitán Rodolfo Rodríguez Berna!,
para que, con quince soldados de sus fuerzas, se tras!adase
lugar citado y los
aprehendiera. Al llegar Rodríguez Berna] a la referida Hacienda ( el g:upo se
encontraba comiendo) y sitiar la casa que ocupaban, fue rec1b1do hostilmen~e
y un hombre pudo pasar, y escapar a matacaballo por entre los soldados sitiadores, aunque herido de una pierna, sabiéndose después que se trat~ba del
General José Isabel Robles y quien logró internarse en los Estados :1mdos. Al
rendirse y entregarse los atacados, cuyo Jefe era el General Ag~rre Ben~vides, se encontr6 muerto al general Julián Delgado. El Cap1tan Rodnguez Bemal recibió las armas, caballos y catorce velices, algunos de los cuales contenían en total, según se afirma, quince mil pesos en oro amonedado, pues el Doctor y General Rafael Cepeda habia regalado a los Generales Aguirre Benavides, Robles y Delgado, cinco IDil .~esos ~~o a cada
uno, velices que fueron enviados en una carreta a la Estac1on de Los Al~amas" avisando Rarnírez de todo ello, a su superior General Nafarrate, qmen
dispu,so se remitiera el numerario a Monterrey y le previ~o esperar~ órdenes.
El General Nafarrate (después Constituyente por Tamauhpas) curso un mensaje desde Monterrey, donde se encontraba, a su subordinado Co:on~l Teódulo
Ramírez en el que le decía: "Monterrey, Nuevo León, a lo. de Jumo de 1915.
Señor C~ronel Teódulo Ramírez, Los Aldamas, Nuevo León. Enterado sumensaje relativo, aprehensión enemigos. Recójales documentos y valores. Mándelos
en seguida pasar por las armas. General Emiliano P. Nafar:ate": ~ste fue el
único mensaje que fue recibido por el destinatario, cuando aun_ v1v1a el 1lust~e
preso y sus compañeros. El señor General Caballero, _pued~ af1~arse categoricamente, fue totalmente ajeno a la tragedia, y aun mtento evitarla cursando
órdenes para que se permitiera el paso ( a los ya victimas) hacia los Estados
Unidos.
El dia dos de junio del año en cita ( 1915 )' a las cinco de la mañana, en la
primera curva del Ferrocarril (Monterrey-Matamor~s) al Norte de '.'Los Aldamas", Nuevo León, fue fusilado el General Eugenio Agmrre Benav1des ( exSubsecretario de la Guerra de la Convención), juntamente con todos sus compañeros ( trece en total) que fueron tomados presos, tanto_ civil:s como ~-ilitares, a saber: señores Coronel Magdalena Robles, Abdon Tellez (Oficial,
Secretario Particular del General Aguirre Benavides), y los Abogados Alfonso
Bolaños Cacho (pariente del señor Licenciado Gustavo Diaz Ordaz) y Guillermo Morán, Capitán Ramírez, Oficiales Ricardo Corral Terrazas, Aurehano
Ruiz, y Remigio Zertuche, Subteniente Manuel M. Macias, Sargento 2o. Manuel Alcalá, y soldado Diego Guajardo. De los presos sólo escap6 de aquella
trágica hecatombe el soldado F. Díaz, quien actuaba como guia, Al comentar
0

ª!

388

este hecho, en uno de sus libros, el señor Licenciado don José Vasconcelos, que
ya estaba en el destierro dice: "La pantera del norte (se refiere a Nafarrate)
había saciado su sed de sangre". Mandó el cuadro el Mayor Arcadio Reséndez,
originario de Méndez, Tamaulipas, subordinado del Coronel Teódulo Ramirez, éste de la Brigada Nafarrate, y quien en el caso recibió órdenes expresas
de su Jefe, bajo cuyas instrucciones actuó. El señor General Aguirre Benavides,
momentos antes de ser fusilado, obsequió al Mayor Reséndez, su reloj de oro,
muriendo con toda serenidad, mandando su propia ejecución. Las víctimas
fueron inhumadas en el lugar en el que fueron ejecutados, casi a flor de tierra.
Su hermano el señor Licenciado Adrián Aguirre Benavides, llegó el día 10
de junio al lugar de los hechos provisto de trece ataúdes, incluyendo el del
General Delgado, los exhumó y colocándolos en sus respectivas cajas los inhumó
de nueva cuenta. Momentos antes de morir la innecesaria e ilustre víctima
escribió un recado a sus hermanos cuya grafía es la de un hombre absolutamente tranquilo en tan difícil trance, pues sus rasgos son firmes, entregándolo al
señor Cipriano Soto, ferrocarrilero militar, quien lo hizo llegar a don Rafael
(padre del General) con otro de él cuyos recados se reproducen en fotostáticas,
debido a la gentileza del señor Licenciado don Adrián Aguirre Benavides.
Y pasma la hoja de servicios castrenses del impoluto Jefe revolucionario
sacrificado, desde noviembre de 1910 en que organizó en Torreón un batallón
integrado por ferrocarrileros, hasta junio de 1915. Concurrió a 36 acciones de
armas, contando entre sus subordinados (entre otros) a los Generales Raúl
Madero, Manuel Medinaveytia, Lorenzo 11uñoz Merino, Fortunato Zuazua,
Arturo López Sánchez, Dizán Gaitán, Elpidio Velázquez, Neftali González, Manuel Reyes Iduñate y otros.
Un mensaje fechado el día dos de Junio, procedente de Monterrey, cursado
por el General Caballero al Coronel Teódulo Ramírez, y en el que ordenaba
que se les permitiera el paso y seguir su camino ( a quienes suponía detenidos
hasta aquellos momentos) hacia los Estados Unidos, por estar amparados por
el salvoconducto expedido por el General Rafael Cepeda, con refrendo del
Gobernador de Tamaulipas, superior a su vez del General Nafarrate; otro
enviado por el mismo, al General Aguirre Benavides confirmando el anterior,
y un tercero despachado por el tan citado General Cepeda, en el que inquiría
del Coronel Teódulo Ramírez le informara si el General Aguirre Benavides
y demás compañeros, habían sido puestos en libertad, fueron recibidos por
aquél, ocho horas después (a la una P.M.) de que éste y sus acompañantes,
habían sido ejecutados.
El Primer Jefe, señor Carranza, no tuvo aviso oportuno de los hechos y
consecuentemente no pudo evitar el drama, y cuando el señor Licenciado
don Adrián le telegrafió a Veracruz informándolo, se mostró muy dolido,

389

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Monterrey, 6/15/15.
Sr.
Rafael Aguirre Benavides. El Paso.
Muy Sr. mio:
Mucho hagradeceré el que me aga el fabor de dispensarme lo tarde que
remito a usted la carta adjunta, esto por estar yo en trenes militares y no poder
ir a una población de importancia pero hoy tan pronto como yegue a esta
lo hago.
De Ud. Atto. S. S.
Cipriano Soto

390

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En camino de los Aldamas a los Herreras el dia dos de Junio a las 4 de la
mañana. A mis queridos hermanos: Voy a morir en estos momentos, de or-

den de Monterrey, después de habemos detenido en la Hda. de Guadalupe
por fuerzas carrancistas mis últimos recuerdos son para mi madre y todos Uds.
Muero tranquilo después de una larga lucha libertaria, soy una de sus víctimas

necesarias para llevar adelante las buenas ideas que entraña la revolución.
Adiós a todos y resignen a mi madre a quien no le escribo porque considero el
pesar tan terrible que le causaría, no la apenen con estas lineas.

Adiós.
Eugenio

391

�contestándole deplorando los hechos, y enviando sentidísimas condolencias.
Algún tiempo después don Luis Aguirre Benavides entrevistó en "Faros" al
señor Carranza, quien emocionado le pidió que se le incorporara; pero éste
declinó para dedicarse a la atención del mermado patrimonio familiar. Se
ha afirmado que el oro que llevaban las víctimas, y la codicia del General
Nafarrate para apoderarse de él, y no devolverlo, fue el móvil del innecesario extremismo, dinero que según se dice se erogó en la campaña contra
el "villismo"; pero del que no hay pruebas que su erogación haya sido fiscalizada. En un mítin celebrado unos cuantos días después del asesinato en
Monterrey, el señor General don Marciano González ( "Pico de Oro") cuyo
regimiento revolucionario se llamaba "Girondinos de Nuevo León'' fustigó
con irritado y candente verbo, al General Nafarrate, hecho que los colocó
muy cerca de un lance personal.

mitología), sigue siendo también válida, en nuestros días, la premisa de que:
la Revolución, como su implacable dios Kronos, devora sus propios hijos.
Carranza, Obregón, Villa, Zapata, Lucio Blanco, Carrera Torres, José Isabel
Robles, Aguirre Benavides, Nafarrate, todos muertos violenta y tráo-icamente
b
&gt;
¡Sic Transit Gloria Mundi!

COMPLEMENTARIAS

Ya consolidado el Gobierno del señor Carranza, y con su carácter de Presidente Constitucional, recibió una solicitud de indulto primero del General
José Isabel Robles, y concedido y ya en México, gestionó su reingreso al
Ejército, el cual fue aprobado. Se le proveyó de elementos de guerra, al rebelde General Guillermo Meixueiro, y una vez allí, se alzó en armas contra
el señor Carranza. En alguna escaramuza en la que la suerte le fue adversa,
cayó prisionero de las fuerzas del General Jesús Agustín Castro, Gobernador
y Comandante Militar de Oaxaca, y fusilado.
El General Nafarrate, el otro actor en el drama, fue uno de los Constituyentes de Tamaulipas y asesinado por la espalda al través de una ventana,
en una casa frente al Cementerio de Tampico en 1918, por un sujeto llamado
Trinidad Guajardo alias "El Minuto" (por su corta estatura) y quien a su
vez fue asesinado en Matamoros algunos años más tarde.

EPít'.OGO

En 1915, la Revolución Mexicana (etapa que ya hemos felizmente superado) se dividió en "carrancismo", "villismo", "zapatismo" y "convencionistas", tanto como en 1789 se había dividido la Revolución francesa, en "jacobinos", "girondinos", "realistas" y "estado llano" y así como en los tiempos
clásicos de la Grecia heroica (según la elaborada e inagotable fuente de su

392
393

�DON FRANCISCO DE PAULA VEREA, OBISPO
DE LINARES Y DE PUEBLA
RICARDO

LANCASTER-JONES

Guadalajara, Jalisco

1
ANTECEDENTES DE FAMILIA

SEGÚN EL Nobiliario de Atienza, el origen de la familia Verea es la población
gallega de Lugo, pero en las pruebas de ingreso del año de 1839 en la Orden
de Carlos III de don Joaquín Verea y Aguiar, se muestra a la ciudad de
Santiago de Compostela y a la feligresía de Santiago de Andrade, como el
lugar de nacimiento de sus antepasados. Se menciona como posible primer
asiento de la familia a la Parroquia de Santiago de Verea en Galicia, pero
un examen de los libros que hizo el Párroco dio resultado negativo. El Padre
Fray José Santiago Crespo y Pozo de la Orden de la Merced, ha publicado
dos tomos de su obra Blasones y Linajes de Galicia, y desgraciadamente el

tomo con letra V no ha ap'arecido, ya que incluirá seguramente interesantes
noticias sobre este linaje. En el tomo I da a conocer el escudo de armas de

Verea: En campo de plata una espada guarnecida de oro, punta arriba y
brochante sobre el todo un león de sable, bordura de gules dentellada. Mismo
que incluye Atienza en su Nobiliario. Algo sobresalieron los de este apellido
en asuntos culturales, ya que en la Historia de la Universidad de Santiago
de Compostela, de Cabeza de León, se mencionan dos doctores, un maestro,
un bachiller y dos estudiantes de esta familia; aparte del autor de la Historia
de Galicia don José Verea y Aguiar, de quien se tratará más adelante. Pero

en la milicia sí hubo muchos de esta estirpe, como lo prueba el tomo IX del
Indice de Expedientes Personales del Archivo Militar de Segouia, publicado
por el Instituto Salazar y Castro, en donde aparecen catorce miembros de
395

�que suponemos una rama de la de Abello, que tenía su solar en Orano, lla-

la familia Verea en diversos puestos militares, incluyendo el Caballero de
Carlos III ya mencionado.
Existen también varias familias que escriben su apellido Berea Y de quien
respetables autores aseguran provienen de Cataluñ~ y B~le~rcs, pero posiblemente de remoto origen gallego. U na de esas familias radico en el puerto mexicano de Veracruz y a ella pertenecen distinguidas personas q_ue vive~ a~tualmente en la ciudad de México y otras partes de la República. El lmaJe
aragonés de Vera, de estirpe real, se enlazó con nobles casas e~~añolas Y
una rama se estableció en Pontevedra, Galicia, pero no tiene relac10n con el
de Verea. También aragonés, es muy conocido el li~aje de Be_re:~ pero no
encontramos conección con el de Verea que estudiamos. Benstam, _en su
bibliografía, menciona a Fray Francisco Vereo, autor de una obra ~1adosa

mado después Torre de Brieves, en el consejo de Valdés, de donde pasaría
a Betanzos y a la Parroquia de San Nicolás de Cinis, donde adquirieron
tierras por su enlace con la familia Verea. Por la pronunciación gallega alte-

raron su apellido en Abellón.
En la Historia de un Linaje de Luis León de la Barrera, se mencionan

varias variantes del escudo de Abello y Abella. Y menciona el apellido Abelló
de Valencia, como aumentativo de Abello, lo que es también Abellón. Aclara
que el truébano es la colmena, por lo que describe así las armas de esta familia: En campo de sinople, a la diestra una colmena de oro, con abejas
de los mismos volando en torno de ella y a la siniestra un castaño al natural,
aterrizado de oro.

Rafaela Sánchez Viscayno, mexicana, que fueron los padres del notable prelado y gran patriota, don Francisco Pablo Vázquez, Obispo de Puebla, que
nació en Atlixco, Estado de Puebla, el 21 de marzo de 1769 y fue el fundador del episcopado de México independiente. No hemos encontrado el _lugar de origen de don Miguel, por lo que sólo podemos suponer que haya sido

La familia Abella destacó culturalmente, puesto que aparecen doce escritores de ese nombre en el Manual de Librero de don Antonio Palau sólo
dos para Abellán, uno por Abellás, otro por Abelló, y dos de Abello. ' A la
milicia dio más hijos esta familia, como lo demuestra el Indice de Expedientes
del Archivo de Segovia, en el que se notan cuarenta y siete del apellido Abella,
veintiuno de Abellán, veinticinco de Abelló y dos de Abellón, de los cuales
uno pertenece posiblemente a la familia que se avecinó en Quintela. En Asturias eran inscritos como hidalgos los Abella y Abello, como indica el índice
del Archivo Nobiliario de la Audiencia de Oviedo, que dio a conocer el
Marqués de Ciadoncha.

gallego.
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En la parroquia de San Nicolás de Cinis, Ayunta:'11ento de Osa_ de los Rios,
Arquidiócesis de Santiago de Compostela, Provmc1a d_e_ la Coruna, del antI~

sonas de apellido Abellón, como lo demuestra el Indice de Pleitos de la familia
Abellón, de Betanzos, existentes en el Archivo Histórico Regional de Galicia, la

que publicó Hogal en 1727 y 1730, pero no se s~b_e si es error la termmal en
o, y pudo ser realmente V crea; el pnmero en Mex1co.
En nuestra patria, el antecedente más antiguo y seguro del apell~do Ver:a
es el señor don Miguel Vázquez Verea, peninsular, esposo de la senora dona

En la región de Betanws existieron desde hace más de cuatrocientos años per-

gua Reino de Galicia, se estableció una rama de la fam1ba Verea que e~tron~o

Coruña, que amablemente envió al que esto escribe, don Antonio Gil Merino,

con la de Abellón. El 19 de mayo de 1687, fueron padrinos de un matnmomo
los señores don Antonio de Abellón y doña Inés de Verea, que son al parecer los fundadores del linaje Abellón Verea que después se cambió_ en
Verea Abellón. La familia Abellón se supone sea una rama de la asturiana
de Abello, de la cual escribió Tirso de Avilés en el siglo XVI esta descnp-

Director del Archivo. En el siglo XVI Juan Abellón tuvo ocho pleitos con diversas personas, y Pedro Abellón, tres. En el siglo XVII, Juan Abellón, escribano,
diez juicios, y otro Juan Abellón doce, un tercer Juan Abellón, clérigo, uno,

ción de su escudo de armas:

/

Antonio Abellón, tonelero de Fariña, Betanzos, uno, y otro Antonio Abellón,

de Figueroa, Coruña, uno. En el siglo XVIII sólo tres Abellón tuvieron pleitos
judiciales, Victorio y Antonio Abellón Gómez, de Santiago de Compostela,
y Francisco Abellón, del mismo lugar, en 1759.

El truébano y sus abejas
Y el castaño y ramos bellos
Traen por armas los Abe/los.

Vázquez nos hizo el favor de revisar el Archivo, encontrando las siguientes

Según dicho autor tenía su solar en el consejo de Valdés, en Asturias.

Enero 30 de 1749, matrimonio de Benito Abellón con Isabel del Rilo. No
menciona nombres de los padres, y sólo los testigos, Santiago Rilo, Jacinto
Bales y Pedro Fandiño.

Atienza, en su obra ya citada, indica ser la misma familia Abello y Abella,
y aun manifiesta que la de Abellán, aragonesa, provenía dd solar de Abella'. y
que pasó a Cataluña, Valencia y Murcia. Pero no menc10na la de Abellon,

En la parroquia de San Nicolás de Cinis, el Párroco don José Codesido
partidas:

Enero 29 de 1759, bautizo de Simón Francisco, hijo de Benito Abellón e

397
396

�Isabel del Rilo, vecmos del lugar de Quin tela. Otros hermanos: Escolástica
y Jacobo, de quien no se encontró acta, los mencionan varios documentos, Simón fue Sacerdote y educó a su sobrino Benito V erea Abellón.
Mayo 22 de 1784, matrimonio de Jacobo Abellón, hijo legítimo de Benito
Abellón y de Isabel de Rilo, con Josefa Do Pazo, hija legítima de Silvestre de
Outeiro y de María Do Pazo, vecinos de Cinis.
Mayo 2 de 1785, bautismo de Benito, hijo legítimo de Jacobo Abellón de
Josefa Do Pazo, del lugar del Quintela, nieto por parte paterna de Benito
de Abellón y de Isabel de Rilo, y por parte materna de Silvestre de Outeiro
y de María Do Pazo. Es Benito Verea Abellón.
Noviembre 7 de 1796, se dio sepultura al cadáver de Josefa Do Pazo, mujer
que fue de Jacobo Abellón, vecinos de Quintela. Murió repentinamente. Su
nombre verdadero era Josefa de Otero, por ser hija de Silvestre Otero (Outeiro
en gallego) y de María Do Pazo.
Enero 11 de 1789, entierro de Benito Abellón, marido que fue de Isabel de
Rilo, vecino de Quintela, feligresía de Cinis. Fue sepultado en la Iglesia Parroquial. Hizo testamento. Otros datos: Juan, hijo de Jacobo Abellón y
Josefa Do Pazo, falleció en Cinis en 1795. Isabel, de los mismos nace en 1786,
se casó en Cinis con Lorenzo Lago en 1827. José, nace en 1789, falleció en
1808 peleando contra los franceses. Dominga nació en 1788. María casó don
Manuel Do Pazo en 1811. Nicolás, nació en 1797, y contrajo matrimonio en
Cinis en 1827 con María Do Pazo Gómez, siendo sus hijos: Simón, nacido
en 1820, Domingo en 1823, y Pedro.
Abril 2 de 1791, se dio sepultura en San Nicolás de Cinis al cadáver de Silvestre de Outeiro, marido que fue de María Do Pazo, vecinos de Cinis.
Mayo de 1837, se dio sepultura en el Cementerio Parroquial de Cinis, al
cadáver de Jacobo Abellón, viudo de Josefa de Outeiro. Conocida también
por Josefa Do Pazo.
Enero 28 de 1867. Testamento de Nicolás Abellón Verea Otero, viudo de
80 años de edad, vecino y residente de la Parroquia de San Nicolás de Cinis,
Ayuntamiento de Oza de los Ríos, declara ser hijo legítimo de Jacobo Abellón
y Josefa Outeiro, difuntos, vecinos de Cinis. Casado con María Do Pazo
Gómez, el 13 de febrero de 1819. Siendo sus hijos: Simón, de 53 años de
edad, Domingo de 50, Pedro de 38. Simón, casado con Josefina Lago, ya difunta, dejó un hijo llamado Nicolás, que tiene 20 años. Domingo es viudo
de María Carro, y Pedro Abellón es casado con Andrea Regueiro Linares.
El documento anterior y otras cartas de familia muestran que la familia
Abellón de Cinis, usaba el apellido Abe/Ión Verea, y actualmente los que residen de la familia, en Sionlla, La Coruña, España, usan solamente el apellido
Verea, como la rama de México.
398

En el año de 1808 se formaron en Galicia varias juntas fernandinas, para
oponerse, como toda España, a la dominación francesa del rechazado José

Bonaparte. En Betanzos, organizó la Junta el historiador gallego don José
Verea y Aguiar, de quien se ha tratado antes, y quien tenía parentesco lejano con los Abellón V erea de Cinis. A esas juntas concurrieron los hermanos
Benito y José Abellón Verea; éste se dio de alta como soldado y pasó al ejército
que formó la Junta de Galicia, el cual, mandado por el Gral. Blake entró
en Castilla, en donde desgraciadamente tomó el mando el Gral. Cuesta, quien
sufrió la derrota de Rioseco, en cuya batalla, aparentemente murió José Abellón Verea con grado de oficial de infantería. En Galicia siguió su hermano
mayor Benito Abellón Verea, quien fue perseguido por los bonapartistas por
la fama de su hermano, considerado héroe de la patria en su región. Para
salvar a Benito, don José Verea y Aguiar le proporcionó un pasaporte con el
nombre de Benito Verea, y logró pasar a la Nueva España con los Oidores
de la Nueva Galicia, don Juan José Recacho y don Juan Nepomuceno Hernández de Alva. Al llegar a Guadalajara, México, presentó cartas de recomendación a don Antonio Mijarez Díaz y a su esposa, doña Ana Joaquina
Ferreira, gallega originaria de El Ferro!. Las cartas lo nombraban Benito Verea,
pero nunca dejó de usar su apellido paterno, siendo conocido como Benito
Verea Abellón, como lo demuestra el acta de su primer matrimonio: "En
Guadalajara e Iglesia del Convento de San Juan de Dios, a seis de junio de
mil ochocientos diez años, el Doctor don Mariano Iriarte en mi licencia y
ante los testigos: el Prebendado don José María Sanmartín, don José Tamayo
y don Benito Verea y Abellón natural del lugar de Cinis en el Arzobispado
de Santiago de Galicia, hijo legítimo de don Jacobo Abellón Verea y doña
Josefa Dopazo, y a doña Ignacia González, natural del pueblo de Hostotipaquillo y vecina de esta ciudad, hija legítima de don Andrés González y de
Ana María Jiménez, a quien su Sría. Ilma. se dignó dispensar las tres moniciones dispuestas por el Santo Concilio de Trento. Para que conste lo firmé
como el dicho Sr. Cura Rector, Manuel Covarrubias". Cuyo original existe
en el Archivo de la Parroquia del Sagrario de Guadalajara, localizado por
el Sr. don Francisco Javier de Castaños y Cañedo.
El acta anterior indica que don Benito Verea Abellón se estableció en
Guadalajara en una casa situada cerca del Convento de San Juan de Dios,
que en esa época era barrio de buenas residencias, como el Palacio de Medrana, que sirvió en un tiempo de sede a la Audiencia de la Nueva Galicia
y al parecer entonces estaba habitado por la distinguida familia Sánchez Pareja, descendientes del Oidor de esos apellidos. Posteriormente se cambiaron
a casa cercana a la Iglesia de San Sebastián de Analco, de la Orden Franciscana. Eso se desprende del acta de bautismo de los dos hijos de su primer
399

�matrimonio y el primero del segundo. Su primer hijo fue nuestro biografiado
el Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. don Francisco de Paula Verea y González de Hermosillo, de acuerdo con el acta que conocemos por copia del Sr. Castaños y
Cañedo, ya mencionado, como sigue:

D. Jacobo Verea Abellón y Da. Josefa Dopaso y Otero. Maternos D. José
González de Hermosillo y Da. Dolores Jiménez de Castro, como apoderada
de dicha señora lo sacó de pila Da. Plutarca Verea Abellón, quienes están
entendidos de su obligación y lo firmé. Domingo Chávez".

"En la Iglesia de San Sebastián de Analco a los quince de Diciembre de
mil ochocientos trece: Yo el Br. Dn. Vicente Díaz de la Fuente, Teniente
de Cura de San José de Analco, bauticé solemnemente a Juan Maria Francisco
Espiridi6n Antonio Miguel, español, nacido el 14, hijo legítimo de D. Benito
Verea Abellón y de Da. Ignacia González de Hermosillo. Abuelos paternos
D. Jacobo Verea Abellón y Da. Josefa Dopazo. Matemos, D. Andrés González de Hermosillo y Da. Ana María Jiménez, fueron padrinos el Presidente
Prior de San Juan de Dios Fray Antonio Gómez y Da. Micaela Guerra, quienes están entendidos de su obligación y lo firmamos. Vicente Díaz de la
Fuente. Agustín Virgala". De todos esos nombres sólo usó el de Francisco de
Paula, el de Espiridión se explica por ser el que se celebra el 14 de diciembre.
Aquí se nota que ya se había invertido el apellido de los abuelos, de Abellón
Verea, a Verea Abellón, para estar conforme al que usaba don Benito en su
pasaporte y como era conocido en Guadalajara, México. La única hermana
del Excmo. Sr. Obispo Verea fue doña Plutarca Verea, que casó con don
Antonio Romaneo, sin dejar sucesión. Su acta, como la anterior y la siguiente
provienen de copias del Sr. Castaños y Cañedo, como sigue:
"En la Yglesia de San Sebastián de Analco a treinta de junio de mil ochocientos diez y ocho. Yo el Presbítero D. Agustín Santos Coy, Teniente de
Cura de San José de Analco, bauticé solemnemente a Ana Josefa Plutarca de
los Dolores, española, nacida el 28, hija legítima de D. Benito Verea Abellón
y de Da. Ignacia González Jiménez. Abuelos paternos D. Jacobo de Verea
Abellón y Da. Josefa Dopazo. Matemos, D. Andrés González de Hermosillo
y Da. Ana María Jiménez. Fueron sus padrinos D. Pedro González y Da.
Agustina Jiménez, quienes están entendidos de su obligación y parentesco, y
para que conste lo firmé con el señor Cura. Domingo Chávez".
Poco después del nacimiento de Plutarca, murió su madre doña Ana María
González Hermosillo y Jiménez de Castro, y don Benito Verea Abellón pasó
a segundas nupcias con doña Dolores González de Hermosillo y Jiménez de
Castro, prima-hermana doble de la primera esposa. Aún vivían en Analco
(barrio de Guadalajara) en 1826, como prueba el acta siguiente:
"En la Yglesia de San Sebastián de Analco, a los veinte y cuatro de marzo
de mil ochocientos veinte y seis. Yo el Dr. D. Domingo Chávez, Cura Interino de dicha parroquia, bauticé solemnemente a José María de Jesús, nacido
el 19 a las once y media de la mañana, hijo de D. Benito Verea Abellón y de
Da. Vicenta González de Hermosillo y Jiménez de Castro. Abuelos paternos

Posteriormente D. Benito Verea adquirió una casa en la esquina de la
calle de la Merced (hoy Hidalgo) y la Cruz (Cruz Ahedo actualmente). Dicha
casa es de la familia; está frontera al antiguo convento y templo de Santa
María de Gracia, en donde habitaban dos monjas de la famiEa González de
Hermosillo. Tenía frente a la plazuela de San Agustín, en que después se construyó el Teatro Degollado, y muy cercana al Templo de San Agustín y Colegio
Agustiniano de Señor San José, en el cual cursó sus primeros estudios don
Francisco de Paula Verea, en compañía del joven don Carlos María Colina,
que sería su amigo inseparable y compañero de carrera eclesiástica; quien siendo
originario de Colima, vivió en Guadalajara en la casa de la familia Verea
y González de Hermosillo, hasta que fue consagrado Obispo de Chiapas.

400

II
ESTUDIOS Y LABOR SACERDOTAL

El joven Francisco de Paula Verea ingresó al Seminario Conciliar de Señor
San José de Guadalajara, al terminar sus estudios primarios en el Colegio
Agustiniano, y muy joven salió del Seminario en el año de 1827, según indica
Dn. Agustín Rivera en su obra Los Hijos de Jalisco. En el Seminario fue Colegial de Honor y Becario en Derecho Canónico. El rector era entonces el Dr.
don Miguel Gordoa, Canónigo Lectora] de Guadalajara, y el Profesor de
Derecho Canónigo don Arcadio Cairo, que después fue Cura de Jala, Nayarit.
Fueron sus condiscípulos el Lic. don Octaviano Muñoz Ledo, después Gobernador de Guanajuato, y Ministro en el Gabinete del Presidente Gral. Miramón; el Lic. don Juan Gutiérrez Mallén, notable abogado del foro jalisciense; don Dionisio Rodríguez, abogado y filántropo, declarado Benemérito
de Jalisco por el Congreso del Estado. Pasó a la Universidad de Guadalajara
don Francisco de Paula y allí se doctoró en Derecho Civil el 24 de agosto
de 1835 habiéndose recibido de Abogado del Supremo Tribunal de Justicia
de Jalisco, y aceptado como miembro del Colegio de Abogados de la ciudad de
México. Fue catedrático de cánones en el Seminario de Guadalajara y director
del Colegio Clerical de esa ciudad.

Recibió el orden sacerdotal el Jo. de marzo de 1837, de manos del Ilmo.
Sr. Aranda, quien lo nombró su familiar, y su primera misa la dijo el 2 de
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abril del propio año. Su labor como Sacerdote fue muy completa, ya que
actu6 como Cura Interino de la Parroquia de San José de Analco en Guadalajara, sirviendo también en la Curia del Obispo en donde ocupó la Prnsecretaría y luego la Secretaría del Gobierno Eclesiástico; fue Juez Provisor,
Gobernador, y Vicario General de la Mitra, durante el gobierno del Ilmo. Sr.
Aran da y Carpinteiro. En la Catedral de Guadala jara ocupó una Prebenda
y obtuvo por oposici6n la Canongía Doctoral. Fue Director del Hospital de
San Juan de Dios, cuando construyó la arquería que aún existe y se conoce
como Portal de San Juan de Dios. Ayud6 a su Prelado a establecer a las Hermanas de la Caridad en el Hospicio que fund6 el Ilmo. Sr. Cabañas. Era
muy devoto de la Imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos Y

mente con su hermana Plutarca, unas propiedades rústicas cercanas a Tepatitlán a cuyo Santo Cristo de la Misericordia que se venera en su Santuario
de es~ lugar, también profesaba ardiente devoción. Su amistad con el Prior del

Carmen Fray Manuel de S. Juan Cris6stomo Nájera, se demuestra con el
Asiento de Cofrade de Ntra. Sra. del Carmen que le extendió el 20 de julio
de 1847; y se sabe frecuentaba el trato de ese ilustre orador sagrado que tanto
hizo por la cultura tapatía.
Es curioso observar cuán semejante fue su carrera eclesiástica con la de

su compañero don Carlos María Colina y Rubio, que na~i6, como él_ en lfü3,
se ordenó en 1839, estudi6 en el Seminario de Guadalapra en caSI los mismos años aunque en diferente facultad, ya que éste se doctor6 de Teología
por 1839, cuatro años después que el Sr. Verea, pero igual que él fue maestro
del Seminario, Prosecretario y luego Secretario de la Curia, Prebendado Y
Canónigo de la Catedral de Guadalajara.

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III

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ÜBISPO DE LINARES

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Siendo Canónigo Doctoral de Guadalajara y Vicario General del Obispado,
recibi6 la noticia de haber sido preconizado Obispo de Linares por Su Santidad Pío IX el 26 de junio de 1853, por carta de ese gran Pontífice, escrita
en latín en la fecha indicada y en la que se refiere a una misiva del Sr. Verea
del 31 de Marzo pidiendo autorización para que lo consagrara el Ilmo. Sr.
Arzobispo de México, lo que se le concede. Se publica copia de esta carta

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por su importancia histórica, ya que hace suponer una fecha anterior al 26 de

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junio y aún antes del 31 de marzo de 1853, para su preconización como Obispo
de la Diócesis de Linares, con sede en la ciudad de Monterrey. El Sr. Iguíniz

indica el 27 de junio de 1863 como la fecha en que fue preconizado, pero el
Sr. don Carlos Pérez Maldonado en su magnífica obra El Obispado, sólo proporciona la fecha de la consagración episcopal.
El Sr. Verea estaba muy bien relacionado socialmente y con las autoridades
de la nación, al momento de su consagración, por lo que fue un acontecimiento

nacional, ya que el oficiante fue el Ilmo. Sr. don Lázaro de la Garza, Arzobispo
de México, y tuvo como padrino al General Santa Anna, Presidente de la Re-

pública, quien le extendió nombramiento de Consejero de Estado y lo agració
con la Orden de Guadalupe en grado de Comendador. La consagración se
efectuó en la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe el 13 de noviembre
de 1853, y habiendo tomado luego p·osesi6n de la Diócesis por medio de apoderado, salió para Monterrey, llegando el 25 de diciembre del mismo año, en
que se le recibió con las formalidades de costumbre.
En Monterrey encontró el nuevo Obispo una situación lamentable en cuanto
a la organización religiosa, ya que la diócesis se hallaba prácticamente carente

de Pastor desde 1838 en que renunci6 el Sr. Belaunzarán, o sea diez años, y
puesto que el Sr. Apodaca s6lo gobernó cuatro meses y el Sr. Sánchez Navarro
no llegó a ser consagrado. Por tal motivo el Sr. Verea puso especial empeño en
reorganizar la Curia y luego emprendió la visita del vasto territorio que abarcaba entonces su diócesis, o sea los Estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, casi todo el Noreste mexicano.
Para poder conocer siquiera el enorme territorio de su diócesis, puede decirse
que los primeros cuatro años de su gobierno fueron de casi constantes visitas

pastorales, interrumpidas s6lo por la necesidad de permanecer algún tiempo en
su sede para atender los asuntos generales de la Iglesia. Por lo tanto nadie puede extrañarse de que la promulgación de la Constitución de 1857 lo haya encontrado en Santa Rosa de Múzquiz, Coahuila, lugar en esa época muy peligroso,
por ser paso de las tribus salvajes de Pieles Rojas que invadían territorio nacional desde Texas, cometiendo incontables depredaciones. En esa poblaci6n
recibió el Sr. Verea una circular del Ministerio de Justicia y Negocios Eclesiásticos y un ejemplar de la ley sobre derechos y obvenciones parroquiales, que
encontr6 contrarias a la libertad de la Iglesia, por lo que envi6 un instructivo
al Cabildo, párrocos y clero secular, prohibiendo la aplicaci6n de esa ley y del
contenido de la Constitución contrario a la independencia de la Iglesia, como

lo hizo saber al Ministerio de Negocios Eclesiásticos.
La crisis con las autoridades del Estado de Nuevo Le6n culnúnó el 7 de septiembre de 1857, cuando el Sr. Obispo envió una nota al Gobernador del Estado D. Santiago Vidaurri, indicando que no podrían ser recibidas con honores

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�las autoridades municipales debido al cambio de actitud del Gobierno Federal
hacia la Iglesia, ya que las distinciones que se extendían a !ºs gobernante~ eran

en agradecimiento al patronato que otorgaban a la Iglesia, lo que, habia cesado. Un escrito similar envió también al Congreso de Nuevo Leon, lo ~ue
motivó los acontecimientos del día 8 de septiembre, en que se celebraba la fiesta de la Natividad de María, patrona de Monterrey.
El Sr. Pérez-Maldonado, en su obra El Obispado, narra cómo fueron aprehendidos los miembros del Cabildo de la Catedral de Monterrey, por las autoridades municipales de esa ciudad al finalizar la celebrac!ón r_eligiosa, _Y que

poco después fue arrestado el Sr. Obispo Verea en su palacio ep1Scopal, situado
entonces en la esquina noreste de las calles de Morelos y Zaragoza. El Prelado
no opuso la menor resistencia y fue conducido a la c~rcel municipal entre una
escolta de las autoridades de la ciudad. El pueblo hizo valla respetuosa Y recibió la bendición pastoral de hinojos, ante la actitud desafiant~ del gobierno
civil. Asumió el Obispo toda responsabilidad del asunto y en casllgo fue expulsado del Estado y de toda la región nordeste de la República que gobernaba
Vidaurri como verdadero cacique.
Salió el Sr. Verea hacia Zacatecas, en donde fue recibido en el Colegio

Apostólico de Guadalupe, por su coterráneo el Padre ~alomar,_ que era Guardián a la sazón. En ese refugio conventual pennanec10 el Obispo de L°:ares
algún tiempo, siendo muy bien atendido por los miembros ~e la comumdad
franciscana; pero habiendo sido invitado, ~or los ~~dres. Fehpe~ses a su residencia de La Profesa de la ciudad de Mex1co, parllo hacia :sa cmd~d, en q~:
intentó gestionar su regreso a Monterrey con el Presidente Jua~ez, q~1en aprect~

el valor y simpatía personal del Sr. Verea, y como estaba distanc1a_do de V1daurri, lo exceptuó de la expulsión general de todos los prelados mexicanos que
dictó a principios del año de 1861. No quiso li~rarse de la suerte de sus hermanos mitrados el Sr. Obispo de Linares y saho hacia Veracruz, en donde es-

tuvo prisionero del Castillo de San Juan de Ulúa con los demás obispos, hasta
que pudieron salir del país embarcándose por febrero de 1861.
"

a la ceremonia, casi todos de fuera de Italia, muchos que viajaron desde remotas regiones para tomar parte en los grandiosos festejos. El Santo Padre honró
a los prelados mexicanos asistentes con grandes distinciones, y el Sr. Verea re-

cibió los títulos de Prelado Doméstico de Su Santidad, Asistente al Solio Pontificio y Conde Romano. El 7 de junio de 1862 había sido nombrado Académico Ilustre de la Academia de Quiriti en Roma, como lo demuestra un

diploma firmado por el Príncipe Anual Vicenzo Basilio Diotaltevi, en poder del
que es:o ~scribe. Antes, cuando estaba recién consagrado Obispo de Linares, el
14 de Jumo de 1854, le extendió en París, Francia, el Príncipe Duque de RohanRohan, como Presidente de la Sección del Instituto de Africa, diploma comprobando su nombramiento el 10 de junio anterior, de Presidente de Honor
de dicho Instituto. Firma también el documento como Presidente General el
Duque de Valentinois, y se conserva en el archivo del autor.

En calidad de familiar acompañó en su viaje a Roma al Sr. Obispo Verea,
Fray Francisco de la Concepción Ramírez, religioso del Convento de Guadalupe
Zacatecas, originario de León, Guanajuato, que había sido activo colaborador
suyo en las visitas pastorales y misiones que dieron en la diócesis de Linares
.
'
particularmente en lugares lejanos que no recibían visita de sacerdote alcruno
desde hacía muchos años. Como el Sr. Verea se había dado cuenta de
imposibilidad de atender bien las necesidades religiosas del enorme territorio de

1:

Línares, logró del Santo Padre Pío IX, la erección de Vicariato Apostólico de
Tam~ulipas y que fuese nombrado primer Vicario su familiar Fray Francisco,

a qmen su Santidad extendió Breve nombrándolo Obispo-in-Partibus de Caradro y lo consagró el Cardenal Constantino Patrizi en el oratorio privado de
su palacio el 21 de julio de 1861. Así fue segregada Tamaulipas de la diócesis

de Linares.
Como resultado de la intervención francesa y el imperio de Maximiliano,

pudo reg:esar al país Monseñor Verea, llegando a Monterrey en enero de 1863,
para dedicarse de nuevo con ahinco a su ministerio pastoral.
Siempre siguiendo la santa visita, se encontraba Monseñor Verea en Parral

Casi todo el tiemp·o del destierro vivió en Roma el Sr. V_erea, con e~cepc1on

Coahuila, el mes de marzo de 1864, cuando el General Antonio Carbajal, del

del viaje que hizo a Tierra Santa acompañando al Sr. Ob!Spo Labastida Y de

partido liberal, trató de fusilarlo, protestando que ayudaba a los conservadores,
lo que no se pudo demostrar. Pero para evitar esa amenaza tuvo que salir de
su diócesis nuevamente el tan perseguido Obispo, y esta vez se refugió primero

una corta visita a Bohemia para rezar ante el cuerpo de San Juan Nepomuceno,
de quien era gran devoto. Tuvo la dicha de presenciar la canonización
los
veintiséis mártires del Japón, entre los que se cuenta San Felipe de Jesus ~l
santo mexicano, lo que ocurrió el 8 de junio de 1862, en espléndida_ ceremoma
a la que asistieron 21 cardenales, 5 patriarcas, 54 arzobispos y 186 ob1spos,_entre

d7

en Guadalajara, luego en la ciudad de México y por último en Puebla, en
donde residía su antiguo compañero Monseñor Colina, que había sido tras-

éstos seis mexicanos, pero con la ausencia de la mayor~a _de los p;el_ados 1tal_1a:
nos, que por la guerra intestina de ese país no pudo asistir. Esto ult~mo motivo

ladado a esa importante diócesis, y vivía allí desde 1863. A fines de 1866 asistió
en México, por orden del Sumo Pontífice, a la reunión de Obispos que debían
preparar el Concordato con el Imperio de Maximiliano, el cual no se llevó a

que S.S. Pío IX se mostrara muy agradecido con los pastores que dieron realce

cabo. A la caída del Imperio, estando con el Sr. Colina en Puebla, fueron

404

405

�ambos arrestados por orden del Gral. Porfirio Díaz, cuando tomó la plaza, en
1867. Siguieron días de persecución para la Iglesia y sus Prelados, y Monseñor
Verea tuvo la pena de perder a su padre don Benito Verea Abel!ón, el 4 de

abril de 1868.
Emprendió nuevo viaje a Roma en el año de 1869, para participar en el
Primer Concilio Vaticano, y regresó luego a Monterrey, en donde todo estaba

es considerado Monseñor
Verea como uno de los tres notabl es Jª
· 11sc1enses
· ·
.
que
prepararon el cammo hacia la actual grandeza regiomontana. El Prelado en
la parte c~ltural Y moral, el Dr. don José Eleuterio González, en salubridad y
b~nefic:ncia,_ y el General don Bernardo Reyes, en la parte industrial comercial Y fmanc1era, que propició con su política de paz social.
'

trastornado, pero con el valor de siempre se dio a reconstruir y reorganizar su

Diócesis. Principió por el Seminario de Monterrey, cuyo edificio había sido
ocupado por el Gobierno, y venciendo mil dificultades logró comprar otra
finca, que adaptó lo mejor posible, abriendo de nuevo el establecimiento a fi.
nes de 1869, bajo la dirección y magisterio de los Padres Paúles, que había
traído de Europa con ese objeto. La Compañía de Jesús le ayudó proporcionándole sacerdotes que sirvieran curatos en lugares fronterizos con los Estados

Unidos, y además pudo lograr la fundación del Colegio de San Juan Nepomuceno de Saltillo, para el cual proporcionó una vieja finca ( antiguo hospital), como indica el Padre Gerardo Decorme en el segundo tomo de su
Historia de la Compañía de Jesús en México. En esa época Mons. Verea
logró muy buen entendimiento con el Gral. Charles, Gobernador de Coahuila, antiguo alumno de los jesuitas, quien facilitó los trámites, por lo que

IV
Seguramente ~onseñor Ver~a era bien conocido en Puebla y eso influyó para

q,ue el Ven. Cabildo Metropolitano lo eligiera por mayoría de votos en primer
te~mo para la tema que debería enviarse a Roma, para que ocup~ra la Sede
Episcopal.
· ocaSiones
·
. Por su amistad con su antecesor había estado en vanas
en esa, cm dad; como se ha dicho, en una de ellas fue preso por el Gral. Díaz.

A~cmas se puede saber que había ayudado muy importantemente a la fundacion del Coleg10 Apostólico de la Inmaculada Concepción de Cholula
carta de fecha 31 de octubre de 1860, en que el Padre Guardián Fray Fr;n~::
co ?~rdona, 1; informa ~e la erección canónica de ese semillero de misioneros
serahcos'. el dia 18 de dicho mes y año, dándole las gracias "por todo lo que
V.E.I. hizo en favor de esta fundación".

se abrió el plantel educativo de Saltillo el 3 de noviembre de 1878. Asistió
el Prelado a la primera distribución de premios en julio de 1879, mostrándose
muy satisfecho de haber podido proporcionar ese centro educativo al noreste

. El 13 de oct~bre de 1879, segundo año de su pontificado, expidió el SantíSimo Padre Lean XIII, las bulas que confirman el nombramiento de M

mexicano, que aún es recordado con cariño por unos cuantos ex-alumnos su-

Ve~ea en la diócesis Angelopolitana y de Tlaxcala; siendo en poder del a:~:

pervivientes.

En Monterrey también estableció un buen externado que fue la semilla de
la cultura católica neoleonesa. En su Diócesis abrió dos casas de las beneméritas
Hermanas de la Caridad, un colegio de niñas, otra casa de religiosas, construyó

dos templos y puso la primera piedra al santuario de Nuestra Sra. del Roble
(en septiembre de 1854), logró operaran varias escuelas parroquiales, las Conferencias de San Vicente de Paul, y algunas hermandades y cofradías que estimularan el celo religioso, que en esa época había decaído tanto. El 10 de
marzo de 1879 falleció el Ilmo. Sr. Colina, Obispo de Puebla, su amigo más
adicto, y el Santo Padre León XIII lo trasladó a esa diócesis el 16 de septiembre de ese año ya que había sido propuesto por el Cabildo de Puebla el 28
de marzo anterior. Su sucesor en Monterrey fue el famoso escritor y orador
Excmo. y Rvmo. Sr. Dr. y Mtro. don Ignacio Montes de Oca y Obregón, quien
hizo grandes elogios de la obra de Monseñor Verea como titular de Linares,
diciendo textualmente: "al suceder en este Obispado al Ilmo. Sr. Verea ....
nuestro papel se redujo a conservar y dejar que marchara la máquina, sin
tener el trabajo de fundar o la terrible tarea de reorganizar". Por ese motivo

406

el Juego completo de trece pergaminos, doce cordón blanco del que pende un
sello de plo~o, en cuyo reverso está:

"LEO PAPA

xm" y en su verso una cruz lati-

na que despide rayos de luz sobre las testas aureoladas de San Pedro y San Pablo, con :uatro SSSS en la parte superior. El documento de mayor tamaño mide
45.5 cent1metros de largo p~r 61 centímetros de ancho principiando: "LEO Epis:us Servus Servoru'.11 Dei ~enerabili Fratri Joanni Francisco de Paula Verea
!Ilhh-nuper de. Lmares m Episcopus T!ascalensen Angelopolitan Electo
Salutem et Apostohcam Benedictionem Romani Pontificis quem Pastor Cae! t'
tE",,
es1s
e_ _p1scop~s .' termina: "Datum Rome apud Sanctum Petrum Anno Incamatioms Dom1mce Millesirne Octagentesimo Septuagesime nono, Tertio decimo

Kalendas Octobris, Pontificatus Nostri Anno Secundo S S" Al
ab · • . "
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margen y
ªJº
dice.
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demandato
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resiti a:darms, J. P1en Computador". Siguen otras anotaciones poco Iegibl
f
d"
es
Y
_ una irrna ~ran
L. _Belloti Cap. Coad." Hay otro pergamino más peque-

_e: .

n~ con cordon roJo d1ng1do también a Monseñor Verea; el sicruiente
al Arzo0

bISpado de México, al Cabildo de la Catedral Angelopolitana, al Clero de esa

407

�Diócesis, al pueblo cristiano de la misma, otro es la forma de profesión de fe,
otro la de juramento, etc.
Aunque su edad no era muy avanzada, ya que tenía 66 años cuando fue
trasladado a Puebla, las muchas persecuciones que sufrió y la lucha constante
que tenía que desarrollar para llevar adelante sus obras, seguramente habían
minado su salud, pero no quiso cuidarla y siguió en Puebla el mismo plan de
trabajo que en Monterrey, aunque le había sido fácil dejar marchar las cosas
como las tenía organizadas su antecesor Monseñor Colina. Por eso admira que
en escasos cuatro años que duró al frente de la diócesis Angelopolitana, haya
dejado tan buen recuerdo y que se sepa aún de varias mejoras que ejecutó en
tan corto plazo.

Por especial deferencia del Excmo. Sr. Dr. don Octaviano Márquez y Toriz,
actual dignísimo Arzobispo de Puebla, hemos podido contar con un estracto
de la obra del Sr. Pbro. J. Manuel Martínez, intitulada Episcolopio Angelopolitano, muy bien documentada, especialmente en los libros de actas del Ven.
Cabildo de la Catedral de Puebla, y en otras obras como la del propio Excmo.
Sr. Arzobispo mencionado, intitulada Serie de Obispos Angelopolitanos que
apareció en la Revista Eclesiástica de Puebla; al final se incluye la bibliografía
del Sr. Pbro. Martínez, que complementa la del autor.
Por el trabajo mencionado anteriormente, sabemos que el domingo 26 de
octubre de 1879 se cantó en la Catedral de Puebla un Te Deum, por acuerdo
del Cabildo, con motivo de la designación papal de Monseñor Verea a la
diócesis de Puebla; y que el 11 de noviembre del mismo año acordó también
el Cabildo hacer reparaciones al Palacio Episcopal para recibir a su nuevo
Prelado. Monseñor Verea prestó juramento de fidelidad y obediencia a la
Santa Sede en diciembre de 1879, ante el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo de
México Dr. don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, en la ciudad de
México, y tomó posesión de la diócesis por poder suyo el M. I. Canónigo Doctoral y Vicario Capitular Lic. don Atenógenes Castillero, el 23 de enero de
1880, en la forma acostumbrada. El día 26 del mismo mes hizo su entrada a
su sede episcopal, verificándose la recepción oficial en la tarde de ese día, en
el Colegio Clerical Josefino, según acuerdo del Cabildo y varios Sacerdotes, en
carruajes, seguido de larga y entusiasta comitiva, hasta la Catedral en donde
se verificó la ceremonia de rigor, y al siguiente día 2 7, se celebró una· misa de
acción de gracias a la que asistió el Obispo.

En sesión capitular de 21 de enero de 1881 se aprobó con el acuerdo del
Obispo la ampliación del templo parroquial del Sagrario, anexo a la Catedral,
a iniciativa del M. I. Sr. Deán Dr. D. Ramón Vargas, quien poco después entregó una importante suma para costear la obra. En 24 de mayo de ese año
el Cabildo acordó apoyar la solicitud de la Sociedad Católica de Puebla para
408

Dr. Don Francisco de Paula Verea

��~/,G',¿1/
/)

•
Carta de Pío IX a Monseñor Verea

��pedir a Su Santidad la declaración de la Asunción corpórea de María Santísima como dogma de fe, adelantándose muchos años al logro de ese anhelo
católico, que fue proclamado el primero de noviembre de 1950 por S. S. Pío
XII. En el mismo año se reimprimió el Manual Diocesano por acuerdo de
Mons. Verea.

Habiendo enviado el Prelado solicitud al Cabildo de que fuese trasladado al
Coro de la Catedral el altar de Nuestra Señora de la Defensa, patrona de ese
templo, no encontró eco entre los señores capitulares esa sugerencia, por lo que
Mons. Verea se abstuvo de insistir sobre el asunto, con el respeto que caracterizó su actuación para los acuerdos del Ven. Cabildo; como fue también el

caso de la solicitud que hizo en octubre de 1882, para establecer de un modo
permanente en la Catedral la devoción de la Hora Santa, para aprovechar las

importantes indulgencias concedidas por la Santa Sede a los que participasen
en ese piadoso ejercicio, lo que fue resuelto en forma negativa.

Mons. Verea trató de fundar un Instituto de Caridad a favor de los eclesiásticos pobres, pero desgraciadamente no tuvo tiempo de realizar tan generoso

deseo. Pero sí logró bendecir solemnemente la capilla de su Patrono San Juan
Nepomuceno (hoy conocida con el nombre de Templo de la Mansión) el día
16 de noviembre de 1882, depositando en el altar una reliquia de ese mártir del
sigilo sacramental. En la Catedral Angelopolitana inauguró varias mejoras, ben-

diciendo el día 26 de enero de 1883, un altar en honor de San Nicolás de Bari,
el 6 de febrero del mismo año un nuevo nicho en la restaurada capilla del Sa-

grado Corazón, y el 16 de julio el altar dedicado a Nuestra Señora del Carmen.
En ese mismo magno templo ocurrió el 10 de marzo de 1883 un acontecimiento
que impresionó fuertemente al Prelado, al ocurrir durante la misa conventual
el repentino fallecimiento del M. l. Sr. Prebendado don José María Peláez del

Llano, que había ingresado al Cabildo desde 1873.
Como se recordará, en Monterrey había entregado Mons. Verea el Seminario a los Padres Paúles, y como allí hacían falta maestros preparados, los
resultados fueron magníficos. En Puebla los religiosos de la misma Orden tenían a su cuidado el Colegio Clerical Josefino, y a pesar de su gran cariño por

los hijos de San Vicente de Paul, se dio cuenta de que su labor en Puebla era
perjudicial a la disciplina, puesto que invadían funciones del Seminario Conciliar Palafoxiano, notable institución que justamente admiraba el Prelado, por
lo que, agotados todos los medios de conciliación, le fue necesario decretar la
supresión de dicho colegio, pasando los alumnos al Palafoxiano, para el cual
tuvo todavía más amorosos cuidados, al gestionar y obtener de la Santa Sede
en 1883, que mediante ciertos requisitos ese Seminario Conciliar pudiera otor-

gar grados académicos de bachiller, licenciado y doctor en Teología. Debido
a eso el 7 de julio de ese año la Sagrada Congregación de Estudios en Roma,

409

�llegó a autorizar doscientos títulos de bachiller, otros tantos de licenciado, e
i(Tual número de borlas de doctor en teología. Por petición de Mons. Verea,
s: logró ( cuando éste ya no existía) el 20 de mayo de 1884, ~ue el mi'.mo
Seminario pudiera expedir grados académicos en derecho c~~omco Y civil.
Cuando llegó la autorización a Puebla, ya Mons. Verea no v1via, por lo que
su labor en pro del Seminario Palafoxiano dio frutos aún después de su muer•
te, lo que hace suponer que su memoria será recordada en ese notable centro
de estudios eclesiásticos.
El Amigo de la Verdad fue un pequeño periódico, al parecer publicado por
la Compañía de Jesús en Puebla, que tenía residencia en esa ciudad y operaba
el Colegio de Artes y Oficios, contando sin d"..da con la b~ena voluntad de
Mons. Verea, que tantas pruebas dio de su carmo hacia los.~IJOS de San -~gna. El 10 de mayo de 1884, enmarcado en negro, aparec10 en ese
CIO.
, penod1co
,
un editorial con el título: "Muerte de un Santo", en que proporciona 1mpor•
tantes detalles sobre el fallecimiento del Ilmo. Sr. Obispo de Puebla don Francisco de Paula Verea ocurrido en Cuyoaco, el 4 de mayo de 1884. Por ese
escrito nos damos cu:nta de que a fines del mes de abril de dicho año salió
de su Sede Episcopal con el objeto de dirigirse a Zacapoaxtla, en el Estado
de Puebla para bendecir un templo, y continuar la visita pastoral que constantement~ emprendía desde su llegada a su nueva diócesis, como lo hizo antes
en la de Linares. Pasó algunos días en San Juan de los Llanos y el lunes 28 de
abril se dirigió al pueblo de Cuyoaco, situado en el mismo Estado de :uebla,
siendo cabecera del municipio de su nombre y en esa época contando solo con
poco más de setecientos habitantes. Llegó en un carruaje que le había enviado
el Párroco de Cuyoaco hasta San Juan de los Llanos, alojándose_ en la casa del
C ura Y hab iendo comido ' a las tres de la tarde se puso a adm1mstrarh elb'Sacra'd
mento de la Confirmación en el templo Parroquial, el cual parece a 1a s1 o
regado poco antes para asearse, por lo que estaba frío comparado con ~ª- ~emratura del exterior que a esa hora era alta. Ese cambio brusco h1no los
pe
'l
terminó una fuerte pulmoma
confa '
ta b
1e re, pero
pu lmenes d e su lima . Y de
.
.
. .
el Prelado se esforzó en terminar las conhrmac1ones y luego e_l rezo del oficio
. ·
·
nerse en cama inmediatamente, como le aconse3aban sus acomd1vmo,
sm po
, .
l d' ·
pañantes. Se llamó luego de Zacapoaxtla _ª un med1~0, pero hasta e 1a siguiente pudo llegar el Dr. Francisco ArauJo, y despues se reumeron
Dres.
Esteban Lamadrid y Agustín Pérez Salazar, de Puebla, los que umeron sus

:ºs

esfuerzos para tratar de obtener el alivio del Prelado.
También llegaron de Puebla a Cuyoaco el Sr. Deán don Ramón Vargas,
Monseñor Leandro G . Trcviño, el Sr. Canónigo don Miguel Mariano Luque,
y otras personas, siendo todos atendidos de la mejor mane_ra por el Sr. Cura
del lugar, don 11iguel Gerónimo Díaz, quien hizo lo imposible para encontrar

410

hospeda je para tan distinguidos huéspedes en pueblo pequeño y escaso de
víveres. Se administraron los últimos Sacramentos a Mons. Verea por el M.
I. Sr. Deán, y en todo momento admiró a los circunstantes su piedad y fervor,
~parte de su. humildad. Como gran devoto del Castísimo Patriare.:. le imploró
siempre monr en alguna de sus festividades, lo que Dios le concedió, el día
del Patrocinio de Señor San José, a las cuatro y tres cuartos de la tarde, a los
70 años de edad. Como buen Obispo, murió desempeñando su Santa Visita,
y como ejemplar sacerdote no descuidó jamás el oficio divino.
El Gobernador de Puebla negó autorización para que se llevara el cadáver
a la Catedral de esa ciudad para su inhumación y con el objeto de que se
efectuaran solemnes honras de cuerpo presente, como deseaba el Cabildo, y
sólo con gran dificultad se logró poder enterrar sus restos en el Camarín del
Santuario de Nuestra Señora de Ocotlán en Tlaxcala, con los honores debidos
a su dignidad episcopal.
Aún después de muerto sufrieron sus restos persecuciones, ya que durante la
revolución de 1910 fueron violadas las tumbas de prelados del Camarín de la
actual Basílica Menor de Ntra. Sra. de Ocotlán, en Tlaxcala, siendo confundidos los restos del Ilmo. Sr. Verea con los del Ilmo. Sr. Dr. don Francisco
Melitón Vargas y Gutiérrez, Obispo Angelopolitano que fue enterrado en ese
lugar el año de 1896. Entre los festejos del III Centenario de la Consagración
Y__Dedicación del templo mayor poblano, el cabildo angelopolitano, por suges11on del Excmo. Sr. don Ignacio Márquez y Toriz, dignísimo Arzobispo de Pueblo y Tlaxcala, acordó se exhumaran los restos mixtos de los dos Prelados y se
procedió a llevarlos a Puebla, en donde encontraron nuevo descanso e~ las
gavetas preparadas al efecto en la cripta catedralicia, en la cual dos placas
señalan el sitio en que se encuentran esas venerables reliquias.
En Guadalajara causó consternación la noticia del fallecimiento de Monseñor Verea, ya que era muy estimado en todos los círculos sociales, aun en los
gubernamentales. Su hermano el Lic. José María Verea salió inmediatamente
para Puebla; pero no pudo alcanzar el entierro, que se verificó con la rapidez
que exigían las circunstancias; era nombrado albacea en el testamento siendo
usufructuaria de sus bienes matemos y paternos por vida, su hermana' entera
Plutarca Verea Viuda de Romaneo, y herederos sus medios-hermanos Lics.
José María, Trinidad y Miguel Verea, lo mismo que Marina Verea, esposa del
Dr. Nicolás Puga. No dejó muchas propiedades, ya que los pobres de las dos
diócesis que rigió recibieron la mayoría de sus fondos. Siendo amante de las
bellas artes, poseía una pequeña galería de pinturas que se repartió entre sus
hermanos, y aún conservan personas de la familia en Guadalajara y en la Ciudad de México, óleos que formaron parte de esa colección, la que es posible
haya heredado de su buen amigo y antecesor en Puebla Monseñor Colina

'

411

�quien tal vez pudo haber adquirido obras de la gran pinacoteca del Ilmo. Sr.
don Francisco Pablo Vázquez, que enriqueció, al ser vendidas, varias coleccio-

nes poblanas que han llegado a nuestros días y la de la Academia de San
Carlos de México. Por otra parte el mismo Monseñor Verea pudo adquirir en

Europa algunos cuadros, pero figuran entre los que tiene aún la familia algunos que sin duda proceden de Puebla, por lo que se aventura la idea de la
herencia de Monseñor Colina, ya que en cuatro años poco pudo haber reunido
directamente.

La madre del que esto escribe, hija mayor del Lic. José María Vcrea, visitó
a su tío en Puebla el año de 1883, cuando ella tenía once años. Recordaba
claramente su costumbre de leer todas las noches la Sagrada Biblia hincado
de rodillas y entre dos velas, en la misma postura. Por la mañana¡ después de
la misa que decía en su oratorio, tomaba sólo un espumante chocolate servido

en pocillo de porcelana sobre mancerina de plata. Recordaba en el palacio

plenitud episcopal, firmado también T C
posee también en su colección un óleo. deº';::;'' 18_53. La Catedral de Puebla
visto en el Cole io de Guadal
onsenor . Verea, y otro lo hemos
dice así. "El E~

I

upe, Zacatecas, el cual tiene una inscripción que

.
xcmo. e lmo. Sr. D Francisco de p V
d. , .
de Monterrey, Colegial de honor y beca d
.. , . erea, ,gmSimo Obispo
Seminario Conciliar de Guad I .
e opoS1~10n en derecho canónico del
del mism S . .
a ªJara, pasante Jurista y catedrático de cánones

bido del ;upee::rª;:b~:c;~rd:ndey:s ~~ aqu~I_a Universidad y abogado reciaquella ciudad. Cura interino de u~~ aiara .. i;ctoAnr del Colegio Clerical de
bendad
d
, .
arroqma e
aleo de la misma Prebiemo ;:iesi~~:és ;anomgo GDoctoral de aquella Catedral. Secretario d~l Goo, rov,sor, obemador y Vicario General d I M"
ballero Comendador de la Nacional y D" 1·
"d O d
e a ,tra. Cae
.
IS mgu, a
r en de Guadalu
0 n5&lt;:1ero de Estado Honorario. Retratado a los 40 año d
d d
pe y
Sevenano Hemández pintó en México en 1854" A ~ e ~u e a en 1854.
retrato por ser el menos conocido.

.

qm se

a a conocer ese

episcopal, un pasillo que tenía al fondo pintado un curioso "trompe-l'oeil",

que consistía en la figura de un joven estudiante marchando hacia la persona
que avanzaba por el pasillo, cuyos mismos pasos repetía un raro eco, dando la
impresión de que el joven andaba en sentido contrario.

BIBLIOGRAFIA

No deseamos terminar sin incluir aquí la cita que hace don Carlos Pérez

Maldonado, del sabio historiador Dr. don José Eleuterio González, sobre la

IMPRESOS

actuaci6n en Monterrey, de Monseñor Verea, que fue su íntimo amigo: "Gobernó esta Diócesis por el dilatado espacio de veintiséis rulos, con singularísirno
tino y gran prudencia, haciéndose amar por la bondad de su carácter, admirar

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por su mucha sabiduría, y respetar por la santidad de su vida".
Son poco conocidas en Guadalajara las obras impresas de Monseñor Verea
y solamente se ha encontrado un devocionario de San Juan Nepomuceno, que
confirma, lo mismo que una estatua del Santo aún en poder de su familia, el
gran amor que tuvo por el Patrono del Secreto Confesional. Monseñor Valverde en su Bio-bibliografía, incluye solamente trece obras de don Francisco de
Paula Verea, y don Juan B. Iguíniz enumera veintiuna, entre éstas el devocionario indicado, que apareció anónimo y hay fundadas razones para atribuirle.
Con respecto a la iconografía de Monseñor Verea, existen en Guadalajara,
aparte de numerosas fotografías de la época, varios retratos al óleo suyos, todos

copias de la tela original en poder del autor de estas líneas, en la cual aparece
como Obispo Electo de Linares, sin pectoral, y firma el pintor T. Corral, 1853.
Las copias son de J. Mariano Mares, una existe en la Catedral, otra en San
Agustín, y la tercera en poder del que esto escribe; siendo en 1854, lo mismo
que otra de Monseñor Colina, también sin pectoral, del mismo pintor y año.
En el Seminario de Guadalajara existía un óleo del que hay copias fotográficas. La Catedral de Monterrey tiene una bella tela en que aparece con la
412

CRESPO
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l Retrato al óleo del Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. Don Francisco de Paula Verea, Obispo de
Linares y después de Puebla, que existe en el Museo de Guadalupe, Zacatecas, pintado
en 1854 por Severiano Hemández.
2 Carta: de S. S. Pío IX a Monseñor Verea sobre su elección a la Diócesis de Linares,
en que se refiere a carta suya de aceptación de fecha 31 de marzo de 1854, siendo ésta
del 26 de junio del mismo año.
3 Bula de S. S. León XIII con relación a traslado de Mons. Verea a la Diócesis de
Puebla de los Angeles y Tlaxcala, de fecha 13 de octubre de 1879.

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414

415

�LA CIENCIA HISTÓRICA Y EL ESTRUCTURALISMO
DR. FRÉDÉRIC MAURO

Universidad de Tolosa

LAs NOTAS QUE SIGUEN no son de un filósofo, sino de un historiador que se

enfrenta todos los días a los problemas de la investigación; de un historiador
que ha visto transformarse su disciplina, profundamente, en algunos años. Son
pues un llamado a la discusión con todos aquellos que como él, se apasionan
por su trabajo, un trabajo que parece renovarse perpetuamente.

Las ciencias humanas y la noción de la estructura.
Las ciencias humanas llegaron a la noción de estructura por dos vías opuestas, por así decirlo, pero complementarias. Las llamaremos, para simplificar, 1a
historia y la anti-historia.
1. La Historia. Tomemos el caso de la ciencia económica, que se llamaba
tradicionalmente economía política en nuestras viejas Facultades de Derecho.
Fue sobre todo, en el siglo XIX, la economía de los clásicos, Ricardo, JeanBaptiste Say, John Stuart Mil!. Pretendía ser una ciencia universal, válida y
aplicable en todo tiempo y en todo lugar. Trataba de descubrir leyes generales.
Ahora bien, esta disciplina ha sufrido, desde mediados del siglo XIX, numerosas transformaciones. Se ha ampliado y desarrollado considerablemente, purificándose cada vez más en sus aspectos doctrinales y terminando por formar un
cuerpo impresionante de teoría positiva al servicio de la acción humana, la
ciencia de la rareza. Uno de los enriquecimientos más notables de esta ciencia
ha sido la noción misma de estructura. Ha sido posible por la obra de Marx,
de la Escuela Histórica alemana, de la Escuela Institucionalista norteamericana.
Después de la guerra esta noción se impuso con una fuerza apremiante a la
economía, con los estudios sobre el crecimiento y el desarrollo económicos. Estas influencias explotaron una cierta relatividad de las leyes económicas. Cada
417
H27

�época, cada civilización, cada sistema tienen leyes que les son propias y cuyo
conjunto es precisamente el sistema mismo, y forma las estructuras de este
sistema. Los diferentes factores de la economía se combinan según ciertos mecanismos y en proporciones que representan una cierta constancia. Pero esta
constancia es precaria. Intervenciones exteriores o una transformación interna
más o menos rápida alteran el equilibrio así realizado. Y por una crisis de las
estructuras el sistema se destruye y da lugar a otro sistema, y las estructurag a
otras estructuras cuyas leyes son diferentes.
La noción de estructura ha tomado un lugar importante en la ciencia
económica. Y esto, gracias a la historia. Pues la economía de Marx es una
economía histórica; la de la Escuela Histórica alemana lo es por definición;
la de la Escuela Institucionalista lo es en la medida en que explica la economía no por ella misma sino por su contexto, contexto que bien puede calificarse de histórico. En cuanto a los estudios sobre el desarrollo económico Y
sobre el subdesarrollo, están penetrados de historia, de dos maneras. Por una
parte, apelando a la noción de desarrollo, apelan también a la noción de
tiempo, o sea de evolución, tomando la teoría de las fluctuaciones económicas
-fluctuaciones temporales- y completándola por el estudio de los mecanismos del crecimiento para hacer de ella una "dinámica". Por otra parte,
estudiando distintos aspectos de la civilización industrial surgida de las transformaciones de los siglos XIX y XX en Europa y en América del Norte,
descubre la variedad histórica y geográfica de los sistemas económicos.
Introducida en la economía por la historia, la noción de estructura en
economía aparece entonces como un exceso de la noción de ley universal por
la historia, y en consecuencia directa o indirectamente como un producto de
la ciencia histórica.
II. La Antihistoria. Tomemos ahora el caso de las ciencias antropológicas:
la lingüística, la etnología y aun la psicología o la sociología. Aquí parece
que dos tipos de explicación son posibles. O bien el sabio explica un fenómeno por sus antecedentes y nos da entonces una explicación histórica, un
historicismo. O bien lo explica por el conjunto del que forma parte en un
momento dado y por el papel que en él juega. Y la explicación es entonces
no-histórica o antihistérica, es estructuralista. El término está tomado de la
psicología y la biología. La estructura en psicol~gía, es el co~junto cuy~s part~s
son modificadas por el hecho de su pertenencia al todo, dice la Enciclopedia
Larousse, que da para el estructuralismo en biología la siguiente definición:
teoría según la cual los órganos no tienen ninguna existencia separada y se de-

Ahora bien, en algunas ciencias el estructuralismo ha sido tomado del historicismo. "(El) procede, escribe Paul Ricoeur,2 de la aplicación en la antropología y las ciencias humanas en general de un modelo lingüístico. En el
origen del estructuralismo encontramos primero a Ferdinand de Saussure y
su Cours de linguistique générale, y sobre todo la orientación propiamente
fonológica de la lingüística con Troubetskoy, Jakobson, Martinet. Con ellos
asistimos a una modificación de las relaciones entre sistema e historia. Para
el historicismo, comprender es encontrar el origen, la forma anterior, las fuen tes, el sentido de la evolución. Con el estructuralismo aparecen los arrealos
" '
las organizaciones sistemáticas en un estado dado que son en principio inteligibles". Y Ricoeur agrega:
"Así nace una lingüística sincromca, como ciencia de los estados en sus
aspectos sistemáticos, distinta de una lingüística diacrónica, o ciencia de las
evoluciones, aplicada al sistema. Como se ve la historia está en segundo plano
y figura como alteración del sistema. Además, en lingüística, estas alteraciones
son menos inteligibles que los estados del sistema ... "
El mundo lingüístico ha sido traspuesto por Levi-Strauss en antropología. 3
Los sistemas de parentesco han proporcionado a ésta "la primer analogía
rigurosa de los sistemas fonológicos", para decirlo con palabras de Paul Ricoeur. Pues el parentesco es un sistema de comunicación. Del parentesco se
puede pasar en seguida a otros sistemas de comunicación: el arte, la religión, etc ...
La historia y las estructuras.

Si oponemos así historicismo y estructuralismo, historia y estructuras, ¿ es entonces posible para la historia encontrar estas estructuras? Ahora bien, hay
este hecho: esta ciencia social que es la historia, se ha enriquecido considerable•
mente en los últimos treinta años, gracias a la noción de estructura. Basta
observar el papel que ha jugado para la escuela histórica francesa, en particular para el grupo de los Annales. ¿ Se nos permitiría una anécdota personal?
Cuando -pronto hará 20 años- prep·arábamos la agregación de historia,
fuimos llamados "los estructuralistas:" este neologismo debido al entusiasmo
de la juventud mostraba muy bien cómo acogía la nueva generación a los
nuevos métodos de la historia. Fernand Braudel, en su Seminario de la École
Pratique de Hautes Études no cesaba de oponer a la historia de los aconte-

finen por su función global.
RrcoEUR, Structure et Heméneutique, Esprit, noviembre 1963, p. 598.
En particular en su libro Les structures élementaires de la parenté.

: PAUL
1

418

Algunos especialistas, con Levi Strauss, dicen "diacronía" Y "sincronía"•

1

419

�cimientos* -la expresión provenía de Franf:tois Simiand- una historia de
la ocasión (coyuntura) y las estructuras.
Son necesarias algunas observaciones sobre la significación de las estructuras
en historia y sobre su situación en relación a los otros conceptos de la epistemología histórica.
a) Se ha confundido a menudo y durante mucho tiempo, estructuras con
economía, acontecimientos con política. O se habla demasiado fácilmente de
la coyuntura económica, de las estructuras sociales, de las instituciones políticas. En esto hay simplificación de la realidad y aproximaciones que no son
verdaderas sino muy superficialmente. En realidad, las estructuras pueden
ser políticas, económicas, sociales, religiosas, culturales. Pueden ser materiales
o mentales.
b) A menudo se han producido confusiones entre estructuras, instituciones
y derecho. Por un lado los pueblos de lengua inglesa tienen tendencia a llamar
instituciones lo que nosotros llamamos estructura. De aquí la expresión conocida de escuela institucionalista para designar a los discípulos de Commons.
Por otra parte, para muchos juristas, las instituciones no pueden ser sino jurídicas, aun cuando existen instituciones de hecho, independientes del derecho.
El derecho puede reconocer su existencia pero está obligado, salvo excepciones,
a inclinarse ante ellas. Sin duda una ley o un contrato pueden ser una institución, y una institución puede ser jurídica. Pero la coincidencia está lejos de
ser perfecta entre las dos disciplinas. De la misma manera una institución
puede hacer estructura pero esto no es una necesidad de la noción misma
de institución.
c) Generalmente se oponen estructuras y coyuntura pero mirando esto detenidamente, estas dos nociones se penetran íntimamente. Pues los efectos repetidos de la coyuntura pesando más o menos en tal o cual sentido, traen un
movimiento de larga duración o secular, o una tendencia mayor con cierta
orientación. Ahora bien, esta coyuntura de período largo tiene un carácter
estructural: sus crisis manifiestan cambios de estructuras. Se habla de "crisis
de estructuras". Por otra parte, un buen conocimiento de la coyuntura reposa
sobre el conocimiento de todos los elementos de la estructura y de su evolución.

d) No hay, como lo prueban las líneas precedentes, o lo hay raramente,
un paso brutal de una estructura a otra. En el debate entre lo continuo y lo
discontinuo en las ciencias sociales, es más bien lo continuo lo que tiene razón.
Se pasa insensiblemente de una estructura a otra, de un tipo de estructura a
otro tipo. De la misma manera se pasa de una civilización a otra, de un sis-

*
420

El autor utiliza aquí la expresión histoire événementielle (N. del T.).

tema a otroi de pasado al present N .
ideal entre el asado
l
. e. º. Slendo el presente más que una línea
vida cotidian: Las y e lpo~emri la historia llega hasta las orillas de nuestra
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mucho tiempo antes y una de
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a veces demasiado largas.
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. . a na Jamas mutac10nes,
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pero que deberá abandonarse cuand
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donaría el dominio
.
. ~ se _vea q~~ es msuf1c1ente. Si no, se abanh. t . 1
de la h1stona c1enc1a pos1t1va por el de la filosofía d 1

1t;:;~h: c~~::íf~:/nteramente legítima, pero no debe ser confundida :o;
f) Est~diando las estructuras en los diferentes dominios del pasado la histor~a. rev1s:e una competencia universal. Es a la vez ciencia
, . ' . .
poht1ca, ciencia social, ciencia geográfica del pasado E eci°nom1ca, ~1enc!a
6r~emogr~ía, etnología y. ?sicología. ¿ Tiene desde. ensto:c:s ::a so:~:~;~~
ve pro ema cuya soluc1on no está en la hi
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c~as sociales de las que es proyección en el pa:~:ia .;:ma, smo ~n las ciendiferentes ciencias sociales en el presente? . O b. . le y una ~~1dad de las
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~roponen s~n Irreductibles unas a las otras, sin denominador común? . E
s1ble una ciencia del hombre.&gt; Son problemas que los sociólogos, antropólogos
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. s on.a _or;s s~ plantean cada día. Por esto ellos se orientan hacia el traba.~
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Más allá de las estructuras.
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pro und1zac10n de la noción misma de dato histórico que la historia trajo a
' Para los estudios franceses sobre América LatJ·n a cfr. los del Institut des Hautes

É tu d es de Paris y el de la Universidad de Toulousse. '

421

�la estructura. Desde este punto de vista puede decirse que es un rechazo del
antihistoricismo lo que ha hecho descubrir a la historia la noción de estructura si al menos se llama antihistoricismo a una exageración y una perversión
de la explicación histórica del fenómeno social, explicándose éste a toda costa
y superficialmente por un antecedente o por antecedentes cuando es sobre
todo el resultado de una interdependencia funcional.
Desde entonces la historia aparece como una ciencia estructural del pasado.
Lo que la distingue de la lingüística, que sería una ciencia pura y absolutamente estructural.
Pero entonces se plantea al historiador un grave dilema. O bien él construye la teoría del pasado en términos de presente y corre el riesgo de dejar
escapar lo que hace precisamente la originalidad de ese pasado. O bien la
construye en términos del pasado, pero entonces arriesga que sea incomprensible a los hombres del presente. Este dilema ha sido especialmente grave en
historia económica, donde tuvimos ocasión de estudiarlo. 5 Su solución puede
llevamos a nuevas vías sobre el papel de la estructura en historia económica,
y en general sobre el con junto de la ciencia histórica.
En efecto, los historiadores y los economistas han reaccionado de cuatro
maneras diferentes al problema que aquí planteamos. Indiquemos brevemente
estas cuatro actitudes.
1) La actitud llamada de Hamilton. Se trata de Earl Jefferson Hamilton,
el gran historiador de la moneda y de los precios españoles. A él se atribuye
a menudo una actitud que no es la suya. Por esto nosotros hablamos de la
actitud llamada de Hamilton. Según los críticos, Hamilton aplicaría brutalmente a la realidad del siglo XVI o del siglo XVII la teoría económica contemporánea. Esta teoría, construída a partir del capitalismo industrial, no
puede rendir cuentas de fenómenos anteriores a él.

2) La actitud de Ernest Labrousse. Aplicando el princ1p10 marxista de la
relatividad de las leyes económicas, Ernest Labrousse se ha esforzado en construir una teoría de las crisis del Antiguo Régimen Económico, distinta de las
crisis del capitalismo industrial. Esta actitud ha sido generalmente aprobada
por los historiadores economistas franceses, aun los no marxistas.
3) La actitud de R. Romano y A. Chabert. Estos autores han tratado, cada
uno por su lado, de relacionar la estructura económica de una época pasada
con el pasado económico de la misma época, explicando aquélla por ésta, y
a la inversa.

4) La actitud de Mi/ton Friedman y Oskar Lange. Hemos ligado intencionalmente estos dos nombres de economistas tan opuestos, ya que el primero
pertenece a la Escuela de Chicago, considerada como la más liberal en los
Estados Unidos, y el otro es presidente del Consejo del Plan en Polonia comunista. Friedman muestra que las estructuras son mecanismos complejos,
combinaciones de mecanismos simples. Los primeros son variables con el tiempo y los sistemas. Los segundos son universales, y a menudo los más importantes. El de la ciencia física una comparación: la ley de la caída de los
cuerpos (V
½ g t 2 ) no se realiza prácticamente jamás en la naturaleza
en estado puro: en general se combina con otros mecanismos: frotamientos,
resistencia del aire, etc. . . Pero en la práctica estos otros mecanismos son
despreciables y sólo cuenta el mecanismo de la gravedad. De la misma manera se puede, en economía, despreciar los diferentes mecanismos de una estructura y tomar de ella solamente uno, el esencial, que se encontrará en
todas partes, tanto en economía socialista como en economía liberal.

=

De la misma manera Oskar Lange distingue leyes económicas generales y
leyes económicas propias de una estructura o de un sistema determinado. Sin
entrar aquí en el detalle de su pensamiento, ni en el de Milton Friedman,
puede decirse que ambos llegan a la idea de una economía generalizada, según
la exp'resión del economista francés Perroux, es decir una teoría aplicable a
todos los sistemas económicos actuales, liberales o socialistas.
Pero según lo anterior, puede fácilmente verse que de una economía generalizada podemos pasar a una economía histórica generalizada y distinguir en
los diferentes sistemas económicos pasados y presentes mecanismos universales, leyes generales por una parte, y por otras combinaciones variables -y en
proporciones variables- de estos mecanismos universales; es decir estructuras
propias para cada sistema económico. Podemos pues distinguir una naturaleza económica y estructuras económicas. El esfuerzo del historiador será entonces doble: por una parte explotará lo que es estructural, y por ello afectado
de una permanencia pasajera, si así puede decirse, y por otra parte desprenderá lo que es fundamental, universal. En este sentido unirá el esfuerzo de
grandes pensadores de la economía que ha siempre alcanzado una verdad
más general: J. M. Keynes escribió una teoría "general" de la moneda, considerando que la de los clásicos era particular a la situación de empleo. Y
Marx, mostrando que las leyes económicas eran relativas, ha emitido precisamente esta ley más general de la relatividad de las leyes y de la sucesión de
las estructuras.

~ Cfr. nuestra comunicación a la Sociedad Marc Bloch de Toulousse, de próxima
aparición en el Boletín de la Asociación, sobre "L'histoire science de l'abstrait".

422

423

�Conclusión.

Este esfuerzo por ir más allá de las estructuras, la "sociología" de los fenómenos, se encontraba en otros dominios de la historia, como el de la historia
política o la historia literaria. Para este último remitimos al hermoso libro de
Robert Ellrot sobre Los Poetas Metafísicos Ingleses, publicado en París hace
tres o cuatro años.
Lo importante era mostrar que después de haber pasado por el romanticismo absoluto de las filosofías del devenir -todo pasa, nada permaneceel pensamiento occidental en ciencias humanas ha vuelto a encontrar la idea
clásica de la Universal naturaleza. Mientras que estas dos posiciones se tomaron en el pasado, parecían deber coexistir en la explicación, para la nueva
generación de nuestros sabios, formando como los dos pilares de esta explicación. Ser a la vez clásico y romántico, sabio de lo uno y de lo múltiple, es
el medio de hacer progresar más las ciencias humanas hacia un paso decisivo.

Enero, 1965.
Traducción de ALFONSO RANGEL GUERRA

424

LOS HISTORIADORES GRIEGOS COMO DRAMATURGOS
PROF. DR. PEDRO Lms HELLER
Instituto Panamericano de
Geografía e Historia

I
l. No sin razón habrá dicho Aristóteles, en su Arte Poética (Cap. 9): "Evidentemente no es tarea de poeta decir lo sucedido, sino lo que podría suceder
según verosimilitud o necesidad ... ; y del poeta se distingue el historiador ...
por decir éste lo sucedido, pero aquél lo susceptible de suceder. Por eso también
la poesía es cosa más filosófica y seria que la historia; pues la poesía enuncia
más bien lo universal, y la historia lo particular. Es universal, o sea a quién
sienta hablar u obrar de tal modo según verosimilitud o necesidad, lo que
persigue la poesía, inventando los nombres, y es particular lo que hizo o sufrió Alcibíades". uPero luego añade el mismo Aristóteles: "aún si dramatizare
sucesos reales, el poeta no dejará de ser tal; pues nada impide que algunos
de esos sucesos sean tales como puedan producirse según verosimilitud, captando la cual un autor se vuelve poeta de los mismos". (Veremos más adelante que esta salvedad alcanza a justificar la tesis sostenida por nosotros).
En capítulo posterior (23) Aristóteles precisa la diferencia entre ambos géneros literarios con claridad aún mayor: "respecto de la exposición e imitación métrica es manifiesto que las fábulas deben componerse dramáticamente
como en las tragedias, a saber en torno a una sola acción completa y acabada
que tenga principio, medio, fin. . . y no asemejarse a las composiciones históricas, donde es necesario desarrollar no una sola acción sino un solo (período
de) tiempo, es decir todo lo que sucedió durante el mismo entorno a uno
o varios personajes, mediando entre cada suceso y los demás el simple azar.
Y tal como por los mismos tiemp·os se produjeron la batalla naval de Salamina y la lucha siciliana contra los cartagineses sin que las dos convergieran

425

�hacia un rmsmo fin, así tamb1ºe'n se producen
t
·
a veces en e apas sucesivas,
sucesivos sucesos sin constituir unidad alguna".

1
1

2. No obstante dicha definición aristotélica, cabe demosttar que los máximos historiadores griegos no sólo intercalaron episodios dramáticos en sus
obras monumentales (y no sólo recurrieron a la técnica dramática en importantes partes de su exposición), sino fueron impulsados a componerlas por
concepciones netamente dramático-trágicas. La historia que ellos escribieron
lejos de ser concebida como sucesión casual de hechos incoherentes, lo er~
muy al contrario como unidad orgánica, con principio, medio, fin, con enlace, vuelco, desenlace; historia cuyo interés radicaba en el despliecrue de un
conflicto trascendente, originado por un choque necesario y llevado ba su apogeo por los protagonistas de acuerdo con el juego verosímil de la psicología humana. Para los griegos, la humanidad no era ni juguete pasivo de poderes sobrenaturales e inescrutables, ni forjadora omnipotente de un progreso infinito;
la historia ni era un vaivén de mareas altas y bajas, un sucederse perpetuo de
acontecimientos siempre similares, ni tampoco el lógico resultado de proyectos
bien calculados. Demasiado les valía la libertad del hombre para admitir su
d~gradación a simpl~ eslabón de cadena; pero demasiada les parecía, asimismo, Ia dependencia del hombre para creerlo capaz de transformar el universo a su antojo. La originalidad de los helenos consistió en reconocer que
cada ser humano, cada fenómeno humano y, sobre todo, cada pleito interhumano son a la vez únicos y universalmente válidos. Tal como la naturaleza
(physis) de las distintas regiones climáticas-geográficas-antropológicas resultaba ser investigable (historeté), así también la naturaleza de las diferentes
constituciones estatales (politeiai) y de las mutuas relaciones conflictuales entre las póleis; y siendo lo "político" la preocupación esencial de los griegos,
este estudio debió convertirse entre ellos, forzosamente, en su "investigación"
(historia) por excelencia.
3. Intuida la existencia de leyes, surgió la pasión por "reconocerlas" (anagnórisis) en los sucesos reales. Para ello no bastaban los escuetos anales (horoi)
ni los relatos de fundaciones locales (Ktíseis), sino que debía enfocarse un
momento de "detenimiento" significativo (epoche). Vale la pena oponer el
concepto de "epoca!", coincidente en este sentido con "eónico", al de "efímero". Bien sabía Píndaro (Pítica VIII, última époda) que los hombres somos
"epámeroi" y "sueños de sombra"; a pesar de lo cual opinaba que, bañados
por resplandor divino ( aigla diósdotos), nos envuelve una ndulce eternidad"
(méilichos aión). Semejantes instantes de esplendor, constituyendo ' 1detenimiento" (época), interrumpen la sombría fugacidad del tiempo. Los tres momentos, o sea las tres épocas decisivas en la evolución de la antigüedad clásica

encontraron cada una a su historiador congenia} que supo "reconocer" ( anagnorízein) su significación "epoca!" (aionikón): el choque entre el Asia despótica y la Europa "demótica", a H erodoto de Halicarnaso; el choque entre
Esparta reaccionaria-rural-continental y Atenas progresista-mercantil-marítima,
a Tucídides; el triunfo final de Roma sobre las potencias rivales, a Polibio
de Megalópolis. En opinión impregnada de emotividad intelectual de los
tres escritores nombrados, cada uno de aquellos tres sucesos marcaba el desenlace de un drama que llenara el escenario ecuménico (internacional) durante
una "época" de 50 años aproximadamente; por tanto, el término pentekontaétis, referido por Tucídides al período intermedio entre la expulsión de los
persas y la guerra del Peloponeso (480-430 a.C.), es aplicable en forma análoga a las ép·ocas dramáticas ilustradas, respectivamente, por su predecesor
H erodoto ( desde el sometimiento del Asia Menor hasta después de Maratón:
( 535-485) y por su lejano epígono Polibio (desde la caída de Sagunto hasta
la batalla de Pidna: 218-168). Y en cada una de dichas épocas no hubo
solamente, hablando a lo Aristóteles, una mera unidad de tiempo ni tampoco
un sucederse de sucesos accidentales, sino --como en las tragedias- unidad
de acción acabada.
4. No cabe duda que esos tres historiadores prominentes, dadas las circunstancias dispares de su origen, formación e idiosincrasia y, de los respectivos
argumentos de su investigación, representaban -o mejor dicho creaban
(epoiounto ) - modalidades bien diversas de escribir historia. No pueden imaginarse antípodas más pronunciados que H erodoto el fabulista ameno ( tildado
de "mythodes" por Tucídides), amante de anécdotas y digresiones extra-históricas, imbuido de creencias religiosas, hijo directo de la epopeya heroica,
no ya desprovisto sino desconocedor de experiencias estratégicas políticas económicas, y, p·or su parte, Polibio el npragmático", estadista de alcurnia, diplomático, militar y jinete, reacio a lo fantasioso y verboso pero ponderador
sagaz, de necesidades materiales. Sin embargo, ni deja el primero de razonar
en todos los asuntos, ni de ser intuitivo el segundo con respecto a las causas
latentes: ambos arrancan de una visión integral (Kathólou) del "mundo
habitado" (oikouméne, es decir de la civilización) explorando el griego del
siglo quinto la debilidad del ya declinante imperio persa, y el griego del siglo
segundo la fuerza del aún incipiente imperio romano. Recoge el microasiático,
colocado por nacimiento entre Asia y Grecia, la asombrosa herencia de las culturas milenarias del Nilo y de Mesopotamia; vislumbra el peloponesio, colocado por el destino entre Grecia y Roma, la estructuración interna de la cultura
occidental de los milenios venideros. Entre ambos, equidistando de ambas
mentalidades, el ingenio agudo del ateniense comprende con introspección infalible la trascendencia del conflicto interhelénico que le tocara vivir y sufrir,

426
427

�el cual -como hoy lo sabemos-- nada menos significaba que la quiebra irremediable de la civilización helénica. Los tres, por manejar la palanca de
aquel espíritu desprejuiciado, obser\'ador objetivo, distanciado, de realidades
aparentes, accesible a relaciones auténticas, que ha hecho de los griegos antiguos los revolucionarios permanentes contra intentonas siempre redivivas de
violar la Naturaleza, lograron pues elevarse por encima de su propio tiempo
y ambiente, persuadidos de la gra\'itación educati,·a de sus "investigaciones"
absolutamente originales.
5. Herodoto (Tal vez 485-425), tras de un prólogo breve pero sabroso, donde
en manera picaresca atribuye los primordios del conflicto entre Europa y Asia
a recíprocos raptos de mujeres, hace comenzar la u acción" (praxis) casi como
la Ilíada y la Odisea --en vísperas de la "peripecia"-, o sea con la incorporación a Persia de la semi-helenizada Lidia reaida oor Creso y posterior.
'
mente, de los griegos litoreños del Asia Menor,º trampolín
del asalto
a la
Hélade peninsular. Después de haber presentado la biografía trágica de Creso,
se remonta atrás como lo hace el relato (apólogos) de Ulises en la corte de
los feacios a los comienzos de la dominación medo-persa, narra la fundación
del imperio por Ciro el Grande, asegurada a raíz de su entrada en Babilonia,
pasa luego a la conquista de Egipto bajo el mentecato Cambises, extendiéndose
sobre geografía, etnografía e historia propiamente dicha de ese misterioso país
e intercalando paralelamente, con la tragedia de Polícrates tirano de Samos,
un nuevo barrunto del destino que amenazaba a la Hélade entera. Con el advenimiento de Darío, su avance hasta la Libia en Africa y hasta Macedonia en
Europa parece, desde el sur y desde el norte, cerrarse una tenaza inexorable
sobre la pequeña península; pero aquí -como en aquella arremetida de Héctor
contra las naves aqueas-- queda retardado el desenlace gracias a la rebelión
de los jonios instigada por Aristágoras e Histico, retardado más tarde también por el revés importante pero no terminante que experimenta el ejército
de Darío en la batalla de Maratón ( 490). Y ahora por fin el cuarto Rey de
los Reyes, Jerjes, prepara por tierra y mar lo que considera, no sin razones,
el golpe de gracia; pero entonces en el penúltimo libro {el octavo) sobreviene la gran peripecia, el vuelco total de la fortuna en el combate naval de
Salamina y luego en el campal de Platea ( 480 y 4 79) : en el penúltimo libro;
pues en el último, al igual que en los últimos cantos de las epopeyas homéricas y en los últimos actos de la dramaturgia ática, se aquieta la intensa acción con el reflujo de las fuerzas bárbaras hacia sus tierras nativas.
6. Tal es la trama general del drama herodoteo, al cual por cierto no faltan
ni principio (arché) ni medio (mésa) ni fin (télos), como tampoco ni enlace
(désis) ni peripecia {peripétia) ni desenlace (lysis); y ni siquiera por parte

del invasor, la anagnóristis del fatal error cometido, atribuible a su propia
soberbia (hybris). Lo demás son episodios, cuentos, anécdotas, comentarios
marginales; algunos de los cuales bien pueden -como las distintas partes
de la Ilíada- haber sido compuestos de antemano, procedentes de fuentes
diversas, pero, nuevamente como en el drama de Troya, el hecho de poder
comprobarse su composición de piezas originariamente independientes, no disminuye sino incluso acrecienta el mérito dramatúrgico del arquitecto de la
obra completa. Creemos que no sin justicia se le ha dado al genial narrador
de Halicarnaso el título de "padre de la Historia"; en efecto, al reconocer
en la magna gesta cumplida por la generación de sus padres, la culminación
de un destino desde tiempo incubado en la "naturaleza" de poderes y caracteres antagónicos, H erodoto fue el primero en "descubrir" la historia como
tensión constante, como actualización de conflictos inevitables, en otras palabras: como drama ya sea en potencia, ya sea en acto. Recién a partir de
Herodoto existe una conciencia histórica, por haber él conferido un sentido
inmanente a lo actuado por los hombres sobre la tierra; pues no hay verdadera
historicidad para quienes esta vida terrenal no es más que un tránsito breve
entre dos regiones ignotas, y al hombre, en el mejor de los casos, le incumbe
el precepto moral de purificar su alma. Para quienes así realmente seamos
"sueños de una sombra" no podrá haber historia ni tener interés alguno. Si
Aristóteles dice, en el lugar citado, que "Herodoto podría ser puesto en metros,
pero con o sin versos la suya jamás dejaría de ser historia", nos es lícito objetarle que un historiador inspirado por tamaña concepción dramática no ha
de ser aquilatado, con toda su prosa deliciosa, como menos poeta que Homero.
7. Diríamos que dicha observación aristotélica alcanza, en cambio, sí al
cuarto clásico griego cuya obra se conserva hasta hoy y quien, a pesar de su
estilo ágil en vida y verba no merece ser calificado de dramaturgo de la historia; diríamos que Jenofonte (435-354) no pasa de relatar, en su llamada
Anábasis, una aventura interesante e instructiva, ni demuestra haber captado,
en sus "historias helénicas", el quid del trágico decaimiento de la Grecia del
siglo cuarto. Bajo este aspecto, dramaturgo del ocaso recién aludido sería más
bien Demóstenes, con su afán apasionado e inútil de restaurar la hegemonía
ateniense. En la lucha oratoria de Demóstenes contra la supremacía de Macedonia, se yergue por última vez un anhelo elemental por no dejarse arrebatar
las riendas del propio destino; y la conciencia hosca de su probable frustración capacit6 al ingente retórico para iluminar hasta el fondo las causas del
descalabro nacional. No nos parece una mera coincidencia que la figura del
Magno Alejandro haya carecido de un historiador condigno; pues fue un
Aquiles a quien no se enfrentaba, entre los suyos, un Agarnenón ni, entre los
enemigos, un Héctor. Su muerte un siglo más tarde, cuando Cartago y Roma

428
429

�se asomaban al plano mundial, habría tenido acaso las características de la
tragicidad; pero en sí la muerte, incluso la prematura, no configura un hecho
trágico.
8. Mas aun sin tener un Alejandro entre sus protagonistas, aquella contienda suprema -en tomo al año 200 a.C.- por el dominio de la "oikouméne"

(del mundo civilizado) encontró a su cabal intérprete, calificable sin duda
como el postrer heleno auténtico, pues de los historiadores que escribieron
después de él, ninguno ha sido más que un literato con mayor o menor espíritu. Polibio el aqueo, en efecto (204-122), y no un escritor latino, tuvo preclara visión de la conjunción de causas remotas, motivos contingenciales y
pretextos momentáneos que condujo y debía conducir según verosimilitud o
necesidad a que la república romana prevaleciera en definitiva entre las
potencias rivales alrededor del Mar Mediterráneo; y es lástima grande que,
de los 40 libros de su obra colosal, no nos queden más que los 5 primeros
amén de algunos fragmentos. El autor, tras de haber insistido en que, por
primera vez en la historia, se hallaban entrelazados los sucesos políticos de
todos los teatros del mundo a partir de la Olimpíada 140 (219-216), culminando en evolución paralela -al cabo de 50 años- con la victoria romana
sobre Perseo de Macedonia en la batalla de Pidna (168), eligió esta "época"
repleta de hondo interés dramático como centro de sus indagaciones. Con
respecto a ella, lo demás constituye ya sea su prólogo ( los libros 1 y 2: desde
la ocupación de Roma por los galos en 387) o su epílogo (los libros 31 a 40:
hasta la destrucción de Corinto en 146). Dice Po/ibio, textualmente {libro
1, 3), que a partir de la Olimpíada señalada la historia se ha vuelto "orgánica, por enlazarse los sucesos itálicos y africanos con los del Asia y de Grecia,
pudiendo todos los hechos ser referidos a un único punto"; y atribuye la
razón última del triunfo de Roma a su constitución superior, analizándola al
por menor en la parte conservada del libro VI. Al historiador, por ende, no
atrajo la multiplicidad sino la organicidad de los acontecimientos; cuyo desenlace no explica con rawnes externas y fortuitas, sino internas y psicológicas:
pues la constitución {politéia) significaba para los helenos -y ciertamente
no sólo para Platón- el alma de los Estados.
9. La situación sustancial se le planteaba del modo siguiente: Convertida
Roma en dueña de Italia y parte de Hispania, fatalmente debía producirse
su choque con el imperio marítimo de Cartago. Atribulada Roma, en la segunda guerra púnica, por el ejército victorioso de Aníbal, pudo el diadoco
macedónico -Filipo V-, aliado de la Liga Aquea, neutralizar -en la llamada "guerra social"- el poder de la revoltosa Liga Etólica {paz de Naupacto) y proyectar una invasión de Italia. Distraídas de esta suerte las grandes

potencias de Europa, quedaban libres Rodas para lanzarse contra Bizancio y,
sobre todo, el diadoco egipcio -Ptolomeo IV- para atacar, venciéndolo en
la batalla de Rafia, a su congénere sirio Antíoco III, el cual a su vez más
tarde logró extender su reino hacia el norte, asaltando la ciudad de Sardes.
Pero eliminado el dominio cartaginés, los romanos, tras de arrollar la Hélade
bajo Quincio Flaminia, llegaron ellos hasta el Asia Menor, triunfando sobre
Antíoco en la batalla de Magnesia. Y aunque luego, con desesperada rebeldía,
levantóse en annas el Peloponeso unido, incrementóse de nuevo la fuerza de
Rodas y dirigióse Antíoco IV contra Egipto presa del caos, quedó con la derrota de Perseo, rey de Macedonia, a manos de Emilio Pablo en la batalla
de Pidna ( 168), instaurado definitivamente el predominio de Roma entre todas
esas potencias contrincantes. Frente a hecho tamaño, no eran más que "operaciones de limpieza" tanto la lucha romana contra los pueblos celtíberos en
el Oeste, como en el Sur la destrucción total de la ciudad de Cartago, como
en el Este la destrucción vandálica de Corinto ( 146). Tal, pues -en líneas
muy someras-- el drama concebido por Polibio.
10. Ahora bien, nuestro concepto del historiador como dramaturgo aparece
desmentido, a más de por Aristóteles, por el propio Polibio cuando (en el
libro 2,56) aconseja que "el historiador no deslumbre al lector contando portentos, ni vaya en busca de discursos que puedan haberse pronunciado, ni pase
revista a las circunstancias concomitantes, como lo hacen los poetas trágicos,
sino que mencione a la luz de la rígida verdad los hechos y las palabras aun
cuando resulten completamente banales; ya que la finalidad de Historia y
• de Tragedia no es idéntica, sino opuesta. En efecto, el poeta trágico debe,
con discursos bien persuasivos, consternar y seducir momentáneamente a los
auditores; en cambio, el historiador debe, con las acciones y palabras correspondientes a la verdad, enseñar y convencer para siempre a los estudiosos. Pues
en la tragedia prevalece lo verosímil aun cuando sea falso, siendo su finalidad crear una ilusión en los espectadores; al paso que en la historia se impone la verdad para utilidad de los estudiosos". Esta disquisición polibiana,
de fuerte sabor isocrático (por el equilibrio estudiado entre las partes antitéticas de cada oración), demuestra únicamente que el autor del segundo
siglo, hombre de acción, escritor apegado a los hechos -"pragmatikósu, como
él mismo gusta de estilarse- poco entendía de la tragedia ática del siglo
quinto, la cual no había pretendido suscitar ilusiones "falsas" para entretener
a sus espectadores con cuentos de susto; sino al contrario introspecciones certeras para enseñarles, por detrás de realidades aparentes, la verdad genuina.
Pero la obra polibiana misma nos demuestra cuánto había aprendido su autor
en la escuela de la dramaturgia y aun de la epopeya helénicas sin darse cuenta
de ello, puesto que dice (en el pasaje ya citado antes, libro !, 3), que con

430
431

�anterioridad a aquella Olimpíada "los acontec1m1entos
carecían de cualquier unidad de concepción, de actuación y de lugar". De tales términos se
serviría un régisseur para rl!chazar el manuscrito de un dramaturgo bisoño.
Unidad de concepción se le exige a una mente creadora, o sea a un poetés;
unidad de actuación se le exige a un elenco de actores o músicos; y la exigencia de una unidad de lugar recuerda el aristotélico "tollto dé eusynopton
einai" (eso ha de ser bien abarcable para la vista) del cap. 7 de la "Poética".
A Polibio le interesaba la "época" referida por ostentar justamente los rasgos
negados a la historiografía por el fundador del Liceo: a saber, por "mediar
(en ella) entre cada suceso y los demás otra cosa que el simple azar, convergiendo todos ellos hacia un mismo fin".
Más difícilmente que las de Herodoto podrían verterse en metros las Historias del megalopolitano; pero aun éste, con su estilo casi castrense, se revela
como poeta cuando canta (en VI, 51) el tríplice ritmo inherente a todas las
repúblicas y empresas "como a seres vivientes'': crecimiento -florecimiento-decaimiento, vaticinando sin otro fundamento que esa prístina especulación,
archihelénica antes que spengleriana, el inevitable ocaso del por nadie tanto
como por él admirado Imperio Romano.

II
TucÍDIDES COMO HISTORIADOR DRAMATURGO "KAT'EXOCHÉN"

l. Basados en lo que hemos expuesto -y tratado de ilustrar- durante
nuestra conferencia anterior, nos urge hoy aclarar con la mayor nitidez posible
en qué consistió ese trascendental enfoque dramático trágico que del hombre
como ente social y político (zo0n politokón ) tenían los griegos antiguos; cuya
orioinalidad reside en haber sabido hacer abstracción de las circunstancias inº
mediatas y los intereses subjetivos que suelen motivar y activar nuestro pensamiento en cada instante. Los griegos encontraron, así, el punto arquimédico
o sea la plataforma desde donde podemos asistir a todos los acontecimientos
-inclusive a los que nos involucran- como a un espectáculo que se desarrolla
ante nuestra vista en escenario distanciado de nosotros mismos sin dejar, empero, de afectamos incluso cuando no nos involucre personalmente. En este
sentido deberemos interpretar el ya mentado párrafo aristotélico donde el filósofo afirma ( Poética 9) que "nada impide que algunos sucesos reales sean tales
como puedan producirse según verosimilitud, captando la cual un autor se
vuelve poeta d~ los mismos", siendo --como dice poco antes- "la poesía una
cosa más filosófica y más seria que la historia Si no nos llamamos a engaño,
11

•

expresa, en el fondo, Aristóteles que el historiador, para verdaderamente captar la esencia de sucesos reales, deberá poseer las cualidades de un dramaturgo
(poietés) , pues sin ellas no pasará de ser un simple analista o cronista de
sucesos aleatorios, aunque simultáneos o sucesivos, escapándole por completo
su oculta relación recíproca, la dramática tensión del con junto, vale decir:
su necesidad y su entrañable verosimilitud. Historiador de vocación hist0riador-poeta será aquel que reconozca, en sucesos vividos ya sea por é1 y en
su tiempo o por otros y en otros tiempos, un drama objetivo, susceptible de
reproducirse con características análogas en análogo clima psicológico; un
drama cuya objetividad, sin embargo, no obste para afectar a los lectores
de cualquier época, justamente por esa su validez universal. El historiador
consumado no habrá, por ende, de ser menos afectivo que objetivo; dos rasgos
que tienden a excluirse mutuamente, y de hecho se excluyen casi siempre cuando el relator de los sucesos los ha vivido como actor y testigo.
2. Pues bien; se cumplió ta! milagro, a la par que aquel postulado sugerido
-según nos parece- por la definición aristotélica, en la figura cumbre de la
historiografía griega y aun la de todas las edades, hijo de la república que, de
acuerdo a sentencia puesta por él en boca de Pericles ( 2, 41, 1), era "institutriz de la Hé!ade" ( tes Helládos páideusis), coetáneo de la trágica peripecia
de la civilización helénica: Tucídides, quien quizá naciera antes del año 470
a. C. y muriera por el 399, año de la muerte de Sócrates. Ciertamente, el interés
perenne de su obra emana de la dramaticidad del propio argumento: la guerra
del Peloponeso; mas, con todo, cabe dudar que su importancia hubiese llenado
la conciencia histórica de los siglos y milenios posteriores, si no hubiera sido a
su vez "descubierta" --en su estructura compleja- por un dramaturgo de semejante talla, quien (valga de nuevo Aristóteles) convirtióse en poietés de los
sucesos reales. Acude a nuestra memoria aquel dicho de Fausto de que "aun
cuando los necios tuvieran la piedra filosofal, le faltaría a la piedra el filósofo".
Heleno hasta las raíces, sabía y experimentó Tucídides el axioma heracliteo de
que "la naturaleza ama ocultarse" (physis philei kryptesthai); pues con haber
sido inmenso su esfuerzo por reunir los hechos patentes, son empero los hechos
latentes cuyo reconocimiento exacto ha llevado, en el proceso místico-epóptico
de sus investigaciones, a la epifanía de verdades sobrecogedoras. El juego antitético de los adjetivos "latente" y "patente,, (correspondientes a los griegos
"aphanés" y "phanerón") figura notoriamente en el pasaje siguiente (1, 23,
6) : " ... pues como causa la más verdadera, pero confesadamente la más latente, considero que los atenienses, deviniendo grandes e infundiendo miedo a
los lacedemonios, los obligaron a hacer una guerra; mientras que los motivos
patentemente declarados por ambos bandos, quienes con ellos rompieron el
pacto e iniciaron la guerra, eran los siguientes: .. . " A lo cual sigue la exposi-

432
433
H28

�cion de los dos sonados "affaires" de Corcira (24-56) y de Potidea (56-66) .
Pero luego, en el transcurso de la obra, se patentiza como. causa aún más verdadera la inconciliable duplicidad de la idiosincrasia latente en todos los griegos, si bien simbolizada por los dos centros antagónicos: Esparta y Atenas;
pues las eternas "dos almas" convivían también en el pecho de cada griego,
en el seno de cada ciudad: la progresista, democrática, mercantil, expansionista y la conservadora, oligárquica, ruralista, reconcentrada. Y esta doble tendencia hizo que, por ejemplo, en Atenas existiera una influyente capa "laconizante", la cual en definitiva originó su ruina. Así, la conflagración fratricida se
debía menos al choque material de dos potencias que al conflicto espiritual de
dos mentalidades, las cuales tenían ambas su p·rofunda razón de ser : conflicto
íntimo, inevitable y, por lo tanto, trágico.
3. Había surgido de nuestro análisis ( efectuado el año pasado) de la tragedia
ática que la grandeza del pensamiento griego se debió -fundamentalmentesu índole dialéctica, transluciendo la plena verdad, dentro del mundo aparente, siempre a través de fenómenos antitéticos; y que, como este juego antagónico de la naturaleza celosa por ocultarse en nada nos intriga tanto como en
el prisma falaz de las relaciones interhumanas, había lógicamente la Tragedia
de llegar a ser la flor suprema del espíritu creador de los helenos. Ahora bien:
ningún S6focles habría podido idear un pleito más cargado de tragicidad que
la contienda entre Atenas y Esparta, por su origen, desarrollo, desenlace, por
su tejido entreverado, p·or sus situaciones paradojales, por sus personajes contradictorios, por su hybris y némesis, por su acción tan eficazmente retardada,
por su a ratos ofuscada pero a la postre cristalina unidad orgánica. Después de
la victoria común sobre los invasores persas (480/479), los espartanos, aunque
recelando del novel poder de Atenas con su propensión "innovadora" {neoteropoia), dejaron que ésta asumiera la dirección de las precauciones helénicas
frente al imperio derrotado, entre otras razones por "temer que los que salieren
(de Esparta) sean echados a perder" -como se expresa el gran etopéyico (diseñador de caracteres) Tucídides (1, 95, 7); gente cerril, maniatada desde
hacía dos siglos por la servidumbre perpetuamente precaria de sus vecinos los
1nesenios. Esta preocupación doméstica, esta desconfianza huraña para con empresas y caras nuevas, esta falta de mundo lacedemónicas continuaron siendo la
tónica inalterable durante toda la guerra; en la cual los espartanos, paradójicamente, fueron obligados a entrar (año 431) bajo la presión constante de las
repúblicas marítimas deseosas de sacudir el yugo cada vez más duro de la Liga
Atica, ganándola -como quien dice- contra su voluntad al cabo de 27 años,
en cuyo decurso reiteraron con insistencia, hasta p·oco antes de su triunfo final,
-sus proposiciones de paz. Con atiquísima ironía, el historiador comenta -a
propósito de no haber aprovechado los espartanos su victoria rotunda en la

ª

434

1

vecina Eubea ( año 411) ---que ' no sólo en esa ocas1on los lacedemonios fueron los adversarios más convenientes para los atenienses; pues difiriendo extremadamen_te por su carácter -los unos rápidos, los otros lentos, emprendedores
los unos, inoperantes los otros- aquéllos favorecían muy esp·ecialmente a una
potencia naval" (8, 96, 5). Una vez terminada la guerra con la "rendición incondicional'1 de Atenas ( año 404), los espartanos por cierto no desaprovecharon la oportunidad para demostrar su falta absoluta de vocación para asumir la
hegemonía de Grecia.

4. Entre tanto los mejores aliados de Esparta eran los oligarcas atenienses,
terratenientes del Atica expuesta a devastaciones, industriales armadores o mercaderes opulentos, quienes detestaban la guerra al igual que los lacedemonios;
si estos últimos nada esperaban ganar, ellos mucho temían perder. Pues el triunfo de Atenas, de cuya enorme probabilidad ni unos ni otros dudaban al estallar
las hostilidades, habría acarreado una democratización general, vale decir, para los espartanos, el fin de su régimen y dominio artificiales, y para los atenienses, el fin del resto de Ia influencia retenida por los círculos adinerados y seguramente algún reparto de sus riquezas entre el pueblo común. Así, por el
efecto contrastante de factores externos e internos, Atenas, destinada a triunfar
gracias a la superioridad de sus recursos materiales e intelectuales, era alentada
a luchar por la indecisión e inercia lacedemónicas, pero al mismo tiempo menguada en su eficacia y retardada en su acción por el acogimiento simpático que
halló en su seno libérrimo la antipatía de los propios aliados. El rutilante edificio de Pericles cayó víctima, no de Esparta, sino de la híbrida pretensión de
cimentar sus libertades democráticas mediante el esclavizamiento progresivo de
las demás repúblicas griegas. La "hybris" de tal pretensión, acrecentada por el
estadista nombrado en su intento de embellecerla con palabras idealizadoras,
clamaba -y esto se percibe de entrada en la obra tucididea- por una "némesis1' correspondiente, insinuada (como al comienzo de la Ilíada) por pestilencia
siniestra que fulminó al mismo orador, acentuada luego por la ceguera (áte)
de cometer crueldades innecesarias ( los episodios de Lesbos y de Melos) y de
entregarse a malevolencia suicida ( el doble proceso contra Alcibíades; la condena a muerte de los jefes vencedores en las Arginusas) y, finalmente, remachada
por los múltiples gestos soberbios de desconsiderar ofrecimientos ventajosos
de paz.
5. Con la paradoja de las situaciones, corre pareja la contradictoriedad de
los personajes. Ya en el prólogo (libro 1, la "Pentecontaecia"), los dos libertadores de la Hélade, Pausanias el espartano y Temístocles el ateniense, perecen
execrados como traidores de sus respectivas patrias y como amigos de Jerjes;
en la asamblea de la Liga Dórica, propiciada por los corintios, Arquidamo rey
435

�de Esparta se opone a la iniciación de la guerra contra Atenas, pero precisamente a él le toca luego dirigirla con violencia extrema, conociéndose incluso
por su nombre el primer período de la misma ("guerra arquidámica": 431421); cuyo fin es marcado, en la batalla de Anfípolis, por la simultánea muerte
del noble general Brasidas, convertido en propagandista liberal de la oligárquica Esparta, honrado por los propios enemigos, y del rabioso demagogo
Cleón, metido a general de la democracia ateniense, flagelo de los propios
aliados. Y, para no continuar hablando de figuras menores, recordemos ahora
la pareja impresionante de los antagonistas centrales de este trágico drama:
Nicias y Alcibíades. Nicias, patriota intachable, pero prudente, contemporizador,
pesado, permanente abogado de la paz, conociéndose incluso por su nombre
el segundo período de la guerra (la "paz -caliente- de Nicias": 421-413);
Alcibíades, niño bien, ególatra, fanfarrón, pero de brillante talento tanto político como militar, incesante instigador de aventuras bélicas. Quiso la suerte que
al primero le incumbiera conducir hasta su término desastroso la por él desaconsejada expedición ateniense contra Siracusa; y que el segundo, en cambio, ardiente sostenedor de la misma, antes de llegar a Sicilia, hubiera de refugiarse
en la ciudad de Esparta, promoviendo desde allí, con su doble consejo de mandar refuerzos a los siracusanos y de re-ocupar el fuerte de Decelea frente a Atenas -hecho que debía dar su nombre al tercer período de la guerra ("guerra
deceleica": 413-404 )-, el vuelco de la fortuna dentro de esa expedición siciliana (415-413), pues hasta la llegada del espartano Gilipo al mando de una
flota corintia Siracusa se veía perdida e incluso, en fin de cuentas, la peripecia
de la guerra entera. Aunque también es verdad que durante la guerra deceleica
levantóse una vez más el poder naval ateniense, merced a la habilidad del mismo Alcibíades restaurado en su antiguo rango; pero este último retardo y vuelco semifinal de la fortuna (para bien) -nos referimos a la victoria ateniense
de las Arginusas no aprovechada por los vencedores sino, muy al contrario,
conducente a la ejecución de los almirantes victoriosos- ya no se hallan incluidos en la historia tucididea, trunca -según se afirma, por accidente de su
autor- a partir del año 41 l.
6. Mas no nos compete aquí relatar hechos por demás conocidos, sino señalar, al lado de la concepción dialéctico-dramática fundada en la dialéctica inmanente a aquellos hechos mismos, la técnica dialécticodramatúrgica de que
Tucídides se valía, y que era la erístico-sofística de reciente importación y elaboración en Atenas. De acuerdo a la tradición filosófica procedente de los
Heráclito y Parménides ( dialécticas respectivamente "objetiva" y "subjetiva"),
los dissói lógoi (argumentaciones dúplices) permitían enfocar cada cuestión
desde dos ángulos de vista opuestos. Dicha técnica, adoptada en medida creciente por los poetas trágicos -y, naturalmente, los cómicos-- se hallaba pre436

conizada, por supuesto, en la epopeya homérica donde ya encontramos despuntes de un sistema "triádicd' consistente en tesis-antítesis-síntesis (por ejemplo, el
debate triangular Aquiles-Agamenón-Néstor en el primer canto de la Ilíada).
A nuestro modo de ver, no puede explicarse el descubrimiento genial por Tucídides del método discursivo como expediente para esclarecer la realidad psicológica subyacente a la de primer plano, sin relacionarla con su concepción
dramática de la historia. Para Tucídides, la realidad aparente es constituida
por los érga ( obras, hechos), cuya averiguación y recolección meticulosas brindan la premisa indispensable para penetrar, por medio de una investigación
introspectiva, al lógos que -no necesitamos reiterarlo-- significa en griego a
la vez "razón" "palabra" y "discurso". El lógos le ofrecía al historiador la
posibilidad de poner en su sitio verdadero ( a-lethés
no oculto) a los acontecimientos aparentes; sobre la técnica respectiva se expresa del modo siguiente
(1, 22, 1-2): "Cuanto, por un lado, en discurso (lógos) dijo cada orador, sea
para entablar una guerra o ya estando en ella, era difícil recordar la exactitud
misma de lo hablado tanto para mí que lo había escuchado personalmente como
para aquellos que me lo referían de alguna otra fuente; sino tal como me parecía
haber dicho a grandes rasgos cada orador lo necesario acerca de cada respectiva
actualidad, y ateniéndome lo más fielmente posible al sentido total de lo verdaderamente hablado, así está consignado. En cambio, los actos {érga) realizados en la guerra no consideré bien escribirlos en base a informaciones fortuitas, ni tampoco como a mí se me antojaban, sino indagando en detalle con la
mayor precisión posible lo que yo mismo presencié y de los otros supe". Sin
precedentes, pero también sin consecuentes son los discursos atribuidos ( o, mejor dicho, adjudicados) por el dramaturgo Tucídides a los distintos personajes
en las ocasiones distintas; las partes concluidas de su obra no contienen menos
que 45 discursos directos, debiéndose presumir que, en las inconclusas, todos los
indirectos y tal vez ciertos documentos constituyan oraciones "en bruto" ( semifabricadas). Lamentamos no disponer del tiempo necesario para hacer resaltar
la esencia de los principales discursos antagónicos; no debe de haber quien
niegue que el historiador ha derrochado en ellos su admirable ingenio artísticoetop·éyico como escultor de caracteres individuales y colectivos, proyectados sobre el contrafondo de problemática privada y pública. Ahí se materializa de
veras el citado precepto aristotélico del "decir ... lo que podría haberse dicho
según verosimilitud o necesidad" pero no menos aquel otro e importantísimo de
que "los asuntos (prágmata) y el argumento (mythos) son la finalidad (télos)
de la tragedia", de manera que en ella los personajes "no actúan para imitar
los caracteres, sino obtienen sus caracteres a través de la acción ( diá tes
práxeos)" ( Poética 6). Precepto importantísimo: porque ni a un dramaturgo
ni a un historiador serios le interesa un personaje primariamente por sus par-

=

437

�ticularidades biográficas o -peor aún- psicosomáticas; tal curiosidad morbosa
pertenece de lleno al ámbito de los anecdotarios frívolos. Al igual que en el
teatro sofocleo, actúan los personajes en el teatro histórico creado por Tucídides en función de los intereses y los conflictos que ellos encarnan, representan,
simbolizan; y sólo por medio de la acción no ya muestran, sino recién obtienen
cada uno su carácter. Hablando por una vez a lo Toynbee, las historiae personae
tanto como las dramatis personae interesan propiamente, en calidad de paradéigmata, en su modo de "replicar" a los "desafíos" de la situación que en
cada caso se les va planteando.
7. Esto, lo "paradigmático", nos lleva al trillado problema de la historia magistra, la historia como maestra. La edad helenístico-romana y, pisando en sus
huellas, la cristiana hasta el siglo XVIII pensaban grosso modo lo que enuncia
Polibio (1, 1): " ... porque ninguna manera de corregirse es para los hombres
más procedente que el conocimiento de los sucesos históricos del pasado. Por
eso no sólo algunos, ni incidentalmente, sino casi todos los historiadores, se
podría decir, del principio al fin de sus obras han afirmado que la enseñanza
extraída de la historia es la más eficaz instrucción y la preparación más infalible para la vida política, mientras que el recuerdo de los reveses ajenos es el
maestro más adecuado, y hasta el único, para enseñar a soportar noblemente
los cambios de la fortuna". Es decir que la historia nos proporciona ejemplos
(paradéigrnata) útiles para ajustar nuestra conducta a la más conveniente vida
de relación (social: politiké) e individual (estoicismo). Deja en obscuro Polibio por cuál razón espontánea y por cuál proceso psicológico nos obliga la
historia a aprender. Pasemos a la introducción de las Historias de Herodoto
(1, 1): "Esta es la presentación de la investigación de Herodoto de Turios, para
que ni lo producido por los hombres se borre con el tiempo, ni queden sin resonancia grandes y admirables obras, exhibidas unas por helenos, otras por bárbaros, y en especial por cuál causa se pusieron a guerrear los unos contra los
otros". El padre de la historiografía ostensiblemente no pretende que la historia
enseñe, sino quiere -a guisa de cronista- conservar los sucesos comunes y
-a guisa de poeta- glorificar los hechos maravillosos de los hombres inves~
tigando empero la causa de la guerra entre Asia y Europa. El suyo se diría
comparable al triple proceso de los iniciados en los Misterios: myesis ( cierre
de los ojos} para reconcentrarse sobre los sucesos pretéritos; epoptéia (mirada
hacia los objetos sagrados) para admirar con emoción lo milagroso; y epiphanía: aparición triunfal de la hasta tanto oculta verdad. El ejemplo nos lo da,
en este caso, no tantd la Historia como el propio historiador; ejemplo seguido
desde entonces por innumerables investigadores, quienes primero han reunido
su material de estudio, luego han admirado los fenómenos aparentes y, al final,
corrido el velo de su naturaleza escondida. Contra Herodoto, ahora, parece

438

estar dirigido el siguiente párrafo célebre de Tucídides ( 1, 22, 4) : ''Y para el
auditorio quizá lo no fabuloso de los hechos expuestos parecerá algo falto de
gracia; sin embargo, para cuantos quieran examinar con precisión tanto lo ya
sucedido como lo que podría a su vez suceder en el futuro, según la naturaleza
humana, de manera similar y aproximada, ellos resultarán suficientes para ser
juzgados provechosos: pues una adquisición para siempre (ktema es aiéi),
antes que una pieza de competencia a ser escuchada en el instante, se halla aquí
compuesta". El autor ateniense, es cierto, rechaza la idea de entretener con
cuentos fantásticos a un público ingenuo, atribuyéndola tácticamente a sus
antecesores; pero si, por el otro lado, parece coincidir con Polibio en reivindicar
la utilidad de los hechos históricos, deberá repararse bien en el matiz de la
analogía humana. A diferencia de Polibio, Tucídides no afirma que esos hechos
en sí sean instructivos para regular nuestro comportamiento público y privado,
sino que gracias a su método propio de examinarlos ( skopéin} resultarán educativos como concepción de un conjunto verosímil de sucesos humanos. ínter-•
pretados sub specie aeternitatis, y como tales -al igual que los dramas del
culto dionisíaco, con su efecto purificador (catártico)- un acervo adquirido,
para siempre por el espíritu avizor y plasmador del intérprete, de clásica ac-.
tualidad.
Más que a los griegos del siglo de su apogeo, nos acosan a nosotros hordas·
bárbaras propensas a burlarse de aquéllos, de su número tan reducido, de la•
insimificancia territorial de su país. ¡ Cuánto ruido -nos dicen- metéis los
hu;anistas con los 300 pobres lacedemonios que murieron en las Termópilas,,
hace dos milenios y medio, cuando hoy en guerra y paz son segados millones
de vidas! ¡ Qué importancia exagerada asignáis a los poquitos kilómetros que
mediaban entre Esparta y Atenas! No obstante: de los pleitos de esos pocos
que con poco se alimentaban en tan poco territorio, extrajeron unos pocos
intelectos tantas y tamañas conclusiones que los sucesos dramatizados por ellos
han quedado hasta la fecha como una adquisición, más que perenne, imprescindible, si deseamos triunfar sobre la barbarie en el Maratón y la Salamina que
se acercan.

43g

�SAMUEL BANGS, IMPRESOR PIONERO
EN MEXICO Y TEXAS
LOTA

M.

SPELL

Universidad de Texas

que participaron en la introducción de la imprenta
en el suroeste, han sido objeto de investigaciones y tema de especulaciones por
muchos años, y, como la región fue en otro tiempo parte de México, la búsqueda de datos que arrojaran luz sobre el problema no se ha limitado a los
Estados Unidos ni a historiadores de habla inglesa. J. Eleuterio González, al
escribir sobre Nuevo León,1 dedica considerable esp·acio a su creencia de que
los angloamericanos que vinieron a Texas en 1813 trajeron con ellos una prensa, que fue capturada en San Antonio por los mexicanos y llevada a Monterrey; pero ni en el parte oficial de la batalla, ni en la lista de objetos capturados se hace mención alguna de una prensa o partes de ella. 2 En unas breves
notas inéditas, H. R. Wagner asienta que el primer documento impreso en el
suroeste de que él tenga conocimiento, es una proclama de Arredondo, que
fue expedida en Monterrey el 21 de julio de 1820. 3 Otros escritores se han
referido a la prensa traída a Texas por la expedición de Long, en 1819,' en la
LA FECHA Y PERSONAJES

1
Colección de Noticias y Documentos para la Historia del Estado de Nuevo León
(Monterrey, 1867).
2

México, Provincias Internas de Oriente, Comandante General José Joaquín Arredondo, Parte de la Batalla de Medina, 18 de septiembre de 1813. Historia XXIII,
Arredondo IV, fols. 179-193. Archivo General de la Nación, Ciudad de México (en
lo sucesivo se citará: AGN).
3
MS. Notas sobre el primer impreso. Fotocopia. Biblioteca de la Universidad de
Texas (en lo sucesivo se citará: TxU).
4
Archivo Lamar. Calendario No. 703. Lamar's Life of Long. Original en la Biblioteca del Estado. Impreso en Lamar Papers II, 59. Calendario No. 1966. Eli Harris,
Providence, Lousiana, 18 de enero de 1841, a M.B. Lamar, en III, 483.

441

�cual se imprimía el periódico Texas Re publican. De este periódico tres ejemplares, según otros periódicos, fueron recibidos.5
Basado en los datos de que había una imprenta en Texas en 1819, y también
una en Monterrey, en 1820, Wagner llega a la conclusión de que la de Monterrey fue la prensa de la expedición Long, diciendo:
"No hay duda de que la segunda expedici6n de Long tenía una prensa
que fue capturada y probablemente también el impresor, puesto que
Bangs formaba parte de la expedici6n y fue capturado; y poco después
se hacía pasar por impresor".6

Pero ¿quién era Bangs y cómo llegó a Texas o a Monterrey? ¿Estaba Wagner
en lo correcto al decir que Bangs estaba en la expedición de Long? Ambas
preguntas permanecieron sin respuesto hasta que una carta firmada por Samuel
Bangs y escrita en Saltillo en 1822' reveló la verdad acerca de su viaje a
Texas y a México. De dónde vino él fue un misterio, hasta que una referencia
de Benjamín Lundy proporcionó un norte. 8 Después, su nombre apareció como
el publicista del primer periódico dedicado a la guerra con México. Cada vez
se hacía más claro que el conocimiento de los detalles de sólo unos veinte
años de la vida de Bangs, arrojaría alguna luz sobre la historia de la primera
imprenta en Texas y en el norte de México. Con este fin en mente, la tarea
de escudriñar la vida y andanzas de Bangs fue iniciada. La búsqueda nos ha
llevado desde Boston hasta la ciudad de México, y desde Londres hasta Madrid, con muchas paradas en el camino.
De este norte obtenido de la carta de Lundy, que establecía el hecho de que
Bangs era nativo de Bastan, se dedujeron algunos hechos de interés relacionados con su vida. Era hijo de Samuel Bangs, Jr., nacido en 1769, y de Hannah.
Grice, también de Boston. Su padre murió antes de 1800, y en ese añQl el testamento de su abuelo Samuel Bangs, padre, asignaba su propiedad a los menores Samuel y Harriet Bangs, que no llegaban a los catorce años e h.ijQs del
9
finado Samuel Bangs, vidriero; y nombraba como su tutor a Williarn Hawes. ·
El 10 de noviembre de 1801 fue nombrado un nuevo tutor para los dos niños,
~ E. W. WiNKLER, "The Texas Republican", Southwestern Historical Quaterly. VI,
162•165· VII 242-243; VI, 329-331. C. S. BRIGHAM, "Bibliography of American News•
papers" 'en P;oceedings of American Antiquarian Society, New Series, XXXV, 98.
6 MS. Notas sobre el primer impreso. Fotocopia, TxU.
7 Samuel Bangs, Saltillo, a José Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, 13 de ·
julio de 1822. Archivo Mier, TxU.
.
8 Life, Travels, and Opinions of Benjamin Lundy (Philadelphta, 1847), p. 154.
9 DEAN DunLEY, History and Genealogy of the Bags Family (Boston, 1896); Probate-:
Records of Suffolk County, XCVIII, 696.

442

de edad aún inferior_ a catorce años; y el 18 de agosto de 1806 fue designado
otro tutor _para H_arnet, pero no se mencionaba a Samuel. Por lo tanto él debe
haber nacido hacia 1798, de una familia prominente en la localidad.
Sus ~rimeros añ~s los habría pasado con su madre y hermana, pero antes de
su partida de Baltim~re, poco había visto de su familia inmediata. Después
que su m~dre contrajo segundas nupcias, se le dio comida y habitación durante los cmco años que sirvió como aprendiz de impresor en el taller de Thoma~ G. B~ngs. Cuando leyó que en Baltimore era solicitado un impresor, salió
ª. ~icha c1~dad, y fue allí donde en calidad de impresor se unió a la expedici_on de Mma, con destmo ª. México. 10 A partir de aquí es posible seguir el
hilo de s_us andanzas, estableciendo los mis prominentes individuos con quienes
t~vo amistad. Uno de ellos fue el Dr. Servando de Mier, fraile mexicano cuya
vi~a . Y andanzas. ~e~en _mucho de novelesco. 11 Después de ser expatriado de
M:x1co por ecles1ast1cos ignorantes y supersticiosos, perseguido en España, seculanzado por el Pap·a, y. casi muerto de hambre en Francia, buscó refugio en
Inglaterra, dond~ conoció a Francisco Xavier Mina, quien trabajaba entusiastame~te por la_h~ertad de México. Mier se unió a este proyecto con todo su
corazon y cons1gmeron una embarcación y material con que llevar a cabo su
empresa. Con. ello trajeron de Inglaterra una prensa portátil.12 Su primera
e_scala fue Baltimore, donde esperaban conseguir ayuda pecuniaria para adqui~Ir más material. Allí hicieron arreglos con Bangs, para que les sirviese como
1~preso~. En septiembre de 1816, la expedición se dio a la vela, con los jefes
bien satisfechos ~el apoyo y est~ulo recibidos. Después de varias experiencias,
puesto .que no siempre prevalec1a una armonía comp'leta entre estos apóstoles
de la hb~rtad, el grupo se detuvo en la isla de Galveston. Bangs imprimió allí /
un Manifiesto de mina, fechado en Galveston el 22 de febrero de 1817. Este
documento ha sido reproducido por Bustamante,1 3 quien dice que al reverso
aparece esta nota: "Impreso por Juan J. M. Laran y S. Bancs".
Hay otro_s testimonios documentales : sus propios impresos, por los cuales se
puede segmr desde este punto a Bangs por algún tiempo. El se hallaba en Ja
desembocadura del Río Grande el 12 de abril de 1817;" desembarcó en Soto
16

_Samuel Bangs. Solicitud de tierra, 1830. Original en Oficina General de Tierras.
Austm, Texas. Spanish grants, XXX, 200-230.
n J. E. GONZÁLEZ, Biografía del benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier
Noriega y Guerra (Monterrey, 1876) .
12
HERNÁNDEZ Y DÁVALOS, Documentos para la Historia de México (México, 18771882), VI, 847.
111
~ARLOS MARÍA DE BusTAMANTE, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana.
(México, 1823-1832, 6 vals.), IV (1826), Farte segunda de la tercera época, carta 16,
pp. 7-12.
H Reimpreso en Boletín l.

443

�j

la Marina en mayo de 1817, y celebró este acontec1m1ento imprimiendo un
canto patriótico en cinco estrofas, compuesto por Joaquín lnfante. 15 El colofón
de este efusivo y poético canto, dice: "Soto la Marina, 1817. Samuel Bangs,
impresor de la división auxiliar de la república mexicana". Imprimió asimismo
varios números de un Boletín, del que aún existen ejemplares. 16
Pero la poesía y el periodismo pronto serían desterrados de la mente de
Bangs, por consideraciones prácticas más apremiantes. Cuando Mina decidió
avanzar al interior de México con una parte de sus fuerzas, dejó a Bangs y a
Mier en Soto la Marina, donde pronto fueron capturados por Arredondo, jefe
realista de ese sector de México. Esta vez Bangs habría compartido la misma
suerte adjudicada a la mayor parte del grupo: inmediata ejecución, si Arredondo no se hubiera percatado de la utilidad de la prensa y de alguien que
supiera manejarla. A Mier le perdonó la vida porque Arredondo sabía el gran
respeto y alto concepto que se tenía de él, no sólo en México sino también en el
extranjero; no obstante, fue encadenado, montado sobre una mula y conducido
por tierra a la capital. Hasta 1822 supo Bangs que Mier, después de ordenarse
que fuera conducido a España, se había fugado en La Habana y estaba otra
vez en México. En una carta que Bangs le escribiera, le relataba sus propias
experiencias en estas palabras:
Sor. Dr. Dn. Servando Mier.
Saltillo Julio 13. 1822.
Yo me hayo bueno en esta Villa desde hace tres meses Que vine Con
el Comandte. Gral Ynterino Dn. Gaspar Lopez; pues ya sabrá VS. como
Arredondo se hizo de la imprenta cuando nos agarraron prisioneros y qe.
yo tube la dicha pr voluntad de Dios, por ser impresor, el libertar la vida,
exerciendo mi oficio en el Govierno con un sueldo tan mísero qe apenas
tenia qe subsistir; hasta a hora tengo el sueldo de 18 p. al mes; pero con
un tratamiento muy iniquo como si fuera prisionero sin acordarse estos
señores que espuse tambien mi vida por la libertad del Septentrion; aun
que en nuestro tiempo no se verifico.U
11

Canción patriótica. Original at Yale. Reimpreso por Bustamante, Cuadro Histórico,

IV, Carta 17, pp. 5-6.
18 Boletín I de la División Auxiliar de la República Mexicana. Soto la Marina, a 26
de abril de 1817. 3 pp. Yale. Museo Nacional de México. Reproducido en facsímil en
GENARO GARCÍA (editor), Documentos históricos mexicanos. .. (México, 1910-1912,
7 vals.), IV, García agrega la información de que fue impreso en una prensa portáta
de Samuel Bangs. Véase Introducción, p. XV.
11 Samuel Bangs, Saltillo, a Servando de Mier, 13 de julio de 1822. ALS. Archivo de
Mier. TxU.

444

Co~ la p_o~sión de más de cien documentos impresos por Bangs con fecha
antenor a Jubo de 1822, así como con carta mencionada, se echa por tierra
la teoría de Wagner en relación a que la prensa y el impresor fueron llevados
a Monterrey con la expedición Long. La prensa de Long fue inmediatamente
destruída por los realistas. 18 La prensa en que fue impreso el documento de
Galveston, fue una prensa inglesa que Mier y Mina llevaron a México 10
que Bangs había usado desde 1816 hasta 1822, año en que la usó en Saltill;
lugar a donde había sido cambiada la sede del gobierno de las Provincia;
Internas de Oriente. Bangs fue el impresor del documento de Monterrey de
1820, a que alude Wagner como el primer documento impreso en el suroeste.
Existen otras pruebas mediante las cuales Bangs puede ser seguido durante la década siguiente. En 1823 fue publicada en el órgano oficial en la
capital, una lista de contribuyentes voluntarios ( ?) para un fondo c~n que
se ayudaría al gobierno. Nada encontramos ahí, fuera de una nota de Saltillo
e~ que consta que "el impresor Samuel Bangs" donaría dos pesos de su salano mensual para la causa. 20 Evidentemente Samuel estaba todavía en Saltillo
Y seguía en su oficio. De este puntOI en adelante, por algún tiempo, la carrera
de Bangs aparece cubierta por una bruma de misterio. Pero algunas partidas
en la Memoria del Congreso de Coahuila y Texas, de 1830," nos dan nuevamente el derrotero de Bangs. En primero de enero de ese año hizo solicitud
ante el gobernador para ser admitido como ciudadano mexicano; su solicitud
fue aprobada el día 14; y, por decreto número 112, José Manuel Bangs fue
declarado ciudadano del estado de Coahuila y Texas." La aparente discrepancia en los nombres es aclarada por la posdata de la carta de Bano-s
a Mier'
o
en la cual él explica que cuando los mexicanos lo bautizaron en la Iglesia
Católica, le cambiaron el nombre a José Manuel, pero él siguió firmándose
Samuel para que Mier pudiera reconocerlo.
La explicación del repentino deseo de Bangs de adquirir ciudadanía mexicana Y algunos otros detalles de su vida, vino de un origen inesperado. En el
archivo de la Oficina General de Tierras, en Austin, Texas, aparece una
solicitud por concesión de seis leguas de tierra en el Colorado, firmada por
José Manuel Bangs en Saltillo, el 27 de enero de 1830." En este documento
Bangs relata que el 26 de septiembre de 1816 salió de Baltimore con Mina
y desembarcó en Soto la Marina en mayo de 1817. De esa fecha hasta 1821
18

Eli Harris a M. B. Lamar, 18 de enero de 1841, en Archivo de Lamar.
Afirmación de Mier ante la Inquisición: "Desembarcó Mina su imprenta portátil
que traía de Londres" (Hernández y Dávalos, VI, 807.
:1G La Gaceta de México, 20 de febrero de 1823.
21
Copia en TxU.
23
GAMMEL's, Laws of Coahuila and Texas.
u Spanish Grants, XXX, 200-230.
19

445

�perman~ció prisionero de Arredondo y era forzado a trabajar en la imprenta
del gobierno. En 1823, volvió a su tierra natal, pero regresó a México en
18
27, llevando una unprenta que instaló en Victoria y que después vendió al
gobierno d~ Tamauhpas; entonces se estableció en Saltillo con otra imprenta
que ~~stenorm~nte vendió al estado de Coahuila y Texas. Con esa prens~
trabajo de contmuo hasta 1830, pero como deseaba radicarse en Texas y dedicarse a la Agncultura, es por ello que solicitara la concesión de las mencionadas seis leguas de tierra en el Colorado.
Parte de esta aseveración es confirmada por otro escrito encontrado en
Boston. El 12 de mayo de 1824, Samuel Bangs, impresor vecino de Boston
solicita la partición o de~linde de un terreno al lado este de F'ort HiII, a la mitacÍ
d:l cual le fue reconocido el derecho de posesión. 24 En su carta a Mier dos
anos antes, había afirmado que tenía recursos de que echar mano.
'
~i se requirieran más datos para comprobar que Bangs era indudablemente
el impresor del gobierno, fácilmente se podrían obtener de los numerosos docu~entos que aún existen y que llevan su nombre como impresor. Muchos
de estos s~ e~cuentran en los archivos de Béjar; muchos otros, con sus hermosos Y limp10s legajos, se encuentran en el Archivo General de Méxic0 .2s
Bangs residió en Saltillo hasta fines de 1832, pues mediante el decreto 195
se le exceptuaba ~e ser comprendido en lo dispuesto por el decreto 183, por
ten:r familia ~a:1da en México. Este decreto 183, prohibía a personas no
nacidas en Mex1co, vender cualesquiera mercancías, excepto "por la mitad
o el total de una carga de mula". 2s

Par~ 1834, ya Bangs estaba de regreso en Tamaulipas, donde fue empleado
co".'? impresor del_gobierno en 1835, cuando Lundy hizo su viaje por esa
r~g.1on. Le acompan~ban su esposa, nativa de Virginia del Sur y dos hijos,
viviendo con comodidad, aunque no con abundancia, y disfrutando en alto
grado del aprecio y la confianza que les dispensaban los mexicanos. Cuando
Lundy trajo_~ Bangs una carta de presentación de un amigo de ambos, el
rab10so abolic1on~st_a fue cordialmente recibido por el bostoniano, y pronto
Lundy andaba p1d1endo ayuda para solicitar una concesión de tierras a fin
de establecer una colonia de negros libres y de esclavos fugitivos. Bangs'. desde
luego, se interesó, y debido a su influencia, la concesión fue hecha a nombre
de _Bangs, pero se dejó transcurrir algún tiempo antes de permitir a los empresanos traer a sus colonizadores.27
Pero antes de transcurrir un año las condiciones eran tales que Lundy juzgó
2
•

Land Records, Suffolk County, Massachusetts CCCXL 226.
.
'
'
En TxU; Archivo General de la Nación, Ciudad de México.
u Leyes de Coahuila y Texas, Decretos nos. 195 y 183.
21
BENJAMÍN LUNDY, Life, Travels an Opinions, pp. 154, 161 y 164.
u

446

inconveniente el mandar colonizadores, y Bangs optó por ausentarse de México. La revolución en Texas estorbaba sus planes y la muerte de la esposa
de Bangs le indujeron a retirar a sus hijos del peligro. Cuando estaba en Matamoros en camino a Nueva Orleans, en marzo de 1836, conoció a James Ogilvy,
un escocés que había estado activo por varios años en asuntos de tierras en
la región. Bangs le dio poder amplio y suficiente para llevar a cabo, como
;Su representante, las estipulaciones de la concesión original. 28
Puso Bangs a sus hijos en la escuela, en Kentucky, se casó con Carolina
.French y regresó a Texas. A fines de la primavera de 1838, se encontraba
,en Galveston, tratando de hacer valer sus derechos a las tierras que cubría
la concesión. Tenía títulos en regla para la legua adjunta al Colorado, p·ero
las notas de campo de las dos leguas concedidas junto al río Brazos carecían
,de la firma del agrimensor y el título no había sido registrado. La tierra cu.bierta por la concesión de Tamaulipas, ya no estaba en Tamaulipas, sino en
Texas, y el título no había sido revalidado por el gobierno de esa república
independiente. Como medida para asegurar dicho título, presentó demanda
-contra Sam Houston, presidente de Texas. 29
Se ocupaba también en la publicación de un prospecto del primer perió,dico de la ciudad, el Comercial lntelligencer, cuya segunda edición apareció
,el 27 de julio, anunciando que sería "publicado sernanariamente por Bangs,
-en nombre de los propietarios", y que John Evans era el editor. Uno de los
propietarios resultó ser un hombre sin escrúpulos y logró venderle a Bangs un
lote cuyo título era de dudosa autenticidad. Con el periódico en condiciones
precarias, Bangs recibió aviso de que su esposa venía en camino y ~ue esperaba que la fuera a encontrar en Nueva Orleans. Durante su estancia en esa
ciudad, el Jntelligencer expiró, y la demanda de Bangs contra Sam Houston
foe sobreseída.'° Ogilvy trataba de establecer la validez de esa concesión de
tierras, como lo testifica en detalle en su Diario.si
En enero de 1839, Ogilvy asienta que Bangs aún estaba en Nueva Orleans
esperando a su esposa, cuyo barco había zozobrado dos veces ~n el tray~cto.
En febrero, él asienta sus intentos infructuosos para consegmrle trabaJO a
Bangs en el Telegraph, de Houston. En marzo, dice que Bangs· estaba en Gal::s "Diary of Adolphus Sterne" in Soutwestern HiJtorical Quaterly, XXX. Este, en
realidad, era el diario de James Ogilvy, pero el editor no lo supo hasta después de
impresa la primera parte del manuscrito.
211 Harris County, 11th. Judicial District Court, Libro B, 28 de diciembre de 1838 .
.Bangs cont.:-a Houston.
~ [bid., libro B (8 y 12 de mayo de 1840), pp. 218, 284.
:n. El Diario de Ogilvy, en las fechas 12, 13, 20, 25, 28 y 29 de 1838; 8, 14, 18, 19,
21, 22 y 26 de enero; 8, 11, 22, 26, 27 de febrero; 5, 7, 14, I?, 19 Y 29 de marzo; Y
2, 6 y 7 de abril, indica los lugares donde andaba y las relaciones entre uno y otro.

447

�veston, donde ya había adquirido título de propiedad a un lote en dicho lugar
y otro en Houston.

Con Bangs vinieron a Texas sus dos cuñados, G.H. y H.R. French, ambos
periodistas, con quienes sus intereses estuvieron íntimamente ligados durante
varios años subsiguientes. En el curso del tiempo transcurrido entre la fecha
de su llegada y el 15 de abril, comenzó a publicarse "de la oficina del Sr.
Bangs", un diario. Inicialmente el editor era "Simple" John Gladwin, pero
después de su muerte, en octubre, el editor fue H.R. French, bajo cuya dirección siguió cuando menos hasta mayo de 1840. 33 En septiembre de ese mismo
año, apareció el San Luis Advocate, en el pequeño poblado de ese nombre,
en la isla de Galveston, con la inclusión de un artículo intitulado: uMina
and the three Hundred", y que apareció desde el 11 de noviembre de 1840
hasta el 5 de febrero de 1841; lo cual hace pensar que Bangs estaba de alguna manera asociado con ese periódico también. 34 Después de que el número
41 había sido impreso, el periódico fue cambiado a Galveston, '~a fin de
aumentar las facilidades de comunicación con cada sección de la república,
así como con naciones extranjeras"; y el nombre fue cambiado a Texas Times.
El 11 de marzo de 1843 G. H. French y G. L. Hamlin se hicieron cargo de su
publicación. 35
Probablemente Bangs no tenía gran interés en ese periódico, pues precisamente al morir el Advocate, aparece como publicista del Commercial Chronicle, del cual el cuarto número ya circulaba el 8 de septiembre de 1842."
De este periódico, que cambió su nombre al de lndependent Chronicle, Bangs
era el editor, impresor, publicista y propietario. En cuanto a táctica o plan de
acción, el periódico era enemigo de Houston, y por más de un año su editor
no cesaba de molestarlo, lo cual le caía muy mal a la prensa del gobierno.
Se lamentaba ésta de que el entusiasmo de Bangs no iba acompañado de la
discreción y sentido de propiedad, en consonancia con la posición que él había asumido. Sin embargo, todos mantenían una actitud benevolente en lo personal, porque, como dijo uno de ellos, no creían que llegara a causar ningún daño. 37
Es muy probable que el Chronicle no llegara a ser un gran éxito económico; de todas maneras, para noviembre de 1845, Bangs estaba publicando
otro periódico, el Doily Globe, del cual B. F. Neal, antiguo editor del Gal"Printing in Galveston", en Galveston City Directory, 1859, p. 89.
Austin C!'ty Gazette, 6 de mayo de 1840.
3-l En un manuscrito no firmado existente en la Dyer Collection, Rosemberg Library,
se afirma que Samuel Bangs trabajó "para Mr. Pincus, en el San Louis Times".
"The Texas Times, 23 de noviembre de 1842 y 11 de marzo de 1843.
36
The Redlander (San Augustine, Texas), 8 de septiembre de 1842.
31 Redlander, 7 de octubre de 1843; 13 de enero de I 844.
32

33

448

veston News, era el editor. Aparecía en una hoja pequeña, pero sus editoriales
merecieron comentarios favorables del editor del Telegraph. 38 Este periódico
no puede haber sobrevivido por mucho tiempo bajo la supervisión personal
de Bangs, pues el lo. de enero de 1846, vino a ser el publicista del primer
periódico de combate.
La llegada del Gral. Taylor con tropas de los Estados Unidos a Corpus
Christi, hizo que los ojos de Texas se dirigieran a esa región. Bangs pensó que
ahí se le presentaba una magnífica oportunidad para un periódico. Consiguió
la ayuda del Dr. George W. Fletcher como socio, y como editor la de José
de Alba, uno de los más importantes miembros de la colonia de habla española. El primer número apareció el lo. de enero de 1846, bajo el título de
Corpus Christi Ga.zette. No era un simple papelucho sino que constaba de
cuatro páginas de tamaño reglamentario. 30 El tipo era nuevo y de buena calidad. Grabados en madera adornaban los anuncios, y el conjunto revelaba
la mano de un impresor de experiencia, como indudablemente lo era Bangs.
Nada mejor para conocer el tipo de vida en Corpus a principios de 1846,
que el periódico la Ga.zette, de la época. En política, la actitud de este periódico era neutral.
Pero los días de prosperidad para Bangs en Corpus estaban contados. Por
dos meses la Gazette se vendió bien, pero pronto las tropas fueron trasladadas
al Río Grande. El 11 de marzo, los últimos contingentes iniciaban la marcha;
y pocos días después, el número 12 -y último- de la Gazette vio la luz.
Pero para entonces Bangs tenía ya otro proyecto en mente. Después de encontrar un nuevo socio, se cambió a Matamoros.
A principios de junio, se anunció que un nuevo periódico: el Río Grande
Herald, sería publicado en Matamoros, editado por Bangs, de la difunta Gazette y Gideon Lewis, editor del Galveston News. Nunca materializó el Herald,
pero en su lugar, el 24 de junio, apareció el Matamoros Reveille "º Este periódico era frecuentemente confundido con el St. Louis Rweille, del cual probablemente tomó su nombre; y apareció, al principio, como semisemanal, en
español y en inglés. La sección de español, sin embargo, fue pronto suspendida,
38

19 de noviembre de 1845.
Volumen I, No. 7 (12 de febrero de 1846), en la biblioteca de la Wisconsin Historical Society, Madison. Fotocopias, TxU; LMS. Un Extra del 8 de marzo, está en
TxU; No. 12 ( 19 de marzo) se halla en el Archivo de la Secretaría de la Defensa
Nacional, México, D. F.; fotostática del No. 14, LMS; y No. 14 (2 de abril de 1846)
en AA W, Worcester, Massachusetts. Otros ejemplares en la correspondencia del General Taylor. NA. Referencias del peri6dico pueden verse en el Texas Democrat, 6 de
mayo de 1846, y en el Daily Picayune, 6 de enero de 1846.
"° Daily Picayune, 14 de junio y 7 de julio de 1846, Volumen I, número 1, en la
biblioteca de la State Historical Society of Wisconsin. Fotocopias, TxU j LMS.
39

449
H29

�y en su lugar apareció otro periódico, todo en español, hecho en la misma
prensa y por publicistas mexicanos. Como resultado de un artículo inconveniente que apareció en el periódico extranjero, sus oficinas fueron clausuradas
en agosto, por orden del Gral. Taylor, y Bangs fue encarcelado." Luego que
salió libre, los editores del American Flag, ofrecieron comprarle la prensa,
dándole trabajo y permitiéndole hacer trabajos suyos en ella. La compraventa no se llevó a cabo sino hasta febrero de 1847," cuando la falta de papel
le obligó a cerrar sus oficinas por algún tiempo.
Atraído por la oferta de un terreno suficiente para una imprenta y un hogar
en Punta Isabel, que le hicieron creer que llegaría a ser un gran puerto, Bangs
vendió su propiedad en Galveston 43 y embarcó su prensa y sus muebles, el
barco que los llevaba zozobró y todo se perdió.
Mientras esperaba, logró construirse una casa, que luego tuvo que convertir en posada. Por algún tiempo este negocio le fue costeable, pero hubo de
clausurarlo cuando las últimas tropas estadounidenses fueron retiradas de México. Imposibilitado para ganarse la vida allí, después de extender las escrituras a nombre de su esposa, Bangs regresó a Kentucky, donde trabajó emp·eñosamente para ahorrar lo suficiente para trasladar a su esposa a su lado. Pero
no logró verla, porque el 31 de mayo de 1854 le sorprendió la muerte en
Georgetown. 44
No sólo fue Bangs un impresor capaz, sino que adiestró a muchos jóvenes
en el oficio. Introdujo el sistema de aprendizaje y mejoró el trabajo de los
obreros antiguos mediante su rígida dirección y mejoría de salarios. Durante
diez años fue el único importador y distribuidor de prensas en el norte de
México. Fue, por lo tanto, el creador de oportunidades para jóvenes impresores en lugares donde las posibilidades de una imprenta eran completamente
desconocidas.
Como impresor, Samuel Bangs merece, indudablemente, el calificativo de
pionero, además de haber sido el primer impresor en Texas, cuando era ésta
todavía una provincia española; fue, además, durante los siguientes cinco
años: el primer impresor de Tarnaulipas; primero en Nuevo León; y primero
en Coahuila, los tres estados colindantes con Texas. Durante la existencia del
estado mexicano llamado Coahuiltejas, él era el impresor oficial en la capital, Leona Vicario, y el editor del primer órgano oficial, la Gazeta Consti-

tucional de Coahuiltejas. Después sirvió al estado de Tamaulipas con el mismo
carácter, en Victoria, donde publicó su órgano oficial Atalaya, y una hoja
de noticias por su propia cuenta, El Telescopio. Durante los días de la República de Texas, publicó el primer periódico de Galveston, y, exceptuando un
corto lapso en que estuvo en Houston, donde publicó The Musquito, poseyó,
imprimió y publicó una serie casi continua de periódicos en Galveston. Al anexarse Texas a los Estados Unidos, estableció la Corpus Christi Gazette, el
periódico en inglés más al oeste del continente americano. Al estallar la guerra,
fue él uno de los primeros en establecer un periódico en inglés y español al
oeste del Río Grande.
Además de su gran categoría como impresor, Samuel Bangs fue un estadounidense de quien su patria debe sentirse orgullosa. Su espíritu emprendedor,
su valor, su habilidad para erguirse sobre el infortunio, el orgullo que cifraba
en la producción de su prensa, y la determinación de triunfar; todas estas
cualidades lo hacen una figura que merece reconocimiento. Cuando a esto
se agrega su contribución al progreso de la imprenta, sorprende el hecho de
que el nombre de Bangs haya permanecido en silencio en los anales de la historia de la imprenta por cerca de un siglo después de su muerte. En nuestros
días, para ninguna historia autorizada de la imprenta en Texas o en los estados vecinos al sur o al oeste, puede pasar inadvertido el nombre de Bangs
o su obra. Algún día deberá erigirse un monumento en honor de Samuel
Bangs, no sólo como el primer impresor de Texas, sino también como el pionero del suroeste.
Traducido por el
!Ne. SANTIAGO CERNA

Monterrey.

41
Daily Picayune, 6 de julio de 1846; Northern Standar {Clarksville, Texas), 5 de
septiembre de 1846.
ª New Orleans Weekly Delta, 22 de marzo de 1847, citando del Galveston News,
carta fechada en Corpus Christi el 2 de marzo de 184 7.
ª Galveston County. Index to Deed Records.
44
Georgetown {Kentuky) Herald, X, No. 13 (8 de junio de 1854), 3. Legajo de
la Kansas State Historical Society, en Topeka, Hansas.

450

451

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>PSICOLOGÍA DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA

Meumann expone las siguientes ideas: la creación del artista es por esencia
actividad creadora; sólo la puede comprender en su totalidad quien por sí
mismo sea capaz de crear; es una clase especial de actividad creadora: el artista no trabaja como el investigador científico, con conceptos abstractos, accesibles a fórmulas y a medios de comunicación comprensibles en general, sino
que produce sus creaciones con medios intuibles al material de un arte determinado.
Como en todo lo estético interviene siempre en ]a creación artística un momento puramente individual; el artista usa en su creación los medios generales de la memoria sensitiva, de la fantasía, de la reflexión, los procesos de
los movimientos para dar forma con la mano o con el lengua je, y todo esto
es objeto de investigación psicológica.
Wundt ha señalado la importancia de la inspiración artística, que ilumina
de repente al creador, cuando éste encuentra de repente la idea de su obra.
Dessoir ha examinado especialmente el aumento, lindante con la enfermedad,
de la actividad nerviosa del hombre genial. Guillermo Dilthey ha tratado de
encontrar semejanza entre la imaginación poética y la locura, aportando un
análisis especial de la fantasía poética. P. J. M6bius ha explicado que Schopenhauer, Nietzsche, Goethe y otros de dotes geniales, tienen disposiciones neurasténicas, defectos hereditarios y numerosos rasgos de enfermdad.
La actividad artística ha sido entendida: a) como imitación de la naturaleza; b) como actuación del instinto de juego; c) como expresión de afectos; d) como clase particular de presentar y formar.
El impulso artístico del hombre se considera pues como instinto de imitación, de juego, de expresión y de presentación.
La teoría de Freud ve en la actividad artística una descarga y una reacción
de los sentimientos.
La nueva Estética, corno la de Meumann, se inclina más bien por admitir que la actividad artística por sí misma consiste en presentar y formar,
no en imitación, ni en juego, ni en expresión de sentimientos.

142

Sección Segunda

LETRAS

�OCTAVIO PAZ: POETA DE LA SOLEDAD VIOLENTA
(Hacia un análisis e interpretación del poema Repaso Nocturno)

Lm.

EouARDO GUERRA CASTELLANOS

Universidad de Nuevo León

Sumario: l. Concepción teórica de la poesía.-II. Hacia un análisis del poema Repaso Nocturno.-!. La forma del vcrso.-2. Las formas lingüísticas y la interpretación.

J.

CONCEPCIÓN TEÓRICA DE LA POESÍA:

concepción teórica de la poesía de Octavio Paz, es necesario analizar un libro sumamente revelador: El Arco y la Lira. En este libro parte Octavio Paz de la afirmación de que lo poético es imposible de definir. Nos dice que, a pesar de todo, parece que el adjetivo poético ha perdido su
contenido. Sin embargo nos dice que esta vacuidad se debe a la pasividad con
que actúa junto al sustantivo que califica. Mas esta pasividad con que actúa junto al sustantivo así calificado entra dentro de una categoría especial.
Es decir "el adjetivo lo arranca de sus referencias habituales y lo enfrenta
1
consigo, con su propio ser, para que sea más plenamente".
Con esto intenta probar Paz que lo poético desdobla o desarraiga -para
decirlo junto con él- las palabras. Estas así, fuera de todo contexto, unificándose en su ser mismo, a:dquieren conocimiento de sí mismas. Es decir,
cuando lo poético actúa sobre las palabras, éstas se reducen a sí mismas y
adquieren la significación que el poeta intenta darles fuera de lo cotidiano.
Lo poético será) pues, esa corriente desdobladora, desarraigadora de las palabras que las convierte en sí mismas, como sacándolas del habla cotidiana.
¿ Pero cómo -nos preguntamos- lo poético puede desarraigar las palabras,

PARA PENETRAR EN LA

1 PAZ, pcTAVIO, El Arco y la Lira. la. edic. Edit. Fondo de Cultura Económica (Col.
Lengua y estudios Literarios), México, 1959, p. 11.

145
HIO

"-------

�para que éstas dejen de significar lo cotidiano? La respuesta parece ser sen•
cilla y sin embargo no lo es. Podríamos decir que lo poético desdobla las
palabras y las saca de su existir diario gracias a su calificación, tal como lo
afirma Octavio Paz. Pero no. Lo poético --ese halo impenetrable- tiene otras
corrientes para actuar como tal. No es que lo poético vuelva a las palabras su
primigenia significación, sino que el poeta, con su intuición, logra que éstas
se acomoden en el contexto de su creación que está más allá de toda lógica.
El poeta, en su creación, Hestá oprimido por una carga que debe dar a luz
para sentirse aliviado. O, para decirlo en otra forma, está obsesionado por
un demonio contra el cual se siente impotente, porque en sus primeras manifestaciones no tiene cara, ni nombre, ni nada; y las palabras, el poema que
2
compone, son una especie de exorcismo contra ese demonio".
Octavio Paz no entra más profundo dentro de la problemática que plantea.
Sólo nos dice que esa misma indeterminación que tiene lo poético, lo tiene -o
hereda, diría yo-- la poesía. Porque poesía significa cuanto el hombre quiera

darle de significado.
Nuestro autor afirma que esa pasividad de lo poético y de la poesía podría ser una muestra de la insuficiencia del lenguaje "si no fuera porque la
3
existencia misma de la poesía, y de su fruto: el poema, lo son de su riqueza".
Octavio Paz piensa que la poesía es unidad. Pero ésta es al mismo tiempo
multiplicidad. Y esto sin confundirlo con lo que él denomina poema.
Lo que crea un poeta es el poema. Porque "un poema es una obra":" Ahora bien, un poema no es una construcción métrica, en el sentido más amplio.
Puede haber poemas sin metro, pero también puede haber métrica sin poema. "Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía
erguida". 5 El poema es el instrumento aislador del fenómeno poético. "Sólo
en el poema la poesía se aísla y revela plenamente" .6 El poema es un yo que
recibe en su contexto lingüístico lo poético, y lo transforma, por la calidad
vivificadora de la lengua, en poesía. "Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o segrega poesía". 7
Así pues, nos dice Paz, es posible preguntarle al poema por el Ser de la
poesía. ¿Pero cómo hacerlo? Cada poema es una obra. Cada obra es creación del hombre. Cada creación del hombre es distinta. Así pues, ~s infinito
el número de unidades que dentro de sí comportan y segregan poesía. Se po: EuoT, T. S. Sobre la Poesía y los Poetas. Edit. Sur, Argentina, 1957, pp. 98-99.
3 PAZ, ÜCTAVIO. Op. cit., p. 12.
~ Ibid., p. 14.
' Ibid., pp. 14-15.
G [bid.
' !bid.

146

dría intentar hacer una clasificación, pero ésta sería así mismo infinita. "Cla~
sificar no es entender".ª
Siguiendo el contexto de El Arco y la Lira encontramos una crítica a las
disciplinas literarias. Cuando habla Paz de la estilística bien se ve que no ha
e_ntendido el método. Cierto es que se puede aplicar la metodología estilística a un poema verdadero como a un acto del habla cotidiana -tal como
lo dice Octavio Paz-; pero lo que diferencia un análisis de otro es que para
el poema se necesita tener, a través de la forma lingüística, una intuición igual
a la que el poeta intuyó.
Inmediatamente después pasa a analizar la técnica. "Cada poema es un
objeto único, creado por una técnica que muere en el momento mismo de la
creación". Octavio Paz no dice nada nuevo. Ya Eliot decía que el poeta de
pronto se siente con algo que germina dentro de él. No sabe qué es, pero tra•
ta de encontrarlo por medio de las palabras adecuadas en un preciso orden.
Ahora bien, cuando se tienen las palabras, la cosa para lo cual eran busca•
das ya se ha perdido porque es reemplazada por un poema.• Así pues, la técnica poética no ha sido escrita, ni se escribirá nunca. Porque la técnica es
la intuición creadora. La técnica poética no es artesanía sino arte, en el sen.
tido que le da a éste Benedetto Croce.
Enseguida pasa Octavio Paz a la definición del estilo.
"El estilo, nos dice, es el punto de partida de todo intento creador" ,1 º Si el
estil~ es el punto de partida, la realización de ese estilo estará en la lengua. Ahora bien, la lengua no puede expresar del todo lo que dentro de nosotros existe ·
.
'
~or tanto: ne;e~1ta algo más. Ese algo es también lingüístico, pero al mismo
tiempo ps1colog1co: la imagen.
La imagen es evocación de una realidad -real o ficticia- que hemos vivido.
,_Cómo s_e logra la imagen? Muy simple: A través de la intuición. Eso es lo poético. Y si la imagen se logra a través de la intuición, todas las artes serán poesía. "El artista es creador d~ imágenes: Poeta" .11

b

. Con imag,en el tiempo se detiene. Porque la palabra ha trascendido su propia s1gmf1cac10n para colocarse en el ámbito ideal: La poesía.
De tal manera que el poema se nos presenta como realidad posibk para todos los hombres. En unos casos creando y en otros recreando. Porque poesía es
comunicación y sobre todo participación de la Primera Intuición.

ª Ibid.
11
Cfr. EuoT, T. S. Op. cit., pp. 98-99.
10
PAZ, ÜCTAVIO. Op. cit., p. 17.
11
lbid., p. 24.

147

�11.

HACIA UN ANÁLISIS DEL POEMA "REPASO NOCTURNO"

Antes de iniciar el análisis del poema es necesario penetrar en la problemática que nos plantea su autor. Su poesía no es para todos. Es intelectual. Lejana.
Cerrada. Pero sin embargo deja entrever un gran sentido que corre ante nuestros ojos como un grito amargo, desesperado y solo. Ante todo solo. Sí, solo, porque Octavio Paz es el poeta de la soledad y el tiempo. Es el poeta de la reflexión violenta.
Y ¿ qué es la soledad y el tiempo para Octavio Paz? "Vivir -nos dice- es
separamos del que fuimos para internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el fondo último de la condición humana. EV hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. Su naturaleza -si es que se puede hablar de naturaleza al referirse al hombre, el ser
que, precisamente, se ha inventado a sí mismo al decirle 'no' a la naturalezaconsiste en un aspirar a realizarse en lo otro. El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. Por eso cada vez que se siente a sí mismo se siente con carencia
de otro, como soledad". 12 Así la soledad es lo que se siente cuando el hombre
reflexiona sobre sí. El tiempo entre tanto es el vivir o el separarnos del que fuimos para confundirnos en el que vamos a ser.
Así se piensa y nos piensa Octavio Paz. Para él, to::io es una lucha interior que
desarrollamos contra nosotros mismos.
El poema Repaso Nocturno que intentamos analizar no es sino una muestra
pequeña de ese mundo intuitivo que nos abre nuestro poeta.
"Toda la noche batalló con la noche,
ni vivo ni muerto,
a tientas penetrando en su substancia,
llenándose hasta el borde de sí mismo.
Primero fue el extenderse en lo oscuro,
hacerse inmenso en lo inmenso,
reposar en el centro insondable del reposo,
Fluia el tiempo, fluía el ser,
fluían en una sola corriente indivisible.
A zarpazos somnolientos _el agua caía y se levantaba,
se despeñaban alma y cuerpo, pensamiento y
huesos:
u PAZ, ÜCTAVIO. El Lab-erinto de la Soledad. 2a. edic. Edit. Fondo de Cultura Económica. (Col. Vida y Pensamiento de México), México, 1959, p. 175.

148

¿Pedía redención el tiempo,
pedía el agua erguirse, pedía verse,
vuelta transparente monumento de su caída?
Río arriba, donde lo no formado empieza,
al agua se desplomaba con los ojos cerrados.
Volvía el tiempo a su origen, manándose.
Allá, del otro lado, un fulgor le hizo señas.
Abrió los ojos, se encontró en la orilla:
ni vivo ni muerto,
al lado de su cuerpo abandonado.
Empezó el asedio de los signos,
la escritura de sangre de la estrella en el cielo,
las ondas concéntricas que levanta una frase
al caer y caer en la conciencia.
Ardió su frente cubierta de inscripciones,
santo y señas súbditos abrieron laberintos y espesuras,
cambiaron reflejos tácitos los cuatro .f1untos cardinales.
Su pensamiento mismo, entre los obeliscos derribado ,
fue piedra negra tatuada por el rayo.
Pero el sueño no vino.
¡ Ciega batalla de alusiones,
oscuro cuerpo a cuerpo con el tiempo sin cuerpo!
Cayó de rosto en rostro,
de año en año,
hasta el primer vagido:

humus de vida,
tierra que se destierra,
cuerpo que se desnace,
vivo para la muerte,
muerto para la vida.
(A ESTA HORA HAY MEDIADORES EN TODAS PARTES
HAY PUENTES INVISIBLES ENTRE EL DORMIR Y EL VELAR.
LOS DORMIDOS MUERDEN EL RACIMO DE" SU PROPIA FATIGA
EL RACIMO SOLAR DE LA RESURRECCION COTIDIANA·
'
LOS DESVELADOS TALLAN EL DIAMANTE QUE HA DE VENCER
A LA NOCHE;
AUN LOS QUE ESTAN SOLOS LLEVAN EN SI SU PAREJA
ENCARNIZADA,
EN CADA ESPEJO YACE UN DOBLE,

149

�UN ADVERSARIO QUE NOS REFLEJA Y NOS ABISMA;
EL FUEGO PRECIOSO OCULTO BAJO LA CAPA DE SEDA NEGRA,
EL VAMPIRO LADRON DOBLA LA ESQUINA Y DESAPARECE,
LIGERO,
ROBADO POR SU PROPIA LIGEREZA;
CON EL PESO DE SU ACTO A CUESTAS
SE PRECIPITA EN SU DORMIR SIN SUEÑO EL ASESINO ,
YA PARA SIEMPRE A SOLAS, SIN EL OTRO;
ABANDONADOS A LA CORRIENTE TODOPODEROSA,
FLOR DOBLE QUE BROTA DE UN TALLO UNICO,
LOS ENAMORADOS CIERRAN LOS OJOS EN LO ALTO DEL BESO:
LA NOCHE SE ABRE PARA ELLOS Y LES DEVUELVE LO PERDIDO,
LAS PALABRAS DORMIDAS EN LOS LABIOS DEL AGUA, EN
LA FRENTE DEL ARBOL, EN EL PECHO DEL MONTE,
EL VJNO NEGRO EN LA COPA HECHA DE UNA SOLA GOTA DE SOL,
LA VISION DOBLE, LA MARIPOSA FfJA POR UN INSTANTE
EN EL CENTRO DEL CIELO,
EN EL ALA DERECHA UN GRANO DE LUZ Y EN LA IZQUIERDA
UNO DE SOMBRA.
REPOSA LA CIUDAD EN LOS HOMBROS DEL OBRERO DORMIDO,
LA SEMILLA DEL CANTO SE ABRE EN LA FRENTE DEL POETA).

El escorpión ermitaño en la sombra se aguza.
j Noche en entredicho,
instante que balbucea y no acaba de decir lo que quie1e!
lSaldrá mañana el sol,
se anega el astro en su luz,
se ahoga en su cólera fija?
No preguntes más,
no hay nada que decir, nada tampoco que callar.
El pensamiento brilla, se apaga, vuelve,
idéntico a sí mismo se devora y engendra, se repite,
ni vivo ni muerto,
en torno siempre al ojo frío que lo piensa.
Volvió a su cuerpo, se metió en sí mismo.
Y el sol toc6 la frente del insomne,
brusca victoria de un espejo que no refleja ya
ninguna imagen" .13

l. La Forma del Verso:

El verso de este poema, como todos los de Octavio Paz, es plenamente irregular. Utiliza la nueva tendencia dentro de la poesía: el versolibrismo. Exu PAZ, ÜCTAVIO. La Estaci6n Violenta. la. edic. Edit. Fondo de Cultura EconÓ•
mica. (Col Letras Mexicanas) México, 1958, pp. 23•27. (Poema: Repaso Nocturno).

150

ternamente el poema presenta las siguientes características: siete estrofas, todas irregulares. La primera, tiene cuatro versos. La segunda, catorce. La tercera, trece. La cuarta tiene diez versos. La quinta, que aparece caracterizada
con una distinta tipografía, tiene veintisiete versos. La sexta, trece. La última, cuatro versos.
El verso libre de Octavio Paz es plenamente individual por su musicalidad.
Tiene un ritmo fuerte y bien marcado. Aunque aparentemente, en algunos
momentos, nos dé la impresión de quebrarse. Pero esto es explicable si nos
damos cuenta de la temática tan estrujante que nos presenta. No es, en realidad, el ritmo el que se quiebra sino la voz del alma de quien lee. Es el momento íntimo, violentado al máximo, el que nos hace romper la música interior del poema.

2. Las Formas Lingüisticas y la Jnterpretaci6n:
Lo que predomina en el poema Repaso Nocturno son los verbos. Los. instn1mentos indicadores del tiempo. Y predomina este elemento lingüístico porque Octavio Paz es el poeta del tiempo. De este tiempo presente que se nos;
escurre por las manos y nos lleva siempre hacia el futuro.
Inicia Octavio Paz su poema con el verbo introductorio que servirá de pauta: "T'oda la noche batal/6 con la noche". Ya nos habla de un tiempo pasado. Batall6. El verbo indicador de lucha está presente.
Luego continúa con penetrando y más allá: llenándose. Verbos, todos ellos,
de acción. El ser no mencionado aún lucha consigo mismo. Por eso penetra
en su substancia y se llena de sí mismo. Sin embargo, más importantes son
los verbos de la segunda estrofa. Sobre todo los que pertenecen al verso ocho
y nueve. Es este un verbo de movimiento en pretérito: fluía. Está repetido
por tres veces en dos versos. Y lo que fluía era el tiempo y el ser.
Todos los verbos de las primeras cuatro estrofas son pretéritos, pero al llegar a la quinta se nos convierten en presentes inmediatos.
La sexta y séptima estrofas vuelven a presentarnos un cambio: ahora los
verbos son futuros, pero por un momento, para luego convertirse en presentes y terminar en pretéritos.
Ese jugar con los tiempos verbales hace que el poema se nos convierta en
tiempo en sí. La actitud de nuestro poeta está plenamente de acuerdo con su
realización poética.
La primera estrofa nos presenta la problemática de Octavio Paz. Es un ser
-cualquiera que sea- que no está vivo, pero tampoco muerto. Es un ser en
búsqueda de sí. Por eso aquello de: "Penetrando en su substancia" y "Lle.
nándose hasta el borde de sí mismo". El ser se pregunta y al interrogarse se

151

�introduce dentro de su caparazón -substancia- y se llena como un cubo d~
sí mismo.
La lucha empieza. El adversario: él mismo. La segunda, tercera y cuarta estrofas nos narran ese combate.
Lo primero, nos dice Octavio Paz, fue ' 1el extenderse en lo oscuro, hacerse
inmenso en lo inmenso, reposar en el centro insondable del reposo". El ser se
refugia en su interior y para pensarse tiene que dormir. Pero este sueño no es
común, sino un sueño en donde se sueña despierto. Un sueño en donde tiempo y espacio no son las categorías dominantes. Un sueño donde el tiempo
vuelve a su origen. "Volvía el tiempo a su origen manándose".
De pronto el sueño-despierto se interrumpe por un fulgor que le habla, que
le hace señas. El ser, nos dice nuestro poeta, "abrió los ojos, se encontró en
la orilla: / ni vivo ni muerto, / al lado de su cuerpo abandonado". No es que
el ser se desprenda de su yo corporal para ensimismarse. Mas que se olvide
de él para convertirse en él mismo.
En esta separación irreal --o ¿ real, acaso?- surge el combate por volver
a sí, pero "el sueño no vino".
En la angustia violentada "cayó de rostro en rostro, / de año en año, hasta
el primer vagido": Es decir, en el sueño irreal el ser recordó su vida en
el mundo. Como en una especie de pantalla interior.
Pero de pronto todo se detiene. El mismo poema, al indicar un cambio tipográfico. Ya no es el ser narrado, sino el mismo poeta que se personifica en
el presente verbal y nos habla. Es un corte preciso. La quinta estrofa es la
más reveladora de la angustia por el tiempo presente. Aquí, Octavio Paz
nos muestra la lucha interior que realiza él mismo. ¿ Qué será el mañana?
Interrogante de todo ser en el mundo. Los dormidos muerden el racimo de su
propia fatiga, / el racimo solar de la resurrección cotidiana". Cada noche es
un morir. Entonces el morir es frecuente. El hombre teme a la muerte. Por
eso se interroga -mordiendo-- en la mañana de su propia conciencia. Ese
hombre que está solo, ese hombre núser, preguntándose por el futuro irreal,
lleva "en sí su pareja encarnizada". Esa pareja que está en la conciencia. O
en el espejo, porque "en cada espejo yace un doble, / un adversario que nos
refleja y nos abisma". Y vuelve al ser. La sexta estrofa es desgarran te. "El
escorpión ermitaño en la sombra se aguza". Es el prurito. Es el golpeteo
sordo dentro del miedo del hombre.
Y surge otra problemática. "¡ Noche en entredicho, / instante que balbucea
y no acaba de decir lo que quiere!" Sí. Todo el problema está patente. Durante todos los tiempos el poeta ha sufrido por no poder expresar su sentir
interno. Así Octavio Paz. El sabe a ciencia cierta que el habla poética podrá
aproximarse, más que cualquiera otra, a la expresión de la realidad interior
11

152

por medio de la intuición, pero, sin embargo, ni el habla poética llega a decir lo que el interior siente.
Por eso vuelve a la carga. "¿ Saldrá mañana el sol, ... " Mas "no preguntes más, / no hay nada que decir, nada tampoco que callar". Porque "el pensamiento brilla, se apaga, vuelve, / idéntico a sí mismo se devora y engendra,
se repite,/ ni vivo ni muerto, en torno siempre al ojo frío que lo piensa". Sí;
el pensamiento, el atributo de nuestro ser se repite en círculos concéntricos.
De pronto nos parece que se ha borrado. Pero la imagen vuelve a aparecer.
Causando siempre un mismo dolor. Un dolor de una herida que se vuelve a
abrir cada momento. El ser, el hombre, el dueño de ese pensamiento, es el
único culpable.
Pero ... El ser "volvió a su cuerpo, se metió en sí mismo". El viaje que no
había empezado aún estaba ya en su fin. Se ha realizado el mítico viaje del
héroe. Del hombre que ha roto el espejo -su propio espejo- tras ese insomnio y que de pronto pierde el deseo de lo Otro.
El ser ha regresado a sí mismo. Ha visto que no vale la pena vivir por buscar lo Otro desconocido. Por eso vuelve. Y no está "ni vivo ni muerto".
Para concluir basta decir que nuestro poeta se nos muestra tal como es. Como un poeta de la soledad violenta. Violenta en el sentido de que le gusta y
la siente, pero también en el sentido que le imprime al ser. Es decir, en el
sentido de que el ser está condenado a ese encerramiento o ensimismamiento
consigo mismo. A esa lucha que termina cuando aún no empieza y por último,
a ese romper el espejo de la conciencia -culpable o no-- para olvidarse, borrando por completo a eso Otro que camina con nosotros y se nos aparece
-acaso-- en los espejos. Para diluir a ese Yo que nos impide mirar sólo al presente inmediato, que nos arrastra hacia el futuro irreal y -¿por qué no?- in.alcanzable.

153

�ENSAYO SOBRE HORACIO, DE CORNEILLE
Lic.

MA. GuADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras. U. N. L.

Sumario: l. La Doctrina Clásica.-2. Finalidad principal del Clasicismo.-3. La tragedia: una pieza clásica.-4. La acción.-5. La composición.-6. La Intriga.-7.
El personaje trágico.-8. Los caracteres: (Las costumbres).-9. La presentación.10. El estilo.-11. El héroe corneliano.-12. Corneille, escritor clásico: Apuntes biográficos y bibliográficos.-13. Horacio: su obra principal.-14. Argumento.-15. Acto primero: Las últimas oportunidades de la paz. (3 escenas).-16. Acto segundo:
La designación de los combatientes. (8 escenas).-17. Acto tercero: El Combate.
(6 escenas).-18. Acto cuarto: El crimen de un vencedor. (3 escenas).-19. Acto
cinco: El desenlace. (3 escenas).-20. Apreciación de personajes.-21. Conclusión.

1. LA

DOCTRINA CLÁSICA

SE DICE QUE LA ERA CLÁSICA no es ni el siglo XVII ni el siglo de Luis XIV
sino que abarca solamente veinte años ( 1660-1680), en lo, cuales se dan los
más famosos escritores, tales como Moliere, Racine, Corneille, etc.
En esta época encontramos las principales obras de teatro. Sin embargo
para entonces había ya preceptos teóricos elaborados y el sistema de los
géneros. Los dramaturgos anteponían la inteligencia y el corazón a los nervios. No hay frialdad en sus obras clásicas sino que el sentimiento, el amor y
el ardor completan la razón. Tienen una disciplina muy bien s~guida.
Una de las finalidades del Clasicismo era el deseo de hacer obras eternas y
universales. Era necesario encontrar en ellas un bien, una verdad y una belleza eternas. Existen en las mismas, sentencias morales, una nueva pintura de los
vicios y las virtudes, la pena a las malas acciones y la recompensa a las virtudes, la purgación de las pasiones a través de la piedad, etc.
Asimismo, la pieza clásica estaba dividida en dos tipos de partes: las de
extensión o cantidad: prólogo, episodio, éxodo y coro; y las integrantes: el su-

155

�jeto, las costumbres, los sentimientos, la dicción, la música y las d~coraciones
teatrales. De todas estas partes sólo el sujeto depende propiamente del Arte
Poético de Aristóteles, las demás de otro tipo de arte: las costumbres de la
~foral, los sentimientos de la Retórica, la dicción de la Gramática, etc. Sin
embargo, tanto la tragedia como la. comedia exigían de la acción que fuese de
una justa extensión: Ni tan pequeña que escapase a lo común ni tan grande
que confundiera la memoria del auditor o hiciera perderlo en la imaginación.

2.

FINALIDAD PRINCIPAL DEL CLASICISMO

Podemos decir que la finalidad principal del Clasicismo no era ni el agradar
ni el predicar. Era sobre todo moralizar al pueblo. El Clasicismo quería instruir divirtiendo, a través; de las piezas teatrales. Así, era necesario presentar la
lección con encanto y adorno literario.
El Clasicismo seguía el principio de la concepción del hombre doble: No
es solamente cuerpo sino también espíritu. Luego todo el drama viene de esta unión de naturalezas: "grande con Dios, impotente sin El", decía Pascal.
Hay siempre la lucha entre el Bien y el Mal.
Había en la técnica clásica la teoría de la economía y de la política.
Para encontrar la economía se requería la claridad que permite un análisis del pensamiento y la finura artística de la frase.
De esta manera una regla de estilo era aquella de decir la mayor de las cosas
posibles en pocas palabras. Era necesario no decir nada inútil. Es una literatura de discreción donde hay un poder de sugestión. En resumen: claridad,
precisión, discreción y economía son las fórmulas mejores que definen el

El acontecimiento histórico debía efectuarse en un día, en un máximo
de treinta horas y en un lugar que no debía sobrepasar tres sitios diferentes
de una misma ciudad.
La acción debía ser patética. Es decir, era necesario crear la piedad y la
admiración del espectador hacia los actores, evitando mostrar los vicios felices. El héroe debía ser la imagen del hombre ni muy bueno ni muy malo.
Se dice que la Estética tiene una belleza eterna y esta belleza se debía encontrar en la pieza clásica, conforme al postulado de la admiración general.
Una obra clásica, "chef-d'oeuvre", resiste al tiempo, como la Eneida, El Cid,
Horacio mismo, etc. Pero es necesario también respetar la distinción absoluta de los géneros y de las conveniencias al asunto, al público y a las costumbres.
Entonces, según el caso, estas exigencias refuerzan las reglas técnicas.

4.

LA ACCIÓN

La acción en la pieza clásica debe ser una sola. Lo que se llama unidad de
obstáculo en la comedia y la unidad de peligro en la tragedia. Se requería
una sola crisis que comenzara lo más tarde posible y terminara lo más rápido
alrededor del acontecimiento principal. El desarrollo de la acc10n como de,
'
ciamos, debe efectuarse en un límite de algunas horas. De aquí que el héroe
debía permanecer en una dete1minada edad más o menos la misma.
Mas la acción debía respetar dos principios: la verosimilitud y lo necesario.

Clasicismo.

5.

3.

LA TRAGEDIA: UNA PIEZA CL~SICA

¿ Qué es la tragedia?
La tragedia es una pieza en versos alejandrinos en cmco actos, con pocos

personajes.
4.

LA COMPOSICIÓN

LA REGLA DE LAS TRES UNIDADES

_En el primer acto, es decir, el de la exposición, se nos debe poner al corriente de los acontecimientos necesarios para conocer bien todo lo que va
a acontecer. En los actos siguientes -II, III y IV- se deben desarrollar las
posibilidades anunciadas en la exposición, seguir el conflicto central y acelerar poco a poco el curso de la acción para preparar el desenlace.
Y el acto cinco debe terminar después de la catástrofe y exponer &lt;tl espectador la suerte de todos los personajes.

Esta "regla de las tres unidades" -unidad de tiempo, de lugar y de acción- era la fundamentación de la dramaturgia clásica.

156

157

�6.

La intriga la constituyen algunos acontecimientos destinados a probar las vir-

tudes de decisión del héroe.

7.

10. EL

LA INTRIGA

El estilo de la obra clásica debe ser siempre claro, ya que el espectador debe
comprender bien los diversos acontecimientos expuestos.

11. EL

EL PERSONAJE TRÁGICO

¿Quién es el personaje trágico?
El personaje trágico debe ser ilustre -un rey, un príncipe-, lo que autoriza la dignidad trágica.
En la tragedia clásica el tema del amor es insuficiente. Es necesaria una gran

ESTILO

HÉROE CORNELIANO

El héroe comeliano sabe escoger su deber gracias a la claridad de conciencia

que él se impone y a la voluntad de hacer lo que él quiere, según nosotros lo
podremos constatar en Horacio, la pieza estudiada.

La voluntad del héroe es guiada por su razón, imponiendo el control de

pasión -la ambición, el apetito de venganza, etc.- para hacer de la misma
pieza la sublimidad del héroe.

!as pasiones.
Este heroísmo comeliano es un método de trabajo que el autor se impone
a sí mismo.

Asimismo, la historia autoriza, muchas veces, poner en escena las acciones de
algunos personajes históricos a pesar de las diversas interpretaciones de los es-

El siglo clásico gustaba de las disertaciones políticas, del espíritu romano y
de la psicología de los personajes de la más alta categoría.

pectadores.
Lo que debe permanecer bien observado en el "efecto" del tema tomado y

12.

puesto en escena.

En fin, el sujeto-héroe debe llenar una acción. Se requiere para ello una

CORNEILLE, ESCRITOR CLÁSICO:

APUNTES BIOGRÁFICOS Y BIBLIOGRÁFICOS

cierta amplitud y una compresión de intensidad del acontecimiento.

Pierre Corneille nació en Rouen el 6 de junio de 1606. Fue descendiente
8.

de una familia de magistrados normandos: "famille de robe". Hizo sus esLos CARACTERES:

(LAS COSTUMBRES)

tudios clásicos con éxito -de latín y de español- en un colegio de jesuitas
en su ciudad natal. Posteriormente siguió la carrera de Licenciado en Derecho

Las costumbres deben ser buenas, convenientes, según la edad, la dignidad,
el nacimiento y el país del personaje, conformes a la época histórica de la
acción que se desarrolla durante toda la pieza.

9.

LA PRESENTACIÓN

La presentación de la pieza teatral no debe tener muchos accesorios materiales. Nada de decoración suntuosa.
Los espectáculos sangrantes o espantosos no se deben situar sobre la escena

sino detrás del telón. Ellos sólo deben ser evocados.

y en 1624 ocupó un cargo de abogado en la Mesa de Mármol de Rouen
b .
,

tra aJo que conservó hasta 1650, aunque no litigaba mucho. Fue, asimismo,

poeta y dramaturgo.
Hacia 1624 trabó amistad con una provinciana guapa, Mlle. Milet, quien
le inspiró la idea de su primer comedia: Mélite, que se presentó con todo
éxito en París en 1629, a pesar de la crítica sobre la simplicidad del plan y la
naturalidad del estilo. Este éxito sirvió a Corneille para que continuase con
sus obras: Clitandre -tragi-comedia- 1632, La Viuda -1633-, La Galería del Palacio -1633-, La Plaza Real -1634--, etc., etc., que tuvieron
un gran éxito.
Todas estas comedias y trági-comedias tenían una característica específica:

abandonaban el estilo artificial y el lenguaje grosero de las farsas para poner
en escena la conversación de una clase social distinguida. Esto le sirvió a
159

158

�Comeille para ser presentado a Richelieu, a quien le gustaba la literatura y
que se rodeaba de escritores, a los que les daba un plan de trabajo para
sus obras. Así pues, Comeille fue elegido para formar parte de esa Sociedad
de Escritores entre los que se contaba a Rotrou, Boisrobert, Colletet, etc.,
pero duró poco tiempo con este tipo de disciplina, por su espíritu independiente. Entonces Corneille regresó a Rouen hacia 1635, y allí puso en
escena su primer tragedia Medea; luego, La Ilusión Cómica -1635-, tragicomedia. Poco después -1636--, El Cid, obra con la que llegó al cenit de
su carrera literaria. Fue uno de los primeros y mejores dramaturgos de su
época. Con esta obra conquistó París y las provincias. Él dominó, con su
genio, la literatura de la primera mitad del siglo XVII -el siglo clásico
francés-. También se le considera como el creador de un universo heroico
desconocido hasta entonces, dentro de la dramaturgia.
La tragedia fue un tipo de las obras teatrales que más cultivó Comeille,
dándole una manera personal en su presentación: concibió una acción heroica
rodeada de personajes cuya finalidad principal e ideal era el triunfo de la
voluntad sobre el instinto.
Desde 1636 a 1652, Corneille continuó con una serie de nuevas obras teatrales, tales como Horacio y Cinna -1640---, Polyeucte -1643-, Pompée
-1644--: tragedias; El Mentiroso -comedia-, también en 1644; Rodogune
-1646-, que obtuvo un éxito enorme; Heraclius -1647-: tragedias, etc.
En este año entró a la Academia Francesa.
Todo el éxito de estas obras, sin embargo, se vio opacado con el fracaso de
Pertharite. Entonces Pierre Corneille renunció al teatro y por siete años se
retiró a Rouen, en donde se dedicó a su familia. Hacia 1640 había casado y
tuvo seis hijos. En esa época tradujo al francés La Jmitaci6n de Cristo de
Kempis. Se dice que la noche de sus bodas estuvo enfermo de neumonía y
se divulgó la noticia de su muerte, dando ocasión a que un poeta, Ménage,
hiciera una elegíai en honor del difunto -el supuesto Corneille-.
Sin embargo, hacia 1658, a instancias del señor Fouquet, Corneille volvió
al teatro. Hay que anotar que según La Bruyere, Corneille no era amable ni
seductor. Su carácter tímido, conversación poco alegre, un tanto negligente
para consigo mismo. Se cuenta que sus familiares cuando le hacían notar sus
defectos, él les contestaba que él, por eso, no era menos que Pierre Corneille.
Escribió en 1659 Edipo, pieza que tuvo un gran éxito. Después, en 1662,
Sertorius, que también fue bien acogida por el público, mas hacia 1663 comenzó su decadencia. Es la época dolorosa de su vida. Entonces surgió Racine
con su obra Andr6maca -1667-, y Moliere con Las Preciosas Ridículas
-1659-, Tartufo -1664-69-, obras que irremediablemente apuntaron el
declive de Corneille, quien sufrió la indiferencia del público.

Los ú!timos diez años de su vida fueron aún más tristes con penas familiares.
muerte
de . ,d os d e sus h"IJOS y problemas pecuniarios. El 10 de noviembre de·
1
683 vend10 su casa en Rouen y se fue a vivir a París, en donde murió el lo
!::~tu:;e d~ 1~~4 a los 78 años de edad; Fue enterrado en la Iglesia de Sain;
. . dec1a ,q_ue sus fuerzas d1smmman poco a poco que el último año
de su vida su esp1ntu se resentía de haber producido tanto~ por tanto tiempo".

13.

HoRACIO:

SU OBRA PRINCIPAL

Una de_Ias mejores obras de Comeille, Horacio, puede ser la mejor la hemos escogido para el p resen t e ensayo. H orac10
. es un simple
.
re! t h'' , .
Es
b d' 'd'd
a o IStonco.
una o ra _1v1 I a en cinco actos en los cuales el espectador está ansioso
d eI resultado fmal.

14.

ARGUMENTO

Según Tito Livio, en tiempo de Tulio Hostilio, Alba y Roma combatían
~or la pr~mme~cia del_ ~oder, pero, al fin, tuvieron un acuerdo para poner
fm a las d1scord1as. Dec1d1eron confiar su suerte a la lucha de tres campeones
guer~eros de cada bando: tres Horacios y tres Curiacios. Mas la tragedia estaba
P1:~1sament~ en ~sta lucha puesto que había un matrimonio entr~ las fam1has en d1scord1a: Horacio, ~aballero romano, había casado con Sabina,
d_a~a alba~a, hermana de Cunacio. Asimismo, había allí un noviazgo. Cu
naCio, gen!Il-hombre de Alba, era novio de Camil!e herman d H . . H
·
e · ·
,
a e orac10
orac1~ y ur1ac10 aceptaban sin discutir el deber que les impone la patr· .
p_er~ mientras q~e H~racio tiende a obtener un heroísmo extraordinario,
nac~~' en ca~bto, estima la situación cruel. Para Horacio, la piedad es una
~eb1h~a_d_, mientras que para Curiacio, la ausencia de piedad
msens1b1hdad.
es una clase de

e:'.

Curiacio dice :
J'ai pitié de moi mfme, et jette un oeil d'envie
Sur ceux dont notre guerre a consumé la vie . . -~

;::~~L:~

1
tengoCo

H ;ra~e. Clásic?s Ilustrad~s . Vaubourdolle. Librairie Hachette. ("Yo

'd ,, )

nu mismo Y miro con env1d1a a quienes nuestra guerra ha quitado la

Vl

a

, p. 36.

161
160
Hll

�Mientras que Horacio dice a su vez:

Rome a choisi mon bras&gt; je n'examine rien ...
2
Albe vous a nommé, je ne vous connais plus.
En la obra, el combate de los guerreros se lleva a cabo, a pesar de la angustia de las damas. En principio, dos Horacios son muertos y tres Curiacios
son heridos. Entonces, el último Horacio --esposo de Sabina-, viendo a sus
dos hermanos muertos, emprende la huída, mas, de pronto, regresa a la lucha
contra los hermanos heridos, a los que mata uno por uno. De esta manera, el
triunfo es de él y de Roma. Luego, se dirige a su casa en donde le cuenta lo
sucedido a su hermana Camille, quien desesperada al saber la muerte de su
amado por manos de su hermano, le maldice, y Horacio indignado, la mata.
Entonces, Horacio es condenado a muerte por los jueces de Tulio Hostilio.
Está a punto de morir, pero el viejo Horacio, su padre, pronuncia un discurso
en favor de su hijo, por el cual es absuelto.
De este relato, Comeille hace el drama. Inventa el personaje de Sabina,
hermana de los Curiacios y esposa de Horacio, reforzando, de esta manera,
la unión de las familias en lucha y creando una de las más espantosas situaciones.
Los cuatro primeros actos son de una ansiedad para el público, llevados
hábilmente, relatando las peripecias del combate fratricida, dándonos un
final de la obra, magnifico.
El viejo Horacio creía, en un momento, que su hijo había abandonado la
lucha con la huída, lo que le había decepcionado; sin embargo, cuando Julia
le cuenta que su hijo había vuelto de nuevo al campo de combate y matado
a los Curiacios uno por uno, cambia por completo la situación y es entonces
cuando el héroe comeliano, Horacio, toma su verdadero valor.
De esta manera la rivalidad de dos pueblos, Alba y Roma, se concretiza en
la lucha de dos pasiones: el amor y el patriotismo, triunfando, esta vez, este
último.
El quinto acto es el dedicado a los jueces y al juicio, acto un tanto frío y
monótono, mas indispensable: el héroe Horacio que ha matado a su hermana
es absuelto por el jurado, consagrando así el amor de la patria sobre el de la
familia, solución ésta que dio lugar a controversias.
La primera representación de Horacio fue en Roma en 1640, y fue acogida favorablemente por el público de su tiempo. Conserva la regla de las
tres unidades: La acción es en Roma en una sala de la casa de Horacio, se

en un tiemp 0 d e vem
· ficuatro h oras, en la pieza teatral, unidad esta
údesarrolla
.
hlt,ma ~u: no se apega completamente a la verdadera historia, pero Comeille
a Lo
camh,ia o un poco la. reahdad
. para conservar la un,·dad d rama't'1ca.
s
eroes
de
Corne,lle
se
dIStinguen
por su voluntad ,·nflex,'ble puesta a 1
.. d ¡
·
serv1c1~ . e as pasiones más altas, tales como el honor y el deber 'C b t
las deb,hdades del sentimiento para obedecer las órdenes d l l . .
a en
estoicos, permanecen humanos por el entusias
I e a ~ ona. unque
f · •
mo que es amma o por el
su nm1ento que les causa el cumplimiento del deber.

o:

to!~;st~o de, ~ornei:le es ~ra~ori~, desprovisto de lo pintoresco. Los versos
s n max1mas, as anhtes1s tienen una fuerza que se i'mpo ne a l esp1ntu.
, . '

15. Acrn

PRIMERO:

LAS ÚLTIMAS OPORTUNIDADES DE LA PAZ.

(3

ESCENAS)

En este acto Sabina h
d C . .
un caballero r~man
' en:1ana e . una~~º y esposa de Horacio, hijo de
tonces Alba R o, se qbueia de su Situac10n con Julia, su confidente. En· no quena
, la lucha entre
las do' · d Y
d orna esta an en guerra y Sab ma
, s_ cm .ª es, ya que ella se sentía tanto albana como romana Ella
sent1a mdec1sa de sus sentimientos: "Le trouble d
.
se
sur mes Iarmes". 3
e mon coeur ne peut ríen
Confiesa que de todas maneras, si la gloria era para una u otra
ella daría sus lágrimas a los vencidos y su od,·o a los vencedores. ciudad,
Ret
Rorna que debe respetar a Alba, su madre.
a a
Camille
· es novia
. de Curiacio. Ella también confía
. ' hermana
. ., d e H orac10,
a Juha su s~tuac1on amorosa. Tampoco quiere la guerra sino a su novio.
Entonces Julia le aconseja que ame a Valerio, caballero romano a
,
la amaba, y, de esta manera, ella no tendría ningún problema.
leq~~cee:l

Asf

. . .Oubliez Curiace, et recevez ValCre
Vous ne temblez plus pour le parti ,;ntraire.4
Mas ~amille no le hace caso. Le replica que ella tiene un amor
puro hacia Curiacio, quien le ha ofrecido desposarse con ella
bastante
Así pues, las dos damas, Sabina y Camille, están angustiad~.
Al fm del acto, Curiacio llega anunciándoles una nueva·. que las dificultades
a Opus cit. ("La confusión de mi corazón no
d
d
.
Opus cit (" 01 .d
C . .
. pue e na a sobre mis lágrimas") p. 19.
.
.
. . . v1 a a ur1ac10, y recibe a Valerio Tú
,
eI partido contrario"), p. 23.
·
no temblarás más por
4

~ Opus cit. ("Roma ha escogido mi brazo, yo no examino nada ..." "Alba os ha
nombrado, yo no os conozco más", p. 36.

162

163

�· d a d es se 1"ban a arreglar por un combate entre tres campeones
entre las d os cm
guerreros escogidos de cada bando.

16.

ACTO SEGUNDO:

LA

DESIGNACIÓN DE LOS COMBATIENTES.

(8

ESCENAS)

En este acto, Horacio y sus dos hermanos son escogidos por _los romanos para
el combate. Asimismo, Curiacio y sus dos hermanos son designados para de~
fender la causa de Alba.
Horacio piensa que la elección para batirse ha sido mala, que Roma espera
mucho más de él y Curiacio también teme por haber sido elegido para lu~~ar
por Alba. Opina que hay algo de inhumano en la batalla entre las fa1_1uhas
puesto que un Horacio era el marido de su hermana y él era el nov10 de

Camille escucha pero no queda conforme.
Sabina, a su vez, quiere morir. Ella desea que uno de los guerreros la mate
y que el otro la vengue, y, así, el combate no tendría nada de extraño, ya
que, según ella, habría una razón.
Horacio, luego, hablando con su esposa, le suplica que le permita terminar
sus últimos días con gloria y honor. Que él quiere poder conducirse como un
verdadero guerrero romano. Él realmente la ama.
Sabina, entretanto, desesperada, impreca a su marido y a su hermano porque van al combate y les llama tigres:
Tigres, allez combattre, et nous, allons mourir. 8
Mas, al fin del acto, el viejo Horacio invita a las damas Sabina y Camille a
cumplir con su deber.

una hermana de Horacio.
Horacio, sin embargo, está contento de luchar por Roma. Es u~ verda.
·
·
teme no conocer bien a los
clero guerrero que qmere
monr
por su pat na
Y
Curiacios para hacer mejor la batalla.
.
Los caracteres de los soldados están muy bien delineados en este pasaje.

Horacio, antes de irse a la lucha, aconseja a su hermana, Camille, que reciba
bien a Curiacio, si es vencedor:
Ne le recevez point en meurtrieur d'un frefe,
5
Mais un homme d'honneur qui fait ce qu'l doit faire.

y le recomienda, también, que no le reproche nada a él, si él obtiene la
victoria:
Faites

a ma victoire un pareil traitement.

Allez, ne m'aimez plus, ne versez plus de larmes.

ACTO TERCERO:

EL

COMBATE.

(6

ESCENAS)

Después de algunos rumores se sabe que los dos bandos emprenderían la
lucha.
Sabina piensa que es necesario cesar de compartir inútiles preocupaciones.
Cambia un tanto sus sentimientos, cuando se da cuenta de que los Curiacios y
los Horacios se encuentran ya en el combate. Entonces ya no teme ni la lucha
ni la muerte sino solamente la pérdida posible de Horacio, su esposo. Mas
Camille está completamente indiferente.
En esto, el viejo Horacio llega con las damas y les da una triste noticia:
que el combate ha comenzado:

6

Vos fr6res sont aux mains, les dieux ainsi l'ordonnent. 9

.
d e Cam1"lle • Le dice que es necesario ir
Después, Curiacio va a d esped irse
al combate y que ella no le debe amar más:

0

17.

1

Les dice que teme por Alba, que será reducida a la nada.
Mas, luego, se da cuenta de que dos Horacios han sido muertos y que los tres
Curiacios están heridos y que el último Horacio se ha alejado del combate.
Esto le hace ponerse colérico, al pensar que su hijo ha traicionado al Estado.

de un hermano
Op1ts cit. ("No 1e rec1"bas en eJ roomento preciso como asesino

¡ sino como un hombre de honor/ que hace lo que debe hacer"), P· 37.
Opus cit. ("Haz a mi victoria un tratamiento semejante"), P· 37.

8

1
Opus cit. ("Ve, no me ames más, no derrames más lágrimas ' ) , p. 39.

ª

1

164

Opus cit. ("Tigres, id a combatir, y nosotros vamos a morir"), p. 43.
Opus cit. ("Vuestros hermanos han ido a las manos, los dioses así lo ord enan"), p. 51.

165

�18.

ACTO CUARTO: EL CRIMEN DE UN VENCEDOR,

El romano Valerio había hecho saber al
h" Horacio y que por lo mismo debía ser
~~~ar a los tres Curiacios heridos, quienes
el combate había terminado y que habían

(7

ESCENAS)

vieJO Horacio de!ª huí,da d~-~u
castigado, ya que el hab1a po , o
se habían separado c~eye~d~ q~e
querido seguir la luc a Slgmen o

a Horacio.
. .
·
b'
Poco después, Valerio se da cuenta de que el v1eJ_~ Horac10 no sa ta
todavía la otra mitad de la historia: el triunfo de su h1¡0 y de Roma sob~e
Alba. Entonces, le explica que Horacio había vuelto a la lucha y que habia
matado a }os tres Curiacios.
..
Al saber esto, el viejo Horacio se siente orgulloso de su h1Jo:
O mon fils! o ma joie! o l'honneur de nos jours! io
Poco después, el viejo Horacio habla con Camille y _con Sabina parn darles
la noticia: la muerte de dos Horacios, y la de los Cunac10s por Horac10.
Horado, una vez terminado el combate, va a su casa. Se ~ncuentra ,con su
hermana Camille, a la que le cuenta lo sucedido, y del :rmnfo de el y de
Roma, pero Camille, desesperada por la muerte d_e su no~10, ~e 1mpreca, lla~
mándole bárbaro, y le pide le devuelva a su Curiac10, a qmen solo ella amaba.

Después, Horacio va con Sabina, su esposa, a quien amaba, mas el deber
era más fuerte que su amor. Le suplica que eleve sus sentimientos, que él conocía el dolor que la embargaba; pero que era necesario participar de su gloria
y le dice adiós.
De esta manera la victoria fue de Horacio y de Roma, quedando sujeta a
ésta, Alba.

19.

ACTO CINCO. EL DESENLACE (TRES ESCENAS)

Después de la victoria, Horacio va a ser juzgado por la muerte &lt;le su hermana. Valerio demanda su cabeza.
El viejo Horacio no puede estar en contra de su hijo: le dice que él mismo podía evitar su vergüenza.
Entonces, el Rey Tulio se presenta al juicio. Le dice al viejo Horacio que
ha tenido noticias de la muerte de su hija única, Camille, y le ofrece justicia.
Entretanto, Valerio, aún enamorado de Camille, pide de nuevo la cabeza
de Horacio, pero el viejo Horacio le defiende ante el pueblo romano.
Un poco más tarde, Sabina llega. Le pide al Rey que perdone a Horacio,
y, a cambio, que ella muera. Mas el acusado justifica su acto dando razones
patrióticas y el Rey le absuelve. Luego ordena una ceremonia expiatoria que
lavará el crimen del héroe: Manda que los dos cadáveres sean exhumados
en una tumba:

Je l'adorais vivant, et je le pleure mort.n
Luego Camille reniega de su hermano y de Roma y quiere que Roma sea
destruid~ como ha muerto su amado. Ella pone por encima el amor humano
al de la patria. Así dice:

Que cent peuples unis des bouts de l'univers
Passent pour la détruire et les monts et les mers!12

Je veux qu'un meme jour, témoin de leurs deux morts,
En un meme tombeau voie enfermer leurs corps. 1s
En esta forma termina el acto cinco y el desenlace de la obra teatral.

20.

APRECIACIÓN DE PERSONAJES

Entonces, Horacio indignado por las imprecaciones de su hermana cont::
l mata El dice que su hermana era un monstruo q
él y contra R orna, a
·
·
d
era necesario ahogar naciendo, ya que había renegado de su patna y e su

Horacio, el héroe, está nutrido de ideas nuevas. Está dispuesto, completamente, a hacer todo por el Estado, cerrado a cualquier otro sentimiento humano, llegando hasta el crimen su amor por la patria.

familia.

Camille, el personaje femenino más bien dibujado, es una mujer amorosa.
Antepone el amor humano al del Estado. En el fondo se parece a su herma-

ui
ll

1'

Opus cit. ("¡ Oh mi hijo! ¡ Oh mi alegría! ¡ Oh el honor de nuestros días!") p. 60.
Opus cit. ("Yo lo adoraba vivo, y yo le lloro muerto") p. 64.
Opus cit. {"¡ Que cien pueblos unidos de los cabos del universo / Pasen para des-

u Opus cit. ("Yo quiero que un mismo día, testigo de sus dos muertes, / En una
misma tumba vea encerrar sus cuerpos") p. 79.

truirla y los montes y los maresP') P· 65.

167
166

�no: es tan apasionada como él. Mas en ella predomina el amor por Curiacio
mientras que en Horacio, el amor a la patria, a Roma. Sin embargo, ella se
ama más a sí misma, ante todo. Tiene conciencia de su valor como mujer,
como amada y como hermana. Ella quiere su propio honor y su propia felicidad. Llega a odiar, sin limite, a Roma, que le ha robado a su amado.
Curiacio, valeroso guerrero, se muestra decidido a cumplir con su deber
aunque reconoce que es una situación cruel. Es incapaz de olvidar d amor de

Camille.
Sabina es una mujer de poca firmeza. Como esposa de Horacio tiene un
papel importante en esta obra teatral. Sirve para reforzar más la situación difícil entre las familias en discordia. Su carácter es indeciso, versátil. Ella luchaba entre su deber de esposa y el de hermana, triunfando el de esposa. Al
final de la pieza, ofrece su vida por Horacio.
Julia, la confidente, representa el tipo de personaje secundario que sirve
para hacer resaltar a los personajes principales. A través de ella nos damos
cuenta de las dificultades y preocupaciones por las que atraviesan las damas
Sabina y Camille.
Los demás personajes secundarios: el Rey T'ulio, el viejo Horacio, Valerio,
los soldados Flavián y Próculo, en sus papeles respectivos, sirven de complemento a la acción principal.

PERSONAJES:
Tuuo, rey de Roma.
.El viejo HoRAcrn, caballero romano.
HoRACio, su hijo.
CuRIACio, gentil-hombre de Alba, novio de Camille.
V ALERio, caballero romano, enamorado de Camille.
SABINA, esposa de Horacio y hermana de Curiacio
CAMILLE, novia de Curiacio y hermana de Horaci~.
JULIA,, dama romana, confidente de Sabina y de Camille.
FLAVIAN, soldado del ejército de Alba
PRÓCULO, soldado del ejército de RoO:a.
El lugar: Roma, en una sala de la casa de Horacio.

BIBLIOGRAFIA
ADAM
1948ANTOINE.

.

.

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CASTEX et P. SURER. Manuel d
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IER, · R., AuDIAT, P. et AuMEUNIER E L
rie Hachette.
Paris.
. es nouveaux textes franrais. Librai-

'SAuLNIEa 1

21. CONCLUSIÓN:

Histoire de la Litté ra t ure Franfatse
. au XVII e. siúle. Tome l. DOMAT

ª

M A D Les e d E . .
Hachette .. Bo~lev~rd Sai r:nGs cr.wamps ~e la France. Nouvelles Editions. Librairie
n
ermam, ans, 1862.
~ILLE. Horace. Classiqucs Illustrés Vaubourdolle · Librairic Hachett~. No. 15.
Pans.

REGNIER,

Comeille escribió Horacio dedicada a Richelieu. Como sabemos, en esta
época la historia venía a ser la principal fuente de la literatura dramática. El
héroe trágico inspira la piedad. Los demás personajes de esta obra responden
a las exigencias de la Poética de Aristóteles. La regla de las tres unidades está bien llevada. La sobriedad y la unidad de la pieza dan efectos patéticos. El
autor tiene una habilidad para hacer nacer, en los espectadores, las emociones

•CORN

Loms · eorne1·11 e, par lu1-meme.
.
&amp; · ·
d T
Seu1l. Col!ections Microcosme. No. 18.
nvams e oujours. Aux éditions du

BERLAND
. '

más fuertes, bajo una forma superior.
Es H oracio una tragedia clásica francesa. Y a pesar de que la pieza evoca
una situación histórica, Corneille piensa en su patria. H oracio es un cuadro
de costumbres de una familia en guerra con los sentimientos del honor y del

deber individuales y sociales.
Monterrey, N. L., abril de 1965

168

169

�LO INTELECTUAL Y LO EMOTIVO EN LA OBRA DE
DOS POETAS DEL SIGLO DE ORO'
TERESA AVELEYRA ARROYO DE ANDA

Instituto Tecnol6gico

FRANCISCO DE Rio¡A y JUAN DE ARcm¡o: dos poetas casi opuestos, dentro
del espíritu general del Siglo de Oro español. Y sin embargo, es no sólo posible, sino necesario -una vez que se ha penetrado en el sentido de su obraestablecer entre ellos un paralelo: ambos son poetas de equilibrio; ninguno,
en su poesía, alcanza lo emotivo directamente; los dos llegan a ello a través
de lo intelectual. Pero el paralelo se reduce estrictamente a esto. La maneia
como uno y otro llegan a la emoción a través de la inteligencia es totalmente

diversa, y esa diversidad de procesos tiene como resultado dos productos
poéticos que no pueden ser más diferentes.
A lo largo de las páginas que siguen, trataré de explicar y analizar las anteriores afirmaciones.

FRANCISCO DE R10¡ A

Rioja parece ser un poeta de la naturaleza. De hecho, la naturaleza se hace
presente, ordinariamente en forma explícita y sostenida, y las menos veces en
alusión, en la casi totalidad de sus poemas. Pero esta primera y simple observación tiene que modificarse y desdoblarse, a poco que se lea con cuidado
1
El presente estudio se basa en el conjunto de composiciones de ambos poetas contenido en la Biblioteca de Autores Españoles de M. Rivadeneyra, el más completo que
pude tener a mi alcance. Ese conjunto comprende, de Francisco de Rioja, 5 7 sonetos,
13 silvas, una sextina y una breve traducción de versos latinos; de Juan d~ Arguijo,
61 sonetos, 2 canciones, una epístola y una silva. En total, 61 composiciones de Rioja,
frente a 65 de Arguijo.

171

�El regalo ¿a cuál ánimo defiende?
Antes lo tiene débil y oprimido
Sólo constante te hará y sufrid;
A padecer el fuego que te enciende.
Como _el ba~ro, que diestra mano informa
De la impelida rueda al movimiento
Apena estable en su primer figura '
Que mientra al agua y viento s: conforma
yace frágil, Y firme sufrimiento
Le da !a llama con que eterno dura.

la obra del clérigo sevillano. Porque el tratamiento que Rioja da a la naturaleza -para mí el rasgo más característico de su poesía- es complejo, tanto
desde el punto de vista del proceso psicol6gico, como en atenci6n a la técnica poética propiamente dicha. Con todo, esa complejidad puede obviarse
diciendo que en ese tratamiento hay dos operaciones principales: la primera
intelectual, la segunda emotiva.
Primera operación

En esa primera operación, la naturaleza no está jamás tomada por sí misma, sino considerada como una imagen material capaz de simbolizar los entes espirituales que pueblan la poesía de Rioja, y que pueden fundamentalmente, clasificarse en dos grupos: afectos amorosos y afectos -mucho más

que ideas- morales.
Ciertamente, toda poesía suele, y aún requiere, cristalizar lo espiritual en
lo físico, a través de ese recurso estilístico esencial que es la metáfora; pero
en el caso de Rioja, el complejo espiritual no se vuelca en una imagen hallada espontánea, intuitiva y emocionalmente; sino que se ajusta con premeditación a una imagen "prefabricada" de manera intelectual.
La "prefabricación" de las imágenes, en Rioja, puede estar dada por los
tópicos y convenciones renacentistas, procedentes de la poesía de la antigüedad clásica; por una convención establecida en forma personal en la mente
del poeta, o en forma mixta. El hecho es que los elementos de la naturaleza,
r.l paso de las estaciones, el alba y el ocaso, los astros y sus movimientos, los
mares y los ríos, las selvas y los árboles que las pueblan, los álamos, las algas, las
vides, los frutos y las flores ... todo ello tiene en la poesía de Rioja un sentido
primario preestablecido de símbolo intelectual.
Me parece ejemplo característico de lo anterior un soneto en el que, por-excepción, la naturaleza no aparece en forma de paisaje ni imagen externa alguna, sino que está oscuramente representada por sus cuatro elementos funda1nentales, según la concepción de los antiguos: el fuego, el aire, la tierra y el
agua. En los cuartetos, el poeta hace una consideración moral: la adversidad
tiempla las almas y les da verdadera fortaleza; en los tercetos desarrolla un
símil tomado de la alfarería: el barro adquiere resistencia al pasar por el fuego. El soneto es el siguiente:
Temes en vano el rayo que te ofende
Ser en polvo y en humo convertido,
Aunque del pecho tu)'º en lo escondido
Tanto con ambicioso ardor se extiende.

b TEn los tercetos se advierte ¡a premed'itad a construcción intelectual v sim. f orma;, - el
ª"o ica. Estan
¡ presentes la tierra -"el barro' qup~ diestra mano m
que a amasa y el aire que 1a acanc1a
· · mientras
•
. ::.ua l'd
gira en el torno "d 1
impe l a rueda al movimiento".' y fma 1mente el fuego que le da dureza. e"la
queyeterno
·
11 ama con
mano
blando
a rf dura"
". Obv1arnente,
ese barro simboliza el espíritu· hu-a
mo O - apena estable en su primer figura"
u
•
1
agua y · t ( ' b ¡
..
mientra a
v1en o srm o os de mohc1e) se conforma" .
f
cuando ha
d 1
, pero irme y constante
versidad.
pasa o a prueba del fuego, símbolo éste de sufrimiento y adI

•

i

sol~;!d~~:~~:tt:Je:t::t todas las poesías de Rioja tienen los símbolos tan ab' pero aun en poemas mucho más líri
l .
de
la
naturaleza
tiene
-por
su
preestable
.
.
?ºs,
del
c1m1ento y permanencia en alaimagen
mente
d ~o~al y por su modo de formaci6n desligado de lo emotivo- mucho ,
e Siml o o que de metáfora. Algunas veces adopta la forma del símil
mt as
se pro onga en alegoría . D oy, a contmuac1on,
.
. , unos pocos ejemplos d lY o ras
ch os que podrían aducirse.
e os muUno de los símbolos fijos en el espíritu de Rio'a
na mdudable.
.
J ' como herencia horacia.
' pero con una m terpretación personal es la d I
ruma, identificado con la ambición la crueld d
'l ,
e mar causa
de
0
:

0

;~~si!\t:º;:ª/!:/se tema con 'el_ de 1~ _c:du~idaa~:;

¡:;~

!:r

::::

:~ps~!:e~~ed~;s,pp::etroe\li:;p:ªn::~~;n'.::g:a~;s;;n;;os~ e;a~~;a(~;c:~i:~:
mas caractensttco:
(.°No ~iste siempre en firme lazo atadas
La piedad Y la fe a la mansedumbre?
y a en líquida y sonante pesadumbre
Son con frecuente ejemplo desatadas
Mira cuántas ciudades fabricadas
·

173
172

�Que al cielo amenazaran con su cumbre,
Y arriba fueron por su excelsa lumbre,
Callan entre las aguas sepultadas.
Este pues tan cruel, tan ambicio:o
Humor, que lame fiero altas ruinas,
Es fiel y pío a la tierra un tronco helado.
¡Oh afectos, oh piedad, que al proceloso
Ponto ilustren tus obras peregrinas
y a mí ni aún sombra fría no haya tocado!

, . d I
n el soneto siguiente, que forTambién hay utilización alegonca e mar e .
.
.
ma parte de una serie, en la que el símbolo es siempre el mismo.
Levanto _
el cuerpo, que sustento apena, ,.,
De esta playa, que el ponto hiere y bana,
Libre ya de los ímpetus y saña
Que tene y tiembla la azota~a arena;
y miro la agua, de piedad a¡ena,
_
Que entre montes de espuma con ex:rana
Crueza me volvió, cómo ahora engana,
Que mansamente por la playa suena;
Pero yo, que me vi en el trance extremo
Tantas veces~ '.Y sé cuánta distancia
Hay de su alegre a su turbada frente'
Huyo su imagen, aunque vanamente;
Que si conozco su mudanza, temo
Como igual a sus olas mi constancia.
Es posible multiplicar los ejemplos de esta clase y afirmar qu~ :~d llega;
a diez o doce las composiciones en que falta -sea sostenido o a u l ~
, l ·1
"A la rosa" efímera habla alegoncasímbolo de la naturaleza. As1, a si va
,
mente del amor perecedero; la silva "A la arrebolera"' ~lo~, de un d1a, alu~
d d de la vida. la silva "A la rosa amarilla expresa, en un
de a 1a b reve ª
'
, ·
del amor desdesimbolismo en que intervienen aún los co1ores, e1 termino
,
"A 1 ºd" y "A un río" manifiestan, en pura alegana
ñado ... Los sonetos
a vi
.
.
ue no llega a expresar su contenido espiritual, la exigencia am~~osa de re~i rocidad; y los varios sonetos de escarmiento, amoros~ o no, ~tihzan la tan
p 'd ·magen del mar causa simbólica de un naufrag10 afectivo o moral. ..
repetta1
,
.,
Toda esta poesía de Rioja es intelectual en su pr~era operac10n; ~er~
.
.
l d'
-que ha sido previo con gran antenonno d1scurs1va, porque e iscurso

174

dad en la mente del poeta- se expresa de una vez y sintéticamente en el símbolo. No cabe, sin embargo, en la anterior observación un grupo mínimo de
composiciones netamente discursivas, entre ellas, las silvas "A la riqueza",
"A la pobreza" y "A la tranquilidad", y varios sonetos de asunto moral.
Segunda operación
Si Rioja se quedara en esta primera operación en su poesía, sería muy e~-casamente poeta; pero en forma secundaria, su emotividad, hasta aquí conte11ida, fluye y se dilata sin desbordarse. Una vez logrado, por camino intelectual, el resultado primario de encerrar un afecto moral o amoroso en un símbolo que ha sido pensado y repensado por el autor, parece que éste se halla
en libertad para sentir más espontáneamente. Entonces ocurren varias cosas:
la naturaleza recupera su puesto como tal y es poetizada por sí misma; el
"Símbolo, sin perder su oficio representativo, deja de ser compacto y se desdobla en múltiples facetas líricas: ora es metáfora propiamente dicha, ora
imagen surgida al paso, con frescura y espontaneidad, ora detalle expresivo y
-una que otra vez impresionista ... A su vez, los objetos simbolizados, los afectos y las ideas ---con predominio de los primeros sobre las segundas -en este
clima de mayor emotividad, se liberan también y sin extralimitarse ni desordenarse, se expresan con mayor albedrío.
Así, por ejemplo, en las silvas "Al Fuego" y "Al Verano", que analizo parcialmente a continuación.
En la primera, el poeta habla alegóricamente de su amor a Clori, y lo compara con el que ella tuvo por él: el primero es como fuego que va por la selva "a paso lento" y que no se extingue; el segundo fue llama violenta y fugaz que se apagó. Casi toda la composición, que consta de unos cuarenta
versos, desarrolla la doble imagen contrapuesta: el fuego breve y vano; el
fuego duradero. Sólo al final, en cinco versos, se resuelve el símbolo y se expresa su significado. Copio el fragmento que me parece más representativo
de esa vuelta sobre sí de orden afectivo que se da en la poesía de Rioja. Quiere hablar el poeta de su propio amor y dice:
No así vagante llama
Tiende el cabello sobre antigua selva)
Y rompe y se derrama
Por los hojosos senos, ambiciosa
D.e conservar su luz maravillosa,
Y esforzada del viento,
Discurre por el bosque a paso lento.

175

�Esplende y arde en el silencio obscuro,
Emula de los astros;
Arde y esplende al rutilante y puro
Cándido aparecer de la mañana,

Y sobra y vence al sol siempre segura.
Abrasadora del verdor del pino,
Levanta entre sus ramas

Globos de fuego y máquinas de llamas,
Y en el s61ido tronco y más secreto
Del laure4 y el abeto
Estalla y gime y luce,
Nunca del Euro o Noto escure cid a
Ni de la inmensa pluvia destruida;
Tal en mi pecho inapagable incendio

rre por el bosque a paso lento"
ue tan

.

.
La silva "Al v

ama es el amor, jamás estable

iza a, se
,,

an unimismado.

d d l' .
erano presenta, en menos grado y quizá con menor calia mea un fenómeno simila El
•
tetizar ast la mutabilidad de ;~ vid:s1uema mtel~ctua] previo se puede sinlas estaciones Pero el
.
umana es ,gua] al paso inevitable de
blar de él se. olvida d:~:1:o:p1eza}abladndo del verano que llega, y al ha' . .
parac1 n y e su moraleja -que la tienese goza descnb,endo la naturaleza veraniega:
y
Y a el verano risueño
nos descubre su frente,

De rosas Y de púrpura ceñido.
Remite al aire el desabrido ceño

Y el sol libra sus rayos

'

De las nubes oscuras

Y tal como violenta
Y vana y leve exhalación huyeron

'

Y con luces más vivas y más puras

Regalando la nieve
Al blando pie de los parados ríos
Las prisi~nes de hielo alegre quit:,
y su antizuo correr les solicita.
Viste de yerba el suelo

Las llamas, Clori, que en tu pecho ardieron.

En los versos anteriores, el fuego hermoso que se propaga por la selva, la
naturaleza en llamas, parecen pe,-der su importancia como símbolo. El poeta se olvida de la relación intelectual preestablecida y se deja ganar por la

Y de verdor lozano

emoción del espectáculo natural, al que toma por sí mismo, para hacer su
descripción lírica. Que lo mira con los ojos de la imaginación se advierte
luego en la viveza descriptiva, lograda mediante la intuitiva selección de los

'

Frentes que desnudara el cierzo cano.

'

La pesadumbre líquida no crece

detalles expresivos; en el rasgo metafórico visual: "Tiende el cabello sobre an-

Con el sudor de los oscuros vientos

tigua selva"; en la sentida profundidad de los "hojosos senos" silvestres; en la

Qué ásperos la levantan y remueven

expresividad de ese verso de contraste y sinestesia: "Esplende y arde en el

De sus hondos asientos·
Mas antes ya serena y ;lara gime

silencio oscuro" . .. Y no sólo se advierte que mira el espectáculo natural, sino

también que lo admira. En un clima ya cordial, extiende su admiración al

Con el peso de máquinas aladas
Que su tranquila y li.ra frente oprime.

"rutilante y puro / Cándido aparecer de la mañana" y a los incandescentes

"Globos de fuego y máquinas de llamas".

176

11

~ola y 1ap:::osi~~:1.'mdpetuosoh como_se_ remansa. Por la virtud lírica, el sím~

Eterno se sustenta,

Dentro de este clima cordial, la cosa simbolizada, esto es, el -;entimiento
amoroso} se 11 dice" sin necesidad de expresarse directa y claramente, porque
relegado ya el vínculo intelectual, ese sentimiento se liga efectivamente a su
símbolo y cristaliza en él plenamente. La metáfora, en su desenvolvimiento,
en su fluctuación, en sus matices y en sus imágenes, es el mismo sentimiento
amoroso que ahí se hace concreto, para comunicar eficazmente su impresión.
Así, por ejemplo, esa llama que "rompe y se derrama / Por los hojosos senos,
ambiciosa / De conservar su luz maravillosa", un instante después "Discu-

' porque esa

Como se pu_ede observar, el tema del agua -hielo que se deshace corr·
tes. que van hbres de nuevo, nos
, o bedientes que mueven los az d'
,enu
,
qumas aladas"- tiene un I
•
u es, mati
•
ugar unportante en la composición y está afee! ~~mente tradtado. M~s adelante, el poeta vuelve a tomarlo en sólo dos dea es -uno

de bodeg,

e ellos intensamente expresiv

l' .

.

o- con que remata una especie

.
on inco, pmtura verbal de una mesa aderezada con flores fruto
5
estivales, donde la naturaleza -ahora como "nat 1
,, y
nuevo t ad
, .
ura eza muerta - está de
om a por s1 misma y descrita con morosa delectación:

177
Hl2

�De la imagen de Amor, ardiente rosa,2
Las encendidas alas,
Que fueron ya de sus espinas galas,
Con el color, con el olor divino
Son lustre y ornamento al blanco lino,
Do al gusto se ministra coronando
La mesa regalada
Y fruta sazonada

Con el puro rocío blanqueando.
Pues ¡ cuál parece el búcaro sangriento
De flores esparcido,
Y el cristal veneciano,

A quien la agua, de helada,
La tersa frente le dejó empañada!
Esta silva, en cambio, se queda muy por debajo de la anteriormente analizada en la expresión de lo que el poeta quiso simbolizar: el dolor de que la
humana felicidad sea mudable y caduca. Esta expresión no cristaliza eficaz.
mente en la imagen, sino que tiene que hacerla, independientemente, en forma reflexiva. Dice al verano:
Veloz pasas volando
Al humano linaje amonestando,
Viendo las rosas que tu aliento cría
Como nacen y mueren en un día;
Que las humanas cosas,
Cuanto con más belleza resplandecen,
Más presto desvanecen.

Múltiples sonetos de Rioja, particularmente entre los de tema amoroso, son
buena muestra de esta emotividad secundaria que me parece característica
de su poesía. Menciono, en primer término, el soneto otoñal dedicado "A Don
Juan de Arguijo", cuyo obvio símil es el siguiente: al verdor de la selva da
fin la llegada del otoño; así, el mal de amor se acaba con el tiempo. En los
cuartetos se desarrolla la imagen de la naturaleza; en los tercetos se expresa
el otro término de la comparación. El equilibrio entre los primeros y los segundos es muy inestable, por lo que hace a su emotividad, y se resuelve decididamente a favor de los cuartetos, en los que Rioja, nuevamente, se deja ga2 Nótese, de paso, uno de los muchos simbolismos menores, dentro del simbolismo
general de un poema, que se dan en la obra de Rioja. La rosa es "imagen de Amor".

178

nar por la visión de la naturaleza, si bien tero ladame
.
la mesura de su temperamento lírico • El sonet! es el s1gmente:
_nte; como es propio de
Ya la hoja que verde orn6 la frente
D~sta selva, Don Juan, en el verano,
Tunde amarilla por el suelo cano
Fuerza de helado espíritu inclemente.
y la ova que en agua vi pendiente ,
De un hueco risco con verdor lozano
Mu~tio ya y sin color, despojo vano,'
Betts esplaya con mayor corriente.
Y yo así bien no desigual muda:za
Siento_ en mi mal; que ya mi ardor intenso
Cam~ia el hielo en ceniza vana y fría.
¿Quién esper6 igual bien? ¡Oh grata usanza
Del tiempo, pues fallece a par del día
Si un hermoso verdor, un fuego inme:so!

Un excelente soneto de comparación es a 1
. •
siguiente: como se mustia l
~ue en que Rioia establece la
a rosa cuyas hoias y esp·
l . .d
luz del sol asi langu"d
'
mas e 1mp1 en ver la
1 ece e1 poeta enamorado
'
· d d
presencia de la amada Este son t
. ' pnva o e su luz, que es la
.
e o no reqmere comentar· B
1 l
apreciar cómo el sentimiento s
b
io. asta eer o para
telectual y cómo ese se t" . te sol repone a _la rebuscada construcción in~
.
'
nmuenoacanzapor1
I
f
...
la imagen simbólica y al afecto simbolizad
gua ' en per ecto eqmhbno, a
la expresión metafórica:
o, que se funden por completo en
Lánguida flor de Venus, que escondida
yaces y en triste sombra y tenebrosa
Verte impiden la faz del sol hermo;a
Ho¡as Y espinas, de que et'
-·da·
s as cent
y ellas el puro lustre y la vistosa '
Púrpura en que apuntar te vi teñida
Te arrebatan, y a par la dulce vida
Del verdor que descubre ardiente rosa.
Igual es, mustia flor, tu mal al mio.
Que si la nieve tu frente descolora'
, Por 1;º sentir el vivo rayo ardiente,
A .m,, en profunda oscuridad y frfo
Hielo también de muerte me color:
La ausencia de mi luz resplandeciente.

179

�. rr de manera excelente, el mismo punTranscribo otro soneto que e1emp i ica
-t
ados varias veces por Rioja
,
, b 1
la arena y el mar
om
.d
to Aqm los s1m o os son
.
. T do-- y su contem o
.
'
. .
igual o semepnte stgm ica
en otras compos1c10nes, con
.
t" t d amorosa del poeta.
. ·1ua1 se refiere , con lírica semioscur1dad, a una ac 1 u
esp1n

En torno al pie molestamente suena.
No vine a este rigor por culpa ajena,
Y o dejé el ocio y paz en que vivía,
Y corrí al mal, corrí a la llama mía,
Y muero ardiendo en áspera cadena.
Así del manso mar en la llanura,
Levantando la frente onda lozana,
La tierra al agua en que nació prefiere;
Mueve su pompa a la ribera ufana,
Y cuanto más sus cercos a.bresura,
Rota más presto en las arenas muere.

Hiere con saña el mar y con porfía
La seca arena a su crueldad desnuda,
y el agua, siempre en el herir más cr~da,
Temblor envuelto en su furor le .envia;
Pero nunca a sus ímpetus desvía
La frente el polvo numeroso, o duda
Permanecer en su constancia mud~,
Por más que oculto se repare el d,a . .
S6lo ofendiendo el ponto entre sus iras,

Suspira en el silencio del arena .
Como si alguna vez fuera ofendido;

Tal, Lisi, entre las lágrim~ suspiras,

y el repetido aliento en mi m~l suena,
Mudo yo a tu furor y endurecido.

.
. . . ~ n con un soneto en que el fluir de esta emotiConcluyo esta e¡emphhcac10
t'bl q e en los anteriores; pero que
.
izá menos percep 1 e u
,1
vidad secund ana es qu
.
ticularidades notables. En e ,
•
c
·
tar
Ofrece
vanas
par
1
me parece mteresan1e
•
•
lpa el mal de amor. 3
.
, •
te que padece por propia cu '
,
el poeta dice, umcamen '
.,
o contiene algun ele, ·1
1 rimero que por excepc10n n
Utiliza dos sumes: e p
'
1 .
rteto· el segundo -otra vez
1
se halla en e pnmer cua
'
mento de la natura eza,
El gundo cuarteto intercala,
.
aparece en los tercetos.
se
.
b
una imagen manna- .. ,
velada ex licación de ambos. Es cunoso o en el centro de compos1e1on, la¡
. t -~ es inversa a la que Rioja sigue
'mºl marino a onen ac10n
d
servar que en e1 s1 ,
1 d ta E éstos el mar simboliza to a
,
mas
en
que
o
a
op
•
n
'
en todos los d emas poe
1 .
1·nne es el bien estable v dura.
Td d
a tierra 1
·
suerte de males e mtranqm ' a es y .
.,
1 ar es el bien y la tierra
dero. En el soneto que copio a contmuac10n, e m
'
significa un riesgo mortal.
En mi prisi6n y en mi pro/un!,ª peña
Sólo el llanto me hace compania, ,
y el horrendo metal que noche y dta
ice ue al unas poesías de Rioja aluden a la pri•
, Sedano, en su Parnaso Espanol, d . , q
g
.
ndo hablar de prisiones amo•
.6 material que en algún tiempo sufno el poeta, s1mu1a
si n
Q ,·zá este soneto podría incluirse entre ellas.
rosas. u

180

Espero, con el conjunto de los ejemplos dados, unos más demostrativos que
otros, haber puesto de manifiesto esa cualidad peculiar de la poesía de Rioja
que, intelectual en su nacimiento, se resuelve después en forma lírica. Puede decirse que esta poesía es primariamente intelectual y secundariamente
emotiva, en el orden del proceso creador; no en el orden de la importancia
que ambos factores tienen en ella, como obra concluida. En este orden de
cosas, lo intelectual y lo emotivo pesan igualmente en los platillos de la balanza.
Poesía equilibrada

Antes de pasar adelante, he de hacer una aclaración indispensable. Muchas
de las observaciones expuestas en este trabajo se refieren a sólo un sector de
la poesía de Rioja: aquel que, dentro del conjunto de sus obras que pude te.
ner a mi alcance, me ha parecido el mejor y más representativo. Conforme a
este criterio selectivo, me parece posible afirmar que en su obra, lo intelectual y lo emotivo se equilibran.
Tal vez este equilibrio ya se ha hecho patente en la mayoría de los poemas
citados, particularmente en los sonetos "Lánguida flor de Venus que escondida... " y "Hiere con saña el mar y con porfía Sin embargo, aduciré algunos otros ejemplos. Sea el primero el soneto titulado "El dolor de la ausencia", en el que no faltan los símiles de la naturaleza; pero constituyen sólo
dos pinceladas, apenas perceptibles en el conjunto: fuego igual a amor, hielo
igual a tristeza.
11

•

Cuando entre luz y púrpura aparece
La alba, y despierto ¡ ay triste! y miro el día,
Y no hallo la dulce Laida mía,
Alba y púrpura y luz se me oscurece.

181

�Uoro, y crece mi llanto cuanto crece
Más la lumbre, y la sombra se1 desvía,
Y un torpe hielo así me ata y resfría,
Que aun la voz para alivio me fallece.
Y a un tiempo apura amor con alto fuego
En este ancho desierto el pecho mío,
Donde el pesar lo aviva más y enciende.
Uoro pues y ardo; así mi amor se extiende
Tanto, que a luz y a sombra y a rocío
Muero en llamas, y en lágrimas me anego.

Si a quien alta belleza floreciente
La edad le da de la .burpúrea rosa.
Aú~ otro soneto, que cito en dos

Este soneto, efusivo en apariencia más que otros de Rioja, revela su raíz
es lícito pensar que, como ocurre en muchos sonetos, fue lo primero que apa•

reció a la mente del poeta. Ese juego intelectual, sin embargo, no destruye,
sino tan s6lo equilibra, el sentimiento de los versos anteriores, particularmente

Cuando entre luz y púrpura aparece
La alba, y despierto ¡ ay triste! y miro el día,
Y no hallo la dulce Laida mía,
Alba y púrpura y luz se me oscurece . ..

.

Corre con albos pie.r al espacioso
Oclano, veloz tarteso río
Así no ciña el abrasado ;stío
Tu dilatado curso glorioso
y d'
.
,
' a mt amor que crece tu
Seno a las muchas l' .
espumoso
o
agnmas que envío
esparza la dudosa luz rocío
,
O muestre Cintia lustre generoso . .

intelectual en el convencional juego de antítesis con que tennina, del cual

del primer cuarteto, en el que Rioja se expresa con sencillez en él desusada,
que se sobrepone a la artificiosa recapitulación del último verso:

art

tada imagen del verso inicial no h p : En la pnmera, a pesar de la acer~~ tópico que se queda en id:a gene:..! m q~e manera discursiva de decir y
bnca y personal: el llanto del e
pdreexistente, que no se eleva en forma
primera parte es la s1gmente:
. .
namora o aumenta el caudal del no.
, E sta

de ¡os tercetos se matiza de af . .
, Pero el clima
.
no, con su impresión sonora y din, .
ecttv1dad, así por la jmagen del
amoroso, que se condensa en el úlamt_ica, como por Ia efusión del sentimiento
1mo verso:
Quet ·viendo en mustio con mt. af,an ardiente
.
D
e ' con crespa lengua resonado
En ~erde prado o en sedienta arena
Sera
que blandas luces al h ervzente
.
,
H
M"umor muestre, ya en vano derramado

Otro ejemplo, en que la "compostura" intelectual no sofoca, antes realza
un auténtico sentimiento de ternura -quiero decir, literariamente auténtico--

se da en el soneto "Consuelo a una hermosura eclipsada por la edad":

' acerba y dulce y clara luz serena.
Sin razón contra el cielo, Aglaya mía,
Mueves airada el labio porque ha dado
Veloz fina ya a tu lustre y al dorado
Pelo que en tu alba frente relucía,
Si la flor que aparece al mediodía
El crespo seno, en púrpura bañado,
Con color se ve en tierra desmayado
Antes que él mismo al mar tuerza la vía;

Porque d fuego y la nieve dulcemente
En tu rostro mezclados ¿ qué otra cosa
Son que una breve flor? Tiembla la saña;
Que la fatal disposición no engaña,
182

'

Poesía aristocrática

.~ioja es un poeta que se reserva

.

cr'.b,r par~ sí mismo y para unos pO:,o~u~:1ene

!ª deliberada intención de es-

~nstocrac1a querida, buscada
. :
poesia resulta así aristocrática con
versos. Entre ellos menciono Y, ~s1 siempre lograda, a base de recurso: d.

de s

,

,

umcamente dos. I

u poesia -no excesivos, ni en calidad

1·

. . os r:15gos formales barrocos

entra en los prop sitos
• de este trabajo-- m en cantidad ' y cuyo analisis
, . no
6
cosas contribuyen a crear
.
. y su entrañado simbolismo A b
tid d I
una sermoscundad
. m as
o e. poema, una cerrazón voluntaria

de sentido negativo o positivo.
..

que vela, muchas veces, el sen-

' cuyos efectos pueden ser, I'1T1camente,
.

183

�De hecho, algunas veces, el afán de singularidad sofoca el impulso lírico
y resulta mucho más hermosa la idea del poema que el poema cumplido. Incluso, viene la tentación de pensar en lo que ese poema hubiera podido ser,
de haberse desenvuelto con espontaneidad los elementos líricos que contiene.
Ilustro lo anterior con un soló ejemplo. En el soneto Si mides tu ambición con
tu fortuna, Rioja dice a Fabio, en los cuartetos, que no espere hallar el bien
en la ausencia de adversidades, antes bien, aguarde logros mayores de su porfía en vencerlas. En los tercetos, desarrolla el símil de la naturaleza corres-

pondiente: el sol luchando contra montañas de nubes, obtiene la encendida
belleza de los celajes. Pero la visión y el sentimiento se ahogan en la idea y
en la manera de decir, y resulta el soneto siguiente, del que sólo se salvan
algunos versos:

Si mides tu ambición con tu fortuna
Mientras la edad sin detenerse vuela,
lS'in causa, Fabio, tu razón desvela,
Que haya a tu suerte oposición alguna.
En lo interior del orbe de la luna
No esperes paz al bien que el alma anhela;
Antes, oh Fabio, al sufrimiento vela
Alegre al que contrario lo importuna.
Como la siempre floreciente llama
Por quien renace y por quien muere el día
Que igual rayal en el cielo y resplandece,
Y a montañas de nubes a porfía
En su mayor oposición parece
Que de hermosas luces las inflama.
Afortunadamente, en muchas otras composiciones, la aristocracia de Rioja
resulta de signo positivo, en un sentido o en otro. Esto ocurre, muy particular-

mente, en algunos poemas de asunto amoroso, en los que la elegancia, el claroscuro, el templado sentimiento, el juego intelectual, el rasgo ingenioso y
la complicación de la forma, al fundirse en equilibrio, producen un tipo de
poesía, de la más característica de este poeta. Daré de ella algunos ejemplos.
Empiezo por un soneto de circunstancia: Filis, airada, mastica -como tan-

tas otras damas de su siglo- un trozo de búcaro, hecho de arcilla roja. El
barro pende "de los rosados cercos" de los labios de la hermosa; pero recibe
el favor sin sentirlo. Por eso el poeta no Jo envidia. También su amor, no correspondido, es llama que arde sin dicha alguna:
184

De los rosados cercos donde suena
Dulcementt ofendido el puro aliento
Pendes ufano ¡oh búcaro sangriento!
Dando a envidioso amante acerba pena.
Más que a la mano de artificio llena,
Tanto bien debes al ardor violento
Y más que a tu primero nacimiento,
Aunque de rara fue y purpúrea arena.
No así de amor sucede al rayo airado,
Que alto, encendido en mi alma se eterniza
Ardo sin dicha entre la llama ciego;
Mas ¡ ay! que sientes tanta gloria helado,
Y si el favor no se comprehende al fuego,
Filis, yo no lo envidio en la ceniza_
Las mismas cualidades de elegancia y distinción, sin la excesiva complejidad,
se dan en un excelente soneto descriptivo del tocado de la amada. Es una
miniatura detallista que describe al par las vueltas de la seda, del lazo, del
velo; y las partes del rostro hermoso que esos adornos van tocando. Pero Jo
más importante parece ser un elemento invisible, que se anuncia ya en el primer verso: el alfiler que su jeta el tocado, el usutil metal" que sugiere el dardo
amoroso:

Prende sutil metal entre la seda
Que el pelo .envuelve y ciñe ilustremente,
El rico lazo que de excelsa frente
Sobre el puro alabastro en punta queda;
O prende la vistosa pompa y rueda
Del traslúcido velo refulgente
Debajo el cuello tierno y floreciente,
En quien o ni el pesar ni el tiempo pueda;
Que en mí será tu ayuda punta ociosa,
Y de nuevo herir o dar favores
No puede otra virtud en ti escondida,
Mientras hay viva nieve o blanda rosa
Y en desmayados ojos resplandores
Arbitras de la muerte y de la vida.

Otro ejemplo, en el que el sentimiento ya no se supedita al juego elegante,
antes se sobrepone a él y sólo coexiste con una mesura llena de distinción, se
&lt;la en el soneto titulado A unos labios:

185

�Marchite ¡oh! nunca frío y cano hielo
De tus labios la dulce y blanda rosa,
Do la gracia de amor siempre reposa,
Ni otro sitio envidiando ni otro cielo.
De ellos nunca a hervir levanta el vuelo
Ni hacha cruda o flecha rigurosa,
Que una blanda palabra generosa
Arma y enciende en el purpúreo velo.
De estos pues blandos, rojos y suaves
Labios, do se arma Amor, y que encendieron
Mi pecho en llama y rosa dulcemente,
Nunca ¡oh tiempo! permitas que los graves
Hielos de edad la púrpura ardiente
Amortigüen, y llama en que me ardieron.

Quiero concluir con una de las poesías de Rioja que me parecen más
notables en este aspecto: la silva A la rosa amarilla. Este poema conjuga,
dentro de la mejor manera del poeta, varios de los elementos que he señalado
aisladamente en otras de sus composiciones. Hay en ella el casi inevitable sim-

bolismo, el equilibrio entre el pensar y el sentir, la lírica semioscuridad y la
discreta elegancia. La suma de estos elementos le da una cualidad aristocrática

que aparece mucho menos buscada y mucho mejor conseguida:
¿Cuál suprema piedad, rosa divina,
De alta belleza transformó colores
En tu flor peregrina,
Teñida del color de los amores?
Cuando en ti floreció el aliento humano,
Sin duda fue soberbio, amante y necio

Cuidado tuyo y llama,
Y tú descuido suyo y su desprecio;
Diste voces al aire, fiel en vano.
¡Oh triste, y cuántas veces
Y cuántas, ay, tu lengua enmudecieron
Lágrimas que copiosas la ciñeron!

Mas tal hubo deidad que conmovida
(Fuese al rigor del amoroso fuego
O al pío afecto del humilde ruego),
Borró tus luces bellas
Y apagó de tu incendio las centellas,

186

Desvaneció la púrpura y la nieve
De tu belleza pura
En corteza y en hojas y astil breve.
El oro solamente
Que en crespos lazos coronó tu frente,
En igual copia dura
Sombra de la belleza,
Que pródiga te dio naturaleza
Para que seas, oh flor resplandeciente,
Ejemplo eterno y solo de amadores,
Sola eterna amarilla entre las flores.

JUAN DE ARGUIJO

La poesía de Arguijo, a diferencia de la de Rioja, entrega su sentido intelectual, sin reservas, a la primera lectura. En cambio, su sentido lírico es

mucho más difícil de alcanzar. Lo primero que se ocurre decir de ella es que
se caracteriza por el rigor lógico, la objetividad intelectual y una frialdad
inteligente, que se completa con la voluntad de comunicar la totalidad del
pensamiento expuesto; cualidades éstas, mucho más propias de la prosa que
de la poesía.
Rigor lógico
Se manifiesta, principalmente, en dos aspectos: la perfecta estructuraci6n
de los poemas -casi todos ellos, sonetos-- y una cualidad que se me ocurre
llamar de "línea recta", por la cual Arguijo sigue siempre el camino más corto

para lograr la expresión, ante tocio, de su pensamiento. Dos ejemplos lo pondrán en evidencia.
La estructuración precisa aparece muy claramente --entre otros muchos-

en el son_eto que se titula A Fabio contra Aníbal Africano:
Mientras que de Cartago las banderas
Triunfar intentan del valor romano

'
Y espera victorioso el africano
Pisar del vago Tibre las riberas,
Tú, grande dictador, entre las fieras
Trompas, con lento pie y segura mano,
187

�Adviértase el absoluto orden lógico de la exposición y un afán de claridad

Sin sangre alguna derribaste el vano
Orgullo de las armas extranjeras. .
No te venci6 de la opinión contrana

explicativa, que el autor lleva muchas veces a ]a exageración, y que aparece
aun en los títu]os de muchos de sus poemas, corno ]os siguientes: A Rómulo,

que mat6 a su hermano Remo; A Julia, hija de Julio César y mujer de Pom,.

Et opuesto rumor a tu alabanza,
Que fácilmente lo desprecia el sabi~.

peyo; A Polimnéster, que mató a Polidoro; a Damecles, que no quiso ser rey,
etc.

i Oh prudente esperar, oh voluntaria
Constancia, por quien Roma ver alcanza
A Aníbal roto, y vencedor a Fabio!

Objetividad intelectual

Nótese la correspondencia exacta entre la secuencia de ideas y las divisiones

formales del soneto:
cuarteto: Mientras Cartago espera triunfar. ..
Segundo cuarteto: Tú , sin derramar sangre, anulas su intento.
Primer

Primer

No te detiene la oposición.

terceto:

i Oh, tu prudencia y tu constancia, que dan a Roma la

Segundo terceto:

victoria!
Pareceria que este último terceto exclamativo saliera ya de la lógfca r~or0 en realidad la exclamación misma -como la mayona de as
na d ora; pe ,
'
f
t
ed·tada
exclamaciones en los poemas del caballero sevillano-- orrna par e prem I
del discurso.
Como ejemplo de esa "línea recta" que Argui jo sigue sin desviarse, doy

Parece que Arguijo no pone nada de sí mismo en sus poesías, que no interpreta en forma personal los asuntos que trata, que se limita a sahr y mirar,
con ojos claros pero indiferentes, una realidad. externa, que ni siguiera es
presente y está viva, sino que, lejana en el tiempo y el espacio, está muerta

en sí misma y en la expresión del poeta. En efecto, la casi totalidad de sus
composiciones encierran anécdotas recogidas de la historia, de la mitología,
o de la leyenda; y en la manera de tratar estos temas, de suyo apoéticos, se
aleja de la recreación lírica y se aproxima a la presentación intelectual, en
forma narrativa, descriptiva, expositiva y algunas veces reflexiva o exhortativa.
Tomo al azar un ejemplo: un soneto en que se refiere una anécdota de la vida

de Julio César:
Del gran Pompeyo el enemigo fuerte
Llega en oscura noche al pobre techo
Do Amielas con seguro y libre pecho
Ni teme daño ni recela muerte.
Ya que llamar segunda vez advierte,

el soneto A Pompeyo:
Del vencedor huyendo, a Lesbos deja
Pompeyo, roto en la farsalia guerra;
Con su esposa se embarca, y a la tierra
Que inunda el Nilo, por su mal se aleja;
Que el hado riguroso que le aqueja
Y al extranjero reino le destierra,
En la seguridad que busca encierra
El fin que dio a Camelia eterna queja.
Fiera tormenta en el buscado puerto
El gran Pompeyo halla en vez de abrigo.
¿Quién las mudanzas de la suerte ignora.
.

'

Rogado deja el mal compuesto lecho,
Y en frágil barca el peligroso estrecho
Corta, présago de siniestra suerte.

Brama furioso el mar, sintiendo el peso
Que sostiene, y al tímido piloto
César anima y dice: "Rema, amigo,
Y olvida el miedo de infeliz suceso;
Aunque más se contrasten Euro y Noto,
La fortuna de César va contigo".

Ausencia de cualidad lírica

•Quién no recelará el suceso incierto,

.
Si da la muerte el obligado amigo,
Si el enemigo vencedor le llora?
(

188

Es obvio que las características anteríores han de producir una poesia fria
y falta de lirismo, en la que muchas veces éste se ve sustituido por un innegable
189

�'f

.6

Relleno verbal me parece, por ejemplo,

Tú, sola el istmo destas ondas eras;
Mas acabó la fuerza del destino

virtuosismo verbal y de vers1 1cac1 n.
al ,
algunos versos acertados:
el soneto A Baco, a pesar de que cuente con gun o

Vida que tantas muertes excusaba.

A ti de alegres vides coronado,
Bac~, gran padre domador de Oriente,
He de cantar; a ti, que blandamente
Tiemplas la fuerza del mayor cuidado,
Ora castigues a Licurgo airado,
O a Penteo en tus aras insolente,

Ora te mire la festiva gente
En sus convites dulce y regalado,
O ya de tu Ariadna el alto asiento
Subas ufano la mortal corona,
Ven fácil, ven humano al canto_ mío;
Que si no desmerece el sacro aliento,

Mi voz penetrará la opuesta zona
y al Tibre envidiará el Hispalio río.
0
1
Varios ej_emplos _semejafntes. fºdl:ª s:;:e;:!º:;~:~ ~:r:~ :Íe:!s ~:e:g~~~
quis a Cupido esenio en uncwn
b", 1
•s
.
,
I ue los restantes parecen ociosos; y tam ien a epi y propiedad, pero en_ e qd l h d
ísero
de casi doscientos endecasílabos
tola Aquí donde el rigor e a o m
... '
t
T
. , . pero apenas notable en otro aspee o, y
esdrújulos, alarde de vers1 tac1ond bºdo al compronúso de las terminaciones
aún, por momentos, algo e usca, e l
esdrújulas.

d d
1
..
arece oseer muy escasamente la faculta
e p asmar
y es q~; Argu110 /genes yp metáforas. Un ejemplo vendrá a apoyar esta
su expreswn en un
.
,
· d p mpe}'º ·
. 'n·. es el soneto A Julia, hija de Julto Cesar y mu¡er e o
.
a f .1rmac10
Julia, si de la Parca el furor ciego
Permitiera en tu vida más tardanza,
No viera Roma en su mayor pujanza

De las guerras domésticas el fuego;
Que semejante en el piadoso ruego
A las sabinas, la furiosa lanza
Redujeras, depuesta la venganza,
A paz alegre y a común sosiego.
Al detenido daño y armas fieras
Tu acelerada muerte abrió camino,

Rota la fe, que violentada estaba.
190

El verso que subrayo es un conato de imag:en que hubiera podido -y estaba
pidiendo- desenvolverse hasta el fin, para constituirse en cifra lírica de la
situación expuesta; pero Arguijo la suelta bruscamente y concluye el soneto
con un descenso discursivo:

Mas acabó la fuerza del destino
Vida que tantas muertes excusaba.

Parece también que en este autor la capacidad de imaginación sensorial
está igualmente disminuida, como se ve en la ausencia casi total de notas visuales, auditivas, o de otros sentidos aun en composiciones que de suyo· parecen
requerirlas. Así, por ejemplo, el soneto A una estatua de Niobe que labró
Praxiteles se hubiera prestado admirablemente para dar la impresión lírica

de la hermosura de la forma estatuaria, de la dureza, la blancura o la frialdad
del mármol. En él, Arguijo habla directamente de dureza y de frialdad; pero
no llega a expresarlas.
El soneto A Apolo y Dafne, con el anodino terceto que menciona la transformación de la ninfa:
-Mas del piadoso padre socorrida,
Trocando en árbol su mortal belleza,
Burló sus brazos y avivó su fuegosugiere una comparación, sin duda injusta; pero casi inevitable. Es imposible no pensar en esa misma metamorfosis descrita por Garcilaso, también en
un soneto: lírica plástica y dinámica, reforzada con impresionismo sensorial y
afectivo, apta para describir el movimiento mismo de la transformación.

Cualidades positivas

Pero basta de decir lo que no es o no tiene la poesía de don Juan de Arguijo.
Empiezo por reconocer que en algunas de las composiciones suyas que he tenido a mi alcance, hay detalles sensoriales muy eficaces para realzar otras cualidades que analizaré más adelante; y en desagravio por lo anteriormente dicho,
quiero copiar una de ellas. Es el soneto a Horacio Cocles, narración fluída,
directa y exacta, que recibe vida, en parte, de un recurso sensorial, añadido al
191

�uso del presente histórico. El autor parece hallarse envuelto en

el hecho que

AR!ADNA

refiere: ve, oye y escucha.
Con prodigioso ejemplo de osadía

Un hombre miro en la romana puente
Resistir solo de la etrusca gente
El grueso campo que pasar P,orfla.
Ni la enemiga fuerza le desvia,
Ni de su vida el cierto fin presente;
Que su valor dejar no le c~nsie~te
La dificil empresa en que msistia.
Oigo del roto puente el son fragoso .
Cuando al Tibre el var6n se precip,t_a
Armado; y sale de él con nueva gloria;
y al mismo punto escucho del gozo'.º
Pueblo las voces, que aclamando grita: . 1
i Viva Horacio,· de Horacio es la victona.

. para empezar a hablar de las cualidades poéticas
da pie
t
Este sone o me
.. E f t
imposible negar que esa cons.
d I b de Argu&gt;JO n e ec o, es
.
positivas e a o ra
· .
. . á
· metáforas produce c1er.
te narrativa sm im genes n1
'
trucción exacta, meramen
'l
t humano del hecho heroico que
., estéu'ca • e. O es tan so o e ,mpac o
ta emoc10n
refiere?
, .
. analizarlos por el momento, dos sonetos mas.
L eamos, sm

i.

ÜRFEO

Desiertas selvas, monte yerto y frío,
R6dope que en el cielo tocar osas;
Vosotras, de Estrimón ondas hermo,sas,
A quien vencer presum_e el llan~o mio,
"Seréis testigos largo tiempo, fio,
De mi dolor y quejas lastimosas,
.
Que en vano esparzo al aire, y con piadosas
Voce, al rey del lago obscuro envio".
Así cdntando llora el tracio amante;

y a sus blandos acentos enmudece
El viento, y la agua su corriente enfrena;
y enternecidas tru.ecan el semblante
Las fieras i corto alivio! mientras crece
Del ya perdido bien la justa pena.

192

¿ A quién me quejaré del cruel engaño,
Arboles mudos, en mi triste duelo?
¡Sordo mar! ¡Tierra extraña.' ¡Nuevo cielo.'
¡Fingido amorl ¡Costoso desengaño!
Huy6 el pérfido autor de tanto daño,
Y quedé sola en peregrino suelo,
Do no espero a mis lágrimas consuelo;
Que no permite alivio mal tamaño.
"Dioses, si. entre vosotros hizo alguno
De un desamor ingrato amarga prueba,
Vengadme, os ruego, del traidor Teseo".
Tal se queja Ariadna en importuno
Lamento al cielo, y entre tanto lleva
El mar su llanto, el viento su deseo.

La 1ectura de estos sonetos produce una emoción simple, equilibrada y contenida. ¿ Podrá resultar acaso de nuestra sensibilidad despierta a los lejanos
y mitológicos infortunios amorosos de Orfeo y Ariadna? ¿ O quizá de los lamentos exclamativos que el autor sitúa, medidamente, en los cuartetos de
ambas composiciones? Si así es ¿ por qué ocurre que esa emoción surge casi
al final de la lectura, cuando cesan esos lamentos y ya no se habla de esos infortunios, cuando tan sólo se empieza a tener la impresión de un redondeamiento, de una integridad, a la vez sencilla y completa?
Lo que pasa es que Arguijo posee, en altísimo grado, el sentido de la mesura, del equilibrio, de la simplicidad rectilínea, de la belleza de una arquitectura dórica -podríamos decir- aplicada a esa construcción lírica exacta
que es el soneto. Y en este punto es donde lo mucho intelectual que hay en
su obra, se transfigura estéticamente y se hace capaz de producir la conmoción poética. En este punto es donde lo mismo que empecé analizando como
una suma de defectos, desde el punto de vista lírico, se convierte -en lo mejor de la poesía de Arguijo, no en toda ella- en una suma de buenas cualidades.
• Así, por ejemplo, esa estructuración rigurosa y perfecta, que se cumple
en finales rápidos e intensos; esa línea recta lógica, cuya realización literaria
tiene tan valiosas facetas: exactitud, concisión, fluidez, transparencia, economía de medios, síntesis perfecta.
Y como en la poesía sencilla y clara de Arguijo, este conjunto de cualida193
H13

�Cuando rompiendo el aire con liviano
Vuelo se muestra el vencedor Perseo
Que con el gran despojo meduseo
,
Orna glorioso la triunfante mano.
De
doncella el llanto y la hermosura
Enviaron a un tiempo al pecho fuerte
De lástima y amor agudas flechas .
Del mar la libra y de la bestia dura

des se me ha aparecido como el único y suficiente valor que la realza, en adelante no haré más que ponerlo de manifiesto con algunos ejemplos.
Veamos el saneto a Narciso, que podría definirse como narrativo-sintético de desenlace en antítesis:

'.ª

Crece insano amor, crece el engaño
Del que en las aguas vio su imagen bella;
Y él, sola causa en su mortal querella,
Busca el remedio y acrecienta el daño.
Vuelve a ver en la fuente j caso extraño!
Que della sale el fuego; mas en ella
Templarlo piensa, y la enemiga estrella
Sus ojos cierra al fácil desengaño.
Fallecieron las fuerzas y el sentido
Al ciego amante amado; que a su suerte
La belleza fatal cay6 rendida;
Y ahora, en flor purpúrea convertido,
La agua, que fue principio de su muerte,
Hace que crezca, y prueba a darle vida.

Trocando en vida la temida muerte'

Y en nupciales cantares las endecl:as.

El soneto A M ucio S cévola contiene la anécdota
,
ante el etrusco Porsena, después que ha fallado e
. en que este aparece
te. Con maestría narrativa el po t
n su mtento de darle muer'
e a expone el tan co
·¿
cuartetos; y en los tercetos vierte las palabras de p
noc1 o suceso en los
.
· ,.
orsena en las
l ·
pica,
smteticamente ' el desenlace de todo este ep .s d' h'' , ·
cua es im~
l
hecho de que el general etrusco perdone a su fallid 0 i o 1~ 1sto~1co, esto ~s, el
la guerra con Roma.
asesino Y de por termmada

Me parece imposible, dentro del molde de un soneto, referir con mayor
perfección, de manera más exacta ni más sencilla, la historia -esta vez de

Ofrece al fuego la engañada diestra
Ante el rey enemigo el esforzado
Scévola, y de aquel yerro no culpado

suyo poética- de Narciso.
Los cuartetos y el primer terceto desenvuelven la narración lírica -hasta

Con denuedo espantoso el pesar mues:ra.
Del fuerte corazón la insigne muestra

su desenlace resuelto en un solo verso mesurado- con fluidez y ligereza. El último terceto redondea, con un rasgo elegante de juego intelectual, que no ex-

El ofendido rey mir6 turbado .
y aquella mano respetó admi:ado

cluye cierta emoción, la impresión de facilidad y exactitud. Al acabar de

Que supo errando a tantas ser ma,estro.

leer, parece que nada falta y nada sobra.
El soneto Andrómeda y Perseo, con menor valor en otros aspectos, tiene
las mismas cualidades narrativas y la misma resumida arquitectura. El pri-

No castiguéis, le dijo, valeroso
Manc~bo, _el fuerte brazo, cuyo engaño
Me dio vida y a dártela me mueve.

mer cuarteto presenta a Andrómeda en su no merecido castigo y sus quejas;

Hoy Roma por tu intento generoso
Verá que, libre de tan cierto daño

el segundo es dinámico: llega Perseo por los aires con un despojo en la mano;
el primer terceto basta para que el héroe se enamore de la doncella; y es suficiente el segundo para resumir la liberación de ésta y las nupcias de los

•

amantes:

Expuesta en firme escollo al mar insano
La no culpada hija de Cefeo,
Mueve a piedad el reino de Nereo,
Remedio a su dolor pidiendo en vano,
194

Más a tu hierro que a sus fuerz~ debe.

·
1o d e esta categoría: el soneto Ulises, en el que n
casUn último
d
eJemp
l

na a nuevo que observar, sino que en los

levemente el orden lógico sint, 1·

,d

h
o

ay

'.ercetos, el poeta altera muy
os ocasiones
. l .
.
' una casi a final, con

ac ico en
lo que prepara y realza el último
así en lo formal como en lo 'd 1~ ~erso, que ~1erra con perfección el soneto,
1 eo og1co y emotivo :

195

�El griego vencedor de tantos años
Vio contra sí constante la fortuna;
El que pudo sagaz de la importuna

Circe vencer los mágicos engaños;
El que en nuevas regiones y en extraños
Mares temer no supo vez alguna;
El que, bajando a la infernal laguna,
Libre volvió de los eternos daños,

Los ojos cubre y cierra los oídos
De las sirenas a la vista y canto,
Y se manda ligar a un mástil duro;
Y negando al objeto los sentidos,
La engañosa belleza y fuerte encanto
Huyendo vence, y corta el mar seguro.

Hasta aqui he ejemplificado la cualidad poética propia de Arguijo -muy
personal y muy suya- mediante sonetos más bien narrativos, en los que se
manifiesta sola esa característica de arquitectura en líneas casi e.xclusivamente rec~as, d~ que he hablado. Pero hay ocasiones en que, aún si~ d_eja~ la
dirección narrativa, 0 apartándose apenas de ella, el poeta sabe anadir ciertos mesurados elementos de emoción. Veamos, por ejemplo, el soneto Del
Tiempo, dedicado a Femando de Saavedra:

Mira con cuánta priesa se desvía
De nosotros el .wl, al mar vecino,
Y aprovecha, Fernando, en tu camino
La luz pequeña de este breve día.
Antes que en tenebrosa noche fria
Pierdas la senda, y de buscarla el tino,
Y aventurado en manos del destino,
Vagues errando por incierta vía.
Hágante ajenos casos enseñado,
Y e! miserable fin de tantos pueda
Con fuerte ejemplo apercibir tu olvido.
Larga carrera, plazo limitado
Tienes, veloz el tiempo corre, y queda
S6lo el dolor de haberlo mal perdido.
Es una e:xhortaci6n a escarmentar en casos ajenos y a aprovechar el tiem-

po fugitivo. Pero Arguijo no exhorta con frialdad. Empi~a con un~ sintéti-

Mira con cuánta priesa se desvía
De nosotros el sol al maT' vecino . . . ;
ref~e~a ~sa impresión con el cuarto verso que, sencillo en línea, en idea en
adJet1vac16n, en esa sencillez logra un matiz afectivo:
y
La luz pequeña de este breve día.

'

y en ~l último terceto, a falta de metáforas, símiles o imágenes, simboliza la
fuga~1dad temporal en el ritmCl de sus versos, tan rápido, que se le im onen
el asmdeton y los encabalgamientos, por los que esos versos se peJguen
unos a otros:
Larga carrera, plazo limitado
Tienes, veloz el tiempo corre, y queda
S6lo el dolor de haberlo mal perdido.
Transcribo sin comentarios otro soneto que pertenece al mismo grupo.
También aquí el poeta toca, dentro de un clun'a re fl exivo-emotivo y con
igual delicada mesura, el tema de la naturaleza:

'

LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Yo vi del rojo sol la luz serena
Turbarse, y que en un punto desaparece
Su al.egre faz, y en torno se oscurece
El cielo con tiniebla de horror !lena.
!Jl austro proceloso airado suena
Crece su furia y la tormenta crece
Y en los hombros de Atlante se ;stremece
El alto olimpo y con espanto truena;
Mas luego vi romperse el negro velo
Deshecho .en agua, y a su luz primera
Restituirse alegre e! claro día,
Y de nuevo esplendor ornado el cielo
Miré y dije: ¿Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?

El soneto Júpiter a Ganimedes se aparta del usual esquema narrativo
Hab.la el rey del Olimpo al mancebo de Troya y, con un dejo de ternura ¡~
explica que el amor es la causa de su rapto:

'

ca alusi6n a la naturaleza que rápidamente pone en ambiente emotivo:

197
196

�No temas ¡oh bellísimo troyano!

Viendo que, arrebatado en nue~o vuelo,
Con corvas uñas te levanta al cielo
La feroz ave pot el aire vano.
Nunca has o/do el nombre soberano
alto olimpo, la piedad y el celo
De Júpiter, que da la pluvia al suelo

be1

y arma con rayos la tonante mano,

El relato que contiene, emparentado con el tema del Beatus ille de Horacio, puede muy bien no ser originalmente del poeta sevillano; pero lo es,
en forma típica, la manera de desarrollarlo: Aquí, las cualidades de transparencia, línea recta, economía y ajuste perfecto, tienen su mejor uso literario,
al convertirse en cifra de Jo que el poeta quiere comunicar: la noble senciJlez de su personaje -porque este soneto presenta un personaje muy peculiar,
que en tan corto espacio el poeta alcanza a semi-caracterizar-, su sencillez,
digo, en la vida y en la muerte. El soneto dice así:

A cuyas sacras aras humillado,
Gruesos toros ofrece el teucro en Ida,
Implorando remedio a sus querellas?
El mismo soy; no al águila eres dado
En despojo; mi amor te trae, olvida
Tu amada Troya y sube a las estrellas.

En segura pobreza vive Eumelo
Con dulce libertad, y le mantienen
Las simples aves, que engañadas vienen
A los lazos y liga sin recelo.
Por mejor suerte no importuna al cielo,
Ni se muestra envidioso a la que tienen
Los que con ansia de subir sostienen
En flacas alas el incierto vuelo.
Muerte tras luengos años no le espanta,
Ni la recibe con indigna queja,
Mas con sosiego grato y faz amiga.
Al fin, muriendo con pobreza tanta,
Ricos juzga sus hijos, pues les deja
La libertad, las aves y la liga.•

soneto A la muerte de Cicerón, el poeta se dirige al asesino, quien
En el
1 .d del orador La estructura es, como en
debiera, por gratitud, proteg_~ ª. vi a
· El poema es sucesivarnend Argu1Jo ngurosa en exceso.
tantos otros sone tos e
'
. .
d' • •
formales· dos cuar'd .
cuatro pnncipa1es 1v1s1ones
·
te -en coinc1 encia con sus
.
1
t'
por fin paté.
•
· t ogauvo exc ama 1vo y,
,
tetas y dos tercetos- imperativo, m :rr
'radación afectiva un fluctuar
tico. Pero en esa misma _estructura ::z u;:ngemoción contenid~, en el últique se resuelve con exactitud y, a la
'
l
t
mo terceto. A un tiempo, se consuma el crimen y concluye e sone o:
Detén un poco la cobarde espad~,
Cruel Pompilio, ingrato, y considera
La injusta empresa que a tu brazo espera,
y largos siglos ha de ser llorada.
¿ Posible es que se ve tu m~no ~rmada .
Contra el gran Tulio, a quien librar debiera,
En igual recompensa, de la fiera
Muerte, a tu ingratitud recomendada~
· Oh cuán poco aprovecha la memoria
~el ~ecibido bien, que al obstinado
Ninguna cosa de su error le muda! .
Desciende el golpe sobre la alta glona
De la latina lengua; derribado
Deja el valor, y la elocuencia muda.

. a1· la serie con un soneto sin título que me parece especialmente reFm
lZO
•.
velador de la peculiar cualidad de ArgmJo,
198

Esta es la poesía de Arguijo, muy próxima a lo intelectual; pero en la que
este mismo elemento se transmuta, en los mejores momentos, en mesurada
emoción.
Traduce con exactitud un conjunto de percepciones del poeta -en su mayor parte centradas en los temas de la mitología clásica- en las que predomina lo intelectual. Sin embargo, tiene calidad literaria, propiamente estética, en cuanto que apela a la inteligencia, y secundariamente a la emotividad, con absoluta economía de medios y con gran maestría de versificación,
principalmente en el soneto. A falta de metáfora, esa economía, esa preci4

De paso, quiero hacer notar la simpática intenci6n humorística de este último
verso. Eumelo, libre en su vida sencilla, libre también en su apacible muerte, lega a sus
hijos tan noble libertad. Pero les deja también las aves que se han de comer y la liga
con que han de cazarlas. Es el único rasgo que he podido hallar en su poesía del humor
que parece haber caracterizado a Arguijo durante su vida; humor que también se manifiesta en el hecho de haber recopilado y redactado este autor una colección de anécdotas,
no meramente chuscas o divertidas, sino propiamente humorísticas, por su sentido humano.

199

�viene a constituir una
itectura ese conjunto de medios aptos
del mundo clásico
s10n, esa ar~u
, 'b l de las equilibradas intuiciones
especie de cifra o s1m o o .

que Arguijo quiere comunicar.
.
t comparativo sino paralelo, de
, t
tudio no prec1srunen e
'
d .,
Concluye aqm es e es
'
A
. . Para finalizar esv1an•
.
d Rº ·a Juan de rgm¡o.
'
la poesía de Francisco e IOJ y
.
.
.ero hacer notar que en
·,
strictamente hterana, qw
dome ya de la observac10n e
rre algo no frecuente, e.si enos en algún aspecto- ocu
estos dos poetas -a m
. "d
Rio¡·a el altivo , cuidadoso de conla obra comc1 en.
,
'
¡
to es, que a persona y .
.
d e una poesía que, en gran parte,
•
, f co ru.slarmen to pro uc
servar su anstocra 1
,
.
' A
..
caballero manirroto que, por
.
bre s1 rmsma rgu110, e1
.
se reserva y cierra so
.
'be na poesía abierta que quiere,
su fortuna, escn
u
d
generosidad, aca b a con
,
.
sa gran voluntad e comu·
Tengo para m1 que, s1 a e
..
ante todo, entregarse.
.. h bº
·do la capacidad ,ens1t1va,
.
. del artista- Argu1 JO u iera um
mear -propia
. d Rº . hubiera sido un gran poeta.
imaginativa y sensonal e 101a,

BIBLIOGRAFIA
í E t 32 de la Biblioteca de Autores Esp añole, . M. Rioes as.
389
.
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4

p

RtOJ A, FRANCISCO DE.

;74

den....,ra. Madrid, 1854. pp. 391-40 ·_ 1 Coi ··n de poesías escogidas de los más
-,
J
p naso Espano .
ecc10
- d
UAN. ar
d .d p
Don Antonio de Sancha. Ano e .. . .. .
célebres poetas castellanos. Ma n . or
.

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II, pp. 258-262 y 265-266.
torial Gustavo Gili. Barcelona, 1950., t.

MDCCCLXXVIII.

VALBUENA PRATT, ANGEL.

d q ue a Rioja le costaba trabajo "apcarParece ser expres1º6 n d e Lope de Vega 1a e
se de su divinidad".
1

200

HEINRICH VON KLEIST Y SU '·NOVELLE"
HANs-VVILHELM

Sr:rrAFER

Escuela de Letras I. T.E.S.M.

EL DRAMA DE KLEIST OCUPA el lugar que le pertenece en la historia de la
literatura mundial. Contempladas no pocas veces, las "Novellen" del poeta
han hecho patente su extraordinario ingenio épico. Sin embargo, creemos que
aún no han sido interpretadas plenamente y que es oportuno, a propósito de
La Marques a de O . . . , fijamos ahora una doble meta: Primero, la de contribuir a la interpretación de la 11 Novelle" de Kleist. Segundo, la de entrever
las posibilidades de su análisis puramente estructural.
El término "Novelle" se refiere, en nuestro contexto, únicamente a la forma de la novela corta alemana cuyo desarrollo ha dibujado el conocido y
riguroso perlil que le es propio. En la literatura alemana se le considera como la forma épica más estricta que ha dado la composición en prosa. En sus
elementos formales, los acentos señalan por sí mismos hacia un adecuado
análisis estructural.
Es esencial, para la interpretación exacta de la obra poética, un correcto
enfoque mediante el método científico. Así se evitará, por ejemplo, explicar
el contenido de un drama únicamente por la sintaxis, o lo esen~ial de una
poesía larga sólo por la secuencia de vocales. El investigador debe tener a su
disposición todos los métodos. Cuál de los métodos deberá ser necesario en
primer término, esto quedará determinado por la obra en cuestión.
Los métodos que pretenden llegar al éxito en todos los casos son tan sospe·chosos como las panaceas de los charlatanes. En la actualidad ya no es posible, tal como se hizo en décadas pasadas, sobreestimar aquel tipo de exploración que de modo invariable ponía el énfasis en las circunstancias sociales y biográficas del poeta. A semejante tipo de investigación biográfica se le
había escapado precisamente aquella característica de la obra poética que
,constituye la base para el análisis estructural como método de investigación:
Ja verdadera poesía sobresale como una totalidad capaz de vivir por si mis-

201

�ma, y es por esto que puede ser completamente separada de la persona del
poeta.
En esta tendencia moderna, que naturalmente no desprecia los métodos
antiguos pero que sin embargo tiene una firme inclinaci6n hacia la exactitud, se ofrecen una vez más diversas posibilidades: Análisis por la observación de la metáfora-simbolo-emblema ( lo cual sería el camino más corto hacia las ideas) ; contemplación sistemática de la estructura del espacio; perspectiva narradora, es decir, la relación exacta entre narrador y materia; y
aislamiento de la intención poética por comparación detallada de las fuentes
( aquí se acerca otra vez a lo biográfico) o hacia un análisis de la estructura
del tiempo, etc.
En el presente estudio será utilizado el último de los métodos a sabiendas
de que no será posible aislarlo enteramente, dado que hay una gran variedad de puntos en los que se interfieren las otras posibilidades. De hecho, ningún método logra en sí solo una interpretación completa.
Se han evitado intencionalmente las conexiones diagonales y posibles comparaciones (con Penthesilea, Akmene [Anfitrión], Nathalie [Príncipe de Homburgo], por ejemplo). Aunque el análisis de la estructura épica no puede
prescindir de la cabal estructura del tiempo, quisiera insistir en la exigencia

de fijamos dentro de los límites del método que reclama la obra en cuestión, sin la ayuda de la producción total del poeta. Se ha adoptado la estructura del tiempo como perspectiva principal para la comprobación, al fi-

Menciona en este contexto la conexión de

fluencia perceptible de R

.
ousseau la cual co
mi en la vida de Kleist Ot
'
nocemos como fenómeno juve-

fianza, que ocupa un lu¡ar c:~tr:~m;nto fuerte es el problema de la concomo en la mencionada novel A
o en las cartas del viaje de Würzburg
el impulso más importante a. qm no se puede decidir quién dio a Kleis;
las posibilidades.
con respecto a la materia. Me limito a presentar

-;n

Friedrich Braig
· qmere
·
ver el ensayo del M
.
como fuente principal ("U
. d .
onta1gne sobre el alcoholismo

. .
na vm a Joven ha llegad
'
su conoc1m1ento y voluntad ah
o a ser embarazada sin

súplica pública").' En la té[. orda dlebe buscar al padre del niño por una
mea e a novela Brai
muy de cerca con Cervant , H
'
g ve a Kleist conectado
1
es.
ans M. Wolff com ta· "El
.
P etamente extraordinario de la . 1 • ,
en ·
motivo comd'
VIO ac1on de una
· d
irectamente del 'Urfindling'
,,
.
muJer esmayada, viene
inclinado a considerar má . . . . ' mientras que Hermann Schneider p·arece

s importante el co · •
noc1m1ento que Kleist tiene de
a conocer las obras del E - 1
on e se había publicado en 1800-1801
.
, spano en Konigsberg,
ducc10n
·, d e las novelas y tamb., d
en la. .hbrena de Nºico 1ov1us
•
una traervantes:
de d

trata sin embargo de hacerla visible más acá de la mera intencionalidad, me-

diante la delineación de la forma que es también esclarecedora.
En el estudio de la estructura de la obra poética me siento en deuda con
las investigaciones de Emil Staiger, Hermann Pongs, Günter Müller y Eberhart Lemmert. Vaya también un especial agradecimiento para mi estimado
profesor en la Universidad de Marburgo, el profesor doctor Josef Kunz, quien
me animó a investigar los problemas presentes.
La novela de Kleist del año 1806, La Marquesa de O ... , fue terminada
en aquel período creativo que el poeta tuvo después de su sumamente des-

agradable estancia en Konigsberg y la salida del servicio gubernamental. La
novela fue publicada en 1808 en el segundo cuaderno del "Phoebus".
Hans M . Wolff' hizo probable en su interpretación que la novela se basara
en un bosquejo de la primera fase poética de Kleist.
1

HANS

M.

WoLFF, HEJNRICH VON KLEIST,

Die Geschichte seines Schaffens,

Bem

"Tal vez llegó

es evidente de la intención de i~eis:

D::

Qui¡~te _traducido por Soltau".' Ya
quena titular a su colección de no,
e ervantes Mora/is h N 11
tes hab1a llamado la ate . ,
e e ove en, que Cervan.
ncion a nuestro poeta a E
t 1
.
sm embargo, que Kleist tiene
d . n o ro ugar dice Schneider
muy poco e los mof
fº
'
ve 1as de Cervantes.1
ivos Y 1guras en las novelas en referencia a aquella d C ' q

nal, de futuros pasos. Para una mejor ilustración, se ha consultado una no-

vela de Cervantes. La diferencia esencial entre los dos poetas es evidente. Se

u

la Nouvelle Héloise" • y la in-

Dejo descansar el problema porque el

mer lugar a la configuración épica
an_álisis siguiente se refiere en prilas novelas de los dos poet
' a semeJanza y diferencia estructural en

as.

A primera vista aparecen semeJanzas
.
muy f t
Aqu'1 una con frontac1on
•, de las int d .
uer es en los mod os d e narrar.
ro ucc1ones:

·
.In M . .. ' emer
bedeutenden Stadt .

.

.

wztwete Marquise uon O
.
tm oberen ltalten, lieB die ver· · • , eme Dame v
1 // •
utter
uon
mehreren
hl
. on uor re lzchem Ruf und
M
wc, erzogenen Kmdem d
I
.
' urc i
bek anntmachen.. . . .Die D ame, d.ie emen
so sonde b
..
r aren,
Wet
1 reizenden Schritt beim D

----2

1

,

d.
.
ze Zeitungen
d
en Spott der

rang unabanderlicher Umstii.nde, mit

La ruptura con e I pad re Y la escena amor
FRIEDRICH BRAIO H ein . h
.
osa en la reconciliación.
.
,
ric von Kle1st, Münchcn 1925
449
1 nusmo, p. 452.
1 p.
.

• AH'

HERMANN SCHN EIDER, s ludien
.
•e
ompare Schn ·d
(
1

t

zu H einrich vo Kl .
n
eut, Bcrlin 1915,
98
All'
.
e1 er como citado arriba) p 99
p.
.
1 m1smo1 p. 115.
' ·
·

1954, p. 118.

202

203

�solcher Sicherheit tat, war die Tochter d es H errn von G . .. , Kommandanten der Zitadelle b" .M· · ·"'

&lt;ladera del espacio de tiempo. 12 Vista en conexión la construcción temporal
es la siguiente:

as del verano volvían de recrearse del ~~o
Una noche de las caluros
.
iño pequeño una h,¡a

La novela empieza con el clímax de emoción dando al mismo tiempo la exposición y una adivinanza. Por retrospectiva sigue entonces en pocas oraciones la conducción hacia la escena en la citadela, con la cual, siempre en
la retrospectiva, empiezan los eventos antes de siete a ocho meses. Parece
que sólo pocos días después de la conquista de la fortaleza por los rusos se reporta la muerte supuesta del Conde F ... ; el párrafo corto concluye con las
palabras: "und mehrere Monden vergingen, ehe sie selbst ihn vergessen konnte" (p. 93). Esta declaración sin embargo se adelanta porque la primera
frase del párrafo siguiente "Die Familie muBte nun das Kommandantenhaus
rliumen", se refiere sin duda a los días directamente después de la ocupación de la fortaleza.

·
h ·dalgo con su mu¡er, un n
'
en Toledo un anctan~ t...
. d
La noche era clara, la hora
de edad de diez y sets anos, y una cna a. ,, e
· so lo, y el paso tardo. • ·
las once, el camino

la rimera orac1on, lugar, tiempo y
Los dos poetas mencionan luego en
p d
cterística de estilo
.
,
demostran
o una cara
personas principales de 1a acc1on,
parece no participante en
, En un modo escaso y como
1
que tienen en comun.
ref
. narrativas en una so a
,
.
lan hechos y
erenc1as
la accion misma, se acumu
d s a la fuerza. Por otra parte
.
1 .
ión de estar amontona a
frase. Casi dan a llllpres
1
.
manera descripciones de afectos
,
allá en a misma
'
'd
encontramos aqm como
'
d al poeta español. Schne1 er
, 1.
Kleist a veces exce e
fuertes; en el u trmo caso
1· en en común la precisión con
Kl · 1 y Cervantes ,en
hace notar además que
e,s
d . 'º Los dos desde la primera
l figuras secun anas.
'
la cual dan nom bres a as
1 emolino de los sucesos .11
. .,
. avientan al lector en e r
.
frase de la exposic10n, casi
1 . t aducción se pérciben d1.
·,
ás cercana ya en a m r
Pero con una mspecc10n ro
.
doras Cervantes todavía alulas concepciones narra
.
ferencias importantes en
d d la acci6n dramática que se
·1·d d
te de la tempesta
e
de a la tranqu1 ' a an s
, .
Kl . t 1 contrario lanza la fase
ed cronologicamen te. e1s a
acerca y con eso proc e
d" .
inextricable frente al lector.
central, el nudo enredado como una a ivmanza

LA ESTRUCTURA TEMPORAL

A) La Marques a de O . . . .
d 1
. , n incluye s6lo pocos días, quie. d !tiempo e aacc10
dl
Tomado con exact,tu e
.
1
. , dico hasta la boda e
r
.
,
del
anunc10
en
e
peno
re decir, desde la pub 1cac10n
d
h c·a la escena en la fortaleza
. es que con ucen a l
Conde F .. . Las pocas orac10n . . 1
re resentan una amplificaci6n very aqueil as qu e bosquejan el feliz fma ' no p
, Se cita de la ed.1c1"6n:
p. 89.
, Se cita de la edición:

HEINRICH VON KLEIST,

MtGUEL DE CERVANTES•

p . 115.
tt

ScHNEIDEll

(como cit.), p. 105.

" Allí mismo, pp. 102-103.

204

Sámtliche Novellen, München 1959,

En un párrafo otra vez muy breve se cuentan en forma de resumen el cambio de habitaci6n que necesita cierto tiempo como también el regreso a la
vida ordenada y tranquila. La transición a la escena corta en la cual la Marquesa descubre las primeras señales de su embarazo, es extremadamente rápida y plana:

Die Marquise knüpfte den langen unterbrochenen Unterricht ihrer
Kinder wieder an und suchte für die Feierstunden ihre Staffelei und
Bücher hervor, als sie rich, sonst die Gi5ttin der Gesundheit selbst, von

wiederholten UnpiiBlichkeiten befallen fühlte, die sie ganze Wochen
lang für die Gesellschaft untauglich machten ... Eines Morgens . .. (p. 93) .
Concluye la escena mencionada en el tiempo de "algunos días". "Pronto
despuésu -es difícil decir si se trata de unos días o unas semanas- ocurre
1a primera presentación del Conde F . .. "Varias semanas" más tarde hay la
disputa y finalmente la ruptura con los padres. La parte que contiene la salida de la marquesa y la preparación del anuncio usa otra vez resúmenes que
son tan poco llamativos como los anteriores:

Sie sah die Unmoglichkeit ein, ihre Familie van ihrer Unschuld zu
überzeugen, begriff, daB sie sich darüber trosten müsse, falls sie nicht
untergehen wolle, und wenige Tage nur waren nach ihrer Ankunft in

Novelas Ejemplares, Madrid 1957,
u HA.Ns M. WOLFF (como cit., p. 187) toma en consideración, que Kleist agregó
el párrafo final "que es más bosquejado que elaborado", en un tiempo más tarde, "para llevar Ja novela a un final exterior . . . en las otras partes ya fue terminada en
KOnigsberg".

205

�V. .. verflossen, als der Schmerz ganz un d gar dem heldenmüttgen Vor108
satz Platz machte. · · (p. _ ) · . W hen sobald sie ihre Niederkunft
Sie machte AnstaU~n, mhwemg La:~sit; wiederherzustellen. (p. 108).
überstanden haben wurde, t ren . ..
. . . del cuento uno se pregunta
Llegando ahora nuevamente al pr'.n~1p10 dónde se ha quedado el tiemanto más que el dar a luz está proxuno---: .
.
--cu
.
.
d
n
resumen
breve
resulta
el
s1gmente
aspecto.
po necesano, e u
Distancia de tiempo a
lo anterior

1. Exposición, retrospectiva ~ lad v ida de la Marquesa, principio e.1a
acción recuperante con la conquis-

1 pág.
ta de la ciudadela ... • • · · ·. · · · · · aprox.
2-2 /3 ,,
2. Los eventos en la fortaleza .....

"

3. La noticia de la muerte del Conde F ... ...... . .. . . . . ........
4. Aparición del Conde F. · ·

.... '

"
"

5. Descubrimiento de las circunstancías, ruptura con los padres .....

"

6. La marquesa recupera completaroen te la compostura ..........

"

1/2

"

8-1/2

"

5-1/2

1/2

"
"

conexión
directa

máximo 3
días
máximo 5
meses

días" después del cambio de habitación; aquí dice que en "pocas semanas"
habrá pasado el alumbramiento.

El poeta determina el tiempo de ocho meses que es contado en aproxi.
madamente veinte páginas ( conquista de la fortaleza hasta la publicación
del anuncio) con las siguientes palabras: " ... ahora entonces" (p. 92) {máximo tres días); "pasaron varios meses,, (p. 93) (máximo cinco meses); "varias semanas" {p. 102), "pocos días" (p. 107).
Aun cuando un calcular meticuloso del tiempo no tiene mucho sentido,
muestra claramente la comparación efectuada del tiempo y una aceleración
hacia el clímax. Abarcando todo, las !'Cferencias "varios meses", "varias semanas", "y pocos días" 13 apenas son capaces de cubrir el tiempo de ocho
meses. Se hará referencia a este punto nuevamente más abajo.
Frente a las veinte páginas de la primera parte recuperante, cuyo tiempo
resulta en aproximadamente ocho meses, están las catorce páginas que traen
la segunda parte del cuento con la solución. Con ésa ya se nota que el centro de gravedad yace decisivamente en el último tercio de la acción. Pero
primero la repartición temporal en los detalles: La primera parte cierra mencionando el principio del cuento (p. 108), y es típico que después en la segunda línea de la segunda parte se encuentra la palabra significante para
la estructura temporal "mientras". Ahora se ha llegado a la rapidez más alta
de la acción y con esto al nivel más alto de emoción; los eventos se precipitan, progresan hasta la relación de simultaneidad.
Después de pocas referencias transmitentes y no muy exactas con respecto
al espacio del tiempo, se llega a la última fase del recurso de la acción:

"varias

semanas"
"solamente pocos
d',as,,

, af (p. 108) son relativamen.
Las referencias de uempo
en el último parr o

sobald es seine übrigen V erhiiltnisse gestatteten, ging e, augenblicklich
van Neapel ab und kam auch richtig, nur wenige Tage nach der van
ihm bestimmten Frist, ia M . . .an {p. 109).
También el "augenblicklich" ya caracteriza la rapidez tremenda que domina lo siguiente:

te difusas:
.
d G f F
van Neapel wiederkehUnd so war der Zeitpunkt, da er ra
. . . ·¡¡·
·1 dem Schicksollte noch nicht abgelaufen, a1s "' schon vo ,g rru
ren .
,
k .
1b
vertraut war .
sa,
1 in ewi·g klósterlicher Einsam ett zu e en,
' "D re h ganze N a"chte , m' unruhiger Schlaflosigkeit
y brevemente d espues:
u
d t " A pesar de esto se deja sard
dreht und gewen e · · ·
'
durchwachlt, .-:"nª cla:: ~: la reflexión de la Marquesa que tomó lugar: "pocos
car una a us10

206

Der Graf erwiderte, . .. daB er noch heute nach V .. . gehen und
seinen Antrag bei ihr wiederholen würde. Er ergriff auch sogleich seinen Hut, empfahl sich ... und ging ab. Er bestieg ein Pferd und sprengte
nach V . . . hinaus. (p. 109).

is Es además significante la disminuci6n de espacios de tiempo reportados durante
el progreso hacia el clímax.

207

�Después de que el Conde falló de explicarse, él mismo encuentra rn la noche del mismo día al Forstmeister, que le infonna el anuncio del periódico.
El siguiente y primero de los breves párrafos que reúnen nuevamente el
tiempo disminuyéndolo después del clímax en la escena de rehabilitación, co-·
mi enza otra vez con "Inzwischen" (p. 111), (mientras). Lo siguiente se refiere al "nachsten Zeitungstag" (próximo día de periódico) (p. 112). La

6. a) Preparaciones de la fam·1·
1
11aparaa
fecha fijada .
b) Llegada del Conde.
c) El rechazo de la Marque
d) La boda.
sa.

Para la segunda parte recibimos entonces, el siguiente esquema:

l. El anuncio de la Marquesa; la ida del

conde.

2. El Conde F. se presenta en la casa del
comandante, luego con la Marquesa. El
se da cuenta del anuncio.

Distancia de Tiempo a lo anterior
Aprox. 1/, pág.
¼ ,, simultáneo.
,,

21/2 ,, conexión directa.

,,

3. La señora empieza a dudar y presenta
a su esposo el anuncio.

4. La Condesa en el próximo día de periódico. La disputa de los padres.

"
,,

1 ,, simultáneo.

5. a) El comandante reciba la carta de
su hija.

208

3½ ,, un día.

algunas semanas.

"

½ ,,

más de un año.

Para hacer todavía más transparente la est

la formación temporal de las dos part
PARTE

I

l.

e a novela d1rectamente:

II

No. de
páginas Distancia de tiempo

Distancia de tiempo

1

¾

2. 2-½ Conexión directa.
3.

d I ructura '.emporal, comparamos

PARTE

No.de
páginas

es

Simultáneo.

2-½ Conexión directa.

1/, Máximo tres días.

1
Simultáneo.
1
De 2 a 3 días ( ?).
5-½ Pocos días.
3-½ Una noche - enseguida.

4. 8-½ De 4 a 5 meses.
5. 5-½ Varias semanas.
6.
½ Pocos días.
7.
Tiempo contado·· Ap roxlllla
. damente
8 meses ( en veinte páginas) .

½

Más de 1 año.H

Tiempo, contado: Aproximadamente
8 d1as ( en catorce páginas).

La relación últimamente dad d
que buscar el punto de graved d a edmuestra con toda claridad dónde hay
dad
• que se reconoce en
ª lanarra
' interesante
·
. re1ativa
estruor. Todavía mas
es la igualmitad de cada parte ( vea No 2)
ctura de las dos partes. En la primera
conec ta d"trectamente a los d .
encontramos. un pá rrafo prominente que se
os eventos anteriores . 1

contem a en la segunda mitad . d
. ' a gravedad superior está
, d 1
' sien o los espacios ,
d
mas gran es antes y desPues e punto 4. Si se conectan las d
unidad, resultan tres puntos prm· . 1 os partes como lo pide la novela como
· 1
~ ~ ~ s enan
~ 'imagmar
··
igua mente puestos. Los dos arcos t
por dos arcos
coincidiendo así en el punt

b) La siguiente mañana la señora va

a la casa de la Marquesa. Reconciliación general.

"

a) El bautizo.
b) Diálogo del matrimonio.

.d

,, de 2 a 3 días.

cone•

xión directa) .

7. El fin.

distancia de la escena de reconciliación que sigue a exactamente este día de

periódico se representa por las palabras "wehige Tage nachher ... " ( pocos días
después) (p. 113). Entre la reconciliación con la madre y con el padre se
halla un resumen (Raffung) de importancia menor (" .. .doch der Abend kam
heran und Mittemacht schlug, ehe es ihr gelang. Am folgenden Tage ..."
p. 116). La insignificancia se expresa además por falta de separación en el
texto. Entre la reconciliación de la familia y la aparición del malhechor, hay
otra vez un día ("Nun galt es, beim Anbruch des nachsten Tages, die Frage:
wer nur, in aller Welt, morgen uro elf Uhr sich zeigen würde", p. 119), que
prepara la solución final retardando e intensificando la emoción. El día después del tercer día del mes se efectúa la unión matrimonial, el bautizo que
se menciona después evidentemente toma lugar unas semanas después y eI
diálogo entre los esposos ahora reconciliados, el cual bosqueja el fin, se refiere al tiempo que fue por lo menos dos años después de la primera boda.

U na noche ( prácticamente

,,

51/2 ,, "wenige Tage"
( pocos días) .

alocan con sus extremidades en un punto
o centr de la novela
,
La exposición con su adivinanza lleva la acc.,
.
.
.
ion a un movmuen to in tranquilo

Heons1·d ero

dispensable el final solamente csboza do.

209
HI4

�. , con aquella situaci6n draf
empieza la accmn
emocional: en la retrospec iva
. ·nal Los intermedios temporay
al C de F
en un crum .
. .6
y
mática que convierte
o~
... ,
más causan una nonnahzac1 n . mu
les que en esta fase se ext1end~n rodas yo co:traídos en una manera rápida y
pequeña; eso es porque son
se acelera la secuencia de _su~esos y

brm; ;

elegante. Con la llegada de~ Con e t ... las diferentes escenas se disminuyen
también las distancias de uempo en re 1 . temporal en su relaci6n a la
constantemente. Se transpone este comp ei:omparable con la vista desde un
acción narrada, al espacio, entonl~e~e~:;~:eparecen pasar sólo extrema,d~mente
tren en marcha: los bosques, en
I J b ues ya se mueven más rapidos, y

osq '
·
al trendespacio, los campos en frente
. de os
1 unto del cual sale la vista mientras más se acerca la mirada a p
as ueda perceptible lo que pasa.
más aumenta la velocidad hasta . qude adpe]nl ct¿r del anuncio de la Marquesa
· t Je la, mira a cae lae acción a este punto, mas
, rápido
En la novela de Kl e1s sa
.
,
d'
co
Mientras
mas
se
acer
en e1 peno i .
.
e llega al clímax.
ara
su
corriente
y
finalmente
s
. .
1 eventos la distancia temporal
P
r d precipitan os
,
l ·

Con el anuncio pub ica o se.
, odavía las escenas llegan a a s1~,..enas ha desaparec1do, mas t
'
entre 1as e;,\,,

rostros, y, desenvainadas las espadas, volvieron, y a pocos pasos alcane
zaron .. ." (p. 116).

Solamente la discusi6n entre Leocadia y Rodolfo, siendo verdad, que consiste sobre todo de largas oraciones por Leocadia, causa una concentración más
estricta en la situación singular. Con esto se nota una disminución palpable en

el recurso de la acción. Narrando la investigaci6n del cuarto por la muchacha
y su regreso a la casa, el cuento sigue más rápido, pero en la escena con los
padres, este Ímpetu es parado de nuevo.

Si hasta este punto todas las fases de la acci6n fueran directamente conectadas en su perspectiva temporal (todo sucede en una sola noche como se
sabe) , ahora se observa un relajo. Con la oración " .. .se redujo a cubrir la
cabeza, como dicen, y a vivir recogidamente debajo del amparo de sus padres,

con vestido tan honesto como pobre..." {p. 124), se alcanza una terminaci6n
provisional de la aventura de Leocadia y el poeta puede dirigirse ahora a la
vida de Rodolfo. Por el aumento de los espacios de tiempo prepara una transici6n sobre el abismo de tiempo entre las dos partes. A un abreviar casual
ce_ ••

ni sus padres se lo pidieron, cuando de aUí a tres días, que él partió para

multaneidad.
esto alejándose otra vez de eS te
Dirigiendo la mirada h~cia ª!el;:~eaá ~~~a secuencia de los he_chos. Aquel
punto de vista, cesa tarob1en la_ e
arte tenía que contraer el tiempo largo

Italia..." (p. 124), sigue una retrospectiva "muchos días había que tenía
a Rodolfo determinado de pasar a Italia ... ", a la cual se anudan las ideas y
deseos de Rodolfo sobre Italia. Así el poeta conduce al lector diestramente a

arco sin embargo que en la primera p , nicamente en el mismo número de

una lejanía de espacio combinado con esto el relajamiento en la estructura

de ocho meses, ahora tiene su efe~~o u hora ya no puede efectuar, lo logra
días Lo que un aumento de la rapi ezla , ]tima oraci6n se quitan todas las
.
., p rque sólo con a u
d.
·smo
entonces la emoc10n. o
A , la novela tiene un mam1
'd d al lector Sl
'] ·
adivinanzas y las obscun a es
.
~ descomponerse solo en las u urnas

temporal. La última oraci6n de este párrafo corto terminado con las palabras
"como si nunca hubiera pasado" ( p. 124), trata de hacer dos cosas: Alude a
una distancia temporal entre Rodolfo y lo sucedido y maneja fácilmente los
pensamientos del lector dirigiéndoles hacia Leocadia cuya vida después de esta
noche --el embarazo y el nacimiento del niño, tanto como su educación, en
los primeros siete años- ahora se puede relatar en pocas frases hasta el
punto de tiempo que marca el principio de la segunda parte. Donde Kleist,

constantemente creciente, que empieza
páginas.

B) La Fu erza de la Sangre

, . 1
estructura temporal que
ucho mas s1mp e en su

La novela de Cervantes es m .. ,
d
. ada por el deber de comL composie1on es etenmn
.
)
a
. t (la escena queda la misma '
.6
e pertenecen Jun os
. h El desarrollo de las escenas
b.nar dos espacios de acci n qu
1
.
b o orcas1ocoanos.
d
siendo separado, sin em arg ' p
.. ,
l b de Leocadia y la falla e
. .
. La exposicion, e ro o
d h ho
diferentes es el siguiente .
. , . da El rápido encadenar e ec s

La Marquesa de O. . .

Rodolfo, se rep

resentan en secuencia rap1

.

recuerda a veces el estilo de

.

Kl . t diciendo por ejemplo:
e1s '

. '

dre lloró su hermam·co , rirañóse la

"Dio voces su padre, grito su ~ª- "J&gt;usiéronse los pañizuelos en los

. da ...,, O en la parte anterior .
cna
210

sin embargo, deja abalanzarse los hechos por la emoción, mencionando los

espacios de tiempo que queda entre las escenas en pocas palabras, Cervantes
se refiere al tiempo mismo que Kleist había eliminado. Donde Kleist dice
" ... nach der nunmehr erfolgten Entbindung der Grafin . . . " {p. 122), ahí
Cervantes no deja salir la oportunidad de hacer la observación: "Vol6 el
tiempo, lleg6se el punto del parto ... " (p. 125) .
En una transición, igualmente elegante como en los pensamientos generales

de Rodolfo sobre Italia, otra vez se efectúa el cambio de resumen rígido y de
narraci6n continuada y detallada: El poeta relata las virtudes y la belleza del
muchacho de siete años. Luego procede la acción más o menos constantemente hasta aquel lugar donde en medio de la oración se mencionan treinta

211

�cía no debe sostener más que la buena
días como tiempo de reconval~cen d' h
so finalmente con sus visitas
1
al L ocad1a pue e acer u
l
oportunidad de a cu
e
d
.
días estuvo fuera de peligro, y a os
" • · ·el cual ' dentro e quince
'
f recuen t =
~
treinta se levantó" (p. 128).
·¡¡
a grandes pasos se cubre el
1 ·
modo senc1 o Y
Menos casual, pero a nus~0. . ,
1
lt de Rodolfo. y otra vez
•
la notihcac10n Y a vue ª
,.
tiempo necesario para
d
or el resumen ng1do por una
en un ara o men ,
balancea el poeta, aunque
º .. '
na rapidez normal de contar:
za la trans1c1on a u
.
breve descnpc1~n y as: rea i
de allí por la posta, en otros siete se
" ... en doce d1as llego ,ª Barcelona, : adre tan galán y tan bizarro, que los
puso en Toledo, y entr~ en ,casa ~a: e~ él todos juntos" (p. 131). Desde _esta
extremos de gala y de b1zarna esta
11
na dimensión de confonmdad
ral
la
acción
se
desarro
a
en
u
t
cortad a empo ,
• · d 1
nto
temporal, tal como fue en el princ1p10 e cue .

. .,

,

r

Dejo seguir la tabla:
No. de

.

páginas Distancia de tiempo a lo anterior

1/,

t. Exposición.
2. Encuentro, secuest rO , crimen
3. a) Disputa de Leocadia con Rodolfo.
b) Leocadia investiga el lugar.
c) Regreso a la casa.
d) Conversación con los padres.
4. Rodolfo viaja a Italia (sig)ue retrospectiva y contemplación .

5. a ) Leocadia se sien te embarazada.
b) El nacimiento.
c) Educación del muchacho en el
pueblo, regreso hacia la fami., h as t a ]os siete
lía, educac1on
años.
6. a) La herida del nmo atendida
por los padres de Rodolfo.

2

Conexión directa.

3

Conexión directa.
directa.

¾ Conexión
1

Conexión directa.
Conexión directa.

'½

Tres dias.

y3

"Pocos meses" .

½ Algunos meses.

¼ En seguida resumen de siete años.
1-1/,

b) Leocadia descubre las relaciones.
c) Reconvalecencia del niño.

1

½

En seguida.
En seguid a resumen de 30 días.

d) Leocadia convence a los padres de Rodolfo.

z

7. a) Noticias de Rodolfo, su salida
de Italia y llegada a España.

Durante estos 30 días.

1/, En seguida resumen de aproxima&lt;lamente 30 días ( tiempo del correo más 12 más 7).

b) Ultimas informaciones de doña Estefanía, plática con Rodolfo.
c) La cena, reconciliación y final.

2
5

Conexión directa.

Mientras que en la novela de Kleist observamos una comprensión hacia el
centro, encontramos aquí en la Fuerza de la Sangre, un espacio de tiempo en
posición central que pide un resumen contractivo.
Acción compleja y de' tensión -el enredar el nudo del destino y su solución
correspondiente-- se encuentra en las primeras y en las últimas dos quintas
partes del cuento; la parte central debe producir los hilos de conexión y llevarlos a través de aquel largo tiempo.
Si aquella vista general a la estructura básica revela diferencias fundamentales a la novela de Kleist, el propio manejo del tiempo nos muestra todavía
diferencias más grandes. Contemplando las tablas que representan las estructuras. temporales, es evidente que la sección con el título Distancia del tiempo
a lo anterior demuestra bien la estructura en la novela de Kleist, mientras que
con la novela española parece confusa o de todos modos menos capaz de dar
una separación exacta de los párrafos. Esto sucede aunque traté de llegar a
párrafos de tiempo más exactos introduciendo más puntos de la acción.
La causa principalmente es ésta: Cervantes contrae, pero Kleist elimina
ciertos espacios de tiempo, es decir, se refiere al tiempo sin incluirlo en la
formación épica narradora. Como el español sabe desplegar su acción en una
corriente amplia que transcurre por el espacio en momentos importantes para
la conciencia humana más despacio, en trechos de significancia menor, sin
embargo con más rapidez, uno se fusiona con el otro. Por eso debe fallar el
experimento que trata de separar secciones de tiempo o de deslindar espacios
de tiempo exactos entre las fases de la acción. Este método tiene éxito con
el poeta Alemás porque él en la mayoría de las veces, pone escena al lado
de escena. Con él la secuencia temporal de las escenas, como su relación de
espacio de una a otra, representan un medio esencial de su creación.
Con esto empieza a emerger con Kleist una tendencia al estilo dramático,
con Cervantes una inclinación hacia la configuración épica. Estas observaciones deben ser comprobadas en los siguientes párrafos.

213
212

�ESTILO DIRECTO E INDIRECTO

de la cumbre y fuerza el regreso de la tens,
, . corriente recta del
cuento.
10n a la rapida
Unos ejemplos más:

Ya Hermann Schneider observ6 en su libro sobre Kleist, que es muy extraño
con nuestro poeta el cambio de estilo directo e indirecto. Schneider quiso reco-

In der Tat, wir werden glauben d fi . .
werden eroffnet haben w. s· , a Sie em Gei.st sind, bi, :Sie uns
p
, te te aus dem Grabe i
l h
zu ... gelegt hatte, erstanden sind, De G
, _n we e es man Sie
dap er, todlich durch d" B
.
r raf setzte stch . .. und sagte
..
ie rust geschossen
h p
· · ·,
ware . .. (p. 94).
, nac
• - . gebracht worden

nocer analogías a este fenómeno también en Cervantes :
Die Ahnlichkeit besteht nun aber darin, dafi die direkt Rede in ,olchen
Fiillen zwar immer vorwiegt, da{i aber auch indirekte Einkleidung vorkommt, und zwar oft gerade den wichtigsten und beweglichsten Áufierungen gegenüber zur Anwendung gelangt. Dieser Wecluel i.st oft
sehr eigentümlich und mag unorganisch anmuten . . . In der Marquise
van O .. . findet sich namentlich so mane her iiufierst lebendige dialogisierte Auftritt; ,elt,am, da/i dann gerade auf den Hohepunkten die
indirekte Rede einsetzt' ".

1

Die Obrütin saote · 'Gehn s·
h
.
Neapel; schenken /;&gt;Si~ un
teJ Sg~ n ~te, Herr Graf; reisen Sie nach
··
s, wenn ie wzederkehren
f ·•
.d .
, au emige Zeit das
Gl· uck Ihrer Gegenwart.' s0 wir
sic1z da, Obrig ¡· d ,
emen A ugenblick und h .
e m en. Der Graf ,ap
.
se ten zu suchen w
dze Hoffnungen, mit denen er ins H
, as er ~u tun habe . . . da er
müsse . . • (pp. 96-97).
au, getreten Jet, al, übereilt erkennen

~

Schneider dice que se puede encontrar repetidamente con ambos poetas
la inclusa de reportes relativamente grandes en forma de citación directa y
presume que este medio de estilo sirve para la interrupción de la corriente

narradora que podría estar en, peligro de monotonía.
Schneider no expresa más que esta presunción. Por eso quisiera juntar algunas pruebas de texto que permitan una interpretación constructiva de este
medio de estilo que se podría definir más exactamente como el cambio de
estilo directo e indirecto.

Como primer ejemplo se ofrece el párrafo en la llegada inesperada del

Conde F ... , que se había creído muerto :
Der Graf G . . _, sagten der Vater und die Tochter zugleich; und da,
Erstaunen machte alle sprachlos. Der Kammerdiener versicherte, da/3 er
recht gesehen und gehort habe. . . (p. 94).
Una fase muy emocionante se prepara; con algunas palabras en citación
directa se produce, casi como con golpes de una fusta, una tensión fuerte y

Después de la discusi6n sobre la d.
.
que viene en estilo directo I d d iagnos,s supuestamente falsa del médico
falta nada más que la afi~aas·, u das ly las esperanzas están en alta tensión
p
ClOn e a comadrona c
'I •
'
ero otra vez el poeta renuncia al uso ef .
º1:r1º u timo superlativo~
cambio al estilo indirecto ev·t
ectivo de esta situación dramática. Ef
d,
1 a una extrema ag
., d
ten _na que seguir consecuentemente un afl . ravac1on .:amática a la cual
plos1va dramática de las escena
.
OJar de tenSion. La fuerza ex. . .
s se convierte en rap·d s·
o d 1smmuc1ón de tensión el c
t .
I ez.
m mucha retardación
'
uen ° sigue corriendo E
·
se nota esta técnica en las pa' .
.
. spec1almente expresivo
gmas que siguen al '¡ ·
•
en cuando sale una interjección o el bos u .
u tun~, e¡emplo: Solo de vez
zosamente requerida aumenta la velocidad ::s de,::n dialogo: La tensi6n forla Marquesa y sus padres y la salida de la y. ás -hasta la ruptura entre
correspondencia exacta a las b
.
pnmera. Con esto resulta una
d
o servac10nes qu hi •
e Ia novela a través de la estruct
d 1 . e c1eron en la primera parte
en d.1recc1on
. , h acia el clímax p
ura e tiempo·. Un mov1m1ento
. .
creciente
1
· ara completar s
· d
os cuales atrajeron la atención de Schne1"d er.1&amp; ean cita os dos párrafos más '

luego sigue de repente un cambio drástico al eS'lilo indirecto, mediante el
cual la escena pasa volando. También en la pequeña escena directamente anterior, donde la Marquesa habla por primera vez a su mamá de su embarazo,
se detecta el mismo principio de formaci6n: el estilo directo desarrolla la
situación hasta poco antes del clímax (aquí: la reacción de la madre a una
idea tan extraña); el cambio al estilo indirecto, sin embargo quita la punta

Der Graf ,chlug ,ich mit der Hand vor d"
.
'
mir so viele Hindernisse in den W ,.x . f
. ie St,rn. Warum legte man
e5 ne er m der Ver
h • .
gessen eit seuner ...
D er.F orstmeister fragte . . . (p. 120)
Dze~em Mann, Vater, sprach sie, als jene noch
kann ich mich nicht vermiihlen' ' ·¡¡ . .
unter dem Eingano
. gn m em Gefiifi ... (p. 120).
º'
H

Ali', mismo, pp. 107.JOS.

" ScHNEIDER (como cit.), p. 107 .

214

215

�En ambos casos se presenta el cambio al estilo indirecto. Es verdad que
aquella característica de estilo aquí no parece tan fuerte como en la primera
parte de la novela. 'En la segunda parte la citaci6n directa ocupa un lugar
más amplio, un hecho que ya se hace probable por la estructura de tiempo.
La velocidad interior se disminuye a favor de las escenas dramáticas.
Schneider proclama el mismo medio de estilo en Cervantes y cita como
prueba el párrafo donde el abuelo agradece al noble por la ayuda practicada
en su nieto y donde entra en acción por primera vez. "la fuerza de la sangre".
Hízose ansí, y su abuelo comenz6 a agradecer al señor de la casa la
gran caridad que con su sobrino había usado. A lo cual respondió el
caballero que no tenía qué agradecerle; porque le hacia saber que,
cuando vio al niño caído y atropellado, le pareció que había visto el
rostro de un hijo suyo . . . (p. 127).

También aqul se reproducen partes importantes de la acción mediante un
narrar rápido y planifican te; falta, sin embargo, aquel cambio repentino de la
citación indirecta antes de un clímax, el cual había conducido la tensión a
través de la citación directa.

Dando una ojeada a la concepción total de la novela de Cervantes, casi
recuerdan a las novelas de Boccaccio, en las cuales los puntos de vuelta
( "Wendepunkt", siendo la fase, donde la linea de acción cambia de dirección"), son marcados y efectuados por medio de monólogos.
Así es en Cervantes un estilo novelesco más antiguo que encontramos y
que es muy diferente del estilo de Kleist. En la primera parte de la novela
española no existe ningún diálogo: los largos discursos de Leocadia y de su
padre, tienen solamente escuchadores mudos y también en la segunda parte,
prevalece un estilo de monólogo. Solo después del anuncio de las circunstancias
por Leocadia, se encuentra algo como un diálogo entre los padres de Rodolfo.
La plática siguiente entre doña Estefanla y Rodolfo apenas da la impresión de
un diálogo; las mismas palabras de doña Estefanla y de Loocadia hacia el
final de la novela parecen indicaciones, las cuales subrayan y comentan, pero
no dan la impresión de un intercambio vivo entre personas emocionadas. No
se puede fallar en darse cuenta, que Cervantes estaba usando el estilo directo
con fines fundamentalmente diferentes a los del poeta alemán. Mientras Kleist
realiza por el cambio de citación directa e indirecta en los puntos importantes
un aplanar de }as cumbres, y con la tensión interior creciendo, efectúa un
progreso dinámico en la narración, el estilo directo es un medio para Cervantes, que le permite detenerse en el colmo, dejar pasar la mirada y expresar
con palabras lo significante de la situación.

El uso de la citación indirecta en K .
.
refundición de la escena es d . 1 le1s_t: llene por objeto sobre todo la
·
'
ecrr, a fus1on del
, ·
corriente épica de narrar
. d
escemco-dramático en la
., en la acción ind'v1"d ual, que todo se dese 'evitan o a pesar de t od a tens1on
.
omponga en escenas a·151 d
,
i
acentuados 11 L
a as o a parrafos de tiempo
d emastado
d
·
os opuestos en el estilo d l
'
pon en completamente a las b
.
e as dos novelas corres.
o
servac1ones
q
h"
•
tiempo.
ue icunos en la estructura del

POSICIÓN NARRADORA

Con lo que fue constado hasta a u'
Cervantes el narrador mismo emer!! q ~' ya no sorprende el hecho, que con
las oraciones introductoras se
ºe c ararnente a la vista del lector. Ya en
.
eneuen Ira una predice. , d
.
gew1sse Vorausdeutung)' que no dea d d
wn eterm1_nada (zukunftsJ
u as sobre la presencia del narrador.
Pero como las más de las d esdichas
.
que viene
.
to d o su pensamiento les
d.,
n no se piensan, contra

suce '° una que les turb , l h l
que 11orar muchos años (p. 114).
o a o gura y les dio

Un as l'meas más abajo el autor aún se dirige hacia el lector:
Este caballero, pues -que por ahora
, por buenos respetos encrt.
,
amaremos con el de Rod0 lf
,

brzendo su nombre le ll
amigos . .. bajaba. . .

o--, con otros cuatro

Cuando la narración empieza a fluir el
.
donde menciona que Rodolf
,
,
poeta por cierto se retira pero
0 pose1a una lla e
•
·
'
mstruye al lector --como en
, t .
v propia, no puede detenerse e
b
u
paren es1s y con un ge t . T
eza-: ... prevención de padr
.
s o s1gm icativo de la ca(p. 117).
es que qmeren tener sus hijos recogidos",
.Cuando finalmente se ha llegado a 1 .
.
cima hacia el final el narrad
a cima de la dicha y la historia se in,
or
otra
vez
alud
d
persona :
e ecentemente a su propia
. .. el cual hecho, déjese a otra pluma a ot .
.
que el mío el contar la alegría univer l d y
ro ingenio más delicado
(pp. 136-137).
sa e todos los que en él se hallaron
paralela llamatÍ\•a a este modO de compone
"onunaconectadora
a eci'
de los uE '"hl
r se encuentra con Goethe en la
rza ungen deutscher Ausgewanderten".

217
216

�Así, La Fuerza de la Sangre incorpora el tipo auctorial de la novela. El centro de orientación es un narrador más o menos omnisciente. Este rasgo ya es
conocido por el elemento didáctico en estas obras del español.
El autor de la Marquesa de O. . . como se podía esperar, no es visible de
ninguna manera. El centro de orientación se encuentra durante la primera
parte, si no en la Marquesa misma, entonces por lo menos en su ámbito más
cercano. Del Conde F . . . el lector ve poco más que la Marquesa misma, únicamente el abandonar a la Marquesa y las hazañas siguientes del Conde, son
los eventos que ella no puede observar directamente. En todos los demás
aspectos -recuérdese la noticia anunciando la muerte del Conde o de su
sorprendente reaparición- el Conde es visto completamente desde la Marquesa o desde la familia de ella.
Sobre todo vistoso -aquel pedido por la mistificación en la composiciónes que nunca encontramos referencia a los sentimientos o a las reflexiones del
Conde. Si el Conde no expresa emociones en sus propias palabras, son únicamente señales exteriores de las cuales podemos deducir sus sentimientos.
Por ejemplo:
Der Kommandant .. . zog sich . .. zurüch, als der russische 0//izier,
sehr erhitzt im Gesicht, aus demselben heruortrat und ihm zurief, sich
zu ergeben, (p. 90) .
Nachdem er ihm zuvorderst . .. eine kurze Lobrede gehalten hatte,
wobei der Gra/ über das ganzif Gesicht rot ward, schloP er . .. (p. 92).
Der Kommandant sprang sogleich selbst auf, ihm zu offnen, worauf
er ... , ein wenig bleich im Gesicht eintrat. Nachdem ... der Graf, auf
die Anschuldigung der Eltem, daP er ja tot sei, versichert hattz, daP er
lebe, wandte er sich mit vieler Rührung im Gesicht, zur Tochter ... (p.

94) .
En el último párrafo citado, se podrá notar casi una intensión fija del poeta,
negando un examen directo de las emociones interiores del Conde: Las palabras "im Gesicht" son dispensables si no deberían servir a relaúvar el enternecimiento a una observación exterior.
Por otra parte registramos fácilmente algunas afirmaciones que se refieren
a los humores y sentimientos de la Marquesa:
Man überlegte an/angs, ob man, sich nicht auf die Güter des Kommandanten begeben sollte, wozu die Mar quise einen gro{Jen Han~ hatte . ..
(p. 94) .
Sie beschloP, sich ganz in ihr Jnnerstes zurückzuziehen . .. ( p. 108).

218

, Pero t~bién sobre las afecciones de
,
.
o1mos mas a veces que sobre a
JI d los &lt;lemas rruembros de la familia
que as el Conde F ... '.
. Der Kommandant blickte mipveru ..
.
thm nicht. (p. 96) .
,nugt vor sich nieder und antwortete
. Als er das z·immer verlassen hatte wuPt d' F . . .
teser
Erscheinung machen ollt ('
e ze amzlie mcht, was sie aus
d
s e. p. 97).

Verdad que se p 0 d na
, explicar est
d
lector entiende con la Marq
, e mo o de narrar también así que 1
uesa, como ella se h ll
'
e
con su familia, los estados y h
d
a a en conexión muy íntima
D t d
umores e ellos
e o os modos queda evidente ue
. .
centro de ori~ntación permanece r:st;in i~n la pnmera parte de la novela, el
Esto cambia en la segunda
t
g o a la Marquesa y su familia
la M
par e, que es natural
·
arquesa de su familia. El centro de .
. , ya por el alejamiento de
ne, cambian las escenas sin respecto a l or~entac1on supuesto se descompoaparece la perspectiva exterior que ha tas d1f,erentes personas. También destemente con la persona del Conde. s a aqm se había empleado consecuenUnschlüssli, einen Augenbl' k
tun sei, stand er und .. b I
tgc ' was unter solchen Umstiinden
F
.
u er egte, ob er dur h .
.
zu
enster emsteigen und seine z
k . e _em zur Seite olfenstehendes
do eh so se¡zwer es ihm auchn . wec
· h t, verfolgen salle.
. d' bts .er ,hn errezc
h·
m Je em Si
,
se ten es die Notwendigkeit zu f d
nne war, umzukehren, diesmal
Abends, da er sich in de ..ebr
ern. . . (p. 110).
"ff ¡·
r u e sten Laun
d
o ent tchen Ta/el eingefunden hatte,
e von er Welt, bei einer
(p. 111).
traf er den Forstmeister an .. .

1º'

Los varios eseenanos,
·
en los cuales la
.,
te, no necesitan una explicac·,
,
acc1on se desarrolla sirnultáneame
M
wn mas exten
S
.
narquesa, la casa del Comand t
sa. on: el Jardín, la casa de la
enumerando sólo las m' .
an e y una mesa pública ("offentliche T f l")
. .
as rmportantes Todo e
,
ae
defm1r la posición narradora com
.
sto es mas que suficiente para
en
"B f
o personal (segú
I t, .
su
au ormen des Erzi:i.hlens")
d .
n e errmno de Lemmert
·
, es ec1r encont
ramos un estilo narrador
q ue sostiene la más grande distancia osibl '
tre el autor y sus personas conf'1guradas
p
e entre el autor y Jo contado, en-

J

El resultado del análisis tem oral
.
la novela de Kleist muestra
es comprobado otra vez: la formación de
presan _en todos los aspectos im;:::: ~asrs dramáticos, los cuales se extre el tiempo que requiere el autor para e a estrul ctura: en la relación ennarrar a go O sea e1 ttempo
.
narrado

219

�.
.
ue cubre la acción) y el tiempo contado, en la relal
1 . , entre el autor v, su crea•
{ Erziihlze1t, el tiempo q • d' t
en a re ac1on
ción entre estilo directo e m uec o y .
1 entido de Emil Staiger.
eión. Al ténnino "dramático"' me refiero en e s

la pérdida de color en las caras, cuyo sonrojar o palidecer se menciona en todas las situaciones importantes. Simplificando, se podría constatar que el
motivo de sonrojarse acompaña a la inclinación erótica y el palidecer al contrario a la lucha por la pureza moral, por los valores más altos. Las palabras
siguientes soportan nuestra conjetura:

"

LAS METÁFORAS y LOS "LEITMOTIVE

,
s anteriores, casi una diferencia total en
Después de observar en los parrafo l
cr n ahora algunas semejanzas
r las dos nove as, emerºe
.
las maneras de compone
.
d ¡· . d o-randes grupos de motivos, a
't'
se deian e mir os º
,.
.
~n ambas obras poe icas,
1 t· l divino y lo apatico e msd 1
táforas : lo ce es 1a o
1os cuales correspon_ en as ~l .
n un tiente diabólico.
tintivo El último tiene en
e1St au
d
e's de la conquista de la for·
·
·
d' tamente espu
En las horas nocturnas inme ia
1 C de F. . . casi como en un
taleza y la salvación de la Marquesa, vemos a on
'
marco de fuego y peligro:
· Befehle nicht
W d d Anstrengung als man seme
.
Er "leistete.. . un . er er
B ld kletterte er, den Schlauch in
mit dem gehorigen Ezfer befolgted.
b l umher und regierte den
.
te brennen en ze e n
der Hand, mitten un r
. N
d Asiaten mit Schaudern
kt
die aturen er
W asserstrahl; bald stec e er, d walzte Pulverfasser und ge/iillte Bomben
erfüllend, m den Arsenalen un

ªe·

heraus" (p. 91) ·

. te un arrepentimiento muy fuerte, expresa
El Conde, que en esta fase ya Sien
. fame por la lucha contra
.
1 ·nstmtos de su acto m
-su cambio interior contra os t
. 'bl
llos motivos que representan
. C
gan a ser v1s1 es aque
'
. .
el incend10. on eso 11e
. , . l f ego los tiros ( no es un mc1l
d
ollo
de
la
acc1on.
e
u
'
d'
lo malo en tod o e esarr
. l
cos) y lo rojo del incen 10,
los soldados tratando de VIO ar son pa
.
dente, que
.,
lícita entre los pacos y lo bestial.
acentuado por la conex10n exp
,,
do le alaba el general; los
.
d "
e roi· o en toda la cara ' cuan
1
Así el Con e se pon
.
. , la muerte por la ba a, no
f silados Esta eiecuc10n,
E
,
cinco malhechores son u
.
xpresión de justicia. s mas
·
na
manera
como
e
debe interpretarse de mngu
, .
. 'f os por medios igualmente
h robres apat1cos y pnmi iv
.,
bien una venganza en o
l
bl a no encuentra su soluc1on,
.
to Lo que es e pro em '
b l
.
rt el Conde por aquella a a, que
P rimitivos e mcorrec s. que hubiera
mue o
.
, D'
tampoco como en caso
"
.
' . E ta bala te venga! (Juhetta. tese
F recibió con las palabras: i Juhetta. , s
Xugel riicht dich ... !" p. 92).
.
d 'na la acci6n sino que cul. ple dualismo que om1
'
Naturalmente no es un s1m
d
lt an en las personas en una roa.
ntimiento y eseos a em
b'
pa e inocencia, arrepe
.
,1L ·t ot'v" se manifiesta el ram 10 en
nera propia y humana. Casi como
e1 m 1

:220

.. .worauf er, schiin wíe ein junger Gott, ezn wenzg bleich im Gesícht,
eíntrat.

Después de la petición de la mano por el Conde:
Sie sah, über und über rot, ihre Mutter ... an; (p. 94
Der Graf auperte, indem ihm eine Rote ins Gesicht stieg, dafi er seinen
ungeduldigen Wünschen wllhrend seiner ganzen Reise dies Schicksal vorausgesagt habe; (p. 95).

El término de "Hitze" en la cara refleja supuestamente nada más que una
emoción fuerte; la encontramos por ejemplo: con el Conde cuando él sale
por la entrada principal del castillo y durante su enfermedad, con la madre
de la Marquesa en la reconciliación con la. hija; y cuando convenció la señora finalmente a su esposo incrédulo. En forma especialmente clara se presentan estos motivos en el importante párrafo prediciente (vorausdeutend):
Híerauf erzQhlte er . .. wie er die Vorstellung von ihr, in der Hitze des
Wundfiebers, immer mit der Vorstellung eines Schwans verwechselt hii,tte,
den er als Knabe auf seines Onkels Gütern gesehen; dap ihm besonders
eine Erinnerung rührend gewesen wllre, da er diesen Schwan einst mit
Kot beworfen, worauf dieser still untergetaucht und rein aus der Flut
wieder emporgekommen sei; da/3 sie immer auf feurigen Fluten umhergeschwommen sei; und er Thinka gerufen hlltte, welches der Name jenes
Schwans gewesen, da/3 er aber nicht imstande gewesen wii.re, sie an
sich zu locken, indem sie ihre Freude gehabt hatte blof/ arn Rudern und
In-die-Brust-sich-Werfen; versicherte plotzlich, blutrot im Gesicht, dap
er sie aufierordentlich liebe; .. ." (p. 99).

El sonrojar traicionando una inclinación erótica se halla en conex.ion
gradual con el rojo de lo malo y lo pernicioso, hasta lo diabólico de tal modo, que el fenómeno siempre ocurre con intensidad, cuando lo malo, lo amenazante, choca con lo puro e inocente. Para ilustrar se citan unos párrafos más:
221

�fa! uersetzte die Marquise._ .. indem sie ihr, mit dem Ausdruck der
gekriinkten Würde, hochrot ,m Gesicht glühend, die Hand kü{Jte: · · ·

(p 104).
·
· G · ht ¡--ht 1
.
.
t d u, da{J dir der Arzt gesagt hat? Wze dezn eszc g u .
Was
memtes
(p~i:O~~chte wohl schon eznzge Minute: hier_ g;::~:e:;;:n, ;::ic!::
Forstmei.ster daraus hervortrat, und zu i r mr 1
sagte: . . • (p. 107 ) ·
{J · S h ºft
. f, tn
. d em ihm das Blut ins Gesicht scho ' die e n '
Der Graf d urc hlze
(p. 111).

.
. , .
110 115, 116, 119, 120, 121.
Otras referencias a este punto. paginas . ' , .
. .
relevantes las
.
. , de los contrarios d1abobco-d1vmo son
Para la con f1gurac1on
lineas:
Die Hebamme versetzte, da{J dies, au~er der Heiligen Jungfrau, noch
keinem Weibe auf Erden zugesto{Jen ware. (p. 106).

.,
onectarla con el párrafo ya citado, donde a la MarEsta alusion hay que c
dº
ángeles· se preparan las requesa el Conde parece comparable '.'°n ,oses o
'
flexiones siguientes de la Marquesa.
ºhr unertriiglich, da{J dem jungen Wesen, das
. Nur der ~edanke w:~:ld und Reinheit empfangen hatte, ?lnd desse_11
sie m der gro{Jten Uns
h . . ll
war auch gottlicher zu sem
b
'l er ge eimmsvo er
,
Ursprung, e en wez
. S h ndfleck in der bürgerlichen
schien als der anderer Menschen, em e a
Gesellschaft ankleben sollte. (p. l08) ·
1
. e amargas e irónicas del padre, los
Así tenemos también en las exc amac10n s "
1 d ( p 112) . Des-" erra" "zorro" en un y ''querube en otro a o
.
opuestos de P
,
"dº1 bl0 ,, contra el Conde el cual
¡
za
la
palabra
ª
'
M
pués de que la arquesa an
d t grita con los labios blancos como
,
ºd
, la cita el coman an e
"
121)
hab,a vem o segun
' .
1
diesen Scheiteln weichen! (p.
.
gis: "Moge der Fluch des Hdtmme s uon"todos los ángeles y santos" de testigos
Al rato la Marquesa mvoca e nuevo a
y termina la nove1a con 1as Palabras al Conde:

er

..
ºh d
l
·cht wie ein Teufel erschienen sein,
wurde
t r ama s m
k wenn
bei seiner ersten Erscheinung wie ein Engel vorge ommen

i,;,;'nicht

wiire. (p. 122) •
222

Las cumbres en la lucha entre las fuerzas contrarias son acentuadas por el
motivo del tiro, ya mencionado más arriba. El disparo que de la pistola del comandante golpea roncando en el techo (p. 107), marca una dura línea de
separación entre la Marquesa y su familia. 18 La señora, que cayó en un des•
mayo, es confrontada otra vez con la pistola disparada para señalar la separación odiosa ( unas páginas más tarde en un párrafo recuperante: p. 111).
Recurre el motivo poco tiempo antes del cambio causado por la prueba secreta de la coronela. El comandante en su ofuscación exclama: "Aber die
Kugel dem, der am 3ten morgens über meine Schwelle tritt!" (p. 113). ("Pero la bala para aquel que en la mañana del día 3 pise sobre mi umbral").
Aún en el principio de la escena de reconciliación se toca de nuevo este mo•
tivo, el cual -perteneciendo a la esfera diabólica- caracteriza sobre todo la
separación culpable:
"Sin perdón"; interrumpió la coronela a ella. "¡ Porque agarró la pistola!"
(p. 117).
Una modificación y debilitación de este motivo se presenta en el cazador,
cuya ocupación típica es el matar el venado por el disparo. Así el Conde lucha
como "Obristleutnant vom t ...n Jiigerkorps" (p. 91) y el malhechor falsamente acusado por la señora es Leopardo, el cazador tirolés.
Con estas observaciones ya se nota, que tanto reflejan también las metáforas a las fuerzas opuestas y a la tensión resultante. Los diferentes motivos y
los Leitmotive llenan con sentido las líneas de acción entre los polos libertad y
violación, ángel y diablo, virtud noble e instintividad. El conjunto de símbolos
y metáforas garantiza además aspectos vivaces en el espacio humano, lleva
a las personas de la fábula a caracteres completos. Un buen ejemplo es el
obrar de las dos fuerzas en la persona del Conde F . . .
También en la novela de Cervantes se encuentran los contrarios de lo bestial -elemental y de lo angélico-- divino, aunque en una relación básicamente diferente de aquella de Kleist.
Luego en el principio de la novela es inequivocablemente indicado por la
metáfora:
Encontráronse los dos escuadrones, el de las ovejas con el de los lobos; (p. 113).

Llama la atención, que los dos poetas comparan los inocentes con animales, los cuales tienen una afinidad a lo divino. En este caso son las ovejas en
su conexión al Cordero Divino de los cristianos. Con Kleist fue el cisne, cuya
apariencia intachable fue adoptada por Zeus.
11

Compare con esto Wollf (como cit.), p. 183.

223

�. d ,,
Kl . t. u
o du Reinere als Engel sm ...
La metáfora del ángel ( compara e,sh. · · · . e de la piedad y de la
de las mue as expres,on s
p. 115) es solamente una
b
Leocadia y su familia.
•,
Dios que o servamos en
,,
profunda conexion con
'
d"
·t . "·Jesús' ¿Quién me toca.1
.
ominioso
Leoca
ia
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a.
'
.
.
.
En su d espertar ,gn
,
1 .elo pasarán mis que¡as, sm
sigue diciendo después: " ... Entre tu y e c1
Y
.
d
" ( 119).
q uerer que las mga
el mun o. . . P·_
rd d por Dios la cual es com.
. .,
l destino o ena o
'
En Cervantes eX1ste sum1s10n a
¡·
d Kleist y su concepción de la
·
sble para las ,guras e
pletamente mcompren ,
ebas de las referencias abundantes
libertad humana. Escogemos algunas pru
en el poeta español.
acordaron de esperar

lO

qu

e Dios hacia del herido. • •
.
d
l · l y caído todo

como medio de expresión las caras de las figuras principales. Cuando Rodolfo se precipita hacia la heroína desmayada, tropieza dos veces, que se podría
interpretar como indicación retrospectiva de su doble falla (el robo y luego
el abandono de Leocadia) . La intensidad del desmayo de Leocadia es evidente por la insensibilidad de su cara contra el agua, y después de la reunión
simbólica de los amantes (la cara del igualmente desmayado Rodolfo se baja
en el pecho de Leocadia, p. 135) se llama la atención de nuevo en el rostro
del niño (p. 137).
Con el desmayo ya se mencionó el motivo que -junto con el crucifijo-se debe definir como motivo principal. Estos dos "Leitmotive" contienen cada uno, el sentido extremo de la palabra "sangre", es decir "sangre" como
símbolo de instinto bestial y "sangre" como la sangre salvadora de Cristo,

. . .creyeron y pensaron que se les habia cerra o e cic o

que nos asegura la gracia y justicia de Dios.

···el mundo a cuestas.·· (. 128 ) · . .
.
él lo crey6, por divina permm6n del cielo . .. (p. 130).
·..· ·.Ylas gracias que dieron al cie
· 1o. . . (p. 137) etc .

tos, donde la fuerza de la sangre deja obrar en el espacio de la criatura sus

"6 de máximo espanto por la supuesta. muer-

Consecuentemente es la expres1 nd_ . " 1 s gritos de su hijo penetraban
te de Leocadia, cuando el poeta ,ce . . .. o
los cielos..." (p. 136).

Tanto en Kleist como en Cervantes,

los rostros de las personas tienen un

papel importante.
1
- ol no describe la moción y los
. ·¡·
t
.n embargo que e espan
. d 1
Es s1gm ican e, s1
. '
Kl . t
espe¡· o tan e.."Xpres1vo e a
presenta con
e1s un
.
cambios de las caras que re
.
1 tado de los rostros en las siantinomia luchando con las almas, smo es e es
.
t' en valor para Cervantes.
tuaciones diferentes, que ien
..
odo de manejar a los homCon Cervantes el destino se manifiesta por su m 'd d
1 . t .or de las personal, a es.
bres, no por la lu ch a en e m en b" t
Rodolfo venda los ojos de Leocad 1 "lobos" son cu ier os,
Los rostros e os
.
'd d de lo bestial, y también en el cuarto
dia cuando la lleva hacia la obscun a
ente en lo obscuro. La
'
d 1 ,1.
ermanece en teram
de Rodolfo, el rostro e u timo p.
1 bo
a través de la cual la
. ...
su hermosura bnllante es a
ca,
.
cara del runo con
d R d lf . 1 cariñosa y comprensiva
h bl al padre e o o o, a
fuerza de la sangre a a
d L cadia (p 129). El rostro hermoI
f'"tasucaraconaeeo
.
hl
Dona Este ama JUil
d todos estos eventos; este hec o o reso de Leocadia es sobre todo la causa e
ad
. .
1
alabras de Rodolfo a su m re.
cuerdan indirectamente as_ p

La unión final de los fehces llega a una pro

fundización simbólica, que usa

d sarrollo de carácter en el Conde, porque no es
e
b . Compare sin embargo: Wolff (codirectamente conectado con la meta de este tra ªJº·
mo cit.)' p. 185.

i, No quiero entrar a detalles del

224

En forma de "Leitmotive", el desmayo siempre sucede en aqudlos punpotencias destructivas, pero también irrevocablemente obligadoras y constructivas ( robo y violación, reconocer con Doña Estefanía y reunión). En
forma ligeramente variada encontramos este motivo en la ausencia de sentido
de Luisico cuando es herido por el caballo; no es incidente, que es un animal,

el cual da el impulso para la segunda parte de nuestra novela. En esta situación chocan las potencias destructivas y constructivas de aquella fuerza obscura de la sangre, simbolizado en la sangre del muchacho lesionado. La herida por la bestia que en este momento el jinete no sabe manejar, tan poco
como Rodo]fo sabía dominar su concupiscencia viendo a Leocadia, es al
mismo tiempo peligro para la vida y causa para reunión y reconciliación.

Pero el centro de la existencia y la última fuerza arriba del destino es el
Salvador, el Dios Cristiano, Sólo el crucifijo es la prueba definitiva que Leocadia y Rodolfo pertenecen uno a otro.
Cuando yo recordé y volvía en mí de otro desmayo, me hallé, señor, en vuestros brazos sin honra; pero yo lo doy por bien empleado,

pues al volver del que ahora he tenido, ansimismo me hallé en los brazos del de entonces, pero honrada. Y si esta señal no basta, baste la de

una imagen de un crucifijo ... (p. 137).

Siempre de nuevo indican reminiscencias por cadenas de palabras ("Wort20

La traducción al alemán por Soltau (Fischerbücherei 1961. Exemplarische Novellen), que da "Stimme der Natur", para La Fuerza de la Sangre, me parece dudable porque rompe la relaci6n doble en el título español.

225
Hl5

�brücken") la unidad compleja de desmayo, fuerza del destino y crucifijo.
Leocadia se dirige al crucifijo:

Tú, Señor, que fuiste testigo de la fuerza que se me hizo . .. (p. 129).
A la reconciliación final antecede el desmayo que se describe como sigue:

.. .comenzó . .. a perderse de color en un punto, sobreviniéndole un
desmayo, que la forzó a reclinar la cabeza en los brazos de Doña Estefanía . .. (p. 135).
Especialmente con el desmayo, que acompaña al encuentro decisivo con los

padres de Rodolfo, está en el centro de la escena el crucifijo, antes testigo de
la desdicha de Leocadia, al cual había quejado su miseria pidiendo ayuda.
La fuerza de los instintos es convertida en una bendición, por la fuerza de
la sangre salvadora. Pero sean fuerzas buenas o malas, el hombre puede
hacer nada más, que pedir y tratar de ser digno de la gracia divina. Como
hombre está enteramente sujeto a estas fuerzas superiores. "¿ Estoy en el limbo de mi inocencia, o en el infierno de mis culpas?" (p. 117), pregunta Leocadia despertando de su desmayo. Y probablemente no hay otra oración que
enseñe más impresionante la diferencia fundamental a La Marquesa de O ...
Mientras la Marquesa moviliza gigantescas energías por su conciencia de
ser inocente, Leocadia está lejos de creerse capaz de una decisión, si ella tiene -consciente o inconscientemente-- una culpa o no. Su conciencia sola no
le puede enseñar el camino correcto, esto puede solamente hacerlo su confesor como representante terrestre de la fuerza omnipotente. Entonces es imposible una verdadera confrontación de hombre y destino, es imposible lo
verdaderamente trágico, porque falta la libertad. En consecuencia. no son
concebidos las esferas de lo elemental e instintivo y de lo sublime y divit10
como opuestos, sino representan nada más que apariencias extremadamente
diferentes de aquella fuerza única, que se constituye en Dios y su creación.
As! se completa la imagen que se proyectó en la primera parte del análisis. La novela de Kleist configura la lucha de fuerzas contrarias, el proceso
de pelea existencial entre el hombre y su destino. Eso es la causa, de lo esencialmente dramático, que ocupa. una posición central en la forma y en el contenido de su obra. Este carácter de las creaciones de Kleist forma un co~traste

en la escala del estilo épico no uede
sión exacta de la teoría de
pI
ser ~n resultado final. Falta una discubién el lugar de Kleist en ~a n~~:o::nJª te.~atura ª~~mana para definir taroPor otro lado JI
e a Novelle .
, evamos a cabo --en n
de la estructura temporal Ot
uestro terna limitado-- el análisis
.
ros puntos de la est tu é .
para comprobar y completa I .
ruc ra pica fueron usados
vo a constatar, que la tensi~ne t!';;er l resultado. Con Wemer Krauss vuelen la forma épica de la "No 11 " ora seguramente es un elemento básico
·
•
ve e Y que debe
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ser cons1 erado como un criDando una OJ·eada f I IS e a forma novelística.
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cuenta de un rasgo principal que las 'd ·r·ove en de Kleist, nos damos
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, .
'
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de toda variedad
poeI ca- categoncamente com o obras suyas. es I esar
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.
e ra tea smo demoníaco
ling"' "Das Erdbeben in chili" o etf erlob~~g. in St. Domingo", el "Findel autor y sus caracteres ponen I
amoso . M1chael Kohlhaas" -siempre
del hombre, mediante la situa . , a prefgunta ngurosa e inquisitiva al destino
;
c1on pro undament t , .
y aqu1 podemos también incluir s
d
e ragica. La obra de Kleist
1803, Amphitryon 1807, Penthesile~s
;s. dramas (Familie Schroffenstei~
chen von Heilbronn 1810) .
1 d ' nnz von Homburg 1809-10 Kat' gira a re edor el p bl
'
na; ¿somos juguetes de un destm' o .
ro ema de la libertad humainsensato, •So
b.
mente p !aneados en el sentido de
, . . e mos o Jetos premeditadaun espmtu sup ·
.
en ord en y razón? ¿ Somos capaces d b 11
enor que sostiene el cosmos
nos tocan?
e ata ar con las fuerzas obscuras que

i'

1t;;

· t busca sm
. aceptar nin ;
. , Heinrich von KI e1s
.
JO formar por las ideas de un
. .
gun compromiso. Tampoco se del!
movumento litera ·0
aqu~, as que fundaron las épocas del clasi . n ' sean tan poderosas como
sigma su propio camin S
CISmo o del romanticismo KI . t
K'
o. u obra abarca • d' .
,
.
e1s
athchen von Heilbronn co
d
m lCIOS romanticos (compárese
1 f
' mo uno e mucho .
l )
po a uerza y claridad espiritual del el . . s eJemp os y al mismo tiemen, ninguno de los dos estilos. Como Frie~~1~m~ .. Pero_ su ingenio no queda
mas grande de su siglo.
c
olderhn, Kleist fue el poeta

eminente a las tendencias épicas de Cervantes.
Se entiende que nuestro resultado aunque determina la posición de Kleist
n

226

WERNER

KRAuss, Studitn und Aufsitze, Berlin 1959, p. 95.

227

�LA POESIA EN DIALECTO ROMANO DE
GARLO ALBERTO SALUST'RI (TRILUSSA)
GIANCARLO VON

NACHER MALVAIOLI

Escuela de Letras, l. T. E. S. M.

TRILUSSA FUE UN CONTINUADOR de la tradición poética dialectal romana,
que conoció sus máximos exponentes en el siglo pasado con Gioacchino Bel¡¡ y Cesare Pascarella. Se aparta de ellos por el carácter de los temas tratados y por la estructura métrica que emplea. En efecto, parte del soneto clásico para llegar a una composición típica en heptasílabos y endecasílabos,
irregularmente colocados. Como poeta de los animales, se diferencia del autor de las fábulas esópicas por su moral menos cruda, de sentido irónico y
burlón, y de Fedro y La Fontaine porque los animales de Trilussa son símbolos de hombres y la moral aparece entre las líneas del cuento mismo, salvo
raras excepciones.
Su dialecto es el de la alta burguesía romana, pero la elaboración del poeta lo vuelve más dulce, lo hace perder la dureza y la aspereza originales, hasta colocarlo a la altura del idioma oficial. Las palabras dialectales adquieren
un significado nuevo, inesperado, poético, musical. Una de las fuentes del
continuo enriquecimiento del italiano son esas palabras tomadas de los dialectos, y las palabras de Trilussa forman parte precisamente de este patrimonio, sea porque son vivaces y porque son habladas y entendidas por la mayoría de los italianos, sea porque dan el sentido y el significado de la cosa
que deben expresar con mayor precisión que la correspondiente . palabra
habitual de la lengua italiana.
La sátira destaca como contenido y finalidad de esta poesía. Sátira que cae
implacable sobre una comunidad en crisis, sobre una época de cambios violentos, sobre una sociedad en agonía. La moral, la religión, el rey, el dictador, los partidos políticos, la nobleza, la burguesía, el clero, el pueblo, todo y
todos son alcanzados por las flechas sonrientes y benévolas del poeta, que pone al desnudo los defectos, los vicios, la estulticia humana, y que enseña a

229

�reír de ellos, del lector, del poeta mismo y que, a su vez, ríe con todos. Quizá

I

por esto fascina su obra, porque el hombre se encuentra en ella, se reconoce
en ella, descubre sus carencias y sus debilidades y las confiesa frente al mun-

TRANSFORMACIÓN DE FA,BULAS ANTIGUAS

do, cumpliendo el primero y más difícil paso por un camino mejor.
Sencillo y sobrio, su verso tiene el encanto de la simplicidad y el vigor de
lo espontáneo. Sus rimas, su sonoridad métrica, que a veces llega a la cantilena, son esenciales a su poesía, que adquiere sentido sólo si es declamada en
su forma original, en dialecto romano.

•
En la traducción se ha perdido necesariamente gran parte de la poesía,
pero quizás haya sido posible conservar en español la sonrisa maliciosa, el
gusto de vivir, la belleza de la naturaleza, de las cosas sencillas, de la sinceridad de un mundo ideal, creado por el poeta que creía firmemente en que un
alba esplendorosa aparecería con sólo destruir la hipocresía, la mentira, la
maldad y el fanatismo de los hombres. Las poesías que se traducen han sido
escogidas siguiendo una simple preferencia personal, combinada con la creencia de que serán también las que más puedan interesar, por su contenido general, a cualquier lector. Se han dividido tomando en cuenta, en los límites
de lo posible, tanto el orden cronológico como la finalidad y el objeto de la
sátira. Así, se tendrá una imagen de la Italia monárquica de principios de
siglo, del conflicto de 1914 a 1918, dei la primera postguerra, época en la cual
Trilussa alcanzó su apogeo, del nacimiento del fascismo y de la consiguiente
dictadura mussoliniana, durante la cual el poeta pudo publicar sólo unos
cuantos poemas que con dificultad pasaron las barreras de la censura, así
como de la guerra de 1939 a !945, de la derrota y del nacimiento de la nueva Italia republicana.
Por otra parte, el contenido de cada verso español se ha hecho coincidir
exactamente con el contenido de cada verso original. La traducción es literal casi siempre y, en consecuencia, sólo en raros casos se conservan, en determinados versos, la rima y la métrica. Se ha buscado, en cambio, producir
cierto ritmo interno, casi de poema en prosa.
Las poesías traducidas pertenecen a los cuatro libros siguientes:
Acqua e vino • Ommini e bestie - Libro muto, (Milán 1950 ) , Lupi e agnelli - Le favole - Nove poesie, (Milán 1952 ) , Libro n. 9 · Le cose • La gente, (Milán 1959), I sonetti - Le storie - Giove e le bestie, (Milán 1959 ) , to-

dos de las ediciones Amoldo Mondadori editor.

230

l. El león reconocido
En el desierto de Africa, un León
al que se le ~abía clavado una espina en un ie
llamó al Teniente para que lo operara.
p '
-¡ ~ravo!- le dijo después -Te lo agradezco:
veras que te quedo reconocido
por haberme
liberado de este mal.&gt;
,
¿.Que te gustaría más? ¿Ser promovido?
S1 puedo te daré una mano ...
Y en la noche misma
mantuvo la promesa
mejor , que un cristiano·,

regreso con el Teniente y le dijo: -Amigo
la promoción es cierta, y te lo digo
'
porque acabo de comerme al Capitán.
2. La rana ambiciosa

Una Rana al ver a un buey.
-:-¡ Oh!- dijo -¡ cómo es grande! i Cómo es bello!

S1 pudiese inflarme como él
tendría mucho peso en sociedad ...
¿Lo podré hacer? ¿Quién sabe?
Basta. . . Lo ensayaré.
Salió del pantano Y, con mucho esfuerzo
se llenó de viento como una vejioa
0
hasta que se infló lo suficiente·&gt;
'

'

pero se_ acordó al instante de aquella Rana antigua
y reventó.
Diio: -no es posible que yo pueda
volverme como él: ¿pero, y qué?
A mí me basta con ser la más grande
entre todas las ranas de la Liga ...
q~~ qwso hacer lo mismo

231

�II
LA SOBERBIA y DEL SENTIMIENTO DE
RIDICULIZACIÓN DE LA MORAL, DE
LOS HOMBRES

hubo el encuentro, que salió muy bien.
Uno, a tenor del acta,
tuvo un rasguño en el cuero cabelludo,
el otro, en el espacio intercostal.
Después se estrecharon la mano :
así el Doctor no es ya cornudo ni alcahuete el Abogado.

3. La salida del león

Una vez el guardia de un zoológico
dejó, por equivocación, la puerta

de una jaula abierta.
,,
-Dado que se presenta la ocas1on,
di' o el Rey del Desierto, -yo me largo ...
J
.. ,
y callado salió de la pns1on.
-¿Adónde vas? -le preguntó una Hiena.
El León contestó: -Al Cohseo,
a comer los cristianos en la Arena., .
.
d1·¡·0·· -Cómo me das !asuma,
La H 1ena
- pobre tonto!
·
,. Qué te crees, que pueiles volver a hacer la pantomsma
~e las bestias que salían en el Circo,
con la comida lista como entonces
y los mártires listos como an~es?
. No sabes que desde hace tiempo
&lt;
está prohibido matar a la gente
. el permiso de la Autoridad?
sin
b .
. as a quedarte sin tra aJO ;
T e arnesg
escucha, colega mío, quédate:
deja que los pobres cristianos
se coman entre sí.
4. El duelo de ayer

C u ando el Doctor esgrimió f el , paraguas
.
. do le d1'0 un bo eton.
el L1cenc1a
1
-i Infame -le dijo- eres cornudo.
-¡ Viejo alcahuete! -contestó el otro.
Como, en conclusión, tenían los dos razón

se decidió el duelo al instante;
y ayer, en el parque de un castillo,

232

5. La Fe
Una vez un banquero, amigo mío,
viendo la caja fuerte tan repleta
dijo a sus accionistas: -Nos ha ido bien:
demos gracias a Dios.
Tanto más que la Fe es necesaria
en la sociedad bancaria.
A propósito, tengo una idea:
destinamos un fondo
para restaurar la fachada de una iglesia
y limpiar el interior de una mezquita.
Frente al interés y a las ganancias
el Evangelio y el Corán son compañeros:
mientras que nos crezca el capital
haya Cristo o Mahoma, da lo mismo:
creo en Dios-Padre-Omnipresente, pero .. .
un poquito también creo en Alá.
Y satisfecho dijo una plegaria,
a medias, de rodillas, a medias, agachado.

6. Caridad
Un Acólito de la Sacristía
rompió el paraguas sobre un pobre gato
para castigarlo de una porquería.
-¿ Qué estás haciendo? -le gritó el Cura-.
Hace falta ser muy cobarde como tú,
para pegarle de tal modo. . . i Pobrecito!
-¿Y qué? -le contestó el acólito- ¿El gato es suyo?
El Cura contestó: -i No ... pero el paraguas es mío!

233

�7. El Antepasado
-El Hombre desciende del Mono:
refunfuñaba un Profesor.
-No me parece que esta bestia
nos haya hecho demasi~do honor ...
-Es cuestión de modestia:
le contestó el Orangután.
-Lo importante es que el Mono

'

no descienda del cristiano.

¿ por treinta y cinco francos? ¡ Ah, no puedo!
¡ Ni siquiera si fuese cafetera de plata!
Si usted tomara también el biombo,
le podría rebajar algo del yelmo.
Así, lo que gano en el Imperio,
lo pierdo en el Renacimiento.
Y este sofá barroco, ¿no le gusta?
Mire usted qué dorados, qué brocados...
¿Hay unas manchas? ¡ Y bien, se limpian!
Pero son manchas antiguas. ¡ Tiene más valor!
Son manchas de la época, ¿me entiende?
¡ Porquerías del siglo pasado!

B. El Cocodrilo
Mientras que un señor y una señora,

esposo y esposa, estaban tendidos
en la orilla del mar, salió fuera
un Cocodrilo con la boca abierta
y los ojos espantados.
La esposa, que era lista,
se arregló el pelo y se fue,

mientras que el Cocodrilo enojado,
se masticaba al pobre marido
como si se comiese un pollo asado.

C orno el Cocodrilo por naturaleza, b"' ,
se come al hombre y Juego llora, taro ,en e1
a llorar como criatura.
se puso
.
1,
ar como los cornudos,
Cada cinco mmutos va v1a a pens '

vía a estallar en otro llanto amargo.
yv
.
h
Tanto que el día siguiente, a la nusma ora,
volviendo a ver a la pobre señora
regresó a llorar y a quejarse,

º'

con la intención de conmoverla.
-

Pero Ja viuda Jo calló:
, ·, qué tonto eres.1 ¿LI oras todavía?
D .10S IDlO,

g_ Con el Anticuario
o .
-e·C'orno, Madame? Un puro "Quat t rocen t"
Un hennoso trabajo, un casco de guerrero,

234

10. Una lglesita de campo

A pesar de que el Párroco tenga la pretensión
de llamarla "Rotonda",
es una iglesia pequeña, una iglesita
sin siquiera un mármol o una columna;
nO hay más que un Cristo y una Madonna,
con la lámpara roja siempre encendida.

Cuando el sol golpea en el cristal
de la ventana, llega derecho al banco
con un gran rayo polvoriento y amarillo
sobre un Santo Domingo de madera,

esculpido de un modo tan indigno
que quita las ganas de rezarle.
Pero este Santo Domingo, como
de cuando en cuando desenvaina una gracia,

en el pueblo se hizo de cierto renombre:
y la gente devota le agradece,
colgándole en las paredes su desgracia
en un cuadro pintado . .. ¡ Dios sabe cómo!
He visto, entre un in~endio y un herimiento,
una mujer que se desliza dentro de un marco.

Hay escrito abajo: El ocho de abril mil novecientos
a Francisca Pomponi, planchadora,

235

�le pasó por encima todo un regimiento ...
Pero cómo terminó no dice.
-No puedes imaginarte los votos que manejo-me decía el Párroco. -No puedes imaginar
cómo toda esta gente tiene más fe
en él, que en el diputado del Partido...
Dado que este Santo Domingo tiene la virtud
de hacer cualquier gracia que se le pida.
Mira cuántos milagros, ¡ caramba!
¡ Mira cuántos hechos malos! ¡ Es sorprendente!
La pared está llena, ya no caben más ...
Si hace otro, ¿ dónde se lo cuelgo?
Y buscando el lugar con la mente
agarraba un pellizco de rapé.
Entonces yo también, indignamente, pedí
una gracia y le dije: -Si soy digno,
¡ haced que la Nina mía sea siempre honesta!
Pero vi que el Santo Domingo de madera
me hacía un movimiento de cabeza
como para decirme: - Sí, pero sin compromiso...

Me explico: de las cuentas que se hacen
según las estadísticas de hoy,
'
resulta que te toca un pollo al año:
y' si él no entra en los gastos tuyos
te toca igualmente en la estadístic~
dado que hay otro que se come do/
12. El seguro de vida

Dicen que en Roma hay una compañía
que asegura la vida de la gente.
Yo esta zoncera no la entiendo
y digo que es una gran tontería.
Más bien me parece una herejía,
porque cuando llega la hora establecida
en que el Padre-Eterno quiere terminar contigo
¿qué es lo que te aseguras? ¿El alma de tu tía?
Es una especulación bien planeada
para enriquecerse a costa de la gente
que cree y se queda engañada.
Don Chucho, mi pariente, lo ha probado:
a pesar de que se la habían asegurado,
ha muerto lo mismo, atropellado.

III
IV
INTERPRETACIÓN DE LA "MODERNIDAD" DE PRINCIPIOS DE SIGLO:
LA ESTADÍSTICA Y EL SEGURO DE VIDA COMO SÍMBOLOS

11. Estadística

¿ Sabes lo que es una estadística? Es una cosa
que sirve para hacer una cuenta en general
de la gente que nace, que está enferma,
que se muere, que va a prisión y que se casa.
Pero para mí la estadística curiosa
es aquella donde cabe el porcentaje,
dado que el promedio es siempre igual
también para la persona desvalida.

236

LA VISIÓN DEL COLONIALISMO EUROPEOº EN 1911 J
LA
·
TALIA DECLARA
GUERRA AL IMPERIO ÜTOMANO y CONQUISTA LIBIA

13. Las Hormigas y la Araña

Un grupo de hormigas,
después de tanto trabajo,
después de tanta fatiga,
se había hecho una casita propia
a la sombra de la alfalfa y d~ la ortiga:
una casita cómoda y segura,
clavada dentro de una hendidura.

237

�Para mí cualqu·ter d'1a es bueno

Pero un dia de repente

estoy lis~o ~ara ir de parranda
pueden Ir libremente

una Araña de la cercanía,
que vivía en un agujero demasiado estrecho,
vio la casa y tomó posesión
sin ni siquiera pedir permiso.

~ cualquier hora.
·

-Pero, ¿de qué te ;c~~as tú? -De d
per
.
na a,
o orgamzo a la gente que trabaja.

-Hormigas mías -les dijo por la buena-:
15. Mosquito

todo lo que aquí está es mío:
¡ Lárguense rápidas! La dueña
de ahora en adelante seré yo;
pero concordaré con vuestro Dios

Mientras leía el último volumen
de la Historia de Italia, un mosquito

tocaba la trompeta en torno de la 1
y
l .
uz.

y os respetaré la religión.
Pero entonces una Hormiga de valor
empezó a gritar: -¡ Qué arbitrariedad!
¡ Es un verdadero atropello! ¡ Un bandidaje!

o, a prmcipio, no le hice caso:

pero, cuando voló debaJ·o de m1· cara
tome el libro y paff, lo cerré.
Lo reabrí
. .
. , ensºguida
~
, Y en conc1enc1a
me doho mucho viéndolo aplastado

Dado que no es ni justo ni legal. ..
La Araña dijo: -Tal vez, en apariencia:
pero, en resumen, es una conquista colonial.

en la página noventa

entre la,' campañas de' la Independencia.
Lo senh tanto que al marcren

V
ÜBSERVACIONES SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ITALIANA:

de l_a ,hoja donde quedó a;lastado
LOS PARTIDOS

POLÍTICOS, EL ARRIBISMO, LOS DEMAGOGOS Y EL REY VÍCTOR MANUEL

14. La Abeja, el Gusano de seda y el Alacrán
Una Abeja, al salir de la cantina
con un Gusano de seda y un Alacrán,

IJI

escnb1 este epitafio de recuerdo.
"Aquí yace un mosquito
.
que murió sin gloria,
pero tocó la fanfarria
para quedarse en la Historia"

En Italia también
hay mucha gente

·

que se vuelve célebre igualmente.

les dijo: -Gracias por la compañía:

.'

espero volveros a ver en casa mía
en otra ocasión.
Pero, yo recibo sólo de noche,

dado que trabajo y todo el dia
fabrico miel y fabrico cera.

-Yo también me atareo e hilo sólo Dios sabe cuánto,
le dijo el Gusano de seda- y no me queda
libre más que el domingo ...
-En el letrero del portón míodijo el Alacrán- se halla escrito:
"Cámara del Trabajo". Allí estoy yo.

238

16. El Agua

La olla hierve y el Agua cae al Fuego
qu~, poco ~ poco, chisporrotea y se apaga.

-:-&lt; Por ~ue:- pregunta el Agua -te quejas,
s1 eres tu mismo el que me das la fu erza.&gt;

El que calienta la cabeza de la gente
observe la olla cuando hierve

239

�17. Las recepciones

Un rey, hoy día, no es ya un tirano,
como se usaba en tiempo medieval:
sino hombre bueno, simple y bonachón,
que trata de reinar sin hacer daño.

Mira, por ejemplo, al nuestro: el primero del año
recibe a las personas en Palacio
y al día siguiente lees en los periódicos
lo que dijo en la recepción.
La última vez preguntó a un diputado:
-¿ Cómo va la salud?- -~h, verdaderamente,
le diJ. o aquél- tengo reumatismo ... ., 1
El soberano contestó: -¡ Es la estac10n.Esta cosa, en la Cámara especialmente,
ha causado una excelente impresión ...

VI
LA FARSA DE LA PRI MERA GUERRA MUNDIAL

18. Un Rey humanitario

Un día que el Rey Clavo fue obligado
a declarar la guerra a un Rey cercano,
le dijo: -Queridísimo primo,
este que lees es el último mensaje,
somos enemigos: desde mañana en adelante
hay que destripamos mutuamente.
La guerra, sabes bien, es necesaria:
pero, dadas las exigencias del progreso,
hace falta unir al mismo tiempo
la civilización moderna a la barbarie,
de modo que el conjunto del estrago
me resulte más noble y más hermoso.

240

De acuerdo con el doctor pensé
mandar esterilizar las bayonetas
para que el soldado sea rebanado
a norma de las reglas de la higiene,
y, en el caso, se le haga lavativa
llena de sublimado corrosivo.
A fin de que cada balazo
traiga consigo la desinfección,
he mandado poner en los cartuchos
un pedazo de algodón fenicado:
así, con lo necesario de la cura,
la bala agujera y el algodón obtura.
Entre las muchas e innumerables ventajas,
como sistema de calefacción
he establecido que cada regimiento
queme las aldeas y las ciudades.
Empieza el frío, y entenderás
que un poco de humanidad no hace daño.
La policía científica ha tomado ya
las huellas digitales a todo el mundo,
para distinguir a los héroes de los bandidos
que realizan la agresión a tu país;
sería una injusticia, tanto más
cuanto que no se reconocería al saqueador.
He pensado en la Fe. Cada mañana
un viejo capellán, amigo mío,
oficiará una misa y rezará al buen Dios
para que proteja la carnicería.
Así, si pierdo, en lugar del Gobierno
queda comprometido el Padre-Eterno.
Ah, no puedes creer cuánto siento
arrastrar a este pueblo a la guerra,
al que por años trabajó la tierra
con la esperanza de gozar la paz;
hoy, por un capricho que me asalta,
adiós campos, adiós casa, adiós familia.

241
HJ6

�Un día, apenas regrese el trabajo,
en aquellos mismos campos de batalla,
donde hizo estrago la metralla,
volveremos a ver ondear las espigas de oro:
mas el trigo estará rojo y dará un pan
ensangrentado de vidas humanas.
Pero ya es tiempo, y lo hecho, hecho:
veremos, en fin, quién perderá.
Adiós, querido primo; por ahora,
con la esperanza de que seas derrotado
tú , con todo tu ejército, prosigo
tu atentísimo enemigo.

de seis ceros, parecidos tuyos,
¿sabes qué represento? Un millón.
Es cuestión de números. Más o menos
es lo que sucede al dictador
que aumenta de potencia y de valor
cuanto más son los ceros que lo siguen.

21. El Caracol
El Caracolito de la vanagloria
que se había arrastrado hasta la cima de un obelisco,
miró la baba y dijo: -Ya entiendo
que dejaré una huella en la Historia.

VII
VIII
EL ATAQUE A LA DICTADURA FASCISTA
LA REACCIÓN FRENTE AL PRELUDIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL:
LA CONQUISTA DE ETIOPÍA, LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA, LAS SANCIONES

19. La fiesta del Burro
Las Cabras compadecían al Burro:
-¡ Cuánto debes sufrir con este yugo!
-¡ Bah! -dijo él- cuando uno se acostumbra
termina sirviéndole de amparo.
Luego el Dueño, todos los domingos,
me lleva a dar la vuelta
allá donde hay una fiesta
con los penachos y con el cencerro.
Entonces, me olvid o d e tod º· i Que' satisfacción!

ECONÓMICAS

EN

CONTRA DE

ITALIA DECRETADAS

POR INGLATERRA, LA

TRISTE AMISTAD CON LA ALEMANIA NAZISTA ••. MussoLJNI LANZA LA
AUTARQUÍA (HAY QUE CONSUMIR SÓLO EL PRODUCTO NACIONAL)

Y EL

RACISMO, SEGÚN EL EJEMPLO ALEMÁN

22. Estatura
El viejo Enano de la pantomina,
para aparecer más grande y más importante,
se dejó cargar por un Gigante:
pero se volvió más pequeño que antes.

20. Números
23. Autarquía
-Contaré poco, es cierto:
decía el Uno al Cero;
Pero &lt;·y tú qué vales? Nada:
.
sea en la acción, sea en el pensarmento,
sigues siendo algo vacío e inconcluyente.
Yo, al contrario, si me pongo en frente

242

Apenas el Tendero puso en exhibición
"El puro Insecticida Nacional",
la Mosca dijo: -Me causará más daño,
pero, por lo menos, ¡ es producción nuestra!

243

�24. El asunto de la Raza
Tenía un gato y lo llamaba Coén,
pero, dado que era un nombre algo judío,
fui con un Prefecto, amigo mío,
para preguntarle si podía tenerlo o no.
Quería estar tranquilo, tanto más
cuanto que estaba dispuesto a llamarlo Caén.
-Habrá que estudiar -dijo el Prefecto-la verdadera provenienza de la madre ...
Le digo: -La madre es una angora, pero el padre
era siamés y frecuentaba el ghetto;
pero el gato mío habría nacido
tres meses después en la casa del cura.

¡ Cómo es amargo el "espresso"
en el Café del Progreso!

IX
CUATRO POESÍAS SOBRE EL SENTIDO DE LA \'IDA y LA MUERTE

26. La Fe
Creo en Dios-Padre-Omnipresente. Pero...
-¿ Tienes alguna duda? Guárdala para ti.
~a Fe es bella sin los "quizás",
"y.
SI
m os "
comos
sm los "porqués".

27. La Juventud
-Si verdaderamente tienes estas pruebas en la mano,
me contestó el amigo, se hace rápido.
Su posición es clara. Y dicho esto
firmó una carta y me lo hizo ario.
-Pero -me dijo-, por tranquilidad,
tal vez sea mejor que lo llames Cuén.

La fábula más corta que conozco
es aquella que se llama Juventud;
porque existió una vez, y ahora escapó.
¿ Y la más larga? Es aquella de la vida.
La oigo contar desde que estoy en el mundo
Y un día, tal vez, me caeré del sueño
antes de que termine.

25. El Ca/ é del Progreso
El Café del Progreso
es un local bajo, tan oscuro
que cada cliente es la sombra d!' sí mismo.
Nadie habla. Todos tienen miedo
de expresar un pensamiento prohibido.
Hasta el espejo,
todo empañado por la humedad,
se ha vuelto negro
y no refleja más la verdad.

28. La Felicidad
Hay una Abeja que se posa
sobre un botón de rosa :
lo chupa y se va. . .
En conclusión, la felicidad
es bien poca cosa.

29. La Pompa de Jabón
¿ Sabes lo que es una pompa de jabón?

Yo mismo, cuando trato
de mirarme en el vidrio,
me busco y no me encuentro...
244

El estuche transparente de un suspiro,
que salido de la caña, vuela en tomo

�revoloteando sin dirección,

dejándose mecer de cualquier modo
por el aire mismo que la lleva !e¡os.
Una mariposa blanca, cierto d1a,

viendo aquella bola cristalina
que reflejaba como una vitrina
todas las cosas que tenía en torno,

se fue a su encuentro y la llamó: -Hermana,
¡ déjate mirar! ¡ Cómo eres bella!
El cielo, el mar, los árboles, las flores,
parece que te acompañan en el vuel~:
y mientras robas, en un momento solo,
todas las luces, todos los colores,
gozas el mundo y vuelas tranquila
en el sol que resplandece y que chispea.
La pompa de jabón le contestó:
.
-Soy hermosa, sí, mas duro demasiado poco.
Mi vida, que nace por un juego
como la mayoría de las cosas,
está encerrada en una gota. · · Todo
termina en una lágrima de llanto.

.
de Trilussa , anaaramando
su
Cario Alberto Salustri, que uso, el seu d,ommo
º
1 d Al
!lid
ació en Roma el 26 de octubre de 1873, de padre natur,a e ::o od: madre originaria de Bolonia. A los diecisiete años mando. u~ poema a/ periódico romano Jl Rugantino, publicó luego en el Don ChiscioUe y
en el Messaggero. Pasó toda su vida en la capital, y sus poemas apar"."ieron
en libros, periódicos, revistas y manifiestos electorales. F~~on tr~u_c1dos aª
. idiomas.
. .
En 1947 Y 1948 se firmaron en Roma peticionesb publicas dp vanos
.
.
oficialmente al poeta y lo nom rar3.
ra que el Gobierno reconociera
ºd sena
1 21 or,
de
nombramiento que tuvo efecto poco antes de su muerte, acontec1 a e

diciembre de 1950.
.
( 1899) 4{) S
Obras destacan: Le Stelle d1 Roma,
as
Entre sus numero,
,
c ¡¡, C, ertoo-'
. R
h.1 ( 1895) Favole Romanesche, ( 1900), a e onc
nett, omanesc ,
'
.
(
08) N
Poesie ( 1910)
E S
· (1903) Ommini e bestze, 19
, ove
'
'
(1901), r erra/O,
. 'A
ll" (l 9 l 9 ) Giove e le Bestie, La Porchetta
~~a:::~;,

S~~::~i:

'A~;~: :

n. 9. (1929), Libro Muto.

vf::,

~e Cose,' (1922), La Gente, ( 1927), Libro

INTERÉS ESTÉTICO EN LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE Y
EN EL TÚNEL
MYRON

I.

LICHTDLAU

Syracuse University

EL DESEO DE REVELAR AL

hombre como asediado por conflictos interiores en

un mundo caótico e incomprensible ha llevado a muchos novelistas de hoy
a tratar casos descomunales de psicología extraña, de actitudes desviadas
hacia la vida. El elemento existencialista muchas veces se halla implícito en
esta tendencia, en que el hombre se ve libre para obrar como quiera y asume completa responsabilidad de sus actos. El tema de la angustia, aunque
impreciso y sumamente complejo en los problemas psicológicos que abarca,
se encuentra explotado hasta constituir una nota saliente de la ficci6n con-

temporánea. Desde el punto de vista literario, el estudio de casos psicológicos
nos interesa como creación artística y no como informes clínicos. Vale decir

que tales casos pueden servir de fondo literario con tal que la verdad desnuda o la obvia realidad se transforme en interpretaci6n imaginativa, sin per-

der su verosimilitud. En La Familia de Pascual Duarte,' Camilo José Cela'
hace del relato de un asesino una gran obra de arte precisamente porque logra convertir un puro caso clínico en una recreaci6n artística que nos conven-

ce no sólo del protagonista como ente de ficción, sino también de !a posibilidad de su existencia real. En El túnel,' célebre novela del argentino Er1

La primera edición de La familia de Pascual Duarte es la de Editorial Aldecoa,
Madrid-Burgos, 1943. La edición que utilizo en este trabajo es la de Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, 1955. Las citas se refieren a esta edición.
2

dAM:JLO JosÉ CELA (1916), tal vez el novelista contemporáneo más distinguido de
España, publicó La familia de Pascual Duarte, su primera novela, cuando tenía sólo veintisiete años, pero el gran acierto de estilo y la profundidad de tema revelaron un talento mucho más maduro que su edad.
1

La primera edición de El túnel es de 1948. Para el presente ensayo he consultado
la de Libros de Mirasol, Buenos Aires, 1961; las citas se refieren a esta edición.

246

247

�d
, 1 ª la palabras de confesión de un
nesto Sábato,4 se re~rean d~ ~o o ana ººº. sde una realidad y no la exac.
, ta b1én la ns1on o perspectiva
asesmo, y aqm m
I
t, t'co Estas dos novelas muestran
ta reproducción es la que le da va or es de i .. ,
a's recónditos de hom.,
d
b · los móviles e acc10n m
bien la propens1on a escu nr
. ..
frustración No faltan
bres afligidos de un sentido de soledad, mutih~ad'.f.º . , de 1~ obras y de
los juicios críticos que se h ayan cupado de la s1gm 1cac1on hayan analizado
.
. f ltan tampoco comentarios que
l.
su importancia iterana; m a ,
. 1 de los dos protaaonistas a fin
social y psicológicamente el :aracter esencia etieron. Mas lo q~e se propone
de comprender las monstruosidades que coro
estas novelas que
.
1 ·o sitado interés que acarrean
en este artículo es explicar e i u
1 E fin el obJ. eto es fijar
.
d
epugnantes o anorma es. n
'
parecen
. , No por azar se han es. .nutrirse
, . e cosas. r en estas obras d e f'icc10n.
el cnteno estetico que nge
.
'f
Además de figurar entre las
•d ,
articular para examen en ico.
, •
cog1 o estas en p
. d E de la Argentina en los ultimos
.
·elas que han salido e spana y
f
me1orcs ºº"'
.
1r
de desirnio novelesco y de e ecto
veinte años, muestran cierto para e ismo
.
"' t
, .
11 ·a a tratarlas comparat1vamen e.
art1stico que nos e'&gt;
h
de un rico hacendado
d e del amante de su ermana,
d
Asesino e su ma r , . .
d
b llo y su perro Pascual Duarte end la Guerra C1v1l y e su ca a
'
.
1 ,
en a epoca e
'
. b ·o el dominio de sus emociones pncama los rasgos del hombre qu~ v1v: ªJ amante por razones de celos y remitivas. Juan Pablo Castel, ases1~~ ; su yos actos son frías consecuencias
sentimiento, es hombre culto, re ma o, cu
.,
1 lec
,
a uí las dos fiauras que piden comprenS1on a
medidas de su razon. He ~
º
. .t
y loaran nuestra atención Y
1
, 1 dos novelistas que so ic1 an
"'
h
tor; e .aqu1 , osostenido La esencia
. narrativa de las dos novelas es la ad
conr,uestro mteres s
.
rte ara expiar sus pee os.
fesión directa en primera persfo~~' hechla eenco!:rucJón o mejor dicho la ret en la con es10n es a r
Envue1ta sut11men e
.
•
d
· en ·untamente con
.,
1 d los actos de v10lenc1a y e cnm ' 1
interpretac1on persona e
d
t d fund1'do en tiempo pretérito
, ·1 de con ucta - o o
los antecedentes y mo~1 es
, d E bvio el interés creado mediante
por la técnica de la 1:mrada retrogra a. : ~esenta lo que va ocurrió en las
la yuxtaposición de tiempo pasado quet r 1Pa nueva contemplación de lo ocupresente que represen a
1 •
obras y e tiempo
t aídos a la historia de Pascua1 y
rrido. Desde el principio nos enc~ntra~os a ~
u postura emocional ante la
de Juan Pablo al ambiente que os ro ea, y a s
.
., or las
'
11 El ·nterés se despierta y se sostiene en part~ p .
vida y en pugna ~on e a.
i
t os y en parte por la viveza y acierto
varias manifestaciones de estos tras orn '

°

.

ella en la literatura argentina contemporánea como
(1911) descu
.
d , d El túnel Uno y el Universo
.
E t e sus obras figuran, a emas e
,
b d
novelista y ensayista. n r .
.
b
l dinero la razón, y el derrum e e
aJeS • reflextones so re e
,
) S
(1945), Hombres y engran
. d . (1953) El escritor y sus fantasmas (1963 ' onuestro tiempo ( 1951)' He tero oxra
'
bre héroes y tumbas ( 1965).
• ERNESTO SÁBATO

248

del estilo, expresado en la narrac10n de los sucesos, en el diálogo, y en el
auto-análisis de estados de alma. Aunque Cela posee mayor poder verbal que
Sábato y sabe manejar su prosa con más sutileza y matiz, las dos novelas se
valen provechosamente de cierto tono irónico y cínico, de cierta malicia, para hacernos captar mejor los rasgos de carácter de Pascual y de Juan Pablo.
Dado el carácter descomunal de los protagonistas, la actitud o predisposición mental con la cual el lector se enfrenta con el narrador asume gran importancia, pues determina el placer artístico y entretenimiento que se sacan
de las obras. Por bien logradas que sean la prosa y la maestría técnica, La
familia de Pascual Duarte y El Túnel no pueden ser superiores a la acogida estética que se da a los protagonistas y a sus actos. Vale decir que los rasgos de carácter que se crean pueden afectarnos de un modo absolutamente
negativo, provocando nuestro odio, antipatía, aun horror. Pero desde el punto de vista artístico no importa que nuestra reacción sea negativa; lo esencial es que el relato no nos deje indiferente a la historia narrada. Este elemento estético nos obliga a preguntarnos: ¿Por qué nos afecta la vida y la
suerte de estos asesinos? ¿ Por qué nos dejamos llevar por la relación de sus
vicios y sus maldades? La narración resulta artísticamente aceptable porque
trasciende el puro hecho de los crímenes para alumbrarnos un rincón de la
vida que tal vez ignoremos. Y lo que se lee aquí no es literatura de aventuras
ni de protesta social, ni aun de los bajos fondos sociales que adrede selecciona la materia fea y sucia de una sociedad para corroborar una doctrina determinista. Si nuestras novelas correspondieran a una de estas categorías, no
serían más que realismo crudo, o naturalismo zolaesco, o melodrama folletinesco. El arte de Cela y de Sábato, aunque no está libre por entero de estas
tendencias, va más allá de la superficie para sondear el mecanismo psicológico de los personajes.
Lo que hay en estas novelas son casos individuales de maldad que buscan
explicación individual, personal. Veremos al hombre solo en el mundo con
su propia existencia. De ahí las narraciones en primera persona en una forma mezclada de confesión, expiación, súplica de comprensión; de ahí el
muy obvio deseo de intimar con el lector, de establecer la identificación más
estrecha posible. La meta artística de este recurso narrativo para captar nuestra atención es crear la impresión de que el lenguaje sea completamente natural y propio del protagonista. El lenguaje de Pascual, rico, ágil, sumamente expresivo en su bella concisión, no puede ser de un hombre de las características mentales que él exhibe. Este artificio literario no desconcierta al lector, quien lo entiende, lo acepta, y en efecto saca su mayor placer de la
admirable expresividad y desem·oltura traviesa de Pascual. Es como si éste, rebosante de cosas significativas que relatar pero con poca habilidad para ex-

249

�presarlas verbalmente, encargara que otro nos las refiriera. Pero emocional•
mente ignoramos la existencia del autor y reconocemos y reaccionamos sólo
a la figura detrás de las palabras. Absoluta es la comunicación emocional
entre el protagonista y el lector. Básicamente es igual el recurso empleado
en El túnel para atraer nuestro interés: inicialmente la revelación de un ac•
to horrendo como punto de arranque para descubrir la vida del protagonista.
Pero el vehículo lingüístico corre sobre distintas vías en las dos obras. En el
caso de El túnel no es preciso que la prosa se adapte artificialmente a las
exigencias literarias como en la obra de Cela, pues resulta perfectamente creí.
ble que el lenguaje empleado emane de un personaje culto como Juan Pablo
Castel. Tanto más cuanto que este lenguaje tenso y casi nervioso se cuadra
bien con su carácter duro y patológicamente desconfiado.
El interés en la figura de Pascual Duarte se despierta aun antes de que él
mismo empiece a narrar su propia confesión y continúa después de termina•
das sus palabras en la forma de varios epílogos. Recurso éste muy eficaz, ya
que el relato de los cinco crímenes se halla encasillado en un marco de explicaciones, contra.explicaciones, notas del transcriptor, cartas, cláusulas de tes•
lamento -todos elaborados a fin de apoyar y completar el impacto de inexorable realismo. El túnel carece de toda esa indumentaria accesoria, pero la
suplen los detalles psicológicos y otras observaciones introspectivas de toda índole que hacen resaltar cada aspecto de su compleja y perturbad~ personalidad. En El túnel la confesión proporciona toda la esencia temática y argumental y por sí sola logra el efecto artístico de la novela. En La familia de
Pascual Duarte no conseguimos la totalidad de la impresión estética hasta
contrapesar lo expresado en la materia suplementaria con las palabras de
confesión de Pascual.
En su valioso libro sobre Cela, Paul Illie • señala con mucha perspicacia
Jo primitivo de las emociones de Pascual y de sus modos de reaccionar ante
conflictos o crisis. En efecto, se perciben estos rasgos primitivos paulatinamen•
te, casi por etapas. De los cinco crímenes cometidos, el lector tiene idea previa sólo del último, sobre la persona del rico propietario, ya que las palabras
de confesión de Pascual van precedidas de una dedicatoria a esta víctima.
Aunque es por este crimen político por el que Pascual va a sufrir la pena de
muerte, los otros delitos realmente son mucho más significativos para compren.
der su carácter. Este último crimen, con marcada intención irónica, se nos presenta en forma imprecisa, casi ambigua, lo cual deja una impresión nebu•
losa cuando leemos: "A la memoria del insigne patricio don Jesús González
de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escri' PAUL ILLIE,

pp. 40-43.

250

La novelística de Camilo José Cela (Madrid: Editorial Gredos, 1963),

to, le llamó Pascualillo y sonreía" ( 40
.
una yegua, que está canden d
P·. ) . La primera víctima de Pascual es
a a a monr a manos d
t
. ..
te porque descabalgó a su amant L I h .
e es e prun1t1vo precisamend
.
e o a, ac1éndola ab t
El
e emocionalmente por lo i , t'l bárb
or ar.
acto nos sacu•
.
nu t y
aro que
tificada ira de Pascual Per0 C I d
es, aunque admitimos la jus.
e a esbarata el O d
, .
cesos, pues la narración d l
r en cronolog1co de los su.
e a muerte de ]a yeg
.
nato de su perro. Esta desat ., 1
ua es posterior a la del asesi.
enc10n a element d 1 .
c1onadamente en ésta y en otr
.
o e tiempo, que se hace inten•
.
as ocasiones para s
.
rnatena narrativa añade . t ,
acar meJor provecho de ]a
'
m eres y estímulo
I d
pensamientos de Pascual tale
l
menta' a emás de deshilar los
s como e ocurran El I t 0 d 1
e1 de la muerte de su madre
d
.
·
re ª
e os delitos, incluso
h
, se a a intervalos co
•
a ogos emocionales que Pascual e
.
1:1º
una sene de grandes¡ des•
.
xpenmen ta a raIZ de
•d
de con fhcto dentro de sí o c
b'
angustia os momentos
on su am tente El
bl
1
.
execra e acto de matricidio
debe obligarnos a rechazar a p
ascua por complet
1
,
o, negar e el mmimo valor
de hombre. Pero no lo hac
emos, pues al 11egar a t
.
sombra de justificación nos encont
es e cnmen que no tiene ni
·1 .
ramos tan acostu b d
, .
vio enc1a que no le cerramos l
.
, .
m ra os estettcamente a la
os OJOS categoncament
p
e1 caso más extremado de las
'b'J•d d
.
e_ a ascua!. Este delito es
poSi 1 1 a es de violencia
h
te, pero casi cabe dentro del m Id d
.,
' nos c oca hondamenEn
.
o e e acc1on que Cela nos ha creado
manos de artistas de menos habTd d
.
nes y fechorías, es decir la así JI
d I i a , to~a Ia acumulación de críme•
ama a tendencia t e
d'
.
r men ista, nos resultaría
bastante desagradable incapa d
'
z e proporcionarnos d l ·t
, •
que se evita en estas obras de 1 .
.,
.
e e1 e artístico alguno. Lo
.
a impres1on anti-estétic 1 .
.,
.
a, a 1mprcs1on de entero
dISgusto frente a una seri d .
.
e e c1rcunstanaas que pu d
interesarnos menos. Posibleme t
d
e a preocuparnos poco e
d
.
n e nos esarma el hech d
e el principio que Pascual y J
Pabl
.
o e que sabemos desuan
o son asesm E 1 ·
y Sábato revelámoslo como
d'd
.
os. s a intención de Cela
una sacu 1 a ernocw 1
max adelantado, puesto fuera d
1
. n~' como una especie de clíe su ugar ordmano N
.
sa dos a saber el por qué d• 1
,
· os encontramos unpul.
. . . os cnmenes, las razones 1
qmcos de los autores de tal d li
R
' os. rasgos mentales y psíes e tos. econocemo
d
verso a Pascual y a Juan p bl
. .
s en or en cronológico ina o como crmunales en el
.d
1rrarnos de sus actos y de su culpabTd d
' . . senlt o de que nos enfijarnos en el medio que les en· . I I ~N con antenondad a conocerles bien y
aerra.
0 soy mal
motivos para serlo ,, son l
.
o, aunque no me faltarían
' '
as pruneras palabras de ¡
nf . ,
con ellas este ser primitivo
'l
a co es1on de Pascual. l'
no soo procura e ·t l d .
.
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.
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1
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te hacia una predeterminada d'
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pues Pascual espera que su h' 1 .
d
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P n er o. Y más todavía
IS ona pue a serv1 d
.
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carriada .. Pascual llega a co
.
r e eiemplo de una vida desngrac1arse con el lector con su ingeniosidad verbal
J

'
251

�. .., .
. ta. ironía
picaresca. Como muesun no sé qué de desfachatez lmgu1shca,
y c1er_
.
tra veamos en parte cómo recuerda a su familia.
.
te buenos recuer d os l os q ue "'nuardo.
• ·son precisamen
De mi nmez no
v· .
era portunués cuarenMi padre se llama b a Est eb an Duarte imz, Y t Tenía" la 'color tos·lto y nordo como un mo11 e.
,
tón cuando yo nmo, Y
¡ ba para abajo. Segnn
d b· t
egro que se ec za
tada y un estupe_n o igo _e n las uías para arriba, pero, desde quf1
cuentan, cuando ¡oven le tirab~~ l pgrcstancia se le ablandó la fuerza
, l e le arrumo a
'
l
estuvo en la caree , s
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lo hasta el sepulcro. y o e teb . hubo e evar
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del bigote y )'ª para a aJo
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·empre que podía cscurna el
t y no poco mie o, y si
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nía un gran resPe o
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y brusco " no to era a
t pezármelo . era as ero
J
bulto y procurab~- no ronada
C~ando se enfurecía, co.1a que le ocuq ue se le contradi1ese en
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os penaba a mi madre
· de lo que se neccsi a a, n
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y a mí las gran es pa zzas
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. , ranca sin titubeos de Juan Pablo que
Casi igual ocurre con la decl;r~c1~~ ~Bastar~ decir que soy Juan Pablo Gasforma las primeras líneas de E tu~e .
e el proceso está en el re.
, María Inbame; supongo qu
.
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tel, el pmtor que mato a
.
ores explicaciones sobre m1 persona .
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La frase, tan desp1a a a,
..
d t da la novela y establece la. fria . · t f Jª el tono e o
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de pena o de remord im1en o, 1
d
l pintor -su carácter psi.
Llegamos a enten er a
dad artera del protagonista.
l
. tab1ºlidad emocional- a mecomp eta mes
copático, los celos en extremo, su .
,
nos mantiene en vilo. La narradida que el hilo argumental recoge interes y 1 sesinato de su amante hasta
.
· s que provocaron e a
ción relata las circunstancia
.
J' . d l delito Al final del re1ato,
r ., flosóf1co-ana
1t1ca e
.
,
culminar en una exp 1cac1on 1
.
roo si estuviera en un tunel os.
d
s
emociones
co
Castel se halla asedia o por su
1
t1ºene el desarrollo lento pero me.
l.
, d la trama o sos
11
curo y sin salida. E mteres ~
. , f ustrada que le abruma y le e.,
Mana -emoc1on r
.
tódico de su pas1on p~r. .
1 Si la búsqueda por esta mujer, a quien
va a bordo del desequ1hbno menta.
amente penosa no menos es la
¡ , de arte es surn
'
.
conoció Castel en una ga ena
11'
. 1ºndómita hosca, voluntanosa.
·,
tiene con e a, muJer
'
subsecuente relac10n que
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las la reacción del lector an.
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No obstante la obv1a semeJ
d .
e le perdonamos a Pas.
. ual Sin lleo-ar a eCJr qu
te los protagonistas no es ig . .
º
ontramos 1· ustificación de ellos,
b .
. siqmera que ene
cual sus actos de bar ane, m
.
dar el último paso de conde-s1, h acemos toda clase de tergiversaciones para no

252

narlo. Pero el propósito de Cela no es indultarle, sino damos materia para pensar hondamente. La duda y la perplejidad que rodean nuestro juicio moral sobre Pascual es del todo emocional, no racional. Más que nada, la incertidumbre es un recurso artístico de gran acierto para realzar la substancia social y psicológica de la novela. Es algo semejante a saber que un caro amigo ha cometido un delito; nos desvivimos por no condenarle su acción, buscamos toda
clase de pretextos para esquivar el criterio negativo. Desde el punto de vista
estético, la creación del carácter de Pascual es un magnífico acierto, ya que
un ente de ficción nos resulta tan vivo que estamos dispuestos a poner en juego nuestros propios sentimientos y emociones para enjuiciarle. Es más; la confusión y la ambigüedad tocante a la muerte de su madre, de don Jesús Gonzá6
lez, y del perro contribuyen a avivar nuestra imaginación y hacemos discurrir sobre el destino de Pascual. Aun el epílogo, con las dos interpretaciones
opuestas de cómo reaccionó Pascual en el momento de su ejecución, da estampa final a nuestra incertidumbre. Claro está que los móviles y actos ni Pascual mismo puede precisarlos, y eso no sólo porque éste representa el tipo de
hombre que actúa más con sus emociones que con su cerebro, sino tambi,~n
porque en todo hombre se arremolinan tantos elementos sutiles y enigmáticos
de su carácter. Cela sabe utilizar este fenómeno psicológico para fines artísticos y temáticos en su novela.
Con Castel el interés que se engendra alrededor de su persona toma otro
rumbo. El pintor nos resulta francamente antipático, ni siquiera digno de
compasión, y a veces dudamos que valga la pena todo el bagaje explicativo
para entenderlo. No es que deje de llamar nuestra atención a cada momento,
sino que la capta en una forma casi negativa. Si el primitivismo de Pascual
es lo que más se destaca de su carácter y explica en gran parte sus actos de
violencia, en Juan Pablo es su fría y razonada lógica la que constituye el
elemento esencial de su persona y la que gobierna cada instante de su vida.
En este sentido los dos personajes representan dos polos opuestos, dos fuerzas contrarias que rigen la conducta del hombre y determinan el camino que
va a llevar. Pero estas dos actitudes opuestas que tiene el lector hacia las dos
figuras sirven la misma función novelesca de animar nuestro interés obligándonos a juzgar moralmente el contenido de lo que leemos. Castel es demasiado razonador y puntilloso en sus actos para atraer nuestra simpatía. Su manera austera y científica de arrostrar asuntos emocionales nos hace reaccionar con indignación y resentimiento. Su inteligencia y sus grandes facultades
mentales nos molestan porque el pintor se vale inoportunamente y en exceso
• Para una discusi6n interesante de los actos de violencia y los móviles véanse el
artículo de David M. Feldman, Camilo José Cela y La familia de Pascual Duarte, en
Hispania, diciembre de 1961, pp. 656-659.

253

�pero de allí a ganar nuestra compasión falta m ch
es un monstruo de la lógica que lle
, . u o. Lo que ha creado Sábato
a sangre fría a la mujer que sab' gada ser_v1ct1ma de sus propios excesos. Mató
1a estruir esa lógica q d shiz
.
y a qmen acusó de inconstancia p
C
1
. ' ue e
o sus planes,
· ero aste también e ., 1a en 1oquecerse no por el .
.
.
s v1c ima porque llega
crimen corneado smo p 1
1
or os trastornos arraigados
dentro de su carácter q 1 .

de estas cualidades para solucionar conflictos que buscan entendimiento humano y sincero. De modo que su búsqueda por María, a quien cree capaz de
entenderle perfectamente a través de su arte, tiene trazas de los movimientos
rígidos de un aut6mata que imita mecánicamente todos los pasos humanos,

pero sin emoción. Su método sistematizado de calcular la mejor manera de encontrar a María en la gran capital nos hace maravillar de su ingeniosidad men-

tal, pero al mismo tiempo nos confirma la tirantez emocional de que sufre. El siguiente trozo describe en parte esta búsqueda frenética:

Esta lógica me pareció de hierro y me tranquilizó bastante para decidirme a esperar con serenidad en el café de la esquina, desde cu}'ª ve reda podía vigilar la salida de la gente. Pedí cerveza y miré el reloj:
eran las tres y cuarto.
A medida que fue pasando el tiempo me fui afirmando en la última
hipótesis: trabajaba allí. A las seis me levanté, pues me parecía mejor
esperar en la puerta del edificio: seguramente saldría mucha gente de
golpe y era posible que no la viera desde el café.
A las sies y minutos empezó a salir el personal.
A las seis y media habían salido casi todos, como se infería del hecho de que cada vez raleaban más. A las siete menos cuarto no salía casi nadie: solamente, de vez en cuando, algún empleado; a menos que
ella fuera un alto empleado ("Absurdo", pensé) o secretaria de un alto empleado ("Eso sí", pensé con una débil esperanza).

ue e rmpu saron a hacerlo

Juan Pablo Castel en un sanatorio· p
.
terminar los relatos el lecto
d' ascua! Duarte ante el verdugo. Al
'
r compren e más los mó ·¡ d 1 .
por. e1lo echa más en cara su cu! abilid
v1 es e pintor y tal vez
sentido psicológico no co
1 •~
ad. Su rareza nos afecta sólo en el
h
1
'
n re ac1on a nuestras emoc.
A
ay e aros indicios por toda la o I d
10nes.
pesar de que
mental, no lo consideramos d n ve a e que Castel padece de algún desvío

.
emente· es decir obse
senos problemas interiores pe
' .
'
rvamos a un hombre con
cisiones, de parar rru·ent
ro que retiene perfecta capacidad de hacer dees en sus actos E t'f
otro modo si creyéramos le 1
. s e icarncnte le aceptaríamos de
.
.
er os actos de un loco C
p
1
llllagmamos ni 1a Iocura rnome t'
.
.
on ascua Duarte no
n anea sino el arrebat
,
que puede surgir repetidas veces en virtud d .
o momentaneo de pasión
Nuestra manera de estima L f
·¡ · e ciertos rasgos innatos de carácter.
r a ami za de Pascual D
,
que acomodarse a nuestra inicº1 1
1
uarte y El tune! tiene
ª
Y ta vez somera
•
farmarse con la lectura deten'd
de las obras
1 a, Y por r·m plasmars perspectiva· ·,
d f "d
,
'
e m1 a de los protagonistas y
"d
e en una v1s10n integra y
sus v1 as erran tes Pase I J
p
asoman con vida real y palpabl
.
ua y uan ablo se nos
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e, nos molestan nos eno ·
.
m eresan y nos diviprten art' t '
'
Jan, pero siempre nos
1s 1camente En est0 e5t 'b
c1ones literarias.
·
n a su valor como crea•

w

A las siete todo había terminado (pp. 37-38).

Su enfoque casi exclusivamente cerebral hacia todo lo que le toca destruye
la conmiseración que podamos sentir por él. Asimismo la tremenda duda
que Castel abriga sobre su relación amorosa con María le conduce a un
complicado y a veces absurdo procedimiento mental para sacar la verdad, o
Jo que él quiere aceptar como la verdad. De manera que avanza una hipótesis, rechaza otra, para explicar la conducta enigmática de su amante. Con

precisión matemática Juan Pablo calcula, pesa, mide todas las posibilidades
a fin de llegar a una conclusión. La impresión que de él adquiere el lector es
la de un hombre que se ha quedado paralizado emocionalmente a fuerza de
su propia obsesión psicopática de ver todo dentro de una matriz particular
elaborada de sus propias necesidades extrañas. El relato de Castel respecto a
su frustrada pasi6n no nos despierta simpatía alguna, aun cuando vemos con

claridad la frialdad e indiferencia de María. Cosa irónica: lo que más le perturba a Castel, a este hombre rígido, es el hecho de que María se entregó a él
físicamente pero sin emoción alguna. Castel nos convence de su gran pena,

254

255

�LA POESfA EN LA NUEVA CASTILLA O VIRREINATO
DEL PERÚ*
{Antes del Barroquismo)
ALFREDO RocmANo
University of Pittsburgh

SE ASEGURA QUE EN 1519, año en que Cortés inicia la conquista de México,
los españoles ya tenían noticias de ciertas tierras por las cuales pasaba un río
llamado Birú. En 1522 Pascual de Andagoya, al regresar de una expedición
al Sur, dio referencias más concretas acerca de la existencia de un poderoso
imperio. Francisco Pizarra, a Ia sazón en Panamá, decide emprender la conquista de tan mentada región. El clérigo Hernando de Luque resolvió financiar la empresa, en la cual participaría también el capitán Diego de Almagro.
Obtenida la autorización de Pedrarias, Gobernador de Panamás, y sin má flota que un barco, con escasa tripulación y víveres, Pizarro inicia su primera
expedición en 1524. Almagro le seguiría tan pronto como su barco estuviera
listo. Pero no se encontraron en el camino, signo augural de nefastos desencuentros posteriores que convirtieron la conquista del Perú en una lamentable
serie de intrigas, engaños, traiciones, venganzas y crímenes. Pízarro llegó a
Quito e,e año de 1524, pero una tormenta le obligó a volver a Panamá. Luque
convenció a Pedrarias de la posibilidad de un nuevo viaje, pero ahora con la
condición de que Almagro actuara como asesor y freno de Pizarro, mediante
un contrato, firmado el 10 de noviembre de 1526, por el cual se estipulaban
obligaciones, derechos y ganancias de los tres socios. Al mismo tiempo se sellaba también la terrible enemistad de los dos jefes militares. Ambos, cada
uno en su barco, salieron rumbo al Sur y llegaron al río Esmeraldas. Los
escasos medios de que disponían aconsejaron prudencia, y en vez de desem~
barcar, regresaron a la isla del Gallo, donde quedó Pizarro, en tanto que

*

Capítu]o de una Historia de la Poesla Hispanoamericana en preparaci6n.

257
H17

�Almagro volvía a Panamá en busca de refuerzos. Pedro de los Ríos, sucesor
de Pedrarias en la Gobernación de Panamá, no quiso apoyar a los c:xpedicionarios. Pizarro recibió la orden de regresar en la isla Gorgona, un poco más
al Norte, junto con mensajes de Almagro y Luque, que le aconsejaban continuar. Se dice que Pizarra trazó una raya en el suelo e instó a sus compañeros a que le siguieran. Sólo trece cruzaron la raya y esperaron en la isla,
hasta siete meses, la llegada de Almagro. Pizarro siguió la ruta hacia el Sur,
llegó al golfo de Guayaquil, visitó la ciudad de Túmbez, dende residía el
inca Túpac Yupanqui, y alcanzó Santa, a 9° de latitud Sur. Aquí tomó
contacto con el Imperio Incaico. Convencido de su grandeza y poderío, regresó a Panamá, en 1527.
Los tres socios decidieron oficializar la conquista, o, mejor dicho requerir
directamente de Carlos V las habituales concesiones. Con ese propósito Pizarro
marchó a España, donde obtuvo, el 26 de julio de 1529, las capitulaciones que
le concedieron el derecho a conquistar el Perú en nombre de la Corona, con
el título de Capitán General. Almagro fue nombrado teniente de la fortaleza
de Túmbez, y Luque, protector de los indios hasta que el Papa crease un
Obispado en dichas tierras. Pizarra volvió a Panamá en compañía de sus
mediohermanos Remando, Gonzalo, Juan y Martín de Alcántara. En enero
de 1531 salió de Panamá con tres buques y unos doscientos hombres. Ese
mismo año se apoderó de Túmbez, donde pudo dejar una guarnición gracias
a la llegada de Remando de Soto, con otros dos barcos, desde Nicaragua.
Luego fundó San Miguel, en las orillas del río Chira, como punto de ciertos
hechos capitales que sirvieron para consumar la conquista y dieron origen a
]as primeras manifestaciones de rudimentaria poesía. Así, la prisión de Atahualpa, mediante un ardid, por Pizarro, y la ejecución del Inca, el 29 de
agosto de 1533; la muerte de Almagro, en 1538, y la de Pizarro, en 1541, hasta
la creación del Virreinato, en 1544, el Obispado de Lima, en 1545, y la fundación de la Universidad de San Marcos, en 1551.
De acuerdo con este orden histórico, la poesía peruana del primer siglo
hispánico (1532-1630) se desarrolla en dos períodos: el de la conquista (15321551) y el de los comienzos de la colonización ( 1551-1630). Al primero corresponde un predominio de la poesía popular y las crónicas rimadas, y al
segundo, un mayor florecimiento de las corrientes cultas, en especial el petrarquismo y el humanismo clásico-renacentista. Dicho sea esto sin hacer distinciones muy precisas y sólo para referimos a los módulos más evidentes, con
anterioridad al barroquismo.
No es necesario insistir en lo que ya hemos establecido para los capítulos
1

258

Véase Humanitas (Monterrey), No. 5 y Universidad (Santa Fe, Argentina), No. 60.

anteriores o sea que el c
• d
popular ~ónun'a
enquista or trajo consigo el rico venero de la musa
'
o no, en su mente cargada d
1
décimas etc Horac,·o R U t 0 R ,
e cop as, romances, cantares
'
·
• r ea a
aul p
B
h
'
mann Villena, Emilia Romero º '
or_ras . arrenec ea, Guillermo Lohestudiado y coleccionado c ; e~sacerdote Jesuita Rubén Vargas Ugarte han
dicional del Perú Lo que ~an o . oy ~onocemos de la poesía popular y trallena- es que
fe
d s1 conviene estacar -como lo hace Lohmann Vicun a musa popular no p d'
.
tática, recreándose morosa
t 'l
o ia permanecer merte y esmen e so o en el recuerdo d 1
natal. Al lado de ¡
.
e a remota comarca
una floración de cop~:s r;::;;si~ioc::t~r:smi::~:!:s. desde España, brotó
de origen vernáculo hab"d
d
y
s16n, cuyos temas eran
'
I a cuenta e que menudeare
l
revestidos de las propiedades ad
d
.
n os sucesos y motivos
las poesías p
1 " R
, ecua as para urdir sobre ellos el bordado de
opu ares . abra que admit"
t
tices literarios como Luis Alberto S, ch1r, en Aonces, con historiadores y crían ez Y urusto Ta
y
desde un comienzo la poesía española se transfo~6
mayo argas~ que
que el carácter mestizo e
en la Nueva Casulla y
peruana.
s uno de los rasgos más distintivos de la literatura

"ia

t

El primer hecho histórico ue · · , 1
.
del Nuevo Mundo fue el epi:dioor~!'~: i:iam::1 ~:;roa co~la
esta ,parte
que ~o se ha establecido si la copla en cuestión es
1~2;m:u ado a el, ya
referimos a los cuatro octosílabos atribuido
..
de 1532. Nos
a Juan de la Torre o a Antón Cuad d
s al truJ1llano Juan de Saravia, o

d:

má, D .. ~edro de los Ríos, en 15277 y°; ::a:;~~: :: ~i:b~::~orli~:1:an:~
amanec,o clavado a la puerta de 1 . 1 . d S
.
q
ñan d
.
a ig eSia e an Miguel de Piura una mal ª. e 1532. Las variantes de los dos versos finales pueden hacer pensar q e
a mISma ~opla debió de haberse utilizado en ambas oportunidades
aca~o
en otras mas, como adaptaciones adecuadas a cada caso:
' y

i Ah! Señor Gobernador
miradlo bien por entero:'
Allá va el recogedor,
aquí vino el carnicero.
Allá está el recogedor
Y acá está el carnicero.

Alejandro Romualdo y Sebastián Salazar Bond t
neral de la poesía peruana (Lima 1957 pp 144-y145r)aentren s~ Antología gel d
h
'
'
·
o as cinco coplas q
a u en a echos y personajes de los tiempos de Almagro y Pizarro. Dos apaue
259

�recen fechadas en 1537, dos en 1546 y una en 1547. En varias de ellas se
insinúa la vena satírica que desarrollarán más tarde Rosas de Oquendo y
Valle y Caviedes.
Más abundantes y de mayor significación histórica y literaria son los romances. Aparte las repeticiones de los romances tradicionales de Esplña, unas
veces siguiendo sus moldes y otras no, los asuntos locales fueron a menudo
narrados en la forma romanceada. Tal es la cantidad producida a lo largo
de toda la historia literaria del Perú, que Vargas Ugarte los agrupa en ciclos,
siendo el primero el de la conquista y de las guerras civiles, que sobrepasa el
período que estudiamos. T amayo Vargas señala tres momentos para la rea-

lización de la literatura de coplas y romances durante la época de la conquista
y de las guerras civiles: a) el que corresponde a la muerte de Almagro, sentenciado por Remando Pizarro en ilegal proceso. Este hecho dio origen a una
serie de piezas rimadas que han sido atribuidas al a!magrista Alonso Enríquez
de Guzmán. El romance se mezcla con versos de arte mayor. Así, las 39 es-

trofas de arte mayor ("Católica, Sacra, Real Majestal,/César Augusto, muy
alto Monarca") de "Nueva obra y breve en prosa y en verso sobre la muerte
del Ilustre Señor el Adelantado D. Diego de Almagro", seguidas de 362 versos
romanceados o "Romance hecho por otro arte sobre el mismo caso, el cual se
ha de cantar al tono de El Buen Conde Hernán González . . ." Clemente Palma publicó en 1935 otra composición sobre el mismo tema, compuesta de un
romance de 160 versos "Donde procede la muerte de un caballero", al que
acompaña una "Sentencia" (164 versos), en la que se pide al rey que el
hecho no quede sin castigo. Los partidarios de Pizarro dejaron también su
"historia rimada": coplas, romances, décimas, octavas. La relación más antigua parece ser la que se refiere a la "Conquista y Descubrimiento que hizo
el Marqués D. Francisco Pizarro en demanda de las provincias y reinos que

agora llamarnos Nueva Castilla", atribuido por Porras Barrenechea al cronista
Jerez y ahora publicada por F. Rand Morton, con erudita introducción y
cuidado texto, bajo el título de La Conquista de Nueva Castilla (México. Colección Studium-38, 1963). Este poema, sin embargo, no es popular, sino que
pertenece al género épico y al estilo de las crónicas rimadas, y poemas prerenacentistas, con el interés histórico de ser anterior a La Araucana y posiblemente el primero escrito en América. Sí es de tipo popular (aunque escrito
en décimas) el dirigido "Al Emperador Nuestro Señor" ("Oh Cesárea Majestad,/Emperador, Rey de España"), que el secretario de Pizarro, Francisco
de Jerez, insertó al final de su Verdadera relaci6n .. . (1534). Carlos A. Romero publicó en 1906 un poema en dos partes, una en octavas reales y otra
en décimas, que Luis Alberto Sánchez considera de dos autores diferentes.
Vargas Ugarte separó y publicó las décimas ( que él llama romances) con el
260

título de "Romance. de la guerra de Chupas" · b) El segun do mamen to cor~sponde al alzamiento de Gonzalo Pizarro. Francisco de Carvajal homb
cu .t~ y con mucho del humanismo renacentista, canta a su jefe ;n co

1:

esl!hzadas y va al. cadalso recitand 0 Ie tn·uas d e rancio
. sabor castellanop
popular. Sus enerm?os contestan a Cazvajal con coplas y composiciones di~
versas, que dan ongen a una verdadera "guerra rimada" entre

p::::.o~

culta, hasta la llegada del pacificador La Gasea. La comp~sición
representa este momento es el romance "Sobre I al
.
dq
J
p·
" h I
e
zam1ento e Gonzalo
izarro ' a lado en Chuquizaca, y que dice:
No creyades, Rey Felipe,
lo que acaso os contarán
que el hermano de Pizarra
rey se quiso coronar.

e) El tercer momento, paso definitivo de la eta a
.
está dado por la iniciación del gobierno organizado/de ip~ar a !al cultista,
cultural que sobreviene al alzamiento en Cuzco d F
a asHca y a oleada
rón "S
.
e rancrsco ernández Gi. e termina la copla y se perfecciona el romance" dice T
V
El mismo Girón recita "versos de romería"
'.
d - amayo , argas.
d
' y su rnuJer, ona Menc1a "es
canta a en romances soldadescos como la reina del Perú" E I A Í '
General. . . de Romualdo-Salazar Bondy se recogen fra~ent:s ~e ::s og:a
manees sobre el alzamiento de Hernánde G' ,
r titulado "La rota de Pucará" (V
U z iron, que ya son de 1554. El
3
argas garte, Nuestro romancero 1951 p
3) es el más digno de recordarse. De mayor calidad son las "C 1 ' ( ' •
fd d d' ·
opas en rea1 a ' ecunas) con que los vecinos de Lima celebraron la entrada d d
~edroBde La Gasea, pacificador del Perú". En el Romanceri//o del Pla~a ::
iro ayo, leemos un romance, muy bien logrado sobre "El re t d A,
hualp "
b
,
sea e e ta•
· 1a ' pero no sa emos a qué época corresponde · Entre 1os romances penmsu ar~s se recuerdan el de Gerineldo, el de Gaiferos, el del mar ués de
Mantua, entre los peruanos, como estima Lohmann Villena "los , ~ 1
d
1 · •
,
mas v10 entos
y¡ ,uros son os mspirados en la tradición del tirano Lope d e Agwrre
.
que se
azo en armas contra el monarca Felipe II".

'

. _Para el estudio de la poesía culta contamos con ilustres fuentes de informa
c1on: _Cerva~tes_ (La Ga/atea, 1585) y Lope de Vega (Laurel de A polo, 1630):n pnmer, termmo. '~l. conocimiento que estos dos grandes de España teníru:

e la
de los remos de Ultramar" y los elogios que d ed'1can a nuestros
t poesia
d
poe as,. emuestran que entre
la Metrópoli y la Coloma
. hab'1a ago
1 mas
, que
.
un cunoso contacto : un mterés vivo y un reconocimiento, s1·n d uda generoso,
261

�de la producción lírica novohispana. Sin embargo, pesa sobre la poesía colonial peruana el lapidario juicio de Menéndez y Pelayo, según el cual el Virreinato del Perú "no produjo ningún poeta". No obstante, el mismo crítico reconocerá más tarde que "la poesía castellana en el Perú es casi tan antigua
como la conquista misma". Luis Alberto Sánchez ( Los petas de la colonia y
de la revoluci6n; 2a. ed., Lima, 1947) se opone a la negación del polígrafo
español, esgrimiendo los ya mencionados testimonios de Cervantes y Lope de
Vega, además de las listas de poetas que se registran en una serie de centones,
parnasos y misceláneas, como los siguientes: El Marañón, del cordobés Diego
Aguilar y Córdoba {manuscrito inédito de 1578), la Miscelánea Antártica,
del guipuzcoano o malagueño Miguel Cabello y Balboa (escrita hacia 1580), el
Parnaso Antártico, del sevillano Diego Mexía de Fernangil (escrito posiblemente entre 1581 y 1594, cuya primera parte, una traducción-paráfrasis de
Las Heroídas de Ovidio, que contiene el anónimo "Discurso en loor de la
poesía", fue publicada en Sevilla en 1608, mientras que la segunda, con versos
propios del autor, permanece inédita en la Biblioteca Nacional de París), la
Miscelánea Austral (Lima, 1602), del escijano Diego Dávalos y Figueroa, los
poetas españoles que escribieron en la región (Garcés, Ojeda, etc.) y los
propios nativos.
La abundancia de poetas no fue menor que la que vimos en la Nueva España. La calidad, muy desigual. A fines del siglo XVI, Rosas de Oquendo,
en el "Soneto a Lima", satiriza a los "poetas mil de escaso entendimiento'', a
despecho de reiterados elogios, como los de Cervantes, quien ve en algunos de
estos ingenios "muestra. . . de cuanto puede dar Naturaleza". Lo evidente es
que hay de todo en esta producción, tanto en formas y tendencias como en
valores poéticos. El tono general lo da un tipo de poesía erudita, latinizante o
italianizada, que revela el conocimiento de modelos mayores de la literatura
europea y que, por seguir sus huellas, se la ha denominado clasicista. Inclu1
sive hay críticos, como Lohmann Villena, que al analizar esas ' misceláneas
poéticas", señalan ciclos: el amazónico, el araucano y el antártico. Otros -los
más- agrupan a los versificadores de esta época según el documento o autor
que los menciona: grupQ de El Marañón, grupo de Cervantes, grupo de Lope
de Vega, grupo de la Miscelánea Austral, o de acuerdo con el cenáculo en
que actuaron: grupo de la "Academia Antártica", que parece corresponder a
El Parnaso Antártico, representante del círculo limeño de la mayoría de los
poetas del "Discurso en loor de la poesía". Luis Alberto Sánchez, Augusto
Tamayo Vargas, Rafael de la Fuente y Benavídez ("Martín Adán"), Alberto
Tauro y Manuel Suárez Miraval, entre los más notables, han estudiado, con
erudición y buen juicio, todo el material lírico y documental que marca el

262

c_omi~nzo de la poesía peruana. En nuestra exposición corresponde hacer una
smtesis Y destacar lo que nos parece más representativo. 2
En la filiación cultural de este período (digamos : de 1550 a 1630 y hasta
bas;ante después)' no se puede negar -y no podía ser de otro modo dado el
caracter of1c1al ~e la c~lonización- el ''reflejo del siglo de oro castellano" (sic)
de que habla Riva Aguero. La escuela sevillana, Garcilaso, fray Luis de León,
en:re otros, r~p:rcuten provechosamente en españoles, criollos y nativos. El
1atm, de 1,0 ~ clengos, como en otras partes de América, abrirá el camino a Ja
poesta clasica. Los letrados de Corte introducirán la corriente italianizante
P=rd~rará el r~mance Y otras_ forrn~ populares y cultas, en la sátira, la poesí~
d.., circu;stanc1~s .y l_as mamfestac1ones religiosas. Todo, sin que se puedan
marcar !meas d1v1sonas muy precisas, tanto en las especies cultivadas como
en el ord:~ cronológico. Por lo que resulta conveniente estudiar individualid~des poeticas, autores más que grupos, si bien situando las obras en la comente o la modalid~d que le corresponden dentro del cuadro total. Se verá
por un lado, que pe~1~sulares y americanos se interpenetran y fecundan hasta
alc~nz~ el tono ge~enco en la temática que desarrollan O la tendencia en que
se mscnben: por eJemplo, en observación de Tamayo Varo-as que compartimos·_- "G ran _par t e d e Ios poemas del período que va entre 1::i1550
'
y 1590 están
dedica~os ( szc) ~ ensalzar a funcionarios o a otros poetas, estudiando formas,
~lg~' as1 _como ªJustando las cuerdas para una buena instrumentación postenor ( ~iterat~ra peruana, I, p. 224). Asimismo, el mayor número de poetas
- ' por eJemp
·
1o, 0
dY la meJor .calidad de los poemas que se leen en El M aranon_,
1
1
. ~ . os e og1ados por ~eniantes, responden al módulo itálico, "y dentro de lo
itah~o: Petr~rca" (lbzd}, tradu~i~~ por el portugués Enrique Garcés, quien
llego al Peru antes de 1550 y v1v10 en América hasta 1589 vinculado
¡
. fl uenc1a
· en los círculos cortesanos. (Véase Luis
' M
Parecer, con m
·, ½s ª
b
·
l .d
ongu10, ore un escritor e og,a o por Cervantes... University of California Press 1960).
Pe~o, ~?r otro. l~do, n~ es posible dejar de reconocer que, dentro de la genera_hzac1on a~m1tid~, q_~1enes dan muestra de un talento creador logran matices
cno1los de d1ferenc1~c1~n que constituyen el acento criollo de la auténtica poesía
peruana. Nuestro prmc1pal interés radica pues en aquellos autores q
·
·
¡
•
, .
'
'
ue supieron
mteg:ar e sentido arhshco de la época (valores universales) con el interés
americano de sus composiciones, en temas de ambiente O en el afl
· t
· d. •
orarruen o
d e Ia personal1.d a d m
1v1dual. Veamos.
De los ~~et~s que figuran en El Marañón (crónica en prosa existente en el
~~seo Bntamco, y no poema, como dice Menéndez y Pelayo, ¿ 0 existió tamb1en el poema?), apenas si se puede mencionar algún soneto, como el &lt;le
2

Un estudio exhaustivo sobre la "Academia Antártica" es ¡ d Alb
T
· ·d d G •
e e
erto auro Esquwi a Y lona de la Academia Antártica. (Edit. Huascanán, s. A., 1948).
'

263

�Pedro Paniagua Loayza ("Celebre el mundo, ¡ oh Marañón famoso!"), más
virgiliano y límpido, aunque menos colorista y artístico que el de ''La casta
abeja en la florida vega", atribuido a Miguel Cabello, Balboa por Diego de
Aguilar. De los que ensalza Cervantes muy poco sabemos, como no sea de
segunda o tercera mano, salvo el ya mencionado Enrique Garcés, loable traductor de Petrarca y Camoens, de quien leemos una valiosa "Canción al Perú"
en la Antologia general . .. de Romualdo-Salazar Bondy. Dentro de la misma
línea clasicista, donde se amasan Virgilio y Catulo, con Dante, Petrarca, Bembo, Camoens y Garcilaso, se halla Diego Dávalos de Figueroa, escijano que
llegó a Lima en 1574. Su obra está contenida en una Miscelánea Austral (Lima, 1602) y una Defensa de damas, publicada al año siguiente y como parte,
según la tesis de Luis Jaime Cisneros, de la anterior. La Miscelánea, serie
de divagaciones eruditas y de todo género, en prosa, en diálogos y en verso,
consta de 44 coloquios, al final de cada uno de ellos con un soneto, en los
cuales se puede seguir el itinerario interior del poeta. La Defensa es un poema en seis cantos en octavas reales, sin intercalaciones eruditas o en prosa
como ocurre con la Miscelánea. Pero es aquí, en los sonetos sobre todo, donde
hay que hallar los altos valores de Dávalos de Figueroa, diestro versificador,
lírico auténtico, primero y sin comparación entre los de su lugar y tiempo, en
cantar las "cosas concernientes al amor", como dice en el coloquio VI, y en
poner su alma en la intensa y meditada confesión:
Buena es mi muerte, pues con ella vivo,
y he de permanecer siglos sin cuento,
y bueno es el furor de mi tormento,
porque de su fiereza el ser recibo.
( Del coloquio V)

11

Además de la obra propia, hay en la Miscelánea un rico muestrario de los
poeta,; de su tiempo, algo así como una "Silva de varia lección", lo mismo
que una primera antología americana del soneto. De entre éstos merece destacarse uno que firma "Cilena" y que se incluye en la Antología de poetisas
líricas de la Real Academia Española (Madrid, 1915, t. I, p. 82).
¿Cuál fuera inexpugnable o duro freno
en potestad del brazo poderoso,
podrá oponerse al curso poderoso
del tiempo esquivo, de mis danzas lleno?

Su vuelo muestra al parecer sereno,
manso, agradable, dulce y deleitoso,

264

un móvil siendo rapto y riguroso
de todas vidas el mayor veneno.
Es un fuerte ministro de la muerte,
de ilustres obras tenebroso nido
'
de alegre vista y manifiesto engaño.
Mas triunfa dél con alta y rara suerte
Delio en SU¡ canto, y del voraz olvido,
y yo en su nombre, sin contraste o daño.

Suma Y compen,dio de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo XVI
es el P_arnaso ~ntartzco, que firma el sevillano Diego Mejía de Femangil y del
cual dice Menendez y Pelayo: "aunque por la patria de su autor no sea americano, 1~ es por la tierra en que se emprendió y terminó ... " Mejía era hombre ,de fino temperamento y depurada cultura, además de poeta. Sólo se publico la prunera parte de dicho Parnaso (Sevilla, 1608), donde, además de la
notable traducción de Las H eroídas de Ovidio, se incluye el famoso "Discurso
en loor de la poesía", de una poetisa anónima, según se conjetura. El "Discurso"_ es como un ensayo de doctrina e historia poética, de sobria inspiración
y aqmlatada forma, dentro de un plano de universalidad que inte&lt;rra con
pareJO ~1vel, la teoría con la práctica, al par que, en lo local y ameri~an~, ha
convertido en documento imprescindible de información y juicios de valor.
Ad_em~s, si el "Discurso" fuera realmente de "una señora principal de este
R~mo , como la presenta el mismo Mejía, la autora tendría el mérito de ser el
pnmer ~aeta de categoría respetable nacido en el Perú, así como la primera
de la sene de grandes poetisas de América.
. No podemos abandonar el siglo XVI sin dedicar unas líneas complementanas a Mateo Rosas de Oquendo, de quien ya hemos hablado al estudiar la
sátira en la Nueva España. 3 Interesan ahora tres composiciones suyas: un
c'Soneto a Lima", una "Sátira a las cosas que pasan en el Perú" y un extenso
poema en endecasílabos blancos titulado ciLa victoria naval perutina", publicado por Vargas Ugarte en Rosas de Oquendo y otros (Lima, 1955). En las
tres, la vena satírica de Oquendo mezcla lo personal, lo social, lo histórico, lo
pop_ular y lo culto. E~ la "Sátir~" denuncia los falsos títulos de nobleza que
exhiben algunas fam1has de apellidos que denotan alcurnia:

1

Véase mi estudio La poesía en la Nueva España durante el siglo XVI (en Universidad, No. 60, pp. 205-209).

265

�y en las paias del Perú
¡ qué de bastardos que pare!
¡ qué de Pero ISánchez dones!
j qué de dones Pero Sánchez!
¡ qué de Hurtados y Pachecos!
¡ qué de Enríquez y Guzmanes!
¡ qué de M endozas y Leivas!
¡ qué de V e/ascos y Arda/es!

entre los que de oírla ya lo estaban;
turbóse el orbe, esdrujulante y fiero,
los acéntricos polos se resuelven,
complícanse las furias infernales,
rugen los hipocondrios estantíos,
del valumado y tierno Marte airado.

De las mujeres da cuenta de sus habilidades en trabaj~s domésticos:
Unas hilan plata y oro,
otras hay que adoban guantes,
otras viven de costuras,
otras de puntas y encajes,
otras de pegar botones
y otras de hacer ojales.

H ay bu rla, l·ronía, sarcasmo, resentimiento y hasta exageración
. en ,esta sátira,
pero es rica en detalles de época y en observaciones de la ps1cologia humana
y la conducta social. Abunda en enumeraciones de dive~sos géneros, a las_ ~ue
sirve con nutrido vocabulario, que resulta del nombramiento de cosas, ofi~10s,
hechos etc. con la mordacidad propia de quien hace "descargos de conc1en. " c~mo 'dice en el tercer verso. Actitud similar, si bien con nota más burcia,
'"dd
lona y meditativa, se observa en "La victoria naval peruntma , ,~n e, parafraseando uno de sus versos, "ríe y burla y trisca como humano , so~re _un
que envuelve sus acusaciones al Virrey, la V1rrema
fo ndo de dolor y deseno-año
b
•
•
l'
l
lt ' de Castro actor principal de la batalla contra el pirata mg es en e
y Beran
,
U
".
1
golfo de la Gorgona. El poema en sí -opina Vargas_ garle_por a ver·¡·
.,
ni'
por
su
estructura
ofrece
nada
notable
s1
no
es
la
fac1hd;1d
en ms1 1cac1on
.
,
ventar vocablos y expresiones que, en general, no disuenan a los 01dos ~aste¡¡
" El uso del neologismo y la fidelidad histórica, salpicada de reflex10nes
anos .
.
•
d
personales, son aq uí las notas más visibles. Pero no escasea en mventivas e
·
· resueltas en imágenes y adjetivaciones como "verso burladero . .. Y
mgemo,
h
· 1 " "
·
, retrompican
1e,, , "mundo orbicular" , "fulgúrea madre", "pee os mus1ca.es
.
., sof'1s11•ea,, , ''musa machorra" , y muchas más, donde conviven
. . . lo popuf acc1on

m

lar y lo cultista, la ironía y la gravedad, el sarcasmo y la malicia Jocosa:
Faltó el aliento a la purpúrea fama
y cayóse en el suelo amortecida,

266

Rosas de Oquendo es digno precursor de la vena satírica que dio a Perú
figuras como Juan del Valle Caviedes, Terralla, Larriva, Segura y otras no
menos dignas de mención.
La poesía lírica re li giosa del Virreinato del Perú no ofrece composiciones o figuras de alta calidad hasta llegar a Toribio Bravo Laguna, a mediados del siglo XVIII, si se considera a La Cristíada (1611), de Diego de
Ojeda, dentro de las variedades de la epopeya. Algunas primicias de la tradición popular del villancico, la copla o el cantar perduran en las poesías de
Sor Juana de Hazaña que publica Vargas Ugarte en Rosas de Oquendo y otros,
donde hay también ingenuas y límpidas endechas, aunque sin vuelo lírico, y
unos ''Coloquios con Dios", de Sor Paula de Jesús Nazareno, llenos de lugares
comunes. De entre los "místicos" que publica Ventura García Calderón,
merece destacarse el ya mencionado Diego Mejía de Fernangil, quien en la
segunda parte de su Parnaso Antártico (aún inédito; Ms. en la Biblioteca de
París) da, de su propia cosecha, una serie de 200 sonetos, de los cuales 153
comentan las estampas con que el padre jesuita Jerónimo Natal había ilus•
tracio la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo, y otros 47 son de asunto más
íntimo y hasta ascético, como los califica Tamayo Vargas, y no místico, "pues
se detiene en la descripción religiosa y no llega a la confusión del alma con
Dios". Los sonetos que llevan los números 10 ("Angel custodio mío, vos,
sin duda") y 176 ("Todas las veces que por mí, deshecho") suelen ser los
más apreciados por los críticos.
La producción poética del siglo XVII peruano se reparte en varias tendencias, de las cuales las más importantes son: a) prolongación de la escuela clasicista; b) barroquismo; e) poesía religiosa, en diversas formas de estilo; d)
sátira. No hablarnos de una sucesión de escuelas, porque no la hubo, ni de
límites cronológicos precisos, puesto que es común la alternancia y la interpenetración de formas. Autores hay, como Juan del Valle y Caviedes, la figura
máxima del siglo, en quien se dan todas estas manifestaciones juntas. Aquí
no estudiaremos a los poetas barrocos, seguidores de Góngora, porque serán
tratados en el capítulo pertinente. Tampoco hablaremos de los religiosos, porque carecen de valor artístico, y, cuando los tienen, es porque la forma,
clasicista o barroca, supera al contenido. De modo que no los estimamos por
267

�el tema religioso, sino por la expres10n en que ese tema se vierte. Quedan,
por tanto, los poetas clasicistas y la sátira. O, mejor dicho, un poeta representativo para cada una de estas tendencias : Amarilis y Juan del Valle y Caviedes. Lo demás es, con justas palabras de Luis Alberto Sánchez, m'3ra "turba
de rimadores", los más productos de un ámbito cortesano y académico, de
celebraciones y certámenes de significado ocasional. Conocida es la Academia
del Príncipe de Esquilache, llamado el virrey-poeta,' que gobernó el Perú
desde 1615 a 1621, continuador de la Academia Antártica del siglo XVI (se
dice que presidida entonces por un tal Falcón) y precedente de la del virrey
Castell-dos-Rius, en el siglo XVIII. Pero el Príncipe de Esquilache pertenece
por entero a la literatura española (de influencia italiana) . No se interesó
por las cosas del Perú, por lo menos literariamente, aunque bien puede marcar
el paso o transición de la influencia renacentista y europeizante al barroquismo
gongorino, conceptista y criollo.
Entre los poetas elogiados por Lope de Vega se destaca, con rasgos nítidos
y valores de categoría universal, la figura anónima -se supone que es una
mujer- que la historia literaria conoce con el seudónimo de Amarilis, de la
cual se sabe que es peruana y no mucho más. Es autora de una "Epístola a
Belardo", composición en silvas, que Lepe de Vega publicó en su edición de
La Filomena en 1621. El enigma del nombre, no identificado aún, si bien se
han propuesto varios, ha hecho correr mucha tinta de erudición. Y este interés en saber algo sobre la misteriosa autora absorbió a la crítica en el detalle
anecdótico, con menoscabio de la atención artística del poema. Una exposición completísima sobre esta cuestión puede hallarse en Alberto Tauro, Amarilis indiana (Lima: Ediciones Palabra, 1945). El contenido de la "Epístola"
consiste en una declaración amorosa -pura, platónica, a distancia, "amor sin
esperanza", dice la autora a Lope de Vega, a quien conocía de oídas y no de
vista, venida de 11 otro mundo y otro clima" hasta ese rincón americano, "donde el Sur me esconde", según el logrado verso de la tercera estrofa. Amor
abierto, sincero, dentro de la pureza de su estado virginal, amparado en el
valer del destinatario, escudo defensor de ese "descubrimiento a ti, y a mi
dañarme", si, como cándidamente se expresa, "el amarte sin verte fuera culpa". Completa ese motivo primero y fundamental, algún dato velado sobre
la patria, estado y familia de la poetisa, "porque sepas quién te ama y quién
te escribe", con referencias a la obra de Lope y un despliegue de alusiones,
típico de la erudición humanística y renacentista. La metáfora, la imagen, la
comparación y el adjetivo necesario y justo, dan al poema un todo mesurado,
de gravedad respetuosa y natural aliento, claro, directo, limpio y sincerol como
' S.

268

AURELIO V1RÓ

de una co~versación presente en el ámbito de una respetable casona señorial.
Hay segundad Y madurez en el manejo del verso sencillamente clásico donde
la efu_sión lírica se integra muy bien con el juici~ conceptuoso, el sentimiento
reflexivo Y el apropia~o uso mitológico. Luis Alberto Sánchez, después de
d~s~a~ar que. Amanhs resalta como la más dulce y pura voz lírica del coloma¡e (La literatura peruana, III, p. 55), que es "una de las más altas expresiones líricas de nuestra literatura no sólo colonial sino de todos los tiempos" (!bid, P· 58), concluye: "La fineza del verso,' la dulzura del tono lo
desesperado del sentimiento (sic), la maestría de la composición, la riq~eza
d~l . saber, hace~ de Arnarilis exquisita maestra de lirismo, al margen de lo
tnvial del colomaje. Bastaría, en su abono, apuntar que ella es la única rimadora, qu~ h_abl~' del _amor sin ambages; del amor al parecer proscrito de la
poesia vmemal (!bid, p. 61) • También Menéndez y Pelayo levanta el mérito
de esta "elegante epístola", donde no ve "el menor vestigio de mal g-usto ni
de amaneramiento", a "la mejor pieza poética del Perú en sus prime;os ti;m_
pos"• El ilustr_e polígraf~ encuentra que en e11a "todo es natural, llano y de"coroso, con cierta senci11a gravedad y no afectado señorío ... " , con versos
notables unos por la gala, bizarría y aun despilfarro de la dicción semejante
~ l! del mi~mo Lope y a la de Valbuena, otros por la suave y afect:osa modestia . P~r fm. la ~~mpara a la epístola con que "El Fénix de los Ingenios" Je
contesto Y dice: Por esta vez perdone Lope: la humilde poetisa ultramarina
lleva la palma" (Historia de la poesía hispanoamericana, cap. IX; ed. Nacional
de 1948 : vol. II, pp. 81 -90) .

(Quesada, El primer virrey-poeta en América, Madrid, 1962).

269

�CULTURA Y LETRAS DE LA GENERACIÓN COLONIAL CRIOLLA
(1564-1594)
SAÚI. SmIRSKY

U niversity of Pittsburgh

1. La Cultura
AÑos DE LA generación de 1564 1 se afirma la primacía cultural
de los dos primeros virreinatos, el de México y el del Perú. Los dominios antillanos continúan decayendo en importancia, y las restantes regiones de Hispanoamérica se van conquistando y colonizando gradualmente. El trasplante
cultural se continúa en forma intensificada. Las manifestaciones propias de la
nueva cultura se hacen más evidentes.
Un acontecimiento de importancia decisiva para los destinos de Hispanoamérica lo constituye la cédula de Felipe II que ordena que las encomiendas
dejen de ser hereditarias. Este hecho concluye por eliminar del poder a los
primeros conquistadores y a sus descendientes, al par que da oportunidad a
la aparición en la escena activa al nuevo tipo humano llamado "criollo". El

DURANTE LOS

1 Hemos aplicado, en nuestra investigación de la cultura y letras coloniales, el esquema generacional inaugurado por Pedro Henríquez Ureña en Las corrientes literarias
en la América hispánica (México, 1949), que divide el quehacer histórico hispanoamericano en generaciones de 30 años cada una. Nos hemos atenido también a la rectificación de José Juan Arrom acerca de la fecha con que se deben iniciar los años
de predominio de la primera generación: "Nótese, empero, que en todos los casos
se toma el año 1492 como punto de partida. Y ahí está, a mi parecer, el error. Las
generaciónes no parten de 1492: la historia sí pero las generaciones no. Sería puro
dislate perder de vista que con el viaje de Colón América entra en la historia de
Occidente. Pero ese evento, a pesar de la capital importancia que tiene en nuestra
cultura, ni comienza ni termina una generación ( ... ) Los años de predominio de esa
generación comienzan realmente en 1474". (JosÉ JUAN ARR.oM, Esquema generacional
de las letras hispanoamericanas, Bogotá, 1963). El presente artículo investiga los años
de predominio de la cuarta generación literaria hispanoamericana, la primera generación lite:raria criolla, 1564-1594.

271

�rasgo más importante de esta generación es, por tanto, la pri~era actuación
efectiva de esos hombres nacidos en América, esto es, de los cmdadanos nativos de la cultura conquistadora, quienes, por lo demás, surgen en un momento crítico de ésta. Se están consolidando y definiendo los rasgos de la
nueva cultura, en la conjunción de las variantes indígenas y peninsular, en
su lucha y armonía entre sí y en sus soluciones frente a la variante naturaleza.
Moldeados por tal ambiente, los nuevos pobladores formarán parte del proceso
y procurarán plasmarlo según sus deseos.
Frutos de choques y acomodaciones, en socioculturas heterogén~as, en su
sicología y pensamiento los criollos deberán vivir el complejo mundo cultural
que les rodea.
Arrom define así al criollo:
Volviendo, pues, a la metáfora, los criollos somos las cepas que en
cultura americana fue dejando la cepa cultural española en fecundo
cruce cultural con cepas de acá. 2
Y así volvemos a donde comenzamos: criollo, en lengua española, es
un término que designa distinciones de carácter cultural. Los criollos
somos los que, sea cual sea el color de nuestra pi,el, nos hemos criado
de este lado del charco y hablamos y pensamos en español con sutiles
matices americanos~ª
Aceptamos la definición del profesor cubano, pero nos parece que conviene
matizarla. El criollo de las regiones con densas masas indígenas acusará, con
mayor evidencia que en los dominios de escasa población india, el aporte cultural de las culturas aut6ctonas. Además, el trasplante de la cultura española
permitió la entrada de elementos de otras culturas de Occidente, si bien ya
traspasados con las modalidades peninsulares. El poeta español Eugenio de
Salazar destacó varias de esas contribuciones europeas:
Y a nos envía nuestra madre España de su copiosa lengua mil riquezas
que hacen rica aquesta tierra extraña; también Toscana envía las lindezas de su lenguaje dulce a aqueste puesto que en breve estará lleno de
proezas, y ya acudiendo la Proencia a aquesto su gracioso parlar le
comunica y presta de su haber un grande resto; también lleg6 la Griega
lengua rica.'
2

ARRoM, p. 39.
3 JosÉ JUAN AR.ROM, "Criollo: definición y matices de un concepto", Certidumbre
de América (La Habana, 1959), p. 26.
,
" EuGENIO DE SALAZAR, "Epístola al insigne Fernando de Herrera", en ALFONSO MEN•

272

Amén de las lenguas europeas, se introducen los conflictos religiosos y los
filosóficos que eran de actualidad en el mundo occidental de entonces. El ens~yo utópico del obispo Quiroga, basado en la Utopía de More, es un primer
eJemplo de influencia inglesa, y el erasmismo de Zumárraga y Bejarano revela
la identificación de algunas de las personalidades más singulares de las primeras
generaciones de Hispanoamérica con figuras e idearios europeos.
Los criollos pertenecieron a todos los gnipos sociales. La primera acepción
del vocablo de evidencias de este hecho:
Tenemos, pues, que antes de terminar el siglo XVI, era común y corriente el uso de la palabra criollo por todo el Nuevo Mundo. También
que, en todos los casos citados, la calidad de criollo la confería el haber
nacido en el Nuevo Mundo, de ascendientes venidos del Viejo, sin importar el color de la piel, el estado político o la condición social.5
El mestizo, personalidad nueva y original, matizará fuertemente a Hispanoamfrica. Aunque por lo general no halló cabida dentro de la clase poseedora,
arraigaron en él los rasgos de las culturas indígenas y española. El indio, excluyendo al que se recluyó en las montañas y selvas, adquirió también una
nue;a pe:sonalidad. Su religión y las prácticas de ésta se caracterizarán por
el smcretismo; su comportamiento social seguirá los patrones de una raza
supeditada a los intereses de blancos y mestizos; se europeizarán parcialmente
sus costumbres y atuendo. Tenuamente, cristalizan rasgos que serán típicos de
todos los crioIIos; por ejemplo, muchos son los bilingües:
Luego, hablan la lengua Castellana tan bien como nosotros la hablamos, y ellos la suya propia Mexicana. Esto, porque es notable, lo notamos
los que de España a México venimos, que allá ni lo sabemos nii alcanzamos.6
El español hablado en América: ya ha adquirido matices propios:
Para evitar suspicacias será mejor comenzar con un testimonio que no
puede ser tachado de parcial, el de Amado Alonso, quien dice: "Fernán
DEZ PLANCARTE, Poetas novohispanos. Primer siglo (1512-1621) (México, 1942) pp.
54-55.
'
8

ARROM, "Criollo: definición y matices de un concepto", Certidumbre de América,
p. 12.
8

JUAN DE LA CuEvA, ¡¡Epístola al Lic. Sánchez de Obregón, primer corregidor de
México", en MÉNDEZ PLANCARTE, Poetas novohispanos. Primer siglo (1521-1621 ), p . 16.

273
HIB

�González escribe como el legítimo mexicano; y como la h se aspiraba
en México .en el siglo XVI con regularidad, me inclino a aceptar que la
aspiración de la h en sus versos es un rasgo mexicano practicado por
él (. . .) el seseo de las rimas de González de Eslava era ameri::ano" . . .1

Conjuntamente con los criollos, claro está, componían la población de cada
dominio los venidos de España. Dentro de la clase poseedora, formaban el
componente de más poderío tanto en la superestructura administrativa como
en los altos cargos de la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, no todos ellos
fueron funcionarios burocráticos o seglares. Fue constante la inmigración de
españoles en todas las generaciones de la época colonial. Su cosmovisión y
patrones fueron determinados por el aprendizaje cultural en España, y con
harta frecuencia su anhelo fue regresar a la tierra nativa. Este último es el indiano, tan popularizado hasta en obras literarias. Desde una perspectiva americana, pertenecieron también al mundo cultural de Hispanoamérica cuando
se debatieron entre el amor a la primera patria y el apego al hogar nuevo.
Como indica Germán Arciniegas, ' 1Los soldados, los artesanos, los labradores,
venían para hacerse americanos. El gobernador y la gobernadora, para regir
españolesn. 8
La singularidad cultural de Hispanoamérica fue a menudo poco apreciada
o incomprendida por el peninsular. El español que se comportó de tal forma,
y que, por tanto, no se dejó influir por el ambiente, no puede ser considerado
americano. La crisis cultural producida por la tensión entre los primeros conquistadores y los funcionarios reales, en las generaciones de 1504 y de 1534, se
convierte ahora en el conflicto criollo-gachupín. Esta constante se intensificará
en todos los órdenes de la cultura, y la crisis cultural se resolverá con la gesta
de la Emancipación.
Con la aparición de la primera generación criolla y la cristalización de la
cultura conquistadora, se afirma un proceso paralelo : el de la intensificación
del interés local y regional. El aislamiento había caracterizado desde un principio a todos los dominios españoles. Al desarrollarse las nuevas socioculturas,
se comenzaron a sentir fuertemente los conflictos económicos y políticos entre
cada dominio y la Metrópoli, y entre los dominios. Por lo demás, dentro de
cada sociocultura, la inestabilidad de la estructura socioeconómica escindió de
inmediato a los habitantes. A la vez, los criollos se sentían unidos frente a la
superestructura española, por participar de una tradición que ya se empieza a
considerar arraigada y de la que no participa el gachupín. El pasado indígena
7 JosÉ ROJAS GARCIDUEÑAs, en FERNÁN GoNzÁLEZ DE EsLAVA,

Coloquios espirituales y sacramentales, Colección de Autores mexicanos1 LXXIV (México, 1958), p. 13.
8
GERMÁN ARCINIEGAs, Este pueblo de América (México, 1945), p . 53.

274

pre-colombiano; las peripecias de la Conquista, y sus héroes; y la gesta colonizadora, conformaron rasgos que singularizaron al criollo y que afianzaron el
sentimiento natural de vinculación especial con el ambiente local en que había
nacido.
Los criollos pertenecieron a dominios que eran ramas del tronco imperial
español. El destino de sus "patrias chicas" dependía de las directivas, peninsulares. España, luego de encauzar una labor extraordinaria de rápido trasplante de sus instituciones básicas, exitosamente logrado en el espacio de dos generaciones en los dos virreinatos más importantes, frenó, al finalizar el siglo
XVI, la dinámica de su actuación. Fue imposible, tanto por razones internas
como internacionales, que España, amén de dotar a sus nuevos dominios de
las instituciones hispánicas, las enriqueciera con el número y calidad que gozaban en la Península. Por lo demás, las variantes americanas imposibilitaron
también ese logro. No se podía enviar una cantidad suficiente de inmigrantes colonizadores, y las barreras geográficas presentaban límites insalvables. 9
El esfuerzo español cristaliza, por ello, en México y Perú, y aun allí, sólo en
los conglomerados urbanos más importantes.
El carácter de cultura conquistadora motivó la descontinuación pertinaz de
la dinámica del trasplante. La Corona no podría crear dominios de alta cultura que desvirtuaran su función de proveedores de la economía peninsular.
La explotación del indio y del esclavo negro sólo permitía una relación de
tipo mecánico, de conveniencia, entre poseedor y poseído. La paralización del
desarrollo de las instituciones coloniales, y sus rasgos ,e imperialistas", determinaron una nueva variación en el proceso cultural de Hispanoamérica. La Corona procuró, en los últimos años de la generación de 1564, el mantenimiento estático de las formas culturales en el continente americano. El cambio
cultural es una constante, no cabe duda. Sin embargo la acción oficial de la
Metrópoli consiguió evitar considerablemente que se continuaran modificando las socioculturas de Hispanoamérica; y ésta cruza, con la generación de
1594, un nuevo gran codo histórico :
La fresca libertad de espíritu, el anhelo de creación 11 aventura, de invención de temas, de comprensión de lo indígena, que cmacteriza el siglo XVI se estanca ya en el siglo XVII. A una época dinámica la sucederá otra perezosa y estática.10

9
CHARLES GRIFFIN, "Tbe Significance of Native Indian Culture in Hispanic America", Concerning Latin American Culture (New York, 1940), p. 121.
10
'MARIANO PICÓN-SALAS, De la Conquista a la Independencia (México, 1944), pp.
86-87.

275

�2. Las Letras

vasallos que lo que entonces fuimos dominando a otros: porque aquella
libertad y señorío era sin la luz de la doctrina evangélica, y esta servitud
y vasallaje es con ella."

a. La Crónica
Recientes aún las luchas de la Conquista y las guerras civiles, se siguen escribiendo crónicas. Continúa en esta generación la constante que habían iniciado Colón, Cortés y Bernal Díaz: escribir crónicas ( o cartas y relacioni;;s)
para defender un propósito, a menudo de interés personal, o promulgarlo. La
diferencia que se advierte entre las crónicas de esta generación y las anteriores es que presentan nuevos puntos de vista. La generación de 1564 dejó un
asombroso legado literario mestizo. Ellos, conjuntamente con los indígenas,
sintieron más cabalmente el proceso de creación de la heterogénea cultura
conquistadora. Ellos precisan registrar la historia de América; los criollos
blancos no sufrieron tanto, en ésta, la primera generación de las letras criollas, la gestación de una nueva realidad cultural.
1) La Crónica del Criollo Mestizo

a) Perú: i) El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)
Se hace hincapié, por lo general, en el hecho de que el Inca Garcilaso haya sido mestizo, sin especificar claramente el peso que tenían en él sus dos
cu'lturas heredadas: la incaica y la española. No basta señalar que haya sido mestizo para comprender la personalidad de una figura tan compleja. Ni
tampoco su actitud frente a las diversas socioculturas indígenas del Perú. A
nuestro entender, el rasgo fundamental en el Inca Garcilaso es su cosmovisión criolla. Para él resulta sumamente palmario que la Conquista es un hecho irremediable y que no se puede volver al pasado. Pero como no se puede
prescindir de él, uno de los propósitos que guían su voluntad es el de retraer
o actualizar ese glorioso pasado incaico; es decir, hacerlo presente otra vez,
lograr que se pondere su valor, hacerlo presencia viva y constituirlo en tradición del Perú y aun de España. Todo, claro está, con los ingredientes superiores de la Conquista espiritual, como puede verse en la dedicatoria al rey
de España de su traducción de los Diálogos de Amor ( 1590) de León Hebreo. Declara allí que los incas están subyugados por las fuerzas peninsulares, pero que esa condición es preferible a la que prevalecía con _anterioridad a la Conquista, porque ésta trajo "la luz de la doctrina evangélica":
La cuarta y última causa sea el haberme cabido en suerte ser de la
familia y sangre de los Incas, (. . .) tenemos en más ser ahora vuestros

La fe católica del Inca parece auténtica; se hace clérigo y llega a indicar
que la conversión de su madre la hacía más ilustre que su "sangre real de tantos incas y reyes peruanos" .12 Fue capitán en guerras que tuvieron lugar en
Europa, no en América. Su obra intelectual y su preparación humanística indican su solidaridad con la cultura española y europea. Además, su carácter
de criollo resalta en su actitud a favor de los Pizarras y de los conquistadores,
en contra de los virreyes, en especial el virrey Toledo. 13
El Inca Garcilaso se quejó con frecuencia de estar sumergido en un estado de pobreza. Al parecer, su penuria no era tanto material como anímica. Se
consideraba merecedor de una situación privilegiada porque era descendiente
de Incas. No regresó al Perú porque no se le otorgó una encomienda o corregimiento que pudiera dotarle de los privilegios que creía merecer. Hijo de
conquistador y de princesa india, Garcilaso fue en Hispanoamérica un primer
gran ejemplo del criollo resentido. La singularidad de su actitud radica en
que también él deseaba una cultura conquistadora, en la que se reconociera
su genealogía. Una mitad de la personalidad de este criollo mestizo sueña con
las grandezas incaicas, de las que provenía el título que la nueva cultura no
reconocía adecuadamente. Vive así los conflictos de una cultura heterogénea,
anclado en una etapa histórica en la que tiene que aprovecharse de las instituciones dominadas, y se siente vinculado a ellas, pero se transporta imaginativamente a la cultura de su madre, una de las tradiciones autóctonas de la
nueva cultura. Adopta el seudónimo literario con que es conocido hoy para
sobresalir en España por su singularidad, pero también para resaltar su nobleza: la inca. De ahí que cuando declara que los españoles ganaron su tierra,14 nos está entregando sólo una mitad de su ser. Se le olvida mencionar que
su padre había sido español. Espíritu selecto y aristocrático, posiblemente deba explicarse por ese sentimiento aristocrático el hecho de que no haya muerto entre sus indios, o por lo menos en el Cuzco.
En los últimos años de su vida creció en él la añoranza por su tierra nativa.
Hombre retraído, arraigado en España, autor de la traducción de una obra
perfectamente renacentista, los Diálogos de amor de León Hebreo, y de una
11 INCA GARCILASO DE LA VEGA,

CXXXII
11
!bid.
13
!bid.
:w Ibid.

Diálogos de amor, Biblioteca de Autores Españoles,
(Madrid, 1960), p. 7.
Los comentario.s reales de los Inca.s, CXXXIV, p. 7.
Diálogo.s de amor, CXXXII, pp. lvii-lix y pp. 400-402.
La Florida del Inca, CXXXI, p. 31.

277

276

�historia artística, en gran parte figurada, La Florida del Inca ( 1605), se dejó llevar por los recuerdos infantiles y recreó, en letras imperecederas, sui
generis, los rasgos culturales de los incas. Logró revelar así la riqueza cultural de un mestizo de sangre real, cuya procedencia materna y paterna le hacía poseedor de los tesoros occidentales y de los autóctonos de América. En
este sentido, fue un testimonio vivo de la tragedia histórica que había ocasionado la Conquista. Se tenía que escribir la historia incaica para salvarla del
olvido, y este mestizo, representante de las dos culturas, no había sido dotado de los poderes para controlar, en Hispanoamérica, el destino de las socioculturas que reunían, en desarmonía, esos dos patrimonios culturales. Al mencionar, en su dedicatoria a los Diálogos de amor, los "males" que acompañan a los "bienes", el Inca consignó, a mi parecer irónicamente, su visión
atormentada por la dicotomía que separaba a las dos culturas que vivían en
su propia intimidad sicocultural:

universo nuestra patria, gente y nac1on, ( ... )".18 Se dirige a los habitantes
del Perú, llamándose "su hermano, compatriota y paisano". 19 Más aún, expresa su fe en la futura creación cultural de sus compatriotas :
Para los cuales no falta habilidad a los mestizos hijos de indias y es-

pañoles o de españoles e indios. Y a los criollos oriundos de aclÍ, nacidos
y connaturalizados allá.20
El Inca Garcilaso sabe que con Hispanoamérica los habitantes del Perú
han entrado en una cultura nueva. Llega a reconocer que, por su contextura,
ésta es superior:
Y de camino es bien que entienda el mundo viejo y político que el

nuevo a su parecer bárbaro, no lo es ni ha sido sino por falta de cultura (. . .) la nuestra, antes inculta, hoy por tu medio cultivada (. .. ) 21

Y el favor que pretendo y espero es para que todos los de aquel Imperio, así indios como españoles en general y en particular, lo gocen juntamente conmigo, que cada uno de ellos lo ha de tomar por suyo propio, porque de ambas naciones tengo prendas que les obligan a participar de mis bienes y males, las cuales son haber sido mi padre conquistador y poblador de aquella tierra, y mi madre natural de ella, y yo haber nacido y criádome entre ellos. 15

Aún así, su propósito es siempre criollo. Busca la integración de las dos culturas y de los tres elementos raciales. En Los Comentarios reales de los
Incas (primera parte, 1609) '" incluye un prólogo dirigido no sólo a sus incas sino también a los mestizos y criollos (blancos) del Perú. Lo titula "Prólogo a los indios, mestizos y criollos de los reinos y provincias del grande y
riquísimo imperio del Perú". Da como primera razón para escribir su obra la
le de enterar "al universo" de la belleza y riqueza de la naturaleza peruana,
de la religiosidad de sus habitantes y de la grandeza de su tradición incaica."
Criollo hasta los tuétanos, orgulloso de la tradición de su "patria chica", quiere que llegue a formar parte del repertorio de Occidente. No cabe duda
que estamos frente a un auténtico hombre de Hispanoamérica, cuya vinculación esencial es su tierra nativa, su Perú: "La primera, por dar a conocer al

Prevé que su obra es la de "principiante"; su misión personal es la de
mostrar el camino cultural a sus compatriotas. El Inca es quizá quien da comienzo a la constante del americano en busca de la expresión propia. Tiene fe en la capacidad de sus peruanos y les pide que se ejerciten en la tarea
de esa expresión propia. El lector no puede menos que pensar en lo que después propugnaron, entre otros, Andrés Bello, Echeverría, Alfonso Reyes y Pedro Henríquez U reña :
A los cuales todos como a hermanos y amigos, parientes y señores míos
ruego y suplico se animen y adelanten en el ejercicio de virtud, estudio
y milicia, volviendo por sí y por su buen nombre con que lo harán famosa en el suelo y eterno en el cielo.u ( . . .) a todos los indios, mestizos y
criollos del Perú, para que, viendo ellos el favor y merced que los dis-

cretos y sabios hacían a su principiante, se animasen a pasar adelante en
cosas semejantes, sacadas de sus no cultivados ingenios. 23
El Inca Garcilaso también se destaca en las letras de Hispanoamérica por
otros motivos que le dan una importancia capital. Ante todo, los valores de su
18

lbid.
lbid.
2
º Ibid., pp. 11-12.
21
Ibid., p. 12.
n !bid.
23
Ibid. Diálogos de amor, CXXXII, p. 250.
11

ª Ibid.

Diálogos .. . , CXXXII, p. 13.

u La segunda se publicó después de su muerte con el título de Historia general
del Perú (1617).
11

278

INCA GARCILASO, Los Comentarios . .. , CXXXIV, p. 11.

279

�estilo: todos los críticos reconocen la maestría con que se expresa. Con Francisco de Terrazas, también de esta generación, es el criollo que por primera
vez aúna el sello de la originalidad americana con el conocimiento profundo
de la cultura occidental. Su humanismo renacentista y el conocimiento de la
cultura clásica son evidentes. La Florida aporta la creación de una crónica en
función artística; es casi novela, parte de una constante que comenzó en la
generación de 1534 y que se prolongará a lo largo del periodo colonial. Garcilaso, el Inca, fue a la vez ciudadano del mundo y patriota peruano: logro
no muy repetido, por desgracia, en Hispanoamérica.
De acuerdo con nuestro concepto de la cultura, hemos insistido en aspectos que nos han permitido hacer resaltar la personalidad y la obra del Inca
Garcilaso en cuanto a su cosmovisión y conformación sicocultural. Sostenemos que, a pesar del alto valor y significado de su historia de la cultura incaica, debe merecer más estimación de la crítica literaria la expresión de su
peculiar y criolla personalidad. Además, es preciso comprender ésta para enjuiciar su visión de la cultura incaica. En realidad, urdida su histo~ia por los
recuerdos de la infancia y la lectura de otros autores, pero en especial llevado
de su amor por la cultura materna, Garcilaso forja una utopía incaica, una
sociedad imaginada por el escritor desde sus pupilas metizas y humanistas.
La grandeza indígena que nos pinta es la exclusiva_de sus familiare~; l~~ otras
socio-culturas indias se caracterizan por la barbarie y la desorgamzac1on. El
"mitimae" es descrito como hecho afortunado para las tribus sometidas, y
Garcilaso hasta pretende que se aplicó con prudencia y circunspección. Los
incas hablan establecido una cultura conquistadora y Garcilaso de la Vega
trata de integrar la historia del Perú, señalando la continuidad que representa la sumisión de tribus bárbaras por la gran cultura inca, preparación para
la eventual conquista española:
Viviendo o muriendo aquellas gentes de la manera que hemos visto,
permitió Dios Nuestro Señor que de ellos mismos saliese un !~~ero del
alba que en aquellas oscurísimas tinieblas les diese alguna noticia de la
ley ~atura/, y de la urbanidad y respetos que los hombres debían tenerse
unos a otros, y que los descendientes de aquél, procediendo de bien en
mejor, cultivasen a aquellas fieras y las convirtiesen en hombres haciéndoles capaces de razón y de cualquiera buena doctrina; para que cuando ese mismo Dios, sol de justicia, tuviese por bien de .enviar la luz de
sus divinos rayos a aquellos idólatras, los hallase no tan salvajes, sino
más dóciles para recibir la fe católica, (. . .) "
24

280

]bid . Los Comentarios .. . , CXXXlII, p. 25.

Para concluir, en Garcilaso tienen el Perú e Hispanoamérica el primer criollo que vive en su angustiada personalidad la marca del habitante de una cultura heterogénea, fruto de una conquista, poseído por la nueva cultura pero
atraído entrañablemente por la tradición de un pueblo cuya sangre lleva, subyugado y destinado a desaparecer en la conjunción con la cultura del trasplante, para que se cree algo nuevo.
ii) Felipe Guamán Poma de Aya/a (1526-m . después de 1613)

En El primer nueva crónica y buen gobierno hallamos la pupila del mestizo
que a la descripción de las grandezas del imperio incaico añade la marcada
hostilidad por el conquistador español. Pinta los sufrimientos del indio subyugado por la cultura conquistadora y no encubre su resentimiento con la
Iglesia. A la vez, imprime poesías quechuas de su tipo y procura conservar los
últimos alientos de la cultura conquistada. Sin que se vea en él la prestancia
genial del Inca Garcilaso, tiene sin embargo gran valor porque agrega al dato de Garcilaso, puente entre las dos culturas, la nota del mestizo cuya vinculación esencial es con el pasado vencido.
b) México: i) Fray Diego Durán (1538?-1588)

La constante de la Conquista espiritual, misionera, y de compenetración
íntima con la cultura indígena, continúa en la obra de Fray Diego Durán,
Historia de los Indios de Nueva España. A tanto ha llegado la comprensión
del indio que el estilo de la crónica de Durán se indianiza, tratando de reflejar, en lo posible, la lengua y la cosmovisión indigena en la lengua española:
Y pocas obras, por ejemplo, de tan auténtico sello indio en que hasta
la prosa española parece haber involucionado hacia las formas más estáticas o difusas del estilo azteca, ( . . . ) Es un estilo, ya tan ajeno de lo
puramente occidental, el de este buen mestizo metido a fraile, que su
primer editor, Ramírez (1867), definía la obra diciendo que es "historia
radicalmente mexicana con fisonomía española" ( . . .) 25

Obra criolla, tiene el valor, además, de servir de lazo entre 1a cultura trasplantada y la autóctona. Obras como la de Durán prestaban la colaboración
de las letras a la tarea de edificar una nueva cultura que alcanzase a todos
sus habitantes.
1

g

PrcóN-SALAs. p.

75.

281

�ii) Hernando de A/varado Tezozómoc (c. 1520-c. 1600)
Aunque nació en un año que cae dentro del quehacer de la generación de
1534, lo incluimos en ésta por la fecha de publicación de su Crónica Mexica-

na, 1598. Hijo de Cuitláhuac, penúltimo emperador de los aztecas, su es~aso
conocimiento del castellano impidió que creara una obra que sobresaliera
por su estilo. Sin embargo, consideramos que su historia debe inclu~r~e en un
estudio de las letras de Hispanoamérica porque nos revela magníI1camente
la tradición que los indios aportaron a la nueva cultura, desde su propio punto de vista. Se destaca así, por lo demás, la cualidad artística natural a las le~
yendas y mitos de todo pueblo:
La crónica de Tezozomoc presenta la leyenda en su prístina sencillez;
tiene el sabor de esas relaciones conservadoras desde tiempos remotos
por los pueblos salvajes, trasmitidas de generación en generación con
ciertos visos de lo prodigioso y lo fantástico; pinta las hazañas y las costumbres de los héroeti con cierta elevación unida a la rusticidad que tanto
encanta en los personajes de la Ilíada; ( .. .) en suma, es la tradición
verdadera que los mexicas conservaban en sus seminarios y hacían aprender de coro a los jóvenes educandos. 26

c) Río de la Plata: i) Ruy Díaz de Guzmán (1554?-1629)
Paraguayo y mestizo, escribe Ruy Díaz de Guzmá? L~ Argentina ":ª~uscrita (1612) desde un punto de vista europeo. Al h1Stonar el descubmruento y conquista de las regiones rioplatenses, lo hace dentro de la constante de
la América maravillosa, mundo de leyendas y milagros, seres fabulosos y culturas fabulosas. El episodio de la cautiva Lucía Miranda inicia una constante de las letras rioplatenses, que aparecerá en autores que van de Lavardé~ a
Zorrilla de San Martín, entre los más conocidos. A. Pagés Larraya ~pma,
además, que en La Argentina: "El gusto por las memorias o la au~o?1ografía, ( ... ) procede también de entonces, según lo comprueba la cromca del
' ( ... )" 21
mestizo Ruy D ,iaz d e G uzman

2) La Crónica del Criollo Blanco
a) México: i) juan Suárez de Peralta (n. entre 1537 y 1546-m. después
de 1590)
No son muchas las crónicas de los criollos blancos de esta generación. Su
aporte a las letras de 1564-1594 habrá que buscarlos, ante todo, en la poesía. Peralta, en su Tratado del descubrimiento de las Indias . . . y del suceso
del Marqués del Valle (1589), escrito para recibir mercedes del rey, revela la
cosmovisión del hijo del conquistador, cuya tierra nativa es Hispanoamérica.
Por un lado, muestra el cambio operado en los herederos de la Conquista. Logrado el dominio sobre los indios, el conquistador y sus descendientes aflojaron su ruda voluntad para gozar del botín, y en Suárez de Peralta se advierte "la molicie del señorito que disfruta de ventajas heredadas" 28 El resentimiento ante el gachupín y el gobierno peninsular, que privan de libertad política al criollo, y el amor por el terruño, ya aparecen claramente en
29
su crónica. Su propósito había sido el de alcanzar la obra española, pero
no puede evitar que en estilo y conceptos se refleje su simpatía por los hijos
de conquistadores que se habían rebelado por las leyes de Felipe II que ordenaban el nuevo repartimiento de las encomiendas.
El trasplante de los patrones señoriles aparece también en Peralta, con mayor énfasis, en otras obras. Los títulos de por sí lo indican: Tratado de la caballería de la jineta y brida (1580) y el Tratado de alveitería (inédita). Se
conjugan ya en este criollo, hijo de uno de los compañeros de Cortés, muchos
de los rasgos que caracterizarán a las generaciones criollas de la Colonia: la
expresión literaria típica de una clase señoril, vida parasitaria, resentimiento
frente al peninsular, las formas contemporáneas de España, y el amor por el
terruño. Todo el libro es "uno de los mejores cuadros de la vida criolla en
la Nueva España del siglo XVI". 30
3) La Crónica del Español
a) Hispanoamérica: i) Padre José de Acosta (1539-1616)

La Historia natural y moral de las Indias (1590) del padre Acosta sigue
la constante iniciada por Oviedo y Sahagún. Estudia las culturas y la natu28
u O&amp;ozco y BERRA, cfr. ARMANDO D. PIROTTO, La literatura en Améric1J. El coloniaje (Montevideo, 1936), p. 73.
27 A. PAoÉs LARRAYA, "Peculiaridad de las letras argentinas", Miscellanea di Studi
ispanici, No. 11 1962, 148.

282:

ENRIQUE ANDERSON IMBERT, Historia de la literatura hispanoamericana, l (Mé•

xico, 1961 ) , p. 56.
~
1111

!bid., p. 57.
lbid., p. 56.

283

�raleza americana. Su aporte fundamental es su visión de Hispanoamérica como parte integral del orbe. Viaja por América y se aprovecha de la observación directa para corroborar o rechazar las teorías filosóficas y científicas
de su Europa. Hispanoamérica se incorpora así al repertorio intelectual de
Occidente, como una región más del orbe cuyas singularidades son tan naturales como las de cualquier otro continente. Por eso, la actitud de Acosta
no es nueva (se halla en la generación anterior, en Sahagún), y no podemos
compartir la sorpresa del profesor Arrom, cuando dice:
Lo que ha sucedido al Padre Acosta es que, en su larga residencia entre criollos, su pupila se ha acomodado a mirar con la misma visión con
que veían los criollos. A estas alturas no debe sorprendernos que nos dé
una imagen de América observada desde América. 31

El español que venía a América educado en los "mentifacts" de la filosofía, teología y ciencia europeas y que podía, por su interés misionero o intelectual -no político--- penetrar en el mundo cultural indio y estudiar la naturaleza americana con paciencia y amor, se hallaba con que el hombre autóctono y la naturaleza eran naturales como _las de las otras regiones del mundo. Se adentraba entonces en las características que singularizaban y matizaban la realidad americana, con respeto y admiración por esos rasgos propios de este continente: "( .. . ) tratar las causas y razones de las novedades". 32
La pupila de Acosta no es la del criollo. Su obra abarca la naturaleza y
culturas de Hispanoamérica, no de una región determinada, como en Garcilaso o los otros autores criollos. El español puede sentir Hispanoamérica como una entidad, pero no hallamos pruebas de que así sea, en lo íntimo, en el
caso de los hombres nacidos aqui.

contradecir a Las Casas, y a la vez contradice también los asertos ulteriores
del Irica Garcilaso. Sarmiento de Gamboa subraya la tiranía de los reyes incas, en cuadros de terror, infamias, etc., para crear una especie de "leyenda
negra" que justifique la conquista material de su imperio. Garcilaso de la
Vega nos pintará una utopía incaica. Los historiadores contemporáneos a
nosotros resaltan el hecho de que, en lo esencial, no se contradicen en cuanto a los datos que aportan acerca de la historia indígena. Lo fundamental,
por tanto, es su actitud frente a esos datos.
c) Nueva Granada (Colombia y Venezuela): i) Fray Pedro de Aguado ..
(1538-1589)

Cronista de la conquista de lo que es hoy Colombia y Venezuela, siguiendo la constante iniciada por Gonzalo Giménez de Quesada, relata los acontecimientos históricos para enterar a los peninsulares de lo que sus representantes habían logrado en Hispanoamérica. Si en su labor de misionero se dedicó a la Conquista espiritual de los indios, en Historia de Santa Marta y
Nuevo Reino de Granada historió y justificó la Conquista material. A pesar de alabar la lucha del indio en defensa de su "patria mereciendo por ello
antes premio que pena", 33 pertenece Aguado a la constante del español que
no se adentró en la peculiaridad y valor cultural de las sociedades indias,
quizá por carecer éstas de la riqueza cultural de las de México y Perú:
(. .. ) requerimientos y otros preámbulos de poco momento para aquellos bárbaros, que en ninguna cosa se gobiernan por razón ni justicia ( . . .)
no entiendo que haya otra justificación más que la que con el rigor de
las armas se puede saber.34

b) Perú: i) Pedro Sarmiento de Gamboa (1530-1592)

d) Río de la Plata y Chile: i) Reginaldo de Lizárraga ( c. 1539-1569)
Una de las constantes de las letras de Hispanoamérica está representada
por las diferentes interpretaciones que se dan a la Conquista. Se encuentra
la primera manifestación en Las Casas y Oviedo. La Historia del reino de los
Incas pertenece a la historia de esa polémica, y también a una segunda polémica. Escribe su obra por encargo del virrey Toledo, para tranquilizar la
conciencia de éste y justificar ante el rey la conquista del imperio incaico. Su
interpretación de la cultura conquistadora inca se levanta expresamente para
in

ARROM,

Esquema . .. , p. 45.

32 JosÉ DE AcosTA, cfr. P1cÓN-SALAS, p.

284

137.

Aunque no apreciable por su valor artístico, la Descripción y población
de las Indias, especie de guía para viajeros, que presenta la experiencia de
Lizárraga a raíz de sus viajes por Perú, Chile, Tucumán y el Río de la Plata, ilustra la complejidad de los rasgos culturales en la generación de 1564.
Nacido en España de hijo de conquistador, desprecia a los españoles colonizadores "por advenedizos que no saben 'ni limpiar las narices ni en su vi:is

FRAY PEDRO DE AGUADO,,

M

!bid., pp. 61-62.

cfr.

Pi:ROTTO,

p . 61.

285

�da echado mano a la espada'" ,35 y también al indio, mestizo y criollo blanco. Su cosmovisión, por tanto, es la del conquistador español, pero la obra nos
da datos inapreciables sobre los grupos criollos y colonizadores, amén del proceso por el cual desapareció el grupo conquistador.

b. La Poesía
El género poético, en sus diferentes formas, inicia en esta generación una
constante artística que persiste aún hoy. Afirmada la colonización en México
y Perú, los habitantes de estos dominios pueden dedicarse a las faenas pacíficas. Además, ya se había creado un ambiente propicio para iniciar el quehacer poético. Los patrones e instituciones del trasplante (universidad y colegios, libros y maestros, fiestas y celebraciones, imprenta y artistas emigrados
o viajeros) y la cultura conquistadora, dirigida y teocrática, desarrollan las
condiciones necesarias para la creación artística y conforman sus características. Las más variadas formas poéticas son trasplantadas a Hispanoamérica:
medievales, clásicas latinas y renacentistas italianas. El resultado inmediato es
un caudal sorprendente que inicia otra constante, que se mantiene a través de
la Colonia: la superproducción de poesía. La calidad general de estas obras,
primerizas, es deficiente, pero algunas de ellas ya demuestran originalidad, libertad creadora y rasgos universales.
Aparecen, además, los primeros recopiladores de poesía. La antología Flores de varia poesía, de 1577, compilada en México, publica poemas de mexicanos y españoles, entre ellos los renombrados poetas Juan de la Cueva y
Eugenio de Salazar. Diego de Aguilar y Córdoba ofrece, en 1578, en El Marañón, una lista incompleta de poetas peruanos, y el anónimo Discurso en loor
de la poesía también da una lista parcial de escritores peruanos.

1) La Poesía Criolla
a) México : i) Francisco de Terrazas (1525?-1600?)
Reconocido por los críticos como el mejor poeta mexicano del :iiglo XVI,
es Terrazas el primer poeta de Hispanoamérica que levanta su voz artística
hacia los temas eternos del Arte. El amor y el desengaño, la tristeza y la muerte, motivos personales y universales a la vez, logran expresión auténticamente artística en sus poemas líricos. La corriente petrarquesca e ítalo-renacenu ANDERSON IMBERT,

286

I. p. 58.

lista, que caracteriza a gran parte de la producción literaria de la Europa del
siglo XVI, es continuada en México por el criollo Terrazas, como caudal intelectual aprendido y digerido, y hecho materia personal, original. El préstamo cultural, tan obvio en las letras de Hispanoamérica, y que ha llevado a
muchos críticos a enjuiciar su literatura como obra desarraigada de su medio
ambiente, se expresa en las poesías de Terrazas como dinámica, íntima, propia. Es precisamente el acierto con que crea literatura con motivos universales, y siguiendo patrones extranjeros, que justifica el aprendizaje de las
formas europeas. Encontraremos en las letras de Hispanoamérica el préstamo
que quita sentido local o nacional a una obra; también, el patrón nativo
que no precisa la incorporación de los temas o formas foráneos : en Terrazas,
el Mexicanismo sobresale donde menos se espera. Radica en la capacidad del
autor de crear poemas que trascienden toda limitación geográfica. La Nueva
España le ha permitido expresar su interioridad lírica, humana, y así aportar
a Hispanoamérica un primer ejemplo de originalidad personal por parte de
uno de sus habitantes.
En Terrazas no hallamos la nota resentida o la crítica al gachupín. No desmerece por ello, en absoluto, su criollismo. Este aparece en el poeta por otra
vía, la poético-intelectual renacentista, íntima. Su amistad con Juan de la
Cueva y Eugenio de Salazar influyó decisivamente en la conformación de su
poesía, y su pupila, mexicana, se interesó principalmente en los temas y formas de las escuelas españolas, concretamente la sevillana, llevada a México
por Gutierre de Cetina. Los trozos que se conservan de su poema épico Nuevo Mundo y Conquista, destacan a las claras la preponderancia del interés estético de Terrazas por encima de lo político. Describe al cacique Canetabo como monstruo de la naturaleza 36 y a otros indios como Htratable gente y algo
más humano", 37 pero en el episodio de Quetzal y Huitzel contrasta el idilio
de los dos indios enamorados con la violencia de los conquistadores. Indios y
españoles no aparecen para que el autor tome una posición en favor de ellos
o contraria. La Conquista y el indígena, y su cultura, son tratados en función
de la obra de arte. Hispanoamérica sirve al autor para su creación poética; la
épica de Terrazas, a pesar del obvio influjo de Camoens y Ercilla, no es histórica en su propósito; es una creación imaginativa en la que el pasado cultural de Hispanoamérica aporta motivos que son transfigurados en materia artística y a-histórica. De ahí que el episodio de Quetzal y Huitzel y el del cacique Canetabo sean unos de los primeros ejemplos poéticos en que América aparece como tierra exótica, poblada de seres maravillosos y sobrenaturales. Esta
38 FRANCISCO TERRAZAS,

"Nuevo Mundo y Conquista",
tas novohispanos. Primer siglo (] 521-1621), pp. 25-26.
~ !bid., p. 29.

MÉNDEZ PLANCARTE,

Poe~

287

�constante de las letras hispanoamericanas, que en las crónicas fue inaugurada
por españoles, parece haberse iniciado en la poesía con la obra del criollo
Terrazas por la manera de tratar a sus personajes. El poeta no destaca los
hechos de por sí, sino su efecto en el hombre. No se nos dice que los navíos
españoles sorprendían al indio, sino que prefiere llamarlos "casas de madera
que nadaban".38 La reacción ante el cacique monstruoso es personal; las notas que se destacan son los rasgos que le hacen inhuraano a los ojos del español y el temor que se produce en éste. El acercamiento sicológico, e íntimo,
revela las cualidades líricas del poeta Terrazas y le sitúa, como también sus
sonetos, en la línea imaginativa, cercana a la poesía pura de la poesía universal y mexicana. 89

y Bocanegra, el más importante de la corriente relioiosa
mexicana del siO'lo
o
o
XVI. Criollo, y poseído de una religiosidad intensa, sus canciones revelan el
arraigo de las formas trasplantadas. Como Terrazas y Trejo, poseía una buena educación clásica y renacentista, y ésta logró cabal expresión en sus poemas, pero la poesía de Córdoba y Bocanegra se singulariza por los acentos espirituales, en los cuales penetra por primera vez en Hispanoamérica Ia influencia de fray Luis de León.
El lirismo religioso de Córdoba y Bocanegra, en su "Canción al amor divino", llega a un nivel de expresión que difícilmente se encuentra en la místi•
ca española, condimentado a 1a vez con cierta expresividad sencilla, elemental, que recuerda a Berceo, y que dota a la canción de una originalidad
ejemplar :

ii) Pedro de Trejo (1534-?)
Nacido en España, llegó muy joven a la Nueva España; de modo que su
cosmovisión fue criolla. Su obra revela la riqueza de formas y temas del trasplante de la literatura, española y europea en general. La corriente popular
y la culta reciben entrada en su poesía, como también las formas medievales
y las renacentistas. Además, tiene rasgos originales. Los críticos más destacados han corroborado que ensaya innovaciones preceptísticas, primer ejemplo
en Hispanoamérica de innovación en el campo de la poesía. A pesar de haberse aprovechado de temas y formas del siglo XVI, su actitud y motivos son
por lo general medievales. La influencia de Jorge Manrique fue quizá la decisiva, añadiendo así al aporte literario de su generación, amén de sus experimentos poéticos, una cosmovisión que se enlaza con la tradición peninsular
de los días de la Conquista, y anteriores a ella.

:Si un pequeñito rayo de aquesa luz inmensa alguna vez al alma lle•
ga y toca, con su fuerza desmaya y ella queda suspensa, como fuera de
sí y de gozo loca; 41
La nota mística vista en las lineas que acabamos de citar, no caracteriza
a los poemas de Córdoba y Bocanegra. Se destaca en especial la alabanza
lírica e intensa a Jesucristo, y el anhelo de gozar de la vida eterna. Por su
vinculación con el tema universal religioso este poeta representa, como Terrazas y T rejo, una expresión feliz de una nueva cultura que, en estos tres
autores, evidencia que los patrones trasplantados han llegado a ser también
propios, tanto mexicanos como hispanoeuropeos.

2) La Poesía del Español
iii) Fernando de Córdoba y Bocanegra (1565-1589)
Córdoba y Bocanegra cierra la tríada de tres poetas mexicanos que en la
generación de 1564 inician las diversas corrientes mexicanas de este género
con singular prestancia artística."º Sólo se conocen dos canciones de Córdoba
!bid., p. 33.
Para un estudio detallado sobre la integración de la forma europea y el contenido
americano de Terrazas, véase ALFREDO A. RoGGIANo, "Los comienzos de la poesía en
la Nueva España", Universidad, Universidad del Litoral, Argentina, No. 59, junio, 1964.
"° La extensión del tema de este trabajo impide hasta una enumeración de las obras
literarias de toda Hispanoamérica. La constante de la poesía también aparece, naturalmente, en Perú y eQ otros dominios, pero el valor literario de los tres poetas mexicanos
obliga a interpretar su obra aquí.
n

39

288

.:.) Hispanoamérica: i) Mateo Rosas de Oquendo (1559? -m. después de 1621)

Rosas de Oquendo es un ejemplo del español trasplantado que se adapta a
Hispanoamérica a regañadientes. Viaja y vive en casi todos los dominios españoles, y en casi todos ellos deja un legado satírico en el que expresa sil desapego por lo americano, su crítica al criollo indio, mestizo y blanco, y su añoranza por la madre patria. Aunque en México parece haberse calmado un
poco su animosidad (Indiano Volcán Famoso, Romance a México), su apor•
te principal a las letras hispanoamericanas es su descripción de Ia vida crio1
• FERNANDO DE CÓRDOBA Y BOCANEGRA, "Canci6n al
CARTE,

amor
Poetas novo hispanos. Primer siglo (1521-1621), p. 63.

divino", MÉNDEZ PLAN-

289
H19

�lla en el siglo XVI, donde se le permite ver al lector moderno, desde la pupila de un español desarraigado, la conformación de la cultura conquistadora y
colonial. Además, la forma satírica de Rosas de Oquendo es un ejemplo sobresaliente de una constante de las letras de Hispanoamérica, iniciada quizá por
los conquistadores anónimos que en las paredes de la casa de Cortés expresaron su resentimiento por medio de la sátira crítica.

b) México: i) Juan de la Cueva (1543-1610)
A pesar de haber pasado solamente tres años en la Nueva España (15741577), Juan de la Cueva jugó un papel muy importante en el desarrollo de
la poesía de México y de Hispanoamérica. Con Eugenio de Salazar, representa al español ocasional, al que vivió por corto tiempo en América para
regresar luego a España. Sin embargo, pudo trasplantar las formas poéticas
directamente, de poeta a poeta. Además, representa para la cultura hispanoamericana el testimonio de un peninsular acerca de la belleza y singularidad
de la nueva cultura ("Epístola al Lic. Sánchez de Obregón, primer corregidor
de México").
La poesía de Juan de la Cueva mantuvo su influjo después de la generación de 1564. Alfredo A. Roggiano resalta las características más importantes de su aporte a la poesía americana:

Dice Maria del Carmen Millán: "de los elementos que en la poesía
de Juan de la Cueva empiezan a esbozar el paisaje mexicano, se destacan dos principalmente: la presencia de colores fuertes y variad_os y una
especie de aliento melancólico que parece salir de la tierra misma, y que
también está tras esa vida apacible y tranquila que gustó con fruición
el poeta español". ¿Iremos demasiado lejos si nos atrevemos a insinuar
que esa "gracia desenfrenada y amenos colores", encomiados por Menéndez y Pelayo como virtudes 'que fácilmente hacen perdonar la dureza y desaliño de algunos versos' del poeta, son el preludio que abre
rutas a la sensación plástica y la expresWn visible, transferidas al sentimiento, ya con los ingredientes del matiz y la melancolía como anuncio de constantes que serán propias de la literatura mexicana? 42

ii) Eugenio de Solazar (1503?-1602)
Las notas que se han destacado en la poesía de Terrazas y de Juan de la
Cueva se repiten en Eugenio de Salazar. Sus descripciones de la naturaleza
mexicana, al integrar el paisaje de la Nueva España con las formas bucólicas
renacentista y con el tono emotivo de la ausencia ( sobre todo de España),
no sólo representan un alto nivel artístico, sino que también son un aporte a
las letras hispanoamericanas. Los principales elementos que forman parte de
las constantes de 1a poesía mexicana, halladas también en Terrazas, son la integración de motivos y formas europeas con la experiencia directa del paisaje americano; una interioridad lírica caracterizada por la discreción, delicadeza y melancolía y el acercamiento a lo que hoy llamamos "poesía pura" .4 ª

c) Chile: i) Alonso de Ercilla y Zúñiga (1534-1594)
Se escribieron numerosos poemas épicos desde los primeros días de la Conquista. La gesta del encuentro violento entre españoles e indios, y el ejemplo
literario del Tasso, Ariosto y Camoens, entre otros, estimulaban la permanencia de esa forma artística. La heroicidad y bravura de los autóctonos, y de los
peninsulares de por sí, como realidad histórica, ofrecía una rica materia
épica. En las crónicas en prosa, ésta salva del olvido a la mayoría de las obras,
El valor literario de las crónicas en verso también es escaso por lo general.
La Araucana es una de las excepciones.
Ercilla no pasó mucho tiempo en América, pero su obra principal pertenece a las letras de aquí tanto como a las españolas. La Araucana inicia una
constante que, continuada por americanos de diversos dominios, señala que
si, por ejemplo, el Inca Garcilaso apenas menciona otros dominios, acusando
ya cierto regionalismo, se desarrollan a la vez patrones literarios que cn1zan
las fronteras de los dominios y establecen líneas literarias internas. En la generación de 1564, será un habitante del Nuevo Reino de Granada, y otro de
la región del Río de la Plata quienes imiten a Ercilla.
Sea cual fuere el motivo que determinó el viaje de Ercilla a América, lo cierto
es que por encima del interés material se proyectaba ante sus ojos el continente nuevo y maravilloso. 44 Según el propio Ercilla, promueve su actitud el
castigo de los indios de Arauco, quienes se habían sublevado. 45 Luego de una
breve estada en Perú, viene con los militares encargados de doblegar la resis-l3

A. RoaGIANO, "Los comienzos de la poesía en la Nueva España'\ Universidad, Universidad del Litoral, Argentina, No. 59, junio, 1964.
0

290

ALFREDO

lbid.

'"'JosÉ TORIBIO

~

MEDINA,

Vida de Ercilla (México, 1948), p. 31.
La Araucana. I (Santiago, 1933), p. 262.

ALONSO DE ERCILLA Y ZÚÑIGA,

291

�tencia indígena en Chile. Allí, en medio de los fragores de la guerra, en la
que se destacó como combatiente, comienza a ~scri~i~ :u obra. _Por lo tanto,
es testigo presencial de gran parte de la matena h1ston~a que m~luye en su
poema, y así lo declara él mismo. 46 Vuelto a Esp~a, da fm a la primera parte
de La Araucana y, al ser ésta recibida de inmediato como obra de gran valor
literario, le agrega dos partes más. En éstas, Hispanoamérica ya no aparece
en el plano destacado que tuvo en la primera. Inicia, así, quizá, una constante
de las letras hispanoamericanas: el autor se cansa de su tema, agota pronto
los motivos americanos O éstos parecen no bastarle para la creación de una
obra duradera. La Araucana no termina, no se cierra con el triunfo de las
armas españolas en Chile; Ercilla quiere ser también el cantor de las victo_rias
españolas en Europa, y acaba su obra, por ejemplo, relatando sucesos acaecidos
en Portugal. Además, los versos finales aluden exclusivamente a su pobr:za Y
a sus merecimientos.47 La miseria a que alude en el poema, por lo &lt;lemas, es
desmentida por los datos que han descubierto los investigadores: Ercilla fue
prestamista luego de su regreso a España y estaba muy leios de senllr la pobreza.
Hemos presentado algunos datos sobre la actuaci6n de Erólla porqu': permiten una interpretación de su obra más ajustada a la reah~ad. Los . mdios
chilenos no estaban a la altura cultural de los peruanos o mexicanos. Sm embargo la gran épica americana versa precisamente sobre esos indígenas valiente; y primitivos. ¿ Por qué? Según Arrom, la defensa que hace Ercilla d_el
indio se debe al hecho de que para los miembros de una misma generac10n
existe "un determinado horizonte intelectual que influye, de mil maneras sutiles pero decisivas, en sus procesos de creación" -48 Concluye ~~r ello que
Garcilaso y Ercilla, las dos figuras más importantes de la generac10n de 1564,
"se fundan en una misma cosmovisión generacional. Aunque apuntan con
armas distintas, Ercilla y Garcilaso dan en el mismo blanco: la dignid_ad del
indio" _49 Aunque apoyarnos la conclusión de Arrom acer~a. ~de Garcil~o y
Ercilla, no podemos estar de acuerdo con él sobre su cosmov1s10n generac_1o~al.
Garcilaso no tiene gran opinión de tribus bárbaras a un nivel :ult~ral s~1~ar
al de los indígenas de Arauco. En Garcilaso la dignidad del md1~ se hrmta
al indio inca. Ercilla, quien no es americano, ni es tampoco conqmstador común, sino que viene conducido por el brío y la ~aginativa de un caballero
español, joven e imbuido del humanismo renacenllsta, halla, como el padre
Acosta, que el hombre americano autóctono es una rama de la raza ~u~:111ª
universal. La dignidad del indio en Ercilla, aplicada a un ser rudo y pnm1t1vo,
~ Ibid., p. 246.
" Ibid., II, pp. 409-411.
&lt;{8 ARRoM, Esquema .. . , p. 44.

to /bid.

292

logra una emotividad extraordinaria porque destaca los rasgos más elementales,
la defensa de la libertad y la bravura heroica que de por sí, sin la educaci6n y
sabiduría cultural, prestan valor al ser. Pedro Sarmiento de Gamboa y Pedro
de Aguado pertenecen a la misma generación, pero su interpretación de la
conquista, como ya hemos visto, es harto diferente de la de Ercilla y de la
del Inca Garcilaso. Erci!la es el español humanista que, al contacto directo con
la realidad americana, llega a comprenderla. Defiende al indio, lo respeta y
lo admira.
El humanismo de Ercilla no desfigura la realidad hist6rica. Los valores que
él respeta y admira están en el indio. Las instituciones y patrones culturales
que presenta, y que caben perfectamente en el marco épico, tales como los
concilios indios y las arengas, no son inventados por Ercilla. Ercilla se ciñe
a una veracidad histórica que a su vez hace verídica y asegura la verdad de la
existencia real de Hispanoamérica. Esta ya es sentida plenamente como entidad cultural cuyos patrones son diferenciaciones de patrones universales. Las
cualidades de los indios, las prácticas de su sociocultura, como el ejercicio del
amor, el cumplimiento de principios que demuestran todo un cuerpo estable
de "mentifacts", su estrategia militar y su heroísmo indómito, son admirados
por el autor y vertidos al Arte con formas europeas, sin que por ello se desmienta la realidad histórica en que se basa el poema. Los indios serán siempre
bárbaros para la mentalidad refinada de Ercilla, pero esa antítesis es quizá la
parte más significativa que da vida propia a la razón de ser de Hispanoamérica.
Se cumple en La Araucana la integración de una forma europea que cuadra
al tema americano, y a su vez la entrada de Hispanoamérica al repertorio intelectual y artístico de Occidente. Ercilla aporta a la cultura americana una
disciplina artística y una lección sobre el propio valor del americano. La
Araucana forma parte, por tanto, de la obra española del trasplante de las
formas de la cultura europea. Pero también nace con ella, desde Hispanoamérica: la primera epopeya moderna, desde el fondo acaso más primitivo y
salvaje del Nuevo Mundo, levantado por el mejor poema épico del siglo XVI
de España, y del mundo hispánico por ella inaugurado.
Ercilla, por los patrones de la sociedad española, no escribió una obra. desinteresada. El carácter de iniciativa privada de la Conquista, continúa en las
guerras chilenas. Cada militar tenía que valerse por sí mismo, además de
luchar con su grupo. Los merecimientos que se deseaba conseguir del monarca
requerían la participación personal tanto como la colectiva. Al escribir un
poema épico sobre un hecho reciente, Ercilla sabía que se juzgaría en su obra
su propia actuación militar y también la de sus compañeros de armas. Dedica La Araucana al monarca, como símbolo del merecimiento colectivo de
los guerreros, quienes habían logrado las victorias para su rey, dueño personal

293

�de las tierras conquistadas. La narracwn interna de los acontecrm1entos históricos era un asunto delicado. Cada acción militar era comentada y sopesada para determinar el comportamiento de cada soldado. De ahí que Ercilla
se hubiera expuesto al ridículo si hubiese aprovechado recursos épicos para
pintar exageradamente la acción de sus compatriotas españoles. Dado que la
singularidad de los indios del Arauco se debía en especial a su bravura, destreza y energía, y al hecho de que eran seres primitivos, que vivían tan alejados
de España, pudo aplicar a ellos, con más razón que a los españoles, los recursos
de la épica. Una región de Hispanoamérica se revistió así de "extrañeza";
apareció ante Europa un conglomerado humano cuya resistencia podía ser
vencida sólo por héroes españoles. El rasgo épico del español es recibido, por
ello, indirectamente. Ercilla no destaca los números de los indios que luchaban
a favor del español; es así como un puñado de peninsulares puede vencer a
miles de enemigos y rellenar de este modo la contextura épica del poema.
No hay un héroe en la obra que se destaque sobre los demás. Todos los
personajes cumplen esa función, y por encima del individuo se levanta siempre
el carácter colectivo de la guerra. Los dos grandes héroes son la colectividad
india y la española. Ercilla logra grabar la constancia del indio del Arauco
en defender su tierra, sumándose a la constante que va de Las Casas (siglo
XVI) a Alberdi (siglo XIX), de alabar al vencido, y a la vez historiar las
hazañas propias y de los otros soldados del rey español, dejando el testimonio
que justificara la fama de su país y el pago que esperaban Ercilla y sus compañeros por su victoria. Obra compleja, La Araucana es epopeya e historia a
la vez. Es la primera épica en la que el autor aparece como participante en
ella, sirviendo de lazo integrador de los múltiples motivos del indígena de
Chile frente a las hazañas de los militares peninsulares, y así la obra se convierte en símbolo de los orígenes de la actual nación chilena. La Araucana,
escrita por un español que llegó a sentir y a respetar lo americano, pasa a
cumplir una nueva función cultural; se constituye en la obra sine qua non de
la tradición nacional de Chile, país en el que el elemento araucano no es sólo
componente del pasado precolombino, eliminado por la cultura conquistadora,
sino uno de los elementos étnicos del mestizaje a lo largo de toda c;u historia.
A nuestro parecer, cuando la esposa del jefe Caupolicán, Fresa, al cumplir con
el patrón matriarcal de- su nación, echando a los pies de su marido el hijo que
ha perdido virtualidad por la entrega vergonzosa del padre, llega a simbolizar
el aporte imperecedero del araucano, el espíritu de libertad que no podía ser
vencido sino con la muerte. Al contamos el autor que ese hijo encontró nueva
madre, nos simboliza al Chile del futuro, fruto que absorbe el trasplante y
alimenta el mestizaje.

294

d) Nueva Granada (Colombia y Venezuela): i) Juan de Castellanos
(1522-1607).
A pesar de haber nacido en fechas que caen dentro de la generación de
1534, nos parece mejor incluirlo en las letras de la de 1564, porque su Elegía
de varones ilustres de Indias, de 1589, comenzada en prosa, fue vertida a octavas reales por el ejemplo de Ercilla. Castellanos se propuso escribir la
c:ónica ~im~da de las regiones de la Nueva Granada, y de otras cosas y regwnes, s1gmendo, por cierto muy de lejos, el ejemplo de Ercilla. La extensa
crónica de Castellanos, por los defectos de su estilo, representa un fracaso
en el orden artístico. Sin embargo, es una obra valiosa por su contenido cultural. No sólo da indicios de un temprano interés por el orden intelectual en
ciudades pequeñas, como Tunja, por ejemplo, donde vivió Castellanos. Ejem.:.
plifica la constante literaria de la épica ercillana como influjo en otros escritores. Crea un vasto mural en el que aparece la americanización del conquistador que se convierte en colonizador, la rapacidad 50 y sensualidad del español, 51 la conciencia de las proezas de la conquista del indio y de la naturaleza de América. Castellanos es asimismo fuente de datos para la historia
de la primitiva poesía en Hispanoamérica, como es en Perú el anónimo Discurso en loor de la poesía.

e) Río de la Plata: i) Martín· del Barco Centenera (1544?-1605).
La Argentina (1602), de Barco Centenera, es un poema épico semi-histórico en el que el relato del acaecer histórico es tergiversado por los motivos
mitológicos y fantásticos de las épicas europeas:
Y a en la Colonia se siente en nuestras letras la desmesura de la natural.eza, el pasmo ontológico frente a una tierra áspera y sin límites)· aflora
entonces el conflicto de las tradiciones europeas con el ímpetu americano.
La Argentina (1602) de Martin del Barco Centenera es ya expresión de
un espíritu desacomodado entre dos mundos. 52

No contiene primicias poéticas, pero sí aporta un elemento de gran importancia:
OG JUAN DE CASTELLANOS, Elegía de varones ilustres de Indias, Biblioteca de Autores Castellanos, IV (Madrid, 1914), p. 103.
1
~ lbid., p. 114.
"

PAGÉS LARRAYA,

p. 148.

295

�De su mediocre poema lo que quedó vivo fue el nombre, Argentina,
imitación de los nombres Araucana, Eneida, Ilíada. No lo había creado;
pero su insistencia en el adjetivo poético "argentino" y en su sustantivación "el argentino" como nombre del río y el país fue origen del gentilicio y el nombre moderno de nuestra república. 53

c. El Teatro
El teatro misionero fue decayendo en la generación de 1564, dando indicio
de la paralización de la dinámica del trasplante. Con la entrada de la Compañía de Jesús al Perú en 1568 y México en 1572, aparece en los colegios
americanos el teatro escolar, de intención didáctica, de carácter completamente religioso y de tradición latina. Tuvo escasa difusión y no se percibe su
influjo en el teatro colonial.
En cambio, el teatro religioso y profano, de carácter civil, arraigó en la
generación de 1564, en México y Perú. Aparecen los cómicos profesionales 54
y se establece la competencia entre autores y compañías criollas y peninsulares. 55 Como para la poesía, el estímulo para la obra dramática provenía de
las festividades religiosas, procesiones, recepciones de funcionarios peninsulares,
etc. Así se evidencian en el teatro los rasgos culturales de la generación de
1564: las variantes criollas y peninsulares, la gesta del trasplante, y la creación
de una cultura conquistadora. En este teatro profano, Hispanoamérica se incorpora definitivamente al quehacer dramático de la cultura conquistadora.

I) Santo Domingo: a) Cristóbal de Llerena (154{}-m . ya en 1626)
Los entremeses de Llerena son criollos. Su cosmovisión acusa el resentimiento y la crítica de los funcionarios peninsulares. Su sátira le valió el destierro,
marcando a Llerena como a uno de los primeros representantes de las letras
hispanoamericanas que usaron la pluma para la conquista de la libertad.

pastor Pedro y la Iglesia mexicana. El autor tiene el mérito de ser el primer

dramaturgo nacido en México. La comedia celebra la llegada del arzobispo
don Pedro Moya de Contreras a la Nueva España y, típica de su generación,
alegoriza, en este caso, la entrada de México al reino espiritual del Cristianismo.
Sobre todo, este cristianismo es ya mexicano, y así como en la tercera generación Tonantzin empieza a aparecer como la Virgen de Guadalupe, ahora la
Iglesia será, como reza el título, una "Iglesia Mexicana" .
b) Fernán González de Eslava (1534-1601)
Fernán González de Eslava, el mejor dramaturgo americano del siglo XVI,
a pesar de haber nacido en España, representa al español acriollado. La generación de 1564 se halla reflejada en las loas, entremeses, coloquios y autos
de González de Eslava. Prelopista, y guiado por los patrones teocéntricos de
México, sus personajes, con excepción de los cómicosJ son simbólicos. Virtudes,
conceptos teológicos, etc., son los protagonistas típicos del teatro de Eslava.
Abundan las alusiones y mitología clásicas y los personajes bíblicos. Estas
formas y rasgos trasplantados aparecen en función de México. La nota esencial
de su teatro es su carácter urbano y civil.
González de Eslava siempre está identificado con México. Elogia a los
virreyes, alaba la construcción de fuertes en el camino que va hacia las minas
para defenderse de los embates de indios indómitos. La pestilencia que en
15 76 mató a millares de indígenas motivó un coloquio en el que se destaca el
matiz regional. Se siente el cariño por la Nueva España : "México, reino escogido ... " 56 El coloquio describe el pesar que sienten los mexicanos por los
sufrimientos del indio, y también el hecho de que la pestilencia que diezmaba
a los indios trastornaba la institución económica:
Unos quedan sin servicio,
otros, señores sin renta,
la tierra pobre y hambrienta,
otros no hay usar oficio,
que es daño de mucha cuenta.51

2) México: a) Juan Pérez Ramirez (1545-? -)
Hijo de conquistador y versado en las lenguas náhuatl y latina, Pérez Ramírez escribió una égloga pastoril a lo divino, Esposorio espiritual entre el
63 ANDERSON IMBERT, I, p. 68.
64 ARROM, El teatro de Hispanoamérica

296

ANDERSON IMBERT, I,

en la época colonial (La Habana, 1956),
~ FERNÁN GoNzÁLEZ DE ESLAVA, Coloquios . .. ,

pp. 72-73.
CilS

El lenguaje indígena aporta vocablos y dichos. Un uso interesante de un
término indio es el de "Tiaxcala", "pan de maíz". González de Eslava le da
un significado cristiano-simbólico y es de suponer que el público conocería el

p. 73.

LXXV, p . 151.

" Ibid., p. 159.

297

�sentido indio de la palabra. Los nahuatlismos son muy frecuentes. En un pasaje hallamos un vocablo indio integrado con el habla y la personalidad de
un hijo de conquistador:
Orno. No tanta burla, señor,·

que ya probé que soy fino
hijo de conquistador.
Mi padre dice que busque,
pues él es, viejo y trabaja:
no hay para vestir de raja
en doscientos de tepuzque
que me dieron de la caja. 58

La identificación y amor por México son totales. Se atreve a decir que
con la llegada del virrey Velasco, que, de paso, era criollo, se vería realizada
ailí la edad de oro. 58 Además, incluye el paisaje mexicano en un sentimiento
vivo de lo propio:

•

TIEMPO:

!bid., p. 44.
!bid., pp. 177-181.
" !bid., pp. 176-177.
M

~

298

Contempla los resplandores
de las selvas mexicanas,
mira cumbres y sabanas,
con tal esmalte de flores
que te quitarán mil canas.ºº

Sección Tercera

HISTORIA

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Cuarta
CIENCIAS SOCIALES

�LA PERSONA Y LOS DERECHOS HUMANOS
EN EL DERECHO INTERNACIONAL
LIC. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

INQUIBTUD Y ANGUSTIA SON las características de nuestro tiempo debidas a
la tensión producida por la grave amenaza de una guerra inminente. Por desgracia, los esfuerzos en pro de la paz no resultan equilibrados ante el peligro
bélico. Si el hombre moderno vive confuso es que la época propicia tal confusión. Así, vemos cómo diversas instituciones se tornan inoperantes y la
crisis del Derecho es evidente, como signo revelador de nuestro tiempo y si
en el orden interno tal crisis se agudiza, es natural su reflejo en el campo
internacional, situación internacional que, a su vez, presenta nuevas circunstancias de transformación, de ser y de existir. Algún pensador ha dicho que
el hombre de nuestros días se ha despersonalizado y que sólo la siniestra
presencia inminente de la guerra parece preocuparle. En otro aspecto, es imposible soslayar los nobles esfuerzos y los intentos de la más alta institución internacional, que, como portavoz de la Humanidad, es la Organización de
las Naciones Unidas.
En estudio previo/ dijimos que "en la peligrosa distancia que se ha establecido entre el hombre y el hombre, por la postergación y desdén de los
valores espirituales y por la abstrusa cuanto insensata apetencia del poder
mundial, el hombre constituye el origen del problema de los problemas".
~in embargo, no todo es negativo, ya que también se observa un afanoso
buscar de soluciones en tomo a los problemas cotidianos que por momentos
constituyen la amenaza directa en contra de la paz.
Una detenida observación de las manifestaciones internacionales, habida
1

Lic.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ,

"La Universidad del Porvenir". Humanitas, t. III,

Año 1966. p. 582 y siguientes.

567

�cuenta de que vivimos en una época eminentemente internacionalista, es el
hallar diversas manifestaciones producidas en el seno del propio Organismo
de las Naciones Unidas, entre otras, la proyección cada vez más acentuada
hacia la persona humana, hacia el hombre.
Pero, precísase, antes de entrar al gran escenario mundial, el tener algunas
ideas acerca de lo que el internacionalismo pueda significar, no ya simplemente
como una enunciación doctrinaria, sino como una realidad inmediata que
vive el hombre de nuestro tiempo.
Cabe distinguir entre internacionalismo y universalismo. Del primero podemos decir que es un movimiento objetivamente jurídico -entre otros elementos- que trata, y de hecho lo ha conseguido, de acercar a los hombres
a través de normas y de instituciones para crear un nuevo orden internacional en el que sea posible una mejor convivencia humana. La misma Organización de las Naciones Unidas y su Carta, son los más elocuentes ejemplos de ese internacionalismo. Pero no es un internacionalismo racional o
ideológico --como así lo pretende alguna ideología- , es un movimiento natural que se deriva del progreso y de la dominación de la distancia. Es, tal
vez,' la manifestación más palpable de la cultura, la que no tiene ni límites
ni fronteras.
El universalismo, es una actitud natural en el hombre y, como habíamos
dicho también en otro estudio,2 "el más allá" terreno no reconoce límites.
Así, los grandes descubrimientos de la época antigua, como los que se antojan temerarios e irrealizables de la actual, han podido llevarse a feliz término debido también, entre otras causas, a ese espíritu anhelante de universalidad. La presencia del cristianismo constituye, a no dudarlo, aparte de
su origen sobrenatural, una trascendente realidad que parte de la concepción
de. que todos. los hombres s.omos, iguales. De aguí que el sublime mandato
de "Miraos como hermanos", tenga una trascéndencia que el hombre moderno no alcanza a penetrar y que tal vez por ello, haya perdido el rumbo
y en lugar de acercarse a través de la simpatía y de la caridad, se deje arrastrar por el odio, por la soberbia y por lo puramente racional y materialista del
tiempo en que nos ha tocado vivir.
Así, es de la mayor importancia distinguir que entre la confusión producida por el odio y por la apetencia de lo material, -afortunadamente, la luz
del espíritu empieza a iluminar el panorama, si no pesimista, sí aflictivo y
ahora, se inicia una nueva proyección hacia el hombre, como así es posible
advertirlo ya en el P~eámbulo de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, cuando en él se dice:
• Lxc. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ, "lntemacionalismo y Universalismo". Humanitas. t. V,

Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a
las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles a
1:afirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la cligmdad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de
hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas...

. En la proyección int:rnacionalista -entendida en la forma que dejamos
es en donde eXJSten mayores posibilidades de obtener una visión panoram1ca d_el proble~a del hombre. Porque este cambio de ángulos permite,
no ya la nnrada honzontal, sino la mirada de arriba a abajo.
. Algún autor confiesa que: "no tenemos aún lo que podríamos llamar so- .
ciología de la comunidad internacional; no sabemos casi nada del significado cul_tural y ~ocial de las naciones y de los grupos étnicos que responden
~ un ~smo ~tilo de vida. No conocemos tampoco las causas de las tensi_ones mternac1onales y menos qué repercusiones tiene, en el plano internacional, la estructura defectuosa de las sociedades naturales como la familia
o la empresa".3
·
Vi~t~ la reali~ad, surge el problema de encontrar la fórmula que nos
permitiese el ubi~ar al hombre desde nuevas proyecciones, y no solamente
dentro de los casilleros que nos proporcionan las diversas ciencias relativas
que lo estudian.
. En
época actual, en que la influencia del internacionalismo se de1·a sentir. mas
' vemos como
'
1a cultura en sus diversas
·
·
,
Y mas,
manifestaciones
ha
dilmdo las fronteras, y es innegable el avance obtenido en lo material a través
~e las comunic~~iones, de 1~ transmisión de la palabra y de la imagen, y es
mdudable tam?1en el perfeccionamiento del hombre agrupado desde las hordas,
e~ ?~n Y la tnbu a los Estados modernos. Largo camino, irisado de múltiples
VIcisitu~e.s Y largo recorrido en el que el hombre ha llegado a un término
fatal, vivir o morir.
Sin embargo, el hombre -pese a sus características de todo orden- no
puede variar su naturaleza íntima, su ser tan espiritual como material f;ente
a otr0 se~eJante
·
, a quien
· sólo separa un idioma, tal vez una religión
'
a el,
Y, necesariamente, una colocación de credo político diferente; pero el hombre nace y se hace en el seno de un grupo social.
Así los historiadores y los políticos, más que los filósofos, han tomado el
conce~to del hombre para sus propios fines, fines que en realidad y con frecuencia, han desviado la atención de la verdadera naturaleza del hombre
como "dueno
- de sus destmos,
·
como hacedor de su propia historia, la que cons-'
die~◊--:-

!ª

----

' Carta de la Organización de las Naciones Unidas.

Año 1964, p. 533 y siguientes.

569
568

�truye dentro de un espacio en un medio social_y en una época d~terminada".
Pero el tema del hombre resultaría inacabable, dentro de los límites de nuestro breve estudio, por lo que tenemos que volver hacia la realidad internacional presente y analizar los elementos que nos son dables, para r~cabar el
hecho de cómo el hombre ha caído en la cuenta de que es necesano, frente
al progreso tecnológico y al desdén de las cosas espirituales, e~ volver -muy
lentamente--, por cierto, la vista hacia el hombre de nuestro tiempo.
La Historia Política y Constitucional -como nos dice M. Aguilar Navarro-nos facilita la comprensión de la evolución de estas llamadas -y el término
denuncia lo sospechoso de las ideas- partes dogmáticas de los textos constitucionales. La· generalización y la amplitud de las mencionadas declaraciones nos es de sobra conocida: de los derechos estrictamente políticos hemos avanzado para entrar en la esfera de los derechos sociales, económicos,
etc., y todo ello con el deseo de hacerlos patrimon~o ~e todo hombre, cualquiera que sea. Es la historia del D erecho Cons1:1tuc1onal Interno; de las
distintas formas que los estados adopten para formarse, para estructurarse Y
organizarse ( en el sentido aristotélico) . La organizació~ del Estado ín~amente ligado a la lista de derechos concedidos a sus ciudadanos: es log1c,o.
Cuando los hombres de Weimar discutían los derechos del hombre aleman
vieron, y exactamente, que una constitución puede tener, como un esta~o,
su raíz más honda y personal en el estatuto jurídico que otorgue a sus cllldadanos. De nuevo, y con aire de sugerencia, esta fusión entre el cuerpo
social y sus hombres; de nuevo el perfil de él, un diseñ~ sobr~ el rostro de
los otros. Pero esta misma generalización del tema, la ex1Stenc1a de una auténtica afinidad en las declaraciones de los derechos del hombre (fácilmente
catalogables), permitía pensar que el tema --:-la cosa:- d~sb~r,daba el cuadro particular del Estado: entrábamos en una internacwnalizacion de•la cu~stión. Aquellos derechos del hombre, por otra parte, tenían un rango espe~1al
dentro de la constitución, eran, o podían serlo, preceptos supra-consttt~cionales: base e inspiración de toda la Constitución. Y así fuirn_os apro:nmándonos a las declaraciones de valor internacional: el derecho mtemac10nal mejor sería decir el Derecho de Gentes, se ocupaba del tema y lo hacía
'
. . 14
para resaltar aún más ese carácter supra-constituc1ona .
Decíamos que el ser hombre no se agota ni varía todas sus esencias en una
forma determinada de vivir, como no se ha agotado en una de las grandes
realizaciones que el hombre ha verificado en el decurso temporal de la historia, como así acontece con el hecho histórico de la Revolución Francesa,
• M. Aguilar Navarro. La Protección Internacional de los Derechos ~el Hombre.
Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho lntemac1onal. t. II,
p. 201.

570

la que ha deslumbrado al historiador y al político, porque si piensa y si cree
que es ahí en donde se podría encontrar el origen del reconocimiento de los
derechos del hombre, sólo que, como un autor lo ha dicho, habría que tomar con cierta cautela tal acontecimiento porque se ha pensado que en la
Declaración de los Derechos del Hombre, redactada en aquellas virulentas
jornadas, estaba el orto mismo del principio de que ahora nos ocupamos.
Ciertamente el hombre-burgués, como tipo social e histórico se forjó en aquel
entonces el estatuto jurídico que más se acoplaba con su manera de ser y de
actuar. No resulta menos evidente que el ser-hombre es invariable en aquella forma de vivir y acaso la realización burguesa no sea la más íntima ni
humana de las que potencialmente laten en el hombre. "Aquella Declaración burguesa estaba amenazada y gravemente en el año de 1793 con el
llamado terror económico, y con la política de Robespierre y Camot; aquella formulación evidenció su precariedad, su fugacidad en el año 1848, año
en que la burguesía siente temor y se resuelve por una actitud estrictamente
defensiva. Resultaba pretensiosa, por lo mismo, la Declaración Francesa, ya
que no se trataba de los derechos del hombre como tal, sino de un tipo
social e histórico del hombre".5
Sin embargo, cuando se habla de un hombre notable, se dice que fue
hombre de su tiempo y en el caso de la Revolución Francesa, se hablaba del
hombre francés, atentos a las circunstancias políticas que determinaron la
generosa proyección de los llamados "derechos del hombre".
En realidad, la historia del hombre -paradójicamente--, nace con el
hombre y toma tiempo la concepción del hombre-persona. Tiempo históricm.
Así, Grecia columbró los temas filosóficos en el instante mismo en que se
hizo el hombre problema de su propio ser y de su mismo destino; "con Sócrates nació el método filosófico y la raíz racional de toda ética. Si los romanos fueron tan dados al derecho y a la ley, su devoción por la legalidad
Y a las formas jurídicas estaba basada en un sentimiento individual de una
exasperada particularidad que casi venía a ser un complejo de seguridad y
privacidad; el griego, a su vez, expuso una teoría del hombre problemático
Y el romano un sistema jurídico del hombre ordenancista. La gran revolución
del cristianismo, la más honda de todas las experimentadas en la historia,
culmina en esa conjugación que es dable, entre el hombre y su Creador, la
Redención, así como la Moral Cristiana se ha plasmado en un perfecto orden destinado a asistir al hombre, a sostenerle en su lucha contra los elementos que tratan de borrar su paso, o desnaturalizar su presencia en el tiempo" .6
El ciudadano, es una nueva concepción dentrp del pensamiento jurídico
' lbid., p. 200.
• lbid., p. 194.

571

�1 '

ro~no y desde luego distinto a la del "hostes", extranjero, desigual, hostil,
no cmdadano romano. El esclavo es considerado por ese derecho como cosa, Y el propio derecho trata de mitigar con la ley la condición del esclavo
como tal.
. L~ concepción del hombre como persona, con dignidad, proviene del crisn:3111smo: al crearse una doctrina que, si bien, con fines ultraterrenales, pred1~ 1~ igualdad de todo~ los seres humanos y señala el camino de engrandecmne~to para el prop10 hombre. El "miraos como hermanos", no solamen:e ttene una trascendencia sublime, sino que constituye la puerta al acercamiento y a la comprensión en caso de que el hombre hiciera de este
precepto un objetivo y una norma.
En la época moderna se llega en el campo del Derecho, al reconocimiento
expreso de la p:rsona y en los terrenos filosóficos v~mos cómo la ontología
del hombre e;11c1erra su más acabada expresión. El Derecho establece una
variedad de normas que protegen al hombre aún en estado embrionario.
Desde luego, muchas son las doctrinas y las corrientes en torno a la persona, a los derechos de la misma, como así es posible encontrarlo en las
constit~ciones del mundo civilizado; pero es comprensible el que los clásicos
y esrudiosos del Derecho no ruvieran en cuenta la situación acrual de la organización internacional, ni de la realidad internacionalista del hombre de
nuestro tiempo. De aquí el que sea imperativo el cambio de orientación en
el J?erecho Internacional, porque nuevas son las circunstancias y nuevas las
realidades de una Era Atómica, las que exigen el frenamiento de una conflag~~i~n bélica que liquidaría fatalmente al hombre, porque ya no es sólo
la mision de regular en forma más o menos eficaz las relaciones internacion~les, si~o el encauzamiento de tales relaciones hacia la búsqueda del mejoramiento mtegral de la substancia de los propios Estados que es el hombre•
,
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porque, ad emas, este hombre, el hombre moderno, "debe tener conciencia
d_e sus deberes y derechos frente a la Organización Internacional". Y es precisamente en la Organización de las Naciones Unidas en donde se dejó asentado un conjunto de principios acerca de los Derechos del Hombre y se llegó
hasta la creación de la Comisión de los Derechos Humanos, la que a su vez
produjo una Declaración y una Convención acerca de la protección de tales
derechos. Fueron discutidas por la Asamblea General y el 10 de diciembre
de 1948 aprobó una Declaración Universal de los Derechos del Hombre la
'
que esta, compuesta de 30 artículos.
¿ Qu~ fue lo q_ue motivó este movimiento en el seno de la Organización de
las Naciones Umdas? Es indudable que caben varias interpretaciones en torno a tal actitud y podría responderse indistintamente. El hombre se ha percatado de que el hombre acrual padece graves carencias y graves descuidos y
desamparos, en lo individual y en lo nacional. Así, en el campo del Derecho

572

'

Internacional, es posible advertir ya la presencia de las minorías, Y con
su reconocimiento, se da el primer paso hacia una mayor consideración
del hombre como persona, pues no bastaba la consagración moral, ni la
Declaración de los Derechos del Hombre en Francia, como no basta la consagración de las llamadas garantías individuales inspiradas en tal Declaración, porque si bien el hombre no es sujeto del Derecho Internacional, sí
es objeto del mismo.
Verdross, distinguido internacionalista, ha establecido que "más allá. del
Derecho Internacional común a su vez van aquellos principios del Preámbulo y del artículo I (Carta de la Organización de las Naciones Unidas)
que propugnan el respeto general de los derechos humanos, así como una
colaboración de los miembros en los campos económico, social, cultural Y
humanitario".7
Y vemos así, cómo se opera un acercamiento que va del derecho internacional y viceversa, de cómo el proceso internacionalista va acercando a los
hombres, cuando en ese artículo citado se habla de: " ... to preserve human
rigths and justice in their own Iands". . . Reconocimiento tácito de .que a
pesar de las fórmulas jurídicas el hombre no ha alcanzado la plemrud y
perfeccionamiento de su persona, porque, como algún autor ha dicho, "la
personalidad del hombre no se traduce en una lista cerrada e inmoble de
derechos y deberes; es algo cambiante y lo es porque esos derechos y deberes
son los medios distintos en cada situación que se otorgan al hombre para
que pueda defender su auténtico derecho, el de ser y vivir como persona.
Esto explica que los derechos fundamentales del hombre cambian a lo largo
de los años, que surjan unos y se extingan otros". Y por eso, de acuerdo
con las circunstancias de nuestro tiempo, el problema del hombre se ha convertido en un problema internacional. Tal vez, esa declaración de las Naciones Unidas sea producto de la exigencia internacional del hombre como
efecto de ese proceso de integración que gradualmente se ha venido gestando en los últimos tiempos de la vida del hombre.
Es cierto que ese proceso de integl'llción internacionalista encuentra varios
obstáculos: la diversidad de ideas y de doctrinas respecto al problema concreto del hombre en las acruales circunstancias; los nacionalismos, la divergencia de opiniones y las ambiciones que pululan en todos los órdenes, así
como los intereses' los b2Tandes intereses que están en juego, pero es indudable
que los signos de los intentos y de las realizaciones con que acrualmente se
cuenta, son hechos prometedores, reveladores de que en medio de la confusión, en medio de la diversidad de pareceres y de criterios, la razón, la recta
razón principia a imponerse en medio del materialismo sofocante y con el
1

A LFRED VERDRoss,

Derecho Internacional Público, p. 672.

573

�espíritu --como una gran esperanza- hará que el hombre vuelva sobre sus
~aso~,Y reconociendo las sanas doctrinas del pasado, encuentre en la digni-·
f1cac1on de la persona humana el gran principio que le permita reintegrarse
al. campo del derecho como el medio más adecuado para la defensa de sí
rmsn:io, buscando en la paz el medio más conveniente para su perfeccionamiento, al lograr los altos fines que tiene como persona.

EL PODER EN EL ESTADO
Lrc.

JoRGE MoNTEMAYOR SALAZAR

Universidad de Nuevo León
SUMARIO: l. El término "poder".- 2. Necesidad del poder.- 3. Teorías sobre el
origen del poder.--4. Manifestación y fin del poder.-5. Autoridad y fuerza.

1. EL

TÉRMINO "PoDER"

El poder constituye, en el ámbito de las ,relaciones comunitarias, un factor
de orden rector que encauza esfuerzos y actividades hacia el logro del bien
público temporal. Su carácter configurativo y esencial de la estructura estatal,
nos mueve a exponer en forma breve a la vez que concisa, su sentido, significación, trascendencia, justificación y finalidad. El poder, en su unidad de
origen y ejercicio se convierte en el eje o centro sobre el cual giran o convergen las funciones que en vista a su finalidad realiza.
La amplitud terminológica del poder da pábulo, en ocasiones, a equívocos en
cuanto al verdadero sentido y significación del mismo; a fin de evitar situaciones de tal naturaleza en el desarrollo del presente trabajo, describo a continuación los sentidos que el término tiéne según la Real Academia de la
Lengua. Su significación es la siguiente: "lo. Poder (del latín-potere, formado según potes, etc.;) Tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer
una cosa. 2o. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer una cosa. 3o. Impers.
Ser contingente o posible que suceda una cosa''.1
En su empleo el término puede tener algunos análogos como los siguientes:
"Dominio, imperio, facultad o jurisdicción que se tiene de mandar o ejecutar una cosa, autoridad, superioridad, supremacía, gobierno, fuerza pública, representación de la ley, vigor, capacidad, posibilidad, poderío, suprema potestad del Estado".2 Dentro del campo de significación que se .tiene
1

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Madrid, 195 7.
• Diccionario Enciclopédico Salvat, Ed. Salvat, 2a. ed., Barcelona, 1950, t. X, p. 581.

574

575

�del poder, existe y cabe la posibilidad de incluir las más variadas manifestaciones del "imperium" estatal.
Es necesario, antes de seguir adelante, hacer mención de lo que el poder
representa en sí, como facultad o potencia de hacer una cosa. Esto con el
fin de establecer una base firme, libre de errores o prejuicios, que nos sirva
para conectar después un auténtico sentido del poder en relación con la
sociedad perfecta que es el Estado.
El poder es específicamente un fenómeno humano que la vida diaria nos
confirma a cada momento. Las vivencias constantes de las cuales somos
sujetos, nos afirman la veracidad de la existencia de un poder que originado en nosotros mismos -poder de hacer algo propio- se proyecta a otros
seres semejantes, de los cuales también recibimos el influjo de sus respectivos poderes.
El poder es algo de lo que disponemos todos los hombres y que utilizamos ·
efl cada uno de nuestros comportamientos. Así se dice: puedo esto o puedo
aquello. Los actos del ser son siempre ea función de un poder hacer. Claro
que este poder hacer no justifica el ejercicio de actos ilícitos o injustos. El
poder como producto socio-humano, tiene su propio marco de limitaciones,
fuera del cual todo fin es condenable.
En nuestras mutuas relaciones de convivencia somos receptores y transmisores de mando y obediencia. Testimonio de tal hecho puede encontrarse cotidianamente, gracias a )a facilidad con que realizamos dichos actos.
La posición del mando o de la obediencia es tan semejante en cuanto
a su realización, que ya Aristóteles en su obra La Política nos dice: "No es
más justo mandar que obedecer; conviene hacer lo uno y lo otro alternativamente. Esa es la ley; y el orden está en la ley". 3 Así como el mando necesita de justificantes, "la obediencia no debe ser ciega sino razonable" .4
Se ha comentado en multitud de ocasiones, si la fuerza física representa
un concepto igualitario al del poder en cuanto quehacer del ser. La solución a esta duda ha sido ampliamente comentada. El poder cuenta, entre
los elementos que le constituyen, el de la "iniciativa" que sólo el ser humano
posee. El hombre, por medio de esta facultad, orienta y dispone medios a
fin de lograr el ejercicio del poder.
La fuerza de la naturaleza es una energía producida por el principio inmutable de que dada una causa sobreviene un efecto. El fenómeno natural se
nos presenta en forma ciega y fatal. En sentido diverso podemos observar la
acción del poder que es "algo de que se dispone"5 para producir el efecto
La Política, Ed. Iberia, Barcelona, 1954, L. III, Cap. XI, p. 3.
AGUSTÍN, Teoría general del Estado. Ed.
México, 1955, p. 87.
• GuARDINI, RoMANO, El poder, Ed. Troquel, Buenos Aires, 1962, p. 15.

• GUARDINI, ROMANO,

• AR1sTÓTELES.

' BASAVE FERNÁÑDEZ DEL VALLE,

576

deseado. Este fenómeno -el del poder- se nos manifiesta no ciego sino consciente; no fatal sino esperanzado. El fenómeno humano del poder es consciente
porque tiene idea de su iniciativa y de su finalidad. Proyecta su actuar
hacia fines cabales a la vez que precisos. Es además esperanzado porque en
su acción lleva implícito el deseo de la consecución feliz de su aspiración.
La energía se convierte "en poder gracias a la toma de conciencia, a la
facultad de opción que dispone de ella y la adapta según fines precisos".6
El empleo que del poder se hace depende de la rectitud del hombre que
lo tenga en sus manos. El poder es un medio orientado hacia fines justos
-ya se ha dicho-, pero en su materialización cabe la posibilidad de que
éstos se desvirtúen o desvíen hacia posiciones in justas o ilegales. Puede decirse que "el poder no es bueno ni malo, sólo adquiere sentido por la decisión
de quien lo utiliza".7
Al poder no se le pueden aplicar calificativos ya que su esencia no nos lo
permite. El poder "no es por sí mismo, constructivo· o destructivo",8 es manejado por la libertad humana y por tanto puede adoptar los caminos de la
rectitud o las vías de lo prohibido. Representa en su amplio campo de ejercicio una posibilidad de bienestar o una amenaza de destrucción. En el segundo de los casos, aunque la posición es impugnable en todos sentidos, de
hecho puede presentarse. En su magna obra Ensayo sobre el gobierno civil
John Locke nos habla del poder despótico que bien puede encamarse en la
situación que se señala.
El hombre, al transformar en acto la facultad que posee, debe asmnir
la responsabilidad que el acto en su manifestación o exteriorización pueda
ocasionar. "No existe poder que no haya comprometido una responsabilidad... un poder humano del que nadie sea responsable no existe".9
El hombre pone en ejercicio su facultad de iniciativa para obtener de ella
un beneficio, que no lesionando a terceros venga a reportarle un provecho.
Todo ejercicio de poder, debe estar fundado en legal y justa causa para no
llegar a dañar intereses ajenos que colocarían al infractor en situación de responder ante su ilícito proceder.
Todo intento de suprimir la responsabilidad, proveniente del ejercicio potestativo, es sintomático a la sustentación de criterios despóticos o dictatoriales. El poder sólo se concibe como acaecimiento humano y no como proceso
natural. Excluirle de su compromiso es tratar de convertirle en fenómeno
natural, atributo que no tiene ni puede llegar a tener por ser contradictorio
a su sentido mismo. En la energía hemos visto que DO existe la responsa1

Jus,

8

op. cit., p. 13.

lbid. p. 17.

op. cit., p. 17.
op. cit., p. 16.

GUARDINI, ROMANO,

• GUARDINI,

577
e H-37

�bilidad, dada su independencia respecto a la libertad y a la voluntad. En
cambio en el poder este elemento es esencial.
Todo poder despótico que haga caso omiso de la responsabilidad que trae
aparejada el ejercicio del poder, no puede tener bases legales de existencia:
"no hay un solo hombre libre que soporte voluntariamente un poder tal".10
El poder no es un fin en sí mismo, sino un medio adecuado que se aplica
según condiciones determinadas.
El poder posee un carácter universal, todos lo llevamos interiorizado. "Es
evidente que toda acción, toda creación, toda posesión, todo goce, engendra
directamente la conciencia de estar dotado de poder". 11
Los más variados tipos de comportamientos inducen a pensar y sentir la
influencia del poder. Este se hace patente no sólo en los actos positivos o
agradables, sino también en los negativos o tristes. Esa aptitud del ser de
inhibir pesares y exteriorizar comportamientos diversos al sentimiento éxperimentado, son pruebas palpables del dominio que en gran número de
casos y veces el hombre tiene que hacer valer.
Creemos que los elementos principales que constituyen el concepto del
poder son los siguientes: lo. El sentido de la iniciativa que sólo el hombre
posee. 2o La iniciativa convertida en acción y proyectada hacia finalidades
precisas. 3o. El carácter universal que abarca y comprende a todos los seres
humanos. 4o. La responsabilidad en el ejercicio del poder.
La racionalidad en el hombre hace que éste proponga fines y adopte medios adecuados para su cabal realización. De ahí que la presencia del poder
en lo individual sea un fenómeno lógico y natural. La esencia misma del
ser humano está constituida de mando y obediencia.
Nos dice Guardini que "podemos hablar de poder en el sentido propio del
término si se dan dos elementos: por una parte, las energías reales capaces'
de producir modificaciones en la realidad de las cosas, de determinar sus estados y sus relaciones reciprocas, pero además, una conciencia que las habite, una voluntad que proponga fines, una facultad de poner en movimiento las fuerzas que tienden hacia esos fines".12
La acción del poder tiende a obtener la realización del bien común. Pero
por éste, no debe entenderse la suma aritmética de los bienes individuales,
ya que una simple acumulación de biene.s privados no puede constituir al
bien colectivo, y es hasta probable que en algún caso lleguen a estar en
oposición con el bien público temporal. Sin embargo quien aspira al bien
social, propugna también por el fomento del bien individual. Puede decirse
16

AR1sTÓTELEs, op. cit.,
u GuARDINI, op. cit., p.
u

578

!bid. p. 14.

L.

20

VI,

Cap.

VIII,

que el bien público comprende en su amplitud al mismo bien individual.
Es frecuente encontrar, en la aspiración colectiva, el deseo de realizar el bien
general fomentando el bien individual. No debe considerárseles como térIninos antagónicos, sino como conjunción armoniosa en vista del bien total.

2.

NECESIDAD DE LA AUTORIDAD

EL HOMBRE ES UN ANIMAL SOCIAL. Lo dijo Aristóteles y a través del tiempo
esta aseveración ha subsistido con la misma nitidez veraz con que fue dicha
por su autor: el Estagirita. Es tan palpable ese afán del hombre de vivir en
sociedad, que en toda época y lugar el concepto mismo de la sociabilidad
está lleno de cabal y fecunda realización. Este modo de ser y actuar existe
en todo el género humano. Su multiplicidad en el obrar es evidente y real.
Algunos consideran que el origen de las agrupaciones sociales procede de
la necesidad que sintió el hombre de reunirse en sociedad, como único medio
para proteger su vida y subsistencia. La propia limitación humana y la
existencia de una naturaleza hostil indujeron al hombre a convivir en comunidad; en ella encontró la proteccióii y el aliento necesario para su desarrollo y superación. La busca de la seguridad y el bienestar, hacen que el
hombre se agrupe en colectividades más o menos numerosas.
Sin desconocer que la causa mencionada sea motivo de la sociabilidad
humana, es de creerse que en la. misma estructura esencial del ser humano
existe ya la inclinación y proyección hacia la comunicación y reunión social.
Si lo social es revelador permanente del desamparo humano, lo social es
también forma de vida imprescindible al hombre dada su propia naturaleza.
La sociabilidad en el hombre hace que éste se congregue en grupos que,
yendo en aumento, dan lugar a la formación de los grandes conglomerados.
Este impulso social del hombre no es tan sólo producto de un interés propio
de seguridad, sino que se genera en la misma constitución anímica y mental
del sujeto. El ser humano tiende a la convivencia para llevar a cabo en ella
su expresión social. La sociabilidad brinda los medios necesarios y adecuados para que las manifestaciones comunes adquieran la debida planeación
hacia el logro de los deseos y las aspiraciones colectivas.
Podría decirse que la pareja de dualidad existencial: "Desamparo ontológico-Plenitud subsistencia!" 13 obra en todo su rigor para configurar dentro
de su paradójica aunque explicable unión al ser social. La paradoja nos
muestra, por una parte, al ser desamparado reconociendo su propia naturaleza

p. 3.
1J

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, AGUSTÍN,

Teoría general del Estado. Ed. Jus,

México, 1955, cap. II.

579

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deficiente y p0r otra el afán de ese mismo sujeto por lograr su plenitud de
subsistencia que lo redima de sus propias miserias. El análisis detenido de
estos dos elementos ontológicos, hace que se encuentre en ellos el origen de
las manifestaciones sociales. El ser del hombre es consciente de su desamparo a la vez que actuante en vista a su mejoramiento.
El hombre crea lo social. Pero lo social circunscribe en su propio marco
al ser humano. El experimento de tal influjo no es nunca independiente
de la misma esencia humana.
"Lo social forma parte esencial, necesaria, de la vida humana, como componente ineludible de ella, hasta el punto de que un hombre no _social sería
imposible. Un hombre no social constituiría un absurdo del mismo grado
14
· ., d e un crrcu
' 1o cuadd"
que la enunc1ac10n
ra o .
La sociabilidad no es tan sólo la unión de un grupo determinado de seres,
en el que el rasgo distintivo sea únicamente la simple relación humana.
Hay algo más que eso en el fenómeno social; éste se gesta y desenvuelve en
virtud de fines objetivos señalados e indicados de antemano por sus componentes y a los cuales se aspira colectivamente, porque en ellos el grupo organizado ve la fórmula para el establecimiento de una vida más segura Y

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libre.
La importancia de lo social y ~us repercusiones en las mutuas relaciones
humanas, conducen al hombre a pensar en una sociedad que, colocándose
en un plano de superioridad jerárquica, oriente y conduzca, por los ~d~cuados caminos, los impulsos sociales para obtener de ellos un benef1c10
que se haga extensivo al todo social. Las· múltiples ag~pa~i?nes que constituyen y forman lo social, requieren para su adecuado eJerc1c1O de un orden
rector que estando reconocido como procurador del bien público, emprenda
las medidas y acciones conducentes a tal fin. Ante tal requerimiento aparece
Ja "societas perfecta" 0 sea el Estado, como un impérativo necesario para
el desarrollo y progreso del bien social. El complejo de comportamientos so:
ciales no puede quedar a la deriva, sin un criterio justo y orientador. "fo
son las necesidades de la naturaleza humana las que llevan al hombre a la
sociedad, son los imperativos de la naturaleza social los que llevan la sociedad al Estado".15 Ignacio Gómez Robledo, nos dice parafraseando al gran
jurista español Francisco Suárez: "Una comunidad política sin potestas suprema, 'sería un cuerpo sin cabeza, y una multitud sin orden, que no puede
menos de ser confusa'." 16 Nace pues la urgencia del Estado.
' El Estado se convierte, en virtud de su misma naturaleza, en el medio idó-

1
11

E.
H

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1

Sociología, Ed. Porrúa, S. A., México, 1956, P· 148.
Política, Ed. Difusión, Buenos Aires, 1942, p. 43.
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' F rancisco
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Suarez,
'
,. GÓMEZ RonLEDo,
foNACio,
El origen df l poder político segun
14

RECASÉNS SrcuEs, Luis,

1•

DE ATHAYDE TRISTÁN

Ed. Jus, México, 1948, p. 72.

580

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neo por el cual el despliegue social se llevará a cabo sobre cauces de mayor
seguridad y mayor progreso. La obligación de propugnar por el bien colectivo, así como la de fomentar los ambientes propicios a la manifestación pública -todo ello dentro de los lineainientos que la justicia señala- es y debe
ser la mira de constante permanencia en la labor y ejercicio del Estado.
Don Adolfo Posada, el ilustre jurista ovetense, nos dice en la página 69
de su libro: La idea pura del Estado, lo siguiente: "El hombre persona, ser
racional, libre, responsable y por ende, capaz de sentirse y reconocerse obligado. . . el hombre persona, digo, apetece 'nau4-al y rectamente vivir en sociedad'. Y la sociedad que apetece el hombre persona... no es la muchedumbre anárquica, hervidero de luchas en régimen de violencia -bellum omnium contra orones-, ni una 'reunión de hombres congregados de cualquier manera' (Cicerón), sino la sociedad formada bajo las garantías de las
leyes y con objeto de utilidad común (Cicerón), comunidad perfecta (Aristóteles), communitas (Santo Tomás), cuerpo místico (Suárez) ..."
Esta idea de Don Adolfo Posada nos indica que el pensamiento a través
del tiempo ha variado respecto al nombramiento del o~jetivo político-social,
sin apartarse -por ello- del objeto motivo de su consideración. La utilidad común de Aristóteles, la "communitas" de Santo Tomás, el cuerpo místico de Suárez, y otras acepciones semejantes o diversas, pasadas o presentes,
contienen en su todo intencional una proyección al fin que consideran esencial al desarrollo colectivo. Se puede estar equivocado en los medios empleados, pero nunca se puede estar sin objetivo. Los medios serán inoperantes si antes no se les .da un formal enfoque hacia el fin justo y bienhechor.
El objetivo social -general y universal- es uno solo: el bienestar del hombre, sin menoscabo de los bienes ajenos, en todos sus matices de legalidad.
Todo ejercicio desaso~iado de este fin es amenaza constante a la integridad
Inisma del ser humano y, por tanto, condenable en todos sus aspectos.
Si el Estado es necesario para el desarrollo social, el poder o la autoridad en el Inismo es algo fundamental a su vida y ejercicio. El Estado
como máxima organización se convierte en el conductor del obrar social.
Marcando pautas y señalando horizontes, de bienestar, seguridad y paz, el
Estado lleva a cabo su alta misión de propiciar las condiciones necesarias para la permanencia del bien público. "Sin embargo, esta sociedad universal
Y necesaria, el Estado, no podría existir ni alcanzar su fin, sin una autoridad" .17
Un Estado que no tuviera la facultad de ejecutar y organizar actos de
autoridad, sería una representación fantasma, irreal e ilógica, de lo que debe ser un auténtico Estado. El poder se conjuga con los elementos· materiales de pueblo y territorio, para que en unión de su esencia formalista den
" DADIN, ] EAN,

Doctrina general del Estado, Ed. Jus, México, 1955, p. 62.

581

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�lugar al Estado, de tal suerte que el poder es uno de los elementos genéticos
que configuran al Estado. El Estado exterioriza su acción positiva por medio
de funciones de poder, orientadas a hacer valer los principios y metas que el
conglomerado requiere para su mejoramiento y superación.
El desarrollo armónico del bien colectivo, aspiración a la cual pwpugnamos y que encabeza en su ejercicio el Estado, está respaldado por la existencia de la autoridad capaz de imponerse en cualquier momento contra
todo aquello que impida o limite su completa realización. "La obra del bien
público temporal no podría .r realizada por los esfuerzos espontáneos de los
individuos y de los grupos... muchos no prestarían su concurso y, por otra
parte, las acciones dispersas correrían el riesgo de contrarrestarse. Se requie18
re, pues, la conjugación obligatoria de los esfuerzos de todos..."
La convivencia social, el -e~cauce adecuado de las aspiraciones generales,
el establecimiento de instituciones idóneas a la evolución social, el afán de
paz y tranquilidad y el logro de los principios inconmovibles del bie~ público temporal, requieren para su existencia -al mismo Estado le es vi~ldel principio de autoridad. El poder es un producto humano necesario al
igual que el mismo Estado. La autoridad se nos pr:5enta. no tan s?}º como
necesidad patente y real de las instituciones colectivas, smo tambien como
emanación auténtica y vital del mismo ser que, en su diario y constante obrar,
en unión de sus congéneres, va dejando la huella de su esfuerzo, labrando
en el devenir del tiempo el futuro de la comunidad.
La dedicación que al bien público hace el Estado, amerita la capacidad
por todos reconocida de hacerse seguir y obedecer. "Toda unidad de fines
19
en los hombres necesita la dirección de una voluntad" . Sin esta condición
el Estado no podría llevar a cabo su misión humana y colectiva. El Estado,
gestor del bien público, adquiere al mismo ti!'!mpo que un compro~so
lítico-social, un atributo autoritario que le hace disponer de los medios JUStos y necesarios para lograr la realización de su tarea. . .
El orden social al cual se desea llegar en el establecimiento de la autoridad no puede llevarse a cabo o constituirse establemente, si antes no se
les d~ a los principios directrices de: legislación, jurisdicción y administración una estructura de normatividad, es decir, si no se les marca la pauta de
un orden normativo general, justo y equitativo. Cuando el contenido de la
norma es legítimo, los actos de poder fluyen favorablemente en el ámbit~
socio-estatal así: las normas jurídicamente legisladas obligan al cumplimiento y observancia; la sentencia de un tribunal contra un delincu~nte o_bjetiviza la política penal del Estado tendiente a mantener en el medio social

?º-

18

Ibidem.

,. JELLINEK, GEORG,

1958, p. 348.

582

Teoría general del Estado, Ed. Continental, 2a. ed., México,

~ clima de _resp~to y seguridad; los procesos administrativos repercuten tambien en la vida cmdadana. La presencia del poder en sus más variadas manifestaciones de funciones, nos indica constantemente que no debemos olvidar su existencia y necesidad. No se debe obrar o actuar contra lo establecido e indicado por él mismo. El poder no es un ser volátil y relativo es
· como un ente fantástico 'que
pa_tent: y perm~ente, " no debe ser concebido
exista mdepend1ente de quienes lo producen o fuera de ellos..." 20
. Todo or~e~ público, establecido para los fines sociales, está en la posibi~dad, al existir, de ser perturbado o violado. Y,s por ello que el orden polítlco está respaldado por el principio supremo de la_ autoridad, que puede,
en caso dado, emplear al servicio del derecho los medios coactivos O físicos
establecidos, a fin de hacer respetar el orden que a todos beneficia. La autoridad es pues derecho o atributo reconocido a la organización estatal para
que, normando y encauzando conductas y acciones, lleve a cabo el fin supremo del conglomerado social que no es otro sino el del bien común.
Toda organización social posee una autoridad relativa a su funcionamiento
que se hace aplicativa a sus componentes. Es imposible encontrar en tales
agrupaciones sociales la ausencia de un principio autoritario -hemos visto
que el atributo radica en el mismo hombre- . Sin embargo, el poder particular de esas. estructuras sociales carece del sentido y significación que en el
Estado se nene del poder. La autoridad en el Estado es según Jean Dabin
un "monopolio de coacción" y es considerada por Georg Jellinek como un
"poder dominante". Aunque las distinciones entre ambos tipos de poder se
encuentren en la suprema jerarquía que el Estado tiene en la sociedad las
notas anteriores nos señalan que, mientras las agrupaciones sociales distintas
del Estado están limitadas e impedidas en virtud de su misma naturaleza
a una accion mas abierta-, el Estado al manifestarse autoritariamente tiene
a su disposición --que emana de una facultad reconocida- un conjunto de
~edio~ _coactivos que puede hacer valer para que se cumplan y respeten las
dispos1ctones públicas.
• I

,

•

3.

)

TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DEL PODER

~l tocar el punto sobre las diversas teorías que tratan de fundamentar el
o~igen del pod:r en las comunidades políticas, es de sumo grado imprescindible Y necesario, para dejar sentado un auténtico sentido y significado del
poder como máxima expresión pública.
,. HELLER, HERMANN Teor:a del Estado. Ed F d
'
xico,
196 ¡, p.
.
'
•
· on ° d e Cu Itura E conomica,
Mé25 7

583

�Diversos criterios de clasificación -de acuerdo con los ejemplos objetivos
que la historia política nos muestra-, son los que existen al respecto de
explicar el origen de la autoridad en las colectividades humanas, organizadas pctlíticamente. Toda una exposición poliforme de criterios y orientaciones es la que se nos aparece al indagar o tratar de escudriñar el sentido de
cada corriente teórica que trata de fundamentar la potestad pública.
A pesar de la compleja y múltiple enumeración de teorías, trataremos de
indicar nuestro punto de vista respecto a cada una de ellas.
El mundo, en su manifestación social, ha variado a través de los tiempos
y de las épocas. El avance coordinado de los múltiples factores sociales hace
que la evolución del mundo en todos sus aspectos se nos presente lógica y normal. Ese grado de mutación superativa o de retraso, según sea el caso -no
siempre se avanza o se mejora aunque se piense fervientemente en lo contra- .
rio- que se observa manifiestamente, no es ajeno al obrar constante de la
sociedad-Estado. Las ideas y los criterios políticos aportan su tributo al cambio que experimenta y resiente el ente colectivo.
Por todo lo anterior es de explicarse el por qué de las grandes variantes
-en sentido, origen y trascendencia- que nos muestran las diversas teorías
sobre el origen del poder. Las épocas son superadas y el esfuerzo humano
por anular los errores del pasado es manifiesto -aunque los hombr~s no se
puedan liberar totalmente de ellos por ser la finitud, condición de su misma
esencia- en toda expresión pública que trata de conducirse por los carriles
de una auténtica y sincera veracidad. No obstante este plausible deseo, que
responde al sentir popular, veremos en algunas de las teorías "sobre el origen del poder político", aspectos de error o engaño que no obedecen a los
lineamientos de una veraz fundamentación que asegure a la tesis política
que se formula, un normal y firme reconocimiento.
Algunas teorías, a pesar de su pobre y escasa fundamentación, subsistieron
durante un largo tiempo, a base no tanto de su veracidad o legalidad, sino
propiciando su realidad, por medio de diversas medidas, laudables algunas,
condenables las otras. Cuando con verdadera devoción, un sistema político,
instaurado por una determinada teoría se avocaba al fomento del bienestar
colectivo, el pueblo o comunidad aceptaba eso como un beneficio a sus intereses y a pesar de las discrepancias que guardaba para con una posición
teorética, se apegaba al mandato de esa potestad que en el ejercicio le era
provechosa. Contrario a esta actitud, era el tratar de imponer un sistema
dado, de dirección pública, valiéndose para ello de los medios violentos que
la ley civil o en su caso la ley natural condenan expresamente.
Hemos pues de señalar que el auténtico sentido del "origen del poder"
debe quedar plasmado independientemente de la aceptación que algunos sistemas teóricos, falsamente estructurados, puedan llegar a tener. El poder

tiene, dada su naturaleza, un "origen especial y concreto". Es por ello que
al estudiar las diversas teorías, trataremos de tener presente la indicación que
hemos señalado.
Una de las clasificaciones más completas que del terna : "Teorías sobre el
origen del poder político" se han hecho es la que ha formulado el Dr. Eustaquio Galán en su obra: Teoría del Estado y del Derecho. Sirvan pues sus
indicaciones directrices, para analizar el sentido de cada una de las teorías
que describe.
A) Teoría del legitimismo monárquico sobrenaturalista. Esta teoría admite que el poder viene de Dios y la elección del gobernante es directa e
inmediata. Se delega o trasmite por herencia.
B) Teoría del legitimisrno monárquico providencialista. No acepta que
Dios directamente delegue el poder en una persona determinada. Se reconoce sin embargo que en momentos de desastre o apuro El hace aparecer
a un hombre de especiales y extraordinarias facultades, cuya superioridad
revelaría su derecho al poder.
C) Teoría aristocrática del poder. En esta concepc10n una selecta minoría -aristocracia- se considera titular del poder político y se valen de
los siguientes criterios para tratar de fundamentar su atributo o privilegio:
el linaje, la raza, la sangre, la edad, la riqueza. La profesión e incluso el
talento, sirven también como fundamentos de distinción. Esta minoría es
la llamada a gobernar.
D) Teoría territorial del poder. La teoría territorial del poder sujeta el
principio de autoridad al sentido mismo del territorio. Tendrá el poder quien
domine el territorio. Este criterio podría aplicarse a las distintas formas
políticas de organización social, aristocracia, democracia o monarquía. Según que el territorio estuviera dominado por un grupo, por un pueblo o por
un monarca.
E) Teoría de la soberanía de la razón. En esta teoría el poder político
no pertenece al rey, ni al pueblo, ni a una minoría, ni al territorio, sino al
derecho, a la razón, a la justicia, al orden, a la constitución. Esta teoría surgió tratando de superar las dos tendencias en boga: la de la soberanía del rey
-absolutisQJ.o monárquico- y la de la soberanía del pueblo -liberalismo-motivada y fortalecida por la Revolución Francesa.
F) Teoría de la soberanía del Estado. El poder pertenece al Estado y no
al rey, al pueblo, a la minoría, al territorio, a la razón, o al derecho. Se considera al Estado como una persona supraindividual, a la cual corresponde

585
584

�el atributo del poder. Su concepc10n es considerada como producto de los
teóricos fascistas y su idea se halla también en los ideólogos del absolutismo.
G) Teoría laica de la soberanía popular. El poder no sólo pertenece al
pueblo, como a su titular natural, sino que procede también de él, como de
su verdadera causa eficiente, sin anterior derivación.
'
H) Teoría individualista de la soberanía popular. Según esta concepción, el
poder surge de la comunidad, cuando el poder individual de cada uno de
los hombres se agrega y suma en una síntesis potestativa.21

COMENTARIOS

l. Respecto de la teoría del legitimismo monárquico sobrenaturalista, no
estamos de acuerdo con sus principios de sustentación. La doctrina del derecho divino de los reyes es una etapa ya superada dentro de la historia del
pensamiento político. El imaginar tan sólo la intervención directa e inmediata de Dios en los asuntos públicos es ilógico y erróneo. Y lo es, porque
sostener tal posición es contradecir la voluntad que el hombre posee como
rasgo esencial de su persona, así como restar en mucho el atributo que la
comunidad tiene en y sobre la potestad pública.

La delegación del poder político por medio de la trasmisión hereditaria,
además de ser criticable en diversos aspectos, puede traer en su ejercicio el
asentamiento en el poder de personas incapaces para manejar y desarrollar
el programa político social. La posición del poder no se debe concretar a
una familia porque este atributo no es de aquélla sino del pueblo. El poder
debe quedar en manos de las personas que la comunidad designe, tomando
en consideración al hacer la elección ciertos rasgos que el conductor social
debe tener para poder brindar al todo colectivo la seguridad de su esfuerzo
y actuación en aras del bien común.
Nadie viene signado para mandar. Hay una igualdad esencial entre los
hombres, sin menoscabo de sus desigualdades accidentales. En consecuencia,
el poder reside próximamente en la comunidad quien la trasmite a los gobernantes.
11. A la teoría del legitimismo monárquico providencialista se le pueden
hacer extensivas las indicaciones referidas a la teoría anteriormente señalada.
Aunque ésta no reconoce la intervención directa e inmediata de Dios en la
21

GALÁN, EusTAQUIO, Teoria del Estado y del Derecho,

329-356.

586

S/E, Madrid, 1951, pp.

designación del titular del poder, sí en cambio establece criterios específicos
para el otorgamiento del poder, sirviendo de sustentación a estos principios
una voluntad divina. El origen del poder, para esta teoría, aparece cuando
en un momento de gran necesidad o trascendencia social Dios hace surgir
a un hombre de extraordinarias facultades que se hace en el ejercicio de las
mismas acreedor al poder. Esta posición es inaceptable. El origen del poder
surge en virtud de hechos y actos humanos y no de causas sobrenaturales.
El hombre, poseedor de iniciativa, poder y voluntad no puede ser ajeno a
la génesis del poder y mucho menos al nombramiento de sus dirigentes.
III. Teoría aristocrática del poder. Hemos creído siempre que quienes
deben dirigir el desarro1lo de la comunidad política hacia el bien público,
son las personas que por su capacidad, su dedicación y su esfuerzo para con
el conglomerado, puedan cumplir fielmente con el alto compromiso que
representa el ejercicio del poder. El empeño que precede necesariamente
a toda acción de poder no es labor de insensatos e incapaces; todo lo contrario, es jornada para aptos y conscientes. Decimos lo anterior, en la creencia de que sólo las personas dispuestas y capacitadas, podrán hacer formal
realidad los deseos de las mayorías.
El poder d~ decisión electiva radica fundamentalmente en el pueblo. Éste,
al hacer uso de su facultad de designación, nombra frecuentemente a los
más aptos para el desempeño de la función política. Los nombrados forjarán, en el constante esfuerzo por lograr los fines sociales, un provecho que
se aplicará no a un grupo determinado, sino a un todo homogéneo y armónico que es el pueblo. Puede también el pueblo, en virtud de su atributo,
reconocer en un grupo determinado aptitudes provechosas I para la dirección
social y entregarle por ello el mando de la comunidad.
Lo dicho en líneas superiores de ninguna manera nos adhiere a la teoría aristocrática del poder, que trata de fundamentar el origen de la autoridad en la existencia de grupos caracterizados por ciertos atributos de: raza,
linaje, sangre, etc.. , Aceptar que en estas élites, cerradas en sí mismas, se
encuentre el origen del poder, es negar la acción de toda una serie de valores
humanos que laten en la agrupación social y que no se encuentran comprendidos en los estrechos límites de tales estructuras.
Los criterios fundados en: riqueza, sangre, linaje, raza, de esos pequeños
grupos aristocráticos que tratan de convertirse en iniciadores del poder político en la sociedad-Estado, además de parecemos atentarios a los principios
del orden y la razón, nos hacen preguntarnos lo siguiente: ¿ Existe algún
argumento lógico para pensar en alguna prioridad de esos grupos sobre el
derecho del pueblo para determinar su forma institucional de vida? La aristocracia es una forma pura de gobierno, no lo olvidemos, pero su ser y

587

�obrar la inclinan peligrosamente en la realidad a consutmrse en oligarquía,
forma política -impura- que no reúne las condiciones de aptitud legal
para dirigir los procesos políticos del conglomerado. La oligarquía estructura a través de un pequeño grupo, el de "los mejores", el gobierno de los
unos cuantos para los unos cuantos, excluyendo de la participación política
al pueblo.

popular. Los principios abstractos de ley, orden, norma, constitución no valen tanto porque en un momento existan formalmente, sino que valen en
cuanto que su contenido sea expresión auténtica del ser y obrar social. La
voluntad es pues siempre presente en toda constitución de principios directores de la evolución social. El poder es por y para los hombres. De ahí lo
ilógico de pensar en principios desarticulados de su propia manifestación.

IV. La teoría territorial del poder establece que el derecho al poder político se desprende del dominio que sobre el territorio se tenga. Esta posición es inaceptable. Establece un erróneo concepto del ejercicio del poder,
porque ignora al pueblo, elemento vital de toda organización político-social,
como factor creativo de la realidad estatal y por tanto del poder que ésta
posee. Coloca al hombre como una cosa más subordinada o agregada al
territorio, quitándole con ello su atributo y dignidad de ser racional.
El poder tiene su origen en el pueblo; así que el dominio de territorio
de nada servirá para actuar en auténtico sentido de poder sobre la población
del mismo. El consentimiento humano, tomando en cuenta el fin que el
poder debe realizar, es el que da con su aprobación, sentido y proyección a
su existencia.
Sujetar al hombre al territorio, es trastocar la jerarquía de valores que
en todo orden natural existe. Todas las agrupaciones -y en esto no es
ajena la estatal- son medios para la solución de problemas y necesidades
del hombre. La relación humana da sentido a todo lo existente en nuestro
mundo. Por ello, estamos en presencia del más grande de los errores y del
más pasajero de los engaños, cuando alguna corriente teórica, aparece negando la importancia-centro que el ser humano tiene.

"El poder político constituye un atributo que sólo a un sujeto humano, individual o colectivo, se puede atribuir, pero no, desde luego,
a una instancia personal, no a una especie de espíritu objetivo desvincu'lado de toda condición carnal",22

V. Reaccionando en contra de la liberalidad de la voluntad que establecían las teorías de las soberanías: la una la del rey, la otra la del pueblo,
surge la teoría de la soberanía de la razón. Es en el siglo XIX y en Francia donde sus teóricos (Guisot, Constant, Royal-Collard) los llamados doctrinarios, le dan sus principios de fundamentación. Establecen un sistema
fundado no en la voluntad sino en la razón de principios abstractos, que
sirvan de caminos señalados al ejercicio de la manifestación política. Así
sobreponen a la voluntad los principios de : orden, razón, derecho, constitución.

La objeción que se puede hacer a la teoóa de la soberanía de la razón
es que trata de establecer un orden sin asociación con la voluntad colectiva. Todo orden normativo debe ser fiel expresión del deseo y aspiración
popular, pues de lo contrario se convierte en fuente de opresión, injusticia
e incapacidad. La conducta de los pueblos tiene para su cabal desarrollo normas de orden, razón y ley, todas éstas aceptadas y sancionadas por la voluntad

588

VI. La teoría de la soberanía del Estado, surgida en el siglo XIX en Alemania y cuyo principal teórico es Gerber, exalta la personalidad del Estado
calificándola de supraindividual. Coloca al Estado como máxima expresión
del derecho del cual él es su originador y al cual debe someterse. Considera
a la organización estatal como originadora del poder político en la agrupación pública. El gobernante y el pueblo aparecen tan sólo como órganos del
Estado, el cual se coloca por encima de ellos en virtud de la facultad de
ordenamiento jurídico que tiene sobre la agrupación política, G. Jellinek
-suscribiendo esta idea- nos dice :
"El Estado, mediante la ley, requiere a las personas
mo órganos para que hagan concordar su voluntad
que la ley dicta, y como la voluntad del órgano es la
tado, oblígase éste a sí mismo al quedar obligados los

que le sirven code tales con lo
voluntad del Esórganos". 23

La teoría de la soberanía del Estado, absolutiza el concepto del mismo
Estado al querer apropiarle la producción total del fenómeno político.
La personalidad del Estado es reconocida por la mayoría de los teóricos
y tratadistas. Esta condición no sólo le es necesaria sino vital. La falla en
que cae la teoría de la soberanía estatal es la de mostrar a esta personalidad
por encima de la voluntad del pueblo, al considerarla supraindividual. Respecto de considerar al Estado como originador del derecho, es oportuno hacer
mención de que antes que existiera cualquier organización política o forma
de gobierno determinada, el derecho era ya vigente en las agrupaciones humanas. El Estado como medio adecuado que debe ser, atiende los deseos
" GALÁN, EusTAQUIO,
"' ]ELLINEK, GEORG,

T eoría del Estado y del Derecho, S/ E, Madrid, 1951, p. 350.

op. cit., pp. 389-390.

589

�y necesidades colectivas y trata de darles favorable solución mediante la elaboración y aplicación de normas de derecho apropiadas, justas y legales.

El poder existe como atributo del pueblo. El Estado es sólo estructura política. Antes del poder característico del gobierno, estuvo la potestad y el
derecho de la comunidad para constituirlo. Por ello cuando el gobierno
deja de ser expresión auténtica del pueblo, éste puede hacer uso de su derecho -anterior y superior al Estado- para organizarse sobre nuevos cauces de dirección política. El poder político originario del pueblo, puede
hacerse valedero cuando las condiciones así lo ameritan, sin que exista ningún orden o principio cimero que pueda impedirlo o suspenderlo.
El tratar de personalizar absolutísticamente al Estado es otra de las objeciones que se le pueden hacer a la teoría de la soberanía del Estado. Esta
idea propicia el nacimiento de los sistemas e ideas transpersonalistas. El Estado no puede existir sin estar vinculado en estrecha e íntima identificación
con el pueblo. Querer abstraer al Estado y colocarlo en una esfera aislada
de la realidad popular, es quitarle su sentido de origen y funcionamiento.
El Estado puede perfeccionar el ser y obrar social, por medio de políticas adecuadas; lo que nunca podrá hacer, es producir totalmente el fenómeno político. La idea de absolutismo y supraindividualidad que Gerber trata de
dar a la teoría de la soberanía del Estado, no puede ser aceptada, ya que el
Estado en virtud de ser "un instrumento no puede ser omnipotente, porque
siempre es dependiente".24 El pueblo siempre trasciende sobre los falsos encumbramientos que del Estado se hacen. El Estado no puede separarse de
su elemento vital, pues ello significaría su propia negación.
VII. La teoría laica de la soberanía popular, establece que el origen del
poder procede del pueblo, negando que exista una causa anterior que lo
motive.
La objeción que se puede hacer a esta teoría es la siguiente : El poder
-hemos dicho- se encuentra plasmado en la esencia misma del hombre.
Éste en cuanto tal, es un ser contingente y por tanto creado y sostenido por
Uno necesario. De lo dicho, razonable es concluir que de alguioo le viene
ésa su facultad reconocida del poder. Centramos nuestro argumento precisamente en el hombre, porque hablar de pueblo es pensar necesariamente
en agrupación de hombres y todo aquello que es trascendente y válido para
éstos, es también efectivo y vital al cuerpo social que sólo es cobertura necesaria de la manifestación pública del ser humano.
VIII. La teoría individualista de la soberanía popular, reconoce que es
el pueblo en donde se encuentra el origen del poder. Sin embargo, consiu BASAVE FERNÁNDEZ
México, 1955, p. 154.

590

DEL VALLE, AGUSTÍN,

Teoría general del Estado, Ed. Jus,

dera el poder del pueblo, como una suma o agregación de poderes individuales. Todos estos poderes individuales -inconexos- por medio de un
pacto o contrato social, dan origen a la llamada voluntad general, que será
la máxima expresión pública del conglomerado.
La concepción de la teoría de la soberanía popular, es el fiel reflejo de
las ideas liberales que quedaron objetivadas en la "Revolución Francesa".
Rousseau, uno de los más importantes ideólogos de la Revolución, escribió,
en su obra El Contrato Social, lo siguiente:
"Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con la
fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por lo cual
cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y permanezca
tan libre como antes. Tal es el problema fundamental cuya solución da
el contrato social".2 ~

Las líneas transcritas- de Rousseau nos llevan a señalar: lo. El carácter individualista de la asociación rousseauniana. 2o. La indicación para
unificar los unos con el todo. El contexto mismo del párrafo, así como su
aspecto teleológico, muestran la idea de interpretar el poder del pueblo,
como conjunción de poderes individuales, perfeccionándose luego en la manifestación de la voluntad general. Raymond G. Gettell, confirma lo anterior
al decir:
"Según la concepción de R ousseau, las voluntades individuales entregan sus derechos y poderes en el seno de la comunidad, se fusionan
después dando nacimiento a la voluntad general". 26

Nuestra opinión es la de considerar que el poder radica en el pueblo. Pero
ese poder se encuentra en él en tanto que es comunidad y no en cuanto
mera agrupación de hombres con poderes individualizados. El poder se ejercita por y para el pueblo, de aquí que el origen del poder político se geste
no en el individuo, sino en el pueblo. Un hombre en estado solitario nunca
podrá ser poseedor del poder político por su muy especial posición que le
impide actualizar dinámicamente lo que sólo tiene en potencia. La autoridad
es recibida por el gobernante, del pueblo, y éste al otorgarla, ejercita una
facultad fundada en derecho natural. El poder para existir necesita de las
personas que forman el conglomerado.
"' RoussEAu, JuAN JAcoBo, El Contrato Social, Ed. U.N.A.M., la. ed., México,
1962, p. 20 (L. I, Cap. VI).
,. GETTELL, RAYMOND G., Historia de las ideas políticas, Ed. Nacional, México, 1959,
t. 11, p. 40.

591

�IX. Otras teorías sobre el origen del poder. A) Teoría sociológica. B)
Teoría de la fuerza. Aunque estas teorías tuvieron influencia, en sus respectivos ámbitos espacio-temporales, pasaron luego al olvido por ser errónea
su fundamentación e inoperante su proceso dentro del campo cle la evolución política. No obstante, algo de su germen ideológico pasó a elaboraciones
posteriores, siendo por ello frecuente encontrar en nuestro tiempo, sedimentos e influencias de esas concepciones. Las teorías que señalamos son rechazadas plenamente. Tratan de fundamentar el origen del poder político
en causas que nunca pudieron ni podrán motivarlo en auténtico sentido.
La teoría sociológica fundamenta el origen del poder en el hecho sociológico. El individuo es ignorado, al considerársele juguete del proceso sociológico y víctima de "una imposición cívica contra la cual no puede luchar''.27
Entre sus teóricos se encuentran: H. Spencer, Montaigne, Dukheim. El determinismo que establece esta teoría no puede ser aceptado. El ser humano
armonizado en pueblo, con razón, voluntad e iniciativa no puede ser condenado al servicio de un movimiento envolvente que le limite, imponga o arrebate condiciones de existencia colectiva. El fenómeno sociológico no se da
independientemente del sujeto racional, por tanto es éste el que influye sobre
la realidad para adaptarla a sus fines, y no aquélla la que somete irremisiblemente al hombre. Las mismas normas sociológicas confirman que el ser lucha constantemente en p:ro de su seguridad y no de su sometimiento. Igporar el valor de la decisión humana, gran en-or de la teoría sociológica.
Teoría de la fuerza. Señala la génesis del poder en el hecho de la dominación violenta y coactiva sobre el pueblo y su territorio. Para esta teoría,
el empuje y acción de los más fuertes, dio origen al poder en la comunidad
humana. Son sus titulares los que con el triunfo de su fuerza imponen al
todo comunitario, su voluntad y ley. El engaño que porta esta tesis es completamente inaceptable. El empleo de la fuerza - violenta e ilícita- no puede
originar el poder que por derecho natural se encuentra dentro y al servicio
de la agrupación político-estatal. La opresión y el sometimiento, corno causas originadoras del poder, son falsas e incoherentes. Un pueblo sojuzgado
no puede brindar más que su rencor y odio a los que le dominan y someten;
para aceptar lo contrario sería necesario crear imaginariamente a un hombre sin razón ni sentimientos. Del pueblo surge el poder. Su derecho inalienable al mismo no puede ni debe ser vulnerado. La oposición al tirano y
el derecho a la revolución, son dos de los muchos aspectos que demuestran
en la realidad política la primacía que el pueblo tiene como originador y
sostenedor del poder público.
27 GÓMEZ ROBLEDO, loNACIO,

Ed. Jus, México, 1948, p. 100.

592

El origen del poder polltir.o según Francisco Suárez,

A través del comentario de las respectivas teorías, hemos dado nuestro especial punto de vista tratando de que fuera sintético a la vez que claro.
De tales opiniones es de concluirse nuestra posición respecto al problema
de "el origen del poder" .

4.

MANIFESTACIÓN Y FIN DEL PODER

Como producto humano, el poder es proyectado y orientado hacia las
finalidades precisas y necesarias que el grupo social requiere para su vida
y subsistencia. La comunidad necesita del ejercicio constante de las funciones del poder para conservar y consolidar el ambiente propicio a su mejoramiento. Es pues observable que un gran número de las situaciones o circunstancias~ en las cuales vive diariamente inmerso el conglomerado --dentro de una
realidad estatal siempre presente y dinámica- son consecuencia del funcionamiento y ejercicio del poder estatal, que se nos manifiesta en una serie de
actos concretos, que lleva a cabo en cumplimiento de los altos fines que le
impone su investidura.
El poder es un medio empleado para la realización de los valores queridos
Y perseguidos por la sociedad. Por tanto, éste nunca debe concebirse como
un fin en sí mismo. La sociedad civil es su origen, al mismo tiempo que su
fuente de existencia. La potestad estatal encauza su tarea a fin de realizar,
cabal Y justamente, las supremas metas de la función soberana. El poder
se convierte, a través de su ejercicio, en instrumento adecuado para el logro
Y cristalización de las aspiraciones populares.
_El poder -repitiendo-- en tanto medio para asegurar el bienestar público y la seguridad del conglomerado, exterioriza su ejercicio mediante funciones de poder. Estas típicas y caracterizadas funciones no deben ser empleadas arbitrariamente. Toda actividad pública tiene un marco circunscriptivo que le limita en su ejercicio cuando éste se desvincula o se aparta
de los cánones establecidos para sus expresión. Otro de los motivos para que
la f~~ción del poder sea debida y legalmente expresada es el respeto y proteccron que al ser humano debe de tenérsele en la agrupación política. Den!ro de la escala de los valores sociales, existen algunos sobre los cuales todo
mt~nto de intromisión sería típicamente ilícito, al mismo tiempo que violatono al respeto y dignidad socio-individual. La estructura que sustenta a
la sociedad es el elemento humano y cuando éste es coartado en el ejercicio
de sus derechos o en el desarrollo de su libertad, plenamente reconocida
por los principios supremos del Jus, se está llegando al umbral del caos social y a su posible violentamiento.

593
e H-38

�Las funciones que el poder manifiesta, ya sean legislativas, ejecutivas o judiciales, deben apegarse a un orden jurídicamente organizado que concuerde
armoniosamente con las aspiraciones y justos deseos del pueblo. Todo ejercicio de autoridad, para que llegue a ser realizado cabalmente, necesita del
reconocimiento popular que sancione afirmativamente el resultado de su expresión. Cuando existen discrepancias entre el orden autoritario y la aceptación popular, el poder pierde fluidez, efectividad y respeto. Por ello todo
sistema jurídico-normativo que impere en la agrupación debe concordar con
los afanes y anhelos populares.
La autoridad señala criterios de orientación social para que por medio
de su fiel cumplimiento el conglomerado pueda alcanzar los logros del bien
público temporal. La expresión de tal facultad nos muestra toda la gama
de manifestaciones potestativas, que son necesarias para llegar a tal fin.
El poder "se halla concentrado en instituciones y produce normas ordenadas de interacción humana sujetas a principios, códigos y reglas.
El poder es controlado y, a su vez, controla la conducta. .. El poder institucionalizado puede resultar peligroso cuando es demasiado benévolo
o demasiado rígido. La libertad que admite puede significar un movimiento hacia el 'laissez faire' no sometido a dirección alguna, o, en el
extremo opuesto, puede suprimir toda auto-expresión y resultar insoportable".28
En las líneas arriba transcritas, el gran sociólogo Karl Mannheim nos
señala algunos aspectos de lo que él llama "poder canalizado". De su valiosa opinión deducimos que las manifestaciones y fines del poder no deben
caracterizarse ni por la limitación ni por el exceso. Ambas posiciones son
aborrecibles y no recomendables. La una porque atrofia con su quietismo la
realidad política, la otra porque vulnera el sentido mismo del poder, al
ignorar su fundamento: la persona humana. El poder debe enmarcarse en
los principios de un derecho justo y bienhechor.

5.

AUTORIDAD Y FUERZA

Es un error -y por desgracia frecuentemente cometido- el relacionar el
sentido del poder con un comportamiento de violencia física o moral. No
es la fuerza física la que sustenta el poder de las organizaciones, cualquiera
'" MANNHEIM, KARL.

xico, 1953, p. 69-70.

594

Libertad, poder y planificación democrática, Ed. F.C.E.,

Mé-

que sea su grado de desarrollo, ni tampoco la que da legalidad a su ejercicio. El soporte del poder está en la estricta adecuación de sus tareas al
logro del bien social. El poder no debe ser nunca identificado con el ejercicio
injusto de la fuerza física o moral. Ello equivaldría a dar un golpe de muerte
a su misma existencia, a crear- un estado de inquietud social, a instaurar regímenes dictatoriales, sistemas opresivos, desconcierto y desmoronamiento de
los auténticos valores sociales. Aceptar un estado de este tipo sería dar legitimidad a toda la serie de ilícitos que existen, cuando éstos se hicieren con
lujo de fuerza o de presión. Un poder, con esa base de existencia ilícita, jamás será legítimo representante del anhelo social. Será, por el contrario, el
opresor de la libre expresión y el verdugo de las más altas aspiraciones del
ente colectivo.
El origen del poder -ya se ha visto- no procede de la fuerza, sino de la
razón y la voluntad humana. Su ejercicio no debe ser comparado con actitudes que desvirtúan su calidad.
Existe un concepto equivocado del poder, originado quizá, en una falsa interpretación terminológica o en alguna acepción impropia que a la misión
autoritaria del Estado se le ha hecho. El Dr. O. G. Fischbach en su obra:
Teoría general del Estado nos hace una aclaración a este respecto:
Como tercer elemento del concepto de Estado suele comprenderse el
poder del Estado. En muchos casos se emplean para designarlo expresiones poco felices, como dominio, poder coercitivo; términos que recuerdan demasiado situaciones despóticas. En realidad, el concepto 'poder del Estado', guarda m enos relación con la palabra 'fuerza' en el sentido de 'violencia' que con los términos de 'ordenar' y 'administrar'. Lo
esencial para el Estado no es la fuerza, sino la ordenación (organización)
de la colectividad. La coerción política es sólo el último medio para
el mantenimiento de este orden, o sea que no es objeto principal, sino
medio para un fin. Ninguna asociación humana, y mucho menos el
Estado, puede sustraerse por mucho tiempo a semejante poder conectivo.29

El poder en el Estado está nom1ado por el orden del derecho que le señala un campo específico de competencias y atribuciones. La inclinación que
existe de usar indebidamente del poder, así como de excederse en su ejercicio, son aspectos negativos que el derecho pretende evitar. El derecho establece los principios conducentes de seguridad y de justicia para que por sus
vías se revele el acto de autoridad en la sociedad-Estado. La suprema facul,. F1scHBACH, O. G. Teoría general del Estado, 3a. ed., Ed. Labor, S. A., Barcelona,
1934, p. 118

·595

�tad de autoridad reconocida al Estado como medio para alcanzar los fines
colectivos, no puede quedar sin una adecuada reglamentación que asegure el
desarrollo y permanencia del orden legal establecido.
El poder es cuestión de derecho que encuentra su razón de ser en la
institución política misma y cuya utilización por sus detentadores actua10
les no es legítima sino en tanto es ejercida en la línea de la institución.

La autoridad debe vigilar que sus mandatos sean fielmente cumplidos por
parte de sus acatantes, disponiendo, en caso de que aquéllos no lo cumplan,
de las acciones físicas o coactivas establecidas para hacer valer las decisiones
de la autoridad. En muchos casos el empleo de la fuerza es innecesario,
porque voluntariamente los obligados cumplen oportunamente con los imperativos autoritarios del ..Estado. La fuerza no constituye un elemento vital
en el ser y obrar del poder. No obstante, la autoridad tiene a su disposición
y cuantas veces le sea necesario, el uso y empleo de la misma. Es de observar
que la utilización de la fuerza es tan sólo en calidad de medio a fin: hacer
respetar las órdenes emanadas d~ la autoridad, cuando éstas sean objeto de
desobediencia o desacato.
La autoridad como atributo del Estado tiene a su disposición el poder.
Pero no el físico o material sino el legal y jurídico. Este último puede disponer de la coacción cuando las condiciones así lo requieran.
El poder, dada su estrnctura teleológica, nunca debe adoptar posturas ajenas a su competencia y misión. Las acciones del poder deben ajustarse al
orden preceptivo del derecho. El principio o axioma jurídico de que "lo que
no está prohibido está permitido", constituye un índice de contornos claramente visibles que nos señala la posición de individuos y poder. El poder
debe cuidar de no penetrar en esferas de actividad vedadas a su ejercicio.
El poder del Estado no puede ni debe colocarse como simple espectador
impotente y pasivo ante el libre juego de los factores sociales. Como procurador de un orden social debe estar dispuesto en todo aquello que requiera de
su dedicación y empeño. El poder tiene su ámbito de atribuciones, dentro
del cual existe la amplitud necesaria para lograr, con toda autenticidad, las
metas que procura. Tratar de limitar la función autoritaria del Estado, dándole solamente la misión de singular vigilante, es volver a la época del
Estado gendarme que instauró el liberalismo individualista al triunfo de la
Revolución Francesa.
En algunas teorías sobre la autoridad se confunde el sentido de la misma
al igualarla con el ejercicio del poder físico. Tal semejanza es falsa. La
30

596

DABIN, jEAN. op. cit., p. 70.

fuerza nunca podrá constituir un auténtico sentido de poder. El Estado como
mandatario no debe imponer por medio de la fuerza modos de obrar que
choquen contra la integ~-i?ad social y humana de su mandante: el pueblo.
En caso de que así lo hiciera, la calificación de tal proceder podría tener
c1,1~lquier otro nombre menos el de poder o autoridad. La expresión potestativa del Estado es tarea político-social que pretende beneficio colectivo,
dentro de un orden jurídico concreto y determinado.
La fuerza, convertida en auxiliar del poder, presupone imposición del Estado ante todo aquel que, haciendo caso omiso de las normas, lacera la ordenación social. Cuando la fuerza se aplica, estando apegada al derecho, el
pueblo no ve en ella la injusticia o la arbitrariedad sino la necesidad forzosa
de hacer respetar los principios generales que a la comunidad resguardan.
Todo_ lo contrario sucede cuando la fuerza se convierte en rectora violenta y
opresiva de la comunidad política. Es entonces cuando el pueblo, origen y base
del poder, ve en ella no la necesidad del orden, sino el abuso e imposición
~e una ~ictadura o una tiranía. Todo mal llamado poder político que se
mdepend12a de su realidad vital se convierte, desde ese momento, en inauténtica representación potestativa.
El poder de ordenación jurídica responde al deseo expreso de la comunidad
de establecer un Estado armónico, donde las actividades colectivas se conduz~n por caminos de respeto y legalidad. La fuerza representa, en esta
realidad, un factor que no es posible precisar si antes no se manifiesta obrando. La fuerza, si se presenta en su carácter de auxiliar de la autoridad será
un fac~or más q~e contribuye al logro de los fines comunitarios. Si ;or el
contrano, obra aJena al orden y al derecho, será su acción maléfica y condenable.

BIBLIOGRAFIA
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F1scHBACH, O.G. Teoría general del Estado, Ed. Labor, Barcelona, 1934.

INFLUENCIA DE LA POLíTICA EN EL ARTE
(Estudio sobre Sociología de! Arte)
DRA. ANGELES MENDIETA ALATORRE
Contenido: Introducción.- a) La política en las esferas cultur¡iles.- b) Consideraciones sociales en la Historia del Arte.- e) Influencia de la política en el fenómeno
artístico, a través de la historia de la cultura mexicana.

Introducción
POLÍTICA, PALABRA DE SIGNIFICACIONES múltiples, sinonimia de perturbación y
cosa turbia que violenta el limpio concepto en su dignidad aristotélica, porque
político es todo lo que se refiere al bien, según la definición clásica, enlazado con la felicidad que el Estado debe proporcionar a los ciudadanos.
Si ajustamos los conceptos en su acepción exacta, aceptaremos que no existe ningún forzamiento al relacionar los dos terrenos de la cultura como son
el Arte y la Política. En cambio, las vinculaciones de ésta con aquél, son de
tal manera definitivas, que pueden conformar el perfil de una época.
Entre los elementos indispensables de la vida pública se encuentran "las
subsistencias, las artes, armas, renta pública, sacerdocio, gestión de intereses
generales y decisión de juicios".1
En consecuencia, como una de las finalidades de la Sociología es conocer y
estudiar las condiciones y determinantes que enmarcan la vida social y dentro de ellas, se encuentran las artes, el estudio de las relaciones de ambos fenómenos, a través de la historia de la cultura, puede aportar conocimientos
novedosos y enriquecer el estudio de la Sociología del Arte.
Empero, la obra de Arte tiene sus propios campos y sus métodos de evaluación, aunque puede advertirse que, el ambiente social, en términos generales
1

598

ARISTÓTELES, La Política (De la vida política ) .

599

�y de lo político, en áreas más restringidas, presionan o influyen en alguna
manera en la creación artística y el conocimiento de estos hechos exteriores
permite auxiliar, aclarar o dar mayores luces en el conocimiento de la presencia y deterioro del fenómeno social.
Es más, algunas veces el mensaje que debe contener una obra de arte, permanece oculto o velado, hasta que lo situamos en su propio tiempo, como respuesta, crítica o rebeldía a un acontecimiento histórico o social.
Es curioso advertir, asimismo, un proceso de interferencia de planos. Por
ejemplo, nadie desconoce la importancia de los mecenazgos políticos que
protegieron a los artistas; pues bien, cuando el artista tomó conciencia de ese
espíritu, realizó una obra cabal. Pero el genio se cobra su prestigio y con el
tiempo, los planos se invierten y es la obra misma la que adquiere mayor
importancia, con mengua u olvido total del encargo político.
Por ejemplo, qué importan en nuestros días los motivos políticos que influyeron en la lucha de güelfos y gibelinos en Florencia, si lo que pervive es la
estrofa triunfal de Dante; o qué más da que en China la política haya mandado construir una muralla gigantesca, si lo que cuenta hoy. es la pureza
incontaminada del arte de aquellas dinastías.
Conocer pues las interrelaciones de estos dos territorios de la cultura, ahondar un poco más en sus influencias recíprocas, puede ayudar al conocimiento
del fenómeno social.

a)

LA POLÍTICA EN LAS ESFERAS CULTURALES

¿Por qué el intento de conectar las cosas más altas e ideales de la
experiencia con sus raíces básicas, es a menudo considerado como una
traición a su naturaleza o una denegación de su valor? ¿Por qué se
siente repulsión a conectar las altas realizaciones de las bellas artes con
la vida común, la vida que compartimos con todas las demás criaturas
vivientes? Ahora bien, la religión, la moral, la política, los negocios, tienen cada uno un compartimiento en el cual es conveniente que permanezcan, lo mismo el arte debe tener su reino particular y privado, no
obstante, todos ellos forman aspectos variados de la vida humana y de
la criatura y tienen forzosamente interrelaciones e influencias.1

Establecer, pues, sin desvirtuar las causas principales de estos vasos comunicantes, permitirá comprender mejor el fenómeno social dentro de la cir-

• J.

DEWEY,

1949. Pág. 20.

600

El Arte como Experiencia, Fondo de Cultura Económica. México,

cunstancia históricil y política en la cual se originó. El asunto es objeto de la
reflexión sociológica, ya que uno de sus menesteres es precisamente
Estudiar las condiciones y determinantes que enmarcan la vida social y
que influyen sobre ella; es decir, estudiar el contorno o la circunstancia,
las leyes de la naturaleza física, de la biológica, de la concreción geográfica y de mecánica psicológica, pues todas ellas, aunque no se refieran a lo social propiamente dicho, constituyen condiciones, ingredientes y factores que actúan sobre la existencia humana colectiva; 3

Ahora bien, es concretamente hasta el último tercio del siglo XIX cuando
la Sociología adquiere su calidad de ciencia autónoma, lógicamente debemos
colegir lo recientes que son los estudios del fenómeno artístico a la luz de
esta ciencia.
El libro de Guyau, La influencia social del arte es uno de los primeros intentos que buscan métodos propios para evaluarlo, no desde el ángulo estético sino en una dimensión más amplia.
Ahora bien, la crítica tradicional del arte estaba confinada a un dogmatismo tal, que los estudios se concretaban a componer variaciones más o menos
amplias sobre un mismo canon estético. No se aceptaba otro tipo de enjuiciamientos, y con ese miope criterio, las manifestaciones artísticas de otros
pueblos, entre los cuales indudablemente se encontraba el de las culturas
prehispánicas de América, quedaban proscritas o ignoradas.
El mérito principal de Kant, con relación a la Estética consistió en atacar
dicho dogmatismo, para admitir la variedad de manifestaciones artísticas,
de las cuales podría surgir una concepción única y universal de gusto.
También la clasificación tradicional ha sufrido modificaciones. Antiguamente se consideraban como artes mayores a la Música, la Literatura, la
Pintura, la Escultura y la Arquitectura, las cuales fueron divididas en artes
del tiempo y artes del espacio. En nuestros días otras manifestaciones adquieren mayor rango aunque en sus principios fueron despreciadas; tal el caso
de la Cinematografía y la Coreografía, que van adquiriendo validez propia.
Los medios electrónicos de difusión cultural ocupan un modestísimo lugar,
como la Televisión, pero no podemos saber cuáles serán sus máximas posibilidades y con qué criterio serán juzgadas en tiempos venideros.
Hay clasificaciones de dinámica fluctuante que antes estaban sujetas a una
graduación rígida, tal el caso de lo bello, lo sublime, lo gracioso, lo bonito,
lo cómico, lo humorístico y lo feo artístico, cuyas categorías en continuo
movimiento pueden colocar en los primeros planos de consideración, no sola• DR. Lurs RECASÉNS SrcaEs, Notas para la delimitación de los temas sociológicos,
Revista Mexicana de Sociología. No. 4, Año V.

601

�mente a lo feo estético, sino inclusive a lo esotérico, lo grotesco o el "absurdo
poético".
Todo este rodeo reflexivo, deviene en la aceptación de una flexibilidad de
criterio, de la imprecisión de oampos antes muy limitados dentro de sus fronteras y de la buena disposición para admitir que no hay, ni debe haber escándalo en conocer interferencias entre las esferas políticas y las artísticas,
ambas consideradas en su digna significación.
Este posible divorcio de territorios, es en realidad más profundo de lo que
pudiera parecer. Se vincula con el modo de ser del hombre aparentemente
en conflicto con el Estado. Las interferencias pues son muy sutiles, pues si
bien el artista toma conciencia de un movimiento político y social, por otras
partes bien sabemos que la censura o la falta de libertades es el mayor peligro para la obra de arte.
Afirma don Alfonso Reyes en su comentario a la República de Platón:
la política debe ser al Estado, lo que la moral al individuo. Condición
de la ciudad perfecta es el sacrificio de lo particular a lo general. Cada
uno debe desarrollar en sí mismo actividades que sean más útiles a la
comunidad, y prescindir de las que estorban. Como la moral empieza
con la marcha de las facultades humanas, reacias a la razón que acude
a reconciliarlas, así la política tropieza, en naciendo, con las divergencias
entre los individuos.4

Por otra parte, es el artista el que puede, no solamente captar con su sensibilidad, la importancia de su propia época, advertir las corrientes definitivas de su momento histórico, sino que prevé, aquellas que pueden prevalecer. Este pre-sentimiento, o en términos llanos, presentimiento, le permite
obtener una visión anticipada que escapa a la mayor parte de sus congéneres.
Es más, por mucho esfuerzo que hiciera para desprenderse de su propia
realidad social, siempre podríamos descubrir algo que lo delata y lo identifica.
Paradójicamente el arte inexpresivo, esotérico o confinado en sí mismo, como
el que campea en múltiples mánifestaciones de nuestro tiempo, es, precisamente por ese propósito deliberado, un aspecto característico del problema
conflictivo de ciertas décadas.

b)

El concepto de valoración -que es la operación m etódica que corresponde a la apreciación de un acto concreto de la historia con apoyo a un
valor determinado-- no podrá ser otro que el concepto que corresponde
a una tarea de recapitulación, a un resumen de lo hecho hasta ese momento, a un corte parcial, fragmentado e instantáneo, efectuado hasta
un determinado punto del estado de cuentas del fluido acaecer de la
vida del hombre, de un individuo, de un grupo o de la comurndad
humana.'

A esta justificación y limitación que hace el investigador con todos los
antecedentes del caso que estudia, deben aumentarse aquellas que sean idóneas a los territorios de cada valor. Además, la obra deberá ser considerada
dentro del momento social en que se origina, con sus elementos más cercanos
de influencia.
Por otra parte el acervo cultural es tan rico y variado que ha permitido
las clasificaciones más heterogéneas, desde luego en forma independiente de la
relación cronológica. Hegel, con base en los conceptos de fondo y forma,
clasifica al arte en Simbólico, Clásico y Romántico.
La clasificación de José Vasconcelos es más amplia e incluye hasta el gusto
y el olfato, dividiendo a las artes en Apolíneas, Dionisíacas y Místicas.
Las vastas expresiones artísticas son abrumadoras, veamos aquí solamente
unos cuantos aspectos en los cuales se presenta, más ostensiblemente, la influencia de alguna circunstancia social y de preferencia, política, o sea determinada expresamente por el Estado, en una corriente estética.
En el comienzo del arte, está la danza. Es, según sabemos, la madre de
ellas. Puede afirmarse que la circunstancia compulsiva cargada de presagios,
conjuros y embrujamientos forma una carga emocional que el hombre no
puede soportar; es entonces cuando le da salida, la comunica, la expresa
ante sí mismo, como una exteriorización o ante los demás. Su función liberadora es tan perfecta, que subsiste hasta nuestros días.
La danza exigió luego diversidad de temas, lo cual deviene en la fantasía
Y exige a su vez, acompañamiento coral por medio de instrumentos de percusión. De ahí tenemos ya, la danza, la literatura y la música en contrapunto ambivalente. Pero interesa aquí destacar su función social: la danza
es el medio de una comunicación sólida y profunda. La emoción conforma el
alma colectiva. Es más, las danz~ más antiguas son las rondas, o sea el
• ALBERTO

• Revista Cuadernos, julio-agosto, 195 7.

602

CONSIDERACIONES SOCIALES EN LA, HISTORIA DEL ARTE

T.

ARAI,

Ensayo de Valoración de las Artes Plásticas en M éxico (1900-

1950). México, 1953.

603

�círculo sagrado se estrecha y forma una agrupac1on magica, comunal o
simplemente política. Esta forma vital de unión circular, se dejará señalada
en el Kromlech, donde las piedras se yerguen en círculo.
Otro ejemplo, es cuando se presentan ya, consolidadas, las grandes civilizaciones antiguas. Es curioso advertir cómo el pueblo egipcio tuvo, al igual
que el mexica o azteca, un arte que traducía perfectamente las características
de la política estatal.
Atenas y Esparta, los pueblos clásicos, nos informan también de un arte
diverso considerado desde el cambio de la forma institucional de sus gobiernos. Arte sereno, sobrio, de pueblo guerrero, es el de Esparta, en tanto que
en el ateniense lray una suave exquisitez y gran belleza.
Las invasiones o trastornos que sufre el poder público, modifican también
la creación artística.
Cada vez que un pueblo sufre invasión, modifica su arte. La conquista
musulmana de la India, desarrolla el arte Moghul, o sea de los emperadores mongólicos, que dominan la India y le imponen una población
nueva y nuevos modos de artes.6

También la política estatal interviene directamente · en la realización de
algunos géneros artísticos. Platón, pese a su talento, no solamente admitió
la esclavitud, sino pretendió prohibir la comedia y la tragedia, porque eran
aspectos tan maravillosos de la imitación que podrían ser un peligro.
Otro ejemplo, muy preciso, es la forma que adoptan los romanos en la
dominación helénica. Solamente imitan aquello que sirve para su particular
forma de concebir el arte. Aquello que impresione y que dé un aspecto grandioso, es lo que les interesa. No vacilan en sacrificar a miles de esclavos con
tal de llevarse gigantescos monumentos. No pueden romper el canon griego,
pero inventan la superposición de órdenes y sus estatuas adoptan actitudes
solemnes, no graciosas, también con proporciones mayores. El arte debe estar
al servicio del Imperio, y lo logran.
Las invasiones políticas van dejando cicatrices profundas, pero que multiplican las formas expresivas. Por ejemplo, Octavio Paz, al hablar de España,
afirma:
España es palabra roja y amarilla, negra y morada, devorada por los
extremos, al mismo tiempo cartaginesa y romana, católica y mahometana, visigoda y renacentista.7
Estética, pág. 504.
ÜCTAVIO PAz, Introducción a la Historia de la Poesía Mexicana, Cuadernos Ame•
ricanos, No. 3.
• JosÉ VAsCONCELOs,
7

604

El arte cnstiano de los primeros tiempos está proscrito de la política estatal, por eso crece en la oscuridad de las catacumbas y desarrolla un simbolismo oculto que solamente se puede entender entre los iniciados, pero cuando
Constantino abre las puertas a la nueva doctrina, ésta sale y penetra en las
basílicas. Estos recintos civiles, pronto alargan los extremos del cercano ábside,
para formar la cruz latina.
Naturalmente, la influencia mayor y definitiva es la de la religión, cuanto
más que, todas las expresiones del arte antiguo no eran sino formas auxiliares
de la liturgia, el dogma o la teología, pero en aquellos pueblos, la Religión
no está desvinculada de las rawnes de Estado. Podríamos decir, por ejemplo,
que si el Coran prohibe la representación del cuerpo humano y da origen al
"arabesco", la más bella expresión de la geometría poética, también puede
comprenderse que una violación a estas normas daba paso a la sanción del
Estado.
La utopía de un Estado perfecto estimula la aparición de importantes obras
literarias. La política cortesana de los Luises, encerrada en los palacios, inspira, lo mismo que en España, a los poetas que sueñan con la sierra y la
campiña, desde los salones.
Un análisis exhaustivo podría tal vez desmentir en buena parte la siguiente
afirmación que por lo pronto aceptamos como valedera, con las reservas del
caso: con excepción de Grecia -véase la comedia de crítica de Aristófanesen casi ningún pueblo funcionó el arte como crítica social antes del Renacimiento.
La censura de los sainetes medioevales no constituye propiamente un ataque, pero sí, es en los géneros populares donde el pueblo empezará a dar
franco escape a sus enfados.
En los retratos de Goya, aparecen motivos abiertos de censura y el teatro
isabelino en Inglaterra es ya, francamente, una manifestación política que
también presenta el carácter de agencia noticiosa o informativa.
Desde luego, hay géneros o manifestaciones más propicias a la política,
como la literatura - vehículo de las ideas- y dentro de ella, la oratoria y
el ensayo, más que la poesía.

c)

INFLUENCIA DE LA POLÍTICA EN EL FENÓMENO ARTÍSTICO A TRAvÉS
DE LA HISTORIA DE LA CULTURA MEXICANA

También en el campo de la estética y de la ciencia del arte, buena parte
de las discusiones provienen del afán de reducir a un último concepto
la pluralidad de fenómenos. La nostalgia de unidad que quizá alimenta

605

�\

una llama religiosa, llega a casi todos los que se ocupan de problemas
de arte a admitir, cerrando los ojos a la realidad, una raíz única en la
creación artística.
Este prejuicio tan extendido agota el campo de visión de la esfera
del arte dejando oscuro, casi incomprensibles, estilos y direcciones, motivos e influencias que nos aparecen con claridad tan pronto como se
toma una actitud ingenua, comprensiva ante la realidad artística.8

'
Ello es tan cierto que confesamos haber sentido un poco de temor al investigar la influencia de la política en el fenómeno social, como si fuera profanar con instrumentos extraños, la creación artística.
Después, con buen recuerdo de que el hombre es "zoon politikon", admitimos, que, de todas suertes, podía intentarse una visión más amplia del fenómeno social que tomara en cuenta realidades aparentemente ajenas a su
campo particular, pero que estaba amparado por la sociología del arte.
Así podríamos llegar, sin que las premisas estuvieran tiradas de los cabellos,
a conclusiones modestas; empero estudiando "con ingenuidad" o simplemente
con un análisis diferente los hechos, encontramos, para grata sorpresa, la
vinculación que guarda la política con el fenómeno social.
Empero, sí podemos descubrir que esta influencia no siempre fue benéfica,
sino algunas veces fue autoritaria y peligrosa; otras, hizo nugatorios muchos
esfuerzos particulares, pero cabe advertir que su presencia era siempre un
telón de fondo que hacía resaltar, con mayor vigor, la expresión individual.
La última y más espectacular llamarada de actividad artística indígena, tuvo lugar en esta ciudad de M éxico, cuando era Tenochtitlan,
unos cincuenta años antes de la conquista española, es decir antes del
total colapso y muerte de la civilización indígena -afirma Miguel Covarrubias en su estudio sobre las Raíces políticas del arte de Tenochtitlan,
y añade-: el arte monumental azteca está íntimamente ligado al concepto
religioso-imperialista de sus creadores. Es un arte feroz, necrófilo, hecho
para inspirar el temor religioso, para impresionar al pueblo con la grandeza del Estado todopoderoso, con la filosofía de la conquista por la
fuerza de las armas, y la religión basada en el culto de la muerte y de
la sangre. El arte azteca es acentuadamente metropolitano, nació y se
desarrolló en la ciudad de T enochtitlan, que era el corazón, la cabeza y
el cuerpo del Imperio. Siendo un reflejo fiel de la psicología de este
estado, sería imposible comprenderlo sin echar un vistazo a su estruc• JUAN

606

RouRA

PARELLA,

Ralees del Arte, Revista "Filosofía y Letras", \·ol. 6, 1954.

tura política, a su religión y sin antes repasar someramente los hechos
básicos de su historia.9

El desprecio a la muerte, subsiste en los pueblos guerreros y se traduce
en la deificación del guerrero. En la cultura mexicana, las diosas con falda
de serpientes, los Caballeros Tigres y los Caballeros Aguilas, además de la
creación numerosa de elementos para la guerra, como cuchillos, penachos
y emblemas, sirve para dar una impresión de grandeza equivalente al del
dios-sol y a la exigencia de ofrendas de corazones humanos, los cuales deben obtenerse en las guerras floridas, aunque no fueron tantos como las historias cuentan, ni escaparon de estas crueldades casi todas las culturas en sus
tiempos de epopeya.
Sin embargo, pese a lo sombrío que pudiera parecer, la cultura azteca presenta un contraste ambivalente. Las pirámides propician un arte abierto,
espléndido, muy diferente al concepto cerrado y mortuorio del egipcio. La
pirámide no se cierra en punta, sino se abre en plataforma para albergar
la danza y la fiesta cruenta, pero magnífica.
Entre los objetos que se producen para el ceremonial político y sacerdotal,
"se encuentra la palma que tiene la imagen de un sacrificado, el monumento a la Guerra Sagrada en el Templo Mayor, del cual se conserva el llamado Calendario Azteca en el Museo Nacional de Antropología, el Glifo de la Muerte, el relieve del templo con los dioses del
fuego y de la primavera, Xiutecuhtli y X ochipilli; los atlantes, probablemente estatuas de guerreros en Tula, Hgo.; la cabeza de un guerrero,
el relieve de un Caballero Aguila en el antiguo pórtico, el sacerdote en
contemplación en la pirámide de Xochicalco y demás ejemplos".1º

Naturalmente que hay otros muchos aspectos de importancia, que parecen
secundarios y que no lo son, como es el caso de los materiales. Dice Toussaint que en la erección de monumentales cabezas de los olmecas parece haber
un culto a la piedra y a su eterna vivencia y a su esencia inanimada y tenebrosa que se manifiesta en esos solitarios monumentos de rostros impasibles que nos conducen a la belleza no por el camino seguro de la bondad
de la forma sino a través del misterium tremendum. Sin embargo, "en medio de aquellos panteones indígenas de dioses herméticos y terribles, de dioses sangrientos y repulsivos a nuestra mentalidad, las mascaritas sonrientes
• México en el Arte, No. 8, México, 1949.
10 V'
ease: EuCEN KuscH, I mágenes de México, Editorial Hans Car! Nurnberg.

607

�de la Mistequilla forman una isla que rompe con la tradición hierática de
la cultura indígena, ya que supieron expresar la alegría con la más delicada
de sus expresiones psicológicas, la de la sonrisa".10
Frente al mundo tremendum del olmeca, la austeridad teotihuacana y el
dramatismo azteca, el maya conforma su arte dentro de cauces floridos ·¡
suntuosos.
Pueblo de inclinaciones pacíficas, el maya favoreció la aparición de astrólogos y pensadores y en arquitectura, llegaron al principio de la arcada, que
no descubrieron los griegos. Una política pacifista protege la vida de las
artes y permite la creación del hermoso poema del Popo! Vuh.
Sin embargo, es el arte del pueblo azteca en el que se presenta con matices más acentuados la influencia de la política en sus expresiones artísticas.
De su actitud ante la vida, el realismo sombrío derivado de la vida guerrera, se logra el cincelado enérgico de un pueblo dominante y autoritario.
"El arte lapidario de los aztecas es testimonio de severidad implacable, de sensibilidad dramática -casi macabra- y de una concepción austera de la vida. La dureza despiadada de sus dioses, su sobrio
desprecio de la vida, su honda religiosidad y el rigor de su organización, trascendieron a su arte para dejarnos estampada en él, su huella
imborrable".11

Al terminar el año aciago de 1521, la dominación española empieza a imponer sus normas, leyes, costumbres, idioma, religión e ideas. Es decir todos
los aspectos del poder público y la fuerza política.
El arte, con finas antenas capta todos los cambios. La sensibilidad estética es tan sutil, pero al mismo tiempo, tan inteligente que es en las expresiones culturales donde se pueden apreciar con claridad, conflictos, intentos y
éxitos.
Un ejemplo de esta "plasticidad" del fenómeno artístico puede encontrarse también en España. La dominación árabe de siete siglos, no logra modificar el idioma, la religión o las leyes, pero su influencia es definitiva y vigorosa en las artes plásticas y en la literatura.
En América, la conquista arrasa la cultura del pueblo dominado. Pero
en el campo espiritual se produce una escisión que jamás podrá ser olvidada,
los sobrevivientes de aquel mundo destruido no podrán concebir que sea el
mismo Dios el de los misioneros y el de los conquistadores. Ésta será una de
las dificultades para captar la esencia de la nueva cultura y una rebeldía
interna se filtra suavemente, con la inclinación de aquellas notas que apa11

608

MANUEL

ToussAINT, El Arte Antiguo. México y la Cultura. S.E.P. Pág. 150.

rentemente están en su ayuda; es así como el matiz autóctono, ornamental
y brillante al correr del tiempo se perfilará como una de las partes más acentuadas de la fisonomía nacional; el de la forma sobre el dogma, el de la presencia exuberante sobre la sobriedad.
En las expresiones de la arquitectura y ia escultura, pueden advertirse los
pasos de la evolución social y del pensamiento político que domina en determinadas épocas.
Principia la etapa confusa del siglo XVI, con la destrucción de una cultura y la imposición de otra. Hay, naturalmente, un cierto apresuramiento.
Ahí encontramos entonces la erección del templo cristiano sobre la pirámide
semiderruida. Pero el misionero intuye que más que la obra externa conviene saber algo del espíritu y recoge la tradición oral, ésta es precisamente
la que en nuestros días, ha provocado el gran descubrimiento cultural al
.
'
conocer la literatura
de aquellos pueblos.
Las ~ondiciones sociales, derivadas del conflicto político -el indígena, ya
se ha dicho, fue un derrotado, pero nunca vencido-, obligan a levantar los
templos-fortalezas y
"servirán para proteger a los españoles, a los indios conversos e inclusive a los gobernantes contra las sublevaciones frecuentes de los indígenas''.12

Las almenas, los altos muros, inexpugnables en la época, y los servicios
para permanecer dentro mucho tiempo, inclusive años, así como su amplitud para albergar a muchos por la amenaza de los peligros, son las característic~s 1:°ás ostensibles. Tal el caso de los construidos en Cholula, Tepeaca
Y HueJotzmgo aunque no sean precisamente de la misma época.
Los dominicos los levantarán en T epoztlán, Oaxtepec y los agustinos en
Yecapixtla, Acolman y Cuitzeo. Al final, de los tres siglos, el barroco está
en todo su esplendor, hay una libertad plena y el adiestramiento se ha logrado
como en Santo Domingo de Oaxaca, Tlacolula y Santa Mónica.
· La orgullosa pedagogía contemporánea se ufana de haber encontrado dos
fórmul~ felices, para la fijación del conocimiento: la motivación que capta
Y manu_ene el interés como antecedente psíquico del aprendizaje y el aprovechamiento de las inclinaciones, unido a la recreación. Pues bien, los frailes, divirtiendo con los autos sacramentales y cambiando lentamente las finalidades de la danza, obtienen buenos resultados para la evangelización, que
, ". V. CASARRUBIAs, Rebeliones Indígenas de la Nueva España. Biblioteca Enciclopedica Popular de la S.E.P. México. Núm. 47.

609
e H-39

r

�era uno de los motivos que justificaban la conquista, desde el punto de vista
de la política de la Corona española.
Así encontramos también las bellísimas capillas abiertas de Cuernavaca,
Tlalmanalco y Tepozcolula, esta última en opinión de los críticos, la más
bella.
Cuando la estructura política y social parece consolidarse , un estilo artístico que delata esa armonía, comienza en la vida nacional; es el plateresco
de bellas proporciones, sereno y suave, con algunas notas del templo fortaleza.
Al finalizar el virreynato, el barroco se impone con toda su exuberancia.
Las dos culturas encuentran en la ornamentación una inclinación propia,
que será definitiva ya en nuestro panorama. Es así como en Tonantzintla,
hay un cielo indígena de angelillos de tez oscura. Es la vieja raíz, que todavía no será evaluada, pero cuya presencia no podrá negarse en la historia
de la cultura.
La evangelización, protegida por el poder público, tiene libertad para llegar a todos los sitios, hasta en aquellos donde se realizan las actividades comunes. Por ejemplo:
"en lugares donde había ctianguis', mercados, se erigían chapiteles, ermitas abiertas por todos lados, en donde se decía misa, que podían oír
lbs comerciantes sin desatender sus puestos. Tal acontece en Huejotzingo y Cuernavaca, según los estudios de don Manuel Romero de T erreros".13

Desde el principio de la Colonia, la estructura social sigue mandatos políticos y divide al país, de ahí también la diversidad de estilos.
"Don Antonio de Mendoza, hábil político y primer virrey convoca a
las órdenes provinciales para fortificar al país, y los distintos estilos se
ven sujetos a este ordenamiento estatal dentro de la iglesia. Todo -advierte Toussaint- por culpa de la política que en todo se mete'~.

&lt;

Y henos también nosotros levantando iras y rescatando aciertos para encontrar asideros y precisar la influencia de la política en las expresiones artísticas del arte nacional.
'
Cambia la vida nacional, se modifica la estructura política y un nuevo arte
aparece con proporciones gigantescas. Al son de la humilde campana de
Dolores, el pueblo toma las armas y todo el país va en pos de su independencia política. En principio, las manifestaciones plásticas se suspenden.
u Arte en México durante el Virreynato. Porrúa. México, 1951.

610

"Durante el largo espacio de tiempo que media entre 1867 y 1910,
México sufrió hondas transformaciones en los órdenes político; económico y social. Por lo que hace a las letras, la situación creada las afectó en varios aspectos. Señalamos tan sólo uno, el principal: habiendo
dejado de absorber la vida pública al escritor, la labor intelectual se
desarrolla aparte de la acción política, que, por lo demás, casi no existía.
Al amparo de esta paz prolongada, la literatura mexicana alcanza su
máximo florecimiento".14

Así nacerán liceos y academias que hablarán de crear una literatura con
fisonomía propia. Esta inclinación de la voluntad para crear una corriente
ideológica tardará mucho tiempo en llegar hasta la verdadera posición de la
creación literaria, cuando don Alfonso Reyes afirme que su ser mexicano
se verá en su obra sin que él deliberadamente se lo proponga.
Hacia fines del XIX, don José Guadalupe Posada (1852-1913) creará su
"circo político", y sus grabados y calaveras se impondrán como otra línea
de manifestaciones muy típicas, como es el escarnio, en la vida mexicana.
Además, la política propicia el desarrollo de ciertos géneros. Desde la
guerra de Independencia y a todo lo largo del siglo pasado la literatura de
combate toma los primeros planos.
/

"La persuasión o la cólera, cuando no minuciosas argumentaciones,
llenaban estos documentos que pretendíam señalar a los mexicanos los
tremendos peligros a que los arrastraban las luchas civiles o la necesidad de que el pueblo, arrastrando todas jas amenazas y penalidades,
emprendiese la defensa de su libertad. Poco después aparecería el periodismo insurgente al que seguirían proclamas, discursos, ensayos así
como la aparición de una poesía épica y cíuica".15

Los escritores son militantes políticos y éstos, a su vez, se sirven de las
letras, para sus actividades políticas. Pero frente a la picardía popular la
frese.
ura mgenua di
e os romances y las proclamas, persiste y se acrece de ' vez
en cuando, un arte cerrado de corte. Éste se inclina por la pintura de caballete con los ~ncantadores "niños de la Colonia" en el siglo XVIII los
de la época del efímero imperio de Maximiliano y que se convierten e~ influencias italianas y francesas durante el Porfiriato.
. Un nuevo movimiento social volverá a modificar la agitada existencia mexicana.

" Y "' eARLos GoNZÁLEZ PEÑA, Historia de la Literatura M exicana. Ediciones Cultura Y Polis. México, 1940.
611

'

�"As' como la época del modernismo se sustentó en el hecho político
t
,
d
y social del gobierno del general Díaz, el período contempora~e~ e
nuestra literatura nace y se apoya en la realidad de otro acontecimiento
. , M exicana
·
,,.1s
histórico, la Revol ucwn

Dice también Agustín Yáñez:
"que la Revolución impuso el tema de la realidad mexicana como categoría reflexiva y ejecutiva de la vida nacional".

Un arte de proporciones gigantescas, de asesoramiento político,_ de colorido
violento y materiales autóctonos, aparece en los murales con f1gur~ ?oderosas cadenas que se rompen y gritos que estallan. Los grandes movui:uentos
de J~dependencia, Reforma y Revolución, la abo~ción de la esclaVItu~ Y
las Leyes Agrarias aparecen representados por medio _d_e esc_lavos que ~1tan
bajo los látigos O conquistadores de acero, las caras VISionanas de los heroes
se levantan sobre banderas o relámpagos de fuego y las letras o las fechas,
señalan rutas y dejan constancias.
Un solo tema, basta y sobra para la inspiración genial de ,vari?s artis:as·
Por ejemplo, la figura de Hidalgo, se representa desde los m~ diversos angulos. Es también la visión del caudillo desde un p~to _de _VIsta de la estructura social dominante. En la impresora de Claud10 Lmat1 --el que trajo la primera maquinaria para litografía en 1826-- Hidalgo parece u_~ guerrillero francés de cruz y espada, con sombrero de pluma y complex.ion robusta, es el destructor que cambiará el curso de la hist~ria: En las Galerías
de Chapultepec, el retrato de Hidalgo, frente a su escntono, presenta a un
hombre que reflexiona y recurre a sus pensamientos para dar las causas de
la Independencia, es, digamos, el teórico del movimiento; después está la
figura del sacerdote, con vestidos oscuros y el estandarte guadalupano, es ya
el hombre que dentro de su ministerio toma la resolución de una causa. P~p Diego Rivera, es el hombre-histórico, que forma parte de un grupo ~ef1nitivo; para Chávez Morado, constituye el redentor del esclavo, que sostiene
las figuras moribundas, ante las cuales se inclina su rostro conmovido con
incomparable gesto de ternura, mientras señala con la otra rn~o, la luz
blanca de la libertad. Best Maugard pintó un Hidalgo de ojos lummosos dentro de órbitas oscuras que delatan su decisión inconmovible. Para Orozco,
no es solamente el legislador que junto con Morelos sostiene la reforma agraria, sino

-a JosÉ Luis MARTÍNEZ, ver:

612

La Literatura Mexicana en el Siglo XIX.

"el visionario que con la mirada aguda y las pupilas sin tiempo, se perfila encima del grito delirante de los esclavos''.11

La política de los regímenes tiende a buscar la dignificación de la familia, de ahí la multiplicidad de grupos escultóricos y de "maternidades".
Aparece la novela de la Revolución, en la cual se narran simplemente los
hechos y con ello basta, porque la trama es tan abrasadora que la realidad
cumple todas las posibilidades imaginativas. En la danza folklórica el tipo
de la mujer mexicana, con amplias enaguas y pies desnudos irrumpe en los
escenarios o en la coreografía de masas, con temas sociales como en "Las
Coronelas", "Tierra", "Zapata".
El movimiento de la Revolución, de contenidos políticos y posiblemente
con razones sociales propicia un arte que no puede sostener por mucho tiempo sus niveles; no se deteriora, pero deviene en varias corrientes.
Si "el arte nacional revolucionario se gestaba en , el fondo mismo de
las dictaduras, en los movimientos populares y en los primeros inicios
de la búsqueda de lo nacional",

en nuestros días, hay nuevos horizontes abiertos a la esperanza y propicios
a la aventura.
"Cada generación da lo suyo por sensibilidad y espíritu de contradicción -espíritu de creació11r-; por juzgar la realidad con nuevas relaciones con el medio y sus problemas y por un entendimiento distinto
de lo que es la pintura. Algunos pintores aún se hallan como inhibidos
por el pasado inmediato; otros, por la novedad misma que imaginan es
novedad. El tema, grande o pequeño, tiene la dimen.sión del pintor,
que vale lo que vale su pintura".18

Concluimos, la influencia política es un factor presente en la mayor parte
de las expresiones artísticas, como nota particular dentro del ambiente social; ella es benéfica, decisiva o nefasta, pero muchas veces, su fuerza ideológica ha sido propicia. En los grandes mecenazgos históricos, el arte, el
volver por sus fueros logra un prestigio de primeros planos y deja a un lado
la consigna que lo protegió.
17

J usT1No FERNÁNDEZ, Arte Moderno y Contemporáneo de M éxico. Publicaciones
de la U.N.A.M. Ver, Renacimiento político y literatura.

ª

ÜARDozA Y ARAoÓN,

A~gentina, 1965.

México, pintura de hoy. Fondo de Cultura Económica. México-

613

�Los contenidos sociales ejercen a veces influencias definitivas· en una época;
en otras ocasiones solamente en un grupo de pueblos y, a veces, se limitan
a áreas más estrechas. Por ejemplo,
"hay en nuestros días un arte soviético definitívamente vinculado a su
razón social, no obstante su fuerza ideológica no ha ejercido ninguna
.
,.
d
t t. p ,, i9
influencia en las corrientes estetic as e nues ro iem o .

El factor político, dentro del fenómeno artístico, puede ser estudiado· sin
que el mismo intervenga para nada en la evaluación estética, sino solamente
como una presencia que puede o no estar en el modo de expresarse. Esta
finalidad es uno de los diversos objetivos de la sociología del arte, la cual es
'"el análisis de la participación social en la aparición de los estilos,
el estudio de las influencias que éstas ejercen en la sociedad Y lo que
2
puede hallarse de colectivo en un estilo". º

La conclusión se alarga un poco; empero no puede quedar en la frialdad
de un estudio, la problemática del fenómeno artístico de nuestro tiempo.
Intentar una interpretación de lo que acontece, puede ofrecer alguna luz
en el desconcierto de voces que inquieren y preguntan.
Claro está que no es una respuesta, sino una interpretación. ¿ Quién' osará
arriesgar una opinión definitiva sobre un tiempo movedizo? Un gran vaivén, como el de la marea, nos sobrecoge: rompe por un lado las fronteras
de los pueblos para llevar los conflictos a las zonas internacionales y, luego,
arremete con fuerza el espíritu.
Más allá de la rompiente de las olas, se encuentra el artista. Ha tomado,
sucesivamente, las posiciones más ridículas, en opinión de sus congéneres,
para ser escuchado. Acaso se le ha ocurrido protestar, gritar, zaherir, tomar
partido o lanzar proclamas, pero su lenguaje es hoy desconocido para la mayoría .de los hombres. Su voz se pierde con el estruendo de las máquinas
y su pluma se ha enajenado o se ha vendido al mejor postor. De todas suertes es un proscrito.

1

~s plásticos? No. :ero, ¿sabrá usted que es Cibernética? Tampoco, senor, pero. • • -a~"!esgará con timidez- sé algo del ruido que hacen
las alas de los pa1aros, de la claridad de la luz y del temblor callado
que delata el sufrimiento del hombre. . . Y la respuesta no se hará esperar: - ¡ Vaya usted a otra parte, con su fardo devaluado de tesoros"!

El artista se ha marchado silencioso y abrumado. Ellos los señores pod _
,
'
e
~º~·
La ciencia no lo ha conmovido,
la máquina
n~ le asombra, el descubruruento era demasiado concreto para su imaginac10~. Él podía manejar el misterio de la gracia y era dueño de poderes extranos para encontrar ocultas voces en las palabras; pero la sensibilidad no
contaba ya.
Fue ento~ces cuand.o empezó a labrar una nueva obra, a tejer los hilos
de su poes1a, . a combinar colores extravagantes y producir extraños ritmos
sonoros._ El diablo en un rincón, también reía. Entonces, el artista fue otra
vez dueno de su mundo esotérico y ha recobrado, hoy, su gran prestigio de
mago.
El diálogo se ha trocado:
·
'
ros_os de la berra
teman

"lQué expresa usted en ese cuad ro.~ ¿ Q ue' significan
·
esas figuras?
¿Es música ese ruido?"

El artista sonríe; el juego de la imaginación ha triunfado sobre el mundo
!uro que pretende ignorar la fantasía. Su lenguaje es cifrado y no pue:~ penetrar en él. Algunos suponen que solamente lo entienden los ini~1ª os; los au~ac~s, se aprovecha de esos instrumentos y los vanidosos alaan Y queman mc1enso.
la Nad!e ha develado el misterio, solamente el artista sabe hasta dónde es bury dond~ ha dejado caer el gran tesoro. El círculo se ha cerrado y la venganza esta cumplida. ¿ Dónde está el Arte;&gt;
Es tiempo de sombras.
·
"Adivinad, está en alguna parte, pero se ha ocultado, solamente el
talento podrá descubrirlo".

Se ha sometido, voluntariamente, al diálogo de su tiempo:
'&lt;¿Qué puede decirnos del comunismo? No tomo partido. ¿Conoce
la teoría de Einstein? }{o la entiendo. ¿Le conmueve la creación de
,, ARQUELES VELA,
"' LuCio MENDIETA

Fundamentos de Historia del Arte.
y NÚÑEz, Sociología del Arte. Revista del Instituto de Investiga-

ciones Sociales. U.N.A.M. Año XVIII, enero-abril de 1965.

6l4

615

�ÉPOCAS

PREHISPÁNICO

(X a 1520)

,

( 1520-1810)

EPOCA COLONIAL

A

1966)

CUADRO SINOPTICO

ALGUNAS DE SUS

b ) guerrero

a ) IMPERIALISTA

c) Impresionante

b ) Técnico

a) Grandioso

d)

c)

b)

a) Pirámides

MANIFESTACIONES

c) necrófilo

d ) Unión de Iglesia y Estado. Arte al servicio del
ci.alto y de la guerra.
e)

EXPRESIÓN ARTÍSTICA

d) religioso

e) Busca lograr un alarde
de fuerza.

Arcos, flechas, escudos,
penachos, etc.
Dioses de la guerra.
Huitzilopochtli.
Coatlicoe, diosa de la
muerte.
Danzas, esculturas de
Caballeros-Tigres,
Caballeros-Aguilas y
sacerdotes.
Consolidación de un lm•
perio de vastas propor•
ciones. ( Cantos, ritos,
templos, casas reales;
etc.)

la

a) Movimiento social para
obtener la independencia
ideológica.

a) Ideas políticas en transformación. Pugna de
partidos.

b ) La búsqueda por encontrar una fisonomía propia se detiene en la imitación de la cultura
francesa.

b) Literatura doctrinaria.
Inclinación para formar
una fisonomía propia.

a) Se debilitan o desaparecen las Bellas Artes y
aparece la literatura de
combate.

b) Didáctico

c) Edificios de carácter
neoclásico.
El movimiento de la literatura moderna en las
letras.

c) Las manifestaciones culturales al servicio de las
causas sociales.

a) Proclamas, actas, ensayos. Caricatura política.

b) Teatro misional.

a) Templo-fortaleza.
Sirve para la evangelización en la capilla abierta; el templo, para el
culto; y el interior para
guarecerse.

a) Establecimiento
paz pública.

c) Arte avasallador, poderoso. Revaloración de las
culturas antiguas.

Arquitectura, Pintura,
Escultura, Grabado y
Letras, con marcada influencia de los contenidos sociales.
a) Efervescencia constructiva, Aceleración del proceso d e maduración.

de

a) Cambio de ideas políticas. Búsqueda de la justicia social. Doctrina que
influye en los temas culturales.

c) Vasta riqueza artística.
Heterogeneidad. Arte civil con que protege las
expresiones de la belleza.

,

a ) Unión de las dos fuerzas a) Arte religioso y civil.
organizadoras del Virreynato: la Iglesia y el'
Estado

e) dominante

E INFLUENCIA SOCIAL

CARACTERÍSTICAS DEL ESTADO

Notas para el análisis de la influencia política en el fenómeno artístico.
Historia de la cultura mexicana.

ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA

( 1810-1857)

( 1857)

LA REFORMA

(1876-1910)

PORFIRIATO

1917

( 1810-1917)

REVOLUCIÓN

( DE

b ) Libertad, Paz pública.
Expresión abierta de
múltiples y heterogéneas
manifestaciones. ( Peligro
de un arte híbrido)

�BIBLIOGRAFÍA

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Sociología del Arte. México. U.N.A.M. Año XVIII, enero-abril de 1965.

\

LA ADMINISTRACION DE LA POL1TICA
EXTERIOR NORTEAMERICANA
DR.

RICHARD

A. JoHNsoN

Trinity University

¿PoR QUÉ ESTUDIAMOS LA administración de la política exterior norteamericana? En mi concepto hay dos motivos predominantes: Primero, porque en
el mundo bi-polar de hoy el papel de los Estados Unidos, y por eso la manera en que lo ejecuta, tiene un interés muy grande per se. Segundo, porque
la administración de su diplomacia se diferencia en muchos aspectos importantes de la de otros estados. Cuando no se reconocen esas diferencias administrativas, la política sustantiva queda incomprensible y muchas veces suscita
malentendimientos peligrosos. Por eso no voy a analizar la política sustantiva
de los &amp;tados Unidos sino a describir la maquinaria que la produce y ejecuta.
Históricamente la administración de la política exterior no interesó ni a los
norteamericanos ni a otros pueblos antes de la primera guerra mundial. Fue
monopolio aristocrático de un puñado de gente. En 1790, el personal del
Departamento de Estado, inclusive el Secretario Jefferson, consistía de ocho
empleados, más un traductor quien trabajaba medio día. Cuando estalló la
Guerra Civil, solamente :SO empleados trabajaban en el Departamento, y en
1914 su personal apenas pasó de 200, aunque subió hasta 44-0 durante la
primera guerra mundial. Hasta 1920, el Departamento de Estado ejerció un
monopolio casi completo sobre la administración de la política exterior porque .el asunto no estimuló ni el interés ni la envidia de otros burócratas.

Después de la primera guerra mundial, el envolvimiento creciente de los
Estados Unidos en las relaciones exteriores y el aumento enorme en su importancia internacional produjeron una expansión muy rápida del Departamento de Estado y la entrada de otros departamentos ejecutivos en el campo
diplomático. En 1938 el personal de ese Departamento casi llegó a mil personas; vino a ser cerca de 3,000 en 1943; y, en 194{), había subido hasta
7,623, sin incluir empleados del Servicio Exterior que trabajaban en el De618

619

�1

1

partamento. Así es evidente que en el período desde el estallido de la segunda guerra mundial la administración de la política exterior tenía que transformarse. Además surgieron o adquirieron importancia en ese período las
diferencias mayores entre la administración norteamericana de ese ramo y los
métodos de otros países.
Un factor primario fue, desde luego, el alcance de los compromisos internacionales es~dounidenses. Después de 1941, el país adquirió obligaciones
de una extensión verdaderamente mundial. Esa característica de su diplomacia ya impone sobre sus administradores la tarea ( poco envidiosa) de distinguir entre estados actual o potencialmente amistosos mientras persiguen el
interés nacional. Además, un sistema de compromisos mundiales no deja a
un administrador alternativas buenas o malas, blancas o negras. Tiene que
elegir entre varios grados de lo malo o entre varios matices de gris.
Cuando Indonesia pidió su independencia, por ejemplo, los Estados Unidos hubieran invocado su política antigua y honorable de promover la autodeterminación de los pueblos coloniales para justificar una decisión para ayudar a Indonesia. Pero los Estados Unidos estaban ligados íntimamente con
los Países Bajos y con otros poderes coloniales de Europa en la Nato y su
interés nacional y la del mundo libre, indicó claramente que el oeste de Europa
tenía que ser negado a las fuerzas agresivas soviéticas. No existía aquí una
alternativa clara, buena o fácil. Los funcionarios que eligieron el tratar de reconciliar a los dos contrincantes sobre la base de la autodeterminación de
Indonesia, no oyeron aplausos de los Países Bajos o de su adversario, pero
evitaron romper enlaces con ambos.
Otra diferencia importante proviene del carácter extraordinario del gobierno federal y sus elementos políticos constituyentes. En primer lugar, el.
gobierno federal, auque ejerce un poder inmenso y tiene la responsabilidad
constitucional de las relaciones exteriores, no tiene poderes ilimitados para
controlar los 50 estados de la federación ni mucho menos. Los estados, en
su tumo, tienen constituciones que reservan poderes importantes a los gobiernos locales. En oodos los niveles gubernamentales, además, existen divisiones de responsabilidades, balanzas entre los poderes ejecutivos, legislativos
y judiciales, y cada uno de esos poderes, en cada nivel, posee prerrogativas
que afectan directa o indirectamente la administración de la política exterior.
Un buen ejemplo reciente del poder ejercido por un funcionario local
se ve en 1a negativa del alcalde de Nueva York a ofrecer un banq1,1ete al
rey Feisal de la Arabia Saudita. De la misma manera, reglamentos municipales que establecen zonas y restricciones residenciales en las ciudades cerca de Washington, D. C., han complicado el problema de encontrar casas y
despachos por parte de diplomáticos de raza negra.
Algunos pocos de los 50 estados han demorado mucho la ejecución de la

620

integración escolar y de otras leyes federales para proteger los derechos civiles de los ciudadanos negros. El papel mundial de los Estados Unidos y
sus declaraciones repetidas en pro de los derechos civiles lo han expuesto a
mucha crítica a causa de las acciones de esos estados recalcitrantes, probablemente más de lo que merezca, porque sus críticos frecuentemente no entienden las dificultades de sus administradores ni la complejidad de su sistema
político.
Las políticas educacionales·de los 50 estados y sus dependencias determinan
lo que influye en los cerebros de sus ciudadanos. Ese acondicionamiento puede
ser liberal, es decir, hacia una interpretación amplia del interés nacional, o
puede inclinarse hacia un nacionalismo estrecho. Pero, generalmente, las actitudes de las autoridades locales son menos cosmopolitas que las de Washington. En cualquier caso, el punto que quisiera subrayar es que el gobierno
federal no tiene nada que ver con la educación básica de la ciudadanía.
Tiene que trabajar dentro del campo de decisiones que la mayoría del público apruebe, y está prohibido por el Congreso emplear fondos públicos para
montar programas de educación pública en relaciones internacionales.
Por uso y tradición, ayudado por su Secretario de Estado y otros oficiales
del Ejecutivo, el Presidente ha llegado a descargar la responsabilidad primaria para la formulación y ejecución de la política exterior. Pero el Congreso
retiene un control importante sobre la política básica y a veces sobre la política administrativa por medio del ejercicio de sus poderes de apropiar fondos, legislar e investigar y revisar los actos del Ejecutivo, y por el derecho
que tiene el Senado de aconsejar y de aprobar nombramientos y tratados.
Los tribunales federales, aunque no tienen un papel específico en la administración de la política exterior, ejercen a veces mucha influencia por su
derecho de revisar los actos del Congreso y del Ejecutivo. Los tribunales
también cambian y restringen las acciones de esos poderes porque interpretan y aplican en sus juicios los tratados, los cuales constituyen la ley suprema del país; porque enjuician extranjeros y porque introducen en sus
juicios tanto la ley internacional como municipal.

Así es claro que la administración de la diplomacia por el Ejecutivo tiene
que tomar en cuenta los prejuicios y pareceres congresionales y la probabilidad de una revisión subsecuente por el Congreso o los tribunales o ambos.
En muchos casos, hay que tener una autorización congresional previa para
empezar cualquiera acción, por ejemplo, para inaugurar un nuevo programa
de ayuda exterior. Además, todos los departamentos ejecutivos trabajan bajo
~I sistema de presupuestos anuales, y esto da al Congreso una arma fuerte y
lista para imponer su voluntad. En otros casos, los funcionarios tienen que administrar leyes adoptadas por el Congreso en oposición a sus consejos o aúñ
protestas y casi todas las leyes incorporan secciones poco al gusto de los ad621

/

�ministradores. Cito aquí, como ejemplo muy conocido, ·ras leyes de neutralidad que el Congreso impuso antes de la segunda guerra mundial.
Dentro del Ejecutivo, el problema de administrar la política exterior se
complica por la multiplicidad de departamentos e intereses que ya están enredados. A veces, además, ciudadanos -privados, funcionarios y aún departamentos, te mezclan en la política exterior sin autorización previa. El Coronel
House influyó mucho con el Presidente Wilson, por ejemplo; y 'el Secretario
de la Tesorería Morgenthau, aunque no tenía responsabilidad alguna formal
para planear la reconstrucción de Alemania después de la segunda guerra
mundial, preparó un plan que el Presidente Roosevelt adoptó en gran parte
y que ejerció una influencia enorme sobre la política de post-guerra inmediata hacia Alemania.
En 1949, unos 40 y tantos departamentos del ejecutivo federal tenían intereses importantes en la administración de la política exterior. Como el
brazo de la Presidencia encargado específicamente de la política exterior, el
Departamento de Estado ejerce una influencia mucho mayor que su tamaño
o presupuesto indicarían, pero ha perdido definitivamente el monopolio qu_e
gozó hasta la primera guerra mundial.
Al nivel más alto del esfuerzo coordinativo y en la formulación de los planes
básicos de acción política, el Departamento ya tiene que repartir su autoridad con el Consejo Nacional de Seguridad, el personal de la Casa Blanca,
el Buró del Presupuesto, la Oficina Central de Inteligencia, la Oficina de
Informaciones, la Oficina de Desarrollo' Internacional, la Oficina para el
Control de Armas y Desarme, el Cuerpo para la Paz, el Consejo de Asesores
Económicos, y tales consorcios del Presidente, funcionarios y particulares, que
gocen de oportunidades para expresarle a él sus puntos de vista sobre problemas internacionales.
El Secretario de Estado es un miembro del Consejo Nacional de Seguridad
que tiene la responsabilidad de coordinar la política básica global, con la
política de seguridad nacional; pero el Departamento de Defensa, sus departamentos constituyentes del Ejército, Marina y Fuerza Aérea, la Comisión
de Energía Atómica y la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio,
tienen la responsabilidad primaria de formular y administrar la política de
seguridad nacional. Esa responsabilidad significa, desde luego, en esta época
de guerra fría, que consideraciones militares entran con mucho más frecuencia
y peso en decisiones políticas que en períodos más pacíficos.
Varios departamentos y oficinas comparten con el Departamento de Estado
la responsabilidad de la política económica. Los Departamentos de la Tesorería, Agricultura, Interior, y Comercio, el Banco de Exportaciones e Importaciones, la Comisión Aduanal, la Junta de Gobernadores del Sistema Federal de la Reserva Bancaria, las Comisiones Federales de Comunicaciones,

Electricidad, Asuntos Marítimos y Comercio, y la Oficina Federal de Aviación: todos ejercen influencia importante sobre la política exterior en sus
áreas de especialización.
Cuatro departamentos comparten con el Departamento de Estado la responsabilidad por la política social; los de Trabajo, Salubridad, Educación y
Bienestar, Justicia y Correos. No tenemos espacio para enumerar otras dependencias del ejecutivo que tienen menos, pero todavía sustanciales responsabilidades en áreas muy especializadas; pero cualquier lista incluiría al Gobierno
de la Zona del Canal de Panamá, la Comisión para Controlar las Bolsas y
Emisiones de Acciones y Bonos, la Institución Smithsoniana y, por lo menos,
una veintena de otros departamentos, juntas, comisiones y comités. La tercera y final diferencia importante en la administración de la diplomacia estadounidense surge de la heterogeneidad del país y de su pueblo. Los varios y
muchos intereses opuestos que existen entre las regiones y localidades complican sustancialmente las decisiones políticas, económicas y sociales de los
administradores federales: Por ejemplo, si los oficiales que administran el
programa de importaciones del azúcar quisieran aumentar los cupos de ciertas
naciones exportadoras, probablemente no podrían hacerlo, porque el Congreso, consciente de los intereses regionales de los productores de caña dulce y
de la remolacha, no podría autorizar tal acción.
La heterogeneidad de la población ejerce aún más influencia sobre la diplomacia norteamericana. Todas las gr&lt;l:Ildes fuentes demográficas, raciales y
nacionales, de Europa, contribuyeron generosamente a esa población y recibió fuertes contingentes africanos, mexicanos, puertorriqueños y canadienses.
En ciertos estados y ciudades, minorías sustanciales de antecedentes japoneses,
filipinos, kore~os y chinos, contribuyeron también a la mezcla sorprendente que llamamos el pueblo norteamericano. Claro que ahora no sería
correcto considerar a ese pueblo como anglo-sajón, porque tiene elémentos
demasiado grandes de antecedentes eslavos, latinos, judaicos, negros, indios
y orientales. La pr~dominancia anglo-sajona que existía en las 13 colonias
inglesas nunca fue completa y ya es muy atenuada.
Desde luego tal mezcla de contribuciones étnicas y nacionales también
implica una diversidad enorme, en las actitudes y las perspectivas religiosas,
filosóficas, ideológicas, sociales, morales e internacionales. Aunque el país
es predominantemente cristiano, por ejemplo, tiene muchos ciudadanos que
no declaran ninguna fe, y el elemento cristiano está fraccionado entre una
mayoría protestante de docenas de sectas, unos pocos feligreses griego-ortodoxos y una minoría católica muy grande. 6,000,000 de norteamericanos profesan la fe judaica y las grandes religiones del Cercano y Lejano Oriente,
islam, budismo e hinduísmo, reúnen contingentes modestos de creyentes.
No es necesario ilustrar en detalle las dificultades que esa heterogeneidad

622

623

,

�demográfica crea para los administradores de la política exterior. La atracción
de los orígenes nacionales y étnicos de esos elementos diversos ha dejado una
huella profunda en la historia diplomática. El sentimiento contra Inglaterra
que existía entre los Irlandeses, el amor por la madre patria que sentían los
ascendientes de los colonos ingleses y las actitudes pro-Israel de los Zionistas,
ilustran las influencias ajenas a veces al interés nacional que surgen de esas
atracciones a otras naciones. Recientemente, el sentimiento racial entre ciudadanos de ascendencia negra ha condicionado la política norteamericana
hacia los nuevos estados africanos y hacia los pocos enclaves de supremacía
blanca en Africa. Al fin del siglo pasado, muchos ciudadanos blancos, en
cambio, sintieron el peso del llamado "fardo de las responsabilidades de la
raza blanca".
Para sumar, la administración de la diplomacia estadounidense, aunque
tiene por su meta oficial la promoción y protección del interés nacional liberalmente interpretado, se desvía frecuentemente y se tergiversa a veces por
corrientes y mareas de una fuerza y diversidad enorme. El alcance de vista
global de los compromisos, el carácter del gobierno y la heterogeneidad rara
del país y del pueblo se combinan a complicar extraordinariamente la administración de su diplomacia y a darle un carácter singular. Un entendimiento
de esas complicaciones es esencial entonces para comprender su política
sustantiva y su historia. Esto no quiere decir que el entendimiento traiga
aprobación, pero por lo menos prevendrá la condenación basada en las premisas falsas.
Espero que mi trabajo haya contribuido en una manera modesta para mejorar la comprensión de un proceso que tan frecuentemente se me ha frustrado. Tal comprensión la considero esencial para el crecimiento continuo de
la amistad ya impresionante que existe entre nuestras dos grandes naciones.
¡ Que crezca esa amistad! ¡ Que florezca nuestro ente~dimiento mutuo!

624

EL HUMANISMO DE LAS CASAS
PROF. ANTONIO POMPA

y

POMPA

Instituto Nacional de Antropología e Historia

México, D. F.
La persona y su personalidad.-Su ambiente y circunstancia.-La encomienda (El
Repartimiento) .-Los fundamentos de su humanismo.-Su doctrina le lleva a la
defensa de los derechos del hombre.-Polémico, polémica.-Los corolarios de la
política lascasiana.-Las leyes nuevas.

FRAY BARTOLOMÉ ES PERSONA insenescente que con su dinámica provocó discusiones y reacciones así como transformaciones entre los hombres de su tiempo,
cuando su vivencia en las Indias planteó cuestiones y tesis de auténtico humanismo, que a pesar del tiempo, sigue enhiesto en la figura y en la doctrina
defensora de los indios. En nuestro momento, en nuestra circunstancia, el
espíritu de Fray Bartolomé sigue sosteniendo con vigor y doctrina las tesis rigurosamente humanísticas que defendió en pleno siglo XVI.
El padre Las Casas es polemista y es polémica, y es polémico, así lo preconizan sus nueve tratados y todos sus escritos; recuérdese su Tratado tercero, aquel que consigna la controversia con el doctor Juan Ginés de Sepúlveda, alatere del Emperador, quien sostuvo que las conquistas e invasiones en las Indias eran licitas en Derecho, contra la opinión de Las Casas,
quien sostuvo ser tiránicas e inicuas. Las Casas se convierte en polémica y es
polémico desde el siglo XVI, y así actúa en su devenir y con quien pretenda
o conculque el derecho de gentes. Recuérdense las discrepancias de criterio
con el padre Motolinía que algunos más por ignorancia que argucia tratan
de justificar una tesis negativa, éstos ni han leído la Historia Eclesiástica Indiana, ni los Memoriales de Fray Toribio, en que habla desconsoladoramente
de las persecuciones y plagas en la Nueva España, como lo pudo hacer Las
Casas, sólo que Benavente discrepó acerca de los medios de salvación de los
indígenas vejados, provocando esto, queriendo o sin querer, una leyenda ne-

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•H-4-0

�/

gra que a manera de columna de humo ha envuelto a Fray Bartolomé Y
le ha entregado pardo ante las especulaciones de la historia. En pleno siglo
XX, en nuestros días, al estudiar el erudito don Ramón Menéndez Pidal la
doble personalidad del padre Las Casas, está manifestando a ojos vistas que
vive, y vive como tema polémico dentro de la dinámica histórica de España
en las Indias.
La recia personalidad del padre Las Casas, jurista y teólogo, abarca ampliamente el ámbito de la historia de la invasión y protocolonización de
Mesoamérica como Protector de los indios, decidido, enérgico, sin tregua ni
reposo como un poseso, hasta no satisfacer la noble defensa de la causa cuyos
derechos son la- dignidad del indígena de América, en una palabra, de los
Derechos del hombre.
La personalidad del padre Las Casas tiene muchos ángulos, es múltiple en
su tiempo, en su medio, en su circunstancia. Es la revancha de la nobleza de
espíritu, española, ante fo. negación al respeto de la dignidad humana, y esto
en el vértice de medievalismo y renacentismo, en la estrujante y violenta
mentalidad aún viva de la Reconquista, y de la Conquista, he allí su circunstancia.
España, patria de Las Casas, ha sido una nación con sentido de libertad.
Esto que para muchos no pasa de ser una paradoja, es para nosotros _u~a ~ealidad de España, si por libertad entendemos el deber, el honor y la dtsc1plina;
más si la confusión y el libertinaje fuesen las bases de la verdadera libertad,
nunca los hombres hubiesen salido de su estado primitivo, y en vez de sociedades civilizadas, se agruparían en glebas de esclavos con ineludible acceso
a un grado infrahumano; el definitivo y eterno progreso de los pueblos se
funda precisamente en su libertad; pues, ser libre quiere decir, ser dueño
de sus propios actos para elegir y practicar el bien; o para elegir Y practicar
el mal, somos libres; pero en el caso primero, libertad es sinónimo de perfección, entidad, progreso, mejoramiento; más el segundo, es igual a imperfección, retroceso, aniquilamiento.
Esta libertad de progresar en la línea del bien que es la verdadera fase
y el verdadero sentido de la palabra libertad, fue el prisma por donde el
sano espíritu español se reflejó en los diversos grupos humanos de Indoamérica, aunque repetidas veces antójase que la maldad de los hombres la
hicieron paradoja.
El espíritu medieval-renacentista, aventurero y conquistador, brutal de soldadesca, ávido de apetitos, es también pacífico y humano en algunos misioneros, quienes imprimieron en los pueblos invadidos una semejanza suya Y
de la auténtica España, con el énfasis reciente de la Reconquista al mundo
musulmán, y esto sólo demuestra las esencias del alma española que es Quijote y Sancho, temperamento moral y amoral histórico, cuya tendencia más

626

espec'rlica es ía independencia, la libertad con degeneración asáz del libertinaje; pero también el señorío con que se les define por propios y extraños.
Corrientes encontradas, paradojas continuas, eso forma y constituye el ethos
de España. Y ese español salido del medievo en brote de renacimiento, fogueado en la Reconquista de la España invadida por los moros y mestiza de
moro que le vuelve mudejar va a las tierras nuevas que hallara Colón y donde
éste implantara las primeras encomiendas de hombres.
El uso del término "encomienda" con el sentido que siguió al organismo
del repartimiento antiguo, fue de Nicolás de Ovando, comendador de Calatrava, institución, la encomienda, que modificó el concepto de la española,
pues además de los objetivos políticos y económicos se agregó a ésta el reliligioso, lo que para algunos teólogos justificaba su establecimiento, pues si
una Bula, de Alejandro VI, concedía a España territorios, era para adiestrarlos en la fe y Religión, sólo que esta Institución, la encomienda, cayó
en manos de truhanes y soldadones aventureros y pocas gentes de razón,
y fue tal el cambio de la institución que de "comendador" se hizo "encomendero".
Viene a cuento aquí el Requerimiento de Juan López de Palacios Rubios
(Juan López de Vivar), jurisconsulto y teólogo, acerca de la Tierra firme,
escrito cuando se llevó al cabo la expedición de Pedrarias Dávila y que actualizó la discusión entre su teoría y la tomista. El Cardenal Cayetano, Fray
Antón de Montesinos, Fray Pedro de Córdoba, Fray Bartolomé de las Casas,
Fray Domingo de Soto, Fray Francisco de Vitoria, Fray Domingo Bañes y
el sacerdote Francisco Suárez, fueron los más notables contradictores del
Requerimiento durante el siglo XVI.
Si tuviéramos que expresar con una sola palabra, con una sola frase la reacción de los españoles cronistas y relatores ante la naturaleza americana,
sólo podríamos decir que :;intieron asombro, pasmo, incredulidad ante lo
que sus ojos contemplaron, tierras tropicales, islas exhuberantes de clima cálido y vegetación profusa, y seres humanos como los ojos no habían visto según el decir del propio Cristóbal Colón.
Don Francisco de las Casas, padre de Bartolomé, acompañante en el segundo viaje de la empresa marina de Colón, llegó a la Española, y por sus
servicios se vio obligada la Corona a darle una encomienda, esa institución
puesta ya en práctica en las Antillas, allí donde los perfiles jurídicos de la
institución dieron principio a esta etapa en América y cuya experiencia influyó en el desarrollo posterior de la encomienda en el Continente.
Cabe decir que el padre Las Casas es un historiador de la encomienda,
como actor, por herencia de su padre, y como quien tendió después a luchar por la desaparición de esa institución que por el abuso y la voracidad

627

�de los encomenderos se trocó en organismo negativo para los indígenas de
América.
Cuando la institución que el padre Las Casas había vivido y criticado en
las Antillas pasó al Continente, por uno de sus trasmisores que fue Hernán
Cortés, el Defensor de los indios luchó ante la junta reunida en Valladolid
en 1542 presentando los "Remedios" para este mal social y político en que
se había convertido la encomienda; más, cabe ahora preguntar: ¿cómo el
padre Las Casas combate la encomienda si él mismo antes de ser sacerdote
dominico, cuando sólo era licenciadQ en derecho, regenteaba la encomienda
heredada de su padre, y según él da a entender, le producía emolumentos
más que satisfactorios? Su contacto con los dominicos llegados a las tierras nuevas le transforman en adversario de la institución de la encomienda, y en
protector decidido de los indígenas que primero en repartimiento y después
en encomienda, habían puesto en manos de los invasores de las tierras de
América. Sus bases jurídicas, pues era abogado, y la savia teológica que iba
adquiriendo en su vida eclesiástica, modificaron sus estructuras y le llevaron a una concepción distinta dentro del derecho y de la teología; sus múltiples tratados, sus nueve Tratados, tienden notablemente a la liberación de
los esclavos, y es tal su lucha, desesperada a veces, que lo revela en su estudio
acerca de la Destrucción de las Indias y no sólo lo hace ante las autoridades
de la Corona, sino que ésta constante la aplica en sus A visos y R eglas para
los Confesores y la pone entre las V einte Razones para el remedio de los
males que ocasiona la encomienda y más que todo en el Tratado en el que
pide y justifica la necesidad de la pronta libertad de los indios, y así lo vemos
en el corolario de su petición al Rey, o en el de su petición a los Obispos,
o en el que hace a los religiosos dominicos, agustinos y franciscanos; su monumental estudio con treinta proposiciones muy jurídicas que sitúan dentro
de la doctrina de la Iglesia católica la situación de los infieles y por ende
la situación de los habitantes de las Indias occidentales, ante los reinos de
Castilla y León, y después la disputa con el doctor Juan Ginés de Sepúlveda sobre las conquistas de las Indias, que Ginés sostenía ser lícitas y Las
Casas tiránicas, injustas e inicuas; polémica que se verificó y disputó en
presencia de letrados, teólogos, juristas, en una congregación que suscitó el
Emperador. Su monumental Apologética-Historia y toda esa selva de escritos lascasianos, nos está diciendo, nos está indicando, qué es lo que mueve
a su autor en esa lucha desesperada y desesperante por la defensa de los
grupos humanos de las Indias, invadidos, vejados, vilipendiados por los conquistadores.
La Apologética, a notable diferencia respecto a la Historia - nos dice Edmundo O'Gorman- , _no fue concebida como una obra independiente que
respondiera a propósitos bien definidos desde un principio; por lo contrario,

628

se gestó en un largo proceso de titubeos y atisbos que se desarrolló dentro
del texto de la Historía, y que sólo cobró independencia cuando Las Casas
l?g~ó advertir ~ue las vacilaciones digresivas en que se había empeñado constltman en realidad, la materia de un extenso tratado digno de formar una
obra separada de gran envergadura. Fue entonces, en efecto, cuando comprendió que le había salido al paso la oportunidad de organizar de una manera sistemática su contención favorita o sea, la de que los indios gozaban
de ~l~nitud de entendimiento, el supuesto básico en sus tratados polémicos
Y m1S1oneros, ,en_ sus proyectos y peticiones de reforma y pacificación y en
sus debates publicos entre los cuales destacaba vivamente el recuerdo reciente del que había sostenido con el más famoso de sus adversarios Juan Ginés
de Sepúlveda. Se trataba por lo tanto -asevera O'Gonnan- 'de la mayor
oportunidad que le era dable en el orden de sus afanes, y no ~uede sorprender que, cuando se le presentó, se haya decidido a abandonar, o por lo menos a suspender, la Historia, para entregarse de lleno con su fervor característico al aprovechamiento de aquella oportunidad y cuasi revelación. Desglosó de la Historia cuanto había escrito al respecto como digresión dentro
de ella; hizo los ajustes necesarios para utilizarlo como parte del nuevo libro,
Y echando mano de las fuentes de información que estaban a su alcance y
de su extensa erudición clásica, acabó por organizar y redactar la mo~umental obra que hoy conocemos como la Apologética.
De lo anterior se habrá advertido cuál es la índole principal de esa obra.
Se trata, según ya lo indica su título, de una "historia", pero a diferencia de
1~ ?tr~ cuyo ~rácter polémico acabamos de subrayar, es una historia "apologeti~a , es decir, un relato consagrado a poner de relieve y exaltar las excelenci~ ~e los habitantes naturales del Nuevo Mundo; pero no como simple
~anegm~o a base de un inventario de elogios, sino como un alegato científico des~ado a demostrar que esos hombres gozaban, no por accidente, sino
por -~ecesidad, no sólo los de más alto nivel civilizado, sino todos sin excepcion, de plena capacidad de entendimiento para gobernarse por sí mismos. La otra gran diferencia, pues, entre esta historia apologética y la de
las Indias, estriba en que ahora la defensa del indio se emprende de un
modo dir:cto demostrativo, dentro de un sentido antropológico y por ello
la obra nene un carácter teórico que excluyó de su texto las diatribas de.
'
n~ncias Y acusaciones que tanto abundan en la obra y en lo más de los escritos lascasianos.
Su corriente humanistica, no a la manera del humanismo del Renacimiento, que se ocupa del estudio de las lenguas y de las literaturas de la antigüedad, sino de ese humanismo que brota de la escuela Aquinatense de la Suma
T.eoI'ogica
. en sus Tratados de la Creación Corpórea, de la Ley, de
' la Prudencia, de la Justicia; de ese humanismo integral que posteriormente preconiza

629

�Jacques Maritáin; de ese humanismo cuyas profundas raíces encontramos en
Aristóteles y cristianiza Tomás de Aquino, y que se vuelve un movimiento
filosófico que tiene como fundamento la naturaleza humana y por límite los
intereses del hombre, quizás en el laicato, fundado en el viejo apotegma de
Protágoras, de que el hombre es la medida de las cosas, y que muchos, entre
ellos Friedrich von Schiller enfoca en su estudio del humanismo y Jean Paul
Sartre califica dentro de su escuela existencialista como humanismo, y los
exegetas de Karl Marx, Juan David García Bacca y Rodolfo Mondolfo preconizan como humanismo las raíces del materialismo histórico; sólo que el
humanismo de Las Casas es de raíz medieval, de la Suma Teológica que preconiza el Jus divinum, quod est ex gratia non tollit Jus humanum quod est
ex naturali ratione (Div. Thomas, 2. 2, 2. 10, a 10).
Las Casas, tomista por su estructura dominicana, acepta el origen de la
creación cotpórea por la primera Causa, tal como la preconiza el Génesis, Y
la acepta como artículo de fe, es decir, con el asentimiento de la voluntad,
pues según San Agustín, creer es pensar con asentimiento; y pensar no es otra
cosa, sino discurrir e investigar por medio de la razón e iluminada por el
Espíritu Santo; y el hombre, creación cotpórea, es hijo de Dios, y con San
Pablo no importa que sea hebreo, romano o de cualesquiera otro grupo, sino
que es hijo de Dios. Igualdad preconizada desde el Génesis.
Respecto al Tratado de la Ley que hace suyo Fray Bartolomé, lo bebió
en Santo Tomás, en cuanto a lo que es la esencia, las clases de leyes, sus efectos, lo que es la ley natural y la ley humana, así como las mutaciones de
ésta, pero bajo el concepto de ser el movimiento de la creatura racional hacia Dios, y en el amor de los unos a los otros, el amaos los unos a los otros,
evangélico, la regulación de las acciones humanas.
Para el padre Las Casas el orden y plan del Tratado de la Justicia, es tal
y como lo preconiza Santo Tomás, viene impuesto por Aristóteles en su
Etica Nicómaca, cuando examina por inducción la noción de justicia y su
negación que sintetiza en esta sentencia: lustitia est rectitudo ani@i propter
se servata.
Y sobre la Prudencia, la entiende Las Casas dentro del espíritu del Aquinatense, como él la emplaza en sus Tratados: De Veritate; De Regimine
principum; La Suma Contra Gentiles y la Suma Teológica, como una virtud
que reside en la voluntad y en el entendimiento.
Y así, de esta manera Fray Bartolomé de las Casas, pertrechado con esta
doctrina humanística se lanza como don Quijote a romper lanzas y a desfacer entuertos en defensa de unos pueblos a quienes les han sido conculcados sus derechos, a quienes se les ha privado de la libertad y se les ha entregado en repartimiento o encomiendas a sus enemigos.
Toda la fiereza de conquistador, del guerrero fogueado en la escuela de la

630

Reconquista, ávido de honor, lujuria y riquezas, con el temperamento peninsul~r, se ha vaciad~ por las viejas columnas de Hércules, del gran crisol grecolatmo, al gran cnsol mesoamericano, para crear una nueva expresión, un
nuevo hombre que no sería ni europeo ni americano sino universal y al lado
,
'
'
de este
vendría la contrapartida española, la expresión de la nobleza de espíritu, española, que no ha querido entender don Ramón Menéndez Pidal
la de la revancha de la justicia, del derecho apasionadamente también e~
.
'
agr~1~0 contraste, muy particularmente representada por los dominicos;
¿ QU1en no recuerda los sermones del padre Antón de Montesinos, o las tremendas acusaciones y defensas de Fray Bartolomé?
Se ha dicho en repetidas ocasiones como lo ha expresado José M. Chacón
Y Calvo, que la Teología es la clave de la historia de España. En el proceso
d;e _la conquista y civilización de América no hay duda de que una idea teologica Y una concepción ética explican lo que hay de valor permanente en
ese gr~n capítulo de la historia de la humanidad. El mismo Chacón y Calvo
despues de ponderar la valentía del padre Antón de Montesinos en sus célebre,s sermo~es, y la posterior y dramática entrevista entre Diego Colón y
&lt;lemas autoridades con el padre Pedro de Córdoba y restantes dominicos de
la Española, se atreve a escribir:
"en aquellos momentos solemnes, en la humilde residencia de unos
obscuros frailes surgía un derecho nuevo. Un derecho de profunda raíz
teológica" El Derecho de gentes.

~ Es~ e~, la ra~ y la razón que movieron a Las Casas, que a los cuarenta
anos smtio apasionada vocación en la Isla de Cuba -nos dice Ramón Menénd~, Pi~al:-: entregó su vehemente espíritu ansioso de justicia, a una preocupac1on 1und1ca, la del indio despojado de su dominio libre y selvático
sob;e el exuberante Mundo Nuevo y, al dar libertad a los indios que él
t~ma en~omendados, se sintió investido de una grandeza moral, según él dec'.a, eqwparada por las gentes -a la santidad. Dios le había dotado de un
"mcreíble conato", Dios le había elegido para salvar las Indias devolviendo
a los señores indios la soberanía usuipada o coartada.
'
Y dentro de este espíritu, dentro de esta doctrina humanística, que reconoce ese gran misterio que reside en cada uno de nosotros, según lo afirma
Jacq~es Maritáin, tiene como base y fundamento la dignidad de la persona
humana, como lo preconiza la filosofía de la edad media estructurada en las
proposiciones evangélicas; en consecuencia, este humanismo se basa en una
co~cepción teológica del hombre y estudia el camino que éste ha de recorrer
b~Jo un :once~to trascendental de hijo de Dios. Ya no hay roman~ ni judio, espanol m maya, chamula ni lacandón, sino todos hijos de Dios, debe

631

�haber sido una premisa de Fray Bartolomé de Las Casas para luchar denocl,adamente, oportuna e importunamente por la justicia, dentro de la ley, prudente e imprudentemente, como lo propone San Pablo, para lograr el reconocimiento de los derechos del hombre por la Corona española, conculcados
por los hombres de mala levadura que detentaban la institución de la encomienda, haciendo negativo el precepto humano y por ende humanista de
la dignidad de la persona.
Por ello Las Casas suscita la polémica y su rectitud dinámica de poseso,
de místico, le lleva a la discusión incansable. Posee su verdad y la defiende
heroicamente por ser la verdad, y esta postura le vuelve polémico hasta
nuestros días.
Fray Bartolomé de las Casas, hombre del pasado, es hombre del presente
y será hombre del futuro por la doctrina perenne que preconiza, su Humanismo.

BIBLIOGRAFÍA

l. ALONSO, MARTÍN, Enciclopedia del Idioma. Madrid, 1958. Humanismo. Su Doctrina de los humanistas del Renacimiento que se han ocupado del estudio de las
lenguas y literaturas antiguas 11 2 Fil. Culto de la Humanidad 113 Fil. Doctrina
pragmatista contemporánea debida a Schiller, profesor de Oxford, según la cual
todo conocimiento humano está subordinado a la naturaleza humana, y a sus necesidades fundamentales, restaurando así, hasta cierto punto, el principio de · Protágoras, de que el "hombre es la Medida de las cosas".
2. AQUINO, ToMÁs DE, Suma Teol6gica. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.
Cfr. Tomo 111. Tratado de la Creación Corpórea
,,
VI. Tratado de la Ley
,, VIII. Tratado de la Prudencia
"
Tratado de la Justicia.
3. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, Del único modo de atraer a todos los pueblos
a la verdadera Religión, Fondo de Cultura Económica. México, 1942.

4. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, Historia de las Indias, Vols. I, 11 y 111. M. Aguilar,
Madrid, s/f.
Vol. 11. Trata del Repartimiento de las Indias, que llamaron después Encomienda,
que han destruido las Indias. Encomienda que los españoles tomaban tan sólo
para servirse de ellas y aprovecharlas.
Vol. 111. Contiene la Instrucción que llevaron los frailes Hieronianos acerca de lo
que debían hacer para la libertad de los Indios.
5. CASAS, BARTOLOMÉ DE LAS, ( lo.) Tratados. Brevísima Relación de la destrucción
de las Indias. Argumento: Todas las cosas acaecidas en las Indias desde su maravilloso descubrimiento, proceso con sus hazañas. . . entre éstas las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblación de pueblos, provincias y reinos... y todas las
otras de no menor espanto.

632

6. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (2o.) Tratados. Fragmentos de un relato que consigna los horrores hechos con los indios, a lo que pide se ponga remedio.
7. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (3o.) Tratados. Contiene la disputa o controversia
entre el Obispo Las Casas y el Dr. Ginés de Sepúlveda, cronista del Emperador,
sobre las conquistas de las Indias que Ginés decía ser lícitas y las Casas no, sino
tiránicas, injustas e inicuas, la cual se ventiló y disputó en presencia de letrados,
teólogos, juristas en una Congregación que mandó su Majestad juntar en 1550.
12 Objeciones de Sepúlveda. Replica de Las Casas.
8. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (4o.) Tratados. Treinta proposiciones muy jurídicas que sitúan dentro de la doctrina de la Iglesia católica la situación de los
infieles y por ende la situación de las Indias occidentales ante los reinos de Castilla
y León.
9. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (So:) Tratados. Fr. Bartolomé por Comisión del
Consejo Real de las Indias compuso este tratado sobre la materia de los indios que
han hecho esclavos, con razones de autoridades, y jurídicas.
Pide y justifica la libertad de los indios.
Cfr. p. 595, Corolario lo. Rey
,, ,, 605,
,,
2o. Obispos
,, ,, 635,
,,
3o. Relig. Dominicos, Agust., Franciscanos.
10. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (60.) Tratados. Entre los remedios que propone
po_r mandato del Emperador para la reformación de las Indias, en que se dan
vemte razones por las que prueba no deberse dar los indios a los españoles en encomienda ni en feudo ni en vasallaje ni de otra manera alguna si Su Majestad quiere
libertar de la tiranía y perdición a los indios.
11. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (7o.) Tratados. Aquí se contienen unos avisos y
reglas para los confesores que oyen confesiones de los españoles que son o han
sido en cargo a los indios de las Indias del Mar Océano, Colegidos por el Obispo
de Chiapa don..., de la orden de Santo Domingo.
12. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (80.) Tratados. Comprobatorio del imperio soberano y principado universal que los reyes de Castilla y León tienen sobre las Indias,
compuesto por el obispo don..., de la Orden de Santo Domingo, 1552.
13. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (9o.) Tratados. Algunos principios que deben servir de punto de partida en la controversia destinada a poner de manifiesto y defender la justicia de los indios, /colegiados por el obispo.. .
14. CARRO, O.P. DR. P. VENANCIO D., La Teología y los Teólogos Juristas españoles ante
la Conquista de América. Vols. I y II. Escuela de Estudios Hispanoamericanos de
la Univ. de Sevilla. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1944.
(Indispensable la consulta de los dos volúmenes particularmente el II Vol.).
15. CANGAS, lvEs, Humanismo Cristiano y Eficacia Temporal. Ediciones Humanismo,
Buenos Aires, 1959.
16. DÁVILA, VICENTE, Encomiendas. Caracas, Tipografía americana, 1927-30. V. 1 y 2.
17 • DEMPF, AL01s, Metafísica de la Edad Media. Biblioteca Hispánica de Filosofía,
Editorial Gredos, Madrid, 195 7.
18. GARCÍA BACCA, JUAN DAVID, Humanismo te6rico, práctico y positivo según Marx.
Fondo de Cultura Económica, México, Buenos Aires, 1965.
19. GoNZÁLEz CALZADA, MANUEL, Las Casas, el Procurador de las Indias. Obra premiada en el Certamen Cultural de la Cooperativa Talleres Gráficos de la Nación,
México, 1948.
20. lliNKE, LEWis, La lucha por .za justicia en la Conquista de América. Editorial
Sudamericana, Buenos Aires, 1949.

633

�21. MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. Su doble personalidad. Espasa
Calpe, S. A., Madrid, 1963. Cap. l. El Clérigo Las Casas, colonizador, 1502-1523.
Las Casas encomendero. Las casas defensor de la Encomienda. Algunos párrafos
finales de este capítulo.
22. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. .. Cap. 11. Las Casas escritor. Dos
tendencias conjuntas: Apología y acusación. La Encomienda, clave de la actitud
lascasiana. La segunda vocación de las Casas; nueva misión acusadora. Las Casas
extrema en oposición a la Encomienda.
23. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas ... Cap. III. "La Destrucción de las
Indias" por los Conquistadores y encomenderos. ( 10) El Título jurídico sobre el
Nuevo Mundo, Bula de Alejandro VI. Los 16 remedios de la "Destrucción" 15411542. Las Casas profetiza la destrucción de España. Vitoria disconforme con Las
Casas. Ocho títulos de justo dominio en Indias. El Imperio, según Vitoria y
según Las Casas. Vitoria y las Casas sobre la guerra del Perú.
24. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. .. Cap. IV. Carlos V reajusta su
título de dominio en Indias (hacia 1541) ¿Influjo de Vitoria? Las Casas y Vitoria
ante Carlos V. ¿Son lascasianas las Leyes nuevas?
25. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas... Cap. V. Las Casas y Ginés de
Sepídveda. Todo el capítulo es interesante. Esclavitud. Sacrificios humanos. "Apologética historia". Cf. a la vez O'Gonnan, Edmundo. "La Apologética Historia''
Universidad de México. Junio, 1966.
26. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas.. . Cap. VI. Las Casas, Motolinía y
Carranza. l. Motolinía frente a Las Casas. "Historia de las Indias". El indio en la
realidad, según Motolonía. Alegato franciscano. El mal trato de los indios, iregún
Motolinía. Utopía franciscana, político religiosa. Carta de Motolinía al Emperador,
1555. Justificación del Imperio. Motolinía condena a Las Casas.
27. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas . .. Cap. VII. Las Postrimerías.
Ocultación de "La Historia de las Indias". Los últimos escritos de Las Casas.
28. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. .. Cap. VIII. Ideario Medieval de
Las Casas.
29. MARITAJN, JACQUEs, Los derechos del Hombre y la Ley Natural. Editorial "Dédalo",
Buenos Aires, 1961.
30. MARrTAJN, JACQUES, Humanisme intégral. Problemes temporels et spirituels d' une
nouvelle chrétienté, Nouvelle édition. Fernand Aubier. Editions Montaigue, 13
quai de conti, París.
31. MoNDOLFo, RoooLFO, El Humanismo de Marx. Fondo de Cultura Económica,
México, Buenos Aires, 1964.
32. N1coL, EDUARDO, La Vocación Humana. El Colegio de México, México, 1953.
33. PFEIL, fuNs, El Humanismo ateo de la actualidad. Ediciones F A X., Madrid, 1962.
34. ZAVALA, SILvro, La encomienda indiana. Madrid, Imprenta Helénica, 1935. A la
cabeza del título; Junta para amplificación de estudios e investigaciones científicas.
Centro de Estudios Históricos. Sección Hispanoamericana, 11.

ASPECTOS DEL LIBRE COMERCIO Y PROTECCIONISMO
EN LA ECONOMÍA ESPAAOLA. 1800- 1850
DR. RoBERT S. SMITII
Duke University

I
EL CONCEPTO MODERNO DE industrialización como prerrequisito del desarrollo
económico en áreas atrasadas, tiene incontables antecedentes históricos. Podría demostrarse, por ejemplo, que la cuestión de las tarifas para estimular
la "sustitución de importación" se debatió ampliamente, antes de que el término técnico llegara a convertirse en una expresión de lugar común. Una de
las más vivas controversias acerca del papel de la industria en el desarrollo
nacional tuvo lugar en España hace cerca de un siglo. En la mayoría de
las veces la demanda para la protección corrió parejas con una fuerte subjeción de liberalismo económico.
La economía de Adam Smith y otros economistas "clásicos" llegaron a
España tan prontamente como las nuevas ideas se diseminaron en cualquier
país de no habla inglesa. Naturahnente, resultaría imposible ,citar al primer
español que hubo de leer la Riqueza de las Naciones, ya sea en inglés o en
alguna de las numerosas traducciones francesas. Está claro que Cohneiro fue
mal interpretado creyendo que el texto publicado en 17791 mostraba una influencia smithoniana. En otro extremo Vicente Alcalá Galiano, al escribir
acerca de tributación, en 1778, mencionaba al "político Smith" y aceptó
1

MANUEL CoLMEIRO, Biblioteca de los economistas españoles de los siglos XVI,
XVII y XVIII (Madrid, 1880), p. 78. Colmeiro pensó que BERNARDO JOAQUÍN DANVILA
Y VILLAGRAsA, Lecciones de economía civil o del comercio (Madrid, 1779) tomó ideas
de Condillac, Smith, y otros autores extranjeros, pero el profesor Fabián Estapé ha
demostrado concluyentemente que Danvila fue un plagiario de Cantillon ("Algunos
comentarios a la publicación del Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general,
de CANTILLON", Moneda y Crédito, No. 39 (1951 ), pp. 60-70).

634

635

�muchas de sus ideas, si bien, como sugiere Colmeiro, él no siguió a Smith "paso
a paso".2
El erudito Gaspar Melchor Jovellanos fue ciertamente uno de los que
más prontamente, como cualquiera de los otros españoles, en adecuarse él
mismo con los trabajos de los intelectuales y extranjeros. Sus escritos no
publicados, incluyen un "extracto de la obra de Mr. Smith", y en 1796 hizo
notar en su diario que él había leído la Riqueza de las Naciones cuatro veces. En el Informe en el expediente de ley agraria, el más conocido de los
trabajos de Jovellanos, se refiere a Smith en apoyo de recomendaciones para
las propiedades de los campesinos de la tierra, mejoras de los métodos .agrícolas, y un comercio irrestricto en la producción agrícola. El tono anticlerical
de sus escritos, costó a Jovellanos su puesto como Ministro de Justicia y
en forma póstuma el Informe fue colocado en el Indice de los libros prohibidos.ª
Valentín de Foronda que en alguna ocasión fue cónsul general y encargado
de negocios en los Estados Unidos, fue un prolífico escritor en cuestiones económicas, quien tomó prestadas ideas, sin gran cantidad de discriminación,
de los mercantilistas, de los Fisiócratas y de los escritores clásicos. Pensó
que Smith había proporcionado una clara explicación de la fisiocracia, a la
que Foronda llamó un "sistema profundo", a pesar de su error al clasificar
a los artesanos, manufactureros, y compradores como trabajadores improductivos. Siguió a Smith al condenar el monopolio y los privilegios del gremio,
así como en su invocación hacia el libre comercio y el laissez faire. 4
La odisea de la Riqueza de las Naciones en la traducción española empezó
con el Compendio de Carlos Martíne~ de Irujo la que fue una versión expurgada de la sipnósis de Condorcet acerca del trabajo de Smith.5 Publicado
el Compendio en 1792, Martínez de lrujo escapó de la atención del censor
al omitir mencionar a Smith por nombre; pero dos años más tarde la Inquisición permitió a José Alonso Ortiz publicar una traducción expurgada del
original inglés.6 Alonso Ortiz también escribió un tratado sobre el papel mo• "Sobre la necesidad y justicia de la tributación, fondos de donde deben sacarse, y
medios de recaudarlos", Acta y memorias de la Real Sociedad Económica de los
Amigos del Pais de la Provincia de Segovia, T. IV (Segovia, 1793), pp. 269-359.
3
Juuo SoMOZA DE MoNTSORIÚ, Inventario de un jovellanista (Madrid, 1901) , 81-125;
Obras de D. Gaspar Melchor de Jovellanos: Diarios (Memorias íntimas). 1790-1801
(Madrid, 1915), p. 304 Edith F. Helman, "Sorne Consequences of the Publication of
the Informe de ley agraria by JovELLANos", Estudios hispánicos (Wellesley, Massachusetts, 1952), p. 253-273; lndex librorum prohibitorum (Roma, 1877).
• RoBERT S. SMITH, "Valentín de Foronda, diplomático y economista", Revista de
Economía Política, t. X, no. 2 (Madrid, 1959), pp. 425-464.
• Compendio de la obra inglesa intitulada Riqueza de las naciones hecho por el
marqués de Condorcet (Madrid, 1792 and 1803, and Palma de Mallorca, 1814).
• Investigación de la naturaleza y causas de la 1riqueza de las naciones (4 vols., Valladolid, 1794; revised edition, Valladolid, 1805-1806).

neda, en el cual se apoyó en Hume, Smith, Genovesi y otros economistas extranjeros. Concluyó que "el único apoyo y el verdadero fundamento en que
estriba la solidez y consistencia" del papel moneda es el "crédito público".7
Obviamente, tras la mutilación de la Riqueza de las Naciones por Alonso
Ortiz, Ramón Lázaro de Dou y de Basols, usaron la segunda edición de su
texto como las bases para un comentario extensivo sobre la obra de Smith.8
Dou hubo prontamente de pagar sus respetos a Smith en un estudio de Derecho Público General. El advirtió la superioridad del inglés en "Especulaciones Económicas", y llamó a Smith el "Newton de la economía política".9
Mucho de la economía smithoniana encontró su camino hacia España a
través de las numerosas traducciones de las obras de Juan Bautista Say. En
general, los traductores encontraron la teoría de Say superior a la de Smith.
De acuerdo con Pascual, Say evitó "los frecuentes tropiezos y errores en que
habían incurrido todos los economistas que le precedieron, sin exceptuar
en algunas cosas al célebre Smith".10
Fray Eudaldo Jaumeandreu publicó sus Rudimentos dé Economía Política
en 1816 para usarse en la cátedra de economía, organizada por la Real Junta
Particular de Comercio de Barcelona. Beltrán la llamó "una obra poco original que expone, con claridad y sencillez, las doctrinas de Smith y Say".
Veinte años más tarde Jaumeandreu sacó su Curso Elemental de Economía
Política. Esto también, de acuerdo con Beltrán, "revela poca originalidad, pero,
en cambio, conocimiento de la literatura económica antigua y moderna española y extranjera" .11
Aunque José Canga Argüelles fue más hacendista que economista, su Diccionario de Hacienda, publicado primeramente en Londres entre 1826 y 1827,
tributa sus respetos a algunos economistas contemporáneos. La Riqueza de
las Naciones, dijo~ mostró la falacia del argumento de la balanza favorable
de comercio, explicó las ganancias del empleo del capital tanto en el comercio doméstico como en el extranjero, y demostró el "prodigioso incremento"
en la producción total como resultado de la división del trabajo.12
En sus Elementos de Economía Política, el marqués de Valle Santoro intentó sintetizar el trabajo de Smith y de Say. Aunque Smith era frecuentemente
' Ensayo económico sobre el sistema de la moneda papel y sobre el crédito público
(Madrid, 1796).
8
La riqueza de las naciones, nuevamente explicada con la doctrina de su mismo
investigador · (2 vols., Cervera, 1817).
• Instituciones del derecho público general de España (9 vols., Madrid, 1800-1803).
'º AGUSTÍN PASCUAL, in the Prólogo to Cartilla de economía política (Madrid, 1816).
u LuCAs BELTRÁN, Historia de las doctrinas económicas (Barcelona, 1961), p. 102.
n Diccionario de hacienda para el uso de los encargados de la suprema dirección de
ella (5 vols., London, 1826-27), tomo I, p. 263, t. 11, 146 y 374, t. V, 97-98 y 109.

636
637

(

�incomprendido, "nadie podrá quitarle la ~loria de h~b;r sido ~l fund~or
de la economía política". Por desgracia, Snuth caractenzo deternunados ti.pos
de actividad económica como improductivos; así, "dividiendo los hombres en
clases útiles o productivas y estériles o improductivas fue muy fácil enc~nar
a los unos como a los otros, considerándoles como otras tantas sangmJUe•
las que vivían a costa de su sudor y les robaban el sustento". C~mo p~ra
Say Valle Santoro concluyó que los economistas franceses merecieron la
gloria de elevar la economía política a ciencia metódica y e~acta" -13 En ~
siguiente centuria, con la publicación de la Riqueza de las Naciones, los escn·
tores españoles no hicieron más que Alvaro Flores Estrada ~ ~anuel Col.
meiro, al difundir y defender la economía de la Escuela Clasica. ~l curso
de Economía Política, la obra más conocida de Flores ~strada, ha sido_
mado el "primer tratado sistemático sobre economía escn:o por _u:° espanol •
Publicado primero en Londres, el Curso alcanzó hasta siete edici~n:s, entre
1828 y 1852 y se tradujo al francés. La doctrina d_el Curso ~s. ?asicamente
acerca de Smith, Say y Ricardo, pero en lo relanvo al ~alisis so~re los
efectos de la propiedad privada de la tierra, llevó a conclusiones relativ~ al
pago de la renta, con lo que se anticipó a las ideas de John Stuart Mill Y
Henry George. Flores Estrada consideró a Srnith "el verdad~ro fundador
del moderno sistema de economía política", y pensó que la Riqueza de las
Naciones "debía colocarse entre las obras que más bienes han traído al género
humano':. Pero encontró al economista inglés escaso de ideas en muchos as·
pectos: su "error capital", fue su insistencia en el relativamente estable valor
del trigo y en el "natural" ajuste de salarios al nivel del precio" .14
•
•,
Aunque la fama de Colmeiro descansa principalmente en s~ _co?t:1bucion
a la historia de la economía española, es indudable que se familianzo con la
economía clásica. En la Introducción a su traducción de Economie politique
de Droz, Colmeiro declaró que "Adam Smith fue el primer at_leta qu~ . ~
presentó a luchar con el apóstol de la escuela agrícola"
dec,rr~ los fisio•
cratas) . "Sagaz en sus investigaciones, vigoroso en sus anahsis, logico en s~s
razonamientos, el profesor de Glasgow ha llegado a descubrir una clave mas

ll:·

!~-

13

Elementos de economía política con aplicacifm particular a España (Madrid 1829;

2 ed., Madrid, 1833).
.
.l S ·
1• G. BERNACER, "Alvaro Flores Estrada", in Encyclopedia of the Socia
ciences, t.
VI (New York, 1931), p. 285; Lurs ALFONS? :'1ARTÍN~z CACHERO, Alvaro Flores.E;:
trada: su vida, su obra política y sus ideas economicas (Ov1edo, 1961) • ADoLPHE BLAN~
(Histoire de l'économie politique en Europe, t. II (París, 1837).' pp. .2_99-300) p~ises
FLORES ESTRADA in the following terms: "Ce livre (L'économie polit_iq~e eclec:iqu~~
peut-etre consideré comme le complement necessaire de tous ceus qw 1~nt precede·
methodique avec Say, social avec Sismondi, algebriste avec Ricardo,, expen~ental .ª:e:
Adam Smith, il differe a beaucoup d'égards de tous ces grands ma1tres et il particip
de leurs qualités san tomber dans tous leurs défauts".

638

general en la ciencia".15 Tal vez el primer español que se llamó a sí mismo
ecléctico, Colmeiro afirmó que el economista "debe en una palabra no espi•
ritualizar demasiado ni materializar tampoco la ciencia. Tan fuerte para
repeler el misticismo de De-Maistre y el escepticismo de Ferrier, como vigoroso para rechazar el austero dogmatismo de Ricardo, las tendencias ere.
matísticas de Smith y de la escuela inglesa, o las doctrinas radicales de
Bentham, de San Simón, y de Pecquer".16
Muchos escritores aunque no tan prominentes en la primera mitad del
siglo XIX compartieron con Flores Estrada, Valle Santoro y Cohneiro una
predilección por el liberalismo económico. De seguro, el mercantilismo no
desapareció del todo completamente y la influencia de los fisiócratas contó
en las disquisiciones de la agricultura y la tributación. En las universidades los
textos principales de economía fueron los de Say, Flores Estrada y Colmeiro;
y en las Cortes los legisladores más influenciados fueron hombres que aceptaron los principios del laissez-faire del sistema económico. Sánchez Rivera,
uno de los traductores del Tratado de Say, recalcó sobre la influencia de la
nueva economía en las Cortes de 1820-23: "¡ Cuánto honor resulta a nuestra
nación y cuánta felicidad debemos prometernos para nosotros mismos, y aún
más para nuestros hijos, de un gran número de leyes y disposiciones de la
legislatura... fundadas todas en las ideas luminosas de Say, Smith, Ricardo,
Steuart, Filangieri, Becaria y otros escritores célebres, que han consagrado sus
talentos a ilustrar esta parte esencial de los conocimientos humanos!"17
Aún entre aquellos que se consideran a sí mismos como liberales hubo una
tendencia persistente a poner en duda la aplicabilidad no calificada de las
economías clásicas a los específicos problemas de la economía española. Muchos españoles demandaron más excepciones a la regla del libre comercio que
Smith hubiera permitido; y algunos pensaron que el atraso de España justificaba la prohibición de ciertas importaciones y aún exportaciones. A través
del período a estudio, el tema del libre comercio versus proteccionismo, fue
de lo más debatido y la legislación del período refleja compromisos prove•
nientes de diferencias ideológicas, así como de aquellos impuestos por los
intereses creados.

,. J.

1842).

DRoz, Economía política, o principios de la ciencia de las riquezas ( Madrid,

16

MANUEL Cournmo, Tratado elemental de economía política ecléctica (2 vols.,
Madrid, 1842).
" JUAN SÁNCHEZ RrvERA, en el Prefacio al Tratado de economía política (Madrid,
1821).

639

�II

tico del trigo excediera de 80 reales por fanega y el precio de la harina de
trigo, de 120 reales por quintal. La exportación de granos se declaró "libre
absolutamente".21

La demanda para una protección agrícola, fue una fase de la agitación
para la reforma agraria y de otros proyectos para alentar el progreso agrícola.
Ramón Lázaro de Dou fue presidente de las Cortes que durante el cautiverio de Fernando VII, se reunieron en Cádiz y promulgaron la Constitución
de 1812. A la muerte de Jovellanos, en 1811, las Cortes elogiaron al autor de
la Ley agraria y resolvieron que este célebre tratado "se tenga presente en la
Comisión de Agricultura de las Cortes, para que acerca de su lectura en escuelas o estudios públicos proponga lo que crea más conveniente a la misma
agricultura". 18 Dou, quien en el avanzado año de 1831 publicó un opúsculo
acerca de la tenencia de la tierra "fundada principalmente en una autoridad
del doctor Adam Smith", desaprobó varios de los propósitos para disponer
de las tierras públicas, el rompimiento de los mayorazgos y redistribución de
las tierras de la Iglesia. Urgió un más amplio uso del contrato de enfiteusis,
creyendo que los campesinos que podrían adquirir títulos de tierra en lo general carecerían de los medios para introducir capital para mejoras. El Conde
de Toreno, quien se describe a sí mismo como un arrendatario, dedujo de
la Riqueza de las Naciones que la agricultura inglesa había florecido porque
los rentistas no pudieron ser desposeídos cuando la propiedad de la tierra
cambió de manos.19
Como en Inglaterra, antes de la abrogación de la Ley de Cereales en 1846,
el comercio de grano fue un tema perenne en la legislación y en la literatura
económica española. La opinión en las Cortes de 1810-1814, partía de la
creencia del Diputado Aner, en el sentido de que "es un principio de los
economistas que en el comercio de los granos no haya trabas jamás", a la
denuncia del Conde de Buenavista acerca del permiso para importar granos
como medida "antipolítica. Dígase lo que se quiera, en España hay granos
para toda ella''.2º Las Cortes de 1820 adoptaron una ley de cereales similar
a la legislación británica de 1815: Ni trigo, cebada, centeno, maíz, avena y
demás granos y harinas podrían ser importados a menos que el precio domés-

El debate sobre la ley española de cereales siguió un patrón familiar. Flores
Estrada proclamó el caso en favor del libre comercio. Aunque era un miembro
de la comisión de tarifas, dijo: "el sistema prohibitivo es tan eminentemente
injusto. . . que es poco menos que vergonzoso que el Congreso se detenga a
oír las razones en que se apoya esta doctrina". El Diputado Freire también
denunció la prohibición de la importación de comestibles, "como si nos propusiésemos determinadamente que no siendo ellos muy baratos, las familias
muy pobres no tengan qué comer y nos colmen de sus bendiciones". Pero el
Diputado Priego, con una apología en favor del abandono de "la doctrina de
los mejores economistas", dijo que la agricultura española fue excesivamente
sobrecargada con alcabalas y otros impuestos, que "nos veremos obligados a
abandonar la agricultura, o será indispensable impedir por algún tiempo la introducción de granos". Moreno Guerra tachó el argumento en favor del pan
barato de "error muy perjudicial en política y una piedad muy mal entendida";
pero el Conde de Toreno llamó la atención sobre la legislación inglesa, la que
fue un compromiso entre las demandas de los agricultores y los manufacturistas.
Finalmente el argumento de la defensa se impuso : era tan importante para un
país el poderse alimentar a sí mismo, para ser suficiente en alimentación como
fue para producir sus propios cañones y la fuerza bélica.22

,. Colección de los decretos y órdenes que han expedido las Cortes Generales Y
Extraordinarias, t. 11 (Cádiz, 1813), p. 67.
,. Diario de las discusiones y actas de las Cortes, t. XVIII (Cádiz, 1813), pp. 380-381.
"' Diario de las Cortes, t. IV (Cádiz, 1811 ), p. 298. En marzo de 1811, las Cortes
no solamente prorrogaron el permiso para importar grano, sino que permitieron importaciones libres de impuestos: "géneros prohibidos de extraer que se saqúen del reino
en cambio de los granos introducidos". La medida debía expirar en agosto, pero en
octubre, las Cortes la renovaron "para abastecer completamente los ejércitos Y los pueblos". Colección de los decretos y órdenes, que han expedido las Cortes Generales Y
Extraordinarias, t. I (Cádiz, 1811), p. 105 y t. 11 (1813), p. 18.

640

Flores Estrada enfáticamente declaró: "Jamás podrá progresar la agricultura
de un país que no tenga una libertad absoluta para exportar sus productos territoriales del modo que más acomode al propietario". Otro diputado en las
Cortes de 1820 alabó la política inglesa de pagar impuestos sobre exportaciones de granos, en una medida que "fue bastante (según los economistas) para
llevarla (agricultura) al mayor estado de prosperidad".23 H abía muy poco apoyo para el pago de impuestos de cualquier exportación agrícola; por el contrario, muchos diputados aceptaron el argumento de Dou en el sentido de que
las exportaciones de materias primas debían ser sobrecargadas de impuestos,
si no es que prohibidas "para que se trabajen con ellas las manufacturas, y éstas
se lleven por los nuestros a países extranjeros".24 El Diputado Villanueva
" Colección de los decretos y órdenes generales de la primera Legislatura, 1820-21,
t. VI (Madrid, 1821), pp. 28-29.

" Diario de las actas y discusiones de las Corles: Legislatura de los años de 1820 y
1821, t. I (Madrid, 1820) , pp. 164, 314-319, y 367-376; Diario de las sesiones de
Cortes, Legislatura de 1821, t. 11 (Madrid, 1873), pp. 1873-77.
.. Diario de las sesiones de Cortes, 1821-22, t. 11, p. 831.
" RAMÓN LÁZARO DE Dou, Instituciones del derecho público, t. V, p. 247, y La riqueza
de las naciones, t. 11, pp. 269-277.

641
• H-41

�preguntó a las Cortes acerca de "coartar la expo~ción (de seda) por ahora,
para que no quedasen defraudados nuestros fabn~tes de la ~e~a que necesiten para sus talleres". El Conde de Toreno nego el que prohibi:ndo las exportaciones de la seda en bruto pudiese ayudar a los manufactunstas; por el
contrario, "arruinaría" a los productores españoles de la seda.25 ~n 1820 l~s
mercaderes de Málaga se quejaron de que el impuesto de expo~ion de!_aceite era excesivo; y en las Cortes de 1821 la Comisión de Comercio,;con~e:o una
reducción del impuesto sobre exportaciones de corcho para conciliar los
intereses de la agricultura con los de la fabricac!~n de tapo~es".26 La conciliación de intereses fue con frecuencia el proposito de los llllpuestos sobre
importación. "Consultando el interés de los f~bricantes y co~binándolo con
el de los labradores", "las Comisiones de Hacienda y Comercio ( 1820) propusieron el mismo impuesto (25% ad valorem) en seda en rama como en
seda torcida. En respuesta a las demandas de los culti~ad?res, las_Cortes
de 1820 prohibieron la importación de algodón en rama, si_ bien el D1puta~o
Corominas afirmó que cualquier impuesto arriba del existen~e 10% ~ena
"antieconómico y ruinoso a la industria nacional. . . Es un axioma e~ economía", dijo, "que se debe facilitar la importación de p~eras matenas para la manufacturación, cuando el país no produce las suficientes para el curso de las fábricas". El Conde de Toreno, quien dijo que el cáñ~~º.,español era tan bueno como el ruso, se levantó para defender la prohib1c1on de
importación de ese producto, aduciendo como razón: "sería _útil proveerse
de un producto nacional y en caso de guerra no estar sometldos a los extranjeros".27
Sin embargo la mayoría de los temas vitales de segur~ fueron ü;v~cados por
demandas acerca de la protección de los manufactunstas domestlcos de la
competencia extranjera. En las Cortes de 1820 Flores Estrada exclamó: "Ojalá
que por lo que a mí toca, pudiese persuadir al Congr~o a acabar _desde hoy
mismo con todas las aduanas"; 25 años más tarde su actitud fue tan Justa como
enfática: "El hombre que dé a España el libre cambio habrá hecho un ma,. Diario de -los actos y discusiones de las Cortes, 1820-2I, t. I, p. 128 : 164; D_iario
de las sesiones de Cortes, 1820, t. I, p. 693-694. Flores Estrada se burlo de la idea.
Prohibiéndose la exportación de seda no se ayudaba a los manufactureros, por el contrario, "desde la Guerra de Sucesión. . . no tenemos fabricantes de se~a; los cos~cheros han reducido sus cosechas al último extremo, porque dentro del remo no habia
consumidores, y estaban imposibilitados de llevar sus manufacturas a los mercados extranjeros" (Diario de las sesiones de Cortes, 1821. t. III, p. 1877).
"' Diario de las sesiones de Cortes, 1823, t. III, pp. 1838-1839.
21
Diario de las actas y discusiones de las Cortes, 1820-21, t. I , p. 413; Diario de las
sesiones de Cortes, Legislatura Extraordinaria, 1821-22, t. I, pp. 255, 373-375, Y 613,
685-86, y 711.

642

yor beneficio a su Patria que Colón enseñándole el camino de América''.28
Estrada fue de los menos compremetidos de aquellos que se habían opuesto
a las tarifas proteccionistas; como podremos ver, otros economistas difirieron
con el asturiano, algunos moderadamente, pero muchos en el extremo.
Muchos argumentos acerca de la protección habían echado raíces en
diferentes conceptos de los respectivos papeles de la agricultura y de la industria en la economía nacional. Aunque el Conde de Toreno culpó a sus
colegas, quienes bajo la influencia de la fisiocracia, consideraron la agricultura como la "verdadera riqueza de las naciones", no convenció a muchos
de sus colegas diputados y economistas contemporáneos. En la opinión del
Diputado Verdú, "las naciones, al menos en el principio de su prosperidad,
no pueden ser a un tiempo agricultoras, comerciantes e industriosas. Es menester dedicarnos a un ramo principalmente, si no queremos ser aprendices
de todo y maestros de nada". Mariano José Sicilia, quien tradujo el Diccionario de Ganilh, declaró que si una nación es "fecunda de artículos de riqueza
territorial, poco importará que la industria fabril haga por entonces menos
progresos... teniendo productos abundantes con que pagar al extranjero la
suya, y quedar ganancioso, lejos de perder no hará más que enriquecerse".
Entre muchas de las opiniones opuestas estaba la declaración del Diputado
Aner en las Cortes de 1812 sobre que "ninguna nación compuesta de solo
agricultores se ha reputado por rica hasta ahora". Su ideal fue "hermanar"
las tres fuentes de riqueza: agricultura, industria y comercio. José María Aurrecochea, que escribe en 1841, razona también en el sentido de que un país
estrictamente agrícola estaría destinado a ser "siempre pobre" y "expuesto
a la mayor miseria". Una explicación de esto fue el encubierto desempleo de
las haciendas: "en un país fértil la labranza no necesita la mitad de los habitantes ni que éstos trabaja,sen la mitad del año para abastecer a todos". El
establecer factorías era e! "medio más poderoso para adelantar la misma
agricultura" .29
Alonso Ortiz fue, posiblemente, el primero en España en expandir el argumento de la naciente industria. El comercio libre fue "una verdad indudable" para "un país en que florezca ya la industria en sus varios ramos",
pero la correcta política para el apoyo industrial de un país era "un justo
monopolio con la prohibición de las mercaderías extranjeras. .. a lo menos
,. Diario de las sesiones de Cortes, 1820, t. II, p. 1064; Biblioteca de Autores españoles, t. CXIII, p. XIV.
,. Diario de las Cortes, t. XIII (1812), p. 61, y t. XXI (1813), p. 260; C. GANILH,
Diccionario analítico de economía política, t. I, pp. 251-253; José María Aurrecochea,
"Observaciones político-económicas sobre la hacienda pública de España", en El Amigo
del País, t. II ( 1844) , p. 172.

643

;

�hasta que lQs progresos nacionales constituyan a la nación en un estado de
competencia igual con la de los países extranjeros".30
•
,
Esta doctrina había de ser reiterada. Juan de Balle, un diputado catalan
en las Cortes de 1820, declaró sería "un axioma económico político, que los
pueblos nacientes en índustria no pueden concurrir y comerciar con ?tros
que la tienen muy adelantada". El "sistema prohibitivo" adoptado baJO el
reinado de Carlos III fue la razón de que Cataluña en 1808 tuviera 2,000
fábricas de algodón.31 Andrés Borrego, Ministro de Hacienda en 1840, creyó
que la adopción del libre comercio era una cuestión d~ tiempo y lug~r; invocó tarifas para "favorecer y recompensar a los que mtentan los primeros
ensayos de fabricación" .32 Colmeiro, también, quiso restringir las importaciones, siempre y cuando llegase a ser su efecto el "ahogar en la cuna una
industria naciente, débil y moribunda en sus primeros días, a pesar de todas
aquellas ventajas locales que propiciaran su desarrollo, y le darán con el
• " .33
tiempo tal grado de fortaleza y robustez, que ya no tema la concurrencia
Respecto a si los fabricantes de maquinaria deberían ser tratados como
pequeñas industrias fue un punto de debate. El Diputado Gisbert, en las
Cortes de 1820, propugnó por la "introducción libre de máquinas, por ahora
e interinamente"; y la mayoría de los diputados pensó que la demanda para
la protección de los productores de maquinaria española era prematura aún.
Así el Diputado Alemán consideró no prudente el imponer impuestos a la
máquina de vapor importada, "el alma de la industria inglesa", "porque no
se ha comenzado todavía a construirlas ( en España) , ni es fácil que se construyan en mucho tiempo". Borrego favoreció la libertad de impuestos para
importaciones de maquinaria, pero en el año de 1840 las demandas para la
protección llegaron a ser en alguna forma ruidosas. La voz más insistente ~ue
la de Juan Güell y Ferrer, el inteligente y enérgico orador en pro de la mdustria catalana en general. La Junta de Comercio de Barcelona caracte"' Investigación ( 1805-1806 ed.), t. II, pp. 520-522. Spain, Alonso said, was backward
for two reasons: "la una, aquella desidia que desde el tiempo del Señor Felipe III
ocupó a sus moradores engreídos con la riqueza de sus Indias,. que p~diero~ conservar
mejor, y aún aumentaría considerablemente manteniendo la md~stria nac1~nal Y un
método más acertado en el comercio; y la otra, aquella preferencia que tomo sobre la
nuestra la industria de las demás naciones, que se valieron de nuestra insensibilidad a
nuestros propios intereses, y llenándonos de manufacturas extranjeras arruinaron casi
enteramente las fábricas nacionales".
31 Discurso pronunciado... en la sesión del 5 de noviembre de 1820, para apoyar el
dictamen de las comisiones ordinarias de hacienda y de comercio sobre prohibiciones de
géneros y frutos extranjeros {Barcelona, 1820).
"' Principio de econom!a política con aplicación a la re{orma de aranceles de aduana,
a la situación de la industria fabril en Cataluña, y al mayor y más rápido incremento
de la riqueza nacional ( Madrid, 1844), p. 111.
33 Tratado elemental de economía política ecléctica t. II (Madrid, 1845), pp. 117-144.

644

rizaba a la c~nstrucción de máquinas como "una industria sin porvenir, por
faltarle las primeras materias". Sin embargo, Güell insistió acerca de que los
m~ altos im~uestos en 1~ ~portaciones de maquinaria deberían ser prefenbles a los unpuestos mas baJos de sobre las materias primas para la fabricación de máquinas.34
Muchas de las medidas para proteger la industria española se invocaron
como una defensa en contra de la "desleal" competencia de la industria británica. España, no obstante, debería inquirir acerca del proceso por el cual
I_~glaterra adquirió su superioridad. El Conde de Toreno, pensó que la admisio~ de ~les factores como la forma de gobierno, había contribuído a la preemmen~ia de Inglaterra y declaró que la tarifa proteccionista "principalmente
ha ocasionado su prosperidad". La protección, dijo el diputado Corominas
que fue una "máxima política", la cual "nos la enseñan prácticamente en
Inglaterra y la Francia, que tanto han sabido hacer prosperar sus fábricas". 35
La industria, declaró Manuel Gutiérrez, "se ha perfeccionado en todos los
países del mundo por medio de un sistema restrictivo y protector". El profesor Gutiérrez, que renunció a su inmadura aceptación del libre comercio,
llegó a ser un decidido partidario del proteccionismo catalán y encontró en la
industria textil un ejemplo de la supremacía de Inglaterra "sobre las demás naciones de Europa, a las cuales no podrán transportars; sino como una
planta exótica de difícil, lenta y penosa aclimatación".3 6
De esto s~ dedujo el que Inglaterra, y por extensión Francia, conspiraron
para preverur a España de la protección de su industria, considerando que
por lo ~en?s llegaría a ser un competidor en el comercio de exportaciones.
Baile af~o, en 18:0, que los "agentes diplomáticos de Inglaterra, y hasta
sus escntores de mas fama, no han perdonado diligencia para fascinar a
los Gobiernos y desalentados en este punto, y en tanto que declaman contra
el sistema prohibitivo. único escudo de la industria, apoyan todo el edificio
de la suya en. las mismas trabas y restricciones que califican de tan opresivas,
fun:'tas y r~osas a las demás naciones". 37 Casi dos décadas antes, Canga
Arguelles habia protestado que "los tratados ajustados hasta aquí con la
" Diario de las sesiones de Cortes, 1821-22, t. II, pp. 1034-1037; Escritos económicos
del Excm~. ~r. D. Juan Güell y Ferrer (Barcelona, 1880), pp. XI-XII, y 1-23. La ley
del 22 de Junio &lt;le 1821 permitió las importaciones libres de impuestos de "máquinas e instrumentos que se necesiten para beneficiar las minas". Colección de los decretos y
ór~ene~ g_enerales exp~didos por las Cortes, t. IX ( 1822), p. 7).
Diario de las sesiones de Cortes, 1820, t. 111, p. 2189; Diario de las sesiones de
Cortes: Legislatura extraordinaria, 1821-22, t. I, p. 459.
,. MANUEL MARÍA GuTIÉRREZ, Impugnación a las cinco proposiciones de Pebrer sobre los ~randes males que causa la ley de aranceles a la nación en general, a la Cataluña
en/articular y a las mismas fábricas catalanas (Madrid, 1837), pp. 64-67 y 94.
Diario de las sesiones de Cortes, 1820, t. 111, pp. 2096-2097.

645

�Inglaterra, consultando sólo a sus intereses, arruinan nuestra industria y paralizan nuestro comercio".38 Colmeiro, quien había dicho "me adhiero al sistema prudentemente restrictivo", expresó una desconfianza igual: "hallándose ahora [Inglaterra] con una producción exuberante, con capitales inmensos
y una población obrera, pretenden sus escritores y estadistas más ilustrados
atraer las naciones bisoñas en la industria a una concurrencia libre" -39 Richard
Cobden visitó España en 1846 y fue suntuosamente atendido por los abocrados del libre comercio en Málaga, Cádiz, Sevilla y Madrid. De acuerdo
~on su biógrafo, después de la repulsa de la ley de cereales Cobden "se sintió
libre de comprometerse sobre cualquier intento directo para fortificar la política del libre comercio de su país (Inglaterra) para ayuda exterior".4 º Indudablemente, ganó la aclamación de los librecambistas españoles. Pero para los
proteccionistas, Cobden fue un símbolo de la conspiración de Inglaterra para
dominar a los países menos avanzados industrialmente. Güell, aunque encontró un punto débil en uno de los discursos de Cobden, pensó que éste
podría justificar la adopción en España del libre comercio solamente "cuando
·
nuestras circunstancias sean iguales
a las de Inglaterra en su estado actual""
•
Esta idea de la relatividad de la política económica había sido expresada
antes. De hecho, Beltrán dio crédito a Jaumeandreu por haberse anticipado a
List en un cuarto de siglo. El profesor catalán concluyó que ya fuera el
libre comercio o el proteccionismo, la mejor política depende del "estado
en que se encuentra la industria respectiva de las naciones manuf~ctureras.
Si la perfección y baratura de los artefactos es igual en a~bas na:1~n~, no
puede haber ningún inconveniente en dar al comercio una libertad ilimitada;
pero si de las dos naciones la una tiene su industria naciente o atrasada en
parangón de la otra, la libertad absoluta del comercio exter!o~ no podrá menos
de perjudicarla, y su gobierno debe establecer leyes restncttvas o fundar su
legislación sobre el sistema prohibitivo".42 En 1817, Dou censuró a los economistas españoles por abrazar la "ilusión o delirio" del libre comercio, "escudándose con la autoridad de Smith, a quien presentan como un Aquiles
38
"Memoria que el ministro de hacienda de España pasó al de estado en 1802, sobre
las bases del tratado que debería ajustarse con la Gran Bretaña en el Congreso de
Amiens", in Diccionario de hacienda, t. I , pp. 89-152.
.. Tratado elemental de economía política ecléctica, t. 11, pp. 127-128.
40
J. A. HoBSON, Richard Cobden, the lnternational Man (New York, 1919), PP·
43-45.
" Escritos económicos, p. 35.
e L . BELTRÁN, op. cit., pp. 102-103. Even earlier, Jovellanos said: "acomodar a
un tiempo y a un país lo que en otro país y otro tiempo ha probado bien, es la manía más frecuente de los políticos, como si fuese lo mismo una nación libre, rica, industriosa, comerciante y navegadora, que otra de circunstancias enteramente diversas"
(Informe de la ley agraria [Madrid, 1795), p. 94).

646

de su opinión". Dou pensó que, "cuanto más lejos esté una nación de igualar
o superar a las otras en industria, tanto más lejos debe estar de adoptar el
sistema de Smith".43 La idea volvería a presentarse en varias formas. Balle
creyó_ que el sistema prohibitivo había incrementado la agricultura y la industria en tod~ las naciones ilustradas "al grado de perfección en que las
vemos. Es preciso pues imitarlas".44 Borrego, quien pensó que "nada es absolut? en economía política", se quejaba de que nadie, con excepción del Marques de Valle Santoro, había hecho de las condiciones peculiares a nuestro
país, el objeto de una investigación dirigida a aplicar a nuestro estado los
remedios científicos que reclama". 45 En realidad, Valle Santoro no fue tan
rigurosamente cientüico. Lo mejor que pudo decir acerca de la doctrina del
libre comercio, fue "que nadie ha demostrado que fuese falsa". Sus once
reglas de política comercial, incluyeron el "principio... que la mutua libertad
de comercio arruinará infaliblemente la industria de la más atrasada y así
pueden adoptarla las más adelantadas".46 En un ensayo laureado publicado por la Sociedad Económica de Madrid, en 1844, José María Ibáñez
debatió la cuestión, "sobre si es o no conveniente a una nación celebrar
tratados ~e comercio con otras más adelantadas en industria". Su respuesta
fue negativa: La consecuencia sería "una concurrencia fatal".47 Colmeiro,
co_mentando acerca del movimiento del libre comercio promovido por el ConSCJO de comercio inglés, declaró: "en cuanto de las doctrinas de Mr. Huskisson, yo también las profesaría si fuese inglés, o si mi patria estuviese tan
ade~antada en la carrera de la industria como Inglaterra".48 Pero Pastor, quien
escribía en 1856, afirmó que no había economista "de regular celebridad que
no reconozca la exactitud de las doctrinas de Smith respecto al libre cambio";
ya que para el economista alemán, "todo el libro de List está reducido a
una reproducción ingeniosa de los argumentos usados en favor de la protección de la industria".49

só!o

Aunque muchos escritores apreciaban que el comercio extranjero representa el principio de la división del trabajo aplicado en una escala intern~cional, no recomendaban su inmediata adopción. Canga Argüelles encont'.o apoyo en Say al creer que, a pesar de las "incontestables ventajas del
sistema de absoluta libertad mercantil, apoyadas en la razón y en la expe"' La riqueza de las naciones, t. 11, p. 131.
"' JUAN DE BALLE, Discurso.
.. Principios de economía política, p. XXXII.
.. Elementos de economía política ( 2 ed.), pp. 169-170.
"El Amigo del país, t. I (1844), pp. 193-223.
: In the introduction to J. DRoz, Economía política (Madrid, 1842), p. 136.
Luis MARÍA PASTOR, La ciencia de la contribución, t. I (Madrid 1856) pp.
163-176.
'
'

647

�...

riencia no deberá establecerse de un golpe".5° Carballó, también, creyó que
"las r:formas arancelarias deben, pues, ser lentas. . . una nación en donde
el sistema protector ha dominado por mucho tiempo no debe pasar de una
vez de un sistema a otro" _51 Como podremos ver, España, de hecho, nunca
estuvo en el límite de adoptar el libre comercio de un golpe.

III
Tres marcas de la historia de la legislación arancelaria anterior a 1850
-los términos arbitrarios de la presente discusión- pueden ser revisadas brevemente. La tendencia liberalizante de las leyes de tarifas promulgadas por las
Cortes de 1820-23 fue nulificada por el decreto real del lo. de octubre de
1823; y el arancel recomendado por una reorg~nizad~ junta ?,e aranceles Y
promulgado en 1826 fue "fuertemente protecto~. La ~~ortac10n de 500 artículos fue prohibida y en otros impuestos de rmportac1on, y en otros aranceles de importación excedió del 15% al 25%. 52
_
Mientras los librecambistas agitaban por más bajos impuestos, especialmente después de la publicación del Curso de Flores Es_t~ada, en 1828, .l~s
proteccionistas organizaron intentos frustrados para debilitar la p~otecc10n
otorgada por la tarifa de 1826. La m~s fuerte ~~z en pro de la tarifa, provino de la Comisión de Fábricas de Hilados, Tejidos y Estampados de ~lgodón del Principado de Cataluña, la que, en la M emoria sobre la necesida~
del sistema prohibitivo ( 1834), intentó demostrar el grave error de la ~plicación en España de políticas derivadas de las teorías de. los econormstas
ingleses. Pero los proteccionistas no se encontraban solos
mvoc_ar la refo,rma de la tarifa. En las Cortes de 1837, el Diputado Beltran de L1st, declaro:

:1

" Los aranceles que en el día rigen son el producto, o más bien un~
miscelánea ridícula de las diferentes disposiciones u órdenes de los _diversos administ-radores de aduanas; y lo son tanto, que puede decirse
que no existe un cuerpo de aranceles aprobado por el gobierno desde
el tiempo de Don Carlos JI. Basta esto para probar el estado de desorden y desorganización en que este ramo interesante. debe de hallarse, y la imperiosa necesidad de que se forme una tarifa general, aco~
Diccionario de hacienda, t. IV, pp. 117-124.
Curso de economía política (Madrid, 1855),
pp. 272-273.
_
.. JosÉ M. TALLADA PAuu, Historia de las finanzas españolas en el siglo XIX {Barcelona, 1946), pp. 240-251.
50

., BENIGNO CARBALLÓ WANGÜEMERT,

648

modada al estado del comercio del país, que arreglando los derechos
que deben pagar los efectos ponga trabas a la arbitrariedad". 53

La junta de aranceles y otros cuerpos oficiales, estudiaron la cuestión de
las tarifas y la administración de aduanas intermitentemente, y en 1840, la
junta revisora de aranceles propuso un proyecto de ley que el gobierno había
puesto a la consideración de las Cortes. Al año siguiente, después de haber
debatido las enmiendas propuestas por una comisión ad hoc, el Congreso
de Diputados aprobó la nueva ley de tarifas. Aunque el Diputado Sánchez
Silva, en un reporte de la minoría, protestó por el "absoluto y monstruoso
sistema prohibitivo. . . atendiendo los sofismas mercantiles de muchos comerciantes y fabricantes de Cataluña", la ley de 1841 representó un retraso, considerando la alta protección de 1826. Por ejemplo, de las 237 prohibiciones
recomendadas por la junta revisora, solamente 94 permanecieron en el acta
final. 54
De acuerdo con Tallada, el arancel de 1841 fue "bien visto por los elementos
industriales. . . Sólo más tarde, cuando las tendencias librecambistas ejercieron mayor influencia en sucesivas reformas arancelarias, fue atacado el arancel de 1841". Se levantaron críticas de todos lados. Borrego denunció los
impuestos proteccionistas, "respecto a una multitud de artículos, por el mero
hecho de que se elaboran en el país" y especificó 56 productos prohibidos,
de los cuales pensó deberían estar en la lista libre.55 Otra crítica caracterizó
los precios de los impuestos como "moderados", pero se quejó de que los
avalúos ficticios usados por la administración de aduanas hizo los precios
efectivos muy altos. 56 Gutiérrez resumió sus más agrios ataques en los librecambistas: Cuando no abogaba por una ilimitada prohibición de ciertas importaciones, argüía por impuestos proteccionistas, para "nivelar el precio venal
del producto nacional y extranjero" -un argumento muy en boga en los
debates de la tarifa americana, aún en el siglo XX. Negando que estuviese
favorecido por el industrialismo catalán, Gutiérrez dijo no avergonzarse si
fuese empleado para defender los intereses de esa región. 57
Tallada describe el arancel de 1849 como una medida que contenía " declaradamente tendencias librecambistas". Aunque los impuestos en algunos
., Diario de las sesiones de Cortes, 1837, No. 14 (15 de enero de 1837), p. 138.
"Diario de las sesiones de Cortes: Congreso de Diputados, 1841, Apéndice al No.
63 {junio) ; Tallada, op. cit.
"" Principios de economía política, p. 229.
,. Boletín de empresas, año 1, No. 25 (Madrid, 14 de mayo, 1845) , p. 198.
" Nuevas consideraciones sobre libertad absoluta de comercio (Madrid, 1839), pp.
77-78; Contestación a un artículo sobre libertad de comercio del Excmo. Sr. Don
Antonio Alcalá Galiano (Madrid, 1843), p. 21.

649

/

�artículos llegaron a ser tan altos como del 55% ad valorem, solamente 14
productos permanecieron en la lista de las importaciones prohibidas. A principios de 1840 los algodoneros catalanes, los trigueros de Castilla y los metalúrgicos bilbaínos, "formaron un frente único" para asegurar una mayor
protección; tuvieron que contender con una "pléyade de brillantes oradores
y escritores que en Madrid trataron de impulsar el predominio del liberalismo manchesteriano". Esos brillantes oradores y escritores estuvieron influidos hasta más allá de 1848, pero los proteccionistas estaban destinados a
ganar la batalla antes de que terminara el siglo. No pasó mucho tiempo antes de que los manchesterianos quedaran desacreditados en su propio país.58

EN TORNO A LAS IDEOLOGÍAS JURíDICO-POLíTICASFILOSóFICAS DE LA O.N.U. Y DE LA U.N.E.S.C.O.
DR. I vo H0LLHUBER

EL ÚNrco CAMINO QUE SE OFRECE a la humanidad contemporánea para alejar
el peligro de guerra, como método para la solución de conflicros, es el establecimiento de instituciones internacionales que dispongan de una autoridad
suficiente -tal como Juan XXIII ya lo había dejado entender al mundo
entero en su encíclica "Pacem in terris"-.
Por la variedad de sus atribuciones y el número de sus miembros, la Organización de las Naciones Unidas es la más importai;ite entre todas las instituciones internacionales, y es el1a por consiguiente la que se encuentra en el
centro de la vida internacional, dado que la mayor parte de las naciones del
mundo la integran actualmente. Dicha institución trata de reunir a las diferentes naciones de nuestro globo con vistas a obras de paz y de progreso.
No importa por ahora entrar en los detalles de
esta institución mundial'
.
sino saber si la Carta de las Naciones Unidas ha sido inspirada en una
ideología determinada y cuál es el espíritu trascendental que sirve de fundamento a esta ideología.
Si se atiende al preámbulo y a la declaración de objetivos y de principios
de la O.N.U., puede decirse que nos encontramos frente a una Carta inspirada en los más sublimes y magnánimos sentimientos que jamás hayan alimentado a seres mortales, a tal punto que debiera parecer normal la afirmación de que "no se puede concebir nada más elevado en el plano natural dentro de la construcción ideológica de la humanidad" ( Paulo VI ante la Asamblea de la O.N.U. el 4 de octubre de 1965).

" For the period after 1849 see particulary: TALLADA, op. cit.; GÜELL, op. cit.;
G. MoRQUECHo, La controversia económica en 1859 (Madrid, 1960); MANUEL PuoÉs, Cómo triunfó el proteccionismo en España (Barcelona, 1931).

650

Vale la pena atender a lo dicho y dejarse impregnar de ese encanto sublime:
La Carta del Atlántico de agosto de 1941 -es decir la madrina de la Carta
de la O .N.U.- había preconizado ya solemnemente los principios democráticos
que, en número de ocho, deberían prevalecer después de las hostilidades en el
dominio de las relaciones internacionales. Los que susc1iben la Carta no debe-

651

�rán buscar ninguna ampliación territorial; ninguna modificación territorial
deberá ser hecha sin el consentimiento de los pueblos interesados; cada pueblo
podrá escoger libremente la forma de su gobierno; la paz futura deberá garantizar la seguridad internacional, la reducción general del equipo bélico,
la libertad de los mares, el libre acceso a las materias primas; todas las naciones deberán cooperar para promover el progreso económico y social.1
Séanos permitido hacer notar entre paréntesis, que si reclaman proceder del concepto de "democracia" regímenes tan diferentes como los
de la "democracia" americana, las "democracias" occidentales, las "~mocracias" populares y las de algunos países de América Latina, de
Africa o de Asia que se acercan al de regímenes más o menos dictatoriales, esta es una de las razones por las que este concepto tan delicado no figura en la Carta de la O.N.U., sino más bien en el estatuto
del Consejo de Europa. 1

La reunión en San Francisco, el 26 de junio de 1945, de los pueblos de
las Naciones Unidas fue inspirada en el espíritu de la Carta del Atlántico del
14 de agosto de 1941, la cual había sido estipulada como expresión del derecho natural; en consonancia con tal espíritu, aquellos pueblos se declaraban "resueltos a preservar las generaciones futuras de la plaga de la guerra...,
a proclamar de nuevo su fe en los derechos fundamentales del hombre, en
la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de
los hombres y de las mujeres, así como de las naciones, grandes o pequeñas
(sic!) a crear las condiciones necesarias al mantenimiento de la justicia..., a
favorecer el progreso social y a instaurar mejores condiciones de vida de
acuerdo a una libertad mayor, y, para estos fines a practicar la tolerancia
(sic!), a vivir en paz unos con otros en un espíritu de buena vecindad, a
unir sus fuerzas para mantener la paz y la seguridad internacionales..."
Ahora bien, en contradicción aparente al principio de la igualdad tan solemnemente estfpulada se encuentran sobre todo:
a) La admisión restringida de los miembros.
b) El veto privilegiado de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
c) Las disposiciones excepcionales tomadas en perjuicio de los " pueblos
enemigos".
1
Cf. PIERRE GERBET, Les Organisations lnternationales, Presses Universitaires de
France), 4e. éd. 1960, p. 57.
2
Cf. CHARLES CBAUMONT, L'O.N.U.", (Presses Universitaires de France), 4e. éd.
1964, p. 16.

652

ad a) Fueron invitadas a la Conferencia de San Francisco en 1945 solamente las naciones que habían efectivamente luchado bajo el nombre de las Naciones Unidas o "las que hubiesen declarado la guerra al enemigo común antes
del lo. de marzo de 1945". Se trataba pues ante todo de una manifestación de
seguridad de las Potencias que combatieron contra el Eje. Se trataba de
mantener en tiempo de paz la alianza establecida en tiempo de guerra --decía
Pierre Gerbet- ( 1 p.c. 58) siendo las Potencias victoriosas las que debían
perpetuar su solidaridad para asegurar la defensa de la paz. La O.N.U. fue
creada por los vencedores, para que rehusase ocuparse de la liquidación del
conflicto mundial por no ser de sus atribuciones la redacción de los tratados de paz.

Aunque el principio de la vocación universal de la 0.N.U. pida una participación total de las naciones en las organizaciones internacionales, exigida
además por el reconocimiento del derecho que tiene cada nación a entrar
en una organización con vocación universal, que quiere "ser un Centro en
el que armonicen los esfuerzos de las naciones" (Haft 1, 4), la carta de la
O.N.U. abandonó este principio al someter la emisión de nuevos nombramientos a una serie de condición y de forma. Según el artículo IV de la carta,
"pueden hacerse miembros de las Naciones Unidas todas las naciones pacíficas que acepten las obligaciones de la presente Carta y, a juicio de la Organización, sean capaces de cumplirlas y estén dispuestas a hacerlo"; "la admisión, como Miembro de las Naciones Unidas de toda nación que llene estas
condiciones se hace por decisión de la Asamblea General bajo recomendación del Consejo de Seguridad". Es pues el Consejo de Seguridad el que
decide; es el mismo órgano el que -como lo veremos más tarde- se encontrará condenado a la inercia por el veto de un solo miembro permanente
Y podrá excluir a todo nuevo miembro según las vicisitudes siempre cambiantes de la política internacional.
ad b) En oposición al principio de la igualdad, la Carta de la O.N.U. había
concedido un poder extraordinario a las grandes Potencias, con lo que, en
el caso de un desacuerdo entre ellas, toda actividad de la O.N.U. se encontrará paralizada y condenada a la inercia.

En conformidad al artículo XXIII de la Carta, el Consejo de Seguridad se
compone de once Miembros de la Organización: cinco miembros permanentes, designados por la Carta misma -China, Francia, la URSS, el Reino
Unido y los Estados Unidos- y seis miembros no permanentes, elegidos
cada dos años por la Asamblea General. El Consejo no podía decidir sino
en el caso de una mayoría de siete voces, de las cuales cinco eran necesariamente las de los miembros permanentes. Por consiguiente, un solo miembro
permanente podía por su veto bloquear la decisión de la mayoría del Consejo.
653

�En particular, era la resolución llamada Acheson del 3 de noviembre de 1950
la que servía de medio para sortear las dificultades debidas al veto de las
grandes Potencias y la que marcaba una evolución tendiente a subrayar, en
el ámbito del mantenimiento de la paz, el papel de la Asamblea General en
detriment~ ~el Consejo de ,?eguridad. La resolución intitulada "unión para
el mantenmuento de la paz , del 3 de noviembre de 1950, estipuló que: "si
el Consejo de Seguridad, por falta de unanimidad, no llega a cumplir con
~u respo~sabilidad principal en el mantenimiento de la paz y de la seguridad
mtemac10nales, la Asamblea examinará inmediatamente la cuestión a fin de
dar a sus miembros las recomendaciones apropiadas sobre las medidas correctivas que hayan de tomarse, inclusive el empleo de la fuerza armada para
mantener o restablecer la paz y la seguridad intemacionales".4 El papel de
la Asamblea General, la cual toma sus decisiones por mayoría simple de
votos (salvo para las cuestiones importantes, en las que se exige una mayoría
de dos tercios) , ha prevalecido sobre el papel del Consejo de Seguridad a
pesar de la disposición de la Carta según la cual (art. II, § 2) "toda cuestión
de este género" ( de paz y de seguridad ) que requiere una acción es remitida
al Consejo de Seguridad por la Asamblea General, antes o después de una
atingente discusión".
. Es precisam~nte la Asamblea General la que asegura a las pequeñas y medianas Potencias un cierto predominio. Pero este predominio es falaz si se
considera el hecho de que las pequeñas y medianas Potencias han terminado
agrupándose en tomo a una u otra de las Potencias-Coloso, Estados Unidos y la Unión Soviética.

De acuerdo con una modificación de la Carta, hecha el 3 de agosto de 1965,
desde el lo. de enero de 1966 el número de los miembros no permanentes
del Consejo de Seguridad fue aumentado de seis a diez, lo cual cambia un
poco en este cuadro, la relación de las fuerzas. Un órgano restringido -el
Consejo- debe ser el motor de la institución; de esta manera el principio
de las grandes Potencias se acusa claramente y toma un relieve vigoroso.
Se había dado aquel poder a las grandes Potencias para hacerlas dueñas
de la guerra y de la paz y para hacer más eficaz la actividad de la Organización misma, dándose como un hecho por tiempo ilimitado la conditio sine
qua non de todo funcionamiento, a saber la unanimidad permanente de los
vencedores sobre el Eje de 1945. "Pero la eficacia de la nueva Organización
se fincaba en definitiva sobre un postulado: el del acuerdo entre las grandes Potencias. Si los Grandes permanecen solidarios, la O.N.U. será todopoderosa ante los medianos y pequeños países. Si los Grandes se desunen, la
0.N.U. quedará paralizada. Ello postulaba también que una gran Potencia
nunca intentaría turbar la paz, puesto que toda acción de la O.N.U. contra
ella quedaría bloqueada por su veto" (Cf. Pierre Gerbet l. c.p. 60) . Permitir a cada Estado paralizar el esfuerzo común por su veto era condenarse
a la impotencia.
No hay que extrañarse por consiguiente ante el hecho de que se haya
acariciado la esperanza de que fuera precisamente la Unión Soviética la que
hubiera de proteger eficazmente el "status quo" en Europa. En este sentido,
es ya representativa la opinión de un escritor de 1945 que nutría una esperanza que, en esta época, era común en la mayor parte de los políticos: "En
la Europa de mañana, la URSS constituirá el muro de sostén de todas las
construcciones orientales... Fundándose en este axioma, el pacto anglo-soviético de 1942 y el pacto franco-soviético de 1944 son pruebas de un realismo de buen talante... Si el dispositivo de la seguridad europea debe reposar en el Este sobre la Unión Soviética, en el Oeste será, Inglaterra y Francia quienes habrán de ser llamadas naturalmente a formar la pieza clave".ª
Con esta condición, se podría estar tranquilo ante el hecho de que el Consejo de Seguridad será siempre el pivote del sistema de la O.N.U. y mantendrá
en sus manos todos los hilos.
Sólo cuando empezó la guerra fría a inquietar las conciencias europeas y
americanas se cayó en la cuenta de las desastrosas consecuencias de lo que al
principio no era sino una pesadilla.
Para poner fin a la parálisis del Consejo de Seguridad se esforzaba en hacer
pasar a la Asamblea General la responsabilidad del mantenimiento de la paz.

La O.N.U., de hecho constituida en escenario de vana rivalidad de dos
hegemonías, en lugar de ser el cuadro de las conciencias nacionales para
modelar la conciencia de la comunidad humana, no se contenta de ninguna
manera con permanecer como un máximo tribunal para todos los Estados

ª Cf. MAURICE
1945, p. 150.

ternationales, p. 67.

654

BoURQUIN,

Vers une Nouvelle Société des Nations, Neuchatel (Suisse),

ad c) En virtud del Art. II, § 6 (La Organización procede de tal suerte
que los Estados que no son Miembros de las Naciones Unidas actúen en conformidad a estos Principios en la medida que sea necesaria al mantenimiento
de la paz y de la seguridad internacionales), la O.N.U. dispone de medios
de acción que la autorizan a tomar medidas aún en el caso de Estados que
no sean miembros en circunstancia en que la paz y la seguridad internacionales estén en juego, a pesar de que según el Derecho Internacional General
las disposiciones de un tratado no deben ser susceptibles de oposición a las
de los Estados no incluidos directamente en aquél. ( Cfr. Ch-Chaumont, l.
c. p. 62) .

' Cf. Cn. CnAUMONT,

L'O.N.U., p. 58

ss.

y 75; y P. GERBET Les Organisations In-

655

�no-miembros, sino que se precia de pedirles que actúen en conformidad con
los principios de los que es depositaria en la medida que sea necesaria al
mantenimiento de la paz y de la seguri&lt;;lad internacionales {Art. II § 6).
Entran en esta categoría todas las disposiciones enumeradas en los §§ 3, 4 y 5
del Art. II (sobre todo la obligación de arreglar sus malentendidos internacionales por medios pacíficos, de abstenerse de recurrir a la amenaza o al
empleo de la fuerza, y de abstenerse igualmente de prestar asistencia a un
Estado contra el cual la O.N.U. emprenda una acción preventiva o coercitiva). Los Estados no-miembros están obligados además a tolerar cualquier
pesquisa en sus territorios cuando ésta haya sido ordenada por el Consejo
de Seguridad en conformidad con el artículo 34 de la Carta que dice:
"El Consejo de Seguridad puede investigar sobre todo malentendido o
sobre toda situación que pudiera acarrear un desacuerdo entre naciones
o engendrar otro malentendido, a fin de determinar si la prolongación
del malentendido o de la situación puede convertirse en amenaza del
mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales".

La situación más delicada y más penosa que pueda ofrecerse a un Estado
no-miembro es sin duda la decisión tomada por el Consejo de Seguridad según el Art. 39 de la Carta, a saber que existe en tal o cual país aun nomiembro de la O.N.U. una amenaza contra la paz aún si según la opinión
del Estado no-miembro una tal amenaza no existe de ninguna manera; el
texto del Art. 39 precisa:
"El Consejo de Seguridad nota la existencia de una amenam contra la
paz, de una ruptura de la paz o de un acto de agresión y dicta recomendaciones o decide qué medidas han de ser tomadas. .."

La aplicación del artículo 39 contra los Estados no-miembros tuvo una importancia mundial por ejemplo cuando las Naciones Unidas en la Guerra de
Corea tomaron medidas coercitivas contra un Estado no-miembro (Corea del
Norte).
A pesar de que la compatibilidad con el Derecho Internacional General
de la actitud de las Naciones Unidas hacia los Estados no-miembros, se encuentra todavía vivament'e discutida, la no-compatibilidad con el Derecho
Internacional, de la actitud de la O.N.U. hacia los Estados que en el curso
de la segunda guerra mundial habían sido enemigos de los miembros de la
O.N.U., se hace evidente a los ojos de cualquiera que haya guardado una
pequeña idea de lo que es la justicia internacional.
Se atenta contra bases fundamentales de todo derecho de gentes en los
656

textos de los artículos 53 y 107, los cuales preconizan una ley excepcional
contra los Estados-enemigos de la segunda guerra mundial y descargan a los
~stados v:~cedores de la obligación general de paz, considerada por lo demás
rmportantis!Illa:
Art. 53 : § 1 "El Consejo de Seguridad utiliza, si hay lugar para ello, los
acuerdos u organismos regionales para la aplicación de las medidas coerc~t~vas tomadas bajo su autoridad. Sin embargo, ninguna acción coercitiva. podrá s~r emprendida en virtud de acuerdos regionales O por
organis:nos regionaJ_es sin la autorización del Consejo de Seguridad; se
exceptuan las medidas contra todo Estado-enemigo en el sentido que
propone la d~fin~~ión tomada en el § 2 del presente artículo, y previstas en la . ap_licacz_on del Art. 107 o en los acuerdos regionales dirigidos
contra reincidencia, por un tal Estado, en una política de agresión, hasta
~l momento en que la Organización pueda, a petición de los gobiernos
interesados, encargarse de la tarea de prevenir toda nueva agresión por
parte del mismo Estado.

Art. 53: § El término estado-enemigo, empleado en el § J del presente
artícu~o, se a~lica a to~o Estado que, en el curso de la segunda guerra
mundial, ha sido enemigo de cualquiera de los miembros de la presente
Carta".
Art. 10~; "Ninguna_ disposició~ de la presente carta afecta o prohibe
una acezan _emprendida. o autorizada, como consecuencia de esta guerra,
por los gobiernos que tienen la responsabilidad de tal acción, en contra
de un Estado que, en el curso de la segunda guerra mundial ha sido
enemigo de cualquiera de los miembros de la presente Carta".'
Ana~ados a la luz del derecho de gentes, estos 2 artículos constituyen un
acto ~nilateral de fuerza frente a los Estados vencidos de la segunda guerra
mundial, los cuales en su calidad de no-miembros son considerados sin embargo como sumisos al Art. II, § 6 de la Carta y por consecuencia están oblio-ados
a actuar en conformidad con los principios de la misma Organizació:, la
cual detennina su situación de parias según los artículos 53 y 107. Y sin embargo, en virtud de los mismos artículos, numerosos miembros de la O.N.U.
son simultáneamente declarados libres de emprender una acción coercitiva
contra un "Estado-enemigo", según la terminología del Art. 107.
Te~endo en cuenta la posibilidad de agresión de un Estado vencedor, por
c_u~q'.11er razón, y bajo pretextos difícilmente verificables, esta agresión revestira S!Illultáneamente de un carácter legal a todos los actos dirigidos contra
657
e H-42

�las potencias coaligadas con un Estado vencido y comprometidas a auxiliarlo
(véase por ejemplo los pactos de las potencias del Oeste con Alemania, por
una parte, y los pactos del bloque del Este por otra parte) , de suerte que en
caso de una hostilidad soviético-americana cada uno de estos dos estadosmonstruos podría hacer valer que su acción estuviese dirigida, según el artículo 53, parágrafo 1 de la Carta, "contra la reincidencia de una política de
agresión" por un estado-enemigo (Alemania) o que fuera tqmado según el
artículo 107 como consecuencia de esta guerra. 5
Los artículos 53 y 107 de la Carta atentan también contra el Pacto Kellog
sin que se pueda remitir al artículo 103 de la Carta ("En caso de conflicto
entre las obligaciones de los miembros de las Naciones Unidas en virtud de
la presente Carta y las obligaciones que tuvieren en virtud de cualquier otro
acuerdo internacional, serán las primeras las que prevalecerán"). Lo cual hace
prevalecer las "obligaciones" de la Carta solamente frente a obligaciones l!SUmidas en virtud de otro Pacto, pero no frente a los derechos excepcionales que
preceden absolutamente a las obligaciones generales del derecho de gentes.6
¿¿Para qué sirven por consiguiente (podríase preguntar) todas las protestas
y solemnes afirmaciones de paz, si a causa de la exclusión de la ley a propósito de los "Estados-enemigos" de tiempos pasados se llegara a una situación que cubra simultáneamente la "legalidad" de una agresión contra "Estado-enemigo" de otro tiempo y "la legalidad" también de una agresión ejeº"de antano.
-;,
cutada contra los Estados que se ligaron con tal " Estado-enenugo
De esta manera se ha introducido el Caballo de Troya en el sistema de las
Naciones Unidas7 y también de esta manera ha perdido para siempre su
importancia toda discusión sobre el término ambiguo de "agresión", después
• Cf. STONE, Legal Controls of lnternational Conflict, 1954, p. 252: "This division
makes it like!y that in any hostilitics which might 3.!"ise between the Sovjte Union and
the Western States, each could plausibly allege that its actíon was diected, under article
53, paragraph 1, against 'a renewal of agressive polícy' by an ex-enemy (a German )
State, fighting on the other side; or was 'action ... tal;:en ..." as a result of "the Second
World War under Artícle 107" et p. 303: "Insofar as these enemies become disposed
as allies of rival blocs of Membres, warlike acts may be cloaked with more or less
legal effect as 'action' against the particular ex-.enemy State".
FR. BERBER, Probleme der Illegalisierung des Kricges durch die Satzund d er Uno"
in "Zeitschrift für Politik", Munich 1961, II, p. 118: "Damit verstossen diese Bestim-

mungen in eklatanter Wei eggegen den die gesamte Volkerrechtsordnung beherrschenden
und die Volkergemeinschaft konstituierenden Gleichheitsgrundsatz, da nicht ihre konkrete
Gefahrlichkeit sondem nur die historische Tatsache ihrer ehemalígen Zugehorigkeit zur
Gegenseite der wichtigeren UNO Mitglieder den Mabstab für diese Diskriminierung
liefert''.

• Cf. Fn. BERBER, Lehrbuch des Volkerrechts, Bd. I., S. 208 ss.
Cf. FR. BERBER, Probleme der Illega/isierung.. .", p. 119.

7

658

de que el problema de su definición retuvo la atención de los hombres de
estado y de los juristas durante un medio siglo.
Lo que se encuentra comprometido y corre el riesgo de perderse es el
espíritu mismo de la Carta de las Naciones Unidas, ya que los artículos 53
y 107 contienen disposiciones incompatibles con los principios fundamentales
de la equidad de derechos fijados en el preámbulo de la Carta ("igt¡aldad de
las naciones, grandes y pequeñas" - "equal rights of nations large and small").
Aún cuando una "debelatio" haya tenido lugar bajo la forma de una "reddition inconditionée" ( "unconditional surrender") el derecho de gentes no
soporta de ninguna manera un tratado prejuicioso en menoscabo de los Estados vencidos por tiempo ilimitado.8
Una de las pruebas más fatales del desconcierto que dejaba entrever este
"Caballo de Troya" introducido en la Carta por medio de los Arts. 53 y 107
fue dada por los Soviets en 1948 al hacer valer la perspectiva de que si quisiera el Consejo de Seguridad intervenir en el problema del bloqueo de Berlín,
ello constituiría una violación directa del artículo 107 de la Carta de las
Naciones Unidas.
Tomando en consideración un tal estado de cosas, se comprenderá fácilmente que una invalidación de estos dos artículos en cuestión surge como una
de las tareas más urgentes que las Naciones Unidas deberían considerar propia de su deber inmediato.
Juan XXIII en su encíclica "Pacem in terris" subrayaba la importancia
de la O.N.U. y expresaba vivamente el deseo de "que la Organización de
las Naciones Unidas puede adoptar cada vez mejor sus estrncturas y sus
medios de acción al amplio terreno y al alto valor de su misión". Y Paulo
VI aumentaba este elogio opinando que "no se puede concebir nada más
elevado, en el plano natural, dentro de la construcción ideológica de la humanidad" .
Ahora bien, nosotros hacemos también el elogio del programa de la O.N.U.
encerrado en su preámbulo, pero consideramos que ello no nos impide de
ninguna manera criticar su espíritu de realización que, por ejemplo, no le
pudo impedir (y esto apenas unas semanas después de su constitución) legalizar por medio del documento de Potsdam ( 17 de julio de 1945) la e&gt;qmlsión de unos quince millones de cristianos de origen alemán.
¿Quién tiene la culpa?
Juan XXIII tuvo cuidadosa precaución en distinguir entre las falsas doctrinas filosóficas y sociológicas, por una parte, y los movimientos históricos
ampliamente influenciados por el curso de los acontecimientos, aún cuando
8

Cf. JosEF SoDER, Die Vereinten Nationen und die Nichtmitlgieder Bonn, 1956,
p. 164 y 227.

659

�estos últimos hayan debido su origen y tomen aún su inspiración de aquellas
teorías, por la otra; él deseó
que una nueva energía venga a animar a los gobernantes, la cual pueda
ayudarles a creer en la presencia de Dios en la historia y a aceptar su
ley, hasta en sus últimas consecuencias lógicas, hasta en las aplicaciones
concretas que comporta, así como que sean llevados a hacer absolutamente todo con espíritu de obediencia a un deber que los trasciende,
que trasciende la vida de los individuos, y que, con este espíritu, no
descuiden nada de lo que puede favorecer al desarrollo de la persona
humana y asegurar aquí abajo una vida en sociedad que tenga por
9
sólidos fundamentos la verdad, la justicia, la paz y la libertad.

La exigencia más urgente en nuestros días para alcanzar y garantizar una
paz fundamentada en la verdad, la justicia y la libertad, será pues el tomar
conciencia por parte de la O.N.U. y de sus organizaciones sucursales (de las
cuales la más importante a la luz del clima espiritual del mundo es sin duda
la UNESCO) de la necesidad de una filosofía teísta acorde con los intereses
de un humanismo cristiano: "Si el mundo se siente extraño al cristianismo,
el cristianismo no se siente ajeno al mundo", así hablaba Paulo VI en Belén
el día de la Epifanía en el año de 1964; con ello aprobaba la verdadera
palabra bien conocida de los escolásticos: coniunctio hominum cum Deo est
coniunctio hominum inter sese, et celle du grand Leibniz: existentia entis
alicuius sapie_ntissimi seu Dei est juris fundamentum ultimum ( § 76) . Las
grandes verdades constituyen el más fuerte y aún único lazo social y étnico;
tan luego como se les abandona las naciones quedan próximas a la ruina.
La unidad religiosa e intelectual es la más sólida base de las unidades sociales
y étnicas.
Ahora bien, vista con esta óptica, ¿ cuál es la filosofía adoptada o recomendada por la UNESCO encargada por la O.N.U. de vigilar la Educación,
la Ciencia y la Cultura del mundo?
El preámbulo de una de sus más importantes instituciones especializadas de
envergadura mundial, a saber de la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO ), es digno de una alabanza igual a la del preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas.
En efecto, gracias a una inteligencia verdaderamente sagaz y global, se cayó
en la cuenta "que, puesto que las guerras nacen en el espíritu de los hombres,
es en el espíritu de los hombres donde deben ser levantadas las defensas
9 Cf. el discurso que Juan XXIII dirigió a los miembros del cuerpo diplomático en
la ceremonia celebrada el 11 de abril de 1963 en la Capilla Sixtina.

660

~e la paz; que la incomprensión mutua de los pueblos es lo que ha sido
siempre, ~n el curso_ de la historia, el origen de la sospecha y la desconfianza
entre naciones, habiendo degenerado a menudo sus desacuerdos en guerras•
que la gran Y terrible ~erra que acaba de terminar se hizo posible a cau~
de haberse renegado el ideal democrático de dignidad, de igualdad y de respeto
a la_ persona h~~~na y por la voluntad de sustituirle, explotando la ignorancia y el preJwc10, por el dogma de la desigualdad de las razas y de los
hombres; q_~e, dado que la ~gnidad del hombre exige la difusión de la cultura
Y la educac10n de todos en Vistas de la justicia, de la libertad y de la
·t
ara t d l
.
d
paz exis en,
P, . o as as naciones, eberes sagrados que deben cumplirse con un esp:nt~ de mut~~ asistencia; que una paz fundada sólo sobre los acuerdos econoffilcos y pohticos de los Gobiernos no podía acarrear la adhesión unánim
duradera y_ smcera
·
de los pueblos y que, por consiguiente, esta paz debe
e,
ser establecida sobre el fundamento de la solidaridad intelectual y
l
d I h
.d d" ( p , b
mora
e a . umam a • ream ulo de la Convención de la UNESCO del 16
de noviembre de 1945).
El obje~v~ sublime _de 1~ UNESCO, a saber "la libre búsqueda de la
v~rdad ob¡etw~ y el libre intercambio de las ideas y de los conocimientos
(ib.) , es lo nns~o. qu~ cada filósofo, cada sociólogo, cada pedagogo debe
reconocer Y segwr s1 qmere aspirar a ser fiel a su alta vocación
El objetivo -~eneral de la UNESCO se encuentra precisado. en el Art. I
de la Convenc1on del 16 de noviembre de 1945 que se expresa como sigue:
La Organi~ación se propone contribuir al mantenimiento de la paz y
de la seguri~~d estrechan~o, por la Educación, la Ciencia y la Cultura,
la colaboracwn entre nacumes, con el fin de asegurar el respeto universal de la justicia, de la ley, de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza de sexo de
lengua o de religión, que la Carta de las Naciones Unid-:is recono;e a
todos los pueblos.

Ciertamente, na~ie puede poner en duda que la UNESCO se ha preocupado.mucho del bienestar de la humanidad en una escala mundial. Ha favor:c1do el c?nocimiento y la comprensión mutua de las naciones ha dado
un rmpulso vigoroso a la educación popular y a la difusión de la cuÍtura y ha
ayudado al mantenimiento, al progreso y a la difusión del saber. Además
ha ayudado mucho al mejoramiento de las instituciones culturales en los país~
devas~dos ! ha constituido un gran número de fondos de socorro facilitando
el meJorarruento de la alimentación para la conservación de los recursos naturales y por muchos otros medios.
La UNESCO ha fomentado el espíritu internacional e inculcado a todos el
661

�respeto de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y reafirmado por todas partes el profundo apego a las libertades fundamentales que
constituyen los cimientos mismos de la justicia y de la paz en el mundo.
Pero, ¿ cuáles son las últimas bases fundamentales sobre las que está edificado todo el edificio y todo el sistema de la UNESCO? ¿A qué sostén de
su poder ejercido sobre todas las culturas del mundo se remiten sus directivos?
Es sin duda de gran importancia conocer lo que el primer Director General y su sucesor pensaron acerca de esto.
En su discurso de adiós que el primer Director General de la UNESCO,
Dr. Julián H uxley, pronunció con ocasión de la tercera sesión de la Conferencia General de la UNESCO en Beirut el lo. de diciembre de 1948 (el
mismo día que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre era
proclamada por las Naciones Unidas) subrayaba la necesidad de la UNESCO
de reducir las distancias psicológicas de las naciones porque ninguna paz
podrá ser permanente si no está basada sobre la cooperación en los asuntos
cient'úicos y culturales. El segundo Director General, Jaime Torres Bodet,
ex-ministro de México, trató de poner en evidencia la universalidad de la
verdad llamando a la UNESCO la conciencia de un mundo nuevo cuyo cuerpo político está formado por las Naciones \Jnidas. La paz como la guerra,
decía, es antes que nada un estado del espíritu humano. Por esta razón debe
ser fundamentada sobre "la solidaridad intelectual y moral de la humanidad"
(Cfr. el preámbulo de la Convención de la UNESCO) . Vista la importancia
de las declaraciones hechas con ocasión de la sesión de Beirut, el cuadernillo que las resume bajo el título "This is our Power..." goza pues de una
importancia marcada en la propaganda de la UNESCO y es frecuentemente
citado. El poder de la sabiduría o de la verdad ( the power of ,'t'isdom or
10
truth), he ahí las bases a las que ha de referirse cualquier crítica seria.
10 "This is our Power..." (UNESCO publication 273) p. 1:
"there is the power
oí war, or trite power which considers that the way to lead men is to know where they
should go, and to tell them, explaining to them as if they were rational beings why it is
the right way'';
p. 3 : "Unesco has the authority of the human conscience. It has the power over
men their own consciences- no more and no less;
p. 6 "no peace will be permanent unless it is based on co-operation in scientific and
cultural affairs";
p. 13: "Truth is universal. Those who deny that first principie and found their hegemony on biased and incomplete reasoning preach lies. Hence the importance of
Unesco's task, because Unesco, truth, and peace, constitute essentially a single enterprise. The United Nations are the body politic of a new world, and Unesco is its
conscience". (Bodet) ;
p. 15: "Peace, like war, is above all, a state of mind... this was our fundamental
idea".

662

Desd~ el moi:nento en que la UNESCO aspira a una identificación de
su p~op1~ doctnna con la sabiduría o la verdad misma y pretende ser "la
conciencia del nuevo mundo", no puede más evitar que se someta a sus b·
ases
f1·1oso'f.icas a una contraverificación.
Ahora bien, no basta que la UNESCO proteste y obligue que el volumen
que
. trata
D.sobre El objetivo y la filosofía de la UNESCO 11 publicado por su
p~er 1rector ?e~eral, el Dr.. Julián Huxley, es de orden puramente in0_ficial Y por consi~ente no obligatorio; de todas maneras este libro seguirá
siendo una fuente magotable para poner a descubierto el fondo metafísico
de la UNESCO Y para echar una mirada por detrás de su escenario espiritual
Ya ~n ~l, texto publicado en Londres por la "Comisión Preparatoria de 1~
Orgamzac10n de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la
Cultura"
el 15 de septiembre de 1946 (UNESCO /C/6) J'uli,an H ux1ey re1·
. .
vmd1ca . para la UN~SCO "a working philosophy, a working hypothesis12
c_oncerrung human eXIStence and its aims and objects" que sólo "an evolutlo~ary "".orld h~,anism" de orden científico "on a truly monistic, unitary
philosophical basIS puede ofrecer (ib.p.6/7). Se trata por consiguiente de
~ue la ?NESGO adopte como punto de partida de su filosofía no un dualismo, smo una base filosófica verdaderamente humanista, buscando la unida?. de todos lo~ pueblos del mundo en un humanismo científico universal,
unif1ca~do los diferentes aspectos de la vida humana e inspirándose en la
~volucion, desde un punto de vista evolucionista; de esta manera, el destmo del hombre puede resumirse muy simplemente así: Realizar el máximo
de progreso en un mínimo de tiempo (ib. p. 12) . Porque la filosofía de la
UNESCO debe apoyarse sobre el evolucionismo, y por ello el concepto de
progreso debe encontrarse en el centro mismo de esta filosofía.
En ~os ?~minios de la filosofía, de las humanidades y de las artes, el método científ1c~,. au~que. necesario, no es suficiente. Ya no es suficiente porqué
aquellos dommios implican juicios de valor a la vez que cuestiones de hecho
Y de comprensió~ intelectual ("because in them value-judgements are involved
as well as _questions of fact and of intelectual comprehension"; ib. p. 39) .
presencia de valores rivales la UNESCO no puede permanecer neutra
( UNESCO cannot be neutral in the face of competing values"). y la
UNESCO no es neutra de hecho; "aún si debiera rehusar llevar a cabo entre los valores una elección consciente, descubriría que las necesidades de

~?

u Cf. D r.
1947.

Ju¡-tán Huxley~ "Unesco: Its purpose and its philosophy", Washington

e ~ La traducción del té~o """.ork~g philosophy'' · por "filosofía del trabajo" es
~onea porqu~ el autor del ;d1oma mgles no tiene aquí en cuenta una filosofía que explicara el sentl~o del trabajo, sino más bien una filosofía que explota toda la virtualidad
que le es propia.

663

�acción suponen esta elección, de suerte que sería llevada, al fin de cuentas,
a adoptar inconscientemente un sistema de valores". ¿Cuál? Es aquí donde
la filosofía del humanismo evolucionista le servirá de guía. La UNESCO
conformará sus valores éticos a las direcciones discernibles en la evolución
fundamentándolos en el hecho del progreso biológico y formando con ellos
una superestructura adaptada a los principios del progreso social ("It ~11
accordingly relate its ethical values to the discernible direction of evolut1on,
usino- the fact of biological progress as their social advance"; ib. p. 40) .
Sob;e esta base, no existe nada inmutable o eterno en ética, aunque subsistan valores éticos generales y duraderos, a saber los que favorecen una
organización social de naturaleza tal que pueda dar a los individuos todos
los medios de desarrollar o de expresar su personalidad de una manera compatible con el mantenimiento y el progreso de la sociedad.
Quedan como inadmisibles para la UNESCO, sobre todo, los modos del
pensamiento juzgados dogmáticos, sean éstos del dominio de la filosofía o
del de la teología. Para Huxley se trata pues de evitar todos los dogmas sean
cuales fueren, ya sea que se trate de un dogma teológico, marxista, filos_ófico
0 de cualquier otra naturaleza: "we must eschew dogma -whether 1t be
theological dogma or Marxist dogma or philosophical or any other form of
dogma"; para Huxley todo dogma no es sino la cristalización de algún sistema de ideas que han dominado una cierta época: "for that is what d~gmas
are- the crystallisation of sorne dominant system of thought of a particular
epoch" (ib. p. 61).
La tarea principal consiste en ayudar al nacimiento de una cultura mundial
única que posea una filosofía propia, una estructura ideológica y un vasto
programa de acción.
En fin es la idea de un régimen mundial y único el que inspira la moral
última d~ la UNESCO. Esta debe considerar una forma cualquiera de unidad política mundial (sea gracias a un gob_ierno mundial ~ico, sea de _otra
forma) como el único medio seguro de evitar la guerra: 1t must env1sage
sorne forro of world political unity, whether through a single world government or otherwise, as the only certain means for avoiding war", (ib. p. 13) •
De manera tópica, en su programa de educación, la UNESCO puede hacer
resaltar la necesidad última de la unidad política mundial y familiarizar a
todos los pueblos con todo lo que implicaría la transferencia de la plena
soberanía de las naciones separadas a una organización mundial: "Specifically, in its educacional programme it can stress the ultimate need for world
política! unity and familiarise ali peoples with the implications of the transfer
of foil sovereignity from separate nations to a world organisation" (ib. p. 13) ·
Aunque este libro del primer Secretario General de la UNESCO, el Dr.
664

Julián Huxley, no aspira de ninguna manera a ser interpretado como la expresión oficial de la filosofía que nutre a esta organización mundial, no por ello
es menos importante para darse cuenta del clima espiritual que allí reina.
Ahora bien, nadie podrá negar que es la filosofía positivista la que, con exclusión de todas las metafísicas fundamentadas sobre verdades y valores de orden
objetivo, priva sobre las demás interpretaciones filosóficas del mundo y del
hombre. Además, la terminología que pone de relieve al humanismo fue de lo
más proteico que se puede imaginar.
Es estrictamente necesario tomar conciencia de los numerosos "fideísmos
científicos" de muchos filósofos contemporáneos que se colaron en ese "adogmatismo dogmático". El problema del hombre como tal en los últimos años de
nuestra época ha vuelto a ser el problema central de la filosofía. La antropología
filosófica es una de las denominaciones modernas de un giro de espíritu tan
viejo como la filosofía misma. Lo que es nuevo es la tendencia marcada a escamotear la trascendencia que le fue propia durante tantos siglos; lo que es
nuevo es la tendencia a dejarse absorber por el juego de una nueva interpretación que se llama "humanismo" y que no es menos dogmática que aquella interpretación a la que se pretende reemplazar. En efecto, no se trata de sustituir la fe por una ciencia, sino más bien una fe "positivista" a la fe "trascendente". La problemática milenaria de interpretación de lo que se comenzó a
llamar humanismo puede ser reducida a un doble antagonismo de dos posieiones fundamentales, según que se trate del hombre autónomo o del hombre
teótropo. Según el concepto del hombre autónomo el humanismo se identifica
con el existencialismo ateo. Es así como el ateísmo militante pretende ser una
de las filosofías más humanas después que ya Carlos Marx había identificado
en sus primeras publicaciones al comunismo con el naturalismo acabado y
este último con el humanismo también acabado. 13
Ahora bien un humanismo enraizado en la filosofía positivista como el del
primer Secretario General de la UNESCO (Julián Huxley) no está a medida
de ofrecer la base sólida para una organización mundial porque, por su intolerancia frente a las verdades y valores objetivos de otras filosofías, adopta
la misma intolerancia que había descartado precisamente por ser intole10

Cf. HANNS Ln.JE, Atheismus, Humanismus, Cristentum, Hambourg, 1962, p. 37 ss.
Cf. Ivo HOLLHUBER, Philosopher c'est apprendre a ·etre homme, Actes du Xleme
Congres International de Philosophie, Bruxelles 1953, vol. XIV, p. 9 y ss.
Ivo H&lt;iLLHUBER, La Cita del hombre Moderno consigo mismo, Memorias del XIII
Congreso Internacional de Filosofía, México 1963, vol. II, p. 179 ss.
KARL MARX, Frühschriften (ed. A Kroner), Stuttgart, 1953, p. 235.
] EAN PAUL SARTRE, L'existentialisme est un Humanisme, París 1946.
]ACQUES MARITAIN, Principes d'une Politique Humaniste, París 1945.
LEOPOLDO PALACIOS El mito de la Nueva Cristianidad Madrid 1952.

665

�rancia. Con mucha razón, pues, Heinrich Kipp en su volumen "UNESCO",
Munich 1957, plantea la cuestión de que si se podrá alguna vez tener éxito
en el intento de salvaguardar suficientemente la fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona humana, rechazando el reconocimiento de su fundamento último en la trascendencia
divina.14
Cualquiera que juzgue nuestras aprensiones demasiado lúgubres y sin la suficiente fundamentación en el texto de 1946 o 1947 publicado por el primer
Secretario General de la UNESCO, es remitido a un volumen de fecha mucho más reciente del mismo autor que nos muestra los frutos maduros de los
brotes de entonces: El agnosticismo de antaño ha dado en un ateísmo profesado francamente en los "Essays of a Humanist'' del mismo autor. Aquí Dios
ya es transformado por Julián Huxley en "una hipótesis construida por el
hombre para _ayudarlo a comprender el sentido del ser", y la afirmación de
que Dios es la realidad fundamental y última es "un engaño semántico de
una constatación tan vaga que va a perder toda clase de sentido" .15
Pero hay más. En demérito de la UNESCO no faltaban voces que expresaron dudas y aprensiones siniestras que no queremos dejar en silencio, aun
cuando, en algunos puntos por lo menos, nos encontremos distantes de su
significado.
En un artículo muy sucinto -"¿Debería morir la UNESCO?" 16- el conocido filósofo y pedagogo italiano de envergadura mundial Benedetto Croce, hacía suya la opinión de que la falta de fuerzas eficazmente aptas para
formar una verdadera comunidad era sin duda la causa de que la obra concebida por un tal humanismo y realizada con un despliegue de tales fuerzas
como lo había sido la UNESCO, debía ya rápidamente resbalar hacia una
crisis tan grave que hacía surgir la cuestión de si debiera o no continuar
" Cf. HEINRICH KlPP, Unesco, Munich (Isar Verlag), 1957, p. 132-159.
15
JuLIAN HuXLEY, Essays o/ a Humanist (ed. Chatto 5 Windus, Ltd, Londres); Cf.
también la traducción alemana bajo el título de !ch sehe den künftigen Me:ischen,
Munich (List-Verl. ) 1965, p. 222: "Gott ist in Wirklichkeit eine von Menschen konstruierte Hypothese, die ihm helfen soll, in Sinn des Daseins zu verstehen"; p. 223: "zu
behaupten, Gott sei die letzte Realitat, ist, genau genommen, ein semantischer Betrug,
eine so vage Feststel Jung, dass sie jeden Sinn verliert".
J ulian Huxley se muestra además ignorante con respecto al dogma católico al hablar
de una "verdadera deificación de María" en el catolicismo (p. 222: "der eigentlichen
Vergottlichung Mariae im Katholizismus").
1
• Cf. BENEDETTO CRoCE Should Unesco Die?, en "The Manchester Guardian" del
18 y 19 de julio de 1950; también.
W. G. CARR, He Conditions Necessary for the Success of Unesco en " Reflections on
Our Age" ed. by D. Hardman, 1948 p. 299 ss.

666

subsistiendo. Fue Benedetto Croce quien -según la oprmon del sociólogo
austríaco Johannes Messner (Wien y Birmingham)- puso en fin el dato
en la verdadera razón del porqué la UNESCO estaba atorada.11 Aunque
Croce recibió cuatro veces Ja invitación de adherirse a ella, rehusó su colaboración a la UNESCO por juzgarla privada del indispensable lazo espiritual que hubiera sido el único capaz de fundamentar una comunidad y sin
el cual ni siquiera un justo término jurídico podía ofrecerse para designar
adecuadamente la estima que todos los miembros de la UNESCO deben cultivar para el hombre y sus derechos natural~s universalmente obligatorios.
Aún desde el punto de vista político surgieron sospechas graves frente al
papel que la UNESCO desempeña en el transfondo del escenario de la historia mundial. El general Sumpter L. Lowry había sometido a un comité del
senádo americano las siguientes aprensiones: La UNESCO le apareció como
un medio inventado por las Naciones Unidas para alcanzar su objetivo, a
saber la conquista del gobierno americano convertido en un gobierno mundial. Su tarea consistía en cultivar en los ciudadanos americanos el orgullo
vanidoso de ser ciudadanos de un Estado Mundial para que acepten un gobierno mundial como Ja cosa más natural del mundo. Con el fin de propagar
la idea falsa de una UNESCO como medio de alcanzar la paz mundial, el
"State Department", según él, debería ser constreñido a estigmatizar a la
UNESCO y a llamarla lo que ya le parecía ser de hecho: U na conspiración
para la creación de un Gobierno Mundial y para la conquista del gobierno
de los Estados Unidos.18
Sospechas aún más lúgubres atormentaban a Cristof Norborg, antiguo colaborador de la UNRRA, y a quien parecía que había llegado el momento de mirar la verdad de frente (por más penoso que ello sea): "Las Naciones Unidas
sirven únicamente al Kremlin y a su esfera de influencia".19
Ahora bien, la historia ha progresado desde el año de 1947, fecha de este
enunciado, y uno se puede convencer, una vez más, de que el peso de la
historia se carga sobre el de las doctrinas.
Douglas Reed, el antiguo colaborador bien conocido de T imes, estimó que
ya no estaba muy alejado el tiempo en el que, por los esfuerzos de la
"WARWG" (Organización Mundial de Parlamentos de un Gobierno Mun" Cf. JoHANNEs MESSNER, Widersprüche in der Menschlichen Existenz Vienne-Innsbruck-Munich (Tyrolia) 1952, p. 289.
18

Cf. SuMPTER L. LoWRY en The Tablet del 24 de julio de I 954, citado por Emmanuel Reichenberger, Wider Willkür und Machtrausch, Graz y Goettingen, 1955, p. 501.
18

Cf. CRISTOF NoRBORG en The Catholic World, septiembre de 1947, citado ibid.
p. 502.

667

�dial) se prepara un cambio de la Carta de la ONU de suerte que esto poco a
20
poco llegaría a transformarse en un gobierno mundial de orden dictatorial.
Recuérdese en fin el tono llano de las opiniones ilusionistas que W ende[
Wilkie ofrecía al gran público americano en su libro One World imitando la
táctica de Roosevelt.
Ahora bien, según Emmanuel Reichenbergen, viejo ciudadano americano,
ya no es un secreto que en los Estados Unidos círculos de gran influencia
( existen más de 200 organizaciones sin contar a los grupos lecales) colaboran
en la creación de un Gobierno Mundial, que se han propuesto alcanzarlo como
objetivo último. Reichenbergen hace recordar la relación ideo-histórica entre
los designios de las sociedades secretas en tiempos de la Revolución Francesa,
la entrada de los "Iluminados" en América, la ideología de Louis Blanc concerniente a un super-estado y la "Revolución Mundial", así como las construcciones
de Edward Mandell House, originario de Texas, quien gozaba de una influencia enorme durante los dos períodos electorales del Presidente Wilson,
sobre el cual en particular su influjo era eficaz así como sobre el Ministro
Inglés de Relaciones Extranjeras Sir Edwrd Grey. Siempre privaba la idea
principal de una autoridad superior a las naciones, sostenida por la fuerza.
Se hablaba de una unión de todos los pueblos formando una liga para obtener la paz por la fuerza. Creando una "General Association of Nations" sólo
se hubiera intentado fundar una liga de las naciones para mantener una especie de tiranía. Reichenberger no veía en todo esto sin una sola línea que
iba desde los iluminados hasta Louis Blanc; Philippe Dru y, más lejos, hasta
la WAPWG del año de 1953. Era por consiguiente de temerse el que un buen
día el regimiento de los ciudadanos unimundiales, tal vez aprovechando la
ocasión de una nueva guerra mundial, llegase a erigir una tiranía aún más
21
nefasta que lo que sería la tiranía ejercida por los comunistas. Al querer
descubrir las fuerzas más secretas de que se nutre el pensamiento íntimo de
la UNESCO, uno se enfrenta a una gran dificultad que surge tan luego como
se toma en cuenta la ambigüedad de los tres conceptos bases de la UNESCO
cuyas letras iniciales constituyen parte de su denominación: Educación, Ciencia y Cultura, las cuales pueden interpretarse de manera muy diversa:

Ciencia

Aunque la filosofía del primer Director General de la UNESCO Julián
Huxley no sea obligatoria sigue siendo verdadero que la UNESCO toma sus
Cf. DouGLAS REED en When World Government Moves In, escrito para el "Economic Council Letter", No. 312 del lo. de junio de 1935, citado ibid., p. 503.
"' Cf. EMMANUEL REICHENBERGER, Wider Willkür und Machtrausch, p. 504-506.
20

/

668

dis_rai:1cias _( como ya lo vimos) ante toda especie de metafísica y de verdades
ob3et1vas sm que sea un óbice para ello el compromiso de "la libre bús d
de la, verdad objetiva" concertado en el preámbulo de la Convenc1on,
. , que
a
conte~tandose con un hum~nismo :•~ui generis" de carácter científico y espiritual.
Mientras que el humamsmo clas1co, según la opinión de la UNESCO, había
quedado_ encerrado en la región , del Mediterráneo, el humanismo moderno
en cambio no conoce ni limites ni fronteras. La sublime tarea de la UNESCO
es ayudar al n~cirniento de ese nuevo tipo de humanismo.22 Se sobreentiende
~ue ~l h~amsmo es más propicio a la filosofía positivista y se deleita en
descnstahzar nuestros dogmas de toda especie". 23 Por consiguiente es congruente _que, en el programa de la UNESCO, la filosofía como tal no figure
·
. , ba30 . el título de "ciencia"
.
, sino baJ·o el título de "cultura " , en opos1cion por e3emplo al uso mveterado de la mayor parte de los países occidentales
los cuales no desconocen a la filosofía su carácter científico. No es de extra~
ñarse. por consiguiente el que la metafísica sea juzgada adecuadamente por
los rmembros de la UNESCO que han reconocido al materialismo dialéctico
como la filosofía oficial de su país. Desde un punto de vista positivista el
caráct~r de "ciencia'' es negado, como se sabe, a ·todas aquellas disciplinas
que no proceden según un método matematicoide y que no tratan de algo
mensurable o calculable. El problema de la ciencia como tal sigue siendo
uno. de_ los prob!emas m~ delicados e importantes al mismo tiempo y, por
consiguiente, tsta muy le3os de ser definido de una manera unánime.u
Cultura

tal como es visto por la UNESCO, se encuentra
b Eldconcepto de
D la cultura,
h
asa o en 1os erec os del hombre sin que exista una op1ruon
· ·' unarume
acerca de los_ supuestos espirituales y morales de tal base, lo cual ha sido
puesto de relieve entre otros por H. Kipp en su profundo estudio sobre 1
UNESC0.25
ª
~~s-~ún, !ª dificultad para encontrar un denominador común para una
def1mcion mas o menos adecuada del concepto de la " cult ura" crece por el

_= Cf. JAJME ToRRES BoDET, l. c. p. 16: "Classical humanism was at one time restn~ted to th? Mcditerranean region. Modem humanism must know no limit or frontiers.
Unesco s supreme task to help to bring this new type of humanism to birth".

It::

. Cf. JuLIAN HuXLEY, "Unesco, Its purpose and philosophy", p. 61: If we are to
ach1eve progress, we must leam to uncrystallise our dogmas":
:• Cf. p. e. un estudio muy profundo del conocido filósofo italjano Michele Federico
Sc1acca, "La Filosofia Oggi", Milán 1958, Vol. II, p. 173-277.
"' Cf. HEINRICH K!PP, Unesco, Munich (lsar-Verl.) 1957, p. 138 ss.

669

�hecho de que las terminologías empleadas para tratar sobre la cultura o
sobre la civilización difieren mucho en las lenguas, por ejemplo, francesa,
inglesa y alemana. Tomado rigurosamente, la traducción exacta que corresponde a la noción francesa de la "cultura", no podría ser en alemán "kultur",
sino más bien "bildung", mientras que al término alemán "kultur" correspondería en las lenguas romances y anglosajonas más bien la noción "civilización" .26
La cultura, lejos de ser unánimemente reconocida como la realización de
los valores objetivos y universales y como la esfera en la cual el hombre
puede desarrollar plenamente lo que hay en el más humano, corre el riesgo
de verse degradada al nivel de los usos y de las costumbres.27 Para nosotros
la cultura se identifica con la objetivación de una conducta espiritual frente
al sentido más íntimo del ser.28 (Para Gerbet).
"la ambición de los primeros años de la UNESCO era a poner fin al
amurallamiento intelectual del mundo y buscaba un denominador común a las diferentes culturas. La Organización hizo suya la Declaración
Universal de los Derechos del H ombre, pero experimentó algunas dificultades en definir lo más indisp~nsable de una doctrina intelectual
que fuera más que un acto de fe en los beneficios de la instrucción. Después de haber aspirado a convertirse en el 'Vaticano del pensamiento
racionalista', la UNESCO se volvió hacia tareas más concretas y más
fecundas: El desarrollo de la instrucción elemental en los países desprovistos de escuelas, las facilidades al intercambio de libros y de informaciones, las becas de estudios, los trabajos bibliográficos, la organización
29
de investigaciones colectivas sobre ciertos problemas importantes".

Ahora bien, este análisis sagaz nos prueba nuevamente que la UNESCO
ha fracasado en los esfuerzos que se impuso para echar las bases ontológicas
de su propio sistema en tanto que un nuevo humanismo, contentándose con
abarcar la declaración de los derechos del hombre a la manera de una última
•• Cf. ANTON HrLCKMAN, Wesen und Bedeutung der Wissenschaft von den Kulturen
en la "Zeitschrift für Ganzheits-Forschung", Viena 1961, p. 11/ 12 y en
Ivo HoLLHUBER, Sprache-Gesellschaft-Mystik, Munich 1963, p. 119/120.
Cf. JoHANNES MESSNER, Kulturethik, Innsbruck-Vienne-Munich (Tyrolia), 1954,
p. 336: "Was ist Kultur? Zunachst: Offenbar das, worin der Mensch die Vollentfaltung
des wahrhaft Menschlichen findet".
&gt;s Cf. Ivo HOLLHUBER, Sprache-Gesellschaft-Mystik, 1963, p. 118: Für uns ist Kultur
der objektivierte Niederschlag seelischer Haltung letzten Sinnzusammenhangen gegenüber".
,. Cf. PIERRE GERBET, Les Organisations lnternationales, p. 95.
21

670

medida ~ara el _comportamiento obligatorio de sus miembros, pero ha acertado
en ~~10 al eJecutar un gran número de las tareas de orden práctico y ha
contn?wdo ~on. ello, en una medida digna de la más alta aprobación, a
redu_c1r la rmsena humana y a animar a los hombres para el proareso
del
0
medio material e instructivo para todos.
Educación

Nadie podrá negar que la UNESCO ha conquistado grandes méritos por
su labor en los gigantescos progresos escolares del mundo entero sea tratándose del mejoramiento del medio material, sea tratándose de Ía conservación y utilización de los recursos naturales de los pueblos O bien de la inform~ción mundial por medio de encuestas y de documentaciones sobre el estímulo
de u~ espíritu internacional y sobre la coordinación de investigaciones y de
tr~b~JOS en favor de un patrimonio universal de la humanidad entera. Las
multiples y sobreabundantes contribuciones en todos estos dominios que ha
hecho la UNESCO en favor de las naciones grandes y pequeñas le rendirán
honor para siempre. Sin embargo algo falta. ¿ Qué cosa? Desdichadamente
lo más importante desde el punto de vista espiritual del hombre. El hombre
por su naturale~a no
saciará jamás por medio de una vida fácil, por más
~ductora_ Y satisfactoria que pueda parecerle en un cierto momento de su
VId~ pa~cular o de su vida nacional. El hombre, por su naturaleza misma,
es msaciable y está hambriento de infinito. En vano puede quererse satisfacerlo po~ m~dio del bienestar material y cultural y por el perfeccionamiento
de las ciencias naturales y morales. No basta inculcarle el respeto a los Derechos del Hombre de los cuales ni siquiera puede hacerle ver de manera
no equívoca, las últimas bases fundamentales. En efecto los ~onceptos-columnas que ,!und~me~tan cualquier manera de ver el mundo, sea que se
trate ~e. la_ conc1enc1a", de la "justicia", del "derecho", sea que se trate
de la digrudad del hombre", se encuentran muy lejos de poseer en nuestros
días una sola signi~icac_ión; más bien se han hecho proteiformes hasta llegarse
a prestar a cualqmer tipo de molde o cuño, mismo que llegan a sufrir a menudo en sentido contrario al sentido primario que se les ha hecho perder
poco a poco.
De esta manera, unos reconocen la justicia como fundamentada en verdades objetiv~ e invariables que derivan de una ley natural y que se encuentran :11ra1Zadas en último término en la voluntad divina mientras que
otros, habiendo resbalado hasta un colectivismo absoluto identifican la misma
. ..
'
Just1c1a con la utilidad colectiva.30

s:

30

Cf. HEINRICH KlPP, Unesco, p. 131-159

671

�De esta manera se puede limitar la educación a ser el arte pedagógico
de trasmitir a las generaciones futuras un saber estandardizado de orden
más o menos técnico así como un saber de las disciplinas intelectualizadas sin
cultura de espíritu y de corazón, mientras que la virtud pedagógica estará
siempre dispuesta a asumir la gran responsabilidad de hacer crecer en las almas de la generación futura, en conformidad con un proceso orgánico, lo
que ella ha enseñado intelectualmente y lo que constituiría su verdadera
cultura.
Permítasenos invocar la memoria de un enunciado del pedagogo internacional Eduard S pranger quien tenía costumbre de definir la cultura como
"Bildung" en un sentido análogo.31
En lo que concierne al programa especializado semblanteado por la
UNESCO, habrá que mantenerse en guardia ante todo, desde el momento
en que se trate de revisar y de preparar manuales de historia contemporánea.
Por más justificada que pueda ser la tarea de evitar en la enseñanza, primaria y secundaria sobre todo, lo que, sea directamente, sea indirectamente,
podría inculcar a los estudiantes un odio nacional, sin embargo es peligroso
presentarles como un dogma indiscutible lo que no podría ser sino el resultado de las encuestas objetivas que están muy lejos de verse terminadas. En
otros términos, se corre el riesgo de pecar contra este precepto cada vez
que por ejemplo se presenta a Alemania como la única responsable de la
segunda guerra mundial, o bien a Roosevelt, sepulturero de Europa, como el
"genio político" por excelencia.
¿ Qué resulta de todo esto?
La gran interrogante que entraña todo el futuro es la de saber si la página que la historia ha vuelto después de un tan largo y tan ensangrentado
período de luchas y de combates, abriría al mismo tiempo la puerta a una
aspiración común a los valores obligatorios y unificadores de las normas de
orden objetivo que sirven de base a la comunidad mundial.
Constatamos, desgraciadamente, la desaparición casi total de la fe religiosa
y el abandono de toda responsabilidad moral. Es el fruto tardío de una ciencia
"positiva" e intrínsecamente atea que sembró su grano en el siglo de la
luz. La paz sobre la tierra puede ser instaurada y consolidada sólo a condición de que el orden moral establecido por Dios sea respetado (Cfr. el
preámbulo de la encíclica "Pacem in terris" de Juan XXIII). Sería necesario volver a transformar el espíritu mundial tan ampliamente "desteolo-

gizado"
desde
lim
· • el "siglo de las luces" que ha llegado a establecerse como
c , a espmt_ual de _las organizaciones internacionales de nuestra época, y
sena necesano orgamzar de una manera o de otra una especie de "Cruzad
Teísta"
al servicio de un "apostolado de la verdad" para Poder estar a me-a
d"d
1 a de volver a dar al mundo entero la única base que puede ser capaz de
soportar bamboleos gigantescos que lo amenazan todavía.

n Cf. EDUARD SPRANGER, Psychologie des Jugendalters, 17me ed., Leipzick, p. 269:
"Bildung ist das Organischwerden dessen, was man intellektuell aufgenommen hat" (la
formación cultural se efectúa por el proceso orgánico de lo que se ha aprendido intelectualmente) .

672

673
• H-43

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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Sección Qµinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS
1

�CINCO LECCIONES DE XA VIER ZUBIRI. DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE. Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo
León.

I

HAcE ALGUNOS AÑOS ME SENTÍ impulsado a escribir, para la prensa mexicana, un
artículo intitulado: "Nuestra deuda con Zubiri". Quería hacer patente mi gratitud
al maestro que me hizo descubrir una nueva luz filosófica y un nuevo estilo de filosofar. A muchos de mi generación, él nos lanzó, cobrando conciencia de la realidad,
en la apasionante aventura intelectual del filosofar. El magno espectáculo del riguroso filosofar en cuanto tal, que es Zubiri, nos ha develado un modo de existir y un
tipo de quehacer vocacional. De mí sé decir que si no hubiera ocurrido mi encuentro con Xavier Zubiri, tendría un espíritu completamente distint&lt;Y del que tengo. Acaso les haya sucedido eso mismo a muchos otros cultivadores hispanolocuentes de la
filosofía. Y todo ese ámbito prodigioso de la temática y problemática zubiriana, toda esa herencia emocionada que no podemos ni queremos negar, nos lleva -me lleva a mí, por lo menos- a hablar de nuestra deuda con Zubiri.
"Cinco Lecciones de Filosofía" ("Sociedad de Estudios y Publicaciones", Madrid1963) es la última obra de Xavier Zubiri. Se trata de una exquisita cortesía filosófica del autor para el público culto no iniciado, especialmente, en la filosofía. No tan
sólo presta un "servicio informativo y orientador", sino que nos hace vibrar al unísono con Aristóteles, Kant, Comte, Bergson, Husserl, Dilthey y Heidegger. El autor
ha querido prescindir de toda crítica para ofrecernos, henchido de simpatía y de
respeto, una exposición de lo que significa la filosofía en siete filósofos ejemplares.
Nada más y nada menos.
La filosofía, en Aristóteles, es una forma de saber, uha función intelectual y un
modo de actividad. Saber es poseer intelectivamente, firmemente, la verdad de las
cosas. Sobre el sentir -primer esbozo del saber, que compartimos con los animalesse organiza, por la retentiva o memoria, un orden que llamamos experiencia, "ernpeiría". H ay cinco modos de saber exclusivos del hombre: a) la tékhne consiste en
saber hacer las cosas. Es el modo primario y elemental de estar en la verdad de las
cosas. Mientras el saber de la experiencia ignora el por qué y es particular, el saber
de la tékhne es universal. b) El saber de la phrónesis -que los latinos llamaron
Prudentia- no es un saber hacer cosas, sino una actividad ("enérgeia"). Saber universal que no se constriñe a determinadas circunstancias, sino que se refiere a la totalidad de la vida y del bien del hombre. Trátase de "una habitud de praxis con
razón verdadera acerca de lo bueno y de lo malo para él hombre". c) La epistéme

677

�es realmente el verdadero saber de las cosas. Habitud de la demostración que nos
muestra un "por qué" universal por necesario. Ciencia es un saber "demostrar la
interna necesidad de lo que no puede ser de otra manera" (Opus cit., p. 22). Saber
apodíctico que fue la genial creación aristotélica. d) La intelección ( nous) está constituida por' "ciertas supremas aprehensiones videnciales del ser de las cosas. Solamente así es posible la intelección apodíctica. El saber apodíctico no recae directamente -ejemplifica Zubiri- sobre las relaciones triangulares, sino sobre "el" triángulo. Por esto la videncia noética de la triangularidad es el principio de toda la
ciencia del triángulo" (p. 24). e) La Sabiduría ( sophía) es el saber integral de algo.
Estriba "en, la visión de los principios y en la necesidad con que de ellos deriva necesariamente una ciencia y el Nous de las cosas que por su naturaleza son las más
nobles". El Estagirita quiere hacer de la filosofía una ciencia rigurosa que se explique acerca de sus propios principios. Llama a la filosofía "la ciencia que se busca". Ciencia según el todo en que está. Totalidad como coincidencia de todas las
cosas en un mismo carácter: el "ser". En tanto en cuanto es, toda cosa forma
parte del todo. La potencialidad viene de una actualidad y va ordenada a ella. En
consecuencia, ente es, ante todo, ente como algo actual, ente por sí mismo, substancia.
Como todo modo de saber, la filosofía desempeña una función intelectual. Se
dice que el que la posee es sophós (sabio). Por sophós, Aristóteles entiende el que
conoce no sólo cosas determinadas, sino que abarca el dominio entero de las cosas
que le conciernen. Pero hay varios otros significados: aquel cuyo dominio sabido
es lo más difícil e inaccesible, saber exacto de las cosas, saber enseñable, saber rector, saber que se busca por sí mismo. Solamente cuando las técnicas del placer, de
la comodidad y de la vida fácil se han descubierto, el hombre puede liberarse del
negotium y quedarse en simple otium. En el ocio se ha originado el mito por huir
de la ignorancia. Pero es la sabiduría el saber supremo de las cosas porque versa
sobre su entidad. Ser es el carácter y la noción más universal que cabe. Ninguna
cosa queda, pues, fuera de la filosofía. Nada más difícil e inaccesible que lo universal.
Filosofar es un tipo de bíos, de vida. No se trata, para Aristóteles; de una ocupación esporádica del hombre, sino de un modo de actividad que es patrimonio del
hombre libre. Es libre, según Aristóteles, "el hombre que es para sí mismo y no
en vista de otro". "El supuesto básico de la democracia es la libertad". El hombre
libre vive en la polis, dentro de un régimen de autodisponibilidad.
"Todos los hombres queremos ser felices", dice Aristóteles en el Protréptico, un
escrito de juventud. La felicidad es la habitud de lo bueno. Las diferencias de
ethos son diferencias ante lo que se considera el bien del hombre. Hay tres tipos de
vida: logro de goces y satisfacciones, vida política ( regir con justicia a los demás)
y vida teorética ( entrega a la verdad de lo que las cosas son) . Esta última se funda en las virtudes dianoéticas ( de la actividad del Nous) . La superioridad de la
vida teorética se caracteriza: a) por ser la más alta, la más fuerte, la más vigorosa; b) por ser la actividad más continuada, la que no se agota por mucho que
se detenga en la cosa; c) por ser la que produce las satisfacciones más admirables: lo que las cosas son; d) por ser la actividad más autárquica; e) por ser
la única actividad amada por sí misma; f) por ser la más ociosa de todas las actividades. El bíos theoretik6s no sólo es el bíos más alto, sino el más divino. Atiende a "lo que siempre es". En consecuencia es inmortal y envuelve al The6s. Más

aún, hombre.
és la vida de The6s mismo. p ura act1v1dad
. .
del
actual. Teoría pura. Es lo mejor
como forma de saber' la r·1
. z b..
1 "En
b conclusión:
d 1
I osof'Ia -apunta Xavie
e sa er e os entes en cuanto ent es, eI sab.er apod1ctico
, . de 1
· r· • u i n - es
en cuanto tal y en su omnitud total C
f ·~ .
· os prmc1p1os del ente
función de ser sabiduría. más a, . . lomob_unc~on mtelectual, la filosofía tiene la
•
'
un. es a sa 1duna por excele · 1
b.d ,
.
mera. Fmalmente, como modo de actividad 1 .
,
, ncra, a sa I una pnsuprerna Y más divina "C a t
,
li '. a filosof1a es b1os Theoretik6s, la forma
·
u n o mas so tano y abandon d
, .
encontrando -confiesa Aristóteles- m
, a o . a llli Ill!Smo me he ido
comenta· "N
, .
' e he vuelto mas allligo del mito" y z b. ·
0 es verosmul que Aristóteles hubiera
,
•
bdi d
•
·
u m
sof1a. Pero sería posible que su 1.de d I fil f' a ca o de su idea de la filo. •
ª
e a oso 1a como sabid '
1 •
más d 1vma del hombre hubiera t
. d
una Y como a vida
mito del saber. Sea de ello lo q ermmfa o por parecerle un poco mítica: sería el
ue uere entre estos dos mitos ¡ •
,
b
'
, e lllito que aun no
ha 11egado a ser un saber
1
la filosofía como una cien~ae ( sa_ e; como mi~o,. Aristóteles ha inscrito su idea de
todo en tanto ue es
epISt me) apod1ct1ca de la entidad de todo, y del
q
, Y solamente en tanto que es" (pp. 56_57 ).

11
Para acercarse a la idea kantiana de la filosofía, Xavier Zub· · d"I ·d
mente cinco puntos:
in
1 uc1 a sucesiva-

t·

~a
a
La
o. La
5o. La
o.

!º·

!0rmulación precisa del problema filosófico

para Kant.
idea de un nuevo método en la filosofía prim
e~truc~ura del saber filosófico como ciencia de e:jetos
fil~sof1a como saber de lo trascendente.
.
urudad del saber filosófico: la ciencia filosófica.

¿ Cómo saber si efectivamente una serie de saberes ha
d.d
gura. . . el real camin d
• . ,,
empren 1 o "la marcha se.
o e una c1enc1a ? Kant contesta con tres
.
.
eXIsta verdad en los resultados obtem.dos· b ) que existan
a ) que
, 1exigencias:
1
•, r·.
' ,
no so o resu tados verdad eros, sino, además' una di·r ecc1on
1Ja un metodo
la ·
· .,
c) que cada verdad ,
• d '
.
' en
mvestlgac10n de la verdad ·
as1 conquista a acreciente el sab
•
'
lo destruya, esto es si la marcha
,
er antenor y no simplemente
do lo restante son :neros pro
' segun aqu~l n:1étodo, es realmente progresiva. To.
gramas, nunca c1enc1a real
. Mientras la matemática y la física son cienci
. .
, .
siempre a discusión no llega a 1 .d d úl .
as ngurosas, la metaf1S1ca, sometida
'
c an a es timas no entra '
1
y sin embar
" .
'
aun por e seguro camino
d e la ciencia
sica".
T 'ta .
K
go, mientras haya hombres en el mundo habrá metafí
ra se, para ant, de una "disposici, f d
"
mana. El problema filosófico e I b ,
d odn un amen tal de la naturaleza hus a usque a e un nue O
·- • •
f d
no sólo originante. No se t t d
.
.
v. prmc1p10 un amental y
cierna la índole de la pur ra a, e1 onge~ _de las ideas, sino de un juicio que disL
, .
a razon, una critica de la razón ura
" a matematlca construye figuras y números se ,
p
.
. .
construcción". "La físic d G lil
. .
gun conceptos. Es ciencia, por.
ª
e a eo es c1enc1a no por p d · · ·
smo por hipótesis" (p 76) A ,
did
a o eix1s ru por construcción
es lo que Kant llama. "m·tw
. .' . ~1 ,~ntHen a la ciencia tiene ante todo algo "dado"'.
c1on
ay además t
•
d.
'
contepto es principio "para" 1 .. tui . ,'
' o ro mgre iente: el concepto. El
cíos; pero las intuicione . l a m c10n. Los conceptos sin las intuiciones son vacepto ". Por q ,
s sm. os conceptos son ciegas. Veo la naturaleza con el con•
é
ue no renunciar al supuesto de que los conceptos están tomados de

679

�las cosas y en lugar de hacer que la
los que giren en tomo de la mente?
blemas astronómicos con sólo suponer
no el sol en torno de la tierra. ¿No

mente gire en tomo de los objetos, sean éstos
Copérnico resolvió de golpe una masa de pro•
que es la tierra la que gira en torno al sol, Y
podría hacerse esto mismo en metafísica? Me-

recería la pena de intentarlo" (p. 78).
La lógica, la matemática y la física deben su rigor científico a que proceden a
priori. Pero la lógica está compuesta de juicios analíticos, se funda en evidencias absolutas no se ocupa más que del pensamiento mismo y tiene como supremo princi'
.
. .
pio el de no-contradicción. Las otras dos ciencias se ocupan de ob¡etos y sus JW·
cios son sintéticos, esto es, añaden al concepto del sujeto un predicado que no estaba contenido en él. Son juicios sintéticos a priori. Los principios de la metafisica
(por ejemplo, todo Jo que sucede tiene una causa) son, también, sintéticos a priori.
Pero, ¿ cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?
Conocer es subsumir bajo un concepto algo dado en una intuición, o referir un
concepto a una intuición. Los conceptos expresan la inteligibilidad misma de todo.
Son )as "categorías", como les llamó Aristóteles. Las cosas son los objetos de todo
posible entendimiento. Que algo sea objeto es una condición que depende de mí. El
"yo pienso" es el que "pone" la inteligibilidad misma de los objetos. Pero las categorías se fundan en el entendimiento mismo, y no en los objetos como pretende
Aristóteles. Trátase, en lenguaje kantiano, de una "deducción trascendental". La trascendentalidad del carácter de objeto está "deducida" de la trascendentalidad del
"yo pienso". Para que haya conocimientos no basta el puro entendimiento; se requiere un objeto dado, un objeto intuido. No es suficiente que la cosa sea real; menester es que sea sensible. Mi sensibilidad espacio-temporal (un aquí y un ahora) es
el principio determinante de la perceptibilidad de algo. El espacio no es un orden de
coexistencia dado por las sensaciones, sino el supuesto mismo de su ordenación. En
consecuencia, es anterior a las cosas. No estamos ante una intuición empírica, sino
ante una forma previa para poder percibir. Intuición pura, intuición a priori.
El entendimiento admite que los objetos son también cosas en si ( nóumeno). Pero del nóumeno no podemos conocer nada sino en cuanto se manifiesta en forma
de objeto (fenómeno). El entendimiento hace de lo dado objeto. La filosofía primera no es ontología sino ciencia de las condioiones trascendentales del conocimiento de los objetos. El conocimiento comienza por la iptuición, sigue con el concepto
y termina en 1a Idea. La idea tiene una función reguladora, no una función cognoscitiva. Cuando sistematizamos la totalidad de lo dable en una intuición externa, estamos ante la Idea del Mundo. La totalidad de lo dable en la intuición interior nos
lleva a la Idea del Alma. Y la totalidad de estas dos totalidades en un sistema absolutamente total es la Idea de Dios. Ahora bien, "mientras haya hombres, habrá
metafísica en el sentido de versión a Jo trascendente, hacia el mundo, hacia el alma, hacia Dios" (p. 96).
La conciencia cognoscente no agota la conciencia del hombre, porque el hombre
es también conciencia moral. En la historia nos encontramos con múltiples normas
morales. Hay que preguntarse no por el contenido de esas normas, sino por la moralidad en cuanto tal, esto es, por el deber. Pero, ¿ qué es el deber? Más allá de lo
que "es" está lo que "debe ser". El deber moral (deber por el deber) no pende de
ninguna condición, es absoluto. Imperativo categórico, le llama Kant. Estamos an·
te la forma suprema de la praxis. Los postulados de la razón práctica -alma in•
mortal y Dios-. son exigencias inteligibles. El puro entendimiento no conduce a la

680

existenc!ª. de Dios, porque Dios no es objeto de la experiencia. "Pero Kant --observa Zubm- ha afirmado enérgicamente: lo. que lo trascendente es absolutamente
reai; 2~. que de lo trascendente tenemos verdades absolutas; 3o. que estas verdades estan fundadas en necesidad intelectiva apoyada en una primera intelección
'demostrada', en la intelección de la realidad libre. Estas verdades forman pues un
verdadero saber" (p. l 08).
'
'
La filosofía
es una ciencia de las verdades últimas. Se trata de u n a reflexion
·' es.
peculativa sobre los principios de la razón, sobre las verdades últimas de l
'
El b
,
a razon.
sa er de que algo 'es". porque_ '_'debe ser" es la conjunción kantiana. "Como quiera q_ue sea -apunta Xavier Zubm para concluir-, Kant tuvo la convicción inconn:1ºVlble_ de que. la filosofía es metafísica, y de que la metafísica ha de ser una cienc'.a e~tncta Y ngurosa. Y la única manera posible de constituir la metafísica como
c1enc1a es hacer de ella una ciencia de los p rincipios supremos de la razón considerada
como princjpio de la inteligibilidad de las cosas para rm'". . . "La filosof'1a es
.
si.empr~ Y s_ó~o. ~na ciencia especulativa de este doble uso de la razón como principio
de !ª mtehg¡bilidad trascendental de los objetos y como principio inteligible de la
r~ahdad trascendente. Si se quiere la razón es principio de un saber teorético pero
~lo tr~cendental, de los objetos, y principio de un saber credencial o práctico'. pero
mtelectivamente verdadero, de lo trascendente" (pp. 114-115). Pocas veces se habrá
hecho u~,ª exposic_ión sintética de la filosofía de Kant que pueda parangonarse, en
penetrac1on y claridad, a la realizada por Xavier Zubiri.

III
La bancarrota de la especulación -singularmente de la filosofía hegeliana- "fue
uno de los grandes sucesos que vivió Comte, por así decirlo sobre sus propios huesos". Xavier Zubiri sigue su marcha en tres momentos suce:ivos:
lo. Cómo ve Comte la filosofía como problema.
2o. Cómo entiende que debe constituirse. el saber filosófico, es decir, la idea de
una .filosofía positiva.
3o. Qué es la filo.sofía como sabiduria del espíritu humano.
"La filosofía es siempre y sólo un momento de la evolución del espíritu humano"
(p. 123) • Trátase de una operación del entendimiento esencialmente incardinado e
una colectividad, en la sociedad. La vida fuerza al hombre a poner orden para po~
• der ~rever lo que va a ocurrir. "Saber es prever, pero prever para proveer". La fj.
lo~o~ia pro~onga metódicamente la sabiduría universal. Pero la filosofía es más sistematica Y tiende más a la generalidad que la sabiduría. Para Comte la filosofí e
en t'ernunos
.
1 "
'
a s,
genera es, aquel saber racional acerca de las cosas y de los hombres
que en última instancia determina el régimen de vida del espíritu humano social~
mente considerado" (p. 126). Cada régimen es un estado a que se ha llegado. Orden llama Comte a aquello según lo cual el estado es "estable". Orden en las ideas
en las costumbres, en las instituciones, etc. "Y aquello según lo cual todo estado vie~
ne de otros Y lleva, por lo menos en principio, a otros es a lo que Comte llama
"progreso" . La uru. dad ·mtnnseca
'
entre orden y progreso 'es, en definitiva, para Corote, la verdadera estructura de todo "estado": es un orden progresivo O un progreso
ordenado". (p. 128).
'
Si la filosofía no es más que la expresión del régimen intelectual de un estado, se

681

�,
comprende que haya distintos tipos de filosofía o, si" se quiere, diversos regímenes
filosóficos. Sistemáticamente considerada, cada filosofía es un orden definido. Desde
el punto de vista histórico cada nuevo orden es un progreso. La ley estructural del
orden y del progreso preside la marcha de la filosofia. Concretamente, Comte nos
habla de la ley de los tres estados:

r

1

lo. El estado teológico. Es el "régimen de los dioses". Todo lo que acontece se
debe a la intervención directa y continua de ~usas últimas y de conocimiento absoluto. El gran método es la imaginación. Fetichismo, politeísmo Y monoteísmo son
desarrollos graduales en el estado teológico.
2o. El estado metafísico. Las entidades
yen a los agentes sobrenaturales. Es "el
naturaleza de cada cosa y se renuncia a
"el primer ministro de la divinidad". El

abstractas o virtudes de las cosas substiturégimen de las entidades". Se apela a la
las causas trascendentes. La Naturaleza es
método es más imaginativo que racional.

3o. El estado positivo. Este estadio se atiene a la observación de los hechos Y. al
razonamiento sobre ellos. Ya no importa averiguar por qué ocurren las cosas, smo
tan sólo cómo ocurren. En vez de causas, hay que descubrir leyes, relaciones invariables de semejanza y sucesión en los hechos. Es el "régimen de los hechos" que no
explica sino constata.
"Los hombres, nos dice Comte, son teólogos en la infancia y metafísicos en la juventud; sólo llegan a ser hombres positivos en la edad madura" (p. 134). El ::a?;r
positivo, que enuncia hechos, se entiende en seis sentid~s: 1) es r~l por opos~cion
a lo quimérico; 2) es útil a diferencia de lo que es ocioso; 3) es _c1~rto Y no mdeciso; 4) es preciso, riguroso y estricto, a diferencia de un conocuruento vago; 5)
es constructivo por oposición a lo negativo; 6) es constatable frente a aquello que es
inconstatable. Constatables son los fenómenos observables, verificables, objetivos. La
naturaleza es un sistema de relaciones.
Como saber teorético positivo, la filosofia tiene por objeto el "totum de los hechos".
Presenta la ventaja de ser un orden real y efectivo, no simplemente especulativo e
imaginativo. Gracias a su positividad, la filosofía es constitutivamente progresiva. Los
hechos tienen una precisa estructura, según seis categorías:
a) Ante todo la categoría de lo matemático, base formal de la unidad de todos los
hechos en un universo espacio-temporal. El universo tiene formalmente una estructura matemática. Nada es ciencia plena, si en una u otra forma, no alcanza carácter
matemático.
b) La astronomía es una especie de pura matemática en marcha que se ocupa d:
la mecánica celeste. Creía Comte -fallas debidas al estado del saber en su tiempo-que lo que ocurre en los astros nada tiene que ver con la química de la tierra. Un siglo después se constituyó la astrofísica.
c) Los hechos terrestres se subdividen en dos grandes zonas: hechos inorgánicos
y hechos orgánicos. De la zona inorgánica se ocupan d.os ciencias: la Física y la Química.
La zona orgánica tiene dos grandes categorías, lo fisiológico como él le llama ( es
decir lo biológico) y la categoría de lo humano, los hechos sociales. "Es hora de que
se haga de la sociedad objeto de una investigación que él llamó en un principio física social, y después sociología. Y la categoría de lo social no es sólo una categoría

682

propia, sino aquella categoría en la que todas las demás categorías adquieren su última
concreción" (p. 152).
Lo matemático, lo astronómico, lo físico, lo químico, lo biológico )' lo social estructurado en su carácter de hecho, constituyen el "totum" con el que se enfrenta la filosofía de una manera positiva. "Este sistema tiene una unidad total de carácter matemático, y sus diversas categorías se hallan fundadas las unas sobre las otras hasta adquirir su última plenitud y concreción en la categoría de lo social". "Pretender que
Comte ha hecho de la filosofía una teoría de la ciencia y no teoría de la realidad
es una caricatura para uso de los positivistas contemporáneos" ( p. 153) .
La sabiduría universal sobre la que está asentada la sociedad está constituida por
la razón teorética y la práctica -tomadas a una- en su carácter racional y positivo.
La filosofía es la forma suprema de la filosofía. Es la razón pública en cuanto positiva. "El progreso consiste en afirmar cada vez más la humanidad frente a la animalidad. Y la diferencia entre el hombre y el animal se cifra, para Comte, en dos
puntos: la inteligencia y la sociabilidad" (p. 159). La humanidad es, el Gran Ser,
la versión positiva de lo que fue Dios para los teólogos y los metafísicos. A la religión positiva , -religión de la humanidad- consagra Comte su "Catecismo positivista".
A pesar de que el sistema de Comte ofrece tantos y tan fáciles flancos a la crítica,
Xavier Zubiri no ha querido transgredir el propósito -expositivo, pedagógico-- que
se trazó inicialmente. Con un raro poder de penetración y de simpatía ha iluminado, en perfecta construcción, ideas flotantes, imprecisas a veces, periféric~ casi
siempre. Ninguno de los otros filósofos seleccionados por Zubiri me parece que pueda
comparársele a Comte en pobreza y en falta de rigor. Pero no voy a emprender ahora una crítica por mi cuenta.

IV
./,

X'avier Zubiri examina la idea que Bergson se forma de la filosofía, en tres pasos:

1o. Cuál es para Bergson el origen de ot,la filosofía.
2o. Qué es el saber filosófico en sí mismo.
3o. Cuál es el ámbito del saber filosófico.

'

Ante todo hay que advertir que Bergson comenzó su labor filosófica en pleno auge del positivismo. Se había c'onstituido la psicología como ciencia positiva y la
sociología. Renace la metafísica. El filósofo hebreo-francés se propone describir el
universo entero en términos matemáticos. Y para cumplir ese cometido necesita, claro está, hacer un análisis "científico" de la idea de tiempo aplicable con precisión
a la sucesión de los múltiples estados mentales. El tiempo de la ciencia positiva es
el tiempo como "sucesión", en la cual hay una cadena determinista de estados. Ahondando en el tema, Bergson descubre que el tiempo es "duración" pura, libertad.
"En frase lapidaria, como todas las suyas, la filosofía, nos dice Bergson, nace de
una concentración de pensami:Oto sobre la base de una emoción pura" (p. 170). El
hombre, antes que horno sapiens, es horno f aber. Y el "horno faber" nos ha dado la
tecnicidad y la ciencia. La inteligencia se nos ha dado como un sucedáneo del instinto. Pero además, el hombre es originariamente horno loquax que entra en "cooperación" con los demás, recortando los caracteres de las cosas y reduciendo el
perfil aristado del concepto. Los peligros de este "horno loquax" estriban en la "so-

683

�'
cialización de la verdad" en la "adaptación de lo real a los intereses de la práctica
y de la vida soci,al". La 'filosofía tendrá que, ir a contrapelo ~e esta fabri~ació~ Y ~e
esta conceptuación esquemática. La concentración de pensamiento_ de la fil~sof1a ~ene como base una gozosa alegría de poseer la realidad. Se conV1ve la realidad m15ma. La filosofía nace, pues, como puro amor a la realidad.
Mientras el símbolo reemplaza lo simbolizado para facilidad de la vida, la metáfora no reemplaza, sino que sugiere una realidad a la que nos. t~anspo~ta. L?s conceptos son meros esquemas de la realidad, guías para el ~onocuruento mmed1a~o de
¡0 real. El objeto de la filosofía es el hecho inmediato. El saber de los ~ec~os inmediatos tomados en y por sí mismo: a) seguirá en cada caso en Y por s1 rmsmas, las
ondulaciones propias de lo real; b) aprehenderá lo real en su continuidad interna,
sin descomponerlo arbitriamente en trozos aislados; c) concebirá, sin embargo, lo
inmediato con toda precisión. Y esta precisión tiene dos caracteres: es general Y es
clara.
La intuición es el método específico de la filosofía. No se trata de una constatac ·ón sino de una aprehensión inmediata por obra de simpatía o simbiosis. El espí1 ' se despoja de ideas preconcebidas y ausculta la realidad en una "duree
' " '. e~
ritu
una e&gt;.-periencia metafísica de un acto durativo. "La conciencia no es una muluphcidad numérica de estados, sino multiplicidad cualitativa de un solo estado, que_ como un élan ( un torrente, decía W. James) , dura y se distiende sin censura. El. uempo de la conciencia --explica Zubiri- no es la sucesión de divers?s esta?os, smo la
durée de un mismo estado" (p. 189). La vida misma es una especie de elan, que se
va abriendo paso a través de la materia. Por eso la intuición, que en sí misma es
durativa es el único instrumento para, aprehender la vida. La "durée" tiene tres caracteres 'precisos: variedad cualitativa, continuidad de progreso, unidad de dirección.
La verdad de la intuición bergsoniana no es una adecuación, sino una inserción
simbólica simpática en la "durée" misma. La metafísica intuitiva es el único saber
que puede captar l~ realidad del espíritu. Los presuntos problemas _del _orige~ del ser,
de la índole del conocimiento y del yo humano se plantean a la mteligenc1a cuando
está fuera de las cosas y no dentro de ellas por intuición. Cuando la inteligencia se
coloca fuera del ser aprehende el ser justo desde allende el ser, esto es, desde la nada.
"Por este camino -observa Zubiri- nunca llegará a descubrir el ser. Haría falta colocarse no fuera del ser, sino dentro de él, por intuición. Y ento~ce~, en lug'.'-1:, d~
saltar del ser a la nada, lo que es espíritu descubre el ser en su ~U1:1a cond1c10n
(p. 200). "Lo propio debe decirse de la crítica kanti~a del conoc~ento. Colocado fuera de las cosas, el entendimiento humano logra ideas que constituyen las co~diciones de inteligibilidad de las cosas. Pero las ideas están separadas de ellas precisamente porque están formadas desde fuera de las cosas. . . Puesto d entro_ de las _cosas mismas por intuición, el espíritu logra de las cosas lo que el entendimiento mstalado fuera de ellas no podrá dar jamás" (p. 200-1201). "Y esto mismo resulta
aún más claro si atendemos a lo que es el yo. . . En realidad, entre los estados mentales el empirismo socava un túnel; el racionalismo tiende un puente; pero a los
dos se les escapa la fluencia del río que corre por la tierra. Este río es el yo, ª&lt;:esible tan sólo a la intuición porque es la durée misma. Es el yo profundo, a diferencia del yo superficial de los estados" ( p. 20 l).
Si el espíritu es una durée que se va abriendo paso por las estructuras somáticas
en la medida que ellas se lo permiten -una acción que se va insertando en la ma-

684

teria-, entonces no hay razón para que esta acc1on cese cuando haya cesado la materia. La inmortalidad aparece como un hecho inmediato.
"La esencia de la conciencia --expone Zubiri- es memoria. Una realidad que
no tuviera la capacidad de retener el pasado en un presente seria un espíritu de estructura puntual; cada acto comenzaría en cero, y aunque ejecutara actos iguales
o parecidos a los de antes, esta semejanza sería mera repetición. Sería justo la inconsciencia. La consciencia es, pues, esencialmente memoria. Ahora bien, la memoria
no es un acto del cerebro". . . "El cerebro es el órgano de la atención a la vida, es
el órgano que selecciona lo que podemos recordar, pero no es el órgano que recuerda" (pp. 202-203). Y nos advierte Zubiri cómo esta teoría de Bergson sirvió de base
a la interpretación de las afasias efectuada por Pierre Marie y a la teoría de las localizaciones cerebrales realizada, en Zürich, por Monakow.
La metafísica y la ciencia tocan a lo absoluto del modo de ser de lo real, con distinto método: la intuición simpática y la inteligencia abstractiva. La dualidad de
métodos se funda en la dualidad de los objetos: la materia y el espíritu.
Al mundo real no llegarnos por conceptos, sino por experiencia metafísica ante lo
inmediatamente dado. Cada cosa nos lleva a todas las demás. Por la intuición se nos
abre el campo entero de lo real. La realidad es élan, evolución "creadora" de algo
nuevo, imprevisible por no hallarse contenido en la fase anterior.
El hombre, para Bergson, es algo más que un espíritu socializado. El aspecto estático del hombre social es el aspecto de organización, cuyo carácter es la presión. El
aspecto dinámico es la aspiración. Hay una moral y una religión de presión, pero
hay también una moral y una religión de aspiración.
Con admirable finura, Xavier Zubiri nos ha instalado en el núcleo bergsoniano de
la filosofia. Esfuerzo de intuición que descubre la realidad espiritual, nos hace entrever las distintas prolongaciones de la durée y nos abre finalmente a su principio y
término trascendente. Instalación en la durée primaria. Experiencia integral. No cabe mejor síntesis ni mayor capacidad de simpatía que las realizadas por Xavier Zubiri.

V
De las "Cinco Lecciones de Filosofía" dictadas por Xavier Zubiri, la última está
dedicada a Husserl, Dilthey y Heidegger. ¿ Por qué agrupa Zubiri a estos tres filósofos alemanes? "Al igual que el pensamiento de Husserl brota en el campo abierto
por Brentano, así también en el campo abierto por Husserl brota el pensamiento de
Heidegger. De esta suerte tenemos un área filosófica determinada por tres pensadores: Husserl, Dilthey, Heidegger" (p. 218). Porque Husserl trata de liberarse tanto
del psicologismo como de la idea de la filosofía anclada en las ciencias del espíritu
a la manera de Dilthey. Sin entrar a la exposición compieta de sus sistemas, Zubiri
se limita a la idea de la filosofía encuadrada. por estos tres nombres. Por supuesto la
mayor parte de los exposición está dedicada a Husserl.
Hay que hacer de la filosofía una ciencia rigurosa y estricta. Hasta ahora todo ha
sido cuestión de puntos de vista, de opiniones discutibles sin fin. Es menester apelar
a las cosas mismas. El psicologismo y el historicismo, consisten en fundar una validez absoluta en algo que no la tiene: en los hechos Husserl ha de aclararnos, sucesivamente, tres puntos:
lo. El planteamiento del problema filosófico.

685

�2o. La posibilidad de hacer de este problema una ciencia.
3o. El problema filosófico radical.

.

\

La actitud de Husserl es la de un ego que quiere fundamentar radicalmente desde
sí mismo toda posible verdad. Fenómeno llama Husserl a lo que es manifi~to en
tanto en cuanto es manifiesto. El cogitatum puede recaer sobre el mundo eterno o
sobre los propios estados psíquicos. ''Fenómeno y conciencia son dos términos correlativos: Toda conciencia es conciencia de algo, y este algo es el fenómeno que se da
en aquella conciencia" (p. ·224). La reducción fenomenológica opera sobre la protocreencia en el mundo entero, y consiste en dejar en suspenso la actitud natural. El
mundo queda reducido a no ser sino lo que aparece a mi conciencia y en tanto que
me aparece. En lugar del puro hecho tenemos el eidos. Trátase de una reducción de
lo fáctico a lo eidético y trascendental. No estamos ante simples estados psíquicos
míos. La conciencia y su objeto no es~n en función de "conformación", sino ~e. mera "correlación". El resultado de la reducción fenomenológica es el descubruruento
de la esencia -aquello que es una cosa "es"-, del ser. Las cosas son más o menos
azules, redondas, etc.; pero "el" azul, "el" círculo, son plen~amente lo qu~ s~n. e~
sí mismos. Justificar es sólo una apelación al saber de la esencia. "El saber filosof1co
·'
· · 1og1a
' " , smo
·
''fenomenología"
-escribe Zubiri en su última 1ecc1onno es '' empino
(p. 232).
El error del psicologismo estriba en convertir el puro darme cuenta en un sist~ma
de mecanismos. Toda conciencia está dirigida hacia algo, es intencional. La conciencia es una "intentio" una noesis. No sólo tiene un objeto, sino que hace que haya
objeto intencional pa;a ella, y lo hace desde ella misma. El noema es el té~no intencional de la conciencia. La unidad noético-noemática es una unidad de sentido. La
evidencia -repleción de una intención en su objeto intuitivamente dado-- es un
momento estructural de la conciencia y no sólo del pensamiento lógico.
La filosofía consiste en la experiencia fenomenológica. "Es una ciencia estricta Y
rigurosa de la esencia. La filosofía no es un sistema racional y lógico de proposiciones y demostraciones, sino que es evide~ciación intuitiva, -~ª e~~enciación_ q~e. no
se funda en puntos de vista personales, smo en una apelac1on objetiva a la mtu_ició?,
en la cual encuentra nuestro saber su última estricta verdad absoluta. Esta c1enc1a
es sistemática pero es un sistema de lo manifiesto en cuanto manifiesto, el siste~
'
•
de las manifestaciones
que competen a las cosas por lo que e11as 'son' . Esta c1enc1a
absoluta de los fenómenos en su sistema es la filosofía. La filosofía es siempre Y sólo
'fenomenología trascendental'. He aquí lo que Husserl buscaba" (p. 243) •
Co el instrumento descubierto Ifusserl ha emprendido el análisi~ fenomenológico
las grandes estructuras es:nciales del mundo: lo que es la .materia~d_a~, lo
que es Ja animalidad, Jo que es la realidad humana y Jo qu~ ~ _la mtersubJetividad.
Estamos ante las grandes ontologías regionales. El ego -subjetividad trascendentalnos abre el área de lo objetivo. El tiempo es la forma de la conciencia en cuanto tal.
Pero no el tiempo del mundo real como transcurso de las cosas, sino el fluir "reducido" la fluencia misma del fluir. La conciencia pura es el ser absoluto.
Diithey es el gran teórico de la vida. La filosofía no nace de la estructur~ de una
razón absoluta, sino de la condición intrínseca de la vida humana como urudad que
se halla en ·un constante cambio de estado. Cada estado es un acontecimiento o suceso que supone la mismidad del alma y la mismidad del mundo objetivo. La vida es
un proceso en que el alma cobra una cierta firmeza en sus tres momen~os: rel'._resentación, estímulo y volición. La vida evoluciona por el cuerpo, por la mfluenc1a del

d:

\

686

medio y por la conex1on con el mundo espiritual circundante. La vida se ve impulsada a una concepción unitaria del mundo, de los valores y de las acciones ( W eltanschauung). Los enigmas de la vida -nacimiento, muerte, lagunas o ·censuras de
la vida- impulsan y dificultan la concepción del mundo. A diferencia de la concepción religiosa, la concepción filosófica del mundo es universal y tiene validez general.
Pero a diferencia de la concepción artística, la concepción filosófica pretende actuar
sobre la vida para reformarla. El objeto de la filosofía es el enigma de la vida en
cuanto dominable por un saber racional de validez universal. Pero la filosofía se
presenta en la historicidad. Históricamente, los sistemas filosóficos se reducen para
Dilthey a tres: naturalismo ( materialismo antiguo y moderno, positivismo ), idealismo objetivo ('estoicismo, Spinoza, Leibniz, Schelling, Hegel, etc.), idealismo de la
libertad (Platón, la filosofía helenístico-romana, la especulación cristiana, Kant, Fichte, Maine de Biran, etc.). Las antinomias entre estos tres sistemas son lógica y metafísicamente irreductibles. Cabe, no obstante, la comprensión de la filosofía como
un hecho histórico (filosofía de la filosofía) . Para Husserl, la filosofía de Dilthey es
un radical escepticismo. Olvida que el espíritu empírico pende de Jo que sea esencialmente la estructura del espíritu en cuanto tal. Confunde el saber de la vida con
la ciencia estricta y rigurosa que puede alumbrarse en ese saber.
Heidegger, discípulo de Husserl, afirma que el ser es algo distinto de la esencia,
cuestión en la que no repara su maestro. El problema radical de la filosofía es el
sentido del ser. El ser y el tiempo, en su unidad radical, constituyen la estructura
del problema ontológico. El análisis de la vida es una pre-ontología u ontología fundamental. La filosofía arranca de la pre-ontología inscrita en el ser del hombre. "El
hombre es, pues, aquel ente cuyo ser consiste en la presencia del ser. Por esto no puede entenderse el ser desde el hombre ( es el error de toda antropología filosófica al
uso) sino que ha de entenderse al hombre desde el ser, pues el hombre vive con vistas al ser. El hombre es lo que es por y desde el ser. Ahora bien: ser, sistere,
desde (ex) algo, es justo lo que se llama ex-sistir desde el ser, existir con vistas
a su ser propio para ser sí mismo" (p. 273). Mi existencia es algo "pre-cursor"
algo que va por delante a lo que voy a ser yo mismo y a la patentización de las cosas intra-mundanas. La comprensión del ser se realiza en forma de mundanidad y de
cuidado. La temporeidad -tridimensionalidad intrínseca del ex-mismo- es el tiempo originario, el horizonte del ser. La angustia -potencia de la nada- es el ánimo
fundamental que sólo es posible por la temporeidad. La filosofía surge por un acto
de tematización de la estructura ontológica de la existencia natural. "Husserl estimó
siempre que la filosofía de Heidegger es una recaída en el antropologismo. Mantuvo enérgicamente -apunta Zubiri- su posición de que la filosofía es, y sólo puede
ser, fenomenología trascendental" (p. 279).
Hasta aquí la presentación de las ideas-madres de Xavier Zubiri expuestas en
sus cinco lecciones de filosofía. "Con esto -concluye Zubiri- pensarán ustedes que
los filósofos no se entienden entre sí. Depende de a qué se llama entenderse. Si por
entenderse se quiere significar estar de acuerdo, evidentemente los filósofos no se entienden, porque no están de acuerdo. Pero si por no entenderse se quiere significar no
saber más o menos de qué se trata, entonces hay que decir que, por el contrario, los
filósofos son hombres que no están de acuerdo, pero que en el fondo se entienden
entre sí. Y esta unidad extraña entre entenderse y no estar de acuerdo en nada es lo
que positivamente, constituye un conflicto" ( 283-284). ¡ Maravillosa ~anera, la de
Xavier Zubiri, de dibujar ese conflicto! Sus lecciones son un estímulo --sutil, valioso,
inteligente- para que nos encaremos, en carne viva, con la problemática filosófica.

687

�I

MÉXICO Y EL ARBITRAJE INTERNACIONAL

-Un estudio de Antonio Gómez RobledoDR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo León.

I
LLEGAR A LA FrLOSOFÍA, POR EL camino de una ciencia particular, es una positiva
ventaja. Antonio Gómez Robledo llegó a las disciplinas filosóficas por la vía del Derecho. Más concretamente: por el Derecho Internacional. También Descartes (Licenciado en Jurisprudencia) y Leibniz (Doctor en Derecho) cursaron estudio$ jurídicos en la Universidad. Y entre nosotros, Vasconcelos y Caso. Pero Gómez Robledo no ha abandonado nunca el cultivo de las ciencias jurídicas. Estamos ante un
tipo muy arraigado en los pueblos hispanolocuentes: el del filósofo-jurista en provechosa simbiosis vital.
Hace muchos años que siento particular simpatía y admiración por la ejemplar
obra escrita de Antonio Gómez Robledo. Rigor, claridad, mesura, noble pasión, ho- "'
nestidad intelectual ... Todo ello en una dosis muy clásica y muy mexicana.
Bajo los auspicios de la Editorial Porrúa, S. A., apareció, en 1965, la obra del
Dr. Gómez Robledo intitulada: México y el Arbitraje Internacional -El Fondo
Piadoso de las Californias, La Isla de la Pasión, El Chamiza/-. El título, aunque publicitario, no resulta conceptualmente exacto. México, en la plenitud de su significación, no es-- el sujeto o el tema- principal del libro. Se trata de tres casos de arbitraje
internacional en los cuales el Estado mexicano, es una de las partes. Por fortuna, la
obra tiene un subtítulo que precisa el título vago y ·equívoco.
La obra comentada consta de una introducción general, tres partes (los tres arbitrajes enunciados en el sub-título) y un apéndice documental. El método seguido
es siempre el mismo: antecedentes históricos de la controversia, secuela del juicio
(con una amplia y honrada exposición de los alegatos de las partes contendientes) y
examen crítico del laudo. El cariño hacia México -eomo mexicano bien nacido-se da en el autor sin ribetes de ese execrable "chauvinismo" que he conocido y detestado en cierta nación europea, sobre todo, pero que entre nosotros no está del todo
ausente, por desgracia. Una limpia pasión por la verdad -verdad que de Dios es
Y a Dios confluye, como advierte Max Scheler- salva a Gómez Robledo de los excesos patrioteros. Los mexicanos hemos practicado, inveteradamente, el respeto de

689
e H-44

�la norma jurídica, el culto del Derecho. Acaso, como potencia menor y como vecina
de la que es en la actualidad la mayor del mundo, haya México extremado ese culto por la justicia y ese ireneísmo. Como pueblo débil, México no puede escoger, como las grandes potencias, entre la fuerza y el Derecho; sólo puede refugiarse en este
último. Pero lo ha hecho con sinceridad en la convicción. Y cuando hubiera podido
utilizar la fuerza, como en el caso de los pueblos centroamericanos, no lo ha querido hacer. Cierto que somos testarudos. Por afirmar el Derecho cerramos la puerta
a la negociación. En el caso de Texas nos aferramos en )a reafirmación de nuestro
Derecho, "tan cierto como ineficaz, con lo cual no logramos sino precipitar su anexión a los Estados Unidos y contribuir sin quererlo a disponer la situación propicia
al estallido de la guerra del 4 7" (p. XI). No podemos ocultar que nuestro culto por
el derecho -celo por la conservación del territorio nacional, conciencia de la soberanía sin ingerencias extrañas, fe en la justicia -tiene mucho de bueno, pero también tiene mucho de malo. Ya don Lucas Alamán, con su peculiar clarividencia, nos
advertía el peligro de un juridicismo farisaico. Hasta aquí las líneas generales de la
Introducción.
El padre Kino, y otros dos jesuitas, idearon allegar un capital propio, mediante limosnas de personas acomodadas, cuyos réditos pudieran subvenir a las necesidades de
las misiones que se fueron fundando en California. Así nació el Fondo Piadoso de las
Californias. El marqués de Villapuente, y su prima doña Gertrudis de la Peña, marquesa de las Torres de Rada, otorgaron por escritura pública en favor de la Compañía de Jesús y para la cristianización de las Californias, varios bienes. Esto sucedía el 8 de junio de 1735. Se trataba, según los términos de la escritura, de una
obligación de pura conciencia. "En un terreno de pura especulación jurídica se podría argüír --0bserva Antonio Gómez Robledo- que la Compañía no era sino administradora y fideicomisaria, y que el dominio radicaba en las misiones mismas ("donamos a las misiones ...", dice la escritura); pero, en primer lugar, éstas no tenían
como tales personalidad jurídica, y cualesquiera derechos que hubieran tenido, además, no podían hacerlos valer sino por el intermedio y el arbitrio de la Compañía,
"en tal manera que siempre y perpetuamente se continúe el dominio y gobierno de
dichas haciendas en la Sagrada Compañía de J esús y sus prelados", según dicen los
donantes" ( p. 9). Habria que preguntarse si la Compañía de Jesús tiene personalidad jurídica. El autor se limita a negarles personalidad a las misiones, pero no cuestiona la personalidad jurídica de la Compañía de Jesús. Y si resulta evidente la personalidad moral de la orden jesuítica, no parece igualmente evidente, conforme a
Derecho Civil, su personalidad jurídica.
Por virtud de la independencia, México se subrogó a España en todos sus derechos y obligaciones. Se pusieron a disposición del nuevo obispo y de sus sucesores,
los bienes pertenecientes al Fondo Piadoso de las Californias, para que los administrasen e invirtiesen en sus objetos u otros análogos, respetando siempre la voluntad
de los fundadores. Adviértase que no se transfirió al obispo la propiedad del Fondo,
sino sólo su administración. Tras la separación de la Alta California, el Arzobispo
de San Francisco, el Obispo de Monterrey y el Obispo de Grass Valley ocurrieron
ante la Comisión Mixta manifestando tener contra el gobierno de México, una reclamación por tres millones de pesos. ¿Motivos? La injuria que el gobierno mexicano
había hecho al primer Obispo que hubo en California al quitarle la administración
del Fondo Piadoso. Esta reclamación, ridícula a todas luces, fue variada por otra
presentada fuera de tiempo. Ahora se reclamaban sólo los réditos vencidos desde la

690

firma del tratado de Guadalupe. La agencia de México negó la procedencia
demanda, argumentando:
de la
"I. Falta de personalidad, o, quizá mejor/falta de interés 1·urídico
actora, por el triple motivo de:
en la parte
. a) No haber sido nunca de propiedad eclesiástica, ni por el capital ni
réditos, el Fondo Piadoso de las Californias.
por sus
b) No ser los obispos reclamantes los causahabientes o sucesores, con arreglo a
d erech o, d el obispo mexicano de California, y
c) Por el carácter nacional del Fondo.
11. Falta
razón
de: de jurisdicción o de competencia por parte de la Comisión Mixta, en
a) Ser los actos ongmantes y fundatorio, de la reclamación, anteriores al Tratado
de Guadalupe-Hidalgo.
b) ,Ser los. mismos actos de aquellos en que se versan derechos privativos de la soberarua, Y ~~- estru: comprendidos por ello, dentro de los que están sujetas al examen
de la Com1S1on Mllta, con arreglo a la Convención de 1868, y
. c) No haber agotado previamente los peticionarios los recursos legales de carácter
mterno ante los tribunales mexicanos.
III. lmparidad entre el caso del llamado "Fondo Piadoso" de J F'li ·
"F d p· d
as 1 pmas y el
on o ia oso de las Californias" (p. 28).
Pese a la "filosofía ·simplista", enmendando tan sólo las cantidades demandadas.
No vale la pena detenernos en esta sentencia que al decir el ilustre 1· urista ·ali ·
do I
· L Vall
J sc1ense,
n gnac10 .
arta, contiene "más errores que palabras" El D G'
R
hld
b
.
~
~
e o
serva con razón: "siempre duele la injusticia, pero acaso más cuando va
acompa.'lada del desdén y la frivolidad" (p. 57). Quince años después sufrimos un
segundo zarpazo. ¡ Casi increíble!
/
El segundo arbitraje
se extiende literalmente a toda la eternidad, O por lo menos
,
-como apu~~ Go~ez Rob!edo--, al fin del mundo. El embajador Clayton maniobró
co_n tal habilidad diplomática que llevó a nuestro canciller Mariscal a proponer él
nns_mo exactamente lo que deseaba el Departamento de Estado. Más nos hubiese
valido una mala. transacción que un buen pleito. Pero nos aferramos a nuestro derecho, creyendo mgenuamente que brillaría por sí solo ante cualquier tribunal d 1
mundo
·
e
. . . : C orno s1em~re,_
pecamos por los tres vicios de nuestra psicología colectiva:
Jundic1smo, abstracc1orusmo y romanticismo.
De acuerdo c~,n el protocolo de compromiso, los árbitros deberían decidir: lo. Si la
n~eva recl~ac1on, como consecuencia del laudo anterior está regida por el princi~10 de res iudicata, y 2o. De no estarlo, si es justa la misma reclamación Se const1tuyo' _e1 T ~1ºbuna1 A_rbltral
·
con puros europeos que eran desconocedores · puros de
~uestra ~ealidad mexicana (México era uno de "les petits pays chauds", como sohan decrr_ los franceses de aquel tiempo). En término de equipo, la llevábamos de
P_erder: siete contra tres, seis norteamericanos, y un mexicano. El mexicano
cierto
·
•
, por
.
, una b ellísima
persona, s1• se qwere,
pero un cero a la izquierda -"sit
venia verbo"- en materia de Derecho Internacional. En cambio los norteamericanos

º-

=~

691

�eran expertos internacionalistas que conocieron, desde sus orígenes, el asunto sujeto
a debate. Se emplearon el francés y el inglés en la secuela del juicio. Ni siquiera supimos escoger a alguien de los nuestros que tuviera dominio de estos idiomas. No
podemos seguir, en detalle, el doble plano de los debates, la controversia sobre la
cosa juzgada, el duelo judicial Beemaert-Dex y la condena perpetua. Antonio Gómez Robledo expone, con verdadero cuidado notarial, las peripecias del juicio y los
puntos doctrinarios salientes en la controversia. El 14 de octubie de 1902 se dio
lectura a la ultra-breve sentencia que nos condenaba a pagar al gobierno de los Estados Unidos de América la suma de 1.420,628.67 dólares de México, además de
una renta a perpetuidad de 43,050.99 dólares de México anuales.
El examen crítico realizado por Antonio Gómez Robledo, de la segunda sentencia,
puede resumirse en los siguientes puntos: a) Es patente la frivolidad con que se
despacha -un considerando y de una plumada- la cuestión prejudicial controvertida. No se exponen las razones por las cuales los árbitros tomaron partido por una
teoría de la cosa juzgada, de preferencia a su contraria. En consecuencia no motivaron debidamente su fallo y deslucieron la dignidad de la justicia arbitral; b) "No
era de evidencia apodíctica, ni mucho menos, la tesis formalista de 'México, la que
reduce la autoridad de la cosa juzgada a los solos puntos resolutivos de- la sentencia.
El mal estuvo en haber aceptado nuestro gobierno, en el Protocolo ae Comprpmiso,
que esta cuestión fuera examinada en primer lugar, cuando a todo trance debíamos
haber propugnado un arbitraje sobre el fondo del asunto, si no como revisión de
la sentencia de Thornton, por lo menos, para el futuro; pero ya que los árbitros,
según lo convenido, debían decidir ante todo lo relativo a la res iudicata, nadie podrá negar que había sólidas razones y respetables autoridades para sostener que ella
estaba dada irrevocablemente, para los vencimientos futuros del Fondo, en el primer arbitraje" (pp. 96-97); c) "Lo más equitativo, pues, de· parte de los miembros
del tribunal arbitral, hubiera sido tener el punto como dudoso, en presencia del conflicto doctrinal, y en la duda, aplicar el principio general de derecho' de que la
controversia debe resolverse en favor de quien trate de evitarse perjuicios y no de
quien pretenda obtener lucro, es decir, absolver a México"; d) "Hubiera sido igualmente deseable que los árbitros hubiesen explicado con mayor pormenor por qué
eximieron de la autoridad de la cosa juzgada, con referencia al fa!}o de Thornton,
la especie de moneda en que debía hacerse el pago de los réditos, y que, con arreglo a la decisión final, no debía ser ya en oro, sino en moneda de curso legal en México" (p. 100).
Advierte el Lic. y Dr. Antonio Gómez Robledo que las teorías más modernas sobre la cosa juzgada no abrazan, al parecer, la tesis formalista, sino más bien la sustancialista. Y trae a colación las opiniones de varios tratadistas extranjeros y de algunos nacionales. "Por espíritu cient'úico, nada rpás", para usar las mismas palabras
del autor, :me veo precisado a señalar el hecho de que Gómez Robledo omite el
nombre y la obra del autor mexicano de mayor relevancia en materia de res iudicata;
me refiero al distinguido jurista poblano J. Ramón Palacios, autor de "La cosa juzgada" (Editorial José M. Cajica Jr., Puebla, Pue.).
11

La prensa neoyorquina aseguraba, el 15 de agosto de 1897, que se izaría en la isla
Clipperton la bandera inglesa, "a pesar de que se supone que pertenece a México".

692

Casi_ ,°'.1die sabía, a ciencia cierta, dónde estaba ubicada esa isla. Pero el sentimiento
p~tri~tico herví~ en indignaci~n, fresco aún el recuerdo del despojo de nuestros terntonos e~ Belice. El Secretario de Relaciones Exteriores pidió al Secretario de G _
rra y Manna. que se SlIVlera
· ·
" ord enar sea visitada la isla Clipperton por un buque
ue
guerra, a f'.n de que se averigüe lo que haya de cierto en los hechos que se anuncian Y comurucar el resultado a esta Secretaría". El cañonero "Demócrata" t
rode0 . f t
d
h,
.
' ras un
m ruc uos~, espac o u~ prrmer bote que se llenó de agua con los fuertes gol~es de las rompientes. Los tripulantes salieron a tierra como pudieron. No se pudo
izar n~estro pabellón por haberse perdido al llevarlo a tierra. AJ día siguiente el
aprend¡z de fogonero, J ~Jiáq Santos, llevó a nado, dentro de un tubo de hoja de' Jata, nuestra bandera nacional. Luchó con los tiburones, defendiéndose con el mismo
tubo Y, llegó desfall~cid~ ~ _izar nuestra pabellón con los honores de ordenanza. Este es solo el preludio h1stonco del magno e infructuoso esfuerzo por mantener nuestra sobe_ranía. en ,la is!~ de la Pasión. Porque antes de llamarse Clipperton (nombre
de un pirata mgles, la ISia se llamó Médanos y de la Pasión.

d:

"Fue Francia, en efecto, y no Inglaterra ni Estados Unidos ni siquiera Costa Ri-

c~: en cuya "vecindad" está la isla más que de México, quie~ exclusivamente apare-

c10 en el escenario internacional, disputándole a México su soberanía E
ta f
h d ¡
• .
. n no
e15 de Juruo de 1898, el Ministro de Francia en México hizo formal reserva de los d~rec?~s ~e su gobierno sobre la isla, y anunció que pronto sometería los
documentos JU~ti-f1~tivos, como lo verificó en el curso del mismo año" (p. 111). Los
~echos -a mi JWC10 verd~~eramente _ridículos- en que basaba Francia sus pretens\ones, , fueron: l. Declarac1on del ternente de navío y comisario del gobierno frances, V1c_tor Le . Coat de Keverguen, de que a partir del 17 de noviembre de 1858
la, mencionada isla pertenece, en plena soberanía, a Su Majestad el Emperador Napol~on III Y a ~us herederos y sucesores a perpetuidad; 2. Participación del acto anterior, POI el mismo comandante del Amiral, anclado frente a Honolulú al Cónsul General ~~ F~cia Y ?omisario_ Im~erial ante el Rey de las islas Hawai o Sandwich;
3. Notificac10n de dicho func10nano al Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno francés, con la publicación consiguiente en el periódico The Polynesian, de Honolulú.
e a a e

¿ Quién les dijo a esos señores franceses que esos actos bastaban para adquirir la
sob«,ranía de la isla de la Pasión? No encuentro más que esta disyuntiva: ignorancia
del Derecho Internacional o mala fe. Ninguna señal permanente quedó de aquella supuesta ocupación. Ninguna visita periódica al islote. Sólo una declaración flotando
en el aire.

Aunque México no tuviese intereses, económicos en la Isla luchaba por territorio
suyo. La lucha por el Derecho --de la que tan elocuentemente ha hablado el 1·1ustr: Juns~
· ·
·
ge~no. Rudolf. von Ihermges un deber ético. Por eso me permito
senalar m1 radical divergencia del Dr. Antonio Gómez Robledo, cuando afirma: "Lo
que, p~r. el contrario, no percibimos por parte alguna, es cuál pudo ser el interés real
de Mexico en defender su soberanía sobre un islote que no tenía para nosotros el
menor valor político o estratégico, y ni siquiera un valor económico, fuera de las
menguadas regalías que pudiera percibir nuestro gobierno de los explotadores del
gu~no, Y que no ~erían suficientes ni para P!lgar los gastos de la guarnición que deb~namos tener alh como símbolo mínimo de nuestro dominio" (p. 112). Si el interes económico o el valor estratégico lo decidiesen todo, acaso habría que abandonar
nuestro dominio sobre las islas Marías y sobre otras porciones de territorio. Si antes

'

693

'

�/

de 1897 no habíamos tenido una efectiva poses1on y si la isla quedaba lejos de nuestro territorio, ello no significa que debíamos renunciar sin más a la soberanía sobre
la isla de la Pasión. Si la isla era "res nullius» cuando la supuesta apropiación de
Francia, con mayor razÓn México podia ocuparla en 1897. Nuestra Constitución la
mencionaba como parte integrante del territorio nacional. El dominio nos venía desde mucho antes que los franceses soñaran en descubrirla.
Cometimos la torpeza de no aceptar un tribunal arbitral mixto, con un juez de
nuestra nacionalidad. La estulta manía de Mariscal, a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores, de sujetar las disputas a los soberanos europeos, nos hizo perder
nuestro incuestionable derecho. No advertía nuestro canciller porfirista que los jefes
de Estado deciden por sus ministros o consejeros técnicos y falsean la justicia, a menudo con tal de favorecer los intereses de su país.
Las tres tesis cardinales de México fueron las siguientes:
"l. La isla Clipperton, en 1858, formaba parte del territorio mexicano ;

II. Suponiendo que la isla no formase parte del territorio mexicano, la declaración de
toma de posesión de Francia, en 1858, no pudo mudar su condición jurídica de res nullius, y, por tanto, México pudo válidamente ocuparla, como lo hizo en 1897;
III. Suponiendo que Francia hubiese adquirido en 1858 un derecho a ocupar la
isla Clipperton, este derecho no sería oponible a 'México, y en todo caso se habría
extinguido por el no uso".
La réplica de Francia, que no podemos seguir por falta de espacio, nos parece notoriamente inconsistente. Sin embargo, Su 'Majestad Víctor Manuel III, rey de Italia, proclamó en su sentencia que Francia tuvo desde noviembre de 1858 la pos_esión
de la isla Clipperton, habiéndose probado el animus possidendi y el corpus re,. La
decisión del monarca italiano es un verdadero monumento a la falsedad y a la torpeza. Lo digo por mi cuenta y riesgo. Aún suponiendo que no hubiésemos probado
nuestros títulos históricos, es un hecho incontrovertible que México ocupó válidamente -y no ficticiamente como Francia, con el ridículo sistema polinesio de publicidad- la isla de la Pasión desde 1897. La curiosa "indulgencia" que utilizó Víctor Manuel III para juzgar la mítica posesión de Francia me resulta bastante sospechosa. Lo que duele no es tanto la pérdida material del islote, cuanto la injusticia cometida con un país débil que ha puesto toda su esperanza en el triunfo de la
razÓn y del Derecho.

III
El Affaire del Chamiza! es, a juicio de Antonio Gómez Robledo, el caso más apasionante de la historia diplomática mexicana. Una nación, "largamente mutilada y
humillada por su poderoso vecino", obtiene, por primera vez, una gran victoria pacífica.
El Dr. Antonio Gómez Robledo no quiere incrementar la función fabulatriz. Con
la serenidad de un pensador clásico, se aplica a analizar esa rara "amalgama de mito
y realidad tan difícil de desleír". El 15 de junio de l9 l l se pronunció el Jaudo arbitral qµe otorgó la victoria a México. Pero no fue sino hasta el 30 de junio de
1962 cuando el Presidente Kennedy y el Presidente López Mateos resolvieron expresar su voluntad de arreglo. Durante más de cincuenta años Estados Unidos des-

694

conoció la validez del laudo arbitral. Acaso la extensión o el valor económico del
territorio expliquen la torpe renuencia de los injustos detentadores.
En 1864 tuvo lugar el desplazamiento, de una a otra ribera, de "nuestro" Chamiza!. La Convención de Arbitraje estipulaba que el caso había de resolverse "de
a~uerdo co_n
varios tratados y convenciones vigentes entre los dos países y segun los pnnc1p1os del derecho internacional". Pero había, por Jo menos cinco tratados sobre la línea fluvial divisoria. Este es uno de los principales moti;os que tornaron tremendamente intrincado el caso.

!º~

El caso del Chamiza! tiene una primera fase diplomática. El 31 de octubre de
1866, el Gobernador del Estado de Chihuahua advertía al Ministerio de Relaciones
Exteriores . d~J, Gobierno de J uárez sobre "las dificultades que se están ofreciendo
por la vanac1on del cauce principal del río Bravo en su margen inmediata a Ja Villa del Paso" . Se hacía men~ión expresa del Chamizal. Nuestro Ministro en Washington, actuando en consecuencia, llamó la atención del gobierno norteamericano "sob
la permanencia de la línea divisoria entre las dos Repúblicas" según lo convenido :e
los trat~dos de Límites. El Procurador General Cushing se af:rró, desde un principi:,
a la ,te~1s de que los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y de la Mesilla habían establecido
un _I,rmite natural y no un límite matemático. Confundió el abandono del cauce o mutac10_n_ ?el lecho con otro fenómeno radicalmente diverso, el de la avulsión. Con seria
~ru~1_c1on -fuentes de primera mano- Antonio Gómez Robledo estudia el estatuto
Jundico de los cambios fluviales desde los romanos hasta nuestros días.
. ~ientras los testigos presentados por México se refieren a hechos inmediatamente
v1v1dos, Y :n el lenguaje de los hechos, los testigos norteamericanos dan la impresión de
est~r alecc1on~dos _por quien los presentaba. Es de suponerse que esta impresión de veracidad haya mflwdo en los miembros del tribunal de arbitraje. Hubo proposiciones de
~rueque, por parte de nuestro gobierno, que no se aceptaron. La Convención de ArbitraJe d~ ~?IO sujetó 1~ diferencia del dominio eminente sobre el territorio del Chamiza! a la
C_o~s1on ln!ernac_10nal de Límites, aumentada con un tercer Comisionado, que presidma sus deliberaciones. Este Comisionado sería un jurista canadiense escogido por ambos gobiernos de común acuerdo o, a falta de este acuerdo por el Gobierno de Canadá. Se convino, expresamente, que el fallo sería inapelable y se llevaría a efecto,
en ~o d: que fuera favorable a México, dentro del plazo improrrogable de dos años.
F.Iub1ese sido preferible que los árbitros no fuesen las mismas personas que habían
figurado como Comisionados de México y Estados Unidos en la Coinisión de Límites
"porque, a cambio de su reconocida experiencia, tenían uno y otro, como era natu~
ral, una opinión predeterininada y recíprocamente antagónica" (p. 197). El tribunal que~~ integrado en la forma siguiente: el ingeniero Fernando Beltrán y Puga por Mexico; el general Anson Milis por Estados Unidos y por entendimiento entre a~bos gobiernos, como Comisionado Presidente y árbitro en discordia, el jurista
ca?~di.ense Eugene Lafleur, doctor en Derecho Civil y Consejero de Su Majestad
Bntáruca.
'.'La estrategia de la Agencia Mexicana, a cargo del ilustre jurisconsulto don Joaqum D. Casasús fue muy sencilla (si hábil o no, es imposible apreciarlo en este mo1?ento), pues se concentró exclusivamente en estas dos trincheras: la teoría de la
lmea invari~~le y fija con refe:cencia a los Tratados de Líinites de 1848 y 1853, y la
n~ retroactividad de la convención de 1884" (p. 199). Los Estados Unidos sostuVJ:ron, invariablemente, que el aluvión había sido la única causa del desprendiID!ento de todo el Chamizal. Pero, ¿ cómo explicar por el aluvión "aquella destruc-

695

�cion de la ribera que tuvo lugar de modo violentó y súbito, llevando el asombro Y
la consternación a los afligidos habitantes de la ribera mexicana"? "Ni una ni otra
parte -apunta Antonio Gómez Robledo- iba a tener satisfacción, por los jueces
del litigio en sus respectivas demandas. Los Estados Unidos perdieron en el capítulo
de los he~hos, y nosotros (salvo el único punto de que luego hablaremos) en el derecho..." (p. 220). La sentencia fue pronunciada el 15 de junio de 1911, por el
voto concurrente del comisionado Presidente y del Comisionado mexicano, contra
el voto disidente del Comisionado norteamericano. El laudo arbitral rechazó la teoría de la línea fija. Con irreprochable método se procedió a examinar la conducta
observada por ambas partes, así como las convenciones formales celebradas entre
ellas como ulterior instrumento de interpretación. En materia de Derecho, 'México
alca~ó la victoria en un solo punto: la pretendida posesión del Chamiza! no
reunía todos los requisitos exigidos jurídicamente (ser pública, continua, pacífica
y diuturna ). En materia de hechos, la Convención de 1884 exigía que no sólo la accesión sino también la corrosión fueran lentas y graduales. "Es difícil imaginar - afirma el - Tribunal- cómo podría estimarse como ejemplo de corrosión lenta y gradual
la destrucción de tierras casas y bosques descrita por los testigos en el presente
caso". El laudo concluyó por dividir el Chamiza! entre México y Estados Unidos.
He aquí los párrafos finales de la sentencia:
"Atendiendo a todo lo cual, el Comisionado Presidente y el Comisionado de México, representando una mayoría en la expresada Comisión, sentencian· y declaran:
que el dominio eminente sobre aquella parte del territorio del Chamiza! que queda
comprendida entre la línea media del cauce del río Bravo o Grande levantada por
Emory y Salazar en 1852 y la línea media del cauce del mismo río tal como existía en 1964, antes de las avenidas de ese año, pertenece a los Estados Unidos de
América, y que el dominio eminente del resto del mencionado territorio pertenece a
los Estados U nidos Mexicanos".
Gómez Robledo estima que el laudo del Chamiza! -único tal vez en toda la historia de la judicatura internacional- es un fallo justo, pero extraño, paradójico.
"México en efecto --observa el distinguido internacionalista tapatío-, fue coro'
.
pletamente derrotado en las tesis jurídica_s en las _cu~es articuló t~~ su def~nsa'.
línea fija e irretroactividad de las postenores convenciones sobre hnntes, y trrnnfo
apenas en algo en que la derrota de los Estados Unidos hubiera venido por sí misma como era el punto relativo a la prescripción. Pero, en cambio, y sobre la base
del' derecho alegado por los Estados Unidos (la Convención de 1884), ganó Méxic~
la mayor parte del territorio del Chamiza!, o sea la que se formó por desprendi·
mientos bruscos y no por corrosión lenta y gradual, y que, según los cálculos más probabÍes representa una superficie de 177 hectáreas sobre un total de 234. Por esto de·
cimos 'que en este caso insólito, no marcharon a la par, y en beneficio de la misma
parte, los 'hechos y el derecho" (p. 227). La teoría de la línea fija era _i~d~fendible.
Pero, "¿ cómo hubiéramos podido retractamos durante la secuela del 1u1c10, de lo
que tan solemnemente habíamos afirmado un año antes apenas? Lo pued~ ~acer un
particular, pero nunca- un Estado soberano" (p. 229) . Discrepo de este d1stmgo que
apunta el Dr. Gómez Robledo. Me parece que la sin~eridad, 1~ honrad~~ intelectual
y las normas éticas no sól9 se aplican entre los particulares smo tamb1en entre los
Estados soberanos. Convengo, en cambio, en la defensa del laudo que realiza, tan brillantemente, Antonio Gómez Robledo. Ninguna causa de nulidad pudo esgrimirse
válidamente contra el famoso laudo arbitral. Las últimas páginas del estudio comen-

696

'
tado están dedicadas a exponer las fases del arreglo final y el problema
constitucional en torno al Chamiza!.
Un libro como el de Antonio Gómez Robledo, México y el Arbitraje Internacional, honra a la nación cuna del autor, enriquece la bibliografía del Derecho Internacional Y contribuye a iluminar -histórica y jurídicamente- tres importantes casos de arbitraje interestatal.

JAIME TORRES BoDET, León Tolstoi -su
vida y su obra-, Editorial Porrúa, S. A.,
México 1965.

HAY UNA UNIVERSALIDAD de amor en
Jaime Torres Bodet que le ha llevado
siempre a transfigurarse - henchido de
simpatía- ante toda gran manifestación
del espíritu. Por su aptitud en penetrar
el corazón de los pueblos y de los hombres, por su esfuerzo incesante y consciente para armonizar los diversos elementos de su rica naturaleza, era d~
esperarse - ¡ casi fatal!- que Jaime Torres Bodet se ocupara de León Tolstoi.
La mayor parte de las veces, el fondct
último de Tolstoi ha resultado inexplorado, inédito. Las más diversas y contradictorias interpretaciones han venido
a chocar ante la problemática personalidad del genio ruso. Hace algunos años,
José Ortega y Gasset pedía un Goethe
desde dentro. Pero en vez de inclinarse
respetuoso ante los hechos de aquella vida magnifica, hasta donde le ayudasen
a apreciar la evolución espiritual del genio, de antemano le trazó su yo-programa en vista de "un plan hechizo y seguramente arbitrario". El propósito se
malogró, pero el imperativo quedó en
pie. Torres Bodet ha tratado de ofrecernos, sin decirlo, un Tolstoi desde dentro.
No se trata de ensartar las cuentas de un
rosario biográfico ni de ensayar una crítica más sobre la obra tolstoiana. Estamos ante una visión -iluminada e ilumÍ.nante- de ! la trayectoria vital de
Tolstoi. Graci~ a la poderosa intropatía de Torres Bodet, podemos recrear el

destino de Tolstoi, comprender su "Weltanschauung". Sobre las huellas, sobre
Ir. obra, surge la figura personalizada.
El mundo del espíritu tolstoiano y el mundo que le circunda aparecen humanizados. Jaime Torres Bodet hace de ellos un
redondo universo y nos lo transmite, después, en transmisión emocional, casi en
poesía...
El lector del libro León T olstoi -su
vida y su obra- (Editorial Porrúa, S.
A., México 1965 ) se acostumbra a ver,
en el novelista ruso, una viviente integridad. Le sentimos vivir en sus momentos fundamentales. Y Je comprendemos
mejor al examinar algunas de sus obras
cimeras. León Nicoláievich Tolstoi "pretendió hacer lo que nadie realiza nunca
completamente -y jamás a tiempo-:
huír de su propia historia; romper, por
decreto de su conciencia, la continuidad
patética de su vida, desde la hora en
que el responsable de esa conciencia -tan
penetrante y profunda- vio la primera
luz, en agosto de 1828, hasta los años en
que le sonreía la dicha y el triunfo lo Ji.
sonjeaba, lo mismo en el amanecer de
una infancia rica, espléndida e impetuosa, que en el crepúsculo de una edad cargada a la vez de remordimientos y de
laureles" ( Opus cit., p. 9). Quiso dejarlo todo: mujer, hijos, costumbres, celebridad y fortuna, en busca de la paz
interna, de la confonnidad con su yo
esencial. Y murió en plena fosatisfacción
dé la gloria - el día 20 de noviembre
de 1910-, en la modesta casa del encargado de I la estación de ferrocarril de Astápovo.

697

�Como si se tratase de una fantástica
partitura, Torres Bodet examina, en varios tiempos, el hombre y la obra. Niñez,
adolescencia, juventud, primeras actividades del hombre... Con técnica impresionista nos presenta al "audaz Nemrod
de las cacerías improvisadas entre artilleros, cosacos y balalaikas", "la imagen
del irascible juerguista de las veladas petersburguesas". Y asistirnos a la madurez del narrador implacable de Guerra
y Paz, imparcial y sereno como un demiurgo, al lado de ese mismo demiurgo,
sólo que ahora lloroso, en la sombra, junto al piano en que alguien tocaba · quién
sabe qué música dominante, gemebunda
y torturadora. A la semblanza "del cuentista del pueblo huµulde, barredor de su
propia alcoba, cortador de su propia leña, Zeus sin águilas y sin rayos, entre la
pena o la risa de sus mujiks", sucede la
figura "del destructor intrépido de sí mismo, la del artista que acabó por odiar
su arte, la del cristiano a quien la jerarquía ortodoxa hubo de excomulgar, la
del viejo profeta airado, de barba intonsa, que fue a morir, como un lobo
herido, sin una lágrima ni una queja,
solo ya con su gloria - y con la ternura de la hija que nunca lo defraudó"
( Opus cit., pp. 11 y 12). En la consideración de cada capítulo hay una referencia constante al moralista. Hay un diálogo, siempre operante, entre el creador
y el crítico de sus creaciones, entre el artista y el filósofo". Por humorismo trágico del destino, el crítico de sí propio
-apunta Jaime Torres Bodetmató
al artista en Tolstoi, incluso materialmente. Pero sobre su muerte, se irguió
a la postre su vida. Esa vida, como las
flores que acariciaban sus ojos grises entre los árboles de Yásnaia Poliana, la renueva -sin saberlo-- cada generación.
La rehace cada primavera del hombre,
siempre distinta, y la misma siempre"

(p. 13).
De un rápsoda analfabeto, León Nico-

698

láievich aprendió el arte espléndido de
contar. Le educan tres mujeres: la abuela, una tía y, sobre todo, Tatiana Alejandrovna, un antiguo amor de ru padre. Avido, brusco y vanidoso, a pesar
de su fealdad, León Tolstoi vive desgarrado entre el ángel y la bestia que conviven en él. Se flageló física y li,t erariamente, "proclamando sus vicios y sus flaquezas en voz tan alta que más parecía
querer atemorizar a sus fieles que convencerlos". Hay en Tolstoi una ininterrumpida oposición entre la vida que vive y la
que quisiera poder vivir. Creyó siempre
sincero el amor que decía tener para
todos sus semejantes. Siri embargo -ob~erva Torres Bodet- los comprendía quizá demasiado para quererlos íntegramente. Dueño del universo por sus sentidos,
León Nicoláievich soñaba a veces ser
una planta capaz de florecer antes que
las otras y de crecer tranquila, sencilla Y
alegremente.. . No se contentaba con
describir y cantar a su pueblo como ninguno; quería instruirlo, darle un alma
para vivir. Hace de la libertad la regla
esencial de su escuela en Yásnaia Poliana. La disciplina ha de manifestarse como el producto de una voluntad colectiva.
El matrimonio con Sonia Bers sólo le
brinda unos cuantos años de dicha y un
cauce a su desbordada sexualidad. Sonia, frágil en apariencia, tenía un carácter desapacible y una autoridad d e acero. Esta alma de propietaria, administraba, con singular destreza, los derechos de
autor y las tierras de su marido. Le instaba a que trabajase arduamente en sus
obras y le deparaba, obsecuentemente, el
placer sensual. Su labor de copista le entusiasmó mucho más que su oficio de
fábrica familiar. Sonia se avergonzaba
de ser tan fértil. Las cunas alternaban
con los ataúdes. Tolstoi se fabricó su propia cárcel. La dependencia de Sonia le
pesaba y le confortaba. Hu.bo un mo-

·mento en que Tolstoi se sacude la tutela
y huye de su casa "lleno de muerte".
En ·1as manifestaciones del culto, Tolstoi buscaba "una ocasión de integrarse
a los más humildes, de ser tan obediente y tan dócil como ellos, para olvidar
sus dos permanentes congojas: la repulsión que le inspira la existencia ( demasiado cómoda y regalona) que su familia había acabado por imponerle, y el
terror que suscita en su alma la condición mortal de todos los seres vivos" ( p.
212). Pero su aventura eclesiástica duró apenas dos años. Pierde la fe en la
eucaristía y siente que los ritos externos
son un estorbo para su religiosidad. Honrado y orgulloso, pasa de una contradicción a otra. "Un orgullo que, en ocasiones, lo lleva hasta dejar entender que
habían sido necesarias dieciocho centurias para que alguien ( él, por supuesto)
comprendiera en su plenitud la verdad
de Cristo" (p. 217).
Toda la vida de Tolstoi gira en torno a contradicciones. "Deja de fumar y
adopta dietas vegetarianas. El, sexualmente tan insaciable, afirma que los matrimonios han de ser castos. Más tarda
en decirlo que en asistir al nacimiento
de su hija Sacha. Es el duodécimo parto de su mujer. Desde luego, no será el
último" {p. 218). La muerte, como contradicción y término de Ía vida, le pro'duce un miedo fotenso. "Todas esas
muertes -las inventadas y las reales-son como una serie de ensayos de la
muerte que, según sabe Tolstoi, está esperándolo a él" (p. 219). Odiaba la
mentira y tuvo que vivir en un ámbito
de mentiras. "Propagandista de la pobreza, seguía recibiendo anualmente muchos millares de rublos por sus novelas y
muchos otros millares por el cultivo de
sus terrenos. Teorizante de la castidad,
no cesaba de fecundar a Sonia. Enemigo verbal del arte, no podía olvidarse de
ser artista. Con su camisa de mujik, y
con los pies dentro de las botas que él

mismo se fabricaba, lo veían sus amigos
al frente de una mansión donde casi todos los lujos tenían su asiento. La misma
plutna que encomiaba el ideal evangélico
del trabajo, la virtud y la no resistencia
al mal, iba a mojarse en la misma tinta
para trazar los crueles análisis psicológicos de La Muerte de Iván Jlich y de La
Sonata a Kreutzer. El fauno encarnado en
monje buscaba a Dios con la lezna del
zapatero o con la guadaña del segador;
pero, por las noches, llamaba a Sonia,
para infligirle un homenaje sensual, vehemente y brusco como un insulto" (pp.
235-236). Fuerte por su sed de gloria,
Tolstoi era un débil de carácter. Se empeñaba en ser moralista y era un artista.
Amaba la verdad y vivía en el engaño.
Despreció la fama, y la obtuvo siempre.
"Salvo ciertos instantes nocturnos, que
no me atrevo a llamar de dicha, León y
Sonia viven en estado de guerra -o, por
lo menos, de paz armada- por espacio
de muchos lustros". De joven, había anotado, en su Diario, que no podía existir
verdadero amor entre un hombre y una
mujer, porque no es amor el deseo. Con
Sonia libró una lucha a muerte. Sólo hubo, quizá, .erotismo y violencia. No nos
extrañemos de "La Sonata a Kreutzer" .
En apretados y felices resúmenes, Jaime Torres Bodet nos ofrece la enorme y
multifacética obra escrita de León Tolstoi. Se detiene, con especial delectación,
en Guerra y Paz, Ana Karenina y Resurrección. Traza, con mano maestra, las
grandes líneas directrices de las novelas
tolstoianas y destaca, con singular brío,
el sentido y las excelencias de las grandes obras de León Nicoláievich Tolstoi.
Fiel a su doctrina de la no resistencia al mal, Tolstoi menospreciaba a quienes pretendían hacer la revolución. Sufría
por su inacción. Y sufría por las injusticias sociales que le rodeaban y en las que
participaba, hasta cierto punto, por su
flaqueza ante el sentido capitalista de su
esposa. En la persecución que empren-

699

�de el gobierno contra los "dujobors",
Tolstoi adopta una actitud de franca rebeldía, contra el gobierno del Zar. "Nada confirma la majestad que suele alcanzar el poder de la inteligencia como el
duelo librado, durante años, por los dos
zares de la Rusia decimonónica: el que
llevaba la corona imperial ( fuera cual
fuese el nombre del Romanov en turno)
y el señor de Yásnaia Poliana, enemigo
de la violencia, adalid de la no resistencia al mal; pero rebelde a todas las transacciones, y demoledor del orden establecido, no con las armas, sino con la autoridad de la convicción" (pp 267-268).
Esperaba, para el próximo viraje de la
historia, una alianza de los espíritus, una
solidaridad de las almas en la comunión
de la verdad y del bien que producirían
un nuevo orden de cosas. Pero indudablemente, en Tolstoi, como lo advierte
Jaime Torres Bodet, "el creador fue más
humano que el humanista, más comprensivo que el creyente y más grande que el
ideólogo" (p. 258).
El 22 de febrero de 1901, los miembros del Santo Sínodo decretaron la excomunión de León Tolstoi. El profeta incrédulo se había burlada, en su última
novela, de los ritos de la Iglesia Ortodoxa. Todo lo juzgaba severo, artificial,
sombrío, aburrido, falso. . . Tras la excomunión vino la apoteosis. Un millar
de obreros y de estudiantes aclamó al novelista, en Moscú, al pasar por la plaza
de Lubianka. Centenares de visitantes,
telegramas y cartas invadieron su mansión. Se organizaron cortejos para felicitar al excomulgado. Hasta la misma
Sonia - tan ortodoxa- se solidarizó con
su marido y escribió una enérgica carta
de protesta al Metropolitano de San Petersburgo: "Los culpables del pecado
de traición a la fe no son los que se
extravían en busca de la verdad, sino los
que se mantienen orgullosamente a la
cabeza de la Iglesia y que, en vez de
practicar el amor, la resignación y el

700

perdón, se convierten en verdugos religiosos. Dios perdonará más fácilmente a
quienes, renunciando a los bienes terrenales, viven fuera de la Iglesia una vida
de humildad y de caridad, que a los portadores de condecoraciones y de brillantes mitras, que condenan y que excomulgan . . ." Lo cierto es que el cristianismo
de Tolstoi era más filosófico que dogmático. Su credo, no exento de cierto ímpetu panteísta, rechaza la divinidad de
Jesucristo. Se reduce a afirmar la existencia de un Dios que concibe como el
espíritu, el amor y el principio de todo.
La plegaria solitaria reafirma en nosotros la conciencia de nuestra religación
y del sentido de nuestra vida.
A costa de Tolstoi (anciano ya y convaleciente de una pulmonía) se cometió
una grave injusticia: el Premio Nóbel
( que apenas parecía digno de los méritos del gran escritor ruso) se le atribuyó a Sully Prudhomme, tan mediocre -o
menos que mediocre- al lado del genial
Tolstoi. El viejo novelista ruso sonrió
despectivamente, y comenzó una nueva
convalecencia. Muchos proyectos le estimulaban aún.
La situación conyugal de León Tolstoi
se había tornado insoportable. Sonia, histérica y paranoica, se convirtió en espía
de su marido. Hurgaba sus diarios, buscaba su testamento y espiaba sus más mínimos movimientos. Sonia odiaba y adoraba, a un mismo tiempo, a León Nicoláievich. El médico recomendó a los esposos que se separasen. A los 82 años,
con 32 rublos en el bolsillo, León Tolstoi escapó de Y ásnaia Poliana. En Chamardino, lo · alcanzó su hija Alejandra.
El profeta en fuga contrajo una pulmonía y hubo que descender del tren. Murió el 20 de noviembre de 1910, cinco
días después de haber perdido el conocimiento. Le rodeaban sus familiares, amigos, periodistas, fotógrafos y la expectación invisible del mundo entero.
Máximo narrador, Tolstoi no imita la

vida, es la vida misma. Por eso le admira
Torres Bodet y con él nosotros. "Y casi
le agradecemos -como un signo de humanidad- que, habiendo sido tan poderoso en la acción creadora, haya sido
tan vulnerable ~n la vida práctica, tan
débil frente a sí mismo, y tan indeciso
frente a los seres, de carne y hueso, que
no inventó" ( p. 318) . Hasta aquí las
grandes ideas-madres del libro -generoso, comprensivo, inteligente- de Jaime
Torres Bodet. La bibliografía de habla
española se enriquece con esta aporta&lt;;ión de un mexicano universal.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Poesía de Jaime Torres Bodet, Editorial
Finisterre, 1 o. de enero de I 96 7.
JAIME TORRES BooET es uno de los más
dignos ejemplos de perfección que ofrece la lírica hispanolocuente. Poesía recatada Y seria. Tersura de expresión sencillez de elementos, homogeneidad de tono. La riqueza de su cultura y de su
mundo interior se traducen en una perfecta unidad. Todo es mesura y armonía. Nada de exterioridad y pintoresquismo. El poeta anda en pos del sentido humano de las cosas. Bucea en la hondura
de sus raíces y emerge a la superficie
con una límpida diafanidad y con un
temple sereno. Su veta poética está en
la depuración de la vida espiritual interior. Viene de vuelta del superrealismo ("Destierro"). Conserva la huella de
la simplicidad lírica de sus "canciones"
y la intimidad emotiva de "Los días".
Pero su tendencia intelectual y moral ha
prestado a su arte universalidad, consciencia, dignidad literaria.
En mi adolescencia gusté, extraordinariamente, de un poem~ juvenil d e
Jaime Torres Bodet que ya apuntaba
la difícil sencillez del clásico. Lo publicó 'en el libro Los días el año en que
yo nací:

MEDIODÍA

Tener, al mediodía, abiertas las ventanas
del patio iluminado que mira al comedor.
Oler un olor tibio de sol y de manzanas.
Decir cosas · sencillas: las que inspiren
[amor ...
Beber un agua pura, y en el vaso pro[fundo
ver coincidir los ángulos de la estancia
[cordial.
Palpar, en un. durazno, la redondez del
[mundo.
Saber que todo cambia y que todo es
[igual.
Sentirse, ¡al fin!, maduro, para ver, en
[las cosas,
nada más que las cosas: el Pan, el sol,
[la miel...
Ser nada más el hombre que deshoja unas
[rosas,
}' graba, con la uña, un nombre en el
[mantel. ..
La Editorial Finisterre publica ahora,
con fecha adelantada ( lo. de enero de
1967), cincuenta poemas de Jaime Torres Bodet, seleccionados y prologados
por su autor. En el "¿Preámbulo... 0
epílogo?", escribe Torres Bodet: "Durante casi treinta años, pensé que la agitación exterior -viajes, responsabilidades
conferencias, discursos, celebraciones, de:
beres públicos-- me iba a apartar de la
poesía. Tal divorcio no se logró. Publiqué rnenos versos, sin duda. Pero, si la
poesía escrita se hizo menos frecuehte
-y quizá, para otros, más hipotéticala poesía vivida se convirtió, para mí, en
fuente clara e inagotable". Cada poema
constituye la explicación de un trozo
biográfico. El poeta lo sabe. Pero la poesía no vive de anécdotas. Y el lector tiene que conformarse con la expresión selecta.
En el otoño de su vida, Jaime Torres
Bodet advierte la ampliación paulatina

701

�..
I
de horizontes. O dicha a la manera de
Leopoldo Lugt&gt;nes, tan cara para el propio Torres Bodet, "se ve más cielo entre
las ramas, cuando principia a deshojarse
el huerto". Nada de lo vivido se pierde.
Todo lo conserva la sal del recuerdo. Y
el "ars moriendi" cobra su puesto:

BAJAMAR

"Conforme va la vida descendiendo
-bajamar de los últimos ocasosse distinguen mejor sombras y pasos
sobre esta playa en que a morir aprendo.

hora y lugar en que no estés conmigo;
pues te clavó la muerte tan adentro
del corazón filial con que te abrigo
que, mientras más me busco, más te en[cuentro".
Sentirse hombre entre los hombres,
ejercer el oficio humano, padecer la sed
de vida, solidarizarse con los buscadores
de verdad, ser espíritu y materia vulnerables es poesía en J aime Torres Bodet.
Toda una antropología filosófica está entrañada en este magnifico poema;
NuNCA

Acaba el sol por declinar. Los rasos
de la luz se desgarran sin estruendo,
y del azul que ha ido enmudeciendo
afloran ruinas de horas en pedazos.
Ese que toco, desmembrado leño,
un día. fue timón del barco erguido
que por piélagos diáfanos conduje.
En aquel mástil desplegué un ensueño.
Y en estas velas, ay, siento que cruje
todavía la sal de lo vivido".
La presencia ausente de un ser querido deja sentir su continuidad y su imperio. Todo prolonga y señala a ella. No
es la muerte quien les separa, es la vida.
Pero en la vida se condensa una ilusión
de aurora:

"No has muerto. Has vuelto a mí. Lo
[que, en la tierra
-donde una parte de tu ser reposasepultaron los hombres, no te encierra;
porque yo soy tu verdadera fosa.
Dentro de esta inquietud del alma ansiosa
que me diste al nacer, sigues en guerra
contra la insaciedad que nos acosa
y que, desde la cuna, nos destierra.
Vives en lo que pienso, en lo que digo,
y con vida tan honda que no hay centro,

702

Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyec[tos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas . ..
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinqs
hacia , l jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escom[bros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus ma[nos
• lo que jamás hereda un alma digna,
¡ porque, de todo cuanto el hombre ha
[hecho,
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar su vida!
Somos y no somos. No somos del todo.
Somos proyecto de evasión, invento de
lo que no somos aún. Sólo en la muerte
nos fijamos, nos definimos, nos revelamos.
Y nuestra vida se reduce a vivir de la
creencia de que fuimos. Jaime Torres
Bodet lo dice en forma penetrante y
alada :

R ESUMEN

Vivimos de no ser. . . De ser morimos.
Somos proyecto en todo mientras somos.
Proyecto de esperanza en el deseo·
Y, cuando poseemos lo esperado, ' · · ·
proyecto de evasión, sed de abandono.
En el joven trigal, lo verde es siempre
ansiedad de la espiga. Acaba en oro.
Pero ¿ dónde comienza cuanto acaba?
Vivimos de inventar lo que no somo/
En cambio, este magnífico absoluto
de lo que ya no sufre deterioros,
de lo que ya no pueden
modificar ni el tiempo ni el olvido,
este sólido trozo
de vida inalterable que es la muerte
i cómo nos garantiza y nos define
Y nos revela y nos demuestra en todo!
Vivimos sólo de creer que fuimos.
Seremos siempre póstumos.
I

El lento desasirse de las cosas en el
- d e la vida, tiene su melancolía
,
otono
y
su encanto y su dignidad y su lección
ejemplar. Oigamos al poeta:

PERDÓN

Mírala, cómo cae blandamente
de la más alta cima, entr,e los olmos,
la clara, la dorada hoja sin prisa,
última en desprenderse del otoño.
Con mayor lealtad nadie se rinde.
Nada nunca murió con más decoro.
Toda hecha de luz, fue cielo a tiempo
y no la humilla ennoblecer el lodo.
Ninguna idea sucumbió en tal triunfo,
ni aceptó sin jactancias tantos oros,
ni abdicó de tan puro y frágil reino
con desdén tan completo y silencioso.

¡Quién pudiera imitar su adiós sereno
Y dejar de su paso un dulce asombro
acariciando el aire en que perece '
y perdonando al viento del otoño!

Aunque parezca a algunos demasiado
intelectual la poesía de J aime Torres Bodet, es lo cierto que nos presenta siempre
un valor emotivo --con menos frecuencia
un valor sensual o sensorial - en estado
abstracto, separado
de su raíz natural, y,
,
por esta razon, separado de todo esfuerzo
de saber y de querer. Metafísica del sentimiento es la suya. Y por ello auténtica
poesía.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

E. V. NraMEYER, JR., El General Bernardo Reyes. Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León.
México 1966.

"Como Gobernador del Estado y agente político de la dictadura en la región
que controlaba, Bernardo Reyes fue excelente. Pero al mismo tiempo era una anomalí_a. En un período en que el ejército
mexicano se estaba agotando por la indolencia y la degeneración moral, Reyes lo
levantó escribiendo manuales sobre táctica, intentando resolver el problema del
reclutamiento y creando una Segunda
Reserva, un fuerte ejército de civiles. En
un período en que el progreso material de
la nación estaba acompañado de la cruel
explotación de los trabajadores industriales y por la esclavización de la población agrícola, la voz de Bernardo Reyes
se levantó en defensa del oprimido".
En esta forma resume el Dr. E. V.
Niemeyer la personalidad del general
Bernardo R eyes en una excelente biografía ~~blica1a recientemente bajo el patroc1ruo del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León.
El estudio del Dr. Niemeyer reúne todas las condiciones indispensables en una

703

�investigación histórica moderna. Casi todas sus afirmaciones tienen el apoyo, no
de una, sino de varias fuentes biográficas.
Es precisamente éste, uno de los aspectos
más interesantes del trabajo, pues el autor utiliza una abundante bibliografía,
mucha de la cual no es de fácil consulta
para el investigador mexicano. Esta
cluye, no sólo todo lo que se ha e~cnto
sobre el general Reyes, sino una sene &lt;le
estudios, tanto mexicanos como norteamericanos, referentes a la época en que
le tocó actuar a este personaje. La bibliografía, incluye también, entrevistas
con varias personas importantes y la consulta de numerosos periódicos de la época muchos de ellos editados en losi Estad~s Unidos. Además de los archivos mexicanos, consultó el autor archivos norteamericanos. De estos últimos, resultan
especialmente interesantes, las cartas d_e
los agentes consulares de los Estados Urudos, pues siendo correspondencia confidencial pintan con mayor fidelidad cier'
,
h
tas situaciones que lo que pod1an acer
los periódicos mexicanos de la época.
Esta correspondencia sustituye, cuando
menos en parte, a un diario que se hubiera llevado de los acontecimientos de
esa época. Es precisamente, una de las
mayores dificultades con que tropieza el
investigador al hacer la biografía de personajes de nuestro país; casi no existen
diarios o memorias y la correspondencia
personal, la más de las veces, ha desaparecido.
Debido a esta carencia, la primera parte de la obra del Dr. Niemeyer - la etapa en que don Bernardo todavía no, ~ra
un personaje importante en la política
nacional- aunque más valiosa como
contribución histórica e indudablemente
la de más difícil investigación, nos parece la más débil. La escasez de datos
obligan al autor a recurrir a fuentes de
, valor dudoso, libros, folletos o artículos
escritos muchos años después de los acon'tecimientos, por aduladores o detractores
de don Bernardo, en donde se incluyen

!n-

704

anécdotas que tienen por objeto ensalzar
0 desprestigiar y que, como es imposible
verificarlas, deben considerarse como leyendas.
La última parte de la obra del Dr. Niemeyer es magnífica. La carrera del General Reyes desde julio de 1909, en que
desengaña a sus partidarios que querían
fuera candidato para Vicepresidente, y
el desenlace final frente al Palacio Nacional el 9 de febrero de 1913, parece el desarrollo de una tragedia clásica.
ISIDRO VIZCAYA CANALES

JOAQUÍN ANTONIO l'EÑALOSA, Un Minuto de Silencio, Editorial Jus, México
1966.
UN MINUTO DE SILENCIO nos pide el poeta potosino Joaquín Antonio Peñalosa para su último libro: la reunión de sus
"obras incompletas": Ejercicios para las
Bestezuelas de Dios, Sonetos desde la
Esperanza, Canciones para entretener la
Nochebuena y la Cuarta Hoja del Trébol.
Falta -el eterno y santo horror de
Nervo de las obras odiosamente íntegras- el primer libro del poeta: Pájaros
de la Tarde: sus poemas juveniles, su
mañana de poeta.
Hablando de este libro en la noticia
autobibliográfica, Peñalosa lo señala como "la prehistoria de la que luego uno
se sonroja".
"La Biblia - agrega- me había sugerido sus versos de ancha túnica, sus
paralelismos desdoblándose com_o ~Sfrellas en reflejos, como ecos persiguiendo
vo~es. Ahí quedó el intento juvenil" (p.
7).
Ahí quedó como ausencia bibliográfica. Editado "con el perfil de Estilo"
en 1948, está agotado y es inencontrable
desde 1949.
"Pájaros que cantan sin saber que cantan sin saber qué cantan, sin saber que
'
encantan".

'

1

"Pájaros de la tarde que van besando
las nubes crecidas, y a cada beso revienta
una estrella" (Pájaros de la Tarde, p.
16).
La voz juvenil del poeta cantó, en
ese libro ausente, "la Suave Niña de la
Suave Patria"; las "Antífonas para México"; "El Benedícite de las Cosas me11udas", etcétera. Mirada y voz de niño
que creaba un mundo amable: a su imagen y semejanza:
"Cantemos el himno de las cosas breves, de las creaturillas que alcanzaron
el último soplo de Dios" (p. 44).
El pudor del poeta maduro nos privó
de la segunda edición de sus Pájaros de
la Tarde; aquel primer botón de su primavera.
En los Ejercicios para las Bestezuelas
de Dios, el poeta potosino, franciscano
e Ignaciano, halla en las bestezuelas
- "También las bestezuelas de Dios, ¡ oh
Ignacio, oh Francisco!, pueden ayudarnos
a ordenar vida y poesía"- pretexto para
hablar a los hombres de pobreza, de silencio, de amor.
Esta coleccioncita de poemas había conocido su primera edición, bajo el signo
de Abside, en 1951, en México, y la segunda, en inglés, con el título de God's
little Creatures, en Nueva York, en 1956.
En esta edición ha añadido Peñalosa algunos poemas entonces no coleccionados:
"Lai Mariposa nos advierte que pequeñez
es grandeza", "Ejemplo del Qaracol en la
Santa Pobreza" y "Lección del Caracol
sobre el silencio".
Es la voz del poeta potosino, en esta
colección, la voz aniñada que el propio
Peñalosa celebra, en Inuitación a los Clásicos al Padre Homero.

"Como Noé me construiré mi arca
c011 paredes de nuez y piso de naranja. .."
Así en "Preludios al Arca de Noé".

"Viejo Padre Noé, cuando Dios entre,
ciérrame el arca y que el amor naue[gue .. ." (pp. 15-16)

Y navega el espíritu franciscano y
poético entre árboles que mueren a la
hora dorada, mariposas que meditan sobre la muerte.

"Considera, hermana, que morir tene[mos:
las mariposas mueren en el uiento . ..
La mariposa es irse, deshacerse;
Poluo de oro, recuerda que polvo eres''.
(pp. 19-20)
elefantes de piel arrugada -rocas en
movimiento-, peces que escuchan, redondo el ojo quieto, un sermón de dolor;
asnillos muertos y honnigas que alcanzan el Amor al término ignaciano 'de los
ejercicios.

"No era la leña, ni el carbón, ni una
[carga de rosas;
era la muerte sobre su espalda sola.
Venía por el camino bebiéndose la luna,
Por sus ojos pasaba una alameda oscura,
¡ era la carga última!" (p. 31).
En los "Sonetos desde la Esperanza"
el Dr. Peñalosa cambia de tono totalmente: la estructura cerrada del soneto,
por él manejada hasta con virtuosismo,
se presta a una mayor concentración
conceptual. Serenos, rnagnüicos, perfectos los sonetos fueron editados por vez
primera bajo el signo de Abside en 1962
y recogidos luego, todos, por Salvador
Novo en sus Mil y Un Sonetos Mexicanos, poesía de madurez, no ofrece la cálida voz aniñada del joven Peñalosa.
En Canciones para entretener la Nochebuena las bestezuelas -"por el burrito Blanco de las nueve posadas"- y
la magia navideña arrancan nuevas notas
a su lira; ángeles, bestias azoradas, pesebres y piñatas entre los versos frescos
para la noche blanca:

"Que los ángeles niños rompan ya la
[piñata,

705
• H-45

�que compró Miguel en el puesto, tan
[cara.
Que suban al techo a colgarla en la
[reata
que venden los ojillos con oscura mascada
y que preste José, por un rato, su va[ra; ... (p. 63).
La Cuarta hoja del Trébol reúne poemas no coleccionados antes: "Carta a
Abuelita", "El Problema de la Vivienda", "El Evangelio de Zaqueo", "La
Matanza de !os Inocentes", "Testamento para abrirse en 1999" y "A Nuestra
Señora del Siglo XX".
La voz del poeta que "sabe de sepulturas, de cribas, de hoces", pide un minuto de silencio y un minuto pleno, chorro encantado de tiempo, nos hace comulgar, con su palabra franciscana y niña,
con la hermana muerte y la hermana esperanza, con hormigas y mariposas, con
peces y asnillos muertos.
El arca de su poesía convida al viaje
en compañía del amor:
.. ." amor constante que empiezas siem[pre sin tener ocaso
Este era un gato con los pies de trapo . ..
Viejo padre Noé, cuando Dios entre,
ciérrame el arca y que el amor naue[gue . . ." (p. 16) .
PROF. BENJAUÍN MoRQUECHO GUERRERO

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE, El Romanticismo Alemán. Centro
de Estudios Humanísticos de la U. N. L.
México 1964.
PUBLICADA POR EL Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, que preside su fundador el propio doctor Agustín Basave, esta obra nos
ofrece algo nuevo en literatura crítica en
México. Es más que una mera crítica literaria. En efecto, un crítico sólo examina y califica objetivamente el resultado,

706

la obra, sin necesidad de conmover ni hacer vibrar al ritmo del creador original.
En cambio, el presente estudio del romanticismo alemán es una presentación
en vivo de esta corriente fundamental
del pensamiento moderno, en modo semejante a como surge y se desenvuelve
en los propios románticos.
El libro tiene dos partes. En la primera asistimos en primer término a un despliegue de realizaciones y posibilidades
de la cultura alemana en la que se va a
nutrir y desenvolver el alma romántica
de sus más agregios representantes. Luego vemos cómo las líneas directrices del
romanticismo germano parten de sus orígenes históricos: el movimiento llamado
Sturm und Drang y las figuras prerrománticas de Herder y Goethe. Estos y
los siguientes personajes los presenta Basave sin rodeos, como se presenta a viejos conocidos y buenos amigos.
Lo que yo deseo hacer en esta esquemática reseña de la obra del excelente
amigo Dr. Basave es aproximarme como
él a las fuentes: los propios románticos.
El romanticismo es una abismal infinitud
de ensueños, emotividad, sentimientos,
ideas, experiencias y objetivaciones inagotables. Pero los románticos son finitos
y limitados seres que se duelen de sus limitaciones y finitudes y se desgarran buscando el infinito. Si nos detenemos, pues,
en ellos, más fácilmente podremos reconocer algo de nosotros mismos en esa
"constante humana" que persigue en su
estudio nuestro autor. Por eso trataré
solamente de presentar en grandes rasgos las imágenes o retratos, biografías espirituales que el Dr. Basave ha trazado
espléndidamente de esos grandes tipos de
humanidad que son los románticos.
Juan Godofredo Herder (1743-1803) ,
que nació pobre, "escuchó gratuitamente
las lecciones de Kant", inconformándose
con el frío sistema de su maestro debido
a causas de moral y religión. Dícese que
pudo haber servido de modelo a Goethe
para su Fausto. Más que filósofo, hom-

bre de gran cultura, es un precursor del
movimiento romántico, por ejemplo, en
su valoración del lenguaje como órgano
espiritual de un pueblo y en la exaltación del decir espontáneo, no libresco,
que es el verdaderamente poético. Enfréntase al iluminismo francés, y al joven
Goethe lo arrastra "hacia el mundo de
la afectividad y del entusiasmo". Escribe
poemas ("El joven salvado") y estudios
( "Selvas críticas") de contenido subjetivo. Despierta en Europa el interés por
las expresiones de la cultura popular ( Colección de "Cantos populares"). Sostiene una filosofía de la historia en que "la
actitud de imitación a todo modelo y a
toda ley que no emane de la intimidad
queda proscrita", preparando en ello el
camino para el romanticismo.

Goethe aparece luego en su etapa romántica con "Goetz von Berlinchingen"
y "Werther". "Goethe es para los alemanes la figur~ central de su cultura y hasta
la encarnación nacional", indica Basave.
Entendimiento y sensibilidad abiertos.. .
pasión de vivir. . . vivencias y poesía.. .
"Amó a las mujeres, a la naturaleza y
a los libros. . . de su vida quiso hacer
una obra de arte... escribió, a golpes de
amor, para escudriñar el alma y para
efculpir la belleza". Pasa la imagen de
este hombre universal y tras su magna
sombra vemos surgir, en individuales rasgcs, las figuras de los más destacados románticos alemanes. Nos hallamos en la
segunda parte de la obra, que así se desarrolla:
HEINRICH voN KLEIST. Nace en 1777.
Lleva una vida azarosa y muere suicidándose en compañía de una mujer. "Esa
vida y esa muerte son la vida y la muerte de un romántico", pero lo romántico
propiamente en Kleist es "su disolución
en el ensueño. . . su sentimiento amorfo
Y vaporoso", advierte nuestro autor. Dramaturgo y poeta, habla y escribe poco
(Catalina de Heilbronn, La batalla de
Hermann, El príncipe de Hamburgo), y

compone, antes de morir, su Letanía de
la muerte.
NovAL1s (pseudónimo de Federico
Leopoldo von Handenberg) es la figura más perfecta y representativa del romántico. Nacido en 1772, fué "débil y
enfermizo en su infancia, alegre y estudioso en su adolescencia, romántico
y místico en su juventud". Muere joven. Poeta plenamente, en él "todo en
la distancia se torna poesía", y ésta se
aloja en lo más profundo del ser. La
religión y el saber último se funden
místicamente en ese arte creador y configurador de un universo íntimo que sustituye al cosmos. "Poesía de totalidad es
la suya", nos dice nuestro autor. Enrique
de Ofterdingen, su más grande obra, inconclusa, es un héroe legendario que vive en un mundo idealizado. Los Himnos
a la noche son el mejor canto a su misterio. Sus Cantos espirituales han dado
incluso material a la liturgia. Inspira
poetas y artistas. Schubert musicó varios de sus cantos. En su ''idealismo mágico" evoca igualmente formas del pensamiento y se anticipa a filósofos en su saber del hombre. "Antes que Heidegger",
observa Basave, "tuvo la intuición, expresada en otra forma, de que el hombre
es un ser para la muerte", pero a diferencia de ese filósofo, no ve en la muerte
"sólo un desenlace, sino también un principio y una victoria".
FEDERICO HOELDERLIN, un poeta fuera de sí, en rapto, enajenado, se constituye intermediario entre los dioses y los
mortales, roba los rayos al infinito y los
devuelve al hombre envueltos en cantos.
Su Hiperión, griego moderno que reencarna ideales de la Grecia antigua, prenuncia, dicen, "la efusión dionisíaca, el
movimiento del ditirambo y la educación
heroica que sacuden y hacen r esplandecer el Así hablaba Z aratustra de Nietzsche", y aún llegan a considerarlo "como
la obra revolucionaria más pura y profunda de los alemanes".

707

�FEDERICO ERNESTO DANIBL SCHLEIERMACHER nace en 1768. Teólogo, predicador, pensador religioso, en sus Mon~logos la moral de lo humano alcanza dimensiones de totalidad infinita. Proyección hacia el futuro en eterna juventud.
Religiosidad sentimental sin credos ni
dogmas. "Con la religión no conocemos
ni queremos. Intuimos y sentimos", resume nuestro autor. Panteísmo. "Filosofía de la religiosidad más que de la religión", concluye.
FEDERICO NIETZSCHE ( 1844-1900). La
trágica personalidad de este poeta filósofo que era hipersensible para sí e insensible para los demás, destructor de valores ajenos y narcisista intelectual en Ecce
Horno, es presentada aquí "sin perder
de vista en ningún momento al hombre
de carne y hueso". Se exponen los siguientes aspectos: su "vitalismo, la doctrina
del superhombre, la religiosidad dionisíaca, la actitud anticristiana, la vocación
poética y sus últimas confesiones". Encontramos la voluntad de vivir sin límite, de amar el propio destino en el cosmos en unión individual con él. El ser
~ano queda por encima, de todo. Surge el superhombre, dominante en el universo y henchido de vida inagotable. Primero su entusiasmo, de Nietzsche, por
Wagner y luego la condena de su "cristianismo estetizante y sentimental" y en
él la de todo cristianismo. "Dios h a
muerto". Todo está permitido. El culto
a la vida sustituye al los demás cultos. El
superhombre anticristo y antinihilista
"tendrá que venir algún día". Mas este mito irrealizable termina en absurdo
y en locura. Sin embargo, Nietzsche no
es ateo nos advierte el autor, es un exal'
tado religioso.
''Dios ha muerto" porque
lo hemos matado en nuestros corazones.
"Ha observado de cerca", continúa, "la
civilización que se dice cristiana y se ha
convencido de que vive como si Dios estuviera muerto o como si su ausencia
fuera algo irremediable y fatal". Nietzsche
sostiene una actitud incongruente frente

708

al cristianismo. Lo mismo ve a veces en
la Iglesia (católica) una "vigorosa belleza", que firma su libro El Anticristo.
Pero la verdad es que "no se atreve a
lanzar sus peores dardos contra la figura
de Cristo, por más que se nombre Anticristo", dice Basave. "En el fondo, Nietzsche padece el impresionante encanto de
Jesús". Cristiano, pues, a pesar suyo, este
desorbitado romántico es, ante todo, poeta, no de los quejumbrosos "de estirpe
lunar" sino poeta vigoroso "de estirpe
solar",' que canta en un nuevo lenguaje.
Al final vienen las "últimas confesiones"
publicadas en el libro Mi hermana 'Y
yo que apareció hasta 1961 en traducción
inglesa y que fueron escritas en un sanatorio mental. Con ellas termina la trágica historia del postrer romántico alemán.
Lic. MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

FEDERICO SÁNCHEZ ESCRIBANO y ALBERTO PORQUERAS MAYO, Preceptiva
dramática española del Renacimiento y
el Barroco, Biblioteca Románica Hispánica, Editorial Gredos, S. A., Madrid,
1965. 258 páginas.
TRADICIONALMENTE, LA dramática española del Renacimiento y del Barroco ha
sido estudiada formal y temáticamente
como una eclosión magnífica del genio literario español, de su concepción de la
vida y de la muerte y como una galería
de tipos y conflictos humanos en medio de
pasiones elementales. Han sido relativamente pocos los estudios llevados a cabo
desde el punto de vista de la teoría, como si todo ello fuera una brillante improvisación paralela a la improvisación política y económica que fue la tónica de la
época y la que, en definitiva, causó la decadencia de España. Sin embargo, toda la
dramática renacentista y barroca está sustentada por una teoría bien clara y definida tal como se deduce de este hermoso

libro de Sánchez Escribano y Porqueras
Mayo, Preceptiva dramática española del
Renacimiento y el Barroco, publicado en
el otoño de 1965 en la Biblioteca Románica Hispánica de Gredos.
La obra consta de dos partes: una introducción en la que ambos autores orientan al lector en la teoría dramática de
los siglos XVI y XVII y en el campo de
la comedia española del XVII y una segunda parte, la más amplia, en la que se
han recogido los textos teóricos sobre el
teatro, en una secuencia cronológica. A.
Porqueras Mayo titula su -trabajo Algunas observaciones introductivas a la teoría dramática de los siglos XVI y XVII,
en el que delimita, inicialmente, el criterio seguido en la recolección de los textos y las bases para la localización de los
mismos, así como también el establecimiento de las fuentes utilizadas y una revisión de los trabajos publicados previamente, señalando sus alcances y limitaciones. A. Porqueras Mayo analiza a
continuación cómo comienza a aparecer
en el panorama de la cultura española
una teoría dramática, en pleno siglo XV,
que va a servir de base para todo el desarrollo posterior: estas primeras manifestaciones las encontramos ya en Juan de
Mena, inspiradas en la tradición clásica,
principalmente en lo que el autor llama
"definición de Tulio". El Marqués de
$antillana aporta también sus puntos de
vista, basado en las primeras fuentes que
Mena. Es en el siglo XV cuando los tratadistas tratan de establecer un criterio
para distinguir la comedia de la tragedia y de definir principalmente los caracteres de la primera, pero con una aportación. nueva e interesante, pues señala
el autor: "Ya veremos que la preceptiva dramática del Siglo de Oro sólo se intetesa, prácticamente, en el segundo aspecto, ampliando con gran rigor de pensamiento la mezcla de acontecimientos
tristes y alegres, para crear una teoría

de nuevo cuño sobre la tragicomedia"
(p. 15).

El siglo XVI se abre con dos actitudes que, según Porqueras, serán definitivas en la orientación dramática posterior y que posibilitarán toda "una germinación espléndida posterior". Una es la
de Bartolomé Torres Naharro y otra, al
fmal del siglo, más filosófica y densa, la
de López Pinciano. Hasta la época de
Torres Naharro había predominado el
esquema aristotélico tradicional y ampliamente revivido por los humanistas del Renacimiento; Torres Naharro destacará en
un primer plano a la comedia sin confrontarla con la tragedia, para definirla y
reelaborar su concepto "con una clasificación novedosa: 'comedia a fantasía',
es decir de cosas inventadas, y 'comedia
a Noticia', es decir de cosas ocurridas"
(p. 16), al paso que dignifica a la comedia y le da su valor de género noble entre los dramáticos.
Importante también dentro de este
desarrollo teórico es la obra de López
Pinciano Filosofía antigua poética ( 1596)
quien, aunque influido todavía por las
ideas aristotélicas respecto a la naturaleza de la comedia, concede a ésta "El
principio catártico de la tragedia" (pp.
16-1 7) . Su actitud conservadora se manifiesta al seguir muchas normas preceptivas de las antiguas concepciones clásicas, principalmente en lo que se r efiere
al número de actos, concepto que evolucionará a través de Juan de la Cueva
hasta Jlegar a Lope de Vega, que fija dicho número en tres "desde un punto de
vista teórico" ( p. 17) .
Otro aspecto importante que señala
Porqueras en su exposición es el concepto algo confuso que sobre la acepción de
la palabra comedia priva aún en el siglo
XVII y de donde provienen algunas de
las contradicciones que se encuentran en
las terminologías empleadas por los tratadistas y que incluso alcanzan al Arte nuevo de Lope. Sin embargo, es en el siglo

709

�XVII donde florece pujante la teoría y
donde también se trata de fijar un concepto claro del género. Carvallo, en 1602,
con su Cisne de Apolo, Agustín de Rojas,
en 1602, con Loa de la comedia, van perfilando significados y direcciones nuevas
que, sin romper con el punto de vista tradicional, elaboran un concepto más claro
y definido en la teoría y la práctica, como asegura el autor: "Pero todo ello
transformado, enriquecido, en suma, nacido originalmente ante la observaci6n
de un género cuya 'práctica' va 'modelando' la teoría literaria a la que siguió
en un principio, y que termina por transformar completamente. En otras palabras,
se parte de lo "antiguo' para dejarlo
atrás, lentamente, ante la evidencia de lo
'nuevo' " ( p. 20) .
Juan de la Cueva, uno de los grandes
teóricos, contribuye también, a su modo,
a crear en torno a la comedia el concepto
de lo "nuevo" , planteando en términos
prácticos su teoría y actitud ante el pasado, estratificado en las concepciones oficiales {pp. 21 y 22). Interesantes son
también los comentarios sobre El Arte
nuevo de hacer comedias de Lope, en
los que destaca su sentido polémico ( "tirar la piedra y esconder la mano"), su
ambigüedad misteriosa y, a veces, su indecisión. Los años posteriores a la aparición del Arte ( 1609) representan tomas
de posición decisivas en la teoría dramática y en ellas se perfilan ya claramente las dos tendencias que vislumbr6 Juan
de la Cueva entre los partidarios de lo
antiguo 'y lo nuevo. "Y tenemos - e
afirma- la famosa guerra literaria estudiada por Entrambasaguas, que se
agudiza en dos años decisivos: 1616, año
de la Spongia, y i618, año de la Expostulatio Spongiae. La comedia sale triunfadora, y años después surgen dos columnas inconmovibles, de gran solidez
dialéctica:• Barreda y Pelicer de Tovar"
(p. 23). A través de la polémica, de réplicas y contrarréplicas, muchas veces

710

apasionadas, vemos cómo el siglo XVII
es el siglo del triunfo de la comedia,
triunfo sólidamente asentado en las bases teóricas de los tratadistas. El estudio
de Porqueras viene a demostrar que, en
•medio de la aparente facilidad externa
de la comedia española renacentista y
barroca, la sustentación teórica es de una
solidez extraordinaria y que el "oficio"
de nuestros comPdiógrafos estaba cimentado en bases bien firmes: ''La teoría
dramática española -firma Porcplerasofrece un corpus compacto, muy unido a
la labor creativa. Diríase que ésta, con
sus sacudidas vitales, crea el movimiento
de vaivén que oscila entre la tragedia y
la comedia, para crear, por síntesis, una
nueva criatura de arte: la tragicomedia.
Ningún país en el mundo, por estos siglos,
puede ofrecer una teor!a dramática tan
original y completa como España" (p.
31).
El segundo estudio que sirve de introducción, Ensayo de síntesis sobre la comedia española del siglo XVII por Federico Sánchez Escribano, conocido especialista en nuestros Siglos de Oro, insiste en "el nexo entre teoría y práctica,
con lo cual se prepara al estudiante y al
investigador a no tratar en falso difíciles
problemas estéticos" (p. 33). El punto
de partida de S. Escribano es que "la comedia española del siglo XVII, es un
teatro de ideas expuestas siempre con una
tremenda belleza"; su estudio, por tanto,
si no nos equivocamos, tiende a demostrar cómo operan las ideas en el proceso
creador de la belleza y c6mo se enlazan
con la actitud total que supone el Renacimiento y el Barroco. En apretada síntesis, S. Escribano discute, con la acerada
maestría y la pasi6n que siempre ha. puesto en estos temas, el problema básico de
las épocas espirituales y de las corrientes
literarias, el de la clasificación y los peligros inevitables que se presentan en la
abstracción y caracterizaci6n de las mismas. Las difíciles implicaciones de la ter-

minología usada pueden a veces oscurecer en su base el fenómeno mismo que
se trata de analizar y quedarnos con la
visión, desordenada y caótica del esquema sin apreciar el hecho concreto el hecho vital y base del fenómeno es~ecífico.
Sin embargo, S. Escribano cree y sostiene
que la abstracción, la caracterización tipológica, puede y debe aplicarse, con
cierta medida y cautela. "La abstracción
-dice--1 en grupos literarios, en corrientes literarias, tiene aplicación variable en
extensión y profundidad. Es decir, el término clasificador tiene, en algunos casos,
un sentido lato y puede comprender muchas manifestaciones de la vida de determinada época" ( p. 36). Con esta serie de
c!istinciones y aproximaciones, S. Escribano trata de tipificar el fenómeno complejo del Barroco, sobre el que se han hecho tantas abstracciones, no siempre acertadas. Parte de la divisi6n radical entre
lo "clásico" y todas las demás teorías
opuestas que han recibido distintos nombres a través de la historia de la crítica.
Y, sin caer en la tajante oposición tradie,ional, llega a tipificarlo acertadamente
en los siguientes términos: "Nosotros creemos que se debería llamar 'tragicómico'.
El 'tragicomiquismo' es la fusión total
de lo trágico y cómico, sea en lo que toca a la estructura de una obra, a lo tectónico, sea en el sentido vital que expresa.
Unamuno, por ejemplo, es un trágico de
contextura barroca. En cambio Sartre es
un barroco en su sentido vital, de tenc!encia clásica en la forma. Estas tres
clasificaciones, lo clásico, lo aclásico y lo
tragicómico, son la base de las abstracciones literarias y hay que tenerlas en
cuenta para la mejor comprensión de la
abstracción literaria" ( p. 3 7).
Sentados todos estos presupuestos teóricos, S. Escribano se lanza a describir lo
barroco-español y sus manifestaciones
posiblemente en una caracterización tan'
originalmente nueva y poética que viene a revolucionar muchos de los puntos

tradicionalmente aceptados por la apatía intelectual. En primer lugar, sostiene
que el Barroco como abstracción "es más
exacta que otras" (p. 37), es decir, más
exacta que las clasificaciones parciales o
unilaterales que responderían a una moda o a una tendencia dentro del fenómeno total del Barroco. Es necesario entrar en contacto con la vigorosa caracterización que hace el autor para darse
cuenta de la profundidad con que ha penetrado en esta abstracción que nos lleva a comprender una actitud total de la
vida y la cultura españolas del siglo
XVII; remitimos al lector especialmente a las páginas 38-40 donde se caracteriza lo Barroco en función de lo vital expresivo, de la angustia y de la crisis.
Definida y circunscrita esta abstracción
el autor pasa a continuación a articula;
dentro de ella al teatro del siglo XVII
corno expresión máxima de lo barroco. Es
muy importante la consideración que hace S. Escribano respecto a la influencia
aristotélica en las ideas dramáticas de
nuestro Barroco: "Pero, en general, preceptistas y dramaturgos se ciñen y aceptan ciegamente ciertas afirmaciones de la
Poética del estagirita" (p. 42) y a continuación se citan diecisiete puntos en los
cuales la doctrina de Aristóteles se revitaliza en la teoría barroca, y como consecuencia de esto, los caracteres permanentes de la comedia española del siglo
XVII, caracteres definidos y sustanciados
en las obras maestras. La influencia de
la teoría y la práctica de la dramática de
la antigüedad clásica hacen de la comedia española un fenómeno universal, casi
más universal que español, como señala
originalmente el autor: "El terna de una
crónica casi siempre lleva en sí un paralelo o reminiscencia de la antigüedad clásica. 'El españolismo' de la comedia española es un espejismo de que se han valido algunos críticos para desprestigiar el
valor dramático del drama español del siglo XVII y menoscabar su universalidad.

711

�Porque de lo que menos tiene es de 'español'. La prueba está en que los españoles de siglos posteriores no lo comprenden, y en algunos casos han sido los primeros en ver sus 'tachas'." (pp. 44-45).
Muchas veces se ha presentado la cuestión de si verdaderamente puede existir
una "tragedia cristiana", en el auténtico
sentido de la palabra "tragedia". Personalmente, siempre hemos creído que dentro de la articulación de la teología cristiana y su concepción de la vida y del
destino del hombre, no se presta a la
creación de un concepto trágico de la
vida, ya que, en definitiva, puede echarse mano del "deux ex machina" de la
providencia para resolver muchos problemas planteados en el plano natural. Sin
embargo, S. Escribano sostiene decididamente que sí existe y que puede existir
una verdadera tragedia en la concepción
cristiana de la vida, y que el Barroco
produjo esa tragedia en su sentido más
pleno: "El Barroco, como crisis del Cristianismo, creó la tragedia cristiana...
Gran parte del teatro europeo del siglo
XVII es la tragedia del hombre cristiano, y si esa tragedia cristiana no se ve
en muchos casos es porque el problema
se ha tamizado tanto que no se trasluce
a primera vista. Con todo lo que se ha
escrito sobre La estrella de Sevilla, los
críticos no se han percatado de que se
trata de un caso de conciencia cristiana"
(p. 45).
A continuación se enumeran algunas
de las innovaciones que introduce en el
arte dramático la comedia española del
~iglo XVII en todos sus aspectos y los
puntos coincidentes y discordantes con
la teoría aristotélica. La conclusión de
S. Escribano es definitiva y totalmente
definitoria en su claridad : "En resumen,
la comedia española del siglo XVII no
se estructuró ni con una repentista ignorancia ni con una repentista ligereza,
a: espaldas de una teoría del arte dramático, sino con principios estéticos ya da-

71Z

dos por Aristóteles y Horado, pero refundidos para someterlos al gusto espiritual de la época y a las vitales exigencias del espíritu" (p. 48).
Siguen los textos de la teoría dramática de los siglos XV, XVI y XVII que no
dudamos adquieren una nueva luz con
las aclaraciones que se hacen en los dos
estudios precedentes.
Lm.

JuAN ANTONIO AVALA

JosÉ HERRERO, Introducción al
estudio de la filología latina, Biblioteca
Universitaria Gredos, 1, Editorial Gredos, Madrid, 1965. 387 páginas.
VÍCTOR

Los ESTUDIOS CLÁSICOS en España y en
muchos de los países de habla española han vivido durante mucho tiempo dependiendo de materiales procedentes de
otros países, donde la cultura clásica ha
gozado siempre de un alto prestigio entre
las ciencias del espíritu. Afortunadamente,
li.s nuevas generaciones de estudiantes españoles han cobrado una nueva conciencia y responsabilidad ante los estudios
dásicos; el profesionalismo riguroso ha
ido desplazando a la improvisación de los
aficionados; las traducciones nuevas y orig;.nales van imponiéndose sobre las malas
traducciones del pasado que los editores ponían una y otra vez en circulación
ya que el dominio público sobre la propiedad literaria de las mismas prometía
un negocio redondo. Un entusiasmo nuevo, la calidad superior de la enseñanza
universitaria, la mejor preparación científica de los nuevos filólogos y lingüistas,
la publicación de revistas, anuarios, índices bibliográficos, etc., han hecho que
nuestros estudios clásicos gocen de una
nueva y renovada vitalidad.
Entre los estudios recientemente publicados sobre filología clásica, de.staca por
su originalidad esta Introducción al estudio de la filología latina del Prof. Víctor José Herrero. En una síntesis vigo-

rosa -muy difícil en este campo por la
amplitud e importancia de los problemas-- y con valiosa claridad, se introduce el lector al fascinante mundo de la fi.
lología latina. La obra está dividida, además de la introducción en que se explica
el concepto de "filología", en tres partes:
a) Las fuentes para el estudio del latín,
b) La filología latina en su evolución histórica y c) ámbito y orientación de la
gramática latina.
En la primera parte se- estudia ampliamente la trasmisión de las obras clásicas por medio del testimonio directo: los
manuscritos; se estudian los textos más
antiguos, los materiales empleado,s, la
conservación de los códices durante la
Edad Media, la actividad desarrollada en
los monasterios, el impulso recibido en la
corte de Carlomagno y las lecciones de
Alcuino, el movimiento humanista del
Renacimiento y el descubrimiento de nuevos códices hasta los primeros impresos
y la aparición de las ediciones príncipes.
Todos los datos, nombres, informaciones
bibliográficas y materiales proporcionados por el autor en este capítulo son de
extraordinaria importancia para comprender el largo proceso por el que ha
pasado la trasmisión de la cultura clásica hasta nuestros días.
A continuación, el capítulo III está
dedicado a la edición crítica y su problemática: para cualquier edición crítica y
la reconstrucción más fiel de un texto hay
que partir, siempre que se pueda, de la
base firme de un manuscrito y del conocimiento del tipo de letra empleada en su
composición; de aquí. fa importancia que
el autor da a este capítulo dentro del estudio de la filología y del estricto método de análisis que expone: esta es la
razón por la que, en un plano histórico,
teórico y práctico se explican los principios básicos de la crítica textual y toda su terminología; entre estos principios
básicos están los dos más importantes que
son la "recensio" y la "emendatio", re-

cursos empleados para la reconstrucción
y fijación de un texto y que han sido,
desde el Renacimiento, la piedra angular de la filología. El hábil manejo de estos recursos de la ciencia filológica concluye con la edición del texto en su forma más cercana al original y depende
mucho de la intuición y la pericia del
investigador el llegar a una conclusión
positiva.
Una parte importante, en el estudio de
los manuscritos, es la papirología y' el latín de los papiros, a la cual el autor dedica un breve y sustancioso capítulo, con
una interesante referencia a la papirología en España, así como una abundante guía bibliográfica para estos estudios.
Lo mismo puede afirmarse en lo que toca
al estudio de las inscrip&lt;:iones latinas,
fuente importantísima y segura para reconstruir muchas etapas de la lengua y
de la cultura y que por su permanencia y
solidez, ofrecen un testimonio más seguro
y menos cuestionable que otros testimonios documentales.
Quizá la parte más sólida de este volumen es la dedicada a la exposición de los
problemas lingüísticos y a demostrar el
entronque de la filología latina con todos
los adelantos de la ciencia lingüística modt-rna: lingüística y filología forman en la
actualidad una unidad integral, complementaria y recíproca; los métodos de una
y otra están claramente definidos, como
lo están sus campos respectivos, pero ambas, en íntima relación metodológica, ayudan a que las aclaraciones en el campo
lingüístico sean más profundas y definitivas. Víctor J. Herrero parte del concepto de indoeuropeo común y de los problemas inherentes al método lingüístico,
para exponer, amplia y documentalmente, todos los puntos de importancia en la
formación de las lenguas itálicas y, en
concreto, del lat'm. Para este capítulo se
han aprovechado los valiosos materiales
que la ciencia lingüística ha ido acumulando desde el descubrimiento del sáns-

713

�/

crito a finales del siglo XVIII y todo el
desarrollo del comparatismo durante el
XIX. El autor, paso a paso, va reconstruyendo todos los procesos a través de
los que la gramática comparada --o mejor dicho el método comparativo- llegó
a establecer el parentesco y la afinidad
dentro de la familia de lenguas indoeuropeas y el establecimiento de las leyes fonéticas "por las que se rigen y a las que
responden las conservaciones e innovaciones relativas a la pronunciación" (p.
81) . Toda la metodología del comparatismo ha llevado, con su perfeccionamiento, a fijar totalmente el parentesco lingüístico entre este grupo de lenguas y a
d2rnos un conocimiento más amplio de la
evolución y desarrollo del latín a partir
de sus origenes más remotos. Saliéndose propiamente del enfoque tradicional
que seguía la filología latina, V. J. Henero expone con más amplitud los fundamentos lingüísticos generales del grupo indoeuropeo, caracteristicas que serán aplicables, en cierta medida, también al latín y al estudio histórico de su evolución.
Toda la reconstrucción de estas etapas
históricas del latín ayudan extraordinariamento al estudiante de filología a tener un panorama más amplio y crítico
de la lengua y de sus implicaciones dentro del campo de la lingüistica actual.
Asimismo, nos referimos a las consideraciones que el autor dedica al latín medieval y a las fuentes para su estudio.
De especial interés es también el capítulo dedicado a El latín de los humanistas y al desarrollo del concepto del
"humanismo" dentro del campo de la. filología latina, en especial de la influencia del "ciceronismo" en los ideales culturales, humanos y políticos del hombre del Renacimiento. La influencia de
Cicerón, sobre todo a partir del siglo
XIV, comienza cada vez a ser más importante sobre todo en el aspecto lingüístico y ayuda a la recreación de la lengua latina como instrumento de cultura.

714

Las polémicas entre ciceronianos y antic.iceronianos plantea interesantes cuestiones en esa formación de la conciencia lingüística de los humanistas. V. J. Herrero
dedica también unas páginas a los ciceronianos españoles que llenan una página gloriosa, aunque desgraciadamente
bastante preterida, en el movimiento humanista español: Ginés de Sepúlveda,
Fray Luis de Granada, Luis Vives y otros
muchos. El mérito' de esa inquietud lingüística del Renacimiento reside principalmente en que el latín se convirtió de
nuevo en una lengua viva a pesar de haber nacido de un movimiento de imitación literaria. "Fue -afirma el autor-,
pues, el latín humanistico la lengua viva
e mtemacional de una sociedad culta,
algo así como el francés en el siglo
XVIII. .. Hasta tal punto llegó a ser el
latín la lengua de aquellos humanistas
mtelectuales, que, a pesar del auge que
iban adquiriendo ya algunas de las lenguas modernas, ellos hablaban y escribían latín sin /e en el triunfo y posibilidades de aquellas lenguas'' (p. 188189) . Tiene también cabida en este capítulo el estudio de los principales géneros literarios del latín humanístico, corno la poesía, el teatro (principalmente el
teatro escolar promovido por los jesuitas
y otras órdenes religiosas en sus colegios
y universidades) y la Historia, cultivada
en España con riqueza que sobrepasa a
otras naciones europeas.
No podía faltar en un manual de filología latina la referencia necesaria a las
fuentes bibliográficas; a este punto está
dedicado todo el' capítulo XI. Después
de una introducción sustanciosa y breve
consagrada al alcance y valor de la bibliografía, se describen los repertorios bibliográficos, diccionarios y enciclopedias
de la Antigüedad clásica, colecciones de
textos latinos, Revistas de filología y todas las fuentes secundarias para el estudio de la lengua, tales como la historia
de la misma, la gramática general, Foné-

tica, Morfología, Sintaxis, Estilística, Léxicos y Gramática comparada. La bibliografía es exhaustiva y orientadora para
el estudiante de filología latina.
La parte siguiente estudia La Filología latina en su evolución histórica, en
los siguientes aspectos: en la antigua Roma, en la Edad Media, durante el humanismo y, finalmente, la Filología clásica y la lingüística desde el siglo XIX
hasta nuestros días. No creemos que el
autor, en esta parte, haya añadido nada
sustancial a lo que ya sabíamos por el
manual de Kroll, aunque algunas etapas
se han enriquecido con nuevos materiales y una perspectiva histórica más completa y articulada.
El último punto tocado por el autor se
refiere al Ambito y orientaciones de la
Gramática latina. El estudio de la gramática latina se expone, en estas últimas
páginas, con una metodología nueva teniendo en cuenta los avances y planteamientos de la lingüística moderna. Las
partes de la gramática no deben estudiarse como islotes aislados dentro de la
lengua sino como elementos interrelacionados e integrados indivisiblemente en
un conjunto; de aquí que deba de aplicarse también al estudio del latín esta
nueva metodología para comprender su
mecanismo interno y funcionamiento. Se
estudian, pues, los siguientes aspectos:
a) Relación entre fonética y fonología,
b) Relación de la lexicología con la fonética y fonología, e) Relación de la lexicología con la morfología, d) Relación
de la lexicología con la sintaxis, e) Relación entre fonética y morfología, f)
Relación entre morfología y sintaxis, g)
Relación entre fonología y sintaxis. Aparte se estudian otros problemas gramaticales que completan una visión nueva y
renovada de la gramática latina a la luz
y con la ayuda de los últimos adelantos
de la ciencia lingüistica, con lo que el
estudio del latín recobra un valor nuevo.
Creemos que esta Introducción al estu-

dio de la filología latina viene a llenar
un vacío que existía en lengua española
y que se venía llenando con traducciones y adaptaciones de manuales extranjeros. Como manual orientador, será una
gran ayuda para los estudiantes de filología en el mundo de habla española, tan
rico en su tradición en este campo y tan
descuidado en los últimos tiempos.
Lic.

JuAN ANTONlO AYALA

JAMES W!LLIS RoBB, El estilo de Al¡onso Reyes, Colección "Lengua y estudios literarios", Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965. 261
páginas.

INTERÉS QUE ha comenzado a despertar el estudio de la obra de Alfonso Reyes se ve aumentado, año con año, en
una bibliografía abundante y sólida. Lo
interesante es que muchos de estos trabajos son el resultado de investigaciones
encaminadas a una tesis y como tales llevados a cabo con el máximo rigor y con
en método claro y definido. El trabajo
que nos ocupa en esta nota bibliográfica
es el del profesor James Willis Robb, de
la Universidad George Washington, titulado El estilo de Al/onso Reyes. Este sencillo título nos presenta una de las obras
de crítica más sólida que existen en la
bibliografía alfonsina y no dudamos en
afirmar, desde ahora, que la consideramos de capital importancia para cualquier estudio posterior sobre este tema.
El valor máximo de este estudio reside,
a nuestro juicio, en la especiar metodología empleada para abordar uno de los estilos más ricos y brillantes que ha producido la literatura de lengua española en el
presente siglo. Porque cuando se habla o
se escribe sobre Alfonso Reyes lo primero que hay que señalar, quiérase o no,
es su posición impar como maestro del
estilo, como un explorador de temas universales que lo llevaron a todos los cam-

EL

715

�pos del interés humano y, en una palabra, como quien ejerció las funciones de
la cultura con la más alta dedicación y
simpatía. Y otro aspecto interesantísimo
y de capital importancia en la cuestión
del estilo de Alfonso Reyes es que dicho
estilo presenta rasgos de regularidad, en
el tiempo, que son muy poco frecuentes.
Normalmente, en un mismo autor se pueden señalar con claridad distinta etapas
estilísticas a través de su obra, ya sea en
un sentido progresivo, cuando dicho escritor va conquistando gradualmente el
dominio total de la expresión hasta llegar a un punto de regularidad y de máxima expresividad o, lo que es aún más
frecuente, cuando el escritor presenta diferentés planos estilísticos que reflejan, a
su vez, distintos momentos de su sensibilidad. En Alionso Reyes no es éste el caso:
desde su primer libro Cuestiones estéticas ( París, 1911) y a través de toda su
obra escrita en un período de más de
cincuenta años, se nota ya un estilo hecho, regular, permanente, con todas las
características de brillantez, claridad y
expresividad estudiadas en la obra de J.
W . Robb.
El campo d el estudio presente está
bien delimitado por su autor, así como
también el método. "Su intento -nos
dice en la Advertencia preliminar- es
el de estudiar las características más sobresalientes del estilo artístico de Alionso Reyes, manifiestas en la totalidad de
su obra literaria pero que se revelan más
sorprendentemente - a nuestro juicioen su prosa ensayística. Por lo tanto, el
enfoque central -especialmente en el aspecto esiructural- se dirige al ensayo,
pero se verá cómo la visión artística se
desbord~ de los escritos más estrictamente
ensayísticos hacia los tratados monográficos como El deslinde" ( p. 7). Su método,
el de la Nueva Estilística ( es importante señalar que el prof. Helmut Hatzfeld
~e el director y asesor de esta tesis) ,
acomodado a la naturaleza peculiar de

716

la expresión estilística de Alfonso Reyes:
"Uno de los aspectos de nuestro estudio
del ensayo artístico en Reyes, podrá ser,
entonces la medida en que, y las maneras
en que trasciende el 'mero lenguaje de
todos los días', comunicativo y expositivo,
pasando a la creación de emociones estéticas con Langue Fictive o 'lengua de
ficción'."
Los postulados teóricos que establece
Robb para penetrar en ese estilo especial que caracteriza al ensayo son importantes aunque a alguien le puedan parecer discutibles. Estos presupuestos plantean inicialmente la pregunta sobre la
naturaleza del ensayo y su inclusión dentro del campo de la literatura creadora.
Aplicando los mismos criterios que Leo
Spitzer aplicó a Thibaudet, Robb establece presupuestos críticos que deben
aceptarse ante el ensayo ya que "un crítico o ensayista puede hacer uso muy
especial de los instrumentos artísticos o
·'estilísticos' de expresión, sino que además puede encontrar detrás de sus rasgos expresivos toda una motivación estilística o sea un mundo de estilo y de
pensamiento..." (p. 12). De modo que
lo que intenta Robb es analizar el estilo
artístico de Reyes a través de sus ensayos, sin hacer en su obra "limitaciones
artificiales de géneros literarios" (p. 15)
nÍ "separar al ensayista del poeta".
La primera parte de la obra está dedicada a demostrar cómo en Alfonso Reyes "la crónica se vuelve motivo artístico", es decir, cómo A. R. tuvo la habilidad en convertir en materia poética cualquier suceso u objeto trivial ( recuérdense, las Burlas) a través de la expresión
lingüística más depurada, haciendo uso
de la "nota expresiva, la humedad de
afecto que ni la estrecha aplicación práctica ni la pretendida fijeza lógica logran
siempre absorber. .. Tal es el dominio de
la estilística, cuya soberanía es extensísima y siempre fue más o menos reconocida, o sospechada siquiera, aunque sólo

ha poco estudiada debidamente..." (pp.
19-20). Robb establece en este capítulo
cómo Alfonso Reyes, a través del lenguaje, sublima experiencias ideológicas, sentimentales o de cualquier otro tipo hasta llegar a crear con su materia prima
una verdadera obra de arte. ~eñala también Robb cómo el resultado de esta
elaboración estilística en A. R. proviene
de su toma de posición previa ante el fenómeno del lenguaje y cómo a través de
ese fenómeno se transparenta todo un
mundo, mejor dicho, una visión personal
del mundo y de la vida. "Así -afirma
Robb-- la crónica ha dado paso al comentario interpretativo personal, el cual
a su vez ha conducido a la sugerencia y
creación artística mediante el mágico poder transformador de la lengua de f icci6n" (p. 23).
En la segunda parte, Robb estudia el
proceso expresivo que, partiendo de la
idea, se plasma en imágenes de valor
artístico y más allá del campo ideativo
o meramente informativo. Alfonso Reyes posee ese toque mágico que transforma ideas, sensaciones, impresiones, etc.,
en expresiones verbales de alto valor estético. "El factor muy inclusivo del estilo de Alionso Reyes, más responsable de
su diferencia radical del puro tratadista
o escritor de crónicas y monografías, es
su propensión y capacidad para experimentar y expresar ideas en términos de
imágenes artíst_icas, por sentir las ideas
a través de impresiones visuales, auditivas
u otras impresiones sensoriales estéticas"
(p. 23). Robb e.xarnina ampliamente y
clasifica todo ese mundo de imágenes de
A. R. en este capítulo que creemos es
uno de los más densos de su estudio, por
su amplitud, profundidad y claridad en la
clasificación y en la recolección de datos.
"En esta sección -nos dice-- intentaremos acercamos al mundo artístico-estilístico de Alfonso Reyes sólo desde una
de las varias perspectivas posibles, la perspectiva de su galería o repertorio de imá-

genes individuales predilectas, vistas selectiva y resumidamente" (p. 25). El prin;ero de estos grupos es el de la figura
humana ("central en Reyes el humanista"), figura humana que se proyecta tanto en su dimensión universal como individual y personal y que, también, se concreta en ciertos "héroes simbólicos" predilectos de Reyes. Entre dichas figuras
estudia Robb todo el valor simbólico-estético del cazador, el acróbata, el nadador y el buzo, el jinete y el conquistador. A continuación, y sin abandonar aún
el simbolismo humano, pasa el autor a
examinar los que él llama "eslabones vivos entre hombre y universo", principalmente la flor y la planta, y señala un dato importante en la ideación simbólica de
Alfonso Reyes: "Uno de los símbolos y
encarnaciones más perfectas de la belleza es la flor. En Reyes como en Keats,
entonces, la belleza de la poesía se simbolizará en la flor, creación divina y única que podrá ser analizada pero nunca
explicada del todo" (p. 33). Son particularmente interesantes todas las implicaciones de este símbolo tales como el
poema, la perfección ( en dos niveles: el
material y el espiritual), la expresión de
lo mejicano y de lo local, y, finalmente,
el crecimiento vital. Se analiza también
el mundo de los insectos, de las aves, de
las serpientes y caracoles, en una fauna
simbólica del mundo natural sublimado
a especie estética. Al mismo examen está sometido otro aspecto del mundo de
la naturaleza: el de la geogra_fía dinámica con sus manantiales, ríos, mares, islas,
vientos, nubes y estrellas, que forman el
cosmos de A.R., todo él virtualizado y
estilizado a través de la imagen y la representación estética. Como en el caso de
la imagen del hombre, con sus amplios
elementos de relación, así mismo Robb
centra su atención en todos los procesos
físicos vitalizados a través de la imagen,
como el aire, agua, sangre y luz, que forman parte de la simbología reyista, vista

717

�toda ella como su lenguaje, dinámica en
imágenes pulsantes de energía y fuerza.
Otro capítulo es el de las "Direcciones
seguidas" que incluye senderos y caminos,
viajes, redes y laberintos, importante aspecto tanto en la vida como en la obra
de A. R., como señala Robb: "Una de
las cualidades fundamentales del estilo de
Alfonso Reyes es su dinamismo. Sus frases casi siempre tienen movimiento y van
a alguna parte. ·Este sentido constante de
áirección y de movimiento se expresa,
por ejemplo, en un concepto poético como "Vaivén de Santa Teresa" (Romances del Río de Enero) o en el concepto
de un ensayo como paseo, viaje, exploración con las ideas, dandcl a veces la satisfacción de la complicación, la de atacar un problema o de enmarañarse en una
red, o buscar su camino por un laberinto" (p. 50). El capítulo se cierra con
el análisis de los objetos predilectos manejados por Reyes en su mundo de imágenes: Joyas, rosarios ( con valor más estético que religioso) , campanas y cascabeles, relojes, cámaras, telescopios, veletas,
navíos, ánforas griegas, etc. Creemos que
el análisis llevado a cabo por Robb en
este capítulo es exhaustivo y altamente
valioso ya que introduce al lector al
mundo íntimo e interior de A. R., mundo poblado de todos los seres imaginables, vividos extremadamente y articulados en la expresión simbólica, dentro de
un sistema integral, como veremos más
adelante, y al mismo tiempo esencial para comprender su obra extremadamente
polarizada.
Pasa a continuación Robb a estudiar
los que él llama "ejes imaginísticos", es
decir, la ordenación estilistica de todos
los elementos examinados anteriormente.
"Esta nueva perspectiva --&lt;iice el autornos pone al descubierto toda una serie de
imágenes que parecen seguir cierta ordenación estética, orgánica y dinámica, de
procesos que llamaremos explosión, reverberación, refracción, irisación y on-

718

dulación. Es una configuración íntegra,
una serie continua en que una imagen se
resuelve en otra, de matiz en matiz, como formando un 'espectro' de matices
o imágenes; daremos a todo este proceso
el nombre de 'espectro alfonsino', pues,
según creemos, son procesos imaginísticos fundamentales que fluyen por la visión artística total de don Alfonso" ( p.
61). No.s extenderíamos demasiado si
detalláramos aquí el amplio y profundo
análisis que Robb hace de estas interesantes polarizaciones simbólicas en la obra
de A. R .; lo importante que cabe señalar
en este lugar es cómo estos "ejes imaginísticos", rosa de los vientos que estalla
en una variada gama expresiva, constituyen la traba básica del sistema estético de
A. R. El capítulo profundiza especialmente en las concepciones estéticas que, como
presupuestos necesarios, es necesario tener
en cuenta para entender todo el sistema
de relaciones verbales que saltan a la vista
en todos los ensayos de A. R. y que tienen
un sentido preciso y articulado en toda su
obra. Son coordenadas estéticas que explican el sistema en una obra compleja y llena de referencias, como el mismo Robb
señala al final del capítulo: "Ahora podemos ver uno contra el otro los dos ejes
imaginísticos alfonsinos. Lo que hemos
llamado espectro alfonsino, extendiéndose de la explosión a la ondulación, puede considerarse como el eje horizontal que
abarca la amplia y diversa latitud de sus
reacciones imaginísticas. El segundo eje,
comprendiendo la serie que se extiende
del prismatismo al perspectivismo, ilusionismo y vislumbrarniento, puede considerarse como el eje vertical o eje de profundidad que se proyecta en múltiples
dimensiones" (p. 97).
El capítulo cuarto aborda el mundo de
las imágenes desde otro punto de vista
aún más revelador de su valor estético.
En las Facetas del prisma, Robb afirma
que "todavía hay una tercera manera
de ver las imágenes de Alfonso Reyes:

en términos de una serie de 'modos' o
modulaciones estilísticas constituidas no
sólo por grupos de imágenes temáticamente relacionadas sino por distintas actitudes estilísticas complementarias expresadas cada una por su propio repertorio de
imágenes" (p. 98). Aquí es donde el análisis estilístico de Robb echa mano, hasta cierto punto, del análisis psicológico
para delinear y delimitar los aspectos básicos del mundo interior de Reyes. Creemos
que esto puede ser discutible ya que cuando el análisis estilístico roza con el análisis
de la personalidad hay que andar con mucho tacto en la interpretación de los datos. Sin embargo, Robb basa todas sus
afirmaciones en hechos concretos, en hechos estilísticos que apuntan hacia las
preferencias estéticas de Reyes tal como
están patentes en su obra. Destaca en
este capítulo nueve "temperamentos" que
"Se agregan a la personalidad estilística
del escritor Alfonso Reyes: el científico,
el culinario y el plástico; el popular, el
heráldico y el mitológico; el dramático,
el cinemático y el metamórfico" (p. 98).
La descripción y el análisis son completos y los testimonios altamente reveladores de la psicología y la personalidad de
A. R., al mismo tiempo que su curiosidad de humanista que lo llevó a explorar
y a interesarse en los campos más dispares de la vida humana, que es precisamente donde reside el gran valor de la
obra de Reyes: infinita curiosidad, infinito interés en todo y para todo.
El último capítulo del libro titulado
La visión toma forma está dedicado a estudiar las estructuras ensayísticas, es decir, a comprobar cómo ese mundo interior de A. R. y su concepción estética de
la múltiple y cambiante realidad, se ha
plasmado en el ensayo y en las formas lingüísticas. Comienza tratando de establecer un criterio para clasificar los distintos tipos de ensayo: "según el contenido o la temática; según la extensión,
grado de formalidad o tono personal, in-

tención estética o expositiva" (p. 149).
El autor se inclina por una clasificación
basada en una visión interna y estructural del ensayo: el del motivo y la intencionalidad estética, es decir, un punto de
vista esencialmente estético-estilístico como corresponde a la metodología seguida
en todo este estudio. Robb establece cuatro tipos generales o sistemas de estructuración : 1) estructuras simbólicas, 2)
estructuras de contraste ideológico, 3) estructuras eidéticas y 4) estructuras dinámicas; dentro de cada uno de estos sistemas hay una serie de implicaciones
complejas y de estructuras entre~ruzadas
elaboradísimas, todo el amplio mundo en
que vivió A. R., actualizado y vivificado
en categoría estética. Robb nos lleva, horizontal y verticalmente, por todo ese
mundo y despliega ante nuestra vista temas amplios, variados, universales, iluminados todos por una visión y expresión
metafórica que un lector no avisado jamás podría sospechar que se hallan en
la obra de Reyes, obra que presenta, a
primera vista, un aspecto de sencillez,
cortesanía y fácil serenidad.
Básica es la síntesis y conclusión a que
llega Robb al final de su estudio: "Finalmente, vemos en Alfonso Reyes al artista ensayístico más completo y más perfecto de Hispanoamérica desde José Enrique Rodó; quedando fiel a lo mejor del
americanismo arielista rodiano, Jo ha
universalizado totalmente, llevando a
nuevas alturas de desarrollo y superación
las variadas potencialidades de la flexible forma del en~ayo" (p. 241).
En resumen, como ya señalamos más
arriba, consideramos que esta obra es de
capital importancia en la bibliografía reyista, tanto por la metodología seguida
como por todo lo que a través de ella se
demuestra y se ilumina en la perspectiva
de idea-vida-expresión de Alfonso Reyes.
LIC. JUAN ANTONIO

AY ALA

719

�MALLEA, EDUARDO, Poderío de la Novela.
la. edic. (Col. Ensayistas Hispánicos).
Edit. Aguilar. Buenos Aires. 1965. 180
páginas).
EDUARDO MALLEA, argentino, compañero
en lides de Jorge Luis Borges, nos deja
en este libro una verdadera vivencia del
novelar. Acaso, estas páginas, nos dan un
sentido eidético que ha servido de base
a la novelística contemporánea.
En un mundo, como el nuestro, que
tiende hacia los "antis", surge esta voz
privilegiada que pone en su lugar toda
la problemática literaria. Nada de antinovela, sino novela en su único, absoluto, sentido. En su poderío valedero, pensándola como "ese poder ser a la vez
mundo y criatura" (p. 123), es decir,
"uno y un todo" a la vez. Por eso nos
dice : "He sonreído muchas veces cuando he visto impugnar una novela por
una sola de sus propensiones, como si
una sola de sus propensiones bastara para negar en una persona su cualidad esencial, que es la de vivir" ( p. 124) .
La obra de Eduardo Mallea consta de
ocho pequeños ensayos, que aunque independientes entre sí, no dejan de formar
una unidad, porque, como él mismo lo
atestigua en su prólogo: "Por detrás de
las páginas de este libro pasa constante
un personaje. Ese personaje es la novela.
Casi todas las cuestiones que las presentes
páginas enfrentan distan mucho de estar meramente referidas a la novela. Al
revés, suelen ser cuestiones profundamente relacionadas con el tema de la
vida, la obra, la preocupación y la conciencia del hombre y del escritor. Pero
de algún modo muestran en el fondo a
aquel silencioso personaje" (p. 7).
La novela que es considerada por Mallea como "crónica y el canto del hombre mismo, la memoria en que su d estino
toma forma" (p. 7), ahora, más que
nunca, en lugar de estar próxima a desaparecer, "se acerca cada vez más al dominio de su poder esencial" (p. 7).

720

Aquella crisis que tantos críticos contemporáneos nos señalan como síntoma de
nuestro mundo, lejos de reducir la esencialidad de la novela, convirtiéndola en
algo que de suyo propio antes de nacer
ya está envejecido, antes bien la ha provisto de un mundo totalmente nuevo.
"Un poderoso mundo de problemas tremendos la hará centralmente poderosa,
pues revivirá y se extenderá por el modo
como haya enfrentado y reflejado esos
problemas" (pp. 7-8).
La novela pues "ha de ser ( ... ) no
entretenimiento ~e sofistas, sino ficción en
profundidad y empresa de conocimiento" (p. 9).
El primer ensayo, que Mallea ha titulado Testimonio de un Escritor, y que
fuera una conferencia que nuestro autor
dictase en los Estados Unido, nos muestra
aquel sustento de su propia vivencia: Buenos Aires, su vida en familia, sus libros ...
"Yo ( ... ) ingresé maravillado en la feérica Buenos Aires, donde de día erraría de
estupor en estupor y de noche leería las
novelas policiales y del primer Dickensl.
Pero de las novelas policiales y del primer Dickens algo hería mi imaginación,
algo operaba más profundamente, que
las peripecias mismas relatadas; otra cosa acontecía; al niño le importaba más
soñar que él mismo era uno de aquellos
detectives ( ... ) De modo que el niño
quería ser algo más que un lector pasivo
de activas historias: ansiaba ser su activo actor, su protagonista ideal" (p. 15),
y sobre todo, sus amigos: "Allí conocí a
Ricardo Güiraldes y a Jorge Luis Borges, a Francisco Luis Bernárdez y a Leopoldo Marechal, a Ricardo Molinari. Esa
legión de poetas asombraban ya entonces
al amigo testimonial, al gran mejicano
Alfonso Reyes, doctor titular, padre encantado y hasta editor de aquellos jóvenes fervientes" (p. 17) , y los proyectos:
"Una generación, entera, la generación
nacida a la vida literaria en 1926, se
propuso en la Argentina un ideal uní-

versal ( ... ) Hablo de una aspiración y
un proyecto" (p. 20).
En fin, su experiencia toda que le conformó en el ámbito literario.
Importante también, es aquel otro ensayo titulado El Lenguaje Creador y Contendor. Nos dice Mallea: "Hace algunos
años leí una frase que me causó un infinito placer. Ninguna frase causa un infinito placer si esa frase, aun larvada o informulada, no ha estado ya antes en uno,
no ha sido pensada antes por uno. La
frase de que les hablo era una frase de
William Faulkner, y yo había pensado
tanto y tan igualmente en lo que Faulkner decía -lo había escrito a mi vez,
aunque en otra forma- que recibí ese
pensamiento como una justificación, esa
justificación especialisima, mezcla de placer y de nostalgia, que siente un escritor
cuando se encuentra expresado en las palabras de otro escritor. La frase de William Faulkner era muy sencilla. Pero,
i qué cantidad de implicaciones contenía!
Su texto no era más que el siguiente: Lo
importante no es lo que se dice, sino cómo se dice. Se trataba naturalmente de
la opinión de un novelista sobre su propio arte. Pero alcanzaba al arte de escribir en general" (p. 107).
Sobre esta frase de Faulkner, Mallea
va a tejer una interesante teoría sobre el
lenguaje de la creación literaria. Nos
dice: "Pues el mito, y he aquí el verdadero valor del mito, crea el lenguaje con
que ha de ser dicho antes de crearse a sí
mismo. Más aún: es el lenguaje mismo
el que adapta el mito a su manera. De
ese lenguaje nace la naturaleza misma del
mito, su sustancia y no su accidente. Y
he ahí lo trascendental, lo soberanamente importante de esta convicción" (p.
108).

O bien, más adelante: "El hombre que
alguna vez se ha propuesto crear algo
poéticamente, sea poesía, novela o drama, descubre, en cuanto su inteligencia
se vuelve experta, que lo que ha de sal-

var o matar su producto dramático es
precisamente aquello de estar o no la
vida en el verbo" ( p. 109).
El lenguaje, pues, es convertido en
verdadera guía del creador. Es el lenguaje el que elige las fronteras y limites de
la obra literaria. "De tal manera es así,
que de pronto sucede que el lenguaje
devora al creador que tiene en sus manos" (p. 115). "En resumidas cuentas,
el lenguaje decide no sólo la forma, sino
también el fondo del escritor. Lenguaje
es lo que revela. Lenguaje es lo que acepta o rechaza un proyecto de asunto" (p.
116).
En fin el libro de Mallea, nos lleva, deliciosamente, entre experiencia y vivencia,
a un mundo del novelar, donde todo se
nos aparece completamente nuevo, no por
su novedad en sí misma, sino por su apertura a la generación en crisis.
SRA. MA. ALrclA

SÁNCHEZ

DE

GUERRA

AVELEYRA A. TERESA, Al Viento Submarino (libro del mar por dentro). Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Monterrey, México.
1966.
CoN ESTE LIBRO INICIA, la biblioteca del
Instituto Tecnológico de Monterrey, una
nueva colección, cuyo rubro es el de
Creadón Literaria. Y buen principio,
ciertamente, es este maravilloso libro de
poemas de Teresa Aveleyra A.
Poesía humana, íntima, que despierta
en nosotros una mirada siempre nueva,
La temática amorosa que impregna la
obra de Aveleyra nos muestra una conciliación entre lo humano y lo Divino.
Amor terreno, encadenado a la esperanza y amor Divino, férreo, involucrado
en el destino.
Se abre el texto de Teresa Aveleyra
con un poema que, a manera de introducción - portada, como ella le llama- ,
nos abre los ojos a la metáfora continua-

721
e H46

�da que le servirá de pauta en el desarrollo interno de sus poemas.

"Todo el amor estaba encendido en el
[mar:
el mar era el amor.
El secreto se dijo
por fin en alta voz.
Se dio una gran bonanza
y el amor fue más puro,
porque era s6lo uno
-¡uno solo y no dos!en la unidad del mar,
en la unidad de Dios" (p. 9).
Secreto a voces que nos muestra un
ser, sólo uno, en el enigma del Amor.
¿ Es Amor más puro, por ser de uno Y
no de dos?
Más claridad nos viene, cuando en la
parte preliminar otro poema nos dice:

"En el mar todo es camino,
en la ola y en la espuma
no hay destino,
y lo único que importa es la hermosura
del amor y del mar.
El camino es el final:
playa larga, pura, intacta,
donde campa
y se dilata el placer
de andar y de ser mujer" (p. 19).
Todo camino nos lleva al amor, pero
¿ qué acaso no falta conocerlo?

"Quisiera conocerte, mar, por dentro,
para tener de toda tu figura
la visi6n esencial, exacta Y pura
que se\ muestra en el centro de tu centro;
quisiera ver el fin de nuestro encuentro
bajo la sombra ya de tu espesura:
la fusi6n en belleza claroscura
•
que se cumple tan s6lo mar adentro.
Si en la inmersi6n primera y temblorosa
-apenas de los labios mojadurares tu anfibio color tan deslumbrante,

722

¡ apriétame tu cerco, agua espaciosa,
para que pueda, al fin, de tu hermosura
cantar la hora precisa y el instante!" (p.
[25).

"Existe -y no es de piedra- un alto
entre tu mar y el mío;
[dique
la sombra de su sombra gris divide
las aguas mutuas, el caudal recíproco. .."

Pero si se quiere Amor, no hay que tener temores. ¿ Cómo conocer Amor si se

Pero cuando los dos:
" .. .calando
una brecha en su muro,
en un punto de inmensidad juntamos
r,uestros labios de agua . .. En ese punto,
¡ qué confusi6n alegre de colores,
qué espejear de reflejos,
qué fluir acordado, qué salobre
y encendida dulzura, qué destellos! ..."
(p. 49).

le tiene miedo?

"Rombo de miedo y de sombra
en el ópalo del sueño
-¡ay de mi vuelo pequeño
contra aquel que no se nombra!has puesto sobre la alfombra
de luz en polvo tu asiento
y, al surgir tu movimiento
despacioso por alado,
mi susto agudo y mojado
se clava en el firmamento" (p. 39).
Amor temeroso, por no estar acompañado... ¿Faltará el otro, perdido en el
intento, para hacer vivir el amor?

"Encastillado, amigo,
el varonil enigma en tu mirada
sin claro ni postigo,
me desvela templada
y contenida, más que apasionada.
Más fuerza tiene el roce
liviano en que tu intento queda preso,
a fo largo de doce
horas en embeleso
de casi una caricia y casi un beso.
En ti se me descubre
- sin descubrirse- el vado temeroso,
y limpio, hacia un octubre
hecho para el reposo
de mi mano en la tuya-sin reposo:
y, por la vez primera,
la inc6gnita de amor esclarecida,
que lo que quiero quiera
haz, para que rendida
mi medida resuelva en tu medida. .."
(pp. 41-42).

y sin embargo, tan pronto se conoce
Amor, hay algo que surge y lo d etiene:

O bien, aquel otro poema que nos
dice:
"Sobre el pecho del mar puse las manos
y los iabios se fueron detrás de ellas,
y probé sensaciones como estrellas
de cinco brazos ávidos y arcanos. .."
(p. 82).
Pero, bien lo sabemos, Amor tiene otros
caminos. Aquel placer amable inconsciente, de pronto se ve deshecho por la
duda. Duda ingrata que destroza. El ser
que ama trata de penetrar hasta lo profundo de aquel otro. Pero hay algo, oculto tras la mirada, que dice:

"Algo le falta
a la perfecta música que suena
en esta tarde íntegra.
Algo le falta
a la hora completamente malva
y azul, a la acabada
redondez de la gota que repite
la boca de la fuente.
Algo le falta
a lo absoluto, a Dios mismo le falta
algo esta tarde,
Porque en Dios, música, hora, tarde y
[fuente,
tú,
estando junto a mí, no estás conmigo"
(p. 95).

Y entonces, tras la duda, viene la afirmación del ser que se levanta, aunque
quede la nostalgia. . .

"Mar, una isla entrañada
en tu desierto flúido
--¿oasis de tierra firme?la tuve por espejismo;
y, navegando de largo,
la dejé atrás, al descuido
de las aves ribereñas
y al aroma del tomillo.
No puedo entender por qué
del relente de su olvido
se me han quedado los ojos
para siempre humedecidos
y a solas me voy diciendo
que yo no quise su arrimo,
sino ir ahondando en el mar
en donde todo es camino..." (p. 119).
SRA. MA. ALICIA SÁNCHEZ DE GUERRA
FRANQOISE SAGAN: Le Cheval Evanoui.
LA ÚLTIMA PIBZA de teatro de Fran~oise
Sagan fue representada por vez primera a
principios de septiembre de 1966 en el
teatro parisino "Gymnase".
La alta sociedad aplaudió como se debe mientras que la autora manifestaba
una emoción contenida --según lo reportó
cuidadosamente la prensa-, obedeciendo de esta suerte a su nuevo slogan: "No
quiero que la gente sólo ría de mis chistes; quiero llegarles a sus sentimientos".
Si la prensa no desbordó en elogios, al
menos se mostró condescendiente. El periódico Le Monde descubrió en la pieza
un cierto encanto, aunque ligeramente vetusto; el Fígaro fue del parecer que Fran~oise tiene siempre algo que decirnos,
aunque lo haga según su manera tan personal.
¿ Qué- quiere decir el titulo? La pieza
no nos lo explica. Fran&lt;,0ise Sagan pensó
tal vez que un caballo desmayado era
algo poético.

�Miremos pues el contenido de la pieza,
pues ya sabemos que su marco no es nuevo. Volvemos a la atmósfera de Chateau en Suede con su sociedad aristocrática. El lord inglés Chesterfield (¿por qué
esta marca de cigarrillos?) vive lujosamente con su familia en el fastidio habitual de los, personajes de Fran!,oise Sagan. Su hija "arrastra en su estela" a un
francés, Hubert, "Hobby" como ella lo
llama, y con quien piensa casarse algún
día. En cuanto a él, no parece muy indiferente a la fortuna paterna. Hubert, sin
embargo, no viene solo. También trae su
juguetito, su amante Coralie con quien
espera poder casar al hijo del lord. Por
otra parte, los dos piensan desaparecer
después de este doble matrimonio llevando consigo la parte de fortuna que les habrá tocado. Sin embargo, Coralie no atrae
la atención ni las miradas del hijo estudioso, a pesar de pasearse con un tomo de
Heidegger bajo el brazo y disfrazada con
medias de lana y con gruesos anteojos.
En cambio se hace notar por el viejo
Chesterfield, quien siente en sí un retoño de juventud. Este último hace lo imposible por guardarla con él y llega hasta
a poner azúcar en la gasolina de sus
rolls royce para impedir su partida. Pero

todo vuelve al orden, con evidente falta
de originalidad, cuando Hühert y CoraIie, huyendo del dinero y de sus compromisos, regresan a París en donde vivirán
dichosos.
Se encuentra en el lord uno que otro
pensamiento que recuerdan a la Fran~oise Sagan de las primeras obras, como
éstos: "lo que nos da seguridad sin agradarnos nos ata"; o "un buen día una se
cansa de amar -no de amar a alguien,
sino de amar en general-". ¿No es ésta
la Sagan bien conocida, la que creó el
slogan: "¿ para mí la libertad?" ¿ Para
qué, pues, ese nuevo intento de querer
llegar hasta los sentimientos? Esta tendencia, muy nueva en Franc;oise Sagan,
me parece propia de muchos autores contemporáneos. En efecto, muchos autores
moderno~ escapan más o menos rápidamente de] universo absurdo en el que primitivamente se habían encerrado. Algunos, como Maurois, se refugian en una
estética fría, egoísta; otros1 como Camus, tratan de trascender lo absurdo en
favor de un ideal altruista de amistad ;
otros en fin, como Franc;oise Sagan, no
hacen sino ofrecer historias tiernas que
sólo alcanzan valores de sensiblería.
DIETRICB HAUCK

CANJE

ALEMANIA:
Institut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, 1965, 1966.
ARGENTINA:

Bibliografía Argentina de Artes y L etras, Fondo Nadonal de las Artes, Buenos Aires,
No. 23 (Julio-Septiembre 1964) .
Boletín Informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 38 (EneroMarzo 1966).
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1964.
Estudi~s, revista argentina de cultura, información y doclU)'.lentación, Buenos Aires
(Setiembre 1965), (O ctubre 1965 ), (Noviembre 1965), (Diciembre 1965), (Enero-Febrero 1966), (Marzo-Abril 1966), (Mayo 1966) (Junio 1966) Setiembre 1966).
'
'
Nordeste, re~ista de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste, Argentma, No. 6 (Diciembre 1964).
Philosophia, revista del Instituto de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cuyo, Mendoza, No. 30, 1965.
Revista de Filosofía, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación Instituto de Filosofía, Universidad Nacional de la Plata, No. 15 (1964), No. 16' (1966).
Sapientia,, Organo de la Facultad de Filosofía, Un¡versidad Católica Argentina, Santa Maria de los Buenos Aires, Año
No. 77 (1965), Año X.XI, No. 79 (1966)
Año XXI, No. 81 (1966).
'

x:x:

U11iversidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 64
(Abril-Junio 1965), No. 65 (Julio-Setiembre 1965).

GANADA:

Anales de L'acfas, Association Canadienne-Francaise pour l'advancement des Sciences
'Montreal, Vol. 30, 1964.
'

724
725

�COLOMBIA:

ESPAAA:

Anuario Colombiano de Historia Social y de Cultura, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Filosofía y Letras, Sección de Historia de Colombia y de América, Bogotá, No. 2, Vol. 1, 1964.
Colegio de Bibliotecarios, Colombianos, Editorial Universidad de Antioquía, Medellín, Vol. 1, No. 1 (Diciembre 1963) .
Estudios de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad
de Antioquía, Año XXVI, segunda época, Vol. XXIV, No. 68 (Septiembre 1965).
Martes del Paraninfo, ciclo de conferencias sobre la reforma judicial, publicaciones
de "Estudios de Derecho", Editorial Universidad de Antioquía, Medellín, 1966.
Thesavrvs, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, Tomo XXI, No. 1 (EneroAbril 1966) .

Revista de Ciencias Jurídicas, Universidad de Costa Rica, Escuela de Derecho, No.
6 (Noviembre 1965), No. 7 (Mayo 1966).
Revista de la Universidad de Costa Rica, Costa Rica, No. 25, 1965.

Archivo Ibero-Americano, revista trimestral de Estudios Históricos, publicada por
los PP. Franciscanos, Madrid, Año XXV, No. 100 ( Octubre-Diciembre 1965),
Año XXVI, Nos. 102-103 (Abril-Septiembre 1966).
Avgvstinvs, revista trimestral publicada por los padres Agustinos Recoletos, Madrid,
Nos. 22-23 (Abril-Junio 1965) , Nos. 39-40 (Julio-Diciembre 1965), (Enero-Marzo 1966), Nos. 42-43 (Abril-Septiembre 1966).
CAsANUEVA, BERNARDO, La fuente de tres caños, Ediciones Revista Humanidades,
Santander, 1965.
Convivium, filosofía, psicología, humanidades, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Barcelona, Nos. 19-20 (Enero-Diciembre 1965), No. 21 (Enero-Junio
1966).
Crisis, revista española de filosofía dirigida por el Dr. Ádolfo Muñoz Alonso, Madrid, Año XII, Nos. 46-48 (Abril-Diciembre 1965 ).
Humanidades, revista cristiana de humanismo actual, de la Universidad Pontificia
de Comillas, Vol. XVII, No. 41 (Mayo-Agosto 1965).
Revista de Indias, Instituto Fernández de Oviedo, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, Año XXIV, Nos. 97-98 (Julio-Diciembre 1964), Año
XXV, Nos. 99-100 (Enero-Junio 1965).

CUBA:

ESTADOS UNIDOS:

Casa de las Américas, La Habana, Año V, No. 33 (Noviembre-Diciembre 1965), No.
34 (1966), No. 35 (1966 ), No. 38 (1966).
DE LA TORRE, SILvro, Mujer y Sociedad, Universidad Central de las Villas, Editorial Universitaria, La Habana, 1965.
FEIJÓO, SAMUEL, Segunda Alcancía del Artesano, Dirección de publicaciones Universidad Central de las Vill~. 1962. Poetas Rusos y Soviéticos, Universidad Central "Marta Abreu" de las Villas, Santa Clara, 1966.
Islas, revista de la Universidad Central de las Villas, Santa Clara (Octubre-Diciembre 1965) , ( Enero-Abril 1966) .
J. FRANCO, FRANKLIN, República Dominicana, Clases, Crisis y Comandos, Casa de
las Américas, Premio Ensayo 1966.
LIHN, ENRIQUE, Poesía de Paso, Casa de las Américas, Premio Poesía 1966.
Sabidurla Guajira, Selección de textos y ordenamiento por Samuel Feijóo, Universidad Central de las Villas, 1965.

CooPER, DoNALD B., Epidemic Disease in Mexico City 1761-1813. Institute of Latin
American Studies, University of Texas Press, Austin, Texas, 1965.
Eight Ame:ican Scientific Congress, held in Washington May 10-18, 1940, under
the ausp1ces of the Government of the United States of America, Department of
State, Washington, Vol. I , 1941.

COSTA RICA:

ECUADOR:
Anales de la Universidad de Cuenca, Tomo XXI, No. 1 (Enero-Marzo 1965), Tomo XXI, No. 3 (Julio-Septiembre 1965), Tomo XXI, No. 4 (Octubre-Diciembre 1965), Tomo XXlI, No. 1 (Enero-Marzo 1966), Tomo XXII, No. 2 (AbrilJunio 1966).
Boletín de la Academia Nacional de Historia, Quito, Vol. LXVIII, No. 106 (JulioDiciembre 1965) .

726

Folk practices in North Mexico, birth custoIOS, folk medicine, and spiritualism in the
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by the University of Texas Press, Austin, 1965.
H~panic R eview: a ~uarterly journal devoted to research in the hispanic languages
literatures, Uruversity of Pennsylvania, Philadelphia, Vol. XXXIV, No. 1 (January 1966), Vol. XXIV, No. 2 (April 1966) , Vol. XXXIV, No. 3 (JuJy 1966),
Vol. XXXIV, No. 4 (October 1966) .
Inter-American R eview of Bibliography, Pan American Union Washington D C
Vol. XIV, No. l (Enero-'Marzo 1964), Vol. XVI, No. l '(Enero-Marz~ 1966):
Vol. XVI, No. 2 (Abril-Junio 1966), Vol. XVI, No. 3 (Julio-Septiembre 1966).
JEGP. Journal of English and Germanic Philology, published by the University of
lllinois Press, Urbana, lll., Vol. LXIV, No. 4 (October 1965), Vol. LXV, No. 1
(January 1966), Vol. LXV, No. 2 (April 1966) , Vol. LXV, No. 3 (July 1966).
Journal of Inter-American Studies, published quarterly for the Inter-American, Gainesville, Florida, Vol. VII, No. 4 (October 1965)~ Vol. VIII, No. 2 (April 1966), Vol.
VIII, No. 3 (July 1966 ), Vol. VIII, No. 4 (October 1966).
Latin American Research at the University of Texas 1893-1958, published by the Institute of Latin American Studies, the University of Ti-xas, Austin, February 1966.

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�Movimientos Literarios de Vanguardia en Iberoamérica Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, publicada por la Universidad de T exas, México, 1965.
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Revista Iberoamericana, Organo del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, patrocinada por la Universidad de Pittsburgh, Vol. XXXI, No. 60
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R. SCOBIE, JAMES, Revolution on the Pampas, Latin American Monographs, No. 1,
Institute of Latin American Studies, the University of Texas, Austin, 1964.
Symposium, a quarterly journal modern Iiteratures, published by Syracuse University
Press, Syracuse, New York, Vol. XlX, No. 4 (Winter 1965), Vol. XX, No. 1 (Spring
1966) , Vol. XX, No. 3 (Fall 1966).
The Cave and the Mountain, a study of E. M. Forster, Wilfred Stone, Stanford University Press, Stanford Calif., 1966.
The Hispanic American Historical Review, publishcd by the Duke University Press,
Durham, North Carolina, Vol. XLV. No. 4 (November 1965), Vol. XLVI, No. 1
February 1966), Vol. XLVI, No. 2 (May 1966), Vol. XLVI. No. 3 (August 1966).
The ]ournal of Aesthetics and Art Criticism, published quarterly the American Society
of Aesthetics of the Cleveland Museum of Art and Western Reserve University, Baltimore, 'Maryland, Vol. XXIV, No. 2 (Winter 1965). Vol. XXV, No. 1 (Fall 1966),
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The Personalist, an international review of philosophy, religion and literature, the School
of Philosophy University of Southern. Califomi:i, Los Angeles, Vol. XLVII, No.
2 (April 1966), No. 3 (Summer 1966).
The Psychological Record, a quarterly journal in theoretical and experimental psychologv. Denison Universitv. Granville, Ohio. Vol. 16, No. l (January 1966), Vol.
16. No. 2 (April 1966). Vol. 16, No. 3 (July 1966).
The Southern Review. published quarterly at Louisiana State University, Vol. l.
No. 4 (October 1965), Vol. 2. No. l (Winter 1966) , Vol. 2, No. 2 (Spring 1966),
Vol. 2, No. 3 {Summer 1966).
Unamuno, Centennial Studies. edited w:ith an introduction by Ramón Martínez López, Department of Romance Languages, The University of Texas, Austin, 1966.
FRANCIA:
Annales de l'Université de París. revue trimestrielle, Sorbonne, París, Año 35, No.
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ITALIA:
ARATA, FmIA, La Lógica de J. Stuart Mili e la Problematica Etico-Sociale, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta de M.
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BERTONI, ITALO, Il Neoilluminismo Etico di André Lalande, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, 1965.

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da M. F. Sciacca, XXVIII, 1962, Il Tempo e la Liberta in L. Lavalle, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M . F.
Sciacca, XXXI, 1964.
BoNGIOANNI, FAUSTO M.,
Tempo Bíblico, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía
dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, 1962.
CARACCIOLO, ALBERTO, La Religione come Struttura e come modo Autonomo della
Coscienza, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá de Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXXIII, 1965.
CASULA, MARIO, Studi Kantiani Sul Trascendente, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXV, 1962.
CRIPPA, ROMEO, Profilo della Critica Blondeliana, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXII, 1962.
Studi sulla Coscienza Etica e Religiosa del Seicento, Le passioni in Spinoza, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, 1965.
CrusTALDI, GrusEPPE, Filosofia e Verita saggi e note, pubblicazioni dell' Istituto di
Filsofia dell'Universitá di Genova, 1965. Prospettive Rosminiane, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, 1965.
DÉcHET, FERRUCcro, L'ltinerario Filosófico di Leone Sestov, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofia dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca,
XXIX, 1962.
DRAGO, GrovANNI, La Giustizia e le Jiustizie, lettura del libro quinto dell'Etica a Nicomaco, puhblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell' Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXlV, 1962.
Giornale di Metafísica, rivista bimestrale di filosofía, Genova, Año XIX, Nos. 1-2
(Gennaio-Aprile 1964), Año XX, No. 3 (Maggio-Giugno 1965), Año XX, Nos, 4--6
(Luglio-Decembre 1965 ), Año XXI, No. l (Gennaio-Febbraio 1966).
MoscATo, ALBERTO, Pascal L'Esperienza e il Discorso, pubblicazioni dell'Istituto di
Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXVIII,
1962. Ricerche Sulla Struttura della Conoscenza Formale, pubblicazioni d ell' Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca,
XX, 1962.
PANDELLARO, RosA, Il Problema Cosmologico, e ['Antinomia Uno-Molteplice (Dai
Presocratici ad Aristotele), pubblicazioni dell'fatituto di Filosofía dell'Universitá
di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXIII, 1962.
PIGNOLONI, EMILIO, Genlisi e Sviluppo del Rosminianesimo nel Pensiero di Michele
F. Sciacca, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXXII, Vol. l , 1964.
RASCHINI, MARIA A., Garlo Michelstaedter, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía
dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M. F. Sciacca, XXXIV, 1965.
RoGGERONE, GIUSEPPE Aoosn¡.¡o, Benedetto Croce e la fondazione del concetto di
liberta, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, 1966.
ScmAVONE, MrcHELE, Neoplatonismo •e Cristianesimo nello Pseudo Dionigi, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da
M. F. Sciacca, XXVI, 1962. Il Problema dell'A more nel Mondo Greco, pubblicazioni dell'Istituto di Filosofía dell'Universitá di Genova, collezione diretta da M.
F. Sciacca, XXXV, 1965.

BESCHIN, GrusEPPE, La comunicazione delle persone ne/la filosofía di A. Rosmini,

728

729

�JAPON:

VENEZIA:

Bigaku, is publishcd quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-Sha, by the
Japanese Society of Aesthetics, Faculty of Letters, Tokyo University, Tokyo, Vol.
16, No. 4 (March 1966), Vol. 17, No. 1 (June 1966).

ATTI, Instituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti, Venezia, Armo Académico CXXIII,
1965.

VENEZUELA:

MEXICO:
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(Abril-Junio 1966), No, 3, 1966, No. 4 (Octubre-Diciembre 1966).
AruAs, OLGA, Los Preludios, Durango, 1965.
AVELEYRA A., TERESA, Al Viento Submarino, libro del mar por dentro, Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, 1966.
Boletín del Archivo General de la Nación, Secretaría de Gobernación, Archivo General de la Nación, Palacio Nacional, segunda serie. Tomo VI, No. 3, 1965.
Catálogo y Síntesis de los Protocolos del Archivo Municipal de Monterrey 1599-1700,
publicaciones del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Serie: Historia, 1966.
Historia Mexicana, El Colegio de México. Vol. XV, Nos. 2-3 (Octubre 1965-Marzo
1966), Vol. XV, No. 4 (Abril-Junio 1966), Vol. XVI, No. 1 (Julio-Septiembre 1966), Vol. XVI, No. 2 (Octubre-Diciembre 1966).
Humanismo, revista de la Escuela de Humanidade5, Universidad Autónoma de Guerrero, No. 2, época 1 (Abril 1966).
fmpetu, revista juvenil de cultura, Saltillo, No. 2, 1966.
Memoria de El Colegio Nacional, Editorial del Colegio Nacional, México, Tomo V,
No. 4, 1965.

Catálogo de obras ingresadas. Universidad Central de Venezuela, ediciones de la
biblioteca, Caracas, 1963, (Mayo-Agosto 1964).
Cultura Universitaria, revista trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas (Julio-Septiembre 1965), (OctubreDiciembre 1965), Enero-Marzo 1966) .
Boletín de la Biblioteca General. Dirección de Cultura. Universidad de Zulia. Maracaibo, Año 111, No. 5 (Julio-Diciembre 1963).
BRICEÑO PEROZO, MARio, Magisterio y Ejemplo de un Vasco del Siglo XVIII, Caracas, 1965.
Humanidades, revista de la Facultad de Humanidades de la Universidad de los
Andes, Mérida, No. 2 (Abril-Junio 1959), Nos. 3-4 (Julio-Diciembre 1959), Año
11, Tomo 2, No. 5 (Enero-Marzo 1960), Año II, Tomo 2, No. 6 (Abril-Junio
1960), Año 11, Tomo 2, Nos. 7-8 (Julio-Diciembre 1960), No. 10, Tomo IV,
1962.

Mesoamerican Notes 6. Department of Anthropology. of the Americas, A. C., México, 1965.
La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz,
segunda época, No. 35 (Julio-Septiembre 1965), No. 37 (Enero-Marzo 1966),
No. 38 (Abril-Junio 1966), No. 39 (Julio-Septiembre 1966).
Universidades, Unión de Universidades de América Latina, México, Nos. 19-20 (Enero-Junio 1965), Nos. 21-22 (Julio-Diciembre 1965).
PERU:
Mensajes de los Presidentes del Perú, recopilación y notas por Pedro Ugarteche
Evaristo San Cristoval, Vol. 1, 1821-1867, Lima, 1943.

y

PUERTO RICO:
Asomante, revista editada por la Asociación de Graduadas de la Universidad de
Puerto Rico, San Juan, Año XXI, Vol. XXI, No. 3 (Julio-Septiembre 1965),
Año XXI, Vol. XXI. No. 4 (Octubre-Diciembre 1965), Año XX]I, Vol. XXII,
No. 1 (Enero-Marzo 1966), Año XXII, Vol. XXII, No. 2, 1966.

730

731

�T ermin6se de imprimir el día
28 de marzo de 1967, en los talleres de la Editorial Jus, S. A.,
Plaza de Abasolo No. 14, Col.
Guerrero. México 3, D. F. El tiro
fue de 1,000 ejemplares.

0471

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas, Sección Comentarios y Reseñas Bibliográficas, 1967, No 8, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Historia</text>
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                <text>Humanidades</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Arbitraje internacional</name>
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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS
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UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
19 6 7

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Apdo. l 625 MONítRREY, MEXICO

8

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN
19 6 7

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lle. EouARDO

GUERRA CASTELLANOS

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Je/ e de la Sección de Ciencias Sociales:
Lle.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
DR. FRANCISCO B0010 pALOMINO

8

1967

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Hu.manÍ5ttcos. - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo Le6n, Ciudad Univenita•
ria. - Monterrey, N. L. - ~Exico.

..

INDICE
SECOIÓN PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Marzo de 1967.-1,000 ejemplares

INVESTIGADORES LOCALES

Dr. AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: La Filosofia de la CoordiDr.

naci6n de José V asconcelos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
FRANCISCO Buruo PALOMINO: Postura Fenomenol6gica de M aurice
Merleau-Ponty ...... , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

13

35

(B) CoLABoRADoREs FoRÁNEos

Dr.
Dr.

JosÉ SALVADOR GuANDIQUE:

Dr.

ANTONIO

ISMAEL

Drnoo Pilu:z: Originalidad del Pensamiento V asconceliano
V asconcelos y Gavidia . . . . . . . . . . . .
GóMEz

Lic. AuousTo CÉSAR

ROBLEDO:

Platón y su Epoca . . . . . . . . . . . . . . . . .

47
69
81
103

G:. Abstracción y Goce Estético . . . . . .
Dr. ALBERTO CATURELLI: Pluralismo Cultural y Sabidurla Cristiana,
-Ensayo de Filosofía de la Cultura- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113

Dr.
Di·.
Dr.

CÁRDENAS

FÉLIX HERNÁNDEZ ÜRNELAS: Notas para una Filosofía de lo
Social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

147

L. BROWN: El Demonio de lo Absurdo: lrracionalismo en las
Artes Contemporáneas .... , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

161

PEDRO

JoHN

ADOLFO

MuÑoz ALoNso: Los Preliminares Teilhardianos de La Vida 173

Derechos Re.servados ©
I&gt;Or el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.
La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exchuivamente a sus respectivos autores.

7

�SECCIÓN SEGUNDA

(-B) COLABORADORES FORÁNEOS

LETRAS

La Historia Olmeca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El Héroe Tepozteco. -Sicoanálisis de un mito
universal- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. MorsÉs GoNzÁLEz NAVARRO: El desarrollo económico y social de
México . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Cmo R. DE LA GARZA: Madero y Huerta. -La trágica decena de
Febrero de 1913- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Jos:É loNACIO GALLEGOS: Síntesis Histórica de la Ciudad de Durango .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. RAv F. BaoussARD: Comonfort y la Revolución de Ayutla . . . . . .
Dra. BARBARA JUNE MAcKLIN: El Niño Fidencio: Un Estudio del Curanderismo en Nuevo León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
loNACIO BERNAL:

Dr.

\
(A) INVESTIGADORES LOCALES

Lic. EnuARDo GuERRA

Un Documento para la Bibliografía de Alfonso Reyes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. MA. GUADALUPE MARTÍNEz B.: En Torno tu Teatro de Don Manuel
Eduardo de Go-rostiza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GJANCARLO VON NACHER MALVAIOU: La Poesía Popular Italiana
Lic. EusABETH KLEEN DE HINOJOSA: Literatura Comparada (Breve
Exposición de su Historia, Definición, Método y Otros Aspectos). . .
CASTELLANOS:

199
203
219
241

439

GUTIERRE TlBÓN:

449
461
479
497
511

529 ,__-

(B) COLABORADORES FORÁNEOS
SECCIÓN CuA&amp;TA

Dr. JAMEs Wn.us RoBB: Borges y Reyes: Una Relación Epistolar . . . .
Dr. ALFREDO A. RoooIANO: Escritores Españoles en los Comienzos Poé,ticos de la Nueva España . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. RAÚL ARREoLA CoRTÉs: La Obra de Alfredo Maillefert y José Rubén Romero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GREooRio B. PALACIN: Sobre la Ruta de Don Quijote . . . . . . . . .
Dr. ELVIN L. GENTRY: Heine y Bécquer: El Problema de la Originalidad
Lic. JUAN ANromo AvALA: Unamuno y el Lenguaje . . . . . . . . . . . . . . .

SECCIÓN

257

\

(A)

299
315

ALBERTO GARCÍA GÓMEz: La Persona y los Derechos Humanos en el
Derecho Internacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 567
Lle. JoRGE MoNTEMAYOR SALAZAR: El Poder en el Estado . . . . . . . . . . . 575

TERCERA

(B)

8

IsRAEL CAVAZOS GARZA:

COLABORADORES FORÁNEOS

Dra. ANGELES MENDIETA AuToRRE: Influencia de la Política en el Arte.
-Estudio sobre Sociología del Arte- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 599
Dr. RICHARD A. JoHNSON: La Administración de la Política Exterior
Norteamericana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 619

INVESTIGADORES LOCALES

El Municipio de los Ramones, Nuevo León
ToMÁs MENDIRICHAOA CUEVA: La primera Universidad de Nuevo León:
1933-1934 ........................ : . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JosÉ P. SALDAÑA: Visitas del Presidente de la República Don Benito
Juárez a Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. Cmo R. CANTÓ: Origen de la Ciudad de M ontemorelos -Síntesis
de una investigación histórica- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof.

INVESTIGADORES LOCALES

Lic.

327
343

HISTORIA
(A)

CIENCIAS SOCIALES

271

359
373

393
413

Prof. ANTONIO PoMPA Y POMPA: El Humanismo de las Casas ....... .

--

Dr.

.,,

625

S. SMITH: Aspectos del Libre Comercio '.Y Proteccionismo
en la Economía Española. 1800-1850 ........................ . 635
Dr. Ivo HoLLHUBER: En 'Torno a las Ideologías Jurídico-Político-Filosóficas de la ONU y de la UNESCO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 651
RoBERT

9

�SECCIÓN

QUINTA

COMENTARIOS Y RESERAS BIBL1OGRAFICAS
Cinco Lecciones de Xavier Zubiri, por Agustín Basave Fernández del Valle,
677.-México y el Arbitraje Internacional -Un Estudio de Antonio
Gómez Robledo-, por Agustín Basave Fernández del Valle, 689.-JAIME
ToRREs BonET: León Tolstoi -su vida y su obra-, por Ari5tín Basave
Fernández del Valle, 697.-Poesf.a de Jaime Torres Bodet, por Agustín Basave Fernándezdel Valle, 701.-E. V. NIEMEYER, Ja.: El General Bernardo
Reyes, por Isidro Vizcaya Canales, 703.-JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA:
Un Minuto de Silencio, por Benjamín Morquecho Guerrero, 704.-DR.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEz DEL VALLE: El Romanticismo .Alemán, por
Manuel Mendoza Sánchez, 706.-FEDERICo SÁNC.HEZ ESCRIBANO y ALBERTO PORQUERAS MAYO: Preceptiva dramática espaiíola del Renacimiento y el Barroco, por Juan Antonio Ayala, 708.-VÍcTOR JosÉ HERRERO: Introducción al estudio de la filología latina, por Juan Antonio
Ayala, 712.-JMms WILLIS ROBB: El estilo de Alfonso Reyes, por Juan
Antonio Ayala, 715.-EnUARDo MALI.EA: Poderío de la Novela, por Ma.
Alicia Sánchez de Guerra, 720.-TERESA AVELEYRA A.: Al Viento Submarino - Libro del Mar por Dentro-, por Ma. Alicia Sánchez de
Guerra, 721.-FRANgms:e SAOAN: Le Cheval Evanoui, por Dietrich
Hauck, 723.

Sección Primera

FILOSOFIA

f

10

�LA FILOSOFIA DE LA COORDINACION DE
JOSÉ VASCONCELOS
Da. AousriN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo Le6n

I
TRAYECTORIA BIOGRÁFICA DEL HOMBRE

DE UNA FAMILIA DE LA CLASE MEDIA, honesta y cat6lica, naci6 José Vasconcelos
Calderón el día 27 de febrero de 1882 en la ciudad de Oaxaca, México. Murió, como un verdadero varón cristiano, el día 30 de jul)io de 1959. Muy pronto
empezó su vida peregrinante. Un traslado a una población fronteriza le hizo
vivir hondamente el violento entrecruzamiento de dos culturas. Los sucesivos
cambios que experimentó su padre, un empleado aduanal, le fueron dando esa
gran afici6n a los viajes que le ha llevado a decir: "viajar debiera ser un derecho inscrito en la Carta Fundamental de todas las naciones ... un baño de
mundo, tan necesario al alma, como al cuerpo es necesaria el agua de mar,
no debiera privarse a nadie de tenerlo. No poder viajar equivale a tener el
cuerpo en la cárcel. Dentro del corazón llevamos como un pájaro que periódicamente necesita volar ... " El deseo de aventura, el afán de conocer las reacciones del espíritu ante nuevos paisajes, nuevas costumbres, nuevas religiones,
y la nostalgia de lo que se deja para no volver a ver quizá jamás, le llevaron a
nuestro "Ulises Criollo" a Constantinopla y al Cairo, a España y a Italia,
a Palestina y a la India, a la América del Sur y a los Estados Unidos del Norte.
Resultado de su largo peregrinar por los campos y ciudades de Dios, fue \Illa
especie de sentimiento ascético de desprendimiento, una sensibilidad de exquisito refinamiento y una ciudadanía de todas las culturas.
Sus estudios primarios los hizo en Oaxaca; sus cursos de Preparatoria y su
carrera profesional los realiz6 en la ciudad de México. El título de abogado
13

�lo obtuvo con una tesis -bastante original por cierto- que intituló "Teoría
Dinámica del Derecho" y que fue publicada, dos años más tarde, en la Revista
Positiva. Fuera de lo que pudo aprender de Filosofía en sus años universitarios
-época de positivismo spencerian(}-, su saber filosófico lo debe a lo que aprendió y leyó por cuenta propia.
Ejerció la abogacía por breve tiempo. Pero sus estudios de Derecho influyeron, decisivamente, en su afición por las ciencias y las reformas sociales. En sus
viajes de "abogado de la legua" palpa las necesidades, y la miseria de nuestro
pueblo. El revolucionario se va incubando. Estalla la revolución y José Vasconcelos milita -con las armas en la man(}- en las filas de Madero. Cuando el
General Huerta se apodera del mando por el crimen, "Ulises Criollo" sale al
destierro y rueda por Europa en donde el desterrado se engolosina sin refrenar
su .grito delante de cada piedra, de cada ángulo de historia en que el genio
occidental se ha perpetuado. Bajo el régimen de Don Venustiano Carranza
asume la Dirección de la Escuela Preparatoria, puesto que tuvo que abandonar
por sus opiniones vertidas -sin cortapisas- en contra de los hombres y de los
métodos de Carranza. En la Convención de Aguascalientes -junta política
que desconoció a Don Venustiano Carranza y llevó a la Presidencia a Don Eulalia Gutiérrez- el abogado Vasconcelos presentó un estudio sobre la legalidad
y la soberanía de dicha Convención. En aquella época de fermento social
Vasconcelos ocupa por primera vez la Secretaria de Educación Pública. Vuelve
Carranza al poder y vuelve Vasconcelos al destierro, sólo que ahora por la
América del Sur. El Presidente Obregón le nombra Rector de la Universidad
Nacional, con el fin de que creara la Secretaría de Educación Pública. Es entonces cuando desarrolla la más grandiosa labor que se ha llevado a cabo en
el ramo de la Educación en México. Percatado de que la religión es uno de
los factor-es sociológicos más fuertes -s.i no el que más-- en la constitución
de una nacionalidad, desaloja de las escuelas el infiltramiento yanqui en fonna
de protestantismo. El Ministerio lo divide en tres departamentos principales:
el de las Escuelas, para impartir tanto enseñanza científica y técnica como
teoría; el de Bibliotecas, para difundir la lectura en todo el país; el de Bellas
Artes, para fomentar la cultura artística (canto, dibujo, gimnasia y estudio de
artes especiales en las Escuelas). Y con el ejemplo y la devoción que le habían
suscitado los misioneros españoles1 crea el departamento de Enseñanza Incügena
a cargo de un escuadrón de maestros que se debían inspirar en la obra de los
misioneros. Gracias a su famosa cruzada contra el analfabetismo, millares de
campesinos y de obreros empiezan a leer y a escribir. Edita las obras cumbres
del pensamiento humano, en la célebre colección de los libros verdes de la Universidad, y las pone al alcance de todos. Cuanto elemento de belleza ha creado
el alma popular de México: cantos, danzas; pinturas, cerámicas, artes decora14

tivas, es .recogido amorosamente por Vasconéelos. Crea la orquesta sinfónica
y hace surgir escuelas de pintura al aire libre. La gran pintura mural mexicana de nuestros días -Diego Rivera y José Clemente Orozco, sobre tod(}- ·
nació en la época en que José Vasconcelos, desde el Ministerio de Educación
Nacional, puso todo su empeño en prohijar las grandes realizaciones de nuestra plástica.
En su libro De Robinson a Odiseo Vasconcelos nos da cuenta de las ideas
que animaron el primer Ministerio de Educación Pública Federal que haya
funcionado en México. Aunque levantó edificios en abundancia, nuestro ''Ulises Criollo" estaba convencido de que no bastaba construir escuelas, sino que
había que insuflarles el espíritu de una ideología generosa. Puesto que los
mexicanos somos culturalmente latinos, no podemos ni debemos -piensa Vasconcelos- someternos a un adiestramiento fundado en los métodos inductivos
de la manera de pensar anglosajona. Contra la insistencia de Dewey en "aprender haciendo" -que produce el tipo Robinson- Vasconcelos opone la formación del "nuevo Odiseo": el hombre que no será educado para una tecnocracia, sino para recibir las disciplinas de la totalidad y para gozar de la
cultura.
Dos grandes decepciones políticas han cruzado la vida de Vasconcelos: su
derrota como candidato a Gobernador del Estado de Oaxaca y su derrota como candidato a la presidencia de la República. En ambos casos los consabidos
fraudes e imposiciones en su contra. En la vida política de nuestra Nación
nunca ha habido una campaña, como la vasconcelista de 1929, con mayor
entusiasmo rayano en frenesí. Ante los abominables atentados contra la vida
del Maestro y la de sus partidarios, Romain Rolland convoca a los más esclarecidos intelectuales de Europa y América para exigir que se respete la vida
de Vasconcelos, de tan alto valor para la humanidad entera. Tengo la impresión -pese a todas las explicaciones que Vasconcelos me ha dado por carta
y oralmeitte- de que de esta amargura no se pudo curar nunca. Desde entonces
hasta su muerte, se sintió siempre desligado de la política mexicana.
Su último destierro voluntario es en la época del general Calles: Europa,

Asia y residencia en Norteamérica. Del exilio supo siempre hacer un campo
fecundo en que forjó su pensamiento y elaboró sus libros. Vuelve con nosotros
- retomo definitivo hasta el día de su muerte- cuando asumió la presidencia el Gral Avila Camacho. Desempeñó el puesto de Director de la Biblioteca Nacional y posteriormente dirigió la Biblioteca México.
José Vasconcelos es un converso. De la Iglesia le habían apartado -según
su propio decir- cuestiones en cierto modo accesorias. Debe a Menéndez Pelayo -con las páginas de Los Heterodoxos-- el servicio de haberle ayudado
a lograr su propia definición. Hubo un día en que hizo pública profesión de

15

�fe cat6lica y repudió todo cuanto en sus obras o en sus palabras se oponga
a la doctrina de la Iglesia. ¡ Acabado ejemplo de honradez intelectual y moral!
Vasconcelos se nos ofrece como una figura proteica. Hay el Vasconcelos
pintoresco que conoce hasta el último de los mexicanos: es el hombre de los
desahogos políticos, de las frases certeras que son verdaderos fusilamientos
civiles. Hay el Vasconcelos de la autobiografía transparente, el de la sinceridad sin reticencias que llega hasta el impudor. Un crítico nuestro decía
-con esa su peculiar manera elusiva- que sólo encontraba en México una
novela, una verdadera novela, el libro de memorias, Ulises Criollo -que dicho
sea de paso: es el libro más vendido en la República Mexicana- de José
Vasconcelos. La autobiografía vasconceliana está contenida en cuatro gruesos
tomos: Ulises Criollo, La Tormenta, El Desastre y El Proconmlado. Por la obsesión amorosa de nuestro Ulises criollo desfilan sus amantes: Adriana (personificación del goce estético), Charito ( encarnación del goce material), Valeria
(la musa del goce intelectual) ... Sin pretender justificar este afán de sacar
a la luz pública, sucesos que debieron quedar cubiertos por el piadoso velo de
la intimidad, bien se puede explicar y atenuar esta actitud diciendo que late
en ella -como ocurría en los viejos cristianos- una franca contrición pública. Lo malo del caso es que, al confesar pecados propios, se confiesan los
ajenos, los de los seres cuya intimidad sólo debe ser conocida por Dios.
Ante todo, Vasconcelos es una figura cesárea que gira en grande. Pueden
ser muy grandes sus defectos pero también son muy grandes sus virtudes. Condenar a José Vasconcelos -el hombre, el esteta, el místico, el educador- por
esos pecados, es propio del resentido o del estulto. Juzgar a un hombre que ha
publicado una veintena de libros, por hechos aislados de su vida, por frases
contradictorias o exageradas o por cualquier otra minucia, constituye una ligereza imperdonable. El que esto escribe, le conoce de cierto a José Vasconcelos
una serie de quijotadas y de bellas acciones que por ahora juzga oportuno
callar.
Se dice que Vasconcelos es el ''maestro imposible", el maestro que no ha
podido ser nuestro maestro porque no le gusta ser maestro. ¡ Entendámonos!
Vasconcelos no es un profesor de tipo académico porque le aburría a muerte
la docencia profesional. Ha preferido siempre ser filósofo en el sentido platónico y por eso su magisterio se ejerció, sobre todo, a través de su obra luminosa que aclara en ocasiones --con sin igual luz- muchos puntos oscuros.
Maestro también por la magnífica y valiente defensa de su raza; por su manera personal -fuertemente personal- de encararse con los problemas filosóficos; por las inestimables sugerencias que brinda y por las violentas reacciones
que suscita. Exagera a sabiendas para barrer una idea que estima falsa. Es
sencillo como un niño -nunca he visto un intelectual con menos pose-, pero

16

su pasión, en la charla privada, le hace disparar tajantes absurdos. Así y
todo, los que le conocemos, terminamos no sólo por acostumbramos, sino por
quer,erle Y_ hasta por buscar, en su difícil diálogo, los chispazos geniales que el
volean avienta. Un fondo hermético e incomunicable le hacía respirar me ·0
en u_n~ atmósfera de aislamiento y soledad. Con él fracasaban todas nuest!a:
prcv1S1on~s porque en _cualquier momento podía surgirle un romántico impulso
de ,":beld1a y desconcierto. Aunque fue, como alguien ha dicho, "luminoso y
er:ahc,~ como un cohe_te", ante la juventud tuvo siempre el prestigio de un
rmto. Maestro de las JtJVentudes de América" le han llamado los estudiantes
de América del Sur que han visto en el hombre que leía a Platón y seguía
a Madero la clave para entroncar el mundo ideal de la cultura con el mund
0
real de la vida patria.

II
ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS OBRAS PRIN'ClPALES

_1; Los preludios de su sistema. En 1916, Vasconcelos publica su ensayo:
Pita~~~a.r, ~na te_oría del ritmo. Sobre los escasos fragmentos y la legendaria
tra~:cion p1tag6nca, Vasconcelos desarrolla una novedosa y brillante interpre~c1on ?e la teoría de los números que, más que una exégesis de la doctrina
~1tagór1ca, es ~ª, un intento de construcción vasconceliana. Interpretando estéticamente a P1tagoras, Vasconcelos dice que la teoría de los números no es
sino una teoría del ritmo. y como el ritmo implica un
.una teoría matemática
. .
proceso o movuruento alternativo en oposición a un movimiento uniforme
n'.11°ero pitagórico viene a ser de esta suerte, el símbolo del movimien~
n~1co exterior e in~luso ~el movimiento interior. Admite Vasconcelos que
FJlolao Y tal vez el nusmo P1tágoras hayan tenido una caída O desviación haci
el ma_t e.~ªf1c1smo,
·
con mengua de la concepción estética del universo apuntada m1c1almente.

e!

ª

. En 19~8 ~~arece, con el_ libro El Monismo Estético, el primer esbozo del
sistema filosofico vasconceliano. El título de este pequeño volumen d
_
· if'
een~
yos. se Just 1ca, según su autor, si tomamos en cuenta que el sentimiento especial q_ue. t~vo ~~nt por la belleza -recordemos la CrUica del Juicioes el pnnc1p10 unificador del arte, de la ciencia y de la moral. Vasconcelos
pr?~ecta, desde cnt~nc~s, un tratado de Estética Fundamental. Puesto que Ja
mus'.ca ex~resa }º. universal concreto", la filosofía debe adoptar un método
mus'.cal. S1 la logica conceptual es demasiado abstracta para captar las concreciones de la existencia, es preferible abordar la realidad con una conciencia

17

�estética supcr-intekctual que vaya más allá de la razón pura y práctica. El
mundo ofrece dos tipos de ritmo: el físico -monismo dinámico energético-

y el espiritual -energía de nuestras almas.
La Revulsión de la Encrgla publicada en 1924, contiene, en germen, su
futura filosofía de la naturaleza. Para explicar los ciclo jerárquicos de la
existencia; materia inorgánica-organismo-espíritu, el filósofo mexicano recurre
a su teoría de la revulsión de la energía. La materia es energía mecánica.
Pero una concepción puramente mecánica ya no pued explicar la \'ida, que
es energía teleol6gica. Por último, el esp1ritu es una energía creadora, desintelectualizada, emancipada de toda preocupación mundana y con modo de
vida estético. Estas ideas erán objeto de un desarrollo ulterior en las obras
que integran e\ sistema vasconceliano: Metafísica, Etica, Estética, L6gica Orgánica y Todología. Pero antes de construir su istema, nuestro inquieto "Ulises
Criollo" va a constituirse en defensor de su ra7.a y en profeta de Iberoamérica.

2. El Filósofo Defensor de Hispano-América. Para Vasconcelos la cultura
hispánica es la más e.xcelsa de la rama latina. Ingresamo a las filas de la civilización bajo el estandarte de Castilla, que a su modo heredaba al romano y
lo superaba por su cristiandad. 'os hemo educado bajo la influencia humillante de nuestros enemigos que anulan nuestros fines exaltando los suyos. Hay
que empezar por independizarnos intelc tualmcntc haciendo vida propia y
cultura propia. Tenemos ante el mundo una personalidad peculiar, porque
peculiar es nuestra unidad étnica y cultural. o nos reconocemos ni en el
indígena ni en el europeo, como el europeo tampoco se reconoce en nosotros.
Estrenamos alma y territorio. Pero nos falta afirmamos en nue. tro ser para
cumplir nuestra misión.
En La Raza C6smica ( 1925) y en Indología l 1927) el filósofo de Iberoamérica predice el desarrollo y la implantación, en América, de la nueva y
última cultura que va a tener el mundo. La civilización se inició en el tr6pico
y terminará en el trópico. Habitará en nuestro continente una raza síntesis
que será una superaci6n de las estirpes, hecha con el tesoro de todas las anteriores, con el genio y con la sangre de. todos los pueblos. Porque Iberoamérica
nunca ha sentido repugnancia al mestizaje biológico y cultural, es la tierra
más liberal en el sentido primario de la palabra. Corresponde a una raza
emotiva como la nuestra, sentar los principios de una interpretación del mundo
de acuerdo con nuestras emociones. i imperativo categórico, ni razón, sino
juicio estético que es lógi~a particular de las emociones y la belleza. El sentimiento creador, regido por el "pathos e tético", llegará a una eugenesia en
la que los tipos inferiores extinguir.in en ello· mismo , voluntariamente, todo
deseo de reproducción. (Esta aseveración que no pasa de ser fantasía pagana,
18

porque como juicio e ingenuo e incon . t
celos muchos atios antes d
. is ente, fue formulada por Vascon- ,
"
e su convers16n a] catoli .
) y
estado espiritual O estético" sob
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se llegará a este
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repasan o el "estado
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mtelectual O político".
maten o guerrero" y el
José Vasconcclos se propuso amplia 1
la escuela, orientaciones continental r ~ concepto ~atri6tico dándole, desde
el escudo mexicano, el escudo qu;
b' ~te :ropós1to1 difundió, junto con
haciéndose voz de su pueblo· l
ia ida i e.a o ai:1tcs para la Universidad,
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. e mapa e 1a Amé
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or mi raza hablará el csp;,.;tu" L U .
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tina y su leyenda:
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"'• · a niver I ad N · al A 6
,neo conserva, con orgullo el ese d 'd d ac1on
ut noma de Mé.
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En su hbro Boliuarismo y Monroísm ( 1
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o 93-1), Vasconcelos propugna por un
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que calla el triunfo magnífico de E _
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19

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nen tamb1en en un tnco d .
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samiento de la India y por las pas1 l i a
Occidente.
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dad" le basta a Vasconcelos para ce ar
sofía 'como coordinación.
d .ad t
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· Vasconcelos ha llamado
·
h ta ¡ punto de que e1 propio
celiano, como Ploti~~• aS e
d ,, L proce ión vasconceliana de ritmos:
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•• lonni~o remoza o . a
h l
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~·:
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h hacia el Absoluto con un an e o
físico, biológico. y espin~óual, ,r:mElrcU:ivec:c C:tero pasando por nuestros cora. t de remtegrao n.
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ha sido contradicho más tarde en a
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'ltimamente en su Todologia.
niñez-- en la Estetica y u
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del conocer senso'
. talmi:nte a Kant sus nociones
V asconcelos debe casi to .
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sensibilidad
transforman el
espac10-tempora1es
'
.
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conceptual. as. ~~
, •
sensación. El entendimiento reduce a urudato externo en mtu1c16n empinca o

20

dad el conjunto de sensaciones debido a su forma "a priori" o categorial originando el juicio sintético a priori. Pero en este peldaño se d pide Vasconcelos
de Kant y se lan1.a a un conocer emocional que le hace consubstanciarse con
la esencia de los entes. Nada más opuesto al escepticismo kantiano del "nóumeno".
El filósofo norteamericano Patrick Romanell observa que "la sugestión más
cercana a la doctrina vasconceliana sobre el significado lógico de la emoción
estética es la indicación de Scheling en el ' ystem des transzendentalen idealismus'i de que el arte es el órgano de la filosofía. Tan rica idea, que en el
idealista alemán no pasa de ser una sugestión, se convierte en manos de Vasconcelos en la clave maestra de todo un sistema filosófico" (p. 146, La Formación de la Mentalidad Mexicana, El Colegio de México, 1954).
De Bergson hereda Vasconcelos ese anti-intelectualismo tan peculiar. La
razón, disolvente por analítica, no sabe de unidad plena. La emoción, en
cambio, si sabe de síntesis. El sentimiento intuitivo-emocional es el secreto del
Universo, porque el Universo no es la obra de un lógico, sino de un artista
que se goza en el acto de creación. Pero mientras Bcrgson se quedó en el señalamiento de las limitaciones de la ciencia, Vasconcelos desarrolló un método
estético para conocer la naturaleza de las cosas. Decir que Vasconcelos llegó
a lo que el filósofo francés hubiera llegado de haber llevado a sus extremos
lógicos ese "mistici mo completo" de "las dos fuentes de la moral y de la
religión'' -como lo afirma Romanell- nos parece una a,everación audaz e
innecesaria.
4. Metafi.ríca. Para explicar el conjunto de las cosas y los sucesos, José Vasconcelos busca una realidad fija que le pueda servir de punto de partida. e
trata de encontrar la raíz misma del ser, la fuente de donde brotan sus representaciones y nuestra misma exi tencia. "Exi t n las sencias indeterminadas,
existe la r alidad inmaterial de donde toma cuerpo la forma y existen las ideas,
las nonnas; existencia es un primer y postrero comLJn denominador" (p. 41,
Metafísica, Editorial "Mé..xico Joven", México 1929, impreso en los talleres
de la Editorial Cultura ) . Y así como Lccomte du oüy habló recientemente
-en su libro el Destino Humano-, de una escala de observación, Vasconcelos,
desde 1929, afirmaba que "según el instrumento de observaci6n, cambian los
caracteres; pero queda siempre indestructible el dato esencial: la existencia''
(p. 41, Opus cit.). Como San Agu tío, también nuestro filósofo se sumerge
una y mil vec en las profundidades de su cr, inve tiga las apariencias, contempla lo que es y rncuentra una y mil veces la misma certidumbr , la misma
noción, independiente de accidentes y circunstancias: la e.xistencia. "Soy, es
decir, existo, eso dice la conciencia, e o mismo repite la experiencia, eso mismo
confirman nuestro semejantes, eso comprueba la razón" (p. 45). En la base

21

�,

de todo lo demás, "hay un dato primario de mera emoción de presencia" (p.
42), que se manifiesta a nuestra sensibilidad interior.
V asconcelos trata de echar mano de un método tal, que enlace en síntesis
orgánica los diversos géneros del conocer. El método concurrente integra la
unidad en la pluralidad, respetando cada cosa en su plenaria realidad. Y
corresponde a la emoción, realizar este método.
Si el ser se manifiesta por caminos de emoción existencial, ya se podrá prever cuál va a ser la teoría del conocimiento vasconceliana. Conocer -nos
dice-- "es reducir a términos de conciencia los elementos más extraños, haciéndolos participar de nuestra vida según sus afinidades con los distintos poderes de nuestra personalidad y ligado todo en una convicción de superexistencia y trascendencia en que se combina lo disímil, para el logro cabal de
la armonía" (p. 136). El conocimiento sensible convierte en intuición empírica,
mediante las formas espacio-temporales, la impresión indeterminada que viene
del exterior y hiere nú sensibilidad. El conocimiento intelectual reduce a unidad el conjunto de sensaciones, merced a la forma "a priori" del entendimiento. Pero sólo por el conocinúento emocional llegamos a consubstanciamos
con la esencia misma de los seres. "Así como la existencia es el fondo común
de toda filosofía, de igual manera la emoción es el fondo común de toda vida
y aun el fondo de toda cosa; pues pensar la cosa es incorporarla en el seno
de la emoción. Concebimos la vida como emoción antes de concebirla como
pensamiento, y la seguimos concibiendo como emoción más allá del pensamiento" (p. 164) . Tal es, a grandes rasgos, la teoría del conocimiento -alógica y emocional- de José Vasconcelos.
En la cosmología emanantista y dinámica de Vasconcelos -que niega implícitamente 1a extensión-, el Universo se presenta como un cuerpo único
con irradiaciones emotivas. Todo es ser y todo para ser participa de una misma
sustancia, aunque en diverso grado y calidad, según su cercanía del Ser Absoluto. Su experiencia de hombre moderno le indica que la sustancia una se
encuentra en estado de dislocación o de catástrofe. ¿Motivos? Debe haberlos
y profundos, pero se nos escapan. Es el caso que el mundo marcha -según la
Física de Camot, la termodinámica y la doctrina de los electrones- por una
vertiente a su desintegración y por la otra (proceso de reversión) asciende a
reintegrarse al Ser Absoluto. La integración de la energía triunfa en una primera escala que es el átomo. En determinados instantes el flúido dinámico
se condensa y se estructura -fase atómica- en un ritmo particular, monótono y mecánico. Prosigue la energía su marcha de integración y arriba a
una segunda "revulsión" : la fase biológica. En esta etapa hay ya propósito,
finalidad, y el esfuerzo por la individuación es ya más avanzado. La tercer
estructura típica es el alma que vive de imágenes. Cuando el mundo se ha

22

hecho imagen -fusión de intelecto (marco) y emoción (esencia)- entra al
ritmo del espíritu y se eterniza y se salva, pese a la disipación y a. la entropía.
La función del hombre creador de imágenes, es, en este sentido, mesiánica.
Hasta aquí la energética revulsional (las revulsiones son cambios violentos de
calidad energética) de José Vasconcelos, cuya ley parece ser: "avanzar o
perecer".
5. Etica. Si la esencia de lo ético es el acto teleoklino que se rige por ciertas
normas, Etica será, para nuestro filósofo, "toda disciplina de vida", toda
potencia que se traduzca en acto.
También en la Etica (escrita en 1932) es fácil reconocer el plotinismo de
Vasconcelos. El Absoluto, último y supremo fin de todo lo existente, atrae al
hombre -libremente- para que redima y salve a la naturaleza ciega sumida
en la inconciencia. La naturaleza, sedienta de unidad redentora es un dócil
'
instrumento del hombre para la trasmutación a planos espirituales.
La norma de moralidad es el juicio ético emotivo que distingue lo bueno
de lo malo y crea el reino de los valores. La doctrina de los valores de Vasconcelos es por completo diversa a la de Scheller o a la de Hartmann. En
sí las cosas no son buenas ni malas. La emoción es la que estima las cosas
según la concreta conveniencia que guarden con el fin supremo del hombre.
El valor depende pues de que las cosas se incorporen al espíritu con su ritmo,
su armonía y su contrapunto. En la más alta de sus formas: la santidad, la
moral es pasión y dolor de inmolación. Sin Dios y sin libre albe(irío no sólo
es imposible toda Etica sino toda existencia. Si se aparta el alma del Bien
Absoluto cae en la animalidad que a la postre se resuelve en la nada. Tal
es en esquema la Etica vasconceliana, la cual, por lo demás, abunda en certeras y hondas observaciones críticas a los sistemas morales de mayor relieve.
6. Estética. La obra maestra de José Vasconcelos es, para nosotros, la Estética (publicada en 1936). En su tercera edición ( 1945) consta de tres títulos,
veintiún capítulos y 653 páginas. Los títulos son los siguientes: 1) Gnoseología
estética; 2) El apriori estético; 3) Clasificación general de las Bellas Artes.
Apuntemos las ideas-madres de la Estética vasconceliana: Estética no es para
Vasconcelos el tratado de lo bello. Se trata de algo muy diverso. Se trata de
redimir el mundo físico trocándole su ritmo de material en psíquico. Los cuadros de la naturaleza, destinados a desaparecer, son salvados por el hombre,
que los conmuta en ritmo, armonía y contrapunto. El amor -alma de la
Estética- es la fuerza que emprende la reintegración de lo disperso a Jo
Absoluto. La ley del espíritu (su función estética) es realizar una coordinación viviente de los heterogéneos sin sacrificar la cualidad. Si el hombre está
creado a imagen y semejanza de Dios, y está dotado de ese maravilloso poder
23

�de creación que despliega en el mundo del arte, es probable que Dios haya
creado el Universo de una manera a.rústica con júbilo inefable.
Las imágenes vivas de las cosas las maneja el espíritu humano en el crisol
de su triple "apriori" estético: ritmo, armonía y contrapunto. Aquí reside
la belleza. La operación estética, en esencia, radica en aislar la cosa de su
ritmo nativo, a fin de incorporar su movimiento al ritmo del alma. Estamos en
el reino del subjetivismo.
Empecemos por examinar el ritmo. En el fluir ininterrumpido de la corriente psiquica, el alma percibe sus actos sensoriales e intelectuales, a determinados intervalos. De ahí que cuando los sonido.s se acomoden a Ja disposición del espíritu, produzcan goce. El ritmo con pulsación natural es placentero.
En tanto que el ritmo es sucesivo, la armonía es simultánea. La armonía
enlaza y combina series melódicas al mismo tiempo en la unidad de la composición musical. Esto es incomprensible para "nuestra pobre atención lógica, habituada a manejar idea tras idea". No es unidad conceptual, sino unidad global sui-gcneris, la operación del compositor que organiza conjuntos
significativos.
Arribar al contrapunto es arribar a la cumbre de 1a estética vasconceliana.
En la dinámica unidad de la conciencia, la sensación! despierta ideas, las ideas
recuerdos, y simultánea y orgánicamente se influyen y se conciertan. El contrapunto logra la unidad de heterogéneos conservando la integridad de cada
canto, pero colocándolos adecuadamente en el concierto.
Con mente kantiana, Vasconcelos adopta las ideas de Nietzche sobre la tragedia griega, convirtiéndolas en categorías. Y por su cuenta añade a las dos
categorías nietzscheanas de la belleza - apolinea y dionisíaca- una más: la
mística, aplicable sólo al plano sobrenatural. Se trata de una intuición de
esencias -que no son abstracciones-- de lo Absoluto. La unión con lo divino
se verifica por la inteivención de la gracia.

páginas qllf~ Vasconcelos dedica al mundo del arte, son dignas de figurar entre
las mejores del siglo XX en habla castellana.
1. L6gica Orgánica ( 1945). Define Vasconcelos la Lógica como "la ciencia que estudia la razón como instnunento para alcanzar la verdad, 1a finalidad y la am1onía" (p. 58). La di.vide en: a) Lógica intelectual (formal,
deductiva matemática y como ciencia de fo homogéneo) ; b) Lógica inductiva (el método de la experiencia); c) Lógica ética ( consideración de fines
y criterio de finalidad aplicable al comportamiento) ; d) Lógica estética (coordinación de heterogéneos, según las puras leyes de la calidad o sea la armonía) (p. 74). Pensar -para el filósofo mexicano- no es raciocinar, es
decir, no es referir lo particular a lo general, para crear un mundo conceptual
ficticio; pensar, en esta nueva manera, es reconocer cada objeto en su individualidad concreta, y en relación de simultaneidad o de separación en el
tiempo; de cercanía o lejanía en el espacio, en relación a quien piensa. El tipo
moderno del conocer es coordinar conjtmtos. Los distintos aprioris -mental,
ético y estético- son los instrumentos de exploración que se reparten el conocimiento. La clasificación que Vasconcelos hace de las ciencias -que no
exponemos por falta de espaci~ es verdaderamente original.

8. Todología. Movido por el propósito de mostrar los caminos que conducen a la armonía del saber total, José Vasconcelos sacó a la luz pública, en
1952, su Todología. Nunca más volverá a escribir - así nos lo declaró personalmente- otra obra filosófica. Pero nos dejó su postrer esfuerzo por plasmar un experiencialismo vivo, al cual concurren ---cada uno en su funciónlos datos de los sentidos, los arreglos de la razón y los propósitos de la voluntad.
Todo en armonía amorosa.

Cree Vasconcelos que ha descubierto nada menos que un órgano estético
en el hombre. Este órgano que posee un sentido de orientación y que nos
lleva a un equilibrio energético de composición, lo encuentra Vasconcelos en
los conductos semi-circulares a donde convergen las impresiones cerebrales
conscientes y las sensaciones internas o cenestesia, brotando de este concurso
la unidad fundamental del yo.

La palabra "Todolog'ra" es vaga y equívoca. ¿ Por qué emplear el término
"logía" cuando su esfuerzo es anti-intelectual o anti-conceptual? ¿Y qué vamos a entender por la palabra "todo"? Vasconcelos no se cuida de precisarlo.
No ha de faltar alguien que, conociendo el plotinismo manifestado en Ja obra
anterior del Ulises Criollo, se imagine vislumbrar nuevos tintes panteístas.
Además, hubiera podido Vasconcelos llamar más acertadamente a su obra
"Filosofía Estética" o ' 'Filosofía de la Coordinación", simplemente, sin tener
que echar mano de ese horrendo neologismo.

El arte es una fuga del trabajo: "grito acompasado de los marineros que
tiran del cable, canciones del Temador, romance popular del carrero, que
arrea sus bestias al unísono chirriar de los eJ·es". Poesia música plástica las
' cristiana
' es el 'arte
artes todas alcanzan su cúspide en la liturgia. La liturgia
comprensivo y unitario que realiza la imagen del mundo celeste. Su misión es
preparar el alma para el goce inefable de la verdad revelada. Muchas de las

En el "Prólogo" nuestro autor apunta su programa: ocupa sitio central el
problema de la unificación de los heterogéneos. Conforme al método de la
coordinación, la verdad es concebida como un acorde musical, más bien 'que
como un acuerdo 16gico. En lo real hay una relación de coexistencia, en la
cual cada cosa puede ser concebida como porción de un todo. La movilidad
es asunto de posición más bien que de fondo y de meta. "Siempre que contero-

24

25

�piamos la creaci6n según sentido de simultaneidad, el presente encierra en sí
los pasados y los futuros, reduciendo a su unidad _todas sus ~ensiones". ~~a
filosofía que aspire a ser completa, debe descubnr la colocac1on y la func1on
de las partes dentro del Todo. "Una visión del Universo, que comienza en la
onda magnética y termina en la Trinidad que definió San Pablo", es la que
procura brindarnos Vasooncelos en su último libro. Su objetivismo primordial
es religioso: ''No busco, pues, otro fin, que el de unir mi voz al coro de las
alabanzas del Eterno. Añadir al caudal de la verdad el testimonio de mi experiencia y, desde algún escondido rincón del-Templo, entonar con humildad
mis salmos" ( p. 11, T odología, Ediciones Botas, 1952), El filósofo de la coordinación nos asegura que la ''verdad, además de adecuación, debe demostrar
coordinación. La adecuación se da en lo estático y conceptual. La coordinación es la verdad de lo vivo" (p. 16).
9. Observaciones críticas. José Vasconcelos elabora sus lucubraciones a "golpes de intuición". En cada página nos presenta luminosas intuiciones o visiones que no lleva, por el razonamiento, a su cabal desarrollo. No es que
le falte sistema, sino método. El método se refiere a los medios encaminados
para descubrir verdades latentes o exponer las ya conocidas. El sistema se
caracteriza por un estilo personal del pensar, por un filosofar peculiar que se
enfrenta, en carne viva, ante una problemática que preocupa. Todas la~ obras
de Vasconcelos dan la .impresión de estar atadas indisolublemente a su ahna..
Su proceder no es el del científico que demuestra, sino el del artista que
muestra. A la luz de un principio rector cohesiona elementos heterogéneos Y
los re-crea en el seno fecundo de un propósito estético o de salvación.
El sistema vasconceliano no se cuida de basar sus principios en tierra firme.
Porque erigir la emoción en supremo criterio de verdad y en norma de mor~lidad es caer en el campo de lo versátil, de lo subjetivo, de lo oscuro. Combinar el intelecto kantiano con la emoción plotiniana :no resulta hacedero en
filosofía.
Vasconcelos es una especie de nuevo Rey Midas que acaba por transformar
en Estética todo problema que se propone. Con tal "estetización" de la experiencia res~lta sumamente difícil saber cuál va a ser, en realidad, el sitio dejado a'la estética propiamente dicha. Si el único modo de conocer la realidad
última es por vía de la intuición artística, los artistas son los filósofos.
Pretende el filósofo mexicano fundar la filosofía sobre la ciencia fisica
actual -aunque en rigor se funde sobre la experiencia pre-cientifica y maneje
conceptos de una física que ya no es plenamente actual- pero sin lleg~ a
una interpretación propiamente filosófica de la ciencia. A ~ta pretendida
necesidad de fundar la filosofía sobre la ciencia, José Gaos opone este argumento histórico: ''la existencia de una alta filosofía cuando aún no había

26

ciencia sobre qué fundarla, por la sencilla razón de que entonces era la filosofía la que fundaba, creándola, la ciencia -tal la filosofía presocrática (p. 131,
Pensamiento de Lengua E.spai'iola, Editorial Stylo, México, 1945). El raciocinio metafísico no puede ser considerado, sin desvirtuarlo, como un epílogo
de alta ciencia. Tal es, al menos, nuestra opinión.
En el "monismo diversificado'' de la cosmologú,i. vasconceliana las revulsiones de la energía quedan sin explicación filosófica, al declararse como "un
saltus misterioso en la naturaleza,". Vasconcelos no se cuida, con frecuencia,
de definir los conceptos capitales de su filosofía y de mantenerse dentro del
campo de lo definido, porque procede, las más de las veces, por ocurrencias
sueltas o "a golpes de intuición", aunque estas intuiciones -menester es reconocerlo- sean, en muchas ocasiones, las de un genio.

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CONSIDERACIONES SOBRE EL ÉXITO DE JOSÉ VASCONCELOS

Vasconcelos es hoy en día la figura de mayor relevancia intelectual en Hispano-América. El Conde Hermann de Keyserling afirma, en sus Meditaciones Sudamericanas, que "José Vasconcelos es el ideólogo más original que
hasta hoy ha habido en la América del Sur" (p. 231, Meditaciones Sudamericanas, traducción española, Madrid, 1933). Y páginas adelante, en el capítulo
que consagra a la "delicadeza", nos asegura: "En América del Sur pueden
encontrarse ya los primeros elementos de una concepción del mundo autóctona y original. Reposa sobre el concepto de delicadeza. El argentino Leopoldo
Lugones postula para su país una cultura de la belleza semejante en estilo
a la antigua ... Pero el pensador más representativo es el mexicano José
Vasconcelos".
En algún lugar de la América del Sur, un buen día le llamaron a Vasconcelos "el Maestro de las juventudes de América". Y es lo cierto que a donde
quiera que fue -en sus frecuentes viajes por los países iberoamericanos-hubo siempre un puñado de estudiantes que esperaban a su maestro, en la
estación ferroviaria o en el aeropuerto, ansiosos de escuchar de sus labios una
nueva idea o una palabra de estímulo.
No be conocido hombre a quien le importaran menos las distinciones académicas. Las Universidades de Chile, Puerto Rico, Salvador, Guatemala y México le confirieron el grado de Doctor en FiJosofía "honoris causa". Fue
miembro del Colegio Nacional y académico de la Academia Mexicana de la
Lengua y de la Real Academia Española de la Lengua. España le otorgó sus

27

�más altas condecoraciones. Estados Unidos le llamaba con frecuencia, para
que dictara conferencias en sus principales universidades. Pero Vasconcelos
de preció el éxito. Cuando éramos studiantc no. aprendimos, de una de sus
más célebres conferencias, aquel fragmento: "El éxito es e téril y mediocre,
se acomoda con el instante muere con él, no suscita ni anhelo:. ni virtudes. Lo
que se tnmca por alzars demasiado, conserva vigor en las raíces para recomenzar el asalto de la altura ... "
En materia de ociología, la teoría vasconc liana de "La Raza Cósmica" se
ba visto confirmada en las obras de Toynbee, que advierte en la historia un
proceso hacia la heterogeneidad y m zda de todas las razas. Vasconcelos insiste en que a la larga vendrá la unificación de la ~pecie, con aumento de
sus potencias si logra aprovechar las virtude de los componentes.
En Filosofía, José Vasconcclos reclama el derecho a que se juzguen como
originales suyas, las tc.~is c;iguientes:
a). La te01ía del A priori Est ~tico, en la cual se afirma que el fenómeno de
la belleza obedece a formas específicas, que son: el Ritmo, la Melodía, la
Armonía y el Contrapunto, formas independientes totalmente de las formas
lógicas aristotélicas.

b). La teoria de la coordinación mental que liga conjuntos heterogéneos.
Cuando pensamos en un objeto, por ejemplo ponemos en un sector de la
mente lo que nos dice del objeto la Física, lo que nos dice la Química, lo que
nos dice la literatura, y así la labor del filósofo va a consistir en coordinar todas
esas esferas del conocimiento, para logtar algo que ya no es "Logos'' sino Armonía. La verdad, en consecuencia, ya no es la rcducci6n de lo particular a
lo general -piensa nuestro filósofo- sino el secreto de la coordinación de
valores irrC'ductibles uno al otro, pero que se ligan por la vida y la acción,
dando por resultado una existencia como armonía.
e). En su ensayo intitulado La Sinfo,1Ea como Forma Literaria, Vasconcelos
lanzó por primera vez la tesi de que el arte supone la combinación de elementos heterogéneos que se coordinan en forma no intelectual, .sino en forma
armónica y estética, a efecto de producir efectos de conjunto, que son perfectamente inteligibles y además sensibles y que no tienen nada que ver con las
conclusiones lógicas de la mente. Esta tesis coincide con las ideas sobre la
belleza del poeta Elliot, en sus Cuartetos, escritas como diez años después,
según lo ha hecho notar el fil6sofo norteamericano Philip Wheelwright.
En la obra escrita de José Vasconcelos hay un semillero de ideas geniales
que, mediante un apropiado cultiYo, pueden tener un desarrollo fecundo. v~
concclos puede salvarse, para la posteridad, en antología. Y aún no se ha
hecho una verdadera antología de la obra filosófica de m1estro pensador.
28

Mucho dice a la juventud ¡
·
Todo lo creado puede ser ameadmcnsaJe var;conceliano: "Amar sin transigir''.
o rectamente oblig d
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~ que colaboren a nuestro fin superior. y más ali an o a s~cc.so ,Y al hecho
tunos hermanado a José V
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La filosof1a nunca ha sido para Vasc
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grandes filosofias se llaman "Platón"
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con sus propias palabras-- propios de doncellas tímida:1"~~~:s --d1gám~slo
acogerse a un fuero, para no perder autoridad moral H . d sd - a ha quendo
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ecc1 n Vl\'Jente con su temple viril

29

�que ha sido siempre la condición dd filósofo. Una y muchas veces ha sabido
colocarse por encima de las circunstancias viles. La pena y la die.ha las ha
soportado con dignidad. He aquí una lección más: el filósofo ha de ser Rey
de la Circunstancia. Filosofar no es divagar; filosofar es decidirse. Por eso ha
intervenido clara y terminantemente -y con voz tronante cuando ha hecho
falta- cada vez que se comete una injusticia susceptible de ser remediada. Una
de sus mejores cualidades es la de saber indignarse.
Pensamiento y vida no están, no deben estar, divorciados. Las futuras generaciones podrán aprender de José Vasconcelos que la filosofía, siempre que la
encarnan hombres cabales, tiene desde luego una tarea social que realizar: la
tarea de ballar la verdad y proclamarla. El filósofo es un rompecaretas; denunciar la hipocresía, el fariseísmo; tal es la misión moral del filósofo. Su grito
no se puede desoír: "Guerra contra los opresores del cuerpo y del alma, sin
descanso, hasta el fin de los tiempos".
Vasconcelos ha comprendido su destino: norma y designio; lugar en la existencia; materia en que verificar su vida y un modo de verificarla; unas posibilidades y unos limites concretos. Pero también tarea para la propia acción y
creación. Poder percibir este llamamiento y .satisfacerlo, ha sido su más propia prerrogativa.
A las generaciones venideras -a las mexicanas, especialmente- les corresponde reactualizar y modificar el mensaje vasconceliano en la medida en que
ellas revivan esa filosofía y ese modo de existencia. Si sus ideas no encuentran
apoyo de fuerzas, intereses, pasiones e impulsos, carecerán --cualquiera que sea
su valor espiritual- de toda vigencia en la historia real. Los factores reales,
aunque no determinan los contenidos ideales de la cultura, abren o cierran las
compuertas para que las potencias espirituales se abran camino efectivo en la
historia. Yo ignoro cuál vaya a ser el destino, en lo futuro, del mensaje vasconceliano. Pero de una cosa estoy seguro: si su filosofía, si su modo de filosofar, logra efectiva vigencia en el porvenir, estará, de todas maneras, más allá,
en complejidad y riqueza, de lo que correspondería a una determinada interpretación unívoca por los factores reales.
Estemos o no estemos de acuerdo con muchos actos de su vida, no caigamos
en el mezquino vicio de restar méritos a ese su arte de ser fiel a sí mismo¡ fidelidad heroica que no ha podido ser aprisionada por el público. Esa pasión,
ese calor y esa vida que ha sabido poner en sus libros, subsistirán mucho tiempo
después que se hayan perdido en el olvido los nombres de sus detractores.

Filósofo de alma ardiente y luchador activo en la calle, ha concluido por
abrirse a lo sobrenatural para evadirse de esta paradoja: ser más que hombre
sin dejar de ser hombre. Su itinerario no ha transcurrido en vano. La esperanza

IV
BmuoGRAFÍA

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D.0 F.as las obras autobiográficas están publicadas por Edº1c1ones
J

-aventura en curso- penetra a través del tiempo y funda su vida.

31

30

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Plicllo Madrid, 1933; eaunda cd1. '6 n. Imprenta e uanal Argentina
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tísima producción penod1!.t1ca de _J
. •¿· y revistas de dos continentes.
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últiples peno 1cos
de varios años y a traves e m
Librero Mexicanos Unidos Col. Laure'1
ÜBRAS CoMPLF..TAS, cuatro tomos,
México, D. F., 1957-1961.

(B)

. so bre ]os:, Vasconcelos.
Principales Estudios

_J~se• Vasco11celos

con
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la acción el perisamiento- ,
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hecho en tono . de e en '
1
m breve cstu d 10
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biillanle en oca 10nes.
patía Y con estilo ag1 y
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F"losó/ico de V a.sconcelos
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Este libro con verd ero ngo
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' d ¡ Lón. ica Oreámca Y e a o.
·pci6n hec.l1a e a
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el sistema vasconcehano, cxct .
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L 1 PÓ!!lllas !sCO/!t as
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~ F 19 4-0. Castro Leal - hteralo e
•
Botas Mex1co D. ·,
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de
y Prólogo--, Edi oones
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' t d' sobre el escritor, e1 de ensor
pura cepa- nos presenta ~n brillante csc~tu~io sobre el fil6 ofo es muy débil
~"stro im¡J0s1blc. Pero su
la ra.1.a. Y e1 m=

y ligero.

Prologo y elección-,
or V asco11c1.1os ·l) Genaro Fcmandcz Mac reg
Públ'ca México 1942. En este ensayo
Ediciones de la Secretaría de Educac1 n
i ' •
'
32

,

G

.¿

sobresal n la compren ión del hombre y del sociólogo. El estudio sobre la fi.
losofía vasconceliana es en extremo deficiente.

5) José Gaos, Pensamiento de Lengua Española (pp. 121 a J-1-3), Editorial
Stylo, íéxico, 1945. Enjuiciamiento severo y hondo de la filosofía de Vasconcclos, con motivo de la aparición de la Antología publicada bajo la dirección
de Castro Leal, al que le falta valorar la parte posith-a que Vasconcelos aporta
a la filosofía.

6) Oswaldo Robles, "José Vasconcelos, filósofo de la emoción creadora", en
la Revista Fi/oJofía y Letras, Núm. 26 abril-junio, 1947, México, D. F. Estudio puramente expositivo, escrito con mucha corte ía y con profundo conocimiento de la esencia del pen. amicn to vasconceliano.
7) José Luis Martínez, "La obra literaria de José Vasconcelo ", en la Revista Filoso/la y Letras, úm. 26, abril-junio, 1947, México, D. F. Hacía falta
que alguien se echase a cuestas la tarea de clasificar las obra de Vasconcelos,
de analizar sus excelencias y sus deficiencias literarias y de captar su estilo.
Aunque no del todo logrado, es é ·te un primer intento de penetrar -con ,·oluntad de orden- en la extensa producción literaria de nuestro pensador.

8) Patrick Romanell, La formación de la mentalidad mexicana -Pa,wrama
oclual de la filosofía en México-- (1910-19S0), editado por el Colegio de
México en 1950. En este libro sobresale, como su mejor capítulo, el dedicado
a "El Monismo Estético de José Vasconcelos" (pp. 109 a 160). Honda simpatía
humana, sentido irlandés del humor, agudo sentido crítico y rigurosa pn:paración filosófica, hacen de este trabajo un excelente instrumento para conocer
a Vasconcelos y su filosofía. Lástima que en ocasiones se deje llevar Romanell
por su deseo de teorizar y de someter a las simplificaciones de sus e quemas
preconcebidos -brillantes pero no e....;actos- la rica realidad que analiza.

9) José Gaos, Filosofía Mexicana de Nuestros Días, Imprenta Universitaria,
México, 1954. En forma sugestiva, Gaos penetra en el Sistema de Vasconcelos
expuesto en la Todología, esta vez con mayor cordialidad y con ostensible voluntad de entresarar lo indudables aciertos que palpitan en la obra vasconceliana.

10) Agu tín Basave Femándcz del Valle, en la Re ista Trit:ium, órgano del
Departamento de Humanidades del In titulo Tecnológico y de Estudios Superiores de fonterr y: "La Metafísica de José Vasconcelo.", Año II, úm. 9,
julio y agosto de 1950; "La Filo ofía de Vasconcelo en Panorama", Año III,
'úm. 1-2, noviembre y diciembre de 1950; "La Estética de José Vasconcelos''
(primera parte), Año III, N{uus. 6-7, abril y mayo de 1951; ( egunda parte),
1 {1ms. 8- I 2, junio a octubre de 1951.

33
• H-3

�I

.
His ánica de Madrid publicó, en 1958,
La Editorial del Instituto de Cultura l p El Hombre y su Sistema-, que
la obra La Filosofía de José V asconce os -:- t del sistema vasconceliano. No
.
. todo el extenso con1un
abarca, por prunera _vez, . le resumen. Se intenta llegar al alma de ese poese trata de un trabajo de ~p fí de Vasconcelos; captar la unidad bajo las
roa en abstracto que es la filoso a
1
irit que palpita en el fondo del
. es doctrinales. aprehender e esp u
li
ap cac1on
'
sistema.

°

POSTURA FENOMENOLóGICA DE MAURICE
MERLEAU-PONTY
DR. FRANCISCO Buc10 PALOMINO

Universidad de Nuevo Le6n

Et NÚMERO ESPECIAL que la revista Les Temps Modernes cons3t,O'J'Ó a la obra
de Merleau-Ponty en 1961, después de su muerte, recoge el trabajo L'Oeil et
l'Esprit que poco antes, en ese mismo año, había sido publicado en Art de
France. La misma obra fue editada en Gallimard en 1964 y con su título se
cerró el ciclo de un pensamiento que espera seguir siendo pensado ...

1

1

El tema de la pintura es tomado en esta obra a la manera de un campo de
observación en el que adquiere relevante nitidez al ser escudriñada la más
profunda estructura humana. Por consiguiente, más que el arte, es el hombre
el que también aquí se encuentra en el foco de las preocupaciones del filósofo.
Por lo demás, no se trata ni de descubrimos ni de fundamentarnos la misma
estructura del hombre, a cuyo tema central fueron dedicadas sus admirables
obras, La Estructura del Comportamirnto y Fcnomenulogía de la Percepción.
Y sin embargo, tampoco es una mera nueva luz sobre algo plenamente definido:
el misterio de nuestra unidad y de nuestra individualidad, que es el misterio
de nuestro ser, queda más visible desde esta ventana que a la vez podemos
convertir en puerta para entrar hasta él.
Ni un puro espíritu podría pintar, como tampoco lo podría hacer un puro
trozo de materia. El hombre sí puede hacerlo gracias a esa misteriosa transubstanciación por la cual, "prestando su cuerpo al mundo el pintor cambia el
mundo en pintura".
Ya había quedado bien asentado en la Fenomenología de la Percepci6n que
mi cuerpo tiene una ciencia práctica, un saber consiguiente a los proyectos que
su estructura hace posibles. Ahora se afirma que mi cuerpo puede hacerse
mundo, y parece sobreentenderse que también el mundo puede convertirse en
mi cuerpo. Las dos proposiciones quedan comprendidas dentro de la que cita-

35

�mos de la Fenomenología de la Percepción, a la vez que la aclaran descubriéndole un sentido dialéctico que no había sido aún su.tlcientemente explicitado.
La síntesis del cuerpo propio parecía, ya en la Fenomenología de la Percepción, no püderse consumar sino par la mediación del mundo. En efecto, la
noción de "esquema corporal" a que recurrió el autor para concretizar la unidad original de nuestro cuerpo es presentada como un concepto mixto adecuado para traducir la organización espontánea en que se dan, en su surgimiento
primario, el cuerpo y el mundo. El esquema corporal no es la imagen-resumen
de mi cuerpo, sino la toma de conciencia de mi postura global en el mundo
intersensorial; sus características dinámicas le confieren la calidad de "momento
de tensión" en que se realiza lo único primario que se da: mi postura ante las
tareas actuales o posibles que me son anunciadas a partir del mundo. El mundo
y mi cuerpo forman. el circuito del "arco intencional" que sostiene la vida
de conciencia y del que Merleau-Ponty afinna que "proyecta en tomo a nosotros nuestro pasado, nuestro futuro, nuestro medio humano, nuestra situación física, nuestra situación ideológica, nuestra situación moral, o más bien,
que hace que estemos situados bajo todos estos aspectos".1 El sistema «cuerpomundo" asi entendido explica suficientemente la originariedad del "sentido" o
arreglo inmediato de la realidad en una unidad de significado.
El concepto de ''esquema corporal" supera de un golpe el dualismo "cuerpoespíritu" que había encumbrado prácticamente toda filosofía desde el tiempo
de la Helenidad. Y por esta superación quedará inaugurada una perspectiva
de novísimas posibilidades, no sólo en cuanto a un nuevo planteamiento del
estatuto ontológico del hombre, sino también, y sobre todo, por lo que mira
a una nueva ontología y a una auténtica metafísica. En cuanto al hombre, en
efecto, queda a salvo su unidad indivisible ya no como una recuperación o
síntesis tardía sino como lo originario, como el punto de partida y razÓn de
ser de la diversidad misma. Ya no~ trata de preguntar cuándo y en qué condiciones es el cuerpo o el espíritu el que efectúa una experiencia y, por ella,
entra en contacto con la realidad; ya no tiene sentido "localizar'' en el hombre el sujeto de la experiencia, y explicar la coordinación del movimiento espiritual y del movimiento corporal en el que parece darse la efectuación de la
experiencia. El sujeto de la experiencia es el hombre; no existe una mirada supervisora ( un regard de survol) que en mí tome nota de los datos registrados
por mis órganos sensoriales, haciéndome acceder de la suerte a un conocimiento, a un saber, o más generalmente (como debe ser), a una "captura"
de los mismos en un nivel superior. En el caso mismo de las experiencias que
otras filosofías calificarían de "puramente corporales", nunca es mi cuerpo

sin
• d
.
el que por. su cuenta entra en relación con 1a realidad
.
. ,
cuerpo qwen efectúa tal exper1·en . T ,
. '
o ~oy yo-sien o-IIllal h
c1a. catase pues si
ombre, del cuerpo espiritualizad
d 1 ' , . ' empre,_ en lo que respecta
Esta
.
o y e espmtu corporahzado.
. urudad monosubstancial que es el hombre in
senaa un nuevo nivel en la realidad· e1 .
~ugura con su sola preSi el hombre fuera un cuerpo el c .t mvel del sentido y de la significaci6ti.
,
'
on acto y el comerc·10
el
SÓJ o sena posible en el nivel
el
.
con mundo exterior
en que 1a realidad
d'
lid ad; y si el hombre fuera un e , . tu
. , se iera como pura materiala realidad, pudiera col
sp;n . , reducma sus relaciones a lo que de
si el hombre posee aque~:::to e m~ell dde p~ra espiritualidad. En cam'bio
especia escn to p M 1
'
cuentro entre él y el
d
,
or er eau-Ponty un enmun o no solo será O "bl ·
'
hombre sea hombre y el mund
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p s1 e sino necesario para que el
o mun o· y e ta " "b"l'd
y Juego queda sellada al d
1
'
~ posi i i ad necesaria"
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.
'
arse e enfrentamiento d I d
.
'
medio común" del sentido y 1a s1g
. nif"1cac10n
. , Tod e ·os d os
d términos en el
sus conductas, se a1'ustan a un " sen ti"d o" d e la
. ·t a actJ.tu
.,
. el hombre, todas
más por un "medio de comportami t "
s1 uac1on, misma que es tenida
mulos" ante los que mi res
·t
'enl o que por una composición de "estí.
.
pues a so o fuera co 'd d
.
qwer actitud o conducta es prun·
.
nSJ era a una reacción. Cualero una mtenció d
a un mundo que es el nuestro. Lo rimero
~ _e. nuestro ser total relativa
ductas es nuestra fe en
d p
que s1gruficamos con nuestras conun mun o es la fe
.'
. e~ _una estructura a tenor y a talla
h umanos de la realidad M'
·
is rrusmos dispos1tJ.vo
• ·
el mundo geográfico en
. 1
.
s anatomicos comunican con
un mve que trasetend tOd O ·
mente positiva. El mundo al
. .
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tipo de relación mera. ..
que m1 mismo cuerpo
nf
d e pos1bihdades de acción q
1m
. me e renta es un conjunto
ue v ua ente total
al
medio eficaz.
. El hombre, escn'b e M erIeau- p onty IZO
"n dicentrarme
, activo en un
en cuanto unplicado en un
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' o spone solo de su cuerpo
me o concreto no s
.
lamente ante las tareas bie d f' 'd d '
e encuentra en situación son e lD1 as e un oficio
.
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es, smo que ademá ti
que correlativo de meros es•{1 d esproVlstos
' .
ene su cuerpo
en tanto
Ull.lU os
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abierto a las s·tu aetones
.
1cac1on práctica, se
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verbales f · e• s1
1
mismo o que Je pueden ser pro
y ictic1~ que puede escogerse él
puestas por un exper1m
s1'ble so'lo gracias al d"ál
. en tador" .-• Esto es po1 ogo constante que ha
y a partir del cual la intención human
Yb. entre el hombre y el mundo
•
a se cam 1a en
t' d al
mientras que el sentido se convierte
.
.,
sen i o
mundanizarse,
.,
en mtenc1on al ho · ·
En
esta operac1on
dialéctica
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es
el
diál
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.
mmizarse.
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.
ogo re en o eqwvale
.
b re, a un mstalarse en el m d
. d
, poi parte del homun o vac1an o en él s di
.
.
percepción, de volición y de ent d' .
us versas mtenc1ones de
en umento · la realidad
d
te, se vuelve con ello "significativo" y a d qwere,
' .
o
mun
para manera de o,
leypor
de su
estrucírt'

2

1

o p. cit.,

p. 126.

Phé11oménologie de le Perception, Galliroard, Paris, 1943, p. 158.

37
36

�tura o sistema de coordenadas, una ratón de unidad o de organización de "los
sentido ., transitable por el hombre. El mundo se hace, de esta manera, habitable para el hombre: y el hombre ajusta su talla a la medida del mundo.
Pero, lejos de ser ésta una operación de acaecer caprichoso ( que prestara a
extremos de arbitran dadcs o de fatalismos, del hombre, los prim ros y, del
mundo, los segundo ) , constituye la relaci6n orieinaria entre el hombre y el
mundo y, por lo tanto, aquella in la cual el hombre fu ra incomprensible como
hombre y el mundo como mundo. Tanto la capa más próxima de significación
como el substrato más alejado y profundo que no es . ino el soporte de la red
de sentido que I hombre confiere al mundo para hacerlo tal, hablan del hombre y permiten que sr, encuentre a sí mi mo. En una palabra, que sintetiza y
aclara Jo que 11 vamos dicho, el movimiento de existencia es traído a efecto
por el hombre en un hacer qu la coa, el objeto, el mundo deje des r un en- í
y se haga para el hombre, mientras que éste abandona su calidad exclusiva de
para-sí, saliendo de si, para encontrarse en el mundo. El en-sí y el para- í dejan
de ser dos ''regiones del . cr'' incomunicables e insintetizables y pasan a ser
correlativos de un Todo o síntesis originaria.
Esta es la postura (y todavía no la te is) de Merleau-Ponty. Ella nos revela
u intuición (o punto de partida de su pensamiento) metafísica, que es clara
v abiertamente fenomenológica. os revela, podríamos decir, su entc-ndimicnto
del espíritu de la Fenomenología, de sus tareas, de sus ohjetivos, de sus obstáculos, etc. Se advierte 1 por ejemplo que ha hecho suro el interés vital 1de la
Fenomenología por reivindicar al hombre su familiaridad originaria con las
rosas, o, en otros ténninos, su estricta cotxistencia con las cosas como "la C.'&lt;(&gt;C·
riencia originaria''. a cuya explicitación deb consagrarse una aut'ntica filosofía
que es lo que quiere ser la Fenomenología al pretender verificarse como ciencia puramente descriptiva de las e encías. A imismo, es fácil reconocer en
Merleau-Ponly la ,·oluntad di' eliminar todo "prcsupue to" en el punto de
partida del auténtico filosofar, con el fin expreso de hacer de la Filosofía una
di ciplina de fundamentación de toda ''intencionalidad de acto" (la intencionalidad de una afirmación, de una deci ión, etc.) rn "la intencionalidad operante" o intencionalidad ejercida de manera a,1teprcdicativa n la espontánea
unidad primordial d I mundo y de nu tra vida en él. Este estilo de hacer ü-'
losofía como práctica del "retomo a las cosas mismas" es el único que puede
garanti:t.ar, desde su pureza descriptiva, la legitimidad para toda ciencia de
sus prctenJones de objetividad. En efecto, ''volver a las cosas mismas es volver
al mundo-anterior-al-conocimiento que es el mundo del que lodo conocimiento
entiende hablar, y con r laci6n al cual toda determinación cicntüica es abstracta, 'significativa' y de ndiente, como la geografía con respecto al paisaje
en donde por primera ve:t. aprendimo lo que es un bosque, una llanura o un

38

·
n'o" •1 Vo1~•er ª. 1as cosas mismas
era, para el fundador de la Fenomenología,
unan ces1dad 1mpue~ta por el ideal de máxima racionalidad que ha sido desde Platón, el ideal del saber humano. Pero, habi ~ndos reservado en exclusiva
este ideal las ciencias positivas, que son métodos "explicativos" de la realidad
la ~ilosofía, p~ifi~ando sus intenciones ant la adjudicación de aquel privi~
!~gto ~r. la11 C1en~a, no puede menos que atribuirse como propio I método
descnpnvo haciendo del '·retomo a las cosas mi. mas" la intención de un
saber prim~rio de la '·experiencia del mundo" y de la cual la ciencia es sólo
una expresión s gunda. Con e to, la Filosofía no hace ino enderezar su cauce
-en tanto que, sin haberlo perdido, siempre corre en él con el sentimiento de
haberlo "hallado"renovar su rredo y purificar us esperanzas. El suceso
mayor que con Husserl habrá regi tmdo la historia de la Filosofía será la
nueva vida que a la actitud filosófica, la actitud d a.sombro, le ha . ido inyectada por el método fenomcnol6gico, el método de las reduccion . "La mejor
f~rmula d~ la reducción, escribe Mcrleau-Ponty, es sin duda la que daba Eugen
Fink, el asistente de Husserl, cuando hablaba de un 'asombro' ante el mundo".~
Y es que, efectivamente, i la reducción tiene por fin romper nuestra familiaridad co~ el mundo para prcsentámo lo romo "extraño", "esta ruptura no
puede ensenamos otra cosa que no sea el surgimiento inmotivado del mundo".ª
Esta limitación ( que, bien entendida. más que "limitación" es u "detemúnación") del método fenomenológico, así como la cvaluaci6n que de él hace
Merleau-Ponty al decir que la principal lccci6n de la reducción es dejar bien
sentad_a con su so~o e}ercicio la impo ibiHdad de una reducción completa, son
~ª. ~eJor caractenzac1ón del espíritu dinámico del momento filo56fico que se
iruc1ó con Husserl. Hay una invitación, en el dinamismo de esta filosofía a
tomar cada v~ de nuevo, como ella misma lo hace) la reducción ( ... el aso'mbro) Y su sentido por tema, gtúa y motor de toda problemática filosófica. No
dándos~ completa, la reducción tampoco se da como definitiva y, por lo tanto, ~l filósofo, que parte de ella.' es un elt!rno principiante. "Esto quiere decir,
ex-plica Merleau-Ponty, que el f 1l6sofo no da por definitivamente recibido nada
de l~ qu~ los hombres o los científicos creen saber. Y también quiere decir que
la ftlosofia no debe darse por cumplida en lo que ha podido decir de verdadero, que ella es una experiencia renovada de su propio origen y que consiste
toda entera en describir este comienzo ..• " 6
Así, al hacer suyo el lema de la Fenomenología, el ''retomo a las cosas mismas", en su sentido de autentificación de la Filosofía, Merleau-Ponty se de• O p. cit., p. III.
• Op. cit., p. VIIl.

• lbidnn.
• Phinominolo¡ii• de le Perception, p. lX.

39

�clara dentro de la línea husserliana. Para él, como para todo filósofo de verdad,
"estar en una línea" significa participar de la misma fuente de jnt«:rrogac~ón
de qujenes la trazaron a guisa de nueva orientación para el pensamiento filosófico; significa reanudar con la historia haciendo que se cumpla la. ley de
cooperación entre la filosofía y su historia, tal como Merleau_-Ponty m1SID0 _
afirma e&gt;--plícitamente ~n otra obra 7 al hablar de esa especie de _u9su~pa~~n
(empietement) necesana y provechosa que se da entre ana_y otra, s1~:m1ca
hacer productivo el acto de reconocer el valor de un pensamiento ,co~o fuente de sentido", en tanto que un tal reconocimiento conduce al amb1to de la
no-verdad que es el campo en que la actitud interrogativa se nutre Y hace
floreeer la vida de un nuevo pensar. Introducirse en el ámbito de la no-verdad,
en una palabra, es la operación de arranque del ve~a~er~, filosofar, ~do
que con ella empieza el movimiento de respuesta a la mvitac1on a persegwrlo
que, según la expresión de Heidegger, el ser nos lanza al volvernos las espaldas.
Es en este sentido en el que A. De Waelhens afirma la relación dialéctica
que existe por esencia entre filosofía y no-filosofía. "Sucede pues, dice, cualquiera que sea la filosofía, como si su realidad fuera inseparable de la nofilosofía como si la filosofía se conqujstara tan bien sobre lo que aparentemente Je e/ exterior, que llega a animar secretamente su otro (la fe religiosa, el
conocimiento científico, la praxis de los hombres en lucha con el mundo Y
con ellos mismos) y que, sin reducir a su antagonista al silencio, llega a hac~rlo
suficientemente 'filosófico' para hacer nacer en él nuevas 'razones' de rmpugnarla".º Lo no-filosófico se convierte en tema de refl~ón filosófica cuando por virtud del acercamiento del filósofo, pone de manifiesto las razon~s de
haber permanecido fuera del ámbito de lo reflexionado o, cuando, habiendo
sido ya tema de reflexión, descubre regiones inexploradas junto co~ las razones
de su virginidad. Y es que "la filosofía es sin embargo muy poco a1ena (lo cual
significa: no absolutamente heterogénea) a la experiencia no-filosófica y lo
bastante poderosa para acertar en volver a aquélla consciente ~; sí ~s~
como no-filosófica, permitiéndole así erigirse a veces en contestac1on eA-phota
de la filosofía. Correlativamente, la experiencia no-filosófica se encuentra suficientemente próxima de la filosofía para hallar audiencia en ésta, inspirarle
inquietud y llegar a transformarla como filosofía" .10 La región de la no-filosofía está constituida por la experiencia, es toda la experiencia en cuanto ignorante de sí misma o en la inopia en cuanto a sus mejores razones; y la

!º

' Signes, N.R.F., p. 20.
1

BRÉHIER EMILE,

9

Dr.

wi\ELRENS

Etude de Philosophie Antique, P.U.F., París, 1955, PP· 1-9.
A., "Phllosophie el non-philosophie", Rev11e Philosophique de

Louvaín, février, 1959, p. 5.
"' Art. cit., pp. 6-7.

filosofía se da por tarea precisamente el dotarla de "conciencia'' de sí misma
'
el hacerla experiencia sabedora de sus orígenes, de su vida, de su fin ...
Esta labor de la filosofía sobre la experiencia, que es todo el quehacer filosófico, no es una pura sublimación de la experiencia. No podría serlo porque
la experiencia pura se realiza con el solo juego de las estructuras humanas sin
esperar de alguna condición de posibilidad otra que aquellas el acceso a un
plano superior al simplemente humano. Por eso, dice A. de Waelhens, "el
filósofo no puede tener la pretensión de establecer, en el sentido más ordinario'
la racionalidad y la inteligibilidad de nuestra experiencia. Pues esto es precisamente lo que ella intenta espontáneamente hacer por ser sencillamente experiencia humana. Pero no lo hace en cuanto al conJºunto de ella misma, ni'
en tanto que no es filosófica, de manera reflexiva. La experiencia se esfuerza
en ser razón, pero sin saber nada de la raz6n".n Hay pues un mínimo de "razón" en la experiencia, o mejor, como el mismo De Waelhens lo dice, "un
comienzo de razón" que es propiamente aquello sobre lo que la filosofía se
apoya para hacerse ella misma la co11tinuadora de esos comienzos. La continuadora, y nada más: la filosofía, en efecto, no podrá nunca "prescribir normativamente" ningún tipo definitivamente ideal de racionalidad o inteligibilidad ... , sólo sabe que la razón está en marcha y que el camino andado es
camino ganado, "a menos que se sostenga que aún nos encontramos, desde
todos los puntos de vista, al nivel del hombre de las cavemas". 12
Además de la experiencia, al lado de la misma, el filósofo encuentra como
puntos de referencia o caminos para acercarse a ella las filosofías que, como
momentos de reflexión, ofrecen sus e&gt;.-periencias a manera de pases introductorios. Metleau-Ponty entiende acercarse de esta manera a Husserl para hacer
obra continuadora pensando lo no-pensado de Husserl. Como otro filósofo
explica, "cuando se trata del pensar, mientras más grande sea la obra realizada (la cual no coincide de ninguna manera con la extensión y el número
de los escritos) , más rico será en esa obra lo impensado es decir lo que a
,
'
,
traves de esa obra y por ella sola, viene hacia nosotros como nunca antes pensado'' .13 El pensamiento pensado de Husserl guiará a Merleau-Ponty hasta el
ámbito de lo impensado precisamente por la desembocadura configurada por
la apertura ante lo-otro-que-lo-dicho ( o lo explícitamente pensado) que el
diálogo entre ambos constituye. Y es que, como lo aclara el mismo MetleauPon~y en El filósofo y su sombra, "pensar no es poseer objetos de pensamiento,
es circunscribir por ellos un ámbito del pensar que todavía no pensamos" .14
11

Art. cit., p. 41.

12

Ibídem.

11

HEIDEGGER MARTÍN,

14

Der Satz vom Grund, pp. 123-124.
Trabajo publicado en Eloge de la Philosophie et av.ires essais, N.R.F., p. 243.

41

�• Cuál ha sido ese diálogo l a 1no dudar fecundo; que Merleau-Ponty sostuvo
, •
1
con Husserl? Fue un diálogo a tenor de las más nobles y a la vez ongina es
intenciones de Husserl, como la de hacer de la filosofía una ciencia estricta Y
un saber primario al que pudiera apelar toda cienc~a e~ _s~ afán de ~ur~~ preceptiva, la de la racionalización inmediata de la mtwoon en s~ e1~c1c 10 del
retomo a las cosas la de romper todo inmanentismo de la conciencia, que es
intencional, pero ;in quebrantar el respeto a las cosas por _lo ~~: é5ta5 son
puramente "presentes". Si es cierto que, por ejemplo, la rotu1c1on es para
Husserl la forma adecuada del conocer, que ésta se efectúa en un momento
activo de "constitución" de sentido como intuición donatriz originaria, que tal
donación compromete al hombre en el mundo por volvérs~lo ~aroiliar a1,,so~citarle como respuesta a esta familiaridad un acto de fe e1ercido como teS1s
natural del mundo", y que el método fenomenológico debe empezar por ser
una "reducción" de esa tesis natural con el fin de liberar al hombre del perspectivismo en que lo encierra aquel compromiso.~ entendiaa,_ p~es,_ la "re~u~ción" en su sentido más positivo como la supres1on de las limitaciones historicas de la.conciencia); si es cierto que tal es el camino por donde se prepara
el método fenomenológico, habrá que decir que Merleau-Ponty lo recorre por
su cuenta abriéndose a la intención husserliana en cada uno de los pasos mencionados ~ dejándose guiar por ella hasta el terreno mismo de la in_spiració~
de Husserl suficientemente abonado por éste como para haber recogido de el
1
,
" 'unpensad
los frutos maduros de la fenomenolog1a,
pero a 1
a vez
o "ol b
as t
ant e
para que de él haya podido obtener Merleau-Ponty tema de pensamiento pro(.

pio para su obra continuadora ...
No serÍa nada difícil identificar en Mcrleau-Ponty el plano de correspondencia a todos estos elementos ni tampoco caracterizar su propia fisonomía. La
intuición o conocimiento i~ediato ( relación directa entre sujeto y objeto),
es llevad~ por Merleau-Ponty hasta su plano más origin~rio, el de la ~~ediatez
absoluta, importándole poco que, para salvarse esta últuna, e.l conoc1JD.1ento se
pierda como originario. Es más, el principal resultado de esta voluntad de establecer el plano originario de la relación prístina entre el hom~r~ y el mundo
es el de la necesidad de reconocer como previa a la del conocimiento una relación de comunión. "La percepción originaria, afirma, es una experiencia
no-tética, preobjetiva y preconsciente. Digamos pues provisoTiam~n~e que allí
sólo hay cierta materia del conocimiento posible".15 Si el conocnmento abre
e.J nivel de la historia la percepción primordial constituirá entonces el plano
de la prehistoria que ' urge pulsar por ser la raíz y el fundamento de aque'l•
Ahora bien, siendo la reflexión radical el momento ideal del conocimiento,
,. Phénoménologie de le Perception, p. 279.

42

ésta habrá de consistir en un "encontrar" la experiencia no reflexiva del mundo, en la cual, como una tarea inmediatamente posterior, se habrá de buscar
la coyuntura por donde queda enraizada toda operación reflexiva y toda actitud de verificación de la misma. Tómese, por ejemplo, uno de los elementos
que caracterizan esencialmente esa relación originaria, y por consiguiente no
reflexiva: "la espacialidad originaria de la existencia". Ésta es un fenómeno
de estructura global de mi mundo. Por ella me anclo en un mundo que yo
supongo "completo" por vivir en él según una estructura de implicaciones
que garantiza mis relaciones familiares con las cosas que, sobre ese fondo, me
es permitido describit como movimientos, distancias, direcciones 1 orientaciones'
etc. La espacialidad originaria será pues un "estilo" de vivir e.l mundo; y como
toda manera de vivirlo, también ésta incluye cierta dosis de fe: fe en que sus
estructuras sabrán "responder" conformándose al sentido que les es infundido
por esa actitud. Por esto, percibir originariamente, como relación primaria entre
el. hombre y el mundo, quiere decir "tener confianza" en ese fondo espacial,
rrusmo que es configurado como sistematización virtual de todo espacio en
torno o, mejor dicho, con referencia• a un plano privilegiado. Este plano privilegiado está constituido por el cuerpo, pero no en cuanto compuesto orgánico
sensorial, ni tampoco en cuanto modelado según la estructura simétrica que le
conocemos y que -podría creerse- define los ejes de la verticalidad y la
horízontalidad, si-no en cuanto "agente" de mis intenciones y de mi experiencia.
"Lo que importa para la orientaci6n del espectáculo, escribe Merleau-Ponty,
no es mi cuerpo tal como es de hecho, en cuanto cosa en el espacio objetivo,
sino mi cuerpo como sistema de acciones posibles, un cuerpo virtual cuyo "lugar'' fenoménico es definido por su tarea y por su situación" .16
Relación de comuni6n, relación de conocimiento a nivel no reflexivo y relación de conocimiento reflexivo; tal es el orden ontogenético del binomio
sujeto-objeto. En cada una de estas tres relaciones el sujeto o el objeto no
podrán ser entendidos sino gracias a su estructura referencial a su correlato: la
esencia de la conciencia no puede manilestarse sino en cuanto presencia
efectiva al mundo, y la esencia del mundo no se revela sino como aquello
que por naturaleza se ofrece a la conciencia ya antes de toda tematización.
Por esta razón, finalmente, aparece a Merleau-Ponty como más urgente la
tarea más filosófica -permítasenos hablar así- del estudio de la primera
relación, la de comunión, que es la originaria y la fundamentante de la
"correlación ontológica" entre los términos del binomio. Esa primera relación (la comunión del comercio perceptivo) fundamenta nuestra idea de
ll

o p,

cii,, p. 289.

43

�verdad y hace posible que la segunda relación, así como la tercera, p~tend~
ücitamente a ese mismo tipo de idealidad. "No hay que preguntarse si pel'Cl·
bimos verdaderamente un mundo, sino que, al contrario, hay que decir: el
mundo es lo que percibimos".ir La percepción no puede no ser considerada
como el acceso mismo a la verdad; o, si se quiere, no puede haber región o
nivel de verdad que no tenga sus últimas garantías y fundamentos en ese
primer contacto entre el hombre y el mundo.
El mundo es lo que vemos, lo qu~ percibimos; y sin embargo hay necesidad
de enseñarnos a ver. Esta es la paradoja que da sentido a la filosofía asignándole como tarea primera la destrucción de todo prejuicio o apriori onto•
lógico. Si es muy cierto y evidente para todos que al ver vemos ~ árbol, una
nube O un hombre, es menos cierto que nuestro concepto de vmón c~s:1:'e
su pureza al ser empleado en razonamientos posteri~res o en simpl~ JU1C10s
que pretenden decir (fundados en ese acto perceptivo) lo q_ue el arbol es,
lo que la nube y el hombre son. Estos juicios son emitidos (y, desde luego,
concebidos) por el sentido común sobre la base de su fe en el ser "en-sí" del
árbol de la nube o del hombre. El sentido común ''trabaja" con la apropia'
ción práctica
del concepto de ser ''en-sí" que aplica. a las realidades del mundo y, concomitantemente, con la convicción personal de la f~nna "P,ara-sí"
de su ser como sujeto. Es éste el prejuicio ontológico del sentido comun que
combate Merleau-Ponty en su interminable diálogo con el racionalismo y
con el empirismo. Su intento más puramente fenomenológico lo lleva a trascender magistralmente el apriori señalado y a proponerse la cuestión del
ser de la cosa, del ser del mundo, del ser del hombre, en lugar de darla por
resuelta o de declarar sencillamente su inexistencia, tal como de hecho y
prácticamente lo hacen las filosofías que substituyen este problema por el de
la certeza o incertidumbre de la verdadera existencia del mundo y de la nuestra propia. Al fin y al cabo, vista con aquella óptica, la dificultad de distinguir la verdad de la ilusión (dificultad realmente mayor a los ojos de
estas filosofías) es vencida casi por el simple juego de la buena voluntad que
se ponga en el entendimiento de los términos sencillos de esta sencilla aclaración : la percepción verdadera se corrobora en sí como verdadera por abrir
sobre un campo congruente de todo un sistema de posibilidades y por presentarse acorde a la lógica que sostiene la compleción principal del mundo,
mientras que la ilusión es lacunaria a estos mismos respectos y no sobrevive
al examen de la intención integradora de la unidad radical del mundo.

al abordarlos lleva siempre el riesgo de comprometerse con algún prejuicio ontológico, a menos que, haciéndose consciente de este peligro, no aceptando por
dada la idea del ser "en-sí" de la cosa ni la del ser "para-sí'' del sujeto como
regiones del SER, se vuelva la atención al hecho originario del hombre habitando el mundo y se asista al surgimiento de este "estar siendo" el mundo
para el hombre y el hombre en el mundo.
Esta postura genuinamente fenomenológica orientó el interés filosófico de
Merleau-Ponty hacia el estudio de la percepción, pues en este concepto resultaba claro que sólo una común medida entre el hombre y el mundo daría
la clave del sentido del ser, el cual empieza por "realizarse", gracias a la
percepción, como una donación de sentido por parte del hombre y una recepción del mismo por parte de la cosa. Esta común medida es revelada por
la talla mundanal del cuerpo humano, el cual, por ser nuestra primera situación en el mundo, hace posible la percepción del mismo según el estilo
de verdad (el único del que es capaz el hombre) que esta misma percepción
inaugura. Esta tesis, la tesis de Merleau-Ponty, también es fenomenológica.
Su explicitación le preocupó hasta su muerte, según Jo prueban sus notas
póstumas publicadas cuatro años después de su muerte por Gallimard con el
título de Le Visible et ['Invisible en el texto establecido por Claude Lefort.
En estas notas sería posible hallar, según su intención, el camino fenomenológico hacia una nueva ontología. Y en todo caso, es ya visible desde su postura
el viso de autenticidad al que una tal ciencia del Ser puede legítimamente
pretender.

Hay un problema del mundo y hay un problema del hombre. Más aún,
son éstos los primeros problemas a que ha de hacer frente la filosofía. Pero
11

44

O p. cit., p. XI.

45

�ORIGINALIDAD DEL PENSAMIENTO VASCONCELIANO

DR.

ISMAEL DIEOO PÉREZ

Universidad Nacional Autónoma de M~xico

Meiodología. José Vasconcelos en su "Filosofía estética" encuentra que el
mundo y el hombre presentan un desorden por heterogeneidad y pretende
encontrarle un orden y una razón de ser homogénea, una unidad de pensamiento.
Pensar para el filósofo es transformar la realidad objetiva dándole una categoría subjeúva. Lo que para el hombre de ciencia son hechos reales, evidentes, sujetos a reglas o a leyes de la naturaleza, para el filósofo son unidades
universales de pensamiento, levantando una ciencia de supuestos intelectuales,
con el mismo rigor sistemático y metodológico que el desarrollo científico. La
metafísica del idealismo se presenta como ciencia de las entidades del pensamiento. La filosofía positiva trata de encontrar unidades científicas, prescribiendo el idealismo.
Vasconcelos parte del examen de dos clases de filosofía: a) filosofías de análisis; b) filosofías de síntesis. En las filosofías de análisis se hace un examen
de la realidad, desmenuzando porciones del saber. Vasconcelos quiere encontrar una filosofía de síntesis.

1

1

La tradición filosófica de Aristóteles está presente en su pensamiento, aunque se aparte de su contenido doctrinal. Comienza por una inducción lógica
y termina en una deducción. Siempre el paso de lo particular a lo universaL
El apriori estético permitirá hacer esa generalización de los contenidos del
conocimiento.

El punto de partida de la filosofía. El filósofo racionalista tratará de encontrar una ciencia de pensamiento, comprobable o demostrable como una ciencia
positiva, es decir, hacer ciencia de la idea, como s'mtesis de la realidad. O
dándole una realidad objetiva a toda esfera de la realidad. Pero esta ciencia
de pensamiento, por el hecho de serlo y por ser filosofía racional, adquiere

47

�categorías ideales. Una vez más el ''fainoo" platónico se transfonna en "noumeno". Lo que aparece no es, al menos no satisface a la mente del filósofo,
y lo que es, no aparece, sino después de sigilosa busca intelectual y por medio
de lo que Plat6n llamó intuición eidética.
Por eso el realismo de Arist6telcs se convierte en idealismo: las entidades
cognoscibles se adecúan con el "nus'' o la inteligencia abstractiva. Los grados
de abstracción formal con tituyen la nueva ciencia del pensamiento.
Manuel Kant invierte el conocimiento filosófic:o. Las categorlas ideales están
previamente en el entendimiento puro, las que aplican a la realidad. Las categorías las proporciona d entendimiento puro y no las proporciona la naturaleza. No es la realidad la que se adecúa con el pensamiento, sino que
es el pensamiento el que da catl.-goría o sentido a la realidad.
Edmundo Husserl stablcció una fenomenología de todo conocimiento, reduciendo el saber a esencias, lo que llama la "epojé" fenomenol6gica. on
categorías racionales donde la metafísica, lo mismo que en Kant, no es posible. Pero sí es posible una fenomenología racional del positivismo científico.
Sus antecedentes son aristotélicos y positivistaS.
José Vasconcelos igue fiel a la tradición filosófica y se adentra en el puro
subjetivismo, en la intuición dinámica de los seres, presentados como ritmo,
melodía, annonia y contrapunto y halla una unidad de pensamiento, un modelo de la inteligencia para establecer su si tema original; esa unidad se llama
el a.priori estético. Con este hallazgo o punto de partida, como llaman los
fil6sofos, se constituye en un filósofo original, como después demostraremos en
el desarrollo, en las f ucntes o en las conclusiones de su sistema, al que podría
considerársele como una filosofía de la intuición, con lenguaje literario, lo
mismo que en el pasado helénico fue Plat6n.

Las dos / ucntes de todo conocimiento. El e.xamen de la Historia de la Filo-

que son la fuentes de los principios de las cat o , del
,.
llama la psicología profunda las
_
eg nas
espmtu o lo que
del supra.consciente.
enscnanzas que proceden del subconsciente o

Pero la racionalidad v la irracionalidad
nombrar a lo instrum~tos d 1
• • son dos formas convencionales de
e conoc1m1ento intelect I L
trumento intelectual más elevado para
ua . a razón es el insforma de la razón. Podemos d
. 1 conocer; pero la irracionalidad es una
•
cstruir as categonas de I az6 ¡
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se le obJeta que no
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~u1t~ctura poetica. Entonces pregunEl b
.
. e qué_ es la racionalidad y qué es la irracionalidad;,
ergsorusmo es llamado irracional or
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.
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nia y contrapunto para que en nosotro
n e n~o, melodía, armoPero esa misma pregunta ad , ·
sham_anezca el apnori estético.
P riamos acersela J
, ·
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con su!1c1encia científica. Platón PI t'
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la Histona del pensamiento.
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z n, con sufic1enc1a metodológica
. íf
. m o o e a ralosóficos.
y cient tea para explicar us sistemas (j.

~=

sofía nos muestra que el método objetivo y subjetivo son empicados por los
fi16sofos para levantar sus sistemas ideológicos. O Arist6teles y Plat6n como

José Vasconcelos está situado en la trad· .,
aportación de ideas originales, tanto en el
del método intuitivo, con la
en la conclusión de su si tema. Puede
, rollo'. como ~n el contenido y
¿ qué filósofo no las tiene?
n encontrarsele mfluencias en la filosofía,

padres originarios de toda filosofía.
La objetividad tiene una mayor apariencia de verdad. Pero la subjetividad
tiene otra apariencia de verdad. o siempre como afinnaba Descartes podemos fiarnos de nuestra razón o en la fuente de conocimientos que nos pro•

Pensemos que la Filosofía. es una Historia de 1 .
,
ciencia en una Historia de la e· .
a F1losofia, lo mismo que la
1eneta.

porcionan los objetos de la naturaleza.
Raz6n e intuición constituyen las dos fuentes fundamentales de todo conocimiento. La raz6n a la luz psicológica es sensibilidad y entendimiento antes
que raz6n, al menos en el concepto kantiano. Y la intuición abarca tres clases
de intuiciones: a) la intuición sensible, que es la visión corp6rea, objetiva, del
mundo y de todos los seres; b) la intuición intelectual, que nos ayuda a la
sistematizaci6n de las reglas o leyes de la naturaleza; e) la intuici6n espiritual,

48

¿ PUEDEN ESTABLECERSE LAS FRONTERA

ENTRE

LA FILOSOFÍA Y LA UTERA.TURA.?

Podcmo afirmar que no cxi ten unas fronte
la filosofía }' la literatura E .· t
1·
ras claramente establecidas entre
•
XJS en iteratos filósofos y filósofos literatos. A

49

�José Vasconcelos se le objeta como filósofo, aseg~rando qu_e _su filosofía es literatura, un poema del espíritu, sin las bases raaonales exigibles a todo conocimiento filosófico o científico.
¿ Acaso 00 hay una filosofía en la obra de Shakespeare o de Cervantes, de
Proust o de James Joyce?
¿No existen filosofías como la de Federico Nietzsche o Miguel de Unamuno,
expuestas con lenguaje imaginativo de literatos o de poetas? Y de cuyo torrente de ideas se nutren las generaciones.
El drama existencial de Martín Heidegger ¿ no es acaso llegar a ~~ conclusión de la insuficiencia de la razón para conocer la verdad, refug1andose
en la literatura, con renuncia de la razón y levantando entonces un sistema
literario de la filosofía?
Nos afirmamos en la originalidad filosófica de José ~asconcelos _con estas
menciones de otros filósofos que hicieron filosofía, lo mismo que s1 construra literaria. La obra de José Vasconcelos es una catedral del esyeran una ob
.
.
.
.,
píritu humano, levantada con materiales hteranos y q~e en otra ocas1on comparé con Hendel en la composición de su famoso Mestas.

APORTACIONES ORIGINALES DE PENSAMIENTO EN LA FILOSOFÍA
ESTÉTICA DE

JosÉ

VASCONCELOS

La Estética para José Vasconcelos es una Teoría del Co_~ oc~ent~ .º un~
Ontología. No concebimos al ser por medio de la abstr~coon ar~stotelic_a, m
por la captación de esencias husserlianas, ni por la razon cartes1an~, m por
medio de la razón vital; el conocimiento se construye con lo heterogeneo, valiéndonos del apriori estético en unidades homogéneas, que se fund~ en
síntesis de experiencia sensible, de razón y de amor. Y la verdad estética es
una coherencia de pensamiento, obtenida por coordinación de conjuntos de
hechos y de zonas del saber.
La Filosofía se funda en la armonía; todo cuanto existe es u1: ~to de
amor, y la intuición sobre el ritmo pitagórico, nos lleva al descubnrmento de
las leyes del ritmo, como fundamento de la cualidad que en todas las cosas
existe.
La realidad responde cuando se expresa por la cualidad; tenemos la intuición de su presencia y el goce de su conocimiento.
.
. ,,
Vasconcelos escribió una "Estética" y una 'Sinfonía como forma literaria ,
antes de su Filosofía estética, incidiendo en que el cono~imi:°to es 1~ b~sca
de una unidad de tipo annónico. Existe en nuestra conc1enc1a un apr1on es-

50

pecial, que llama el apriori estético y que actúa sobre cualquier realidad según
ritmo, melodía, armonía y contrapunto.
Vasconcelos cita al poeta Elliot en su obra Los cuatro cuartetos, quien al
definir la poesía coincide con la tesis estética de Vasconcelos, o "un esfuerzo
de unificación de los elementos heterogéneos de la intuición".
También cita a Eugenio D'Ors en El secreto de la Filosofía, quien al dialogar sobre la Música, nos dice: "cuya solución suprema no sea la anulación
de lo vario en la identidad, sino su conciliación en la annonía".
Yo he escrito en varias ocasiones que la filosofía racionalista en sus últimas
especulaciones tropieza con un muro infranqueable y vuelve a empezar su
recorrido, buscando nuevas razones que sobrepasen su limitación, y en su
esíuerzo denodado, sólo encuentra réplicas de la misma realidad. Entonces,
la filosofía halla solamente dos caminos: o se hace teologÍa o se hace literatura. Por eso una gran parte de filósofos escriben en lenguaje literario.
Aristóteles llamó a la Filosofía "teologike epis teme". V asconcelos adoptó
la postura del teólogo y su Filosofía estética terminó en Teología.
El filósofo racionalista que construye categorías de pensamiento, como Aristóteles, Kant, Hegel o Heidegger, levanta una entelequia de puros conceptos,
se hace "aséptica" a los problemas del hombre vivo y tropieza en su evolución
de pensamiento con el propio muro que ha creado con sus redes conceptuales,
sin dar solución al hombre integral, que es razón, sentimiento y sociología.
La Filosofía idealista de Hegel encontró una reversión en categorías reales
de economía y política en su discípulo Carlos Marx.
O bien ante la imposibilidad de salvar el muro de la raz6n, nos refugiamos
como Heidegger en la nada y en la angustia. O derivamos en teatro pornográfico como Sartre.
El filósofo racionalista necesita del aire fresco y húmedo de las ciencias
sociales y de la naturaleza, y el hombre de ciencia necesita complementar lo
que sabe con justificaciones filos6ficas .
Vasconcelos adoptó una actitud de aventura del pensamiento; trató de escapar de la Filosofía abstracta, dando una explicación irracional del conocimiento.
Existe un ser de realidad y otro ser de fabulación para explicar la proyección
estética del hombre. Vasconcelos fue un creador de Filosofía poética, lo mismo
que fue Vivekananda o Nietzsche. Por el método de coordinación de conjuntos
imaginamos una síntesis y nuestra intuición con el apriori estético nos la ofrece.
Vasconcelos no se resignaba con el conocimiento abstracto y quiso salvar
el muro, con el que nos encontramos al final de toda especulación. Quería
encontrar una nueva dimensión de realidad y de pensamiento, para crear una
nueva filosofía o una nueva ciencia del espíritu.

51

�Ante la ausencia de una soluci6n racional, nos propuso una intuici6n poética. Y es que el misterio o la limitación nos ronda y nos c~nstituye. ¿ Cuál es
el origen del hombre? ¿Cómo es su constitución e piritual? ¿Cuál es su destino de pués de la muerte? ¿ Cómo llegar a la evidencia del conocimiento?
Las contestaciones de la Filosofía racionalista son conjeturas intelectuales,
pero nada pmeban en un orden científico suficiente. Entone la Filosofía
racionalista se hace irracional, formando la teodicea o pruebas racionales de
lo que por naturaleza no es racional. Y se constituye con la Teología negativa
en una pura argumentación en el mist rio, La palabra "mistor'' en hebr ·o y
"misterium" en latín, significan lo que se esconde o se oculta.
•os acercamos a la intuición \·asconceliana, que no andaba lejos de la
v rdad. Por eso upuso un apriori estético para d cubrirla y en eso consi tió
su originalidad.
Penscmo que nos movcmo y rnmos scre de tre dim n iones de tiempo y
espacio y como nuestra razón es de ltc. dimen iones, todo lo que imaginamo ·
más allá, serán conjf:turas de la mente. 1 u&lt;!!&gt;-tra constitución racional tiene
los mismos límites de su propia natural za. nicamente las creaciones de la
e tética en el . i. tema de las artes, podrían damos otra dim nsi6n espiritual que
fuese superior a las tres dimensiones conocidas. Tal vez podríamos llamarla
como Leonardo da Vinci "el é.xtaSis tetrruiimensional de I figuras".
Lo que llamamos revelación superior del arte tal ve~ sea como un fulgor o
un de-t&lt;'llo de una cuarta dimcn:ión del píritu, expresable con los medios
de los que disponemo . Y que corr ·pondería con la misma idea expr ada por
an Pablo, el apóstol, en u Epi tola a lo Efe ·ios, III., 17-18: "Para que
arraigados y fundado en el amor, podáis comprender con todos los santos,
cuál sea la anchura. y longura, }' altura, y profundidad".
¿Qué sería la cuarta dimensión en lenguaje inteligible para los humano·?
El Unh·crso y 1•1 conocimi~nto humano son de tres dim nsiones. La Geometría de Euclides y la Física de la nergía, con la que andaba preocupado Vasconcelos ) e de tn· dimensione . La cuarta dimensión de Ein tein se llama
tiempo. O la coord nada de la duración. El número y la medida del movimiento, según el concepto de ant y despué 1 como definía el tiempo Aristótelc .
La cuarta dimen ión s ría esta fijación de límites entre antes y después, en
una unidad, que no conocería el primero y el último.
ría tal vez el apriori
estético de José Vasconcelos, coordinando conjuntos en ritmo, melodía, armonía y contrapunto.
La primera condición del movimiento reador e el ritmo y (·ste es un modo
de acci6n y conocimiento. El ritmo y la annonía e manilie tan en la exist ncia como color y sonido. El desarrollo general de todos los fenómenos obedece a combinaciones rítmicas y melódicas.

52

Bcrgson lo señaló también en su estudio sobre la duración: "la suce ió d
nue·tros
estados de conciencia e unifican cuando no e tablee cmos una sepan e
·ó
ract n entre _el e lado presente y los estados anteriores, lo mismo que cuando
recordamos Juntas las notas de una melodía".

La org~ización rítmica del conjunto la que nos advierte de ta pr sencia
deyla .calidad,. que es el .conocer por e:-ccl ocia . en Ja opmt
• '6 n d e V asconcelos.
sigue opmando el ftlósofo mexicano: amar al mundo
acomodars
annonía·
d
.e a su
,
no
se
trata
e
consumar
reglas
universales
co
K
· rea ¡·12ar
.
. .
mo an t , sino
arquctlpos Vl\'Jentcs, como el amante, el héroe o el santo. Y la estética se
logra por composición de los artistas en las diferentes artes.
. La obra stética
logra con el poema del poeta&gt; la tela pintada de un
pintor o. con el secreto. de armonía de la naturaleza, que logra ..presar un
comp~slt~r. ~s. una unidad operante que coordina las partes heterogéneas por
el apnon estetico: Coordinar es, en el fondo, armonizar, y los instrumento del
con~er son el ntmo, la melodía y la armonía, y los fruto son el poema
la pintura y la sinfonía.
'
. La _verdad ~o es ló0 ka de premisas y conclusiones, sino un proceso de coordmación func_ional, vivo e inteligente; la conciencia establece la coherencia y
no el pensanucnto.
, El silencio ~ al sonido lo qu la luz blanca es al color; el ilencio es annonia y coheren_c1a de todos los sonidos; todos los elementos de la naturaleza se
pueden mancJar ordenadamente por I ritmo 1 melodía annon'
t
El
· •
, .
,
1a y con rapunto.
· ~pnon_ estetico nos lle\'a a un modo de pensar por concierto o concurrencia
, de m~encmncs_ Y significaciones, que
organizan en la conciencia. Pensar es
coorchnar conJuntos.

. El cosmos es un contrapunto de contenido universal; el todo no es el con~unto de la~ parte , sino el re ultado de la interacción de partes O elementos
tntemo activos.

El Todo es un orden existencial de armonía y proporción como el de los
co_lo~ Y los sonidos, pero más variado. En la Filosofía de , la coordinación
remc1d Vascoocelos, lo que intentamos es captar la calidad d la
'
'
· d h
e s cosas, ima
smte ~s e eterogéneos, en la que tengan cabida la verdad dialéctica la verdad
e.·~~mental Y una nue\'a síntesis, propia de la conciencia, y la' operación
coo, dinadora es lo que llamamos orden estético.
Vasconcelo parti6 de Empédocles cuando afirmaba que la combinación de
elementos es el secreto del r, no intentando r ducir la calidad.

E~ filósofo ha de interpretar todas las expresiones: conceptual pictórica

muSJcal, cxpr s.i6n sentimental o relaciones del ser con nuestra vicb. y ha d~
lograr una síntesis superior que no puede dárs la la razón, sino la conciencia
con tres categoría : apriori mental racional; apriori ético por los juicios de

53

�valor; a priori estético, que responde a las formas estéticas especificas: ritmo,
melodía, armonía y contrapunto.
La coordinación nos pennite concebir el pasado, el presente y el futuro en
simultaneidad de tiempo y conciencia. Esta definición nos permite pensar en
la cuarta dimensión, que hemos señalado en razonamiento anterior.
El ser en sí es el alma en el gozo de sentirse llena y se sirve de distintos
aparatos para el conocimiento sensitivo, intelectual, ético, estético; todos operan por medio de aprioris estéticos especificos.
Vasconcelos reconoce cuatro categorías del ser:

distintas ~el co~ocimiento para lograr una síntesis, que no logra el Iogos, sino
la armorua propia de la existencia. La verdad es una coordinación de conjuntos.
En el P~ d~l l~g~s a la armonía, la estética da una síntesis más completa
que toda _smtes1s. logica. La verdad no es la reducción de lo particular a lo
general, s~o el sistema de coordinación de valores, que sin reducirse unos
otros• se iiaan
. , dando una e.xistenc1a
.
. como armonía.a
::, . por
. 1a Vl'd a Y 1a acc10n,
En la esencia misma del ser encontramos el acierto de la existencia
drando "úbil
. .
, engenJ O Y sentmuento de vida, que el hombre descubre en la totaJ'd d
de ~us' facultades. Y esas facultades son tres: el himno de la juventud Ja \:_
forna de la madurez y Jas letanías de la vejez.
,

a) Una estructura, dentro de 1a cual opera un impulso, una energía animada de propósito, tendiente a mantener una acción individualizada: el átomo.
b) Una célula orgánica, que posee estructura y fuerza animadora, que
tiende a realizar propósitos, no dispersos, sino encaminados a la integración

INFLUENCIA DE MANUEL KANT CON SUS APRTORIS EN EL
Al'RIORI DE

JosÉ

VASCONCELOS

de un organismo.
c) Una conciencia hecha de diversas estructuras mentales, emocionales,
coorclinativas o estéticas, encaminada de un modo coherente a la integración
de una persona.
d) La Persona Divina, que no es la suma de las partes del Todo, según la
idea panteísta, sino el principio que existe por sí mismo y que opera según
elemento trino, por el cual se comunica con todo lo creado, pero guardando
su aislamiento y su poder, del que dependen los demás seres.
Los entes pueden ser pensados, pero no son realidad existencial; sólo hay
entes encamados en un ser concreto y particular. El ente supremo es innecesario; es una idea ejemplar para sus creaciones.
Vasconcelos cita a sus fuentes inspiradoras. Filolao está citado en la justificación de la armonía. "La única manera de establecer unidad entre los disímiles, los heterogéneos, se encuentra en el orden que nos ofrece la armonía".

LA FILOSOFÍA COMO ARMONÍA Y COORDINACIÓN

José Vasconcelos sintentiza la originalidad de su pensamiento en las siguientes ideas:
La realidad es unificación o la unidad de los heterogéneos o una coordinación mental que une factores heterogéneos y conjuntos de relativa homogeneidad, como fruto de las ciencias particulares.
Pensamos en un objeto y separamos mentalmente lo que nos dice la Física,
la Química, la Literatura. El filósofo relaciona y coordina todas estas esferas

54

_¿Qué entendía Manuel Kant por aprioris? Kant distingue
tr
·
nuent
. .
. .
en e CODOCl·
. º. a pnon, opuesto al empmsmo y conocimiento a posteriori. El Juicio
a pnor~ ha de_~ pensado con carácter de necesidad y universalidad, no derivado, sino valiendose de sí mismo.
Kant
·
lid a d empmca
' · no es mas
' que una ex.te ·'
.
. opinaba que la Wl!Versa
arb1trana de valo
d
nston
.
r, que se correspon e a todos ellos en la mayoría de los
casos. Ejemplo: todos los cuerpos son pesados.
~a experi~cia nos dice lo que una cosa es, pero no que haya de ser necesanam~te asi. Por ~so la experiencia no nos da una verdadera universalidad
Y la razon es más bien excitada que satisfecha.

P?r eso Kant se inclina por los aprioris, que se dan en todas las ciencias
t~óncas de la razón, en los juicios matemáticos, en los principios de la cien~
c1a de la naturaleza. Y son juicios sintéticos a priori.
Kant sos~iene que debe haberlos también en la metafísica: el mundo debe
t~~er un p~m~r principio, etc. La metafísica son proposiciones puramente sintebeas a pnon.
La Crítica ~e la Raz~n pura comienza por una estética trascendental, preguntándose c~mo es po~1b_l~ la matemática, en el espacio y en el tiempo. Elaboramos un &amp;stema de JUICIOS matemáticos.
Sigue con , ~ Ana J'it.lca
· tras_ce_n~ental, donde se pregunta por la posibilidad
de la Metaf1SJca. Elaboramos 1u1c1os y razonamientos trascendentales.
i-¿:anuel ~~t pretende toparse con una ciencia universal y necesaria, es
decir, a pr10n y plantea el problema de la posibilidad de su conocimient
0
como producto de una síntesis trascendental.
'

55

�Los juicios matemáticos se mueven dentro de 1a facultad llamada sen.ibilidad y son síntcsi a priori. Los juicios matemáticos .w n intuitivos, repr sentados en el espacio por 1a geometría y en el tiempo por la aritmética.
Pero estas formas no son cosas en sí, ino como r ultado de la actividad
del sujeto tra endenta!. Kant hace e:,,.-po icioncs trru cendentalc y metafí icas del espacio y el tiempo.
egura que el espacio y el tiempo son fonnas
de los enti&lt;lo internos v c:,,.-tcmos v son fundamento de la posibilidad de la
matemática. La matcmé1tica s con~icrte en una sínt .i a priori, unificando
la experiencia con las foml.aS de la sensibilidad. Esta fom1a.~ ñalan al objeto sus condiciones, para que sean objetos de conocimiento y conocimiento
universal y necesario.
En Ja Analítica trascendental hace lo mi mo con los objetos físicos; trata d
establecer los elemento a priori que inten·ienen en los juicios de la Física. Ya
no
trata de ordenar las ímpr iones por las intuiciones del e pacio y el
tiempo, sino más bien unificar lo dado con las categorías del entendimiento.
La Analítica es la pre..,unta por la posibilidad de la experiencia natural.
Kant justifica las categorías identificando los juicios con los actos de afirmación de la realidad. •o pueden darse otras categorías que las establ ·cida por
las formas lógicas del juicio. El conocimiento es lo que pone a las cosa la •
actividad apriórica del sujeto trascendental.
La síntesis a priori hace po. ible la Fí ica. El resultado de la Analítica es
separar la cosa en sí de e:a sub tancia. qu de existir. no e· conocida por el
sujeto cognoscente.
En la Dialéctica trascendental se pregunta por la posibilidad de la Metafísica. La posibilidad d la matemática y de la fí ica es efccti\'a. La Metafí ica
quiere conseguir por la razón pura, algo que trasciende la experiencia. Son
síntesis con las que la razón unifica los juicios para conseguir conceptos de
totalidad sobre el alma, el mundo y Dios.
Pero el alma no es objeto de experiencia. El mundo oír e~ la contradicción
de las antinomias y Dios no puede ser dcmo trado racionalmente, por la
prueba ontológica de an Anselmo, ni por los argumentos co mológicos y tclcológicos.
¿ Cuál e la función de la raz6n humana como 6rgano de conocimiento
metafísico? Kant afirma que el entendimiento es la facultad de 1 1as reatas y
la razón es la facultad de los principio Si el entendimiento es una facultad
de la unidad de los f en6menos, por medio de reglas, la razón es la facultad de
la unidad de las reglas del entendimiento bajo principios.
La Dialéctica trascendental mostrará la imposibilidad de la Metafísica como
ciencia. Kant establece corno principio que la multiplicidad d las reglas · la
unidad de los principios e una e,ágencia de la ra,,ón, p ro sin que ello con-

56

fi_e~ ley alguna a los objeto ni ha)'a fundamento de la posibilidad de su conoe.1m1ento. Y el principio de que la rie de las condiciones en la síntesis de 1
los fenómenos, se extiende ha~ta lo incondicionado y absoluto no ofrece validez objetiva.
'
Jo_sé Vasconcelo estm·o sin dud in pirado en e te procc o de la int •ligencia
kantiana para conocer la verdad en la sensibilidad, el entendimiento y Ja razón Y c?_mprencli6 el _e.fuerro de Kant para loITT"ar la unidad del pen. amiento
y tamb1~n- comprcnd1~ la perfecta nulidad de su esfuerzo, queriendo captar
la met~fo~ca ~: medio de la ciencia. A Va concclos se le ocurrió la unidad
del apnon estcuco en la energía cósmica del ritmo, melodía, armonía y contrapun~o. Los ~cursos formales de u teoría eitética serían kantiano , pero el
cont mdo doctnnal es rigurosamente vasconceliano.
Kant introduce lo que llama esquemas, como una regla operatoria., ñal~do el método par~ con truir a priori la imagen del objeto en la imaginación. Las rcprescntac10nes unida en la imagen on sub umidas bajo categorías.
El esquema , _un mediador entre la intuición ·nsible y el concepto, bien
_ea ~~ro o empmco. El esquema es una regla universal que organiza nuestra
mtu1ci6n de acuerdo con un concepto.
K~t asegura que ~l ju~cio estético, en su Crítica del Juicio, es apriori no
se dcm·a de la e ·pencnc1a, ni es ~-plicati\'o, ino exten. i\'O, El elemen;o a
P_riori que contiene es la universalidad del placer. quí hay una clara influencia en Va~concelos: el apriori e tético es un deleite musical que se encuentra
penetrando el mundo y su mensaje s universal.
Kant tá dominado por una inclinaci6n ética, haciendo con istir el ideal
humano. el_ único ideal que reconoce en la fuerza expresiva de sus ideas moral ·, que mtcmamente dominan al hombre. Tal vez Vasconcclos hall6 in.
pi ración ~ ~sta parte de la Crítica del Juicio, terminando su ideal estético
o su conoom1ento del apriori estético en la teología de San Pablo.
Vasconcelos se aí!rrna en una Filosofía estética sin método cientifico, igual
que _hace _Kant, ~wen, no acepta una Fí ica e tética cuando no hay un fin
e, tébco, 111 una frlo of ta del arte cuando cl arte no tiene conceptos determinados en que fundarse ni una metafí ica de lo bello, cuando en realidad toda
metafísica es una hipótesis gratuita y laboriosa in rigor científico.
yasconcelo fu_e consecuente con estas conclu iones kantianas y levantó como
sonador de la Filosofía un i tema tético .. ntcs había escrito ''La sinfonía
como forma literaria".
Pero también fue soñador Kant al terminar en postulados morales u Filosofía. Otro camino no era posible para el hombre de ciencia y el filó ofo.
Vasconc los funda la Filo ofía en la armonía; todo cuanto existe es un canto de amor y la intuición brc el ritmo pitagóiico nos ll va al descubrimiento

57

�de las leyes del ritmo, como fundamento de la Cualidad, que en todas las
cosas existe. Y la realidad responde cuando s ex pre a seg(m cualidad: tenemos
entonces la intuición de su presencia y el goce de su conocimiento. Es la busca
de la unidad armónica.
Kant negó la posibilidad de la estética y Vasconcclos la afirm6 en la armonía.

PEDRO CA'BA y LA PERSO, ALIDAD DEL HOMBRE

EN LA FILOSOFÍA

El signo de nuestro tiempo es sociológico. La Historia de la Filosofia nos
muestra que el hombre cambia de signos históricos, aunque siempre se den
los mismos fenómenos ocultos del ser de las cosas, que el pensamiento no descubre o advierte en ese tiempo y lo advierte en otro. La verdad siempre es
verdad y ya está presente, como aseguraba Kant, en el entendimiento puro
del hombre.
La filosofía griega, como madre de la filosofía occidental, es idealista. A
Platón se le considera como el padre del idealismo, y Aristóteles, cuyo sistema
se llama realismo, al fundar el conocimiento en la abstracción formal, está
creando filosofía idealista. Este idealismo culminará en Hegel para quien las
diferentes categorías de la realidad se transforman en Idea: Todo el pensamiento humano está recogido dentro de su sistema idealista y nada de lo que
los filósofos han pensado queda fuera del mismo.
La filosofía de la naturaleza iemprc cOCA;ste junto al pensamiento especulativo de la raz6n, desde los viejos modelos de la cultura helena. Y también la
filosofia del número con la cantidad y la medida.
La Edad media europea es cristiana y es por tanto idealista. Ha aparecido
el cristianismo, dándole un signo nuevo al hombre, diferente a la filosofía de
los griegos. El Pensamiento es en í unción de la vida y el hombre se comprende
por la patética del sentimiento religioso: los santos, las catedrales góticas, el
arte; la filosofía están inspirados en el cristianismo. El paganismo griego tenía
horror de la otra vida, después de la muerte. Por eso dice Uliscs a la maga
Circe: "Más quiero ser esclavo en el mundo que príncipe en el reino de las
sombras''.
El cristianismo dialoga con Dios y crea para el hombre el consuelo y la
e pcranza de la redención y de la inmortalidad. El mal es el cuerpo imperIectible, como asegura San Agustín, y todo bien exi ·te en el alma, que alcanza
su perfección celeste en la ultra•vida.

58

En el Renacimiento, buscan los hombres una razón crítica en oposición al
misticismo especulatÍ\•o y surgen las grandes personaJidades de la ciencia de
la filosofía, del arte o del humanismo, con el signo nuevo de rebeli6n fr~nte
a la actitud medieval.

Las grandes personalidades de la Edad Media pueden parangonarse con
las renacentistas, pero con signo cultural distinto. Gracias a los esfuerzos de
insignes medievalistas, hoy se considera a la Edad Media europea como uno
de los períodos más intcresant y fecundos de la historia humana.
Y llegamos hasta nuestro~ días, donde siempre alternan la raz6n y la intuici~n o ~ inteligencia y el sentimiento. la técnica y el amor. Hemos aprendido

e wvesngado muchos saberes intelectuales, pero no sabemos aún qué es el
hombre desde que Sócrates se pre!!tmta por una ciencia antropológica.
La filosofía ha llegado a sus últimas conclusione . Husserl y Heidegger son
los más grandes filósofos contemporáneos. Centraron su saber en la esencia
Y en la existencia del ser, pero esos fueron los problemas de la filosofía griega
y de toda la filosofía occidental. La razón tiene sus límites y cuando pretend~os pas:31' _esos límites, no hacemos, como decía José Vasconcelos, más que
coptas o replicas de la misma realidad.
Nos falta sin duda otra dimensión de la inteligencia, que hasta ahora no
hemos encontrado. La conclu ión Cinal de la filosofía es la impotencia de Ja
razón. Y filósofos como Bcrgson acuden a la intuición y el impulso vital para
dar razones de la sinrazón. Podemos combatir la razón con los instrumentos de
la razón, pero la realidad encontrada no es suficiente para ser explicad.a en
términos de razón. Bergson quiso salirse del cerco de la razón y sólo manifestó
fenómenos expresivos de lo humano, pero no lo que el hombre ea en sí mismo.
En varias ocasiones he manifestado en conferencias o en escritos que la filosofía no tiene otro camino que aplicarse a la sociología, hacerse literatura o
Lransfonnarse en teología. Pero ninguna de esas tres ciencias son la filosofía,
al menos en el sentido metafísico del pasado o del presente.
La filosofía es gratuidad del saber ) conocimiento universal de categorías
del pensamiento.

Pero signos nuevos hacen cambiar la preocupación del hombre. Desde el
siglo pasado y en esta primera mitad del siglo XX, irrumpen las masas en la
Historia. José Ortega y Gasset publica La rebeli6n de las masas, como el libro
profético de nuestro tiempo.
Ahora bien, el fil6sofo ele raza o de temperamento, no se aviene con señalar
fenómeno~ sociológicos e históricos }' se pregunta que además de ese hombre que forma la sociología o la historia, qué es el hombre en sí mismo.

59

�La pregunta por Dios o por el Universo se la sigue haciendo, pero fundamentalmente el que tanto pregunta por todo, acaba por preguntarse por

sí mismo.
Martín Heidegger asegura, y esta es la paradoja, que ahora, cuando el hombre más se pregunta por él mismo, menos sabemos del hombre. Repetimos
sus mismas palabras: "En ningún tiempo se ha sabido tanto y tan diverso
sobre el hombre como en el nuestro. Ningún tiempo ha sabido exponer sus conocimientos del hombre en forma más penetrante y aguda que en el nuestro.
Ningún tiempo ha logrado ofrecer sus conocimientos con tanta rapidez y facilidad como el nuestro. Pero también ningún tiempo como el nuestro, ha
sabido menos lo que es el hombre. Nunca ha sido el hombre más problema que
ahora".
El filósofo Pedro Caba ha establecido un sistema exhaustivo y original para
conocer al hombre desde el lado masculino y femenino.
,
Lo mismo que en los orígenes bíblicos acudimos al simbolismo espiritual de
Adán y Eva, que tal vez no fueron otra cosa que la cifra dual del hombre
en las dos vertientes de lo masculino y lo femenino. Y con esta explicación dar
una razón y un sentido de la creación renovada del Universo.
Pero esta interpretación del hombre por lo masculino y femenino significa
una interpretación de la Historia, donde predominan el hombre o la mujer.
¿Podemos conocer al hombre si no es por el repertorio de sus signos expresivos?
La expresión nos asegura por los hechos o los fenómenos una mayor verdad.
En el Génesis bíblico o en el mito platónico se nos dice que el hombre es
dual, pero esta dualidad no está nunca bien establecida. ¿En qué medida
0 proporción somos en el orden mental, no fisiológico, masculinos los hombres o femeninas las mujeres?
Pensamos establecer como especulación científica las diferencias de los sexos
humanos en un orden mental y esperamos no se hagan o se busquen aplicaciones morbosas o casuísticas de esta Teoría, que es la médula del sistema filosófico, sociológico e histórico de la Antropología e,~stcncial de Pedro Caba.
Lo masculino y lo femenino se corresponde con el sentido lógico y mágico
de la Historia, de la Cultura y del Hombre.
El sentido lógico y mágico lo podemos encontrar en todas las culturas. Pensemos que cuando hablamos de cultura no nos referimos exclusivamente a la
cultura europea, porque ha habido muchas edades antiguas, muchas edades
medias y muchos renacimientos. Lo mismo que se ha dado el clasicismo o el
romanticismo en diferentes culturas.
Está generalmente establecido que cuando hablamos de Edad Media o de
Renacimiento, nos referimos exclusivamente a esos períodos en la historia
europea. Esas edades son europeas, pero en América se dio un clasicismo pres-

60

tado de Europa, adaptado por los pueblos americanos y un romanticismo, que
fue el siglo XIX, un fraude del romanticismo francés y un romanticismo americano del siglo XX, que tiene raíces europeas y americanas.
Tomemos el modelo de Grecia clásica, como madre de la cultura occidental.
El tiempo de los órficos es mágico. e habla un lenguaje poco comprensible
a la luz de la razón. Pero el tiempo de las grandes epopeyas, la Ilíada y la
Odisea, es una época viril, de fuertes rasgos lógicos, donde los hombres buscan la guerra o la aventura. La destrucción de Troya o las aventuras de Uliscs por el Mediterráneo. En Grecia se rapta a Elena, como claro signo viril, o
Pcnélope espera a Ulises. Una mujer espera sólo a un hombre de claros signos masculinos.
En el siglo de Periclcs decae la varonía por estar entregada a la meditación
y a la vida sedentaria. Al decaer el varón como tal, asciende la mujer en los
pulsos de la Historia. En casa de Pericles se reúnen los sabios de su tiempo,
pero no bajo la dirección de Pericles, sino bajo la dirección de Aspasia, su
mujer. Los hombres son intersexuales y entonces las mujeres toman la dirección del varón o influyen en sus destinos y en el signo de la cultura. Se da
entonces una cultura mágica, por ser femenina. Florecen los arúspices, las pitonisas o las sibilas. Basta con leer la Historia de la cultura griega) de Jacobo
Burhardt, para darse cuenta de esta afirmación poco conocida, pero que Burhardt no señala como fenómeno psicológico, sino sólo como hecho histórico.
Los Diálogos de Platón escandalizan a quienes no conocen el signo de la
historia o de la naturaleza humana. Y Platón señala como nadie, cómo eran
las ideas o las costumbres de los hombres y de las mujeres atenienses.
Este signo mágico se da en todos los romanticismos. Los poetas son llorones,
usan corbatas barrocas y sombreros de ala ancha. Tratan de enamorar a las
mujeres con poesía y ruegos, pero a esas mujeres no les gustan los poetas
románticos y se casan con el hombre de negocios o con el hombre de actitudes prácticas, y el poeta defraudado se suicida. El poeta Goethe tuvo un período de romanticismo en su juventud antes de ascender al clasicismo literario. Tuvo contrariedades amorosas y pensó suicidarse. Cuenta su biógrafo,
Mercnkowski, que tenía siempre un puñal en su mesilla de noche para matarse. o lo hizo y escribió una novela famosa, el Werther, suicidando al personaje, que era su propio suicidio reprimido. Su alma femenina y romántica,
de constitución mágica, le pedía el suicidio. Pasada la juventud) tuvo varias
mujeres, que estuvieron enamoradas de su talento y del hombre y ya nunca
pensó en suicidarse. La marca masculina ascendió en su constitución y las
tendencias femeninas fueron obscurecidas.
El varón toma o arrebata lo que necesita. El varón disminuido de feminidad ruega, suplica o llora y en esa actitud denuncia su constitución mágica.
61

�El sentido lógico es propio del varón y el sentido mágico es propio de la mujer.
Pero hay estados intersexuales, donde los sexos mentales no están bien distribuidos o proporcionados. Así hay mujeres viriloídes y hombres feminoides.
No nos referimos a la constitución morfológica. Puede una mujer ser femenina en el orden morfológico y ser masculina en el orden mental. Y puede un
hombre ser masculino en el orden morfológico y ser femenino mentalmente.
Así podemos explicar las actitudes vitales del hombre y de la mujer en su
comportamiento o en sus creaciones. La poesía lírica, y no hay otra poesía que
no sea lírica, sólo la cultivan las mujeres o los hombres con mentalidad femenina. Y aunque sea poesía épica y dramática, es una poesía lírica sobre esos
temas. El varón está incapacitado para el mundo mágico.
Los hombres o bien son científicos o técnicos, o filósofos racionalistas, misioneros bien equilibrados, que predican el Evangelio con carácter imperturbable. Entienden a Santo Tomás y poco a los místicos. Son más teólogos de
acción que especulativos teóricos.

NATURALEZA DE LA PREGUNTA MASCULINA Y FEMENINA

No pregunta igual el hombre y la mujer, ni es igual la pregunta del hombre mágico que la del hombre lógico. Por la naturaleza de la pregunta se
advierte la constitución mental del que ha preguntado, y por la naturaleza
de la respuesta se adivina la constitución mental del que responde a la interrogación.
El hombre pregunta a las cosas "qué son" y la mujer pregunta "quiénes
son". Por el quién y el qué se sabe la constitución del que pregunta. Unas
veces la humanidad pregunta por el Universo y ou·as veces se pregunta por
el hombre mismo. Cuando el hombre llega a tener muchos saberes intelectua½es,
como en nuestro tiempo, se cansa y tiene entonces ansia de saberes humanos.
Cuando el saber lógico ha sido la preocupación durante bastante tiempo, el
hombre busca entonces un saber mágico. Lo lógico es paterno y 1o mágico es
materno. Entre las dos constituciones se forma la humanidad, lo mismo que
lo masculino y lo femenino determinan la creación de las especies. "Lo mágico
del hombre, asegura Pedro Caba, es creador y la creación es acto de maternidad y amor''.
En toda pregunta hay un saber y un ignorar. Preguntamos por lo que no
sabemos O preguntamos para afirmarnos en lo que ya sabemos. Los hombres
quieren a veces saber, hay un interrogante para todo, porque lo que sabemos
no lo sabemos suficientemente y porque el hombre es por naturaleza un eterno
preguntón. y otras veces no quiere preguntar, como en las Edades medias o

etapas mágicas de la historia de la humanidad, que el saber consiste en
saber. ¿ Qué le importa a los místicos cristianos las ecuaciones lógicas de
aristotélicos o las conquistas de la matemática griega, si su saber consiste
no saber? El Kempis asegura "que no está la cosa en pensar mucho sino
sentir mucho" y "que más desea sentir la contrición que saber defin;la".

no
los
en
en

Pero en todos los renacimientos el hombre se pregunta por todo, tiene hambre de saberes intelectuales, quiere encerrar el mundo en un sistema filosófico
o matemático, inaugura lo que llama el sentido crítico de la razón. O como
los filósofos de la revolución francesa que postulan por los fueros de "la diosa
,,,, cuando por la razon
' es por lo que no conocemos las verdades exisrazon
tenciales.
~a t~rminología cie~tífica ha asignado al hombre la categoría del "horno
sap1ens , pero es que Junto al hombre que sabe, coexiste el hombr.e que no
sabe, lo que llamaríamos el "horno insipiens", cuyo saber consiste precisamente en no saber.
¿ Sabe acaso el amante o el místico Jas razones que le llevan a amar
creer?

O

a

Si preguntamos ¿ qué es el hombre?, consideramos al hombre como una cosa
nos referimos al hombre mineral o al hombre físico. A esa preo-unta contes~
la ciencia que se ocupa del hombre, llámase fisiología o antro;ología. Es Ja
pre~nta lógica del hombre, con afán de saberes intelectuales. Si preguntarnos
¿ qmén es el hombre?, inquirimos por alguien con afectos con sentimientos o
calidades humanas. En este caso inquirimos por el homb:e capaz de arte de
fe o de amor. Es la pregunta mágica, propia de la mujer O del hombre 'con
sentimiento mágico.
Con ambas preguntas se forma la historia de la cultura. Unas veces. nuestra
p,re~1.mta es ,l~gica y atrae;. vec~s nuestra pregunta es mágica. Asl hay épocas
logi~s _Y mag,cas en l_a h1Stona de la humanidad. Lo lógico es lo varonil y
lo mag1co es lo femenino. Las etapas son cambiantes: las edades medias son
mágicas, con predominio de la mentalidad femenina; es una época en que
los hombres no saben y en el no saber consiste su ciencia. Las personalidades
individuales se anulan en el con junto. Las catedrales góticas las construyen legiones de artesanos en el anonimato. No existe el nombre de un gran arquitecto que les dé personalidad. Y de esa actividad cooperativa surge el milagro
de la creación. En la edad media se forman las comunidades cristianas. Es
un esfuerzo colectivo para llegar a Dios, donde cada individuo se engrandece
en la comunidad y no fuera de ella. Los grandes místicos como San Jerónimo
o San Francisco de Asís aspiran a perder su personalidad individual para identificarla con Dios.

63
62

�La fuerza materna de lo femenino o del sentido alienta en las creaciones de
los hombres. Las Cruzadas a Oriente son masas llevadas por la fe hasta el Santo Sepulcro. No les importa perder la Yida, como aquella cruzada de los n'.ños
y de las mujeres. No se preguntan las razones o las contra-~azon_es para ir_ o
no ir los inconvenientes o los obstáculos, sino que van como ilummados, gwa' la magia de lo femenino colectivo.
dos por
Es como la mujer enamorada. No sabe si es malo o bueno !-U amor por el
hombre que le ha hecho sentir la llamada de la especie. Sien:e una sue:te de
endcmoniamiento, de naturaleza mágica, lo mismo que las can_as son agitadas
por un viento tropical o las aguas del mar agita~as por
oleaJe.
El hombre es espíritu y la mujer es un estado mtermedio entre la naturaleza
y el espíritu. La mujer siente más cerca los barros c6smicos, ;stá m_ás cerca
de la naturaleza y si el espíritu alumbra en ella es porque algun varan la ha
iluminado. El varón se agita por todos los caminos del espíritu y a veces se
olvida de la naturaleza o de la realidad. El hombre hace la Historia, pero la
mujer inspira al hombre en sus creaciones. En la vida de todo. homb:e ~ay
siempre una mujer como fondo, porque ese es el destino de la mu1er autentica.
Ser como el eco o la sombra del varón iluminado. Fijémonos bien: esta doctrina es feminista damos a la mnjer su papel e,'Xcelente y al hombre el suyo.
Cuando un varó~ no se ha cruzado en la vida de una mujer, entonces ésta
desarrolla facultades masculinas o bien renuncia a su destino, sumergida en el
silencio de la casa, 0 de actividades que estén acordes con su espíritu femenino.
En los renacimientos, se desarrollan las grandes personalidades individuales;
existe un predominio del hombre o del sentido lógico de la cultura. Hay un
sentido nuevo de rebeldía, donde el hombre se alimenta de razones y de ~erdades cientüicas. Se constituyen las grandes monarquías europeas, con capitanes grandiosos, como Carlos V, o por mentalidades intelectuales, como Leona~do de Vinci O Miguel Angel, por filósofos como Erasmo de Rotterdam o Lws
Vives, por creadores del Derecho Internacional o del Derecho de Gentes, como
Francisco Vitoria o Francisco Suárez, o se lleva a cabo las aventuras de colonización y evangelización del hemisferio americano.

e!

.

La Atenas de Pericles, que es el renacimiento griego, es la que más ha preguntado con la razón o con el sentido 16gico. Por eso se pu~o bajo el si~o de
la lechuza, que era Minerva, símbolo del saber. _Y
la, e?oca homérica ,se
pregunta al hombre por su destino, buscando la c1cnc1a mag1ca de la profec1a,
de la fe, del rito o de 1a canción.
La pregunta es una necesidad metafísica en el hombre, porque en el hombre
ha una capacidad de asombrarse, como origen de la filosofía, como _asegurab~
AJstóteles. Es como el hambre o una "oresis" que llamaban los griegos, casi
una lujuria, que pide satisfacción. Por eso Platón atribuyó a la sabiduría un

:°

64

eros o un deseo amoroso. El eros es integrador de lo femenino y el eros es destructor y no amor y en la mujer es más bien amor que eros.

El alma erótica de Don Juan, no ama a la mujer, sino que la toma como
una cosa y sólo saca de ella un saber científico. En cambio, el alma amorosa
de San Francisco de Asís halla en las cosas más remotas o las más mínimas un
afecto de amor, como si fueran personas; es que San Francisco tiene el alma
femenina, inmerso mágicamente en lo religioso.
Las preguntas del varón son eversoras, occisivas, quiere saber para destruir,
quiere des-entrañar el mundo. El Universo es como una fiera que quiere encadenar a la malla de sus conceptos racionales y se desespera porque el Universo siempre es más que sus razones científicas. Y vuelve a empezar en sus
interrogatorios, tratando de fijar nuevas metas de su saber. Pero a veces el
costado mágico que hay en todo varón, que es la presencia de la mujer en su
destino, le traiciona, como Manuel Kant que en la Crítica de la Razó,1 pura
destruye lo que en la Crítica de la Razón práctica reconstruye, como un postulado moral. Pretendía como cualquier otro mortal ganarse el cielo, en opinión de Miguel de Unamuno.
.
La pregunta femenina es amorosa, integradora, quiere en-trañar al mundo,
matemfaar todo lo que toca. La mujer pregunta ¿quién es Juan? Y en esta
pregunta hay un afán de servirle, de amarle, de hacerlo suyo y sepatarlo de
todos los Juanes posibles y reales. Quiere preguntarle amorosa: ¿qué tienes
que no me miras? Y. es que la mujer está hambrienta de comunidad y de amor,
a diferencia del hombre que quiere soledad o erotismo que no le comprometa.
Este saber de la mujer, que es un saber de personas y no de cosas, no es propiamente un saber intelectual, sino un saber afectiuo, un amar.
En la Historia de la Cultura está bien clara la filiación masculina. Desde el
siglo XIII, en que empieza el racionalismo europeo, hasta el siglo XIX, en que
está terminando, el hombre estuvo haciendo infinitas preguntas, de raíz lógica
o científica: ¿qué es el mundo? ¿qué es el ser? ¿cómo es posible el conocimiento? ¿ cómo son los juicios sintéticos a priori? ¿ hay una Causa primera?
¿es posible demostrar la existencia de Dios? Se pretende tener un conocimiento
de Dios como una cosa o como un concepto. e puede demostrar la existencia
de Dios y no creer en El.
Pero el hombre de hoy, como antes el hombre medieval, se da cuenta que
la pieza más importante es el hombre mismo. Toda filo5ofía es hoy Antropología filosófica. La filosofía y la ciencia se están haciendo religión y arte. Y es
que amanece hoy la marea femenina en los pulsos de la Historia. Y en lugar
de preguntar ¿ qué es el hombre?, haciendo Física o Cosmología, vuelve a preguntarse ¿quién es el hombre?

65

�Pensemos que la filosofía fonomcnol6gica de Husserl se transform6 en sus
mejores discípulos en fenomenología religiosa, como Rodolío Otto o en Otto
Gründler. O el existencialismo de Heidegger que confiesa \'crbalm nte que su
filosofía termina en cristianismo )' que su metodoloo:ía del " er y el tiempo''
no sirve para una metafísica religiosa.
O las investigaciones de Ca sirer entrando en la simbol~gía de las p~lah~s
0 de los mitos. Y su obra momunental lo confirma: The P/11/osophy o/ Simbolzc

forms.
Toda pregunta sobre personas o sobre e sas personifi :adas: má icament
vertidas, es pregunta femenina. Toda pregunta sobre ciencia ele las cosas, unpersonalmente ,·crtidas, es masculina. Platón llamó al ho~brc 'Thereut
o
cazador pero sin di t.inguir el sexo. Y
el tremendo ol\'1clo qu ha padwdo
la cult~a, lo mismo que padcc la filosofía · la antropología. desde Aristótele:.
La feminidad no e ca1adora, salvo en el caso de Diana, la mujer estéril, qu
cambió su actitud erótica por la ,·enatoria: no es guerrera, salvo cuando e
viriliza, como las valquirias gennánicas o las amazona griegas, cuyo nombre

:s''.

significab:1 "las que no tienen pechos",
.
.
A ninguna mujer, aunque sea muy cultivada por la Umvers1dad, le P:·eocupa hondamente, hasta p rder el sueño, qué números sati facen la ecuación de
Fennat, ni cuál es la flexión de las lenguas polin ias, ni el significado del
pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo.
En cambio, el varón, aunque sea analfabeto,
nativamcntc científico; pregunta y e comporta como hombre. Y llama dclicuescencia decadente a las
actitudes del hombre femenino.
El profesor orthrop, de la Universidad de Vale, ao;ombrado por el auge
má~ico de la cultura contemporánea, afinna que hemos de :lfinnamos en el
racionalismo, si no queremos ver la ruina de la cultura occidental. Dice_ que
las doctrinas mágicas de la Filosofía nueva, como el intuicioni mo bel'!!soru~o,
el cxistenciali mo heidc&amp;,o-eriano o el irracionali mo de cualquier clase, es tnfluencia asiática anti-occidental y sólo podemos salvamos oponiéndonos a
todas las formas 'del pensamiento mágico. Este señor orthrop da la impresión
de desconocer la historia de la cultura europea. La Edad Media, que va desde
el siglo I, antes de Cristo, hasta el iglo ~ rny después ~e Cris_to, º.º. estaba
caracterizada por el p •nsamiento lógico. Y como lo máu1co se 1denti.f1ca con
lo femenino del hombre, toda esa enonne porción de la cultura queda anulada
o desconocida.
América ha recogido esta herencia europea y ahora se encuentra en su pubertad histórica con un renacimiento americano de la cultura, cuyos frutos
podrán verse e; cincuenta a sesenta año. La Eda.d ~edia amcric~a Y el romanticismo americano fue uropeo, pero el renacuniento será amencano.

En esta etapa nueva de América, el protagonismo no erá de E tados Uni~os, ahoga~os por el ~~sarrollo de la t 'mica )' por la dispersión de sus orígenes,
smo por J-fapanoamenca, cuya unidad se presiente por encima de nacionalismos histéricos del pasado. Voces inteligentes y responsables han abogado por
e ta unidad, _Para evitar _ser desbordados por lo· dos grandes bandos políticos
de la_ h~~arudad, cuyos mterescs y cultura, su sentido de la vida y su d sarrollo h1stonco no es el mismo que el de Hispanoamérica.

EL

SENTWO M,\ClCO Y LÓCICO
DE LA CULTURA

La _mujer_ nació de ~n costado del hombre, como asegura la Biblia, y busca
su Ull.ldad siempre, remtcgrándo a ese sueño que es el varón. Los términos
"macho Y hembra" son zoológicos; más bien llamamos "varón" ,.. "m · "
f ., d
;
UJer ,
re m n ose a un concepto superior, como integrante de lo humano.
i el ~-arón ni la muj r son por sí solos el hombre. Uno y otro se edifican
con porciones &lt;lcl otro y que varían de individuo a individuo y en cada •tapa
hi t6rica.
Hay épocas masculinas y épocas femeninas, pero no en términos absolutos
c~mo no s~ dan en las realidades individuales; es más bien un tipo de huma~
n1d~d dominante'. donde_~ ~eiiala más lo masculino y lo femcruno. Varón y
mu1er son las vanables h1stoncas, donde se integra la constante "hombre". os
referimos a conceptos puros y no a realidades imperfectas.
Podriamos señalar algunos caracteres humanos, no biol6gicos. La mujer tiene un sentido botánico y el varón lo tiene de jardinero y de talador. La
mujer tiene inclinación a radicarse en un sitio, en un ubi metafísico. desde
donde irradia sus perfumes
nc.iales. Y dentro de lo botánico es ílo~al. La
mu jcr es como una flor y la flor aparece en la Historia como símbolo de Jo
femenino. Y asegura Pedro Caba, con su lenguaje insustituible: "El alma de
la mujer transpira voluptuosidad, como las hojas, como los pétalos. La voluptuosa sensación con que recibe su piel la lluvia, el viento, el copo de nieve,
denuncia su sensibilidad vegetal. Mucho bav de tallo en el fino contorno de
columna y la gracia elástica del cuerpo femenino, pero hay más de sentido
florea! en su alma fragante y sensitiva. • fucho de flor debe haber en ella
cuando así lo vienen repidendo a lo lar&lt;Yo de la Historia, los más lúcidos y
delicados jardineros de la mujer: los amantes y los poetas".
La mujer tiene el sentido de lo telúrico y de lo maóno frente al varón nauta
y andariego. La mujer~ un estar y el varón un ser. Está más cerca la mujer

67
66

�1 alientos de la tierra, y el agua es el símbolo de 1~ m~j~r y de ~ made os
.
fi1 fi s El ser de la mujer se identifica o se integra
ternidad de las anoguas oso ª ·
d'd &lt;l
danzas
con el hombre, pero el hombre se queda quieto, co~~ pe~ t osie: s~: : a muen la atracci6n de la mujer; en todo hombre autennco ay .. p

d:

jer, que le h~o dete: ::0 ::~!:/d~a:~:u:u~:~s;:~~::: v~:J~ro~rca
Ja
En la mu1er hay
ti .
de lo femenino lo mismo que s1 lo
especie donde todos los seres par c1pan
.
. .
' di t E la mu. o bañara el Universo en su substancia ongmal y al'í en e. º. .
femerun
.
ti'aradi eal , una aptitud para con-sentir los acontecimientos
·e se da una Sim-pa
"dad d
J ,:micos· es el sentimiento de comunidad c6smica y una comum
e
co
, , en' ·ca que la del género. La mujer enamorada y madre, y to
gre,_ mas+:.. ergienamorada y siente la maternidad como su propio ser, ama al
mu1er es....
amad Otra forma del senvarón en el hijo y a éste en la persona del var6n
o. .
..
1
timiento femenino es la comunidad con las cosas o comumd~d con e scrvt~o.
L
.
sumerge en las cosas donde quiere servir a algwen por amo_r.. n
e1\r;;;:,r mujer enamorada es una cosa
en servicio, una cosa alus1ma,
• · 11
Jas cimas del espmtu.
que por el erv1c10, ega a .
.
1 h anidad y al sentido de la
ulin
lo femenino mtegran a a um
.
o hay
y culturas masco1·mas y Íº"""'eninas
alternantes en los. signos
ulLo mase
.......,
P
e tura.
.
.
I'ogico
. }, máoico
de la Histona. pero
His or. esodonde predomman
e1 signo
o·
de la.
tona,
.
sin
posible
separac16n,
pues 1o mascu rmo_ y lo femenino en mayor o menor
proporc1-6n ·mtegran al hombre y a la mu1er.

~

1:

~~s

VASCO CELOS Y GA VIDIA

DR.

JosÉ SALvAOOR GuANDIQUE
Universidad de El Salvador

UNA DE LAS FACETAS menos estudiadas en aquella vigorosa personalidad que
fue y sigue siendo José Vasconcelos son sus viajes. El mismo al bautizarse cual
Ulises Criollo sentó cátedra en el ir y venir, en ese deambular por países y ciudades no sólo por reveses políticos sino a consecuencia de confesa vocación casi
sino. Supo-¡ oh Barba Jacob!- de ese temblor extraño que dejan los caminos y su vida podría avizorarse desde renovado ángulo mediante su irrequíeto
afán viajero, pues calzara la sandalia del impenitente viajero, si bien usando
los trimotores ya que no conociera las maravillas de los "ets.
Podríase intentar el análisis del ámbito para el filósofo, acerca del pensador.
Aquél apenas sale de su región, aunque sea la más transparente del aire cual
sucedi6le a Antonio Caso con su Valle de México y todavía resuenan en mis
oídos aquclJa negativa para ir a Monterrey a dictar un ciclo de conferencias,
atento al reclamo telúrico de los volcanes circundantes: El Popo y el lzta,
mientras VasconceJos aprovechaba, sedientamente, toda la oportunidad de
poder salirse de su contorno, como Jo comprobamos al acompañarlo al Congreso Internacional de Filosofía, celebrado en Mendoza, Argentina, allá por
los ya infaustamente lejanos 1949. El Ulises Criollo hizo honor al título de su
primer volumen en aquella tormentosa autobiografía, libros de barricada cual
califiqué en Ja Universidad de Cuyo, al presentarlo en la Primera Exposición
del Libro Filosófico Argentino. Y hago sitio a esas referencias personales porque logran iluminar por qué sostengo la urgencia de un V asconcelos viajero,
no s61o por nutrir su fecundo y pintoresco anecdotario, sino por algo más entrañable, capaz de develamos módulos mentales en el sistema del irredento
oaxaqueño ... 1

~ Ver Proyecciones por JosÉ SAr.vADOa GoANDfQUE, p, 75, Dpto. Ed. del Ministerio de Cultura, San Salvador, El Salvador, C.A.
68
69

-

�A veces hay libros de menor cuantía que alumbran el panorama mucho
mejor que los tratados, así pasajes humanos de incalculable significación, los
cuales deben aprovecharse tanto por los cronistas e historiadores como por los
biógrafos y, sobre todo, por quienes nos preocupamos de la exégesis en el más
genuino sentido del término. Jamás será posible desvincular artificialmente al
autor de su medio. Así, el Maestro de América -todavía lo rememoro en
Mendoza evocando a Varona- nos dejó suficientes claves:
«Viajar es ir repartiendo pedazos del corazón. Éste crece después y se renueva, pero de pronto tenemos la sensación del agotamiento sentimental. Es
muy difícil conocer un pueblo y no amarlo. La gente también, si nos asomamos
a su intimidad, se nos hace entrañable".
Tal al principio de Temas Co11temJ10ráneos -Ed. Novaro, México, D. F.,
1955- su manera de entender los tránsitos más o menos frecuentes, cuando
en verdad dejan huella, pues no es igual desplazarse, así tw'ista preguntón y
con cámara que ir a la médula de los lugares no visitados, sino sentidos, como
Vasconcelos hizo en Rorna, que consideró un tanto fría o Asís, donde, chestertonianamente, hallara el fervor cristiano auténtico. Y el contacto del Ulises
Criollo ante esta América nuestra -por repetir al inesquivable Darí&lt;r- provocó resultados a la vista: Raza C6smica e Indología.
Vamos a concretar las inquietudes vasconcelianas de arrgonauta incansable
al Istmo Centroamericano y mejor aún, a El Salvador, este pulgarcito dinámico que quiso mucho el Maestro, quizá porque se encontrara nada menos
que con Francisco Gavidia, exponente ilustre del pensamiento continental, aunque su valía sea ignorada por numerosos sectores, no digamos mayoritarios,
dado que las mismas élites culturales han pasado con inexplicable indiferencia
por sobre la obra de tan egregio cuzcatleco. 2
Se comenta ::rlgo al Gavidia poeta, al innovador de metros que diera a Rubén la magia del neoalejandrino y el prodigio del supraexámetro, pero hay
poquísimo sobre el humanista, el historiador, el lingüista, el dramaturgo, el
cuentista, o el inquieto por la filosofia, siendo esto último lo más sugerente en
el ángulo que nos proponemos, porque la multifacética labor del leonardista
salvadoreño ha sido objeto de otros desarrollos. 3
Merece especial mención la tarea gavidiana en la disciplina que nos llega
-según los adoradores del milagro helénico- desde aquellos denodados elementistas y sus mensajes: tierra, fuego, agua y aire hasta una substancia sutil

°

e imponderable
anim an d 1os espac10s
. .mterestelare
.
,
Agngento lanzarn su doctr·n
1
.
. s, antes que Empcdocles de
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1 a causa cuatnpartita P'tá
1
v1 a por Vasconcclos-- descubrió 1 .
b .
. I goras - o supo Gaménides, menos extático de tant e ntino ªJº _la corteza del número. Paro creen comentansta
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ser exhaustivo y uno Sócrates fund 1 , .
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menta a sus interlocutores mediante e]
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ga o e sus prerruntas p¡ t'
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.
b
•
3. on suena
. ,
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cente. Anstoteles -glosado a través d 1,
, •
ro oscuro y evanesdia i _ bajó el problema del cielo a la :ie os escol~stlco~ po~ el Maestro Gavidose de la lóoica. Demócrit
d rra -ast lo pmtana Rafael- valién,
"
o supo a elantarse al at .
poraneo y por ello su ,.,i·nam
.,
om1smo a-causal con tem'
.,
en anuncio m ch
· ¡
Broglie o Eistein, éste comentado
os s1g os antes, a Heisenberg,
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plor av1 ia en su cuarto-casa, dónde, a
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a por e poeta Cardona Pe mas símiles artefactos en
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.
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1d
,
me o e manuscntos infoli
. 'd·
e a os con los retratos del mento d D ,
'
os y peno icos, mezel de la calle de San José en S r Sale adno, pu~s de otra estancia, un cuartito
an
va or saliera la n
, ·
'
tra1-se esos dos dioscuros del
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,
ueva metnca al enconmo em1smo.
Gavidia no fue partidario del
..
.
.
.
tinción de García Morenteemplml smo ~s1colog1_sta mglés -cabe la dis. H
y por e o no tnbuta ru a Loc.k
. B
m a ume, criticándole al mis
R b,
.
e, ni a erkeley
el glorioso "tormento de la , •mdrao u¡ en estar mfluído por Zola,s pero Heo-el'
caLe
a emana" , 1
o ,
no adelantaremos doctrina . 1 .
' s1 o tuvo entre sus fieles. Pero
m so uc1ones en este esbo d
en su discurso cuando er
d
zo e presentaci6n, aunque
,
a corona o en San Miguel G 'di 1
mente al de las 3 Crítica
. ,
.
, av1 a a udiera amplias, qwza por mteresarle ante t d 1 d 1 ..
encerrar una tesis estética ca
d
.
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o o, a e JU1c10 por
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Pract:J.ca
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puen e e la Pura a la
ano.

G -~-

No pugnaremos por convertir a Francisco e
.
.
Vasconcelos se le ha negado dich
I
n un fil6sofo -¡ si al mismo
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querella,
tanto
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.
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conocida
, .
a es octnnanas como
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. . la
pragmaticas, agravada por esos catálogo
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.
.
s so re stona de la Filosofía en La' gunos baJo el disfraz de revisión "ideoló!!ica"
1
lado de exponentes respetabl
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, en os cuales, al
1
•
es -ta vez no especialistas
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.
, pero e 1cados a
1
1
ta pu u an personaJes
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dula intelectual di
Y personaJ os de la farán' spuestos a codearse con quienes merecen páginas de crítica

.

.

,

Ver Discursos, Estudios 'Y Conferencias or
nal, San Salvador, 1941.
' p FRJ.111crsco

GAvmtA,

Imprenta Nacio-

: Ver Gavidia, el Amigo de Darlo, por GuANDIQUE, dos tomos, editado por la Dirección General de Publicaciones, Ministerio de Educación, San Salvador, El Salvador,

e Ver "La Personalidad de Rubén Darío"
(ertncias.
' por

C.A., 1965-6.
• Ver la Revista Abside, Francisco Gavidia, por JosÉ

• Ver Itinerario Filos6fico por JosÉ S
concelos, 5a. Edici6n, lmpre:ita Gute b AL;ADOR GuANDlQtra, prólogo de José Vasn erg, anta Ana, El Salvador, 1963.

SALVADOR GuANDIQUE,

mayo,

GAVIDL-\,

en Discursos, Est11dios 'Y Con-

1943.

71
70

�no simples listas enumerativas, o lo que es peor, a robarles espacio, alineándose
en primera fila, con efectos desorientadores, no digamos para la juventud estudiosa sino entre los expertos que pueden caer en el garlito, pues poco, muy
poco nos conocemos a lo largo y a lo ancho del continente que todavía reza
a Jesucristo y aún habla en español.
Por otra vía, la desdeñosa actitud de los investigadores y tratadistas europeos
acaba de empeorar la situación, provocando -con o s.in Adler- creciente
complejo de inferioridad, otro síndrome anunciador de graves dolencias, si
exceptuamos a Keyserling, quien supo situar a Vasconcelos en su justo lugar,
y vencerá la erosión de los lustros, por no ser un literato al uso sino un vidente.
Compruébase semejante tendencia negativa en aquel Prólogo para Españoles
(los latinoamericanos: Vasconcelos, Caso, Gavidia, Ingenieros, Kom no cuentan ... ) de La Filosoi[a, Hoy por Michele Federico Sciacca -L. 11.iracle,
Barcelona, 1955- que, pese a sus excelencias en otros aspectos, apenas trae
un último y reducido capítulo VIII "La Filosofía en la América Latina", P·
513-29, o sea 16 parvas cuartillas en comparación con el riquísimo contenido
de las restantes. ¡ O seguirán creyendo por allá en los vituperios de Papini o
los desahogos barojistas!
Si el Uliscs Criollo da a la estampa su Raza Cósmica en 1925, su Indología
-1927-y Boliuarismo y Monroísmo-1935, tercera edición de Ercilla, 1937puede calcularse lo acertado que andaba Gavidia para apuntarse prioridades
al dedicarle La Formación de una Filoso/ta propia o sea Latínoamericna:,
"Al redactor de la doctrina" -son sus palabras en Discursos, Estudios y
Conferencias, Impr. Nacional, San Salvador, 1941- y cabe ella reseñamos el
nudo de sus esfuerzos para pensar con nuestras cabezas y no seguir la superstición de que la ciencia eidética es químicamente pura, siempre que se le
asimile con esa culttire francesa y su 1'c" dócil y gentil o de aquella Kultur
teutona con su "K", erguida y desafiante. ¿ Cuándo comenzaremos a meditar
desde eÍ hombre latinoamericano, desde nosotros, sin ese amargo y cotidiano
ponemos a1 día de lo producido ultramares, agotando los mejores esfuerzos de
los estérilmente empeñados en atragantarse de cuanto viene de París o Berlín,
sin mengua de Washington o Moscú?
Mas redescubramos -¿ o será legítimo descubrimiento, dado el abandono
reinante?- las raíces de nuestro pensamiento y nos consta cómo apreciaban
a Gavidia, por ejemplo, Antonio Caso, Alfonso Reyes, Gabriel y ~~~nso
Méndez Plancarte -en su Abside escribimos sobre el salvadoreño mentis1mo
en 1942-, Salomón de la Selva y Heliodoro Valle, todos desgraciadamente
desaparecidos para mal de las letras, no de las letrillas, en el continente. Y ha
' Ver Discursos, Estudios y Conferencias por FRANCISCO GAVIDIA, ya cit.

sido conmovedor encontrar en la biblioteca que Gavidia dejó a sus descendientes toda la colección de los clásicos, editados por Vasconcelos al frente de
la UNAM,_que el entonces Rector -así, mayúsculas- enviara a su colega
centroamencano, que si no ostentaría grado académico, lo fue por gracia
de sus conocimientos y prestigio. Aill en los inolvidables volúmenes verdes
que llevaron el saber del Bravo a la Patagonia, hojeamos deleitosamente las
tragedias esquilianas anotadas por Gavidia en sus innumerables lecturas.ª

Señores. . . rehiló el Maestro Gavidia -enemigo acérrimo de untuosidades
Y preámbulos sofisticados- en el Paraninfo de la Universidad de El Salvador:
"De nuevo tengo el honor de dirigiros la palabra, a pesar de los escasos
rec~os oratori~s _con que cuento, y de nuevo invoco la bondad inagotable
del ilustrado publico que llena siempre este recinto. El recuerdo de oradores
como el ilustre huésped cuya palabra arrebatadora obsede aún nuestros oídos
(en orador el Ulises Criollo, aclaramos), hace mi labor más dificil. En desquite, señores, tomaré pie del asunto de un discurso sobre la formación de la
Filosofía propia de nuestra raza que él llama la raza cósmica, que es la indolatina o latino-ameri.cana.i,

. Y contin~, ~ijando ~apsos: "Permitidme recordar, y esto ya toma percepttva en la leJama del tiempo, que sobre esta filosofía se publicó en la revista
La Quincena un ensayo m~desto por ser mío cuando se empezó aquí la prop~ganda de los al~?s estudios.º Fue concomitante la aparición de José Inge~1eros (honr~: d1Jo M~tí, honra, acotamos) aunque en Filosofía adoptó
este la ~voluoon spencenana y el monismo, en cambio, nos dejó una historia
de la Filosofía e11 Hispanoamérica de lo más palpitante, y para mí su obra
maestra".
Después de censurar, con su suavidad característica, al artífice de El Hom bre Mediocre por su psicologismo organicista, mejor exégeta que doctrinario:
"Es también concomitante la fundación de los altos estudios en México
'
aunque con nombres modestos ;10 ya en esto se siente el espíritu de V asconcelos,

- - - --'
• Tal vez algún día escribamos sobre la correspondencia entre Vasconcelos y Gavidia ...

• La Re':'ista ~teneo de El Salvador, dirigida por Gaviclia en 1922, enero, public6
los datos biográficos del maestro Vasconcelos al ser designado Secretario de Educación
Pública en México, tomados de El Universal (México D. F ., octubre 1921). Y José
Romo, socio correspondiente del mismo Ateneo, le dedic6 "Clásicos Griegos y Latinos"
y su poema "Jesucristo" a1 doctor y cminentisimo maestro Gavidia, México, 1917. En
seguida por una de esas coincidencias que en el fondo no lo eran: ''Nuevos Ideales de
la Educación", por JosÉ INGENIEROS, Revista de Filosofía, Buenos Aires.
"' Ignacio Rodríguez Guerrero, en la Revista de la Universidad de Nariño Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, Programa de Sociología Americana, año 1947, le con-

73

72

�que habrá de destacarse en el período de propaganda a que me refiero y que
aún no ha terminado."

Ensayo de una Filosofía Latinoamericana -subtítulo: El Awmso a lo
Desconocido- y la nota "este estudio debe ver e desde el punto de vi ta
puramente filosófico" aparece en el número 7 de la Revista La Quincena
-1903- sincronizado con Ingeniero, también soci6logo. 11
Así le abrió los brazos, como hermano mayor, Gavidia a Vasconcelos y deseamos hacer constar que el Uli es Criollo guardó siempre e pecial afecto por
los salvadoreñosJ y nunca me p rdonaré no haber escrito, a su excitativa cordial -algo que es oro puro para este servidor- un V asco11celos Anecdótico
que él, en su gran generosidad, decía poder convertirse en complemento de
esa serie inolvidable. . . ¡ Cuánto lo recuerdo en su amplio despacho de la
Bi91ioteca Mfa:ico, al borde de La Ciudadela, y cuánto aprendí de aquel formidable insumiso!
Equidistante del ditirambo cual de la invectiva, vale justipreciar los hontanares y la difusión. Gavidia no puede parangonarse en materia divulgativa
con Vasconcclos ni Ingenieros. El primero cubre un sistema, desde los libros
autobiográficos a su Todología, el enigma de la divinidad- y fue ave de tormentas y desastres. y todavía en su vejez -cronol6gica que no espiritualcuando ya parecía mellado el filo de su ardor polémico, liquidara a más de
un prestigioso contendiente, declarando, rotundo, sobre casos y cosas en tal
tono que conmoviera las columnas de los rotati\'o ·, siempre noticia de primera
plana en sus explosivas declaraciones. ¡ Cómo vamos a contrastar al oa."aqueño
incandescente con el cuzcatleco apartado! Porque Gavidia viviera y muri6
inmerso en sus libros, absorto en sus combinaciones métricas, lejano a los avatares políticos de ese caballito corcoveador que, de creer a Asturias, es Centro América. 12
Continentalmente se conoce la carrera política vasconceliana: Rector de la
UNAM, Ministro de Educación en el régimen obregonista y. antes, del efímero
gobierno de Eulalio Gutiérrez; y entonces, rodeado de altfaimos artistas, de
auténticos intelectuales, estimuló el muralismo v.tec.a ( es decir, Diego, su Tolstoi, Orozco, su Dostoyevsky y 'iqueiros, su Leonidas Andreiew); organiz6 memorables misiones culturales y llegaron al Anáhuac, invitados por el Ulises
cede mucho valor n "Gavidia y su Influjo rultural en Centro Amfrica. Sus ideas sociológicas" (Ver ALPRIU&gt;O PovtÑA, Nue11a His,oria de la Sociología Latino Amerrcona).
u Ver Cap. ºEl Saber de lo Concreto" en Gavidw, el Amigo de Darlo, t. I, pp.

283-320.
" Ga,idia firm6, en su carácter de Ministro de Instrucción Pública, la Constitu,i6n
Politica de Centro América. donde se unificaron, en 1898, cual Estados Unidos: Honduras, Nicaragua y El Salvador.

74

Criollo, Gabriela, también de América, y un joven de oratoria fogosa, Haya de
la Torre, y fueron sus colaboradores; Torres Bodet -en la Hemeroteca de la
Secretaría de Educación Pública- lo mismo que Hcliodoro Valle y Salom6n
de la Selva, por recordar con los 2 últimos al Istmo que une Norte y Sudamérica.u

Y tal fulguró, al fin astro de primera magnitud, en las repúblicas subdesarrolladas -económica, no mentalmente- pese al revl-s sufrido en su campaña
presidencial del 29, acompañada por mexicanos que no requieren epítetos:
Adolfo López Mateos, Angel Carvajal, alvador Azuela, Octavio Medellín
Ostos, Manuel Gómez Morin... (hace muy poco -Rev. Siempre, abril
1965- declaró Torres Bodet: "me cauúv6 la genial impaciencia de Vasconcelos").
Somos entusiastas en reconocer lo que implica el Ulises Criollo, pero urge
destacar su aprecio hondo, sentido, más allá de protocolos y etiquetas, como
nos lo e&gt;..-prcsó, sin ambages, con frases encendidas en la Biblioteca México,
poco antes de gastarse su último capricho -pues el grande algo de niño debe
tener- negándose a reposar el sueño eterno en la Rotonda de los Hombres
Ilustres, indiferente ante los homenajes presentes y p6stumos por dedicarse
desde antiguo a coloquios con la gloria.14
Gavidia en su San Salvador, casi y sin el casi finisecular t~n achaques ideológicos, desfigurado por esos pasajes innocuos o simples a que lo sujetan sus
"panegiristas", lejos del río revuelto de la política -fue Ministro de Instrucción Pública de El Salvador a fines del siglo XIX-, sin cargos público que
atraen la atención sobre la obra cultural, pues lo elevados funcionarios se dan
a conocer quizá más, gracias a las interjecciones de sus enemiuos que a ]os prudentes elogios de íntimos. Gavidia, repetimos, estuvo al margen del ajetreo
multitudinario, mientras que Vasconcelos -y le tratamos muchísimo- era
.
'
e~ su minuto, y aun en el crepúsculo cuando los fuegos parecían apagarse,
munado de esa diosa que ya no es la razón sino la publicidad, circundándole
en sus agrias disputas -hombre de garra hasta la muerte-, por sus actitudes
violentas, en el suceso de libros y artículos discutidos, sobre todo Breve Historia de México (muchos dijeron no ser breve, ni historia, ni de íéxico, pero
,. Ver el documentado y valioso libro del doctor Agustín Basave Femándcz del Valle
50bre la filosofía y el pensamiento \'asconcelíanos.
" Desde su tesis profesional, antes de sUJ trabajos en el Al,neo d, la Juv,nlud, Va.sconcclos diera muestras de su originalidad y talento peculiares. En éste prescmt6 un
trabajo sin una sola cita, de,pertando el interés tanto de Antonio Caso como de Henrlqucz Urcña, Pedro, no Max ...

75

�Botas siguió vendiendo edición tras edición) y en sus nitroglicerínicos comentarios dándole continuamente flama aJ periodismo de combate. 15
El 'mises Criollo, no obstante haber sido tildado de antimet6dico por censores que confunden personalidad con desorden, es de los po~os _expo~ente~
de esta América Morena, capaces de ofrecemos una trayectona f1losóf1ca, s1
no un sistema acabado:
El embrujo del ritmo -Pitágoras-; la entrafia de los seres y de_ las propiedades, en suma, de las esencias -Metafísica-; el misterio ~el ?1en _Y. del
mal -Etica-; la luz de la verdad -L6gica Orgánica-; los m1stenos d1vmos
y la coordinación -Todo/ogía- y no olvidemos la Estética, llave de su p~culiar monismo, agregando la visión retrospectiva -y no era su fuerter- His-

toria del Pensamiento Filosófico. 16
Nuestro Gavidia con el variado repertorio de sus tanteos y búsquedas métricas, amante de la historia, creador de una signología, el Idioma Salvador,
dramaturgo inspirado en los Próceres de la insurgencia centroamcri~~a, cuentista de estirpe, colega de Ricardo Palma. en sus afanes por las lradic1ones, d~seoso de unificar a Centro América pero sin salir de San Salvador, su pohs
exclusiva, enciclopédico sin remedio -su fuerza y al par su debilidad-, dejaba la meditación trascendental por el poema - Thomas Mann nos aclar_ó
que Nietzsche era poeta del conocimiento- y viceversa, en el eterno deverur
heraclitiano resonante en Bergson.
Vasconcelos se formó en el siglo XX y Gavidia en la centuria denostada
-estúpida apostrofó alguien sin rodeos ni circunloquios- ahíta del positivismo antifilosófico que confinara a las Humanidades a los seminarios, por
teológicas, ni siquiera metafísicas, provocando el dolido párrafo de don Justo
Sierra.

Pitágoras o una Teoría del Ritmo, escrito en Nueva York (1916) -la cosmópolis: dolor, dolor y dolor, clamara Darfo- cons~tuye uno de los tramos
sólidos del vasconcelismo permanente, no del aleatono, nos conduce a reconocer cómo Vasconcelos, a las horas amargas del exilio, cuando tanto~ vuelven
la cabeza para no ver al apestado, encontró siempre acogida_ y estimulo en
ese inmenso pueblo que mora arriba del río Bravo. . . El Ulis~s ~sten_tó un
cosmopolitismo muy especial, dado su periplo, igualmente sw genens. En
,. Todavía 00 se ha analizado al Vasconcelos periodista, al menos con la amplitud
debida, pues el oaxaqueño colaboró con muchos periódico~, ~ntre ello! Novedades Y los
de la Cadena García Valseca. Y dictaba directamente, casi sm _correg¡~, cual nos co?.st:'al licenciado Stanley Glower Valdivicso, por años su sccretano parucular en la Biblioteca México", y al suscrito.
.
" Durante cJ año lectivo de 1961 dictarnos en la Facultad de Humamdades de la
Universidad de El Salvador un curso sobre Vasconcelos; en 1962, fue sobre Caso.

76

Buenos Aires me hizo el honor de invitarme a comer con el mosquetero del
derecho social que era Alfredo L. Palacios y éste, como Coroliano Alberini
-por citar dos nombres sobresalientes-- lo acogieron cual a uno de ellos. Estoy
por sostener que Raza C6smica e lndología nunca se hubiesen forjado sin sus
andanzas por Centro y Sudamérica. Y representa prenda de orgullo que al
arribar el oa.xaqueño de los arrebatos geniales a San Salvador estuviera para
recibirlo el abrazo fraternal y la cálida sonrisa de Gavidia, uno de sus precursores en la noble tarea de volver autónomo el saber continental.U
Imaginémonos a Francisco dirigiéndose a1 querido hermano menor -en
tiempo, desde pronto- y éste supo entender tan cariñosa jerarquía, y con
aquella exquisita sensibilidad, alentó siempre el mensaje gavidfano, aunque
vegetara, ignorado, en libros y folletos de única y parca edición y, en cambio,
el suyo, entre Robinson y Odiseo, atraviesa fronteras mediante el torrente
circulatorio de miles de ejemplares. Y resulta oportuno insistir en cómo el
Ulises Criollo sigue en pie, ganando batallas después de muerto como el Cid
y en cambio algunos de sus contemporáneos son, apenas, minucias bibliográficas.

H espero -en 4 cuadros y 6 escenas- interpretó los sentimientos de Gavidia al dedicárselo a Vasconcelos, a raíz de su estancia en El Salvador, con
los personajes del protagonista a quien se llama El Peregrino; Flor, diosa; Oztoc, dios antiguo y campestre; un cortesano y séquito. El autor leyó
varios fragmentos de la obra al homenajeado, estableciendo, además, un paralelo entre QuetzaJcoatl y Tutecotzimí. Ya el maestro centroamericano vivía
su etapa postrubeniana, remontándose en la exploración de la filosofía propia,
y dejemos la voz. al Ulises Criollo: "Así cual un poco poeta todo mortal es un
poco filósofo. Padecemos todos la inquietud de lo desconocido; afán de poesía,
necesidad de filosofía" .18
Los exégetas filosof antes que padecemos por estas latitudes -endemia casi
incurable- ni siquiera analizan a los creadores, contentándose con revolotear
en tomo a los epígonos, otras mariposuelas alrededor de la llama. . . De ahí
que muchos se asusten dentro y fuera de los claustros universitarios, al oÍr que
Ortega y Gasset es literato y Zubiri filósofo, levantando los brazos, escandalizados, a la orilla de las opiniones keyserlinguianas,19 en babia sobre el diá~, Faltan libros en torno a nuestros máximos valores: ojalá se hubiera escrito un
cinco por ciento sobre Vasconcclos y Gavidia de toda la piroctenia gastada en Üitega
y Gasset. ¿ Verdad, doctor Basave?
.ia Prólogo a Itinerario Filos6fico del autor de estas líneas.
,. Acabo de sostener una polémica en El Diario de Hoy de San Salvador con Carlos
Sandoval - también egresado de filosofía de Ja U AM- sobre los malabarismos y las
fobias de Ortega. Tal vez publique en un libro esos y otros artículos de disputa ideológica.

77

�logo Husserl-Dilthey, todo ello por no encontrar ni esto ni aquello en sus
infumables manuales que nada enseñan al docto y mucho confunden al profano. ¡ Cómo van a ocuparse de Gavidia, ni de Vasconcelos! 20
Por acá dejará Vasconcelos tema para más de un escorzo, descontadas sus
habituales salidas tan singulares. . . Si bien antes anotaremos que Gavidia
se resistía a salir de su Valle de las Hamacas entre el Volcán de San Salvador
y el Cerro de San Jacinto -loado en su tradición El Encomendero-, y tradujo
el Fedón platónico valiéndose del intermediario, Víctor Cousin, arriesgándose
a un estudio Metafisica Experimental. Alfonso Reyes padeció de una añoranza
ateniense incurable. Caso vivificó a Mcyerson en las conferencias dictadas en
la sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, en México D. F. Nada de ello ponderan maestros y estudiantes que, en esta América temblorosa de huracanes
y viviendo de amor -¿verdad, Rubén?- infravaloran lo propio por malinchismo ante lo ajeno. Está a la mano un Husserl (preferimos el de Caso al de
Gurvitch), un Pitágora.s (más original el vasconceliano que el de RobinL y
las incursiones de Reyes en lo helénico a las de ciertos repetidores ultra-

Vasconcelos, al par, cala en una veta arcaica . b'
1.
sus Estudios Indostánicos, preocup~do más por
~tan;, a través de
Vedas (Gavidia leg6 un poema ue Díaz . ,
,m.s a s ~ue por los
de memoria: "La Ofrenda del iramán" M1ron y Gonzalez Marbnez sabían
cano hizo desfilar el Renac· . t ed' )_ y el tempestuoso pensador mexilllllen o v antico la demo 1 , 1
.
doctrina yoga. El salvadoreño no los discnmu:6 d
n_o og1a, a ,m~gta y la
sus predilectos fueron los mayas puebl
od' . e su onente abscondito, pero
veda de los cielos el conjuro de l~s astro~)&gt;r igtoso que supo leer en la bó-

'1;: ;;

. ~ para t~nar: Héspero fue leído en homenaje al Ulises Criollo
v1dia
. t ras el doctor V1ctonno
~or ~aA ¡ -Revista
p ·a Ateneo de El Salvador ( 1921)- rmen
ya
a,
res1
ente
del
mismo
se
duele
de
que
"El
1·
.
d
d
¡
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1ceoc1a o on José Va.9C
ce os, conocido como de fama extensa en la rece ción
.
onrario le hizo nuestro Instituto
u'
,
p
que como socio bono,
, man esto que aunque él no era ar
campo habta aceptado el nombramiento.2s Sería el O'ran
. - p
es~e
de aquel darí.esco "De las Academias, líbranos Senor.
- º ,, mexicano part1dano

~

marinos.21
En la captación latinoamericana Vasconcelos -así el título de su primer
tomo autobiográfico- parte de la síntesis y Gavidia de los orígenes. Este en
Bolivarismo y Monroísmo: "Nosotros no hemos reproducido la sociedad española en el mismo grado que los norteamericanos reproducen las sociedades
sajonas. Desde el principio, al mezclarse con el indio, el español se separa de
su tronco y el indio abandona el suyo. Querer volver a uno u otro temperamento es renegar de los hechos y asustarse con la vida" (Ed. Ercilla, Santiago,

1937, p. 60).
Gavidia se remonta a los jóvenes abuelos de L6pez Velarde: "Qué hará,
pues, nuestra joven América? Qué razón de ser tiene y cómo sería aplicada la
filosofía Latino Americana que hemos procurado antes dejar esbozada? Nosotros necesitamos darle valor a nuestra herencia. Hay una ciencia centroamericana admirable. La ciencia del tiempo: la Cronología. Que son esos meses que
usamos de 28, 29 30 y 31 días. Las doce lunaciones indias son los verdaderos
meses griegos, los meses adoptados por la Iglesia. El sol llega al punto de
partida cinco días después de la luna. Esto hace los 365 días del año. Pero
¿por qué un año de 366 días? Luego, a los anteriores han faltado seis horas"

(Discursos, Estudios y Conferencias, p. 122-23).
"' Comentamos, igualmente en El Diario de Hoy la correspondencia Husserl-Dilthey.
Este, según nosotros, es más soci6logo que filósofo.
11 Hemos olvidado a nuestros exponentes: y nos rendimos, fáciles, ante nombres exóticos ... Así andamos en Latilloamérica.

78

,. Estudios
· ventu d para Vasconcelos. Sin embargo, merece
cabal
exégesis.Indostánicos fue obra de Ju
" Como dato: Vasconcelos estuvo en San J , d
.
en el Congreso de la Sociedad Interamericana d:s~il:so~:sta R~~ 6(20-27 julio 1958)
un artículo en La Prensa Libre ' denomma
. do "Caracteristica
y pu lC en marzo de 1957
d JG
•
podemos considerar autobiográfico' porq ue él IO f ue Y a enorme
s eestilo.
. ran Escntor" que

79

�PLATÓN Y SU ÉPOCA
DR.

ANTONIO

GóMEZ

ROBLEDO

Embajador de M~xico en Italia

nació en el año de 427 antes de nuestra era, en el seno
de una de las más antiguas y linajudas familias. Por su padre, Aristón, ascendía
su árbol genealógico hasta Codro, el último rey del Atica, y a la raza de los
Melántidas, y últimamente a Poseid6n. 2 Por su madre, Perictione, descendía
de Drópides, hermana de Salón, el legislador de Atenas.
Entre los parientes de Perictione hay que mencionar a su hermano Cármides,
uno de los principales políticos atenienses del partido conseivador, y a su
primo hermano Critias, jefe del mismo partido y caudillo de la revolución
oligárquica del año 404. Platón tuvo dos hermanos menores que él: Adimanto y Glaucón, de los cuales hizo los principales interlocutores del Sócrates
de la República, y una hem1ana llamada Potone. De ella nació, con el tiempo,
Espeusipo, el sucesor de Platón en la dirección de la Academia. Su madre
Perictione, por último, viuda de Aristón desde la niñez de sus hijos, contrajo
segundas nupcias con Pirilampo, político importante también, y uno de los
más allegados, a lo que parece, del gran estratego Pericles.
Estos simples datos, pocos pero ciertos, son suficientes para cobrar conciencia, desde este momento, de que por su medio y abolengo, por todos aquellos,
parientes o relaciones, con quienes convivió desde muy niño, Platón vio como
algo que por derecho propio le pertenecía, como su dominio natural, todo
PLATÓN DE ATENAS

1

1

Así se le ha llamado siempre, por haber sido aquella ciudad, desde su infancia,

el teatro de su vida y de su obra, no obstante que Di6genes Laercio afirme que naci6

en Egina, donde se habría establecido su padre en la colonia fundada en aquella isla
por Pericles. Zeller rechaza el testimonio de Di6gcnes; Grotc lo acepta, y otros aún,
como Maurice Croiset entre los más modernos, dejan la cuestión en suspenso.
• Que lo último sea para nosotros una fábula, por supuesto, en nada amengua la
importancia del dato social, único que aquí nos interesa: la creencia en la progenie
divina de Platón, en aquel momento y en aquel medio.

81
eH-6

�cuanto la civilización y la cultura pueden ofrecer de mejor, Y, que .ª tan al:o
extremo habían llegado ya en la sociedad de su tiempo. Poes1a linc~, po~s,1a
dramática filosofía, y junto con todo esto, y como la suprema af U1llac1on
del homb;e en el dominio de la acción, la política, la dirección del Estado.
Nada de esto fue ajeno a Platón, y si de alguno de estos campos, como el de
la política activa, le obligaron las circunstancias a retraerse, podemos est~r
ciertos -y su obra da de ello abundante testimonio-- que fue un~ r~uncia
de gran sacrificio. Tanto más cuanto que, s;gún todas _l~s _apanenc1as, en
Platón se dio, como era el ideal griego, el mas bello eqU1hbno del cuerpo Y
del espíritu. "La mejor cabeza del mundo'' le ha llamado Vasconcelos, y el
nombre de Platón que recibió más tarde (primero se le llamó Aristocles) parece haberle venido por la anchura (n).a1:v,;-) de su frente o de sus hombros. Bello y fuerte (xa'-o,;- xai laxveó,;-) lo describen sus biógrafos más
antiguos. Para lo único que no parece haber estado dotado Platón, fue para
la elocuencia, para las grandes batallas orales del ágora o del Pnyx. Su voz,
a lo que se dice, era tenue, y sobre esto aún, no le ayudaría mucho, _para ~l
arrojo que deben tener los hábiles en estas lides, una cierta verecund1a o ~midez que en él era, por lo demás, un aspecto de su compostur~ o elegancia
espiritual.ª Es bien posible, en fin, que todos estos embarazos pudiera habe:los
vencido si Je hubiera sido necesario; pero otros fueron por lo que haya sido,
los teatros de su acción.
Quisiéramos seguir, como en el discurso de la vida de cualquier otro personaje con la narración de lo que hizo o le avino a Platón conforme fue creciendo; pero el hecho es que, con excepción de los viajes sicilianos, de los
cuales sí tenemos información muy copiosa y de primera mano, en todo lo
demás son bien escasas las noticias sobre su vida. Es curiosa la comprobación,
hecha por Taylor, de que sabemos más de Sócrates, de su vida pública y privada '" que de Platón• lo que acaso pueda deberse tanto a la dramaticidad
extr;ordinaria de la ~uerte de Sócrates, sobre la cual se agolpa toda su vida,
como al hecho concurrente de que Platón no tuvo un evangelista suyo como
él mismo lo fue de Sócrates. Por lo que baya sido, en suma, hemos de resignamos a la penuria documental. Pero una vez constatado el hecho, nada
nos impide, a lo que creemos, aplicar a Platón, una vez que conocemos con
• Asi con todo~ estos caracteres, en Diógenes Laercio, 111, 5 y 7, 21: l&lt;1x11ócpa&gt;t1oi;. • ·

,

ald71¡.iwt1 xal xó&lt;1¡.i,oi;.
• Por noveladas que puedan ser ciertas reconstrucciones de la vida de Sócrates, como
The public and private life of Socrates, de René Kraus, o Barefoot in Athens, de; MaxAnderson tienen incuestionablemente el más sólido apoyo histórico, Y de nada
we ll
,
•
·
semejante sabemos que se haya htcho -con excepción, una vez más, de la exper1enc1a

certeza sus circunstancias sociales y familiares, lo que en creneral sabemos
0
sobre la fo1:113ción intelectual y moral de la juventud de su ticmpo; y aplic~r!e, ademas, todo lo que en sus diálogos tiene el sello de una experiencia
v1v1da.
De este modo, y en lo que se refiere, en primer lugar, a su educación, estamos en terreno firme al suponer que Platón, vástago de una familia acomodada y arist~crática, debe haber recibido la educación más perfecta que era
ent~nces posible dar, o sea la que combinaba, en el más perfecto equilibrio
posible, la cultura del cuerpo y la cultura del alma, o como entonces se decía
música y gimnástica. 5 Por haber sido imbuido desde su infancia en esta educa~
ción, la, p~ideia por antonomasia, es por lo que Platón puede proponerla, en
la Re publica, para la formación de los "guardianes". Pero más aún que a los
text~s de la República, que podrían tomarse, más que como recuerdos de infancia, como fruto de la reflexión madura de Platón, nos parece que en un
p~je del _Pro~ágoras, que se acepta generalmente haber sido un diálogo juverul, ~fleJa clirecta_mente Platón su propia experiencia al describir el proceso
~ucabvo, que empieza en la familia, prosigue en la escuela y termina en la
cmdad, del modo siguiente:
. "Desde la infancia y por toda la vida, se suceden las enseñanzas y exhortaciones. Tan pronto como el niño empieza a comprender el lenguaje la nodriza
1~ madre, el pedagogo .~ el ~mo padre se esfuerzan sin descans; por comu~
mearle _toda la perf~cc1on ~1ble. Con ocasión de todos sus actos O palabras,
le prodigan las lecciones y e1e11:1plos sobre que esto es justo y aquello injusto;
esto be~o ~ aquello feo; es;o ~iadoso y aquel_Io impío: '¡ Haz esto y no hagas
aquello. S1 obedece por s1 mtSmo, nada me3or; y si no, como si lo hicieran
con una vara torcida y encorvada, lo endereza con amenazas y golpes.
''Después de esto se le manda a la escuela; y lo que más se le encarece al
maestro es la decencia del alumno antes que su aprencliza1·e en las letras
1 ,
o en
a cttara. En todo ello pone su cuidado el maestro, y una vez que los alumnos
han aprendido a leer y escribir, y entienden las palabras escritas como antes
las habladas, les hace aquél que, sentados en sus bancos, lean las obras de los
grandes poetas y les obliga a aprenderlas de memoria, por estar llenas de buenos consejos, de episodios y elogios en gloria de los héroes antiguos, a fin de
que el alumno, lleno de emulación, les imite y conciba el deseo de parecérseles.
• En el len~aje d: la época, y en el de Platón desde luego, "música" (µuva,x7Í) tiene
tanto el sentido de lo perteneciente a las Musas", o sea la cultura en general, como
lo ~u~ hoy ente~demos. ~r tal vocablo, es decir el arte musical. El contexto permite
casi siempre la diferenc1ac1ón. Así verbigracia, es evidente que el Sócrates del Fed6ti s
refiere ~I primer sentido cuando dice que la filosofía es la música suprema: µeyl111: e

~~-

'

siciliana en lo tocante a Platón.

83

82

�"Los citaristas, a su vez, haciendo otro tanto en un dominio diferente, se esfuerzan en inspirar la templanza en los jóvenes y en apartarles del mal. A más
de esto, y una vez que han aprendido a tañer la cítara, les dan a con~cer las
obras de otros buenos poetas, de los líricos esta vez, haciendo que las ejecuten
en la cítara, y obligando así a las almas de los educandos a f~liar~ con
los ritmos y las armonias a fin de comunicarles un carácter mas apacLbl_e, y
que, penetrados de ritmo y armonía, puedan más tarde rev~lar su ca~ac1dad
en la palabra y en la acción, porque toda la vida humana nene necesidad de
ritmo y armonía.
''No es todo aún, sino que, después de esto, mandan los padres a sus hijos
con el maestro de gimnasia, a fin de que su inteligencia, una vez formada,
tenga a su servicio un cuerpo en las mejores condiciones, y que su miseria
física no les obligue a buír cobardemente en el combate o en todo otro ~rden
de actividad. . . Cuando, en fin, se han separado de sus maestros, la ciudad
a su vez les obliga a aprender las leyes y a conformar a ellas su VI.d a"e
.
Esta es como allí mismo dice Platón, la educación para la virtud: nat~Ela
la que persigue conjuntamente la formación del ?'e}or homb~e
y del mejor ciudadano. En ella, como se ve, tiene parte tan p~c1p~ la musica, tal como hoy la entendemos, y no ciertamente para el, vutuos1smo del
ejecutante, sino para la formación espiritual en su estrato. mas profund~ .. ~or
algo años más tarde, dejó Platón consignado en la Rcprlblica este gran JU1C10:
"¿N~ es por ventura la música, Glaucón, la educación soberana? Por ella, en
efecto, la armonía y el número se insinúan hasta el fondo del alma, se apoderan de ella y la toman bella por extremo" .7

El~

aee:iJ,,,

Tal fue puntualmente, y así se nos revela en sus obras; bella por extremo,
el alma de Platón; pero juntamente con su formación literaria y musical, no
debemos olvidar el otro importante aspecto del servicio militar que un joven
robusto como él, y miembro además de la nobleza ateniense, debió haber prestado sin la menor duda, durante los años que la ley prescribía. De los dieciocho ~ los veinte de su edad, todo efebo ateniense estaba en servicio constante,
principalmente en las fronteras del Atica, como "de~en~r del país" (~s~~o..toq 1:~~ xweaq) ; pero la milicia se e.'-tend1a de ordmano hasta los vemticmco
años y sobre todo cuando lo demandaban las circunstancias. Ahora bien, los
siete' años: 410-403, que coinciden, para Platón, con el período de los 18 a los
25 de su edad, fueron para Atenas de los más agitados y aflictivos. Entre ellos,
en efecto, se sitúa el final de la guerra del Peloponeso, con las más tremendas
batallas terrestres y navales (Mitilene, las Arginusas, Egospótami), después
' Prot. 325 d -326 c.
' Rep. 401 d.

~e las cuales vino la rendición de Atenas ( 404), seguida luego, en lo in tenor, de la ~ás ~ra~e- revolu:ión política. En estos años, pues, cuando Atenas
fue, como dice T uc1d1des, mas una fortaleza que una ciudad, y cuando el teat~o de la g~er~a, ad~ás, fue tan vasto y tan disperso, podemos tener por
cierto que nmgun atemense en edad militar habrá dejado ni por un momento
las annas, y que Platón, por tanto, en la infantería en la caballería O en la
armada, ha~r~, toma~o toda la p~rte q~e correspondía a su sentido del honor
Y a su cond1c1on social. Una conI1rmac1ón a posteriori de todo esto podríamos
tenerla en el alto aprecio que Platón tuvo siempre por la educación militar.
~o hay que olvidar, en efecto, que la clase de los guardianes en su Estado
ideal, ~s apenas una selección de la clase dominante de los ~erreros.
Vo~VJendo a l? que de Platón nos interesa más, parece que su irresistible
vocación de escritor se orientó en un principio a la poesía, y más concreta.
mente a la poesía, trágica. Según va la leyenda, habría llegado a componer
hasta una tetralogia con la que pensaba competir en el festival de Corinto
Y. q_~e luego quemó, .con olros_ versos, cuando al encontrarse con Sócrates, de~
cidio consagrar su vida a la filosofía. Cierta o no la anécdota es evidente el
genio dr~átic~ de Platón, que se acusa en tantos diálogos, sobre todo en los
de 1a prunera epoca, siendo el Protágoras, tal vez, la obra maestra.
A~.tes_ del encuentro con Sócrates, parece cierto también que Platón se había
f~hanzado ~astante, a pesar de su extrema juventud, con los escritos de los
filosofos que circulaban por aquel tiempo en los medios intelectuales de Aten:15: ~eráclito, Parménides, Xenófanes, Zenón, Empédocles, Anaxágoras y los
pita~oncos. D~ est~s. pensadores, Parménides y Zenón, el enfant terrible del
clea~smo, habian VlSltado Atenas, medio siglo más o menos antes que naciera
Platon, Y An~xágoras por su parte, años más tarde, había tenido allí mismo
una larga residencia, habiendo sido uno de los más allegados a Pecicles. En
c~a~to a Heráclito, quien nunca estuvo en Atenas, enseñó allí su filosofía su
discipulo Cratilo, de quien sí sabemos, esta vez con toda certeza haber sido
en los e~tudios fil?s~ficos, el primer maestro de Platón. Más tal 'vez que po;
s~s propios merecuruentos, ha pasado a la inmortalidad por el diálogo platómeo que lie~a su nomb~, y en el que encontramos expuesta, como tenía que
ser, la doctnna del moVIhsmo universal.
Haya contribuido o no la convivencia con Sócrates ( quien ostensiblemente
profesaba no saber ni enseñar nada) a profundizar en Platón el conocimient
de la filosofía helénfoa, que por entonces se encontraba ya en tan alto pun~
to de madurez, lo cicrto_es que todos los que hemos nombndo antes influyeron,
~ mayor º, menor ,medida, en su propia filosofía. Heráclito, Parménides y Pitagoras, serian, segun creemos, los nombres que principalmente habría que destacar. Toda su vida la pasó Plat6n en dilucidar, como diría Antonio Caso, el

84

85

�problema Heráclito-Eleático, la movilidad del ente sen ible con la inmovilidad
del ente inteligible. Sus pref rencias habrán estado por Parménide (a quien
unas veces llama ''\'enerable" y otras "terrible·'), en cuanto que el "ser
que verdaderamente es": TO Ó,,Ta&gt;;" ÓY, es, para Plat6n, no el fenómeno sensible, sino la Idea, pero no por esto n g6, como Parm'nides, la realidad del
devenir, y en la conciliación entre uno y otro mundo consumió su vida. Por
último, la doctrina pitagórica del número como principio de ordenación c6smica y la armonía mu ical resultante, es algo tan patente en Plat6n, que no
vale la pena detenerse en discutirlo. Doctrina del movimiento, doctrina del
reposo y doctrina del número, son en suma. y en estos término, para Walter
Pater ª las influencias primordial en la filosofía platónica, y que podemo
con certeza hacer remontar a su. años juveniles.
Sobre todo ellos, empero, se impon • la influencia avasalladora de S6crates,
con quien Platón parece haber convivido, segíin los cálculos más verosímile~,
entre los veinte y los "eintiocho años d su dad, hasta la muerte del maestro.
Parménides, por ejemplo, habrá sido sin duda, y Platón debió de omprcnderlo
así, un genio filosófico, por eJ aspecto puramente intelectual, mucho más alto;
pero por el lado del eticismo no hubo, ni entonces ni después, nadie que superara a 6crates.
Ahora bien, la filosofía de Platón (es una impresión muy personal, pero muy
sincera, y que no podemos dejar de consignar) es una filosofía fundamentalmente eticista, por amplio que sea el lugar que en clla ocupen las especulaciones cosmológicas y metafísicas. Por su propio temperamento o por las circunstancias históricas y sociales que le rodearon, no es Platón, como í lo es,
por el contrario, Aristóteles, el contemplador puro, el 8eroeo;- Tij~ 8eroela~
tYe)(a. Su teoría de las ideas, si bien se mira, es sobre todo teoría de los valores, y más concretamente aún, de aque!Jos que más tienen que ver con la
conducta humana: lo bello y lo bueno, lo justo y lo santo ... La importancia
del mundo inteligible, para Platón, estriba en que de él depende, de la Idea
del Bien en última instancia, la conducta humana, personal y social. A su
percepción, sin duda, no puede llegarse ino por el arduo sendero de la dialéctica, y nada está tan lejos de Platón como el moralismo puro de Antístenes
o Diógenes; pero su preocupación principal, una vez más, es la reforma intelectual y moral del hombre y del Estado. Así en toda su obra, y no !iÓlo
en la cumbre de ella, que son la República y las Leyes. Y cuando se traspasa
e te eticisroo, no e por el lado de la ciencia, sino por el d la religiosjdad: ''en
busca del centro divino", como ha dicho Werner Jaeger.•
• Plato and p/otonúm.
• "Sitivit anima mea, the Athenian philosopher míght say, in Deum, in D111m vivum,
as He was known at Sion". Pater, Plato and Platonism, ew York, 1899, p. 76.

86

~ra ésta ¡~recisamente, en lo sustancial, la tónica espiritual que animaba a
ates, quien contaba entonces más de sesenta años cuando el .
P1 ó
entró
·
,
Joven at n
de. para. siempre en 5:1 esfera de influencia. Hacía ya tiempo que habían
~ado de ~nteresar ~ Socrate_s las especulaciones cosmológicas a que fue tan
adicto, segun su propia confes16nJ en cierta época de su vida. Las había de ·ado
. "6n que, segun
, su Jmás
fdel todo para., consagrarse' del todo también , a la mtst
dumele pelmrsuas1onl, le ~i;mía intimado Apolo, el dios de Delfos: el celo o cuidado
a as ( . n,µe11,eia i:ñ,~ ) en aque 11 a sociedad
•
r as
habe
.,., •11vv
.,. ,.,''1;"
que naufragaba
po
r perdido, por obra sobre todo de la Sofística la orientación moral 10
P
serán tan expresivos
·
·
,ocos
. textos
.
de este celo, como éste de la Apología plat~n;a, e? que Sócrates habla de este modo a su imaginario interlocutor· "¡ Oh
:~~d :eJordde los homb~sl l Cómo es posible que siendo, como eres, a~niense
a ano e la m~yor ciudad y de la más renombrada por su sabiduría s~
~er, no te a,·erguences de no ocuparte sino de tu fortuna r de los m~io
d
5
e incrementarla
lo más pos·b1
.
i e, as1• como d e tu reputación y de tu honra y
que, en cambio, no pienses ni te preocupes de la sabiduría, de la verdad ni 1de
tu alma, procurando hacerla Jo mejor posible?'' u

E5, ru' m ás DI· menos, el Porro unum est nece..rsarium, de Jesús a Marta.
es de creerse que este primado del alma por sobre todas las cosas asent6 ' y
!,undame.nte.,en e_l ~ de Plat6~ en sus años de convivencia socrática.
convemón rec1b10 su sello def mitivo con la muerte de S6crates I d'
q ue el rnaes trO " apu r6 eJ veneno en la prisión". Así lo dice Platón '. e.,..1 ta , en
.,
s
• ~u cpaeµa)(.011 . eme~ e,, T~ deuµooi:1'/eí.cp, con la misma simplicidad con que los
evangeliSlas chrán después de Jesús: Crucifixus esl.u
A la vez que acababa de configurar en él del todo el hombre interior 1

y~:
~

muerte de ócrates fue para Plat6n el elemento polarizador por decirlo '
de otras f e
. . aJ
'
as1,
.
u rzas pintu es que ya trabajaban en él y que entre todas d
termmaro
· ·
'
,
, e, .
n su escept1c1 mo de la política militante, su alejamiento de la cosa
publica. Para comprender!o as1,
' no tenemo smo
. que recapitular sumariamente
• "La misi6n de Sócrates es de orden reli .
• .
hoy a estas palabras· s
g,oso Y m1sllco, en el
• u cnsenanza, tan perfectamente racional está
que parece sobrepasar a la pura
6 " B
'
la r,li¡ion, Paris, 1932, p. 60. raz n . t\ROSON • Les d11ux sourc,s
11

Apol. 29 d - e.
la. interpre1aci6n que d

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sentido que darnos
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de Plat6n encontramos

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tan egregios como Burnet y Di~s. "His final co.nversion - dice el .
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e SIC • e on w 1c he was then l}ing" (Pl 1 • Ph d
ª os at º• p. XXIX). Y Di~s
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· · maJadc pendant que Socrate
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b or
·1 la . • il
uva1
cigue,
releva un homme nouveau" (A u tour d, Platon, p. 174).

87

�la situación de Atenas en aquellos años que coinciden con la juventud de
Platón o con el principio de su madurez.
En 404_
, según dijimos, terminó la guerra del Peloponeso con la victoria de
Esparta sobre Atenas. No fue, para la noble ciudad vencida, una capitulación
honrosa, sino nna derrota incondicional. Los términos de la paz que .se le
dictó fueron, en efecto. de lo más humillante y aflictivo: destrucción de los
Grandes Muros de Atenas y de las fortificacione del Pireo; pérdida de todas
sus posesiones en el exterior, quedando estrictamente reducida al Atica y SaJamina; pérdida de toda su flota, con excepción de doce trirremes, y por último, alianza forzosa con Es.parta, cuya dirección en la política e:·terior se
comprometía Atenas a seguir. 1 ro bien se hubo ratificado el u-atado de paz,
por no poder hacerse otra cosa, cl gen •ral espartano Lisandro zarpó con destino al Pireo, y al son de las flautas, como para acentuar el júbilo de su país,
dirigió personalmente la destrucción d las fortificaciones y de los Grandes
Muros.
Muy pronto se "io que no ólo en la política exterior, sino en la interior
también, Ate.nas iba a ir a la zaga de Esparta y como su feudatario. En el
mismo año de 404, y en buena parte también por la intetvención de Lisandro,
fue abolida la democracia ateniense, para ser suplantada por el régimen oligárquico que pasó a designarse en la historia con el nombre de los Treinta
Tirano . De ellos formaba parte, y por cierto entre los más prominentes, Critias,
el tío de Platón.
En parte por esta circunstancia, pero sobre todo porque no fue jamás, ni
tenía por qué serlo, partidario de la democracia, podemos estar ciertos de que
no habrá contristado mucho a Platón (e to por lo menos) la caída del régimen
que, además, había llevado a Atenas al dc~a tre final. En la cuenta de la democracia, en efecto, deben cargarse, con otras muchas cosas tales como la
malhadada ex-pedici6n a icilia 1 resultado del mal consejo de demagogo como
Alcibíadcs, y el sacrificio, por otro lado, de sus mejores estrategos, como aquella
ejecución en masa -ejemplo típico de la demencia popular- de los generales
Yictoriosos en las Arginusas.
Pero si Platón pudo acoger, con mayor o menor beneplácito, el advenimiento del régimen autoritario, podemos estar seguros que hubo de Yer luego con
horror el proceso de aquella oligarquía sanguinaria, nuevo flagelo que cayó
sobre Atenas después de los desastres de la guerra. En sangre, literalmente,
ahogaron los Treinta la simple veleidad de oposición, y supñmieron igualmente, como acostumbra hacerlo toda dictadura, la libertad de expresión. Si en
Esparta estaban acostumbrado a esto, no así en Atenas, y menos en aquel siglo, el de Pericles y la Ilustración.

88

Si ya por todo esto y en general debió de haberle sido aborrecible a Platón
1~ conducta de los oligarcas, acabó de confinnarle en esta disposición la ojenz~ que, muy lógicamente por lo demás, tomaron aquéllos contra Sócrates.
Pnmer? le prohib'.c.ron "hablar", es decir conversar con los jóvenes, 0 con
cua_lqu1era que qu1s1era oírle, sobre temas morales o políticos cuya libre discus16n no pod~ con.sentir ~~nea ning{m autócrata. D pués, algo peor aún,
~ataron de ~~ecerle, haetcndole cómplice de sus crímenes, y le mandaron
rr, :11 compania de o~ros, a poner preso a Le6n de Salamina, cuya muerte
?ab_1~ decr~tado lo tiranos, sin que para ello les autorizara ninguna sentencia
JUdiaal debidamente pronunciada. Con toda raron se ufanará dcsp11és Sócrates
en su apología, ?e haber ~esobedecido, él solo, el mandamiento injusto; y s ~
guramcnte habria sucumbido al poco llempo el mismo Sócrates de no hab~r tenido pronto fin, como felizmente lo tuvo, el régimen de los Treinta
Tiranos, ''monstruos de impiedad, que en ocho meses mataron más atenienses
~ue los espartan~ en una guerra de diez años" .11 Así lo dijo uno de los conJ~rados con Tras1bulo, el caudillo de la reacción democrática, al dar la batalla
f mal en que fue muerto Critias.
Lo más e~traño de todo, lo más paradójico, fue Jo que luego tuvo lugar, en
la democracia restaurada, y que fue el juicio, condena y ejecución de Sócrate. .
A ~to no se habían atrevido los oligarcas; y sí lo hicieron, en cambio, los
dci:nocratas, y ~o los del mont6n, sino los principales, movidos por Anito,
qw:° co~ Tras1bulo babia acaudillado la reacción democrática, y que por
su integridad moral fue de todos respetado, aun por el mismo Platón.
. ~o es ést_e segurament~ ~ lugar de proceder a una revisión del proceso judictal d~ Soc_rates, y lo uruco que nos interesa es procurar darnos cuenta del
proceso mtenor de Plat6n; de lo que debió sentir al ver que su ciudad conden~ba a la úl~ima J:&gt;C"ª•. como lo, hacía_ con los peor s criminales, a quien
Platon llama,. sm rel.lcenc1as, el mas sabio y el más justo de los hombr .1-1Hubo de sentir, por lo pronto, el vértigo que nos produce la vfrcncia de lo
absurdo; Y luego, cuando la reflexión se asentó en él, cuando pensó como tuvo
qu~ pensar, que el mi mo fin habría tenido su maestro en el régi~en oligárqm~? o en otro cualquiera, le f uc forzoso llegar a la conclusión de qtte la sal~aoon de Atenas no era, en última instancia, cuestión de formas de gobierno
s~o de algo muc~o más hondo y raclical. No era en la constitución política:
sino en el alma 1:°mna de. sus conciudadanos, que habían perdido tan por completo la percepción del bien y del mal, donde debía aplicarse el remedio tal
Y como Sócrates lo había enseñado en su vida y refrendado con su muert~. y
para una reforma de tal envergadura era menester tiempa, reflexión, y desde
" Bun, A liisto,j' o/ Cruce, London, 1959, p 51 l.
" Ftdó,1, 118 a.

89

�· ·
luego, el retra1m1ento
al menos temporaI, de 1a v1·da .pública, donde el hombre
se consumía sin fruto en la lucha estéril de los partidos.
No porque su vida corriera ningún peligro por su amistad con. S6crates ( no
hay nada que autorice esta conjetura), sino para planear su vida futu:a, 0
simplemente porque quisiera alejarse por algún tiempo. de Atenas, despues ~e
l
había pasado el hecho es que Platón y otros miembros de la pequena
o que
• c1u
· d ad d e Mégara, para entreunidad socrática' se retiraron a la vecma
; : e con más libertad en casa de Euclides, uno de los íntimos ,de Só,crates Y
testigo también de su muerte, a la rememoración del maestro. ~llí habra ª~,re:•
dido Platón, quien se encontraba enfermo el día en que Socrates partto , e
esta vida todos los pormenores de su muerte, para conservarlos en su corazon
hasta escribir, tal vez años más tarde, el maravilloso relato de aquellas horas
inolvidables.
,
Platón decide así, en la quietud de Mégara o en tod~ caso ~o ~espues de
su regreso a Atenas, dar principio a sus viaj~, qu~ seran tamb1é~, Junto ~o~
la visión de otros países y costumbres, una dilatación ~e s~ horizonte es~mtual. Va a descubrir el mundo circundante, el del Medtterraneo, desde ~g~pto
hasta la Magna Grecia, y el mundo interior de las ideas; pero este ultimo
-recalquémoslo aún- en función de lo que es desde entonces, y lo será durante toda su vida, su objetivo principal: la refonna del hombre y del Estado.1~ Sus Wanderjahre van a ser asi la prolongación de sus Lehr¡~hre que
Esta es la interprch ab'1an eulminado en Atenas bajo el magisterio socrático.
d
• ·
· d
tación de los grandes platonistas, como puede verse e1 s1gu1ente pasaJe e
Auguste Dies:
..
.
.
"No sería sino una novela la que haríamos si qwstéramos imaginar l~s _fechas precisas, las etapas diversas, Jo~ aconte,ci~ientos .exteriore~ de. estos v1a1es.
Pero no haremos sino una hipótesis verosrrrul y cas1 necesaria s1 supone~os
que Mégara, Egipto, Cirene, fueron, para Platón, las etapas de una_ reflexión
·
·
mtenor,
concurrentc con los desplazamientos exteriores. La. evolución de . su
pensamiento siguió la curva misma de sus viajes, y no le aleJÓ de Atenas sm~
para hacerle volver a ella con una concepción más clara de la tarea que alb
le esperaba" .16
Una docena de años aproximadamente: de 398 (Sócr~tes había muerto en
399) a 386, fecha de su regreso d_efinitivo, ~e ace~t~ comu~~~te que dur:iron
los viajes de Platón por Egipto, C1rene, !taha mendional y S1cilia, en su primer
,, "He is conscious of having discovered a metap~ysical world, th_e knowledge ~f
not set out m quest of th.is
th e etcrn al Íonn5 and their true being. But Plato did
•
h d·
d th world
world. He set out in quest of the bcst state, and on th1s quest e 1scovere
e
f f nm" PAuL FRIADLANDLEJI., Plato, New York, 1958, I, p. 6.
0
,.
Platon, Les grands coeurs, Flammarion, 1930, p. 72.

ºnms:

90

visita a esta isla. Y subrayamos lo de su "regreso definitivo'', porque es muy
probable la hipótesis, apoyada por Zeller, de que, toda vez que Plat6n no se
alejaba de Atenas como un prófugo ni como un desterrado, sino por su voluntad, bien habrá podido volver a su ciudad natal, y estarse en ella el tiempo
que le acomodare, entre uno y otro desplazamiento a los indicados lugares.
Como quiera que haya sido, acompañémosle con la imaginación (que no excluye, antes bien supone el apoyo en la historia) por esas estaciones de su periplo.
Viajes.

Egipto, en primer lugar, país heredero de una antiquísima sabiduría y fuente legendaria de todas las iniciaciones, tenía que atraerle poderosamente. A todo hombre culto de aquellos tiempos, desde luego, pero más aún a quien, como
Platón, se ufanaba de descender de Solón, del cual se decía que a sus andanzas
por el valle del Nilo, con todo lo que allí pudo ver y oír, debía en gran parte
aquella admirable sabiduría que hizo de él uno de los Siete Sabios de Grecia
y el mayor legislador de Atenas. Del fondo familiar de tradiciones y consejas
que corrían sobre el legendario personaje, debió extraer Platón la deliciosa
anécdota que dejó consignada en el Timeo: la conversación que con Solón
tuvo un "viejísimo" sacerdote egipcio, quien apostrofó así a su interlocutor:
"¡ Oh Solón, Solón! Vosotros los griegos sois unos eternos niños, y no hay
ningún griego que sea viejo ... Jóvenes sois todos vosotros por el alma, porque
no guardáis en ella ningún saber antiguo de tradición remota, ni ciencia alguna que ostente las canas del tiempo". 17
Esto se lo decía el hierofante egipcio al viajero griego cuando éste pretendía,
con juvenil jactancia, revelarle el origen del género humano con la leyenda de
Deucali6o y Pirra, sobrevivientes del Diluvio y protoparentes de la nueva
humanidad. Para el sacerdote de Amón Ra, era este suceso del día de ayer
apenas, como si dijéramos. De cualquier modo, cierta o falsa la anécdota,
hay allí, en aquellas palabras, una admirable descripción de la eterna juventud
espiritual de los griegos, gracias a la cual fueron en todo los renovadores del
mundo.
De cualquier modo también, PJatón acepta por sí gustosamente la lección
que recibió Solón, como se ve por estos pasajes, que ensamblamos libremente,
del Timeo y las Leyes:
"Somos niños en verdad, nosotros los griegos, comparados con este pueblo
de tradiciones diez veces milenarias. En tanto que nosotros no conservamos
por mucho tiempo nada de los preciosos recuerdos del pasado, en Egipto inscriben y preservan eternamente en la piedra la sabiduría de los tiempos an" Timeo, 22 b.

91

�tiguos. Los muros de los templos están cubiertos de inscripciones, y los sacerdotes tienen siempre ante sus ojos esta herencia divina. De generaci6n en generaci6n se trasmiten, sin la menor alteración, las cosas sagradas: cantos, danzas n·unos ritos música pintura desde la edad inmemorial en que los dio'
'
'
,
ses gobernaban el mundo". 18
A más de todo esto, que hasta hoy hiere la vista de quien visita lugares como
Sakara y Luxor, con el templo de Kamak y la necrópolis faraónica del Valle
de los Reyes, hay algo que es tal vez lo sobresaliente, y es la absorción de
aquella cultura y del pueblo que la produjo, en un problema único, en el gran
problema de la muerte. Desde el faraón hasta el último de sus súbditos que
podían hacerlo, toda su preocupación era la habitación definitiva de la tumba,
antes que la morada transitoria al aire y al sol. Ahora bien, y por más que la
cultura helénica haya sido, al contrario de la egipcia, una cultura no de la
muerte sino de la vida, no por esto dejó de inquietarles a los griegos ¡ cuán
lejos de ello! el mismo gran problema del más allá. En mayor grado aún, o
de manera especial, a quien como miembro del círculo socrático más íntimo,
tendría siempre presente la sentencia que Sócrates había pronunciado en su
último día: "Filosofar es aprender a morir". No sólo esto había dicho Sócrates, sino también, y en la misma ocasión, estas palabras que seguramente fueron
para Platón la invitaci6n al viaje en general, y al de Egipto en particular:
"Grande es la Hélade, Cebes, y no faltan en ella los hombres de mérito,
pero muchos son también los países extranjeros. Buscad en ellos, con diligencia,
el encantador incomparable cuyos exorcismos disipen, en el niño que hay aún
en vosotros, el miedo de morir. No ahorréis en esta búsqueda ni trabajo ni
dinero, y tened por cierto que en nada podréis gastar, más a propósito, vues)

tra fortuna" .18
Cuánto tiempo vivió Platón en Egipto y en qué lugares, no lo sabemos con
exactitud; pero la tradición constante en la antigüedad, por lo primero, es
que fueron varios años, y por lo segundo, que su morada más larga y predilecta fue en la ciudad sagrada de Heliópolis. Tres siglos más tarde todavía,
según el testimonio de Estrabón,"º quien afirma haber estado allí, se mostraba
aún a los visitantes, en los edificios destinados al alojamiento de los sacerdotes,
las cámaras que ocuparon Platón y Eudoxio de Cnido~ el gran astrónomo que
fue después su colega en la Academia, y quien parece haberle acompañado
en aquel viaje.
Nada queda hoy desgraciadamente de la antigua Heli6polis (en la actualidad una simple zona residencial del Cairo) , como para damos ciertos eleTim110, 20 d et seq., y Leyu 656 d et seq.
'' Fedón, 77 e - 78 a.
"' XVll, 29.

mentos imaginativos del ambiente que rodeó a Platón; pero este vacío lo
compensa ampliamente la admirable zona arqueológica de Memfis, distante
de Heliópolis a cosa de treinta kilómetros, y que seguramente habrá visitado
Platón. Ahora bien, parece que había una cierta unidad estilística entre ambas ciudades, por haber dirigido la construcción de sus principales pirámides
y templos el mismo personaje: Imhotep, sabio y político, arquitecto y gran
visir del faraón Djeser-Neterkhet. Todo esto se llevó a cabo -y estos personajes florecieron- hacia el año 2800 antes de nuestra era, durante la tercera
dinastía mcmfita, fundada por Djeser. Estas obras grandiosas, de las que nos
han quedado por lo menos la pirámide y el templo funeral de Sakara son
.
'
antenores en más de un siglo a la Gran Esfinge y las tres conocidas pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, obra de la cuarta dinastía.
Todavía veinticinco siglos después, al llegar Platón por allí, podía verse en
todo su esplendor la ciudad a la que Imhotep, que era igualmente el Gran
S~cerdote del Sol ( Amón Ra) impuso por ello el nombre de Heliópolis: la
Cmdad del Sol, encarnación plástica del principio luminoso que los egipcios
adoraban como la divinidad suprema. En ella, según el justo comentario de
Roger Godel, el genio de Imhotep ''supo unir los tres temas mayores de la
muerte, la eternidad y la luz en una sinfonfa única". 21
Una de las lecciones, la primera tal vez, que Platón recibió al meditar en
toda aquella historia, tan lejana ya para él como lo está él mismo de nosotros,
pero seguramente con pormenores que se perdieron luego irrevocablemente
habrá sido la de que sí era posible la realizaci6n del sueño -que desde en~
tonces traería ya en su mente- del filósofo-rey o del rey-filósofo, 0 por lo
menos, cuando no se diera la concurrencia de ambos caracteres en la misma
persona, el poder efectivo del sabio con el beneplácito regio, que era puntualmente lo que se había dado entre lmhotep y su soberano. Antes que Platón conociera personalmente a Arquitas de Tarento, el otro caso ejemplar de
lo mismo, tenía ya en la historia una confümación esplendente de su gran
ilusión.
Sin tener de nuestra parte la pretensión, que sería ridícula, de hacer por
nuestra cuenta el inventario de la riqueza espiritual que Platón llevó consigo,
por toda su vida, después de su permanencia en Egipto, sí podemos permitirnos ciertas observaciones, con fundamento en las alusiones explícitas o
implícitas a aquel país, que encontramos en tantos diálogos platónicos, como
el Fedón, el Fedro, el Gorgias, la República y las Leyes.
De Heliópolis, en primer lugar, si no recibió Platón la idolatría solar -¡ni
cómo podía ser, con la espiritualidad tan alta de su religión más íntima!-,

1&amp;

21

R. GooEL, Platon

a Héliopolis d'Egypte, Paris, l956, p. 22.
93

92

�sí en cambio, con toda probabilidad,2 2 la imaginería correspondiente, las metáforas de la solidaridad, que encontramos en los libros Vl y VII de la Rept'l,blica, en la alegoría de la caverna y en la Idea del Bien, que es, sin duda
alguna, la cumbre de la filosofía platónica. Dios no es, para Plat6n, el sol, a
buen seguro, pero como Je es forzoso acudir a símiles sensibles para. declarar
lo inefable, no se le ocurre nada mejor que llamar a la Idea del Bien ( que
es Dio mismo) el sol del mundo inteligible. Y es también un recuerdo de
los obeliscos que habrá visto en Heliópoli y en Memíis, la verticalidad de la
aseen ión que emprenden lo prisioneros de la Caverna, hacia la luz difu a
en primer término, para poder al fin ver el sol cara a cara, como desde la
punta del obelisco.
.,
.
La más profunda huella tal vez, a nuestro modo de ver, que deJO Egipto
en Platón, fue la contemplación de un orden eterno de justicia, vigente tanto
en el universo como en la ciudad humana y en el alma individual, en este
mundo y en el otro, donde imperaba Osiris, el juez irreprochable de los muertos.23 Por diferente que pueda ser, en sus matices, la concepción de este orden
en la filosofía platónica, nos parece innegable la concordancia radical.
Por otra parte, y en lo que se refiere ya no a su filosofía objetivamente considerada como cuerpo doctrinal, sino a los hábitos de su filosofar, pensamos
igualmente que Platón habrá aprendido de lo acerdotes hielopolitanos -o
que le habrán confirmado en lo que ya le habría enseñado su maestro Sócrates- que el pensamiento es un en imismamicnto, un "diálogo interior y silencioso del alma consigo misma" .24 Y este diálogo, en fin, habrá tenido frecuentemente por materia el gran tema de la muerte. En ninguna parte como
en Egipto le fue posible a Platón entregarse a la meditatio mortis, la cual debta
ser, según el magisterio socrático, el ejercicio predilecto del filósofo. Día por
día a través de los miles de año de la historia egipcia, en cada de puntar
del ' sol y anticipando su declinio, el sacerdote evocaba el análogo curso de la
vida humana y su destino último, con estas palabras:

"El alma -Ba- se encamina al sitio que le es familiar,
Ten , JmesJ cuidado de tu morada de occidente, y
Embel~ce tu lugar en la necr6polis
Por la rectitud y la práctica de la justicia,
En la cual debe apoyarse el coraz6n del hombre."
" Es la hip6tMis, por ejemplo, de Goou., op. cit., p, 48.
n Distribuyendo premios y castigos en la otra vida, según la con~ucla personal de
cada uno en la vida terrestre, vemos a Osiru en las imágenes la~idanas ~e las t~bas
e ·pcias • y no es posible que Platón no las haya recordado al mtroduc1r esta rrusma
ifca de 11a justicia de ultratumba en el mito del infiemo que trazó en el Go,gias.
1, Sofista, 263 e: d ,.,,,, snó~ Ttj, ,pvxfi, neo;- aímj'I' &amp;a .l.oyo;- Cll'tV &lt;pon,íj;-.

94

Muchos himnos como éste había en el Libro de los Muertos; y como no
podemos dejar de imaginar que Platón los habrá oído o recitado no resistimos
.
'
a la tentación de copiar algo del siguiente:

"La muerte está hoy ante mí
como la salud del e11/ermo¡
como la salida al aire libre después del confinamiento.
La muerte está hoy ante mI
como el perfume del incienso;
como el rej1oso al abrigo de la tienda en u,l día de
gran viento.
La muerte está ho,y ante mí
como el perfume de los lirios;
como el reposo en la orilla de un país de embriaguez.
La muerte está hoy ante mí

como el fin de la tempestad;
como el retorno a casa después de. u1ta expedició1t.
La muerte está hoy ante mí

como cuando el ciclo se descubre¡
como cuando se va de ca.za a un país desconocido.
La muerte está hoy ante mí

como el deseo qtu ti,•nc el hombre de volver a su
patria
después de muchos años de cautiverio."
De Egipto pasó Platón a Cirene, atraído esta vez por la fama del msigne
matemático y astrónomo Teodoro, en cuya compañía pasó algún tiempo también, aunque no tan largo, según se cree, como en el Valle del Nilo. De allí,
por último, se trasladó a la Italia meridional y a Sicilia. Reservando, según
dijimos, la narración de estos viajes para un capítulo posterior, nos limitaremos por ahora a decir que lo que buscaba esta vez Platón, en la Magna
Grecia, era un conocimiento a fondo deJ pitagorismo en todos sus múltiples y
complejos aspectos: las matemáticas, tanto como saber formal como en cuanto
mística del número y la armonía, y finalmente en el aspecto político, encarnado todavía en aquella época en la gran figura de Arquitas de Ta.rento.

95

�Por ayunos que estemos hoy de pormcnorc . que tanto nos deleitarían, de
todos estos viajes de Platón, los pocos que de ello tenemos son suficiente para
revelamos las direcciones fundamentales de su espíritu. Místico y filósofo tanto
como matemático y político, todo to fue Platón, tan absorto en la vida de
ultratumba o en la contemplación d •l mundo inteligible, como en esta otra
vida terrestre, activa y ciudadana. En perpetua tensión de todos e tos requerimientos estuvo siempre su alma, y para satisfacei los hizo su periplo mediterráneo, por los lugare o en procura de tos hombres que pudieran darle tan
variado saber. o la amorfa polimatía de lo!i sofistas sino la sabiduría vertebrada y arqtútectónica. Con ella volvió Platón, hacia el año 386 antes de
Cristo, para dar principio, en u ciudad natal, a un magisterio que, interrumpido apenas por sus infortunados viajes a. Sicilia, dur6 apro.·imadamente cuarenta años, hasta el día de su muerte.

LA

ACADEMIA rLATÓNICA

La calle más elegante de Atenas, en aquellos tiempos, e llamaba el Dromos
(el Corso de los italianos o la Carrera de los españoles). y remataba en la
Doble Puerta ( Dip)'lo11), que abría el camino hacia Eleusis. A la vera de él,
una milla más o menos de clistancia de Atenas, en una. propiedad con casa y
jardín, que se encontraba bajo la advocación tutelar del héroe Acadcmo, fundó
Platón la escuela que, por esta circunstancia, recibió el nombre de Academia.
Si con el tiempo, y hasta nuestros día , pasó a designarse con la misma voz
todo centro corporativo de una enseñanza o invrstigación superior, fue debido
tanto a la novedad de la institución como a su dilatada duración, y de una y
otra rosa conviene hacemos cargo.
Si hoy no reparamos ya d ·bidamente en lo primero, es justo en raz6n de
que nuestras instituciones educativa son copia, en té1mino generales, de la
Academia platónica y tomamos el modelo, en fuerza preci, amente de la costumbre, como algo dado de suyo, impuesto por la naturaleza de las cosas. Pero
reflexionemos nada más en que nunca basta entonces había asumido la educaci6n superior (aunque los pedagogos de primeras letras hayan podido tal
vez tener escuelas como las de ahora) esa íonna corporativa, organizada, sedentaria, con distribución de cursos y materias y todo lo demás, que imprimió
Platón en su Academia. Hasta allí, la filosofía se había trasmitido o bien por
e critorcs y poetas solitarios, como Heráclito, Parménides o X nófanes, o por
egregios vagabundos, como lo fu e ron Anaxágoras y los grandes sofistas ( Hipias, Protágoras, Gorgias) , o en comunidades de carácter místico-esotérico,
como los pitagóricos, o ya en Iin - y era •I ejemplo más reciente- en la calle

de ~os gimnasios en ~n vagabundeo ciudadano esta vez y ·in la menor formalidad,.
lo hab~ hecho ócrates. Pero una comunidad laica, por más
que se nnd1era el d b1do culto a los dioses, al héroe tutelar Academo y a
l~ Mu as (y por esto la Academia fue también el primer µovucio'V), organtzada para la conquista met6dica r racional del saber en todo· sus aspecto
de todo esto no había el menor precedente, y en esto fue Platón tanto O mú~
que en su filoso~ía, . ~reador absoluto. Si su genio de organizador pudo frac.as~ en la consl1tuc10~ del Estado ideal, se manifestó en cambio, con absoluta
plerutud, en la fundaCión de la primera Univen.iclad d 1 mundo.
Est~ f~~ e.-.:acta~ente, sin el nombre apcnas/ 5 la Academia platónica: la
orga.111zac1°1:1 m~1t6d1ca, en u doble aspecto de investigación y docencia, del
saber superior. Lo que es el Estado en el orden político -decía Newmanesto es la Universidad en el ~rdcn de la sabiduría y de la ciencia: el poder
soberano que ~rorege y coordina todo saber". En su tiempo lo fue, para Aten_as y la Grecia entera, la institución fundada por Platón, y no sólo en su
t1cm~o, _Yª ~u~ la Academia platónica, aunque con mayor o menor prestigio,
contmuo existiendo como tal hasta el año 54-9 de nuestra era cuando el cmpera~or Ju tiniano orden6 la clausura de las escuelas de Alc;as. Nueve siglos
en numero redondos, desde el año 386 antes de Cristo, o sea una duración
que ~o h~ sido al:anzada a{m por las más antiguas uni ·ersidadcs de Europa.
Su Ju tona, ademas, la conocemos tan bien, o poco menos como la historia
I
de la Sorbona, por ejemplo. Tenemos la lista de todos sus rectores llamados
c:.colarcas, a partir del segundo: Espeusipo, el sobrino de Platón, a 'quien éste
encomend6, antes de morir, la jefatura de la escuela.
Podcmo imaginamos la Academia platónica, según lo hace Friedlandcr 26
como una _com~o--ición de pitagori mo y socrati mo. Es de creerse que Plat6n
habrá podido ,1s1tar algunas comunidades pitagóricas que quedarían aún en
en el sur de Ita!ia de_pués de la tragedia de Crotona, y de cualquier modo, el
hecho es que tuvo siempre 1, mayor admiración por Pitágoras, a quic.-n llama
el "líder de la educación'': f¡ycµéiJ-., -rij~ nawda~. A sus cliscípulos, en efecto, había comunicado Pilágoras no sólo el saber formal, sino una religión y
en todo ca~ u~ "estilo. de vida", el llamado, por sus sucesores, llv8ayóe€:o~
-reóno~ -rov fJ,ov.,.Y st comparamos ahora la e.cuela pitagórica con la e cuela
p_latónica, vemos c6mo en ésta tambi'n, no menos que en aquélla, la formación moral, religiosa y política ocupa un lugar tan importante por Jo menos
como la formación intelectual. En una y otra, además, no se vende el saber
como lo hacían los sofistas, sino que la escuela se so tiene con contribucion~

co?30

El nombre 1UJ.t'umrd1m» (Universidad ) es del griego moderno, y no se encuentra
para nada en la lcnglla clásica
"' Plato, J, 90.

97

96
e ll-7

�voluntarias de us miembros o de extraños, particulares u hombres de Estado.
En ciertas ocasiones llegaron a ser muy cuantío as, pero no por esto dejaron
de aceptarse.
La comunidad platónica, no ob tantc, difería profundament' de la pitagórica
en el hecho fundamcntal de •star pcrmcada del espíritu socrático, de aquella
simplicidad y falta de hinchazón, merced a cu)a.'I cualidades,
'm dice Plu•
tarco, pudo Sócrate "humanizar" la filosofía.2J Sin mengua de la veneración
que en una y otra c munidad se tenía por el maestro, y que en ocasion · podía
confinar con la apoteosis, el / pse dixit ('Avdq lepa) de los pitagóricos no
fue jamás en la
demia la suprema instancia dirimente, sino la razón, 1
l6gos de la videncia int 1·ctual. Así lo habfa mantenido Sócrates basta el
momt•nto supremo: la "ob •di ia a la razón", antes que a nada ni a nadie,
según lo dejó Platón consi1:,rnádo en sus Diálogos, sobre todo en el Crit6t1.
El espíritu socrático únicamente -lo más importante, por lo demás- era
lo que había trascendido a la Academia, y no los hábitos exteriores, en los
cuales Platón, simplemente por su linaje, tenía que ser tao diferente de u
maestro. Al contrario exactamente de lo que hiciera Aristófanes con Sócrates
y su círculo, al exhibirlos en su comedia como mendigos o poco menos, los
poetas cómicos que atirizaron la Academia: Efipo, Ant'úancs y otros, pr'·
sentan a los platónicos como gentes finas y requintadas en su atuendo r en
sus maneras, con elegantes sandalias, manto y bastones. Por último, y como
otra nota diferenciadora del estado llano que fue la comunidad socrática,
señalemo la división de clases, digámoslo nsí, q 1e no tardó en establecerse en
la Academia, entre lo "jóven " (t&gt;ea11ÍO'xo,) y los "ancianos" o " mayores"
(1'(1E&lt;1Pvneo,), y por encima de todos el "cscolarca" ( axoláex11~).
Todo esto sucedió no tanto porque Platón lo hubiera impuesto así desde el
principio en su incipiente escuela, sino por el curso natural de los acontecí•
mientos. La Academia, en efecto, no era un centro de educación profesional,
como las actuales facultades universitarias, a donde se \'a para sacar un
útulo cualquiera con que ganarse la vida; y que era también, más o meno,
lo que buscaba la juventud at niense al ponerse bajo la dirección de un SO·
fista, cuyo título profesional, el que expedían e tos profesores, era la "retó•
rica'', instrumento único. en aquella época, para hacer carr ra y fortuna. La
cademia, por el contrario, ra ante todo una organización del saber por el
sab r como único afán, y como su adquisición no era nunca total, sino siempre
perfectible, bien podía uno quedarse allí indefinidamente, y sobre todo si
con el tiempo pasaba a ser también maestro de las nuevas generaciones y
colaborador, ya no precisamente discípulo, del escolarca. Fue el caso segura·
:, De g1nio SocraJis, 12:

98

~t

mente de miembros tan ilustres de la A d .
Aristóteles de Estagira el cual estuvo
~~a co~o Eudoxio de Cnido y
1 vemte anos, de los J8 a lo 38
de su edad y no es de cr
'
eer que este genio incompar bl
,
maestro fuera otro igual ha)·a 51'd
. a e, por mas que su
o en tan amplto ¡
· 1 . ,
de Platón. sino antes bien' su colabo
d
ás
. apso, si.mp e disc1pulo
;,
ra or m egrecno }' ta b •,
no. su opositor doctrinal T d . d
o· •
m ien ¿ por qué
. o o m u e a pensar en electo
d d
JIos anos
de com·ivencia
rotid'
1
,
qu
.
rana entr
, dos filó of0 A . 6 e1 e aqucmadurado su propia nn&lt;:ic"ó f
,
,
nst te es habrá
r - - 1 n rente a la teona platónica d I
"d
to de di. crepancia radical \' que I
b. .
' e as I eas, el pun•
Platón en diJJogos como ,1 ·Pa . : a_sd o Jt'C1on ~uc a í mi mo se plantea
.
rm,.m es, no son smo
1
.
mur ami tosa tal wz• pero mu.} \.'l.va ClCl"Ulll[ICI](tc.:
.
a polénuca,
gantes de la filosofía. En el u
d
re aquellos gi•
~ilidad, habrá lanzado Aristótele:S:1 : n ~ =
USI ncs, con toda probandad como el Amicus Plato
d
g. ~""- lo _que lu go pasó a la po te•

, se magzs a,,..._ lH'ntas. 2s
. Otro ~ pecto muy interesante de la Acade .
.

.
plat6mca, y que ha recibido
,
e u proyección política Ha
.
1
a pensar que, por más que la enseñanza fuer
,
.
. y qu~cn , . 1 egan
comparablemente más alto q
f'
alh de un nivel f1losof1co inue con Ios so ,stas el d . . ¡·
mente el mismo: la capacitación del 1
,
es1gn10 mal era exacta.
tica y a la. conquista del poder D
a umno para lanzarse a la arena polí•
tenerse con tal sim lism
. : nu~~ra part' no crccm0s que pueda ~
p
o esta cqwparac1on pue esta
,¡ impulso fundamental O pnm·
ó .
'
mos convencidos de que
•
er m v11 era n un
1 f,
en el otro la amhi ión de poder p
CaS()
a an de saber, y
· ero una ,-ez hecha
d' · ·
meno indudable que la Acad, .
.
esta 1Sttnc1ón, no es
vida de Platón de la cosa p, bli~m1a no se desinteresó jamás, sobre todo en
11
·
ca }' que us m · • b
·
tre fundador, estuvieron siempre p'ron to
I.J~r~ ros, sm c. cluir a su ilu •
. "6
s a par c1 par en la refo
n1zaci
n de este o aquel E tado' con d"igni'dad en general
.
·
y más rma u orga•
¡eros qu como actor s' aunqu a veces
'
f ueron gente aventu
como
d consecomo los que acompañaron a Dion d 8 .
rcra o a ocenada,
'
e iracu a n la ex"4rl: '6 d
pues hablaremos. Entre los hechos p . . 1
,,,......c, n e que des. "d
~mc1pa es que reflejan la . fl
.
activ1 ~d, o simplemente el prestigio político de la Acad .
m uenc~ o
bros, citaremos Jo siguientes.
rrua Y de sus m1em.
dl\:ersas mtcrpretadonc

e

~

Id

ª

1 :lat~1~ mi mo: ante todo, fue invitado por los cirenaicos para darle
gi lanon. Dedmó te convite co
.
una
' mo tamb·~
i~n otro cmeJante
que le hi ieron

º'

No se halla
.
. con . estas palabras en 1 escntos
aristotéli
.
aguell a scntenr1a. deb16 tomarse como
I
f
cos , pero gur:m1en1e que
donde dire Aristóteles que se j h una I! os; iel, dt:I pasaje de la Etica nicomaquta
"d
e ace muy cucstn arriba
J cas por S&lt;'r su defensores amigos su vos .
ero
. opon~rse a la teoría de las
verdad Y la ami1tad, considera como un. d •:
qu;, s1éndol!' •lfUalmcnt!' queridas la
dµq,oi11 ytig óno11 q,lAow 1ie110,, n~or:,µil e _r s~1;8 o dar la preferencia a la wrcfad:
" r:7111
€ c1a11 E. ·. !096 a 17.

99

'

�de legalópolis, aunque ta vez envió allí a uno de sus di cípulos, Aristóni~o.
A EH de donde Je hicieron el mismo pedido, despachó a su "colega" Fomuo,
quien 'parece haber modificado la oJiaarquía extrema que en aquella ciudad
imperaba. Al rey Pcrclicas de facedonia, a su \'ez, le envió a Eufrco, quien
exhortó a la corte a "e tudiar geometría y filosofía", sin mayores con cucnias, al parecer, en el régim n político. Otro· dos acad ·micos:
orisco y
Erasto, di cipulos igualmente de Platón, fueron enviados a A o, en Eolia
(Asia fcnor), donde establecieron esucchos \'Ínculos con Ilcnnias, tirano de
Atameo. ohre esta iisión poseemo un intcre ante documento, la Carta VI
de Platón, en qu
autor pondera la \·entaja.~ recíprocas que los tres: Hermias, Erasto y Comoo; derivarán de u asociación; el primero_ la posc.,1ón de
"amigo seguros y de alma sana , Jo que vale "más que la ~-u~lltu~ de caballos
y las alianzas militar '', y los académico a su v:z,_ adquinran, Junto ª. He:mias la ciencia de saber cómo defenderse de los an1ustos y malvados; ciencia
que no pudieron aprender ''en su convivencia con no otros, que so~os gente
tranquila y sin malicia". La epi tola dirigida conjuntamente a H nnias, Erasto
y Corisco, termina con este bello párrafo:
"Esta carta tenéis que leerla los tres juntos iempre que f uerc po ible, o
de do en dos lo más frecuentemente que podáis. Ten dla como una fórmula
de juramento y como una convenci6n con fuerza de ley, por la que podréis
jurar en serio y en broma, por ser la broma hem1ana de la seriedad. Y cuando
lo hiciereis, tomad por testigo a Dios, amo de todas las c . as presentes y futuras, y padre y señor de toda autoridad y toda causa, al cual, si fil060f amo
verdaderamente, conoceremos con toda la claridad que e po·ible a los hombres que han alcanzado la felicidad".~º
La conversión de Hennias a la filosofía fue sincera y efectiva. D roe luego,
mitigó su tiranía en la nueva constitución que dio a su pueblo, y en la cual,
según dice Jaeger,8º pueden reconocerse las ideas de Platón. Con Pitias, la
hija de Hennias, acabó por casarse, anclando el ti 'ropo, Ari tóteles.
Lo principal d la Academi¡i platónica, no obstante, y su mayor ej mplaridad no fue su actividad ad extra, sino ab intra, el filosofar como tal, que
Platón concibió y practicó, con sus discípulos y compaiíero , como la convivencia entre amigos, con el fin de descubrir la verdad como fruto del fuerzo
omún. Es lo que declara Platón en la famosa "digresión filosófica" de la
Carta VU, en la cual, por más que lo diga a propósito de las intemperancias
,. Carta VI, 323 d. Por más que la autoria platónica de cata carta no e té tan sólidamente e tablecida como la de las dos siguiente : VII y VIII, admiten su ntenticidad
filólogos tan re p •tables como Wilamowitz, ouilhé y Howald. El párrafo citado responde, adem.u, a la teología platónica dt las Leyes.
• Aristotl•, p. 114.

100

e!

filosóficas de Dioni io Joven, no hac· el filó ofo sino reflejar su experiencia
per.;onal en la Academia y sus métodos d traba1·0. Después de decir q e J
. . d I b'
u
u a
c1enc1a e º. Jeto verdaderament inteligible • real" no se ·ncuentra ni en
1 nombre, ni en Ja definición, ni en la percepci6n sensible, pero que í hay
que pasar por todas estas tapas, concluye de este modo: " 0 es sino cuando
se han ~rotado penosamente los unos contra los otros: nombres definiciones
p~rcc~1ones ~e ~ vista e impr iones de Jo entidos; cuand~ todo se ~
~cutido en di cusione amistosas. rn que la envidia no dicta ni las preountas
~1 la . re puestas, cuando viene a brillar la luz de la ~abiduría y de la inte~genc1a con toda la intensidad que pueden soportar las fuerzas humanas".31
Y por e.sto -agrega a ~cnglón .cguido- todo hombre . erio se guardará
m~cho de tratar_ ~or escnt~ cue tione serias y de entregar así sus pensamientos a la env1d1a y a la incomprensión de la masa."
Mucho quehacer han dado a lo exégetas e tas palabras
f
·
d 1
.
.
,
, Y ue: por cierto,
uno e O mottrns de que, en cierta epoca, se impugnara la autenticidad de
la Ca~a VII. _c~.'.lDdo se preguntaban aqu 'llo · que c6mo era po ible que d aconsejara escnb1r de filosofía, "cuc tión seria" por c.'scclencia, quien
habí
pasado la vida es,cribiendo sobre estos temas. A esto se han dado much;
r~puc tas, Y la mas obvia parece ser la d c¡u Platón en su vejez harto de
dw_ de desengaño , pudo considerar del todo inútil lo que él mi' mo había
escrito, ya que Ja Carta VII e expr ·ión de su profundo de ncanto d
•
d I trá •
. . . ..
espues
e a
g~ca e.·pencnCJa s1c1liana. Mas por otra parte (y de aquí . ha deri,·ado prec15:men_te un ar~wnento n favor de la autenticidad de la carta),
Platón hab1a depdo consignado mucho años antes en el Fedro el mismo
pensamiento, al decir que todo cuanto se escribe apena por "div:rti.m.iento"
pero que tratar en erío de comunicar la verdad por escrito, es como "escribí;
o. sembra~, en el. ª"ua, e~ ~ agua ne~ra de la tinta". ' 2 Y líneas arriba SP no
dice_ que del ~1scurso v1v1ent y anunado, que se inscribe en el alma, no es
el chs urso escnto sino un imulacro."

r

Es clara la doctrina, a nue tro parecer, }' perfectamente concordante en todos estos tcxt~s. aunque expresada tal vez con mayor acritud, por Ja amargura de la ve!ez, en la"C~ta .v~I. ada impide escribir lo que se quiera y de
qu~ se qUJera por divertumento" o 'pasatiempo" (.n:atcY,á), y con esta
mtenc16n pu~o ~la~ón haber escrito sus diálogos -¿quién se lo impedía?-,
Y de e~~os clivertinu~tos se ha nutrido, durante veinticuatro siglos, para su
educac,on, la humarudad pensadora.33 Por algo e coaió Platón e ta fonna de

!º

n Carta VII, 344 b.

ª

Ftdra, 276 c.

u En el idioma en que escribió Pintón, hay apenas una ligcr[sima variante verbal
entr• "divertimiento" y "educación": na,J,á.muiJda.

101

�.
f
l
l
refleja cuando es un diádiálogo que rehuye el aire pro csora ' pues o que
'
.
. d l
'
d" f ad d diálo"o no es el mag1steno e
logo auténtico y no un tratado 1s raz o e
o '
. . t
.
t' b"
para poner en movuru.en o
sino su investigación. Lo escnto es a ien
.
saber,
•ta1
conJunto de textos es¡
, ·tu ero la sabiduría es un fruto v1
y no un
:u;;;~s;o pes el platonismo, y así debió entenderse e~ la Academia! no
..
d ctrina esotérica distinta de la exoténca que aparcc1a. en os
se tuviera una o
fil f'
asunto de trabaJO perdiáloe:os escritos, sino simplemente que la oso ia es
d
.
t
sonai° y en común, y la palabra hablada ~osa_ que ya no enten emos en es a
d d lib ca
más eficaz que la escrita.
nuestra e a
res - ,
. , 1 vida de Platón hasta su muerte, que llegó
En la Academia transcurno ª
~
47 ) D "ó • . terminar su
apaciblemente para él cuando condt.abaC~O :os"~urió .escdbie:o" -scribe11s
,l .
b las Leyes pues como ice ice '
u trma o ra,
. '
l
d
ino intelech1al: con la pluma en
est mortuus- como cump e a to o genu

q;e

la mano.

ABSTRACCIÓN Y GOCE ESTtTICO
Lic. Auousro CÉSAR CÁRDENAS G.
Universidad Jaime 13almes,
Saltillo, Coahuila, Méjico

I
Es IMPOSIBLE QUE EXISTA UNA ESTÉTICA, formalmente una, que trate a la vez
de la belleza y del arte. Es imposible porque lo que le da unidad a una ciencia
es el objeto formal, el "inspecto" especifico que de la realidad tal disciplina
nos permite contemplar. Es evidente que el arte es un hábito operativo o más
estrictamente una virtud que como tal es estudiado, ya por aquella parte de
la filosofía de la natw'aleza a la que llamamos p:;icología especulativa, ya
por la psicología como ciencia positiva. La belleza, en tanto que es convertible
con el ser, en tanto que es un trascendental o "abarcador" según la terminología
de Jaspers es motivo de estudio de una disciplina que los antiguos llamaban
sencillamente De Pulchro y que está más próxima a la metafísica en cuanto
que ambas operan en el mismo plano de abstracción, pero que no obstante
difiere de ella en cuanto que la metafísica se preocupa de entender al ser en
cuanto que es ser, a diferencia de la ahora innominada filosofía de la belleza
que se preocupa del ser en cuanto que es fuente de deleite espiritual.

II
Recordemos que el entendimiento necesita abstraer para conocer y que tal
abstracción puede ser de dos tipos o especies: Total o Extensiva, a la que
pademos llamar también generalización, y Formal o Intensiva, a la que podemos llamar también explicitación o más sencillamente "explicación". Por la
primera borramos las diferencias ya específicas, ya genéricas y nos vamos que-

103

102

�dando con géneros cada vez más amplios pero más indeterminados, más pobres
en inteligibilidad y más obscuros, pues en ella vamos obteniendo los concept~s
a base de privaciones, de manera negativa; de este modo obtenemos un universal de sus partes subjetivas, por ejemplo el concepto de animal del de
buey, le6n y hombre.
, .
Las diferencias específicas operan como formas o actos de sus géneros proximos el uénero es actuado o informado por la diferencia específica, de donde
resulta q:e al borrar tales diferencias nos acercamos cada vez más a la_ absoluta
incognoscibilidad de la materia indeterminada o amorfa. L~ matena no~, es
cognoscible por el acto que la informa. Por la segund~ especie. de abstracc1on,
extraemos la forma de la materia, penetrando en el nudeo racionalmente cognoscible de las cosas, como cuando abstraemos la cantidad de la materia sensible, captando en las cosas ese foco original de inteligibilidad, indagand~ ~n
qué consiste y manifestándonoslo a nosotros mi.sroos de una manera expbe1ta
y actual.
, .
.,
Por la abstracción total determinamos los lurutes de la extens1on de un
concepto dejando vagos e implícitos los contornos de la compr:h~nsió~,. en
tanto que en la abstracción fom1al obtenemos lo que hay de mas mtehg1ble
en las cosas, el tipo de ser o esencia, el objeto de ciencia realizado por los individuos de los que hacemos la abstracción.
La doctrina de la potencia y el acto viene aquí a darnos la distinción es~cial entre ambos tipos de abstracción, pues mientras que en la abstracc1on
formal dejamos de lado la materialidad o patencialidad quedándonos con lo
que conforma o actúa a los seres y que es por ello más inteligible, en la abstracci6n total prescindimos de estas formalidades o actualidades, ya que 1os
géneros por ella obtenidos contienen sólo en patencia a sus inferiores'. esto eB,
a las esencias por él abarcadas, de donde resulta que a mayor generalidad menor conocimiento de estos inferiores, pues la abstracción total tiende sobre
todo a delimitar la extensión del concepto. La abstracción formal explicita o
actuiliza todas las virtualidades de la comprehensión. Comprehensión en su
sentido más estricto es la esencia misma de las cosas vivida intencionalmente
por el entendimiento.
De lo anterior fluye que los instrumentos de la ciencia que llamamos definición y división, tienden a estar, respectivamente, más cerca de la abstracción
formal el primero y más cerca de la abstracción total el segu~do, ya q~e.
aleza la definición es la explicitación de la comprehens1on y la d1v1s1on
natur
.
clasificación
es la delimitación del ';territorio" dentro del cual un detemu0

~?r

nado concepto se predica.
De abstracción formal hay tres géneros impropiamente llamados grados por
algunos filósofos. Hay diferencia de grado entre cosas de la misma especie como

entre la temperatura de Monterrey y la del Polo Norte, pero no puede haberla
entre cosas específicamente diferentes como el animal y el hombre, por más
que ambos pertenezcan al mismo género y aunque, según la lógica y bajo
o_tro aspecto, haya una subordinación de la especie hombre al género animal,
siendo hombre un "inferior" de animal.
L~ abstr_ac~ón formal es análoga y no unívoca en sus tres géneros, por ello
explica Anstoteles que en metafísica no podemos tomar ni a los sentidos ni a
la imaginaci6n para verificar nuestros juicios y que en los juicios que emitimos
acerca de los objetos matemáticos podemos obtener una verificación en la
i~ag~™:ión y no en los sentidos ( esta verificación es análoga ya que a veces
solo mdirectamente nos imaginamos ciertas entidades geométricas como el
punto o como las de las geometrías no euclidianas), en tanto que los juicios
del científico que tienen por término lo sensible, la verificación ha de realizarse,
necesariamente, en los sentidos. Por ello es un error proceder de la misma
manera en estos tres ámbitos del conocimiento especulativo y aun es realmente
imposible hacerlo ya que los "conocimientos" que se obtuviesen procediendo
así, serían necesariamente erróneos.

. En el primer_plano de abstracción formal el entendimiento queda muy sometido a la matena, pues, aunque abstrae de la materia individual, se queda con
toda la materia común. La anatomía humana describe al cuerpo del hombre
sin importarle si es tal cuerpo o tal otro cuerpo. Entender en este plano de
abstracci6n implica siempre- una referencia a lo sensible, las definiciones que
e~~leamos nos lle~an siempre a un dato, parecería que el entendimiento queda
pns1onero del sentido pues no le es licito juzgar más allá de lo dado al sentido
que somete tanto a científicos como a filósofos de la naturaleza. Aquí captamos
al ser bajo la determinación típica de la sensibilidad: "ignorar el movimiento
es ignorar a la naturaleza".
En este primer grado de abstracción trabajan tanto la filosofía de la naturaleza como las ciencias físicas o empiriológicas, pero ciencias y filosofía de
la naturaleza son esencialmente distintasJ ya que la primera es una ciencia del
propter q~id que se refiere a las causas primeras del ser mismo, pero no de
todo ser smo del que tiene realización material y que es por ello sensible, en
tanto que las segundas son ciencias del quia est que explican sólo los fen6menos
o manifestaciones sensibles de los seres materiales y las relaciones entre éstas•
tales explicaciones son sostenidas por comprobaciones de hecho. Lo anterio;
se ve más claro si al ejemplificar decimos que la biología es una ciencia empiriol6gica que estudia cómo se desarrolla, nutre, crece y se reproduce un viviente, en tanto que a la filosofía de la naturaleza le corresponde definir la vida.
. ~ .una expresión sintética diremos que la primera realiza un análisis empinologico y la segunda un análisis ontológico de lo real sensible.

105
104

�Tanto la filodia de la naturaleza como Jas ciencias empiriológicas operan
en el primer plano de abstracción, pem entre ellas hay diferencial esenciales
que les permite 1er especies del mismo gmero. Los objetos de que tratan tanto
las ciencias empiriológicas como la filosofia de la naturaleza dependen de la
materia secundum esse el inteUectum, según la existencia y según la noci6n,
en sus definiciones interviene la materia temible y no pueden ser entendidas
sin la materia i,ennble. En la definición del hombre han de entrar, necesariamente, su carne y aus huesos.
En un segundo tipo de abstracción tenemos el conocimiento matemático. En
~l abstraemos no a6lo de la materia individual aino de lo sensible común, esto
es, de la materia en cuanto empapada de cualidades activas que quedan bajo
el dominio de los 1entidos y nos quedamos con aquello único que inteligible
de la materia prima en cuanto materia prima, independiente de la forma substancial que la actuam.a y que ea su camidad. Abstracta de la materia, la cantidad no puede existir sin ella pero puede concebirse sin ella pues la noción
de cantidad no Cdltiene a la de materia sensible. Depende de la materia
secundum eue, pero no secundum inuluctum.
Por la abstracción formal del tercer género, en la que abstraemoS no .Slo
de la materia individual, de la materia aensible común y de la matemáticamente inteligible, aino aún de toda materialidad, llegamos a aquellas realidades
que no dependen de la materia suundum esse, bien porque su realizaci6n no
dependa nunca de la materia como en el caso de Dios, bien porque tales
nociones se realicen tanto en los seres materiales como en loa inmateriales, es
este el ca10 de los obj tos de pensamiento que llamamos: esencia, substancia,
acto, sujeto, etc., de ellos trata la metafísica.
Hechas las anteriores aclaraciones se ve claro por qué la estética, como tratado a la vez del arte y de la belleza no es una ciencia con objeto formal
propio. 6tae que decimos que no es una ciencia, no que éstos conocimientos
no 10D científlCOI. Evidentemente que lo l0Il pero pertenecen cuando menos
a dos ciencias diferentes. Las anteriores diatinciones IObre la abstracción nos
servirán también para esclarecer la diferencia existente entre el arduo conocimiento ciendfico que abstrae las fonnas para conocerlas y el gratuito deleite
del espiritu que intuye, sin discurso, la perfección de las fonnas.

111
Una meditación sobre el arte
Lo que 1e ha dicho de la abstracci6n ha de complementarse con una distinci6n aobre los fines del conocimiento mismo. Hay conocimientos que de auyo
no dicen ninguna relación, pr6xima o remota, al obrar o al hacer, este es el
caso de decir en matemáticas que "el cuadrado de un binomio es igual al
cuadrado del primer término, más el doble producto del primero por el segundo, más el cuadrado del segundo" o que dos y dos hacen cuatro. Estos
conocimientoe no dicen en si mismos relaci6n a alguna operaci6n, aunque
esto no impide que el hombre derive de hecho algunas operaciones de tales
conocimientos, asi el tendero calcula sus ganancias y el ingeniero calcula la
resistencia de los materiales que emplea en una construcci6n. Hay verdades
que de suyo, por ai mismas, dicen relación inmediata y directa al obrar o al
hacer, tal es el caso del Artículo 790 del C6digo Civil del Estado de Coahuila
que defme al poseedor de una cosa como "el que ejerce aobre ella un poder
de hecho". Eate último es un conocimiento práctico. Práctico no es sinónimo
de utilitarista. Cuán equivocados andan los abogados cuando entre ellos ae
clasifican de "te6ricos" o "especulativos" y de "prácticos", estos últimos llamados asi cuando son activos y utilitarios, pues ambos grupos de la clasificación quedan dentro del grupo de penonas con conocimientos prácticos por
oposición a los conocimientos especulativos que fueron descritos en primer
término. En rigor podemos jerarquizar loa conocimientos prácticos en especulativamente prácticoa, prácticament práctiCOI y prudenciales, pero esta distinción es muy sutil y no viene al caso para nuestro prop6sito.
El orden práctico está dividido en dos dominios, el del obrar o agibile y el
del hacer o factibile. El primero lo constituye el uso libre, en tanto que libre
de nuestras facultades, no en cuanto que éstas ae aplican al mundo material
para tranSfonnarlo sino s6lo en cuanto al uso que de tal libertad hacemos
pues en la medida en que somos libres somos responsables de nuestros actos.
De esta suerte nuestras obras nos hacen buenos o malos según que éstas nos
engrandezcan o nos mengüen y nos engrandecerán o menguarán en la medida
en que racionalmente usemos nuestra libertad. Para ser buenos hay que ser
fieles a la naturaleza humana, la naturaleza humana es conocida por el entendimiento: de ahí que su papel en la obra sea el de ordenar, no el de imperar.
En la medida en que somos fieles al orden somos buenos, el mal es un desorden.
En el orden del hacer, que es el que formalmente interesa a este estudio, no
nos preocupa, como en el del obrar, el bien del que obra sino el bien de la obra
que hacemos, la que es producto de nuestra industria y que como tal nos es
107

106

�extr'mseca ya que su bien no es el nuestro. En

,

te orden opera el arte que
es una virtud, la virtud que dirige racionalmente el hacer.
El arte es una virtud. esto s, un hábito opcrati,·o bueno. El hábito es una
cualidad de género propio que perfecciona, en la línea de su naturaleza, al
sujeto en que inhierc. E'. una cualidad, es decir, una modilicaci6n inherente
a una forma accidental de la que fluye una determinada tendencia. La modificación que el hábito opera sobre la tendencia consi te en vivificarla, fortalecerla y desarrollarla. El hábito es algo que fluye desde dentro de la misma
facultad habituada. o es el condicionamiento mecánico de un reflejo al que
los antiguos llamaban habitudo y los modernos llamamo atttomatismo.
Los hábito operativos son los que inhieren en la voluntad y en el entendimiento, de ellos son e pecies las virtudes ya intelectuales, ya morales. Aunque
los adquirimos con el ejercicio_, los hábitos no constituyen rutinas, verbigracia;
el entendimiento que está naturalmente de. tinado a conocer, pero no a conocer
mejor esto que aquello, e demue tra una verdad, disponiendo de su propia
acti\'idad de tal manera que la adecúa y proporciona a tal o cual objeto de
especulación, que la eleva y fija respecto de ese objeto, adquiriendo así una
ciencia que es una ,~rtud. El hábito, escribe Juan de Santo Tomás, ''hinche el
alma de una savia nueva", pues ólo el alma es capaz de elevar el nivel de
su propio ser por su propia actividad.
Al enriquecer la facuJtad natural, el hábito nos pcrmiie hacer fácil y agradablemente lo que de suyo es arduo y produce dolor· acaso se llame hábito
porque acoraza la facultad dándole firmeza. Debido a que el hábito arraiga
en un objeto inmutable, tal como la demostración en la ciencia, la evidencia
racional en la filosofía, la am1onía en la ejecución cuando se trata de un intérprete musical, el hábito se hace rígido, pero no con la rigidez de la muerte
sino con la rigidez que es propia del robu tecimicnto vital. Los hombres de
hábitos se hacen intransigentes y a veces ásperos e hirientes .on todo lo contrario de los hombre de mundo: pulid?s, tran.igente~ sin a1istas.
los hábitos lo~ llamamos virtudes cuando llevan al perfeccionamiento o
bien de la facultad en que radican y que consiste en la realización del fin
al que naturalmente está dispuesta tal facultad. Si el mal es una carencia,
ninguna irtud lleva al mal. El vicio es la habitual frustración del fin natural de una facultad, ya por cohibición, ya por desvío de su fin. Cuán lejos
están de ser buenos quienes se abstienen sistemáticamente de obrar en algún
orden, por no querer afrontar 1~ rieSCTOS que el obrar lleva consigo.
El hábito hace connatural al que obra, la obra que realiza; la 16gica, la
música y la arquitectura, arraigan en el operario, el silogi mo, la armonía de
sonidos y el equilibrio de masas. Antes de realizarse, la obra radica ya en

el alma del virtuoso. El art • es una virtud intelectual pues consiste en ordenar
1 hacer, como la prudencia con iste en ordenar el obrar.
El arte como toda virtud, jamás se equivoca, no desde luego en el sentido
de. que ~lcance la ~erd~ pues no es una virtud del entendimiento especulauvo, smo en la d1recc1on de la facultad a la que pcriccciona y que está
determinada por la obra que ha d hacer.
Si distinguimos entre entendimiento e.sJ,eculativo rnya actividad consi te
en conocer conforme a lo que es, dando lu~ar a la ciencia que es conocimiento
de lo necesario y &lt;'ntendimiento práctico que consiste en dirigir conforme a
lo que debe ser según la regla y medida de lo que , va a hacer y que se
~u ve en el mundo de lo contingente., entendemos por qué ]a ciencia es fa.
l~ble en tanto que la prudencia y el arte son infalibles, pues u \'Crdad conlSte en orde_nar o di~~ir, no en ejecutar; por eso si la materia sobre Ja que
opera el artista es deb1l o .u mano está endurecida o temblorosa, su virtud
no sufre.

IV
Comparemo. la prndencia que bu ca el bien total del hombre y el arte
q_ue bu a ~I b1~n d~ la cos~ por el hombre producida. La prudencia perfecciona a la mtch~enc1a previa una disposjci6n de la voluntad a lograr el bien
del hombre, ella sólo regula. rectifica, da la medida adecuada del acto bueno
por hacer. La prudencia es la virtud reguladora de las virtudes moralc . El
a~te pcrfec~ion~ a la in_teligencía in suponer la recta voluntad de perfeccionarse a si mismo, su fm es extra-humano; la perfección de la obra. El arte
es una virtud intelectual }' como tal nos da sólo el poder de usar la facultades para realizar la obra1 pero no nos da su uso, pues consi te formalmente
en orde11ar, no en imperar, de ahí que si un artista realiza una obra mala
v_olunta~am~tc, no peca contra su arte, en tanto que la pn1dencia qu co~~
s1ste mas en imperar que en ordenar, aunque el orden no está excluído si
peca queriendo, ~ontra la virtud que deb ría rectificar, deja de ser prudencia
y hace al opera.no moralmente mal; por I conlrario si peca sin querer realmente queda inmaculada.
La prud&lt;:°cia. no obra por vías ciertas y determinadas pues no supone una
obra a realizar como el arle, de la obra que el arte realiza se desprende un
camino cierto. La prudencia sólo supone la libre voluntad de hacer el bien
al que se dirigen las virtudes morales que ésta rectifica, dándoles su ~ acta
~edida d 'ntro del ca5? concreto. La infalibilidad del juicio prudencial con.
siste en que éste se refiere a la recta voluntad y no a la circunstancias den-

109
108

�tro de las que se ejercita que son siempre contingentes, de ahí que el concilium, el consejo o la reflexión sea necesario para ser prudente.
El arte procede por vfas ciertas y determinadas, dado que tiene un fin
invariablemente determinado por la razón. El arte de fabricar navíos busca
que el hombre se desplace por las aguas, el de la relojería la medición _del
movimiento. A tal medición llamamos tiempo. Por ello la cosa que el artista
ha de hacer será siempre navío o reloj y las vías que conduzcan a realizarla
brotarán de la naturaleza del navío o del reloj.
La cosa por realizar es individual pero el fin que el arte se propone realizar es universal. Por esta necesidad de infundir en una mate1ia individual
una forma universal necesitamos la adaptación de las reglas universales a
los casos individuales, para ello necesitamos cierta participación &lt;le la prudencia en el arte. Aclaremos que se trata de una adaptación de normas universales a lo concreto, pero que se trata de una adaptación inteligente y vital,
no de una manera mecánica y "taylorizada''.
El arte coincide formalmente con la ciencia y materialmente con la prudencia. Con la ciencia en cuanto que está ligada a un objeto, pero mientrns
la ciencia busca contemplarlo, el arte busca producirlo, coincide con la prudencia en cuanto que ha de obrar dentro de lo contingente de los casos individuales y por eso necesita de cierto concejo.
El arte da, no s6lo a Fidias y a Pra.xítcles, sino también al carpintero y al
herrero un desarrollo intrínseco de la razón, una nobleza intelectual que no
radica en la destreza mecánica o en la agilidad manual, por esta razón parecen superficiales las razones que aducen los sociólogos al considerar que los
obreros modernos "cronometrados", viven en condiciones más humanas que
los artesanos mcdioevales.
Como el arte busca el bien de una cosa e:&gt;..1:rínseca al artifex, ésta ejerce
sobre él una acci6n tiránica, de tal suerte que el artista suele olvidarse de sí
mismo; c:l tedio se queda a las puertas de cualquier taller de art'.sta. Nunca
he oído cantar a los obreros mientras trabajan, en tanto que siempre que
entro a un taller de artesanía veo sonrisa'&gt; y escucho cantos, es que la inteligencia está produciendo su labor.
A esta altura del discurso se ve cuán extrínseco es clasificar a las artes de
bellas y útiles, pues lo que puede ser bello o útil es la cosa producida por el
arte, no el arte que como tal radica en la inteligencia humana y de la inteligencia humana fluye. Más conveniente es la clasificación de las artes en liberales y serviles. Las artes serviles serán aquellas que sólo puedan ejercerse
sobre la materia y con el concurso de la fuerza física, no sólo quedan dentro
de tal grupo la carpintería y la alfarería sino aún la escultura y la arquitec-

tura. Si las artes no se ejercen sobre la materia ni requieren el concurso de
la fuerza física son liberales; tal es la lógica en tanto que arte, tal es la poesta.

V

Otra meditaci6n; ahora sobre la belleza
. La mejor def~ición de la belleza puede parecernos prosaica a primera
vista: Id quo~ v1su placet; aquello que agrada a la vista. Sin embargo tiene
todo lo esencial para que haya goce estético: Un conocimiento intuitivo y
un goce.
La belleza es fundamentalmente un objeto de la inteligencia, pues sólo ella
conoce plenamente ya que sólo ella está abierta a la universalidad del ser
pero es ~.bién un objeto de los ~ntidos en la medida en que éstos son objet~
de conocuruento y goce y ellos mismos gozan en la medida en que son vehículos adec~ados. Su ~arti~pación en la captación de la belleza es enorme, pero
sólo la vista y el 01do uenen franca relación con lo bello pues son estos sentidos los más dotados para conocer.
Si la belleza deleita a la inteligencia es porque ella encuentra una excelencia o pedecci6n en las cosas que le son proporcionadas, ele ahí que para
qu~ se ~é el goce estético sea necesaria la integridad de la obra, pues la inteligenCJa .ama el ser y éste es convertible con el uno. El concepto de integridad debe entenderse relativamente, integridad no es sinónimo de detallismo
hay belleza a veces hasta en los bocetos, pero éstos son íntearos en su orden'
O
tien~ la sufi~!ente complet~d para ser bellos. Para que haya belleza s~
re~were tamb1en .la proporci6n porque la inteligencia ama el o'rden y la
Ulltdad y se requiere el brillo o la claridad porque la inteligencia ama la
inteligibilidad.
El brillo es muy importante. San Agustín al hablar de la belleza habla de
un esplendor del orden y Santo Tomás alude a un sj)lendor formae, al esplendor de la forma que es el principio de perfección de todo cuanto existe
lo que constituye y acaba a las cosas en su esencia. Es la forma, en el homb~
un ca-principio de su substancia, de naturaleza espiritual y es la forma, en
las cosas muertas un preludio de lo que es en el hombre el espíritu. Es la
fo~a la fuente de claridad de los seres pues es ella quien los organiza y proporciona y por la proporción y el orden se hacen inteligibles. En la forma
se recrea la inteligencia, pues en ella se reencuentra y conoce tomando con~
tacto con su luz propia.
111

110

�Sin duda que en el goce estético ha)' también una delect:tción de los .sentidos, pero el sentido goza de lo bello en cuanto que es penetrado y saturado
por la inteli«encia, d animali1ándolo en cierta manera y elevándolo hasta
hacerlo instrumento adecuado del goce estético.
La belleza que el hombre puede contemplar y amar se da al sentido . ublimado en una intuición imple de la formas. que es todo lo contrario a una
ah tracción. Es muy ju ta la observación de Kant al decir que el goce e tético es la captación de un "universal sin concepto", pues en la intuición estética e goza de las formas sin trabajo ni discurso, bebiendo en las cosa
bellas, como el ciervo en las f uent s el agua, la claiidad del ser.
Aunque la belleza se -.•incula a la verdad en el sentido de que todo esplendor de lo inteligible dice relación a la intcligt·ncia, no es la belie7.a, empero, una especie de verdad sino de bien, pues e ella, esencialmente, deleitable. La belleza como el bien despierta el deseo y produce el amor, mientras
que la verdad, en cuanto tal, sólo ilumina. El amor produce un é."&lt;tasi , una
salida de nosotros mismos, este éxtasis
un rcllejo tenue de aquel otro del
perf cto amante, del bienaventurado que contempla "cara a cara", goza y
ama a la Belleza subsistente.
Las condiciones para que la belleza se dé, han d tomarse en un sentido
fonnal. o hay una sola m:inera como una cosa puede ser íntegra, perfecta
en su acabamiento. La falta de brazos es una carencia demasiado grande
para que un mujer sea bella, prro no para que sea bella la Venus de Milo.
El menor boceto de Rafael o de Leonardo tendrán más completud que el

más acabado de Mont negro o de TJUTIªYº·
La proporción debe ser, también, adecuada en cada caso, no son las mismas proporciones de un efebo que la de un atleta, las de un niño que las
de un adulto, las de un hombre nonn:\l que las de un en:ino. Ambas: proporción y compl~tud, deben tomarse en relación con el fin de la obra producida
y que es el esplendor d

la forma sobre las partes proporcionadas de la

materia.
Añadamos sólo que la belleza es r ,tativa, tanto en el sentido d
ral 'za y \ fin de la obra bella, como de las condiciones bajo las
toma, por eso una música puede ser bella para unos y para otros
cosa puede lucir b lla en un lugar y en otro fea y todas ,on bella
determinados aspectos.
La belleza es análoga y proporcional, por eso no - dice
que de otra, pero por lo mi mo que hay una fuente de ser
sí mismo subsistente hay también una fuente de belleza,
misma subsistente que arrebata por la embriaguez dcl goce

112

la natucuales
no y una
sólo bajo

igual de una cosa
que es el Ser por
la Belleza pot sí
y mueve al amor.

PLURAL!

10 CULTURAL y

ABIDUR!A CRISTIANA

Emayo de Filosofía d la Cultura

Da.

ALBERTO CATURELLI

Univ rsidad de Córdoba

I

u,

ExlsTENCIA, CULTURA

1. Examen previo del problema
Es I-"RECUEN
•
~ HABLAR, en nuestro tiempo, de "plurali. mo".
h bl d
pluralismo social de ¡ ra1i
Y se a a e
religioso E tod' l p u sm~ po illco, de plurali mo cultural, de pluralismo
.d· n . os os casos, s1 nos queremos entender de veras v encontra
unb senu
, efl "6 r
1 o prec1SO a . semeJºante expres1.6 n, es m •nester una sostenida
~ re o que se quiere significar con el término "pluralismo". r x1 n
SI mpre connot
1
"d d
' pero como
. .
a ;. seno o e aquello que se declara "plural'' (la cultura
la rehg~6n, lo pohtaco) se hace necesario, simultáneamente, un esclarecimien'
to previo. no dde la pluralidad sino de lo plural · e parte, genera1m me de unab
6
o servac1 . n e .hecho ' extrín ca • y "pluralidad" viene
.
. . 1car
.
a s1gruf
lo' mismo

r.

,

~ue multitud, m que esta ro ra comprobación implique un juicio valorativo .

sunplemente ~ di~e qu . algo e plural o que hay pluralidad de tales cos~
o de tal espe~1c de cosa sm decir que tal cosa es la mejor, o la más verdadera
o algo semeJante. Por tanto, esta mera descripción extrín. ca de un hecho
(que ~ cosa es plural) parece adecuada y carente de supuestos como punto
de part.ida para mediLar sobre el tema de la pluralidad cultural. En efecto
no. puede negarse que, en cuanto volvemos la mirada reflexiva sob l h. '
tona del hombre y sobre nuestro mundo, que hay cierta
.
re a d1 multi ücidad
culturas·' pe ro est a comprob ac.aon
., s1• bien parece muy exacta, es Ppuramentee

113
e H-8

�extrínseca; y este carácter de la primera descripción del problema ~e~a consigo la afirmación implícita de que hay algo (Ja cultura) que se man~lesta en
un pluralidad• pero entonces alguien podría decimos que nada uenen en
co:ún cultura; muy distantes, tanto físicamente como por _su des_arroll~ histórico y su contenido intrínseco y que, por tanto, la pl~hdad sigue sie~do
puramente extrínseca. Pero esto sería un engaño porque, s1 observamos bi:n:
predicamos la "pluralidad" de una realidad: la cultura; y, por tanto, qu1za
podamos encontrar alguna identidad esencial como fundamento de la p~uralidad. Por eso es necesario reflexionar sobre la cultura (a la cual descnptivamente señalamos como plural) para que se haga evidente, en lo posible,
el carácter propio de su pluralidad.
Si afinamos el análisis, la descripción elemental y extrínseca no parece
descaminada desde el momento que indica hacia una cierta idea de la cultuta
y la simultánea posibilidad de su pluralidad; respecto de l~ primero, tendremos que repetir, una vez más, ciertas implicaciones consabidas apenas encubiertas en la palabra "cultura", las cuales nos conducirán, como d~ la
mano a vislumbrar los motivos profundos de la existencia de una pluralidad
de culturas. En efecto, cuando mentamos la cultura, el hombre común ~ien~a
en aquello que, siendo obra del hombre, tiene algú~ valor o extraordinano
valor· y este mismo hombre no piensa, al menos directamente, que un artefac;o técnico ( un aparato de radar o un cañón antiaéreo) sea lo que él
designa vagamente como cultural. Piensa, más bien: . en algo creado por ~l
hombre ( desde una novela hasta un libro de Metaf1s1ca o un cua~ro de P1casso). y esta actitud básica, primera, corresponde ( como es sabido) a la
significación misma de "cultura" en cuanto proviene de colo, a su vez de
colam cuya raíz es kol, de donde boukólos que es el boyero o el que apacien~a
bueyes; pero, en esta línea de significación es tambié~ ~ultivar y, en los clasicos, habitar. y la sabiduría de la lengua parece indicar ento~ces que la
cultura implica la idea de cultivo del hombre o ~) acto de"cul~v~:-se (que
es lo que luego debe cuidarse) ; el hombre, preclS3.0lente, habita en . este
ámbito creado par él como expresión de cultivar-se. El se pone, en cierto
modo, en lo que crea y cuida y se ve en ello. Y el hombre c~mún, aunque
no piense críticamente estas implicaciones más profundas, .en cierto modo lo
· d'
do se·n~ala como "cultura" las obras valiosas creadas por el homm 1ca cuan
.
bre que constituyen cierto mundo donde él habita como en lo propio. En
y
"
. d"
.
t
l
verdad, llama "hombre culto" a aquel que ennen e , que vive conna ura mente, que enriquece y se enriquece, en un determinado mundo cultural; y
llama "inculto" al que no distingue ni entiende y "choca" con la obra cultural ( el salvaje O primitivo absoluto); lo cual prueba que la cultura no es
simplemente un conjunto de obras que forman la traroa del mundo "cultu-

ral", sino, principalmente, un acto propio del hombre, acto que implica la
totalidad de la persona.
Naturalmente que esta primera descripción, elemental ciertamente al nivel del hombre _cotidi~o, pone en evidencia que sólo el hombre es c~paz de
cul1,11ra. y neceSita cultivar-se; una Persona infinita trascendería totalmente
el ~bito de la cultura y los entes subhumaoos ( que nada saben de si)
5?n mcapaces de cultura. Por tanto, el ámbito de la cultura no puede darse
smo d~tro del _mundo de la persona humana. Si es así, es claro que )a cultur~, vista extenorrncnte todavía, debe ser común y propia de )as personas, es
decir, del hombre, de todo hombre, al menos como posibilidad abierta; 0 sea
~ue todo hom_bre es o puede ser sujeto de la cultura, aun el más primitivo
tiene, la_ c~pacidad _para ello. Desde este punto de vista ( todavla descriptivo)
podna msmuarse cierta unidad de toda cultura, es decir, cierta unidad fund~en~l y fundamentante e~ -~uanto propia y exclusiva del hombre; y, a1
ffilsmo tiempo, en cuanto poSib1hdad suya abierta a la más ampliad'
'dad
d
liza .
IVersl
e rea oones, (culturales) parece insinuar una natural multiplicidad que
al hombre comun le permite hablar de "esta" cultura", de "aquella" cultura
o de culturas "e.xtrañas" o cosa semejante. Un hombre europeo O un rioplatense, reconocerá como auténtica cultura, la cultura de la India, pero la verá
como
"otra"
- " a su mun d o eul tural propio. Y, por eso, al
.
.
, como "e x trana
llll.SDlO tiempo parece haberse insinuado la unidad fundamental y fundamentantc de la cultura, se ha insinuado también la multiplicidad de la cultw·a en el modo de su expresión histórica. Por eso, siempre es verdad hablar
de la cultura, tanto como de las culturas. Y, simultáneamente, llegados a este
punto de la descripción, se hace necesario reflexionar sobre el fundamento
de esta distinción apenas insinuada.

2. Fundamento ontológico y momento de la mediaci6n
Si, como se ha insinuado, solamente el hombre es capaz de cultura se
sigue que la cultura le pertenece constitutivamente; pero si le es constitutiva,
la pregunta por la cultura revierte sobre el hombre como tal que es el sujeto
de la cultura y sobre él mismo habrá que meditar para una determinación
del concepto de cultura. Pues bien, así como el hombre es el único ente capaz de cultura, sólo el hombre tiene conciencia de sí; en la base de toda
obra cultural, preexiste anteriormente la autoconciencia como posibilidad
última de la creación cultural desde que sólo un ente autoconsciente puede
crear cultura. Pero, si es así, lo que se hace evidente es que el ser como tal
por así decir tiene en el hombre el momento de autoconciencia; lo cual
115

114

�equivale a decir que se hace consciente en él. En o~ras palabras, el ent~ en
quien el ser se muestra, es decir, en el cual se hace evidente, es el hombre, por
tanto, no hay distinción esencial entre el mismo aparec:r ~el ser ~ la conciencia y la conciencia de la conciencia que es la conc1enc1a de si, lograda
por primera vez en el hombre que es el ente que s~e del ser. Entonces se
puede decir que el ser aparece en el ente (autoconsciente); pero se debe decir también : el ente autoconsciente se constituye en el aparecer del ser a la
conciencia. Es verdad que no es lo mismo el ser como tal (el Todo) Y el ente
autoconsciente; pero es el mismo el acto por el cual el ente finito tiene_ conciencia de sí y descubre el ser (que en él se muestra). _Por tanto, .es, d~verso
( como es obvio) el Todo del ser, del ente que sabe d~ el'. pero es identico el
acto por el cual el ente tiene autoconciencia y. conciencia ~el ser. P~r :~•
tener conciencia de sí y conciencia del ser constituyen ~n onsm? a~to ~divisible. Al mismo tiempo, este acto, hasta cierto punto, phega en s1 o implica el
todo en el sentido que en el hombre ( que sabe de sí) se mu:stra el ser del ~odo
re-presente en él; el hombre re-presencia el_~er y _lo intclig~; Y no_~iay Jll~elección sin el ser que constituye la intelecc1on IlllSina. La mtelecc1on es mtelección del ser, y sin éste, no es; y el ser es inteligido en el ente (el ho:13b~)
en quien se muestra y su mostrarse ca-incide con el acto de la autoconciencia.
Por eso, hablar de la cultura (sin haber todavía indicado qué sea en sí

misma) es implicar en ella al hombre (sujeto de la cultura) y (en cuanto
en él se muestra el ser) es ya haber puesto el problema fundamental que es el
problema del ser, tal como aparece "presenciado" en el h~mbre: Por tanto,
el solo hecho de poner el tema de la cultura, es ponerlo,, al ~~smo ttem~, en el
plano metafísico donde debe ser resuelto. El ser, segun diJe antes, uene en
el hombre el lugar de su primera epifanía y, por eso, no se puede poner el
tema de la cultura, sin poner el problema del ser y, poner el problema del ser,
es ya haberlo puesto en la persona (que es el sujeto de_ la ~ultura ).' Per~ la
primera epifanía del ser (participación del ser en el yo) .11Dplica el S1IDu_ltáneo
descubrimiento de lo "otro" del yo autoconsciente: "lo otro" en el sentid~. de
¡0 no-tocado por el hombre. Lo que me es exterior y, en_ cierto senti~~• ~e
hace frente". Pero solamente en cierto sentido porque s1 lo que, ongmanamente (relación ontológica originaria) se me hace presente, es el Todo del
"fuera" un "otro" en sentido absoluto; pero sí lo
ser, no hay, en verdad, un
,
hay en sentido relativo porque lo no-tocado ~or e~ hombre y qu~ le. hace
frente aparece después como cierta segunda ev1denc1a o segunda epifama del
'
~
,e
ral "
ser. y a esta segunda epifanía del ser llamamos comunmente natu
( q e tiene diverso sentido al estrictamente griego) . Pero, como se vera, la
na~uraleza, en cuanto aparece como lo que me hace frente ( exte~ori~ad)
implica un estadio anterior y más originario en el cual no hay conciencia de

?ª

ella sino sólo indistinción. Puedo yo estar "fundido" con la naturaleza y este
mi estar confundido con ella aparecería como previo y, por tanto, anterior
a la conciencia de su hacerme frente como segunda epifanía del ser. Si afinamos más el análisis, se ve que mi cuerpo, desde cierto punto de vista subjetivo, al mismo tiempo que aparece con el mismo aparecer del ser a la conciencia, es el "límite." (nunca claramente visible) entre lo de "dentro" y lo
de "fuera". Lo que me es exterior encuentra en mi cuerpo su límite (respecto de mí) y lo que me es interior encuentra en el cuerpo su límite; por eso,
el cuerpo ( que implica a todo el hombre donde se muestra el ser) se comporta como el "puente" del existente con lo "otro''. Y, fundamentalmente, lo
"otro" (expresamente no digo "el tú" pues éste es constitutivo del '.),'o y aparece en el mismo acto por el cual aparece el yo) es la naturaleza. Si es así,
para tener conciencia de la naturaleza es menester una "distinción", una
ruptura con ella. El niño vive ( aun desde antes y sobre todo desde antes de
nacer) en estado de inmediatez con la naturaleza, como, hasta cierto punto,
el hombre plenamente primitivo, "natural\ por así decir; en este estadio
anterior a toda ruptura, a toda distinción o mediación, no es posible al hombre, por ejemplo, crear una obra cultural en sentido estricto; para ello es
menester, antes de nada, tener conciencia de lo que me hace frente en cuanto
tal, es decir, debe advenir el momento de la mediación que es posterior a la
indistinción o inmediatez con la naturaleza. Es cierto que este estadio primitivo de inmediatez o indistinción con la naturaleza se expresa de diversos
modos (sobre todo mágicos en el primitivo) y aun suelen lograr manifestaciones muy bellas de folklore que, justamente, indica (ingenuamente) aquella
inmediatez o indistinción. Cuanto más, esta expresión anterior a la "separación" crítica, es pre-cultural o, si se quiere, para-cultural en cuanto expresa
el fondo (a veces riquísimo) desde el cual debe emerger el momento de la
cultura. En verdad, no hay cultura sin este transfondo de lo pre-cultural pero
aun sumido en la indistinción existencia-naturaleza. Por tanto, el estadio de
la inmediatez implica algo así como el "humus" de la cultura, el secreto conjunto de posibilidades soterradas en la anterioridad de la indistinción; el
hombre primitivo que imita la voz de las aves, que pone su oído en el suelo
para conocer el número de un rebaño, que quiere captar los sonidos de la
naturaleza sin mirarla como "lo otro", que trata de expresarla en un dibujo,
que duerme en pleno campo gozando con la inmediatez de la tierra ( de "su"
tierra) no hace otra cosa que mostrar su estado de inmediatez con ta naturaleza, con todo el intransferible encanto de su fresca virginidad cultural. Por
eso, es menester el momento de la mediación (que es mediación del espíritu del
hombre) para que la naturaleza, al aparecer como "lo otro" ( segunda epifanía del ser) simultáneamente permita al hombre (y en cierto modo le exija)

117
116

�la sínt is de Ja naturale'la con su propia a tividad creadora. En otras palabras, el hombre solamente puede ''crear'' una obra ( como el Partenón por
ejemplo) si es capaz de unir, en la creación, los elementos intrínsecos de "lo
otro", con la actividad creadora de su espíritu; la naturaleza, en cuanto transfondo del cual ahora se ha mediatizado el hombre, le dona el "material" de
la obra y el existente pone su "forma". Pero, para llo, s menester el momento
de la mediación. Por tanto, no se trata aquí de una mediación del pensamiento que, al mismo tiempo que descubre el obj 'to lo pone ( como e el caso
del idealismo hegeliano) sino de la mediaci6n del pensamiento que descubr
el er en su momento de e.xterioridad (o segunda epifanía del ser) y con el
cual permanece siempre inadecuado.
Así pues, en este ámbito de la mediación -como si dijéramo en este
"espacio'- puede aparecer (y aparece) la cultura. Solamente en ese ámbito
el bombre' puedc "cultivar" la tierra y "habitar'' en ella porque, previamente,
la ha visto "en frente".

3. El acto, la obra y el valor cultural

I

Supuesto entonces que la sinte is entre naturaleza y actividad creadora depende del previo acto de la mediación del espíritu, e también claro que la
creación de una obra de cultura depende del existente que quiere realizarla;
pero esto significa, a la vez, que es menester que el ser total se haya escindido
de la relación ontológica originaria (sujeto-objeto) y semejante momento
implica, él mismo, ya la conciencia de sí ( acto de participación del yo en el
ser) ya la conci ncia del ser en cuanto d,scubierto (verdad) y en cuanto
querido (bien). Así pues, en la obras creadas por el hombre o en lo artefactos fabricados por 'l a.&lt;Í como el e.xi tente es el lugar de participaci6n
del ser, asi el existente participa algo (ya veremos qué es este algo) en la
obra o en el arte.facto; es d cir participa ( y se participa) en cuanto la eici.stencia implica (profundamente) el bien que es el ser en cuanto querido;
pero, siendo así, el bien, por el acto del existente, . participa en la obra o
en un artefacto. El bien participado necesita pues del concurso de la voluntad
del existente. Es necesario querer cierto bien en tal cosa que yo hago para
que el bien ( que es el ser en cuanto querido) se participe en ella; luego, el
bien participado en la obra es el valor de la obra; pero, al mismo tiempo,
implica el valor del existente que la hace; por eso, por un lado, es objetivo
(como lo que conlleva la obra mima) y, por otro, e ubjetivo (interior) por
referencia al existente que crea la obra valiosa. Entonces, el valor de una cosa
es el bien participado en ella y, como este valor siempr e relativo, remite al

118

Absoluto que, en cuanto e~ uno con el bien, sería el Valor absoluto (y d 1
cual no hablamos aquí).
Era necesaria e ta previa clarificación de la idea de "valor" porque apare e
inmediatamente que fijamos nuestra reflexión sobre lo que comúnmente denominamos "cultura". En \·erdad, a una obra cultural cualquiera, la den0minamos "cultural" pr'cisamentc porque le asignamos un valor; pero un
valor e pedal. En efecto, si nos fijamos bien se ,·e que toda obra de cultura
(desde la más modesta a la más grandiosa) conlleva un detenninado valor
que, en cuanto depende de la voluntad (el querer el ser el existent ) naturalmente reconoce infinidad de posibilidades y de grados de realización ( nunca
plena). Por lo tanto, para poder discernirlo, es roen ter que distingamos,
supuesto ya el momento d la mediación, los elementos que de hecho se presentan cuando mentamos la cultura. Y lo primero que se nos aparece es lo
que espontáneamente dcnominamo la obra cultural· pero, al mi. mo tiempo,
caemos en la cuenta que no bay obra in el acto cultural, es decir, sin el acto
del existente qu pone la obra como tal despué5 del descubrimiento de la
naturaleza (mediación). Entone podremos dar una respuesta a la interrogación por la esencia de la cultura. Un cuadro de Rafael, el cuadro en sí
mismo es la obra; la acúvidad viva y creadora de Rafael, es decir, su propio
hacer emergente (que tiene su raíces en aquel querer originario) la obra
misma participando en ella un valor, es el aclo cultural; este acto de participar el valor es, como se ve, interior y exterior, subjetivo y objetivo y cuando
hablamos de una obra de cultura sabernos que es inseparable del acto subjrtivo que pone el valor en diversos grados posibl s.

El valor cultural, para que s a cultural precisamente, para que ca r,•conocido como tal, es menester que, en su propia participación, e mu tre como
$endo cierto fin rn sí mismo (aunque relativo); más aún, qu se muestre
para ser visto (con lo ojos del e pír-itu en lo ojos de la carne). Por eso, l
valor cultural participado en la obra (y como la obra en su totalidad e
participación en el ser el valor es toda la obra también)- ha sido "puesto" para
ser contemplado. Pero esto se dice, naturalmente, de la obra y no del acto
personal, pero como el acto creador es el acto de un
·st nte concreto, en
toda obra cultural su valor es siempre valor personal; y emejaDlc valor, en
cuanto valor de contempJaci6n, es esencialmente diverso al \'alor útil, es decir, al valor que sitve para algo; cuando uno dice que "sirve para" algo quiere indicar que implica una finalidad que va allende sí mismo, a otra cosa
a la cual se subordina; por eso, un valor es útil (el de una máquina, por
ej mplo) cuando, n u misma acción, 'sirve para,, y, sobre todo, cuando lo
hecho por él, a su vez, implica ( es de su e rncia) su rviclumbrc a una acción concreta (por ejemplo&gt; atomillar una cosa). Por eso, en 1 quehacer

119

�técnico, el artefacto conlleva un valor útil que ''sirve para"; y si no sirviera
para, o no sería técnico o, por defectuoso, no cumplir'ia. su fin de objeto técnico. Pero, cuando hablamos de valor cultural decimos algo muy diverso,
porque la obra creada misma (momento objetivo) implica un valor de contemplació11.1 (in-útil) y el acto cultural ( momento subjetivo) es la misma actividad participante del existente humano. Por lo tanto, en cierto modo, la
cultura es la participación de la persona en una obra de contemplación. En
otros términos, el valor cultural adviene a la existencia (personal) y adviene
por el acto de la persona que es la forma constitutiva de la cultura. Este acto
constituyente de la cultura ( en la cual se participa un valor in-útil) se produce siempre después de la mediación del espíritu respecto de la naturaleza,
la cual es~ en cierta medida, re-creada por el hombre; por eso, la pura naturaleza se comporta como la "materia" de la cultura, si emplearnos el término
"naturaleza" en un sentido bien amplio; en esa perspectiva, la naturaleza,
respecto del acto cultural (y en la obra cultural en sí misma) es mediata
como aquello "de lo cuaP'; pero es inmediata como presencia recreada en la
obra por el acto de Ja persona.
Este momento necesario de la mediación que despliega el acto cultural y
la obra, es un momento del espíritu; es decir, es un momento espiritual sin
el cual no existiría ni mediación ni cultura. Aun dentro de una concepción
materialista del mundo y de la vida, la sola admisión de la existencia de la
cultura como producto de la actividad del hombre "separada" de la naturaleza (lo no tocado por el hombre) implica la mediación, el extrañamiento; pero
la mediación no puede afectuarse dentro de un pleno de materia pues entonces toda mediación en el seno de la materia resulta ilusoria; por eso, desde
que hay mediación hay espíritu; desde que hay mediación es posible la cultura. Luego, Ja cultura es obra del espíritu. Y entonces, la cultura nace, aparece, allende toda posible confusión con una actividad todavía en cierto modo
indistinta con la naturaleza, cuando la persona es c-.apaz ( previo el acto de
la mediación) de participar (y participarse) al ser en una obra de valor contemplativo. En este mismo sentido, en cuanto la persona es sujeto de la cultura y autor de la cultura, se comprende por qué la cultura es esencialmente
personal; pero, en cuanto participa en la obra un valor contemplativo que
siempre trasciende al acto mismo del "creador" de la obra (pues debe ser
co-participado universalmente por todas las personas) deviene un valor tra11.spersonat universal. Y así, en toda auténtica obra cultural, se implica (y toda
ella en su entera realidad) un valor a la vez personal y transpersonal, existencial y universal. Por eso, los grandes tipos humanos creados por el novelista,
por ejemplo, como don Quijote, son intensamente personales y plenamente
"locales" y, a la vez y por eso mismo, universales. Y, en verdad, no podría ser

120

de otra manera, pues la búsqueda ( artificiosa y falsa) de una "originalidad"
a priori, por así decir, quita el acto cultural desde que los disfraza y desnaturaliza y, por eso, no participa el ser en la obra y el resultado de tales intentos no pasan de efímeras fabricaciones pseudoculturales. Esto es completamente diverso al estadio de] hombre anterior a una plena mediación respecto
de la naturaleza, en cuyo caso, ciertas "creaciones", como por ejemplo, ciertas transcripciones rupestres, ciertas melodías arrancadas a la naturaleza indistintamente o al hombre mismo, todas las formas primitivas de "cultura", como
se dice, en realidad no son formas acabadas de cultura (aunque hayan ocupado
siglos) sino pre-culturas o, cuanto más, para-culturas, por bellas que fueren.
En verdad que no sería nunca posible trazar una línea clara y definitiva
entre la pre-cultura y la cultura propiamente tal y muchas veces nos encontraremos con formas culturales muy próximas a lo pre-cultural o con ciertos
estadios preculturales que no sabremos decir a ciencia cierta si no son ya
propiamente culturales. Pero la persona no es geométrica ni mecánica y ese
margen gris debe subsistir siempre.

4. Unidad y pluralidad de la cultura
A esta altura de mi reflexión, se pueden extraer algunas conclusiones: En
cuanto al acto (que es acto de la persona e implicante de toda la persona)
es evidente que la cultura como acto emerge de la misma constitución ontológica del hombre y, aunque sería una definición incompleta o parcial en
grado extremo, no sería erróneo decir que el hombre es un ente cultural. Si
es así, es decir, si la cultura como acto es un constitutivo del hombre, se sigue
que la cultura es una en cuanto atributo de la persona; hay pues una anterior
unidad de la cultura, común a todas las culturas posibles. Así pues, cuando se
nos pregunta por la unidad y 'la pluralidad de la cultura, parece que hay que
responder que, primordialmente, hay unidad de la cultura en cuanto acto
de la persona.
Pero esta misma unidad de la cultura (que preexiste como posibilidad ante,.
riorrnente a la mediación del espíritu en la naturaleza) no implica necesariamente (salvo la negación de la libertad del hombre) que el acto debe ejercerse
del mismo modo; en tal caso toda manifestación cultural debería ser idéntica
a cualquier otra y tener sus mismas características; lo cual es absurdo y contrario a la experiencia más corriente. Por eso, la unidad de la cultura (preexistente a todos los actos culturales de la persona) implica diversidad en cuanto
a los modos de ser ejercido el acto; es decir que todo acto cultural (aun el
que va de individuo a individuo) en cuanto compromete a la persona total

121

�con todo su complejo intransferible de misterio personal, emplea, al ejercerse,
un modo intransferible. Por tanto, en cuanto al modo, hay pluralidad y hay
unidad en cuanto al acto.
Por Io tanto, siempre supuesta la unidad ontológica del acto y la diversidad
personal e individual en cuanto al modo de ejercerlo, se sigue naturalmente
que cuando hablamos (y está bien) de las culturas, mentamos la pluralidad de
culturas que emergen de la diversidad del ejercicio del acto cultural. De modo que desde el acto individual hasta lo que suele llamarse "las grandes culturas", todas, tienen sus raíces en el modo de ejercicio del acto; entonces,
~das ciertas modalidades étnicas, ciertas circunstancias históricas, y divcrsíSJ.mos factores que escapan a una reflexión como la presente, ciertos nC1cleos
sociales expresan un modo general de ser ejercido el acto cultural; y digo
"general" solamente en el sentido concreto de ser com-partido por todos los
que pertenecen a ese núcleo social y, por eso, estamos entonces frente a una
determinada cultura diversa (a veces profundamente diversa) de otra (de la
nuestra por ejemplo); pero esa (ni la nuestra) no podría haberse producido
sin la previa y f undante unidad de la cultura. Así pues, debemos hablar de
unidad y de pluralidad de las culturas; o más exactamente de unidad de la
cultura y pluralidad de las culturas.
Entonces, un determinado "mundo cultural", sin negar la originalidad cultural individual de cada persona ( que crea cultura), recepta al menos un
común denominador, una línea de sentido del modo de ejercicio del acto cultural y, por eso, configura una cultura determinada o determinado "mundo
cultural". Y, si es así, cultura, al cabo, expresa la totalidad del modo de ser
de un pueblo o de un grupo cultural, porque el ejercicio del acto cultural
( en cuanto surge de la misma constitución ontológica del hombre que Jo
cumple) es signo de lo que es la persona que lo ejerce o el pueblo o grupo que
de él co-participa y, en cierta medida, también lo ejerce.
Por esa razón, conocer la cultura de un pueblo es conocer o al menos conocer hasta cierto punto a ese pueblo desde que la cultura lo expresa. Naturalmente que semejante conocimiento de la cultura se adecúa al momento
histórico del cual es inseparable. Y también se comprende que aun culturas
tan distantes y profundamente diversas a la nuestra ( y por nuestra entiendo
la cultura occidental, europea, hispanoamericana) como podría ser la cultura
china, reconocen, en el fondo, un hilo conductor que debemos perseguir y que
radica en la misma estructura ontológica del hombre: la unidad de la cultura
como acto de la persona.

122

ll

LA

CULTURA Y EL HOMBRE

l. Culturas legítimas y cultura verdadera
Si toda manifestación cultural implica siempre (por necesidad intrínseca a
la naturaleza del hombre) la previa y fundante unidad de la cultura como
ac_to de toda la persona una cultura que expresara, que fuese signo, de la
misma persona en su integral desarrollo, sería y tendrá que ser la verdadera
cultura. Porque en la verdadera cultura, el acto cultural y el modo de ·ser
ejercido deben lograr cierta coincidencia ( y hasta cierta identidad en los
mejores casos) donde, por lo general, no existe. Pero esto no debe significar
al mismo tiempo ( si tal cultura existe) una descalificación de las cultur~
restantes; porque si bien no expresan plenamente el integral desarrollo de la
persona, sí expresan ( y a veces de un modo sublime) una parcialidad o una
determinada línea de sentido siempre radicada en la constitución ontológica
de la persona; desde ese punto de vista, toda cultura es conforme a la persona, a las "leyes" de la persona; es pues, genuina en sí misma, cierta y, en una
palabra, legítima, aunque no sea plenamente verdadera. Por tanto, ya parece
que se puede afirmar la e,dstencia de una unidad de la cultura fundante de la
pluralidad de las culturas; y también se puede afirmar que es posible plantear el tema de la cultura verdadera en relación con las culturas legitimas. Y,
de hecho, según veremos luego, toda cultura auténtica es ya cultura legítima,
aunque no toda cultura legítima logra ser la verdadera.

2. La cultura verdadera
Esta consecuencia conduce nuevamente a una cuestión ya ineludible y que
ha sido señalada de hecho en el transcurso de esta meditación. Si la cultura,
ya como acto, ya en cuanto al modo de ejercerlo es manifestación de la mism:i
constitución ontológica de la persona, se sigue que la cuestión ineludible que
está en el fondo, no es otra que la cuesti6n del hombre mismo.
En realidad, no ha si.do otro el objeto de esta reflexi6n porque ya se ha
dicho que la raíz de la cultura ( como acto y como modo de ser ejercido)
aparece en el momento de la mediación (hombre-naturaleza) que implica a
su vez la originaria relacióo ontológica que es presencia de la conciencia al
ser y presencia del ser ( como un todo) a la conciencia. Por eso, siempre, en
el fondo, se implica el hombre. Y ya he dicho que la cultura (como acto y

123

�como obra valiosa) es signo de todo el hombre y de todo su mundo circundante; en cuanto signo de todo el hombre, dice lo que hombre es. Pero de lo
que se trata aquí es, nada menos, que de preguntarse si la cultura alguna vez
es signo, verdaderamente, de todo el hombre integralmente; en otras palabras, si existe alguna cultura que tenga aquellos caracteres que realmente corresponden a los atributos o dimensiones esenciales del hombre que hagan de
semejante cultura la cultura verdadera; es decir que será verdadera en cuanto
y en tanto manifieste los caracteres esenciales y constitutivos del hombre. Por
cierto que todas las culturas expresan constitutivos del hombre, manifiestan
dimensiones del hombre; pero la pregunta se refiere a aquella (si existe)
que exprese ( como un coherente signo suyo) no esta o aquella dimensión, sino
la integralidad del hombre. Esa sería la cultura que pretendemos señalar como la cultura verdadera.
También estoy pronto a comprender que aquí se desliza, precisamente, lo
más discutible y, por eso, lo más difícilmente aceptable por todos porque se
trata de la idea del hombre implicada en la cultura; también no escapa a
esta consideración la posible acusación de una petición de principio porque
se podría pensar que mi idea de cultura ya se ha ordenado previamente a
un supuesto concepto del hombre que le sirve de fundamento. Sin eludir estos
posibles escollos (por otra parte siempre 'presentes en toda reflexión filosófica)
es preciso tener en cuenta: a) que sea o no compartido por todos (cosa siempre muy difícil) el filósofo debe indjcar, en este caso, una concreta idea del
hombre so pena de dejarlo todo sin base; b) que es ineludible la interdependencia de idea de cultura e idea del hombre se comience la reflexión por una
u otro. Pero ya quedó dicho que el hombre se participa en la obra cultural
y que, por eso, la obra es signo de todo el hombre. Por eso, cuando queremos conocer al hombre que edificó una determinada forma de vida en el
pasado, debemos intentar una penetración comprensiva en su cultura. Entonces, si retrocedemos en el análisis hacia su origen, la obra cultul'al implica
el acto cultural que es dimensión ontológica del hombre; simultáneamente, el
acto cultural no es posible (según quedó dicho antes) sino cuando adviene
el instante de la mediaci6n del espíritu y la naturaleza, que escinde la indistinción sujeto-naturaleza anterior a la conciencia crítica. Pero, a su vez, la
mediación es posible solamente como acto del espíritu personal ( acto espiritual) que haría inexplicable a la cultura en un plenum de materia; por eso,
cuando un verdadero creador de cultura es, teóricamente, materialista, es
capaz de crear a despecho de su materialismo y en contradicción con él porque la mediación es de carácter espiritual. Si retrocedemos aun hacia el
origen de estos caracteres ya indicados anteriormente, es claro que la mediación es determinación del momento originario, primero, de la conciencia del

124

ser. Y ya dije que la evidencia o presencia al ser, coincide con la conciencia
de sí (autoconciencia) ; por tanto, el ser, a la vez que es interior pues interiormente se me muestra, siempre va mds allá del sujeto que lo intuye, es decir, es trascendente. Pero si es interioridad y trascendencia, manifiesta el momento de la participación del yo al ser ( el presente de mi conciencia) ; y si la
existencia consiste en esta participación al ser (interior y trascendente) el
ser de la existencia ( en cuanto participado) es pura gratuidad y si es pw·a
gratuidad es pura contingencia. Pero un ente contingente en quien se muestra el ser interior y trascendente, pone el momento teológico ( en sentido natural) porque es pura posibilidad de no-ser y si consiste en posibilidad de
no-ser es pura donatividad (puro recibido) constitutivamente temporal; por
eso dije que ponía el momento teol6gico porque, desde sí, ab intrinseco, postula la existencia de una causa y principio absoluto (sin el cual nada sería)
no contingente sino necesario, increado y creante, eterno e infinito. Y, en
cuanto el ente en quien el ser se muestra es estrictamente personal, también
postula desde sí mismo que aquel principio absoluto, es un Tú eterno, Dios
personal. Esta persona infinita que hace ser a la persona finita es transtemporal, no trascendente como el ser re:ipecto del ente, sino absolutamente trascendente y, por eso, tran~cultural. Por eso Dios no crea cultura ni es, en sí
mismo (no sernndum quid) "objeto" cultural, aunque la cultura tienda siempre a expresarlo. Entonces, la cultura verdadera en el plano natural tiene tres
caracteres esenciales en cuanto le son constitutivos, intrínsecos a su propio
desarrollo: l} Es trascendentista en cuanto expresa, de hecho, el doble momento de la trascendencia del ser al ente y Ja trascendencia absoluta de Dios.
Una cultura ( o una obra cultural determinada) que se desarrolle negando o
intentando ignorar esta dimensión del hombre es una cultura manca y, como
veremos, destinada a la muerte. 2) Es personalista en cuanto en la obra y en
el acto se participa todo el hombre como persona y, a la vez, en la actividad
cultural el hombre se personaliza progresivamente. 3) Es religiosa en cuanto
e»'}lresa el ser re-ligado del hombre a la Persona infinita; en este sentido, la
historia de 1a cultura muestra, objetivamente, que toda manifestación cultural
implica el ser religioso del hombre explícita o implicitamente; y aun las actuales formas de cultura (sin dejar de ser cultura) pero que intentan una
expresión atea del mundo y de la vida personal, adquieren formas religiosas,
inmanentistas o, en el último extremo, una cultura atea ( como veremos luego)
nunca logra ir más allá de la manifestación del ateísmo paradójicamente religioso. Una cultura rnilitantemente atea es una cultura negativamente religiosa.

125

�3. La cultura inmanentista
Pero ¿ hasta qué punto le es posible a una cultura inmanentista subsistir a
su propia clausura? ¿ Le es posible a una cultura alimentarse de sí misma poniendo los límites en el ámbito de sí misma? Porque esto es lo que, en el fondo,
ha ocurrido en Occidente produciendo, por un lado, una crisis (negativa)
de la cultura como tal y, por otro, una culturolatría que ha concluido en
cierta superstición de la cultura que, al cabo, es también la negación de la
cultura. Quizá lo mejor sea tener presente la especulación hegeliana sobre
la cultura donde el proceso del inmancntismo alcanza su momento de mayor
rigor. En efecto, supuesta la disolución e identidad de lo real y lo racional,
las peripecias seguidas por el Espíritu, como es sabido, para lograrse a sí
mismo, son descriptas por Hegel en La Fenomenología del Esplritu. Precisamente dentro de la dialéctica de la adecuación o identidad de ser y pensar,
el Espíritu debe luchar para conquistarse a sí mismo en su plena claridad
racional; entonces, debe admitirse (y esta es una idea fecunda) un estado
primitivo, es decir, inmediato, anterior a la reflexión. De modo que la cultura aparece en el ''proceso de la liberación fuera de la inmediatez de la
vida substancial"; pero, para esto, es menester elevarse, por su propio esfueri.o, "al pensamiento de la cosa en general". 1 El proceso de la cultura,
por tanto, aparece como el conducir al individuo desde su estado inculto al
saber, a la plena formación; pero se ve así, para Hegel, desde el punto de
vista del individuo; pues, ''considerado desde el punto de vista del espíritu universal, en tanto que este espíritu es la substancia, esta cultura consiste únicamente en que la substancia se da la conciencia de sí y produce en sí misma su
propio devenir y su propia reflc.xión". 2 Así, por un lado, es menester "purificar el individuo del mundo de la inmediatez sensible" ( como ha pasado en
la antigüedad) ; pero, ahora, por otro lado, es preciso "actualizar el universal
e infundirle el espíritu gracias a la supresión de pensamientos determinados y
solidiíicados". 3 Esta superación del yo natural es, pues, enajenación, alienación; y si tenemos presente la dialéctica señor•Sicrvo, la cultura ( Das Bilden)
llega a sí misma por la mediación del trabajo ;4 pero, ya en la esfera del Espíritu, la cultura alcanza su plena justificación y explicación en cuanto es el
Espíritu que deviene extraño a sí mismo ;5 primero, como extrañamiento del
' La Phénoménologie de l'Esprit, Lrad. de
Paris, 1939).
2 Op. cit., l, p. 26.
• Op. cit., 1, p. 30.
' Op. cit., I, p. 164.
• Op. cit., 11, pp. 50 y ss. •

126

J.

Ilyppolite, 1, p. 7 (11 vols., Aubier,

ser natural y, luego, como efectividad de la cultura (del extrañamiento) en el
lenguaje que es, al cabo, la realidad de la cultura. Pero hasta aquí se ve que
la cultura, primero, aparece como la enajenación de la inmediatez natural
anterior a la reflexión y, después, como el extrañamiento o enajenación de Sí
(del Espíritu) en lo que me atrevería a denominar (en el contexto hegeliano)
el mundo de la cultura. Pero entonces, el mundo de la cultura es mundo del
extrañamiento del Espíritu y es momento interno de la marcha del Espíritu
hacia el Saber absoluto donde alcanza su absolutidad. Por otra parte, es evi•
dente que si la plena implicación de finito e Infinito solamente se logra en el
mundo cristiano germánico, la cultura absoluta, por a. í decir (y en su orden
en cuanto subordinada al saber absoluto) es la cultura germánica e inmanentista, término de la evolución de la cultura.
En cuanto no hay un allende el Espíritu, aunque la cultura sea un momento
hacia la plena clarificación de Sí, se mantiene y debe desarrollarse inmanentemente a sí misma; pero, en cuanto inmanente a sí misma y en su orden, la
cultura se transforma en fin de sí misma, al menos en el ámbito del Espíritu.
En ese sentido, por un lado, la cultura inmanentista aparece pues como fin
de sí misma y, por otro, como la alienación del Espíritu. Más aún, la cultura
no representa entonces, en sentido estricto, la estructura ontológica del hombre
concreto (por cuyo momento subjetivo debe pasar) sino una peripecia del
Espíritu hacia su absolutidad racional. Si contemplamos históricamente el problema, las culturas representan momentos de este avance según la conciencia
que de sí tengan los pueblos, avance progresivo, en el fondo, hacia el Saber
absoluto. Por lo tanto, en el begclismo se encuentran las raíces de la idea de
la cultura como autosuficiente, como autofundada y como fin de sí misma.
Toda la especulación posterior que, en el fondo, tiende a subrayar este inmanentismo germánico de la cultura (y que concluye en el suicidio de la auténtica cultura) implica siempre la autosuficiencia de la cultura y, desde que se
subraya la distinción (por otra parte justa) entre ciencias de la naturaleza y
ciencias de la cultura, ya se supone la autonomía absoluta de la cultura. Más
aún, cuando se piensa a la cultura como manifestación de una determinada
figura histórica destinada a desaparecer para conservarse (y a la vez ser otra)
en una nueva forma histórica, en cada momento suyo en el curso del tiempo,
se la piensa como autosuficiencia y siendo fin de sí misma. Pero, en cuanto se
autofunda, en su propio seno ha puesto la propia fuerza de su destrucción
porque nada contingente puede autofundarse; en realidad, de esta situación
surge la crisis de la cultura moderna, la explosión de todos sus momentos integrantes que luego buscan su unidad perdida. Al mismo tiempo, asumida la
cultura en una dialéctica de la adecuación de ser y pensamiento, el acto cultural personal es apenas el momento subjeti"o por donde pasa el Espíritu y que

127

�debe devenir nada en la obra; a su vez, la obra cultural, en cuanto objetivada,
es la alienación del Espíritu y, en cuanto aJienación deJ Espíritu, lo que importa no es ya la participación en ella de la persona concreta sino del Universal. Si, como he dicho antes, participa algún valor, éste no puede ser sino el
del Espíritu en su tránsito por la aHcnación de sí. El hombre se ha perdido
por la absolutización de la cultura y, si se ha perdido, en verdad la cultura
carece de sentido al mismo tiempo que ha p~esto el dispositivo de su suicidio.
Ya es cuestión de tiempo. Por eso, cuando voces agoreras anuncian la "decadencia de Occidente'', la mina de la cultura, no hablan (aunque así lo crean)
de la auténtica cultura de occidente sino de la desnaturalizada Kultur auto.
suficiente. La Kultur, en cuanto absolutización de una dimensión concreta del
hombre concreto tiende a la negación del hombre concreto; es su misma alienación. Pero, por otro lado, en cuanto se transforma en fin de si misma, la
Kultur se corrompe en "culturalismo" autocontcmplativo e incomunicado. Por
eso la Kultur alemana tiende a la mitificación de la cultura y alimenta un
'
nacionaHsmo
"cultural" egolátrico que, a su vez, implica autoexaltación y la
autodestrucción. En verdad, una "cultura" que pone en la inmanencia de si
misma (negándolas en clla) a la trascendencia, al personalismo y a la religatio
en que consiste el hombre, ha dejado de tener sentido. Esta reflexión trae a la
memoria la afirmación de Rosmini: "E1 ingenio germánico es, en verdad, naturalmente robusto, pero su cultura es demasiado prematura: está aún envuelta en sus pañales: un par de siglos de estudio no son suficientes para volver analítica a una nación. La preciosa dote, agregaba, de la mente italiana,
sumamente clara, porque es sumamente analítica, es el fruto de tres mil años:
cada siglo ha contribuido a fonnarla, ha introducido del mismo modo algún
nuevo elemento: la civifüación de esta nación es un hábito, ¡ ay, tantas veces
descuidado! no es un esfuerzo momentáneo y contra natura que después de
un momento de excesiva energía recae sobre sí mismo" .8 En realidad, para no
ser injustos con el indudable genio alemán, la indicación de Rosmini puede
encontrar aplicación exacta en aquel aspecto (ciertamente el más importante)
del pensamiento germánico, que ha hecho de la cultura un fin inmanente a
sí mismo y que ha conquistado para sí ( y desgraciadamente para buena parte
del mundo que sufrió sus consecuencias) un par de terribles desastres.
En esta perspectiva, tienden a diluirse las distinciones necesarias entre unidad y pluralidad de las culturas. En el inmanentismo hegeliano hay un predominio de la unidad de la cultura como movimiento del Espíritu que es uno;
y, vistas históricamente las diversas culturas, no son más que momentos del
proceso de autoconciencia (en los diversos pueblos históricos) que, en el
• Saggio storico-crilico suite cateporie e la dialettica, p. 34'~, Torino, 1883.

128

fondo, es el único proceso donde mueren los singulares históricos; la cultura
de la India, por ejemplo, no tiene sentido sino en cuanto subsumida en el movimiento de la substancia universal. Por tanto, no es concebible una pluralidad
de culturas legítimas por sí mismas sino en tanto y en cuanto mostraciones
finitas del Espúitu uno.
Al mismo tiempo, en la perspectiva historicista hay un predominio de la
mera pluralidad de las culturas relativas a la circunstancia histórica; porque
cada cultura depende de una determinada visión del mundo y como es imposibJc que una sea la totalidad de todas las visiones posibles, jamás podrá concebirse otra cosa que la mera pluralidad de las culturas; 1si las eHminamos por
un momento, sólo nos queda la conciencia histórica la cual, por sí misma, no
es la cultura ni puede constitutivamente serlo; en cada caso, en cada cosmovisión, será la raíz de una cultura, pero nunca podrá ser la cultura. Por eso,
en los historicismos inmancntistas solamente es concebible una pluralidad de
las culturas, todas igualmente relativas. Uno se pregunta entonces, para qué
y por qué defender la "cultura de Occidente" si cada cultura (y una de ellas
es la nuestra) apenas si existe en cuanto dependiente de una circunstancia
condenada de antemano a la muerte.
No existe una contradicción demasiado profunda entre semejante conclusión
y la del marxismo, para el cuaJ la cultura es un contenido de la conciencia

social; pero esta conciencia social es una superestructura de las condiciones
económico-sociales. De donde se sigue que las condiciones económico-sociales
determina,1 una determinada forma de cultura. Es decir que si hay una pluralidad de culturas, esa pluralidad depende, en cada caso, de la estructura social y económica que le sirve de fondo. Por eso, si lo vemos dialécticamenteJ
los "productos" del trabajo intelectual -en definitiva, la cultura- se vincula
íntimamente con el desarrollo de los medios materiales de producción. Por tanto, la cultura es solidaria con cada momento histórico-dialéctico y, en cada
caso, manifiesta la alienación del hombre. Así, una determinada forma de producción material, determinando una determinada manera de la división del
trabajo, codetermioa cierta forma de la división del trabajo intelectual, es
decir, de la cultura. Por eso, la cultura de la Edad Meria, por ejemplo (feudalismo), manifiesta (como superestructura) las condiciones económico-sociales
de la sociedad feudal. Actualmente, luego del despojo cultural de las masas
por la burguesía, el capitalismo pone los fundamentos de nuevas formas de
cultura para la explotación, en servicio propio, de las masas trabajadoras. Esta
idea de la cultura que implica una pluralidad de culturas en la unidad del
proceso dialéctico hacia la sociedad homogénea, puede significar: O que en
la futura sociedad sin clases no habrá más cultura (conclusión absurda) 0 que
en la sociedad comunista se alcanza la cultura verdadera. Pero pensar que la

129
e H-9

�esencia de la cultura depende de las estructuras económico-sociales reduciéndola
a la pura manifestación de una "superestructura", es negar_ la cultura, no ya
la cultura "burguesa" sino toda cultura. El hombre no consiste_ e_~ una e~tructura económico-social y, por eso, el marxismo se abre a dos pos1b11idades 1gu~mcnte negativas: O absolutiza una parcial dimensión del hombre (lo economico-social) en cuyo caso no es la cultura expresión de todo el hombre y entonces la cultura tiene los caracteres de un mito; o la cultura verdadera solamente se edificará en la sociedad sin clases, en cuyo caso se trata de una cultura utópica e imposible como e&gt;.--presión del hombre desalienado; porque aquella sociedad, en cuanto síntes.is, si es final, no tiene antítesis y se transforma en
algo abstracto; o no es final y debe admitirse su antítesis, en cu~o. caso la cultura seguirá siendo siempre una mera superestructura de cond1c1ones económico-sociales, expresión de la alienación del hombre. En ambos casos, me parece
que el marxismo, en el fondo, es la negación de la cultura. Por ~o, en s~ forma
actual y provisoria de dictadura del proletariado, la "cultura' a~qULere los
caracteres de una unidad monolítica para la autoridad del Partido que la
dirige y es esclavizadora en lugar de liberadora del hombre. Pero c~mo e~to
es contra natura pues violenta la naturaleza de la persona, las manifestaciones culturales de los países soviéticos ( donde hay novelistas, músicos, que tratan de expresarse a través de las mallas del sistema) aparecen a pesar de la
estructura marxista que los oprime.
Así pues, una "cultura" inroanentista, n~-pers?~sta y a~ea (o.una cultura
fundada en la relatividad plena o en la drmens10n económ1co-soCJal del hombre) es, inmediatamente, la corrupción de la cultura Y: mediatamente, está
destinada a su propia ruina. No en vano desde su propio seno se ha proclamado la "decadencia de Occidente''. Asimismo, ya se exalte la unidad de la
cultura ( excluyendo la pluralidad), ya se exalte la pluralidad de las cultur~s
( excluyendo la unidad), nunca la cultura ( y ya es por eso cultura corrompida) expresa la totalidad del hombre; es decir, su misma estructura ontológica
que es trascendencia, personalización y religación. Bn Occidente, est_a cultura
inmanentista es, en el fondo, la misma cultura trascenden.tista (en realidad ~a
parte de ella) corrompida y en ci·isis. Por eso, sobre todo entre nosotros~ tiene
plena vigencia plantearse el problema de la cultura verdadera.

4. La cultura verdadera

La misma crisis y desfondamiento de la cultura inmanentista (en realidad
cultura O inmanencia son contradictorias) hace evidente críticamente ( cosa
que 00 podía acontecer anteriormente al proceso de inmanent~ación) que una

130

cultura no ya auténtica como cultura sino que se presente como la cultura verdadera, será cultura de todo el hombre y, si lo es, será cultura de la persona,
de la trascendencia y de la religación del hombre. Una cultura pues, personalista-trascendentista-religiosa
en la cultura del hombre totalJ absolutamente de.
·sal1enado; es la cultura de la mismidad del hombre. En cuanto personalista
reconoce la presencia, en la persona, del ser como tal y de su verdad, de s~
bondad y belleza; y reconoce en su totalidad y en cada obra cultural la libertad
de la persona (que se participa en 1a obra por su acto) y la temporal,idad de
la existencia participada en la cultura. En cuanto trascendentista, reconoce
tanto en el acto como en la obra (poniendo su signo en todo el mundo de la
cultura) ya la trascendencia siempre desbordante del ser al ente, del ser a
la obra y al acto, ya la trascendencia absoluta del Ser absoluto que pone a los
entes en el ser; porque el acto cultural (y consiguientemente la obra) de-pende
de esta Trascendencia, es posible, en el fondo, el mundo de la cultura. En
cuanto religiosa, reconoce, en todo acto y en toda obra, el estado de re-ligación
del ho~br_~ al Tú eterno (Persona infinita) y, en el hombre y por el hombre,
la re-ligac1on de todo y su versión a Dios. Por eso, la cultura es constitutivamente religiosa. Como dije antes, aun la "cultura" atea adquiere las formas
de la religiosidad.
":~ _ve el lector que estamos, en este punto, obligados a una opción, a una
d.eCISlon franca y comprometedora reconociendo, al mismo tiempo, las limitac10nes de la filosofía. En efecto, si las culturas legítimas (y lo son todas en
cuanto tales) lograran la plena mismidad del hombre ( que es personalistatrascendentista-religiosa) entonces, además, serían no ya las sino la cultura verdadera, serían todas re-fundidas en ella. Pero esto parece imposible; y si la
cultura verdadera ( en el sentido de pleno desarrollo del hombre concreto)
ha de ser personaUsta, trascendentista y religiosa, nuestra opción debe tomar
francamente la dirección hacia la cual apunta: La cultura verdadera es la
c~tura cristiana, porque el Cristianismo -allende todos los defectos y misenas de los cristianos- es la única concepción del hombre y del mundo a la
vez persona lista, trascendentista y religiosa. El Cristianismo y con él la' vieJ· a
· trad.1ción hebrea, no es monista como el mundo de Oriente •cuya maravillosa
'
cultura es, sin embargo, un proceso de despersonalización del existente; no es
dualista como la cultura griega, ni puede ser inroanentista como la culturacristiana-corrompida que proviene de una alteración del espíritu cristiano pero
que, al cabo, de él depende, como todo el pensamiento inmanentista germánico hasta nuestros días. Pero este cuadro, tao esquemático, apenas si me sirve
para indicar el camino de una decisión en cierto modo exigida por el análisis
teórico y los supuestos históricos evidentes de estas reflexiones· y en verdad
' '
'
queda pendiente. una investigación detallada en ese sentido. Por ahora, me li-

131

1

�mitaré a indicar someramente que si la cultura verdadera es personalista-trascendentista-religiosa, la cultura verdadera es la cultura cristiana.
Para un filósofo, el reconocimiento de que la cultura cristiana es la cultura
verdadera, no significa negar que todas las demás culturas (en cuanto emergidas de la misma estructura ontológica del hombre) sean verdaderas culturas.
Por eso mismo, la cultura cristiana dice referencia directa a la unidad de la
cultura en cuanto la unidad de la cultura se fundamenta en el acto cultural y
personal participado en la obra y, en el caso del Cristianismo, el modo de participación implica las dimensiones de la persona, de la trascendencia y de la
religación con Dios. Por eso, parece que en la cultura cristiana, el acto y el
modo se armonizan. Todo lo cual, naturalmente supone la distinción elemental
entre Cristianismo y cultura pues el Cristianismo no es una cultura, aunque
sostengamos que la cultura vivificada por el Cristianismo y sus principios sea
la cultura verdadera.
5. Las grandes culturas históricas

Llegados a este punto, dejo pendiente una exposición mayor sobre el desarrollo de las grandes culturas históricas (la pluralidad de las culturas) pero no
puedo pasar por alto una indicación general sobre los principios y direcciones
de ese desarrollo. En efecto, si el acto cultural (y consiguientemente la obra)
emerge o puede emerger cuando se abre la mediación entre cl espíritu y la
naturaleza (ruptura de la inmediatez) es evidente que no podemos denominar
"culturas", sin más, a todo tipo de "civilización" y a todo tipo de manifestación telúrica que significan, precisamente, el momento previo de la inmediatez.
Ya dije antes que una especificación fundamental y originaria de la primera
patencia del ser a la conciencia (que coincide con e1 acto de la autoconciencia)
es, precisamente, el momento de la mediación; en el momento de la mediación,
la naturaleza y lo otro del yo, aparece como objeto o como posibilidad de ser
objeto; lo cual no significa, en modo alguno, un dualismo entre naturaleza y
espíritu sino, solamente, la dualidad y distancia cognoscitiva necesaria para
que el acto cultural sea posible. Sin la mediación, la naturaleza no adviene a
ser "materia" de la cultura. Por eso, una pura (aunque puede ser bellísima
para el hombre culto por su misma virginidad y frescura) manifestación (musical por ejemplo) de la inmediatez hombre-naturaleza, no constituye propiamente cultura. En ese sentido, las manifestaciones telúricas no son cultura
en sentido estricto y muchas llamadas "culturas primitivas", sobre las cuales
se escriben muchos y eruditos estudios, en realidad no constituyen verdaderas
culturas desde el momento mismo en que son "primilivas". Sobre todo si por

132

primitivas se entiende la inmediatez del hombre con el medj.o. En cuyo caso
preferiría llamarlas pre-culturas. Cuando un indio de la Puna de AtacaJDa en
Bolivia, hacía una flauta de caña (incluso muy complicada) y hacía pasar 'por
ella la melodía melancólica del silbo del viento sobre el desierto de piedra, o
cuando con ella e,·ocaba y quería fundirse con la Madre Tierra, no había en
él momento alguno de mediación (como en Praxiteles creando Venus o José
Hernández escribiendo el Martí Fierro) sino la inmediatez misma con la tierra mostrada en el silbo de 1a quena, o el largo aliento del bombo. La cultura
suele elaborar, posteriormente a la mediación del pensamiento, esta fresca inmediatez natural.
Sin entrar, por ahora, en detalles y tratando de lograr una visión panorámica, podría, eliminando todos los caracteres secundarios, elegir un criterio
último para señalar las grandes líneas esenciales de las culturas históricas. Y
si la cultura emerge en el momento de la mediación del pensamiento y la
mediación del pensamiento es especificación del acto primero de autoconciencia y la autoconciencia coincide con la presencia del ser al espíritu, se sigue
que la cultura, en su dimensión esencial, seguirá el sentido que se le dé al
mismo descubrimiento del ser. Y, por eso, quizá no sea muy audaz pensar que
las grandes culturas reconocen, en lo que tienen de más íntimo (sin considerar las innumerables modalidades parciales que diferencian culturalmente un
pueblo de otro dentro de una misma cultura general) una determinada y generalísima concepción (subyacente) del ser, originariamente presente. Así pues,
pese a sus infinitas diferencias y matices, pese incluso a muchas oposiciones
internas, las grandes culturas de Asia (China, India, Corea, Japón) parecen
implicar un sentido monista y naturalista del ser; aun las diferencias, en el
seno del ser, aparecen como fcnoménicas, como diferencias fenoménicas que
deben ser superadas. Por ese motivo, la cultura (como acto y como obra) no
tiende a ser, en general, personalista y hasta puede ser un signo digno de ser
tenido en cuenta que tanto la filosofía, como el arte, oculta el nombre de sus
autores, de las personas en las cuales e1 ser se participa y desde las cuales, en
cada caso, en cada obra, se participa el ser (y la persona concreta) en la
cultura. Y como debe resolverse en el seno del ser (o de la naturaleza, o de
Braman, o de Buda) no puede decirse que la cultura implique la dimensión
de la trascendencia; y como el todo es divino, la vida entera de la cultura
oriental se nos muestra como esencialmente religiosa, aunque no en el sentido
personalista judeo-cristiano. Monismo y naturalismo que implican una cultura profundamente religiosa pero impersonalista y sin el sentido de la trascendencia absoluta. Y si hoy, el marxismo ha dominado principalmente a China
y si este hecho (que ha sido asumido por el antiguo nacionalismo chino) trans-

133

�formara su cultura ( siempre muy difícil) ya se trataría de una invasión de una
corriente ( corrompida) de la cultura occidental.,
El sentido del descubrimiento del ser, implkito en los primeros momentos
de la cultura griega ( explícito después en la filosofía) igue siendo impersonalista, pero siempre comprehende un radical dualismo explicativo de lo real,
presente aun en el supremo ideal de la paideia. Por eso, la cultura helena, a
diferencia del monismo oriental, es dualista ( como también lo fueron las culturas del Asia Menor) y ya sea dioni íaca, ya apolínea, siempre fue esencialmente religio a y naturalista. De donde se sigue que el principio que introdujo
la radical diferencia entre la cultura del lejano Oriente y la cultura helena
(y sub idiariamcnt la romana) fue el sentido del descubrimiento del ser, monista en Oriente, dualista en Occidente. ro importa, para el caso, lo ejemplos aislados que de monismo pueden citarse en Occidente pues, cuando no
son re ultado de influencia oriental (Plotino, chopenhauer) constituyen la
e.xcepción y no configuran la línea esencial que persigo en esta inve tigación.
Pero, de hecho, toda la cultura occidental no es propiamente griega (aunque la suponga hasta tal punto que es impensable sin ella) sino hebreocristiana. Para el hombre hebreo-cristiano; todo lo que es ( todo el ser finito)
es gratuidad pura pues procede de un acto creati\'O libre; Dios creador es la
Persona infinita manifestada en la interioridad de la persona finita que es el
hombre donde es oí.da su Palabra; el mundo es la manifestación de esa Palabra que puede ser leída por el hombre. A su vez, en cuanto todo proviene
por creación, el tiempo es un tiempo lineal que crece, que madura y se enriquece hasta ser asumido por el Vt'rbo Encarnado y que, en su virtud, sigue
madurando hasta que sea consumado. El hombre y el mundo excluyen absolutamente todo dualismo (carácter ~riego) y, por cierto, el monismo del ser
(carácter oriental) y, como es lógico, lodo naturalismo. La cultura cri tiana
que surgirá de esta visión de la realidad será pues, religiosa, pero no ya como
impersonal religión que quiere confundir lo límites, ni como la impersonal religión que nada tiene que ver con la interioridad del hombre desde que el
Absoluto no es una persona (Grecia) sino como personal re-ligación a una
Persona trascendente y a la vez histórica. De este trasfondo surgirá una cultura con los caracteres de la trascendencia, del personalismo y de la religiosidad personal. Adquirirá diversas formas (ya que las formas diversas de la
cultura y la cultura misma no se identifican con el Cristianismo) pero abarcará
toda la cullura de Occidente. Cultura de la persona, de la donatividad del ser,
de la trascendencia no naturalista (sin ignorar la naturaleza) y qu comprende
la cultura itálica, la cultura / ranccsa y su radio de influencia, la cultura
. hispánica (compr ndida la lu itaoa) la que a su vez comprehende la latinoamericana y la filipina. Con sus caracteres propios, debe mencionarse la cultura

134

eslava qu~ comprehend~ varios países y modalidades, la anglosa;ona (inglesa,
nortcamencana, awtrahana, etc.) }' la germá,iica (Alemania, Escandinavia)
que es ~na cultura tardía en el conjunto de la cultura occidental con los probl~~as mtemos ya señalados por Rosmini; a esta cultura tardia pueden adscnb1rse, pues, la de aquellas zonas nórdicas no plenamente latinizadas de Europa. Sus dimensiones propias, profundas y de gran importancia hi t6rica tiene la c.ul~ur~ islámica que une, en í misma, tendencias básicas del judaísmo
Y el crist1a~smo y que comprchende la totalidad del mundo árabe y buena
parte del oriental. Como puede comprobarse, si esquematizamos las cosas hasta
1as grandes líneas (siempre un poco difusas por el mismo esfuerzo por verlas
panorámkamente) nos qu dan en las mano los caracterc del monismo del
dualismo, de la donatividad, sobre los cuales se teje la rica }' complicada ~alla
de las culturas del hombre, más allá de las para-culturas ( quizá más numerosas
que las culturas propiamente tales) y de las agrupaciones culturales muertas
( y de las cuales no puedo ocuparme aquí).
o hace falta, pues, hacer una historia de las culturas, para comprender
que de estos caracteres básicos y de otros menos fundamentalc pero siempre
pre entes y operantes, depende la pluralidad de la culturas; pero también se
comprende que esta multiplicidad es posible en cuanto expresiones de la unid~d fundamental y f undante del acto cultural ( que es participación y develac1on del hombre en una obra). Ahora, luego de la opci6n que acabo de tomar
en favor de la cultura cristiana como la cultura verdadera, habrá que meditar
(su~uesta esta multiplicidad de las culturas en la unidad de la cultura) sobre
el tipo profundo de relación dinámica de la cultura cristiana con las culturas
no-cristianas. Y habrá que ver si ntonces es posible descubrir algún tjpo de
ordenamiento, de ley, que rija esla relación ineludible.

III
PLURALIS [O CULTURAL \' SABIDURÍA CRISTIANA

1. Ley de la fe implícita
ostener que la cultura cristiana es la cultura verdadera, implica haber puesto, en el mismo acto, dos problemas capitales: Por qué esta afirmación no
significa una actitud negativa ( todo lo contrario) para las otras culturas y
cuál es la relación profunda que existe ntrc el Cristianismo y las culturas. Por
cierto' que el tema nos obliga a reflexionar sobre el Cristianismo como tal y

135

�a tener en cuenta una distinción obvia: que el Cristianismo no es ni una ni
la cultura; pero hace poco he sostenido que una cultura, en cuanto en su
mismo desarrollo asume las instancias esenciales de lo cristiano es ya cristiana
y que, desde ese punto de vista, en cuanto asume los momentos constitutivos
del hombre total, es la cultura verdadera. Esto nos obliga -ya que el mismo
desarrollo del tema conduce a una opción- a ciertas reflexiones teológicas
que deben ser conducidas hasta sus últimas consecuencias.
En efecto, Dios, en cuanto revelante, cuando dice su Palabra a los hombres
(desde el principio y anteriormente a Cristo y posteriormente a El hasta hoy)
no lo hace fuera de su situación histórica y cultural; cuando Dios revela o,
simplemente. cuando mueve interiormente, lo hace desde dentro de una determinada cultura (si la hay); los tipos de cultura que caracterizan a los diversos
pueblos (y cuyas lineas generallsimas be intentado mostrar) son los canales
de la Palabra. Por tanto, no solamente Dios no niega las culturas cuando revela, sino que las culturas son los vehículos de su Palabra. En verdad, resulta incomprensible pensar que Dios quiera, primero y como condición previa, anular una cultura (no-cristiana) para poder dirigir a un pueblo su Palabra;
equivaldría a una necesidad de destrucción de la naturaleza, previa a la revelación, lo cual es manifiestamente imposible y absurdo tanto natural como
teol6gicamente. Cuando Moisés describe la creación y sus "días", lo hace
dentro de la imagen mítica de la época ( el cielo, la tierra, el agua) y con
ciertos supuestos culturales y literarios ineludibles. El error grave consistiría
en incurrir en la miopía de identificar la Palabra con esa situación y con ese
tipo cultural, con lo cual, en el fondo, se negaría la Palabra, siempre trascendente a toda situación histórica.
Pero esto mismo requiere una explicación más profunda. Porque Dios babia
a la esencia del hombre (si puedo expresarme así) y no a una cultura; el
Verbo asume toda la naturaleza humana en la Encarnación y toda la historia
anterior, para la economía cristiana de la existencia, es respectiva a la Encarnación. Más aún: esto es así porque toda la humanidad (y con ella todo
el cosmos) crece, madura, hacia el Verbo; y si la cultura es acto y obra del
hombre, está implicada en este crecimiento erístico. Y la razón es más honda
todavía, pues implica la presencia viva del Cuerpo Místico en este proceso;
porque Cristo, al re-crearlo (como nueva crcatura) al 11ombre, constituyó a
los humanos en Cuerpo suyo animándolo con su Espíritu. Luego, todos los
hombres son sus miembros y cada hombre es miembro del otro (Rom., 12, 5).
Como ha dicho Santo Tomás ( S. Th., 3, q.8, a3) los miembros (que Jo son
en la Capitalidad de Cristo) son aquellos que están en gloria; luego, aquellos
que lo son actualmente por estar vivamente unidos a El por la gracia y por
la fe; también son miembros actuales los que lo son por la fe solamente y, por

136

último, miembros suyos son, al menos potencialmente (y recuérdese que para
Santo Tomás la potencia es algo real) todos los hombres redimidos por Cristo.
De donde se sigue que más allá de sus miembros ai:tuales (en gloria o in uia)
t~dos los hombres son miembros de Cristo, todos los hombres son Iglesia y,
s1 se salvan, por Ella se salvan aun sin un conocimiento actual no-culpable de
Cristo y su Mensaje evangélico.
Si es_ así, desde el más estricto punto de vista teológico, todo hombre ( antes
Y después de la Encarnación, antes como inevitable tendencia hacia ella después en cuanto asumidor por el Verbo) busca a Dios (aun cuando lo ~ega
pues_ al negarlo supone su búsqueda) y nadie le busca sin el influjo de alguna
gracia; El les da la inspiración, aun entre tinieblas y oscuras y remotas imágenes de religiones primitivas o de incipientes para-culturas por donde "se filtra" la Palabra; porque Dios "quiere que todos los hombres sean salvos y
vengan al conocimiento de la verdad" (I Tim., 2, 4). Y, tratándose de la
Persona infinita, este "querer" no es un accidente que le acontece alguna vez,
sino un infinito querer idéntico a su esencia. Y, en cuanto infinito querer
infinito amor.
•
Desde este punto de vista, todos los hombres pertenecen al orden sobrenatural cristiano, aunque no sean miembros "actuales" de Cristo. Pero todos se
encuentran injertados en El y cada hombre tiene su gracia hacia la gracia
santificante, gracia real que se sigue de la voluntad salv'úica de Dios y que
es suficiente (aunque fuere remotamente suficiente) para salvarse. Vistas así
las cosas, todo el que busca la verdad busca a Dios y todo el que busca "bajo
el influjo de la gracia" como indica la Constitución sobre Ja Iglesia, del Vaticano II (cap. 11, 16). O sea que esta gracia es ,·erdadero principio de vida
sobrenatural en todo hombre y es una gracia cristiana. Por tanto, podemos
sostener que en todo hombre, que en toda cultura, que en toda obra humana,
hay una fe implícita en Jr-sucristo no conocida actualmente y como tal; en
consecuencia, de esto se desprende el carácter misional de la Iglesia que consiste no en "conquistar" ni dominar, sino en el humilde acto de servicio por
el cual se trata de hacer explícito lo implfcito, como ha sostenido Karl Rahner
en una reunión teológica, en el Seminario de Goregaon, Bombay, con ocasión
del Congreso Eucarístico de la India. 7
Asi pues, las culturas no-cristianas ( por ejemplo, la cultura de la China) ha
sido siempre implícitamente cristiana en cuanto desarrollo y manifestación de
algunas dimensiones del hombre en tensión hacia la perlecta armonía con el
' Cf. Informaciones cat6licas foternacionales, o. 230 / 22 de diciembre / 1964,
pp. 11-13. Ampliada luego en el • o. 233 / 7 de febrero, 1965, / pp. 27-28. Véase
también la segunda parte del Esquema XlII de La Iglesia y el 11mndo moderno, Concilio Vaticano II, cap. 11 sobre El progreso de la cultura.

137

�cosmos; toda situación pre-cultural, toda cultura en de arrollo, comprehende
en sus mismas estructuras constitutivas, un interior crecimiento, una interior
maduración (que puede ser frustrada) que es la gracia de una fe implícita
donada por la voluntad salvífica de Dios. Pues a esta interna presencia de
una oscura y a veces irreconocible fe no-consciente en cada una de las culturas de la humanidad, llamo ley de la fídes impllcita.
Entonces, la cultura cristiana es la cultura verdadera en cuanto cultura. real
y explícitam,mte asumida e inspirada por lo cristiano; dicho de otro modo,
una cultura es cristiana o llega a serlo explícitamente cuando su crecimiento
interior es alimentado y vivificado por el Cristianismo que, a su vez, es crecimiento interior de la semilla de vida sobrenatural que existe en todo hombre y, por eso, en toda cultura. Precisamente por este motivo, el hecho de que
una cultura (por ejemplo la cultura española) sea cristiana, no agota ni puede agotar jamás las indefinidas posibilidades de advenir cristianas de tocias las
demás. Y si advienen cristianas será desde dentro de sí mismas y no por una
especie de yuxtaposición extrínseca. La pluralidad de las culturas (legítimas
como culturas) reconoce un modo plural de movimiento interior implícitamente cristiano (ley de la fides implícita) en cuyo hacerse explícito convierte a esas
culturas en culturas cristianas; luego, puede existir, más allá de la pluralidad
de las culturas en la unidad de la cultura (como acto fundamental) una pluralidad de culturas cristianas que supongan la unidad interna de lo cristiano.

2. Ley de la "cristificaci6n" de las culturas
El primer momento de la fides implicita, que corresponde a toda cultura
tal como se actúa para mostrarse en las obras que constituyen un mundo
cultural, es tcnsi6n de lo implícito a lo explícito. Esta tensión hacia la e&gt;.'J)licitación de la Palabra escondida significa inmediatamente que toda cultura,
aun las aparentemente más alejadas del Cristianismo, sólo pueden lograrse
plenamente como tales culturas (y como culturas) explicitando la interna
"presión" del misterio cristiano. Al mismo tiempo, es lo mismo que decir que
la cultura china no puede lograrse plenamente como tal cultura chirta sino
explicitando la gracia suficiente escondida en los hombres chinos que la crean;
sólo llegando a ser e.xplícitamente cristiana puede lograrse plenamente como
cultura chi11a. Por eso, sería un error gravísimo creer que la cultura china
como tal debe desaparecer para que el pueblo chino llegue a ser cristiano;
además de ser un imposible metafísico es contradictorio con la esencia misma
de lo cristiano.
Por tanto, toda cultura legítima (y, por cierto, todas las formas primitivas
o pre-culturales) tienen parte, aunque fuese embrionaria, en la revelación

138

cristiana y sería contradictorio no desarrollarla. Los Padre$ Griegos y muy e pecialmente Clemente de Alejandría y Orígenes vieron muy claramente este
problema, es decir, el de la relación profunda entre el Cri tianismo y las culturas paganas. Por otra parte, si se piensa que el Cristianismo no es la cultura,
si se piensa que el Cuerpo Místico no es la cultura, se comprende al mismo
tiempo que lo cristiano pueda "fecundar" a toda cultura. Este proceso de
e&gt;..'J)licitaci6n de la fe implícita no es otra cosa, en el fondo, que la explicitación de la ese11cia escondida de lo cristiano; y la esencia de lo cristiano es
Cristo en persona en Quien se encuentran injertados todos los hombres por
el mfaterio de la Encarnación. Por eso, la "tensión" hacia la explicitación de
la fe implícita, es "tensión" hacia el Verbo (escondido) y, también por eso
mismo, toda cultura, en cuanto acto y obra del hombre, en cuanto acto y
obra de un pueblo concreto, es proceso de "cristificación" ab intrínseco de
los mismos momentos constitutivos de esa cultura. Y a este proceso llamo ley

de la cristificaci6n de las culturas.
Históricamente visto, la cultura llamada "occidental" es la que más claramente ha vuelto explícito el contenido cristiano y es, por eso, cultura cristiana.
Dentro del ámbito de la cultura occidental (como se ha visto anteriormente)
caben aún numerosas distinciones importantes, obre todo respecto de caracteres muy peculiares que distinguen una cultura de otra (por ejemplo, la
cultura eslava de la cultura anglosajona); simultáneamente, es evidente que
los hombres, vistos como Miembros del Cuerpo Místico, actuales o potenciales, en cuanto hombres son libres, no sólo en el orden natural sino sobrenatural; en ese sentido, ellos pueden recha1ar, resistir, la interna pre encía de
la gracia suficiente y alejar cada vez más (jamás irremisiblemente) la cultura que crean de lo cristiano escondido. Pero un desarrollo normal, que siga
los cauces naturales de la estructura ontológica de la persona, es ya proce~o
de "cristificación" de la cultura. Pero siempre es posible un movimiento de
involución o reversión de la cultura, lo cual es, por eso mismo, proceso paradójicamente anticultural de la cultura. De cualquier modo, cuando este proceso es negativo, así como ningún hombre puede borrar absolutamente la interna presencia del misterio cristiano ( al menos como una simple y oscura
vocatio Dei) así ningún proceso negativo de una cultura logra aniquilar el
interno conato erístico que anida en sus entrañas. Y siempre, por tanto, está
abierta a la posibilidad de su desarrollo.
Por eso, creer que "cristiiicar" una cultura {la hindú por ejemplo, tan rica
y profunda) es simplemente "occidentalizarla", es no haber comprendido no ya
la cultura como tal, sino el Cristianismo; sólo una incomprensión radical de
lo cristiano puede conducirnos a creer que hay que "conquistar" occidentalizando las culturas orientales; por el contrario, sólo nos cabe servirlas, asu-

139

�que más se acerca a lo que deseo expresar no es tampoco "tramutación"
( empleado por Nietzsche respecto de la relación CristianÍ$mo-cultura clásica)
sino "transfiguración". Utilizando una analogía -nada más que una analogía- como 1a Transfiguración del Señor, el término "transfiguración" ( metamorphosi.s en el texto griego) (Mat., 17, 2) significa trans-formación; implica la idea de mudar de figura o forma y, en la expresión latina, significa
figurar, disponer, transformar; pero si bien se mira, trans-formar no incluye
la idea de destrucción de aquello que se transforma, dispone o figura; si no
se mantiene lo transformado, no hay transformación; si lo que muda de
figura no es siempre, durante todo el proceso, no hay trans-figuración. Cuando
acontece la Transfiguración de Jesús (para seguir con la analogía) los discípulos "cayeron sobre su rostro"; luego, Jesús los tocó diciéndoles: "Levantaos, no temáis. Alzando ellos los ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús".
¿ Qué significa esto? El anterior personaje resplandeciente ¿no era Jesús? Sí,
lo era, pero, ahora, era como nadie comparado con el momento de su transfiguración. Era el mismo, pero como si no fuera el mismo. Igualmente, la idea
de transfiguración implica que lo que se transfigura, antes de su transfiguración es como nada, como lo otro, tan grande es el cambio; pero, al mismo
tiempo, es lo mismo, sigue siendo el mismo aunque como si ya no fuera el
mismo. No es pues una tramulación, un cambio de uno en otro, sino una
radical transfiguración donde lo transfigurado se mantiene el mismo, pero
como internamente re-creado y llevado a una plenitud inalcanzable por otro
camino.

miendo todos sus auténticos valores y amar humildemente el misterio implícito
en ellas. No es otra la actitud del Papa Paulo VI cuando su visita a la India.
En su mensaje comenzó diciendo: "Este viaje a la India es la realización de
un deseo largamente acariciado. Vuestro país es un país de antigua cultura,
cuna de grandes religiones, hogar de una nación que ha buscado a Dios con
insaciable deseo en los cánticos de una plegaria ferviente. Rara vez se ha
expresado esa espera de Dios con palabras tan llenas del espíritu del Adviento,
como las que se escribieron en vuestros libros sagrados, muchos siglos antes de
Cristo: "De lo irreal condúceme a lo real: de la oscuridad condúceme a la
luz; de la muerte condúceme a la inmortalidad".ª

Así se logra la síntesis de la ley de la fides implícita y la ley de la "cristificación" de las culturas; al mismo tiempo, se mantiene la pluralidad y la
unidad de las culturas y la distinción entre culturas legítimas (pluralidad)
y la cultura verdadera, hacia la cual deben convertirse las demás. Pero simultáneamente se ve que, si hipotéticamente suponemos un mundo todo cristiano, es evidente que se mantendría siempre una pluralidad de culturas cristianas ( occidentales, orientales, africanas) fundadas en la unidad erística de
la cultura humana.
3. Ley de la "transfiguración" de las culturas
La síntesis del desarrollo de la fe implícita y la cdstificación de las culturas
( que es el mismo proceso de develación de lo cristiano) no destruye la cultura, pero introduce en ella un cambio profundo. Pero no es la expresión
"cambio" la más adecuada para lo que deseo expresar, porque la explicitación de lo implícito (por la actividad misionera de la Iglesia, que predica
la Palabra puesta al humilde servicio de los hombres) produce una verdadera
revolución en todos los supuestos culturales desde los cuales parte. En otras
palabras, cuando lo implícito se hace explícito y se toma actual el proceso
de cristificación de una cultura, entonces aquella cultura, lejos de morir adquiere una nueva vida; en verdad, re-nace, es como re-creada y todos sus
momentos, todas sus exigencias más profundas, encuentran un cauce nuevo,
sin duda, pero el único capaz de coníerir sentido último y plenitud a esa cultura. Es lo que pasó con la cultura greco-latina que no fue negada por el
Cristianismo sino asumida y conducida a su plenitud. Pero este proceso implicaba este fenómeno de re-creación que mantiene todos los elementos fundamentales de la cultura pero elevados a un nuevo estado. Por eso, el ténnino
1 PAULO VI, Mensaje a los no crislianos, en Informaciones Cat61icas Internacionales,
No. 230 / 22 de diciembre de 1964, / p. 13.

140

.,

Pues bien, cuando el proceso de cristificación de una cultura alcanza su
plenitud, esta cultura, siendo rigurosamente la misma, ha sido transfigurada;
mantiene los hitos fundamentales aunque sea rectificada en muchas direcciones, pero sigue presenle como la misma. Y eso es lo que lo cristiano hace con
la cultura que asume explícitamente: la transfigura. Luego, a esta singuJarí•
sima asunción de la cultura por el misterio del Cristianismo, llamo ley de la
"transfiguración" de las culturas, que vuelve plena y totalmente cristiana a una
cultura. Y esto, como es lógico, puede acontecer a todas las culturas. El caso
típico es la cultura greco-latina "transfigurada" en su síntesis con lo cristiano
explícito y que es, precisamente, la cultura cristiana. Pero cuando digo que es
la cultura cristiana, esto no excluye la real posibilidad (por no decir exigencia) de la transfiguración de la cultura hindú, de la cultura musulmana,
de la cultura china; que ocurra o no en la historia alguna vez, nada puedo
decir, pero ese es el impulso esencial. Si eso ocurriera, existiría otra u otras
culturas cristianas, fru.tos de la transfiguración de esas culturas como plenitud
de la fides implícita, desarrollada en el proceso interno de cristificación y lograda en la transfiguración cristiana de la cultura. Por supuesto que una cul-

14-1

�tura ya cristiana reconoce grados correspondientes a los grados, al aumento o
disminución de la Caridad en el Cuerpo Místico; por eso mismo, es siempre
posible a una cultura cristiana, un proceso de autocorrupción como ha acontecido en Occidente, como proceso de inmanentizaci6n de la cultura y que
ya puse de relieve anteriormente. En ese caso, la cultura seguirá siendo relativamente cristiana, aunque sea una cultura cristiana corrompida y abierta a
la posibilidad misma de su suicidio. Pero esa es la posibilidad y el riesgo propio
de Ja existencia humana. También es posibilidad una nueva recreación y florecimiento de una auténtica cultura cristiana.

4. Actitud cristiana ante la pluralidad de culturas
Por último, cabe preguntarse, desde la perspecti\'a cristiana, cuál debe ser
la actitud congruente con los principios constitutivos de las culturas; en este
caso, respecto de las culturas no-cristianas. En el fondo, esto es una insistencia
en lo ya dicho, pero desde otro punto de vista. De acuerdo a lo e.'Cpresado en
la primera parte de esta meditación, si dejamos de lado lo que se ha dado en
Hamar las "culturas muertas", la actitud cristiana respecto de la pluralidad de
culturas puede indicarse de modo generalísimo: En efecto, ante todo, las llamadas (quizá mal llamadas) "culturas primitivas" y que he preferido denominar "pre-culturas"; Juego, habrá que tener presentes las exigencias propias
de las grandes culturas históricas; después, tendremos que intentar una respuesta a las exigencias de las formas culturales inmanentistas.
A) Exigencias de las pre-culturas o culturas primitioas. Los pueblos que aún
no han salido del estado de inmediatez ( anterior a la mediación del pensamiento crítico) manifiestan de modo directo su estado de comunión con la
naturaleza; de ahí que (como ya lo indiqué anteriormente) manifiesten la
misma frescura de su estado telúrico y ejerzan cierta fascinante atracción sobre
el hombre culto. Es verdad que generalmente no es posible determinar, en
concreto, si este estado pre-cultural ha dejado de serlo o hasta donde es precultural; una línea divisoria neta no es posible. Precisamente en este estadio,
si uno se toma el trabajo de interrogar a un hombre primitivo acerca de una
melodía que él ejecuta en su flauta de caña, pocas o ninguna explicación nos
podrá proporcionar; es como si dijéramos que toca la flauta porque sí; y
en esta actividad, siente un gozo completamente inexplicado críticamente, manifestando sus vivencias religiosas, amorosas o simplemente telúricas. Es el momento de la inmediatez.
Este estadio, desde el punto de vista cristiano, ex:ige la pura y simple evangelización en el fresco y sencillo nivel ( que no excluye la más grande profun-

142

didad espiritual) del hombre primitivo. Pero como la fides impücita (que
implica la gracia suficiente) ejerce su presencia, el movimiento de evangelización debe asumir estas sencillas manifestaciones preculturales; debe hacerlas suyas y elevarlas en el movimiento erístico que e.xplicíta Jo implícito.
Cuando San Francisco Solano evangelizaba los indios, les hacía escuchar la
melodía de su violin, asumía el ritmo de sus bailes y el secreto interior de su
lengua. Y cuando por debajo de estos hombres hay una cultura muerta, entonces es necesario no descuidar la asunción humilde de las exigencias que
pudieran estar vivas de un pasado arcaico. Ya se ve, cuán diversa es la actividad misional de la Iglesia entre las tribus americanas (evangelización) de
la actividad misionera dentro de una alta cultura como la griega o la hindú,
la china o la japonesa.
B) Exigencias de las citlllltas ltist6ricas. Una cultura plenamente desarrollada, exige el re-conocimiento, el constante tener presente aquella fides implícita, aquel conato de cristificación de la cultura que, aunque a veces muy
trabajosamente, es posible detectar desde dentro de la búsqueda de Brahman,
desde dentro de las exigencias de la cultura budista o en el monismo cósmico
del pensamiento taoísta, o en el dualismo naturalista de los griegos. La Iglesia
en su actividad misionera (y nosotros somos Iglesia) en lugar de yuxtaponer
sin más la cultura occidental y menos aun el Cristianismo tal como se muestra en este tipo cultural-occidental ( que no puede agotar a lo cristiano) debe
servir desde dentro a las culturas no-cristianas para que, volviendo explícito
lo implícito, se actualice el proceso de cristificación basta la plenitud de su
transfiguración cristiana. Raymundo Panikker lo dice muy bien hablando de
la India: "Se trata de transformar el orden sacro hindú, de purificarlo, de
hacerlo llegar a la -es decir, su (no otra)-verdadera plenitud. Se trata de hacer desembocar a la sociedad hindú en el Cristianismo, de unificar y cristianizar sus mismas estructuras, de hacer llegar al induismo a aquella culminación que él mismo no sospecha, pero que se oculta en la existencia de la
misma sacra sociedad hindú; de hacerle comprender que adorando de buena
fue a Siva su adoración iba más lejos y llegaba hasta el verdadero Dios, y
que rogando al Krisna tal vez rogaba sin saberlo a Cristo como en un presentimiento, y que era Dios quien le oía, quien la escuchaba y quien -¡ tantas
veces!- le concedía lo que pedía. No, para que continúen satisfechos adorando
a Brahma o a Visnu, sino para que "adorando a Aquel a quien desconocen '
le amen y le sirvan después de haber superado todo lo que para ellos tal vez
fueron símbolos y formas provisionales".º Pero esta explicitación trans-figu• La India. Gente, cu/tu1a, creencias, pp. 92-3, Ediciones Rialp, Madrid, 1960.

143

�ra11te de la cultura hindú (o de cualquier otra cultura no-cristiana) sería ya
el nacimiento de una nueva cultura cristiana; es decir, explicitamente cristiana.
Esta transfiguración (plenitud de la fides implícita y la tensión crlstica del
hombre) se ha operado con la cultura greco-romana; y se operó también
(aunque en ella la espera fue completamente explicita) con la cultura hebrea
asumida por el Cristianismo y ciertas formas de la cultura griega-oriental (no
estrictamente latina) o la cultura eslava. La transfigurnci6n de la cultura
griega es sumamente evidente. Cuando San Pablo hablaba a los hebreos (típicamente el discurso en la sinagoga de Antioquía de Pisidia) (Act. 1 13, 16
y ss.} recordaba a los judios la larga historia de la Alianza, la espera del
Mesías y les anunciaba todo aquello que no era justificado por la ley de
Moisés. Y esto porque la fe de los hebreos, rectamente asumida, era la fe
anticipada en el Mediador Jesucristo. Por eso él se los señalaba desde dentro
de la antigua Alianza; en cambio, cuando se dirige a los griegos (discurso del
Areópago), aunque, como buen judío, "se consumía su espíritu viendo la ciudad llena de ídolos (Act., 17, 16 y ss.) y aunque los filósofos estoicos y epicúreos pensasen de él que era un "charlatán", San Pablo, lejos de intentar
yuxtaponer a la cultura griega su mensaje y, sobre todo, lejos de intentar introducir ab extrinseco a lo cristiano, comienza por re-conocer a lo cristiano dentro
de la cultura griega· por eso les dice: "Atenienses, veo que sois sobremanera
religiosos; porque al pasar y contemplar los objetos de vuestro culto, he hallado un altar en el cual está escrito: 'Al dios desconocido'. Pues ese que sin
conocerle ueneráis es el que yo os anuncio". Es cierto (y hasta cierto punto
muy lógico) que luego del discurso teológico y la referencia a la resurrección
de los muertos, unos se echaron a reÍr y otros le mandaron a paseo, pues
aquello era "locura" para los gentiles; pero también es verdad que "algunos
se adhirieron a él y creyeron", aunque fuesen pocos.

de ella cultura cristiana. Así también, la transfiguración de la cultura hindú
haría de ella cultura cristiana hindú en la cual la cultura hindú alcanzad~
(como cultura hindú) su plenitud.
Por todo ello, si la cultura cristiana de Occidente, ha sufrido (al menos en
parte) la crisis del siglo XIX que es la crisis del ínmanentismo, corresponde
ahora retomar, re-unir, desde dentro de sus mismas instancias, todas las exigencias dispersas y lanzarla hacia adelante pues e1 momento de cristificación
progresiva de la cultura, no tiene fin. Esta es misió11 del pensamiento cristiano
occidental.

Así pues, hay cierta inevitabilidad (ontológica) de la pluralidad cultural
que supone una originaria unidad de Ja cultura como tal· y al mismo tiempo
J
'
hay un movimiento interno de todas las culturas hacia la unidad superior de
lo cristiano. En este sentido, toda cultura debe ser (y ya lo está siendo desde
siempre) fecundada por el Cristianismo, pero teniendo conciencia que lo cristiano como tal es transcultural. En efecto, el Señor (que es la esencia de Jo
c_ristiano y su ~smo Misterio) nació y vivió en una cultura (la cultura palestmense de ese uempo) ; a1 asumirla (en la pequeña grey de primeros cristianos
de 1Jerusa1én) esa cultura se transfiguró en cultura cristiana (y fue por eso la
más plenamente judía) ; y eso era posible porque el Señor que nació y vivió
en el seno de una cultura, trascendía también infinitamente toda cultura. Esta
no era la única posibilidad y todas las posibilidades de advenir cristianas
las culturas, están abiertas, ontológicamente abiertas. Todas las demás culturas no-cristianas, esperan desde dentro de sus entrañas la explicitación de la
gracia que las lleve a su propia plenitud cultural. Como la levadura desde
,
.
'
s1 n:usmas, esperan ser fomentadas por la Palabra.
6

'

Pero sin estos pocos que creyeron, la cultura griega hubiese sido una gran
cultura meramente histórica; en cambio vivió y vive basta hoy porque quienes creyeron y en quienes creyeron, vivió tra,zsfigurada la cultura griega. La
fe implícita, el deseo de Dios que latía vivamente en toda la cultura griega
que, en cuanto proceso de desarrollo es proceso erístico (hacia Cristo) aunque
los griegos lo ignorasen (pues Dios había disimulado "los tiempos de la ignorancia") eclosiona en la transfiguración de la cultura griega que se hace
cristiana; no muere, no es otra y es otra; porque desde las raíces ontológicas
de ella misma, la Palabra había sido explicitada transformando, transfigurando
toda su estructura. Jamás la cultura greco-latina hubiese sido la cultura cristiana de Occidente, si los Apóstoles se hubiesen limitado a "exportar'' su
mensaje y querido "yuxtaponer'' la Palabra previa negación de todo lo que
significaba la cultura griega. La transfiguración de la cultura griega, hizo
144

145
• S-10

�NOTAS PARA UNA FILOSOFÍA DE LO SOCIAL
DR. PEDRO FÉLIX HERNÁNDEZ 0RNELAS

U n.iversidad Iberoamericana

OuR PROBLEM is not truth as su.ch; it is our thinking as we find it in its rootedness in action in the social situation, in unconscious motivations. Show us how
we can adva,ice from our concrete perceptions to your absolute definitions.
Do not speak of truth as much but show us the way in which our statemetits,
stemming f rom our social existence, can be translated into a sphere in which
the partisanship, the fragmentariness of human vision, can be tranrcended, in
which the social origine and the dominance of the unconscious in thinking will
lead to controlled observations rather than to chaos.

KARL

MANNlIEThí

Es difícil contradecir a un pensador de la talla de K. Mannheim; sin embargo, estas llneas, aunque han sido trabajadas bajo la inspiradora lectura de
ese soc.i6logo, tienen la pretensi6n de contradecirlo y contradecirlo válidamente.
El drama de la sociología es su nostalgia por la verdad, la verdad sobre lo
sociat Y esa verdad es valor y es entidad y no podrá descubrirse sin una base
metafísica. Ha sido el mismo Mannheim quien ha dicho que "El desarrollo
de la ciencia modema nos ha conducido al crecimiento de una técnica de
pensamiento que excluye aquello que sólo es inteligible por su sentido -o
significaci6n-" (!bid.); ¡esto equivale a decir que la técnica nos deja sólo con
la cuantidad! La técnica sola tiene las imperfecciones del formalismo.
La Pregunta sobre la defi12ici6n de la Sociología y su objeto formal, sirve
de punto de partida y punto de referencia a estas Natas.
PEDRO

F.

HERNÁNDEZ

147

•

�cial monotonía s6Jo se oculta a ratos por el tono, por la personal experiencia
o por Ja ingenuidad de los Autores,

INTRODUCCIÓN

l. La hipótesis de este estudio puede definirse con estas cuatro posiciones,

3. Según Ja ordinaria acepción del vocablo, la Sociología nació como cien.
cia con A. Comte y H. Spencer.ª La razón de su carácter orgánico-positivista
se debe a que la Sociología, en la mente de sus fundadores, no tuvo infancia:
nació ya grande y naci6 con pretensiones de ser simplemente LA cmNCIA.

a) La génesis de la teoría social, así como los elem~tos propuesto~ para
definj'ci6n de lo social manifiestan que el obJeto de la Soc1ología
Wla
'
· , d I b. t
es algo que por sus mismas exigencias trasciende la concepc1on . : .º Je o
formal de esta ciencia tal como le ha sido asignado por el posit1V1smo Y
el organicismo desde su nacimiento.
,
.
.
b) Esto significa que todo desarrollo ulterior de la Sociolog1a, si ella aspira
l "'"plicaci6n interrral de lo social, debe contar con una base trascen0
a a~
laºtif
dental, en cuanto sus conceptos elementales se arraiguer:i en_ Jus 1cación O verificación de los juicios inmediatos de la conciencia.
c) Tal Filosofía de lo Social debe ser parte de la Sociolog~ Y a 1~ _vez
también parte de una Antropología Filosófica de bases ep1s_temologicas
y metafísicas coherentes, al menos en sus postulados esenciales o elementales. El término trascendentaJ en este traba jo implica y supera el
sentido kantiano que ordinariamente tiene en filosofía m~eroa.
d) Al mismo tiempo, La Filosofía de lo social ha de ser un s1st~a. de pensamiento esencialmente abierto y fecundado por la expenencia de lo
social.

Lo que era una filosofía de las ciencias naturales, el organicismo, se conjugó con la ideología científica del momento, el positivismo, que es fundamentalmente una ideología del método científico.' Como la Sociología fue
definida también como ideología (al menos parcial, en el sentido que K. Mannheim da al vocablo), de reforma de estructuras sociales y mejoramiento de las
clases inferiores o pobres, sin dejar de ser también una ciencia de todos los
fenómenos de la cultura,&amp; la raz6n última de sus postulados fue desde los orígenes una simbiosis de positivismo y organicismo con pretensiones filosóficas:
el positivismo organicista.
En las vicisitudes de su dialéctica, o en la dialéctica de sus principales elementos, este positivismo organicista ha seguido sirviendo de base filosófica
a las principales corrientes de teoría social. Una comprobación luminosa de
este fenómeno la ha dado D. MartindaJe en una de sus más recientes obras. 5

4. A partir del período clásico del positivismo orgánico, representado especialmente por F. Tonnies y E. Dur.khcim, la historia de la teoría social o de
las teorías sociales se caracteriza por la alternancia de movimientos o tendencias que tratan de separar o de unificar de nuevo los elementos del primer
germen, pero sin salir, en el fondo, de los postulados del positivismo:

SOBRE LA GÉNESIS DE LOS ELEMENTOS QUE DEFINEN LO SOCIAL

2. Una revisión completa de todas las definiciones de _Sociología es hoy un
a) ¡ Emancipación de toda metafísica como ajena a la ciencia!:

asunto que tal vez exige los tamañ~s.?e un~ t~s~. 1 Hay sm ,emb~r?o un h~cho
,.;--!; haga innecesaria esa reV1s10n: a Jwc10 de los mas calif 1cados histoque qu.u.u
·
b ·
riadores de la teoría social, 2 todas las definiciones refleJan º. iVtamente una
postura I·1
1 oso'f'1ca que no ha tenido en realidad muchas variantes desde el
nacimiento de la Sociología. Esta postura filosófica determina en parte º. en
conjunto los elementos de las diversas definiciones. Tales elen_ientos se repiten
y se completan, muchas veces, en una especie de ciclos o espirales cuya esen• Cfr. v.gr. IiERDEa's Staatslexikon, vol. IV (Sa. Ed.), 1931; Herder and Co.,
Freiburg i. B., Germany.
u.
nence,
- BAl!.NES, fll\RR
Y EUo! Ell and BECKER , HowARD , Social Thought from Lore to
New York, D . C. Heath and Co., 1938, vol. I, ~pee: cap~. l_-3.
,,.._ ,u.
A ºFR"" (Eo)
Worterbuch der Soz10/og1e, Le1p21g, 1923. f S • l • l
V IBllK!u,u,,
_,
•
s Véase
or ejemplo, DoN MARTINDAl.E, The NaJure an~ Tyf)es o ocio og1ca
Theory, Bos~on, Mass., Houghton Mifflin and Co., 1960, especialmente su capitulo 20.

s·

148

b) La ciencia ha de ser entenclida como demostración de lo cuantificable:
ella representa el valor supremo de los conocimientos humanos.
c) Abstención de toda noción estricta de causalidad.

• Cfr. DoN MART?NDALE, e.e. p. 77.

• Véase RECASÉNs S., Luis, Sociologla (3a. Edic. ), México, D. F., Porrúa Hnos.,
1960; en particular, el capítulo 3o.: Los principios de la Sociologia.
• DON MART1NDALE, en la obra arriba citada {especialmente en los caps. 2o. y 3o.
explica la génesis de estas pretensiones universales de la Sociología incipiente). Para
un estudio más a fondo, cfr.
-

DE LUBAC, S. J., HENRY, El Drama del Humanismo A.t,o (trad. de C. Castro Cubels),
Epesa, Bs. Aires, 1949, particularmente los capítulos dedicados a A., Comte.

• Cfr. DoN

MARTINDAU,

e.e. cap. 20.

149

�A éstos se une frecuentemente un cuarto postulado: el del materialismo

racionalista. Es decir, que todo conocimiento objetivo y real debe ser racional 7 : el conocimiento científico debe resolverse en proposiciones de valor
cuantificable y debe pertenecer totalmente a la esfera de la razón. Todo lo
que se refiere a la esfera religiosa, a la intención última de obrar humano o
a la intervención de fuerzas no-naturales nunca alcanza el valor de la ciencia
mientras no se resuelve en lógica racional y en medidas aceptadas por las
ciencias físicas.
Parece claro que para muchos hombres, la mente moderna no logra aún superar la preocupación de cientificismo que inspiró a Kant sus investigaciones
sobre la Crítica de la Razón Pura 8 : el escepticismo de Locke y el deslumbramiento por los progresos de la ciencia física (¡ambas cosas nunca han demostrado su valor absoluto como criterios científicos!), siguen ejerciendo influjo
dominante, operando, sin querer, contra la misma razón humana cuya primacía defienden. Progresando en la mecánica y en la técnica, parece que
retrocedemos en la investigación racional.
5. Así nacieron en el terreno de la Sociología, las escuelas que acentúan particularmente uno de los dos elementos del primer gennen; v.gr.,

1) El Organicismo Voluntarista de Schopenhauer, Nietzsche, Pareto y Freud;
2) El Organicismo más o menos puro de Spengler, Toynbee y Sorokin ( en

su primera etapa) ;
3) O el Positivismo renovado (v.gr. con Dodd y Lundberg en América).
Asi también aparece el elemento del conflicto como principio fecundo de
solidaridad y antítesis de la exageración organicista, precisamente en el momento en que la Sociologia alcanza su reconocimiento institucional ( el reconocimiento académico como disciplina aparte) .9
6. Por reacción alterna aparecen en la escena el formalismo y el behaviorismo en sus múltiples formas y peculiaridades. Ellos volverán a insistir sobre
las bases de una concepción sociológica preferentemente organicista (formalismo), o preferentemente positiva en cuanto su preocupación por el individuo,
su contribución y su adaptación al medio social -lo que D. Martindale llama

atinadamente "liberalismo" o imagen liberal de la sociedad- 10 Otr
co
h ·
.
·
as veces
d m~ en ~~c as ~s~nc1as dentro del funcionalismo contemporáneo, la ten~
_encra positiva se melina al conservatismo (para seguir la metáfora de Martm~al~)_, o sea a acentuar el punto de vista del grupo (n:ún.imo o grande)
b
el md1vtduo.U
, so re
de la última reacción positivista, es el í unc10na
. 1·1smo
e Un hecho
, característico
· d
n sus 1:1as vana as formas: desde la teoría pluralísta hasta la moderna te ,
de la Dmámi d G
ona
modalidad ca e ru~~s, pa~do por la Interacción Simbólica, las diversas
es de La Acc1on Social y del Funcionalismo Se in . te
h
la metodolo ia
· ]' ·
,
.
·
sis
mue o en
g ~oo ogica. Mas que la Slillple aceptación y explotación de los
tres ~rancies -~todos ahora aceptados (la tipología, la "case history"
1
expcr1IDentac1on)
. • y a sugerir
. maduramente algoY deª
.
.se ha llegad o a presentir
enorme importancia: en Sociología, como en Metafísica el métod
.
·
d
. .
,
o es mseParable del obJeto
e 1a c1enc1a, porque ésta no puede definir
b' t .
un método válido.12
su o Je o sm
7. Viniendo, pues, aunque sea brevemente a las definiciones de Sociolo , a
encontramos que sus elementos pueden distribuirse en cuatro grandes ugto:
de valo~s c~n los cuales se pretende fijar el OBJETO (material y fo~!)
d
e esta oenc1a.
,
d DBando por supuesto ahora (cfr. el siguiente capítulo, sobre los Conceptos
Ge ase)' el ~pleo _co~ún de ciertos elementos substanciales como Persona
rupo, ~elacion, Objetivo, Motivo, etc., pudiera decirse que los valores pecu~
tares asignados a la Sociología se clasifican (al menos inicialm t )
,
que sean:
en e , segun

r

a) Valor:s ?:culiares al organicismo: carácter universal y estructural d
b) la sooab1hdad. humana•· su CJ.'J)resi·6n unifarme en estructuras y procesos•e
Valores propios del Formalismo: Ejemplaridad o "tipoloofa" d I '
formas soc'al
' · · 1
°
e as
l es; genes1s mte ectual de las estructuras social .
e) V alares propios de las teorías del conflicto• Génesis d 1 es'
ciales
lid . ,
·
e os procesos so"ano "conso aoon de estructuras a partir de la oposición y la

'!

rrue .

d) Y, en fin, valores peculiares del funcionalismo ( en sus múltiples ramas) :
Op. cit., pp. 61-62.
p araMevi~
.
Ia acumulación
. de citas, cfr. una vez más el luminoso cap 20 de la
obra de artmdale.
·
u Cfr. CoRETR, E., op. cit., pp. 55-62 Y también:
- ÜOR~TH, Mucx, ScBASCHlNG, A.ufgaben deT Philosophie, Jnrubruck, F. Rauch 1958 ·
particularmente la 3a. Parte del libro: Soziologje aJs Auígabe pp 207
'
·
de la t:{jple relación entre la Sociología y la Filosofía.
,
.
y ss. acerca
10

n

' Cfr. v.gr. RuoGIERo, Gumo DE, Art. Positivismo, en la Enciclopedia of the Social
Science-S, New York, Mac Millao, 1931, vol. XII.
' Cfr. CoRETH, EMERICH, Metophysik, lnnsbruck, F. Rauch, 1961, pp. 34-40.
• Cfr. Cosu, LBWlS A., The Functions of Social Conflict, Glencoe, IU., The Free

Press, 1956: espec. el cap. lo.

150

151

�importancia del grupo en los procesos de formación de la personalidad,
de aprendizaje, de lenguaje y conocimiento de toda especie. Asimismo,
en la dirección propia de la llamada Acción Social, acentuación y primacía del acto personal com~ origen de la sociedad o como elemento de
base en la constitución del grupo. El Funcionalismo, como se indicó
antes, No. 6), insistirá más bien en el valor decisivo del grupo como
última causa de todas las manifestaciones de sociabilidad.

SOBRE- LOS ELEMENTOS EN SÍ

8. Al revisar estos cuatro grupos de valores arriba apuntados, vemos que
se trasluce en ellos
- una aspiración
- y una exigencia.

Una aspiración a hacer de la Sociología (como de las otras ciencias ~ue
se llaman de la conducta humana), una ciencia normativa, pero en senudo
especial: no ciencia normativa en sentido de prescribir valores, sino en el sentido de dar cuenta o explicar los valores que implica la complejidad de lo
social. Es decir, aspiración que nace del "Valor-en-la ciencia" (no del "Valor-para") .18
Al hablar aquí de "aspiración" de la Sociología no se trata de ninguna
ideología ni de un dinamismo (ambas cosas las hubo y las hay en muchos sociólogos) que puedan ser la razón última o la explicación de ser la Sociología
una ciencia. Más bien se habla aquí de valores de la ciencia sociológica como
tal: hay, en efecto, valores que han originado alguna ciencia (piénsese, por
ejemplo, en la arqueología). Pero también hay valores en el objeto de es~dio
de todas las ciencias, sea que ellas prescriban o no (como puede serlo la Enea),
la realización del valor. Ciencia es fundamentalmente el conocimiento y la
afirmación de la verdad a partir de la estricta estructuración de sus causas, y
la verdad es siempre un valor, el valor por excelencia.
9. Hay también una exigencia en esos grupos de valores propios de las
diversas escuelas sociológicas: esa e.'&lt;igencia viene de la posición que se adopte
sobre el objeto fonnal de la Sociología, esto es, del punto de \l'ista desde el

cual la sociología debe considerar el hecho de la sociabilidad humana y sus
implicaciones.
Muchas ciencias se ocupan de lo social:
- la Etica de la moral de las relaciones humanas y los actos personales;
- la Psicología (racional y experimental) se ocupa de la estructuración del
individuo, su desarrollo, su ambiente, su motivación;
- la Historia registra factual y causalmente los hechos decisivos para todas
las comunidades humanas, cualquiera que sea su naturaleza;
- la Economía explica las operaciones de la conducta humana y sus deci~
siones (y sus instituciones), en el uso y distribución de los recursos escasos;
- y así podríamos seguir indicando los puntos de vista de la Política, la Geopolítica, la Antropología, etc., etc.
¿Cuál es, pues, el punto de vista específicamente propio de la Sociología?
Para responder a esta pregunta, o para indicar algunos aspectos fundamentales para una respuesta apropiada, es preciso dar un nuevo paso en el estudio
de los elementos que se han propuesto para definir lo social.
10. De todos los valores apuntados, la siguiente síntesis parece descubrir los
últimos elementos de Jo social:
Su

SER POTENCIAL:

La Sociabilidad - Proyección al GRUPO
Sus factores y raigambre en la Persona
La Interacci6n humana
MO~OS
El Cambio y las regularidades
}
Las estructuras
VALORES
El conflicto y lo indeterminable

HACIA LA DETERMINACIÓN DEL OBJETO FORMAL:
TRASCENDENCIA DE LOS ELEMENTOS DADOS

11. El por qué de la raíz trascendental de los elementos que sirven de base
a la Sociología es un problema metafísico, quiérase o no. Al aceptar el hecho
de la sociabilidad humana en cualquiera de sus formas,1' sean estas fonnas

,

Cír. voN NELL BREUNtNO, OsWALD, en Herder, Worterbuch der Politik, Heft I,
Frciburg. i.B., Herder Verlag, 1954, p. 66.
1.i

152

" Cfr. MERTON, RoBERT K., Social Theory and Social Structur!!., (2 Ed.), Glencoe,
DI., Free Press: Capítulo lo.

153

�1

de proyección y entrega o formas de repulsión y aislamiento,15 y lo mismo se
diga al "operacionalizar" las manifestaciones de esa sociabilidad, no hemos
dicho aún nada sobre las últimas causas ni sobre las peculiaridades en las que
el individuo y los diversos grupos de individuos viven íntimamente esa experiencia elemental (¡o, para decirlo con la Gestalt-Psychologie, la manera como
realizan la percepción integral de su ser!) .
Más aún, el desprecio práctico o el desinterés por escudriñar las raíces de
la sociabilidad humana, lejos de resolver el problema lo va haciendo cada día
más difícil al ahondar la separación entre la filosofía o la antropología filosófica y los avances de la investigación social.
En el fondo, según lo apunta O. von Nell Breuning,16 la trascendencia de
los elementos de lo social se puede establecer por dos razones:
a) Por el deseo incoercible de ser sociables (deseo innato, elemento fundamental entre los componentes de la personalidad o del grupo) , de hacernos o no solidarios de otros en la acción, en la pasión de multitud de
objetos;
b) y porque la capacidad de sociabilidad consciente -una vez que el hombre ha llegado al completo desarrollo de su entendimiento-, se opera
solamente en la auto-reflexión, y ésta es espiritual y libre.

12. En efecto, volviendo al esquema de síntesis de elementos que definen lo
social, vemos que un análisis de sus principales conceptos (por más que las
dimensiones de este trabajo no permitan un análisis detallado y profundo) , nos
obliga a aceptar su trascendencia y la de los elementos de los cuales dichos
conceptos forman la estructura esencial. Entendemos aquí por trascendencia
de elementos y trascendencia de conceptos la realidad de su significación ob"' En una de las tentativas más originales y completas de clasificaci6n de procesos
asociativos L. von Wiese inspira a Recaséns (cfr. ce. cap. 19). El siguiente esquema:
Procesos de Aproximación
'ajuste'
asimilación y
amalgama.
Los procesos disociativos se reducen a dos: competencia y oposición ( cfr. ib. c. 20).
,. Cfr. VON NELL BREUNING, OswALD, e.e., pp. 49 y SS.
Quizá la parte más interesante del presente estudio de VON NELL BREUNING es el
"Versuch einer Systcmatik der Sozialprin.zipien", junto con la consideraoi6n y el análisis insinuado de los Seis Pasos sobre los Primeros Principios Antropológicos (AnthropoJogische Urprinzipien).
- El por qué de la trascendencia de los conceptos dados, queda sub:.tancialmente explicada en las primeras lineas del citado arúculo de O, voN NI!LL BJIEUNING, (o.e. p. 2).

154

jetiva -la realidad de su contenido, aunque no siempre sea realidad substantiva, ni menos realidad de formas puras en sentido platónico-, más allá de
los límites de los sentidos )' lo cuantificable.

13. Piénsese así, por ejemplo:
1) ~ue la _Sociabilidad aparece experimentalmente, es cierto, sólo en la
mteracc1ón humana ( aunque sea elemental), v.gr. en la busca de resp~est~, en la solicitud, la simpatía, o el rechazo, etc. u Sin embargo, nadie ruega el ser potencial de esa sociabilidad en el infante. Toca, pues,
a la Filosofía de lo social el determinar la esencia de dicho ser su necesidad )' su importancia en la persona, y en la personalidad ( que ha
de entenderse como expresi6n completa de la estructura de la persona
y de su ambiente) .
2) Piénsese también en la interacción humana: ella nace con el símbolo
pero en ciertos momentos lo antecede y lo prepara. Con ella nace la fe
(humana, mezcla de elementos racionalizables y de entrega de la voluntad, no siempre ni lógicamente explicable)¡ símbolo y fe están en la
base del proceso de aprendizaje propio del hombre; símbolo y fe implican muchas veces la auto-reflexión, que supera esencialmente todo dato
sensible, en cuanto el "Verstehen" o entender está condicionado y acompañado del Yo y del SER.
3) Asimismo, al venir al análisis de las estructuras hemos de pensar cómo
todas ellas, sean o no institucionalizadas, se basan en la relaci6n. Es esta
una entidad o modo de ser que nunca se podrá predicar substantivamente, porque siempre es un ser-así: estar-en o estar-con, etc. Ninguna relación es, porque siempre será al menos entre dos, y modificará al menos dos se~es con algo nuevo que es-a-dos y es-para-dos (¡al menos!).
¡ En cambio el hombre todo hombre, no-es, sin esa relación!
4) En cuanto al cambio y las regularidades, tienen por base íntima el devenir. Condicionados por espacio y tiempo participan de su intimidad
sin identificarse con ellos: el tiempo es necesariamente irreversible y
el espacio es, al menos conceptualmente, divisible. Condicionada por
ellos, la realidad de los procesos sociales puede ser única ( y así también
nunca más repetible) , pero no será necesariamente divisible. Además,
puede repetirse a sí misma en tiempos absolutamente diversos y en diversos espacios. Su esencia está más allá del tiempo y del espacio puesto
que muchas veces los cambios no dependen del uno ni del otro.
" Cfr. voN WrnsE, ap. RECASÉNs, c. c. capítulo 19.

155

�5) En fin, los conflictos y lo imprevisible tienen entre sus causas fundamentales la libertad y el conocimiento estrictamente independiente de los
sentidos. Dicho quizá más exactamente, la libre e imprevisible determinación de la persona humana (auto-determinación), así como sus razonamientos rigurosamente metafísicos, pueden originar conflicto y mantenerlo. Una reflexión sencilla puede dar más pe50 a estas consideraciones: hay sin duda muchos Sociólogos que no aceptan mis puntos de
vista. Yo creo que las viejas razones socráticas acerca de la espiritualidad del conocimiento humano siguen siendo válidas después de tres mil
años. Y si no, ¿ por qué mecánica cerebral aceptamos pasar de esta página a la siguiente? ¿ Y por qué proceso glandular unimos un predicado
a un sujeto o lo separamos de él? ¡ La clisensión sobre lo dicho tal vez
sea una prueba sociológica y metafísica de su validez!

Crnoo

CONCEPTOS ESENCIALES

14. La pregunta que ha ido sirviendo de leit-motiv a estas notas se refiere
al objeto formal, o sea al punto de vista peculiar desde el cual la Sociología
considera o debe considerar Jo social en contraposición a otras disciplinas que
se ocupan del estudio del hombre y sus actos. Hemos visto cómo las diversas
escuelas de teoría social han ido preparando elementos cuyo contenido y exigencia trasciende muchos de los postulados filosóficos de las escuelas que primero lo usaron. El análisis, según parece, se completa por la consideración
de los principales conceptos implicados en esos elementos.
Procediendo por ciclos o movimientos concéntricos, nuestra reflexión alcanza
ahora un nivel en el cual parecen perfilarse ya claramente los conceptos estrictamente específicos de lo que ha de ser el objeto fo1mal de la Sociología.
Como podrá observarse a lo largo de este último análisis (o esbozo de análisis), cualquier estructuración de estos conceptos exige, para su explicación,
una filosofía de lo social que resulta ser parte integrante de la Sociología (puesto que le proporciona la determinación y precisión de su objeto formal), y
no menos de la antropología filosófica (puesto que se trata de conceptos que
trascienden los dominios de las ciencias naturales o físicas) .

15. Estos cinco conceptos son, a mi modo de ver:
-la relaci6n (potencial o real, virtud o estructura o consecuencia);
- el devenir (que es base del cambio, del proceso y de la función dinámica);
156

- el valor (que es ser y es a la vez motivo de ser o de obrar) ;
- la persona humana (factor, miembro, parte, agente, paciente, etc. del
acto social; su actividad, responsable o no, resulta la única actividad
substantiva en el obrar colectivo) ; y
- por último, la agrupaci6n humana (en sus varias formas, la esencia
de la sociedad se manifiesta siempre como ser-con-otro, aunque no se
agote allí).

16. Como antes dejarnos apuntado (cfr. No. 13-3, y sigts.), la relaci6n
ha sido siempre considerada como el concepto-eje de lo social. El solo hecho
de que toda interacción determine por sí misma, aunque sea inconsciente o
involuntariamente una relación (tratándose de la interacción humana), es
prueba de la calidad esencial y de la trascendencia del concepto.
Et devenir ha sido objeto de la preocupación de los mayores pensadores,
desde Aristóteles hasta Heidgger. Notemos sólo que en el dominio de la sociología falta aún investigar si acaso el devenir y el cambio poseen especiales
cualidades y una entidad esencialmente distinta en-sí, o bien, si acaso implican
un cambio esencial en la entidad que deviene.

El valor puede implicar en sí muchas maneras de ser: maneras que se digan
de otros o que existan en-sí: maneras que estén esencialmente ligadas a la
materia y a la cuantidad y maneras de ser que'se desligan íntimamente de los
sentidos y lo mensurable. Y lo social abarca todas esas maneras, puesto que la
experiencia elemental de los valores empieza cuando el hombre entra en contacto con otros hombres.
En la base de la personalidad está la persona, que se define elementalmente
(en metafísica y en toda fenomenología realista), como el individuo de naturaleza espiritual. A partir de Kierkegaard y especialmente por obra de M.
Scheler, la persona ha vuelto a ser el objeto preferente de la investigación filosófica del momento, sobre todo en las diversas manifestaciones de la filosofía
existencial. 18 La persona, caminando a la libre determinación y decisión sobre
su propio ser para llegar a la dimensión de la personalidad, es el origen y la
parte de base para la constitución de la sociedad en cualquiera de sus formas.
La
cepto
de lo
sonas

agrupaci6n humana o sociedad e.s como los anteriores, también un contrascendente, es decir un concepto preñado de significación por encima
que los sentidos pueden registrar o medir. Su constitución implica pere implica valores: estos últimos como base, como medio y como fin,

11 Cfr. LoTZ, JoHANNEs B., ap. BltuoGER, Philosophisches Worterbuch (9aº Edr.),
Freiburg i.B., Herder Verlag, 1962: art. Person.

157

/

�pues aun en las turbas y en las agrupaciones ocasionales e involuntarias vemos
que surge un objelivo. 19

17. ¿ C6mo, pues, definir la Sociología, o expresar definitivamente su objeto
formal a base de esos cinco conceptos? Aceptados por casi todos los Sociólogos
contemporáneos, todos ellos tienen diverso sentido en la mente de muchos pensadores, puesto que no siempre se les reconoce su carácter trascendental Quizá pudiéramos añadir que para el Scholar pragmatista, todos esos conceptos
valen lo que vale la medida que podemos ohlener de ellos siguiendo sus manifestaciones sensibles: v.gr., la personalidad vale tanto cuanto valen los índices de conducta peculiar externa de un sujeto, ¡ así como sería el índice de
fumar cigarrillos con filtro ·o sin filtro! Sin embargo, y dicho sea de paso, hay
también índices de optimismo en el pensamiento contemporáneo: la mayoóa
de los hombres estamos de acuerdo en que ha sido duro para la bum.anidad
caminar desde las cavernas hasta los reactores atómicos, y quedan pocos hombres que piensen que Mozart, o el Greco, ... o el amor humano se resuelven
en procesos graduales de secreción glandular. Y es un hecho que la mente
humana, desde S6crates basta Einstein, no dejará de seguir investigando y
preguntándose por las causas últimas, aunque tenga sus archivo llenos de cifras y porcentajes y fórmulas ele probabilidad para ayudar a las decisiones de
la voluntad libre.
18. La dificultad de estructurar una definici6n a base de esos cinco conceptos no viene tanto de su trasccndentalidad como de otras razones:
a) La primera es que el elemento central: sociedad puede conjugarse con
los otros cuatro al menos en dieciséis diferentes maneras, y así. habrá pensadores que acentúen el elemento relación mientras otro acentuarán el elemento persona o personalidad y otros el cambio o devenir social, etc.

paso a paso por el contacto con la realidad y por la investigación descriptiva:
la fundamentación filosófica de lo social no va en modo alguno contra la cuantificación, la experimentación, la aplicación de técnicas matemáticas y estadísticas que nos ayuden a conocer mejor la realidad social y sus regularidades.
Lo que es importante, desde el punto de vista de ]a ciencia, es que es.as investigaciones y esa cuantificación no traten de decir la última palabra sobre la
esencia de los fenómenos. La ciencia, una vez más, es una explicación estructural de los hechos por sus causas (¡no por sus medidas solamente!).

19. Siendo difícil y objctable, en parte al menos, el tratar de fijar "a priori''
una sola definición del objeto formal de la Sociología, parece mis indita.do seguir el camino que nos permitió descubrir los elementos de base para la definición: el análisis fenomenológico realista.
Como una sugerencia o punto de partida para ulteriores reflexiones que no
caben ya en las dimensiones de este estudio, apunto aquí la estructura de definición de Sociología que me parece coherente con las relaciones entre los
cinco conceptos fundamentales.
Dada la experiencia necesaria y universal de lo social como relaci6n entre
personas (en diversos niveles y grados), que nace y cambia y se orienta por
determinados valores hacia constituci6n del grupo que prevalece sobre los individuos, parece posible delimitar el objeto formal de la Sociología (que es lo
mismo que definirla) de la siguiente manera:
"Ciencia de la sociabilidad humana y sus valores ( constitutivos y finales) 1
en su ser potencial y en sus manifestaciones estables o cambiantes a partir de
la penona humana cuyo ser se c.ompleta y perfecciona esencialmente en el
grupo que a su vez depende esencialmente de personas ... "
Definir con más precisión la esencia del grupo o de la sociedad: ¡ esto quizá
siga siempre abierto a la curiosidad, a nuesta capacidad de admirarnos y conocemos!

b) La segunda es que en Sociología, la metodología es parte de la misma
ciencia: lo social que es el objeto de la Sociología no se descubre sino empezando a estudiarlo, y no se sabrá plenamente su esencia sino cuando la mente
humana no tenga nada que preguntarse sobre él. De ahí que la Sociología deba
ser un sistema de pensamiento esencialmente abierto y capaz de ser fecundado
10 Cfr. VON Ne:w. BREUNJNG O., ap. BRUOOER, c:.c.; art. Ges,llschaft. tn general,
acerca de las exigencias y las aspiracione:; por una Filosofía de lo Social, o, podemos
llamarla también, por una Antropología Social, conviene ver:
- OAIR.Ns, HUN'l'lNGTON, Sociology 1:md the Social Scuricu, ap.
- GuRTVITCB , ÜEORGES and MooR.E W!LBERT E., Twentidh Century Sociology (Ch. 1),
New York, The Philosophical Libra.ry, 1954; y también:
- voN NELL B"Rl!.UN1No, OswALD, ap. Hl!RDeR, Worterbu.ch d,r Politik, I, p. 38.

158

159

�EL DEMONIO DE LO ABSURDO: IRRACIONALISMO
EN LAS ARTES CONTEMPORÁNEAS

DR.

JOHN

L.

BROWN

Es PARA MÍ UN PLACER y un honor presentarme ante ustedes y tener la oportunidad de tratar un tema de sumo interés para los intelectuales: el irracionalismo en las artes contemporáneas.
Una gran alienación que aparta al hombre del mundo y aun de sí mismo,
caracteriza la vida espiritual de nuestro prodigiosamente interesante y atormentado siglo. En nuestra charla de esta noche quisiera someter a la consideración de ustedes algunas observaciones relativas a una de las fuentes de
esta alienación: -la gran ola de irracionalismo que ha ido en ascenso constante desde el fin del siglo XIX- y que actualmente amenaza el pensamiento
y la expresión artística occidentales. Parece que hemos perdido la fe en la
razón humana como instrumento para conocer qué somos y dónde estamos,
para conocer la realidad del universo en que vivimos. Tal vez, como indicaré más adelante, paradójicamente, ha sido el extraordinario desarrollo de
las ciencias físicas, en particular la física y la astronomía teóricas, lo que más
ha minado nuestra confianza en la razón. Se hace más y más difícil, a medida que se abre ante nosotros el espacio infinito interestelar, creer que "el
Hombre es la medida de todas las cosas''. La física y la astronomía modernas
nos hacen dolorosamente sentir la insuficiencia del hombre como medida, la
ineptitud de la razón humana como instrumento del saber, en el frío e inmensurable universo dentro del cual nuestro mundo, inclusive nuestro sistema
solar, no es más que una brizna de polvo. Pienso en Pascal, quien, hace tres
siglos, dijo: "Le silence éternel de ces espaces infinis m'effraie". El hombre
occidental se ha e.xpulsado de un paraíso acogedor de humanismo racional
que sus antepasados habían creado para sí mismos sobre las tibias playas
del Mediterráneo. Ha comido del árbol del saber y ha sido lanzado al espacio
interestelar. El hombre no aparece más como el centro y el héroe del um161
e H-11

�verso sino más bien como una especie de accidente absurdo: Como escribió
Pierr~ Emmanuel, el poeta contemporáneo francés:

"Nous avons trap mangé du fruit de connaissance,
Nous les nouveaux Colomb d'une horreur infinie."

El racionalismo tradicional ha sido amenazado no sólo por el desarrollo de
las ciencias físicas, sino también por el clima de la relatividad cultural, que
se hizo sentir desde el final del Siglo XIX. Las investigaciones de los. antropólogos y sociólogos en regiones no occidentales han revelado que eXJSte una
infinita variedad de pautas de conducta y costumbres humanas que no concuerdan en absoluto con nuestros conceptos de lo que es racional. El arte no
occidental ha hecho su entrada triunfal en nuestros museos. Es precisamente
el tipo de obras que hubieran parecido "barbáricas" o "primitivas" ante los
ojos de nuestros antepasados -la escultura arcaica, el arte de las estepas, las
primeras obras del arte cristiano, las máscaras de los negros, etc.- lo que
más le habla al espíritu contemporáneo.
Por supuesto que el conflicto entre la razón y el irracionalismo, entre la
inteligencia y el instinto, entre Apolo y Dionisio, entre el ord~ y
caos, entre el cerebro y las glándulas ha seguido su curso a través de la histona humana.
Pero no puede haber duda de que en el siglo XX re~a triunfante la ép~~a
de las glándulas. Estamos viviendo, quizá, las fases postruneras de la. revolucio~
contra •1a razón del "Age des Lumieres" iniciada por los Romántico~, contlnuada por los Simbolistas, empuñada hasta, su máximo_ por los DadaIStas, los
Futuristas los Surrealistas. Como lo e&gt;.'Preso Arthur Runbaud, el gran poeta
simbolista' francés, hace casi cien años: "fai fini par trouver sacré le désordre
de mon esprit" (He acabado por creer que mi desorden intelectual es cosa

:1

sagrada) .
Esta frase, que se ha convertido en grito de guerra del artista moderno, es
significativa cuando se trata de comprender el sentido del sin senti~o. de_ ~as
artes de nuestro tiempo. Muchas personas insisten en preguntar que signtfu:a
tal pintura de Jackson Pollack, o Franz Klein, o Mark Rotbko, o Rausc~enberg, 0 cierta novela de Williaxn Burroughs, o Samuel Beckett, o Rob~e-F~~t.
En efecto, no "significan" nada en un sentido racional y no hubo la mtenc1on
de comunicar ningún contenido intelectual preciso. Estas obras van "más
allá" del idioma .racional y lógico, de la misma manera que los más nuevos
conceptos de la física teórica van "más allá" del lenguaje humano y sólo se
logra expresarlos mediante fórmulas matemáticas, las cuales no pueden ser
significativamente "retraducidas" al lenguaje humano.

162

Ha llegado a ser evidentemente imposible apreciar los más notables ejemplos de las artes de nuestro tiempo en términos de la razón, la tradición, o el
análisis
, formal. Jean Cassou, director del Museo de Arte Moderno de París,
acerto al comentar acerca de un aspecto de este fenómeno en un paisaje de
su Panorama des .Arts Plastiques (p. 714) : "De toute fai;on, nous en venons
a soup~onner, a reconnaitre, dans l'art abstrait, quelque chose de l'expérience
mystique et comme un substitut du sentiment religieux".
Ciertamente el gran número de espectadores que frecuentan los museos no
acuden allí por mero jnterés en la pintura como pitura. Muchos, tal vez la
mayoría, van en busca de una emoción religiosa, una exaltación mística que
no pueden encontrar ya en las religiones formales y que tanta falta hace en
el mundo moderno, con su prosaica precisión de máquinas IBM. Por consiguiente, muchas personas que compran pinturas modernas no están adquiriendo un artefacto, un objeto de arte, como antaño. Más bien, tienen esperanzas de estar obteniendo un fetiche, un amuleto mágico que, de alguna
manera misteriosa, pueda dar significado a vidas vacías. El artista, en nuestra
época de irracionalismo, a menudo tiene que desempeñar el poco envidiable
papel del médico brujo alucinante.
. C~mo ?e dicho, siempre ha habido, gracias a Dios, elementos de ilógica e
rrrac1onalismo, de locura y magia negra en la organización de las sociedades
humanas, de lo contrario serían insoportables. Y este elemento de lo irracional, de la furia dionisiaca, es sin duda necesario también en la magna
obra de arte. Pero de los griegos en adelante, la gran tradición occidental, como ha sido expresada en la filosofía griega, o el derecho romano, o las catedrales, ha insistido en que, a pesar de sus pasajeras y frecuentemente saludables locuras, el hombre es esencialmente un animal racional. ''Domina omnium
et regina ratio" (la razón es la dueña y soberana de todas las cosas), proclamó
Cicerón en sus Tusculae disputationes. Y también sostuvo esa tradición que,
aunque la obra de arte deriva una parte de su sustancia -y muchas veces
una parte considerable- de las fuerzas oscuras del inconsciente y de lo irracional, siempre debe ajustarse a las leyes racionales de la forma y la expresi6n.
Debe subordinarse el universo privado del artista, al universo público de su
auditorio. Desde luego, las artes de los pueblos primitivos -tan estrechamente
aliadas a la magia y los rituales- nunca fueron productos de tal disciplina
racional. Su magia negra tiene un atractivo irresistible para la sensibilidad
moderna. Todos nosotros estamos bien enterados de la popularidad de que
goza el arte primitivo en nuestra época, y de la influencia que ha ejercido
sobre la pintura y la escultura contemporáneas. Sólo necesito citar el patente
ejemplo de Picasso. En una de sus primeras obras cubistas ( 1904) , la históricamente importante Demoiselles d'Avignon, imit6 las distorsiones de la "forma

163

J

�racional" que admiraba en las máscaras de los negros de Africa (las había
admirado en la colección de Paul Guillaume) y se convirtieron en uno de los
rasgos distintivos de la pintura moderna durante el tiempo que lograron sobre-

vivir algunos vestigios de la "forma".
Después de su dominio durante los siglos XVII y XVIII, la tradición racional de Occidente empezó a mostrar señales de quebranto, a mediados del
siglo XIX, precisamente en los momentos en que la ciencia positivista hacía
ruidosa gala de sus triunfos. Como era de esperarse, fueron los poetas y los
artistas, perennes antenas de la sociedad, quienes advirtieron primero las grietas que se abrían en la orgullosa estructura. En la literatura, pienso en figuras
como Nietzsche, Kierkegaard, Holderlin, Dostoyevski, Baudelaire, Rimbaud.
Dos de ellos, Holderlin y Nietzsche, murieron completamente locos. Los otros
fueron hostigados por las Furias, perseguidos por los Demonios del Absurdo
y se sintieron fatalmente transladados a una época cuya realidad eludiría sus
poderes de comprensión. Fue una época, como dijo Nietzsche, "Jenseits von
gute und Bose" (más allá del bien y del mal), en la cual los viejos instrumentos de la lógica y la razón humanas parecían inadecuados para captar el
nuevo universo de la ciencia. De pronto, todas las viejas certidumbres fueron
barridas y el hombre se encontró parado a la orilla del abismo• de lo desconocido. Baudelaire, por ejemplo, escribió en su soneto "Le Gouífre'':
"Pascal auait son gouffre, avec lui se mouuant,
Hélas -tout est abímc- action, désir, réve"

Y nuestra Emily Dickinson también experimentó el mismo terror:
"I felt a uleavage in my mind
As if my Brain had split;
1 tried to match it, seam by seam,
But could not make them fit.
The thought behind 1 stroue to join
Unto the thought be/ore)
But sequence raveled out o/ reach
Like balls upan a floor."

En el campo de la pintura, las obras de los Impresionistas, especialmente
Manet y Monet -que fueron contemporáneos de Baudelaire-- marcaron un
cambio revolucionario, una verdadera crisis del concepto de lo que es ''la
realidad". Para los críticos y el público de su tiempo, sus lienzos se oponían a
todas las nociones racionales de "lo real", con sus sombras verdes, sus árboles

164

morados, y su transformación de los firmes contornos en espejismos movedizos, creados por la magia de la luz.
La primera guerra mundial minó en forma definitiva los cimientos racio~ales sobre los cuales había descansado el pensamiento occidental durante
siglos. L~s mo~~entos estéticos que surgieron, especialmente el dadaísmo y
el surrealismo, mdican este derrumbamiento con claridad dramática. En 1918
Tristán Tzara, uno de los fundadores del movimiento surrealista exclamó·'
"!e suis PºW: l'a;tion? pour l'étem~le contradiction aussi. Je ne s~is ni po~
01 contre et Je n explique pas, car Je hais le bon seos". En el Manifiesto Surrealista, André Breton exhortaba al escritor a librarse completamente de las
~ad':1as de la raz6n: "L'écriture automatique, la description des reves, l'utihsatton de toutes les formes de délire, d'automatisme, d'hallucmation deviennent les instruments nouveaux de l'écrivain.1,
" En lnglate~, D. H. Lawrence, castigando a la enfermiza razón, predicaba
the dark rehg:to~ of the blood'' (la oscura religión de la sangre), exhortaba
~ sus contemporaneos ,ª _pensar con sus_ vísceras o con sus órganos sexuales, y
finalmente huy6 al Mexico de La Serpiente Emplumada a librarse completamente de la intelectualidad.
Thomas ~~• esc~biendo inmediatamente después del fin de la primera
guerra, convui:16 al tnunfo de la sin razón en el tema dominante de su novela Der Zauberberg. En el ambiente de un sanatorio en los Alpes Suizos (súnbolo del mundo enfermizo de la postguerra), dos autonombrados preceptores
lu~ por e~ ~a del protagonista, una especie de antihéroe, Hans Castorp,
un JOven ordmano de la clase media de Hamburgo; uno de ellos es Settimbrini
h~~st~ y r~tórico italiano quien defiende los valores del siglo XVIII; ra~
zon, mteli~en~a, orden, l~cidez, humanitarismo. Su contrincante es Leo Napht~, padre Jeswta convertido del judaísmo. En las extensas batallas dialécticas
libradas ~ la. Montaña Mágica entre estos dos adversarios, es Naphta quien
parece salir tnunfante al principio. Habla con la voz del irracionalismo militante y en sus victoriosas afirmaciones sobre las virtudes de lo ilómco las
enf~rmedades, la anormalidad y el terror, parece epitomizar lo que J~g había
designado "El l~do sombrío (the shadow side) de la sicología del Siglo XX"
-el lado, por CJerto, que ha encontrado expresión en las principales obras de
~rte de nuestro tiempo. Pero tanto Settimbrini como Naphta pierden la paran~e ~ynheer Peeperkom, el corpulento y estúpido holandés de mcontenible vitalidad animal, todo glándulas y nada de cerebro. Peeperkorn representa la energía elemental y sensual, divorciada de todo sentido de valoreshombre esencialmente místico-glandular sin mezcla de intelecto ni moralidad
el ideal de los escritores Beatnick y de muchos pintores modernos. Tant '
Settimbrini como Napbta vieron derrumbar su brillante razonamiento ant:

ª?ª

165

�este "dinámico" y esencialmente estúpido personaje, para quien las palabras
eran simplemente sonidos de fuerza viva, que carecían en absoluto de sentido,
y quien simboliza los aspectos del arte contemporáneo, el arte del gesto puro
(Queneau "Tu causes, tu causes pour ríen dire''. Ionesco, Beckett).
En Peeperkorn (Pecperkorn quiere decir "grano de pimienta", un estimulante sin valor nutritivo), Mann revela una etapa del irracionalismo que va
más allá del nihilismo intelectual consciente de Naphta. (Era un tema al que
habría de regresar en forma más específica en su cuento Mario und der Zauberer (Mario y el Mago), una clara alegoría del fascismo italiano). La implicación, naturalmente, es clara: los Naphtas, pese a toda la inhumanidad de
sus doctrinas (como un Sorel, o un Spengler, o un Nietzsche), cuando menos
se mantuvieron dentro de los límites de la comunicación, de la discusi6n, del
sentido. El hilo de la razón del siglo XVIII había sido estirado hasta un máximo, pero aún no se había roto totalmente. Mynheer Peeperkorn fue un
predecesor de los protagonistas de Hemingway, del héroe beatnick, de los
antihéroes del nouveau roman que no hacen más que existir, señal de que una
ruptura fundamental había ocurrido en nuestra sociedad.
En los años posteriores a la primera Guerra Mundial, las producciones literarias de Occidente se han ido entregando más y más al irraciooalismo. La
gran popularidad de la novela norteamericana moderna en Europa se debe
principalmente a su calidad instintiva, al hecho de que proclama la supremacía de los sentidos. La obra de Emest Hemingway es un ejemplo evidente
de la exaltación lírica de las sensaciones, de la vida física, del conocimiento
visceral más bien que cerebral. Se trata, sobre todo, de no pensar. En todas
partes, en el mundo de Hemingway, el pensamiento se considera como una
enfermedad, como una amenaza . El héroe típico nos dice constantemente que
"no piensa en nada". Para él, la sabiduría es siempre una iluminación intuitiva, nunca una conquista de la razón.
También Faulkner, otro gran novelista norteamericano del período entre
las dos guerras, ha insistido siempre en que él no es un intelectual, sino más
bien un ''campesino" que cree en la "religión oscura de la sangre", ''dark
religion of the blood''. En este momento los novelistas del tipo beatnik en los
Estados Unidos, como Kerouac o Burroughs, de los que Henry Miller es el
padre espiritual, insisten frenéticamente en el repudio del intelecto, a favor de
la sensualidad, de la droga y de las filosofías irracionales como el Zen.
En realidad, después de la guerra, las tendencias anticerebrales en la literatura cobraron mayor fuerza, tanto en los Estados Unidos como en Europa, y
de ello son testimonio no .sólo los beatniks, sino también el nouveau roman en
Francia. La obra de Samuel Beckett representa la renuncia total al intelecto.
El tiempo, como el espacio, no existen en su universo. Sus personajes no saben

166

dónde ni cuándo existen, ni siquiera saben si existen. Caemos aquí, como en
tantas obras de nuestro tiempo, en el silencio absoluto, en ese mismo silencio
que alaba el crítico Roland Barthes en su Degré zéro de l'écriture. Beckett alcanza con su genio del negativismo el abolicionismo artístico casi completo, el
bed rock existencialista, la abdicación total de la voluntad de entender. Como
escribe en Malone, uno de sus más recientes libros, "por otra parte, poco importa si soy o no soy, si haya o no haya vivido, si ya esté muerto o sólo moribundo; haré lo que siempre he hecho, ignorando lo que hago, lo que soy, de
dónde vengo y si existo."
Otras obras de Beckett. Su jnmensamente popular obra teatral En Attendant ,Godot.
Krapp's Last Tape -un hombre que escucha una grabadora de cinta. Después se eliminarán en absoluto los personajes humanos: sólo habrá una grabadora en el escenario. (El teatro de Cherry Lane anuncia una obra cuyos personajes son tres pelotas de ping pong).
Finalmente, habrá únicamente un escenario vacío para tres actos. La Nada
en toda su pureza, como los cuadros blancos sobre blancos y los negros sobre
negros de Ad Reinharot.
Escribe !talo Calvino, uno de los más brillantes novelistas italianos de hoy
día, en su ensayo Il mido/lo del leone: ''No es que el Yo no aparezca entre
n~estros jóvenes escritores, pero es un yo que se abstiene de formular pensarmentos, de mostrar otros intereses que no sean los elementales, muy poco por
arriba de los fisiológicos, que no participa en lo que sucede bajo sus mismos
ojos ni ofrece nada que parezca ser un juicio moral; el punto de vista del
escritor quiere ser lo más lejano posible del punto de vista intelectual."
Raffaele La Capria, autor de un reciente bcst-seller italiano, Ferito a marte,
nos ofrece un testimonio de la misma crisis epistemol6gica que se manifiesta
en el nouveau roman de Robbe Grillet, de Nathalie Sarraute, de Michel Butor
y de Beckett. "Actualmente", escribe "si no quieres cometer un 'fraude esto es
si no quieres fingir que crees en una realidad en la que de hecho
crees,
representándola como si creyeras en ella, el escribir una novela es una empresa un poco molesta. Una a una se van apagando todas las luces, luces falsas, que con diversos colores e intensidad iluminaron esta realidad. Nos encontramos ahora como ciegos dentro de un cuarto oscuro, sin poder reconocer las
cosas.,. La Capria también se da cuenta de que la pobreza del intelecto implica la pobreza del lenguaje; instrumento del pensamiento. El lenguaje de la
novela tradicional -de Manzoni, de Stendhal, de Balzac- era el lenguaje
de la razón, pero el lenguaje del nouveau roman es esencialmente irracional.
Y La Capria continúa: "Ahora parece que las palabras ya no sirven para
señalar las cosas, sino solamente para señalar.,,

;o

167

,,

�Estas formas nuevas d literatura también pueden ser significativas al tratar
de comprender d desarrollo contemporáneo de las art s plásticas. Por ejemplo, el nouvcau romart en Franda, en su deseo de concentrarse en la reproducción sin ~cntido de las cosas y la eliminación del hombre que piensa, tiene
e trc ha reta ión con el "pop art". Para mí, el "pop art''
n las obras de
personas como Warhol ( que pinta cajas de jugo de manzana Motts y cajas
Brillo). o Alex Kats, o Frank tcUa- s61o indica una absoluta abdicaci6n del
cerebro humano. Son cuadros que reproducen fielmente unas latas de sopas
C~pbell o una hamburguesas, como diciéndonos con insi tencia que el artista moderno no puede comunicarnos idea ni emociones. En su tediosa repetición de los más banale objetos, estos artistas tratan de expresar el aburrimiento que según ellos invade nuestra ci\'ilización. ( Em1ui, noia, aburrimiento,
boredom como único tema unh•crsal del arte contemporáneo).
Como los pintore · del "pop art", Robbe Grillet y ·u colega del nouvcau
roman están convencidos de que han . ido agotadas las posibilidades de hacer
algún comentario válido, ya sea intelectual o icol6gico, sobre la exi tencia
humana; de rib n únicamente la superficie de las cosas,
niegan a conferirles sentido alguno. Robbe Grillet ha escrito:
"En tomo nu tro, d safiando todos nuestro adjetivos anirotsticos y protectores. existen las cosas. Sus superficies son claras y tersas, abolutamente
intactas·, absolutamente invulnerables. Toda nuestra literatura no ha logrado
aún penetrar su más pequeño rincón."
Así podemo apreciar mejor la dese perada búsqueda que realizan los pintores cuyos lienzos se parecen a los paisajes lunares, los escritores que han ido
más allá de la comunicaci6n y están empeñados en inventar lenguajes que no
sean "meramente humanos" y que puedan expresar esta nueva visión d un
univer·o, que es, a la vez, infinito y completamente privado.
E ta significativa tendencia se hace evidente al hojear las historias ilustradas
de la pintura occidental y advertir cómo ha sido eliminada gradualmente la
figura humana. En la Edad Media, Dios Padre, majestuoso n u fonna humana reinaba en todo el mundo. Los retratos del Renacimiento afirmaban
la creencia en la omnipotencia y la majestad del hombre, divino en su propio
derecho divino en su humanidad. En el arte burnués del siglo XVII, sin
' empezaron a cobrar importancia por si mismos los obj to y las
embargo,
coas, y fue posible dedicar lienzos enteros s6lo a ellos. Ya no ocupaban la
esquina de un cuadro como un simple plato de fruta, o como un ramo de flores colocado frente a una Madonna, o un adorno incidental para un sujeto
e:;enciaJmente humano. La pintura del siglo XIX iba . i ndo invadida en forma
creciente por las cosas. Los paisajes se pintaban desprovi tos de figuras; Van
Gogh dedicaba a la pintura de un par de zapatos viejos, o a una col, el mismo
168

cuidado y respeto que ant · concedía a las personas. Pero la pintura más significativa de nuestro tiempo parece haberle volteado la espalda no s6Io a la
figura humana, sino hasta a los objetos identificables y al paü,aje terrestre.
Cuando se llega a repr • entar la figura hwnana, se convierte en obj to de burla
y desprecio, como en la obra de Jean Dubuffct o William de Ko ning. Con
Jackson Pollock y otro· pintor de u generación, el artista aparentemente
se ha escapado totalmente de su vínculo tradicional con el hombre v con las
cosas de este mundo, con tal de realizar mucho antes que los ho~bres de
ciencia, un viaje por el espacio interestelar }' una peligrosa llegada a la Luna.
¿ Podrán ellos sobrevivir allí? Al contemplar tas distancias infinitas, ¿ cederán
a la nostalgia por los colores y las contextura de la vieja y familiar Tierra,
tan conmovedora en estos momentos por u misma falta de importancia, tan
atrayente en su provincionalisrno?
Es evidente que la historia de ]a pintura moderna desde Manet y Monet en
adelante, · · una historia de la abolición de todas las formas de contenido intelectual, ya sean narrativas, morale o, en último término, hasta téticas. ¿ Qué
ha sucedido con las manzanas de Cezanne? En los mil ochocientos noventas
cuando Cezanne pintaba fruta, simplemente un plat6n de fruta en lugar de
una retirada de Moscú o una escena de la historia romana, el p(1blico empez6
a protestar que un platón de manzanas no era bastante, que la pintura debía
relatar una historia o representar objetos de suficiente interés como para que
merecieran ser representado - una mujer desnuda, por ejemplo. Pero Cezanne ya no se interesaba en el sujeto ni en el objeto: se interesaba en las manzanas únicamente porque le daban un pr,•texto para experimentar con ciertas
relaciones "abstractas" de fonna y color. Sus suc or , los Cubista. , barrieron
totalmente con las manzanas que estaban sobre la mesa, abolieron el objeto
como objeto para exaltar la pintura como pintura - una norma absoluta que
trataba exclusivamente de relaciones abstractas formales y nada tenía que ver
con lo narrable, ni con la representación de objetos, ni con la comunicaci6n de
ideas. (Podría seguir el desarrollo de este movimiento en la poesía, en los esfuenos de los Surrealistas después de las experiencias audaces de Mallarmé por
producir une pobic J1ure - música pura, sin tema, sin sentido, un discurso
como el de M ynheer Peeperkorn) .
Pero desde la guerra, la escuela de pintura que se Uama "los exprcsionistas
abstractos" ha abolido el "pintar" como "obra de arte" a cambio de pintar
como "acción del pintor'' - gusto existencial. De allí proviene el término
'action painters".
No es posible describir ni defender ni juzgar la pintura abstracta de la última
postguerra en términos del arte del pasado, cuyo propósito, como he dicho, era
la producción de obras d arte, de objetos de valor intrínseco, moral o esté169

�,

•
tico. El arte c.ontemporáneo e:iralta la "acción de pintura" y considera que
pintar es un "evento'', un fin en sí mismo. (Pero no puede colgarse un "evento"
en 1a pared). Si esto es verdad, entonces los action painters, los-expresíonistas,
los artistas "pop", no pueden ser juzgados con un criterio estético ni intelectual. Nadie puede decir cuál es un buen cuadro de Pollack y cuál es uno malo
-además, no tendría caso tratar de hacer semejantes apreciaciones. Harold
Rosemberg es e1 crítico que más ha esc1ito sobre los action painters norteamericanos. Por cierto, él .inventó ese término en un ensayo que escribió en 1953
acerca de dicho movimiento, el -cual, con su técnica de "manchismo" se ha
convertido en el movimiento mundial de la pintura contemporánea. En todas
partes se practica, y el resultado es siempre casi igual, así se trate de un pintor
lituanio o libanés, un francés o un mexicano. Rosemberg escribe (The Tradi~
tion of the New, p. 25):
"En determinado momento, un pjntor tras otro empezaron a considerar el
lienzo como una arena para actuar - más bien que un espacio sobre el cual
reproducir, rediseñar, analizar o 'expresar' un objeto, real o im~ado. Lo
que iba a realizarse sobre el lienzo no era una pintura, sino un evento".
Más adelante dice (p. 26): "La nueva pintura no es arte 'puro', puesto
que la expulsión del objeto no se hizo por razones de estética. Las manzanas
de Cezanne no fueron eliminadas de la mesa para dar lugar a una relación
perfecta de espacio y color (¿ qué es perfecto o menos perfecto si no quedan
valores fuera de la 'acción' de pintar?). Fue necesario hacer desaparecer las
manzanas para que nada estorbara la acción de pintar. En esta gesticulación
con materiales, la estética también ha sido subordinada. Lo que importa siempre es la revelación contenida en el acto".
Naturalmente, mucho de esto es necedad, una peligrosa y rotunda necedad.
Pero lo que resulta inquietante es que mucha gente repite la insensatez en otros
términos y otros terrenos. Como he dicho, tomemos a los Beatnicks por ejemplo, o el nouveau roman,, o a Oage, Berio, Nono en la música. Y es aún más
inquietante que la sociedad en general, es decir personas como nosotros que
se supone tienen buen cnterio. se traguen todas estas sandeces con la inocencia
y la pasividad de un niño que bebe ácido prúsico. El público acepta todo hoy
día -los ruidos de Jobn Cage o el aburrimiento de Beckett- porque no quedan convicciones, salvo la del esnobismo que dicta pertenecer a los "entendidos''.
Y el desorden del arte moderno, queridos amigos, es sencillamente el reflejo
superficial de otro desorden más profundo y más peligroso que existe dentro
de nosotros mismos.
·
Ciertamente el artista contemporáneo, sea escritor o músico o pintor, se ha
librado --se ha librado totalmente- de las exigencias de la razón, de la disciplina, o moral, o estética, o intelectual; se ha "salvado" del peso de la cultura

170

y de la historia; y se yergue orgulloso como un bárbaro sin cerebro, mientras
nosotros, en nuestra confusión, 1o admiramos. Con mucha rapidez y poco esfuerzo ha logrado el estado de inocencia que Paul Klee anhelaba hace medio
siglo. "Je veux etre comme un nouveau-né, ne sachant cien, absolumment ríen".
(Quisiera ser como un recién nacido, sin saber nada, absolutamente nada).
Pero no debemos olvidar, queridos amigos, que la clase de liberación absoluta
de que hemos estado hablando es también la aniquilación absoluta. Hace ya
un siglo que el arte se ocupa de una gigantesca tarea de demolición. Las ruinas
se extienden en todo nuestro alrededor y nosotros nos regocijamos en estas
ruinas como si se tratara de una gran realización. Personalmente, tengo más interés en las nuevas estructuras que han de alcanzarse ahora que ya no queda
nada que·demoler. Es claro que no podemos vivir indefinidamente entre los
despojos., los residuos y el desmoronamiento que nos rodea.
Y puede s~ceder que fas nuevas estructuras, los nuevos instrumentos de 1a
percepción humana no sean obra en absoluto de los artistas. Puede ser que el
arte esté muerto, como tantos artistas lo han estado proclamando alegremente
mientras bailan sobre tablas de masonite, chorreando duco de una. lata, tan
satisfechos consigo mismos, como niños traviesos que juegan en el lodo.
Pero tengo el optimismo de pensar que quv.á estemos en vísperas de descubrimientt&gt;s que nos permitan comprender la naturaleza del hombre y del universo de una manera más profunda, de lo que se ha logrado en el pasado. Sin
embargo, al tratar de comunicar estas nuevas percepciones, tal vez sean las
personas que laboran en el terreno experimental de la electrónica, la cibernética o la lingüística, quienes reemplacen a los artistas -si es que los artistas siguen empeñados en practicar los trucos de Dada como si fuera algo
nuevo e importante, exhibiendo urinarios como esculturas, chorreando manchas de tinta sobre lienzos, perforando agujeros en las superficies, colocando
cepillos de dientes en las cuerdas del piano. Ya nada de esto sorprende, ni tiene
significado alguno. Es, en verdad, la expresión de un aburrimiento profundo,
pero ante tal situación, nadie debe permanecer indiferente, ninguno de nosotros. Pues todos estamos involucrados en este asunto. Todos somos culpables,
si es que existe culpa. No basta con decir tch, tch, ante este desorden, y querer
que con dlo retornen las manzanas de nuestra realidad al sitio conocido y
reconfortante que ocuparon antes. Yeats lo expresó muy bien: "Things fall
apart, the center cannot hold" (Las cosas se desmoronan, el centro no resiste)
y nos advirtió hace años acerca de "the descent into the mad and mindless
dark" ( el descenso hacia la oscuridad loca y sin cerebro) . Y todos estamos en
esa oscuridad juntos. Espero que podamos encontrar la salida, y retomar al
mundo visible, finito, y contemplarlo bajo la luz de la razón humana -una
pob1·e luz, por cierto, pero es la única que nos ha sido dada.

171

.

�LOS PRELIMINARES TEILHARDIANOS DE LA VIDA
DR.

AooLFo MuÑoz

ALONSO

Universidad Central de Madrid

TEILHARD DA coMmNzo a su obra sobre El Fenómeno humano advirtiendo
que la comprensión de su libro exige una lectura acomodada a una memoria
científica. Unica y exclusivamente su libro es eso. No comprenderá correctamente el libro el que lo considere una obra metafísica. Menos todavía si
alguien lo lee como si se tratara de un ensayo teológico o algo semejante.
EJ título del libro no ofrece lugar a dudas, nos dice Teilhard. Solamente trata
de "El Fenómeno". Pero, eso sí, de "el Fenómeno en toda su amplitud:
Ríen que le Phénomene. Mais aussi tout le Phénomene".
Lo que Teilbard entiende por "Fenómeno" aparece claro al fundar en esa
palabra la razón del carácter de su libro. Fenómeno es lo que aparece, tal
como aparece y en tanto en cuanto aparece. Sobre lo que aparece, tal como
aparece y en tanto en cuanto aparece, sólo cabe, manteniéndonos en la superficie del aparecer, una descripci6n. Esta descripción no alcanza, ni puede
alcanzar por sí misma, otro nivel que el de la presentación pura. Con todo
lo que exija -eso sí- el hecho de la presentación; con todo lo que sea
imprescindible para que el fenómeno aparezca como tal. La descripción de
un fenómeno no es todavía una explicación. En la explicación, se saca de la
plica al fenómeno, en un intento de interpretación del mismo, o por lo menos
de esclarecimiento más luminoso que el que ofrece el fenómeno en su aparición, en su presentación o en su descripción.
Teilhard afirma expresamente que las páginas de su libro no permiten una
explicación, sino más bien una Introducción a la explicación del Mundo. La
frase de Teilhard no supone una conclusión, sino que refrenda la toma de
posición inicial. Es evidente que toda descripción, por pura que sea, es una
introducción a una explicación. Yo dirfa que la descripción es un presupuesto
para la explicación; y que la explicación supone siempre la descripción.

173

�Teilhard no afirma que su descripción aboque en la explicación del Mundo;
sino que ofrece una Introducción a "una" explicación del Mundo. A una
entre otras posibles, por lo tanto, sin que esta posibilidad de explicaciones
invalide la descripción que nos presente Teilhard.
La tarea descriptiva de Teilhard tiene un punto de preocupación y referencia: el Hombre. Que Teilhard apunte al hombre como a centro de su
preocupación, que sea el hombre lo que en definitiva le importe, parece
evidente.
Esta preocupación no altera la óptica de Teilhard. Porque no es una idea
del hombre la que trata de reconstruir, ni una visión antropológica determinada la que pretenda restaurar, imponer o elirmnar, sino que se limita a
escoger uno •de los fenómenos, el fenómeno humano, el fenómeno llamado
Hombre, como centro. La licitud de esta toma de posición es clara, siempre
que al Hombre no se le otorgue ninguna otra prerrogativa que la que presenta en cuanto fenómeno; siempre que el mero hecho de tomarle como
centro no signifique una "explicación". La elección del Hombre como centro no supone, pues, dotarle de ningún resorte en relación con los demás fenómenos, como tampoco preconcebir en los fenómenos una dirección determinada.
El ensayo de Teilhard es pura, sencilla y simplemente esto: ''establecer"
un orden coherente entre fenómenos antecedentes y fenómenos consecuentes,
tomando el "fenómeno hombre" como centro de referencia, en tomo al cual
se establece ese orden entre fenómenos; y, a la vez, o en segundo lugar,
"descubrir" una ley e&gt;..-perimental de recurrencia entre los elementos del Universo, que exprese la aparición sucesiva de esos elementos en el curso del
Tiempo. La ley de recurrencia que trata de descubrir Teilhard nada dice,
ni nada predice, de suyo, acerca de un posible sistema de relaciones ontológicas y causales de los elementos del Universo.
Se acomete, pues, una doble tarea; una, la de "establecer" un orden entre
antecedentes y consecuentes, con el Hombre como centro. Es una tarea de
lógica científica; segundo, la de "descubrir" --descubrir, no ya establecer-,
una ley experimental, que exprese la aparición sucesiva de los elementos del
U ni verso. Más que descubrir una ley de la aparición de los elementos, lo que
se busca es una ley experimental que exprese la sucesión de aparición. Es
importante medir el alcance de las palabras, sin dejarse llevar de fáciles, pero
engañosas, sinonimias del lenguaje. ''Se establece" el orden entre los antecedentes y consecuentes, sin que el centro que se elige para establecer ese orden,
determine, de suyo, el fundamento de ese orden, aunque no se niegue. La ley
que se pretende "descubrir" es una ley n-perimental, y concretamente la

174

ley de recurrencia, que exprese -que exprese, no que "explique"- la aparición sucesiva entre los elementos del Universo.
Esta es la doble tarea de Teilhard en esta obra. El filósofo, y el teólogo,
habrán de meditar, reflexionar y penetrar en esa descripción para obtener
conclusiones o esclarecimientos de índole filosófica o de carácter teológico.
La descripción, realizada con el único valimiento de la reflexión "científica"
deja el campo abierto, esencial y despejado, para que filósofos y teólogos ahon~
den con sus métodos específicos. El área barrida por la luz de la filosofía es
la del ser. Teilhard dice que es la del "ser profundo". En ella no entra ni
sale. La ha evitado con cuidado y pulcritud, en todo momento. Pero la ha
evitado percatándose de que podía y debía hacerlo, manteniendo su propósito de restringir sus reflexiones al campo meramente científico, y conduciéndolas con los métodos que la ciencia le autoriza. Tan claramente ha visto el
problema de la delimitación de los campos, que Teilhard reconoce que no
sólo no les ha invadido con sus reflexiones, sino que ha tenido muy presente,
en el plano de la experiencia, lo que el pensamiento filosófico y el teológico
podrán con justicia exigir. Esas exigencias son, según Teilhard, el movimiento
en su conjunto o totalidad que tiende a Ja unidad -le mouvement d'ensemble
(vers l'unité)- y los altos en el desarrollo, sin prejuzgar y sobre todo sin negar
la posible acción de causas más profundas, qué no aparecen en la mera consideración de los fenómenos, tal como se presentan. Teilhard no discute la
existencia y el reconocimiento de planos diferentes. Sabe que el pensamiento
cristiano los asegura. Pero sabe también que la descripción de los fenómenos
en su ' evolución o sucesión no los pone de manifiesto, por la sencilla razón de
que no entran en el campo exprimental en el que se mueve. Pero el hecho de
que no entren en ese campo, no quiere decir que no sean posibles; e incluso que
puedan ser exigidos por la reilexión filosófica o por la Revelación. Lo que
aparece claro es que la descripción fenomenológica ni los contradice ni los
prejuzga. El rigor científico exige delimitar los campos. Teilhard, al hacer
estas reservas, tiene presentes tres cuestiones: la aparición de la Conciencia, o,
si se prefiere, del alma espiritual; la del monogenismo y la gratuidad de lo
sobrenatural.
·
Si es fácil convencer de que cabe una reflexión puramente científica, sin intromisiones de índole filosófica, cuando se estudian los fenómenos' y sólo ellos,
desde un punto de vista experimental, no resulta tan sencillo si la pretensión
investigadora se amplia a todo el Fenómeno. Cuando es el Fenómeno en su
totalidad lo que se intenta describir, la apariencia de una filosofía es inevitable.
Con todo, no cabe hablar en rigor de Filosofía o de reflexión filosófica, siempre
que la cuestión se delimite con exactitud.
Es una conquista de la crítica de las Ciencias el asegurar que no se puede

175

�hablar ya de hecho puro. La Epistemología considera esta imposibilidad como
un postulado. E1 intento de formular una hipótesis sobre la experiencia, desborda el hecho puro de experiencia, y queda en algún modo vinculado a la
subjetividad. La objetividad de la experiencia es una objetividad subjetivizada por el científico que la describe. Por mucho que sea el esfuerzo de limpia espejación de la experiencia. La mirada crea, podríamos repetir, para entendemos. Ver es interpretar, con mayor o menor alcance.
Si esto acontece en la descripción de un fenómeno, con más verdad habrá
que decirlo cuando el propósito del científico es nada menos que lograr la
descripción de todo el Fenómeno, cuando lo que pretende es ofrecer una visión ampliada al todo -une uision étendue au Tout-. O se niegan desconsideradamente y a priori los derechos de la Filosofía y de la Religión -negación a todas luces injustificada- o hay que reconocer que, como acontece
a los meridianos en vecindad con el polo -y la alegoría es de Teilhard- Filosofía, Religión y Ciencia convergen, cuando la cuestión es el todo. Sólo
que esta convergencia no implica confusión de planos, ni identificación de
puntos de vista, ni ángulos iguales. Cada pensamiento o reflexión se enfrenta
con lo Real y lo aborda desde el ángulo de visión que le es propio, desde la
altura que le compete y con el método peculiar. Es cierto de toda certeza
que cuando el intento científico tiene como meta y propósito una cosmovisión, una descripción de lo Real, una interpretación científica del Universo,
esa interpretaci6n, aunque sea puramente descriptiva, y por más que sea
conducida por procedimientos o reflexión meramente científicos, siempre podrá ser tachada de Metafísica, más o menos encubierta o fraudulenta.
T'eilhard reconoce que resulta imposible intentar una interpretación científica general del Universo, sin que tenga el aire de querer explicarla hasta
el fin. Sin embargo, esta "Hiperfísica", dice Teilhard, no llega a ser lo que
se dice 1ma Metafísica. No le falta razón. Sin embargo, algunos científicos
no han sido tan cautos como Teilhard, y han rebajado toda metafísica posible, reduciéndola a la Hiperfisica, o han hecho Metafísica -metafísica fraudulenta- con reflexiones que no pasaban de físicas o de hiperfísicas. Buen
ejemplo de ello son Desiderio Papp y Max Planck. De Papp es la. opinión
de que las leyes naturales, más que leyes de la naturaleza cabe considerarlas
como traducci6n científica de postulados metafísicos; y Max Planck negó,
en definitiva, la posibilidad de la Metafísica, en una célebre conferencia de
1935. Poincaré, Einstein, Jeans, que son los científicos citados expresamente
por Teilhard, dan la impresión de que sus reflexiones sobre el Mundo son
algo más que una mera descripción hiperfísica.
Teilhard lo supone implícitamente, pero no se deja arrastrar por su ejemplo.
No tanto porque no se sienta movido a ello, cuanto porque su preparación
176

filosófica y teológica es de más alto nivel, con relación a los sabios citados. EJ
mismo dice que es natural que la estructura entera de un sistema de este
género y amplitud dependa, en gran medida, de los presupuestos iniciales, o
por lo menos que se realice bajo su influencia. Teilhard descubre desde el
•
•
•
•
J
pnnop10, con toda clandad y sencillez, los dos presupuestos -él las llama
dos opciones primordiales- que orientan y coordenan el desarrollo de sus
investigaciones y de sus reflexiones. La primera es el primado de lo psíquico
y del Pensamiento, en el entramado -dans l'Etoffe- del Universo. La segunda es el valor "biológico", atribuído al Hecho Social, que se desarrolla
en tomo nuestro. La primera opción es un postulado metafísico tradicional
'
s1. cabe hablar así; la segunda es una opción revolucionaria, aventurada,
de'
alcance insospechado. La primera está en la base de sus investigaciones, Ja seg'.111?~ en la cúspide. Por la primera, Teilhard se mantiene en un principio
lustonco; con la segunda, aparece como un visionario, dando a este vocablo
su mejor sentido posible.
~a asepsia filosófica y teológica de Teilhard es tan pulcra, que llega a
decir que estos dos presupuestos u opciones pueden muy bien darse de lado
como punto de partida; pero que él no acierta a ofrecer una representación coherente y total del Fenómeno humano si se descartan. En resumen,
todo gira y se organiza si se tiene en cuenta la preeminente significación del
Hombre en la Naturaleza, y la naturaleza orgánica de la Humanidad. Apresurémonos a señalar que estas dos hipótesis adquieren en la obra de Teilhard
una significación original, que
va desarrollando y esclareciendo a lo largo
de toda _su obra de cient'iíico, de filósofo, de teólogo y de místico.

se

EL

HOMBRE COMO VISIÓN ESFORZADA

Ya está situado el hombre como un fenómeno en el marco de las apariencias, en el orden de los fenómenos. Esta situación del hombre como un
fenómeno, nos exige el esfuerzo de uer y hacer ver la plenitud que alcanzará,
lo que representa y exige el Hombre, considerado en su integridad y estudiado en su despliegue final. ¿ Qué ha sido el Hombre y qué será? ¿ Cómo
se relaciona y entronca con los demás fenómenos y cómo evolucionará entre
ellos y con ellos? Esto es lo que TeiJhard quiere ver y lo que quiere hacer ver.
No es ocioso subrayar este segundo aspecto de la cuestión, porque nos descubre una clara intencionalidad personal de Teilhard. No sólo quiere ver,
Y se esfuerza en ello, sino que aspira y pretende que los demás vean. Es una
especie de ciencia apologética la suya.
¿Qué es lo que nos mueve a ver? ¿Por qué dirigir la atención y volver

177
e H-12

�Ja mirada hacia el objeto o fenómeno humano? La r •spuesta es sencilla. Toda
la \ida es eso, la vida en su esencia entrañable: ver, ver. o dice Tcilhard
que la última aspiración se reduzca a ver y querer ver lo que es el Fenómeno humano, pero sí que, en su más entrañable aspiración, la vida e e o:
ver y hacer ver Jo que } fue y será ese lcnómeno que llamamos Hombre.
Ver tratar de ver, esfor;,A'lrsc por ver má y mejor no r ponde a una curiosidad, no es un lujo, no es tampoco una fantasía. in visión no hay vida.
Ver O perecer, dice Teilharcl. Unir cada vez más equivale a ser 1~ás_; ser
más es unirse m:\S. E ta unión crece si está basada en un csclar~rnruento
de la vi ión, en una clarificación y acrecentamiento de Ja conciencia. La
conciencia e \'Cr, y el perfeccionamiento de la conciencia es una perfección de la visión. El \'er es discurrir y saber discurrir, y sabido es que la historia del Mundo vivi •nte se reduce a la elaboración de ojos, cada vez más
perfectos, y miradas, cada vez más agudas, en el seno de ~ _Cosmos que
e ofrece a los ojo y a las miradas entregándose a llas. La vJS16n, la penetración óptica, el poder sintético de la mirada, es lo que d:scubre la perfección de que goza un animal, es la que revela la supremac.ra del ser pensante. El elemento del Universo que no ve o no alcanza la poS\hilidad de
ver, acaba por perecer. Esta es la situación impuesta por el don misterioso
de la e.xi tencia. E ta es la condición humana, siquiera s a en un grado
superior al de los demás elementos. Ver, romo sinónimo ~e conocer, de ~netrar, de saber. La vida está representada -pooríamos decir- en el mendigo
-los mendigos, según an {ateo- del camino de Jericó a Jerusal~n: Señor,
q ue vea·s Señors que sean abiertos nuestros ojos.
, ;,
Ver y hacer ver: éste es el lema de Teilhard de Chardin. Pero ver ¿que.
•Ver? 0 • verse el hombre a sí mismo? ¿ Es que el hombre no ha ensayado
~e mil m~neras y con mil medios la autognosia? ¿ o será lo correcto icntíficamente centrar la mirada en los objetos o fenómenos cxtrahumanos?
Teilhard dedica unas frases -las suficientes-- para despejar el equívoco
posible. El hombre se ve no sólo cuando se mira, sino también cuando el
objeto de u visión se presenta como algo distinto del hombre. La conciencia penetra y se hunde en el Mundo sufriéndolo al mirar Y. 1~oclificándolo. 0 sólo en virtud de la visión misma, sino porque la descnpc16n de lo
,·isto y las observaciones están matizadas y penneabilizadas por la subjetividad. Por muy objetivas que sean la. descripciones, siempre estarán obedeciendo a hábitos o {onnas de pen.amicnto nacidas muchas veces en el
decurso de la investigación. ¿Es la esencia de la fateria lo descrito? ¿o esa
esencia no es otra coa que reflejo de nu ·tro propio pemamiento? El hombre queda como enredado en las relaciones formuladas sobre las cosas; esas
relaciones están trabadas con hilos de pen amientos y no con los filamentos
de las cosas.
n acto &lt;le conocimiento es una combinación, u.na transfor178

r

mación mutua de objeto sujeto. El hombre se mira a si mismo en todo Jo
qu~ ve -:L'llomme se relrouvc el se regarde lui-meme-dans tout ce qu'il
vo1t-, dice ~ la_ letra Teilhard. Y esto sucede siempre, le guste O no al
hombre de ciencia. Es lo que un ge6logo llamaría metamorfismo y endomorfismo.
Puede acontecer algo sorprendente, prodigioso y privilegiado. A saber
que el paisaje que se mira tenga ojos, por así decirlo. Que lo que mireinos sea'
como d(•cía. el poeta, el ojo que nos ve. Y que sea ojo no como rosultant~
de nuestra mirada sobre él, sino como pe uliaridad suya. Que -como canta

Machado-:
El ojo que ves no es
ojo porque ltí lo veas:
es ojo porque te ve. Y quepa añadir:

Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo.
. Es ~ percepci6n en u plenitud, ya que, en ese caso, e} punto de vista,
ineludiblemente subjetivo, aparece en coincidencia con una distribución objetiva de las cosas.
Es~o, claro está, sólo acontece en el Hombre. Teilhard se lo apunta como
propio, logrado por los azares de su existencia y de su caminar en la tierra.
Los seres vivientes sin Pen amiento, perciben objetos y sienten las fuerLas
~e la natw-aleza como una presión que los circunda. El animal pensante está
situado ~-n Ja a~leza en una posició~ de pri\'iJegio, que le permite regir
la fracc1on del Cosmos actualmente abierta a nuestra experiencia. El Pensamiento go2.a de unas propiedades biológicas que convierten su actividad
contemplativa en función estructural. Teilhard no cita aquí a. Carlos Marx
ni a Federico Engels, ni a Feuerbach (Luis), pero1 despojando a la frase de
intencionalidad antiintelectualística, bien cabe decir que el conocimiento es
~3;nsfonnaci~n. Tam~co cita a Ortega y Ga et, pero el alcance que en e]
~1lo~Co espano~ a~qmere la frase "Yo soy yo y mi circunstancia", queda
mscnto en la orb1ta de las reflexiones de Teilhard de Cha.rdin. La ciencia
es, en definitiva, un saber sobre el hombre, una visión del hombre. un verse
el hombre. Pero un ver, un saber, un verse y un sab rse para \'er ,más. Y ,1
ser más equivale a compartir el vivir más. Ver es vi\ir, vi"ir es ver. El hombre a] \ er se constituye en centro de perspectiva, pero la peculiaridad del
ver le con útuye en centro de construcción del Universo. EJ hombre viendo
edifica y se edifica, construye y se construye. Importa, pues, mucho saber
mirar y acertar a v~r. Es de todo punto necesario acomodar nue·tros ojos.
os va en ello la. vida nuestra y la existencia de} Cosmo .

179

�EL HOMBRE COMO PROGRESO CIENTÍFICO

La actualidad de lo que significa el Hombre en la Física del Mundo es
una conquista de la ciencia. Teilhard no entra aquí a discutir si otra índole
de reflexiones puede revelar el sentido de la excelsitud del hombre y de su
destino. Lo que señala es que ha sido necesaria una sucesión progresiva de
siglos, para que la ciencia baya llegado a alcanzar una perspectiva del Hombre en su significación total e integral en el orden de los fenómenos. El
hombre, en su evoluci6n, ha ido adquiriendo una serie de "sentidos" que le
penniten hoy una visi6n de lo que es, de lo que representa y de lo que puede
representar en el Universo. El hombre ha ido adquiriendo gradualmente esos
"sentidos", y al usarlos y ejercitarlos obtiene la conciencia de sí mismo. Esta
adquisición de "sentidos" constituye la historia penosa y gloriosa del Espíritu. Le han sido necesarios para alcanzar este nivel actual. Desde que el
Hombre aparece, el hombre es un espectáculo· para sí mismo. Pero el espectáculo ha sido presenciado sin alcanzar la significación de su calidad de
actor y autor. Es como un crecimiento desde la niñez a la madurez. No se
trata, pues, de asignar a nuestra época más virtudes singulares, sino de reconocer la evolución natural y el despliegue normal del fenómeno. Es como
un paso de la sombra y el sueño a la luz y a la vigilia. Si esos "sentidos"
faltan, o si no se hace uso de ellos, el Hombre no dejará de ser un fen6meno
sin sentido: "objet erratique dans un Monde disjoint.". Y esto por lllUchos
que sean los esfuerzos para presentárnoslo de manera más excelsa. Si nuestra
visión no incorpora esos "sentidos", el Hombre oculta su peculiaridad; si
nuestra óptica sigue empañada en la triple ilusión de la pequeñez, de lo
plural y de lo irunóvil, el Hombre queda desplazado de su Centro, que es
la cumbre actual de una Antropogénesis con la que se ha coronado una
Cosmogénesis.
Teilhard enumera siete "sentidos", adquiridos gradualmente en la evoluci6n del fenómeno humano.
a) Sentido de la inmensidad espacial en todo. Gracias a él desarticula y
espacia, dentro de una esfera de radio indefinido, los círculos de objetos que
nos circundan.
b) Sentido de la profundidad. Este sentido nos hace repousser laboriosamente, a lo largo de series sin límite, y con distancias de tiempo desmesuradas, los acontecimientos que una especie de pesantez y lentitud tiende continuamente a presentárnoslos como una hoja tenue perdida en el Pasado.
c) Sentido del número. El nos permite descubrir y apreciar sin pestañear

la muchedumbre enloquecedora de elementos maten·alcs o vivos, integrados
1 ás
en a m mínima transformación del Universo.

la 1f Senti~o dde la prop~~ción. Con él se realiza, en la medida de lo posible
erenc1a e escala f1SJca que separa en las di
•
.
'
el átomo de la nebulosa, lo ínfim" d 1 ' .
mens1ones y en los ntmos,
o e o inmenso.

lid:~

SUensban.ddo ded laélcualidad.. Cualidad entendida como novedad u orir:nna.
o e
consegurmos di ti
.
l
b.
peldaños absolutos de perlecci6n y :re:Fr
naturaleza !ºs niv~les o
barate la unidad física del Mundo.
m1en o, sm que se qwebre ru des-

:n

~

in:ln~::ª;:eels;::~e;t~nE:: se?ti d o nb?s permite_ percibir los desarrollos
•
. .,
mas ago iantes lentitudes. Gracias a 'l d
vertunos la agitac1on constante, disimulada por esa especie de velo d e a qdue la cubre; y por gracia de ese sentido descubrimos lo que ha de r=o
eramente nuevo en el fondo de la repe t·icion
. , monotona
,
v ade ylas e mismas
cosas.
~~) Senl tido d.e lo org-ánico. Descubre las ligazones físicas y la unidad e.

n·

ctura que nge en la yuxtapoSlCion
. . , supe 1c1'al de las sucesiones y de las
s
colectividad
es.
Estos son los siete "sentidos" que enriquecen la óptica del Hombre e

::::•~:~~! :,;.::,"'

cita~º- casi a la _Jet,a Ellos ponen de maruf::.~
de la Humanidad. le a su p ~1tante realidad actual, si se ve al margen
sino dentro de ella~ue la Hum~dad no está ~10ntada al margen de la Vida
.
, y que la Vida se falsea s1 no se concibe entran-ada
e1 U ruverso.
en

q ue sena
- lemos positivamente
••
.Convendrá
.
que Teilhard no ha .
. d la
existencia de
·
.d
imagina o
.
esos siete senb os al estilo de unas formas . t'ti
. .

;:,!u~:; ellos

fa• exigencias cientificas

:vi:..:i:,n~::

ha resumido_
y ;:';
ensarmento, del viviente pensante en la actualidad de su exis~cia. Son los que se ofrec~n en la actual curva de nivel del Fenómeno
~ o . En esta curva de ruvel se descubre la Previda la Vida, el p
nuento, como tres fenómenos que están dibujados en '1 p d
e~nados al porvenir d
S b .
e asa o Y ,encarrue una o revida, en una única trayectoria. la del Fen6
h
meno umano.
·
•
Teilhard descarga su responsabilidad metafísica y teológica al enf t
con el tema del Hombre en El Fe nomeno
,
humano. No puede negars
ren arse
b

•

~ ver queh7°' hombre es un hecho, un fenómeno en la Natur:i:: •
ue co~o . ec o o fenómeno en la Naturaleza se entrega a las exi en~
:~ti
C,enc,~ y a su: ;todos. Siemp&lt;e, claro está, que no se ciegu.,'; otros
es cammos, meto os o exigencias, si ese fenómeno de la Naturaleza

181
180

�que es el Hombre las reclamara para ser e&gt;..-plicado. Pero e,~ta explicación,
metafísica, supondrá siempre la descripción fenomenológica. Entre toclos los
fenómenos de la Naturaleza, el fenómeno humano es el que se presenta como
el más extraordinario, el más esclarecedor y con más destellos. Nada hay que
se ofrezca a nuestro conocimiento con mayor atracción. Con todo, este intento por ver el fenómeno humano, no supone un recorte en el campo de
nuestro deseo de saber, sino que representa cabalmente la prolongación lógica en el desarrollo de una perspectiva "homogénea" y "coherente" de nuestra experiencia general. Supone un ensayo de conjunto y del conjunto que
se desenvuelve hasta el hombre.
Como el Hombre no fue espectador de las fases anteriores a su aparición,
es evidente que nuestras reflexiones parten de un observador que no ha asistido personalmente, ni ha estado representado por ningún semejante, en esas
etapas de la evolución de la aturaleza. El método que sigue Teilhard se
basa en acertar con una representación que deje las cosas como desde fuera,
como pasado, vistas desde una cumbre de la evolución misma que es el
Pensamiento o el viviente pensante. Un método que nos permita ser lo que
hemos llegado a ser, y como somos, mediante la observación de lo que, habiendo sido, de alguna manera es. Lo que realmente fue el Mundo, antes
de que la Vida apareciera, o lo que la Vida fue en el Paleozoico, antes de
que el Pensamiento apareciera, es cuestión que no tiene sentido, si empleamos con rigor y profundidad las palabras; porque ser en realidad es algo
que supone la intencionalidad espiritual. Es una categoría intelectual. Este
método y consideraciones vertidas sobre el Pasado nos autorizan, si reflexionamos con prudencia, con rigor y con cuidado, para percibir, o PoT lo
menos columbrar, el porvenir. La ley de la simetría permite este intento.
Teilhard ofrece en su obra una manera peculiar de estudiar al Hombre.
Entiende que su elaboración está abonada y sostenida por investigaciones personales, y confirmada, en su base, por los hallazgos de la Ciencia. Cierto
que el Hombre, tal como aparece en la obra de Teilhard, es un ser que
queda situado en la cumbre del Universo, pero en posición bien diferente
de como lo asientan la Antropología, o el Derecho, por ejemplo. El Hombre
de Teilhard está enraizado en el universo, ~urge en la tierra y se levanta de
ella y en ella como una floración iluminada, que atesora todo el proceso
evolutivo seguido hasta su aparición. El antropocentrismo de Teilhard es de
signo bien distinto del proclamado por la cultura o la ciencia antropológicas.
La Naturaleza no se desprende de sí misma aJ evolucionar hasta el Hombre,
ni el Hombre se desprende de la Naturaleza ni rompe sus conexiones entrañables y entrañadas en ella. Teilhard ha ahondado en la naturaleza, ha penetrado en sus entrañas, y ha descubierto en elJas una virtualidad insospechada y unos horizontes desmesurados. El hombre es un viviente pensante en

co~erenc~ íntima y entrañable con el mundo y en él. La interpretación
satisfactoria
del Universo, la Física verdadera e integral , ha d e mos trar Ios
f ,
~nomenos _en la re~_idad ~e su ser superficial y profundo, Materia y Espíritu, Materia o Espintu, Vida o Pensamiento, Cuerpo y Conciencia.
El Universo se hominiza en el Hombre. El Hombre no es un elemento
extraño al mundo, aislado o perdido, Rey con cetro o destronado en las
soledades cós1~i~as. La vida del Hombre es como una elevada as;iración,
como una telunca voluntad de vivir, entrañada en el Universo. y el Universo, la Tierra, despliega virtualidades cósmicas que convergen en el Hombre. Pocos pensamient?~ tan hermosos como el de considerar al Hombre eje
Y_ flecha de la Evolucion; y no, como se ha venido repitiendo, centro estático del Mundo.
:eilhard confía en que su tentativa científica gane la voluntad de los que
qweren Y saben penetrar hasta el fondo de las cosas, pues esto supondría
conservar en nosotros el gozo y la elevación de ánimo para obrar.
T~lh~d actúa como un naturalista, no preci amente como un físico. Las
e&gt;..-phcac~o~cs _Y descripciones de la Física representan valiosas teorías O aceptabl:s ~;potes1s que cambian con el hallazgo de nuevos efectos o con la contrad1cc1on c~tre ellos. Son arquitecturas complicadas y frágiles. y esto lo
s~ben los físicos. Las teorías físicas y más aún las hipótesis físicas son un
srmple medio_ gráfico y transitorio de formación de grupos de f:nómenos
Y de ordenac1ón de sus relaciones, para explicar inteligiblemente los efectos
que produ:e la Materia o que se dan en ella. A Teilhard lo que le importa.
es descubrir las fibras del Hombre, los orígenes en los que el Hombre ha encontrado su formación; o mejor, dar con los elementos más simples de los
que ha brotado el compuesto humano. Estas fibras o elementos simples no
ofrecen de suyo y en sí mismos una punta o una prolongación humana; el
hombre no se presenta tampoco, a una mirada superficial como una dependencia evolutiva de la Materia. Sin embargo, en todas Ías explicaciones,
teorías o hipótesis de la ciencia -física o naturalista- cabe rastrear unos
caracteres que se repiten obsesivamente. Estos caracteres, estos hallazgos 0
supuestos~ qu~ podemos llamar definitivos y necesarios, son de los que hay
que parttr, siempre que expresen las condiciones inherentes a toda transformación natural sin abandonarla nunca, sea cual fuere la etapa alcanzada.
Es claro que esta actitud y toma de posición es la idónea en un hombre de
ciencia, que quiere ir hasta el fondo de las cosas en un estudio general del
Fenómeno humano.

183

182

�EL u

[VERSO ANIMAOO

La Materia, en su estado mi clcm ntal, presenta tr caracteres: pluralidad, unidad r energía. Ll~•gar a ta conclmión es tarea fácil. hoy. i se toma
un trow cualquit'ra de materia en su estado más elemental, pronto e nos
ofrece como una pluralidad. Lo que a simple \'ÍSta parecía un tr01.o indh·isiblc y uno, se desmorona,
pluraliza,
divide o multiplica. De. cubre su
estado de condensación, de agrupación o de multiplicación. Los granos de
polvo que encuentra la ien ia • {oclema en un grano d • polvo, rompe el
sistema cardinal de num ración. La acuidad del ojo construído por la Ciencia penetra más hondamente que la genialidad de Pascal ' que las adivinaciones agudas de Epicuro. En cada elemento de la Materia alienta y habita un mundo elemental, de cuy-.i. varirdad. prqueñez y multiplicidad no
e posible dar cuenta exacta. Lo qm· llamamos e:-.-pericncia en~ibl , !le man•
tiene en un grado d superficialidad debajo de la cual flota un enjambre
indefinible.
medida que se ahonda en 'I, las que teníamos, y tenemos,
como cualidades propias de la Materia, apenas si consef'\·an su sentido y la
peculiaridad que las atribuímos. Su mundo interior no es el que vemo ni
el que podemos ver. Y sin embargo, es mundo es el de la mat ria, y de
mundo es del que hay que parúr y con el que hemos de contari si a piramo.
a saber y a conocer lo que verdaderamente es y lo que en \'erdad pasa y ruccde. Cuando contamos ya con él, nu tra confi uración habitual del mundo
se difumina.
Esta inmensa pluralidad incontable d la materia l'lemcntal, no sólo no
revela una diversidad, ino que manifiesta una fundamental unidad. nidad en su doble entido y cxprrsión: unidad de hom reneidad y unidad
colecth•a o de solidaridad. En efecto, los elementos d . ubil'rlos -molfcula •
{ltomos. clectron
, las entidades minúsculas: no aparecen como idéntica~,
tanto en su masa como en su comportami nto. Revelan una estructura cansadamente monótona. Parece como si el entramado de la trama del Unh· rso
no fuera otra cosa que una reuni6n o enlace de una única ustancia, mil
vec&lt;'s repetida, como si la variedad y rncanto de las cosas se fuera borrando, ·
a medida que penetramos en la profundidad de su con titución lemcntal.
Pero la unidad fundamental de los elemento no re ide s61o en la identidad
de su simplicidad, sino en la fom1aci6n homogénea que realizan en su pura
y el •mental entidad. Su pequcñrz y miniatura les permite integrar e y actuar
~bre todo lo que e tá a su alrededor. Cada elemento ilumina 1 volumen
total, en el que está in rto o d 1 que forma parte. Es como i el elemento
fuera una e pecie de coraz6n, que moviera con su latido incesante y d ·
acompasado, el dominio del e pacio en que está inte. rado. Es como una

18--t-

de integ~ción intcgra_da la que realiza, sin salir del centro de sí mismo que
le cons11tuyl', ¡ Extrana propiedad ~sta, exclama Tcilhard, ~que encontraremos incluso en la mol' cula humana!
_ E ta unidad funcion~I d~ homogmcidad de los hnentos t::í acompanada d otra, la de sohdandad entre ello . Su acción -esto es ya clarose descubre como una interacción. o cst{m yuxtapuestos o adicionados tampoco entrela1.ados, sino intraaccionados. El espacio que cubren, y I voium n
que llevan, ~orma con ellos una unidad de acción. La pluralidad no romi
nunca la unidad, I?°rqu
una pluralidad surgida desde la unidad, por ella
Y con ella. La esfera los cu unda. lo em·uelv · lo residencia sin alterarlos.
i e olvidan estas con idcraciones, la naturaleza de la materia elemental
queda desconocida o fal ada. Quizás el nombre c¡ue cuadre a estas característit·as de la materia elemental sea el de energía. j
acepta el vocablo y su
a.lcance, habríamo. de d cir que el principio común inicial de la materia el .
mental t la En •rgía. Siempre que e ta pc-culiaridad no invalide II oscurezca
la pluralidad y la unidad sino c¡ue sin•a para englobarlas. La ciencia física
moderna ha señalado la exprc ión, qu ha tomado, l'n pr' tido, de la p icología.

:5

La energía que
advierte en I átcmo vi ne a er la m dida de la actividad que trammitc; lo que pierde r lo que gana, en virtud de la actividad
que cons~ituye o rcv la su «'ntidad. Lo que gana, al transformar5e actuando;
lo que r•e~ , al transformar con su actuación. Por u energía difica, pero
se agota. Viene a ser la energía algo a~í como el núcleo potencial concentrado
ele los, corpúsculo materiales. En definitiva el corpúsculo es eso: su en rgía.
~ncrgta que no puede captarse en u tado puro, porque no son compatibles el estado puro del corpúsculo y su captaci6n. Porque captar el tado
puro ~: un c?rp&lt;i~u.lo, resuelto en energía pura, no tiene sentido. Ya que la
captac1011 lo 1mp~mf1ca, y el estado puro re ·iste a la captación. Lo que llamamos cuerpos \'I nen a ser, pue,, como una especi de "torbellin " fo~tivo~.
En un Íntl•nto de descubrir el proceso de e,·olución o Tramformaci6n dd
Uni:erso, _atrndiendo a la peculiaridad de . u formación, caben dos po iblrs
cons1derac1one . La que entiende que el Universo encuentra .su con i tencia
y su unidad final en una descomposición cósmica, que podríam~ d nominar
con cierto aire retórico cata trófica: y la que entiende que el Universo n~
curntra u consistencia y su unidad final en una e\"olncion cll' composición
c~ mira, por complejidad •n la Tran&lt;&gt;fonnación y que bi n puede llama . ,
sin retórica al una, deificante o parúsica. Los sabios que proc den del campo·
de ~a Fí ica prop nden a ~a primera per pectiva. Teilhard se muestra partidano fervoroso y convencido de la resolución optimista. {ás aún, toda 5 u
obra apunta .a ella y esa perspectiva es la dominante y el moti\'o fundamental
de u inspiración.

185

�No estaría del todo entendido, o estaría todo mal entendido, si nue!Jtras
reflexiones y observaciones se restringieran a un fragmento, entre muchos,
de la Materia. La restricción a un fragmento, o lo que es igual, el estudio
de la Materia por fragmentos, es un procedimiento artificial rectificable.
La verdad es que el Uni\.·erso exige una consideración en su totalidad material, en la trama total que lo forma o constituye. L'Etoffe de l'Univers
-dice a la letra Teilhard- ne peut se dechirer. El Universo, la Materia
total, es algo así. como un "átomo" gigantesco. Si se prescinde del Pensamiento,
en el que la Materia se centra y se concentra, la Materia, tomada en su totalidad, es la que forma lo verdaderamente real, que no es posible seccionar,
"leseul réel Insecable" dice Teilhard. La comprehensión de la historia, la
inteligibilidad del lugar que ocupa la Conciencia en el Mundo, sólo se descubre a quienes aciertan a comprender que el Cosmos, en el que el Hombre
se encuentra inscrito y entrañado, está constituído como un Sistema, un
Totum y Quantum. Sistema, Totum y Quantum que responden a las tres
peculiaridades de la Materia: pluralidad, unidad y energía. El circuito, en
el que el cosmos está comprendido, es por lo demás ilimitado, constituyendo
una integridad irrompible. Integridad inviolable, podríamos decir, en un campo asombroso.
El Universo se ofrece como un Sistema, en el que unas partes se integran
en otras o con otras. La ciencia no ha desmentido esta peculiaridad de la Materia, sino que la reafirma cuanto más finos son sus métodos y sus instrumentos. El Universo es como un inmenso bloque unitario.
Una mirada atenta se percata de que esta integración o coordinación es
muy singular. La Materia está compuesta de círculos envolventes, heterogéneos unos respecto de los otros. En sus combinaciones la Materia no se
repite jamás. Las razones del Cosmos se engloban -dice Teilhard- sin
imitarse. La trama o la malla del Universo es el Universo mismo. Pueden
establecerce círculos cada vez más indefinidos o, por vía contraria, cada vez
mejor definibles, pero no cabe pasar de unos a otros por simples cambios de
coeficientes. La trama del universo forma estructuralmente un Todo. La
malla es una y única, tejida siempre siguiendo la "ley de la conciencia y de
la complejidad", a la que dedicará Teilhard cuidadosa atención. Es un tejido
de una sola pieza. O, si se entiende bien, una pieza de un solo tejido.
El Universo es el área de acción de todos y de cada uno de los átomos. El
átomo, no el mundo microscópico y cerrado, sino el centro infinitesimal del
Mundo. Cosa que no puede extrañamos, si se recuerda que la unidad natural del espacio concreto se confunde con la totalidad del Espacio. La
acción de un elemento penetra al mundo entero y le penetra hasta el último
límite. El todo se exprime o expresa en una capacidad global de acción.
Nosotros, cada uno de nosotros, es un resultante de la acción. El Mundo

186

admite ciertamente diversas representaciones e imágenes. No es el caso de
hablar de ellas. Lo cierto es que la Física admite un Quantum de energía,
y que llega incluso a establecer la medida. Habrá que definir este Quantum,
refiriéndolo a un movimiento natural concreto: la Duración.
Teilhard arranca; para sus reflexiones, desde la plataforma de la ciencia
novísima. Tiene muy presente la concepción actual de la Física, que ha logrado establecer ese nuevo concepto fundamental: la Duración. La conciencia humana ha experimentado con el hallazgo de esta idea una tremenda
impresión. Ha revolucionado la ciencia y la conciencia. A este descubrimiento
se ha llegado gracias a la fecundidad científica de un proceso metodológico
en el estudio de lo real, investigándolo en su desarrollo y evolución. Desde
esta perspectiva lo que antes aparecía como puntos, aparece ahora como
"sección" instantánea de fibrns temporales indefinidas. Es lo que Teilhard
denominará la Cosmogénesis, es decir, la peculiaridad de que gozan los elementos de las cosas, y la inmensidad espacial, de retrotraerse hasta un pasado
abismal, y de proseguir hasta un porvenir indefinido, aunque no, por indefinido, indefinible. El espacio: tiempo como categoría principal de lo real;
el espacio hoy -y así fue ayer, y lo será mañana- es un corte en un
"tiempo t" de un tronco enrai1.ado en el pasado más profundo y alargado,
elevándose hacia un porvenir luminoso y sorprendente. El Mundo aparece así
-dice a la letra Teilhard- "commc une masse en cours de transformation".
La materia obedece a la ley biológica de la complejidad o complejificación. La escala atómica, del hidrógeno al uranio, se forma particmdo de una
simplicidad indefinible e inexplicable en términos de naturaleza luminosa.
No tienen figura definible. El proceso evolutivo prosigue avanzando y organizándose por complejidades, apreciable en la composición de núcleos y
electrones. El origen primero, sean cuales fueren las diversas teorías o hipótesis físicas acerca de momentos determinados de la evolución, resulta
siempre un solo tipo corpuscular. El hecho de que no conozcamos el estado
jnicial, no enturbia la ley de la complejificación. Este desconocimiento es
el que nos veda aventurar hipótesis confirmables sobre algunas preguntas que
se formulan los físicos. Las figuras, tiempos y lugares, periodicidad, orden,
etc. de la evolución de los elementos primigenios es '¾lgo que escapa todavía
a la ciencia actual. Lo único cierto es que la Materia. se muestra en estado de
génesis como explicación necesaria y suficiente. Cabe pensar la evolución
como fase de granulaci6n por la que queda constituído el átomo, prosiguiendo por adición, que es como se observa a partir de las moléculas, en que
se aprecia la ley de la complejidad creciente. La transformación de la ma•
teria, la metamorfosis del espacio cósmico, no se origina en cualquier lugar
de él, sino en el centro sideral. Podríamos decir, traduciendo a frases nuestras las expresiones de Teilhard1 que las estrellas son los átomos de hoy, y

187

�que una posible y previsible "estratigrafía" y "química" de los cielos, puede traer la sorpresa científica del comportamiento inicial de los átomos. Aun
dando de mano las posibilidades efectivas de estos descubrimientos, siempre quedará como aproximación el acierto que supone la asociación del átomo
con la estrella, cuando se estudia el límite de la génesis en que aparece el
Espíritu. La Antropogénesis encuentra en esta asociación luz y explicaciones.
Los astros son, en e.xpresión de Teilhard, les laboratoires ou se poursuit, dans
la direction des grosses molécules, l'Euolution de la Matierc.
Esta evolución puede ser mensurada, y estas mediciones permiten el cálculo
de la transformación de la Materia, de su potencia y de sus condiciones.
Nos revelan la micro y la macro estructura del Universo. Son las leyes de la
energía, que Teilhard, para avanzar en su investigación, resume en dos Principios. El primer principio es el de la descompensación, digámoslo así, de la
energía. El Univei;so es un Quantum cerrado que edifica, progresa, evoluciona y se realiza a costa de una destrucción interna equivalente a la inicial.
El segundo es el de la entropía, en virtud de la cual el Quantum energético
del mundo se desgasta en valor equivalente a la potencia que desarrolla.
Aunque esta pérdida se conserve en forma de calor, esta forma de calor no
es capaz de servir para una nueva síntesis, por lo que bien cabe decir, sí lo
que nos interesa es la evolución real, que se pierde. Son, pues, estos dos
principios, los de Conservación y Degradación de la Energía, algo así como
la dramatización del Universo, y los que c.xplican la duración de la realidad
y sus límites adivinables. El impulso original de la Materia se va agotando
en la evolución a medida que asciende y progresa; pero este agotamiento progresivo va unido a una síntesis de combinaciones de los átomos que se eleva
gradualmente. Visto en esta perspectiva cuantitatiua y por fuera -"au
dehors''- la figura del Mundo sería como un cohete que se eleva en las
alas del tiempo, adquiriendo forma más perfecta a medida que se descorteza
y estiliza, "un remous montant au s in d'un courant qui descend".
La verdad es que una culminación de la smtesis de la materia es la vida,
el hombre, cl pensamiento. Esto nos obliga a adentrarnos en la Materia,
tratando de descubrir las relaciones cualitativas -y no sólo las cuantitativasde las cosas en su evQlución. Esta energía cósmica atesora en su interior
una potencialidad capaz de organizar la reaJidad hasta la complejidad y altura a que ha llegado. Es preciso, en una palabra, lograr una explicación
coherente de la totalidad del fenómeno cósmico.

188

LA

MATERIA DESENVUELTA

Una explicación coherente de la totalidad del fenómeno físico requiere
que el original impulso de la materia o del universo sea considerado y atendido como previda. El vocablo que cuadra a esta peculiaridad intrínseca y
fundamental de las cosas es el de existencia. Las determinaciones externas
de los objetos que bastan a la Físico-química para medirlos y conocerlos
son quizás necesarias, pero no son suficientes para dar razón de la interioridad de los objetos, de las cosas o de la materia.
Teilhard no llega a esta afirmación desde un apriorismo metafísico, ni
desde un conceptualismo abstracto, sino que se ha sentido .forzado a esta
afirmación en virtud del proceso lógico de la ciencia. Cuanto más fina y
"científica" es la observación y Ja experimentación, más claramente aparece
el "interior" de la materia como una existencia, como una energía profunda
y anímica, imperceptible bajo la corteza, pero que la duración permite intuir
como explicación satisfactoria desde el momento que se llega al Mundo de
las plantas. El "interior del hombre" depone, descendiendo en la evolución,
en favor de un "interior de la materia". El psiquismo, la conciencia, el animismo, es la base de la construcción del U ni verso.
Teilhard hace una enumeración rapícw irna, pero esclarecedora, de los progresos de la ciencia en sus descubcimientos, que le autorizan a formular sus
principios. El gran descubrimiento son las sustancias radioactivas. En el más
hondo y tenebroso salón de la naturaleza la velocidad, la irradiación, el
mo\·iluiento alientan, aunque Jos ojos o los microscopios no penetren en él
hasta esas profundidades. Es la misma materia la que se encarga de manifestarlo en etapas sucesivas y lentísimas de su evolución. El Universo no se
explica, y sobre todo no se construye, sin la conciencia inmanente. El caso
del hombre no es lo e.xcepcional, sino la manifestación evolutiva de lo universal en el tiempo. El hombre no es un caso aislado y aislante en la naturaleza, sino el caso de extensión cósmica que arranca desde las iniciales de
la materia y se prolonga evolutivamente. Estas conclusiones, lejos de ser un
fruto de la imaginación, son las que invalidan las imaginaciones que elabora
la ciencia, cuando sólo atiende y considera la cara externa de las cosas o el
anverso de la materia. El reverso del mundo es biológico, por más que ese
núcleo biológico sea mmimo y punto menos que inapresable intelectualmente.
La controversia entre espiritualistas y materialistas carece ya de sentido -en
la concepción teilhardiana- no porque se destruya uno de los términos, sino
porque queda superada en el reconocimiento de las dos caras que presenta la
Materia. El interior de las cosas se rige y crece por leyes cualitativas que no
entorpecen las leyes cuantitativas con las que se mide el exterior de ellas.

189

�La explicación mecanicista de la naturaleza no queda comprometida con el
reconocimiento de un fondo viviente o previviente de la Materia; pero tampoco la previda de todo cuerpo, de toda masa, de todo movimiento de la
materia compromete la e&gt;..-plicación mecanicista de la ciencia física actual. La
vida, en forma rudimentaria, invisible e imperceptible, se esconde en las
profundidades de la materia, a las que no tiene acceso directo la bioquímica
hoy; pero la bioquímica de hoy, si usa de lógica elemental científica al afirmar lo que sabe, entiende fácilmente que la vida no es una excepcionalidad
de la materia o en ella, sino lo apreciable en las plantas de lo que es invisible en los minerales.
Si nos adentramos de la mano de Teilbard, en el interior de los objetos,
sin pretensiones metafísicas ni ontológicas de ningún género, sino únicamente
para observar las sucesiones ~-perimentales en cadena, pronto nos percatamos de que: a) el interior y el exterior de las cosas -lo que llaman el
Dentro y el Fuera de ellas-- gozan de una propiedad común que es el atomismo; b) la conciencia desaparece en la noche de que parte la evolución., a
la vez que se hace necesario contar con ella para explicar los grados de la
evolución misma; c) la centreidad consciente, o perfección espiritual, y la
complejidad externa, o síntesis material, son dos caras conexas de un mismo
fenómeno, o como si dijéramos el anverso y reverso del fenómeno. En una
palabra, el Universo obedece a una "Ley de complejidad y de Conciencia"
que es la que impone la estructura y la curvatura, psíquicamente conveJ'.gentes, del Mundo. Es una especie de lucha entre lo múltiple unificado (algo
así como la Conciencia consciente) y la Multitud no organizada ( que podriamos denominar conciencia preconsciente) . Serían como las conexiones cualitativas del crecimiento o desanollo del Universo. En su estado inicial la
previda se manifiesta como un polvo de partículas, que parecen iguales entre
sí, coextensivas unas a otras y a la totalidad del Universo, ligadas por una
energía. Cierto que no se puede pasar de la cara externa del Mundo a la
interna, sin que la conciencia o el psiquismo elemental aparezca, pero no
menos cierto que las dos caras se corresponden en las profundidades iniciales
de la materia. Esta condición es la llamada por Teilhard el atomismo de
las Cosas.
Los elementos de la Materia van diferenciando su naturaleza y complicándola. Esta característica es la que permite hablar de la Conciencia como
propiedad cósmica de magnitud variable, sometida a una transformación global. En los estados iniciales, vagos, distendidos, primarios, no se observa; en
los superiores, concentrados, diferenciados y complejos, sí. A la conciencia
más desarrollada corresponde un armazón más rico, más complejo y mejor
ordenado. Podemos distinguir ya en il la posición, cara externa, y el movimiento, cara interna, del Mundo. La conciencia se manifiesta en las cons-

190

trucciones materiales más perfectas, y son los armazones mejor organizados
y complejos los que manifiestan la conciencia más perfecta y fina, sin que
elJo desvirtúe el hecho de la inmensa complejidad del más simple protoplasma.
El proceso es, pues, el siguiente: invisibilidad (-no indivisibilidad, que
dice la desdichada versión española de "Revista de Occidente"-) del centro de
la materia cósmica, aparición "del dentro" de la materia, manifestación "del
dentro" de la materia como conciencia, dominio de la conciencia en los universos parciales y en el Universo global, enseñoreándose del fuera de las
cosas. La razón de este proceso se explica teniendo en cuenta la pobreza, debilidad y simplicidad de los centros de conciencia en los estados alfa de la
evolución, y la indiyjdualidad, fuerza, riqueza y complejidad de Jos estados
x, y, y omega de los estados o esferas sucesivas de la evolución. Los estados
primeros están regulados matemáticamente por las leyes estadísticas, y no
escapan a la física y química; los estados superiores entran en el dominio
de la biología. El Universo es un inmenso mecanismo de concentraciones
psíquicas, ocultas a causa de la división e imperfección de su estado primario,
pero que se libera a medida que se desata la energía que late en su construcción.

LA

ANIMACIÓN DE LA MATERIA

De la naturaleza forma parte el hombre. Sobre ello no parece que quepa
discusión razonable. La discrepancia podrá comenzar cuando se estudia el
cómo, en qué grado y hasta qué punto. Pero este estudio habrá que basado
en lo que la naturaleza permita, y no en abstracciones apriorísticas o en
conceptualizaciones vanas.
La "energía espiritual" es una noción familiar, inesquivable, pero científicamente oscura. Tan oscura que ha sido eliminada de la cara material de
la natura1eza y ha sido considerada como la fuerza de la existencia psíquica.
La división entre cuerpo y alma se ha fundamentado cabalmente en la ausencia y presencia de la energía espiritual. Teilhard de Chardin estima que una
ciencia integral de la NaturaJeza ha de insistir de nuevo en la originalidad
de la energía espiritual de la Naturaleza, por si desde ella se explicara suficientemente la realidad en sus dos m2nifestacionesl la interior y la exterior&gt;
la de dentro y la de fuera.
Teilhard recuITe a un aforismo muy significativo y sugerente, de estructura literaria cartesiana: Pour penser, il faut manger; para pensar hay que
comer. Es una fórmula, si se quiere, brutal, pero exacta, deprimente y magnífica. Por un lado el pensamiento depende de la materia; por otro la ma-

191

�teria permite y consiente la actividad espiritual del pensanúento. Pero, por
muy seductora que aparezca la idea, no puede adnútirse sin más que las dos
energías, la espiritual y la material, la psíquica y la mecánica, surjan por
un cambio de forma o por una transformación directa. El hecho de que para
pensar haya que comer, no puede llevarnos a ,la c,o~clusión, de ,que ,los valores espirituales se correspondan con las energias f1sicas. Mas aun, solo una
fracción ínfima de Enerofa física se utiliza para los más excelsos desarrollos
de la Ene-rgía espiritual. 0 Y esta utilización y su orientación es _independiente
0 inesperada. No se da un equivalente mecánico del Pensarrue~to o ~e la
Voluntad, dice Teilhard. Las dependencias observables no autonzan ru una
diversidad infranqueable, ni una unidad física o mecánica.
El problema de las dos energías lo resuelve Teilhard con la admisión de
una única energía de natúraleza psíquica. Lo que acontece es que ésta única
energía goza de dos componentes diversos en cada elemento particular: u~o,
al que llama energía tangencial, y otro energía radial. La en~~ía tangenc1~l
es la que localiza a cada elemento en el cosmos, la que le s1rua en el Uruverso, la que le especifica en su orden; la radial es la que desplie~a desde
sí mismo, la que le centrífuga hacia un estado de mayor comple11dad, de
más elevada progresión y más profunda interiori1,ación. La energía tangencial se somete a la física, sus efec.tos son mecánicos, su centralización es más
material· su radialidad es tanto menos fuerte cuanto más poderosa sea su
'
, .
energía tangencial. Cuando la energía radial es podero~a, cuanto mas mt~riorización presente el elemento en sus pattículas, tanto mas fuerte es la energ1a
radial, y menos visible se manifiesta la energía ~gencia1. El á_tom~, ~?r
ejemplo, presenta una especie de energía tangencral d~ .gran madiao~n
-pero escasamente radial-; el hombre, en cambio, manif1esta otra ~~ae
de energía tangencial, llamada por Teilhard d'arrangemenl, pero de maxuno
val01· radial.
La energía tangencial libre permite la asociación de cada partícul~ con las
de otros elementos, contribuyendo a la evolución y al acrecentamiento del
valor de la energía radial. El valor de la energía radial no sólo no depende
del valor de la energía tangencial, sino que el máximo radial puede estar
ligado a un mínimo tangencial. La razón es sencilla, si se átiende a que es
la ordenación -l'arrangement- la que opera la variación progresiva de la
intercomunicación de las energías. Las energías tangenciales de irradiación,
no radiales, pueden permanecer estadísticamente invariables, pero ell~ no
obsta para que las energías de interiorización --de arrangement- radiales,
no queden sometidas a la Ley de Conservación de ~a Energía del, Mun~o.
Lo que sucede es que a la Física la escapa el estudio de 1~ energ1a ~e rnteriorización radial, y se contenta con el estudio de la energ1a tangencial de
irradiación O exteriorización. El "quantum" de energía tangencial libre, que

192

es el que permite y consiente el despliegue progresivo de la interiorización
de la Naturaleza, de acuerdo con la ord®ación originaria cósmica, se encuentra sometido a la entropía, agotándose gradualmente, en los varios estudios de concentración de energía radial.
Aún siendo así, la cuestión no está por eso resuelta, sino simplemente
enunciada. Teilhard entiende que habrá que responder a tres problemas, por
lo menos:
1) ¿ Qué energía especial es la que hace que el Universo se propague, girando sobre un eje principal, en la dirección menos probable de formas
más elevadas de complejidad y de entrañamicnto?
2) ¿Habrá un límite y un término correspondiente al valor elemental y a
la suma total de las energías radiales desarrolladas en el curso de la
transformaci6n?
3) Si se _llegara a ese !~te, en forma última resultante ¿se desintegraría
revers1blemente un d1a, como exige la Entropía, hasta retrotraerse indefiniblemcnte a los centros previvientes y primarios materiales cediendo a la nivelación de la energía libre tangencial contenida en
sucesivos desarrollos del Universo de donde ha surgido, terminando por
agotarse?

ios

A estas preguntas sólo se podrá responder cuando el hombre haya alcanzado su grado más excelso y profundo, su punto omega.
El planeta Tierra en el que vivimos, y el único que, hoy por hoy, nos es
dado conocer más directamente y con ciertas seguridades y certidumbre
es un astro desgajad~ de la superficie del sol. Lo único que parece que pued~
afi~marse es. que la tierra no es un planeta que tomara su figura y su singul~ndad en vrrtud de una evo~ución estelar, en un proceso regular de desarrollo,
smo por obra de un rozarmento de estrellas, de una ruptura interna O de
esos nudos y vientres que nacen en el seno de una nebulosa de polvo cósmico
fl?tant~ alrededor de cada estrella. El planeta Tierra queda situado a una
distancia del sol que le permite sentir la radiación de intensidad media.
La temperatura de la tierra recién nacida permite la existencia de elementos
o sustancias complejos; cosa no posible en las temperaturas extremas de las
est~ellas o astros incandescentes. La tierra es un planeta que admite )a sínteSIS de sus elementos. Teilhard reduce las zonas de la Tiena a cinco: Barisfera, Litósfera, Hidrósfera, Atmósfera, Estratósfera. La Geoquímica se ha
desarrollado sobre la base de estas cinco zonas fundamentales.
El llamado Mundo Universal, en su variedad, es el resultado de la exhalación y liberación primaria de la energía terrestre. Los óxidos fundamentales (sílice, agua, gas carbónico) se forman quemando y neutralizando Jas

193

�afinidades de sus elementos, bien pobres por cierto. Las especies minerales
se reúnen y encadenan sin fusión interna ni transformación real, reduciendo
su "biología" a lo que la estructura original permite a sus moléculas: permanecer en sí mismas sin romper su arquitectura formal nativa, sin capacidad
de aumentar. La ti~rra cristaliza -y no toda-; mosaico indefinido de pequeños elementos, que nos ha sido revelado por los rayos X. Mientras tanto~
una energía quedaba libre, la desprendida de los elementos terrestres en su
cristalización, aumentada por la que proporcionaba la descomposición atómica de las sustancias radioactivas y por la facilitada por los rayos solares.
Esta energía disponible de la Tierra se repliega sobre sí misma en una obra
de síntesis, edificando compuestos carbónicos, bidrogenados o hidratos, nitrogenados. Es una especie de polimerización, en sentido amplio, y no restrictivamente químico, en virtud de la cual las moléculas se agrupan en
asociaciones unitarias, cada vez mayores y más complejas.
Quimismo mineral y quinúsmo orgánico no son dos funciones de una misma operación telúrica total. Son dos aspectos inseparables, no dos funciones
distintas y diversas separables o independientes. Todo lo que la Evolución
presenta como distinto o distinguible ha existido en unidad primaria y elemental, originaria, en el Mundo. En la Primavera de la Tierra latían las
cuatro estaciones, podríamos decir, interpretando a Teilhard. También la vida;
también el Hombre. La frase de Teilhard es taxativa: Si, des le premier instant ou il etait possible, l'organique ne s'etait pas mis a exister su-r Terre, jamais plus tard il n'aurait commencé. Sobre la Batísfera metálica, la Litósfera
de silicatos, la Hi.drósfera y la Atmósfera, se alineaba y flotaba, como una antítesis de esas cuatro zonas, la zona templada de la polimerización bañada
por los rayos solares: Agua, Amoniaco, Acido carbónico.
Esta descripción hay que completarla con las consideraciones surgidas por
la reflexión. La Tierra, en su origen, en su estructura qwmica primordial,
en su entraña, en su totalidad sideral aislada, atesora el quantum primitivo,
esencialmente elástico, para que de él surgiera, en cantidad definida, todo
lo que la evolución ha puesto de maniliesto. También, como es obvio, la
previda y la Vida. Dos le)'es, complementarias entre sí, nos lo aclaran. Una:
la Energía espiritual, que crece en valor radial en el grado en que se acrecienta la complejidad química de los elementos. Segunda: la complejidad
química de la Tierra, que se acrecienta en la zona en que los elementos se
polimerizan. La Previda surge cuando despiertan las fuerzas de síntesis incluídas en la Materia, creciendo y ascendiendo la tensión de libertad internas.
En la inmensa muchedumbre de partículas, con un polvo ultramicroscópico de proteínas que se va depositando sobre la superficie de la Tierra, alienta como sustrato íntimo y profundo de su sustancia el germen prevital y el
primordial de las conciencias. Es una dinámica de doble efecto conjugado:

el aumento en síntesis de las moléculas que permite el acrecentamiento de
las libertades elementales, y el enrollamiento de la sustancia de 1a Tierra
sobre sí misma. Es como el entrañamiento de ]a molécula en sí misma, y
el del planeta también sobre sí mismo. El quanturo inicial de conciencia, contenido en nuestro Mundo terrestre, no obedece a un agregado de parcelas,
como advierte oportunamente Teilhard, sino que representa una masa solidaria de centros infinitesimales, ligados entre sí por sus condiciones de origen
y desarrollo.
La Tierra, que no ha nacido por una evolución lógica o natural, queda, una
vez nacida, sometida a una evolución dirigida desde dentro, formando un
todo orgánico que se organiza, sin que sea posible disociar los elementos que
se integran. La unidad Tierra se descubre como una Pre-biósfera. Y un día,
al cabo de millones de días, resplandece la Vida. Eso maravilloso, terrible y
sublime que es la vida.

,,

194
195

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Abstracción</name>
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                    <text>Al ver en esta perspectiva la unidad de la lengua y su futuro en todos
los países de habla hispánica, Unamuno llegó a crear el nuevo concepto de
lo que él llama "sobrecastellano", una lengua "en constante evolución, gracias justamente a la colaboración de sus hablantes de todo origen y latitud" .33
Terminamos estos breves apuntes sobre Unamuno y la lengua con un texto que creemos fundamental para la comprensión de su filosofía del lenguaje y que, además, nos expone en forma completa su actitud ante la lengua, instrumento de su vida y de su acción:
"Un idioma -'idioma', originariamente, quiere decir propiedad- ,
un idioma de habla es una raíz, más que depósito, de tradiciones, y lleva eµ sí una vi#ón y una audición del universo mundq, una concepción de la vida y del destino humano, un arte, una filosofía, y hasta
una religión. No sólo se imagina, sino que se. piensa, se sueña y se
siente en un idioma de habla popular. Cuando el Evangelio dice que
el Verbo, la Palabra, lo hizo todo, que en él estaba la vida y que la
vida era luz de los hombres, expresa la concepción -mejor conceptuación- histórica de la historia. Las ideas brotan de las palabras, que
no éstas de aquéllas. Idea quiere decir, en su sentido original y originario, visión. Y palabra, 'parábola', es curva de son que va en soplo, en
espíritu. Y cuando se respiran visiones, cuando se les da vida espiritual,
es con palabras. Bien dice la teología católica romana que el Espíritu
Santo procede del Padre y del Verbo. La visi6n, el ideal del universo,
surge para cada ptleblo en su idioma verbal. En metáforas, estibadas
a peso de siglos, hechas ya expresiones inmediatas y espontáneas, está
la raigambre de la filosofía de cada pueblo. Hasta nuestra concepción
de Dios, del Sumo Creador, que creamos a nuestra imagen y semejanza sus criaturas y creadores, la pensamos, la soñamos más bien, en nuestra habla. Y por algo se dice: 'Santificado sea el Tu nombre'. Su nombre, que es, en nuestro espíritu, su esencia, sea cual fuere su existencia". 84

The Colorado College
Colorado Springs, Colo.

loe. cit., p. 61.
.. "Comunidad de la lengua hispánica" en conferencia radiada a América en 1935
e inchúda en eJ libro Diez maestros, Buenos Aires, 1935. pp. 23-39 y en Obras completas, vol. VI, p. 951.
.. :MANUEL GARCÍA BLANCO,

356

Sección Tercera

HISTORIA

�EL MUNICIPIO DE LOS RAMO ES, NUEVO LEó
ISRAEL

CAvAZos

Universidad de

GARZA

uevo León

TooAS LAS CITAS HISTÓRICAS referentes al origen de la villa de los Ramones, coinciden en señalar como su fundador a don Plácido Rodríguez Vaca,
situando el hecho en el último tercio del siglo XVIII, sin precisar el año.
Fue, efectivamente, don Plácido el fundador del 1ugar, pero existen referencias a sucesos de cien o más años anteriores, y que hasta ahora no han
sido comentados.
El Jugar en que actualmente se halla la cabecera municipal de los Ramones, forma parte de lo que constituyó la primitiva merced de tierras otorgada a favor del alférez José Ochoa de Elejalde. Esta merced comprendía tres
caballerías de tierra y un sitio de ganado mayor, con saca de agua, " ... abajo de la punta de la sierra de Papagayos, de la otra banda del río de la Pesquería ..."; lindando por el sur con el camino de Monterrey a la villa de Cerralvo. Fue autorizada por el gobemador don Agustín de Echeverz y Subiza,
marqués de San Miguel de Aguayo, el 27 de agosto de 1687.1
No hay constancias de que estas tierras hayan sido pobladas por Ochoa de
Elejalde, y sólo se sabe que, a la muerte de éste, en 1708, pasaron a ser de
doña Teresa de Medina Cortés, su viuda, a quien correspondieron en sucesión como bienes dotales. Y fue ella quien, el 3 de abril de 1709, vendió en
180 pesos al alférez Marcos Flores, vecino del real de San Pedro de Boca de
Leones. La escritura pasó ante el sargento mayor Pedro Guajardo, alcalde
ordinario de Monterrey. 2
' MS. Testimonio de la merced en la demanda de Doña Antonia Sánchez de la
:Barrera contra José López de Jaén. Archivo Municipal de Monterrey, Civi, Vol. 74,
Exp. 4.
• MS. Escritura en Archivo Municipal de Monterrey, Protocolos, Vol. 9, Fol. 147 v.,
No. 41.

359

�Los Rodríguez Vaca

cía", hizo puentes, estableció rancho y se apropió, en fin, de las tierras; por
lo que pidió ser amparada.
López de Jaén era colindante en la frontera de las Tablas y poblador desde nueve años atrás; poseyendo, además, demasías desde el paso de Santa Fe
hasta el paso Hondo.

Tampoco hay noticias de que el a!Iérez Marcos de Treviño haya logrado
poblar. A su muerte, el capitán Diego de Hinojosa, vecino de Cerralvo, se
mostró vivamente interesado en adquirir estas tierras. Entró en tratos al respecto con doña María Rosa Gutiérrez, 1a viuda, y hasta alcanzó a entregarle
a cuenta 117 pesos; pero pasaron ocho años sin que volviera a entregarle
cantidad alguna. Doña Rosa, entonces, decidió venderlas en 200 pesos al
capitán Juan Rodríguez Vaca, vecino de Cadereyta, con el compromiso de
que éste reintegrara a Hinojosa lo que le tenía dado.
Esta nueva escritura fue firmada en Boca de Leones el 4 de julio de 1739,
ante Pedro González de Paredes, cabo comandante de los soldados de dicho
real y teniente de alcalde mayor, por ausencia del propietario don Alonso Ignacio de Aragón y Avollado. 3
Para entonces se trataba ya de mayor extensión, puesto que,, además de
las tres caballerías y un sitio, en documentos de la época se mencionan otro
sitio de ganado mayor y uno de menor, " ... abajo del cerro, en el paso del
Becerro".
Juan Rodríguez Vaca "Jas pobló con sus ganados y caballada" y a su
muerte, acaecida hacia 1745, Antonia Sánchez de la Barrera, su viuda, continuó pastando en el1as sus ganados y arrendándolas.
En uoa información antigua, existente en el Archivo Municipal de Monterrey, hemos encontrado una declaración hecha en San Juan del Río, Querétaro, el 27 de junio de 1705, en la que Juan Rodríguez Vaca manifiesta
ser "de setenta años, español, vecino de este pueblo, quien lleva a comer las
ovejas de la hacienda de don Francisco de la Peña que entran al reino (de
Le6n) desde hace cuarenta años". Por su edad, sin embargo, pudiera tratarse del padre. 4

En la aclaración de linderos hecha en este pleito, figura el célebre y pintoresco don Antonio Ladrón de Guevara, quien ostentaba el largo y pomposo
título de sargento mayor de las fronteras y conquistas del Nuevo Reino de
León y juez comisario por el Juzgado Privativo de Tierras y Aguas Baldias
y Realengas.
Ladrón de Guevara (y de otras cosas) certifica que conoce a López de
Jaén desde hace catorce años; y que siempre ha estado pronto "con sus armas y caballos y municione~ de boca y guerra". Expresa también que "con sus
deudos ha mantenido el pueblo, donde han combatido los indios, matando y
quemando pueblos... y haciendo cautivos que rescataron luego José y Pedro
López de Jaén ... a su costa .. y los echaron, y poblaron en la Punta, permitiendo el libre tránsito. Y asimismo me consta que el capitán José Lóp•ez de
Jaén tiene todo el cuerpo pasado a flechazos que le han dado en funciones; y
que él y sus hermanos han tenido a su cargo el mando político y militar de esta
frontera ... , por ser de probada conducta, valor y circunstancias, dignos de
que se les honre ..."
Con ínfulas de una autoridad de que carecía, Ladrón de Guevara metió
a López de Jaén en posesión de estas tierras, y concluye su ]arga certificación requiriendo a las justicias " . ..para que no se le inquiete en sus linderos, por convenir a la población. . . y que se mantenga como hombre tan
experimentado"; bajo pena de un mil pesos y multa de doscientos; los primeros por su real título y los segundos por despacho auxiliatorio; más privación de oficio y otros doscientos pesos, por comisión del gobemador. 5

Dificultades

Don Plácido

Muerto Rodríguez Vaca, se ve su familia en serias dificultades. En 1745,
doña Antonia promueve demanda contra José López de Jaén, vecino de las
Tablas, quien abusando del arrendamiento y sin pagarle, "como antes lo ha-

Uno de los hijos mayores de don Juan, don Francisco Plácido Rodríguez
Va~ intervino con gran decisión en el pleito. Independientemente de todas
las informaciones testimoniales, documentos, etc., es tradición en el pueblo
que, aparejando su recua y aviándola lo mejor posible, y provisto de unas cuantas talegas de pesos, emprendió viaje a México, en busca de un fallo favorable.
Y lo consiguió, porque en el expediente del litigio obseivamos que López de

• Demanda, citada en la nota 1.
• MS. Declaración, en lnformaci6n levantada a petición del capitán Luis García de
Pruneda, vecino del valle del Pilón, en el Nueuo Reino de Le6n, sobre perjuicios
que le ocasionan. . . en sitios que fueron del capitán Luis de Zúñiga. Archivo Municipal de Monterrey, Protocolos, Vol. VIII, No. 114, Fol. 383 v.

360

• Demanda, citada en la nota 1.

361

�Jaén acabó por reconocer la propiedad y aún el haber sido arrendatario sin
más titulo que el que le dieron los pastores y Ladrón de Guevam.
El gobernador Pedro de Barrio, en auto de 25 de enero de 1746, ordenó
librarse amparo para lo.s herederos de doña Antonia y de despojo para López
de Jaén; declarando, además, que Ladrón de Guevara tenía comisión muy
distinta Librado el amparo, se ordenó por otra parte al alcalde de Cadereyta, Pedro Regalado de Escamilla, notificarlo a López de Jaén, para que dentro de nueve días dejara libres las tierras. As1 lo hizo el alcalde el 31 de enero,
en el paso del Becerro, procediendo en seguida a dar posesión a don Plácido,
a quien, conforme a la práctica legal antiquísima, " .. Jo paseó, regó la tierra
y arrancó hierbas"; reconociéndose como suyas " .. . desde la punta del ce-rro, río abajo, hasta llegar al lindero de los Hinojosas, al paso Hondo; y al
norte hasta los linderos de los Guajardos".6
De todo ello se deduce, primero, que José López de Jaén, aunque ilícitamente, alcanzó a establecer rancho; segundo, que doña Antonia Sánchez de
la Barrera murió en 1745, sin ver concluido el pleito; y tercero que don
Francisco Plácido Rodríguez tomó a su cargo el litigio y rescató las tierras,
de las cuales, indudablemente por ello o por convenio con los demás herederos, quedó constituido, sin oposición de éstos, en suc~r.
Don Francisco Plácido era, para entonces, casado. Había contraído primeras nupcias en la parroquia de Cadereyta el 26 de noviembre de 1743,
con doña Margarita de los Ríos. Es indudable que este litigio haya dado origen al establecimiento del rancho en forma definitiva, hecho que podemos
situar entre 1746 y 1750.
San José del Capadero

Poblado el rancho, observamos que es llamado San José del Capadero. Y
su dueño logra ensanchar la propiedad con Ja adquisición de diez sitios
de ganado mayor y menor, llamados Charco de la Vaca y Cerrito Colorado,
o comúnmente de las Tablas, en jurisdicción de Cerralvo, por compra hecha a los herederos del general Luis García de Pruneda.
Fue la de don Plácido una familia numerosa. De su matrimonio con doña
Margarita nacieron nueve hijos. Casado por segunda vez con doña ManueJa Leal de León, originaria también de Cadereyta, hubieron una sola lrija; y
de su tercer matrimonio con doña Ana María Rodríguez de Montemayor,
del valle del Huajuc.o, nacieron ocho hijos; de suerte que fueron en total
dieciocho, tres de los cuales murieron en edad pueril.
• Ibid.

362

Para conocer más a fondo la familia así como el estado del rancho, nos
queda un documento sumamente valioso, el testamento del fundador. Sintiéndose enfermo, lo otorga el 25 de octubre de, 1787, a fin de disponer sus
cosas temporales y eternas.7
Entre sus bienes, además de los ya mencionados, figura una casita de
adobe, en Cadereyta, y además dos pedazos de labor., uno en el Cercado y
otro en los Rodríguez, del valle del Huajuco, donde tenía molino de caña.
Al iniciar don Plácido, con su primer matrimonio, la formación de su fa.
milia, sólo tenía trescientas cabras, dos atajos de yeguas, diez caballos, diez
vacas y su ajuar de montar. Doña Margarita, su mujer, había llevado en dote un colchón, dos sábanas, dos almohadas, una caja, un metate, una yegua,
cinco cabras y cinco ovejas.
Como buen cristiano, dispone en su testamento se digan cien mi.sas por su
ánima en el Altar del Perdón, de la catedral de México. Deja cien cabras y
cien ovejas de vientre para que, con su renta, se le digan misas en Cerralvo;
más ciento cincuenta cabras para misas a las Benditas. Animas. Para la fiesta anual al Patriarca Señor San José, patrono del valle, deja cincuenta cabras,
al cuidado del bachiller Juan José de la Gana; y pide, finalmente, ser sepultado en la parroquia de Cerralvo, "bajo la humildad de tercero de San
Francisco".
Era don Plácido hombre de carácter, y por otra parte, uno de los personajes
típicos del noreste de Méxic.o. Entre sus bienes figuran cuatro caballos de su
uso, tres silJas bordadas y su ajuar de montar, escopeta y espada.
Su muerte debe haber acaecido por el mes de noviembre de 1787.
Los inventarios fueron practicados en julio del año siguiente, realizándolos, por comisión del Gobierno, don José Froilán de Mier Nori€ga. Es interesante obseivar que el rancho había progresado. Con solidez de fortaleza, tenía la casa de terrado, de piedra y mezcla, con su cancel de madera; además
de la cocina, "cercada de tablas y techo de cáscara".
El ganado se había multiplicado y existían 2',950 cabras, 1,250 ovejas, 2
reses, 19 vacas, 35 caballos, 12 potros, 48 yeguas y 69 mulas. Poseía, adem·ás,
don Plácido, algunos bienes importantes en Cadereyta y en el valle del
Huajuco.
Hecho el avalúo por don Manuel de Sada, regidor perpetuo de Monterrey
y contador de menores y juez de albaceazgos, ascendió a 6,358 pesos 7 reales. Deducidos 495 pesos de lo,s gastos de entierro, cera, bayeta para los lutos, misas, mandas, etc., se hizo el reparto entre José, Francisco, Juan José,
• MS. Testamento e inventarios .•. Archivo Municipal de Monterrey, Civil, Vol.
134, Exp. 20.

363

�José Manuel, José Ignacio, José Antonio, José Cristóbal, María Manuela,
María Guadalupe, José Rafael, Mariana Rita, María Josefa, Juan Pascasio,
María Trinidad y María Gertrudis Rodríguez, tocaron 237 pesos 7 reales 9
granos a cada uno. 8
El Valle de los Ramones

El núcleo pastoril formado al abrigo de aquel hombre generoso, fue cobrando vida, merced al incremento, cada vez más importante, de la cria de
ganados mayores y menores.
Consumada la Independencia e iniciada la vida institucional de Nuevo
León, la Honorable Junta Departamental del Estado resolvió, en sesión del
16 de abril de 1831, otorgar al rancho del Capadero categoría de valle, con
el nombre de San José de Los Ramones.
Esta jerarquía política de valle, seguía los mismos lineamientos de las antiguas Leyes de Indias, que concedían a este tipo de lugares un juez subdelegado, dependiente de la villa española: inmediata en el gobierno de la provincia.
La disposición que dio lugar a tal privilegio, expresa que se le impone ese
nombre en memoria de los dos ilustres nuevoleoneses Juan Ignacio y Buenaventura Ramón, fusilados en Chihuahua, en consorcio de las primeras víctimas.
Efectivamente, ambos caudillos abrazan con fervor la causa insurgente.
Don Juan Ignacio es, desde luego, figura más relevante. He aquí algunos datos acerca de su vida.
Nacido en Lampazos, en 1753, sentó plaza como soldado de la Compañía
Presidia! de la Babia, el 30 de abril de 1774. Ascendido a sargento de la
misma compañía el 29 de junio de 1779, le fue conferido el grado de alférez de la Compañía de Saltillo, el 2 de junio de 1784. Pasó posteriormente a
servir a las compañías Primera y Segunda Volantes del Nuevo Reino de
León, con las cuales participó en seis campañas generales contra los indios y
en varias "corredurías", y fue herido en tres ocasiones. Su hoja de servicio
señala entre sus atributos: "valor acreditado, aplicación conocida, capacidad regular, conducta buena, y desempeña con esmero los asuntos que se
ponen a su cuidado". Ascendido a primer teniente en octubre de 1791, ocupó, al año siguiente, la comandancia en la Compañía de Lampazos. 9
• !bid.

R. Au.1.ADA. Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Chihua,.
huenses. Segunda .Edición. (lnédüa).
• FRANCISCO

364

En las postrimerías del XVIII, 1797, figura como teniente de gobernador
subdelegado en la Punta de Lampazos, real de la Iguana y su jurisdicc:,.ón; y
en los albores del siglo XIX, era capitán graduado de la Segunda Compañía Veterana de Lampazos.
En octubre de 1810, al sobrevenir la guerra de Independencia, y al salir
don Pedro de Herrera y Leiva a San Luis Potosí, sustituyó a éste como segundo comandante. Llamado por el gobernador Santamaría para disponer
la defensa del reino, pasó a Monterrey y en una corta ausencia de éste, quedó
en su lugar en d gobierno y comandancia militar, a partir del 10 de noviembre.
Recibida la noticia de la ocupación de San Luis Potosí por los insurgente&amp;, convocó al Ayuntamiento el día 15, acordándose llamar a Santamaría.
En la misma junta nombró a Domingo Narciso de Allende, subdelegado de
la Mota, para reforzar la boca del Pilón y cañón de Santa Rosa, en el sur, y
solicitó asimismo el auxilio económico del Venerable Cabildo Eclesiástico.1.0
Vuelto Santamar:a, comisionó a Juan Ignacio Ramón para reconocer y
precaver la introducción de los insurgentes por el sur, sustituyendo a Do.
mingo Narciso de Allende, quien había muerto en campaña. Juan Ignacio
Ramón se apostó con una pequeña fuerza en Labradores. Desde ahí, impuso
periódicamente al gobernador, de las actividades de Mariano Jiménez, que se
haUaba en Matehua]a, y de cuyos movimientos recibía frecuentes informes
procedentes de las haciendas de Soledad y Albercones.
Poco después pasó Ramón a Pablillo. Inspeccionó las entradas y los Jí.
rnites de la colonia del Nuevo Santander, hasta Vacas., ocupada por los insurgentes, que habían sacado caballada de Albercones, Canelo, Cedral, Raíces,
Santo Domingo y Lobos.
El 19 de diciembre de 1810, le escribió Pedro de Aranda, comandante del
ejército insurgente, invitándole a unirse a ellos; Ramón remitió al gobernador Santamaría este escrito, pero no la respuesta, "por no retardar llegue ésta a sus superiores oídos".
En sus cartas a Santa María, existentes en el Ardúvo General del Estado,
en Monterrey, y publicadas por el Dr. José Eleuterio Gomález,n comunica
el peligro en que se halla por la superioridad del enemigo y del pueblo que
pertenece a las haciendas, "cuyos amos andan en la insurgencia". Y como que
duda al decir: " .. .pareee incomprensible el sistema de estos hombres; pero
ya a mí no se me oscurece respecto de lo que se está observando, que al nativo
del país en nada se le falta, al europeo que se presenta y justifica su honradez,
MS. Ac.tas de Cabildo. Archivo Municipal de Monterrey.
Colección áe Noticias y Documentos para la Historia de Nuevo León. Monterrey,
1867.
1•

11

365

�no se le mueve, queda excento de toda reposición. Conque la prudencia de
v. dirá sobre el particular" .12
Al preguntar oficial.mente a Jiménez la causa que persiguen, éste le contesta categóricamente, en carta de 25 de diciembre: ''mantener independiente
nuestro patrio suelo"; haciéndole una larga explicación y acabando por invitarle a unirse, diciendo: 1' •• . si V. señor comandante, me hiciera la justicia
de dar firme ascenso a cuanto tengo dispuesto, y en virtud de ello tuviese a
bien reunir sus fuerzas con las mías, para recoger a todo europeo y separar los
buenos y los malos, contaré esta conquista por una de las más gloriosas de mi
expedición y su mérito brillará ante los ojos de la Nación".13
Ya para el 31 de diciembre, Juan Ignacio Ramón había pasado a la insurgencia. Es posible que haya asistido a la batalla de Aguanueva y entrado a
Saltillo el 8 de enero de 1811. El gobernador Santamarla, enterado de esta derrota, salió de Monterrey rumbo al Pilón, donde licenci6 sus fuenas y se unió
también a la causa.
Ramón, entretanto, estuvo nuevamente en Monterrey el 15 de enero, en
compañía de los brigadieres Carrasco y Camargo, emisarios de Hidalgo, debiéndose a él el que Santamaría hubiera abrazado la insurgencia. Ambos se
incorporaron a sus filas. Ramón recibió el grado de brigadier. Aprehendido
en Baján, fue conducido a Monclova y de ahí a Chihuahua. Sentenciado a
muerte, fue fusilado el 6 de junio de 1811, en unión de Zapata, Villa, Mariano
Hidalgo y León. En ese mismo año, la Junta Gobernadora de uevo León,
confiscó y remató sus bienes.u
De Buenaventura Ramón, emparentado con él cercanamente, sólo se sabe
que con el grado de capitán, militó en la insurgencia en el uevo Reino de
León, y que, aprehendido también en Acatita de Baján, fue también fusilado
en Chihuahua.

Primer Int ento
Aunque antes de 1912 Los Ramones no obtuvo la categoría de villa, su
intento por alcanzar este título es mucho más antiguo. Existe en el Archivo
General del Estado, la instancia de los vecinos elevada al gobierno en septiembre (sin fecha) de 1833. Asientan en ella que: " ... deseosos de nuestra feliu GoNZÁLEz, op. cit., p. 204.
13 GoNZÁ.LEz, op. cit., pp. 207 ss.

" MS. Expediente sobre secuestro y embargo de los bienes del insurgente Juan
Ignacio Ramón. Archivo Municipal de Monterrey, Causas Criminales, Exp. 646 ( 1811),
87 fojas.

366

ciclad y más la de nuestra prosperidad . ..", anhelan que el valle de San José
de Lo.s Ramones, sea elevado a villa. Comprométense, para ello, a dar los terrenos necesarios; dicen tener ya una capilla edificada; y exclaman que ya
no quieren aceptar su aislamiento, que Jos obliga a vivir " ...semejantes a los
salvajes que viven en las selvas sin roce con gente de lustración".15
Ya desde entonces, presentan el proyecto de comprender en su jurisdicción, los poblados de las Enramadas, Pasito Hondo, La Punta, Los Almacenes, rancho de Doña Ana, Tablas, Macuaniate, Colorado, Sabinitos Altos, etc.
Acompañan a su solicitud
interesantísimo padrón, en el cual observamos
ya los viejos troncos de las familias de esa región: Rodríguez, Ochoa, Barrientos, Quintanilla, Cantú, Pérez, González, Benavides, etc. De cada una, se señalan con prolijidad, el número de caballos mansos, yeguas de vientre, potrancas, vacas de vientre, vaquillas, ganado menor, etc.
Mala época para elevar tal petición, Nuevo León, como todo el país, se
abate ante el tremendo azote del cólera morbo. Por otra parte, Cerralvo no
ve con buenos ojos la desmembración de su distrito, y rinde, por lo tanto, un
informe adverso. El Congreso lo eleva al gobierno, a fin de recabar mformes
de otros distritos afectados, y el expediente se detiene en marzo de 1834, sin
que haya providencia alguna sobre el particular.

un

Jurisdicción de Cadereyta
El valle de San José de los Ramones perteneció originalmente a Cerralvo. Su jurisdicción primitiva, a juzgar por un informe rendido al gobierno
por el ayuntamiento de Cerralvo (23 oct. 1874) comprendía media legua al
poniente, a lindar con el cerro de Papagayos; al norte, aproxnnadamente
cuatro leguas, colindando con el agostadero de Benavides; al oriente, inco
leguas, poco más o menos, hasta el agostadero de Hinojosa; y por el sur el
límite natural del río.
Otro informe del cabildo de Cadereyta define la jurisdicción con mayor
claridad; al sur el río de la Pesquería Chica; al poniente el cerro de Papagayos; al norte, una linea del mencionado cerro al Cerrito Colorado, pasando por una mohonera de piedra, a inmediaciones del charco de la Vaca.
Al oriente, otra linea del Cerrito Colorado, hasta Ja margen izquierda del
río; comprendiendo, dentro de este perímetro, los ranchos de los Ochoas,
Sabinitos, Los Bueyes, Rancho uevo y la Retama.
MS. Expediente relativo a la fundación de la villa de l&amp;s Ramones. Archivo General del Estado, Monterrey, Sección Fundaciones de Pueblos.
15

367

�Con fecha 26 de diciembre de 1872, los vecinos solían separarse de Cerralvo para agregarse a Cadereyta. Arguyen para ello, la distancia a Cerralvo
y lo riesgoso e intransitable del camino. Esta petición es reiterada en octubre del año siguiente, por conducto de Miguel G. Barrientos y Tomás Rodríguez. Ha de pasar un año más para que la legislatura apruebe, por decreto
Núm. 52, de 9 de noviembre de 1874, que "El valle de Los Ramones, con los
terrenos de su comprensión que se hayan acotados, pertenece a la municipalidad de Cadereyta".16
Esta disposición, dictada durante el gobierno del Lic. Ramón Treviño, es
obedecida, no sin provocar serios conflictos jurisdiccionales con la intervención armada de algunos vecinos descontentos y hasta con un muerto y varios
heridos.
Villa de la Independencia

Pero los hijos de este terruño no dejan de acariciar la posibilidad de su
elevación a villa.
El 15 de julio de 1910, presentan nueva solicitud ante el Congreso. Los
fundamentos que ahora argumentan habrán de ser suficientes. Acompañan
un plano "bien delineado" y, en cinco puntos inteligentemente redactados por
el joven abogado Santiago Roe!, proponen los límites.
La suma de los habitantes de la jurisdicción proyectada, alcanza ahora a
5,551; superior a la de cada una de 36 municipalidades del estado. Por cuanto
a sus medios económicos, señalan datos por demás halagadores. Disponen de
2,80q hectáreas de riego y 781 de temporal; cuentan con 5,980 cabezas de
ganado mayor y 23,600 de menor; tienen, además, ocho presas para el riego.
Una circunstancia muy favorable es la de que el ferrocarril MonterreyMatamoros cruza la población y facilita el tráfico de carga y de pasajeros.
El agente de estación Antonio Garza Flores certifica ( 12 de julio) que del
valle cargan constantemente leña, durmientes, maíz, pieles, etc. Además, recientemente se ha observado una creciente demanda de piedra de esta zona,
utilizada en las más importantes construcciones de Monterrey; particularmente en el Gran Hotel Ancira.
La importancia del lugar se manifiesta, además, por el movimiento de
correspondencia, giros, etc. La venta mensual de 50 pesos de estampillas en
Ramones y de 16 a 18 pesos en el Porvenir y el Carrizo, es índice elocuente
"del alto progreso en que se encuentran".
'" Peri6dico Oficial de Nuevo León, Monterrey, 20 de febrero de 1875. No. 60.

368

Cuenta, por otra parte, el valle, con una plaza. Hay un salón de 11 metros de largo, que puede servir provisoriamente como sala consistorial. Tiene
dos edificios cómodos para escuelas, y existe también una banda de música
compuesta de diez plazas y su director.
Pero el argumento más sólido esgrimido por los vecinos es, indudabl~
mente, la lejanía de los poblados del trayecto, doble o triple en relación a su
jurisdicción, y que prueban con un cuadro de distancias magnífico.
La nueva villa es, pues, absolutamente capaz de sostenerse por sí sola, sin
gravar en Jo absoluto al erario del estado. En el remoto caso de que hubiese
déficit, los ciudadanos Simón Rodríguez, Antonio Quintanilla, Tomás Garza
García y Luz Olivares se comprometen a erogarlos de su propio peculio.,
hasta en tanto los presupuestos se nivelen. Con ello, dan a conocer la confianza que tienen en la autosuficiencia económica de la naciente villa.
Acompañan a la petición las actas firmadas por los vecinos de los poblados que han de ser de su jurisdicción. En éstas manifiestan aquéllos su conformidad, «por ser de utilidad y hasta de urgencia" la creación de la nueva
municipalidad.
El entusiasmo de los vecinos de San José de Los Ramones es verdaderamente admirable. Hay, sin embargo, otro dato que revela el fervor cívico
del momento: está por celebrarse el centenario de nuestra emancipación política, y por ello sugieren que su pueblo se llame: Villa de la -Independencia:17
El gobierno del Lic. y Gral. José Ma. Mier turna Ja solicitud al Lic. Salomé
Botello, secretario de la Comisión de Gobernación del H. Congreso.
La Erección

Pero surgen nuevos inconvenientes para el trámite legal. En primer lugar
la convulsión tremenda que ha de sacudir al país, y que iniciara Don Francisco
l. Madero. Después, la natural oposición de los distritos afectados por la
segregación' de su suelo. Dr. González alega ser el municipio de más reciente
creación (1884) y que se le priva de casi la cuarta parte de su población.
Asienta, además, que el fondo de$ 447.50 que tenía en su tesorería destinado
a escuelas y reparación de cárcel, fue tomado con violencia por las fuerzas
de ·celedonio Villarreal, y pasa penurias económicas.
General Terán dice que, de qui~ele el Carrizo y el PoIVenir, pierde 1,970
habitantes y el ingreso de 2,508 pesos anuales. Pesquería Chica arguye que
11

Expediente. . . ( ver nota 15).

369
e H-24

�dejará de percibir 42 pesos mensuales, de impuestos de San Isidro y el Ayancual; y como que duda del optimismo de Los Ramones.
De igual opinión es China, en relación a la desmembración del rancho de
Doña Ana.
Cadereyta perderá 2,455 vecinos y el ingreso de 1,393 pesos. Cerralvo, por
su parte, argumenta que ha verdido, no hace mucho, Los Ramones, La
Manteca (hoy Los Herreros) y San Vicente, y que le afectará perder ahora

Agustín G~~lez Ma~oquín, Eduardo Lozano, Ruperto Treviño y Florencio
Lozano; Smdicos: Alejandro Barrientos y Feliciano Lozano.
Es así como nace esta municipalidad, una de las más jóvenes del Estado·
enge?drada al calor de la Revolución de 1910, movimiento popular qu;
habna de conmover las más profundas entrañas de la Patria Mexicana.

Hidalgo y Mojarras.
El nuevo gobernador, Lic. Viviano L . Villarreal, opina, sin embargo, que
es incuestionable el beneficio que habrá de obtenerse con la creación de esta
nueva municipalidad.
Han pasado ya dos años de las fiestas centenarias. En 21 de octubre, el
vecindario ha estimado no ser ya de oportunidad el nombre de Villa de la
Independencia, y propone mantener el antiguo.
La Comisión de Gobernación de la XXXVI Legislatura Constitucional presidida por el Lic. Antonio de la Paz Guerra, estudia el caso con equidad, y
juzga también 'enteramente procedente" la petición. Uno de los párrafos
del dictamen relativo expresa: "Y si la extensión de la región, el número de
sus habitantes, y las rentas de una y otros son bastantes para dar vida a un
nuevo Municipio, es de equidad y de justicia que esta Honorable Cámara
satisfaga los deseos de ese pueblo, deseos que mucho dicen de su cultura y
de su amor al terruño, y de sus aspiraciones de engrandecimiento, aspiraciones
y cultura que hablan muy alto de Nuevo León, teniendo en cuenta como
debe tenerse, que el pueblo pasa ahora por un contagioso período de agitación".
Con fecha 30 de octubre de 1912, y bajo el número 47, dicta el decreto
creando la municipalidad de Los Ramones, publicado en el periódico Oficial
No. 36, del viernes lo. de noviembre del mismo año.
El Ejecutivo dicta, a su vez, el Reglamento para las elecciones del primer
ayuntamiento. Conforme a esta disposición, el domingo 10 de noviembre, a
]as 9 de la mañana, se reúnen en la casa de Don Nazario Cárdenas, juez
au.'Uliar de Los Ramones, los jueces de cada uno de los poblados. Allí es
electo secretario de 1a Comisión Electoral Filemón L. Lozano, juez auxiliar
del Carrizo, y presidente de la misma Cayetano Garza González, juez de San
Isidro. Son ellos quienes han de vigilar la elección del primer ayuntamiento
de Ramones, el cual toma posesión el lo. de enero de 1913, integrado del
modo siguiente: Alcalde lo., Simón Rodríguez; Alcalde 2o., Merced Rodríguez; Alcalde 3o., Rafael Leal; Regidores: Luz Olivares, Librado Garza,

370

371

�LA PRIMERA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN: 1933-1934
ToMÁs MENDIRICHAGA Cu&amp;vA
Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística.

I
EL nÍA 4 DE OCTUBRE DE 1931 rindió su protesta de ley y asumió el cargo de
Gobernador del Estado de Nuevo León don Francisco A. Cárdenas. Enseguida hizo unas declaraciones a la prensa de Ja ciudad de Monterrey y, entre
otras cosas, dijo: " .. .intentaré allanar el camino para la creación de la Universidad del Norte".1. Su ejercicio constitucional debería expirar el 3 de octubre de 1935~ pero el Congreso local, en sesión extraordinaria, le aceptó su
renuncia el 27 de diciembre de 1933. El Congreso del Estado, erigiéndose en
Colegio Electoral, designó ese mismo día Gobernador Sustituto, "por unanimidad", al licenciado Pablo Quiroga. En su breve mandato de poco más de
dos años, el Gobernador Cárdenas había iniciado algunas obras importantes
y creado varias instituciones, siendo la más notable la primera Universidad
de Nuevo León.
Antecedentes

El proyecto para la creación de una Universidad en Monterrey se había
manifestado más de una vez en los medios estudiantiles de esta ciudad, pero
el Poder Público no le prestó atención. Fue el licenciado Aarón Sáenz, GoDiez años antes, en 1921, siendo Ministro de Educación Pública el licenciado
José Vasconcelos, se elaboró un proyecto para fundar cuatro Universidades: en las
ciudades de México, Guadalajara, Mérida y Monterrey. Es el antecedente más antiguo
que conocemos.
1

373

�bemador de Nuevo León del 4 de octubre de 1927 al 3 de octubre de 1931,
quien hizo una breve referencia al citado proyecto en el último informe de
su gestión administrativa, leído el 16 de septiembre de 1931 en el salón de
sesiones del Congreso Local: "estamos en posibilidad de que el próximo Gobierno, mediante una detenida y seria consideración, pueda enfrentarse de
manera franca con el estudio de la conveniencia de establecer la Universidad
de Nuevo León . .." 2
A principios de noviembre del mismo año, bajo el nuevo gobierno de don
Francisco A. Cárdenas, Ja Federación Estudiantil de Nuevo León organizó un
ciclo de conferencias sobre la orientación ideológica que se debería dar a la
futura Universidad de Nuevo León, en el que tomaron parte tres intelectuales, dos profesionístas y un estudiante. Se dijeron con mucho valor algunas
verdades y también se incurrió en no pocos desatinos, irero la ausencia de
ideas claras sobre el origen y los fines de la Universidad fue compensada, en
parte, por la buena fe y el entusiasmo de todos.
Evidentemente que el Gobierno dirigía la campaña estudiantil que, a su
vez, solicitaba del mismo Poder Público la creación de la Universidad. En
efecto, en las infonnaciones de la ~rensa local y capitalina aparece claramente
que la iniciativa ahora partía de las esferas oficiales.

A mediados de 1932 arribó a Monterrey el doctor Pedro de Alba, quien
había renunciado como Director en la Escuela Nacional Preparatoria. La
prensa dijo que el doctor De Alba venia "en viaje especial de inspección,
enviado por la Secretaría de Educación . ..", pero lo cierto es que traía, entre
otras, la .importante misión oficial de estudiar Jas posibilidades .relativas a la
creación de la Universidad del Norte. Después de este viaje fue designado
nuevamente en su antiguo cargo.
•
Un paso más se dio en el IX Congreso de la Confederación Nacional de
Estudiantes, celebrado en la ciudad de Toluca en junio de 1932. Los delegados
de la Federación Estudiantil Neolonesa sostuvieron en la asamblea, "como
punto principal, el proyecto de que se funde en Monterrey la Universidad
del Norte".
A fines de octubre del mismo año, las comisiones estudiantiles de las principales Escuelas Superiores de Nuevo León (Jurisprudencia, Medicina, Normal, Colegio Civil y Farmacia), que habían celebrado varias juntas durante
ese mes, enviaron un ocurso al Congreso del Estado sobre el proyecto de organización de una Universidad en la ciudad de Monterrey. La Legislatura
local contestó una semana después afirmando que "desde luego se acoge con
beneplácito tal iniciativa''. El Gobernador Cárdenas afirmó el 6 de diciembre
• Periódico El PoTvenir, jueves 17 de septiembre de 1931, p. 8

374

siguiente que el citado proyecto presentado al Congreso local "merece toda
simpatía de mi parte. .."
Vuelve el doctor Pedro de Alba

En los primeros días de diciembre de 1932 el Gobernador Cárdenas anunciaba que "elementos" de 1a Secretaría de Educación Pública "vendrán a
trabajaT con nosotros" para la fundación de la Universidad de Nuevo León.
En su viaje a la ciudad de México, efectuado a principios de febrero de 1933,
Cárdenas conferenció con el Ministro de Educación licenciado Narciso Bassols
y trató con él sobre la fundación de la Universidad. Unos días después Bassols
le comunicó que "tras de acoger con entusiasmo la idea de fundar en Monterrey la Universidad del Norte, ofrece su decidida cooperación al Estado".
En la mañana de] 22 de febrero de 1933 llegó a Monterrey el doctor Pedro
de Alba, comisionado por el Ministro B~ols para organizar la Universidad
de uevo León. Declaró ese mismo día que su misión era "intervenir y resolver en algunos puntos en que se me crea útil...", añadiendo que "según
lo dispuso la Secretaría de Educación, estará en esta ciudad todo el tiempo
que sea necesario para dar término a la gran obra qu.e se inicia". 8

Declaraciones del doctor D e Alba

En la entrevista concedida al diario El Porvenir de Monterrey, el mism~
día de su arribo a esta ciudad, el doctor De Alba aseguró que la futura
Universidad contaba "de momento'~ con el apoyo moral del Gobierno y, después, quizás "se vea la forma en q,ue la Federación otorgue algún subsidio
económico o comisione elementos para que formen parte del cuerpo docente,
o proporcione algunos recursos materiales para la instalación". También insinuaba la, posibilidad de promover "las visitas temporales o el establecimiento
definitivo de algunas de las personas especializadas ( de la Secretaría de Educación) en las principales disciplinas científicas, artísticas o filosóficas, para
que coadyuven a la exaltación de los más altos valores del pensamiento contemporáneo, y dejen desde luego una simiente fecunda en toda la región, que
es un campo admirablem ente preparado . .." De Alba decía lo anterior al
tratar de los "especialistas", o sea los maestros que tendrían a su cargo las
• El doctor Pedro de Alba traía indicaciones precisas en el sentido de ofrecer al
Gobernador Cárdenas "expertos en determinadas materias que podrán venir en comisión de la misma Secretaría", controlada desde años antes por células comunistas.

375

�"cátedras de especialización", pero sólo tocó de paso este "delicado punto
acerca del funcionamiento de la U Diversidad".
En una junta previa del Comité Organizador de la primera Universidad
de Nuevo León, celebrada el día siguiente en el Palacio de Gobierno, el doctor
De Alba se declaró enemigo de la centralización de la cultura universitaria
en la ciudad de México: ''Da la impresión de algo monstruo-so", dijo. (Sin
embargo, tal parece quei él no se oponía al monop-olio estatal de la educación,
que es aún más pernicioso). Luego afirmaba: " .. .yo también me sentí atraído y sentí deseos de co()perar con todo empeño para crear la Universidad del
Norte; he sido, pues, un espontáneo; por eso estoy aquí". Agregó que el Gobernador Cárdenas, en su viaje a la capital en febrero de 1933, "habló precisamente con él sobre el asunto y le ofreció sus servicios, teniendo que abandonar la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria". Y concluyó de esta
manera: "Yo estoy aquí -dijo- para dar mi contingente dentro de la más
absoluta camaradería auxiliando a mis compaiíeros".
Comité Organizador y Comisiones

\

El 25 de febrero de 1933 se iniciaron los trabajos para crear la Universidad
de Nuevo León, nombrándose un Comité Organizador que presidió el Gobernador Cárdenás y del que fue Secretario el doctor Pedro De Alba. Este
Comité Organizador de la Universidad se integró en un principio con los
directores de los planteles educativos superiores y además por un delegado
estudiantil de cada escuela profesional, un representante de la prensa local y
los dos directores de Instrucción Pública: del Estado y Federal. El doctor De
Alba afirmó que dicho Comité Organizador era autónomo y que, asimismo,
como se hallaba "investido de facultades, llamará a aquellas personas de buena
voluntad y de comprobada capacidad que puedan aportar su contingente, pues
se desea que la Univ ersidad sea un fiel reflejo de la cultura de todas nuest-ras
clases sociales, por lo cual se llamará también a los representantes de los elemerntos obreros y agricultores organizados''. Con este criterio tan amplio se
invitó a algunos organismos poüticos, burocráticos y sindicales a que enviaran
sus delegados. Por su parte, eJ futuro Rector licenciado Héctor González
declaró que "las designaciones no se han hecho al capricho. Han recaído e1i
personas calificadas . ..", pero añadió: "los nombramientos extendidos hasta
la fecha no son la totalidad de los que se extenderán . ..", y aún pretendía
que estuvieran "dentro de él ( del Comité Organizador) los comerciantes, los
obreros, los agricultores, los profesio11istas, etc . .."~ Entonces se nombraron
' La política de partido, sectaria, se metió de contrabando en la Universidad al

376

dos conus10nes que reformaron la Ley General de Educación Pública y re-

dactaron la Ley Orgánica de la Universidad. Estas leyes fueron promulgadas
por el Congreso local el 19 y 31 de- mayo de 1933, respectivamente. El mismo
doctor De Alba fue el "consejero" de ambas comisiones y de la Legislatura
de Nuevo León.
Penetración comunista y masónica

En la exposición de motivos de la Ley Orgánica universitaria abundan los
nobles y elevados principios. Decía entre otras cosas que se buscaba ªsustrae,, a la Universidad de influencias de orden político electoral y burocrático,
de contingencias transitorias y de presiones extrañas". Y agregaba más adelante que ''1t0 será una Universidad de Clase ni sustentará una ideología exclusivista". Se pretendía este fin: ªprocurar la educación integral del hombre, en un plano de absoluta igualdad y en justo eq,uilibrio de fu erzas, valores
y actividades. .." {Ley Orgánica, artículo lo.).
Por su parte, los estudiantes de hace treinta años afirmaban románticamente, en el citado ocurso enviado al Congreso local unos meses antes, que
la verdad "sembrada sin distingos ni front eras habrá de luchar contra toda
decadencia humana, y habrá de ser la fu ente de que brote la igualdad entre
los hombres, la libertad de los espíritus y la conaiencia universal". Poseídos
del mayor entusiasmo añadí~ que las aulas ªno serán campo para las luchas
de clases. .." El Gobernador Cárdenas, contagiado del mismo eótusiasmo, exponía su recto criterio en diversas ocasiones.
Sin embargo, a pesar de los buenos propósitos de algunos, la Universidad
nacía con el virus que provocó un año después su prematura mllerte : la
penetración comunista y masó.nica. En efecto, la mayor parte de los miembros
del Comité Organizador actuaban abiertamente como "socialistas". Algunos
de ellos eran reconocidos marxistas, siendo los más sectarios dos médicos:
Angel Martínez Villarreal y Mateo Sáenz, delegados de la Asociación Médica
Mexicana y del partido oficial P. .R., respectivamente. (Ambos habían militado una década antes en la Liga de Estudiantes Nuevoleoneses, que controlaba secretamente la masonería) . Entre los miembros honorarios se enconinclu.irse como miembros del Comité Organizador a los representantes del Gobien:io,
Ayuntilmiento, Congreso y Partido Democrático, apéndice vergonzante del partido

oficial PNR. Estos no eran, ciertamente, los "delegados de organizaciones y sociedades perfectamente preparadas para aportar una, cooperación eficaz", que debían integrar dicho Comité Organizador, como lo había prometido el doctor De Alba. Tambifo se conceilió representación a dos sinilicatos de maestros oficiales: la UnióJl de
Maestros Nuevoleoneses y la Soci.edad Mutualista de Maestros Mexicanos.

377

�I

traba un "rojo" fanático: el ingeniero Plutarco Elías Calles hljo, Alcalde de
Monterrey. De los 21 miembros efectivos del Comité Organizador de la Universidad de Nuevo León, exceptuando uno o dos, todos los demás estaban
afiliados a la secta masónica. Dos de ellos habían sido Grandes Maestros de
la Gran Logia del Estado (los profesores Plinio D. Ordóñez y Joel Rocha) y
otros dos lo serían poco después (el doctor Angel Martínez Villarreal y el
profesor Juan F. Escamilla). De este cómputo revelador excluímos a los 12
miembros honorarios y a los 7 delegados estudiantiles, quienes en su mayoría
también estaban afiliados a las logias masónicas. EJ doctor De Alba era miembro de las dos secciones y lo contamos en ambas.

II
Apertura de la Universidad

La primera Universidad de Nuevo León fue fundada bajo el principio de
la libertad de cátedra y se proyectó con una autonomía relativa.
La Universidad se integró con cinco Facultades (Filosofía, Medicina, Derecho, Ingeniería y Química y Farmacia) y tres Escuelas ( onnal, BachiUeres
e Industrial "Alvaro Obregón"), algunas ya existentes y otras que se fundaron en esa época. Además tres Escuelas anexas a la Universidad : Enfermería,
Obstetricia e Industrial Femenil 'Pablo Livas". Estas Facultades y Escuelas
funcionaron durante muchos años en sus respectivos edificios, hasta la reciente creación de la Ciudad Universitaria. 6
El domingo 24 de septiembre de 1933, en la mañana, se verificó la solemne
apertura de cursos del primer año escolar universitario, en una brillante ceremoJ1ia inaugural en el antiguo !eatro Independencia (hoy Rex) • y bajo la
presidencia del Gobernador de Nuevo León don Francisco A. Cárdenas. Se
iniciaron las clases al día siguiente.
Los trabajos del Comité Organizador se clausuraron hasta el 3 de octubre.
• Ya existían las Escuelas de Leyes y Medicina, que fueron ascendidas a la catego•
ría de Facultades, y la Escuela Normal de Maestros, que se incorporó a la Universidad. El Colegio Civil se transformó en Escuela de Bachilleres y la Escuela Industrial
'Alvaro Obregón" fue ampliada con una p,reparatoria técnica. Se anexaron a l!!_
Universidad las tres Escuelas ya citadas, quedando las de Enfermtría y de Obstetricia como dependencias de la Facultad de Medicina. Fueron de nueva creación las
Facultades de Filosofía ( que no se organizó), Ingeniería Civil y Química y Farmacia y, además, el Departamento de Extensión Universitaria, que a su vez fundó y -sostuvo dos escuelas secundarias nocturnas.

Entonces el Gobernador designó al doctor De Alba como delegado oficial
del Gobierno del Estado para que continuara dirigiendo todo lo referente a
"los trabajos técnicos y o~ánicos" de la Universidad. Este "consultor técnico''
de la Secretaría de Educación Pública había sido nombrado por el mismo
Gobernador Cárdenas como primer Secretario General, en funciones de Rector, "con el encargo de abrir los cursos e instalar el Consejo Universitario .. ." 6
EL 4 de ortubre de 1933 el Consejo Universitario tomó posesión en el salón
de actos de la Escuela Normal, entrando en funciones inmediatamente. 7
Pero fue hasta el 17 de diciembre siguiente cuando el Consejo Universitario
eligió primer Rector al licenciado Héctor González, director de la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales ( antigua Escuela de Leyes) .
El día 20, en la mañana, se inauguró el Aula Magna y se declaró instalado
el primer Claustro Universitario, en presencia del Ministro de Educación
Pública licenciado Narciso Bassols, quien había arribado a Monterrey unos
días antes. 8 En realidad, con esta ceremonia oficial fue inaugurada la primera
Universidad de Nuevo León. Por ~in, en solemne sesión extraordinaria del
Consejo Universitario, el licenciado Héctor González tomó posesión como
Rector en la noche del 21 de diciembre de 1933.
Cae el Gobernador Cárdenas

Una semana después, el día 27 de diciembre, el Gobernador don Francisco
A. Cárdenas, creador de la Universidad de Nuevo León, abandonó el cargo.
En el breve texto de su renuncia afirma lacónicamente que toma tal decisión
"debido a mis enfermedades" y para que "los asuntos públicos queden en manos más activas. . ." Sin embargo, en sus declaraciones a la prensa local se
deja entrever el fondo político de la 'renuncia": "Hace meses se me hizo el
' El doctor Pedro de Alba ejerció el cargo de Secretario General, en funciones de
Rector, desde el lo. de octubre hasta el 21 de diciembre de 1933.
7 El Consejo Universitario celebró sesiones semanarias hasta el mes de mayo de
1934. Funcionó bajo la presidencia del doctor Pedro de Alba hasta d 20 de diciembre de 1933 y después fue presidido por el primer Rector licenciado Héctor González.
' Cierto diputado local, en un cliscUISo pronunciado en esos días, hizo hincapié "en
el taso insólito de que rompiendo viejos moldes haya venido (Bassols) hasta las más
apartadas regiones del país ... " Previamente, el Ministro Bassols había enviado varios profesores utraordinario.s para que dirigieran varios ciclos y dictaran algunas
conferencias. La garra comunista se dejó ver desde la primera sesión de un "curso analítico'' dirigido por el doc;tor Siegfried Askinasy sobre "Doctrinas Sociales e Historia
del Arte". Mientras, el doctor De Alba afirmaba rotundamente: "Por cuanto a la posición marxista ya hemos decfarado que no tendrá influencia dogmática en nuestra Institución" (Germen, p. 10) .

�cargo de estar gobernando alejado del Partido Nacional Revolucionario (o
sea el partido oficial PNR creado por Calles), bajo cuyos auspicios llegué
al poder; la intervención oportuna y eficaz del señor Presidente del Comité
Ejecutivo Nacional, logró acabar con las incomprensiones e;,cistentes, lo que
me permite asegurar que sigo afiliado a la Institución Política que normó
en todo momento mi actuación como gobernante". Mas adelante añade:
"siempre. he puesto especial empeño en someter mi actuación gubernativa al
programa del Partido Nacional Revolucionario, colocándome por encima de
mezquinos intereses y caprichos personales..." Alentaba a sus amigos "para
que sigan como hasta hoy prestando su apoyo y lealtad a los postulados del
Partido Nacional Revolucionarion. Enseguida se justificaba aquel gobernante,
quizás temiendo el fallo de la Historia: "A los que vean en mi retirada un
acto de debilidad, q,ue tengan la certeza que lo que he determinado es por
el bien de Nuevo León y para la tranquilidad de su vida orgánica. . . me
retiro a la vida sencilla del ciudadano sin rencores y violencias". Sólo pedía
a quienes lo habían depuesto que "se aquilate sin pasión la actitud de los
fieles amigos de mi administración por ser dignos y merecedores de todo respeto". (Sucedió todo lo contrario: se les obligó a renunciar, siendo reemplazados por jóvenes izquierdistas). Y finalizaba: "Mi última consideración es
que este Estado de Nuevo León, que tiene un vigor intelectual propio, gran
espíritu. cívico y una gran energía creadora, no debe ser trastornado por obra
de la política pequeña e interesada. De todos es el deber de no entorpecer su
marcha pwgresiva, no desmoralizar a sus elementos de trabajo, no sembrar
la desconfianza en los hombres de buena volttntad . .."
La caída del Gobernador Cárdenas estuvo, probablemente, relacionada a
un acontecimiento político: la Segunda Convención Nacion~l Ordinaria del
PNR, celebrada en la ciudad de Querétaro en ese mes de diciembre de 1933,
que aprobó la candidatura del General Lázaro Cárdenas para la Presidencia
de México. Fue en dicha asamblea donde surgió públicamente la idea de
implantar la "educación" socialista. El Ministro Bassols vino, tal vez, a tras-mitir la consigna callista, pero el Gobernador de Nuevo León no anduvo muy
decidido, lo que precipitó su "renuncia". Lo cierto es que este gobernante
bondadoso y progresista prefirió abandonar el cargo antes que servir de
cómplice e instrumento a la "mafia" del callismo en Nuevo León.
El Gobernador Sustituto, nombrado por el Congreso local, fue el Secretario
General de Gobierno licenciado Pablo Quiroga, quien ya había tenido el mismo cargo siendo Gobernador de Nuevo León el licenciado Aarón Sáenz
(1927-1931). El Gobernador Cárdenas, en la siguiente administración, ratificó el nombramiento al licenciado Quiroga.

380

El nuevo orden

En los últimos días del año 1933 el Gobernador Sustituto hizo los nuevos
nombramientos, que recayeron en varios jóvenes "socialistas", casi desconocidos y menores de treinta años de edad. El más inquieto de ellos era el
doctor Angel Martínez Villarreal, profesor de la Facultad de Medicina, regidor en el Ayuntamiento regiomontano y miembro activísimo del Partido
Comunista. Este joven profesionista recibió el día 28 de diciembre el nombramiento de director del antiguo Hospital Civil, anexo a la Facultad de Meclicina.9 Ya vimos que el doctor Martínez Villarreal había entrado a fines
de febrero de 1933 al Comité Organizador de la Universidad como representante de la Asociación Médica Mexicana, delegación de Monterrey. 10
En la noche del sábado 27 de enero de 1934, el doctor Martínez Villarreal
fue designado Gran Maestro de la Gran Logia del Estado de Nuevo León.
Era el hombre escogido para imponer en Nuevo León las consignas emanadas
del Cuarto Congreso Masónico Nacional, celebrado en Tampico a principios
de abril de ese año.
Los primeros meses de 1934 se sucedieron en medio de una extraña calma,
precursora de la tormenta. Hubo, sin embargo, algunos presagios: el 31 de
enero renunciaron el director y el secretario de la Escuela de Bachillere~ y el
2 de febrero siguiente hicíeron lo mismo el director y el secretario de la Facultad de Medicina, quienes fueron sustituidos por elementos marxistas. Fue
entonces, en febrero de 1934, cuando la nueva dirección de la Facultad de
Medicina nombró al doctor Martínez Villarreal como Consejero Propietario,
en representación de los profesores de dicha Facultad, ante el Consejo Universitario. Mediante esta hábil maniobra entró el Gran Maestro de la masonería nuevoleonesa como miembro del Consejo Universitario. (La vieja
guardia liberal y jacobina era reemplazada por la nueva ola de cieno marxista,
aunque ambas militaban en las logias) .
En mayo terminó el primer año lectivo universitario.11 Era patente el
• A fines del año 1921 el doctor Martínez Villarreal, siendo estudiante de la Escuela de Medicina y poco antes de cumplir 18 años de edad, se había iniciado en la
logia Constancia número 2 de MonteJTey, a la cual perteneció hasta su muerte, ocurrida repentinamente en esta ciudad el 5 de enero de 194-5.
10 Un mes antes, el 28 de enero de 1933, se había efectuado el cambio de mesa
directiva de dicha Asociación, recayendo el cargo de Presidente en el doctor Martínez
Villarreal. Mucho le valió, sin duda, a esre profesionista para obtener tantos cargos al mismo tiempo, el alto grado de Diputado Gran Maestro que ostentaba en la
Gran Logia del Estado. ( En 1932 ya había tenido la misma "dignidad" masónica).
Por cierto que esta poderosa influencia secreta no era del conocimiento público.
21 En el primer año lectivo de la Universidad la inscripción ascendió a 1864 alumnos

381

�malestar estudiantil, ocasionado en gran parte por la caída del Gobernador
Cárdenas, a quien los estudiwtes profesaban una gran simpatía por haber
sido el creador de la primera Universidad de Nuevo León.
El ex Presidente Calles pronunció en el mes de julio un violento di curso
que se conoce como "el Grito de Guadalajara", señalando el nuevo rumbo
a la política educativa : "apoderarnos de las conciencias de la niñez y de la
juventud, porque la juventud y la niñez son y deben pertenecer a la Revolución . .."
El nuevo Rector
A mediados de agosto, en el último mes de vacaciones, el Gobernador Quiroga envió una tema al Consejo Universitario para la designación del segundo
R ector. El oficio enviado por el Gobernador Quiroga al Consejo Universitario,
que contenía la terna para designar al nuevo Rector, era una arenga vulgar y
demagógica que redamaba "la socialización y la exclaustración de la enseñanza . .." Por fin, el día 15 de agosto fue "electo" el doctor Martínez Villarreal, cabeza visible de la masonería nuevoleonesa, quien iba a poner en
práctica en la primera Universidad de Nuevo León "la experiencia adquirida
por él como persona prominente en la lucha social. .." 12
El nombramiento violaba Ja Ley O rgánica universitaria, ya que establecía
entre otros requisitos para ocupar el cargo de Rector: "Ser mayor de 35 años
de edad". (Capítulo IV, artículo 14, fracción II) .13 También se violaba el
artículo 53 (CapÚ:ulo XI. Disposiciones Generales), ya que dicho cargo era
incompatible "con cualquier puesto de elección popular", y el doctor Mart'mez Villarreal era regidor del Ayuntamiento de Monterrey que presidía el
ingeniero Plutarco Elías Calles hijo ( 1933-1934). Por otra parte, el nuevo
Rector de ninguna manera llenaba otro requisito que exigía: "Ser persona de
reconocida preparación y experiencia en cuestiones científicas, filosóficas_, artísticas o educativas". (Capítulo IV, artículo 14, inciso IV).
y sustentaron las clases 218 profesores, según el informe de gobierno rendido por el

licenciado Quiroga el 16 ele septiembre de 1934.
u Dr. ENRIQUE C. LrvAs. "Breve reseña histórica del movimiento universitario en
Nuevo León" (Universidad, pp. 71-74).
u El doctor Martínez Villarrcal apenas babía cumplido 30 años, pues nació en
Nadado(CS (Coahuila) el 2 de febrero de 1904. Tal parece que, al principio, la opinión pública no se enteró de esta violación,, debido a que se ignoraba la edad exacta
del nuevo Rector. Pero la ilegalidad seguramente que la conocían aquellos jóvenes
adueñados del Gobiemo. Después los estudiantes exhibieron al flamante Rector publicando en la prensa su acta de nacimiento.

El jueves 16 de agosto de 1934 el doctor Martínez Villarreal protestó como
segundo Rector de la Universidad de Nuevo León. La ceremonia se efectuó
en el salón de actos de la Facultad de Derecho ante el Consejo Universitario
y en presencia del Gobernador del Estado. El joven Rector nombró Secretario General de la Universidad al profesor Abelardo González, quien
tenía en ese momento el cargo de Gran Secretario en la Gran Logia de
Nuevo León.
Por esos días se reunió un grupo de estudiantes de Leyes en el edificio de
su Facultad y se declaró a favor de la escuela socialista, constituyendo un
bloque con otro grupo de estudiantes de medicina y con los maestros de
las escuelas primarias oficiales. La Confederación Estudiantil Socialista, que
tenía -su sede en la ciudad de México, les envió un telegrama de felicitación
por "el gallardo gesto".
Se impone la agitación.
La masonería nuevoleonesa acordó apoyar al Gobierno del Estado para
implantar la reforma educativa socialista. La decisión se tomó en. vista de
que el Gran Maestro doctor Martínez Villarreal, "en su carácter de R ector
de la Universidad, había sido uno de los primeros en declararse públicamente
a favor de dicha innovación .. ,''1• La secta desarrolló una intensa campaña
en tocio el Estado a favor de la "educación" socialista, dirigida tenazmente
por su Gran Maestro y Rector de la Universidad. En esta época el doctor
Martíncz Villarreal era, además, miembro de la directiva del Partido Comunista en el Estado de Nuevo León y "toda la actuación del doctor Angel
es en función de su partido . .." 15
La agitación obrera cundió en la ciudad de Monterrey, auspiciada o tolerada por el mismo Gobierno.
En los municipios se organizaron "ligas socialistas" con los maestros de las
escuelas rurales y dirigidos por los temibles ' inspectores". Se fomentaron las
juntas y conferencias para ''combatir el fanatismo (o sea la Religión) ..."
Se impuso el terror comunista y se difundió el veneno de las ideas marxistas
" Discurso del profesor Manuel Flores en el banquete ofrecido por la logia Chee
Kung Tong, el 2 de septiembre de 1934. Periódico 'El Sol, septiembre 4 de 1934, p. 3.
,. Prof. J. Encarnación Pérez. Discuno pronunciado en la velada luctuosa en memoria del doctor Angel Martínez Villarreal, en ocasión del primer aniversario de su
fallecimiento. Periódico EL Porvenir, lunes 7 de enero de 1946. El proCesor J. E. Pér~ fu~ Secretario del Partido Comunisica local y, años después, miembro del Consejo
Duecttvo Nacional del mismo partido, con residencia en la Ciudad de México.

383
382

�hasta los poblados y las rancherías más distantes, exigiendo a los campesinos
veinticinco centavos semanales para el sostenimiento de las "ligas".
En Monterrey, más de trescientos maestros de escuelas oficiales dieron
su apoyo al Estado para que implantara la "educación" socialista en el siguiente año escolar, que se iniciaría en el mes de septiembre. El Gobernador
Quiroga declaró a los maestros que el socialismo "será la salvación de las
nuevas generaciones". Previamente, el Consejo de Educación nuevoleo~é~ había exigido un juramento socialista a los profesores de las escuelas ofiaales.
(Es sabido que existía una influyente Liga de Maestros ~asones, qu~ a su
vez era hábilmente vigilada y controlada por la Gran Logia y el Gobierno).
En secreto se discutieron y aprobaron los programas de estudi06 que se debían imponer. Así, la educación pública de uevo León se sujetaba al Plan
Sex:enal (comunista) aprobado en la ciudad de Querétaro en diciembre de
1933. El Gobierno del Estado creyó que había conseguido 1a íuerza suficiente
para implantar la "nueva orientación" en la enseñanza.
El lunes 3 de septiembre de 1934 se inició el segundo año lectivo en las
Escuelas y Facultades de la Universidad. Una semana después, el día 10, los
estudiantes de la Escuela de Bachilleres eligieron la nueva Mesa Directiva de
la Sociedad de Alumnos. Se acordó por unanimidad que el primer tema a
discusión sería si apoyaban o no la refonna educativa socialista. De esta Escuela universitaria surgió el movimiento de rebeldía.

III
El movimiento estudiantil

Jueves 13 de septiembre de 1934, en la mañana. Inauguración de cursos
en el antiguo Teatro Independencia (hoy Rex), presidiendo el desorden el
Gobernador Quiroga, el Alcalde de esta ciudad Calles y el Rector Martínez
Villarreal. El primer orador oficial fue el secretario de la Facultad de Medicina, quien entró de lleno a hacer la apología de la "educación" socialista;
varios estudiantes "protestaron a gritos desde las galerías . .." El flamante
Rector intervino y con « aq,uella reconvención arreció la griteríd'. De inmediato un estudiante quiso tomar la palabra, pero fue golpeado y sacado del
recinto por los hampones callistas, a los que nombraban oficialmente "policías". Otra vez intentó hablar el Rector y ya no se le pudo escuchar, siendo
acallado. Algunos estudiantes, imponiéndose al fin, hicieron uso de la pala-

384

bra. Apresuradamente, en medio del ridículo, el Gobernador Quiroga declaró inaugurados los cursos. El movimiento estudiantil se había iniciado.
En la noche del mismo 13 de septiembre, el Consejo Universitario acordó
la expulsión de doce estudiantes. No se pennitió hablar al representante de
la Federación de Estudiantes Universitarios.
La Escuela de Bachilleres se lanzó al movimiento de huelga el día 14. El
mismo día lo secundó la Escuela Normal del Estado. Dos jóvenes de la Confederación acional de Estudiantes arengaron a los alumnos de ambas escuelas.16 Se izó la bandera de combate: "contra la escuela socialista y en defensa de la cátedra libre". Una comisión estudiantil se dirigió a los centros
de trabajo de la ciudad alentando a los obreros a combatir la nefasta reforma educativa.
El sábado 15 de septiembre, en la mañana, se efectuó un gran m.1tin en el
desaparecido Teatro Imperio, que estuvo frente a la plaza del Colegio Civil,
en la esquina noreste de las calles de Juárez y 5 de Mayo. Los oradores fueron ocho, entre ellos un obrero varios estudiantes locales y los delegados de
la Confederación acional de Estudiantes que, arriesgando la vida, hacían
una gira por todo el país organizando la lucha estudiantil. En ese acto se atacó violentamente al "odioso" P R y se decretó la huelga general universitaria para el lunes 17.
El 17 se lanzó al movimiento la Facultad de Medicina. Otras dos Facultades, Ingeniería y Química y Farmacia, no declararon oficialmente la huelga, "pero de hecho estaban con ella". Los estudiantes de la Escuela Industrial "Alvaro Obregón" no asi tían a las aulas. En las demás Facultades y Escuelas los universitarios dejaron de ir a clases.17
En el mitin celebrado en el Teatro Imperio el 17 en la mañana, se declaró
oficialmente el movimiento. Se dio lectura al pliego de peticiones, que contenía ocho puntos y sería entregado esa noche al Gobernador Quiroga, como
en efecto se hizo. En dicho documento se pedía, el reingreso de los estudiantes expulsados; las renuncias del Rector y otras personas; la reinstalación de
algunos catedráticos que habían sido obligados a renunciar, ''debido a las
maniobras del Rector"; la independencia eeonómica de la Universidad con
un subsidio manejado por un consejo de administración que diera cuenta
ante el Consejo Universitario; la garantía de la libertad de cátedra; la so" Varios delegados estudiantiles de la C. N. E. sustentaron un ciclo de conferencias en el Teatro Anáhuac ( hoy Cine Palacio), que obtuvo gran éxito.
JJ Las comisiones estudiantiles trataban de entrevistar al Gobernador, pero se les
informaba que era imposib_le "por estar enfermo''. Si se dirigían al Palacio Municipal les decían que el Alcalde "no estaba en su despacho". Así se pretendió "enfriar"
el problema estudiantil durante varios días.

385
• H-25

�beranía e independencia de la Universidad en su régimen interior (contenía
cuatro incisos); la baja de cuotas en las Facultades y Escuelas y, por último,
la creación de la Facultad de Filosofía y Letras.18
Mientras esto sucedía, para 'orientar" a los estudiantes acerca de. la "e~ucación" que pretendía imponer el Estado, vinieron de la ciudad de México
varios "intelectuales", entre otros el agitador Luciano Kubli, "poeta Y prosista". Al despedí~ de sus camaradas prometieron volver acompañados de
otro célebre agitador: el licenciado Muñoz Cota.
El día 19 se llevó a cabo una imponente manifestación de due1o por el
asesinato de un e tudiante en Zacatecas.
En la Gran Logia del Estado de Nuevo León, el mismo día 19 en la noche, se celebró una junta que se prolongó hasta las dos de la mañana del.~
siguiente. Los "grados simbólicos" de la masonería aprobaron por unanurudad ratificar el apoyo ofrecido desde antes a su Gran Maestro y Rector de
la Universidad.
El 21 se anunció que la Escuela Secundaria Diurna, dependiente de la
Dirección General de Educación Primaria y Secundaria, apoyaba el movimiento universitario.19
La Gran Logia deploraba la actitud estudiantil y en un manifiesto ~ublicado en la prensa local el día 26, decía que '.rn adhiere a las tendencias de
evolución y al anhelo de socialización".

ria del país y por ello se implantará en el próximo sexenio". Acusó al "clero
y sus aliados" de agitación.
En la Facultad de Medicina, un grupo de estudiantes que no había secundado la decisión de la asamblea general a favor del movimiento, acordó
formar un bloque de estudiantes, obreros y campesinos para apoyar al Gobierno y a la refo1ma socialista. 20 Este grupo de estudiantes entrevistó al
General Cárdenas en la Estación La Leona (Nuevo León) , en 1a mañana
del día 26. Los futuros médicos volvieron envalentonados, con un nuevo
grito de guerra: • ¡ A romper la huelga! Invitaron a los estuwantes de las demás Facultades 'Y Escuelas a que se les unieran, "ya que ese movimiento
--declararon- está fundado en cuestiones meramente personales . .." El futuro Presidente de México sólo se detuvo unas horas en Monterrey y se dirigió al ingenio azucarero El Mante, en el Estado de Tamaulipas, donde le
esperaba el General Calles.
En la noche del núércoles 26 los estudiantes huelguistas se apoderaron sorpresivamente del edificio central de la niversidad, o sea el antiguo Colegio
Oiv:i1. El movimiento estudiantil tenía grandes simpatías entre el pueblo.
Varias agrupaciones obreras y alguna campesina lo apoyaron públicamente.

En la mañana del viem'es 28 salieron de El Mante los Generales Calles y
Cárdenas, llegando al medio día a la hacienda Soledad de la Mota, propiedad del primero, en el mwúcipio de General Terán (Nuevo León), a 100
kilómetros de Monterrey. A Calles se le temía y los cortesanos le adulaban
nombrándolo "El Canciller de Hierro Mexicano".

Llegan Cárdenas y Calles
D estrucción de la Universidad

El mismo día 26 de septiembre de 1934 llegó a Monterrey el General Lázaro Cárdenas candidato "electo" (por Calles) a la Presidencia de México.
Le acompañaban el Jicenciado Ignacio García Téllez, ex Rector de la Universidad de ![érico, y otros políticos y militares. Cárdenas declaró llanamente: "La escuela socialista es intensamente pedida por la voluntad mayoritalll Tres eran los puntos fundamenta.les, según el criterio estu~til: l_a r~n~cia del
Rector, el r eingreso de los estudiantes expulsados por el ConseJo Uruvers1tano Y la

implantación de la Cátedra Libre.
.
. .
. .,
lll Esta fue la primera Escuela Secundana oficial que eXISbo en Monterre~, fundada en septiembre de 1933 con un plan de estudios de tres años. En el antiguo Colegio Civil, creado por decreto oficial en 1859, ~tia desde el. año 1886 el ~lan de
cinco años, en el que estaban fusionadas las eosenanzas secundana y preparatoua. (La
edu.cación secundaria en tres años también existía en la Escuela Normal). Pero al
crearse la Universidad de uevo Le6n, el Colegio Civil se transformó en Escuela de
Bachilleres y adoptó un nuevo plan de estudios de tres años, quedando segregada de
la Universidad la Segunda Enseñanza o Secundaria.

Los acontecmuentos se desarrollaron rápidamente. En la tarde del mismo
día 28 de septiembre el Gobernador Qu.iroga volvió de la hacienda Soledad
de la Mota, "a donde fu e a saludar'' a Calles y Cárdenas. Inmediatamente
efectuó una junta "de carácter privado" en el Palacio de Gobierno con los
diputados locales. Entregó al Congreso ·del Estado la iniciativa de ley por
la cual pidió la derogación de la Ley Universitaria y de las partidas de egresos para su sostenimiento. En la expo ición de motivos el Gobernador Sustituto acusaba a ,rlos elementos capitalistas y clericales" de la agitación que
alteraba la paz pública.
La citada iniciativa de ley para la destrucción de la Universidad "fue recibida con aplallsos por la numerosa concurrencia", compuesta de incondicio'° Antes, el Gobierno de uevo León y el partido oficial PNR ya habían intentado
organizar los bloques de estudiantes, obreros y campesinos, pero fracasaron.

387
386

�nales del regnncn, y el dictamen fue aprobado "en medio de atronadores
aplausos, con dispensa de trámites''. El Gobernador Quiroga, con el apoyo
de un Congreso cobarde y servil, había derogado la Ley Orgánica de la Universidad, promulgada el 31 de mayo de 1933. La H. Legislatura del Estado,
por su parte, decía que "representando al pueblo de Nuevo Le.ón" decretaba la extinción de la máxima casa de estudios y de inmediato daba los pasos
necesarios para Ja creación de la Universidad Socialista de Nuevo León.
El H. Congreso, por último, otorgó un voto de confiahza al ex Rector Martínez Villarreal, ex directores de Facultades y Escuelas, magisterio y estudiantes "identificados con la educación socialista". En la noche arribaron a
Monterrey los Generales Calles y Cárdenas.
Los estumantes seguían apoderados del edificio central universitario. Protestaron por "el atentado" y afirmaron que su movimiento de rebeldía estaba en pie. Sin embargo, las tropas federales al mando del General Bonifacio Salinas Leal ocuparon los edificios de la extinta Universidad el día siguie11te, sábado 29 de septiembre de 1934. La primera Universidad de Nuevo
León había dejado de existir.

Con.stitucional del Estado Libre y Soberano de Nuevo León~ Monterrey, miércoles
7 de junio de 1933. Tomo LXX. Número 45.
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MCMXXXIII.
V1L1.ARREAL CANTÚ, ERNESTO os. El jubileo. Medio siglo en el camino de la luz.
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Trabajo potente, vida inmaculada. Medio siglo de cultura mas6nica 1905-1955. (Sin
pie de imprenta ni fecha).

BIBLIOGRAFÍA

REVISTAS

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''Universidad de uevo León. Prospecto General. 1.956-1957" y prospectos de los
años siguientes.
Decreto número 87, por el cual se derogó la Ley Orgánica de la Universidad de Nuevo León de 31 de mayo de 1933, en el Periódico Oficial del Gobierno Connitucional del Estado Libre y Soberano de Nuevo L e6n. Monterrey, sábado 29 det septiembre de 1934. Tomo LX'X.I. Número 78.
GoNzÁLEZ 1-1:ÉCTOR. Historia del Colegio Civil. Publicaciones del D.A.S.U. Monte-

Ariel, órgano de la logia Rafael Nájera número 33. Número 339, febrero 15 de 1945.
Director: José Salas. (Número dedicado a la memoria del doctor Angel Martincz ViUarrcal).
Armas y Letras, boletín mensual de la Universidad de Nuevo León. Año II, número
1, enero 30 de 1945. Director: Lic. Raúl Rangel Frías. (Artículos acerca del doctor Angel Martínez Villarreal).
Ciencia, revista estudiantil mensual. Organo de alumnos de la Escuela de Bachilleres
de la Universidad de Nuevo León. Año 1, número 1, 2 y 3; abril, mayo-junio y julio
de 1934. Director: Albino González.
El Estudiante, órgano de los alumnos del Colegio Civil del Estado. Revista mensual.
Año I, número 5, 8, 9 y 10: marzo, julio, agosto y septiembre de 1933. Año II, número 17 y 19-20, mayo y julio-agosto de 1934. Director: Alberto Olivares Jr. (Al
crearse la Universidad, El Estudiante se convirtió en órgano de los alumnos de la
Escuela de Bachilleres) .
Gaceta Universitaria, órgano de la Universidad de Nuevo León. Año I , número 1,
agosto de. 1934, Director: Prof. José Alvarado. (Sólo se publicó este número).
Gennen, revista estudiantil. Año I, número 1, diciembre de 1933. Directo.res: Melo
y Dorantes.
Metrópoli, símbolo del progreso reinero. Revista quincenal. Año I, número 1, julio
30 de 1933. Director Gerente: Miguel Angel García G.
Oriente, órgano del Grupo de Normalistas Revolucionarios. Revista mensual. Números 1 y 2, marzo y abril de 1934. Director: Allredo V. González.

CAVAZOS GARZA, ISRAEL.

rrey, 1945.
Siglo y medio de cultura nueooleonesa. Ediciones Botas. México, 1946.
Gra11 Logia de libres, antiguos y aceptados masones del Estado de Nuevo León, Breve reseña hist6rica de la masonería en el Estado y memoria de los trabajos realizados en los años de 1936-1937. Monterrey, 1938.
Informe -que rinde el Gobernador Constitucional del Estado C. Francisco A. Cárdenas al Honorable Congreso del Estado sobre la labor administrativa del Ejecutivo
durante el año de mil novecientos treinta y dos y mil novecientos treinta y tres y
Memoria anexa. Monterrey, Nuevo León, Septiembre cüez y seis de mil novecientos treinta y tres.
Informe que rinde el C. Lü:. Pablo Q,uiroga, Gc,bernador de Nuevo Le6n, al Honorable Congreso del Estado sobre /a labor administrativa llevada a cabo durante el
año 1933-1934 y Memoria anexa. Monterrey, . L. Septiembre 16 de 1934.
Ll!y Orgánica de la Universidad de Nuevo Le6n, en el Periódico Oficial del Gobierno

388

389

�Universidad, órgano de divulgación universitaria. Publicación mens~al. Número 1,
abril de I 933. Dirección: José Luis'ce (seudónimo de José Luis Castaneda Escobedo) •
Univenidad, órgano del Consejo de Cultura Superior. Número 1, septiembre de 1942.

PERIÓDICOS

Diarios El Porvenir y El- Sol de Monterrey. Años 1933 y 1934.

APENDICE
Ef.imérides de la Primera Universidad de Nuevo L eón
Año l933

22 de febrero. Llegó a Monterrey el doctor Pedro de Alba. comisionado por
el Ministro de Educación Pública licenciado Narciso Ba'lSols p·a ra organizar la primera Universidad de Nuevo León.

25 de febrero. Se instala el Comité O rganizador de la Universidad de Nuevo León.
31 de mayo. El Congreso del Estado promulgó la Ley Orgánica de la Universidad.

24 de septiembre. Solemne apertura de cursos del primer año lectivo en el
Teatro Independencia (hoy Rex).

25 de septiembre. Se iniciaron las clases en la Universidad.
3 de octubre. El Comité Organizador de la Universidad concluye sus labores.
4 de octubre. El Consejo Universitario tomó posesión en el salón de actos de
la Escuela Normal.
17 de diciembre. El Consejo Universitario nombró primer Rector al licenciado Héctor González, director de la Facultad de Derecho.
20 de diciembre. Inaguración del Aula Magna de la Universidad e instalación del primer Claustro Uni ersitario, ante la presencia del Gobernador del Estado don Francisco A. Cárdenas, el Rector licenciado Héctor
González, el Secretario General doctor Pedro de Alba y el Ministro de
Educación Pública licenciado Narciso Basw1s.
21 de cliciembre. En solemne sesión extraordinaria del Consejo Universitario tom6 posesión como primer Rector el licenciado Héctor González.

27 de cliciembre. Renunció el Gobernador Cárdenas y fue sustituido por el

390

licenciado Pablo Quiroga, Secretario General de Gobierno, quien hace
nuevos nombramientos que recaen en varios jóvenes marxistas.
28 de diciembre. El doctor Angel Martínez Villarrea1 ucibió el nombramiento de director del antiguo Hospital Civil, anexo a la Facultad de
Medicina.
Año 1934-

27 de enero. Es designado Gran Maestro de la Gran Logia del Estado de
Nuevo León el doctor Angel Martínez Villarreal.
31 de enero. Renunciaron el director y el secretario de la Escuela de Bachilleres, siendo reempJazados por jóvenes "socialistas".
2 de febrero. El director y el .secretario de la Facultad de Medicina renuncian a sus cargos. El doctor Martínez ViUarreal entra en el Consejo
Universitario en representación de los profesores de dicha Facultad.
30 de mayo. El primer Consejo Universitario clausuró su período de sesiones ordinarias.
15 de agosto. El Consejo Universitario "eligió por votación unánime" como
segundo Rector al doctor Angel Martínez Villarreal, Gran Maestro de
la masonería nuevoleonesa y miembro de la directiva del Partido Comunista en el Estado. (El nombramiento violaba la Ley Orgánica de
la Universidad).
16 de agosto. El doctor Martínez V-illarreal tom6 posesión de su cargo en
el salón de actos de la Facultad de Derecho.
3 de septiembre. Se inició el segundo año lectivp universitario.
13 de septiembre. Rebelión estudiantil en el Teatro Independencia, al instalarse el segundo Consejo Universitario. Se inicia el movimiento uni.versitario contra la reforma educativa socialista.
17 de septiembre. En sesión celebrada en el desaparecido Teatro Imperio se
declaró oficialmente la huelga general universitaria contra la "educación" socialista.
26 de septiembre. Los estucliantes se apoderan del edificio central de la Universidad, o sea el antiguo Colegio Civil.
28 de septiembre. En la mañana llegan los Generales Calles y Cárdenas. El
Gobernador Sustituto licenciado Quiroga se entrevista con ambos y, esa
misma tarde, envía al Congreso del Estado la iniciativa para derogar
la Ley Orgánica universitaria. El Congreso local decreta la extinción
de la primera Universidad de Nuevo León.
391

'

�NOTAS

1. La primera Universidad de Nuevo León tuvo la breve existencia de un
año y tres días: del 25 de septiembre de 1933 al 28 de septiembre de 1934.
El movimiento estudiantil contra la reforma educativa socialista se prolongó por espacio de quince días: del 13 al 28 de septiembre de 1934.

II. Dr. Pedro de Alba, Secretario General de la Universidad, en funciones
de Rector: lo. de octubre a 21 de diciembre de 1933.
Lic. Héctor González, primer Rector: 21 de diciembre de 1933 a 16 de
agosto de 1934.
Dr. Angel Martínez Villarreal, segundo Rector: 16 de agosto a 28 de septiembre de 1934. {De hecho ejerció el cargo sólo unos días).

VISITAS DEL PRESIDENTE DE LA REPúBLICA
DON BENITO JUÁREZ A MONTERREY
JosÉ P.

SALDAÑA.

De la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.

PARA E¿"l'LJCAR LAS oos visitas de don Benito Juárez a Monterrey, la primera de tres días y la segunda durante cuatro meses, es necesario analizar, aun
cuando sea en rápida visión, el panorama que prevalecía en el país.
Debemos remarcar lo que significaba para Juárez la amistad y la cooperación de don Santiago Vidaurri, caudillo absorbente, enamorado de sí mismo,
pero que, a pesar de sus defectos, había contribuido en forma extraor-dinaria
al triunfo de la causa liberal, y constituía un baluarte de inestimable valor
en el noreste, como, en caso contrario, significaría un serio tropiezo para la
defensa de la RepúbJica.

La época, 1864, fue una de las más aciagas por las que ha pasado nuestra
nación. Las fuerzas extranjeras integradas por franceses y austríacos en su
mayo.ría, en número de 70 mil hombres, bien armados, veteranos en el arte
de la guerra, haciendo causa común con el ejército comandado por los generales enemigos del Gobierno liberal, habían logrado dominar la mayor
parte del País.
En la amplitud del territorio nacional se combatía en condiciones desiguales, en cuanto a elementos de guerra. Los invasores disponían del mejor armamento de la época, y del dinero necesario para sostener los gastos de la
guerra. A su lado militaban generales mexicanos valientes y experimentados
jefaturando varios miles de soldados.
En cambio la situación de los republicanos era poco menos que desesperada. Después del triunfo glorioso del 5 de Mayo. acreditado al valor, estrategia y patriotismo del Gral. Ignacio Zaragoza, que tuvo como escenario la ciudad de Puebla, por cada triunfo de los Liberales correspondían varias derrotas.
Obligado el Presidente Juárez a abandónar la ciudad de México, en pe392

393
•H-26

�nosa peregrinación llegó a San Luis Potosí en donde estableció los Poclere.
del Gobierno.
Desde este lugar continuó la guerra con su inquebrantable decisión d
triunfar. ecesitaba disponer de cuantos recursos le fuese posible, y considerando comprometida su situación militar decidió avanzar hacia el norte.
Sobre sus mermados contingentes marchaban tropas francesas y mexicanas bien pertrechadas, ansiosas de aniquilar la fuente misma de la oposición
imperialista.
Preparando el ánimo del
había escrito Juárez. Hacía ti
con la situación delicada de
contestaba con evasivas. o

caudillo fronterizo don antiago
idaurri, Je
mpo que la actitud de Vidauró no encuadraba
la República. A todo requerimiento de ayuda
se podía contemporizar ya con situación tan

ambigua.
En la guerra de la Reforma, Vidaurri había desempeñado importantísimo
papel en defensa de las instituciones liberales, emanadas de la Constitución
de 1857. Sus soldados, comandados por los generales Juan Zuazua, Mariano
Escobedo, Francisco aranjo Jerónimo Treviño, ilvestre Aramberri, Lázaro Garza Ayala, Juan Doria, Julián Qurroga, Pedro Martínez... habían
recorrido a lomo de caballo el interior y el sur del país conquistando triunfos
deci ivos.
La personalidad de don Santiago idaurri adquirió relieves de caudillo
nacional, al grado de ser proc1arnado como uno de los más egregios poüticos.
Asl lo exaltaban en la prensa y en Ja, tribuna del Congreso de la Unión, los
más conspicuos liberales, como don Ignacio Ramírez, don Francisco Zarco

don Manuel Altamirano, don Guillermo Prieto...
Tenía Juárez enfrente un problema serio, que no podía soslayar. ecesitaba saber a ciencia ierta si contaba en la gran empresa de salvar al país
con Vidau.ni- Sus dudas se acrecentaban a medida que transcurría el tiempo. Había recibido instancias de Vidaurri, fundadas en consideraciones que
a su entender eran de gran importancia, para que retardara su visita a Monterrey.

La actitud de Vidaurri s encauzaba hacia una neutralidad impasible. Como gobemador de uevo L 6n y oahuila, había luchado denodadamente
por mantener la paz y procurar el bienestar de la comunidad, y aducía como razón fundamental, que en las pasadas contiendas había sacrificado a la
poblaci6n proporcionando millares de combatientes, y gran cantidad de armas y parque.
Pero no se trataba de discutir si la población y él mismo merecían la tranquilidad y la paz. El enemigo venía en plan arrollador no quedando más

La posición de Vidaurri, al pretender quedar aJ
.
ra ab urda, carente en absoluto d 16 .
p
marg~ de la contienda,
.
.
e giCa. uede e:i..='lica
curso dilatono; pero llegaría fatalm
·r
rse como un recategórica.
ente el momento de tomar una decisión
, sentl•do aquella actitud S
,Para Juárez
.
no tema
.
.
veia perdida la causa repubhcan
. eguramente que V1daurn
bTd
a, mas, como había contribuid
ta i • ad con un excepcional espíritu de fidelidad
. .º. pa~ su esno le era fácil desertar 10
•
b
ª
los pnne1p10s liberales
·
em argo todo h '
·
propósito de emprender una nueva aventura. ac1a presumir que no tenía el

Si pues las presunciones basadas en la i
cia J uárez, lo situaban m~ inclín d al I n-eg_ular conducta de Vidaurri hacado hubiera sido proceder en suªc:ntra

;::~u~;:

a la República lo indi-

Tal actitud no se escapaba a Ja penetración de . ,
.
que tendría que llegar el mo
t d
.
Juarez, Y a sabiendas de
men o e combaur 5
• ·
·
tar los recursos conciliatorios.
a u v1e10 armgo, quiso agoSalió Juarez
' de San Luis Potosí el 22 de di · b d
terrey, a pesar de la opinión contraria de v::~e Le ~63 rumbo a Monba al mando del Gral Manuel D bl d
. a erza armada est.amaban en la comitiva. las Mm.is o
y constaba de 1,500 hombres. Fortián Lerdo de Tejada de R 1 _tros iguel N~ete, de Guerra; Lic. ebas.
'
e ac1ones y Gobemac1ón . Ll J , M ,
s1as, de Hacienda. desmedrad M' . .
' y c. ose ana Igle,
o lDJsteno que en nad af
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za de Juárez como p...,..;d t
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uerza militar. Más se acery por largas etapas desirticas : : : ~ d por pueblos pobres y abandonado
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u1 a que a una marcha triunfal
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el
enemigo
acechaba
los movmuento
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de Juár .
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e batirlo y aniquilar!o. Al f rente el desierto
.
ezdi on a
.
¡
un oasis uatrocientas Iegu h .
' y o que pu era ser
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que esta alternativa: guerra o sumisión.

395
394

�Para cuando Juárez IJegó a Saltillo, Vidaurri, con fecha 2 de enero, babia
expedido una proclama llamando al pueblo a las armas, alegando la inseguridad en la paz, las depravaciones cometidas por "bandoleros que bajo el
nombre de guerrilleros intervencionistas, ejercen el robo y toda clase de excesos, con deshonra de su patria".
Pero resulta que esta actitud obedeció, más que a precaverse de los bandoleros, a prepararse contra Juárez.
Una de las primeras providencias de Juárez fue la de comunicar a Vidaurri que en vista de la situación prevaleciente, la administración de las aduana:; de Nuevo León y Coahuila quedarían bajo la responsabilidad directa de
la Secretaría de Hacienda. Esta medida causó enorme disgusto a Vidaurri,
por los perjuicios económicos que Je causaba, y se dispuso a sabotearla.
Hubo cambio de numerosas comunicaciones, sin que cediera en nada Juárez. Las dificultades por supuesto aumentaban, pues Vidau:rri, con insistencia semejante, se oponía al cumplimiento de las órdenes de Hacienda.
En estos y otros pormenores de no menor imp•ortancia se pasó el mes de
enero. Como nada se avanzaba con el cambio de notas escritas, Juárcz dispuso salir rumbo a Monterrey, llegando a Santa Catarina el día 10 de febrero;
Para el efecto de calmar los ánimos el Gral. Doblado pasó a Monterrey,
hablando con Vidaurri, ascgur.ándole que venían en plan amistoso con el
deseo de arreglar todas las dificultades.
Vidaurri se movía en un mar de prejuicios. No sabía qué camino seguir.
I-Iabiaba de la defensa de la Patria, y cuando se le ofrecía un lugar de honor
en 1a contienda lo rechazaba alegando nimiedades. Con tal espíritu, lo que
debía ser sencillo y cordial, Lo transformaba en complicado y enojoso.
Al día siguiente avanzó Juárez hacia Monterrey, reforzada la fuerza armada con 2,000 hombres más al mando del Gral. Antillón. A la altura de
San Jerónimo lo entrevistó el Gral. Doblado, informándole sobre la nueva
plática con Vidaurri, quien insistía en que se aplazara la entrada del ejército
hasta después de los arreglos que tuviesen.
No fue del agrado de Juárez aquella demanda; pero suponiendo que se
romperían las hostilidades de seguir adelante dispuso que pemoctaran las
tropas en San Jerónimo, y él y sus Ministros pasaron la noche en la casa
conocida con el nombre de El Mirador, situada al poniente de la calle Hidalgo, que venía a ser la prolongación de la carretera de San Jerónimo.
Para el caso, y p·or las dudas, Vidaurri concentró en la Ciudadela 22 piezas de artillería. parque y vívetts en abundancia.
Al día siguiente, 12 de febrero, la expectación en la ciudad era enorme.
Habían trascendido las dificultades entre el Presidente y el Gobernador. La

entrada cle Juárez adquiría relieves especiales. El cielo estaba nublado contribuyendo psicológicamente a acentuar la intranquilidad.
A eso de medio día se inició el desfile de las tropas, que resultó deslucido por la lluvia aparte de la frialdad de la gente, que no acertaba cómo
conducirse.
El recuerdo de un testigo presencial de los hechos agrega a este relato una
nota de vivo colorido. Transcribo, de un artículo publicado en Renacimiento
del 25 de marzo de 1906 suscrito con las iniciales F. E. R. la parte tiernamente humana de quien, siendo niño, vio lo que para siempre se grabó en
su corazón: "En esos momentos una griteria atronadora dejóse oír hacia el
lado de la calle de Bolívar, y en el recodo que ésta hace antes de desembocar en la plaza dicha, se destacó una carretela tirada por dos mulas de
grande alzada, a la que seguían como una medía docena de coches. Nos unimos a la multitud y corrimos tras el primer vehículo en todo el trayecto, de
la ealle del Roble a la de Galeana, hasta la casa del señor don Manuel Z.
Gómez, donde hizo alto la comitiva. Como Uegamos simultáneamente con
el coche pudimos observar todo cuanto allí pasó: descendieron de los asientos delanteros dos caballeros en quienes reconocimos después a los señores
don Vidal de la Garza Mireles y don José María de la Cara, ambos regidores del Ayuntamiento y que formaban parte de la comisión nombrada por
este cuerpo para ir basta la casa del señor don Juan López Peña, conocida
comúnmente con el nombre del 'Mirador' y donde había pernoctado el señor Juárez y su comitiva, para acompañarle en su entrada a la ciudad.
«Observamos que estos caballeros al pisar la banqueta de la casa se descubrieron respetuosamente, y eso nos hizo adivinar que tras ellos descende1fa la majestad del señor Juárez, que encarnaba en esos momentos la causa
de la República. Así fue, lentamente bajó del coche un hombre de mediana
estatura, robusto, de color broncíneo, de ojos vivos y p enetrantes, y que con
una mirada abarcó inmediatamente cuanto le rodeaba. No es posible explicar la emoción que todos los corazones experimentamos a la presencia de aquel
hombre, tan modesto en su porte y ademanes, como grande en sus patrióticos
hechos: no creíamos tener a la vista al hombre que desde las flaquezas de
Comonfort había levantado y sostenido con sin igual entereza el estandarte de
la República''.
Ya en la casa del Lic. don Manuel Z. Gómez, Juárez se puso en comunicación con Vidaurri para dar término a la ya muy larga controversia. No cabían taxativas1 explicaciones ni promesas, puesto que las tropas imperialistas
venían rumbo a Monterrey después de pasar por San Luis-Potosí. Alargar la
inestable situación era tanto como perder un precioso tiempo que aprovecha ría el enemigo.
397

396

�Fue así como en recados que van y vienen, de la Ciudadela a la casa ocupada por Juárez, se pasaron los días 12 y 13 y la entrevista no se realizaba.
Por fin el día 14 Vidaurri acudió a la cita después de cumplimentarse sus
deseos de que saliera la tropa armada de la ciudad, que había llegado con
Juárez. Esa esperada entrevista, que significaba la posibilidad de un aneglo,
resultó un fracaso, al grado de que, apenas transcurridas diez minutos, se
levantaron ambos personajes de sus asientos y se despidieron en forma por
demás fria. Juárez expresó a Vidaurri que se retiraba a Saltillo esperando
que las cosas fueran cediendo en su gravedad para ver de encauzarlas de manera conveniente para los intereses de la Patria.
En realidad Vidaurri buscaba motivos para prolongar la situación y posiblemente él mismo no sabía por qué ni para qué, pero era .indiscutible que
no había tomado una decisión firme en su actitud. ¿ Seguiría a Juárez en su
aventura de salvar al país de la invasión francesa? ¿ Echaría en olvido sus
luchas de años y años en las filas liberales en donde tantos lauros había
conquistado, y significaron la admiración y cariño de los habitantes del norte? ¿ Qué conflictos interiores atormentaban el alma de Vidaurri?
Por lo pronto, Vidaurri e peraba acrecentar sus fuerzas con las que traían
los generales Pedro Hinojosa y Julián Quiroga, próximos a llegar a la ciudad.
Y con ello probablemente alimentaba la idea de convencer a Juárez para
seguir usufructuando el Estado de uevo León y Coahuila como cosa propia,
aun cuando, en honor ele la verdad, confundía Vidaurri. sus propios intereses
con los del pueblo, ya que todo lo que obtenía era derramado en el bienestar
de la comunidad.
Por su parte J uárez, con un sentido práctico, que le daba su larga e)l.1&gt;eriencia en el campo de las operaciones militares y sabedor de que llegarían de
un momento a otro fuerzas del Gobernador, tomó la decisión de alejarse de
Monterrey, con la esperanza de regresar pronto en condiciones de obtener la
victoria por las buenas o por la fuerza.
El coche presidencial se alejó por la calle de Bolívar para seguir minutos después ¡iOr la calle Real, hoy H.idalgo. De ahí en adelante continuó por
an Jerónimo, chapoteando en los inmensos lodazales que se habían formado con la Lluvia. Más allá an Pedro, Santa Catarina, la Cuesta de los Muertos, Ramos Arizpe y Saltillo.
Todavía no salvaba Juárez los linderos de la ciudad cuando hicieron su
entrada las tropas vidaurristas, comandadas por los generales Pedro Hinojosa
y Julián Quiroga. Este inquieto guerrillero, famoso por sus cargas de caballería, quena atacar a la columna de Juárez; pero Vidaurri detuvo sus ímpetus.
¿Puede llamarse a esto visita presidencial? En cierto sentido sí, porque
Juárez, en su carácter de Presidente de la República, pisó tierra regioruontana.

Cierto que no se le recibió con los honores protocolarios ni con los festejo
acostumbrados en tales casos; pero ello obedecía a las circunstancias extraordinarias que privaban.
¿ Y el pueblo en general? Su actitud pasiva se explica desde el punto de
vista de los sentimientos. La obra de Vidaurri hasta entonces había sido de
tal magnitud, que no obstante los sacrificios de los habitantes del Estado,
para hacer frente a las exigencias de las continuas guem1s, se le respetaba y
se le quería como a un gran caudillo.
De pronto se presenta el distanciamiento, y surgió la pregunta : ¿ con quién?
Los sentimientos obraron de inmediato para después imponerse el cerebro.
El vidaurrismo rápidamente se eclipsó. Los más adictos militares que habían actuado al mando de don Santiago pusieron sus espadas al servicio de
la República que abanderaba don Benito Juárez.
Con cuánta elocuencia dice al respecto el Lic. emesio García raranjo
(El Porvenir, Feb. 5-1954): "En síntesis, para Lampazos que era vidaurrista,
aquella crisi fue motivo de duelo, un duelo que no obscureció la ruta del deber, pues todos aquellos hombres supieron ser leales a la causa republicana,
con el mérito supremo de que su lealtad significaba un inmenso sacrificio. El
pueblo se cubrió de crespones, pero no por ello dejó de ser patriota. Ningún
otro lampacense se adhirió al Imperio, pero todos ellos vieron el derrumbamiento de su caudillo con sabor amargo en la boca y lágrimas en los ojos. En
aquel momento terrible, debo rendirle un homenaje muy especial a mi abuelo materno, don Felipe Naranjo, el segundo padre de su hermano menor el
general aranjo a quien aconsejó acertadamente para que tomara la debida
orientación".
Quedan pues los campos definidos: Juárez, a nombre de la defensa de la
Patria, en Saltillo; Vidaurri, en su falsa posición de mantener la paz c-n Nuevo León y Coahuila, en Monterrey.
Veamos, en rápida incursión histórica, lo que después sucedió.

•
In talado Juárez en altillo de nueva cuenta, después de cambiar impresiones con sus ministros, tomó la decisión de romper con Vidaurri.
Al mismo tiempo en Monterrey aumentaba la intranquilidad, y en tanto
Vidaurri precipitadamene hacía acopio de elementos de guerra, el pueblo
reaccionaba a favor de Juárez.
El problema para Vidaurri radicaba en mantener fuera de la contienda
internacional a uevo León y Coahuila, lo que resultaba imposible. i lo acep399

398

�taba el Gobierno Republicano, ni Jo aceptaría el Imperio de Maximiliano.
Siendo parte de la Nación el territorio gobernado por Vidaurri tenía forzosamente que sufrir las consecuencias de la guerra.
En esta falsa situación se vio Vidaurri arrastrado hacia la contienda general, y desafortunadamente para él y para el país, por inercia, ocasionada
por un mal entendido principio de neutralidad, su poder, su prestigio, todo,
quedó subordinado a servir a una causa contraria a los ideales por los que
había luchado con denuedo durante toda su vida política y militar.
Su agresividad, contenida en buena proporción por la lucha interna de su
conciencia, le daba ánimo, no muy lúcido, para aumentar sus recursos de
guerra. Envió carta circular a sus amigos y a las autoridades municipales informándoles de los últimos sucesos, y de sus propósitos de hacer frente "a la
ruina que amenaza al Estado de parte de la desmoralización y vandalismo
que acompaña la presencia del gebiemo de la nación".
Ya en esta pendiente ordena a los presidentes municipales que, si algunas
personas acuden a los pueblos a dictar o ejecutar órdenes del Gobierno Federal, sean aprehendidas.
Sin embargo, no muy seguro de sí mismo, envió a Juárez en comisión al
r. Ignacio Basad.re y al Gral. Pedro Hinojosa, portadores de un pliego en
el que Vidaurri proponía su separación del gobierno del Estado, con la condición de q_ue a nadie se persiguiera; que la oficialidad y la tropa quedaran en
libertad de seguir en el servicio o retirarse.
Los comisionados fueron detenidos a las puertas de Saltillo por órdenes
del Gral. Miguel egrete, Secretario de Guerra, quien les comunicó que no
serían recibidos por el señor Presidente. En esa situación hicieron entrega de
la comunicación de Vidaurri.
La contestación la dio por escrito el Gral. Negrete por instrucciones de
Juárez. En tono seco, enérgico, contundente se le decía a Vidaurri 'que habiéndose rebelado contra el Gobierno acional para inodarsc en el crimen de
traición a la patria, y llevar adelante sus inteligencias y maquinaciones con
el invasor extranjero... - no puede oír proposiciones de arreglo, ni aceptar
más que la completa sumisión a la ley, sin condiciones de ninguna clase, que
nunca son admisibles cuando se trata de la causa de la _independencia de la
República". Los comisionado fueron puestos en libertad llevando a Vidauni. la noticia de su definitiva eliminación de la causa constitucionalista.
Hago omisión de los pormenores que tuvieron lugar durante el tiempo transcurrido del regreso de Juárez a Saltillo y de su retomo a Monterrey. Por su
ategoría es de mencionarse el decreto expedido por J uárez el 26 de febrero
disponiendo la separación de uevo León y Coahuila, lo que ocasionó a Vidau-

400

rri una depresión moral tremenda, acompañada de la pérdida económica que
significaban los productos de la Aduana de Piedras Negras.
Como mi propósito es el de hacer referencia a. la estancia de Juárez en
Monterrey, no ahondo en todo cuanto se refiere a la época; pero tampoco
es posible suprimir los elementos informativos que nos coloquen en condiciones
de apreciar el panorama que prevalecía.
El día 3 de abril hace Juárez su entrada a Monterrey. El día anterior había desfilado por las cal1es engalanadas con gallardetes y banderas tricolores,
el general Negrete, al frente de las tropas. El día 29 de marzo evacuó la
plaza Vidaurri al frente de mil hombres armados. Su salida daba la impresión de quien se aleja sintiéndose derrotado. Por Piedras Negras se internó
en Texas junto con Quiroga, dispersando a sus soldados, a quienes se les
decía que estuviesen listos por si se necesitaban sus servicios.
Pero vamos a lo que ya puede llamarse visita, Ja que se prolongó hasta el
15 de agosto.

•
Encuentra Juárez en Monterrey un ambiente acogedor. Su entrada la hace
en med10 de las aclamaciones del pueblo, que ha decidido en forma radical
su simpatía por quien representa la integridad nacional. Se desvanece más
rápidamente de lo que podía suponerse la admiración que existía hacia Vidau.rri. No se escuchan los acostumbrados "mueras" para el caudillo que
huye; pero se acrecienta día a día el divorcio entre él y el pueblo que lo
admiraba.
El licenciado José Ma. Iglesias, ministro juarista, a partir de 1862 redacta
crónicas de cuanto sucede en el pais y en el extranjero sobre la Intervención
Francesa. Bajo el título de "Revistas Históricas'' son publicadas y distribuidas en la m jor y más amplia forma posible. Sobre ]a entrada de Juárez a
Monterrey dice:
"Para reorganizar la administración pública en uevo León, el supremo
gobierno ha venido del Saltillo a Monterrey, donde se le ha recibido con positivo entusiasmo, esmerándose la población en las demostraciones de regocijo con que ha solemnizado 1a llegada del primer magistrado de la nación.
Las autoridades y arios de los pr,ncipales w:cinos salieron a recibirlo a una
legua de distancia de ]a ciudad. Las casas estuvieron adornadas, de día con
cortinas, y con luces por la noche. En el tránsito para palacio, de muchos balcones arrojaron las señoras flores y ramilletes. Los aplausos, los vivas, la alegría popular, demostraron la espuntaneidad de la recepción, bien distinta de

401

�las que proceden de órdenes oficiales. El ayuntamiento y el vecindario dieron al presidente y su mini tros, n el teatro del Progreso, un baile de ob equio, al que concurrieron todas las familias principales de la ciudad. En resumen, nada ha quedado por desear de cuanto pudiera apetecer el más exigente, como testimonio de la satisfacción causada a los habitantes de Ja capital de uevo León por la caída de su tirano".

Se dedica Juárez a planificar y jecutar todo cuanto co1Tesponde a la
alta misión que desempeña. Dicta órdenes para el aprovisionamiento de armas y parque que mantengan en condiciones combativas a los numerosos
contingentes que ostienen en pie la soberanía nacional.
fantiene comunicación constante con los generales republicanos Jesús González Ortega, Podirio Díaz, Patoni, Escobedo, Naranjo y Treviño, con BerriozábaJ, egrete, Cortina, Hinojosa y decenas más de republicanos que combaten denodadamente contra el invasor, unas veces con suerte adversa y
otras en memorable victorias. Todo ello constituye para Juárez una preocupación que llena sus actividades día y noche y alienta su espíritu que jamás
se doblegó ante la defección de algunos de sus amigos y valientes correligionarios, ni ante la sup rioridad numérica y combatí a del enemigo durante
los tres primeros añ_os de la contienda.

•
En las noches veraniegas, de intenso calor, gustaba Juárez pasear en la
Plaza Zaragoza, acompañado de algunos de sus ministros y de vecinos distinguidos de Monterrey.
El clima ardiente, r Crescado levemente por las corrientes de aire escapadas del cañón del Huajuco, apenas si daban un ligero alivio. Se impmúa andar en camisa; _pero J uárez, imperturbable, como si a él no le hiciera mella
el calor, andaba con su pesado atuendo. Saco recto, chaleco, y pantalón de
casimir color negro.
Cierto que la presencia de Juárez no era distinguida por Jo que hacía a su
estatura, garbo, color de la piel; pero tampoco impresionaba por fealdad o
desarreglo en el ve~tir como lo pinta en uno de su · romances don Guillermo
Pri to:

Se. ue al licenciado Juárez
con su figura plebeya,
sombr razo de anchas alas,
raída y grosera chaqueta,

402

pantalones azul claro
que al empeine no le llegan,
con una faja de lana
que los detiene 'Y sujeta
y que valuando con garbo
no valdrían dos pesetas.

Pobr figura la de Juárez descrita en forma tan zahiriente. Le ajustaba
mejor el cuadro a1 mismo romancero. abido es que a Prieto lo tenía sin
cuidado el aliño: era despreocupado tanto en su atuendo como en su físico;
siempre traía la cabellera alborotada, la barba que cubría )as mejillas sin
orden, con los anteojos cabalgando en las narices, los zapatos mpolvados,
todo lo cual le daba la apariencia de un amable vagabundo, de buenas maneras, sonriente, bondadoso y con la frase picante a flor de labio.
Era don Guillermo Prieto de los más asiduos acompañantes de Juárez,
en esos paseos por la Plaza Zaragoza. Alto él, de mediana estatura Juárez,
caminaban lentamente. Para Juárez la compañía de Prieto le era agradable
porque con sus ocurrencias le hacía olvidar aunque fuese por momentos los
graves problemas que afrontaba.
¡ Qué distinta 1a compañía del Lic. José María Iglesias! erío, circunspecto, de magnífica presencia, bien peinado, arreglada la barba de candado, intensamente negra, con sus lentes bien colocados y limpios no daba
reposo a Juárez, hablando de los asuntos hacendarios con machacante insistencia, y no le faltaba razón pues se carecía de todo, y ya lo decía apoleón: para la guerra se necesita dinero dinero y dinero.

En don Sebastián Lerdo de Tejada la conversación debía contener una
buena dosis de filosofía y de historia. o se habían estudiado a fondo, según él, las causas determinantes de la Revolución Francesa, ni se habían fijado los alcances filosóficos de la libertad de creencias, ni de la estructura
social del capitalismo.
Terciaba en estas disquisiciones el Lle. Manuel Z. Gómez, siempre atento a lo que exponían los ilustres acompañantes de Juárez, entre quienes hay
que agregar al Gral. Doblado, Suárez Pizarro, Gamboa y licenciado Pedro
an tacilia, yerno de Juárez.
Solían también agregarse a la comitiva intelectuales de la ciudad y miembros del Ayuntamiento, como el doctor José Eleuterio González, licenciado
Manuel Z. Gómez, don Vidal de la Garza Mireles, don José Ma. de la Garza, don Pedro Elizondo, don José de Jesús Benítez, don Jesús Ma. Benítez y
Pinillos, licenciado Lázaro Garza Ayala, don Juan C. Doria, don Pedro Mar4-03

�tínez. Muchos de ellos se distinguieron posteriormente, combatiendo a los
invasores.
Con más frecuencia de lo deseado se hablaba de Vidaurri. Para Juárez
esas evocaciones le causaban gran molestia. Aún cuando en su semblante no
se reflejaban sus íntimos sentimientos era notorio que prefería cambiar de
tema. Tal parecía que le hacía daño en su espíritu recordar que había perdido más que a un colaborador de altura, a uno de sus más queridos y admirados amigos. No podía olvidar las finas atenciones que tuvo para su esposa doña Margarita Maza y para sus hijas, cuando residían en Saltillo, a pesar de la tirantez de relaciones existentes entre ambos.
En cuanto a su esposa y a sus hijas: Manuela, Felicitas y María de Jesús,
mantenían amistad con familias distinguidas de la ciudad, y especialmente
con las hijas del general don Ignacio Comonfort, Clara y Adela, que Tesidían en Monterrey bajo la atención de Vidaurri.
Puede sintetizarse la estancia de Juárez en Monterrey como el toque más
acentuado de las desventuras, y como el yunque en que se fraguaron los caracteres de quienes, a nombre de Ja independencia de la Patria, se entregaron sm reservas a su serv1c10.

•
La inquietud de don Guillermo se manifestaba especialmente en su sensibilidad poética, de ahí que, apenas apaciguados Jos dolores lumbales, ocasionados poT las intenninables caminatas buscara y encontrara la forma de publicar algún pasquín, que le sirviera de tribuna pública para desahogar algo
de lo que bullía en su cerebro y de lo que destilaba su generoso corazón.
Y salió a luz el periodiquillo El Cura de T amaj6n. Los tiempos eran propios para las tragedias, para las meditaciones profundas; pero en don Guillermo la vida escondía entre las penas motivos de satisfacción, lo que procedía era olvidar lo uno y exaltar lo otro. A la tristeza se le combate con la
alegría, a la nostalgia con la esperanza, al dolor con el estoicismo.
Tales pensamientos nonnaban la mente y la acción del poeta, y en versos
picarescos y prosas incisivas moldeaba dardos venenosos contra los enemigos.
¿ Que venían cediendo terreno a los franceses? cierto, la situación de las
armas así lo exigía; pero a mayor extensión de territorio que cuidar, mejores condiciones para atacar. Además, bien sabido es que los iajes ilustran,
y en el caso, obligadoc; por la presión del enemigo, llegaban a pueblos que
en otras condiciones tal vez no hubiesen visitado, y lógicamente, argumentaba don Guillermo como estribillo machacante, no hubieran tenido la opor-

404

tunidad de estrechar la mano de los amigos, de hablar con ellos, de imbuirles
la fe que irradiaba la persona de don Benito.
Aquí tienen ustedes, decía don Guillermo, en una de esas reuniones de
amigos, opinamos sobre los problemas graves y triviales que nos interesan,
cambiamos impresiones sobre los errores cometidos, y alentamos esperanzas
confiados en los aciertos, que no son pocos, ¿ cómo haríamos cosa semejante a distancia?
El poeta metido a dómine; pues como profesor de, historia y literatura estaba acostumbrado a la cátedra, al grado de que en donde se reunía con más
de dos personas pronto se calaba los anteojos, se pasaba la diestra por la enmarañada barba, y disertaba con tono académico sobre los más disímbolos temas, sin perder las buenas maneras del caballero, ni 1a sonrisa bondadosa
con que adornaba sus charlas.
Este personaje, emotivo, patriota, desinteresado, constituía en la comitiva
presidencial un factor de lne timable valor. Camino a Chihuahua después
de abandonar Monterrey pemoctó Juárez en Noria de Pedriceña, Durango. Vale la pena transcribir un párrafo de las R evistas Históricas del licenciado José Ma. Iglesias. Puede apreciarse en esos renglones, escritos en momentos críticos para el Gobierno Republicano, el alma cristalina y recia de
aquellos varones que jamás pensaron en la derrota:
"En la Noria Pedrizcña se celebró, en la noche del 15 de septiembre, el
fausto aniversario de la proclamación de la independencia mexicana. En la
capilla del pueblo, que servía de alojamiento al batallón de Guanajuato, pronunció un improvisado y elocuente discurso el C. Lic. Manuel Ruiz, y enseguida habló también el presidente de la República, cuyas sentidas palabras
conmovieron a los concurrentes.
"El día siguiente se pasó a la hacienda del Sobaco, donde también se celebró en la noche el aniversario patriótico que recuerda aquella fecha memorable. Fue eJ orador el C. Guillermo Prieto, quien en un corto rato escribió un discurso lleno de poesía y ternura. La solemnidad del acto fue grandiosa por su misma sencillez. Las montañas que limitaban el horizonte se
elevaban majestuosas, como testigos mudos de aquel imponente espectáculo.
La luna, saliendo de entre unas nubes que la habían ocultado poco antes, rielaba sobre el Nazas, que corría a poca distancia. El cuadro de los concurrentes, formado junto a ]a puerta de la hacienda, se componía de1 gobierno, de
la escasa cuanto leal comitiva que lo ha acompañado en su tercera peregrinación, de los soldados del batallón de Guanajuato y l cuerpo de carabin eros a caballo, fiel escolta del supremo magistrado de la nación, y de los
sencillos habitantes de la hacienda, que por primera vez sin duda asistían a
un acto semejante. Después del discurso, entonaron los soldados canciones

&lt;lf

405

�patrióticas, con las que alternaban danzas populares y representaciones alusivas a las costumbres de los indios bárbaros".
El ambiente campirano, el convivir con las gentes humildes, sirvió a don
Guillermo Prieto para afinar aún más sus sentimientos. Habí.a en él todo
cuanto constituye el fondo emotivo, creador y de ensueño del poeta. ació
poeta, y con este trajinar cerca de los pobres, de los que carecen hasta de lo
necesario para la vida, almacenó conocimientos y arraigó en su corazón un
gran amor por lo desvalidos, de donde surgieron sus poemas, y las páginas
sentimentales de sus memorias.

•
Cuando alrededor de una mesa se reunía Juárez con sus ministros cambiaba la ituación. De oyente se convertía en expositor. Era común que en los
graves problemas, después de escuchar las opiniones de sus con ejeros y amigos expresara sus puntos de vista, con la mesura y la energía con que acostumbraba producirse. Se le oía con respeto y se le acataba, no siempre de
buena gana; pero con la convicción de seguir y obedecer a quien acepta sin
reservas la responsabilidad de sus actos, y es capaz de llegar al sacrificio incluso de 1a vida.
Convertido el recinto oficial del Estado en Palacio Nacional -esquina
suroeste de Morelos y Escobedo- cobraba el modesto edificio inusitada categoría. Desde los ministros, funcionarios del Estado y generales, basta los
particulares, al entrar al palacio adoptaban respetuosa actitud, que se acrecentaba en presencia de don Benito Juárez, encamación viva de los más sagrados intereses de la Patria.
En suma, la estancia de J uárez en Monterrey constituyó para él una dura
prueba; pero al mismo tiempo le sirvió para darse cuenta exacta del material humano de aquí. A excepción de Vidaurri y de Quiroga, los más destacados hombres de acción respondieron con firme adhe~ión a lo principios
nacionalistas.
Puede mencionarse en primera línea a los militares: Mariano Escobedo,
Jerónimo Treviño, Francisco 1aranjo, Lázaro Garza Ayala, Pedro Martínez,
Juan C. Doria, José S. Aramberri, Ruperto Martlnez y Pedro Hinojosa.
Pronto se hizo sentir la acción de esto patriotas. Empeñados en una guerra sin cuartel no daban descanso a sus actividades, incursionando por Nu vo León, Coahuila y Tamaulipas, en admirable coordinación que les per-

mitió conquistar grandes y decisivos triunfos.

•
Mi buen amigo y compañero de aficiones históricas don Apolinar unez
de León, me ha referido una sencilla anécdota, que él a su vez escuchó de
personas ligadas a los acontecimientos relacionados con la estancia de Juárez
en Monterrey.
Un estudiante de derecho, de esos con título de 'destripado", se acercó a don
.Benito en súplica para que se le diera una nueva oportunidad.
Juárez lo interroga: "joven ¿ qué es derecho? ¿ Qué es justicia? El estudiante, perplejo, dirigió la vista al cielo como en señal de inspiración para conte tar dichas preguntas. Tardando mucho tiempo en hacerlo, uno de los circunstantes interviene y le dice al señor Juárez: Vea usted, señor Presidente, el joven anda buscando la justicia en el cielo, temeroso de no encontrarla en la
tierra".
Don Benito, dándose cuenta del aturdimiento del estudiante, quiso estimular
su audacia. Con gesto amable ordenó al licenciado Santacilia que procediera
de acuerdo con los deseos del joven a quien, como despedida, le dijo que esperaba saludarlo como compañero en plazo no lejano.

Paseando el Presidente Juárez en la plaza Zaragoza, sin más acompañamiento que la luz de la luna, ensirrusmado en sus pensamientos, se le acercó un individuo de aspecto humilde y caminando a su lado le dijo: señor Presidente, lo
importuno solamente para escuchar su voz, perdone mi imprudencia. Sin detener Juárez la caminata dirigió una rápida mirada al individuo dándose cuenta
de que se trataba de una persona ingenua, pero de buena fe, y sin tardanza
contestó:
·
Mi voz es como cualquiera otra, aunque a veces no se le quiere e cuchar;
pero seguiré hablando a tas conciencias de los hombres para que luchen por
la independencia y por la libertad.
El interlocutor, que resultó ser un modesto impresor, sin salir de su asombro al ser complacido en forma tan elocuente, trató de besar la mano de
Juárez, lo que éste no le permitió diciéndole: no, eso no, usted y yo somos
iguales, bese a su mamá, a su esposa y a sus hijos.
Al día siguiente en la ciudad no se hablaba más que de este incidente.

•
4-07

4-06

�Algunos viejos, testigos presenciales de la estancia de J uárez en Monterrey, a principios del siglo actual referían que en cierta ocasión, cuando discutía con sus ministros sobre la posibilidad de abandonar la ciudad, y dirigirse a Chihuahua, las opiniones se dividían oponiendo como causa principal la enorme distancia que lgs separaría de la capital de la República. J uárez replicaba que, si podían llegar hasta esas lejanas tierras en condiciones
difíciles, con mayor facilidad regresarían al sonar la hora de la victoria.
Cuando las opiniones se inclinaban en favor de Juárez, el geneml egrete1
que había permanecido serio, taciturno, como volviendo en sí después de
una exploración mental, en tono reposado y grave dijo: no olvidemos que
el camino, además de largo, es sinuoso, p-or las montañas, los ríos, los desiertos y los montes que hay que salvar, y puede suceder que nos veamos en la
necesidad de transitar a pie bajo la lluvia y el sol. El señor Presidente ...
Le interrumpe Juárez sin alterar la voz y dice: Señor General Negrete: con
su patética exposición ha despertado en mí dormidas experiencias de mi vida,
cuando descalzo o con huaraches cuidaba de las cabras, no sentía el maltrato
en los pies, ni fatiga en el cuerpo, y en cambio mi espíritu se ensanchaba
ante las bellezas de los montes, de los arroyuelos, de los pájaros, de las
nubes y del sol. Si ahora el destino nos depara una prueba semejante
esté usted seguro de que el solo recuerdo de mi niñez me dará ánimo y fuerzas para vencer toda dificultad ...
Se había transfigurado la figura de Juárez, y al callar, el general Negrete,
cuadrándose militarmente, expresó conmovido: Señor Presidente, con usted
iremos has.t a el fin del mundo.

•
Un hijo más de Juárez, nacido en Monterrey, acrecentó su familia. Con
este motivo la sociedad hizo sentir su adhesión al matrimonfo, t'.specialmente a doña Margarita Maza, que había conquistado el cariño de todos por su
modestia y don de gentes. Se le admiraba por su devoción a los deberes de
esposa y madre, por su patriotismo y por su valor al acompañar al Presidente de la R epública en esa ya larga peregrinación, llena de dificultades y de
peligros. Por ella se hubiera agregado a la comitiva, sin importarle lo que significaba volver a salvar cientos de leguas de desiertos y montañas, careciendo en ocasiones hasta de lo más elemental para la subsistencia.
No podía J uárez aceptar un sacrificio semejante. La familia reclamaba la
atención directa de la madre. Los recursos escaseaban; pero él trataría de
proveer lo necesario. Y la despedida se impuso. La Patria atormentada, des-

408

garrada por la fuerza extranjera y por Ja ignominia de los malos mexicanos
exigía la entrega sin reservas de los leales.
'
Juárez seguiría hasta el final en la guerra, su esposa, .en el destieFro esperaría tiempos mejores.
Como documentos históricos copio el acta del registro civil del niño, y
enseguida la de su, bautizo.
No fue eso todo ya que también nació en Monterrey una hija del licenciado ~edr~ ~antacilia y de doña Manuela Juárez. Un hijo y una nieta de don
Bemto VlllJ.eron al mundo aquí. También transcribo e1 acta de su bautizo.
"OFICIALIA PRIMERA DEL REGISTRO CIVIL. Libro No. 1. correspondiente al año de 1864, foja 2. . ..................... .. ........ .
Al margen.-ANTONIO JuÁREz.-Acta cuadrágesima cuarta.
Al centro.-En la Ciudad de Monterrey, a los veintiocho días del me d
h'
se
oc oc1entos sesenta y cuatro, ante m~ el Juez del Estado Civil
Y testigos que al final se nombrarán, el Presidente de la República, Ciudad:1-°o ,Benito Juá;ez, vecino de México, y residente hoy en esta Capital, ma°!:esto: ~~e el día trece del corriente, ·a las nueve y cuarto de la mañana, na,.
c10 un runo que se llamará ANTONIO, el cual es hijo legítimo suyo y de su
esposa la Señora Doña Margarita Maza. Todo lo cual en cumplimiento de
la Ley hice constar en la presente acta, que leí al declar:mte y testigos los
Ciudadanos José María Arteaga y Francisco Día.z~ mayores de edad y recientemente avecinados en esta Capital, quienes firmaron conmigo: Doy fé.- Anto.
Tamez.-Benito Juárez.-José Arteaga.-F. Díaz. (Rúbricas)" .

Jumo'dmii
e

"LIBRO No. 38 DE BAUTISMOS. PRINCIPIA EL 15 DE ENERO DEL
A1'l'O DE 1864 A 1865. ..... - ............... - - ..... .. ..... - . - ..... .
I

PARROQUIA DEL SAGRARIO DE LA CATEDRAL DE MONTERREY.
Página 106.
En el Palacio de Gobierno, previo el permiso del Superior Gobierno .Eclesiástico del Obispado, a los veinte y tres días del mes de julio de mil ochoci&lt;mtos sesenta y cuatro, yo el infrascrito cura, bauticé solemnemente y puse el Santo Oleo y Sagrado Crisma a JosÉ ANTONIO de un mes y once días de nacido,
hijo legítimo del Ciudadano Presidente Licenciado Dn. BENITO JuÁREz, y de
Dña. MARGARITA MAzA, vecinos de ésta, fueron sus padrinos Dn. Pedro Santacilia y Dfia. Manuela Juárez a quienes se les advirtió su obligación y pa-

4-09
e H-27

�rente co espiritual; y para constancia lo firmé.

'RAFAEL DE LA GARZA

SEPÚL-

VEDA (Rúbrica)".
o. 38 DE B UTISMO . PRl CIPIA EL 15 DE ENERO DEL
A~O DE 1864 A 1865. : . ..... . .......... · .. · · · · · · · · · · · · · · - · · ·

'LIBRO

PARROQUIA DEL SAGRARIO DE LA CATEDRAL DE MONTERRE ·
Págma

#

106.

En el Palacio de Gobierno, previo el permiso del upcrior Gobierno Eclesiástico del Obispado, a los veinte y tres días del mes de julio d mil ochocientos sesenta y cuatro yo el infrascrito cura, bauticé solemnemente Y puse el Santo Oleo y Sagrado Crisma a MA. JuANA DoLORES, de doce dí~ de
nacida, hija legítima de Dn. P dro antacilia y de Dñ3: MA_NUELA _JuAREZ
vecinos de ésta, fueron sus padrinos Dn. omingo de Go1cou~t.a y Dna. _Carlota Mora re identes en ueva York y por comisión de los rmsmos el Ciudadano Presidente Licenciado Dn. BENTI'O JuÁREz y Dña. MARGARlTA MAZA,
a quienes se les advirtió su obligación y parentesco espiritual; Y para constancia lo firmé. RAFAEL oE LA GARZA EPÚLVEDA (Rúbrica)".
Siguiendo Ja costumbre de la región se festejaron los sucesos con una merienda de chocolate y repostería a la que asistieron las personas de más
confianza. Sirvió aquella reunión de pretexto para a.cercarse más los vecino
de Monterrey a la familia del Presidente Juárez.

•
Cerca el enemigo con fuerzas numerosas y bien equipadas de franceses Y
mexicanos afectos al Imperio de nueva uenta tomó Juárez los caminos polvorientos del desierto, con la fe inquebrantable de los iluminados. A su familia la envió a los ·Estados Unidos vía Matamoros.
Enfiló hacia Chihuahua tratando de alejar al invasor de su centro de
aprovisionamiento. El coche, modesto medio de transporte sal aba increíbles
distancias rodando ntre lodazales, hoyancos, arroyos crecidos, pendientes
que obligaban a los pasajeros a bajar del coche; pero la volwitad de setvir y
de triunfar daba a Juárez un torrente inagotable de energías.
Quien viera aquella desmedrada caravana no podía concebir que en lla
fuesen los funcionarios más ele ados del Gobierno Republicano. Juárez Y algunos de sus ministros en el coche, los demás a caballo. A la vanguardia un

destacamento de soldados de la más absoluta confianza; pero en número tan
limitado que por mucho valor y destreza de que fueren po eedores, al ser
atacados por fuerzas superiores en número y armamento difícilmente podrían resistir.
A la retaguardia otro d tacamento de iguales características, y► en el centro, siguiendo aJ coche presidencial, caminaban en hilera once carretas tiradas por bueyes, llevando 1 valioso cargamento del archivo naciónal. ,
~I enemigo tenía noticias de ese arriesgado y trágico éxodo y anhelaba posesionarse de la documentación. Juárez sentía sobre sí la responsabilidad de
traer consigo aquel voluminoso cargamento, sin contar con los medios adecuados para su conservación, en un caso nada remoto de ataque del enemic:,o.
Decidido a dejar en lugar se.guro los documentos consultó con sus mínis:Os
y estuvieron de acuerdo. Habían llegado a un Jugar llamado El Gatuño del
municipio de Matamoros Coahuila. Era el 4 de septiembre. Habían ~n
currido quince días desde Ja sa1ida de Monterrey, salvando una distancia como de 400 kilómetros. Para llegar a Chihuahua faJtaban 800 kilómetros más
de tierras pelonas, carentes de agua.
Los vecinos de aquella ranchería recihie~on a los maltrechos viajeros con
demostraciones de sincera amistad, brindándoles toda clase de atenciones.
"Después del almuerzo - leemos n el folleto Pueblo H éroe, escrito por ]a
profesora Rosario Femández-, camina el señor Juárez bajo una enramada
que había frente a la casa, Jas manos hacia trás, los ojos clavados en el suelo. Preocupado, se detiene de pronto y pide que llamen a González Herrera
jefe de la guerrilla liberal. Tiene un encargo qu'e hacerle: necesita un hom~
bre capaz de cumplir una misión de importancia suma, de vida O muerte.
e ausenta don J ús y al rato regresa con el hombre, alto, barbado, de complexión atlética. Se llama Juan de la Cruz .Borrego y es agricultor de ]a región.
"Se sientan los tres bajo la enramada. Juárez, con su habitual actitud solemne, les explica: Las once carretas colmadas de fardos traen los archivos
de la ación. Los invasores y los traidores qLLieren apoderarse de esos documentos. Hasta Chihuahua, adonde él se dirige el camino es largo y lleno de
acechanza . Quiere poner en manos de los tulises esos tesoros, seguro de que
sabrán guardarlos a riesgo de sus propias vidas. Don Juan de la Cruz Borrego contesta con un parco 'descuide usted, eñor' e informa que tiene un
puñado de hombres a la altura de tal misión. Es todo. El indio y el norteño
se estrechan la mano fuertemente, sin más palabras".
igue la caravana rumbo a Chihuahua ya sin la impedimenta del archivo, que ha quedado n poder de un puñado de hombres de honor. Tres años
despué~, de regreso Juárcz, amparado por el triunfo de la República, recibe
el archivo nacional de manos del mismo Juan de la Cruz Borrego.

411

410

�•
Para mi objeto, n esta ocasión, dejo a Juárez en el camino qu describe
don Carlos Pereyra: 'En un campo eriazo de la frontera del orte, ulebreaba, una tarde, la fugitiva caravana presidencial. En Ja inmensa llanada
no había un árbol una casa un arroyo: la gobernadora extendia, hasta perderse d vista, su cenicienta alfombra" ...

ORIGE

DE LA CIUDAD DE MO TEMORELOS 1
intesis de una inuestigaci6n históricaProf. Cmo R. CANTÚ
Escuela Normal Superior

A ETENTA v SIETE- kilómetros, hacia el sureste de esta ciudad de Monterrey
se haJJa el ameno Valle del Pilón, "tierra feraz y privilegiada", como la IJamarnn los antepasados que en ella ivieron; feraz por su singular calidad
privilegiada por su inagotable río, factor de su ílorecimiento agrícola durante más de trescientos años.
En un rincón del valle, sobre una especie de meseta recortada por el rlo
en su banda del norte ( diremos asi para emplear el lengua je de los "pobladores y pacificadores") está situada ]a ciudad de Monte-Morelos.
Mo.nte-Morelos es el C nlTO de la prodigiosa comarca naranjera de Nuevo
L eón Ja más importante de México.

La uer.sión oficial. Hace años me propuse escribir la historia de esa tierra,
mi solar nativo.
Para iniciarla acudí a la ecretaría del Ayuntamiento en bu ca de dalos. Allí
me proporcionaron una copia del documento oficial que se habia elaborado
para satisfacer las demandas de las autoridades superiores y de algunos curiosos, amantes de hurgar en el pasado.
El ejemplar que se me entregó dice:

Ciudad de Mont e-Morelos.- El 28 de febrero de 1 701 siendo Gobernador del Nueuo Reyno de L eón, como se llamaba entonces a nuestro Estado, D. Juan Francisco Vergara y Mendoza, a solicitud de los
Sargentos Mayores Carlos Canlú, Alonso de León, Nicolás de Medina
' Trabajo leído por ru autor en la sesión-cena de la Sociedad
Historia, Geografía y Estadística, el 13 de septictmbre de 1966.

412

uevoleonesa de

4l3

�Cortés y Capitanes Cipriano García de Pruneda, Miguel y Mateo de
León y Diego de Peñalosa, se fundó la Villa de San Mateo del Pilón.
Su erección fue confirmada por el R ey de España D. Carlos ]JI en el
año de 1,765 y se. le dio el título de ciudad por decreto número 39 de
28 de mayo de 1,825 a iniciativa del entonces Diputado, ciudadano José Ma. Parás Ballesteros, hijo de este municipio, bajo el nombre de
Monte-Morelos en memoria del invicto Cura, D. José Ma. Morelos y
Pavón, nombre que ha conservado desde entonces con beneplácito de
sus habitantf!s''.
Entre los solicitantes figuran hacendados del Pilón y de la Mota, pues se
consideraban ambos Valles comprendidos en la misma jurisdicción.
Traté en seguida de reunir todos los documentos relativos al proceso histórico que vivió a través del tiempo nuestra ciudad, a partir de aquel lejano
28 de lebrero de 1701 hasta nuestros días.
Durante varios años desempolvé los expedientes que forman el Archivo
Municipal. Encontré el legajo que lleva la fecha de 1701. Se titula "Autos
de la Fundación de la Nueva Villa del Valle del Pilón.-1,701", documento signado de puño y letra de los presuntos fundadores a que se refiere Ja versión oficial.
Es el documento que se publicó y difundió desde el siglo pasado y que posteriormente han reproducido historiadores y periodistas, como lo hace en su
obra el Sr. D. David Alberto Cossío.
Cuando lo leí en la Historia de uevo León, que escribe el Sr. Cossío,
me llamó la atención el comentario que formula después de transcribir los
"Autos" aludidos.
Aunque el Gobernador V ergara y M endoza dio oportuno aviso de
esta fundación al Virrey, Conde. de Moctezuma y Tula (anota el poetahistoriador) la aprobación que se pedía a este gobernante nunca llegó;
no obstante La citada Villa desde aquella fecha, siguió floreciendo y
prestando grandes servicios al gobierno y a todo el reino.
Este concepto priva en todos los escritores, de ayer y de hoy, que se han
ocupado del tema.
¿ Cómo fue la floreciente villa de San Mateo del Pilón en los primeros años
de su existencia? ¿Dónde habitaron los primeros "doce vecinos españoles,
casado.s, con sus familias" a que se refiere el documento de 1701? ¿ Quiénes
constituyeron su primer Ayuntamiento?
414

Estas y otras interrogaciones me llevaron a buscar en el Archivo Mtmicipal las huellas de los hacendados que suscriben los "Autos de la Fundación".
Esperaba encontrar constancia de la actuación, co,mo regidores perpetuos,
de los Sargentos Mayores Carlos Cantú y Nicolás de Medina Cortés, y de los
Capitanes Mateo de León y Diego de Peñalosa, quienes, según los susodichos "Auto", habían pedido por 'recompensa de este servicio que a S. Mgd.
hacían" les hiciera la merced de nombrarlos regidores vitalicios de dicha villa.
Con sorpresa, que aumentaba con cada expediente que leía, encontré que
todos los legajos del ar hivo, sin excepción se referían al Valle del Pilón, ninguno a la villa de San. Mateo del Pilón.
En testimonio de mi aserto reproduzco dos pasajes del testamento del Sargento Mayor D. Carlos Cantú, uno de los hacendados que tuvieron más
destacada participación en los sucesos de 170 l.
El albacea del Sargento Mayor nombrado expresa: " otorio sea a todos
los que el presente vieren cómo yo, el Capitán Juan Diego Gómez de Castro,
vecino de este Valle del Pilón jurisdicción de la villa de San Juan de Cadereyta, Gobernación de este Nuevo Reino de León, en virtud de los comunicados testamentarios que por última voluntad declaró expresamente conmigo, debajo de entera satisfacción manifestada, el Sargento Mayor Carlos
Cantú, mi tío, vecino que fue de este sobredicho Valle'~... Siguen las cláusulas t~stamentarias, pero n ninguna de ellas se hace referencia a la villa de
San Mateo ni al Sitio de ganado menor ofrecido para la fundación; tampoco de su nombramiento de Regidor que solicitó como presunto fundador.
Termina el docwnento con la mención de la fecha y el lugar: "Y es fecho en este Valle de San Mateo del Pilón en veinte y U11 días del mes de noviembre de mil setecientos '.)' die.z y nueve años ante mí el Capitán José de
Ochoa, Teniente de este dicho Valle".
Dieciocho años después de la pretendida fundación sigue el Pilón siendo
valle, jurisdiccionado a la Villa de San Juan de Cadereyta. Y así podría citar
centenares de textos de todos los expedientes de la época colonial que forman
el Archivo Municipal de Monte-Morel~s: publicación de bandos, autos sobre
composición de tierras y aguas, informes· de visitas de Gobernadores; y Obispos;
testimonios de 'limpieza de sangre", escrituras de venta de esclavos constancias de legados piadosos, en ninguno de ellos se encuentra mencionada la villa
de San Mateo; siempre el Valle de San Mateo o del Pil?n, para abreviar
con una rara variante: "Centro del Valle".

.

Acudí al Archivo de la Iglesia. El libro o. 1 tiene una antigüedad que
remonta al año de 1713. En el primer "asiento" legible dice: "Iglesia Pa415

�rroquial del Valle del Pilón.-Trece de diciembre de mil setecientos trece.Isidro' indio otomí, sirviente de la Hacienda de Da., María de León ... murió a manos de los indios enemigos".
En el mismo libro consta que el cuerpo del Sargento Mayor D. Carlos
Cantú fue inhumado "en esta Iglesia Parroquial del Valle del Pilón, en enero
de mil setecientos veinte".
Los archivos particulares hacen la misma -cita: Valle de San Mateo del
Pilón, o simplemente Valle del Pilón.
En conclusión, todos los exp·edientes, oficiales y particulares y todos los
libros de ]a Iglesia, posteriores a 1701, contradicen la versión oficial de que
Monte-Morelos fue fundado en aquel año de 1701 con el nombre de San
Mateo del Pilón.
¿ Qué había sucedido con la floreciente viJla de San Mateo que menciona la versión oficial y citan los historiadores?
Volví a leer los "Autos de la Fundación de la Nueva Villa del Valle de]
Pilón" tratando de interpretar párrafo por párrafo, línea por línea. Esta nueva lectura y otras subsecuentes que hice con propósito de critica me llevaron
a descubrir que el documento de 1701 no corresponde a la realidad geográfica del pueblo que habitamos y que, ni el nombre de la villa, ni la extensión territorial del antiguo San Mateo del Pilón -origen de Monte-Morelos-- se identifican con el coJ1tenido de los "Autos".
Comencemos por aclarar la ubicación territorial que señalan los donadores
de los dos Sitios de ganado menor a la "Nueva, Villa".
Los hacendados del Valle presentaron la solicitud para la fundación en
estos términos:

.

En la Hacienda intitulada Nu estra Señora de la Soledad de la jurisdicción del Valle del Pilón, en veinte y seis días del mes de febrero de
mil setecientos y un años ante el Sr. General D. Juan Francisco V ergara y M endoza, Gobernador y CaJJitán General de este R eino y sus
conquistas por S. M gd., se hizo esta petición por los contenidos en
ella" . ..

Tocante al paraje en el cual, dos de los interesados, ofrecían las tierras para fundo de la villa, y a los ejidos que pedían expresan:
A. V. S. pedimos y suplicamos, como quien tiene el gobierno del territorio ( o del terreno) sea servicio de admitirnos por pobladores y
fundadores de dicha Villa que para ello, yo, el dicho Sargento MaJor
Carlos Cantú y Diego de Peñalosa nos obligamos a dar y desde luego
·:l-16

damos y señaJamos para dicha fundación dos Sitios de ganado menor
de los que tenemos y poseemos en este Valle, de la otra banda del :río...
y se le señala por V. S. los ejidos a la dicha villa y que sean a lindes de
los dos Sitios endonados. .. y es declaración que los dichos ejidos de la
dicha Villa se han de señalar por la parte del sur, de la otra banda de
este Río del Pilón, sin que puedan pasar de esta parte por el perjuicio
que se nos sigue a nuestras labores".
La ubicación de las tierras destinadas a fundo de la ''Nueva Villa" no se
dificulta. Basta tener a la vista un mapa de los municipios de Monte-Morelos y General Terán para orient~e. La petición se presenta en Ja Hacienda de Nuestra Señora de la Soledad, es decir, de esta "banda del río" y los
dos Sitios se ofrecen en 'la otra banda del río", esfo es en tierras que se extienden sobre la margen sur del Río del Pil6n. Los diez Sitios que solicitan
para ejidos deben quedar a lindes del fundo destinado a la "Nueva Villa",
''por la parte del sur, de Ja otra banda de este Río del Pilón" ... aclaran los solicitantes.
La Hacienda de Nuestra Señora de la Soledad fue fundada sobre la margen norte del río por el Capitán D. Lorenzo Pérez de León a fines del siglo
XVII, en los Sitios que compró a Miguel de Valdés Noriega, en el Valle de
la Mota (boy General Terán) . La parte sur de las tierras de la Hacienda está
ocupada en la actualidad por la villa de General Terán.
Lógicamente deben buscarse los Sitios de tierra ofrecidos en la margen
opuesta, de "la otra banda del río". En la banda del sur se encuentra el único
paraje donde Cantú y Peñalosa podían hacer la donación en forma mancomunada, porque allí poseían Sitios de agostadero lindantes.
En la " oticia Histórica de Monte-Morelos", que tengo inédita, inserto los
documentos, con todos los pormenores, que prueban mis afirmaciones.
En esta síntesis, me limito a señalar y a comentar, lo más brevemente posible, el contenido de los importantes documentos cüados.
Mapa que refu erza mi tesis. Existe en el archivo oficial un antiguo mapa
de las tierras mercedadas, entre el Río Pilón y el Potosi, a partir del Gobierno de D. Martín de Zavala y sus sucesores durante el siglo XVII, en el
sureste de la jurisdicción de Monte-Morelos, entonces Valle del Pilón y en las
limítrofes del Valle de la Mota ahora General Terán. En ese antiguo documento gráfico aparecen los "tres Sitios de ganado mayor" de Peñalosa contiguos a las tierras de agostadero del Sargento Mayor Carlos Cantú sobre la
ma'rgen sur del Río del Pilón frente a la Hacienda de Nuestra Señora de la
Soledad, río de por medio.

417

�\

En aquellas tierras, junto al Anoyo del Encadenado, estaba la "Vaquería"
del Sargento Mayor. Así lo declara su albace~ el Capitán Gómez de Castro,
ya mencionado.
He repetido, con insistencia, la expresión: " ueva Villa del Valle del Pilón" porque, contrariamente a lo que afirman la versión oficial y los historiadores, en ninguna parte de los "Autos" de 1701 figura el nombre de villa
de an Mateo. Léalos quien dude. Resulta extraño que se adjudique este nombre a la población que se intentó fundar en aquel tiempo, .y más extraño que
personas de reconocida perspicacia en investigaciones históricas no hayan reparado, al leer el documento, en la omisión del nombre.
¿ Cuáles son las causas de estas discordancias entre lo que informa la versión oficial y la realidad histórica que encontramos en los expedientes archivados en el Municipio y en los libros de la Iglesia?
El Hallazgo del historiador don Pablo Salce. Investigador incansable, eterno buscador de documentos antiguos, ha visitado los archivos de todas las poblaciones del país que estuvieron vinculadas con el Nuevo Reino de León en
lo político o en Jo eclesiástico. A ese noble y fecundo empeño de D. Pablo
Salce debemos el conocimiento del e&gt;..-pediente completo, que se formó con
motivo de la petición de los hacendados del Pilón ("Autos de la Fundación
de la Nueva Villa") y que contiene el trámite y los incidentes a que dio origen.
El ~ediente figura clasificado en el 'Ramo de Cédulas Reales.-Vol. 38".
Los puntos que integran el contenido del legajo son los siguientes:

Presentación de la solicitud y gestiones del Sr. Obispo Fr. Felipe Galindo,
el nombre de la "Nueva Villa" ... , ]a escritura de petición y obligaciones

(lo llamados "Autos de la Fundación"), el nombramiento de Cura interino,
el acuerdo de licencia para la fundación y las condiciones bajo las cuales se
otorgaba; la oposición que presentaron los terratenientes favorecidos con mercedes de tierras al sur del Río del Pilón¡ la "contradicción" del Cura de San
Juan de adereyta del Cabildo, Justicia y Regimiento de la misma villa y la
renuencia del tutor de los hijos menores del Capitán Diego de Peñalosa a entregar el Sitio de ganado menor ofrecido por el Capitán nombrado.
Presentaci6n. El Sr. Obispo puso de manifiesto ante el Virrey, Conde de
Moctezuma, "la grande utilidad que se seguiría al servicio de ambas Magestades de la fundación de la Villa del Santísimo Sacramento en el Valle del
Pilón".
Justifica la designación de Cura interino en favor del Br. Lorenzo Pérez de
León "por la mucha distancia'' de Monterrey y Cadereyta al Pilón y por los
numerosos ríos y arroyos que hay en el trayeeto "de que ha resultado 'en
algunas ocasiones ( explica el Prelado) morir algunas personas sin confesión

418

ni los demás Sacramentos... por el dificultoso trance de dichos ríos que tenemos vistos y reconocidos personalmente".
Licencia y Condiciones. Con el valioso informe del Sr. Obispo y el dictamen del Fiscal del Rey se sometió a consideración de las autoridades virreinales Ja petición de los hacendados del Valle. En la Junta General, celebrada
el 22 de abril de 1701, presidida por el Excmo. Sr. D. José Sarmiento y Valladares Caballero de la Orden de Santiago, Conde de Moctezwna, etc. etc.
( leemo en el expediente) se resolvió de común acuerdo, que, respecto a su
allanamiento de observar y guardar literahnente lo dispuesto en la ley sexta,
título quinto, libro cuarto, por ser el paraje cómodo... por el buen temperamento de la tierra, agua y demás que expresa, con que se promete la permanencia y aumento de ella y que se agregarán por su fertilidad muchos españoles y facilitará la reducción de las naciones gentiles, de que se sigue el bien espiritual de todos con la inmediación de Ministro... como se pondera y asegura por el dicho Iltmo. Obispo de Guadalajara, se les concede por S. Excia. la
licencia para la fundación de dicha Villa, otorgándose ante todas las cosas las
. fianzas que ofrecen para que, dentro de los tres años que piden de licencia, den

cumplimiento a las condiciones... admitiéndose, desde luego, las que contiene
dicha escritura, excepto la de que haya de ser y sea para Cura beneficiado propietario de la dicha Villa uno de sus hijos, nietos o descendientes por oponerse
a las disposiciones de derecho que son de la regalía de . M gd. y Real Patronato y con que se remita~ a S. Excia., razón individual de la distancia del Valle
donde se quiere fundar a las poblaciones de españoles y si la distancia del Valle a ellas es de cinco leguas y si será en daño de pueblo de indios o de algún
tercero, para lo cual y que la asignación de territorid sea sin perjuicio se citará
al pueblo o lugar interesados que tuvieren inmediación" ...
Pero no !ue sino hasta el cuatro de septiembre de 1702 cuando se expidió despacho de la licencia concedida a petición del representante de los hacendad0s
del Valle, Sr. D. Juan de Islas Palacios. Sin embargo, parece que los interesados no conocieron oportunamente la resolución que los beneficiaba.
La "Contrndicción". Fundándose en las condiciones que normaban 1a licencia otorgada, instituciones y personas que de alguna manera consideraban
que resultarían p·erjudicadas con la pretendida fundación, emprendieron vigorosa campaña encaminada a conseguir que la licencia se revocara.

El Procurador de Número de la Real Audiencia, D. Domingo de Córdoba,
pidió traslado del acuerdo "para alegar por e~crito" en contra de la fundación en nombre del Cabildo, Justicia y Regimiento de la villa de Cadereyta
419

�I

y con la representación de los latifundistas del Pilón, D. Juan de Viilavicencio y D. José Cristóbal de Avendaño, vecinos de la ciudad de México.
Córdoba acusa a los peticionarios del Pilón de haber obrado con malicia
ante el Sr. Olimpo para que ''con su santo celo informara"; adara que "los
llamados pobladores son de los descendientes de la villa de Cadereyta... y
por asistir los más en sus haciendas de campo se halla dicba antigua villa con
sólo tres casas mal formadas y su iglesia, sin tener república, Casas Reales,
ni otras que unos jacales, y fuera más decente (sigue diciendo Córdoba) que
se redujesen a poblar en forma la antigua. .. a vista de su despueble" ...
Incluye el argumento que presentó el Cura de Cadereyta para impedir
en lo eclesiástico, la separación del Pilón, agregando que "no es lo mismo necesitar de Ja división o de que el Doctrinero tenga Teniente de Ministro que
haber necesidad de villa".
Los terratenientes se oponen a la fundación porque con los ejidos que 1os
peticionarios pretenden (diez Sitios de tierra para agostadero) 'cogen muchos Sitios de criadores". Cita el Procurador los parajes: "a] Conde de Peñalba
le quitarán un puesto que nombran la Mesa de Espíndola y parte de otro nombrado las Salinillas" y a D. Juan de Villavicencio "otros Sitios que nombran los
Mohinos" y a D. José Angel de Avendaño 'tierras de sus agostaderos".
El tutor del menor Peñalosa. rehúsa entregar el Sitio ofrecido por el padre
de éste por ser; "dichos Sitios bienes matemos".
De los argumentos presentados el Procurador Córdoba infiere:
Ni hay los dos Sitios para ubicación de la fundación de dicha villa
ni pued e haber los diez que para Propios piden se les señalen por el
p erjuicio t epresentado de p ersonas particulares que se seguirá, en cuyo caso no tiene lugar la capitulación d e dichos v ecinos en la fundación de la villa . ..

Con fundamen to en las razones comprendidas en la cláusula que antecede
el defensor de los intereses de Cadercyta y de los terratenientes pide al Virrey:
Supu esta la contradicción de mis partes digo: que V. E. se ha de servir declarar no debe subsistir dicha fundación y población y que los
que la solicitan se contengan en las tierras que les perten ecieren y en
la asistencia que deben tener en la vüla de Cadereyta.

Y aunque, con fecha 22 de mayo de L703 el Virrey ordena que se notifique a los vecinos del Pilón lo expuesto por Córdoba y lo.s emplaza a comparecer, en el término de treinta días, ante su "superior gobieino", no hay
420

noticia de que los hacendados del Valle conte;taran los escritos ni acudieran a la ciudad de México.
Del examen de los, documentos, tanto de los que se guardan en los archivos del pueblo como del legajo que se conserva en el Archivo Nacional, derivamos las siguientes conclusiones:
Primera. Monte-Morelos no se fundó en el año de 1701.
Segunda. El lugar que ocupa la ciudad de Monte-Morelos no es el de los
dos Sitios de ganado menor que ofrecieron los Sres. Cantú y Peñalosa.
Tercera. La nueva población se !Jamaría villa del Santísimo Sacramento
no villa de San Mateo.
'
Cuarta El vecindario, origen de la ciudad de Monte-Morelos, jamás tuvo
la categoría política de villa. Fue siempre el Valle del Pilón O de San Mateo del Pilón.
Contra lo que afirman la versión oficial y los libros de historia acerca del
º:igen de Monte-Morelos contraponemos Jo que .informan todos los expedientes del Archivo Municipal y los libros de la Iglesia.
Con el íntimo convencuniento de que en los archivos oficial y parroquia]
encontraríamos la verdadera historia del antiguo Valle del Pilón, hoy MonteMorelos, seguimos hurgando entre los empolvados expedientes. Nos guiaba
el pensamiento del sabio Dr. don José Eleuterio González, quien escribió en
alguna de sus obras éstas o parecidas palabras:
La historia de Nuevo León sólo se conocerá cuando se investigue en

/'os archivos d e sus pueblos.
EL expediente más valioso del Archivo Municipdl. Y por fin, después de
largos años de paciente búsqueda encontramos el expediente que descorre el
velo sobre el verdadero origen de la ciudad de Monte-Morelos. Lleva en la
carátula la leyenda siguiente:
Año de 1,754.-Me.d ida de un Cuarto de Caballería de Tierra para
fundo de Parroquia, Plaza, Casas Consistoriales y asiento de vecinos,
cuyo Cuarto fu e hipotecado por D ..,,]uan de L eón en favor de la Iglesia de este Pueblo, bajo la condición de que si vencie.re el término se
tomare posesión de dicho terreno, como así se verificó en el año de lj116.

Las fechas anotadas marcan el principio y el fin de un apasionado y prolongado "litis'' que los Curas y la feligresía del Valle de San Mateo entablaron en contra de los sucesores del Capitán Juan de León para tomar posesión
del Cuarto de Tierra.
421

�#

En mi « oticia Histórica de Monte-Morelos" consigno todos los documentos del expediente que en esta reseña sólo menciono y que son: la escritura
de hipoteca, las actas correspondientes a los diversos intentos que los Alcaldes Mayores del Pilón y los mayordomos de la fábrica material de la Iglesia
hicieron para de lindar y medir la tierra hipotecada, dos dictámenes de Letrados Asesores favorables al vecindario, las intervenciones del Obispo de
Guadalajara; un singular e interesantísimo escrito titulado la "Cesión de Robles"; el decreto del 2 de mayo de 1815 que autoriza la extensión del vecindario, la gestión del Síndico Procurador de 1816 que promueve la- ocupación
de la tierra, objeto del "litis"; la medida del Cuarto de Caballería, el reparto de solares y el mapa de la primitiva congregación y del nuevo "repueble" trazado por el ilustre sacerdote Br. D. José Antonio Gutiérrez de Lara
(hermano del General insurgente D. Bernardo Gutiérrez de Lara).
De los documentos mencionados considero indispensable la reproducción
del escrito relativo a la llamada "Cesión de Robles". Dentro de su brevedad
y concisión constituye la mejor reseña histórica de nuestro pueblo, pu.es nos
proporciona datos auténticos y precisos acerca de sus humildes principios. Es
una verdadera revelación del modesto origen de Monte-Morelos.
La verdad sobre el origen de la ciudad de Monte-Morelos. Transcribo el
texto del escrito, que a la letra dice: "Sr. Gobernador y Capitán General.
José M. de Robles, vecino de la villa de Santander y residente en esta ciudad,
en nombre de Da. Inés de León, Da. Francisca de León, mi madre, y de
Da. Josefa Femández Vallejo, representando sus propias personas, derechos
y acciones, ante Va. Sa. parezco bajo las protestas necesarias y digo: Que por
cuanto se tiene mandado por el Ilmo. r. Obispo de Guadalajara se viese
a los herederos de Ja Hacienda de Nuestra Señora de Regla para que, con su
consentimiento, se señalare un Cuarto de Tierr:.i para la fábrica de aquella
Santa Iglesia del Valle del Pilón y sitio de vecindad para los vecinos para elfin de que, con su asistencia, se verifique el depósito del Divinísimo y que
éstos sirvan para el acompañamiento del Santísimo Sacramento cada y cuando sea necesario adminjstrárselo a algún enfermo, pagando dicha fábrica el
importe de dicha tierra, en cuya atención y considerando el fin para que
se procura, en nombre de dichas (señoras) y de mi parte cedo y renuncio a
favor de . Mgd., como tales dueños legítimos d dicha Hacienda, la tierra
necesaria para Iglesia y congregación de vecinos que según derecho &lt;;Iebe
haber, con el señalamiento de soláres, advirtiéndo_se que al presente se halla
dicha Iglesia y congregación de algunos vecinos en tierras pertenecientes a
dicha Hacienda, que con nuestro consentimiento se ha procedido a ello, concedido por nosotros, queriéndose introducir en la situación de nuest-ras labores, siendo así que en la tierra que cedemos se considera bastante amplitud

422

para dicha congregación {sin) el grave perjuicio, quedando en uso la Plaza
que se tiene señalada y ha sido costumbre la que está contigua a dicha Iglesia, y si en lo venidero se tuviese por conveniente hacer traslación de la citada Iglesia al sitio que señaló el dicho r. Obispo hago la misma cesión
p'Or ser asimismo tiena que pertenece a dicha Hacienda, con el aditamento
de que no se nos siga perjuicio en nuestras labores. Y para todo ello lo dejo
a la prudente consideración de Va. Sa., pues con su cristiano celo, como que
le consta de vista, determinará lo que hallare por conveniente. Por tanto a
Va. Sa. pido y suplico mandar proveer ·como pedido llevo, como que se me
devuelva este escrito y demás diligencias originales que en virtud de este
mi pedido se practicaren para en guarda de mi derecho. Juro en forma no
llevar malicia. Protesto costas y lo necesario. José Manuel de Robles. Monterrey y julio 15 de 1,762".
Aunque Robles jura que no lleva malicia su oferta de cesión~ el escrito pone de manifiesto que, ante el continuo apremio de los vecinos por conseguir
más tierra para viviendas, pretendía que el Gobernador declarara que la
que ya tenían cedida era suficiente para una congregación parroquial.
Pero lo que interesa es la serie de revelaciones que contiene el escrito de
Robles:
En primer término descubre que el vecindario de San Mateo del Pilón se
estableció, con su Iglesia Parroquial, en tierras de la Hacienda de Nuestra
Señora de R egla, fundada por el General D. Alonso de León, en el siglo XVII
sobre 1a "banda del norte" del Río del Pilón.
En segundo lugar que Monte-Morelos, en sus principios, fue una modesta
congregaci6n parroquial de escasísimos vecinos, los necesarios, únicamente
para acompañar al sacerdote en el "depósito del Divinísimo" y en la "administración de los Sacramentos a algún enfermo".
Tercera y última: que la Iglesia Parroquial del Pilón fue la que auspició
la formación del primitivo vecindario de San Mateo.
A partir de la fecha del escrito de Robles se establece una tregua de muchos años en la lucha entre los vecinos y los dueños de la Hacienda.
Expansión del vecindario. o obstante la resistencia de los propietarios
de la Hacienda el número de moradores aumentó considerablemente en el
lapso de trece años.
A la vera de los dos caminos que salían de la Plaza del vecindario se multiplicaron las viviendas en los pequeños lotes de tierra, inservibles para los
cultivos, que se vendían a precios exorbitantes.

El Gobernador D. Mclchor Vida} de Lorca y Villena que visitó el Valle
en el año de 1775 deja constancia que transcribo:
423

,

�Está poblado el cent-ro del Valle con treinta y nueve familias españolas que habitan eµ las casas de terrado y veinte y siete jacales de
cáscara de sabino.
De la iglesia expone que es "de piedra y cal, nuevamente construida aunque no muy ;grande, de buena fábrica y en ella un colateral de varias imágenes de bulto y los ornamentos y vasos sagrados necesarios".
Medio siglo después. E] año de 1815 el Subdelegado de] Valle, don Vicente Antonio Parás Pereda, gestiona y logra que el Gobernador del Nuevo

Reino dicte el acuerdo que sirvió de base legal al vecindario para entrar en
posesión del Cuarto de Tierra, hipotecado y perdido por D. Juan de León.
En el medio oficial de la época se conoció el comunicado con el nombre de
"Decreto del 2 de mayo de 1,815".
Dos puntos principales forman su contenido: aprueba la elección que los
vecinos hicieron de Síndico Procurador y autoriza al nuevo funcionario para que promuev" "todo lo que conduzca al beneficio de los habitantes ...
procurando la extensión" del vecindario "por la parte más alta para que
gocen de buena salud".
Eficaz gestión del Procurador. Al año siguiente, en 1816, el Síndico inicia
su trascendental tarea con la petición que elevó ante el Subdelegado.
En los dos pasajes medulares del ocurso leemos:
D . José Manuel Cantú, Procurador Sindico del común de este Valle
de. San Mateo del Pilón. .. digo: que siendo conveniente para el bien
público de este Valle se termíne su plantación y delineación en la parte más alta, conforme a la orden del Gobernador de la Provincia . .. se
me hace preciso hacer a V. presente que D. Juan de Ldm, vecino que
fue de este Valle, y marido de Da. Josefa Fernández Vallejo, otorgó a
favor de la fábrica de esta Santa I glesia . .. una escritura de hipoteca
de. un Cuarto de Tierra con su agua correspondiente de la Hacienda
de Nuestra Señora de R egla" .. .
Y después de referir en el curso de su exposición la historia del terreno hipotecado termina pidiendo al Subdelegado que "se s.irva mandar medir dicho Cuarto de Tierra. . . señalándose, primero, el sitio para Iglesia, Plaza,
Casas R eales y Plazuela, con casas de Curato y para la Escuela, se proceda a
la formación de calles y demás con arreglo a las Ordenanzas".
El Subdelegado, un gallego llamado D. Vicente Antonio López Fonseca,
hombre culto, enérgico y progresista, dictó esta breve, pero significativa providencia:

424

Procédase a verificar como pide el Síndico Procurador.
Y para que su auto tuviera inmediato cumplimiento giró cítación a colindantes y compartes, nombró medidor, y el día 27 de marzo de 1816 con la
asistencia del propio Subdelegado, el Procurador, el Cura Párroco y '~muchas
personas" se comenzó la medida del Cuarto de Caballería hipotecado por
don Juan de León en 1754.
El perímetro de la tierra medida debía ser un cuadrado de trescientas noventa varas de l~ngitud por cada lado, pero con la dm,ación de cien varas que
por uno de los linderos hizo la Sra. doña María Petra Gómez de Castro, condueña de la Hacienda de Nuestra Señora de Regla, resultó una figura de rectángulo.
R eparto de solares. Concluido el deslinde y demarcación del Cuarto de
Tierra, el Subdelegado y el Síndico procedieron a la delineación de calles y
cuadras.
La cabecera del Valle aumentó la su¡Jcrficie destinada a viviendas en doce cuadras o manzanas regulares, de ocho solares de igual superficie cada
uno; una cuadra para Plaza y otra para el edificio de la Iglesia, más algunos lotes de diversos tamaños.
La delineación y trazo de la parte nueva del vecindario fue tarea muy complicada porque se trataba de armonizar el primitivo caserío, verdadero laberinto de caminos callejones y senderos, con el "nuevo repueble" que se
caracteriza por lo recto y bien orientado de sus talles y el tamaño uniforme
de las cuadras. El autor y director de esta obra fue el Br. D. José Antonio
Gu tiérrez de Lara.
Las autoridades y los vecinos distinguieron a las personas de más valía social, que titulaban "beneméritos", con la entrega de un solar sin gravamen
ni pago alguno. Gozaron de tal privilegio, únicamente, el Cura D. José Antonio Gutiérrez de tara, el ex-insUigente don Pedro Noseda, el maestro de
primeras letras don Vicente Secundino Pérez Posada y los artesanos que sirvieron de medidores.
El primero porque "gratuitamente se ofreció a hacer la medida del Cuarto de Caballería. . . y porque se ha comprometido a enseñar a los niños la
carrera de las letras" .. . El segundo, puntualiza el Síndico, "es uno de los
sujetos que deben ser preferidos por razón del ministerio que ejerce en utilidad de la buena educación y enseñanza de la juventud". Al Sr. Pérez Posada
"por las mismas circunstancias que concurren en D. Pedro Noseda".
A José Exiquio Silva y José Francisco García "en atención al mérito contraído. . . atendiendo personalmente a medir y demarcar, sin estipendio alguno ... "

425
• H-28

�El primer mapa o plano de San Mateo. El mencionado sacerdote,_Br. Gutiérrez de Lara, levantó el mapa de la población, realizando repebmos, un
verdadero prodigio de agrimensura al armonizar el antiguo con el "nuevo repueble".
Las calles, las primeras que merecen ese nombre en el Valle del Pilón, se
bautizaron con nombres pintorescos y evocadores: los dos viejos caminos que
salian de la Plaza antigua se convirtieron, uno en la Calle Fundadora (hoy
Escobedo), el otro en la Calle de las Chatas {ahora Ju~rez). Un angosto
trayecto de la segunda recibió el nombre de Estrecho de Gibraltar.
Entre las nuevas figuran la Calle de los Sauces, la del Conejo, la de las
Amapolas, la del Camaleón y la de la Gracia que c?rrcspond~ a las que
actualmente Llevan los nombres de Zaragoza, Cuauhterooc, Bohvar, Guerrero y Parás, respectivamente.
El Cuarto de Tierra deslindado representa, en nuestros; días, el primer
cuadro de la ciudad de Monte-Morelos.

•
PARÉNTESIS: Historia de una ficci6n. Abramos aquí un paréntesis en el
relato de esta verídica historia a fin de completar la tarea del investigador.
Nos sentimos obligados, no sólo a exponer la verdad, sino a explicar, a desentrañar el origen de la ficción histórica de San Mateo.
Volvamos al Archivo Municipal, fuente valiosísima y confiable de nuestras investiaaciones. De ella obtenemos datos que nos informan quiénes, Y
cuándo, in:entaron la historia de iina villa de San Mateo del Pilón.

Aparecen los " Autos d e 1701. A más de cien años de distancia de los sucesos de 1701 el vecindario del Pilón tiene noticia, por ptimera vez, de que
existe un expediente intitulado '"Autos de la Fundación de la Nueva Villa
del Valle del Pilón".
Un funcionario del siglo pasado, refiriéndose al descubrimiento d el expedient,e en Monterrey, precisa que " apareció en el archivo de esta capital en
el año de 1821, en que lo arregló el Sr. Diputado actual C. Lic. Juan Bautista de Arizpe" .. .
La lectura de este documento, su interpretación y empleo dan origen a la
Jeyenda de Ja viJla de San Mateo, que oculta y suplanta a la historia del vecindario o congregación parroquial de1 Valle del Pilón.
El Síndico del Ayuntamiento de 1824, D. José Ma. Barbosa, hábil litigante, Secretario perpetuo de Subdelegados, Corporaciones Municipales y del

426

J U2gado Eclesiástico, es el portavoz de-! vecindario y el principal coautor de
la pseudo-historia.
Cómo se. dio vigencia al expediente. Ignorando los vecinos la suerte que
había corrido la petición de los hacendados en el año de 1701 y los graves
tropiezos que la iniciativa de fundar villa encontró de parte de los terratenientes del sur del Pilón, del Cabildo, Justicia y Regimiento de la villa de
San Juan de Cadereyta y del Cura de la misma población, pusieron en práctica un socorrido procedimiento, de aquellos tiempos, para dar validez a los
"Autos" : mediante una peregrina "información de testigos" trataron de explicar la existencia de los "Autos de Fundación" en el Archivo de Monterrey
y las posibles causas por las cuales la supuesta villa de San Mateo quedó «degradada en Valle!' o, p'ara decirlo con propiedad, en congregación parroquial.
Dos metas se proponían alcanzar: la "restitución" de los dos Sitios de ganado menor y la "restitución" de la categoría de villa. El título del expediente
responde a la primera, reza así:
Informaci6n de testigos sobre los puntos y lugares que deberían comprender los dos Sitios de ganado menor donados para la fundación de
la villa de San Mateo del Pilón.
Fue satisfecha a petición del Síndico Barbosa por el Alcalde de Segunda
Elección.
Al común q,u e represento ( expresa el Procurador mencionado) conviene, se sirva la justificación de vos, previa informaci6n de los testigos que presentaré, examinándolos conforme el tenor del documento
que, con la debida solemnidad y juramento de estilo presento y suplico
se me devuelva como también la orden de remisión original para los
efectos que convengan.
El Alcalde haee constav que procede la información "sobre el tenor del
expediente de fundación de esta villa que original tenemos a la vista".
Seis fueron los testigados examinados. Uno de ellos dice: "Lo cierto es
que el que declara nunca oyó ni supo de tal fundación ni erección de villa hasta
hoy o poco tiempo hace que ha entendido se halló ese antiguo expediente
en el Archivo de Monterrey''. Otro, para explicar la -ignorancia del documento, por tanto tiempo, declara: «No es inconcebible el orden de estos sucesos, supuesto que no habiendo habido, hasta ahora, Síndico del común ni
Ayuntamiento que tomasen el interés directo por la prosperidad y aumentos

427

�de este desgraciado vecindario fue consecuencia forzosa la pérdida u ocultación de sus intereses".
La "información de testigos" se completó con una "vista de ojos" al terreno.

Y con tan escasos y vagos elementos de prueba: una información de testigos, una vista de ojos y el cálculo apreciativo de la distancia de la loma de
Mascorro al centro del vecindario dieron validez al documento, actualizaron los "Autos" de 1701, en 1824.

En busca de los dos sitios. Para localizar los dos Sitios de ganado menor
donados en el año de 1701 parten el Síndico Barbosa y sus testigos de una
deleznable premisa, y es ésta: La Iglesia Parroquial y su congregación de
vecinos, de la que ellos forman parte, ocupan el terreno que señaló, según los
,
"Autos", el Fiscal (designado por el Gobernador Vergara) "para que en el
se fundase la Iglesia Parroquial de dicha villa" ...
En consecuencia buscan en las tierras, alrededor de su vecindario, las que
tengan alguna de las condiciones estipuladas en el documento: el punto de
partida de las medidas, la loma de la 'Vaquería", pues los donantes de los
dos Sitios expresan: "los señalamos desde la loma que llaman de la Vaquería el río abajo hasta donde lleguen sus términos y medidas".
¿ Dónde ubicaron los dos Sitios de ganado menor ofrecidos por los hacendados Cantú y Peñalosa?
El acta levantada con motivo de la "localización" nos entera:
"Yo, el mencionado Alcalde y Juez Receptor en estas diligencias. . . me
contraje al auto decretado de la vista de ojos del terreno que se ventila por
pertenencia de esta villa, contenido en los dos Sitios de gana:Io menor que
deben hallarse, según la información, en los términos del contiguo pueblo de
Purificación" . ..

Contrasentidos. Realicemos nuestro examen haciendo notar que los testigos del Síndico Barbosa que hasta 1821 ignoraron el documento y la erección
de villa, tácitamente dan a entender que estaban enterados de que el lugar
señalado por el Fiscal para 1a Iglesia y vecinos quedaba al término, exacto,
de las medidas que comenzaron en la loma de Mascorro (para ellos loma de
la Vaquería), como si de intento los supuestos fundadores hubieran escogido para la "Nueva Villa" el paraje menos adecuado y más insalubre para vivir, pudiendo haber optado por el que catorce años después ( 1715) señaló,
para los indígenas, el Lic. D. Francisco Barbadillo Vitoiia, y el cual puede
considerarse como el mejor de Ja comarca.
En la "información" de 1824 se asienta "y desde dicha loma bajamos para el río en que se nos mostró por el guía e1 punto donde muy antiguamente
debe haber habido una presa y para el más cómodo riego la subieron y mejoraron más arriba donde se halla la Torna de la primera acequia q,ue tienen
en cor'l'iente y disfmtan aún los naturales de este pueblo, cuya acequia, por
lo visto y la constante tradición es la misma que se sacó catorce años antes
de la fundación de este pueble, por los que se constituyeron fundadores y benefactores de la villa del Pilón".
En el documento de 1701, la cláusula relativa a la Saca de agua puntualiza lo siguiente:

La "vista de ojo '. Para comprobar la "información" hace constar el Alcalde y Juez Receptor: "Me dirigí con la comit-iva al punto nombrado la lomita de Mascorro * en su eminencia. Tendimos la vista para el lindero que
citan las medidas de este pueblo de Purificación en los vestigios Y ruinas de
la casa que fue de Bartolomé de Quintanilla, y graduamos, a buen cálculo,
que desde esta loma de Mascorro a las dichas ruinas... habrá muy poco más
de un cuarto de legua ... y siguiendo la vista de ojos por todo el terreno que
comprende la distancia que hay desde la precitada casa arruinada de Bartolomé de QuintanilJa. . . opinamos, confonnes, habrá desde ella al centro del
vecindario de la villa del Pilón una legua, que es la que se sabe por las medidas del pueblo. R esulta que el terreno uisto importa las seis mil setecientas setenta y seis varas que, debe haber, correspondientes a la longitud ~e
Oriente a Ponie11te que contienen los dos Sitios de ganado menor cuestionados".

* Los testigos afirman que la lomita de Mascorro es la "loma de la Vaquería", que
en opini6n de uno de ellos "pudo haber cambiado de nombre, pero no de lugar"•
428

Obligándome yo el Sargento Mayor Carlos Cantú y Sargento Mayor
Nicolás de Medina Cortés a que dentro de año y medio sacaremos del
dicho río Saca de agua a nuestra costa, poniéndola dentro de la dicha
villa y en la parte y lugar que para ello se tomare posesión para uso y
servicio de sus vecinos".

Y en la vista de ojos al lugar donde "caen los dos Sitios" el Fiscal compele a los Sargentos Mayores al cumpl.i.rniento de lo ofrecido: "Dijo: señalaba y señaló por puesto aquel lugar para que en él se fundase Ja Iglesia Parroquial de dicha villa y que en el dicho lugar cumpliesen los dichos Sargentos Mayores .. . el ponerle dicha agua" ...
Saltan a primera vista las incongruencias que hay entre el contenido de
1os Autos de 1701 por una parte y la "información de testigos'' y vista de
ojos de 1824 poi::_ la otra, en relación con el lugar y focha que determinan para Ja Saca de agua: mientras que los Sargentos Mayores Cantú y Medina
429

�Cortés se obligan a poner el agua "dentro de fa dicha villa", el Síndico Barbosa y el Alcalde y su comitiva pretenden localizar la Saca de a,,,aua destinada
a la "Nueva Villa" a seis mil setecientos setenta y seis varas del "centro del
vecindario de la villa del Pilón"; Ja confunden (casi podríamos afirmar que
a sabiendas) con la Toma llamada de Purificación, destinada para el "uso
y servicio') del pueblo de indios del mismo nombre, no para el "uso y servicio" de los vecinos de la congregación parroquial de San Mateo.
El primitivo vecindario del Pilón ocupaba un estrecho terreno entre la acequia de Nuestra Señora de Regla y el Río del Pilón, como lo demuestra el
mapa del Br. D. Antonio Gutiérrez de Lara. De las aguas de esta acequia y
del río hacían uso los moradores del vecindario del Pilón y no de las aguas
del acueducto a que se refieren los funcionarios del siglo pasado.
Si aceptamos la tesis del Procurador tendríamos que convenir en que los
Sres. Cantú y Medina Cortés no cumplieron con su obligación de poner el
agua "dentro de la dicha villa''. Además resulta inconcebible que si el agµa
era para "uso y servicio" de los pobladores de la "Nueva Villa" sus donantes la hicieron pasar a una distancia no menor de cuatro kilómetros, obligando a los vecinos a recorrer tan largo trayecto) río arriba y a tener que pasar por la acequia de Nuestra Señora de Regla para disponer del caudal que,
según el Síndico, les pertenecía.
Los Sargentos Mayores aludidos se comprometieron a sacar el agua y ponerla en corriente ••dentro de año y medio" es decir para mediados de 1702;
pero el Alcalde, el Síndico y sus testigos "los obligan" a sacarla "catorce
años antes de la fundación" del pueblo de indios, esto es en el año de 1701.
Y sw-gen las preguntas: ¿ Por qué aparece el vecindario (la supuesta villa)
junto a una Saca de agua, a una acequia distinta y a una distancia tan considerable de la que según el Síndico y las autoridades del tantas veces citado
año de 1824 lei destinaron los "fundadores''?
Si el agua prometida debía estar a1 alcance de los vecinos "para el uso y
servicio" ¿por qué la localizan, posteríormente, inaccesible a los interesados?
Testamento Clave. La respuesta nos la da el castellano D. Alonso Garrido en su testamento que data del año de 1718. En los pasajes relativos manifiesta:
Yo, D. Alonso Garrido, natural de los Reinos de- Castilla .. . declaro
que al juro dicho Sr. General D. Alonso de L eón, mi suegro, me había
ofrecido dos mil pesos en reales, los cuales se redujeron a. . . y a un
Sitio de tieiTTa que tuve en este Valle, en el cual está puesto, hoy, un
pueblo de indios nombrado Purificacíón por violento despojo que de
él se me hizo . .. Itt.-Que a1 tiempo cuando nos partimos. .. la legíti-

430

ma paterna y materna me cupo a mi .. otro medio Sitio a lindes del referido, del cual, se me despojó también para dicho pueblo.-Asimis.mo
declaro que en el Sitio ::v medio de tierra mencionado saqué una acequia con que hice una labor de pan-coger. .. la cual carteé de mi cauda/, con alguna ayuda que tuve para los bastimentos. de mi hermano el
Sargento Mayor Alonso de León . ..

Las tierras y la Saca de agua que se localizan "en los términos del contiguo Pueblo de Purificación" pertenecieron a don Alonso Garrido, no a don
Carlos Cantú ni a don Diego de Peñalosa.
Los ocursos del Síndico Barbosa. Sin embargo, con los "Autos" de 1701 y
los documentos elaborados por el Alcalde de egunda Elección, el Síndico
Barbosa se presenta ante las autoridades superiores del Estado con objeto de
demandar la "restitución" de los dos Sitios de ganado menor y el título de
villa parn el vecindario del Pilón.
En sus ocursos el Síndico citado escribe una fantástica. historia del Pilón,
una relación de "fueros y derechos" basada en las hipótesis y suposiciones que
contienen la irúormación testimonial y el acta de la vista de ojos.
Se transcriben los pasajes más salientes de los dos escritos del Procllrador Síndico :
Y desde entonces, año de 1715, quedó sofocada mi villa, degrndada
en valle, aunq,ue sólo contenía haciendas y sin Ayuntamiento, gobernada, primero por T enientes de Alcalde y después _bor Alcaldes M ayo res y Subdelegados que con una carta se ponían y con otra se quitaban.

Culpa de la degradación al fundador de las Misiones del Valle: ''D.
Francisco Barbadillo Vitoria, togado de la Audiencia de México. . . fue el
autor, el Nerón &lt;lee: nuestro exterminio", opina temeraria.mente el Síndico,
dando a entender que, en aquel año de 1715, las tienas ofrecidas para asiento de la villa se dieron para fundo de la Misión.
El Síndico sigue creando su historia. Alaba a los hacendados: "Después
de tranquilo el país. . . se congregan con filantropía, en competente número
de hacendados y pretendieron y consiguieron Cura de almas. .. erigiendo, en
seguida su valle en villa. Su gobierno, ingrato, paraliza. sus miras y deseos1
retiene el expediente dándole carpetazo en el archivo de esta ciudad, y a
pocos años los despoja, violentamente y escandalosamente de esas tierras
1aboreadas" ...
En el otro ocurso los denigra y los calumnia: "Los mismos sus filantró-

431

�picos fundadores, dominados de la ambición y sórdida avancra, según entiendo, paralizaron todo el bien de mi villa, retrayéndose de la sagrada promesa y donación que hicieron luego que consiguieron el fin que se propusieron en colocar al sobrino de Cura y aumentar su goce de aguas, con el oneroso pretexto y capcioso artificio de sacarlas del río para mi común. . . sepultando este importante e&gt;..'"p'ediente en el archivo de esta capital en que se
halló".
Disculpamos, en cierta medida, el esfuerzo del Síndico para darle vigencia al expediente de 1701 por el desconocimiento en aquella época, de los incidentes suscitados en la ciudad de México con motivo de las implicaciones
que la petición de los hacendados del. Pilón encerraba.
Mas no justificamos los desahogos que convierten sus ocursos en libelos.
Menos aún que subsista el error acerca del envío de los "Autos", ya que
disponemos de los documentos que se descom&gt;cían en el siglo pasado, los
cuales aclaran Ja existencia del e:x.pediente en el Archivo de Monterrrey.
Regresemos, por un fostante más, al año de 1701. El Escribano que redactó los "Autos de Fundación de la Nueva Villa" descifra el enigma del
original encontrado ciento veinte años más tarde. Cierra el primer capítulo de aquel suceso con estos renglones:
El original de los Autos de 1701.-En la ciudad de Nu estra S eñora
de Monterrey de el Nuevo R eyno de L eón en cuatro días del m es de
marzo de mil setecientos y un años, el General D. Juan Francisco Vergara y M endoz a, Gobernador y Capitán General... dijo: que hacía e
hizo remisión de dichos autos para ante el Exmo. Sr. Virrey de la
Nueva España para que su Excia., en vista de ellos provea lo que más
viere q,u e convenga . .. y Cl$Í lo prvveyó y firmó por ante mí el presente Escribano, de que doy feé. D. Juan de V ergara. Ante mí Ignacio
Guerra, Escribano Público y de Cámara. Concuerda con su original

Las R estituciones. El Procurador Barbosa concluye su historia con las pe-

ticiones siguien tes:
Que se confirme :v apmebe, de momento, la denominación de villa
que obtuvo hact!I ciento veintitrés años el Pilón, el cual se nombre en lo
sucesivo villa de San Mateo :v Allende . ..
Que siendo precepto fundado ~ tradición constante que los dos Sitios
de ganado menor donados para su fundación y la Saca de agua existen
entre las tierras y las aguas de P1trif icación sea restituida mi villa de
una otra como cosa que precedió .al despojo hecho /101 el tirano Barbadillo.*

Ya hemos demostrado con los textos tomados de los legajos del Archivo
Municipal que los funcionarios de 1824 sentaron una premisa falsa. Por tanto las conclusiones a que llegan son érroneas y no justifican la demanda de
"restituciones" que, por otra vía que .iniciaron algunos años antes, hubieron
logrado sin tene-r que recurrir a hipótesis tan infundada.
La Ley del R eparto. El título de villa no se confirmó, como pedía el Síndico pero se le dio una categoría política más alta.
~
La "restitución" de tierras y aguas sí tuvo éxito en gran medida.
Al convertirse los bienes de comunidad . de los indios de Purificación en
propiedad indiV1dual el vecindario del Pilón resultó favorecido como lo demuestran las "proposiciones" que tomo de Ja Ley del Reparto expedida por
el H. Congreso Constituyente del Estado.

que queda en el Archivo de mi cargo, de donde yo, el presente escribano, de mandato de el Sr. Gobernador y Capitán. General de este
Reyno mandé sacar y saqué el presente testimonio que va cierto y verdadero ...

Proposiciones". 2a. Que la Media Saca restante con su tierra correspondiente, o con la que sobre, quede a beneficio del Distrito, con la
calidad de que en las cuadras contiguas al Pilón, que deben delinearse en este, terreno, se adjudique sin la pensión de estilo a cada uno de
los exf11esados cabezas de familia . .. un solar para vivienda . ..
3a. Que de la tierra de agostadero se aplique y reserve la J1arte inmediata a la villa para sus ejidos y las otras dos restantes queden a beneficio común de indígenas y tlaxcaltecas . ..

La constancia del Escribano desvanece los cargos que el Sín~co Batbosa
hace al Gobernador y a los hacendados.
Se remitió al Virrey el "testimonio, cie-rto y verdadero" de los "Autos" de
1701, pero el original que había guardado el Escribano quedó en Monterrey,
y no puede ser otro que el documento que en 1821 encontró el Lic. don Juan
Bautista de Arizpe.

* El Lic. don Francisco Barbadillo Vitoria justifica la expropiaczon de tierras y
aguas de Garrido y demás afectados con la cláusula bajo la cual el Gobernador don
Martín de Zavala. otorgó la merced; "Y en que si en algún tiempo se hubiere de poblar, en dicha parte1 algún pueblo o villa de españoles la deje desocupada, sacando el
ganado Y apero que tuviere y que loS que sucedieren en ellos los hayan y tengan en las
mismas condiciones con que se las concedo al dicho Alonso de León".

432

433

�La Comjsión de Justicia y Peticiones temúna su dictamen con la siguiente, reveladora, consideración:
Con esta medida cree la Cómisión conciliar en lo posible los intereses de ambos pueblos con los del Pilón el que, aunque no queda suficientemente- reintegrado 6'11 virtud de no alcanzar la tierra que se le
aplica a cubrir la que por su fundación le corresponde, queda, no obstante, auxiliado en lo posible concediéndole lo indicado en las pro posiciones 2a. y 3a., siendo igualme-nte benéfica esta providencia a los mismos hijos de Purificación por cuanto ádc.más de conservar la.r propiedades que a virtud de este dictamen se les asignan, suficientes para su
manutención, logran la ventaja de formar como hasta el día un solo
pueblo con el Pilón.

Así fue sancionada, se le dio fuerza legal a la ficción que forjaron el Sín'dico don José Ma. Barbosa y sus testigos; así convirtieron un legajo que era
una mera curiosidad histórica, una simple petición de licencia, en un instrumento de restituciones, pasando por sobre todos aquellos puntos que en el
p'ropio expediente contradecían sus empeños.
El nombre de Villa de San Mateo del Pilón. Seguramente que quienes hayan seguido la exposición sobre el origen de la ciudad de Mont-e-Morelos,
se preguntarán: ¿De dónde. se tomó el nombre del autor de uno de los Evangelios para distinguir al primitivo vecindario del Pilón?
En la merced de tierras y aguas otorgada en 1637 al capitán Alonso de
León, por el gobernador don Martín de Zavala existe agregado un documento sobre ratificación de linderos. En este último encontramos por primera vez el nombre de San Mateo impuesto a la primera Hacienda de labor
que se fundó en el Valle, a márgenes del Arroyo del Pilón, una legua al norte del lugar que hoy ocupa Monte-Morelos.

El general don Juan de Zava!a, juez de Medidas, la menciona en uno de
sus autos:
En la Hacienda de San Mateo que es en el Valle del Pilón del Capitán AlonsQ de. L e6n en veinte y cuatro días del mes de abril de mil
seiscientos y cincuenta y tres años . ..
El nombre de la Hacienda. de San Mateo del Pilón se sustituyó por el de
Pilón Viejo para distinguir la antigua Hacienda del capitán De León de la
que fundó su hijo, el General del mismo nombre, a orillas del río.

434

El Receptor del Lic. Barbadillo y Vitoria al medir las tierras de la Misión
de Purificación aclara que "remató" con noventa y seis cordeladas en uno
de los rumbos "por no pasar a un montecillo de piedras y tierra árida en
el camino que va del Pilón Viejo al Nuevo" ...
El primitivo vecindario parroquial adoptó el nombre de la Hacienda y, no
encontrándose en los "Autos" de 1701 el nombre de la "Nueva Villa'', supusieron las gentes de 1824 que, tácitam1mte, debía entenderse que era el
mismo de San Mateo, fundándose en que "desde un principio lo llamaron
Valle de San Mateo del Pilón por la devoción que a este grande Apóstol
profesaba el Capitán de León". La tradición completó la ficción histórica.
La supuesta confirmación del Rey Carlos III. A mediados del siglo pasado
un Secretario del Ayuntamiento descubre un expediente que lleva esta leyenda:
Títulos de las tierras y aguas qp.e son de los naturales del Pueblo de
San Mateo del Pilón, en la Provincia del Nuevo Reyno de León. Año
de 1765.
Corresponde a la queja presentada por los indios de una de las Misiones del Valle en contra de un español que los perjudicaba con su hacienda
de ovejas.
El Rey se concreta a ordenar que se marquen "en regla los linderos de sus
legítimas pertenencias" al pueblo. No alude a villa alguna ni habla de confirmación de ese titulo.
El expediente forma parte del archivo de los pueblos de indios, cuyos documentos fueron recogidos por el Ayuntamiento del Pilón cuando suprimió
los Cabildos indígenas a fines de 1822,
Guiándose por el título, sin un serio examen del contenido del expediente que trata de problemas de indígenas, el Secretario de aquella época lo
agregó a los "Autos" de 1701, suponiendo que era la confirmación de la villa de San Mateo.
Así se inventó la historia de una Villa de San Mateo del Pilón.
Cerremos él paréntesis y reanudemos la Historia verdadera del vecindario
de San Mateo.

•
La Municipalidad del Valle de!,, San Mateo del Pilón. El Síndico de 1824,
don José Ma . .Barbosa, en ocurso quq eleva el H. Congreso del Estado pidiendo la restitución de tierras, proporciona infonnes sobre la condición política

435

�del Valle, durante más de cien años. En la mezcla que hace de suposiciones y
reAlidades para tratar de explicar por qué San Mateo no es villa, sino Valle,
expone, como se anota en página anterior, que el Valle fue gobernado: "primero por Tenientes y después por Alcaldes Mayores y Subdelegados que con
una carta se ponían y con otra se quitaban" ...
Y así sin Ayuntamiento estuvo el Valle del Pilón basta el año de 1814.
La Constitución de Cádiz ordenaba, en la parte relativa a gobierno de las
provincias y los pueblos, que se establecieran ''Ayuntamientos de elección
popular, eligiendo los vecinos de cada lugar, anualmente, electores de todos
los pueblos que nos los tenían y en que por su población podían formarse" .
Como consecuencia de la disposición citada el Valle de San Mateo eligió su primer Ayuntamiento. Lo presidió el criollo don Pedro José Ballesteros.
Su existencia fue efímera. Restablecido el absolutismo en España, el Pilón
volvió al anterior sistema de gobierno de Subdelegados.
En el año de 1820, restituido el sistema constitucional, el Valle de San
Mateo organiza definitivamente su municipalidad.

rrey, 28 de mayo de 1825. Rafael de Llano, Presidente. Pedro Antonio
de Ez~al, Diputado Secretario. Juan Bautista de Arizpe, Diputado Secretano.
Por tanto, mando se imprima, publique, cirwle y se le dé el debido
cumplimiento. Dado en Monterrey a 28 de mayo de 1825. José Antonio Rodríguez. Miguel Margáin, Secretario.

Esta es la verdadera Historia del origen y desenvolvimiento de MonteMorelos.

De Valle a Ciudad. A moción del Diputado don José Ma. Parás Ballesteros, distinguido estadista nuevoleonés, oriundo del Pilón, la cabecera del
Valle se elevó a la categoría de ciudad.
La trascendental iniciativa toma forma legal en el Decreto No. 39 que a
la letra dice:
"Gobierno del Estado Libre de Nuevo León. El C. José Antonio Rodríguez, Gobernador del Estado Libre de Nuevo León, a todos sus habitantes
hago saber: Qm,: et Honorable Congreso del Estado ha tenido a bien decretar lo siguiente:
Número 39.-El Congreso Constituyente del Estado de Nu evo León
q,u eriendo se conserve. entre sus habitantes la m(Ís grata memoria de los
grandiosos servicios que por la libertad de la Patria hizo el benemérito
ciudadano José María Morelos, y por los particulares que le mereció
este Estado como su R epresentante en las Cortes de Apatzíngán, ha tenido a bien decretar lo siguiente:
Artículo Jo. Se concede el título de ciudad al lugar conocido en
este Estado con el nombre de Valle del Pilón.
Artículo 2o. Será nombrada y reconocida en lo sucesivo bajo la denominacwn d~ M onte-Morelos.
T endrálo entendido el Gobernador del Estado mandándolo publicar y circular en los lugares comprensivos del mismo Estado. Monte-

436

437

�LA HISTORIA OLMECA
foNA.CIO BERNAL

Director del Museo Nacional de
Antropología e Historia. México.

EL APELATIVO ÜLMEGA HA smo muy discutido y con mucha razón. Significa ' habitante del país del hule" y por ello corresponde a todos los que han
v~vido en esa área. Se aplica concretamente a 1a antigua civilización arqueológica así_ como a otro grupo muy importante que las fuentes históricas llaman olmeca y cuyo centro estuvo casi dos mil años más tarde en e] valle de
Puebla. Para evitar confusiones entre los primeros olmecas, los habüantes
posteriores de la región y los olmecas de las fuentes históricas, se propuso
desde 1942, designar a los más antiguos como "cultura de la Venta" y posteriormente W. Jiménez Moreno, en la conferencia de Mesa Redónda de la
Sociedad Mexicana de Antropología reunida en Tuxtla, había propuesto llamarlos pre-olmecas y ha utilizado también el término tenocelome. Aunque
cualquiera de estas designaciones clarificaría el enredo, la práctica no las ha
aceptado y se han venido llamando "olmeca" entre comillas. Como n este
libro 1 la cultura de La Venta o Tenocelome o "olmeca" jugará un papel
mucho más importante que el de cualquiera de sus homónimos, prefiero llamarla simplemente olmeca por muy justamente criticada que sea la costumbre de dar nombres étnicos a culturas solamente arqueológicas. Además
no hay que olvidar, como ya lo notó Drucker ( 1952), que el término ''La
Venta" no se refiere sino a un sitio y a una época de la cultura Olmeca.
Asimismo llamaré olmecoides a los habitantes de varios sitios (Monte Albán, !zapa, etc.) más o menos contemporáneos que tienen una serie de rasgos olmecas pero cuyo estilo muestra diferencias muy notables debidas a la
mezcla con grupos locales que no son olmecas; !Jamaré olmecas coloniales a
lo sitios donde junto a la cultura local aparece la cultura olmeca no realJ

El Mundo Olmeca, obra en prensa.

439

�;

mente confundida, sobre todo al principio, sino anexa es decir, que sugieren
lugares colonizados por los olmecas pero habitados también y sobre todo por
los pueblos locales (sitios de Veracruz, Tlatilco Chalcatzingo, Guerrero).
Post-olmecas entonces serán los habitantes de la región, herederos directos
o no de los olmecas, en donde ya no predomina la cultura olmeca (Cerro de
las Mesas, Tres Zapotes Superior). finalmente olmecas históricos serán los
de las fuentes escritas, término que en realidad no tiene mayor valor 'tnico
ya que parece haberse aplicado a diferentes pueblos en varias épocas.
E evidente que cualquiera que sea el tiempo que baya tardado la cultura olmeca en nacer, crear y morir, hubo etapa en llo y que no todo corresponde al mismo período. Una cultura nunca es estática. Entonces es necesario discutir las épocas por las que pasó el mundo olmeca y las fechas de
esas 'pocas.
La época que llamo Olmeca I (véase tabla } procede inmediatamente al
inicio de la civilización y es su antecedente directo. Pero está basada en un
larguísimo período durante el cual fueron lentamente vencidos los retos originales: el hombre domesticó las plantas y supo aprovecharlas; ya vivía en
comunidades permanentes formadas por aldeas y caseríos; ya fabricaba cerámica, tejía telas de algodón y de fibras, bacía canastas y petates, pulia la
piedra; lo regía una organización social basada en el parentesco y finalmente practicaba la magia.
Esta cultura baja que había tardado milenios en formarse, ocupaba vastas
regiones del continente americano. En algunas áreas limitadas, hacia el fin
del primer milenio antes de Cristo, empezaron a surgir avances más importantes que podemos reconocer por la aparición de estilos regionales. El área
olmeca fue una de aquellas donde comenzó una especialización que había de
distinguirla de las demás. Esto ocurre a partir de 1200 a. . Entonces se
empieza - modestamente- a forjar el estilo que florecerá en esa área desde
el año 800 a. C.
P ro existe el problema de que este estilo y hacia esa fecha no sólo se encuentra en el área olmeca sino en diversos sitios como Tlatilco en su fase
transicional. Entonces parecería como si el estilo olmeca no hubiera nacido
en el área donde después se desarrolló sino n una región muchísimo más
vasta, de hecho en toda la que siglos después será Mesoamérica, o tal vez aún
en una región distinta como Guerrero o Oaxa a ya que de allí provienen muchos objetos característicos del stilo. Por otro lado las fechas de Carbono 14
sólo se conocen desde hace poco, por lo que era imp~sible juzgar la antigüedad de los varios sitios. Por todo llo Covarmbias pensó (y originalmente
también Piña), que el estilo s originó n otro lado y que la zona olmeca era
más bien una área de refugio. hora es difícil defender esta posición porque

440

las fechas de C. 14 indican una onsiderable anli::,aü dad para La V nta y sobre todo porque mientras en la zona 0lme a el estilo que lleva su nombre
• el únicu que aparece -lo que indica no está mezclado a influencias extrafias- en las demás regiones los objetos de estilo olmeca son esporádicos y
están asociados o cuando menos precedidos por otros objetos obviamente local• y p rteneciente a una tradición distima.
Pero hay toda ía más. Los objetos de tipo olmeca que aparecen en este
período on principalmenle figurillas de barro -bab)' face mujer bonita o
figuras huecas. Todas éstas más bien parecen el resultado de la fusión de dos
estilo : el oJmeca y el local.
fgualm nte importante es que nt:re los rasgos olmecas que encontramos
c·parcidos en varios itios de Me oamérica antes d 800 a. O., niuguno nos
autoriza a pensar en civilización sino n una cultura avanzada pero que no
ha Jleo-ado al nivel de civilizada. Son rasgo cerámicos, formas de figurillas,
molí os decorativos, el jaguar, etc. . . pero no Ja planificación o la gran esultura. Así e ta primera difusión corresponde a una época anterior al auge
de La Venta.
Más probable es que aún antes del apogeo olmeca ya algunos de sus rasgos culturales se hayan difundido hasta el aUe de México y otras áreas. o
podemos pensar que e ta difusión
haya hecho en las mismas formas que
la ocurrida durante la época 800-400 a. ., ya que no pensamos qu antes
de esta fecha hubiera un poder olmeca ni una organización seria de co.
merciantes o guerreros. P ro hay otra forma que creo fue la que jugó y que
es típica n muchos otros lugares del mundo. La difusión de una idea religíosa, en este caso del culto del jaguar. En efecto las figurillas baby face y las
huecas están relacionadas con el jaguar y nos parece sorprendente que este
animal baya sido importante en el vaUe de México o en cJ Altiplano en
general, donde no es conocido. Podemos p nsar en que durante lo años
1200 a 800 a. C., 1 culto del jaguar ya e taba formado en el mundo olmeca
y así se difundió como una idea religiosa. De hecho e seguro que ya estaba
pre nte en el ,u-ea puesto que desde 800 tenemos en La Venta sus manifestaciones, no como primeros balbuceos de un arte, de una religión, sino
en forma total, indudablemente significando un período pr vio de laboración tanto ritual como artística.
Pero para afirmar este punto de i ta es n cesario comprobar si en los sitios del área olme a existen desde el año 1200 a. ., los antecedentes de la
ultura que florecerá después. Esto pare.ce ser exactamente lo que ocurre en
lo dos únicos sitios olme a e&gt;.'])lorado , La enta y Tres Zapotes. En ambos J1ay r Los indudabl d un periodo anterior al del auge, y restos qu
l:)

441

�,

con-espond n al p ríodo 1200-800 a. C.· n ellos ya aparece el
que no la técnica que predominará despu' .

tilo aun-

En La enta, el período Olmeca I, tá establecido por más que todavía
no se conozca bien. e reconoc tanto porque lo habitantes de la época 01meca II, empl aron barro que removieron de edificios onstruidos ant de
ella, orno porque lo primeros dificios de ta ~p a Olmeca II contenían
materiales cultural obviamente más antiguos y que por tanto tienen que
corresponder a los readore del período lmeca I. Además Piña Chán (1964:
18), encontró e te período aún 'in situ' n los pozos que excavó debajo d
una capa de arena y que produjeron en tre ni eles e tratigr-'afi os materiale es ncialmentc cerámi o y srguram nte anteriore a lo edificio y anteriores al año 800. on, pu , muchas las probabilidade d que ya n la
época olmeca I hubiera existido un entro ccr monial que más tarde fuera enteramente destruido hacia el año 800, por los habitan
del período olmeca II (Base I).
Lo mismo ocurr en Tr -Zapotes. AJ xca ar la trinchera 26 se encontró
una capa de ceniza vol ánica debajo de la cual había cerámica que necesariamente e anterior. El período repte ntado por esta cerámica se ha nombrado Tr Zapotes Inferior. obre la capa de eniza, s decir, posterior
a ella, hubo abundante cerámica. orrespond a la época Tres Zapotes Medio. Por comparación e vid nte que este período Tres Zapotes Medio resulta ontemporáneo a La Venta Il, es decir po terior al año 800. Entonces el período Tr Zapotes Inferior ti ne que r anterior al año 800 y contemporáneo, por tanto al período 1200-800 a. C. que llamamos Olmeca I.
Además es evidente por su tipología qu la cerámica Tres Zapotes Medio
es una continuación cultural d Ja cerámica Trc Zapotes Inferior, lo que indica que se trata de cambios ocunidos dentro de una cultura d bidos al paso
del tiempo, y no a influencias e.xtemas o a Ja llegada d pu blo diferent .
Entonces podemos, en ambos sitios, demo trar que l p ríodo Olmcca J
es anterior al Olme a II. También puede a e&amp;rurarsc que te período II es
una ontinuación cultural del anterior. Por ello, e correcto si llamamos 01mcca al período II, llamar también olmeca al período I ya qu se trata del
mismo pueblo sólo que en distintas etapas de su hi toria.

í, a se antiguo patrón anc tral" he llamado Olrn ca I. La época Olm ca II que vamos a er ahora, significa no un ambio de habitant sino
una elaboración ·traordinaria del tipo aldeano de la época anterior. De
aquí el prin ipal argumento para rechazar la idea de que la cultura olmeca
se haya creado en otro lado. us raíc
stán en su propio territorio.
Si la época Oltneca II no conlien tod s los el mentos de una civilización, tán presentes cn ella muchos rasgos qu universalmente se aceptan

como constituyentes de una civilización: scultura monumental, ciudades
planifi adas y orientadas, organización social ompJ ja con sacerdot , comerciantes y trabajador s sp ializados, un excedent conómico y tal v z
un poder imperial que impone su stilo sobre áreas dif rentes. Muchos de
estos elementos van a caracterizar las civiliza iones herederas de los olmecai.
La época Olmeca II corresponde al apogeo de La V cnta. En est sitio
han podido hasta ahora distingui
uatro f asc pero deb quedar laro que
estas cuatro fases no son épocas sino ubdivision s de una sola ~poca. Corresponden a las cuatro recdificacion
ampliacion de los monumentos componentes del centro cer monial de a
nta, y n toda las onstruc ion s
se hizo una ofrenda masi a. Aproximadament ada fa dura 100 años. R unidas Jas cuatro dan unos 400 años par el p ríod Olmeca II en conjunto.
omo se ini ia hacia 800 a. . debe terminar hacia 4-00 a. C.
Todas las fases corre ponden pues a la misma 'poca cultural que sólo va
ampliándose a trav's de clJa. Durante todo el período II, La Venta fue
ocupada y conservada n perf etas ondicione .
La primera fase s inicia hacia 800 a. . E la fo ha
aproximadamente
exacta gracias a una serie de lecturas de Carbón 14, obtenidas en La enta.
En su tiempo el entro fu totalmente planifi ado y probablem nte e hizo
una de las ofrendas masivas. Poseían ya jades exquiqtos en ambos colores
gris-azuloso y verde esmeralda y se usa el inabrio.
~a idea d I entierro ofr~nda (que
casi seguram nte sólo ofrenda y no
obJcto acompañando a un mu rto) po iblem nt e té ya desde esta fase.
E probable que la difu ión y tal ez onquista olmeca iniciada -como hemos i to- en el período anterior,
haya consolidado en esta fase y de hecho sea su causa. Ello explicaría que lo olmecas hayan podido realizar tan
grandes trabajos así como importar tantas cosas. orno resultado de llo
Y~. los_ olmecas no tuvic-ron que vi ir cxclu ivamente de su propia p'roduccmn mo del tributo de otros y del comercio, lo que permitió I auge y el
g_ran desarrollo cultural. Entonces pudieron ya n gran escala, onstruir su
crndades, esculpir sus monolitos y rear u ivilización ceremonial.
~n- la fase JI se ini ian los mo aico d jaguar, hay más jades, aparecen
º~Jetitos de cristal d roca y naturalmente se recon truye el centro eremonial.
in ser seguro es probable que algunos de Jo monolitos pertenezcan a Jla.
Las do f~s final son las más rica ya que a ellas pertenec n la mayor
parte de los Jades y muchas de las s ulturas monolítica.. orre ponden al
gran apogeo de La enta, sobre todo la fase IV, cuando se construyen las
tumbas. Para entonces la ciudad estaba n I cenit y como la fruta madura, li ta para c-aer.
En coajunto este gran p ríodo llamado tradicionalmente La

enla-Tr s

442
443

�Zapotes Medio y qve llamo Olmeca lI corresponde al apogeo de estos dos
sitios y también el apogeo de la escultura en los sitios del Rfo Chiquito. Este es, evidentemente, el resultado de la evolvción intema de la ociedad olmeca y de su propio arte, aunque u extensa difusión haya traído contactos
directos con otros pueb1os, particularmente en lo lugares colonizados por
los ohnecas. Esta difusión se basaba ya no sólo en ideas religiosas sino en un
poder político unido a un auge económico en la región.
Es posible que la época Olmeca II en Rfo Chiquito y sobre todo en Tres
Zapotes se haya prolongado uno o dos siglos más que en La Venta. Piña Chán
piensa que debe llevarse hasta el año 200 a. C. En efecto el período siguiente
en Tres Zapotes, el Superior, es en part olmeca corno hemos venido definiendo esa cultura, y en parte posterior. Hay necesidad, por tanto, de interpretar los hallazgos de1 período Tres Zapotes Superior más bien tipológicarnente, lo que es peligroso.
Se ha dicho que en Tres Zapotes hay continuidad cultural. Esto es evidentemente en los períodos Inferior y Medio como hemos visto, pero el Período Svperior ya no cabe sino en parte dentro de esa continuidad. En el resto del período aparecen una serie de elementos nuevos, faltos de antecedentes locales, cuya filiación del Altiplano es irrefutable. Estas influencias extranjeras se hacen sentir fuertemente y el mundo olmeca deja de ser el predominante y el creador de ideas y cae al nivel de tantos grupos culturalmente dirigidos por otros. Creo pvede aceptarse quet allí todavía vivieron olrnecas descendientes de los originales, y que conservaban algo de su vieja
cultura, pero en tal forma transf01mada por ap01taciones extranjeras, que
ya ni podemos llamar a esa ép·oca olrneca. En La Venta ocurre 1o mismo. Esto parece suceder a partir' del primer siglo antes 'de Cri to.
Pero antes de este eclipse final hay un período que pienso va de 400 a. C.,
fin de la gran época, a 100 a.C., y que he llamado Olrneca III. Es una etapa
progresivamente decadente en la que todavía se fabrican objetos tardíos que
no encajan en ninguna otra cultura y aisladas supervivencias de la antigua
espléq,dida civilización.
Pero no sólo hay supervivencia sino que es en el período Olrneca III
cuando este pueblo inicia su postrera y tal vez más grande contribución a la
civilización: la cuenta larga.
Es curioso que al principio del descubrimiento del arte olmeca y cuando
por su perfl"Cción se consideraba ten:ía que ser un arte de la época clásica, la
estela C, primera aparición segura del Cero parecía demasiado temprana.
Ahora la juzgamos exactamente en sentido contrario. Dentro del apogeo olmeca considerado entre 800 y 400 a. C. resultaría demasiado tardía aun empleando la correlación A, y tiene que colocarse, por tanto, en el período 01-

444

meca III. Pero no sólo por este motivo pensamos que sea tardía. Tanto los
lados norte como sur de la estela tienen una especie de dragón con el cuerpo formado por volutas. Ahora bien, 1a voluta no es un elemento olmeca y
ya hemos mencionado cómo la caja de Tres Zapotes, que sí las tiene, es probablemente también tardía. Las volutas tal vez representen nubes y posiblemente evolucionaron en la serpiente emp:lumada, que tampoco es un elemento olmeca. Drucker da aún otros argumentos a favor de que la estela
sea tardía y señala que el mascarón mismo del jaguar no parece haber sido
bien entendido por el artista que lo esculpió, mostrando así que sólo copió
un elemento sin saber exactamente lo que era, tal vez porque había desaparecido de su cultura.
Pueden esgrimirse argumentos similares por_ lo que respecta a la estatuilla
de Tuxtla, la otra única cuenta larga encontrada en el área olmeca. Aquí
también, aunque la escultura es olmeca, las inscripciones calendáricas no son
ni mayas ni propiamente caben dentro del período olmeca clásico.
o hay que olvidar además que en La Venta, el centro principal, no se ha
encontrado ninguna inscripción calendárica, lo que hace sup·oner que las que
aparecen en Tres Zapotes y Tuxtla son p"osteriores a ella. Por tanto, la estela
C sería tardía en Tres Zapotes, probablemente del principio del Superior o
fines del Medio, cuando más antigua, si es que el período Medio duró allí
más que en La Venta.
Llegamos a la conclusión de que entre los olmecas tardíos y los olmecoides
se usó, aunque no con frecuencia, inscribir fechas con el sistema de la cuenta
larga, que implica necesariamente el conocimiento del cero. Resulta evidente
que estas dos fechas son anteriores a las fechas de las estelas mayas, ya que
la más antigua de éstas sólo se inscribió poco antes del año 300 d. C.
Resulta entonces que todo el sistema de la cuenta larga -ya en piedracorresponde al período Olmeca III, aun cuando, como debe haber requerido siglos para su desarrollo, pudo ha~er empezado - en madera- en la época II. Todo nos lleva a aceptar la feliz expresión de Jiménez Moreno ( 1959:
1031): ''la estela C de Tres Zapotes representaría algo equivalente al testamento de la cultura de La Venta".
En resumen creo válido pensar que el período final Olmeca III, se extiende
desde el año 400 tal vez hasta el año JOO. Empero ya para el fin la cultura
olmeca no es un foco irradiante para toda Mesoamérica, si bien, todavía queden luces aisladas capaces de inspirar grandes obras. Algunos monolitos descritos por Weyerstall o Medellin ( 1960) cabrían en esta época así como las
célebres fechas de cuenta larga. Es evidente que aun perdida su preeminencia cultural los olmecas no habían muerto y ocasionalmente creaban alguna
maravilla dentro del viejo estilo. No parece que estas supo iciones sean tan

445

�irracionales ya que tenemos numerosos ejeJ]lp1os en la historia demostrando
que las civilizaciones moribundas producen en esé. instante algunas de sus
flores más bellas, como es por ejemplo el caso de Aristóteles. Son las efímeras reanimaciones de las civilizaciones moribundas. Además esta cronología
y este punto de vista se adaptan bastante bien a las fechas obtenidas en otros
sitios contemporáneos de Mesoamérica.
Sólo así podemos aceptar las conclusiones relativas al florecimiento de La
Venta y por ende de Tres Zapotes Medio, como terminando hacia 400 a. C.
Pero si tuviéramos que incluir en esa época a la estela C, y peor aún a la estatuilla de Tuxtla sería ineludible continuar a los olmecas hasta después de
los comienzos de '1a era cristiana. La posición, aun más exagerada, que los
lleva hasta el Clásico, fue el error fundamental de las cronologías primeras
del área, y Jo que obligó a ima:.:,o"inar aislamientos culturales y otras peculiares situaciones no demostradas por la arqueología.
¿ Qué motivos ocasionaron la decadencia olmeca? Es imposible contestarlo
a ciencia cierta, pero podemos pensar en la, presión de otras áreas ya para entonces muy desarrolladas y en una evolución que despojara de su poder al
sacerdocio ya convertido en un grupo opresivo. Esto parece indicar el exceso en que cayó La Venta IV al construir las tumbas monumentales. El paso
de grupo creador a opresivo y sus resultados tal vez sea una causa de la disolución de los grandes imperios de Mesoamérica. Los olmecas, que en tantos
aspectos son ya verdaderos mesoamericanos, posiblemente ~bié~ lo hay~n
sido al iniciar el tipo de sociedad que a lo largo de toda la h1stona, produJo
esas elevaciones y caídas de estados. Caídas cíclicas, que tal vez expliquen el
por qué del concepto de la historia que tenían los mesoamericanos. Pero este tema para más tarde.
Para resumir, p'arece demostrado que los olmecas fueron los primeros en
tiempo, que alcanzaron un grado de civilización y que de ellos derivan numerosos rasgos que serán en el futuro característicos de Mesoamérica. No
es necesario repetirlos aquí, ya que Jos hemos venido mencionando a lo
largo de este capítulo, pero quisiera recalcar que se dividen en dos grupos.
Primero, todos aquellos rasgos ya no discutibles en la actualidad, como las
estelas, los altares y su posible asociación; el sistema de la cuenta larga Y el
cero; la escultura monumental, el tallado del jade, los atlantes, las cabezas
sin cuerpo, los sarcófagos de piedra, las tumbas faraónicas, los grandes adobes, los cráneos de cristal de roca, la idea de colocar ofrendas bajo las estelas, las plataformas en terrazas, las pirámides las ciudades alineadas astronómicamente, etc. Los del segundo grupo son elementos que inferimos de la
arqueología como el comercio a la mesoamericana el ejército, el estado y el
imperio, las clases sociales, la religión ceremonial.

446

Es muy posible que al tratar primero a los olmecas hayamos exagerado su
importancia o cuando menos dado esa impresión. Creemos que los olmecas fueron -los primeros en alcanzar el nivel que podemos calificar de civilizado, pero hubo otros grupos contemporáneos o casi contemporáneos que
aportaron elementos importantísimos, tan importantes como la escritura {Monte Albán), que aparece allí antes que en el .mundo Olmeca. Por otrn lado en
otras áreas surgieron grupos que también iniciaron tradiciones que luego
serán clistintivas y que si bien tomaron elementos olmecas, los llevaron mucho más lejos, o bien paralelamente iniciaron otros rasgos que desarrollaron
por canales separados a las de la corriente olmeca. Así explicamos, por ejemplo, al mundo maya. Adelante nos ocuparemos de estos pueblos.
Al desaparecer esta cultura de que hemos hablado la primera dejó un legado inmenso que fue una de las p"rincipales columnas sobre las que se había de edificar la gran civilización posterior.
Con el fin del período olmeca III~ se acaba la cultura olmeca, y el área
en la que floreció ya nunca vuelve a tener importancia. El gran foco cultural, se vuelve luz tan sólo marginal. Por ese motivo ya no intervendrá en
el curso de esta obra, puesto que ya nada aportará a la historia cultural de
la civilización Mesoamericana. Por ello, antes de abandonarla definitivamente, vamos a resumir brevemente la arqueología posterior pues aunque, repetimos, es marginal, indica -como es obvio- que la región fue habitada permanentemente, como sigue habitada en nuestros días, aun.que con una densidad muy inferior.
En La Venta, se han enconlrado entierros posteriores a la fase IV. Se piensa que el sitio fue abandonado durante el tiempo suficiente para permitir que
la arena y la vegetación re ubrieran la ciudad. Luego fue reocupada por
gente anónima que movió y mutiló los monumentos (cuando menos 24 de
los 40 conocidos) e hizo agujeros tal vez en busca - felizmente sin éxito-de los jades de las ofrendas. Cierta evidencia del área del pavimento norte
sugiere que estas gentes pudieran ser olmecas tardíos o herederos suyos, no
gente extraña venida de fuera. Más tarde parece haber una pequeña reanimación cuando dentro de la arena que ha cubierto los monumentos se hacen
modestas ofr ndas de cerámica. Parecen indicar un cambio de actitud: en
vez de espoliadores los nuevos habitantes vuelven a honrar al viejo sitio y a
respetar al antiguo dios. Luego afluyen una avalancha de influencias clásicas de Teotihuacán y de Veracruz aunque el territorio olmeca no perdió
enteramente su identidad. En el Cerro del Encanto, en el sitio Torres y en
la capa superior que encontró Piña Chán (1964: 18) hay cerámica policroma
contemporánea del clásico Veracruzano. Casi no hay, curiosamente, influencias mayas.
447

�En Tres Zapotes, también hay pruebas irrefutables de ocupac~ones p~s·
de hecho eJ Tres Zapo·tes Superior es sobre todo eso, con influencias
t «mores,
y
, •
d y,
claras de Teotihuacán y presencia de elementos del da.si~ e eracruz.
Weiant (1943: 118) encontró hachas, yugos y figurillas sonnentes. El complejo Soncautla es aún más tardío. En el resto_ del área se encu~tr'.111 cerámicas y objetos de Ja 'poca clá ica tolteca, y finalmente lo que d1stmgue la
histórica ocupación azteca.
,
.
En resumen llamamos po t-olmeca a todos estos p-enodos,, sm pensar en
secuencia genética sino ultural. La secuencia total será:

EL HÉROE TEPOZTECO
Sicoanálisis de, un mito universal

SECUENCIA DE CULTURAS EN EL ÁREA ÜLMECA

Da.

GuTIERRE

TmóN

México, D. F.

Per.íodos

Años

Segím Berna]

Post-O )meca

400-100 a. C. Olmeca III
800-400 a. C. Olmeca II
1200-800 a. C. Olmeca I

hasta el año 200.

Según Drucker, Heizer,
Squier, Weiant, etc.

EN 1909 SIGMUNDO FREun sugirió a Otto Rank, uno de sus disdpu}os, que

Según Piña Chán

Lirios, S. Marcos, Soncautla,
Tres Zapotes Superior
l (en parte) y II
Post La Venta-Tres Zapotes
uperior I (en parte)
La Venta fases I-IV. Tres
Zapotes Medio
Pre-La Venta. Tres Zapotes
Inferior.

La Venta III
La Venta II
La Venta I

escribiera un libro sobre "El mito del nacimiento del héroe".1 Por vez primera un sicoanalista estudiaba la asombrosa semejanza de las versiones que
de tale leyendas surgen en los pueblos más distintos y alejados. Los rasgo
comunes se pueden reducir a este esquema:
El héroe es hijo de padres de alta alcurnia· a menudo su progenitor es
el rey. Su concepción se verifica en circunstancias anormales · y a veces milagrosas. Un sueño o un oráculo previene al padre que el nacimiento del niño encien-a p·a ra él graves peligros. P-or consiguiente el padre ( o quien lo
representa) ordena que el recién nacido sea muerto o expuesto a un peligro
mortal: generalmente se le coloca en una canasta y se abandona a las ola,s
de un río.

El niño es salvado por animales o gente humilde. Al crecer, se entera de
su noble origen; al cabo de muchas extrañas aventuras, se venga de su padre. Su pueblo lo reconoce; y él logra fama y grandeza. 2
Esta es la historia aproximada de Moisés y de Rómulo y Remo, y literal
del Tepozteco, héroe epónimo de Tepoztlán.
Joseph Campbell, quien sicoanaliza los mitos cua1·enta años después que
Rank, en su ya clásico libro El héroe de las mil caras,3 se enterará con gusto de la leyenda arquetípica entre los pueblos civilizados de la América Media. Aquí no pueden suponerse contactos culturales; las raíces del mito es,. OrTo RANK, Der Mythus von der Geburt des Helden, en Schriften zur angewand/en Seelenkunde, Hef t 5, Viena, 1909.
' SJGMUND FREUD, Moses and Monotheism, New York, 1947, pp. 7-11.

• Primera edición en Nueva York, 1949. Edición española co México, 1959.

448

449
e H-30

�tán en el hombre como tal. Los difusionistas, que se basan en semejanz.as

entre las columnas mayas de Sayil y las de Bakong en Camboya 4 o de ciertos trípodes de Teotihuacán con cerámicas chmas de la dinastía Han 5 para
"demostrar" las antiguas relaciones entre Mesoamérica y Asia, tienen aquí
un nuevo motivo de meditación.
El más antiguo de los p:ersonajes históricos a quien atañe este mito es el
fundador de Babilonia, Sargón, en el siglo XXVI antes de nuestra era. Freud
reproduce el relato atribuído al propio rey, escrito en primera persona y conservado en cierta inscripción cuneiforme: 'Yo soy Sargón, el poderoso rey ...
Mi madre fue una vestal; no conocí a mi padre ... Mi madre me dio a luz
secretamente; me colocó en una canasta de juncos y me bajó en el río (Éufrates) . La corriente no me ahogó, sino me llevó a Akki, el agricultor. Akki,
por la bondad de su corazón me sacó del agua y me crió como a su propio
hijo ... Mientras trabajaba como jardinero, la diosa Istar se enamoró de mí.
Me volví rey -y durante cuarenta y cinco años he gobernado como rey".
La serie continúa con Moisés (siglo XIV a. C.), Rónmlo (siglo VIII a.
C.) y Ciro (siglo VI a. C.). También Rómulo fue hijo de vestal, sometida
al voto de castidad; le crió Acca Laurencia, mujer del pastor Fáustolo. La
semejanza de Akki y Acca es coincidental. Asimismo se atribuye a una loba el haber amamantado los mellizos fundadores de Roma.
Dos siglos después de Giro, nace en la India Chandragupta, fundador
de una ilustre dinastía, y le abandonan en un tiesto de loza a la puerta de
un establo. Allí lo encuentra nn pastor y lo cría como a su propio hijo hasta el día en que el héroe descubre su noble origen.6
En el sexto siglo de nuestra era viene al mundo, de la unión incestuosa de
dos nobles mellizos, el que será el Papa Gregorio M~ano. La madre, arrepentida, lo echa al mar en una cajita de madera; pero lo hallan unos pobres
pescadores y, naturalmente, se encargan de criarlo y educarlo. Ya adulto,
llega por un raro azar al país de sus padres, y se casa con la reina. Como la
Yocasta de Edipo, esta rnsulta ser su madre. El desdichado expía su pecado
durante diecisiete años, encadenado a un farallón en medio del mar, hasta
que lo liberan, lo conducen a Roma y en la ciudad santa lo eligen Papa.-.
• R. HEJNE·GELDER , Trqces of Indian and Southeast Asiatic Hindu-Buddist influences in Mesoamerica, en Memorias del XXXV Congreso Int. de Americanistas,
México 1962, pp. 97-54.

• GoRDON F. EKBOLM, The possible Chinese origin o/ Teotihuacan cylindrical tripod and certain related traits, en Memorias del XXXV Congreso Int. de Americanis-

tas, México, 1962, pp. 39-45.
• RANK ,

' lbid.

450

Op. cit.

Gregorio Magno tiene un lazo mistico co M, .
,
su adoratorio particular cierta im en mil n
exico. ~s el quien tenía en
San Leandro de Sevilla · ·
ag d agrosa de la Virgen que obsequió a
· Jmru:ren que ebía conoc
d
,
Señora de Guadalupe y cu "
b ha
erse espues como Nuestra
yo nom re
bía de p
tu
Rank y Campbell
erpe arse en el Tepeyac.ª
enumeran muchos otros hér
, .
yo nacimiento y juventud se
oes llllsbcos y legendarios cuKrishna, Gilgamesh Paris Tpearelf ee ptotal o parc_i~en.te al arquetipo citado:
'
'
e o, erseo Anf10n y z t
H, ul
Del Tepcrzteco, héroe y dios todavía viv~ en 1
~ os, ere es... ,
el curso de este traba1·0· ant
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a actualidad, me ocup"are en
,
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cia de Sor Catalina de San J
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uan, eroIDa religiosa qu 1 · 1
salvados de las aguas".
'
e a vmcu a con los
Heroína fue Sor Catalina de S J
por haberse casado "con separa:n ~:nl~:o:~s muchos años de penitencia,
e~tre su cama y la del esposo, el esclavo Domki :nse~ando su -~dad;
co una imagen de Cristo.s La niña hind,
g !uarez_, la rehgiosa coloCatalina de San Juan y más tard
~ que_ habna de convertirse en or
cayó cierto dí d
'
, e, co . undirse con la 'China Poblana"
,
.
a e su cuna, alla en el remo del Gran Mo I "
'
acerto a m;e a una puerta r d ond e pasaba
, ,, E go ' y gateando
confesor, y él el bachiller J , d 1 C ·u
un no . sto se lo contó a su
en su libro p'ublicad
p osbel e asb o Grajeda, nos lo relata a su vez
_,
o en ue a en 1692 c t
- d
de Sor Catalina "Asom d
'
' ua ro anos espués del tránsito
.
a a pues en aquellas orillas
1 d 1·
y cayendo sin ser vista la
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, se e es izaron los pies
, rec1 1eron emgnas sus corri t
1 ánd
hasta los confines de la ciudad" En
en es, e ev
ola sus olas
asiera de una rama de las q
.
unl re~so del río "Dios quiso que se
ue se sue en cnar en ribe
d aJ
pasó asida tres O cinco días
.,
.
ras e t es sitios; allí
Providencia".
, manteruendose xml¾arosamente con la Divina
p
·
o

. El instrumento d&amp; esa Providencia que "salva de las
"
,
cierne es una pobre lavandera, io h ennana del campesin
aguas a la heroma
en
, .
1os pastores romano e h" d, d 1
.
o mesopotám.I o, de
m u, e pescador 1talian
brador tlahuica de Tepoztlán.
o y, como veremos, del laLa leyenda del Tepozteco tien
sés salvado de las ruas
e ~tos puntos de contacto con la de Moiblico al cabo de ~ ' que _se podna suponer una influencia del relato bi
'
casi cuatro siglos de en . .
•
sin embar
al
senanza cristiana
en Tepoztlán Ha
vado de 1!º'agu~o~~~s qule ~oincide~ más con la leyenda de otr~ "si, om o, y a mfluencla de la historia romana en T e¡mzª G. Tmó Aventuras de Gog y M agog, México, 1946, pp. 145-147
• MANUEL '-r
l
_
OUSSAlNT, La verdad-era Chi
p bl
·
a vida y virtudes de la venerable Catalina de n;an ~ ana, prólog~ del cor:ipendio de
(1 ~82), México, 1946.
uan, por Josc del Castillo Grajcda
DEL CASTU.LO GRAJALES,

pp. 35-36.

451

�dán es todo menos probable. Nos encontramos en presencia del hfao_e . ~quetípico intuido por Freud y estucliado por Rank y Campbell, cuy~ _vic1S1tu_des
en el nacimiento y durante la infancia obedecen a un mundo IIDtJco Y s~bólico común a muchos pueblos. Lo notable es que la leyenda de Sargon,
Moisés Rómulo, Ciro y Gregario Ma,::,crno se reproduce en sus rasgos esenciales también en nuestra América, entre los tlahuicas del valle de Morelos.
El mérito de haber recogido la leyenda del héroe Tepoztécatl, relatada por
ancianos del pueblo en su lengua original, es de Pablo Gonzále~, Casanova.
El notable investigador la publicó en 1928, junto con la traducaon caste~ana. Otra versión, recogida en 1942 por un excelente nahutlato de Tepoztlan,
Baldomero Flores, se encuentra en Ja Historia antigua del valle de Morelos,

he aquí que el niño lloraba". Estas son, por supuesto, las palabras bíblicas,
y se ajustan igualmente a la hija del faraón y a la del tlaroani tlahuica.
Aquí nos alejamos de la Biblia. La princesa lleva al niño al palacio y el
rey, "aconsejado por sacerdotes que juzgaban el acontecimiento como un
presagio funesto", 01·dena que se arroje el niño a la selva, para que lo devoren las fieras.
En tanto que Rómulo y Remo son amamantados por la loba, el Tepozteco
tiene un prodigioso protector vegetal: un maguey, que cerrando sus pencas
como brazos, resguarda al niño del frío y de los animales feroces. Una penca
se ha inclinado sobre su boquita; la pÚ&lt;\. es un pézón y el niño mama el aguamiel como si fuera leche. En esta forma maravillosa fue alimentado también
el hermano mellizo de su padre, Xólotl.

de Florencia Müller.
El Tepozteco es hijo de un dios y de una virgen. Esta es una vestal, como
la madre de Sargón y la de Rómulo: o sea, una sacerdotisa que hace, voto
de castidad y cuida el fuego sagrado en et templo. El padre ~e Sargon es
desconocido• el de los mellizos fundadores de Roma es Marte, dios de la guerra; el del Tepozteco es Ehécatl, dios del aire, frecuente advocación de Quet-

Cuando el rey se entera del portento, manda echar al infante a un hormiguero. La princesa llega por la mañana al lugar de] sacrificio, pero en Jugar
de encontrar al niño devorado por los voraces insectos, es testigo del nuevo
milagro: ve cómo las hormigas, en .interminable procesión, llevan a la boca
de ta criatura migajitas de fruta silvestre.

zalcóatl.
Marte tuvo relaciones muy humanas con la vestal Rea Silvia; en tanto que
Ehécatl quiso que Ja vestal concibiera por la intervención so~r~atural de
un r5ajarillo. Este espíritu santo tlahuica se aparece a la -~ceroot1sa, que le
da abrigo en su seno; luego desaparece por arte de prod1g10.
, otros informantes la vestal quedó en estado interesante a1 cabo de
S egun
'
.,
un baño en cierto manantial. González Casanova recogió una tercera vers1on,
todavía más significativa por su analogía con la concepción pur~ de Que~alcóatl. Sabemos, gracias a fray Juan de Torquemada, que Chímalma andando barriendo halló un chalchihuite (que es una pedre-t.uela verde) Y que
la tragó, y que de esto se empreñó";, en tanto que la madre del Tepo~eco recoge en el campo un idolillo de piedra verde al que guarda en su fap; con

al Tepozteco como si fuera su propio hijo. Después de fabulosas aventuras
en Xochicalco, parecidas en ciertos pormenores a las de Moisés y de Teseo, el
Tepozteco se vuelve rey de Tepoztlán y gobierna sabiamente su pueblo du~
rante muchos años.

esto queda embarazada.
Cuando la vestal dio a luz al niño se apresuró a ponerlo en una canasta Y
a llevarlo a Ja ribera del río Atonco, donde lo abandonó. El río de Atonco
es sin duda algo menos caudaloso que el Éufrates, el Nilo o el Tíber, pero
igualmente cligno de mecer en sus aguas al hijo de un dios: fluyB_ en un valle dominado por fantásticos peñascos que parecen moradas de mgromantes,
y adornan sus orillas majestuosos sabinos.
Al día siguiente la hija del rey de Tepoztlán "descendió a lavarse al río, _Y

.:am-

paseándose sus doncellas p·o r la ribera del río, vio ella 1a -~~s13: en el
zal, y envió una criada suya a que la tomase. Y como la abno, v10 al runo; y

El rey ya no se opone a lo que es, visiblemente, el designio divino y adopta

La versión recogida por GonzáJez Casanova se acerca más a la leyenda de
Rómulo que a la de Moisés: el niño no es recogido por la hija del rey sino
por una p·areja de gente humilde ya entrada en años, que deseaba un hijo y
ya no podía tenerlo. Como la mujer hindú que salva a ]a futura Sor Catalina de San Juan, de Puebla, también la anciana de Tepoztlán baja al río para lavar la ropa y encuentra al infante que llora en su canasta de bejucos.
Permítase:me que añada unas reminiscencias personales. He vivido un mes,
con m.i madre, a orillas del río Atonco, y nos hemos impregnado de la atmósfera mágica del valle de Tepoztlán: uno de los raros puntos del planeta
donde una virgen ha dado a luz un dios. Y o me he bañado en el remanso del
río Atonco donde encontraron al Tepozteco. Todavía se venera en Tepoztlán
a su héroe epónimo, deificado como los romanos deificaron a Rómulo.

•
Ignoramos cómo llegó a México la primera sirena. La trajeron los españoles, y la figuración de Ja mujer-pez sedujo a la gente de aquí, que la adop-

453
452

�taron en los primeros decenios de la conquista. Desde entonces pertenece al
arte popular mexicano: plasmada en barro pintada, esculpida.

lacio real, y allí empieza su prodigioso destino, que la hace esposa del rey
ino y ama y señora del Imperio Asirio.

La madre de la sirena se encuentra en Grecia; todos sabemos que el héroe
Ulises casi fue víctima de la terrible dulzura de su canto. La abuela de la
sirena, es útil saberlo, nació en Asiria, y hasta conocemos su nombre: Derceto.

•

Nos ha conservado su trágica historia Diodoro de Siciüa. Derceto era una
diosa tan hermosa que se atrevió a ofender a •Venus, y ésta se vengó inspirándole una pasión violenta y pecaminosa por un hombre. Nace una niña, pero
Venus metamorfosea los sentimientos amorosos de Derceto en la más glacial
indiferencia. Derceto se arrepiente de su culpa, hace matar al hombre, abandona su hija y se arroja al agua. En lugar de morir ahogada-¡ oh prodigio!se transforma en el más extraño ser anfibio, mitad mujer, mitad pez: esto es,
se convierte en sirena.
En tanto que Rómulo y el Tepozteco son hijos de un dios y una mujer, la
niña aban.donada por Derceto tiene por madre a una diosa y por padre a un
simple mortal.
No creo que Freud, Rank y Campbell se hayan fijado en la contraparte
femenina de los héroes y fundadores; lo que, desde luego, implica una interpretación sicoanalítica diferente del mito. Ya me refería a Sor Catalina de
San Juan "salvada de las aguas". La hija de la diosa-sirena Sem.íramis, fundadora del Imp'erio Asirio y heroína de mil batallas; a ella se ,debe la reconstrucción de Babilonia, sus suntuosos palacios y jardines pensilcs, maravillas
del mundo; es Semíramis quien e&lt;lificó el puente sobre el Eufrates y conquistó Egipto, Etiopía y Libia de un lado~ Persia, Armenia y Arabia del otro, y
hasta organizó una invasión de la India. Los escritores griegos atribuyen a
e:,ta reina sobrenatural las hazañas más maravillosas jamás llevadas a cabo
en el Oriente.
En la leyenda de Semíram.is y del Tepozteco hay analogías que aprecia tanto el sicólogo como el poeta. La bija de la sirena, abandonada en 1mas rocas desérticas; es salvada por las palomas torcaces, que la cobijan con sus
alas y la alimentan con la leche que van a buscar en los apriscos. Las dulces
aves vuelan con el buche lleno del precioso líquido, que luego vierten, gota a
gota, en la boquita de la recién nacida. Las palomas ejercen el papel que la
loba desempeña con Rómulo y Remo y las hormigas con el Tepozteco. Cuando Semíramis, ya crecida, necesitó un sustento más fuerte, las palomas iban
a robar queso y se lo 1levaban. Los misteriosos picotazos en los formajes alertaron a los p-astores, que siguieron el vuelo de las palomas y así, cierto día
venturoso, descubrieron a 1a niña.
Como en el caso de Moisés y del Tepozteco, la criatura es llevada al pa-

454

Freud recuerda que el héroe mítico es un hombre que se opone virilmente a su padre y que logra por fin dominarlo. "En la leyenda esta lucha se
remonta al principio &lt;le la vida del héroe, puesto que éste nace contra ]a voluntad del padre y se salva pese a sus inicuos propósitos. La exposición de
la canasta simboliza la matriz; el río o el mar, el agua del alumbramiento.
En innumerab1es sueños la relación de hijos y padres está representada por
el acto de arrojar a las aguas y salvar de ellas. Cuando la imaginación de
un pueblo atribuye este mito a un personaje famoso, es para indicar que lo
reconoce como héroe ... La íntima fuente del mito es la · llamada 'novela
familiar' del niño en la que el hijo reacciona al cambio de sus relaciones profundas con los progenitores, máxime con su padre. Los primeros años del
niño se caracterizan por una desmedida sobreestimación de su padre ; reyes
Y reinas en los sueños y en los cuentos de hadas representan siempre a los
padres. Más tarde, bajo 1a influencia de la rivalidad y de los desengaños, se
establece una actitud crítica hacia el padre. Las dos familias del mito la
noble y la humilde, son imágenes de la familia propia como aparece al ~iño
en períodos sucesivos de su vida. Estas explicaciones aclaran plenamente la
semejanza entre las distintas versiones del mito del nacinúento del héroe y
la abundancia de eUa:s".u
Difusión, añadiré, que incluye el mundo indígena americano ya que los
arquetipos míticos emergen del mar nocturno de ]a siquis común a todos
los seres humanos, y su coincidencia no se debe a contactos culturales.
.La semejanza del mito del Tepozteco y los de Sarg6n, Semíramis, Moisés,
C1ro y Rómulo no se limita, desde Juego, a nacimiento e infancia, sino a sus
hazañas como guerreros. Ya que el Tepozteco es el rujo de un dios, las empresas que lleva a cabo en Xochicalco y en Cuemavaca son una suma de fábula
y milagro.
Lo que sí distingue al Tepozteco de los demás héroes, es su sobrevivencia
hasta nuestros was.
Del mismo modo en que nosotros usamos como nombres de pila los de
Jesús y la Virgen, los de arcángeles y santos, también los mexicanos antiguos
establecían un lazo místico entre los humanos y las potencias sobrenaturales
mediante la magia sutil del nombre. Así encontramos un Quetzalcóatl entre
]] SmMo

D

FREUD, Moses and Monotheism, New York, 1947 pp. 7-11.

455

�los principales tlaxcaltecas 12 y otro que era señor de Chalco a la llegada
de Cortés.13 Xólotl (bennano de Quetzalcóatl) es el nombre del famoso can1dillo chichimeca y de un cacique de Tehuantepec; l.4 entre los muchos h0m0nimos humanos de Mixcóatl, dios de las estrellas y de los números,n se
encuentran el senor de Tlatelolco,1 6 el tercer hijo del rey conquistador Iztcóatl 1.7 y cierto antiguo hechicero del Val.le de México. 18 Hasta el nombre genérico Teotzin, diosito", era usado en el México prehispánico.19
No extrañe, pues, encontrar un Tepoztécatl humano entre los cinco señores que por encargo de Moctezuma pidieron a Cortés, presunto Quetzacóatl,
que tomara posesión del imperio azteca. 20 Otro Tepoztécatl es uno de los
cuatro señores de Cholula que recibieron a Cortés en Jalapa y se volvieron
sus fieles amigos. Tepoztécatl, el principal de ellos, demostró su fervor cristiano tmtregando al Conquistador un grupo de idólatras.21
El culto del dios epónimo de Tepoztlán estaba tan difundido que peregrinos de Centroamérica 22 venían a venerarlo. Le ofrecían sacrificios humanos
en el cuadragésimo edificio del templo mayor de la Ciudad de México, consagrado a los Cuatrocientos Conejos, dioses de la embriaguez. 23 Tepoztécatl
era uno de ellos, y de los principales porque fue el inventor, junto con otros
tres, del arte de hacer el pulque. 24 u templo principal estaba en Tepoztlán;
se le llama todavía la "Casa del Tepozteco", y la noche del 7 al 8 de septiembre la gente del pueblo sigue llevando a cabo, en la pirámide vertiginosamente encaramada en lo alto del.cerro, ceremonias en honor de su antiguo
'rey". 25 EJ teponaxtle que se conserva en Tepoztlán desde Ja época prehi' pánica tiene grabada una imagen del Tepozteco con el hacha de cobre ~e
" MuÑoz CAMARGO, 90.
14 IXTLILXÓCHITL 11, 415 .
" Residencia de Alavarado, 97.
~· VAILLANT, 74.
16 lxTLILXÓCHITL l ,
103, 137, 448.
" Cróni.a Mexicáyotl, 193.
18 Anales de Cuautitlán, 79.
10 -MuÑoz CAMARco, li3; Títulos p incipales de la Magda lena Mixihu ca
31.
"" TORQUEMADA I, 3i9 ; d. SAHAGÚN .
"' FREDERIGK STARR, The Map of Cuauhtlantzinco or Codice Campbell, The Universíty of Chicago Press, Chicago, 1898 · Selcr I 352.
= RoBERT REDFIELD, Tepoztlán, a M exican Village, Chicago, ] 930, p. 28.
""' SAHAOÚN I, p. 238.
,. SAHAOÚN

III, 210.

,. Según el nahuatlato Cecilio A. Robelo el poema que r ecitan en náhuatl los dan7,antcs durante esta fiesta (lo he oído en varias ocasiones) fue redactado durante la
Colonia por algún sacerdote.
,.. EDUARDO

-1-56

OGUERA,

Tallas prehispánicas en madera, México, 1958.

(tepoz en náhuatl) en la mano derecha, que lo identifica también con su jeroglífico. 27
Tepoztécatl, inventor del pulque, es dios de la embriaguez como Jos demás "Cuatrocientos Conejos", y dios lunar porque el conejo, dechado de
fertilidad, gobierna desde el astro nocturno la fertilidad humana (en el ciclo
lunar) y la de la vegetación que aliinenta al hombre. Lo de "dios del pulque" o "de la borrachera" debe interpretarse a la luz del pensamiento prehisp"ánico; la -embriaguez era ritual. El "'vino" se tomaba con fin religioso, como se acostumbra en cierta ceremonia del culto cristiano. El intérprete del
códice Magliabechi dice textualmente: "Cuando los indios tenían segado y
cogido sus maíces se emborrachaban y bailaban invocando a este demonio
o a otro de estos cuatrocientos".28 Resulta claro que Tepoztécatl y los demás dioses conejos eran deidades de la fettilidad y de las co echas.
En la leyenda conservada en Tepoztlán, el Tepozteco es un héroe comparable a los de los mitos griegos, y un taumaturgo cuyos milagros se verifican
por encima de todo límite.
El pueblo de Tepoztlán fue, durante el auge de Xochicalco, tributario
de la ciudad sacerdotal. En la leyenda, el señor de Xochicalco se vuelve un
monstruo caníbal que se alimenta con Ja sangre de sus vasallos; cada año, se
le debe el tributo de un varón de la nobleza tlahuica. 29
Cuando le toca el turno a Tepoztlán, resulta que debe sacrificarse el propio
rey: así lo pide el dios Ometochtli, por boca de sus sacerdotes. Tepozteco
el hijo de la virgen y del dios del aire, decide salvar a su padre adoptivo: se
presentará en lugar de él al señor Xochicálcatl. Este acepta la sustitución.
Sa1e el Tepozteco para combatir al monstruo, con cuya muerte cesaría el tributo· y -¡ significativa coincidencia!- tiene una idea análoga a la de Teseo cuando sale a Creta para luchar contra el Minotauro. "Observa el horizonte en dirección de Xochicalco", le dice al rey: "Si ves que se levanta una
columna de humo blanco, regocíjate, ya que habré matado al monstruo.
es negra, habré muerto".
Pasa el héroe por Cuernavaca y Alpuyeca, recogiendo -sólo él sabe por
qué-- los pedernales que encuentra en el camino. Sube al cerro de Xocb.icalco, donde lo espera impaciente el rey Xochicálcatl, completamente borracho.
No hay cliscusión ni lucha entre el héroe y el monstruo: éste agarra al
Tepozteco y se lo traga de un solo bocado. ¿ Qué hará el héroe en la oscuridad del gigantesco estómago? Con los pedernales recogidos destroza las
r. Códice Magliabechi XIII, 3, foja 49.
"' Códice Magliabe chi (Florencia, Biblioteca Nazionalc ), apud Seler II, 924.
"' MÜLLER , 43 .

457

�entra.ñas del rey, que ni siquiera se da cuenta de lo que le pasa, tanto es el
pulque que ha .ingerido.
El Tepozteco logra por fin perforar su vientre "Y vuelve a la luz. ¡ Xochicálcatl ha muerto! El vencedor celebra su triunfo con una danza macabra sobre
los despojos del monstruo. Entre tanto se eleva una columna de humo blanco en el cerro de X-0chicalco; el rey de TepoztJán la atisba desde la atalaya
del palacio y exulta.
Después de vencer al monstruoso rey de Xochicalco, libertando a Tepoztlán el tributo de víctimas humanas que cada año le exigía el héroe Tepoztécatl emprendió el viaje de regreso. Fortalecido por su triunfo en Cuemavaca, se apoderó del teponaxtle del rey tlahuica. En esta empresa le ayudó
su padre Ehécatl, dios del aire, levantando un ventarrón que cegó a todos.
Los de Cuerna.vaca se unieron a los de Xochicalco en la persecución, pero
al igual que los egipcios al acosar a Moisés, fueron aniquilados. Tembló la
tierra, se abrió un hondo precipicio y el Tepozteco arrojó a sus enemigos unas
frascas que al instante se convirtieron en matorral espeso e intrincado. Allí
quedaron aprisionados los perseguidores, y por arte de magia se transforma,.
ron en coyotes. Han pasado muchísimos años y todavía, en ciertas noches de
luna, la gente del valle de Morelos los oye aullar lastimosamente.
T epoztécatl, con su fama de sobrehumana hombría y de hacedor de milagros, no sólo sobrevive en su antiguo reino de Tep·oztlán sino vive - es Ja
palabra- en una cueva del Valle de México, transformado, necesariamente, n diablo. Así lo exigen los tiempos nuevos; pero su nombre se ha quedado intacto. Los vecinos de Metla, no lejos de Tlalmanalco, han visto más
de una vez a Tepoztécatl salir de su cueva: montando un caballo (homenaje
a los aludidos tiempos nue os) o cabalgando un conejo, lo que es justo, por
tratarse de un dios (o demonio) lunar y conejil. 30 Hasta lo han visto salir
de la cueva a pie, como un simple mortal.
En los árboles del cerro de la Joya de Xixqueme, cerca de la cueva, Ja gente de Metla acostumbra colgar los cordones umbilicales de los varones, ofrendándolos a Tepoztécatl. El rito es "para que los niños se hagan muy hombres" ,31 es decir, para que no tengan miedo, para que sean valientes.

to de partida de su indagación fueron los bultitos umbilicales amarrados en
los ahuehuetes del Sacro Monte de Amecameca. Carmen Cook se enteró de
que también cerca de Metla se acostumbra colgar los ombligos en los árboles; y en Metla conoció a un grupo de claro.antes religiosos, llamado tlahuepoches, que el 3 de mayo, día de la Cruz, celebran frente a una cruz fálica
'
cie11a ceremonia para invocar la fertilidad de la milpa.
Fray Alonso de Molina traduce la voz "tlaue]e" con "señudo, iracundo y
bravo"; en "poche" Ca1men Cook ve una corrupcción de Tepoztécatl: los
tlahuepoches serían "]os bravos de Tepoztécatl"; lo que correspondería a las
ofrendas del ombligo de los varones "para que se hagan muy hombres". 32
Por cierto esta motivación para uno de los usos mágicos del ombligo está
difundida en todo México. En ocasiones anteriores he examinado el aspecto
de la fuerza que el árbol fuerte por excelencia, el ahuehuete, sagrado en la
altiplanicie como lo es la ceiba en tierra caliente, debe transmitir al niño a
través de su doble umbilical. Carmen Cook, al abrir ios bultitos de Sacro
Monte, descubrió otro aspecto de la magia umbilical: los trocitos del cordón
están envueltos en una yerba llamada "ángel", olorosa a nuez moscada. Además, fuerte de sus descubrimientos en Metla, pudo establecer que también ]os
ombligos colgados en los ahuehuetes de Amecameca están ofrendados a Tepoztécatl.33
Algún foll&lt;lorista, de ser posible~ conocedor del náhuatl, que fuera de pueblo en pueblo, recogiendo de los ancianos leyendas, creencias y consejas, podría descubrir todavía, entre muchos otros, datos referentes al Tepozteco.
Tal vez se conserven incluso en el Distrito Federal, en Oztotepec o en Milpa
Alta. Lo importante es llevar a cabo esta labor sin más pérdidas de tiempo:
porque la vida se moderniza en todas partes y las tradiciones se pierden in·emediablemente cada día que pasa; y con ellas se pierde mucho de lo más
recio y entrañable del alma nacional.

Este h,allazgo, cuyo valor no necesito subrayar, se debe a una de nuestras
más activas investigadoras del México antiguo: Carmen Cook, arqueóloga,
antropóloga, poliglota y policribiente; digna hija del fabuloso Karl R. Cook,
muerto en nuestra Capital, más que centenario, a principios de 1965. El pun00 CARMEN CooK DE LEONARD y ERNESTO LEMOINE,
Materiales para. la geografía histórica de la región Chalco Amecameca, en Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, 1954- 1955, p. 293.
" lbid.

458

"'!bid.
"' lbid.

459

�EL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL DE MÉXICO
MmsÉs GoNzÁLEz NAVARRO
El Colegio de México

EN VÍSPERAS DE 1910 LA propiedad agraria correspondía a 4 tipos principales: 1) las tierras nacionales; 2) los latifundios (mexicanos y extranjeros);
3) los parvifundíos,ly 4) 1a propiedad comunal de los pueblos. Según una de
las más fidedignas estimaciones, los 200 millones de hectáreas del territorio
nacional estaban distribuidos de Ja siguiente manera: un 10% de tierras na..
cionales; un 54% de latifundios; un 20% de parvifundios; un 6% de tierras comunales de los pueblos, y el restante 10% de tierras eriazas. Los latifundistas mexicanos eran dueños del 44o/o del total, las compañías deslindadoras, principalmente en manos de extranjeros, de un 10%. 1
La cuarta parte de las tierras estaban en poder de extranjeros. 2 Tal vez el
punto más difícil de precisar sea el número de pueblos que, p'ese a la &lt;lesa..
mortización, conservaron su propiedad comunal. Francisco Bulnes lo estima
en cerca de un 15o/o del total.3 En suma, el liberalismo, principalmente Porfirio Díaz, venció, aunque no aniquiló totalmente, la propiedad comunal
de los pueblos e incrementó la individual.
Las haciendas de la altiplanicie central fueron favorecidas principalmente con la desamortización de las tierras de las comunidades indígenas, Jas del
Norte y las del Sur con la enajenación de los baldíos. Estas últimas se utilizaron, principalmente, en la ganadería y en la agricultura de exporta.ción; las
del Centro, ubicadas en tierras de temporal, se basaron principalmente en
la agricultura de subsistencia, en el tradicional cultivo de los cereales. La exF. GoNzÁu:z RoA, El Problema ferrocarrilero y la Compañía de los Ferrocarriles Nacionales de México, México, 1915, pp. 65-67.
• M. GoNzÁLEZ NAVARRO La Colonizacién en México, México, 1960, p. 93.
• F. BuLNEs, The Whole lruth about Mexico President Wilson's responsability,
1916, p. 85.
1

461

I

�cepción más notable fue el Estado de Morelos, donde se desarrolló una próspera industria azucarera capitalista, aprovechando la coyuntura de la guerra hispano-americana. En esa región el despojo de las tierras comunales fue
mayor. En suma, en el Centro predomina el hacendado criollo, ocupado en
la tradicional agricultura de subsistencia (salvo la excepción de Morelos) .
En el Norte se desarrolló una economía capitalista, especialmente en la ganadería, en él coexistieron criollos y extranjeros, especialmente norteamericanos. También en el sureste coexistieron criollos y extranjeros en la agricultura de exportación: henequén, café, tabaco, etc.
A cada tipo de tenencia .de la tierra correspondió uno de producción agrícola y de sistema de trabajo. En el Norte predominaron aparceros y peones acasillados; el trabajo forzado en el Sur. El henequén yucateco, el tabaco del Valle Nacional y el café de Chiapas recurrieron al trabajo fonado
de vagos y criminales, a los vencidos indios yaquis y aun a pacíficos ciudadanos. En el Centro, en general, el trabajo fue más suave, los anticipos a los
peones acasillados fueron menos frecuentes y cuantiosos, probablemente por
la mayor abundancia de mano de obra en contraposición al resto del país
donde escaseaba. Los trabajadores libres relativamente abundaban porque
subsistían algunas de las propiedades comunales que les permitían trabajar
sólo parcialmente en las haciendas. Aparcería y arrendamiento fueron frecuentes en la región central, pero sobre todo la primera se prestó a muchos
abusos porque los propietarios se llevaban la parte del león. De acuerdo con
el censo de 1910 había 3.123,975 peones, el 88.4%, de la población agrícola·
830 hacendados, el 0.02% y 410,345 agricultores (pequeños y medianos
propietarios, arrendatarios, aparceros, comuneros y trabajadores libres), o
sea el 11.6% del total de la población agrícola. 4 Ese censo es, obviamente,
impreciso, registra 830 hacendados; pero 8,431 haciendas, y bajo el rubro de
agricultores mezcla propietarios y trabajadores libres, lo que significaría que,
a contrario sensu, a quienes se censó como peones debiera considerarse acasillados, lo que representaría una cifra muy elevada. En suma, la población
agrícola representaba en 1910 el 64% del total de la fuena de trabajo. 5
El movimiento natural de la población del Porliriato es
nómico, elevada mortalidad general (32.6 al millar en 1910)
al millar en 1905) y natalidad (33.5 al millar registrada
ambos casos en 1910). La raíz del mal se encuentra en la
• M. GoNzÁI.EZ

del tipo antiecoe infantil (304.46
y 42.5 calculada,
habitación insufi-

AVARRO, Estadísticas Sociales del Porfiriato, México, 1956, pp.

40-217 .
' Estadísticru Econ6micas del Porfiriato Fuerza de Trabajo y Actividad Económica
por sectores, México, s. f., p. 45.

462

ciente, el vestido harapiento el magro sustento el alcohol abundante y l
agua escasa. 6
Sea de eso lo que fuere, la sociedad porfirista puede caracterizarse como
latifundista, con una industria incipiente que empezaba a desplazar la economía artesanal y una minería aún más dependiente que las dos actividades
anteriores de los trusts internacionales.
Por otta parte al restaurarse la república el 12% de 1a clase media vivía
del gobierno, el 16% al triunfo de Porfirio Díaz, y el 70% al final del Porfiriato.7 Independientemente de la exactitud de estas cifras de Francisco Bulnes, lo importante es que ese incremento fue posible gracias a la paz porfiris~ paz de la que sacaron la mejor parte los "científicos", representantes
de los intereses industriales y financieros, o criollos nuevos según la terminología de Andrés Molina Enríquez. Simultáneamente a la maduración de 1a
oligarquía "cientilica" y de la clase media burocrática se fue formando una
clase media intelectual independiente, de la que salió el grup·o más resuelto
del Partido Antirreeleccionista, a los qut, más tarde se unieron individuos de
mayor relieve social y personalmente más adictos a Francisco l. Madero, o
sea quienes posteriormente fueron las figuras más prominentes del Partido
Constitucional Progresista. 8 umerosos pro{esores de instrucción primaria destacaron en la clase media dependiente como enemigos del régimen porfirista. El grueso de los contingentes revolucionarios se reclutó entre la plebe "e tólida, semidesnuda y pestilente'', al decir de Bulnes "enemigos más indomables del jabón y de los merolubios que de la funesta dictadura". 9
La revolución constitucionalista propugnó fortalecer la pequeña industria
para formar una clase media autónoma, que siendo simultáneamente capitalista y trabajadora disminuyera los conflictos entre las demás clase sociales y corrigiera los defectos de la economía nacional. 10 Esta clase media intelectual constitucionalista propugnó la formación y fortalecimiento de una clase media autónoma (industrial con Venustiano Carranza y rural con Plutarco Ellas Calles) exaltándola como el "báculo en que se apoya la p·atria para camin&amp;r por los mejores senderos del progreso", la única que daba al país
• M . GoNzÁLEZ NAVA.RRO, El Porfiriato. La Vida Social ( tomo IV de la Historia
Moderna de México), 1957, 88-102.
1

F. BuLNES, El Verdadero Díaz y la Revolución, México, 1920, p. 42.
B. URREA, Obras Políticas, México, 1921, pp. 6-23 xiv-xviii.

• Diario de los Debates de la Cámara de Diputados (en adelante se citará por las
siglas DDd) XXVI I 13 de septiembre de 1912, p. 19. F. BuLNES, El Verdadero
Dlaz y la Revoluci6n. México, 1920, p. 423.
1• El Pueblo, 22 de julio de 1915. DDd XXVII JI primero de septiembre de
1917, p. 20.

463

�'existencia como nación perfectamente independiente", con sus calladas virtudes de "honradez, abnegación y saGrificio", "generosa y sufrida siempre".11
Lázaro Cárdenas promovió Ja organización de campesinos propietarios, pequeños comerciantes, pequeños industriales, artesanos, cooperativistas, profesionales, empleados del gobierno, etc., dentro del sector popular del Partido
de la Revolución Mexicana. Pero excepto los artesanos, casi todos los demás
miembros de la clase media, tanto autónoma como dependiente, se mostraron indiferentes y aun hosfles a Cárdenas, si bien por düerentes razones:
los trabajadores de "cuello blanco" para no identificarse con el trabajador
manual; los burócratas por el aumento del costo de la vida; pequeñoS' industriales y pequeños comerciantes porque el temor a la revolución social fue
mayor que su nacionalismo.12 Pese a este retraimiento de la clase media (al
que acaso no fue ajena la política anticlerical ) , Cárdenas insistió en que, de
acuerdo con su clasificación económica, la clase media debía estar al lado de
los trabajadores.13 Sin embargo, recientemente artesanos, pequeños comerciantes, trabajadores semicalificados, mineros, petroleros, etc., emergieron de
las clases populares para alcanzar, en varios importantes aspectos, el rango
social y económico de la clase media constituyendo un grupo de transición.14
La dotación de tierras a los ejidatarios, el fortalecimiento del parvifundio, la
mejoúa económica y el ascenso social del grupo de transición, la creación de
una dinámica y poderosa dalle media autónoma explican en buena medida
la estabilidad política de los últimos 25 años. 1 5 También explica la estabiliu In/ orme que el general Salvador A.lvarado gobernador y comandante militar del
Estado de Yucatán rinde al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado
del Poder Ejecutivo de la Nación, C. Venustiano Carranza. Comprende su gestión
administrativa desde el 19 de marzo de 1915 al 28 de febrero de 1917, Mérida,
1917, p. 14. Diario de Debates de la Cámara de Senadores (en adelante se citará
por las siglas DDs ) XXVIII I 28 de diciembre de 1918, p. 6. J. CovARRUBIAS; La
Reforma A graria y la Revolución, México, MCMXXVIII, p. 43. DDd XVII II 8
de noviembre de 1917, p. 28 DDd XXIX 21 de septiembre de 1920, p. 22. DDs
XXX 111 20 de noviembre de 1923, p. 3. In/ orme que el C. gobernador c.onstitucional del Estado, coronel y doctor Enrique Osornio, rinde a la H. Legislatura, de
con/ormidad con la fracción 11 del articulo 41 de la constitución política del estado,
y contestación del H. CongreJO del Estado, por conducto de su presidente, C. Dip.
J. Jesús Guerra L ., Aguascalientes, 1933, p. l.
u N . y S. WEYL, "La R econquista de México (los días de Lázaro Cárdenas) "
en Problemas Agrícolas e Industriales de México, México, Vol. VII, Núm. 4, octubre-noviembre-diciembre de 1955, pp. 316-317.
u DDd XXXV1ll I primero de septiembre de 1940, p. 23.
14 H. F. CLmE, Mbtico
Rev olution to Evolution 1940-1960, London, 1962, pp.
113-125.
» P. RouAJX, Génesis de los artículos 27 y 123 de la constitución politica de 1917,
Puebla, 1945, 227. O. LEWIS, "Mexico since Cardenas" en R. A:DAMS , Social Change

464

d,ad el logr~ de la aspiración de Garran.za de crear una clase industrial autonoma nativa (media hace 50 años, superior ahora, por cuanto ha desplazado, en parte i~corporando a algunos de sus miembros, a los terratenientes)
Y en ~enor ~e~d~ _que en el Porfiriato vicaria del capitalismo internacional'.
La m?us~ializaaon arfclllca de los años finales del Porfiriato (de acuerdo
con un_ ~dice d~l volumen físico de la producción de la industria de transformac1on que tiene a 1939 como año base, aumentó de 28.3 en 1899 a 43
~ _1911), decae casi continuamente durante la década de mayor violencia
~~lica (a 3~ en 1912 y a 27.2 en 1918). A partir de entonces aumenta casi
~terrump1damente, salvo una corta contracción poco antes de la crisis mundial de 1929, en el primer año del gobierno de Alemán y en el receso de
1951,_ h~. alcanzar 370 en 1959. Favorecen la industrialización la reforma
agrana. 1D1c1ada por Obregón, la política de obras públicas de Calles y el
nuevo nnp~lso a la reforma agraria y 1a política obrerista de Cárdenas. Al
mod~do mcremento de la industrialización durante el gobierno de Cárdenas, sigue el fuerte impul o de Avila Camacho, de acuerdo con el slogan de que 1a industrialización era el medio por excelencia para logra 1
d
ll
, .
i:e
esarro O econonnco ~el país ~ a~entar el nivel de vida de su población. La
segunda guerra m~ndial contribuyo a acelerar la industrialización con el aumento
de los ·precios,
la inmigración de capitales y la disminuc1on
., d e Ia erm·
·, d
•
g¡ac1on e divtdendos. La sujeción política del movimiento obrero
J '
t
t
di
se ogro,
en re. o ros me os, con el argumento de que estando el cap"tal
1
ya en manos
mexicanas los o~reros no debían esperar el mismo apoyo que cuando lo deten~an extranJer?s. El punto máximo de 1a industrialización se registra en
1~ epoca de Aleman, en buena medida gracias al incremento de las invers1.~nes extranjeras, a la política de obras públicas y a la creciente capitalizac10n l~grada con el ahorro en favor de los industriales y en perjuicio de los
asalanados de ingresos fijos.
,L~ diversificación de la industria es otro buen reflejo del desarrollo econorruco del p•aís. La· industria de la alimentación absorbía en 1930 el 40.3%
del valor total de la producción manufacturera, en 1940 d escendi,o levemen te0
a 38.,5% Y en 1955 a sólo el 24.5%. La textil se mantuvo casi estacionaria en
la decada 1930-1940 (29.8%-30.16%) , pero disminuyó a sólo 18.52% en
l955. _En ~bio, en el período 1930-1955 aumentó la proporción del valor
de la mdustl'la de construcción (2.29%-19.7%) y de las armadoras de ebí
1 fáb.
d
cuos,
e ma~uinaria y artefactos eléctricos (2.34%-15%). Corrobora
la ~plicacion antenor el menor incremento relativo del personal ocupado en
la industria textil (53,347 en 1930 y 248,568 en 1955) y en ]a alimentación

.º~:

in Latín America today its impluations for United States Poli=
334-337.
• J.,

ew York, 1960, pp.

465
• H-31

�(45,598 y 294,191) frente al de la .industria de la construcción (3,910591,522), química (2,026-87,776) y artefactos eléctricos (120-53,220), en las

yor desarroUo econormco, registra un incremento anual por habitante de
3.8%, fundamentalmente gracias a Ja inversión pública.18

mismas fechas.
En sumaJ mientras el olumen de Ja producción industrial ha aumentado
8.6 veces en el período 1910-1959 la población ~.5; en otras palabras, en
los años más recientes la formación de capitales fluctúa entre 5% y el 10%
de su ingreso nacional y la población sólo crece anualmente un 3%, esto significaría que podría dejar un margen suficiente para mejorar el nivel d .
vida de la población en el supuesto de que la riqueza se distribuyera uniformemente entre los habitantes. 16
Por otra p·arte, con capital extranjero se desarrolló la moderna industria
textil del algodón, en substitución de los productos importados, hecho ~uc
corresponde al período anterior al impulso inicial del desarrollo econÓfilco.
El fomento del Estado a la infraestructura ha permitido que la burguesía nacional lleve a cabo el impulso inicial del desarrollo económico, disminuyendo
la elevada proporción de la población agrícola, mejorando las primitivas
técnicas de la agricultura y, consecuentemente, elevando la productividad
agúcola, diversificando la economía, en fin promoviendo la industrialización. 1 '
El desarrollo económico se inicia en los últimos quince años del Porfirialo,
se interrumpe con la década de la lucha armada, la reconstrucción sufre los
efectos de la crisis mundial de 1929, y toma nuevo impulso a partir del gobierno de Cárdenas con el reparto agrario, la p·oütica de óbras públicas, la
recuperación de los países industrializados que aumentó la demanda de las
exportaciones y con la segunda guerra mundial que permitió a la industria
manufacturera aumentar su producción en un 161 &lt;fo en el período 1934-1945.
Durante el gobierno de Cárdenas el principal motor del desarrollo económico
fueron las obras públicas, y como la política social de Cárdenas retrajo a la
iniciativa privada, el desarrollo económíco adquirió un caráctei: inflacionario, en parte aminorado por la reforma agraria y los aumentos de salarios.
Con Manuel Avila Camacho se acentúa el desarrollo económico gracias a la
industrialización, pero su carácter inflacionario también se acentúa por los
muy favorables saldos de Ja balanza de pagos y por un gran aflujo de capitales a causa de la segunda guerra mundial. El período 1939-1950, el de ma-

A partir de 1950 el crecimiento de la actividad industrial fluctúa entre el
7 y el 10% anual, sobre todo en los fertilizantes (20% anual). productos
químicos ( 15%), acero ( 15%), etc.19 Al finalizar el gobierno de Miguel
Alemán se inicia una contracción en la economía, se agudiza en el primer semestre del gobiemo de Adolfo Ruíz Cortines a causa de la sequía y una reducción en los gastos del gobierno federal, hechos que tuvieron el desenlace
de la devaluación monetaria de abril de 1954. 20 En suma, e1 producto por
habitante registró un crecimiento de 3.5% en el período 1951-1955, de 2.5%
en 1956-1961, disminución que se explica en buena medida por el rece.so
económico norteamericano de 1958, el mayor después de la segunda guerra mundial, que originó el descenso de Ja demanda de productos mexicanos en el mercado de Estados Unidos y, sobre todo, por la acentuada baja
de los precios internacionales de esos productos. De cualquier modo, los incrementos reales en la producción, el ingreso y el gasto nacionales continuaron siendo superiores al crecimiento anual de ]a población, en buena medida
gracias a la abundancia de lluvias que permitieron aumentos en la produeción agrícola y ganadera.:u Se ha atribuido la meteórica elevación de México
al rango de nación industrial a la considerable inversión en la infraestructura
sobre todo a partir de la segunda guerra mundial. En el período 1946-1955
la quinta parte de los gastos en la infraestructura correspondieron a la irrigación, el 18% a la industria petrolera, el 17% a los ferrocarriles, el 14% a
las carrete.ras, el 13% a escuelas, hospitales y viviendas etc.22

" DDd XXXIX I primero de septiembre de 1.944, p. 10. Nacional Financiera Institución Nacional de Crédito Decimooctava asamblea general ordinaria de accionistas,
México, 1952, 49 51. W. P. GLADE y CRARLES W. ANDERSON , The political economy
of Méxwo, Madison, 1963, p. 6. J. J. JoHNSON, Political Cltange in Latin America
The e.mergence of the middle sectors, Stanford, 1961 144-152. E. LÓPEZ MALo, Ensayo sobre localización de la industria en México, México, 1960, 81-82 191. México
Cincuenta Años de Revolución, México, 1960-)961, I, pp. 197-198, 271-284.
11 W. w. RosTow, Las etapas del crecimiento económico, México, 1963, pp. 53-70.

466

El producto na6onal bruto aumentó levemente, a precios de 1950, de
$ 13.429,000 ~ 1910 a$ 14.733,000 en 1930 extraordinariamente en 1954

,. J. F. NoYOLA VÁzQUEZ, Desequilibrio fundamental y fomento econl,-mico en
México, México, 1949, p. 19. Nacional Financiera lnstituci6n Nacional de Crédito
Decimooctava asamblea general ordinaiia dtt accionistas, México, 1952, p. 44.
13
bis México Cincuenta Años de Revolución, México, 1960-1961, I, pp. 523, 574577. J. F. OYOLA VÁZQUEZ, op. cit., 29-30.
'" Oficinas Técnicas y adminlstratiuas de la' Junta de Gobierno, de los organismos
México, s.
f., p. 12.

y empresas del Estado. Memoria 1960. Secretaría del Patrimonio Nacional,

10
Nacional Financiera Vigésima asamblea general ordinaria de accionistas, M éxico, 1954, p. 25. Nacional Ffoanciera Vigésima primera asamblea general ordinaria
de accionistas, México, 1955, p. 33.

" Reformµs Institucionales y desarrollQ social en América Latina, Washington, 1963,
p. 240. Nacional Financiera Vigés:imaquinta asomblen general ordinaria de accionistas,
1959, p. 141.

= P. L.

YATES,

El desarrollo regional de México, México, 1962, p. 221.

467

�a $ 47.800,000 y a $ 63.400,000 en 1959. 2:t i se analiza por períodos presidenciales la tasa de desarrollo del ingreso nacional, awnenta de' 4 en la época de Cárdenas ( 1937-1940) a 9 con Avila Camacho, y desciende a 5 con
Alemán y con Ruiz Cortines. Los años más bajos corresponden a 1938 (1.8),
1940 (1.4), 1947 (1.6), 1952 (-0.25) y 1953 (-1.25), o sea a la e&gt;..-propiación petrolera, al comienzo y al final de la guerra munclial y a la crisis de
Corea. En cambio, los años más elevados son 1941 (12.8), 1942 (13.7), 1950
(10.7) y 1955 (9.6), o sea corresponden al aflujo de capitales con la segunda guerra mundial, el c1ímax de la industrialización de Alemán y la recuperación con Ruiz Cortines gracias a las buenas cosechas y a la iniciación de actividades de plantas y equipo fruto de inversiones anteriores. 24
Por otra parte, una de las mayores ventajas del desarrollo económico mexicano es que no ha dependido de un solo producto. En 1939 el gobieroo
colaboró con cerca del 40% de la inversión total, en 1952 con el 45%. 25 La
ccntribución del sector público fue total en el petróleo en 1959 y paco después en la industria eléctrica; del 44.4% en los transpartes. En cambio, fue
total la contribución del sector privado en la agricultllta, en la industria de
la construcción, de 96.4% en la industria manufacturera, de 94.6% en Ja
minería, etc. 26
El extraordinario incremento de la inversión nacional lía recaído sobre
las grandes mayorías de menores ingresos, en provecho de "las minorías privilegiadas". En efecto, disminuye, ininterrumpidamente, la participación de
salarios, sueldos y suplementos de 30.5% en 1939 a 21.27% en 1946; a partfr del régimen de Alemán hay una recuperación, lenta pero constante, hasta
alcanzar el 29% en 1955. 27 Por eso se dijo en 1956 que, pese a 45 años de
lucha revolucionaria por la justicia social, la distribución del ingreso en México era tan desequilibrada.28 Las autoridades al iniciarse el gobierno de Ruiz
Cortines justificaron esta inequitativa repartición de la carga en el desarro-

"° México Cincuenta Años de Reuolución, México, 1960-1961, I, pp. 599-600.
" W. P. GLADE y CHARLES W. ANDERSON, op. cit., ]Janco de Méicico. Trigésimacuarta asamblea general ordinaria de accionistru y décimotercera asamblea general extraordinaria de accionistas, Mbcico, l 956, p. 11.
20 H. F. CLlNE
op. cit., p. 253. Memoria de la Secretaría de Economía pr65entada
J.d H. Congreso de la Unión por el Secretario Lic. Gilberto Loyo, septiembre a
..~·iembre de 1952, enero a diciembre de 1953, México, 1964, p. 7.
~ ,R. VERNON, Tlur dilema of Mexico's deuelopment, Cambridge, 1963, p. 7.
;, México. Cincuenta Años de Revolución, México, 1960-1961 1 I, p . 527. E. LóPEZ
M.uo, op. cit., p. 60. G. RlVERA MA'RÍN El Mercado de Trabajo, México, 1955, pp.
139-141. Memoria de labores. Secretaría del Trabajo y Previsión Social, enero a dicíem,b,e de 1956. 1957, -p. 142.
:s O. LEW1S, op. cit., pp. 322-323.

468

llo económico del país, como un "sacrificio necesario a la evolución económica de México",• gracias al cual "gran número de emnresas
industriales, a!ITÍ'.r
o
colas Y comerciales reforzaron visiblemente la situación productiva del país". 29
Otros aceptaron como normal que el desarrollo capitalista del país e haya
hecho obteniendo el capital mejores beneficios que el trabajo porque "eso
ocurre en todos los ciclos de expansión", pues la repartición de las utilidades
disminuía la posibilidad de capitalización y allll).entaba la capacidad de consumo creando otra causa de desequilibrio. Manuel Moreno Sánchez también
defendió al gobierno de Miguel Alemán porque era iiTelllediable que las obras
públicas produjeran beneficios inmediatos a los contratistas· desdeñosamente
calificó d~. "~timiento patriótico" la oposición al capital extranjero, explicó
el deseqmlibno entre la producción agrícola y la industrial por el absurdo deseo de mantener los problemas de la tierra dentro de los lineamientos feudales, po,r tanto, el ejido sólo debería tener un carácter transitorio entre el
latif~dio y la propiedad privada productiva. En fin, consideró normal que el
porfinsmo y el alemanismo tuvieran algunos perfiles comunes, "porque siempre se parecen mucho entre sí las épocas de promoción económica y de desarrollo material" _so
Sea de eso lo que fuere, el incremento de la participación de Jos trabajadores e1;1- el ingreso nacional durante Ruiz Cortines tuvo en algunos años de
ese gobierno, el contrapeso de cierta desocupación. 31 Un estudio de 1957 sobre la distribución del ingreso y el desarrollo económico de México surriere
,
que este
se h a logrado empobreciendo más al pobre y enriqueciendo ºmás
al rico, como lo probaría el hecho de que el 46% de la población en ese año
~enía un ingreso mensual inferior a 500 pesos, o sea sólo recibía el 14% del
~greso nacional, ~entras el 5% de la población con ingreso mensual supenor a $ 3,000 reubía el 37% del ingreso nacional. Pero se ha señalado que
para dar una idea más exacta del salario real es preciso tomar en cuenta la
Asistencia Social, el Seguro Social, los desayunos escolares, etc. porque el
aument~ d~ las ventas de los bienes de consumo y de los espectáculos públicos
parece md1car un aumento del ingreso real de la población.ª2
,. Memoria de la Secretaría de Economía presentada al JI. Congreso de la Unión
Por el secretario Lic. Gilberto Loyo, septiembre a diciembre de 1952, enero a diciembre
de 1953, México, 1954, p. 9 .
00 M. MoREN~ SÁNCHEZ, :Más alJá de la Revolución Mexicana" en Problemas Agrícolas e Tndustnales de México, México, ol VII
úm. 2 abril-junio de 1955 pp
242-243.
'
'
.
_•~Nacional Fí11anci~ra. Vigésima Asamblea General Ordinaria de Accionistas, MéXlco, 1954, p. 36.
a: ':-· F. CoRWIN, Co11temporary mexican altitudes toward population poverty and
public opinion, Gainesville, 1963, p. 3. O. LEwrs, op. cit., p. 325. W. P.'GLAOE y CH.

469

�En este punto puede recordarse que la población amparada por el Seguro
Social ha aumentado de 763,000 personas en 1946 ( empezó a funcionar tres
años antes) a 6.270J)OO en 1964, o sea del 3% al 16% de la población total. 39
La beneficencia privada fue más importante ha ta el Porfirialo, Ja pública a
partir de la RevoJución Mexicana; ésta la considera no como obra de caiidad, sino como un servicio social al que tiene derecho el indigente y como
un servicio social complementario de la seguridad social. De acuerdo con
esta idea, a partir de los cuarenta se difundió la práctica de cobrar módicas
cuotas de "restitución" por el uso de los serv;cios asistenciales, pero algunos
gn:pos indígenas son tan miserables que se ha optado por aceptar el pago
de esas cuotas de "restitución" en especie y las autoridad de la propia capital del país decidieron que sean gratuitos los servicios de los recientemente terminados hospitales infantiles porque "eliminar la cuota de recuperación es eliminar una mecánica de selección antihumana".31 Los deSa1/fillOS escolares recibieron un extraordinario impulso con la creación del Instituto de
Protección a la Infancia n 1961, tres años después se proporcionaban tre
millones de desayunos diarios, satisfaciendo en casi las tres cuartas partes de
los municipios la nece idad de estos servicios, estimada en el 30% de la
inscripciones escolares.35 Por último, la Compañía aciona1 de Subsistencias
Populares, además de cumplir con su función de operar marginalmente en
el mercado de alimentos, en 1961 creó una filial destinada a vender en cerca de 250 "colonias" proletarias de la capital, en beneficio de unos dos millones de personas, en 54 tiendas móviles bajo e1 sistema de "todo a peso". 36
Un sistema fiscal más equitativo también ha contribuido a aminorar la
desigual distribución del ingreso nacional. En efecto, el impuesto sobre la
i-enta aumenLÓ del 21.3% de los ingresos totales en 1948 a 22.3% en 1949
y a 28.2o/o en 1953, de ese modo los impuestos sobre importaciones y exportaciones dejaron de ser los más importantes, lugar que ahora ocupa el impuesto sobre la renta.31 En 1955 se aumentó la progresividad del impuesto seW. ANDEnso. , op. cit., p. 206. BancQ de México TTigésimaoc/ava Asamblea general
ordinaria de accionistas México, 1960, 36.
" DDd XLI I primero de septiembre de 1946, p. 24. El E::cél5ior, 2 de septiembre
de 1964.
.., La ciudad de México Departamento del D istrito Federal 1952-1964·, México,
1964·, p. 265.
.., El Excélsior, 2 de septiembre de 1964.
"' Sei;retaría de hu!ustr;a y Comercio Memoria de labores presentada al H. Con;:,eso df; {a Uni611 por el C. Secretario del ramo Lic. Raúl Salinas Lozaiw, M-éxico,

1961, p. 45.
"' Banco de México VigésimasePtima Asamblea genual ordi1iaria de accionistas, Mé. ·co, 1949, 3 l. Bancü de México Vigésimano uena Asamblea general ordinaria de a-ccio-

470

bre la renta para ingresos mayores de $ 14,050, y se amplió el mínimo de exención de $ 200 a $ 300 mensuales para 1os causantes asalariados. Sin embargo,
con el propósito de estimular la inversión privada se establecieron exenciones
de impuestos a la reinversión de utilidades. 38 Ya en 1957 el jmpuesto sobre la
renta representó una tercera parte del total de los -ingresos efectivos orrunarios
del gobierno federal; cinco años después de nueva cuenta se reformó el impuesto sobre la renta para que las personas de altos ingresos contribuyeran en
forma más equitativa al financiamiento de la actividad gubemamental. 39
Pero aun suponiendo un reparto equitativo del ingreso nacional, el ingreso
anual per cápita sería muy bajo aunque haya aumentado de $ 1,166 en 1949
a $ 1,734 en 1952 y a $ 11818 en 1953 pues a mediados del siglo el ingreso
per cápita mexicano (121 dólares) sólo superaba al de ]os países latinoamericanos más pobres y a la India (57 dólares) pero era muchísimo más bajo que
el de Jos países rná,; desarrollados como Estados Unidos (1,453 dólares) Canadá (870 dólares), Inglaterra (773 dólares), etc., aunque ha progresado con
un ritmo superior al de la mayoría de 1os países (5.4% anual). 40
El ingre o nacional también está muy desigualmente repartido según las regiones, como lo revela un estudio sobre el bienestar utilizando varios indicadores (mortalidad general, número de personas que saben leer y escribir,
razón niños/prot ores, número de viviendas con agua corriente, salarios mínimos horarios, consumo de azúcar, consumo de electricidad' con umo de oaasolina, y número de automóviles autobuses y camiones) con los que se elaboi-ó un determinado índice . .Salvo algunas excepciones, los estados pobres
(Guerrero, Tlaxcala, Oaxaca Querétaro, Aguascalientes, etc.) han progresado más rápidamente que el promedio nacional y los ricos (Distrito Federal
uevo León, Baja Calilornia Norte, etc.) . Pese a que esta mejora relativa e
muy pequeña en términos absolutos, revela que el progreso económico y el
bienestar social son indivisibles. Aunque este estudio hecho a base de promenistas, 1951, p. 55. Banco de México Trigésimap.,imera asamblea general ordinaria de
accionistas México, I953, p. 38.
"" Banco de México Trigésimálcrtera asamblea general ordinaria de acc·onistas, México, 1955 p. 67.
"' Banco de México Trigésimasexta asamblea general ordinaria de accionistas, México, 1958, p. 17. Banco de Mé:cico Cuadragésima asamblea general ordinaria de ac-cioni.rlas, México, 1962, p. 22.
._. Banco de Méxic o Vigésima11ouena asamblea general ordinaria de accionistas, México, 1951, p. 13. Natiional Financi¿ra fostitución 111icional de crldito décimanovena asamblea general ordinaria de accionistas, México, 1953, p. 27. Memoria de la Secretaria
de Hacienda y Crédito Público 7953, México, 1957, I, p. 356. Nacional Financiera Institución Nacional de Crédito Décimaseptima asamblea general ordinaria de accionistas,
México 1951, pp. 49-50.

471

�dios no muestra la distribución del ingreso, de cualquier modo, al parecer, el
desarrollo económico del Distrito Federal ha engendrado tanto la riqueza más
extremada como la pobreza más acentuada. En las dos áreas de prosperidad
relativa, la zona metropolitana y las entidades fronterizas del norte, existen diferencias muy notables: la población de la zona metropolitana es un 50%
mayor que las 7 entidades norteñas en su conjunto; el volumen del producto
nacional bruto que genera la zona metropolitana está locafüado y la población y la actividad económica están ampliamente dispersas en el orte: en rigor éste no es una verdadera región industrial; la inmigración es más importante en la zona metropolitana (el 37% de la p·oblación en 1960) que en el ·ortc
( 14%) . Sobre todo, la zona metrop-olitana tiene casi la tercera parte del poder adquisitivo del país· Monterrey, el mayor centro urbano del orte, ólo representa el 3% del mercado nacional. En suma, la producción industrial de la
zona metropolitana está formada por bienes de consumo que ella misma absorbe, en el orte se producen principalmente materias primas que se exportan. De cualquier modo, el orte, pese a su clima desfavorable, continua
penuria de agua (salvo Sonora, Tamaulipas, La Laguna y Mexicali) y la falta
de zonas mrales densamente pobladas en las cuales reclutar una fuerza de
trabajo industrial es la segunda 1.ona de bienestar. Probablemente el auge de
la zona metropolitana ha estancado a las entidades próximas a ella, pese a sus
buenas comunicaciones, clima templado y mano de obra abundante, convirtiéndolas en tributarias de la zona metropolitana. La pobreza sureña se e.'Cplicaría por la topografía y hostilidad del clima. 4 1.
Por otra parte, un muestreo sobre los ingresos y egresos de las familias de
las 16 ciudades principales de la república, que en 1950 tenían más de 50 000
habitantes y en 1960 más de 100,000 (todas del orte, del Pacífico orte y
del Centro, salvo Veracruz y Mérida), y que en conjunto representan la
cuarta parte de la población total del país, muestra que las familias pobres y
de clase media "mejoraron significativamente u nivel de vida", si bien esta
apreciación se basa en incrementos no deflacionados. Esas familias tenían un
promedio de 5.2 miembros y un promedio de ingreso familiar mensual de
$1,878; Tijuana ($ 2,617 ), Mexicali ($ 2,140), Distrito Federal($ 2, 136),
Tampico ($ 2,002), etc., registraron los más elevados promedios; los más bajos Morelia ($1,091) y Guadalajara ($ 1,139). El ingreso nacional per cápita en 1960 fue de $ 289 mensuales, de $ 360 en estas 16 ciudades.
En el 77% de las familias de "=,011ascalientes los ingresos fueron iguales o
mayores que los egresos, en el restante 23% menores. Las probabilidades de
des quilibrio se reducen en Aguascalientes arriba de los $ 751, en Torreón
41

472

P. L.

YATES ,

op. cit., pp. 98-117.

arriba de los mil pesos, o sea a medida que aumenta el nivel de ingresos, aunque todavía entre las que ganan más de $ 2,000 hay un 14% de familias con
déficit en el Distrito Federal. El Distrito Federal (31 % ) , Chihuahua (24%)
Aguascalientes, Morelia y Torreón (17% cada una), fueron las ciudades con
una mayor proporción de familias deficitarias. Este dato corroboraría que el
desarrollo económico del Dist11.to Federal ha engendrado tanto la riqueza
más e.,xtremada como la pobreza más acentuada En efecto una quinta parte
de la población del Distrito Federal (con ingresos superiores a $ 3,000) tenía
una ventaja considerable frente a las restantes cuatro quinta partes.
Por otra parte, estas ciudades gastaban el 41.69% en alimentación, el 14.64%
en alojamiento y el 7.80% en vestuario. Existe una relación inv rsa entre el
aumento de ingreso y la proporción de éste gastado en alimentos; por ejemplo
el nivel inferior (hasta $ 200) en Aguascalientes absorbe las dos terceras partes del ingre o familiar en alimentos, en tanto que las familias con más d
$ 3,000 sólo gastan la quinta parte por ese concepto, aunque sin tomar en cuenta Jas percepciones en especie y las prestaciones adicionales al salario. De cualquier modo, la parte del ingreso que se destina a ropa y calzado aumenta cuando aumentan los ingresos.
Poco más del 55% de la población de Aguascalientes recibe .ingresos inferiores al promedio total, eso explica que el 15% viva en muy malas condiciones
( con ingresos familiares de hasta$ 400), el 40% viva mal (de$ 401 a$ 1,000)
el 35% en regulares condiciones (de$ 1,001 a$ 3,000) y sólo el 10% tenga un
alto nivel de vida en comparación con el resto de Ja comunidad. En Torreón el
43% de la población (con un ingreso ;medio per cápita de$ 258) vive mal y
percibe el 24% del ingreso total; ~l 32% de las familias, o sea el 34% de la población e igual participación del ingreso global, vive medianamente (con un ingreso que fluctúa entre $ 1,001 y $ 2,000); el restante 17% de las familias y
23% de la población vive bien, con más de dos mil pesos de ingresos mensuales y el 41 % del ingreso de la ciudad de Torreón. Esto en parte se debe a que
las familias más numerosas tienen una menor proporción de personas ocupadas
con remuneración, porque en ellas predominan los menores de edad, y porque
dada su baja escolaridad más del 70% de la población ocupada con remuneración difícilmente puede desempeñar trabajos calificados.~ 2
Poi- otra parte, la explosión demográfica ha complicado los problemas tradicionales de casa, vestido y sustento. En efecto, gracias a la mejoría de ciertos
grupos y, sobre todo, el desarrollo de la salubridad, el coeficiente general de
mortalidad ha disminuido a 10.5 en 1963 y el de mortalidad infantil a 7 en
1963, mientras la natalidad se mantiene casi estacionaria frente al Porfiriato,
'º Las 16 ciudades principales de la República Me~icallD, Ingresos y Egresos familiares 1960, Inuestiga:ci6n por muestreo, México, 1962, pp. 11, 34, 57, 117-119, 320-324.
473

�45.7 en 1963. El Instituto Nacional de la Vivienda se creó por 1a urgencia de
solucionar el problema de la habitación para una población con un crecimicn.to de 3% anual y un déficit anual de unas 45,000 viviendas más unas 16,000
que anualmente se inutilizan. 43 En el período 1946-1958 el gobierno federal
construyó 31,048 tasas y departamentos, los particulares (sólo en el Djstrito
Federal) 79,381, en total 110,429.44 Adolfo López Mateas aceleró la construcción de casas para personas de pocos recursos, destaca la construcción de
10,000 casas unifamiliares en San Juan de Atagón. 45 Adelantos espectaculares pero, obviamente, insuficientes.
La política de desayunos escolares a que se ha hecho referencia revela que
un importante sector de la población padece hambre, pese a que recientes
investigaciones revelan que la dieta mexicana, a base de tortilla de maíz, e
adecuada en ácido asc6rbico, fósforo, calcio y tiamina. Deficiente en riboflavina, niac;inamida y proteínas.' 6 En cambio, según datos dtd Instituto acional de Nutriologfa la marcada pobreza de algunas vitaminas y minerales
y el claro deseqwlibrio en los aminoácidos origina la corta estatura, en caso
extremos la muerte por desnutrición, la pelagra y diversos trastornos funcionales que limitan la resistencia frente a las enfermedades. En rigor, el
problema no es sólo económico, sino educativo, pues frecuentemente familias de elevado nivel económico adquieren bienes superfluos en detrimento
de su alimentación.-17 Hecha la salvedad de que la posibilidad de comp"arar
las personas que comen pan de trigo en 1940, en 1950 y en 1960 está limitada porque en el primero de esos años se tomó en cuenta el total de la población y en los otros dos sólo a los mayores de un año, en 1940 el 45%
de la población comfa pan de trigo en 19509'!1 54.38% y en 1960 el 68.56 o.
En 1960 las tres cuartas partes de la .población comían habitualmente carne, pescado, leche y huevos. El porcentaje de quienes calzan zapatos aumentó de 54.28% en 1950 al 62.28% en 1960. A juzgar por el incremento de
quienes mejoraron su alimentación e indumentaria, aumenta la riqueza, pero también el abismo entre la ciudad y el campo: En 1960 el 87.25% de la
población urbana come pan de trigo, sólo la mitad de la rural· el 87.41% de
la población urbana come carne, poco menos de las dos terceras partes de la
DDd XLII III 26 de diciembre de 1954, pp. 42-49 .
,.. DDd XLIII I primero de septiembre de 1952, p. 22. DDd XLIV I primero de
septiembre de 1958, p. 8. Estadísticas Económicas de Mé~ico, México, 1962, p. 66.
" La ciudad de México Departamenlo del Dist-rito Federm 1952-/964, México, 1964,
p. 189.
""' N. L. WHETTEN, "México rural" en Problemas Agncola.s e Industriales de Méxi00, México, Vol. V, Núm. 2, abril-junio de 1953, pp. 212, 218-219.
" México Cincuenta Años de Revolución, II, pp. 420-424.
u

-1-74

rural; el 84.35% de la población tubana usa zapatos1 pero sólo el 40% de
la rural. En atrnbio, el 37.87% de 1a población rural usa huaraches&gt; sólo el
9.379'0 de la urbana; mientras el 22.54% de la población rural anda descalza,
sólo el 6.28% de la urbana. Esto sin contar con que, en general, en el Distrito Federal y en el orte ( suma de Pacifico orte y Norte) es may01· ~a riqueza que en el Centro (sin el Distrito Federal) y en el Sur (suma de Golfo
de México y de Pacífico Sur) .4
Por otra pru.1e, el análisis de la distribución del ingreso nacional ayuda a
precisar hasta qué punto es realmente "abierta" la sociedad contemporánea,
no porque existan barreras legales o prejuicios raciales o sociales ( que desde la independencia desaparecieron), sino impedimentos económicos y culturales, pues la dualidad de México impiilió hasta el Porfiriato movimientos
amplios. En cambio, en el México contemporáneo ha desap·arecido una clase, los terratenientes, cuyo lugar ocupa la clase media industria! y ha ascenilido el muy amplio grupo de 'ºtransición''.~º El número de ejidos aumentó
de 7,049 en 1935 a 14,680 en 1940, a 17,579 en 1950 y a 18,301 en S60, o
sea más del doble en la época de Cárdenas. Los ejidatarios mismos de 898,413
en 1935 a 1.222,859 en 1940, l.378,326 en 1950 y a 1.512,125 en 1960, o sea
a casi el doble en 25 años. Los ejidata.rios ilismmuyeron de un tercio de la
población agrícola en 1930 a una cuarta parte en 1960. De cualquier modo,
constituyen el caso de un movimiento social horizontal masivo, la liberacién de
los peones, a partir de Cárdenas incluso los "acasil]ados", movimiento que no
siempre ha sido vertical porque el éxito del ejido más bien debe medirse en
función de su propósito de protección social que econ6mico, aunque en el
orte y en Pacífico orte su éxito también ha sido económico. Además, la superficie total de los ejidos aumentó de 8.344,651 hectáreas en 1930 a 44.497,075
en 1960, o sea del 6.3% del"total de la superficie censada en 1930 ( 131.954,550)
al 26.3% en 1960 (169.084,207). En particuJar la superficie de labor de los ejidos aumentó de 1.940,468 hectáreas en 1930 a 10.329,247 en 1960, o sea del
13.3% en 1930 de la superficie de labor ( 14.617 769) al 43.4% de la supe::ficie de labor en 1960 (23.816,911) .50
.,. 60. Censo de Población 194-0 Resumen general, México, 1943, pp. 34-7 l. An.uario
Estadístico de los Estados Unido, Mexicanos 1958-1959, México, 1960, p. 53. Anuario
Estadístico de los Estados U nulos Mexicanos I 960-1961, México, 1963, pp. 30-32.
" Aspecto¡; sociales del desarrollo econ6mi~o en América Latina, Líeja, 1962, 1, 233238. J. ERA EsTAÑOL, La Revolución Me:xicana Orígenes y Resultados, México, 195 7,
p. 12. H. F. CLINE, op. cit., p. 125.
"' Primer Censo Agrícola Ganadero 1930, México, 1936, p. 40. Anuario Estadístico
de los Estados Unidos Mexicanos 1951-1952, México, 1954, p. 514. IV Censos A grlcolaGanadero y Ejidal 1960, México, 1965, pp. 1, 85, 128, [60, 163, 169, 187, 190, 193,

475

�Pero actualmente es muy claro que la remuneración del trabajador, por
tanto su posibilidad de ascenso, está en función de sus años de escolaridad
problema más grave en el campo que en la ciudad, pues en 1962 por cada
persona que en la población rural terminó su instrucción primaria aproximadamente 5 lo hicieron en la población urbana, y por cada persona de la zona
rural que tiene 7 o más años aprobados, los tienen 9 de la urbana. 31 Aunque
el porcentaje de anaUabetos disminuyó i;lel 50% (mayores de 10 años) en 1910
al 38% (mayores de 6 años) en 1960, y los monolingües indígenas del 13%
{del total de la población) en 1910 al 3.79% (mayores de 5 años) en 1960,
todavía en este año subsisten 10.573,163 analfabetos y 1.104,955 monolingües
indígenas, masa inerte de la sociedad tradicional que, prácticamente, no tiene posibilidades de moverse en la sociedad industrial, "abierta" por definición. En efecto, la población indígena (monolingües y bilingües), la décima
parte del total de ]os habitantes del país, sólo recibió el 0.9% del ingreso nacional en 1960, por lo que no es de extrañar que sólo del 2 al 3% de los niños
de las comunidades indígenas puedan cursar hasta el cuarto grado escolar y
no llega ni al 1% quienes terminan la escuela primaria. 52
En suma, aunque comerciantes, industriales y banqueros no forman un sector propio en el Pa~do Revolucionario Institucional, participan en forma
creciente en él a través del sector popular, que desde su fondación en 1943 ha
ido adquiriendo una importancia decisiva en ese partido, desproporcionada
frente a la mayor fuerza numérica de campesinos y obreros. La fuerza de la
burguesía en el propio gobierno es cada vez mayor, a partir de que Avila
Camacho les dio representación en los ferrocarriles, y desde que con Alemán algunos de sus miembros han llegado a formar parte del gabinete presidencial.33
Sea de eso lo que fuere, más o menos a partir del.régimen de Ruiz Cortines
comerciantes, banqueros e industriales públicamente cortejan a las autoridades y éstas cada vez con mayor franqueza aceptan sus homenajes y ensalzan
su "responsabilidad y diligencia, su importante función reguladora en e1 equilibrio social", por eso el grueso de ]a iniciativa privada ha abandonado al
214, 217, 220, 241, 244, 247, 250, 286, 415, 460, 476, 488, 504, 508, 510, 511, 524,
528, 536, 545.
" Las 16 ciudades principales de la República M exicana. Ingresos y Egresos familiares
/960, Investigación por muestreo, México, 1962, p. 118. In vestigación Nacional de la
Vivienda Mexicana 1961-1962, México, 1963, p. 51.
"' Memorias, Realidades y Proyectos 16 años de trabajo, México, 1964, pp. 46-69.
.. R. VERNON, op. cit., pp. 75-76, 129-130. Memoria de labores Secretarla del Trabajo y Previsión Social Septiembre de 1940-Agosfo de 1941 Presentada al H. Congreso
de la Unión por el C. Secretario Lic. Ignacio García Téllez, México, 1941, 1, p. 77.

476

Partido de Acción Nacional y dado su confianza y apoyo al Partido Revolucionario Institucional. 54 La política anterior ha culminado en el público apoyo de lo miembros más prominentes de la burguesía al candidato del Partido Revolucionario Institucional en las elecciones de 1964. 55

" El Excélsior 17 de s ptiembrc de 1955. Quinto Informe de Gobierno Román Cepeda Flores 1955-1956 Estado de Coahuila de Zaragoza, s. 1, s. f., p. 16. Cuarto informe
rendido por el C. Gobernador constituciona, del Estado Lic. E/rain Aranda Osario al
pueblo de Chiapas a través del H. Congreso del Estado, Chiapas, 1956 p. 16 DDs
XLIV 1 19 de agosto de 1958, p. 8.
.. México-Highlights, México, Spring 1964, Vol. 1, No. 1.

477

�MADERO Y HUERTA
La trágica decena de febrero de 1913

Lm. Cm.o R.

DE LA GARZA

Universidad de Tamaulipas

SI EL PASADO ES HtSTORIA, y la h.istmia es Patria, sin ésta, se asegura, el
hombre sería un punto perdido en medio de los azares del tiempo y del espacio, por ello, son pueblos suicidas aquellos que no aman su pasado y es
alto deber cívico la exaltación de los ciudadanos que de uno u otro modo,
concurrieron a forjar la nacionalidad, nuestra idiosincrasia y nuestro modo
de ser y de vivir: El Presidente Madero con todo y su buena fe, ayuno de
toda maliciosa pasión, tiene ese privilegio.
Liquidado el "porfiriato" que no el 'porfirismo" en mayo de 1911, el señor
Madero fue electo Presidente de la República, en unas elecciones mode1o
de limpieza, recibiendo el poder del señor licenciado don Francisco León
de la Barra (substituto del señor general Díaz) hacia el últímo trimestre de
1911. La duración de su gobierno fue breve, y habiendo conservado el ejército y Ja maquinaria "porfirista"; fueron estos los más serios obstáculos para iniciar las reformas sociales, que eran tan inaplazablemente urgentes en
aquellas circunstancias, agravadas por la iniciación de nuestro telurismo político (1910-1929). Haciendo una somera referencia a la "ii;,.quietud" concomitante a su gobierno deben apuntarse:
A) La desilusión de Emiliano Zapata que derivó a rebelarse contra de la
Barra primero, sosteniendo después esa inconformidad durante Madero y lanzando luego el "Plan de Ayala", grito perenne de 1a gleba de México, por
la posesión de la tierra, plan que se dice redactado por el profesor Otilio
Montaño, a quien después, Zapata mandó fusilar.
B) El distanciamiento de Pascual Orozco, a quien las b_rujas de Macbeth
(reacción) habían soplado al oído "tú serás rey'' llegando a ser un problema
militar en Chihuahua, hasta que fue destruido por el general Victoriano
479

�Huerta, con la selecta División del Norte (Federal). Huerta fue designado
para el mando, después del fracaso y swcidio del señor general José González Salas, Mi.rustro de la Guerra "maderista", como consecuencia de su
derrota en "Rellano", resolución hasta cierto punto lógica, en un hombre
de honor como lo era.
C) La rebelión del señor general Reyes hacia diciembre de 1911, en la
frontera norte del país, que terminó coJ1 su rendición la noche del 24 del mes
y año en cita, en Linares, uevo León, por ante el humilde cabo de rurales
Plácido Rodríguez, siendo Reyes conducido y procesado en la ciudad de
México, donde fue confinado en la prisión .militar de Santiago Tlaltelolco.
D) La rebelión deJ general don Félix Díaz, sobrino del Dictador, alzándose en armas en el puerto de Veracruz en 1912, apoyado por el jefe de la
guarnición, coronel José Díaz Ordaz, siendo sometido y tomado preso por el
señor general don Joaquín Beltrán, y quien estando a punto de ser fusilado
(Félix Díaz) por un consejo de guerra en dicho puerto, consiguió ser trasladado a la ciudad de México mediante habilísimo amparo, formulado por
el licenciado don Rodolfo Reyes ( era hijo de don Bernardo y maestro de
Derecho Constitucional, por oposición de la Facultad de Leyes de la Universidad Nacional, y amparo del cual conoció en parte como juez de distrito, el talentoso abogado tamaulipeco licenciado don Matías Ochoa), siendo recluído en la penitenciaría del Di~trito Federal
E ) El desenfreno de la prensa abusando de una libertad que jamás había disfrutado, pues la historia de México, no registra un caso ni antes ni después de él, de un jefe del Ejecutivo que hubiese sido tan injuriado, tan befado y tan escarnecido como el Presidente Madero y su familia.
F) "BI Cuadrilátero Parlamentario" (licenciados José María LO'Lano, Querido Moheno, Nemesio García aranjo y Francisco M. de Olaguíbel), tribunos de reconocido 'fuste' , cuya dialéctica contribuyó de modo especial y señalado al despcestigio del régimen, y a su final hundimiento.
Unos cuantos días antes del fatídico nueve de febrero de 1913, una numerosa comisión del "Grupo Renovador" de la Cámara de Diputados del
Congreso de la Unión, cuya alma era el visionario licenciado don Luis Cabrera ( aunque él no estuvo presente con dicha comisión) hablaba en ]a terraza del Castillo de Chapultepec con el Presidente, urgiéndole con impreionante angustia la necesidad de iniciar las reformas sociales, acallar la prensa y eliminar de "la casa" el enemigo enquistado (porfirismo); pero el señor
Madero, permanecía ciego y sordo. El historiador don Ricardo Calderón (revolucionario) describe aquellos días así: ''La situación se ponía cada vez más
tirante, los revolucionarios desilusionados, los 'maderistas' tratando inútil-

mente de salvar un gobierno que amenazaba ruina. La prensa recrudeciendo
sus ataques. La conspiración en pleno apogeo. El gobierno ciego y demasiado confiado en sí mismo no veía la tempestad que se cernía a su alrededor", y precisamente bajo tan sombrío vaticinio llegamos al

NUEVE DE FEBRERO DE

1913

Con efecto, el día de hCc&gt;y, estalla en la ciudad de México, un motín militar que toma desprevenido al gobierno no obstante que el señor licenciado
don Juan Sánchez Azcona, secretario particular del Presidente Madero, fue
informado de la conjura, tanto por el general José Delgado (asesinado por
Francisco Villa, en la estación de Chihuahua en 1915, cuando habiéndolo
~utorizado [ya vencido el "vifüsmo"] para que se fuese a los Estados Unidos,
lo acompañó a 1a estación y al levantar el genera] Delgado uno de sus velices
que llevaba lleno de oro amonedado se desfondó, y Villa furioso lo mató
en el acto) ; como por el comandante de rurales don Francisco Cossío Robelo, así como por el mayor Emiliano López Figueroa, inspector general de
Policía de la ciudad de México, quien Jo informó al Secretario de la _Guerra,
general Angel García Peña y al comandante militar de la plaza, general
Lauro Villar alias "El Rernington" (tainaulipeco) por el coronel Rubén Morales, quien Jo hizo saber al propio Ejecutivo, y motín que da al traste con
la administración del bondadosamente ingenuo Presidente Madero.
La asonada encabezada por los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz
(presos) y el general Manuel Mondragón {del arma de artillería) en libertad, a qwen poco después se unió el general Gregario Ruiz, habían logrado arrastrar a la aventura al primero y al segundo regimientos de Artillería a las órdenes del coronel Aguillón, al Primer Regimiento de Caballería mandado por el coronel Salvador Anaya, acuartelados todos en Tacubaya, y a casi todo el a1umnado de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan,
algunos de los cuales, a las órdenes del capitán Antonio Escoto, se dirigieron
en unión del señor licenciado don Rodolfo Reyes (hijo de don Bernardo,
qwen le llevaba su caballo ''Lucero") y otros civiles a la prisión militar de
Santiago Tlaltelolco, donde liberaron con relativa facilidad al general Reyes,
preso allí por rebelión, pues el director de la institución, señor coronel Sardaneta, y la guardia del establecimiento penal castrense, estaban de acuerdo
con los sublevados, como también las fuerzas que se encontraban en el cuartel
anexo a la precitada prisión militar ( Primer Regimiento) no obstante la
oposición del sub-director, señor mayor Mayol.
El señor general Reyes, salió de la prisión portando traje de paño negro,
481

480
e

H-32

�sombrero gris. botas militares de charol y llevando una capa de capitán general español, que le había sido obsequiada por el rey don Alfonso XIII,
acompañado del capitán Manuel Romero López.
..
En el jardín de Santiauo (frente a la prisión), lo esperaba su h110 Rodolfo y cerca del lugar el 1:&gt;mayor Jesús Zozaya guardaba el caballo "Lucero"
que montana el preso, a quien esperaban también los civiles licenciado Ramón Cossío González ( tamaulipeco) , Víctor J. Velázquez, Dr. Samuel Espinosa de los Monteros, Rafael de Zayas Enríquez, Cecilio Ocón, José ~onales Sandoval y Juan Pablo Soto y un regimiento de caballería, pues la infantería se había ido en varios n·anvías sobre palacio, desde la Escuela de Aspirantes de Tlalpan, a las órdenes de los oficiales instructores García Armiño y Zurita.
Inmediatamente después se pm;o en movimiento la columna mandada en
persona por el general Reyes, a cuya vanguardia iba el precitado ~eneral
Gregorio Ruiz (diputado federal en ejercicio) con una -~olta de aspirantes;
después el general Reyes escoltado por el coronel Aguillon, los mayores Jenaro Trías y Jesús Zozaya. y el capitán Manuel Romero López, cerrando
la columna el citado general Manuel Mondragón; la cual tomó rumbo ~ ~a
penitenciaría del Distrito Federal, para poner en libertad al general Fehx
Díaz, también preso y procesado por rebelión. Al pasar _ror el Cuarte~ ~e
"Teresitas" el señor General Reyes, arengó a la tropa allí acuartelada IDVItándola a la rebelión, uniéndosele unos 200 soldados del 240. Batallón, Cuartel de donde hacía poco el General don Lauro Villar, había sacado unos sesenta hombres, que mandó a las órdenes del Mayor Casto Argüelles al cuartel de "Zapadores".
.
.
Al llegar al reclusorio el director del penal, señor don Octaviano L1ceaga,
entregó al reo, permitiendo que su hijo ( de Liceaga), quien i~~ en
col~na rebelde, pasase al interior del establecimiento a sacar a Fefuc D1az, quien
se negaba a salir, suponiendo que se trataba de una celada, p,ues _que. aunque estaba en "autos'' del complot no sabía, ya que no babia sido rnformado, qué día estallaría.
.
Del penal de Lecumberri, se dirigió la columna rebelde a palac10, encontrando la misma en el camino al joven Alejandro Reyes, quien informó
a don Bernardo que palacio aún seguía en poder de los alzados; pero de allí
a poco dos aspirantes que iban al penal (buscando ~ sus compañero~ de caballería) rindieron parte al general Reyes en el senado de que palacio ya se
encontraba en manos del general Villar, comandante militar de la plaza Y
quien ya había tomado dispositivos de defensa.
El general Reyes siguió sobre palacio, y haciendo alto en la calle d~ la
Moneda (hoy Emiliano Zapata) destacó al coronel Salvador Anaya, prunero para que al frente de un pelotón de caballería, avanzara sobre dicho edi-

!ª

482

ficio, por Ja plaza de Ja Constitución (frente) y se cerciorara de lo ocunido.
Este no regresó a informar de su comisión (pues fue detenido), por lo que
ya frente a la puerta de la Secretaría de Guerra (de la citada calle de la
Moneda), el general Reyes ordenó, disponiendo al general Gregorio Ruiz
que avanzara, procurando hablar personalmente con el general Lauro Villar, para atraerlo a 1a causa rebelde.
Con ~fecto, había ocurrido, que al tener noticias en la madrugada el general V1Uar, comandante militar de la plaza, de la sublevación de algunas
de las corporaciones del Ejército, pues el inspector general de Policía mayor
Emiliano López Figueroa, le había informado a las dos de la mañana, de Ja
inusitada actividad que se observaba en los cuarteles de Tacubaya, se fue al
cuartel de San Pedro y San Pablo, puso a la fuerza sobre las armas, y élispuso que el coronel Pedro C. MoreJos, con unos sesenta hombres del 280.
Batallón se fuera al cuartel de Zapadores, ubicado en la calle de la Corregidora, cuyo jefe lo era el mayor Juan Manuel Torrea (tamaulipeco también )
para que por el llamado Jardín de la Emperatriz (lado sur) entrara al Palacio Nacional, rompiendo la puerta interior de acceso de uno a otro local
.
'
~rprendiendo a los rebeldes (aspirantes) por la retaguardia y quienes precisamente por un golpe de audacia, se habían apoderado del recinto del
Ejecutivo Federal, ocupando además las torres de la Catedral· ( uno entre
tantos de los aspirantes de la "cuartelada", lo era el capitán segundo Andrés Zarzoza Verástegui, asesinado ya siendo general en Monterrey en 1940,
cuando terminada la campaña política del general Juan Andreu Almazán,
se decía que éste iba a sublevarse) . De allí siguió al cuartel de Cerritos donde se encontró al general Manuel P. Villarreal sobre las armas, pues éste
había tenido noticias de la "cuartelada ' despachándolo a la Ciudadela para
evitar que fuera a caer en poder de los rebeldes. El coronel Morelos, fue a
Zapadores; pero considerando difícil el cumplimiento de la orden que recibió (derribar la puerta de acceso) prefirió entrar por Ja puerta de la Secretaría de Guerra (calle de la Moneda) . Cuando el coronel Morelos se
había dirigido a esta última calle, llegó a Zapadores en un coche con dos
soldados el general Lauro Villar (quien estuvo a punto de caer en manos
de los aspirantes) y poco después de él, al mismo lugar, el mayor Casto Argüelles, con unos sesenta hombres del 24o. (parte de este cuerpo se había
sublevado).
El general Villar, forzó la puerta interior que daba a paJacio. y sorprendió imponiéndose a los rebeldes "aspirantes" a quienes desarmó comenzando por la guardia de la Puerta de Honor (lado sur) y así sucesivamente,
cambió la guardia y colocó fuerzas que le eran adictas (parte del 24o.) tanto en la azotea del edificio, cuanto en la calle frente a palacio, pecho a
tierra. Dispuso igualmente que el mayor Juan Manuel Torrea, que se en483

�,I

contraba en Zapadores, dejara alli un retén y que él se situara en la esquina
de "La Colmena" quedando en actitud de espera. En tales momentos, hizo
su aparición el general Angel García Peña, Ministro de la Guerra, quien impuesto de las novedades y cerciorado de que palacio estaba en poder de
fuerzas leales se fue a Chapultepec a informar al señor Presidente Madero
de los acontecimientos. Poco después, de que el edificio de palacio era controlado por el comandante militar general Villar (quien puso presos a los
'aspirantes'' rebeldes en las cocheras de palacio) , llegó una columna de caballería rebelde (descubierta de la del general Reyes) ; que éste había despachado fuerte en 160 hombres, a cuyo frente iba el general Gregorio Ruiz
(diputado federal en ejercicio), y quien desprendiéndose de la misma, :e
acercó al general Villar, éste avanzó unos tres metros, y al encontrarse, Rmz
invitó a Villar a defeccionar. El general Villar se negó y tomando violentamente con su mano izquierda las riendas del caballo de Ruiz, en tanto que
con la derecha sacaba su pistola, le intimó rendición requiriéndolo para que
se diese preso, Ruiz resistió y aún pretendía sacar su arma corta; pero Villar,
auxiliado por sus ayudantes, lo desmontó, y lo condujeron detenido al interior del Palacio Nacional, por la puerta del centro, entregándolo el general Villar en calidad de preso, para su custodia, a la responsabilidad del
general Eduardo Cáuz (después gobernador de Veracruz), proporcionán~ole
Villar diez soldados para la vigilancia del reo. José C. Valadez, en su libro
Historia de la Revoluci6n Mexicana, pág. 219, afirma que quienes tomaron
preso a Ruiz, fueron los generales Manuel García Hidalgo y el ya citado
Eduardo Cáuz. Cuando poco después, Huerta fue designado por el señor
Madero, comandante militar de la plaza, su primera providencia fue mandar. fusilar a Ruiz, no obstante u fuero; pero seguramente era uno de tan•
tos aspectos de su plan, para desprestigiar al gobierno, acarreándole odios
y enemigos. Como no regresaran ni Anaya ni Ruiz: ambos como ya se ha
dicho habían sido detenidos circunstancia que ignoraba el general Reyes,
aunque seguramente lo supuso, éste, dejando como reserva en las calles del
licenciado Verdad a los generales Félix Díaz y Manuel Mondragón, se dispuso a avanzar sobre palacio, desembocando por la Moneda y aunque Villar
lo instó para que se abstuviera de avanzar, aquél lo hizo, hasta hablar con
el comandante militar, quien se encontraba entre la puerta central y la de
honor. En tales momentos don Bernardo, agresivo siempre, sin atender las
prudentes indicaciones de su hijo Rodolfo (seguramente para quitarse el "sambenito" de cobarde [que no lo era] con que se le motejaba después del fracaso de la revuelta que intentó organizar en Nuevo León y Tamaulipas)
trató de disuadirlo para que desistiera del ataque (habida cuenta de los preparativos de defensa) contestándole: "me matarán, pero no por la espalda".
Reyes todavía pretendió que Villar se rindiera, y al negarse éste, don Ber-

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nardo, que quería apoderarse del edificio, clavó espuelas a su caballo retiñto
("Lucero") entablándose un tiroteo, muriendo el general Reyes, el coronel Pedro G. Morelos, jefe del 280., y siendo- heridos el doctor Samuel Espinosa de los Monteros, que acompañaba al general Reyes, el general Villar
(en un hombro) y el mayor Malagamba, ayudante de Villar. El licenciado
Reyes, pudo escapar ocultándose en el kiosko, que entonces tenía en el Zócalo
la Compañía de TranV1as eléctricos. Así terminó la vida de aquel viejo luchador, ex-gobernador de uevo León, quien seguramente estaba llamado
a más altos de tinos, si sin apartarse del camino del deber ( le rindió siempr
fervoroso culto), no hubiese puesto oídos a quienes dentro de la prisión envenenaron su espíritu. El general Reyes, a quien el Senado había otorgado
dos grados en un ascenso, por méritos en campaña, quien creó la prosperidad
de uevo León con sus reconocidas dotes de organizador, creador de la popular Segunda Reserva del Ejército, murió como un agitador de barricadas.
La herida del general Villar, motivó la designación del general Victoriano
Huerta, como comandante militar de la plaza y la suerte del régimen. Dirigiéndose el señor Madero a palacio, protegido por los cadetes del Colegio
Militar~ a las órdenes del rector del plantel, coronel Víctor Hernández Covarrubias, yendo a la altura de San Juan de Letrán, se escuchó un tiroteo,
por lo que el señor Madero se resguardó en la fotografía ''Daguerre", juntamente con el Ministro de la Guerra, general Angel García Peña, Hilario
Rodríguez Malpica y Pedro Antonio de los Santos; presentándose allí en
aquellos angustiosos momentos el general Victoriano Huerta poniéndose a
las órdenes del señor Madero.
Y aquí un paréntesis para hacer algunas consideraciones del milite descalificado. En Huerta el constante uso del alcohol había matado todo sentimiento generoso, todo sentido de la lealtad, y del cumplimiento del deber,
si bien un buen soldado práctico, desconocía el honor militar, y ello lo condujo a un doble juego de traiciones (con Madero y con Félix Díaz) y a macular el Ejército Federal, maculándo.se él mismo.
Corre por allí la versión de que Huerta, ya en el destierro, después de su dramática renuncia en julio de 1914, narró a algunos de sus parciales, que cuando el general Díaz dispuso que fuera él (Huerta) quien le diera protección
con un tren militar para llevarlo a Veracruz y al destierro, de regreso a la
ciudad de México, se tomó durante el trayecto una botella de coñac y se di jo
a sí mismo: ''Ha desaparecido el único obstáculo que me impedía ser Presidente". Claro que ello es una conseja; pero que pinta al hombre. Con el señor Madero estaba resentido, porque después de acabar con la rebelión de
Orozco, el Presidente, haciendo uso de sus indiscutibles fatultades constitucionales, lo privó del mando, y rencoroso como caribe estuvo acechando la
oportunidad para el desquite, que captó con certera visión en tan trágicos

485

,

�momentos, y en cuanto a temperamentos de aquellos hombres, en tanto que
el lugar de Huerta era la Centuria Romana, el del Presidente Madero, habría sido el Agora Ateniense.
Justamente, cuando el señor Madero esperaba en la fotografía "Daguerre",
regresó su ayudante Gustavo Garmendia (muerto en Sinaloa a principios
de la Revolución Constitucionali ta como soldado de ésta) , informando al
señor Presidente que palacio estaba en manos del general Villar, que el general Gregorio Ruiz estaba preso y muertos el general Reyes y el coronel Pedro G. Morelos. De allí siguieron a palacio y al momento de llegar, Villar
se encontraba en la azotea dando órdenes lugar hasta donde subió el señor
Madero, quien al ver al general Villar se dice que le dijo: -"qué hombrote
es usted, mi general"- , replicando el núlite tamaulipeco: - "los hombres
son aquellos que están allí''- (señalando a los soldados). Al ver el señor
Madero herido al general Villar dispuso que se hospitalizara, ordenando de
jnroediato (por poco meditada sugestión del Mini tro de la Guerra, g1meral
Angel García Peña) que el general Victoriano Huerta se hiciera cargo de la
comandancia militar de la plaza, y al percatarse Villar de tan importante
e imprudente designación, dijo dirigiéndose a Huerta ( muy sentenciosamente) : - "¡ mucho cuidado, Victoriano!"- " ¡ Hay ituacion , afirmaba el Cardenal de Ratz, en las que sólo se pueden cometer errores!", y ésta del señor
Madero fue definitiva. Después del fracaso del genera] Reyes, frente a palacio Félix Díaz y Manuel Mondragón, ya sin jefe, se wrigieron a la Ciudadela, lugar a donde el general VilJar había despachado para que tomara
providencias de defensa al general Manuel P. Villarreal, y herido éste gravemente (murió poco después) en los primeros disparos, su segundo el general
Dávila, entregó el lugar resistiendo sólo un ligero tiroteo, y después de haberse puesto en inteligencia con el capitán rebelde Insunza. Hasta aquí lo
ocurrido el nefasto nueve de febrero.
Desde aquel momento, Huerta estableció un doble juego, engañando a todo mundo y como el único obstáculo para que él llegara a la Presidencia
(don Porfirio Díaz) había desaparecido según su propio juicio, todas sus
calculadas actitudes las condujo hacia e e fin.
Con efecto, ni Huerta, ni Mondragón ni Félix Díaz podían olvidar su común extracción ni el ' espíritu de cuerpo" que tanto alentaba en los miembros del antiguo Ejército Federal, disuelto en Teoloyucan en agosto de 1914;
sólo les faltaba la aglutinación (pues Huerta no había estado en la conjura)
y de ello se encargó el cínicamente trágico wplomático embajador de los
Estados Unidos Henry Lane Wilson, sirviendo de marco al entendimiento
nada menos que la Embajada de lo&gt;'l Estados Unidos (entonces por la avenida de los Insurgentes): con cuyo 'Pacto de la Ciudadela" acabaron con
el gobierno legítimo y con el que Huerta, el "arcabucero de la desvergüenza'

486

engañó al Presidente Madero y se "tanteó" a Félix Díaz, al licenciado Rodolfo Reyes, al general Manuel Mondragó,n; se "tanteó" al Embajador Wilson, a su primer gabinete inclusive, entre quienes se encontraba el ingeniero
Alberto García Granados Ministro de Gobernación, quien había dicho "que
la bala que matara a Madero salvaría la República" y cuya frase le costó
la vida cuando las fuerzas constitucionalistas ocuparon la Capital de la República, pues el general Pablo González, lo mandó fusilar en agosto de
1914.
Huerta hizo llamar I lO de febrero, de Toluca, al general Aureliano Bianquet, haciéndolo defeccionar ( de éste circula la conseja que fue de la escolta que fusiló al Emperador Maximiliano de Hapsburgo en 1867, en Querétaro, pero es falsa) , quien comandaba el 290. Batallón ( de negro historial )
y quien también tenía a sus órdenes el cuerpo irregular "Carabineros de
Coahuila'' creado por el señor Carranza como milicia local del Estado, y
fuerzas éstas que si eran insospechablemente "maderi tas" entre cuya oficialidad contaban hombres cuyos nombres nos son tan familiares en el "constitucionalismo ' como el jefe teniente coronel don Gregario Osuna ( tamaulipeco), el sub-jefe mayor Francisco Murguía, el capitán Ildefonso V. Vázquez, Macario Arreola, Alfredo Elizondo, Encamación Aguilar Farías y otros,
todos del Segundo Regimiento. Parte de este cuerpo se le destinó a dar guardia a palacio, y la otra con diversos cuerpos rurales, los lanzaba Huerta a
caballo por la calle ancha (Balderas) contra las ametralJadoras felicistas emplazadas en los edificios de la Cuarta Delegación de Poliéia, de la Asociación
Cristiana de Jóvenes y la propia Ciudadela, cobrando así muchas víctimas de
fuerzas que dentro de su diabólico plan deseaba "diezmar".
Huerta el "pretoriano descalificado', hizo venir el día 12 de Oaxaca al
general Rivera, jefe militar de aquel E stado, con us fuerzas; lo fue a esperar
a la estación de San Lázaro, lo condujo al centro, lo tomó preso (informando
al señor Madero que venía "volteado") e hizo a su plan a los oficiales. Afirma el licenciado Rodolfo R eyes en su obra De mi Vida que comisionó oficiales que contarafl los disparos de los cañones de la Ciudadela para computar
las granadas consumidas y presionar a su favor, cuando ya las hubiesen agotado; concedió un lugar muy secundario al general Felipe Angeles (maderista ) , gran artillero, y finalmente comenzó a darle dilatorias al ataque formal a la Ciudadela, mientras maduraba su plan y tendía los hilos de su
traición, intrigando para que el Senado de la República "echara su cuarto
a espadas ' en aquel desconcierto, pues sus miembros en su mayoría enían
del "cientificismo '.
Con efecto, habida cuenta de la anormal situación que prevalecía en la
Capital, se reunieron el día 14 de febrero en la casa del Senador don Sebastián Camacho (se afirma que en ello andaba oculta la mano de Huerta)

487

�un grupo de senadores quienes después de cambiar impresiones, acordaron
reunirse el día 15 para procurar una entrevista con el señor Madero y plantearle su renuncia. En efecto, al día siguiente se reunieron hasta veinticinco senadores (no era quórum) en la casa del senador Ricardo Guzmán,
y acordaron designar una comisión para que viese al señor Madero y se le
dijera que vista Ja angustiosa situación de la ciudad, y el amago de una
intervención extranjera (Wilson, el Embajador de los Estados Unidos, había
hecho circular la especie de que estaban saliendo barcos de guerra de los Estados Unidos con tropas de desembarco hacia los puertos mexicanos, en defensa de la vida e intereses de los ciudadanos de dicho país) , presentaran
su renuncia, tanto él como el Vice-Presidente José María Pino Suárez y :;u
gabinete. Esa comisión estuvo formada por los senadores licenciado Guillermo Obregón ( tamaulipeco) y Gumersindo Enríquez. Al presentarse en palacio y conocer su negocio, no fueron recibidos por don Francisco, sino por
el Secretario de Hacienda, don Ernesto Madero, quien les informó que el
señor Presidente se negaba a recibirlos y no estaba dispuesto a renunciar.
Éste, para tranquilizar a los inquietos, cursó el día quince un mensaje al
Presidente de los Estados Unidos, W. H. Taft, sobre los rumores de intervención propalados por el embajador norteamericano, mensaje que fue contestado algunos días después por William Howard Taft, negando precisamente el propósito de intervenir.
Como el señor Madero se babia negado a recibir oficialmente la comisión
del Senado, los senadores Pimentel (por Oaxaca) y licenciado Guillermo
Obregón (por Tamaulipas) oficiosamente ocurrieron el día 16, al general
Aureliano Blanquet (ya estaba en la conjura "huertista") y quien tenía acantonadas sus tropas en la Tlaxpana, exponiéndole lo acontecido, así como que
consideraban como prudente que el general Huerta hablara de la renuncia
al Presidente, replicando Blanquet que aquél acababa de estar allí y que lo
buscaran en la Comandancia Militar. ¡ Los días del eñor Madero están
contados, el gobierno se tambaleaba y la profecía de los "Diputados Renovadores" se cumplia!
El día 18 por la mañana, el general Huerta recibe en la Comandancia
Militar (Palacio Nacional) a los senadores del grupo 'científico" que gestionan la renuncia del señor Madero, habla ante Huerta a nombre del grupo
(integrado por los senadores Juan C. Femández, Emilio Rabasa Rafael Pimentel Carlos Aguirre, Gurnersindo Enríquez y José Castellot), el representante por Tamaulipas, li enciado Guillermo Obregón y le solicitan les gestione una audiencia con el señor Presidente (Huerta, que de eso quería sus
'pilones", se dejaba querer). Éste opinó que era prudente que el Ministro
de la Guerra, general Angel García Peña, los escuchara y lo mandó buscar,
quien se presentó poco después acompañado de los generales José Delgado

488

Aureliano Blanquet y Alberto Yarza. Explicado el objeto de la visita de los
senadores, el general García Peña, manifiestamente irritado y violento replicó: "El Ejército es el símbolo del honor nacional, y lo que se está proponiendo lo prostituye' . Intervino Castellot, pidiendo al Secretario de la
Guerra, que fuera el conducto para obtener una audiencia con el Presidente,
a lo que accedió, yendo a hablar con el señor Madero y regresando poco
después para informarles que el Presidente los esperaba en el "Salón Verde".
Poco tiempo después de estar allí los senadores, apareció el Presidente Madero inquiriendo el objeto de la visita, y el senador tamaulipeco licenciado
Guillermo Obregón, comisionado al efecto, dijo:
"Señor Presidente: la grave situaciótL en que se encuentra el país y el
movimiento de revolución que se ha verificado en esta capital; los combates que diariamente se están sucediendo, con la mayor alarma para
todos los habitantes de México, sin que se domine el movimiento, y además los hechos que el señor ministro de Relaciones ha puesto en nuestro
conocimiento por acuerdo de usted y el haber veni-do barcos americanos
de guerra a Veracruz, y estar próximos a llegar a Tampico; venir transportes de g?.J.erra, conduciendo algunos miles de soldados americanos con
intenciones de desembarcar y venir a México, y el examen de la situación del gobierno, que hace ver que no puede dominar a los pronunciados, y que éstos no ceden a ninguna de las consideraciones que se les
han presentado quienes han hablado con ellos, hasta en nombre del gobierno''

( como hasta este momento y según el parecer del ecretario de Justicia, licenciado V ázq uez T agle, el orador nada concretaba y era difuso) lo interrumpió diciéndole: "Hable usted claro", Obregón continuó:
"motiva que los senadores hayan opinado en las juntas celebradas, que
la solución en bien de la patria, es apelar al patriotismo de usted, indicándole la conveniencia de que haga usted su dimisión del cargo de
Presidente de la República buscando el mejor resultado que evite todo
género de dificultades y males al país".

El señor Madero, visiblemente irritado, se negó a renunciar considerando
aquella actitud de los senadores como una maniobra del Partido Científico;
les hizo un severo reproche y los despachó sin obsequiar su gestión, manifestándoles que no le extrañaba su actitud ya que eran representantes impuestos por el general Díaz {Porfirio) y no electos por el pueblo, y en vfa
de informe, negó enfáticamente lo del desembarco de soldados extranjeros·

489

�pero ese mismo día ( 18 de febrero) se derrumba el régimen "maderista'' y
uno después ( el 19) el citado grupo de senadores se tomó una fotografía en
la Ciudadela con los generales Félix Díaz y Manuel Mondragón. Al referirse calificando a los senadores, el general Huerta, al citar al de Tamaulipas, licenciado Guille1mo Obregón, dijo de él: "que fue el más audaz,
y el más enconado en sus odios contra Ma ero".
El día 18 por la mañana, por órdenes de Huerta se cambiaron las fuerzas irregulares que daban protección al palacio y al Presidente, e hizo venir
para suplirlas el fatídico 290., que comandaba Blanquet, y hacia el medio
día, pretextando que había invitado a comer a don Gustavo Madero (único
de la familia que tenía sensibilidad política) y al diputado coronel Romero,
para agasajar a éste por haber sido designado presidente de la Cámara por
ese mes, salió de palacio dejando instrucciones al general Blanquet para que
aprehendiera al señor Madero y a sus ministros. Con efecto, ya con don
Gustavo y el oronel Romero en el restaurant "Gambrinus", pretextando una
llamada telefónica salió del restaurant, llegando casi simultáneamente el jefe
de los guardabosques de Chapultepec, con algunos de sus hombres, quienes
por orden de Huerta desarmaron a don Gustavo, Jo detuvieron y confinaron
en uno de los reservados.
Por su parte, Blanquet al medio día del 18 mandó un piquete de soldados
al mando del teniente coronel Jiménez Riverol y al mayor Izquierdo (el
"Pacto de la Ciudadela" se estaba realizando) del 290., para que aprehendieran en las oficinas del jefe del Ejecutivo a éste y sus ministros, como
pretendieron hacerlo. AJ llegar frente al Presidente Madero, Jiménez Riverol, tomándolo de la solapa del saco lo conminó para que se diese preso.
S~aún se afirma, el ayudante del Presidente, Gustavo Garrnendia, sacando
la pistola y dirigiéndose a Jiménez Riverol, le dijo: - "Al Presidente nadie
lo toca" y le dio un tiro en la frente, rodando el teniente coronel Jiménez
Riverol muerto. Otro tanto hacía otro ayudante del señor Madero, capitán Federico Montes ("El Samurai") con el mayor Izquierdo. Eo aquella confusión, los soldados disparan y matan a don Marcos Hernández, primo hermano del Presidente. En tal situación alguno de los acompañantes
de Madero (militar) ordena a los soldados bajar las armas, dar media vuelta
y salir del salón, lo que hicieron mecánicamente. El Presidente, ministros,
ayudantes y acompañantes, dicidieron abandonar palacio bajando por el ascensor. Si el señor Madero sale por la puerta del ascensor que da a la
calle de la Corregidora y logra llegar hasta la Moneda, donde estaba el 210.
Cuerpo Rural a las órdenes del comandante J. Agustín Castro (fuerzas "maderistas") quizá habría salvado la vida y aún el régimen, pero repetiremos
aquí las palabras del obispo de Ratz: "Hay ocasiones en que sólo se pueden cometer errores". El señor Madero y su comitiva, infortunadamente,

490

abando~ó el a censor sobre el patio de palacio y apenas si habían caminado
uno_s veinte metros, cuando fue a su encuentro Blanquet con algunos soldados y oficiales del 290. ( quien había sido informado por el pelotón del
290. que había descendido momentos antes de lo sucedido a sus oficiales
Jiméncz Riverol e Izquierdo) y conminó al Presidente y al grupo para que
se diesen presos. Sólo Garmendia, Urquiza, Montes y algunos otros, logran
escapar. El señor Madero, el Vice-Presidente Pino Suárez y algunos de los
ministros fueron de momento confinados en la Comandancia Militar, y éstos últimos puestos en libertad en término más o menos breve, y poco después llegó al mismo lugar en calidad de preso el general Felipe Angeles, a
quien Huerta no le tenía confianza. Se dice que ya estando detenido el señor Madero, se presentó Huerta, y habló con él iniciando el diálogo así:
- "Señor Presidente". Don Francisco lo interrumpió diciendo: - "conque
todavía soy Presidente". Huerta le replicó: -"Sí, pero mi prisionero". El
señor Madero, molesto, le contestó: -"La historia lo juzgará a u ted como
un traidor" . Huerta dio fin a aquella situación embarazosa y le dijo: - ' A
mí me juzgará la historia, pero a usted lo juzgaré yo ' y dio media vuelta,
saliendo del lugar.
El mismo día 18, por la noche fueron entregados a los hombres de la
Ciudadela y asesinados (fusilados) : El señor N. Oviedo, prefecto político
de Tacubaya ("maderista") quien al parecer tenía alguna querella con el
general Manuel Mondragón. Al valiente marino campechano Adolfo Bassó,
intendente de las residencias presidenciales, de quien se afirmó que era quien
había disparado frente a palacio la ametralladora que privó de la vida al
general R eyes, y quien al momento de ser fusilado pidió se le diese muerte
con la frente hacia la estrella Polar. Se dice que esta víctima la cobró don
Rodolfo Reyes, y final.mente se asesinó ( no fusilado) al diputado don Gustavo Madero, quien como se recordará sólo tenía un ojo ( el otro era de vidrio) el cual (el ojo bueno) se le hizo saltar de un bayonetaw, y murió
junto a la estatua del gran Morelos entre alaridos de dolor y carcajadas frenéticas de la plebe (la misma que aplaudía por igual a Madero y a Huerta
-indistintameo te), asesinato éste organizado por Cecilio Ocón.
Durante los días que el señor Madero y el Vice-Presidente estuvieron presos, algunas noches les hizo compañía ( temiendo un atentado) , don Manuel Márquez Sterling, embajador de la República de Cuba (autor del libro
Los últimos días de Madero) a quien don Francisco alguna noche comentó:
"Señor Embajador: tendrá usted que informar a su gobierno, que los diplo:máticos en México, andan con la cama en la bolsa". El mismo Márquez Sterling consigna la noticia en su libro mencionado: que la noche que
supo don Francisco del asesinato de su hermano don Gustavo, al acostarse se
cubrió con las cobijas hasta la cabeza, y que al parecer, lloraba en silencio.
491

�Huerta comenzó a presionar para que los señores Madero y Pino Suárez
renunciaran, a lo que acabaron por ceder, con el ofrecimiento de que sus
vidas serían respetadas, y Márquez Sterling ofreció para el viaje el crucero
"Cuba' que estuvo fondeado durante algunos días en Veracruz. Sin embargo, y aunque al parecer el ánimo de Huerta fue al principio sólo desterrar
a los ilustres presos, complicó la situación la actitud del general José Refugio
Velazco, comandante militar del estado y puerto de Veracruz, quien mandó
un telegrama a Huerta diciéndole que seguía considerando al señor Madero
como Presidente de la República. Ello puso desconfiado a Huerta y cambió de táctica. Al conocer de la renuncia de Madero y Pino Suárez, sólo
hubo en la Cámara de Diputados seis votos por la negativa, de otros tantos
miembros del Grupo Renovador, siendo uno de ellos el del Doctor Alarcón
diputado por Guerrero, y quien vivió muchos años en Tampico, donde fue
muy conocido. Aceptada la renuncia, protestó como presidente interino el
Secretario de Relaciones Exteriores del señor Madero, licenciado Pedro Lascuráin a quien le correspondía por Ministerio de la Ley, nombró Ministro de
Gobernación al general Huerta, y acto seguido., renunció Lascuráin correspondiendo la Presidencia por Ministerio de la Ley (no había Mini tro de
Relaciones) al general Huerta, quien al efecto protestó. Toda esta farsa
duró cuarenta y cinco minuto sin salir el licenciado Lascuráin del recinto
de la cámara.
México tiene al efecto entre todos los estados de la América Latina., el
poco envidiable récord de los presidentes que más y menos tiempo han ejercido el pader público. El general Porfirio Díaz desde el lo. de diciembre
de 1876 al 30 de noviembre de 1880 y del lo. de diciembre de 1884 al 25
de mayo de 1911 (treinta años, cinco meses y veintiún días) · en tanto que
Lascuráin, sólo la ejerció y tuvo ese carácter durante cuarenta y cinco minutos.
¿Fue decidida la muerte del Presidente Madero y del Vice-Presidente Pino
Suárez en consejo de ministros? Así se ha afirmado siempre, no obstante la
negativa de los imputados. Se dice que en el consejo de ministros que tuvo
lugar el sábado 22 de febrero por la tarde, para resolver su suerte., inclinó
la balanza el licenciado Rodolfo Reyes, Secretario de Justicia. En efecto, en
el mismo, Huerta el pretoriano dijo: -"Que él había ofrecido respetar ]a
vida de los pre os y que tenía empeñado su honor ( ?) militar" y se retiró
del consejo; seguramente ya estaba convenida esta actitud con Elanquet ( quien
sin ser ecretario de estado estaba presente) . Alberto Robles Gil, Secretario de Industria, opinó: - 'Que la oportunidad para su sacrificio ya había
pasado". El licenciado Toribio Esquivel Obregón (de Hacienda) no dijo
nada. El licenciado Rodolfo Reyes (de Justicia) opinó: -"Que era necesano su sacrificio para evitarle bandera a una contrarrevolución" ( olvidó

492

que Madero muerto, sería invencible, parque ya no podía cometer errores);
el taimado Blanquet, apoyó al licenciado Reyes agregando que: -''Ello debería hacerse en ignorancia del Presidente, general Huerta'. En lo personal,
siendo el licenciado Reyes un Q.ombre de leyes, yo no creo que esa haya sido
su opinión, pero en caso afirmativo, el dolor que le causaba la muerte de su
padre general Eernardo Reyes, lo había ofuscado y obnubilado su clarísimo
talento.
La selección de los asesinos materiales, los cabos de rurales Francisco Cárdenas y Rafael Pimienta, fue hecha por los generales Manuel Mondragón
y Aureliano Blanquet, Secretario de Guerra y comandante militar de la ciudad de México, precisamente en las oficinas de la Secretaría. Circula la
versión de que Cárdenas se resistía, diciéndole Mondragón: ' o ha de ser el
primero que despacha", replicando Cárdenas: - 'Pero no de ese tamaño",
concluyendo Mondragón: -"Pues bien chaparro que es". La organización
del falso asalto ( cuando los reos fueran conducidos a la penitenciaría) por
un grupo de supuestos "maderistas'' que pretendían liberarlos quedó en manos del sicario Cecilio Ocón. Así las cosas, el 22 de febrero por Ja noche entre
las once y once media, cuando ya los presos descansaban, se presentaron
en la Comandancia Militar en dos automóviles Cárdenas y Pimienta ( con algunos oldado ) : uno, alquilado por un señor de apellido Murphy, con Ja orden de trasladar a la penitenciaría del Distrito Federal a los señores Madero
y Pino Suárez~ no así al general Angeles que debería permanecer allí. Entregados que les fueron los reos, partieron hacia el penal por las calles de Lecumberri; y al llegar a él, en lugar de parar por el frente, que era lo normal
y rutinario, torcieron por el lado sur, dizque para entrar por la puerta que
da hacia el oriente. Precisamente, cuando iban más o menos a la mitad
del muro sur, apareció un grupo de personas, que sin acercarse a los coches
gritaban ¡ viva Madero! Los asesinos ordenaron a los detenidos que bajaran
de los coches y en ese momento (ya abajo) Cárdenas hizo un disparo por
detrás de la cabeza del señor Madero quien se desplomó sin vida. Pimienta
hizo tres disparos sobre el licenciado Pino Suárez, quien también murió instantáneamente. Se cuenta que algún tiempo después, Cárdenas, que llevaba
una bala de plomo a manera de adorno en la leontina de su reloj de pecho, se jactaba que esa era la bala con la que había matado al señor Madero.
El licenciado José Vasconcelos, afirma en alguno de sus libros ( La Flama
y en realidad que quema todo lo que toca), que siendo el licenciado .Portes
Gil secretario del tribunal federal donde se substanciaba el expediente que
se incoó con motivo de dichos asesinatos, se prestó a que las actuaciones fueran alteradas para favorecer a los presuntos.
Cuando el 26 de febrero una comisión de vecinos de la colonia Santa
María (donde vivían los Reyes) encabe7.a.da por el licenciado Francisco Es493

�cudero ( uno de los Diputados Renovadores que votaron por la negativa la
renuncia de los señores Madero y Pino Suárez) hizo una visita al licenciado
Rodolfo Reyes, Ministro de Justicia, para hacerle presente el pésame por la
muerte del general don Bernardo su padre, el licenciado Escudero comentó:
-"El asesinato de los señores Madero y Pino Suárez, traerá aparejadas serias consecuencias', y que don Rodolfo replicó: -"Lo que se hizo era necesario hacerlo. El país está sobre todo, y la vida de un hombre nada vale
ante los intereses generales de la Nación. La historia nos justificará". De
ello don Ramón Prida concluye que don Rodolfo fue el autor intelectual de
los asesinatos. Don Francisco Bulnes, demoledor vocero del "cientificismo'
afirma que en el consejo de ministros en el que se trató la suerte de las ilustres víctimas 'los más crueles y sanguinarios fueron el ingeniero Alberto García Granados y el licenciado RodoJfo Reyes".
En cuanto a los asesinos intelectuales y materiales corrieron diversa suerte,
así por ejemplo el general Huerta murió preso en el fuerte militar "Bliss '
del ejército de los Estados Unidos en el Estado de Texas; paradójicamente
yace en un país que él tanto odió; Aureliano Blanquet murió despeñado
(para no caer preso) en la barranca de Chavaxtla, Veracruz. "Tío Lupe"
(el general Guadalupe Sánchez, que hizo armas en diciembre de 1923 en
Veracruz, a favor de don Adolfo de la Huerta, y contra el Presidente, general Obregón) le mandó coitar la cabeza para exhibirla; el general Manuel
Mondragón murió tuberculoso en San Sebastián, España, en 1922; y el general Félix Díaz murió hace algunos años y como decían los cronistas del
tiempo de la Conquista: "de su muerte y en su cama". Por lo que hace a
los asesinos mat-eriales, cuando vino 1a debacle de Huerta ea julio de 1914,
Pimienta se escondió y Cárdenas, que operaba por Michoacán, huyó a Guatemala. Cuando a petición del gobierno del señor Carranza, se gestionaba
su extradición ( 1918) , al ser aprehendido, en aquel país, se dio un tiro en
la cabeza suicidándose, aunque pudo declarar sobre los pom1enores del plan
para asesinar a los mandatarios legítimos. En 1921, Pimienta, protegido del
general don Benjamín Hill, Ministro de la Guerra, apareció reingresado al
ejército con el grado de general. El incansable abogado yucateco Calixto
Maldonado R., presidente del comité para procurar el castigo de los asesinos,
dirigió una tremenda requisitoria al Presidente de la República, general Obregón, y éste ordenó que causara baja. ¡Sic transit gloria mundi!
Aquellos bochornosos hechos hicieron estremecer al país. Carranza el roble, Carranza el de carácter de granito en Coahuila, y Maytorena en Sonora
se manifestaron inconformes y se rebelaron contra el nuevo orden de cosas;
aunque Maytorena poco después se expatrió, con el pretexto de su salud.
Carranza llamó al pueblo a las armas lanzando el "Plan de Guadalupe"
de contenido esencialmente político (no social) el 26 de marzo de 1913,

494

para reivindicar los derechos conculcados, pues su propósito inicial era volver
el país a la "constitucionalidad" rota por Huerta, y México como un solo
hombre, ~udió a su llamado iniciándose la Revolución Constitucionalista que
en poco tiempo y como inmensa hoguera abrasaba todo el país y de cuyas
ce~as, cual nueva Ave Fénix resurgió el México de nuestros días, libre
umdo, fuerte, grande y generoso, con la seguridad que da Ja fe en el por~emr.

495

�CUATRO SIGLOS DE VIDA DE UNA CIUDAD
SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA CIUDAD DE DURANoo

Lxc. JosÉ foNAc10 GALLEGos
Universidad de Durango

FuE .FUNDADA HACE Poco más de cuatrocientos afios por el joven Capitán
don Francisco de Ibarra, llamado por su juventud el Fénix de los Conquistadores. Su amor a los indios hizo que la conquista de la provincia de la
que fue gobernador y que él llamara de 1a ueva Vizcaya, se hiciera en
forma pacífica y así vemos cómo muy pronto quedó formada por los hoy
estados de Durango, Chihuahua, Sonora, Sinaloa y la parte austral del de
Coahuila, de Saltillo al sur.
Fue Ibarra el que gestionó ante el virrey de Velasco, que los naturales no
pagasen ningún tributo como se acostumbraba en el resto de la Nueva
España.
Al fundarse Durango, nació con el título de Villa, los primeros documentos que conocemos fueron extendidos en ella y son las mercedes reales que
Ibarra extendió el ocho de julio de mil quinientos sesenta y tres, en favor de los
que iban a ser los primeros vecinos de la nueva Villa. Después conocemos 1a
Información de Méritos promovida por el propio Ibarra, donde nos habla del
descubrimiento del valle de Guadiana y el porqué de su nombre, así como
el origen del nombre de la villa de Durango.
Desde su fundación, Durango se perfiló como una ciudad original en
cuanto a su construcción. El obispo de la Mota y Escobar que visitara nuestra ciudad cuarenta años después de fundada, nos dice que esta villa

.

" tiene cuatro calles principales que corren de oriente a poniente y otras
tantas de norte a sur. Hay cincuenta vecinos españoles; sus casas todas
son de adol,!e, sin altos, de moderado edificio y capacidad. .."
Pocos años después de fundada la villa de Durango, estuvo a punto de
desaparecer. Al norte de la provincia de la Nueva Vizcaya se localizó una

497
e H-32

�mina muy rica que hizo que la mayor parte de los

ecinos de Durango, la
abandonaran. Hubiera desaparecido nuestra ciudad entonces, a no ser por
la oportuna intervención de don Francisco de !barra, que desd.~ S~~oa le
ordenó al alcalde de la villa, baclúller Parada de Angule, que unp1diera el
éxodo de los vecinos. Así se hizo y fue el escribano público Antonio Rodríguez quien se encargó de notificar a cada uno de ellos la,enérgi~ orden de
!barra, quienes fueron- amenazados con perder sus caballenas de n~rras y sus
encomiendas. Por esta notificación hecha a cada uno de los vecrnos de la
villa de Durango, sabemos el número de habitantes que. tenía.
Al finalizar el siglo XVI la villa de Durango seguía siendo pequeña. Su
población era de ochenta vecinos españoles, más indios y negros que también había. Los españoles se dedicaban a la agricultura, pues no era otra
la fuente económica que tenían.
A1 finalizar este siglo, la villa de Durango tenía su templo parroquial de
la Asunción, que se encontraba frente a la Plaza de Armas, los templos de
San Francisco, San Juan de Dios y el de la Compañía a cargo de los padres de la Compañía de Jesús. Inmediato al templo de San Juan de Dios
se encontraba el Hospital de la Santa Veracruz. Anexa al templo de la Compañía había una escuela a cargo de l~s mismos pa~es jesui~,. dedicada a
ta enseñanza de los niños hijos de vecmos, y de laün y gramat1ca para los
mayores.
.
· EI siglo XVII es un siglo de muchos problemas para la villa de Durang~.
- Dice el P. Cuevas en el prólogo que escribió para la obra La Nueva Espana
en el Siglo XVII, de la que es autor Fray Antonio Vázquez de Espinosa,
que "la centuria más nuestra, la más feliz y constructiva fue la dé:ima séptima". Creo que esto no tiene aplicación por lo que hace a la cmdad de
Durango. Posiblemente sea una excepción.
Este siglo es para Durango un siglo de atraso. Fue en él cuando tuvieron
lugar las grandes rebeliones indígenas de los tepehuanes, que obligaron al
virreynato a cambiar la capital política de la provincia de Durango al Parral Este hecho perjudicó profundamente a Durango, que casi se extinguió.
Pero hubo algunos hechos que la favorecen y que cabe reseñar en este
trabajo.
Ya desde fines del siglo XVI se venía gestionando la división del enorme
territorio que ocupaba el obispado de Guadalajara. No fue sino hasta el
año de mil seiscientos veinte, en que Paulo V definitivamente lo dividi6, naciendo el obispado de Durango, por bula del once de octubre del ya dicho
año de mil seiscientos veinte. Con motivo de Ja fundación del obispado de
Durango, el templo parroquial de la Asunción se transformó en catedral,
trayendo esto invívita la transformación de villa de Durango en ciudad del
mismo nombre.

498

Dice Sol6rzano y Peréyra en su obra Política Indiana, que sólo dos ciudades en América alcanzaron el título de ciudad en esta forma, y fueron: Durango, en la Nueva España, y Arequipa, Perú.
Al ser cambiada la capital de la provincia al .Parral, en la ciudad de Durango solamente quedaron la catedral y la caja real.
En este siglo tuvimos gobernantes tan notables como don Francisco de
Urdiñola, que en mil seiscientos cuatro levantó el censo más completo que
se conoce de la Provincia de la Nueva Vizcaya. Después de Ibarra, Urdiñola está considei;ado como el gobernante más progresista de aquella época.
Señalamos también a don Gaspar de Alvear que gracias a -sus dotes militares, supo terminar con la sangrienta rebelión tepehuana de mil seiscientos
dieciséis.
AJ ser cambiada la capital de la provincia al Parral, los gobernadores
venían únicamente a la ciudad de Durango a prestar su juramento ante el
Cabildo Justicia y Regimiento, después seguían para aquella ciudad.
Así como subió 1a ciudad del Parral al quedar como capital de la provinciaJ así decayó la de Durango. Uno de sus gobernadores en carta dirigida al rey de España, le dice que:

"la ciudad de Durango está casi acabada, que lo único que la sostiene
es su Catedral; que la ciudad de Pan-al es el cent-ro de la provincia y
por consiguiente toda su atención está puesta en ella y pide que la Caja
R eal que está en Durango, sea trasladada a esta dicha ciudad".
Años después, el gobernador don Bartolomé de Estrada en carta que dirige al rey de España en núl seiscientos setenta y nueve, le dice que:

"la ciudad de Durango se encuentra en un estado de atraso tal que
apenas cuenta con quince vecinos españoles~ siendo el motivo de su poca
vecindad la continua hostilidad de los indios enemigo/'.
Por supuesto que hace caso omiso de los mulatos libres, de los indios vecinos y de las castas.
En efectt&gt;, la continua hostilidad de los indios enemigos, como apunta el
gobernador Estrada, impedía su desarrollo. Venir a ella era empresa de romanos. Cuando los gobernadores de la provincia se resolvían a visitarla venían precedidos de una fuerte escolta.
Me imagino que en estas mismas condiciones vino a esta ciudad a fines
del primer tercio del siglo XVII, Fray Antonio Vázquez de Espinosa que
en su obra La Nueva España en el Siglo XVII, a la que ya me referí, nos
hace una breve descripción de nuestra ciut1ad.

499

�No obstante la situación tan difícil en que Durango vivía, cabe apuntar
dos hechos que mucho honor Je hicieron: en mil seiscientos diec~ueve ~
funda el Cole!!i.o de la Compañía de Jesús, que hasta entonces solo hab1a
sido una escuela para niños. De aquí en adelante iba a ser el famoso colegio
único en el norte de la ueva España; el segundo consistió en que en mil
seiscientos cincuenta y siete e1 obispo Barrientos Lomelín, funda la Capilla
de Música de la Catedral, que funcionara con mucho éxito por más de doscientos años y que sirviera de base para la grandeza musical de Durango.
Con el advenimiento del siglo XVIII un gran cambio se opera en esta
ciudad. Mucho contribuyó a ello el establecimiento de la capital política de
la provincia de nuevo en la de Durango. ~s precisamente en est~ siglo_ c~ando Durango define su personalidad. Afortunadamente las rebeliones md1g~nas vinieron a menos, hubo paz en los campos y se pudieron emprender diversas industrias, siendo la principal la minería. Riquísimas minas que estaban' abandonadas fueron puestas nuevamente a trabajar y aunque muchas
de ellas quedaron lejos de Ja ciudad de Durango, en ella se establecieron los
hombres que las movían, españoles vascos por lo general. Desde entonces
Durango aparece como una ciudad económicamente . muy fuerte Y aunque seguía viviendo aislada, sus moradores buscaron 1a forma de que tuviera vida propia. Llama la atención el carácter férreo de esto~ hombr~s
que gracias a su esfuerzo hicieron de la ciudad de Durango una cmdad onginal en sus costumbres y en su arquitectura. Demasiado sabemos lo que
significan las costumbres en un pueblo, así también es muy elocue~te su arquitectura. Esta es, "desde su origen, la historia de los p~eblos escrita en sus
construcciones... " Los siguientes datos demuestran el cambio que hubo en Durango en este siglo: principia con setecientos habitantes y termina con siete mil
aproximadamente. Muchos años después, y tomand~ ~ c~enta. ~~unas de las
pocas casas que aún quedan del siglo XVIII, el distmgmdo enoco de arte,
don Francisco de la Maza, dice que:
"las casas durangueñas del virreinato consistían en un solo piso cast
siempre, con una gran puerta enmarcada por dos pilastras molduradas
y un arco muy rebajado, de cuyo centro cae una piña a modo mozárabe
mudéjar. . . Estas puertas suben más allá del pretil de la azotea y se
lanzan al espacio por medio de vigorosos copete.s, fuertemente moldurados y coronados con caprichosos remates; en medio de los copetes
van medallones de diversos dibujos, algunos de los cuales ostentan escudos e iniciales. A los lados dt! la puerta, grandes ventanas clarean los
muros, mu-ros que terminan siempr~, sin excepción, en una cornisa ondulante que recorre toda la fachada y que muere en ambos lados enroscándose en forma de caracol; a veces este caracol sube más de la

cuenta y se recorta en dos interrogaciones audaces, como una avanzada
hacía un frontón que no puede llegar a cerrarse. Esta original cornisa
ondulatoria suele ser una moldura delgada y discreta, pero también llega a ser gorda y tremenda, como un alero que se quedó a medias; casi
siempre se repite en los patios interiores y hasta en. las caballerizas. Tal,
es la persistencia de esta cornisa que se incrusta en las casas neoclásicas
de mediados del siglo XIX, y en forma más sencilla la recuerdan las casas
porfirianas; tal es la gustosidad con que los durangueños barrocos recordaron a las serpientes o el juego de las olas en las azoteas de sus casas
que debe considerarse este elemento arquitectónico como una originalidad de la ciudad de Durango. Estas comisas y los copetes sobre los
recios portones de las casas, en cuyas desorbitadas molduras juegan la
luz y la sombra al escondite, dan lo 'lípico', el tono el sabor inconfundible de la arquitectura civil de- Durango".

En su interior estas casas son muy extensas. Tienen cuatro grandes y anchos corredores y en medio de ellos está un patio cuadrangular. Poseen numerosas habitaciones. Tienen un segundo patio comunicado con el primero
por un pasadizo, luego su corral y finalmente su huerta. Actualmente son
pocas Jas casas que de este estilo quedan en Durango, de las demás Ja piqueta
demoledora ha dado cuenta, pero las que aún quedan sirven para darnos
una idea de lo que fue esta ciudad de Durango en el siglo XVIII.
Gratas reminiscencias de este siglo guardan los edilicios de la catedral,
del palacio del Conde del Valle del Súchil, del palacio del capitán don Juan
José de Zambrano hoy Palacio de Gobierno, y del edificio de la Compañía
de Jesús, después Seminario Conciliar de Durango, Instituto Juárez por muchos años y hoy edificio central de la Universidad.
En este siglo nue$tra ciudad fue visitada a fines de su primer tercio por
el brigadier de los Reales Ejércitos, don Pedro de Rivera, en su viaje de
visita a los presidios de la Nueva España, visitando los de la provincia de
la ueva Vizcaya. Estuvo en esta ciudad y de ella nos dejó un breve comentario en su obra Diario y Derrotero de lo caminado, visto y observado
en la visita que hizo a los Presidios de la Nueva España Septentrional.
Otro personaje distinguido que visitó nuestra ciudad en e] año de mil setecientos se~enta y seis, fue el ingeniero don Nicolás de Lafora, que acompañando a don Cayetano María Pignatelli Rubí Corvera y San Climen, Barón
de Llinas, y obedeciendo instrucciones del virrey Marqués de Croix, vinieron
a visitar los presidios jntemos. En su viaje era paso obligado visitar esta ciudad, y de su visita a ella encontramos una interesante descripción en su
Viaje a los Presidios Int ernos.
Pero más interesante y llena de profundas observaciones, es la descripción

500
501

'

�que de nuestra ciudad de Durango hace el P. Agustín Morfi, en el diario
que llevó en su recorrido hacia el norte del país, para la fundación de la
Comandancia de las Provincias Internas, acompañando al Caballero de Croix,
el que tituló Viaje de Indias y Diario del Nueuo México.
En el siglo XVIII poca es la industria que existe en Dul'ango, la más popular era la de la artesanía. Todavía en las halconerías de nuestras casas
podemos admirar el bellísimo encaje de fierro, producto del esfuerzo de nuestros artesanos. En la casa de la Haceduría de la Catedral, existe una reja
forjada en este siglo, que por su belleza es única en el norte del país. Pocos
ejemplares se conocen en el país como éste, que es un orgullo para la artesarúa de Durango.
Otra indu tria que se popularizó mucho en Durango fue la del obraje. Se
inició con la aportación económica de un particular al donar de s-us propios
recursos la cantidad de cincuenta mil pesos. Los tejidos de lana hechos en
Durango a fines del siglo XVIII y en el siguiente, fueron famosos.
Lo sucedido en Durango en el siglo XVIII lo conocemos a trávés de la
Gaceta de México, pues como aún no había llegado la imprenta, no existió
ningún periódico.
Fue en este siglo cuando la provincia de la Nueva Vizcaya se redujo.
En el año de mil setencientos treinta y cuatro perdió los hoy estados de Sonora y Sinaloa, y en mil setecientos ochenta y cinco, la parte austral de
Coahuila, quedando reducida a los hoy estados de Durango y Chihuahua, siguiendo la capital en la ciudad de Durango. Al fundarse las intendencias,
surgió la de Durango, formada por los mismos estados de Durango y Chihuahua con su capital en el primero.
En el último tercio de este siglo se formaron dos padrones de nuestra
ciudad: uno en mil setecientos setenta y siete, mandado levantar por el
Obispo Antonio Macarulla Minguilla de Aquilanin, acatando la real orden
del diez de noviembre de mil setecientos setenta y seis. El otro fue hecho
por el sargento mayor de las milicias reformado, don Andrés José de Velasco
y Restán. La población de la ciudad de Durango conforme a dichos padrones era de seis mil cuatrocientos cincuenta y ocho habitantes, de los
cuales el cincuenta por ciento de la población era de mulatos libres, y el otro
cincuenta lo formaban en su mayoría los españoles, y en su menor proporción los indios. Las castas las había en ínfima proporción.
Al finalizar el siglo XVIII la población de la ciudad de Durango, era
aproximadamente, como ya se dijo, de siete mil habitantes.
Señalamos los nombres de algunos de los gobernantes más notables que
hubo en este siglo: Antonio de Deza y Ulloa, que fundara el Real de an
Francisco de Cuéllar, hoy ciudad de Chihuahua; Manuel de San Juan de
Santa Cruz, que fundara la importante ciudad de Nazas; José Carlos de

502

Agüero, que construyera la casa más bella que hay en la ciudad de Durango
y que fuera el primero que pensó resolver el problema del agua en esta

misma ciudad· Felipe Díaz de Ortega, primer gobernador de Ja intendencia
de Durango y que rindiera al virrey un extenso e interesante informe sobre
la provincia de la Nueva Vizcaya.
El siglo XIX sigue adelante la obra cultural de Durango. El cuatro de
febrero de] año de mil ochocientos, se inaugura el primer teatro que hubo
en esta ciudad, que era el teatro particular del capitán don Juan José de
Zambrano, de quien ya hablamos, y que fue conocido con el nombre de
El Coliseo. Este teatro debería ser con los años el escenario en el que brillara
tanto artista de fama internacional.
Al parecer dw11nte la primera década de este siglo no hubo ninguna novedad en nuestra ciudad; solamente a fines de ella, las noticias de la insurrección de Dolores, inquietan a los vecinos; el teniente asesor letrado don
Angel Pinilla Pérez, que se encontraba en funciones de gobernador, porque
el propietario se encontraba ausente, tomó todas las precauciones necesarias
para que en la ciudad el orden no se alterase.
Sin embargo, la ciudad de DLLrango fue testigo del proceso incoado contra los sacerdotes compañeros del P. Hidalgo, que junto con él fueron aprehendidos en Acatita de Baján, siendo traídos a esta ciudad y finalmente fusilados.
Los durangueños guardamos grata memoria y gratitud para ellos. Carlos Medina, franciscano; Bernardo Conde, franciscano; Pedro Bustamante, mercedario, y Gregorio de la Concepción, carmelita, y los clérigos Mariano Balleza, francisco Olmedo, Nicolás Nava, Ignacio Hidalgo y Muñoz y Antonio
Belán fueron procesados resultando condenados a muerte únicamente Ignacio Hidalgo y Muñ.oz, Mariano Balleza, Pedro de Bustarnante Carlos Medina~ Bemardo Conde e Ignacio Jiménez, sentencia que se ejecutó el diecisiete de julio de mil ochocientos doce. Sus cuerpos reposan en el templo de
Guadalupe. Los demás, años después, alcanzaron su libertad.
Durango alcanzó su mdependencia el nueve de septiembre de mil ochocientos veintiuno y de aquí en adelante se suceden hechos, que aunque originados en otras partes, tienen profundo eco en nuestra ciudad. Así sucede
con el Plan de Casa Mata, de Zavaleta, con las luchas del Federalismo y el
Centralismo, en la Guerra de Reforma o de tres años, y en la Intervención
Francesa.
Con motivo de la Guerra de Independencia, en el norte de la Nueva
España se interrumpieron las comunicaciones con el centro del país.
Una de las ciudades que más sufrieron por este motivo fue la de Durango,
que sintió una gran escasez de dinero. Entonces el gobernador de la provincia pidió al comandante general de las Provincias Internas de Occidente
don emesio Salcedo y Salcedo, que residía en Chihuahua, autorizara la

503

�crnac1on en esta ciudad de una casa de moneda. La autorización fue concedida el ocho de octubre de mil ochocientos diez y al año siguiente se hizo
la primera acuñación de monedas de plata. En el año de mil ochocientos
treinta y dos se ruzo la primera acuñación de monedas de oro. Así por largos años se acuñaron en la Ceca de Durango monedas de cobre, de plata y
de oro, hasta el treinta de junio de mil ochocientos noventa y cinco en que
1a casa de Moneda de Durango cerró sus puertas.
Lo que vino a incrementar la cultura de la ciudad de Durango, fue el
establecimiento de la primera imprenta en el año de mil ochocientos veintidós,
debida al interés que para ello tomó un fraile de la Orden Franciscana de
nombre Buenaventura Cuevas. Con la aparición de la imprenta surgen los
primeros periódicos y los primeros libros y folletos impresos en Durango.
Desde entonces se multiplkaron los .impresores y los talleres de impi'enta.
Cabe recordar a través de estas columnas a a\gunos de los hombres que
implantaron en Durango la tipografía, como Dolores Olea, Manuel González
José Isabel Gallegos, Francisco y Manuel Vera, Pomposo Castañeda Miguel
Góntez, Carlos Gómez y Severo Blanco.
Por decreto del veintidós de mayo de mil ochocientos veinticuatro el Congreso Federal funda el estado de Durango. En el año de mil ochocientos
veintisiete aparecen en la ciudad de Durango los primeros periódicos, uno
de ellos fue El Democrático Federal. De alli en adelante iban a aparecer
una serie de periódico en nuestra ciudad~ muchos de lo cuales eran la voz
del desbordamiento de las pasiones políticas. Otros eran la expresión de la
serenidad en los días tormentosos de nuestras luchas intestinas. El periodismo
en Durango es la mejor prueba de ]a inquietud que vivió en los espíritus de
los durangueño en el siglo pasado.
Y al hablar del periodismo en Dmango, hablemos de los partidos políticos
que también en Durango lo hubo, aunque bajo estas denominac;iones: "Cu, chas" y "Chirrines". Estos nombres o motes fueron impuestos por ellos mismos entre sí.
Los del partido Cucha eran los liberales, y los Chirrines los conservadores.
Los significados de estos nombres nos los da don José Fernando Ramírez en
sus Noticias Históricas y Estadístú;as d~ Durango. Ambos usaban las columnas de los periódicos que tenían como órganos, para lanzarse agudas s~etas,
pero llenas de ingenio. La aparición del periodismo en Durango, vino a fortalecer estos partidos.
Si durante el siglo XVIII la ciudad de Durango vivió de la agricultura,
de la minería, de la ganadería y del comercio, en el siglo XIX tres industrias
vinieron a enriquecerla más todavía. Por primera vez se iba a aprovechar
la inmensa riqueza del fierro que contiene nuestro Cerro de Mercado. También por primera vez se iban a emplear las aguas del río del Tunal al esta-

504

blecerse en el Pueblito una fábrica de tejidos de algodón. Por último mucho
contribuyó a aumentar su economía una fábrica de cigarros que se es~bleció.
En el afio de mil ochocientos veintiocho la Compañía Unida de Minas
de origen inglés, acogiéndose a las facilidades que dio el gobierno del Estad~
de Durango, al frente del cual se encontraba don Santiago Baca Ortiz estableció la primera fundición que hubo en Du.rango, la que quedó e~ • la
margen derecha del 1fo del Tunal, a fin de aprovechar su fuerza hidráulica.
Por temporadas funcionaba esta fundición pero no siempre pudo trabajar
en forma halagüeña por circunstancias especiales. En este Jugar estuvo hasta
el año de mil ochocientos noventa y dos, en que llegó a la ciudad de Durango el Ferrocarril Internacional, por lo que Ja Ferrería de Flores que así
se llamaba, se vio obligada a clausurar sus trabajos, por haberse es~blecido
una nueva al pie del Cerro de Mercado.
V~ias fueron las com?añías que explotaron el mineral del cerro, aunque
no siempre en forma brillante, por lo que uno de sus propietarios, el señor
James Callanan la vendió a la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, representada por el señor don Adolfo Prieto. En el año de mil
novecientos treinta y cuatro, ésta traspasó la explotación del Cerro de Mercado a una nue a compañía, filial de aquélla, que se llama "Compañía
Cerro de Mercado, S. A.", que es quien la explota actualmente.
La Fábrica de Tejidos de Algodón fue fundada en el año de mil ochocientos cuarenta por don José Fernando Ramírez y don Germán Sthalknecht, en el hermoso paraje llamado El Pueblito, ubicado en ]a margen del
río de~ Tunal, siendo movida por sus aguas. Por largos años trabajó ininterrumpidamente. Después lo hada por temporadas. Actualmente, después de
p_ermanecer inactiva por largos años, ha empezado a trabaj¡¡,r con beneplácito de los durangucños, que vemos una industria de mucho porvenir. Sus
actuales propietarios han tenido que poner nueva maquinaria y su transformación ha sido completa.
La fábrica de cigarros fue también muy importante en la ciudad de Durango en el siglo pasado. Hace muchos años desapareció esta industria.
Ya dije que Dmango no había podido quedar al margen de los movimientos
revolucionarios que sacudieron al país en el siglo pasado, pero no obstante
esta situación, la gente de Du.rango trabajaba por elevar su nivel económico
y cultural.
El comercio cobró mucho auge gracias al puerto de Mazatlán. Hubo en
esta ciudad fuertes capitales invertidos en el comercio, siendo uno de los
principales el de los señores Delius. Cuando el puerto de Mazatlán fue clausurado el comercio de Durango resintió muy fuertes perjuicios.
A un grupo de durangueños se debe la fundación de la Biblioteca Pública del Estado, a la que sirvió de base la particular del Lic. don José

505

�Fernando Ramírez, que la vendió al estado junto con su casa habitación
cuando fue nombrado Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. A este grupo de durangueños se debe la creación del Colegio Civil
del Estado, después Instituto Juárez, hoy convertido en Universidad Juárez
del Estado de Durango; y finalmente a ellos se debe la fundación del Instituto de Niñas, primer establecimiento educativo que se creara en Durango
para la educación de la mujer. Son los durangueños los que en toda época
se han preocupado por la elevación moral y cultural de su ciudad.
No podemos seguir adelante sin dejar de rendir homenaje a dos ilustres
durangueños. La primera una mujer, su nombre es Dolores Guerrero, de la
que un crítico de la época dijo: "Exceptuando a Sor Juana Inés de la Cruz
no tenemos idea de otra poetisa mexicana superior a Lola, por la verdad,
sencillez, sentimiento y ternura, verdaderamente femeniles, que hacen deliciosas todas sus composiciones".
El segundo es don Francisco Gómez Palacio, patriota, humanista, poeta,
abogado internacionalista, diplomático, dos veces gobemador del estado, y
el mejor traductor de La Jerusalén Libertada.
Y junto con ellos a esa pléyade de hombres de ciencia, oradores como
José Loreto Barraza; poetas como Antonio Gómez Palacio y Cayetano Cacareñas; periodistas como Ignacio Borrego, Justino Herrera y Honorato Espeleta; músicos como Manuel Herrera Alvarez, Ricardo Castro, Velino M.
Preza y Alberto M. AJvarado.
En el último tercio del siglo pasado la ciudad de Durango recibe los beneficios del progreso, al llegar los servicios de los telégrafos ( 1870) ; la luz
eléctrica (1890) · el de los teléfonos, y el del ferrocarril ( 1892), con el que
quedó comunicada con el resto del país.
En el año de mil ochocientos noventa y uno, el obispado de Dm-ango fue
elevado a la categoría de arzobispado, siendo la ciudad de Durango la sede
episcopal.
También a mediados de este siglo la casa colonial de Durango sufre algunas modificaciones, con la llegada del neoclásico, nuevo estilo arquitect6nico. Muchas de nuestras casas coloniales desaparecieron para ser sustituidas
por casas de este estilo. A fines de este siglo y principios del actual hubo otro
nuevo estilo arquitect6nico, el que se ha llamado porfiriano, y nuestra ciudad se llenó de casas de este estilo. Pero estos estilos no alteraron el ya tradicional de nuestra ciudad que sigue teniendo sus casas de un solo piso.
Al finalizar el siglo XIX la ciudad de Durango tiene una población, según
el censo del año de mil novecientos, de u·einta y un mil noventa y dos
habitantes.
Entre los gobernantes que más se distinguieron en este siglo podemos mencionar los siguientes: Bernardo Bonavía y Zapata, que expidiera unas orde-

nanzas para el gobierno interior del Ayuntamiento de la ciudad de Durango;
Santiago Baca Ortiz, que lúciera algunas mejoras a la ciudad y que por
eso una plazuela lleva su nombre; don Juan Antonio Pescador, que está
considerado como uno de los gobernantes más honrados del siglo pasado;
José Patricio de la Bárcena, íntimamente vinculado con la ciudad de Durango y que diera el decreto de fundación del Colegio Civil del Estado;
Francisco Gómez Palacio, Benemérito de] Estado, dos veces gobernador, para
quien el cumplimiento exacto de la ley lo era todo; Juan Hemández Marín,
el primero que se preocupara por la educación de la mujer y fundó un Instituto de Niñas; mencionamos también al general Juan Manuel Flores, porque en su largo gobierno tuvieron lugar hechos de mucha importancia para
la ciudad de Durango. Fue reelecto tres veces consecutivas.
Llega el siglo XX, nuestra ciudad disfruta de los beneficios de la época
porfiriana. Muy a principios de este siglo ocupa la gubernatura del estado,
un hombre de carácter recio, de amplio talento: el señor Lic. don Juan
Santa Marina que se preocupa por el adelanto de la ciudad-capital del estado
que gobierna. Es él quien promulga los Códigos Civil y de Procedimientos
Civiles; Penal y Procedimientos Penales, y emprende la construcción de tres
grandes edificios, que por su magnitud el vulgo denominó "los tres elefantes",
que Iueron el hoy Teatro Principal, la Penitenciaría y el Hospital de la
Colonia ''Silvestre Dorador". Tocóle terminar únicamente el segundo, pero
los otros quedaron aventajados en su construcción, siendo terminados años
después.
Bajo el gobierno del Lic. Esteban Femández, se verificó el año de mil
novecientos ocho, la IV Exposición Comercial, Industrial y Ganadera de Durango, que fue todo un éxito. Fue este mismo gobernador a quien le tocara
celebrar en el mes de septiembre de mil novecientos diez, con inusitado esplendor, las fiestas del primer centenario de la iniciación de nuestra independencia nacional.
Dos meses después se inicia en la ciudad de Gómez Palacio, y precisamente
el veinte de noviembre, la revoJución mexicana, con el levantamiento de Jesús
Agustín Casb·o, acatando lo dispuesto por el Plan de San Luis.
Es Durango uno de los estados más afectados por el movimiento revolucionario; los contingentes que Durango manda son decisivos en el triunfo
de la revolución. Los nombres de Francisco Villa, Jesús Agustín Castro, los
Arrieta, Severino Ceniceros, Tomás Urbina, Calixto Contreras y otros, muestran por sí solos la importancia del movimiento en Durango.
Bajo el gobierno del Ing. Pastor Rouaix, se dio en Durango la primera Ley
Agraria, adelantándose en este aspecto nuestro estado a otros muchos.
No obstante la inquietud que vivía en los espíritus en aquella época, en
Durango se pensaba en 1a educación del pueblo: así, el día siete de agosto

506
507

�de mil novecientos dieciséis, se fundó la Escuela Normal del Estado, que
tanto ha servido en el incremento de la cultura en nuestra ciudad, y los
egresados de sus aulas han hecho un brillante papel en el magisterio nacional.
AJ promulgar e la Constitución Política del país, el cinco de febrero de
mil novecientos diecisiete, el estado de Durango entra por los cauces de la
normalidad y el pueblo es convocado a elecciones de gobernador y diputados
locales. El primero de agosto de dicho año toma posesión del gobierno del
estado el Gral. Domingo Arrieta.
Con motivo de la revolución surgida con el Plan de Agua Prieta, el Gral.
Arrieta no concluyó su período, siendo nombrado gobernador interino el
Gral. Enrique R. Nájera, quien le entregó el poder al Gral. Jesús Agustín
Castro, que gobernó el estado de 1920 a 1924; al término de este período,
ocupa la primera magistratura del estado, el Gral. Enrique R. Nájera, electo
para el período 1924-1928. El período lo concluyó el Sr. José Aguirre Salas.
El período 1928-1932 estuvo a cargo del Gral. Juan Gualberto Amaya,
pero como se vio envuelto en Ja revolución escobarista que principió el tres
de marzo de mil novecientos veintinueve, fue sustituido por el Lic. Alberto
Terrones Benitez, y un año después fue nombrado en su lugar el señor José
Ramón Valdés, quien fue desconocido por la Federación el siete de agosto
de mil novecientos treinta y uno, siendo nombrado el Lic. Lorenzo Gámiz,
que no llegó a tomar posesión, pues en su lugar quedó el lng. Pastor Rouaix
que por segunda vez ocupó el cargo de gobernador.
Lo sucedió el año de mil novecientos treinta y dos el Gral. Carlos Real,
quien fue desconocido por la Federación el quince de diciembre de mil novecientos treinta y cinco, nombrándose como gobernador provincial al Gral.
Severino . Ceniceros.
La contienda electoral para suceder al Gral. Ceniceros fue muy reñida.
Por un lado figuró el coronel Enrique Calderón R., completamente desconocido en el estado, pero que tenía el apoyo personal del entonces presidente
de la República; y por el otro el señor Alfonso Burciaga, que contaba con el
apoyo del gobierno local." Era natural que triunfase el primero, no obstante
que con ello se violase ]a Constitución Política del Estado, que exige que
para ser gobernador del estado de Durango, sea e] candidato originario del
estado. Su gobierno fue muy discutido.
Le sucedió el Gral. Elpidio G. Velázquez, que se significó por ser amante del
orden y del respeto a la ley.
El Gral. Bias Corral Martínez le sucedjó, no terminando su período por
haberlo sorprendido la muerte, siendo sustituído por el señor José Ramón
Valdés, que por segunda vez ocupaba este cargo. Fue en esta época cuando
la ciudad de Durango quedó comunicada con la carretera interoceánica
que corre de Matamoros, T amaulipas, hasta Mazatlán ; y con la Paname~

ricana, que va de la ciudad de México hasta Ciudad Juárez. Nuestra ciudad
de Durango vino a que.d ar en el cruce de dos magníficas carreteras.
Fue en e ta misma época cuando el estado de Durango adoptó una nueva
legislación, tanto civil como penal, quedando por lo mismo derogadas todas
las leyes dadas con anterioridad y que se opusieran a lo dispuesto por éstas.
Durante los gobiernos de los señores Líes. Enrique Torres Sánchez y Francisco Gon7.ález de la Vega, y el actual lng. Enrique Dupré Ceniceros, Ja
ciudad de Dw-ango ha seguido recibiendo los beneficios de la civilización y
el progreso.
Un hecho que no puede pasar inadvertido es la fundación de la Universidad Juárez de Durango. El 21 de marzo de 1957 nació esta institución
cultural, la que cuenta con las siguientes dependencias: Secundarias Diurna
y Nocturna; Preparatoria Diurna y Nocturna; la de Derecho, la de Medicina,
la de Enfermería y Obstetricia; Escuela Comercial Práctica; Escuela Superior
de Comercio y Administración; Escuela de Pintura; Escuela de Escultura
y Artesanía; Escuela Superior de Música; y Escuela de Medicina Veterinaria y Zootecnia. Más de dos mil alumnos están en sus facultades.
Desde el año de mil novecientos cuarenta, se inició en nuestra ciudad un
rápido crecimiento. Por todos los rumbos de ella se han fundado nuevas
colonias, lo que demuestra su vigor y pujanza.
Es de lamentarse el cambio habido en la arquitectura de las fincas de
nuestra ciudad. Los viejos estilos están desapareciendo. De nuestra clásica
casa colonial apenas si queda una que otra. Esa misma suerte están corriendo
las fincas del estilo neoclásico y si no se expide una ley que tienda a conservar nuestros monumentos artísticos, muy pronto nuestra ciudad habrá perdido el sello de ciudad antigua que tanto la distinguió y le dio una fuerte
personalidad.
Según el censo de mil novecientos sesenta, la ciudad de Durango tenía
noventa y siete mil trescientos cinco habitantes.
Es así como en esta síntesis histórica q~eda la historia de la ciudad de
Durango, que en el presente año ( 1967) cumple cuatrocientos cuatro años
de haber sido fundada.

508
509

�COMONFORT Y LA REVOLUCION DE AYUTLA
DR. RAv F. BRoussARD
Universidad de Georgia

FUE CON UNA CRAN ESPERANZA, que los dirigentes del pueblo de México llamaron del exilio aJ general Antonio López de Santa Anna, eJ año de 1853,
y le ofrecieron la presidencia de la República. Las continuas disputas y
guerras civiJes habían fraccionado tanto al _país, que llegó a pensarse que
solamente un gobernante fuerte podría restablecer el orden. Sus esperanzas,
sin embargo, estaban condenadas aJ desencanto, ya que Santa Anna hizo
pronto a un lado una administración responsable y moderada y escogió el
camino del absolutismo. Las medidas represivas, tales como la censura de
prensa y el exilio a los críticos de su gobierno, se sucedieron con angustiosa
frecuencia. Los empleados de gobierno probos y capaces, fueron desalojados
de sus puestos u obligados a renunciar por medio de amenazas, y sus Jugares
fueron ocupados por otros hombres más semles, ansiosos de cumplir los deseos
del presidente. Por medio de decretos Santa Anna amplió indefinidamente
sus poderes dictatoriales temporales, aumentó el tamafío del ejército y finalmente, el 16 de diciembre de 1853, adoptó el título de Su Alteza Serenísima.l
Una de las regiones del país en donde surgió la resistencia a la nueva
dictadura, fue la región montañosa y costera de Guerrero, estado de reciente
creación. El gobernador don Juan Alvarez, héroe de 1a Guerra de Independencia, permaneció exteriormente fiel a Ja administración pero hubo reuniones
secretas en su finca "La Providencia" para decidir qué debía hacerse respecto al creciente totalitarismo del gobierno central. A medida que se formularon los planes de acción, se fueron armando y adiestrando grupos de
' Wn.PR J;:D CALLCOTI, Santa Anna: The Story of an Enigma Who Once Was
Mexico (Norman, Oklahoma; Imprenta de la Universidad de Oklahoma, 1936), 287294.

511

�hombres en regiones aisladas de la Costa Chica y empezó a correrse el rumor
en la ciudad de México de que Alvarez estaba planeando una revolución. 2
En Acapulco, el puerto del Estado de Guerrero, Ignacio Cqmonfort el
Administrador de la Aduana, también estaba alarmado con la dirección y
cambios en el gobierno nacional. Hijo de una prominente familia criolla,
había ingresado al ejército a una edad temprana y luchado a principios
de los treintas en el movimiento revolucionario liberal encabezado por Santa
Anna, que en el año 1832 llevó al poder al Partido Liberal. Al retirarse luego
del ejército, ocupó varios puestos en el gobierno de Puebla, su estado natal
siendo electo en varias ocasiones al Congreso Federal. Comonfort había sido
nombrado para el puesto de Administrador de la Aduana el año de 1850,
por el presidente don Mariano Arista, debido fundamentahnente a su reputación de honestidad e integridad. 3 Ahora tenia frente a él, el dilema de:
apoyar una administración cada vez más corrompida o renunciar.
Comonfort, que en la década anterior había sido un protegido político de
Alvarez, cu:mdo los dos juntos lucharon para pacificar a los indios de las
regiones montañosas de Guerrero y Puebla, estaba definitivamente en la lista
de funcionarios destinados a ser purgados por Santa Anna. Sabiendo de la
confrontación próxima con el gobierno nacional, es razonable creer que el
Administrador de la Aduana debe haber asistido a algunas de las reuniones
consp~torias que se efectuaron en 'La Providencia" en el otoño de 1853.

El 15 de noviembre de 1853, Santa Anna hizo el primer intento para
desalojar a Comonfort, cuando a este último se le ofreció el puesto de administrador de la aduana del Puerto de Mazatlán. Conociendo Comonfort las
causas de la oferta y no queriendo abandonar el escenario cuando los planes
para la revolución estaban a punto de fructificar, rehusó aceptar el puesto
substituto que se le ofrecía. El siguiente paso se dio poco después, ya que
el 23 de enero de 1854, fue despedido. Comonfort, que había estado esperando esta acción desde hacía dos meses, tenía sus cuentas preparadas y entregó su puesto a don Librado Salas, auditor de la aduana, el lo. de febrero
de 1854. 4
• ToMÁS SÁNCBEZ HER ÁNDEz, '"'Las operaciones militares como consecuencia de la dcclaraci6n del Plan de Ayutla hasta el triunfo de la revoluci6n liberal", MARIO DE u. CUEVA
(ed.) Plan de Ayutla: conmemoraci6n de su primer centenario {México: Universidad
Nacional de México, 1954), 144; Clyde Gilbert Bushnell, "The Military and Political Oareer of Juan Alvarez, 1790-1867", Tesis Inédita, Universidad de Texas, Austin, Texas, 1958.
1 RAv F. BRoussARD, "Mocedades de Comonfort", Historia Mexicana XIII, 380388.
• José Francisco Alvarez a Ignacio Oomonfort, J.1éxico, 15 de noviembre de 1853,
Colecci6n Comonfort, legajo 16A, .Biblioteca Latinoamericana, Universidad de Te-

512

Sin embargo, pronto corrió el rumor en la ciudad de México, que Comonfort había sido despedido de su puesto por malversación de fondos. Este intento de destruir su reputación de honradez e .integridad n transacciones
públicas y privadas, era más de lo que Comonfort podía soportar y envió
una carta colérica de protesta al Ministro de Hacienda. Señalaba sus largos
años de servicios públicos sin mancha y exigía que si había algunos cargos
contra él, que ésto debían hac;erse públicos y que debía dársele la oportunidad
de defenderse en un juicio público. 5
En lugar de esperar un juicio ordenado por la administración de la ciudad
de México, el 23 de febrero de 1854, Comonfort presentó una demanda para
que ése se llevara a cabo. En el interrogatorio resultante, el juez de hacienda, José María Oliver, quien fue el que presidió el juicio, llamó a funcionru-ios de gobierno, clérigos, comerciantes y otros ciudadanos prominentes
de Acapulco que habían tenido amplias relaciones con la figura principal del
juicio. Las declaraciones recibidas por la corte fueron unánimes en su elogio
a la política administrativa, honestidad y eficacia de Comonfort. Los comerciantes y hombres de negocios particularmente insistieron en declarar, que
como Administrador de la Aduana, había sido escrupulosamente honrado en
el desempeño de sus obligaciones. Señalaron que había impuesto multas aún
por las más pequeñas infracciones a los reglamentos aduanales. La decisión
de la corte fue la esperada; se decidió que no habfa ninguna prueba de malos
manejos de fondos, ni desfalco de ninguna clase durante la administración
de Ignacio Cornonfort en la Aduana de Acapulco. 6
La persona acusada en esta investigación judicial, sin embargo, ni siquiera
estaba en la ciudad en los días en que se efectuó el juicio; estaba en Tuxtla
teniendo una importante entrevista con AJvarez. El propósito de Comonfort
era convencer al gobernador de que había llegado el momento de desafiar
abiertamente al presidente Santa Anna, indicando las medidas hostiles tomadas por el Presidente, tales como destituir a funcionarios que se sabía apoyaban a A1varez, señalando, sin duda, su propio caso como ejemplo. Otra
señal de alarma, fue el anuncio que se hizo en la ciudad de México de que
se mandarían refuet7..os militares a Acapuko, aparentemente para fortalecer
xas, Austirt, Texas; Alvarcz a Comonfort, México, 24 de enero de 1854, Colecci6n
Comonfort, legajo 16A.
' Comonfort al Jefe de Sección de la Aduana Marítima, Acapulco, 1 de febrero
de 1854, Colección Comonfort, legajo 16A, Comonfort a Ministro de Finanzas Acapulco, 8 de febrero de 1854, Colección Comonfort, legajo 16A.
'
• José María Oliver a Ignacio Comonfort, Acapulco, 7 de marzo de 1854, Colección Comonfort, legajo 17; Documentos relacionados con la conducta de Comonfort
como adminl!;trador de la aduana de Acapulco, certilicados por el Juez Especial
de Hacienda, José María Oliver, Acapulco, 11 de mano de 1854, Colección Comonfort, legajo 16A.

513
e H-34

�las defensas del puerto contra una posible invasión por ia expedición filibustera del cond Raousset de Boulbon que en aquel momento se estaba preparando para salir d
an Francisco
alifornja. Comonfort inrucó, que de
hecho estos movimientos de tropas anunciados eran solamente una finta
para invadir Guerrero y tomar a Alvarez prisionero. Los argumentos fueron
aparentemente eficientes, pues J 24 de febrero de 1854, el gobernador Alvarez,
desde su finca «La Providencia" lanzó una formal declaración de guen-a
contra Santa Anna y su gobierno ilictatorial.7
Al siguiente día Alvarez nombró a Comonfon gobernador y comandante
de Acapulco. 11 Esta ciudad portefia era un punto estratégico para la revolución, pues aislada de la capital y centro del país por dos formidables cor-

dill ras, proveía a la revolución con una ventana hacia el mundo exterior.
En esta forma, los abastecimiento y refuerzos harían posible al movimiento
revolucionario, establecer un antuario y base fuerte desde la cual con el
tiempo, podría lanzarse a la conquista. del resto del país.
El siguiente paso era formular una declaración de las causas d la revuelta.
Para tener éxito, la revolución debía tener un propósito positi o. o era
suficiente derrocar a la dictadura· había que presentar al pueblo de México un programa para que pudiera juzgar la honestidad y sinceridad del
nuevo movimiento. En la reunión en la cual se preparó el plan, estuvieron
Comonfort, Alvarez, su secretario, Trinidad Gómez y su hijo Diego. También estuvieron presentes, el general Tomás Moreno comandante de las tropas de Guerrero, el coronel Florencio Villarreal y Eligio Romero, un liberal exilado por anta Anna y que hacía poco había regresado al país ecretamente. El grupo delineó un plan revolucionario que reflejaba. tan fielmente los puntos de vi ta del liberalismo moderado de Comonfort, que éste
ha sido aceptado como su autor. 9
En seguida, siguiendo el patrón tradicional del protocolo revolucionario
mexicano, el plan t nía que ser proclamado por alguien que no estuviera
.íntimamente asociado con la jefatura. Tenía luego que ser adoptado por
varias guarniciones militares y el pueblo, en un esfue17..0 que diera la apariencia del apoyo popular. Finalmente, lo jefes tenían que aceptar el plan
' CALLCOTT, Santa Anna, 387-394; Siglo XIX, 15 y 23 de febrero de 1854;
A, SELMO DE PORTILLA, Historia de la reuoluúón de México &amp;Qntra la dictadura del
General Santa Anna 1854,.1855 (México: Vicente García Torres, 1856, 41-44).
• Alvarez a Comonfort, La Providencia, 25 de febrero de 1854, Colección Comonfort, Legajo 16A.
• PORTU.LA, La revoluci6n contra Santa Anna, 43-48, 51-52; Siglo XIX, 2 de marzo de 1854, RictJARD jOHl'/SON, The Mexican Reuolution of Ayutla (Rock Island
Illinois, Agustine Book Co., 1939), 42: Felipe Tena Rodríguez "Comonfort; los m~
derados y la rcvoJuci6n de Ayutla" CUEVA (ed.) Plan de Ayutla, 302.

14

que ellos mismos habían preparado. El coronel illarreal fue el cogido
para proclamar d plan al público en la villa de Ayutla el lo. de marzo
de 1854.1 º
El Plan de yutla empezaba con tl!l preámbulo enumerando las queja
del fue~lo de México contra Santa Anna. El dictador en múltiples ocasiones,
babia VIOiado los derechos peISOnales y los de los Estados, y arruinado Jas
finanzas del país. Lo peor de todo, sin embargo, era que el presidente había
iniciado negociaciones para vender territorio mexicano a un país extranjero
Y por lo tanto había transferido sin su consentimiento a miles de ciudadanos
a otra soberanía.
El preámbulo era seguido por nueve artículos. Santa Anna y su gobierno
eran declarados fuera del poder público por haber perdido la confianza del
pu blo. Para reemplazarlo, el jefe de la revolución convocaría a una asamblea
representativa que eJigiría al presidente provisional tan pronto como ]a mayoría de la gente hubiera aceptado el plan. En seguida la asamblea serviría
de uerpo consulti o al presidente hasta que se pudiera establecer un gobierno
constitucional. Mientras tanto el presidente tendría poderes dictatoriales. Se
conservaría el sistema federal~ y los jefes 1·evolucionarios establecerían gobiernos provisionales en cada uno d los estados tan pronto como sus fuerzas los hubieran dominado. u
Uno de los artículos, abolía las contribuciones restrictivas y reglamentos
del régimen de Santa Anna, mientras que otro pedía el apoyo del ejército.
Los defensores del gobierno y todcs los que no apoyaran el plan eran declarados "enemigos de la independencia nacional" .12
El último artículo invitaba al general icolás Bravo, al general Al arez
y al general Moreno para que encabezaran lo ejércitos libertadores y llevaran a efecto las refonnas administrativas sugeridas. Estas eran muy vaga
y obscuras. Se dejó fuera toda referencia a problemas religiosos y agrarios
sin embargo estas rcformas se convertirían en las piedras angulares del sistema de refonnas eventualmente llevadas a cabo bajo la autoridad del Plan
de Ayutla. o obstante, el propósito era claro ya que enfatizando los males
de la dictadura y prometiendo una nueva constitución sería posible con eguir
W1 má'OJilo apoyo para el primer paso de la reforma, el derrocamiento de la
dictadura. 13
Aunque el plan fue proclamado por el coronel illarreal el lo. de marzo
de 1854, todav.ía no tenía su forma definfriva. Unos cuantos días después

'º Fui-:crsco ZARco, Hi.sloria del Congreso ExtraQrdinario Constituyen/e, J856-1857
(México: El olegio de México, 1956), 7-8.
u !bid.
"' lbid.
11 lbid.
515

�fue corregido por Comonfort para ponerlo aún más de acuerdo con sus ideas
de liberalismo moderado. A pesar de que se suponía que sólo Alvarez, Bravo
y Moreno eran los únicos a los que se permitía hacer cambios en el Plan de
Ayutla, Comonfort Jo hizo, y el respeto con el cual fueron recibidos estos cambios indica que era uno de los jefes más influyentes de la rebelión.ª
Los cambios que hizo Comonfort cuando aceptó formalmente el Plan de
Ayutla, son ocasionalmente conocidos como Plan de Acapulco. La intención
más obvia era hacer el plan todavía más obscuro con relación al tipo de gobierno que debía establecerse. Se eliminó toda mención de federalismo o
sistema federal, más bien, todo debía esperar los deseos del congreso constituyente que sería electo. 15
Con estos cambios Comonfort logró desligarse de la posición federalistaliberaJ, mientras que, al mismo tiempo aseguraba al pueblo que no habría
vuelta al status quo. La fórmula para someter la decisión a la asamblea representativa indica el carácter de Comonfort. Hombre de principios poco
firmes, podía aprovechar la corriente de la opinión pública por cualquier
lado que ésta se inclinara. Si el pueblo apoyaba las ideas de los liberales extremistas y deseaba una República Federalista, descentralizada, Comonfort
estaba listo para concederle su deseo. Si había una reacción contra el federalismo y el pueblo quería un régimen centralista, también él estaba de
acuerdo. Esto era claramente evidente en el artículo décimo de sus modificaciones en el cual prometía que los líderes de la revolución serían guiados
siempre por la voluntad popular.16
Aunque en sus modificaciones no demostró ningunos principios políticos,
hubo un cambio hecho por Comonfort en el artículo relacionado con los
poderes del Presidente que indicaba una posición auténticamente liberal. En
el plan original no había ninguna limitación a Jos poderes del Presidente
Provisional. En el Plan de Acapulco modificado por Comonfort el poder
del Presidente no podía usarse para violar los derechos individuales.
Otra indicación de la postura liberal de Comonfort, fue el cambio en el
preámbulo al afinnar que la:s "Instituciones liberales" serían las únicas. adecuadas para el país.11 El plan anterior había usado la palabra republicana
en lugar de liberal. Para los liberales extremistas, esta frase fue interpretada
como significando que sus ideas eran las indicadas para el nuevo gobierno
que se p.royectaba establecer, mientras que los hombres de opiniones más
moderadas creían que sus ideas de liberalismo en el gobierno eran las indi" lbid.
"'Jbid.
11

/bid.

u /bid.

516

cadas en el Plan de Ayutla, debido a la tradicional posición moderada de
Comonfort en asuntos políticos.
El Plan de Acapulco fue enviado a Alvarez y el 13 de marzo de 1854,
aceptó formalmente el mando de la revolución que se le ofrecía en el Plan
apoyando el Plan de Ayutla y sus modificaciones en el Plan de Acapulco.
Alvarez informó a su comandante en Acapulco que intentaba llamar a sus
fuerzas: El Ejército Restaurador de la Libertad.18
En la ciudad de México, Santa Anna estaba alerta a cualquier amenaza
a su poder. Sabía los peligros que para su prestigio implicaba, si dejaba impune una declaración de guerra del gobernador de un Estado. El 2 de marzo
había tomado medidas vigorosas para contrarrestar los esfuerzos de los de
Ayutla. El puerto de Acapulco fue cerrado y se ordenó a dos barcos de la
marina mexicana que lo bloquearan. Además se ordenó a una poderosa fuerza
militar que estuviera lista para marchar sobre Guerrero a aplastar la rebelión.19
Fue solamente lo remoto del cuartel General de Alvarez, separado de la
ciudad de México por dos cordilleras, lo que dio a los hombres de Ayutla
tiempo para prepararse para Ja confrontación con San ta Anna.
Mientras tanto en Acapulco, empezó la carrera para preparar la ciudad
para el asalto esperado. La importancia estratégica del viejo puerto colonial
era bien conocida para ambos antagonistas. Mientras los rebeldes retuvieran
Acapulco, tendrían acceso al mundo exterior y no podría cortárseles una
fuente de abastecimientos y de refuerz;os con la cual podrían continua.t la
guerra indefinidamente. Con el objeto de preparar la defensa y también de
poner la lucha sobre bases financieras sólidas, Alvarez como jefe de la revolución, nombró a Comonfort como principal agente financiero del mo.,;miento y lo autorizó para negociar un préstamo de $ 500,000. También fue
comisionado para comprar materiales de guerra y contratar artilleros experimentados, esto es, mercenarios extranjeros si fuera necesario, para la defensa del puerto. El antiguo administrador de la Aduana también fue autorizado para rebajar los derechos aduanales y las cuotas portuarias en AcapuJco en un intento de aumentar el comercio extranjero. Alvarez firmó el
nombramiento como comandante en jefe del Ejército Restaurador de la libertad.20
ill Alvarez a Comonfort, Venta Vieja, 13 de mano de 1854, en PORTILLA, La reuolución contra Santa A1zna, 56-5 7.
»&gt; Manuel Dublán a José María Lozano, Legislación mexicana; o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la indtpendencia de la república
910 vol., México: Imprenta del Comercio, 1877-1879), VII, 58-59: Siglo XIX, 4
de mano de 1854.
"' Alvarez a Comonfort, La providencia, 17 de mano de 1854, Colección Comonfort, Legajo 17.

517

�A pesar de todo ninguna de las medidas mencionadas pudo llevarse a cabo,
porque no había tiempo. Era aún dudoso que cualquier esfuerzo pudiera
preparar la indefendibJe fortaleza para Ja batalla. Era dominada por el lomerfo circundante y podía ser obligada a someterse por un bombardeo de
artillería bien situada. Había sido capturada y recapturada tantas veces que
era considerada insostenible. Una inspección reciente había revelado que costaiía 72,000 pesos renovar la fortaleza. Comonfort, en menos de un mes,
cerró las grietas que había en las murallas ocasionadas por el tiempo y los
daños de batallas anteriores. Montó los viejos cañones, no utilizados por
mucho tiempo, los probó y entrenó a las cuadrillas que debían operarlos. También construyó una pequeña fábrica para la manufactura del parque y Ja
pólvora necesarios. No teniendo tiempo para el cobro de impuestos o la
imposición de préstamos forzosos, Comonfort comprometió su fortuna personal, vendió algunas de sus propiedades próximas y gastó 50,000 pesos obtenidos de esa venta en la preparación de las defensas de Acapulco.~1
El Dictador, lejos en la ciudad de México, se mofaba abierramcnte del
levantamiento de Ayutla. Lo llamaba un disturbio de amotinados y lo eñalaba como un ejemplo del oportunismo político más bajo de parte de AJvarez.
Su hábil equipo de propaganda afirmaba que Alvarez había hecho un trato con
el filibustero francés Raousset de Boulbon, que se estaba preparando para
invadir México desde los Estados Unidos. Pero, aunque e mofaba de la
revolución e intentaba desacreditarla, Santa Anna tenia demasiada experiencia para subestimarla. Se preparó una fuerza de cinco mil hombres bien
equipados y el 16 de marzo de 1854, el presidente personahnente encabezó
la marcha hacia el estado de Guerrero para aplastar la rebelión.
Al acercarse el ejército del gobierno a las tierras bajas tropicales del Sur,
encontró su primera resistencia, escaramuzas con guerrillas, en los cruces de
los ríos Mescala y Papagayo. Los rebeldes no pudieron detener el gran ejército y los soldados continuaron su marcha llegando frente a Acapulco el
19 de abril, después de casi un mes de marcha. Las condiciones de la fuerza
atacante no eran buenas, pues los soldados estaban exhaustos después de la
larga marcha y los abastecimientos necesarios eran escasos. 23
Esperándolos dentro de las murallas de la fortaleza de Acapulco estaban
el coronel Ignacio Comonfort y 500 hombres recién entrenados. Las defensas
exteriores habían sido fortalecidas con la construcción de. cuatro fortines p equeños, llamados por los jefes de la revolución: Alvarez, Comonfort, Solís
La. revoluci6n contra. Santa. Anna, 71-75.
"' Siglo XIX, 16 de marzo de 1854 ; Hypolite Coppey, El Conde Raousset de
Boulbon en Sonora (México: Librería Porrú.a, 1962), 36-49.
,. PORTILLA, La revolución contra Santa Anna, 65, 70-71; JonNSON, Reuolution o/
Ayutla, 47.
"- PoRTJLLA,

518

y Moreno. Santa Anna intentó imponerse por medio de amenazas y farsa
antes de la acción. Exigió la rendición de la guarnición. La respuesta de
Comonfort fue declarar un estado de sitio, urgir a la gente a luchar hasta
la muerte y ordenar a los cañones de los fortines exteriores que iniciaran el
fuego.:u
AJ día siguiente, antes de amanecer, Santa Anna ordenó un ataque por
orpresa al fortín Solís por 900 hombres de la brigada de la Costa Chica.
Los defensores, a pesar de ello, no fueron sorprendidos y la lucha fue muy
reñida desde las tres hasta las ocho de la mañana. Comonfort estuvo enmedio de la lucha y en cierto momento él y su ayudante manejaron el cañón
del fortín Solís cuando habían muerto todos los artilleros. La batalla dio un
giro al amanecer, cuando Comonfort ordenó a una fuerza de 50 hombres que
se colocaran en la retaguardia de la fuerza atacante. Este ataque repentino
en la retaguardia desmoralizó tanto a las cansadas tropas de Santa Anna que
iniciaron una retirada precipitada, que pronto degeneró en desbandada. Los
defensores, encabezados por Comonfort, hicieron una salida en su persecución hasta que las fuerzas asaltantes llegaron a su campamento principal
en el lomerío arriba de Acapulco.
Después del fracasado intento de asaltar los fuertes, Santa Anna intentó
otra vez un parlamento. Envió al general Manuel Céspedes para que exigiera la rendición de la ÍOJ'taleza y de la ciudad. El verdadero propósito del
parlamento fue, no obstante revelado, cuando se sugirió que 100,000 pesos
podrían ser una compensación adecuada a Comonfort a cambio de su rendición. Comonfort rehusó la tentadora oferta, sosteniendo que había comprometido su lealtad a la causa de Ayutla y su honor no le permitía rendirse ni desertar.
Después del parlamento y su rechazo, los golpeados defensores de la ciudad se prepararon para otro asalto de las muy superiores fuerzas de Santa
Anna. Pero no se hizo ningún intento por principiar el sitio. No se emplazó
artillería, ni se enviaron patrullas para probar el estado de alerta de los defensores. De hecho, Santa Anna demostró poco interés en asaltar la ciudad,
después de su fracaso de comprar a Comonfort. EJ 24 de abril se informó
de movimientos de tropas, pero el Presidente en lugar de atacar simplemente
retir6 más el campamento sobre Jas colinas. Esa noche, una patrulla encabe7.ada por el capitán Juan Hernández perdió el contacto con las tropas de
Santa Anna y Ja siguiente mañana, al amanecer, descubrió el campamento
del enemigo abandonado. En el campamento estaban los cuerpos mutilados
de dos infortunados prisioneros que habían sido tortw·ados y ejecutados la
noche anterior. 25

La revolución contra Santa Anna., 74.
.. Comonfort a Alvarez, Acapulco, 17 de abril de 1854, Documentos Misceláneos,

~• PORTILLA,

519

�Con la batalla de Acapulco, se dio el giro favorable a la revolución de
Ayutla. Comonfort, haoia rehusado ser intimidado, amenazado y cohechado
por el poderío superior de Santa Anna. Con su ejemplo y espíritu había infundido en sus hombres la voluntad de resistir, luchar y morir si fuera necesario, por la causa de la revolución. u victoria, en cierta forma comunicó
el mismo espíritu al resto del país, pues probó que Santa Anna no era invencible. Su prestigio había strlrido un golpe mortal y otros hombres en otros
lugares del país se animaron a retar el dominio del dictador. Luis García de
Arellano al escribir a su amigo Valentín Gómez Farías le informaba que
algunas gentes en la capital comparaban la proclamación de Santa Anna de
victoria en Acapulco con la conquista de Moscú por Napoleón. Fue el primer paso en la destrucción del Presidente-dictador.26
El descubrimiento de los prisioneros ejecutados en el campamento abandonado de Santa Anna provocó la ira de los hombres de Ayutla. Como represalia, planeaban ejecutar dos soldados del gobierno que estaban prisioneros en una isla cerca de Acapulco. Sólo una voz se levantó en contra. Comonfort se opuso a 1a idea de hacer a hombres inocentes rehenes por un
comportamiento wbre el cual no tenían influencia. Hizo viaje especial para
ver al general Alvarez y rogarle por la vida de los prisioneros. Señaló que
era un acto de barba1ismo puro ejecutar hombres sin ninguna razón y le
hizo ver al viejo revolucionario, que para que el movimiento tuviera éxito
tenía que atraerse el apoyo de la gente respetable de todo el país. Insistió
en que este tipo de apoyo no toleraría derramamientos de sangre vengativos.
Como Alvarez estaba renuente a dar la orden contraria, Comonfort recurrió
a un chantaje moderado y exigió que los hombres fueran liberados como
un favor que se le debía por la exitosa defensa de Acapuko. Alva.rez finalmente aceptó de mala gana y los hombres con el tiempo, regresaron a la
ciudad de México en donde difundieron por todos los rumbos la fama del
hombre responsable de su escape casi milagroso. 27
Para entonces, la revolución que había comenzado tan bien, empe7.Ó a
Volumen 396 Biblioteca acional, México, D. F.; PoRTILL.~ La revoluci6n contra
Santa Anna, 77-83; CUEVA (ed.) Plan de Ayutla, 154; Jo:a-NSON, Revolution of Ayutla, 48 ¡ L. G. de Arellano a alentín Gómez Farías, México, 26 de mayo de 1854,
Colección Gómez Farías, legajo 56, Biblioteca Latinoamericana, Universidad de Texas,
Austin, Texas.
'" L. G, de Arellano a Valentín Gómez Farías, México, 17 de mayo de 1854, Colección Gómez Farías, legajo 57.
r. PORTil.LA, La revolución contra Santa Anna, 110-112, 176-178; Siglo XIX, 4 de
agosto de 1854; NtcETo DE ZAYACOIS, Historia de México; desde .su tiempo más remoto hasta nuestros días, escrita en vista de todo lo que de irrecusable han dado a luz
los más caracterizados historiadores... (23 vols., México; F. J. Ferres, 1878-1902),
XIII, 764, XIV, 13.

520

perder su empuje. Las dificultades financieras eran el principal problema.
Como dominaba solamente una zona pequeña del país y como esta región
estaba poco poblada, los impuestos potenciales no eran muy grandes. Además los abastecimientos que se habían capturado al iniciarse la revuelta, ya
se habían agotado. En una conferencia. precipitada con Alvarez, Comonfort
decidió ir a los Estados U nidos a tratar de negociar un préstamo para la
revolución. Salió de Acapulco en junio rumbo a San Francisco, California.
En esta ciudad que había servido de punto de organización para tantas expediciones filibusteras contra territorio mexicano, había hombres deseosos de
adelantar dinero a cambio de la promesa de grandes extensiones de tierra
libre cuando el movimiento tuviera éxito. Ya que Santa Anna había sido
criticado severamente por transferir territorio nacional, los hombres de Ayutla
no podían, en conciencia, hacer la misma cosa.
Como en San Francisco no pudieron consegtúr dinero bajo condicioneshonorables, Comonfort y su compañero de viaje, don Mariano Ortiz de
Montellano, hicieron viaje a Nueva York donde creían tener una mejor oportunidad de éxito. Al llegar en agosto, se desalentaron al descubrir que la
propaganda de Santa Anna los había precedido. Se habían circulado rumores que la revolución estaba encabezada por un jefe de bandidos cuyo único
propósito era la anarquía, el robo y el pillaje y los prestamistas rusponibles
habían creído estos rumores y se rehusaron a poner fondos a la disposición
de Comonfort y Ortiz.
Entonces, en el momento sicológico, cuando su misión parecía haber fracasado y que tendrían que regresar a México con las manos vacías, los agentes
de Santa Anna se pusieron, otra vez, en contacto con Comonfort y le volvieron a ofrecer un cohecho para que abandonara la causa de Ayutla. En
esta ocasión la oferta no era dinero, sino un puesto diplomático en Europa
en el lugar que él escogiera. La propuesta fue acompañada por las seguridades de crédito suficiente para que llevara a su familia con él y la estableciera en condiciones confortables. Comonfort rehusó esta segunda y más tentadora oferta de Santa Anna y se negó a seguir tratando con él. 28
El rehuir el cohecho pudo haber sido gesto vado, ya que hasta entonces
Comonfort y Ortiz no habían podido conseguir el préstamo necesario para
salvar la revolución. Cuando estaba a punto de abandonar la empresa y
regresar a México, Comonfort se encontró con un amigo personal, don Gregorio Ajuria, el cual pronto puso el dinero a su dispo ición. Para evitar la
confiscación de sus extensas propiedades en México, Ajuria hizo arreglos
para que el préstamo fuera a través de un intermediario, Juan Temple. Con
el dinero fue posible compra1· armas, municiones, uniformes y otro abas"' PORTILLA,

La revolución contra Santa Anna, 155-156.

521

�tecuruentos necesarios para los presionados revolucionarios en Guerrero. Un
barco cargado, fue enviado casi inmediatamente y enseguida Comonfort rentó el Bustamante, lo cargó con abastecimientos y zarpó rumbo a Acapulco. 29
Antes de salir de Nueva York, Comonfort, por medio de una hábil maniobra, logra para la Revolución de Ayutla un apoyo mu,y necesario y significativo de un grupo de exiliados liberales que residían en Nueva Orleans. Nombrando a Miguel María Arrioja como su representante personal, Comtmfort
lo envió a Nueva Orleans para ponerse en contacto con los exiliados y explicarles Ja estructura y propósitos de la revolución. El intento parece tuvo
éxito, ya que la mayoría del grnpo de Nueva Orleans, encabezados por Benito Juárez, aceptaron formalmente la Revolución de Ayutla y decidieron it
a México para tomar parte en Ja lucha y derrocar al dictador.ªº
El obtener el apoyo de tan importante sector de la opinión liberal extrema fue una proeza de un valor considerable para la revolución, ya que hasta
entonces, los extremistas o puros, com9 se les llamaba ocasionahnente, no se
habían unido al Plan de Ayutla. Tanto en México, como en el extranjero,
los liberales, consideraban que el movimiento de Ayutla era una aventura de
parte de Alvarez y estaba en alguna forma conectada con la expedición filibustera de Raousset de Boulbon. El tono moderado del plan no había interesado a los liberales, pero aparentemente sus conversaciones con Arrioja los
convenció de las posibilidades de éxito del movimiento. Es razonable suponer,
si se consideran sus actos subsecuentes, que éstos creyeron las seguridades que
les daba Comonfort, por medio de Arrioja, que ]a Revolución de Ayutla
podía convertirse en una verdadera reforma progresista para su país, si los
líderes intelectuales del partido liberal se unían a ella pronto y la ayudaban
a obtener la victoria que les diera derecho a estructurar el nuevo gobiemo.:n
Dos miembros del grupo de ueva Orleans, Melchor Ocarnpo y Ponciano
Arriaga, que se habían trasladado en el• mes de junio anterior a Brownsville,
Texas, con el fin de estar más cerca de México y ayudar a la revolución
desde ese sitio, recibieron de Arrioja un préstamo de 25,000 pesos. Ocampo
y Arriaga debían ponerse en contacto con el conocido filibustero, José Maria
"" Documentos registrados por Comonfort explicando el destino del préstamo obtenido de Juan Temple, Acapulco, 1 de febrero de 1855, Colección Comonfort, legajo
17; New York Times, 5 de septiembre de 1854; Contrato entre Comonfort y Hichcock
and Company, Nueva York 7 y J 1 de noviembre de 1854 ; Colección Comonfort, legajo 17; PoRTTLLA, La revolucwn contra Santa Anna, 150, JoHNSo , Revolution o/
A.yutla, 81-82.
"' Poder otorgado por Ignacio Comonfort al Lic. don Miguel Marfa Arri.oja, Nueva
York, 4 de noviembre de 1854 Colección Comoniort, legajo 17; JosÉ VALA.DÉs, Don
Melchor Ocampo: reformador de México. México: (Editorial Patria, 1954), 275.
"' Benito Gómez Farías a Valentín Gómez Farías, Londres, 30 de abril, 18 de
mayo, junio 30 de 1854, Colección G6mez Farías, legajo 5 7.

522

Carbajal, el cual encabezaría una expedición que invadiría a México desde
el norte. Este esfuerzo tenía como objeto distraer la atención de Santa Anna,
mientras Comonfort y Alvarez planeaban un intento para salir de Guerrero
y mover el centro de operaciones de la revolución a Michoacán y la región
central del país.32
Habiendo terminado exitosamente sú tarea en los Estados Unidos, Comonfort llegó a Acapulco el 7 de diciembre de 1854, con cinco mil rifles, varios
cañones y suficientes municiones y pólvora para levantar el ánimo decaído
de ]os hombres de Ayutla. 3 ~ Su llegada no pudo ser más oportuna, pues las
fuerzas del general Alvarez estaban retrocediendo ante los golpes de la nueva
ofensiva del gobierno, consistente en 10,000 hombres encabezados por el
hábil y experimentado general Félix Zuloaga. Ya el general Moreno había
perdido ]a batalla de El CalvarioJ cuando se agotaron las municiones de los
rebeldes y fueron obligados a retroceder.
Refuen:os encabezados por el general Alvarez y recién equipados con los
abastecimientos traídos por Comonfort, ayudaron a inclinar la balanza en
favor de la revolución. La brigada de Zuloaga fue rodeada en Nuzco y las
tropas veteranas resistieron un mes de sitio, pero el 8 de enero de l 855 decidieron desconocer al gobierno de Santa Anna y ponerse a las órdenes del
general Alvarez, comandante del ejército Restaurador de la Libertad. Con
este solo golpe, las fuerzas de Ayutla adquirieron 1,500 hombres, cinco piezas de artillería y muchas municiones. Zuloaga, que recientemente había sido
ascendido a general brigadier por Santa Anna, rehus6 seguir a sus hombres
y permaneció como prisionero de guerra. 3 -1
Con la defección de la brigada Zuloaga, terminó la segunda invasión del
gobierno al Estado de Guerrero, y las tropas regresaron a la capital sin su
jefe. Ahora era posible realizar una nueva y dramática acción. Las tropas de
la revolución eran suficientemente fuertes para iniciar la ofensiva. Ya no permanecerían a la defensiva, pues ahora teruendo seguros abundantes abastecimientos, amplios recursos financie.ros y una ola creciente de apoyo popular,
atacarí~ a las fuerzas del gobierno fuera de su centro de origen y extenderían 1a revolución. En el momento en que los líderes de la revolución
discutían cuál sería la mejor estrategia para invadir Michoacán en la región
central del país, fue por una coincidencia afortunada que representantes
de los clistinto grupos revolueionarios en ese Estado se pusieron en contacto
" CUEVA (ed.) Plan de Ayutla, 301, 307-308; Valadés, Melchcr Ocampo, 290.
"' Documentos que detallan l.as compras de Comonfort en Nueva York, Colección
Comonfort, legajo 17; Comonfort al Pueblo de Acapulco, en PORTILLA, La reuolución
contra Santa Anna, 160.
" PORTILLA, La revolución contra Santa Anna, 161-164; Acta de Adhesión, Nuzco,
18 de enero de 1855, en ]bid., Apéndice XIV.

523

�con Alvarez y le pidieron que les mandara un comandante. Había habido
tanta desconfianza entre ellos que ]es era imposible ponerse de acuerdo sobre
un comandante salido de ellos mismos. Por lo tanto, solicitaron que un fuereño uniera las fuerzas dispersas para la revolución. Comonfort se ofreció ansiosamente, pero en un principio Alvarez se rehusó, prefiriendo conservar
su hábil lugarteniente seguro en Guerrero ya que el movimiento de Michoacán todavía estaba desunido y débil y casi no habría posibilidad de abastecerlo desde Guerrero. Discutiendo largamente, Comonfort logró por fin imponerse a las objeciones del viejo jefe de guerrilleros~ haciendo ver que Michoacán, un estado rico y densamente poblado en el centro del país, podría
convertirse en nuevo centro de operaciones y entonces la guerra podría pele;use en dos frentes. Alvarez dio su consentimiento con pocas ganas. 35
Mientras Comonfort se estaba preparando para su expedición a Michoacán,
hubo un incidente que le permitió, una vez más, intervenir en favor de prisioneros condenados. A la gente de la brigada Zuloaga, que había abandonado el gobierno y dado cuando menos una alianza nominal al Plan de
Ayutla, le terúan desconfianza los hombres de la revolución. Se pensaba que
los antiguos soldados del gobjerno habían cambiado de bando sólo para salvar
sus vidas y que no eran realmente leales a los principios de la revolución.
Resentidos por la creciente dureza y crueldad con que Santa Anna trataba
a los rebeldes que caían prisioneros, muchos de los soldados de Alvarez empezaron a ver a los antiguos hombres del gobierno más como rehenes que como
compañeros revolucionarios. Como J"ebeldes podían 'stos, por lo tanto, ser fusilados en represalia por las bárbaras ejecuciones de rebeldes o sospechosos de
rebeldía por Santa Anna. Comonfort actuó rápidamente para evitar tal acto.
Llamó a los antiguos soldados del gobierno y les pidió que escogieran otra
vez entre Santa Anna y la revolución, asegurándoles que no tenían por qué
temer por el resultado de su acción. Más o menos la mitad de los hombres
indica.ron que no tenían ningún deseo de luchar contra sus antiguos camaradas que todavía estaban en el ejército aunque ya no sentían ninguna lealtad
hacia Santa Anna. Comonfort hizo arreglos para que se les liberara y pagó
su pasaje a San Francisco. Los hombres restantes fueron incorporados en la
división que, llevaría Comonfort en su campaña hacia el interior. 3 6
Por orden especial del general Alvarez, el general Zuloaga también acompañó a Comonfort a Michoacán como prisionero de Guerra. El oficial del
.. Alvarez a Díaz Salgado, Texca, 10 de abril de 1855, en GENARO GARciA (ed. )
La revolución de Ayu.tla segán el archivo del General Doblado. Vol. XX I de Documentos para la historia de México, XXVI, 71-72 ; PORTILLA, La revoluci.6n contra
Santa Anna, 205-207.
• ZAMAco1s, Historia de México, XIV, 14, 25-27 ; PoRTu.u, La revolución contra
Santa Anna, 110-112, 176-178.

524

gobierno fue puesto bajo palabra de honor por Comonfort y se le permitió
acompañar y mezc)arse con el estado mayor del comandante de la campaña,
más con el carácter de invitado de honor que como prisionero. Este tratamiento amable seguramente impresionó a Zuloaga, pero lo que le causó más
impacto fueron los esfuerzos de Comonfort para llevar normas civilizadas a
la guerra y eliminar las carnicerías sin sentido de prisioneros indefensos,
cortando las actividades de las bandas de guerri!Jeros que recorrían la campiña michoacana. El antiguo soldado del gobierno también decidió cambíar
de bando y el 26 de mayo de 1855 ofreció sus servicios a Comonfort y a 1a
Revolución de Ayutla. 3 '
Los esfuerzos de Comonfort para limpiar la campaña eran una verdadera
necesidad. En los estados de Michoacán y Guanajuato no había habido una
cabeza reconocida de la revolución y los préstamos forzosos, el pillaje y los asesinatos por venganza se realizaban sin ningún freno, pues había personas
que se aprovechaban de las condiciones inestables para implementar sus
propósitos inconfesables. Muchos de los jefes rebeldes eran poco menos que
bandidos- que se aprovechaban de las condiciones -inestables para saquear
las zonas rurales. No tenían deseos de abandonar su libertad como guerrilleros
independientes y mover sus fuerzas a las posiciones requeridas por la estrategia de la campaña final. Comorúort tenía que hacer frente al problema de
unrticarlos en un ejército bien disciplinado o cfuigir su pequeño ejército contra
ellos y ayudar a eliminarlos para que el movimiento de Ayuda no manchara
su honor con sus atrocidades y actos de violencia. Sin embargo su actuación
fue prudente y conciliatoria y el resultado final fue un éxito limitado al copvencer a los jefes individualistas que dominaran a sus hombres y acepta1-an
la disciplina del ejército Restaurador de la Libertad. 38
En una proclama al pueblo de Michoacán, e1 26 de mayo de 1855, el
jefe revolucionario los exhortaba a apoyarlo, en lo que profetizaba sería Ja
lucha final. A cambio de su cooperación, Comonfort empeñaba su palabra,
que los comandantes revolucionarios serían lo más cuidadosos posible en sus
demandas de alimentos y dinero y que todo aquel que hiciera donativos a la
revolución, recibiría un pagaré que podría ser cambiado por efectivo una
vez que hubiera terminado la guerra y los hombres de Ayutla hubieran establecido un gobierno provisional. 39
.,. Copia de la conversación entre Zuloaga y Comonfort, Tejamanil, 28 de mayo
de 1855, se encuentra en PORTILLA, La revolución contra Santa Anna, Apéndice XXIV .
.- Comonfort a Díaz Salgado, Las Balsas, 22 de mayo de 1855, Tejamanil, 1 de junio
de 1855, en GA'RCÍA (ed.)Documentos para la historia de Mb,ico. XXVI, 76-78,
82-84.
'" Comonfort al Pueblo de Micboacán, Ario, 26 de mayo de 1855, en PORTILLA,
La uvolución contra Santa Anna, Apéndice XXIII.

525

�En la ciudad de México, Santa Anna se inquietó una vez más por el aumento de la actividad rebelde de Michoacán, y decidió encabezar una expedición hacia ese Estado como lo había hecho el año anterior hacia Guerrero. Por lo tanto en Mayo, avanzó hacia territorio rebelde con un poderoso ejército. En lugar de hacer frente y luchar en condiciones muy desventajosas, los rebeldes utilizaron las tácticas evasivas de guerrillas que tan
bien conocían, desbandándose simplemente e infiltrándose hacia la campiña.
Sus concentraciones militares se disolvieron y no quedó ninguna señal del
ejército que Comonfort había organizado. Santa Anna no pudo encontrar enemigo con el cual luchar y particularmente a Comonfort, que era su objetivo primordial. Después de visitar algunas de las regiones amenazadas, ineluyendo el abandonado cuartel general rebelde en Ario, el dictador no pudo
hacer más que dejar guarniciones en las poblaciones mayores y regresar a
la ciudad de México el 8 de junio de 1855, sin haber hecho contacto con el
enemi_go ni haber peleado una sola batalla. Sin embargo, en un verdadero
estilo napoleónico, proclamó ruidosamente victorias sobre un ejército rebelde
al cual no había ni siquiera visto mientras que empC'laba secretamente los
preparativos para huír del país."°
En Michoacán , en donde la amenaza inmediata de la ciudad de México
e había evitado, Comonfort volvió a reunir sus fuerzas y procedió a la realización de su plan de acción. Su primer paso fue intentar agrandar su centro
de operaciones de Michoacán hacia el vecino estado de Jalisco. Llegando
frente a Zapotlán, el 21 de julio de 1855, Comonfort encabezó personalmente
el ataque a la ciudad fuertemente defendida, a las primeras horas de la
mañana del día siguiente. La guarnición hizo una resistencia valiente y decidida, pero sus esfuerzos fueron en vano, pues fue pronto abrumada por el
gran número y empeño determinado de los soldados rebeldes. Comonfort fue
el primero en llegar a la plaza principal y se dio cuenta del peligro para
la ciudad y para los soldados del gobierno supervivientes si sus todavía desordenados e indisciplinados hombres no eran dominados. El je[e revolucionario se situó fr nte a los rifles de sus propios hombres y evitó que asesinaran
a los prisioneros. Por medio de esta rápida acción, no sólo salvó sus vidas,
sino que salvó al pueblo de er saqueado por sus propios soldado .11

a Pátzcuaro con un ejército para detener la invasión de Comonfort al Estado
de Jalisco. El jefe militar santanista también llevaba otras órdenes más secretas. Tenía instrucciones de intentar ponerse en contacto con el jefe rebelde y tratar de negociar con él para que transfiriera su lealtad a Santa
Anna. La cantidad del soborno en este tercer intento no se conoce pues
toda la misión de Blanco fue un fracaso. Las deserciones en el ejército del
gobierno fueron tan numerosas que perdió su efectividad como fuerza de
combate. Sintiendo que el gobierno de Santa Anna se estaba desintegrando,
hasta los oficiares comenzaron a desertar, como las ratas proverbiales del
barco que se hunde:12
Mientras tanto, acontecimientos en el norte ayudaron a acelerar el final
de la lucha. Comonfort había planeado una distracción el otoño anterior
cuando arregló el préstamo para Ocampo y Arriaga, pero antes de que éstos
pudieran llevar a cabo sus planes, Santiago Vidaurri inició una revolución
contra Santa Anna en Lampazos, el 13 de mayo de 1855. Ocampo y Arriaga, habían enseguida hecho viaje a Monterrey a reunirse con Vidaurri y
ayudarlo a redaGtar su Plan de Monterrey, pero pronto regresaron a Brownsville, pues se dieron cuenta que no podían influenciar a Vidaurri en favor
de Ayutla. Pero el movimiento de Vidaurri, de todas maneras, sirvió par-a el
mismo propósito que el que había planeado Comonfort. El Ejército del orte.
como llamaba Vidaurri a sus fuerzas, pronto encerró a todas las fuerzas del
gobierno en el norte en Matamoros y Santa Anna perdió el control de la
mitad Septentrional del país.48

Con el objeto de encubrir sus preparativos para dejar el gobierno y abandonar el país, el Presidente envió al ministro de la guerra, Santiago Blanco,

El mes de julio fue realmente el principio del fin para la administración
de Santa Anna. La revolución que se había iniciado en el sur y se había extendido al centro y el norte, ahora estalló en el Este. Levantamientos en
Orizaba y Jalapa cortaron la comunicación carretera entre la ciudad de
México y Veracruz. El 7 de agosto de 1855 se detuvo al correo y se retiraron
despachos del gobierno. Aunque los funcionarios en la ciudad de México parecían no preocuparse, se iniciaron rápidamente medidas para facilitar el escape de Santa Arma y su familia. El fin llegó el 8 de agosto de 1855, cuando
el general mismo con una pequeña escolta de caballería abandonó la capital
y tomó el camino hacia Veracruz y el exilio. Antes de salir, Santa Anna escribió una carta de renuncia, nombrando a dos generales y un civil para tomar
su. lugar. Estos eran Ignacio Pérez y los generales Mariano Salas y Martín

'" Siglo XIX, 5-9, 15-16, 20, 23 de mayo, 5, 15 de junio de 1855 '. Po~TILLA, La
revolución contra Santa Anna, 215-219· MANUEL RlvERA CAMBAS, Histona moderna
y antigua de Jalapa y de las revoluciones del estado de V cracruz (5 vols .. México:
l. Cumplido, 1869-1871), IV, 542.
41 PoRTD..LA, La revolución contra Santa Anna, 225-227.

.e Siglo XIX, 3, 31 de julio, 1 de agosto de 1855; Valcntín Gómez Farías a Benito
Gómez Farías, orias, julio de 1855 Colección Gómez Farías, legajo 57.
" CtrEVA ( ed.) Plan de Ayutla, 309; Siglo XI X, 1, 5 de agosto de 1855; Casimiro
Gómez Farías a Valentín Gómez Farías, Matamoros 24 de julio de 1855, Colección
Gómez Farías, legajo 58.

526

527

�Carrera. Si por alguna razón no les era posible servir, los generales Rómulo
Díaz de la Vega e Ignacio Mora y Villamil los reempJazarían. 4J
Santa Anna había desaparecido, la Revolución de Ayutla había triunfado.
Pronto los ejércitos encabezados por Alvarez y Comonfort entrarían a la capital, el Congreso se reuniría y primero Alvarez, y después Comonfort serían
escogidos como presidentes. Se iniciaría la obra de redactar la constitución
progresista de 1857 y empezaría una nueva era en la historia de México. Esta
sería conocida como la Era de 1a Reforma, e Ignacio Comonfort, un administrador de aduana de Acapulco, relativamente desconocido, que había encabezado la revolución que dio origen a esta nueva era, jugaría uno de
los papeles más importantes en su desarrollo.

EL

1no FIDENCIO: UN ESTUDIO DEL CURANDERISMO
EN NUEVO LEÓN
DRA. BARBARA }UNE MACKLIN,

Traducido por Isidro Vizcaya Canales.
Instituto Tecnológico de Monterrey.

Connecticut College,
New London, Connecticut, US.A.

INTR0DUCCIÓN

ENFERMEDAD, POR DEFINICIÓN lleva un valor negativo y - sea cual fuere su
génesis- ha causado inquietud a todas las sociedades en todos los tiempos. Nuestros antepasados no tuvieron suficiente conocimiento empírico para controlar o eliminar el mal y no obstante los avances de la medicina moderna, la causa y cur~ de muchas angustias de Ja humanidad permanecen
eri el misterio.

.. Cartas escritas por Valentín Gómez Farías, México, 31 de julio de 1855, Colección Gómez Farías, legajo 57; Rafael Iglesias a Valentín Gómez Farías, México, 11 de
agosto de 185-5, Colección G6mez Parías, legajo 58; Siglo XI X, agosto, 7, 9 de 1855;
DUBLÁN y LoZANO, Legislación mexicana, VII, 552-553.

528

Cada sociedad debe preocuparse por la salud de sus miembros -los practicantes médico-religiosos, o como dicen los antropólogos, el Shatnan- fue
el primer especiali.s'ta que surgió en la historia de la humanidad. El conocimiento científico y la creciente secularización no han eliminado a tales
practicantes. Ellos continúan manifestando en todas las sociedades, una cultura nniversal. Esto podemos explicarlo en parte por lo siguiente: 1) . La
idea de que fuerzas desconocidas pueden intervenir para causar y curar enfermedades es muy vieja y persiste en los tiempos y culturas modernas. 2). El
conocimiento cientüico es a veces incapaz para diagnosticar con exactitud
padecimientos; o para prescribir curaciones efectivas. 3). Hay un importante
factor emocional en muchos padecimientos y ésta es la "región capital de
operación" del curativo religioso.1
Entre los casos considerados como milagrosos realizados por los santos principales y aún por los secundarios, ocupan lugar prominente los curativos. Hay
1

FaANR, JEROME

D., Persuari6n and Healing, New York: Schocken Books, 1961,

p. 37.

529
• H-34

o

�muchas curaciones oficialmente aceptadas y la fé curativa está generalmente
gozando un renacimiento, no solamente dentro de las religiones cristianas,
sino en todas las religiones establecidas y aún fuera de ellas. z

de la investigación científica. Pero deberemos principiar con una descripción detallada de nuestro sujeto, porque como Jo ha señalado William Blake:

o obstante, el practicante médico-religioso es encontrado universalmente
en las sociedades humanas, las técnicas U5adas, materia médica; y la procedencia del poder milagroso varía de grupo a grupo. Lo histórico, socio-psicológico y el medio ambiente económico influenciará el surgimiento de un
practicante, sus técnicas y prácticas y la respuesta de otras gentes a él. En
la América Latina, ha habido varias de esas personas, que captan la atención regional, nacional e internacional

Las formas ge1ierales tienen su esencta en particulares; y cada particular es un hombre.

A pesar de la enorme extensión geográfica cubierta por la rúbrica "América Latina' , muchos eruditos concuerdan en que es una sorpresa la homogeneidad cultural que se encuentra en ella. Por lo que, los curanderos latinoamericanos ( desde Tierra del Fuego hasta el sur de Texas en los Estados
Unidos) comparten algunos elementos en común, y no es sorprendente encontrarse con actitudes, creencias y prácticas circunstantes a los curanderos
en la América Latina, reflejando ciertas clásicas y populares creencias europeas -principalmente españolas- sobre medicina.
Algunas de estas personas notables, como San Martín de Por.res, han
alcanzado oficialmente su canonización. Otras son veneradas con las reverencias que se rinden usualmente a los santos, se refieren a él como tal, y
son tratados de esta manera. Tales individuos tienen referencia en la literatura antropalógica como "santos populares' .
Para enfocar y profundizar un poco más, es posible considerar el sur de
Texas, Nuevo León y Coahuila como una unidad, cultural e históricamente.
Encontramos que esta área, ha producido tres curanderos verdaderamente so-.
bresalientes durante el último siglo: Pedro Rojas ( "Tatita"), ?-1861 ; Pedrito Jaramillo, 1830-1907 · y Fidencio S. Constantino ("El iño Fidencio")
1898-1938. Practicantes con los más o los menos grados de efectividad y
reputación funcionan hoy en esta región y se cuentan por centenares.
Es en este contexto, en el que me gustaría examinar un famoso taumaturgo
de uevo León, El iño Fidencio. Por lo que le compararé brevemente con
otros del área cultural de Nuevo León-CoahuiJa-sur de Texas, además de
otras partes de la América Latina. Finalmente, trataré de mostrar qué comparte en común con )os géneros universalmente encontrados, curandero médico-religioso o shaman, para resumir generalizaciones válidas que es eJ objeto
• Por ejemplo, GEORG"&amp; DucA , "Lulherans Back Healiog by Faith", ew York
Times, 22 de octubre de 1966. El señor Dugan dice: "Sin publicidad, muchos clérigos
protestantes han estado practicando curaciones espirituales en la quietud de sus ca•
pillas y san tu arios".

530

Fidencio Síntora Constantino.
Como es de suponerse por los detalles acerca de una persona que durante
su propia vida es como una leyenda, hay muchas versiones contradictorias
sobre Fidencio, circulando impresas, así como en la tradición oral. Hay una
concordancia aparente en que nació en Yuriria, Guanajuato, el 17 de octubre de 1898; a la edad de seis o siete años, en compañía de su madre, se
trasladó a Irámuco, Guanajuato. El reportero J. de Bañuelos Macías 3 cita
a Fidencio como diciendo que: "él no era capaz de decir con precisión
dónde había ·nacido". Fidencio decía que su madre se llamaba Fidencia, y
que murió poco después de haberle dado a luz. En la misma entrevista Fidencio dijo: "yo no sé quién es o quién fue mi padre". Su padre permanece
como una figura en las sombras y los informes sobre éJ son muy variados.
Tradicionalmente, se considera a Fidencio como un "huérlano".
• El Sol, Monterrey, N. L. 30 de enero de 1928, p. 6. El Sol incluyó una carta
supuestamente firmada por Fidencio en Ja que él dijo: "Por medio de la presente hago
constar que el único periodista que hasta la fecha me ha platicado es el enviado especial
del periódico de Monterrey denominado El Sol.. . he plaócado con él por media hora".
Ya en prensa este articulo, la autora obtuvo el documento siguiente: "Al Margen.
Acta número 86 ochenta y seis. Derechos $ 0.25 cs. veinticinco centavos.- AI Centro.Constantino Ridencio.-En Irá.muco á las 3 tres de la tarde del día 18. diez y ocho de
Noviembre de 1898 mil ochocientos noventa y ocho. Ante mí Ciudadano Filibcrto
avarretc Agente del Estado Civil de este Pueblo compareció en la Oficina el Ciudadano Socorro Constantino oo indígena de 40. cuarenta años casado jornalero originario del rancho del Monte de los Juárez jurisdicción de Yuriria y vecino del rancho de las Cuevas de esta demarcación y dijo: que como a las 5. cinco de la tarde
del día 13. trece del actual naci6 un niño que lleva por nombre Fidencio Constantino
el cual presento vivo procede de Matrimonio Civil y Can6nico habido con su esposa
María Tránsito Síntora no indígena de 31 treinta y uno años originaria de Yuriria
Y vecina como el exponente. Es nieto el nacido por línea paterna de Rafael Constantino Y María Andrea f1ménez finados, y por la materna de Ignacio Síntora como
de 70 setenta años, casado jornalero y María Petra Ramírez finada. Fueron testigos
de este acto Tomás Delgado viudo y Luis López soltero ambos mayores de edad jornaleros vecinos de este Pueblo y sin parentesco con el registrado. Leída la presente
acta á los que en ella intervinieron con su oontenid.o fueron conformes firmando el
que supo. Doy fé.-Filiberto avarrete.-Luis L6pez.-Rubricados.- Es copia.-Filiberto Navarretc".-Rúbricas.-(Dirección General del Registro Civil y Prevención Social. Guanajuato, Gto., libro duplicado del Registro ivil de Irámuco, Gto.).

531

�I
{

Fue en Irámuco donde Fidencio conoció a Don Enrique López de la
Fuente, quien más tarde aparece como "padre adoptivo" de Fidencio. Don
Enrique declara que el nombre de la mamá de Fidencío era María del Tránsito Síntora de Constantino, y que Fidencio usaba la inicial S., del apellido
de su madre, antes que Constantino, en señal del amor y admiración tan
especiales que tuvo hacia ella.
Es evidente que Fidencio siempre se comportó como un niño. Don Enrique
dice que Fidencio pudo predecir con acierto el futuro de sus compañeros
, de escuela. Varios informantes hacen notar que después de obtener fama, Fidencio a menudo contaba acerca de los días de su niñez:
Fidencio decía que siendo él aún muy jouen, quedó con la completa
responsabilidad sobre un hermano -quien tenía tres o cuatro años de
edad-. En una ocasión que su hermano estaba muy enfermo y con una
temperatura muy alta, y Fidencio afligido y sin saber qué hacer, se
abrió la puerta y apareció un hombre. Este hombre le dió un libro,
diciéndole que ese libro contenía muchas curaciones y recetas que podían hacerse de plantas y hierbas. Indicándole a Fidencio que usara el
libro para curar a su hermano y no se preocupara. Buscó las hierbas y
las usó según las instrucciones, habiendo obtenido éxito en la curación
de su hermano. Más tarde se dio cuenta que el hombre que se había
aparecido ante él, tenía la posición del Sagrado Corazón de Jesús y que
era, sin duda, Jesucristo. Como mucha gente no cree en revelaciones
como ésta, Fidencio siempre que se encontraba entre extraños les refería como un "señor" en vez de llamarle Cristo.

Es por esto que los informantes opinan que empezó a curar desde muy
temprana edad.
Don Enrique expresa que él siempre sintió lástima por Fidencio cuando
ambos eran niños de escuela ( aparentemente, ellos cursaron el segundo o
tercer grado) . Parece ser que Fidencio era motivo de hostilidad por parte
de otros estudiantes, por razones no muy claras, y don Enrique repetidamente le defendía en contra de "un montón" de muchachos. Fidencio y don
Enrique salían siempre "muy mal librados". Don Enrique msiste en que Fidencio no era un cobarde sin recursos para atacar a otros o para defenderse
él mismo.
Durante los años 1905-1914, Fidencio acompañó a don Enrique a Michoacán, donde más tarde fue a parar por un tiempo en un ranchito de
su familia. Subsecuentemente, cuando don Enrique fue a Michoacán a trabajar, Fidencio le acompañaba y trabajaba como cocinero.
Por el 1914, la Revolución fue abarcando toda la República. Don Enrique
532

alrededor del 19, se unió a las fuerzas revolucionarias, dejando a Fidencio
en casa de lo~ López de la Fuente, en Guanajuato. La información del
período transcurrido entre 1914 y 1923 (cuando Fidencio apareció en Estación Espinazo, Nuevo León ) es particularmente vaga. Doña Trinidad, hermana de don Enrique, que estuvo en Guanajuato durante este tiempo, cuenta
que a Fidencio no solamente le gustaba cocinar y estar en la cocina, sino
que también se entretenía en otra clase de trabajos pero usualmente destinados al sexo femenino. Dos informantes expresan que durante este período
de nueve años, Fidencio se hizo a la mar como cocinero pero cada vez que
regresaba de un viaje iba a casa de los López. Doña Trinidad refiere que
su madre algunas veces se aburría de las continuas presencias de Fidencio
en su casa.
Le gustaba hacer todas las cosas propias de las mujeres, no solamente
cocinar. Hacía excelentes tortillas de mano.

Muy significativo de una consideración psicológica, es el comentario:
A él le gustaba mucho lavar las ropas de partera, muy sucias.

A principios de 1920, Fidencio recordaba a su viejo amigo de la escuela
Y preguntaba acerca de don Enrique, dónde se encontraba. Don Enrique
dijo que porque:
Allá en Gudnajuato todos los que estaban llegando, que habían sido
ubalternos míos, los estaban poniendo presos y los mandaban a la leuita
yo por gusto me deuoluí. (Es decir, a Espinazo, pertenecí nte al Municipio de Mina, uevo León).

De acuerdo con don Enrique, él mismo se estableció en Espinazo en 1916
ó 1917. Por la época en que arribó Fidencio en 1923, él dijo:
Yo tenía mis fábricas de mezcal, de uino, y en esos lugares, tenía yo
25 ó 30 familias trabajando.

Don Enrique también establece que él tuvo "varios negocios" en Ramo
Arizpe Y Reata (un pueblecito cerca de Espinazo). En este tiempo, don
Enrique aparentemente actuaba como admirustrador de la hacienda de Espinazo, propiedad de don Teodoro Von Wemich, un alemán con quien se
había encontrado en la Revolución. Voltaire ha dicho:
La Historia es únicamente, después de todo, la Opinión de los autores,
Y una montaña de injurias hacia aquéllos muertos.

533

�y ordinariamente los seres humanos no son inmunes a observaciones parcia-

les. Hay muchas discrepancias en las referencias dadas a la escritora. Don
Facundo de la Garza, qúe fue Diputado por el Distrito al que correspondía
Mina, demanda que Fidencio y Enrique no eran más que unos de tantos
trabajadores de Von Werních, y de donde vinieron, luego, a trabajar en sus
viñedos entre el 1923 y 1925. Fidencio, continúa este informante, trabajó
c-0mp cocinero, pero le gustaba mucho ocuparse como veterinario y curandero.
Curaba los animales con yerbas ( como la gobe,rnadora y el hojasé) y
tizne, miel de colmena y jabón. Todo eso hecho una cqtaplasma. Lo
aplicaba a los animales en la parte que tuviesen afectada y encima les
ponía una manta caliente.

Otros informantes han mencionado no sólo el cariño de Fidencio hacia
los animales, sino, también, su habilidad para curarlos. Es claro, entonces,
que Fidencio tuvo . una considerable experiencia práctica curando animales
antes que a seres humanos o indudablemente, al fin, tuvo algún conoéimiento empírico de medicina popular. Don Enrique deja establecido que
Fidencio secretamente había estado curando a las familias que vivían en los
alrededores de Espinazo, y que especialmente era solicitado como partero.
Esto parece que fue su especialidad, "su fuerte", y que él fue quien trajo al
mundo a todos los niños López de la Fuente (así como a muchos otros)
nacidos antes de su muerte.
Un día del 1925, don Facundo cerró su negocio cercano a Espinazo. Entonces, Enrique y Fidencio regresaron a trabajar a la hacienda de Von
Wernich. Sin embargo, Jas conexiones causales entre los eventos que dieron
fama a Fidencio no son inequívocamente claros, pues da la casualidad que
por este tiempo,

Fue en este tiempo, probablemente en el 1927, cuando se hizo la fotografía formal de Fidencio que es hoy profusamente distribuída. Ataviado con
un traje, camisa blanca y corbata, sus manos al frente, apoyadas en la
cabeza de un bastón, y el labio inferior caído en forma característica, Fi~
dencio aparece casi brusco por su entrecejo. De este tiempo en adelante,
Espinazo -así llamado por la apariencia de la sierra en frente de 1a cual
está situado-- ya no podría ser referido como "ese olvidado pedaw de
tierra nuevoleonesa".
No es cierto que el señor Von Wemich tuviera motivos suficientes para fomentar la carrera de F-idencio. Lo que es cierto es que sus esfuerzos por hacer
promoción hacia Fidencio fueron extraordinarios. Está bien establecido que
la hacienda tuvo ( por lo menos) una hipoteca y algunos informantes (tanto como los periodistas) creían que don Enrique y Von Wemich, los dos,
definían la situación como potencialmente lucrativa. Posteriormente, VOQ.
Wernich perdió la posesión de la hacienda.
Fue más o menos en este tiempo en que también Fidencio sufrió una decaída aparentemente considerable -aunque el origen de su padecimiento
no es enteramente claro-. Bañuelos Macías informa que Fidencio le dijo:
. . .presté mis servicios como peón de la hacienda de Espinazo, '.)I en
amplio perímetro encontré todo mi mundo . .. ¡Ya te podrás imaginar
lo que fué para mí que el dueño de Espinazo me "corriera" del trabajo
hace siete meses, solamente porque no pude desempeñar una faena
superior a mi.s fuerzas . . .! Me fuí por ahí, lleno de tristeza, pensando en
que me moriría de hambre, sin un amf!aro, sin un amigo, absolutamente solo en la vida. Precisamente el día en que me "corrieron" tuve
una alucinación: un señor alto, barbado, con un limbo luminoso en rededor de su venerable cabeza, se me apareció y me dijo: "Fidencio, ,
tú estás llamado a muy altos destinos. Y o pongo en tus ojos y en cuanto
sea tuyo un maravilloso poder curativo que servirá para aliviar a los que
sufren dolores físicos. Y o te un jo este poder divino solamente para hacer
bien a la Humanidad; solamente para que cures a los que sean dignos
de seguir viviendo, solamente para que cumplas con el sagrado precepto de 'consolar al que sufre', nunca para que medres con él ni mucho
menos para que beneficies a quienes beneficios no merezcan." Desaparecido el venerable anciano yo estoy seguro de que a partir de ese instante quedó en mis manos el poder curativo de q1ie he dado tantas y
fehacientes pruebas. 4

Stt

Se le mandó a Fidencio como unos quince o diecisiete mutilados por
una caída que había habido en una mina, La R eforma. Fidencio los
curó casi a todos y empezó la fama. (López de la Fuente).

Fidencio estuvo también atendiendo a Von Wémich para curarle una
fístula que padeció desde niño. El padre de Von Wernich que fue un doctor,
no lo pudo curar. (Variación: Von Wernich había sido herido en la Revolución y hubo testigos que vieron a Fídencio sacarle la bala que le ofend'r.a.)
Para mostrar su gratitud, don Teodoro le elijo a Fidencio:
T.e voy a regalar una propaganda en todo el mundo, que sepan lo
que tú eres.

534

~

Ibid.

535

�Es común que para tener validez el poder de curar, el llamado que viene
al elegido es en forma de una visión o sueño. Aparentemente esta fue, al fin,
la segunda vez que Fidencio había sido visitado por un ser sobrenatural, y
aunque él no lo identificaba en esta entrevista y se refiere a la figura sólo
como a un viejecito, Fidencio iba a tener encuentros con Jesucristo durante
su vida. Otra vez, en común con muchos líderes religiosos, sobresalientes,
su visión vino cuando estaba sin recursos, destituído, sin amigos o familia. Al
menos, como el mito avanza y siempre hay mucha más ficción, que en realidad sirve al lider carismático.
El pirul, árbol cerca del cual esta peculiar visita visionaria ocurrió, fue
considerado como una señal sagrada muy ligada a la creencia en Fidencio y
se le ha nombrado como "la catedral de Espinazo". "El Pirulito", la visita
y el sufrimiento de Fidencio han sido inmortalizados en muchas alabanzas5
compuestas para él. Así como el ciclo de historias que son repetidas siempre
que un devoto tiene la oportunidad de hablar de Fidencio. El árbol del pirul
es probablemente hoy la señal más venerada en Espinazo, aparte de la tumba
de Fidencio.
Hay una evidencia más de que Fidencio sufría, viene del famoso reportero
Femando Rarrúrez de Aguilar, mejor conocido por el seudónimo de Jacobo
Dalevuelta. Entrevistando al señor López de la Fuente casi en febrero de
1928, Dalevuelta le preguntó:
Dice la gente que ustedes le ( es decir, a Fidencio) golpeaban sin piedad;
que lo trataban como a un "arrimado", y que de allí viene su mansedumbre.
Don Enrique se desconcertó ante mi pregunta. Por algunos instantes
sólo produjo monosüabos. Después, reaccionando, dijo: "No es cierto.
Algunas veces lo castigábamo~; no lo golpeábamos".
l Y la historia del azote que hasta hace poco tiempo estuvo al pie
del pírul de la estación donde está la gente arrodillada?
"¡ Eso es m entira! ¿Cómo íbamos a pegarle al Niño con ese chicote?"
Porque cue1úan ahí las malas lengu(tS que Fidencio sufrió franciscanamente la crueldad de sus protectores.0

En cualquier caso, el sufrimiento es una parte integral de las leyendas relacionadas con Fidencio. Los cognoscenti dicen que si uno quiere entender
la labor del Niño, uno debe esperar y estar preparado para soportar también el sufrimiento. Los creyentes hoy repiten frecuentemente:

El camino del Niño es muy d-uro, muy duro. El Niño sufría y todos
los que quieren seguir su camino, tienen que sufrir.

Este aspecto de la vida de Fidencio se hizo notar en 1929 por la notable
antropóloga Anita Brenner:
Con mucha frecuencia se dice que el poder de Fidencio provenía
de su mismo Lugar del Dolor. El árbol bajo el cuµ/, lloraba y oraba,
donde le fue concedida la gracia de curar, ahora es como una reliquia
y un altar. V elas enterradas a su alrededor y suplicantes arrodillados
en sus raíces. Pero Fidencio no tuvo estas explicaciones. Él dijo: '"Aquellos que sufren tienen la Gracia de Dios. Por sufrimiento, la salud es
alcanzada y es necesario que así sea, porque aquellos que desean estar
bien, deben estar fortalecidos por penas y dolores". 7

De cualquier manera, aparece que por el 1926 ó 1927, Fidencio estaba
convencido de que había sido elegido por Dios, dándole el regalo divino
para curar a aquellos a quienes se debía dedicar.
Aunque el primer periódico con noticias acerca de la habilidad de Fidencio no aparece hasta cerca de enero de 1928, se refiere a él como "el famoso
realizador de milagros" (afamado, prodigioso, prestigiado) y claramente implica que sus aptitudes curativas ya le habían reportado prestigio. Una informante que aún vive en Espinazo, dice que ella había venido allí por vez
primera en junio o julio de 1927, acompañando a su padre, quien sufría de
una enfermedad en el esófago, y el Niño le alivió de esta enfermedad. El
siguiente artículo aparecido en El Porvenir también infiere que Fidencio era
ya bien conocido y estaba ejerciendo considerable influencia en el norte de
México:
"En esta época de fiebre por mnos prodigiosos, no podía quedarse
atrás esta región y a los niños 'Juanito' y 'Marcelito' de quienes se
ha hablado últimamente, viene a sumarse 'Niño Manue/ito' surgido en
esta ciudad hace pocos días, que ha empezado a curar a sus enfermos
emulando al afamado 'Niño Fidencio' de Espinazo". 8

Para fines de 1927, entonces, es claro que a los veintinueve años de edad
de José Fidencio Síntora Constantino, sus milagros y curaciones se han ve1

• Estas fueron compuestas durante su vida y otras nuevas se han venido adicionando al repertorio.
• El Universal, México, D. F., 20 de febrero de 19280 p. l.

536

BRENNER, ANITA,

Idols Behind Allars, New York; Payson and Clarke, Ltd., 1929,

pp. 20-21.
8

Entre líneas: San Pedro, Coah., 23 de enero de 1928. El Porvenir, Monterrey, N. L.,

25 de enero de 1928, p. 7.

537

�•

nido publicando ampliamente y su "don' válido por la visita divina. Él
ha desarrollado sus famosas técnicas de curación. Sin embargo, probó ser
un gran botánico, y sin ningún e~tudio, él conocía las propiedades efectivas
de muchas plantas y hierbas y parece ser que usó las mismas "medicinas"
para una gran diversidad de enfermedades. Evidentemente él consideró que
sus hierbas hervidas en agua (gobernadora es la que se menciona con más
frecuencia) surtían efecto para casi todo, pero especialmente para enfermedades internas; hizo una pomada a base de jabón, manteca y substancias de
plantas, para ser usada en heridas y problemas de la piel, así como para
otros casos; erigió un gran columpio en el cual mecía a los dementes, los
paralíticos y los mudos a fuerza de violentas sacudidas. Sus "curaciones generale • consistían en tirar desde lo alto -de una plataforma situada sobre la parte superior del sostén del columpio-- !ruta (manzanas, plátanos,
naranjas, tomates), tortillas y huevos a la masa de gente agrupada para la
curación. Cualquiera que fuese alcanzado por los desperdicios que él arrojaba se consideraba estar curado. Parece ser claro que aún cuando Fidencio
probablemente tuvo algún conocimiento empírico de curaciones, pronto tuvo mucha más confianza en su "regalo", y el poder de Dios trabajando a
través de él, que en su conocimiento. Conoció I poder de la fe y era freuente que preguntara a un paciente: ¿ tú crees que yo te pueda curar? y
a una 1·espuesta afirmativa, él replicaba: ' entonces tú te curarás". Sus cliagnósticos eran rápidos e intuitivos, con mucha confianza en sí mismo. El
paciente influido por ella y por su esperaD7.a, hacía esfuerzos de los que no se
hubiera creído capaz.
La influencia de Teodoro y Von Wernich. no se puede considerar mínima.
Es bien sabido que el alemán fue un espiritista muy instnúdo y que más
o menos desde 1900 tuvo mucha inclinación a las prácticas espíritas. Había estudiado las obras de Allan Kardec y Joaquín Trincado. El señor López
de la Fuente también asegura que don Teodoro fue un conocido de Francisco I. Madero y que juntos escribieron un libro sobre espiritismo. 9
Una informante afirma que Von Wemich venía muy seguido -casi diariamente-- a conversar con Fidencio. Aun cuando todos concuerdan en que
• Actualmente no tengo independientemente de esta versión, una evidencia para
sostenerla. Sin embargo, Madero estuvo muy influido por el pensamiento de Kardec. Después de su regreso de Francia, en 1890, Madero organiz6 grupos para
el estudio del espiritismo en CoahuiJa (esper.ialmente en San Pedro de las Colonias
y sus alrededores) habiendo sido él un representante en 1906 ante el Congreso de
Espiritistas en México, D. F. En 1925, Fidencio fue a San Pedro a visitar la tumba
de su hermano Buenaventura. Francisco l. Madero, "M.is Memorias", en An~es
del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, Ciudad de México, 1922.
Citado en STANLEY R. Ross, Francisco l. Madero: Aportle o/ Mexican Democracy,
ew York; Columbia Univcrsity Press, 1955, p. 19.

538

Fidencio no fue, estrictamente hablando, un espiritista, él tuvo considerable
contacto durante toda la última mitad de su vida con gente interesada y
bien informada a este respecto. Un hombre que conoció personalmente a
Fidencio elijo que él advirtió que El Niño era sumamente sugestionable y
que on Wemich fue un instrumento para convencerle de que él tenía un
poder extraordinario para curar. Otra persona que estuvo muy cerca de
Fidencio por años (de 1926 en adelante) advirtió que Fidencio tuvo la rara suerte para "ver' a Jesús Nazareno, y que:

"Una noche, como a la una o más tarde, cuando la mayoría de las
gentes se habían ido a dormir, Fidencio estuvo hablando con ms más
cercanos colaboradores, sus ayudantes. Él cabeceaba como si estuvíera
durmiendo, y cuando volvió en sí, dijo: ';esle lugar está bendecido,
especialmente, todos nosotros estamos bendecidos!' Nosotros conformes:
'Sí, Niñito, pero por qué dice usted eso, ahora'. 'Porque Jesús acaba
de pasar desde la puerta de la cQCÍna hasta esa ventana', respondió el
Niño Fidencio".
Una cerca de rejas marca ahora 1a ventana arnba mencionada en el amplio corredor que íue la clínica formal de Fidencio. L.a familia López de la
Fuente indica que Fidencio con frecuencia ahí se comunicaba con Jesús. Se
reporta que Fidencio decía que él no dormía mucho porque "se estaba comunicando con los espíritus", y directamente con Dios, durante las noches,
a fin de recibir el poder de curar y para que el que ya tenía, se renovara.
Mas después, Fidencio evidentemente estaba convencido de que su espíritu
podía dejar u físico y viajar a, otros espacios:

"Muy seguido Fidencio /1arecía dormitar ( cuatido estaba con un paciente o cuando estaba hablando con sus ayudantes, por las horas de
la madrugada), sus ojos cerrarlos, su cab.eza caída, entonces se despertó con un sobresalto, con un temblor, viendo a su alrededor como
para orientarse y dijo: 'Benditos H ermanos, perdónenme, tuve que salir para ayudar a fulano de tal'. Él diría que su espíritu andaba viajando y que, por ejemplo, tuuo que ir en auxilio de un marinero que
le había llamado para que le ayudase. Fidencio añadiría qtle el marinero 1:cndría a pagar su promesa. Y, seguramente, en tm mes o
algo así exactamente como Fidencio lo predijo, el marinero aparecw
en su traje típico~ a pagar su promesa al Niño'!.
Luego_ me referiré a las diversas influencias históricas que se apreciarán,
convergentes en un punto del tiempo, personificando en un ser como Fidencio. El espiritismo del siglo XIX es solamente uno de éstas .

539

,

,

�EJ Niño carismático estuvo haciendo sentir su influencia en todo Méxiet&gt; y
desde luego, Espinazo fue cambiando dramáticamente. Como la Dra. Brenner Jo indica:
" .. .un mesías, encarnación de los Dioses, otra vez ha aparecido. Cuando por el tiempo en que Obregón principió su última campaiia, vino
de ahí, de las montañas del norte, un indio quien toma sobre él otra
carga nacional... Una ciudad ha venido levantándose en el desierto,
al rededor de él en la hacienda de un alemán . .." 1 0

Por el 24 de enero de 19281 los milagros de Fidencio fueron ocupando los
encabezados de muchos de los más importantes periódicos en México. El
Sol llamó a Fidencio el Hipócrates rústico, y continúa que " tocado por la
mano de Dios, sigue haciendo estupendas curaciones y mitigando los dolore
de los enfermos" ..n
Un representante de El Sol estuvo entonces enviando diariamente historias
de la vida en esta "Meca fyiexicana'', reportando no solamente sus observaciones actuales sino también rumores de los éxitos de Fidencio. Ya antes los
reporteros imaginativos estuvieron refiriéndose a Fidencio como el vidente,
el taumaturgo, el Elegido por el Hacedor.
El 30 de enero de 1928, El Sol corrió Ja consabida 'única entrevista con
el taumaturgo"., incluyendo la ahora famosa fotografía encargada por Von
Wernich. Macías Bañuelos de El Sol asegura haber sido éste "el único retrato del célebre curador, publicado hasta la fecha". El lo. de febrero, se
estimó que 7,000 gentes estaban en Espinazo esperando recibir atención de
Fidencio y más enfermos estaban llegando diariamente. Su reputación se
fue elevando por los rumores de que altos funcionarios de todas partes de la
República estaban esperando consultarlo. Se dijo también, que el Rey Alfonso XIII de España estaba planeando un viaje para conferenciar con este
mesías de la actualidad. Estos rumores no pudieron ser ni confirmados ni
denegados, ya que estos dignatarios vendrían viajando de incógnito. Pero los
visitantes famosos de Fidencio no iban a permanecer en la región del rumor
y la fantasía
El 8 de febrero de 1928, ocurrió el evento más importante en la famosa
carre¡a de Fidencio. El Presidente de la República, Gral. Plutarco Elias
Calles, visitó Espinazo.12 El Gobierno, así como también el público en ge1
• ANlTA BRE NER,
"Mexican Messiahs", The Nation, vol. 127, p. 267 ( 19 de
septiembre de 1928) .
ª El Sol, 25 de enero de 1928, p. 6.
11 La Prensa, San Antonio, Te,c., 18 de febrero de 1928
p. 3. Este periódico en
la lengua castellana, tomó la ocasión para criticar al Presidente de México, diciendo

540

neral, se intranquilizaron por el número de gente enferma que se congregaba en Espinazo desde todas partes de México. Los encabezados de los
periédicos anunciaron: "el charlatanismo es alannante en Coahuila" 13 y
habfa mucho temor por la viruela y otras epidemias en el norte del País,
inducidas por la situación. El Porvenir u reportó que "los enfermos están
regresando decepcionados de los dones curativos del Niño de Espinazo", y
que la inquietud crecfa por la rapidez con que va aumentando la proporción
de muertes en la población. El Porvenir y El Sol publican que Fidencio pidió una audiencia con el Presidente:
"Constantino, el lunes de esta semana, telegrafi6 al señor Presidente,
rogándole que si sus ocupaciones se lo permitían, pasara a Espinazo en
viaje de visita". 16
y

"Estuvo en Espinazo el Sr. Gral. Calles. El famoso 'Niño Fide11cio'
aprovechó su presencia para solicitar 'garantías'." 16 (Es decir, para que

no se le fuera a aprehender por sus prácticas curativas).
Un oficial del municipio de Mina, quien formó parte de la comtSion de
recepción a Calles, informa que después de que Fidencio y Calles conferenciaron por un rato en el famoso "tren olivo presidencial", Calles fue con
Fidencio a la escuela, la cual servía como su cünica. Evidentemente, los dos
estuvieron a solas por algún tiempo, y el Presidente, cuando volvió a salir,
no estaba vestido con sus propias ropas, sino que portaba una de las largas
y amplias túnicas de las que el mismo Fidencio prefería usar.
Un testigo ocular 17 nos dijo que Calles y sus acompañantes: Gral. Juan
Andrew Almazán, el Gobernador Aarón Sáenz y "ob·os militares", tomaron
el brebaje medicinal que Fidencio les brindó. (Aunque el oficial antes mencionado cree que aquellos acompañantes de Calles en esta visita no dieron
ningún crédito a Fidencio con sus cu.raciones, y bebieron sus preparaciones
que "El Presidente Calles, de cuya pobrísima cultura ya nadie podrá dudar después
de su viaje a Coahuila. . . ha elevado basta lo indecible el prestigio de este rudo
curandero. Muy grande debe ser el poder misterioso que ese ser sobrenatural tiene
para curar toda clase de enfermedades, cuando el mismo Presidente de la República
ha ido a ponerse en sus manos".
1&gt;
,. El Porvenir, 16 de enero de J928, p. 7.
0
'"' El Porvenir, 9 de febrero de 1928, Sección TI, p. l.
" El Sol, 9 de febrero de 1928, p. l.
J ,. El Porvenir, 10 de febrero de 1928, p. 5.
" El Sol, 10 de febrero de 1928, p. 6: "Yo lo divisé por una ventana".

541

�como por broma, es de interés notar que subsecuentemente, una hija y una
hermana de Calles vinieron para ser tratadas, al igual que una hermana
del Gral. Obreg6n, y otras prominentes personas).
Por supuesto, la visita de Calles dio aún más prestigio a Fidencio, proveyéndolo con mucha publicidad. De la estimación de 7,000 personas en Espinazo en febrero, el número de peregrinos que venían a la Meca del Dolor
ascendió en marzo a un máximo estimado en 30,000. La gente vino por diversas razones. Algunos vinieron para ser curados, acompañados por uno
o más miembros de la familia; un observador estimó que alrededor de 10,000
eran enfermos y la mayoría de los otros 20,000 eran acompañantes de ellos. De
seguro unas pocas gentes llegaron solamente por curiosidad, meramente para observar. Pero cuando una villa crece casi de la noche a la mañana de
100 o algo así de habitantes a 30,000 o más, inevitablemente, muchos problemas acompañan tal crecimiento. Todavía para el fin de enero de 1928,
había un verdadero río de gente fluyendo en Espinazo. Algunos ya tenían
ahí hasta quince días 1 8 sin que les fuera posible consultar personalmente con
él, pero sí habían sido tratados en una "curación general", sesiones por las
cuate ya era famoso Fidencio. Luego la gente hubo de esperar semanas para recibir atención personal. La paciencia de Fidencio era asombrosa; permanecía curando por espacios de 40 a 60 ó 70 horas sin tregua, en su intento
de hacer frente como un principio individual con su siempre creciente clientela.
Él suplicaba a través de artículos periodísticos que ya no vinieran más
gentes a Espinazo. Tal fue el éxodo desde otras áreas de la República que
un corresponsal apunta:
"En las principales poblaciones del nOTte se han clausurado últimamente uarias droguerías y bóticas, pues sus dueños, han estimado muerto el negocio de hace tres m eses a la fecha. Algun0s médicos también
han experimentado la falta de enfermos".19

Fidencio, el indiuiduo.

¿ Quién era Fidencio en sí mismo, cuya meteórica carrera dio lugar a este
éxodo? Cuando se pregunta a los miembros de su familia adoptiva y a tantos que le conocieron en persona, uno oye más de Fidencio el de leyenda
que Fidencio el individuo. ¡Ellos han hablado tanto de él! Hay muchas
fotografías interesantes y cientos de éstas son favoritas entre la gente y ven.,. El Sol, 1o. de febrero de 1928, p. 6.
•• El Porvenir, 15 de febrero de 192'8, p. 7.

542

elidas por millares en Espinazo durante las fiestas anuales celebradas en honor de Fidencio. A las fiestas de octubre (son para conmemorar sus aniversarios de nacimiento y muerte, el 17 y 19, respectivamente) aún acuden cerca de 5,000 gentes durante el período de cuatro días, y hacen que Espinazo
aparezca como lo fue en 1928. (He sido informada que este número fue
ligeramente aumentado en octubre de 1966, probablemente como resultado
de una serie de artículos sobre la vida de nuestro sujeto, aparecidos en el
magazine semanal Alarma, de México, D. F., durante los meses de junio
y julio del año que se menciona). Unos cuantos menos vienen el 19 de
marzo para celebrar el día de San José, patrón de Fidencio, y un día de
gran celebración durante la vida de él.2°
Todo parece indicar que Fidencio era de una naturaleza pasiva y dependiente. Ya he mencionado que un informante describe como que él era altamente sugestionable. Siempre se le presenta como "rústico, sencillo e inocente' . Por Jo que parece no haber duda sobre su bondad y sinceridad,
aún entre aquellos que son completamente incréduJos acerca de su habilidad
para curar. Siempre se hace mención del hecho de que él nunca hizo distinciones de clases sociales y las_ historias repiten Ja forma en que humillaba
a las personas ricas a quienes consideraba que tenían un orgullo mal fundado en sus posesiones materiales. Él es supuestamente, el autor de la expresión emblasonada sobre la puerta de la que fue su clínica:
"No son pobres los pobres; no son ricos los ricos; sólo son pobres los
que sufren un dolor''.

Tres observadores, por separado ( todos con instrucción profesional en medicina o leyes) aplicaron la palabra "retrasado" al describir a Fidencio. La
mayoría concuerda en que no era un locuaz. El Lic. Guajardo es de la
opinión de que Fidencio casi siempre tenía una expresión de abstraído porque estaba seguro de su don divino. Era infatigable en su devoción de curar, haciendo esfuerzos sobrehumanos en su empeño de cumplir con la que
creyó su misión. Cuando se sentía muy cansado o disgustado, Fidencio lloraba. Muchas veces dijo que él había sido ordenado por Dios para curar,
y que no podría hacer nada más. Pero que deseaba morir y no moría.
El poder de Fidencio para adivinar es muy discutido y es asegurado en
muchos casos. Un caso muy conocido establece que un empleado de gobierno
venía trayendo un frasco de veneno para Fidencio. Cuando ya se aproxi'" Fue el fracaso de Fidencio el no aparecer para la "curación general" a la que
se había hecho una amplia publicidad y que debi6 de celebrarse el 19 de marzo de
1928, eso contribuyó a una pérdida inicial de confianza en su poder. Esta desaparición se ha inmortalizado en una alabanza muy popular.

543

�maba, Fidencio dijo a la gente : "hagan lugar para que pase el señor Fiscal,
él trae un frasco de veneno para mí". Fídencio le pidió el frasco, tomó de
él y nada pasó. El empleado quedó sorprendido de que Fidencio supiese quién
era él, y advinara la misión por la que había venido. Le pidió perdón a Fidencio y éste le dijo: "Estás perdonado".
Una descripción de Jacobo Dalevuelta es- notable por sus detalles y objetividad:
"Su aspecto es el de un sencillo muchacho, el de un pastor de chivas,
de aquellos que no conocen ni el bien ni el mal; que han vivido bajo
el sol y bajo la lluvia. Cuando le vi por la primera vez, estaba intensamente pálido y tenía sus ojos hundidos. A cada instante dejaba caer
el lado izquierdo del labio inferior . .. tiene un aspecto de hombre bueno.
Su mirada es de infinita bondad y de dulzura. Vive como los niños,
habla como los niños''. Y agrega que: "él es un muchacho de pocas palabras, musculoso, amarillo de color, con una vista sencilla". 21

Sin embargo, muchas son las explicaciones que circulan acerca de por
qué se le llamó siempre El Niño. Está allí, otra vez, la concordancia general
de que en todas sus actitudes, conversaciones, juegos y bromas, Fidencio
era como un niño. Él mismo dijo que nunca había "conocido" una mujer,
y que su misión era auxiliar a toda la humanidad; añadía que perdeóa
su poder si no permanecía puro, o si cobraba por sus curaciones.
Claramente fue muy aficionado a la actuación y era algo así como un
'
.
músico autodidacta.
Preparaba funciones para presentarlas en el escenano
que aún existe en el salón que era su clínica. Todas las noches durante
la Cuaresma, con un grupo de sus asistentes, presentaba la Pasión de Jesucristo, asumiendo el papel princpial. Para estas presentaciones, se elaboraban disfraces y los participantes usaban pelucas hechas a mano con cabello
de personas, estos atavíos aún se conservan y están bajo el cuidado de la
familia López de la Fuente. Ellos tienen también algunas de sus largas y
amplias túnicas hechas de terciopelo y seda de calidad muy fina, decoradas
con lentejuela. 22
" El Universal, 19 de febrero de 1928, p. l.
" Varios miembros de la familia adoptiva han dicho que, aún cuando Fidencio
~vo órganos sexuales masculinos, éstos no fueron muy desarrollados. Si este es realmente el caso he ahí un elemento primordial orgánico para su falta de madurez
en su persona1idad, así como otras manifestaciones de comportamiento extraordinario.
Muchas de las fisonomías de su desarrollo físico y social se adaptan a la llamada
sindromia de Klinefelter, descrita en un artículo por ]AMBS N. KvALI!. Y JACOB R.
FrsHMAN, "The Psychosocial Aspects of Klinefelter's Syndrome", Journal of the

544

Su pueril sentido del humor se conoce por las siguientes anécdotas:
'Ocasionalmente Fidencio apenas tomaba un par de tijeras y le cortaba el cabello al primero con que se encontrara y con completo descuido. Algunas veces las mujeres estaban muy apenadas por la forma
en que se les miraba el cabello, que mejor usaban turbatites hasta que
les volviera a crecer'' .

Por lo visto a él le divertía mucho que se le tomaran fotografías y hay
literalmente, cientos de fotografías asequibles, de las cuales en muchas se
puede inferir acerca de su vida durante la famosa década. A Casasola, el
fotógrafo acompañante de Dalevuelta, le fue permitido tomar fotografías de
Fidencio, quien después le advertla: " ...si no me das una; una por una serán borradas '.23
El señor Carrillo cuya negociación de fotografías aún existe en Saltillo,
y cuya madre fue y es muy devota de Fidencio, tomó muchas fotografías
durante esta época, incluyendo algunas dw-ante el proceso de embalsamamiento después de la muerte de Fidencio. Él aclara que la mayoría de las
poses fueron ideas de Fidencio. En algunas Fidencio está posando como
Jesús: cargando con la cruz, usando su peluca de cabello largo, simulando
la crucifixión. Fidencio evidentemente se creía él mismo muy semejante
a Jesús, y muchos de sus seguidores le veían como completamente idéntico.
Varias de las alabanzas se refieren a él como el Niño de José y María.
Predijo que m01iría cuando completara la edad a la cual Jesús murió, pero
él vivió por varios años más.
Su identificación con Jesús quería ser profunda. Hasta la fecha, la mayoría
de las gentes en Espinazo y aquellos que asisten a las dos fiestas anuales insisten en que, de no haber sido por la intervención de don Enrique, quien
ordenó se embalsamara el cuerpo de Fidencio, éste habría resucitado después de ti-es días. Dos personas que alegan haberse e.scondido para poder
ser testigos oculares de la "autopsia' declaran que sangre tibia y roja fluía
del cuerpo de Fidencio cuando se le hundió el cuchillo para principiar a embalsamarlo.
Otro aspecto de su personalidad es de interés: el grado de identificación
femenina observado en la vida de Fidencio es notable. Algunos insisten que
ésta fue más parecida a la de un niño, que femenina, pero permítasenos
examinar los hechos: siempre le gustó hacer trabajos propios de las mujeres,
American Medica{ Association, 193 : 97-102, 16 de agosto de 1965. Hasta dond e yo pueda
determinar, de cualquier modo, nunca hubo oficialmente un examen físico de Fidencio, antes o después de su muerte, y uno, sólo puede especular sobre este punto.
" El Universal, México, D. F ., 16 de febrero de 1928, p. l.

545
e H-35

�como hemos visto, y lo hacía extraordinariamente bien. López de la Fuente
dice que Fidencio no sólo fue un buen cocinero, sino que cuidaba de la
limpieza y arreglo de la casa, la cual dejaba flamante. Ulises, el hijo de
don Enrique, dice que cuando su propia madre murió poco tiempo después
de su nacimiento en 1922, don Enrique le puso bajo el cuidado de Fidencio.
Ulises continúa: que el término familiar que él siempre usó para Fidencio
ft\e "mamá". Otra irúormante confirma esto, independientemente, y dice
que la respuesta de fjdencio fue siempre: " sí, mi hijo".
Un relato posterior asienta que en 1937, hubo dos jóvenes de aproximadamente 16 y 17 años, a quienes Fidencio recogió y que ellos siempre se
refirieron a él como "mamá". 24
Todos lo aceptaban como una partera excelente, un papel de Jo menos
usual para un hombre. Una de las más famosas fotografías de Fidencio
es en la que él asume la pose del S¾orado Corazón de Jesús, vistiendo una
túnica y enmarcado por los rayos de luz usualmente asociados con la Virgen de Guadalupe. El título de esta fotografía que circula comerciahnente,
es "El Niño Guadalupano". . . Cuando Fidencio necesitaba ausentarse de las
masas de gente que esperaban ser atendidas por él, tenía que disfrazarse,
pero siempre usaba vestidos de mujer para su escape. Varias gentes q~e le
conocieron dicen que tuvo una propensión a vestirse con atuendos fememnos.
J. de M. Bañuelos Macías nos dice:
"es de estatura más que mediana, posee un timbre de voz atiplado ·
y punto m enos que femenino; a primera vista parecen amanerados sus
ademanes y sus posturas, pero siguiéndolo de cerca como lo he seguido
yo, se llega al convencimiento de que es un hombre sencillo, humilde. .." 2s

El artículo de Hoy publicado en 1937 también habla de una conversación con Fidencio, indicando que tenía "voz atiplada", no obstante sus años.
Otro informante, que no consideró que los gestos o acciones de Fidencio fuesen afeminados, asegura que su cabello siempre estaba bien arreglado y perfumado, y en varias ocasiones usaba una flor sobre una oreja. Que los "peinados" y flores eran resultado de las atenciones que le brindaban algunas
de sus admiradoras, pero desde luego, él lo permitía. La mujer que ocasionalmente actuó como su peluquera por casi un año, recuerda que muchas veces él puso un peine en peróxido de hidrógeno y agua, y luego arreglaba su pelo con esta solución. El color de su cabello fue cambiando, apa" Hoy, 1937, México, D. F., p. 60.
:11 El Sol, 30 de enero de 1928, p. 6.

546

reciendo más claro. La gente diría, "mira, como un santo", y él estaría conforme pero esto sólo era una broma para la "gente tonta''.
En 1928, estaba muy delgado, pero cerca del 1930 ya había ganado un
considerable peso; 26 y para su muerte en 1938, pesaba 93 kilogramos.
Aunque su certificado de defunción dice exactamente que murió de "fiebre" es claro de muchos cuentos que para 1935, Ja gran cantidad de horas
de trabajo, comidas y sueño irregulares, le estaban causando un gran perjuicio. El Dr. Chapa (de quien más adelante haré referencia) retornó a
Espinazo en 1936 y dice que había un cambio muy marcado en la apariencia
de Fidencio:
"En este tiempo me identifiqué como un doctor, y le advertí que
consultara, para él mismo, con un doctor. Su apariencia era completamente la de una persona gravemente en/erma. Aún cuando no tuve
la oportunidad para examinarle, me pareció que sufría una profunda
anemia. Fidencio respondió que él comía y dormía bien, y que se sentía
perfectamente".

Es la creencia de muchos, que Fidencio comía con dificultad, y prefería
líquidos a comida sólida, que porque la figura de un crucifijo estaba incrustada en su paladar. La gente q1,1e supo de esto, le pedía a Fidencio presionara un pedacito de cera contra su _pal~, a fin de tener como una
reliquia esta marca de suilivina elección.
Esta característica física tiene un significado muy raro, como podremos
ver. También se me dijo que algunas veces uno podría distinguir un cáliz
en uno de sus oios I. en el O!;rQ ~ - custodia. Pero ¿qué hay sobre la
"Meca Mexicana" creada por este extraño hombre?
Espi,nazo, 1928.

Chozas mal construídas de sábanas, madera y cartón de cajas, se levantaban para alojar a los enfermos. Muchos traían consigo sus propias tiendas de lona, y muchos otros estuvieron viviendo en los quicios de las puertas.
Un grupo de hombres de recursos formaron la "Compañía Constantino de
Esp.inazo" , comisionada para levantar cien habitaciones en un mes y acordando que éstas serían rociadas dos veces diarias con creosota. 27 Eso fue
un optimismo considerable en lo referente a negocios; algunos creyeron que
finalmente s-e convertiría en una ciudad de real importancia en el norte.
,. Esto es también en relación con el progreso de la sindromia de Klincfelter.
" El Sol, 4 de febrero de 1928, p. 6.

547

�El Reportero continúa que: la gente comía tan bien como en los mejores restaurantes de Monterrey, pero lamentaba no haber podido conseguir
una Carta Blanca o Bohemia para mitigar su sed. (Fidencio no permitfa
cantinas).
Más tarde se reportó que para los miles de gentes, no se disponía más
que de diez regaderas (las cuales eran rentadas al público por el precio de
tres pesos e1 baño) .211
Se abrieron calles con nombres, la más amplia y principal de estas arterias fue nombrada Fidencio S. Constantino; otras fueron ]]amadas: Oaxaca,
Monterrey, etc. "La gente bautizó según su apariencia, los barrios que se
fueron formando en la Ciudad del Dolor. Había Barrio de Peralvillo, Barrio de Balbuena, y también hubo Colonia Roma". 29 Una película fue hecha por Pathe, con tomas en Espinazo, y fue titulada "El Campo del Dolor".
Anunciada como ,tla sensacional película de gran actualidad", con fotografías "que describían la vida y curaciones de este prodigioso taumaturgo",
la película ocasionalmente -y algo incongruente- fue exhibida en unión
de "La Reina de la Moda" y "La Flama Mágica", cuyas estrellas eran aquellos favoritos de Una Noche de Amor, Ronald Colman y Vilma Banky.
Según el espectador, Espinazo producía las más diversas impresiones.
Algunos se referían a él como la Meca de la Salud, al mismo tiempo,
otros estaban describiendo la situación como verdaderamente "dantesca", el
ambiente viciado, "en ese montón de miserables barracas".
En general, El Porvenir concede menos espacio a los eventos en Espinazo
y tiende más a hacer crítica de la situación, que El Sol. Don Teodoro Von
Wernich demandó en El Universal la ruda actitud de El Porvenir al atacar
a Fidencio; y agradecía a El Sol fuese capaz de "rectificar" estas incorrectas
informaciones.
Muy pocos crímenes ocurrieron en Espinazo durante el reinado de Fidencio, en parte por la devoción a él y en parte por temor a su clarividencia.
Como un informante observó, "Fidencio fue el sacerdote, el policía, el padre y todas las cosas para la gente allí. Todo lo que tú tienes con una familia, él lo representaba; ellos no necesitaron de un policía, porque todos
le obedecían". Dalevuelta confirma esta opinión:
"No hay crímenes en Espinazo porque todos los habitantes atribuyen
al Niño Fidencio poder sobrenatural, y creen que él sabría de cualquier ofensa y no sólo rehusaría wrarles, sino también exponerlos públicamente".30
"' La Prensa, San Antonio, Tex., 6 de abril de 1928, p. l.
'" El Universal, 16 de febrero de 1928.
., F,t Universal, 9 de mar7,0 de 1928, p. 6.

548

La presencia de Fidencio promovió la actividad comercial en todo el norte
de México y no podrá ser negada. Un observador agriamente afirmó: "Se
calcula que el número de gente enferma residiendo en dicha Villa es solamente el diez por ciento del número de mercaderes que han establecido
sus negocios. Hay 82 vendedores de carne al por menor, el doble de ésos
en tiendas de abarrotes al menudeo y numerosos almacenes donde diariamente reciben furgones cargados con los artículos antes mencionados". 31
Como la fama del taumaturgo estaba creciendo cada día, el Gobierno
no intervino en forma negativa, dado que el movimiento de gente de todas partes de la República así como también de los Estados Unidos, no sólo
estimulaba los negocios de la región, sino que traía grandes ganancias al
Gobierno por el tráfico ferroviario. Alü mismo en Espinazo, había 20 empleados ferrocarrileros, los cuales no eran suficientes para atender al público, y además de los tres trenes diarios, hubo docenas de pullmans y carros especiales llenos con los enfermos, los creyentes y los curiosos, estacionados frente a la estación. 32
La columna satírica de El Sol, "Caleidoscopio", astutamente sugirió que:
"Lo ferrocarriles habían hecho su agosto, y estaban pensando en buscar unos
cuatro niños más para distribuirlos alrededor del País y así resolver la bancarrota de las líneas".33
La Década del 1920 fue un período de ansiedad acerca de la salud en
t-0do México. Hubo especial temor por las epidemias de viruela y el sarampión. Comprensivamente, la Federación y el Estado estuvieron interesados
sobre la movilización de tanta gente en todo el País como un resultado de
la fama de Fideocio. La concentración de los enfermos en Espinazo avivaba estas ansiedades generales; y el 3 de febrero, Fidencio declaró al reportero de El Sol:
"Puede estar usted seguro que este temor es absolutamente infundado, porque nada va a suceder. Ya estas gentes enfermas han permanecido juntas aquí. por largo tiempo, y ya lo ha visto, nada ha sucedido".34

El so~tení~ que sus curas generales servirían para librarse de cualquiera de
esas epidermas. o obstante la ansiedad persi tió y los periódicos comenzaron a dar a conocer el número de muertes registradas en Espinazo. Aunque
n
"'
..
"

La Prensa, 6 de abril de 1928, p. 1.
Hoy, 16 de octubre de 1937, p. 25.
El Sol, 21 de mayo de 1928, p. t.
El Sol, 3 de febrero de 1928, p. 6.

54·9

�hubo exageración uno podrá ver por las siguientes estadísticas que había
causa para alarmar:
Año:

No. de muertes ..
reportadas en
Espinazo:

Año :

o. de muertes ""
reportadas en
Espinazo:

1923
1924
1925
1926

o

1933

120

4

1934

5

1935

71
73

o

1936

1927
1928

34
534
116
115
106

1937
1938
1939
1940
1941

124

1942

1929
1930

1931
1932

Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio

No. de ..
Muertos :

35
50
101
112
73

53

Mes:

Julio
Agosto
Septiembre
O ctubre
Noviembre
Diciembre

87
88
43
9

12

15
15

No. de"
Muertos:

16
26

22
19
15

Causa de
Muerte:

o conocida ·
Fiebre
Sarampión
Pulmonía
Estómago
Parálisis
Hígado, bilis, vejiga
Hidropesía
Reumatismo
Paludismo
Epilepsia, alforecía
Bronquitis

No. de•
Muertos:

96

53
50
46

30
14
18
9
8

8

7
7

Causa de
Muerte:

Tuberculosis
Asma
Disentería, diarrea
Corazón
Tumores
Deposiciones
Ataque cerebral
Lepra, lazarino
Infección de la vía
urinaria
Infección de la garganta
Miscelánea36

13

(Total en 1928= 534)
Una cuidadosa lectura de las estadísticas vitales de Espinazo revela una
elocuente y trágica historia: pues al levantar el acta de defunción, a menudo
el Juez hubo de apuntar:
• Registro Civil, Defunciones, Espinazo, 1923-1942, Archivo General del Estado
de Nuevo León, Sección Histórica.

550

Desde luego, muchas de estas muertes fueron resultado del hecho de que
la gente que venía a Espinazo era porque ya estaba muy enferma y desbauciada aún por los más eminentes médicos.
Para poder apreciar~ con más realidad, el pavor a las epidemias debemos
examinar las causas de los fallecimientos -especialmente durante 1928según dan fe los jueces civiles. Debe enfatizarse que sólo unos pocos de estos
fallecimientos fueron certificados por médicos con licencia para ejercer; y
varias de las frecuentes categorías a que se recurrió -como hidropesía y fiebre-- en realidad se refieren a los síntomas más que a la causa de la fatal
enfermedad. Aún cuando, los records de mortalidad en Espinazo durante el
año de 1928 fueron estudiados en detalles, esbozados como están, se recopiló
la siguiente tabla:

El ascenso y el declinar de la carrera de Fidencio están trazados en estos
cuadros.
Un análisis más profundo de los meses de 1928, el año de su apogeo, indica la correlación entre febrero que fue cuando la visita del Gral. Calles y
la tremenda afluencia de enfermos y el resultado de un aumento en la mortalidad.
Mes :

"un individuo; de nombre de,sconocido, sin deudos en este lugar, se ignoran su lugar de origen ó residencia y demás detalles concernientes".

No. de "
Muertos:

25

23
23
19
14
12

9
6
6

5
44

534
Por el estudio de esta tabla, se pueden percibir las siguientes generalizaciones concernientes a las muertes registradas en Espinazo durante 1928 ;
40% fueron por ,enfermedades infecciosas; 30% se debieron a enfermedades
degeneradas; 10% resultó de causas misceláneas; y el 20% restante no quedó
establecida la causa en los records oficiales y es presumible que no se conoció.
• Gangrena, neuralgia, espanto, cólico, resfrío, quebrado de espina
"hemorragia, anemia, úlcera, parto, fístula, etc., etc.

agotamiento,

551

�El Pqrvenir insinuó obscuramente, que el gran número de no conocidos:
"pudiera clasificarse como envenenados por efectos de la llamada 'medicina' y otras impurezas''.1tt

Sin embargo, no hay necesidad de estar acorde con esta conclusión para
que claramente se considere que realmente allí hubo una base de interés público sobre las condiciones higiénicas y sanitarias en Espinazo, y que no obstante, las ''curaciones generales" de Fidencio, las enfermedades contagiosas
iban en aumento. Esto es aún más claro cuando nos enteramos que de los
534 fallecimientos en 1928, 141 fueron niños de aproximadamente cuatro
años de edad. Estos inocentes indudablemente fueron acompañando a sus familias - pero no precisairnmte en calidad de pacientes-- habiendo contraído
allí la enfermedad de. la cual murieron. (Más de las dos terceras partes (102 )
de los 141 niños, murieron de "fiebre", sarampión, neumonía, bronquitis, o
"estómago', todo esto pudo haber resultado del viaje y residencia en Espinazo).
S:in embargo, a la fecha, Ja ausencia de epidemias durante esta época es
citada como evidencia del poder milagroso de Fidencio.
Fidencio no tomó a la ligera estas muertes, y frecuentemente parte de su
tiempo lo dedicaba para condolerse de ellos. Hay demasiadas fotografías de
cuerpos o tumbas Tecién cubiertas, rodeadas por dolientes y Fidencio al centro_
El Gobierno del Estado {de Nuevo León), suficientemente preocupado de
tal situación, envió a un grupo de médicos titulados para que llegaran de
incógnito a Espinazo y examinaran su estado. Uno de ellos, el Dr. Telésforo
Chapa, radicado en Monterrey, recuerda vívida.mente los detalles de su viaje
a las Meca del Dolor: el hedor, dice, era temible, un olor combinado de heridas
suporosas de aquéllos que no teruan atención médica o sólo las curaciones
que ellos mismos se procuraban, el olor de la comida putrefacta, había tan
poca que la gente tenía que conservarla aún estando en tal estado, y el humor de las gentes que no se aseaban debidamente, pues apenas si tenían agua
para tomar mas no para bañarse.
El Dr. Chapa discutió sus entrevistas con la gente de allí. Un paciente,
dice Chapa, que desde hacía quince años había quedado ciego, pero que
ahora estaba muy aliviado. Continúa el Dr. Chapa:

-

---

" Pasaba mi mano frente a los ojos de este hombre al eiempo que le
preguntaba si podía ver algo. Me contestó que no. Entonces le pregunté:
lY cómo es que dices que estás muy aliviado, que ya estás mejor? É/
:n

552

El Poruenir, 1 de marzo de 1928, p. 5.

me dijo: 'porque antes todo estaba obscuro, pero ahora -aquí con el
niño-- ya veo claro'."

El Dr. Chapa concluyó, simpáticamente, que este paciente al fin ya estaba "muy aliviado", en un sentido psicológico y simbólico, pero no orgánicamente. El Dr. Chapa opina que la etiología de muchas de las enfermedades que observó en esa visita en febrero de 1928, eran nerviosas (psicosomáticas), y añadió que fueron muy pocas las personas que pudieron decir
que estaban completamente curadas. Casi todos decían: "estoy mejor, estoy
aliviado". Es decir, que si un paralítico, con gran esfuerzo tuvo éxito al
poder mover las manos, él diría que ya estaba muy mejorado. Desde luego,
como estas historias van de boca en boca y en los periódicos, los hecho se
van exagerando: "curado" fue substi tuído por "aliviado" y "mejor". Chapa
atribuyó estas curaciones a "sugestión colectiva" y la moral se conservaba muy
alta porque toda la gente en la Meca Mexicana tenía mucha fe en Fidencio
y que ésta era "contagiosa'. Un breve estudio "p icológico social" realizado
por el periodista Oswaldo Sánchez y publicado como un panfleto38 por El
Porvenir, comparaba "La ueva Constantinopla" (así llamada por el nombre de Constantino) , con Lourdes, y también atribuídos los milagros de curación a "sugestión colectiva". Aunque Sánchez tuvo la pretensión. de que
el Gobierno debería intervenir para poner fin a la afluencia de gente a Espinazo, los doctores Chapa, Villarreal y Cantú, rindieron por escrito su informe al Estado, en el cual opinaban que, como Fidencio no estaba causando
daño directamente, y casi todos se sentían "muy aliviadosº' por sus ateneion ,
se le deberla permitir continuar con su trabajo.
Sánchez asegura que los orígenes de muchas de las enfermedades, por
ejemplo: padecimientos del estómago y enfermedades de la piel, se podían
considerar como psicosomáticas, y por lo mismo particularmente susceptibles a
sugestión. Las qu~jas de doctores en contra de Fidencio eran continuas, y sin
embargo, hay evidencias fotográficas de que practicaba operaciones. (Aún
existen muchas de esas fotografías, y ampliaciones de ellas están prominentemente dispersas en el salón de su tumba). EJ 18 de febrero de 1929, el
E fado de Nuevo León estableció un caso formal en contra de Fidencio S.
Con tantino por el cargo de práctica ilegal de la medicina. El famo o abogado
José F. Guajardo, "El Abogado Dinamita", de Monterrey, decidió defenderle. Hoy dice el señor Guajardo: "siempre he tenido un gran interés en
el estudio de las ciencias ocultas '. Que había estudiado espiritismo y que los
que integraron el comité de defensa pro-Fidencio, Y?- sabían que el Lic. GuaSÁNCREZ, ÜSwALDo. Espinazo, La Nueva Constantinopla: un estudio psicológicoso.tial, Monterrey, N. L., 1928. (Foto por Refugio Z. García ).

553

�jardo sería el único hombre eapaz de defender exitosamente a Fidencio. El
espiritista Von Wernich así como López de la Fuente, fueron miembros de
este comité.
El Lic. Guajardo dice que tiene conocimiento de que Fidencio recibió su
"don" en el árbol de pirul en Espinazo, pero cree que él pudo curar porque
poseía gran "magnetismo", por lo que solamente pudo tratar a aquellos que
tenían una enfermedad nerviosa y no problemas orgánicos.
Por un singular interés y habilidades, el Lic. Guajardo también defendió
a otros "taumaturgos" muy conocidos en Nuevo León, como Sauro y Silas,
Zulema Muraira y Eva Caotú.
Nuevamente y debido a este caso, Fidencio vuelve a ocupar los encabezados de los periódicos por un breve periodo durante el año de 1929, elocuentemente y con humildad declaró: "estar desprovisto, en lo absoluto, de
todo conocimiento científico, ya que sólo había sido un pobre huérfano que
no tuvo la oportunidad de recibir 'el pan de la instrucción'. Él tenía la fortuna
de servir a aquellos que lo favorecieron con su confianza".
. . .pues siempre me he limitado y todos los tratamientos que he dado
son a base de cocimientos de hierbas inofensivas como la gobernadora
y la mejorana, esto no podrd considerarse como práctica de medicina.39

Convenientemente no hubo mención en su defensa, de las muchas operaciones que él practicó.
El caso continuó hasta agosto de 1930. El Vice-Presidente del Consejo de
Salubridad en el Estado, Dr. Francisco Vela González, aún estaba profundamente preocupado por el descuidado contacto de los visitantes a Espinazo con
los leprosos y tuberculosos, y porque:
.. .tendrán que abandonar el campamento de Fidencio, van a propagar
dichas enfermedades y otra.$ que puedan haber adquirido allí, a otras
partes del País. 39

Evidentemente la ley sobre el ejercicio legal de la medicina bajo la cual se
hizo a Fidencio tal cargo, no surtió efecto en esta vez. En ningún caso el
trabajo de Fidencio fue interrumpido por interveoci6n oficial. Guajardo nos
ínforma que él recibía "miles" de cartas durante su defensa de Fidencio, todas expresándole su agradecimiento. Pero, para este tiempo, la influencia de
Fidencio estaba menguada. El número de gentes en Espinazo había disminuído
considerablemente y así, poco a poco, continuaba disminuyendo.
'" Juzgado 3o. de Letras del Ramo Penal, Exp. No. 1515 Archivo General del Estado de Nuevo León, 1929.

554

En 1935, Fidencio empezó a estar enfermo, pero continuaba curando -desde
una silla y algunas veces desde su cama Tuvo alguna recuperación y siguió
con su trabajo, pero para 1937 de sus seguidores en Espinazo sólo se contaban alrededor de 700. La salud de Fidencio seguía fallando, finalmente sobrevino su muerte el 19 de octubre de 1938. Un obituaño de El Porvenir dice
que aunque:
su noble corazón y su vehemente deseo de servir a la humanidad no dejaron disminuyera el gran número de simpatizadores que en vida si.empre
tuvo en aquella región, por lo que la noticia de su desaparición fue motivo de duelo entre los habitantes de Espinazo y lugares circunvecinos}º

Se obtuvo el permiso para que Fidencio fuese sepultado en el salón en el
cual él había hecho muchas de sus curaciones. Para los creyentes, probablemente, este lugar es el más sagrado en Espinazo.
Estación Espinazo, 1966 .

Espinazo, 1966. Ahora ejido, Espinazo vuelve a ser una tranquila y más
o menos típica villa rural norteña. La mayoría de sus 350 habitantes viven
en casas de adobe, y ganan su sustento trabajando en la agricultura: maíz,
frijol, trigo y lechuguilla, con un salario diario de ocho a diez pesos. No hay
iglesias y un sacerdote viene una vez cada dos años para administrarles los
sacramentos religiosos. El salón donde se encuentra la tumba sirve para
velar, pero aún cuando la mayoría de los habitantes tienen diversos grados
de fé en su poder, sólo alrededor de veinticinco son asiduos visitantes y permanecen muy ligados a. la capilla donde reposan los restos de Fidencio.
Los niños del lugar solamente pueden obtener instrucción hasta el tercer
año de primaria, pero la nueva escuela que constaba de cuatro salones, construída en 1965, fue destruída por un tomado unas pocas semanas después
de haberse concluido su edificación y los 45 estudiantes volvieron a estar
apiñados en un cuartito. Hay dos tiendas de abarrotes y don Enrique L6pez
de la Fuente abre su propia tienda durante las fiestas de marzo y octubre.
Desde enero de 1966 está operando una planta de electricidad por tres horas
diarias, de las- 7 a las diez de la noche, y sólo disfrutan de la misma aquellos
que pueden pagar este servicio.
La marca de Fidencio en este pueblo es indeleble. Muchos residentes vinieron para ser curados por él, durante su vida, ó aún después de su muerte,
con la esperanza de ser tratados por su espíritu y allí han permanecido. Hay
.. El Porvenir, 20 de octubre de 1938, p. 7.

555

�siempre un anhelo de hablar acerca de él, repetir lo pasado y escuchar las
nuevas historias de su poder milagroso. Casi cada domingo practicant-es y
peticiona1ios, llegan en el tren por la mañana y salen en el de en la tarde,
pudiendo disponer de cuatro horas entre llegada y salida del tren, para la
meditación o la súpliea de cmación.
Las dos fiestas anuales, ya mencionadas, convierten a Espinazo en un animado centro de actividad, reminiscente de su pasado. Muchos de sus habitantes obtuvieron ganancias económicas de la afluencia de peregrinos, tanto
de la República como de los Estados Unidos· se pueden rentar lugares para
dormir o vender comida y sodas. Bailes, matachines, penitentes que van de
rodillas o en sus espaldas, desde el "Pirulito" hasta 1a tumba de Fidencio,
constantes cantos, procesiones y posesionados por espíritus (principalmente
el de Fidencio) , pero también los hay por otros espíritus "buenos" y "malos";
combinación que forma una excitante mixtura de lo secular, lo religioso y
lo extraordinario.
Se ha hablado mucho de una carretera que unirá a Espinazo con la carretera Monttrrrey-Monclova, y que se construiría en parte con la contribución de los fieles de Fidencio, a quienes les gusta venir con frecuencia, y
encuentran el viaje muy arduo. Hasta en tanto, el pueblecito yace somnoliento y aparentemente pacífico entre e1 tiempo de fiesta a fiesta, quizá, como
dicen algunos, esperando al nuevo y omnipotente mesías cuya llegada fue
predecirla por El Niño.
Análisis comparativo.

Hemos examinado detalladamente una especie de shaman, curandero ampliamente conocido en el área cultural del norte de México y el sur de Texas.
No solamente se hará mención de Fidencio, Pedro Rojas "Ta.tita" y Pedrito
Jararnillo, sino también de "Santa" Teresita en la frontera de Chihuahua y
Sonora, que se destacó en 1890; 41 El Niño de Chipinque (Villa d.el Carmen, N. L.) que tuvo nnportancia a principios de 1900; Cayetano Hernández de Villagrán, Tamps. 42 y otros a quienes se les ha venido reconociendo
como "santo!&gt; de la gente". Desafortunadamente, hay muy pocos estudios
cuidadosos sobre estos excepcionales individuos. Porque ellos atraen a muchos simpatizantes, y gente como ésa es el foco de atención de los periódicos

ª Bou=, joHN G., ''Notes on_ the Language and Folkusuage of the Rio Grande
Valley'', The ]ournal of American Folklore, LX, 1896, pp. 81-116.
" MAiteo ANTONIO PuLIDO, "Dios en Tamaulipas", Contenido, México, D. F., enero
de 1965, pp. 90-96.

556

sensacionalistas y muchas veces éstos constituyen el único medio de información.
Unos pocos son los que han recibido una atención más detaHada y objetiva. Sólo comparando y contrastando estos individuos "excepcionales" con
Fidencio S. Constantino, podremos aprender algo de ]a "forma general" del
carismático practicante médico-religioso, que es la meta que nos hemos fijado. Desde luego, hubo una serie de eventos insólitos que contribuyeron
a la ascensión de este peculiar hombre, Fidencio, en el tiempo precjso en que
apareció en la escena estatal y nacional. Él fue una persona insólita; evidentemente tuvo una excelente propaganda con Von Wernich. No solamente
esto, sino que las técnicas de comunícación ( la llamada masa media en
nuestros días) estaba bien desarrollada para 1920. Había periódicos no sólo
en México, sino también en lo.s Estados Unidos (incluyendo al prestigiado
New York Times) "3 y revistas para propagar su fama a millones de gentes.
Hubo una industria cinematográfica para hacer una película y promoverla
vigorosamente; una jndustria fotográfica para captar y comercializar los retratos de Fidencio. La perpetuación de la influencia de Fidencio depende
principalmente de dichas tecnologías. C~da año los periódicos dan noticias
sobre las fiestas. Los ferrocarriles programan las fechas de las fiestas en Espinazo para promover viajes de excursión a un precio más bajo que el ordinario. Una serie de 30 capítulos sobre su vida, apareció recientemente, en
1964;14 en un periódico nacional, y como se mencionó con anterioridad, las
publicaciones de Alarma de 1966. En enero de 1965 se vio una ·serie de
libros de historietas tratando de una manera gráfica publicar la vida de Fidencio.
En esta misma década, también, el espiritismo -15 empezó a ganar más ímpetu en el norte. Se organizaron grupos para estudiar esta aproximación de
las relaciones humanas con espíritus desencarnados. Otros no estudiaron formalmente, pero sintieron que ellos podían comunicarse con el mundo espiritual; donde antes no había la actual difusión de ideas y técnicas, hubo
una "difusión estimulante". Así que un grupo vino a Espinazo, "llamados"
espiritualmente por Fidencio (dicen ellos) , y permanecieron allí la mayor:
• 3 Toe New York Times, 22 de febrero de 1928, p. 6 aparece una historia de Fidencio. El Porvenir de Monterrey fue fundado en 1919, y El Sol en 1922.
... Novedades, Diario de la Tarde, México, D. F., julio y agosto de 1964.
.. Un movimiento que se inició en los Estados Unidos de Norte América en 1848,
rápidamente se extendió a Inglaterra y al Continente Europeo, siendo introducido posteriormente a Centro y Sur América, así como a México, primeramente a través de
escritos del francés León Hipólito Deni:zar Ríwail (mejor conocido como A!Jan Kardec). Véase HERBERT TauRSTON, S. J. The Church and Spiritualism, Milwaukec,
1938.

557

�parte de su último año de vida. Ahora, los que han estudiado formalmente
(espiritistas, quienes dicen comunicarse no solamente con el espíritu de Fidencio, sino también con otros) ; y los que no tienen ningún estudio y que
solamente pueden tener comunicación con Fidencio (llamados "fidencistas")
asi$ten a las fiestas. Cada uno, "Caja" o "Cajón" (Caja se llama a la mujer
y Cajón al hombre) usualmente traen consigo un grupo de creyentes llamado "columna". Probablemente de 100 a 150 de estos individuos y sus
columnas vienen a Espinazo aún de partes lejanas como lo es el Estado
de Indiana en los Estados Unidos, de México, D. F., pero la mayoría proceden de los Estados del norte del País y el Sur de Texas. Estos misioneros
ayudan a propagar la fe en Fidencio en forma verbal.
Hubo fortuitamente un carril para trenes entre Monterrey-Saltillo y Piedras Negras, para llevar a los desesperados y a los curiosos. Fídencio geográficamente no estuvo aislado, lo estuvieron San Martín de Porres, Jaramillo y Tacita.
Si principiamos a analizar los elementos vemos que él fue no sólo el
producto de los eventos específicos del pasado inmediato, visto genéricamente
puede parecemos como uno en una sucesión de tales fenómenos, y él -como
aquellos anteriores a él- personifica mucho de lo que México fue y de lo
que México es.
Hay tres de esos "santos populares" que reúnen suficientes datos para una
comparación, incluyendo "Tatita", Jaramillo, y ahora Fidencio.4'6
Las vidas de estos tres, cuando se comparan con San Martín de Forres,
'" Fuentes de información para la siguiente discusión; Por Ta tita, MANUEL NEIRA
BARRAGÁN, "EL TAmA'', Hemisferio, Monterrey, N. L., mayo-agosto, 1966, p. 19;
Boletín No. 17, Periódico Oficial del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Nuevo
Le6n y Coahuila 21 de marzo de 1861; Lle. SANTIAGO RoEL, Nuevo León, Apuntes
Hist6ricos, Undécima Edición, Monterrey, N. L., 1963, pp. 169-170. Por Pedro Jarami!Jo, Ruth D'odson, "Don Pedrito Jaramillo, The Curandero of Los Olmos", en
Wu.soN M. HunsoN, (ed. ) The Heale,- o/ Los Olmos and other Mexican Lore, 1951.
( Primera publicación en Español, San AntQnio, Texas: Casa Editorial Lozano, 1934 ).;
ÜCTAVTO ROMANO, Don Pedrito Jaramillo: The Rise of a Folk Saint, Tesis para el
Doctorado, University of California, 1962 ; ARTHUR J. Ru11EL: Across the Tracks:
Mexican-American.s in a Texas City, Austin; University of Texas Press, 1966, pp.
154-200. Por el Niño Fidencio: BARBARA JuNE MAcKu , The Curandera and Structural Stability in Mexican American Culture; a Case Study; artículo presentado ante
la American AnthropologicaJ Association, Chicago, 1962. BARBARA JuNE MACKLIN,
Culture Change and Structu1al Stability in a Mexican Ámerican Comunity, Tesis
para el Doctorado, University of Pennsylvania, 1963. ARTHUR RUBEL, ob. cit., pp.
185-192. Por San Martín de Porres: STANTSLAS FUMET, Life of St. Martín de Porres;
Patron Saint of lnternational Justice, Garden City, N. Y. ; Doubleday &amp; Oo., Inc.,
°1964; J. C. Keams, O. P. The Life o/ Blessed Martin de Porres; New York; P . J.
Kenedy &amp; Sons. 1937.

558

canonizado en 1962, y famoso por sus milagrosas curaciones en toda la América Latina, revelan puntos extremadamente similares. Sociológicamente hablando los tres -Tatita, Jaramillo y Fidencio- eran forasteros en las comunidades en las que ellos curaban, originarios de otros lugares. Todos eran
huérfanos, o tuvieron orígenes obscuros. San Martín era un forastero en el
sentido de que fue hijo ilegítimo, y rechazado por algunos por ser mulato.
No hay datos comparables para Tatita y J aramillo, pero Fidencio y San
Martín ambos, desde su niñez, fueron considerados como raros, una característica general del "clásico" shaman, así como de muchos practicantes actuales. Se dice que el Niño Fidencio tenía un crucifijo en. su paladar, y que
el Niño de Chipinque supuestamente habló dentro del útero de su madre.
El destacado antropólogo que desde hace mucho tiempo se ha interesado
especialmente en las Culturas Española y Latino Americanas, Dr. George
F oster, dice :
"En España la clase más importante de curandera es el saludador,
que tiene un don especial, una gracia, que caracteriza a los individuos
con circunstancias especiales alrededor de su nacimiento ( tal como)
aquellos que lloran antes de haber nacido, con la condición de que
la madre a nadie se lo diga. . . Personas no nacidas en días ( especiales), pero con las marcas distintivas (como una cruz en el paladar)
también obtienen. el dor¡"Y

Continúa diciendo que los curanderos con dichas marcas no se han reportado en algún País Latino Americano, salvo Chile. Estudios de los Niños de Nuevo León, mucho contribuirán a la teoría sobre la permanencia
y variación en la cultura.
Ninguno de los tres en consideración -Tatita, Jaramillo o Fidencio- fue
casado, al menos durante el tiempo de su carrera. Se ve que ninguno de
estos hombres tuvo obligaciones sociales opuestas, se pudieron dedicar de lleno y con energía a servir a la humanidad. Don Pedrito, Fidencio y San Martín explícitamente rechazaron cualquier compromiso personal con una esposa o parientes. Jaramillo_, Fidencio y San Martín fueron muy conocidos
por compartir sus pocas pertenencias materiales con los pobres. (Casi todos
los datos sobre Tatita han sido proporcionados de fuentes que no simpatizaron con él; a quienes no les gusta hacer mención de sus virtudes_, aún en el
caso de que las haya habido). inguno cobró por sus servicios.
., GEORGE M. FosTER, "Relationships between Spanish and Spanish-American Fol.k
Medicine, /ournal of American Folklore, 66, 1953, pp. 20l-247.

559

�Todos no solamente vinieron de orígenes muy humildes, sino que también
no hicieron discriminaciones entre las clases sociales; de hecho, parece que
preferían la compañía de la gente humilde. Este es un imp?rtal'lte punto de
partida en países donde tradicionalmente las clases sociales han tenido una
separación muy marcada entre los que ' 'tienen" y los que "no tienen". EJ
ciclo de historias siempre incluye uno o más en el cual el "santo" ignora
a una llllportante persona para estar y cumplir con los pobres y humildes.
En el caso de Fidencio así sucedió, cuando Calles le visitó Fidencio le abandonó ara ir a comer con otros -pobres e insigñili'cañtes_:- y casi
olvidó
de su famoso visitante. Tamoién nombres específicos, fecha y lugar son con
frecuencia incluídos en Tas historias, las cuales le dan un aire de veracidad
irrefutable. Particularmente se incluyen nombres si los pacientes son gentes
de prestigio. Todos, incluyendo a San Martín, creyeron haber sido elegidos
por Dios para curar, para servir como instrumentos de él en este mundo
profano. Su extrema confianza en sí mismos, proviene de la profunda fe
de que su Dios no les abandonarla. Concomitantemente, ellos vieron la necesidad de Ja fe por parte del paciente. Aunque todos usaron medicinas,
1a fe era realmente en el curandero y no en la m edicina ( en contraste con
el médico titulado) . Mas si hubiera un fracaso en el tratamiento, ambos, el
taumaturgo y sus clientes tuvieron una pronta explicación: el paciente carecía de la fe suficiente.
Todos mantuvieron una relación mística con Dios, y pudieron actuar entonces - y hoy especialmente-- como su intermediario entre la gente común
y corriente y su Dios. Ta.tita y Fidencio, los dos, impartieron los sacramentos
de la misa, el bautismo, la confirmación, la confesión, la comunión y el mauirnonio, y la bendición de todos esos santos populares, siempre fue solici-

se

tada.
Los tres y San Martín podían adivinar, y el ciclo de historias incluye referencias a este poder con notables similaridades. Sabían, por ejemplo, que
fulano de tal traía veneno para ellos; ellos lo tomaron y no tuvieron ninguna
manifestación de envenenamiento y absolvieron al malhechor. Vaticinaron
que otro fulano iba a morir y l~ anunciaban cuánto tiempo tenía para arreglar sus pendientes, etc. A todos se les llamó santos durante su vida, fotografías de Jara.millo y de Fidencio ( así como imágenes de yeso) se distribuyen ampliamente para colocarse en altares de casas particulares, tanto durante su vida como en la actualidad. 18 La gente les trataba como santos,
" Brasil produjo un individuo muy semejante, y hay un análisis muy interesante,
W1LLIE Ms, "A forma&lt;,ato da santidadé; lnvestig3910 colectiva sobre o caso de Antoninho da Rocha Marmo''. Sociología, 2, 1940, pp. 278-293.

escrito por EM1uo

560

besándoles las manos, pies y las bastillas de sus ropas. Tatita y Fidencio (y
desde luego San Martín) prefirieron usar una bata suelta o una túnica más
que la ropa típicamente masculina. En el caso de San Martin, él usaba
el hábito de la orden a la cual pertenecía. Todos estos santos recibieron y
aún continúan recibiendo peticiones de actos milagrosos, los que se ofrece
compensar con figurillas que vulgarmente son llamadas Milagros y con otras
cosas como Retablos y Testimonios, como una demostración de Ja eficiencia
de sus poderes.
Especílicamente, para curar, todos recurrieron a un extenso uso del agua
( como 1a usaron también los Aztecas y los Celtas pre-cristianos en España) ;
tomada al natural o hervida con yerbas, en baños, sin adulterarla o con yerba.
El charco en el que Fidencio curaba, es uno de los lugares "sagrados" en
Espinazo y las gentes se bañan en sus aguas lodosas, y sacan de esa misma
agua en botellas para llevar consigo. El agua con que Fidencio se bañaba
se consideraba saludable, lo que es común del agua de los santos verdaderos.
Tatita, Jaramillo y Fidencio practicaron operaciones actuales y se dice
que operaban sin causar dolor. Los tres tuvieron una destreza para extraer
dientes sin molestias. A pesar de estas cualidades tan especiales, pudiet:0n tratar cualquier enfermedad, en contraste con algunos curanderos de menos
reputación ( quienes son especialistas en curaciones con yerba, de susto y del
mal de ojo, etc. ) ; todos ellos y San Martin usaron aceite para. curar ( otra
técnica antiquísima), y su propia saliva cuando no tenían alguna otra cosa
disponible. Se ha creído que los espíritus de Fidencio y San Martín abandonan sus cuerpos para viajar ampliamente. Y los espíritus de Fidencio, San
Martín y Ja.ramillo vienen o ''bajan" a los practicantes modernos en diversas
partes de México y Estados Unidos. San Martín y Fidencio tuvieron en común el cariño por los animales y la habilidad para curarles. Estos tres ''santos" de Ja gente tuvieron dificultades con las autoridades seculares, resultando de esto, la muerte de Tatita y casos formales en contra de los otros dos.
Se ve que el asunto del curanderismo es complejo. Se tiene que estar de
acuerdo con Martínez Cortés cuando dice:
ªUna cosa es la enfermedad humana
biológico, con su causa bien determinada
malÍ(lS funcionales, y otra la concepció1i
mo un proceso que involucra, además de

considerada como fenómeno
así como sus lesiones y anodel fenómeno patt&gt;l6gico colo somátii;.o, a lo psíquico y

lo social. Puesto que el hombre es un ser biopsicosocial, .ru enfermedad tiene estas mismas características" .•0
" FMNANOO MARTÍ.NEz CoRTÉs, Las Ideas en la Medicina Nahuatl, México; Li!l
Pre1}sa Médica Mex.ican&lt;¼ 1965, p. l.

561
e H-36

�Conclusión:

De este examen comparativo, fácil se ve•por qué Pedro Rojas "Tatita",
.Pedrito Jaramillo y Fidencio S. Constantino -entre otros- se les ha venido considerando "santos" por las gentes y el por qué individuos como tales, continúan apareciendo. Ellos aún sienten que la gente les necesita. A
falta de espacio para discutir en detalle todos los elementos pi-ecedentes. 50
Uno puede ver a la vez que estos tres santos populares ejemplifican el conciliamiento característico de muchas de las culturas mexicanas. Encontramos muchos elementos precortesianos,51 conceptos antiguos y clásicos como
la medic~a y la farmacopea 52 popular Europea. Todos estos elementos estáp combinados entre sí, y algunos reinterpretados para ser acomodados al
espiritismo del siglo XIX (con su énfasis en posesión y comunicación espíritas). Finalmente, esto se haya en conjunto con conceptos médicos del siglo XX,5ª y el uso de medicinas de patente.
Todos estos elementos, eclécticamente seleccionados de los presentados al
individuo practicante por su medio ambiente, han sido combinados y reinterpretados e_n términos acordes con la estruchlra de su propia personalidad,51
y lo que le parece más apropiado para sus clientes. Se puede estar de acuerdo con el Dr. Foster cuando observa:
.. Tengo en preparación un estudio más amplio para examinar las interrelaciones
entre .estos elementos.
•• Por ejemplo: La combinación de religión y medicina ; masaje; el uso del agua;
miel de colmena; farma,copea extensiva; el uso de las pomadas; cirugía diestra y el
llamamiento de espíritus. Véase RERNARDINO DE SA:a:AGÚN, Historia General de las
Cosas de Nue va España, México D. F., Editorial Pornía, S. A., 1956 (4 tomos);
Da. FERNANDO MARTÍ, EZ CORTÉS, Las Ideas en la Medicina Náhuatl, México, D. F.,
Editorial Foumier, S. A., 1965; MANUEL G. NoouERA, Mitología, Cultura y Medicina en el Méxieo Precortesiano, México, D. F., 1954; DR. foNACio C:a:ÁvEz, 'México
en la Cultura Médica", en México y la Cultura, México, D. F., Secretaria de Educación Pública, 1961, pp. 843-913.
"' FosTER, ob. cit., el uso de "milagros" y retablos evidentemente viene de Grecia
y Roma; de clásicos y regionales de España; el uso de animales para cataplasma,
como Ja gallina negra; y la farmacopea española de extenso uso por curanderos en
México, por ejemplo: sábiJa, ruda, romero, mejorana, rezos y oraciones son usados
en ambos lados del Atlántico. Véase especialmente: Go ZALO AcuIRRE :BELTRÁN,
Medicina y Magia, México, D. F., Instituto acional Indigenista, l 963 .
.. Una "fidencista" conocida mía, siempre usa penicilina con la pomada, una combinación muy efectiva de la nueva y la antigua.
" Por ejemplo: Es muy raro que un hombre sea partero. En la medicina precortesiana nwica hubo este caso y actualmeute aún es raro. Esto era, yo creo, apropiado
a la personalidad de Fidencio, y tal aberración fue aceptada por sus clientes como

"Todo lo que los procesos y las razones metclan, en Hispano América,. indígenas nativos, populares de España y conceptos antiguos y
medievales formales de medicina, se han combinado para formar un
vigoroso cuerpo de medicina popular que juega un papel funcional en
la uida cotidiana de la gente y que resistirá las incursiones de la ciencia médica moderna. por muchas generaciones".55
Traducción de Adela Liduvina Mancilla Gallardo.
Monterrey.

"FosTER, ob. cit., p. 217.

apropiada.

562

563

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Segunda

LETRAS

�UN DOCUMENTO PARA LA BIBLIOGRAFÍA DE ALFONSO REYES
Lrc. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS
Universidad de Nuevo León

HA LLEGADO A NUESTRAS MANOS un cuadernillo impreso, de 18 x 11 cms.,
con 18 páginas interiores. En su carátula se lee: Composiciones / presentadas en los / Exámenes de 1° y 2° Curso de Literatura / en la / Escuela
N. Preparatoria / por el Alumno / Alfonso R eyes / (Grabado) / México /
Tip. Económica.-Calle del Aguila Núm. 28. / ( .... ) / 1907. / En la página cuatro de dicho cuadernillo, al calce, encontramos una nota que nos
aclara el motivo de dicha publicación. Dice textualmente: "Publícanse las
dos pruebas escritas, desarrolladas por el alumno Alfonso Reyes en los exámenes de primero y segundo curso de Literatura de la Escuela N. Preparatoria correspondiente al año de 1906, por disposición de la Secretaría de
Instrucción Pública y Bellas Artes, y á solicitud del jurado de exámenes, quien
le concedió al alumno la calificación suprema en cada una de sus referidas
pruebas".
El contenido del cuadernillo está dividido, pues, en dos partes que corresponden a las dos pruebas mencionadas.
La primera parte, que se extiende de la página tres a la página once, contiene un discurso breve desarrollando la proposición siguiente: El Hombre

debe amar a la Patria.
La proposición se basa en cinco elementos ordenadores que son :
El hombre no debe despojarse de sus sentimientos generosos.
29 l Por qué debe considerarse el amor á la Patria como un sentimiento generoso? c"Qué es la Patria? (.°En qué consiste el patriotismo?
39 Ventajas, satisfacciones y complacencias que tenemos en nuestra
patria; condiciones y sentimientos opuestos motivados por la ausencia,
la expatriación, el destierro, la opresión ó circunstancias análogas, que
"]9

199

�nos induzcan á estimar en todo su valor los bienes morales y materiales
que nos proporciona la Patria.
49 Debemos amar á la Patria con hechos, no con palabras; no ser
patrioteros, sino patriotas.
59 ¿ Cómo puede contribuir cada hombre al engrandecimiento de su

!

nación?" 1
Alfonso Reyes tomando en cuenta estos cinco elementos desarrolla su tema.
Por ejemplo, para responder al primer elemento de la proposición nos
dice Reyes: "Por el egoísmo se llegó al altruísmo, y el hombre fué poco á
poco aprendiendo á sacrificarse al bien común; y acaso instintivamente ó
dándose aoenas cuenta de ello, sintió la necesidad de ser generoso. Y si
tamaña c~alidad resultó indispensable para el bien común ¿pudiera aconsejarse á alguien que la abandonara y huyera, sabiendo que esto significaría
la disolución?" 2 O bien, un poco más adelante : "Imaginemos ahora una
nación que no contara con ciudadanos generosos y dispuestos á sacrificarse
por ella: por fuerza tendría que disolverse absorbida por las naciones
cir3
cunvecinas. ¡ Y á fe que bien merecido tendría semejante castigo!"
Para Alfonso Reyes "La tierra que labraron nuestros padres y en que
acaso derramaron la libación de su sangre; nuestros antepasados en la raza,
en los amores, en los odios, en las tradiciones, en la familia, eso es la Patria".•
Cuando responde al cuarto elementc de la proposición nos dice: "El sentimiento de la comunidad y el amor á ella; el apego á nuestras instituciones
y derechos; el deseo de cumplir las obligaciones comunes; el estremecimiento de ira y el anhelo de venganza que se despierta en nuestro ánimo ante
un ultraje de extranjeros; la emoción que sentimos cuando el lienzo del pabellón nacional ondea y nos saluda; la desesperación que nos embarga cuando en tierra de extraños no escuchamos sino vocablos de un idioma que no
es el nuestro; la tristeza con que abandonamos nuestro suelo; la palpitación
anhelante de nuestros corazones cuando nos instruimos en los acontecimientos heroicos de nuestra Historia : eso es el amor á la Patria, el amor sublime que recitan las notas del Himno Nacional; ese amor que eleva al
hombre y lo agiganta".5 O bien: "La Patria, en efecto, no necesita ya guerreros que mueran sobre una barricada en defensa de sus principios; los prin1

REYES, ALFONSO,

p. 3.
' lbid., p. 5.
• lbid.
' lbid., p. 7.
• Ibid ., pp. 7-8.

200

c'.pios están establecidos, ningún peligro exterior amenaza á la nación, y el
cmdadano, como el Cincinato de la Roma antigua, debe tomar de nuevo el
arado". Y para terminar nos dice: " ... Nuevas generaciones se nutren y se
a~an p~ra presentarse mañana al palenque, para lidiar en el eterno juicio de Dios en que tiene la razón el más fuerte; llena el tiempo la vida augusta d~ un pueblo; d_e las ciudades surgen los rumores del trabajo continuo,
el olvidado proletano que ha formado su nido en las montañas y en los
1,n~ultos campos, enseña á sus hijos el amor a la Patria, haciendo que sus
arumos se enardezcan ante cuentos y leyendas que escuchan de los labios
pate:nos Y que, aunque ficticios, tienen el mérito de despertar virtudes de
patriotas. También el inculto campesino ama á la Patria · todavía conserva
.
'
con 1a misma
veneración con que el antiguo romano conservara
sus penates'
Y lares, _la espada con que en tiempo no lejano supo luchar por la defensa
del patno suelo. Hoy la ha trocado por los instrumentos de labranza, y cuando por la noche vuelve de su tarea, como en el verso de Lope,

Composiciones presentadas. .. Tip. Económica. México, 1907,

Caliéntase el cuero
Al rededor, con sus hijuelos todos,
De un roble ardiendo entero;
Y allí cantando de diversos modos,
De la extranjera guerra
Duerme seguro, y goza de su tierra.6

El tono de esta primera prueba, tal como se puede apreciar es totalmente
º:ª~ario. Muy dist~nta es, por otra parte, la segunda prueba, que va de la
pagma doce a la diez y ocho.
La temática Descripción del Bosque de Chapultepec, se presta a un lirismo más subjetivo.
El escrito de Alfonso Reyes parte de un hecho general: el estudiante, él.
que va al bosque para preparar un examen. Porque "en el campo y a&lt;ri~
ta~do la s~gre con pequeñas caminatas, es como trabaja mejor el cereb;o;
qwero_ dec~, ,que de haber nacido en los tiempos heroicos, me habría declarado fiel d1sc1pulo del viejo Peripatético". 7 Este acontecimiento casi sin importan:ia, ~~ sir:ve de punto de partida a la descripción propi~ente dicha.
Nos dice: Qmeto y solemne, el amplio lago se deja hender pacientemente
bajo el filo de rápidas barquillas, que lo arrugan en ondas lentas y le dan
estremecimientos que casi lo hacen vivir. Al anochecer los contornos de los
árboles se esfuman y confunden, formando unidas masas que cabecean á ori• lbid., pp. 10-11.
' lbid., p. 12.

201

�llas de aquel lago en cuyo seno se calca un cielo estrellado, por el cual, según el decir de la fábula egipcia, Isis llorosa camina recogiendo los fragmentos de un sol despedazado".8 Y luego, más adelante: "Y aquí vienen las
nostalgias y los suspiros por los tiempos clásicos en que los pastores de Arcadia divertían á los dioses rurales soplando las siete cañas de sus dulces
caramillos; aquí las remembranzas de aquellas épocas en que Pan acompañado de los hombres de campo, ordeñaba las ubres de las robustas vacas
griegas. Parece que el aire arrastrara fragmentos de un idilio de Teócrito" .º
Y termina diciendo: "El aire del campo es cosa buena para la salud del
espíritu y del cuerpo; pero los que no podemos frecuentar los alrededores,
debido á nuestro diario trabajo, tenemos que conformamos con esa parodia
de campo libre que se llama Chapultepec. Y no se crea que hablo del Bosque en tono despectivo; es que lamento, aunque no critico, que tan bello
paraje no conserve aún su absoluta rusticidad, pues si con sus árboles remendados con barro, y con sus malezas artificialmente distribuidas, nos deleita y nos hace pensar en la vida rústica, ¿ qué no sería si permaneciera
intacto?
Pero la civilización va caminando y arrolla á su paso casi todas las bellezas espontáneas.
10
Lamentémonos, pues, en silencio..."
Este es, en breves términos, el cuadernillo de Composiciones de Alfonso
Reyes. Creemos que es importante porque nos permite acercarnos, casi de
una manera espontánea, a la vida juvenil de este maravilloso investigador,
poeta, teórico que fue Reyes.

EN TORNO AL TEATRO DE DON MANUEL
EDUARDO DE GOROSTIZA
Lic. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ BERRONEs
Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.L.

SUMARIO: !.-Introducción. 11.-Datos biográficos de D. ManucÍ Eduardo de Gorostiza -1789-1851-, diplomático y dramaturgo mexicano. III.-Obras del Autor.
IV.-Argumentos de algunas comedias y notas críticas. 1.-Indulgencia para todos.
-18~8- (comedia original} . 2.-Don Dieguito. -1820- (comedia original}. 3.Contigo, pan y cebolla. -1833- ( comedia original). V.-Bibliografía consultada.

l. INTRODUCCIÓN
EN ESTE TRABAJO de investigación me propongo esclarecer algunos datos
biográficos y bibliográficos de don Manuel Eduardo de Gorostiza, dramaturgo poco estudiado hasta la fecha; así como presentar la sinopsis de algunas de sus comedias.
Para ello, me he valido de la bibliografía que he podido localizar en la
Bibliote~a Nacional de esta ciudad de Madrid, en la Biblioteca Hispánica
del Instituto de Cultura Hispánica, en la de la Facultad de Filosofía y Letras así como algunas Historias de la Literatura Mexicana e Hispano-americana y un libro del Teatro S electo de Gorostiza, de mi Biblioteca particular.
Mi intención es dar a la publicidad la importancia de Gorostiza, continuador de la línea teatral de Alarcón y un puntal de enlace entre el teatro
neo-clásico y el romántico dentro de la Literatura Mexicana.
Sirva pues, mi mensaje al público mexicano, mi deseo de dar a conocer
a este escritor que viviera una parte de su vida dentro del ambiente madrileño en el que me encuentro por ahora. Madrid, abril de 1966.

' !bid., pp. 13-14.
' !bid., p. 16.
10
!bid., p. 18.

203

202

�II.

DATOS BI00RÁF1cos DE D. MANUEL EouARDo DE GoRosTIZA

1851-,

-1789-

DIPLOMÁTICO Y DRAMATURGO MEXICANO

Don Manuel Eduardo de Gorostiza nació en el puerto de Veracruz, el día
13 de octubre de 1789. Fue su padre el Brigadier D. Pedro de Gorostiza,
Gobernador de Veracruz en esa época, el Inspector general de las tropas de
la Nueva España, distinguido militar, pariente del Conde de Revillagigedo.
Su madre fue doña María Rosario Cepeda, descendiente lejana de Santa
Teresa de Jesús. Ella nació en Cádiz, España, en donde se supone que realizó brillantes exámenes y fue designada "regidora honoraria y perpetua".
A la muerte del Brigadier Gorostiza en 1794, en la misma ciudad de
Veracruz, después de haber hecho diversas obras de importancia en el puerto, tales como la instalación del servicio de guardacostas, la introducción del
agua potable procedente del río Jamapa, etc., su esposa decide regresar
a España con sus tres hijos: Francisco y Pedro Angel (que fueron pajes de
la familia real), y Manuel Eduardo, quien comenzó la carrera eclesiástica
que abandonó por la de las armas; llegó a ser cadete, capitán de granaderos
-1808- y Coronel en 1814. Luego, se retiró del ejército y se dedicó a la
política y a las letras.
A la edad de 18 años tenía amistades con personajes interesantes como D.
Francisco Martínez de la Rosa, don Antonio Alcalá Galiano, etc. Después,
afiliado al partido político de don Manuel José Quintana, comenzó a vivir
la intensa existencia de orador de Club y conspirador en contra del Monarca de entonces, Carlos IV, débil e irresoluto, y contra el primer Ministro,
el Príncipe de la Paz, don Manuel Godoy. Por esta causa, posteriormente,
Femando VII, Rey absoluto, dicta la expulsión de España de Gorostiza, quien
formaba parte del grupo de escritores proscritos, tales como el Duque de Rivas, Martínez de la Rosa, Quintana y otros.
Don Marcelino Meléndez y Pelayo señala que: "Gorostiza, que no carecía
de dotes oratorias, se hizo notar por sus peroraciones tribunicias en las sociedades patrióticas del Café de Lorenceno, de la Fontana de Oro y de la
1
Cruz de Malta, figurando en primera línea entre los liberales más exaltados" .
El 19 de marzo de 1808, Don Manuel Eduardo de Gorostiza participó en
la preparación del motín en contra de Den Manuel Godoy, motivo por el
que fue expulsado, como decíamos anteriormente, desterrándose a Londres
en 1821, donde llevó una existencia precaria.
En Londres, Don Manuel Eduardo Gorostiza se dedicó al estudio del inglés y del francés, así como también cultivó amistades con personalidades dis1

GoROSTIZA, MANUEL EDUARDO DE, Indulgencia para todos. U.N.A.M. México,

1942, p. XI.

tinguidas, tales como el Barón de Humboldt, el Marqués de Lafayette, Washington Irving, Lord Aberdeen, etc.
En 1824 conoce al Sr. Don José Mariano de Michelena, Ministro Plenipotenciario de México ante Su Majestad Británica, quien probablemente le
ayudó a decidirse por la nacionalidad mexicana. Gorostiza se le presenta
"como un mexicano descarriado que deseaba regresar al regazo de su patria'',2
ofreciendo sus servicios a la naciente República Mexicana. En la carta anota: "Nada pido -concluye- porque no habiendo podido hasta ahora emplearme en nada en servicio de mi patria, a nada tengo derecho. Pero si
ella cree que mis débiles talentos pueden serle de alguna utilidad, disponga
de ello y de mi vida como guste".3
Es interesante este documento dirigido a la Autoridad Mexicana, en el
que explica en dónde nació y quiénes fueron sus padres. Por él mismo sabemos algunos datos de su vida: que a los cuatro años regresó a España,
que fue Cadete Capitán de granaderos en la Invasión Francesa, que colaboró en la Guerra de Independencia y a la causa de la libertad europea. Señala: "Mexicano, pues, y rotos hoy los vínculos que me ligaban a la que
fue la cuna de mis padres, mi deber y mis principios juntamente, me impelen a ofrecer a la República, por medio de V. A. mi homenaje y mis
estériles votos, aunque ardentísimos, por su futura prosperidad". lo. de julio
de 1824.'
Como vemos, Don Manuel Eduardo Gorostiza sintió la necesidad de colaborar con su verdadera patria de nacimiento en lo que correspondía a obtener la libertad.
Desgraciadamente dicho documento está hoy desaparecido.
En esta forma fue como Gorostiza se introdujo en la Diplomacia. Se le
encomiendan sucesivamente varias misiones diplomáticas de Europa, desempeñándolas dignamente.
El lo. de febrero de 1826 fue "nombrado por nuestro gobierno Encargado
de Negocios de la República Mexicana cerca de S.M. el Rey de los Países
Bajos".
En 1830 se le elevó al rango de Ministro Plenipotenciario.
En 1831 cierra el Tratado de Amistad y Comercio entre Prusia y México.
En 1833 es llamado a México y se despide muy honrosamente de S.M.
el Rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.
En Londres publicó su Cartilla Política, que fue famosa.
• GoNZÁLEZ PEÑA, CARLOS, Historia de la Literatura Mexicana.
p. 321.
1
Opus cit., p. 321.
• Opus cit., p. 321.

México, 1928,

205

204

�'
El 25 de julio de 1833 llega a México, llevando consigo a su esposa Doña
Juana Castilla y Portugal, y a sus cuatro hijos: Luisa, Eduardo, Rosario y
Vicente.
El valor que tiene Gorostiza en el ámbito diplomático es grandioso, pues
es él, el primero en negociar los "primeros tratados internacionales", por lo
que se considera como uno de los fundadores de la Diplomacia Mexicana.
A los 44 años -1833-, Gorostiza, reintegrado al suelo natal, tomó parte
en la Cámara de Diputados y en la Comisión de Instrucción Pública.
En 1834 es enviado con otra misión diplomática a los Estados Unidos del
Norte, a Washington, D. C., donde representó dignamente los intereses de
México ante la Casa Blanca, en unos momentos difíciles por el conflicto de
Texas. Quiso llegar a un acuerdo digno con el gobierno de Jackson, mas
viéndose imposibilitado y ante la proximidad de la invasión norteamericana
en México, decide regresarse a su suelo patrio, pidiendo sus credenciales el
mes de octubre de 1836.
Sin embargo, Gorostiza, antes de salir de los EE. UU., en Filadelfia publicó un folleto que contenía la correspondencia oficial cambiada entre el
Departamento de Estado y la Representación Mexicana, denunciando ante
el mundo libre la flagrante violación del Derecho Internacional y exponiendo la verdad, motivo éste que posteriormente le causara serios reproches por
el gobierno mexicano, en virtud de una queja presentada por el gobierno
de los Estados Unidos en su contra, hacia 1837. Sin embargo, Roa Bárcena
dice que "Nada puede formar una idea más exacta de la capacidad, cultura, cortesanía y energía de Gorostiza que esas notas, que honran a México
y que transmiten a la historia y a la posteridad la razón y la justicia de
los vencidos y la deslealtad y mal disfrazado abuso de fuerza de la nación
vencedora". 5
Poco después el Gobierno Mexicano se dio cuenta exacta de su actitud, y Gorostiza fue re-integrado al campo político de nuevo, siendo nombrado el 21
de julio de 1838, Ministro de Hacienda en México. El 22 de diciembre de
ese mismo año fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores e Interiores
y en 1842 es nombrado nuevamente Ministro de Hacienda. Su filantropía
le llevó a fundar de su propia cuenta, la Casa de Corrección para jóvenes
delincuentes, en 1841.
En 1847, Gorostiza, a la edad de 58 años, intervino en la Invasión NorteAmericana en la defensa de México, como dirigente de un batallón de artesanos, denominado "Los Bravos", sosteniéndose al frente, en el Convento
• GoNZÁLEZ PEÑA, CARLOS, Opus cit., folleto intitulado: Contestaciones habidas
entre la Legación Extraordinaria de México y el Depto. de Estado de Estados Unidos.

183 7. Gorostiza, p. 322.

206

de Churubusco, deteniendo el paso al enemigo. Fue este acto caballeresco
y valeroso uno de los últimos de su vida pública.
Posteriormente tuvo otro cargo de importancia: Director de la Renta estancada de tabaco y poco a poco vio declinar su vida en la ciudad de Tacubaya, México, donde murió el 23 de octubre de 1851.
En c~anto a su obra literaria de creación, destacó en su época de plenitud, residente en Madrid. En México se dedicó más a las imitaciones refundiciones, traducciones y adaptaciones, llegando a ser verdadero Mecenas y cultivador del teatro mexicano.

III.

ÜBRAS DEL AUTOR

Gorostiza compuso originales, imitadas, refundidas o adaptadas alrededor
de 60 obras, según datos dados por las nietas del dramatur&lt;YO ; Don Armando de Mária y Campos.
~
Veamos la lista :
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
23.

El soplón.
Paulina, o ¿ quién mueve los alambres?
El lente.
La mujer que ya no se quiere.
El capítulo 18.
El charlatán.
La chimenea.
La madrastra.
La madrina.
Apostar y no perder.
El oso y el pájaro.
Don Bonifacio - Pieza cómica en un acto--.
Cristina o la reina de 16 años.
Conocer para juzgar.
Mi mujer y mi empleo.
Juan jovial.
La primera entrevista.
Watel.
Miguel y Cristina.
A pícaro, pícaro y medio.
El odio de una mujer.
El abuelito.
Mater velis nobis.
207

�24. Testamento de un comendador.
25. Rodolfo.
26. El amante prestado (o El amante jorobado) :
27. El mala cabeza.
28. El coronel.
29. El gorrista.
30. Cada uno por su lado.
31. El aprendiz.
32. El padrino de todos los desafíos.
33. El primero es el firme.
34. Las grandes amarillas.
35. Tal para cual o las mujeres y los hombres.
36. El maestro en cuchilladas.
37. La Sureta.
38. El tutor y la pupila.
39. La sonámbula.
40. Virtud o patriotismo o el lo. de enero de 1820.
41. Indulgencia para todos.
42. Don Dieguito.
43. Contigo pan y cebolla.
44. El jugador.
45. El amigo íntimo.
46. U na noche de alarma en Madrid.
47. El cocinero y el secretario.
48. Las costumbres de antaño.
49. También hay secreto en mujer.
50. Lo que son mujeres.
51. La hija del payaso.
52. Estela o el padre y la hija.
53. ¡ Vaya un apuro!
54. Un enlace aristocrático.
55. Las cuatro guirnaldas.
56. El novio austrorruso.
57. La huerfanita de Tacubaya.
58. El ranchero de Aguascalientes.
59. La casa en venta, y
60. Emilia Galloti (de Lessing).
De estas obras muchas se han perdido. La mayoría de ellas fueron escritas para ser representadas en las temporadas del Teatro Principal, de México, cuando Gorostiza era Empresario o figuraba como Director.
208

Otras, las primeras obras que publicó Gorostiza, en su juventud y madurez, fueron casi todas representadas con gran éxito en Madrid, y algunas,
simultáneamente en México.
Además, según el archivo personal de Gorostiza, que ahora es propiedad
de Don Armando de Mária y Campos, de los materiales inéditos y autógrafos que se han podido localizar tenemos los siguientes:
l. A la temprana muerte de la Reyna, Nuestra Señora. Soneto impreso
en una hoja, al parecer edición privada S/f.

2. Reflexiones sobre el antiguo teatro español. Artículo primero. 4 hojas
en borrador, incompleto.
3. Banco patriótico del Clero Mexicano. Dos borradores con proyecto
de ley; uno contiene 16 artículos y el otro 24.
4. Apuntes para una biografía de Isidoro Máiguez. Dos cuadernos grandes, tamaño oficio, y varios cuadernillos, hasta completar 16 hojas.
5. Introducción a la vida de Riego. Un cuaderno con doce hojas.

6. Indicaciones sobre la marcha de la Comisión de Instrucción Pública
en sus futuros trabajos. 3 hojas tamaño carta.
7. Historia del teatro español. 1 cuadernillo, con 24 páginas.
8. Sobre Lope de Vega. 4 páginas tamaño oficio.
9. Borrador de un artículo o estudio sobre La cuestión de nuestras futuras negociaciones con España. Un cuadernillo con 8 páginas.
10. Sobre pensadores españoles, anotaciones. 12 páginas tamaño oficio.
11. Culteranismo. Veinte páginas tamaño oficio.
12. Proyecto sobre colonización en diversas partes DEL PAÍS y PARTICULARMENTE EN LA REGIÓN IGNORADA DE Texas. Un cuaderno con 28 páginas,
tamaño pequeño.

13. Proyecto para establecer un banco de colonización indígena y extranjera. Un cuaderno con 28 páginas.

IV. SINOPSIS DE ALGUNAS COMEDIAS

Y

NOTAS CRÍTICAS

l. INDULGENCIA PARA TODOS, comedia original en cinco actos, fue editada
por primera vez ·e n Madrid, en 1818. Luego en Bruselas, en 1825, por la
209
eH-14

�casa Tarlier. Posteriormente ha habido varias ediciones, incluso en México,
en 1957. Esta obra se estrenó en el Teatro del Príncipe, en Madrid, el 14
de septiembre de 1818.
La acción principia a las seis de la tarde y da fin a las doce del día siguiente.
Epoca: hacia 1818.
Es una comedia cuyo tema es la crítica a la costumbre de la época de
imponer el marido a las hijas casaderas, por sus padres.
Personajes:
Don Fermín de Peralta, vecmo de una villa de Navarra y padre de
Doña Tomasa y de
Don Carlos, amigo de
..
Don Severo de Mendoza, caballero vizcaíno, aunque con su fam1ha establecida en Castilla, que trata de casarse con ?oña Tomasa. ,
Don Pedro Arismendi, alcalde mayor del pueblo y amigo de Don Fermm.
Colasa, criada de Doña Tomasa.
Gaspar, criado de Don Severo.
La escena en una pequeña villa de Navarra, en una casa solariega, con
muebles antiguos un poco deteriorados, y con dos puertas: una que da al
exterior y la otra a las habitaciones interiores.
La comedia está dedicada a Anarda. Gorostiza anota: "Por justificar la
lisonjera opinión que merecí a Ud. luego que_ tuve la dicha de, conocerla,
he deseado que mi nombre saliese de la oscuridad a qu: le hab1an :ondenado mi natural indolencia, y los sinsabores que acompanaron los primeros
años de· mi juventud. Si algún día llega aquél a ser pronunciado con aprecio por mis compatriotas, a Ud. solo se le deberá, y por lo tanto permítame
Ud. ofrezca a sus pies este ensayo dramático, como muestra de lo qu~ podré hacer, como prueba irrefragable de mi invariable amistad, de mi respeto, de mi admiración. Madrid, lo. de agosto de 1818. Manuel Eduardo
de Gorostiza" .6
Sinopsis: Don Severo de Mendoza, caballero vizcaíno, maestro de Humanidades en Salamanca, persona de unos treinta y cinco años, desea contraer
nupcias con Doña Tomasa de Peralta, vecina de la Villa de Navarra.
El pretendiente, Don Severo, gozaba de una fama de ser "un hombre perfecto", y por ello, Don Carlos, hermano de Doña Tomasa, supone que sería
muy difícil a ésta convivir con él, y que no será feliz.
• GoROSTIZA, MANUEL EouARDO DE,

Indulgencia para todos.

Bruselas.

En

casa

El personaje es Don Severo, pero la simpatía y personalidad de Carlos,
parece que rompe la línea del hombre. Como si fuere un personaje de Pirandello, en determinados momentos Carlos figura ser el personaje principal:
como si al autor se le escapara de la mano la vivencia de Carlos, y es que
en estos dos personajes está la lucha eterna entre la vida real y la biblioteca,
saliendo vencedor lo espontáneo sobre lo rebuscado.
Como cree Carlos que su hermana que va a casarse con Don Severo no
será dichosa, establece un diálogo sustancioso con su padre Don Fermín sobre este punto hasta creer éste que tal vez debería conocer el problema un
sacerdote. Don Pedro, el Alcalde de la villa, personaje chocarrero como buen
vizcaíno, propone un enredo para hacer caer a Don Severo y con ello igualarle a los demás. Aceptada la comedia por todos, simulan que Tomasa, con
el nombre de Flora, es la sobrina de Don Fermín y a la vez, la prometida
de Carlos.
Figura, pues, Flora (es decir Tomasa), como un personaje romántico y fantástico que en simple hojeada a Don Severo se ha enamorado de él en las
fiestas de San Fermín (Pamplona).
En este momento, los personajes corretean por la escena, en espera de la
llegada de Don Severo: al fin llega éste con su aspecto engolado que hace
honor a su nombre. El primer gesto dictatorial es despedir a Gaspar, su
criado, por una fruslería, y que no se llevó a cabo por la intervención de
Don Fermín. Más tarde, aparece Flora, y siguiendo el juego se desmaya en
pr~sencia de Don Severo, haciéndole ver claramente que está enamorada
de él.
Carlos habla con Don Severo y le explica que se casa con Flora, de la
cual no está enamorado, ni ella de él; ocasión que aprovecha Don Severo
para incitar a Flora a que abandone a Carlos. Mas como Carlos escucha esta
conversación lo llena de injurias hasta tener Don Severo que aceptar el
desafío. Éste se celebra en una taberna, pero no tiene consecuencia alguna,
nada más que Don Severo es incitado al juego por Carlos y pierde no sólo
el dinero que llevaba sino el de Don Fermín que había cobrado por poder.
Al regreso, Don Severo da muestras de inquietud no sólo por la pérdida del
dinero sino por el escándalo que suponía para él, como prototipo de "caballero perfecto". Colasa, la criada, después de un diálogo con él le ruega
que confiese y éste lo hace a Don Fermín. En plena conversación aparece
la justicia enviada por Don Pedro, el Alcalde, por haberse realizado el desafío
y es detenido Carlos; mientras que en Don Severo hay una especie de arrepentimiento ya que el delito es de los dos. Cuando declara Don Severo que
también es partícipe, comienza la aclaración del enredo y cuando Doña To-

de Tarlier. Editor 1825, p. 5.

211

210

..
. .'

�masa le confiesa que también ella, desde el principio había consentido en
el enredo, todo queda dilucidado y Don Severo, sabiéndose un hombre como todos, con cualidades y defectos, pide "Indulgencia para todos".
Lo fundamental que se observa, como característica de crítica costumbrista, es la imposición del marido por los padres a las hijas, pues a pesar
de que se invoca al amor, en veinticuatro horas, difícilmente, suponemos,
se logra por completo el aspecto espiritual de este sentimiento humano.
Don Armando de Mária y Campos, en el prólogo de la edición de Colección de Escritores Mexicanos, México, 1957, del Teatro Selecto, de Gorostiza, dice que "Las comedias originales de Gorostiza así como sus traducciones y arreglos, se representaban con frecuencia por compañías de repertorio, en los teatros Principal y Nacional, de la ciudad de México, y Principal de Veracruz y de Puebla".7
Y en otro lugar señala que Andrés Prieto, gran actor español, llega a México hacia 1825, recomendado por Gorostiza, entonces cónsul general de México en los Países Bajos. Prieto, que contaba unos 33 años, llegó a ser uno
de los mejores directores de teatro en México, y hacia 1826 presentó Indulgencia para todos, Don Dieguito, algunas obras de Moratín, de Moliere, etc.
en esa temporada.
Ahora bien, Emilio Cotarelo y Morí, en su libro Isidoro Máiquez y el
teatro de su tiempo, señala que a Máiquez le cupo "hacer el papel de Don
Severo de Mendoza, hombre virtuoso y carácter rígido, censor acre de los
defectos ajenos, y que en el discurso de un día se entrega, si bien por circunstancias fortuitas, a algunos de los vicios por él fustigados. Como el hacer caer a Don Severo es el resultado de una conjuración tramada por la familia, con quien va a emparentar, sólo hasta cierto punto es admisible la
conclusión que obtiene el poeta de la necesidad de indulgencia general, y
sólo bajo cierto y muy limitado aspecto, resulta don Severo excesivamente
severo con todos y aún consigo mismo. Por lo demás y en cuanto al arte,
la comedia es de lo que no se había visto desde Moratín, y en ese elevado
8

lugar la conserva la posteridad".
Por otra parte, Julio Jiménez Rueda, en su obra Historia de la Literatura
Mexicana, Ediciones Botas. México, 6a. ed., 1957, anota: "Pertenece don
Manuel Eduardo de Gorostiza a la escuela moratiniana cultivada por entonces con éxito en los teatros españoles"... "Los asuntos de sus comedias

'

' GoRoSTIZA, MANUEL EDUARDO DE, Teatro Selecto, Colecci6n de Escritores Mexicanos. Editorial Porrúa, la. Ed. 1956, p. XVII.

• Opus cit., p. XI.

212

son sencillísimos, pretexto solo para trazar un agradable cuadro de costumbres y fustigar un vicio o una inconveniente práctica social".9
. Como vemos, las críticas de esta obra abundan. Para citar una más, aludimos a la de_ E. Diez Echa1:ri y J. M. Roca Franquesa: "No puede negarse ª. Goroshza ~uenas cualidades... : habilidad constructiva, gracejo natu:al, fma observación de la vida, facilidad versificatoria. Los momentos cónu~os, nada forzados, brotan con naturalidad y lógica en su sitio pertinente,
Y_ siempre se nos dan como resultado de la acción; el engarce de las situaciones ~stá hecho _con tal maestría que apenas se perciben las suturas entre
las vanas secuencias"...1 º
. ?orostiza ~demás de ser un dramaturgo de importancia en su tiempo, cultivo la poes1a Y el romance en su Romancero, así como varios Sonetos
Y. Odas.
2. DoN Dmourro, comedia original en verso y en cinco actos, fue editada en Madrid hacia 1820 por primera vez. Posteriormente en Bruselas
-1825- y en México, 1957.
Fue presen~?ª en Madrid, e~ 1816 y en Buenos Aires en 1818; posterior~ente en Mexico, en 1825 baJo la dirección del actor español Diego Mana Garay.
La acción se desarrolla en Madrid.
Epoca: Hacia 1800.
La escena en casa de una familia de la clase media, la de Don Cleto
1 ac1on
padre de Doña Adelaida, y en una -h ab"t
· ' que ocupa Don Dieguito. '
Personajes:
Don Anselmo.
Don Dieguito.
Don Cleto.
Don Simplicio.
Doña María.
Doña Adelaida.
Simón, criado.
El tema es la crítica a un tipo de personaje que representa al joven poco
culto que por halagos de su prometida y su familia para conquistarle, se
• J1MÉNEZ RUEDA, Juuo, Historia de la Literatura Mexicana. Ediciones Botas
'
7a. Ed. 1960, p. 197.
ª _E. Drnz E_cHARRI Y J. M. RoCA FRANQUESA, Historia de la Literatura Española
e Hispanoamericana. Editorial Aguilar. 1960, Madrid, p. 773.

213

�ª. !ª

considera refinado, llegando a hacer el ridículo. Asimismo, la crítica
costumbre social de imponer el marido a las chicas casaderas, por elecc1on
1

1

1

1

1

1

1

1

kl

de los padres.
.
. .
.
Sinopsis: Don Diegitlto, sobrino de Don Anselmo, ha ido a v!vir a ~adnd,
con el objeto de llevar a cabo ciertos estudios que no pod1a realizar en
Santander. En Madrid, conoce a Doña Adelaida, con la cual pretende casarse, y con quiep se aloja en la casa de Don Cleto.
Don Diegitlto deja los estudios, suponiéndose un buen literato ~ po~ta
por los halagos de su novia. Luego, cuand? está pró~mo_ al matnmomo,
Doña Adelaida se da cuenta que su promeodo no tema dinero Y por ello
ya no quiere casarse con él y se deja enamorar por el tío de Don Dieguito,
Don Anselmo, hombre maduro pero adinerado, quien había llegado a la capital para informarse de la futura esposa de su ~obrino:
,
Don Dieguito descubre el engaño de que ha sido objeto y su tio Don Anselmo hace lo propio al descubrir la intriga. Marchan los dos a Santander
en donde Dieguito piensa encontrarse "una pasiega rolliza" que le quisiese
a él y no a su dinero.
..
_
Una vez que Don Dieguito y su tío se marchan, la familia de Dona Aclelaida queda triste y ésta decidida a no amar más "~or interés".
.
En esta comedia encontramos un personaje que Juega un papel importantísimo: Don Simplicio, un tipo de maestro, el mentor de Doña Adelaida, que
hace y deshace en casa de Don Cleto. Es un "pícaro, pedante, desvergonzado", que llevaba y traía recados.
.
.
.
.
En conclusión, Don Dieguito es una comedia con influencia molenesca Y
moratiniana y una crítica a las costumbres y al personaje pedante de la
sociedad madrileña de la época.

¡

3. CoNTIGO, PAN y CEBOLLA, comedia original en cuatro actos, editada
por primera vez en Londres -1833- . Posteriormente en México -1957- .
Ediciones Botas.
Fue representada en México, en el Teatro Principal, el 15 ,d~ diciembre
de 1833 cuando ya el autor, Gorostiza, se encontraba en Mex1co. Luego,
hacia 1872 fue puesta en escena de nuevo, siendo primera figura Pilar Belaval.
, .
En Madrid, se representó el 4 de diciembre de 1833, con ~ucho extto
y entusiasmo "como no se había visto igual, desde El sí de las ninas, de Moratín" .11
En la Biblioteca Nacional de Madrid, existe un ejemplar donado en 1920,
en donde tuve la oportunidad de leer esta obra.
u GoROSTIZA,

MANUEL

EDUARDO DE, Indulgencia para todos. Pr6logo de Mario

Lugar de acción: en Madrid.
Epoca: Hacia 1833.
La escena en una casa bien amueblada, la de Don Pedro de Lara, padre
de Doña Matilde, los tres primeros actos. El cuarto, en una pequeña habitación humilde, donde hay una vieja cama y muebles antiguos, en la calle
del Desengaño.
Personajes:
Don Pedro de Lara.
Doña Matilde, su hija.
Don Eduardo de Contreras.
Bruno, criado de Don Pedro.
La Marquesa.
El Casero.
La Vecina.
Sinopsis: Doña Matilde, de familia acomodada, enamorada apasionadamente de Don Eduardo de Contreras, joven sin capital alguno, se casa con
él aunque su padre se lo había impedido.
El autor muestra, a través de la comedia, los problemas subsigitlentes cuando no se elige bien al marido, siguiendo únicamente los impulsos amorosos.
Se supone que en la época en que aparece esta comedia, Larra había
publicado un artículo Casarse pronto y mal, con un tema parecido.
Vemos en esta obra de Gorostiza una evolución del mismo tema acerca
del matrimonio. Doña Matilde se casa por amor, contra la voluntad de su
padre, pero, a la vez, el autor señala el fin didáctico a las hijas casaderas:
elegir deliberadamente por amor al compañero con el que crean ser felices.
Contigo, pan y cebolla es una sátira al sentimentalismo romántico y a la novela idealista.
Doña Matilde se nos muestra en un principio un tanto indecisa al elegir el estado de matrimonio. Hay momentos en que prefiere entrar en un
convento. Una vez que Don Eduardo de Contreras va a pedir su mano a
su padre, decide no casarse y así se lo hace saber, a través de Don Pedro.
Entonces, Don Eduardo está a punto de irse a América, pero antes quiere
ver una vez más a Doña Matilde. Le expone su decisión y ésta, al darse cuenta de que le perdería para siempre, ayudada de su criado, Bruno, arregla
salir de su casa y casarse en la próxima iglesia con su amado. Hay una
escena en la cual ella pretende suicidarse tomando unas pastillas, si no consigue lo que se propone y, asimismo, Don Eduardo lleva preparada su pistola

Mariscal. U.N.A.M. México, 1942, p. XXXI.

215

214

�V.

CONCLUSIONES

I

para el caso de que no ocurra lo que él quiere. Estos dos personajes, como
vemos, son plenamente románticos.
Uno de los grandes críticos de la época de Gorostiza, Don Mariano José
de Larra, romántico también, anota:
"Es un error --dice-- creer que las novelas tienen la culpa de las locas
bodas y desatinados enlaces que en el mundo se hacen y se han hecho...
Los autores dramáticos van sin embargo con los tiempos: la recogida educaci6n de las jóvenes del siglo pasado autorizaba la tiranía de los padres, y
Moratín creyó hacer un señalado servicio a su país dando El sí de las niñas. .. En el siglo actual se pueden contar tantas desgraciadas víctimas de
los enlaces poco meditados, como en el pasado de las obligadas reclusiones.
Era, pues, preciso sacar a la plaza toda la ridiculez de aquellos jóvenes irreflexivos que todo lo abandonan por el amor, las más veces sin considerar si
se hallan verdaderamente enamorados, o si sólo creen estarlo cuando exclaman: ¡ Contigo pan y cebolla! El señor de Gorostiza, poeta ya conocido
en nuestro teatro moderno, se ha apoderado de una idea feliz y ha escogido
12
un asunto de la mayor importancia" .
Y en otro párrafo señala: ..."rasgos hemos visto en su linda comedia que
Moliere no repugnaría, escenas enteras que honrarían a Moratín. El carácter del criado y las situaciones todas en que se encuentra son excelentes y pertenecen a la buena comedia; ..." 13 el padre es un hombre pasivo, es un
instrumento no más del astuto Don Eduardo. Este es un bello carácter, la
carta que escribe es del mayor efecto y pertenece a la alta comedia. El len14
guaje es castizo y puro; el diálogo bien sostenido y chispeando gracia" ...
Según Don Armando de Mária y Campos, la idea de esta comedia que
dio origen al asunto está basada en la realidad. Supone que la hija mayor
de Gorostiza, Ma. Luisa, tenía relaciones amorosas con un joven español,
procedente de buena familia pero emigrado y consecuentemente sin dinero,
y por ello el padre, Gorostiza, influyó en su hija para que desistiese de ese
matrimonio.
Así pues, la comedia puede haber tenido su origen en la realidad. De hecho, sí observamos que las costumbres sociales de la época están enfocadas
en la comedia, como son los rasgos de la imposición de la voluntad de los padres en las hijas casaderas, aunque en este caso logra triunfar el amor. Las
costumbres de la familia burguesa y los chismorreos del "bajo barrio" están
muy bien pintados. En conclusión, una comedia picante y graciosa.
,, GoROSTIZA, MANUEL EDUAllDO DE, Teatro Selecto. México, 1957. 6a. Ed., Editorial Porrúa. Colecci6n de Escritores Mexicanos. No. 73, p. XI.
,, GoRoSTIZA, MANUEL EDuAllDO DE, Opus cit., p. XI.
" GoRoSTIZA, MANUEL EouARD&lt;&gt; DE, Opus cit., p. XII.

216

La obra de Don Manuel Eduardo de Gorostiza está situada, dramáticamente, entre Moratín y Bretón de los Herreros.
En cuanto al asunto y a la trama es continuador de Moratín y precursor
de Bretón. Se le ha llamado "el Moratín mexicano" y "el Bretón americano". Sin embargo tiene una persont1lidad propia y definida.
Se le ha considerado como "la figura más importante en el breve período
en que ocupó la escena madrileña" .15
Espiritualmente, Gorostiza seguía la tradición española: "deleitar aprove,
chanclo" (Tirso).
Cultivó el teatro costumbrista. A veces encontramos una sátira y una crítica picante de la sociedad española de su época.
Se puede catalogar también como un continuador del "teatro de caracteres" de Alarcón, dentro de la Literatura Mexicana. Sin embargo, se observan las influencias extranjeras, tales como la de Terencio, Moliere, Goldoni, Comeille y Shakespeare. Sus personajes no son regionales sino universales, de aquí su valor.
Técnicamente adapta la modalidad establecida por Moratín, aunque a
veces se permitía ciertas libertades. También podríamos catalogar su teatro
como Neoclásico, puesto que "la regla de las tres unidades" casi siempre la
encontramos en sus principales obras originales, como en Indulgencia para
todos, Don Dieguito, etc.
Gorostiza cultivó el teatro en su juventud y madurez como lo podemos
apreciar en los datos biográficos y principalmente en su estancia en Madrid,
hasta 1820, y en Europa, en Londres y en Bruselas, hacia 1833 en que publica Contigo, pan y cebolla y Las Costumbres de Antaño.
Luego, en México, una vez adoptada la nacionalidad mexicana, se dedica
a Empresario Teatral, siendo sus obras representadas principalmente en el
Teatro Municipal de México, y en Veracruz.
En Madrid, algunas de sus obras fueron representadas habiendo alcanzado un éxito rotundo, en su tiempo.

11

GoNZÁLEZ PEÑA, CARLOS, Historia de la Literatura Mexicana. México, 1928,

p. 325.

217

�VI. BIBLIOGRAFÍA
t.

ALTAMi'.RANO,

Discurso, 1876, p. XII, opus cit.

Semanario Político Y Literario.

México, junio 1824, p. XV, opus cit.
2. Artículo periodístico: Carta de México. Gorostiza a varios tiempos. (Un romántico americano). Diario de Madrid. ARRIBA, 20 de enero de 1966..
3. CoTARELo y MoRI, EMILIO, Isidoro Máiquez y el teatro de su tiempo, p. X,

opus cit.
.
4. DÍAz PLAJA, FERNANDO, La vida española en el S. XIX. Madr~d, 1952.
_
5. E. DIEZ EcHARRI y J. M. RocA FRANQUESA, Historia de la Literatura Espanola
e Hispanoamericana. Editorial Aguilar, Mad_rid, 1961. la.' edición., .
6. GoNZÁLEZ PEÑA, CARLOS, Historia de la Literatura Mexicana. MelUco, 1928.,
7. GoRosTIZA y CEPEDA, MANUEL EDUARDO, Teatro Escogido. Bruselas, 1825. Paris,

LA POES1A POPULAR ITALIANA
PROF. GIANCARLO VON NACHER MALVAIOLI
Escuela de Letras, I.T.E.S.M.

1826. 4 Vols.
8. GoROSTIZA, MANUEL EDUARDO DE, "Contigo, pan y cebolla" Comedia original
en 4 actos en prosa. México.
9. GoROSTIZA MANUEL EDUARDO DE, Las costumbres de Antaño o La Pesadilla. Comedia ori~inal en verso, refundida por su autor para el Teatro Principal de
México, 1833.
10. GoROSTIZA, MANUEL EDUARDO DE, Indulgencia para todos.

Prólogo de Mario

Mariscal. U.N.A.M. México, 1942.
11. GoROSTIZA, MANUEL EDUARDO DE, Teatro Selecto. Edición, prólogo Y n_otas de
Armando de Mária y Campos. Editorial Porrúa, S. A. Av. Rep. Argentma, 15.
México. Colección de Escritores Mexicanos No. 73. la. Ed. 1957.
12. HURTADO y PALENCIA, Historia de la Literatura Española. Madrid, 1943.
13. JIMÉNEZ RuEDA, Juuo, Historia de la Literatura Mexicana. Ediciones Botas.
México, 7a. Ed. 1960.
_
.
14. LARRA, MARIANO JosÉ DE, Obras Completas. (Obras de Gorostiza).
15. MILLÁN, MA. DEL CARMEN, Historia de la Literatura Mexicana. Editorial Esfinge. 1962.
_
. . .
16. y ALBUENA PRAT, ANGEL, Historia de la Literatura Espanola. Ed1tor1al Gustavo
Gili, S. A. Tomo III, 1960.
17. VALBUENA PRAT, ANGEL, Literatura Dramática Española.

_
1950.

EsTA BREVE ANTOLOGÍA tiene el objeto de develar un campo hasta ahora completamente ignorado por los traductores de lengua española: el de la poesía
popular italiana.
Tomada en cuenta la vastedad de la tarea por realizar, dada la imposibilidad de poder encontrar, retener, analizar cientos de miles de poemas que
la fantasía popular ha creado en Italia, desde las épocas remotas del ocaso
del Imperio Romano hasta el siglo pasado, se ha restringido el estudio a
una selección, aunque incurriendo en todos los defectos y arbitrariedades
que una antología comporta, de unos cantos entre los más significativos de
cada región, los más encantadores, los más típicamente autóctonos, los más
poéticos.
Este criterio ha acompañado la elección, la traducción, la crítica interpretativa y explicativa del ensayo. Con el fin de conservar el sentido psicológico,
se ha procurado una traducción literal -que ha sido posible únicamente
gracias a la ayuda del señor licenciado Alfonso Rubio y Rubio, al cual estoy muy agradecido-- y se ha hecho coincidir el contenido de cada verso
español con el contenido de cada verso original.
Tratándose de poesía dialectal, y siendo numerosos los dialectos italianos,
como numerosos los caracteres sociales, las costumbres, las mentalidades y
distinto el ambiente geográfico y las tradiciones históricas, y por consiguiente
el género y el espíritu de los cantos, se ha creído conveniente recordar, a
grandes rasgos, la transformación del latín en idiomas vulgares, señalar el
predominio de uno de éstos, el toscano, sobre los demás de la península
que siguieron subsistiendo como dialectos, agruparlos por similitud fonética,
léxica, morfológica y sintáctica, antes de abordar el tema propio de la poesía.
Romanice loqui, o latine loqui, se definía con orgullo el idioma latino en
oposición al barbarice loqui, los lenguajes de los bárbaros. Latín hablado

219
218
r

�I

por el pueblo, esto es, el sermo plebeius, sermo vulgaris o rusticus, lengua viva, cotidiana de los súbditos todos del imperio.
El sermo plebeius variaba en las distintas localidades del imperio, dado
que, a causa de las distintas épocas de ocupación romana, reemplazaba paulatinamente los idiomas autóctonos y recibía, al mismo tiempo, infiltraciones y deformaciones, propias del substrato étnico de los pueblos dominados.
Sensibles diferencias entre el latín del norte de Italia, el del sur y el de
Cerdeña-Córcega, · aparecieron ya en el siglo 111 d. C., y alrededor del 600
nacieron, por transformación gradual, los idiomas romances o vulgares, con
marcadas diferencias entre ellos. El uso de los casos se redujo, las desinencias
se fueron perdiendo, las preposiciones se usaron con más frecuencia, el pronombre demostrativo ille se transformó en artículo determinativo, la sintaxis
tomó una forma más lógica, menos artificiosa, el lenguaje se volvió analítico,
al abandonar la estructura sintética.
Se acostumbra reunir estos idiomas vulgares en tres grandes grupos lingüísticos: Romania Occidental (Africa del norte, actualmente Túnez y Libia, España, Portugal, Francia, Bélgica, Italia del norte, arriba de la línea
La Spezia-Rímini).
Romania Oriental (Italia centro-sur, abajo de la línea La Spezia Rímini,
Venecia Juliana o Istria, Dalmacia y Dacia, actual Romania).
Romania Central ( Cerdeña y Córcega) .
División ciertamente relativa, en cuanto, por ejemplo, notamos el fenómeno del hetacismo ( confusión entre la b oclusiva y la v fricativa) en Iberia e Italia del sur, pronunciación ü ( u francesa actual) de la u larga latina
en Francia e Italia del norte, pero no en la península ibérica, etc.
En Italia, desde el siglo VI d. C. aparecieron los primeros testimonios que
demuestran cómo el latín oficial se había vuelto artificioso. En el siglo VII
se formaron las primeras palabras vulgares escritas, en el siglo IX el primer documento de la lengua, es una adivinanza, encontrada en un manuscrito
español y llevada a Verona. En 960 una carta notarial de la ciudad de Capua.
Posteriormente se multiplicaron los ejemplos: de los siglos XII y XIII una carta
sarda, una de Fabriano, otras de Umbría y de Roma, un fragmento de un
libro de los banqueros florentinos, el primero en toscano, etc.
Precisamente en el siglo XIII, gracias a la corte de Federico 11, desde Sicilia se generalizó a toda Italia la lírica de amor en sus tres géneros: culta,
juglaresca y popular. Provenzales, italianos de la península, árabes, alemanes
y sicilianos dieron vida a la primera escuela literaria italiana. Con la derrota de los Hohenstaufen en Benevento ( 1266) y Tagliacozzo ( 1268), tramontó el predominio siciliano. Florencia, güelfa, opul~nta y próspera, ad-

220

qwno su primacía, primacía incontrastada aún por su pos1c1on geográfica
y por su estructura lingüística, más adherente al latín, por consiguiente más
fácilmente comprensible a todos los demás italianos, rica de una sonoridad
propia que interesó a los poetas.
El predominio del florentino en particular, y del toscano en general, se
afianzó definitivamente en los siglos XIII y XIV con Dante, Petrarca y Boccaccio y un conjunto de escritores y poetas menores. Disciplinado, organizado, enriquecido, será promovido al rango de idioma nacional -sin embargo este hecho no eliminó la forma y el ~o del toscano dialectal, ni la
existencia de los demás dialectos-. Idioma que se diferencia principalmente
de los otros dialectos peninsulares o insulares por:
a) Tener el más altos porcentaje de palabras llanas,
b) terminación vocálica y siempre sonora, •
c) posibilidad de alisión final de vocales y sílabas,
d ) carencia de amontonamiento de consonantes de sonido áspero y que obligan a cambios fonéticos bruscos,
e) ausencia de aspiraciones, de pronunciación nasal o fuertemente gutural,
f) posibilidad de guiarse por el sonido en casos de cacofonía.
Como quedó señalado, todos los dialectos de Italia, por tradición lingüística, tienen en común la gramática y el léxico, pero no la fonética y la sintaxis que marcan diferencias sustanciales, y se acostumbra dividirlos en los
del centro-sur y los del norte.
Entre las variedades de los del centro, con substrato itálico, se colocan:

1) El Toscano, con sus variantes de Lucca-Pisa, de Florencia y de SienaArezzo, que destaca por:
a) en fonética, por la aspiración de la c gutural,
b) en el léxico por la conversión del diptongo uo en monotongo o,1
c) y por el cambio de sufijo latino -arium en -aio (en los demás dialectos del sur, cambió en -aro) .
d) en gramática, formación de los artículos masculinos singulares iI y
lo (como en italiano), mientras el norte tiene el artículo masculino
' Curioso, pero no raro, es el caso de la o breve latina que se desdobló en diptongo uo en el uso popular, mientras los poetaJ conservaban la o y la volvieron a
introducir en el pueblo por medio de sus canciones, mientras tanto el italiano oficial
había aceptado la forma de la uo popular.

221

�singular único él, el sur las formas de lu y lo, el dialecto romano la
forma única er,
e) y por la neta distinción entre el pretérito perfecto (he tenido), usado
siempre en el norte, y el pretérito indefinido (tuve) , usado siempre
en el sur.
2) Dialectos Corsos: un tiempo parecidos al sardo, ahora, a pesar de la
·infiltración francesa, aún vivos en su similitud con el toscano.
3) Dialectos de Umbría, Las Marcas (en particular las provincias de Ancona y Macerata), Roma y Lacio del norte, son parecidos al toscano aunque sufren en sus territorios fronterizos infiltraciones de los dialectos del
sur o del norte. Caso típico es el de Las Marcas donde la provincia de
Pésaro y parte de la de Ancona reciben fuertes entonaciones romañolas
y la provincia de Ascoli Piceno, por el contrario, abruzesas. "Trait d'union"
entre los dialectos itálicos del sur y los céltico-itálicos del norte.
Los dialectos del norte, con substrato céltico-itálico o galo-itálico, en sus
innumerables variaciones:
1) Dialectos de Piamonte, Liguria, Lombardía y Emilia-Romaña, en los cuales notamos:
a) En fonética, pronunciación ü y o de la u y o italiana,
b) en el léxico, caída de la vocal final, con excepción de la a,
c) y desdoblamiento de las consonantes dobles (como en castellano) .
2) Dialectos Vénetos: aunque carezcan de los sonidos ü y o, se clasifican
generalmente entre los galo-itálicos.
Los dialectos del sur, con substrato itálico, en sus innumerables variaciones:
1) Dialectos de Lacio-sur, Abruzos, Campania, Calabria, Apulia, Sicilia, en
los cuales notamos:
a) En el léxico, cambio de la nd en nn; de la mb en mm; de la pi en ki ;
de la II en dd.
b) y cambio de la e larga en i; de la o larga en u.
Grupos aparte forman los dialectos de Cerdeña, de Dalmacia y el lad~o
(o "romanche1') de los grisones, de los valles de las Dolomitas, de Friúl, de
Alto Adigio y Engandina:

1) El grupo sardo se encuentra más cerca del latín clásico, sobre todo en la
parte central de Cerdeña (lugodorés).
2) Los grupos ladinos o "romanches" hablados en algunos valles de Italia
del noreste y norte y en el sureste de Suiza (es la cuarta lengua oficial
suiza, después del alemán, francés e italiano) .
3) Dálmata, ya extinto desde el final del siglo pasado.
,-

Aparte se registran unas enclaves lingüísticas no romances en Italia, integradas por las minorías alemanas, eslavas, albanesas, griegas y catalanas establecidas en pequeños grupos en la península o en las islas.
Superando las teorías y las suposiciones tradicionales que señalan Sicilia
como cuna del canto popular y Toscana como acogedora, transformadora e
irradiadora del mismo; el del sur, autóctono, el del norte, importado y asimilado de Provenza, con raíces en el norte de Francia hasta Cataluña y el
lejano Portugal; la isla véneta que lo recibe de Toscana, etc. se ha aceptado la división lingüística, más coherente y lógica, de la poesía del centro.
sud, con substrato itálico, y la del norte, con substrato céltico-itálico.
La poesía popular "renació" en el siglo XIII, si bien con reminiscencias
latinas e influjos extranjeros (provenzales, árabes, alemanes, etc.), en toda
Italia, pero con mayor explosión y vigor en Sicilia. Poesía anónima, en su
mayor parte, y de imitación, por lo menos al principio, más que de creación, se inspira, y es fuente de inspiración, en la poesía juglaresca y, a veces,
en la culta.
Poesía nacida para ser cantada en las fiestas, durante las faenas agrícolas,
en las competencias, en las hosterías, en los burgos y barrios populares, en
las aldeas y en el campo, acompañando y estimulando a los trabajos diarios,
encontrando alivio en la confesión de las penas, exaltando la habilidad, la
fuerza y la astucia, expresando los sentimientos en competencias amorosas,
dando toque alegre y burlón en las reuniones, en las bodas, en los bailes.
Los motivos, los temas, son exquisitamente sencillos, ingenuos con frecuencia,
toscos por espontaneidad, penetran en los sentimientos más comunes, desde
un ingenuo infantilismo amoroso hasta un realismo crudo típicamente popular, desde una religiosidad pagana a un rígido moralismo, desde la franqueza y lo pintoresco del lenguaje hablado en las p~abras, en las frases de
doble sentido, en las situaciones que describe, hasta la temática primitiva
y encantadora, que sorprende y suscita la sonrisa, pero que siempre atrae por
su ausencia de malicia, por su frescura, por su aparente falta de artificio y
de falsedad. El odio, el amor, la venganza, la infidelidad, el celo, la partida
a causa del trabajo lejano, o del servicio militar, la malcasada o la que ya

222

223

.,

�quiere casarse, etc. son temas comunes a todas las poesías del mundo, porque son temas universales de todos los pueblos, pero cada una posee algo
genuino, algo propio que deriva de su particular manera de ver las cosas y
de sentirlas, de reaccionar o de sufrir que se refleja también en el lenguaje
usado y en el desarrollo y en la estructura de la poesía misma. Y cada versión aparece fresca, genuina, nueva, pasando de boca en boca, de época en
época, de pueblo en pueblo, por las aportaciones y modifisaciones individuales, por haber sido confiada a la memoria, más que a la escritura, de generaciones enteras.
En el siglo pasado, con continuación en el nuestro, nacieron los estudios
sistemáticos sobre la poesía popular: búsqueda, clasificación, determinación
del valor artístico e intento de diferenciarla de la poesía culta. Como afirma Croce, el Romanticismo creía haber encontrado en la poesía popular la
fuente de la lírica pura, por anticultural, antiintelectual, brote espontáneo de
la fantasía de todo un pueblo. Otra justificación al chauvinismo de la época.
"El Romanticismo entero estuvo de acuerdo en que la épica heroica no tenía nada que ver con el poeta individual y consciente, que ejerce su arte como una
habilidad alquirida, sino que era la obra del pueblo ingenuo, que crea de
manera espontánea. Los románticos explicaban la poesía popular, por una
parte, como improvisación colectiva, y, por otra, como un proceso lento, continuo, orgánico, con el que era completamente inconciliable la idea de la
existencia de saltos bruscos deliberados, atribuibles a un individuo particular".2 La visión que sugiere Croce, al contrario, es la de la unidad de tradición, de concepción, de valores estéticos y técnicos de la poesía culta y
popular. La diferencia hay que buscarla en las variaciones psicológicas: "La
poesía popular no debe ser de definición filológica, esto es externa, sino
psicológica, o interna, y la diferencia entre ella y la de arte es de tendencia o de prevalencia. . . . Ahora bien, la poesía popular es, en la esfera estética, lo que el sentido común en la esfera intelectual y la candidez o inocencia en la esfera moral. Ella expresa los motivos del alma que no tiene
detrás de sí, como pre~edentes inmediatos, los grandes trabajos del pensamiento y de la pasión; manifiesta sentimientos sencillos en correspondientes
formas sencillas".ª
La tesis de Croce se demostró válida hasta cierto punto. Los críticos contemporáneos no se contentaban ya con una división demasiado sutil que fácilmente cae en la confusión. Tampoco podía satisfacer la antigua opinión
tajante de Goethe de que no hay más que una sola poesía, la genuina, la

verdadera, y que todo el resto es sólo aproximación y apariencia. Las perspectivas siempre distintas, según los propósitos y finalidades de la investigación, artística, étnica, histórico-social, lingüística, una acertada aplicación del
método fenomenológico, el relativismo que diluye y "disuelve" los absolutos
en miríadas de "excepciones", obliga a un estudio siempre más amplio, que
gradualmente se aleja de la vieja unidad, abriendo y descubriendo nuevas
teorías y dando motivo a nuevas interpretaciones. No es necesario llegar
a la conclusión de una imposibilidad de discernir entre la una y la otra.
El estudio se dirige, o debería dirigirse, hacia la intencionalidad y la calidad
del poeta, la importancia histórico-étnico-lingüística, evitando clasificaciones
fijas y examinando el poema como unidad, como valor singular y al mismo
tiempo como integrante de una tradición, de un conjunto de obras, patrimonio cultural de un pueblo.
Pasolini parte de una tesis que considera la poesía popular como producto
de las relaciones entre dos clases sociales. "Si estas relaciones son 'iniciativa
de un individuo o grupo de clase superior' ( dirección descendente) su resultado será siempre poesía 'culta' que al contacto o en interés (cualquiera que sea)
del mundo inferior, adquiere caracteres o de macarrónico o de exquisito (casi todas las poesías dialectales de cada época literaria) . Si, al contrario, tales relaciones son iniciativa de un individuo o de un grupo de individuos
de la clase inferior (dirección ascendente) su resultado será poesía popular:
una adquisición de datos culturales y estilísticos que provienen de la clase
dominante y una asimilación suya según una fenomenología que hay que
estudiar en el ámbito de una cultura inferior o primitiva. La poesía culta y la
poesía popular son pues debidas esencialmente a un solo tipo de cultura, esto
es, al histórico del mundo en evolución dialéctica, el que adquiere 'idescendiendo" caracteres retardatarios y primitivos. En efecto el pueblo por su
cuenta -entendido como categoría, esto es, suponiendo que, en las circunstancias históricas, no tenga sobre él otra clase social- no estaría en condición de producir otra poesía más que la que, por claridad, se podría llamar
meramente folklórica, que interesaría más al etnólogo que al literato".4
Interesante punto de vista, que inclusive se podría aplicar al movimiento
histórico dentro ?e la dialéctica cultural de los pueblos.
Uno de los más renombrados estudiosos italianos del siglo pasado, Costantino Nigra, en su libro Cantos Piamonteses, trazó los rasgos fundamentales
en la estructura y en la temática de la poesía popular:
Al centro-sur pertenece el "Estrambote" (Strambotto o Rispetto) y el "Motete" (Stornelio o Fiore o Mottetto o Ritomello) .

• ARNoLD HAusER, Historia social de la literatura y del arte. Madrid 1964.
' BENEDETTO CROCE,

224

Poesía popolare e poesia d'arte.

Bari

1956.

• fuR PAOLO PAs OLINl,

La poesia popo/are italiana. Milano 1960.

225
• H-15

�..
Al norte pertenece la "Canción" ( Canzone) .
El estrambote tiene la estrofa única (monoestrofa), el metro único (monometro) que es el endecasílabo, los versos terminan con palabras llanas,
la rima está en asonancia o consonancia en cada verso, esto es, ausencia de
versos no rimados, y son frecuentes las rimas alternadas. La estrofa se compone de 4, 6, 8, 10 o más versos. Su estructura es la siguiente: ABCC, o
bien AABB. Conocido en toda Italia por asimilación o divulgación, en Romaña se transforma en AABBCCDD. Se canta a manera de desafío o competencia, por ende es sugestivo, con relación a la poesía culta, es amebea, asonante y paroxítono.
El motete tiene también estrofa o metro único. Su estructura está integrada por: tres endecasílabos ABA, un pentasílabo y dos endecasílabos ABA
(el primero y el último tienen asonancia, el segundo, consonancia átona) ;
o bien por: un pentasílabo (u otro verso breve, es la invocación a la flor)
y dos endecasílabos (el primero y el último asonantes o consonantes, el segundo con consonancia átona: ore, are, ore) . Es originario del centro de
I talia y sufre transformaciones en otras regiones.
La canción deriva, probablemente, de chansó o de balada, se caracteriza
por la ausencia del endecasílabo, por la terminación aguda ( oxítona) , alternada con una llana (paroxítona) y por los versos libres, sin rimas, alter•
nados a otros asonantes o consonantes, por la libertad de los versos, en número y calidad. Los versos son bimembres, con partes iguales o desiguales,
y con la cesura llana si la segunda parte termina en oxítono, y viceversa.
Se encuentra generalmente en forma monorrima o en coplas de versos aso, nantes o en tercet0s ABB; si los versos asonantes son oxítonos, el verso libre
es llano, y viceversa. La estancia se compone de 5 a 7 versos y se cierra con
la despedida ( commiato) . Es la forma más antigua de la , lírica italiana,
de composición objetiva, épico-lírica, polistrofa, polirnetra, semiasonante, sernioxítona, anamebea, narrativa y sin contacto con la poesía culta.

226

Ro111&amp;11ia occidental
Romania central

4///

~

Bomania oriental \\\\

�" .. .los habitantes de Padua hablan de
forma distinta a como hablan los de
Pisa; y porque varían también en su
habla incluso los que viven cerca unos
de otros, como los de Milán y Verona, los de Roma y de Florencia; e incluso varían los que tienen el mismo
nombre gentilicio, como por ejemplo
los de Nápoles y los de Gaeta, los de
Rávena y los de Faenza; y lo más
sorprendente de todo es que también
presenta variaeiones la lengua de los
que habitan en una misma ciudad, como en Bolonia los que son del barrio de San Félix y los que habitan
en el tle la Carretera Mayor..."
DANTE ALIGHIERI,

De Vulgari Eloquentia
( libro I, IX, 4)

ITALIA CENTRAL
Tos

-8) Línea La Spezia-Rímini

11 ) Umbría

Dialectos galo-itálicos:

12) Lacio
20) Córcega

1) Piamonte

2) Lombardía
Liguria
Véneto
Véneto
Véneto e Istria
7) Emilia-Romaña

3)
4)
5)
6)

Dialectos itálicos de Italia central
9) Toscana
10) Marcas

Dialectos itálicos de Italia del sur
13) Abruzos
14) Campania
15) Apulia
16) Lucania
17) Calabria
18) Sicilia
19) Cerdeña

CANA

Ven conmigo, amor mío, acompáñame
En este mediodía a refrescarnos:
Pasaremos bajo un castaño la tarde,
Para que el sol no te lastime:
Para que el sol no tiña tu hermoso rostro,
Esas mejillas hechas en el Paraíso.
Para que el sol no manche tus pechos,
Que son la delicia de tu jovencito.
Qué dolorosa vida,
Lleva la tórtola viuda:
Va al arroyuelo, se baña,
Bebe las turbias aguas.
Sola sin aves compañeras,
Baña sus alas y con ellas su pecho se golpea.
Y a no se posa en los floridos árboles.
Ha perdido su compañero. ¡Oh qué tormento!

229

�Oh casa sombría, oh ventana viuda,
¿ Dónde está el sol con que solías alumbrarnos?
Él solía festejarnos con su risa:
Ho&lt;y las piedras lloran
Muriéndose de pena,
Oh casa sombría, ventana muda.
Florecilla, florecilla,
De ti, encantiño, estoy enamorado,
Por un besito tuyo, daría mi vida.
¡Sosténgame, sosténgame, que vuelo!
Me he enamorado del cielo,
Pero mis alas no resisten el vuelo.
Al comienzo de nuestro amor eras tal una florecilla,
Tal pequeña violeta roja y blanca.
Ahora has perdido tu color.
Eres como una hierba seca.
Jovencito de corazón osado,
Que las palabras no te engañen;
Hazte como la hoja del carrizo;
Cuyo corazón tiembla con el soplo del viento.
Hazte como el sauce que se inclina
Y dulcemente a otro árbol se abraza.
Hazte como el sarmiento de la viña,
Que dulcemente se aferra al tronco.

Flor de carrizo,
La caña del carrizal está fresca,
Fresca como tú, cariño mío.
Quien no haya escuchado cantar a los ángeles,
V aya al telar de mi mozuela,
Cuando mueve los bastidores
La lanzadera canta con ella.
Cuando naciste tú, nació la belleza,
El tulipán despuntó en medio del agua,
Y el sol se detuvo de alegría.
Vago
Vago
Agua
Y los

en la noche como un enajenado,
cantando los engaños del amor:
de rosas me parece la niebla,
truenos, saetas de amor.

Ámame en esta semana,
Pues en la otra habré de partir, hermosa:
Y a me espera el camino de Roma,
Pide a Dios que pueda yo seguirlo,
Ora por mí y reza el Rosario.
Que por ti lo rezaré yo en San Pedro de Roma.
Pídele a Dios por mí y reza la corona de Misterios,
Que yo la rezaré por ti en San Pedro de ,R.oma.

UMBRÍA
LAS MARCAS

Eh tú, mozuelo, del sombrero de paja,
V en a la rociada, que esta noche se baila:
Si moscatel no tienes, trae la uva.
V en a la rociada: ha llegado tu tiempo.

¿N-o quieres venir conmigo, hermosa, a la viña?
Para ti he construído una linda choza:
Formé con junquillos el lecho,
Y con hojas de caña hice el respaldo.

230

(fragmento)
María en la casa aún no lo sabía,
Pasa la gente y se lo decía.
Pero cuando el ángel se lo dijo,
Madre María lo creyó de fijo:
A la calle se lanza sin demora,
Llora que te llora, sola y descalza,
Toda la rubia trenza de dolor deshacía,
Y la calle de cabellos se cubría.

231

�'

Voy a partir de aquí, voy a Maremma
Para dar gusto a mi mozuela:
Una estrella llevaré por compañía
Y ésta me mostrará el camino.
Pero cuando a puerto llegue la estrella,
Llora, chiquilla mía, pues habré muerto,
Y cuando la veas resplandecer,
Llora, chiquilla mía, pues estaré en el ataúd,
Y cuando la mires apagarse,
Llora, chiquilla mía, pues estaré en la fosa.
Flor de plata,
¡Cómo-me gusta tu caminar:
Caminas con el corazón alegre!
No llevo ya claveles en la oreja,
Porque ha muerto la que me los daba,
Me los daba una bella viñadora,
No llevq ya claveles en la oreja.
LACIO

Que te den cuchilladas,
Como misas ha dicho el archipreste,
Como veces dijo: Orate frate.
Mi amor vive en " Capannelle":
Me envía saludos con las estrellas,
Y o se los torno con lás golondrinas.
CÓRCEGA

(Lamentación - fragmento)

Cuando entrabas en la iglesia,
por todos eras mirado,
Más te miraba yo
Que el amor me había entrado . ..

232

ITALIA DEL NORTE
PIAMONTE

- Oh marinero de la marina,
cántame una canción.
--Sube a mi barca, hermosa,
la canción te cantaré.
Cuando la bella estuvo en la barca,
el marinero se puso a cantar.
Han navegado quinientas millas,
siempre cantando aquella canción.
Cuando acabó la canción,
la bella quiso regresar.
- Lejos a quinientas millas,
lejos estás de tu casa.
-¿Qué dirá la madre mía,
que tardo tanto en regresar?
- No pienses más eu tu madre, hermosa,
piensa en tu marinero.
Llega la media noche,
llega la hora de dormir.
- Oh desvístete, descálzate,
tiéndete co-n tu_marinero.
-Me abroché tan apretada,
que el cordoncito no puedo desatar.
Oh marinero de la marina,
oh, préstame tu espada;
Préstame, galante, tu espada,
a mitad de su propio corazón la clavó.
¡Oh maldita sea la espada,
y aquella mano que se la prestó!
Pero si viva no la he besado,
yo de muerta la besaré.
La tomó por sus blancas manos,
y al mar la arrojó.
La semana me parece larga como un año,
Pregunto a mi vecino cuándo llegará el sábado.
Cuando sea sábado se alegrará mi corazón;
Mañana es fiesta, volveré a ver a mi amor.

233

�r

LIGURIA

Me he hecho de . un amante cortés,
Uno monferrino, el otro genovés:
Al genovés quiero darle el corazón,
Al monferrino un par de horcas nuevas.
Al genovés quiero darle la vida,
Al monferrino las horcas para que se cuelgue.
Cuando paso por esta nueva calleja
Es media noche, no brilla la luna,
No hay ni luna ni sol,
Pero los ojos de mi amada la iluminan.
LoMBARDÍA

Mi novia querida
Es lavandera,
Regresa a casa en la noche
Con el delantal mojado.
Con el delantal mojado
Se seca los ojos
Al ver que aquellos mozuelos
Se van de soldados.
V erlos ir de soldados,
Verlos ir a la guerra,
La veo caer por tierra
Herida en el corazón.
Con la herida en el corazón,
Con la herida en un dedo.
Ay de mí, he sido traicionado,
Traicionado en el amor.
"¿ Quién te ha hecho tan lindas cosas,
Cosas para el amor, cosas para el amor?"
"Me las hizo mamá

234

Con ayuda de papá.
No me toques, soy débil,
Y virgencita en el amor. .."
"¿Quién te ha hecho tus lindas manos,
Manos para el amor, manos para el amor?"
"Me las hizo mamá
Con ayuda de papá.
No me toques, soy débil
Y virgencita en el amor. .."
"¿Quién te ha hecho tan linda boquita,
Boquita de amor, boquita de amor?"
"Me la hizo mamá
Con ayuda de papá,
No me toques, soy débil,
Y virgencita en el amor. .."
"Florentino que vienes de Florencia,
Dime cómo el amor comienza".
"Empieza riendo y bromeando
Y acaba llorando y suspirando".
EMILIA-ROMAÑA

La primera vez que me enamoré,
Lo hice de una hermosa romañola,
Lo primero que le pregunté,
Que si dormía sola.
Voy a Cotiñola por leche,
Para hacer macarrones. Ha nacido "papá".
Vuelvo a casa lleno de alegría,
Ha nacido "papá" dentro de un cesto.
Vuelvo a casa con el corazón contento,
Ha nacido "papá" en forma de niño.
Vuelvo a casa con el corazón contento,
Ha nacido "papá" en forma de niño.
(En el campo, cuando nace un niño varón se festeja porque se ve en él al padre,
o al abuelo o a un tío muertos, imponiéndole su nombre).

235

�VÉNETO, VENECIA JuLIANA-FRIUL

¡ Oh Dios del cielo, qué pena la mía!

Cuando en la noche, iba a dormir,
Ponía la cabeza en el cabezal.
Llamaba a la muerte y ésta no venía.
No vengas ahora, muerte, cuando no te llamo,
Ahora soy feliz:
Hice la paz con mi amado.
Muerte mía, no vengas ahora, cuando no te llamo.
Papá quiere que me case,
Pero a nadie amo yo
Sino a un carabinero,
Que no es de su amor.
-"Torna un cuchillo hiloso,
Y mata a tu papá".
"Si cometo este crimen,
En prisión me pondrán".
"Mátalo en la noche,
Nadie te verá,
Y cuando haya muerto,
Los curas cantarán,
Pon manos a la obra,
Ruega por tu papá".
¡ Qué hermoso claro de luna
Nos ha dado el Señor!
¡ Besar a muchachas lindas
No hace pecador!

ITALIA DEL SUR
ABRUZOS

Y

MoLISE

Tú eres paloma de la viña,
Y o girasol del campo.
En medio de tu pecho el sol baila,
Danza la luna ahí el "saltarello".

236

\

ÜAMPANIA

Anoche pasé, hermosa; tú bailabas,
Semejando una paloma con tu falda:
Varias veces intenté acercarme,
Para tronarte un besito sabroso.
- ¡ No lo hagas!, recomendó mi amigo,
Quien a T eresina besa pone a riesgo su vida-e" Y quéi' Yo quiero besarla,
Ella pierde la honra y yo la vida.
Quisiera tener una casa en la playa,
Un balconcito sobre las olas del mar:
En un barquito cada mañana pasa
El mozuelo que me hace penar.
Lleva un sedal para pescar sardinillas,
Y no ve a esta trilla anhelosa de amor.

AP U LIA

Cuando vas a la iglesia, aprisa aprisa,
Con la manita tomas el agua santa,
Miras alrededor y la pones en tu frente,
Y dices: "Padre, Hijo y Espíritu Santo",
Luego te pones en tu lugar, allí en frente,
Con un ojo a Dios y el otro a tu muchacho.
Entras adentro y haces pecar a los santos,
Sales fuera y haces morir a la gente.
Me haces morir a mí, oh amante querida,
Sin pecar y sin hacer nada.

,'

LucANI A

Cuando yo nací mi madre no estaba,
Había ido a lavar los fajeros.
La cuna que me debía mecer
No mecía porque era de fierro,
Y el cura que me iba a bautizar,
Aunque sabía leer, no sabía escribir.
Cuando nací yo, todo fue calamidad.

237

�El mar más profundo quedó seco,
Y aquel año la primavera se agostó,
Y se secaron las flores del mundo.
CALABRIA

CERDEÑA

Yo quisiera plantar en esta calle
Bellos ciruelos, perales moscateles:
En su mero centro construir una fuente,
Y que vayan al agua los jóvenes guapos.
Ah, si uno de esos me quisiera tomar,
Aquel cuyos ojos parecen de carbón.
En el otro mundo
No hay cuarto verdadero,
Ni cama
Para descansar,
Sólo hay tierra negra
Y en ella te deshaces.
En el otro mundo
No hay cortinas
Ni cama para dormir,
Sólo hay tierra negra
Y estás en ella para pudrirte.

Una estrella suena la campana
del monte en el atardecer.
La campana del monte. ..
Hasta el confín lejano,
Todos envidian
Tus colores, hermosa.

SICILIA

Cuando vi embarcarse a mi amante
Se secó la sangre en mis venas,
Cuando las velas lo vi soltar,
Le dije: -Amor mío, ,:"cuándo regresas?-Ni lo pienses, ahora, corazón,
que esta ciudad no volverá a verme-.
Y o me pongo a llorar en medio de la plaza
Y me abro las venas con un cuchillo.
Lloran mis ojos, hacen un gran llanto.
Ha terminado para mí el hermoso mundo,
Hacia la isla me están llevando,
A la mitad del mar que no tiene fondo:
Lloro y es otro el que ha hecho el daño;

238

,

Inocentes como Dios son mis carnes:
Y mientras el tirano viento sigue soplando,
¡ Ábrete mar, y llévame al fondo!

La luna es de la noche,
La estrella de la mañana,
Y del día es el sol.
La luna es de la noche...
Pero yo no he tenido suerte
De tenerte como mía.
La estrella de la mañana. .'.
Pero de tenerte como mía
Y o no he tenido suerte.
Y del día es el sol. ..
Y o no líe tenido suerte
De que mía seas.
Tú fuiste el sostén
De toda mi vida,
Más que el oro
Te quería.
¡ Oh corazón mío!
¡ Oh mi amado, fuerte!
¡ Oh mi lirio dorado!

Las campanas a duelo
Suenan las tristes nuevas.
¡ Ah corazón mío!

239

�BIBLIOGRAFÍA

C. H. GRANDGENT, Introduzione allo studio del latino volgare, Milá~ 1914. _
WALTER VON WARTBURG, La fragmentación lingüística de la Romama, Madnd 1962.
PAOLO SAVJ-LOPEZ, Le origini neolatine, Milán, 1920.
MARIO PEI, The story of language, New York, 1960.
Rossr, Storia della letteratura italiana, Milán 1951.
.
GIAN ROBERTO SAROLLI, ]jjJ italiano, lengua romance, Buenos Aires 1962.
PIER PAoLo PASOLINI, La poesía popolare italiana, Milán 1960.
BENEDETTO CRoCE, Poesía popolare e poesía d'arte, Bari 1956.
.
ALBERTO DEL MoNTE, La poesía popolare nel tempo e nella coscienza di Dante, Bari 1949.
ANTONINO PAGLIARO, Poesía giullaresca e poesía popolare, Bari 1958.

LITERATURA COMPARADA
(Breve Exposición de su Historia, Definición, Método y Otros Aspectos.)

Lrc.

Eu:;ABETH KLEEN DE HINOJOSA

l. T. E. S.M.

EN ESTE ARTÍCULO no se presentarán nuevos conceptos sobre literatura comparada. El propósito es dar una síntesis de la historia de esta ciencia, algunas definiciones y métodos ya propuestos por comparatistas reconocidos y al
mismo tiempo agregar una serie de elementos y puntos de vista que contribuyen a la práctica y conocimiento de esta rama de la literatura, dando una
perspectiva más amplia al investigador principiante en este campo. Para mayor comprensión de lo expuesto a continuación, se sugiere la lectura de los
textos enumerados en la bibliografía y los que aparecen al final del capítulo.
HrsTORIA: La literatura comparada ocupa un lugar definitivo entre las
otras ciencias literarias desde hace aproximadamente un siglo. En Francia
apareció el nombre de "literatura comparada (littérature comparée), cuando Villemain lo usó para un curso en la Sorbona en 1827. De esa fecha en
adelante se han impartido cátedras bajo ese nombre en Europa y América.
En inglés se le llama "comparative literature"; en alemán se usan los términos
"vetgleichende Literaturwissenschaft" y "vergleichende Literaturgeschichte" .
El interés por los estudios internacionales de literatura se atribuye a los
hermanos Schlegel: August Wilhelm y Friedrich (1767- 1845 y 1772-1829
respectivamente) en Alemania, considerando a Herder y a los hermanos Grimm
en algunos aspectos, precursores de esta ciencia. Los Schlegel, con su interés
por la literatura de su país y como propagadores de las ideas románticas, estudios de influencias y temas internacionales, despiertan un nuevo entusiasmo por la propia literatura en escritores de otros países.
Mme. de Stael es otro elemento importante en esta ciencia, por su interés
en las literaturas de su país y extranjeras. Da a conocer la literatura alemana en Francia con su obra "De l'Allemagne", que aunque no trata precisa-

240
241
e H-16

�mente de literatura comparada, ya señala un camino hacia esta ciencia.
Franceses, alemanes y suizos son los primeros interesados en este tipo de estudios.
En Francia, donde como mencionamos al principio, se establecieron las
primeras cátedras, esta ciencia ha alcanzado suma importancia. Entre los
comparatistas más importantes está Joseph Texte. Inaugura en Francia la
enseñanza regular de esta materia y ocupa la primera cátedra en la Universidad de Lyon en 1896. La segunda cátedra de este género se estableció en
Nueva Y~rk en la Universidad de Columbia en 1899. Posteriormente se inician otras en la Sorbona ( 191 O) , Estrasburgo ( 1919), el College de France
(1925), Lille (1930). A Texte lo sucede M. Femand Baldensperger, en Lyon.
Su obra Goethe en Francia lo consagra como comparatista. Enseña en la Sorbona, realiza diversos estudios literarios y junto con Wemer P. Friedrich, compila la Bibliografía de Literatura Comparada, obra que contiene un sinnúmero de trabajos ejecutados en este campo, en todos los aspectos posibles,
obra de consulta importante para todo investigador comparatista.
También iniciador y guía en la lieratura comparada fue Louis-Paul Betz
con sus aportaciones La littérature comparée. Essai bibliographique ( 1897) y
su tesis Heine en France.
Bajo la dirección de Baldensperger y Hazard se comienza a publicar en
Francia la Révue de littérature comparée ( 1921-1940), más tarde se sigue
publicando al cuidado de P. Hazard y J. M. Carré. En los Estados Unidos
de Norteamérica se publica desde 1949 la revista Comparative Literature, por
la Universidad de Oregón.
En Alemania figuran los nombres de Brandés, Max Koch y Erich Sch.midt,
como comparatistas; en Inglaterra, M. H. Posnett. Este último publica en
1886 el primer volumen dedicado a la teoría de esta ciencia: Comparative
Literature. Max Koch funda en Alemania en 1887 la R evista de Literatura
Comparada.
Los guías actuales en Norteamérica son René Wellek, David Malone, Harry
Levin, Victor Langue y W. Friederich. Los comparatistas forman todavía un
grupo relativamente pequeño. En nuestro país ya hace algunos años que la
literatura comparada se imparte en algunas universidades. En algunos países orientales se ha despertado el interés por esta rama de la literatura. En
1948 se formó una sociedad de literati:ra comparada en Japón (Nikon hikaku
bungakkai) y se publicó una introducción a la literatura comparada en To_kio en 1951 por Nakajima K enzo y N. Yoshio (Hikaku Bungaku Josetsu) .
En el ambiente literario ya es común la palabra "comparatista" y aunque
hay todavía muchas opiniones divergentes en cuanto al objeto y definición

242

de la materia, son también ya muchos los trabajos de importancia realizados
en este campo.
DEFINICIÓN : El uso de términos como "anatomía comparada", "lingüística comparada" y otros, dieron lugar a su vez al de "literatura comparada".
Pero al contrario de lo que el vocablo indica, el objeto no es simplemente
hacer comparaciones entre una obra y otra. Guyard dice: "La literatura
comparada es la historia de las relaciones literarias internacionales. El comparatista se detiene en las fronteras, lingüísticas o nacionales, y observa los
cambios de temas, de ideas, de libros o de sentimientos entre dos o más literaturas" .1 Remak en su artículo "Comparative Literature. Its Definition
and Function", dice: "Comparative literature is the study of Iiterature beyond
the confines of one particular country, and the study of the relationships between literature on the one hand and other areas of knowledge and belief,
such as the arts (E. G., painting, s::ulpture, architecture, music), philosophy,
history, the social sciences ( E. G., politics, economics, sociology), the sciences,
religion etc., on the other. In brief, it is the comparison of one literature with
another or others, and the comparison of literature with other spheres of human
expression". 2 Según Remak es en este último punto en lo que difieren en cuanto a objeto la "escuela francesa" y un grupo de comparatistas americanos. R.
Wellek se opone firmemente a una supuesta oposición entre una "escuela americana" y una "escuela francesa'', oposición que no puede ni debe existir, ya que
todo trabajo de investigación debe gozar de libertad. El investigador no debe
verse obligado a seguir un método preciso ni un tema pre-fijado. En un mismo estudio o ensayo no se limitará solamente a comparar, sino que también
interpretará, reproducirá, evaluará, a un mismo tiempo.
Van Tieghem señala el objeto de esta ciencia como sigue : " ... le caractere
de la vraie littérature comparée, come celui de toute science historique, est
d'embrasser le plus grand nombre possible de faits différents d'origine, pour
mieux expliquer chacun d'eux ; d'élargir les bases de la connaissance a fin de
trouver les causes du plus grand nombre possible d'effets. Bref, le mot comparé doit etre vidé de tou te valeur esthétique, et recevoir une valeur historique;
et la constatation des analogies e des différences qu'offrent deux ou plusieurs
livres, scenes, sujets ou pages de Jangues diverses, n'est que le point de départ
nécessrure qui perrnet de découvrir une influence, un emprunt, etc., et par suite·
d'expliquer partiellement une oeuvre par une autre" .3
M. F. GuYARD. La literatura comparada. Vergara Editorial, Barcelona, 1957, p. 16.
H. H. REMAK. "Comparative Literature, Its Definition and Function".
Comparative Literature. M ethod and Perspective. Southern Illinois University Press,
Carbondale 1961, p. 3.
• P. VAN TIBGHEM. La •littérature comparée. Librairie Annand Colin, París, 1946,
p. 21.
1

' HENRY

243

�W ellek y W arren en su Teoría Literaria dedjcan un capítulo al problema
de la definición de la literatura comparada. Refiriéndose a la "escuela francesa" y su acepción del término "'Literatura comparada" que implica el estudio de las relaciones entre dos o más literaturas, advierten que: "La comparación de literaturas, si se desentiende de las literaturas nacionales totales, tiende a restringirse a problemas externos de fuentes e influencias, renombre Y
fama. Tales estudios no nos permiten analizar y juzgar una determinada obra
de arte, ni aun considerar el todo complejo de su génesis; en vez de ello, se
dedican principalmente a las repercusiones de una obra maestra, como traducciones e imitaciones, hechas a menudo por autores de segunda categoría,
0 bien a la prehistoria de una obra maestra, a las migraciones y difusión de
sus temas y formas. Así concebida, la "literatura comparada" presta primordial atención a los factores externos; y el ocaso de la 'literatura comparada' en decenios recientes refleja el general desvío con respecto a los simples 'hechos', las fuentes y las influencias".4
En resumen, la literatura comparada abarca estudios diversos: las relaciones literarias que pueden existir entre dos países, autores, influencia o fortuna
de un autor en la literaturq de un país, influencia de la literatura de todo un
país sobre un autor; estudia analogías y diferencias, fuentes y préstamos, con
el fin de llegar a explicar las causas posibles de las diferentes expresiones li-

terarias.
Para llevar a cabo una investigación fructífera, el comparatista
necesita, ante todo, tener conocimiento de varias lenguas. No es necesario que
las hable, pero sí que pueda leer las obras básicas en el idioma original y las
críticas literarias en los distintos idomas que se publiquen. Desde el momento
que el investigador trabaja más allá de los límites nacionales, es obvio que
sus conocimientos lingüísticos tendrán que ser más amplios para llegar a un
análisis más profundo y resultados más exactos. Necesita conocer científicaMÉTODO:

mente el idioma.
Para hacer el estudio de un autor u obra determinada, tendrá que conocer,
además, el medio en que se dio, las relaciones políticas, sociales, filosóficas,
religiosas, científicas, artísticas y literarias que rigen el período que se va a estudiar. Deberá además llevar a cabo investigaciones respecto a los traductores y críticos literarios relacion~dos con la obra. Es pues imprescindible el
conocimiento de una amplia bibliografía.
Los pasos iniciales son dos: determinar la cuestión que se intenta estudiar
y delimitar el período, fijando el punto de partida.

Entre otras muchas cuestiones, el comparatista se dedicará al estudio de
préstamos y relaciones, ya sea de géneros, estilos, temas, tipos, leyendas, ideas
o sentimientos. Si damos una hojeada a las bibliografías de literatura comparada, llegaremos a la conclusión de que entre los comparatistas franceses son más frecuentes los estudios que tratan de la "fortuna de los grandes
escritores fuera de su país de origen".5 Dan preferencia a los valores estéticos.
Los alemanes se han interesado más por el estudio de fuentes y los temas y su
historia.
Los GÉNEROS. Aunque hay un gran número de estudios, este campo no
ha sido agotado y siempre presentará nuevos aspectos. Se han estudiado ya
el soneto, la tragedia, el ensayo, su popularidad en varias épocas, su éxito o
desuso en diversas naciones. No cabe duda que sigue siendo un tema que
presenta interesantes posibilidades. Por ejemplo, ha sido estudiado el drama,
su "fortuna" en diferentes países: Lope de Vega y sus obras fuera de España, Shakespeare en Alemania, la tragedia clásica en diferentes movimientos literarios, Byron en Rusia.
La poesía, la novela, el cuento, aún presentan muchos aspectos por investigar. ¿ Por qué en algunas épocas predomina el gusto por la poesía, en otras
la novela y aun dentro de la novela, por qué decae el interés por cierto tipo
y predomina otro? ¿Por qué Poe es tan aceptado en Hispanoamérica y en
algunos países de Europa más que en su país de origen? En el mismo caso
se encuentran autores contemporáneos de diversos países.
TEMATOLOGÍA. La tematología es el término adoptado por van Tieghem
para el estudio de diversas categorías, incluyendo tres subdivisiones dentro
del folklore y la literatura popular: temas, tipos y leyendas.
TEMAS : Aquí están comprendidas situaciones impersonales o temas tradicionales (el hombre que perdió su sombra, el anillo que vuelve a la persona invisible; la lucha entre padre e hijo que no se reconocen; el paisano que
amanece en la cama de un rey, el marido que regresa y encuentra a la esposa casada; la joven humilde que se casa con un rey) . Lugares (países, ciudades o sitios preferidos por los escritores para el desarrollo de su obra) ;
costumbres, etc.
TIPOS : En esta categoría se encuentran las profesiones, actitudes, caracteres de la humanidad media y también los seres ficticios o maravillosos: el
judío, el francés, el profesor, el médico, el soldado, el detective, la cortesana; posiciones sociales y morales; los vicios. El diablo, Merlín, el ogro, el
vampiro, Polichinela, Arlequín, etc.
• M. F. GuYARD. Op. cit., p. 128.

• R.

WELLEK

y A.

WARREN.

Teoría Literaria. Ed. Gredos, Madrid, 1961, p. 60.

245
244

�;

LEYENDAS v PERSONAJES LEGENDARIOS: Tema preferido de muchos comparatistas. Se consideran aquí los sucesos o grupos de sucesos que tienen por
actores a ciertos héroes míticos, legendarios o históricos, héroes que ofrecen
muestras de humanidad únicas, determinados por una tradición en su carácter
y sus actos principales, pero que cada escritor al tomarlos, puede desarrollar
y modificar en cierta medida. Ejemplo: Leyendas bíblicas, griegas. Personajes como Fausto y Don Juan.6
Es necesario aclarar lo que implica un estudio tematológico. Para llegar a
presentar un estudio en el nivel de literatura comparada, no basta con tomar por ejemplo el Fausto de Goethe y el de Marlowe. Lo importante es
llegar a comprender y exponer a qué se deben los cambios en el tratamiento del tema y los personajes. La actitud del propio autor ante el tema, el gusto de los lectores de determinado país (en este caso Alemania e Inglaterra),
las costumbres de la época, etc., que condicionan la obra literaria. Como vemos en este solo aspecto, el ser investigador comparatista supone conocimientos más amplios y que van más allá de la simple literatura.
INTERMEDIARIOS: Los intermediarios juegan un papel sumamente importante en la literatura comparada, entre el emisor y el receptor, es decir entre el autor de una obra literaria y otro autor del propio país o de otro, que
toma el tema o la obra para desarrollar a su vez otra obra. Como intermediarios tenemos en primer lugar a personajes: individuos que en su propio país difunden una literatura extranjera. Los que difunden la literatura de su país en
otro: viajeros, emigrantes ( sobre todo en tiempo de revoluciones y guerras), diplomáticos, artistas, etc. Los traductores que desde hace siglos han contribuido
a la propagación de ideas, obras y doctrinas. En épocas pasadas encontramos
como intermediarios importantes a las cortes que protegían a los escritores y
artistas, los cenáculos y salones literarios, así como grupos de escritores que formaron escuela (Hainbund, los fosforitas, los jóvenes del Sturm und Drang, la
Pléyade Francesa, y muchos otros) . Por último tenemos a las publicaciones:
periódicos y revistas que difunden las obras de un autor en su propio país y en
países extranjeros.
Además de los aspectos anteriores, es conveniente considerar otros elementos, que de una manera o de otra entran en la investigación del comparatista.
.Mejor que ningún otro crítico o investigador literario, el comparatista reconoce lo que con frecuencia se denomina deuda literaria. Esta es una rama
que cabe perfectamente dentro de la Literatura comparada. "Al escribir la
historia de las relaciones internacionales, el comparatismo muestra que jamás
literatura alguna pudo aislarse sin que se marchitara, y que los más hermo' Cfr. P.

246

VAN TIEGHEM.

Op. cit., p. 90.

sos _logros nacionales siempre han reposado sobre aportaciones extranjeras,
o bien por el camino de la asimilación, o bien por el de una afirmación de~idida .:ontra est~ aportaciones y gracias, también, a ellas".7 Se dice que la
mvenc1on en la literatura no existe. Toda ella tiene antecedentes O bases antiguas o anteriores. Hay un continuo préstamo de temas, situaciones, ideas,
personajes, motivos, etc. No puede negarse la importancia y el interés que
puedan tener trabajos que muestren, por ejemplo, como Shakespeare ha utilizado ciertos temas y los ha "transmutado", logrando a su vez creaciones originales. El hecho de conocer las fuentes de alguna obra, no le resta originalidad _ni mérito a su autor. ?ice ~haw: "The original author is not necessarily
the mnovator or the most mventive, but rather the one who succeeds in making ali his own, in subordinating what he takes from others to the new complex of his º"vn artistic work".8
Pero la deuda literaria no siempre se estudiará en lo que respecta a un so!o
autor, también se pueden estudiar las interrelaciones directas entre dos literaturas (de dos países) y ver el efecto, que por ejemplo, un autor francés
ha logrado en Inglaterra y más tarde la aceptación de otros escritores franceses de su época o de épocas posteriores, aunque en muchos casos las obras
no hayan 5ido leídas en su lengua original, sino en otras más aceptadas en el
país receptor. ¿A qué se debe que un determinado autor haya alcanzado poco éxito o no haya provocado interés en su propio país y por el contrario
haya logrado éxito rotundo en un país extranjero? En muchos casos este fenómeno no debe a los intermediarios o traductores, a los temas tratados, las
ideas que presenta el autor, etc.
Shaw en su artículo "Literary Indebtedness" considera precisos para señalar la deuda literaria, los siguientes términos: Traducciones, imitaciones
estilizaciones, préstamos, fuentes, paralelos e influencia. Analizando breve~
mente cada uno de ellos, se comprenderá la importancia que tienen, no sólo
en lo que respecta a la deuda literaria, sino en general para el comparatista.
TRADuccroNES: Son consideradas por muchos como c~eaciones, ya que el
traductor tiene que adaptar la obra a la cultura receptora, no sólo en cuanto
a la tradición literaria sino también a la época. Al tratar de los intermediarios se mencionó la importancia de los traductores, ya que con frecuencia
son sus obras la base para abrir nuevas corrientes en el país receptor.
Algunos críticos y eruditos menosprecian las imitaciones aunque sí se les
concede cierto mérito estético. En la imitación el autor toma la personalidad
' M. F.

.r T.

Op. cit., pp. 130-131.
"Literary Indebtedness". Comparative Literature. Method and Pers-

CuYARD.

SHAW.

pective, p. 60.

247

�creadora de otro autor. Puede imitar toda una obra, una parte solamente, y
en ocasiones el estilo de un autor.
Se habla de ESTILIZACIÓN cuando un autor, combinando estilo y materiales con un propósito artístico, sugiere a otro autor, a otra obra literaria y
hasta el estilo de todo un período.
En la literatura comparada se encuentran con frecuencia los siguientes términos: préstamos, fuentes, influencias.
Al decir PRÉSTAMO se hace referencia a los materiales, temas, motivos, elementos, de que un escritor hace uso al crear su obra. En 1a investigación de
los préstamos de una obra, el comparatista no sólo buscará la fuente de esos
préstamos o los señalará, sino más bien tratará de interpretar el uso que el
autor ha dado a ese material, cómo lo adapta a la tradición literaria de
su país, a su época, para lograr algo nuevo.
Las FUENTES de un autor pueden ser visuales y auditivas, orales o escritas.
Entre las fuentes visuales y auditivas están las impresiones recibidas en viajes,
paisajes observados, obras de arte, la música. Las fuentes orales las constituyen conversaciones, discusiones literarias, tradiciones familiares, canciones rústicas, anécdotas. Las escritas se encuentran en textos: obras de teatro, una
simple página leída, toda una novela, etc. En este caso el tema puede ser
el mismo, pero las situaciones y detalles diferentes.
Se habla de fuentes aisladas y fuentes colectivas. En las fuentes aisladas
se buscan los temas, los detalles, las ideas que ha tomado un escritor de alguna obra o autor anterior. Es decir, se investiga lo que ha tomado como
préstamo, no la obra entera, sino un mero tema, motivo, etc., trasladados a
un marco nuevo. En las fuentes colectivas se buscan las lecturas, las diversas
influencias que han modelado a un autor y su obra.
¿ En qué literatura no se dan imitaciones o influencias? Dice Shaw: "In
contrast to imitation, influence shows the influenced author producing work
which is essen tially. his own. lnfluence is not confined to individual details
or images or borrowings or even sources though it may include them -but
is pervasive, something- organically involved in and presented through artistic works" .9 Y: "Literary influence on an author will result in his literary
works as such having pervasive, organic qualities in their essential inspiration
or artistic presentation which they otherwise would not have had, either in
this from or at this stage of his development. The seed of literary influence
must fall on fallow land. The author and the tradition must be ready to accept, transmute, react to the influence. Many seeds from various possible influences may fall, but only the ones for which the soil is ready will germin-

' J. T.

248

SHAW.

!bid., p. 65.

ate, and each will be affected by the particular quality of the soil and climate where it takes root, or, to shift the irnage, to the shoot to which it is
grafted".10 Guyard también aborda el tema diciendo: " ... que jamás literatura alguna pudo aislarse sin que se marchitara, y que los más hermosos logros nacionales siempre han reposado sobre aportaciones extranjeras, o bien
por el camino de la asimilación, o bien por el de una afirmación decidida
contra estas aportaciones y gracias, también, a ellas".11
La INFLUENCIA en la literatura la encontraremos en temas, personajes, estilo,
ideas, imágenes y otros aspectos, pero con su propia originalidad en contraste
con la imitación como ya se vio en el párrafo anterior. Es muy frecuente la influencia literaria, más bien no se puede evitar, aunque en muchas ocasiones se
encontrará una influencia no-literaria, por ejemplo del tipo de Freud, Marx,
Darwin, Nietzsche, para mencionar sólo algunos.
Ahora bien, la influencia puede ser directa o indirecta. La influencia directa se da cuando un autor va directamente a otro para su material. Es muy
común que una obra traducida dé lugar a esta influencia directa. En la influencia indirecta, el autor (C) recibe la influencia del autor (A ) por medio
de la obra de un tercero (B). Por ejemplo Lermontov al principio recibió la
influencia de Byron por conducto de la obra de Pushkin, aun cuando después acudió directamente a Byron.
Pasando a otro término menos conectado con los anteriores tenemos los
paralelos. A éstos pertenecen obras con un tema o motivos similares, en los
que puede haber una fuente común y entre los cuales hay una relación palpable. Pero también se da otro tipo de paralelos, aquellos casos en los que
se pueden señalar manifestaciones similares de contenido o forma, ya sea
entre diferentes autores o literaturas, en ocasiones de distintas épocas y entre
los cuales no se puede demostrar una relación directa. El estudio de los paralelos, como el de otros fenómenos literarios, es valioso, ya que hace patentes el mérito y cualidades de las obras en que se encuentran y al mismo
tiempo es interesante, pues arroja luz sobre las semejanzas y diferencias que
se dan en las diversas tradiciones nacionales.
El comparatista, como cualquier otro investigador literario, tropieza frecuentemente con otro tipo de términos que presentan problemas de interpretación especial, ya sea por lo amplio del significado o por lo complejo de su
acepción. El uso de términos como "romántico", "romanticismo", presenta
serias dificultades, ya que hay que tomar en cuenta la naturaleza del romanticismo inglés con sus diversos componentes por un lado, el romanticismo

'º
u

!bid., pp. 65-66.
M. F. GuYARD. Op. cit., pp. 130-131.

249

�alemán diferente al de otros países, etc. Edward D. Seeber expone los problemas que pueden presentársele al investigador literario con términos como
"gótico" ( significado del término en distintas épocas) "naturaleza" (en Pascal, Rousseau y Balzac) "romanticismo", "clasicismo", "barroco". Insiste en
que es necesario un estudio exacto de los términos que pueden ser considerados en más de una categoría:
1) Términos que pueden sufrir un cambio de significado en épocas diferentes (gótico, naturaleza).
2) Términos que pueden significar cosas distintas dentro de la IIlJsma
época ( como razón, imitación, religión, natural) .
3) Términos que pueden tener diferentes significados en distintos países
balada, romanticismo.
4) Términos que pueden significar cosas distintas para el mismo escritor.12
Sugiere asimismo la investigación de los significados en diccionarios antiguos o de la época, aunque en algunos casos el enfoque es completamente
parcial. Lo más conveniente es investigar en los textos originales para llegar
a una solución más exacta y evitar una generalización que lleve a interpretaciones desconcertantes e incorrectas.
La TRADUCCIÓN. El valor de las traducciones se ha sometido a diversos
juicios. Pero ¿no es obvio que muchas obras maestras serían desconocidas
o poco leídas, a no ser por la traducción? No cabe duda que así corno hay
buenas traducciones, también las hay pésimas y en algunos casos desvirtúan
la calidad de la obra o cambian su sentido o significado por completo. Pero
muchos lectores dependen de los traductores, de ahí que éstos jueguen un
papel tan importante en la Literatura. ¡ Cuántas obras se olvidarían o serían
conocidas solamente dentro de los límites del país de origen! Sin retroceder
a otras épocas, las obras de Kafka, Camus, Steinbeck, Maugharn, Hesse y aun
de algunos de nuestros autores, no habrían alcanzado la popularidad de
que gozan, a no ser por los traductores. Muchas veces el traductor debe su
éxito a una obra traducida por él, más que a su propia obra.
Ya se mencionó también el fenómeno de que autores que en sus países de
origen no han sido aceptados completamente o han sufrido ataques y oposición, han logrado la aceptación y el aplauso de otras naciones, logrando con
ello finalmente el éxito en su propio país.
Pero como señala Horst Frenz, los traductores también pueden causar mucho
daño. El traductor puede twducir una obra determinada y sin saberlo o
"' Cfr. EnWARD D. SEEBER. "On Defining Terms". Comparative Literature. Method
and Perspective, pp. 39-40.

250

intencionalmente, ignorar ciertos logros literarios que valdría la pena dar a
conocer mejor. A esta actitud contribuyen las doctrinas políticas, prejuicios
raciales, ciertas tendencias o modas literarias del país del traductor. Luego
está el daño que puede ser causado por el traductor, que con intención· o
sin ella, altera una obra literaria y así se hace responsable de presentar una
idea o un punto de vista, o un estado de ánimo que realmente no fue expresado por el escritor extranjero. Con esto contribuye al menor éxito del
autor y da una idea falsa acerca de él y su obra a los lectores.1 3
Aparte de las causas anteriores, las traducciones muchas veces están mal
hechas, ya sea por descuido o por el poco conocimiento del lenguaje extranjero. Entonces surge la cuestión de si una traducción debe ser literal o una
transposición más apegada al lenguaje al que se va a traducir la obra. Es
cierto que se requiere fidelidad al traducir, pero ¿la fidelidad estriba en lo
literal de la traducción o en la idea del autor? ¿Debe traducirse un poema
en verso o en prosa? En la prosa se presenta el problema del estilo y el de
reconciliar la fidelidad del f,&lt;critor con el idioma contemporáneo del país
del traductor.
Hay muchas opiniones al respecto, pero la conclusión es que la traducción
es un arte. El traductor debe ser el mejor lector del autor original, el más
íntimo y el más exacto. Pero debe hacer algo más que leer la obra. Debe ver
lo que el autor vio, oír lo que el autor oyó, experimentar de nuevo lo que
el autor experimentó. Así como el escritor debe ser sensible a las tradiciones
mitológicas, históricas y sociales reflejadas en un idioma y debe usar palabras
que transmitan no sólo sonidos sino también ritmo, gesto, expresión, m elodía,
color y asociación.14
En resumen, el traductor ni crea ni imita, su obra es un término medio entre la creación y la imitación, pues requiere de las dos tareas. Es algo que
André Gide considera obligación de todo escritor hacia su país, para el enriquecimiento de la propia literatura.
Volviendo a la última parte de la definición de Remak, en la que afirma
que la literatura comparada "es la comparación de una literatura con otra
y la comparación de la literatura con otras áreas de la expresión humana", y
analizando estudios llevados a cabo, se encontrarán una serie de ventajas y
desventajas y opiniones en favor y en contra de tales estudios. Son varios ya
los ensayos dedicado~ al tema de la comparación de la literatura y las artes.
Mary Gaither afirma que hay "afinidades naturales" entre el arte y la
literatura, pero que el terreno es escabroso. Sin embargo este campo ofrece
13
14

Cfr. HoRST FRENZ. "The Art of Translation". Op. cit., p. 79.
Cfr. Ibid., p. 94.

251

�infinitas posibilidades y señala tres enfoques principales: "relación de forma
y contenido; influencia y síntesis". Dos temas que indudablemente pertenecen
a esta categoría son la ópera y el ballet, ya que dependen de los esfuerzos
combinados de escritores, músicos, coreógrafos, diseñadores de escenario y
vestuario, etc.
Menciona también alguno'&gt; estudios comparativos entre obras literarias y
de arte: el poema Musée des Beaux Arts de Auden y el Cuadro Jcarus de
Breughel (ambos ilustran el mismo tema), los Cuatro Cuartetos de Eliot que
ya han sido objeto de un estudio que compara la forma de los poemas y la
forma musical análoga.
En el siguiente párrafo de Mary Gaither se da una idea Jllás clara de este
tipo de comparaciones. (Se refiere al método de H. Hatzfeld, expuesto en
su obra Literature Through Art):
"Comparison of the landscapes of Claude Lorra in and the dialogue of
Racine's dramas underscores the concept of formal beauty and idealized
arrangement of nature held by the seventeenth-century poets and painters.
The full description, poetic language, the melancholy air to be found in the
writing of Chateaubriand are exemplified in paintigs of Girodet-Tricson,
Delaroche, David, and Gérard, ali contributing to certain aspects of the romantic spirit that dwelt one the exotic and foreing, the 'soulless physical
beauty'. The key to the 'dark, cryptic, and the ununderstandable' in Rimbaud's Mystique, from L es llluminations, may be found in Gauguin's painting 'Jacob Wrestling With the Angel', and the psychic conflict in Van Gogh
is paralleled in the poems of Emile Verhaeren. An equally convincing paralleJ
both in fonn and content is to be seen in the comparison of Courbet's 'Funeral
ad Omans' and Flaubert's description of Emma's burial in Madame Bovary.
In both, exactness of detail conveys an objetive picture of a given moment in
life. Hatzfeld's study may be criticized for its definitions and choice of illustration, perhaps even for the theory opon which it is based, forcing at times
comparisons which are artificial But it does give insights into the meaning
of the literature and art of a giveill period and it &lt;loes suggest the potential of
the philological approach".1 5
Para estudiar las interrelaciones entre una cultura y su expresión artística
en una época histórica cualquiera se pueden enfocar la literatura y las artes
desde los puntos siguientes: 1) detalles de una obra literaria dilucidados por
una pintura, 2) detalles de una pintura aclarados por una obra literaria, 3)
conceptos y motivos de la literatura aclarados por las artes de diseño, 4) motivos de pinturas dilucidados por la literatura, 5 y 6) formas literario-lingüís"' 'MARY GAITHER.

"Literature and the Arts". Op. cit., p. 164.

ticas y expresiones literario-estilísticas en la literatura y el arte, y 7) límites
entre la literatura y el arte.16
Se pueden estudiar las relaciones existentes por ejemplo entre la literatura
del rococó, la pintura y la música de esa época; la pintura y la literatura
del romanticismo, etc., pero tomando en cuenta, como dicen R. Wellek y
A. Warren, que sí hay una relación entre las diversas artes, pero que cada
arte evoluciona en una forma independiente de las demás y las relaciones
que existen "no son influencias que parten de un punto y determinan la
evoiución de las demás artes; han de entenderse más bien como complejo
esquema de relaciones dialécticas que actúan en ambos sentidos, de un arte
a otro y viceversa, y que pueden transformarse completamente dentro del arte
en que han entrado". 11 La estructura interna de los elemento&amp; en cada arte
es diferente. Cada área necesita un sistema preciso de términos para analizar
las obras literarias y su evolución. Un término dado puede tener un significado en la literatura, por ejemplo, y otro muy distinto en la escultura O la
pintura. Solucionado este problema se puede entrar con más seguridad al
análisis de la evolución de las artes. Ya en el siglo XVIII Lessing en su
Laocoonte trata de dar una delineación de las técnicas tan diferentes del
pintor y escultor en relación con el poeta, aduciendo que la poesía es un
arte dinámico y la escultura un arte estático que está restringido al momento.
Es por todo lo anterior por lo que Wellek y Warren insisten en un sistema
eficaz de términos. "Una vez establecido tal esquema de evolución estrictamente literaria, podremos plantear la cuestión de si esta evolución es de
alguna manera análoga a la evolución, análogamente establecida, de las demás artes. La respuesta, como es fácil comprender, no será un rotundo 'sí' ni
un rotundo 'no', sino que adoptará la forma de una intrincada estructura de
coincidencias y divergencias más que de líneas paralelas".18
En nuestro país, la literatura comp·a rada es una ciencia relativamente nueva y por lo mismo ofrece un vasto campo de investigación sobre todo en la
literatura mexicana e hispan•)-americana. El investigador tiene a su disposición una enorme variedad de temas, obras, autores y corrientes que no han
sido estudiados en relación con las literaturas de otros países, tanto europeos
como americanos en donde sin duda se encontrarán reflejadas experiencias y
sentimientos comunes. Pero para lograr complementar la historia de la literatura y realizar una historia literaria supranacional, es necesario practicar la
literatura comparada con un midadoso análisis, tomando en cuenta diferentes
" lbid., pp. 163-164.
11
R. WELLEK y A. WARREN. Op. cit., p. 161.
" R. WELLEK y A. WARREN. ]bid., p. 161.

252
253

�perspectivas, sin encerrarse en definiciones precisas, sin núras estrechas y al
núsmo tiempo con amplias bases linguísticas.
Para el estudiante interesado en el estudio comparativo de la literatura y
las artes se sugiere la bibliografía siguiente:
Four Stages of Renaíssance Style. Transformations in Art and Literature.
14{}0-1700. W. Sypher, New York, 1955.
"E!iot, Beethoven and J. W. N. Sullivan". Howarth Comparative Literature. IX. The University of Oregon, Eugene, Oregon, 1959.
Laocoonte, Lessing.
"Literary Criticism Through Art and Art Criticism Through Literature".
Helmut A. Hatzfeld. journal of Aesthetics, VI, 1947.
Literature and the Other Arts: A S elect Bibliograph,y, 1952-1958. A. R.
Neumann, New York, 1959.
Literature Through Art. Hdmut A. Hatzfeld, New York, 1952.
Music and Literature: A Comparison of the Arts. Calvin Brown, Atlanta,

1948.
Teoría Literaria. Cap. XI. R. Wellek y A. Warren. Ed. Gredos, Madrid,
1962.
Parallels in English Painting and Poetry. In D efence of Shelley and Other
Essays, Herbert Read. Londres, 1936.
Über wechselseitige Erhellung der Künste. Festschrift H einrich Wolfflin
zum 70. Geburtstag. Karl Vossler, Dresden, 1935.
Wechselseitige Erhellung der Künste. Oskar Walzel, Berlín 1917.
Son además imprescindibles y de gran valor para el comparatista los siguientes libros y revistas:
Bibliography of Comparativ~ Literature. Fernand Baldensperger and W. P.
Friederich. Russel, New York, 1960.
Comparative Literaturei, Method and Perspective. Newton P. Stallknecht
and Horst Frenz. Southern lllinois University Press, Carbondale, 1961.
Dictionary of Mythology. Folklore and S11mbols. Jobes. Tye Scarecrow
Press, New York.
Essais de littérature comparée. Frarn;ois Jost. Fribourg, 1964.
Essays in German and Comparative Literature. Oskar Seidlin, Chapel Hill,

Outline of Comparative Literature. Wemer P. Friederich. The University
of North Carolina, Chapel Hill, 1954.
Standard Dictionary of Folklore. Mythology and L egend. Funk Wagnalls,

New York.
Studies in Comparative Literature. Waldo · MacNeir. Baton Rouge, 1962.
Revistas:
Bibliographie Générale de littérature comparée. Paris, 1949.
Comparative Literature. The University of Oregon, Eugene, Oregon, 1949.
Révue de littérature comparée. Paris, 1921.
Zeitschrift für vergleichende Literaturgeschichte, Berlin, 1887-1910.
Serán necesarias, por supuesto, para un estudio más completo, las historias
y antologías de las literatura-; de los diversos países revistas críticas literarias
'
'
periódicos y toda obra que pueda aportar datos literarios.

BIBLIOGRAFÍA

Comparative Literature. University of Oregon, Eugene, Oregón, 1949.
FRIBDE~CH, WERNER P. Outline of. Comparative Literature. The University of North
Carolina, Chapel Hill, 1954.
GuvARD, M. F. La Literatura Comparada. Vergar Editorial, Barcelona, 1957.
STALLKNECHT, NEWTON P. and FRENZ, HoRsT. Comparative Literature: Method and
Perspective. Southern Illinoís, University Press, Carbondale, 1961.
VAN TIEGHEM, PAUL. La littérature comparée. Collection Armand Colín, Paris, 1946.
WELLEK, RENÉ Y WARREN, AusnN. Teoría Literaria. Editorial Gredos, Madrid, 1962.

1961.
Filosofía de la Ciencia Literaria. Fondo de Cultura Económica, México.
La literatura comparada. M. F. Guyard. Vergara Editorial, Barcelona, 1957.
La littérature comparée. P. van Tieghem. Librairie Annand Colín Paris
'
'
1946.
Motif lnd'11x of Folk Literature. Stith Thompson, Indiana U. Press.
254

255

�BORGES Y REYES: UNA RELACIÓN EPISTOLAR

DR. JAMES WILLIS ROBB
The George Washington University
Washington, D.C., U.S.A.

JORGE Luis BoRGES, el argentino universal, y Alfonso Reyes, el mexicano y
regiomontano universal: dos de las personalidades literarias más fascinadoras
de nuestro tiempo. En otra ocasión* hemos intentado un acercamiento inicial
a las afinidades e interrelaciones entre Borges y Reyes. Ahora pensamos
explorar otra faceta de la interrelación Borges-Reyes, a raíz del epistolario
que hemos podido consultar en la "Capma Alfonsina'' o Biblioteca de Alfonso
Reyes en México, D. F.,1 y del que ofrecemos algunas porciones a continuación.
Este epistolario parece empezar con una carta sin fecha de J. L. Borges a
Reyes, pero que podemos suponer de los primeros años de publicación de
Monterre.y, correo literario de Alfonso Reyes (Río de Janeiro Buenos Aires,
junio 1930-julio 1937), quizá antes de 1932. La carta dice en parte lo siguiente:
¡ salve! Quiero, en primer término, agradecer la invitación de Mon-

terrey, a quien remitiré unos borradores, apenas los desdibuje un poco.
No me tengo confianza; ya sabe V d. que el borrador -como el anacronismo, el anatropismo 'V la errata- es también un género literario. ..

* BoRGES Y REras: "algunas simpatías y diferencias", para el número "Borges" de
Norte, Amsterdam, Holanda, de próxima aparición.
1
Agradecemos al Dr. Alfonso Reyes Mota y a Alicia Reyes la oportunidad de consultar este epistolario, y al Dr. Alfonso el permiso de reproducir porciones del mismo.
Sumario de las cartas consultadas: Cartas de Borges a A. R., de fechasi 4 de julio 1933,
23 oct. 1943 (de JLB y A. Bioy Casares) , dic. 1954, 28 agosto 1955, 14 marzo 1957,
una sin fecha (anterior a 3 mayo 1957), 19 dic. 1959, 30 set. 1961 (de Leonor A.
de Borges), y cuatro más sin fecha. Además, hay una tarjeta postal sin fecha, firmada
por JLB (Enrique) Amorin y Guillermo (de Torre). Cartas de Reyes a J.L.B., de
fechas 8 marzo 1938, 29 marzo 1938, 28 julio 1939, 19 agosto 1942, 17 nov. 1943,
24 nov. 1943, 24 mayo 1944, 27 sept. 1949, 25 abril 1950, 4 enero 1955, 2 junio 1955.

257
e

H-17

�Por lo visto, Reyes desde Río de Janeiro, a p0&lt;;0 de iniciar su correo literario personal, ha invitado a Borges (en Buenos Aires) a colaborar con él.
Borges se muestra dispuesto a hacerlo, aunque con cierta vacilación en tomo
a la forma que tomaría su posible colaboración. Resulta una minúscula meditación típicamente borgiana en su. caprichosa actitud hacia las formas literarias: cualquier cosa podría volverse literatura -aún la eosa más provisional o accidental, desde el borrador hasta la errata. Lo del anacronismo recuerda
los malabarismos que hace Borges con el Tiempo en sus cuentos metafísicos.
La errata como "género literario" recuerda la obsesión, que sufrió Don Alfonso
por las erratas, sus constantes luchas con ellas, y la experiencia que tuvo con
el texto de su Visión de Anáhuac, cuando una vez la errata accidentalmente
cooperó en el proceso de la creación literaria:
Joaquín García Monge .. . me remitió los primeros diez ejemplares,
disculpándose de que... dijera: "La historia obligada a descubrir nuevos mundos... ," donde mi original decía: describir. Me gustó la errata,
y la adopté decididamente en las posteriores edicione.r.2

Con las mejores intenciones, a veces se quedan en el tintero estas propuestas colaboraciones. Un examen de los 14 números de Monterrey 3 nos ha
revelado una sola especie de colaboración de Borges, una carta sin fecha sobre
los "estornudos literarios", cuya carta coincide perfectamente con la próxima
que encontramos de Borges en el archivo de Reyes, y que recoge Don Alfonso
en el número 8 de Monterrev (Río, marzo 1932, p. 7):

A partir de este intercambio entre Borges y Reyes, Don Alfonso ~ pone a
"c~leccionar estornudos" en la literatura, como antes había hablado (ora en
seno, ora en broma) de "cole-ccionar sonrisas" y "coleccionar miradas".5 Resulta una cadena des tres notas en Monterrey en que va explorando los "estornudos literarios" y las "costumbres folklóricas sobre el estornudo", con nuevos
hallazgos de Don Alfonso y aportes de otros amigos.6 Así Borges y Reyes se
entreg~n- :11utuamente a esta busca de las curiosidades literarias, expresiva de
una af1c1on común por el juego intelectual jocoserio y una curiosidad común
por el sentido psicológico-metafísico detrás de los gestos humanos.
La próxima epístola de Borges que encontramos en el archivo de Alfonso
Reyes lleva fecha de 4 de julio de 1933 y es una simple invitación a Reyes a
c~l~borar en ?~ítica Magazine, terminando con estas palabras: "Espero su
VlSlta o sus paginas. Las dos, mejor". Vemos cómo sigue siempre vivo por
parte de ambos
deseo de colaborar mutuamente en sus labores literarias y
de mantener activa desde ce1ca o desde lejos la llama viva de su amistad
desde los días de su trato personal en Buenos Aires en 1927-1930, cuando
Reyes estuvo de embajador mexicano en la Argentina. Ahora parecería que
Don Alfonso le anunciaba a Jorge Luis una posible visita próxima en Buenos
Aires, desde Río. (Efectivamente, entre 7 agosto y 5 octubre 1933, Reyes
se ause~tó de Río, de viaje al Uruguay, Argentina, Chile, en "Comisión preparatoria de la VII Conferencia Internacional Americana") .7

:'!

La próxima carta que encontramos en dicho archivo va dirigida a Borges
por Reyes, ahora de regreso en México en 1938 después de su permanencia
en Sudamérica entre 1927 y 1937: 8

Jorge Luis Borges me, escribe desde Buenos Aires:
" R eleo en la página 40 del Calendario [de R eyes]: 'un solo estornudo
sublime conozco en la literatura: el de Zaratustra'. ¿Puedo proponerle
otro? Es uno de los tormentosos presagios de la Odisea y está en el
libro XVII, al final . . ."¼
• ALFONSO REYES, "Historia documental de mis libros (III)", Universidad de
México, IX : 8 (abril 1955), pp. 7-8. V. también "Escritores e impresores", en La
experiencia literaria, Obras completas. XIV, México: Fondo de Cultura Económica,
1962, pp. 183-189. (La Visión de Anáhuac fue editada primero por J. García Monge
de San José de Costa Rica, 1917).
• Monterrey, correo literario de Alfonso Reyes, también se puede consultar en la
"Capilla Alfonsina" en México, D. F., y en otras bibliotecas, inclusive en la Biblioteca
del Congreso en Washington, D.C.
• El texto completo de esta carta aparece en la Nota de Monterrey, toda recogida
también por Reyes en A lápiz, en Obras completas, VIII, p. 313.

258

. • ~- "~a sonrisa", El suicida, Obras completas, III, pp. 237-242; "El coleccioru:ta · ( l. Por qué ya no colecciono sonrisas", "11. Ahora colecciono miradas")
C endario, OC II, pp. 352-355; y el ensayo que provocó la carta de Borges
gestos prohibidos", ]bid., pp. 289-290.
'
' Monterrey, No. 8, Río, marzo 1932, p. 7; No. 9 Río Julio 1932 p. 5· No 13
R'io-Buenos Aires,
·
· ·
'
'
' título
' "Estor. '
Juruo-agosto
1936, p. 8. Todo recogido
siempre
con el
nudos literarios", en A. R., A lápiz, OC VIII, pp. 313-317.
' "Algunos datos biográficos de Alfonso Reyes", Páginas sobre Alfonso Reyes, II,
M~nterrey: Universidad de Nuevo León, 1957, p. 619.
B. S. 1927-1930, Río 1930-1936, R S. 1936-1937. Estará una vez más en Río
en 1938-1939.

"Lo;

0

259

�México, D. F., marzo 8 de 1938.
Sr. Don Jorge Luis Borges
Pueyredón 2190
Buenos Aires, Argentina.

paña (B. A.: Sur, 1937), en la editorial Sur asociada con otra revista en que
estaba muy activo Jorge Luis Borges, la Revista Sur fundada por Victoria
Ocampo en 1931. Y se asoma la omnipresente preocupación de Don Alfonso
por las erratas.

Desde México otra vez, y cuatro años más tarde, Reyes le dirige a Borges
las siguientes líneas:

Mi querido Jorge Luis:
Espero que el librito que dejé para la editorial "Desatiempo" no le
causará a usted muchos enojos. Entre usted, Pedro y Amado Alonso tal
vez podrán encargarse de que salga, en lo posible, sin erratas. Mil gracias
por lo que hagan y mil perdones.
Deseo ardientemente sus noticias, las de los suyos, de. Norah y Guillermo y, en general, de todos los inolvidables amigos. Ahora descubro
que yo les pertenezco a ustedes mucho más de lo que suponía, que ya
era mucho. No me olviden por favor.
Siempre suyo,
(A. R.)
ALFONSO REYES

Córdoba Núm. 95.

Aquí sentimos el eco nostálgico comunicado por Reyes a Borges de todo
el ambiente de cordialidad, de "grata compañía", grata convivencia y colaboración en los placeres y quehaceres intelectuales que compartieron Don
Alfonso y Don Jorge Luis en Buenos Aires durante las dos temporadas que
Reyes pasó en la capital argentina ( 1927-1930 y 1936-1937), con el deseo de
que sigan siempre prolongándose los lazos de cordialidad, de amistad y de
afecto que lo ligan al mundo cultural porteño, en tomo a dos núcleos de
amigos: el grupo de amigos intelectuales de diversas procedencias entonces
reunidos en Buenos Aires ( Pedro Henríquez U reña, Amado Alonso y Borges)
y el grupo familiar del propio Borges con su hermana Norah (dibujante) y
su cuñado Guillermo de Torre, uno de los campeones originales del ultraísmo
en Madrid. Vemos en marcha otro ejemplo de colaboración editorial que
liga a Reves con Borges y los otros: "el librito que dejé para la editorial
'Desatiempo'" sería el libro de Alfonso Reyes, Mallarmé entre nosotros (Buenos Aires: Desatiempo, 1938), editado por la editorial de la Revista Desatiempo, una revista fundada por Borges con Adolfo Bioy Casares y Silvina
Ocampo. 9 Reyes también editó en Buenos Aires su libro Las vísperas de Es• V.: ALICIA JuRADO, Genio y figtrra de Jorge Luis Borges, Buenos Aires: Edit.
Universitaria de B. A., 1964, pp. 51-2.

260

México, D. F., a 19 de agosto de 1942.
Sr. D. Jorge Luis Borges
Mi querido y siempre recordado Jorge Luis:
No podría en breves líneas decirle con cuánto agrado he leído sus
Caminos que se bifurcan y con cuánto interés busco todo lo que usted
publica. Lo desearía siempre a mi lado . ..
Saludos a todos, Gracias y un abrazo

(A. R.).

Entre escritores amigos, cambiarse sus libros y leerse recíprocamente es otro
modo de comunicarse y de ejercer su amistad. Reyes y Borges siempre serán
devotos y entusiásticos lectores uno del otro. Y esta carta de Reyes parece una
contestación al libro de Borges, con la dedicatoria puesta por Jorge Luis en
el ejemplar que le envió a Alfonso y que se encuentra en la "Capilla Alfonsina". Se trata, desde luego, del libro El jardín de. senderos que se bifurcan
(1942). Y aquí la dedicatoria:
A Al/onso Reyes, estos opacos ejercicios de imaginación razonable.
Con nostalgia de su conversación.
JORGE LUIS BORGES

Alejados en el espacio los dos amigos escritores, mediante las cartas y el
intercambio da los libros y sus dedicatori~, prosigue el trato amistoso de los
intereses comunes y el interés del uno por todo lo que hace el otro. Al mismo
tiempo, aquí ambos expresan la nostalgia por el trato más directo de viva voz
y presencia.
Luego, cada vez en cuanto surge una nueva ocasión o pretexto para alguna forma de colaboración profesional, aunque sea de índole pasajera o
incidental:

261

�Buenos Aires
23 dei octubre, 1943.
Sr. don Alfonso Reyes,
Méjico.
Querido amigo:
¿Podemos incurrir en la mera historia? Cierta editorial nos encargó
una antología de cuentos policiales; en ella incluimos Los tres jinetes
del Apocalipsis, de Chesterton; el valeroso temor de ofender a ciertos
países aconsejó a nuestros editores la eliminación de ese cuento; a última hora tuvimos que reemplazarlo: optamos por La honradez de
Israel Gow, en la excelente versión que usted conoce. Esperamos, ahora, e.n su indulgencia.
Saludamos a nuestros lejanos amigos Xavier Villaurrutia y José Luis
Martínez. Para usted, nuestra viva nostalgia, toda nuestra amistad.
JORGE

Luis BoRGES

ADOLFO BroY CASARES.

México, D. F., a 17 de noviembre de 1943.
Sr. don Jorge Luis Borges
Queridos Jorge Luis y Adolfo:
Gracias por su carta del 23 de octubre. Villaurrutia y Martínez saludan a ustedes por mi conducto. Israel Gow está muy honrado. Esperemos que los sucesores de. Calleja no reclamen, pues de ellos era la
propiedad. No olviden enviarme la antología policial. Los sigo cuanto
puedo. Los recuerdo siempre y los quiero de veras.

(A. R.)

Todo esto gira en torno a la común afición de los cuentos policiales, sentida tanto por Alfonso Reyes como por J. L. Borges ( con su gran colaborador
Bioy Casares) y compartida entre ellos. Borges y Bioy los coleccionan en antologías y los escriben, individualmente o en colaboración, a veces bajo seudónimos como H. Bustos Domecq o B. Suárez Lynch. Reyes es ávido lector
de los cuentos policiales, y además los comenta, los defiende como género literario y los traduce. En sus años madrileños, Reyes preparó para la edito262

rial Calleja una colección de espléndidas traducciones artísticas al español
de una docena de los cuentos policiales de G. K. Chesterton.1 ° Cuando ahora,
en las circunstancias indicadas, dicen Borges y Bioy que desean utilizar en
su antología de cuentos policiales " La honradez de I srael Gow, en la excelente versión que usted conoce", se trata de la versión de este cuento hecha
por el propio Alfonso Reyes para la editorial Calleja, como se puede ver
en la contestación de Don Alfonso. También notamos de paso que -así como Reyes en la Argentina- Borges tiene lazos de amistad literaria con otros
mexicanos amigos de Reyes, X. Villaurrutia y J. L. Martínez.
Pasamos por alto una carta de Reyes de 24 de noviembre de 1943 que le pide
a Borges una colaboración para Cuadernos Americanos, y llegamos a ésta que
empieza de una manera conmovedora:
México, D. F., a 24 de mayo de 1944.
Sr. don Jorge Luis Borges
Maipú 994
Buenos Aires, Rep. Argentina
Mi querido Jorge Luis:
Bástele saber que he estado enfermo y no pregunte de q,ué. Descanso, campo, alejamiento de toda tarea, etc. En estos tristes tiempos, la
antología poética de usted ha sido una de mis más ciertas alegrías. Volví a pasar por las avroidas conocidas y entre las nuevas, fascinado. Gracias de todas veras.
Ahora, para usted y para Adolfo Bioy: acaban de llegarme los cuentos policiales. Encantado, me prometo unas horas de encanto. M e ha
gustado mucho ver el cue,ito de Chesterton convertido ya en un ente estético independiente de los casuales traductore.r, y he apreciado com o
buen gustador los finos retoques. Gracias otra vez.
Pronto llegará un libro espantoso que eistoy por sacar: El Deslinde,
Prolegóm enos a la teoria lite.raria. Por favor, considérenlo con piedad.
El hijo monstruoso es e! que se lleva nuestra ternura.
Saludos ,., abrazos

(A. R.)
•• El candor del Padre Brown, Madrid: Calleja, 1921. Una edición más reciente:
Madrid: Aguilar ( Col. Crisol), 1950. V.: A. R., "Sobre la novela policial", Los trabajos y los días, OC, IX, y otros trabajos de Reyes sobre el tema en Las burlas uera.s (11) ·
y Marginalia (III ).

263

�'

Primero, vemos un pequeño reflejo íntimo del Alfonso Reyes en sus bregas con la enfermedad. Tuvo sobre todo una serie de luchas con ese corazón que lo siguió acechando y aquejando en sucesivas llamadas hasta la última en 1959. En este momento lo que más parece afligirle es el tener que
alejarse del gustoso trabajo para descansar, pues el escribir era para él como
su respiración diaria, es decir, a la vez fuente de alegría constante y necesidad de su diario existir. Teniendo entonces que dejar por ahora la pluma,
encuentra alegría y solaz en la lectura de lo escrito o elaborado por sus
amigos, esta vez en las poesías de Borges y luego en la recién llegada colección de cuentos policiales que venía de Borges a Bioy, con el cuento traducido por Reyes.
En el último párrafo de esta carta de Reyes, surge la presencia de otra
fuente a la vez de placeres o satisfacciones y de angustias entre las tareas literarias de Don Alfonso: el gran libro El Deslinde, piedra angular de su
teoría literaria en que minuciosa y sistemáticamente va trazando los límites
entre lo literario y lo no literario:
Es curioso notar cómo aquí llama "espantoso" e "hijo monstruoso" a su
propia criatura literaria, un libro que hoy día muchos consideran su obra
maestra y al que parece referirse Germán Arciniegas cuando dice de Reyes
que "en su propio discurso del método colocó en primer término la gracia..." 11 La clave está en la expresión "El hijo monstruoso es el que se
lleva nuestra ternura". Es que este libro representaba para él un proyecto
que le era muy caro: definir la literatura, ponerlo todo en claro y todo en su
sitio en su esfuerzo por alcanzar la armonía perfecta, juntar los pedazos para conquistar la unidad de su ser:
A ti sólo pueden salvarte [dijo una vez a su alter ego teórico] la paciencia y la diligencia, el esfuerzo de cada instante para articular las
piezas rotas. Y, sobre todo, un gran ideal de armonía contemplado con
arrobamiento y servido con voluntad constante. De este ejercicio, tu
alma puede salir un día arq,uitecturada. Entonces cada palabra madurará a su tiempo, caerá sola en su sitio único. Los estratos de tu obra
iran encimándose como una torre necesaria.12

De modo que éste no es un libro rutinario, sino que reviste para Reyes
un íntimo sentido trascendental en relación con su esencia de esciitor. Veamos cómo expresa eso también con la imagen del mito de Osiris:
u GERMÁN ARCIN!EGAs, El continente de siete colores, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1965, p. 64-0.
u A. R., "Fragmentos del arte poético" (Río, 1934), Ancorajes, México: Tezontle,
1951, pp. 20-21.

264

Piensa de ti según el mito de Osiris; piensa de ti como si nacieras
despedazado y tuvieras que. juntarte diligentemente trozo a trozo. Conquistar la unidad es, no sólo tu empresa artística, sino acaso tu misión
humana por excelencia.13

Y con la misma imagen de Isis y Osiris lo hemos visto expresar su reacción ante el análisis de su obra por otra persona:
Estoy re.almente deslumbrado, como la gallina que crió un pato. ¿Pero todo eso hay en mi obra? Lo leo con sorpresa y con un anhelo que
casi llega a la angustia, y siento lo que tal vez sintió Osiris cuando !sis
iba juntando sus pedazos.14

O sea que la tarea de definir la literatura en El Deslinde era algo como
definirse a sí mismo. La lucha con la terminología y con la metodología, con
el concepto, la palabra y la e:,,..presión, que le causaba la elaboración de esta
obra le p-roducía una especie de angustia metafísica. Su preocupación y hasta
obsesión perfeccionista resultaba en periódicos temores de haber caído del
todo en la nada y de haber creado algo "monstruoso", "espantoso" en vez de
haberse acercado a la meta deseada. Así sentía desconfianza en sí mismo y
necesidad de pedir indulgencia aun cuando lo ofreciera a dos de sus mejores amigos literarios, precisamente a los que tenían mayor probabilidad de
entenderlo en todo su trasfondo íntimo. El Deslinde es sin duda la obra de
Reyes que al autor mismo le causó más dudas y angustias, además de ser
quizá la que provocó mayores discusiones entre sus congéneres cuando apareció.15
Van pasando los años, y sigue siempre el trato amistoso entre Borges y Reyes. Siguen los intercambios de libros, con reacciones espontáneas como la
siguiente:

,., A. R., !bid., p. 21. V., también A. R., Religión griega, p. 284, y Mitología griega,
p. 574, en Obras completas, XVI, México: Fondo de Cultura Económica, 1964. ·
14
A. R., en una carta dirigida al autor de estos apuntes, de 9 sept. 1958.
"' Respecto a todo esto, V. el comentario de Ernesto Mejía Sánchez en su "Nota
Preliminar" para el Tomo XV de las Obras completas de Alfonso Reyes ( El deslinde,
Apuntes para la teoria literaria), México: Fondo de Cultura Económica, 1963, pp. 7-14.

265

�Septiembre 27 de 1949.
Sr. don Jorge Luis Borges

que sigo todas y cada una de sus líneas. No puedo evocar sin emoción
los días de nuestra frecuentación y compañía, tan placenteros. Espero
que su vista m ejore y que al recibir estas líneas, le haya aprovechado a
usted el obligatorio reposo que le imponen.

Mi querido Jorge Luis:

Un abrazo,

Estoy deleitado con El Aleph. Acaso por culpa de mis obligaciones
didácticas, me siento harto de los libros. Usted me reconcilia con las
letras. ¡ Qué lástima no poder tenerlo a mi lado, para que me devolviera una poca de fe!
Un estrecho abrazo,
(A. R.)

La amistad de Borges, ya lo vemos, le da aliento a Reyes en momentos de
cansancio o de desánimo, a través de estos breves intercambios y en la lectura de las nuevas obras del amigo. Algo así siente Borges, al pasar por
una de las etapas de su creciente ceguera, en una carta escrita de puño y letra por su madre, doña Leonor Acevedo de Borges:
Buenos Aires, diciembre/954

(A. R.)

En otra ocasión Don Alfonso refrenda de nuevo su constante interés por
todo lo que hace y dice y escribe Jorge Luis, y expresa con una de sus lindas imágenes musicales su concepción de la armonía de la amistad simpatizante que sigue siempre activa entre ellos:
M éxico, D. F., 2 de junio de 1955.
Querido Jorge Luis:

Ni decirle ne~esito que he leído con verdadero entusiasmo la versión
taquigráfica de su conferencia sobre el escritor argentino y la tradición. Desde lejos, siempre acordes como dos violoncellos.
¿Cómo va esa salud? Un abrazo de su

Amigo mío:

(A. R.)

. . No quiero acabar el año sin enviarle con mis votos felices para 1955
a usted y los suyos, mi agradecimiento por e/, placer que me dieron sus
envíos, en especial la "Trayectoria de Goethe''. No me olvide en sus
trabajos, los saboreo y me haden pensar en los días que fueron. Mi vista mal, imponen un reposo de algunos meses -dicto a mi madre, que
une los suyos a mis buenos deseos. Lo abraza su siempre
JoRGE

Luis

A la que contesta Don Alfonso, identificándose con la misma nostalgia
por el trato personal de antaño:

México, D. F., 4 de enero de 1955
Mi queridísimo Jorge Luis:
Correspondo a la señora su madre y a usted, en nombre de todos los
míos, sus amables votos para 1955. Son ustede.s muy queridos en esta
casa, independientemente de la admiración y justificada lealtad con

266

Y Borges de igual tenor, con angustiosas noticias de su agravada ceguera

(en otra carta escrita por Doña Leonor) :
Buenos Aires, Agosto 28/955
Querido R eyes:
Gracias por sus " Quince Presencias", que mi madre m e lee (yo no
puedo aún ni leer, ni escribir ¿se imagina lo que esto es para mí?) y que
eséucho con especial agrado, también su "Historia Documental". Nunca
lo olvido, ni nuestras charlas con H enríquez Ureña, ni lo que he gozado
y aprendido con sus libros. Saudades y un gran abrazo bien apretado de
su invariable amigo
JORGE

Lurs

BoRGES

Otra carta, mecanografiada, se la dirige Jorge Luis a Don Alfonso desde
la Biblioteca Nacional de la que es Director:

267

�[Membrete: " Biblioteca Nacional, Buenos Aires, Director'']
Marzo 14 de 1957.
Sr. Alfonso R eyes
Av. Gral. B. Hill 122
México

En estos últimos años, mientras Borges viene luchando con la ceguera, Don
Alfonso ( como ya lo observamos) ha venido luchando con el corazón, habiéndonos dejado precisamente el día 27 de diciembre de 1959, mismo mes
de esta última carta de Borges. Así es que al acercarse Borges a México en
1961, estando en la Universidad de Texas, Don Alfonso ya ha pasado a
aquella otra "región más transparente". Pero nuestro epistolario se cierra
con una conmovedora carta de Doña Leonor de Borges, dirigida a la esposa
y perfecta compañera de Don Alfonso, Doña Manuela ahora viuda de Reyes:

Querido maestro y amigo:
L e envío un ejemplar del primer número de La Biblioteca, inferior,
como todas las obras humanas, a nuestras e.speranzas, pero que anhela
mejorarse y salvarse con una colaboración suya, de cualquier extensión y carácter. En estos días le mandaré un ejemplar del trabajo didáctico sobre Lugones que hice con Bettina Edelberg.
El país y yo lo extrañamos minuciosamente. Mis ojos no me deJan
escribir y tengo que dictar esta carta y borrajear, [ac]aso ilegiblemente, esta firma.

UORGE

LUIS BoRGES]

Director

Buenos Aires - dic. 19/59
Querido R eyes:
No quiero concluir el año sin decirle. el placer que me han dado sus
libros y su q,uerida amistad. ..
.. .Como yo no puedo hacerlo, me leen su Filosofía helenística, gracias amigo, van en un abrazo mis votos felices para Navidad, y Año
Nuevo

LEONOR.

268

Mi querida amiga:
El destino nos ha traído ¡ siempre sucede lo inesperado! a este hermoso lugar del mundo . .. pueir estas líneas son también de Georgie,
que la recuerda siempre y la abraza efusivamente: está aquí como visiting professor en la Universidad de Texas.. . La ciudad es muy bonita y los alrededores preciosos y ya estamos haciéndonos a la vida americana, tan distinta de la nuestra. Siempre con invariable amistad.
LEONOR AcEVEDO DE BoRGES

Tanto en esta epístola como en la siguiente escrita por su madre, vemos que
Borges persiste a través de su ceguera intentando en lo posible continuar con
las actividades literarias que le son gratas, inclusive el intercambio y trato
epistolar de siempre con sus más queridos amigos:

La amanuense los desea
muy.felices

Austin, T exas
Set. 30/961

[J. L.

BoRGES]

[arriba:] La falta de vista de Georgie lo obliga a llevarme a mí con
él, dondequiera que vaya!
A través de estos extractos del epistolario de Jorge Luis Borges y Alfonso
Reyes, hemos podido seguir las líneas generales de una amistad literaria típica de una serie de amista.des profundas y significativas que han caracterizado la carrera literaria de Alfonso Reyes.16
Posdata: Con el deseo de redondear lo mejor posible este cuadro de la
amistad alfonsino-borgiana a través de sus intercambios epistolares, habíamos
dirigido una interrogación al cuñado de Borges, don Guillermo de Torre,
preguntando si sabía si Borges y Reyes se habían conocido antes de sus en1
• Cf., las amistades españolas de Alfonso Reyes comentadas, a través de sus epistolarios, por Barbara B. Aponte, notablemente "El diálogo entre Azorín y Alfonso
Reyes", !nsula, Madrid, XX: 219 (feb. 1965), pp. 1, 10; "El diálogo entre Alfonso
Reyes y Enrique Díez-Canedo", Boletín Alfonsino, Montevideo, Uruguay, No. 1 (invierno 1966), pp. 3-6. Además, no dudamos que hay paralelos igualmente interesantes
en las amistades de Borges con otras figuras literarias, inclusive algunas de las aquí
mencionadas.

269

�cuentros en Buenos Aires, y si tal vez tendría Borges en su poder alguna carta adicional o algún libro de Reyes con dedicatoria especialmente interesante. Nos sorprendió la amable respuesta del propio Jorge Luis, la cual parecería escrita por la misma '·amanuense" de la carta a Reyes de 19 diciembre 1959 ( y otras), y firmada por Borges. Aquí la reproducim~ para "cerrar con broche de oro" nuestra consideración del tema:

Buenos Aires - Oct. 22/966
ESCRITORES ESPAROLES EN LOS COMIENZOS
POÉTICOS DE LA NUEVA ESPARA

Profesor James Willis Robb
The George Washington University

DR. ALFREDO A. RoGGIANO
Universidad de Pittsburg.

De mi consideración:
Disculpe estas tardías líneas, pero diversas circunstancias impidieron que Guillermo, mi he.rmano político, me hiciera entrega de la carta que usted le envió. Tengo que agradecer a usted el honor que me
hace al unir mi nombre al de Alfonso Reyes, hombre, que tanto he querido y admirado. Hace algunos años, creo que en el úlbimo o penúltimo
de su vida, quise que se propiciara su candidatura al premio Nobel pero no me fue posible llevar adelante el proyecto, tan justo en el caso
de Reyes. Por mi mala vista siempre fui muy mal corresponsal y nunca
he tenido archivo. En cuanto a libros dedicados, los tengo todos en mi
biblioteca personal de la Biblioteca Nacional, de la que soy Director,
que. ahora no puedo consultar pues está en un serio [des]arreglo. Nuestra amistad se hizo aq,uí, lo visitaba con mucha frecuencia en su Embajada, charlábamos largamente y su partida fue dura para mí. Lamento no serle más ú~l, ya que tanto le debo; cuente con mi gratitud y
mi amistad.

[JLB]
aje Maipú 994

LA CONQUISTA DEL ANÁHUAC y todo el importante imperio regido por Moctezuma se realizó entre 1519 y 1521. Con Hemán Cortés, que era "algo
poeta", según Berna! Díaz del Castillo, se inicia la colonización. España trasladó a América cuanto consideró necesario para cumplir su vasto plan de
trasplante cultural. La hispanización fue realmente fecunda, pero "no ahogó
la índole nacional; no estorbó la precoz manifestación de la idiosincrasia
mexicana en la nueva lengua".1 Aún más: "En sólo el primer siglo de la
colonia, consta ya por varios testimonios la elaboración de una sensibilidad y
un modo de ser novohispanos distintos de los peninsulares, efecto del ambiente nacional y social sobre los estratos de las tres clases mexicanas: criollos,
mestizos e indios". 2 De modo que la colonización fue algo más que "conquistar
la tierra, y ganarla y sujetarla a la -corona real". Sin duda, es en la Nueva
España donde mejor se cumplió el diálogo ecuménico que el espíritu occidental inició con el de este otro que, de&amp;le ese dichoso contac,to, se empezó a
llamar Nuevo Mundo. Nuevas religiones, nuevas lenguas, costumbres, hábitos,
actitudes y usos diferentes, expresados en cada momento del diario vivir o en
las creaciones de una monu.-riental arquitectura, en la danza ritual, en la
escultura, en las decoraciones policromadas, en el calendario, en la escritura,
en los juegos, en la pintura y la poesía, fueron impactos más que inmemoriales en el alma del conquistador. Todo cambia, crece, se renueva: el pensamiento, la ciencia, las artes y las letras. España, al par que se daba en la
1

Ar.F-0Nso REYEs, Letras de la Nueva España (México: Fondo de Cultura Económica [Colección Tierra Firme, 40], 1948), p. 42.
• ]bid., p. 41; ALFONSO MÉNDEZ PLANCARTE, Poetas novohispanos (México: lm·
prenta Universitaria, 1942}, I, pp. X-XIII.

270

271

�creación de instituciones, en la comunicacion de la lengua, la religión, las
ciencias y las artes, cosechaba y se enriquecía tanto en lo material como en
lo espiritual. La Nueva España, así surgida, fue eso precisamente: una Nueva
España, lo nuevo en lo original de la fusión, en la autenticidad que universaliza lo autóctono. Pedro Henríquez Ureña lo ha dicho con profunda convicción: "No: lo autóctono, en México, es una realidad; y lo autóctono no
es solamente la raza indígena, con su formidable dominio sobre todas las actividades del país, la raza de Morelos y de Juárez, de Altamirano y de Ignacio
Ramírez: lo autóctono es eso, pero lo es también el carácter peculiar que
toda cosa española asume en México desde los comienzos de la era colonial
así la arquitectura barroca en manos de los artistas de Taxco y de Tepotzotlán'
como la comedia de Lope y Tirso en manos de Juan Ruiz de Alarcón".3
No cabe duda de que España fue consciente del alto valor de las culturas
indígenas, como puede verse en las múltiples declaraciones de conquistadores,
cronistas y misioneros. Razones propias de la emulación le obligaron, pues, a
enviar a México lo mejor que poseía. Por lo demás, la importancia y fascinación de México fue tal que atrajo a eminentes figuras de las ciencias, ]as
letras y las artes de la Península, cuyo traslado a las Indias -salvo al parecer
'
el caso de Cervantes 4 - fue oficialmente favorecido. 5 Esta concurrencia
de'
ingenios creó un alto clima espiritual y dio singular relieve al momento literario de la colonia, donde las más variadas formas y especies tradicionales,
populares y cultas -ya las antiguas medievales, las clásicas latinas o las de
fresca innovación venidas de la Italia renacentista- tuvieron en el Nuevo
Mundo culto propicio. Aparte de la poesía popular y tradicional, que fue Jo
primero que trajo el conquistador, las formas cultas se difundieron al amparo
y contralor de los organismos e institucionesi legales (Estado~ Iglesia Universidad, colegios, imprenta) y a propósito de celebraciones y fe&amp;tivid;des (pa-

negíricos a la llegada de un dto personaje, odas y epitafios en exequias, túmulos, homenajes), competiciones en certámenes universitarios, justas colegiales y juveniles, encuestas que van y vienen, en tentativas de poner la, historia en verso, o en la íntima plegaria religiosa, la meditación trascendente
la sátira social, las descripciones de pai'sajes y ambientes y la efusión amorosa'.
El factor institucional y el humano colaboraron por igual; el medio y la
naturaleza, la cultura y el hombre, el libro y los sucesos inmediatos, Jo trascendente y lo humano, motivos de toda índole suscitaron temas y promovieron
la inspiración. Se asegura qut&gt; ya hacia 15 72 la conquista espiritual estaba
concluida, y que para esa fecha el florecimiento del virreinato había llegado
a un alto grado de esplendor. En este medio, la actividad poética llegó a ser
tan variada e intensa como correspondía al desarrollo y magnitud de un gran
centro civilizador. La calidad de lo producido era desigual, pero en sus mejores logros no deslucía visiblemente ante una confrontación con los modelos
metropolitanos. La cantidad, eso sí, pareció alcanzar extremos alarmantes.
Balbuena revela que en un certamen convocado en 1585 concurrieron trescientos individuos,6 y, de atenemos a "la cruda salida satírica de Eslava"
(A. Reyes), llegó un momento en que los poetas fueron "más abundantes
que el estiércol".7 Berna] Díaz del Castillo, Grijalva, Motolinía, Solís y Haro,
etc:, dan testimonios de ese florecimiento auroral novohispano, en donde el
artista de alcurnia o el más humilde poeta se amparaban en sus virtudes cread~ras para equipararse en los rangos de la consideración social, privilegio que
aun perdura, afortunadamente, en México.
En el primer período del desarrollo poético de la Nueva España es preciso
destacar, en primer término, la presencia de un grupo de escritores peninsulares que Alfonso Reyes ha denominado "la pléyade de España". Nos proponemos aquí hacer un estudio de esas primeras figuras llegadas al Nuevo Mun-

: PEDR~ HENRÍQUEZ UREÑA, La utopía de América (La Plata, 1925), p. 9.
FERNANDEZ DE NAVARRETE (Vida de Miguel de Cervantes) informa que el autor del Quijote solicitó, en 1590, "la Gobernación de la provincia de Soconusco"
{Cfr. MÉNDEZ PLANCARTE, op. cit., I, p. XLIX, nota 21).
• FRAY JERÓNIMO DE SAN JosÉ (Historia del V. P. Fray Juan de /a Cruz; Cfr.
MÉNDEZ PLANCARTE, ibid.) asegura que el gran místico obtuvo licencia para trasladarse a la Nueva España en 1591, poco antes de su muerte. Alejandro Arango y Escandón (Fray Luis de Le6n. 'México, 1866, pp. 244-245) dice que en 1588 el Rey
Felipe II ofreció a Fray Luis de León el Obispado de México. Ni Cervantes ni San
Juan, ni Fr~y Luis de L~n vinieron a México. Vinieron Pedro de Trejo, Ju~ de la
Cueva, Gutlerre de Cetma, Hernán González de Eslava, Bernardo de Balbuena (si
es qu~ no ~ació en México), Francisco Cervantes de Salazar, Eugenio de Salazar y
Alarc?n, Arias de Villalobos, Diego Me:xía, Rosas de Oquendo, Luis de Belmonte y
Bermudez Y Mateo Alemán, entre los más notables. Y, desde luego, las obras de los
tres que no llegaron, además de las de Garcilaso, Herrera, Góngora, etc.

' Dice FRANCISCO PIMENTEL, en Historia crítica de la literatura y de las ciencias
en México desde la conquista hasta nuestros días... Poetas ("México: Librería de Ja
Enseñanza, 1885 ), p. 41: "Tres famosos certámenes literarios hubo en la Universida~ ~e México durante el siglo XVI, según Balbuena, uno en 1585, otro en 1586, y
el ~lt1mo en 1590. El primer certamen se celebró en honra del Sacramento de la Eu~nstí~; a ~resencia de siete obispos que formaban el tercer concilio provincial mexicano • MÉNDEz PLANCARTE (passim, p. XLII) lo llama el "Certamen del Corpus de 1585" . V1CENTE T. MENDOZA (Glosas y décimas de México, p. 14) da el
año de 1575 como fecha en que se celebró dicho certamen. Véase: FRANCis'Co PÉREz SALAZAR¡ "Los concursos literarios en la Nueva España y el Triumpho Parthénico", en Revista de Literatura Mexicana (año I, núm. 2, octubre-diciembre de 1940)
290-306.
'
' En el coloquio El bosque divino. La cita de Alfonso Reyes se halla en su Resumen de la literatura mexicana (Siglos XVI-XIX) (México: Archivo de Alfonso
Reyes. Serie C. [Residuos]. Núm. 2, 1957), p. 14.

272

273
e H-18

�do, su influencia en el medio novohispano y el impacto que en ellos produjeron
las cosas del Nuevo Mundo.
¿ Quiénes eran los poetas y qué clase de poesía producían? Contamos para
su conocimiento con dos recopilaciones, ambas de la segunda mitad del
siglo XVI: 8 el Túmulo Imperial.. .9 ( 1560), de Francisco Cervantes de Salazar, y las Flores de varia poesía 10 (1577), de autor no identificado.
El Túmulo, como construcción en homenaje a Carlos v. tal vez pueda ser
considerado "como monumento de la grandeza a que había llegado México
en tan pocos años" (García Icazbalceta), pero como muestra de poesía. apenas
si tiene un valor histórico. CERVANTES DE SALAZAR 11 era un humanista educado en cánones latinos y retóricos de aristotelismo italianizado. Con él llega
a la Universidad de México y se derrama por la Corte y los círculos cultivados
un tipo de literatura erudita de diálogos, traducciones y versos latinos, que
• Ticknor menciona un Cancionero Spiritual, de un P. Las Casas, "indigno religioso de esta Nueva España", al parecer de coplas devotas e impreso por Juan
Pablos en México, en 1546. García Icazbalceta y Menéndez y Pelayo dudan de su
existencia. Méndez Plancarte sostiene que es apócrifo ( Abside, 1942, VI, 2), pp. 222-4.
• Túmulo imperial de la gran ciudad de México a las obsequias del invictísimo César Carlos V, etc. (México, 1560). Publicado por García Icazbalceta en su Bibliografía mexicana del siglo XVI (México, 1886), y en sus Obras (ed. cit.), t. VI:
Opúsculos varws, III (BAM, vol. 12), 1898, pp. 347-433. Los versos latinos y castellanos están en páginas 404-416. En páginas 153-163, bajo el título de "México en
15.54", García Icazbalceta publica su traducción de "Tres diálogos latinos por Francisco Cervantes de Salazar". donde hallamos una primera descripción de la ·ciudad
de México.
1 ° Flores de varia poesía. Manuscrito anónimo compilado en México en 1577, se
presume que por Juan de la Cueva, o que ~te participó en la compilación y lo llevó a España, en cuya Biblioteca Nacional de Madrid se encuentra el original, muy
deteriorado, bajo el número 2973. Hay una copia que mandó hacer Antonio Paz y
Melia, registrada bajo el número 7982. De ésta hay una fotocopia microfilmada en
la Universidad de Wisconsin, que fue usada por el Dr. Renato Rosaldo para el estudio que publicó, bajo el título de "Flores de varia poesía: apuntes para el estudio
de un cancionero mexicano del siglo XVI", en Hispania (vol. XXXIV, núm. 2, Mayo 1951), pp.177-180; aparece ampliado en Abside (t. XV, núm. 3, 1951 ), pp.
373-396 y, también en Abside ( t. XV, núm. 4), pp. 523-550.
u Cervantes de Salazar llegó a México en 1550 o 1551, donde vivió hasta su muerte, en 1575. En la Universidad de Mé:x.ico obtuvo los títulos de licenciado y de doctor, y fue profesor de la misma. Aunque se le considere "el padre de nuestro humanismo" (Méndez Planearle), no fue él quien introdujo en México la poesía latina,
sino Cristóbal de Cabrera, en 1540. Véase: GARCÍA lcAZBALCETA, Obras (ed. cit.),
t. IV: Biografías, II, 1897, pp. 17-52, y AousTÍN MILLARES ÜARLO, Apuntes para
un estudio biobibliográfico del humanista Cervantes de Salazar (Núm. 35 de la Colección de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma
de México ).

274

pret~nde un vuelo levantado, de grupo selecto al cual sólo se entra por el
cammo del saber, antes que por el de la gracia poética. El hábito de versificar
en latín le permite ser más diestro que en la lengua romance, según Menéndez
y Pelayo, quien concluye: "lo único que importa advertir es que los pocos
versos castellanos del Túmulo son todos de la escuela italiana: sonetos y
octavas_ reales con algunos versos agudos, como solían practicarlos Boscán y
Don Diego de Mendoza".12 Ei Túmulo, palabra cuya antigua eufonía resuena
hoy a grandilocuencia y un poco a vacuidad, pudo haber representado ese
"aire monumental" de la "pléyade de España",13 con todo lo q'tle pudiera
tener de "abultado", académico y pomposo, pero se quedó en una "verbalidad
parecida a la poesía",14 por debajo del "gran tomo" de los maestros clásicos y
del a~~ de su_ tiempo. Acaso su mayor mérito radique en ser la primera prese~tac1on conJunta, aunque muy deficiente, de la escuela antigua (clásica
latina) y la moderna (italo-renacentista).
El tono ideal de este momento de la poesía hispánica habrá que hallarlo
dentro de la corriente culta, humanista y renacentista, procedente de Italia
desde los tiempos de Boscán, hispanizada y nacionalizada por Femando de
Herrera -término de compromiso entre Garcilaso y Góngora-, traída a América por Gutierre de Cetina. El ya borroso petrarquismo del célebre autor
del madrigal a los "Ojos cla10s, serenos...", junto con ecos muy visibles de
la vena lírica y los acentos épicos de Camoens, alimentarán, en grado considerable, la inspiración del primer poeta mexicano, Francisco de Terrazas, uno
de los puntales de las Flores de varia poesía. En este valioso documento, que
es realment~ la primera colección poética recopilada en la Nueva España,
ap:recen umdos, en fraternidad de principios y fines estéticos, poetas de fü~ana y de América. Entre los peninsulares se destacan, por su cantidad y calidad, los representantes de la "escuela italoclásica". El Códice madrileño ha
sido r_nuy bien estudiado por Renato Rosaldo (Edición Abside, 1952) y a ese
estudio y edición remitimos al lector para mayor info~ación.
GuTIERRE DE CETINA era ya famoso cuando llegó a México, primero en
1546 y lu€go posiblemente entre 1554 y 1557, fecha en que murió, víctima
de un alevoso atentado.1 5 Según Francisco Pacheco (Libro de descripción
12

MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia de la poesía hispanoamericana. Edición Nacional de sus Obras completas (Madrid, 1948), t. I, p. 20.
13
A. REYES, Letras . .. , p. 72.
" !bid., p. 74.
"'Sobre Gutierre Cetina véase: MENÉNDEZ y PELAYO, op. cit., I, pp. 21 ss., nota
l_; FRANCISCO DE loAZA, Sucesos reales que parecen imaginados, de Gutierre de Cetma, Juan de la Cueva y Mateo Alemán (Madrid: Imprenta Fortanet, 1919): LuCAS DE TORRE, "Algunas notas para la biografía de Gutierre de Cecina" (Boletín de
la Real Academia Española, XI, 1924); NARCISO ALONSO CORTÉS, "Datos para la

275

�de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones), Cetina_ escribió en
1 México "un libro de Comedias morales en prosa y otro de Com~as profanas

en verso con otras muchas cosas". Estas obras nos son desconocidas; de modo
que no ~odemos adivinar hasta ~ué grado el Nuevo Mundo pudo_ penetrar
en la sensibilidad del sevillano: solo contamos con unas pocas ~luswnes que
aparecen en su "Paradoja en alabanza de los cuernos". N~ obstante, ~ado
Alonso lo llama "poeta hispanomexicano",16 acaso para senalar el senado ~de
fusión cultural que con su influencia empieza a notarse en_}ª Nueva Es~ana.
· h algo que llama particularmente nuestra atenc1on en los escntores
Porque s1 ay
. t
· · · d
del manuscrito de 1577 es el desa1!ollo inmedi~to de un c1e t? pnncip10 e
unidad hispánica, entre americanista y universalizante, que hara que un Go~zález de Eslava, un Juan de la Cueva o un Eugenio Salazar de Alarcon
recojan lo mexicano como algo propio, para incorporarlo a la lengua Y a la
cultura del Imperio, mientras que el novohispano Francis~o de Te~as se
empeña en hacer trascender su esencial mexicanidad hacia. los mas v-:5tos
horizontes de la europeización. Se diría que una tenaz comente_ d~ fluJO Y
reflujo se deslizara, como un desafío, en el fondo de estos m~vlD'llentos ~e
penetración .Y compensacione:;. Por demás atractivo resul~ ~gu1r esta especie
de combate espiritual que se hará tan patent: en los ~o~os_so~eto~ conservados por Dorantes. Pero no estamos haciendo soc10logia ru hist~na política. Por otra parte, "averiguar dónde el español se vuelve mexi;o es
·
d.
d Zenón, y tan escurridizo en las letras c6mo despues
lo ha
erugma 1gno e
,
sido a la hora de las reclamaciones diplomáticas".17 Importa, si, destacar el
biografía de Gutierre de Cetina" ([bid., XX.XII, _1952)_; ~FAEL LAPESA, "Gutie~
rre de Cetina: Disquisiciones biográficas" (Estudios Hispanicos, ~ellesley,. 1952),
MAruo MÉNDE¡Z BEJARANO, Poetas españoles que vivieron en América (Madnd: Renacimiento / Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, S. A. / 1929), PP· 53_-70;
VALENTÍN DE PEDRO América en las letras españolas del siglo de oro (Buenos Aires:
Editorial Sudameric~na, 1954), pp. 244-252; RAFAEL LAPESA, "La poesía de Gutierre de Cetina" (en Hommage a Ernes Martinenche); A. M. WITHERS, The Sources
of the Poetry of Gutierre de Cetina. Introducción de Joaquín Hazañas Y La Rúa (Sevilla, 1895).
u AMADO ALONSO, en "Biografía de Femán González de Eslava" (RFH, II, 3, 1940),

p. 277.

11 A. REYES, Letras. .. , p. 72. María del Carmen Mülán, por su parte, ha ?bservado: "Las distinciones entre los poetas mexicanos y los españoles de este periodo están vinculadas (sic) las necesidades de la vida colonial, que entre sus muchos probleas tenía el de dar Jugar de priviiegio a los hijos de los que contribuyeron, de alguna
m
·
Mé.
manera, a Ja realización de la conquista" (El paisaje en la poesía mexicana.
Xlco:

Imprenta Universitaria, 1952) pp. 20-21.

276

impacto que las cosas de aquí produjeron en el recién llegado y cómo este
hecho se refleja en la poesía.18
Dos poetas nacidos en la Península en 1534, que estuvieron y escribieron
en la Nueva España por la misma época, pueden servir de ejemplo para
marcar los extremos de esa relación del artista con su medio. Nos referimos
a Pedro de Trejo y a Hemán González de Eslava. PEDRO DE TREJ0/9 quien se
acostumbra a presentar como el primer poeta '"criollo" de México, es ponderado por la variedad y desenvoltura de una vena fácil y proteica, que va
de las formas medievales a ias nuevas italianizantes, de las preocupaciones
teológicas y filosóficas, al tema amatorio, la elegía, la sátira, lo tradicional y
lo popular, y hasta da entrada "al criollismo en algunas de sus composiciones"
(J. Campos) . Verdad que ensaya innovaciones preceptísticas, como "la serie
de serventesios que sólo después apunta en fray Luis y Lope" (Méndez Plancarte) o los "nuevos enlaces del soneto y mezclas de endecasílabos normales
y de gaita gallega" (A. Reyes) ;20 pero su actitud, el tono de su voz, los motivos y modos de expresión están más cerca del siglo XV y la grave copla de
Manrique que del vitalismo renacentista o la fruición americana.
Muy diferente es HERNÁN GONZÁLEz DE ESLAVA, que llega a México hacia
1558, a los 24 años de edad, y de qujen dice Amado Alorn;o: "Los temas y el
lenguaje de los Coloquios .. . son mexicanísimos",21 tanto que Eguiara .Y Be18

Sabido es que el poeta español José Zorrilla sentó la tesis de que la literatura de
México "fue sólo reflejo de la española mientras México fue español", y que Ignacio
Manuel Altamirano fue el primero en exponer un programa de literatura como "fiel expresión de la nacionalidad" sobre la base de "un elemento activo de integración cultural". Véase: JosÉ Lurs MARTÍNEZ, La expresi6n nacional (México: Imprenta Universitaria, 1955) pp. 230 ss.; Idem., La emancipación literaria de México (México:
Antigua Librería Robredo /Colección México y lo mexicano, 21/, 1955). De Zorrilla
pu!de leerse ahora_ México y los mexicanos (México: Colección Stadium, 9, 1955).
Pedro de TreJo fue dado a conocer por Francisco Pérez Salazar en la Revista de
L~te:atura 7:1exicana (año 1; núm. 1, julio-septiembre de 1940), pp. 59-114, donde publico en edición facsimilar, el Cancionero general del poeta Pedro de Trejo plascenciano ( 1569), cuaderno de 58 páginas, del siglo XVI, escrito en Micohacán. En páginas
117-131 puede leerse la biografía de este autor, escrita por Pérez Salazar, "Las obras
Y_ desventuras de Pedro de Trejo en la Nueva España del siglo XVI". A continuación
figuran cuatro poemas de Trejo hallados en un proceso inquisitorial. Trejo era de Plasencia ( Extremadura, España) y anduvo por México a comienzos de la segunda mitad del siglo XVI, probablemente desde 1558 a 1575, fecha de la condena que hace
perder todo rastro de su vida, cuyos últimos años deben de haber transcurrido en el confinamiento de la flota surta en el puerto de San Juan de Ulúa.
~ JoRc~ CAMPOS, "Pedro de Trejo", en el Diccionario de literatura español~ (Madnd: Rev1Sta de Occidente; 2da. ed., 1953), pp. 706-707; MÉNDEZ PLANCARTE Poetas
novohispanos, I, p. XX; A. REYEs, Letras... , pp. 74-75.
'
n AMADO ALoNso, "Biografía de Femán González de Eslava" en RFH Año II

'

'

,

277

�ristáin lo declaran nativo de la Nueva España, y Menéndez y Pelayo no titubeó en considerarlo "el primer dramaturgo mexicano", por más que su
teatro pertenezca al momento prelopista. Por su participación en la vida
literaria de la Colonia ("la poesía era un modo de v1da social", dice A.
Alonso en su biografía, p. 247), por las alusiones a sucesos locales, por sus
temas y lenguaje, tan arraigados al suelo y afincados en el pueblo mismo,
clase a la que él pertenecía, González de Eslava resulta ser el máis mexicanizado de los españoles venidos a estas tierras en los comienzos de la colonización. En su pluma, tan humana como divina, refulgen por igual los resplandores de lo culto y de lo popular, como una fusión natural del proceso integrador de lo hispánico que con él adquiere carta de ciudadanía en el Nuevo
Mundo.
Con JUAN DE LA GUEVA, quien sólo estuvo tres años en la Nueva España
-entre 1574 y 1577- la emoción de lo inmediato se bifurca en movimientos
de ánimo que, por un lado se desarrollan idealmente como e"-presión genérica
de sorpresa, admiración y goce, y por otro, apoyado en la sensación directa
del contorno físico y humano, acierta a dar una primera visión, bien realista
por cierto, minuciosa y cargada de aztequismos, de la ciudad, su clima, árboles, frutas, comidas, fiestas' danzas y hombres que acaba de conocer. Tal
ocurre en su "Epístola al Licenciado Sánchez de Obregón, primer Corregidor
de México", donde "descríbesc el asiento de la ciudad, el trato y las costumbres de la tierra y condiciones de los naturales della":

atanores que el agua traen a peso
de Santa Fe una legua desviados...
De, aquestas cosas que sin arte expreso,
que admira el verlas y deleitan tanto,
de que puedo hacer largo proceso,
cuando las considero, bien me espanto,
porque tienen consigo una extrañeza
que a alcanzar lo que son no me levanto.
(MÉNDEZ PLANCARTE,

Vaguedades, prosaísmos y caídas no faltan en la poesía de Juan de la Cueva, desde aquellas tan mentadas líneas de las seis cosas escritas con C, "síntesis a,eabada del mal gusto" en opinión de A. Reyes. Hasta parecen deliberadamente primitivos e inexpertos (como de cosa que empieza a ser pero que
todavfa no es) sus tercetos de rústica armonía y toscos ritmos, su fidelidad
a cosas y hechos con esa rudeza retratista que admiramos en las reproducciones de paisajes y las escenas familiares de algunos pintores flamencos:
Mirad a aquellas frutas naturales,
el plátano, mamey_, guayaba, anona,
si en gusto las de España son iguales.
\

. . .A toda esta ·ciudad sois muy propicio
y la ciudad a mí, porq,ue yo en ella
a mi placer me huelgo y me revicio,
y así, la tengo por feliz estrella
la que nos condució, de una fortuna
tan grande cual nos dio y nos trujo a vella.

Los edificios altos y opulC7J-tos,
de piedra y blanco mármol fabricados,
que suspenden la vista y pensamientos;
las acequias y aquestos regulados
Núm. 3, pp. 213 ss.; FERNÁN GoNzÁLEZ DE ESLAVA, Coloquios espirituales y sacramentales. Edición, prólogo y notas de José Rojas Garcidueñas (Mooco: Editorial Porrúa, S. A., 1952; 2 tomos). Véase también el excelente libro de FRIDA WEBER DE
KuRLAT, Lo cómico en el teatro de Fernán González de Eslava (Universidad de Buenos
Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1963).

278

I, pp. 13-14).

(lbid., p. 14) .

Por donde, entre comparaciones simples y candorosas~ de "encantadora sinceridad", se pasa a lo autobiográfico y lo histórico, con evidente deseo de ponderar lo indígena, aunque los indios en sí mismos le resulten gente "desabrida... y de no buen trato"; juicio modificado en la "Epístola al Maestro Girón", donde los llama "gente quieta y convenible". Ahora insta a los españoles
a venir a gozar de la "vida apacible" de México, porque
Aquí el deleite anda siempre en vuelta,
aquí el temor jamás turbó contento
ni al placer la discordia con revuelta.

Dice María del Carmen Millán: "De los elementos que en la poesía de
Juan de la Cueva empiezan a esbozar el paisaje mexicano, se destacan dos
principalmente: la presencia de colores fuertes y variados y una especie de
aliento melancólico que parece salir de la tierra misma, y que también está

279

'

�22

tras esa vida apacible y tranquila que gustó con fruición el poeta español".
¿ Iremos demasiado lejos si nos atrevemos a insinuar que esa "gracia desenfrenada y amen9s colores", encomiados por Menéndez y Pelayo como virtudes
"que fácilmente hacen perdonar la dureza y desaliño de algunos versos" del
poeta, son el preludio que abre rutas a la sensación plástica y la expresión visible, transferidas al sentimiento, ya con los ingredientes del matiz y la melancolía como anuncio de constantes que serán propias de la literatura mexicana? Nos place destacar estos tercetos:
El aguacate a Venus consagrado
por el efecto y trenas de colores,
el capulí y zapote colorado;
la variedad de hierbas y colores
de que hacen figuras estampadas
en lienzo, con matices y labores,
sin otras cien mil cosas regalado:s
de que. los indios y españoles usan,
que de los indios fueron in·ventadas.

(MÉNDEZ PLANCARTE, pp. 14-15) .
Para Menéndez y Pelayo "era Juan de la Cueva, aunque nacido en Sevilla, una especie de disidente o tránsfuga de la escuela poética de aquella
ciudad, no sólo por la mayor libertad y ensanche de su doctrina literaria,
análoga en varios puntos al romanticismo, sino también por su alejamiento
habitual del artificioso lenguaje poético, reacción que exageraba hasta caer
muchas veces en desmadejada trivialidad". 23 Cuando vino a América era ya
un hombre relativamente maduro -pasaba de los treinta años de ed,ad-;
al volver a España se dedicó al teatro; en 1579 estrenó su primera comedia;
la colección más antigua de sus obras dramáticas data de 1583. Antes se
dio a conocer como poeta lírico (Obras, Sevilla, 1582), siguiendo módulos
petrarquistas. Más tarde, en el Coro febeo de romances historiales (Sevilla,
1587), se le ve transitar esporádicamente por sendas tradicionales (el romance
"Bachiller de un solo libro", por ejemplo) . Su teatro no puede ser más
español, aunq~e por lo general mediocre. Se lo suele considerar como el
último · paso hacia la constitución de un teatro típicamente español, y, por
tanto, como figura clave, con todas sus limitaciones, en la dramaturgia pe,. MARÍA DEL CARMEN MILLÁN, El paisaje.. . , op. cit., p. 29; A. REYES, Obras
completas, I, p. 200.
"' MENÉNDEZ y PELAYO, Historia de la poesía hispanoamericana, ed. cit., I , p. 27.

,

280

ninsular. Su Exemplar poético (1606), primera poética original escrita en
verso y en lengua vulgar en la Penínsufa Ibérica, según Walberg,24 adquiere,
por lo mismo, una importancia excepcional en la preceptiva dramática española. Su interés por lo nacional, lo contemporáneo y lo popular, su receptividad siempre abierta hacia lo nuevo, lo típico de las costumbres y el
lenguaje hablado, le dan un carácter singularmente distintivo entre los escritores de su tiempo. ¿ Se debió esta peculiaridad a la índole natural de su
temperamento o a la varied::.d de sus experiencias en el ancho mundo por
él visitado? Por momentos, este andaluz tan espontáneo como trivial e iluso,
a la vez que tan recio en sus arranques de entrañable franqueza, da la impresión del indiano que vuelve para repartir sus ganancias en el predio natal.
Y si esto no fuera así, ahí quedan para nosotros, los hispanoamericanos, sus
templadas notas de amor y reconocimiento a la tierra que' le abrió nuevas ventanas por donde asomarse a la vida y al arte. Lástima que el mérito de su
poesía no pueda compulsarse, con la novedad de sus rumbos y la nobleza de
sus intenciones. De todos modos, su valor "representativo", de verdadero hito
señero en la estimación y aprovechamiento de primicias novohispanas, es incuestionable. Lo consideramos bastante, y no pretendemos asignarle más qúe
lo que atinó a esbozamos para futuros y mejores diseños. Sirva esta aclaración
para evitar confusiones. Juan de la Cueva supo hacer presente en sus versos
lo que ya existía como realidad inevitable en la vida común de españoles y
americanos. No logró separar sus cuadros de la materia bruta a que estaban
adheridos. Se quedó en las enumeraciones e inventarios, en los entes intactos
de la naturaleza, criaturas vivas pero a media voz, más evidentes por su
aspereza que por cualquier accidente individualizador. Salpicaduras de brocha
gorda no dejan ver los trazos del pincel artista. La naturaleza está antes que
el paisaje. Lo contemplado se traga al contemplador. Todo esto es cierto. ·
Pero no hay más remedio que concederle, con A. Reyes: que "adelanta una
primera visión de nuestro ambiente" y que, a veces, ofrece "la fidelidad d e
un buen retrato".25
Algún lustro más de elaboración y pulimento será necesario para que las
cosas se recorten y las siluetas se perfilen en descripciones de deliberado interés artístico. Esta tarea va a ser realizada por EUGENIO SALAZAR DE ALA&amp;"E• W ALBERG, "J uan de la Cueva et son Exemplar poético", en Lunds Universitats
(Lun?, Suecia, 1904, Vol. XXXlX ); FRANCISCO DE !CAZA, "Juan de la Cueva", en
Boletm_de la Real ~cademia Española (IV, 1917) y sus prólogos a Juan de la Cueva,
Comedias Y tragedias (Madrid, 1917) y en "Clásicos Castellanos", LX (2a. ed.,
1941) ; MARCEL BATAILLON, "Simples reflexions sur Juan de la Cueva" en Bulletin
Hispanique ( 1935).
·
'
" A. REYES, Letras.. . , p. 73.

281

�cóN,26 quien moró en México entre 1581 y 1598. Salazar es escritor de educación universitaria. Sabe sus latines, conoce su Erasmo y se ha entrenado en
agudezas intelectuales y técnicas retóricas. Hombre de casta y beneficiario
de altos cargos burocráticos e~, por tradición familiar y por la frecuentación
de refinados medios sociales y círculos de cultura, un burgués hogareño con
mentalidad cortesana; en cierto modo un "clerc" que conoce su "métier'' como
un renacentista y que gusta portarse como un criollo aprovechado. Personalidad cambiante, diestra y empeñosa, todo en él hace pensar que estaba bien
preparado para resolver el cünflicto estético que "tuvo que surgir cuando la
raza y aun el habla de los españoles vinieron a troquelar con su sello todos
nuestros elementos nativos" / 7 el de la musa tradicional, impuesta por su
validez histórica y como condición operativa de la misión colonizadora, con
el de la musa nativa, latente siempre en el seno de la tierra y apenas oculta
en el corazón de los hombres, dispuesta a vivir al primer soplo del aire, un
vuelo apercibido o una simple herida abierta en la corteza del tronco indígena.
Si Eugenio de Salazar nació en 1530, tenía cuarenta y tres años de edad
cuando, en 1573, pasó a ocupar el cargo de Oidor en Santo Domingo, y
cincuenta y uno cuando llegó a México. Se babia casado con Catalina Carrillo en 1557, y a su esposa dedicó una parte muy nutrida de su producción
lírica. En España escribió cartas satíricas, con gracia y donaire ( en "gallarda
prosa", dice A. Reyes), que no publicó por considerarlas "cosa de burlas".
Cabe suponer -y es lo má~ lógico- que son del período de su felicidad
familiar los muchos sonetos, canciones y obras "líricas" (como el autor gusta
llamarlas) consagrados a su esposa. En 1559 "dióse a pretender en la Corte";
fue designado Fiscal de la Audiencia de Galicia, hasta que, en 1567, obtiene
la Gobernación de las islas de Tenerife y Palma, en las Canarias. Con cargos
de tanta figuración, el poeta de corte pastoril y delicias hogareñas y el prosista
de humor y chispeantes observaciones se toma grave y solemne ( A. Reyes) ,
escribe "versos para enumer;ir los cargos que desempeñaba'',28 oculta sus poemas
"' Sobre Eugenio de Salazar véase: GARCÍA lcAZBALCETA, Obras, t. IV ; "Biografías", III; vol. 6 de la "Biblioteca de Escritores Mexicanos" (México: V. Agüeros, Editor), pp. 79-83; PEDRO HENRÍQUEz UREÑA, Obra crítica, ed. cit., pp. 679-680; A.
REYES, Obras completas, 1, pp. 249-252; PniENTEL, Historia.. . , pp. 44 ss.; MENÉNDEZ
y PELAYo, Historia. .. , I, pp. 22 ss.; MAIÚA DEL CARMEN MrLLÁN, El paisaje. .. ,
pp. 29-32.

" A. REYES, Obras completas (México: Fondo de Cultura Económica, t. I, 1955 ),
p. 198.
,. En el siguiente soneto:

Nací y casé en Madrid; crióme estudiando
la Escuela Complutense y Salamantina,

282

porque -dice- "temí por causa de mi profesión y oficio no tuviesen algunos
a desautoridad mía publicar e imprimir obras en metro castellano".29 A ca1,1sa
de tales escrúpulos, dejó ordenada, precedida de minuciosas recomendaciones,
el corpus de todas sus obras de interés literario (por lo cual excluye los
"Puntos de Derecho" que pensaba publicar en vida) para que se dieran a
luz despué~ de su muerte. El manuscrito original ( en folio de 533 hojas) que
se conserva en la Biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid, fue
preparado en la Nueva España y lleva por título el de Silva de poesía, compuesta por Eugenio Salazar, i·ecino y natural de Madrid.
La Silva de poesía se compone de cuatro partes, con el siguiente contenido:
Primera parte, donde reúne las "obras que Eugenio de Salazar hizo a contemplación de Doña Catalina Carrillo, su amada mujer", dividida en dos: a)
obras pastoriles; b) sonetos, canciones, etc. Segunda parte: "donde hay obras
que el autor compuso a contemplación de diversas personas y para diversos
fines", sonetos, canciones, epístolas en verso, etc. Es la parte que da referencias
sobre la poesía en Santo Domingo y reproduce todo lo que se relaciona con
México. Tercera parte: "que contiene algunas de las cartas en prosa a muy
particulares amigos suyos". En la primera parte hallamos una octava rima
-"La perpetuación de maye", fol. 177-181-, con el objeto de celebrar el
aniversario de su matrimonio, en la cual Catalina de Carrillo aparece luciendo,
junto a una blanquísima azucena, "un lustroso íczotl es un pimpollo que hay
en la Nueva España a manera de palmito, que tiene las cabezas de las
pencas blanquísimas y lustrosísimas". Inmediatamente después sigue la segunda parte, la cual se inicia con un soneto "A Doña Blanca Henríquez, marquesa de Villamanrique, virreina de Nueva España", que sirve de dedicala licencia me dió la Segundina (la de Sigüenza),
la Mexicana de doctor el mando.
Las Salinas reales fui juzgando,
puertos de raya a Portugal uecina,
Juez P esquisador fui a la contina
y estuue en las Canarias gobernando.
Oidor fui en la Española: Guatemala
me tuvo por fiscal, y de allí un salto
di en México a fiscal, y a oidor luego;
de allí di otro al tribunal más alto
de Indias, que me puso Dios la escala:
allí me abrace su divino fuego.
( GARCÍA lcAZBALCETA, Obras, ed. cit., pp. 80-81).
"' En GALLARDO, Ensayo . .. , IV, p. 326.

283

' 1

�toria a la "Bucólica: -Alber-Blanca. Descripción de la Laguna de México"
(fols. 182-196). En el folio 302, el "Romance en voz de Catalina en una ausencia larga a Ultramar del autor siendo desposados", que son las composiciones que realmente interesan a nuestro estudio.
Empezaremos con la "Epístola a Herrera", porque en ella lo cultural predomina sobre lo directamente experimentado. Se ve que la misiva tiene más
un carácter informante que estrictamente literario, y que, como tal, quiere
dar cuenta de todos los aspectos de la vida espiritual y civil de México;
en un plan minucioso, aunque sin detalles precisos, sin nombres ni obras que
lo ilustren, clasifica formas del saber, géneros y especies preceptísticas, ciencias, filosofía, gobierno, religión, etc. Tan vago y dilatado resulta todo, que
si no fuera por las menciones de Moctezuma y Cortés, difícil sería adivinar
que está hablando de México. La misma entrada descriptiva es un aéreo
telón mental
donde el cielo
en círculo llevando su grandeza
pasa sobre occidente en presto vuelo,
y donde- el sol alumbra la belleza
de los val!es y montes encumbrados. ..

y en los más altos montes florecidos
piden veneración las dulces Diosas,
cantando versos dulces y medidos,
diversas rimas con primor compuestas
q,ue de armonía llenan los oídos.
(lbid., 355-356).

Allí los escritores son "muy doctos y famosos", se hallan "los ingenios más
floridos" . . . "y prendas de varones eruditos". Por momentos pareciera que ya
va a introducimos en algún detalle de precisión distintiva:
Rompiendo gruesas lanzas en la tela,
sufriendo el duro golpe en el torneo,
aunque el brazo y la cabeza sienta y duela.
Con gran destreza gobernar ya veo
la adarga-y lanza y el feroz caballo,
sin que el jinete haga lancei feo .
(lbid., 357),

Altura ideal, sin duda, para situar, de modo casi abstracto, la gramática, la
;etórica, la moral, etc.:

Pero, no. La mente está en otro lugar, el vocabulario pertenece a otro
ámbito, lejano y libresco, y . la materia poética no le toca la cuerda sensible.
Hay demasiadas musas y zampoñas para que esta arcadia pueda col)vertirse
en algo real :

Aquí que ( como en la gentil floresta
la linda Primavera de mil flores,
de beldad llenas con su mano presta)
van descubriéndose otras muy mejores
de artes y de ciencias levantadas
que ilustren otros nuevos moradores.

Y a por los prados y por verdes cuestas
la ruda Musa dulcemente suena
a las ovejas, a la sombra puestas,
y su zampoña, de malicia ajena,
y del ornato de ciudad curiosa,
con cuerda sencillez su son ordena.

(GALLARDO, Ensayo .. . , IV, 353-4) .
Pasa revista a las influencias: las de la lengua toscana, provenzal, griega . .. ,
y se detiene en este cuadro de égloga convencional :
La Nueva España: ya resu ena en ella
el canto de las Musas deleitosas
que vienen con gran gusto a ennoblecella.
Y en las más claras fu entes sonorosas,

284-

(lbid., 356) .

En general, el fin es más evidente que la realización : halagar a su ilustre
destinatario :
Que con tu fino esmalte lustre dieses
al oro de la rica Poesía,
y con tu clara luz la descubrieses.
Como en la honda mina donde el día

285

�Allí está aquella población famosa:
Tenuxtitlán la rica y populosa;
aquélla donde el grande M octezuma
tuvo su corte y su real asiento
a donde en plata y oro y rica pluma
juntaba de tributos largo cuento. ..

no entra, ni del sol alguna lumbre
que muestre el metal rico- donde guía;
metida la candela que lo alumbra,
descubre luego la preciosa veta
que hinca a! centro desde la alta cumbre.
(!bid., 358) .

Observa María del Carmen Millán que en Eugenio de Salazar "la dificultad consiste en asegurar cuál era para él más realidad poética: aquélla en la
que vivía por su educación... y por su época; o esta otra, contundente y
enérgica, que le sale al encuentro".ªº Y en seguida surge la pregunta: ¿en
qué medida logró el poeta poner la materia novohispana en los moldes artísticos de su tiempo y cómo? Importa saber, ante todo, lo que tuvo que abandonar de su caudal europeo, y si hubo una consciente labor de selección para
aprovechar lo adquirido en su plan de posible estratega de nuevas conquistas.
Para responder a esta pregunta será preciso que nos desplacemos al otro plano
de la visión de Salazar: el descriptivo, donde las cargas de sus conocimientos
clásicos y renacentistas, si bien le siguen presionando, ahora buscan el modo
de acomodarse a las nuevas experiencias. El mismo "aderezo retórico" se afina
para penetrar en la realidad concreta, desleírse en ella y salir en el ensamble
plástico, como en un forcejeo incómodo entre la aspereza de sus erizados
aztequismos y su no del todo abandonada "manera blanda y apacible de
Garcilaso" (Menéndez y PelJ.yo).
Diríase que Salazar se tonifica, se robustece y viriliza en contacto con el
aire y todos los elementos narurales de la "Laguna d e México", cuya descripción emprende partiendo de lejanías mitológicas y, a paso lento, como con
temor y cautela, se allega y establece en el "fuerte pecho" del "cerro airoso"
de Chapultepec (Gallardo, 366). Salazar ha dejado atrás sus resabios eróticos
y petrarquistas, la empalagosa dulzura que todavía nos harta en la "Epístola",
el dasvaído eco de las "mus:l!l deleitosas", las inoperantes "claras fuentes sonorosas", dignas de otra gloria en Garcilaso, y hasta la muy humana y personal
temática que impregnaba con "ternura conyugal" su "prosaísmo casero" (Menéndez y Pelayo) . Su facilidad y variedad de antaño se estrellan al dar con
esos "peñoles" que se llaman Tecpecingo, Tepcapulco y Xico; su inspiración
se empapa como de un elemento disolvente ("su elemento y su licor salado"),
"por las entrañas de la firme tierra", en "este ejido y valles tan extraños";
un estrépito de colores y de ruido exótico le entra por 106 ojos, le atraviesa
tercamente sus oídos y le cuaja en las "profundas venas". Admirado, asienta:
30

286

MARÍA

DEL CARMEN MILLÁN,

Y no puede menos que reconocer
a la bella ciudad, donde se cierra
de verdes cerros llenos de hermosura,
una espaciosa y muy gentil llanura.
I

(lbid., 362').

La laguna de México y el cerro de Chapultepec se le vienen encima con
implacable dominio. Para recobrarse del asalto invoca a Neptuno, a Júpiter,
al viejo Nereo, a dríadas, delfir?es y tritones, al mismo Dios Pan, el "Pan
Eterno que es uno y trino" calderoniano; pero pronto se libra de toda esa
fanfarria decorativa y empieza a vestirse con el "color local y americano" en
versos de fluída limpidez:
Alrededor de la laguna ~Zara
por todas partes sale y hermosea
el ve.rde campo, donde se repara
y repasta el ganado y se recrea.
Aquí el mastín despierto no lo ampara,
ni hay en este lugar para qué sea:
que no le sale el lobo, ni le trata,
ni dél aquí el ganado se recata.

El Mayoral de aquesta pradería
tiene un escueto cerro por m ajada,
de donde otea, en asomando el día,
los prados con su fresca rociada.
V e los ganados, ve la pastoría,
ve la laguna y la ciudad, que agrada,
porque el cerro todo se descubre,
que es eminente, y nada se le encubre.

El paisaje. .. , p. 30.

287

�I

Chapultepec se llama el cerro airoso;
y en forma de un montón grande está puesto,
tosco a la vista; empero muy hermoso,
de tosca piedra al parecer compuesto;
mas entre aquellas piedras muy vistoso
de árboles silvestres entrepuesto,
que visto da a los ojos gran contento
desde su calve hasta su cimiento.

Abre en la raíz fija un ojo claro
de un agua dulce, clara, fresca y pura,
contra la sed de México el reparo,
el refrigerio y general hartura.
Es tan profundo el nacimiento raro,
que apenas sonda alcanza a su hondura:
sale. con manso y natural sonido,
a la vista agradando y al oído.
( !bid., 365-366).

Verdad que en estas descripciones, como ha notado la doctora Millán,
"se observa la intervención constante de la escuela clásica" --o, más bien, la
tonalidad bucólica del renacimiento-; y es posible que "quizá en Salazar no
se advierta ningún sentimiento que demuestre francamente un intento de
identificación con nuestro ambiente (seguimos citando a la doctora Millán),
pero sí resulta significativa la intervención de palabras ( que en realidad son
objetos, cosas presentes) que por sí solas nos colocan en un medio ambiente
americano". El poeta se encuentra con algo diferente: sobre todo plantas que
no están en la memoria del lector de Garcilaso -ni por supuesto en el repositorio de su lengua-, como el "tule", la "milpa", el "chile'', el "ají"; los
ve como son y los califica mezclando las percepciones directas con las reminiscencias literarias: 2 "milpas_bellas", "verde tule", "bermejo chile", "naranjado ají", junto a la "fresca juncia", por ejemplo. En esta naturaleza
"extraña" no debe sorprendernos que un poeta cargado de mitologías nos
haga recorrer la laguna mexicana, en un viaje fantástico, montado "en una
gran ballena" -"rica silla de limpio nácar''-, junto al "Rey a quien se
humilla/ el mar soberbio, el que es obedecido/ de los peces más fieros y espantosos,/ y de los vientos bravos y furiosos" (Ibid., 363). Lo que importa
es la fusión de lo "literario" con la vivencia que el impacto de las sensaciones

toma sensible y- delicada la materia tosca que levanta. El pasaje que mejor
ejemplifica ese ·ensamble es el siguiente, por demás citado por lo obvio:
,

Allí el be1mejo chile colorea,
1

y el naranjaao ají no muy maduro;

allí el frío tomate, verdeguea,
y flores de color claro y oscu,ro,
y el agua dulce entre ellas que blanquea
haciendo un enrejado claro y puro
de blanca plata y variado esmalte,
porque ninguna cosa bella falte.
( !bid., 364).

En los tres primeros versos la enumeración no pasa de un inventario vegetal -anticipo lejano de los de Bello, según A. Reyes-, con sus accidentes
naturales, que expresa en adjetivaciones necesarias y poco variadas (cuando
no superfluas repeticiones) ; pero lo concreto y minucioso se quiebra de pronto y se dispersa en juego de colores, como la luz que pasara por un prisma,
"haciendo un enrejado claro y puro/ de blanca plata y variado esmalte",
con un sentido plástico y de ''poesía en sí", que dan la medida de sus posibilidades creadoras. Frente a éstas y otras transfiguraciones coloristas que
matizan el idilio de Albár y Blanca con que termina la "Bucólica", Alfonso
Reyes no ha resistido a la tentación de suponer "µna sinfonía de alburas,
preludio a los motivos monocromáticos que Gautier inspirará al modernismo
de Gutiérrez Nájera y de Rubén Darío".31
No creemos que sería ir demasiado lejos si reconocemos en la poesía de
Salawr tres elementos que de-ben ser potenciados como ingredientes de futuras realizaciones en la poesía mexicana: a) la fusión cultural de motivos y ·
formas europeas (mitología, visión de la realidad, actitud humana, modos de
expresión) con experiencias nuevas con contacto directo con la materia novohispana. Ejemplo: en los pasajes ya citados y en otros que citaremos, la ficción del mito clásico, que hace posible la entrada de Neptuno en la "L¾auna
de México", mediante la construcción de "un acueducto secreto", "calando
el monte y cerro y dura sierra", y así "se pusiese ·por vistoso objeto a la bella
ciudad" (la de Tenoxtitlán "rica y populosa", poco antes descrita). Terminado el viaje a través del acueducto, empieza Neptuno -''cauto Capitán
11

A. REYEs, Letras.. . , p. 73; Resumen... , p. 13; Obras completas, I, p. 199
Y pp. 249-252; MÉNDEz PLANCARTE, Poetas novohispanos, I, p. 62; MARÍA DEL
CARMEN McLLÁN, El paisaje... , p. 32.

288
289
e

ff.¡9

�que va cubierto/ a tomar fuerza por secreta mina"-, a recorrer la laguna Y
el cerro, con feliz acogida de éstos al verse honrados por tan ilustre visitante:
Y ya llegando al deseado puerto,
salió con gracia y majestad divina
por la clara laguna dando lustre
al agua y campo, y a aquel pueblo ilustre.
Hizo su entre.da en una gran ballena
que las heladas hondas va hendiendo,

( adviértase el s'unil de la ballena asimilando a la canoa indígena, que pocos
versos más adelante va a ser mencionada con su propio nombre)
de resplandor y claro lustre llena,
del agua en su gran boca recogiendo,
y la ciudad y largos campos lle¡ia
de espadañas della, que esparciendo
iba amorosamente y rociando
los comarcanos pueblos admirando.
(!bid., 363).

Versos de los cuales cabe simbolizar la expansión de la alta prosapia cultural de Occidente sobre la rústica naturaleza del Nuevo Mundo como una
acción de beneficio, pero también por esa confesada admiración a los "comarcanos pueblos". De inmediato el dios se humaniza y, ya identificado con
el medio, aparece más terreno, en una descripción de nobleza patriarcal:
Con gravtJ aspecto y rostro muy seteno,
barba de plata que le cubre el pecho,
largo cabello enriquecido y lleno. ..

El nuevo reino hallado por el extraordinario visitante, por su parte, y gracias a ese contacto dichoso, se personifica en el "Sur ufano", que desea servirle y va a mostrarle las bellezas del contorno:
Cerca dél iba el rico Sur ufano
con gana de servirle y agradarte,
el agua sacudiendo con la mano
de la mojada barba; y a mostrarle

290

el bello puerto y lago tan galano
que había hecho para recrearle,
con los campos y cerros del contorno
y grandes pueblos del vistoso adorno.
(!bid. 363).

La unión de ambos mundos se va haciendo cada vez más efectiva. La intervención del sabio mensajero hace posible la confrontación y separación del
agua dulce y la salada (la de los lagos de Xochimilco y de' Tezcoco), para que
la primera sirva al regadío y la fecundación. Resultado: el cuadro de legumbres
ya citado. El encuentro ha sido encantador, padfico, ampliamente frui::tífero.
Se proclama "que ésta ha de ser laguna de conttmtos"; ·y, subiendo a la parte
más alta del cerro, se declara su posesión:
Aquesta laguna tan preciada
a mi Deidad la dejo consagrada.
(!bid. 365).

La alegoría mitológica termitia aquí, para dar paso a la escena bucólica en
que Albár y Blanca (o sea d virrey Alvaro Manrique y su esposa Blanca
Henríquez) manifiestan, entre confesiones de amor al modo pastoril, la infinita complacencia de vivir en el nuevo paraíso americano. no sin echar de
menos la lejana meseta castellana. La confesión de Albár puede sintetizar esé
simbolismo a que hemos venido aludiendo:
b) La segunda aportación de Salazar es ese sentido de la interioridad lírica, que presta delicadeza, discreción y melancolía a cuanto escribe. Los mismos colores adquieren significados anímicos J se aplican a ,cualidades humanas ("blanca honestidad", por ejemplo). Casi al final de ;la "Bucólica",
Blanca expresa sus sentitnientos entrañada en el paisaje, como si ella fuera
ya parte del alma de las cosas, con una ternura que deja muy atrás cualquier convencionalismo de escuela:
Por valle y m onte sigo
ganosa tus pisadas,
y los secos rastrojos
son flores a mis ojos,
si por tu senda van enderezados:
que cuando amor afierra,
llana se hace la fragosa tieJ':ra.
(!bid. 369).

291

�·
Confesión y felicid ad que termma
en aJ· ustada "intencionalidad significativa" de no poca eficacia p·oemática:
Albár, cuando se ríe
el Alba, y luego veo
de ésa tu cara la encarnada albura,
el Alba no me envíe
otra gala ni arroo;
albo me es todo, y alba mi ventura,
albea en tu figura
la alba y fresca rosa;
albea tu prudencia,
albea tu conciep,cia,
albea tu piedad maravillosa.
Mi Albár: ¡nimca Dios quiera
halle el Alba sin ti a tu compañera!
(lbid. 370).

c) Por este camino del juego de colores, las transposiciones líricas, los
matices expresivos y las significaciones simbólicas, Salazar abre rumbos y da
pautas a lo que hoy llamamos "poesía pura". Un soneto, poco menos que
desconocido, puede tomarse como ejemplo de esta aspiración del poeta: la
de identificar su alma con la belleza pura.
El soneto se titula "Vidrio de rosas". La flor que le sirve de símil no es
una novedad introducida por Salazar en la poesía española, pero sí en América, donde hallará acabadas aplicaciones en Sor Juana y en poetas más modemos. Dice así:
¡Oh lozanico vaso vidrioso!
¡Oh agua clara, fresca, dulce y pura!
¡Oh rosas delicadas, en quien dura
un ser suave, lindo y oloroso!
El claro cielo, empíreo, glorioso,
¡oh limpio vidrio!, en ti se m e figura,
y e¡¡, esa tu agua dulcé la dulzura
que hinche aquel lugar tan deleitoso.
Las coloradas rosas que en ti veo
las gloriosas almas representan
que gozan del bien sumo y alegría.

292

Divinas esperanzas me sustentan:
Padre del cielo, ¡ cumple mi deseo!
Que sea rosa tal el alma mía.

En el "Romance en voz de Catalina en una ausencia larga a ultramar del
autor, siendo desposados" (Gallardo, IV, columnas 371-374) se dan unidos
los tres elementos antes mencionados. Además, el inventario vegetal de la
"Bucólica" (que en mucho nos recuerda lo que después hará, antes que Bello, el interesantísimo autor de la "Silva cubana", ¿Ruvalcaba?), se completa con enumeraciones de pájaros cantores (¿debo admitir que no sólo
se anticipa a Balbuena, sino también a Lugones y al propio Neruda?) en
una sinfonía de color y sonido que hace pensai:. en las "bachianas" de Villalobos. Un par de ejemplos para cerrar estos comentarios:
Cuando la bermeja Aurora
dejaba en el cielo helado,
a Titón su anciano amigo
que fue en beldad extremado. ..

( elemento mitológico)
Cuando los corrientes ríos
de arboledas adornados,
muestran de, bruñida plata
sus licores y bordados:
su claro cristal descubren
y sus cursos dilatados,
lavando los limpios guijos,
las arenas blanquedndo:
cuando los montes y · valles
y los extendidos prados
manifiestan sus colores
verde, blanco y naranjado,
azul, prieto y amarillo,
rojo, pardo y encarnado,
turquesco, color de cielo,
lo morado y lo leonado:
cuando de la blanca rosa
se abre el pabellón morado,

293

�y brota entre puntos verdes

el bel clavel colorado,
la azucena y el jazmín
descubren su lustre blanco,
y la morada violeta
con el alhelí morado;
y los campos hacen muestra
de. sus galas a lo claro,
obradas con mil matices
y rocío aljofarado . ..

( color, matiz, inventarios vegetales)
Y el suave ruiseñor
y el cenc;ontle están cantando,
de pies en las verdes ramas
del árbol verde y lozano:
y el canario y sirgue1ico
y calandria levantando
al cielo sus dulces voces. ..

(inventario de pájaros)
¡ Ah cómo tardas, amado!
Saliste J1or pocos días,
detiéneste muchos años:
temo que pQr mi tfesdicha
el mar se haya cuajado.

quien poco se sabe, llegó a América después de haber viajado por Italia y
Francia. Si se acepta que había nacido en 1559 y que salió de España en
1582, debió tener unos 23 años de edad cuando, según cierta carta que se
le atribuye ("Felisio, tu carta vide"), hizo escalas en Cartagena y Panamá,
desde donde fue al Perú. De Lima salió rumbo a la Argentina, como acompañante de Ramiro de Velazco, designado Gobernador de Tucumán en 1584.
Se le ve figurar en documentos de Santiago del Estero, La Rioja y Córdoba,
y ocupar cargos oficiales, entre 1586 y 1593. De esta última fecha es una declaración que se encuentra en el Archivo Histórico de Córdoba (Argentina),
por la cual nos enteramos de que escribió un poema descriptivo de la provincia de Tucumán, desde su descubrimiento y conquista por Diego de Rojas hasta el gobi,mo de Ramiro de Velazco, titulado Famatina, hoy perdido. Volvió a Lima y acaso fuera "criado" del Virrey Diego Hurtado de
Mendoza, como dice Dorantes de Carranza. Lo cierto es que vivió en el
Perú hasta 1598, año en que fecha su conocida "Sátira. . . a las cosas que
pasan en el Pirú". Ese mismo año se fue a México, donde vivió al finalizar
el siglo XVI, al parecer ya más sosegado, por lo menos en los embistes de su
pluma satírica.
En Mé,dco siente la atracción del medio ambiente, y si no abandona la
sátira por completo, lo que más distingue sus composiciones de este período
son sus descripciones del paisaje, su preferencia por las alabanzas, la crónica
y aun el registro de formas propias del habla de los indios. México -el "estanque mexicano"- le resulta un '"apacible albergue", canta al "Indiano volcán
famoso", a las "Montañas de Guadalupe", al paisaje de Yucatán y Campeche
( aunque no haya visitado esa región, según confesión propia), y en el "Romance a México" da una visión de gentes y costumbres, cuyo interés, como
afirma Alfonso Reyes, no radica en "la excelencia de su obra, sino por el testimonio que ella nos da sobre la vida americana en el siglo XVI" .33

( interioridad lírica) .
En conclusión: Eugenio de Salazar merece ser editado y mejor conocido,
porque su . producción poética tiene particular interés en sus relaciones con
los comienzos de la poesía mexicana.
No menos significativa es la producción mexicana del andariego y satírico peninsular MATEO RosAs DE ÜQUEND0.32 Este singular personaje, de

= RosAs DE ÜQUENDO, escrito también así: Roxas, Rojas, Rozas; usó los seudónimos de Juan Sánchez, "Andronio", "Jctónimo" y "Bucin.io amante de Rosilla". En
1883 García Ica2balceta, al examinar el Ms. de la Sumaria relaci6n de las cosas de la
Nue:a España (publicada por primera vez en México, Imprenta del Museo Nacional,
1902) , dio a conocer el nombre del "satírico Oquendo, criado del que fue en el Pirú
el Ilmo. Dn. García Hurtado de Mendoza..." (ed. cit., p. 150; lo vuelve a citar en
294

la p. 233). A. Paz y Melia dio a conocer el Cartapacio de di/erentes versos a diversos
asuntos compuestos o recogidos por Mateo Rosas de Oquendo, en Bulletin Hispanique
(1906 y 1907 ). En 1917 el argentino P. Pablo Cabrera, sin conocer los trabajos anteriores, dio nuevos datos de nuestro autor, en "Mateo Rosas de Oquendo, el poeta
más antiguo de Tucumán" (Revista d.f la Universidad de C6rdoba, Argentina, t. IV
( 1917), pp. 90-97). El mismo año, Alfonso Reyes publica su "Rosas de Oquendo en
América" (RFE, IV, 1917), estudio que recoge en sus Capítulos de literatura española. Primera serie (México: La Casa de España en 'México, 1939), pp. 21-71. Sobre
estos textos han espigado otros autores, como Horacio G. Rava, Ricardo Rojas, Vélez
Picasso, Andrés Greco, Emilio Carilla y otros, hasta el descubrimiento de nuevos
Ms. (3912 y 3560 de la Biblioteca Nacional de Madrid) , por el P. Rubén Vargas
Ugarte, quien dio los textos en R osas de Oquendo· y otro-s. Introducción y notas de ...
(Lima: Clásicos Peruanos, vol. 5, 1955).
.. A. REYES, Capítulos... , op. cit., p. 31.

295

�\

Rosas de Oquendo es, ante todo, un observador de la vida en sociedad y un
analista del alma individual. Sus sátiras y romances descriptivo-autobiográficos
dejan ver, en sumo grado, los resentimientos del español que choca con el medio y la nueva actitud que el criollo va asumiendo con respecto al progenitor
peninsular. No parece casual que en el Cartapacio de la Biblioteca Nacional
de Madrid (Núm. 19. 387) se hallen, junto a sus obras originales, otras de
índole crítica, como el famoso soneto "Minas de plata, sin verdad mineros",
que, junto con "Viene de España por el mar salobre" y "Niños soldados, mozos capitanes",34 se aducen como pruebas de la pugna entre dos generaciones ya bien dilerenciadas. Rosas de Oquendo, que tan duro había sido en su
sátira contra los peruanos, aparece mucho más suave (melancólico dice A.
Reyes) en su "Sátira que hizo un galán a una dama criolla que le alababa
mucho a México". Aquí también "desahogó su resentimiento español contra
la vida criolla que carecía cada vez más", como afirma Anderson lmbert.
"Sin embargo -sigo la cita- se advierte que, de tanto vivir en colqnias, su
primera animosidad contra el criollo, su primera arrogancia de europeo, fueron disminuyendo. En México llegó a expresar cierto entusiasmo. Con los
años parece que se encariñó con el nuevo mundo".35 De ese entusiasmo y cariño dan testimonio el "Romance a México" y el "Indiano volcán famoso".
En el primero, una tarde en que está 'ºcontemplando mis desgracias, / dando
guerra a la memoria / la ausencia de nuestra patria"... "considerando el
silencio / de aquesta ciudad loada", enumera :
Tanto galán caballero,
muchas y bizarras damas
que la adornan y engrandecen,
que la ilustran y la ensalzan,
gran suma de mercaderes
que.., aunque todo el mundo abarcan,
como pesas de reloj
unos suben y otros bajan;
muchos doctores de borla,
muchos letrados de fama,
licenciados canonistas
que a Bártulos aventajan;
" Dichos sonetos pueden leerse en MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia . .. , ed. cit., I,
pp. 39-41. Fueron hallados por García Icazbalceta en el mismo manuscrito en que
encontró las octavas de Terrazas.
.. E. ANDERSON IMBERT, Historia de la literatura hispanoamericana. (México:
Fondo de Cultura Económica; 3a. ed., 1961, vol. 1), pp. 71-7.

296

teólogos de conciencia
que la conservan y amparan;
bachilleres y letrados, ·
casi más que Salamanca.
En estas diez excelencias
se encierra quien la levanta
sobre cuanto en sí contiene
Roma, España, I talia y Francia:
la plata, ganado y trigo,
ilustres puentes y plazas,
templos hermosos, famosos,
fuenteS¡, caballos y casas.

El "Indiano volcán famoso", con su intensa nota de intimidad y recursos
formales de más alta elaboración parece ser el más claro ejemplo de unidad
entre hombre y mundo antes rechazada por nuestro autor:
Indiano volcán famoso,
cuyas encumbradas sienes
sobre tablas de alabastro
coronan copos de nieve:
así las cumbres más altas
con derechos puntas entren
a compartir con los cielos
tus copados pinos verdes;
así tu menuda escarcha
cuajada en perlas se quede,
que des paso a mis suspiros
para que. a su dueño alleguen.
Así el sol que te arrebola
tu fogoso azufre trueque
e.n vetas de plata y oro,
por quien te adoren las gentes.
Dirás que un ausente afirme,
- que es mucho haber firme ausentequejoso ya de la vida
pide remedio a la muerte.
Que aunque el morir es tan triste,
yo diré que muero alegre
con que reciba en su cielo

297

�el alma que allá me tieno.
Y vosotros, entretanto,
altos pinos, rocas fuertes,
se,iti.d el mal que se acaba,
si acaso acabarme puede.

LA OBRA DE ALFREDO MAILLEFERT Y JOSÉ RUBÉN ROMERO
PROF. RAÚL A.rulEOLA CORTÉS

I
"Ciertas cosas son azules sólo porque
se contemplan desde muy lejos".
A.M.

ALFREDO MAILLEFERT nació en Taretan, Mich., el 24 de junio de 1889, único
fruto del matrimonio del Ing. Alfredo Maillefert Olaguíbel y de una hija
de don Feliciano Vidales, dueño de la rica hacienda de San Marcos. Cuatro
meses tenía de vida el pequeño Alfredo cuando perdió a su padre y quedó
b1jo el amoroso cuidado de su madre, que le procuró una educación acorde
con la tradición familiar paterna, enraizada en la cultura y el espíritu franceses. En Morelia estudió las primeras letras con la maestra María Granados,
que más tarde sería la madre del escritor Antonio Brambila.
Desde su infancia se establecí&amp; en Morelia, intentó hacer carrera en algunos planteles de esa ciudad, sin haber conseguido su propósito. A partir de
1917 se radicó en México y trabajó como redactor del periódico La R epública,
que editaba el p·eriodista Heriberto Barrón. En 1922 regresó a Morelia: y fue
maestro de Francés y de Lengua Castellana en las Escuelas Normales de
Varones y Señoritas. En 1926 regresó a México y prestó sus servicios en la
Oficina de Extensión Educativa de la Secretaría de Educación Pública. En
1934 renunció a su empleo y se incorporó a la docencia en la Universidad
Nacional Autónoma de México, donde impartió las cátedras de Francés y
Literatura Hispano-americana; fue además traductor y corrector de pruebas
de la Imprenta Universitaria, con cuyo sello se publicaron sus biografí~ breves
de Vasco de Quiroga, fray Servando Teresa de Mier y Dr. Miguel Silva
( 1936) . A fines del mes de julio de 1937 apareció! su libro Laudanza de Mi298

299

�choacán, también en edición de la Universidad Nacional. En la Biblioteca del
Estudiante Universitario se editó un tomo de Cuentos, Crónicas y Ensayos, de
Manuel Gutiérrez Nájera, tío de Maillefert, ya que el Duque Job había ca-

sado con Cecilia Maillefert Olaguíbel, hermana de su padre, y nuestro autor
escribió un interesante prólogo. La Universidad Michoacana conmemoró en
el año de 1940 el IV Centenario de la fundación del Colegio de San Nicolás
con diversas publicaciones, entre las cuales figuró la edición de Ancla en el
Tiempo (Gentes y Paisajes), en una bellísima edición moreliana.
Minado por la enfermedad, el gran escritor falleció en la ciudad de México el 12 de agosto de 1941. Después de su muerte se han publicado diversos
trabajos que reúnen artículos, prosas, fragmentos, notas críticas y registros de
lecturas, tales como Los Libros que leí, con prólogo del maestro Agustín Yáñez (Imprenta Universitaria, 1942) , y Una Historia que. Contar, Papeles de
un Provinciano (Jus, 1946) , así como numerosos estudios y artículos de rec0nocimiento a los méritos intelectuales de este extraordinario escritor michoacano.

11
"Por los caminos de Michoacán transitan las amapolas del silencio".

J. R. R.
José Rubén Romero nació en un poblado michoacano, Cotija de la Paz,
el 25 de septiembre de 1890. Allí radie&amp; sú familia hasta el año de. 1897 en
que se trasladó a la capital del país, donde permaneció durante siete años, al
cabo de los cuales regre.só a Michoacán, instalándose en Ario de Rosales
( 1904-1906). El joven Romero tuvo necesidad de trabajar para ayudar al
sostenimiento de su familia. En 1906 emprende un viaje a El Oro, México,
buscando colocación; por fin encuentra plaza de burócrata y se inicia como
Administrador de Rentas en Sahuayo (1908). El subprefecto de Santa Clara,
Salvador Escalante, le confía el cargo de Secretario en 1910, poco antes de
lanzarse al movimiento revolucionario como jefe de un amplio grupo de
campesinos. Más tarde, Romero ocupa el cargo de Receptor de Rentas en la
misma población cuando Escalante era ya un famoso general. En 1912 obtiene Rubén un empleo en Morelia, en el despacho del Dr. Miguel Silva,
primer gobernador revolucionario del Estado. Después de la caída y muerte
del señor Madero, el Dr. Silva dejó el gobierno en manos de los esbirros del
300

hue~mo, generales Alberto Dorantes y Alberto Yarza, quienes sucesivamente
ocuparon el cargo; con la llegada del general Jesús Garza González al gobierno, la persecución contra los maderistas y silvistas se recrudeció, y Romero
tuvo que abandonar el Estado, yéndose a la ciudad de México; un corto
viaje a Morelia estuvo a punto de costarle la vida. En plena revolución, Romero y su familia se radicaron en Tacámbaro, hasta 1919 en que los bandoleros
asaltaron el comercio de su propiedad. Desde entonces vivió en la capital de
la República. Aquí fue Secretario Particular del Ing. Pascual Ortiz Rubio
(1919); Inspector General de Comunicaciones (1920); jefe del departamento
de Publicidad de la Sec¡etaría de Relaciones Exteriores ( 1921) ; jefe del departamento administrativo de la misma Secretaría ( 1924-1930); cónsul general de México en Barcelona (1930-1933 ); director de la oficina del Registro
Civil ( 1933-1935) ; nuevamente cónsul general ·de nuestro país en Barcelona
(1935-1937); Académico de la Lengua (1935); Embajador de México en
Brasil (1937-1939); Rector de la Universidad Michoacana (1943-1944); Embajador de México en Cuba ( 1939-1945); desde 1946 fue consejero de la
Presidencia de la República y se dedicó a organizar reuniones culturales de
importancia como el Congreso de Academias de la Lengua Española ( 1951 ).
Falleció el 4 de junio de 1952.
Comenzó a publicar poemas y prosas desde sus años juveniles.· Su bibliografía, por tanto, es extensa: con Luis Murguía Guillén publica el periódico
Iris y en él aparecén sus primeros poemas; luego vienen sus folletos y libros;
Fantasías (1908); Rimas bohemias (1912); H ojas marchitas (1912); La musa heroica (1915); Cuentos rurales (1915); La musa loca (1917); Alma heroica (1917); Sentimental (1919); Mis amigos, mis enemigos (1921); Tacámbaro ( 1922); Versos viejos (1930); Apuntes de un lugareño (1932);
~ esbandada ( 1934) ; El pueblo inocente ( 1934) ; Mi caballo, mi perro y mi
rifle (1936); La vida inútil de Pito Pérez (1938); Anticipación a la muerte
(1939); Una vez fui rico (1942); Breve historia de mis libros (1942); Morelos (1942); Rostros (1942); Alusiones a la gue.rra (1943); Algunas cosillas
de_ ~ito Pérez que se me quedaron en el tintero ( 1945); Rosenda (1946);
VtaJe a Mazatlán ( 1946); Cómo leemos El Quijote (1947); Mis andanzas
académicas ( 1950) .
Las Obras Completas de este gran escritor mexicano se han reunido, aunque con grandes omisiones, por la Editorial Oasis (1957), y por la Editorial
P~rrúa (1963). El Dr. William O. Cord, del Sonoma State College, ha publicado los Cuentos y Poesías inéditos de José Rubén Romero ( 1964).

301

�III
A primera vista ambos escritores representan polos opuestos en el campo
de la literatura nacional. Maillefert es de una delicadeza y una finura exquisitas, en tanto que Romero es un relator de picardías, escritas sin aliño, y
es una especie de cronista de los '"pueblos rabones".
Si nos colocáramos en el plano de las comparaciones y de la fantasía, diríamos: si don Alfredo hubiera sido músico nos habría brindado piecesitas
íntimas, gavotas para que alguna María de villorrio las tocara en el piano
junto a la verdosa ventana que cae sobre una plazoleta sombreada y húmeda; don Rubén nos hubiera dado una marcha estrepitosa, de esas que ejecutan las bandas de pueblo, desafinadas y alegres, con sus sones picarescos e
intencionados, o hubiera sido el compositor de una sinfonía sustantiva, como
aquella que el maestro Revueltas escribió sobre los caminos de México.

Siguiendo este planteamiento comparativo, si ambos hubieran sido pintores, el poeta de Taretan aparecería como un miniaturista de tonos delicados y vagos, un· pintor de cuadros de caballete con atardeceres crepusculares
y desvanes con luz opaca y fina que se filtrara por un enrejado atestado de
flores; el poeta de Cotija hubiera sido un muralista grandioso en cuyos trazos vigorosos encontrarían acomodo los hombres-cumbres junto al pueblomasa, las tradiciones de nuestra historia y nuestra cultura junto a las imágenes obscenas de agrio sabor popular.
Mas nuestro prop-ósito no es enfrentar a estos dos escritores mexicanos
sino estudiarlos, tratar de encontrar las raíces de tan frondosos y cobijadores
árboles, cuyos frutos son motivo de orgullo para las letras nacionales.
Existen varias circunstancias que los aproximan, varios puntos de contacto, que son evidentes también al primer examen. Uno de ellos es el de haber consagrado la totalidad de su obra a su tierra natal; ninguno de ellos
sali_ó espiritualmente de su amada provincia, y por esa devoción alcanzaron
los linderos de la universalidad. Hasta en sus obras más extrañas, ambos escritores tuvieron los ojos puestos en Michoacán; por ejemplo, en las novelas Una Vé!Z fui rico y Anticipación a la mue;te, de Romero; y Los L ibros
que leí, de Maillefert. En medio de la feria de vanidades de las grandes urbes o en el recato de las lecturas de autores clásicos españoles, franceses o
ingleses, siempre tuvieron a la mano la sabrosa e ingenua comparación con
el paisaje nativo.
Otra línea de contacto: la fecha de nacimiento, casi igual en los dos. Maillefert nació en 1889, y Romero en 1890. La fecha del nacimiento de un escritor no es un dato carente de importancia en el estudio de las influencias

literarias; esa señal, que marca el comienzo de una vida, sitúa al individuo en
el tiempo y en su época, frente a los problemas que fueron comunes a su
generación en un pueblo determinado. Así que estos dos escritores fueron
contemporáneos y coetáneos.
Ahora examinemos la línea de su formación literaria. Pero antes recordemos, a grandes rasgos, cuál era la situación en que se encontraba nuestra
literatura nacional cuando estos dos mexicanos nacieron.. Eran los años del
apogeo de la dictadura porfirista, que impidió el desarrollo económico y
cultural del país, propició la deformación o el olvido del arte popular, entregó los bienes de la cultura a los representantes del descastamiento, y creó
una atmósfera de falsa corte, oropelesca . y absurda frente a la miseria y el
hambre de las mayorías. Ermilo Abreu Gómez, en una de sus memorables
cartas -la que escribió a J uan Marinello-, sintetiza aquella situación en
este párrafo: "Se copian, entonces -dice-, gustos exóticos, particularmente
de Francia. Se fabrican casas con manzardas para que caiga la problemática nieve de nuestro cielo estéril. Se construye un T eatro Nacional para un
género que no existe _Y p~ra una nacionalidad que no logra definirse. Se inventa un Palacio Legislativo para un gobierno que se burla de los reglamentos de policía. En el Conservatorio de Música trata de conservarse no la
música autóctona y de incorporarla al acervo nacional y de elevarla a un
nivel más alto, haciendo factible su estilización y gobierno técnico, sino que
se dedica a repetir la música de Europa. El espectáculo oficial es la ópera
italiana. Y en las antesalas ministeriales los pintores y los oradores disfrazados de griegos, hablan de ágoras y pintan decoraciones con la estampa del
Partenón. La dictadura es una corte. Es una democracia con casaca. Se vive ·en perpetua mascarada".1 Este párrafo es, como dijimos, una síntesis del
estado cultural y político de aquel período.
Afuera de aquellos salones donde la cortesanía recortaba las siluetas versallescas, estaba el México de rompe y rasga, de güarache y corrido, de arraigo y autenticidad, al que muy pocos escritores miraban con curiosidad y hasta con algo de lástima. " ...desde hacía muchos años, latían las heces humanas de una patria desvirtuada y corría un ancho y desbordado torrente de
mexicanidad cuyos hontanares estaban punto menos que inexplorados y a
ningún escritor que est~ase su producción dentro de los cuadros distinguidos de su tiempo se le hubiera ocurrido recurrir", dice Mauricio Magdaleno. 2
1

ERMILO AilREU GÓMEz. Carta a Juan Marinello, en Clásicos, románticos y moder-

nos. Ed. Botas, México, 1934, p. 194.
• MAURICIO MAGDALENO. Prólogo a Pueblo y Canto, de ANGEL DEL
del Estudiante Universitario, México, 1939, p. IX.

CAMPO,

Biblioteca

302
303

�Naturalmente que aquella situación anormal no podía prolongarse ~ás
tiempo que el necesario para que madurara el descontento ~e las mayon~
nacionales. Se desbordó la rebelión contra aquella monstruosidad y sobrevino la Revolución de 1910.
Siempre me ha parecido altamente dramática aquella página de la novela emérita de don Mariano Azuela, Los de Abajo, donde nos presenta el
cuadro de saqueo y violencia en una mansión aristocrática, a la que penetran los rebeldes, pues "no tienen más que escoger la casa que les cuad,r~ Y
,
arran sin pedirle licencia a naiden". Aquel es un cuadro dramatlco
esaag
~
.
~
que amerita cierta atención. Los rebeldes, los h~mb_res que e pus1~ron
barriga a las balas", destrozan los muebles y cortmaJes de aquella luJO~ re· . " . . .se mantuv'ieron atónitos contemplando los montones
SI'denc1a.
. de
. bbros
sobre la alfombra, mesas y sillas, los espejos descolgados con sus v1~nos rotos,
grandes marcos de estampas y retratos destrozados, muebles y b1be!ots hechos pedazos". "Afuera en un ángulo del patio y entre el humo sofocante, el
Manteca cocía elotes, atizando las brasas con libros y Pª~:les que alza~an
vivas llamaradas". "¡ Qué sudaderos para mi yegua! ... -d1Jo la Codornizy de un tirón arrancó una cortina de peluche, que_ s: ~~ al _suel~ con t~do
'a sobre el copete finamente tallado de un s1llon . ¡ Mira tu ... cuany gaIen
.
.
'd' ·
·
·
ta v1eJa encuerada'. -clamó la chiquilla de. la
_ Codorniz,. d1vert1 mma con
, ·nas de un JuJ·oso ejemplar de La Divina Comedia. Esta me cuadra
1as 1affil
, II
b
mucho y me la llevo. y comenzó a: arrancar los grabados que mas ama an
su atención".3
Estas páginas amargas, de violencia y destrucción, pertene~ ~ la _lustoria de la cultura. Aquí describió Azuela no sólo un acto de p1llaJe, smo el
cuadro de una substitución cultural. Aquellos objetos de arte, testimonios 'del
confort y de la vida refinada; se habían levantado enmedio de la ~ria,, la
i~orancia y el analfabetismo de las grandes masas del pue~lo. ¿ Que sab1an
aquellos hombres rudos e impulsivos, de papeles, retratos, hbros o estampas,
si estaban al margen de la civilización? ¿ Qué otra cosa podía esperarse de
ellos sino la destrucción inconsciente de aquellos objetos que nada decían
a su sensibilidad?
Cuando la Revolución Mexicana se inició, nuestros dos escritores michoacanos andaban por los diecinueye años. Maillefert se encontraba recluido en
Morelia; se inscribió en el Seminario y en el Instituto del Sagrado Corazón pero no avanzó en sus estudios; en su casa, donde la prematura muerte
padre había prendido negro crespón desde que el único hijo tenía cuatro meses; en su casa recibió clases particulares; su abuela paterna lo ins-

del

• MARIANO

304

AzuELA. Los de Abajo. Ed. Botas, México, 1944, pp. 145-146.

cribió a revistas francesas; y el joven se acog10 a la lectura sin plan ni orden alguno, y participó discretamente en la vida bohemia de esa ciudad.
Rubén Romero era por aquellos años un jovencito delgado, nervioso e
imaginativo, metido en bajos menesteres de la burocracia para contribuir al
sostenimiento de su fam,ilia, en donde la desgracia apareció por el lado de la
penuria económica. Escribía versos de romanticismo trasnochado y "muy originales cuentos típicos, copiados de la vida real", como asienta un comentarista de aquelloo añ9s. Parece que tenía prisa por vivir, y con un cinismo simpático cuenta sus primeras aventuras políticas y amorosas, en un conmovedor
estilo de confesión íntima. Bajo la sombra de Salvador Escalante y de su
propio padre, el jovencito Romero se afilia al movimiento revolucionario, en
el que no disparó ni una bala ni participó en. ninguna batalla. Sin embargo,
aquellos hechos nutrieron su espíritu y orientaron sus incipientes letras.
Las primeras lecturas marcan una huella que difícilmente borran los años.
Maillefert leyó a los clásicos españoles, particularmente a los místicos, que le
dejaron su espiritualidad; y a los novelistas costumbristas del XIX, que habrían de depositar en su estilo el amor al paisaje.
En el prólogo que escribió para el tomo dedicado a su pariente Manuel
Gutiérrez Nájera, en la Biblioteca del Estudiante Universitario, Alfredo Maillefert se retrata a sí mismo. Lo vemos en · una fresca mañana de la ciudad de
México, allá por el 1905, sentado ante una mesa del Café ConG_ordia; desde
su mesa descorre una cortinilla de terciopelo rojo y se pone a mirar "el movimiento de la calle"; los personajes y carruajes que mira pasar le recuerdan
aquel mundo en que vivió el Duque Job, y que el joven añora con el perfume de su gardenia inseparable. Pero, enseguida, el prologuista descubre sus
preferencias y habla de la formación de Gutiérrez Nájera como si quisiera hablarnos de la suya propia, destacando que la "Poesía es técnica, Poesía es estudio. Poesía es disciplina". "Debemos individualizamos, pero dentro de nuestra tradición literaria". Y acentuaba el hecho de que "los más conspicuos maestros del Duque Job están del otro lado del mar". Con esto trató de afirmar
que las influencias extrañas carecen de importancia cuando se tiene el corazón
puesto en la patria.4
Al hacer la selección del Duque Job, Maillefert incluyó aquellos cuentos,
crónicas y ensayos en donde su antepasado se acercó más al paisaje mexicano. No olvidó el antologista - ¡ cómo iba a olvidarlo!- las páginas que Gutiérrez Nájera dedicó a Morelia y a Pátzcuaro, aunque no sean de lo mejor que produjo aquel autor.
: ALFREDO MAILLEPERT. Prólogo a Cuentos, cr6nicas y ensayos, de MANUEL GuTIÉRREZ
NAJEAA. Biblioteca del Estudiante Universitario. México, 1940, pp. IX-XXVII.

305
• H-20

�De Europa vino la luz más esplendente de la poesía que hemos dado en
llamar Modernista, y que algunos llaman simplemente Neo-romántica. Gutiérrez Nájera es reconocido como uno de los precursores de aquella corriente
literaria. Del mismo origen fue el ángel que voló por las páginas cordiales de
Maillefert. Un autor, particularmente, parece llenar las condiciones del maestro: Francis Jammes, a quien leyó y releyó en las tardes soleadas frente al
paisaje del Quinceo, o con los resplandores del crepúsculo en una banca del
solitario jardín de las Rosas, donde se oyen pasar las horas con su cortejo
de melancolía.
La madre de Rubén Romero era lectora constante y ávida de El Quijote.
Entre los recuerdos de su infancia, don Rubén conservó el de aquel libro magistral, que fue su' primera lectura. En las páginas cervantinas nutrió su estilo como en una fuente de frescas aguas. Su inclinación hacia los perspnajes
populares, su lenguaje desprovisto de aliño, la picardía que señorea en sus
páginas, su preferencia por los términos rotundos y las palabras gruesas que
adornan al idioma castellano, y hasta cierto regusto por los temas de la justicia y el equilibrio sociales, ¿ no son el resultado claro de un cervantismo estilístico en la obra de nuestro novelista? Con mucha razón, cuando la Academia Mexicana de la Lengua quiso recordar a Cervantes, con motivo de
su centenario, señaló a don Rubén para que hablara sobre el autor y la obra
inmortales, de donde resultó ese magnífico ensayo que se ilama: Cómo leemos el Quijote.5
Hasta aquí podría pensarse que hay un antagonismo irreductible entre los
dos escritores. Uno con un gusto francés, otro con un gusto español. Uno
con Jammes y con su correspondiente "Azorín"; otro con el libro de Cervantes a la cabecera. Sin embargo, veamos cómo, en mi modesta opinión, ambos autores se hermanan en aspectos muy hondos de su sensibilidad y en la
proyección de su obra fundamental.
El Neo-romanticismo tuvo en Michoacán su generación representativa. En
ella se encuentran, por su propia definición, algunos de los mejores poetas
rnichoacanos modernos : Donato Arenas López, Alfredo Iturbide, José Ortiz
Vidales, y otros destacados autores. En compañía de ellos, o bajo su influencia decisiva, ya que ellos murieron en los primeros seis o siete años del presente siglo, un grupo de jóvenes continuó y afinó los principios de aquella es-6
cuela. Entre esos jóvenes estaban Alfredo Maillefert y José Rubén Romero.
En su libro Ancla en el Tiempo, MaiUefert se refiere a Romero, al que
conoció cuando estaba "recién Uegado de su pueblo y de las poesías de Béc• JosÉ RunÉN ROMERO. Cómo leemos El Quijote. Discurso. México, 1947.
• Vid. RAÚL ARR.EOLA CoRTÉs. José Rubén Romero, vida y obra. Colecci6n de
Autores 'Modernos. Columbia University, Nueva York, 1946.

306

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lccc1onados al azar, estos párrafos:
obra en prosa, encontramo~, sea) "Amapolas en la tarnacua junto al
.
.,
amaranto rodando al az
rastrojo re1,1en segado; tejocotes de
ar, para que los caballos con su braceo garboso jue' ALFREDO MA!LLEFERT. Ancla en el tiempo G
. .
cana, Morelia, 1940 Una segund d . ., d. entes y paisa1es. Universidad Michoa1963·
.
a e ic1on e este libro, por la misma U mvers1
.
"dad :
8

PEDRO SALINAS. L"t
1 eratura española siglo XX
. Robredo, México,
1949, p. 34.
· 2a. ed . Lib.

307

�guen, como chicos, a las canicas; secas barbas de pino que cuelgan como encajes de Bruselas; polvo de oro en el sendero .. /'
b) "Transparencias de tul. Vagas claridades. de ópalo. Cuando nosotros llegábamos a la plaza, peinábanse los fresnos con. el peine sonoro del viento, y la
aurora, como una loca pastorcilla, derramaba sobre la tierra sus frescos cántaros de leche..."
c) "Otra vez el paisaje de mis montes ubérrimos; la carreta con los bueyes cancinos resoplando en la loma; el ojo azul del lago mirando absorto al
firmamento! Maravilloso mes de octubre que riega espigas y amapolas...
Viejos puentes de morillos que gimen al paso de la recua; potreros con las
milpas alineadas como si fueran batallones, y manchando la sombra de los
chirimoyos, como un charco de sangre fresca, los tejados limpios, rojos, de Ario
de Rosales".
d) ''Y la pila de mi casa cantaba su canción de siempre. Acaso me decía
en secreto, cosas que yo no supe oírle y que, después, Ramón López Velarde,
aprendió en la pila de su pueblo".9
En El Pueblo Inocente nos ofrece esta hermosa estampa rural:
"Por la ventana del pajar asomó una gallina y trastornó en el suelo como
quien vuelca un cesto de costura, los ovillos brillantes y sedosos de sus catorce pollitos..." 10
Y, para concluir esta parte, en Desbandada destacamos esta línea:
" ... una mañana de agosto, limpia y transparente como un capelo".11
La lírica de Rubén Romero, como la de Maillefert, no es hermética, a la
manera que la conciben algunos poetas contemporáneos, sino clara y franca,
profunda y hondamente sensual. En ambos escritores la sencillez aparece como
un imperativo. Largo resultaría anotar y transcribir en esta vez los párrafos y
páginas que Maillefert dedicó a Michoacán en el tono sencillo y delicado que
usaba. Baste decir que nuestros dos escritores parecen seguir las normas de
sencillez que les marcaba francis Jarnmes, desde su Soledad Poblada, o el
maestro Azorín hablándoles del estilo.
La Librería Universal de Francia recogió las páginas que Jammes dejó inéditas en el momento de su muerte. Son estas páginas un código de sencillez
para los poetas y escritores. "Ser simple es ser santo", les dice. ''Piensa que
tu alma debe florecer en almas humildes. No pongas en tus palabras ni piedras preciosas ni oro, porque el vestido de tus palabras podría avergonzar al
• JosÉ RueÉN ROMERO. Apuntes de un lugareño. Barcelona, 1932, passim.
'º JosÉ RueÉN ROMERO. El pueblo inocente. México, 3a. ed. Barcelona 1936, p. 53.
11
JosÉ RueÉN ROMERO. Desbandada. 2a. ed. Barcelona, 1936, p . 153.

308

harapo del mendigo..." "Son tanto más bellas estas páginas, cuanto más se
aproximan a lo normal de la vida; tanto más bellas, diría, cuanto se las siente
menos escritas".12
La misma sencillez predicaba Azorín cuando decía, refiriéndose al estilo:
"¿ Qué es el estilo? ... Pues... mirad la blancura de esa n ieve de las montañas, tan suave, tan nítida; mirad la transparencia del agua de este regato de
la montaña, tan límpida, tan diáfana: el estilo es esto; el estilo no es nada. El
estilo es escribir de tal modo que quien lea piense: Esto no es nada..." ·
Lejos del amaneramiento la prosa de Rubén Romero, esa prosa tan maciza
y tan plena, una de las mejores en nuestro idioma, por la espontaneidad y sano objetivismo con que está formada. Muy lejos también del amaneramiento
la prosa de Maillefert, amasada toda ella con los materiales que le brindaron
el paisaje y el estilo de vida michoacanos.
Los dos parece que seguían las normas del maestro francés o del maestro
español. Don Rubén Romero habló siempre de su ignorancia. En diversas ocasiones y con varios motivos, expresó y levantó como bandera la confesión de
su propia ignorancia y de su falta de estudio de las literaturas extranjeras.
Claro que el maestro lo hacía para disimular sus errores. En verdad sí había
leído a sus clásicos españoles y conocía a los autores franceses e ingleses. No
debe desdeñarse la circunstancia de que, por muchos años, don Rubén trabajó
en el servicio diplomático; que vivió en París y en Madrid, en Centro y SudAmérica, Y seguramente que entró en contacto con escritores y obras de aquellas latitudes.
Es de creerse que tan renovada e insistente declaración de ignorancia quería seguir al célebre poema de Francis Jammes, Plegaria para Confesar su
I gnorancia:
1

R egresa, desciende de nuevo a tu simplicidad.
H e visto las hormigas trabajando en la arena.
Como ellas, corazón enfermo y tierno, sé prudente;
cumple tu debe; como Dios lo ha dictado . ..
Nada sé, no soy nada, nada espero,
sino ver por momentos balancearse un nido
sobre un álamo rosa, o en el blanco camino
pasar un pobre, luciente de llagas sus pies.
Haz que al levantarme de la m esa hoy
sea como aquellos que en este bello Domingo
,. FRANCIS JAMMES. Páginas inéditas. Librería Francesa! París, 1954.

309

�extienden a tus pies, en la humilde iglesia blanca,
la confesión pura y modesta de su simple ignorancia.U

Don Rubén hizo de la simplicidad su bandera literaria. "Mi literatura -dice-, volando a ras de tierra, se nutre con elementos de una simplicidad primitiva: la choza, el árbol o la fuente; mi estilo pudiera definirse como una
mera transcripción de conversaciones plebeyas, y mi paupérrimo conocimiento de los seres, no necesitaría, por nulo, la clasificación de un Andrónico de
Rodas..."
El mismo Maillefert, en el retrato que hace de Romero en su libro capital
Ancla en el Tiempo, dice que don Rubén "es de los que beben su inspiración
echándose de bruces, como -junto al arroyo campesino- las gentes de su
pueblo..." 14
Y en el prologuito que escribió Maillefert para la misma obra, definía su
propia concepción estética: "Yo no quisiera en ninguno de estos retratos literatura, si por ella ha de entenderse rebuscamiento e insinceridad. Así como cuando tenemos un bello cuadrOI buscamos para él un cristal límpido y sin
fallas, que no altere la figura, que sólo la conserve mejor, yo quiero que mis
palabras sean sencillas, y tan diáfanas, que las figuras se vean y se estimen co15
mo fueron o, en todo caso, como han sido en mi memoria y en mi corazón".
Literatura espontánea y honda la de los dos escritores michoacanos a quienes hemos querido unir en estas páginas. Ninguno de ellos cedió terreno a lo
artificioso ni se inclinó hacia el amaneramiento que fue característico de la
etapa anterior a la Revolución. Desde este punto de vista los dos, Alfredo
Maillefert y José Rubén Romero, fueron escritores revolucionarios, por más
que el primero haya recibido una educación aristocrática y refinada, y el segundo haya forjado las armas de .su estilo junto a la fuente del pueblo, de
bruces como si bebiera el agua del arroyo.
Maillefert pertenecía, como se ha dicho, a una familia de hacendados michoacanos. Su abuelo materno era uno de los más pudientes hombres de negocios del campo mexicano. Cuando don Feliciano llegaba a Morelia, los
círculos financieros se animaban y aquella era una noticia que se comunicaban con interés. La hacienda de San Marcos fue afectada por el movimiento agrario que trajo consigo ht Revolución. Era de esperarse en el retoño de aquella familia de rudos agricultores, desp·oseídos por la ola justiciera,
un tono airado de protesta y un rencor contra-revolucionario; y sin embargo no brotó el reproche ni la diatriba, porque aquel hombre era en sí un
1

•

14

15

310

Op. cit.
Ancla en el tiempo. ed. cit. p. 171.
MAJLLEFERT .• 0p. cit. p. 7.

FRANCIS JAMMES.

ALFREDO MAILLEFERT.
ALFREDO

poeta, y poeta de su tiempo y de su hora, que atemperó los impulsos de su
clase social para dedicarse de Jle:no a la lectura de sus libros favoritos y a la
formación de su espíritu, no apto para el combate sino para el goce estético,
en el que parecía abstraerse a tal grado que no vivía en el mundo de violencia que bullía a su alrededor, sino en el mundo de sus imágenes y sus libros,
para él primordiales.
Estas abstenciones, ese ensimismamiento del poeta, io hemoo leído en
sus mismas páginas. Cuando comenta Los de Abajo, de don Mariano Azuela, y se refiere a los sucesos de la Revolución, dice: "Teníamos diecinueve
años. . . cuando comenzó la R evolución". "¿ Qué fue para nosotros la Re. , ;&gt;" "Nosotros -y este plural envuelve ahora no sólo ya a mi pervo1uc10n.
sona sino al ambiente todo". "¿ Teníamos partido? Tal vez; pero, en realidad, nosotros teníamos otro partido..." 16
¿A cuál otro partido se refiere el poeta? Nos dice que el Bosque de San
Pedro se había quedado abandonado y polvoriento; ya no se miraban pasar
los coches lujosos que conducían a la soberbia aristocracia·' desde el kiosco,
los domingos, ya no sonaban las notas dulces o melancólicas de las danzas de
Elorduy; las familias principales habían huído y ahora ocupaban las casas
los jefes revolucionarios que ufanos se asomaban a los balcones, como a fortalezas conquistadas; se escuchaban los cantos populares; "he aquí que había
ocurrid~ un remolino, como una ardiente polvareda y pasaban ya otras gentes
o las mismas, pero trastrocadas". Y el p·oeta leía, leía, incansablemente ; con
sus libros amados pasaba por las llamas de aquel incendio que derrumbaba
el mundo, el ambiente de sus mayores, y él imperturbable y sereno lo miraba destruirse como algo ajeno a su sensibilidad.
¿ Quién acertaría a describir el estado de ánimo de aquel p·oeta formado
en las duras disciplinas del autodidactismo, ante aquella violencia que le
llegaba tan de cerca y a la que apenas prestaba atención, sin ánimo para defenderse? ¿ Una conformidad y un secreto espíritu de justicia motivarían
aquella abstención? ¿ Un subconsciente afán renovador y rebelde, heredado
en su sangre francesa, frenaría los impulsos y gozaría con la destrucción de
aquel mundo suyo?
La R evolución Mexicana no fue solamente un movimiento armado para
derrocar un régimen político ni para repartir la tierra ni para fortalecer la
democracia. Fue todo eso, pero además fue también una rebelión de tipo cultural frente a los negadores de lo mexicano, frente al descastamiento de los
extranjerizantes, que dudaban de la capacidad creadora de nuestro pueblo
Y se inclinaban hacia fórmulas extrañas en actitud de servil imitación.
16

ALFR EDO MAILLEFERT.

Los libros que leí. Imprenta Universitaria, México, 1942,

pp. 109-113.

311

�El autor de Ancla en el tiempo y Laudanza de Michoacán escogió el mejor de los caminos, el de la mexicanidad, el que arraiga y profundiza en la
realidad mexicana, y exalta los paisajes y personajes nuestros, como a seres
que merecen ser llevados a las páginas de la literatura nacional.
No son: Manzana de Anís, ni Clara de Ellebeuse, ni Almaida de Etremont, sino son: don Angel, don Rafael el boticario, Próspero, las dos Conchas, don Marín, Comparán, Paclúta Manríquez, Pastor el dulcero, Burgos
el tendero, Carmen, Luisa, María, Rosa, Elena, Teresa, Adela...
Por distintos caminos, don Rubén Romero llegó a la misma meta que su
pai-sano y contemporáneo. El no poseía la sólida cultura de Maillefert, pero
supo ver a su pueblo en la hondura de su alma y trasladar los_latidos de la
Patria a las páginas de sus obras magistrales.
Estos dos escritores nos brindan una lección, que debemos aprovechar en
estos días en que nuevamente se pone a discusión el sentido de la literatura
mexicana. Cuando unos afirman que no debe cultivarse el descastamiento
que se provoca por la lectura de los autores extranjeros, sino "desentrañar la
verdad y la esencia del pueblo", y que "el camino de la universalidad es ser
nacional"; otros copian a los extranjeros y "se mueren por citar nombres como Elliot, Kafka, Sartre..."
El ejemplo de Maillefert y Romero está marcando el camino justo. Ellos
nos dicen que lo importante es observar, comprender, penetrar al pueblo, entender las responsabilidades del escritor en su hora, sin discursos y sin manifiestos,
sino callada y lealmente; cultivar un patriotismo no de periferia sino de raíz;
y sobre esas bases leer y asimilar lo extranjero, que ningún daño produce y sí
sirve para ensanchar los horizontes de la creación literaria. No podemos encerramos mezquinamente, con la creencia de que en esa forma salvamos la
esencia de nuestra cultura; ello sería suicida. Pero no podemos ni debemos olvidamos de lo nuestro para traducir lo que otros escritores han sentido y pensado en circunstancias y medios históricos y culturales diferentes. Ni malinchismo ni chauvinismo, si se nos permite usar de esos términos nuevos, con los que
suelen designarse esas dos tendencias.
'
Maillefert llegó a la literatura nacional por el camino de la lectura y de la
meditación. Llevó a sus clásic'os españoles a dar un paseo por el Sena, como
dijo en un ensayo muy importante el maestro don Pedro de Alba. El fue, como
su paisano Rubén Romero, de los "poetas de casta hispánica que sin olvidar
la sangre de sus mayores, asimilaron las esenci~ del espíritu de Francia". "Esa
fuente de sugerencias --dice el doctor De Alba- que se descubre en la. poesía
provinciana de México, que luego se vuelve manantial de emociones recatadas,
acierta con el noble estilo de intimidad que es propio del simbolismo francés". 17
"

312

PEDRO DE ALBA-

Por el mismo camino llegaron al nacionalismo literario: Ramón López Velarde, José D. Frías, Manuel de la Parra, Manuel Martínez Valadez, Francisco González León, Alfredo Ortiz Vidales, Miguel N. Lira, y otros poetas y escritores que honran y enaltecen a las letras mexicanas contemporáneas. El ejemplo de todos ellos puede servir de norma a quienes buscan el rumbo en esta
hora llena de confusiones y de sombras, de amenazas y de claudicaciones, hora
en que brilla, como en todos los tiempos, más cercana y más luciente, la aurora de la libertad.

.'

Rubén Romero y sus nouelas populares. Barcelona, 1936.

313

�SOBRE LA RUTA DE DON QUIJOTE
Prof.

GREGORIO

B. P ALACÍN

Universidad de Madrid

Don Quijote había dos p-ersonalidades: la ideal de
Don Quijote de la Mancha y la real y física de Alonso Quijada, el hidalgo
en quien él encarnó.1
En las primeras palabras de la novela hizo Cervantes· la presentación del
hidalgo en quien encarnó Don Quijote:

REcoRDEMOS QUE EN

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,
no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero,
adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. . . Frisaba la edad de
nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco
de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza..." 2

Sabido es que este hidalgo, después de "perder el juicio" de tanto leer libros de caballerías y creer verdad lo que en ellos leía, "se vino a llamar Don
Quijote", y cómo Don Quijote salió por la Mancha y otras regiones de España en busca de aventuras en que ejercitar su noble pensamiento de hacer
bien a los demás.
1

Como lo he resaltado en mi libro En Torno al "Quijote": Ensayo de interpretación
y crítica. (Ediciones Leira, Madrid, 1965, pp. 78-79), fue acierto de Cervantes el
desarrollo de la personalidad de Don Quijote de la Mancha, desde su nacimiento u
origen hasta su desaparición con el restablecimiento exclusivo de la de Alonso Quijano
el Bueno, o Alonso Quijada, aunque Salvador de Madariaga, siguiendo a R. Menéndcz
Pida!, haya tachado de error estético lo que él ha llamado "curiosa desviación del
personaje" en los primeros pasos de Don Quijote.
• Si consideramos que Cervantes no hizo historia en el Quijote y que este libro es
ante todo obra de arte, no daremos a los rasgos del personaje, en su descripción, demasiado rigor. Me permito opinar que el no hace mucho tiempo se refería a un período de unos cincuenta años; y creo que el "frisaba" o se acercaba la edad del hidalgo

315

�/

Se acordó Cervantes de insistir en la diferenciación de las dos personalidades al dar fin a la novela. Y así, en el capítulo 74 de la segunda parte,
puso en boca del propio Don Quijote, cuando despertó después de haber
dormido "de un tirón como dicen, más de seis horas", estas palabras:
" .. .ya yo no soy Don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano,
a q,uien mis costumbres dieron renombre de Bueno . .."

Y poco después hizo decir a Cicle Hamete Benengeli:

a

"En tanto que Don Quijote fue Alonso Quijano el Bueµo secas, y
en tanto que fue Don Quijote. de la Mancha, fue siempre de apacible
condición y de agradable trato . .."

Aunque generalmente armonizadas y yuxtapuestas ambas p-ersonalidades, en
el curso de la novela, con excepción del comienzo y el fin, es fácil notaII la separación o deslinde de las mismas. Así, en el capítulo 49 de la primera parte se identifica Don Quijote dando su linaje o ascendencia. Es cuando, hablando de "las aventuras y desafíos que acabaron en Borgoña los valientes
españoles Pedro Barba y Gutierre Quijada", dice, refiriéndose al último: "de
cuya alcurnia yo desciendo por línea recta de varón". No es necesario insistir aquí sobre quién era aquel caballero de la corte de Don Juan II y señor de Becilla de Valderaduey, en Valladolid, quiénes fueron sus descendientes de la rama de Esquivias, y quién fue Alonso Quijada,3 sólo interesa
en los cincuenta años, no indica precisamente que iba a cumplir los cincuenta. Habiendo nacido Alonso Quijada hacia 1492 o 1493 y siendo fraile agustino en 13 de
octubre de 1537, fecha del testamento de su madre, en el que consta como "fray
Alonso Quijada, fraile de la Orden de San Agustín", podría tener alrededor de los
cuarenta, o poco más, ya que no creo que Cervantes tomara al fraile como modelo de
su Don Quijote siendo tal fraile. Desde luego, es incuestionable el derecho del escritor a adaptar a su parecer en obras de imaginación, donde, según la doctrina aristotélica, no cabe pedir el rigor de la historia, el respeto absoluto a la verdad histórica.
Es frecuente en el Quijote la referencia a fechas y números con semejante aproximación.
• De Alonso Quijada me he ocupado en "El nombre del hidalgo en quien encamó
Don Quijote", Romance Notes (University of North Carolina), Primavera de 1963.
Fue Francisco Rodríguez Marín quien identificó este nieto de Gutierre Quijada como
modelo de Don Quijote, modelo tan sólo en cuanto a la concepción primera del Ingenioso Hidalgo, nunca en lo que al carácter y al hacer de Don Quijote se refiere.
Luis Astrana Marín, más afortunado en el hallazgo de documentos cervantinos, pudo
establecer después una documentada genealogía de los Quijadas de Esquivias, que,
con abundantes referencias y documentos sobre ellos, ha dejado en el .tomo IV de su
excelente Vida Ejemplar y Heroica de Miguel de Cervantes Saavedra.

316

recordarlo para mejor entender el desarrollo del tema de este trabajo. Don
Quijote es uno y Alonso Quijada otro, y así hemos de tenerlo en cuenta en
algunos lugares.

•
Se han levantado cartas geográficas con una pretendida ruta de Don
Quijote, como se han formulado también imaginadas cronologías de la vida
y famosos hechos del Ingenioso Hidalgo. Pero en todos los casos se ha dado
espaldas a la realidad insoslayable de que Cervantes no escribió historia ni
hizo geografía, sino que compuso una fantasía literaria, llena desde luego de
realismo geográfico, de hechos históricos y de sucesos de su tiempo; pero
adaptado todo a la conveniencia del relato, o mejor descripción de la vida,
e idealizado mucho de lo histórico y de la realidad o actualidad cervantina.
Meritorio es, sin duda, el trabajo de Don Manuel Antonio Rodríguez al
dibujar el map-a de los parajes por los que anduvo Don Quijote y los lugares de sus aventuras, como lo ei¡ también el del geógrafo de Carlos IV Don
Tomás López al delinear el mapa basado en las observaciones que sobre el
terreno hizo el capitán de Ingenieros Don José de Hermosilla. Pero tanto en
esos mapas como en cuantos trabajos se han escrito sobre la ruta de Don Quijote no es posible seguir con rigor, ni aun con aproximación muchas veces,
el paso del genial manchego de un lugar a otro.
El primer problema que presenta la determinación exacta de la ruta de
Don Quijote es el de señalar el lugar en que dio comienzo a su primera
salida, y aun a las otras,dos. Y aquí viene ya el porqué de hablar al principio
de este trabajo de la doble personalidad de Don Quijote. Si Alonso Quijada
era de Esquivias y fue él el hidalgo en quien encarnó Don Quijote, es natural que la primera salida de Alonso Quijada como Don Quijote tiene
que ser de Esquivias. Pero Cervantes tenía perfecto derecho, que le daba su
arte, para colocar a su héroe allí donde le pareciese mejor, y así lo hizo, situándolo en aquel "un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme", al que voy a tratar de acercarme lo más que me sea posible.
El propio Don Quijote, como Don Quijote, no Alonso Quijano precisamente, se refiere al lugar en que comenzó sus aventuras en estas palabras
suyas del capítulo 2 de la primera parte:
"¿Quién duda -decía Don Quijote hablando consigo mismo cuando
iba andando apenas al salir de su casa por la puerta falsa de un corralsino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera his-

317

�toria de mis famosos hechos, que el sabio que lo escribiere no ponga,
cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta
manera?: 'Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la
ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y
apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y m eliflua armonía la venida de la rosada
aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas
y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando
el famoso caballero Don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas
plumas,. subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar
por el antiguo y conocido campo de Montiel".

Lo que el propio Cervantes, aún no Cicle Hamete Benengeli, refuerza diciendo: "Y era la verdad que por él caminaba".4
Bien claro está en las propias palabras de Don Quijote que éste dejó el
lecho, o las "ociosas plumas", subió sobre Rocinante y comenzó a caminar
por el campo de Montiel muy de mañana, apenas ap·arecidos los primeros
rayos del sol, con relación a aquel día, y apenas comenzada la aurora. Y esto
no sólo según las palabras de Don Quijote, sino también las del escritor, al
decir al principio del capítulo:
" .. .y sin que. nadie lo viese, una mañana, antes del día,. . . subió
sobre Rocinante . .. y por la puerta falsa de un corral salió al campo . . ." 5

Cervantes puso a Don Quijote, la figura ideal, al comienzo de su primera
salida, en un lugar del campo de Montiel, que es parte de la Mancha.6 Esto,
• Esta frase ( "Y era la verdad que por él caminaba") no tiene otra función, a mi
modo de ver, que resaltar o reforzar 1a idea de que el Hidalgo caminaba por el campo
de Montiel. La expresión se repite en el capítulo 18. Pregunta allí Don Quijote a
Sancho: "¿No oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el fuido de
los tambores?" Contesta Sancho: "No oigo otra cosa que balidos de ovejas y carneros".
Y el escritor observa: "Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca de los rebaños".
En ambos casos, el del capítulo 2 y el del capítulo 18, la expresión "Y era la verdad"
no refuerza una situación real, efectiva, si no es en la ficción o fantasía literaria. No
veo otra significación en ella.
• "Una mañana antes del día" denota una mañana muy temprano, a la hora del
alba, con la aurora, al amanecer o con la primera luz que se descubre en el oriente
antes de salir el sol, esto es, cuando comienza a rayar la luz, el día, el alba o el sol.
• Había y hay cuatro Manchas: la baja del territorio de la Orden de Calatrava, lindante con Córdoba; la baja del Campo de Montiel, con parte de Albacete, que linda
con Toledo y Jaén; la Mancha Alta de Toledo, y la Mancha Alta de Montearagón,
en la provincia de Cuenca. La Mancha se extiende hoy desde el extremo S. de la

318

a la vista del texto, es indiscutible. Mi conclusión es que Alonso Quijada era
de Esquivias y Don Quijote, figura ideal, era de un lugar del campo de
Montiel. 7
En el mapa de Don Tomás López se señala el comienzo de la primera
salida de Don Quijote en un punto al S.O. de la Membrilla, como a dos leguas de una hora de camino, donde supuso el delineante que estaba la venta
en que aquél fue armado caballero. En cambio, en la carta geográfica de
Don Manuel Antonio Rodríguez se señala como lugar del principio de la
primera salida Argamasilla de Alba, donde se supuso por el cartógrafo que
vivía el Hidalgo.
La segunda salida de Don Quijote comenzó en el mismo lugar que la
primera, según se declara en los capítulos 7 de la primera parte y 8 de la
segunda:
"Acertó Don Quijote -se dice en el primer lugar- a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje,
que fue por el campo de Montiel, por el cual cam inaba con menos
pesadumbre que la vez primera" .

Y comenzó la tercera salida del Ingenioso Hidalgo, necesariamente, en el
mismo lugar en que comenzaron la primera y la segunda. Basta notar para
confirmarlo que al terminar la segunda entró Don Quijote en su casa, entre
las maldiciones que la .sobrina y el ama lanzaban contra los libros de caballerías, a quienes ellas culpaban de la desgracia de su tío y señor. Leamos en
el final del capítulo 52 de la primera parte:
"Cosa de lástima fue oír los gritos que las dos buenas señoras alzaron,
las bofetadas que se dieron, las maldiciones q,ue de nuevo echaron a los
provincia de Madrid a Sierra Morena, comprendiendo gran parte de las provincias de
Toledo, Cuenca y Ciudad Real.
El Campo de Montiel, según el mapa del mismo unido a la relación tipográfica
de Villanueva de los Infantes, de 1575, es de forma cuadrangular, con más de cuarenta
leguas de superficie, incluyendo en esa área estos pueblos y términos: la Membrilla,
la Solana, Alhambre, Osa, Carrizosa, Ruidcra, Alcubillas, Villahennosa, Fuenllana,
Cañamares, Villanueva de los Infantes ( cabecera del distrito ), Cózar, Torres, Montiel, Santa Cruz de los Cáñamos, Almedina, Torrenueva, Torre de Jua n Abad, Puebla
del Príncipe, Albaladejo, Castellar, Villamanrique y Terrinches.
1
Si la segunda salida de D on Quijote comenzó en el mismo lugar que la primera,
en ese mismo lugar vivía el Hidalgo, es decir, en él fijó Cervantes, en su fantasía
literaria, la casa de Don Quijote. Si, pues, al terminar la segunda salida entró a su
casa, de ella había de salir para empezar la tercera. Esto es evidente por simple
razonamiento.

319

�lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal JJrincesa había llegado jamás a
su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso".

malditos libros de caballerías; todo lo cual se renovó cuando vieron
entrar a Don Quijote por sus puertas".ª
En el capítulo 8 de la segunda parte se dice:

"Persuádeles que se olviden de las pasadas caballerías del ingenioso
hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora
en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en el
campo de Montiel".

Pero aunque parezca darse a entender en las anteriores palabras, como
parece darse a entender también al final del capítulo primero en la primera
parte, que el lugar de Don Quijote estaba cerca del Toboso, es oportuno
resaltar que camino del Toboso no denota necesariamente cerca del Toboso.
Camino del Toboso podía ir Don Quijote desde el mismo campo de Montiel.
Cada una de las tres salidas del Hidalgo comenzaron, pues, en el campo de
Montiel.
La idea de que el lugar de Don quijote estaba cerca del Toboso se apoya,
sin duda, en el texto del gran libro. La hallamos con bastante. verosimilitud en
este pasaje del capítulo primero de la primera parte:
"Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo ( del de Don
Quijote) había una moza labradora . . ." y "vino a llamarla Dulcinea
del Toboso, porque era natural del Toboso . .."
Y la encontramos reafirmada (la idea de que el lugar de Don Quijote
estaba cerca del Toboso) en el capítulo 13 de la misma primera parte, donde
se dice:

"Sólo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo decía era verdad,
sabiendo él quién era y habiéndole conocido desde su nacimiento; y en
• Pero en el capítulo 4 7 de la segunda parte, Sancho gobernador le dice al labrador que comparece ante él: " ...sé muy bien a Miguel turra y que no está muy lejos
de mi pueblo". El labrador le había dicho al presentársele que era "natural de Miguelturra, un lugar que está dos leguas de Ciudad Real" . Si el pueblo de Sancho, según
ahora se da a entender, no estaba muy lejos de Miguelturra, mal podía vivir el
escudero cerca del Toboso, como se dice en el cap. 13 de la primera parte. De Miguelturra al Toboso hay, en linea recta, no menos de cien kilómetros, y mucho más por los
caminos de la época. ¿ Cómo, además, podían ser Don Quijote de •un lugar cerca del
Toboso (I, 1), Sancho de un pueblo a más de cien kilómetros, cerca de Miguelturra
(1, 13), y los dos del mismo lugar (1, 7)? ...

320

Y ya sabemos que Cervantes asegura e11 el capítulo 7 de la primera parte
que _Sancho era vecino del mismo lugar que Don Quijote:
"En este tiempo solicitó Don Quijote un labrador vecino suyo . ..
Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer e hijos
y asentó por escudero de su vecino".9

Hemos visto por el ligero análisis de los textos que mientras por una parte
se nos da a entender que la aldea de Don Quijote estaba en el campo de Montiel, por otra se afirma que estaba cerca del Toboso. Pero aún hay más para
confundirnos más. Y es la alusión que Cervantes (o Cicle Hamete Benengeli, que es lo mismo) hizo a Argamasilla, lugar de la Mancha, en el encabezamiento de los sonetos y epitafios del fin de la primera parte, y que
Alonso Fernández de Avellaneda repite en la dedicatoria de su falsa segunda
parte dirigida "al alcalde, regidores e hidalgos de la noble villa de Argamasilla de la Mancha, patria feliz del hidalgo caballero Don Quijote, lustre de
los profesores de la caballería andante".1 º
Tengo por seguro, y no creo que admita discusión, que Cervantes usó el
nombre Argamasilla sin darle contenido geográfico, y que Avellaneda lo empleó por simple imitación. Es lo cierto que muchos -han pensado, y siguen
pensando, en Argamasilla como patria del Ingenioso Hidalgo. Pero hay, y
había, dos ·Argamasillas, ambas en la Mancha y provincia de Ciudad Real:
la de Alba y la de Calatrava. ¿De cuál de ellas era Don Quijote? Diego
Ciemencín, que tenía por seguro ser Argamasilla de Alba, comentando en
sus notas al Quijote el pasaje citado del capítulo 1 de la primera parte,
censuró que Cervantes dijese que el lugar de Dulcinea estaba cerca del de
Don Quijote, escribiendo: "No es muy exacto decir que el lugar de la dama
estaba cerca del de nuestro hidalgo, puesto que Argamasilla de Alba dista de
ocho a diez leguas del Toboso" .11
• El epígrafe o encabezamiento de los sonetos y epitafios dice: "Los Académicos de
la Argamasilla, lugar de la Mancha, en vida y muerte del valeroso Don Quijote de la
Mancha 'Hoc Scripserunt'."
10
"

Este comentario sugirió a Francisco Rodríguez Marín este otro bastante expresivo:

i Como que Cervantes no había pensado en la Argamasilla para tal cosa!" {Quijote,
I, p. 65, n.) .
u

P. 957. Ignoro qué ha · demostrado al respecto "la crítica moderna". Sea lo que

321
e H-21

�Otros comentadores del libro de Cervantes, acaso con menos acierto, creyeron, y aún creen, que el lugar de Don Quijote era Argamasilla de Calatrava. Cito, por ejemplo, este comentario de la edición "Joya" de M . Aguilar
(Madrid, 1960): "La crítica moderna ha demostrado que la Argarnasilla a
que alude Cervantes no podía ser la de Alba, como se creyó generalmente,
sino la de Calatrava''.12
No sólo con los mapas o cartas de la ruta de Don Quijote, y con los
trabajos que sobre ella se han escrito, se desconcierta todo el que quiera
seguir con precisión el camino que siguió en la fantasía literaria el Ingenioso
Hidalgo, pues también se desorienta en muchos lugares del genial libro el
lector, por cuidadoso que sea, que pretende localizar el lugar exacto en que
se movía Don Quijote. Resaltar los pasajes correspondientes ocuparía muchas
páginas. Me limito aquí a dar como ejemplos tres casos de indudable interés.
En el capítulo 4 de la primera parte hallamos ya una contradicción relativa no sólo al lugar en que está Don Quijote, sino también a la dirección
que sigue en su marcha. Me refiero al encuentro con los mercaderes toledanos.

primer intento, que fue el irse camino de su caballeriz_a. Y habiendo
andado como dos millas.,. descubrió Don Quijote un gran tropel de gente,
que, como después se supo, eran unos m ercaderes toledanos q,ue. iban a
comprar seda a Murcia" (I, 4).

¿ Qué dirección llevaba entonces Don Quijote? El camino de Toledo a
Murcia, que pasaba por Nambroca, Almonacid, Bogas, Tembleque, Villacañas, Miguel Esteban, El Toboso, Manjavacas, Las Mesas y El Provencio,
estaba, en el punto más próximo, a no menos de cuarenta kilómetros al N .
del límite del campo de Montiel. Don Quijote había subido de S. a N. y
entonces bajaba de N. a S. Pero ¿ en dónde cambió de dirección, o dio la
vuelta? y ¿ cómo en tan corto tiempo recorrió tanta distancia?1 3

Otro caso en que nos desconcierta la dirección del Ingenioso Hidalgo es
el de la aventura de los molinos de viento. Al comenzar su segunda salida
tomó Don Quijote la misma derrota y camino que había tomado en su
primer viaje (I, 7), que fue por el campo de Montiel.
"En esto -dice el texto-- descubrieron treinta o cuarenta molinos
de viento que hay en aquel campo..." (I, 8) 14 " . -• •aquella noche la
pasaron entre unos árboles, y de uno dellos desgarró un ramo seco que
casi le podía servir de lanza, y puso en él el hierro que había quitado
de la que se le había quebrado ... No quiso desayunarse Don Quijote•..
Tornaron a su comenzado camino de Puerto Lápice, y a obra de las
tres del día le descubrieron" (I, 8). Poco después "asomaron por el camino dos frailes de, la orden de San Benito" montados sobre dos mulas.
"Detrás dellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo que leacompañaban y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como
después se supo, una señora vizcaína, que iba a Sevilla, donde estaba
su marido, que pasaba a las Indias con un muy honrado cargo".

"Casi todo aquel día (el primero de su salida) caminó (Don Quijote)
sin acontecerle cosa que de contarse. fuese . .. anduvo todo aquel día, y,
al anochecer... vio... una venta... Dióse prisa a caminar, y llegó a
ella a tiempo que anochecía" ( I, 2).

Allí, en la venta, encontró Don Quijote a las mozas del partido y fue
armado caballero por el ventero, al que tomó por castellano:
"La (hora) del alba sería cuando Don Quijote salió de ta venta...
guió a Rocinante hacia su aldea. .."

I

Y no había andado mucho cuando tuvo la aventura de Andresillo. Muy
contento de haber "protegido" al muchacho, siguió Don Quijote "caminando
hacia su aldea" ( I, 4) .
"En esto llegó a un camino que en cuatro se. dividía. .. estuvo un
rato quedo, y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a
Rocinante, dejando a la voluntad del Rocín la suya, el cual siguió su
fuere, considero improcedente a estas fechas decir semejante vaguedad en una edición
coµientada del Quijote.
11
El tiempo, poco más de un día; la distancia, cuarenta y tantos kilómetros. En
aquel tiempo de poco más de un día Don Quijote anduvo muy ocupado con sus
aventuras.

322

is Se ha creído que este lugar de los molinos era Criptana, y hasta se afirma que
Criptana era "el único lugar en que por entonces los había" (Edición "Joya", de M.
Aguilar, Madrid, 1960, p . 57). Sin embargo, "acertó Don Quijote a tomar la misma
derrota y camino que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de
Montiel, por el cual caminaba ..." se lee ya finalizando el capítulo 7 de la primera
parte, para decir como principio del octavo: "En esto, descubrieron treinta o cuarenta
molinos de viento que hay en aquel campo..." Criptana está a más de sesenta kilómetros al N. del límite del campo de Montiel, en linea recta. Los molinos de viento
no eran e:xclusivos de Criptana. De todos modos, Cervantes era muy libre de ponerlos
donde mejor le pareciese. No hay que olvidarlo.
14

EooARD R. AGOSTINI BANus, Breve&lt; estudio del tiempo y del espacio en el Quijote.
Publicaciones del Instituto de Estudios Manchegos, Ciudad Real, 1958, p. 16.

323

�Encontró Don Quijote a los frailes y a la dama del coche en un lugar próximo a Puerto Lápice. Si la señora y sus acompañantes venían del País
Vasco (venían hacia donde estaba Don Quijote), por tanto, marchaba de
S. a N. Nada de particular habría en esto si Don Quijote no hubiese comenzado su segunda salida en el campo de Montiel, en el que tuvo la aventura de los molinos de viento. Salió Don Quijote de su aldea de noche.
Tuvo al día siguiente la aventura de los molinos; y a las tres del día siguiente
dio vista a Puerto Lápice. Es decir, que en sólo unas horas recorrió más de
treinta y ocho kilómetros que separan de Puerto Lápice el campo de Montiel,
a la altura de Manzanares.
Un tercer caso en que nos desorienta la dirección seguida por Don Quijote es el del encuentro con un cuerpo muerto, en el capítulo 19 de la primera
parte. Hagamos historia. El mismo día de la aventura del Vizcaín~, pasó
Don Quijote la noche con unos cabreros (I, 11). Al día siguiente asistió al
entierro de Grisóstomo. Después él y Sancho "se entraron por el mismo bosque
donde vieron que se había entrado la pastora Marcela". Y luego de andar
más de dos horas tuvo la aventura de los yangüeses (I, 15). Tras ella Y después de acomodar a su amo sobre el asno, puso Sancho en reata a Rocinante, "y llevando al asno de cabestro, se encaminó, poco a poco, hacia donde
le pareció que podía estar el camino real. .." y aún no hubo andado una
pequeña legua, cuando le deparó el camino. . . en "el cual descubrió una
venta..." (I, 15). Pasaron la noche en ella, y en ella tuvieron la aventura
de Maritornes y el ventero; y en ella fue manteado Sancho al día siguiente.
Tuvieron después la aventura de los dos rebaños (I, 18). Siguieron el camino
real, y muy de noche "vieron que por el mismo camino que iban venían
hacia ellos gran multitud de lumbres..." Eran los encamisados que llevaban
un cuerpo muerto. Uno de ellos, el bachiller Alonso López, dijo a Don
Quijote:
" .. .vengo de la ciudad de Baeza, con otros once sacerdotes, que son
los que huyeron con las hachas; vamos a la ciudad de Segovia acompañando un cuerpo muerto que va en aquella litera . . ." (I, 19).

y si el bachiller Alonso López y sus compañeros iban de Baeza a Segovia,
es claro que Don Quijote y Sancho seguían la dirección opuesta, de N. a S.
Llevaban, pues, dirección contraria a la que seguían cuando la aventura del
Vizcaíno. ¿En dónde die~on la vuelta?
Naturalmente, Cervantes, repito, no hizo geografía con el Quijote. Así como sacó de la Humanidad a su Don Quijote, a Sancho y a todas sus figuras,
las puso en una realidad geográfica muy viva. Mas como aquellas figuras
324

lejos de ser reproducción o copia de lo real implican interpretación y recreación, lá geografía aparece muchas veces adaptada hábilmente a la conveniencia del relato o descripción. No aciertan, pues, quienes piensan que
Cervantes se equivocó aquí o allá y quienes hablan de distracciones del autor,
de olvidos y de absurdos cronológicos y geográficos. Sólo un ejemplo más.
En el capítulo 23 de la primera parte se lee que después de la aventura de
los galeotes "subió Don Quijote sin replicar más palabras, y guiando Sancho
sobre su asno, se entraron por una parte de la Sierra Morena, que allí junto
estaba, llevando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al Viso, o
a Almodóvar del Campo, y esconderse algunos días por aquellas asperezas
por no ser hallados si la Hermandad los buscaba".
El profesor Agostini Banus, comentando el pasaje precedente, ha escrito
que "tras la liberación de los galeotes, se ven forzados los dos héroes a atravesar toda la Sierra Morena e ir a salir al Viso o a Almodóvar. Atravesar no
es recorrer. Están, pues, al Sur de la Sierra Morena. ¿ Cuándo la han pasado
de Norte a Sur, y en cuánto tiempo? . .." 15 Pero he aquí que Cervantes no
sitúa a la pareja heroica al S. de Sierra Morena, sino a la entrada. "Se
entraron por una parte de la Sierra Morena, que allí junto estaba..." Se
entraron no es atravesaron, como no es recorrieron. Podían haber entrado
amo y escudero a Sierra Morena por ejemplo por la región de Castellar y
luego cruzando hacia el O., llegar al Viso, a través de aquella zona montañosa,
y seguir, hacia el N.O., hasta alcanzar Almodóvar del Campo, cerca de Argamasilla de Calatrava.16 Y en cuanto a la expresión "llevando Sancho in"' Diego Clemencín observó en sus comentarios: "Consultando la carta del país, es
difícil comprender cómo desde el paraje en que se hallaba Don Quijote, que era en
la Mancha, a la entrada de la Sierra Morena, según acaba de decirse dos renglones
antes, se podía salir, atravesando toda la Sierra, a Almodóvar o al Viso". Y sentenció
sin reparo: "Cervantes se paraba poco en estas cosas". Veinte añoS después Juan
Calderón, en su libro Cervantes vindicado.. . (Madrid, 1854, pp. 71-72) objetaba a
Clemencín: "Nosotros creemos que en esta por lo menos se paró algo más que su
Comentador; pudo creer, como dice el proverbio vulgar, que todos los caminos van
a parar a Santiago, y que habiendo entrado Sancho en Sierra Morena por Torrenueva,
según el mapa del señor Pellicer ( el del delineante Don Manuel Antonio Rodríguez) ,
internándose en la Sierra, y aun llegando cerca de la parte opuesta, volvió a lai derecha
haciendo un semicírculo para ir a salir hacia Almodóvar o el Viso, que no está muy
apartado del sitio por donde entró. . . Sancho no podía proponerse el atravesar la
Sierra, sino en una dirección muy irregular, y salir de ella por donde no entrase en
cálculo de nadie que había de salir, por ejemplo, por Almodóvar o por el Viso, que
se dejaba ~ la qerecha y aun atrás. Es probable además que el autor no hizo mención
de Almodóvar y el Viso, sino como una especie de verbigracia".
11

En efecto, en el primer día: "El licenciado le dijo (a Don Quijote) que le daría
(por guía) a un primo suyo ... el cual con mucha voluntad le pondría a la boca

325

�tención de atravesarla toda e ir al Viso, etc.", creo que no se refiere a atravesar toda la Sierra, sino a atravesar la parte de la Sierra Morena que allí
junto estaba, atravesar aquella parte de S.E. a
Además, ~ue Sancho
tuviese la intención de atravesar aquella parte no IIllplica necesanamente que
la tuviese también Don Quijote, enemigo, como sabemos, de huír y de es-

~-º·.

conderse.

•
Cervantes situó a su héroe al principio de la narracion en un lugar del
campo de Montiel, en la parte más meridional éste de la Mancha, aun siendo
de Esquivias el hidalgo en quien encamó Don Quijote; y luego le fue llevando
a los lugares que mejor le pareció. Para hacerlo así tenía el mismo derecho,
y la misma razón, que le dio su Arte, que tuvo, por ejemplo, para llevarle en
sólo seis días de la cueva de Montesinos (capítulo 23 de la segunda parte)
al Ebro (capítulo 29) ,ª6 dando por bueno que el pobre rucio del escudero
pudiese vencer en ese tiempo tan larga distancia: no menos de trescientos
veinte kilómetros en línea recta, que por los caminos de la époc3! erari muchos
más. Los hechos geográficos, como los acontecimientos y sucesos, pierden así
su rigor espacial y temporal, en la admirable fantasía literaria, al toque de los
sazonados frutos de la feliz imaginación.
No ha sido mi propósito resaltar contradicciones e inconsecuencia.s1 de Cervantes en su libro. Plenamente consciente del alto valor literario, histórico,
filosófico y moral del Quijote he querido poner de manifiesto algunos de _s~s
contrastes geoo-ráficos para evidenciar la imposibilidad de trazar o descnblf
la ruta, de Do; Quijote, no ya sólo de trazarla con exactitud, sino ni siquiera
con aproximación.

de la mesma cueva y le enseñaría las lagunas de Ruidera..." (Capítulo 22) • "Las
cuatro de Ja tarde ~erían" cuando Don Quijote contó Jo que había visto en la ~ueva
de Montesinos ( principio del capítulo 23). Y Don Quijote "ordenó que al momento
se partiese y fuese a pasar la noche en la venta... a la cual llegaron un poco antes
del anochecer'' ( Capítulo 24). En los tres días siguientes: Tuvo lugar en la venta la
aventura del retablo ( Capítulo 25). Y con intención de ver las riberas del Ebro Y
aquellos contornos, antes de entrar en la ciudad de Zaragoza, "siguió. su camino, por
el cual anduvo dos días sin acontecerle cosa digna de ponerse en escntura, hasta que
al tercero" tuvo la aventura del rebuzno (Capítulo 27). Y en los dos días restantes:
Pasaron Ja noche en una alameda (Capítulo 28). Y "por sus pasos contados Y por
contar, dos días después que salieron de la alameda llegaron Don Quijote Y Sancho
al río Ebro..." (principio del Capítulo 29).

326

HEINE Y BÉCQUER: EL PROBLEMA DE LA ORIGINALIDAD
DR. ELVIN

L.

GENTRY

que los estudiantes y aficionados a la poesía de Gustavo
Adolfo Bécquer tienen que enfrentarse con una polémica entre los críticos.
Esta polémica, que desafortunadamente ha durado hasta nuestros días, trata
de la influencia del poeta alemán Heinrich H eine sobre la obra poética bec~ueriana. Hay una plétora de opiniones que difieren mucho. Parece que
siempre hay tales diferencias de opinión en cuanto a la influencia de un
poeta sobre otro, especialmente cuando se trata de dos poetas que escribieron
en lenguajes tan diferentes como el español y el alemán. En este sentido,
tal vez la polémica sea natural. Sin embargo, el mito (a mi parecer) de la
influencia de Heine sobre Bécquer se va destruyendo poco a poco aunque
quedan críticos que persisten en discutir e inferir esta idea tradicional a
pesar de la falta de evidencia para comprobarla.
HACE CASI UN SIGLO

Además, un estudio cuidadoso de algunas de las Rimas de Bécquer muestra que el poeta tenía su propio sistema estético. Se puede decir que tenía una
filosofía de la poesía que se puede sistematizar lógicamente, tomando como
punto de partida las ideas sobre la inspiración y la creación poética que se
v~n en los poemas mismos. Parece dudoso que la obra de Heine hubiera podido tener gran influencia, si se acepta la existencia de un sistema poético
becqueriano.
Antes de discutir este sistema vale la pena apuntar al menos algunas de las
muchas opiniones que tratan de la llamada influencia del alemán, a la vez
tratando de mostrar que la evidencia ofrecida es insuficiente para afirmar
tal influencia.
Las opiniones toman muchas formas. Algunos críticos meramente mencionan la influencia sin tratar de probarla, dando por sentadas las opiniones de
otros. Sin embargo, no pueden explicar cuándo y dónde y hasta qué punto
Bécquer recibió la influencia.
327

�Por ejemplo, el crítico norteamericano Gerald Brenan dice que Bécquer
recibió de Reine la idea de un hilo de poemas formando un conjunto poético.
Cree Brenan que Bécquer tomó la idea del Lyrisches intermezzo de Reine,
el cual, según él, el español había leído completamente en la versión francesa
de Gerard de Nerval y parcialmente en la "traducción admirable de Eulogio
1
Sanz''. Sin embargo, después Brenan admite que "el resultado es diferente".
Nada más se dice sobre Reine y ninguna evidencia se ofrece para comprobar lo dicho por Brenan. Es de notar que parece haber aceptado la idea tradicional casi sin cualificación. El hecho es que no se sabe absolutamente que
Bécqucr mismo pusiera orden a las Rimas. Tal vez lo hiciera pero es posible
que no. Las Rimas no se publicaron juntas hasta 1871, un año después de la
muerte de Bécquer. Tal vez sea perdonable la generalización en una obra
histórica tan general como la de Brenan, pero la inferencia no es menos
peligrosa por eso.
José María Cossio también afirma la influencia de Reine sobre Bécquer •
a través de la traducción de Sanz. Además, opina que la influencia está difusa por toda la obra poética becqueriana pero que se halla concreta y discernible con análisis.2 Sin embargo, en los versos en que se ha pensado que
hubo imitación directa, el análisis ha mostrado que la originalidad de Bécquer
se ve más claramente.3 Como se verá más tarde cuando se discuten las ideas
de Schneider, hay otras razones para negar la influencia de la traducción
de Sanz.
Jorge Guillén, en su tratamiento del problema, dice:
. . .Gustavo Adolfo Bécquer, un andaluz con nombres nórdicos y ape,..
llido alemán, parece como afloramiento extranjero, en parte, a la historia española, donde el visionario, el visionario puramente secular, es
raro. Los críticos siempre han relacionado a Bécquer con la literatura
alemana. Nada puede ser más exacto si esta relación se presenta como
una afinidad, y no como subserviente a "fuenfes" específicas, aunque
no faltan influencias de d etalles. 4

Es obvio que Guillén no está completamente de acuerdo con los críticos
que ven una influencia directa de Reine sobre la poesía de Bécquer. Su comentario sobre "fuentes específicas" muestra eso. Pero, sin embargo, queda
1

BRENAN,

344.

• Cossío, 25.

• Véase por ejemplo: DÍEz EcHARRI, E. y RocA FRANQUEZA, J. M. Hist oria general
de la literatura española e hispanoamericana, Madrid, 1960. p. 978.
• GUILLÉN,

328

125.

•

en su afirmación la inferencia bastante engañosa de que sí había una
cia alemana de algún tipo u otro.
Por otro lado, José Manuel Blecua no quiere aceptar la idea de
fluencia directa aunque nota "cierto parecido entre ambos".
...Rubén Darlo aludía a una influencia nórdica, racial, puesto
antepasados de Bécquer descendían del norte de Alemania, cuando
los conocidos versos:

influenuna

in-

que los
escribía

y la musa de Béc-quer del ensueño es esclava
bajo un celeste palio de la luz escandinava.

Pero no sólo por esto se ha querido ver una influencia de la poesía german1ca en Bécquer, sino que durante mucho tiempo se afirmó la influencia
del alemán Reine, cuyos poemas habían sido traducidos por don Eulogio
Florentino Sanz. Sin negar que pueda haber un cierto parecido entre ambos, no se puede hablar de imitación directa. Multitud de notas características de Reine, el sarcasmo, la ironía, el talento narrativo y la fuerza dramática se hallan totalmente ausentes de la poesía becqueriana. Bécquer, bondadoso por naturaleza, desconQce la ironía y el humor satírico.5
Además, la originalidad de la inspiración becqueriana es defendida en una
manera poco académica y más sujetiva por Warren.
/

.. . (Uno) solamente tiene que leer unas pocas líneas de Bécquer, y sin
tener la m enor necesidad de leer una palabra de H eine, para sentir que
su poesía es espontánea, tomada de ninguna fuente excepto del mundo
de su propia fantasía. A H eine se alaba por su ingenio agudo y sarcasmo
mordente, mientras que ningún mortal tenía_ un genio más dulce, más
callado y humillado y resignado que Bécq,uer. 6

Según Dámaso Alonso, hay mucha evidencia que nos "obliga" a afirmar que
Bécquer conocía no solamente la traducción de Sanz, sino el l ntermezzo entero.7 Las indicaciones más obvias de esto son las numerosas "coincidencias
temá ticas" en las obras de los dos poetas. Afirma, además, que aunque la
traducción española del l ntermezzo no apareció hasta 1867 y que antes de
eso once de las Rimas ya se habían publicado, no es imposible que Bécquer
hubiera leído las traducciones francesas. 8 En fin, Alonso cree que Bécqu er sí
• BLECUA, 224.
• WA.RREN, II, 377, 78.
' DÁMASO, ALONSO, 330 ...
• D. ALONSO, 270.

329

�fue influído por Heine a través de traducciones. Y, como siempre, el gran
crítico español ofrece bastante evidencia para dar buena causa para la consideración plena de sus opiniones.
Pero Schneider confunde la situación cuando dice que la traducción francesa del Intermezzo no podía haber influido a Bécquer J)'orque aquella traducción solamente consiste de paráfrasis de los poemas alemanes. "A lo más
hubieran podido dar nuevas pinturas y conceptos; sin embargo, precisamente
en estos respectos es menos aparente la influencia de Heine. 9 Esto, aunque
escrito antes del artículo de Dámaso Alonso, pone en duda los juicios del
conocido crítico español.
Ortán sigue otro camino. Cree que la influencia de Heine no es tan importante como las de otros poetas alemanes. Señala la evidencia de que poetas como Rückert, Mathisson, Herder (cuya preocupación con canciones y poesías
folklóricas -un interés común a muchos literatos de aquella época- Je provee a Ortán, al menos, una buena razó1} para compararle con Bécquer), y, en
menor grado, aun Schiller habían influido al español. Hablando de investigaciones que tratan de la originalidad de Bécquer con relación a influencias
alemanas, dice: •'El Progreso en la rama de investigaciones ha sido recordado
J)'Or una excesiva preocupación por Heine".10 En otra parte del mismo ensayo añade:
Tengo que confesar una simpatía con esos españoles que, guiados
por el corazón en lugar de la razón, han negado en absoluto que, Bécquer fue influido por H eine. Y o tuve la buena fortuna de leer a ambos, Bécquer y Heme, antes de saber del debate y me tenía atónito el que
tal comparación hubiera podido ser hecha. Es difícil imaginar a Heine en español o cualquier otro lenguaje no germánico.. .11

Pero al negar la existencia de una influencia de Heine, Ortán propone a la
vez una influencia aún más dudosa, la de otros alemanes.
En general, pues, los críticos o afirman que la influencii existe sin substanciar racionalmente sus juicios o completamente niegan la existencia de cualquier influencia, también sin pruebas lógicas, o infieren la influencia sin preocuparse por la:¡ pruebas, aunque estas inferencias sean a veces tácitas.
Hay otros muchos problemas al parecer insolubles que se ven con relación
a esta situación -problemas que brotan de la cuestión de influencias entre
países, de la falta de datos textuales, bibliográficos, biográficos y lingüísticos.
257.
194.
212-213.

Y, por supuesto, una de las objeciones más importantes a la idea de una influencia directa de Heine sobre Bécquer es el hecho de que éste no leyó el
alemán.
La verdad es que nadie está seguro de cómo empezó el problema. Es decir, no
se sabe definitivamente dónde ha tenido su origen. Una posibilidad es que
Rodríguez Correa, un editor de las Obras de Bécquer ( 1871), tenga la culpa. En la introducción de aquella edición, Correa advirtió que las semejanzas de Bécquer con algunos escritores alemanes eran sorprendentes. Puso
mucho énfasis en la ••mucha semejanza" entre Heine y Bécquer. Es dudoso
que tal semejanza jamás haya existido, sin embargo, y es casi cierto que el
editor estaba marchando con el modo de su época en España -una época
en que España era un país germanófilo y Heine era el poeta más de moda.12
También, al hacer la comparación, Correa J)'Odía dar un valor más favorable a la poesía becqueriana; es decir, podía darle un "empuje literario" a
Bécquer para que sus obras obtuvieran éxito comercial tanto como literario. (Se debe tener en cuenta, después de todo, que los intereses comerciales
de los editores son notorios. Nada más hay que fijarse, por ejemplo, en las comparaciones que se hacen actualmente entre escritores --comparaciones a veces poco creíbles) .
Parece que la cuestión se complica aún más con cada nuevo estudio. Aquí
no he querido más que señalar que el problema existe todavía para dar algunos ejemplos de distintas opiniones.
Pero además me parece que la cuestión de la influencia que se discute
aquí es ilógica, dadas las maneras irracionales en que los críticos se han acercado a la solución y dada la base de que el problema parece haber brotado
originalmente. El hecho es que no se ha podido comprobar definitivamente
que hay tal influencia. El estudiante o aficionado a Bécquer y su poesía tiene
que estudiar cada opinión, darse cuenta de las distintas ideas, y aceptar o
rechazar cada una según su propio valor, el cual no es siempre grande y a
veces ni notable.
Tampoco hay mucha satisfacción en la afirmación que hace Schneider al
terminar ~u ensayo:
.. .Si asumimos que Bécquer... obtuvo su conocimiento de H eine
por sus sensibilidades poéticas en lugar de por procesos intelectuales, se
provee una explicación razonable del hecho enigmático, sin ninguna
coincidencia tangible, que hay una correspondencia clara entre las Rimas y los lieder.1 3

• SCHNEIDER,

'º
11

330

ÜRTAN,
ÜRTAN,

u ÜRTAN, 215.
,. SCHNEIDER,

257.

331

I

�1

I

Esto es pura conjetura, por supuesto, aunque sea tan racional como cualquier otra opinión que se ha ofrecido por un crítico. El énfasis en (o tal
vez el deseo de) hallar una influencia de Heine en la poesía de Bécquer me
parece algo irresponsable por parte de los críticos. No se puede asumir algo
sin dar bastante prueba, y aun dar pruebas absolutas cuando sea posible.
Parece superfluo decir que la "influencia" no consiste en "afinidades" (Guillén), "ciertos parecidos" ( Blecua), "coincidencias temáticas" (D. Alonso),
"preocupaciones folklóricas" (Ortán), ''muchas semejanzas" (Correa) y, aún
menos, "linajes raciales" (sugeridos por Rubén Darío y citados por Blecua}.
Tampoco ofrecen una solución las "sensibilidades poéticas" mencionadas por
Schneider.
Al parecer, muchos de los críticos han postulado sus opiniones sobre las
ideas poco creíbles inferidas en la introducción de Correa. La tradición de
hablar de tal influencia se ha aumentado irracionalmente. Puede que sí hubiera tal influencia pero todavía no se ha comprobado. Lo malo (repito} es
que a veces la influencia se ha inferido tácitamente aun por los críticos que
parecen negar su existencia y, por eso, sus críticas son un poco engañosas. No
digo que intentan el engaño; es que no se puede evitar en las inferencias que
hacen y, por eso, hay peligro intelectual.
Además, los críticos, al poner tanto énfasis en este problerpa, y al hablar
de "semejanzas", "afinidades", «coincidencias temáticas", etcétera, no se han
dado cuenta de un aspecto hii¡tórico sumamente importante en el estudio de
cualquier tipo de creación intelectual o artística de cualquier época especial.
Es decir, p-arecen haber olvidado que la época llamada "romántica" no era
verdaderamente "movimiento" qua movimiento (y mucho menos solamente
un "movimiento literari0") sino una manera totalmente distinta del hombre de verse a sí mismo con relación a su mundo. Es un lugar común decir
que el llamado "movimiento romántico" se debe a una reacción contra el
llamado "neoclasicismo" y que los aspectos más importantes del romanticismo fueron el énfasis en el individualismo, el desdén para las formas establecidas, la naturaleza como reflejo del genio y espíritu del hombre, la ironía, el pesimismo, la libertad política, lo folklórico, etcétera. Hay algo de la
verdad en esto, sin duda, pero se pueden señalar "movimientos" en cualquier
época de la historia, incluso la nuestra en que los aspectos son únicos, extraños y algo temerosos. Durante el decimonoveno siglo, pues, los hombres europeos ( es decir, los del mundo occidental incluso los de América} tenían
una manera especial de vivir, pensar, reaccionar al mundo y a ideas y, por
eso, de crear. Bajo tales circunstancias, influidos tal vez por un tipo de zeitgeist, lo extraño hubiera sido que "afinidades", "semejanzas" , y "coincidencias temáticas" no hubiesen aparecido, no solamente entre Bécquer y Heine,

332

sino también entre éstos y muchos otros poetas de cualquier otro país europeo
de aquella época. Bécquer y Heine repartieron este mismo zeitgeist, y lo repartieron con otros muchos poetas. Después de todo, los hombres de cualquier época viven y sufren de semejantes influencias mundiales, sean influencias filosóficas, políticas, literarias o de cualquier otra clasificación. Y me
parece probable que en general los hombres reaccionen en maneras semejantes dentro de los medios y los intelectos que posean. Pero, no se puede afirmar que porque tal vez haya ambientes mundiales semejantes o situaciones
vitales semejantes o aun reacciones semejantes que también hay influencias
directas o indirectas.
Pero esto también es teoría. Aún más importante para nuestra discusión
es el hecho de que Bécquer parece haber escrito sus poemas conforme a sus
propias ideas estéticas que él había formulado y que se pueden ver en sus
R imas. No cabe duda, que Bécquer tenía su propio sistema de poetizar según
su propia filosofía de la poesía y cómo se manifiesta ésta. Espero que esto
sea evidente {!n la siguiente discusión.

•
Se puede considerar a Bécquer como una terminación y un principio en la
historia de la poesía española. Rompió decisivamente con los estilos ( respecto a la versificación, estructura, etc.) y con la expresión de las emociones exageradas de otros poetas como Espronceda, Zorrilla y el Duque de Rivas. Hay emoción en su poesía, por supuesto, a causa de los temas y la índole de ella, pero la exageración de expresión desapareció. En este sentido,
es una terminación.
A la vez, Bécquer es reconocido por poetas españoles contemporáneos (entre ellos Guillén, Pedro Salinas y Luis Cemuda) como una de las influencias más importantes en la poesía española contemporánea. Según Dámaso
Alonso, Bécquer es "el más fino poeta lírico del siglo último".14 Puede decirse, pues, que en cierto sentido Bécquer es el principio de la poesía española moderna.
Su producción poética consiste en más de noventa rimas (aumentadas de
setenta y seis en los últimos años) ordenadas en una serie que relata el
progreso de una intriga amorosa desde sus principios hasta su fin en separación, desilusión y la muerte de la amada. Cada poema es una entidad poética que puede ser considerada aparte de la serie, pero una apreciación completa de un poema sólo se obtiene si la serie completa se lee de una vez. Aun" D.

ALON SO,

263.

333

�que una rima no necesita de las otras para ser apreciada, la relación entre
ellas aumenta el efecto poético y emocional. Aunque nadie esté seguro de
quién ordenó las rimas en la serie, siempre están arregladas como en la edición
de 1871. Lo importante es que el orden de la serie parece lógico y más o menos
consistente dentro del propósito que tiene.
La mayoría de los poemas tratan de la intriga amorosa pero algunos tienen que ver con la poesía, la inspiración y la creación poética. Las ideas de
estos poemas forman una síntesis que muestra. una teoría estética de la poesí~.
Para Bécquer, el vocablo "poesía" no significa solamente una obra escnta en verso, el p'Oema escrito en tinta y papel o hablado por un hom~re c~n
símbolos arbitrarios que se llaman "palabras". La poesía tiene su propia existencia objetiva en el mundo. La poesía existe tanto como los hombres, los árboles, el lodo o cualquier otra cosa material y concreta. En fin, la poesía tiene su pr0pia sustancia.
,
A la vez, la poesía es una abstracción, un ideal, inmaterial, invisible. No
es posible describir la poesía en términos ordinarios porque es inefable -tan
inefable como la experiencia mística de San Juan de la Cruz. Esto se ve
en la Rima V en que la poesía, personificada, habla:
Espíritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo en la vida
sin f órmas de la idea.

turaleza, a pesar de ser "un espíritu sin nombre / indefinible esenv:ia":
en los astros, en las cumbres, en las aguas, en el canto de los pájaros,
en el rumor de la noche, en el susurro de la hierba, e.n el suspiro de las
aguas, en el llanbo de las hojas, en la ondulación del éter, en el girar
de los mundos. .. En la Poesía, pues, se intervalen y totalizan los elementos cósmicos, lo terrenal y lo astral, lo misterioso y lo tangible, lo
vago y lo concreto, lo visual, lo Mctil, lo audible y lo inaudible. Suma
es la Poesía de esencias y de acciones, a la par que síntesis de ellas.15

Pues, dado esto, ¿ qué papel tiene el poeta? ¿ No tiene ninguna importancia? Bécquer ha dicho que el poeta es el "vaso" que contiene la poesía.
¿ Pero, no tiene otra función que esta función pasiva?
Bécquer respondería que el poeta tiene que sufrir la inspiración -si la palabra "sufrir" no está mal escogida. La inspiración no es nada menos que la
poesía manifestada en la mente o en el espíritu del poeta. En otras palabras,
la inspiración es la reacción de la sensibilidad del poeta a la existencia intrínseca y natural de la poesía del mundo. Además, la inspiración puede ser
llamada otra forma de la poesía.
Pero la inspiración le causa al poeta un problema porque tiene una forma
caótica, sin orden, desarreglada. Es, en fin :
actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin rienda que lo guíe,
caballo volador;
locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador. ..
¡Tal es la inspiración!

Y o soy el invisible
anillo que su jeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.
Y o, en fin, soy ese espíritu,
desconocida ese;ncia,
perfume misterioso,
de que es vaso el poeta.

La imaginería es de notar: "indefinible esencia", "desconocida esencia".
Aunque la poesía es real, no es la materia; aunque es una esencia (o tal
vez a causa de esto), no puede ser solamente la obra escrita. Concha Zardoya ha notado esto:
Bécquer, e¡i su rima V, siente la Poesí.a¡ como una eserncia cósmica, plurivalente, y totalizadora, que es visible en todos los milagros de la na-

Las palabras seudosicológicas ( "actividad nerviosa", "locura", "embriaguez") muestran que la inspiración es el conocimiento que el poeta tiene
de la poesía que existe sin orden. El poeta tiene la tarea de dar esta poesía al
mundo y la tarea es dificilísima a causa del caos. El problema es dar orden a este caos. ¿ Pero, cómo se hace?
La solución se halla en la razón.

,. ZARDOYA,

43.

334
335

�Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro,
y entre las sombras hace
la luz aparecer;

/

hilo de, luz que en haces
los pensamieµtos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el cenit;
atmósfera en que giran
con or4en las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción;
¡Tal es nuestra razón!

Pero queda otro aspecto del problema del poeta. ¿ Cuándo debe escribirse
el poema? ¿Hay que empezar a escribir en el momento en que se siente la
inspiración?
'
Como muchos otros poetas de la época (v. gr., Schlegel, Novalis, Wordsworth, entre otros), Bécquer cree que el poeta nunca debe escribir cuando
todavía se siente la nueva inspiración. La emoción que la acompaña es demasiado fuerte. Esto puede destruir el efecto que el poeta busca cuando está
tratando de dar a luz a: la Poesía. La inspiración, hay que recordar, es "actividad nerviosa", "locura", "embriaguez". Por eso hay que depender de la
memoria. La memoria añade la necesaria serenidad a la inspiración. "La poesía nace sobre la memoria", dice Bécquer. "Desde allí, transformada la vida en visión, es decir, en contemplación, alguien la evoca. Pero no es ya el mismo que sufriera o gozara. Ya no siente con los nervios agitados ni con el pecho oprimido. Ya está... 'puro, tranquilo, sereno', ya es poeta".17
En fin, la memoria es sumamente necesaria para la creación final. Bécquer lo dice simbólicamente, herméticamente:
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase. el arpa.
¡ Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
; A y! -pensé-. ¡ Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como L ázaro, espera
que le dig~: "¡ Levántate y .anda!"

Pero tampoco basta la razón para la tarea. Si tener razón fuera suficiente,
cualquier persona pudiera escribir poesía. Falta algo más; el genio del ppeta.
Se necesita este genio para combinar la inspiración y la razón y hacer de
ellas una síntesis ordenada y organizada poéticamente.
Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo el Genio puede
a un yugo atar las dos.

Al discutir esta rima, Guillén ha afirmado con razón:
La rima 111 propone una alianza: la tal vez casi quimérica y por
eso más tentadora alianza de inspiración y razón. Una literatura así
concebida " habla a un mismo tiempo a la inteligencia que al sentimiento, y de la dulae armonía que forman al combinarse las dos cuerdas, que vibran a la vez en el.. corazón, y en la cabeza de los espectadores, resulta ese placer profundo, tranquilo e indefinible q,ue producen
las verdaderas obras de arte.16

" GuILLÉN,

336

150.

Claro es que los símbolos de esta rima corresponden a distintos aspectos de
la c~eación poética, específicamente la inspiración, la memoria, la poesía (potencial y desordenada), la razón y el genio del poeta. El ángulo oscuro significa la mente del poeta en la cual la inspiración está olvidada. La memoria es necesaria para recordarla. El arpa, símbolo de la región abstracta de
la música, contiene la poesía potencial. Las notas . que duermen en el arpa
son la poesía misma. La mano de nieve que sabe arrancarlas es la mano
del poeta; es decir, su genio y razón. (Es de notar, además, que esta cu" GUILLÉN,

138.

337
e H-22

�...

riosa combinación de metáforas es sumamente objetiva -un aspecto muy
importante para el entendimiento del estilo y de la té~i:a de Bécq~~r, como se verá). El poeta tiene que recordar (pero no reVIvir) la emoc1on del
pasado cuando sufre la inspiración. Después, tiene que hacerla presente, dando forma a lo abstracto, a la esencia que es la poesía.
Pero aun con la inspiración, el genio y la memoria, el poeta no llega, a su
meta final de dar la poesía al mundo. La forma poética material que contemplamos se hace de palabras, símbolos humanos arbitrarios e inadecuados. Aunque el poeta siente la existencia de la poesía, aunque cono:e. su
esencia, aunque ordena el caos, no puede poetizar en una manera suf1c1ente a causa de la falta del medios.
Y o sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno,
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Y o quisiera escribirlo, del hombre
domando, el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, oh, hermosa!
si, teniendo e.n mis manos las tuyas,
pudiera al oído cantártelo a solas.

(Es mía la letra redonda) .
El "rebelde, mezquino idioma" consiste en símbolos escritos o hablados.
Pero Bécquer siente que no quiere ni puede. poetizar 'con estos símbolos inadecuados que no son capaces de "encerrar" la poesía. Ni siquiera quiere "palabras" de ningún tipo. Lo que quiere es algo que manifestaría la poesía al
mundo -un "algo" que sea la poesía misma, pero visible al mundo ordinario.
Es el problema tal vez insuperable del poeta. La poesía no existe en la página. La poesía no es una combinación de símbolos unidos de tinta y papel. La
poesía existe en y por sí misma. Bécquer describe el problema en esta manera:
Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro
rastro q,ue el que deja un sueño de medianoche, que a la mañana no
puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante esta idea terrible, se

338

subleva en ellos el instinto de la vida, y agitándose eµ formidable aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por dónde salir a la luz de
entre las tinieblas en que viven. ¡ Pero, ay, que entre el mundo de la idea
y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra,¡ y la
palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos! Mudos,
sombríos e impotentes, después de la inútil lucha, vuelven a caer en su
antiguo marasmo ...
.. .Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabarán por
romper el dique . ..
.. .¡ Andad, pues! Andad y vivid con la única vida que puedo daros.
Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables; os vestirá, aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Y o quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa esto/a tejida con frases exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo, como en un manto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela el vaso de oro que
ha de guardar un preciado perfume. Mas es imposible. 18

La solución es insuficiente. El poeta no llega a su meta creativa. Tiene que
tratar de emplear el lenguaje en otra manera. ''Si la emoción y el fantasma
son inefables, sólo será posible sugerir más que expresar directamente. Poesía, pues, de lo espiritual indefinible como vaga sugestión más que como estricta comunicación".19
Pero, ¿cómo se hace? Debe haber un método que se puede emplear y ver
y discutir. El secreto, si es secreto, tiene que ver con la técnica becqueriana.
Se ha opinado por muchos críticos que la técnica de Bécquer tiene poca o
ninguna importancia. Sin embargo, Concha Zardoya ha mostrado claramente que Bécquer sí prestó mucha atención a su técnica.20
Para nuestro propósito, el aspecto más importante mencionado por Zardoya es que lo abstracto se hace parecer concreto. Las cosas abstractas, las
formas de las ideas, las esencias indefinibles, parecen casi reales porque parecen tener una vitalidad en el mundo material. Es decir, Bécquer emplea imágenes de cosas abstractas pero estas cosas actúan como cosas materiales.
Por ejemplo, el "espíritu sin nombre" nada en el vacío, tiembla, palpita,
flota, atruena, silba, suspira, llora, ondula, se mezcla entre los árboles, corre
tras las ninfas, contempla las riquezas de los gnomos, busca las huellas borra,. Véase

BÉCQUER,

45-48.

,. Gu1LLÉN

"' Véase

ZARDOYA,

45...

339

�•
das de los siglos sigue los mundos. Mientras
que esta "indefinible esencia"
1
.
.
~
eleva
etcétera
la
razón
ordena
las
cosas,
hace
aparecer
a
agita, empuja,
, .
'
,
luz y tiene otras acciones por todo el poema.
. . . .,
~on el dialouismo
la
dinamización,
la
humanización,
la
vivif
icacion \ la
0
.
•
,
de
1~
abstracto
Bécquer
puede
realzar
lo
abstracto
Y apersonif1cac1on
.
,
cerio más concreto, más palpable.
En esta manera Bécquer implica que hay un tipo_ de puente,, una cone.,
'ón entre el mundo ideal y el mundo matenal. La poesia hace poxmn o um
.,
d unidad a los
sible esta unión. Mejor dicho, la poesía es la conexion que . a
.
dos mundos -dos mundos igualmente reales pero que consisten en diferen-

cipio unificador de todo lo que existe, cualquiera que sea su dimensión -espacial, temporal o simplemente espiritual y psicológicoP

Es decir, pues, que la Poesía es el Amor; el Amor es la Poesía. La mujer
con qúien el poeta habla en la Rima XXI es una encamación del Amor -es
el Amor. Siendo el Amor, también es la Poesía. La esencia y la materia se
juntan por la poesía. Así: "La poesía... eres tú".
Otra explicación es posible y satisface la paradoja. En un sentido, para
Bécquer, la poesía es el sentimiento, una parte intrínseca de la mujer. La
mujer es la encamación del sentimiento.

tes substancias.
Y O soy el invisibl~
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.

El simbolismo del anillo es tradicional y sumamente claro: es el s~bolo:~
la unión. El puente, la conexión entre lo concreto y lo abstracto, ~ste. a
vez existe solamente en la mente del lector o del poeta, pero eso no lIDporta.
Su existencia es un hecho.
Una vez que se entiende esto no hay dificultad en com_prender por . qu_é
,
Becquer parece a lcanzar la expresión de emoción tan parecida· a¡ (y evocatl. , on'g1·nal , y hacerlo con tanta sutileza,. especia mente cuanva d e ) la emoc1on
h b
do se trata de los poemas amorosos. Al principio, por eJemplo, parece a er
una paradoja en la Rima XXI, pero no lo hay.
"¿ Qué es poesía?", dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
,
"¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía.. . eres tú".

Es bastante fácil clarificar lo que parece ser paradójico aquí. Hay, por
ejemplo, la eXplicación de Concha Zardoya:
En la Rima LXXXIII, el Amor, personificado, se identifica pluralmente con el rayo, la brisa, la lágrima, la flor, la rama, la ~lecha. .. La
inter y multivalencia de estos elementos ~~s llev~ a concluir que, p~ra
,
el Amor y la Poesía se identifican, siendo ambos el prmBecquer,

340

. . .O tro f oco existe,
. otra gran hermosura. "Poesia
' .. . eres tu'". ¿Por
qué? "Porque la poesía es el sentimiento y el sentimiento es la mujer". En el hombre, el sentimiento constituye un fenómeno accidental,
mientras en la mujer vive identificado con su organismo. 22

De lo que se ha dicho, debe ser evidente que para Bécquer la poesía
tiene su propia realida'.d y es una parte inescapable del mundo. También
se debe ver que él poetizó según un sistema filosófico de la poesía y la
creación poética que es sumamente personal, la organización del cual se
puede extraer de sus poemas. Parece poco posible que tal poeta, escribiendo en tal manera, hubiera sido influic\o por otro poeta que escribió en otro
lenguaje y cuyas obras Bécquer hubiera podido leer solamente por traducciones - traducciones no muy buenas, además. Puede que haya imágenes parecidas y "coincidencias temáticas" entre las rimas de Bécquer y die Lieder
de Reine, pero es probable que sean solamente "coincidencias" y no el resultado de una influencia directa o indirecta. Además, se debe tener en cuenta que hay ciertas imágenes comunes a toda la poesía de todas las épocas,
y las hay especialmente cuando se trata de "la poesía amorosa.
No diría yo que se ha comprobado aquí que la influencia de R eine no
existe en la poesía de Bécquer, pero dándose cuenta de la falta de pruebas
de tal influencia y también dándose cuenta del sistema creativo sumamente
individual y personal que tenía Bécquer, es obviamente peligroso insistir en
que tal influencia existe y aun la implicación de su existencia es irresponsable
hasta que se pruebe.
En fin, tal vez lo más notable es que, aun para los críticos e historiadores
de la literatura, crean en la influencia de Reine o no, la fascinación de la
11

ZARDOYA,

44.

" GuILLÉN, 132.

341

�poesía becqueriana no depende ni de la existencia de influencias ni del sistema de creación que tenía Bécquer. Depende del resultado de• la aplicación
de su modo de crear, el cual se puede notar solamente por el lector individualmente en su propia reacción sicológica, emocional o estética -lo cual hasta
hoy es imposible investigar.

BIBLIOGRAFÍA

ALONSO, DÁMASO. Ensayos sobre poesía española. Madrid, 1944.
BÉCQUER, GusTAVO AD9LFO. Obras. Madrid, 1907.
BLECUA, JosÉ MANUEL. {Ed.). Poesía romántica. Zaragoza, 1956.
BRENAN, GERALD. The Literature of the Spanish People. New York, 1958.
Cossío, Joss MARÍA DE. Historia general de las literaturas hispánicas. Segundo volumen. Barcelona, 1958.
GmLLÉN, JORGE. Language and Poetry. (Lenguaje y Poesía, título español de la edición española). Cambridge, Massachusetts, 1961.
ÜRTAN, GRAHAM. "German Elements in Becquer's Rimas". Publications of the Modern Language Association of America. LXXII. New York, 1957.
ScHNEIDER, FRANZ. "Gustavo A. Becquer as poeta and bis Knowledge of Heine's
Lieder". Modern Philology, XIX, (1921).
WARREN, L. A. Modern Spanish Literature, Vol. 11. London, 1929.
ZARDOYA, CoNCHA. Poesía española contemporánea. Madrid, 1961.

UNAMUNO Y EL LENGUAJE
JUAN ANTONIO AYALA
Colorado College

"Cierto que el pensamiento es el
lenguaje, y que el hombre piensa con
palabras y merced a ellas, piensa; pero hay veces en que la palabra no
es palabra viva, no es algo significativo, sino meramente la letra muerta
de sentimientos inexpresables. Es algo
así como eso que llaman un 'monstruo' los co¡npositores de música"
" La oquedad sonora" en De ~sto
y aquello, tomo IV ( M cditaciones soliloquios, diálogos y monodiál;gos.
Bellas Artes. Teatro y cine. Política y
Letras. Estilo), p . 4-75. Ed. Sudamericana. Buenos Aires, 1954.

UNo DE LOS PLANTEAMIENTOS más interesantes que presenta la obra de
Unamuno es el de la lengua Y el del estilo en sus mutuas relaciones en el
campo, de la expresi_ón Y de la vida. El Unamuno lingüista ha sido estudiado
desde angulos muy ~~eresantes en dos libros básicos por Carlos Blanco Agui~aga, Unamuno, te.orico del lenguaje y A. Jiménez Hemández, El tema de
a lengua en Unamuno.* Ambos estudios constituyen un intento de sistema-

* Sobre la lengua en Unamuno existen, entre otros, los siguientes estudios:
CAMPOS, AoosTHINO DE: "Unamuno y el castellano", La Nac1·o·n, Buenos
27-1-1935;
Aires,
GARCÍA BLANCO
" l de Unamuno y la Lengua española, Sa.
. , MANUEL.· D. on M 1gue
lamanca, Uruversidad, 1952 {Discurso en la inauguración del curso académico 1952
1953);
·
J1MÉN~z H~RNÁ~DEZ, ADoLFo: El tema de la lengua en Unamuno, D epartamento
de Estudios Hispárucos de la Universidad de Puerto Rico, 1952 (tesis);

342

343

�tización de todo aquello que se encuentra disperso a través de artículos Y de
libros, de publicaciones que, en muchos casos, permanecían olvidadas Y que
poco a poco, al publicarse, van presentando un panorama completo del ·pensamiento lingüístico y estilístico de Don Miguel. Es casi una tarea sobrehumana el intento de sistematizar cualquier aspecto de su obra; sin embargo,
podemos afirmar, uno de los aspectos positivos más reveladores de Unamuno
es su actitud e intención filológica: perennemente anda enredado en la lucha de la exactitud y la precisión expresiva; no es raro el hecho de que dedique artículos enteros o series de ellos a la ex_plicación, de_ una terminología
y de una concepción de la realidad aprehendida en terrrunos verbales, que
pudiera parecer ininteligible a sus contemporáneos; quizás, aunque, ~arezca
atrevida la afirmación en el fondo de su mundo aproblemado y agoruco, late básicamente la ludia del hombre por captar el lenguaje Y a través de él
, no se ha
la' esencia y la ' sustentación de la realidad en un mundo que aun
liberado de la creencia en la magia de la "nominación" y que aún cree que
poseyendo los nombres de las cosas posee y domina a las cosas mismas, hecho
que, por otra parte, muy bien pudiera resultar cierto y dar al traste con mu~
chas de las teorías de los objetivistás. Que la esencia de nuestro mundo está
constituida de palabras y que tal como hablamos actuamos, es algo que_ ~ún
no ha sido rebatido, no importa que tampoco haya sido probado pos1t1vamente. Creemos sinceramente que para abordar la realidad de Unamuno,
habría que crear previamente una auténtica filología unamuniana, una sistematización de sus principioo lingüísticos que abra la ruta a una comprensión más cabal de su complejo mundo ideológico y vital. Libros se han escrito y comentarios y artículos que pretendían, ni más ni menos, o e~licar
determinadas actitudes y problemas o criticar aspectos de su obra e ideología, y que no son nada más que proyecciones de conv~cciones personales Y
que acusan un total desconocimiento aun del vocabulano de Unamuno, tan
personal, pr&lt;¾:,omático y realista.
No vamos intentar en estas páginas sino una ligera , exploración de su
pensamiento lingüístico que se adelantó bastante a la aparición de teorías Y

a

Jdem: Miguel de Unamuno: Etica y Estética del lenguaje, Universidad de Salamanca, 1958 (tesis) ;
PASTOR, JosÉ_FRANCisco: "La generación del 98: su concepto del estilo", Die Neu-

ren Sprachen, 1930;
RosENBLAT, ANGEL: "Sarmiento y Unamuno ante el problema de la lengua", La
Naci6n, Buenos Aires, 2-IV-1944;
ScHOENEMANN, JuANA MARÍA: "Unamuno: La lengua y su proceso radical d e espíritu", Columna, V, núm. 45-50, Buenos Aires, 1941?
VALENTÍN GAMAZO-FERNÁNDEZ, FERNANDO: El estilo como filoso/la del lenguaje
im Unamuno, Universidad de Madrid, 1960 (tesis).

344

sistemas que dieron una nueva dirección a la ciencia del lenguaje. U:namuno, siempre alerta, recogió muchas de las ideas que andaban dispersas en el·
ambiente y que sólo necesitaban ser articuladas en un cuerpo organizado de
doctrinas. Muchas de las ideas lingüísticas y estilísticas de Unamuno, que
eri su tiempo fueron tenidas como salidas de tono, son hoy comúnmente aceptadas por casi todas las escuelas.
Educado dentro del positivismo y de las teorías físico-naturalistas sobre la
naturaleza del lengi.,aje, Unamuno muy pronto reacciona contra esa concepción naturalista y fisiológica de su tiempo para tomar anticipadamente la posición idealista enunciada por Humboldt y claramente aceptada por Croce en
su Estética y que consagraría definitivamente la Nueva Estilística. Veamos,
pues, cuál es su concepción de la lengua y del papel que ésta desempeña en
la expresión popular o literaria.
. Adelantándose a Ferdinand de Saussure, enuncia el concepto de la lengua como un sistema de signos de realidad histórica y social, en el que siempre está abierta la posibilidad del cambio; la dinámica constante de la lengua fue algo que .Unamuno vio como constitutivo esencial del castellano y
en ella finca, entusiasmado y profético, el porvenir del mismo. "Esa lengua
-afirma Antonio Tovar- era para él sangre del espíritu, flúida y cambiante, sin detenerse en casticismos ni academicismos. De un modo paradójico,
sentía a nuestra lengua a la vez inestable y movida, abierta a un futuro más
grandioso, y permanente y estable, seguro de que la fragmentación de lenguas en la otra España del otro lado del Atlántico, se ha de ver retardada
por la común cultura, por la imprenta y la escuela y los medios modernos
de comunicación".1
La inmediata consecuencia de esta actitud vital frente a la lengua -a la
que considera reflejo sustancial de la vida interior y de la vida históricase manifiesta en su insistencia machacona contra las normas estáticas de la
gramática y los preceptos académicos, convencionalmente respetados y hasta
cierto punto admirados en el ambiente intelectual de su tiempo. Unamuno
está en constante guardia y lucha contra el muerto academicismo del diccionario que en su estaticismo establece la. más injusta -y por qué no decirlo,
la más inútil- aduana lingüística solire la lengua y su natural robustecimiento. La lengua viva, que brota de la entraña misma del pueblo y que es
un padecer del alma pot asir y asirse al mundo, a su mundo, es lo que auténticamente le p:reocupa en todos sus escritos. "Todavía -dice- aunque quebrantada, manda por ahí demasiado cierta concepción estática del idioma;
contemplándosele por muchos, en su estado ofü¡:ial de hoy, sujeto a preceptos
1

A. TovAR, "Su lengua castellana", La Estafeta Literaria, sept. 12-26, 1964, p. 39.

345

�reglamentarios, y no en su proceso vital, no en la viva relación de su presente a su pasado, hasta el más remoto, único recurso de comprenderlo
y de llegar a sentirlo en su empuje al porvenir". 2
•
Para Unamuno no existe, en la viva realidad de la lengua, la taJante antinomia sincronía-diacronía que con tanto apasionamiento defendió de Saussure: la lengua actual sólo puede tener una explicación en cuanto es proceso histórico. El esquema de relaciones y de oposiciones que veía el lingüista ginebrino en ese ente que parece existir fuera de los individuos y. que
opera como una superestructura de la realidad separada de la. de los Sujetos
hablantes en Unamuno es la misma realidad del hablante, mseparable de
'
.
todos sus procesos vitales. Esta idea del vitalismo inherente a la lengua, inseparable del sujeto hablante, que no recalcó lo suficiente el mismo de Sa~ssu_r~,
muy pronto se abrió paso en las teorías lingüísticas del siglo XX; es s1gnif1cativo que al Curso del maestro ginebrino le siga inmediatamente la renovadora obra de Bally El lenguaje y la vida; los planteamientos psicolingüísticos
de la Nueva Estilístioa son, en el fondo, una nueva respuesta a los usos vitale!;
del lenguaje inseparables en el individuo. Es importante el hecho de que las
nuevas tendencias estructurales, a pesar de su carácter estrictamente técnico
y analítico, no hayan podido prescindir de este carácter vitalista de la lengua,
una de cuyas primeras enunciaciones e.s tá presente en la obra de Unamuno.
Según Hjelmslev, "el lenguaje -habla humana- es una abundancia inexhaustible de múltiples tesoros. El lenguaje es inseparable del hombre Y lo
acompaña en todas sus actividades. El lenguaje es el instrumento con el que
el hombre forma pensamientos y sentimientos, disposición de ánimo, deseo Y
acto el instrumento por medio del cual influye y es influido, el último
y más profundo fundamento de la sociedad humana. Pero es también el último,
el indispensable sostén del individuo humano, su refugio en los momentos de
tristeza cuando la mente lucha con 1&lt;1, existencia y el conflicto se resuelve
en el u'ionólogo del poeta y del pensador... Y el habla es la marca distintiva
de la personalidad, para bien y para el mal, la marca d~tintiva de la patria
y de la nación, la patente de la nobleza de la humanidad..." 3 • ,
•
•
A cada instante salta en la obra de Unamuno esta concepc1on v1tahsta
del lenguaje en textos de una claridad meridiana; de aquí, también, su incansable lucha contra lo estático y lo formal en las concepciones gramaticales de
su tiempo, su posición antiacadémica, sus despiadados ataques contra el di~cionario oficial y las normas de redacción de la gramática. Para él el lenguaJe
es historia y vida y sólo captando lo histórico como una perspectiva genética
• 'MIGUEL DE UNAMUNO, "Lengua española", La Estafeta Literaria, núm. cit., p. 6~.
• HJELMSLEV, Lours, Prolegomena to a theory of Language (translated by Franc1s
J. Whitfield), The University of Wisconsin Press, Madison, 1961, p. 3.

346

y lo vital inmediato puede captarse la verdad -o las múltiples verdades per-

sonales- de la lengua. "Lo importante -afirma- es damos clara cuenta
del habla en que encamamos nuestra ideación, hacérnosla consciente y reflexiva. . . Hay que hacerse la lengua estudiándola a ciencia y conciencia en
el pueblo que nos rodea, más que tomándola hecha, y a gramática y arte, en
los viejos escritores, reflexionando la que al natural nos brote, y no recitando
la que otros en sus libros depositaron".4
Otra de las geniales anticipaciones de Unamuno en tomo al lenguaje son
sus reflexiones sobre la relación entre éste y el pensamiento. De Saussure desde el principio se desinteresó de los contenidos lingüísticos centrando básicamente su atención en los asp·ectos formales y estructurales; puede decirse que
la ciencia lingüística moderna ha padecido, y padece en el presente, de este
defecto; de aquí que este problema, eminentemente lingüístico, haya derivado
hacia la .filosofía y psicología del lenguaje; en realidad no vemos por qué la
lingüística pura tenga que desentenderse totalmente de problema tan importante. Una idea tan fecunda como la del "pensamiento idiomático" o "forma
interior del lenguaje" de Vossler no ha sido lo suficientemente explorada por
los lingüistas; el conjunto idea-expresión o ·vivencia-lenguaje forma una unidad indisoluble, inseparable en cuanto tal; el pensamiento conforma al lenguaje y éste,' a su vez, condiciona el proceso del pensar y las ideaciones del
sujeto hablante, quien necesariamente ha aprehendido la realidad a través del
aprendizaje lingüístico, en una forma natural. "Claro está -dice Unamunoque un pensamiento individual, poderoso y fuerte, se hará su lengua siempre;
pero ¿ no cabrá que la lengua constituída ahogue en brote un pensar que
pudo luego ser poderoso?" 5 Encontramos en esta breve cita de Unamuno,
dos afirmaciones que implican una teoría anticipada sobre el binomio pensamiento-lenguaje: a) la influencia del pensamiento en la estructuración del
lenguaje y su poderosa acción sobre las formas lingüísticas y b) la acción
que el lenguaje, como estructura organizada y heredada, ejerce sobre el pensamiento, limitándolo e incluso opacándolo; en cierto sentido, nos encontramos aquí con la teoría de lo 'mentado' y lo 'evocado' que más tarde propondría la Nueva Estilística al tratar de penetrar en el mecanismo de la expresión
y de la comprensión.
Sin embargo, y esto es importante, Unamuno no era, en cuanto a lingüística,
un sistemático, como no lo fue en las disciplinas que cultivó, si nos atenemos
estrictamente a la semántica de esa palabra. Su sistema, mejor aún, su método, era intuitivo, sentido y de una personalidad incontestable, basado, no
• MIGUEL DE UNAMUNO, art. cit., p. 62.
• !bid., p. 63.

347

�~

obstante, en un conocimiento profundo de las principales corrientes lingüísticas de su tiempo.6
Unamuno sintió honda y vitalmente el hecho concreto de la lengua castellana y fue esta lengua una de sus mayores pasiones, una de esas pasiones
que él, íntimo y reservado en sus emociones personales, publicó y propagó a
los cuatro vientos con una constancia inigualada. Tres aspectos de la lengua,
defendidos permanentemente, destacan a través de toda su obra: la lengua
como fenómeno vital ( ya señalado más arriba), el castellano como lengua
de cultura, unificadora y símbolo de España, y la contiu.uidad y unidad de
nuestra lengua en la comunidad hispánica.
La abundancia de textos es riquísima y presentan éstos una continuidad
inalterable de principio a fin. Unamuno no fue hombre de muchas ideas, sino
más bien de profundas y permanentes ideas que casi no sufrieron alteración ·
ninguna en el transcurso de su vida. Una de esas ideas favoritas es la de la
vitalidad única de la lengua, de su lengua castellana, como expresión del
hombre-Unamuno y como instrumento de cultura; ·l a lengua para él era algo
tan vivo como el individuo que la usa o como el pueblo que se sirve de ella
para expresar lo mejor -y también lo peor- de sí mismo:

"Una lengua es el espacio espiritual de las almas de los que la hablan
más que sólo con los labios. En ella -una vez más- se siente se sueña
se piensa y hasta se quiere".ª
'
'
O en este otro:
"El lenguaje no le hacen sino los que lo deshacen cuando es menester.
La lengua, Para ser viva, ha de ser una creación continua. La ortología
es a la lengua lo que la ortodoxia es a la religión: Su muerte".9
Aún es más significativo otro texto de Unamuno que expresa ese sentido
vital de la lengua, expresión de la personalidad, del espíritu y que está presente, como elemento regulador, en todas las actividades humanas:
" La lengua la llevamos en lo más íntimo y lo más profundo del espíritu. Una de mis metáforas favoritas, una de las que más prodigo, es
la de que la lengua es la sangre del espíritu. Pensamos con palabras,
esto es evidente; no pensamos en álgebra, con fórmulas. Pero creo aún
más, y es que con palabras también sentimos. Una lengua lleva consigo,
no ya una manera especial de concebir la realidad, sino hasta una manera de sentirla". 1º

"¡ Ande el movimiento! Tal debe ser nuestra empresa y divisa en

cuestión de lenguaje. que no es algo muerto, sino vivo y muy vivo sobre
todo merced a la lengua hablada en el pueblo que hace estrumpir el
cincho del idioma escrito literario. . ." 1
Insinúa Unamuno en este texto una idea básica que habría de desarrollar
a través de toda su concepción del lenguaje: la preeminencia de la lengua
hablada sobre la lengua escrita, de la lengua del pueblo sobre la de los
eruditos, de lo oral sobre lo convencionalmente fijado por la escritura y, de
aquí, saca también sus argumentos -acerados, sinceros, \impios- contra toda
imposición normativa de la Academia sobre la vida del lenguaje. Como puede
verse en el teKto siguiente, Unamuno conocía muy bien la concepción lingüística de Humboldt, de la lengua como una creación y de la forma interior
del lenguaje, tan fecunda en las modernas concepciones lingüísticas:
• Véase su artículo "El siglo en España, la lingüística", Madrid, 14-II-1901 ; Obras
completas, vol. VI; La raza y la lengua, p. 491, así como su Vida del romance castellano en el mismo volumen, p. 961 y ss. y las Notas marginales a Menéndez Pida/,
p. 1023.
1
"Escarceos lingüísticos. A propósito de los dobletes" en La Vida Literaria, Madrid, 6 y l 1-V-1899 y en Obras completas, vol. VI, p. 465.

348

Unamuno, aún avanza más en esta concepción de la lengua; además de
ser ésta expresión de la vida, de la vida misma, la lengua es la catalizadora y
condicionadora máxima de la personalidad, del ser, del sentimiento, de las
costumbres e incluso de la historia. He aquí un texto harto significativo:
ªEl hombre piensa con palabras, el lenguaje ha nacido con la razón,
Y hasta la ha hec:ho, y como es el lenguaje producto social o colectivo,
producto social es la razón también. Y de aquí que el estudio científico
del lenguaje sea el mejor camino para investigar lo que se llamaba en
un tiempo la generación de los conocimientos humanos".11
8

"Por el son a la visión" en Universitas, Enciclopedia de iniciaci6n cultural, Barcelona, 1943, tomo XVI, pp. 223-227, incluido en Obras completas, vol. VI, p. 719.
• "Cuervo y la Gramática" en La Nación, Buenos Aires, 23-X-1919 y en Obras completas, vol. VI, p. 914.
"Pequeñeces lingüísticas" en La Nación, Buenos Aires, 15-VI-1910, incluido en
Obras completas, vol. VI, p. 543. Cfr. Rosario de sonetos líricos, 1911, núm. LXVII
y "De nuevo la raza" en El Pueblo Gallego, Heraldo de Aragón 12-X-1933, Obras
completas, vol. VI, p. 944.
u "El siglo en España. La lingüística" en Alrededor del Mundo Madrid, 14-II1901, en Obras completas, vol. VI, p. 492.
'
lJ)

349

I

�Otro texto orientado en el mismo sentido es el siguiente:

patriotismo -patriotismo lingüístico, como él mismo no se cansó de repetirlo llevó a defender con apasionamiento, terquedad y .f32ones de peso la
preeminencia del castellano sobre las demás hablas peninsulares. En su discurso en los Juegos Florales de Bilbao el 26 de agosto de 1901, frente al
escándalo y los ataques de sus paisanos, consciente de la ola de indignación
que iba a provocar, no tiene ningún empacho en afirmar refiriéndose al
vascuence:

"La figura del mundo nos la dio la palabra; la ~is!ón s~lió del son.
El habla nos enseña a ver. Nombrar una cosa es definir su idea, marcar
su contorno. Porque idea quiere decir en su rigor etimológico visió~"·ª
"Hay que tener muy en cuenta -afirma en otro luga~- ~ue se ~zensa
con palabras, 0 mejor, que se piensa palabras y que solo piensa bien el
19
·
''d
que se expresa bien, que nadie tiene
mas
z eas que palb
a ras" •

Pero en la lengua, según Unamuno, hay algo más que condicio~a~iento
del pensamiento y mutua relación entre ambos. La lengua es depos1_to del
sentimiento y de la emoción, porque esto -según Unamuno-- el sen~r o el
sentir-se es la auténtica vida y sólo el lenguaje puede expresar este upo de
vivencias integrales y, al mismo tiempo, es la palabra y la lengua el gr~ elemento de relación y de aglutinación entre los elementos de la sociedad
histórica:
"Lo que importa es la palabra íntima, la palabra de. comprensión. Y
com-prenderse, prenderse o tomarse mutua y conjuntamente, es convivir. No hay unidad más viva que la de la convivencia".14

Y añade en otro lugar:
"La lengua es, en efecto, la raza del espíritu. Si de ella y de cuanto
ella depende y brota se prescinde, no tiene sentido alguno lo de raza
latina, pongo por caso, dado que la tal raza latina lo es tan sólo histórica, no fisiológica. La lengua; sedimento vivo de la labor de la historia;
tradición viva del pueblo; concentrado depósito, a presión de atmósferas seculares, de los trabajos del espíritu; la lengua es la base de la
continuidad, en espacio y tiempo, de los pueblos, y es, a la vez, el alma
de su alma". 15
'

Los textos de Unamuno sobre la lengua castellana como una lengua de
cultura, símbolo de la unidad española, son abundantísimos y terminantes. Su
"Por el son a la visión", loe. cit.
"Acrece, replanta y da valor'' en El Sol, Madrid, 12-VI-1932 Y en Obras completas, vol. VI, p. 664.
14
"Sobre el Parlamento o Palabramento" en El Sol, Madrid, 22 agosto 1931 Y en
Obras completas, vol. VI, p. 656.
,. "The English-speaking Folk" en La Vida Literaria, Madrid, ll-III-1899, y en
Obras completas, vol. VI, p. 730.
11
1

,,,.

"Tenemos que olvidarlo e irrumpir en el castellano, contribuyendo a
hacer de él, como de núcleo germinal, el español o hispanoamericano,
sin admitir monopolios casticistas, que no es un idioma feudo de heredad . . . Enterrémosle santamente, con dignos funerales, embalsamado en
ciencia. .. La vida ante todo, la vida concreta; y la vida nos trae la
pérdida del vascuence".16

Y en otro lugar y sobre el mismo tema:
"En el aspecto práctico, cada día que pasa me confirmo más en lo
que expuse, en medio de protestas de desaconsejados y prevenidos, hace
ya cinco años en este mismo Bilbao, y es que el vascuence desaparece
rápidamente y, además, que a nosotros los vascos nos conviene que
desaparezca. Para la moderna lucha por la cultura necesitamos una lengua de cultura, y el eusquera no lo es".17

Al enfrentarse así a un problema lingüístico real, Unamuno expresa su universalidad incorruptible de español, y nada mejor que la lengua como campo
de batalla contra los regionalismos que lo sacaban de quicio. Si en una ocasión
había: afirmado: "cada lengua es la más perfecta para el pueblo que la habla,
como para cada uno el más perfecto pelleja: es el suyo propio, el que con él
se ha hecho",18 sin embargo, esto no le impide sostener permanentemente,
frente a lo dialectal y regionalista, la primacía de la raza espiritual, de la
unidad española en la lengua y la conquista de la expresividad común y, por
tanto, del pensamiento unido en torno al gran hecho de una lengua de
cultura: "Hay que alejar de esa fiesta -afirma refiriéndose al 12 de octubretodo imperialismo qµe no sea el de la raza espiritual encarnada en el lengua-

•

350

" Discurso en los Juegos Florales celebrados en Bilbao el día 26 de agosto de 1901
en Obras completas, vol. VI, p. 326 y ss.
17
"Más sobre la lengua vasca" en La Nación, Buenos Aires, 26-X-1907, Obras completas, vol. VI, p. 355.
18
"El Siglo en España. La lingüística", loe. cit.

351

�je".19 Es más, hay un momento en que indignado por el _disc~so pronuncia¿o
por el alcalde de Barcelona ante el Rey en catalán, escnbe v10lento Y apasionado un artículo que titula sabia y políticamente "Su Majestad la Lengua
Española", majestad frente a aquella otra minúscula que accede a las solicitaciones del regionalismo y del separatismo:
"¿ Lengua nacional? -se pregunta-. En España no hay más que una,
y es la lengua española o castellana. ¿L engua nacional el catalán? ¿De
qué nación? ¿De la española o de la catalana? No; la única lengua nacional de España es la lengua española; la única lengua, lengua íntegramente española y además, lengua internacional, lengua mundial". ..
"En esta cuestión de la lengua nacional hay que ser inflexibles". .. "A
esta boran lenaua
internacional y mundial, aí la lengua española, la única
b
.
lengua nacional de España, convergen los pueblos desparramados por
el mundo todo; a ella convergerá el catalán. Es nuestro más precioso
tesoro común"/º

Este patriotismo lingüístico de Unamuno tiene su base en una radical concepción de la historia de la lengua española como elemento centípreto que
centró todas las actividades diferenciadas en el proceso de la formación &lt;le
la nacionalidad española. Sería muy interesante seguir, paso a paso, en la
obra de Unamuno, su pensamiento original y ver cómo en su concepción histórica el castellano, al dominar a las demás hablas regionales, vitaliza e incorpora a todos los elementos peninsulares en un espíritu común. P~ra él
"todo idioma -idioma quiere decir propiedad- y todo dialecto -dialecto
quiere decir lengua conversacional, coloquial- lleva en sí la expresión de
siglos de historia, una lógica, una estética, una ética y hasta una religión
propias, que son idiomáticas y dialectales, conversacionales, coloquiales".21
y porque quería una España viva, viviente y acendrada, quería para ella la
unidad inquebrantable del idioma vivo en que se expresase universal y definitivamente. Por eso insiste tantas veces en la universalidad del español&gt; portador
de cultura, en el español vivo, coloquial, ricamente diferenciado en las diferentes áreas geográficas; es singular a este respecto su coincidencia con el
pensamiento de Pérez Galdós, otro español integral que supo lo que eran las
victorias de una lengua viva. "Una de las dificultades -afirmaba Galdós"De nuevo la Raza" en Obras aompletas, vol. VI, p. 947, art¡Ículo publicado simultáneamente en varios periódicos de provincias de España el 12-X-1933.
"' "Su Majestad la lengua española", en Faro, Madrid, 1-XI-1908, incluido en
Obras completas, vol. VI, p. 534.
21
"Por el son a la visión", loe. cit.
1•

352

con qu: tropieza 1~ n?vela .en España consiste en lo poco hecho y trabajado
que está el lenguaJe hterano para reproducir los matices de la conversación
corriente. Oradores y poetas lo sostienen en sus antiguos moldes académicos
~efendiéndol~ ~e los esfuerzos que hace la conversación para apoderarse d~
el; el terco regimen aduanero de los cultos le priva de flexibilidad. Por otra
part:, la Prensa, co?, ra~as e~cepciones, no se esmera en dar al lenguaje
comente la acentuac1on literana, y de estas rancias antipatías entre la retórica
Y. la co~versación, entre la Academia y el periódico, resultan infranqueables
diferencias ent~~ la manera de escribir y la manera de hablar, diferencias que
so~ desesperac10n y escollo del novelista".22 Y Unamuno, paralelamente,
afurna:
"Lo he escrito ya muchas veces, pero aún he de escribirlo muchas
más; una de las cosas que tenemos que hacernos en España para poder
entrar d~ !lena en_ la, c~ltu~a. de los pueblos nuevos es el lenguaje. Hay
que movi~zz~~ la hzeratica rigidez del viejo romance castellano; hay que
darl~ flexzbtlz_~ad y mayor riqueza, hay que aprovechar sus energías pot~ncz~les haczendolas actuales; hay que poner en juego su poder de derivación Y asimilación, por ridículas preocupaciones de contenido (sic)".24

Su actitud ante la diversidad del español americano y el peligro de desintegración que pudiera presentar la lengua en esta parte del Atlántico está
también ~ien cl~ra: En primer lugar Unamuno siempre creyó que la lengua,
con sus diferenciaciones nacionales y regionales, era el vínculo y la expresión
de la r~a Y,que España y América formaban una supemacionalidad espiritua!, -~as alla de las fronteras y los parroquialismos. . América ocupa un lugar
defimtivo en la o~r~ de ~~am~o y hacia ella dirigió muchas de sus inquietudes Y, ~e su~, predicas mmonanas. 25 Sin prejuicios de pureza peninsular vio
en ~en~~ ( aquella España mayor" 26 ) un futuro abierto a la expansión y
consolidac1on del castellano, dentro de la unidad lingüística más sólida, sin
hacer caso a los profetas d e la desintegración lingüística:
"Y ~í, l~ raza -afirma-. En América desarrollará la española, la
raza hzstorzca, la que tiene por sangre la lengua, potencialidades que
"' BENITO PÉREz GALDÓs, Pról. a El sabor de la tierruca de J. M Pe d
"' "L p
11
.
. re a.
a rensa Y e enguaJe" en Las Noticias, Barcelona, 10-V-1899 y en Obras
completas, vol. VI, p. 466.
'
.. A este respecto, cfr. MANUEL GARCIA
' BLANco, A mérica y Unamuno, Gredos,
Madrid, 1964.
,. "Sobre el dialecto criollo argentino y otras cosas" en El Liberal, Madrid, 29-VI1920 y en Obras completas, vol. VI, p. 925.

353
e H-23

�aq~í se ajan y languidecen atrofiadas a falta de uso. Y allí, a la vez, se
enriquecerá y se complejizará nuestra habla, flexibilizando sus rígidos
contornos. En tan vastos y variados dominios se cumplirá una dif erenciación mayor de nuestra raza histórica, y la lengua integrará las dif erencias así logradas''.t7 Y en el mismo artículo, termina así: " Hay que
fraguar la gran lengua española o hispanoamericana, amigo Maeztu,
para poder cantar en ella cuanto usted desea se cante; la flor de. la
cultura industrial y el goce de vivir libre de la gleba,1 hay que fraguarla
para forjar con ella, luego, la letra a que acompañe como canto el
fragor de las máquinas".18

Uno de los aspectos de la lengua castellana en América que con más
apasionamiento defendió Unamuno fue el de la unidad de la misma, sin
aceptar en ningún momento los pronósticos de los que creían que pudiera
suceder en América con el español lo mismo que sucedió en la Romanía con
el latín. Contra el parecer de Cuervo, Abeille, Pellegrini y otros, invadidos
por un pesimismo histórico hasta cierto punto explicable, él siempre sostuvo
que en la diversidad estaba precisamente la fuente de la unidad:
"Indudable -afirmaba ya en 1903- es que la lengua española, como toda lengua y todo lo vivo, está sujeta a proceso evolutivo,
pero no debe olvidarse que la evolución abarca a los procesos mismos
evolutivos. Quiero decir con esto que si bien es indudable que las cosas
cambian según la ley, la ley según cambian las cosas está a su vez
sujeta a cambio y que así como hay ley del cambio hay cambio de la
ley del cambio . .. Es cosa sabida que el progreso de la civilización ha
traído una más estrecha relación entre los pueblos que viven a largas
distancias y entre las generaciones a las que separa el tiempo. Las relaciones mercantiles y de todo género hacen que cada vez se comuniquen más entre sí los diversos pueblos, y entre ellos los de lenguaje español, y la difusión del conocimiento de la leétura y la impr.enta so~re
todo, hace q,u e cada vez hayd más geJ1,tes que se comunican con sus antepasados. Lo indicado basta para que se me entienda bien si afirmo
que por mucho que se cumpla la diferenciación lingüística o dialectal
29
de hoy en adelante, la integración irá de par''.
" "El pueblo que habla español" en El Sol, Buenos Aires, 16-XI-1899 Y en Obras
completas, vol. VI, p. 826.
28
lbid., p. 827.
,. "Sobre el criollismo (A guisa de prólogo)" en Estudios, Buenos Aires, enero-julio,
1903 y en Obras completas, vol. VI, p. 831.

354

Manuel García Blanco ha señalado, acertadamente, el entusiasmo con que
Unamuno acogió siempre a los grandes escritores americanos a través de cuya lengua se transparentaba ese ideal de la raza espiritual y de la comunidad
lingüística que constituye una de las piedras clave de su pensamiento. Este
entusiasmo lo mostró especialmente hacia Sarmiento y José Martí, entre
otros. "Conocido es el entusiasmo -dice García Blanco- que siempre proclamó Unamuno por un escritor americano como el argentino Sarmiento, para él uno de los más castizos escritores de lengua castellana del pasado siglo, y cómo saliendo al paso de los que le reprochaban sus ataques a España, a la que anunció al llegar a Madrid que se disponía a hacerlle el proceso
de su responsabilidad histórica, se fijó más en el hermoso castellano en que
escribía sus catilinarias, en las que se expresaba como un español nacido a
este borde del Atlántico". 80
Como el mismo García Blanco también señala, Unamuno sintió la comunidad lingüística como un concepto superior a la comunidad étnica y así es
como él concibe la unidad de la lengua aun dentro de la más rica diversidad.
Por eso es que cuando contempla al español, no puede contener su entusiasmo y aplaude todas las magníficas manifestaciones de la lengua:
"Por mi parte declaro que siento cada vez mayor fanatismo por la
lengua en que hablo, escribo, pienso y siento. Soy español, locamente,
español; pero no me hiere ningún ataque dirigido a España cuando ha
sido pensado y escrito en lengua española. . . Hablen mal de. España
mientras lo hagan en español. Y en español quiere decir en la lengua
hispánica, hoy patrimonio de una veintena de naciones, y a cuya vida
contribuyen todas sin monopolio de ninguna de ellas. Es la lengua que
compartirá un día con la inglesa el predominio mundial... Pero a ellas
ha de ayudar nuestra comprensión de que van ligados a la lengua común los sendos patriotismos de las naciones de lengua hispánica". 31

Aún mucho más explícito y terminante es el siguiente texto:
"No hay, pues, en la América española tales idiomas nacionales como cosa distinta del castellano. Castellano son, como es castellano lo
q,ue se habla en Andalucía y en Aragón y en casi toda España. Ahora
que cada cual le da su acento y su tono". 32
.. MANUEL GARCÍA BLANCO, prólogo al vol. VI de Obras completas de Miguel de
Unamuno, Afrodisio Aguado, Madrid, 1958, p. 60.
31
"Lengua y patria" en Mercurio, New Orleans, septiembre de 1911 y en Obras
completas, vol. VI, p. 868.
32
"El idioma nacional" en La Nación, Buenos Aires, 1-111-1908 y en Obras completas, vol. VI, p. 850.

355

�Al ver en esta perspectiva la unidad de la lengua y su futuro en todos
los países de habla hispánica, Unamuno llegó a crear el nuevo concepto de
lo que él llama "sobrecastellano", una lengua "en constante evolución, gra33
cias justamente a la colaboración de sus hablantes de todo origen y latitud".
Terminamos estos breves apuntes sobre Unamuno y la lengua con un texto que creemos fundamental para la comprensión de su filosofía del lenguaje y que, además, nos expone en forma completa su actitud ante la lengua, instrumento de su vida y de su acción:
"Un idioma - 'idioma', originariamente, quiere decir propiedad-,
un idioma de habla es una raíz, más que depósito, de tradiciones, y lleva e,n sí una vmon y una audición del universo mundq, una concepción de la vida y del destino humano, un arte, una filosofía, y hasta
una religión. No sólo se imagina, sino que se. piensa, se sueña Y' se
siente en un idioma de habla popular. Cuando el Evangelio dice que
el Verbo, la Palabra, lo hizo todo, que en él estaba la vida y que la
vida era luz de los hombres, e.,cpresa la concepción -mejor conceptuación- histórica de la historia. Las ideas brotan de las palabras, que
no éstas de aquéllas. Idea quiere decir, en su sentido original y originario, visión. Y palabra, 'parábola', es curva de son que va en soplo, en
espíritu. Y cuando se respiran visiones, cuando se les da vida espiritual,
es con palabras. Bien dice la teología católica romana que el Espíritu
Santo procede del Padre y del Verbo. La visión, el ideal del universo,
surge para cada pueblo en su idioma verbal. En metáforas, estibadas
a peso de siglos, hechas ya expresiones inmediatas y espontáneas, está
la raigambre de la filosofía de cada pueblo. Hasta nuestra concepción
de Dios, del Sumo Creador, que creamos a nuestra imagen y semejanza sus criaturas y creadores, la pensamos, la soñamos más bien, en nuestra habla. Y por algo se dice: 'Santificado sea el Tu nombre'. Su nombre, que es, en nuestro espíritu, su esencia, sea cual fuere su existencia".34

The Colorado College
Colorado Springs, Colo.

11 MANUEL GARCÍA BLANCO, loe. cit., p. 61.
,. "Comunidad de la lengua hispánica" en conferencia radiada a América en 1935
e incluída en el libro Diez maestros, Buenos Aires, 1935. pp. 23-39 y en Obras completas, vol. VI, p. 951.

356

Sección Tercera
HISTORIA

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>· Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�EL PRIMER TRATADO DE DESNUCLEARIZACióN
EN LA AMÉRICA LATINA
Lic. ALBERTO GARCÍA Gór.rnz
Universidad Nacional Autónoma de México.
Universidad de Nuevo León.

A. LA HISTORIA MODERNA de los tratados internacionales conocidos como multilaterales, es, en cierta manera, la historia moderna del Derecho Internacional, los que han ido reemplazando a la costumbre como fuente principal
de derecho, si bien la sociedad internacional está aún en una fase embrionaria, en lo que a una internacionalización propiamente dicha se refiere.
De acuerdo con Friedmann, las normas sustantivas de conducta que regulan )as relaciones entre los países son todavía reducidas y débiles. 1 Así, no
es posible ignorar la marcha ascendente de la función de los actuales tratados, notándose el aumento creciente de su alcance y valimiento dentro de
la evolución del Derecho Internacional en la constitución de órganos internacionales permanentes. Tal acontece con el P¡;zcto Constitutivo de la Sociedad de las Naciones y con la Carta de las Naciones Unidas, para comprobar la importancia cada vez mayor de este tipo de tratados a escala
mundial.
Así, la propia Carta de la Organización de las Naciones es el documento
legislativo internacional más importante de nuestro tiempo, siendo posible
observar cómo en la sociedad internacional, siempre cambiante, juega un
papel muy importante ese grado de adaptabilidad que tienen las normas jurídicas internacionales a esos frecuentes cambios sociales que se operan cada
vez en mayor extensión en el seno de la comunidad internacional.

Es necesario recordar una vez más, las nuevas circunstancias determinadas
por el inicio a la Era Nuclear lo que significa en el campo del Derecho
Internacional un nuevo planteamiento a esas circunstancias, especialmente
F'RIED.MANN, WoLPGANo, La Nueva Estructura del Derecho Internacional.
155. Editorial F. Trillas, S. A. México, D. F.
1

Pág.

503

�,, •

en lo que se refiere a la presencia de la energía atómica, no solamente
en el campo meramente científico -para su aprovechamiento---, sino en la
posibilidad de la verificación de una guerra de tipo nuclear, tomando en
cuenta la destrucción masiva de ciudades y naciones, cuyos alcances sobrepasan cualquier cálculo y cuyos daños tienen tal poder de destrucción que
no está lejana la posibilidad de que el hombre mismo desaparezca de la
tierra.
Con el descubrimiento de la energía nuclear y de su primer aplicación,
el primero de julio de 1952, se inició el sombrío capítulo de la moderna
época termo-nuclear. La multiplicación de tal fuerza se ha ido extendiendo
gradualmente más y más y al presente varios países cuentan con ella, predominando el empleo bélico de tal energía.
La llamada "experiencia local" de Hiroshima y Nagasaki, es un llamado
de atención bastante elocuente para que el hombre de todas las latitudes
concentrara su atención acerca de la protección del propio hombre. Desde
entonces han pasado ya más de una veintena de años y ha habido momentos
en que parecen ser los últimos del linaje humano.
La Asamblea General de las Naciones Unidas -decía U Thant el 5 de
agosto de 1963-, ha señalado más de una vez el peligro de la amplia difusión de éstas armas (las nucleares), a la vez que invitan a los gobiernos
a hacer todo lo posible, por llegar a un acuerdo internacional fijo, que prevea la inspección y el control con el fin de evitar la propagación de las armas de exterminio masivo. No deja de ser significativo el hecho de que
mientras las resoluciones de la O. N. U. cargan una responsabilidad especial sobre las potencias poseedoras de armas nucleares, las invitan a no confiar en el control de las mismas a los países que no las poseen. Dichas resoluciones reconocen al mismo tiempo que los países que no poseen armas nucleares se hallan, igualmente, interesados en esta cuestión y pueden jugar un
importante papel en la regulación de este problema, absteniéndose de esta
producción, mediante la renuncia a su adquisición de cualquier otra manera,
así como negándose a la cesión de sus territorios para el emplazamiento de
dichas armas.
En lo referente a tratados multilaterales es de observarse que algunos autores les denominan "legislativos", los que no son propiamente equiparables
a las leyes del Derecho Internacional. Otros autores, como Kelsen, les llaman
tratados "creadores de derecho". 2 Fenwick, estima que algunos de esos tratados se ocupaban de los intereses políticos de los Estados y tratan de solucionar diversos conflictos, definiendo derechos y deberes, y estableciendo
• KELSEN, HANs, Principios de Derecho Internacional Público, pág. 273. Editorial
El Ateneo. Buenos Aires.

504

nuevos princ.tp1os de Derecho Internacional, como así acontece con el Tratado de Desnuclearización de la América Latina, que constituye el tema de
nuestro estudio.
En la trágica secuencia rítmica de la guerra, posteriormente a todo hecho
bélico se presenta una reacción condenatoria de tal hecho. Reacción natural que se ha venido traduciendo en esfuerzos, que dirigidos principalmente en el campo del Derecho Internacional, han tratado de prevenir y
de evitar su repetición, pese a que tales hechos han venido siguiendo siempre
una línea ascendente. Lo anterior es posible observarlo en la historia de
las grandes reuniones internacionales, convocadas precisamente con el fin de
evitar los conflictos bélicos y tomar toda clase de medidas, que -como acontece con el Sistema Interamericano--, pudiesen proporcionar los medios procedentes para la solución de problemas que pudieran conducir al hecho
bélico mismo. Tal es el caso que se dio en el Acta Final del Congreso de
Viena en 1815, la que a consecuencia de la posición dominante de los países
signatarios, llegó con el tiempo a convertirse en ley para toda Europa, y en
cierta medida, para todo el mundo, a efecto de evitar la guerra. Asimismo,
la Declaración de París en 1815, formalizada entre un pequeño grupo de
Estados, la que llegó a adquirir carácter legislativo gracias a la adhesión de
un conjunto más numeroso. Es posible citar varios esfuerzos en pro de la
paz y del desarme. En 1921 tuvo lugar la Conferencia Naval de Desarme
en Washington. La de Génova en 1927. En 1930, en Londres. Ya en 1933,
Hitler abandonaba la Liga de las Naciones.
Dentro de la perspectiva que brevemente señalábamos., tenemos ya un avance significativo dentro de esos esfuerzos por eliminar la guerra: el Pacto de
la Liga de las Naciones, el que constituye un tratado multilateral, con características de universalidad, pese a que muchas de sus obligaciones no tenían un matiz definido. Lo que, por otra parte era lógico, si se toma en
cuenta que las circunstancias y la disposición de los Estados no era comparable a las que actualmente privan.
Hemos llegado -siguiendo la cronología de este tipo de tratados multilaterales- a la Carta de las Naciones Unidas, la que vino a reemplazar
al Pacto de la Liga de las Naciones y que es actualmente el documento legislativo internacional de mayor importancia, y que presenta singulares características. Bastará recordar su contenido para comprobar su objeto y naturaleza comprendiendo principios y normas como nunca antes se habían plasmado jurídicamente en lo internacional.
En América, tenemos las sucesivas Declaraciones, las Conferencias y Reuniones Interamericanas de Cancilleres, de acuerdo a las cuales se han afirmado, con cierta periodicidad, principios de Derecho Interamericano.
505

�Las Repúblicas Americanas han considerado que estas Declaraciones tienen
fuerza de ley para el grupo regional.3
Acerca de nuestro tema resulta interesante recordar -ya dentro de nuestra América-, que en el Preámbulo del Acta de Chapultepec, adoptada en
la Conferencia sobre Problemas de la Guerra y de la Paz, celebrada en la
Ciudad de México en 1945, se dijo que, "a partir del 1890, los Estados
Americanos han ido incorporando a su derecho nacional, por medio de Convenciones, Resoluciones y Declaraciones, los siguientes principios..." No se
hace ninguna distinción con respecto al carácter jurídico de los principios
incorporados a las Resoluciones y Declaraciones, lo que, por otra parte, es
una tarea que debería realizarse, tomando en cuenta que el Derecho Interamerioano ha venido cobrando una importancia cada vez mayor. La Resolución XXVI, de la Conferencia que hemos citado, convoca al Comité
Jurídico Interamericano para que informe a los Gobiernos Americanos sobre
la esencia de las distintas Conferencias y Reuniones de Cancilleres de las
Repúblicas Americanas.
Por último, ya en el terreno de la prevención del empleo bélico de la
energía nuclear, en Polonia se elaboró el llamado Plan Rapaki, el que, sin
prejuzgar acerca de su motivación política, aparece como el primer intento
de desatornización y, necesariamente, constituye un antecedente en la historia
de esta clase de instrumentos internacionales.

B. México y el Problema Internacional de la Paz.
B. En lo que respe&lt;;ta a la actividad de México en materia internacional,
es a no dudarlo, una de las más dignas y elevadas que aparecen en la historia universal. Aunque México no ha tenido ni tiene las características de
una gran potencia, _,; sus recursos son para calificarlos aún de país desarrollado, de acuerdo con la concepción economista, no obstante, sus presidentes,
juristas y diplomáticos, en su conjunto, han realizado una obra que revela
una vocación, una fe, de profunda raigambre humanista y, por ende, pacifista por excelencia; lo que pone de manifiesto el amor del Pueblo Mexicano
por la paz.
Varios son los aspectos de la presencia internacional de México, resultando
prolijo el hacer la enumeración de todas las fases de su política internacional;
sin embargo, para los fines de nuestro estudio, nos interesan en particular,
los esfuerzos realizados en favor de la paz y en ese plasmar en realidad jurídica internacional, ese espíritu pacifista, como así se advierte en el primer
Tratado de Desnuclearización que, si bien está referido solamente a límites
• FENWICK G . CHARLES, Derecho Internacional, p. 489. Bibliográfica O mega. Buenos Aires.

regionales, tiene, amén de su valimiento jurídico intrínseco, la significativa
trascendencia de servir de modelo y ejemplo para futuros tratados semejantes,
lo que se traduce en una serie de realidades jurídicas internacionales que
pueden frenar la expansión de uso de la energía atómica con fines guerreros
a escala universal.
Como uno de los más significativos esfuerzos realizados por México y que
sirve de antecedente, podemos observar cómo en la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz, celebrada en Buenos Aires, del lo. al
23 de Diciembre de 1963, México presenta un Código de la Paz. Un primer
esfuerzo concreto dentro del Derecho Intemamericano.
En el artículo 5o. de dicho Código -que pone de manifiesto la actitud
y el credo pacifista de México-, se establece: "En caso de incumplimiento,
por cualquiera de las Altas Partes en conflicto, de las obligaciones contenidas
en los artículos anteriores, los Estados contratantes se comprometen a emplear
todos sus esfuerzos para el mantenimiento de la paz. A este efecto, prohibirán
la exportación con destino al agresor de armamentos terrestres, navales, aéreos,
materiales de guerra, petróleo, carbón y acero, así como cualquiera otros
materiales susceptibles de ser utilizados en la guerra. .." 4
También se encuentra la presencia de México, en diferentes reuniones
internacionales de desarme efectuadas en diversas ocasiones y lugares, hasta
llegar a un florecimiento que da el más alto testimonio del credo y de la
doctrina pacifista dé México, en la brillante actuación internacionalista de
un ex-Mandatario mexicano: el Licenciado Adolfo López Mateos. Su condición de abanderado persistente de la paz y del desarme general y completo,
mueve a López Mateos a encontrar fórmulas prácticas y hacedoras que conducen progresiva pero firmemente, a alcanzar esas metas, tan anheladas por
los hombres de todas las latitudes.
Dada la relevante importancia del documento en el que el Presidente
López Mateos inicia su cruzada a favor de la paz, y de su interesante contenido, en el que se aparecen las ideas matrices de su doctrina, cuando se
dirige a la "Primera Conferencia Mundial de la Paz por el Derecho", lo
transcribimos a continuación :
"Me complazco en enviar un cordial saludo, por vuestro digno conducto, a
los distinguidos delegados a la Conferencia, así como mis fervientes votos
por el éxito de sus meritorias labores.
La política internacional de México a lo largo de su historia como nación
independiente, coincide en sus grandes líneas y en sus propósitos fundamentales,
con el ideario que inspira a vuestra Asociación; y me satisface registrar el
' GARCÍA RoBLES ALFONSO, El Mundo de la Postguerra. Secretaría de Educación
Pública. México. p. 431.

�,

hecho indubitable de que en ese orden de ideas no ha habido, de nuestra
parte, la menor solución de continuidad.
Para nosotros también, la paz, en su sentido más profundo y auténtico,
no puede ser apenas ni un dispositivo mecánico contra la agresión, ni menos
aún, el aquilibrio siempre precario entre los armamentos, sino que resulta del
acatamiento sincero al orden jurídico estructurado sobre la base insustituíble
de los derechos y deberes fundamentales de los Estados.
La más alta expresión de esta ideología pacifista de mi país, creo encontrarla en aquella palabra que el presidente Benito Juárez dirigió al pueblo mexicano el 15 de julio de 1867, el mismo día en que regresó a la capital de la
República, al término de su larga y victoriosa lucha contra la intervención
extranjera: 'Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz'. En verdad, no puede haber una correspondencia más
perfecta que la que se da entre aquella sentencia del gran estadista mexicano
y el lema que habéis adoptado como emblema de vuestro noble movimiento:
'La paz mundial por el derecho'.
La Doctrina Juárez sobre la paz, fue promulgada por su autor como el
jurista consumado que era; como quien había pasado, sin otro tránsito, de
la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a la Presidencia de la República. Por esta razón, su mensaje, recibido con respeto por
todos los mexicanos, tiene resonancias más profundas aún en todos aquellos,
que educados en las mismas disciplinas jurídicas hemos sido habituados a
concebir toda la realidad humana y extrahumana, en absoluto, bajo el imperio del Derecho. A todas las comunidades humanas hasta la gran comunidad mundial que engloba todas las demás, se extiende la majestad de la norma
jurídica; y más allá aún, empieza a proyectarse sobre el silencio infinito del
espacio ultraterrestre.
El mismo terrible auge que en nuestros días han alcanzado los medios de
destrucción ha contribuído, a lo que me parece, a poner el Derecho irrevocablemente al servicio de la paz, y tan sólo de la paz. Si en otros tiempos pudo
pensarse en la guerra como eft, la instancia última para la solución de los
conflictos internacionales; si pudo hablarse por ello como lo hicieron nuestros
clásicos, del derecho de la guerra y de la paz; actualmente, por el contrario,
es un enorme despropósito el pretender que la guerra puede ser un medio
idóneo para resarcir el derecho violado ya que a éste bien particular superan
con mucho los males sin cuento que en todo el mundo causaría el empleo de
las armas nucleares e incluso el de las que se han dado en llamar convencionales.
La Convicción de que tales daños serían de inmensa magnitud e irreparables, es lo que mueve a México a apoyar las reuniones internacionales, los
esfuerzos bien intencionados en pro del desarme: ella me ha inducido a pro-

508

poner junto con los señores Presidentes de las Repúblicas de Bolivia, Brasil,
Chile y Ecuador, que la América indolatina sea siempre una zona donde
estén proscritas la instalación y la utilización de las temibles armas nucleares.
De la fe cunda e indestmctible simbiosis entre el derecho y la paz es vuestro
movimiento, señores miembros de la Conferencia, una encarnación viviente.
Lo será aún más, en beneficio de la humanidad entera, merced al progreso
de los trabajos confiados a vuestra sabiduría. Por que así sea, recibid mis mejores augurios".5
AnoLFo LóPEz MATEos
"Presidente de los Estados Unidos
Mexicanos"

De la transcripción que antecede, es posible establecer los principios rectores de la Doctrina Mexicana de la Paz, manifestados a través del pensamiento del Presidente López Mateos, quien hace resaltar el imperio del Derecho, cuando estatuye terminantemente el "poner el Derecho irrevocablemente al servicio de la paz".
Sin eínbargo, es en abril de 1963, cuando la Doctrina Mexicana de la Paz,
en el significativo actual del Presidente López Mateos, alcanza una máxima
expresión. Al dirigirse a los Presidentes de Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador,
propuso que se declarara a Latinoamérica, "Zona Desnuclearizada". Así culminó uno de los más importantes esfuerzos realizados por país alguno en el
plano de no utilizar la fuerza atómica para fines de guerra.
Entre los párrafos más notables de esa comunicación a los Presidentes de
las Repúblicas Americanas que se citan, el Mandatario Mexicano afirmó:
"Cuando México tuvo por primera vez la oportunidad de hacer oír su voz
en el Comité de Desarme de las Dieciocho Naciones pedí al señor Secretario
de las Relaciones Exteriores expresar los siguientes conceptos:
"A nuestro modo de pensar, la desnuclearización podía, puede, y debe hacerse, en tanto se consigue un acuerdo mundial, por decisiones espontáneas
de los Estados.

"Es así como el gobierno de México ha resuelto no poseer ni admitir en
el ámbito del territorio nacional armas nucleares de ninguna especie ni los
medios que pudieran ser utilizados para transportarlas. Claro que no tenemos posibilidades técnicas o económicas para ello, pero aún cuando las tuviéramos, nuestra actitud sería la misma. Igualmente hemos acompañado con
nuestra opinión nuestro votq, aquellas resoluciones que se han presentado
con objeto de evitar la difusión de las armas nucleares.
• Presencia Internacional de México. México 1963. pp. 620 a 62 l.

509

�"Me llevó a dictar instrucciones al jefe de la delegación mexicana, no sólo
la congruencia de su contenido con la vocación pacifista del p1ieblo de
México, sino la firme convicción que tengo de que nos encontramos viviendo horas dramáticas: horas que exigen de todos y cada uno de nosotros
-pero de manera especial de aquellos que hemos recibido el mandato de
interpretar a nuestros pueblos-- una conducta decidida y constante, en favor
de la preservación de la vida misma.
"Fue pues con singular complacencia que advertí -y paso con ello a referirme al segundo de los antecedentes a que antes hice mérito- que las delegaciones de Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador al Decimoséptimo Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, copatrocinaron un Proyecto de Resolución destinado a satisfacer un anhelo tan caro
al hombre latinoamericano como lo es la desnuclearización de nuestra región.
"Reconociendo a un tiempo la bondad y la importancia del aludido Proyecto, oportunamente dispuse que se instruyera a la delegación de México
para que le prestara todo el apoyo posible. Desafortunadamente surgieron
elementos de índole meramente circunstancial, que usted sin duda conoce
tan bien como yo, que aconsejaron a las delegaciones patrocinadoras posponer
la discusión de dicho documento, cuya altura de miras fue por todos reconocida.
"A mi vez, y con ello terminó esta exposición preambular, estimé conveniente dar nuevo aliento a los esfuerzos hasta ahora realizados y manifesté
públicamente que el gobierno de México está dispuesto a firmar el compromiso, si un grupo importante de repúblicas latinoamericanas, o todas ellas,
aceptan de consuno --ya sea por medio de declaraciones unilaterales o de
un convenio multilateral específico- 1JO adquirir a ningún título, ni permitir
por ningún motivo que en territorio nacional se almacenen y transporten
armamentos nucleares o se instalen bases para su lanzamiento.
"Llego así, señor Presidente, al problema que ahora se presenta a los gobernantes latinoamericanos: el de la selección _de los medios adecuados para
el logro de la aspiración que, a la luz de lo antes expuesto, no vacilo en
calificar de común a usted y a mí.
"Tras de meditarlo detenidamente, he creído oportuno llevar a la atención
de los ilustres gobernantes de los Estados patrocinadores del Proyecto de
Resolución antes referido, la necesidad de no dejar truncas las medidas encaminadas a la desnuclearización de la América Latina. A ella me impulsó
la convicción de que es a esos cuatro países junto con el mío, a los que de
manera más directa incumbe ahora tomar nuevamente la iniciativa.
"Me dirijo en Usted, señor Presidente, al estadista que tantas pruebas de
madurez política ha dado al frente de su pueblo, con la seguridad de que
510

la experiencia que tan singularmente le distingue, habrá de resultar de especial valía en la tarea de selección que nos confronta.
«un método que a mi juicio presenta posibilidades de éxito en esta empresa, sería el que de los Presidentes de Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador y
México, hiciéremos conjuntamente una Declaración por la que anunciáramos
nuestra disposición para afirmar un acuerdo multilateral con los demás países de América Latina, en el cual se establezca el compromiso de no fabricar,
recibir, almacenar ni ensayar armas nucleares o artefactos de lanzamiento nuclear. Dicha Declaración destacaría el anhelo de que a ella pudieran eventualmente adherirse el resto de las naciones latinoamericanas, a los fines de
que llegará a constituir, para nuestros pueblos, una especie de carta libertadora de toda amenaza nuclear. No creo pecar de un excesivo optimismo,
si manifiesto a -usted ahora que tal documento, vendría a tener, así mismo,
muy saludables efectos en los esfuerzos que tanto en la Asamblea General
de las Naciones Unidas, como en el Comité de Desarme, se vienen realizando en favor de alejar para siempre el espectro de una guerra nuclear.
"Las generaciones que nos han precedido lograron para nuestra América
títulos especiales de los que puede justamente estar orgullosa; entre ellos no
es el menor el de haber constituído el grupo de Estados que por primera vez
emprendió con éxito esa gran aventura de convivencia pacífica que es la
colaboración multilateral a través de los organismos internacionales. Si nuestra
generación logra, a su vez, la desnuclearización de la América Latina -como
un primer paso hacia la de todo el orbe y ulteriormente hacia el desarme
universal y completo- podrá descansar en la seguridad de que no ha de
serle adverso el juicio de la historia. Cierto es que son muchas las dificultades
a vencer, pero quiero creer -y para ello me apoyo en la experiencia que
brinda nuestro pasado como naciones amantes de la paz- que no son menores
ni vuestra voluntad ni nuestra habilidad para superarlas. Una forma muy
concreta de iniciar esta superación podría consistir, según mi modo de pensar,
en que hiciéramos a la brevedad posible la declaración que me he permitido
sugerir en esta carta.
En la seguridad de que tendrá usted a bien prestar a esta causa las luces
de su experiencia y su saber, le envío, señor Presidente, mis más cordiales
saludos y la expresión de los votos que formulo por su bienestar y ventura
personales" .6

• Op. cit., p. 624.

511

�C) El Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América
Latina.

Una vez que hemos citado los antecedentes anteriores, es de hacerse notar, tanto en la actuación del Presidente Mexicano Adolfo López Mateos,
así como en la autorizada opinión del Doctor Alfonso García Robles,
el hecho de que la política independiente de México en materia internacional no obedece a cuestiones fortuitas o circunstanciales, sino que es el fruto natural y espontáneo de nuestra experiencia histórica, es garantía de su
inalterable continuidad. Así, por ejemplo, en lo que atañe a la cuestión
de que vamos a ocuparnos, al lado de las declaraciones por el Presidente
López Mateos cuando hizo pública su iniciativa para la desnuclearización
de la América Latina y que ya tuve ocasión de citar al principio, conviene
colocar las palabras que pronunció el ciudadano electo por el pueblo de México para ocupar, la semana entrante, la presidencia de la República, al
aceptar su candidatura para ese elevado cargo el 17 de noviembre. El señor licenciado Gustavo Díaz Ordaz se expresó en esa ocasión en los términos
que a continuación repito y que resultan en extremo pertinentes en relación
a la tarea que tenemos encomendada:
"Luchamos por la Paz a sabiendas de que la autodestrucción del género
humano, no es én nuestros días hipótesis remota, sino posibilidad que debe
ser combatida; somos partidarios del desarme, empezando por la desnuclearización, pues estamos convencidos de que, o el mundo acaba con las armas
nucleares, o las armas nucleares acaban con el mundo. (Gustavo Díaz Ordaz: Pensamiento político, México 1964. T.I.P. 17)" 7
Iniciamos, pues, el estudio del

TRATADO PARA LA PROSCRIPCIÓN DE LAS ARMAS NUCLEARES
EN LA AMÉRICA LATINA 8

Dicho Tratado consta de 31 artículos distribuidos de la siguiente manera:
El Preámbulo, en el que se manifiestan los anhelos y aspiraciones de los
pueblos de la América- Latina y que refleja también los anhelos y propósitos
contenidos en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, pero
sobre todo cuando se declara "la prohibición total del empleo y la fabricación de armas nucleares o de todos los tipos de armas de destrucción en ma7

GARCÍA RoBLES, ALFONSO. La Demuclearizacíón de la América Latina. El Co-

legio de México, p. 52.
• Ver Apéndice.

sa", relativo a uno de los tres puntos de un programa coordinado de desarme,
aprobado en la Asamblea General de la O.N.U. en su resolución 808 (IV).
Interesante también resulta en dicho Preámbulo la declaración de que:
"la América Latina, fiel a su tradición universalista no sólo debe esforzarse
en proscribir de ella el flagelo de una guerra nuclear, sino también empeñarse
en la lucha por el bienestar y progreso de sus pueblos, cooperando paralelamente a la realización de los ideales de la humanidad, o sea a la consolidación de una paz permanente fundada en la igualdad de derechos, la equidad económica y la justicia social para todos, de acuerdo con los Principios
y Propósitos consagrados con la Carta de las Naciones Unidas y la Carta de
la Organización de los Estados Americanos.
Tomando en cuenta que en el apéndice se incluye el Tratado, nos concretamos a hacer únicamente una glosa de lo que a nuestro juicio resulta
de mayor interés. Así, vemos cómo el artículo lo. en sus incisos a y b, las
Partes Contratantes se comprometen a utilizar exclusivamente con fines pacíficos el material y las instalaciones nucleares sometidos a su jurisdicción
y a impedir en sus respectivos territorios:

a) El ensayo, uso, fabricación, producción o adquisición, por cualquier
medio, de toda arma nuclear, por sí mismas, directa o indirectamente,
por mandato de terceros o en cualquier otra forma, y
b) El recibo, almacenamiento, instalación, emplazamiento o cualquier forma de posesión de toda arma nuclear, directa o indirectamente, por sí
mismas, por mandato de terceros o de cualquier otro modo.

2. Las Partes Contratantes se comprometen, asimismo, a abstenerse de realizar, fomentar o autorizar, directa o indirectamente, el ensayo, el uso, la fabricación, la producción, la posesión o el dominio de toda arma nuclear o
de participar en ello de cualquier manera.
El artículo 2o. se refiere a la definición de Partes Contratantes. El artículo
3o. hace la definición de territorio y el artículo 4o., la zona de aplicación
del mismo.
El artículo So. está referido a la definición de las armas nucleares, entendiendo por "Arma nuclear" todo artefacto que sea susceptible de librar energía nuclear en forma no controlada y que tenga un conjunto de características propias del empleo con fines bélicos. El instrumento que pueda
utilizarse para el transporte o la propulsión del artefacto no queda comprendido en esta definición si es separable del arte/acto y no parte indivisible
del mismo.
El artículo 7o. estatuye lo relativo a la Organización, y para tal efecto el·
Tratado establece un Organismo Internacional denominado "Organismo para
513

512
H

�la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina", señalándose
la sede del mismo en la Ciudad de México. Por su parte, el artículo 80.
dispone los órganos principales del Organismo:
Una Conferencia General, un Consejo y una Secretaría.
El artículo 9o. establece, ya en particular, las funciones previstas por el
artículo anterior y el l0o. establece la forma de integración del Consejo.
El artículo 11 dispone de la organización de la Secretaría, compuesta por
un Secretario General y el personal necesario.
El artículo 12 establece el sistma de control destinado a verificar especialmente:

a) Que los artefactos, servicios e instalaciones destinados a usos pacíficos
de la energía nuclear no sean utilizados en el ensayo y la fabricación
de armas nucleares;
b) Que no llegue a realizarse en el territorio de las Partes Contratantes
ninguna de las actividades prohibidas en el artículo lo. del presente
Tratado, con materiales o armas nucleares introducidos del exterior, y
c) Que las explosiones con fines pacíficos sean compatibles con las disposiciones contenidas en el artículo 18 del presente Tratado.

El artículo 31 habla de los Textos Auténticos y Registro, finalizando con
un artículo transitorio.
Es de hacerse notar, la resolución 26 (IV) que se refiere a un voto de
gratitud que la Comisión Preparatoria para la Desnuclearización de la América Latina hizo en el sentido de reconocer el apoyo brindado por el Presidente de México, señor Licenciado Gustavo Díaz Ordaz y el Secretario de
Relaciones Exteriores señor Licenciado Antonio Carrillo Flores• en los propios t~rminos, dicha Comisión resolvió a hacer patente su ap:ecio al señor
Embajador, Dr. Alfonso García Robles, por su destacada actuación como
Presidente de dicha Comisión, sin olvidar tampoco, el voto de reconocimiento para el señor Licenciado Adolfo López Mateos, voto que se convierte en el reconocimiento para su generosa iniciativa y su decidida contribución a la causa de la Paz.

El artículo 13 está referido a las Salvaguardias del O.1.E.A. (Consultar
Apéndice).
El artículo 14 habla de los Informes de las Partes y el artículo 15, se refiere también a los informes especiales a solicitud del Secretario General.
El artículo 16 establece las Inspecciones Especiales, o sea la facultad que
tiene el organismo Internacional de Energía Atómica, así como el Consejo
creado por el Tratado, en los caso_s previstos por dicho precepto.
En el artículo 17 establece el uso pacífico de la Energía Nuclear y el 18
de las explosiones con fines pacíficos.
El artículo 20 habla de las medidas en caso de violación del Tratado.
En el artículo 21 se establecen las relaciones entre la Organización de las
Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos. El artículo
22 está consagrado a las prerrogativas e inmunidades.
El artículo 23 trata de la notificación de otros acuerdos, y el artículo 24
prevé la solución de controversias.
El artículo 25 versa sobre la firma del Tratado.
Lo relativo a ratificación y depósito, se consagra en el artículo 26.
El artículo 27 establece lo relativo a reservas, en el sentido de que dicho
Tratado no podrá ser objeto de las mismas.
·
El artículo 28 establece las reformas al Tratado.
La Vigencia y la Denuncia del mismo queda estatuido en el artículo 30.
514

515

�CONSIDERACIONES SOCIOLÓGICAS EN TORNO
AL DESARROLLO*
JUAN SANDOVAL TRUJILLO

INTRODUCCIÓN

Lo SOCIAL POR LO SOCIAL, dentro de los objetivos del desarrollo, es francamente un fenómeno de reciente aparición. Lo social dentro de las preocupaciones de economistas y pensadores de ayer y de hoy no tenía por qué existir, a no ser en función de lo económico. No era pues, por razones de ignorancia, ni mucho menos de olvido, sino tan sólo por cuestiones de método
y valores de un contexto socio-histórico-económico dado: que dichos economistas todo lo visualizaran en función de lo económico y siempre teniendo
como única finalidad lo económico.
La consideración de lo social y su integración dentro de lo económico y
para lo mismo económico en función de lo social, es una exigencia que el
mismo sistema que se está estructurando ante nuestros ojos nos impone como asunto de vida o muerte. Porque de la misma manera que ya los postulados del liberalismo económico resultan obsoletos y que sus circunstancias
determinantes de la oferta y la demanda ya desaparecieron y ahora son bloques de solidaridad y de fuerzas, o leyes de otra índole e intereses distintos,
quienes deciden las pautas a seguir; así tampoco ya no es posible esperar que
nuestro desarrollo vaya a surgir en medio de nuestro individualismo y egoísmo y que el mejoramiento social de nuestras gentes vaya a brotar como
una lógica secuela y automática del parodiado desarrollo económico nuestro. ( 1)
Más todavía, podemos afirmar que así como el hallazgo de la rehabilitación del hombre como persona social y no como otro factor cualquiera de
la producción, fue un hecho incidental y surgido por razones inminentes pa-

* Algunos puntos de la conferencia de este título, dictada por su autor en la
Facultad de Economía de la Universidad de Nuevo Le6n, el 30 de mayo de 1967.
517

�ra la vida de la empresa, así también la integración de fo social dentro de
los objetivos del desarrollo es un hecho que se ha impuesto por coincidencia tal vez, en vista de los obstáculos que han confrontado economistas y técnicos en general al poner en marcha sus planes de desarrollo dizque económico y ante su descalabro al constatar que muy a pesar suyo hay factores
de índole genuinamente social que determinan el éxito o fracaso de los objetivos previstos.
La planificación del desarrollo socio-económico nuestro urge que se haga
desde al plantearse los objetivos, si es que queremos subsistir en el concierto
internacional de la Humanidad, donde ya no son individuos aislados los que
buscando su propio y antojado interés, van a construir el mejor orden que
automáticamente nos lleve al bien común de la humanidad; no, jamás, porque ahora se trata de bloques que se autoprotegen y buscan autodesarrollarse internamente en solidaridad para todo su pueblo y recurriendo para ello
a cuantas medidas a su alcance se presenten, sin importarles, fuera de sus
áreas, quiénes sufran el rigor de sus medidas.
Lo social siempre interfiere y por lo mismo puede frenar o favorecer el
desarrollo. De allí que el conocimiento del medio o contexto de que se trate,
siempre se impone como prerrequisito necesario al éxito de todo plan de desarrollo.
Veámoslo en ciertos aspectos.

I. INTERFERENCIA OMNÍMODA DE LO SOCIAL: Cuantas veces se habla de
problemas de países en vías de desarrollo, siempre se alude al círculo vicioso
en que los mismos se encierran: Su bajo producto per cápita, por falta de
cap.ita!, su falta de capital y bajo poder de compra por su falta de ingresos,
sus bajos ingresos por ¡u baja productividad por falta de capital. Técnicos
y economistas como planificadores, a quienes esto les preocupa, jamás mencionan variables sociológicas que posiblemente intervengan en este círculo
hermético.
No es que se les reproche su tal proceder. De hecho no hacen más que
estarse ajustando a aquel principio fundamental de la socialización de la
cultura. Según este principio, cada persona internaliza los fenómenos d e
distinta manera, porque cada quien los visualiza a través de sus propios centros de interés que, a su vez, son diferentes para cada quien. Nada pues,
tiene de extraño que tanto los economistas como los planificadores y técnicos en general, concentren toda su atención en sus propios centros de interés que en el caso están constituidos por las tres fases importantes del hacer
económico: producción, distribución y consumo, con sus respectivas demandas que implican: fuentes de abastecimiento, canales de comunicación y hábitos del consumidor, en cuanto sirven a los fines económicos de que se trata.

i ~ué variables sociológicas, ni qué cosas por el estilo que puedan a ellos
vemrles en mente dentro de tales ámbitos de sus intereses! Sin embargo
trate~o~ de desglosar algunas de ellas, en cada una de las fases del hace;
econormco.

11. LA PRODUCCIÓN: Entre los factores relativos a esta fase _.
r
qué
no
reconocerlo
que
también
a
las
dos
restantes?
al
d
·
c.
y
po
1
•
.-, se u e siempre a
os tres ya_ consabidos: recursos naturales, capital y trabajo. A ellos añadamos expl~c1tamente y quizás tomando parte del primero, el talento O espíritu
empresanal.
Examinemos cada uno separadamente:
a) El capital: formación de capital necesariamente dice O implica ah
I
h b , d .
.
orro,
que uego a ra e mvert1rse, pero invertirse en tal forma que puedan esper_arse frutos del mismo,. a corto o a largo plazo, y frutos con repercusiones
sociales_ favorables. En la iniciación del desarrollo, tan importante es conocer
la cantidad de riqueza que se escape del consumo, como los objetos O fines
en los que tal ahorro se invierta.
. Nadie puede negar la influencia tan decisiva que ejercen en este caso vanable~ .tal~: como el . sistema de valores, de las relaciones sociales y de la
estratrf~cac10n que remen en un medio dado. Ellos, en efecto, nos van a
dete~ar, tanto _el ahorro como la inversión productiva. Resulta claro,
que si :_n una sociedad determinada, el prestigio y el poder se miden por
el ta.mano del coche que se use, por el lujo o amplitud del terreno O edificio
en qu~ se habite, o_,qué sabemos nosotros, quizás por el rumbo de la colonia
Y los mtereses que allí se jueguen; lógicamente todo cuanto se ahorra -sin
ponemos a investigar aquí en detrimento de qué capas se amase- en vez
de canalizarlo hacia _n~evas fuentes productivas, se va más bien a congelarlo en bo~to o prestigio, a pesar de que las mismas funciones vitales podían
haberse satisfecho con otro edificio en condiciones menos costosas. No dudamos que sea un ahorro, que si bien significativo para la familia interesada, resulta por completo intrascendente desde el punto de vista social.
~entro de esta misma línea podemos también hacer nuestras, las observa~10nes que el profesor Piet Peters ponía en entredicho alguna vez al refenrse, a la p~oductividad del trabajo y del capital en México. El frenesí que
~ tema por mcrementar el capital a expensas del trabajo, derrochando capital Y tr~bajo en equipos técnicos los más modernos, montados en fábricas
a todo luJO de oficinas y edificios, sin parar mientes en la abundancia de
mano de obra que se condena, con graves consecuencias a la vez.(2)
Po~que nadie duda de la grande necesidad que tenemos de fuentes de
trab~JO ~ no de gastos o ahorros que se congelan con derroche y sin ninguna
conc1enc1a social.

519
518

�Las relaciones sociales, usos y costumbres o ceremonias y rituales que se
estilen dentro de cada clase social, ¿ quién no reconoce el influjo que tienen
en función del ahorro y su destino? Qué de sorpresas nos aportaría una investigación realizada dentro de nuestro medio, para llegar a calcular la cantidad inimaginable de ahorros que se frustren en más o menos grado, según
las capas sociales de que se trate, en regalitos y objetos cuyos lujos no podemos permitirnos nosotros, mientras a nuestro alrededor haya tanta miseria.
Y nada digamos de las ostentaciones ceremoniosas por parte de cada uno
de nosotros, quemadas, bien en aras de un prestigio social malentendido, bien
en loor del santo de nuestra devoción, o en fin, en gestos filantrópicos bajo
la bandera de algún club o asociación sofisticados que suenen mucho en
nuestro medio.
¡ Qué mejoras se lograrían y qué de fuentes de trabajo pudieran crearse nuevas, si todos estos ahorros así dilapidados, pudieran canalizarse con
conciencia de nuestras necesidades, hacia la satisfacción de las mismas!
¡ Cuántos capitales ahorrados que se hayan venido quemando o sacrílegamente congelando, en orgías y bacanales, en muebles lujosos y joyas y en
tantas otras exageraciones de la vida social, cuando por todas partes nos
azuzan la miseria y el hambre desde cada rincón o cuchitril y por las calles
andan siempre mendigando caras lánguidas!
b) El Trabajo: Pululan teorías diversas acerca de las variables determinantes de este factor y de su oferta y demanda en el mercado del empleo.
No vamos a detenemos de ninguna manera en leyes que ya perdieron su
vigencia desde todos los puntos de vista. Las excepcione¡ que nuestro medio
ofrezca todavía, no vienen más que a confirmarnos las incongruencias del
sistema que las engendró.(3)
Todos sabemos que con la aparición del sindicalismo en el mundo y con
el surgimiento de los grupos de presión, nuevas leyes han sentado su dominio;
con los avances tecnológicos del momento histórico que atravesarnos otras
condiciones se han establecido. (4)
Consideremos únicamente dos variables sociológicas concernientes a este
factor. Ellas se refieren: una, a nuestro sistema familiar mismo y la otra,
a nuestra herencia religiosa. Ambas a nuestro modo de ver revisten gran
influencia en nuestro medio, con respecto al valor atribuido por nuestras .
gentes al trabajo y sus "bríos" al emprenderlo.
El sistema familiar nuestro, tan fuertemente cerrado y de tanto arraigo al
medio o clan a que se pertenece, protege al niño hasta el exceso desde los
pechos de nuestras madres y cuántas veces aún más allá de la escuela. Todo
este rol tan integrador de la familia que todos creemos uno de nuestros grandes valores, tiene, sin embargo, sus nocivas consecuencias. Nos crea una sensación de seguridad bendita y nos tira toda actitud de lucha y de esfuerzo

520

por el éxito en el trabajo. Más todavía, nosotros creemos que en este sistema familiar tan agasajante está también hincada corajudamente la raíz
maldita de nuestro individualismo. Y lo creemos, no por fe, sino con base
en estudios sociológicos que se han hecho en otros medios y en el nuestro.
Se ha demostrado ya que hasta la misma forma de envolver al niño en sus
pañales le va delineando su comportamiento en la sociedad a lo largo de su
vida.(5)
A toda esta vida de mimos y de complejos de seguridad y superioridad
pasiva, viene a añadirse nuestra herencia fatalista indígena. AL través de ella
i~ternalizamos las concepciones cristianas acerca del trabajo, ajustándolas
siempre naturalmente a nuestra superstición y fatalismo heredados. El trabajo para el mexicano es cruda sanción por esa falta que le costó un paraíso
de delicias. El trabajo asesta un rudo golpe a esa su seguridad personalista
de familia y en cada esfuerzo que le exige, él siente perder jirones de su
misma existencia bendita. Todo el valor sublime del trabajo que transforma
Y crea y a través del cual el hombre somete a sí a la naturaleza y la humaniza, a la par que él mismo logra su plenitud de perfección en síntesis con
ella; todo este misticismo real del trabajo queda por completo muerto en
la visión prismatizada de la mentalidad del mexicano. Por ello mejor prefiere la vida fácil y ligera -que al fin, ·estamos de paso-, y si después de
todo existe al cabo esa felicidad eterna, pues más vale no preocuparnos y
esperarla cruzados de brazos. ( 6)
c) El talento empresarial o espíritu de lucha: A diferencia del factor trabajo, que, acabamos de verlo, ha sido despojado de su significación auténticamente humana de acto creador, instaurándose en su lugar esa sensación
~e seguridad expoliada de todo esfuerzo; el talento empresarial, en cambio,
IIllplica arrojo, riesgo, tanto más intensos cuanto mayor sea la distancia, tiempo y espacio para alcanzar los frutos y mayores sean los esfuerzos que la
empresa pida. Así, que tal parece que talento empresarial y mentalidad o
"coraje mexicano", son dos polos diametralmente opuestos y si se sabe que
el primero (talento) no surge de la noche a la mañana, mucho menos puede esperarse que se genere en condiciones tan antitéticas.
El mexicano empresario es ciánico, egocéntrico e individualista y engreído
de su "seguridad", no arriesga ni se lanza. Prefiere más bien presumir y
rodearse de importancia, reforzando así su complejo que en la familia le
crearon. Si acaso tiene iniciativas, lleva el ansia de enriquecerse de la noche a la mañana, sin importarle en detrimento de quienes lo haga. Ferviente devoto de la providencia infinita, la misma explotación que de su
prójimo hace, la juzga protección divina, porque todo lo espera de Dios,
como si Dios fuera sacrílegamente cómplice de sus vicios de pereza y de
usura.(7)

521

�Siempre a la caza de dádivas y ayudas -violentando así la providencia-,
jamás le son suficientes los recursos con que cuenta y tiembla y se espanta
de sólo pensar que deba restringir su tren de gastos superfluos y lo que es
peor, desplegar mayores esfuerzos.
Y, sin embargo, siempre se ha creído que el porvenir de nuestra patria
debe estar en la gran empresa capitalista y en nuestra decantada industrialización a la fuerza. Y si algunas empresas han crecido, no es por causa
de nuestra vocación capitalista, sino más bien por la vena extraña a nuestra
mentalidad que allí anida. Pero nacidas en nuestro medio, están marcadas
por nuestro individualismo dánico, egoísta y por eso con qué lentitud vamos
penando hacia el soñado desarrollo, recelosos del éxito de los demás y llevándonos frentazos ante los mercados internacionales, donde el individualismo y la competencia desleal están condenados desde hace años. Ya lo
hemos dicho que ahora son bloques, grandes mercados internos que se autoprotegen y buscan desarrollarse de por dentro y para los suyos propios.(8)
Aquí aparece toda nuestra tragedia: el mexicano empresario carente de
todo espíritu o talento empresarial, ha pretendido lograr nuestra industrialización de por fuera y para los de afuera. Con ello, primero sembró de víctimas el agro, luego desgarró a nuestras gentes de su tierra donde se cifraba
fundamentalmente nuestro porvenir, a pesar de lo avaro que ella nos parezca. Porque nadie va a negar que en todos los países, la tierra ha sido
la clave de la industrialización. Por el incremento de la productividad de
la población agrícola, se desarrollaron los mercados internos. Mientras que
ahora, con el procedimiento seguido por la mexicana empresa industrial y
la avalancha demográfica que confrontamos, las gentes seguirán hirviendo
por todos los centros urbanos, atraídas por las expectativas industriales, sin
que la mexicana industria dánica y ahogada en su aislamiento, pueda todavía satisfacerle sus demandas de fuentes de trabajo y de poder de compra.
Y la empresa a su vez tendrá que rogar afuera que le compren sus productos. Lo cual siempre es traición y contrasentido, porque se está produciendo y exportando, mientras nuestras gentes carecen de lo necesario.
El problema que en otro tiempo se habría resuelto con la introducción de
técnicas agrícolas tan incipientes y con un gasto insignificante de entrenamiento, logrando así la fijación de nuestras gentes a sus tierras que tanto
amaban, con el aumento consiguiente de su poder de compra; cuán duro
nos costará ahora resolverlo y con premura, porque de todos modos nuestra
salvación comienza aquí en la tierra y después de todo, la industria nos llegará por añadidura. Pero dejemos de llorar y de echar coronas sobre los
muertos. No neguemos el progreso, pero como decimos progreso o crecimiento, porque ése ha sido para ciertos grupos e individuos, pero de ninguna

522

manera es desarrollo para todo el hombre y para todo el pueblo mexicano
que sigue hambriento en su gran mayoría.
2) La distribución o cambio: Si bien económicamente siempre se ha aludido a un solo sistema de cambio y distribución, al través de un mercado en
que los precios se fijan de acuerdo con las leyes de oferta y demanda · sociológicamente y en realidad podemos referirnos, de hecho, a tres siste:nas de
distrib-nción o cambio. Los otros dos son: el de distribución o cambio redistributivo, donde todo se concentraba a un organismo único o mercado centralizador de, bienes y servicios, de donde todos recibían o cogían según sus necesidades tal como en el antiguo imperio de los Incas del Perú, sistema que
en mucho se emparenta con el de los antiguos cristianos y con el practicado
en algunas órdenes religiosas; y el de distribución o cambio reciprocativo que
se da entre algunas tribus o clanes y, en cierta medida, entre muchas de
nuestras familias y en determinadas clases sociales, consistente en un intercambio de dones o bienes o servicios recíprocos, sin fijarse ni precios ni otras
leyes que los solos usos y tradic_iones. ( 9)
El sistema de intercambio, con base en precios que se fijan por leyes de
oferta _Y de demanda en un mercado de concurrencia, día tras día, va desapareciendo, condenado por contextos socio-histórico-políticos con otras exigencias y otras leyes que los rigen. En su lugar se van instaurando los dos
últimos sistemas de redistribución y de reciprocatividad. ¿ En qué otra forma si no, podrían visualizarse los sistemas de redistribuci(m de los países socialistas y de los que poco a poco parecen acercarse algunos países europeos que
al menos buscan crear entre ellos el sistema de distribución o cambio reciprocativo en un Mercado Europeo cada vez más integrado, en un Benelux
tan compacto, y en tantas otras concentraciones de familias gigantes que se
intercambian y protegen recíprocamente? ¿Adónde vamos a ir nosotros a
mendigar con nuestros contados y raquíticos productos y dónde podremos
tener cabida con nuestro individualismo, en ese magno concierto familiar
donde no son las leyes antiguas de oferta y demanda las que rigen, sino las
conciencias colectivas de solidaridad social que se protegen y que se han
venido creando al través de crudas experiencias juntas de triunfo y de derroSi queremos subsistir, tenemos necesariamente que buscar proyectarnos
socialmente, aquí entre los mismos nuestros y no esperarlo todo de fuera ni
~uerer producir todo para fuera, sino desarrollar nuestros propios mercados
mternos a través de sistemas de redistribución o reciprocativación, al través
de mejoras políticas de salarios y prestaciones bien planeadas, que constituyen uno de los medios más eficaces para difuminar un tanto las disparidades sociales y aumentar el poder de compra de nuestras gentes y claro su
productividad y su ahorro.
'
3) El consumo: Ya Marshall, con gran acierto, había establecido que el

tas'.

523

�consumo de las gentes estaba determinado por la estructura social misma
a la que se pertenecía. Dentro de tal estructura cada estrato o capa social
tiene sus mentalidades y valores y escala de preferencias que predeterminaron
el consumo. Ahora bien, nadie ignora el desenfrenado consumo que priva entre los miembros de determinadas capas sociales, sobre todo en lo que
respecta a sus gastos discrecionales o marginales. Ellos absorben, no pequeñas cantidades, ya que sus ingresos están demasiado sobrados. Es eb estos
gastos o consumos donde la publicidad frenética se nutre y es dentro de tales capas sociales donde naturalmente encuentra su mayor número de presas. ( 10)
Sólo una planificación de desarrollo social puede fijar prioridades de consumo de los bienes sociales sobre los económicos y lograr contrabalancear debidamente la acción de la publicidad. Esta las más de las veces crea necesidades artificiales que tienden a satisfacer los intereses reducidos de una u
otra firma, más bien que necesidades humanas.
La publicidad parece mismo haber cambiado las leyes de la moralidad.
Si antes se invitaba a la moderación y al ayuno, ahora tal parece que
entre las gentes de tales clases sociales la ley es: enguye todo lo que veas
y compra todo lo que quieras. Mientras a su alrededor se zarandean caras
lánguidas y andrajosos seres humanos.

111. CONOCIMIENTO DEL MEDIO: Siempre se creyó que todo desarrollo
económico se traducía espontánea y automáticamente en el desarr&lt;,llo social
de los pueblos.
La experiencia ha demostrado de hecho que tal desarrollo no brota si de
antemano no fueron fijados los objetivos sociales que pretenden lograr en
toda acción de desarrollo económico. Porque justamente de tales objetivos
sociales van a depender las preferencias en la clase de inversiones, su lugar
y modo, las preferencias en la clase de medios, técnicas o recursos a ponerse en práctica para ir mitigando las disparidades sociales y regionales
o para un desarrollo social verdadero; y las preferencias en el destino que se
vaya dando a la riqueza creada que tiene que surgir necesariamente de todo
proceso productivo.
De donde resulta que para poderse fijar los objetivos sociales que han de
integrarse dentro de todo plan de desarrollo, es urgente que anteceda un
estudio acertado del medio social al que se destine el plan: así podrán descubrirse las prioridades sociales que deben perseguirse, con base en los caracteres sociológicos del medio, las posibles reacciones a las técnicas nuevas que
el plan presupone, y los medios más adecuados o técnicas aconsejables para
aumentar o crear la receptividad de la población frente a las innovaciones
previstas. Asimismo se podrá dirigir mejor la utilización que las gentes va524

yan haciendo de las inversiones planeadas. Todos estos y otros parecidos aspectos forman parte de la labor o funciones del sociólogo. Concretemos cada
uno de los enunciados. ( 11)
. 1) Lo~ CARACTERES socroLÓGICos DEL MEDIO: Constituyen, por así de~lo, la _infraestructura informativa necesaria para poder precisar los objetivos sociales a perseguir; asimismo nos alumbran ya las medidas más adecuadas para el logro de los mismos.
Bajo este título se inscribe toda la gama de hábitos y comportamientos
de las g~nte~, s~s valore_s y sistema de relaciones. No se pueden pasar por
alto sus mclinac1ones e mtereses, ni sus habilidades en materia de actividades ocupacionales: agricultura, pesca, artesanía, etc.
Tampoco pueden ignorarse los gustos de las gentes en lo que concierne a
formas de habitación y casas, alimentación y condiciones de salud distribución o preparación de los presupuestos familiares, etc., etc.
'
Ni mucho menos se van a echar a un lado sus costumbres y tradiciones
usos familiares y creencias, las formas de autoridad y cohesión de los grupos'.
Deben conocerse las fuentes de sus ingresos y del consumo así como sus
h~bitos ~n materi_a de uso o destino de sus salarios. Revisten ~an importancia las mterrelac10nes que mantengan con otros grupos o comunidades vecinas, los medios de comunicación que se usen, sus hábitos comerciales y
tasas de interés, sus formas de intercambio y monto de autoconsumo.
Toda inversión o proyecto de mejoramiento en cualquier comunidad 0
medio, en tanto surtirán buenos resultados en cuanto su procedimiento de
ej~cu~ión v,aya guiado por la estrategia que nos dicte el sistema social que
allí nJa. Solo las gentes del medio mismo saben (aunque tal vez no lo comprendan) el funcionalismo de sus hábitos, actividades y demás que han tenido que poner en práctica para poder subsistir en tal contexto geo-sociohistórico dado.
2) PREVISIÓN DE NUEVOS COMPORTAMIENTOS: Comprendidos los caracteres _sociológicos del medio, el siguiente paso consiste en sondear las posibles
reacciones de las gentes, a raíz y en función del nuevo tren de vida y de las
técnicas que se llevarán al cabo al ponerse en marcha el programa. En este
campo urge conocer:
a) La escala de sus preferencias al aumentárseles sus ingresos. Con ello
se vislumbrarían las formas y monto del consumo y la parte que podría
sustraerse para ahorro o inversiones.
b) Los cambios de estructura en los presupuestos familiares, a raíz de
los nuevos empleos o simplemente por aumento de salarios.
c) Los movimientos migratorios hacia los centros o fuentes de empleos:
Grado de movilidad de la mano de obra que se prevé según el arraigo que
muestran las gentes a su medio y tradiciones; posibilidades de que se aven-

525

�gan y fijen ep los sitios de trabajo. Todo esto constituye una base para programar construcciones de alojamientos colectivos, no sin antes habernos cerciorado de la aceptación que tal nueva forma de habitación pudiera tener
entre la población estudiada. Este punto reviste suma importancia.
El fracaso que se tuvo acerca de los hábitos de los recogedores de papeles en la ciudad de México y el destino que les dieron a las casitas que
se les habían construido obedecen al caso omiso que se hizo de sus hábitos y
a la falta de previsión de sus reacciones.
•
3) Los MÉTODOS: Previstos los futuros comportamientos, habrá que determinar las técnicas más adecuadas o los medios mejor aconsejables para promover en la población la receptividad o asimilación de las nuevas formas de
vida y el aprovechamiento máximo de las inversiones presupuestadas.
El sociólogo en esta parte tendrá que establecer los pragramas de educación, información y vulgarización a llevar al cabo en el medio conocido. Las
áreas que abarque serán de acuerdo con los requerimientos: Zona rural y
campesinado, fabril o industrial.
Se estudiarán las formas de información e intervención que mejor se adapten al mayor aprovechamiento de los ingresos entre las famili~ y para la
colectividad, ajustando los presupuestos familiares, a fin de evitar los desperdicios o gastos injustificados. Sólo así se estimulará el ahorro: con un
consumo juicioso. Cuántas veces nuestras gentes, al verse con dinero, no
saben medir la utilidad de los artículos y adquieren los más costosos, cuando
cualquier otro a mitad o menor precio aún, les rinde el mismo servicio.
Claro que aquí vemos el mal que en tales medios hace la publicidad mercantilizada, nociva a los intereses de la comunidad.
Viene, finalmente, con base en todos los datos anteriores la fijación de un
presupuesto correspondiente de gastos para el programa educativo.
De lo anterior se desprende que: el desarrollo no constituye en sí una
meta que se fije o proponga, sino más bien es la resultante de un proceso
dinámico de cambio social, en el cual tienen que intervenir y están comprometidos todos los hombres y todo el hombre con sus estructuras e instituciones respectivas. Ello implica un convencimiento pleno de todos y un
anhelo social de cambiar, porque es necesario como única forma de seguir
subsistiendo en el gran concierto de la humanidad, o de otro modo estaremos
en peligro constante de perecer.
Cuán sencillo y, sin embargo, qué difícil de convencerse de que es el
hombre socialmente comprendido el único ente, origen y finalidad del desarrollo y que en tanto lo habrá conseguido, en cuanto que todos los hombres
y todo el hombre lo vayan disfrutando y no tan sólo unos cuantos como es
nuestro caso mexicano. ( 12)

526

BIBLIOGRAFIA

A fin de que los interesados se orienten más concretamente sobre algunos puntos
esbozados en esta colaboración, se creyó prudente, no tan sólo indicar la fuente,
sino además reseñar muy brevemente el contenido de la obra o artículo.
( 1) FROIDEVAUX P., Pour une planification socio-economique en milieu industriel
E~onome &amp; Humanisme, No. 166, 1966, pp. 52-62; publicación del Centre Econ;
Illle et humanisme. Lyon, Francia.
El autor nos demuestra con base en investigaciones recientes que "a toda acción
~e desarrollo económico deben fijársele de antemano objetivos sociales a lograr, a
fm de no parar en la pura finalidad de producción por el consumo y el lucro" como
lo pretende el sistema capitalista con sus perniciosas consecuencias y desigualdades
socio-económicas.
Dentro de esta misma línea pueden también consultarse con provecho los artículos
siguientes;
CAZES B., "Finalité de -l'economique", Economie &amp; Humanisme, No. 158, 1965,
pp. 22-36.
AusTRUY J., L'economiste et les civilisations, Economie &amp; Humanisme, No. 124,
1959, pp. 9-17.
(2) PIET PETERS, Comparación Internacional de la productividad de la mano de
obra y del capital, conferencia dictada como parte del ciclo de Economía Industrial
organizado por el departamento de Economía del Instituto Tecnológico y de Es~
tudios Superiores de Monterrey, durante los días 10-11-12 y 13 de Abril de 1967.
(3) SELIER ET TrANO, Economie du Travail, Presses Universitaires de France edi~ 1%~
'
El autor nos hace una exposición completa de dichas teorías y nos muestra varios
métodos para llegar a medir la parte imputable al trabajo dentro del ingreso nacional.
Así, también nos habla de la influencia del sindicalismo en la productividad del trabajo.
(4) SANDOVAL TRUJILLo, JUAN, Syndicalisatión et salaires horaires conventionels
dans quelques industries belges, thesis presentée a l'Institut Superieur du Travail de
l'Université Catholique de Louvain (Bélgica). 1965.
( 5) DE BIE, PrnR.RE, C ours de S ociologie genera!e, U niversité Catholique de Louvain
1963 (Bélgica).
'
( 6) En lo que respecta a la significación humana del trabajo y su misticismo,
consúltense: VIALATOUX J., Signification humaine du travail, Editions Ouvrieres, París
(Francia) 1962.
V. CoUESNONOLE, Signification Chretienne du Travail, Economie &amp; Humanisme
No. 128, 1960, pp. 3-18.
(7) Ya MAX WEBER demostró la influencia de las ideas religiosas en el desarrollo
del capitalismo.
(8) Se puede demostrar que todas las empresas florecientes en nuestro medio tienen
una vena religiosa mosaica (judía) o de otra índole, claro que con algunos matices
contagiados del contexto.
(9) SMELSER NEIL J., The Sociology of economic lije, Prentice Hall Inc., Englewood
Cliffs, New Jersey, Third Printing 1965.
El autor nos da primero un bosquejo del desarrollo de la sociología económica;
luego nos demuestra la íntima relación entre la sociología y la economía y la necesidad

52i

�de una economía más sociológica. Finalmente, nos ofrece un análisis detallado de los
procesos económicos desde el punto de vista sociológico.
, .
Esta obra acaba de aparecer en español en los manuales U T E H ~, Me~co,_ 1966.
Dentro de esta misma linea pueden leerse con provecho los art1culos ~1gmente_s:
Bmov A., Jntegration des sciences de l'homme et Sciences Sociales et devenir humain,
en Economie &amp; Humanisme Nos. 114, 1958, pp. 414-422; 164, 1965, pp. 2-12 respectivamente.
OuETTRE A., A la recherche de l'economie humaine, en Economie &amp; Humanisme,
No. 120, 1959, pp. 15-24.
.
.
( 10) GERVASI, S., Publicité et creation de besoins, en Econom1e &amp; Humarusme, No.

166, 1966, pp. 12-40.
. .
..
Donde el autor nos demuestra la serie de abusos que causa la pubhc1dad mercantilizada y mal dirigida en un sistema capitalista.
.
( 11) VELLAS P., Connaissance du milieu social et deueloppement econom1que, en
Revue de l'Institut de Sociologie, Université Libre de Bruxelles (Bélgica), 1964-2,
pp. 239 SS.
•
• •
,
"d d ·
El autor nos habla largamente con abundancia de b1bliograf1a, de la neces1 a rmperiosa de conocer los medios sociales en todos sus detalles, anfes de lanzarse a
emprender cualquier acción de desarrollo. .
.
( 12) WEISSK0PF A., Croissance econom1que et bien-etre.
.
.
ALB..ERTINI J. M., La fausse croissance. Ambos artículos en Econonue &amp; Humarusme,
No. 163, 1965, pp. 2-15 y 16-27 respectivamente. Los autores nos d~mues~ en lo
que consiste el desarrollo económico y cómo el desarrollo debe tr~duc1rse en bienestar
social ara todo el hombre y para todos los hombres. Porque s1 engendra mayores
d · ~dades tal como nos dice PAULO VI en su última encíclica: Populorum Proesigu
,
b"
t
sse
gressio, "en que los ricos se hacen más ricos y los_, pobres mas po res , en once
trata de un falso crecimiento, a base de la explotac1on.

...t
SOCIOLOGIA DEL ARTE
DRA. ANGELES MENDIETA ALATORRE
Academia Mexicana de Sociología
Contenido. Estudios sobre sociología del arte.-Didáctica de la materia.-Proyecto
para elaborar un programa de enseñanza. a) Finalidades y definiciones b) Temas
de estudio c) Lecturas.

A.

528

ESTUDIOS SOBRE SOCIOLOGÍA DEL ARTE
EN LA ANTIGÜEDAD, EL ARTE cumplía una función social, no fue creado con
fines estéticos. En nuestros días, el arte vuelve a estar cargado de mensajes
sociales, pero sus símbolos esotéricos, las corrientes espirituales de influencia,
los conflictos humanos que conmueven al artista y las reacciones de los grupos, hacen necesaria una revisión bajo nuevas luces para comprender e
interpretar este fenómeno cultural con todos sus disímbolos aspectos, tarea
que en gran parte, compete a la sociología del arte.
El estudio debe fincar su arraigo en la historia de la cultura, interpretada
por Weber como una sociología de la cultura e inserta, según él, en el campo
de la misma, para confrontar la historia y el presente y para que aquélla y ésta
se iluminen recíprocamente. Es la cultura el producto más precioso del hombre,
y el arte, la forma que parece reflejar con mayor acierto, la fisonomía particular de los pueblos. Tal circunstancia se debe, quizá, a la particular intuición de los artistas para ofrecer y crear una imagen de aquello que más los
conmueve e impresiona. Sus obras, elaboradas según sus particulares inclinaciones, se insertan y nutren en las raíces profundas de su vinculación social
y les permite develar en ellas, los caracteres dominantes de su grupo social al
que pertenecen.
Ahora bien, la historia de la cultura como ciencia autónoma es nueva,
también lo es la Sociología y más aun la sociología del arte. Pero cabe mencionar que desde un principio, la sociología consideró el fenómeno cultural

529
H

�y artístico como uno de sus capítulos más importantes. Si tomamos al azar
cualquier tratado de Sociología, advertiremos la inclusión de estos temas,
por ejemplo en Economía y Sociedad de Max Weber; en Social and cultural
Dynamics de Sorokin, así como en los estudios sociológicos de Agramonte,
Simmel, Bouglé, Recaséns Siches, Antonio Caso y Medina Echavarría.
La Sociología del Arte se inicia propiamente a fines del siglo pasado con los
estudios de los franceses Hipólito Taine (1828-1893) y de Jean-Marie Guyau ( 1854-1888). Posteriormente aparecen estudios más relacionados con esta
materia como El arte como experiencia de John Dewey y Arte y Sociedad de
Roger Bastide.
En México' inicia los estudios
sobre Sociología del Arte, el Dr. Lucio Men.
.
dieta y Núñez, fundador de. la Academia Mexicana de Sociología Y ex-director del Instituto de Investigaciones de la U .N.A.M., con sus artículos en la
Revista Mexicana de Sociología en el año X, No. 3 y posteriormente con su
obra Sociología del Arte de 1962.
Los estudios más recientes son ya de tipo monográfico, debido a la amplitud
misma del panorama general, como los siguientes: Introducción a una sociología de la música, de Silvermann, La Sociología del teatro de Jean Duvignaud así como el estudio de determinadas épocas muy importantes en . la
historia del arte, como la Sociología del Renacimiento, de Alfred Von Martm.
Finalmente cabe citar en cuanto al tema de esta comunicación, las notas
'
.'
sobre la enseñanza de la sociología en América, concretamente en Argentina,
-Panamá, Santa Fe y Tucumán- y las Notions de Sociologie apliquée a la
Moral et a l'Education, y Los Principios de aprendizaje en Ciencias Sociales
en la Psicología de la Educación de Skinner, así como los Fundamentos de
la educación estética de Domingo Tirado Benedí.
Si bien, muchas de las ramas clasificadas tradicionalmente en cierto campo
del conocimiento humano se han modificado, otras, como la sociología del
arte, ajustan sus linderos para adquirir prestigio propio.
Por ejemplo, la psicología rompe sus asideros con la filosofía tradicional y
se adentra en la ciencia con aplicaciones en el campo del derecho, de la
pedagogía y en la eficiencia personal para el ejercicio de los negocios; la
etiología después del célebre simposium que puso nerviosos a los sociólogos
por advertir las implicaciones del compartimiento animal con los cuadros de
la conducta humana,1 ha abierto nuevos campos de exploración, el fenómeno artístico ha sido estudiado por la reflexión estética, la historia del arte
y la sociología en general, pero pretende recoger con mayor disciplina sus
fronteras para profundizar más estos asuntos.
Entre sus finalidades está precisamente la apuntada ya, o sea la compren1

sión y explicación del arte bajo nuevas interpretaciones y concretamente del
arte contemporáneo, para descubrir sus oscuras manifestaciones.
Como ciencia nueva, la sociología del arte necesita estudios de la materia,
investigador~s que enriquezcan sus acervos, aumenten la visión del panorama conocido, descubran los elementos de interpretación más apropiados y
expliquen la inciencia de ciertos fenómenos para determinar sus leyes.
La Sociología del Arte se estudia como materia obligatoria en algunos
planes de estudios superiores, como en la especialidad de la Sociología, las
Ciencias Políticas o como parte de la historia de la cultura en estudios comparativos o en seminarios de investigación. Apenas cabe suponer que si tenemos descubrimientos nuevos, éstos requieren diferentes explicaciones y diversas formas de interpretación.
Mi entusiasmo se apoya -y éste es un modesto testimonio del mismo-porque preveo el incremento de esta ciencia que ofrece puntos de esclarecimiento e interpretación muy particulares y sabe captar las influencias
mutuas de cultura y sociedad. Para bien o para mal, el artista tiene la palabra en la crítica de su propio siglo.
La movilidad social, los cambios y ajustes, las ale.,crrías y el sufrimiento,
ofrecen en nuestro tiempo una visión caótica y confusa que es necesario interpretar y comprender. Temas de singular importancia es la reflexión desde
el punto de vista del arte, del conflicto social, el descubrimiento precoz del
desplome por el deterioro de la cultura, el drama hacia el encuentro de un
futuro que hoy se encuentra más cercano y amenazante que nunca por la
dinámica de la evolución humana, las reacciones ante el cambio de la tradición y la descomposición de cánones de belleza que se han reblandecido.
Por otra parte, la sociología tiene a mano el estudio del fenómeno artístico
desde el punto de vista de los materiales, el cambio de los procedimientos
por mutación de la economía, tan importantes en la pintura y la arquitectura
y tan desconcertantes en la música.
La sociología del arte puede revelar y develar los rumbos misteriosos de
un arte cifrado, descubrir las zonas de influencia, buscar las constantes y
señalar las leyes de esta ciencia nueva.
Se incluye, pues, una noticia general de los estudios sobre la Sociología del
Arte en forma de sugerencias para lecturas comentadas y no como una
fría nota bibliográfica, sino como parte de la función didáctica y se presenta
un programa flexible, con finalidades, definiciones y temas que pueden ser
\
enriquecidos con la particular interpretación del maestro -cual corresponde
a una auténtica libertad de cátedra- pero dentro de normas obligadas en
los estudios superiores organizados.

Revista de Occidente. ECO. Enero de 1967 Bogotá. Colombia.

531

530

�DIDÁCTICA DE LA ENSEÑANZA

\

Sorprende la falta de rigor pedagógico en muchos aspectos de la docencia
superior. Si bien hay programas elaborados y planes de estudic,s dentro de
los diferentes sistemas, éstos se modifican con una facilidad desconcertante;
el cambio no es censurable en sí, ya que la pedagogía requiere de revisiones
periódicas para su mejoramiento, sino que, las reformas obedecen a motivos
ajenos a las necesidades educativas.
Por otra parte, la falta de un cuerpo doctrinario, más relacionados con los
ideales de la educación superior, motivan cierta superficialidad de los estudios por falta de una fuerza cohesiva de impulso general. Hay en cierto
modo una dicotomía entre las finalidades tibiamente esbozadas y la realidad
exigida: por ejemplo, mientras el servicio social no sea de carácter obligatorio y reditúe realmente la inversión popular en la formación de profesionales, como que carece de sentido esta donación privilegiada.
Por otra parte, los métodos y técnicas de la enseñanza tradicional, siguen
siendo los mismos: el verbalismo, la repetición sin aliento, el repaso sin interpretación particular y la trasmisión mecánica del legado cultural, son
aspectos rutinarios e inveterados de la docencia superior.
Pocos maestros de las universidades, institutos y escuelas superiores poseen
realmente el "eros" pedagógico necesario para hacer grata la transmisión
de los conocimientos; otros, carecen de habilidad didáctica y no llevan métodos precisos en sus exposiciones, pocos son los que alientan el mejoramiento
personal, la investigación y la aventura del descubrimiento individual. El
maestro, sobre todo en los grados superiores debe conmover y entusiasmar,
promover el impulso hacia actividade_s más ambiciosas que la mediocre aplicación profesional.
No pueden desoírse las experiencias modestas de la didáctica elemental,
como es la armonía entre la exposición teórica y la práctica adecuada, la
importancia del Diario de Clases, como base de organización mental y como
fuente de experiencias y mejoramiento personal.
Algunos también menosprecian los recursos auditivovisuales, los cuales deben ser considerados como auxiliares, pero sirven para hacer más efü;,az el
proceso del aprendizaje.
La educación, ya se sabe, contiene dos fuerzas aparentemente bipolares,
una de ellas es su sentido de conservación que le permite salvaguardar y
apreciar los valores de la, tradición espiritual, cultural, científica y técnica
para entregar el precioso legado a las generaciones nuevas y, otro, es el
impulso hacia adelante, no solamente para tomar conciencia de la realidad
de la propia época sino para profundizar y orientar la marcha, de tal suerte

532

que ambas, paradójicamente, se completan en el fenómeno educativo, ya
que aquélla preserva, mientras ésta invita al mejoramiento.
Del conoci~ento de tal proceso puede advertirse lo necio que es considerar como me1or todo lo nuevo, sólo por el hecho de serlo, actitud bárbara
que deso~e
exper~enc'.a, como también es objetable 1a actitud que confina
los conocllllientos e rmp1de la renovación.
La di~áctica especial ~ebe tomar en cuenta lo valioso de las experiencias
Y los meto~os pero relacionarlos con acierto a los recursos de la pedagogía
contem~or~ea. Concretamente, la enseñanza de la sociología es difícil en
cu~to implica un triple dominio, esto es, el de la sociología del arte, la histona del arte y las normas de la docencia superior.
Los métodos propios del estudio de las ciencias sociales se completarán
~on la t~~nica de, 1~ investigación social, ambos pueden e~iquecerse con la
~ormac1on es~d_1~t1ca, los métodos comparativos, no para realizar simples
!uegos de erud1c1on, ya que el contraste ofrece múltiples posibilidades de
mterpretación, sino para la búsqueda de puntos básicos en la sociología del
arte.

!ª

&lt;=:a~a sesión d~ . ~abajo docente debe estar organizada con anticipación,
advirtiendo las d1vis1ones que ha señalado la tarea docente, como las unidades, marcando el desglosamiento, las actividades y la bibliografía de consu!ta; o las áreas, con precisión de temas, tópicos y cuestiones relativas,
~1 c?mo el . uso del material didáctico. El maestro deberá llevar, por expenenc1a propia a la elaboración de su propio método de trabajo, pero después
de acatar las experiencias de los que han pasado ya la aplicación. Como
regla gener~, se recomienda rechazar la simple exposición verbal, ya que
to~~ las s:s10nes deben ac?mpañarse de muestras o diapositivas, películas 0
gráficas as1 como comentanos de los alumnos a las excursiones culturales el
análisis de ciertas películas y la lectura de algunos textos.
'
Particularmente prefiero analizar un capítulo breve de algún autor, que
recomendar la lectura superficial de toda la obra a estudiantes poco pre~arados o ajenos todavía por inmadurez, a la dura tarea de la atención
mtelectual.
Cada año, el maestro aprende más de sus errores que de sus aciertos, por lo
tanto es bueno registrar unos y otros en la parte final del Diario de Clases
para superar los primeros y prestar mayor atención a los segundos.
'
Es recomendable, volver una y otra vez a los temas de exposición para
obtener la fijación definitiva del conocimiento según las indicaciones de la
psicología del aprendizaje. El asunto de la evaluación, tan difícil siempre
en la sociología del arte, puede presentar mayores problemas, pues no sola~
~ente tomará en cuenta las inhibiciones del estudiante frente a las pruebas,
smo que será conveniente evaluar su aprovechamiento con diversas explora-

533

�dones didácticas ya sean trabajos dirigidos, investigaciones de taller, excursiones, prácticas realizadas y cuestionarios tanto objetivos com~, subjetivo~.
Las pruebas, ya lo sabemos, deben ser solamente la comprobac1on del cnterio del maestro, pero no hay que sobreestimar la suficiencia del ma:stro
creyendo que puede ser infalible en el conocimiento, hasta de fracciones
decimales, de la capacidad retentiva de sus alumnos.
Cuadro sinóptico de los objetivos de la enseñanza de la sociología del arte.

.AnQUIRlR

aptitud

APRENDER

habilidad

APLICAR

Inteligencia

CREAR
Talento

534

La capacidad de observación pata conocer la realidad social,
la forma de la recreación estética y lo que algunos sociólogos
han llamado el juego art'JStico.
la intuición de los elementos, factores y campos de estudio que
permitan descubrir la influencia del medio social en el que
vivieron los grandes artistas.
el conocimiento de la historia del arte para descubrir los cambios sociales.
a incorporar el conocimiento al modo personal de pensar, para
poder formular por medio de la reflexión, las hipótesis más
acertadas de la sociología del arte.
a clasificar los grandes movimientos para advertir las constantes incidencias y concordancias.
a ~xaminar el fenómeno estético a la luz del conocimiento de
la sociología, para conocerlo, evaluarlo y obtener conclusiones.
las leyes sociológicas generales a las formas particulares de la
expresión.
.
estudiar las teorías, corrientes de opinión e interpretaciones de
mayor prestigio para su revisión y conocimiento.
conocer las leyes de la sociología y aplicarlas adecuadamente a
determinadas épocas.
Saber orientar a los estudiantes para formar el cuerpo de investigadores de esta especialidad de las Humanidades.
Descubrir ante los alumnos el campo interesante de la sociología del arte para estimular su interés y que lleguen a
encontrar elementos más idóneos de la interpretación de la
cultura histórica y la de su propio tiempo.

PROYECTO PARA ELABORAR EL PROGRAMA DE ENSEÑANZA

El programa de Sociología del Arte se ofrece aquí en forma abierta con el
objeto de permitir la libre exposición de la cátedra, haciéndose solamente el
enunciado de los cuerpos básicos de estudio que el maestro podrá desglosar
desde su particular punto de vista, subdividiéndolo en las sesiones necesarias,
pero dentro del ritmo de trabajo señalado en el calendario escolar.
El programa pretende alcanzar los siguientes objetivos:
a) Estudiar solamente los temas que pertenecen rigurosamente a la Sociología del Arte.
b) Presentar una exposición sistemática de los grandes temas, para aplicar diversos métodos con el objeto de despertar el interés personal de estos
estudios para formar cuerpos de investigadores y docentes.
c) Señalar en la exposición didáctica las correlaciones necesarias con otras
disciplinas como la historia del arte, la historia de la cultura, la estética y
el estudio socioeconómico de los materiales.
d) Hacer llegar a los estudiosos de las Humanidades, los conocimientos de
la Sociología del arte, como instrumento de interpretación sociocultural.
Como finalidades concretas y formativas se enumeran: la capacidad de
adquirir dotes de observación; aprender a reflexionar sobre el fenómeno artístico para observar en el mismo, las leyes generales de la sociología; aprender
a incorporar los conocimientos adquiridos a la cultura personal; conocer
los cambios, transformaciones, deterioro, aculturación y mestizaje de la culo
tura en general y del arte en particular.
Una vez que los estudiantes conozcan las finalidades del programa, es
conveniente pasar a estudiar los grandes temas principiando, después de las
consideraciones de las finalidades, a fijar la definición y los conceptos básicos.
La ubicación de la Sociología del Arte, en el cuadro de la cultura podrá
relacionarse según las diversas teorías o posiciones sociológicas, como las de
Wundt, Guyau, Taine, Jager y Lamprecht.
El segundo cuerpo de enunciados pueden ser las relaciones e implicaciones
de la Sociología del Arte con otras disciplinas o ciencias, señalando límites
y haciendo un obligado "deslinde" como quería don Alfonso Reyes para otros
aspectos de las Humanidades.
El tercer asunto será forzosamente el conocimiento de los métodos adecuados para el estudio de la materia en general y de las unidades en particular.
Como temas relacionados, pero que deben estudiarse a través del enfoque
de las particulares interpretaciones socio-culturales, será la revisión de las Cla-

535

�sificaciones del arte.2 Los factores de influencia en ciertos géneros y las expresiones más características de los pueblos según su proceso de desarrollo.
Define más a los pueblos, la obra maestra de sus artistas que muchas aclaraciones prolijas. Como cuarto capítulo será acertado considerar los diversos
aspectos del arte, como las Uamadas tradicionalmente BeUas Artes, así como
las artes menores o artes aplicadas. Se observarán las peculiaridades sociales
. de la expresión, la evolución de los diferentes conceptos de belJeza -tema
de singular importancia en nuestra época cuando han empezado a admitirse
otras formas de arte, inclusive el Uamado feo-estético- la actitud de la sociedad ante la obra de sus artistas, los géneros que logran la cohesión social
de los grupos por las leyes de la sinergia, así como el estudio de las obras
artísticas que se consideran como valores permanentes de la cultura universal.
Un capítulo más será adentrarse en la sociología del arte, considerando
la regularidad de ciertos procesos colectivos, el análisis de los símbolos y de
los procesos asociativos y las leyes de la imitación. Entre los primeros considerar los contactos, acercamientos, ajustes, acomodamiento, transculturación y
mestizaje.
Algunos aspectes del examen del arte contemporáneo revisten particular
atención, por ejemplo, si Weber afirma que la moda imperante hoy día es
querer comprender el destino histórico partiendo de la prehistoria y de los
primitivos porque tienen mucha parte de razón y la tiene en cuanto trata
de descubrir las más soterradas raíces de las cuales brota la sabiduría, con
mayor razón interesa a la sociología del arte explorar la creación artística
en un tiempo en que está preñada de contenidos sociales. Hoy como ayer,
en el cantar, en la flor de poesía, en el dibujo extraño o en la pintura
que delata el miedo pánico -antaño frente a la fiera, ogaño frente a la
destrucción controlada- se advierte el sufrimiento humano o el grito de alegría.

Dentro de la historia del arte los ejemplos pueden ser múltiples, por ejem' Se recomienda revisar la Clasificación de las artes. Por ejemplo, la división de
Hegel que se basa en el predominio o equilibrio del fondo y la forma para dar lugar
al Arte Simbólico, Arte Clásico y Arte Románico. Los puntos de vista de José Jordán
de Urríes y Azara: los Artes del Diseño como la pintura, escultura, arquitectura, decoración y Jardinería y Artes de las Musas como la Mímica, la música, y la poesía. 2o.
Artes del tiempo y Artes del Espacio. (Su clasificación tiene varios puntos de vista).
Mendieta y Núñez, propone Gran Arte, Arte Popular, Arte Folklórico y Arte Industrial. José Vasconcelos en su Estética que considera hasta el olor y el sabor, divide a las artes en Apolíneas (Dibujo, Talla, Pintura, Escultura, Canción y como
Auxiliares las artes Decorativas y la Arquitectura Civil). Artes Dionis'iacas como la
Danza, la Poesía, el Teatro, la Tragedia, la Literatura, la música y como Auxiliares
el Ceremonial festivo, patriótico secial. Finalmente, considera a las Artes Místicas,
subdividiéndolas en Danzas Religiosas, Música Sacra, Arquitectura Religiosa, Poemas
Universales como la Divina Comedia y La Bil,lia y, finalmente, el Arte Litúrgico.

536

plo, conocer la toma, a sangre y fuego, de la cultura griega por los romanos,
comentada burlonamente en la Edad Media por el Arcipreste de Hita en su
célebre "disputa de griegos y romanos", para emplearla en el servicio de
su pPderosa dominación; partes curiosas de este estudio será conocer la habilidad sorprendente para distorcionar el canon griego de la figura humana
de proporciones naturales para crear esculturas solemnes que tuvieran como
finalidad impresionar a los pueblos subyugados; no se podían romper las
dimensiones de los órdenes griegos, pero los antiguos romanos superpusieron
las mismas, como en el Coliseo, para albergar a las multitudes y presentar
un recinto de proporciones grandiosas. La gracia sustituye a la fuerza, pero
tiene una finalidad social.
El Renacimiento, aunque sorprenda, no crea un arte original sino que por
imitación y transculturación, logra la armonía de las expresiones más hermosas de muchas de las culturas antiguas y merced a las nuevas ideas logra
un desenvolvimiento magistral. "El triunfo del espíritu es la máxima expresión del arte románico", intención que se manifiesta en los relieves, las
bóvedas imperiales y la ornamentación europea del siglo X.3
Será conveniente precisar de qué manera influyeron las grandes guerras
mundiales en la aparición de las escuelas de arte contemporáneo, y dentro
de ellas el fenómeno de evasión del artista como una dramática protesta a
pintar o descubrir el horror; cómo, herida la sensibilidad del poeta, se amuralló en la creación hermética y sellada y cómo la danza y sobre todo la música,
vuelven al .ritmo estridente para desfogar el grito.
Para lberoamérica, tiene particular importancia el estudio de las leyes
sociológicas de la imitación en el arte. La actitud típica de los pueblos
colonizados que insisten en conservar el modelo de la metrópoli como
ideal de belleza, fue durante mucho tiempo una fuerza compulsiva que
detuvo la expresión espontánea, vigorosamente persistente en el arte popular. También puede observarse la ley de la resistencia al cambio que
se encuentra significativamente endurecida en aquellas sociedades en
las cuales los grupos que detentan los cuadros del poder político y económico, mantienen estructuras que parecen inconmovibles.

Finalmente, se recomiendan los estudios monográficos, por ejemplo, las
raíces sociales del muralismo mexicano y las manifestaciones de los pueblos
antiguos. Dice al respecto Miguel León-Portilla: "quien piense en la estructura
del Pueblo del Sol, reconocerá al mismo tiempo su profundo sentido social.
' Arquitectura del Románico en Europa por lIAROLD BuscH y
Ed. Castilla, S. A. Madrid, 1965 ( Orig. en alemán, 1959).

BERNARD LoHsE.

537
\

�En la tensión de los polos extremos, individuo y sociedad, la cultura de Anáhuac halló el justo equilibrio".
Algunas manifestaciones de nuestro mundo, podrán ofrecer particular importancia. Dice Sheldon Cheney: "and yet the artist should be prophet as
well as reflector spokesman of a society in the fonning. With his special sensitivity and his profounder awrensess he should preceive before others and give
expression in his formal fashion. If there is to be meaning in paiting, it should
be eloquent of these things of which I have spoken. Perhaps it is not too
much to ask of the artist that he be the fist focusing agent, the perceiver and
the heard of a new world order, nearer to the 'spiritual type, underling all
stil-caotic surface manifestations".4
Y bien, todo estudio tiene una obligada limitación como es la visión acertada o deformada, que le entrega su propio tiempo. Consideramos que existe
un interés creciente por este campo de las Humanidades y dentro de esta
consideración el maestro de la especialidad posee su pequeña verdad que
transmite como dueño de elementos más generosos de interpretación. Dilucidar
frente a tantos símbolos, las c;:..orrientes más caudalosas de la expresión humana, advirtiendo en ellas sus contenidos sociales es parte del quehacer que
se impone la docencia. En servicio del maestro y como auxilio a sus tareas,
han sido elaboradas estas notas.
LECTURAS
(Se señalan las páginas para el comentario docente)

1 BASTIDE RoGER, Arte y Sociedad. Fondo de Cultura Económica, p. 48.
2 CARDOZA Y AAAGÓN Luis, México, Pi!ltura de hoy. Fondo de Cultura Económica.
México Buenos Aires, 1964, pp. 183-184.
3 CAso, ANTONIO, Sociología. Ed. Porrúa. México, 1939, cap. XV, "El arte como fe•
nómeno social", pp. 179 a 188.
4 CoRNEJO, MARIANO H., Sociologla General. México 1934, tomo segundo, cap.
III El Arte, Tatuaje, Escultura, la ley de la frontalidad. La pantomina.
5. DEWEY, JouN, El Arte como experiencia. Prólogo y versión de Samuel Ramos.
Fondo de Cultura Económica. México-Argentina 1947.
6 DuvrGNAUD, JEAN, Sociologia del teatro. Fondo de Cultura Económica. México

Córdoba, Alfredo Poviña.
América del Sur, Carlos Echánove Trujillo.
Santa Fe, Ayala Francisco,
Tucumán, Renato Treves.
Panamá, Genta Jordán B.
Boletín del lnst. de Sociología. Buenos Aires, 1942.
GuAYAU, JEAN MARm, L'art au point de vue sociologique. Trad. español Ed. Jorro.
MAYER SERRA, ÜTTO, Problemas de una sociología de la música. Estudios Sociológicos.
lnst. de Inv. Sociales. México. UNAM. 1950.
MENDIETA Y NÚÑEZ, Lucro, Revista Mexicana de Sociología. Año X, No. 3, "Sociología del arte".
- "Sociología del arte", México. U.N.A.M., Instituto de Inv. Sociales.
- La enseñanza de la Sociología. Ed. Porrúa, ler. C-ongreso Nacional de Sociología,
1950.
REcASÉNs S1caEs, Luis, Sociologia. México, 1963. Ed. Porrúa. Capítulo XXXIV
Sociología del arte, pp. 638-652.
'
REYES, ALFONSO, Obras completas. Fondo de Cultura Económica. Tomo XIV, p. 416.
México 1962. La experiencia literaria.
VoN MARTIN, ALFRED, Sociología del Renacimiento. Fondo de Cultura Económica.
Colección Popular No. 40.
SILBERMANN, A., lntroduction á une sociologie de la musique. Presses Univ. de France,
París. 1955 ( Cita de Recaséns Siches) .
SKINNER, CHARLES D., Psicología de la Educación. Biblioteca Uteha. Clásicos y
Modernos de Educación. Aprendizaje de las artes y las Ciencias Sociales. México
1946.
TIRADO BENEDI, DOMINGO, Los fundamentos de la educación estética. Anuario de Pedagogía. Facultad de Filosofía y Letras. UNAM. México 1962, p. 83.
TAINE, HYPOLITE, Philosophie de l'Art. Traducción al español de la Ed. Jorro.
VELA, ARQUELES, Fundamentos de la Historia del Arte. Ed. Patria. México 1955.
Ver arte socialista y arte nuevo, pp. 163-167.
WEBER, ALFRED, Historia de la Cultu_ra. Séptima edición. 1963. Versión española
de L. Recaséns Siches. Fondo de Cultura Económica. México.
YÁÑEz, AGUSTÍN, El contenido social de la literatura iberoamericana. Jornadas. 14
El Colegio de México. ( Agotado, buscarlo en las bibliotecas).

1967.

7 EucER Rurz, JoRGE, " La lucha por la expresión". Revista de Cu,ltura de Occidente. ECO. Enero de 1967, pp. 234-250.
8 GAUTHIER, JosEPH, Historia gráfica del arte. Ed. V. Lenu. Buenos Aires, 1944.
"Fórmulas particulares de ciertos estilos", p. 235.
9 Notas sobre la Enseñanza de la Sociología en América y en la Argentina.

'

• "Expresionism in art" Socially Significant Art. by SHELDON CHENEY, Liveright
publishing corporation. New York. p. 353.

538

539

�LAS BASES RACIONALES DEL ESTADO Y DE LOS ACUERDOS
ENTRE LOS ESTADOS
l'RoF. GIORGIO DEL VEccmo

y los fines del Estado han sido escritos innumerables
tratados; ellos pueden reagruparse en tres especies; algunos atribuyen al Estado funciones de carácter universal, reduciendo al mínimo la libertad del
individuo; otros limitan las funciones del Estado a la sola tutela del derecho,
sin ningún objetivo de utilidad social, dejando el más amplio margen a las
iniciativas individuales; otros, en fin, tienden a superar ambas concepciones,
con una síntesis racional, que estimo, en general, aceptable.
De la primera especie de teorías continúa siendo clásico ejemplo la República de Platón; en la cual la actividad humana en todas sus manifestaciones
está regulada por el Estado con normas rigurosas y precisas. Con ciertos temperamentos, una análoga tendencia ideológica se ha manifestado aún en la
edad moderna, por ejemplo en el sistema de Fichte (Dergeschlossene Handelsstaat), según el cual el Estado debe ser organizador y distribuidor del trabajo, regulador de los cambios (hasta con una barrera de frente al extranjero), moralizador y director de la cultura. Superfluo resultaría citar otros
ejemplos de doctrinas aún más recientes y bien conocidos.
Contra esta tendencia, se ha hecho valer una opuesta, por una especie de
reacción a la invasión del Estado. Spencer, por ejemplo, en su obra The man
versus the State sostiene que el Estado debe abtenerse de cualquier obra de
beneficencia, porque ve en ello el peligro de que eso quite lo que justamente
toca a algunos para darlo a otros. Solo oficio del Estado es, en su opinión,
la defensa de los derechos individuales, esto es la represión de los delitos;
una obra que, sin embargo, debe volverse siempre menos necesaria. El Estado debe, en suma, tender a desaparecer. De igual manera otros autores,
de diversas naciones, se expresan en igual sentido; mientras que no faltan algunos que, trayendo esta tesis al extremo, propugnaron directamente la abolición del Estado.
SOBRE LAS FUNCIONES

541

�..
Una síntesis superior de estos opuestos motivos está representada por la
moderna concepción del susodicho Estado de Derecho ( que mejor pudiera
llamarse Estado de Justicia). Según esta doctrina, que ha tenido una cierta
actuación en las Constituciones de los Estados más civilizados, el Estado debe
reconocer como propio fundamento el valor de la persona humana, con sus
naturales derechos; debe, pues, respetar la libre explicación del pensamiento
y de la actividad de cada individuo, ya sea en el campo religioso, o en cualquier otro campo: una explicación que encuentra su límite solamente en el
respeto de la igual libertad ajena. Las leyes para ser válidas no deben ser
mandatos arbitrarios, sino deben resultar del ejercicio del derecho de sufragio, por el cual cada ciudadano concurre a la formación de los órganos
legislativos, así como a la de los administrativos.
El Estado, según esta concepción, no tiene por único fin el derecho, sino
que debe operar sobre el fundamento del derecho, de manera que en sus
mismos órdenes se refleje la libertad de todos. Siempre que se sujete a esta
condición fundamental, el Estado puede y debe promover el bien universalmente, y no limitarse a combatir la delincuencia; puede y debe proteger l_a
vida y ayudar al desenvolvimiento del espíritu humano en todas sus a~tItudes y direcciones. En esta vasta y continua acción, deben permanecer mconcusos los derechos esenciales de la persona humana; y porque estos derechos en los Estados civiles están garantizados por sus Constituciones, una
ley que le violase podría ser impugnada con un recurso a la respectiva Corte
Constitucional o, donde ese falta, con cualquier otro medio, no excluyendo
en extrema hipótesis, lo que Locke llamó el "llamado al Cielo".
No obstante el gran valor de estas máximas, no son suficientes para resolver todos los problemas de la vida social. En su aplicación se encuentran
numerosas dificultades, y divergencias no leves se manifiestan no sólo en las
disputas doctrinales, sino también en las legislaciones de los varios Estados,
que sin embargo han acogido aquellos principios fundamentales. Recordemos, con una rápida ojeada ejemplificadora, las principales cuestiones todavía vivas.
¿ Reconocer y garantizar en todos los individuos la igual dignidad de la
persona humana, significa tal vez que deba hacerse a todos igual tratamie~to?
Es obvio que esto conduciría a las consecuencias más absurdas. La nusma
idea de justicia impone tener consideración con las diferencias de capacidad
y de actividad de cada individuo por separado. Una evalución de la edad,
para los efectos de la capacidad jurídica, ha sido establecida por todas las
legislaciones, aunque no de modo uniforme; y no sin razón se hace también
a menudo una distinción entre la capacidad civil y la política, distinción que
es de cualquier modo necesaria con respecto a los extranjeros, a los cuales
542

..

puede concederse la primera pero no la segunda, mientras existan diversos
Estados.
Así, aunque admitido el princ1p10 de la universalidad del sufragio, pueden establecerse exclusiones y limitaciones, en parte inevitables, y en parte
objeto de varias disposiciones legislativas y de disputas de jure condendo
sobre las cuales no podemos ahora detenernos.
La dignidad de la persona humana es ciertamente igual en los dos sexos•
pero esto no quita que a favor de las mujeres se decreten especiales norm~
por la tutela de la sagrada función de la maternidad, mientras se han reservado a los hombres funciones para las cuales están naturalmente más adaptados, por ejemplo, las militares.
La condición jurídica de la mujer tiende progresivamente a elevarse; pero una absoluta equiparación no parece posible, ni siquiera en el ámbito de
la familia, al menos mientras valga el principio, hasta ahora generalmente
admitido, de que la vida familiar demanda una dirección unitaria, que compete en primer lugar al marido y padre. Algunas reformas son por otra
parte posibles en este campo: pero también sobre esto nos abstenemos de
entrar en discusiones particulares, hoy bastante debatidas.
Entre los derechos fundamentales de la persona humana, está sin duda
la libertad de asociación; una libertad que en el Estado moderno se ejercita en múltiples formas, y especialmente en las organizaciones profesionales,
de las artes y de los oficios. ¿ Puede esta libertad ser ilimitada o debe más
bien estar sujeta a normas que la subordinan a la legítima ;oberanía del
Estado? En general, los intereses de las varias profesiones y clases sociales
no deberían jamás impedir la continuidad de los servicios públicos que al
Estado compete asegurar. Aquí, como en cualquier otro campo, libertad no
puede significar arbitrariedad, pero debe encontrar su límite en su misma
elevación universal.
Esto vale también respecto a las asociaciones de carácter político, o sea a
los partidos, que en un Estado de derecho no deberían jamás convertirse
en instrumentos de subversión.
Por lo que concierne a la religión, las relaciones entre el Estado y la Iglesia han estado reguladas en Italia y en otros Estados, atribuyendo a los dos
entes una propia y distinta soberanía, mientras, en homenaje al principio
de la libertad de conciencia, el Estado ha reconocido los derechos de las
diversas confesiones religiosas. La interpretación y la aplicación de estos
conceptos presentan, sin embargo, no pocas dificultades, que obviamente son
mucho mayores allá donde el Estado no reconoce la libertad de conciencia.
Uno de los principales oficios del Estado es, sin duda, la lucha contra la
delincuencia. Pero cómo en esta lucha se pueda mantener el debido respeto
a la persona humana, es un arduo problema, todavía no resuelto por los
543

�'
sistemas penales en vigor. De hecho, perdura la errónea opinión que se deba
pagar mal con mal, y que sea justo hacer sufrir al autor de un hecho delictuoso, considerando el sufrimiento como una reparación. La verdad es, por
el contrario, que el mal se repara sólo con el bien, y que la reparación, según
la justicia, debería consistir en el reconocimiento del daño ocasionado del
delito no sólo a las víctimas inmediatas de él, sino también a la sociedad
entera. Por eso a los culpables debería serles impuesto un trabajo, con las
consiguientes restricciones más o menos graves de libertad, a establecerse por
ley. En una augurada reforma de los vigentes sistemas penales, a una especial magistratura debería serle confiada la competencia de vigilar sobre el
tenor de vida de quien no haya satisfecho su deuda ex delicto.
No se me oculta que estos conceptos, aquí enunciados sumariamente, puedan fácilmente suscitar objeciones. Pero creo que toda recta conciencia debe
al menos formularse la cuestión de si fuera justo que a un ser humano se
quite, por largo tiempo y hasta de por vida, la posibilidad de comunicarse con
sus propios semejantes, ocasionando con esto un grave daño y dolores también a sus familiares inocentes. Por otra parte, es superfluo advertir que
están del todo fuera de cuestión la institución de la legítima defensa (que
tiene exactamente en la mira de la defensa su razón y sus límites) y las
susodichas medidas de seguridad, que tienden, no a castigar, sino a prevenir
los delitos, y se aplican también a los locos, evidentemente sin la intención
de hacerlos sufrir.
Sin embargo, si se quiere dejar aparte el problema de la justicia penal o
buscar para ello otra solución, debe tenerse fijo el principio de que el Estado, racionalmente concebido como Estado de justicia, no tiene una potestad ilimitada y arbitraria. Su soberanía debe ser, en breve, una soberanía
constitucional. Como ello no puede eximirse de reconocer los derechos naturales de las personas solas, así tiene que reconocer los otros Estados legítimos, aceptando coordinar con ellos su actividad en un sistema de pacífica
coexistencia. La antigua máxima: exendum esse a statu naturae vale tanto
para los individuos como para los Estados, y significa exactamente que a
ninguno es lícito rehusar toda relación con los propios semejantes. La relación de sociabilidad, fundada sobre la común naturaleza, es un corolario de
la ley ética, válida para toda la Humanidad.
Sin embargo, debe reputarse errónea la tesis según la cual el Estado estaría reducido a observar solamente las normas a las cuales haya dado el concurso de su propia voluntad: tesis que, privando el ordenamiento jurídico
de cualquier fundamento racional, abandonaría virtualmente el mundo civil al arbitrio y a la anarquía. Un Estado que se considere libre de la
obligación de respetar los derechos fundamentales de sus ciudadanos y no
544

los de los otros Estados, no es un verdadero Estado• es un ultra ·e a la ra, h
'
J
zon umana y una permanente amenaza contra la paz del mundo.
El postulado _ideal de una sociedad que comprenda a todo el género humano e~pera aun una ~lena actuación; pero ya en los tiempos antiguos se
ha. marufestado _un se~trdo a veces oscuro, pero siempre profundo, de la necesidad
de relac10nes mternacionales y de la validez de los comprormsos
·
.
relativos. _El principi~ pacta sunt servanda, ha estado en toda época prácticamente ~1empre_ en vig~r, como costumbre generalmente observada; sin la cual
no h~b1eran sido posibles aquellos cambios comerciales entre varios pueblos,
qu~ s~ duda sucedieron mucho antes de que fueran reguladas por normas
legislativas y por tratados internacionales.
. -~elaciones de diversa especie ( y no solamente de naturaleza económica
1~c1a~as hasta en_los principios de la historia y podremos decir de la pre~
~stona, natura dtctante et humanis necessi tatibus, se han venido desenvolVIendo Y cons~lidan~o en el curso del tiempo con un proceso espontáneo.
Se ha establecido as1, de hecho, una comunidad jurídica internacional que
:º~ta de reglas elementales, que responden a los más simples motiv;s del
~ o ~umarto Y están consagrados por el uso. Tales reglas no requirieron
~ requieren formal:s declaraciones, pero no pueden ser refutadas por ningim pueblo que qmera entrar en comunicación con otro. Es evidente por
0~
parte, que la adhesión a ciertos principios comunes no basta a c~nstituir . un cumplido sistema de derecho internacional, y mucho menos a garantizar la positiva eficiencia.
1:entativas d~ dar un estable arreglo a las relaciones internacionales, sometien_do los diversos pueblos a un régimen unitario, fueron hechos, como
es sab~do, muchas ve:es. El Impe~io Romano, en el tiempo de su mayor
potencia, puede considerarse en cierto modo como inspirado en tal concep~. Pero el Imperio debía d&amp;aer y disolverse por su carácter autoritario
habiendo estado lejos de satisfacer las resurgentes aspiraciones a la auto~
nomía. Más tarde, sobre la base de una común fe religiosa, se intentó instaura~ una res publica christiana, que hubiera debido comprender, bajo la
autoridad del Papa, a todos los pueblos cristianos. Pero sea por la discordia
entre la Iglesia y el Imperio, sea por la sobrevenida Reforma protestante
sea po~ o~as causas, aquella tentativa tuvo efectos bastante limitados, y n~
pudo Jamas completamente realizarse.
!nútil recordar otros designios y otras empresas con las que, en siglos
mas cercanos .a nosotros, se intentó asegurar establemente la paz entre todos
1?s pue~los. En v~o fi~ósofos humanitarios sostuvieron el ideal cosmopolítico. Si su voz hubiera sido escuchada, graves desgracias hubieran sido ahorrad_as al género humano. Pero prejuicios y bajas pasiones han ofuscado demasiado a menudo la luz de la razón; y guerras siempre más mortíferas han
545
H

�•

continuado enfureciéndose. Más que las amonestaciones de los filósofos, las
luchas tremendas ocasionadas por las dos guerras mundiales indujeron a los
pueblos de hoy en día a crear organismos supernacionales capaces de resolver las controversias en conformidad con los principios generales del derecho, o sea del derecho natural. Tal fue el programa de la Sociedad de
las Naciones y de la Corte Permanente de Justicia Internacional, instituidas
al término de la Primera Guerra Mundial. Pero la reluctancia de muchos
gobiernos a reconocer la autoridad supernacional del nuevo ente ( tanto que
varios Estados, después de haberse adherido, se separaron) pronto evidenció
que la Sociedad no tenía en realidad medios adecuados para alcanzar el
propio fin esencial.
El estallido de la Segunda Guerra MWldial señaló prácticamente el fin
de la Sociedad de las Naciones, que sólo por algunos oficios menores sobrevivió todavía por algún tiempo. Pero la guerra no estaba aún terminada, y
ya se ponían las bases de una nueva organización, que debía tomar el puesto
de aquélla ahora en el ocaso. En la Conferencia de San Francisco se deliberó el Estatuto de la Organización de las Naciones Unidas, que afirmó
nuevamente el valor y la dignidad de la persona humana y el respeto de
las libertades fWldamentales para todos, sin distinción de raza, sexo, lengua
y religión: esto es, exactamente, los principios ya especulados de la Filosofía. Y estos principios tuvieron una expresión aún más detallada en la Universal Declaration of Human Rights, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.
Ninguno puede desconocer la importancia de este programa, y de la misma existencia de la Organización de las Naciones Unidas que, aún con las
limitaciones de sus medios, ha dado ya algunos servicios a la causa de la paz.
Pero no se puede dejar de notar que la estructura de ella no está inmWle de
defectos. Contrariamente a su mismo Estatuto, que afirma la igualdad jurídica de todos sus miembros, la Organización ha atribuido a cinco de ellos
un poder preponderante como miembros permanentes del Consejo de seguridad, poniendo así a los otros Estados, a pesar de ser civilizadísimos y provistos de Constituciones legítimas, en condiciones de grave y permanente inferioridad. A la par de éstos, en los últimos años han sido admitidos a formar
parte de la Organización numerosísimos Estados privados del todo de ordenamientos que garanticen los derechos fundamentales. Se presenta por esto
el peligro de que el voto de estos Estados, al cual podría tal vez unirse cualquiera de los Estados privilegiados, pueda paralizar la acción de los otros
y de entera Organización.
Una reforma racional, que eliminase este peligro, podría consistir en establecer una distinción entre los Estados constitucionales o "de derecho" y
los que no son tales, aunque pudiendo, como es predecible, llegar a serlo

en breve.. Sin _embargo, los primeros deberían tener la facultad de expresar
votos de~berat:J.vos, al menos sobre las materias más importantes. No debemos, sm embargo, ilusionamos con que tal reforma puede ser fácilmente
actuada en las presentes circunstancias.
Otro problema es el de que si sea justo atribuir igual valor al voto de
todo~ los Estad~s, grandes y pequeños, o se deba tener en cuenta de sus respect:J.~~ poblac10n~s- _Tal vez un perfecto sistema debería tener en consideracion ambos cntenos. Pero prescindiendo de ésta O de otras cuestiones
menores, permanece en duda una más grave: é· Puede la O •N •u ., en su actua1
&lt;:'tructura, alcanzar plenamente sus altos fines? Como es sabido ella no
t:J.:ne una potes~ legislativa; puede hacer recomendaciones y pre~arar disenos de convenci~nes, que sin embargo, deberán luego ser ratificadas por
cada Estado; n~ dispone de fuerza propia, pero puede, sin embargo, invitar
a los Estados miembros a poner a su disposición fuerzas armadas, como acuerdos_ que deberán ser aprobados por los Estados según las respectivas constituciones. Ella no tiene, pues, bases bastante sólidas para asegurar la paz
del m~do. Y cada uno sabe demasiado que la paz está hoy amenazada
por vanas partes.
~e gran importancia es por esto la adhesión a aquellas organizaciones internac10nales que, aunque coligando un menor número de Estados son efectivamente más válidos defensores de sus seguridades porque son má; homogéneas,
0 sea, fundadas sobre una real comunidad de ideas y de propósitos.
No sólo por el estallido de la defensa contra peligros bélicos, sino también
por todos los otros fines de la vida es sumamente útil que los Estados que
teng~ _interese~ e. ideales comunes se pongan de acuerdo para coordinar
su actividad e mstituyan los correspondientes organismos.
Esta. tendencia, que ya había comenzado a manifestarse en el siglo XIX
(por eJemplo, con la Unión Postal Universal, la Oficina Internacional de
los P:sos y las Medidas, l&lt;t Unión para la Protección de la Propiedad Industnal Y de las Obras Literarias y Artísticas, etc.), ha tenido un desarrollo
much? mayo~, en tiempos_ recientes, por ejemplo, con la Organización para
la Alunentacion y la Agricultura, la Organización Mundial de la Salud la
~rganización .Educativa, Científica y Cultural; y recordemos aún como ~arti~ular¡nente rmportantes, la constitución del Consejo de Europa, la Comurudad Europea del Carbón y de Acero, y los tratados firmados en Roma diez
años ha, por una Comunidad Económica Europea y por la Comunidad Europea de la Energía Atómica. Análogas instituciones surgieron también en
otros continentes, entre las cuales es especialmente notable la Organización
de los Estados Americanos.
•
Todo esto muestra abundantemente en qué sentido procede, bajo el impulso de profundas energías, tanto espirituales como económicas y técnicas,
547

546

\

�la evolución del consorcio humano. La gran meta de una perfecta organización ,cosmopolítica está todavía lejana; pero los pasos que se ~enen haciendo hacia ella son innegables. El enorme progreso de los medios de_ co. · 'n, por los cuales las distancias están hoy prácticamente abolidas,
mUD1cac10
.
facilita este procedimiento. Así, pues, no la vecindad geográf~ca, srn~ las
afinidades morales, son el factor preponderante de los acuerdos mternac10na, si es por ahora imposible la deseada unificación de todos los Esles. As1,
tados de Europa, son actuales y fructíferas entre aquellos Esta?os_ ~uropeos
y no europeos que tienen los mismos ideales de libertad, de JUStlCla Y de
caridad.

LOS ASPECTOS HUMANOS DE LA LUCHA ENTRE
LA EMPRESA PRIVADA Y LA PUBLICA
DR. c. A. CANNEGIETER
Profesor de Economía de la Universidad
Americana en El Cairo
(Traducción del Lic. Alberto García Gómez).

HA.v EN NUESTRO TIBMPO una enorme lucha entre las empresas pública y
privada. Por una parte, están los países socialistas y comunidades, así como los grupos en los que la empresa pública ha sido empujada para hacer
de ella una meta política; mientras que, en otro aspecto, hay grupos, particularmente en los Estados Unidos de Norteamérica, los que están eñ favor
de la empresa privada como la única manera de obtener una saludable y
útil economía nacional.
Esta lucha tiene también sus aspectos humanos. Para ser capaces de entender esto mejor, es necesario tener primero un punto cercano de vista
a las raíces de la lucha entre la empresa pública y la privada. ¿En qué
campos económicos se está librando esta lucha? ¿ Cuáles son las ventajas y
desventajas de la empresa pública y la privada?
Las ventajas y desventajas de la empresa pública y la privada.
Permítasenos considerar primeramente las ventajas de la empresa pública.
Se mencionan muchas. No obstante, acerquémonos y hagamos una crítica
mirada hacia ellas:
l. Obtener un mayor crecimiento económico. Hasta hace poco se vio
como si esto fuera una importante ventaja, lo que así fue confirmado por
los países en los que un sistema de empresa pública es dominante: Rusia y
China. El país que quiera darle realce a esta ventaja, señala el hecho de
que gráficas recientes indican que la Unión Soviética dedica casi el 33%
de su producción total para aumentar la inversión doméstica, comparada
con el 19% de los Estados Unidos. Más aún, la composición de la inversión
de la Unión Soviética ha puesto énfasis sobre aquellas industrias que re548

549

�sultan más cruciales en el proceso del desarrollo. Los análisis cuantitativos
están sugiriendo, por consecuencia, que la economía soviética ha alcanzado
un alto grado de crecimiento económico durante los años de post-guerra.
Tal acontece con China. Mucha gente señala al sistema de la China Roja
para obtener un rápido desarrollo económico: las estadísticas oficiales muestran que el producto neto doméstico de China, aumentó desde el año de 1953
al de 1959 a una tasa anual de 14%.
Sin embargo, en términos de tasa media del desarrollo, la Unión Soviética ha
dejado recientemente escapar la segunda más alta posición entre las principales naciones industrializadas, después de Alemania Occidental, para pasar a la quinta posición, después de Francia. Más recientemente, desde 1961,
la Unión Soviética ha quedado atrás de los Estados Unidos, en lo que concierne a las tasas anuales de desarrollo. Los problemas crónicos de la agricultura y el lento desarrollo de la productividad laboral, han contribuido a
la caída lenta en las tasas de la economía de expansión. La insatisfacción
en el desarrollo dirigido por el gobierno con relación a la planeación profunda de los problemas económicos, es reflejada en una variedad de propósitos para la reforma económica. En China Roja vemos lo mismo: allí querían apresurarse e ir más allá en el desarrollo económico por medio del movimiento hacia adelante del Gran Salto. Pero este movimiento creó un gran
número de problemas: serios desajustes inter-industriales determinaron una
retención del desarrollo económico. En Rusia Soviética, quieren estimular
el desarrollo económico proporcionando más incentivos personales. Así, en
China, en donde aun se ha estado regresando de la empresa pública a la
empresa privada, se ha llegado a cierto punto: por ejemplo, regresando las
porciones privadas de tierra a los campesinos.
No solamente comparando las tasas del desarrollo, sino también haciéndolo con resultados por la vía del desarrollo económico, se alcanzó un absoluto nivel del desarrollo económico, uno llega a la conclusión de que
un país con cincuenta años de empresa pública, no está compitiendo exitosamente con países de empresa privada.
Y así, la experiencia más reciente debilita el argumento de que la empresa pública estimula el desarrollo económico a un punto considerable.
2. Una segunda ventaja de la empresa pública que se menciona, es de que
ésta sería más satis/actoria para el consumidor. A primera vista, llega uno
a la conclusión de que hay algo que pueda interesar en este argumento. Toma, por ejemplo, a los Estados Unidos, el país en donde casi todo es producido por la empresa privada. Pero, ¿qué se produce? No lo que el consumidor desea, sino lo que el productor piensa que él desea. El productor
no produce solamente el producto mismo, sino también el deseo de tenerlo.
Tómese, por ejemplo, la cerveza o la pasta dentífrica. Puede suceder que
550

en realidad nadie las desee. En cierta ocasión un dentista probó toda clase
de pas~s dentífricas y llegó a la conclusión de que lo mejor para los dientes
era cep1llarlos con agua linipia. Pero en los Estados Unidos ve uno tanto
en la televisión que el público está alegremente tomando cerveza O usando
ciertas marcas de pasta dentífrica, que uno verdaderamente tiene que hacerlo, y así los deseos de los consumidores son creados y producidos con los
productos. Puede uno extrañarse si un sistema de empresa pública pudiera
no parecer mucho mejor, después de los verdaderos intereses del consumidor
en lu~ar de que el consumidor tenga que suscribirse a las ganancias de lo~
negoc10s como acontece en los Estados Unidos.
Pero, ¿ qué es lo que hace a uno ver en los países donde se produce más
por la empresa pública? ¿ Qué es lo que vemos en China Roja? · Será acaso
el movimiento hacia adelante del Gran Salto que enfatizó mucho«:en la cantid~?'. deteriorando la calidad del producto? En Rusia lo mismo: los dirigentes
sov1et1cos se han quejado de la calidad de su sistema de producción. ¿ Qué
~emos en Europa Oriental, otra área en la que se produce por la vía del
sistema de empresa pública? El doctor Oliver H. Radkey, un especialista
en ~a historia de Rusia, hizo dos viajes hacia Europa Oriental. Reportó que
hab1a un gran número de mercancías en las tiendas pero la calidad de
,
'
estas era dudosa. Los alimentos son uniformemente pobres en calidad. Los
pueblos se ven en la miseria.
3. Un tercer argumento. De que la empresa pública sería mejor con "rendimientos crecientes", no es tampoco muy sólido. De seguro cuando ahí hay
producción con "rendimientos crecientes", lo mejor sería tener un gran productor a bajo costo, el que podría ser manejado por una empresa pública
con monopolio, que por la empresa privada con muchos productores, todos
con costos de los más altos, ya que ninguno de ellos podría usar totalmente
las posibilidades de sus "rendimientos crecientes". Pero en tal caso la em.
'
presa pnvada podría también conducir a un monopolio: la firma más grande
llevaría a todos los demás fuera del mercado, usando las posibilidades de los
"rendiniientos crecientes" a su máximo punto.
Los países en favor de la empresa pública, pueden, sin embargo, seguir
ade(a~te con el argumento de que en algunos casos los monopolistas producman hasta que su costo marginal sea igual a su rendimiento marginal,
Y~ que la siguiente unidad les costará más de lo que les da (el costo margmal o costo extra para producir esta unidad es más alto que el ingreso
marginal que le dará esa unidad ) . Tal vez podría ser que la comunidad
fu~se mejor servida por una larga producción, en contra de un precio más
h~Jo, el que podría alcanzarse por la vía de un monopolio de empresa púb~ca. Esto es, sin embargo, un no muy sólido argumento como el que podna obtenerse por la vía de la empresa privada y a un precio fijado por
551

�el gobierno a un nivel de bajo costo. Aunque hay algo en este argumento,

no obstante, estamos llegando a los puntos más fuertes:
4. En casos particulares la empresa pública podría dar un mejor servicio
a la comunidad, como por ejemplo, en lo que se refiere a los ferrocarriles.
Este punto llega a ser más claro cuando comparamos, por ejemplo, a los
ferrocarriles de los Estados Unidos ( empresa privada), con los de Europa,
los que son manejados por la empresa pública, llevándonos esto al siguiente
y más fuerte punto:
5. Esta es la única manera concebible de asegurar el funcionamiento de
ciertas tareas vitales económicas: obtener la dirección social de capital, así
como cosas iniciadas, por las cuales la empresa privada no está interesada
todavía, tales trabajos en el campo de la transportación y de las comunicaciones. Proyectos específicos pueden ser, diques marinos, líneas de ferrocarril,
teléfonos, telégrafos, bienes locales públicos, como el agua, el desagüe y la
electricidad, así como escuelas y hospitales. También los variados propósitos
de aplicación en esquemas de ríos, como el proyecto del lago Yssel y los
trabajos en el Delta, en las islas Netherlands; el Valle de Tennessee, en los
Estados Unidos, el High Dam, en Egipto, etc.
Como las dos primeras ventajas arriba mencionadas pueden resultar dudosas, hay tres todavía:
1. Más bajos precios cuando hay una producción con rendimientos crecientes, aunque la fijación del precio con la empresa privada en este caso
no siempre trabaja muy bien.
2. En algunos casos un mejor servicio a la comunidad.
3. Obtener primacía de capital social y conseguir cosas iniciadas por las
cuales la empresa privada no se haya interesado todavía.
En contra de estas ventajas hay también desventajas que necesitamos menc10nar:
l. Ineficiencia en la producción. En Cuba, Fidel Castro se quejó de que
algunas de sus empresas estatales fracasaron por ineficiencia y por condiciones caóticas de trabajo. En una planta pasteurizadora, por ejemplo, el
ausentismo se había incrementado en un 150% más que el año anterior.
Recientemente, 167 nuevos miembros de la organización, fueron sorprendidos
en la flagrante violación de las leyes burocráticas en contra del país. Lo
mismo está sucediendo en otros países.
Los dirigentes soviéticos se quejaron acerca del declinar del rendimiento
añadiendo al producto de las inversiones de nuevo capital y acerca del
crecimiento lento de la productividad laboral. En Europa Oriental también
ha habido las mismas quejas, con la consecuencia de que los gobiernos están
tratando de reducir costos y usar recursos más racionalmente, introduciendo
mayor libertad para las firmas productoras. En el Reino Unido hay otro

ejemplo de ineficacia en la empresa pública: los ferrocarriles británicos reportaron una pérdida de 132 millones de libras esterlinas en 1965, lo que
ni siquiera permitió la depreciación a niveles del precio corriente.
2. No hay cambios dinámicos de mejoras, nuevas técnicas y nuevos productos. En Rusia los dirigentes se quejaron de la negligencia de las ramas
modernas y procesos de producción; de la indiferencia general entre los
gerentes de planta para obtener mejores y más baratos materiales; de la
resistencia general a las innovaciones al nivel de la empresa. Esta desventaja
se sintió no solamente en Rusia, sino también en otros países que aplicaron
un sistema de empresa pública como en Yugoslavia. Allí el gobierno )legó
a suplir a esta desventaja con una reforma económica, aceptando el mercado
como rector, en lugar de los burócratas. El gran volumen de las decisiones
económicas se descentralizó y se ofrecieron más incentivos en las manos de
los trabajadores, lo que dio mucho más flexibilidad al sistema.
3. Mala calidad de productos. Hay en la producción de la empresa pública una tendencia a enfatizar la cantidad, y no hay, sin embargo, mucha
preocupación para la calidad, cuando no hay competencia, como sucede con
la producción bajo la empresa privada. Por consecuencia, la calidad se deteriora. Se afirma que el 5% de la producción industrial en países comunistas es de tan baja calidad que nadie puede usarla más. En China Roja
los mismos efectos nocivos de calidad han operado a través de toda la
economía.
La producción de acero sub-standard se sujetó a los efectos de los standards
de calidad de lingotes de acero y productos similares. También, el pobre
ingreso del carbón de mala calidad, como factor de producción, causó paros
frecuentes en las plantas termo-eléctricas a las cuales se suministraba. Tales
dañosos efectos podrían trabajar acumulativamente, llevando arriba al mencionado 5% de la producción industrial.
4. Algunas veces, mal servicio, en virtud de que la gente no está interesada personalmente en ello. Un ejemplo de esto lo da el servicio público en
países latino-americanos. A través de la inflación, los empleados del gobierno se preocupan por el hecho de que los precios subieran por el elevador
Y las compensaciones y salarios por la .escalera.
Los salarios de los sirvientes civiles se están quedando atrás. En virtud de
este bajo pago, los empleados no tienen mayor interés en hacer su trabajo y
tampoco se inclinan a dar un buen servicio. El público tiene que tomar esto
como si no hubiera competencia. Con la empresa privada, no sería éste el
caso, ya que las recompensas y salarios se moverían con mucho mayor flexibilidad y, por consecuencia, serían ajustados más rápidamente. Los empleados
pueden ser pagados mejor, y es posible dar un mejor servicio. Por ejemplo,
en los bancos privados, esto de los problemas de inflexibles escalas de re-

553

\

�compensa, no existen en el mismo grado, y el serv1cio que se proporciona
es mejor. Este último punto, sin embargo, está compensado por ese hecho
como una de las ventajas de la empresa pública, misma que también es
mencionada, y que, en algunos casos, permite un mejor servicio a la comunidad. Esto depende del sector de la actividad económica, del país y
de las circunstancias. Debido a lo anterior, es mejor dejar este punto fuera,
lo que entonces reduce las desventajas a las primeras tres mencionadas.
Kindleberger en su Desarrollo Económico, menciona también las siguientes
desventajas:
l. Sobrecentralización de decisiones de hacer.
2. No intentar mucho: como en China Roja y en Pakistán, en donde
los gobiernos llegaron a la conclusión de que no podían realizar lo que
querían, por haber intentado mucho.
3. Interés a proyectos monumentales. Hirschman llama a este punto una
debilidad, particularmente de gobiernos "fuertes". "Particularmente", pero
no siempre. Tenemos un ejemplo en Australia (la que no tiene un gobierno
fuerte), en donde se gasta el dinero, ya sea en la Opera en Sydney, o como
en un proyecto a largo plazo, en el del río Ord, al norte de Australia Occidental.
4. Aumentando el error variable, como por ejemplo, el capital en lugar
del trabajo.
Todas estas cuatro desventajas, no obstante, están conduciendo a una
ineficiencia de producción, lo que entonces acorta las desventajas a tres:
l. Ineficiencia en la producción,
2. No hay mejoras dinámicas,
3. Mala calidad de productos.
En otro aspecto, la empresa privada tiene, no obstante, también ventajas
en contra de sus desventajas. Empezaremos con las ventajas nuevamente:
l. La producción, vía empresa privada, significa producir para obtener ganancias. Aunque en países no desarrollados estas ganancias se tienen como
antiestéticas, indecentes u obscenas, de acuerdo con Kindleberger (en su Desarrollo Económico), sin embargo, tienen una importante función económica:
la de atraer los recursos adicionales a un uso que es valioso. Estas ganancias,
cuando los inversionistas ahorran y reinvierten, sirven a un futuro desarrollo.
Desde luego, puede discutirse lo anterior, ya que de acuerdo con él, esa
formación de capital a través de las ganancias privadas es menos penosa a
la sociedad, que todos los impuestos del gobierno, ya que las compras de
productos están hechas sobre bases voluntarias, mientras que los impuestos
oficiales son forzosos. Entonces, así como en la empresa privada se desarrollan
más recursos, el sistema de la empresa privada estimulará el desarrollo económico. Como un ejemplo de que esto sucedió así, se puede mencionar Aus554

tralia, la que se ~e~arrolló por el capital extranjero atraído por las posibilidades
de obtener beneficios.

2: Otra ventaja es

que la empresa privada puede ajustar sus precios Jll.ás
flexibleme~te sin presión oficial, que la empresa pública. Esto tiene como
consecu~ncia, el que,. bajo el régimen de la empresa pública los precios son
en ocas_10nes muy baJ~S para reemplazo del equipo y también ese mucho es
consuIDido, muy relativamente para el verdadero nivel de costos. Esto nos
lleva a1 los sobrecargados
·
Io, y a
· •
, ferrocarriles de la India, como por e1emp
un rna ~erv1c10, como as1 lo acabamos de mencionar antes, al hablar de las
~esventaJ~ de la empresa privada, de mejor calidad de productos y servicios,
si el eqmpo se ree1:1plaza a tiempo, lográndose entonces que el personal
pueda ser pagado meJor, ya que los precios pueden ajustarse más flexiblemente
Q.ue ahí ha habido un cambio de empresa privada a éste respecto, es lo qu~
se . pro~uso por A._ H. Cole, en la publicación conjunta, Exploraciones en la
H7:torza E7r:presarial. En la primera etapa del desarrollo privado, la empresa
prr:ada está, de acuerdo con él, orientada hacia la comunidad, la que vigila
su rm~acto en los mercados locales en relación con el trabajo y los productos.
Posten?rment~, los empresarios están llegando a tener una mayor conciencia
d,e s~ mdustna particular como un todo y están interesados en su progreso
tecruc?, en su beneficio de producción y en su permanencia. En una etapa
poste~or, llegaron a tener una mayor orientación nacional y fueron más
c~~sc1entes de su producción, de la calidad de los productos y de los serVICIOS a su nación.
Así, la empresa privada tiene dos ventajas, que pueden ser probadas en
el mundo de la realidad:
. 1. Estimulando el desarrollo económico: ésto lo podemos comparar con el
mg~eso_ nacional per-cápita en los diferentes países, los que indican que el
meJor mgreso se da en los países donde la empresa privada es predominante.
2.. Una mejor calidad de productos y servicios, lo que podemos comprobar,
analizando los artículos que son producidos en países en los que la producción está basada más en la empresa privada, que en aquellos países en los
que se produce predominantemente más por la empresa pública. La diferencia es, sin embargo, mínima, lo que podemos comprobar en países en
los que dos sistemas trabajan uno al lado del otro; como por ejemplo, en
Australia, en los campos de la banca y de la transportación. Así, podemos
concluir, con Kindleberger, acerca de que: en donde el interés público, así
como el privado, están siendo adecuadamente servidos por la empresa privada, existe una buena razón para que el gobierno deje la organización en
manos privadas.
La empresa privada, no obstante, tiene también sus atrasos. Cuando to555

�mamos a los Estados Unidos como un país en el que se produce principalmente por la empresa privada, entonces advertimos que también ésto tiene
sus desventajas:
.
l. Que ahí la producción no es para el consumidor, sino para las ganancias
de la empresa privada. Esta empresa privada no siempre está de acuerdo
con los intereses del consumidor, como así puede ser claramente visto desde
la forma en que la empresa privada trata con alguien que desee ver más
allá de los intereses reales del consumidor. Por ejemplo, alguien que desee
publicar un libro acerca de la inseguridad de los vehículos de _motor: "Inseguridad a cualquier velocidad". Esto no fue en favor de los mtereses ~e la
empresa privada y así el autor fue verdaderamente acosado por una fuma
privada productora de los inseguros vehículos de motor, ª. ~l ~ad? que
éste demandó a esa compañía por la respetable suma de vemtitres ID11lones
de dólares. Desde luego, que el demandante tuvo que vérselas con varias
contrariedades, entre otras, se le trató de seducir con muchachas ~ue habí~
sido contratadas con el propósito de atraparlo. Cuando no hay nrnguna uhlidad posible no hay servicio, como acontece en Europa,
donde los ferrocarriles están manejados sobre las bases de la empresa publica.
En la empresa pública vimos, sin embargo, dos desventajas similares: ~unque la producción pueda ser más dirigida a los deseos reales del consllillldor,
la calidad de los productos no es muy buena. Y aunque puedan dar_ ~n
principio mejor servicio, como la producción está basada en dar serv1C10,
en lugar de obtener gananci&lt;lS, el servicio dado es en muchos casos de_ una
calidad mucho más pobre. Y entonces la lucha entre las empresas pública Y
privada está llegando muy cerca a la carrera de precios. Sin embargo, hay
una diferencia:
l. En general, la empresa privad_a está adelantánd~se y g~nando Y puede
ser que por ésto en Austria, por ejemplo, haya habido recientemente una
tendencia a desocializar la industria nacionalizada. En Octubre de 1966, el
gobierno austriaco propuso una relativa al establecimient? de una ?ompa~ía
administradora para manejar líneas estrictamente comerciales: las mdustnas
que habían estado en poder del Estado desde 1946. , .
,
.
2. Pero en los campos particulares la empresa publica está_ ga~ando. en
donde los costos y precios pueden se,r llevados a un más baJo ruvel, o en
donde un mejor servicio a la comunidad es requerido, . o en d?nde es_ n~cesario obtener capital social o donde es necesario obtener objetos principiados para los cuales la empresa privada no está aún interesada.
Ger~chenkron encontró que el mayor atraso de un país se produce c~a~do
éste embarca en el desarrnllo, dejando lo más pesado a la empresa publica.
En otro aspecto, hay también una tendencia a que con e~ amn~nto del
nivel de ingreso, los gastos del gobierno, como un porcentaje nacional de

:n.

ingreso está subiendo, indicando que en el país más desarrollado hay también
una tendencia a un aumento en importancia del sector público.
Estas tendencias a resolver la lucha entre la empresa pública y la privada,
vía compromiso, en el sentido de combinarlas y llevarlas juntas, nos lleva a
los sistemas que comprenden los elementos, tanto de la empresa privada
como de la J?Ública, a los sistemas mixtos:
Formas mixtas: La lucha entre la empresa pública y la privada nos ha
conducido a una mezcla de las dos, a formas mixtas de los dos sistemas.
Como un ejemplo de ésto, puede contar el sistema de transporte público en
Nouméa, en Nueva Caledonia. Hay ciertas y muy detalladas reglas establecidas para este sistema (lo que le da un carácter público), dentro del cual
el inversionista está operando. Las reglas son: los pasajes y las rutas para
las líneas de los autobuses están dispuestas de acuerdo con un horario. La
regla consiste en que el autobús tiene que partir cuando está lleno, o diez
ininutos después de que el primer pasajero esté a bordo.
Hay una pequeña forma general para los autobuses establecida por ese
sistema.
Las ventajas de este sistema, que trabaja muy bien en la práctica, son:
El sistema es muy flexible y conveniente para el público.
No hay problemas de salarios o de impuestos de seguros, ya que el empresario toma sus propios riesgos e ingresos como un operador de taxi quien
conduce por :m propia cuenta y no muchos pagos al gobierno.
Mucha gente se inclina a pensar acerca de que variadas economías del
mundo están siendo agrupadas más cerradamente alrededor de los polos
del sistema americano de empresa privada y del sistema ruso de empresa
pública.
Más aún, dentro de los países, extremos mismos, hay ya una tendencia
hacia cada uno de los sistemas del otro.
El sistema americano de empresa privada, está basado en
- Descentralización de hacer decisiones, vía las firmas privadas.
- Libertad económica.
- Utilidades.
Hay una tendencia hacia el otro sistema. La creciente importancia del sector
público y el de una interferencia del gobierno en la economía, indica que
hay una tendencia a centralizar las decisiones de hacer, menos libertad económica y una producción dirigida hacia el interés público. El gobierno presionó a la empresa privada a mantener los precios bajos, en lugar de altas
utilidades. El incremento de la intervención del gobierno limita la libertad
económica más y más, de tal manera que mucha gente se queja de ésto. El
profesor Regan aún afirmó que la sociedad americana se ha movido hacia
un patrón socialista. ( Alguien diría socialísticamente).

557

�Y lo mismo puede verse en los países que están basados en un sistema de
empresa pública, sólo que en dirección opuesta. Aunque el sistema económico allí, estaba basado originalmente en:
- La centralización de decisión de hacer, vía el planeamiento central.
- Menos libertad económica, ya que todas las decisiones fueron tomadas
por la autoridad central de planeamiento.
- Producción para el interés público.
Hay, ahora, tendencias para incorporar en esos sistemas, elementos del
sistema de empresa privada:
- Descentralización de la decisión de hacer.
- Mayor libertad económica.
- Un mayor papel dado a las utilidades e incentivos personales.
Esto es de tal manera, que "El Economista" preguntó: ¿ Quién usa tal:'
sombrero en nuestros días? Los socialistas usan un sombrero capitalista, los
capitalistas un sombrero rojo. O, de hecho, los dos sistemas están creciendo
1
más cerca uno del otro.
Pero también dentro de los dos sistemas, hay formas mixtas. Permítasenos
considerar primero las formas mixtas dentro de la economía basada en la
empresa privada:
l. Tenemos las formas de propiedad mixta. Las compañías mixtas, pertenecientes en parte al sector público, en parte al sector privado, existen en
muchos países con sistemas económicos basados en la empresa privada, como
en Holanda y Australia. Existen en toda clase de variedades. El gobierno
tiene una participación de la propiedad y uno o algunos comisionados, en
la compañía. Esto puede ser aplicado para ayudar a las compañías privadas
en dificultades, cuando hay un interés público en conservar a la con_ipañí,a
operando, o establecer compañías con interés público por las cuales el mteres
privado no está muy interesado, o -mantener la vista pública en compañías
en las que hay también importantes intereses públicos en juego.
2. Encontramos otro sistema mixto en Francia. Hay dos formas de empresa
pública:
_ Las empresas públicas que están organizadas más o menos como el
servicio público, gas y electricidad, el sistema ferroviario; los trabajadores
son corno sirvientes civiles.
- Lo que ellos llaman régie autonome: administración autónoma. .
El director e5 completamente libre dentro de cierto marco de trabaJo. De
seguro, tiene que tomar en cuenta ciertamente el interés del público, pero
aparte de éso, disfruta de una gran libertad. Es responsable y cuando las
cosas no rtiarchan bien, podrá ser despedido.
Muchas ernoresas trabajan bajo este sistema: los automóviles Renault, los
grandes banc;s, Air France, la televisión francesa, etc. Esto se hizo en la
558

lucha contra el comunismo y para mantenerlo alejado e impedir su entrada.
Estas firmas fueron nacionalizadas y socializadas para dar cierta forma comunista, pero guardando las grandes libertades democráticas.
En la cima de ésto, el Presidente De Gaulle propuso en octubre de 1966,
los siguientes pasos en la misma dirección:
- Dar a los trabajadores voz en el manejo de las empresas.
- Darles una parte de las utilidades.
3. Otra clase de sistema mixto lo encontramos en México, que tiene una
economía basada en los principios del capitalismo y del socialismo.
Allí, el sector público incluye un número de empresas cuya propiedad es
parte pública y parte privada, pero cuyo control es público. Más aún, los
fondos del sector público encontrarnos también que se usan a menudo para
asistir esencialmente a las firmas privadas.
La Nacional Financiera, o institución nacional de financiamiento, es típica, en esta clase de asistencia. El Doctor Calvin P. Blair, dice en la publicación: La política pública y la Empresa Privada en México, que es una
"Compleja institución, la cual combina los elementos hábiles de la influencia
privada y pública. Sus deberes incluyen el desarrollo económico nacional, intervención estatal en la industria, control social de negocios y protección
general del interés público. Toma los capitales privados como sus socios y
frecuentemente los libra de una mala conducción o una equivocada dirección y regularmente presta dinero a firmas privadas y públicas dentro de la
misma industria.·
•
La "mexicanización" de la industria y la adelantada política mexicana, llevaron una entremezcla de intereses públicos y empresa privada, que pueden
contar como un ejemplo de cómo estos dos, pueden llevarse juntos de una
nueva y especial manera:
4. Otro sistema mixto, basado en el sistema de empresa privada, es el del
movimiento "sociocrático": Las Comunidades del Trabajo en Francia y en
Canadá. Estas empresas son firmas privadas, pero con muchos aspectos sociales y públicos, que están más cerca de lo mismo, corno así lo encontramos
en el otro lado de la Cortina de Hierro: Yugoslavia. Lo "sociocrático", indica el principio, que cada grupo o sociedad debe ser gobernado por los
que verdaderamente viven en esa sociedad: esto está determinado, no por
un democrático recuento de votos, sino por la discusión en el grupo. Otro
principio de estas empresas privadas, es que sus propósitos no son el de
hacer ganancias, sino hacer lo más de la mayoría de las vidas de los participantes, incluyendo muchos importantes aspectos públicos y sociales. Y ésto
es porque deberían considerarse aquí corno especiales entre los sistemas mixtos.
La meta de estas empresas para desarrollar las vidas de los participantes,
tanto como sea posible, realizando entre otras, son los siguientes:
559

�l. Incluyendo al trabajador en la dirección, (las empresas son propiedad
de los participantes), y mediante ésto interesándolos verdaderamente en la
empresa.
2. Las empresas llamadas Comunidades del Trabajo, procuran romper la
separación fatal entre el trabajo y la familia, incluyendo la vida familiar
también en la Comunidad del trabajo.
3. Aparte del trabajo profesional, se pone mucha atención a las otras secciones de la vida: deportes, juegos, teatro, educación general, etc., organizados
por el "Servicio Social".
Gracias a los principios arriba mencionados, la relación de los trabajadores
en la vida, llega a ser diferente y en el más alto sentido de la palabra,
pueden llevar a cabo una existencia más humana. Cuando visitamos las Comunidades del Trabajo, es sorprendente que los trabajadores causen mucho
mayor impresión humana y mucho menos que la de un asalariado fatigado
en la empresa puramente capitalista.
Por otra parte, dentro de la economía basada en la empresa pública, hay
también formas mixtas. Como un ejemplo, puede contarse el sistema Yugoslavo de dirección, por sí misma. Este sistema trabaja como sigue: uno
puede estar en el sector privado, si no emplea más de cinco personas. Por
encima de ese número, los negocios pertenecen al sector social, y las empresas están gobernadas en principio, por la decisión de los trabajadores.
No hay confrontación entre "propietarios" y "trabajadores", ni tampoco hay
problemas de relacioles laborales. Las decisiones de los trabajadores gobiernan el alcance y la escala de la corriente de producción. Tiene que juzgarse
acerca de los méritos de los nuevos proyectos para la expansión. El principio
básico es de que nadie puede estar tan interesado en la disposición racional
de los recursos, o e¿ inversiones a largo plazo, para aumentar la producción,
a tal grado como los productores directos, desde que su vida, trabajo y

•

futuro, depende de ellos.
Estas empresas prefieren tener algún elemento de pago como resultado y
así tienen todos los elementos de firmas de empresa privada: descentralización
de decisiones por )lacer, más libertad económica e incentivos personales.
Tienen consejos de trabajadores, sacados de diferentes departamentos. Tienen también, un consejo de gerentes, con el gerente general como presidente,
tomando decisiones por mayoría de votos; algunas de ellas regresan al consejo
de trabajadores para su confirmación.
Los consejos de trabajadores tienen voz principal en todo, también en el
nombramiento de nuevos directores.
La idea es que esas fábricas deberán producir más dinero, no principalmente para mayores salarios a corto tiempo, sino para la expansión que
traerá un mayor aumento en un término a largo plazo. Es en este sentido

560

que desean capi~lizar más; son más como empresas privadas que Comunidades
del Trabajo. Lo principal de estos dos ~pos
d e empresas es que
t'
u
ienen mucho en co~ún.. Ambas son casos fronterizos en sus sistemas pero
en la yugoslava, la direcc1ón por sí misma, el caso fronterizo en el
d'
d 1
'bli
mun o
~ a empresa pu . ca, ~s más parecida a la empresa privada que las Comum~ades del TrabaJo, rruentras que éstas, siendo un caso fronterizo, enfatizan
m~ los aspectos humanos, y es más "pública" en este sentido. y así ambas
están cruzando la línea divisoria en cierto sentido. Esto nos lleva al 'cor '
d
tr t' .
L
azon
e_ nues o ~pico: os aspectos humanos de la lucha entre la empresa pública y la privada.
, El resultado_ de la lucha entre la empresa pública y privada, es que de
e5ta ha em_ergido u~ compromiso, en el sentido de un nuevo fenómeno: la
empresa privada se identifica más a los intereses públicos, y la empresa pública
con los elementos de la empresa privada. En esta lucha los aspectos humanos
han llegado a ir más adelante. Ambos, en la empresa pública y en la privada.
En Alem~i~, por ejemplo, el trabajador ya no se asemeja a un tornillo
0 ~ '.-111ª maquma, ah~ra es más un ser humano, quien comparte la responsabilidad. en las políncas administrativas, desde que está representado en
e_l Cons~JO del Trabajo o Betriebsrat. Este principio de control conjunto ha
sido ~plicado por la Ley en Alemania, tanto en la empresa pública, como en
la privada.
Lo~ consejos de trabajadores en firmas con más de 100 obreros, están
:utonzados_ para nombr~r a 1/3 de los directores, y en algunos casos, aún
asta la rmtad de los directores. Estos consejos son elegidos por los trabajadores por una boleta secreta, y con provisiones democráticas para discutir
el ar~ento Y ~ontrarreplicar. Trabajan uniformemente, previenen huelgas,
Ydan_ nnportancia a la voz de los trabajadores, como los empleados alemanes,
que si:nten que hay que dar a los aspectos humanos, una alta valoración.
Su ~ctitud es: "Hemos aprendido que en una situación de empleo completo,
se nene que mantener a los trabajadores alegres, o ellos se irían rápidamente
con su competidor".
Lo mismo vernos en otros países. En Inglaterra se menciona en las leyes
de. ~acionalización que las industrias nacionalizadas, deberán atender a la
fehc1dad de sus empleados porque:
l. Los trabajadores contentos son más eficientes que los trabajadores descontentos.

~- La alegría de los trabajadores deberá ser un fin en sí mismo. Del
P~er argumento, particularmente, esta idea ha sido tomada en la empresa
privada, en forma especial en los países más desarrollados. Sin embargo no
mucho en los países menos desarrollados, en los que el gerente de la em;resa

561

�privada es muchas veces oscuro en sus políticas de personal, como los capitalistas del siglo XIX, en Europa y América.
Esto significa que en los países menos desarrollados, la empresa pública
tiene la tarea especial de poner un ejemplo al sector de la empresa privada,
observando y considerando las relaciones humanas más en sus políticas de
dirigentes. Esto se hizo, por ejemplo, en Turquía. Allí las empresas de la
Sümerbank y Etibank han proveído los servicios sociales de diversas clases
en una escala considerable. Cada empresa estatal, tuvo que establecer un
Departamento de Bienestar Social. En la mina de Zonguldak, los costos diarios per-cápita de estos servicios fueron considerablemente más de la mitad
de los salarios diarios de los mineros. De acuerdo con el director del Departamento de Bienestar Social, esto fue hecho así, ya que de otra forma los
mineros no irían jamás. Pero esto no puede considerarse como la única razón.
Las plantas pertenecientes al Estado también se consideraron como la mejor
forma de traer mejoras sociales a ciertas regiones.
Las críticas a dar mejores relaciones humanas a los trabajadores en las
empresas públicas, han señalado el hecho de que no es justo dar "bienestar''
a una parte de la economía, la cual dará "malestar" a las otras partes, a
los grupos, por ejemplo, que tienen que pagar por esto, tanto el consumidor
a través de los precios altos, o el contribuyente en general, que tiene que
pagar más altos impuestos. No piensan que sería correcto echar a perder
a un grupo de trabajadores a costa de otros grupos.
Contra esto, sin embargo, se ha sostenido que los beneficios del desarrollo
económico, nunca han sido extendidos sobre toda la población de un país.
Pocos, criticarían al gobierno del Sudán por destinar grandes sumas de
dinero en el proyecto de Gezira, en los terrenos en los que ciertos campesinos se aprovecharían más de éllos.
Pero este mejoramiento de las relaciones humanas por la empresa pública
en países menos desarrollados, debería ser como un proyecto piloto; algo que
debería ser seguido por la empresa privada en esos países. Y aunque esto
resultara anti-económico en un corto plazo, llegaría a ser económico a largo
plazo: si pudiera conducir, a largo plazo, a una más alta productividad.
Así, aunque el economista pudiera ver que los argumentos estrictamente económicos en contra de la prosecución de una política de "empleador modelo",
lo que está mejorando las relaciones humanas de los trabajadores, es por
todos los medios concluyente.
Pero aceptando que aquí hay una tarea para la empresa pública en los
países menos desarrollados, también está el otro lado de la moneda: aquel
de esos aspectos humanos conduciendo a un muy alto nivel del costo de los
productos. Esto nos lleva a la siguiente cuestión: "¿ Qué tendremos que ha-

cer p:rr~ dar una valorización correcta al factor humano, 0 qué tan lejos
debena rr ~~ ,empresa pública en este dar a los aspectos humanos?"
La Oorrus1on
Gh
dio
., Preparatoria para el Proyecto del Río Volta,enana
una contestacion a estas preguntas al afirmar que la empresa pública 'tuvo
que elaborar aluminio a precios que son competitivos en el mercado mundial
humanas de la producción deberían estar en anti·cipo
• '
dperoI las condiciones
di •
e ~ con c10nes prevalecientes en el país y que llevarían a mejores niveles
de ~da. Esto fue elaborado en el sentido de que los trabajadores quedaron
en libertad de llevar a sus familias con ellos, aunque esto fuere un tanto
cost~so . para una !ase de construcción de ocho años. En otro aspecto ha
las siguientes ventajas:
'
y
l. En otra _forma, habría una alta ineficiencia en el tumo del trabajo,
como se menc10na en el Proyecto del Río V olta.
Hanson menciona también que esto prevendría los males socia!es, tales
como la prostitución a larga escala.
3. Y que esto da un ejemplo al resto de Ghana.
Otra, guía de cóm~ la empresa pública debería aplicar esta regla de oro
Y de co~o dar un ejemplo de mejoramiento a las relaciones humanas con
los trab~}adores. en una forma que no aumentara mucho el costo de la
producc1on, o bien que no acarreara "males a los contribuyentes" como así
lo encontramos ~n la U.A.R. Allí, las reladones humanas con los trabajadores se han mejorado, manejando el personal una parte de las ganancias
hechas en 1-as compañías del sector público. La mayor ganancia es hecha
en una empr:~ª, en la que. se maneja más por su personal. Por ejemplo,
en 1~ comparuas que obtuvieron ganancias en el año de 1965 al de 1966
e~;edieron las ganancias del año anterior en cerca &lt;le un 10%, la distribu~
cion _al personal será a~entada e~ . un porcentaje de la mitad de las gan~ncias sobre ese 10%; s1 los beneficios fueran iguales a los de los recientes
an~s .º menos altos que el 10%, la distribución sería la misma; y si los benefici?~ resultaran menos que en los años anteriores, la distribución de los
ben:ficios sería reducida de acuerdo con el mismo porcentaje de reducción
de estos. Casos de compañías las cuales han fallado en repartir utilidades
por razones exteriores al riesgo de su responsabilidad son encomendadas aÍ
plan de Comité de Producción.
En esta fo~ma, las relaciones humanas pueden ser mejoradas, en tanto
qu,e lo~ ~rabajadores se interesen más personalmente en su compañía y sean
mas eficientes sus ~fuerzas para levantar el nivel de la producción, en lugar
de ser una herramienta o una máquina, pero en una forma que no aumente
el costo de la producción y que no traiga "malestar" en lugar de " bienestar"
a los otros grupos de la comunidad: el consumidor o los que pagan impuestos
en general.

563
562

�Conclusión:

Hemos visto que la lucha entre la empresa privada y la pública, ha conducido a nuevas formas de estructura económica: la empresa privada se
preparó más al interés público (como por ejemplo, en Francia donde las
industrias privadas están entrando en contraste, a un plazo largo con el
gobierno, observando la asignación de las ganancias productivas, entre salarios, dividendos, inversiones e investigaciones) y, por otro lado, la empresa
pública, incluyendo los elementos de la empresa privada: más libertad económica, incentivos personales y decisiones más detalladas. Esto es algo
que puede ser visto en todo el mundo; así como en los países con una economía principalmente basada en la empresa pública, como Rusia, Yugoslavia
y Egipto, como en los países con una economía basada principalmente en
la empresa privada como en los Estados Unidos, Alemania, etc., y en los
países donde existe un sistema mixto como México, Francia, etc.
Con estas nuevas formas, los aspectos humanos han venido mejorando
más, tanto en las empresas públicas como en las privadas. En la empresa
privada, dando a los trabajadores más responsabilidad, reparto de las ganancias, etc.; excitando que los trabajadores vayan con sus competidores. Esto
es particularmente válido para una economía de empleo total, en que Veynes
escribió su libro: La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero,
y tuvo su influencia en política económica.
En la empresa pública los aspectos humanos son un fin en sí mismos, en
los países más desarrollados, como en el Reino U nido. En los países menos
desarrollados, los aspectos humanos, son de ser posibles los más importantes;
así las empresas públicas tienen que dar un empleo a la empresa privada
hasta cierto punto. La empesa privada en esos países puede llamársele,
algunas veces, como parecida, -todavía a la del siglo XIX en los sistemas
capitalistas de América y Europa, y entonces la empresa pública en los
países menos desarrollados, no solamente no debería de considerar las técnicas
productivas, sino también los problemas de relaciones humanas y políticas
personales, en los aspectos humanos. Si estos aspectos humanos fueran negados, entonces mucho daño sería hecho y los recursos muy valiosos para el
desarrollo económico, serían mal gastados y su productividad sería baja. La
gente insatisfecha, no produce tanto como la gente contenta, así los aspectos
humanos y la economía mejorarán las relaciones personales yendo mano a
mano, ambas en los sectores públicos y privados.

•

EL PENSAMIENTO ACTIVO DE MASFERRER
DR.

JosÉ

SALVADOR GuANDIQUE

San Salvador, C. A.

BAJO EL ~~To AMPARO DE HuMANITAs, tribuna continental auténtica, que
nos pemut1era desarrollar el año pasado "Vasconcelos y Gavidia", vamos
ahora a enfrentarnos al otro gran autodidacto salvadoreño, Alberto Masferrer, mucho más conocido internacionalmente que el amigo de Daría, porque debe manifestarse algo relevante: entre nosotros la cultura no ha salido
d_e los círculos universitarios ni de los grupos académicos, sino de las redacciones de los periódicos y de los hombres hechos por sí solos, a golpes de
esfuerzo y ~e perseverancia. Gavidia, Masferrer -no olvidemos a Miguel
A?g:l Gama, autor de un Diccionario Histórico Enciclopédico de la Rep~blica de El Salvador, con unos 50 tomos, entre los publicados y los inéditos- demuestran hasta la saciedad lo afirmado. Y entre Francisco y Alberto cabe establecer no sólo coordenadas y abscisas sino el inevitable paralelo -Plutarco enfermó con éste a los historiadores- y a veces la continuidad
o el contraste.1
Si Gavidia fue serenidad; Masferrer resulta antorcha. Y caminan bas~nte armónicos, también cronológicamente: V ersos por Gavidia ( 1884). Páginas_ de Masferrer ( 1893) . Arturo Ambrogi, el benjamín del Modernismo,
a qwen Lugones lanzara aquel fuetazo sangriento de "señorita azul", viene
des~ués, siendo indispensable remarcar cierta alergia de Masferrer para convert1rse en bardo de ésos, abundantes, en nuestras latitudes tropicales, quizá
por cumplir aquello de Baroja: "los poetas gustan mientras no se complican
1

P~ra muestra basta un botón: "Se encargó al señor Académico Honorario don
Gavidia la biografía de don Juan Lindo", - Revista La Universidad, enero a
J~io 1917, M emoria, p. 515. "Nueva Cultura", discurso por don Alberto Masferrer,
leid~ en la apertura de clases universitarias del año lectivo de 1924, siendo Gavidia
~residente del _noveno jurado de oratoria forense en la Facultad de Jurisprudencia.
1Los dos autodidactos orientan así la enseñanza superior!
!~CISCO

564

565

�hasta lo oscuro; porque ser poeta es muy fácil o imposible". Oigamos al
propio don Alberto : •
"Haréis mal en pensar que mis versos son absolutamente malos. No, varios tengo que pudieran entrar en docena con los de poetas contemporáneos
afamados. Siendo así ¡ qué santo me tuvo de su mano para que no los imprimiera! Siempre será un gran mérito mío haber librado al mundo, de
mis versos; tanto más, cuanto que tuve periódicos a mi cargo en épocas en
que verseaba de lo lindo". (Obras, t. II, p. 175, Universidad Autónoma de
El Salvador, 1949).
Esto contraprueba que ostentó aguda autocrítica, no exenta de saludable
sentido del humor; desde el Bravo hasta la Patagonia muchos ocultan, como pecado inconfeso, cuando llegan a la madurez, pésimos versos publicados,
irreflexiblemente, durante los ardores juveniles.2
Masferrer y Gavidia, Maestros, con mayúscula, aunque siguiendo sus personales caminos. En general se llama maestro (con minúscula) , al simple
profesor -primaria, secundaria, preparatoria-; catedrático al universitario,
al de enseñanza superior... Pero es Maestro quien enseña a los pedagogos,
cualquiera que sea su nivel. Ni uno ni otro eran oradores elocuentes ni
doctrinarios con el verbo, pero su magisterio escrito suplió tal falla. No ostentaron atractivas efigies, ni imán para frívolos o superficiales -oh, los
ademanes de Ortega y Gasset; ah, la piel nacarada y la blanca cabeza de
Irureta Goyena; sí, los gestos casi teatrales de nuestro Antonio Caso, depositando su bastón como de plata sobre el escritorio, mas los 2 salvadoreños
ilustres supieron estar a la altura de su mensaje, pese a criterios en contra.ª
Ambos contribuyeron a elevar el nivel ideológico y mental del Istmo, en
medio de los ataques bajos y de la indiferencia cretina, debiendo asentar
esta verdad amarga, a la letra del i.psoslayable Darío, en su madrileña Crónica Literaria:
"En Centro América no ha habido jamás cultura intelectual. . . Hemos
tenido, sí, y en abundancia, dómines pedantes, bachilleres atrevidos, vejigas
de ignorancia, que revientan de admiración o de envidia". Y ese apóstrofe
rubeniano todavía subsiste, si bien algo hemos adelantado. . . Y retornemos
al binomio egregio, muy eurítmico, por encima de diferencias, contadas las
En el Repertorio del Diario del Salvador - lo. enero 1906-- a p. 1356: Gracias
(versos) por Francisco Gavidia. Clemátide (ídem) por Vicente Acosta. _Rísa Ne~ra
(prosa) por Alberto Masferrer, refractario a las musas, al menos a publicar sus mspiraciones, según fiel testimonio.
• "Yo comparto la opinión de los jóvenes en lo relativo a que ninguna de las
figuras del pasado (ni Gavidia, ni Masferrer) tiene la talla de un verdade~o . ma~stro"
(Juuo FAUSTO FERNÁNDEZ, Patria y Juventud en el Mundo de Hoy, M1msteno de
Cultura, San Salvador, 1956, p. 185).
2

simpatías, ya que no faltan miopes pregonando rivalidades entre ellos cuándo se respetaron y estimaron, cada uno en su peculiar órbita desde' el co~enzo masferreriano, mejor, del espaldarazo como escritor, 'el cual corrió
a cargo del gr~ . pipil, si, bien muchos lo ignoren, tal vez debido a que
Masferrer y Gavid1a son mas fecundos que tantos anquilosados doctores. Todavía hay aquí -asentó el primero- quienes se sacan el revólver al oír
la palabra cultura. Y Castelar:. "esos países, esos países, están aún en estado
primitivo..."

lNICIACI6N

Calzada con las iniciales F. A. G. -no Francisco Antonio Gavidia sino
Francisco A. Gamboa, literato y preceptista colombiano, avecindado e~ San
Salvador por entonces-- en el Tomo V de Biblioteca Económica a su cargo
en los albores de esta centuria atómica ( 1900), al margen de 'Prosa Líric~
(ojo al matiz distintivo) leemos, con unción, un enjuiciamiento profético:
"Siete años hace que Francisco Gavidia dijo: ALBERTO MASFERRER tiene
la resolución, la conciencia plena del escritor que conoce sus fuerzas: más
aún, del hombre que analiza el medio social en que vive, mortífero para
el cultivador de las letras, y se sacrifica sonriendo. Es muy joven; su estilo
está, por consiguiente, en formación; con todo, su personalidad tiene ya sobrados contornos, líneas perfectamente claras, acento sincero, para que se
deje de comprender que está sobre los prosistas de la antigua escuela redundante e impersonal, anti-estética y anti-artística de los prosistas prosaicos".4
Y por si faltase: "Añádase a lo dicho, dos cualidades que difícilmente
se hallan en la América Latina: sensibilidad generosa y sinceridad intelectual. No hace concesiones a la moda y no cede sino ante dos poderes:
la belleza artística y la verdad trascendente. Tales comienzos aseguran un
futuro escritor que ejercerá atracción directa sobre la sociedad e influencia
poderosa en sus derroteros. No necesita tomar por guía las modas literarias:
tiene conciencia de la vei:dad estética: asido a esa áncora suyo es el porvenir".5
• Y el mismo I(ubén en sus Dilucidaciones al Canto Errante, latigueando a los farsantes, a propósito de Raimundo Lulio: "¿ Creéis que este fénix resucitado contenga
menos que lo que puede dar la percepción filosófica de hoy cualquiera de los reportes
usuales en cátedras periodísticas y más o menos sorbónicas del día?" (Poesías Completas, Edición, Introducción y Notas de ALFONSO MÉNDBZ PLANCARTE AGUILAR
Madrid, 1954 p. 795).
,
,
• Con posterioridad aparecen valori2aciones: "He oído decir reiteradamente que
Alberto Masferrer es superior a Francisco Gaviclia. Afirmar esto es revelar desconoci-

567
566

�Los acontecimientos respondieron a tal presagio. Puede aplicarse a Masferrer, a partir de la presente admonición, el epíteto de poeta del conocimiento con que Thomas Mann -el demiurgo de La Montaña Mágica- enjuicia a Federico, inmenso Nietzsche, solitario de Sils-Marías, otro poeta del
conocimiento, con o sin Zaratustra.6 Y Masferrer al igual que Ambrogi traspusiera mejor que Gavidia las fronteras centroamericanas, gracias a saber
viajar a su hora. Aquél a los Países Bajos y Sud-América; éste a Chile.
Francisco Antonio se quedó aferrado al San Salvador de sus amores, a su
polis cuzcatleca, con excepción de su efímera estancia en París, objeto de
versiones o anécdotas.7

lNQUIBTUD

Nació Masferrer -24 julio 1868- entre la montaña y una laguna: Alegría se llama dicha población, diríamos aldea, hijo ilegítimo de Leonor Mómiento de la obra de uno y de otro. No es posible un parangón entre ambos. Gavidia
está a muchos metros de altura sobre Masferrer. No hay paralelismo ni en sus vidas,
ni en sus obras. Masferrer es un gran escritor y un periodista insigne, pero carece de
la profundidad filosófica y científica de Gavidia". (NAPOLEÓN RooRÍouEz Rurz,
Gavidia y su Obra, Revista de la Facultad de Humanidades, Universidad de El Salvador, enero-marzo 1959).
• Dejemos la palabra nada menos que a Claudia Lars, poetisa cuzcatleca consagrada: "Tengo que confesar que como expresión estrictamente poética don Alberto
no me cautiva. Prefiero su más sencilla prosa al mejor de sus poemas. Es un buen
versificador, a la manera de ciertos poetas románticos ( no los mejores de la escuela).
Sus versos carecen de fluidez, seguridad y gracia sorpresiva, cualidades literarias
que le sobran cuando escribe en prosa. Sin embargo, es necesario afirmar que la
esencial expresión de Masferrer fue· la del verdadero poeta, aunque para comunicarse
con sus semejantes usara con menos frecuencia las formas de la poesía que las de
la prosa. Hasta en páginas que tratan exclusivamente de realidades amargas, luminosas señales del poeta se encienden aquí y allá, alumbrándolas mejor". (La Prensa
Gráfica, San Salvador, 26 abril 1967). Lo dicho: Masferrer, poeta del conocimiento,
no al uso.
' Con foto y muy bien adornado al estilo de la época, la vera efigie de Alberto
Masferrer en la Revista La Quincena -15 diciembre 1906-- acabado de desempacar
de los Países Bajos, donde fue Cónsul de El Salvador. Esa publicación era dirigida
por Vicente Acosta y colaboraban Gavidia, Román Mayorga Rivas, iniciador del
periodismo centroamericano moderno con su "Diario del Salvador"; Santiago l. B~rberena, ingeniero y abogado, matemático e historiador; Calixto Velado, poeta Y ~urista; y Francisco A. Gamboa, pedagogo y literato colombiano. Enviaban trabaJOS
Díaz Mirón, Dacio, Lugones, Ortega, Rufino, José Cuervo, en fin. Sus lectores se
arrebataban los números, no cual ahora, cuando las llamadas páginas culturales son
arrojadas al cesto. ¡ Ocupados los compatriotas en leer sus tiras cómicas!

568

nico. Años más tarde, ya adolescente, lo protege, al modo criollo, su padre,
Enrique Masferrer, quien lo mandara a un colegio de San Salvador para
hacerlo, siquiera, bachiller, si no doctor. ¡ Ambición de tantos y tantos señores provincianos! Pero Alberto no era para las aulas ni el memorismo. Tampoco sufría los recintos cerrados, fríos, inhumanos. Lo atrajo el bosque, la
!:anura, los horizontes. Y pronto abandona los estudios -vanos estudÍos
formales- para irse a rodar tierra, alto el corazórt y claras las pupilas, al
lado de un tío pintoresco, Miguel Mónico, errabundo y aficionado a las
peleas de gallos, digno de la pluma de José Rubén Romero, el de Pito Pérez.
Las montañas de Honduras le impregnaron el alma de silencio y grandeza,
azules, enhiestas. Los maravillosos lagos nicaragüenses, ésos del azul suave
y acogedor, a diferencia del azul cortante de Cuzcatlán que Rubén se llevara dentro, justamente para Chile, también contribuyeron a formar a Masferrer, en humano, no a lo técnico, destacándose rasgo importante: de esas
correrías no resultó ni gallero, ni bebedor, como si el moralista que ya iba
surgiendo en él, estuviese preservado de esas miserias.
Al regresar a sus lares apunta Claudia Lars -"Tolstoi, Carlyle y Henry
George son sus directores espirituales, y en ciertas doctrinas religiosas del
oriente va encontrando, poco a poco, su camino interior''. ( Algo Sobre Alberto Masferrer, La Prensa Gráfica, San Salvador, abril 1967). Mis posee
la lección del peregrinar -y no equivale al vagabundaje sin meta- ésa capaz de llenar el vacío, el ansia indescriptible que aflora, prístina, no la prefabricada de los existencialistas. Masferrer sí supo -al contrario de Gavidia- de ese temblor extraño que dejan los caminos, por decirlo con Barba
Ja~ob, mientras perfilara: "sobre todo aquellos viajes fecundos, mil veces
mejores que los libros; habló con el lirio del campo sobre la belleza y gratuidad de su vestido; habló con la raposa sobre la vida fácil y libre de quien
se contenta con una madriguera; habló con la golondrina y el vencejo, sobre la paz que infunde el aire a quien frecuenta la cima de los montes;
habló con las rocas y los arenales, con los espinos estériles y con las higueras prolíficas, con el árbol y el musgo, con la lluvia y el trueno; con todas
las cosas que se contemplan en la vida errante, si quien ambula es un poeta,
Y cada una le enseñó alguna verdad y alguna parábola" (Estudios y Figuraciones sobre la Vida de Jesús).
Las producciones literai:ias masferrerianas trasuntan acercamiento a la naturaleza, virtud infantil, y de nuevo Barba Jacob nos remarca cómo el héroe algo de niño debe de tener, ello en armonía con su sed de lontananzas,
al grado que, en San Vicente --ciudad salvadoreña, cabecera del Departamento de idéntico nombre- puso en circulación una hoja volante excitando
569

�al pueblo para organizar una Liga Nacional Defensora del Pájaro. Así era
8

Masferrer.
Va don Alberto a Chile, a Nueva York, a San José y dejó tan honda
huella que se le alinea entre los ideólogos anarquistas costarricenses, Y te~dremos ocasión de verlo, recorre Italia -país del arte, clamara Blasco I~añez- y Suiza, enviando de Ginebra colaboraciones a la Revista ~a Quincena, ágora del pensamiento centroamericano, que en 1906 anuncia s~ !legada a San Salvador, luego de habe~ sido Cón_s~ en Holand~ Y Bel~ca,
cátedras abiertas para el eterno investigador, decidido a revolucionar socialmente a este pulgarcito dinámico, varón del Istmo, independientemente de
avatares sensibles.9
No obstante, por encima d~ turbulentos recorrido_s _juvenile~ y asen~dos
periplos adultos, prosiguió su trayectoria re~elde, iruc1ada a f~es ,~el siglo
pasado, al texto de un marginal de Ambrogi, el _orfebre delJeton: Cuando
el golpe militar de los Ezeta (derrocaron al Presidente Menendez; promulgador de la histórica Constitución de 1886, apostillamos) se cr_ey~ ~as:errer
en el imprescindible deber dy hacer ostensible su protesta: ermgro, si~end_o
la huella de Gavidia de Rubén Darlo, Acosta, Castañeda..." ( El Silencio
sobre Masferrer, "D~rio Nuevo", San Salvador, 4 diciembre 1935).
y jamás olvidará nuestro paisaje -no a lo pintoresco, sino en l~ entr~ñable- el cual encierra, entre cerros y volcanes (ininterrumpido des!ile, baJo
un cielo que parece desplomarse sobre las cabezas con sus esn:ellas) si~os del
proceder estremecido que vincula lo~, f~ctores natur~les, al ntm_o s~:1al, Y el
terrible fustigador de "Patria" -penodico que era el, el-"se -~~o, fuerz,a
telúrica en contra de las lacras imperantes, a tono con su M1S1on de America":
¡ Hombres nuevos de América! Alcémonos
• El poeta y periodista Quino Caso, salvadoreño, ha laborado "Masferrer Y l?s
Páºaros", relatando este luminoso incidente. (En Torno a Masferrer. D~to. Edit.
Minist. de Cultura San Salvador, 1956, p. 153). Agregaremos, referencialmente:
p·
Salvadoreñ:S según José Salvador Guandique: "Alberto Masferrer, pensador;
igur~ G "d"a h'umarus·ta·, Juan Cotto, poeta", Diario Latino, 20 noviembre 1943,
F ranc1sco av1 1 ,
palabras liminares de Rafael Heliodoro Valle.
.
.,
• Pasados varios lustros continuaban unidos: "En segiuda aparec10 en San Salvador
el Centro Intelectual Salvadoreño (octubre 1921) co~tituido ~o~ Alberto_ Masfe~re_r,
·
Gav1·d·1a, Arturo Ambroui
o·, Juan Ramón Unarte {tnllllStrO
,
,plelllpotenc1ano
.
C F ranc1sco
en México, y allí murió, entrelineamos) , Manuel Castro Ramírez, Raul_ Andm~, a
mino Campos Jorge y Enrique Lsrdé. Dicho grupo procuraba el estudio de diversos
aspeetos cultu,rales. . ." (Valle, obr• cit -, p • 27). Nos interesa el registro de_ estasy entidades por relatores de la estirpe de Rafael Heliodoro, más allá del terruno. _ ~o
olvidaremos cómo Gavidia postuló en La Quincena ( 1903) el Ensayo de una ftlosof,a
propia o sea latinoamericana.

570

formemos en fila de combate, ensanchemos
el pecho, absorbamos poderosamente el aire
de la vida y que surja y resuene el grito de batalla.
¡ A luchar por América!
¡ A sufrir por América!
¡ A triunfar por América!

PROLEGÓMENO

Nos resolvemos por dicho titular, dada la cuestión archico~ocida: megase
a los latinoamericanos, la categoría de filósofos. Ni siquiera nos admiten como pensadores. Actitud asaz desdeñosa de tratadistas e investigadores europeos, provocando -¿verdad Adler?- un creciente complejo de inferioridad,
síndrome anunciador de graves dolencias.
Basta echarle una vista al Prólogo para Españoles (los de la raza cósmica:
Vasconcelos, Caso, Vaz Ferreira, Gavidia, no cuentan, menos Masferrer) de
La Filosofía, Hoy, por Michele Federico Sciacca -muy elogiable en otros
aspectos- pese a que desea amenguar el escozor causado por su restricción,
mediante un reducidísimo capítulo VIII, "La Filosofía en la América Latina", pp. 513-29 (Ed. L. Miracle, Barcelona, 1955), 16 parvas cuartillas
en comparación con el rico contenido de las restantes. ¿ Seguirán creyendo
allá los vituperios de Papini o los desahogos barojistas? Por mi parte, prefiero el Husserl de Caso al de Gurvitch; el Pitágoras de Vasconcelos al de
Robín; el Mínimum Vital de Masferrer al de Cathrein; el Fedón de Gavidia
al de muchas editoriales dizque prestigiosas; el Deslinde de Reyes al "Breviario de Estética" croceano... Entre paréntesis, don Alberto ostentó su
veta también de esa filosofía en pequeño, el humorismo - tal sostuvimos en
Humanitas en 1966, p. 509- y el ingeniero José María Peralta Lagos le
dedicara: "Y amable supiste esgrimir la burla fina y la ironía sutil contra
el poderoso egoísta y engreído, y manejaste con tu maestría habitual el género festivo ennobleciéndolo" (Masferrer Humorista, de "En Torno a Masferrer", op. cit., p. 191).
A quienes todavía propalan que los dedicados a empeños con la sophía en
estos meridianos -y la Sociología emerge tangencial- andamos definitivamente perdidos: "Por el contrario, como hemos indicado, la América Latina,
superada la fase preparatoria y habiendo abordado a la filosofía, manifiesta
una verdadera sensibilidad filosófica. En este sentido, repito, tiene una madurez especulativa que por ahora le falta a los Estados Unidos de América.
Desde este punto de vista, la América Latina está más cerca de la cultura

571

�occidental y más próxima a alcanzar el nivel europeo, pese además a sus mgenuidades" .10
Semejante reconocimiento del citado Sciacca -obr. cit., p. 514-- admite modalidades y temperamentos. Pero el tema a desarrollar es Alberto
Masferrer y sus proyecciones, no la querella multicomentada.
Masferrer llegó a la filosofía social, a la sociología -y son distintas: la
primera pretende reformar, y la segunda explicar descriptivamente realidades colectivas- por que le dolia su pueblo, así a Unamuno, España; vía muy
diferente que la de Caso por el derecho, como Vasconcelos; y Gavidia a través de las letras, nunca de las letrillas. De ahí que el cosmos masferreriano
o la sublime figura de Jesús, surjan un tanto exóticos para quienes se han
iniciado en las conocidas corrientes europeas, racionalistas o intuitivas, de
Kant a Bergson. Todavía en el estilo -integra al hombre, según Boileau-,
Masferrer desconoció el preciosismo, a la manera de los videntes -Pascal,
Nietzsche- porque los calculadores pulen y repulen -Sartre, Ortega-, saben
iluminar tipográficamente sus párrafos, utilizando sustantivos y verbos de
acuerdo con su peso atómico y, artífices supremos, llegan hasta teatralizar
variados recursos, labor practicada ante la admiración de los lectores, subyugados bajo la relojería azorinesca cuando huyen de las aceradas admoniciones de don Alberto. Bien apunta José Luis Martínez: "Su mensaje esencial de civilizador no sufre mella ni pierde vigor por los tropiezos de su pluma
y aún con ellos nos hace admirar más al hombre que, haciendo violencia
"' a sus propios recursos y a su tiempo, pudo legarnos un fermento de justicia
social y un impulso educativo que constituyen una lección perdurable para
nuestra América". (Introducción a Masferrer, de "En Tomo a Masferrer",
Depto. Ed. Minist. de Cultura, San Salvador, 1956, p. 78).
Dicho a la llana, sin ambages: el Maestro salvadoreño orla a los escritores vivíparos y no ovípar~s. Nunca logrará empollar por meses, pues le
urgía lanzar su mensaje, frente al cual resultan de más las coqueterías retó11
ricas. Para ser estilista le faltaron holganza y vanidad, sin olvido de que
mucha de su producción, brota de ese acoso cotidiano, del agobiante que'º "Otra característica del pensamiento latinoamericano es una fuerte necesidad de
independencia: no quieren reducirse al papel de productores de materias primas Y
de consumidores de productos espirituales. Evidentemente se trata, más que de una
realidad, de una aspiración..." (G. FRANCOVICH, La Filosofía en Bolivia, Buenos
Aires, 1945, p. 155).
11 Así trataba Masferrer a sus contemporáneos, él, a quien cobardes enemigos motejan de yoísta: "Ayer fueron dos años que falleció Don Calixto Velado. Hubo un
tiempo en que el título de Don campeaba por encima de todos. Calixto Velado era
Don. Siempre que recordamos su nombre, instintivamente, y dándole toda su romántica expresión a la palabra, decimos Don Calixto". ( Obras, ya cit., t. II, p. 22) •

572

hac:r perio~ístico: la neces~dad del editorial, esa presión de la nota inforn;anva y ~nentadora y --digámoslo pronto- el imperativo de llenar el vac10 de ~l~ redactor que no se presenta a trabajar. No alcanzaría Masf
el narc1s15:110 de recopilar sus Obras Completas, ni siquiera las Selectaserr~
su modestia llegó a admitir las censuras d I h
.
.
S b li N
e umarusta y rector de verdad
ar e o avarrete, sobre la toma de la Bastill
.
.'
· t l
¡ 12 A
a en memorable mtercambm
m e ectua .
penas sus gratuitos adversarios se atrevieron
pavorreal.
a decir que era
la llanura sin cargos públicos ni condecorac1ones
.
EnMasferrer
tr luchó desde
.
1 l;ues das. mercunal:s repúblicas, que no democracias, los exponentes d~
~ ama a ~telectua_lidad llevan agua a su molino valiéndose de la polinea o de la diplomacia o, al menos de la rectoría de la Universidad
V
c~nc~los encontró. resonancia para su prédica de la Secretaría de Ed~~aci::
Pubhca a la candidatura presidencial, pasando por la rectoría de la UNAM
Y_ ~onste que le debo un prólogo para mi "Itinerario Filosófico" (Cuarta edi~
c~ 1!63, Impr. Gute_~ber~, Santa Ana, El Salvador), siendo su rendido
a
~a or. Caso tamb1en figuró, rector del Alma Mater mexicana y dese~penara fugazmente la representación diplomática de México en Chile
N_rnguno de, esos honores le dieron a Masferrer, especie de bestia negra se~
gun
cuzcatlecos y a quien pretenden cap1ºtalizar en sus man10' ·
b los
1 retrogrados
.
ras os extrerrustas. Masferrer, con su magisterio y su acción, se mantuvo
:ntre_ dos fuego~, de car~ a todos los peligros, víctima de cualquier embosada . los de amba le odiaron por su evangelio social; y los de abajo muchas
v:ces c~eye~on que no les defendía con la suficiente entereza. En tales condiCIO~es _Jamas sabremos aquilatarlo considerándole un profesor tranquilo O un
periodista adocenado. 13

COSMOGONÍA y

ANTROPOLOGÍA

Será tarea estéril intentar la exégesis de aquel m 51gne cuzcatleco en perenne Y enconada lucha contra la mediocridad -y cuánto pesa ahora, 1967,, V
er En los Jardines de Academo por Sarbelio Navarrete Talleres G áf
e·
neros
'
r reos
ISl ' San Salvador, 1942, p. 3 5O• Por cierto Navarrete corrigió
a Ortega
allí
e mal uso del verbo periclitar, según desarrollamos en "Gavidia el Ami
d D ,p~r
t. I, not. 13, pp. 28l-2.
,
go e ano ,
13

Tal influ!ó en lo expresado por Martínez -obr. cit., p. 65-: "Al
O de
:~u~llos a qwenes llamamos Maestros de América, debe sumarse el nomb::UXe un
gmal Y profundo pensador y apóstol salvadoreño, Alberto Masferrer cuya ob
pesar de . habe
· d o h ueua d ecmva
• • en su propio país y en toda 'Centroamérica
ra, a
. r d eJa
no es suI1c1entemente conocida en el resto del Continente".
'

573

�aplastante, desconociendo: "nuestro saber es como la sombra de una nube
que el viento arrebata. Que si alzamos los ojos, ya no hay nube; si los bajamos, ya no hay sombra". Masferrer construyó su lógica, a kilómetros de la
aristotélica, de la neokantiana, de la fenomenológica, por decirlo a su giro:
"Según la pureza de tus ojos así verás. ¿Enalteció tu entendimiento y purificó tu corazón? Entonces, era verdad".
En personal vía ( Las Siete Cuerdas de la Lira, "Casa América", México,
D. F., p. 13) instaura un perspectivismo moral, por encima de críticos a
la violeta o de mentores aferrados a sus libracos, en un ambiente donde
lo preferible, en la obstusa mentalidad de los sanchos pueblerinos, radica en
repetir lo ya dicho por rutinarios catedráticos, ahitos de folletería extranjera. ¡ Inconcebible tanto coraje afrontando panurgos y fenicios! Entre datos orientalistas y modernos, cabe es Lira, flota, radical y angustioso, el problema de Dios. Masferrer, ante el Universo, persigue sus arcanos, abordando
seres y cosas exhaustivamente, emprendiendo el dilatado camino que conduce a los orígenes, en pos de las primigenias iluminaciones.
"Nada es aquella substancia única y total que llenaba los espacios antes
de que fuesen los mundos". En esa nada -acotamos--- concebida positivamente, al viso de Jaspers y no mera negación del ser, aparecen, bajo el influjo divino, dos fuerzas antagónicas: una, constructiva, que trata de multiplicarse; y otra, unitaria, pugnando por la integridad plena. Aquélla tiende
a la movilidad. Ésta a la quietud. La dualidad expuesta - recordemos al
Zoroastro nítido, fuera d~l vociferante nietzscheano-- en actividad energética convierte el Caos en Cosmos.
Este florece en 7 manifestaciones esenciales: Tierra, Agua, Aire, Fuego,
Energía, Atracción y Luz. Tales fluídos son facetas del mismo movimiento,
etéreo vibrar, "las 7 Cuerdas de la Lira Divina en la cual un artista supremo
tañe la sinfonía del Universo". Y ya sabemos, con o sin Heidegger, cuánto
en los poetas del conocimiento palpita honda y definitiva entraña.
Tan multifacético esquema rememora a los presocráticos o elementistas,
sintetizados por Empédocles de Agrigento al ofrecemos su cuádruple teoría,
simbolizada, a maravilla, sobre la cúpula del Hospicio Cabañas -Capilla
Sixtina de América- por José Clemente Orozco en Guadalajara. Masferrer desenvuelve reflexión eidética, poesía trascendente, proclive a es_s:.uelas
orientales, llegadas a Grecia bajo la avizorante guardia de Pitágoras, mejor
ritmo que número, si creemos al Ulises Criollo. Semejante intento de explicar el mundo -de Caos a Cosmos--, nada tiene ni tendrá que ver con
ningún materialismo, debido a su intocada espiritualidad.
La cosmogonía masferreriana analizada a fondo -huecas las interjecciones de hermeneutas improvisados que apenas tartamudean párrafos del salvadoreño enhiesto, incansable lapidador de los figurones que padecemos-, en

vez de. q~edar_se en una topografía cosista, llega al hombre
angustia iluminada ad1'etivó Gonz'l
' crucial aporética,
.
'
a ez y C ontreras.14
. ~oncebunos la forma del hombre -aclaró Masferre
viviente, compuesta por el cuerp
b
.
. r- Y la de todo ser
tancia anímica y por la mente o o bsu s~nc1a material, por el Alma o subs'bl
o su stanc1a lumínica El .
1
s1 e; la segunda implica
t
f
.
primero es o senun rans armarse· y la t
al b
.
tualmente hablando. O sea.. d e Ia Cosmogonía
'
a la ercera
Ant
1um, ra ilmtelec, .
en su propia senda U nam
,
ropo og1a F osofica
.
uno apoyase en la tragedia de lo p d K.
gaard, vivencia teológica, a partir de la cul a ori .
. asa o. ierk_econ su nadalogía. Masferrer luch
p
gmal. Heidegger, en brega
Iván y mucho de Aliocha h
a enKtre ellos, atormentado, con algo de
' ermanos aramazov. y por ello
p~ en su ascensión, irrequieto incurable hasta ue
' ensaya otro
desberro después de un dif' ·1
'd '
q ' al regreso de penoso
.
'
1ci recorn o entre San Marco L
c~p1ta!, desde Honduras, traidora dolencia acalló aquella v;z yer::ppa , y _esta
.
.
aso cmco
d,1as sm poder expresar, teruendo
mtactas sus facultades p
d
.
c1pulos, dos o tres, lo vieron, le hablaron. Los conoció 1:~os e_ ,s~ d_1shablarles, pero la enfermedad le hab'a
. d 1
:
sonno, quiso
El . . I '
I
qwta o a memoria de las palab
Ro;e10 "eon, ve~cido, l~oró, lloró. Prometeo estaba encadenado". (Alfo::
ac, Los Ultunos D1as de Masferrer" de En t orno a M asf errer, p. 278).

MÍSTICA

El :"'1aestro también sucumbiera a la tentación de buscar
1 . .
de Cnsto aunqu
f
.
en e misteno
. '
e en orma extraordmaria, muy distante de Renán Pa ini
Maunac.
vez cabría acercarlo a Miró, sólo que éste fue pl, f '
pd '
Alberto existencial.
as ico Y on

:ªI

"F.studios y Figuraciones so~re la Vida de Jesús" contiene --en el sentir
del pedagogo cuzcatleco Francisco Morán- "en equilib .
íf
las cualidades forro I d
.· .
. _no magn ico, todas
..
a es el escntor. su don de expres1on poética 1 dif' ·1
facilidad
de su estilo y su 1enguaje, la diafanidad de cristal que es, debe
a
1c1
.
repebrlo, su 1'deal de poeta y escritor".
.
,
,
mos
y transcribe, en apoyo de sus asertos esta luminosa estampa de María:
""D~n Alberto. Masferre~, a través ?e sus más fértiles ensayos y disquisiciones
brind,
• 0
a oporturudad ergw.da de ser siempre un inconforme de mante
r· '
y smce
· d" d ¡
,
nerse ll'llle
hitos ro, nn ien o e culto_ a la verdad -a su verdad que tenazmente contradijo háy costumbres predommantes en el medio en que le t ' · ·
nerse desa
d
, ·
.
.
oco vivir-, Y a mante'
arroJando al viento y al surco mucha simien te, que apenas ahora ngra·,o Y agoruco,
•
~
rec1en germma, y florecerá, fructificando en no leJ·ana estaci'o' d ¡
anos venidero
,
n e os
. s" • (GILBERTO GONZALEZ
Y CoNTRERAS Hombres Entre L
'
ava y Pinos,
eosta-Amic, México, 1946).

575
574

�"Por el camino polvoriento iba la joven galilea, sueltos al viento los bucles
de oro y seda, con más luz en los ojos que los zafiros del azul, más leve Y
grácil que las espigas del trigal, más jubilosa y cantarina que los mirlos, más
juguetona que la brisa, más extasiada que las alondras. Emergían de todo su
ser la sonrisa y el canto, cual si la bienaventuranza de todas las cosas tuviera en ella su manantial; como si toda aquella claridad y aquella gracia
fueran sólo el reflejo de su corazón", agregando: "no es un comentario bíblico más; es una novedosa, revolucionaria interpretación del Hijo del Hom15
bre, al nivel de la cultura y la experiencia social del siglo
•
Presionados por un Mínimum Vital muy pocos paran rmentes en este IDISticismo activo, orientador, si bien ( 1927) Julio Enrique Avila, salvadoreño
de nota, aeda, exalta la última producción: Estudios y Figuraciones 'Sobre
la Vida de Jesús. No se vaya a suponer que este volumen, por el tema que
trata, tan sugestivo y por lo mismo tan explotado, sea un libro más sobre
Cristo no • es un libro nuevo sobre el Mesías. La divina tragedia, y el esce' de evocaciones, siempre serán los mismos; pe_ro ~~y una def1nario, ' mago
nida personalidad en las apreciaciones, en el concepto filosofico, y, ~obre
todo en el estilo. Virtuoso estilo que sabe ofrendarnos lo profundo, aun lo
turbio con la fresca y diáfana sencillez de un sorbo de agua. El libro, antes
que t~do es una obra de amor. La metafísica no ha entumecido la agilidad
'
•
•
' " 16
de su pensamiento,
hondo a fuerza de comprensiva
simpatia
.
Avila insiste en el contraste entre Juan y Jesús, cuando, en las márgenes
del Jordán éste "se encuentra con el áspero asceta que predicaba pe~~encia, prescribía la repartición de los bienes y amenazaba con el externuruo a
quien no se purificara", lo que nos trae reminiscencias de la severa pelícu~a
de Pasolini, donde un marxista revive a Cristo, de acuerdo con el Evangelio

?CX" .

de Mateo.
Inmersos en la obsesión social, socialista (no comunista) de Masferrer, esta
mística, preludio de su mensaje reformador, pasa punto me~os que inadv~rtida. Desde el Bravo hasta la Patagonia, se precipitan encrrna de cualqmer
escritor de segunda o tercera fila, con tal que sea europeo, norteamericano
ruso, valgan las tendencias imperantes. ¿ Cuántos salvadoreños, no digam~s
0
centroamericanos han meditado en ese Cristo autóctono? Ya sostuvo Gavi'
, .
dia en alguna oportunidad: Hay dos peligros amagando a la Amenca nues-

1• Alberto Masferrer o La Conciencia Social de un Pueblo por FRANCISCO MoRÁN
en "En Tomo a Masferrer'', ya cit., pp. 13-50, lleva un liminar del autor glosado:
"De milenio en milenio los hombres necesitan una palabra nueva. Es la palabra renovadora y purificadora. Es como una llama que viene a con~umir todo lo que es
desecho y escoria. Es como un viento que viene a secar y airear todo lo que es
pantano y miasma,,.

1• Con

576

el título del libro, de "En Tomo a Masferrer", ya cit., pp. 177-181.

tra: "el dogmatismo, que la hace muy unitadora sin que lo sea con acierto·
desconocimiento del principio de identidad, que la hace no ver lo qu~
tiene de bueno en sí misma, y tomar como bueno todo lo de las otras razas
aunque s~a inferior a lo suyo, y aunque sea malo". Mientras tanto, el Jesú~
masferrenano duerme el más injusto de los sueños en los estantes de las bibliot_ecas, ocupados cual viven aquí por el último cuadernillo firmado por
algwen con no1;1~re y apellido difíciles de pronunciar. ¡ No faltan adoquines
que a esas estenles lecturas las consideran última palabra! Qué le vamos
a hacer...
Y_ el

_Sin em~argo, el cristianismo, por su esencia universal, animó el pensa~ento activo de Masferrer, activo porque palpita creador, no como los ponnficadores que, validos de una cátedra o de un renombre manufacturado
se llenan la b~ca rindiendo culto al extranjero sin volver jamás los ojos ~
los autores nacionales. Y éstos no facilitan la tarea: sus ediciones son parcas.
no dejan Diario -qué daríamos por uno a lo Gide o Papini, sin el deta~
llisrno de Amiel- ni correspondencia, ni conversaciones -¡ oh, fiel Eckerman! con su Goethe- ni menos Memorias. Estudiar a Masferrer como a
Gavidia ofrece múltiples incógnitas, casi irresolubles. ¡ Los centroamericanos
somos así. .. !

SOCIOLOGÍA

La disciplina bautizada por Comte confronta, desde sus inicios, peligrosas
encrucijadas. Al no encontrar compartimiento adecuado, inmediatamente se
recurre a la ciencia nueva. . . Por tanto, sus impugnadores han llegado a
vociferar que a ella arriban, sin dificultades y con elegancia, los problemas
que no admiten cabida dentro de las otras materias sociales. En Latinoamérica el confusionismo crece peor merced a esos apresurados catálogos, hechos cual si fuesen directorios telefónicos en los cuales encontramos a sujetos elevados por la politiquería o las influencias al lado de serios investigadores de esas relaciones objetivas, organizadas y activas que constituyen el
meollo de lo colectivo.17
11

En su documentada excepción a tanta bisutería -Nueva Historia de -la Sociología Latinoamericana, ALFREDO PoVIÑA- y no necesita presentació¡i - lmP,renta de
la Universidad de Córdoba, 1959, tres lustros después de haber publicado en el FCE,
México, "Historia de la Sociología Latino-Americana", encontramos un panorama bastante completo, sin rendir tnouto a oportunismos, raro caso entre los deleznables
catálogos a que nos referimos en el texto. Y, curándome en salud, agradezco las referencias a "Datos de Sociología" y a mi labor pedagógica, pp. 311-13. ¡ Los latinoamericanos vivimos tan aislados!

577
H

�Entre nosotros ciertos pedantes que ni se han asomado a los enciclopédicos -Comte, Spencer, Tarde, Gurnplowickz- y menos a los analíticos
-Durkheim, Tonnies, Simroel, Wiese- despotrican, con la audacia que da
la ignorancia, alrededor de cuestiones muy complejas, aún p~ra los entendidos. Entre estos acabados de llegar priva el menguado sentir de que don
Alberto corresponde a los parasociólogos y lo dicen a grito abierto, despectivamente lejos del oleaje socioeconómico en este continente.
Sabido 'tienen quienes bregan hace décadas entre tales escollos cómo el
drama de nuestra sociología, de la sociología centro o latinoamérica, implica
encontrar salida al dilema: O continuamos la ruta teórica europea, preocupada excesivamente de la fundamentación y del 1:11étodo_ -a veces fi~oso~ía
social normativa y no fáctica- ahora que el enc1cloped1smo e~ _Yª histona,
verificamos una serie de inquisiciones prácticas, ayunas de ambiciones meta0
físicas, estadísticas a veces, tal en Norteamérica. Así tócanse las profundidades
del debate sociológico, no sólo en su naturaleza sino en la sue~e futu:a de
la disciplina por lo menos en el aporte que es viable ofrecer, s1, sacudiendo
'
•
18
coyundas extranjerizantes, emprendembs nuestra pr?p1a ~ta. ,
Falta anotar dato evidente: en ocasiones hay meJor soc10log1a, de la constructiva, en autores que no están "profesional ni vocacionalmente" dedica~os
a dicho estudio. Ejemplos a la mano: Sarmiento, Martí, Masferrer. .. Nmguno de ellos presumió, ni le importaba, de sociólogo; tampoco ocuparo~
cátedras ni redactaron esos tristes apuntes con que muchos llenan el reqmsito pr:tendiendo ser mentores. Por consiguiente, los denominados parasociól~gos atesoran mayor alcance y agudeza que los "tratadistas" o "titulares",
incansables asistentes a mesas redondas o reuniones (sobre todo en el e~erior) entre notas publicitarias, y nunca informa~ a qué fueron, permaneciendo años y años en su teatro, inéditos sin remedio.
El Maestro no se suma a ·los ideólogos aferrados al puro conocimient~, Y
adversos a la acción• ni a los tecnócratas, que no logran dar un paso s1 n_o
van acompañados d¡ ayudantes, estadígrafos, cuadros sinópticos y demás. Oigamos a Francisco Morán --obr. cit., p. 37-: "Sorprende que. a~uel hombre sencillo sin usar estadísticas y sin asistir a congresos de especialistas, haya
alcanzado 'a golpes de amor y de intuición, no sólo una visión amplia del
'del analfabetismo en América, sino la situación exacta del homproblema
.
.
•
'd
bre, marginal de la civilización: "El que nene OJOS y no ve; nene 01 os Y
,. Amplio esto• en "Datos de Sociología" -Tipografía "La Nación", S~n S~vador,
1947, capítulo "Noción Actual de la Sociología", pp. 40-8, la cual_ ha ,sido ~1en ca. d
e
Ló EZ NÚÑEZ Horizonte Doctrinal de la Soc1olog1a Latinoamelibra a por ARLOS
P
,
His
•
1953
·
--S villa Publicaciones de la Escuela de Estudios
panoamencanos,
,
ricana
e
'
'
T bº, 1 d ta , p VIN-A So
pp. ¡ o1-4 calificándola cual "síntesis afortunada' .
am 1en a es co o
,
ciología. Assandri, Córdoba, t. I, p. 245.

~y~'::

no
Ma~ expongamos su credo social, pues lo anterior es de "Leer y
Escnbir , me1or localizable en el hacer pedagógico, aunque todo ello repres~~ta, dolorosamente, lo que Mendieta llamó la enfermedad de Centro
Amerzca,
reseñar a Pedro de Alba .• "La educac1on,
·' como f,or. y es del caso
.
mula Vltal, se volvió
cruzada
apostólica
en
la
mente
de
Alberto
Masf errer,
_
.
1vadoreno a qmen el Continente americano debe noble
maestro
sa
_
p
.
.
s ensenanzas;, ens~~or mqu1~to ,: gene~o~ dio forma a su mensaje en la proclama
sobre El M~um Vital , manifiesto revolucionario a despecho de su títul~, de ~pa~encia académica". (En Torno a Masferrer, op. cit. "La Educac1on Vitalista de Masferrer", p. 53). El 10 de agosto de 1928 un viernes
sa~to,_ apareció el Mínimun Vital. Su definición y Alcances e~ la sección
editonal del diario "Patria". Y el 15 del mismo mes, la ú!tun'a tirada.
masferreriana aflora espiritualmente, no fruto de matena·
li La sociología
,
smos mas o menos dialécticos, endemia imperante en estas latitudes, bastante agravada por los que buscan, servilmente, elogios de la izquierda. Preocupado por la lamentable situación de las clases humildes, don Alberto plant~a su mínimum vital: "La satisfacción constante y segura de nuestras necesidades primordiales", postulado básico desenvuelto en dos órdenes: derecho
P~~ el necesitado; deber para el rico. Derecho de vivir para el primero.
~mute del a~orar para el segundo. Todo sin amarguras, sin resentimientos,
sm encono, sm lucha de clases, sin barbas ni metralletas.
. Tal tesis no resulta novedosa pero el salvadoreño la defiende con brío e
lilp~lso: "El_ Estado, la Comuna, tienen como finalidad y obligación pri~anas, trabajar ante todo para que las necesidades del país sean procuradas
igualmente a todos los habitantes del país". Allí esbozó lo que rubricamos
~orno derecho al trabajo, no derecho del trabajo. En ese sentido, su vitalismo, cuya ~énesis fue cosmogónica -Las 7 Cuerdas de la Lira-, reaparece
ostentando mdudable eficacia, adquiriendo tonalidades humanitarias:
"Tratándose del niño, asegurarle el mínimum vital es apenas devolverle
el centés_imo de lo que es suyo". Y por otra vertiente: "El obrero que da
su trabajo; palabra que expresa brevemente este hecho complicado e inconmensurable: dar a cada uno la vida acumulada en sí". El trabajador ---0brero o campesino-- debe gozar antes que nadie del mínimum vital, no por
maostalinismos importados, sino, simple y sencillamente, porque hay que hacerle justicia. De esas directrices los fariseos -piénsese la época y la situación- infirieron que Masferrer era "comunista", y los que sí lo son han
contribuido a ese infundio para usufructuar su memoria, valiéndose de ella
en la tarea de cubrir múltiples penurias mentales.19
19

"En 1920, amigos de varios departamentos de El Salvador iniciaron colectas para ayudarlo ( a Masferrer) . Al saberlo, en carta fechada el 18 de agosto de aquel

579

578

'

�El Maestro -muy al contrario de tantos seudolíderes o ideólogos portátiles, que se quitan y ponen sus "convicciones" al vaivén de las convenienciasviviera y murió pobre, pobrísimo. Jamás hubiese agachado la cabeza ante
las estúpidas consignas del partido comunista, ahíto de tarados o genuflexos.
Su sociología libre, antiacadémica, espontánea era de liberación y paz, espiritualizada, no digestiva como la de tantas magdalenas arrepentidas que hoy
niegan cuanto ayer afirmaron, que hoy se someten a cualquier "orden superior", cuando ayer pregonaban la revolución mundial. El Maestro queda
infinitamente alto para las turbias maquinaciones presupuestívoras de mediocres, incapaces de pergeñar siquiera unas líneas dedicadas a su mensaje
social. 20
Lo reiteramos: la doctrina no aparece original en su fondo, mas es suya
la fuerza persuasiva, el anhelo de superación. Don Alberto luchó por volvernos menos injustos, cosechando amarguras y exilio, y superando a generaciones de literatos, se transformó en reformador, en censor. De ahí que, a
veces, salga agrupado con distinguidos anarquistas... 21
Constantino Láscaris, acucioso investigador, español que imparte extraordinaria cátedra filosófica por la Universidad josefina, en su voluminoso libro
"Desarrollo de las Ideas Filosóficas en Costa Rica", nutrido de orientaciones
valiosas, 631 páginas -1964- bajo el rubro "Alberto Masferrer en Costa
Rica", dedícale lo siguiente a p. 249:
"Ya en el siglo XIX se hicieron presentes en Costa Rica las ideas anarquistas de manera clara. Zambrano y Masferrer las dieron a conocer, y Elías
Jiménez aunque lo estudiamos en el XX, las siguió en el XIX. Pero es de
señalar una característica peculiar del anarquismo en Costa Rica: su pacifismo. Los anarquistas que vamos a encontrar fueron todos ellos hombres
año y publicada en Diario del_ Salvador, después de afirmar que estaba apto, declinó afirmando: "Yo no necesito ni puedo aceptar sino aquello que todo país debe
dar a sus hijos de buena voluntad, trabajo honesto y remuneración equitativa". JUAN
FELIPE ToRuÑo, Diccionario de la Literatura Latinoamericana. Unión Panamericana, Washington, 1963, t. I, p. 74. Ese acto, relatado por el crítico y poeta nicaragüense, doctor Toruño, gran conocedor de la literatura latinoamericana, pinta a don
Alberto cabal. Así exigió Masferrer, a ~u hora, el mínimum vital. ..
20 Ver "El Anarquismo de Masferrer" por Guandique, publicado en La Prensa Gráfica (3 artículos) mayo, 1966, y reproducido por la Revista de Filosofia de la Universidad de Costa Rica, enero-junio, 1966, pp. 183-8, donde analizamos el calificativo de anarquista pacifista que el profesor Láscaris, de dicha Casa de Estudios, atribuye al Maestro.
21 El doctor Juan Felipe Toruño, tan exacto en sus fechas, en su Desarrollo Literario de El Salvador: "El Caso de Masferrer. Alberto Masferrer ( 1868-1932) Perteneció a tres generaciones y se sobrepuso a ellas pero la de él, por la coetaneidad,
fue la que salió del 1890 al 900 y al 10" (Dpto. Ed. del Minist. de Cultura, San
Salvador, 1958, p. 337) .

580

rectos, desinteresados, embebidos de sentido social hombres convencidos de
la bondad natural del hombre".
'
Por otro _lado agrega: _"El salvadoreño Alberto Masferrer ( 1867-1932),
en su recorndo centroamencano pasó por Costa Rica donde fundó el Diario
de Costa Rica en 1885. Pero, además de esta estancia, su influencia fue
grande a ~r~vé~ de sus libros". Y cita a Rogelio Sotela: "A él se le puede
dar un calif1cativo, un atributo singular, un nombre que hace tiempo no puede
sonar: el de Apóstol. Esto fue el Maestro querido: un Apóstol del idealismo".22
Y Láscaris remató : "Varios de sus libros fueron publicados en Costa Rica
Y muy leídos. Su ideología puede verse concentrada en la siguiente frase: 'L~
palabras soberanía, independencia, autonomía, carecen de sentido para los desmedrados, para los miserables, para los mendigos'. Y claro que se ponía de
parte de los mendigos" (pp. 251-52).
Cuando, a~~ por el lo. de marzo de 1945 redactamos un trabajo, con su
nombre, y salio en Letras de México, no se nos cruzara por la mente la connotació~ que conecta a Masferrer con Calicles y Trasímaco por el anarquismo antiguo y Stomer o Bakunin en el moderno; y, con toda la estimación
merecida por el doctor Láscaris, no estamos de acuerdo. Caracteriza a unos
Y otros, individualistas o socialistas, el repudio absoluto a las normas vio-entes
-en "Dios y el Estado, el rival de Marx en la II Internacional manti:ne la
animalidad humana y la rebelión mientras Masferrer enjuicia a los poderosos,
no con afán destructivo sino reformista. Nunca hubiese concordado el cuzcatleco con los vituperios bakuninianos ("todo lo existente en el mundo
no_ es otra ~sa que un producto de la vil materia"), lanzados por aquel'
agitador terrible. Es probable: el Maestro y sus amigos, adentrándose en los
panfletos que llegaban entonces a nuestras playas, oxigenaran el ambiente,
~as dos Alberto persigue un mundo mejor, mediante la armonía, la generosidad y el bien, léxico condenado por Storner en "El Unico y su Propiedad". 23
Ello no implica debilidad, al contrario, cual inferimos de un enfoque:
Gavidia idealizaba la capital de El Salvador, San Salvador, su polis cuzcatleca, y en el famoso Panegírico la describe situada en un abismo de aire y
de luz. En cambio, Masferrer le aplicó el termocauterio del análisis realista

'

" Editara Masferrer en la patria de Juan Santamaría: "En Costa Rica" ( 1900) ;
"Pensamientos y Formas" y ''Notas de Viaje" (misma ed., 1921). Ornar Dengo, destacado educador costarricense, le dedicó "Palabras sobre don Alberto Masferrer" (La
Tribuna, No. 189, 1920); y Rogelio Sotela: "Carta..." (1933).
"' Pov!ÑA, en "Nueva Historia de la Sociología Latinoamericana", ya cit., p. 426,
Programa de Sociología Americana, Universidad de Nariño, 1947, por el profesor
IGNACIO RoDRÍGUEZ GUERRERO: "Alberto Masferrer y su obra; Francisco Gavidia y
su influjo cultural en Centro América. Sus ideas sociológicas". Pero los ignaros que
niegan a ambos ni se enteran. . .

581

I

�a través de sus protestas airadas, duras: "ésta San Salvador, ciudad de mesones, donde criaturas humanas por lo menos viven suciamente oscuramente
' (casa de vecindad)
' amaga si-'
odiosamente". Porque para el Maestro el mesón
nónimo de tuberculosis, alcoholismo, corrupción familiar. Gavidia adoraba a
esta capital como Heine a su París y tal saltó en El Encomendero. Masferrer
quizá la amó más, pero denunciando sus lacras, sus injusticias, sus lobregueces,
sus tristezas, sin que para ello echara mano del inflado lenguaje, tan grato
a quienes se autodenominan conocedores de la sociología urbana, apoyados
en el único "mérito" de pasearse cotidianamente por sus calles tripulando
raudos automóviles, a veces en amables compañías. . . Ambos dioscuros ostentaron opuesta manera de querer. Váyase lo uno por lo otro.24 Para muestra
basta un botón: en Anaqueles, Revista de la Biblioteca Nacional, San Salvador, mayo 1952 a abril 1953, conviven en dos páginas contiguas, Gavidia,
con 13 títulos y Masferrer -imperdonable- con 6, exposición que, con exigua,
nada distinguió ni a uno ni a otro. (Para el primero ver Bibliografía, en
Gavidia, el Amigo de Darío, t. II, pp. 319-412, Ministerio de Educación, San
Salvador, 1967, último libro del suscrito) .

PEDAGOGÍA

I

Dejemos el preámbulo a Rafael Heliodoro Valle: "Minoría con Voz, pero
sin Voto. Si es discutible que hay una cultura americana, con caracteres específicos, lo es más la existencia de una cultura centroamericana. Ha habido,
sí, una minoría con el anhelo de abrir las ventanas del espíritu hacia el mundo; una minoría con voz, per9 sin voto, porque -a pesar de que las constituciones políticas afirman que la república es democrática y representativala realidad ha sido la hegemonía de una casta militar o de una oligarquía".
(Historia de las Ideas Contemporáneas en Centro América, FCE, México,
1960, p. 29). Contra esos obstáculos, mejor factor, pelea, incansable, heroico,
don Alberto, en un magisterio que tantos calibraron utópico, si no descabellado. Gavidia reclamaba con urgencia desde 1903 - y lo subrayó al venir
24
Masferrer y Gavidia lucharon juntos por múltiples y generosas causas, entre ellas
el ideal de la Patria Grande. En la Primera Convención del Partido Parlamentario
(centroamericanista), el 18 de noviembre de 1894, en San Salvador, se eligió la Junta
Directiva para la Convención del año siguiente: Gavidia, jefe del partido y Masferrer, miembro de dicha Directiva. Para mayores detalles, "Gavidia el Amigo de
Darío", t. II, pp. 264-65, Guandique (Ed. Direc. Gral. de Publicaciones, Minist.
Educ., San Salvador, 1965).

582

por vez primera Vasconcelos a Cuzcatlán- una filosof'1
.
.
,
ª propia• o sea
Iatmoamencana; don Alberto encaro el asunto en otro giro dir t
b 25
"
,
,, "
,
ec o, verte ral.
Que Debemos Saber . Cartas a un Obrero" salió en 1910
·
' ·
"Por ganarse la vida
. eJ·erciendo' un r· ·
, en¡ cuyas
pruneras
pagmas:
0 ~~moore
.
destruye ru se adultera la naturaleza
mental del hombre· L os pod eres mentales
.
de un obrero son substancialmente, los mismos que los d
•
. .
e un artista o de un
hombre de c1enc1a. Tampoco se destruye ni se adultera J
a naturaleza moral
del hombre, por el hecho de ser
obrero.
En
otros
té
1lllll·
.
1
.
os, en nada re rebaja
un hombre porque gane su vida con el trabaJ·o de sus
A,
.
.
manos. s1 es que el
derecho de los obreros a mterverur en el manejo de la com 'd d
'd
,,
26
p
d
•
•
urn a no puede
ser discutI o . ¡ ue en rmagmarse el escándalo caus d 0
.
.
ª por esas admorn-.
ciones en aquellos dichosos lustros, dada la mentalidad reinante!
. Leer y Escribir. ( 1915 ) , iba dirigido tanto a los obrei,os como· a los campesmos y en especial
a los analfabetos
,
.
' pues tan candente problema obsed'1a al
Maestro.
Moran
--ob.
cit.
p.
35-: "produj·o una conmo ·,
.
non que se fue
extendiendo
como
ondas a lo
.,
.
. largo y a lo ancho del Istmo. s·m embargo la
emoc10n
colectiva no produjo
'
.
. . hechos eficaces ni movimien tos cuItura1es coordinados para amenguar s1qwera la mancha afrentosa de est
b'
.
m~a~
figuran en
d
. la zona negra del mayor índice de analfabe•:sm
..., o enel muno
No fue smo hasta 1945, tres décadas después de la primera bli •, d ·
"L
E 'b' "
d
. .,
pu cac1on e
eer y sen .ir , cuan o se ermtto la .,Ley .de Alfabetizaci·o'n, en Guatema1a,
punto de partida
y norma de una acaon sistemática de cultunz' ·, d
.
moo em
1
grupos margmales".
Educador popular y no dómine cabra ni el horrendo Mr Bla k d ·
, M •
"I
.
·
c , escrito por
uan
•
J R amon ohna: a rmtad de los salvadoreños no saben leer. . .,, gritara
l
e Maestro
sacudiendo
el yermo
.
,
. cultural de entonces, y Je debe h aber atra1'do
las iras de
algun
subsecretano
.
. .
. celoso de sus funciones· Aquel!a voz se apago,
en el
desierto
y
todo
s1gu1era
igual.
No' no todo' pues abundan Ios metecos que
.
reruegan de Masferrer, alegando que era un ignorante, que rn· s1qwera
· •
se
doctoró,
que no tuvo "cartón" de bachiller cuando Barcos, Heliodoro V alle
.
TeJera lo enumeran entre los Maestros de relieve continental. El
d'
.
"
. .
segun o
-ob. cit., p. 102- : Al contemplar el paisaJe de la educación en Centro•• Hu.manitas - 1967"Vasconcelos y Gavidia" pp 69 70 do d
.
.
. .
'
· · ,
n e re1atamos el
encuentro del Ufues Cnollo con el gran p1pil. Entonces Gavidia re d, 1 b .
fil oso'f'1co 1atmoamencano
•
•
d e La Quincena, concomitante con uno dcorI o e · tra ªJº
.
· d ¡ Fil f'
H.
, .
e ngerueros en
s~ H ~t~r:'1 e a
oso ,a e~ ts~anoamerica. En la Revista Abside -1942- todavia dmg¡da por don Gabnel Mendez Plancarte habíamos ya tratad
fundamental.
o este aspecto

"" El suscrito
presidió la
, .
. J?rimera comisión elaboradora del Proyecto para promu1.
gar
un
Cod1go
del
TrabaJO
( 1947-8) que no llegaría a los hechos • Hasta hace pocos
_
.
anos tiene El Salvador tal cuerpo de leyes. ,

583

�América entre los educadores que escribieron se divisan cinco de primer
orden: los salvadoreños Juan Ramón U riarte y Alberto M asferrer; los costarricenses Roberto Brenes Mesén y Ornar Dengo; y el guatemalteco Juan
José Arévalo". 27

'

Y Tejera -Masferrer y el Mínimum Vital, de "En Tomo a Masferrer",
p. 233-: " El maestro salvadoreño Alberto Masferrer fue el apóstol en América del movimiento para asegurar a todo trabajador un mínimum vital".
En Gavidia, el Amigo de Daría, t. I, Cap. "El Clamor de la Sangre", p.
278, sugerimos un programa de filosofía latinoamericana, destacando principalmente a los mentores que dejaron obra escrita. Bajo Concepciones Autóctonas, enunciamos: La Filosofía Propia o sea latinoamericana por Gavidia.
Espacio-tiempo histórico en Haya de la Torre. Este Pueblo de América, según Germán Arciniegas. La ideología de Carlos Mariátegui. El Mínimum
Vital de acuerdo con Alberto Masferrer. El Perfil de la Cultura en México,
'
a cargo de Samuel Ramos. Y desde pronto la Raza Cósmica de Vasconcelos.
Sería interesante que los estudiosos volvieran los ojos a estas abandonadas
regiones, dando una tregua a sus continuos escarceos alrededor de pensadores
extraños.28
Luis Alberto Sánchez, ¿Tuvimos Maestros en Nuestra América? Raiga!,
Buenos Aires, 1956, p. 157, emite opinión sobre aquel asunto de poeta o
prosista, ya examinado: "Si juzgamos con cuidado caeremos en la cuenta
de que la prosa de Darío, Nervo, Gómez Carrillo, Ventura. García Calderón,
Díaz Rodríguez, Barrios, Prado, Reyles, Reyes, Zaldumbide, Rodríguez Mendoza, González Martínez, Arévalo Martínez, M asferrer, Larreta, y -last but
no least- Vargas Vila, la prosa posee un encanto único y menos imitable
que el verso. Los cuentos de esa generación no tienen par en el idioma; en
r. A diferencia de la mayoría q"ue se la pasan muy a gusto, Masferrer aprovechó
su consulado en la Revista de la Enseñanza (enero 1915); está "Leer y Escribir",
Roma diciembre 1913; y Florencia, enero, 1914.
28 '
En su renombrada Columna de Humo, RAFAEL HELIODORo VALLE: "Hay un
pequeño gran país: El Salvador. Tierra natal de pensadores como Alberto Masferrer
y Salvador Guandique y de poetas como Francisco Gavidia, Alberto Guerra Trigueros
y Claudia Lars. Es el país más trabajador que hay en Centroamérica y uno de los
más poblados en el hemisferio. (De ABC, México, D. F., 24 de julio de 1956. Reproducido por Opiniones, Ministerio de Educación de El Salvador, 30 de octubre de
1962).
Guerra Trigueros sustituyó a don Alberto en la dirección de "Patria": Resistir,
muchachos de eso se trata, que en Patria siga viviendo Masferrer. Que siga vibrando
en nosotro~ el temblor estelar de su esperan2a, que en nosotros siga ardiendo la viva
llama de su fe, que fluya siempre en nuestras venas la roja sangre de su unive~al
amor. (Guerra Trigueros, "Masferrer se ha ido", de En Torno a Masferrer, ya cit.,
p. 263.

584

cambio, las poesías sí". Tal juzga a los arielistas. Figura Masferrer; se le
olvidó Gavidia, cual les pasa a casi todos los exégetas, sin mengua que en
otra ojeada, el crítico peruano atribuye la abundancia de cuentistas en ~tas
latitudes a pereza mental. ..

PERIODISMO

Comenzaremos por pie de grabado: "Don Alberto Masferrer, quien tan
brillantemente ha representado a El Salvador, con el cargo de Cónsul general en los Reinos de Bélgica e Italia y que dentro de breves días estará
entre nosotros, después de más de dos años de ausencia". Era la bienvenida
al futuro Apóstol, de acuerdo con Sotela. Y no podemos menos que evocar
el consejo dado por Paul Valéry a Miguel Angel Asturias: "vuélvase para
su tierra, sólo allá logrará escribir sus obras verdaderamente grandes", comprobando la necesidad del arraigo para el escritor de estirpe, no el cronista
volandero, ni el snob de las letras o el diarismo, y cuántos de ellos sufrimos
bajo vistosos disfraces.
El Maestro era lobo viejo en achaques periodísticos, mas fue en "Patria"
donde encontró su instrumento divulgativo. A cinco centavos ejemplar, se
agotaba el tiraje: la gente quería leer su editorial. Allí vio la luz, un viernes
10 de agosto de 1928, su Mínimum Vital. Cedamos la palabra a Rafael Antonio Tercero: "Desde el primer número Patria produjo acaloradas discusiones, en las Ciatensas -los viejos autobuses-, en los intermedios de las
funciones teatrales, en el mesón y en las iglesias, en el profesor de instrucción
elemental y en el catedrático universitario, en la señora del mercado, en la
matrona de los comités benéficos, en el ministro de Estado y en el Agente
de Policía. En el Valle de las Hamacas, el pueblo estaba sintiendo uno de
aquellos temblores destructores (San Salvador es ciudad de sismos, agregamos, relatados por Darío, Barba Jacob, Barón Castro). El asombro solamente dejaba su lugar a otro asombro por las múltiples campañas emprendidas en Patria". ( Masferrer, Un Ala contra et Huracán, Dpto. Ed. Ministde Cul~a, San Salvador, 1957, p. 80-1). De ahí una nota póstuma: "Patria es Masferrer y Masferrer es Patria".
A pocos cabe aplicarle lo de Bernard Shaw a Frank Harris: "La querella
de las proezas personales queda para los chicos de las escuelas. Para el hombre adulto, el interés de la lucha reside en las absurdas vicisitudes de la campaña". Nadie más empeñoso en batallas ganadas y perdidas que don Alberto.
Y Patria, en sus manos, transformose en defensor de las causas populares,
justas, gran creyente en la humanidad, si bien cedió en cierta coyuntura al
585

�escepbcISmo: Nadie en la vida -ni aún la madre-,/ nos llega nunca a
contemplar/ en el secreto inexpresable/ de nuestra íntima verdad./ Y es
porque nadie se desprende/ para internarse en nuestro yo/ de su interés m
de su orgullo/ de su amistad ni su rencor. ..29
El pensamiento activo halló fórmula mágica en su periodismo -y éste
muscula el estilo, según Gallegos Valdés- cuando, paradójicamente, el doctor Raúl Andino: "hombre manso y de pocas fobias, tuvo un franco y sincero
horror por el per;odismo, sobre todo por el periodismo profesional, Y sin embargo quizás a pesar suyo, como otros grandes escritores y pensadores de su
talla, un gran periodista ocasional, apostólico y romántico, que no conceptuaba a los periódicos como empresas comerciales o políticas de publicidad. .."
(Maestros Salvadoreños-Alberto Masferrer, Periodista, de En Torno a Masferrer, ya cit., p. 249) Don Alberto, mosquetero del periodismo, periodismo
de luminoso combate; evangelizador, no politiquero; ético, no mercantilista;
ideológico, no publicitario, aunque en sus primeros ímpetus redactara El
Indice ( 1893), defendiendo la candidatura del general Rafael Antonio Gutiérrez para la presidencia de la República.
Al redactar sus editoriales, acosado por las exigencias de las rotativas, carente del "archivo maravilloso" con que contó Heliodoro Valle, señor más
del espíritu que de la letra, amo de las ideas, nunca lugar de citas, hombre
de todas las horas, a lo Gracián, luchó con su demonio interior, con sus ideales
redentores, sin lograr dominarlo por completo. Alentó en él querer poner de
pie lo que andaba de cabeza. Y por eso idolatraba al cíclope de Ambato: "Yo
quiero los genios a lo Hugo, a lo Cervantes, a lo Montalvo, sobre todo a lo
Montalvo".
Pero el diarismo masferreriano articuló algo trascendente -lo aprobaría Salvador Borrego--, no ese otro, efímero, estupendamente descrito: "Captar el
momento en que el hombre solemne dijo una perogrullada, sorprender esa
mariposa instantánea que riega tesoros áureos en el aire de la noticia volandera es una aptitud sólo ganada por quienes captan el matiz nuevo de las
cosa: y lo entregan sobre el papel para deleite de los que cultivan el jardín
milagroso de lo que pasa y se borra con la emoción del siguiente día". (He.. El fino aeda Serafín Quiteño: "Hay algo más importante y más hondo. Lo
que nosotros llamamos conciencia poética. Lo que otros llaman hechizo, _inspiración
-en un sentido de acatamiento a las voce$ de lo alto. Y no sólo en el mstante de
ponerse a la obra, sino en todos y cada uno de los actos d~l vivir.. En ~te sentido
Masferrer fue es, un auténtico poeta. En primer lugar, advierte ba¡o el signo de la
palabra viva. 'En segundo, usa de preferencia los recursos del sentimiento. En_ t:rcero:
Masferrer siempre dice algo. Esto es fundamental. Nunca se puso. a escn~1: para
ser glorioso ni con esa ambición infantil de dejar obra". ( "Personalidad_ Poetica de
Alberto Masferrer; Maestro y Apóstol", de En Torno a Masferrer, ya cit., p. 163).

586

liodoro Valle, Columna de Humo, "Dario de Yucatán" abril 17 de 1956)
Don :Alberto. radiografió un pueblo, todo un pueblo, el s;lvadoreño, el centro~
~encan~, sm detenerse en burilar entrevistas-retratos, a lo Gómez Carrillo,
So~ Redly Y el mismo Rafael. Los atormentados, los obesos, tales místicos
~ac1dos para d~senca~en~r- tormentas sociales, carecen de momento para exquis~teces, en ocasiones s1banticas. Su periodismo no era entretenimiento ni lucro
sm~ cruzada. Hacía ~~lí su ~t~ratura salvadora, no como aquellos que apen~
sostienen la colaborac1on cotidiana, fatal grillete.
Alguna .v~ Vier~. Altamirano, director de El Diario de Hoy, comentando
uno ?e rms li~ros d1Jo que allí salía el pensador atropellado por el periodista.
Pense para m1 sayo: ¡ qué bien! Nada más aburrido que el escritor almidonado, siempre de etiqueta, buscando la palabra bonita. En eso Masferrer
con sus_ con~uos anatemas en contra de los pedantes, ha sido guía de l~
generaciones mtelectuales salvadoreñas.
Por 1912, lo encontramos escribiendo en La Reforma, Santa Ana, dirigida
por el doctor Est~~slao Pérez, médico de muy buena ilustración, gran conocedor de
clas1cos; desde 1915, ya en la capital, en Actualidades, que
cubre 20 anos, a cargo de Salvador Martínez Figueroa; también en San
Salvador, en Revista Científico-Literaria, timoneada por Rafael García Esc~b~r, 1929; en_ La Simiente, Zacatecoluca, a cargo del doctor Ramón López
Junenez, en~c1and? ,algunas de sus incontables actividades en ese renglón,
mas en Patna localizo su verdadero púlpito: "A don Alberto Masferrer se
debe, sin duda alguna, la discusión y planteamiento del escabroso tema soci~l. Desde las columnas de Patria señaló con valentía, los desajustes económicos de las clases salvadoreñas y algunas soluciones que, aunque no fueron
de carácter técnico, sí fueron expresión de un nuevo humanismo social"
(Italo López Vallecillos, El Periodismo en El Salvador, abundante en re~
feréncias3º acerca del Maestro, Ed. Universitaria, San Salvador, 1964, p. 297).

!ºs

Y así: Los Obreros Unidos, Redactores y Editores Alberto Masferrer y
Salvador R. Merlos -26 mayo 1918- Impr. y Encuadernación J. B. Cisneros, donde el segundo analizó "Los Fines del Actual Movimiento Obrero"
Lumen _:_lo. Agosto 1926- conducida por Quino Caso, el de la Liga e~
defensa de los pájaros donde tanto colaboró don Alberto. Y de nuevo Lónez
Vallecillos, obr. cit., p. 346: "Los más grandes periodistas salvadorefios ~ertenecen al diarismo comprendido entre 1873 y 1924. Con las proyecciones y
30

Muchos de esos conflictos sociales provienen aún de la colonia, cuando no hubo
clases sino estamentos, es decir, grupos cerrados, herméticos, sin capilaridad social ni
oportunidades para intercambios: chapetones, criollos, mestizos, ladinos, indios v negros. Tal tesis sostengo en "Presbítero y Doctor José Matías Delgado" -el Hidalgo
salvadoreño y centroamericano-, Ministerio de Educación, San Salvador, 1961, cap.
Estamentos, pp. 77-106.

587

�los raros casos casi actuales, de Alberto Masferrer, Alberto Guerra Trigueros
( sucediera a ~quél en Patria, interlineamos) , y Carlos, B~uer Avilés que, hicieron diarismo de magnífica factura, concluye el mas mteresante penodo
de la prensa salvadoreña. Lo que produce después, con todo y el caso e~traordinario de Napoleón Viera Altamirano, es periodismo de naturaleza diferente". Notable fue la labor masferreriana en Diario del Salvador Y Su
Repertorio, animado por aquel insigne periodista y poeta, Román Mayorga
Rivas, y allí editorializó Barba Jacob, todavía Ricar~o Arenales. .
,
En 1921, se reúnen Masferrer y Juan Ramón Unarte para editar El Dia.
Patria tendrá perennemente una significación muy restringida y muy concreta: significará en primer lugar y sobre todo, la Vida de los Salvadoreños
que viven actualmente. El escudo, la bandera, los próceres, los antepasados,
las guerras con los vecinos, Atlacatl, la mitología india y todo lo demás que
forman el "ayer", pasará a segundo término, por interesante que parezca.
Sin duda, no negaremos el pasado, ni olvidaremos que es la semilla de que
ha nacido el presente. Sólo que, urgidos por la necesidad, y dándonos cuenta
exacta de que estamos viviendo horas de peligro y de dolor, se~ros ~e. que
no nos importa más que nada "ser nosotros mismos, como realid~d viviente
y actuante", concorde con las modalidades e inspiraciones del ambiente mundial nos veremos obligados a concentrar todas nuestras fuerzas en torno
del 'momento que se llama hoy, y a enfocar todas nuestras luces sobre los
hombres, "sobre los salvadoreños que están viviendo en ese momento".31
Esto representa su manera de practicar sociología concreta desde la red~cción. A diferencia de lamentables desorbitados, enfermos por numerosas mfluencias extralógicas puntuadas, al rojo vivo, en las imitaciones de Tarde.
Allí encontrarán los investigadores y también los egresados de la Escuela
de Periodismo materia digna de sus afanes, en vez de dedicarse a encuestar
-valga el terminajo- dóciles cual algunos de sus p~ofesores_ a los patrones
importados, no para adaptarlos ni mejorarlos sino copiando, eJemplo, penoso,
de manía extralógica.32
n Estos enfoques activistas nada tienen en común con la campaña desatada por
1 antipatria en El Salvador pugnando por desprestigiar a nuestros próceres -:-Delado, Ar ce, Can-as, Menéndez, los Ao,1ilar
los Villacorta- tildándoles •como añileros
0 ga
'
d ·
ambiciosos bajo el pretexto de una interpretación sociológica de 1~ mdepen ene•~·
Masferrer 'siempre estuvo lejano a las maquinaciones de los apátridas que todav1a
hoy pretenden usufructuar su nombre Y prestigio.
.. En el Centenario de la muerte del Padre Delgado, la Universidad de El _Salvador
celebró una sesión pública el 12 de noviembre a las diez horas en el_ Paran~~: II.
Síntesis Histórica, política y social de Centro América por do~ Francisco GaV1~1a. Y
hay luto universitario por la muerte de los doctores R~ael V1ctor ?astro, Gu'.11e~o
González y don Alberto Masferrer. Este "siempre lucho por la eqwdad Y la Justicia
entre los hombres". (Rev. La Universidad, junio 1933, pp. 149-50).

588

PRODUCCIÓN

Están por hacerse las Obras Completa de Masferrer, las cuales abarquen
siquiera sus libros y folletos. La recopilación de sus microensayos y artículos
periodísticos sería labor de romanos. Regístranse dos intentos: Obras Completas, San Salvador, Tipografía la Unión, 1945 (2 Tmos); y Obras de Alberto Masferrer, San Salvador, Universidad Autónoma de El Salvador, Talleres Gráficos Cisneros, mismo año (3 Tomos), pero ni éstas ni aquéllas
cumplen a cabalidad, si bien las últimas agrupan sus trabajos publicados
en Costa Rica libros o folletos, nada de diarismo, que es donde anida el
pensamiento activo del Maestro. La bibliografía anexa a En Torno a Mas!errer, consistente en 27 títulos, tampoco resulta acabada.
El reconocido crítico mexicano José Luis Martínez distribuye, obr. cit.,
p. 70, lo publicado por Masferrer "en las siguientes seccit&gt;nes, de muy diversa calidad y significación: a) doctrina social o programas civilizadores;
b) escritos filosófico-religiosos; c) obras literarias, y d) artículos misceláneos.
Sus escritos más importantes y a los que debe Masferrer su prestigio intelectual son los de carácter social. El primero de ellos, ¿Qué debemos hacer?
( 1910), es también el primer esbozo de la doctrina social y cultural que
desarrollara en su obra posterior, penetrado -como lo ha señalado Moránde las ideas tolstoyanas acerca de la justicia social, de la educación y del sentido religioso de la vida. Es particularmente notable este ensayo por cuanto
coincide con el programa que hacia los mismos años perseguía la Revolución
Mexicana ( 1910) y se anticipa a un objetivo que ha venido a intentarse en
otros países años más tarde, la afirmación que formula Masferrer de la urgencia que existe de emancipar la tierra, ya que esta liberación vendrá a
complementar la abolición de la esclavitud, infecunda hasta ahora y mientras no sea abolida la esclavitud de la tierra" Obras, ya cit., t. I, p. 102).
Y destaca enseguida el Programa de Masferrer para alfabetizar a esta América nuestra, en proceso de desarrollo, no sub-desarrollada: "formulado en
1915, desgraciadamente no va a ser escuchado desde luego y sólo comenzará
a convertirse en tarea nacional para varios países hispanoamericanos a partir
de la iniciativa mexicana de Jaime Torres Bodet ( 1944) , y aún será adoptado,
posteriormente, como uno de los objetivos educacionales básicos de la UNESCO. Masferrer advirtió toda la magnitud y todos los aspectos del gran problema, insistiendo sobre todo, en que no será posible la regeneración y la
justicia sociales de los pueblos hispanoamericanos -y especialmente de El
Salvador- mientras no se dé al pueblo el mínimum del pan y de la letra.33
33

Cuando Torres Bodet difundió a los máximos autores iberoamericanos en aquella trascendental Biblioteca Popular, durante el régimen del General Avila Camacho,

589

�Y Humberto Díaz Casanueva -considerado por León Felipe uno de los sobresalientes poetas chilenos contemporáneos: "Junto a Rodó y su generación
de arielistas hay en América otros hombres dilectos menos elegantes pero más
esenciales. Puedo citar entre ellos a Carlos Vaz Ferreira, Alejandro Korn,
Alberto Masferrer. Todos ellos identificados por una común aspiración ética,
ordenados por la misma independencia de espíritu, obsedidos por los múltiples
problemas de su medio". (El Pensamiento vivo de Masferrer, de "En Torno
a Masferrer'', ya cit., p. 157).
En el primer rubro señalado por Martínez, Claudia Lars enuncia: "¿ Qué
Debemos Hacer? (Cartas a un obrero"), Leer y Escribir, La Cultura por medio del libro, El Dinero Maldito, El Libro de la Vida, La Doctrina del Mínimum Vital; y en el segundo: Estudios y Figuraciones sobre la Vid(l de
Jesús, Helios, Las Siete Cuerdas de la Lira, Ensayo sobre el Destino. (La
Prensa Gráfica, San Salvador, 26 abril, 1967).
Lo reiteramos: sus Obras, por verse, aunque las antologías de Martínez
y de Morán indican el rumbo, que ojalá llegue a puerto durante 1968, el
de Alberto Masferrer en El Salvador, pulgarcito de América, pueda que recuerden su inédita labor.. .
Era el cuzcatleco muy apreciado por los ideólogos aztecas: "En 1930 fue
nombrado socio del Ateneo el ilustre pensador mexicano don José Vasconcelos. . . El 12 de diciembre de 1933 fue honrada la tribrma del Ateneo con
la presencia de don José Vasconcelos, uno de los pensadores y escritores
más famosos del continente. Habló acerca de su lejana juventud en el México de la Revolución y tuvo frases de encomio para los Ateneos y Universidades... Cuando terminó su interesante disertación, manifestó que desearía contestar cualquier interrogación que le fuera formulada en relación con
los temas tratados. Uno de los_oyentes le pregrmtó su opinión sobre Alberto
Masferrer, contestando Vasconcelos que nuestro don Alberto pertenece al
grupo de pensadores que trabajan por humanizar la cultura y el arte, extendiéndose en otras consideraciones relativas a la obra de Masferrer". (Ramón López Jiménez, Síntesis Histórica del Ateneo, Rev. Ate1teo, diciembre
1962, p. 34).

DESENLACE

Dej~emos para otro minuto los tremendos reveses acaecidos al Maestro
ª p~ur_ de la campaña en favor del ex-presidente Araujo, de quien fu~
pa~ti~a~~o, Y
le~antami.ent~ comunista de ingrata recordación. Rodríguez
Rwz. Despues ~o la orgia sangrienta de 1932, que todos conocemos.
Masf~~rer, desengan~do, mordido por la soledad y sus recuerdos, está en
el exilio. Se ha rendido en la lucha, pero siempre grande sabe aceptar la
?errota". (Ob. cit.~. Ya la ~arca lo rondaba, y tal vez en aq~ellos días aciagos
~petrara, a lo Rilke, monr su propia muerte, una muerte derivada de su
vida. ..

ª;

Inolvidable testimonio al fallecimiento del ,salvadoreño rebelde:
"San Salvador, 8 septiembre de 1932. Señor Ministro: Tengo la honra
de _e~resar ~ Vue~tra Excelencia, por instrucciones especiales que acabo de
recib1: ?e rm Go~1emo, los sentimientos de condolencia de México por el
falle~~ento del ~u~~e salvadoreño señor don Alberto Masferrer, cuy~ desapanc10n tanto s1grufica en los anales de la vida social de esta herma
R. epu'blica. ~l rogar a Vuestra Excelencia se digne aceptar estas manifestana
c1on~ de pesame, aprovecho la oportunidad para reiterarle las seguridades
de nn más alta y distinguida consideración. Alfonso de Rosenzweig Díaz".
. Oigamos~ Claudia, en s~ Responso: "Diré por fin tu voz, tu voz clamante,/
siempre abnendo la _luz, siempre adelante,/ ¡ cristiana voz de ríos infinitos!/
Voz que suena perdida y dolorosa,/ que no encuentra silencio, ni reposa¡
y está sufriendo en un ciprés de gritos.
'·

BIBLIOGRAFIA
DARÍO Rubén, Cr6nica Literaria, Madrid.
MASFERRER Alberto, Prosa Lírica ( Comentario de Francisco Gavidia), "Biblioteca
Económica", tomo V, San Salvador, 1900.
LARs Claudia, Algo Sobre Alberto Masferrer, "La Prensa Gráfica", abril 1967.
MASFERRER Alberto, E studios y Figuraciones sobre la Vida de Jesús, Colección "Biblioteca Popular", volumen 14, Dpto. Editorial Minist. de Cultura San Salvador
23 agosto 1956.
'
'
AMBROGI Arturo, El Silencio sobre Masferrer, "Diario Nuevo", San Salvador 4 diciembre 1935.

siendo aquél Secretario de Educación Pública, hubo el proyecto -auspiciado por Rafael Heliodoro Valle- de que el suscrito formulara el prólogo, las notas e hiciera la
selección para dedicarle un volumen al artífice del Mínimum Vital, pero no se llevó
adelante dicho proyecto...

590

591

�PROLEGÓMENO

MASFERRER Alberto, ¿Qué Debemos Saber? -Cartas a un Obrero- Im
F
San Salvador, 1947.
'
pr. unes,

SclACCA Michele Federico, La Filosofía, Hoy, Ed. Luis Miracle, Barcelona, 1955.
GuANDIQUE José Salvador, El Humorismo: Filosofía en Pequeño, HUMANITAS,
Universidad de Nuevo León, Monterrey, México, 1966.
PERALTA LAGOS José María, Masferrer, Humorista, de "En Torno a Masferrer", Dpto.
Editorial Minist. de Cultura, San Salvador, 26 agosto 1958.
MARTÍNEZ José Luis, Introducción a Masferrer, de "En Torno a Masferrer", ya cit.
GuANDIQUE José Salvador, "Itinerario Filosófico", prólogo por José Vasconcelos, Imprenta Gutenberg, Santa Ana, El Salvador, 1963 ( cuarta edición).

MASl'ERRER Alberto, Leer Y Escribir, Ed. Minist. del Interior, San Salvador, 1950.
T~JERA Hum_berto, Masferrer y el Mínimum Vital, de "En Tomo a Masferrer" ya ·t
SANCHEZ Lws Alberto, ¿ Tuvimos Maestros en Nuestra Américal Ed Ra,·gal 'B CI ·
Aires, 1956.
·,
·
, uenos

COSMOGONÍA

Y

ANTROPOLOGÍA

MAsFERRER Alberto, Las Siete Cuerdas de la Lira, "Casa América", México, D. F.
RocHAC Alfonso, Los U/timos Días de Masferrer, de "En Torno a Masferrer", ya cit.

PERIODISMO
TERCERO Rafael Antonio, Masferrer -Un Ala contra el Huracán- Dpto Ed. Minist.
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'
·
ANDINO. Raúl, Maestros Salvadoreños-Alberto Masferrer, de "En Torno a Masferrer",
ya Cit.
VALLE Rafael Heliodoro, Columna de Humo, "Diario de Yucatán" M' ·
17 b il
1956.
,
exico
a r
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1928.
'

MÍSTICA
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a Masferrer", ya cit.
MoRÁN Francisco, Alberto Masferrer o la Conciencia de un Publo, de "En Tomo
a Masferrer", ya cit.

SOCIOLOGÍA
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GuANDIQUE José Salvador, Alberto Masferrer, "Letras de México", México, D. F.,
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GuANDIQUE José Salvador, Gavidia, el Amigo de Darío, Dirección Gral. de Publicaciones, Ministerio de Educación, t. I (1965), t. 11 (1967), San Salvador.
PEDAGOGÍA
VALLE Rafael Heliodoro, Historia de las Ideas Contemporáneas en Centro-América,
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592

PRODUCCIÓN
MASFERRER Alberto, Obras de Alberto Masferrer, San Salvador, Universidad Autónoma, 3 tomos, 1951; Obras Completas, Tipografía "La Unión", San Salvador
2 tomos, 1945.
'
DÍAz CASANUEVA Humberto, El Pensamiento Vivo de Masferrer, de "En Torno a
Masferrer", ya cit.
LóPEZ ]IMÉNEZ Ramón, Síntesis Histórica del Ateneo, San Salvador, diciembre 1962.

DESENLACE
RoDRÍGUEZ Ru1z Napoleón, Gavidia y su Obra, Rev. de la Facultad de Humanidades,
Universidad de El Salvador, enero-marzo 1959.
LARs Claudia, Laude y Responso de Don Alberto Masferrer, de "En Tomo a Masferrer, ya cit.

NoTAS
FERNÁNDEZ Julio Fausto, "Patria y Juventud en el Mundo de Hoy", Minist de Cultura, San Salvador, 1956.
DARÍo Rubén, "Dilucidaciones a El Canto Errante", Poesías Completas, Ed. Introduce.
Y Not. de Alfonso Méndez Plancarte, Edit. Aguilar, Madrid, 1954.
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noviembre 1943, palabras liminares de Rafael Heliodoro Valle, página cultural del
licenciado Guillermo Machón de Paz.

593

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GoNzÁLEZ y CoNTRERAS Gilberto, Hombre entre Lava y Pinos, Costa-Amic, Mexico,

D. F., 1946.
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• d ¡
PoVIÑA Alfredo, Nueva Historia de la Socwlog,a Hispanoamericana, Imp.. e a
Universidad de Córdoba, 1959.
GuANDIQUE José Salvador, Datos de Sociología, Tipografía "La Unión", San Salvador,
prólogo de Luis Recaséns Siches.
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ToRuÑo Juan Felipe, Diccionario de la Literatura Latinoamericana, Uruon Panamericana Washington, 1963.
GuANDIQ~E José Salvador, El Anarquismo de M_asferrer, "La. Pre~sa Gráfica", ~yo,
1966, reproducido por la "Revista de Filosoha" de la Uruvers1dad de Costa Rica,
San José, enero-junio, !-flÍSmo año.
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ToRuÑo Juan Felipe, Desarrollo Literario de El Salvador, Ppto. Ed1t. del Minist.
de Cultura, San Salvador, 1958.
PovIÑA Alfredo, Sociologla, Assandri, Córdoba, 1954.
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VALLE Rafael Heliodoro, Columna de Humo, ABC, México, D. F.; reproducido por
Opiniones, Ministerio de Educación, San Salvador, 30 octubre 1962.
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GUERRA TRIGUEROS Alberto, Masferrer se ha ido, "En Torno a Masferrer", ya cit.
QuiTEÑO Serafín, Personalidad Poética de Alberto Masferrer, de "En Torno a Masferrer", ya cit.
. .
GuANDIQUE José Salvador, Presbítero y Doctor José Matías Delgado, MllllSt. de Educación, San Salvador, 1961.

EL PENSAMIENTO ECONOMICO DE
JOSE JOAQUIN DE MORA
DR. ROBERT s. SM!TH
Duke University
Durham, North Carolina
Estados Unidos de Norteamérica.

I
EL FENÓMENO QUE EN LA actualidad se denomina "brain drain" (drenaje intelectual) tiene antecedentes en la España del siglo pasado. Por falta de
oportunidad de contribuir con sus luces a su propio país, los emigrados españoles se fueron a enriquecer las letras y las ciencias en otras partes. Hoy
día la emigración intelectual se debe a la disparidad de la remuneración
económica entre un país y otro. En las primeras décadas del siglo XIX,
el español emigró por discrepar coh el sistema político, mayormente cuando
-como en el reinado de Fernando VII- el quedarse en casa hubiera significado la ejecución de una sentencia de encarcelación o de muerte.
El destierro de José Joaquín de Mora no es un caso excepcional, bien que se
trata de una odisea que le lleva a seis países en Europa y América. En todas
partes dejó las huellas de su incansable afán de escribir, redactar revistas y;
fundar colegios. Mora, dice su biógrafo, "vivió y murió con la pluma en
la mano". 1
Nacido en Cádiz en 1783, Mora salió de España por primera vez como
prisionero de guerra; y, casándose con una francesa, vivió en Francia hasta
1814. La Crónica Científica y Literaria de Madrid, fundada en 1817, representa su primer ensayo de periodista. Aunque fue comisionado por el rey a
Liorna para estudiar el mecanismo de un puerto franco, en 1820 vio con
' MIGUEL Lms AMUNÁTEGUI, Don José Joaquín de Mora: A.puntes biográficos
(Santiago, 1888), p. 11.

595

594

•

�agrado la resrauración de la Constitución, intitulando a su revista El Constitucional. Pero ésta terminó su vida breve en 1823, cuando Mora en unión
de tantos otros perseguidos huyó a Inglaterra.
Ya en Londres, se encontró con José María Blanco White, redactor de
El Español (1810-1814) y luego colaborador de Rodolfo Ackermann en la
publicación del periódico Variedades, o Mensajero de Londres ( 1823-25) .
Mora entabló amistad con Blanco White y Ackermann, y los tres se dedicaron
a divulgar a lo largo de las antiguas colonias españolas los conocimientos
útiles a su desarrollo político, científico, y cultural. Mora, con el apoyo de
Ackermann, inauguró el Museo Universal de Ciencias y Artes ( 1835-26) y
redactó el Correo Literario y Político de Londres ( 1826), periódico éste iniciado para reemplazar a Variedades. 2 Entre muchos escritos de Mora en
este período cabe destacar su Catecismo de Economía Política,ª uno de la
serie de catecismos concebidos por Ackermann "a fin de propagar los rudimentos del saber en la América Española".
A fines de 1826, Mora se marchó de Londres con rumbo a Argentina, invitado por el Presidente Rivadavia. A poco de llegar, se encargó de la
Crónica Política y Literaria de Buenos Aires, siendo su colaborador el italiano
Pedro de Angelis. Suspendida esta revista por suprimirse la subvención gubernativa, Mora salió para Chile. Ya había recibido del Presidente Pinto una
bolsa de viaje y la oferta de ayuda financiera para dos proyectos, la fundación del Liceo de Chile y la publicación de El Mercurio Chileno. Mora
redactó el periódico, con la colaboración del Dr. José Passamán; escribió en
gran parte la Constitución de 1828; y fue declarado ciudadano chileno · por
voto del Congreso.
El Mercurio Chileno sobrevivió poco más de un año (lo. abril de 1828
a 15 de julio de 1829), y cuando la guerra civil derrocó a los liberales, Mora
fue preso y desterrado al Per6. En este país ganó la cátedra de filosofía en
el Colegio Militar y participó en el programa de enseñanza libre del Ateneo.
La oposición del partido conservador fue motivo de otra emigración. A invitación del Presidente Santa Cruz se trasladó a Bolivia para ocupar una
cátedra en la Universidad de San Andrés y tomar la dirección del Colegio
Normal de la Paz. De nuevo los elementos conservadores lograron desterrarle,
y en 1836 se encontró otra vez en Lima, en donde redactó El Eco del Protectorado. Volvió a Bolivia en 1837, y después de servir de secretario particular al Mariscal Santa Cruz fue nombrado cónsul y agente confidencial de
2 Sobre la plétora de publicaciones españolas en Londres en esta época, véase Vicente
Llorens Castillo, Liberales y románticos: una emigraci6n española en Inglaterra (Mé-

xico, 1954) .
• Londres, s. f., 1826.

596

la Confede:~~ión Perú-Bolivia en Inglaterra y Francia. Llevado a la Euro a
por esta nns1on, Mora no se encontró en Sud América cuando I d
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o uc1on de la Confederación En 1839 estando
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ernuno e m1tivamente sus relaciones americanas.
,

~Después de una ausencia de veinte años, Mora regresó a España en 1843
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que se public'o D e la z·b
. su princ1·pal b
z ertad del comercio
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wones econonucas.4 Con la colaboraci, d p d d
redactó la R .
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.
on e e ro e Madrazo, Mora
euista Hupano-amerzcana, cuyo único tomo se publicó
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en 1848. Se le nombró cónsul español en Londres en 1856
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drid en 1864.s
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Las, principales fuentes para . estudiar el pensamiento económico de José
Joaqum de Mora son: el Catecismo de economía política varios artí'cul
El M
· Ch·¡
,
os en
ercurio
z eno,6 y De la libertad del comercio. Cabe decir que esto es
• Sevilla, 1843, y México, 1853.
• Para los datos biográficos y bibliográficos de Mora he consultado las · ·
obras. M GU
L
A
,
'
s1gu1entes
•.
I
EL UIS MUNATEGUI, Don José Joaquín de Mora: Apuntes biográficos
(SantJago, 1888); DOMINGO AMUNÁTEGUI SoLAR, Mora en Bolivia (Santia O 1897).
EsTuARDo
' d e Mora en el Perú: cartas al Mariscal
g ' Santa'
. NÚÑ EZ, D on Jose' ,Joaqum
~;uz (~una, 1961); C~~ FEux TRioo, "José Joaquín de Mora, secretario privado
1 manscal Santa Cruz , Kollasuyo: revista mensual de estudios bolivianos, año II
(enero,. 1940), :5-59; PEDRO PABLO FiouEROA, Diccionario biográfico de Extranjeros
en C~1le (Santiago, 1900J, pp. 15~-154; JosÉ DE MESA y TERESA GISBERT, José
Joaq~m de Mora, secretario del Mariscal Andrés de Santa Cruz (La Paz, 1965); Epistolario: ca_rtas_de Don José Joaquín de Mora a Don Florencio Varela", Revista Chilena de Histona y Geografía, L (1926 ), 35-64· RoBERT M WILL "T.h e Int d 1·
f CI ·
.
'
·
,
ro uc 10n
0
assical Economics into Chile", Hispanic American Historical Review LXIV
( 1964), 1-21. Otros apuntes biográficos y una crítica de la carrera lite;aria de
Mora se encontrará en Billy David Trease, "José J. de Mora a Spaniard Abr d"
(Ph. D. dissertation, University or Michigan 1953 )
'
oa
• L
,
,
.
os artículos sobre temas económicos publicados en El Mercurio Chileno son
los siguientes :
Núm. l (abril, 1828), pp. 5-25: "Economía política: del crédito público, de su
naturaleza, de sus ventajas y de sus principios".
Núm. 2 (~a~o, 1828), pp. 53-62: "Economía política: de los sistemas de hacienda".
Núm. 3 (Juruo, 1828), pp. 101-116: "Economía política: contribuciones".
Núm. 4 (julio, 1828) , pp. 149-171: ''De los bancos de descuento y circulación"
Núm. 5 (agosto, 1828), pp. 197-207: "Aduanas: artículo primero".
Núm. 6 (septiembre, 1828), pp. 245-268: "Aduanas: artículo segundo".
Núm. 7 (octubre, 1828), pp. 327-331: "Banco nacional".
Núm. 9 (diciembre, 1828), pp. 389-408: "Puertos francos" y "Crédito público".

597

�sólo una pequeña parte de los libros, artículos, traducciones y obras literarias
que se deben a la pluma fecunda del ilustre gaditano. Mora no era un economista de profesión, pero tuvo el mérito de comprender la senda que seguían los economistas más destacados de su época y el don de poder organizar
sus ideas en la forma apropiada a su amplia divulgación. Además, destaca el
fin didáctico de sus escritos económicos. Dijo a los chilenos que el motivo
de los artículos sobre economía "no ha sido tanto ilustrar sus principios como
propagar su afición" .7
Mora llama a la economía "la ciencia social por excelencia y antonomasia".
No obstante, siendo una ciencia "nacida casi en nuestro tiempo, no posee
todavía sino un reducido número de reglas fijas y seguras". En otro lugar
trata de la economía política y la estadística comercial ("lo que antes se
llamaba aritmética política") como dos "ciencias que todavía se hallan en
su cuna". En 1929 esbozó un plan para recopilar la estadística geográfica,
demográfica y económica de Chile, la cual podía proporcionar al gobierno
y al pueblo las mismas ventajas que recibieron los ingleses de los datos publicados por la Board of Trade. En otro lugar, lamenta la falta de datos
sobre la agricultura y dice que lo que necesita Chile es un investigador como Arthur Young para "reducir a cuadros metódicos la estadística rural".
La ciencia de las cosas, "he aquí, pues, el gran tópico de la medicina social
moderna".8
En el Catecismo Mora hace hincapié del fin práctico de la economía y censura a los que dudan "que se debe dar el título de ciencia a una colección
de documentos para cuya inteligencia basta sólo la facultad de raciocinar".
Está convencido de que en el mundo económico, igual que en el físico,
hay "fenómenos que preceden a otro, y cuyos resultados pueden calcularse
con más o menos exactitud". El Catecismo lleva un apéndice sobre la enseñanza de la economía, y la "prueba de las ventajas que produce el estudio
Núm. 11 (febrero, 1829), pp. 521-527: "Del comercio de libros en la América del Sur".
Núm. 14 (mayo, 1829), pp. 662-668: "Economía política: bancos" y "Comercio:
interés del dinero".
Núm. 15 (junio, 1829), pp. 677-684: "Comercio".
Núm. 16 (julio, 1829), pp. 725-761: "Economía política: aplicaciones de algunas
verdades de esta ciencia a la situación de Chile" y "Comercio".
Los artículos sobre "Comercio" en junio y julio de 1829 reseñan el libro de ALEXANDRE Mo&amp;EAU DE JoNNES, Le comerce au dix-neuvieme siecle (2 vols. París, 1825).
1
El Mercurio Chileno, 15 de julio, 1829.
• liJl Mercurio Chileno, 15 de junio y 15 de julio, 1829. Adam Smith, dijo. Mora,
"no hubiera podido formar una sola idea exacta sobre el asunto que su geruo profundo abrazó. . . si no hubiese hallado un conjunto inmenso de noticias verídicas
sobre todos los resultados que habían producido en su país los diferentes ramos de
trabajos útiles".

598

de la economía" se refiere al "profundo economista Ricardo, que supo ganar
medio millón de libras esterlinas, empleando el fruto de sus meditaciones
en las especulaciones de la bolsa".
Este encomio de David Ricardo fue superado por su elogio de otro economista inglés, Jonh R. McCulloch. En Londres Mora tuvo la oportunidad
de conversar con McCulloch, quien "pasa por el mayor economista de la
épo~ presente". Inglaterra, "tan fecunda en hábiles economistas", ha producido a Adam Smith, "el padre de la economía política", a Malthus, a
James Mill y otros de la "escuela liberal económico-política", distinguidos,
"no sólo por sus vastas y laboriosas investigaciones, sino también y aún en
más alto grado, por la agudeza, vigor y exactitud de sus argumentos, lo
que se entiende fácilmente al considerar la formidable masa de abusos y
preocupaciones que han tenido que combatir". Por su papel en el movimiento
librecambista en Inglaterra, el "inmortal Huskisson" se cuenta "entre los
más ilustres bienhechores de la humanidad".9
El pensamiento económico de Mora es ecléctico. En el prospecto de un
curso de economía política para el Liceo de Chile propuso un temario basado en las obras de Smith, Say, Ricardo, Storch, McCulloch y Jovellanos.
Además de este famoso asturiano, Mora cita a Pablo Pebrer,1º uno de los
"más profundos y liberales economistas" de España; pero parece singular la
falta de una referencia a Flores Estrada, Canga Argüelles y otros emigrados
españoles que se encontraron en Londres con Mora en 1823-26.
Para Mora la ciencia económica está dividida en cuatro ramos: producción, distribución, cambio y consumo. En cuanto a la producción, los factores
más importantes son el capital y la acumulación de ahorros, "sin los cuales
no puede haber capital". Aunque, según Mora, la prosperidad de la agricultura es inseparable de la de los demás sectores de la economía, la tierra
es el "manantial inagotable de toda riqueza que existe y circula en el globo".
Sigue no sólo a Quesnay sino a Smith al declarar la superioridad de la
agricultura: "si pasamos a examinar las ventajas de la agricultura respecto
a los otros géneros de trabajo, y en cuanto a la cantidad de sus ganancias
líquidas, hablando en general y prescindiendo de las excepciones ocasionadas
por una prosperidad hija del momento, no hay duda que la primera de las
• De la libertad del comercio, pp. 78-79.
Por la referencia en uno de sus escritos a la Casa de Comercio de P. Pebrer y
Cía., parece que Pebrer fue un comerciante residente en Inglaterra; pero hasta ahora
no he encontrado otros datos biográficos. Publicó en Londres varias obras, en inglés
y en español; pero su Coleccwn de memorias y documentos sobre la situaci6n econ6mica de la nacwn española, sus rentas, recursos interiores y exteriores aplicables a
la extinción de su deuda total con aumento de la riqueza pública. . . se publicó en
París ( 1834).
10

599

�artes es igualmente la más pingüe en retornos. Adam Smith, cuyas opiniones
pueden ser controvertidas o modificadas, pero que raras veces se engaña en
materias de hecho, calcula el valor de la renta territorial en una cuarta parte
cuando menos del producto del trabajo empleado en el cultivo. Jamás...
ha dado ni dará tan rica reproducción la misma cantidad de trabajo empleado en las manufacturas".11 Pregunta Mora, a qué se debe el crecimiento
económico tan rápido de los Estados Unidos, y contesta: al "producto neto
mucho mayor que en el país más rico de Europa". Fue un error suponer
que la agricultura no es susceptible de adelantos tan "importantes e ingeniosos como la industria" .12
Por otra parte Mora, lo mismo que Jefferson en los Estados Unidos, está
convencido de que los ciudadanos de un país agrícola son inmunes de los
vicios de una sociedad industrial. Así, "bajo el punto de vista moral" debe
preferirse la agricultura. ''Debemos, pues, contar entre las más felices prerrogativas de nuestro país el que la mayoría de su población pertenezca a la
clase menos expuesta a corromperse ...y sería doloroso que los intereses de
esta preciosa mayoría se sacrificasen a las quimeras impracticables de los
fomentadores de 1a industria..." .13
En cuanto a Chile, Mora declara que su "verdadera riqueza. . . está y
estará por muchos años consignada en la agricultura". Pronosticó una gran
expansión de la exportación de productos alimenticios y de materias primas, a condición de que el gobierno y los hacendados implantasen las mejoras precisas para salir de la "situación presente de atraso y rutina".14
Mora encuentra en la obra de Moreau de Jonnes la explicación de la superioridad de la agricultura inglesa sobre la francesa: en aquel país la agricultura emplea más capital que en éste, y la exportación de los productos
agrícolas produce el capital necesario.
Sobre el régimen de tenenciá de la tierra eI pensamiento de Mora parece
equívoco. Entró en una polémica con Juan Egaña, portavoz de los ricos
hacendados y defensor de los mayorazgos chilenos. El mayorazgo, según Mora,
fue el "único resto que habremos conservado de nuestra antigua 'Servidumbre". Siendo la falta de población el "gran vacío de la prosperidad de Chile",
n El Mercurio Chileno, 1 julio 1828.
España, por desgracia, realizaba un producto neto de la propiedad territorial
mucho menor de lo que debía esperarse de "una tierra tan fértil y de tanta variedad
de frutos preciosos" ( De la libertad del comercio, p. 54). Más adelante Mora reconoce la "falsedad" de un principio fisiocrático, ya que es cierto que "la naturaleza
ayuda tan eficazmente al manufacturero y al comerciante, como al propietario y al
labrador" (pp. 58-59).
" El Mercurio Chileno, lo. septiembre 1828.
" El Mercurio Chileno, lo. de julio de 1828.
12

600

el remedio. obvio, sería el aumento del número de propietarios, "cuya primera
conse:uencia sena la concurrencia de vendedores y la haja de los precios"
Efe~tJ.~amente, la Con~titución_ de 1828 abolió los mayorazgos, pero el re~
sen~en_t? de los duenos de tJ.erras vinculadas fue uno de los motivos de la
expatnacion de Mora.15
. Eg¡m~ sostuvo que los fundos de mayorazgo "eran los que se hallaban meJ~~ cultivad~s" en Chile. Mora no lo negó, pero declaró que "la acumulac10n_ de la nqueza territorial en p ~ manos... sólo puede ser útil cuando
c~a de ~r~nte con la acumulación de la riqueza mercantil O industrial".
Asi, no vacilo en encomiar al Duque de Northumberland el mayor hace _
dado del Reino Unido, que "cultiva sus tierras con el :Uás sabio esmer:
~ ha ga~ado premios en las sociedades científicas, por la perfección que h~
mtroduc1do en muchas operaciones de la labor".16 Luego en 1843 ll
1 "di
..
,
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~s . ar entes panegmstas de la subdivisión de propiedades territoriales"
v1c_t1mas_ d~' una "~al ent:ndida filan~opía". Aunque en algunos países el
latifundio ha servido a vmcular la nqueza en manos improductivas y estéril~", la agri_cultura en gran escala es, por regla general, preferible. "Cien
fracciones contiguas ~e terreno, distribuidas en cien distintos propietarios, no
prod~cen t~ta cant~dad de frutos, ni frutos tan varios O perfectos, corno
reuru~as baJo un rmsmo propietario". Le faltan al pequeño campesino la
capacidad de hacer experimentos, perfeccionar los instrumentos de labor
emplear ~áquinas, y aprovecharse de otros "poderosos estímulos", que sir~
ven a meJorar la explotación agrícola. En fin, recomienda "un sistema de
inquilin~to puramente feudal, más preservado de aquellos abusos", que dice
haber visto en algunos países sudamericanos. En este sistema "el inquilino
posee todas las ventajas del propietario pequeño, sin ninguna de sus desventajas".11 ¡ Parece que habla Egaña!
En la economía de Mora la población juega un papel tan importante como
el capital. Consta por "regla conocida que la población crece a medida que
crecen los medios de subsistencia". Además, según Mora, es una "ley constante de la fuerza procreadora del hombre", que la población crece en razón
de su aglomeración. Las ventajas de una nutrida población se encuentran en
la frecuencia y estrechez de relaciones, los estímulos de un continuo roce y
comunicación, y la comunidad de intereses y necesidades. Al contrario, en
las poblaciones esparcidas a grandes distancias "los estímulos del trabajo se
desvirtúan, la acción del trabajo y de la inteligencia se aísla, se debilita y
'º RicARDo DoNoso, Las ideas políticas en Chile (México, 1946), pp. 81-84 y 131-135.
He buscado sin éxito la Respuesta a la memoria sobre los mayorazgos de Chile, obra
de Mora citada por Donoso.
16
El Mercurio Chileno, 15 de junio de 1829.
11
De la libertad del comercio, pp. 45-51.

601

�se entorpece... y aún la religión misma se pervierte y se enfría". La sociedad
que ofrece la mejor posibilidad de asegurar la estabilidad política es la que
"cuenta entre sus súbditos numerosas clases de gentes acomodadas". Es fácil
deducir de estas y otras páginas de De la libertad del comercio que la filosofía de Mora es lejos de ser igualitaria.
Dándose cuenta de la controversia maltusiana, Mora opina que "Irlanda
y España bastarían para que se pusiesen de acuerdo los antagonistas sobre la
imposibilidad de explicar con una palabra enigmas tan oscuros y enredosos.. .
Por más que digan Mr. Malthus y sus sectarios, el principio productivo de la
especie humana está muy lejos de inspirar el menor recelo en la Península;
y por más que argumenten sus contrarios, este mismo principio se opone a
la felicidad y a la riqueza de los Irlandeses". Mora fue movido a deplorar la
mortandad infantil "verdaderamente extraordinaria" en algunas regiones americanas debida a "la escasez y mala condición de los alimentos"; sin embargo, '"los matrimonios son allí notablemente fecundos". En el Museo Universal, comentando el aumento de la población inglesa (14.5 por ciento de
1801 a 1811, y 18.0 por ciento de 1811 a 1821) llamó esta estadística "el
barómetro indudable de la prosperidad de una nación". En fin, si el censo
registra un aumento demográfico, "no hay duda que hay aumento en los
productos. Si se prolonga la duración media de la vida del hombre, claro es
que hay mejora en su condición, en los alimentos, en las habitaciones, en
todo el mecanismo del orden social".
Denunciando la preocupación mercantilista de acumular los metales preciosos, Mora observa que su mayor o menor abundancia en una nación
"no la hace más rica ni más pobre, que la abundancia de algodón, de cueros
0 de cacao". Es la doctrina que le enseñó Smith: "no hay cosa más común
en todas partes que aquel coi:itinuo clamor de que no hay dinero. La moneda es como el vino, que no puede menos de parecer poco y escaso a todos
aquellos que no tienen con qué comprarlo, ni crédito para que se les
dé fiado". También cita un autor francés para el efecto de que "deplorar
la escasez del numerario... es una necedad".18
En El Mercurio Chileno Mora expone cinco "reglas generales sancionadas
por el consentimiento uniforme de los más sabios economistas", a saber:
1) una nación no debe desear una mayor suma de dinero ci:culante que
lo necesario para sus cambios interiores; 2) la falta de numerano puede suplirse por la mayor actividad [ejemplo: velocidad] de. la moneda exist~nte ;19
la mayor velocidad es efecto del aumento de trabajo, que trae consigo el

~umento de la pr~duc~i~n y la mayor frecuencia de cambios; 4) una cantidad de moneda msufic1ente llega a ser suficiente por su repartición entre
los_ que más la necesitan para "fecundar empresas productivas"; 5 ) este
f~liz re~~ltado "puede obtenerse fácilmente con la creación de bancos de
cuculac1on, descuento y depósito''.
, Pe~~ en seg~da Mora ase~a a sus lectores que las reglas son aplicables
solo para naciones que han cunentado su riqueza pública, y que han tomado el puesto que les corresponde en el mundo fabri.l y comercial". Chile
todavía se halla en la primera de las dos etapas en la vida nacional O sea
en la etapa en que "el dinero fecunda todas las fuentes productivas". Prueba
de l_a condición primitiva del país fue la "escasez dolorosa" del dinero (en
sepqembre de 1828), que "condena al reposo y a la parálisis de capitales inmensos, terrenos fecundos y minas inagotables". Y en mayo de 1829 Mora
escri?ió: "la escasez de numerario ha llegado a un punto increíble". Así, se
admite. que la. escasez ~one~a es al~o diferente de la escasez del vino, y
que bajo las circunstancias Chile necesita "el gran arbitrio del crédito" sea
en la?orma de billetes de banco o por préstamos. "No hay duda que p~ada
la cns1s actual el papel tendrá un giro mucho más seguro y frecuente".
Luego, informó a los "especuladores" chilenos de la baja del tipo de interés en Europa, protestando, sin embargo, que la economía continuaba en
auge. "Si el interés baja, no es porque faltan modos de especular, sino porque todas las especulaciones hallan alimento". Por desgracia, persistía ]a
diferencia "enorme" entre el tipo de interés en Europa y en América.20
En fin, Mora no tiene una teoría monetaria coherente. Dice que el dinero
puede ser un "instrumento peligroso" si circula en "mayor cantidad de la
que necesita para fecundar el trabajo"; pero, ¿ qué cantidad es demasiada?
Una menor cantidad se necesita si hay "mayor actividad de la moneda existente"; y, según Mora, "una de las verdades más luminosas de la economía
política", es la relación entre la cantidad del dinero y los precios agrícolas.
Debido al influjo del tesoro americano a España, los productos industriales
"no experimentaron una notable subida de precio, pero la de los frutos de
la tierra fue desproporcionada". Pero Mora descubre que el alza de los
precios favorece el ritmo de la producción, un factor que puede contrarrestar la tendencia hacia la inflación.21
Hay casi la misma contradicción en la doctrina de Mora sobre la libertad del comercio. En el Catecismo declara que "si una nación importa más
que exporta, ganará ; y si exporta más que importa, perderá en el comercio
exterior". Aquel feliz éxito ha de realizarse por la abolición de los derechos

,. El Mercurio Chileno, lo. de septiembre de 1828.
,. Sobre este punto Mora ofrece el ejemplo de Inglaterra, en donde las transacciones
mercantiles suman .e 132 por cada libra de numerario circulante.

20

:n

El Mercurio Chileno, lo. septiembre de 1828 y 15 de mayo de 1829.
El Mercurio Chileno, 15 de mayo, 1829.

603

602

I

�sobre la importación. La libertad del comercio es un axioma fundado en
las "propensiones irresistibles del corazón humano" y representa el "triunfo
de la inteligencia sobre los intereses torcidos". Después de referirse al "célebre filósofo" norteamericano, William E. Channing, quien recomendó que
se cerrasen de una vez todas las aduanas desde Maine hasta Luisiana, Mora
propone que "quémense en la plaza pública los aranceles". También secunda
el optimismo del mismo Channing, cuya opinión en 1841 fue que "la libertad del comercio, que tanto progresa actualmente en la opinión, es otra
gloriosa prueba de la tendencia de nuestro siglo a la universalidad".22
La política librecambista proporciona el mayor beneficio a la agricultura,
respecto de la "imposibilidad de fomentar la agricultura cuando no se franquea la importación, para que en cambio se franquee la exportación de sus
productos". Para Mora el comercio exterior, igual que el interior, es nada
más que la extensión del benéfico principio de la división del trabajo. El
trueque de los productos de dos países significa que en ambos el trabajo
queda mejor remunerado. La salida del oro y la plata del país que los produce sólo significa que dicho país tiene una ventaja comparativa en la explotación de sus recursos minerales.
Mora censura a los industrialistas de Cataluña por su "espíritu hostil" al
librecambio, prueba de la "incompatibilidad de los intereses de los catalanes
con los de la mayoría inmensa de la nación". Refiriéndose a los "colosos
de industria" en Europa, opina Mora que sería difícil demostrar si crecieron
a causa de la protección aduanera o a pesar de ello.23 No pasa por alto las
repercusiones fiscales de la política aduanera. En primer lugar, llama a las
aduanas "el ramo más costoso del sistema de hacienda", ya que una alta
proporción de los derechos cobrados ha de gastarse en mantener una administración costosa, si se incluye al personal necesario para descubrir el fraude
y perseguir al contrabandista. ·(De paso Mora observa que "el mismo Smith,
que con tanta vehemencia ha combatido la severidad de las leyes fiscales,
no desdeñó aceptar un empleo en las aduanas de Escocia"). Además, "el
principio de los derechos altos es nocivo al tesoro", es decir, los ingresos tienden a hajar con el alza de los derechos. 24
" De la libertad del comercio, pp. 32-33. Los discursos del teólogo Channing citados
por Mora son los siguientes: "The Union", publicado en 1829, y "Address on the
Present Age", escrito en 1841. Se encuentran reimpresos en The Works of Wm. E.
Channing, D.D. (11th ed., Boston, 1849) , I, 333-367, y VI, 147-182.
" Mora anticipó que los derechos ingleses sobre la importación de cereales desaparecería "ante los universales clamores de la nación" y los "gigantescos embates de
la Liga de Manchester", tal como efectivamente se realizó en 1846.
u De la libertad del comercio, pp. 29-31. Curiosa es la apología de Mora por el
contrabandista, "un buen miembro de la sociedad si los reglamentos de su país no

604

C~~do entra a tratar de la política comercial de Chile Mora
modificar
su doctrina profundamente. El M ercurio
. Ch·¡
' d
tiene que
. .,
i eno a opta una pos1c1~~ actua~ente muy defendida por los países en vías de desarrollo. cada
nac1on " neces~t a de una economía política peculiar a su existencia". 2s· Pero
en el pensamiento de Mora la solución no es la industrialización. Pese al
costo de .transp?rte, las manufacturas europeas han de resultar más baratas
Y de ~eJor _calidad que las producidas en el país. Se ofrece por eJ·empl0
las teJas chilenas, " porosas Y 1lenas de materias heterogéneas"
'
de mod0,
que
'
d no •sirven .a "preservar las casas de las lluvias" • El " vergonzoso
atraso"
sta
e e _m~ustna, es ?tra ,~rueba de cómo la falta de competencia, nacida del
P:?tecciorusmo, suprune la propensión natural del hombre hacia la perfecc1on .~e su~ facultades". En cuanto al paro de las operarias de los "toscos telares , ~uJeres que ganan "un jornal mezquino", Mora declara que el ensanchamiento de los ramos de exportación abrirán nuevas oportunidades de
empleo. 26
La ~icultura será la f~ente d: la mayor parte de las divisas que han
~e realiza1:5e en el comercio exterior de Chile. Pero no se olvidará de la
nqueza mmeral, sobre todo el cobre, que "ha empezado y continúa prosperand~ en su carrera". Calcula Mora que la demanda del cobre es "muy
sup~nor a l~~ medios ~c~ales de satisfacerla" y que "el comercio extranjero
de unportac1on es la uruca causa del incremento que ha recibido esta mercadería". En cuanto al cáñamo lino lana harinas vino hierro y "otr
. . .
'
'
'
'
'
os
mfm1tos ramos de exportación", Mora piensa que se ha demorado su desarrollo por falta de capitales. Dedica dos artículos en El Mercurio Chileno a
~,ª crítica del _libro de Moreau de Jonnes para recalcar la idea de que
solo el comercio puede conducir a Chile al alto grado de prosperidad".21
E~ vis~ de lo e~u~to arriba, resulta extraño que Mora quiera "preser:ar' a C~le de la nvalidad ~xtranje~~ en el mercado de productos agrícolas,
por m~d10 de derechos de rmportac1on que, sin embargo, no comprometan
la sub.sIStencia pública en tiempos de escasez y malas cosechas". Además
se~ Mora, es preciso mantener las aduanas y tarifas de géneros indus~
tnales, "como un mal necesario, preparando la época en que esta parte de
hubieran convertido en crimen la acción que sin la declaración del fisco no podría
merecer tal nombre".
"' El Mercurio Chileno, 15 de julio, 1829. En una nación puede haber hombres estudiosos y aplicados que entienden a fondo "todas las doctrinas que se han imaginado
desde Smith hasta Macculloch, y sin embargo es cierto que no habrá en ella un solo
economista capaz de redactar un decreto útil al país". Claro está que Mora no está
hablando de Mora.
"' El Mercurio Chileno, lo. agosto y lo. septiembre, 1828.
21
El Mercurio Chileno, 15 de junio y 15 de julio, 1829.

605

�las contribuciones públicas ocupen un puesto secundario en la escala de
nuestros ingresos". Hace falta un "hombre público bastante ingenioso y entendido, para reemplazar las sumas que producen al erario los derechos de
importación por otras contribuciones menos erizadas de peligros y menos
fértiles en desastres y miserias". En todo caso, los derechos deberán ser
"suaves", no excediendo del 15 por ciento, sobre "aquellos objetos que hacen
agradable y cómoda la vida, y que nuestras circunstancias no nos permiten
elaborar".
Tratando del sistema impositivo en un principio, Mora acepta los preceptos de Smith, aunque trató de añadir "otros preceptos no menos justos"
de Sismondi: que el impuesto recae sobre la renta y no sobre el capital;
que la renta se distingue del producto mismo; que siendo la contribución el
precio de los goces que el gobierno asegura, el que nada goza, nada debe
contribuir"; y que la contribución sea más moderada sobre "riqueza fugitiva".28 Le pareció que la mejor forma de tributación sería por impuestos
sobre la renta de la tierra o bien sobre el arrendamiento de las fincas urbanas. Se refiere, con aprobación, a la "única contribución" que "no estuvo
lejos de ponerse en práctica" durante el reinado de Femando VI. Desgraciadamente, a causa de las "vastas e imperiosas necesidades" de la hacienda
española en 1843, no bastaría "ningún sistema de contribuciones exclusivamente directas". Así, llega Mora a concluir que la "riqueza mercantil contribuye, como todas las otras, al sostén de las cargas públicas". Recomienda
la exención de los jornaleros "porque disminuyendo las ganancias de la clase
más pobre de la sociedad", disminuye el ahorro -lo que parece ser una perspectiva demasiado optimista de la contribución de los trabajadores a la formación de capital. 29
Utilitarista como Bentham, Mora creyó que el fin de la sociedad es la
mayor felicidad del mayor número. Pero la felicidad sólo se consigue bajo
un régimen de libertad. En un artículo sobre "Jurisprudencia", declara que
"la libertad purifica unas instituciones, de las que saca toda su fuerza vital.
No es posible concebir un régimen libre en que estas funciones se envilezcan
por la ignorancia, por la codicia, por la pasión, o por la mala fe". Aquí
está hablando de la libertad política, pero la aplicación del principio a la
economía es lógica. La prohibición de las importaciones, por ejemplo, re.. El Mercurio Chileno, lo. de mayo de 1828. "Nada es más sencillo", dijo Mora,
"que determinar en un cuerpo social los individuos a quienes será men~s pe~oso sostener el peso de los gastos públicos" : son "los más ricos". Pero es preciso evitar que
el impuesto sobre la riqueza no sea "justo" y "conveniente".
'" De la libertad del comercio, pp. 57-59.

606

sulta en un "sitema de privaciones tan opuesto a los fines de la civilización
como atentatorio al derecho de propiedad".3º
E_l Cateci:m~ ~racteriza 1~ libertad económica como la "facultad de produc~, de dis~n~tur, ?e camb1~ _Y de consumir los productos que componen
la i:1Jueza publica, sm otros límites que la seguridad del Estado, la conservac1on ,,del orde~ y de las buenas costumbres, y la seguridad de los particul~es • Mora nene muy poco que decir acerca de las circunstancias en que
la libertad se debe c~artar con 1:1otivo de la seguridad del Estado, pero es
de suponer que hu~1era consentido al famoso aforismo de Smith, de que
la defensa es prefenbJe a la opulencia. El Estado no tiene el derecho de
tasar el interés. Sobre este punto Mora sigue a Bentham: el contrato lla~~d~ de usura es "conforme al derecho de la naturaleza... No puede haber
rmqw~ad e~ un contr~to? cuando sus condiciones convienen a ambas partes".ª1
El liberalismo econormco de Mora, igual que el de Smith y de otros de la
escuela inglesa, no es una doctrina de laissez faire inflexible. El gobierno
debiera "contribuir por medio de empresas útiles a la mejora de nuestra
condición social"; pero Mora no dice cuáles son estas "empresas útiles".
Sólo hay referencias pasajeras al papel del Estado en el desarrollo del transporte, las comunicaciones, y otras obras públicas que hoy día se conocen
por la infraestructura económica. La educación del pueblo se debe fomentar,
Y sobre este punto el pensamiento de Mora se acerca a la teoría moderna
de la educación como una forma de inversión pública. La educación diJ·o
" suaviza
. 1as costumbres. . . enseña a respetar los derechos ajenos. . . por
'
el'
influjo directo, eficaz y constante que ejerce en la producción de las riquezas
fS favorable a la prosperidad pública".
Hasta ahora la obra de Mora se ha apreciado desde el punto de vista literario o político. Dijo Amunátegui Solar en 1897: "Mora ha sido, sin disputa,
uno de los españoles más notables que han pisado este suelo de América,
después de la revolución de la independencia".82 La opinión de Mesa y
Gisbert tiene casi la misma fuerza: "Mora es uno de los emigrados españoles más activos, cultos y emprendedores que ha tenido el siglo XIX. Quizá fue el español que más hizo por Sudamérica en los años inmediatamente posteriores a la Independencia. Debido a que su obra se desarrolló en
Inglaterra, en cuatro países de este Continente y luego en la misma España, es que no se le ha considerado como peculiar de ninguna &lt;;le estas naciones, habiendo sido de todas, pues en cada una de ellas dejó algo".33
30

El Mercurio Chileno, lo. de septiembre de 1828 y 15 de mayo de 1829.
Curso de derechos del Liceo de Chile, por D. José Joaquín de Mora, director de
aquel establecimiento (Santiago, 1830).
31
Mora en Bolivia, p. 4.
33
José Joaquín de Mora, p. 14.
31

607

�En estas pocas paginas he querido insinuar que las ideas económicas de
Mora, si no tan profundas y comprensivas como las de otros escritores de su
época, no obstante, son dignas de recordar. Sería difícil precisar la influencia
que haya tenido el pensamiento de Mora, en América o en Europa. Se le
conoció en cuatro países sudamericanos, pero en ninguno estuvo bastante
tiempo para que sus ideas echasen raíces. En Chile hubo un renacimiento
del liberalismo, señalado por la llegada en 1856 del economista francés Jean
Gustave Courcelle-Seneuil. Como catedrático y consejero del gobierno chileno, Courcelle-Seneuil intentó implantar las mismas doctrinas de liberalismo económico y político que Mora quiso ver aceptaclas en 1828. En pocos
años la política de Chile volvió a tomar otro rumbo, Courcelle-Seneuil se
fue, y desde entonces ha sido muy de moda, no sólo en Chile, sino en toda
la América Latina, discurrir sobre los "errores del liberalismo económico". 34

Sección Quinta

COMENTARIOS y RESEÑAS
BIBLIOGR.A.FICAS

•

.. RoBERT M. WILL, "La política econormca de Chile, 1810-64", F,,l Trimestre
Económico, XXVII ( 1960), 238-257 ; LEONARDO FuENTEALBA HERNÁNDEZ, "CourcelleSeneuil en Chile: errores del liberalismo económico", Anales de la Universidad de
Chile, CII (1944), 101-206.

608
H

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>José Joaquín de Mora</name>
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        <name>Tratado de Desnuclearización América Latina</name>
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                    <text>En estas pocas paginas he querido insinuar que las ideas económicas de
Mora, si no tan profundas y comprensivas como las de otros escritores de su
época, no obstante, son dignas de recordar. Sería difícil precisar la influencia
que haya tenido el pensamiento de Mora, en América o en Europa. Se le
conoció en cuatro países sudamericanos, pero en ninguno estuvo bastante
tiempo para que sus ideas echasen raíces. En Chile hubo un renacimiento
del liberalismo, señalado por la llegada en 1856 del economista francés Jean
Gustave Courcelle-Seneuil. Como catedrático y consejero del gobierno chileno, Courcelle-Seneuil intentó implantar las mismas doctrinas de liberalismo económico y político que Mora quiso ver aceptaclas en 1828. En pocos
años la política de Chile volvió a tomar otro rumbo, Courcelle-Seneuil se
fue, y desde entonces ha sido muy de moda, no sólo en Chile, sino en toda
la América Latina, discurrir sobre los "errores del liberalismo económico". 34

Sección Quinta

COMENTARIOS y RESEÑAS
BIBLIOGR.A.FICAS

•

.. RoBERT M. WILL, "La política econormca de Chile, 1810-64", F,,l Trimestre
Económico, XXVII ( 1960), 238-257 ; LEONARDO FuENTEALBA HERNÁNDEZ, "CourcelleSeneuil en Chile: errores del liberalismo económico", Anales de la Universidad de
Chile, CII (1944), 101-206.

608
H

�DR. VtCTOR E. FRANKL: "LA IDEA PSICOLÓGICA
DEL HOMBRE". EDICIONES RIALP, S. A.
Por el DR. AGUSTÍN BAsAvE FERNÁNDEZ DEL VALLE

LAs BASES FILOSÓFICAS DEL freudismo decansan en el preJwc10 de negar rotundamente la espiritualidad y la libertad. Una pura bestialidad agazapada en el fondo del
hombre, pretende desterrar al "logos" y al libre arbitrio. Lo inconsciente freudiano
presenta, según Jones, estas seis notas: reprimido, activo, bestial, infantil, alógico, sexual. Las actividades superiores del hombre -arte, moralidad religión- quieren ex1
plicarse por un sensualismo radical de tendencia sexual. En "Totem y Tabú", llega
Freud a decir: "Podría, pues, terminar y resumir esta rápida investigación diciendo
que en el complejo de Edipo se encuentran los comienzos a la vez de la religión, de
la sociedad y del arte..." La afirmación gratuita y grotesca nos ahorra todo comentario.
Hace tiempo que en Europa se ha superado el freudismo por diversos caminos.
Hoy desearía ofrecer, a mis lectores, la crítica que Víctor E. Frankl, doctor en Medicina y en Filosofía, ha realizado sobre la doctrina de Segismundo Freud. El Dr. Víctor E. Frankl, discípulo de Freud, Adler, Potzl, Gestermann, Oswald Schwarz y Rudo!I Allers, es uno de los más distinguidos neurólogos y psiquiatras de nuestro tiempo, autor de la logoterapia y su generalización clínica, catedrático de la Universidad
de Viena y profesor-huésped en algunas de las más famosas universidades del mundo.
En la Semana de Escuelas Superiores de Salzburg (Austria), Víctor E. Frankl sustentó tres conferencias que publicó, en 1959, bajo el título: "Das Menschenbild der Seelenheilkunde". En España, Ediciones Rialp S. A. ha traducido ese libro bajo el rubro de "Idea psicológica del hombre".
La contribución de la Psicoterapia al concepto de hombre, hoy vigente, es el tema
capital en las tres conferencias del Dr. Frankl. Freud, pionero genial de la Psicoterapia, quedó enmarañado en "un modelo mecanicista, que no por llamarle dinámico
-usando un eufemismo- resulta un ápice más aprovechable" (La idea psicol6gica
del hombre, p. 13, Ediciones Rialp, S. A.). La proeza histórica de Freud consiste
en haber desvelado el sentido de los "síntomas histéricos", del inconsciente instintivo.
No quiso o no pudo ver que más allá y por encima de todas esas instancias inconscientes se da una espiritualidad, una moralidad y una religiosidad inconscientes. A
Max Scheler le cabe el honor de haber llamado la atención, por primera vez, sobre
la aporía que representa el concepto de "censura de los sueños". "La aporía con-

611

�siste en que la instancia, que durante el sueño inhibe, censura y sublima, no puede
provenir en modo alguno de los instintos, porque éstos son justamente el quod u
objeto de la inhibición y no pueden ser en consecuencia el "quien" o sujeto de la
misma. A los alumnos que asisten a mis clases les suelo aclarar este punto, recordándoles que aún no se conoce el caso de un río -apunta el Dr. Víctor E. Franklquc haya construido su propia presa de contención" (p. 15).
El Psicoanálisis reduce erróneamente la genealogía de la moral a la represion de
lo instintivo. "También ha fallado, advierte Frankl, en lo referente a la teología que
dirige la realidad psíquica, por cuanto el Psicoanálisis reduce el campo visual al suponer que el principio de la homeóstasis, tomado de la Biología, era vigente sin más,
no sólo en el ámbito de la naturaleza, sino también en el de la cultura" (p. 16).
Como si el hombre estuviese orientado constitutivamente y todo se redujese a dirigir los estímulos internos y externos. Freud explica cualquier acción como encaminada al restablecimiento de un equilibrio perdido (homeóstasis). "Sin embargo, la hipótesis de Freud, basada en la Física de su tiempo -observa el Dr. Víctor E. Frankl-,
según la cual la única tend~ncia, fundamental y primaria, del ser vivo sería el relajamiento, no está de acuerdo con la realidad. El crecimiento y la reproducción son fenómenos que se resisten a ser aclarados 'solamente a base del principio de la homeóstasis".
Las estadísticas, en Austria, no son, precisamente, favorables al Psicoanálisis. Si nos
atenemos al precepto. que ordena: "Por sus frutos los conoceréis" resulta que el número de casos curados o mejorados notablemente oscila entre el 45 y 65 por 100
-sin tener en cuenta el método psicoterapéutico empleado en cada caso- y solamEmte, como excepción, se puede consignar un resultado positivo del 75 por 100, como ha sucedido con el tratamiento psicoterapéutico ambulatorio llevado a cabo por
Eva Nisbaeur en la Policlínica Neurológica de Viena, que procede de acuerdo con
los principios de la Logoterapia. Emil A. Gutheil y J. Ehrenwald han demostrado
que los pacientes de médicos freudianos soñaban con complejos de Edipo, los de los
adlerianos con conflictos de poderío y los tratados por los secuaces de Jung con los
arquetipos. Más que en el sentido de una terapéutica causal, el Psicoanálisis actúa a
base de la terapéutica de sugestión. Habría que agregar, también, que el simple
hecho de "comunicar" una pena equivale ya a quitar la mitad de la pena. "Me da
la impresión de que el sueño de medio siglo se ha revelado al fin como lo que era,
un sueño, el sueño de una época que vivía de la ilusión de encontrar la mecánica
de la psiquis y una técnica que fuese capaz de curar sus afecciones; en otros términos, se ha soñado con ofrecer la aclaración de la vida psicoanímica a base de mecanismos y el tratamiento de las enfermedades psicoanímicas por medio de tecnicismos"
(p. 27). En otras palabras, el Psicoanálisis no actúa en el sentido de una conversión dinámico-afectiva y energético-instintiva. En el mejor de los casos, provoca un

cambio de actitud existencial en el enfermo.
El gran mérito de la Logoterapia estriba en utilizar, como pauta del tratamiento
curativo la reorientación hacia algo positivo, como son el "sentido" y el "valor''. En
el curso' de un análisis existencial se aclara la entrega a una misión concreta y personal. "Por cuanto la Logoterapia se dirige, no al síntoma, sino a introducir un cambio en la postura, una conversión personal del paciente frente al síntoma, se puede
decir de ella que es una auténtica psicoterapia personalista" (p. 38). Se trata de
una terapéutica que se dirige a la actitud personal, a conseguir un cambio profundo

de actitud existencial. Sólo as'
d
confianza en la propia e . t . l pue e _lograrse la reinstauración de una primordial
"ed
xis encia. A parbr de esta conf·
si ades. La intención parad,•·
ianza pueden curarse fobias anOJica pone al enfermo
·
•,
'
rar con ironía su propia neuroslS· La di fl . , en sltuacion tal que es capaz de mi.
·
s-re exion p
l · ,
ignorar los síntomas. Ignorar algo
l
. .
one a ps1copeta en condiciones de
a ,
tul
-en e senbdo de curo lir
¡
.
qui pos amos- sólo me es facb"bl
1
•
p
con a &lt;lis-reflexión Que
e en a medida en
·
¡
·
en cuanto ordeno mi vida a otra t· lid d
que VIVO a margen de ese algo
.
ma a • y en este
'
rap1a se transforma en Logoterapia en A áli . E .
. momento es cuando la psicotemente -bajo cierto aspecto-' d n sis xistencial, cuya esencia consiste precisa.
en or enar y encauzar al h b h .
.
e¡ senudo concreto de su exi t .
om re acia la fmalidad y
edi
• s encia personal finalidad
.
~ a~te el adecuado análisis" (p. 47). Ha:ta a , q~e ~n_mero ha de ser aclarada
directrices de Víctor E Frankl
.
qm las rntmciones-madres y las ideash b '
.
' en su pnmera conferencia sob "L 1.d
. ,
om re'. Conviene tener presentes e t hi
'
re
ª ea ps1cologica
del
sllje del ilustre psiquiatra vienés A _s ~s tos, para comprender, en plenitud, el mento del Psicoanálisis a la Logote~pia~istrmos, en nuestros días, a un significativo tránsiE_n una carta de Ludwig Binswanger, confesaba Freud. "
terraneo y en el 'parterre' del dif" .
.
. y o me be parado en el sube icio y no he salido de ali"'
d
1 e
e¡ doctor Franz Jachym arzobispo
d"
d v·
· on .ª gu eza acerada,
'
coa Jutor e iena comentaba "N
b
c1aro por qué razón haya de tener yo acceso a casa solamente
'
: , o aca
o de ver
,
y por qué toda reparación de la misma h
d ef
. por y a traves del sótano
b · ,, Lo
aya e ectuarse siempre co
d d
a ªJº .
s psicoterapeutas olvidan con f
. l
.
menzan o esde
hombre, originada por el alma c , f
recuencra,_ a urudad de la vida psíquica del
As
,
omo orma sustancial espiritual.
egura el Dr. V1ctor E. Frankl que el Psicoanálisis de. .
somatogénesis sino también la noo , . d
f .
Ja sm tocar no solamente la
genes15 e Ias a ecciones neuróticas L N
.
•
• as euros1S no
han d e sustentarse necesariamente en un c
1•
ferioridad. También pueden arrai
orop eJo de Edipo o en un sentimiento de in.
garse en un problema de orden espiritual
·•
•
.
, en un confli cto moral o bien en

~:~d ~

P:;1:;:~ ;~~:::::·n!~

~:e;: .~:

;,_a~e:'.'_; la
~~c~l:~:~: ::; : : : : / ;0
0 ~:::
e OIDlruo ' la Logoterap1a nos habla ahora -y con mucha
,
la voluntad de sentido. En el hombre está mucho más
f d
mayor. razon- de
Juntad de bus
¡
.
.
pro un amente arraigada la votambién la fru7traU:' p en~ sen~dlo a su eX1Stencia. No sólo se da la frustración sexual, sino
.,
1011 existencia ' como se llama en la Logoterapia T , t
d
sacion de vacied d
. d
.
· ra ase e una sena o carencia e sentido de la propia existencia "B · 1
·
·
de tal o cual cas d f
•,
·
ªJº a apanenc1a
o e rustrac1on sexual, lo que se esconde en realidad
J f
·,
de la voluntad de sentid . 1
,
es a rustrac10n
Id
. , .
o. so amente en el vacio existencial florece la libido sexual" (La
ea Psicológica del Hombre, p. 51, Ed. Rialp, S. A.).
El tedio puede ,llegar
· "dios no se ongman, en fin
cuentas
. a. ser "mortal". t• Acaso 1os sU1c1
h
.' en el _vacio mtenor, en la frusu·ación existencial? Decía Schopenhauer ue
uma~dad oscila entre dos polos: necesidad y aburrimiento. No basta tener tie q
bre, smo también libre para algo.
mpo

de
la
Ji
•

Hoy· nos
al
d acecha
, el
• peligro de un nuevo homunculismo' esto es, de qu e e ¡ hombre se
m enben a a s1 rntsmo, interprete falsamente su propia imagen como un "nad
,
que: • •" • B"10¡ogismo,
·
•
•
psicologismo,
que presentan una imagen del' hombre desdiba · mas
da
car:ica~ca. El preocuparse por averiguar el sentido a su existencia es Jo que
tenza JUS~dente. al hombre en cuanto hombre. Nunca se h_an preocupado los animales
por su senb o existencial. La Logoterapia, como terapéutica basada en el L ogos, es un

~c~

613

612

�tratamiento orientado (y re-orientador para el paciente) hacia el sentido de su vida.
Para lo cual, no solamente se trata de poner en acción la voluntad de sentido, sino que
ante todo es menester provocarla o evocarla, hacerla aparecer, donde se hubiera perdido, donde lata inconsciente, donde haya sido inhibida. Otra de las tareas encomendadas a la Logoterapia es, además, la de proponer y hacer patentes diversas y concretas
posibilidades de realizar este sentido, para lo que, desde luego, es necesario un análisis
previo de la existencia concreta, personal, del enfermo en cuestión: en una palabra,
un análisis existencial" (p. 60). Por análisis debe entenderse una explicación de la
existencia concreta a través de la biografía del sujeto. La vida es una auto-explicación
del ser personal. Y en esa auto-explicación se pone de manifiesto el ser real del hombre y sus posibilidades. La Logoterapia amplía, hasta donde es posible, el campo visual
de valores en el enfermo. Hay una enorme abundancia de posibilidades de sentido y
de valor que están a nuestro alcance. El problema está en poder percibir todo el espectro de los valores. La verdad de los juicios de valores -verdad del conocimiento---- es
algo que por sí mismo se impone al paciente y que no necesita ninguna imposición por
parte del médico. La Logoterapia educa la responsabilidad. El enfermo debe recuperar
su sentido de responsabilidad personal. La Logoterapia -y esto es lo que de ella más vale- descansa en la estructura vocacional del hombre. "Solamente en la medida en que
realizamos una misión, cumplimos con un deber, llenamos un sentido o realizamos un
valor, en esa misma medida nos realizamos y consumamos a nosotros mismos" (pp.
65-66). La vida -hemos dicho alguna vez- no existe simplemente para ser vivida.
Vivir es extravertirse en la plenaria realidad del Cosmos para cumplir una tarea vocacional y no simplemente para autosatisfacerse.
"Resumiendo: consumación y realización de sí mismo son el resultado de la consumación de un sentido -observa Víetor E. Frankl- y de la realización de un valor,
y así podemos comprender que tergiversación de las cosas significa el obrar como si
la consumación de un sentido y la realización de un valor fuesen simples medios para
lograr el fin de la consumación de sí mismo y de la realización de sí mismo" (p. 67).
El médico se encuentra ante el deber no sólo de hacer a su enfermo apto para el trabajo, para el placer y para la alegría, sino que tiene además otro deber: crear en el enfermo la aptitud para el sufrimiento. "La más alta dignidad del hombre es el sufrir", ha
dicho Hermann Cohen. Y Goethe· decía con toda razón: "No hay situación que no
se pueda ennoblecer bien por la acción positiva, bien por la resignación". Cuando ya
no es posible obrar, hay que salir al encuentro del destino con digno ademán. "Lo que
importa es la postura conveniente, es el recto, valiente sufrir un destino irrevocable"
(p. 68). Saber sobrellevar un sufrimiento es darle un sentido a la vida. "El 'horno
patiens' puede encontrar su plenitud incluso en la mayor falta de éxito, en el fracaso. Por donde se pone de manifiesto que esta plenitud es compatible con el fracaso,
lo mismo que lo es el éxito con la desesperación" (pp. 70-71). En todo caso, la vida
del hombre que sufre ofrece las rnás altas posibilidades de colmar el más profundo de
los sentidos y de realizar el valor de máximo rango.
Observa el Dr. Frankl que "ni toda frustración existencial es patógena, ni toda enfermedad neurótica es noógena". "Llegados a este punto en nuestras consideraciones,
tropezamos - además del peligro del patologismo, del que ya hemos hablado- con
otro peligro: el peligro de noologismo. Significaría caer en los defectos del patologismo si pretendiésemos afirmar que toda "desesperación o falta de seguridad conduce a la neurosis. Y a la inversa: significaría caer en el vicio de noologisrno si afir-

614

másemos que toda neurosis tiene s
·
legítimo olvidar Jo mental per tau ongen en una "desesperación" (p. 79). No es
espiritual pero finito limi~do o dir_n~ocod cabe sobrevalorarlo. El hombre es un ser
'
'
, con c10na o Porque sól0
t · 1
condicionado de hecho está ,
.. ·
po enc1a mente es un ser in.
'
Siempre condicionado La
·
••
.
l.lllpone a través de los estratos . f' .
El
.
persona espintual no siempre se
ps1co ISlCOs
organismo . f' .
.
ganas y de instrumentos-d'
·
psico mco -conJunto de óres un me ium densame t turb' (
expresiva) y grandemente pesad (
ne
to en cuanto a su función
o en cuanto a su función instrumental).
Los enfermos llegan al consultorio del 'di
tas. "Toda Psicoterapia --advierte el Dr mFe cok) con sbus problemas. filosóficos a cues. ran - se asa en pre
I' ·
a no ser que el psicoterapeuta no se haya hecho consciente de ~llSas antropo ogicas,
apoya en implicaciones antropológicas" L
.
.
. e o, en cuyo caso se
de Paul Schild
. os propios psicoanalistas -recuérdese el caso
t
er- ~conocen que el Psicoanálisis es una "visión de la realidad" "N
engo reparos en afirmar que en cuanto u
.
.
.
o
acueste en )a camilla
.
n_ pSl~oanahSta ordena al paciente que se
F nkl
. y que cormence a asociar libremente -apunta el Dr Ví t E
ra - ya le sugiere una concreta imagen del hombre ero
'
.
~ or .
:::nho;bre ~ue desatiende la auténtica personalidad del p;ci:nte: 1:d::as;e:~ei~a:::
a sta eV1tar el encuentro personal de hombre a ho b
d
por frente" (La /de p · l' . d l
m re, e rostro a rostro, frente
.
a sico ogzca e Hombre, p. 86, Ediciones Ria! S A ) "
~erap1es have a philosophy, but few are so explicit in treir relation ~ a· hiÍ ·
view ~f the world as is existentia! analysis", asegura el psiquiatra W. ~an
(Amencan Journal of Psychoterapie 11 [1957] 369-370) J
..
ta ·'
d fi , .
'
'
• ustamente esta explicique· en ,e 1muva es honestidad intelectual, constituye, a nues tro Ju1c10
· · ·
decion,
¡
uno
os meJores t1tu1os de superioridad de la Logoterapia Al am li
1 '
visual d 1
1
.
p arnas e campo
e os va ores, nos educa para la responsabilidad.
El profesor ordinarius de Psiquiatría en la Universidad de Bonn Dr H J W ·
brecliza?t,dobserva: "Cuando el psicoanalista asegura que el 'psiquia~a d~, e:cu~la' e~toana
o no puede, por mas
' que 1o mtente,
·
hacer interpretaciones psicológicament
correctas,
entonces
se
ha
llegado
al
punto
en que acaba toda discuS1on
·, c1ent
· íf'1ca ye
eomi
• .,
1
S enza en su ugar una dec1S1on de creencia" (Kritik der Psychosomatik p 79
tuttgart, 1955) . Por su parte, el renombrado psiquiatra austríaco E B St ' · h '
bl · , ·
• .
rauss aa, uorucamente,
de una nueva especie de aristocracia·· los que han s'd
' ·
.
1 o exhausuvamente
analizados,
en oposición a "la nueva especie de proletariado, formad a por 1os
,
q~ntos que aun no han aprendido la instrucción en los cuarteles psicoanalíticos" (D 1·
dntte
Psychiatrie und Religion, pp. 114-115, Salzburg, 1956) • é. se d ara~
¡ Revolution,
,
rea
mente
la
libre
asociación
de imágenes en la mayoría de los pacientes?- El ps1coana·
li
E ·1
sta IIll A. Gutheil (Nueva York) confiesa que la mayor parte de las asociaciones que
;.~odu~~ el enferm~ durante un_ tratamiento de cierta duración son cualquier cosa menos
. libres ; con_ exce_slVa frecuencia están calculadas con el fin de transmitir determinadas
ideas al analista, ideas que el paciente cree serán del gusto del mismo.

°;::::n

Por supuesto, "es muy agradable para el neurótico oír que una cosa como el a
. .
mor
q ued.a reduc1'do a puro mstmto.
Y entonces malentiende y abusa el neurótico del ps1coa·
n.álisis , para huir de una neurosis noógena ,· en resumen·. para huir de una neurosis no?!ena a ~na neurosis colectiva" (Frankl). Freud -hijo de su tiempo que
abso'.b10 el espíritu de esa época- definió a la Religión como "una neurosis de la humamdad", o como una ilusión y a Dios como una imago del padre. La filosofía era tan
sólo "una de las formas más aceptables de imblimación de la sexualidad reprimida y

615

�nada más". Hoy no podemos menos de sonreír ante tamaños dislates. Las nuevas corrientes psiquiátricas ven en la voluntad de sentido un constitutivo de la existencia humana.
El preocuparse por hallar un sentido a la vida es una realidad primaria. "Quien tiene un por qué para su vida -apuntaba Niettsche--, soporta casi siempre el cómo".
El hombre no es un ser accionado exclusivamente por instintos, como cree el Psicoanálisis. La primaria orientación del hombre a un sentido, no puede ser olvidada. Tampoco podemos aceptar que la tendencia a los valores sea sustitwda o reducida a una
estrecha tendencia ciega al placer. He aquí una crítica fundamental a la antropología implícita en el psicoclinamismo.
El instinto sexual queda personalizado por el amor, asumido en el ámbito de lo
personal. La despersonalización de los instintos lleva a la destrucción de la persona.
Espiritualidad, libertad y responsabilidad son tres fenómenos primarios, radicales, irreductibles del ser del hombre. La despersonalización y la desobjetivación de los valores
es un doble error de una antropología unilateral del psicoanálisis. Por este camino se
concluye en ~na inmanentización, en un encerramiento de lo psíquico dentro de sí
mismo.
Nadie está dispuesto a vivir por sus productos de reacción, ni a morir por sus racionalizaciones secundarias. Se vive por un sentido y por un valor. Y hasta se está
dispuesto a exponer la vida por ellos. Una encuesta reciente entre jóvenes franceses
acusa este resultado: solamente un 9 por 100 se atrevieron a dudar que el hombre
necesitase de un algo por amor el cual mereciera la pena de vivir.
Hace varios años lei una valoración del Psicoanálisis, en la "Introducción a la Psicología Científica" el Dr. Oswaldo Robles, que aún no ha perdido su vigencia y que
me parece muy justa y aguda. Permítaseme resumirla, con cierta libertad, para concluir este artículo. El sexo cobra, en Freud, proporciones metafísicas. Equivale al élan
vital en Bergson y a la voluntad en Schopenhauer. Pero el sexo no se limita, para
Freud, a las funciones reproductoras, abarca todas las energías instintivas que se disponen a la conservación de la existencia. Todo está al servicio de la libido sexual.
El sexo evoluciona desde el autoerotismo hasta la relación heterosexual. La succión del
pecho materno produce, según Segismundo Freud, placer erótico, goce concupiscente y
no meramente nutritivo-gustativo. (El Dr. Gaupp afirma - y con razón- que este
placer se debe a la sensación puramente gustativa que tiene el niño en la mucosa bucal al contacto del hilo cálido de la leche materna). De acuerdo con el llamado complejo o conflicto de Edipo, todo niño es incestuoso y parricida en potencia. Todas es•
tas afirmaciones pansexualistas van más allá de la clínica, trascienden el orden de la
comprobación experimental y son fruto de una imaginación hipertrofiada. En sus últimos escritos, Freud nos habla del instinto de muerte que genera la civilización y en
el cual se enraíza la censura.
· Cabe señalar, entre los aciertos de Freud, la estimación que se concede a los factores inconscientes de la evolución psicológica, el apuntamiento de factores meramente
psíquicos -conflictos humanos de orden emocional- en la sintomatología neurótica,
el señalar el efecto liberador (curativo) de la revelación interior hecha por el enfermo a su médico, el destacar la preeminencia de la psicoterapia en el tratamiento de
los padecimientos neuropáticos. Y no deja de tener importancia el llamar la atención
acerca del papel de los instintos y de la causa material en la existencia humana. Desgraciadamente esta causa material - filosóficamente hablando-- se convirtió de factor en
factotum. López Ibor en España y Caruso y Frankl en Austria -para no citar sino tres

616

nombres
ilustres de Ja psiquiatr'1a contemporanea,
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pretende
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,
ª antropoIog¡a
filosófica no
tes en la psicoterapia.
p un ª Srmpatia eSle esfuerzo por ampliar horizon-

617

�LA METAFISICA DE LA MUERTE DE AGUSTIN BASAVE
Lrc. MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ
Licenciado en Filosofía por la
Universidad de Montreal.

Ponencia presentada ante el Congreso
de Letras y Filosofía en Latinoamérica celebrado en la Universidad de
Houston, Texas, durante el presente
mes de abril.

(Resumen)
EL ALMA LATINOAMERICANA, como la española, es una tercera alma, entre la teórica
del europeo y la práctica del americano. Es esencialmente contemplativa, y por eso,
en vez de crear ciencia y filosofía teóricas o tecnologías prácticas, prefiere expresarse en arte y literatura. No explica ni maneja cosas, las admira. Así, los poetas y
escritores, con los artistas visuales, son los que tienen la misión de descubrirnos el
propio ser. Recorramos la literatura: Al fin del heroico siglo XVI, el Quijote nos
muestra la nobleza del alma española. Al terminar el moderno siglo XIX, Galdós recoge los trozos dispersos de esa misma alma para damos la imagen de una realidad
nacional que los del 98 tratarán de estructurar en forma de concepto. En Hispanoamérica, al término de la colonia, Andrés Bello advierte la supervivencia y unión de
la cultura hispana no quebrantada por la independencia política de las colonias. El
es el primer hispanoamericano. Tras el 98, Darío y Rodó hablan al vencedor en su
propio lenguaje: La Biblia en inglés, y Ariel escarba el alma nuestra hasta su raíz
latina. Rodó es el primer latinoamericano.
La moderna filosofía latinoamericana nació de las letras y no de la crítica interna
de la escolástica. La reacción literaria contra el positivismo cientificista del XIX fue
dando vida a un cada vez más denso pensamiento en nuestro siglo. La propia circunstancia latinoamericana fue hace 25 años un punto de partida para crear una filosofía original, pero en nuestro momento se le ha dejado atrás. Ya no se reclama como original que el pensamiento sea originario de un lugar, sino que su originalidad
se la busca ahora en lo auténtico de una reflexión en que el pensador entregue todo
su ser a lo pensado, y nada más.

619

�Tal es el caso del filósofo mexicano Agustín Basave Fernández del Valle en su más
reciente obra: Metafísica de la muerte (Madrid: librería editorial Augustinus, 1965).
Nacido en Guadalajara México, en 1923, se educó en la ciudad de Monterrey, donde es ahora director d; la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de ~uevo León. Ha publicado más de 12 libros de filosofía; escribe cop~osamente en ~~~
y periódicos; pertenece a la raza hispana de pensadores que prefieren la expresion literaria a la expresión cient'úica. Como buen latinoamericano, no es un consu:u~tor
teórico ni un tecnicista de la filosofía, pero, como buen contemporáneo, lo ongmal
de su pensamiento no está ya en la identificación con su circunstancia nacional sino
que es original por la autenticidad existencial de sus ideas.
.
.
Presento aquí el libro de Basave como una magnífica obra literaria de conte~do ~1losófico y de inspiración religiosa. Con alto sentido religioso, y en forma literana,
Basave desarrolla una auténtica filosofía primera, metafísica,. de _esa realidad ~«:5tructora que es la muerte. y es auténtica metafísica _p~rque la 1rie~~ble desn;u_ccion del
ser natural, físico, queda trascendida en una cristiana concepc1on meta-f1s_1ca de la
existencia en que la muerte rompe, desde adentro, los lazos de la temporalidad para
que el espíritu pueda vivir la vida eterna, única que podrá colmarlo._ En el _desarrollo
de este sereno y firme pensarniento religioso, en que no aparece '.nfluenc1a ~e los
místicos ( no Jos cita en ningún Jugar de su obra)_, nues~r? autor _s1gue m,ás bien
orientación de teólogos, ascetas y directores de la vida espmtual. ~aJo la gwa de Sa •
to Tomás de Aquino, San Agustín, San Alfonso María de Ligo~o Y otros,, se acompaña en el mismo carnino con filósofos y pensadores como ~erdiaeff, Garc1a. Mor~n:
te, Marce!, Sciacca ( cuya influencia reconoce), y. muchos m3:5. En su r~con:1~º fil~
·
sóhco
cruza con agiliºdad van·as lineas de pensamiento que vienen en d1recc1on obhcua O perpendicular, como en el caso de Scheller, Ortega, Una~mno; pero cuando
1 d Octrinas se dirigen por el mismo camino en dirección contraria, las enfrenta con
as
·
1o. Al pnmero
·
1O trata
decisión.
Así es con Heidegger o Camús, por e¡emp
.
,"un. poco
libremente" pero al segundo lo acomete en su propio campo y con sus propios terr_runos le
d truye la' intromisión del "absurdo" en la existencia. Sostiene, a su vez, la 1de_a de
1:smuerte como situación límite de un ser-para-la salvación, idea .capital. d_e. ~u filosofía que él mismo define como "propedéutica de salvación". Esta dehmc1on. _es la
"tesis" de toda su obra; pero en la que comentamos ahora '. la . idea de salvac1on no
sólo es una "tesis" por demostrarse, sino que aquí llega a msp1:~ des?e. adentro su
·
· e la funcionalidad de un principio metafJS1co-religioso
que da
pensarmento
y ad qU1er
.
1
unidad y cuerpo a su filosofía. Nuestro pensador incorpora y hace _girar en torno ª. a
muerte como eje central de Ja existencia, todos los valores y realidades de esta vida
nuestra que tenninará. Igualmente exarnina los posibles modos del pe1:15:1r humano
en torno a la idea central de Ja muerte. Aparte de las filosofías que cntica, destac~
dos modos en particular: la visión pagana y la visión moderna de la no~ela. Te~· ·, de los fundamentos en que se sostiene la idea de la =ortalidad
na con 1a expos1cion

!ª

del alma.
I' .
1I
S estilo es ágil y nervioso. Sentencias breves, precisas, claras. El eXJCO usua o
u·
I nuevo lo forma con desembarazo de señor acadérnico, pues lo es de la
mane¡a Y e
- 1 E
t e len
A d mia Mexicana de Ja Lengua correspondiente a la Espano a. xpues o n
·
gu':jee cordial, su libro resulta la obra más plena de vida que sobre la muerte se haya
escrito.

620

NETIIE LEE BENSON, ed., México and
the Spanish Cortes, 1810-1822: Eight Essays. Latín American Monographs, No.
5, Institute of Latin American Studies
The University of Texas Press, The Univ~
ersity of Texas, 1966.
UNA DE LAS ÉPOCAS de la historia mexicana mal estudiadas e interpretadas ha sido la de 1810-1822. Se ha dedicado mucha atención a la labor de los insurgentes,
al Congreso de Anáhuac y a la efímera
Constituc:ión de Apatzingán y muy poca
atención al papel de los diputados mexicanos en las Cortes Españoles que se
reunieron durante el mismo período.
Este libro, de 243 páginas y que consiste en introducción y conclusión por la
Dra. Nettie Lee Benson, Bibliotecaria de
la Colección Latinoamericana de la Universidad de Texas y destacada historiadora de México, en ocho ensayos por
estudiantes post graduados de la rnisma
institución y una amplia bibliografía, desrniente lo que ha sido escrito anteriormente por muchos lústoriadores tanto
mexicanos como norteamericanos sobre
los años críticos inmediatamente anteriores a la fundación de la Nación Mexicana.
Específicamente, los ocho ensayos titulados The Election o/ the Mexican Deputies to the Spanish Cortes, 1810-1822,
por Charles R. Berry; Mexican Constitutional Expression in the Cortes of Cadiz,
por David T. Garza; Mexican Municipal
Electoral Reform, 1810-1822, por Roger
L. Cunniff; Freedom of the Press in New
Spain, 1810-1820, por Clarice Nea!; Effect o/ the Cortes, 1810-1822, on Church
Reform in Spain and Mexico, por James
M. Breedlove; The Army of New Spain
and the Mexican Delegation to the Spanish Cortes, por Neill Macaulay; The Role
of the Mexican Deputies in the Proposal
and Enactment of J1easures of Economic
Reform Applicable to Mexico, por John
H. Hann; and Reform as a Means to

Quell Reuolution, por W. Woodrow Anderson demuestran la influencia de los
setenta diputados mexicanos que participaron en los debates de las Cortes que
redactaron la Constitución de 1812 y
reflejan el ambiente de la época en la
cual trabajaron. Más que esto, este libro
indica sin lugar a duda que estos diputados contribuyeron grand~mente al principio de las reformas liberales en un
territorio español de ultramar que en breve dejaría de ser Nueva España y empezaría su vida nacional como la República de México. Fueron ellos quienes por
sus propios esfuerzos establecieron a grandes rasgos las bases ÍUJ).damentales del
derecho constitucional mexicano y el sistema bajo el cual iba a comenzar su operación.

E.

v.

NIEMEYER ]R.

]EAN VIET, Les Méthodes structuralistes
dans les sciences sociales. Editions Mouton
Co. Paris La Haye 1965. (La Edición
1965).
CONJUNTAMENTE CON su introducción
en las diversas ciencias, los ensayos críticos sobre los métodos estructuralistas y
su alcance, se han multiplicado.'
La obra de Jean Viet constituye el
más valioso intento hasta la fecha de sintetizar en una misma unidad, las primeras conclusiones de varios analistas sobre
la introducción de los métodos estructuralistas en la rama de las ciencias sociales.
Su principal mérito reside probablemente en haber subrayado en la intro' Ver igualmente: E. LEVY, Methodologie economique et analyse structurale.
LEvr STRAuss, en sus diversas obras, y G.
G. ÜRANGER en Cahiers de l'Isea; JAKOBsON R. Essais de Linguistique générale, etc...

621

�•
ducción, desde un punto de vista genético,
la filiación de las diferentes tendencias y
corrientes. Los métodos ya no están contemplados como un conjunto auto-comprensible, sino más bien explicados, con
base en sus orígenes más remotos: en la
Fenomenología, la Gestaltheorie (Teoría
de la forma) y el Marxismo.
Esta introducción, meramente histórica, lleva al autor a distinguir tres corrientes básicas del método: estructuralismo fenomenológico, de los modelos, Y
dialéctico genético.
Con base en estas categorías establecidas a priori, el análisis comparativo
posterior se empeña en distinguir las influencias, a veces conjugadas e interdisciplinarias y, por lo general unilaterales,
de estas corrientes en las diversas ciencias humanas: psicología, etnología, sociología, economía. El análisis se ve aquí
bastante desigual y se limita a veces a
un número reducido de autores. (Notamos, por ejemplo, que el estructuralismo
en Economía se limita para Jean Viet,
prácticamente al libro de André Marcha!).
Por fin lo más interesante de la obra
descansa ~n el último capitulo, el cual
constituye un intento de resolver las oposiciones entre las diferentes corrientes. El
resultado es espectacular por lo que · se
refiere a la relación entre estructuralismo
de los modelos y estructuralismo fenomenológico, mucho menos por las otras dos
tendencias.
Satisfactoria a medias, la conclusión,
hubiera difícilmente podido ser diferente,
ya que presupone un análisis profundo
de la significación de la idea de estructura que Jean Viet no pretendió realizar Y
sobre todo, porque parece imposible lograr una visión comprensiva de los métodos estructuralistas, aplicando a su vez,
en la crítica, un método típicamente hipotético, deductivo y apriorístico.
Tal método hubiera sido valioso sola-

622

mente en la medida en que se hubieran
podid'o resolver los principales problemas
que afectan todavía a la idea de estructura y a los métodos que se derivan de
ella.
JEAN-PmRRE VmLLE

Varios autores: Problemas del estructuralismo, presentación de Jean Pouillon;
Trad. al español de J. Campos., G. Esteva, y A. de Ezcuderia; Primera edición
en español. Edit. Siglo XXI. Editores, S.
A.; México 1967.
EL EsTRUCTURALISMO, se afirmó desde
su aparición como una reacción en contra de los métodos de pensamiento analítico, departamentalista e hipotético-deductivo. Al contrario de éstos, hizo énfasis
en la necesidad primera de la percepción
y observación de conjuntos globales, y en
las relaciones estrechas susceptibles de establecerse en el objeto, entre el contenido
y la forma del mismo. Las relaciones y
afinidades entre la Gestalttheorie ( en psicología), la Fenomenologia y el Estructuralismo han sido subrayadas en varias ocasiones.
Los problemas inherentes a la introducción del método estructuralista en las
ciencias humanas, así como en las ciencias físico-matemáticas aparecieron muy
rápidamente como obstáculos decisivos
aunque no imposibles de superarse. Podríamos resumirlos a tres fundamentales.
El primero se refiere a la significación
misma de la idea de estructura, traduciéndose en una pluralidad de acepciones en
las diferentes ciencias y, a veces, dentro
de una misma. Aparece, en segundo lugar, la necesidad de precisar mejor el nivel o grado de realismo de la estructura:
modo de ser de la realidad en sí, o del
objeto de conocimiento, o al contrario:
forma impuesta por el observador analista a una realidad de por sí heterogé-

nea e informe; este problema se manifestó ante todo en la oposición expresada
claramente por Gurvitch ( estructura de
lo real) y Levi Strauss (estructura de los
modelos) . Por fin, el problema de las dimensiones espacio-temporales de la estructura, o mejor dicho, el problema de las
relaciones entre estructura, funcionamiento y evolución, sincronía y diacronía.
"Problemas del estructuralismo" aparece ante todo como un intento más de
resolver las oposiciones sobre estos problemas.
La Introducción de Jean Pouillon y el
ensayo de 'Marc Barbut se refieren a la
noción de estructura y a su conceptualización o expresión matemática. El significado propuesto, así como las relaciones
con las nociones de "sistema" y de "funcionamiento" parecen definitivamente establecidas.
Menos bien resuelto es el problema del
grado de realismo de la estructura como
'
aparece en la discusión de Jean Pouillon
sobre estructura y modelos. (pp. 14 y siguientes).
Los ensayos de Maurice Godelier y de

J. Greimas constituyen un esfuerzo más
para ligar mejor la estructura a la dimensión histórica de los sistemas, así como para aclarar mejor la oposición entre sincronía y diacronía. (pp. 61 y 124).
El resto de la obra está constituido por
dos ensayos: intentos de aplicación del
método al análisis literario ( Macherey)
Y a la sociología del conocimiento (Bourdieu), los cuales no aportan mucho a la
crítica del método.
La obra interesa más por la manera
típicamente estructuralista de plantear
los problemas, que por las soluciones propuestas sobre las cuales siguen existiendo
serias dudas.
JEAN·PrERRE VIELLE

Varios autores. Coloquios de Royaumont.
El Concepto de Información en la ciencia contemporánea. Introducción de Marcial Guéroult. Trad. al español de Florentino M. Torner. Primera Ed. en español. Siglo XXI Editores S. A. México
1966.

LA CIBERNÉTICA HA perdido su carácter
superficial y particular de ciencia de las
máquinas computadoras, invadiendo poco a poco muchos campos del saber en
los cuales su utilidad podía parecer inicialmente reducida. Responde en eso al
deseo de universalidad expresado por sus
fundadores e igualmente a la significación inicial y profunda de su denominación: "cibernética, disciplina encargada
del gobierno de la acción" en los múltiples sistemas posibles de la realidad: organizaciones humanas, hombres, animales,
máquinas etc. . . La cibernética aparece,
pues, en la actualidad, ya no como una
disciplina más del saber científico, sino
más bien como una "técnica de técnicas"
o "metatécnica", íntimamente ligada a
la filosofía de las ciencias, a veces denominada "metaciencia".
La función de "información" en los
procesos de acción ha sido siempre el
meollo de las preocupaciones y de las especulaciones cibernéticas. Su importancia
es evidente, tanto en la actividad científica que lleva a la construcción de modelos comprensivos y explicativos, como
en las técnicas que elaboran modelos de
acción sobre la realidad y a partir de
ella.
La penetración del concepto de "información" en casi todas las disciplinas, se
vio acompañada de fenómenos de "entropía" (para utilizar un término de la misma teoría) o de pérdida del contenido
significativo. La multiplicación de las
acepciones posibles, hace necesario el regresar al "buen sentido" de la palabra,
lo cual se confunde a veces con el "sen-

623

�tido común". La noción necesita pues ser
precisada en su sentido más general e
intersubjetivamente comparable.
Tal parece ser el primer objetivo de
los "Coloquios de Royaumont" sobre la
noción de "Información", reuniendo a
filósofos, científicos, técnicos, así como a
los más prestigiados representantes de la
cibernética: Couffignal, Bellert y N. Wiener, considerado como el fundador de la
disciplina.
El "diálogo de sordos", sin haberse visto acentuado en el Congreso, parece por
lo menos mantenerse firme, si juzgamos
por la imposibilidad de llegar a u~ significado básico y común del concepto de
Información.
Este fenómeno de incomunicación se
puede sin duda atribuir a la gran diversidad de opiniones filosóficas expresadas
y a la falta de consenso general sobre ciertas opciones básicas, ligadas a la naturaleza del objeto de conocimiento, de los
modelos, de su "grado de realismo" (Ponencias de Jiri Zeman, Ladislas Tondl, Y
G. G. Granger) 0 también, a la falta de
definiciones claras de conceptos más fundamentales que el de "información", 0
sea: Sistema, Estructura y Funcionamie~to (Ponencias de Couffignal Y de _s~las Bellert), y en particular las d1scus10nes que provocaron.
Los mismos problemas de incomunicación se produjeron en el pasado Congreso del "Centre Intemational de Synthese"
sobre "La notion de Structure et Structure de la Connaissance" 1 llevando a resultados similares ( falta de acuerdo general )
y a la misma declaración de impotencia.
Cabe, empero, subrayar la gran imp~rtancia de este tipo de encuentros, vahosos preludios a la elaboración de una nue1 Centre
Intemational de Synthese.
XVe Semaine de Synthese. Notion ~e

Strocture et Strocture de la Connaissance. Edit. Albín Michel, París 1957.

624

va sistemática del conocimiento y de la
acción, cuya base descansa probablemente en los métodos estructuralistas.
JEAN-fuRRE

VIELLE

Apuntes sobre el libro de CLAUDE LEviSTRAuss: Le Cm et le Cuit. Mythologiques l. París, Pion 1964.•
HASTA LA FECHA, LA etnolog1a era una
ciencia, cuyos métodos y resultados !ºs
• entendía el hombre culto sin ser espeoalista en la materia. Pero el "estructuralismo", que transformó hasta la lingüística en una especie de ciencia oculta, de
difícil comprensión para los "no iniciados", por sus modernas ponencias Y su
terminología complicadísima, parece ya
querer posesionarse de esta disciplina. Por
un lado es de lamentarse ésto, porque el
lector interesado ya no podrá, sin bastante labor, enterarse de los últimos descubrimientos y digerirlos mentalmente como
antes ( conocemos, en la arqueología, un
caso paralelo que produce, por las mism~
causas, especulaciones superficiales del t:1po periodístico) ; por el otro lado no vemos ningún camino fuera del de la extrema especialización, de cuya senda no
se escapará ninguna rama de las ciencias
por varias décadas venideras.
Cuando empecé, hace poco, a leer la
obra de Claude Lévi-Strauss Le Cru et
le Cuit. Mythologiques I, anticipé una
lectura sin complicaciones, a raíz de algunas palabras del prólogo en que el autor
ruega no tomar demasiado en serio sus
"symboles d'allure logico-mathématiques"
(p. 39 ), de cuyos "símbolos" se encuentran en el libro, una cantidad enorme.
Sin embargo, se me dificultó la_ lectura,
precisamente por tales formulaoones.
Cuando oí hablar, hace apenas 10 años,
a Leroi-Gourhan, Stresser-Péan, Soustelle
y Bastide, en ocasión de sus conferencias
y seminarios en París, a L évi-Strauss se

le consideraba como a un solitario poco
notable. Sabía yo que era Vice-Presidente de la "Societé des Américanistes", de
cuya sociedad me honro en ser miembro
desde hace tiempo; desde 1958, sin embargo, y con su obra Anthropologie Structurale, conquistó interés y admiración.
Pero como cuesta un esfuerzo extraordinario seguir la senda de sus ideas, no tuvo, de inmediato, éxito con un público
menos especializado. Hoy se puede decir
--casi exagerar- que está por suceder a
Sartre en el "trono de los papas sin
corona" de la intelectualidad francesa. ·
Claude Lévi-Strauss nació en Bruselas,
en el año de 1908; estudió primero fil0sofía, dedicándose a la etnología mucho
más tarde. De 1935 en adelante pasó algún tiempo en el Brasil tomando parte
en varias expediciones al 'Matto Grosso y
a las selvas del río Amazonas, para estudiar los mitos, costumbres y modos de
pensar de las tribus indígenas de aquellos
lugares.
Las regiones silvestres del noreste del
Brasil con su sinnúmero de tribus, enemigas entre sí y dedicadas al canibalismo
( cuya práctica ya está desapareciendo últimamente) siempre han sido puntos principales de atracción para los franceses,
desde el siglo XVII. Y fueron los franceses, quienes buscaron contacto íntimo
con los indígenas de los E.U.A. y del Canadá, mandándoles misioneros, fraternizando y hasta ligándose con ellos por la
sangre, también fueron los franceses los
que pelearon, en unión de los mismos
indios, contra los portugueses, y que supieron distinguirse como emisarios de la
iglesia. De esta manera, Lévi-Strauss continúa, con sus investigaciones, una tradición ininterrumpida de varios siglos.
Son los mitos de las tribus Bororo, Ge
y de los afamados Tupi Guaraní los que
investiga en Le Cru et le Cuit y analiza
a través de experimentos -que, según él,
"lleva a su laboratorio". Su manera de

escribir presenta, para el lector habi tu1l
de los resultados de la investigación etnológica, dos dificultades más, aparte
de la que ya se mencionó, y eso a pesar
de su modo ingenioso y, hasta a veces,
gracioso de escribir: evita toda clase de
exposiciones filosóficas directas y construye su obra al estilo matemático-musical,
casi como una canasta de Bach --cosa
que a mí, en un principio, me molestó
bastante. Veamos, por ejemplo, su "Table de Matieres" (Indice de Materias):
Empezando con la "Ouverture", el libro
se divide en cinco partes principales, que
a su vez se componen de sinfonías, sonatas, fugas, cantatas, con "récitatifs", "variations", "rondeaux", "interludes", etc.
Toda la terminología se deriva, en fin, de
la ciencia de la música (la dedicatoria
de la obra: A la música es, de por sí,
significante) .
La primera leyenda de los Bororo que
relata, es, en términos generales, la siguiente (p. 43-45) : Las mujeres de un
pueblo van a la selva para juntar hojas de
palma. Un muchacho las sigue secretamente, sorprende a su madre y la deshonra. Esto lo llega a saber el padre del
muchacho, quien intenta eliminarlo mandándolo al "Campo de las Almas", donde le encarga robar fetiches en el curso
de tres aventuras de ladrón. El padre ordena esto esperando que las almas matarán al hijo. Pero éste logra cumplir su
encargo gracias a la ayuda de una abuela
astuta. Luego, el padre lleva a su hijo a
unas rocas muy altas, donde tienen sus
nidos las aras, con el fin de que les robe
la cría. Obliga al muchacho a subir y
después quiebra la escalera. Más tarde, y
habiendo pasado, nuevamente, por muchas aventuras, el hijo vuelve a su pueblo. Allí se venga cruelmente, matando
al padre y sus varias mujeres, entre ellas
a la propia madre que había deshonrado.
Después de haber analizado, en un
"récitatif', este mito, que no es sino una

625
H

•

�•

variación del antiguo mito de Edipo, Lévi-Strauss continúa con otros mitos de la
misma tribu, sobre el origen del agua (pp.
56-58), sobre el mundo post-diluvial (p.
59) y sobre la raíz de las enfermedades
(pp. 67-68). Siguen, en el segundo capítulo, seis mitos de los Ge sobre cómo
nació el fuego ( hasta la p. 81 ) . Los
análisis que agrega el autor, son más largos. El lector, que prosigue con cierta cautela, descubre algunas relaciones transversales; estructuras básicas análogas se presen tan como fórmulas matemáticas; desaparecen los detalles superficiales.
En el caso del presente libro, no consideramos que sea nuestra tarea recapítular su contenido. Lo que únicamente interesa, son los métodos y resultados; el
mismo autor dice que lo mismo da empezar con una disección de mitos de los
indios sudamericanos que comenzar una
serie de análisis sobre la anatomía de mitos de otros pueblos. Lévi-Strauss compara su modo de proceder con el que se
usa en la física moderna. Como ésta analiza las relaciones, entre sí, de los elementos físicos, él "aísla" o separa ciertos hechos sociales e intenta presentarlos como
modelos del comportamiento humano; no
siempre, por ende, considera los conceptos
mismos, sino sus relaciones recíprocas.
Este modo de razonar ha despertado· la
ira de Sartre y sus secuaces, porque resulta, si existen -romo Lévi-Strauss lo quiere demostrar- estatutos para el pensamiento y la conducta, independientes de
la voluntad humana, resulta entonces, una
visión mecánica del mundo. La libertad
patética de Sartre se sustituye, en este caso, por ingenio sobrio, que acepta los hechos científicos como fundamentales.
Como resultado, Lévi-Strauss encuentra estructuras estables, moderadamente
transformadas a través de los tiempos y
de pueblo a pueblo; encuentra leyes que
también observa, con toda claridad, en
la sociedad moderna. En Jo personal, yo

626

sigo esta senda con todo interés desde
hace años. Los expertos en asuntos del
comportamiento humano, los psicólogos,
sociólogos, juristas y en últimas fechas
hasta los filósofos ( me refiero, p.e., a la
Dialéctica Negativa de Theodor Adorno;
Francfort, Suhrkamp, 1957) han presentado sus dudas -algo flacas, por lo pronto- en cuanto a la forma tradicional del
pensar, cuya forma presupone "a priori"
la libertad de la voluntad humana. La
consecuencia, quizá, será una especie de
Neo-Agustinismo en la filosofía; el inmenso pensador Aurelius Augustinus puso
en duda, ya hace más de 1,500 años, el
"liber arbitrium" del hombre.
Sea esto como quiera, Lévi-Strauss despierta actu:;ilmente mucho más interés con
sus tesis -sobriamente presentadas-- que
nunca lo había logrado antes la etnología. No pasa, desde hace doce meses, casi
1únguna semana sin que la prensa - la
europea, por lo menos-- hable de los "estructuralistas". Refiriéndonos, p.e., a la
revista parisiense Are a un "faillite du
sartrisrae", pregunta con su mirada cínica dirigida a Sartre: "¿ Qué se hace,
cuando uno rehus:i dejarse enterrar?" El
Times L iterary Supplement, de Londres,
previó, hace un año, la sustitución del
existencialismo por el estructuralismo. Y
"Der Spiegel", de Hamburgo, ante todos, compara a Lévi-Strauss con un regicida que se acerca al trono bamboleante del "directeur de conscience" : Sartre.
Sigamos en alerta:
De todos modos seguirá la lucha entre
los defensores ''barbudos" de la libertad
como esencia de la voluntad humana, y
los estructuralistas más secos y realistas
de nuestros tiempos, porque Lévi-Strauss
acaba de publicar una nueva obra voluminosa Du .Miel aux Cendres. Mythologiques ll ( París, Pion 196 7) . Este libro seguramente atizará las llamas de la controversia , juzgando por la reacción de la
p rensa. Pierre Achard, quien intentó me-

diar entre ambas partes a través de un.a
discusión de la nueva obra en la revista
francesa A.tomes, probablemente no logrará su fin. Los innovadores suelen ser en
el principio, muy agresivos.
'
D1ETRICH HAucK

FRAY JuAN AGUSTÍN DE MORFI, Diario
'Y Derrotero 1777-1781, Publicaciones del
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Serie: Historia,
Monterrey, 1967.
EL DÍA 4 DE AGOSTO de 1777 salía de la
Ciudad de 'México una expedición que
durante cuatro años, había de recorrer
gran parte del norte de México. Esta expedición estaba encabezada por don Teodoro de Croix, nombrado por el monarca
español Carlos III, gcbemador y comandante general de las Provincias Internas
de la Nueva España, convirtiendo a esta
inmensa área en una unidad gubernamental virtualmente independiente del Virreinato de la Nueva España. Acompañando
al caballero de Croix, iba el franciscano
Fray Juan Agustín de Morfi, el cual redactó un diario del viaje.
Con anterioridad se había publicado
una versión de este diario que comprende
menos de la mitad del recorrido, pues termina a la llegada de los viajeros. . . "a
la cuesta de Berroterán en los límites de
la provincia de Coahuil~ con el Reino de
Nueva Vizcaya, el 24 de febrero de 1778".
El Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Monte1Tey, ha publicado
ahora el diario completo del viaje del
Padre Morfi. Es sin embargo, éste, una
versión distinta a la publicada anteriormente, pues el diario de las primeras ediciones está cuidadosamente preparado y
redactado elegantemente, ya que iba destinado a ir a la Corte, mientras que la
publicación actual es el diario de bolsillo

del Padre Morfi y comprende el viaje
completo, desde la salida de la ciudad de
México el 4 de agosto de 1777 hasta el
regreso a la misma población el 1o. de
jurúo de 1881.
El manuscrito original de este diario se
encuentra en la biblioteca de la Universidad de Texas y la publicación que ahora
h.!ce el Instituto Tecnológico de Monterrey se debe al empeño del Dr. Malcolm
D. McLean, quien ha escrito una pequeña historia del manuscrito que se incluye
en la nueva edición.
La preparación del documento para su
public3.ción es obra del profesor Eugenio
del Hoyo, quien además de la labor de
paleografía, redactó el prólogo y preparó
todas las notas, índices y una serie de
excelentes mapas de la ruta seguida por
el Padre Morfi.
El recorrido de la expedición de la cual
Morfi formaba parte, es realmente formidable: México, Querétaro, Zacatecas, Durango, Mapimí, Parras, Saltillo, Moncl0va, San Antonio de Béjar (San Antonio
Texas) a donde llegó el lo. de enero d;
1778. De San Antonio regresó a Santa
Rosa (Múzquiz, Coah.), siguiendo hacia
el norceste, pasando por la zona en donde colindan Chihuahua, Coahuila y Texas
y desde allí hasta la ciudad de Chihuahua a donde llegó el 12 de marzo de
1778. En esta ciudad estuvo Morfi hasta
el 30 de septiembre de 1779, en que salió rumbo al noroeste recorriendo la zona
en que los estados de Chihuahua y Sonora hacen actualmente frontera con los
Estados Unidos. Desde allí siguieron los
expedicionarios rumbo al suroeste hasta
Arizpe, Sonora, que había sido designada
cabecera de la nueva gobernación y a
donde llegaron el 13 de noviembre de
1779. De esta última población no sale
Morfi hasta el 6 de febrero de 1881 y
siguiendo la costa del Pacífico pasa por
Alamos, Culiacán y Tepic, de donde con-

627

�tinúa rumbo a Guadalajara, Lagos, León,
Guanajuato, Querétaro y México.
El diario está lleno de interesantes, aunque breves, observaciones de los lugares
por donde va pasando. Sin embargo las
informaciones que con más frecuencia
aparecen son sobre depredaciones de indios bárbaros, que en aquellos años era
el principal problema que afrontaban las
provfocias del norte de la Nueva España.
El diario, que ahora se publica, no es de
fácil lectirra, pues consta de una serie de
notas escuetas, que Je habrían de servir
luego a Morfi para elaborar un informe
mejor redactado. Se caracteriza por una
profusión de nombres de personas y lugares: . . ."Dije misa por N. Me fui a
bañar a casa de Iribarren, que con Borica, Campo, Tesorero, Urquidi, Mariñalarena y otros, salió a recibir a Mendienueta que entró a la oración y entre el
Sauce y Sacramento le salieron como veinte apaches. Fui a confesar a Loyola. Vino el Padre Martínez y Benavides hiiblé
largo con ellos. Recibí el correo con noticia del Capitulo. Saludé a Mendienueta.
Disputa con Campo por los indios". Esta entrada correspondiente al 29 de mayo de 1778 es típica de lo que encontrará el lector en casi todo el diario..
Por lo tanto, no es el diario de Morfi,
una obra que resulte atractiva para el lector general, pero para el especialista o
investigador, constituye una de las obras
indispensables para enterarse de la situación que guardaba el norte de la Nueva
España en las postrimerías del régimen
colonial. La labor de éste ha sido facilitada grandemente, debido a la extraordinaria tarea que se echó a cuestas el profesor del Hoyo al identificar a casi todos
los personajes y Jugares mencionados en
el diario.
lsIDRO

628

VrzCAYA CANALES

IBARGÜENGOITIA, JoRGE. La Ley de Herodes. Serie El Volador, primera edición,
Ed. Joaquín Mortiz, S. A., México 1967.
154 páginas, altura 18 eros.
REcIENTEMENTE APARECIÓ en las librerías
el último libro de Jorge Ibargüengoitia
La Ley de Herodes, autor que hace muy
poco nos diera su novela Los Relámpagos
de Agosto, obra satírica muy bien lograda. Es muy probable que el éxito que
Ibargüengoitia obtuvo con esta obra, lo
haya llevado ahora a publicar esta serie
de cuentos que reflejan pequeños matices
humorísticos pero que, desgraciadamente,
son de muy escaso valor literario.
Es notoria en nuestro medio intelectual la ausencia de un escritor humorista.
Quizá el que más se acerque a esta denominación y logre algunos destellos en
esta linea, sea lbargüengoitia. Hablar del
humorismo en nuestros escritores, es algo
así como predicar en el desierto debido a
que no tenemos uno solo al que se le pueda aplicar, "en la honrada acepción de
la palabra", el término de humorista.
Es realmente una lástima que esta inclinación humorística de Jorge lbargüengoi tia, entrevista en estos sus cuentos y
por demás advertible en casi toda su obra,
se derrumbe porque -al igual que ocurre
en casi la mayoría de nuestros "valores''
de la creación literaria-, cae con demasiada facilidad en la vulgaridad, en los
detalles de mal gusto. Y no es que pretendamos catalogamos de puritanos, no. Sólo pedimos una cosa: calidad literaria, o
sea el valor estético en lo literario.
Una obra de arte (y la literatura cae
por su propio peso dentro de esta clas1ficación), por el simple hecho de serlo, puede tratar los puntos más extremos de la
vulgaridad sin que por esto pierda su valor. Nada más que para 'ello es preciso un
requisito: darles el justo y preciso valor
estético que les es indispensable. En La
Familia de Pascual Duarte, el novelista

español Camilo José Cela nos da la descripción de una violación en la que concurren todos los agravantes de vulgaridad
posibles. Pero Cela, manejando con singular maestría el tema y el idioma la
impregna de valor estético, de un gran' valor poético, factores con los que logra
una auténtica obra literaria. Otro caso
éste cinematográfico, es el de las escen~
"de la cama" en la película Un Hombre Y Una Mujer. En ninguno de los dos
casos se cae dentro de la vulgaridad porque todo es justo, n1da sobra, tiene un
por qué: un por qué que fácilmente podremos entender si de verdad sabemos
apreciar el valor estético.
La Ley de Herodes es un libro de
cuentos, trece, del segundo de los cuales
toma el título. De estos cuentos se puede
decir mucho. Y, a la vez, poco. Mucho,
en cuanto a su flojedad literaria. Y poco,
porque desgraciadamente son pocos los
detalles interesantes que advertimos.
La técnica usada por el autor, no es
nada nuevo. La narración no es aburrida
pero, ¡ cómo decaen los finales de todos y
cada uno de los cuentos! Por ejemplo, en
el primero de ellos, titulado El Episodio
Cinematográfico ( tres jóvenes pretenden
hacer un argumento para el cine): las
veinte primeras línea:fl&gt;son una especie de
introducción a la materia narrativa, preparación que perfectamente puede mutilarse sin afectar en lo más mínimo ni al
tema ni a la estructura primaria del
cuento. Lo mismo puede hacerse con las
diez últimas líneas. Y con esta supresión,
el cuento resulta más compacto, el final
se levanta al suprimir todo lo innecesario,
que lo único que hace es restar valor.
El segundo cuento, La Ley de H erodes, ( dos jóvenes de nivel universitario,
llenos de pavor ante los exámenes médicos
indispensables para obtener una beca en
los Estados U nidos de Norteamérica... ) ,
es el úniao cuyo final casi se sostiene. Casi también está logrado en su conjunto. Y

toda una promesa de humorismo se advierte en los muy personales y regocijantes puntos de vista del autor respecto a
la religión y a la clase burguesa norteamericana.
El sexto, Cuento del Canario, las Pinzas Y los Tres Muertos, es sin duda el
más interesante de todo el libro. El tema
ya había sido usado por Ibargüengoitia
en aquellas pláticas que, a través de Radio Universidad, pronunció en la ciudad
de México aproximadamente en el año de
1965. Está formado por tres partes: la
primera, en la que narra el increíble robo de un canario. . . con todo y jaula; la
segunda, la historieta de un pordiosero
agradecido; y la tercera, en la que tres
pebres muertos juegan a vivirse engañando a los "vivos". La narración está manejada con gran habilidad. El ambiente y
los personajes, reales. Creemos que éste
sea el cuento más interesante del libro,
en el que mejor estén manejados los recursos literarios.
Aunque tmnbién aquí se advierte la falta de pulimento en los finales.

!f

En cuanto a
hat Became of Pampa
Hash, La Mujer que No, La Vela Perpe.
tua y ¿Quién se lleva a Blanca?, cuentos
que giran casi alrededor de un único ambiente, agota el autor en ellos los detalles
vulgares que no son necesarios para hacernos comprender que su intención fue la de
la originalidad ... no conseguida. No es
éste el camino de la auténtica creación.
Hay que crear, si. Pero para provecho
de todos, no únicamente del vulgo.
Es advertible, en general, en este libro
de Jorge Ibargüengoitia, el "yoísmo" del
autor: está, quiere estar presente en todos los cuentos. Y advertible es también
su atéISmo, ("Soy ateo, gracias a Dios",
que diría don Aquiles Elorduy). Y, ¿ qué
podríamos decir de ese temor a la muerte,
de ese pánico a envejecer, que lo obliga a
insistir en situar su obra en un nivel de
edad universitario, ambiente por el que

629

�el autor pasó hace ya muchos años y del
que, idealmente, se niega a salir para seguir siendo UJ\ niño prodigio o niño terrible de otras épocas?
Todos los cuentos nos dan la impresión
de haber sido vividos por el autor, de
pertenecer a esas "pequeñas cosas" que
forman la vida diaria de cualquier hombre. Esto, en sí sería loable: el construir
un mundo sobre lo pequeño, lo anecdótico, lo en apariencia superficial. Sólo que
se olvidó de Jo más importante: una obra
literaria que no tiene valor estético, no
es obra literaria.
Creemos sinceramente que todos los escritores tienen un compromiso grande con
la humanidad: el de crear obras con el
objeto de despertar el gusto por la literatura, el gusto por el auténtico valor estético. El crear no consiste en hacerlo para el creador mismo ni para una pequeña
"élite", sino para todos.
Sólo nos queda una cosa: remitirlos a
La Ley de Herodes de Jorge Ibargüengoitia.
FIDEL CHÁVEZ

P.

RuBÍN, MoRDECAl S.: Una poética moderna. Muerte sin fin de Jos:É GoROSTIZA.
Análisis y Comentario. Universidad- Nacional Autónoma de México. México,

1966.
LA UNIVERSIDAD Nacional Autónoma de
México, en cooperación con la University
of Alabama Press, University, Alabama,
U.S.A., ha publicado este valioso estudio
de Mordecai S. Rubín. Valioso, porque
sirve como guía tanto al aficionado a la
poesía moderna, como a l profesor en la
cátedra de poesía mexicana contemporánea. El profesor Rubín divide su obra de
investigación y análisis en cuatro capítulos: Capítulo I , El Fondo; Capítulo II,
La Explicaci6n de Texto; Capítulo III,

La Forma y la Substancia del Poema; Capítulo IV, Ecos y Correspondencias.
El Capítulo I, El Fondo, trata de la
dirección e ideales de los Contemporáneos, entre los que se encuentra Gorostiza
con su preocupación por la comunicación
poética, la vida interior, la problemática
de la vida y la muerte; así como también
una relación entre el poeta y su obra.
El Capítulo II, La Explicaci6n del Texto, es la parte central de la obra y el
objeto de la misma. Divide y analiza el
autor el poema de diez partes o secciones,
de acuerdo con la división original de la
obra. Se reproduce cada sección completa
con la numeración de los versos al margen. En seguida desmenuza cada parte en
un verso, dos, tres o cuantos expongan
una idea. Por ejemplo a la primera parte
que incluye los versos 1 - 49 y que dice:

tema del vaso y el agua. En la primera
parte desarrolla un paralelismo entre vaso-agua-hombre. Nos dice cómo "El poeta
descubre un paralelismo entre la esencia
de la existencia y lo informe del agua".
Cómo ve Gorostiza en el agua la imagen
de sí mismo; cómo el agua realiza y aclara su naturaleza fundamental en un vaso.
Más adelante nos explica cómo el vaso
" es como el mund o del hombre, y el agua
como el alma" (p. 36). En el verso 53
que dice: "aunque se llama Dios, ..."
anuncia Rubín el panteísmo de Gorostiza
que va a aparecer a través de todo ei
poema. Y sigue investigando la relación
entre el hombre y el universo en los versos.

( 1) Lleno de mí, sitiado en mi epidermis,
( 2) por un dios inasible que me ahoga,

"El alma es informe, como el agua, y
encuentra su realización en el universo.
En la analogía con el vaso, las limitaciones que siempre ha sentido el hombre
sus 'alas rotas', corresponden al aprisio~
namiento del agua dentro del vaso que le
da una forma. Y entonces el cuerpo del
hombre será una forma temporal e inadecuada que oculta en vez de hacer resaltar al alma, tal como la cascada, la nube, el mar, las formas naturales del agua
ya examinadas. El alma, por no tener forma, por no percibir su forma realizada en
el universo, quiere o parece perderse" (p.
41). En esta segunda sección se examinan
varios conceptos tradicionales e históricos
del universo. Trata Gorostiza de explicar
a Dios como un dios del universo, algo
que el hombre necesita, que lo rodea
"acunándolo", parte de él, para pasar al
tiempo que como el agua es símbolo de ·
fluidez, de informidad.

( 3) mentido acaso
( 4) por una radiante atmósfera de luces

sigue la Explicación:
"Como punto de partida, el poeta
anuncia el problema que, en alguna forma, ha preocupado al hombre desde aquel
día lejano en que, por primera vez, se dio
cuenta del fenómeno de su existencia:
( 1) Lleno de mí, sitiado en mi epidermis,

(2) por un dios inasible que me ahoga . ..
Gorostiza está agobiado por la complejidad de su ser, por la contradicción de
percibir lo universal sin poder superar los
Hmites frustratorios de su mortalidad física. Siente que a algo o a alguien responde su condición humana, pero al decir
"dios" con minúscula, se abstiene de dar
nombre al secreto imprecisable del universo. Y no quiere contentarse con las
"apariencias" (p. 30). Siguen aquí los versos 3, 4 y 5 con su correspondiente explicación hasta llegar al verso 49. A través del poema va explicando Rubín el

( 54) no sea sino un vaso
( 55) que nos amolda el alma perdidiza,

Con Rubín seguimos a Gorostiza hasta el verso 110, donde nos ha dado la
explicación de la existencia humana a
través de tres metáforas: el agua que

adquiere formalidad en el vaso; el alma
humana amoldada por el universo hueco·
Y el flujo del tiempo, contenido en la eter~
rúdad (el minuto madurado). (p. 48)
Expone la preocupación por la muerte
Dios, el tiempo, en Gorostiza, su preocu~
pación por la insuficiencia del lenguaje
como comunicación entre los hombres:

(280) que escucha ya en las estepas de
sus tímpanos
(281) retumbar el gemido del lenguaje
(282) y no lo emite; .. .
"Oye la comunicación, comprende el
concepto del hablar, pero no puede expresarse. Una vez más sentimos el problema de la comunicación exacta como la
intensa preocupación de Gorostiza. 'Gemido' es más que el sonido que requiere el
sentido del verso; se relaciona con el 'd0lor' del verso 279". (p. 76) Más adelante del verso 557 vuelve Gorostiza a otra
consideración del lenguaje del hombre, la
ansiedad de comunicarse y la incapacidad
de hacerlo.
Explica Rubín apoyándose en versos
correspondientes, las metáforas, analogias,
imágenes y comparaciones de los que está lleno el poema; Las fuentes bíblicas,
orientales, místicas que están a la vista
o implicadas. Por ejemplo el "circularismo" que se encuentra en la filosofía y
religión budistas lo encontramos en los
versos 227 y 228 y más adelante donde
dice:

(239) y sueña que su sueño se repite,
(240) irresponsable, eterno, ...
"Imagina una repetición de la vida. El
sueño, que también ha aparecido antes
en el verso 215, no tiene ni fin ni control
es un eterno marchar en el círculo, qu;
por soñarse repetido hace de la vida una:

( 241) muerte sin fin de una obstinada
muerte, ...
La existencia es un continuo morir tan
repetido, tan circlular, que hasta el mis-

631
630

�mo proceso de morir se está muriendo" ...
(p. 67) Y al analizar los últimos versos
del final de la segunda parte en el verso
(722) con un llanto más llanto aún que
el llanto

sugiere Rubín una analogía con Edgar A.
Poe en un verso de Annabel Lee, que dice: "But we loved with a )ove that was
more than love" (p. 148). Lo anterior
es sólo una breve exposición de la precisión y profundidad de este análisis que
tiene por objeto dar una idea del trabajo
llevado a cabo por el Profesor Rubín.
El Capítulo III, La Forma y la Substancia del poema, está dividido en dos
partes: La estructura musical y El ideario oriental. Da Rubín una explicación de
la estructura musical de la obra, afümando primero el perfeccionismo en cuanto al
lenguaje y estructura no sólo de Gorostiza sino de los parnasianos y cómo la repetición de frases y de ideas abund,.nte es
imprescindible en una construcción musical extensa, cosa que no sería propia
en una obra literaria puramente filosófica.
El poema de una simetría admirable, está
dividido en dos partes principales que
se corresponden, un intermezzo lírico entre las dos y un vivace con percusión como coda.
Dice Rubín: "La primera parte ·de la
obra trata de la vida, la substancia en
busca de la forma" (p. 160) y explica
cómo la expresión "Lleno de mí", introduce el tema sin preludio, recordando
esas cuatro sílabas los cuatro acordes que
inician la quinta sinfonía de Beethoven.
De esta manera, la segunda parte del poema es la inversión del tema de la primera
parte. Es interesante seguir la investigación de este aspecto musical. Vemos cómo las dos secciones terminan con bailes y cómo ambas están vaciadas en el
molde musical del "rondó", analiza el
intermezzo y la coda y señala las diversas recurrencias. Observamos también ba-

jo la guía del Profesor Rubín el manejo
de las vocales, que comunican tempo y
volumen al poema, resultando así que
las dos partes principales son largos o
andantes, debido a los versos largos, sonidos extendidos y el intermezzo un alegro por sus versos cortos y melifluos. En
cambio en la coda encontramos acentos
agudos, versos severos, rápidos, acumulación de imágenes y repetición de fórmulas sintácticas que dan al vivace con percusión un crescendo final. (p. 162)
Ejemplo de largo o andante:
Temprana madre de esa muerte niña
qtie nutre en sus escombros paulatinos,
Ejemplo de allegro:
Sabe a luz, a luz fría,
sí, la manzana.
¡ Qué amanecida fruta
tan de mañana!
Ejemplo de vivace y crescendo:
¡Tan-Tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una muerte de hormigas
incansables, que pululan
¡ oh Dios! sobre tus astillas;

migajas, borra, cenizas
de ti, que sigues presente
como una estrella mentidci
como una hoguera encendida,
por el canto, por el sueño,
por el color de la vista. (pp. 162-63).
Cito estos ejemplos para dar una idea
de lo acertado del análisis.
En El ideario oriental se indican las
influencias de ideas y filosofías orientales que impregnan el poema y explica
el investigador por qué no se puede
abstener de citar filósofos de diversas culturas y épocas al interpretar la obra, a
pesar de la oposición de José Gorostiza a
hacer lúncapié en el aspecto intelectual

del poema, descuidando así otros, como la
estructura y la musicalidad. Expone la
base autodidacta de Gorostiza y su simpatía por las filosofías orientales que
,
'
segun el autor, eran "apropiadas para un
joven silencioso, preocupado por la búsqueda de la tranquilidad del entendimiento en un mundo desorganizado". (p.
164) Como base para el análisis filosófico cita: l. La Rigveda, 2. Las Upanishadas, 3. Escrituras budistas de la India
China y Jap6n, y 4. El libro de Lao-Ts;
y el Libro de Chuang-Tse. En breves trazos apoya Rubín su investigación o interpretación de estas influencias, con citas
apropiadas a cada religión o filosofía.
El Capítulo IV, Ecos y Corres/Jondencias, aborda ampliamente los par.tlelismos
y analogías entre José Gorostiza por un
lado y T. S. Eliot, Paul Valéry, Góngora y Sor Juana, por otro. Subdivide el capítulo en los incisos siguientes: Algunos
críticos; Gorostiza v la preocupación de
Paul V aléry; Gorostiza y los temas de 1".
S. Eliot; Gorostiza y el lenguaje de Luis
de Góngora; El desvelo de Gorostiza y
el Sueño de la ''Décima Musa" y A modo de breve comentario final.
En el primer inciso indica brevemente
el autor, el error de muchos críticos de
querer ver sólo plagios o influencias directas, error muy frecuente en la búsqueda de fuentes y préstamos y expresa su
propósito de buscar analogías o afinidades sin por ello perder de vista la originalidad de Gorostiza.
Gorostiza y Valéry no son poetas oscuros, sino más bien difíciles y esa dificultad está en las ideas expresadas. Ambos
dan como causa de su "hermetismo" una
insuficiencia de la lengua para la expresón poética, complicándose el problema
más en el caso de la poesía filosófica,
aunque ninguno de los dos se preocupa
por la inaccesibilidad de sus poemas al
público general, afirmando Gorostiza que
"la poesía siempre ha sido objeto de los

afanes de una minoría que la crea o que
simplemente, posee preparación p;ra dis:
frutar de sus placeres" (p. 177) y Valéry
que "tout se qui compte est bien voilé".
(p. 177) Además de lo anterior tanto
Gorostiza como Valéry coinciden en otras
preocupaciones, entre ellas el valor del
silencio, lo musical en la poesía, la muerte. En ésta ve Gorostiza "la realización
de la existencia del hombre y su lucha
por la permanencia Valéry", reconoce
la muerte como meta de la conciencia .
del hombre y cree que "des que notre
pensée monte vers sa lucidité, elle se rapproche de la mort" (p. 178). Y los dos
buscan una comprensión de lo absoluto
por medio de una inteligencia "que se
quiere conocer".
Pero Rubín hace ver al lector cómo
no sólo hay semejanzas generales de tono en los dos poetas, sino también detalles paralelos. Apoyándose en los tres
poemas más célebres de Valéry La Jeune
Parque, Fragments du Narcisse y Le Cimetiere M arin y en Muerte sin Fin de
Gorostiza, señala por ejemplo, el empleo
frecuente de la rosa, "como símbolo de
belleza o placer pasados y pasantes;" (p.
178) el canto de Gorostiza a la inteligencia abstracta del hombre y la inteligencia personificada de Valéry; tanto uno
como otro sienten una "parálisis del tiempo", despliegan los temas del narcisismo y
del agua. Aunque La Jeune Parque podría
haber sido muy bien el modelo para
Muerte sin fin en cuanto a construcción,
dice Rubín, que pasando de la intención
inicial, las técnicas se parecen poco. En
Gorostiza recordaremos a Góngora, en
Valéry a Corneille y a Racine, siendo la
obra de Valéry más personal y la de
Gorostiz:i metafísico-alegórica. En esta
forma continúa el investigador dándonos
un análisis ágil y muy interesante de la
obra de estos dos poetas.
Pasando a analizar las analogías con
T. S. Eliot, tomó de éste The Waste

633
632

�Land, The Love Song of J. A. Prufrock,
Four Quartets, Preludes y Gerontion.
Considera a Gorostiza otro poeta de la
soledad intelectual igual que Eliot, estribando esa soledad en Eliot, en la banalidad de la vida cotidiana de nuestra sociedad y en Gorostiza en la imposibilidad de
comunicación y del fracaso del hombre
para encontrar su significado universal.
(p. 189) Los dos buscan el secreto de la
creación. En ambos hay obscuridad en la
técnica, uso de comparaciones y paradojas inesperadas. Se da también lo bello
alternando con lo miserable, lo trascendental con lo trivial, una progresión de lo
abstracto a lo concreto. Tienen la preocupación por un lenguaje poético renovado,
el problema del hombre y Dios y en ocasiones coinciden curiosamente en sus versos; por ejemplo cuando Eliot dice, repitiendo con insistencia: ''Distracted from
distraction by distraction", y Gorost:i7.a:
"Siente que su fatiga se fatiga / se erige
a descansar de su descanso". (p. 192) La
preocupación del tiempo fe encuentra en
estos dos poetas y así como en Muerte sin
fin se da el tema del morir continuo
de la vida, tanto en el título como en el
verso que dice: "Este morir a gotas",
aparece en Eliot en: "We who were living are now dying / With a little patience", (p. 193). Por todo lo expuesto en
el análisis se llega a la conclusión de que
hay una correspondencia estrecha en ambos poetas. Pasando a examinar los paralelismos entre Eliot y Gorostiza, afirma
Rubín que existen varias diferencias. Respecto a los vocablos hay una diferencia
importante. Eliot prefiere palabras arcaicas regionales, Gorostiza usa un lenguaje
más opulento, vocablos especializados Y
expresiones exactas. Sugiere un análisis o
comparación más cuidadosa entre Four
Quartets y Muerte sin fin, creyendo que
puedan encontrarse correspondencias más
interesantes entre estos dos poemas que
entre The Waste Land y Muerte sin fin.

634

Sin embargo advierte que hay que tomar
en cuenta que lo expuesto en los Cuartetos esté más cerca de Muerte sin fin, por
continuar las ideas y estilo ya fijados en
The Waste Land, obra que probablemente
sirvió de inspiración a Gorostiza.

Gorostiza y el lenguaje de Luis de Góngora.
Sigue una breve evaluación de la influencia gongorina en Gorostiza. Señala
primero en la obra conocida hasta hoy
de Gorostiza y la obra total de Góngora,
semejanzas coincidentales y de sumo interés y afirma que hay inspiración de Góngora en Gorostiza más cuando el propio
poeta expresa entusiasta admiración por
"la opulencia, la nobleza y la emoción del
lenguaje gongorino" en conversaciones
con Rubín. (p. 200). Algunas características comunes son las metáforas complicadas por recuerdos personales, antítesis,
endecasílabo xnusical; aunque al querer
recrear la atmósfera culta y pura de Góngora, Gorostiza ha usado métodos más
aceptables al oído y genio españoles.
Dámaso Alonso r.n Lengua Poética de
Góngora, enuxnera las cinco dificultades
principales típicas de ese autor español,
y Rubín las toma para comparar la obra
de Góngora y Gorostiza. 1) El período
largo, existe en ambos, pero es menos
largo y coxnplicado en Gorostiza. 2) Prolificaci6n de palabras que hacen difícil seguir un trozo de Góngora. Esto ocurre
también en Gorostiza pero con un efecto
contrario debido a la repetición. 3) Interposición de aposiciones u oraciones absolutas que rompen la continuidad del discurso aunque en Gorostiza se limitan a
breves expresiones parentéticas. 4) El hipérbaton, aspecto más criticado en Góngora, está ausente en Gorost:i7.a. 5) La anfibología, considerada por Dámaso Alonso como fallo del sistema gongorino, está
hábilmente cultivado en Gorostiza. Y re-

sume nuestro autor que aunque .Muerte
sin fin es un poema más claro, en cuanto a sintaxis que las últimas obras de
G6ngora, sí las excede en cuanto a complicación de ideas.

El desvelo de Gorostiza y el Sueño de
la "Décima Musa". Trata Rubín aquí la
posibilidad acertada de una comparación
del Primero Sueño y Muerte sin fin, advirtiendo que se encontrarán más diferencias que semejanzas. Tienen en común,
dice, el aspecto filosófico y la extensión.
Sin embargo Sor Juana acude a la mitología y Gorostiza usa símbolos de uso
diario: el agua y el vaso. En cuanto a
la forma, Primero sueño está escrito en
silva latina como Las foledades de Góngora. Gorostiza además de la forma musical, usa una forma moderna y original.
Pero en cuanto a los temas, Sor Juana
está más cerca de Gorostiza que de Góngora. Las preocupaciones de ambos son
Dios, el hombre, la muerte, aunque con
divergencias y conclusiones diferentes. El
oxíxneron, ~e encuentra /tanto en Sor
Juana como en Gorostiza. En resumen, las
correspondencias entre los dos poemas son
"algo superficiales." Concluye Rubín este capítulo con un breve comentario fi.
nal. Finalmente en el Apéndice se incluye 1) una Sinopsis Biográfico-Política de
José Gorostiza que da al lector los datos
principales acerca de este autor y la serie
de cargos que ha ocupado hasta el de
Presidente de la Comisión de Energía
Nuclear en 1965. 2) Las Condecoraciones que Je han sido otorgadas por las diversas naciones de Europa, Asia, América
y Airica. 3) Bibliografía Somera, 4) Prólogos o Coxnentarios, 5) Traducciones, 6)
Poesías no recopiladas, 7) Obras en prosa
no recopiladas, 8) Antologías en las que
figuran poemas y 9) Algunos estudios
acerca de la obra de Gorostiza. Todos
estos datos valiosos para el estudiante e
investigador literario.

Lic.

EusABETH

K.

DE HINOJOSA

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, AGUS·

Visión de Andalucía. la. edición.
( Col. Austral No. 1391) Edit. EspasaCalpe Mexicana. México. 1966. 147 págs.
TÍN.

HAY LIBROS CON duende diríamos. Uno
de ést::&gt;s es el que nos ha llegado de la
pluma sabrosa de Agustín Basave. En él
concun-e un elemento o una faceta nueva
-por lo menos para nosotros-- de su personalidad intelectual: lo intimo. . . lo
emotivo, tan alejado de lo que ha sido
su quehacer formal y rectilíneo: la filosofía.
Basave logra en su libro una verdadera
visión. Y toda visión es intuición de una
imagen en la que concurren elementos intelectuales, sensoriales y afectivos, los cuales son maravillosamente captados por
nuestro autor, como una totalidad absoluta de lo ensencialmente andaluz. Y ¿ cómo dar una visión totalizadora sino a
través de una antropología concreta? Dice
Basave: "Trataremos de hacer, en otras
palabras, una antropología concreta de lo
andaluz que no niega lo universal, áunque no se detiene allí. Una antropología
tipológica como vía de acceso a las realidades andaluzas, edificada sobre el reino continuo y heterogéneo de lo español" (p. 13).
Inicia pues su libro con una meditación del pasado andaluz, porque "sus
grandes hombres, su cultura y sus glorias
comunes pueden indicarnos algunas condiciones esenciales del estilo andaluz'' ( p.

13).
En esta visión de Andalucía lo primero
que considera Basave es el paisaje. "Todo nos place y deleita en este paisaje; todo es bienestar, sedancia, voluptuosidad. . . y sin embargo, hay espiritualidad
en todas partes ( ... ) La espiritualidad
se corporaliza, se hace plástica; el cuerpo
se espiritualiza, se fuga al cielo" ( p.
15) o bien "Andalucía es paisaje para la

635

�contemplación y la fantasía, pleno de iniciativas para el ocio fecundo" (p. 18).
Mas Jo esencial -a nuestro parecerno radica en esto que sería huequería si
no estuviese cercado por un tono íntimo
y vivencial. Agustín Basave siente el paisaje. Lo vive y así nos lo trasmite. "Andalucía -nos dice- es la tierra más
próxima a nosotros, los mexicanos" y es
próxima porque en nuestra patria la
campiña reproduce aquella "atmósfera
sutil y transparente".
Pero junto al marco que rodea todo
el edificio de lo andaluz, hay otros elementos que considerar... la lengua, porque "lazo de unión e imagen de una
concepción del universo, la lengua nativa refleja el modo de ser de una nación" ( p. 21) .
Basave, sin pretender acaso, nos deja
un cuadro muy revelador del habla de
Andalucía. Marca en un apretado, pero
no por ello menos claro, capítulo los
rasgos distintivos más salientes del dialecto andaluz. Pero no para ahí, sino que
incidiendo aún más, nos presenta una
verdadera estilística de la lengua. Dice:
"Se trata de algo más que de una estética
del diminutivo. Una necesidad de virtud
y de intimidad, de humildad y de familiaridad, mueve la simpaúa del andaluz
hacia las cosas diminutas. Sabe, COJl!.O
fray Luis de Granada, que la sabiduría y
la providencia de Dios resplandece más
en las cosas pequeñas que en las grandes"
( pp. 23-24).
Pero la lengua no pára en el hablar.
Recorre toda la gama de los medios expresivos: canto y baile. Donde los cuerpos se convierten en palabra y van más
allá de ella...
Los capítulos IV y V de este libro maravilloso nos llevan junto con el autor a
sentir la nostalgia del cante jondo y a
vivir la plasticidad increíble de las "bailaoras". Afirma Basave: "El cuerpo de la,
bailarina andaluza se convierte en lengua-

je -metafórico, candente, alucinantede ritmos y de formas. Una emoción medular -casi telúrica- emerge de la bailaora que nos contagia un ansia infinita
de liberación (p. 35), "ritmo de voluntad
y de amor -podríamos añadir- que tiene como el ala, un:i misión aerostática:
elevar hacia lo alto todas las humanas
pesadumbres, liberarnos de la esclavitud
de la tierra" (p. 37). Mas junto a todo
esto -paisaje y dialecto, cante y baile-existe otro elemento que configura de manera absoluta la cosmovisión de Andalucía: las coplas del bardo anónimo. Y es
explicable, porque la poesía -más la popular, anónima, pero siempre palpitante-es visión totalizadora de Mundo.
En ella encuentra nuestro autor la cosmovisión andaluza. "El andaluz -nos dice- se proyecta supra-mundanamente.
Parece que ya viene ,de vuelta de todo,
que ya nada le es extraño" (p. 42). Siempre obra o se abstiene de obrar porque
tiene la convicción de que sus facultades
de conocimiento le llevan a la verdad.
Nuestro autor, toma de la tradición andaluza una serie de coplas que reflejan
de manera muy clara una "totalidad plástica, dinámica" de la vida. Ahí encuentra
que son el desengaño, la angustia y la esperanza los elementos que forman la concepción del universo del hombre-pueblo
de Andalucía.
El capítulo VII, estudia el estilo andaluz, cuyas notas constitutivas son: elegancia, personalismo, primacía del ocio sobre el negocio, armonía con el contorno,
barroquismo, religiosidad peculiar y sentido del humor. (pp. 55-89).
Otros cinco capítulos completan la Visión de Andalucía del Dr. Agustín Basave. En ellos, toca puntos esenciales en la
tipología del andaluz. Va a centros concretos: Juan Ramón -con su Platero-y Federico García Lorca, goznes ciertos
de una palpitación honda de la tierra y
el hombre de Andalucía. En todos ellos

destaca, como en lo anterior, el sentido
íntimo que lleva a nuestro autor a la creación de esta obra, la que concluye con
una frase que nos hace penetrar en su
honda ensoñación: "Andalucía -antídoto para la angustia metafísica ante la nada- es un descanso y un consuelo en el
atribulado mundo de nuestros días. Con
su puro estar ahí, en el espacio y en la
historia, enaltece y fecunda la vida. Su
estilo y su cosmovisión han vencido, por
el arte, la destrucción y la muerte. Cuando
vuelvo a ella mis ojos advierto una existencia más libre y más aproximada a los
anhelos de plenitud" (p. 144).
Aquí tenemos pues un libro -con
duende como decíamos-- que nos abre
una mirilla hacia lo que es Andalucía.
¡ Muchas gracias, Dr. Basave!
Lrc. EDUARDO GuERRA CAsTELLANos
DmTRICH HAucK: Die Staedte des mexikanischen Hochplateaus und ihre Wirtschaft uon den Anfaengen bis zur Conquista ( Las ciudades de la Mesa Central Mexicana y su economía desde los principios
hasta la conquista). Dos volúmenes ler.
vol. texto, 2o. vol. ilustraciones anotadas). Universidad de Saarbruecken, Instituto de Historia de la Economía. 1961/
62.
LA HisTORIA DE LA Economía y la Estadística demográfica de los nativos de nuestra patria han sido hasta hoy, hijastras de
la investigación especializada. Hasta la fecha la historia se ocupó en primer lugar
de problemas de índole arústico, religioso, político, histórico y social, dejando de
lado el ''árido" problema económico y estadístico. Así se produjo una laguna deplorable que no ha sido todavía llenada
por las escasas publicaciones de algunos
artículos dispersos y de dos trabajos más
extensos ( me refiero a: Cook and Simpson "The Population of Central Mexico

in the Sixteenth Century"; Berkeley-Los
Angeles 1948, y a: F. Katz "Die sozialoekonomischen Verhaeltnisse bei den Azteken im 15. und 16. Jahrhudert"; Berlin
1956).
Me parece que algo aportaría a llenar
dicha laguna la tesis de Dietrich Hauck
en opción a la maestría en historia que
desafortunadamente no ha sido publicada sino como tesis hasta la fecha. Ella trata de una región geográfica que se limita a la Mesa Central, pero que abarca
una amplia cronología.
Hauck principia su exposición con un
estudio de los factores económicos ( artesanía, agricultura y comercio) de la cultura
de Ticomán ( 1, p. 22 y ss.), y hace aparecer a Cuicuilco ya como un centro de
carácter w·bano. Es en Teotihuacán donde él encuentra los primeros vestigios
palpables de comercio de "largo alcance"
( l. p. 38), aunque ya antes en la Mesa
Central se pueden comprobar importaciones esporádicas de conchas marinas, hachas de pórfido y piezas de jade.
La investigación prosigue desde los
centros urbanos de Tula (1, p. 41 y ss.)
y Tenayuca ( 1, p. 52 y ss.), hasta los sistemas económicos del período post-tolteca
que tienen un fundamento más claro y
son relatados con una amplitud de detalle más vasta por el autor.
"Los productos cerámicos de los Cholultecas y los productos de su industria de
piedras preciosas y ricos plumajes eran
considerados como verdaderas obras de
artesanía por los pobladores de la Mesa
Central y eran además los objetos más
codiciados, lo cual puede ser comprobado
si se analizan las listas de tributos de los
Aztecas" ( 1, p. 67). Para el cotejo de
esta afirmación el autor remite al Volumen de Ilustraciones (11, 46 y 47). Cholula era un centro de comercio de primer
orden, pero también lo eran Tlaxcala ( 1,
p. 68 y ss.), Huexotzinco ( 1, p. 72 y
ss.), Tlacopan (1, p. 76) y Texcoco (1

637

636

•

�I

p. 77 y ss.) ; tenían un papel que se puede subestimar en el comercio y la artesanía. Además se lee con interés algo sobre
un mercado especializado para esclavos en
A.zcapotzalco.
Corno es natural el tratamiento de la
capital del "Imperio" Azteca, Tenochtitlan-Tlatelolco, ocupa la parte más ponderada del estudio. Basándose en los códices, cronistas y viejos planos, resucita
el autor ante el lector esta gigantesca
aglomeración urbana (para esa época)
con sus templos y palacios; con sus canales, carreteras y calles; con sus barrios y
sus tianguis.
Uno de los valores fundamentales del
trabajo de Hauck consiste en un análisis
exacto y una enumeración de los "calpulli" (barrios), en los cuales todavía Bandelier quería ver clanes exógamos y patri lineales, tesis que ya fue refutada en
1931 por Manuel Moreno. Hauck dice:
"Nunca hubo dudas sobre la existencia
de cinco grandes unidades urbanas, Tlatelolco, Cuepopan, Azacualco, 'Moyotlan y
Teopan, como lo mencionan todos los
cronistas y como encuentra su expresión
a principios del siglo XIX en los nombres
de las cinco parroquias principales. Pero
cada uno de estos núcleos era a su vez
subdividido en un gran número de los
llamados calpullis" ( 1 p. 85). "Cada
uno de estos calpullis tenía su propio templo pequeño, una escuela para los jóvenes
solteros ( telpochcalli), un dirigente ( calpullec), y sus propias festividades. Era el
calpulli la representación de una unidad
militar, económica y administrativa, en
breves palabras era la célula. básica; de
un conjunto muy grande de ellas se edificó el estado entero" ( 1, p. 86).
Es de particular interés que Hauck pudo ampliar el número de calpullis calculado por Alfonso Caso en la capital
Azteca ( "Los barrios antiguos de Tenochtitlan y Tlaltelolco"; México, 1956) a
través de estudios minuciosos hasta un

número no menor de 90 y no mayor de

108.
Después de investigaciones acerca del
comercio "local" y de "largas distancias"
de los Aztecas; acerca de sus tribu tos, sus
impuestos y el empleo de estos recursos;
acerca de compañías de artesanos, de
comerciantes; acerca de los transportes,
de los métodos de comercio, etc., el autor llega a una de sus pre-0cupaciones
princip1les: La estadística de la población ( 1, p. 146 y ss.), El refuta los resultados de Cook y Simpson, porque considera que se apoyan sobre un fundamento demasiado endeble, y después de
servirse de un método utilizado para
cálculos demográficos sobre ciudades del
medioevo europeo, cuando se carecía totalmen •e cte fuentes, y que conduce a valores muy aproximados ( deducciones del
número de habitantes de un congÍomerado urbano, en función de su superficie), cree él que la capital de los Aztecas en los años cercanos a la conquista
contaba con no menos de 100,000 y no
más de 150,000 habitantes. Esto significa que Tenochtitlan era comparable a
las más grandes aglomeraciones urbanas
de la Europa del siglo XVI.
En su luenga parte final se permite el
autor unas opiniones muy personales de
contenido histórico-filosófico, en las cuales yo no quisiera entrar porque se alejan
mucho del marco del México pre-cortesiano. Pero sería deseable una vez que su
tesis fuera traducida al español entrar
en ella, porque se puede suponer que más
bien aquí que en Alemania se puede
abrir un1 polémica que podría ampliar
en aigo nuestro propio campo histórico.
Mo1sÉs

GARY

EDMUND S. URBANSKI. Angloamérica e
Hispanoamérica. Análisis de dos civilizaciones.
EDMUND STEPHEN URBANSKI es un escritor americano que se ha hispanoame-

ricanizado, d;ce Ramiro Lagos en su
prólogo a Angloamérica e Hispa11oamérica, análisis de dos civilizaciones, libro que
el autor de habla inglesa escribió directamente en español.
En esta obra, publicada por la Editorial Studium, de Madrid, en 1965, Urbanski se propone demostrarnos de un
modo factual y objetivo que, a pesar de
las diferencias histórico-sociales que dividen a las dos Américas, en el fondo laten semejanzas espirituales que pueden
llevar a un mejor entendimiento a estos
dos pueblos del Nuevo Mundo: la América Inglesa y la América Hispana.
Las ideas de comprensión son urgencia
de nuestro ti.empo. Por eso tal vez, por el
apremio del presente, la ob,a que comentamos no se detiene mucho en el pas:ido
histórico de las ya desaparecidas culturas
indígenas, culturas que hubieron de ceder
al impulso dominante de lo español aun
en la formación de la civilización mestiza
contemporánea. Sin detenerse, pues, en la
época prehispánica, su estudio arranca del
período colonial. Tomemos algunos puntos
en que se destacan varios contrastes en la
historia colonial de los Estados Unidos y
de la América Latina.
Sobre el fondo de nuestra común fe
cristiana y nuestro igualmente enérgico
espíritu de libertad e independencia, el
autor va apuntando aquí y allá diferencias singulares. Primero, la raza, que es
un factor básico en la diferenciación de
los modos de ser americanos. Luego, las
dos religiones en su primera etapa de evolución como movimientos divergentes: un
catolicismo de inquisición y un protestantismo puritano. Finalmente, dos circunstancias culturales: el humanismo renacentista de las cultivadas minorías de colonos
españoles y la falta de una tradición
cultural entre los colonos angloamericanos. Humanismo y Renacimiento artístico,
a los que yo añadiría el posterior movimiento barroco, fueron la mejor inspira-

ción creadora de literatura y arte coloniales en Hispanoamérica. En la América
inglesa, Urbanski no encuentra ningún
movimiento importante y productivo hasta la aparición del iluminismo, entrado
ya el siglo XVIII. Por lo que ve a los
propios colonos, éstos se distinguen en dos
tipos sociales característicos: por un lado aventureros que no tienen el propósito de establecer un hogar ni radicar en
América definitivamente, sino alientan la
idea de volver a España, y por otro lado
inmigrantes religiosos, peregrinos que salen de su patria en busca de una tierra
prometida para crear un nuevo país, pues
ellos no volverán.
Esta diferenciación, que constituye un
punto de apoyo en la conciencia histórica norteamericana, para nuestro autor representa un factor determinante en la
dedicación liberal y desorganizada de los
españoles a la agricultura, ganaderla y
explotación minera, y en la organización
del trabajo que propició la expansión
industrial de la economia angloamericana.
¿ Cómo explicar la desproporción de los
dos resultados?
Nuestro escritor sostiene que los españoles llegaron acá con aspiraciones en que
alentaba el espíritu de aventura personal
y el común ideal de evangelizar a los indios, mientras los ingleses venían desalentados de la situación religiosa en su
país y no buscaban más que una nueva
vida, personal y colectiva, que les perteneciera por entero, sin tener que compartir nada con nativos ni extraños. Estos
objetivos intencionales explican la formación de una mentalidad anglosajona fundada en conceptos egocéntricos y en la
conciencia del propio poder. Los colonos
anglo-nórdicos llegaron aquí para fundar
un hogar y crear medios de vida. De esta
manera surgió una clase media que fue
creciendo hasta llegar ahora a constituir
el tipo común del hombre americano; en
cambio los conquistadores españoles que

639

638

•

�no vinieron con la idea de quedarse permanentemente, no legraron afianzar una
estructura social completa y firmemente
organizada. Los que habían nacido en España constituían aquí sólo un pequeño
grupo y sus hijos, americanos, formaron
una minoría con ambiciones de mando
que sus padres no les querían ceder. La
población más numerosa en Hispanoamérica fueron los hijos de indios y españoles, o sea, los mestizos. Estos quedaron
durante toda la colonia relegados a la clase más baja de las ciudades, correspondiente a la de los indios en el campo. La
educación del mestizo en nuestros días ha
logrado elevarlo a una clase media económica y espiritualmente fuerte en casi todos los países latinoamericanos.
Cualesquiera que hayan sido las causas
de la mezcla de sangre indía y española,
ahora se le considera en general favorablemente, mientras la separación racial
del indio y del negro en Estados Unidos
ha sido bastante criticada.
Urbanski ofrece la siguiente explicación
de la segregación de los indios. Dice que
no pudo haber convivencia alguna que
propiciara los matrimonios interraciales
porque la vida "pacífica" de los colonos
"no desanimó a los indios en su hostilidad". Tal explicación, que apunta al lado
de otras más serias, parece casi inspirada
en una película del oeste. De cualquier
modo, desde un principio españoles e ingleses formaron dos tipos de razas: mezclada y no mezclada.
Un comentario:
En repetidas ocasiones nuestro autor
habla de los Estados Unidos como un
"crisol de razas", pero creo que le da a
este término un sentido muy lato. Esta
denominación, con el apoyo de varios escritores, la presenta aplicable aun a los
europeos. Pero una cosa es la unión de
varios grupos dentro de una misma raza,
y otra la mezcla de dos razas distintas, como la blanca y la negra o la india. Lo que

640

se halla mezclado en Estados U nidos son
diferentes ramas de una sola raza: la raza
blanca. El gran crisol americano no es
de razas sino de culturas; en él se han
fundido elementos culturales de varios orígenes, incluso ritmos africanos. Por eso,
mientras la verdadera fusión de distintas
razas en América Latim dio por resultado
una nueva ra7.a, mestiza, la blanca Angloamérica no se ha fundido aún en una tercera raza pero sí ha creado una nueva
cultura y civilización claramente diferenciada de la original europea.
Diferencias idiosincráticas.
En nuestra época se han acentuado las
diferencias mientras van ampliándose, a
su vez, las semejanzas. Si tomamos como
punto de partida el hecho de la Independencia, vemos que Estados Unidos se adelantó en ella a Latinoamérica en casi medio siglo. Después, mientras en nuestra
América siguieron por todo el siglo diecinueve una serie de luchas políticas y sociales, en el país del norte lograron sentar y estructurar las bases económicas de
su desarrollo tecnológico. Los hábitos económicos heredados de Inglaterra y España
produjeron lo que podría resumirse, respectivamente, como el sistema de compañías mercantiles anónimas e impersonales
y el que Vasconcelos llama el estilo de
"señores" o personas de la más alta responsabilidad. Este último no es realmente
un sistema económico, ni siquiera es un
sistema sino simplemente una idea magnificada de la persona. En cambio, las
compañías colectivas e impersonales de los
ingleses fueron el origen del complejo sistema económico conocido ahora como capitalismo americano. Sin verdadero sistema ni organización, la economía latinoamericana no ha podido desarrollarse
efectivamente. Desorganizada desde su
-base, que es la agricultura, su desenvolvimiento industrial se ha limitado hasta
ahora, en términos generales, a la producción improductiva, consumible, de

materias primas. No hay, pues, puntos de
comparación proporcionada entre las dos
economías. Sin embargo, sí podemos confrontarlas en sus implicaciones sociales.
Así, mientras en nuestra agricultura perduran todavía algunos rasgos de conservatismo colonial, en la vida industrial en
desarrollo se ha logrado crear una conciencia social más progresiva que en Estados Unidos. Por ello me permito disentir de Urbanski cuando habla de un tradicionalismo social en América Latina
tierra de revoluciones. Los trabajador~
son más rebeldes y el gobierno está, al
menos en teoría, de su lado. Las leyes
del trabajo les son más favorables, les conceden más prestaciones colectivas (para
subsanar los deficientes salarios) y los
protegen más. No se puede desocupar a
alguien sin indemnizarlo. Los contratos
no son libres, individuales y temporales,
sino obligatorios por tiempo indefinido y
colectivos. Un periódico neoyorquino no •
pudo entender la participación de los trabajadores mexicanos en las utilidades de
la empresa, porque no había también una
participación en las pérdídas. En su criterio, la justicia social está supeditada
a las exigencias económicas y no a la inversa, como se piensa en Latinoamérica,
donde la socialización de la economía es
mucho más decidida y audaz que en Norteamérica.
Costumbres sociales:
Entre las diferencias de costumbres que
Urbanski señala atinadamente como parti:ularidades de cada sociedad están, por
eJemplo, la mecanización y motorización
de la vida norteamericana; la unidad moral de la familia latina frente a la autosuficiencia del individuo en la anglosajona; las ideas de matrimonio y divorcio;
la cortesía con los mayores y la libertad
de trato entre los jóvenes de ambos sexos·
el predominio del hombre en la Améri~
Latina y de la mujer en Estados Unidos;
la televisión y las diversiones públicas; la

estimación del trabajo como un bien maravilloso o su resignada aceptación como
un mal inevitable; la moralidad sexual; la
amistad como una relación social o como
un sentimiento personal, etc., etc.
·
La política:
En este campo, el autor que comentamos reduce nuestras diferencias a dos términos: democracia y despotismos, es decir,
el gobierno de todos y el de un hombre
o un grupo. El gobierno de un solo hombre, dictador civil o militar, se ha considerado muchas veces como el único o al
menos el más eficaz remedio para la anarquía. En Estados Unidos, dice Urbanski,
por lo menos supuestamente sigue el pueblo primero al partido y después al candidato, pero en Hispanoamérica se sigue
ante todo al hombre, a la persona. El peroonalismo viene a ser la simbolización o
encarnación personal de una idea política.
Cita ejemplos como éstos: peronismo, trujillismo, carrancismo. . . que en España
han tenido equivalentes como nombres
de: primorriverismo, azañismo, franquismo, etc. Respecto al poder presidencial,
en nuestros países es casi absoluto, mientras que en Estados Unidos•se halla sometido a la constitución y limitado en su
ejercicio por los otros dos poderes. Las
constituciones latinoamericanas son hermosas, pero inefectivas. La política de
dos partidos allá y de un partido oficial
• aquí, particularmente en México, es otra
característica bien visible. Nuestro concepto de democracia, que Urbanski llama
"autoritaria", no corresponde ni a la europea ni a la norteamericana. Podría resumirse en pocas palabras la definición de
tal concepto: es una democraea de minorías, no de mayorías.
La educación y la religión:
Nuestro crítico analiza igualmente estos dos factores culturales. En el campo
educativo nos da esta síntesis comparativa: "Algunas veces, la cultura hispanoamericana cualitativa se o~ne a la cul-

641
H

�tura cuantitativa de Angloamérica". Calidad versus cantidad, muy bien, pero eso
significa que en Latinoamérica hay solamente pocos individuos que disfrutan de
esa educación selecta dentro de las grandes masas de iletrados. En Estados Unidos la educación no es selectiva, no forma "élites", sino es general e igual para
todos. Es más beneficiosa. Estas ideas se
pueden representar gráficamente: Educación en línea vertical para Latinoamérica y en un plano longitudinal y de gran
amplitud para Estados Unidos. El defecto de aquélla es la ignorancia de muchos
y el de ésta es la falta de originalidad
creadora, pues la cultura general americana es de todos y de nadie, es una cultura anónima.
En la educación superior, las diferencias
más notables se encuentran en la organización de las universidades y en sus metas académicas. La universidad latinoamericana opera sin fondos económicos suficientes. Anda en el aire. La universidad
norteamericana, con los pies en tierra, no
se mueve sino sobre presupuestos anticipados para todos sus programas y actividades, y estos presupuestos le permiten
siempre adecuar sus planes a sus ambiciones. Las metas académicas son de complementar, en nuestros países, las tradicionales carreras humanlsticas con nuevos
estudios científicos y tecnológicos, y de
darle, en los centros universitarios americanos cada vez más importancia a las
humanidades, aunque sin otorgarles la
dignidad de materias básicas en una estructuración cultural, pues las ciencias Y
técnicas se van desplegando en abanico
de especializaciones, a nuestro parecer,
excesivamente dispersas. Para terminar su
estudio de la educación con una nota sobre su aspecto social, nuestro autor dice:
"En nuestra valoración llegamos a la siguiente conclusión: mientras Angloamérica llega a su desarrollo cultural a través de la prosperidad económica y bien-

642

estar social, Hispanoamérica desarrolla su
vida cultural independientemente, utilizándola como base para el mejoramiento
económico y social".
El último tema del estudio antropocultural que comentamos es la religión,
y ésta, según Urbanski, sigue en Hispanoamérica un lineamiento dogmático y en
Estados Unidos está animada de un espíritu liberal. Respecto a la inspiración
religiosa de las dos culturas, indica que:
"La tradición puritana de los primeros
inmigrantes dio a la civilización angloamericana cierto sello de identificación
con su progreso económico-social y su
liberalismo en el sentido intelectual. Adheridos a su fe protestan te, los angloamericanos encontraban tal vez en ella
menos inspiración para su vida cultural
que los colonos españoles, cuya literatura,
Bellas Artes y arquitectura giraban alrededor de la religión católica".
La cultura latinoamericana moderna ya
no es• eclesiástica, pero la religión sigue
siendo una fuerza popularmente colectiva,
no un asunto personal y privado como en
Estados Unidos. La religión común es la
católica. En Norteamérica no hay una
religión dominante, común. Entre nosotros, el culto adquiere caracteres de fervor local, regional o nacional, en múltiples ocasiones. Las fiestas religiosas reúnen más gente del pueblo que las fiestas
cívicas y las dos tienen un espíritu totalmente diferente. En Estados Unidos, en
cambio, existe un secularismo espiritual
que ha dado origen a lo que han llamado
una "religión cívica", religión oficial inspirada en el cristianismo, pero distinta de
él, independiente. Sus ritos son de carácter cívico secular, como las celebraciones
del "día de gracias" en que se come pavo, o el "domingo de pascua" en que se
estrena ropa nueva y los niños juegan con
unos "huevos de coneja", o aun la Navidad con su comercio de regalos y simbolismos no cristianos. Religión oficial, por-

que se acostumbra invocar a Dios de
oficio, ya sea en los tribunales, fiestas escolares o institucionales o aun en discursos
de políticos.
Este espíritu de secularización liberal
permite una tolerancia que no es posible
donde la religión mueve pasiones y creencias fundamentales con las que nos identificamos decididamente. Al apasionamiento con que se defienden como cosa
propia las ideas religiosas, nuestro autor
lo considera ''dogmatismo" y a lo que pudiéramos tachar de despego o falta de interés vital en la religión, el autor lo llama "liberalismo".
En mi parecer, la comparación última
de las dos culturas tiene que completarse
desde adentro, esto es, desde los puntos
de vista de los actores y consumidores,
digamos, de esos modos comunes de ser
y pensar. El punto de vista externo de
un imparcial, y extraño, observador y
juez, es insuficiente; no importa lo bien
documentado que esté. Por eso, los resultados observables desde afuera -y afuera
quedan aun las obras de investigadores
nacionales, pues los libros no dialogan-,
tienen que confrontarse en choque íntimo,
dialéctico, con las experiencias y puntos
de vista subjetivos de los que actúan y
sufren el fondo vital de una cultura. Esa
confrontación es lo que buscó nuestro
autor. Desde la Universidad de Notre
Dame varios profesores "latinos" estuvimos dialogando con él sobre el contenido
de su libro Angloamérica e Hispanoamérica, y como me indicó en carta personal,
algunas de nuestras "ideas" le parecieron
bien para emplearlas en el texto. Sigo yo
en diálogo con él sobre este libro que le
han pedido adapte a texto universitario
para cursos sobre las dos grandes civilizaciones de América. Esperarnos con verdadero interés su aparición, pues sin duda
será un buen paso en la búsqueda de un
entendimiento que convierta la dialéctica

o sintesis lógica de hechos contrarios en
dialógica o cordial acuerdo de ideas 'afines.
MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

•

Nacogdoches, Texas, junio de 1967.

JI¡Ns KELSEN. Principios de Derecho
Internacional Público.

KELSEN, PROFESOR Emérito de la
Universidad de California y Miembro Honorario del "Institute de Droit Internacional" y una de las más brillantes figuras en el campo de los estudiosos del derecho, ve ahora su interesante obra Principios de Derecho Internacional Público
vertida al castellano en traducción de los
Profesores Hugo Caminos y Ernesto C.
Hermida, en obra publicada por la editorial "El Ateneo" de Buenos Aires, obra
que en su versión original llena el título
"Principies of lnternational Law".
De acuerdo con el propio Kelsen, "este libro se ha compuesto como una introducción al estudio del Derecho Internacional", examinándose su naturaleza y sus
conceptos básicos, así como su estructura
y la posesión que cuenta en el campo del
Derecho General.
Kelsen elabora una teoría del Derecho
Internacional, al hacer tal análisis. Nos
habla de la costumbre acerca de la división tradicional del Derecho Internacional en dos partes principales: el derecho
de paz y el derecho de guerra.
De acuerdo con el autor, establece que
en primer lugar, "es al Derecho Internacional general al que se re/ieren los principios''. El Derecho Internacional particular creado por los tratados, solamente
se examina con el fin de demostrar las
posibilidades de desarrollar el Derecho
Internacional de una manera técnicamente progresiva.
Así, en el capítulo primero se conteroHANS

643
H

�pla la naturaleza del Derecho Internacional: actos ilícitos internacionales y sanciones internacionales.
En el capítulo segundo se estudian las
esferas de validez del Derecho• Internacional.
En el capítulo tercero se trata de lo
relativo a la función esencial del Derecho: la determinación de las esferas ge
validez de los órdenes jurídicos internacionales por el orden jurídico internacional ( existencia jurídica del Estado).
En el capítulo cuarto se estudia lo re-

lativo a la creación y aplicación del Derecho Internacional, y por último, en el
capítulo quinto se establece la diferenciación entre Derecho Internacional y
Derecho Nacional.
A través de sus 385 páginas el nutrido
contenido de esta obra, pone de manifiesto la profundidad del pensamiento del
maestro creador de la Teoría Pura del
Derecho y su aportación al Derecho Internacional no menos significativa.

CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS
Lrc. ALBERTO GARcÍA GÓMEZ
ALEMANIA
lnstitut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, 1966.
Problems of the peoples o/ the USSR, Munich, Gennany, No. 26 Winter 1966.

ARGENTINA
· ALBERINI, CoRIOLANO, Problemas de la Historia de las Ideas Fílos6ficas en la Argentina,
Instituto de Estudios Sociales y del Pensamiento Argentino, Departamento de Filosofía,
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de la Plata, 1966.
Bibliografía Argentina de Artes y Letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires,
Nos. 24, 25-26, 27-28, 29-30, 31.
Estudios, revista argentina de cultura, información y documentación, Buenos Aires, Nos.
580, 581, 582, 584, 585.
MuR, MANUELA, Luz entre sueños. Buenos Aires, 1966.
Philosophia, revista del Instituto de Filosofía, Mendoza, No. 31, 1966.
Revista de Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y
Letras, Instituto de Literaturas Modernas, Mendoza, No. 4, 1965.
Sapientia, Universidad Católica Argentina de Santa María de los Buenos Aires, Dirección y Administración Seminario Mayor San José, La Plata, Año XXII, No. 85, 1967.
Universidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Nos. 67, 68.
Versión, revista de la Biblioteca Pública General San Mart'm, Mendoza, No. 5, 1966.

COLOMBIA
Colegio de Bibliotecarios Colombianos, Editorial Universidad de Antioquía, Medellín,
No. 4, Enero-Diciembre, 1966.

DÍAz DÍAz, OswALDO, Teatro, Publicaciones Editoriales Bogotá. Bogotá, 1963.

645

644

�Estudios de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de
Antioquía, Medellín, Nos. 70, 71.
Franciscanum, Colegio Mayor de San Buenaventura, Bogotá, Año IX, No. 26, MayoAgosto, 1967.
Thesavrvs, Boletín del Instituto Caro y Cuervo,,Bogotá, Nos. 1, 2 y 3 correspondientes
a 1966.

COSTA RICA

Revista de Ciencias Jurídicas, Universidad de Costa Rica, Escuela de Derecho, No. 8, 1966.

CUBA
BruTo, FEDERICO, Venezuela Siglo XX, Casa de las Américas, La Habana, Premio Ensayo 1967.
Casa de las Américas, La Habana, No. 45, 1967.
GRANDE, FÉLIX, Blanco Spirituals, Casa de las Américas, La Habana, Premio Poesía
1967.
Islas, revista de la Universidad Central de las Villas, Santa Clara, Cuba. Vol. VIII,
No. 3, 1966. Vol. IX, No. 1, 1967. No. 2, 1967, No. 3, 1967.
IZNAGA, ALCIDES, La Roca y la Espuma, Dirección de Publicaciones: Editora Universitaria Universidad Central de las Villas, Santa Clara, Cuba, 1965.
ORTIZ, FERNANDO, Africania de la Música Folklórica de Cuba, Dirección de Publicaciones Universidad Central "Marta Abreu" de las Villas, Santa Clara, 1965.
RoA, RAÚL, Escaramuza en las Vísperas y otros engendros, Dirección de Publicaciones
Universidad Central "Marta Abreu" de las Villas, Santa Clara, 1966.

ECUADOR

Anales, Universidad de Cuenca, No. 2, Abril-Junio de 1967, No. 3-4, Julio-Diciembre.
Boletín de la Academia Nacional de Historia, Quito, Vol. XLIX, No. 108, Julio-Diciembre de 1966.

ESPAlil'A
Archivo Ibero-Americano, revista trimestral de estudios históricos, publicada por los
pp. Franciscanos, Madrid, Año XXVI, No. 104. Octubre-Diciembre de 1966, Año
XXVII, No. 105, Enero-Marzo de 1967, Año XXVII, No. 106, Abril-Junio de 1967.
Avgvstinvs, revista trimestral publicada por los padres Agustinos Recoletos, Madrid, Nos.
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Convivium, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Barcelona, No. 22, EneroAbril, 1966.
Revista de Indias, Instituto Fernández de Oviedo, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Madrid, Año XXVI·, Nos. 103-104, Enero-Junio, 1966.

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ESTADOS UNIDOS

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Handbook o/ Lation American Studies, University of Florida Press, Gainesville, Fla.,
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literatures, Department of Romance Languages, University of Pennsylvania, Philadelphia, Vol. XXXV, No. 1, January 1967, Vol. XXXV, No. 2, April 1967, No. 3,
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lnter-American Review o/ Bibliography, Pan American Union, Washington, D. C., Vol.
XVII, No. 1, January-March 1967, Vol. XVII, No. 2, April-June 1967, Vol. XVII,
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]ournal of English and Germanic Philology, published by the University of Illinois Press,
Urbana, Ill., Vol. LXVI-, No. 1, January 1967, Vol. LXVI, No. 4, October 1967.
]ournal of lnter-American Studies, University of Miami Coral Gables Florida Vol IX
No. 1, January 1967, Vol. IX, No. 2, April 1967.
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Texas Library, Austin, Texas, 1966.
Nisenan Texts and Dictionary, by Hans Jorgen Üldall and William Shipley, University
oí California Publications in Linguistics, Berkeley and Los Angeles, 1966.
Papers of the Michigan Academy o/ Science, Arts and Letters, published for the Michigan Academy of Science, Arts and Letters by The University oí Michigan Press, Ann
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Missouri, Vol. 34, No. 3, September 1967.
Science Bulletin, The University of Kansas, Lawrence, Kansas, Vol. XLVII, Nos. 3,
5, 6, 7, 8, 9, 10, 21, 1967.
Symposium, a quarterly journal in modern foreign literatures, published by Syracuse
University Press, Syracuse, New York, Vol. XXI, No. 1, 1967.
Temas Universitarios: Seminario de Paracas, Perú, Center of Latín American Studies,
University of Kansas, Lawrence, October 1967.
The lronic Game: A Study of Rotrou's Comic Theater, by Harold C. Knutson, University of California Publications in Modern Philology, University of California Press,
Berkeley and Los Angeles, 1966.
The Personalist, an international review of philosophy, religion and literature, the School
of Philosophy University of Southern, California, Los Angeles, Vol. XLVII, No. 1,
Jl\llUary 1967, Vol. XLVIII, No. 2, April 1967.
The Psychological Record, a quarterly journal in theoretical and experimental psychology,
published at Denison University, Granville, Ohio, Vol. 17, No. 1, January 1967, Vol.
17, No. 4, October 1967.
The Southern Review, published quarterly at Louisiana State University, Baton Rouge,
Louisiana, Vol. 3, No. 1, Winter 1967, Vol. 3, New Series, No. 4, October 1967.

647

�..
FRANCIA
Annales de l'Université de Paris, revue trimestrielle, Sorbonne, Paris, 36 Année, No. 4,
Octobre-Décembre 1966, 37 Année, No. 1, Janvier-Mars 1967.

INGLATERRA
Bulletin of Hispanic Studies, Liverpool University Press, Vol. XLIV, No. 1, January
1967, No. 3, 1967.

ITALIA

Giuseppe Rensi Atti della "Giornata rensiana" A cura di M. F. Sciacca, publicazioni
dell'lstituto di Filosofia dell'Universita' di Genova, 1967.
RoGGERONE, GmsEPPE AoosTINO, James e la crisi della coscienza contemporanea, publicazioni dell'Istituto di Filosofia dell'Universita' di Genova, 1967.
VERONDINl, ENRICO, Lettere sulla spiritualita rosminiana, pubblicazioni dell'Istituto di
Filosofia dell'Universita' di Genova, 1966.

Memoria de El Colegio Nacional, editorial del Colegio Nacional, México, D. F., Tomo
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Alesoamerican Notes, University of Americas, A. C., Biblioteca, Carretera México-Toluca,
1966.
ORTIZ GIL, CARLOS, El Candidato llega Mañana, Instituto Tecnológico y de Estudios
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RosENBLAT, ANGEL, La población de América en 1492, El Colegio de México, México,
D. F., 1967.
Universidades, Unión de Universidades de América Latina, Ciudad Universitaria, México, D. F., Nos. 24-25, 26, 27-28, 29, 1966 y 1967.
VÍCTOR L. URQUIDI / ADRIÁN LAJOUs VARGAS, Educación Superior, Ciencia y Tecnología en el Desarrollo Económico de México. El Colegio de México, Departamento
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PERÚ
Letras, órgano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Letras U.N.M.S.M. Lima, Perú, Nos. 72-73,
lo. y 2o. semestres 1964.

JAPON
PUERTO RICO
Bigaku, is published quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-sha by the Japanese
Society for Aesthetics, c/o Faculty of Letters, Tokyo University, Japan, Vols. 17 y 18,
1966, 1967.

Asomante, revista trimestral editada por la Asociación de Graduadas de la Universidad
de Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico, No. 1, Enero-Marzo 1967.

MEXICO

URUGUAY

Abside revista de cultura mejicana, Méjico, D. F., Nos. 1 y 2, 1967.
Apunt;s sobre Historia de las Ciencias. Naturales, Instituto Tecnológico Y de Estudios
Superiores de Monterrey, Escuela de Agricultura y Ganadería, por 'Manuel Rojas
Garcidueñas, Biol., M. S. Monterrey, N. L., 1967.
Boletín del Archivo General de la Nación, Secretaría de Gobernación, Archivo General
de 1a Nación, Palacio Nacional, México, D. F., Tomo VII, Nos. 1-2, 1966.
GÁMEZ, BENITO, La Decisión. Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, 1967.
GARCÍA RoBLEs, ALFONSO, El Tratado de Tlatelolco, El Colegio de México, México,
D. F., 1967.
Historia Mexicana, revista trimestral publicada por El Colegio de México, México, D. F.,
Vol. XVI, No. 3, Enero-Marzo 1967, Vol. XVI, No. 4, Abril-Junio 1967, Vol. XVII,
No. 1, Julio-Septiembre 1967, Vol. XVII, No. 2, Octubre-Diciembre 1967.
La Palabra y El Hombre, revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, No. 40,
Octubre-Diciembre 1966, No. 41, Enero-Marzo 1967, Abril,Junio 1967, Julio-Septiembre 1967.

Revista Histórica, publicación del Museo Histórico Nacional, Montevideo, Nos. 58-60,
61-63, 70-72, 73-75, 76-78, 79-81, 82-84, 88-90, 91-93, 94-96, 97-99, 100-102,
103-105, 406-108, 109-111, correspondientes a 1953, 1954, 1955, 1956, 1957, 1958,
1960, 1961, 1962, 1963, 1964, 1965, 1966.

VENEZIA
ATTI, Instituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti, Anno Accadernico CXXVIII, Tomo
CXXIV, 1965-1966.

VENEZUELA
Cultura Universitaria, revista de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de
Venezuela, Caracas, Abril-Junio 1966, Julio-Septiembre 1966.

648
649

�Terminóse de imprimir el día
29 de marzo de 1968 en los Talleres de la Editorial Jus, S. A.,
Plaza de Abasolo número 14-,
Col. Guerrero. México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

N~

0383

�</text>
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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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          <name>Periodicidad</name>
          <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
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              <text>Anual</text>
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          <name>Relación OPAC</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
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                <text>Humanitas, Sección Comentarios y Reseñas Bibliográficas, 1968, No 9, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Ciencias Sociales</text>
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                <text>Filosofía</text>
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                <text>Historia</text>
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                <text>Letras</text>
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                <text>Humanidades</text>
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                <text>Publicaciones periódicas</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>García Gómez, Alberto</text>
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                <text>01/01/1968</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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~HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

9

\.

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 68

���HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

9

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 68

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Presidente y j efe de la Sección de Filosofía:
DR.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

Jefe de la Sección de Historia:

PRoF.

IsRAEL

CAv

zos

GARZA

jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
LIC. ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:

DR. FRANc1sco Bucro PALOMINO

9

1968

�HUMANITAS
Correspondencia; Centro de Estudios
Humanísticos - Dirección; Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria
Monterrey, N. L. - México.

ÍNDICE
S1::cc16N

PRIMERA

FILOSOFÍA
(A)

INVESTIGADORES LOCALES

PRIMERA EDICION
Dr. AcusriN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: Fundamento y Esencia
de la Verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. FRANCISCO Bucro PALOMINO: Por una Verdad Humana . . . . . . . .

Marzo de 1968.-1,000 ejemplares.

(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Lic. CAru.os GoNZÁLEz SALAS: El R iesgo de La Libertad . . . . . . . . . .
Dr. RoBERT S. IiARTMAN: La Naturaleza de la Valoración . . . . . . . . . .

Dr.
Prof.
Dr.
Dr.

I

Dr.

v Dr.
Dr.

Dr.

13
25

ScJACCA: Ser el "Otro" . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Sentido de la Formaci6n Humana en
el Humanismo Renacentista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
HuMBERTO PlÑERA: Una Peripecia de la Lógica Antigua: J)e la
Idea al Concepto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
FRJTZ J. VON RrNTELEN: La Posibilidad de un Encuentro mtre
las Culturas de los P1teblos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ISMAEL Qun..Es: El Nirvana como Estado Inconsciente . . . . . . . .
l sMAEL Dmco PÉREz: El Mito del Hombre . . . . . . . . . . . . . • . . . .
Ivo HoLLl-lUBER: El Eje Metaliistórico del Porvenir Europeo . . . .
PATRJCK R01,tANELL: Una crítica del Darwinismo Social . . . . . .
MtCHEL FEDERICO

33
45
71

MANUEL GONZALO CASAS:

79
87
115

133
147

175
193

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Hwnanisticos de la U.NL.

La n:sponsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario co1responde exclusivamente a

sus respectivos autores.

7

�SECCIÓN SEGUNDA

Historia de España. La campaña electoral: 1936 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 417

MA.

GUADALUPE MARTÍNEZ BERRONEs:

LETRAS

(B)
(A)
EnuARDo

Lic.

GUERRA

CASTELLANOS:

(B)

R.

La _.Divisi.én de Operaciones . . . . . . . . . . . . . . . .
Una visita de inspección al abrigo de ro&amp;a llamado
"Cueva Ahumada", en la villa de García, Nuevo León . . . . . . . . . . . .
JosÉ ToRRE REVELLO: Diiración de los uiajes desde España al Nuevo
Mundo (1525-1810) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MALCOLM D. Mcl.EAN: Moros y cristianos en Texas . . . . . . . . . . . . . . . .
Ihrnz Or-ro SIEBURG: La Revolución Rusa de octubre de 1917 . . . . . .
FRANCISCO

La Euolución Consonántica
Comparada en dos Dialectos lberorrománicos: Catalán y Castellano 205
ELrsABETH K. DE HINOJOSA: La Literatura Folklórica ''Proyección" del Folklore Literario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225

Lic.

CoLABORADORES FORÁNEOS

INVESTIGADORES LOCALES
ALMADA:

431

ANTONIBTA ESPEJO:

INVBSTIGADOMS FORÁNEOS

JAMES Wn,us ROBB: Grata Compañía: Una Sabrosa Charla Erudita de María Rosa con Don AHonso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2-35
Dr. MYRON l. LrcaTBLAU: La Conciencia de Latinoamérica en Tres
Dramas Contemporlmeos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 249
Lurs LEAL: J nterpretaciones de la Literatura M exicana . . . . . . . . . . . . . . 259
Dr. SERGIO FERNÁNDEZ: Los Gusanos Rojos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 275
DARDO CÚNEO: Aproximaciones a Unamuno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 289
JOIIN L. BROWN: "La época de la novela norteamericana" 20 años

457
465
477
481

Dr.

después .......................... •. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

SECCIÓN CUARTA

CIENCIAS SOCIALES
(A)

INVESTIGADORES LoCAL~S

ALBERTO GARCÍA Gfamz: El Primer Tratado de Desnuclearización
en la América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 503
JUAN SANDOVAL TRUJILLO: Consideraciones Sociológicas en Torno al
Desarrollo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . 517

Lic.

307

SECCIÓN TERCERA

(B)

HISTORIA
(A)
ISRAEL CAvAzos

Dra.
Prof.

COLABORADORES LOCALES

GARZA: Cuatro gobernadores coloniales de Nuevo León.

Ensayos biográficos ......... ... .... ·......................... .
P. SALoAÑA: La República en ruta hacia el Norte ............. .
ToMÁs MENDIRlCHAGA CUEVA: La Universidad Socialista de Nuevo
Leór, ( Oetub,re de 1934 - Septiembre de 1935) ......•........... .
E. VÍCTOR NmMEYER, JR.: La presencia de Nuevo LC-On en el Congreso
Constituyente de Querétaro de 1916-1917 .... ... . ............. .
ISIDRO VIZCAYA CANALES: El Periódico Oficial del Gobierno de Nuevo
L eón en el Siglo XIX ....................................... .
JosÉ

8

Dr.

327
339

Dr.
Dr.

361

INVESTIGADORES FORÁNEOS

Sociología del Arte . . . . . . . . . .
GIORGIO DEL VEccmo: Las Bases Racionales del Estado y de los
Acuerdos entre los Estados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . .
C. A. CANNEGIETER: Los Aspectos Humanos de la Lucha entre la
Empresa Privada y la Pública . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JosÉ SALVADOR GuANDIQUE: El Pensamiento Activo de Masferrer
RoBERT S. SMITH: El Pensamiento Económico de José Joaquín
de Mora . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ANGELES MENDIETA ALATORRE:

529
541
549
565
595

389

405

41

9

.I

�SECGlÓN

QUINTA

COMENTARIOS Y RESENAS BIBLIOGRAFICAS
Dr. Víctor E. Frank]: La 1 dea Psicológica del Hombre, por AGUSTÍN BASAVF,
FERNÁNDEZ DEL VALLE, 611.----Dr. Agust'm -:Basave Fernández del Valle:
Metafísica de la Muerte, por MANUEL MENDoZA SÁNCHEZ, 619.-Nettie
Lee Benson: México and the Spanish Cortes, 1810-1822: Eight Essays.,
por E. V. NIEMEYER JR., 621.-Jean Viet: Les Méthodes stTucturalistes
dans les scümces sociales, por JEAN-PmRRE VIELLE, 621.-Vários autores:
Problemas del estructuralismo, por JEAN-PlER.RE VIELLE, 622.-Varios autores: Coloquios de Royaumont. El Concepto de Información en la ciencia contemporánea, por JEAN·PIERRE VmLLE, 623.-Claude Levi-Strauss:
Le Cru et le Cuit, por DlETRICH HAuCK, 624.-Fray Juan Agustín de
Modi: Diario y Derrote,ro (1777-1781), por IsmRo VIZCAYA CANALES,
627.-Jorge Ibargüengoitia: La Ley de Herodes, por FmEL CrrÁVEZ P.,
628.-Mordecai S. Rubín: Una poética moderna. Muerte sin fin de José
Gorostiza, por LIC. EusABETH K. DE HINOJOSA, 630.- Dr. Agustín Basave Fernández del Valle: 11isi6n de Andalucía, por Ltc. EouARDo GUERRA CAsTELLANOs, 635.-Dietrich Hauck: Die Staedte des mexikanischen
Hochplateaus und 'ihre Wirtscha/t von den Anfaengen bis zur Conquista,
por Mmsis GARY, 637.-Edmund S. Urbanski: Angloamérica e Hispanoamérica. A7lálisis de dos civilizaciones, por MANUEL MENDOZA SÁNCIIEZ, 6"38.- Hans Kelsen: Principios dé Derecho Internacional Público,
por ALBERTO GARCÍA GóMEz, 643.

Sección Primera

FILOSOFIA

,

�FUNDAMENTO Y ESENCIA DE LA VERDAD
D R. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo León.
Sumario: l. ¿Qué es la verdad?-2. Fundamentación de la Verdad.-3. El sentido de la
Verdad-4. La Verdad Mundana participa de la Verdad Eterna.--5. Verdad y
Convivencia,

r

l. ¿Qui

ES LA VERDAD?

¿ CuÁL ES LA ESENCIA DE LA VERDAD? Ordinariamente se entiende por verdad

lo real. Decimos, por ejemplo, que "fulano" es un verdadero amigo, indicando
que se trata de un amigo real, auténtico. La definición tradicional de la verdad: "veritas est adaequatio rei et intellectus", o, mejor aún: "veritas est
adaequatio intellectus ad rem" (la verdad es la adecuación del conocimiento
con la cosa), entraña un sentido de conformidad, de concordancia. Lo contrario a la verdad -lo falso- es la falta de concordancia del enunciado con
la cosa. Un juicio es falso cuando no presenta a la cosa tal como es. Pero
aún en los juicios falsos hay elementos verdaderos. Si digo, vbg.: "los alemanes
son latinos", digo seguramente algo falso, pero es al menos verdad que existen
los alemanes y que ciertos hombres son latinos. Un pensamiento que no se
identificase con ninguna cosa, será imposible, nada en el orden del pensamiento.
Por eso se ha dicho que una verdad está supuesta siempre en el error.
El hombre no podría vivir, si no tuviese la convicción de que sus facultades
cognoscitivas le llevan a la verdad. Sería imposible obrar o absten"erse de
obrar. Indudablemente la razón alcanza con certeza plena las verdades más
elevadas del orden natural Y ello es así, porque lo que es, es lo que causa en
nuestro espíritu la verdad. Para ser plenamente escéptico habría que convertirse en vegetal. Es claro que al afirmar la veracidad de nuestras facultades
cognoscitivas estamos muy lejos de caer en e1 error, por exceso, del racíonalis-

13

�lucidez, sólo qui re decir que aquel conocuruento es evidente; pero que la
verdad de este conocimiento se reduzca a ese su lúcido y puro descubrir) es
lo que el análisis fenomenológico no da de ninguna manera. Este análisis nos
hará ver que la pura percepción, la simple "apprehensio", por muy diáfana y
lúcida que sea, no es la verdad, al mepos, la verdad consumada y perfecta,
la que la evidencia verifica y descubre. Es en el juicio, en la compl xión predicativa, explicitada o no, donde la verdad como tal puede ser_verificada; y
esta verificación en todo juicio verdadero, también en el que versa sobre lo
inmediatamente descubi rto en la intuición, no dice otra cosa sino que el juicio se conforme con lo juzgado". La evidencia -propiedad de una verdad
cualificada- no es la verdad misma. La verdad, como adecuación lógica,
implica la revelación y el descubrimiento del ser uúsmo en su patencia No
es la "quididad" o esencia de la cosa conocida lo que causa la verdad, sino
el ser: el ser de la cosa dicho y revelado en el juicio.

mo. uestra razón alcanza la verdad no sin dificultad y a condición de someterse a una disciplina externa a ella.
Heidegger ha formulado el carácter ontológico fundamental del problema
de la verdad, retornando a la aurora del pensamiento griego: la verdad es
descubrimiento, revelación del ser, de lo existente. De esta verdad original y
esencial, surge, como degradación, 1a revelación de adecuación de la verdad
lógica. Antes de todo predicado, está. el estado manifiesto de lo existente, el
ponerse al descubierto. La verdad de la proposición echa sus raíces en una
verdad óntica. En su estudio intitulado "De la esencia de la verdad" (''Vom
Wesen der Wahrheit"), Martín Heidegger expresa que "si sólo mediante la
aperticidad del comportamiento la conformidad (verdad) del enunciado se
hace posible, lo que hace entonces posible la conformidad posee un derecho
más original de ser considerado como la esencia de la verdad".• Pero ese
comportamiento abierto a la potencia de lo real, se funda en la libertad. No
se trata de capricho ni de subjetividad arbitraria, sino de un entregarse a lo
real patente y manifiesto, de un dejar ser al ente. Esta libertad se identifica con
la existencia del hombre. Antes que todo, la libertad "es el abandono al develamiento del ente como tal". 2 En este sentido, cabe afirmar que el hombre no
'posee" la libertad como una propiedad, sino al contrario~ la libertad posee
al hombre. Observa Heidegger que el error, como ocultamiento del misterio
del ser, forma parte de la íntima constitución del hombre histórico. Concluye
afirmando: "La pregunta por la esencia de la verdad encuentra su respuesta
en la sentencia: la esencia de la verdad es la verdad de la esencia".ª Corresponde a la ontología fundamental plantear y resolveI la cuestión de la verdad
de la esencia, de ]a verdad del ser. Hasta aquí el pensamiento de Heidegger
sobre la esencia de la verdad. Apuntemos unas cuantas e indispensables observaciones críticas.
Al idealismo de "Ser y Tiempo'' (la verdad como producto del "Dasein")
sucede ahora un realismo: el hombre está abierto a la verdad, pero no la engendra. Cab preguntar si la antítesis entre la verdad de adecuación (lógica)
y la verdad de revelación ( óntico-preontológica) puede o no ser superada. En
una nota preTu:ninar al libro de Alfonso de Waelhens La Filosofía de Martín
Heidegger, 1 jesuita español Ramón Ceña) observa: "Que el conocimiento
verdadero descubra la cosa en sí misma, es afirmación perfectamente admisible· que este descubrir se revele por sí mismo como tal, en toda su radiante
' 'MARTÍN HEIDEGGER,

p. 1O, De la ese11cia de lo verdad, traducción del alemán por
Revista Cubana de Filosofía, Vol. TI, No. 10, Enero-Junio

Hu1tBRRTO PrÑERA LLERA,

de 1952.
• MAATÍN

HEmEGCER.

Op. cit., p . 13.
21.

• MARTÍN Jú:IDEOOER, p.

14

2.

1

FUNDAMENTACIÓN DE LA VERDAD

LA VERDAD -Luz y ALIMENTO- es comunicada después de ser poseída. Todo
el hombre está empeñado en la indagación de la verdad. Y cuando se la desubre amorosamente en el silencio de la meditación, se pega al alma y le infunde vida interior. No es bien mostrenco, sino asunto íntimo, descubrimiento
histórico con una filiación personal. El hombre no in enta la verdad, se acerca
a ella y la recoge con reverente humildad. Pero en este acercamiento, el ser
humano rasga la corte2a de- las cosas para alumbrar su secreto íntimo.
Al tener conciencia de nosotros mismos nos decidimos por la verdad. Esta
decisión nos ennoblece y nos salva. Si acertamos a expresar lo que realmente
es, preguntando a las cosas y a nosotros mismos qué es lo que ellas son, y qué
es lo que nosotros somos, estamos en vias de encoptrar respuesta a nuestro
destino. Vivir humanamente es sentir la urgencia y necesidad de la verdad.
ólo al hombre le aqueja el deseo de dar respuesta a aquella pregunta formulada por Pilatos: "¿ Qué es la verdad?" Pero antes de contestar a esta suprema
y final interrogación nos preguntamos por 1a verdad de las cosas, de las cosas
que cambian.
Cuando queremos sab r qué es lo que las cosas verdaderamente son, no
estamos utilizándolas o recreándonos en ellas. Estamos haciendo teoría. Actitud
teorética que nos eleva sobre las cosas, desde el momento en que, inquiriendo
por ellas, les arrancamos su secreto. Secreto que ellas mismas son impotentes
para descubrir.
15

�Nacimos para la verdad, aunque nos empeñemos algunas eces, en v1VIr
en el error. Nos afanamos y nos desvivimos por descubrir el oculto tesoro de
verdad que aprisionan las cosas. Porque "las cosas, agusanadas de temporalidad en su devenir incesante, están también angelizadas de permanencia en
su verdad eterna" ( Muñoz Alonso) .
Realidad = Verdad. Esta equivalencia lleva implícita la afirmación de una
verdad no creada por la mente humana. La verdad, como eterna que es, nos
preexiste y nos trasciende. No creamos la verdad, pero sí la conocemos. Y al
conocerla participamos de eUa. San Agustín sostiene la percepción inmediata
de Dios: nuestra inteligencia ve una verdad, la misma e inrnuta,ble para
todos. Esa verdad o es Dios o es inexplicable sin Dios. En una forma intuitiva, el santo obispo de Hipona ve la verdad absoluta (Dios) en toda verdad.
Ninguna verdad, ninguna bondad, ninguna belleza habría sin la existencia de
un Dios que no se confunde con lo creado, con lo participado y lo mudable.
Si Ja mente del hombre participa de la verdad, es porque Dios -la Verdadle hace partícipe. uestra razón pronuncia juicios verdaderos porque ve, en la
inteligencia, las verdades primeras, o ideas, o principios. La inteligencia intuye;
la razón concluye. En el interior del hombre están presentes a la inteligencia
los principios. La razón establece nexos y relaciones, formula juicios y discurre
aplicando los principios inmutables del juicio. La verdad, de la que nosotros y
las cosas participamos, no proviene ni de nosotros ni de las cosas. El origen
de las verdades inmutables, necesarias y universales, es Dios. M:i pensamiento,
aun cuando sea causa de aquello que piensa, no es principio de sí mismo.
Puedo concebir la existencia en términos de verdad, en términos referidos al
sentido inteligible de mi propio existir; pero esto no significa que sea yo la
verdad de mí mismo (la absoluta verdad de mí mismo). Si mi mente, finita
y mudable, es capaz de una noción de la verdad absoluta y conoce verdades,
es porque soy por la Verdad y para la Verdad.
La validez de nuestros juicios está respaldada por la objetividad de normas
o principios en base a los cuales la razón juzga. Estas normas o principios del
juicio no son mudables y finitos; por tanto, no pueden ser un producto de la
mudable y finita actividad racional. La Verdad que hace que la razón sea
verdadera, sobrepasa y trasciende a esa misma razón. Porque hay normas verdaderas, hay juicios verdaderos. Y esas normas verdaderas o principios inmutables que son fundamento de ]a veracidad de los juicios, no pueden inducirse
de la experiencia sensible. Porque lo más no puede salir de ]o menos, lo inmutable y necesario de las normas verdaderas no puede provenir de lo mudable
y contingente de las cosas. Aunque la verdad esté presente a la mente, es más
que la mente, porque fundamenta toda cosa verdadera y la mente miswa. La
verdad intuida no encuentra su adecuada subsistencia real en ninguna cosa
16

existente. Queda siempre como objeto ideal abstracto y supone su Sujeto real
de la Verdad absoluta. De no haber una Verdad absoluta no habría verdad
alguna.
Desde la propia intimidad inagotable percibimos el llamado de una verdad
infinita que nos trasciende y que funda la realidad de las verdades finitas. La
verdad presente en nuestro espíritu es w,a imagen de Dios, pero no es Dios.
Como San Agustín, también M. F. Sciacca encuentra que la fundamentación
de la verdad es, a la vez, la prueba de la existencia de Dios. Pero no se limita
a repetir a San Agustín, porque le sobra talento, y formula una prueba de la
existencia de Dios - hundiendo sus raíces en el ser del hombre- que, al decir
de Manuel Gonzalo Casas -y sin ninguna exageración- casi no tiene paralelo en la bibliografía contemporánea. "O no hay verdad -nos dice-, o si
la hay sobrepasa a la razón, en cuanto que es dada a la razón y no puesta por
ella. En otros términos: o no hay verdad y con ello se llega a la conclusión
absurda y contradictoria de que 'es verdad que nada es verdad'; o hay verdad y también hay un más allá de la razón; o no hay nada que sea verdad". 4
Una vez ubicados los términos del problema, Michele Federico Sciacca pasa
a formular con toda precisión~ la prueba. Hela aquí, con sus propias palabras:
"El ente inteligente intuye verdades necesm:ias, inmutables, absolutas; el ente
inteligente, contingente y finito, no puede ni crear, ni recibir de las cosas por
medio de los sentidos, las verdades ab:,olutas que intuye; luego existe la Verdad en sí necesaria, inmutable, absoluta, que es Dios". 5
La teoría de la fundamentación de la verdad como prueba de la existencia
de Dios, aducida por el filósofo italiano, la consideramos nosotros, más que
como una prueba rigurosamente lógica, como una meditación válida dentro
del orden metafísico. En e1 plano metafisico es un hecho que las verdades
necesarias, inmutables y absolutas intuidas por el hombre, implican la Verdad es decir, a Dios. Pero en el orden del conocimiento, primero se conocen
los efectos que mediante la prueba racional de la causalidad llevan a afirmar
la existencia de Dios, y sólo entonces referimos las erdades a la Verdad. Dicho de otro modo: la realidad de Dios, anterior a las crea turas en el orden
óncico, como creador que es de ellas, les es posterior en el orden lógico, pues
sólo por ellas llegamos a conocerle. Examinando el fundamento de la verdad,
conviene ahora destacar su sentido.

' MANUEL GONZALO CASAS,

p. 52, La Existencia de Dioi. Editorial Richardet, Tu-

cumán-Buenos Aires, 1955.
• MANUEL GoNZALo CASAS .

Op. cit., p. 70.

17
H2

�3.

EL SENTIDO DE LA VERDAD

CuANDO LA VERDAD Nos l'OSEE, surge la ciencia. Los griegos daban el nombre
de "aletheia" al "descubrimiento", a la "patencia" de las cosas. La verdad era,
para ellos, una propiedad del ser real. La significación primitiva del vocablo
fue -según Kretschmer y Debrunner- algo sin olvido; algo en que nada ha
caído en olvido completo. Por la idea de completud se pasó a la de patencia.
La verdad de las cosas en cada existencia del hombre, supone que aquéllas
están propuestas a éste.
La presencia humana en el mundo posibilita -no genera- la verdad. La
inteligencia reviste la forma misma de las cosas. Zubiri expresa, con gran
concisión, que "la verdad es la posesión intelectual de la índole de las cosas''. 6
Pero la verdad no es tan sólo un atributo del conocimiento - tema de la
gnoseología crítica- sino ante todo una determinación trascendental del ser
en cuanto ser. Y en este sentido ontológico de verdad, no cabe una definición
exhaustiva. La universalidad de la verdad impide que sea abarcada por una
definición demarcadora. Partimos del reconocimiento de su existencia, como
hecho original, para dedicarnos al problema de la esencia de la verdad de
las cosas y del hombre. Esta verdad que nos sale al encuentro en la realidad
mundanal nos remite a Dios: su origen y fin.
El ser aparece, se devela al sujeto cognoscente. Y este aparecer - promesa
de revelación- viene preñado de certidumbre, de confianza. Por eso se ha
dicho que "]a verdad no es sólo ºaletheia', estado de no oculto, es también
'Emeth' (palabra hebrea de uso frecuente en la Biblia) : fidelidad, constancia,
autenticidad. Donde hay Emeth uno puede confiarse, entregarse". Por una
parte los entes son recogidos y comprendidos en el hombre, y, por otra parte
el hombre se introduce en el mundo englobante y abierto del ser. Medimos la
verdad por el objeto, pero esta medida incluye libertad y elaboración creadora
de lo externo. En otras palabras: medimos y somos medidos. "La verdad aparece en el mundo como repartida en innumerables sujetos que están abiertos
uno para otro en la originaria actitud de la disposición, y que esperan uno de
otro la comunicación de aquella parte de la verdad - apunta Hans Urs von
Balthasar- que les ha sido confiada por Dios como participación en su infinita verdad. En esta recíproca abertura y en este estar a disposición los
sujetos finitos reflejan así la suprema medida de lo que se puede captar en
el mundo finito de la infinita abertura de la divina verdad" .1 Piénsese que si
Dios no conociese un ente no podría ser conocido por ningún hombre, porque

' ZuBm1, p. 28, Naturaleza, Historia, Dios, Madrid, MCMXLIV.
Uas voN BhLTIUShR, p. 47, La Esencia de la Verdad, Editorial Sudamericana.

' HhNS

18

no existiría en cuanto ente; carecería de medida del ser y, consiguientemente,
de verdad.
Podemos decir libremente la verdad o mentir, porque nos autoposeemos,
porque disponemos de nosotros mismos. Somos responsables de la verdad en
cuanto develamiento y en cuanto comunicación. El amor es inseparable de la
verdad: la esclarece y la posibilita. Estamos llamados -todos, sin excepcióna dar testimonio de la verdad. Abrirse a la verdad, y abrirse en la verdad para
los otros es cumplir la ley de nuestro propio ser. Tenemos la certeza de que
somos hombres para algo más que para dar con nuestros huesos en una
tumba. Por eso me ha parecido siempre magnífico el lema de la Universidad
de Nuevo León: "Alere Flammam Veritatis". Si la administración de la verdad está confiada a la libertad humana, es preciso alentar la flama de la verdad. Condenados como estamos a la muerte, debemos apresurarnos, con inquebrantable voluntad y sin descanso, a dar nuestro mensaje, grande o pequeño, pero siempre auténtico antes de pasar a aquel estadio en donde tenemos la certeza - los creyentes-- de que sobran los mensajes porque todo
está a la vista, en su más prístina patencia. Pero todo develamiento, todo
mensaje debe estar al servicio del amor que abraza y excede a la verdad.
Otra cosa sería exhibicionismo o escándalo.
Si sabemos polarizar la verdad finita - nuestra verdad parcial- hacia. la
verdad absoluta, estaremos en el origen del movimiento de la verdad, poseídos
por el amor y en camino de salvarnos. Las cosas son como Dios las ve. El
conocimiento que de las cosas tiene Dios -arquetípico y ejemplar- es el único
absolutamente exacto~ correcto, verdadero. Resl.Úta natural, entonces que sólo
desde Dios nos podamos ver los hombres.
)

El hombre es un ser dialóuico.
La verdad tiene también , en consecuencia,
o·
un carácter dialógico, social. Florece con el coloquio de los espíritus libres.
Cada hombre tiene la posibilidad de enriquecer su propio campo visual con
el de los otros. Cada hombre capta, sostiene y transmite la verdad de manera
personal. Y todo ello sin mengua del carácter universalmente válido y supratemporal de la verdad. i se habla de la individualidad de fa verdad dada
por la situación, es porque prescindir de este carácter concreto seria ocuparse
de una simple abstracción. El continuo cambio de las perspectivas individuales
y de las situaciones interiores, va constituyendo la historia de ]a verdad. En
el ser, en la verdad, habrá siempre un fondo de misterio y, por tanto, una
inagotable fuente de sorpresa. De ahí nuestra perpetua inquisición de la verdad. ¿Pero es que puede ser otra cosa Ja filosofía? "Busquemos, sugiere San
Agust'm, como quienes van a encontrar, y encontremo,s como quienes aún han

19

�de buscar, pues euando el hombre ha terminado algo, entonces es cuando
empieza" _s
Al buscar las verdades mundanas descubrimos, en su más íntima contextura,
una participación en la verdad eterna.

4.

LA VERDAD MUNDANA PARTICIPA DE LA VERDAD ETERNA

VERDADERO y LO FALSO, en su sentido más radical, se predican de la intelección, no de las tosas. Verdad y falsedad ontológicas corresponden a las cosas
en tanto que pueden ser objeto de conocimiento intelectual. Una caja de cigarros de chocolate es ontológicamente falsa como cajetilla de cigarros, porque es propicia para "ser juzgada" verdadera cajetilla de cigarros, en virtud
de poseer las condiciones para poder ser falsamente entendida. Trátase, por
supuesto, de una falsedad ontológica accidental, no esencial. La cajetilla de
cigarros de chocolate es algo verdadero como cajetilla de cigarros de chocolate. Lo que sucede es que nuestro entendimiento finito no aprehende íntegramente al ser, porque le falta inteligencia. Para captar el ser en su plenitud
se requiere el entendimiento absoluto. Las cosas tienen una relación real de
dependencia con el entendimiento creador. En Dios, la .inteligibilidad del ser
y su intelección no son diferentes. Pero el hombre tiene que poner en contacto,
mediante la actuación de su espúitu, la inteligibilidad del ser con la intelección cognoscente. Conocimiento de la verdad significa, en este sentido, la actividad espiritual contemplativa y desinteresada que se ordena a la posesión del
ser tal cual es.
Por nuestra actividad contemplativa nos orientamos hacia la pura posesión
de la verdad ontológica, hacia la conquista del ser. Y esta conquista enriquece
el espíritu. El error no existe en las cosas, existe en la inteligencia; no se da
en el concepto, se da en el juicio. Sólo el juicio atribuye, predica notas -con titutivas o reales- a las realidades concretas. La certeza se ha definido conceptualmente como el "asentimiento firme fundado en la evidencia". Toda
duda -me lo dice mi intuición- sería irracional. Fundado en esta inconmovible evidencia, San Agustín advirtió: los hombres han dudado de todo lo
imaginable. "Pero ¿quién dudará de que él mismo vive y recuerda y reconoce,
y quiere y piensa y sabe y juzga? Pues aun cuando uno dude, vive: quien
duda se acuerda de aquello de que duda; quien duda reconoce que duda;
quien duda juzga que no debe dar su asentimiento a ciegas. Por consiguiente,
aunque uno pueda dudar de todas las otras cosas, no puede dudar de las dichas,

Lo

$

20

SAN AousTÍN. De Trin., IX, c. l.

pues si ésas no fueran reales, no podría dudar en general de algo". 9 Ante la
evidencia del objeto queda, pues, excluida, toda vacilación dudosa. Percibo o
experimento inmediatamente el conocimiento de un ser real, que está como
real en mi conciencia. No se trata de una conformidad entitativa, sino de una
expresión conceptual de lo que realmente es así. Mi entendimiento no tiene
que convertirse en océano para estar en aptitud de juzgar con verdad acerca
del océano. Entre el modo de ser intelectual y el modo de ser del objeto habrá
siempre una diversidad esencial. Por eso el metafísico alemán G. Sohngen ha
llamado a la verdad, relación entre dos relaciones, esto es, entre la relación
estructural ideal del predicado y el sujeto por un lad0, y la relación estructural
real, por ejemplo, del accidente y la substancia p01· otro.1. 0 En todo caso, la
representación conceptual del objeto -unida a la percepción del mismo- precede a la visión de la verdad del juicio (perceptio veritatis).
Un objeto preyacente, "trascendente" a nuestro entendimiento que juzga,
rige de alguna manera el acto de juzgar. Santo Tomás apunta que "el fundamento de la verdad del juicio es el ser del objeto, no su verdad. Por eso dice
el filósofo: una opinión o dicho es verdadero, porque la cosa es no porque
la cosa es verdadera" .11. Pero lo que no dice el filósofo (Aristóteles) es que
si hay en general verdad finita y ser finito es por una manifestación creadora
y libre de Dios. Aristóteles nunca lle ó a la verdad como artici ación. ues~erdades del mundo están marcadas por Ja~tin.zencia. Un permanente
misterio se entrevé tras toda y
mundana y finita. Se divisa un infinito
trasfondo que carece de fundamento porque está totalmente en sí mismo. Si
rompiésemos esta participación se desplomaría la verdad mundana, cesando
de ser verdad. Y es que "el rmmdo como totalidad, y todo ser singular y toda
erdad singular intramundanos, son -como bien lo expresa Hans Urs von
Balthasar- un genuino aparecer de Dios. El signo en el que Dios se expresa
no representa obstáculo para deesir lo que quiere decir. Entre contenido
p~ión no hay intervalo porque 1a expresión procede tata ente de lo que
r
--~---se revela y está determinada por el contenido que debe expresar. No hay una
lñatéria extraña en la que Dios hubiera acuñado sus ideas: la única 'materia'
existente, de la cual Dios crea el mundo, son su libre voluntad y sus externas
ideas. Por eso, en la creación, la esencia de Dios puede tr--;isparentarse ~
trabas hasta. el punto de que el contemplador de las cosas mundanas pueda
ver el modelo a través de la imagen, y olvidar que no lo ve directamente sino

-

' SAN AGUSTÍN. De trimítate 10, LO n. 14; ML 42, 981.
10

G. SoaNGEN. Sein und Gegestand, p. 122, M'Ünster, 1930.

11

SANTO

ToMÁs. S. th. 1 q. 16 a. 1 ad 3.

21

�en el espejo de la criatura".12 Es preciso, en consecuencia, no dejarnos seducir
por la ilusión de atribuir a las cosas, como propiedad suya, esa eterna verdad
que irradian por participación en Dios. La verdad absoluta está allende las
criaturas. De ahí esa tensión de la verdad mundana hacia la verdad divina:
fundamentación última y suprema medida. El "por qué" de la verdad nos
remite a la voluntad divina que es, a la par, suprema razón. La libertad d~
10s idéntica a la Le de la necesidad. L!I- libertad del hombre, sin la mano
creadora de Dios, es un "ser en la nada".
La vida humana, la vida de cada cual, ha de coincidir con la creciente verdad que tiene por permanente trasfondo y horizonte a la verdad infinita. La
viva verdad mide al ser viviente. Y esta medida es también amparo, misterio
íntimo. Estamos desnudos ante Dios. En Él poseemos, las criaturas, nuestra
común verdad En situación y en circunstancia, conviviendo, nos abrimos a la
verdad. ¿ Qué relación existe entre verdad y convivencia?

5. VERDAD v CONVIVENCIA
EL vo No ES UN SIMPLE DATO PSICOLÓG1co, ni es un hecho sensible objetivamente observable, ni es una suma de vivencias. Hay un conjunto de actividades psíquicas que aparecen y desaparecen: impulsos, pensamientos, deseos,
etc. Pero estas vivencias que van y vienen están referidas y surgen de un fondo
permanente y estable: el yo ontológico. Toda vivencia revela un aspecto del
yo ontológico, pero el yo ontológico no puede reducirse a las vivencias (yo
psicológico) porque las trasciende. El yo "matrix ' ( u ontológico) es el centro del campo de la conciencia con un altísimo grado de continuidad e identidad. Tiene funciones, pero no es función, sino estructura consciente. Todas
mis actividades físicas y espirituales tienen al "yo" como centro unitario de
imputación. De ahí que no quepa decir que el yo es trascendente. Trascendente
sería, únic,amente, el yo ideal que da sentido a la tarea y hacia el cual se
encamina la multiplicidad de actitudes.
Entregarme a la propia vocación es reconocer lealmente mi puesto en el orden universal. Dentro de este orden las cosas se presentan como instrumentos
propicios o como obstáculos para el cumplimiento de la tarea personal. Entes
y circunstancias adquieren consistencia y seriedad. El mundo se ofrece como
una adecuada disposición de cosas a su fin, pero, también, como campo propicio para la resistencia a la vocación y como posibilidad de fracaso.
i:

liANs URs VON BALTKASAR.,

ricana.

22

p. 262, La esencia de la verdad, Editorial Sudame-

Si yo fuese la verdad, no la buscaría. Y la busco porque estoy hecho para
la verdad. "Busco lo positivo absoluto (el ser-verdad) con toda la positividad
de que mi naturaleza de hombre es capaz", expresa Sciacca. En otras palabras: la verdad integral es un punto de convergencia integral del hombre total.
En este sentido cabe decir que la filosofía es, por todos conceptos, ciencia de
la realidad espiritual.

Aún antes de que mi espíritu conozca la verdad, e independientemente de
~te conocimiento, la verdad es. Agustiníanamente hablando podemos decir que
s1 la ve~dad que me precede --eterna e intemporal- no existe más que por un
pensamiento que la piensa, "sólo un pensamiento eterno e inmutable puede
pensar eternamente la eterna e inmutable verdad". Todas las verdades singulares que pensamos los hombres penden de la Verdad absoluta. Estas verdades
.
'
aunque mtenores, nos trascienden. Porque hay una Verdad, somos capaces
de juicios veraces.

.

Como buscadores de la verdad pura, los filósofos no son súbditos de nada,
excepto de esa verdad que se sorfdea para hundirse en ella. Amor que liberta
de ataduras terrestres y que dota al espíritu del señorío y de la dignidad que
le corresponde. Renuncia purificadora que forja hombres más allá de la
caducidad y de la indigencia. Por ser una búsqueda de la verdad, la filosofía
es salutífera. Búsqueda que es preciso insertar en el momento histórico, porque el descubrimiento de la verdad -sucesivo y progresivo- se hace en el tiempo. iempre cabe descubrir, en diversos momentos históricos, aspectos diversos
de una norma universal y eternamente válida. Cuando se afirma que nada
es verdadero o que no existe la verdad se está haciendo renacer - sin saberlo
ni quererlo- el problema de la verdad.
Nuestro pensamiento, aunque pensamiento de un ser-en-el-mundo, trasciende el mundo y se dirige hasta el fundamento mismo del universo, sin tener la
pretensión de adquirir, en el orden natural, el conocimiento propio de Dios.
Es cierto que vamos a lo verdadero con los otros, o no es a lo verdadero
a lo que vamos. Esto por el hecho originario y fundamental de que vivir es convivir. Pero de aquí no cabe concluir, como lo hace Maurice Merleau-Ponty,
q~e "nu_estra relación con lo verdadero pasa por Jos otros", y que "yo no
pienso m según lo verdadero solamente, ni según yo solo, ni según el prójimo
únicamente, porque cada uno de los tres tiene necesidad de los otros dos y
será absurdo sacrificárselos". 1 ª Una cosa es que la verdad --descubierta en
la historia- se me dé en situación y en circunstancia, y otra cosa muy diferente es sostener, erróneamente, "que no hay juez en última instancia". Sólo
11

M&gt;.URICE MERLEA.u-PoNTY, p .

29, Elogio de la f ilosoffo, .Ediciones Gala tea, Bue-

nos Aires, 1957.

23

�la n ·ión misma de verdad -ne saria, objetiva, universal, vá•
de tru) nd
.
d
b para hac r pacto o acomodo.
lida cabe gwr usan o su n m
. n los hombres co11 iven: E1l un caso se
Mientras que las cosas_ ~~e.nrte ,
de comuriidad amorosa. Necesilo
trata de simple ,•uxtaponcum; en el otro
.
1
-mismidades
.. J
mente
toy ligado a os otros
d
convivir para po er vivir iumana
.
l hecho d mi na imi nto.
d sel el momento e que reconozco e
1
p rsona es-- e
, ..
, . o" qu viv en una 'comu,
en en nu a otro J rru m
.
.
'r 1 . otros. a su v z.
d dir . "
tentar ntra e ta sohdannidad fundamental de inl r , y e
cuvas .
1
. persona Pero
.
r lo mismo atentar contra a propia
.
dad es d shumamzarsc Y po 1
l do
po ible manifi ta ¡ ineliminabl
·a l hecho mismo d que e aten a
. , .
la incógnita
.
nesgo
' la xirren
::, ia &lt;le lealtad. El fulur es w,a mcogmta.
1 1 mo una amena?.a o como una esperanza.
ca~n
ar i~;:nerable Yicisitude banal s )' f¡ nte a ~n ~tenso r per. ..
d bo 1 . mi po ibilidad para cwnphr rru v aci, n y
torio de po ib1hdades e
grr
d en 1 mundo
con mis separa realizar la ubica ión que me corre pon a

POR

VERD D H M
DR. FRANcr co BuCio PALOMI. o
niversidad de uevo Le6n.

::~:rd

ONOCER LA

ERDAD Y E TAR E

LA

V.ERO

D

mejantes.

EL TÍTULO DEL PRESENTE Esnozo puede parecer extraño p r lo que anuncia
y hasta ismáti o por lo que afirma. Ya presta a desconci rto la prom
d
alinear mi
f1 xion para hac r d ellas I pan gíri o de un lip de v rdad
y no el d la Verdad sin más· des oncicrto qu cr ce naturalmente si I tipo
de erdad por el que me pronuncio e el humano, aquel que por ntrapartida
debe opon rse ( o por lo menos diferenciarse) al otro de nivel superior: un
tipo de ,. rdad 'divina" ' sobrehumana ' o sencillamente, 'independiente' de
lo al atorio y cir unstancial de todo lo que mere la denominación de humano.
E scandaloso pr ferir ( n caso d que haya que pr ferir) la verdad humana
bre la , rdad absoluta, siendo que, por lo demás, pu t
n una taJ r elación,
la ,. ' rdad humana pai ce tener qu
r una " rdad relativa. Y
n e tos
términos, n ef clo como
ha planteado tradicionalmente I probl ma d la
disyunti a: o la verdad
absoluta, o la v rdad es relativa; pero si mpre se
ha entendido que no
trata de una opción sino de una conc pción estricta. ..
y tan e tri ta que de sus exigen ·as pued d~du irse el r chazo de la alternativa
y, orno lo será n nuc tro aso, la adop ión de un terc r término qu al
sqw ar el orgullo del absolutismo y la miopía del relativjsmo, no in tala prudentemente en la llana realidad. i absoluta ni relativa la erdad es n illam nte humana. Tal es nuestra afirmación y aunque sigue sonando xtraña,
ya queda ganado para mí n este proyecto I aligeramiento con qu no
gratifica. la d •in ula ión de las tradicion absolutista y r lativi ta.

in cmba o estas dos v rticnt de la tradición no
impusi ron por un
golpe caprichoso de alguna arbilrari dad histórica o de alguna fatalidad
ósmica. l contrario, sostien n a una y a otra concepciones ri rosament

24

25
B3

�racionales, cuadros ideológicos precisos y posturas consecuentes en su propio
nivel lógico.
La discusión en tomo a la verdad originó estas dos posturas por colocarse
exclusivamente al nivel del conocimiento. De hecho, en este sector de la
tradición, no tiene sentido hablar de verdad sino a propósito de conocimientos, sean éstos aquellos que se adquieren en el ej rcicio de una disciplina científica, o los que se obtienen mediante la pura reflexión esp culativa. La verdad se entiende, en este nivel, como la simple adecuación, exactitud o correspondencia entre nuestra representa ión y u objeto entre este pensamiento acerca de la realidad y la realidad misma. Y como no es seguro que se dé siempre
en nuestros conocimientos dicha correspondencia con la realidad, la dubitabilidad sobre la erdad de nuestros pensamientos nos instiga a buscarles el
sostén racional adecuado, el andamiaje de razonamientos que elimina todas
las impurezas que pudieron haber alterado nuestros conocimientos impidiéndoles ser esa exacta representación de la realidad que han de ser para que se
les ~onsidere verdaderos. Es el momento en que surge la tentación de adoptar
una postura, la absolutista o la relativista; es el lugar en que viene a punto
la urgencia de valorar las condiciones de todo conocimiento, como medios
de que se vale el espíritu para ver más claro la realidad o como limítaciones
a su ejercicio de pura constatación objetiva. O se opta por considerar al espíritu (o sujeto cognoscitivo) dueño y señor de su razón y de sus sentidos, o
se opta por considerarlo atado a estos medios de conocimiento. En otros términos; o bien se cree que el espíritu tiene todo de su parte para llevar a cabo en sus conocimientos una total criba de las impurezas que pudieran habérsele mezclado; o bien se piensa que su estructura natural le impide tomar
distancia de esas briznas de ine ·actitud por ser éstas algo de lo que de la realidad captan los medios cognoscilivos del espíritu. Para los primeros podrá
haber verdad absoluta para los segundos aquélla no podrá ser sino relativa
o subj tiva.
La misma discusión se prolonga según el mismo esquema, a propósito de
aquellos conocimientos en los que hay lugar de temer que se mezclen, además, las inexactitudes en que puede estar interesado inconsciente o semiconscientemente el hombre. No es raro el caso del conocimiento que alguien tiene de una realidad o de una situación equis en el que se falsean ciertos elementos para ajustar nuestra idea más a Jo que conviene a nuestros intereses
que a lo que conviene para que corresponda a la realidad misma. En estos
casos se trata, para el relativista y el absolutista, tan sólo de medir las posibilidades del espíritu para independizarse de su voluntad, para dominarla y
ordenarle no interferir con sus proyectos en el ejercicio racional del conocer
objetivo y, en este sentido, desinteresado.

26

E pues, decíamos, solamente el nivel del conocer el que sirve de suelo
para la germinación de las verdades del relativista o del absolutista. Y a los
hombres que han hecho del conocer su profesión ( como los científicos) interesa sobre todo que se zanje esta cuestión para saber con qué medida poder apreciar los propios esfuerzo de su labor investigadora. A éstos yo propondría, para contener su prisa de tener ya una solución a qué atenerse, que
meditaran este pensamiento de Bouty: 'La ciencia es un producto del espíritu humano producido conforme a las leyes de nuestro pensamiento y
adaptado al mundo exterior. La ciencia ofrece por consiguiente dos aspectos,
uno subjetivo y otro objetivo, los dos igualmente necesarios, pues nos es pareja.mente impo ible cambiar nada, ni las leyes del espíritu ni las del mundo". Y después de ponderada esta reflexión, los invitaría a dar el peso que
ti.ene a e ta banal pero significativa observación: de verdad se habla no
sólo a propósito de conocimientos sino también (y quizás en un grado más
profundo) a propósito d las realidades mismas independientemente de que
se las conozca o de que se las ignore. Es cierto que la medida que seguimos
empleando para llamarlas verdaderas es el conocimiento que tenemos de esas
realidades: yo, conocedor de vinos, y sólo por eso, puedo calificar de verdadero bourgogne el qu me acaban de ofrecer. Pero es también cierto que
esta calificación recae sobre la realidad misma y no sobre el conocimiento
que de aquélla ha acumulado mi experiencia. Más aún, prescindiendo de
esta medida, que sólo a propósito de ciertas realidades encuentro en el acervo de mi memoria, estoy seguro de que todas las que pueblan el universo
son susceptibles de la misma calificación y que no puede haber una sola
que en su especificidad sea falsa: el oropel es falso oro, pero ciertamente es
verdadero oropel. ¿ ucederá acaso que, para el efecto, se parta del supuesto de que existe un espíritu puro que, en nuestro lugar, tenga conocimientos
necesariamente verdaderos de todas las realidades, lo cual nos autorizaría a
llamarlas verdaderas sólo por considerar, en acuerdo con aquel supuesto,
que éstas son susceptibles de un conocimiento verdadero? El problema adquiere, en todo caso un planteamiento más llano en estos términos de la tradición : puesto que para hablar de la verdad de una realidad es preciso que
se dé adecuación entre ella y un conocimiento ya se la puede mencionar
cuando c,dste acuerdo entre la misma y su esencia, siendo la esencia aquello que se constitulrá en tema o materia inmediata del conocimiento de esa
realidad; y como todas las realidades corresponden necesariamente a su esencia propia, no habiendo una sola que no responda con toda exactitud a su
propia definición, todas las realidades serán verdaderas en sí, independientemente de que haya alguien que las pueda conocer. Más acá de la tesis de
un ser creador de las esencias como ideas ejemplares, a cuya exacta imagen

27

�hayan sido creadas todas las osas, se da el hecho de la necesaria y lógica conrcción d una esencia en cada cosa.
o d jará de advertirse w, angostamiento del concepto de verdad al transportarse su aplicación al acuerdo entre la realidad y su esencia. El calificativo de verdadero no parece aquí presentar otro int rés para el hombre que
el de permitir el revestimiento de un sentido lógi o a la onstatación de la
realidad: decir que la realidad es verdadera es negar que sea ilusoria y afirmar que es efectivam nte real; y con esta afinnación sentimos que finalmente se defrauda nue tro muy caro propósito de tomar a la erdad omo
la medida del acercamiento y de la posesión de la realidad. Sentimos, en efecto que con tal concepto nos instalamos en el plano de la más pura abstracción, en I nivel de las definiciones más genéricas, aquel en el que sólo nos
es permitido aseverar que toda realidad en sí concretiza una esencia pero
in la posibilidad de reflejar su sucedido n una experiencia que lo al stigüe. Y a propósito de e ta experiencia reapar cerá la cuc tión de la v rdad,
sin demérito ni beneficio del planteamiento anterior.
final de cuentas, sólo interesará Ja discusión en la medida en que con ella e trate de pulsar
racionalmente I vaJor de nuestra experiencia : ¿ es ésta ( puede serlo) una
pr nsión captura o toma de la realidad· o sólo será una formación personal,
con trama subjetiva aunque referida idealmente a un mundo exterior ilusoriament tenído por sólido y real?
o e trata, por ahora de seguir onfrontando relativistas y absolutistas.
Tampoco concluimos reconociendo a los primeros un tratamiento de la verdad a nivel exclusivo de la relación entre la realidad y la e}.."))el"Íencia humana, mientras dejáramos en feudo propio a los últimos el nivel de la relación
entre la realidad y su esencia. Más bien, sólo nos interesaba seguir un momento el cauce del desliz que sufre el problema de la erdad, el cual, planteado por inter's inmediato a nivel deJ conocer, pronto se vuelv problema
d I ser aunque no sea más que del ser en cuanto cognoscible.
o cr emos que haya sido vana la atención que hemos consagrado a fijar
rápidam nte estos dos niveles que, al marg n de la polémica enunciada se
nos pres ntan como los dos terrenos en los que hay lugar de pr guntar por
la verdad. Y aunque en una primera observa ión parezca ocioso ocuparse de
la verdad como adecuación de la realidad on su esencia en un análisis más
detenido pudiera llegars a considerar ese primer nivel como fundameutante
el l segundo. Y para empezar, es fá i1 sospechar que algo tiene que ver con
e primer nivel aquel tipo de apreciaciones que manüestamos por medio
de la expresión "estar en la verdad". Desde luego que esta fórmula es empleada en ocasiones como recurso r tórico para r afirmar que la verdad que
conocemos y por la que argumentamos es efectivamente una verdad. Pero an28

tes de servirnos de ella orno de un imple f\ fuerzo nominal para presentar
la seguridad de nuestros conocimientos, entendemos traducir en ella una especie de privilegio: el de estar com-prometidos en esa verdad. Estar en la
verdad, en esta erdad, es estar metidos en ella, en asistencia mutua, en ese
tipo de asistencia recíproca de la que se deduce el favorecirniento de ella
hacia nosotros y d nosotros hacia ella. Estar en la erdad, en esta verdad,
significa tomar su partido y su causa y estar seguros de que en ella encuentra
apoyo eficaz nuestro partido y nuestra causa ontra las in idias del error y
del engaño. Y n este sentido, está en la verdad, el científico, tanto al tomar
1a teoría atómica como hipótesis de su investigación sobre el fenómeno del
debilitamiento progresiv de la energía solar, como en el mom nto de su
estudio sobre este mismo fenómeno con miras a fundamentar una opinión personal sobre Ja terc ra ley de la termodinámica. De la misma manera que el
m~ralista está en la verdad al dar un consejo edificante y al poner para sí
IlllSmo en cu tión on ánimos de madurada, la teoría que haría aquel mismo
consejo razonable. Estar en la erdad, decíamos, significa estar com-pro-metidos; y este compromiso lo contraemos on ella y en ella, resumiendo en este
doble aspe to las dos caras de nuestra relación con ]a verdad: la de nuestra
aceptación y la de nuestra esperanza. Cuando estamos en la verdad aceptamos
que ésta no sea noana y guía, aceptamos su señorío sobre nosotros, a la vez
que esperamos que !la no haga señores, señores y dueños del angosto o amplio campo sobre el que se extiende su imperio. En fin, la verdad, en esta
e.xpresión ya no s tenida por nosotros como una relación (la del conocimiento con el objeto conocido), sino como una realidad, como una gran realidad substantiva enérgica, poderosa y viva, con la que se tienen relaciones de
tono íntimo y personal. Acabamos de apuntar dos momentos fundamentales
d~ nuestra relación con la verdad : el de la aceptación y el de la esperanza.
Sm embargo, no son estos sino los dos polos o mejor dicho las dos terminaJes
~ue sostienen la gama de matices con que dibuja su fisonomfa propia la actitud de cada quien ante la verdad. Con Ja verdad se puedo ser sin ero fiel
devoto, apasionado, tibio, inconstante infiel, y de todas aquellas maneras com~
se puede ser en las relaciones subjetivas de persona a persona. Más aún,
creemos que el sentido de estas relaciones que se dan entre personas, les viene
de un anáJogo modo de ser para con la verdad llevado fectivamente a la
práctica. De lo anterior resultan nuevas formulaciones pa?·a la problemática
de la verdad. Del 'estar en la erdad", como fórmula del compromiso que
nos envuel e con ella, hemos sacado en laro que, por parte del hombre, lo
que está en juego es una actitud o una forma de comportar . y este comportamienl , sugeríamos, puede ser tan múltiple y variado como di ersas son
las conductas humanas en general Pero comprendemos bien que no puedan

29

�equivalerse los omportamientos ni pueda dar lo mismo uno que otro para
los fines de eficacia y efectividad de nuestra "estancia en la erdacl". ¿Hay
pues una conducta que sea la más adecuada y con la que quizás se identifique
nci!Jamente nuestro "estar en la verdad"? Para responder a esta pregunta
es primeramente necesario saber lo que sea el otro término del compromiso.
En efecto, aún uo tá claro qué deba ser aquello con qu nos omprometemos.
El nombre sigue siendo I mismo, la verdad pero el contenido "substancial"
on qu substituimos su ignificaclo 'relacional" no ha ido aún caracterizado.
ro basta, en ef to, decir que 'estar n la verdad" ignifica comprometemos
con ella. Todo falta si aún no se ha dicho qué es esa realidad substantiva a
uros favores nos consagramo· con fervor, tibieza, fidelidad, inconstancia. etc.,
esperando, al tar en ella ( con ella), algo que tal vez no pueda ser menos
que una respue ta xacta al comportamiento adoptado.
Y, primeramente habrá que parar mientes en lo que sea esa "realidad
substantiva". i como acabamos de d cir, la erdad se id ntifica con ella, no
será ésta una realidad entre las otras, algo especifico, una cosa de características especiales pero, cosa al fin, una entre todas las demás. o es tampoco
un Jugar, como parece sugerirlo la expresión "estar en Ja verdad", en el que
la Diosa propi ia nos hablara para revelamos "de la erdad tan bellamente
circular la inconmo ibl entraña" - así como es relatado metafóricam nt por

'
Parménides.

La "realidad substanti a" a que nos referimos no pued ser más que la
realidad pura y simple, cualquier realidad pero caracterizada precisamente
por una onsistencia de ser en grado suficiente para que contra su resistencia
estrclJen las inten iones púrias y todos los obstáculos al puro "corre ponderla".1 Y la consistencia requerida por la realidad para preservarse contra las
adulteraciones de un falso manejo (en el comer io ñsico, conceptual o perptivo del hombre) , empieza por ser el resguardo autónomo de la propia
esencia. De suerte, pues, que el hecho de la consistencia mínima que a priori
se concede a toda realidad --conc ión apriorística que es más bien nuestra
complicidad con la bondad del ser como expresión positiva de nuestro rechazo
a ver en el mundo "una historia tonta contada por un idiota"- , es tenido de
inmediato como aquel acontecer primario por el que una esencia se concr tizó,
se encamó se "mundanizó" en una realidad. En ese haberle aconteddo fraguar a una esencia está "el secreto" de su realización.
ese acontecer de su
realizadón marca menos un comienzo histórico de la realidad que un constante punto de despliegue de sí misma; siendo por consiguiente u secreto
' El empleo de este término heideggeriano, eo su sentido profundo, no nos obliga a
reconocer una absoluta identidad de puntos de vista.

la ley de su propia estructuración la fórmula de su ser substancializada n un
nú leo original desde el que se produjo el estallamiento de su actual configuración y en l ual se encuentra el fundamento último de todas sus posibilidades.
La época de la helenidad intuyó un ' origen germinal" de] universo y Anaximandro explicó su desarrollo a partir de un algo único que debió manten r
repl gada sobre sí misma la verdad de un todo sin escorzos, puesto que allí
donde tuvieron u origen habrían de lerminarsc las cosas múltiple , en una
reconstitución de la verdad originaria... Quiere d cir que ef ser de cada realidad conserva por debajo de sus manif taciones la prístina solidez de su
identidad consigo núsmo · y qui re decir también que la inconstancia y la
fluctuación de esas manifestaciones no alcanza nunca el grado de incoherencia
que fuera la negación explícita de aquella identidad. Al contrario, si no siempre
se hace palent la unidad intima de las manifestaciones de una realidad nunca
faltan indi ios para acreditar la sospecha de un solo tronco de vida, de una
fu nte común d sus sentidos por ende coordinado .
¿ Qué es esta fuente o tronco de vida? Para que tengan sentido los términos
empleados habrá que suponerla orno un "e-entro d actividades", como el
corazón de la realidad o como un núcleo activo por cuya virtud los tratos
periféricos de la realidad cobran a la vez un mínimo de subsistencia y un
má:cirno de organización. Y podemos sin pena entender, por d bajo d la
perif ria d cada r alidad, un tejido de us propiedade que fuera el suelo
nutricio de su armoniosa individualidad. En ese tejido encontrarían su última
y cabal medida todas sus po ibiüdades de manifestación, puesto qu , él S&lt;.'ría
e] punto inicial del desarrollo d la onfiguración actual y po ible de la realidad. Pero lo más importante no sería tanto el que ese punto d partida
permita atender al despliegue o desarrollo de la periferia de la r alidad uanto
el dejarse a sí mismo al descubierto como llama de vida o de signifi aci 'n,
valiosa por ser ella en toda su originalidad el mamen puro de la r alización
de una esencia: la de esta o aquella realidad.

En témúnos más directos, y ya no elíptico , ese tronco de vida habrá de
ser tenido por el principw de cohesión de todo lo que la realidad "debió" ser
para "poder" mu11danizarse. Las condiciones lógicas de posibilidad para la
fragua de una es ncia en una realidad son d finidas por la annonía ideal
( o acorde con la razón) de las propiedades o caracter'isticas de esa esencia·
armonía ideal que no s sino la "coherencia ' racional de sus elementos y
su fuerza unitiva. Pero las condiciones reales de aquella posibilidad sólo
pueden ser definidas por la annonía real ( en concordancia con lo que el
mundo y Ja existencia permiten ser) de los elemento de esa esencia realizados en buena integración. La fórmula de integración de cada realidad no

30
31

•

�vt n

a r n te sentido, sino l m do om
I d her ser de la esencia
traspuso en .1 mund de lo h ,ch su e. ·igencía d cohesi' n. ' por t por
Jo qu , al t car en una realidad e te u tronco &lt;l vida o principi d u
coh sión el hornbn· tit•ne el ncimiento d d scubrir q 1r la cosa t s como
dt be er.
con justificada admiraci 'n se iente un tal descubrimiento orno la vivencia de asistir al prím r brot d l verdadero r d la cosa, aqu 1
que I fue ori~al a la osa y que lo i e si ndo n uanlo n él
originan todas su p sibilidadcs d evolución y manif tación. Tocar la fórmula de integración d una osa es tocar su ser mism pero en su momento más puro, en el momento de la identidad d I ser y de u ' d her r' . · •
te moment , por otra parle
palpado om ini rrumpidamente origiJ1al en
osa: la virtud de conc tizar una
ncia que se re onoc.e en l prin:ipio de integr dón s sentida om la fuerza e nstantcmcnte int gradora.
Y por esta razón
núcleo del er original d la osa s palpado, cada ,·cz
que
llega a '1 con toda la fr ura del primer encuentr con todo ·l ntusiasmo qu provocó su primer de.cubrimiento; com si para la cosa mi ma, cada nuevo cncu ntr e n su fórmula estructural fuera ocasi 'o de reiniiar todo I mccanism de su ser la iclentiíicación entre su ser y su "deber r".
En se momento origirial del s r de la cosa sen 1 ¡ue "se está' uando decimos on rigor estar en la verdad. Y
momento no s temporal - tal orno lo uger.imo al final del párrafo anterior- pue to que, por su part la
cosa umple a todas horas u riginaliclad de ser. O más bien, sí es temporal pero sólo por uanto que nlaza n un mi mo períod al hombre
al
r pr fundo de la o a. demás, su connotación más directa es la pacial:
m mento designa el nivel o l ·tr to de la
a en el que se da la edoión primera de su
r.
finalm nte n uanto 'espa io-t mporal'
e
momento
un •· uc-eso' , l d I ncucntro ntrc I hornbr y la losi6n del
ser d la osa: "eclosión al ser" que 1 hombre ha pres,mte n la síntesi
spa .io-temporal que sella el ompromiso por el que I hombre se confía a
la osa por I que ' ta le cntreea su r. La co , la realidad libra u r
al hombre sólo cuando ' te cont mporaneíza con aquélla. Hay que vivir en
iert modo el tiempo su erid por la osa. Hay que nacer de nuevo al mundo eran itando por el ntido que en aqu' 1 inaugura el ser rcdén 'presentado"
d la co . Hay que dejarse engendrar al mismo mundo en I qu la cosa
encuentra u lugar, ese lugar separado para ella por la geometría propia
que desplc ó u ser. Y lueg ... , ontar su ser, manifestar su
rdad, la de
la cosa, ya no será cuestión aparte de la de guir vivi ndo: será sólo asun•
to de la voluntad poder hac
cargo del compromiso ontraído; será cuestión d sa

r vivir la vida n la verdad.

•
32

EL RIE ,O DE LA LIBERTAD

Lic. CARLo Go

2.\LEZ

SALA

"P'.1es. ,i~sto la libertad es la grande
'Y cmgmatu:a cuestió11 metafdsica de
la persona".

,couh

ilARTMAN

(Ontología).

"En la vida se apela a nuestra libertad como si hubiésemos de recibir ayuda de ella".

J han dado div rsas defini ion s
dif
b
er nt interpretaciones
so r todo
para el ristiano. D
od .1 na. cosa
para el xistencialista y otra
el ma:o:ista.
un m o a nt:iende I Jjberal y d otro mu distinto
A LA ~IBERTAD Hu lANA SE

m

U}'

a Jjbertad ha planteado siempre aJ h
ticidad de la libertad lo ha bli d
mbre un problema. La probleTDaEn la Edad
edia anto ; g~ oda tom~r dií rent postura ame lla.
lula y en cierto sentid
omas,
Aqumo habló de la causalidad ab •
.
o,
ya
mpezo
a
bozar
fr
de Dms y la onducta b
un con 1 to nlre la ci ncia
.i n·io s causa absoluta umana
en cuanto causa d l
I .
o actos del hombre.
.
, os act s del homb
·
,
tanc1a actos de Dios y . d
,
i nen a ser en última ius.
Jen o a , ¿qué p rt t
,
l h
p nsabilidad d sus a cione-;&gt; . O"
aria a ombr n la re .
hombre y a las d má
s. 1 l es causa absoluta de todo d plaza al
:ausas SC!rundas como ·
d"
e. pecie de ocarnismo. es d . "
mm tatas. e daña cierta
.
·
ec-ir,
no
eriam
m
.
D 10s actuara por medio I
qu
1onc-s para que
1
e n sotros o
encontr ,
a causa de nue tr actos p rqu EÍ
,
aria en nu tra conducta
nas y, por consiguient~ el V&lt;'rdad
sena el causante de las accion huma'
•
ero r . ponsable
osoti os delineamos apcn as en SCOTZO la t ría
. d I r·b
1 rta
e
como ri s-

ª

33
H4

�go y aventura para el hombre refutando sobre todo dos posturas contemporáneas frente a la libertad: la de Jean Paul Sartre y la de Albert Camus.
Y hacía allá enfocamos el presente ensayo.
1
¿ Es la libertad un peligro para el hombre en cualquier plano que se le
considere? ¿Es una condena? ¿Es una aventura? ¿Es un riesgo? ¿Es un valor? Porque, desde el momento en que se compmeba obviamente la existencia de la libertad es un hecho innegable y empieza de cualquier modo
su problematicidad. La libertad es un problema para el hombre ya que le
plantea la ecuación necesariamente descifrable de las posibilidades. Ya se
la use de una u otra forma, ora se le interprete de una manera, ora de
otra la libertad y sus valores serán susceptibles de muy distintas realizaciones. Enriquecerán al homb1·e, lo perderán, lo convertirán en una personalidad bondadosa o en un ser de peligro. La libertad al mismo tiempo que
nace en lo más humano del hombre que es su racionalidad, lo orilla a la
necesidad de aetuar haciendo uso de ella. e siguen innumerables consecuencias de nuestra libertad. Es un valor de incalculable riesgo. Pero al
mismo tiempo trae consigo también innumerables perspectivas. Ya D' Alembert advertía que "si. el hombre no fuera libre, toda idea de mal se reduciría al mril físico, no podría causar el bien ni el mal moral". O sea, que aquello que aconteciera según las leyes de la naturaleza sería involuntario. Tan
es serio el problema de la libertad que Kant la formuló junto con la inmortalidad del ahna y la existencia de Dios como uno de los postulados de la
razón práctica. Sin libertad no se puede fundamentar el orden moral.
Pero ni la existencia ni la naturaleza de la libertad es lo que importa más
al hombre de nuestra época sino el uso que de ella se haga. Los dirigentes internacionales de las dos Potencias pueden en un momento dado, usando la libertad, aniquilar media humanidad desencadenando la guerra nuclear; el hombre, cualquier hombre dentro de la esfera de lo individual,
puede usar su libertad para lo bueno o para lo malo, para lo destructivo o
para lo constructivo. Puede irse realizando positivamente o negativamente.

2
Por eso, para Sartre, el hombre ha de obrar necesariamente y ese obrar
necesariamente consiste en la neCe,5,idad de elegir entre infinitas posibilidades que aparecen continuamente, a cada momento, en su vida. Puesto que

esa elección la realiza el hombre libremente, para Sartre la libertad del
hombre es absoluta, y es ésa la esencia del hombre; por ello, la esencia es antes
que la existencia; la existencia la va edificando el hombre a medida que va realizando su quehacer libre. Y en cuanto que no hay esencia que le dicte cómo ha
de obrar puesto que la existencia humana es puramente fáctica está ahí
.
.
,
'
,
eXJSte sm razou y con c-0nciencia de sí misma. Para elegir el hombre no
cuen~ absolutament: con ninguna norma, carece de toda ayuda para su
elecc10n. En ese sena.do la libertad del hombre es, para artre absoluta. "En
r:alidad, este ser puramente fáctico, que existe de hecho, sin razón, y que
tiene conciencia de sí mismo, y que siente a la vez el impulso de obrar
puesto que n.o tiene él ninguna esencia que le indique cómo ha de obra:
ni qué es lo que ha de elegir, se halla absolutamente destituido de toda
norma Y de toda ayuda para su elección. Siendo así toda la humanidad no se
puede esperar ninguna ayuda de los otros, ni de cosa alguna. La eiección
queda entonces absolutamente librada a su voluntad, siendo por ello absolutamente libre. Será, pues, en cada momento Jo que quiera ser, y tendrá en
cada momento, según Sartre, la esencia que él quiera tener. Por esto dice
que la ~xistencia es anterior a la esencia: por eso dice también que el acto
es ~teno~ a la potencia; porque el hombre no es como una potencia que
contiene virtualmente los actos futuros, sú10 que solamente puede hacer aquello ~ue de ~~o- hace. Sólo!º que está en acto puede en realidad decirse que
ha sido posible (Ismael Quiles, S. J., Sartre y su Existencialismo, pp. 60-61).
En ese caso la responsabilidad es totalmente nuestra. No hay autoridad que
nos to.me cuentas, ni mandamientos humanos ni divinos por los cuales cada
uno deba ser responsable. Es una libertad destructora la que quiere construir
el filósofo de París: no sería posible orden moral alguno. y si no tenemos
ante quien r~ponder por nuestros actos, poI lo mismo, tampoco podemos
tener remordimientos ni rendir explicaciones. La noción de pecado O de
culp~, en ese caso resulta enteramente sin sentido. La noción de culpa es invenemn de gente car.ente de sinceridad consigo misma que se abandona en
brazos de una ley o una autoridad ante la cual se hace responsable abdicando de su propia esencia humana, que es la libertad total. En "El Ser y
la Na~a'~ dice Sa~e: 'Yo me encuentro solo y en la angustia frente al proyecto uwco Y prunero que constituye mi ser; todas las barreras, todos los
resguardos se rompen nihilizados por 1a conciencia de mi libertad: yo no
te~go ni pu_edo tener recurso a valor alguno, ante el hecho de que soy yo
qwe~ mantiene los valores en el ser. Estoy desligado del mundo y de nú
esencia, por esta nada que yo soy, y debo realizar, en el sentido del mundo
Y de mi esencia". "Yo decido de ella, solo, injustilicable y sin excusas" (El
Ser Y la Nada, p. 77 y ~-) Y con las palabras siguientes finaliza una de las

�últimas páginas de su libro fundamental: "Así enteramente libre. . . Yo debo existir sin remordimiento, ni anepentimiento, como soy, sin excusa; desde
el instante en que corrúenzo a existir, llevo el peso del mundo yo solo; sin
que nada ni nadie pueda discutirme" ( O p. cit., p. 641).
Estas palabras están .implicadas ya en las frases que habíamos citado, sólo
que en ellas parece más claro el concepto sartria.no de la libertad absoluta
y total del hombre.
Y eso lo confirma la actuación bajo la cual hace actuar a sus personajes
teatrales. Sartre en "Las Moscas" (Les Mouches) plantea la moral de la

libertad.
Reproduce el antiguo tema de Electra. Los habitantes de Argos viven bajo la opresión del temor a Júpiter. Llenos de remorclimientos, subyugados
po1· las moscas que los asedian. El pecado de Egisto y Clitemnestra ha traído
la indignación de lós dioses, quienes junto con aquéllos se empeñan en mantener al pueblo en las prácticas serviles y en el temor a los dioses. La autoridad de ambos -dioses y reye
oprimía al pueblo. Todo viven convencidos de que deben venerar a los dioses y respetar al Rey. Ignoran que son
libres aunque lo sean. El poder de Júpiter y de Egisto los mantiene en la
desgracia y servidumbre. Orestes llega a la ciudad y se encuentra con la
opresión, con la inconsciencia del pueblo acerca de su libertad. Y Orestes,
que tiene la convicci6n de que es libre, quiere liberar a los demás y desafía
a Júpiter, se burla de él desaforadamente; mata a Egisto y a Clitemnestra. su
propia madre. "Cumplido este crimen, que asume como propio pero sin conciencia de pecado, renuncia incluso al reinado que Júpiter le ofrece con la
condición de seguir manteniendo al pueblo en el estado de remordimiento
y sumÍ$wn al Dios. Orertes, queriendo ser tm hombre libre entre los hombres, desafía a Júpiter, se proclama tan libre corno él y se mofa de él cínicamente. Júpiter se encuentra vencido ante el hombre que ha reconocido su
libertad'. ( O p. cit., Quiles, S. J. p. 63).
Oigamos a Orestes:
No soy ni el amo ni el esclavo.
"¡ Soy tni libertad: Apenas me creaste dejé de pertenecerte!''
Y más adelapte exclama Orestes: ¿Qué hay de ti a mí? os deslizaremos uno junto al otro sin tocamos corno los navíos. Tú eres un dios y yo
soy libre; estamos igualmente solos y nuestra angustia es semejante. ¿ Quién
te dice que no he buscado el remordimiento en el curso de esta larga noche? El remordimiento, el sueño. Pero ya no puedo tener remordimiento ni
dormir''.
Para artre, diversamente del universo que lo rodea, el hombre es una
especie de no-ser; un gusano que roe la realidad, ya que in ella no podrfa.
36

existir. Así trae al mundo la nada y el anonadamiento o anihilamiento. El
árbol no necesita de nadie para ser: Está allí, es «no es pasivo ni activo,
ni afirmación ni negación, sino sencillamente, reposa en sí, es compacto y
rígido". El hombre, en eambio, tiene necesidad de todo lo que lo rodea, ..como blanda entosa, como una sanguijuelau. Las cosas siendo ellas mismas no
son libres: simplemente, son, su ser les es dado fatalmente. Por el contrario,
el hombre no es: existe, el hombre va fabricando su propia vida, una vida
que le es dada sin más, a cumpliendo un proyecto de vida, un quehacer.
El hombre es la suma de sus actos: por lo mismo, es su libertad.
Pero, ¿ cuál es el proyecto fundamental del hbmbre? El análisís e}...-Ístencial nos da la respuesta. El hombre no anhela más que una cosa: ser, perdurar en la eternidad como el Universo, sin necesidad de un testigo que
reafirme su existencia. Tal e la condición humana, nuestra condición, nuestra última libertad. La cuestión consiste en aceptar el mundo; como dice
Sartre refiriéndose a Beaudelaire, «ha reivindicado su libertad para que ella
le venga al menos de sí mismo, para no tener que soportarla"; del mismo
modo, el hombre debe proclamar y afirmar su libertad ya que s la única cosa que no puede escoger. O lo que es lo mismo, el hombre está forzado a
aceptar la libertad. Estamos condenados a ser libres. La libertan es ante lo
único que no podemos elegir. En "El Ser y la Nada", lo afirma Sartre: "estoy condenado a existir para siempre más allá de mi esencia, más allá de
los móviles y de los motivos de mi acto: estoy condenado a ser libr . Esto
significa que no se podrían encontrar a mi libertad otros límites que ella
tnisma, o si se prefiere, que nosotros no somos libres de dejar de ser libres".
Para esbozar un análisis crítico de estas ideas, comenzaríamos preguntando a Sartre qué entiende por esencia y qué por existencia. Con afirmar que
la existencia es anterior a la esencia, no prueba nada. ¿Es en realidad así?
La existencia se construye sobre algo. Como dice la Escolástica: p,,.ius est esse
quam taliter esse. Primero es ser que tal modo de ser, o sea, que primero
se es, se existe y Juego viene un modo de ser determinado_ Para que yo
pueda pensar, necesito primero existir. Así también para poder elegir necesito primero existir· luego, aunque mi vida sea un proyecto, primero existo y luego realizo mi proyecto. Aunque viva realizándome me realizo sobre
la base de mi existencia. De hecho, cuando nazco no elijo, sin embargo existo. Entonces primero existo y luego proyecto. De hecho, el hombre empieza
a proyectar su existencia por lo menos desde los primeros albores de su razón; co~o decía Descartes: Pienso, luego existo: Je pense; done ]'existe;
de la IDJsma manera podría decirse: realizo mi proyecto, luego existo. Si es
cierto que el hombre va realizando su libertad a medida que vive, eso no
significa que vaya creando su esencia. El hombre nace con una naturaleza

37

�ra ional donde tá ntrañada u libertad en germ n que se de rrolla conforme es capaz de realizarla. Si hablamo de
ncia en el sentido escolástic "id qua res est id quad est et non aliud ( la rsencia es aquello por 1
cual la e sa
I que es y n
tra cosa) aqu llo por lo ual el olmo es &lt;'1
olmo y no otra o y así la ITM'sa etc. 1a esencia
di tinta de la
por lo meno conccptualment ; 1 o plo de esencia pr
i
ten ia; exi t en el ord n llamado por ·anto To más meta/ísico o de las
ncias que exclu ·en la exist ncia. La Escuela Tom.i ta so ticn y da rgumento para la l is de la distin ión real ntr
ocia y existen ia n las
r aturas; en Di s se identifican realm ·nte y d razón. La
n ia s aqu ·
llo por lo qu algo se con titu formal • previamente o su grado u ord n
de ntidad y d lo ual las dem's osas d su ser dimanan.

La sencia dice .iempr, ord n a la

·i ten ia. Absolutamente entendida
clic una aptitud para existir, prescindiendo de suy si sea de algún modo
distinta d la exis ncia o de ningún mod distinta. onsidcracla relativament , clic aptitud para xislir con una e, · tencia realmente distinta o sólo p r
razón. i se da una
ocia uy
nstitutivo a la xist n ia esa existen.ia será actualidad pura.
to pur . · o es Dios. En él toda la p rf cción
tá n arto no tiene aptitud hacia nada porqu lo ti ne tod en todos 1
6rd nes. E Dios acto puro n uanto que no s pot ncia. u er es infinit en cuanto todas las perf ccion
tán n El n a to n un l&lt;'rn pr nte. 1 acto se dice de cualquier r alidad a tual por oposición a I que
aún no
y puede ser d algún modo. Potencia por I contrario
aquello
que pu de ser y no e del todo, o aqu llo que, aunque ya ex.ita no xi le todavía del modo qu pu de r. ( ,fr., a re n·a de confrontarlo ·n la uma Teológica d to. Tomás o en 1 · ' i11co Ensa •os del Espírilu e11 su coridición
carnal" de Jacque
ari.ta.in, n Teología aturalis del P. o ' Hcllin,
J. B
Iadrid 1950 p. 287 . ) Para la E c-.olástica la a tualidad pura
sólo
da en Dio , no en las r aturas ya qu todas llas tán compu tas
de a to y potencia, no son ac
pur .
en to estamos también n d sa uerdo con artre para quien se da la facticidad: todo lo que es, está n
a to; el hombr es una realidad sin e ncia y sin razón alguna. o pod mos decir para qu' existe ni por qué existe. Existe sólo de hecho. osotros,
om las cosas, somo en cada momento lo que omos y como somos. os dif renciamos d las fuerzas de te mundo sólo por la conciencia, 1 hombr
un " r-para sí", dice artre n termin 1 ía hegeliana.
abemos qu
artre r cha7.a. todo dualismo: l duali m f nómeno-noúmeno ( r y apa:rien ia), potencia-acto
n ia xistencia. 'El pensamiento
moderno según artre ha realizado un p r ~ consid rabie redu i ndo la
xist n ia a la serie d aparicion qu la manifiestan; en ta forma, la rea-

lidad, lo xistent n
stá compuesto d l duaJi mo de lo que apar ce
qu es sino simplemente la I' alidad
lo qu aparece" (Quiles, p.,

p. 73).

lo

cit.,

artr parte d l on epto de fen6meno de la filosofía modema n sp ºal de Hu rl. Respecto del fenómeno del dualismo poten ia-acto, dice artre: '"Todo está n a t . D trá del acto no existe ni potencia ni virtud capa idad '. Tampoco xi te la dualidad d su tancia y acrid ntcs om
con ibcn los Escolá tico . El dualismo potencia-acto en l sentido d virtualidades o capacidad para algo de un ser o pod r d ser esto o aquello y d jar
de rlo, no ·iste; la l"('alidad última
el fenómeno mismo· la pot ncia e
l acto mismo y 1a sencia es la xi ten ia misma. Tal e la Facticidad. " ó1 puede r aqu •11 que
no
posible on ebir potencia de r ni . uj Lo de . r sin sólo es
paridad de ser la realización del s r. Este árbol erere de e ta man ra no porqu tien la
ncia d l árbol que le da virluosidad para desarrolla
en
'.lltido, ino que se desarrolla así,
en
consiste su
n ia; i ste árbol ·~ desarrollara d · otra manera n so onistiría su sencia. o hay nada pr vio, nada en potencia, nada en causalidad. Todo lo que t'S stá e1t acto". (Quiles op. cif. p. 74) .
¿En qué ntid u a t'rmino
lásticos ( sencia-existencia) artr ? Por
lo visto n w1 sentido positivi ta, n cuanto qu algo
existe. Pero aún así
val lo que de íamo anteriormente: primero e · t
d pu' me r alizo.
Antes d elegir, o debo
i tir,
una conditio sine qua non.
quiere Jiartmann, la misma omi ión es acrión en I ntido d qu el gir
no obrar
tam ién acción, uso de la li rtad cuando yo no lijo entr a tuar no actuar, uando no soy capaz ni d la a ión ni de la omi ión yo
soy, yo xi to, por ron igui nte primero
la xi n ia y lu o la l •
ción · por lo tanto
prim ro la ·i tcncia , si se qui re, n I entido E olásti
to en pot ncia d
1 ·r. El hombr al j
r u libertad pon
en acto una de las modalidad de u xistir, una ele I mod.alidade d u
senria. En I s ntido ari totélico l hombr
un ens rationale ( un ser racional). La libertad
una modalidad o una con cuen ia. uando yo no
elijo ntre hacer o no ha r no
modifica ni mi cxist ocia ni mi
ncia:
simplemente soy y ·isto. Por ende, no se puede identificar la libertad con
la esen ·a.
demás
falso qu el acto sea anterior a la potencia y qu sól I qu
hace el hombre s lo qu puede hac r.
i otras se vive, estamos frent a un
mundo infinito de po ibilidadcs que pod mos elegir. Cuando legimos nos
vamos pro} ctando n la existen ia. •J hombre cada hombre
dueño d
u autodetermin ción. • o soy y y mi libertad '. El hombre
quien scoge

38

39

�un camino. Está convidado a un banquete de felicidad eterna pero es libre
de elegir y Dios mismo es respetuoso de nuestra libertad.
3
Hay una libertad física y una libertad moral. ada me impide físicamente que yo pueda hacer esto o no hacerlo. Esto es la libertad de contradicción;
existe una libertad de contrariedad por la cual yo puedo hacer una cosa o
lo contrario de ella; y existe finalmente una libertad de indiferencia o facultad de hacer una cosa u otra. En cuanto a la verdadera libertad de contradicción existe ante la posibilidad de hacer el bien o el mal y éste es el
origen de la angustia humana por no poder saber si en el futuro me decidiré por lo malo. La Escolástica divide así la libertad. Físicamente yo soy libre de hacer el bien o hacer el mal. Puedo hacer uso de mi Lengua para vituperar a una persona, calumniarla o insultarla, puedo hacer algo que empañe su buena fama aunque sea un hecho oculto o público; in embargo,
moralmente estoy obligado a decidirme por el bien. Existe, pues, un conflicto entre mi libertad física &lt;le poder hacer el bien o el mal, o tener que decidirme por el bien. Aparte los convencionalismos sociales, la sociedad me
impone reglas, nonnas; existen por una parte normas jurídicas, normas de
conducta social. Absolutamente soy libre para cumplirlas o no. Pero desde
que yo vivo en sociedad estoy obligado a acatarlas para contribuir al buen
ordenamiento de la sociedad: yo no soy una isla, ningún hombre es una
isla. Tampoco es una parte, como clijimos, en desunión del todo, sin amarres con los demás, sin compromisos, sino que estoy soldado a los demás por
numerosos intereses; yo me debo a los demás; y desde el momento que me
debo a los demás me debo a la sociedad; por consiguiente yo no soy libre
moralmente, estoy sujeto a normas morales, sociales, juríclicas. El derecho
que trata de realizar la justicia y el orden se me imponen. En el orden de
la moralidad cualquier hombre está sujeto a leyes morales partiendo desde
la mínima moralidad expresada en lo que llamamos ley natural : Evita el
mal, haz el bien. Por consiguiente el hombre moralmenl'e no es libre aunque
conserve su libertad física, en el sentido de acatar o no acatar la ley moral,
de cumplirla o hacer lo contrario.
4

Alberto Camus habla de una libertad absurda en el libro El Mito de Síy casi niega la libertad. Dentro de su concepción de la vida como ah-

sifo,
40

surdo, de una condición humana de impotencia ante lo impenetrable que
rodea al hombre plantea Ja actitud lógica del hombre como actitud de rebeldía. La rebeldía es, según Camus, "el único sentido con que yo puedo vivir la vida". Anteriormente se trataba de saber si la vida debía tener un
sentido para vivirla. Ahora parece, por el contrario, que se la vivirá tanto
mejor si no tiene sentido. Ahora bien, no s vivirá ese destino, sabiendo que
es absw·do sino se hace todo por mantener ante uno mismo ese absurdo
pueslo de manifiesto por la conveniencia. Negar uno de los términos de la
oposición de que se vive es eludirlo. Abatir la rebelión consecuente es eludir
el problema. El tema de la revolución permanente se traslada a la experiencia
individual. Vivir es hacer que viva Jo absurdo. Hacerlo ivir es ante todo
contemplarlo. AJ contrario de Eurídice, lo absurdo no muere sino cuando
se le da la espalda. Una de las únicas posiciones filosóficas coherentes es,
por lo tanto, la rebelión. Es una confrontación perpetua del hombre con su
propia obscuridad. Es erigencia de una transparencia imposible" (El Mito
de Sísifo, Losada, S. A. p. 49).
Para Ca.mus la rebelión es la seguridad de un destino aplastante, menos la
resignación que debía acompañarla. La postura lógica del hombre no es el
suicidio, sino la rebelión. ' El suicidio, el salto, es la aceptación en su limite" .
Pero el suicidio aunque resuelve lo absurdo Jo arrastra a su misma muerte.
Por lo tanto el suicidio no es la solución a la condición humana. Camus habla de la libertad con muchas reservas, tiene frases absurdas, peligrosas y a
veces aparentemente contradictorias. Para el problema de la libertad en sí
no tiene sentido: "saber si el hombre es libre exige que se sepa si puede tener
un amo". A Camus no le interesa si el hombre es o no es libre. Por lo tanto
no le interesa que lo aceptemos o no.
Tampoco está el problema en que nos interese o no nos interese. Para su
concepción de la vida como absurdo la libertad particular resta mucho de
s~, sentido ª. lo absurdo en particular. Estamos en desacuerdo con su concepc:1011 de la libertad frente a esta alternativa. "O bien no somos libres y Dios
Todopoderoso es responsable del mal. O bien somos libres y responsables
pe~o ~ios ~o es Todopoderoso". Esta llamada paradoja ni nos parece paradoja ru qmta nada a lo decisivo.
Camus rechaza la concepción nuestra de libertad dada al hombre como
~n don. Dada al hombre por Dios: "No puedo comprender lo que sería una
li~ertad que me fuera dada por un ser superior" (p. 51, op. cit) Así con
rmnúscula. Si habló de Dios fue para rechazar su libertad vista por el flanco de Dios: "Pues ante Dios existe un problema de la libertad menos que
un problema del mal" (p. 50). En seguida plantea e1 dilema que anteriormente hemos negado como dilema. Escogemos la segunda parte de la al41

�ternativa: "Somos libres y responsables pero Dios no es Todopoderoso". No
vemos cómo siendo creados por el Ser Superior "a imagen y semejanza" no
podamos ser creados con libertad, sin poder por eso deja.r_Dios de ser O~potente. Precisamente porque lo es nos crea libres, sem:Jantes a El que libremente nos crea. No nos quiere autómatas, robots. Sino creaturas humanas racionales, y por lo tanto, Libres. Con la libertad nos hace capaces de
autodeterminarnos a nuestro libre albedrío. Y eso no atenta contra su Ornnipotencia. O ¿quiere Carnus negar a Dios por el problema planteado por
la libertad?
Por otra parte no sabemos cómo la definición de libertad escape al cuadro
de la experiencia .individual. Muy reducida por las circunstancias, por las
propias inclinaciones y gustos, y, si se quiere. por nuestros hábitos enf~o.s
- véase nuestro capítulo "Psicología de la Caída' -, tenemos la prop1a experiencia de nuestra libertad. No discutimos la libertad bajo la opresión de
Estado. Ese aspecto nos llevaría a la libertad social. La única que conoce Camus es la libertad de espíritu y de acción; lo absw·do aniquila la liberta?
eterna, sólo queda ]a libertad de acción. Los hechos sín embargo se ob~IJ.nan contra esa libertad; ebrar por una finalidad dada es una cosa que pierde sentido ante la absurdidad de la muerte; los hechos niegan mi "libertad
para ser". Entonces la vida debe aceptarse como es y sacarse de aht sus fuerzas, su negación a esperar y el testimonio obstinado de una vida sin consuel~.
Al hombre todo le está dado. El hombre absurdo es distinto del hombre cottdiano que cree poderse fijar finalidades. El hombre absurdo comprende que no
es realmente libre. La vida sólo puede significar indiferencia y ansia de agotarlo
todo, ya que la vida no tiene más horizonte que lo absurdo.
¿ Qué margen deja Camus a la libertad?
Sin embargo, confusamente concluye: "Aquí saco de lo absurdo tres consecuencias; que son mi rebelión, mi libertad y mi pasión". 'Con el solo juego
de la conciencia transformo en regla de vida lo que era invitación a la muerte, y rechazo el suicidio". Se di.ria que, para Camus no tenemos otra liber~
!ad que la de aceptar el absurdo de la vida, o la postura frente a la vida como r.ebeldía que se sabe absurda. Para escoger la &lt;tctitud que describe en el
Conquistador, los conquistadores son conscientes de que el hombre es su
propio fin. "Nuestro destino está frente a nosotros y lo desafiamos, menos
por orgullo que por la conciencia que tenemos de nuestra condición intrascendente" ( op. cit. p. 74).
¿ A qué queda reducida la libertad en la concepción de Ca.mus? Habría
que analizar el nervio central de la concepción camusiana: la vida como absurdo, el sentido de lo absurdo. Hay un rechazo de la mente, de una concepción serena y racional a priori; todo saber queda reducido a un empirismo

42

puro, fuera de todo conocumento abstracto y universal. Se universaliza sobre la base de un &lt;sentimiento" del propio autor. Al mismo tiempo que se
rechaza la capacidad universaliza.dora de la mente por vías de abstracción,
se finge aceptar tal cual es con sus limites. Resulta así que toda universalización sería ilegítima. Luego ninguna tesis, ni la propia tendría carácter
universal. "Hay adémás, resume acertadamente Alvaro Quintero, una perversión de ese dinamismo profundo del hombre que. es ansia de verdad y de
bien. Se quiere implicar en esa nostalgia la aiinnación del carácter absoluto de la mente, que se e simultáneamente negado por la tangible limitación
de la misma. Como si fuese necesario demostrar que no somos dioses" (Alvaro Quintero, Albert Camus, una filo sofía del abs~rdo, Abside, XXIX,
4, p. 429).
Destruido ese fundamento de su filosofar podría decirse que también se
derrumba su pobre concepción de la libertad.
5

Para el cristiano como para el creyente que acepta la Biblia, el hombre
es imagen y semejanza de Dios. Todo hombre es una persona y por consiguiente todo hombre goza de libertad. En su condición de imagen y semejanza el hombre goza el privilegio de ser una persona, núcleo de toda su
grandeza. os es dada la libertad como una prerrogativa, como un don
por ser imágenes de w1 Ser que libremente nos crea. Pero por eso mismo,
porque el hombre es capaz de autodeterrninarse, la libertad al mismo tiempo que es un don para el hombre, es un riesgo, una aventura.
Podríase parodiar la frase de Ortega y Gasset: 'Yo soy yo y mi libertad"
Y desde el momento que yo tengo conciencia de mi libertad comienza mi
angustia, soy consciente de que labro mi propio destino temporaJ y eterno.
Somos los arquitectos de nuestra existencia, de nuestro futuro y de nuestra
eternidad. He ahí el ~sgo, la aventura humana.
Frente a las demás libertades, la libertad de perpetuarme, la libertad de
acción, o la libertad de pensar, frente al sentimiento de la liberación o de
otra libertad absurda, acéptese o no como ilusión, téngase o no como ilusión, la libertad coloca al hombre en el existir en una zozobra continua lo
conduce a la congoja, a la angustia que sólo puede ser salvada dando' el
salto a la fe y abriendo las ventanas del alma a la esperanza..
Ni el existencia.lista ni el marxista ni todo aquel que entienda la ida
como absurdo pone el justo sentido de la vida y el justo sentido de la libertad. El cristiano los posee. Pero al mismo tiempo y mientras se percata
más de ellos cobra mayor conciencia del riesgo de su libertad y no puede
43

�.
ctuar frente al bien o al mal, frente .ª la verrenunciar al compromiso de a
t es también un comprometido.
e
. . del riesgo de su libertad
d ad Y el error. El cristiano consecuen
lena conc1enc1a
f"
en el Padre y en la fuerza
Y Por eso al percatarse y tener p
'
.
la fe la con ianza
h
' G . Santific.ante -Luz fuerza, eabraza con mayor entu iasmo
l
bre de racia
,
l
q ue El le otorga con e n~m I
J dor de la esperanza, conf1a llegar a
b . , d e hacia e esp en
rencia- y, a nen os
de su libertad.
Seno amoroso haciendo recto uso

LA NATURALEZA DE LA VALORACló

Dr.

RoBERT

S.

lIARTMAN

La Naturaleza de la Axiología
LA TAREA DE CREAR UN instrumento preciso de pensamiento es más difícil
en la esfera del valor que en la del hecho. En la esfera del hecho, los objetos del pensamiento, a saber, los hechos de la experiencia, son accesibles a
los sentidos. En la esfera del valor, los mismísimos hechos de la experiencia
constituyen los objetos del pensamiento aloral, pero esta vez no en su aspecto como hechos sino en su aspecto como valores. Mientras se desconozca qué es este aspecto, el aspecto fáctico y el aspecto valora! de las cosas deberán confundirse, y eJ aspecto fáctico, debido a su obvia disponibilidad
para los sentidos, deberá prevalecer. De esta suerte, mientras que el pensamiento científico pudo proceder empíricamente mediante la investigación de
los hechos, el pensamiento valora} en su intento de proceder empíricamente
-como lo ha hecho entre el período de Platón y el del filósofo inglés G. E.
Moore, en 1903-- no ha llegado a ninguna parte. G. E. Moore mostró que
el pensamiento empírico acerca del valor no podía conducir a ninguna parte. Pero después de la publicación de su libro, Principia Ethica, la teoría
del valor continuó definiendo el valor en términos empírico -como placer, autorrealización, simpatía, lealtad, razón el ajuste, el crecimiento, etc.y no se logró ningún avance. Sólo en época reciente una pequeña escuela
de filósofos ha recogido el re to de G. E. Moore y ha producido un sistema
formal de valor, la Axiología formal. El concepto de la axiología como una
ciencia formal es un concepto nue o. A fin de comprender nuestra definición del valor, y las definiciones de la ell.-periencia valora! que se derivan
de ella, debemos examinar la naturaleza de la axiología y el lugar que ésta
ocupa en el pensamiento moderno.
En una oración, puede decirse que la axiología tiene en la filosofía moral

44

45

�la misma posición que las matemáticas en la filosofía natural. Hasta hace
unos cien años ni las ciencias naturales ni las sociales existían como tales;
ambas eran parte de la filosofía. La filosofía natural se ha desarrollado de
ntonces acá en las ciencias naturales y Ja filosofía moral en las llamadas
ciencias ociales. Sólo Ja ética, la estética, la lógica, la epistemología y la me•
tafísica han permanecido dentro del campo de la filosofía propiamente dicha.
En tanto que el desarrollo de las ciencias naturales ha conducido al control
de los fenómenos naturales, el desarrollo de las ciencias sociales no ha conducido a un control correspondiente de los fenómenos sociales. Por el contrario,
los instrumentos científicos extendidos han acarreado el peligro de destruir
a la sociedad misma. Lo que se necesita, por lo tanto, es un desarrollo científi o de la filosofía moral tan efectivo como I de la filosofía natural.
La axiología es la ciencia pura que es para las ciencias sociales lo que las
matemáticas son para las ciencias naturales. Es fonnal y uni ersal, construida sobre axiomas simples, y contiene todos los marcos de referencia posibles
para las ciencias sociales como ciencias del alor. Es la lógica del valor, del
mismo modo que las matemáticas son la lógica del hecho.
Examinemos ahora el papel de la axiología para el futuro de la filosofía
moral. Supongamos que aquélla existe como un sistema de reglas y normas
que es para las ciencias sociales lo que las matemáticas son para l~s ciencias
naturales, y que (a) es formal, (b) contiene los marcos de referencia posibles para las ciencias sociales, y ( c) prescinde de la metafísica y la teología.
a) El formalismo de la axiología implica su universalidad. La axiología
es tan válida como la lógica para cualquiera que piense en la e fera de los
fenómenos sociales, sea ruso o chino, norteamericano o australiano, francés

o turco, no importa cuál sea su posición social, raza, religión u origen social, del mismo modo que "2
2
4" es válido para todo el mundo. La
axiología, en otras palabras, es ciertamente la lógica de los valores, de las
axiai. Nunca podemos escapar de la lógica en los juicios, no importa cuán
verdaderos o falsos sean estos juicios; incluso el loco sigue siendo lógico, sólo
que sus premisa o procedimientos son falsos o disparatados. Es la lógica
la que nos permite descubrir el disparate. De manera similar, nunca podemo escapar a la a..xiología en los juicio de valor, no importa cuán erdadcros o falsos puedan ser nuestros juicios de valor.

+ =

( b) El formalismo de la axiología, en segundo lugar, proporciona los marcos de referencia para las ciencias sociales y humanísticas. Esto implica que
las proposiciones de la axiología, para ser materialmente significativas, tienen que ser aplicadas, al igual que las proposiciones de las matemáticas. La
proposición "2
2
4" no tiene significado práctico a menos que sea

+ =

46

aplicada, ya sea a su~s. reales o a cosas que aparecen en ares. La suma
total ?e todas las apli~c1ones sistemáticas de las reglas ma~emáticas a un
material
concreto constituye el cuerpo de las e·1enc1as
. natura1es De
- .
S1UU!ar, las normas de la axiología tienen ue ser a .
.
~era
c~o~es de la axiología a fenómenos reales
las ci:~~~oJa:tasy ahpumalicamsticas.
-

!n

co;)deLa faxíol~gía no sólo p~escinde de la metafísica y la teología como mar.
re erenc1a para las ciencias sociales y humanísticas si
c10na ella mism 1
d
, no que proporlu ar de la ráa _os marcos e refe:encia para la metafísica y 1a teología. En
m!tafísica y : t cnt , actual de apli~ar conceptos vagos e indefinidos de la
eo ogra a conceptos igualmente v °'
. d f. 'd
ejemplo los de la ética sum
,
. , ai::,os e m e IIll os, como por
rifica y diferencia medí' te ando as1 confusion a confusión, la axiología claan sus normas claras y distintas tanto a la
taf' .
como a la ética As' d
me is1ca
1
1

-~~,=~é;,.i~~ti:1=:~t~:!

::1 :::1':t' i cl➔~ ::"1as::_:

metafísi~ y 1~«:~;:~po, mediante el mismo proceso clariíica y elabora la
La secularización de la ética no si!!JÚfica l . 1· • •
de la moralid d
i::,
a Jrre 1gios1dad de los éticos o
como tampoco la secularizac·' d l f"I
nificó la irrelio--iosidad de los c· tif'
d ion e a t osofía natural sigi::,•
1en tcos o e los as t
· ,1.
contrario, si la ética ha de se
.
.
un ~s CJent1 icos. Antes al
«
,,
•
r una CJenc1a y ha de ensenarle a la
. .
buenas VIdas, entonces las finalidades de 1
. .,
,
gente a VlVlr
el reemplazo de la agu d d
taf' .
a religion seran favorecidas por
e a me JS1ca de la éti
onducta del mism
d
ca por normas definidas de
,
o mo o que Ia vaguedad metafísica en 1
, . f
reemplazada por las reglas detalladas de la tabl
'ódi
a qulllllca ue
tafí.sica en la astronomía por las leyes de
t a pen ca o la vaguedad meactualmente cuando
I
ew on y Laplace. Esto lo reconocen
menos as sectas protestantes
convocada por el Consejo Federal d I 1 . d , _que en una conferencia
16 1
e g es1as e Cnsto de orte , . d 1
a 19 de febrero de 1950 en la ciud d d D
. .
amenca e
claración en el documento d
a
e . e~m_t, msertaron la siguiente dede lo c...:..,..
e la Conferencia mtttulado La R esponsabilidad
, . 1nterdependiente. "Lo
. . s ,..,.ianos en un A1undo E conomzco
. . .
cnstianos deben traducirse
did
·
s pnnc1p1os
É ta
en me as concretas que expresen la id
. ti
, s es una tarea que incumbe a hombres de .
ea cns ana.
nieros habilidad ej
ti
dicados cuyo talento de ingecomie~da sa
ecu va capacidad de investigación se consideran una end
grada. Es preciso descubiir medios científicos con los al .
an alcanzarse los fines morales" Por otr
cu es puesico teoló . d
, .
·.
a parte, el actual contenido metafíy
gico e la enea no significa que l , .
religiosos; sólo significa que t da , .
os eticos sean particularmente
o v1a ignoran los presupuestos científicos de
su campo.

ª'

!

47

�Ésta es sólo otra implicaci6n del hecho de que la axiología mantiene aparte
los marcos de referencia y en esta forma clarifica el pensamiento sobre el
valor, siendo no s6lo una iencia de v ores, sino también una ciencia de momas, de "aquello que vale pensar", axiornata.
La funci6n de la axiología al secularizar las ciencias sociales y humanísticas
cambia el carácter de normatividad en estas ciencias, y particularmente en
la ciencia de Ja ética. Cuando hablamos de normas axiológicas, queremos decir que las reglas de la ax,ología tienen dentro de sí una cierta obligación,
pero esta obligación no es nada J11Jstico; no tenemos que acatarlas porque
sean las leyes de Dios o porque de otra suerte tendríamos que ir al infierno,
sino que las acatamos por la misma razóH que tenemos que acatar las normas
de las matemáticas o la física, pongamos por caso. Todo el mundo está
en libertad de decir que 2
2 = 5, pero se ver'.ta en considerables apuros
al aplicar esta proposición, Cualquiera está en libertad de pasar por alto la
ley de la gravedad y tratar de salir caminando por su ventana. in embar,go,
se romper'ta unos cuantos huesos. Es igualmente desastroso, aunque igualmente
f-ácil, tratar de violar las leyes de la a..·•áología. Esto resulta particularmente
obvio en el campo de la ética; aun uando los molinos de Dios muelen con
lentitud, muelen excepcionalmente fino. Ello es menos obvio en las otras cien·
cias sociales. En ellas el pensamiento falso puede ahora denunciarse como
una violacjón de las reglas de la axiología, y puede hacerse que el castigo se
considere lógicamente en evitación de que se le sienta empíricamente.
Las normas de la axiologfa no son normas éticas. La a,"'{iología no es la
ética, pero establece las normas para la ética del mismo modo que las establece para todas las demás ciencias sociales y humanísticas. Cuando hablamos
de normas éticas, por lo tanto, significamos las normas de la ética, a saber
de la axiología en cuanto son aplicadas a la ética. Podemos, por lo tanto, usar
el término "normas morales" para las normas axiológicas en el sentido en que
se distingui6 entr-e la filosofía moral y la filosofía natural y en que la palabra
"moral' se refería a todas Jas disciplinas que en nuestros ellas son las ciencias

+

sociales y humanísticas.
El papel de la axiología en cuanto corresponde en la filosofía moral a la
posición de las matemáticas en la filosofía natural implica, por último, que
los científicos sociales o humanísticos en el futuro tendrán que aprender axiología, del raismo modo que los físicos y los químicos en nuestros tlias tienen
que aprendei:: matemáticas.
EL siguiente diagrama aclarará la relación entre la lógica y la matemáticas
por una parte la lógica y la axiologia por otra parte, y su relación con las
ciencias naturales y humanísticas.
48

L □ GICA

AXl □ LOGIA

MATEMATICAS

CIENCIAS SOCIALES

CIENCIAS NATURALES

ah

Y HUMAN ISTICAS

Para entender la relaci6n entre la axiología y la 1' . d bem
.
I d fini' ·
ogica e
os exammar
ora as e c1ones fundamentales del valor en la axiología.

Los P"Tincipios Formales del Valor.
Pata poder definir el valor de maner
nirlo en términos de un sistema formal ;;:;::en~e formal: es preciso defisistemas: la lógica y las matemáticas
finir
n 1ª actualidad dos de estos
lógica N I h
. e
emos e valor en términos de la
. . o ~. aremos en un lenguaje lógicamente estricto, sino en un lengua Je _lo suficientemente preciso para tal propósito.

D

Defmamos cualquier cosa como buena ( o valiosa) si es lo ue
que es o como se supone que es.
q se supone

Valor Extrínseco.
Esto nos da dos casos de bondad (o valor) : aquello.s igrúfº. d
5 · ica os por la
palabra "q "
11
.
ue y ague os significados por la palabra "coro " E
d
el pnmer caso decimos que " ual .
o . mpezan o con
" .
,
c qwer cosa es buena si es lo que se su on
que es . Si se supone que algo es un plato, entonces es un ''buen plato" _P( )e
es un plato y (b) tien e to dos 1os atnbutos
.
que se supone ti
1 s1 a .
se supone que algwºen es un
ene un pato. Si
maestro, entonces es un "buen maestro" s· ( )
I
un maestro y. (b) tiene
·
tod os los atributos que se supone ti
a es
En t' ·
l
ene un maestro
ermmos genera es, cualquier cosa es buena si es miemb d
.
"plat, ,, "
"
ro e una clase
o ' maestro - y tiene todos los atributos de la clase lo
l . ºfi
tod I
·b
,
cua s1gru 1ca
os .os atn utos que s« supone tiene la clase, o t0dos los atributos ue
nombre de la clase o concepto connota A ,
q
el
cosa" -llame'm l " ,,
b
. qm no se supone que "cualquier
osa x-sea uenaen'
·
·
s1 rmsma, sino en su función come

49
H

�un buen tal o cual, a saber, un buen miembro de ciert:1 clase, digamos la
clase c. Este tipo de bondad lo llamaremo bondad extensio11al, porque x ~ertenece a la extensión de cierto concepto; o bondad funcional., porque se refiere
a una función de x más bien que ax misma. También podemos llamar a
este tipo d bondad, bondad extrínseca, porque se refiere a algo que se e~cuentra fuera de x, a saber, la relación entre x y la clase C de la que ~ es rme~bro
0 el concepto "C" del que x e un caso. Así, pues, al preguntarnos que se
supone que es x, en realidad nos estamos preguntan do que' ti po ,de cosa se
supone que es x O a qué clase se supone que pertenece x o que concepto
ej rnplifica. y al predicar bondad acerca del hecho de que x es lo que se
supone que x es, predicamos bondad acerca del he ho de que ~ pertenece a
cierta clase O ejemplifica cierto concepto y tiene todos los atnbuto~ de esa
clase O de ese concepto. Cuando se predica así bondad acerca del con1unt~ de
miembros de una clase, decirnos que el miembro de la clase es un buen rmembro de la clase, o en términos de la ejemplificación del concepto po~ ?~e
de x que x es " un buen C" . As1', pues, el primer caso de nuestra def1mc1on,
.
"cualquier cosa es buena si es lo que se supone que es", significa "cualq~rer
cosa es una buen miembro de una clase si es miembro de la clase Y nene
todos los atributos que se upone tienen los miembros de 1a c1ase" • O b'ien " x
un buen e si x es miembro de la clase C y tiene todos los atributos de C''.
Esto presupone, entre otras cosas, que una cosa pu~e ser m~embro de una
clase sin que posea todos los atributos de la clase. As1, pues, s1 el homb~e es,
entre otJ:as cosas, un bípedo racional, incluso un cretino con una sola pierna
puede ser un hombre.
Valor Intrínseco.

Cuando venimos al segundo caso, "cualquier cosa es buena si es como se
supone que es ' no estamos pensando en una 1ase a la que x pertenece, sino
que pensamos en x mismo: "x es bueno si x es como se supone que es x!' •
La bondad aquí no es predicada acerca de la condición de miembro de una
clase por parte de x, sino acerca de x mismo. No nos interesa, el_ problema
de si x es un buen tal o cual, sino el de si x es bueno. Esto ultimo puede
interpretarse como "x es un buen X", donde "X" significa una clase, la clase
cuyo único miembro es x, o la clase de unidad de x. Este tipo de bo~dad lo
llamaremos bondad intensional, porque lo que es bueno es la totalidad de
todos los atributos de x, o la inten ión del concepto X; o bondad individual
porque no ha}' ningún otro individuo x exactamente igual a este x con todos
estos atributos; o podemos llamarlo bondad intrínseca, porque la bo,ndad es

50

inherente al propio x y no a la condición de miembro de una clase distinta
de X por parte de x. En este caso, "bueno" es predicado acerca de x, y
nuestra definición "x es bueno si x es lo que se supone que es x" significa
"x es bueno si x tiene todos los atributos de X", donde ''X" representa "x
como se supone que es x". Si x es una persona, entonces "x como se supone
que es x", o "X", puede interpretarse como el 'yo" de x; ello depende de x,
pues a x toca ser lo que se supone que es x, así como suponer lo que ha de
ser X. Esta parte autorreflexiva y autodirectiva de una persona se llama
habitualmente 1a conciencia de la persona. En el caso de una persona, nuestra
definición puede formularse así : ..x es una buena persona si x es como lo exige
la conciencia de x" o "x es bueno si x acata a su conciencia", o de alguna
manera similar. Si x no es una persona, la suposición la hace la persona que
define el significado de "x".
Relación Entre el Valor Extrínseco y el Valor Intrínseco.

Tenemos, pues, dos tipos de bondad o valor; el valor extrínseco y el valor
intrínseco. Ambos son definidos aproximadamente por "cualquier cosa es lo
que se supone y como se supone que es". Para el valor extrínseco, esto significa
"x es un buen C si x es miembro de la clase C y tiene todos los atributos de
C'', y para el valor intrínseco significa "x es bueno si x tiene todos los atributos
de X", lo cual, en el caso de las personas, significa -, X es una buena persona
si x acata a su conciencia". El valor extrínseco se refiere a una función de x
el valor intrínseco se refiere al propio x, o al yo de x es decir, a la totalidad'
integral de todos los atributos de x. En el caso de las personas, esta totalidad
integral se !Jama "integridad", "carácter" o "personalidad". El valor intrínseco
para las personas puede definirse, pues, como el valor de la personalidad. El
valor extrínseco de una persona, en cambio, es su función, de las que una
persona tiene un número infinito, tales como maestro, pasajero, masón, padre,
cliente, anunciante, etc. Ciertamente, cada situación encuentra a la persona
en una función diferente. Todas estas funciones son expresiones, elaboraciones
Y diferenciaciones de la personalidad, cuyo valor funcional es demostrado por
la habilidad ("skill") 1 para. enfrentarse y adaptarse a la situación.
El valor intr'mseco precede, pues, al valor extrínseco. Una persona, a fin de
1
La palabra "skill" significa etimológicamente "diferencia". Cf. el sueco "skillnad"
(diferencia), "skilja" (separar), ''skilsmassa" (divorcio), etc. La palabra "persona",
por otra parte, significó originalmente función o papel a desempeñar- en una situación
particular ( ''máscara" y posteriormente el papel cósmico de uno o el papel de uno
en el mundo en general, en la totalidad de habilidades y situaciones individuales.

51

�funcionar, debe primero ser, a saber, una p rsona. El ser una persona y su
funcionamiento no son ]a misma cosa. Un hombre puede ser una bu na persona y una mala función, como, por ejemplo, una buena persona y un mal
abogado, o una mala persona y un buen abogado· puede ser xtr'msecamentc
buena e intrínsecamente mala, o extrínsecamente mala e intrínsecamente buena, o tanto extrínseca como iotrínse&lt;:amente buena o mala. La norma para
el valor extrínseco es una ciencia práctica: para ser un buen abogado, una
persona debe onocer la ley, para ser un buen químico debe C'onocer la química, para ser un buen panadero debe conocer el oficio de hacer pan. La
norma para el alor intrín eco es la onciencia de la persona; para ser un
"buen él mismo", debe onocerse primero a sí mismo, ser un co-conocedor
consigo mismo de sí mismo. Puesto que la conciencia es la nonna del valor
intrínseco y ]a ciencia es la norma del alor extrínseco, y puesto que' el valor
intrínseco precede al valor extr'tnseco la conciencia precede a la cienria. 2
La conciencia es un caso particular del valor intrínseco, la relación, por
decirlo así entre el segundo y el tercer "x" en la d finición del valor intrínseco
en casos n que x es una persona: "x es bueno si x es como se supone que
es x". El segundo ''x" representa a x como x es en realidad, mientras que el
ter er "x" representa ax como se supone que es x, es d cir, X. El primero es
el x real el segundo es el x ideal o potencial. El primer "x'' combina el segundo y el tercero, pues x es bueno si el x real "x" es como el x ideal o
potencial, 'X". La relación entre el x real y el x ideal es la conciencia. El x
real es miembro de la clase de unidad ele x, es decir, X", pues "x es bueno"
equivale a "x es un buen X", o el concepto de x. Este concepto contiene la
totalidad de todos los atributos que cualquier x real puede poseer. La totalidad de todos estos atributos es una configuración única. La unicidad, podemos decir, es la intención de una clase de unidad: una osa que es intrmsecamente valiosa está ' en una clase por sí sola".
Todo valor intrínseco, egún nuestra fórmula, exhibe la dialéctica ntre la
realidad y la idealidad de la cosa valorada, x, que a pesar y en virtud de
esta antinomia es una y única. Allí donde se pase por alto esta dial'ctica, x.
~ Esto es verdadero particularmente para la ciencia del abogado, el derecho. Esta
precedencia particular del valor intrínseco sobre el valor extrínseco está garantizada
en la protección del Estado cn la Primera Enmienda de la Constitución de los EE.
UU., asl como en las leyes relativas a los objetores por conciencia y otros estatutos similares. AJJí donde no existan tales garantías, deben ser establecidas legalmente. En
cualquier ocasión en que las prerrogativas de la conciencia y las de la ciencia estén n
conflicto, como, por ejemplo, en la fabricación de bombas atómicas, es la conciencia
la que debe estar en libertad de seguir su propio curso. Aquí residió la significación
del caso Oppenheimer.

52

aparece corno meramente real y momentáneo, y no puede decirse nada intrínsecamente valioso acerca de él excepto en la medida en qu la momentaneidad
real sea en sí misma valiosa; pero tal atribución de valor parece imposible
puesto que hacer valiosa a la realidad momentánea presupone cuando menos
otro marco de referen ia distinto de la realidad momentánea. Pero si se llegara
a proporcionar tal marco de referencia, la realidad momentánea dejaría de ser
realidad momentánea. En consecuencia, la realidad momentánea, como tal, no
puede ser valiosa. Es axiológicamente vacua. Tal realidad vacua se aplica algunas veces a las personas. La constitución real-ideal de éstas se pasa por alto
y el impulso hacia la "satisfacción" momentánea se considera como su rasao
' ético" esencial. La conc pción ética de las personas así achatadas basta convertirse en sombras es el hedonismo proclamado por Trasímaco en la República de Platón y por Nietzche. Un uso más importante de esta concepción es
el que se le da en la ciencia de la economía. El "hombre económico" no es
sino un mecanismo de satisfacciones e insatisfacciones.
Maldad.
Tanto el valor extrínseco cuanto el intrínseco presuponen una atribución
correcta de atributos de clase a una cosa o una subsunción correcta de un
particular bajo un universal Yo puedo jugar si x es un buen abogado sólo
si yo conozco tanto Ja función partí ular de -x cuanto los atributos de clase
connotados por el t 'rmino "abogado". Puedo juzgar si x es bueno sólo si conozco las propiedades actuales de x y las potencialidades de x como el conjunto de aquellas propiedades de las cuales las propiedades actuales de x son
casos speciales, a saber, realidades. La subsunci6n o atribución correcta es
ella misma un valvr, a saber, un valor extrínseco, es decir, el ejercicio de una
fw1ción de juicio, para ser exactos, un juicio de valor. Un juicio de valor es
la subsunción correcta de un hecho bajo la lógica del valor. Podemos aplicar
nuestra definición del valor extrínseco al acto de la subsunción valoral, o ualoración , y decir que un acto de subsunción valora! es bueno si (a ) es una
subsunción valora), es decir, si ve nn acontecimiento en un contexto lógicoaloral, y (b) tiene todos los atributos de una subsunción, es decir, si el marco
de referencia axiol6gico es apropiado al acontecimiento. Cuando varias subsunciones son posibles, digamos, una valoración extrínseca y una intr'lllSeca,
ntonces la aloración intrínseca tiene prioridad sobre la extrínseca.
Puesto que el valor extrínseco es la correspondencia en un caso específico
de los atributos reales con los atributos de clase, el desvalor extrínseco o "malo"
es la no-correspondencia de los atributos reales y los atributos de clase. Esta

53

�no-correspondeucia en un caso particular es maldad material. Por ejemplo,
Pérez no es un buen abogado si (a) no es abogado o (b) no tiene los atributos
de un abogado, o (e) ni es abogado ni tiene los atributos de un abogado.
Digamos que ser abogado significa pasar el examen de reválida profesional y
que tener todos los atributos de un abogado significa conoeer la ley. Entonces,
si Pérez no ha pasado el examen de reválida profesional pero conoce ]a ley~ no
es un buen abogado, y si ha pasado el examen de reválida profesional pero
no conoce la ley, no es un buen abogado. En ninguno de los dos casos es un
buen abogado. Tampoco, por supuesto, es un buen abogado si no ha pasado
el examen de reválida profesional ni conoce la ley. En todos estos casos tenemos una no-corr-espondencia de atributos reales y atributos de clase. En el
primer caso, (a) Pérez no pertenece a la clase de los abogados pero tiene los
atributos de la clase; en el segundo caso, {b) tiene los atributos de la clase
pero no pertenece a ella; y en el tercer caso (c) ni pertenece a la clase ni
tiene sus atributos.
En todos estos casos tenemos una coordinación incorrecta de clase y miembro de clase. Pérez no logra ser abogado; puede, por lo que a eso toca, ser un
buen panadero o un buen fabricante de velas. La maldad de Juan es una
maldad-como-abogado; a Pérez se le ha aplicado el concepto incorrecto. Así,
pues, la maldad en todos los casos es una transpo.sici6n de conceptos o de marcos de referencia. Un mal C siempre puede ser un buen D · una mala casa
puede ser una mala ruina y una mala silla un buen taburete. El arte de la
valoración consiste, por lo tanto, en clasificar las cosas bajo marco de referencia correctos. Las personas, axiológicamente, deben ser clasificadas como
personas, es decir, intrínsecamente, y no bajo conceptos extrínsecos, tales como
el color de la piel, la posición social y oqos por el estilo.

'V aloraGión" Lógica.

Puesto que 1a valoración es una cuestión de pensamiento, es importante ver
qué tipo de valoración representa el pensamiento 16gico regular. En el pensamiento lógico subsumimos un fenómeno o acontecimiento bajo un concepto,
pero no analizamos el concepto mismo. Si una cosa se subsume lógicamente
bajo una clase C, entonces la cosa e.s una C o no es una C. No puede ser
una buena C o una mala C, sino toda una C, o ninguna C. Esto es obvio en
la ciencia teórica o práctica. Si, por ejemplo, cierta figura se subsume bajo
el concepto geométrico "circulo", entonces la figura es un círculo o no es un
círculo. No puede ser un mal círculo, pues en ese caso sencillamente no es un
círculo; ni puede ser un buen círculo, pues en ese caso es sencillamente un
circulo. Sólo hay círculos y no círculos, pero no mejores o peores círculos. En
la ciencia ~eórica, en otras palabras, no hay lugar para la valoración) o, más
bien, la valoración es muy primitiva: La cosa es perfecta o no es tal cosa.
El siguiente diagrama hará esto claro.

xxx----------~
CONCEPTO
"CIRCULOU

DEFINICION O INTENSION
DE "'CIRCULO"

A fin de entender mejor estas distinciones de valoración, debemos examinar
ahora más detalladamente la relación de la axiología con la lógica.

Axwlogia y L6gica: Principios de Organización.

La relación de la axiología con la lógica es importante porque da origen a
un tercer tipo de valor además del extrínseco y el intrínseco -que pueden ser
llamados los valores ax:iológicos propiamente dichos-, a saber, el valor lógico
o sistemático. Las relaciones entre Jos tres tipos de valor se encuentran en el
nivel de la axiología.

54

Clase Lógica de los Círculos
o Extensión del Concepto "Círculo"
Aquí tenemos el concepto "círculo", que tiene cierto número de atributos
llamados la definición o la intensión del concepto, y la clase de los círculos
o la extensión del concepto. La definición de ''círculo", como podemos ver
en cualquier diccionario, es una "curva plana cerrada que consiste de todos
los puntos equidistantes de un punto dentro de ella, llamado el centro".
Todos los miembros de la clase de los círculos deben tener estos atributos·J de
otra suerte no son miembros de la clase lógica de los círculos. Ningún círculo
real dibujado
en el tiempo-espacio es tal circuloJ pues la curva, al ser dibu•

55

�jada, tiene cierto espesor y por lo tanto innumerables puntos que se encuentran a cliferentes distancias del centro. Pero el círculo como una construcción
de la mente no tiene espesor, y su forma real está contenida en cada círculo
real. En cuanto tal, cada círculo es un míembro legítimo de la clase lógica
de los círculos. Lo que es verdadero acerca del círculo es verdadero acerca de
todas las construcciones de la mente humana ya sea en las cien ias naturales
o en las sociales. En las ciencias naturales los electrones, los espacios, las ondas,
etc. son construcciones, pero también lo son los caballos, las flores y todas las
cosas empíricas en cuanto son elementos de sistemas zoológicos, botánicos
etc. En cuanto tales, se les dan nombres latinos. La lila, por ejemplo, es botánicamente 'Syringa vulgaris". Syri11ga vulgaris tiene los atributos mínimos
que cualquier lila debe tener para pertenecer a la clase botánica. Pero la lifa
tiene muchos atributos que la Syringa vulgaris no tiene : toda la fragancia y
Ja belleza que los poetas -pero no los botánicos-- ensalzan. "Lila" no determina una clase lógica, sino una clase empírica o axiológica. "Cuando por fin
las lilas en el jardín florecen ' está Heno de significado cotidiano. "Cuando
por fin la syringa vulgaris en el jardfo florece" suena, en comparación, como
un chiste, y es un chiste, pues un chiste es una transposición de marcos de
referencia. En realidad la transposición significa que lo que el erso dice no
es así o es un sinsentido, y lo es; pues .ryringa vulgaris no puede 'florecer".
S')ITinga vulgaris pertenece a los libros de botánica y sólo en ellos existe· y en
los libros de botánica las plantas no "florecen" sino que "pululan". 'Pulular"
connota el conjunto-mínimo-y-exac:to de atributos que es para "florecer" lo
que S')ITinga uulgaris es para lila, y lo que horno sapiens es para el hombre,
y lo que horno economicus es para el hombr en i rta si.tuación.3 Todos
tos son los conjuntos mínimos de atributos dentro de un concepto cotidiano
que hacen de ese concepto un concepto lógico más bien que a.iciológico, y de
la cosa a que hace r ferencia un miembro de una clase lógica más bien que
de una clase axiológica. Tal conjunto minimo de atributos se llama un Esquema. Las clases lógicas consisten de esquemas. Los esquemas de una clase
particular son todos iguales, pues si cualquiera de ellos se desviara de la norma
conceptual no sería un miembro de la clase. Esto significa que toda clase lógica sólo tiene un esquema. Los miembros de las clases empíricas o axiológicas,
en cambio, pueden ser todos diferentes.
Lo que es cierto de las construcciones en las ciencias naturales lo es también
en las construcciones en las ciencias sociales. 1Iomo economicus" es una
construcci6n de la ciencia social, y es un esquema.
En el Derecho, las situaciones "humanas" son esquemas, construcciones.
•
XIV,

56

éase

RoBERT S. lliRTMAN, "The Logic of VaJue", Review o/ Metaphysics, Vol.
o. 3 (mat"Lo de 1961), pp. 389-432.

Estas construcciones no deben confundirse con los hechos experienciales o
empíricos. Las primeras son miembros de clases lógicas, 1os segundos son miembros de clases empíricas o axiológicas. Así, pues, el matrimonio, legalmente,
perten ce a la clase de "los contratos celebrados en la debida forma le!!'al
mediante los cuales un hombre y una mujer convienen re íprocamente en
vivir juntos durante sus vidas concurrentes y en cumplir el uno con el otro
los deberes que establece la ley sobre la relación entre marido y mujer". Esta
es la definición legal del matrim rúo. o debemos confundirla con el matrimonio empíri o, que es una relación física, espiritual e intele tual entre dos
personas. En el matrimonio legal no hay "amor", sólo hay rclacion legales.
De manera similar, ualquier cosa, a ontecimiento o situación empírica puede
ser miembro de un marco de referencia científico o lógico, pero esta condición de miembro no debe confundirse con la condición de miembro axiológica
o empírica. Si se confunde, ocurren transposiciones de marcos de refere11cia
muy significativas, a saber transposiciones de los marcos lógico y axiológico.
Esto produce maldad en las relaciones humanas. De esta suerte, si se aplica
la ley estrictamente, sin consideraciones ' humanas" o a-ciológicas, el resultado
puede ser inhumarúdad o injusticia· las personas no son consideradas entonces como personas, sino como casos de normas legales, y pueden cometerse
legalmente crímenes morales, como lo ilustra la ópera "El Cónsul'' de GianCarlo Menotti. A fin de suavizar esta estrictez legal de la ley, se. han introducido reglas morales en el Derecho y se las ha convertido, en el derecho
anglo-sajón, en reglas legales en forma de Equidad.
Cualquier procedimiento burocrático que no vea seres humanos, sino casos
de una regla, cualquier persona autoritaria que trate de imponer su voluntad
utilizando las reglas de un sistema, cualquier procedimiento que imponga la
confomúdad, incurre en la comisión de este mal de la transposición de lo
lógico y lo axiológico. Es el uso de un sistema Jo que le da al mal el poder
de extender su alcance y, al mismo tiempo, de asumir una semejanza con el
bien. Todo gran mal es mal sistemático.4
La razón de ello es que la valoración sistemática niega todos los grados
del valor y ve las cosas en blanco y negro; la cosa es o no es un miembro
de su cla e, es perfecta o no es. En una organización sistémica uno pertene e
o no pertenece. Los matices y diferencias de opinión y carácter no son tolerados. El valor único es la conformidad y el desvalor único es la no-canfor' Esto es particularmente cierto de la Guerra. Las gue.rras se libran entre sistenns,
no entre pueblos. Son los pueblos los que mueren por esos sistemas. Véase JACQUEs MARITAIN, Man and the Sta/e, Londres, 1954: "Ce sont toujours les mcmes qui se font tuer"
("Son siempre los mismos los que se hacen matar"), p. 47.

57

�midad, que conduce a la expulsión o a la "liquidación". Todos los miembros
de un sistema deben ser iguales o no deben ser miembros.
Donde no hay diferencias y clistinciones entre ]as cosas, no puede haber
orden. Las cosas que son todas iguales, son indistinguibles e intercambiables
entre sí. El orden, sin embargo, presupone la distinción y la variedad entre
las cosas. Las cosas sistémicas, por lo tanto, no pueden estar en orden. Más bien,
siendo una de tales cosas igual a la siguiente, el único "orden" prevaleciente es
el propio sistema. Pero esto, en lo que se refiere a los elementos del sistema,
constituye el desorden; todos los elementos están en el común denominador
más inferior, a saber como elementos del sistema, y todas sus diferencias intrínsecas o extrínsecas se borran; son como individuos, inutilizables. No hay
sino una masa de elementos intercambiables y amorfos: el caos numerado y
catalogado. La culminación de tal "organización" sistémica fue la Alemama nazi.
Toda dictadura es de ese tipo. Siempre surge en respuesta a una emergencia real o izna&amp;inaria. Superar el caos mediante la sistem.ización es siempre
el primer impulso de la humanidad. &amp;í, pues, la fórmula clásica para los
tiranos es fabricar primero las emergencias y aparecer después como salvador. En realidad, el sistema sólo reemplaza un caos por otro; el sistema incluso intensifica el caos al catalogarlo. La culminación de este tipo de caos
fueron los campos de concentración alemanes. Pero cualquier policía secreta
cae dentro de este patrón, cuando impone la uniformidad. Su orden es un
orden meramente formal. El orden material consiste en ]a variedad de los
elementos más bien que en su urúformidad. Existe en la organización extrínseca y, en un grado todavía más alto, en la organización intrínseca; en la
valoración axiológica más bien que lógica. El arden, pues, se encuentra entre
el desorden dinámico del caos y el desorden estático de un sistema.
Valoración Axiológica

a) Valoración Extrínseca
Volvamos ahora, a la luz de lo que llevamos dicho sobre la valoración sistémica o lógica, a 1a valoración axiológica. Todas las cosas de 1a experiencia
humana, es decir, todas las cosas en el eseacio y en el tiempo -todas las cosas
que no son construcciones científícas-- deben valorarse axiológicamente. Esto
significa que el concepto que determina la clase de la cual es miembro la
cosa, es analizado y no no-analizado. En otras palabras, cuandQ subsumimos
una cosa empírica bajo un concepto, no podemos usar estrictamente las propiedades de la definición del concepto, sino que debemos admitir en la clase
58

cosas que poseen, o no poseen, estos atributos en mayor o menor grado. Así,
cuando decimos "A es una silla'', no significarnos que A es o no es una silla,
como lo hacemos en el lenguaje científico o lógico. Lo que significamos es
que A pertenece a la clase de las cosas empíricas reales llamadas "sillas" y que
A es más o menos una silla, pero no que A es exactamente igual a cualquier
otra silla. Hay todo tipo de sillas, de todos los grados de mayor o menor "sillidad", Y son estos grados lo que el pensamiento no-científico o axiológico
valora.
El siguiente diagrama hará esto claro:

DEFI NJCION O INTENSION
CONCEPTO ••S ILLA''

CLASE AXIOLOGICA
Como puede ver5e, el concepto axiológico tiene muchos más atributos que
el concepto lógico. 5 Los miembros de la cla~ tienen estos atributos en diferentes
grados. La definición empírica nunca puede ser tan precisa como Ja definición
lógica o nomina], por 1a razón de que la cosa definida existe en la naturaleza -y
no es una construcción de la mente-- y los atributos de ésta tienen que ser abstraídos_ de la naturaleza. Por abstracción se entiende la visión sinóptica de
los atributos que poseen en común cierto número de cosas. Mientras mayor
es el número de cosas, menor es el númer_o de atributos que tienen en común, Y mientras menor es el número de cosas, mayor es el número de atri• Lo que nosotros Llamamos "el concepto a:xiológico", Collingrood lo llama "el
concepto filosófico", R. G. CoLLINGRooo, Ensayo sobre el Método Filos6fico Centro
de Estudios Filosóficos. Universidad Nacional Autónoma de México, 1965. '

59

�butos que tienen en común. El número Illlmmo de atributos comunes es el
de los atributos de todas las sillas, es decir, de la clase lógica de las sillas,
y este conjunto podemos llamarlo la definición de 'silla"; mientras que el
número máximo de atributos comunes sería el conjunto que sólo dos cosas
tienen en común. A menos que baya uando menos dos cosas, no hay, por
supuesto atributos comunes y por lo tanto no hay abstracción. Cualesquiera
dos sillas tienen muchas más propiedades en común que las que tienen todas las sillas. Todas las sillas tienen sólo un mínimo de propiedades n común, como, por ejemplo, un asiento, a la altura de la rodilla de un hombre, con un respaldo: tres propiedades en total. Esta definición núnima corresponde al esquema de la clase lógjca de "silla" y tiene el siguiente a pecto: h- Cualesquiera dos sillas, por otra parte, o cualquier número específico de sillas, por lo que a eso toca tendrán muchas más propiedades en
común, tales como un respaldar curvo o un asiento de madera o cierto número de patas, o brazos, y así por el estilo. El conjunto de estas propiedades
se llama la Exposición más bien que la Defüúción de "silla". Mientras que
toda silla debe tener la definición, o las propiedades núnimas, para que sea
una silla, ninguna silla real tiene todas las propiedades cxposicionales posibles de sillas. En el grado en que u11a silla real posea estas J&gt;ropiedades exposicional,es reside su valor, su bondad o su maldad en cuanto silla. Mientras más de estas propiedades tenga la silla real, mejor silla será, y mientras
menos de estas propiedades tenga, peor silla será. Así, pues, si una silla real
tiene un asiento roto o un respaldo roto o le falta una pata, sigue siendo una
silla, puesto que se piensa en ella bajo el esquema de silla (y se la manda
reparar), pero no es una silla muy buena. Si una silla tiene, digamo siete
atributos exposicionales y otra sólo cinco, entonces la primera silla~ una silla mejor que la segunda. Pero ambas deben tener los tres atributos defoúcionales para que sean una silla.
Cualquier objeto que es malo bajo un concepto, digamos "silla", puede
ser bueno, como hemos visto, bajo. otro concepto. Así, pues, una mala silla
puede ser un buen taburete, si no tiene respaldo. Según el mismo criterio,
tenemos que decir que w1a buena silla es un mal taburete, una buena casa
una mala ruina, una mala casa una buena ruina, una buena carcacha un mal
automÓ\ il, un buen automóvil una mala carcacha un buen jamelgo un mal
caballo, un buen caballo un mal jamelgo, y así por el estilo. Puesto que la
bondad y la maldad de una cosa dependen del concepto que se le aplique a
la cosa, cualquier mala situación puede cambiarse en una buena situación
dándole un nombre diferente. Esta es una de las maneras como el bien puede superar al mal. Sencillamente se subsume la cosa mala bajo el concepto
que corresponde al mal estado y se hace buena. Si yo cuento con una silla

60

Y obtengo un taburete, en lugar de disgustarme por tener una mala silla
~uedo alegrarme de tener un buen taburete. Este es el secreto del optimisU:
mveterado; pero sólo funciona con el valor extrínseco.

b) Valoración Intrínseca

=·

En 1~ valoración intrínseca, la clase en cuestión consiste de un solo miemAs1, para tomar otra vez el ejemplo de la silla, tendríamos el siguiente
grama:

CONCEPTO
••ESTA SILLA..

Aquí el concepto es "Esta silla" y el miembro es esta silla. Obviamente, si sólo
nos ~upamos de una cosa de su propio tipo no podemos abstraer ningunas
prop1ed~des de ella. Más bien, la "definición" o "exposición" de la cosa única contiene todas las propiedades que la cosa tiene; la cosa es buena porque
es ~orno es. Yo amo a una persona porque ella es como es, no porque sea
me1or que alguna otra persona. Puesto que en la valoración intrínseca me
ocupo de
sola cosa, no puedo comparar esta cosa con ninguna otra cosa.
no ~y entena de &lt;:°mparación, como en el caso de la valoración extrínseca'.
El numero de propiedades de esta sola cosa es infiniººto.. o o e sºbl
~e~~
1
as puesto que no .hay abstraccºó
M'
b"
h
1 n.
as 1en ay experiencia pura entre yo
Y la co5:1; en _el ~e1or de los casos, yo tengo la experiencia de la cosa en toda
su plerutu~ s~ nmgún pensamiento de ninguna otra cosa; en el peor de los
casos,. soy mdiferente. er indiferente a la unicidad de la cosa s1gm
· ·f·1ca no estar mteresado en su valor intrínseco o pasarlo por alto Tal · dif
·
ld d · ,
·
m erenc1a es
ma a :,ntn~eca. ,En este sentido debemos entender las palabras de tephen
Crane: La f1losof1a debe saber siempre que la indiferencia es algo milºta
t
1 ne.

_un~

61

�Ella derriba las murallas de las ciudades y asesina a las ·mujeres y a los niños
entre las llamas y el robo de los cálices sagrados. Cuando se aleja deja tras sí
ruinas humeantes en las que yacen ciudadanos muertos a bayonetazos. No es
un juego de niños como el simple asalto en desploblado". Siendo la indiferencia el mal intrínseco, el bien intr'mseco es el amor o la simpatía; es el
agape, preocupación amorosa, traducido a menudo como "caridad".
En términos axiológicos ello significa que, puesto que yo no abstraigo en la
valoración intrmseca, me concentro en la cosa tal como ésta es, estoy concentrado plenamente en esta sola cosa. Por esta razón, la valoración intrínseca,
al ser aplicada a las cosas, produce la valoración estética: el artista se compenetra plenamente en la cosa que crea. El y la cosa están empáticamente relacionados; forman una unidad. Aplicada a las personas, esta valoración es
ética; es el enlazamiento completo de una persona con otra, la concentración completa de una persona en otra; las personas están simpáticamente
relacionadas y forman una unidad. Esta relación entre personas podemos llamarla Comunidad. La aplicación de la valoración extrínseca a las personas
es, en cambio, funcional; ambas son consideradas intelectualmente como miembros de la misma clase y comparadas como tales. Tal relación extrínseca
entre personas la llamaremos Colectiuidád. Cuando dos personas están relacionadas intrínsecamente, están relacionadas cada una como una clase por
sí misma. En su auto-enlazamiento mutuo producen una nueva clase de
la cual sus propias clases son partes intrínsecas. Aquí tenemos el fenómeno
de la Cooperaci6n. Ambas están en la misma situación, es decir, ambas forman parte de una unidad orgánica, y no hay ninguna oposición entre ellas
puesto que ambas son intrínsecamente buenas, siendo buenas por ser como
son. En el caso de una persona, el diagrama de valoración intrínseca, simplificado, tiene el siguiente aspecto:

Aquí vemos que la clase es el concepto que tiene la persona de sí misma, "Yo"
o "'M i yo", y el miembro de la clase Yo ahora, todo momento de la persona,
todo Yo real. Produzcamos ahora una comunidad. Primero tenemos dos personas:

62

Ahora combinémoslas:

. En com~dad las personas son experiencia la una para la otra
f
c1ones que
, no son unSU'Vdan a un_ concepto por encima de ellas; se sirven la una a la
otr f
a,
orman o una urudad
' ·
una de 11
.
orgaruca que no puede ser disuelta a menos que
tr e as deJ~ de ser como es. Por otra parte, una colectividad es lo que
mos amos antenormente en la valoración extrínseca Aqu1' los . di "d
caso d I ·
·
m VI uos son
s e ~ o concepto en diferentes grados. Pueden cambiar sin cambiar
1
a a colectiV!dad' p ues es tán' re lac1onados
•sólo funcionalmente S.
el concepto cambia I
l . .
.
.
. iempre que
.
. ' a co ectiVIdad cambia. Si el concepto es "cliente" I
Jillembros son clientes; si el concepto es "vendedor'' 1
. b
' os
d d
, 0_s nuem !Tos son vene ores; cuando. el
concepto
es
"comprador"
1
.
b
.
, os zruem ros son compradores. Hay una afuudad de funciones tanto ba1·0 el IDlS. m
· dif
'
o concepto como haJO
erentes conceptos. El diagrama de colectividad
. 1
la clase extrínse'
es sunp emente el de
ca.

�quí tenemo dos personas rela ionadas con referencia a un oncepto c~mún,
pero no on refcr n ia a su propios yos. Esto puede xpr sarse tamb1en d
la iguiente manera:

bien podría ser que mi otras m jor fuera yo,
decu-, mientras más umplo el conc pto que determina a la colectividad, peor hago quedar a mi mpetidor · por lo tanto, en una colectividad podría serme de pro echo a mí
el hacer \) r peor al otr . La competencia es una cuestión de valoración extrínseca en la colectividad mientras que la cooperación es una cuestión de
valoración intrínseca en la comunidad. En la cooperación yo considero al
otro igual que a mí mismo omo un ser humano n todo u alor único; n
la competencia lo e nsid ro a él y me considero a mí mismo como {un ·on s
y partes de un oncepto superveniente.
Tanto la ompetencia orno la cooperación deben oponerse a la conformidad, la interrelación de lo elern ntos n la valora i6n istémica. Aquí
le impone igualm nte un
ncepfo a tocios los miembros del grupo, haciéndol par e r todos iguales. En este caso, los individuo no son considerados
ni como personas ni orno funcion
sino como elementos de un si tema. La
virtud en una organiza ión intrínseca es la personalidad en la ooperación ·
en una organización extrínseca
la habilidad en la ompetencia; y n una
organización sistémica
la obedi ocia en la
nformidad.
Hay pues tr tipos d principi organizativos : el ooperati o (intrín co o moral) l comp titivo ( extrínse o o social ) , y el conformativo ( istémico o autoritario).

El írcu1o compl to r presenta a cada persona intrínsecam nte, pero la unidad intrínseca tá cortada en
nentos. Los segm ntos on las funciones,
que nun a U gan al núcl o íntimo de las personas. Las personas tán oncctadas por una función, como client , pero to deja el núcleo de su pernalidad intocado.
La dif r n ia entre colectividad extrín ca y comunidad intrínseca
nsi t , pues, en que la omunidad s una unidad de valor s intrínsecos cada
.
uno de los cuales es único en su tipo y todos los cuales alcanzan la umdad
s6lo mediant I juego de sus pleno pod res y capacidad . La olectividad
s un agregado de fun iones una das de propiedades omunes pero no intrín cas a las personas. Cualquier violación d I individuo n uanto tal debilita a la comunidad, per deja a la olectividad intocada a meno qu la
c º6n d la persona que se \.iola a aqu lla por medio de la ual la persona s miembro de la colectividad. Por esta razón, en una ol ti idad a la
nt no le importa que otra persona sea perjudicada; !Jo "no les oncierne '. En una comunidad la iolaci6n de cualquier hombre s la de mi propia p rsona.
í si yo soy miembro d una comw1idad y trato de debilitar
a otro miembro, me debilito a mí mismo. En una col ctividad, en cambio,

64

Interrelaciones Entre los Tres Tipos de Organú:aciones
A fin de entender más plenamente la interr !ación entre los tr s tipos de
principios organuativos
aminaremos allora algunas d sus características.

Los

1tjetos de la V aioración

Los su j to de la valora ión lógica o sistémica son
sas en una rela ión
mínima: como elementos de un sistema o como esquemas. Un esquema es
menos real qu cualquier cosa empírica. Cuando lo s res humanos son atorados sistémicament , son menos real que, pongamos por caso, un pedazo de papel. En un procedimiento burocráti o, una per na no exi te a
menos que tenga un acta de nacimiento. En una front ra, no existe a menos que nga un pasaport . i, por ac idente, cruza una frontera sin un papel, d be instituirse un complicado procedimiento burocráti o para legalizar
la situación. uando un turista francés en los Estados nidos r cientemente
cruzó, ac identalmentc y sin su pasaporte, la fronter y ntró en el anadá,
fue n cesario dictar una orden formal de expulsión a fin de qu

65
H

�a) el Canadá tuviera prueba de que el turista entró ilegalmente,
b) los Estados Unidos tuvieran prueba de que él había estado en el Canadá,
c) los Estados Unidos tuvieran una razón para pernútirle regresar.
No siempre hay soluciones tan ingeniosas. En Europa y Asia, donde los
sistemas son más fuertes y menos flexibles que en Norte América, las personas sin papeles han oscilado durante semanas y meses entre una frontera y
otra, y han vivido a bordo de un barco sin poder desembarcar en ningún puerto. Por otra parte, mientras más impresionante sea el papel, más importante
es la persona. Un refugiado alemán viajó durante años con un pasaporte de
refugiado sueco que tenía cierta apariencia de pasaporte diplomático. Muy a
menudo obtuvo trato diferente en las fronteras, especialmente en América
Latina.
Lo que cuenta en un sistema es el sistema y sus procedimientos, y nada
más. Esto es así no sólo para las víctimas del sistema, sino también para sus
agentes. Estos actúan como elementos del sistema y nada más. El sistema,
como un cuerpo de reglas legales, otorga justificación y sanción a sus actos.
De ahí el amor al uniforme en Europa, Asia y América Latina, que cancela
la individualidad y confiere anonimato y prestigio en la uniformidad. De
ahí la alta estima en que se tiene a sí mismo el burócrata profesional. El
mundo del valor sistémico es el refugio de aquellos que carecen de Yo, es
decir, de valor intrínseco plenamente diferenciado, y es el infierno de aquellos que iven conscientemente su propio Yo interior. De alú las tragedias que
se producen cuando chocan las dos dimensiones del valor, desde Antígona hasta el Dr. Zhivago.
Los sujetos de la valoración extrinseca son cosas y personas empmcas cotidianas, cosas y personas en el espacio y en el tiempo. Como hemos visto, la
valoración extrínseca presupone cuando menos dos cosas en cada clase· esto, a su vez, presupone espacio y tiempo, pues dos cosas deben ocupar espacio
o deben seguirse en el tiempo. Estas cosas empíricas se valoran en el grado en
que tienen la plenitud de sus atributos de clase. Son mejores cuando tienen
más de tales atributos, y son peores cuando tienen menos. Debido a esta gradación las cosas en la valoración extrínseca existen en gran variedad. o
son todas iguales, como las cosas sistémicas. u orden es un orden material,
no formal, un orden cuantitativo de cualidades, en el que las relaciones
matemáticas pueden desempeñar un papel, como en la economía, la sociología, 1~ psicología, etc.
Los sujetos de la valoración intrínseca son cosas no-empíricas, o, más bien,
cosas empíricas en sus aspectos no-empíricos. o están, en cuanto tales, ni

66

en el tiempo ni en el espacio. Cada co~ se considera aquí como única; todo lo que hay es esta cosa. Puesto que el tiempo y el espacio se definen como sucesión e _interrelación de cosas, allí donde hay una sola cosa no hay
tiempo ni espacio en este sentido. La cosa misma es, por decirlo así, el universo. Vista extrínsecamente, una pintura, por ejemplo, es una entre muchas
en una clase de las pinturas. En cuanto tal, es comparable con otras pinturas y puede tener un precio. Pero ista intrínsecamente, la pintura es única,
no hay otra como ella; no tiene precio. Visto extrínsecamente, un niño
u.no entre muchos en la clase de los niños. En cuanto tal, es comparable, tiene tantos kilos de peso, e incluso puede tener un precio, como lo tenía en
Inglaterra en tiempos de Karl Marx, cuando los niños se vendían y se compraban como instrumentos para limpiar chimeneas, o como en Am 'rica en
tiempos de la esclavitud. Visto intrínsecamente, un niño es único, no hay
otro como él y no tiene precio. Visto extrínsecamente, un empleado o un
administrador es uno entre muchos en la clase de l&lt;f empleados y los administradores, es mejor o peor que otros y su salario depende de que sea mejor o peor. Visto intrínsecamente, es una persona y es incomparable. Vista
extrrnsecamente, una mujer es una entre muchas, tiene tal o cual figura, tales o cuales rasgos y tales o cuales 'formas'. Vista intrínsecamente una mujer es "la única en el mundo", 'no hay nada como ella"_, "ella es
Mujer''.
La distinción entre el individuo social y la persona moral, el valor extrínseco y el valor intrínseco del hombre, ba sido bien descrita por icolás Berdiayev en Esclavitud y Libertad: "La personalidad es una categoría axiológica, una categoría del valor... El mundo entero no es nada en comparación con la personalidad humana, con la persona única del l;lombre". 6 El
hombr como personalidad, como valor intrínseco, está en una dimensión
que no lo hace más alioso - pues el valor intrínseco no es comparable- sino
incomparablemente valioso en comparación con todo el mundo extrínseco
el universo físico. Este mundo no es nada en comparación con el valor in~
O:ínseco de una persona. Este es el mismo pensamiento que expresaron con
diíerentes palabras Pico, Pascal, Bergson y Unarnuno; cuantitativamente el
hombre es una partícula mínima en el universo, cualitativamente excede incomparablemente al universo entero. "Si el hombre no fuera una persona ...
entonces sería igual que otras cosas en el mundo y no tendría nada de extraordinario. Pero la personalidad en el hombre es eviden ia de esto : de que
el mundo no es autosuiiciente, de que puede ser superado y aventajado. La
personalidad no es como ninguna otra cosa en el mundo, no hay nada con
lo que pueda comparársele, nada que pueda ponerse en un mismo nivel con

es

h1

• Las citas están tomadas del Cap. I de
Nueva York, 1944.

. lá s Berd"1ayev, Slavery an d Frtedom,
tco

67

��ER EL "OTRO"
M.ICREL FEDERICO

Universidad d

CJACCA

Génova (Italia)

1. Ser el "otro" como promoción de la persona.

"orno Es d cidinne por 'I como persona luz que ilumina mi
libertad carga "humana" qu me transforma onsintiéndom formarme y
promoverm · aím i el ' tro"
1 último, 1 más condenado y miserabl d
los hombr . El girlo qui re decir asunúnnclo tal ual
ntero con su
uerpo y su spíritu en la condiciones n que tén, an las de un leproso
asesino, dármelo omo fin de mi voluntad· amarlo hasta o u ''voluntad' d
mal más opaco y horrendo, aunqu det tando I mal con todas mis fu rzas.
Decisi 'n d mí nt ro, di ponibilidad total, por 1 otro entero con la mole
d su miseria que por más que lo aplasta no aniquila u grandeza d hombr
sabedor de que también o soy miseria como 'l· sólo así respeto su li rtacl que
1 mal uso no puede anular y lo reconozco persona y por to fin d mi volición. er justos
r conoc r a cada osa su ser y él
un hombr ; si no lo
re on iera orno p rsona teniendo mi misma dignidad, sería injusto y falsearía al partir mi ini iati a d elegirlo pero reconocer su s r s amarlo tal y
orno , inicio de todo promovimiento suyo y mío. 1 sí pue , debo "dispon rme' totalment a su experien ia de mal, acoger la n gatividad de sus
cleccion s porqu
o llas está toda ía iva la libertad martirizada y ofendida por su debilidades, del desencad namiento de fuenas a las ualcs tal
QUERER AL

cz no estaba pr parada o de las cuales padeci' la violencia, casi la n
1dad; 'soltarme' t d , desligarme también de mis virtudes y de mi hábitos,
' Sólo !os que si nten una extrema y sufrida repugnancia por 1 hombre, su inmensa miseria y el mal de que
capaz, saben amar proíundamente y hasta el sacrificio
a la humanidad sobre todo n los más culpables y condenados: saben que mos todo
"fango" pero que n cada uno Dios "ha soplado" el píritu.

71

�hacerme él, dejarme formar por él de modo que él pueda disponer de mí,
que no significa hacer lo que el otro hace, sino hacer mi _experienc~ interior, sufrir lo que él sufre y también no sufre su subterránea angustia por
la apatía y la sordidez frente al mal. o debo sólo "avisarme", ponérmelo
delante de los ojos para "hacerle saber' que es malo, sino sobre tocio advertil:"me", ponerme sobre el buen camino, el justo, ' olverme", entero, de mí
hacia '1, entero disponibilidad subjetivamente y obje~vamente condicionada sólo por el bien común, para transformarme en él, hacerme su miseria y
su dolor: sólo así, unidos podemos tomarnos por la mano a lo largo del
sendero del promovimiento recíproco. La "aversión" de él, nos deja solos, a
cada uno diversus, a la deriva, hoja muerta, desviado del recto camino, "extravagante" del orden del ser que, por el bien de entrambos me ordena reconquistar la libertad común en la "conversión" según la "advertencia" dada
a mí mismo.
Cierto, me pongo en riesgo, corro un riesgo tremendo, pero la libertad no
es nada si no es valor y audacia i no se de afía un amplio margen de imprevisibilidad, confiada en sí misma y con tanta fe en la luz del bien; nunca
tan fuerte como cuando está en peligro, en la hora del llamado no a su potencia siempre débil, sino al vigor con el cual se sume en sí misma para arraigarse en el ser· nunca en las manos de Dios verdaderamente libre, como
cuando acepta la batalla contra el mal por el bien entero del otro, material y espiritual, "misericordia" que no discrimina entre necesidades del
cuerpo y exigencias del espíritu~ que encama la palabra de amor en el pan
y en el abrigo, bienes que vivifican el alma y la abren a la riqueza que incuba
dentro para que sea también luz de su cuerpo. Transformarme en el otro
que he elegido, ignifica asumírmelo en todas sus potencialidades para activarlo y remover cuantos obstáculos no lo hacen ser sí mismo· comprenderlo
en toda su voluntad de mal, sólo respiradero por el cual puedo entrar hasta
él, la que me hace entirme bueno sólo sí lo comprendo hasta_amarlo así
como es, malo; avergonzarme de tener lo que a él le ha sido negado y fortificarme por hacerlo partícipe· aprender cuán pequeña es la medida de mi
débil libertad fácil de caer y cuán fuerte es el mal, yo mismo propenso a
hacerlo si sólo un momento disminuyo la vigilancia, si la iniciativa relajada
en una seguridad siempre amenazada e incierta se adormece en el tiempo
de La inercia que pesa fuera de la conciencia y rápido envejece. De tanto
bien debo agradecer al más monstruoso despojo humano, que me da la posibilidad de transformarme, en él, para formarme yo mismo: aceptándolo íntegro por la puerta del amor, que da luz a las troneras de la virtud, potencio
todo mi ser en la inteligencia amorosa del ser. La caridad es siempre bilateral, hasta cuando el otro no da nada, porque nos hace el don de promo-

72

ver a nosotros mismos en el bien amándolo; por esto es verdadera la que es
hecba " car1ºta..:uvamente" amorosamente, sin ventajas y astucias, exítaciones
Y tácticas: fácil amar, difícil amar ordenadamente. ólo si le hago don de
este trozo de cielo que es también el suyo, el otro, del abismo del mal, puede
esforz.arse en abrir Jos ojos: una chispa, la luz del fondo de su ser reencontrado, cuya primera decisión es comprobar como si en este momento comenzase a percatarst de ser un hombre, de amarse por lo que es criatura
hijo perdido y amado de Dios, que se ha servido de nú para que Ío sirvi~
ayudando a mi semejante a encontrarse como persona y a mí mismo a formarme, transformarme, en él que se ha formado transformándose, en mí, el
otro por él, cada uno siempre más sí mismo, el propio ser inviolado e irreductible.
o redimido ni redentor, sino aquel milagroso estado de gracia de "dos"
v~luntades libres, una" formación del yo d l tú en el acto de promoción reciproca en el cual cada uno -el mejor y el peor- se mantiene redimido del
otro. 2 Quien se considera redentor está aún por redimirse: el más bueno y
el más malo de los hombres se redimen siempre en la obra común, y al recomenzar Y perfeccionar a cada instante. o hay la piedad de uno hacia el
otro sino la recípro a porque entrambos están necesitados de ella• ni la obediencia unilatera~ sino uno y otro deben libremente disponerse en ~ste estado,
colaboradores en parejas condiciones y por esto el uno deudor del otro cada
uno compensado de lo que ha dado, siempre poco respecto a lo que deb; dar:
~uí_ la profundidad de la reciprocidad de las conciencias, del respeto de Ja
digmdad entre hombres libres; el arrasamiento de la soberbia del "bueno"
que ayu~a. y d_~l resen~ento hasta el odio del beneficiado que la siente pesar, la afmnac1on del orgullo" de cada hombre de ser tal, hermano 'no protegido" del otro; que en la superación de la dialéctica del "patrón y del esclavo", problema por resolver con la dialéctica del cada uno que se transforma, en su semejante, le respeta todos los derechos, anula la relación ' benefactor-beneficiado'' en los beneficiados juntos, personas teniendo la mi ma diunidad sin cuentas de dar y haber; aquí la redención de la voluntad de mal
obra personal y común de criaturas que quieren disponerse según la ex.igenci~
' La promoción recíproca es posible también entre despojos humanos.
o raramente en el fondo del mal la voluntad objetiva provoca un potente empuje hacia lo
alto, como si la conciencia se despertara de un largo sueño, reentrase en sí misma de
un lejano exilio, como si un hombre por la primera vez se descubriese libre. de golpe
su pasado se le proyecta extraño ante sí, cosa que no ha querido, como si ~tro. en su
p~esto fuese el autor. Es muy difícil, excepto para los médicos de "oficio", y los magistra~os que sobre la libertad saben todo, sentenciar sus acciones libres, responsables
y deliberadamente queridas.

73

�del ser a la perfec ión última de la libertad de cada uno en el Amor ab~~uto
que ¡0 crea y sosti ne qu se ha bajado hasta 1 ladrón,
ha hecho crucü1car
con 'l para ser la Redención de tocios.
.
.
Es necesaria · rto una libertad acorazada, pero, s1 no qmere en ontrarse
'
'encuentro la corteza d las 'bu~nas C . ~um b "ydel as
agu j reada al primer
" •c l.sas virtudes' conocedor al máximo de la propia deb1hdad, cuya fuerza
stá sólo en la tensión al valor en cJ don qu la pon en la d rrota armada sólo
de amor potencialidad de todas las energías en la inteligencia del ser; puede
avanzar,' sola aunque I sol se obscurezca on las flechas. o se trata de osar
lo imposible, pero si de p ner en movimiento, con ntrar en un p~to, todas
nu tras posibilidades para d sfondar I dato desafiar todos los pos1bl~ rechazos ya osa d ontada aunque si n nuestro amor queda una llama sin lugar
~ue arda: tantas llamas qu ar&lt;l n aparentem nte en ano, siempr una luz,
una guía una estrella, que precede hacia la gruta del Amor-; d rrengar el
muro aún cuando la 'realidad" está ahí para dccirno qu "no se pasa' ; pero
Justo cuando el letrero se para nfrente, y se la encuentra dondequi ra, la libertad se empluma lige el dato y lo escog
ogiéndoseos: brega y se forma, forma lo nuevo le rev la la , rdad; y más se hace ierto y menos
' dato" más
luminosament aquel existente. Desd el momento en que lo
elijo, aJ otro no lo "miro" a n su 'datidad" lo "siento" en su " ntidad' ,
lo reconqui to por lo que es, un existente fu ra de mí semejante a mí; lo quiero en u verdad deódo por '!, que no
ya el otro dato pero í la otra persona como yo. Pero d bo decicürm hasta I fondo, así hasta «
~ l_a
volición, siempre la misma y nueva, perennemente reno ada en la 1mc1at1"ª· Todas las osas, otras y diversas d mí; sólo 1 hombre l otr semejante
a mí por esto las cosas se quieren y se aman en cuanto pertenencia d I hombre d pó ito sagrado de nuestros scnti.mi ntos: cosas di ersas y no semejantes a mí; hasta las má erc.anas y preci as, lejanas e insignificantes· mi
semejante aunque no conocido siempre pr ximo, 1 prójimo.

tar''. .

2. La libertad del "otro" como bien personal y común.
El problema de la libertad d I otro
pone al ni I de la ~lección· . a í el
d mi libertad, no pudiend hacer d mí uso como de cosa ni consentir que
otros lo hagan. u libertad y la mía· suya y mía - no 'propias"- insu tituibl s y comunes; la lib rtad de ada uno
personal )' no
subro a, y es bien
común porque es disponibilidad y empeño recíprocos; formo mi libertad ,
en ella me forma n la medida en que forma la del otro reconocida ínvfolabl&lt;' en el acto mismo en que asevero la inviolabilidad de la mía. La libertad
interior del mal, onquista personal, es un dars recípr o; no puedo medir

el arrojo uando el exceso de la voluntad es el

r, pero no debo constreñir

a1 otro a no medir el suyo; l "orgu]Jo" auténtico del amor es no pedir, fiándose en la discreción d l otro, y aceptar todo con humildad de otro modo

la disponibilidad que r usa la respu ta es la más hermética de las "clausuras" negación diabólica de la libertad aj na.
La comprensión de dos voluntades al nivel de la elección vuelve superflua
toda xplicación: comunicaciones esen ·ales, hasta más allá de 1a palabra
siempr insufici nte, le basta el signo, a eces sólo interior, la llaneza del silen io, e pa io de los nt.imientos puros· muere el tiempo que pasa en 1
pre nte de do voluntades compenetradas en la promoción recíproca, la una
ele ºda por la otra unidad de un solo destino. o más cue tiones de razón
o sinrazón, mediocridad más abajo de la libertad d elección, ino de perf cionarse en el bi n, erdad común sin fijarse en tacañerías de cuentas· hasta las palabras trillada llegan a ser reconquistadas n la libertad común,
d pojadas de lo días y v tidas on nu tro tiempo interior, el de reproponer la iniciativa de formarnos recíprocamente.3

in embargo la libertad

terriblemente elosa; tiende a aislarse,
tr ma
para afirmar su independencia, aspecto negati\'o de la xigencia legítima de r sí misma. Teme la "invasión"
y quiere el bien de ser libre orno exclusivamente propio como si el participar de Uo en mt'm fu se una disminución, y el no reconocer eJ d los
demás un crecimiento suyo. Pero la libertad ntendida omo "propia' no
es ya •~personal"; algo que añade ext riormcnte a la persona (su 'propiedad' ), casi "rapiña" por mi do d que otros no constriñan a r nuneiar
hasta a nuestra parte tran f rimiento de un concepto económico sobr I plano metafí i o o concesión c n mista de la libertad. En v z, bien piritual, no
&lt;' di isible en part
para di tribuir Í!!Ualm nte· tá toda en cada uno, que
n la acr ·enta negando la del otr o ustrayéndo a la comuni ación, pero
r nociéndola ent ra · más bi n, sólo en la d I otro
para mí 1 todo de la
libertad, hasta la mía
el todo d sí misma n su inviolabilidad. Para reno er la libertad de tod s s nec sario el dominio" de sí· aquí l seer to
d la paz ntr lo hombr · no poder bre el otro, sino sobre sí mismo: Ja
caridad, como die
an Pablo es una potencia del cristiano; por eso n esita aprender ada día a amar comenzando siempr del prin ipio hasta las
rsonas que
aman.
d f nsa de su autonomía o a impon

• La urbanidad, la etiqueta, las "buenas maneras" y la "buena educación", nivel de
h pura conveniencia social y de la convivencia como estar junt sin incomodarse
recíprocamente cuando no hipocresía y exterioridad, es decir "cortesía" sin "gentile1.a",
son uJtrapasadas n un vínc-ulo humano que las welvc superfluas. Las grandes estaturas
morales, según el protocolo, son "inedu das".

74

75

�No más cuestión de la "independencia" del yo que teme depender del
otro y cree afirmar su libertad ''sustrayéndose" al tú -problema aún en los
términos de quien de los dos deba ..poseer" al otro--; dos seres que se reconocen recíprocamente no son ni independientes ni dependientes, sino un
solo acto de amor, hijo de dos libertades personales, de cuya unión una libertad nueva, la común. Hasta el concepto de autonomía, sobre este plano
-no el gnoseológico-ético, sino ontológico-moral-religioso- ya no es ' querer según las propias leyes" o 'r~airse por sí mismo", sino querer al otro según la única ley del reconocimiento objetivo, la sola que rige nuestra libertad interior y hace que nos rijamos como dos personas en un acto alectivo,
reconocimiento de lo sagrado de la persona elegida, libertad de "hermanos".
El sobrepaso de lo "propio", el gran vehículo de la comunicación: vos enim
in libertatem vocati estis fratres; la }jbertad es servicio a los demás per charitatem porque la ley se cumple al amar proximum tuum sicut te ipsum (S.
Pablo). No hermandad, si no en la libertad· no libertad, si no en la inteligencia del amor, que es inteligencia del ser del otro reconocido semejante a
mí. Sólo el amor que mi prójimo me tiene es mi defensa, solidísima y frágil,
no dependiente de mí ni de mí exigible; pero no tengo otra porque es la
sola que impide al otro usar y abusar de mí.
No hay reconocimiento de fraternidad sin el de la común Paternidad: la
comunicación todavía más interior, más sólido vínculo en el reconocimiento
de cada criatura en el nombre de Quien Ja ha creado libre, que no es norma
o categoría, sino el Fin más allá de toda nuestra posibilidad, donde debemos hacer convergir todas las elecciones como suprema posibilidad de nuestra voluntad. Sólo cuando mi voluntad profundiza en el abismo de Dios, se
abandona a su bondad que coincide con la pedecta justicia y se fía a su juicio inescrutable, experimento la potencia de mi libertad vuelta destino y
junto su irreparable insuficiencia a decidir algo: e1 reconocimiento de su
preciosidad única como la que me da el privilegio de ser, yo un nada, objeto
del justo amor divino, lo es también de la libertad del otro y de lo sagrado
de su persona como la primera necesidad de mi libertad. El otro y su libertad no se discuten más; yo y él, cada uno sí mismo, unánimes~ dos y uno,
felicidad de ser cada uno sí mismo, prójimo del otro en el amor de Dios.
Libertad de elección es crear la otra personalidad tal cua1 es y dejarnos
crear tal cual somos. El otro sobre el plano de la exterioridad "escoge" ; sobre el de la interioridad "se elige", que es exactamente crearlo, "obra de
arte" de la libertad amorosa, sublime misterio por el cual el otro no es mi.
sombra, el sometido, sino mi luz por la formación "normal" de entrambos.
Libertad "poética" creadora unánime, y solitaria, no procedente con proceso
casual o por sucesos casuales, sino por iniciativa continua, convencida de su

~agotabilidad porque inagotable es todo hombre
.
. .
smo exactamente por esto la de cada uno
. en _su eXIstencia lilIIlortal,
existente y no la crónica an, .
d
~s la histona personalísima de un
onuna e un arumal qu
1
comunica con la humanidad d t d 1
. e se cump e en el mundo;
.
1a que conocen también y tal e o o, ugar y tiempo en su mmensa
soledad,
vez mas que las otras pe
aman en el amor de Dios unidos
I
rsonas que aman y se
verdad, y sola cada una' co
lib~or adve:dad del amor, y del amor de la
.
, .'
n su
ert~ siempre en peli
ruma de s1 misma, siempre solícita de d
.
gro, expuesta a la
fondo, porque no tiene fondo 1 ah. arsed e incapaz de hacerlo sino en el
en el u
.
e
1Slllo e un alma, lo mismo
1
q_ e se arraiga, se extravía y reencuentra.
que e ser
La libertad de elección hace que cada uno
.
,
tinente" y el "contenido" d I t
I
sea simultáneamente el 'conen la singularidad inas.imilab~ º1 ro, e ~men~o y alimento, al punto de sentir,
e, a propia existencia su . d j d
un don restituido en silencio
.,
rgu- e a el otro como
b
por una perfecc10n y un e
limi
repasa todo recíproco darse D hech
ump
ento que soal otro en su deber ser no sól. e
º', escoge~ basta el fondo es "anticipar,
,
o en ser su porvenir'' en 1
d
e 1 tiempo de la vida- sin
b
od
"
e mun ° -pasar juntos
o so re t o su futuro" d t .d
ni él ni yo podemos hacer nada sino ro ar A ,
: : ei:11 a~, pero por ello,
la libertad) el hombre mere
'l
g · SL RoSJJUJU dice: 'por el acto ( de
.
ce: e se une voluntar·
te
ongen de los entes los ama a t d
d
iamen a todos los entes, al
0 os Y e todos rescata
'
f
en sí mismo y todos se trasfund
'1
amor, tras unde a todos
'
en en e : ensancha ento
.
,
tes, completa su naturaleza angosta y d f .
nces sus propios límiy en el mar del ser esencial
e LCie~te; no disfruta de toda 1a entidad
encuentra y recrbe la pro 1·a1 f 1i "d
,
fin del hombre el altísim t· d la
P
e c1 ad: esto es el
0 m e
'
persona y co
raleza humana. y esta com . . ,
'
nsecuentemente de Ja natudel universo". ,
urucacron, esta sociedad mutua de los entes es el fin

Traducción del Dr.

JORGE RANGEL

�SENTIDO DE LA FORMACIÓN HUMANA EN EL
HUMA ISMO RENACENTISTA
PROF. MANUEL GoN,~\LO C...sAs

EL RBNAc1,t1F.NTO v EL Humanismo siguen siendo un problrma en las investigaciones de historia de la cultura. No, en c:;te caso, por l,lS razones generales que suelen drtenninar su oscuridad para ciertos períodos de la hii.1oria
y que se rcíien·n fundamentalmente a la falta de infonnacioncs precisas, sino
por la diver.;idad de interprC'lacioncs que este período i;uscita. De allí que
en pocos casos como en el del Renacimiento resulte tan aplic-ablc, stricto
se,uu, la teoría de Croce sobre la permanente contemporaneidad de la historia.

Así, se puede ,er el Renacimiento, con Burckhardt, como un ámbito cerrado donde flore&lt;'e el individualismo, para afino.me en c.ada una de las
manife:.taciones de la , ida sobre el horizonte de un neopagan1smo renatido
y de cierto subjctivi:imo religio&gt;&lt;&gt;; se puede apelar a definic1oncs anteriore:. y
sostener. de acuerdo con Voltaire, que pOliCe dos notas difcrentiab: la libertad de las ciudades italianas y la influenc-ia de los grie.i::os que huían de
Constantinopla. El juicio de Hu1zinga es más prudente y más histórico: el
Rt nacimiento sería un entrecruzamiento creciente de cuestiones que ,icnen
de la Edad Media r avam.an hacia su propia plc-nitud en la Edad Moderna y sus perfiles resultarían imprecisos, tan 1mp1l'c iso~ como todo:; los que
caract&lt;:r izan a una época de transición. Alguien ha sostenido que es el resultado de la libertad de pcnsami1 nto, insurgiendo contra la autoridad de
la fr, tesis que parece ser la de Fiorcntino o, al rc·\t'.&gt;s, que &lt;'s la lurha. la polfanica de un catolicismo gt nuino contra la tradición averroísta y, en general,
contra l.lS influenrias ;írah&lt;-s. Es dl'C'ir, qur el Renacimiento sería formalmmte rntóliro, rnmo afirma Toffanin. Al fin hasta se puede concluir que el Humanismo y rl Rrnacinúento son alemanes, ~egún pueden inttrpretar~ los
trahajos de Cassirer.
Bien, pongam&lt;Y.; que todo eso sea cierto, en alguna medida. El Renal'i-

79

�miento y su Humanismo son proteicos, proteifonnes y presentan tantos rasgos y matices d distintas estro turas histórico-sociales qu aquellas i.nterpretaci nes y muchas otraS pued o r justificadas según los supuestos que
o cada caso se utilicen. P ro lo qu el Rcnacimi nto trae al hombre, lo qu
el Renacimiento quiso de ir al hombre, por I m n en la corri otc humanista y con istas a la forma ión humana, fundada en una specíiica conepción d la realidad es tra cosa. En dos palabras: considerado el Humanismo renacenti ta d de su perspecúva posterior, lo que quedaría como más
o menos cierto
que él trae una nueva c sa o 11 va a us últimas cons u ·ncias algo tan vi jo omo Roma y c mo Grecia aunque transfigurado por
pe íficos matices cristianos que no niegan sino que asumen desde otr supu st s metafísi os, la id a d la humanitas latina y de la paideia griega. Por
eso es humanismo o su sentido más estricto, según in rpretaroos, por ierto
que muy libremente, algunas tesis e in stigacion
ele Grassi, cuyas ideas
seguimos preEer nt m nt en este nsayo.
Bi n, pero ¿qué es
traído por el humani mo renacenti ta en conexión
con la humanitas y la paideia a U) virtud pu de llamárselo humanismo
en sentido tricto? En dos palabras: l .ulto del hombr y u xpre i6n como modos de acceso qu nos mu stran l ntido de lo real. Finalrn nte, el
culto a la palabra al Logos, n cuanto ella ehi ula la p rf ta xpresión
humana.
V amos la instancia metafüira fundamental qu explica . a afirmación para extraer de lla lu o, todas sus conse uencias.
La experien ·a básica del hombr es la experien ia de su finitud como
pad cimiento y en la finitud misma de la trascend ocia que la revela. Tanto que la palabra misma, la experiencia misma es eso: padecimiento d lo
otro; es decir junto con la pr n ia d lo tro simultán o religamiento de
la condición humana, qu allí descubr su mi midad ant el todo que la sobrepasa. La finitud y u pade irni nto no son onclusion teóricas, por cierto: basta existir para experimentar que uno tá abierto y
rod ado por
al o, por eso qu llamamo la realidad y que, por todas partes nos trasciende. Eso que está allí envolví ndo y rodeando al hombre y en cuyo ámbito el hombr se d cubre a sí mismo, s I ser sin que digamos toda ía que
sea I ser n sentido metafisico. implemente e la totalidad de una obertura. P rque hay esa cobertura y mi expcri ocia de Ua cada uno de nosotros se experim nta orno finito, como tocando siempr un más y orno
pad iendo todo: la
ncia la existencia el desúoo la vida y la muerte.
La

xperiencia fuodam ntal d

mejante padecimi nto, esa especi

de

factum originario, pon la realidad a mi frente pero religada conmigo; la
pone como lo otro que en mí e mu tra y puede expr arse, desde el afron-

80

tamicnto humano, en las forma ne ativa d 1 .
juego de fll rza.-; y tensiones des( g bl
e miedo del espanto como un
av ra e pero ta b-~
.
relaciones p itivas· por CJ·e 1
h,
m icn n 1erla formas
1
O
·
mp
n a onda corriente d
1 ·,
a&lt;"ompaña el r fu r.w creador· en el se . .
e exa ta IOJl que
aufe la mujer que
ama cu I
d ntuni~nto de la entrega y la docilidad
on as cr wnt de rcli.,.azó
I f
d
mento el mundo que tíü toda 1 •
•
•
u &lt;··111 • unday la existencia h
.
as concepc1one y v1\'encia religiosas.
. .
umana, sin utrar 'Il definicione te6 .
ca • SJempre nos nublan los o·os
.
neas y e. olan-s que
J , cons1st.e p r I menos
.
fenomenológico nada más
n un pruner nivel
.
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que n sa relación· e •
.
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d
n sa cosa tan simple v tan
s es e a entro • J pad · ·
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tá si mpr alli exterior
. t .
.
. rnm1ento e lg que cs• ·
e 10 enormente orno
·t ·
sencia total que no envuel\' p
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llll enoso otro, como pre.
er er ombrc es m'
d sel 1
llllSma en que acont e la prese . d
. : e e a ntraña
(ínitud xpresada en su raíz co neta de . . o uro e mabar.ablc; de. de la
y
h ombre primitivo O 1 h b ~~~~ffltoup
.
resarse. o, ustedes el
om re rena&lt;"cnti ta nos
.
esa r alidad y n rontact
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n ontramos inmerso rn
.
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cierto sentido ín ito en La
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CXJStencia y de allí vi ne e L
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una pr SI n qu pre iona mi
, x. a pres,on dice rcl ·, d
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al fundamento y desde su ose .d d
ac1on e ongen y remi ión
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a ot a luz, •n mi SC"r
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con a r a I ad me rea 1n
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mu11 o de la luz,
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· expr sion
P"' s1on,
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orno ti n nombre d finif .
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a dialccttca con
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xpres1on el pr· ·t"
árbol sagrad la estatu ·11
mu ivo a 1tar d piedra 1
1 a a cuyo alred dor las fu n:
pero también
expre ión un h :h d
!laS 5
toman propicias•
del dolor la an i6n que
I a.e a e cazador, los ge tos d la alegría 1v
e e a cuando t past
.
ra sobre su cabeza el ancho ·e1
dis
or arrea us antmale. y mi'
J o, tan
tante y rcalísirno
Todas estas son xpr ion
.D
,
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expcrim ntar d la expe . •. pues. lt e qu ? pr mtamos ahora. De un
nen 1 Y e pade imiento
~os acompaña siempre y que no u d
.
omo un supue to que
,ras, biológicas
p icológica . d p
co~und1rse con las expe1ien ia fí.
e un xperun ntar que
.
mos llamar m ·taíí ico porque no no re f nmos
.
a las fo pr piam. nte podepuede asumir en ada aso sin
I hech
.
rmas part:1 u.lares qu
0 a
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'
o rrusmo donde e · ·
ien ,a qu atestigua nuestra finitud
.
.
ongina:
con.
Y, a un rrusmo uem
ua que nos confronta.
po, 1a trascend n-

'º•

ª

81

�Hay un momento, sin embargo, en que el modo egregio de la expresión
es la palabra como opus, como ergon del hombre. Cierto que, al fin, también lo expresa el más humilde de sus instrumentos y que, a u través, puedo
entrever y percibir sus prospecciones estéticas, religiosas o jurídicas, pero ninguna de sus obras es tan llena de sentido como la palabra misma. Por la
palabra, por el poema, por el poetizar elemental que hay en la base de todo
lenguaje, se trasciende a sí mismo y se torna disponible. Primero experimentábamos eso y, en eso la o curidad, el destino, la muerte. Y damos salida,
liberamos esa experiencia en la exclamación, en la exhortación, en la súplica.
Por eso la palabra es expresiva, expresa mi ser en situación, pero es también
significativa -signum facere-: hace señas de la realidad que me circunda.
Hay aquí como una Jano de dos rostros: la palabra dice lo que pasa en mí,
pero desde mí mismo, señala lo otro, se remite a él, lo posee nombrándolo;
se apodera de su presencia trayéndola a 1a intimidad de mis expresiones. De
allí que la palabra no sea sólo la luz, lo que ilumina cada padecimiento, lo
que dice en qué modo acontece mi relación con lo real, sino legein, aquello
que reúne cada modo del experimentar particular y por reunirlo tablece y
determina verdadero centros de sentido.
Esos centros son los que señalan hacia lo que bien podríamos llamar ahora
experiencias límites y que consistirían en experiencias de lo congregante. En
ellas hay un horizonte que asume los demás, un experimentar básico que
da sentido a las otras e,-.-periencias y que, al hacerlo, nos reúne a nosotros
mismos en una perspectiva de realización. Y la totalidad antes caótica, ya
decíamos, aparece entonces como un cosmos, como una morada donde todo
se justifica· donde todo se hace justo, cualesquiera sean las visicitudes empíricas en que me encuentro.
Pero, preguntamos, ¿ hay una preeminencia entre Jos distintos modos de
la expr ión que se abre con la palabra, con el logos? Para una línea del
pensar, la línea que llamaríamos científica, hay esa preeminencia; 1a preeminencia del decir enunciativo. La expresión, así, que expresaría el padecimiento metafí ico fundamental, sería la expresión nunciativa que die o
pretende decir lo que la cosa es vista en un afrontamiento intelectual que
la descompone en relaciones de inherencia entre sujeto y predicado. E ta
tradición, que pone la preeminencia del expresar en el logos enunciativo tiene su origen reflexivo en Grecia, por supuesto, y ale.amaría su modo más
egregio en Aristóteles. Luego se continúa en el arabismo y en ciertos medios
escolásticos para renacer, más tarde, bajo el imperio de las ciencias naturales durante la época moderna.
Pero la tradición griega en su conjunto, o mejor la tradición griego-romana y especialmente ]a tradición cristiana, no son exclusivistas. Los modos de

82

la expresión son también auténticos en la poesía, en la retórica en el arte, en el
derecho. En Roma, por ejemplo, el modo en que se da la preeminencia del
expresar es el modo jurídico. El logos es la ley. Y en el cristianismo, formas
auténticas son en primer Jugar la fe, que alude a un mundo totalmente otro
que el mundo natural del hombre, pero también la devoción, la piedad el
amor.
, in embargo, poderosamente desde Descartes y desde Bacon y, por cierto
desde Galileo, la preeminencia del pensar enunciativo se hace total, con el
agravante de que no se trata de un pensar enunciati o que simplemente dice
lo que las cosa son, movido por un elan teórico-contemplativo; sino que
aplica sus conclusiones en un momento práctico de dominio. Por supuesto,
no se, trata de juzgar negativamente la praxis, cosa que carecería de sentido,
pues contradiría quizá la esencia misma de la condición humana. De lo que
se trata es de una praxis unilateral, entendida como dominio sobre un solo
horizonte de lo real que descuida por eso el sentido del mismo de lo que
podiía ser una praxis totalizadora que edifica y realiza el ser del hombre en
un religamiento creciente con Ja trascendencia. Lo que quisiéramos decir
es que en la Edad Moderna, la expresión enunciativa no se refier a mi
padecimiento metafísico, como ser finito frente al todo que la envuelve, sino
que se reduce a expresar padecimientos particulares y transforma la realidad no en e o que está allí, siempre, sino en una sucesión de estados r ferid~~ a deterrnina~a zonas de nuestro ser. Es decir, que hay un pensar, histoncament creciente, cuya realización última se al anza en los saberes del
mundo empírico, para el ual la palabra y 1a cxpre ión sólo valen en cuanto
expresan un juicio de posible comprobación que se resuelve en el plano de
1a c~mprobación misma a ni el de experiencias particulares. Todo lo que
no nve a esa comprobación como instrumento de dominio para los modos
más inmediatos de los padecimientos empíricos, es evaluado negativamente.
Todo lo que no sea un saber que puede resolverse en una praxis limitada
aplicable en la experiencia empírica, es cuando más tolerado como saber
"no correspondiente al seguro camino de la ciencia". De allí que todas las
conductas estéticas, religiosas o inclusive jurídicas, van perdi ndo sus jerarquías frente al ~roceso dominante que primero ejercen las ciencias, finalmente que sólo e3ercen las ciencias al servicio de ]a economía.
¿ Qué pasa, en cambio, con el humani roo?
En el humani mo la erdad se revela en la expresión y la expresión fundamental es la palabra. Como ya lo dijimos, el hombre, metafísicamente, existe como religado frente a una totalidad que lo confronta. Y el hombre se
expresa, pone nombre a la presencia. Las expresiones de ese religamiento se
dan en el arte, el derecho las ciencias, la filosofía, la piedad. Al humanismo

83

�le interesan todas esas formas de la expres1on y, p r eso, da origen a una
nueva stética, a un nuevo derecho, a una nueva manera de entender la metafísica. ¿Por qué nuevos? Simplemente porque no le interesan como cosas
en si sino en cuanto expresan al hombre. Y fundamentalmente, en cuanto
ámbito de la expresión le interesa la palabra. Pero toda la palabra no sólo la
gue e.xpresa una r ]ación de inherencia que puede resolverse en la comprobación empírica o racional, sino la que también puede dar franquía a la condición humana en la metáfora de la imaginación en la intensidad del sentimiento, en la unitiva potencia del amor.
Por eso la formatio hominis, en el humanismo· es decir la educación humanista en su origen tiene un sentido preciso, claro, que se nos oculta generalmente cuando hablamos de ducación humanista como de Wla atractiva
vaguedad sin haber desenb·añado cuál era u método y cuáles !as metas que
ese método perseguía. En el fondo, formar el hombre, para un humanista,
quería decir educarlo de modo que la educación sacara a luz lo hu.mano mismo; es decir tuviera I sentido socrático-platónico de la mayéutica como
alumbramiento y de !a iluminación agustiniana como magisterio interior. atura!mente, nos referimos al humanismo en sentido estricto, al que, como humani mo, puede id ntilicarse con los humanistas socráticos del primer renacimiento.
Pero ¿cómo acontece esa re elación ele lo humano mismo? Por lo pronto
en el conocimiento de los clásicos como modo de una asimilatio alterius que
dilata mi condición humana, más o menos particularizada, por el contacto
on la experiencia del otro. La lectura del clásico, aquí, tiene I sentido de un
verdadero diálogo, de un diálogo que se hace presente y actual tan pronto,
por la purificación de los textos, tenga ante mí, en su más genuina expresión,
la expresión misma del clásico que pone en la luz Jo modos de su propia o
de sus propias experi ocias fundamentales. Es evidente: lo que obtengo, entonces, es un diálogo con la experiencia del otro; una apertura a sus específicos contactos con lo real, y una expansiva ampliación de mis propias experiencias. Pues, en cuanto lo asimilo, hago mío el mundo del otro; mejor dicho, encuentro qu el mundo del hombre, los mundos humanos expresados por la palabra del clásico, son mis propios mundos; posibilidades reales de mi propia
apertura ante la totalidad.
El clásico es indispensable porque la educación profunda, la más profunda
congenialidad de nuestro ser, no se produce con las cosas, sino con el hombre.
Al fin, el mundo no es un mundo de cosas sino un mundo de personas, como
centros expresivos que dicen, en los logoi, el modo en que el mundo se nos
patentiza. Pero como las experiencias auténticas que dan origen a la expresión son ex-periencias de la finitud, ningún hombre puede expresar el ser
84

total Todos expresan un padecimiento, tma perspectiva de contacto particular con lo real. Mi lectura, mi diálogo o nú experiencia educati a, hacen
que las experiencias del clásico se tornen mías y, en la misma medida de su
apropiación, cada hombr cr ce hacia e! hombre w1i ersal, hacia la totalidad de la experiencia que muestra en la expresión, la auténtica condición humana. Diríamos: mi propio padecimiento, que es siempre particular, se abre
en cuanto pa&lt;lez o las e,xperiencias del otro. Por ejemplo: cuando sé leer a
Platón, porque conozco el griego, porque he comprendido su ser en situación
es la misma experiencia platónica. la que se torna mi propia experiencia. p/
ro yo no puedo apropiarme de Platón, sabiendo solamente lo que los otros
dicen de él. Y nadie debe permitfr que le cuenten lo que dice Platón en 1a República porque se trata de un diálogo personal e intransferible. Si puedo estable~r con él un diálogo purificado por el dominio técnico del texto y sus
conexiones, el ámbito de mis correspondencias será el de Platón mismo. El
e~pacio no s~rá ~uestro esp~cio particular, el poco de tierras y de ríos que he
vis~o con ~ OJOS· e~s vientos que han awtado mi cara. ' uestro espacio
sera el espacio de Platon, de Eneas; mi amor no erá sólo mi amor será el
amor de Diclo, el de Ulises. Y el tiempo habrá trascendido los mom~ntos sucesivos en que crece y sucumbe mi experiencia particular · crá reunido unificado hecho mío y total en el alma de los otros hombres porque todo; ellos
son yo mismo; todos vienen a mí en el horizonte de la Palabra común.
Los clásicos, es decir los hombres que además de padecer !a realidad la expresaron en una palabra dotada de intrínseca capacidad comunicativa, muestran el mundo. Lo hacen patente en su verdad, como verdad descubierta en
la experiencia del hombre. Si se ve bien, hay aquí una trascendencia de mi
finitud en la infinitud del hombre; no del hombre genérico, del hombre concreto que v_uel e y vuelve, lan1,a.ndo sobre el mundo las plurales perspecti as
de un yo siempre concreto y siempre abierto a una suprema uni ersalidad.
Por eso los clásicos son el camino del Logos, del Logos que sólo y iempre
se revela en e! hombre. Y que, finalmente, se muestra presen ial e históricam~nte en la ~ersona y el mensaje del éristo. Por eso, la trascendencia que e
tr~c1ende hacia los hombres en la palabra del clásico, se trasciende hacia
Dios en la Palabra de Cristo.
Es ~viden_te; co~o se trata de una liberación del espacio y del tiempo, es
una via hacia la libertad y abre el sentido d la historia orno realización de
1@ humano, como imagen dinámica de una criatura que es más sí misma
cada vez que más se sale de sí, hacia los otros. Yo no soy libre si estoy abierto
a una sola p rspectiva puntiforme de lo real, ajustado a ella como el animal
oy libre en cuanto, desde dentro del hombre, veo el ámbito entero de la exis~

85

�tencia, no como mía, sino como espacio común donde nuestras voces se encuentran y dialogan.
Los clásicos no son sólo quienes se mueven en el plano del decir enunciativo que da origen a las llamadas ciencias. Ellos lo son, por cierto, como lo es
Hipócrates, Euclides, Aristóteles. Pero también lo son Homero, irgilio, Fidias, Prudencio y el Dante. Cada modo del expresar, en cuanto dice la experiencia como afrontamiento, en cuanto conlleva una fuerza comunicativa que
lo hace mío, posee significación hace señas de una verdad que está allí, en
la existencia del hombre. Y así hay una ·erdad poética, una verdad científica,
una verdad moral. La verdad poética se llama belleza, que quiere decir mucho más que cosa bella; que quiere decir resplandor de una experiencia auténtica en la palabra del poeta. Y así, cuando el poeta canta la tristeza de
Aquiles ante la muerte de Patroclo, hay una verdad la verdad de un afrontamiento realísimo, que es puesto en la luz por su palabra, Como ocurre cuando
el pensador narra la muerte de Sócrates y yo veo, en la narración, en los hechos fácticos de su proceso, de qué modo resplandecen la verdad; la verdad
del bien y de la justicia.
Entonces la historia no es un cuento; un cuento de cosas más o menos
prescindibles: la historia es magistra vitae. Y en la historia, donde los hombres a túan, experimentan su finitud, viven y mueren, cada uno de nosotros,
por el élan de la verdad, del bien, de la belleza; el hombre en la ciencia, en
la filosofía, en la moralidad, la poesía y el arte, encuentra el camino que al
final lo libera no sólo de su finitud particular; es decir que no sólo lo saca
de su vida aislada, para arrojarlo a la vida de los otros, sus hermanos, sino
que, más allá de la exp riencia común, como experiencia histórica, lo lanza
hacía el rostro mismo de la Verdad, del Bien, de la Belleza.
Porque todo pasa y pasará, también la obra del hombre; menos Tu Rostro como dice la finitud del hombre frente a la infinitud de Dios.

UNA PERIPECIA DE LA LÓGICA ANTIGUA:
DE LA IDEA AL CO CEPTO
DR. Hu'.MnERTo Pri::'ERA
ew York Univcrsity

EN UN LIBRO QUE TAL VEZ me decida a publicar algún día me refiero al cometido que en la filosofía le ha tocado desempeñar a la intuición. Dicho más
concretamente, que la intuición es la responsable de la aparición de esos
grandes . mo1;11entos en los cuales es posible descomponer el ya largo proceso
de la histona de la filosofía. La primera de esas intuiciones fundamentales
es, por supuesto, la de Parménides acerca de la identidad del ser y el pensar.
~a segunda, también sin lugar a dudas, es aquella de Platón en la cual se
mserta su teoría de las ideas. Esta segunda gran intuición filosófica sobreviene, c~mo el ensayo de solución del grave problema que dejara planteado Parmerudes, al decir, en un fragmento del Poema, que pensar, ser y decir forman_ un todo ~~herente (xer, ,o .Uyew u 'VOEW'V i-' EO'I' Iµµe-xat ) . Ahora b1~n, lo decisivo -en el orden filosófico-- es que el Ser deja de constituir
el obJeto de la "visión" para convertirse en intelección y dicción.

Doble significación
del "es"

a) intelección {

b) dicción

afirmació!l
y _,
negac10n
(la verdad

Y por eso, a partir de Parménides la busca del ser comienza a tomar el
aspecto del 'decir" (diálogo, discusión ) , Diálogo que lleva consigo, probablemente como I motor que lo impele, la sensación de inseguridad respecto
de la posibilidad de "decir" o "mentar" el ser. Tenemos, pues, de un lado
el aspecto polémico-dialógico que reviste la filosofía ya desde el descubrí~

86

87

�miento fecluad por Pannénid .
la
ilidad de m ntar o d ir

I.

tro lado la de e nfianza ace a d

de
r.

cir" 1 er,
orgías:

amo los epígonos eleáticos:

1o. Nada existe pues si algo exzstvra debería proceder de algo o
ser eterno. o puede proc der de algo, pu.es e11 este caso d hería proceder del ser en sentido i11mutablt o del no s r; no pu •de ser tierno,
pues debería ser i11fi11ito. Mas lo infínito 110 está en parte alguna, pues
110 está en sí ni l'n TZing!Í11 otro ser.

Zenón y
li o, / s nfants galés del pannenid'i mo, inauguran el tilo
del diálogo polémico. En •I Parménides platónico en ontramo · e tas palabras en
boca d Zenón:

... l 'erdad es que estos escritos intentan sa11ir d ayuda al a· curso de
Parmi;nides, contra aqu llo que han pretendido burlars de él, queriendo demostrar que si el ser e uno se derivan múltiples y ridículas con-

2o. Aunque hubiera un ser sería desconocido, pues si hubiera conor.imiento del ser debería ser pensado. P ro lo pensado es ¿· tillto de
lo que es.

s cucncias y contrarias al mismo ra_onamiento. Entonces, este escrito
mío onlradice a los qu afirman la multiplicidad de los seres, tomando
l desquite, )', aun más, illtentaudo demostrar que su hipótesis de que
existen los múltiples, conduce a conclusioues mucho más ridículas todavía que la de que l s r es u110. 1

3o. Aunque hubiera un conocimiento del ser, sería sin comunicaCÍ-Ón a causa de la diferencia ex· tente entre lo que s mienta y lo
mentado pues 110 pu~den tmtrar por los oídos los cualidades que corresponden a los ojos. 2

físti a
d punta a cabo un diá1 . o polémico no
po ibl
n
no, ponerlo en duda.
í, por jemplo, n J Discursos dobles d
sofista descon ido, 7 y 8, se nos die : ' hora bi n, r o qu orr ponde al
hombr mismo y al mismo arte ser capa;: de un debate con preguntas y r spuestas [ 1 subrayado
mío] lo mismo que conocer la v rdad y saber juzgar
tament y conoc r el arte de ompon r discursos y la capacidad de
pronunciarlos".
Qu

En uanto a M liso u refl xion s eslán dirigidas ( como lo ha df"mo tracio I profesor italiano 'ovotti n ·u I m ria a la R al
ºedad d Filosofía de ápol en 1914: n metafísico polemista) contra 1 pitagóri
y
Emp(!docl s. bora bi n, tod
to supon algo aún más d i i o
de ir,
t tr lad CN' la problemática del ser a la problemática del decir o sea &lt;l de la raz6n objeti a a la subjetiva. i el decir s lo qu propor iona la verdad del r mon
aqu'lla
aloja n I propi hombre, qu
a ui n
l orr pond rá, en cada caso, la realización del decir en la forma de la
palabra.

II. Los sofistas:
En éstos en ontramos que la subjeti"iza ión
xtr ma basta l pw1to d
confundir el co11cepto con la palabro por lo qu las esp cula iones de la sofí tica r ultan, por fu rza aún rná "di ·put " que n 1 pr decesorc . Además I in onf undible y
uello ese pticismo sofístic a rea del ser y la realidad conviert o sus l sis n pura contradic ión ( an,loyía ) y al sofista
en I co11lradictor por ex elencia ( a·nd.oyt"Óq).
Expr i6n acabada de e

escepti ismo en cuanto a la po ibilidad d

"de-

• Pu.ro , Parménides, 128, B. ( ito por la edición de The Lotb Clasmal Library,
ndon: W. J-1 inema.nn Ltd. ew York: . E. Putnam' Sons, 1933. En lo sucesivo
la misma edición).

88

aqu lla que aparece m la con ida argwnentación d I sofista

la

modo al

III. Sócrates:
El ma tr de Plat6n
tá en la misma linea hi t6ri o-cultural de la polémica dialógica que ncontramos en la sofíslica. Pero en u método, s.i bien
hay disputa, ésta con iste en aten rse a I s h echos, a ]as cosas mi as. El
método ocrático e pue , una confrontación de distinto argum ntos, lo cual
~ orno vem
s una con cu n ia y basta una ariante de la disputa sofí tica.

n respe to al modus operandi de
xtremos sigui nles:

ócrates es necesario detenerse en los

a) Sócrat s pr tende II gar a saber, con a soluta

fectividad qué e

no

1 nte ( 1 nsi tir d lo que con ist ) , sino la cosa en sí misma, a trav' d
un pro so indu tivo qu remata n la defini ·ión (lo cual, p r otra parte
no par ce haber conseguido jamás) . hora bien, ó rat , a dif r n i de
" eorgias: " obre el noo de la naturaleza' , a/md Sexto Empíri o (Adu. Malh .,
U, 65ss.). Cf. D1ELs-KRAN2 Die FragmenJe der Vorsokratiker, pp. 279-80.

89

�Parménides -¡ y de qué manera!- intenta determinar, no el ente general
y absoluto, sino la entidad genérica. Por eso1 en lugar de la ver~ad de los
entes (·nj,, tl,b78ei.a,, rchv ov1:w'Y), lo que le interesa es la esencia de cada
cosa ( rí l x ae11:0,, ei-,, 1:&amp;&gt;,, 0111:-w11 ) . Y esto es lo que explica su afán de
definición.
b) La investigación socrática se mueve en el sujeto, aunque referida al
objeto. Además, no llega a ninguna condusi6n. ¿Por qué? Pues porque no
logra captar lo real. Como el ente de Parménides, indica el camino, pero
no acierta con la Begada, lo cual supone a Platón.
c) Mas hay un punto que debe ser tenido en cuenta, y es que la investigación socrática tiene como objeto final la moral y en general lo referible a]
hombre. Jenofonte (Memorables, 1, 1) nos dice que Sócrates: "Razonaba
siempre sobre las cosas humanas, indagando qué es la piedad, y qué la impiedad, Jo belJo, lo feo, lo justo y lo injusto. . :' Y Aristóteles (Metafísica, 1,
6, 987) : "Sócrates no se ocupaba de la naturaleza, y trataba de las cosas
morales, 'i en éstas buscaba lo universal y tenía puesto su pensamiento, ante
todo, en la definición".

IV. Platón:
Éste hereda el problema, no solamente de Sócrates, sino también de esa
actitud general ( consensus) que en Grecia. se distribuye entre el nominalismo
irenaico y el realismo megárico. Veamos cuáles son las tesis que respectivamente sustentan uno y útro:
sólo existe lo individual
Nominalismo cirenaico

{
lo general es pura concepción
del pensamiento

hay puras esencias sin
existencia
Realismo megárico

No hay conexión posible
entre el concepto y el
individuo

Ahora bien, para Platón el objeto de la ciencia es lo universal {ró Ka8ó).ov)
y la ciencia tiene como su objeto 1a realidad. Entonces, la auténtica realidad
es lo universal. Pero ¿cómo? ¿ de qué manera?

90

Recordemos que Sócrates no había conseguido extra~r ninguna consecuencia positiva de sus indagaciones, no importa euán minuciosas y sostenidas hayan sido a veces; todo lo más, indican el camino y hacen patente la
necesidad de la busca, aun a costa de no encontrar respuesta. Platón, por su
parte, advierte: lo. que I ente pannenídeo (la con,sis.tencia determinada)
es imprescindible al filósofo pero que con ella no se llega a la realidad de
las cosas. 2o. que la definición. socrática se mueve entre cosas, pero que, por
lo mismo, no llega nunca a ese universal (vgr., la justicia en sí, o la belleza en sí), que es el término deseado de la pesquisa.
Cabe preguntar si no se hallará la solución a medio camino entre ambas
posibilidades. Pues bien, parece c-0mo si la Idea viniese a resolver la cuestión: no es la cosa individual, ni tampoco una mera palabra (sofistas) ni
se encuentra incomunicada de la cosa, sino que se relaciona con ésta de dos
maneras : a) porque la cosa se asemeja a la Idea, b) porque el hombre deriva el conocimiento que puede atesorar de una cierta situación intermedia
entre Idea y cosa. Y esto último es lo cierto, lo in:efutablo en términos absolutos. Pues ¿ acaso es posible "conocer" algo si no es precisamente a través
de la idea de ese algo? Platón acierta (en su intuición) al establecer que la
Idea es la vía de acceso al conocimiento.
Tenemos, pues, que "de hecho", la Idea es la vinculación del hombre con
la realidad. Pero -he ahí la cuestión- ¿ lo es igualmente "de derecho"?
Hemos visto ya que el concepto ( en Sócrates) sólo se puede obtener mediante un contraste entre diferentes interpretaciones de una misma cosa ( ¡ definiciones para una definición!), y a esto último probablemente se debe que
no alcance el fin propuesto. Ahora bien, el escolJo en el cual naufraga la
definición socrática, vale decir el concepto, tal vez consista en el propio juego dialéctico al cual somete Sócrates el proceso de su mayéutica. Pues no se
olvide que para Pfatón (en este caso para Sócrates) el conocimiento es algo
originariamente "implícito", puesto que el ser del conocimiento depende del
ser de las e.osas y recíprocamente. Vamos a verlo de inmediato:
En la República (V, 20, 476-7), dice Platón:
.. .Entonces, para el ser hay el conocimiento; para el no ser, necesariamente la ignorancia; y para este intermedio, ¿es necesario indagar si
hay algo intermedio entre ignorancia y ciencia.. Ciertamente . ..

Y concluye Platón (Rep., V, 21, 478):
¿Pero tal uez la opinión te parezca má.s oscura que la ciencia y má.s
clara que la ignorancia? -Así es-. ¿Se halla entre las dos? -Sí-.
Luego, la opinión será intermedia entre estas dos . . .

91

�El conocimiento, pues, depende tanto de las cosas como éstas de aquél, Y
a causa de esta recíproca dependencia e que no podemos concluir en una
definición exhaustiva y por lo mismo categórica.
Y que el problema del concepto no logra tampoco en Aristóteles un~ solución que pueda ser calificada de satisfa toria, lo vamos a ver ahora IDJS°:1º'
ya que la posición aristotélica con relación al concepto aunque es posterior
a las de Sócrates y Platón, tiene mucho que ver con las de éstos.
Comencemos por recordar que, según el estagirita, hay dos entendimientos, 0 si se quiere, que en el hombre el entendimiento es doble, es a saber:
por una parte, el humano ( ,yoiís- na(h-rtxó; ), el cual comienza por lo que
llama Aristóteles el "estado virtual" -sensación, percepción, comparación.
Y por otra parte el entendimiento divino (,yov; not7J-rtxós- ) que es el que
conoce las cosas por una intuición inmediata de su esencia inteligible. Ahora bien, el ,yovs- not7Jnxós-, que es común al hombre y a Dios, difiere en
ambos de este modo: que en tanto que en Dio se identifican la intuición
y su objeto, ambas cosas resultan diferentes en el caso del hombre.
El intelecto activo o divino (voiís- not7J1:txóq ) no es una facultad, sino
un ser actual ( OV&lt;1'ía eveeyeía W'V). o es un desarrollo del alma, como
la sensibilidad, la imaginación, la memoria; es un principio absoluto (Oeio'&gt;')
que preexiste al alma y al uerpo y que se une al alma mecánicamente
(0vea0e'Y), o sea que nos viene de afuera. En tanto que el intelecto P&lt;:5ivo
o humano necesita imprescindiblemente del activo, para poder pensar ( a,yev
1:o{n:o,y ovbi'Y voei ) .3 Por otra parte -dice Ari tóteles, De anima, III, 4que el intelecto activo es absolutamente inmaterial ( &amp;:naBiJs-) de modo que,
enlonces el entendimiento humano no es el producto, sino el recipiente de
las ideas. Pero i en principio, y por naturaleza, es una tabula rasa ( rea.µµa-r:ewv w µr¡Oiv vnáexr¡t lvulexía yeyeoµµivov ), entonces, ¿no resulta más bi n de todo esto que el concepto en ristótelcs mantiene una asombrosa semejanza con la Idea platónica? Sobre todo porque este concepto no

b'.én: "Decir que son modelos, y que las cosas participan de ellos, es vano
d~sclrrso y metáfora poética. ¿ Qué existe en efecto, que obre mirando hacia las id~as?" (Met., I, 9, 990-992). Entonces, si la Idea puede ser idea de
~a cosa, como es que puede serlo. Y ¿ qué puede querer decir que "tenemos"
ideas de l~ cosas? Estas, ¿ se _dan acaso sin idea alguna de ellas ( de cosa en
ca~a ocas10n? Pues Platon afmna que el conocimiento de la Idea, su noción
(Ao_ro~) no puede venimos pues la Idea exi te independientemente de las
nocio~es_ de nue lra inteligencia, o sea que no es ni intelección ni tampoco
~onocuruento ( ovoi 1:ís- lóros- ovoi enun:,f¡µr¡). Pero es posible Lener la
idea de la cosa e d cir la cosa en idea ( iv'llof¡µa1:a, Rep., VII, 6), sin
que por ello pensemos en la Idea: y en esto consiste la intuición platónica
de la "semejanza" de las cosas con las respectivas Ideas.
~~crates: e~ cierto modo, viene a quedar en la misma situación de Parmerudes, s,_ bien no puede negarse que existe algún progreso respecto de est~,, pues nuentras Parménides se queda en el ente, Sócrates busca la definiczon de la _cosa a través de las notas comunes a varias de ellas que posibilite~ su . dec1.r. Pero no logra resolver la cuestión, porque este decir de lo comun v1cne a ser por su parte, una entidad.
. ;ú. quieres d~cir el ser y el no-ser, y la semejanza y la di/ erencia lo
identico Y lo diverso, y así sucesivamente el uno y cada otro número
que le pertenece, etc. [...] Me parece que no hay para estas cosas ningún órgano especial como para aquéllas las corporales, sino más bien
que el alma por sí misma me parece que contempla lo que es común en
todas las cosas. 4

se muestra ni claro ni preciso.
Hasta aquí, pues, todo aquello que era conveniente destacar en la posición
de Aristóteles con respecto al concepto. Volvamos, por consiguiente, ahora a

Ahora bien ¿ qué es 'lo común a todas las cosas";,• e• No hab remos regresado con esto al ente parmerudeo? Porque al dar con Jo común a todas las
cosas, º. ha~lamos de todo (lo que es lo mismo que de nada) 0 dejamos
la co~a mev1tablemente en Wl nivel que no tiene por qué no ser superado. Así,
el triángulo es el paso a polígono, a figura geométrica regular, a figura en
general a pura extensión . ..

la Idea platónica.
La Idea, sin duda alguna, no es pensable, sino intuible. Pues ni se puede
derivar de las cosas (Sócrates), ni se da en el proceso noético al modo de
Aristóteles. ( Cabe recordar aquí las ásperas refutaciones hechas por Aristóteles a la teoría de las ldeas: "¿ Habrá, quizás, otra esfera fuera de las sensibles, o una casa fuera de los ladrillos?" (Metafísica, VII, 8, 1033). Y tam-

Sup~n que te interrogue alguien sobre lo que yo hablaba antes: ¿qué
~s ~a (igura, Menón?, y tú respondieras: es el círculo; y como yo, el otro
insistiese: el círculo, ¿es la figura o una figura? [...] osotros nos encontramos siempre con muchas cosas, pero no es esto lo que yo deseo;
pues a estas múltiples figuras, aunque contrarias a ellas, tú las llamas

• AiusTÓTELES, Sobre el alma,

92

III, 5.

• PLATÓN,

Teetetes, XXIX-XXX, 184-6.

93

�con un mismo nombre, y dices que todas son figuras, quiero saber ¿qué
es lo que tú llamas figura? [...] ¿No entiendes que yo ~usc_o lo que hay
de igual en lo redondo y en lo recto y en todas las demas figuras de que
hablas?

5

Ahora bien, admitamos pro isionalmente que es ~osible q~e baya -~go
así como la idea de la cosa ( o sea la cosa puesta en idea) ; ¿como participa
la cosa en la Idea respectiva? Porque, según Platón:
Ella [la idea] es por sí, para sí, consigo siempre inmutable; Y las cosas [...] participan de ella en_ tal forr:ia, que,_ ah! donde ellas _n~w Y
perecen, ella ni crece ni disminuye ni sufre nmgun otro cambio.

~" si es así •cómo explicar la presencia (naeov&lt;1ia) de las Ideas en
M....,,
, c.
el f

las cosas? Aqut es donde viene a encajar perfect~ente aqu
amoso pasaje de la disputa entre el viejo Parménides y el Joven ócrates:

. y a ti te parece que [la idea] está toda entera en cada una de las
m~ltiples cosas, permaneciendo ella una sola? [...] Si ella se encontrara una sola y la misma, toda íntegra en las múltiples cosas, las cuate~
están separadas, estaría también ella separada de sí misma. -N~- •. • si
como la luz del día, cada especie esttwiese presente en ~ multiples
cosas [...] - ¡ Oh! ¡ De qué bello modo haces tú que un mismo uno sea
al mismo tiempo múltiples . . . ! Supongamos que ttÍ. cubrieses con un velo
muchos hombres [...] ¿se posaría el velo, todo sobre cada uno, o ~arte
sobre mw y parte sobre otro? -Una parte. -Entonc~s, ¿la~ 7:"ismas
ideas son indivisibles? [...] ¿Y quieres decir que la especie se divide por
sí y sin embargo todavía permanece una?

1

Pero la cuestión se hace aún más difícil, porque Platón entiende que la
Idea es un ente real y no un concepto.
Mira, Parménides, que no sea intelección cada una de estas especies,
no le convenga, por ello, estar en ningún otro lugar, salvo en las aly
r ] _ -Y quP ;Es quizás única cada intelección? ¿Y no es, por
masL···
é
·~
'd
otra parte, intelección de nada? -¡Oh!, no puede ser. -¿Pero si e
alguna cosa? -¿ D e alguna cosa que es? ¿O que no es? -Que es.

-¿No de tal cosa a la cual la intelección entiende en todas las cosas
como una cierta idea una? -Sí. -Pero, ¿y no será especie esta cosa
entendida como una y siempre misma en todas las cosas? [...] Pienso
que tú, Sócrates, y todo el que suponga que de casa cosa existe una
tal esencia de por sí, consiente previamente que no hay en nosotros 7linguna de ésas. -Si estuviese en nosotros, ¿cómo podría entonces ser también de por sí?

Platón trata de resolver la tremenda dificultad en que se encuentra mediante el artificio de la participación (µn:'ixei ) por la semejanza. Esto es
lo que vemos debatirse fatigosamente en el Parménides:
¿ Tú distingues y pones separadamente estas [.. .] especies de por sí, y
separadamente las cosas que participan de ellas? ¿Y te parece que exista
la semejanza de por sí [...] '.),' así lo uno y lo múltiple? ¿ Quizás creas
también que haya un justo de por sí, y un bello, un bueno [.. .]? -Sí.
-¿Y qué ? ¿Te parece también que haya una especie de hombre separada de nosotros y de los otros hombres, o u11a especie de fuego o también de agua? -Muchas veces lo he dudado, si se debía decir así de éstas como de aquellas otras especies o no [...] -Y también de aquello
que pudiera parecer ridículo, cabellos, fastidios, fango, o cualquier cosa
que te parezca vil y despreciable? -No, de estas cosas existe solamente
lo q~e se_ ve: pues temo que sería una cosa sumamente absurda- el querer imaginar que hubiera también una idea de estas cosas. Sin embargo,
me turbó el pensamiento alguna vez, si no fuese lo mismo para todas
las cosas. 9

Y todavía, como si fuera poco lo anterior:
¿Y qué dices de ésto? -e:De qué? -Que yo creo que tú crees que
toda especie es una, por el hecho de que cuando, por ejemplo, se te
aparecen muchas cosas grandes, quizás te parezca ver brillar en todas
una misma idea: de ahí que tú creas que sea uno lo grande que existe
de por sí [. ..] Pero, ¿qué? Si consideras este mismo grande '.Y las otras
c~sas grandes todas juntas, ¿no te parecerá nuevamente que haya un
cierto grande, por el cual es necesario que parezcan grandes todos éstos? 1 0

• /bid., IV, 132-33.

Menón, IV, vü, 72-5.
• PLf,TÓN, Banquete, XXIX, 21lb.
' PLATÓN, Parminides, V, 131.

• PLATÓN,

94

• /bid. , IV, 130. Cf. también Filebo, V, 15.
10 PLATÓN, Parménides, V, VI, 131-33.

95

�V. Aristóteles: la naturaleza "a-p-ofántica'' del juicio.
Pero el pensamiento es, a_ todas luces, una mezcla de ide~ (µt17~,; e~ió~),
no
hay pensamiento posible. Pero, ¿ q_ué hace el pen arruen to smo e ~eJar
0
la realidad alguna realidad al menos? Entonces, ¿no será que la realidad
se ocadena, se engrana en la universalidad individual de las cosas que se
ofrecen a través de las Ideas?
Si todo esto es así debe haber un modo de hacer posible esa realidad que
es el término del ve;dadero conocimiento, es decir aquello que el griego llamaba episteme. Modo que se da, según Plat6n en la dialéctica, ese .:arte del
diálogo' ( 't'O neel 1:ov,; lóyov,;) que es en donde aparece la relac1on. o~:~
lógica de lo uno y lo múltiple, que pennite dos operaciones: a). l~ -~wiswn
(~,aieeuu;), que descubre la pluralidad en la unidad· b) la definu:ion, que
conduce a la urúdad. y es en la unidad- a donde convergen dos elementos,
uno que establece la unión (género) y otro la eparación del objeto definido
con respecto a los demás, como en el ejemplo siguiente:

Con el expediente de la definición y la división lo que en realidad consigue Platón es apartarse sensiblemente de la ontología y acercarse notoriamente a la lógica. En definitiva, Platón regresa en cierto modo a la actitud sofístico-socrática que consiste --según he_mos tenido ocasión de ved~, en la
bu~.~~ la ~dad a través del discurso. Pues lo mismo la definición que
la d1vJS1on, ¿ ~onde pueden darse sino precisamente en el contexto proposicional de todo discurso? Tanto la pluralidad en que se desgrana la unidad a trav~- ?e 1~ división, ~mo la unidad a la cual regresa la pluralidad en la defimc10n, tienen su asiento y operan en y desde la proposición. Esto último es lo
que_Platón nos advierte, es a saber, que el conocimiento (aprehensión) de la
realidad es "cuestión de palabras". . . pero no sólo de éstas.
Ya te~dremos ocasión de hacer más explícito to que el estagirita dice
(Categorzas, c. 12): que la verdad de un pensamiento es el acuerdo de su
5:mejanz~ con la realidad (no rae eivat 'l:o neayµa f µ71 dlr¡Or¡,; &amp; 1óyos1J 'Y_'evJ1},; lexefnat ) .u. Y éste es el paso decisivo que da Aristóteles, es
decir, aceptar de plano que el lenguaje contiene el secreto de la cuestión disputada. Pero, aclaremos, no todo lenguaje, sino el proposicional que es en
su expresión más com?l:ta el silogismo. La proposición (neó"t"acn,;) es, pues
-con palabras de Anstoteles- 'un enunciado que afirma o niega una cosa
de oti-a cosa" y por este solo hecho es un silogismo: "Por lo tanto de modo
general, la proposición es silogismo cuando afirma O niega una cosa de otra".12
Pero una sola proposición no puede abarcar --como lo ve claramente Aristóteles- el cóntenido operativo en que consiste el pensamiento cuando ( como
lo hace) debe expresar la realidad. Si decimos: "todos los hombres son mortales", con -~lo esto no tendremos, efectivamente, realidad alguna (tal es el
caso - la dificultad- de Sócrates y de Platón ) . Es mediante lo singular insert~, en la estructura proposicional que se explicita en palabras ( en su enunciacion ) , como llegamos realment al ser ('l'a xai-a µr¡tSeµíav avµn1ox 11 v
1

EL TRIÁNGULO ES UN POLÍGONO DE TRES LADOS

Platón se abroquela en el primer elemento, o sea el género. La Idea es siempre lo genérico. Ya veremos que Aristóteles corrige este error en su doctrina
del silogismo ( Analytica posterior a, II 5) . Pero si bien la definición al reducir la pluralidad a la unidad, nos da la esencia de lo definido· la división, _que
debe servirnos -esto es, al menos, el propósito de Platón-, para deternnnar
las recíprocas relaciones de los conceptos .implicados en la definición, no resuel e el proQlema, sino que, por el contrario, lo distiende y complica todaía más. Véase si no. Supongamos que preguntamos: ¿Qu es el hombre? A
esta pregu.nta ( que busca su respuesta en la definición) cabe responder: el
hombre es un mortal, un bípedo, un implume, un mamífero, un omnívoro,
etc. Pero a cada epíteto habría que añadir una explicación: mortal o inmortal bípedo o no-bípedo, iqlpluroe o con plumas etc.
Las Ideas pues, no dejan er claramente q_ue las cosas particip~n de ella~
salvo en el artificio lexicológico de la dialéctica en sus dos operaciones ( definición y división ) . La presencia (naeovaia) en la cosa no r:bªS.:-, el ~~co
de la expresión verbal, de modo que no produce esa pretendida paruc1pación" (µe·r:ixei) de que nos habla Platón repetidas veces. Intuimos (descubrunos) las Ideas en el lenguaje, pero no en \as cosas, aunque é~ se den e~
las Ideas. Ahora bien, notemos que darse las Ideas en el lenguaJe es, mutatis
mutandis, volver a la inducción ( lmi ywv ) socrática. Mas ste será el camino que seguirá Aristóteles para una solución que tampoco será definitiva.
1

o

1eyoµeva) .13
~ero ¿ dónde_ es que puede funcionar lo singular, sin por esto dejar de rea lo umversal ( a su esencia), sino en esa peculiar estructura propos1c10nal que se llama el si.logismo? Aunque más adelante hablaremos del
problema de lo individual, debemos adelantar que esta cuestión es como si
dijéramos, la piedra angular del sistema aristotélico. Para el es~ita no
hay por qué no partir de lo individual, en lo cual -nos dice- se asienta 0
f~~

u Véase también Metaf/.sica, IV, 7.
n ARISTÓTELES, Primeros analíticos, I , 24b, 18-23.
n AtusTÓTELES, Categor!as, c.

4; T6picos, I, 9.

97

96

H

�aloja la esencia de la rea1idad. hora bi n, en ~I caso del con imiento ~e
esa alidad e menest r qu lo indi idual consutuya ·1 entro de referencia
de la unive~lidad de lo real· y est , orno ha de ser realizado dentro d L
len aj , exig la máxima omplica ión 'orgáni a de la enunciación -el
"invento" oro más bien un "d s usilogismo. Q ue no , pues, tanto UD
brimiento".
Que ri tól les sta a absolutament segur de est~ último,
a que_ el
ilogi mo es la forma inicial y básica d todo p nsa1mento -sea de a1 1en
consigo mismo O d un diálogo o on rsación- e. omprendc ~ ver que,
cronológicamente la · ión d la lógica titulada Tópicos
la prun ra (e n
toda probabílidad hacia 345) .
. , .
En rea1idad l 0rgano11 ari totéli
fundamentalm nte silog,st1ca pues
tres de los libros que lo componen tratan del ·ilogismo: los Tópicos, l s Segundos A11alíticos
los Primeros Analíticos; y debe b rvarse que de I s
tres
tant , las Categorías tratan de los distintos ignificados de las palabras no combinadas en oraciones, mientras De la interpretación acomete
1 e tudio d La función del juicio en el diálogo, y La Re/utación de los so/irtas es un breve escarc o en el cual el estagirita distribuye con
n tino ensur y ju tificacion a los n mig d
ócrates.
eamo
otonc
bre mente cómo presenta Aristót les en su obra la
tión del silogi mo:
Tópicos (lit ralmente lugar para encontrar algo", o s a argumento~}
aquella
ión el I Oeyá-vo'V dedi ada al sil gismo ' dia1é ti , s d ir,
a aquél en el cual se fuerza 1 asentimi nt &lt;l l interlocutor. En tanto que
Segundos Analíticos, n ambio, stá consagrado a1 silogismo "apodícti 0 " 0
dem strativo' , 0 · a aquel que produre I conocimi nto sin n~ idad de
forzar I asentimi nto del int rlocutor; de modo que su on lu 16n -como
die
· t6teles"ci ntífi a".
· ntras que, finalm nte lo Primeros Analíticos están d tinado· al sil gismo n gen ral (y por to
sospecha que
d be preced r al tratamiento del silogi mo ap díctico)
introduce la doc-

cu

jor manera de razonar; y en consecuencia, tenía ta11to éxito en obtener
el asentimiento
de sus oyentes, como ninguna otra persona lo ha tenido ,
,
s gun sé.u

Y es que, f ctivam nte, 1 silogismo
una nu va v rsión de la mayéutica
ráti y la dialéctica platónica, pero que l
dar on mayor precisión
n . 1 blanco pr puesto. Pues supone do personas, una el intcrr ador y otra
el interrogad la prim ra d I cual sabe de antemano cuál ha de ser Ja
conc!usión Y ~rata de qu • ta sea admitida orno tal por el interrogado.
as, como I interrogador va de d la onclusión a las pr misas (neoi-á,11:tq )
de manera qu la con lusión .·iste para él de d el prin ipio ('ro ;,, aexfi,
0 ea "aquello que
I principio' ) · el int rrogado procede a la inversa o
sea que va d las premisas a la con lu i6n lo cual supone ci rta dificul~d
para xtraer la respu ta:
Todo lo caballos son solípedo ( )
.ingún solípedo
carnívoro (E)
luego ningún carnívoro
caballo (E)

Todo lo ual demu tra qu al bac r rist6teles d I ilogi m dialéctico
I punto de partida d las pera ion s I 'gicas la disciplina n que é tas
con tituyen , más que la iencia qu
tudia I que suc de uando al ie:1
se pon a pensar a la , la ci ocia de lo que ti ne lu ar n una conv rsación n eso lógoi o int rcambio d p nsami nlos.
En I s Tópicos ( JOOa, 25)
en lo Primeros Analítica
tramos la d finición del silogismo:

ncon-

Todos I s hombres son mortales (
Sócrates s hombre (I)
luego ' rates s mortal (I )

ca d I m •todo emplead por Sócrat :

98

(24b, 18)

El silogismo es un eriu11ciado en el cual se asientan varias proposiciones. deduciendo necesariamente alguna otra proposició11 diferente de
las asentadas, por la sola razón de haberlo sido, entiendo que por su
causa se llega a la conclusión de la otra proposición· y por esta última
proposición entiendo no hay necesidad de término extraño para la obtención de la co11clusión nec saria.

trina de las figuras silogísticas ( ox,j µa-r:a ) .
Ahora bien, Aristóteles, no sólo por obvia exigen ias d I método, ino
ad más y s br todo porque su fil fía en g neral prosigue la tray toria
socrático-platónica omienza, según lo pare , por lo Tópicos, o sea por el
tudio d I ilogismo ' dial cti o" ( tal omo se advierte n un pasaje d
ta obra, 183b, 7).
no
ocioso repetir aquí las palabras de Jenofonte acer-

i él mismo iba a explicar una cosa, comenzaba por sentar aquellas
premisas que tuuieran mayor aceptación, creyendo que ésta era la me-

( amen )

u

JBNOFONTE,

Memorables, 1 , 6, 15.

99

�Vemos, pues, que lo particular (individual}, o sea Sócrates, es el centro
mismo del complejo proposicional en que ese silogismo consiste. Pues: a) con
la sola expresión "todos los hombres son mortales" ( lo que es igual a decir "el
hombre -arquetipo-- es mortal"), no obtengo, en rigor, ningún efectivo conocimiento de la realidad; b) con la sola expresión •rsócrates es mortal",
tampoco sé otra cosa sino que a cierto algo (Sócrates) le pasa cierto sucedido
(que se muere) ; mas para saber con eficacia que la "mortalidad" de Sócrates es tan posiblemente real como el mismo Sócrates, necesito articular ambos
en la plenitud de una realidad en 1a cual, al resaltar como individualida~es,
adquieren para mí un significado de verdad. Y es aquí en donde Ja ~ers~1cac.ia de Aristóteles descubre toda la "necesidad" (inevitabilidad) del s1logismo
a través de sus partes constitutivas.
Veamos ahora el papel que desempeña el término medio. Sirve, ante todo,
para relacionar lo universal con lo particular, la esencia con el individuo.
y es así cómo -desde el silogismo- advertimos la pretensión de verdad que
lleva consigo toda proposición, pues si, vgr., digo: "el agua es un líquido",
implico -al subentenderlo-- una cierta agua (Ja de mi experiencia) en la
totalidad (universalidad) de aquello denominable "agua". De manera que,
dicho sea de paso, es el silogismo el que hace posible la proposición, y no al
revés.
Por otra parte, es condición inesquívable del silogismo que el término medio sea menos extenso que el término mayor, o sea que -según el silogismo
antes expresado-:
hombre está distribuido en mortal,

no podría servir de mediador entre la esencia y el individuo. Y entonces,
¿ qué? Pues que incurririamos en la dificultad platónica de la división, la
cual -señala Aristóteles- sí toma por medio el universal. osa que es fácilmente comprobable, pues basta con apelar a un ejemplo de división dicotómica como la que se ofrece en el llamado "Arbol de Porfirio~'.

0

sustancia
corpórea
animada
sensible
Sócrates

100

otros

inanimada

a) La esencia se da o tiene su asiento (1:onos- xwea) en el individuo, de
la cual ella es la forma (µoe&lt;p7Í ).

insensible
irracional

racional

incorpórea

Si entonces procedo a reducir esta pluralidad en que ha resultado la división a la unidad de la definición, tengo que 'El hombre Sócrates es el ser
animado, sensible y racional". Bien, ¿pero qué es lo animado?, ¿y lo sensible?,
¿ y lo racional? Y, también, ¿ qué es el hombre? Y, entonces, ¿ qué es Sócrates?
Por consiguiente, la falla de Platón en e1 recurso operativo de la división
consiste en que con ésta él pretende determinar las relaciones recíprocas de
los conceptos que la división implica. Pero debemos preguntar, primero, si
estas relaciones son realmente recíprocas; y, después, supuesto que lo sean,
¿cómo sabemos que lo son? De todo lo cual Aristóteles concluye: a) que el
método por división no demuestra, pues jamás saca una conclusión de ciertos datos. b) Pues aunque la división probara que las diferentes partes de la
definición están en ésta ( ya sea reunidas o ya sea separadas), tal cosa dista
mucho de ser realmente una demos!J:ación. c) Porque las partes de la división no proceden de la definición. Si digo que Sócrates es el ser animado,
sensible y racional que es hombre, este razonamíento no es ciertamente una
"definición", porque ésta no demuestra nada, ni siquiera muestra la cosa
(Segundos .Analíticos, c. VII).
Creo que se comprende ahora por qué ócrates no llega a decir qué es
aquello que se discute (su esencia) . Aristóteles tiene toda la razón: al definir, ni podemos demostrar, es decir, hacer ver cómo es que debe ser la cosa
que ya se tiene, implícitamente, en la opinión; ni tampoco mostrar la cosa tenida (subentendida), pero que ahora -en la demostración- ya no es, no
puede ser, esa cosa. Pues la "demostración" de la cosa es un ese.a.moteo que
nos deja sin cosa, para, sin embargo, hablar de ella (casi se diría que para
''hablar mal" ... )
Y llegamos ahora al aspecto más peculiar y por lo mismo interesante de
la lógica aristotélica, es decir, al de lo individual. Aquí el auténtico empirista (no el seuderempirista moderno) que es Aristóteles realiza su verdadera
hazaña en el campo de la ontología y la metafísica. En realidad -sea dicho de paso-- es cuando comienza la metafísica, porque en Platón hay más
bien una ontología; y si decimos que es Aristóteles quien marca el comienzo
de la metafísica es porque él arranca de la consideración de lo individual
o lo particuJar ( -ra -xaO'f-xaaa) implicado en lo universal (-ro xa9ólov).
Todo lo cual se ve perfectamente en su manera de concebir el ser inicialmente:

b) El ser es, por una parte, la sustancia primera (newn¡ ovala ), cuyo
asiento es el individuo; por otra parte, las sustancias segundas (devueosovaia), es decir, las especies y los géneros de éstas, ambos predicables de los

101

�individuos. He aquí, pues, la manera como Aristóteles reduce a uno solo el
mundo dual de Platón.
e) Se opone a la intelección platónica, porque ésta se funda en la abstrae, ción que a su vez busca apoyo en la distinción entre cosa e I dea. Puesto que
hemos de movernos en el lenguaje, que es capaz de reflejar la realidad, entonces el concepto expresa la esencia (lóyo,; 't'rJ S" oviYla,;, Cat., 1) tanto
como la esencia corresponde al concepto (;, x ani lóyo-v ovuía }. Y de aquí
la relación entre la fonna del discurso y la forma de los seres, tal como lo estatuye Aristóteles en la Metafísica, IV, 1017a. 23-4: &amp;uax w,; rae lÉ y ETaL
t:ouav't'axw,;

't'O El'YaL

,uµaÍ'YEW .

d) Aristóteles conviene. con los sofistas en que el lenguaje revela la naturaleza esencial de la cosa; pero lenguaje y palabra no ron lo mismo, pues la
palabra es mera convención. Y digamos -ya que es oportuno -que éste es
también el escollo de Sócrates, pues él se mueve "entre" palabraSI ( o sea que
analiza el significado de los nombres de las cosas) . En cambio Aristóteles
advierte que es preciso ír más allá de las palabras- y sumergirse en los senos
del lenguaje. Porque si bien toda expresión dice, no toda, en cambio, dice
de la realidad. Así, una exclamación o una plegaria, puesto que no expresa
ni verdad ni error, no es ni verdadera ni falsa.
El "momento" de la intuición aristotélica.
En su tratado De la interpretación (neel ieµ1J'YEÍai;) nos dice Aristóteles que el nombre es una palabra convencional que no inc1uye la idea de
tiempo; y el verbo es también una palabra convencional, pero que incluye
dicha idea. Por otra parte, el discurso (.lóyoi;) incluye nombres y verbos y
tiene un sentido convencional; pero en el discUiso se da la enunciación ( q,áais-)
la cual dota al discurso de un "sentido" adquirido por convención. Pero
esta enunciación, con todo y ser convencional -tal vez por esto mismo--,
.implica una pretensión de verdad, siendo así que se constituye en una proposición de lo verdadero o de lo falso. Y es esto último lo que viene a ser el
lagos apofantikós (lóyoi; anoq,a,yuxói;), o sea la revelación de la realidad en la fórmula " es P' . Pues sucede que S y P no son meras palabras,
sino que ambos constituyen una "relación especial" que es a la vez indestructible y no puede dejar de concebirse; de manera que, aislados no son ni
dicen nada; pero que, en la estructura en la cual aparecen, no pueden dejar
de ser· por consiguiente, hay una forma del lenguaje que revela o descubre
la realidad, la cual sólo se da en esa relación sujeto-objeto ( 'S es P'), y no
en la simple palabra -individual (sofistas), ni tampoco en su encadenamiento
(Sócrates), o en una intuición que le permite al sujeto vislumbrar lo que
jamás es él mismo esencialmente, y de lo que sólo accidentalmente participa

102

( Platón) · sino que la esencia ( de la realidad) , que es la forma de lo individual, se da también en el hombre en cuanto individuo, que es quien expresa
a través del lagos apofantikós esa irrompible relación suya con el resto de
la realidad.
El lóyo,; (como el significado de lo objetivo), es, además, necesariamente,
anÓ&lt;pa'l'ati;, o sea enunciación d-e ese significado. Y es en la relación de
concordancia de las categorías- de lo dado al obrar sobre las representaciones que se establece el juicio. La enunciación, como tal, es, pues, el fundamento del juicio ( anÓ&lt;pa'YO'LS") .
La solución aristotélica del problema del conocimiento efectivo de la realidad mediante el ,tóyoi; anoq,an:txóq de la estructura proposicional, es
también su mayor dificultad, porque es precisamente del repudio aristotélico de la demostración de donde surge, como eficaz reemplazo, el silogismo
en cuanto la forma más general del pensamiento y con la cual es posible que
el hombre haga contacto con la realidad. Pues el silogismo -ya lo hemos dicho-- no hay que 'inventarlo", sino que ya está ahí, siempre, como la manera habitual de pensar. "Y e1 alma -dice Aristóteles- está de tal manera
constituida que es capaz de este proceso". 15
Pero si bien es así resulta que por ser la "forma" habitual de pensamiento,
es entonces la más formal posible; y lo es, además porque ya en la propia

estructura proposicional vemos que lo decisivo no es ni S ni P, sino la relación
'&lt;g es P", de modo que el respectivo contenido de S y P se justifica ontológicamente en la pura "formalidad" o relación vinculativa de S con P. Y finalmente, puesto que es el silogismo el que parece engendrar la proposición,
tenemos que su condición formal es inequívoca e indiscutible. Por esto mismo
dice el estagirita :
El silogismo debe ser discutido antes que la demostración porque el
silogismo es más general· la demostración es una especie de silogismo;
pero no todo silogismo es una demostración. 16

L-a silogística aristotélica procede, pues, de la estructura más compleja
(silogismo) a la que le sigue en orden decreciente de complejidad (proposición), y de aquí, puede decirse, cabe descender a los términos. Pero no debemos olvidar que Aristóteles hace depender la noción de término totalmente de la noción de proposición. Así (De la interpretación, 16a, 3ss.) él considera los nombres sólo como signos convencionales para la "patencia del
'" ARtsTÓTELES,
1•

ArusTÓTELES,

Sobre el alma, 100a, 13.
Primeros anal!ticos, 25b, 28-31.

103

�alma", que se dan como "imágenes" de las cosas, y "las mismas para todos
los hombres".
Ahora bien, Aristóteles emplea la palabra xweo~ para designar el tér~
mino que aparece en el silogismo, tomado probablemente de las matemáticas: xweoq es, pues, uno de los dos miembros de una proposición (S o P ),
o uno de los tres elementos que constituyen el silogismo. Lo que sí no podemos hacer es entender o tratar de interpretar xweoq como una palabra o
como una expresión que tiene un significado limitado. Finalmente, el significado de límite que implica xweoq es aplicable a la proposición y nunca a sus
términos (S. y P).
Karl Prantl 17 nos dice que el 'concepto" --el Begriff alemán, la idée francesa, el concepto español- se debe a los comentarios latinos del capítulo primero del libro De la interpretacwn, y se refiere a la noción de las cosas en
el alma y que se expresa por medio de la palabra. Pero -agrega Prantl- no
tiene equivalente alguno en griego ni relación original con la definición. Y
es aquí donde radica el error en que incurren lógicos e historiadores de la filosofía, al tratar del concepto como si éste fuese el exacto correlato de la definición. En realidad, dentro de la estructura lingüística griega, al preguntar,
por ejemplo, "¿qué es el fuego?", cabe la posibilidad de transformar esta
pregunta en el nombre de que se trate, añadiendo sólo el artículo ( "lo que
es ello") o también "lo que era esto para ser lo qi:e es" (-rl ,J el-vat) . Y
es tal vez, por este motivo, que Sócrates no separa los universales ( defuri•
ciones universales) de las unidades reales (cosas) . En cuanto a Platón, ya
sabemos que establece la dualidad de las Ideas ( cosas eternas imaginarias) y
las cosas transitorias reales ( vid. Metafísica, 997b, 5-10) ; porque la definición general no puede referirse a las cosas que cambian, sino a lo permanente; y esto es lo que le permite a Aristóteles decir que la definición platónica
es de ideas y no de cosas.
in embargo, aunque ciertos datos irrecusables, corno los que aparecen en
el diálogo Menón, autorizan a afirmar que Platón conocía el concepto antes de llegar a la Idea, ésta comienza a aparecer -desde el Fedón- porque Platón descubre que hay una "oposición" entre 1a Idea y la cosa que
es expresable por el término "en sí mismo" ( av-r.o xa8' av"i"Ó), o sea lo
realmente tal como es; y esto, sin duda, no puede ser lo referido a las cosas
sensibles como hombre, toro, fuego, agua (Parm., 130c; Filebo, 15a); dedo
(Rep., 523c); hierro plata (Fedro, 263a) · sino, en un comienzo, solamente
a los predicados morales (justo, bueno, perfecto), o estéticos (bello, feo, gracioso), o "matemáticos" (igual, más, menos, largo, uno, dos). Así, al preguntar:

"¿qué es lo piadoso?", lo que se desea saber es lo piadoso en sí mismo, y no
alguno de los numerosos ejemplos reales. De este modo, como sabemos, en el
diálogo Eutifrón Sócrates pregunta al sacerdote, no qué es lo piadoso y lo no
piadoso, sino esa cualidad e1i sí que hace que todas las acciones sean piadosas
o no. Y concluye: "entonce,&lt;;, tendré una norma por la cual guiarme y poder
medir las acciones, ya sean las nuestras o las de cualquier otro, y podré decir
qué tal y cual acción es piadosa, y tal otra impfa". 18
Ahora bien, nófese la diferencia entre concepto e Idea, pues en tanto que la
definicíén de un universal ordinario de cualquier cosa se obtiene por la comparación de casos individuales (Sócrates), Ja idea es más bien una norma o patrón (el&amp;os-) para resolver casos realmente problemáticos, vgr., "¿qué es la
justicia?"
La extensión de la teoría de las Ideas más allá de su campo original -el
campo de lo verdaderamente problemático- al de las cosas en general (mundo sensible), provoca la dificultad insuperable de distinguir adecuadamente
predicados tales como justo, bello, igual, etc., de esos otros predicados que
corresponden a cosas como hombre, toro, fuego, piedra, etc. Y aquí viene a
punto la discusión entre Parménides y Sócrates acerca de si efectivamente
'
,
hay ideas de cosas como fango, pélos, etc. Pero es Aristóteles quien pone de
manifiesto 1a verdadera razón de la dificultad,
En tanto que la teoría de las ideas presenta dificultades en muchos
sentidos, lo más parad6jico de todo es la aseveración de que existen
ciertas cosas además de las que hay en el mundo material, y que son
idénticas a las cosas sensibles, con la diferencia que mientras aquéllas
son eternas, estas últimas son perecederas. Sus partidarios sostienen que
hay un hombre en si mismo y un caballo en sí mismo y una salud en
sí misma, sin otro calificativo, siendo este procedimiento parecido al
de los que sostenían que hay dioses, pero con forma humana. Debido
a que premponen que sólo existen hombres eternos, los platónicos hacen
que las formas no sean sino cosas eternas sensibles. 19

Como ya hemos visto, parece que Platón no tuvo otra salida, ante la dificultad de extender las Ideas a toda la realidad (tal como aparece en el Fedón, donde comienza la discusión de las Ideas, 65d y 74a), que la de apelar al artificioso expediente de la dialéctica concebida como división y definieron. Y también hemos visto cómo falla al aplicar dicho recurso, así como
" PLATÓN,

" KARL PaANTL, Geschichte der Logik im Abenlande, I, 691.

104

1t

Eutifr6n, D, 7.

ARlsTÓTELEs, Metafísica,

997b, 5.

105

�la certera crítica de Aristóteles. Pero -advierte éste--, división y definición
aparecen en el discurso, que es el que proporciona. eJ úrúco modo de referirse a la realidad; así que, hasta cierto punto, la definición socrática, al
moverse entre palabras (entre las diferentes expresiones de una misma cosa
-acepciones), está en lo justo, pues Sócrates parece haber operado siempre
en el círculo de las cosas en general; de suerte que, para él, tan "cosa" viene a ser el hombre o el fuego como un acto piadoso o un gesto valiente. Mas
si el concepto (Sócrates) y la Idea (Platón) no bastan para resolver el problema del conocimiento de la realidad, y, sin embargo, ésta se revela en el
discurso ( en la estructura proposicional) mediante la relación vinculativa de
S con P, ¿ no será menester un previo examen de las diferencias cualitativas
que se advierten en las palabras?
Pero debemos señalar aquí algo que es de suma importancia, es decir,
que para Aristóteles es el predicado el que dota de sentido al término que
hace de sujeto; y así como S y P adquieren "sentido" -vale decir que se
justifican a sí mismos- en el contexto proposicional, de parecido modo S es
"algo" -llega a serlo- mediante el nexo con P. Es decir, que P tiene como
espeéúica función la de "categorizar" a S. Por consiguiente, cuando decirnos
"Callias es un hombre", "Callias es blanco", "Callias mide seis pies", el primer predicado indica Jo que es Callias en el sentido más estricto (cosa individual o "sustancia"); mientras que el segundo indica una cualidad y el tercero una cantidad. Y esto es lo que determina la doctrina de las categorías,
tal como -por cierto que imprecisamente en la mayoría de los tratados-la conocemos. Y esto otro -es decir, que el su jeto implica siempre la sustancia primera, o esencia- lo dice Aristóteles:
Rs indudable, también, que ante esto el nombre que algunas veces
significa esencia ["esencia" en griego es "lo que esto es"; pero "lo que
esto es" puede ser también el equivalente de "sustancia", lo ct,al depende absolutamente del contexto], significa algunas veces una sustancia, otras una cualidad, y otras uno de los tipos de predicados; wando
un hombre se sitúa ante él, y dice que lo que está allí es "un hombre",
"un animal", establece su esencia y significa una sustancia; pero cuando se encuentra ante el color blanco, y dice que lo que está ante él es
"blanco" o un "color", establece su esencia y significa una cualidad.
Asimismo, cuando ante él se encuentra la magnitud de un codo, y dice
que lo que está ante él es la magnitud de u1t todo, describe su esencia
y significa una cantidad. Lo mismo acontece en otros casos. 20
20 ArosTÓTELEs,

106

T6picos, 103b, 27.

También en un pasaje de la Metafísica vemos debatir la misma cuestión:
El "qué" pertenece en sentido amplio a la sustancia pero en sentido
estricto a las otras categ-0rías. Por ello, de una cualidad puede preguntarse lo que es, por tanto la cualidad es un "qué" -no en sentido amplio, sin embargo, sino justamente como, en el caso en que alguno no
dijese, en/atizando la forma lingüística, que lo que no es, no es simplemente, pero es no-existente. 21

Ahora bien, Aristóteles percibe que en esto late una dificultad: que si S
~o ~ cosa o s~r individual, el predicado que diga lo que es ( esencia) no
implicará la pnmera categoría (sustancia), sino cualquiera de las demás. y
la dificultad deja al descubierto, primero, que la sustancia o cosa individual
es~ preferentemente -para Aristóteles- el hombre; y después, que, por lo
nusmo, tanto la primera categoría como las restantes funcionan como las clases de atributos de la oración. Así, en Categorías (c. I-III) hace una minuciosa
d~~ción de 1as cuatro primeras categorías ( sustancia, cantidad, cualidad y
«;lac10n) Y les concede una gran significación ontológica. Pero más adelante,
dice que las "cosas que son dichas" se agrupan así: de un lado, las que apare~e,? en el contexto proposicional, vgr., "el hombre estudia", "el hombre traba]ª ; de otro, las que se dicen fuera de dicho contexto tales como "hombre"
"fuego " , e tc. Pero cada una de estas cosas -las que se
' dicen fuera del con-'
texto proposicional-, que no son ni verdaderas rú falsas, significan, cada
una de ellas, una de las diez categorías.
Aristóteles tuvo siempre clara conciencia de esta clificultad de lo cual es
buena prueba este pasaje del libro De la interpretación:
'
Las palabras habladas son los símbolos de la experiencia mental y las
palabras escritas lo son de las palabras habladas. Así como no todos los
hombres tienen la misma escritura, no todos los hombres tienen los
~i.smo~ soni~os de lenguaje, pero las experiencias mentales que éstos
simbolizan directamente, son iguales para todos, como también lo son
aquellas cosas cuyas imágenes constituyen nuestras experiencias. Este
asunto, sin embargo, ha sido discutido ~n mi tratado sobre el alma
porque pertenece a una investigación distinta de la que nos ocupamo;
por el momento. Así como en la mente existen pensamientos que no
son verdade,ros ni falsos y también otros que deben ser verdaderos 0
falsos, sucede lo mismo con el lenguaje. Porque la uerdad y la men11 ARrsTÓTELEs,

Meta/&amp;ica, 1030a, 22.

107

�tira imfJlican una combinación y una se/mración. Si a los nombres y
a los verbos nada se les añade, son como pansamientos sin combinación o separación; "hombre" y "blanco", como términos separados, no
son aún verdaderos o falsos. Significan algo, pero en ellos no hay verdad ni falsedad a menos que se les agregue "es" o "no es", bien sea

ambas? Pues, significativa.mente nada Veam
.
cuando combinamos palabras d'
.
os, en cambio, lo que sucede
duerme;' (verdadera) y ''el leó: ::~pf:.i_:n palabras del . otro: "el león
(
) · Y concluye de este modo:
. una múma cosa con la única-¿No son
. , del pensamie n t o y el 1enguaJe
excepcz..o n e . que el pensamten
· t o es la conversación no emitida del
l
a ma con.sigo misma?
,
-Muy cierto.
-Pero a. la corriente del pensamiento u.e fl
,
y que se oye J se le ll
1 .
.
q
uye a traves de los labios
.
~
ama enguaJe?
--Cierto.
- Y sabemos
que exist e en el ¡enguaje [...]
,
Q
-¿ ue existe?
-Afirmación.
---Sl.
--Cuando
o la negaczon
· , se efecttta
, en silencio y sólo en
la mente . h la afirmación
l ,
, t ay a gun otro no'fl),bre que darle sino opinión?
-No puede haber otro nombre.23

en tiempo presente o en cualquier otro. 22
Vemos, pues, que Aristóteles considera las palabras como símbolos de "sucesos en el alma" ( o ''sufrimientos del alma", si hemos de atenernos a la
exacta traducción), en tanto que los sucesos son las imágenes de las cosas.
Ahora bien, Aristóteles no dice que las cosas solas (aisladas) sean verdaderas o falsas; rú que sus combinaciones tengan que ser verdaderas o falsas·
pues esto sería un contrasentido; lo que dice es que las palabras, consideradas aisladamente, no expresan ni verdad ni falsedad; .mientras las combinaciones de palabras pueden ser de tal modo que necesariamente expresen Ulla
verdad o una falsedad.
D sde luego que ésta es una cuestión que ya había sido ampliamente- controvertida en la filosofía platónica, como que da lugar a una considerable
parte del diálogo El sofista. Recordemos que aqui Antistenes -el irascible
jefe de la escuela cínica-, combate con ingular rudeza y perspicacia el
procedimiento socrático que consiste en obligar al mterlocutor a ac~ptar conclusiones no esperadas aprovechando la inofensiva creencia en la alternativa "sí" o "no". Para Antistenes la palabra aislada nombra la cosa, pero
no dice lo que es o lo que no es, ya que esto último requiere la oración.
Pues una combinación de palabras expresa el conocimiento de una combinación de cosas, mas no de una sola. ¿ Cómo, entonces, vamos a poder decir de una sola cosa ( que sólo puede nombrarse) lo que ella es y lo que ella
no es?
Platón, por su parte -tal como era de esperarse- se dispone a contestar,
y lo hace de este modo (El sofista, 251a) : comienza dirigiendo contra la supuesta e:icigencia de Antístenes una de esas ironías que le distinguen de modo peculiar, y le dice que no le asombran las palabras de "quien por causa
de su pobreza, en abundancia intelectual está" ( o sea que sabe demasiado a
causa de su penuria de conocimiento) . o se puede hablar de las cosas solas
y separadas -dice Platón-, sino que "hay una comunicación de clases". Y
por esto último es que encontramos dos combinaciones posibles, es a saber:
por una parte, la de varios verbos ("camina", "corre", "vuela") ; y por otra
la de algunos nombres ( "le6n", ' ciervo ', "caballo") . Pero ¿ qué obtenemos en

Este enlace necesario vale decir en este
. .
enfrentar decisivamente la ma
. , caso ~nevitable, lleva a Aristóteles a
gna cuestion de 81 r l
t
.
donde hay que buscar el as· t d 1
.
, ea men e, es en el lenguaJe
ien o e a realidad
tr , d
•
o expresión (proposición) de q ue ya h emos habl
a davesp e esa ·a:nocpávuti;
var el mayor rigor metódico
"bl
. a o. ero, a frn de obseren
e
on
. ,
posi e, vamos pnmero a examinar la forma
_qu
exp
e Anstoteles su excursus por la reg:¡·ón ontol' . d 1
gonas.
ogica e as cateEn el libro V de la Metafísica trata de las d f' ..
dar a entender que se propone h bl
e IIllCJO~es, y con esto quiere
vocablos. Diferentes se;tido
a 1 ar acerca ~e los diversos sentidos de los
s que a canzan la cif d
. . ,.
l. El principio ( anx-1'}) 2 L·a
,,
ra e vemnse1s, es a saber:
e:: ., • •
causa ( cu1:tov ) 3 El l
4. La naturaleza ( cpvatr) 5 L
. . .
e emento ( u1:oiv:io'V ) .
~ . .
o necesario ( a11a
- ) 6
unidad ( -,;o f,,) . 7. El ente-s
( , ., )
yKato'V • . El uno o la
·d .
er 1:o
8. La sustanci ( ' r ) 9
i entidad-lo mismo (1:avxo') . 10 . L os opuestos ( a
, a )ovuia . . La
dad y la posterioridad (-no'
.,
n:t'Xtiµtva · 11. La priori•~o:- uea i.:at VITT"tf!a) 12 L
.
Y lo imposible ( Mnaµu; ~v'Va-cÓ'V •~ ,
).
·
potencta lo posible
'
'
vva-,;ov · 13 La cantidad (
' )
14. La cualidad (n oio•• ) 15 L
l
.
,
·
nouo11
.
' ·
• a re acion (neóO' ') 16 L 0
letov ) . 17. El límite (n ,
)
,
.n ·
·
perfecto ( d
1
.
eeai; • 8. Lo en si y por sí ( ()' • ')
disposición, el hábito-facultad, la paszon~a
. , feccwn,
., la privación
av1:o
• 19. La
(JiáOeat~,

º" •

ª

"ª

=
.. A.iusTÓTELES,

ª

PLATÓN,

El sofista, 251a .

Hermenéutica, 16a, S.

109

108

�náOoi;, &lt;1'rÉ(!1J&lt;1Lt;). 20. El tener-estado (txuv). 21. El ser desde algo, derivar, provenir (tx1:woi;, Eivai). 22. La parte todo (µi eoi;, ;lov). 23. Lo
mutilado (,tolo{Jov). 24. El género ( yÉvoi;). 25. Lo falso ('1/Jevooi;). 26.
Lo accidental (&lt;1Vµ/JE/J'f/xÓq).
De estas 26 formas categoriales veremos que Aristóteles recoge seis en
el Organon, es a saber : la sustancia, la cantidad, la cualidad, la relación, la
pasión y el estado. Mientras las cuatro restantes, o sea el lugar, el tiempo, la
posición y la acción, o bien pueden haber sido extraídas --como variantes-de las 26 de la Metafísica, o bien pueden haber sido descubiertas aparte.
V amos a comenzar por el ente-ser
óv) . En el ya mencionado hbro
V dice Aristóteles : "E1 ser se dice, accidentalmente, de la relación que un
atributo tiene con su sujeto, o de la relación de varios atributos que se refieren al mismo sujeto", vgr.: "el hombre es bípedo"; "el ~&lt;YUa (es) incolora, (es) inodora, (es) insípida". Además -prosigue diciendo Aristóteles--"el ser en sí tiene tantas acepciones como categorías existen". De todo lo
cual se desprenden estas dos observaciones : a) que las 26 categorías son
los diversos sentidos de los vocablos; b) pero que, de todos, el ente-ser es
aquel sentido del cual se pueden predicar los demás. Entonces, ¿ el ser en sí. es
un "vocablo" del cual se puede predicar el resto de las categorías? Parece que
en efecto debe ser así en la metafísica de Aristóteles. Pero aquí viene lo más
grave: ¿ se trata de una cuestión "metafísica" o de una cuestión «gramatical"? ¿ O es acaso la inevitable consecuencia de un inicial planteamiento
(el de la Lógica) que obliga a Aristóteles a subordinar el ser en sí al es del

(to

La palabra sustancia se emplea por lo menos en cuatro sentidos, si no
en más: en efecto, parece ser sustancia cada cosa, la esencia, lo universal, el género y, en cuarto lugar, el sujeto. El sujeto es aquello de lo cual
se predican los otros; en cambio, él 110 se predica de ningún otro ... Por
eso se debe determinar primero, porque el sujeto parece ser la sustancia
primera por excelencia. 25
En conclu ión, tenemos:
lo. La palabra Ser significa la esencia y la existencia individual Luego no
hay esencia más que de lo individual.
2o. La sustancia es aquello que manifiesta la esencia, y como ésta se da
en lo individual, manifiesta también la existencia.
:to. La sustancia propiamente dicha, la «sustancia primera por excelencia"
(Met., VII 3, 1029), o el individuo, es el sujeto determinado de "las espeaes en las que subsisten las sustancias primeras" ( Cat., c. V, 2-3) . y es el
mismo Aristóteles quien dice:

Si las palabras no tuviesen un significado,

habrfa posibilidad de
discurrir con los demás, y a decir verdad, tampoco consigo mismo, pues
no puede pensar quien no piensa una cosa determinada. Y si puede hacerlo, dará un nombre único a lo que piensa. Afirmamos, pues, que cada palabra tigne un significado y solamente u 11o.26
Llegamos, pues, a la siguiente conclusión :

discurso?
Para aclarar en lo posible esta confusión, recurramos al concepto de sustancia, que está "funcionalmente" vinculado al del ser en sí. Respecto de la
sustancia, dice Aristóteles:
La palabra ser se emplea en múltiples sentidos ... , pues, de una parte, significa la esencia y la existe11cia índiuidual susta11cia primera; y de
la otra, la cualidad, la cantidad y cada uno de los otros atributos de especie semejante sustancias segundas.
Ninguna de ellas de estas determinaciones existe naturalmente de por
sí ni puede separarse de la sustancia . . . Más bien parecen seres sólo
porque hay sujeto determinado de ellas, y éste es la sustancia o el individuo que aparece en tal categoría ... De manera que la sustancia será el primer ser y no cualquier ser, sino el ser simplemente . .. Y por
ello, antes, ahora y siempre, la interrogación. y el problema: /'qué es el
ser?", equivale a esto: "¿ qué es la sustancia?" 24
.. ArusTÓTELES,

110

Meta/lsica, VII, 1, 1028.

110

a) como esencia, en su verdadera y única
acepción real
El ser se da
b) como afecciones del ser en cuanto esencia ( categorías, accidentes )
En cuanto a la sustancia:

a) es el primer ser, y lo es por las afeccioSustancia primera

nes o sustancias segundas, predicables
de él.
b) permite saber qué es (esencia) una cosa, y de este modo cada (cualquier) cosa.

,. lbid., VII, 3, 1029.
,. /bid., IV, 4, 1006.

111

�Sustancia "gunda {

son las categorías y permiten saber "cuánto", 'cuál", 'dónde", etc., de cada cosa
a través de la cantidad, la cualidad, la posición, etc., en general.

Por eso las sustancias segundas resultan tan "sustancias" c~mo la pru_nera, a ca usa de que las cosas están en cierta relación , de predicado ,a su¡eto
con respecto a lás sustancias segundas, de manera analoga a como estas son
los predicados de la sustancia primera.
Esto por supuesto en )a esfera ontológica; pero es _q ue estamos en la
esfera lógica en este caso la del lenguaje. Así p~es, ~entras en la esfera
ontológica, encontramos la relación de la sustanc1a pnmera (ser) ~n las
· segund as ( osas) , en la fera [óaica
sustancias
º · tenemos ,que
. la relación es
la de sujeto y predicado. Pero como resulta que ( ontologicamente) el _sujeto (S) puede serlo también así: 'el hombre es un anir:z':1', y este predicado animal puede pasar a ser sujeto: "el animal es un vwiente", y basta, ~r
supuesto: "el ser viviente es especial"; hay, entonces, q~~ ?regunt~r cual
es, efectivamente, I papel de la sustancia primera en el JWCio y cual el de
Jas sustancias segundas.
.
Lo que hace Aristóteles es concluir de una vez por todas .co~ la inaceptable dualidad (platónica) de Idea e individuo. Por coDS1guient: . des_~e
el momento en que intentamos, tal como quiere Platón, que la participacion
sea lo que, de algún modo, "reúna" a la Idea con el individuo, se entra ya,
por esto mismo, en el camino de wia solución imposible. L~ Idea, de acuerdo con lo que piensa Aristóteles, se encuentra en la cosa misma, la cual, _entonces, es el sujeto (la sustancia) cuyas propiedades _( categor:;} es ?°sibl_e
predicar. y por eso la sustancia es, ante todo, el suJeto, la sus~oa _pnmera", es decir, el individtto. Ahora bien no basta con esa sustan:1a pnm~ra parque una cosa es ella y otra su conocimiento, el cual nos V1ene prec1sa~nte a través del concepto (no de la Idea) y que se obtiene. a través
d e ese proceso di aIéctico que comienza por la captación de losd atributos
f · · ·, dde¡
la cosa O sustancia primera y se aclara y precisa mediante la e micwn e

se da en la definición, y, como ya hemos visto, ésta se revela en el concepto, jamás en la idea; y de ahí que, si bien la ciencia es ciencia de lo esencial
Y universal, esto último se manifiesta (porque reside) en lo universal en
cuanto predicado de una sustancia primera, es decir, de un sujeto.
La duplicación de la realidad, tal como la lleva a cabo Platón en su
teoría de las Ideas, es consecuencia inevitable de estas últimas. Pero lo es
porque, sin duda alguna, Platón no llegó jamás a formular un sistema lógico ( digamos ahora así de modo provisional) que le hubiera permitido llegar a la realidad del mundo sin necesidad de remontarlo. Pero Aristóteles
comienza proveyéndose del instrumental indispensable para la tarea de descubrir cómo es posible evitar tanto el tener que estar inevitablemente "en"
la palabra solamente como tal (sofistas), como también "más allá" de ella
(Platón), y el resultado viene a ser eso que ya había percibido ócrates, pero que Platón confunde, es decir, e] concepto. Como se trata, sin remedio
posible, de una "cuestión de palabras", Aristóteles intuye que es necesario
penetrar ~n el lenguaje, pero de manera decidida y a la vez metódica, ya es
el IenguaJe el que puede conducirnos a la realidad, puesto que es él quien la
expresa (de algún modo), y por consiguiente, a través del análisis del lenguaje descubre Aristóteles que éste es lenguaje de cosas porque, a su vez éstas están dispuestas precisamente para el lenguaje.
'
A la dualidad platónica, epistemológicamente insalvable, opone Aristóteles esa. otra dualidad que surge del ser que expresa la realidad (sea como sea),
es decir, el hombre; dualidad que no es, como en Platón, extrañamente heterogénea, hasta el extremo de resultar imposible de explicar Jo mismo en
sus orígenes respectivos que en sus reláciones entre sí. Esta otra realidad la
de Aristóteles, es la de una unidad ( el individuo) que se desdobla e~ sí
misma (primera y segunda sustancias) y se ofrece, comprensivamente, en
el concepto. Curiosa peripecia ésa del trayecto desde la Idea hasta el concepto, que ha hecho correr ríos de tinta, y sigue aún dando que hacer, como una señal más del misterio esencial de toda realidad.

género propio y la diferencia especifica.
.
De ahí la razón de ser de las llamadas "sustancias segundas", sm las cu~ncza,
1es no hay nada• Pero la sustancia primera supone, además una· ese·
·
l
0 sea aquello en que consiste la existencia ( quiddidad) como ~mo f'
"dente es decir aquello en que también consiste la sustancia, pero de
acct
,
,
•
• ·, d 1
modo contingente. Por lo tanto, sólo a base de esa dual d1spos1_c1on e .º
·
real en pnrneras
y segundas sustancias es que puede haber efectivo
. conoc1-

miento de las cosas. Lo que conocemos de la sustancia es su esencia, la cual

112

113
H

�LA POSIBILIDAD DE UN ENCUENTRO ENTRE LAS
CULTURAS DE LOS PUEBLOS

DR.

FRITZ

J.

VON RINTELEN

Unh-..-,....¡d..J de ~1 ¡gur r,a
Sumario:!) La disposición para un encucou-o 2) La \"alorarión curoJ)('.1 del rspíri.
tu.- 3) La supcraci6n de b natur.1leza P&lt;1r el ~píritu.~ i) El indi\.'iduo y la lil,ertad - 5 ) Humlnitas.--6) Caminos p.ua el enc-uentto: la Tfrnica.- 7) El
imperio espiritual de I val res J)f'rs nat- s como 'puente' inte111.1ci n .1 8 w,
apreciadonc\ de los pueblos ¿no son, entre sí, relativas? 9) Lo relativamente
común entre ello,, 10) é Exi ten. para tod&lt;, los pueb~ ,, \'a.lores bá...,t, , .. ümiwdos por el tiempo?- 11) La .uccnsión gr:idll;).J y sus variacioncs.- 12) Re
sultados.

1) ESTAMOS, H OY, P.N EL ACTO de· buscar un encuentro entre los pul•blos.
En los tiempo!&gt; presentes, este deseo es más perceptible, pnmero, porque c-ualc¡uier ac-crramiento anterior se ha visto frustrado por causa de las últimas
guerras mundiales; ~ndo, porque se ha creado una nueva situación global por el desarrolJo ccon6mico-técnko, haciendo vecinos íntimos a los pueblos, ron el subsecuente fomento de un intercambio entre ellos que va en
constante aumento. Es de preguntarse, por ende, sí es posible un legítimo enruentro espiritual ¿ Qué quiere decir "encuentro"? El encuentro significa
un entendimiento humano mutuo que reconoce el alto \alor de cultura~ entre sí distintas, basadas en los diferentes modales de vida y de la tradición
popular, que han narido de históricas profundidades psíquicas. "El que su
pasado niega, tampoco tiene un futuro", dice Roberto Jlartmann, México.

La norma para cada manifestación de una vida espíritu-cultural ~ encuentra expre~ada en las palabras de Gocthe ("Orphische Urworte"):

" Bist ollsobald und fort und /ort gedirhn
Noch dtm Gesrtz, wonoch du ongetrrten.

ll5

�o musst du sein, dir ka,mst du nicht ent/lielm.
So sagten schon Sybillen, so Propheten;
Und kcine Zeit und kein1 Mncht zerstueckelt
Gepraegte Form, di /ebend sich entwickelt''.

gico que
disponga de un pensamiento fundamental propio. in él sería imposible cualquier coloquio existencial. Resulta por ende, la iguiente uestión primordial: ¿ de qué consiste lo ejemplar de la humanidad uropea para sentirse capaz d efectuar, básicament , un "en u ntro '?

"Según la ley que te creó, te desarrollaste
n forma constante y continua.
. .
Así tienes que ser y no puedes huír de ti m~11io ..
Los pro/etas y sibila d esto han dado testimonio.
i el tiempo ni ningún poder destrozar logran .
• ,
la forma innata qtle se evoluciona al lado de la misma vida'•
grane mprendido te a.xioma, lo remos enteramos con. claridad• de la
d ·am
deza humana y de La p si _¡ • n . pecüica d 1 pensar a Jeno, y 1 nos
J
influir por él pueden resultar rela _¡ nes f undas. Es lu o co a de cada
mostrar, a tra • d 1 dis urso, su buena voluntad d conocer lo que
uno. d
h
,
el. "aH nto' de la id logía eterog n a.
nos une para n •~r
u

Lo mismo su de e n r pcct al encuenlro d persona a pe_rsona. Tal nruentro 11
refiere a materias teóricas g nerale~ q~ .
apli n a todo. el
mund in tomar n uent.a las parti ularidades md1V1dual s --como ~o mtenl
¡ siglo de la ' iluminación" para t rminar pr !amando _I~ ~muo n
toda la ti rra. El ncuentr no qu.i re menos que llega~ a def~1c10n
n1·etas, quier solicitar la xtrema ompr nsión del uruverso, mdag~r _ade, las f
d fuerzas constru ti as.
í pu el en u ntro se limita a
mas,
uen
h
la
tan ia ioteaqu Jlos grupos qu buscan la man ra d penetrar asta
su .
rior de 1~ vida humana y que a la ez
han librado del ompl Jº_ de cr •
·
tampas ulturales a las ual pert n cernos nosotros. S1 nos hec10n y es
•
.
· h
mos de ·ntcnder mutuamente, s pr ciso saber estimar la ~resenoa umana
del prójimo y apreciar los postreros moti
e ideal . d_~l ~~º· D
te modo
trata d valor bási os y itales como condmon md1sp nsabl para
una humanidad creadora, y 110 de ideo! ías contemporáneas de
lor dudoso, rígidas, intol rantes y de prin ipios ya moldeado.•
. ..
Intentar una omprens.ión mutua bajo tales pre uncrones no s1gnif1ca, e~pero el sacrificio de la propia convicci, n, porque de esta manl ra no sena
fa tibie guardar Ja propia identidad. 1 contrario: i contemp amos a .razonabl distancia la historia d I ing nio y de la ultura, notamos que ~ rtas relaciones hwnanas paralelas pu den pro ocar, d~ de l punto de J.Sta
aj no, reacciones opu tas y de origen djstintas que sin embarg se co_~plen el resultado. de un "pro echo cspmtual
mentan, se acercan Y se fertilizan
,,
,
mutuo. Pero, para poder ofr er algo

116

n el medio d l

1

n uentro ' es o-

2) La valuaci6n europea del ingenio. Desde el punto de vista histórico,
1 hombre europeo, y el que haya emigrado de nu tro continente, descari.sa sobre los hombros del pensamiento antiguo-humanista y de la cristianidad, aunque se puede haber distanciado n algo del mismo, en contra de
su propio bien. Pero en tocio caso hemos pasado por esta escu la tradicional
que ha formado nu tra alma y que ha produ ·do el fondo categórico para
una posible comunicación humana de carácter incondicional. Hagamos resaltar lo más típico del caso, o sean: la confianza en un espíritu de ord n y
sentido fectivos, la superación de la naturaleza por constantes esfuerzos reativos, y el des ubrimiento de la dignidad individual, que ha generado el
postuJa.do de 'Human.itas' d de I años de su desarrollo histórico. o hay
duda de que tos preceptos han sido frecuent mente m nospreciados a traés de la historia uropea. Ha pasado lo contrario, distanciándonos a nosotros mism . P o un ntendimiento histórico, legítimo no registra más que
elementos fundamentales, de estru tura básica y una ética produ tiva. ólo
así
comprende al prójimo.
grie s antigu s ya reconoci ron la primacía del ingeni el ual amo don de los di
, sa
enunciar finalidad : 'El uth ria", libre e independiente, no
dej suj tar a presión ct: rior alguna. i bien hablamos del
in nio en un sentid moderno, pensamos en 1 espíritu subjetivo personal;
pero el pasado le da el s.ignilicado de «
os" -qu equ.ival al ord n interno de la estructura mundial y de todo r. Este ' logos" no
pu de, desde luego, captar de inmediato con I
ntidos; in embargo,
la
ocia de
todo. Mientras más
impone más ob rvamos una sublimaci 'n d lo . istente, ascendemo a alturas más nobl que presentan si así
no permite
decir, un co d la temidacl (Compáre a Platón Aristó I Leibnitz te..
hasta nuestros tiempos).
Los tiempos antigu s la cristianidad saben, por consigu.ient , d una realidad trasccnd ntal cuya noción se mantiene viva y se une a nu stra ustancia espiritual hasta llegar al juicio de que debemos hacer 'trascend r lo
obvio". ¿ Y te modo d pensar, no se origina quizás, en otras fuent , a
base de otros aspectos menos discursivo ?
•ijémonos, por ejemplo, en I mundo de la India: allá tocio se considera
como fuera de lo sen ual; distinguimos varias tapas de ascenso hasta la plena sublima i6n. (Moksa Brih Uphanishaden 3 4, 2. Chand. p. 8, 7-J 2).
e habla de grados o ran os, de los dioses que platican hasta y detrás de

117

�los tallos del césped. (Maitraya Up. 3, 2, Bagavadghita 5, compár. Sankara) •
O pensamos en la ideología de los Chinos, en Laot-se ( siglo VI a. C. n.) •
Para él la idea central es el Tao, el orden inmutable, lo eterno (Shang), el
"Pne~a" (Miao). Konfuzius alaba la mesura, más el orden di~rin.o. _
Admitimos, empero, que cada don grande del hombre, el del ingemo no
menos, puede presentar una cara adversa, si se convierte, de ~anera exclu~:va en "Hybris" como la llamaban los griegos antiguos. El mtelecto for~
'
,
.
mal europeo puede, visto en términos generales, transformarse en su _rmagen
contraria, si es que predomina; puede destruir el desarrollo de la vida po_r
su crítica excesiva, y puede poner en duda todos los postulados y deb~res espirituales por falta de argumentos. Cede, de esta manera, a un dinamismo activo como única realidad, un dinamismo que usurpa la razón calculadora
para fomentar sus instintos de poderío -como efectivamente sucedió. Pero
esta tendencia exclusiva representaría una degeneración del sentimiento básico europeo.
3) La superación de la naturaleza por el ingenio. El espíritu e~opeo quiere, en cambio, despertar las fuerzas esencialmente creadoras e mtelectuales
en un sentido positivo. Se distancia así, sin duda, de la naturaleza en el curso de nuestra historia. Por esto, el hombre europeo ha desarrollado un sentir dualístico más o menos pronunciado ( comp. Descartes: substantia cogitant -substantia extensa. Paralelismo psico-físico). Dicho sea que Leo Gabriel (Viena) ha tratado de vencer este sentir dualístico, dentro de lo posible, con su Lógica Integral. El hombre europeo es, así, según Nietzsche, una
"cuerda entre el cielo y la tierra", entre el ingenio y la naturaleza. Es un
estímulo esto, para cumplir mucho, para "sujetarse al mundo" como dice la
füblia; pero encierra el gran peligro de que quede estancado en la atroós_fera tenue de ideas abstractas y de una intelectualidad templada, como arriba
se ha dicho. No nos ha de extrañar, por ende, si el físico G. Ludwig díce
que no es posible hablar de contemporaneidad, porque ésta no se puede expresar en términos matemáticos. El Prof. Panikkar, de la India, llega hasta
el punto de manifestar: si los europeos persisten en tal "scientism" (cientismo), los africanos y los asiáticos verán al "europeísmo" como a un cerro lleno de horrores, poco accesible y sin vegetación alguna.
Así han nacido, sobre todo en los últimos tiempos, grandes tensiones interiores en nuestro tipo de hombre, con el afecto de que hace, frente al mundo
no ·europeo, la impresión de inestabilidad e intranquilidad -porque no confía tanto en las fuerzas naturales como el asiático. Por eso debería de i;&gt;ensar en conservar su ecuanimidad y no perder el "centro de su ser", del cual
hablan con tanta insistencia en sus obras espirituales los hombres del Asia.
Por esta razón oímos admitir en estos días con cierta frecuencia, que la de-

masía de bienes materiales y el mando del puro intelecto causan un vacío
espiritual; se habla, además, y como nunca antes, del "temor por su vida" de
nuestro hombre, de su situación "fuera de la salvación", según Heidegger.
La postura dualística y la transgresión por terrenos de la naturaleza redesde 1ue~o, la energía humana y producen formidables potencias. ¡ Con
que gusto se citaban las palabras de Goethe: ''En el principio prevalecía ]a
acción"!, cuyo dicho axiomático se entendía, desafortunadamente sólo en
un sentido unilateral -activo. La distancia a la naturaleza, y la 'actividad
q.ue ~e ella r~ul~, es condición de la dominación de la naturaleza por la
ciencia Y la tecruca modernas que nos benefician a todos. Tal ademán de
hombre fuert~, de t~das maneras, únicamente resulta productivo por tiempo
prolongado, s1 _no ~1erde la dirección, y se deja guiar por el espíritu de la
verdad y su pnmac1a que encierra todos los alcances humanos.

tan:

4) El individuo y la libertad. Sigue, pues, la idea principal del sentir eur~peo. Se trata de la acentuación, históricamente desplegada, del ualor proft~ personal, que presupone la libertad y que empezó a desarrollarse en la
últuna fase de la antigüedad. Este elemento personal ya se encuentra en los
preceptos de Séneca (mur. en el año 65), quien se basa en la toa anterior
Y lo acondiciona para la Unitas Generis Humani. Los hombres están unido;
entre sí tanto por 1a naturaleza como por el e.spíritu, porque vive en nosotros un "espíritu santo" (sacer inter nos spiritus sedet; Ep. 41, 2. 71, 19. ) .
Por esta causa. todos somos similares (símiles; de leg. I, 28 y sig.), nacidos
para_ la comurudad (in comuni nati sumus; Ep. 95, 52 y sig.). Esta circunstan~ia -~epresenta una obligación ética-personal, religiosamente fundada, la
obligac1on de ofrecer nuestro amor, nuestra amistad a todo el mundo, y
cu~o de_b~r. recuerda a los postulados de la vida cristiana que poco después
se, 1ban llllciando (Ep: 3, 2 de ben. VII, 12, 2. philanthropia Ep. 73,, 7 y sig.) .
Seneca, se puede decir, ya tuvo presente la imagen del "ciudadano del mund"
o , d e una_ " ma~a et vere res pública" (De otio 4, l. De ira II, 31 6) .
De lo amba dicho podemos deducir lo siguiente: El ser hwnano se manifiesta a través del impulso por el sentido espiritual y en su habilidad de
poseer libertad, interna y externamente. Por esta razón se le debe conceder
un alto grado de _independencia siempre que no abuse de ella: Le corresponde un valor propio que no se le puede ni se le debe quitar. No es admisible,
~or ende, y según Kant . aprovecharse de él como medio para fines ajenos,
smo es un postulado social respetar su soberanía. Aunque esta formulaciÓJl
del valor personal no tenga una aceptación idéntica fuera de los países europeos, el mismo sentido sí prevalece en otras partes, como me pude dar
cuenta p.e. en el Japón, donde se aceptan estos conceptos. Y es precisamente esa existencia personal, que al hombre europeo le pennite el acceso pro119

118

�.
d . .os culturales como son los del arte, de la
Eundizado a los esenciales o ~ L, .
te Dios es visto ---en el muntu
ética
y
relig1on
ogicamen
l' d
l.
d
poesía, e itera ra,
.
.
trasc dentalmente más al a e
do cristiano--, como creador santo y acti~o~n té:mos generales, el motivo
toda ima.¡:,oinación huma?:· Se ohserv: as ~uJtural asiática, donde "el Dios"
dualístico, en comparacton con la es era
,
1 misma naturaleza.
tiene sus ra1ces en ª
b. predomina opuesto al
. (IV · l
C n ) en cam 10,
En la Bhagavatgh1ta
. sig o a. . . ,d
ersona como ser absoluto
. .
ankh
soberano del mun o en p
,
'
.
Ja1msmo S
ya -un .
uien se le venera como el Subhque incorpora todo el uruverso ( 14), y ~ q d d bondad y santidad" ( 6, 7,
me" (Bhagavant)' como el Eterno en ver a,' ·t . creado máximo por el
s ll ga a_"este •espm
u m
,
'
10. Isvara Cvet. Up. 6, 8 )· e e
,,
"la sabiduría" (Jnana)
k . 8 22) por el "empeno acuvo ' por
amor" (Bha ti ,
,
,1 .
la , bondad bondadosa" ( 10,
y ''la perfección" (3~ 19 y sig., 18, 2~) ; e dv1vle en d d con la espada del sa"
l d d
e proviene e a nece a ,
36) . Pero corte a u ad q~ "El af' la ira y la codicia son las puertas que
ber" (4, 42; ~d. Schroe er_~ d" (l;\ 1 y sig.). A pesar de los motivos perabren el cammo a la obscun a
'
der que en el mundo asiático
sonales en la Bhagavadgbita deb~mosd com~ren
se relacionan entre sí con
rsona el Ego --en el sentido e egoJSJllo-r eurola pe . y
.
. debidamente, aunque la manera de pensa
.,
frecuenc.i.a, y no siempre m
, isma a través de la abnegac1on,
pea sugiere, que la per~~na. ~ ac:rca a s1 m
sin ser idéntica con el md1viduo .
1
.
mas' alta culmma en Dios,
pea o-oza de a estuna
,
d. . ,
Lo que en la tra ic10n euro . . o . bl El mundo es Su reflejo, Su vesdistancia lilllDagma c.
fu
aunque era
. ' (Aug· Tom)
. • a )unas •· ·tano. def"1c1ens
· · Pero la elevada vatigio ( vestigium , u mu
b todo por el becho que el
bu.mana se expresa so re
la
}oración de
persona
.
santificar el sufrir. 1
hombre fue digno de los sufrim~entosddel D1;~:po~a de Platón, un "destino
ser índividual le corresponde, as1, d s e os

etem~'' ( como ~ce_ Fi~=~ tendencias, pero domina históricamente, con
EX1Sten, l~º.r Cie1 to, .
delineado. Si estudiamos los tiempos presentes,
toda probabilidad, lo amb~
. .
f d d también en la historia,
. d d un distanciamiento, un a o
observamos sm_ . u a
' . En vista del profundo apar~ento del homde la senda religioso-metafIS1ca.
.
.
duce un aislamiento índivit
leza esta distancia pro
d l
bre europeo e a na :ura
'
.
ropeo es un hombre que
,
ciado Vunos que e1 eu
dual un tanto mas pronun
.
d
. ·t al y su energía únicamente
.
p"0 su vol unta esp1n u
quiere realizar su ser pro l ,
.
encierran el peligro de un
dentro de límites relativos, los cuales, en cambio, . que nos unamos con la
individualismo exagerado. Pero el pre.sen~ ~o~exi:: sin embargo, sólo veri. d
. l E te nuestro deseo mas ID o '
.
comuruda socia. s ,
al"d d individual con sus derechos lllficable s1 conservamos nuestra person I a

120

violables. Por esto citamos a Schleiermacher : "Formación con rumbo a la
sociedad, para formar, a la vez, la personalidad".
5) Humanitas. Sobresale, por último, una circunstancia esencial, o sea el
cuidado por la ''Hu.manitas", el "anima naturaliter humana" como deber intr'mseco de la existencia personal. Séneca, a quien arriba citamos (de ben.
IV, 18, 2f), ya habló de la "dignitas hominis"; respetamos sus ideas. Terencio formuJó la sentencia generalmente conocida: "Homo sum, humani nihil
a me alienum puto". Esta sentencia presupone el amor al individuo. Pero antes es preciso admitir que no hemos cumplido del todo este1postulado fundamental ni nosotros ni los demás en este mundo -en los últimos años ni
en tiempos presentes. Este hecho reclama un examen de nosotros mismos:
la ''Humanitas" estaba ligada, históricamente, con el humanismo europeo
que exige una formación espiritual del hombre en el sentido de un compromiso moral, y de una vereda que conduce a la actividad productiva. La idea
original era, que todos los hombres fueran hermanos, a través del ingenio,
del "logos". Debemos fomentar una tolerancia mutua y el respeto a la convicción ajena, sabiendo, que todo hombre lucha con su propio ser. El amor
a personas y valores heterogéneos -tan frecuentemente olvidado--, que no
se limita a promover el bienestar material, sino que llega hasta las entrañas
íntimas del hombre (Scheler), se elevó, históricamente, al cariño bendito
hacia el prójimo, a través de la "Caritas".
Vemos, así, confirmada la idea de Aristóteles, que el hombre está predestinado, por la misma naturaleza, a vivir en comunidad (Polit. I, 2, 1253 a 1),
y precisamente esta exigencia debería de acondicionar al europeo, para que
busque un encuento con los pueblos de otras culturas, a raíz del ánimo de
tolerancia y comprensión.
Los fundamentos ejemplares de la humanidad europea representan, consecuentemente, y con respecto a sus ideales, la fe en un espíritu libertador e
ingenioso que sí se distancia -a veces demasiado- de la naturaleza, pero
que utiliza las fuerzas de la misma, en bien del hombre, por su nergía. No
nos podemos referir, sin embargo, al ser humano en un sentido realmente
válido, si no se cultiva, a la vez, este valor intrínseco personal que se abre al
"horno vere humanus" con manifiesto afecto.
6) Caminos al "Encuentro": La Técnica. Después de habernos examinado concienzuda.mente con respecto a cómo se debe proceder, daremos un
paso más, preguntándonos, cómo se podrá realizar, bajo los auspicios delineados, el citado encuentro. En un p~rincipio dijimos que el encuentro sólo
se verificaría, si nos amoldamos al pensamiento ajeno. Ahora vemos que la
técnica sola, en 'escala grande" (Holzamer), no lo logrará. Al contrario: es
121

�. ·tual s de otros pu i&gt;los y ultuindispensable permitir, que los valores espm be preguntar si aqu 11 s van . sobre• lo nu tan
tros.
'
.
ras produzcan su re CJO
relativo que s on eniente ignolor no son enteramente desiguales, y b l s rasgos comunc coro se prerarlos. ¿O rá posible concentramos so1:e : contacto así pued conv ncer,
sentan n un ontacto oncreto p ~na .
. . que tenga 1 c.ará t r indeman humarutano
ifi
siempre qu se man ieste un a
. , n individual. eremo en. d d tal man ra una qJre510
condicional ien o, e
'
l
) modo de pensar uropeo
tr aspe los qu reca can e
l
seguida cómo os cua o
. , H
·tas) pued n facilitar nuestro
'
(Ingenio, atural eza, P ersonalidad ' umaru
cuentro.

,
compara ión con
idad Liene mucho en omun, en
.
Por la técruca, la uman
ahbana ( falaysia) ya habla de una c1los tiempos pasados, y el Prof. . lSJ
, d talladamcnte ta opinión eexammand mas e
d. l p
vilizatión mu11 ,a . ero .
la . ta se relaciona, sobr todo
n
,
cuanto salta a
V1
'
,
1
mos que lo comun, en
.
exacto y ademas con a
.
, .
grand s y su mecanlSlllo
'
.
las conqwstas tecrucas
,
·1 ·,n dar! demasiada importan ia a
.
, .
na una l u io
I b
ooperao6n economica.
d
demás n uenta a o ra
te hecho, para un encu ntro humano, tom~ o, an los
cl de
••
S h .. ck - al mán que VJV
d I sociólogo H lmut e o
T , d la oe1·edad' 1966). rhock
«
·di " (' Una eoria e
ha tiempo- sobre la enVI
de una
, • - y n geneia¡ hn.-n'&gt;no-........ ~,
ha analizado este fenómeno psi• o 1ogico

,

.

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lif , ti' y sorpr ndente.
manera po ace ca
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tacto más fá iles soás
chico
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on
ah
El mundo ora
m
'
• •, tran miten una abunda&amp;
l radio omo la te 1evmon
bre todo, porque tanto a
• das part
demás tenemos el ons.
•
·d' ti
nt a .o
·
cía de oncntac1ones 1 n cam
, .
base para domar la natul be f' ·co-matematico como
tante progreso d e , ~ d ISl ·enta ión mundial científica uyo éxito
de
ra] za,
sea la as1
a
n
d clmirarse la gacida&lt;l del int lecto
a
..1:r• ·¡
tod os los pueblo . Es
ch
pro\lc o para
.
ara.roo en este punto,
uu1c1 que
qu ha sabido rear esto. Pero si no. p . 1 M di uenta de ello en ocatacto humano ex1st n ia •
••
pueda haber un con
. de lo "Easl-\
t-Philosophers" n l 1 au
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tido humano y , to nos lle a a una
piritual para poder ofre er algo n un seo
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122

po tura ullural e individualmente mora1, aunque ésta no t nga u fuodament
en un saber innegabl de carácter exa to.
Parece raro pero
wi hecho que 1 conta to no se origina n la uniformidad sino en las cüv
ias d las dif rent
ulturas. iendo así tenem · qu
ac r esfuerzos para llegar a una región de nu tra vida piritual muy di tinta,
de más importan ia. e ·taro penetrar hasta nu tro deber humanitario- oia1 y Ja interpretación del mundo en un ntido extremo. ólo estos concepto
pu den formar decisivam nt , al hombre para serle posible con ersar de una
manera legítimamen bilateral. Por mi parte, saqué 1a onse uen ia que l 'encuentro" .requiere más que un in rcambio d pUllones que se upan primariamente, del progreso técnico ientüico -de por sí sin duda m rilorio- y
cuya meta principal es e1 bienestar material, y no la esencia de la vida.
7) El imperio espiritual de los valor s personales como puente'' internacional entre los pueblos. Llegamo , así al tema central de nuestro ensayo. wsiera expresar que el encuentro personal se relaciona con algo ' primordial" ----&lt;omo su I d cirse en 1 seno del hombre; se trasmite, aba de aquella alua ión
ética-espiritual que no· ata íntimarn nte a la sustancia humana del prójimo.
Ha transparente nu tro ntir fundamental re clando de sta manera el
deseo más profundo iDJlato de compr nd r nu stro ser y el concepto d la
vida. os acercamos a í a mó iles últimos, o.1:remo, que fr uentem nte no
U gan ni a nuestro onocimiento. menudo deri an de una tradición larga,
para el incü iduo como para la omunidad espíritu-cultural; nada tan original como una tracli ión l gítima. Esto nunca debe ol idar si no queremos
ponernos a interpretacione rróueas. on una palabra: se trata de aprecia ·on personales básicas on las cuales nosotros, lo se
human
no acercamos a la vida n nucs
juicios y razonami nto . El mundo da vu lta n torno de la reación de valores, da sus vueltas sil ncio arn nte, para citar, en
alg , a i t7.sche. Íine los valores que confiesas reconocer d sde el fondo de
tu alma, y te diré quién er •

iguen llos manifestándo
n todo lo qu aspiramos ya sea por parte de
nosotro mismo o por parte de lo demás. ¿Los contrast
n el mundo de
ho} n se determinan por l aprecio ariado que aplicamos al hombre a ;u
p ona y a los d rechos que le corresponden? tra pr nta: ¿Lo alores
humanitarios, no ngloban I pret n ion de todos los hombr , aunque 1
r sum n d su historia resp ctiva haya ido muy dif r nte? Dicho sea por
ahora, que tales valuaciones han gen rad importantes Íinpulso , n todos los
tiempos y n todas las ulturas, Íinpulso no siemp1
x lusi os, ni tampoco
parejos -en algunas ulturas primfüvas con ci rto retrasos e impedim otos-· que han caracterizado la meta primordial de
períod · y que e tán
radicadas en la comprensión d 1 propio ser. Es un hecho históri 'O in ont •

123

�table, que nuestra responsabilidad ética ni puede negar, ni desatender ligeramente por creerlo relativo o accidental y, por ende, sin importancia. Al contrario, es un punto de primer orden de que se ocupa todo hombre previsor.
Afecta lo que conmueve al ser humano· no se deja privar de él. Por eso
somos partidarios de un movimiento espiritual --donde quiera que exista- ,
siempre que su fin inmanente pueda procurar riquezas morales y que abarque dimensiones de consideración.
Estos fines o metas de valor psíquico pueden tener, sin embargo, un carácter material, pueden tener su mira fijada en pro echo físico, en el poder o
en las ganas de sentirse poderoso. Pero esto no nos aflige en lo más mín.i.mo,
tratándose de una comprensión mutua. Lo que nos interesa --como se ha
dicho- es la pregunta por el sentido esencial de la vida, por lo que define
nuestra existencia misma. Bajo este aspecto sí es posible una comunicación
existencial (Jaspers), 1a que genera el deseo de cooperar. No se trata de teorías abstractas, sino de logros reales, concretos, de una productividad creadora en que se manifiesta un ideal. Bien puede ser herencia de días pasados,
pero que su espíritu esté vivo todavía. ¿ Qué especie de ser humano, preguntamos, justifica nuestro esfuerzo? ¿ Cuáles son los eventos y móviles principales que identifican a los distintos pueblos y sus culturas? Si encontramos la
contestación, entonces es factible el referido "encuentro". Formulemos, pues,
el siguiente argumento: el verdadero encuentro necesita de apreciaciones personales mutuas y bien definidas.
8) ¿Las apreciaciones de los pueblos, no son, entre sí, relativas? Si fuera
así, no valdría la pena intentar la comprensión de la mente ajena bajo el
aspecto de un encuentro. ¿ o sería mejor excluir tal experimento y concentramos sobre lo que tenemos de común en 1a vida real y sus condiciones
económicas? Seguramente sería más fácil y más eficiente. ¿ Y no sería, en este
caso, más conveniente hablar de una "unión de intereses"?
En estos ellas se ha comentado mucho sobre lo relativo de toda valuación.
Morris (Chicago) , entre otros, ha hecho referencia a la diferencia entre las
apreciaciones concretas del Asia y ]as del mundo americano-europeo. Margret Mead señala los grandes contrastes - bastante irracionales-- que se
manifiestan comparando entre sí los pueblos primitivos. ¿ Puede haber, en
este caso, alguna comunicación? Preguntas así han desempeñado un papel
importante en el "Historismo Filosófico". Han sido disertadas en cuanto
a la esfera cultural de Alemania, por W. Dilthey (murió en 1911) -en su
"Método de Ciencias Intelectuales"- y por E. Troeltsch (murió en 1923).
Pero, aparte de ello, nos han enseñado algo más, que nos servirá para llegar
más allá, o sea la convicción de que solamente podemos "comprender" la
diferencia entre culturas pasadas y presentes si aprendemos entenderlas con
124

W1 '}'interés sentimental", enterándonos de su origen y hortz0· t
. b
car a manera de im
.
n e, sm us.
poner nuestras prop1as presunciones Debe
abnmos a las "experiencias intr'msecas" de1 pueblo aJeno.
.
.
mos, pues,
Troeltscb expresa, además, la opinión ue cad ,
sentan una "totalidad del sentir'' 1a
q
a epoca y s~ cultura repreaislado H
'
cual comprende también el individuo
. emos progresado en algo si 1
"
"
"totalidad" ·
·
•
ogramos encontrar , dentro de esa
' ciertas situaciones que nos coro lacen
.
por no ser enteramente fortuitas o relab.
PD , , que se nos comurucan
·
,
vas. e otra manera re lta ,
mteres meramente profesional El
su na un
ciertas ideas se arranquen de. s errnfio~ que ~ comete en tales casos, es que
u co gurac1on cultural
' · lad
parezcan extrañas incomprens·b1
h
.
Y, as1 a!S as, nos
1 ,,es Y asta contranas
'
·
Pero revelan posiblemen
. .
a un aprecio sensato.
de la VI.d " ' ,
te, un entendimiento dentro de la "totalidad ética
a , as1 como
sea d I alm
. .todo se ha de comprender en tomo de la totalidad
e
a, movida mternamente por los t'
, ya
ta por un individuo e t - N
. i~pos, o por una cultura, y hasx rano. unca ha eXISbdo creem
·
ral que haya presentado -vista
. ,
os, una urudad cultuen s~ totalidad- un cuadro negativo
p
arece
. notable esto' porque presupone que existen ciertas reglas hum·

no ~u3etas a los tiempos. Después se hablará de ello D t d
od anas~
llegasemos
¡ d be
· e o os m os· s.t
.
. a negar o, e mos ser consecuentes. Obrand d b
f
.
qwera nene el derecho de excusarse de todo d
o. e ~ena e, cualporque este deber estaría basado e 1 ,
olor normativo e mcondicionaJ;
,
xc us1vamente en J hi t ·
dr'
racter accidental relativo
.t
b'
a s ona, ten ia ca'
Y SUJe O a cam 1Os en el f turO
,
convencional ¿ Soy progresivo --o no lo so _
.
u
; sena meramente
quizás por razones prácticas? La "casualiaid"' s1 ,ºº me atengo a este deber,
otra situación -como súbdito de . rta
. , es a q~e me coloca en una u
ae
nac1on por eJempl
h
una cosa, mañana otra Ya h
.
que oy ordena
·
emos VJSto ta1es
d· ·
pos. Lo mismo se podr' d .
con !Clones en nuestros tiem1a ecrr, entonces, del desprecio ho
dí
valores humanitarios impos'bilit' d
,
Y en a, de los
base de ley y derecho.
1 an onos a oponernos contra tal situación a

°,

Resumamos, pues, nuestros argumentos e ideas. no b ta
tro legítim limita
a1
·
as , para un encuen.
o,
rse
provecho material; lo importante sólo
..
s1 se logra una disposición personal (existencial) dentro de val:acZ:anif1~ta
manas. Pero no debemos cometer el error de aislar d
h
~ nes u.
d
e su co erenaa valua
nuentos e otros pueblos por la razón de que no
.
. '
ca penetraríamos en I
s sean mcomprens1bles. Nun'
ta caso, hasta los fundamentos de la pos· . ,
.
base de w1 encuentro real es· averiguar lo q
ic1on a3ena. La
·
ue no es netamente relativo.
9) La comunidad relativa. Se ha hablado d 1 his .
. , .
cuente s , 1
.
e
tonsmo filosof1co conse' egun e cual todo es relativo y pierde, por ende I
b 1
,
puede ser así? El hecho es evidente. Lo
'. ~ ~ so uto. ¿ Como
.
s conceptos histonco-culturales no
125

�se pueden explicar -a priori- en forma general sól~ ?°r la. ~n; eso lo
demuestra nuestra reciente comprensión del orden g nenco-espmtual. Se trata pues de nociones ideo-gráficas, y d ciertos evento opiniones e int rpretaciones de origen histórico. Tales nociones no se dejan compr~ _en unagenes de categoría general, ni menos deri ars de ellas. Por const~ente todo resultaría accidental; pero esta manera de pensar no es compatible con
la realidad.
Con toda intención me he referido a la cuestión de valoraciones; porque el
interés por lo ajeno, por los pueblos y culturas extraños, siempre ll~a a ste
dominio. Es osa muy diferente hablar -en 1 sentido arriba mencionadode una especie de " lógica del ser''; confrontamos la argumentación lógica ~eneral con un hecho único, práctico, que está fuera del alcance de ella. Tratándose de alores, en cambio, debemos calificar primariamente lo cxclusi o del
evento y del pensar concretos. Esto
lo esencial, en comparación con la _presentación de legalismos a raíz de las ciencias naturales. o paramos aqu1 : el
mencionado "evento" no es otra cosa que el significado de un sentir general
"sobre-individual" de alor -ya sea positivo o negativo-- en dos direccione :
p r un lado, la cristalización de una valuación derivada ~e la totalidad (v ~
arriba la "totalidad del sentir") ; por el otro, una sustancia y un postulado mtr'msecos que representan Wl mandamiento infinito, como son la dignidad de
Ja persona y la observación de exigencias humanitari~: Una _si~ple cadena de
datos históricos, en cambio, nunca conduce a una rev1SJón ob1etiva y a la reacción correspondiente.
. ,
.
No debemos, empero, cometer el error -juzgando qwzas con demasiada
agudei-.a- de acentuar únicamente los datos históricos, entre sí adversos, en
lugar de indagar lo que podamos tener en común y que pueda ~s~ a pesar
de "marcas divergentes", pero no siempre radicalmente contradictonas.
En este contexto es conveniente referirnos nue aro nte a la onferencia de
Filósofos (Philosophers Conference) y poner en relieve que el coloquio no obtuvo una base real hasta que se había llegado a hablar sobre ciertos valores como p.e. la lealtad, la confianza, lo g nuino, la disposición para auxiliar, la sublimación estética y su manera de expresarse, la religión y el respeto humano
ante las realidades de la vida, que, como la mu rte, nos conmueven a todos. Estos fenómenos todos los tenemos en común~ aunque tengan un distinto colorido
0 matiz. Pero no son completamente relativos. Se puede hablar de un relativismo relativo.
10) i Existen, para todos los pueblos, valores básicos, no limitados por el
tiempo? ¿ Qué se puede hacer para 'desenterrar'' lo que común tenemos y que
se encuentra 'sepultado"? Es mi opinión que algo positivamente humano debe
abrirse paso en los concepto ajenos, los de otros pueblos y sus crea iones; se

126

pone de manifiesto esto en Jas discusiones recíprocas, si ambas partes las saben
estimar Y apreciar. o se trata, en estos casos de teorías, sino de relaciones
concretas y sus modos de cumpli.uúento que han tenido raíces en un ambiente
vital _d_is?°to con sus modalidade,5 espe íficas. Para explicarme mejor, se me
penmtira hablar de una experiencia personal: En Ja primavera de 1964 tuvieron, para conmigo, la gentileza de convidarme a una conferencia del Pakistán
Philosophical ongress en Peshawar (Montañas de Hímalaya), cuyos participantes pertenecían principalmente al Moham.medanismo. e me recibió a mí
como único uropeo con atención y cierta resezva. e me consideró a mí en ~
principio con toda probabilidad como un a teísta más o menos convencido. p ro cuando empecé a hablar, siguiendo mi propias con iccíones, de las dilerent . . feras de ,:valores', del " thetic sphere", "ethical and highest sphere
of ligious alues , hubo, de r pente, contacto y r sultó una franqueza amplia
por parte de todos. Habíamos llegado a un territorio de intereses que t~nía n
común la mayoría de los presentes. Desde luego hubiera sido posible que entraran otros puntos de orden vital, cuestiones sociales, consideraciones artísticas
postulados humanitatios o problemas de la existencia individual que se relacio~
n_an con la vida inte~a personal. Me pude enterar, sin duda alguna, que prec~ente estas matenas encontraron una profunda resonancia, tanto en la India como las Am 'ricas d I orte y del Sur.
. También podemos citar un jemplo de tiempos,, lejanos, palabras del Tao-tekmg de Laotse (siglo VI. a. C. n.). (Trad. p. Ular Bode y ilhelm): • El
'hombre superior' es la garantía del orden ( 15) . El orden eterno genera e1
sentido, y el sentir nos redime del Yo ( 16). La comurúdad necesita del hombre
superio_r que se sacrifica por ella (39). ompe.osa la in justicia con la justi ia
da el bien por el mal -porque el camino recto de la bondad es : ser bondadoso
on los hombres buenos y también con los que no lo son (49). Maldito sea en
cambio, el hombre 'grande' del mundo material, el hombre que ha formad~ su
orden propio, cegado por la codicia y sus ilusione irresponsables". En estos casos no se necesitan mayores explicaciones para poder sentir lo que tenemos en
común aún en nuesn;os días, y aunque no venga de otros horizontes.
Hay aparentemente mucho que a todos nos importa, y mientras más categórico, y de más valor, el tema, más se acerca a nuestra propia existencia.
¿ ómo se e rplica esto? i hago resaltar algo que todos en común ten mos
¿no equivale al hacer a un lado al individuo y su fondo espíritu-cultural? ¿ ~
es que todo vuelve a ser relativo nuevamente? Al contrario: Pero resulta necesaria una breve explicación de lo qu(' se experimenta los "valores" y su íntima sustancia. García Máynez (México) ha formulado el siguiente pre epto: "Hay un fondo omún en todas convicciones y en todo sentimiento con
respecto a los valores". Aldrich (EE. UU.) habló -en Hawaü (1959)- de

127

�Ja "estructura común del hombre" (structure of man). Se puede, entonces,
hablar de valores fundamentales comunes, que no están vinculados con alguna época y que siguen siendo, de hecho, comunes -a pesar de cambios
históricos-- en sus varias manifestaciones, eomo arriba se explicó. Forman
la base de upa comprensión mutua genuina, sin la cual no habría el contacto
deseado.
El ' 1valor" es, no cabe duda, algo que se relaciona con la vida misma, algo que llena la vida, que le da sentido y mérito, a pesar de los sufrimientos
a que nos sujeta. Por esto lo apreciamos y lo buscamos. En todos los tiempos
ha predominado este modo de sentir. Yo mismo lo noto si me lo encuentro
concretamente. Todos, sin excepción, experimentan10s esta sensación, desde
nuestra juventud; sea que se nos haya tratado con justicia, sea que hayamos
encontrado comprensión ética y solicitud sentimental, o sea que se nos haya
abierto una gran obra de literatura y arte. La historia del ingenio siempre ha buscado la manera de identificar tales impresiones con conceptos como el de la justicia, del amor, de la belleza, etc., aunque estas ideas dependan de diferentes expresiones idiomáticas y del fondo cultural Se trata, aparentemente, de un sentido calificativo que representa al menos una disposición, si no un deber absoluto de cumplimiento real.
11) La ascensión gradual y sus variedades. Además existe un punto, para nosotros muy importante. La misma tendencia a fijar valores se puede
realizar en diferentes etapas; es capaz de un aumento calitativo: Se puede
prestar ayuda en pequeña escala; pero también es posible sacrificarse hasta
un grado máximo, con peligro de la propia vida, salvando a alguien de ahogarse, por ejemplo, o -como vimos en la última guerra- sacando a una
persona de una casa en llamas. Estos casos tienen su valor aunque no hayan tenido éxito. Así, el valor personal se puede realizar en varias formas,
estando fundado en el -individuo y no en la generalidad. No existe, de esta
manEtra, un aspecto suficientemente profundo _para 1&gt;0ndear plenamente el
"volumen" del valor individual, por cuya razón me gustaría hablar, en estos
casos, de una "dimensión de hondura". Es, desde luego, un punto de vista
que no se puede aplicar cuando se trata de asuntos materiales, de dimensiones funcionales o de legalismos. Si el botánico, por ejemplo, habla de las diferentes categorías de las plantas, y Jas cataloguiza, no por eso se forma un tema de índole general.
Para el fenómeno valorizante. es, por éhde, de carácter decisivo, qué forma individual ha encontrado el valor básico general --en nuestro caso entre
los diferentes pueblos. A rá!Z de tales valores reales -en sí ya ratificados-hablamos de ellos, como hablamos de los idiomas en general que individualmente se manifiestan en diferentes categorías. También es posible, tomando

en cuenta estas clasificaciones, hablar de diversas "dimensiones de altura"
., ' : los val ores b asades en el caracter,
'
º. " elevacion
y las creaciones espirituales
tJ.enen otro rango que los valores materiales y utilitarios.
Es ~e importancia es~- para nuestro tema; porque se presenta la pregunta -siempre que se erihque lo anterior-, si podemos hablar de lo común
dentro del encuentro de hombre a hombre y de pueblo a pueblo, midiendo
los varios grados y "dimensiones de hondura". Estos motivos, observándolos. nos afectan~ porque cada Tatificació.n lleva su propio matiz. Por eso podemos hablar de una "planicie de variedades" de los valores humanos rea1.iz.ados, en comparación con los modos de valoración que presentan las cuJturas Y épocas histórica.5. Pensemos, no más, en los diferentes aspectos que
ha adquirido nuestra imagen de Dios - básicamente idéntica en todas partes-: sea q~e se concentre en la idea de un amor perSonalizado, de un poder voluntanoso o de una espiritualidad pura; sea que se divise en ella una
trascendencia sublime o una actividad creadora del "concursus divinus" en
la naturaleza. Repito el ejemplo arriba citado que realza cómo el valor
humano ~e~eral del amor se ha manifestado en el "Eros", en el "Agape''
de la anhguedad, en el amor humanitario y social, y en sus varias «dimensiones de profundidad". En los Upanishades también se habla dentro de
un marco histórico espiritual distinto, del sumo valor de la perf~cción y entereza, del amor, de la libertad, del Yo -que se identifica con 'being,, "consciousness - bliss (sat cit y ananda) y absolute love" (Kath. Up. II, 2, l. 3,
12. Shadangya Up. 6, 8~ 7, 15, 8, 7. Brih. Up. 1, 4, 10 y otros).
Es co,nveniente mencionar, sin embargo, que pueden existir, aparte de Jo
común fuera de las culturas, matices de valor muy diferentes en los rasgos
básicos humanos, matices de los cuales no cabe tratar ampliamente en estas
líneas. Pensemos, por ejemplo, en la valoración europea de lo individual y
personal, comparándola con su prestigio en el Hinduismo y Budismo -según afirma · Goichi Miyake (Japón). No importa que íshida baya encontrado alguna semejanza en su teoría de la superación de la vanidad a través
de la autodeterminación de la eternidad hasta llegar a la historia contemp~ránea · o que Sulmzi reconozca, ante la eternidad (Samara- irvana) , la
afll1Ilación o la negación de la vida. Debemos "preg1.1Dtar" -dice este último- "por el sentido de los v.arios símbolos; sólo así estaremos en condiciones de perforar el velo" (The East and the Western Way, 1957).
Es preciso, ciertamente, anotar que algunos valores básicos humanos no penetraron, en una u otra época, hasta la superficie; que estaban "sepultados";
que ha existido, según dice Scheler, una especie de "ceguera" o "error" coa
respecto a aquéllos. Pero no nos corresponde reflexionai; en estos términos

129
128
H

�si no nos identificamos aprobando los valores humanos generales "sobre-temporales'' (eternos) -aunque existan, repetimos, grandes variedades históricas.
12) Resultados. Es imprescindible lo arriba dicho, si anhelamos un entendimiento mutuo entre los pueblos· si averiguamos lo que mutuamente nos
interesa, y si nos preguntamos qué profundidad y cualidad han cobrado nuestros valores humanos dentro de los límites espirituales hasta ahora desconocidos. Tenemos que "ajustar" nuestra vista para divisar lo absoluto en medio
de visiones fugaces, y para percibir qué motivos de valor se hallan en los diversos dominios culturales y manifestaciones históricas. Se puede, desde luego,
oponer que la ciencia exacta no es capaz de comprobar estos fenómenos sino
únicamente, de registrarlos; depende de las condiciones que presentamos a la
ciencia y sus formas de investigación. icolai Hartrnann ha aclarado, con todo
acierto, que no es posible aplicar al ambiente espiritual los conocimientos relativos a la naturaleza orgánica y anorgánica. Se trata, en aquel caso, de luces espirituales, de experiencias intrínsecas genuinas que están sttjetas al criterio de la responsabilidad científica y que necesitan de su justificación por
análisis fenomenológicos para evitarnos una decepción de nosotros mismos.

naturaleza, 1a independencia de la personalidad y lo "Humanum" en todas
partes, en todo el mlllldo.
Nuestra meta no es la uniformidad. La variedad inmensa de las diferentes culturas populares debe presentarse como un símbolo fértil, tal como Jo
vemo~ en una galería de arte con cuadros de muy distinta expresi6n y calidad S1empre que se trate de testimonios legítimamente genuinos. De esta manera lograremos nuestro «encuentro" y desenterraremos lo que, clandestinamente, tenemos en común.

Traducido por el SR.

ERNESTO JAFFE

Si pasamos por alto las valoraciones constructivas -históricamente tan importan tes-, porque no se dejan definir por las ciencias exactas, entonces se
desvan~ce el entendimiento entre pueblos y hombres. Necesitamos controlarlas
espiritual¡:nente. Para esto es indispensable seguir, en lo esencial, las mismas
sendas ( según Dilthey) y convencernos de nuestra propia conformidad. Así
preparados, debemos presentarnos ante 1os representantes de los demás pueblos, dispuestos, a la ez, a la tolerancia dentro de los valores básicos, y al
reconocimiento de la libertad espiritual ajena. La ínisma ética nos obliga a
tal actitud. Es preciso hacer un resumen breve de lo que hemos dicho.
Se ha explicado que el "encuentro" sólo es factible si reconocemos las
distintas manifestaciones de los valores básicos humanos en zonas culturales
ajenas. Nuestra posición, con respecto a esta aclaración, sólo se justifica, si
se da a dichos alcances y metas un carácter incondicional; si algo "sobretemporal" se abre una brecha en el dominio temporal. Está, en este caso,
respaldado por síntomas que se relacionan con la más íntima existencia humana y en los cuales se manifiesta el Yo ajeno. Una tentativa de esta índole
nos obliga al respeto y al interés por los demás pueblos, porque se trata, con
inequívoca necesidad, de ]os deseos de ellos y de sus impulsos ocultos. Si logramos verificar tales intenciones, la ~usión será fecunda y nos dará la
oportunidad de comunicar algunas de nuestras ideas existenciales europeas.
Descubriremos, a la vez, que se resucitan, de este modo, nuestros propios
anhelos, como son: el desarrollo del espíritu a raíz del conocimiento de la

130

131

�EL NIRVANA COMO ESTADO INCONSCIENTE

DR.

ISMAEL Q UILES

Universidad del Salvador

centro de la Filosofía Budista, es reconocido por
todos; es elemental en la doctrina y en la vida del Budismo.

QUE EL NIRVANA SEA EL

Evidentemente, la interpretación del Nirvana, afecta al esquema total del
Budismo. De ahí la importancia definitiva que adquiere la concepción del
Nirvana como clave de bóveda, determinante en las diversas interpretaciones del Budismo.
Pero, tal vez haya pocos términos dentro de la doctrina budista, cuya interpretación alcance una gama tan variada, tan contradictoria de puntos de
vista. Desde el irvana como eterna felicidad personal, hasta el NJIVana
como extinción absoluta. Vamos a considerar una ~ las que han tenido un
buen número de autorizados intérpretes: el Nirvana como estado inconsciente.
La doctrina budista del no-yo y la frecuencia con que los libros sagrados
hablan d@l irvana como "extinción", debía Uevar también, por cierta gravitación lógica, a la teoría del Nirvana como arrulación definitiva de la conciencia. A la muerte de Buda se pronunció aquella célebre estancia: ''Como
la extinción de una llama, así fue liberada su mente...".1 La mente se apaga
como se apagan las llamas, como se apaga la luz al extinguirse la llama. Esta
idea se halla tan extendida y asimilada en el budismo de 1 los suttras que la
Vallée-Poussin ha podido escribir: "no existe la menor duda de que la interpretación nihilista del budismo, la negación de un alma, la negación de la supervivencia del santo es la doctrina directriz de los Pita.kas (las antiguas escrituras) así como de la escolástica medieval del norte de la India (Madyamaka)".2
• Damos, pues, a los términos su estricta significación etimol6gica, admitida también poJ" algunos psicólogos y _psicoanalistas.
1 Esta sería la diferencia esencial entre el estado inconsciente y supra consciente;

133

�Esta interpretación negativa del estado del Nirvana con el cual no hay lugar alguno para la continuación de la conciencia, ha tomado dos direcciones
o dos aspectos: o bien se supone que el santo permanece todavía después de
la muerte, pero en una imposibilidad total de actividad consciente, porque
ha anulado todos los incentivos de la conciencia, y, en tal caso, estaría en un
estado de cesación de toda actividad consciente parecido al sueño; o bien se
supone que la conciencia cesa, porque hay en la muerte una "total aniquilación" del santo, interpretación propia del nihilismo extremo budista.

A.

EL NIRVANA COMO SUEÑO ETER

o

El estado de Nirvana ha sido siempre descrito como estado de paz, calma,
reposo absoluto. Ello proviene de que se ha liberado el santo de todo deseo y
ha llegado a la pedecta impasibilidad, pues nada puede afectarle. Esta tranquila y serena cahna del irvana no parece tener, para algunos, mejor expresión que la del sueño. La imagen del monje budista que pasa en meditación
largas horas en inmovilidad absoluta, tratando de mantener no sólo inmovilizado su cuerpo, sino también su alma, su inteligencia, parece no diferenciarse mucho de un estado hipnótico prolongado. Ahora bien el Nirvana es un
estado parecido al que el santo adquiere en este mundo en la profunda contemplación, y no es extraño que haya sido comparado con el estado pacífico
y sereno del reposo eterno. 3
Las descripciones del irvana como cesación de la conciencia han confirmado esta hipótesis. Cuando Sariputra dice que lo que constituye la felicidad
del irvana es precisamente la ausencia de sensación/ parecería negar la con~
en éste la realidad del yo individual no subsiste, en aquél sí, pero sin darse cuenta
de sí mismo. Preferimos los términos ''esfumarse", "diluirse" o "transformarse" en
una conciencia superior, porque, estrictamente hablando, no se puede hablar de "aniquilación" en este caso. El término, además, no es grato a muchos budistas, que no
quieren ser llamados "nihilistas".
• er MiRCEA EuADE, Yoga, Inmortalidad y Libertad. Trad. por Susana Alde.coa.
Ed. Leviatán, Bs. As. 1957: "Pero el hecho más importante para nuestro estudio
es el descubrimiento, en Mohenjo-Daro, de un tipo iconográfico, que puede ser considerado como la primera representación plástica de un yogui". Cita las descripciones
de Sir John Marshall al respecto. Pág. 362 y sigs. Ver también del mismo autor
Técnicas del Yoga. Trad. de Osear Andrieu, Fabril Financiera, 1961, pp. 192-197.
• Literalmente significaría "recto conocimiento", de samyak, recto, y khyáti, conocimiento, que es lo mismo que jñána. CH. SHARMA, Indian Philosophy, p. 138. Pero
como por este recto conocimiento se obtiene la separación del yo real (purusha),
liberándolo, discriminándolo, del yo fenoménico (prakriti), el término significa tam-

134

tinuación de la conciencia. Asi ha sido interpretado, incluso por autores tan
notables como Stcherbatski, el cual dice que el liberado es feliz a la manera
de una piedra. 5 E] Nirvana es, o bien aniquilación, o, por lo menos, un estado de ciencia y de insensibilidad. El budismo Zen tiene como objetivo llegar
en la meditación a la iluminación que es el Nirvana, adelantando en este
mundo; el estado de impasibilidad absoluta logrado es comparado al de una
estatua de madera. 6
Apenas los occidentales comenzaron a interesarse por el budismo, Colebrooke decía que "el irvana, tal como los budistas lo entienden, se confunde con un sueño eterno". 7
Pero es evidente que el ideal budista no puede reducirse a un irvana
que consista en el sueño eterno. La permanencia del santo después de la
muerte, pero en un estado no interrumpido de sueño, resultaría totalmente
inútil Y consistiría en una felicidad negativa que es más bien puramente verbal. Es evidente que la felicidad cuando se experimenta y por lo mismo la
felicidad de la cesación de las sensaciones y de las ideas, sólo es tal, cuando
puede experimentarse y contraponerse al estado de inquietud que la se11$3.ción Y las ideas como tales producen. Esta es la intención de Sariputra cuando quiere decir que la felicidad del Nirvana es precisamente "Ja ausencia
de la sensación".8
La tradición hindú, según ya vimos, nunca ha considerado el sueño como
~ estado de samadhi o de realización propiamente tal. Tampoco fue cons1de~do el sueño como un estado propio de Nirvana en este mundo para los
budistas. Menos probable es por tanto que fuera considerado como el estado
definitivo del irvana.
. En_ cambio el Nirvana como aniquilación total ha tenido muchos más partldanos entre el budismo tradicional y los orientalistas modernos.

bién "discriminación". Ver MIRCBA ELIADE, Técnicas del Yoga, p. 19 y Cao1sv MARYSE
La Métaphysique des Yogas, pp. 35-36.
'
'
• SBARM.~, CH., Jndian Philosophy, p. 138.
~ MIRCEA ELIADE, Técnicas del Yoga, p. 19. El mismo cita, sin embargo, opiniones
res~etables q~e llevarían la composición del Sutra hasta los siglos TI o I después de
C~sto. También anota que Asuri, el segundo maestro del Sam.khya, "vivió hacia el
ano 660 antes de Cristo" (p. 211), lo cual significa que la doctrina estaría ya difundida_~n. tiempo de ~uda. Ciertamente "no se duda de que Jas técnicas expuestas por
PatanJal1 tengan collSlderable antigüedad" ([bid., p. 19).
1 Técn_ic':1 del Yog~, _P· 18. Sin embargo, SBARMA observa: "The original sánkhya
was ~o~sbc a~d. the1st1c. But the classical Sánkhya, perhaps undcr the influence of
M:tenalis~, Jauusm and Buddhism, becamc atheistic". Jndian Philosophy, p. 152.
VALLEE-Poussrn, L. DE LA, Nirvana, pp. 11-12.

135

�B. EL

NIRVANA COMO ANIQUILAMIENTO

Puede decirse que el problema central del budismo ha girado en tomo
a esta interrogante: ¿ El Nirvana es un puro aniquilamiento o un estado
trascendental de bienestar? ¿El santo que se ha forzado por cumplir Ja ley
de Buda, termina totalmente con la muerte? El problema no es nuevo sino
que, como antes hemos visto, se atribuye ya a los mismos discípulos de Buda. Es natural que le pidieran esclarecimiento sobre lo que es el estado del
Nirvana y que una de las preguntas inevitable.5 fuera si el santo existe o
no existe después de la muerte. Recordemos los sutras del monje errante
Vacchagotta y del discípulo Malunkjaputta, quienes deseaban impacientes
una orientación de Buda en este problema. La falta de una respuesta precisa
a este gran interrogante, así como las teorías budistas, desarrolladas después
en los libros sagrados y en los comentaristas, sobre la no realidad del yo, y,
finalmente, las descripciones del Nirvana como extinción, han dado siempre
Jugar a las interpretaciones nihilistas del mismo: el santo después de la muerte es totalmente "'extinguido", aniquilado. Esta exégesis ha sido recogida
con cierta preferencia por los intérpretes occidentales, quienes han querido
incluso hacer la apología de dicha solución y ofrecerla como una actitud
salvadora y optimista.
Pero ¿ cuál es la impresión de conjunto que ofrece la historia del budismo
al respecto? ¿Es el budismo una doctrina y una religión verdaderamente
nihilista? ¿Es el destino del santo budista el evaporarse o extinguirse simplemente en la nada absoluta? En la literatura clásica budista puede ha11arse una doble serie. de textos, una de las cuales insiste en el irvana como
extinción y la otra en el irvana como una felicidad positiva. En la historia
del budismo no han faltado tampoco escuelas que han sostenido claramente
que el Nirvana es una simple cesación y que por el término Nirvana no se
designa ninguna realidad determinada, antes bien sería una simple expresión verbal, sin realidad . Pero frente a los textos negativos y a las escuelas
propiamente nihilistas, se levanta la otra serie de textos que sostiene~ ser ~l
Nirvana una realidad inmortal, un refugio inmortal, el absoluto mcondicionado, etc. 1 an sido también numerosas las escuelas que han rechazado
la etiqueta de nihilistas y otras las que positivamente han descrito el Nirvana como una continuación de la vida después de la muerte en un estado ne
plena felicidad.
Para proceder con método en este delicado problema, primerq_ e~ucbaremos las interpretaciones de los indianistas occidentales sobre el 1rvana
como puro aniquilamiento. Luego estudiaremos algunos de los textos básicos y finalmente trataremos de precisar algunas conclusiones.

136

l. Interpretaciones Occidentales Nihilistas
a)

BARTHÉLÉMY-SAINT-lin.AmE

En el siglo pasado parece haber abierto el camino a una interpretación decidida nihilista M. E. Burnouf. BARTHÉLÉMY-SAINT-Hn.AIRE, que recoge y hace
propia la doctrina de Burnouf la resume de esta manera : 'Según él, el Nirvana es aniquilamiento completo, no sólo de los elementos materiales de la
existencia, además y sobre todo del principio pensante". Ha expresado veinte veces esta opinión, ya sea en su primera obra Introducción a la Hist-oria
del Budismo Indio, ya en el Loto de la buena ley, publicado ocho años después con la ayuda de numerosos y decisivos documentos. Tanto sus primeros
estudios como los últimos no le han dejado nunca dudas sobre este pllllto
capital; y sabido e.s que examinaba todas las cuestiones con escrupulosa exactitud y las resolvía con fallo infalible".9

Y con el entusiasmo que le caracteriza, Barthélémy-Saint-Hílaire concluye de esta manera : "Así, pues, la etimología, los más ilustrados filólogos

contemporáneos, los textos mismos, y, en fin, las críticas de los adversarios
del budismo, todo se junta para demostrar que el Nirvana. no es en el fondo
sino el aniquilamiento definitivo y absoluto de todos los elementos que componen la existencia".10 Ha citado antes el texto, al cual se recurre con frecuencia hablando del Nirvana: 'En donde no queda ya nada de agregación,
donde no queda ya nada de la existencia, en donde no queda ya nada absolutamente".
Saint-Hilaire no mira esta doctrina con simpatía, antes bien formula contra ella una seria crítica, pero confiesa que no puede dar otra interpretación del budismo. Como quiera, dice, que el budismo no admite un Dios, 1ú
personal, ni universal, en el cual pueda perderse el alma humana después
de la muerte; y como quiera que tampoco adnúte una naturaleza propiamente dicha del alma, no puede pues "unir al alma humana, a la que ni
siquiera nombra, ni con Dios al que ignora, ni con la naturaleza que tampoco conoce. No le queda otro partido que aniquilarla y, para e'Star bien seguro de que no ha de reaparecer bajo forma alguna en este mundo, al que
maldice como la morada de la ilusión y del dolor, destruye todos los elementos de aquélla como tiene cuidado de repetirlo mil veces. ¿ Qué más se
quiere? Si no es la nada1 ¿qué es el Nirvana? 11
' O. c., p. 85.

"' o.

c., p. 86.

u ZrnMER,

H. Philosophies of India, p. 330.

137

�Confiesa que esta es una grave afirmación. "Es una fe horrible,~ duda ' .111
Pero cree que es la única interpretación que responde a la realidad de la
doctrina budista.
b)

ÜHILDERS

En su Poli Dictionary el célebre orientalista CHILDERS subrayó también

la interpretación nihilista del irvana. Si la existencia, según el b~d~o,
es dolor, la felicidad, la moderación del dolor consistirá e~ la no_ eXISte,:ici~,
es decir, en el aniquilamiento. Justamente la lengua Pali, no tiene teronnos adecuados para expresar la palabra "aniquilamiento" y el más frecuentemente usado es el de Nibbana o "extinción". Además del sentido del Nirvana como extinción, aquél significa también 1a santidad, el dominio de
las pasiones) la cual nos libra del dominio de la suerte o mejor dicho d_el
temor de estar sujeto a nuevos nacimientos. En síntesis, Nirvana, para Ghilders, significa la paz que da la santidad porque nos libra del temor de la reencarnación y nos hace asumir una actitud serena frente a los dolor~ corporales de este mundo por un lado y, por otro, la muerte acaba totalmente
con el dolor de la existencia por el aniquilamiento total.
La solución de Childers resulta, sin duda, demasiado simplista. Si la existencia es dolor, el remedio no será dejar de existir simplemente, sino liberarse de 1a ley de la transmigración y del cambio, que es lo propiamente doloroso de la existencia. Además, resulta extraño que se haya utilizado el mismo término Nirvana para expresar dos estados totalmente opuestos entre sí, como
son el de destrucción y el de felicidad. 'Es difícil admitir, que para ex.presar
dos cosas tan opuestas como son la felicidad perfecta del santo en esta vida
y la total aniquilación, se haya usado un ténnino ~co, sin que se_ aclare
otra distinción entre los dos empleos de la palabra smo la del corrueru:o Y
la de )a perfecta realización. Es necesario reconocer que una felicidad perfecta que consiste en un conocimiento exhaustivo de todo lo real y en la
conciencia de un poder de dominación sobre todas las cosas no tiene nada
de común con una total destrucción del ser". 13
Childers se apoya también en presupuestos materialistas, y en_ton~es. ;s
natural que no encuentre otra explicación del Nirvana que la aruquilaoon
por la muerte. Pero es evidente que 1a doctrina de Buda no p~~~e ser ~lasificada como materialismo. Sólo una mínima parte de la tradic1on budista
podría clasificarse en esa linea, al paso que la inmensa mayoría, el gran

peso del pensamiento budista y de la vida del budismo, se han inspirado en
principios que desbordan el materialismo.
e) RHYs DAVlDS

Con más decisión todavía que Childers ha interpretado el irvana, como
aniquilamiento absoluto, el célebre traductor de los libros sagrados budistas
RHYs DAvms. Ya en su Pali-English Dictionary escribe con toda convicción :
"El Nirvana es pura y exclusivamente un estado ético que debe ser alcanzado
en esta vida por prácticas éticas, contemplación e introspección. Por tanto,
no es trascendental. Lo primero y el más importante camino para alcanzar
el Nirvana es por medio de la Octuple enda y todas las interpretaciones
~ue__tratan de la :ealización de la emancipación del placer, del odio y de la
ilus1on deben aplicarse a las costumbres prácticas y no al pensamiento especulativo. El Nirvana es realizado en el corazón de cada uno y medirlo
con una medida especulativa es aplicarle un mote equivocado".H
Rhys Davids ha sintetizado aquí su concepción del Nirvana que puede reducirse a los siguientes puntos :

2)
3)
4)
5)

Es evidente que el irvana, interpretado en esta forma, también demasiado simplista, no puede encajarse dentro de la complejidad del budismo. Por
de pronto, resulta ésta totalmente inadecuada para compaginarla con el
dogma budista de la transmigración. Si el aniquilamiento es total y si no hay
ninguna realidad trascendental que desborde las realidades de la existencia
presente, ¿ qué sentido puede tener la reencarnación y la transmigración que
son un dogma absolutamente universal del budismo? ¿ Qué sentido puede
tene~ asimismo el otro dogma universal del karma, pues éste exige la pen:nanenc1a de algunas de las condiciones de la existencia actual como germen de
otras existencias? El negar toda realidad trascendental, es decir más allá de

"' Piscmu,, Buda. Introducción.
tt
13

138

Niruana, p. 11.

irvana sólo se realiza en esta vida.
consiste en las virtudes éticas, en la santidad.
la liberación del irvana se refiere solamente a las pasiones e ilusiones que sufrimos en este mundo.
después de la muerte no hay nada más, no hay otra existencia, sino
aniquilamiento absoluto.
el iIVana no es algo "trascendental" ( es decir más allá de 1a existencia actual no hay ninguna otra realidad que pueda ser designada
como irvana) .

1) el

lbid., ibid.

139

'

�la vida presente, es absolutamente incompatible con los dogmas fundamentales budistas. Ello nos está diciendo que la doctrina del aniquilamiento t~
tal por la muerte debe necesariamente recibir ciertas fundamentales mitigaciones.
La interpretación "exclusiva" del irvana, como santidad, es decir perfección ética, no cuadra tampoco con la repetida significación del irvana
como felicidad perfecta, como estado de inmortalidad que se encuentra en
los textos sagrados budistas. Habría que dar a todos estos numerosos textos un sentido totalmente contrario al que obviamente deben significar. Ello
llevaría a distorsionar toda una serie de t xtos para adaptarlos a esta interpretación unilateral y simplista del rrvana.
Rhys Davids no ha perdido ninguna oportunidad, en sus numerosos estudios y en sus introducciones y notas a las versiones de los libros sagrados budistas, para repetir esta interpretación nihilista del irvana, que él conecta
necesariamente con la doctrina del no-yo. Así por ejemplo, en su conocida
obra Early Buddhism, rechaza claramente el irvana como "un estado que
debe ser alcanzado después de la muerte". 15 Alü es donde interpreta el silencio de Buda a propósito de las " uestiones reservadas" en sentido negativo.
Es decir, Buda ocultaba o disimulaba su propia opinión de que no había
un alma en manera alguna propiamente tal y que tampoco el santo gozaba
de la supervivencia después de la muerte.
Las expresiones positivas sobre el Nirvana, que aparecen en los libros
budistas, las califica Rhys Davids nuevamente con sus ya conocidas expresiones de "nombres cariñosos", "epítetos po 'ticos" "dulces metafísicos, caros a tantos corazones".16 En una palabra, excluye toda interpretación trascendental del Nirvana que implique alguna continuación del santo después
de la muerte.

d) PrsCHEL
Una interpretación parecida a la de Rhys Davids fue propuesta por Pischel en su obra sobre Buddha. 11 Pueden reducirse a tres afirmaciones las
ideas de Pischel sobre el irvana: a) el Nirvana, propiamente tal, se realiza en este mundo, y consiste en la liberación del deseo por el conocimiento
de la doctrina ele Buda; b) el irvana definitivo "llamado también nnprecisamente Nirvana" 18 se alcanza después de la muerte y consiste en el ani-

,. o.

c., p. 332.

,. VALLÉE-PoussrN, L. DE LA, Nirvana, p. 21.

" Técnicas del Yoga, p. 144.
/bid., p. 145.

,a

140

qui!~ento . total; pero la muerte no es necesariamente el aniquilamiento
defJD1bvo: s1 los sanskharas, que son las raíces de la reencarnación no han
sido destruidos hay lugar para otras existencias incluso en forma de dioses·
pero 19 estas existencias no son ni definitivas ni la condición ideal del hom~
bre; la condición ideal del hombre es el irvana definitivo, el aniquilamiento.
El irvana es principalmente y ante todo, para Pischel, la salvación en
este mundo.,; e~e es el estado venturoso de felicidad que Buda ha prometido
a l~s suyos. Q~en conoce las cuatro nobles verdades, quien obra según ellas,
qwen ha venCido completamente sus pasiones consigue, ya en la tierra, el
estado de descanso venturoso, el irvana. El santo no necesita esperar a la
muerte para salvarse; encuentra su salvación en la misma tierra". 2 º "Los
textos hacen resaltar con frecuencia que para los budistas irvana es ante
t~do Yen pr~er término el estado del que no peca, ni sufre". 21 os da: pues,
Pische] una idea del irvana propiamente tal como equivalente a la santidad
y al renunciami~n~, en este mundo:. " ~a.na es, por lo tanto, en principio,
solamente la extinc1on de la concupISCenCia, el renunciamiento a las alegrias
mund~"- Y, aunque reconoce que el irvana tiene dos grados, la salvacion ~n vida Y la salvación después de la muerte, el irvana simplemente es
"el rrrvana de la salvacjón en vida". 22

d::

La salvación después de la muerte la Uama Pischel el irvana -&lt;'completo".
Pero, ¿ en qué consiste este irvana completo? Las expresiones de Pischel son
al respecto muy definidas. Frases tan negativas como "aniquilamiento de to. t encia
. ' ,2a " an u1acmn
. , de la sustancia pensante'',2'' "extinción eterna"
da exis
"completa extinción", "esencialmente algo negativo" ;u revelan hasta qué
punto, se quiere significar un aniquilamiento total.
Pischel confiesa que "la bienaventuranza vacía del parinirvana, era, sin
duda, para muchos, de difícil comprensión". Para él la doctrina de Buda
acerca del Nirvana es clara: el silencio de Buda, cuando se Je preguntó por
el estado del perfecto después de la muerte, no significaría sino la inutilidad
de la pregunta misma porque claramente dejaba entender su verdadera doctrina de la extinción total: " o ha dejado la menor duda sobre el fin de su
doctrina: el descanso de todos los sanskharas, es decir, de todos los pensamien.,. VALLÉE-Poussm, L. DE

u, o. c., p. 72.

"" o.
21

c., p. 145.
MN, I, 183.

20 MN, I, 148.

er MmcEA ELIADE, o. c., p. 148.
'" DN, I. 180. Ver MmOEA EuADE, o. c., p. 139.
,.. Vinaya, II, 112.
21

DN, I, 202 y sigs. Ver Mmo.EA ELIADE, o. c., p. 139.

141

�tos q ue procedentes de existencias anteriores permanecen en el espíritu, la
' de la sustancia pensante, la cesac1on
-, de tod os los sk~ndas" •26
anulación
Pero . cómo interpretar los textos en que el Nirvana se descnbe como una
felicid;dl eterna y perfecta? Pischel aplica esos textos al i~~a en ~te munque
do. Para e'l, el santo de este mundo tendría esa absoluta felietdadd Y dicha
b dis
"ben
con
términos
tan
poéticos
y
atractivos
los
libros
sagra
os
u
~:
descn
.
.
ta d
"Esa felicidad consiste en que el santo, que ha logrado ~1 ~irv~na en es V1 a,
está ya seguro de que a la muerte él alcanzará el amqwlanuento tota~ ,Y no
habrá para él más reencarnaciones. Entonces sabe que esta encamac1on . ~
la última; que para él no hay más renacimiento; que a la muerte conse~a
el irvana completo. Por eso el primer li.fvana es para él causa de dicha,
, sereno e incomparable de la paz, lugar eterno, donde no se conoce el
paIB
.
¡
,, 21
dolor, mansión que las fuentes budistas describen ~o~ bollan~ co ores ·
La i,nterpi:etación de Pischel tiene dos puntos deb~es._ ,El prun~ro es que
fuerza el sentido de los textos positivos de la descnpc10n de NU"Vana, l~s
cuales en manera alguna, si no es dándoles un carácter absolutamente ~oetico que no tienen, pueden coincidir con el Nirvana en este mund~. ¿ Como
e al estado de irvana en este mundo el tan repebdo título
puede aPlicars
.
•
· l
de Inmortal, Inmortalidad, que continuamente se aplica al Nrrvru;a, s1 a
felicidad en este mundo va justamente a desembocar e~ l~, mue~e. Menos
todavía puede aplicarse el término de inmorta_l, a la ~aon lllJSma, como
lógicamente debería hacerse en la interpretac1~n de P~el.
En segundo lugar, se pide al que ha consegwdo el Nirvana en es~e mundo, que se sienta feliz porque va a lograr el aniq~lamiento total., Sm duda
que el consejo es muy dilícil de cumplir para la mmensa ma~ona, po~que
es algo así como hablar de la felicidad que hay en un cement~no. El m1~o
Pischel ha reconocido que esta "bienaventuranza vacía del_ . uvana era, Sll1
duda, para muchos, de muy dificil comprensión"., L~ diflcult~d _de ~omprension aqw tiene un fundamento serio en la anü.~1s que ~mquilamient~
total y Nirvana implican., porque es inseparable de este el concepto de felicidad y de inmortalidad según Buda.
,
. .
No es de extrañar que Pischel haya acentuado el caracter pes1rmsta del
Budismo. "Esta primera noble verdad, pa existencia es dolor), reve~a ya que
el Budismo es una actitud pesimista. Y, en rigor, no hay en ~ tierra una
·'
dif"cada sobre base tan pesimista y cuyos adeptos esten tan proreligion e 1
.
.
·d
fundamente penetrados, como el Budismo, de la nada y JlllSena. d~ esta vi a.
No puede imaginarse una verdadera religión sin algo de pesim15Illo. Pero
'" MN l. 226, señala siete días.
= JrvAKA, LonzANG, Jntroduction to the Vajrayama. "lndo-Asian Culture", Cal-

ninguna ha dicho con tan franca dureza como el Budismo que esta tierra
es un valle de lágrimas".28

Lo que sucede con Ja interpretación que Pischel nos da del Budísmo es
que no hay ninguna compensación del pesimismo budista respecto de la vida. La vida humana carece de valor, es 'nada y miseria". El budismo reconoce eso, pero ¿ no da ninguna compensación para esta situación pesimista de la vida? Por buena voluntad que tenga Pischel es difíci] construir una
concepción de la vida que posea sentido en esos términos y no quede reducida al absU1'do. Es inútil ofrecer, como solución, el Nirvana en este mundo,
la represión del deseo. Esta represión debe tener un sentido que no aparece
en la concepción puramente pesimista de la vida.
Una prueba del pesimismo sin compensación que Pischel ve en el budismo, la tenemos en una de las narraciones, citada por él como muestra de la
didáctica budista y considerada como "un ejemplo de verdadero Budismo"
por Max Mü11er. En realidad se trata de una hermosa y emotiva parábola,
pero el profundo sentido pesimista que encierra tendría un efecro destructivo si el Budismo no le diese alguna compensación. Esta compensación es
la que no ha sido atendida por Max Müller, Pischel y los demás intérpretes
nihilistas occidentales del Budismo. Recojamos la narración, tal como ha sido
resumida por el mismo Piscbel:
"En 'S;avasti' había una familia pobre que t-uvo una hija llamada
Gotami ( en sánscrito Gautami). Era tan flaca que le llamaba Kisagotami (en sánscrito krasagautami}, 'Gotami la flaca'. Se casó, y la familia del marido la trató muy mal porque había nacido en una casa
pobre. Pero cuando tuvo un hijo, la honraron. E[ hijo murió cuando
"VALLÉE-PousstN, L. DE LA, Nirvana, p. 22. MN, 1, 455; Ill, 28; AN, W, 426.
Como es sabido, estas prácticas se han estilado siempre entre los hindúes. El respetable autor de A History o/ Jndian Philosophy, S. N. Dasgupta, se refiere a dichos
fenómenos en su obra Hindú Mysticism como practicados todaV1a: "Es una cesación
total .del proceso respiratorio; con la boca cerrada y la lengua echada hacia atrás, deteniendo firmemente el paso del aire, el asceta yoga, está sentado en su posición fija, en un
estado sin vida aparente. Aún en los tiempos modernos hay muchos casos bien probados de
ascetas yogas que pueden permanecer en este estado, aparentemente sin vida, por más de un
mes. Yo mismo he visto un caso en que el yoga estuvo en esta situación durante nueve
días". Y refiere a continuación el caso del asceta Haridas, quien estuvo cuarenta días
enterrado, bajo estricta vigilancia, y luego retornó a la respiración normal. O. c., pp.
75-76. Sin embargo, el mismo Dasgupta observa que fenómenos de resistencia füica no
son el verdadero samádhi, sino sólo una preparación física. El Samádlti no es algo corporal, sino una práctica de la mente ( "practice of the mind", "superior mental yoga").
([bid., p. 77.

cutta X (1961) p. 261.

142'

143

�acababa de aprender a andar. Como hasta entonces no había .1Jisto ella
la muerte, echó a los que querían llevarse al niño para quemarle. 'Voy
a preguntar 1m remedio para mi hijo', pensó. Cogiendo el cadáver en
su regazo iba de casa en casa preguntando: '¿No sabéis un remedio
para mi hijo?' Y la gente Le decía: 'Hija, ¿has perdido la cabeza?' 'Andas buscando un remedio para tu hijo muerto'. Pero ella se decía:
'Seguramente encontraré a alguien que sepa algún remedio para mi hijo'. Entonces vio a un hombre sensato que le dijo: 'Hija mía, yo no sé
ningún remedio, pero conozco a uno que conoce un remedio'. '¿ Quién
conoce un remedio, señor?' 'El Maestro, hija mía, conoce un remedio.
Anda y pregúntale'. 'Voy allá, señor', le dijo, y se fue a ver al Maestro·
le saludó, se puso a su lado y le preguntó: '¿Conoces un remedio para mi hijo, señor?' 'Sí, conozco uno'. '¿Qué tengo que hacer?' 'Toma
un polvo de grano de mostaza y dalo a tu hijo'. 'Voy a tomarlo, señor. ¿En qué casa he de buscarlo?' 'En la casa en que antes no haya
muerto ni un hijo, ní una hija, ni nadie'. Ella dijo: 'Está bien, señor';
y saludó al Maestro, dejó a su hijo en el regazo y se fue a la ciudad. A
la puerta de la primera casa pidió un grano de mostaza, y cuando se lo
hubieron dado preguntó: '¿No ha muerto antes en esta casa ni un hijo, ni una hija, ni nadie, verdad?' '¿Qué dices? Los vivos son pocos,
pero los muertos son muchos'. Entonces devolvió el grano de mostaza
y anduvo de casa en casa sin conseguir el apetecido grano de mostaza.
Por la noche pensó: '¡ Ah! ¡ Qué penosa tarea! Yo creí que sólo mi hijo
había muerto; pero en toda la ciudad son más numerosos los muertos
que los vivos'. Al pensar esto se endureció su corazón, tierno por el
amor al hijo. Tiró a su hijo en el bosque, fue a ver al Maestro, le saludó y se puso al lado suyo. Y el M_aestro habló así: '¿Has encontrado
el polvo de grano de mostaza?' 'No lo he encontrado, sqñor. En toda
la ciudad son más numerosos los muertos que los vivos'. Entonces le
dijo el Maestro: 'Tú creías que sólo tu hijo había muerto. Morir es la
ley eterna para todas las criaturas vivientes. El Rey de la muerte, como una corriente rápida,. arroja en el mar de la destrucción a todas las
criaturas vivientes antes que hayan satisfecho sus deseos'. Y después,
entrenándola en la ley, dijo la estrofa: 'El hombre orgulloso de sus
hijos y de su rebaño cuyo espíritu se hace a las cosas terrenas, es arrebatado por la muerte como la marea arrebata un pueblo dormido'. Al
terminar la estrofa alcanzó Kisagotami el primer grado de santidad, se
hizo después monja, y en el Terigatas figuran estrofas de ella". 29
"' MIRCEA ELIADE,

144

o. c., p. 140.

Es claro que si la doctrina de Buda se limi
·
rir es ley eterna para tod las .
tase ª aflIIllar solamente: "mo.
as
cnaturas vivientes. El Rey de Ja muerte co
mo una comente
ráp·d
·
, ·
criaturas..." l B ,.¡;~ a, ar~Ja en el ~ar de la destrucción a todas las
' e
u\.illlimO seria una doctrma
li · ,
pesimista. Pero 1·ustam te B d
.
- y una re gio11 absolutamente
.
en
u a quiere ensenar cómo su
la
con una sunple aceptaci,
nf
.
d
.
perar
muerte no
on co ornusta. e ella, sino alcanzando "el Inmortal".

., D ' I, p. 183, citado por
Vachraktdika, n. 17

MmCEA ELIADE

'

11

o
· c., p. 143 .

•
145
B

�EL MITO DEL HOMBRE

DR.

lsMAEL

DIEco

PÉREZ

UN IIOMBRE PUEDE SER tres hombres distintos o tal ve:z. más. Tres hombres
hemos entendido, al menos para el objeto explicativo: son Pedro, Juan y
Antonio. A los ojos de Dios no tienen más atributos ni distinciones. Son tres
vidas con sus destinos y la suma o balance de sus acciones son juzgadas en
la eternidad. Probablemente son tres cuerpos distintos, pero el alma es la
misma, que ha vivido en la doctrina platónica, tres encarna~iones o es un
alma con tres vidas.
Pedro fue obispo, Juan investigador de la ciencia y Antonio fue labrador.
El obispo puede ser de cualquier religión, bien cristiano, hebreo, budista
o mahometano. En los tres casos fue hombre. La mujer existe en los tres
como el doble mágico de la existencia o como la luz y la contraluz en los
cuerpos.

•

El obispo de la religión es considerado como símbolo, en lo que tiene de
común esta actividad para los hombres. En el obispo podía establecerse un
código de moral sencillo, en que la ley de Dios se cumple, de tal suerte
que el cristiano sea budista sin saberlo, el budista sea cristiano, también sin
saberlo, y así en todas las religiones. La ley de Dios es universal, aunque de
ella no tengamos conocimiento.
Dijimos que la mujer existió en los tres como acción indispensable en sus
vidas, bien como madre, como esposa, como hermana o amante. O bien vivió en toda la plenitud el amor de los sexos, o bien constituyó un motivo central de preocupaciqn, apartando a la mujer de sí mismos, por misticismo religioso.
Pedro buscaba Ja verdad en 1a fe, Juan en la razón y Antonio en la fe.
cundidad de la tierra, en la proliferación de las siembras y de las cosechas.
Los tres eran naturalezas creadoras. Sus vidas eran siempre más vida. La
fe llenaba de plenitud el alma de Pedro, la razón daba la expresión completa al alma de Juan y la abundancia telúrica justificaba el ser de Antonio.
147

�inguna vida se justifica si no llega a ser más vida. Un dibujo bien trazado, un pensamiento bien elaborado, un poema sentido, la risa inocente
de un niño, la emoción c~dora de los amantes, el hallazgo de la ciencia,
la cocina sabiamente concebida, el alimento sano y sabroso y el gesto amable de los colocutores, el color y perfume de las flores, la plenitud del vivir
gozoso; en suma: todo es vida, más vida.
Pedro, Juan y Antonio expresaban en sus destinos la plenitud de sus vidas.
Nuestros tres personajes no pertenecían a ningún país en la tierra, puesto
que podían ser de cualquier nación o lugar de nacimiento. Sus atributos,
virtudes y pecados pertenecían a los seres humanos. Los nacionalismos, como actitud discriminatoria, no tienen razón de ser. El nacionalismo racista
o religioso originó las guerras. El gran adelanto de la técnica destructiva
impide a los hombres, aunque parezca paradoja de crear para no usar, el
poder destruirse.
El que mucho ama o el que mucho sufre, no puede valorar su sentimiento y termina por desconocerse.
La ciencia no es privativa de un hombre o nación; es el fruto del diálogo
y no del monólogo. La verdad que un hombre descubre tiene antecedentes
en otros hombres, que encontraron otros caminos, para llevarlo al fruto glorioso del descubridor afortunado. La verdad del hombre es Wla coordenada que recorre el camino, o las huellas de los otros hombres, hasta encontrarse en comunión. El que nunca llega a ser en los demás, nunca llega a
ser en sí núsmo.
Esta parábola budista nos explica lo que decimos. Se decía en elogio de
Buda que su fama se extendió por todas partes, como los inmensos tañidos
de una gran campana, suspendida del pabellón de los cielos.
Pedro ofrece su vida a los otros en una catedral, Juan en el silencio de
un laboratorio y Antonio en un campo florido. Y en los tres hay fe y esperanza. El hombre sin fe y sin esperanza es la negación del hombre. La rebeldía sin causa es lo mismo que querer conocer, sin tener conocimiento
de la ciencia que aspiramos a conocer o amor al vacío o a la nada. O tener
odio sin saber a qué o a quién. Aunque el odio es siempre negativo.
Pedro, Juan y Antonio eran el mismo, en distintas edades. o está probado en el orden racional o científico, pero en los mitos nada se prueba.
La belleza del relato es lo que cuenta o la ingeniosidad imaginativa. El
hombre pasa por la creencia, la razón y la siembra sin razones.
En el principio del hombre fue la fe, siguió la razón, después hubo razón y fe y terminó en la fe primitiva, en que la única razón es la vuelta a la

Así el cristianismo me dice que el que se salva, sabe, y el que no se salva
no sabe n~da: el estado angustiado del existencialista.
'

m::ta~~:~::~e

hfomb:, cu~lquiera que sea el signo de su c-0nstitución
'
.
e o e razon, es la fecundidad o la obra creadora
noTser
malditos,
como
en la higuera estéril del Evangel·10 cnstlano
. .
' para
od h
o ombre es fundamentalmente un frustrado y esta frustra.. ,
. , de s1, mismo
c1on nace
bde que
f . nod adoptó la actitud de ser más vida o la creac1on
en
ene 1c10 e los _otros hombres, que en su propio beneficio.
Es el Evangelio que predicóse en todo tiempo.
tienen tres palancas VI.tales que los mueven a 1a acciónla Todos
·a los
d hombres
l
varu a ' e amor y las necesidades materiales
.
Las tres .actitudes
se realizan con limi tactones:
•
· es una balanza en que el
latill
.
ios h o :oSJ.tlvo es anulado o desnivelado por el otro platillo negativo Sólo
om dres que son más vida, han logrado salvar la frustración fund~ental d
e to a naturaleza humana.
Y que podr':ia ser expresado en el clamor de todo hombre sufriente: sufr
e por el hecho de ser hombre.
Pedro, el hombre de fe.

Pedro, el obispo, actúa en su catedral. Ser obi= es la actitud mas' difí
cil porque ha d
ili
-r1co~ la debilid d ed conc har, o tratar al 1:°enos, de conciliar las leyes divinas
a
e ser ombre. y el ob1Spo ha de ser un h b
.
el poder moderador entre la exigencia de la
d d
, . om re e1emplar,
imperfecta de la naturaleza h
ver a teonca y la realidad

umana.
Entre el obispo .y e¡ homb re en general se establece el si .ente diál
.
El
hombre.-Mi
creencia
está
di] .d
,
.
gw
ogo.
tod la h
w a en pateoca, en el sufrimiento d
amb~ . s oras, porque siempre deseamos la perfección o el anhelo de 1~
.
f . ic10nes y nunca lo logramos,. en nosotros eXISte
siempre un Cristo
nente, a cuya cruz vivimos todos crucificados
'Su.El b.
.
siento\:~:·
::r~e no &lt;:&gt;nozco a J:?ios ~n su infinita plenitud, lo
la ..,,m;~;•trad
.
corazon, pero fil razon no me. da más luz que
.,.......,.....,
a por ID1 fe.
creencia está diluida en VI·a a creadora y la su
b.El hombre.-Mi
,
o 1Spo, está diluida en teología.
ya, senor

mZ:\:~~:

El obispo.-Mi vida está diluida entre teolo ,
.
con Dios con usted
•
Lo
.
gia Y patétJ.ca. Me identifico
esa trilo~~ está' . sufy ~o~go.
s ob1Spos también somos hombres y en
oIDl
nm1ento.
El hombre.-Su conocimiento teórico de
mite resolver las dificultades humanas?
las leyes divinas, ¿ cómo le per-

tierra, pródiga de frutos.

148

149

�El obispo.-El conocimiento teórico de Dios es en gran parte el conocimiento del hombre.
El hombre.-Los hombres tienen urgentes necesidades físicas. Así, entre
otras, el amor, la nutrición, el vestido, la vivienda cómoda y soleada, el derecho a la cultura. ¿ Cuál es la doctrina social de la Iglesia &amp;ente al comunismo, que dice haber resuelto esas indigencias humanas?
...
El obispo.- Una minoría privilegiada no debe hacer el sacrificio de la
mayoría. Pero piense que cada hombre solamente d_ebe t~ner lo que ~~­
rezca. Dar nutrición y cultura a la mayoría es obligatorio. Pero tambien
hemos de salvar las grandes virtudes de las minorías. No hnndir las minorías para salvar a las mayorías. La creación de un técnico, de un hombre
de ciencia o de un artista, no se salva porque la mayoría domine. Y esta
salvación es fundamental para el progreso efectivo del hombre, en el orden
de la materia y del espíritu.
EJ bombre.-El comunismo ruso lo ha conseguido con su revolución y la
implantación progresiva del socialismo.
El obispo.- El comunismo ruso ha sido el triunfo del hombre masa. No
existe un poema, una sirúonía ni una novela que haya continuado la gran
tradición rusa. Por eso en Rusia se ha rectificado, creando minorías en las
mayorías, aunque haya sido en el orden técnico.
.
No importa llegar a la Luna, si no hemos llegado a descubnr al hombre. ,
El realismo socialista es la aceptación de la limitación humana. ¿ Por que
contentarse con el dominio de la dimensión técnica y renunciar a todas las
inmensas posibilidades del espíritu o de la inteligencia?
El hombre.-La húmanidad necesita de esa dimensión técnica y del dominio de la materia.
El obispo.-• Por qué no superar esta· dimensión técnica y aceptar todas
l
. !i
las dimensiones, 0 ]a armonía del capitalismo y del socia smo, en un .?uevo
sistema cooperativista, mezcla de la iniciativa privada y de colaborac1on de
los conjuntos humanos?
El hombre.- 0 puede eliminar al hombre, ciertamente, en nombre de
)as jerarquías sino dar oportunidades iguales a todos los hombres para la
creación de ~uevas jerarquías. El menos dotado, como la idea del fuerte
frente al débil, debe sustituirse por la ayuda del fuerte para_ el dé~il Y para
que éste tenga la oportunidad de ser fuerte. Pero los ~eJores Siempre _se
imponen, por una exigencia de .su propia natural~, 1~ mismo ~ue, el aceite
flota siempre sobre el agua. Permitir lo contrario sena una tirama contra
la ley natural.

•
150

Pero el obispo ha de enfrentarse a problemas de naturaleza subjetiva, mucho más difíciles de resolver que los sociales o los objetivos. El hombre está
lleno de complejidad del espíritu._

El amor de María.
El obispo tenía un doble juvenil, como lo tienen los otros obispos o lo albergan los hombres en general. Ese doble es el demonio que los hombres llevarnos, como Sócrates el hombre ejemplar y con ese yo actuaba un doble
en su personalidad.
Pedro la conoció en un jardín público, donde se había instalado una pista
de baile, animada con orquesta de violines y un cantante de melodías americanas. El estío era muy caluroso. Allí concurrían gentes frívolas, con mentalidad hueca y esa elegancia postiza de las clases medias inadaptadas.
Pedro era joven, aunque agobiado de preocupaciones. Su familia era pobre y estudiaba en una Universidad americana. con los propios recursos que
le daba un trabajo de traductor.
Pedro se sentaba solo con frecuencia, buscando rincones poco iluminados.
Algunas noches encontraba solaz en ese entretenimiento de la juventud. Se
limitaba a observar a los que bailaban y escuchaba la música; un cantante
antillano animaba con su voz melodiosa, de suaves nostalgias por lejanías
australes, acompañado del ukelele o cantando sones y danzones cubanos.
Otras veces se acompañaba de contorsiones expresivas, indolente, sensual,
con mímica intencionada, salpicada de picardías en el lenguaje.
Le gustaba encontrarse a solas, absorto en su pensamiento y no bailaba.
A veces, les gusta a los seres humanos estar solos y otras en compañía. Es
la exigencia de una dualidad de la especie, escindida en la madrugada bíblica, buscando juntarse o individuali2arSe.
Algunas mujeres lo acompañaban otros momentos de las que buscan plan
amoroso con un hombre, aparentando cierto recato social· bebían y ·fumaban en su compañía. Pedro estaba contento; la conversación de aquellas mujeres le resultaba agradable durante unas horas, por sus temas frí.volos, en
contraste con sus inquietudes de saber intelectual. Pedro resultaba un hombre enigmático y hasta creo que en alguna ocasión sospechaban sus acompañantes que no le gustaban las mujeres.
A Pedro no le .importaban sus posibles opiniones, ni les daba demasiadas
explicaciones a sus repetidas preguntas.
o podían comprender aquellas gentes por qué un hombre joven buscase
la soledad, sin bailar y con la apariencia de tener dinero, que no fuese
su cliente .

151

�Pero una noche, llegó una señorita de unos veinticinco años, con .boina
de tipo mediterráneo, un traje de gamuza, el saco con grandes bolsillos Y
una cartera de piel de gran tamaño. Usaba zapatos bajos, de suela gruesa
y se sentó sola junto a una mesa. Tal vez no conocía a nadie o más bien
rehusaba la compañía, lo mismo que Pedro.
Aquella actitud de soledad, en una mujer joven y hermosa, le llamó la
atención a Pedro. Sin duda era europea. Muchos jóvenes de Europa llegan
a las Universidades norteamericanas. El mundo fácil y fascinante de América les llama la atención, aprender el inglés vivo y no académico Y piensan que Estados Unidos puede ser su gran oportunidad en el orden amoroso
y social.
La joven se mostraba ajena a la música y al baile. Sacó papel de la
cartera y una estilográfica, poniéndose a escribir. Pedro se intrigó: ¿por

qué había elegido para escribir aquel lugar?
Pedro llamó al mesero y le rogó que dijese a aquella señorita lo mucho
que le gustaría conocerla. Ella accedió con una sonrisa en la distancia Y se
juntaron. Le dijo que era europea, de un páis mediterráneo. Tal vez fuese
Grecia, Italia, España o Francia. No quiso decir su origen concreto. Hablaba

un inglés perfecto.

•

Bailaron juntos varias veces. Vino a Estados Unidos para estudiar en los
archivos de la Universidad de Harvard ciertos detalles de la cultura histórica de Islam. Resultaba llamativo que una muchacha tan linda estudiase
Historia en los archivos, entre legajos o manuscritos difíciles, cuando ru
juventud debía llamarla a entretenimientos frívolos.
Y daba preferencia en la conversación a los temas arábigos o africanos.
Dijo que dominaba el árabe clásico y el vulgar.
Este tipo de mujer europea creaba un nuevo estilo de actitud vital, responsable de sus actos, liberada de ciertas inhibiciones de la mujer en el ~asado y que sin duda era el resultado de la relación frecuente con la vtda
y la cultura norteamericana, especialmente por el influjo del cine de Holly-

wood.
Gustaron rápidamente de una conversación franca, espontánea, como dos
camaradas de estudios y se hicieron buenos amigos.
Llegó la madrugada y se fueron del baile. Siguieron hablando con entusiasmo dentro del automóvil que Pedro manejaba y llegaron al Hotel donde
ella
alojaba. Dijo llamarse María. Este nombre corre~ponde a la Biblia.
Son muchas las mujeres que tienen el privilegio de haber adoptado este nombre.
Al día siguiente se verían; estaban cerca de ]a costa y querían gozar de
las playas desiertas, de bosques silvestres y de arenas no holladas.
El coche tenía una avería y tuvieron necesidad de marcharse en un au-

S:

152

tabús de servicio público. Llegados a la playa, caminaron bastante para alejarse de la vecindad humana. Se detuvi«ffon ya muy sudorosos en un paraje
de arenas doradas, entre pinos chaparros de troncos retorcidos, corcovados,
adelfas floridas, magueyes y lirios silvestres. Se quitaron la ropa y se pusieron
traJes de baño. María se volvió de espaldas para no ver a Pedro desnudo y
éste hiw lo mismo.
Se metieron en el mar y nadaron como media hora. El agua estaba tranquila, con ligeras ondulaciones del oleaje, que más bien al rozar con sus cuerpos parecía una caricia de la naturaleza. Leves nubecillas blancas daban un
tono de armonía al fondo azul de los cielos. El ambiente estaba en una tibia
calma de primavera y la caliginosidad creciente del día inundaba de voluptuosidad ardorosa las piedras, las plantas y los seres todos de la naturaleza.
Regresaron a su lugar arenoso, donde estaban depositadas las ropas, para
gozar ahora del baño solar. Tumbados con ciei;ta indolencia siguieron hablando lentamente sobre diversos tópicos, en un regusto de la conversación.
Pedro veía a María tumbada1 junto a él, casi desnuda y le co.staba un gran
esfuerzo sustraerse a la pasión erótica Pero no le parecía oportuno manifestarle sus deseos; otros eran los temas y ella se mantenía tranquila, con una
serenidad) que en lugar de calmar, perturbaba los nervios. Sus labios sen~
suales, con brillos de luz solar, pedían el beso y con el beso la entrega al
placer. Pedro pensó que era mejor esperar, que hablasen, que él mismo descubriese en ella los mismos deseos. Pero una idea morbosa cabrilleaba en su
cerebro; ¿no habría elegido ella aquel lugar desierto para ser suya, sin testigos?
También se decía que pudo elegir aquel lugar por el encanto poético de
la naturaleza, donde la arena que pisaban era virginal de huellas humanas
en mucho tiempo.
Tuvo tentaciones de abordarla, pero se contenía por estimarlo peligroso y
podría perder su amistad en un momento.
María hablaba de su viaje a Estados Unidos y del Paquistán, a donde iría
después. Dijo que el pretexto de su. viaje a Estados Unidos nacía del amor. Y
que por este amor adquirió este denuedo intelectivo por la cultura musulmana.
En Nueva York había conocido a un joven paquistano que estudiaba Medicina.~ temúnada su carrera ejercía en Karacbi. Se hicieron novios entonces y
qwsieron casarse, pero los padres de María no accedían a este casamiento. El
novio se había de convertir al catolicismo y él no aceptaba el cambio de
religión.
María pertenecía a la aristocracia europea, venida a menos por las transformaciones sociales de la evolución de la burguesía industrial y comercial.
El catolicismo era la religión de la familia.
María había adquirido otras ideas y manterúa una Jucha dolorosa consigo

153

�misma. Existía esta pugna : de una parte, el deber filial en una familia de
acendradas tradiciones y de otra su amor a Mulhacén, que así se llamaba el
novio musulmán.
El objeto de su viaje actual era acercarse a su novio, vivir cierto tiempo
en su compañía y de sus familiares y resolver este angustioso dilema; o renunciar a sus padres, para casarse con Mulhacén, o prescindir de Mulhacén.
María era una mujer inteligente. Pertenecía a una clase cerrada, con prejuicios de casta y comprendía que la aristocracia no tenía raz6n de ser, como fue en el pasado, y este criterio, aseguraba, lo mantenían algunas familias de linaje, casando a las bijas y a los hijos con partidos de la burguesía
industrial e intelectuales, unos por sal arse de 1a ruina y otros por mejorar
la raza. Los que seguían la tradición, tenían hijos cretinos, indolentes e incapaces. Los padres de María aceptaban esta realidad, pero no transigían
con la pérdida de la religión cristiana.
La conversación de Pedro y María duró varias horas. Cuando María
hablaba de su novio, del que decía estar tan enamorada, se calmaba Pedro
en sus deseos. La indiferencia en la mujer nos aleja unas veces del deseo y
otras nos incita más. Pedro pedía inhibición a su voluntad y lo conseguía
con grandes esfuerzos. María atraía por su sensualidad animal y una rara
seducción por su inteligencia y sensibilidad. Producto típico de la sociedad
europea, refinada como su civilización, en la que se adivinaban los goces
más exquisitos y la embriaguez del pecado.
Comenzaba a declinar el día y se hizo de noche en el bosque. Ya no encontraron autobús. Para regresar a la ciudad cercana, recorrieron varios
kilómetros a pie hasta un poblado donde podían tomar un taxímetro. Caminaban por el bosque y no por el camino, a la orilla de la playa y por deseos de María. Primero iban separados, pero María se cayó en un hoyo, sin
lastimarse. Pedro le ayudó con sus manos y salió en sus brazos. Entonces
María se colgó del brazo derecho de Pedro y éste oía su corazón, sentía su
sudor que le mojaba y adivinaba su cuerpo maravilloso, con un tacto casi
directo de la pie1 por la ligereza del vestido.
Descansaron varias veces. Soplaba un viento muy fuerte, que les impedía
caminar, y la noche no alumbraba la luna y las estrellas. Ella apoyaba su
cabeza o su cuerpo en los brazos de Pedro, o en su cuerpo, y no lo pudo
evitar; le acarició los cabellos y juntó sus mejillas con las suyas· ella se dejaba acariciar con toda inocencia. Pedro, para contenerse, le rogaba que
siguieran caminando. Pensaba que se haría muy tard . o quería caer en la
debilidad. María debía quererle como un hermano, lo mismo que si se hubiesen conocido siempre. Pedro temblaba a veces. Los deseos destrozaban sus
nervios. . . Es posible que María no advirtiese su ansiedad, ¿ o es que con su
154

aspecto inocente, se complacía en secreto, de ver los deseos despertados en
un _ho~b": ? ¿O es que ella misma esperaba ser requerida? La timidez de
su mdigemsmo americano le creaba estos sufrimientos.
d' Ll~gai:on a la ciudad Y María se quedó en el Hotel donde se alojaba Al
ia siguiente se marchaba para recorrer algunas ciudades mexi·canas
.
tro
·
y cenamencanas. De todos los lugares escribiría como así lo hizo
d b
fotografías.
'
y man a a
La_ noche que María había de marcharse Pedro no pudo d
.
obsesi d
'
orrrur. E~ba
ona o con su presencia reciente. Recordaba el idilio d
,.
en la tard
·
e unos pa3aros
e, picoteándose y volando de un lugar a otro, o los relinchos de
un caballo en celo, al paso de una yegua en la d" ta .
.
'l
esperaba de erotismo.
lS ncia, rruentras e se des#

M~ía escri~ió_ después de varios meses de silencio desde Europa. Fue a
pa1S para
asistir
, Joven.
.
.
,
, a la boda de una hermana mas
Siempre
hablaba de
Mu~acen; decia que Je obsesionaba su recuerdo y padecía de .
.
Pedía ~a v~ más consejo de Pedro. Decía considerarlo como
bueno~ mtel1gente y que tuviese en cuenta sus circunstancias para el consejo.
su

unmi::=~

-Habia ª:ordado con Mulhacén un año de separación, para probar si en este
ano se podían acosh~mbrar el uno sín el otro y rehacer sus vidas independien~es. Pero,esta ausencia de su novio la había enflaquecido; tenía fiebre casi tof ~s ~os d1as y tuvo ataque de bilis. El rugado se le había enfermado por el suIlmlento.
q ue sm
· Mulhacén 11egana
, al suicidio. y el conse. En una carta expresaba
.
JO de Pedro fue como sigue: podía intentar la sustitución de Mulh ,
h b
·
•
acen por otro
p::ore, y s1 es~ mtento fra~b~, que se ~ejase llevar de su corazón. El obispo
, estaba p1esente en las distmtas apariciones humanas que el pensamiento
podr1a formar.
Le dolía que María no fuese feliz · 1. Era tan bella y seductora.r
f
un~, ue suya en el orden amoroso. y pensaba para consolarse. el d
la pasio
d
.
eseo o
d
n, una vez 1ogra as, puede producirnos cansancio o desilusión. Después
e aquella respuesta nada supo de María...
¿ Buscaría en el suicidio la solución de su vida?. M eJor
. vale ignorarlo
.
...
Soy un vagabundo.

· sLlvestre
&gt;1
· Vemos a un hombre que camina despacio por un canuno
Arboles
gigantes
cubren
de
sombras
1a
tierra·
los
hierbazales
·
l
.', de las
b
CTUJen con a pres1on
otas d 1 vagabundo. Lleva la ~arba crecida, abundante y descuidada. Sobre
Ja espalda lleva una bolsa, sosteruda por una soga y sujeta delante con la
derecha. El vagabundo puede tumbarse sobre el césped de los praderios, go::::
155

�de las umbrías en los días aluro · s o del sol caliente n los días fríos. O mirar
las estrellas en las noches perfwuadas lejo del ruido en las iudades.
¿ Quién es este vagabundo? ualqui ra pued haber sido o puede desearle
o soiiarlo en alguna ocasión. . . También el obispo Pedro fue vagabW'l&lt;lo.
¿Por qué no?
a pensando en la belleza de r libre y dice: Mis padres me llamaron
Ellas y así fue bautizado. P ro arias personas viven en mí, tantas omo
ideas del hombre oy en ontrando en mi peregrinar, Per como todo h robre necesita un nombre para ser onocido o llamado, Elías será mi nombre.
Ha llegado a una pequeña ciudad. Tiene hambre y quisiera comer. nos
le dan comida, otros le dan dinero. En la plaza central de la iudad ha
encontrado junto al atrio de I Iglesia, varios perros vagabundos. Están flacos, huesudos, de aillado ho icos por el hambre. . . ¿ • roo llegaron a esa
miseria y abandono? Re ordaba que cuando murió su padre, habían abandonado un perro precioso; quedó al cuidado de un antiguo administrador
d la hacienda, pero te hombre ra un bribón; ponía en la cuenta de su
administración la comida del perr y nunca le daba ni un m ndrugo y ivía
solamente de la escasa caridad d los hombres para los animales desvalidos.
Cuando vio al p rro que le había acompañado en tantas horas de infancia y asociaba el recu rdo on sus familiares y amigos, sintió la n . idad
del lloro. Le dio de comer todo lo que quiso, pero ya estaba viejo y desacostumbrado y de tanto hartazgo falleció.
on el poco dinero que había recogido de las gentes caritati as, compró
varios panes y los repartió a lo perros vagabundo . El cielo tomó una luz
brillante y los canes le lamían las manos, n aullido cortos, de una t mura
que se diría humana.
Elías sentóse junto a un asiento d piedra, n el atrio de la Igle ia. Los
perros le rodeaban, uno sentado a borrajadas sobre la pi ma der ha y
otro n la pierna izqui da; los otros olfateaban su pr ncia y pujaban por
estar lo más cerca de su benefa tor.
¿ uáles eran los orígen de te vagabundo? arios podían ser los rígenes. Cualquiera que pueda ser el origen de todo agabundo, podría darse
cita en l nuestro.
Recordaba que de niño había sido lle ado a la casa de una anciana. La
casa era muy grande, casi eñ rial. Muchas habitaciones llenas de polvo y
de ~nes viej s, donde hallaba sin los t rrores qu
tros niños sienten por
las salas obscuras, multitud de raton que pasaban chillando entre los muebles. Había observado qu esto roedo
horadaban lo mur s de una asa
a otra, oseando papele o ropas que d vorar. El polvo amontonado y los

menudos granitos de tierra o de piedra· - 1
celentes mineros sin neces·d d d
' se~ aban que los ratones eran exEn 1
.•
l a
e palas y picos.
a guna ocasion pudo observarlos d sde
dado cita en el suelo de una aJ b
b
una v ntana c6mo se habían
·
co a o scura dond
aceite y tajadas de puerco· co ,
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e se guardaban tinajas de
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rnan e un lugar a tr d
omo tropel o ejército sin orden militar ni ·e
, o o esordenadamcnte,
colores difcrcntes desde el
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J rarqwa. Los pelambres eran de
,
par o obscuro l ro··
1
que teman este color blan
'
JIZO, e negro o el canoso. Los
,
cuz o eran de mayor tamañ
.
,an a las viejas generaciones
o. lD duda pertenen invierno tuvo cerrado ~l Juz ado
.
pu blo donde estaba acogido po I g . y el Registro d la Propi dad en el
r a anciana El ·
l
•
muerto y las vacantes no hab'
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. . JUez y e registrador habían
1an s1 o ub1 rtas· ¡
1
res que alt rnaban Ja pluma d
'b'
, os emp eados eran labradoLlegaron en
.
e escn ientcs con el arado.
.,
la pnmavera los nuevos funcio
. d
poses10n de sus destinos. AJ
ne
~ano
e la ley para tomar
que no había un docum ntope. trar en el recmto encontraron con estupor
habían devorado totalmente yru : papel sano del archivo; los ratones los
estantes o de los cajones.
so
ente quedaban los hu co vacíos de los

Al hacer esta ocaoon,
· , Elias
, pensó· tod
.d
gamos a Jo que nos proponemos
.
a v1 a s un fracaso. nunca lleprende la desilusión acaso la
y cuando creemos que llegamos nos sor.
animal. Por, eso
dmuerte. y la muerte nos lleva nuestro metabo lismo
oy e un lugar a otro Lo
, .
valor en nuestras vidas es Jo q
h
.
que urucam nte ti ne
.
ue acemos por J d ás
.
bres o animal . El mov· .
.
os em . Bien s an homd 1
.
lDllento nos diferencia de las 1
e os animales. Alguien le dijo que debi6
. p ~~ y el espíritu
Recordaba que un ieJ· o astr,
~ no v1vma en soledad.
1 hab'
onomo, que onoo,
.
e
ia xplicado que a él solt
. d .
o en una ciudad europea,
contestó: si estuviera casad'
erodi irre uctible: le habían dicho lo mismo y
o, me cen que nu
.
me la plancharía y yo digo. al
. . '.
,
muJer me lavaría la ropa y
t
,
·
pnnCJp10 sena así pe d
é
e m 1avar1a yo mi ropa y m la pl
h ,
ro espu no solamcn,
anc ana como ha
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.
varia y plancharía también la de lla
go
ora, smo que laEl
e .
vagabund comprende que en la h' t .
triunfadores de los genios
"d
is ona perduran las biografías d los
reconoc1 os O no
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no sea el triunfo sobr , .
Se .
soy tn a or ni genio como
,
i rrusmo.
aferra a su vida .
.
mas le pertenece en su solipsismo l .
. .
mtenor, que es lo que
cía espiritual.
a ucmante, Vlvtendo de su propia substanLa mayoría de las gentes son omo ·ju~etes. Después de una ilusión desva::os que se debaten tras simbólicos
peJuelo de los oasis en los desiertos sin II da, surge otra, como el falso esla sed.
'
cgar nunca a la fuente donde saciar

157
156

�La vida del hombre es como una luz que se extingue y nadie recuerda. Y
recordarla, ¿ para qué? Si tuviéramos la seguridad de la eternidad del yo
personal, tal vez valdría la pena. Pero pasamos de la vida a la muerte y
nada sabemos. Dios solamente nos ha legado el misterio. Si alguien después
de muerto hubiese regresado, podríamos saber. Pero el muerto está muerto
para siempre, al menos en la conciencia de los hombres futuros.
Ellas recordaba a su familia. Su padre había logrado una fortuna considerable y poseía muchos millones, pero no ganados por él, sino por su abuelo. El padre quería que su hijo continuase sus negocios. Pero no fue así.
Era hijo único y de carácter díscolo, caprichoso, imaginati o. Dos veces
se escapó del Colegio donde estaba interno y apareció en casa de sus padres. En vez de estudiar la ciencia económica, estudiaba pintura en talleres
de pintores famosos.
Residía en un departamento lujoso, donde recibía distintas clases de mujeres, dando lugar a reuniones crapulosas. Rompió con su padre, pasando a
veces penurias de dinero. No pudo pagar su departamento y dormía en los
bancos de los restaurantes, donde le daban las sobras de la comida o en
modestos hoteluchos. Pero el padre, cuando le hallaba, le salvaba siempre
de la miseria.
El padre de Elias vivió muchos años viajando por Europa. En Italia conoció a Magda, que era de fina sensibilidad para la música y la danza y
fueron novios. Se conocieron en Milán, cuando ella daba un concierto de
piano.
Magda sufría una hipersensibilidad extraña, con frecuentes ataques neuróticos que le producían desmayos. La belleza de su alma era pareja con la
belleza de su cuerpo, Ianguideciente, de rara femineidad, atractivo y sensual; era una mujer irresistible, seductora; su palabra parecía música y una
tentación demoníaca su cuerpo.
Llevaron un noviazgo corto y se casaron. A la ceremonia nupcial asistieron escritores y críticos de arte. Varias orquestas de música de cámara y
violines solistas, de fama internacional, animaban la boda, el banquete y
baile. Una gran representación de la burguesía industrial y comercial estaba
presente.
De aquellos a.mores nació Elías, que ahora conocemos como agabundo.
A los cuatro años de edad, murió su abuelo. Casi no lo recordaba. La inmensa fortuna pasó a manos de su padre y el niño fue internado en un
Colegio.
Los padres venían a verlo de tarde en tarde. Lo besaban y respondía a
sus besos, como un niño seriecito, a quien aquella ternura oficial no conmovía.
158

Hubiera preferido otros padres más sencillos, con menos preocupaciones
por las obras del espíritu y más por la obra de su carne. Elías, en su soledad
de niño y cuando más se hacía mayorcito, sollozaba muchas veces, y entre
lágrimas y soliloquios tristes, se iba forjando su alma. Los acontecimientos
del mundo, que para los demás constituyen pasiones dominantes, lo dejaban
indiferente, adoptando una actitud serena, del que ya conoce la vida y nada
puede sorprenderle.
Supo después que sus padres daban muchas fiestas y viajaban por todo
el mundo.
Nunca pudo saber las causas. La madre abandonó al padre, marchándose con un violinista ruso. Varios años viajaron por América, dando juntos conciertos. Y en varias ciudades les hicieron homenajes oficiales.
El padre de Ellas ya no veía a su hijo. Las bacanales y el juego consumían todas sus horas. Volvió a renacer el hombre de vida irresponsable que
había sido, viviendo su padre. o pintaba, limitándose a gozar de los sentidos, en frenesí: concupiscente, arruinando su salud. Los billetes del Banco se
~e marchaban de las manos como si el viento los aventase, perdidos en el
Juego y las borracheras.
Un ataque cardíaco paralizó su corazón y acabó con su vida.
Había gastado todos los lll\llones de su padre.
Elias recordaba la casa de sus padres como algo muy lejano, entre cua~os y objetos de arte, papeles de música, salones lujosos, gentes elegantes y
pmtorescas. Y todo le parecía frío, extraño, ajeno a su intimidad. Podía decir como en la tragedia de Job: desnudo nací del vientre de mi madre y
desnudo volveré allá. Consideraba su destino como un árbol sin hojas en el
otoño y que jamás tuvo primavera.
Una anciana sirvienta de su abuela, que liabía heredado una casona y
algunas tierras de labranza en un pueblo de campesinos, le sacó del Colegio;
quería agradecer al abuelo Ja gracia de su legado. Muchos años había servido fielmente a la familia.
1

No tenía dinero para pagar el internado y la educación que recibía y lo
llevó a otro más modesto. Elias tenía entonces once años. Reía pocas veces.
Como intuyendo su destino, lloraba en el silencio de muchas noches, mirando la inm nsidad del cielo estrellado, o al despertar en los amaneceres a
las primeras luces del alba. Un niño estaba inerme para ganarse la vid~ y
defenderse de malas gentes.
No tenia padres, ni había tenido hermanos. Al hablarle de la necesidad
de aprender, de instruirse en la ciencia de los libros, solía decir en su intimidad; toda la ciencia conozco; poseo intuición y sentimiento; lo que los
hombres pueden enseñarme, yo lo aprendí con dolor. Ni siquiera los jugue159

�tes, que otros niños piden con ilusión, a él lo dejaban indiferente. Ya había
nacido viejo y las experiencias de la infancia las había trascendido sin dejar
de ser niño.
El director del nuevo Colegio aparentaba unos sesenta años. La figura
de aquel dómine ha quedado bíen firme en el recuerdo de Elías, como si
ahora la viere; usaba bigotes largos, calados, en rameado enlace con las
barbas, cubriéndole de pelo los labios; esta espesura vellosa se manchaba de
grasa, de leche o de migas desperdigadas, después de las comidas. El atuendo
consistía en un traje obscuro, muy viejo, mostrando brillos de tanto roce
en todas partes, especial.mente en los codos y nalgas, así como grandes bolsas, formadas en las rodillas de los pantalones.
Los cuellos de la camisa eran almidonados y rígidos y tomaban un color
amarillo obscuro, de sudores acumulados. Los zapatos negros, de alta abotonadura y lustre apagado, por la mala calidad de las grasas, la corbata de
-rayas obscuras, sobre plastrón terso ya había adquirido un color parduzco,
deshilachado, como piel de ratón hambriento, denunciando los r(}UChos años
de uso. La caspa llenaba las hombreras del saco y se veían en el traje agujeros de quemaduras por las chispas del cigarro.
El maestro conservaba, sin embargo el empaque de un señor decoroso,
aunque pobre, corno los hidalgos de la picaresca castellana.
El maestro se llamab~ Don Miguel. Colaboraba con el maestro su hijo,
llamado también Don Miguel, el que par~cía no estar muy bien con su
padre. Además de su vagancia habitual, se había casado con la sirvienta,
mujer zafia, con la que tenía tres niños, siempre sucios y babosos y a los
que ayudaba el abuelo. Nada tenían de edificantes las frecuentes discusiones entre padre e hijo.
Se llamaba el Colegio de los "Don Migueles" aunque no fuese el verdadero nombre oficial. Los gustos y la educación de los niños que venían a
las clases eran diferentes de los que había conocido antes. Todos se hacían
ecos de las conversaciones oídas en las calles, en sus casas o a las gentes
grandes y se complacían precozmente en 1enguajes obscenos o de groserías
blasfemas. Eran dados a las pendencias y raro era el día que no hubiesen
golpes, brotando la sangre de la l;&gt;oca de los contendientes o de las escalabraduras de la cabeza. Pero al día siguiente se volvían a encontrar, sin
guardar resentimiento.
Al viejo Don Miguel le quedaba escaso pelo en la cabeza, mostrando su
calvicie, con reflejos azulencos y amarillos por los focos eléctricos. Si estaba
cubierto, lo hacía con un viejo sombrero, lleno de sudores y que había com•
prado en los años felices de su casamiento. Actualmente bahía enviudado y

160

consei:vaba varios Tetratos de su mujer, a la que consideraba la más bella de
la sociedad de aquel tiempo.
~gunos le llamaban "7..apatones" por sus grandes pies y el adecuado taman~ de sus botas. Conservaba un viejo piano donde se ejercitaba en viejas
canciones, apre1:didas en ~ juv~n~d, con buena entonación, pero con muy
mala voz. Ensenaba tamb1en mus1ca y había formado coros entre los escolares de mejores voces. Decía que llevaba cuarenta años enseñando letras
números y música.
'
La enseñam.a de los "Don Migueles ' consisúa en copiar cuadernillos con
modelos de esc~rura o m:inuscritos. Entre el padre y el hijo se repart~ un
centenar de chicosJ de diversas edades mentales y de instrucción sin pos·bilidad de formar pequeños grupos homogéneos, por la falta de
instru:tores. Pocos días se hacía lectura, aprendiendo las lecciones de memoria
en unos mamotretos didácticos que llamaban enciclopedias.
'
En la cl:18.e _contigua, leían en alta voz colectiva, los niños de carti11as y
&lt;:3'rtones, dingidos por Don Miguel, hijo, con un sonsonete monótono y fatigante, o cantaban la tabla de multiplicar.

más

Como nadie . pedía cuentas a nadie, bastaba simular que se escribía, para que Don Miguel, sentado en el sillón de su mesa profesora!, no gi·itara 0
llamara con el nombre o apellido de los alumnos. En caso de enfado, la voz
del ~aestro er:1_ más , bien ~dos o gritos irascibles, capaces de encoger el
omb~o del nmo mas valiente. Elías simulaba escribir, como lo hacían Ja
mayona y aprovechaba este tiempo para pensar. Le gustaba pensar y observar el vuelo de las moscas. Alli se sentía prisionero, como en una cárcel
de horror y de tedio. El vuelo de las moscas le hacía soñar en la libertad.
Ellas no soportab~ la escu;la y eran libres para volar de W1 lugar para
otro. ~ba tamb1en a traves de los cristales de los balcones. ¡ Qué {elicidad
~~~ libremente por la calle y ser un hombre, sin las ligaduras que a un
mno unpone la barbarie de los mayores!
Había ~lvidad~ lo que aprendió en su primer Colegio. Pero aprendió
otras ensenanzas mteresantes, que de no vivirlas, hubiera sido difícil conocerla~. ~sí l~s niños traviesos y camorristas, a los que Don Miguel llamaba
con mSJstenc1a y los castigaba. O niños estudiosos que tenían virtudes individuales en alguna rama del saber, como aquei que estaba superdotado
para las matemáticas y que hacía terribles faltas de ortografía.
Los muchachos hacían porcinadas, como decía Don Miguel cuidando en
todo momento los más cursis y pedantes academismos o purezas gramaticales; se hurgaban las narices, limpiándose los mocos en los baberos O en
las aristas de los banco_s de clase y ~ comportaban como puercos, regodeados en las basuras de sus cochineras.

161
H

�El VJeJo Don Miguel azotaba a los que realizaban estas porquerías, si
eran sorprendidos o delatados. La delación estaba aceptada para garantizar
el orden en una clase tan numerosa y daba lugar a venganzas posteriores.
Lo mismo sucedía con los que no sabían la lección, empleando como flagelo una correa ancha cuya sola visión aterrar'ta a otros chicos de más sensibilidad, pero aquéllos daban gritos falsos de dolor y hacían muecas de
acusar los golpes, y cuando el viejo dómine se voMa de espaldas, le hacían
visajes de burla.
.
Un día, Ellas tuvo una querella con otro chico, que le golpeaba las espinillas por debajo del banco, aunque él procuraba apartarse de las pendencias y de los niños camorristas, pero en aquella ocasión no pudo evitar el
choque; alejaba sus pies para no ser alcanzados por los golpes, pero a~uel
muchacho bravucón cada vez estaba más envalentonado. Los otros chicos,
en casos parecidos, solían delatarse y Don Miguel les golpeaba con la correa.
A Eüas no le parecía noble delatar a nadie y aguantaba, pero el agresor le
lanzó un insulto contra su madre.
Entonces Ellas se levantó rápido, como herido por un rayo y con una pequeña navaja que llevaba para hacer punta a los lápices, lle_n ó a su agresor
de pinchazos, mordiéndole en la cara y llevando entre sus dientes un trozo de
oreja. Sus labios sangraban de las rasgaduras producidas a su ofensor, la
acción fue rapidísima; todos sus instintos de niño triste y humillado, acumulados por el tiempo, se despertaron con aquel insolente.
Don Miguel intentó sujetarlo para darle su paliza. Pero el muchacho le
mordió en las manos y en las piernas, y con un coraje desconocido corrió a
buscar la puerta de la calle, que logró alcanzar, atropellando a todos los que
se oponían a su paso, como si un ciclón se hubiera promovido en su alma,
ante el estupor de sus compañeros y .de Don Miguel, que consideraban a
Elías como un muchacho tímido y sin valor.
Don Miguel seguía voceando, con la correa en la mano y los ojos irascibles.
El niño herido fue llevado al hospital y Elías a un Tribunal de Menores,
donde estuvo un mes detenido.
El vagabundo pasaba así por distintas experiencias: en cualquiera de las
situaciones que un joven de ese tiempo, abandonado, pudiera encontrarse,
el lector puede imaginar una situación parecida a nuestro personaje.
Elías tenía catorce años y ya no volvió a la escuela; tuvo necesidad de
buscar un oficio o trabajo, en el que se ganase la vida y fuese un hombre.
Un Corredor de fincas logró acomodarlo como escribiente en casa de un
Notario.
-El chico está instruido y tiene buena letra, dijo el Corredor al Notario.
-Sí, lo tomaremos. Además de escribir, nos hace falta para recados; pa-

162

rece un muchacho espabilado; ganará treinta pesos mensuales y puede llegar a ser un buen oficial escribiendo.
Fue el primer dinero ganado. Al transcurrir el primer mes, le dieron los
treinta duros de plata. Los puso en sus manos y le pareció una limosna.
Cuando estuvo solo, sollozó desesperado.
E lías tenía un grave defecto: su orgullo. Los mínimos detalles que pudieran humillarlo, le producían una amargura honda. Pero había de vivir en'
' la
tre picaros
y había de convertirse en pícaro. La picardía es el recurso de
pobreza y de los débiles y siendo pobre y débil por su edad, sostenía, para
su mal, un orgullo intransigente.
Don Atilano Covarrubias, Notario de una ciudad americana, era un hombre tosco y pueril., aunque de buenas intenciones. Formaba parte con sus
ochenta años que tenía cuando le conoció nuestro personaje, de los escasos
escribanos supervivientes, sin título de abogado. Su longevidad se debía al
ha~ vivido en una ciudad andina, de más de tres mil metros de altura, y
temendo acostumbrado su corazón a las alturas y a severas costumbres en
la alimentación, le permitía mantenerse en un estado de salud envidiable ,
acumulando años y años sobre sus espaldas, sin que nadie Jo advirtiese.
En las paredes del despacho se veían muchos cuadros religiosos sin va1or artístico; se trataba de vulgares litografías. Nuestro hombre no era entendido de arte, de leyes, ni de nada. Ya estaba en edad de jubilación o de
retiro, aunque él no lo entendía así, pues estaba fuerte como un pastor, firmando sin gafas y ascendiendo y hajando escaleras, si era llamado para hacer _tes~ntos, de lo que gustaba especialmente. Sólía decir con cierto orgullo Jactanc10so: -Soy descendiente de Atahualpa. Nadie puede conmigo.
Hacía estas afirmaciones, porque hubo una intervención del juzgado y del
Colegio de Notarios en un asunto sucio en que intervino un abogado de su
despacho, dando fe de vida en un testamento, cuando el testador ya estaba
muerto y cobrando miles de pesos de los herederos falsos.
El pobre Don Atilano nunca creyó en la felonía de que había sido objeto
por su empleado, considerando que sus compañeros del Colegio Notarial querían jubilarlo y habían inventado aquella infamia.
Gracias al Colegio de Notarios, por el prestigio de la profesión, se echó
tierra al asunto y los Jueces desestimaron la denuncia.
i Don Atilano hablaba alguna vez de leyes, decía saberlo todo y comentaba ingenuamente:
-Me sé la ley hipotecaria y el derecho civil por la punta de las narices.
AJ frente del despacho tenía a Don Aurelio Fernández, el abogado que intervino en el asunto sucio del testamento. Tenía fama de inmoralidad y de escaso prestigio jurídico. Por un modesto sueldo redactaba escrituras y llevaba

163

�la dirección técnica de los asuntos. Pero el verdadero jefe era Andrés hijo de
un pariente pobre de D. Atilano, recogido hacia e_inte años y prohijado; se
trataba de un campesino casi analfabeto, instruido en la rutina de los asuntos
notariales y hombre espabilado que cobraba las cuentas y se las gu~daba,
enriqueciéndose a costa de un pariente. No sólo las cuentas grandes, ~o las
pequeñas; muchas veces le decía a Elías que pidiera dinero a Do~ Atilano,
para comprar papel sellado y las vueltas de cincuenta a setenta y cmco pesos
se las quedaba.
Los ojos de Andrés se le llenaban de fulgore húmedos, av~entos, esco~diendo las monedas en los bolsillos y decía con un gesto intencionado de picardía:
-Dinero que cojo, dinero que entubo. El dinero no cuesta mucho de ganar;
Don Atilano es viejo y no le hace falta, y a mí sí me hace mucha falta.
Los billetes de banco se los gastaba con mujerzuelas y vulgares amigotes.
Por el despacho del otario desfilaban gentes diversas. e veían u_sureros
a pacto de reto, agentes de negocios, abogados sin conciencia, _ntre~ru?as de
categoría. Y junto a esta fauna de malvados, honrados ~pesmos m~gen~,
viudas despojadas de sus bienes, o personas honorables, metidas en pleitos nunosos.
Todos núenten y unos son enemigos de otros, aunque la amable convivencia lo disimule, pensaba Elías; la maldad está en todas partes y el hombre es
un tigre, cegado por el deseo de los bienes materiales.
.,
.
Pensaba en los idealistas del anarquismo y de la revolucion, que por sentido
de la justicia_., deseaban abolir el dinero y la propiedad. ada hay peor que
fomentar el resentimiento por la injusticia y la maldad.
Don Atilano quiso proteger a Eüas, pagándole libros y matrículas, y desués del trabajo, pudo estudiar bachillerato. Con gran sacrificio logró l tí~lo a los tres años, examinándose a título de suficiencia en las con ocatorias del año.
Don Atilano vio en Elías una disposición para el estudio, que no pudo lograr de ndrés y quería que fuese abogado.
.
Elías podía haber acabado esta carrera y hallarse a gusto con un_. desuno
brillante. Pero no fue así. Una vez más se encontraba en la encrucijada de
la inseguridad.
Don Atilano estaba durmiendo la siesta y Marcelo, un oficial del despacho, de acuerdo con la sirvienta, se aproximó al anciano p~ra vaciar!~ l~ ~tera, llena de billetes, cobrados aquella mañana. El notano d_~pertó sub1~mente y de la fuerte impresión, quiso hablar y no pudo, profmendo un gnto sordo. Se produjo un · colapso y falleció.
. ºoch o an-os . Recibió una pequeña herenPor entonces cump lí a Elías d 1ec1
164

cia de una cantidad hipotecaria que debían a su abuelo, y con ese dinero,
que tenía para vivir varios años, se propuso estudiar en la Universidad. Renunció al estudio de las leyes, prefiriendo la filosofía; trataba de buscar explicación a tantos problemas que preocupaban a la humanidad en el orden
del espíritu.
Varias veces, agobiado de preocupaciones dormía voluntariamente en los
bancos de los paseos, buscando la compañía de los golfos y los mendigos,
alegrándose en Jas madrugadas con el canto de los pájaros y la luz de la
mañana, o entregaba el escaso dinero que llevaba encima a las mujerzuelas,
sin pedirles nada a cambio.
Se sentía fuera de la sociedad y buscaba la compañía de los que ya estaban fuera.
Odiaba a los que poseían bienes materiales, como una maldición de Dios,
que así corrompía a sus almas. Pero al sentirse pobre, se sentía más libre.
Reco,rdaba algunas enseñanzas religiosas de la infancia: Dios castiga al rico con la riqueza y al pobre con la pobreza.
Tomaba como propio el dolor del mundo, el frío de los desnudos, la tristeza de la vejez indigente.
Escribió algunos dramas teatrales, pero como el ambiente que le rodeaba era sórdido y de una feroz incomprensión no era posible divulgar103.
Muchos días no corrúa bastante, o mejor no corrúa, y estaba flaco, espigado
marcándose los huesos de sus costillas y de su cara en la que sólo brillaban
unos ojos febriles y atentos; su vestuario se componía de un solo traje, que
conservaba con limpieza y decoro. Pero lo que más le desmoralizaba eran
los zapatos rotos y las corbatas sucias y arrugadas. Prefería ahorrar para
comprarse zapatos nuevos que siempre llevaba lustrosos y corbatas de gusto, obligándole a vagar en los atardeceres por las alamedas umbrosas, sin un
centavo en el bolsillo.

En las redacciones de los periódicos y r vistas, acostumbrados a una literatura adocenada, le rechazaban los originales alegando que eran temas escabrosos y los lectores se escandalizarían. Sus libros no gustaban en las editoriales, por presentar personajes disociados o locos, cuyo dramatismo no staba a tono con un público de novelas rosa o de aventura.
Llegó el dmero del abuelo en estas circunstancias. Pasó un año en la facultad de filosofía. Pero su carácter rebelde no entendía bien aquellas especulaciones abstractas, que a su parecer no tenían finalidad práctica. En cierta ocasión se había acercado a un profesor para que le orientase sobre bibliografía filosófica de la cuarta dimensión, y éste le miró indignado, exclamando:

165

�- ¡ Yo apenas le copozco y no tengo costwnbre de entablar diálogos con

quien no he tenido trato!
Se trataba de un badulaque, educado en ]os esquemas de una cien ·a intelectual, aprendida en su juventud y poruase en guardia para no aceptar
ninguna idea nueva, o alma cristalizada en un pasado inconmovible del saber científico.
La Facultad de Filosofía creaba con frecuencia orates y falsos inte1ectuales, llenos de pedantería.
Elías conoció a Federico, como uno de esos fruto tipo, falseado por la
cultura intelectual. Decía haber inventado un nuevo sistema económico y
f inancier para resolver los problemas del mundo. Era hombre de corta estatura, nariz afilada y ojos brillantes; la frente algo abombada, con unas
manos finas, escuálidas, corno de sietemesino; unas gafas doctorales aumentaban el tamaño de su cara. Federico era un muchacho inteligente, que lo
mismo pasaba de una actitud intelectual brillante a unas recaídas de niño
inofensivo y bobalicón. Esta invención política y financiera decía que Alberto
Einstein quería ponerle un prólogo a su genial creación, pero se oponía para
no limitarla o d sfigurarla con otro p nsador dif rente. Aseguraba que su
invención era el libro máximo del siglo cinte, lo mismo que n el siglo diecioho fue e1 Contrato social, de Rousseau, y el siglo diecinueve, El capital de arlos Marx.
Presentóse al Director de una revista de estudios políticos y conómicos,
con el propó ito de presentarle un p1a.n de organización mundial, al que serian invitados los técnicos de la economía y de la política del mundo entero,
para una reunión que Federico presidiría. El Director de la revista no quiso
recibirlo y encargó a su secretario particular que aceptase ese plan de Federico. Le rogaron que volviera al cabo de quince días con la seguridad de tener
una respuesta.
Pasado ese tiempo, se presentó nuevamente Federico en la Dirección de
la revista donde había dejado su plan. Tampoco lo recibió el Dire tor, y el
secretario particular le devolvió su escrito. Como Federico inquiriese sobre
la opinión del Director, el secretario le ontestó en un tono solemne y enfático:

-El señor Director stá anonadado, y le ruego que no regrese más por

este lugar.
Elías se encontraba en un mundo intelectual que no comprendía o no
estaba a tono con su concepto intuitivo del mundo. Había profesores que
enseñaban dogmáticam nte una ciencia traseendente y se oponían a toda
filosofía discrepante, con una casuística académica insoportable. O el profesor positivista educado en los viejos conceptos del materialismo deciroonó-

ruco, enseíiaba una iencia de afirroac.
.
modernas o antiguas. Ignoraba
tod10nesbesm co~o er otras conclusiones
cimiento de filosoüas
. . que . o sa r reqwere comparación, conoo c1enCias antenores y actuales e inteli en .
.
para aceptar una verdad o er ar la de nuevo.
g&lt; cia abierta
Cansa~o de estos estudios pasó a la Facultad de
. . .
'
cer la ciencia física v la realid d
Medicma, quena conoª
concreta del hombre y c
,
1
dios con la mejor disposición de ánimo
,
, ornen~ sus estutes muy .d tif" d
.
. Pero allí encontro otro bpo de gen'
J en ica as con la realidad material
Conoció a Rafael uno de 5
_
Y muy poco con la espiritual.
. '
us companeros de Jase. Se llamaba a ' .
el lobo estepano. Yo soy una rcalid d .
.
si nusmo
teraria como hiciera H
H
a v_1va, af nmaba, no una ficción Ji'
ermann esse. Verumos del Iod
al
hay otra vuelta o finalidad posible· El h om bre es mas
, ogrand
y vamos
lodo; no
dos que por sus virtudes. lo qu.e 11
. d
e por sus pecahombre.
'
aman vtrtu es no da la medida exacta del
_El obispo que había en el vagabundo había de escuchar al . ,
mismo que al creyente; toda la fauna del mund
d
~creduJo lo
sión humana.
o en to a su poS1ble expreEn aquel tiempo ' Elías conoc10
· , a una Joven
.
llamada E l lia
yentes
cualidades
femeninas.
estudi
b
li
.
,
a a teratura y hacía u a ' dcon1 atrapasiones espirituales. e trataron
..
.
v_ersos e uertes
rosos
.
y se qws1eron. Eulalia escnbía versos amo.y
apasionantes; en una carta hablaba de la , ti
mo mspiraa6n, o del inevitable dolor
la
m1~ ca amorosa osexos escinrudos en el ...... :~t . . .. 1 dy p ~er de la posesión entre los dos
.u.u.&gt; eno lDlCJa
e la vida· su cora.zon
, ard"1ente le dictaba las alab
p
ras y como en Santa Teresa de Jesús el verbo
h ,
y amor. En toda mujer de clara constitución se adi~a .
se 1 acia sex~
dad, aunque no lo sepa· en \ v ,
SJempre a materruEI'
'
aron que ama, ncuentra al hombre y al hijo
• ias recordaba este verso que en alguna ocasión ella había escrito:
.

~t:15

Como flor de llanto y ri.sa
un niño cruza en la tarde ,
olvidó q,ie tienes espinas
Y una rosa abre su cáliz.

Ajena la luna arriba
ve las sombras apretarse,
Y es mi corazó11 que q1.,eda
entre luz y sombra~ sangre.
Paseaban a veces por las orillas del mar en el camin
faro. Se extasiaban on el rumor del oleaje ~1 chocar con troa qlue
conducía
al
as rocas,
o mi-

167

166

�raban cómo se perdían en el horizonte los barcos que salían del puerto, y
el brillo de las estrellas, en el anochecer, cuando regresaban.
Su imaginación se parecía y sus puntos de coincidencia eran asombrosos.
Se llegaron a querer verdaderamente. Elías le propuso casarse y ella aceptó
encantada. Pero los padres de Eulalia querían que Elías hubiese acabado su
carrera. A los dos les contrarió esta decisión, pero se dispusieron a esperar.
A los dos les gustaba el mar. Fueron muchas veces a las playas, donde los
bosques de pinos se habían convertido en selvas de maleza y de arbustos y
allí gozaban del sol, del ¾O\Ia y de la soledad más absoluta.
Eüas creyó que la felicidad había llegado.
Eulalia contrajo una enfermedad inexplicable y que estaba sin duda en la
propia substancia de su naturaleza romántica y soñadora. Su fiebre no bajaba de cuarenta y un grados. Hubo momentos que se tuvo la impresión de
la muerte. La boca de Eulalia estaba seca y apenas podía respirar. Una fuerza superior de su espfritu la mantenía; pensaba que no había concluido su
misión en la vida, nunca había amado con tanta intensidad como entonces
y no podía morir.
Los mejores médicos conocidos de Ellas asistían a Eulalia, pero en van?,
no podían curarla. Elías se desesperaba y un día que el estado de Eulalia
era más grave permaneció en la casa junto a elJa. La vida se íba y en las
manos ardorosas de Ellas notaba las pulsaciones febriles de su gran amor.
Y llegó el momento en que Eulalia expiró definitivamente. El estado de
Elías fue tan agobiante que ni podía dormir ni comía.
Siguió el entierro cerca de los padres y de los familiares; llevaba en sus
brazos un ramo de rosas blancas que depositó sobre la tumba. Y así lo hizo
todos ]os días durante varios meses.
Elias pensó que la ciencia médica no podía urar en ciertos casos a los
seres humanos. ¿ Para qué estudiar?
Tenía presente en su imaginación la zanja donde dejó sepultada a ~u
amor y el ataúd que había sido depositado en el fondo. Igualmente los asJStentes al entierro, con sus trajes obscuros y los sollozos intermitentes. O el
sacerdote que recitaba latines y lanzaba gotas de agua con el hisopo. O la
agitación de los cipreses, o la caída de las hojas de los árboles, agitados por
un viento de otoño. Las nubes tenían colores grises y rojizos, y algunos cuervos
y zopilotes en bandas pasaron graznando, agoreros, avorazados de carnes
muertas.
Elías se decía a sí mismo: desde la muerte de Eulalia no soy un hombre;
vago por el mundo como un fantasma, huyendo de sí mismo, arrastrando
mi pasado; soy un muerto de espíritu, aunque mi cuerpo sigue existiendo.

Viajar es la ilusión de que vamos huyendo de la muerte, lo mismo que el
movimiento se oculta en los seres que se mueven y así nos engañamos.
En mis viajes me relaciono con otras gentes, dándome la impresión de
haber nacido de nuevo. En las gentes que busco son las que tienen una vitalidad vigorosa y sincera en el orden del espíritu. He convivido con varias
comunidades indígenas en la geografía americana y aprendí muchas de sus
artes mágicas. O he jugado al caliche con los gitanos en varios países europeos, rodeado de su chiquillería haraposa y sus mujeres sucias, que los
hombres obligan a procrear como las marranas en las zahurdas; son gentes
embrutecidas por la miseria y la vagancia, pero conservan un antiguo y chispeante ingenio que me gusta conocer. El llanto de un niño que nace, •l
amor de una madre o los jóvenes enamorados, no saben de preceptivas o
cuquerías.
Y ahora busco conocer al hombre, porque conociéndolo, me conozco a mí
mismo, con el farol simbólico de Diógenes · quiero que nú alma individual se
reconozca como parte del alma universal, que mi mente sea cauce de la sabiduría cósmica.
Vemos al vagabundo que va de lugar en lugar, en los diferentes caminos
del mundo· la tierra es redonda, y por lo tanto, cualquier dirección que se
tome, siguiendo un camino recto, lleva al caminante hasta el mismo lugar
de donde partió.
U nas veces se gana la vida ofreciendo al público s~s servicios de médico
sin título y otras veces mendiga, si ve que nadie necesita de sus servicios,
porque su destino es caminar, no estar mucho tiempo en los mismos lugares.
Había llegado a un pueblo tropical, donde se oían los rumores del oleaje,
anunciando la cercanía del océano.
Elías conoce a una joven ojigarza, de una juventud inocente y hermosa,
como una gacela grácil que atravesase la claridad luminosa y las sombras
de los árboles en el bosque. Dijo llamarse Marta. Vino a buscarlo quería
que curase a su madre, una anciana viuda, que estaba en la cama con fiebre.
Elías había logrado curar a la enferma y había comenzado un idilio con la
joven Marta; estaba decidido a quedarse en aquel lugar. El amor nos ronda
Y no sabemos cuándo vamos a ser heridos, lo mismo que el venado, por las
flechas del cazador.
Pero en aquellos días llegaron dos señores al pueblecito tropical y vieron
en Ellas una oportunidad de realizar un gran negocio. Ellos le propusieron
poner el capital y Elías únicamente su nombre como socio industrial. Como la idea era generosa y Elías quería establecer su vida con Marta, aceptó
y se fue a la capital de la nación.
El negocio consistía en rear una institución comercial para la construc-

168

169

�cion de edificios. Los clientes aportaban su dinero en entregas parciales, Y
la institución construía sus casas a crédito. Se montó un gran despach~ en
una de las calles más céntricas y se hizo propaganda en la prensa, radio Y
televisión. La institución comercial estaba exclusivamente con el nombre Y
responsabilidad de Elias, siendo la única . persona qu~ oficial.mente _apare~
cía. La gran campaña de atracción de clientes aporto grandes. cano._dades,
todo marchaba bien, pero Elías fue madurando una sospecha. S',15 socios pedían dinero para gastos iniciales y compra de solares donde habtan de ~onstruir, pero el dinero era recibido con la responsabilidad de Eli~. Un, cierto
socios. Ed1as redía oyo' detrás de una cortina una conversación de sus dos
..
f ·
presentaba únicamente un papel figurativo, para ser sacr~1,cado en bene 100
de estos dos truhanes. Su sentido de honradez no le perrmtia estafru: :n gran
escala a muchas gentes honestas, ni ser él mismo víctima de la perf1~ia, acabando con sus huesos en una prisión. Llamó a la policía y escon~o a tr~s
agentes detrás de las mismas cortinas. Elías con ocó a sus dos sooos y publicamente promovió la discusión, afirmando que con~cía su trama fa~ante
y que los iba a entregar a la policía. Ento?ces los soc1~s sacaron, sus pJstolas
y dijeron que allí mismo lo iban a matar st lo~ denunciaba. Podnan en ~ bio, repartirse los capitales recaudados y con tiempo marcharse ~, ertran3ero.
Entonces Elías descorrió las cortinas y presentó a los tres polic1as que h~bían sido testigos. Los tres agentes llevaban pistolas ame~lla~orru: Y di,jeron que todas las retiradas estaban cubiertas; les convema mas bien entregarse sin resistencia.
Los dos bandidos se entregaron a la policía y fueron condenados posteriormente por un juez como estafadores. Elias quedó libre y regresó al pueblecito tropical. Pero con dolor de su corazón y en_ su a~sencia de varios
mese , Marta se había casado con un joven prop1etano de tierras.
Comprendió entonces que su destino era caminar, no _renunciando al vagabunda je que se había establecido como norte de su vida.
.
Pudo tener ocasión de ser muy rico y sin embargo siguió el camino limpio de la honestidad y pensaba : los hombres extraen el oro de las minas. En
el fondo de la tierra y después de ser extraído lo vuelven a enterrar en las
arcas subterráneas de los bancos. El oro se ha hecho para brillar, como el
sol, lo mismo que la belleza se ha hecho para ser amada o admirada. Los
hombres no comprenden que ]a felicidad no consiste en tener o atesorar y
la felicidad de no tener. Por eso soy vagabundo y amo la libertad.
Vemos a Ellas caminar por un camino con grandes perspectivas lejanas,
entre árboles gigantes y la luz deslumbrante del sol, como si muchas voces
en armonía entonasen la gran sinfonía de la naturaleza. ..

Juan o el hombre de razón
} u~ presta sus servicios en una institución de investigación fisiológica y
qu~ca. Es el h~mbre de razón. Los hechos objetivos son los que cuentan.
Vanos son los metodos empleados, los antiguos en lo que tienen de eficaces
Y los nuevos que han superado los defectos, perfeccionando su poder positivo de captación.
El h~mbre de razón niega o vuelve la espalda a las realidades subjetivas.
La razon crea monstruos, lo mismo que Saturno devoraba a sus hijos después de haberlos engendrado. Aseguraba Pascal que el corazón tiene sus' razones que la razón no conoce. En definitiva, el hombre de razón, ha encarcelado su mundo loco de emociones.
¿ Cuáles son las actividades de los hombres de razón y cuál es su destino?
, El_ doctor Batuecas era director de una instituci6n cle enseñanza, que hab1a sido fundada con los fondos de una persona filántrópica, ya fallecida.
Un ~:trona~ administraba esos fondos. Había sido instituida para acoger a runo¡¡ huerfanos o para hijos de viudas pobres. El doctor Batuecas dirigía el Colegio y administraba los fondos que le suministraba el Patronato.
Era hombre de razón, curado de emociones. Sus alumnos le llamaban Don
Gramático y Don Aritmético. Era exigente en las palabras, no cometía faltas de ortografía, cuidaba la sintaxis, como un relojero cuida de la buena
marcha de sus relojes y los números constituían su fuerte pasión. Medir, contar o calcular le obsesionaban. na unidad perdida en el cálculo le contrariaba seriamente.
Con cru~gramas de los periódicos, que descubría por pasión nwnérica
de hallar cifras o nombres, clasificando a los últimos como si fuesen cifras
o nombres excavándose las mejillas con el puño cerrado O los dedos huesudos, extendidos sobre la mitad de su cara.
Igual administraba el Colegio. Los centavos se perdían en sus bolsas O en
sus cuentas bancarias, presentando una contabilidad irreprochable, pero apenas daba de comer a los niños acogt:los. Don Batuecas era el dómine tiránico, inconmovible para la ternura, el sentimiento o los afectos.
Para justificar Don Batuecas la escasa comida que daba a sus alumno
solía decir: co~endo poco en varios días, se puede comer con mayor gus~
una buena comida; hay que ahorrar los jugos del estómago para lanzarlos
después como perros de caza contra los alimentos., después de dos O tres semanás de mal comido y la escasez alimenticia es buena para la inteligencia
y 1a salud.
Don Batuecas estaba muy flaco y usaba barbas y bigote; un viejo levitón
lleno de manchas y de brillos, unos pantalones con grandes bolsas e igual171

170

,

�mente brillantes por el uso; unos zapatos negros con puntas, que más bien
parecen pardos, como lomo de ratón hambriento y unas manos huesudas y
largas, en las que sólo se distinguen el pellejo y los huesos y tm corbatón
rojo, sobre cuello duro almidonado, amarillento.
Cuando llega un nuevo alumno, traído por persona respetable, suele Don
Batuecas decir un discurso, como el que sigue: este Colegio es el primero
de la República por su disciplina y buena enseñanza. Aquí se encuentran
los alumnos como en su propia casa; comen buenos alimentos, pero no tantos en cantidad que pueda perjudicar el desarrollo de su inte1igencia; más
bien damos alimentos de calidad, buenos para el cuerpo y para el espíritu.
Y como el mucho hablar es verborrea decimos como el clásico: el hablar
es plata y el callar es oro. Y no digo más.
El cocinero es el único gordo de la escuela; vierte agua en dos ollas gran des; cuenta los garbanzos o los frijoles, uno por cada comensal doce garbanzos o frijoles para los antiguos alumnos y un garbanzo o frijol para Batuecas. Introduce después, para darle sabor al caldo, un trozo de tocino,
atado a una &lt;'Uerda y que al cabo de uno$ segundos lo saca, cuando cree
que ya dejó la substancia o el aroma del tocino para ser aprovechado en
varias ocasiones. Igualmente hace con unos pedazos de carne, metiéndolos
en la olla y sacándolos al poco tiempo.
Hay dos criados en el comedor, tan flacos como el silbido y que llevan
dos ollas provistas de asas. Van distribuyendo con un cazo aquel caldo aguado y en cada ración flota un garbanzo o un frijol. Dice Batuecas a sus alumnos: nada hay mejor que la olla; todo lo demás es vicio y gula. El doctor
Batuecas, después de tenninarse el caldo y e1 garbanzo, saca la lengua como
un gato y se lame los bigotes y la barba, diciendo: ¡ qué sabroso está este
caldo de olla y qué ricos estos garbanzos!
Traen un segundo plato de carne, donde sólo hay huesos y pellejo; al lado de los huesos hay un nabo. Los comensales roen y lamen los huesos como perros hambrientos. Estiran los pellejos y la carne dura de cabra vieja, con
gestos y ademanes exagerados, no fingicl&gt;s, sino naturales.
Estoy contento de verles comer con tanto gusto, dice Batuecas. Al lado de la
carne hay que poner siempre verduras; el nabo es muy alimenticio y es bueno
para la inteligencia. No hay carne de guajolote que pueda compararse con el
nabo. lguien dijo que las verduras son pata las cabras y el agua para el pez.
El agua es buena para el pez y para el hombre· el vino no debe tomarlo ninguna persona decente, porque degenera en borrachera.
Y ahora que han comido, dice B-atuecas, salgan ustedes por el patio durante una hora, para que no les haga daño la comida. No olviden ustedes de
echar los restos de la comida los huesos a los gatos del Colegio.

Algún muchacho avispado suele decir en v b . .
hay gato ni perro que vi a
~z ªJª• con tantos ayunos no
,
v en esta casa ru persona.
días iremos perdiendo 1
.
'
, creo que en unos
Pero B tu
as gras1tas y nos quedaremos flacos como el viento.
a ecas se esconde en su departam to
viandas que le tr
1
.
en y come entonces las ricas
ae e coanero.
.
Algunos muchachos más espabilados se le P«r&lt;&gt;pan p 1
te la noch
1am
or as ventanas duran
.
e y so
ente quedan en el Colecio los .
siempre encuentra . tif
"'
tunoratos. Pero Batuecas
JUS icante ante el Patronato ase
d
·;agabundos, a los que no
les puede retener, co:no n~=
u:s
ormados. y nuevos alumnos son sometidos a la mism
. .
mismos resultados.
ª expenencia, con los

se

:mq;:.=as

Faltaba el hombre
de
, y fue Antoruo,
. el labrador. Estaba
casado
.
1 fe. y de
.. razon
y su mu1er no e dio hijos. Pero las semillas sembradas en la ti
le dab an abundantes cosechas.
erra
la;:d:,sa;e llen:_~ de luces y sombras. Faltaban los hijos en el destino del
cundo l.
_tuvo JOS con_ otras mujeres. El labrador de estirpe debe ser fe: o DllSmo que las berras cultivadas. La mujer era bondad
prendía las razones de su espo o f rente a su yermo resultado de madre
osa y comaun
q
ll
b
ue e a aparenta a desconocer.
,
En. los dos existía la fe y la razón • EU a creta
, en su mando
.
tenía f
d estmo y la razón justificaba a los hi. os d
.
'
~ en su
Antonio tenía f
.
~
e su mando con otras mu1eres.
e en su muJer lo llllSmo que tení f
.
gas, pero a diferencia de éstas la mujer no era p -~ e en shi~ berras pródivirtudes.
ro ga en JOS pero sí en
La raz'on 1e h'izo ver 1as conveniencias de los hijos Un lab d
. hi"
no es concebible, lo mismo que una tierra e t' il
.
ra or sm JOS
Se ' 1 ·
s er para un labrador de casta
na o IDJsmo que aceptar las tierras estériles con los brazos cruzado
.
labrador
debe
hacer
que
las
tierras
sean
fértil
s
.
1
.
s
y
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b
e ' y si no o consigue las abanel
nl'.1- y usca nuevas tierras que le den frutos a su esf
'
-

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:m:u:~~

.

u~

pájaros,
d: :~:~:: ; 0 :1:~r:e:do el hombre_ está rodeado de
semillas fecundan el suelo
.
eres como suenos de amor. Las
y las mu1eres son tentaciones para los frutos del
amor.
En el comienzo del mundo, el hombre sembró la tierra rcc . , 1
tos que le daba liberalmente· O cuidó d e los amm
. al es eny el pastoreo
ogio os fru1e d aban leche carne O lanas y l ti
.
, que
bli
.
,.
. . a erra sil vestre fue un Jardín,
el Edén
bíco,, y s1 las _berras estaban sm frutos útiles para el hombre , t I
formo en un Jardín de fertilidad. El hombre botánico
.
es e as transcreador de la naturaleza botáru'.
. din
y Jardinero fue el reca y Jar era.

~

173

�EL EJE METAHISTóRICO DEL PORVENIR EUROPEO
Da. r vo

HoLLHUBER

está en juego. Poco aprovecha que hablemos de
política; de todas maneras no concluiremos el asunto. Para alcanzar el objetivo es necesario que nos demos cuenta de antemano de las bases de la civilización europea.
Europa es la comunidad de las naciones que reconocen el valor obligatorio y unificador de las normas de orden objetivo. No es una comunidad de
Estados, sino de naciones que, cada una por su parte, constituyen una comunidad en lo universal, antecediendo con ello a los Estados particulares.
EL PORVENIR DE EUROPA

Las normas reconocidas como obligatorias son independientes de una soberanía de Estado y también las usanzas democráticas, que no pueden someterse
1
a votación.
·
Para evitar un nacionalismo estrecho, sin que todo vaya a absorberse en
la quimera de un Estado Mundiaf, simplista y único, es absolutamente necesarw dotar a la nación de una misión universal.
½s intereses de una Europa libre y fiel a sus altos valores culturales se
verán mejor servidos cuando nazca el día de una paz que sea la obra de la
justicia.
Para llegar a esto es necesario tomar el camino de la verdad -verdad histórica, moral y trascendente.
La verdad histórica se hará accesible sólo cuando se abran los ojos (hasta
ahora enceguecidos por un fariseísmo altanero de los "cruzados") a la necesidad de un revisionismo de la historia contemporánea.
El horiwnte del porvenir se nos presenta bajo un aspecto bastante lúgubre: Winston Churchill, al fin de la segunda guerra mundial exclamó: "las
naciones del este de Europa lloran sus libertades detrás de la cortina de hierro construída por Ja Unión Soviética. La situación es peor que lo que fue

175

�en 1939" 1 y añade "Potsdam marca el fin de la Europa que nosotros habíamos conocido y por la cual está'bamo en guerra,, •2
.
Arnold Toynbee nos demuestra 1a Posibilidad de una al_ternatlv~ funesta:
¿ qué se prefiere: la destrucción de la humanidad o cua~oc1entos anos, o ~un
cuatro mil años de régimen comunista? a y nos aconseja escoger la doIDJn~ción rusa. Más aún si queremos evitar un suicidio en masa, sería necesario
erigir lo más pronto posible un Esta~o Mundial a~~ cuando este, ~o correspondiera en un principio a nuestro ideal de un re~en, democrabco. Y_ de
nuevo Toynbee nos aconseja inclinarnos ante este ultunatnm que nos dicta

la hora de la historia presente}
¿ Qué tiempo hemos avanzado?

Escuchemos dos voces proféticas del siglo pasado:
a) En un estudio magistral "Donoso C~rtés -T~logo ?,e la ~~toria Y
profeta-'' Jules Chaix Ruy dedica un capitulo especial al Profeta D~~~­
so Cortés; he aquí algunos pasajes que nos dan qué pensar por la precrsmn
con que fueron previstos los acontecimientos:
.
.
"Se puede temer todo de Rusia, tal vez no en cuanto lo 111IIled1ato,, pero
sí en cuanto a un futuro no muy lejano. . . Sin embargo, no es un pru.s poderoso en Europa sino en la medida en que encuentra frente a sí una Alemania dividida. Si se viera frente a frente con una Confederación germánica
unida y fuerte, de inmediato la eríamos vacilante y ~e_rraída... P~ro vendrá el día en que se encontrarán reunidas las tres cond1c1ones reque~~as para una expansión eslava. E tas tres condiciones son: una revo~ucmn ~ue,
d ués de haber disgregado a las sociedades occidentales habra destrwclo,
esp
. 1ism
d
vencido a sus ejércitos permanentes; una extensión del soc1~ . o que, esp~jando a todos los propietarios, habrá hecho llegar el patnottsmo a. su raiz ,
misma; finalmente la reunión de todos los pueblos eslavos en una mmensa
confederación. Se puede pronosticar sin vacilación que ese día el despotismo
ruso instaurará un poder tiránico en toda Europa. Puede ser, en efecto, que
el despotismo, en Rusia, cambie de forma; pero su estructura permanecerá
1

Cf.

G~ORGES BoN NET,

Le Quai d'Orsay sous Troi.s R épubliques, París 1961 p. 383.

~

Cf. ib. p. 389.
.
• Cf. A.RNOLD AND PBIL1P ToYNB"EE, Compari11g Notes: A Dialogue acmss a Generat,on,
ed. Wcidenfeld and icokon, Londres 1963, pp. 125-126: "Arnold Toynbee: ... The
question now is: would you prefer the liquidation of the human race to four hundred
years or four thousand years of Communist rule?
. .. .
• Cf. ARNOLD J. ToYNBEB, The Present-Day Experiment in Western Cw1l1zatwn
(Beatty Memorial Lectures in the Me. Go University of 'Montreal) 1961, Oxford Press,
Londres.

176

idéntica, un solo hombre poseerá un poder colosal; en él se expresará el Estado-Moloch, el Estado-Dios o más bien el Estado-luciférico". 5
Recordemos que Donoso Cortés ( 1809-1853) escribió estas palabras proféticas hacia la mitad del siglo XIX, cerca de cien años antes de la muerte
de Stalin.

¿ Y qué han hecho nuestros "cruzados" tan "prudentes" que han tenido la
ventaja, sobre Donoso Cortés, de ser los contemporáneos de Stalin y coruiguientemente de conocerlo de cerca?
Georges Bonnet, intérprete imparcial de la historia contemporánea, nos lo

dirá:
Después de la invasión de RU$Ía por Hitler "la opinión mundial cambió
de rumbo fácilmente por los discursos de los jefes de las Naciones Unidas y
su propaganda en favor de la U.R.S.S. . . . Es el principio de una inmensa
Y trágica impostura de la que los Gobiernos son más o menos conscientes y
cómplices,. y que falseará gravemente y arruinará su victoria y la esperanza
de una larga paz. . . Stalin ahora es el buen pastor de una 'democracia popular' y esta nominación servirá para encubrir todo, para excusar todo: las
confesio,nes espontáneas, las exacciones, Jos campos de trabajo, las purgas
sangrientas, el terror, las deportaciones, todos los crímenes de una insoportable tiranía•.. ¡ Todo ello es nulo y se tiene por no habido!" (Le Quai
d'Orsay, pp. 381-382).
Y Churchill conviene en ello: "La situación es peor que en 1939", "Potsdam marca el fin de Europa":

"En el este, detrás de la cortina de hierro, once naciones han quedado
totalmente esclavizadas bajo el yugo soviético" (p. 435).
"Desde 1945, los aliados habían presenciado impasibles la ruina de sus
esfuerzos y de sus sacrificios, abandonando en manos de los comunistas las
tres cuartas partes de Europa y China" (p. 436 las itálicas son nuestras).
"Eisenhower, Mac Millan, Guy Mollet dicen de Khrouchtchev: 'es un nuevo Hitler'. Triste constatación para los vencedores de 1945. Pues la U.R.S.S. de
Khrouchtchev representa una potencia comparable con la Alemania de Hitler,
puesto que domina la mitad de Europa y Asia por su alianza con China. La
atmósfera del año 1960 hace recordar de un modo muy plástico a la dd
año 1939 (p. 517).
Podrá objetarse que vivimos en 1967 y no ya en 1960 que Khrouehtchev está eliminado y que, desde 1966, a la hora de la Revolución cultural en

China, el eje Moscú-Pekín ha empezado a tambalearse y ya se encuentra de• Cf. JuLES CHADr Ruv, Donoso Cortés, P.arís (ed. Beauchesnc) 1956, pp. 167-168 y
Ivo HOLLHUBER, Geschichte der Philosophie im Spanischen Kulturbcreich Munich
(ed. E. Reinhardt) 1967. pp. 100-105.
'

177
R

�bilitado. Pero no ol idemos. Jo que Tchou-en-lai nos jnsinuó una vez por todas: "Suceda lo que suceda, los pueblos hermanos chinos y soviéticos harán
frente unidos a cualquier tmmenta que puruera sm-gir en el ~undo" ~~f._ la
entrevista dilunruda por una cadena de televisión indepeniliente bntáruca

mo .del Este Y e1 Est:1~º único, i~lmente totalitario y simplista en la imaginac16n no menos. utópica de la 'francmasonería" del Oeste.
« ~bos_ ~uponen err6neamente que el sentido de la historia es idéntico a la
civilizacion pura y simple".

(AFP del 3 de marzo de 1964)).
.
Pensemos, si después de todo esto, nos po~r~mos d~ por sa~fe&lt;:_hos acc~tando, según la sugerencia de Toynbee, el nesgo de cuatro mil anos de re-

No conocemos el fin de la historia; y sólo el que conoce lo futuro se encuentra capacitado para interpretar adecuadamente Jo presente.
El sex temporal del mundo histórico quedará impenetrable siempre que
deba seguir habiendo tiempo.

gimen comunista".
b) La segunda oz profética del siglo pasado a la que deseamos prestar
atención es la de Vlarurnir Solowjew ( 1853-1900), quien nos reporta en un
comunicado escrito en 1899 una proclamación del Anticristo que decía: «pueblos de la tierra . las promesas están cumplidas! la paz univcrs.al está asegurada por toda ~ eternidad. Toda tentativa por destrwrla 5:- enfrentará
inmeruatamente a una oposición irresistible; en efecto, a partir de ahora,
ya no hay sobre la tierra sino un solo poder central._ .. Este poder me ~rtenece ... El derecho internacional se ha apoderado fmalmente de 1~ sanc10~
que le había faltado hasta el presente. En adelante, ~guna, pot~nc1a tendra
la audacia de decir 'guerra', una vez que yo habre dicho: paz pueblos de
,,, 6

la tierra ¡ la paz sea con vosotros. .
Hay que añadir "que después ( pero también desde entonces)
. . que una
dominación verdaderamente universal ha sido posible, el Anticristo e~ una
posibilidad de hecho ... Una organización mundial J1odría traer ~~nstgo _ l~
más mortal y la más invencible de todas las tiranías, la i11stauracio11 defimtiva del reino del Anticristo". 1
Con todo esto el Anticristo para quien el Estado mundial será un Estado
totalitario en el sentido extremo, sería un "bienhechor" y "tan sociable que

se hablará de él en todos 1os periórucos''.
Nos encontramos muy cerca del ideal de la Carta del Atlántico: tambié~
ella habla de una paz "que garantizará a todos los hombr~, e~ ~odos los _pa1ses, poder vivir toda su vida libres del miedo y de ]~ rmsena . _Es la idea
del progreso en el interior de la historia la que, de ~e~~o en. tiempo, n~s
fascina y nos engaña con la ilusión "que el proceso histónco_ m1Smo llegara,
en forma más O menos necesaria, pero de todas maneras en virtud de fuerzas
amente históricas a un Estado final 'en el cual todas las exigencias de napur
'
, .
lí .
,
!izadas' ' s
turaleza religiosa, moral, artística, econom1ca y po hca seran rea
•
.
Los extremos se tocan: El Estado único, totalitario Y simplista del comums• CI. JosEF PraP.ER, Ub er das Ende der Z eit, Munich, segunda edición 1953, P- 161.
• Cf. ibid. p. 149 ; el subrayado es nuestro.
. _
.
• Cf • E CKART VO Svoow, Der Geda11ke des Idealreichs in der idealistrschen Ph1losophie vo11 Kant bis Hegel, Leipzig, -914, p. 1 y JosEF PrEPER, 1. c. PP· 105 Y L94.

178

~guie~~~ las huell~ _de Pascal, reconocemos nuestro deber de ponernos
a disposic1011 y al servicio de la justicia, que es la única que nos dará esta
paz tan deseada; y reconocemos también el deber de combatir valerosamente en fauor de ella, si11 pretender jamás que podremos hacerla triunfar con
nuestras propias fuerzas.
. Leímos en una novela de Anatole France un pas.aje que merece ser merutado:
¿ Qué es la historia? La representación escrita de los acontecimientos pa~d~s. Pero ¿qué es un acontecimiento? ¿Es un hecho cualquiera? o, me
d1re1s: es un hecho notable. Ahora bien ¿ en qué forma el historiador juzga
que se tTata d~ un hecho notable o no? Juzga arbitrariamente, según su
gusto Y su cap~~o, según sus ideas, ¡ a la manera de un artista!, pues los
hechos no ~e ,~VIden por su propia naturaleza, en hechos históricos y en
he~os no h1Stoncos. Por otra parte, un hecho es algo extremadamente comple~o. ¿~epresentará el historiador los hechos en su complejidad? No, ello
es _imposible. Los rep~ntará despojados de la mayor parte de las particulandades que los constrtuyen, por consiguiente truncados, mutilados difer~tes de lo que fueron ... La historia no es una ciencia, es un arte y sólo se
acierta en ella por medio de la imaginación (Le Crime de Sylvestre Bonnard
II 4 · las itálicas son nuestras).
Estamos completamente de acuerdo, con tal que no sea el capricho ni el
solo buen gusto del artista el que determine la elección, sino el hombre dotado del don sublime de la inteligencia ("inteligencia" se deriva de "intus
legere" igual leer en el interior) .

Hacemos nuestra la distinción s.agaz de Leopoldo Eulogio Palacios 9 entre "!actible", q_ue con-esponde al arte, y "agible" que corresponde a la prudencia. Desgraciadamente, en general los políticos no poseen sino el arte de
l~ políti~ y no la prudencia política, que es una virtud. El arte y 1a ciencia tamb1en pueden alojarse en el alma de malhechores y ladrones. Lo que
vale a propósito del historiador en general, también vale a fortiori a propó• CI. L x oPOLDO EuLOoro PALACtos, La Prudencia Política, 2 ed., Madrid 1946,
p. 83 SS.

179

�sito del escritor de la historia contemporánea : éste puede tener un alma de
ladrón. He ahí por qué sucede tantas veces que nos engañamos con los que
escriben la historia de nuestros contemporáneos y de los acontecimiento que
nos son familiares a quienes vivimos rodeados de e1los. Para escribir sobre el
problema europeo en particular, hay que tener el alma de un gran europeo;
de lo contrario, hablar sólo de política europea equivaldría a jugar a un juego que aún carece de reglas. Pero tener el alma de un an europeo no se
aprende a fuerza de hablar sobre lo que ya otros han dicho y welto a decir
cientos de veces. El tener el alma de un gran europeo coincide con el entendimiento, ya subrayado tantas veces por nosotros, de g_ue Europa es la comunidad de las naciones que reconocen el val01 obligatorw y unificador de
las normas de un orden objetivo.
Querer defender la civilizació y la cultura occidentales contra las amenazas del comunismo militante gracias a una americanización más o menos matizada, sería tanto como cambiar solamente el modo de la desew-opeización
continental y progresiva de la cultura europea, pero no impedir aquel funes-

to proceso que ya mpieza a anunciarse como tal.
Lo que habría que hacer, y hacerlo sin demora antes de que sea demasiado tarde, es una triple purificaci6n:
a) Sólo son practicables las vfas que tienen como bases de la ci ilización
europea a los valores eternos y a los fines existenciales del hombre que son
de orden objetivo.
b) Sólo son practicables las vías que ti nen coroo Jines no una paz de cementerio, sino una paz fecunda fundada en la justicia que conceda a las diferentes naciones un mismo derecho de libertad para disponer de si mismas.
c) ólo son practicables las vías que usan los medios de un Derecho de
Gentes entendido como Derecho Natural de las Náciones y cuyo concepto
tiene sus raíces en capas mucho más profundas que lo que son los Estados
y que constituyen comunidades de destino en lo unive1"Sal.
Visto a la luz de esta triple purificación deberá ser revisado casi todo lo
que han tratado de inocular lo fanfarrones y los numerosos prestidigitadores de los diferentes "ismos" preconcebidos por la mayor parte de nuestros
historiadores contemporáneos y por escritores aturdidos.
Todo se presta a creer que la diplomacia moderna ha nido a r víctima
de una especie de daltonismo 'sui generis" que le impide ver el callejón sin
salida de la política mundial. Muy rara vez ha logrado penetrar las limitaciones de la visión de la O. .U. y de sus sucur.;ales un rayo de luz tras·
cendent , lo cual es debido sin duda a que estas instituciones han quedado
a menudo deliberadamente imbuídas del espíritu positivista y utilitario.
Los autores revisionistas se han esforzado principalmente por clarificar el

terreno dde Ja historia
,
.
. . contemporanea.
Poco importa
en realidad que hayan
exconagci~en
susbi ~~.s1oones antitéticas y hayan hecho oscilar el péndulo de la
cia stónca
en, una
clireccmn
· ' opuesta. Por lo menos se han hecho
acreedores
.
.
a
aertos
mcntos
por
el
valor que han teru·do d e na dar a contra· t
;rnen e con respecto a _la mayor parte de sus colegas "prevenidos" en favor
e una propaganda ano-alemana.
Sin
la. clarificación del terreno de la llll&gt;LOna
t.:... . contemporanea
,
d , embargo,
b
no
po ri_a astar por sí sola sino para construir castillos en el a.
cesana que baya sido su labor para abrir el c"'=;"
y ~topró
por~ne.............o a un rre,
porverur
r
0
d una Europa nueva.
·r-

.º

•
i Hic Rboclus, bic salta! Todo depende de si los m,í~" es . ºtual de la nueva
Europa te ndi'
npin de Europa que
·an o no la capacidad de encontrar
el pivote
no es de orden económico, sino de orden trascendente
aguzar e1 espmtu
• · y b. acerlo ver claro para que pueda
·
. Para
l
captar 1
cia y no lo accesorio antes
.
o esenReich significó para Europa ~;:~no -~rse- cluenta de lo que la idea del
.
e vanos s1g os.
El Reich no era u,ia invención alenlana La cuna d
"d
a las 'pocas que com
dí
,
.
.
e esta I ea e remonta
,.
pren an aun bien las relaciones intrínsecas
li
a 1 pohtt~ y a la civilización con la moral. Cuando Grégoire d T que gan
ceb1a la pnmera historia francesa a saber la "G t D .
F e ours conb b"
'
es a ez per rancos''
ta
a 1en persuadido d . que se trataba de 1as v1c
· tonas
. de D10s
. e1ecutadas
. ' es ·
l F
por os rancos La misma
·,
victoria de Carl~s Martel so;;en~:~~:r!r:v:~e:o:~.. ninttoerpd reCtacilón de la
rey d I F
S
""
e ar omagno
. e o~ ra~cos.
era plenamente consciente de que algo del R .
d'
Dios babia baJado a la tierra.
erno e

~

!:n

un Reic~ de Francia quien había salvado esta idea de un reino s·
m
eamente mmanente y trascendente, incorporado en el Reich ,.in
por
_nucee
"d un acto
h , de sacrificio extremo: Conrado, ReY de Ios Francos qmen
Vl a no ab1a acertado_ a unir Sll Reino, designaba en 918, al mo~ento co~
mo sucesor a su ~nermgo más poderoso, el Duque Enrique de Sa ·on~ 1
1
cual
• • •fue
e
' sal aba
Ohla wndad del Reino y abría paso para la casa de SaJonia·
as1 orno
l on 1 encontró allanado el camino para convertirse en f ' d
dor del Reich.10
un a-

~~

Los descendientes d
df Ews
pp.10 388
y 414. Eun.,

la casa de

v:om s·mn

p b urgo deberían ser considerados so-

der Gege11wart, Viena-Lcipzig (ed. "Braumüllcr) 1933,

181
180

�bre todo como emperadores alemanes y como protectores de la unidad del
Reich; fue bajo este signo como los había visto Leibniz, lleno de veneración
profunda por el Reich y por el Emperador, al igual que lo había sido Dante Alighúni.
Ha pasado más de un milenio: en 962 Othón el Grande rey alemán, fue
coronado emperador Romano. Había sonado la hora del nacimiento del
Reich.
]ose{ Pieper ha tenido una visión más profunda: "La idea del Santo Imperio Germánico, representa, por una parte lo que puede concebirse de más
intenso en cuanto a actividad histórica y, por otra, no ha sido posible pensarla sino porque el carácter escatológico de este Imperio Romano ha sido
expresamente comprendido y mitido. . . el Imperio romano era considerado
en Occidente como el último. Por consiguiente, tanto para Carlomagno como para Othón 1, no podía haber otro imperio más que el Iropel"io Romano, 'transmitido' a los francos, después a los alemanes; un imperio, pues,
situado en el dintel del juicio final ... sin que la actividad dentro de la historia haya tenido que menguar en lo más m5nimo". 11
Si se pesa, por una parte, la primacía de las naciones sobre los Estados
y si se quiere, por otra, impedir que Europa, inspirada en ideas universalistas, no recaiga en un nacionalismo exagerado, que sería su ruina, resulta que
no debe debilitarse a las naciones, sino que debe dotárseles de la conciencia
de una misión universal; 12 todo esto teniendo en cuenta el hecho de que el
espíritu universalista es contrario al espíritu de colonialismo alimentado hasta la fecha a menudo bajo la máscara de un espíritu pseudo-europeo.
Recordemos lo que decía Montesquieu, quien opinaba que "Europa no
es más que una nación compuesta de varias"; tengamos también presente
que Balzac hablaba de la "gran familia continental, cuyos esfuerzos, en su
totalidad, tienden a no sé qué misterio de civilización".
Estamos muy alejados de los tiempos en que se consideraba a Alemania
como la cabeza de Europa; no era un nazi, sino Theophrastus Paracelsus el
que decía: "Europa tiene su cabeza en la Germanía porque Alemania es la
cabeza de 'EUiopa' (Europa bat sean haupt in Germanía, dan Dotschland
ist das Haupt Europae)"; Honorio Delgado~ antiguo ministro de la instrucción pública del Perú, dio relieve a esta idea de Paracelso rn al subrayar el
universalismo del pionero Germano.
La Edad Media, precipitadamente enjuiciada como sombría y tenebrosa,
u Cf. Jos:&amp;F P1EPER, l. c. p. 99 ( también la traducción francesa con el título de "La
Fin des Temps", París, Desclée de Brouwer) 1953, pp. 106/107 ; el subrayado es nuestro.
., CL AooLFO MuÑoz ALONSO, Meditaciones sobre Eitropa, Madrid 1963, p. 165.
13 Cf. HoNoRio DELOADO, Pariu;elso, Buenos Aires (Losada) 1947, p. 111.

fue
..
hay exuberante
de más h en su
. ul ru·d a d espmt~al
y ofreció a la humanidad lo que
.
umano. e alma teotropista del hombre.
d Los t:J.~~os modernos, embriagados con el sueño de un progreso ilimita
o, son victunas de múltiples prestidigitadores Dos
.
.
sacudido en vano y ya Jleo-an a
fin
d :
guerras mundiales los han
mico a cuyas p:erta
º
su
para e1ar su lugar al nuevo tiempo at6s nos encontramos en la hora actual
Se acaba de acusar a Europa de caducidad S .d
.
.
tenerse en pie. se hac'
..
·u
. us i eales no pudieron manhas
'
, J.a mour a m1 ones de hombres por simples f
.
ta se enorgu11ec1a de cierto heroísmo n:ihilis .
,
. . . antasmas,
cional ha triunf d
ta, el egoismo 111div1dual y na-

a o.
_L~ ideo_logías del nacionalismo extremo se combatían y caían en
tnonsmo
..
un pamacab ciego para ceder finalmente el sitiO ª un cosmopolitismo
bastante
ro.
Cada nación tiene, sus criminales y cad
., .
alemana también había tenid l
a _ria_cion tiene sus santos. La nación
.,
o os suyos: cn.mmales y santos.
La nacwn alemana, situada en el centro de Eur
.
cadenas de una consigna de odio d
. ,
, _opa, libre de las pesadas
desorientada or un homb
. y e miopia pohbcos, se vio primeramente
vada al banqw~llo de 1
re dgemal, pero megalomaníaco, y después fue lleos acusa os por "cr d " h' , .
el privilegio de monopolizar 1 . . . uzal os ipocntas que se confirieron
a 1ushc1a y e derecho natural
Una tarea sobrehumana y sobrenatural
trar su sitio en el concierto de las otras
~ e sobre ella; volver a enconral encontrar los 1
naciones, encontrar su unidad cultu,
va ores europeos en una Eur
,
tituirse entregándose a lo mate . l
1
opa q_ue está a punto de pros.
na Y a a tecnocracia.
LeJOS de aventurar una mirada hacia el este y otra hacia 1
ta d~ escoger entre el valor y el no-valor entre el Ser I N de oeste, se tratropisrno
1 nihil · •
'
Y a a a, entre el teoye
o-tropismo que tienta a los individ
.
esta elección dependerá la
.
.
uos y a las naciones. De
supervivencia o la decadencia de Euro a
Las Grandes Naciones Europeas deberán retomar al
.
P.
les tras d t
z
cammo de los ideaaen en es; so amente en ellos podrán encontrarse a sí .
Una reformad E
mismas.
t
. ,
e uropa que hiciera abstracción de los valores trascendenes, termmana
de nuevo en un océano de sangre., con la pérdida de Dios
¡ ¡
una ta re orma perdería también a Europa.
,
, en suspenso. Toca sobre tod
. La suerte de Eur opa es t a, t odauia
F
eta y a Al
·
•.
o a ran.
emania estar sm falta a la altura de nuestro tiempo Ni C l
ni Othón el Grand d
U
·
ar omagno
san re f
e ~ermen. no y otro esperan revivir en ti&gt; hermano de
g. rancesa, y en ti, hermano de sangre alemana.
Pnmeramente el emperador alemán era el jefe ele!rido del R . h
I
premo protector de la cristiandad, el representante
. e1cquey lee hasun ofº1c10

de u

183
182

�bía sido confiado por la Providencia Divina y santificado por una unción

lazo social y étnico mas
, f uerte y a veces tamb'' 1 , · T
son abandonadas las na .
ten e umco. i an luego como
,
Clones se entregan a ]a ruina
Encontramos esta alta sabidmí.a ya en Platón
.
no oye nada ni en el cielo w·
la .
(Leyes, 730 c.), para quien
'
en
berra que sea más d
dad. Los Estados que han
.
po eroso que la verdid 1
, .
perecido, han perecido porque hab'
d
o os asuntos mas rmportant
Iail
esatendel Estado debe ocu
d es para . ~l hombre. La verdadera sabiduría
b
·
parse e la salvac1on de las almas de , Pla ,
oca d~ Sócrates en su Georgias (p. 519).
,
c1a
ton por

eclesiástica.
Fue sólo mucho más tarde cuando la idea del Reich sufrió una metamorfosis que reemplazó al Sacrum lmpm'ium por un únperialismo bastante profano. H. llibl habló de dos etapas de la tragedia del Reich occidental: primero la lucha entre el Papa y el emperador y enseguida la lucha entre el
Imperio y la Reforma que hacía a lemania perder toda su sangre en calidad de apuesta hecha sobre el altar de las verdades religiosas, mientras que
las otras grandes potencias se dividieron el mundo entre ellas rnisrnas.
Fue una gran lástima que la mayoría de los hombres no haya reconocido
las cualidades extraordinarias de su contemporáneo Leibniz, gran filósofo,

El lll.lSmo Leibniz siendo un
· ·
fesar : "existentia e~tis alic . ~ J~~c~nsulto, no tuvo empacho en conmus sap1entJs1m1 seu De·1 t J . fun
ultimum" (M th 76)
es uns
damenturn
e .
. La verdadera sociedad de las n .
.
dad de las Naciones con Dios-.1-s
aaones es la Socie-

gran teólogo y gran político.
En su persona se encontraba concentrado todo lo que hubiera sido necesario para construir con mayor seguridad el porvenir europeo: la síntesis
de las ciencias, una embriaguez sagrada por la reunión de todos los cristianos

Pitirim Soroquin, que no es un lír"
.
.
sagró un lar o tra
'
' ico_ sm~ un reconocido sociólogo, onXVIII C g
Itado a _'la Energia llllStenosa del Amor" en las actas del
ongreso
nternaaonal de soc·10logta
, que tuvo lugar en Nuremberg
en 1958.u

y un amor ferviente por la idea del Reich.
El .que más tarde se nombraba el T erce1' Reich acabó por despilfarrar y
profanar una tan rica y desbordante herencia.
La gran cuestión que pudo ser considerada clave del porvenir no es otra
sino la de saber si la página que la historia volteó después de una época de
luchas y de combates, podrá abrir, en todo su ancho, las puertas a la común
aspiración hac\a los valores obligatorios y hacia las normas unificadoras de
orden objetivo que sirven de base a la comunidad europea.
La ciencia parecía haber destronado completamente a la religión. La creencia en un Dios personal al que hay que dar cuenta de sus actos, así como la
fe en la supervivencia personal después de la muerte, eran juzgadas absurdas.
Con esta fe la. conciencia de responsabilidad se desvanecía igualmente y con
ello se abrió el camino al capricho egocéntrico de todo aquello que se daba a la práctica del principio político de 'ponte a un lado para que "Yº pueda caber" en la vida individual y nacionaJ.1"'
Las grandes verdades constituyen, mejor que todos los otros medios, el
"' Cf. F .

J. P. V.EA.LE, Advani;e

to Barbarisme, Appleton 1953, segunda edición, •~ew
Insertion" redactado por el mismo ; cf. edit. allmde pp. 340, 341: "Only one question
remains to be dealt with. . . : Wby was it that civilization after progressing steadily
for centurie sbould have begun to go into reverse in 1914 and that for four decades
thereafter this retrograde movement should bave conti:nued with ever--increasing momentum" ... "Whatever may be the final explanation accepted, it seems likely that thi,
explanation will take into account the undeniable fact that this retrograde movement
followed immediately after a period during which scientilic investigation shattered, or
appeaTed to shatter, the religious beliefa bitherto beld without serious question in

Sin
. un "pro d ucto, acumulación o circulación" de 1
, d
desinteresado, ningún otro medio es ca
. a energ1a e un amor
rras fratricidas ni de establ
d paz de ~leJar en e1 futuro las gueEl
ecer un or en armonioso en el universo h
amor como fuerza suprema de las rela .
. umano.
necesidad vital: sirve ya a los ·~
c1ones humanas constituye una
mnos como un espe · d
•
.
la vida de los individuos y de 1as sociedades
c1e e v1tam.ma, prolonga
y de terminar las catástr f
y es capaz de parar las guerras
o es.

Sin embargo Soroquin habla deI Amor como de una mercancía ("love
commodity"):
, ' amor' constituye la
can"Nosotros
,
, comprendemos
.
' en fin ' que 1a mercanc1a
cia lnáS necesana para todas las sociedades. sin
, .
merpuede obtenerse en abundanci
.
'
un mmllllo de amor no
.
a runguna otra mercancía y actu l
htuye una mercancía de 1
d
d
.
,
a mente cons.
"
as que epen en la vida y la muerte d I h
mdad .17 También deplora "la falta d e un es f uerzo orgamzado
.
e para
a urnauna
lS Cf.
1 dis
1923 en eocasi,curso
d pronunciado por W&amp;NZEL Po HL en la Universidad de Viena en
on e 1a ce1ebración del sexto centenario
Tomás de Aquino.
de la canonización de Santo
1$ Cf.
las Actas del XVIII Congreso Internacional d S .
,
Meisenheim/ Glan, Alemania), 1961 vol. I
87- 2 . ~' ociolog¡a, _(ed. A. Rain,
Love" así corno el siguiente tratad~.
1 T3. The Mystenous Energy of
124-158) .
.
as1c rends of Our Time" (ib. PP•

"Th~l\ .

u Cf. PITIRIM SoROKJN Fads
d F 'bl
•
ces, Ch.icago 1956 p
"W ª~•- 'aºi esdin Modern Sociology a11d Related Soien, ·
·
e iillea Y un erstand that the ']
.
.
most neccssary commodity for
.
th
.
ove com.modity' 1s the
any sooety:
at w1thout its .IllllUlll.
• uro no o ther com-

113 ·

one forro or another by the vast majority of mankind".

185
184

�producción abundante de la energía de amor en el mundo humano" .18 Una
elevación modesta de la conducta ética de los mortales bastaría plenamente
para evitar las catásttofes y las guerras y mejoraría enormemente la armonía
social de la humanidad ("the love output of hwnanity"), entonces los principales sistemas culturales deben ser reconstnúdos. Sin embargo P. Soroquin,
quien es bien conocido y apreciado con razón como campeón intrépido contra
la cuantomanía, la testomanía y el positivismo mecánico de la sociología moderna,19 parece abandonar aqui el método adoptado por él mismo que tiene
éxito.

En efecto, e1 amor no tiene ninguna relación con una mercancía cualquie-

ra, por preciosa que ésta pueda ser, ni con un "rendimiento" cualquiera, por
sublime que éste pueda parecer; tampoco permite una comparación con la
producción y co11servación de la energía que se pudiera transferir a un lugar
en donde se la necesitara con urgencia. Tampoco existen técnicas de transformación altruista. El amor que constituye el agente más personal que se
pueda imaginar no puede nunca provenir de un centro impersonal que lo
dirigiera hacia un lugar en donde se Ie necesitara. El mejoramiento del mundo
por medio de un amor independiente de un centro personal (Dios) continúa
siendo sólo W1a utopía. 2º
¿ Por qué, a menudo, la miopía del hombre de la calle no 1o deja aceptar
un Dios personal y justo.?
Cuando se dice: el mal triunfa en el mundo y lo justo es perseguido y castigado, por consiguiente Dios no existe, se niega ya que haya una justicia divina más allá de este mundo y se niega primera.mente la existencia de un Dios
trascendente, la forma de este raciocinio no es "el mal triunfa en el mundo,
por consiguiente Dios no existe ', sino más bien este otro, a saber: "Dios no
existe y no hay justicia ultramundana, por consiguiente el mal triunfa en el
modities can be obtained in abundance; and that at the present time it is a commodity on which depends the very life and death of humanity".
u Of. ib. p. 115: "All this shows the astouncling lack of organized effort for an
abundant productlon of love cnergy in tbe human World".
19 Cf. Prrm.1M SoR0KJ , "Fads and Foibles.. ." passim y
Ivo HÓLLJ,IUllER, Sprache-Gesellschaft-Mystik, Munich-Basilea 1963, pp. 163-168.
"' Por esta razón en un estudio Metasociology o/ Intuitional Jntellige11ce (que será
publicado pronto), hemos puesto en duda la competencia filosófica de P. Soroquin
debilitada por su tolerancia gratuita del 1 ateísmo, sin prejuiciar en nada contra la
importancia capital de sus obras de orden sociológico (sobre todo de su volumen
Fads and Foibles in Modern Sociology and Related Sciences), Chicago (1956) que

mundo"
, · presupone siempre ya una ya otra forma del
ateísmo .t E1
, . ateísm o practico
eonco, pero no viceversa. 2l
Cuando se dice con Camus· la ºd
.
por consiguiente Dios no exi ~ VI a ~o _tiene sentido, la vida es absurda.
·
. .,
s , se es v1ct1ma de la
·
. ,
'
llilsma 1lus1on: el que dice que 1 'd
_
IWSilla rmop1a y de 1a
.
f'
a VI a no tiene sentid
.
llllSma a mnación que Dios exista
o, ruega ya por esta
negar todo sentido en la vida - ulp~rque no se puede de ninguna manera
y son taneamente a
ta I
.
pues ello equivaldría a contrad .
p
cep r a eXIStencia de Dios
ecrrse or consigu · t
'
un sentido a la vida implica
.
.
rene, ualquiera que niega
•
,.¡_
•
,
ya en esta afrnnación la
. .,
cm u..e Dios. También en esta
.,
l
,
negacion de la ex.istenocas1on e ateismo p , f
de un ateísmo de orden teó.,..;co n
rae ico es la consecuencia
,
.. . ror otra parte se ,
mas orgullosas pretender que fuera 1 h b ' na una arrogancia de las
en la historia mientras q
I e ?m re el que hace triunfar el bien
ue, por e contrano (c
p
en la carta dirigida a su h
.
orno ya ascal lo decía en 1661
ermana Gilberta ) nuestr d b
te en ponernos a ta disposición
1
. . ,
. o e er consiste solamenb .
y a serv1c10 de la Just' . . 'I
atir en favor suyo sin pretend h
l
.
icra' so o nos toca comer acera tnunfar· [M'ch
1
I
ca anade a esto] el que se ar O
, Y
e e Federico Sciacf
rot&gt;a esta tarea por e t
J
ia a sus propias fuerzas el triunf d J b. '
s e so o acto es ateo: conb"
o e ien y por esta r ,
1
ien se. perderá y que el mal tr'urú
, por cons1gwe
. . teazonf' conc nye'
1
ara,
, . que r.l
que D 10s no existe.
n , ª uma tac1tamente
Esta reflexión no es un simple rod
.
la fu,erza espiritual y moral d E eo, smo que es capital en cuanto que
•
e uro pa está centrad
D ios, 2 2 digan lo que quieran los .
. :
a en su creencia en
aún no ha madurado.
agnostlastas, es decir aquellos cuyo ateísmo
Entre los problemas cuya solución toca a 1
.
absolutamente nada que hacer con el i ·
~ prudencia Qa cual no tiene
de la "expediency" americana] reg /dagmadtlsmo europeo y con la politica
"d .
'
u a ora e todas 1as virtud
nan la v1 a mdividual y social, el de la paz tie
. .
es que or-deLa exigencia más urgente de
d'
ne la priondad sobre los otros.
nuestros 1as para alca
Paz f un dada en la verdad l . t. .
l .
nzar y garantizar una
' ª JUS icia Y a libertad ser' ]
ONU y en sus organizaciones sucursal d l
' . a a penetración en la
d
.
es e espmtu cnstla
1
.
e ser contrano a la verdad h"is.onca,
•, .
se confunde e . t no. , o cual leJos
R ara vez una encíclica
l h
.
n m enc1on con ella.
la opinión pública y ha pap~d a retemdo tanto la atención benévola de
merec1 o tanta a:tenc·ion
, uruversal
.
como la Encícli. :n

Cf. MrcnELE FeoE.Rico SCJACCA

rati), 1962, pp. 7-76 y

' Filosofia e Metafisica, tomo II, Milán ('Ma.zo-

Ivo HoLLJWBER , M"ic hele Fedenco
.
Sciacca ein W
.
Meisenheim/Glan (Alemania) 1962
•
egweiser abe11dliindischen Geistes
,
pp.
40-41.
12
Cf. JoLios

voN

Bo

.

Congreso Pan-Europeo, ::~::, 1:;~:n/~3~11.rope, folleto editado con ocasión del

le dan valor de sociólogo genial.

187
186

�ca Pacem in Te-rris que JuAN XXIII publicó el jueves santo de 1963, dirigiéndose no solamente al mundo católico sino expresamente a todos los
hombres de buena voluntad.
Es así como también los intereses de u.na Europa libre y fiel a sus altos
valores culturales se verán mejor servidos y harán nacer el día del advenimiento de la "Pax opus justitiae".
El Papa puso cuidado en di tinguir entre las falsas doctrinas filosóficas y
sociológicas por una parte, y los movimientos históricos ampliamente influenciados por el curso de los acontecimientos, aún cuando estos últimos hayan
debido su origen y obtenido su inspiración a aquellas t-eoóas.
Juan XXIII deseaba "que una nueva energía venga a animar a los gobernantes, que los ayude a creer en la presencia de Dios en la historia y a
aceptar su ley, hasta sus consecuencias lógicas, hasta sus aplicaciones concretas que ella comporta, y que sean llevados de esta suerte a hacer todo,
absolutamente todo, en espíritu de obediencia, a un deber que los sobrepasa, que trasciende la vida de los individuos, y que, en este espíritu, no
desatiendan nada de lo que pueda favorecer el desarrollo de la personalidad
humana y asegurar aquí abajo una vida en sociedad que tenga por sólidos
íundamentos la verdad, la justicia, la paz y la libertad" .2 3
Juan XXIII subrayaba en su encíclica también la importancia de la
ONU y deseaba vivamente "que la Organización de las Naciones Unid1'1.s
pueda cada vez más adaptar sus estructuras y sus medios de acción a la inmensidad y al alto valor de su misión".
Ahora bien nosotros no hemos dejado de hacer el elogio de la ONU en
lo que concierne a su programa formulado en su preámbulo ("preservar a
las generaciones futuras de la plaga de la guerra, etc.") , lo cual no nos ha
impedido criticar muchas realizaciones de _dicho programa. Pues sería traicionar su programa, estipular a apenas unas semanas del día de su nacimiento, en el documento de Postdam la exclusión de una quincena de millones de cristianos de origen alemán. Y aún en la hora actual, la exclusión
perpetua de una nación que abarca -independientemente de las fronteras
de los Estados que habitan sus miembros- cerca de setenta y cinco millones de organización universal, exolusi6n fundada en el fantasma de una
culpabilidad colectiva; esto constituye una negligencia de ninguna manera
compatible con la altura de su misión, de la que habló el soberano Pontífice.
"Si el mundo se siente extraño frente al cristianismo, el cristianismo no se
siente extraño frente al mundo". Quien hablaba así era el Papa PAULO VI
en Belén, el día de la Epífanía del año de 1964; pone de manifiesto la ver,. Cf. la arenga de Juan XXIII durante la ceremonia que celebr6 el 11 de abril
de 1963 en la capilla Sixtina para los miembros del cuerpo diplomático.

188

,/

dad de la bien conoci·d a pal abra de los escolásti . "
.
.
curo Deo est coniunctio ho .
.
"
cos. coruunctm hominum
"Exis
.
mmum mter sese y la del gran L ·b .
tentra entis alicuius sap·1ent1ssurn
. . . seu Dei
' . est · • f e1 ruz ya citada:
mtw1".
Las
grandes
verdades
.
JU11S undamentum
ulti. ,
constituyen el lazo social
, .
,
y qmzas el único. tan luego co-m
I b
y · etmco mas fuerte
'
,,_.,o se as a andona las
gad as a la ruina. La Unidad reli .
.
'
naciones se ven entrelas unidades sociales y étnicas. y
es la base más sólida de
0
O
Asamblea de la ONU e1 4 d
b
Papa PAULO VI ante la
'
e octu re de 1965 b b'
·
puede concebir nada más ele d
b
, a ia opmado que ''no se
"d I' .
va o, so re el plano natural , en la construcción
1 eo ogica de la humanidad" h
.
, aceroos nuestra esa esf
.,
que concierne a1 programa oficial d 1 ONU
unac10n papal en Jo
advertidos contra la ilusión ..!
el a
a la vez que quisimos estar
_,
•
u.e que a ONU hubi
d
·
coruorrrudad con sus ideales • 6 .
era actua o siempre en
~e neos ( en el Anuar· H
.
nuestro estudio intitulado "E T
to umanitas de 1967
l , .
n orno a Jas Ideolo ' J ,di
,.
osofacas de la ONU y de la U ESCO"
gias un co-Pohtico-Fi-

~:i: u:~=l

L

).

o que hay que desenmasc;arar y combatir es l
.
.
la teoría ideal "' su práet. p
a disonancia aguda entre
J
ica or una parte "' el f . ,
.
aceptado como una máxi
. . bl
, J
ariseismo indolentemente
.
ma mevtta e en el teatro p l'(
nacional o al nivel mundial.
o i reo, ya sea al nivel
El problema de la fraternización del cr. t. .
hecho uno de los más ttrgent
b
is zanMmo con el marxismo se ha
es, so re todo después del C
·¡·
JI. Pero que no se olvide est . H
onci w Vaticano
º· ay un problema de ¡
·
•
nal de los cristianos con .rus h
.
a convivencia frater.
ermanos marxistas pero n h
bl
coexistencia del cristianismo co
l
.
,
o ay pro ema de
·¡·
n e marxismo lo cual
b ,
.
paci ismo peligroso con inclín ' b
,
aca aria sie11do un
l
aciones a a andonar la
d d p atafonna de charlas de carácter no obligatorio.
ver a para ganar una

a:;m

No hay que dejarse engañar por el
b"
hace poco tiempo por los portavoces_
~ o l a táctica_ ,aplicada desde
gresos Internacionales. Mientras qu
.
en ocasmn de los Conlla del marxismo universita . d eFpor :Jemplo Roger Garaudy, una estreno e rancia, confesaba fran
,
en 1965, en el Congreso de la Sociedad "P ul "
camente todavia
luchamos por el hombre y la lógica de estaal :
de Salzburgo: 24 "nosotros
El ateísmo es le , tim
.
uc
nos conduce al ateísmo
tación del
esynecesan~,
dar su plena significación a la
.
' a un ano mas tarde en 1966
1
.
rmsma Sociedad DQS decía que "el a teismo
,
h,umanjsta ' pen· a relllll6n de la
1a negación de Dios sino la ar·
., d I
nmeramente no es
'
ll1Ilacmn e hombre"
El comunismo ateo que no ha abandonado su antigu. o sueno
- d e 1a revolu-

crisl~~.

Pª:ª

ap~~~

. .,,_ CfH. ErucB ~X.LN"ER, Gesprache der Pa11/us-Gesellschaft ·
• Ghristentum imd Mar-

xismus- e11te, Viena (Europa-Verlag), 1966 _

189

�ción mundial con vistas al comunismo mundial, se sirve del espíritu de fratemización para ganar de esta manera más fácilmente terreno en los corazones crédulos.
Con esto nos encontramos, a mi parecer, muy lejos de la recomendación
comunista del odio obligatorio. Pero no olvidemos que -hace poco tiempo"el odio (fue) reconocido por los humanistas marxistas como un elemento
constructivo y de empuje. A pesar de tantas protestas de paz, el odio (fue}
estimado como una forma necesaria de la existencia humana que sirve al
adelanto de la humanidad en la lucha por la felicidad de las masas obreristas". 26
Esta manera de sentir parece volver a animarse en la llamada "Revolución
Cultural" de 1966 en China que no deberá de tener rep rcusión en Europa,
así como fue en Europa donde tuvo sus precursores.
"El sueño de Spacta" no es una invención de los chinos. Si ojeamos nuestra historia encontramos que ya en Europa estamos acostumbrados a: 'Francia también ha sido condenada a la virtud por Robespierre; dos años más
tarde tenía a Barras, y Babeuf que predicaba el maoísmo antes de Mao, murió en la horca al no haber encontrado en las masas, a la hora de la rebelión,
el concurso que esperaba de ellas. El sueño de Sparta es viejo como ef mundo,
y poco numerosos son los pueblos que no lo han soñado alguna vei'. 26
El advenimiento del maoísmo y Jas atrocidades· de la llamada ''Re olución
Cultural" nos hacen reconocer y meilir la enorme responsabilidad de las potencias del Oeste cuya politica de Yalta fue la causa intrínseca del abandono del inmenso Reino del Midi en manos del comunismo mundial en 1949.
Hasta nuestros días la mayoría de los politicos europeos ignoran lo que nos
amenaza si llega a ganar terreno 1a mentalidad china, cuya especialidad consiste en un método de aparente pseudo-tolerancia que poco a poco trata de
apoderarse de la esfera más íntima del hombre con la intención fundamental
de volver a fundar la lógica de su pensamiento y la moral de su voluntad.
Aunque Paulo VI en su Encíclica "Populorum Progressio" del 26 de marzo de
1967 -Fiesta de la Resurrección de Cristo- haya preguntado: "¿Quién no
ve la necesidad de llegar de una manera progresiva al establecimiento de una
autoridad mundial capaz de actuar eficazmente en el plano jurídico y político?", nosotros estimamos que esta "autoridad mundial" no coincide con el
Estado Mundial totalitario y simplista contra el cual hemos puesto en guar-

"' Cf. Ivo HoLLHUBER La Cita del Hombre Moderno Consigo M ismo en las Memorias del XIII Congreso Internacional de FiJosofía, México, 1963, Vol. 11. p. 180.
24 Cf. At.:iDRÉ FoNTAJNE, Mosoou deuant le défi ahinoir en Le Monde, París, 31 aout

~ a los sociólogos y a los políticos para no coner el riesgo de h
,
tunas de la "Proclama ión del Anticristo" de S 1 .
(
aeernos Vlc-

ndn
,
o owJew. antes p 5)
mu
esta enfermo"'~ advierte el soberano Pontífi
,~
.
.
f:.aternidad entre los hombres y entre los pueblos'' y co ceÍl por la¡alta ~e
fiesto la razón principal de la situación
.
n e o pone e mam"El

indusive los europeos.

precana en la que nos encontramos,

Tampoco cierra los ojos a otra necesidad no menos dr , .
1
~anca, a saber que
de que "el porvenir del mu d
, a evoc~r e temor del Concilio
sabe h
- n o se encontrana en peligro si nuestra épcx:a no
"a J aeehr bemerger de su seno hombres dotados de sabidmfa" y al convocar
.
. os om res para que se pongan a refl ex1onar
sean o no e t T
.
t.Ianos, a todos los que honran n·
, '
.
a o 1cos, cnsjusticia y d
d d.
d
a ios y que están bambnentos de absoluto, de
e ver a . a to os los hombres de buena voluntad"
Pero hay también hombres que se ta
l
,
.
hablar de J·usti . d
pan os o1dos tan luego como oyen
cra, e paz y de verdad porque ab d
todas la fe en la posibilidad de la rea~ción d
an .onaron una -vez .por
tras estas palabras de orden sino slogans tomad:s ~:osu~~eapl:liJ no pcr~1ben
Para ell d libe d
...ca mentirosa
os e ra amente hemos asumido la tar
.
·
licada (en un volumen actualmente en
ea e::unentemente depeas") d . . . l
.. ,
prensa llamado Cuestiones Euroe nuc1ar a revmon de la historia euro ea contem ,
to, la justicia y la paz, semblanteadas solaraen! a Ja luz i::anea. l:n efecl.f uego
de las armas y de una perpetua paz de cementerio sin un
.
ni a , o en. e
"el mundo sufre por falta de pensamientos"

rmento a la verdad -a la verdad hi tórica. ldr' ~
n~ mu~lJos en el aire.
equ1va ia a constnnr caso.-

deTene~os Jran tecesidad de la prudencia política que -como acabamos
poner o e re eve- no es solamente un arte sino más b'
.
moral. Sólo la creencia en la presencia de Dios
la hi t . ieln una VIr~d
de su le h t
¡
- .
s ona, Y a aceptac10n
y as a en as aplicaclOnes concretas abrirá de par
l
tas de un porvenir dichoso para Europa. '
en par as puer-

~

U n irenismo
extremado
qu
·
dades
d
.
, e of recrera
a 1a verdad y al error iguales posibilie ganar no liberara a Europa de las incertidumbres de un
.
:menaza~o..de an~stias crueles; habrá que probar más bien que el p:;;::
s la opllllon del 'horno insipiens" que no sabe Jo que dice como
1
ha ~echo entre otros el ilustre filósofo italiano Michele Federi~o S · ya 2
Fmalm te .
ciacca.
.
en ' s1 nos plantearnos la cuestión precisa: "¿ cuál será el orve
mr de Europa que habrá de resultar de la situaci6n concreta en
p . .mos')''
tr · · ·
que vwi. , nues o 1u1c10 permanecerá en suspenso por la sencilla raz6n ele que ca-

;º

Cf. Milán
MrCHELE FEDERICO
vol"' II,
1962.

SCJACOA

.
.
, "L Aleismo
e Tetsmo"
en Filosofia e Mela/isica,

1966.

191
190

�si no conocemos a fondo el presente, lo cual ya había _dejado sentir J. G.
,, ¿ Qwen
., querría formarse ideashilcorrectas
acer-liAMMANN en estas palabras:
1
,, )
.
l
f
turo
?"
(
'Kreuzzüge
des
p
o
ogen
y al
ca del presente sw conocer e u
·
causa de la imponderabilidad de todo acontecimiento histórico que ~asca
, presentad o en 1656 -el año de la destitución del rey. de Poloma,
habia
l , · el
después
de
la
abdicación
de
la
reina
de
Suecra
y
e
~ptnno
d
segun o ano
ta . " •Qwen hu1
después de la ejecución del rey de Inglaterra- a pregun r · e_
1
hiera tenido amistad con el rey de Inglaterra, con el rey d; Polo~a y c~n , a
reina de Suecia habría c;:reído que pudiera faltarle algun reb.ro o gun
·1
1 mundo?" ( "Pcnsées ' art. VI. no. 35) .
as1 o en e
.
'
orgullosos de todo nuestro
· Acaso nos encontramos ahora, en 1967, tan
e
•
·,
· r que en la que se en. tíf·co
y te'cnico, en una situacmn meJo
progreso cien
1
contraba en 1656, Bias Pascal?

UNA CRfTICA DEL DARWINISMO SOCIAL
DR. PATRICK ROMANELL

The University of Texas at El Paso

A PARTm DE 1859, A.Ño PRIMERO de la Era Darwiniana, mucho se ha escrito
sobre las conexiones éticas entre el concepto biológico de la evolución y el
hombre y la sociedad humana. Y a partir del descubrimiento y explosión de
la bomba atómica, ha habido una proliferación de literatura sobre la Etica
de la Evolución, por Ja razón obvia de que lo que está en peligro es la propia supervivencia del hombre mismo sobre la faz de la tierra. La teoría darwiniana de las evolución tiene ya más de un siglo, pero su importancia general para la ética social es todavía sobreestimada en algunos centros científicos influyentes y aún no ha sido debidamente evaluada. El propósito de
este escrito será, por tanto, considerar sucintamente las impljcaciones éticas,
así como las limitaciones del darwinismo social en sus más destacadas formas históricas.
Para principiar, el concepto darwiniano de la evolución implica que, puesto que el cambio es tan natural en el mundo de las ideas y de los ideales,
como lo es en el mundo de las plantas y de los animales, la. evolución biológica y cultural van juntas. Pero esta implicación es solamente la mitad del
significado de la evolución; la otra mitad (y la mitad más crucial en lo que
a nuestra vida social concierne) es que, precisamente, porque los cambios
en las ideas y en los ideales son un fenómeno natural en la historia humana,
la evolución social, como tal, es moralmente indeterminada y adquiere significa ión moral completa, solamente cuando los hombres de buena voluntad inspiran su urso. Esto resulta más fácil de decir que de hacer; sin embargo, es sin duda más prudente decirlo así desde el principio si deseamos
prevenirnos de una eventual desilusión acerca de las doctrinas éticas antagónicas que han emergido bajo la misma bandera de la evolución.
Para mostrar concretamente algunas de las dificultades inherentes a los sistemas de la ética evolucionista vamos a ir a la historia del darwinismo so-

193
192
H

�cial mismo, para encontrar si sus expositores contemporáneos son r~~nte
algo mejor en teoría que sus reputados crudos predecesores en la, últuna
mitad del siglo pasado. No obstante, antes de ver exactamente como los
viejos darwinistas sociales y los nuevos difieren esencialmente, ~n su general
orientación, permítasenos primero hacer una pausa para considerar brevemente en lo que están de acuerdo.
i lanzarnos una rápida mirada a los contribuyentes del Darwinismo social dentro de los últimos cien años -desde Herbert pencer ( quien en cierta forma fue un darwiniano en ética y en filosofía social aún antes que
Charles Darwin mismo), a C. H. Waddington (un distinguido geneticista
británico y autor de un libro reciente 1 sobre el tema de ética evolu?ionista
y el grupo de los seis investigador_es ~orteamericanos_ del _comporta~:nto y
autores en busca de una "nueva c1enoa de la sup rviveneta humana ) , encontraremos que todos ellos, tienen la misma pretensión metodológica, a saber, que nuestros problemas ético-sociales pueden ser resueltos científir.amente.
Ahora bien, esta pretensión sin duda refleja una fe inquebran~b1~ ~n la
posibilidad de que )a ética llegue a s r una ciencia, lo que, en p~c1p1~, es
una cosa buena por lo menos. Pero, desgraciadamente, la pretens1on_ ~roa
descansa en la más bien tenue afirmación de que la verdadera posibilidad
de' un acceso cientffico a la ética, depende exclusivamente de la extensión
al campo moral, de aquellos métodos de indagación que han probado ~e~ satisfactorios al tratar con cuestiones de hecho. Para abreviar, lo que 1cia la
fe común de los darwinistas sociales, pasados y presentes, en la aplicabilidad
de métodos científicos a problemas éticos, es tilla falacia de reduccionismo metodológico - una falacia que sw·ge de la concepción positivista del método
científico, implícito o explicito, en su pensamiento.
Los problemas de la ética, en cuanto pe_rtenecen a cuestiones de valor, _esto
es a )a vida buena, difieren substancialmente de los problemas de la b1ologí~, la que trata con cuestiones de hecho acerca de la vida misma. Es, consecuentemente, muy ingenuo creer que lo que tenemos solamente_ que hac~r
para solucionar los problemas de una ciencia normativa como la ética, _es aplicar los métodos de la biología, o en cuanto a eso, aquellos de cualqUJer otra
cien ia fáctica física o social. Ilustremos con un problema corriente; el hecho de que los' dernógrafos están de acuerdo acerca de la así llamad a " explosión demográfica" por todo el planeta, no significa automáticamente de que
en esto existe necesariamente un acuerdo entre ellos ( dejemos a aquellos que
están fuera del campo), en cuanto a lo que debemos hacer para resolverla.
C. H. WADDJNGTON , The Ethica1 ,Animal,_ London Allen and Unwin (1960) .
• Science, vol. 134 (1961), p. 2080.

1

194

Aun cuando la .inteligente solución al problema de la población sea
d b
.
l
que
e emos, practicar
e control natal a larga escala, éste "deber" no ~=
.
uene
un
f
status actico_; al contrario un condicional, y, por tanto, está sujeto a debate
como cualq.wer otro "deber" Jo está en cuestiones de valor tamb·1en,
, teonca, · '
men~e ~blando. Tomando en cuenta que las contestaciones a preguntas de lo
q_ue es , ~on verdaderas o falsas, en status lógico, mientras que las contestaClO~es a preguntas acerca de lo que "debe ser" son, estrictamente hablando,
sabias o tontas, debería ser bastante claro el que las últimas precn,ntas
·
d
, .
-o~
per~1,tan, e por s1 mismas, producir mucho más equitativas diferencias de opimon _que, ~as primeras, y que, consecuentemente, sean más difíciles de resolver c1entíf1camente. En cualquier forma, esto es lo que he venido sosteniendo .por años ~n _ arias ~scusiones acerca del método científico y Ja ética con
algunos da1wm1stas sociales,3 y me es grato manifc;star que la revista
,
·
d
mas
representativa
e
los
científicos
actualmente
en
Jos
Estados
"d
e·
·
.
. _
ru os, umcuz,
~ reciente edi~&lt;mal, comentando específicamente sobre el propósito anteriormente
menoonado acerca de una "nueva ci·enci·a de 5upervivenc1a
•
•
h u,,
m~a , se declaró francamente en contra de la "extravagancia de pretensiones , 4 hecho a su favor.

u

-~olviend~ ahora a la diferencia esencial en la perspectiva entre el darWlllsmo soc~l del pasado siglo XIX y su contraparte en el siglo XX, podemos po~erlo t11 nuce como sigue: mientras el grupo original de los darwinistas sociales, en su totalidad, se dispuso a interpretar literalmente el roceso general de la evolución en los términos darwinianos de la "l ch p
1
"d ,,
u a por
a v1 ~, , y, _como resultado, argumentaron por analogía, interpretando la
evo1uc1on social del hombre en los mismos términos compet;t
·
1os ID1em·
• zvos;
bros contemporáneos de 1a escuela, por el contrario, tienden a interpretar
la evolución de la naturaleza y del hombre en términos cooperativos.
Así, en efecto, los neodarwinistas sociales de nuestro tiempo han intentado r:5o~ver el gran dilema heredado por uno de sus propios compañeros
evoluc10mstas y el más grande discípulo de Darwin en la Epoca Victoriana
-Thomas H. Huxley, dudando precisamente la lectura particular que hi~
zo Huxley de la famosa obra del maestro en este campo.

,

Debe notarse sobre este punto, que Huxley en su Conferencia Romanes
de 1893, "Evolución y Etica", bastante sorpresivamente, llama mucho la
atención a propósito de las falacias inherentes a la "Ética de la Evolución"
)

•. P. RoMANELL, Can We .tlgree? .t1 Scientist and a Philosopher Argue about Ethics
(with Chauncey D. Leake), Austin, University of Texas Press ( 1950). "Ethical P.roblems and Scientific Mcthod", Ethics, vol. 60 ( 1950) , pp. 294-295 · ' "Does Biology
A~ord a Sufficient Basis for Ethics?", Scientific Monthly, vol. 81 (1955), pp. 138-146.
JosEPH TuRNER, Science, vol. 135 ( 1962), p. 69.

195

.,

�dudando de si en ella pueda haber algo válido.
.
. . , n sobre este tema es un tanto
De cualquier modo, aunque su pr~p1a p~S1c10 h
a radical distinción
ambi a por no decir del todo mconsistente, ª,~e un , . ,, a
engu '"
" ósmico" de la evolución y el proceso euco ' ~
entre el proceso e
_,,.
trolar'' del proceso antenor por
· J " ·!!IllllCa un con
tando que el proceso socia s1º
.
d
. .
de la naturaleza en
.
«
dia" el punto de vista arwuuano
el postenor, y repu. . ,
f
ll na de colorido, como "la teorla
terrenos éticos, descnb1endolo en orma e
•
• ,, 5
xl
E l ·,
gladiatoria de la ex1stenc1a •
e]' ·
d Hu ey vo ucwn
Lo que es más revelador acerca del ensayo -~1co e
'
un trá·c1i O
b ·o el famoso darwtrusta se encara con
y Etica, es que en di
tra ªJ
.
ul ·, d J mismo apare.
1 a·t
ara citar la propia form. aCion e
'
gico dilema. E 1 ema, P
1 . . t . ante cualquier diferencia de
cido al principio de su ensayo, es e s1gu.ren e. l
un consenso general de
d existir entre los expertos, 1ay
opinión que pue a
.
] 1 cha por la vida, no son reconque los métodos del mono y del ugre en a u
..
nos principios éticos". 6
1
c11iables con os sa
conflicto de bienes o
, .
Huxley se encara con un
Como toda alma tragi&lt;:'1,
1 nfli t
tá en lo' que él cree como evo.
E
so particular, e co c o es
.
mtereses. n su ca
1 que cree como moralista es. .
da . . o en un aspecto, y en o
. , 1
luc1omsta
rwllllan ,
.
,
tá reflejado en el propio t1tu o
toico, en el otro. El dilema trágico:Eenlsr,_ ,es
E..:ca" (no debe notarse,
'd
f
.
nc·1a
'
vo
uc1on
y
u
'
'
de su controverb a con et e
.
dificultades re., ") El hecho de que Huxley tenga
«Etica de la Evolucmn ·
•gnili· ti O como el hecho
·
b1
al final no es tan s,
ca v
solviendo su propio pro ema
'
. . . Mas a pesar de lo inconsisde que tiene el dramático pro~~em~ ~l pnnc::;ece mucho respeto por haber
tente que pueda ser su re~luc10ln d ema;ualquier intento de establecer un
sido sensible al problema mvo ucra o en,
,
.
ético sobre bases y conceptos adlateres, el solo.
. .
sIStema
.
dil
a
que
encara
el
darwm1smo
1
,
specífica para e
em
.
la
En cuanto a
razon e
·
., f
popular debe haber sido
. . .
en alguna ocas1on orma
,
social en sus rruc1os y,
dia . , d Hwdey de la ética de la evo'd
l
rprendente repu cion e
ha 'd
muy evi ente a so
'gnif' , l que desde entonces
s1 o
'l por lo menos si
ico o
,
lución; lo que, para e,
. 'd H' _1es" 0,i..viamente la razon es
, .
la "Etica e ercw . 'u
'
llamada metafoncamente, .
I b' l , darwiniana. constituyendo en
.
. . . básico de a io ogia
"
_1..
que el propio pnnc1p10
l c'onario es decir la luwa
incipal del proceso evo u I
'
'
su sistema la causa pr
. al esulta al ser examinado, una
"d " .
toma en su valor nomm ' r
'
. ~--i..
por la VI a , s1 se . ,
, .
.
t dos excepto tal vez para N 1eu.:;u.1e,
pobre fundamentacmn de cuca phara bo" 'aparentemente va '~más allá del
'
cuya amora l doctrina del "Super oro re '
bien y del mal"' en cualquier caso.
d

a1 grado que se que a uno

• TROMAS

H . HUXL"EY ,

• Ibidem, p. 7·

196

Evol-ution

and Ethics, Loadon, Macmillan ( 1893)' p. 33.

Una vez que la razón del predicamento de la más antigua versión del darwin.ismo social se ha comprendido, la salida de ella será evidente también.
La estratégica salida, de seguro, es negar el concepto original de "lucha mutua", tomo el factor predominante de la evolución natural, reemplazándolo
con el concepto complementario de 'ayuda mutua". 7 Esta es, precisamente,
la resolución del dilema propuesto por el Príncipe Kropotkin a la vuelta
casi del siglo, en su libro. .Ayuda .M71,tua, un Factor de Evolución ( 1902) y
lo que al presente clia los darwinistas sociales han hecho desde entonces, con
o sin reconocimiento, es inco:rporar la hipótesis de la Evolución, de la "mu.
tua ayuda" rusa evolucionista, en sus propios sistemas de pensamiento, reforzándola desde tres ángulos diferentes: ( 1) históriCOl!, ( 2) ideológicos, y
( 3 } lógicos.
Primero. En lo que respecta al reforzamiento histórico del caso en pro del
neo-darnrinismo social, del cual ya hemos hecho referencia, los miembros
contemporáneos de la escuela han hecho un llamado para volver a Darwin,
insistiendo que tal vuelta a1 maestro mismo, revelaría cuán groseramente
equivocados estaban la mayoría de sus discípulos inmediatos, al poner todo
el énfasis solamente en el factor de la competehcia en el proceso evoluciooario, y cómo solamente tomaron un lado, negando el otro factor, el de
la cooperación.
Segµndo. Cómo uno de los más cautos y circunspectos de los neo-darwinistas ha explicado en terrenos ideológicos, la razón de la inicial popularidad de la cruel forma de la ética evolucionista entre sus predecesores: "tal
ética de colmillos y garras encajó con el libro del capitalismo victoriano del
laissez faire y, también con sólo cierta superficial reconstrucción, con su
opuesta ideología en el socialismo marxista". 8
Tercero y último. He aquí cómo otro de los neo-darwinístas ha corregido
la lógica de sus predecesores y puesto el dedo en sus falsos razonamientos:
"Omitiendo hechos importantes y basando sus argumentos en falsas premisas, los tercos darwinianos solamente podían llegar a conclusiones falsas". 9
No nos sorprenda, entonces, que hayan fallado al apreciar la moral de toda
la historia de la evolución, lo que es, presumiblemente: "Amar a tu prójimo como a ti mismo, no es simplemente un buen texto pa¡a sermones de
mañana dominguera, sino constituye una perfectamente sana biología" .10 En
7 PR.INcE KRoPOTKJ.N, Ethics:
Origin and Development, New York, Dial Press
(1924), pp. 13-14.
• GEOROE G. Si:MrsoN, The Mea1iing of Euolution, New Haven, Yate University
Press (1949), p. 298.
' M. F. AsHLEY MONTA.CU, "The Origin and Nature of Social Life and the Biological Basis of Cooperation", ]ournal of Social Psychology, vol. 29 ( 1949), p. 274.
10 Ibidem, p. 281.

197

�fin así como el más antiguo grupo de los darwinistas sociales leían la compl:ja historia de la evolución en los términos de la 'Regla
A~ro de la
Etica", el grupo más reciente la lee, evidentemente, en los temunos de la

d:

Regla Dorada de la Cristianidad.
.
Es, sin duda, confortante escuchar de uno de los segui~~~es com~ntes de
Darwin que el mandamiento cristiano del amor al proJlillO, obtiene las
be dici~nes de la última palabra en biología. No obstante, las. nuevas cono
clusiones
de aquellos a quienes podemos 11 amar "los d arw:uustas .suaves"
. .,
( aquellos cuyo cuadro general de la naturaleza, pue~e, en contraclis~cion
, g1adiatoria" , ser bautizada como la teona del hoy "d
scout · ) · no
a "la teona
·'}"das
sufren
de
una
falacia
opuesta
a
aquella
de
los
arwllllStas
son va 1 , Y
,
. •
·1
te ¡r' . mientras la más temprana generación de los darwm1stas soct~ es com:~: Ía falacia de premisa falsa, la presente generación, puede decirse, está cometiendo una falacia de premisa verdadera. .
. .
Concediendo la verdad a la más reciente premisa de l?s darwuuanos s_uaves aquella de que el mundo orgánico es de hecho mas una cooperativa,
·.,;
que' un asrutto competi~1vo
en gran escala·, esto, en sí' no establece necesa.
riamente que esa cooperación sea moralmente preferible a la competencia
en nuestros tratos con cada uno.
.
, .
ettcaPorque es ne cesan·0 aún demostrar que ser cooperauvo es bueno,
l ''p · ·
mente hablando, y ésto no puede ser hecho simplemente apeland~ a
nnct. d I mutualismo" u operante entre organismos. i estas cues~~nes fueran
p10 e
.
( . 1
d
los darwllliStaS suaves
así de fáciles, los orgarusmos humanos ¡ me uyen
a
" . .
mismos!) , no tendrían que haber gastado tanta energía apelando al principio de cooperación" en nuestra vida social.
. .
· d d scansar su causa a favor de una ética evoluc1orusta, en la
H ac1en
o e
, .
tal
o así se
presencia de un factor cooperativo en el mundo orgaru~, .
com.
..
manifiesta
en las colmenas y hormigueros' los neo-darwID1stas soc1ales no
solamente arguyen desde una analogía dudosa, sino que, lo que es_ peor, lle. es fuera del campo de la ética completamente, sin que en
gan a corre1us1on
•, , · d ¡
.
. se den cuenta de ello ; Por qué así? Si "la concepc1on ettca e
apariencia
· ..
.
• d l h
. , esta' basada en la estructura b1ológ1ca e om-¡
amor'' como cooperac1on,
bre c;mo "organismo funcional"' se sigue entonces que todo es~uerzo mora
con ~
d e su parte, es absolutamente superfluo, desde que •él ,,"ha naci?o
d d "m
.mnata neces1"d ad de aroar" , y su "conducta cooperativa es cons1. era a 1ta" también a Además si toda nuestra conducta moral sea mna~ a ~
na
·
'
d
· ta énco SI
naturaleza humana entonces no importa, desde ~ punto e ~
' en
.
d 1gamos
que el hombre es competitivo o cooperat:J.vo, en esencia, porque

°

u

Ibidem, p. 272.
280.

u Ibídem, p.

198

ningún caso no tiene arbitrio o libertad para actuar en otra forma, ex-hypothesi.
Ahora bien, en donde no hay posibilidad de libertad de acción, no hay
ética propiamente y en el análisis final, Ja única diferencia verdadera entre
el antiguo darwinismo social y el nuevo, vuelve a ser solamente nna en teoría psicológica. Como el victoriano Huxley, quien no fue ni un terco ni un
suave darwinista, cometió el error de pensar en la naturaleza como inherentemente mal, así los darwinistas sociales de nuestros días han cometido el
peor error, pensando en ella como inherentemente buena. Peor aún, porque
en la teoría de la naturaleza de Huxley, el hombre, por Jo menos, tiene una
seria tarea por realizar, aquella de "combatir" 13 el proceso cósmico de la
evolución; mientras en la otra teoría, el hombre puede disfrutar de un día
de fiesta moral, al tomar cuidado la naturaleza de cada cosa a' la larga, :;i
bien no inmediatamente.
Procediendo en seguida al problema que surge cada vez que una analogía
se intente entre la conducta de los así llamados "insectos sociales" y la conducta humana, debe de ser reconocido, después de todo, que las abejas y las
hormigas están ordenadas al rango de sociabilidad por mera cortesía del
hombre. Pues cualquier conducta cooperativa que ellas actualmente exhiban
se debe, en u totalidad, a su posesión de jnstintos maravillosos, la operación
de los cuales, si bien es necesaria para sobrevivir, no está más sujeta para
que sea juzgada como buena o mala en el sentido moral, que la lluvia que
cae igualmente sobre justos e injustos. Consecuentemente, la existencia del
factor de cooperación en la naturaleza en conjunto, y sobre el que los darwinistas sociales contemporáneos llaman especial atención, no es moralmente más significativo que su factor opuesto de competenciá, porque ;ualquiera conducta que sea puramente instintiva en carácter, es moralmente neutral; de aquí, por tanto, el que tal conducta sea de antemano descalificada
de tener significación moral simplemente a virtud de principios generales.
¿ Qué es lo que significa por cooperación en el contexto moral y cómo se
difiere de una operación instintiva, verbigracia, la de las hormigas? Lo que
se significa por ésto no es simplemente un factor que tenga que ver con la
"selección natural", o algo de beneficio para sobrevivir, sino con un ide:il
que los hombres escogen para seguir y voluntariamente llevar a cabo por
sí mismos aún con el riesgo de no sobrevivir si fuera necesario una selección
y un compromiso, que, incidentalmente, hormigas y compañía no están obligadas a hacer en ningún tiempo. Como el resto de nosotros, pobres mortales, las hormigas y las abejas tienen sus problemas de supervivencia. De
1"

T. H. HuxtRY, op. cit., p. 34.

199

�acuerdo. Pero no tienen el peculiar problema humano de decidir si la supervivencia sea siempre mejor que la no-supervivencia. Luego entonces, la biología evolucionista puede ciertamente enseñarnos qué sistemas de conducta,
cooperativa o de otra clase, son adecuados para sobrevivir, pero es la propia ética normativa la que previamente pueoo guiarnos hacia aquellos de los
cuales sean valiosos para la supervivencia. Y para indicar una vez rnás cuánto más complejas son las consideraciones éticas de las biológicas, debe agregarse con respecto a esto, que ]a cooperación como tal, no es siempre moralmente buena, como para esa cuestión la competencia no es siempre mala.
El mundo de los rufianes ilustra la verdad del primer caso en este punto;
el mundo de los deportes aquel del segundo.
Todo lo cual significa que la teoría darwiniana de la evolución, contraria
a las esperanzas de sus defensores, antiguos y modernos, precisamente a cuenta de su status moral indeterminado, no provee de un camino verdadero a
la ética. Aún así, su acento en el principio de supervivencia o adaptabilidad,
no puede ser descontado o suprimido de la teoría ética simplemente a causa
de que la supervivencia humana es sólo una medida de eficiencia en la vida.
Aunque la eficiencia, como valor instrumental, no puede ser el último ideal
del hombre, sin ella, nada de valor intrínseco podrá jamás obtenerse. Aún
el mártir o el suicida, deben ser lo bastante eficientes para llevar a cabo
su objetivo hasta el fin; y a tal grado es así, que la doctrina darwiniana de
la evolución provee un eslabón faltante en el caso para una ética realista y
naturalista. Dicho brevemente, la eficiencia es el pre-requisito a una vida
buena, estableciendo límites a sus posibilidades; y los idealistas en ética están
quitando la cor~ a un árbol que no debían, si olvidan por un minuto que
los hombres no son ángeles, sino animales, viviendo en un mundo precario,
sujeto a toda clase de riesgos, naturales y culturales.
Finalmente, para resumir, es altamente instructivo, así como divertido, el
hacer notar que los contemporáneos darwinistas sociales han venido cometiendo la misma falacia culturalística que sus contrapartes en el pasado siglo XIX, excepto que ellos lo han venido cometiendo en su forma opuesta.
En contraste a los tercos darwinistas (los Spencerianos, en general, y Nietzsche en particular), quienes derivaban un conjunto de categorías morales de
la teoría de la evolución de Darwin; los darwinistas suaves, al presente, están derivando otro y opuesto conjunto de ella misma. Esta nueva lectura
del gran libro de la vida, es sin duda, muy significativa, en cuanto refleja
cómo cualquier filosofía social registra, o Wla aceptación o un rechazo de
ciertos valores culturales en vigor. En otras palabras, la nueva lectura es altamente reveladora desde el punto de vista de la relatividad cultural, re-

flejando precisamente un
b"
.
del siglo XIX al igualm cam 10 en ideología, de un tosco individualismo
Todavía
, . , . ente tosco colectivismo del siglo XX.
, cosa .u-oruca, el fenómeno mism .
con la evolución biológica misma p
o ae~e apenas nada que hacer
la cara de la naturaleza no 1
. ~rque debena ser bastante obvio que
,
la cambiado mucho en 1
ú1 .
.
o mas; y que cualquiera evidencia de ti 'd d
. os timos cien años
cuentrcn en nuestros días d t d lac ~1 a cooperativa que los biólogos enen ro e remo a . 1 f
.
gas de hace un siglo s·
b
ruma, ue acceSJble a sus cole. .
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.
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perspectiva de] viejo dar~
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valuaCion de 1a evidencia biolóm
l
'
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esa rara especie taxonómicam " d
. ,
creCIIlllento moral de
.
en.e enorrunada ho
.
rmsmo-, quien está empezando a
d
mo sapzens --el hombre
compren er al f
1
mutua entre hombres libres
.
m, que a cooperación
.
Y naciones 1·esponsabl
,
.
ternahva a una aniquiJaci,
es es 1a uruca sensible al, .
on mutua en un m1md
1
.
UJllca esperanza de un frente u 'd
o nuc ear, sm hablar de la
tad en todas partes.
m o en contra de los enemigos de la liberTraducci'on del L"te.

ALBERTO GA~ ,
""-ClA

G'OMEZ

200
201

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                    <text>Sección Tercera

HISTORIA

�CUATRO GOBERNADORES COLONIALES
DE NUEVO LEóN
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

General Don León de Alza y Garbizo
Nació en Ayarsum, partido judicial de San Sebastián, en España.
Perteneciente a noble linaje, fueron sus padres don Domingo de Alza y
doña Catalina Garbizo.1
Antes de 1637 residía en el puerto de Acapulco, desempeñando el cargo
de visitador de las naos que llegaban de Filipinas; 2 siendo nombrado más
tarde alcalde mayor de San Luis Potosí y Río Verde, y teniente de capitán
general en la frontera de los chichimecas. En esta peligrosa región trabajó
activamente, 8 obteniendo por sus campañas de guerra honrosos ascensos militares, hasta alcanzar el de general y merecer la distinción de que se le hiciese merced del hábito de Santiago, de cuya orden fue armado cabaUero
el 21 de febrero de 1642. 4
En México ocupó delicados cargos. Compró en treinta mil pesos Ja plaza
de contador de menores y albaceazgos, creada por el rey y puesta en almoneda, aplicadas las posturas a la armada de barlovento; expidiéndosele
1

ARTURO y ANTONIO GARciA CARRAFFA, Enciclopedia Heráldua y Genealógica Hispano Americana, Madrid, 1930, L 5, p. 224. Fueron sus abuelos paternos don Le6n
de Alza y doña Catalina de Ambulodi, y matemos don Martín Ga.rbizo de Gaimeta,
de las cinco villas de Navarra, y doña María de Oláiz, de Oyarsum.

• Archivo General de la

ación. (En lo sucesivo se citará: AGN). Duplicados,

t. 13, Exp. 287, f. 144 v.
• GARCÍA CARRAFPA,
• LEoPOLDO

op. cit.

MARTÍNEz Cossío, Los Caballeros de las Ordenes Militares en México.

México Ed. Santiago, 1946.

327

�título en 15 de junio de 1651 por el virrey conde de Alba de Liste. 5 Este
cargo, que consistía en velar por los menores, pedir documentos a tutores
y albaceas, imponer penas y sacar multas, le concedía, además, notables preeminencias, y, más que todo, le dio ocasión de practicar innumerables actos
generosos y de obrar con la magnanimidad que le era genial.
Fue asimismo contador en el Real Tribunal del Consulado y visitador de
la real caja de Acapulco, ciudad en la que administró justicia durante el
tiempo que duraron los juicios de residencia de Diego de Ledesma, justicia mayor y capitán a guerra de aquel puerto.6
Reconocidas por el virrey marqués de Mancera sus excelentes dotes de
mando, le proveyó por gobernador y capitán general del Nuevo Reino de
León, para suceder interinamente a don Martín de Zavala, muerto en 8 de
agosto de 16&amp;t7
El título expedido en su favor, fecho en México a 5 de diciembre de dicho
año, le facultaba "para dar y repartir lo que daba y repartía Zavala" y para
" ... usar de la misma cédula que trujo el difunto de su majestad". 8
Las noticias que de su buen proceder se tenían, hicieron que a su entrada
a Monterrey, efectuada el 4 de febrero de 1665, se le recibiera "con mucho
aplauso". 9 Reunido ese día el cabildo de la ciudad le ent¡egó las insignias
reales, iniciando su gobierno durante el cual se gozó de relativo sosiego.
Hubo algunas incursiones de los indios, que fueron pronto sofocadas. Dispuso la vigilancia continua de la ciudad, con una guardia de seis soldados;
nombró asimismo un capitán que con una compañía de veinticinco a treinta
hombres saliera alternativamente a recorrer los parajes de Salinas, Nacataz
y de los Muertos, cuidando de la seguridad de los viajeros. También organizó "un lucido cuerpo" de ciento tres hombres que, puesto al mando del
capitán Juan Cavazos y unido a las fuerzas establecidas en Santiago del Saltillo, emprendió importantes jornadas de pacificación.10
Cumpliendo con las leyes reales, practicó, en marzo de 1665, la visita ge-

neral a los pueblos de su jurisdi ·, u ·
,
de 1 . di
.,
ccion, mteresandose por las necesidades
os m os y viendosele obrar sierupre conforme al e1·emp1 d
cesor.
lO
e su ante-

a::. l.~~;.

el Real_ Consejo dispuso su regreso a la capital de la Nueva Estal motivo, el Ayuntamiento de Monterrey levantó una inf
c10n, ~di:ndo al virreinato la continuación en el gobierno del rei~o "ormpoa~
ser ~ec1ase en ella- p ersona muy af able, de buen natural
' · · ·. ,
condi
y que trata a los vecinoli con mucha docilid d
y.
cron,
llana a d bl .
ª · · · Y es persona desmteresada
.
y gra a e, y por _la buena fama y opinión que dejó donde ha sid'
Juez ... ' pues. en San LUIS Potosí obró tan ajustadamente que cuando ce;
~argo hizo aqueJ_Ia_ ,ciudad general sentimiento; y que así de allá como
e 1stmtas partes rec1b10 el cabildo cartas dando el arabi,
.
por la buena elección que había hec4_o su excelencia.. :,, 12 en a este remo,

P_,

:o :~

cár~: 12 de julio de ese_ ,año de 67, entregó el mando a don Nicolás de Az. ga, caballero tamb1en de la orden de Santiago A fin d
.
salió a la ciudad de M' ·
d d
·
es e sepnembre
.
f
exico, on e, con fecha 31 de agosto del añ
.
gwente,. ue nombrado administrador de la renta del impuesto del pulq:e
Termmado de servir este empl
h ch
·
1 f
yor de Cholula d
te d
- co, e ne e a merced de la alcaldía ma.
' uran
os anos. Al cabo de éstos, volvió a su residencia
en la capital de la Nueva España donde murio' el 14
1682.tt
'
de noviembre de

s:;

_Dos días antes de su muerte había hecho testamento ante Bernardo S
:e;~ y Vera, S~ribano real, dejando sus escasísimos bienes a doña Mari::
_1guderdoa y amano, su esposa, y por albaceas a doña Tomasina y al Ji
cenoa o on Juan, hermanos de ésta. is
La partida de entierro, asentada en los libros de en .
Sagrario Metropolitano dice. "
t
I
berros de espanoles del
d d
. .
'
. . .. en errose en a Santa Iglesia Catedral a
on e se traJo su cuerpo y a d d
hiz 1
,
on e se
o e entierro por su pobreza".

' MS. Título de Contador en el General León de Alca desta ciudad de México
y cinco leguas en contorno ... AGN, Duplicados, t. 51 , ff. 518-29.

• MS. Título del gobernador don León de Alza, Archivo Municipal de Monterrey
(en lo sucesivo se citará: AMM). Actas de Cabildo.
' JosÉ ELEUTERIO GoNzÁLEz, Lista de Gobernantes de Nue vo León, en HERMENEOlLDO DÁVLLA, Catecismo Histórico, Geográfico y Político de Nuevo León, Monterrey, 1881.
8 ALONSO DE LEÓN y otros, Historia de Nue vo Le6n . .. Monterrey, Gobierno del
Estado y Centro de Estudios Humanísticos de la U Diversidad de Nuevo León, 1961,
p. 146.
' !bid.
10 !bid, p . 148.

11
lJ

MS. General Visita . .. , AMM, Civil
•

&gt;

MS. Libro de Gobierno, AMM.

1 10&gt; exp. 22.

O '

,. MS. Constancia de que León de Alta pagó el derecho d
.
nombramiento que se le hizo el 31 de
t p
d .
e medUI anata, por el
del pulque . .. AGN, Ordenanzas, t. 5, f.
i°66;ra a ministrar la renta del impuesto

ªft

" MS. Ent~rros de Españoles, Archivo del
México, lib. 2, f. 101, 1681-1 684 _

s

·

agrano Metropolitano, Catedral de

u Ibid, Testamentos, noviembre de 16 82 _

328

329

�Don Agustín de Echeuerz y Subí.za
Marqués de San Miguel de Aguayo.

Nació en Asiain, del reino de Navarra, en España. Fueron sus padres e1
capitán don Pedro de Echeverz y Toro, de la línea principal de este linaje
que tuvo su origen en A yun Olza, partido de Pamplona; 16 y doña Isabel
de Subí.za, de la casa de este nombre en Subiza.
Siendo muy joven aún pasó a la Nueva España. En 1664 el virrey conde
de Baños le nombró protector de loJ; tlaxcaltecas y huachichiles del pueblo
de San Esteban del Saltillo, en ]a Nueva Vizcaya, y, dos años más tarde,
el marqués de Mancera le dio título de protector y capitán a guerra de la
frontera de Ma:zapil, sirviendo este cargo hasta 1669.11
Emprendió diversas jornadas de pacificación, significándose entre sus acciones de armas la que con quince soldados de a caballo y cincmmta flecheros
sostuvo con los indios de la sierra de Mapimí. Fue después capitán general
de la Nueva Vizcaya, contribuyendo mucho a la colonización del norte de

la provincia de Coahuila.18
En 1669 contrajo matrimonio con doña Francisca Valdés Alsega y Urdiñola, descendiente del capitán Francisco de Urdiñola, conquistador de aquella región y de quien hubo cuantiosa fortuna .19
Hecha información testimonial de sus méritos y de los de sus antepasados
y los de su esposa, pidió y obtuvo licencia, en 18 de abril de 1681 de embarcarse en la flota de San Juan de Ulúa, a los reinos de Castilla, en unión
de su familia, 20 presentándose personalmente ante el rey Carlos U, quien le
agració con los títulos de marqués de la Villa de San Miguel de Aguayo y
vizconde de Santa Olaya, mediante pago de 562,000 maravedíes. 21
Los méritos de sus antepasados, uno de los cuales mereció ser armado caballero de propia mano de Carlos V, 22 valieron a Echeverz y Subí.za la merced del hábito de Santiago, orden militar a la cual ingresó el 11 de marzo
de 1682; 2 ~ concedié:ndosele asimismo, por decreto de 30 de marzo del mismo
año, el gobierno y capitanía general del uevo Reino de León, en la Nueva
Espa.na, vacante por muerte de don Domingo de Vidagaray y Saraza, por
Cossío, op. cit., pp. 88-90.
op. cit., t. 38.

1•

MAR"l'ÍNEZ

1'I

GARCÍA CARRAFVA,

&gt;k

Vrro Ar.1,s-s10 RollLES, Coahuila y Texas en la época coloniat México, E. Cul-

tura, 1938, p. 234.
,. MARTÍNEZ
it

Cossío, op. cit.

MS. Concediendo licencia al Capitán. . . AG , Reales Cédulas, t. 30, Exp. 886,

f. 267 v.
" ALnss10 ROBLES, op. cit., p. 503, citando a Fredrick C. Chabot.
.. !bid.
" MAR"l'ÍNBZ Cossío, op. cit.

330

cinco años "con tod
.
,
'
as sus calidades y preemínen . ,, •4 d
titulo en Madrid el 8 de di·c· b
.
Clas , •
e que le fue dado
1em re con seis mese
, d
posesión.
'
s mas e plazo para tomar
. El 2 de febrero de 1683 prestó jura.mento de
.
bma Sa.manieo-o es"~•bano de
.
d
su cargo ante Diego de Uro '
-.....
su maJesta
fi ·al
Cámara del Consejo de las Indias 2s
~ o c1 mayor en la Secretaría de
de Cádiz el 4 de marzo
d, y se hizo
la vela en la flota t¡ue salió
a cargo e1 general n·e
F
, d
1 go
quedando en España la eman ez de Saldívar 2s
LI d
senora marquesa y su hija 27
'
Cjª 0 al Nuevo Reino de Leó
·
de 1M4, el cabildo de 1 · d d n, ª. cu~ capital eiltró el 4 de febrero
f
a au a , previa fianza de d mil
su avor por el sargento mayor Pedro de la R
. os
pesos dada en
de la Garza Falcón Je hizo
osa Salmas Y por eJ capitán Blas
b.
'
entrega del bastón de mand 2s • • •
ierno con los juicios de residencia l
be
o uuc1ando su goy Alonso de León, sus antecesores 29 a os go madores Vidagaray, Echeverría

ª

"Recibió 1a provincia much .
..
.
o regOCIJO -dice un
.
d
que, como qU1en era vecino de p t
crorusta e entoncesb·
ª
os Y tan cercano se
•
go 1emo muy socegado".ªº
,
expenmentaría un

s:·T;o
M'iun1:e

Hizo revista de gente armada o
. ,
.. .
ciones contra lo.s indios sublevad
~e1as y efectuó algunas expeditiembre de 1686, el pueblo de
durante su gobiemo,
sepfamilias tlaxcaltecas que h" tra
igue e Aguayo, hoy Bustamante con
izo
er para este efect
bl .
,
tu1ado Ntra. Sra. de San J
o; esta ee1endo otro intiC
.
uan, que no perduró 32
umpliendo con las reales ordenanzas vis't, .
blos del reino, remediando hasta donde
I o, en febrero de 1685, los pueque encontraba.sa A su paso p 1 ·u destuvo a sa alcance las necesidades
·
or a v:i a e Cadereyta dis
aceqma del río al centro de Ja p bl . ,
puso se sacara una
E
.
o ac1on para uso del
n su tiempo se pregonó la cédula d
d
.
convento y vecinos.
basta de oficios de república.
e
e sepbembre de 1683, sobre su-

en

20

Pero el suceso de mayor trascendencia de
,. MS. Título del gobemador. AMM
.. ]bid.
,

e·iv1''I

su gobiemo, fue, sin duda al-

1 18

vo.

, exp. 5.

"' MS. Titulo del gobernado F
, d
1688-1700, f. 4.
r em&lt;Ut ez de la Ventosa. AMM, Actas de Cabildo,

.,. AGN, Duplicados, 7, 55, f. 185.
•• Id. nota 24.
"' DAVID ALBERTO

Cosfo

1925, 6 vols., II, p. 56.

,

n·

Htoria de Nuevo León, Monterrey, Ed.

J. Cantú Leal,

"' LEÓN, op. cit., p. 193.
" Cosío, op. cit.
.. SANTIAGO RoEL, Nuevo León, Apuntes Históricos 3a Ed
as MS. General Visita ... AMM Civil
1 18
,
.
., Monterrey, 1948, p. 41.
'
, vo . , e:x:p. U.

331

�que se hizo a la Bahía de Espíritu Santo, ocupada por
guna, la ei..,nedición
·r
franceses.
_,
.. .
vecinos de Monterrey y Cadereyta,
Alistadas dos compamas milicianas ,con .
d
ta última población el
d d Alonso de Leon salieron e es
l
y puestas a man ° e
'
más tarde sin resultado sa27 de junio de 1686, para regresar once meses
34
.
.
"fi
nueva salida en febrero de 87.
nsfactono y ven car una
,
. . de Texas con el nombre
.
1 an
Los SOldados bautizaron a la despues provmc1a
. •
d 1
q 's qwen no a c -

: :".!i~~:~•:~/i~:~:/: :•:u::j;o:: ;~mar en ere ::
0

Desde junio de 1685 hab~a- solicitado y co~:ali=;:a!are~:= en
de su cargo, por tener notioas de que la arq
uiso autorilid no tuvo efecto porque el monarca no q
.
Espana; pero su sa ª
.
dí "por no convenir
zarle para nombrar teniente que le ~pliera~ co~o p~
.
. . abrir la cuenta a seme1antes e1emp ares .
,
a llli serv1cro
. 1,
d A ala renovo su
En 1687 por conducto del contador Gregono o~ e ~
l M n..
'
f
dmitida en 15 de julio por el virrey con e e a o
petición, q~e le ;e tallarse " ... con achaques habituales y muy ~avosos, de
clava, en virtud e cha
. , n y asistencia de dotores médicos y muque necesita(ba) mu
curaoo
.
(de León) Je era nocivo y le
danza de temple. Porque el de aque1 remo
I .d ,, 86
amenazaban muchos peligros de perder a VI a .
.,
,
·em
.
de
octubre
de
1687
salió
de
Monterrey.
Permanec10
algun
fi1
po
f
A
mes
d
1688
embarcó
en
Veraen la ciudad de México, atendiendo su salu , y en
se

s:,

d

cruz. Murió en España.
.
dí casi toda la mitad
Fue dueño de un enorme latifundio que compren , ~
S ta
, .
d C Oahuila s'I Tuvo dos amplisnnas casas en an
de los actuales límites e
•
•
dicha población cosechaban
, .
-i..
M , d las Parras y sólo de sus posesiones en
ana.,.,:e... ;~trado-~ ,doce
, mil canast-os de uva, de que se sacaban mil arrouas
dan
d
sus a
"'" =
• ·
¡
' abun
tede aguardiente y dos mp. de vino; cultivándose asnrusmo e maiz
LLULU-'

mente. 38
,
hi.
,
.
ecayeron
ademas
del tañas
marqueEn doña Ignacia Javiera, su Jª uruca, r
,
las M
de
sado el señorío de la villa de San Miguel de Aguayo, en
. on
'
barrio de Santa Olaya; el señorío de los palaclos de Es~arza
Santander, y su
h ditario del Reino de Navarra, as1 coy el alguacilazgo mayor per~etu_o ere,
d d l
do" 39
mo "una de las fortunas temtonales mas gran es e muo
.
,. LEÓN, op. cit., P· 202.
,. AG ' Duplicados, t. 55, f. 185.
,. Jbid.
" ALl!.SSIO ROBLES, of!. cit., p. 503.
.. I bid, p. 408, citando a Morfi.

,. MARTÍNU

332

.

Cossfo, op. cit.

Le sustituyó en el gobierno del Nuevo Reino de León don Francisco Cuervo de Valdés, caballero también del hábito de Santiago.

Don Gregorio de Salinas Varona
Siendo muy joven sentó plaza como soldado en los tercios de Flandes. Durante más de veinte años sirvió en aquellos estados de la corona española,
hasta obtener, por acciones de armas, los grados de sargento, furriel mayor
y alférez de infantería. Fue también alférez de caballería de una compañía
que organizó y entregó en Santa Catarina. El rey Carlos II, por cédula de 2 de
junio de 1687, le dio pla.?,a de reformador y le incluyó en el grupo de trece oficiales que con este carácter pasaron a la Nueva España, "a disposición y
órdenes de mis virreyes '. 'º
Cuatro meses más tarde, el 9 de octubre, encontrábase ya en la ciudad de
México. Alli se le tomó asiento en la lista, por orden del virrey conde de
la Monclova, quien le envió a Tehuantepec a combatir a los piratas que habían desembarcado en aquella costa.

Al ser organizada en 1690, durante el gobierno del virrey conde de Calve,
la segunda expedición contra los franceses que intentaban colonizar Texas,
acompañó Salinas Varona al sargento mayor Alonso de León en esta jornada, que duró desde el 15 de marzo al 30 de julio y que comprendió más
de setecientas leguas. Se distinguió entonces por su celo en el real servicio
y por su pericia en materia de guerra. L1evando a su cuidado el astrolabio,
él y el capitán Francisco Martínez midieron la altitud de Texas. Vueltos
a Monterrey, se. le comisionó para que pasara a México a informar del resultado de la jornada, siendo recompensados sus servicios con el nombramiento expedido a su favor el 30 de marzo de 1691 como capitán del pre.
sidio de San Francisco de Coahuila. 41
Dispuesto el conde de Calve a efectuar una tercera expedición que ocupara y poblara la bahía de Panzacola, y no contando ya con el capitán Alonso de León, muerto el 25 de marzo de 1691, ordenó dos salidas simultáneas: una por tierra, al mando de Domingo Terán de los Ríos, y la otra
por mar, encabezada por Salinas Varona.
En el bergantín "Santo Cristo de San Román", de que era piloto Alejandro Bruno y capitán Juan Enrique Barroto, salió de San Juan de Ulúa,
llegando a la bahía de Espíritu Santo el 17 de julio, algunas horas después
"'" MS. Título de Gobernador. AGN, Duplicados, t. 38, f. 140.
op. cit., p. 256.

u LEÓN,

333

�de que el capitán Francisco Martínez, que había ido a encontrarle y deses.
perado de que no llegaba, se había regresado a río Colorado. 42
A principios de septiembre, se unió a la expedición de Terán ~e los Rí~s,
quien por querellas con los misioneros y dejando allá solamente diez o qwnce familias, dispuso e1 regreso, que emprendió el 24 de marzo de 1692.
Desembarcando en Veracruz, Salinas Varona volvió a la ciudad de México donde le tocó ser actor de un célebre acontecimiento. Con motivo del
ha.m'bre causada por la pérdida de las cosechas, y no obstante que el vin-ey procmó el abasto y tasó el precio del maíz, el 8 de junio se amotinó
el pueblo prendiendo fuego a las casas de cabildo y a las tiendas de la "!'laza.43
En esta ocasión fue cuando Salinas Varona sirvió el cargo de capitán de
Caballos Corazas, cuerpo creado por el conde de Galve para proteger la ciudad, de que se le despachó título el 14 de julio y que ~es~peñó dur~te
cuatro meses. Al cabo de este tiempo volvió a la provmc1a de Coahwla,
esta vez con el título de gobernador y teniente de capitán general, que le
fuera concedido en marzo de 1693, en sustitución de Terán de los ~os.
El 3 de mayo salió de Monclova con veinte soldados, a efecto de llevar
provisiones 7 auxiliar personalmente a los misione~os y solda~os que habí~
quedado en Texas, algunos de los cuales se volvreron con el. La esta~1lización de las misiones se hacía imposible por entonces. No obstante las reiteradas proposiciones que a fin de mantenerla hacía el P. M~~et, desidió
el virrey retirarlas, encomendando a Salinas Varona el cumplimiento de esta
orden. Los frailes abandonaron sus misiones el 25 de octubre, enterrando
las campanas y otros objetos que rio podían trasladar a Coahuila.4'1En su tiempo propuso awnentar a cincuenta los veinticinco soldados con
que contaba el presidio de Monclova, No obstante su celo por las misiones,
llegó a tener algún distanciamiento con los religiosos. ~os~enÍa q~e diez a~os
bajo el cuidado del doc~ero bastaban para que el mdio estuviera ~ mstnúdo, pudiendo, al cabo de este lapso, quedar bajo la tutela del parroco
0 beneficiado secular. 45
A fines de 1698, entregó el gobierno de Coahuila a don Francisco Cuervo
de Valdés; pasando nuevamente a la ciudad de México, con su plaza de
reformado al servicio in.mediato de los virreyes, hasta el 16 de febrero de
1705. En esta fecha, el rey Felipe V, con acuerdo del virrey duque _de Alburquerquc, le nombró gobernador y capitán general del Nuevo Remo de
León."" 6

. Su entrada a Monterrey la hizo el 5 de mayo siguiente, recibiendo el gobierno de manos de su antecesor, el general Francisco Báez de Treviño.
Siempre se distinguió por su actividad. Habiendo hallado sublevados a
los indios del norte del reino, dispuso poner tres compañías de mariscada
en campaña, sostenidas a su costá, porque la real caja nunca auxilió al reino
en estos casos, como lo hacía con otras provincias. Pronto pacificó a las tribus rebeldes, apresando cabecillas y ejecutando castigos a veces demasiado
ngurosos.
Personalmente salió a San Pedro de Boca de Leones, mineral que estaba
en pleno auge y en el que imperaban el desorden y el pillaje. En las cinco
semanas que aUá permaneció, levantó un minucioso registro de minas, disp~s? ,el trabajo conforme a las orden~zas y contuvo los extravíos de plata.
Vigilo fa recaudación estricta de los reales haberes y, para acabar con el escán~alo, no vaciló en desterrar a las familias que lo promovían. Hizo que los
vecrnos construyeran sus casas y mandó edificar las de cabildo y cárcel con
lo que disminuyeron los vagabundos, moderáronse los juegos y fueron ~i,,.1:erm:i.nados los odiosos rescates; actitud que le valió elogios y felicitaciones del
virrey.u
En 1706 efectuó la visita general a los pueblos del reino. Uno de sus cuidados principales fue la concentración de los indios de Ja misión de Santa
Teresa del .Alamillo en la de Agualeguas, y el señalamiento de límites a la
de San Cristóbal de los Hualahuises, en ese mismo año.
Durante su gobierno se hizo reconocimiento general de mercedes de tierras, efectuándose la composición por el juez privativo Manuel de Campuzano Cos y Ceballos. 48
La ganadería alcanzó proporciones mayores. Del millón y medio de ovej~ Y más de 150,000 cameros que entraban a pastar, percibía el rey cuanboso pago por derechos de alcabalas. Sólo lamentaba Salinas Varona que
el Nuevo Reino no disfrutase de este pago, que se hac(a en la ciudad de
México, lugar de rnsidencia de la mayoría de los dueños de haciendas.49
Fue uno de los gobernantes más identificados con esta provincia. Doña
Francisca de Castro, su esposa, murió aquí, siendo sepultada en el convento
de San Francisco el primero de julio de 1707. 50
En algunos documentos de su gobierno antecedidos de sus títulos, figura
como "gobernador electo de la provincia de Honduras", cargo que al pare-

" ALESSIO RoaLEs, op. cit., p. 366.
0
ANDRÉS CAvo, Los Tres Siglos de Mfaico, Jalapa, 1870, pp. 234-236.
41 ALassm Roaus, p. 368, citando a BancrofL
15 MS. Cédula de 30 de enero de 1699, AGN. Duplicados, t. 44, f. 17 v.

•• AGN, Duplicados, t. 38, f. 58.
~ Cosfo, op. cit., t. 11, p. 268.
" Id. nota 47.

" Id. nota 40.

"' Archivo de la Catedral de Monterrey, Entierros, 1707.

334

335

�cer no llegó a ocupar. De 1714 a 1717 ejerció el cargo de comandante de
Panza.cola. 51

de la alcaldía mayor de Tehuantepec º7 y otorgara en su favor el cargo de
teniente de capitán general de la misma provincia, en la Nueva España,
por cinco años, de que le dio título por real orden fecha en San Lorenzo
a 25 de junio de 1717 · debiendo sustituir en este empJeo al marqués de
Villapuente, a quien asimismo tomaría residencia.

Don Pedro de Sarabia Cortés

S bi Cortés hijo de don Francisco
El sargento mayor don _PedCro -!e daraAnagulo nació en Jerez de la Fronde Sarabia Cortés y de dona aSI a e
,
tera, hacia 1685;52
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,
el aniquilamiento del socorro
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¡·in y muerte de Da. Feliciana de

Sarabia Cortés. .. AGN, Civil, t.

42,., la.
2, 113
fs. de Sarabia Cortés . .. AGN, Duplicados, t. 84, f. 36 a
MSparte,
TitulaExp.
de dan
Pedro
43 y 218.
"'
]bid.
"' MoDl!STO

LAFUfü TB,

"' Id. nota 53.

.
. General de España, Vol. III, p. 468.
Hzstana

En julio de 1718 encontrábase ya en la ciudad de México, donde fue fa.
cultado por el virrey marqués de Valero para tomar posesión de su cargo,
que sirvió durante el ténnino señalado· al cabo del cual le fueron hechos a
su vez los juicios de residencia por don Juan Ruiz Hurtado.~8
Nuevamente recibió el real favor por su actuación en aquella provincia,
al ser designado sargento mayor del castillo y real fuerza de San Juan de
U lúa, vacante por enfermedad de don Juan Antonio Manzo; u.viendo este
nuevo cargo "con el amor y aplicación que habéis mostrado y han acreditado
vuestras obligaciones ', dice el título de gobernador.
Acéfalo el gobierno y capitanía general del Nuevo Reino de León, con
motivo del juicio sumario a que en 1724 había sido sometido el gobernador
don Juan José de Arriaga y Brambila, el virrey marqués de Casafoerte nombró a Sarabia Cortés por interino, en despacho de 11 de octubre del mismo
año. 59 El 19 del mismo mes prestaba juramento ante el oidor decano de
la Audiencia de México don Pedro Malo de Villavicencio, de la orden de
Calatrava, a fin de pasar aJ Nuevo Reino de León, a cuya capital entró en la
Navidad de 1725.
Se encontró, a su llegada, con el eterno problema de Jas incursiones de los
indios. Pidió ayuda al gobierno virreinal, y, de acuerdo con los goberna.
dores de Coahuila y San Luis Potosí, desarrolló una intensa campaña de
guerra. 00 Fue a partir de su administración cuando quedó establecido que
el gobernador propusiera a los individuos que deberían formar el ayuntamiento de Monterrey, atribución que antes tenía el propio cabildo, por tratarse de oficios vendibies.61
Como todos sus antecesores, practicó la acostumbrada visita a los pueblos
del reino 62 e hizo revista general de la gente de armas. En sus ausencias
fungieron como sus tenientes el general don Pedro de Elizondo y don Pedro de 1a Barreda y Ebra, quienes alguna vez trataron de desconocer su go.
•1

Id. nota 53.

.. MS. Comisión a don Juan Ruiz Hurtado para tomar residencia ... AGN, Duplicados, t 84, f. 218.
.. Id. nota 53 .
.. Cosfo, op. cit., t. III, p. 69.
" Actas del Ayuntamiento de Monterrey, 1725. AMM.
MS. Visita general... AMM, vol. 52, exp. 19.

0

336
837
H

�b,ifrp~ -~leg.a1]-do ser ellos- los tenientes legítimos por la destitución de Arria'
·
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' j~l\'it,de 17~&lt;} entregó el gobierno a don, ~ernar o -~, en~~' co_n-l d J&gt; .,,1va $3 rp_vn,_~ando a la ciudad de Mexico donde fiJo su res1denc1a,
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en J~ caUe de los Donceles,6t dedicándose al comerCIO.
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.,J)t&lt;; ~ o ,,;on doña Feliciana 1?_ionisia de Cas~o, qmen. e so revlVl~
~P,trl7.il-3 ,y de quien hubo a sus h1J0S Pedro., Gabnel, Ignacia, Ana, Jose,

LA REPÚBLICA EN RUTA HACIA EL NORTE

Mari.a: casada cen ~guel de Morales, y sor Ana de • los Dulces Nombres, re-

lmifl,Aei S~ Bernardo de

México. 06
•
tr4tamentQ otorgado en la víspera de S\1- muerte ante Juan Antonio
f§Cxibano real, 61 mandó se dijesen mil ~isas por su ~ a Y, que
1F,Hf;1JJQ,1v,esp entt.rrado en la iglesia de San Francisco, como se e1ecutó.

~

JosÉ P. SALDAÑA
Cronista de Monterrey
Sociedad Nucvoloonesa de Historia,
Geografía y Estadística

~J~q.y~
~

.

n o:&gt; ,rr&lt;'nJ 51
10bC1rr')do~ b e

ENTRE LOS ACONTECfMtENTOS de mayor alcance político-militar, acaecidos pasado el primer año de la Intervención Francesa, ocupa Jugar preeminente
]a evacuación de la ciudad de México por el Gobierno Republicano.
El hecho en sí mismo tenía wia especial significación para los intervenciomstas y para los republicanos. Los primeros, al entrar sin resistencia a la
ciudad de México, consideraron haber logrado un triunfo de gran alcance,
máxime cuando las aclamaciones de los reaccionarios, las flores arrojadas
por las damas "bien', y el repique de las campanas, les formaban un especial
ambiente de admiración.

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1

En el otro sector, el más numeroso, pero al mismo tiempo el más disperso,
las impresiones chocaban entre sí. Había quienes juzgaban catastrófica la
salida de la ciudad de México de los Poderes Republicanos; menos extremistas otros, esperaban el desarrollo de los acontecimientos; y quienes sentían
los ideales de la Patria, con la pasión de los convencidos, confiaban en que
el triunfo se realizaría cualquiera que fuesen las alternativas de la guerra,

p·¡ ·•

En tanto el Gobierno Republicano se instala en San Luis Potosí, procede hacer un análisis, aunque somero, de lo sucedido hasta entonces.

1 1 ,

Antecedentes.
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¡f;)f ..7 m· IP

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·1

del albaceazgo de Da. Feliciana de Castro, AGN, Civil, t. 48, exp.

8, l 753, 85 fs.
, .
·
t 736 ( l~ l
'" Archivo del Sagrario Metropolitano, Catedral de Mextco, Entierros,
, •
v.
• Id. nota 64.
•
" ]bid nota 65, Testamentos, lib. 5, mayo de 1736.

J88
11

En e] espíritu atormentado de los mexicanos, aniantes de la integridad de
la Nación, alentaba una esperanza en la victoria final, tomando como punto
luminoso, de un pasado reciente, la certeza de que los mexicanos demostraron
al mundo que podían vencer a los invasores, puesto que ya lo habían hecho
el 5 de mayo de 1862.

339

�Fortificado en la ciudad de Puebla el General Ignacio Zaragoza, esperaba
el ataque formal del ejército francés, cuya fama lo acreditaba como invencible. El mando directo quedó a cargo de los Generales Felipe Berri01..ábal,
Porfirio Díaz, Lázaro Garza Ayala, Miguel Negrete, Juan Francisco Lucas
Mariano Escobedo, Antonio Alvarez, Ignacio de la Llave, Lamadrid, Santiago Tapia, Juan N. Méndez, Ignacio Mejía...
Sin complejos Zaragoza arengó a los soldados, y jefes y oficiales se dispusieron a retener sus posiciones así les costara la vida. El ambiente que se
respiraba en todos los baluartes era de confianza.
El día 4 campaba ]a fuerza comandada por Lorencez en Amozoc a muy
corta distancia de Puebla. El día 5 situaba sus contingentes a la vista de los
fuertes de Loreto y Guadalupe. Algo más de 5,000 franceses tenían la pretensión de apoderarse de la ciudad, según la opinión de Lorencct que no
daba a las tropas mexicanas la capacidad combativa necesaria para contener
el ímpetu y valentía de los veteranos que comandaba.
Los soldados mexicanos, en número también de 5,000, desde temprana hora
estaban en sus puestos impacientes por entrar en contacto con el enemigo.
Existía entre ellos una especie de euforia por combatir proveniente de la
confianza que les inspiraban los jefes. Entre éstos a su vez existía la unidad
requerida y la subordinación plena a la autoridad del General en jefe, en
quien reconocían pericia~ don de mando y valor a toda prueba.
La arenga del General Zaragoza mantenía muy en alto la moral de jefes
y soldados. Sus palabras resonaban en los pechos de todos: " uestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero nosotros defendemos nuestra patria, y lograremos la victoria. ¡ Viva ]a índependencia nacional!'.
Por fin a las diez de la mañana una columna de franceses, integrada por
4,000 soldados, se lanzó a paso veloz sobre el fuerte de Guadafupe, en tanto
que por el frente se efectuaba una maniobra con 1,000 hombres, más que
para combatir con el propósito de distraer a los mexicanos.
Pero Zaragoza había preparado la defensa sin descuidar detalle alguno.
Como advirtiera que Lorencez cargaba el grueso de sus contingentes sobre
el fuerte de Guadalupe, advirtió al General Miguel egrete, que guarnecía
el fuerte de Loreto, estuviere alerta para cooperar en el momento oportuno,
con el General Juan N. Méndez.
La avalancha de los franceses parecía incontenible. Con decisión y bizarría
acometieron a las tropas mexicanas. Poseídos de su superioridad estratégica
y de su arrojo, pensaron en arrollar fácilmente a los soldados mexicano . e
equivocaron rotundamente. Avanzaron ha ta donde los jefes mexicanos habían
previsto, y de pronto las fuerzas de Méndez y de egrete abrieron el fuego
en forma compacta, ocasionando un revés a los franceses cuya magnitud los

340

obligó a replegarse a su base de operaciones. Todo ello sucedió en el término
de dos horas.
La prime~ jornada significaba un triunfo de las fuerzas republicanas. Zarago.ta recoma las líneas de combate sin descanso, dando instrucciones y arengand~ a los soldados. La moral se mantenía elevada, llegando a la exaltación
al obligar a los franceses a retroceder.
. ~iguieron dos asaltos más sobre las mismas posiciones. Para Lorencez significaba la derrota un fracaso inconfesable y se proponía triunfar a toda
costa. ~engó con ardor a sus tropas recordándoles que la: victoria era su
co~panera en donde quiera que combatieran, que en esa ocasión estaban
obligad~s a toma~ ~ebla pasando sobre sus defensores, que no tenían ni el
valor m la _expenenc1a de ellos. Recuerden, insistía, que cada uno de ustedes
vale por cmco de esos soldados harapientos que se nos enfrentan. ¡ Sobre
ellos hasta exterminarlos!
. Las palabras de aliento de Lorencez caían en tert·eno preparado. Respond'.eron los so~dados franceses al atacar por segunda y tercera ve-z con bravura
~1~~ de meJor causa. A pe ar de las bajas que le infligían los republicanos
ms1stían en olas continuas de ataque.
. Todo esfuerzo de los asaltantes resultó infructuoso. Los- republicanos con
igual valor y tenacidad combatieron sin permitir que avanzaran.
'
Par~ las cu~tro de la tarde la acción se había decidido a favor de los
~publicanos. Sm embargo Zaragoza había dispuesto cubrir con nuevos contmgentes las bajas sufridas, pues suponía que a pesar de todo insistiría Lorencez en un nuevo asalto.
En efecto se estaban reorganizando las columnas
otr~ asalto, cuand~ una lluvia tQrrencial cubrió el
Sen~~ como las c~c~ de la tarde, el ambiente se
cubno ~l, terreno dificultando toda maniobra. Este
convenc10 a Lorencez que nada tenía ya que hacer.

invasoras para intentar
campo de operaciones.
obscureció y el granizo
argumento contundente

_Más de ~J. bajas en las filas francesas, entre muertos y heridos, constihúan el patético argumento de su derrota. La lluvia los salvó de un escarmiento mayor. Habían perdido más del 20% de sus elementos activos.
R~~ocedieron Jas fuerzas invasoras hasta Orizaba, siendo constantemente
hostilizadas por tropas de Zaragoza. Dieron la espalda a la codiciada presa
con el espíritu compungido y las armas en rastra. En esta forma el triunf '
definiti o de esa memorable batalla quedaba patente ante la conciencia na~
cional y la admiración del mundo.
Toda la nación mexicana vibró d~ entusiasmo. Las campanas de los templos
· lanzaron, al1aire repiques de triunfo. Ya se había probado que. los me_
xicanos pose1an as prendas necesarias de patriotismo para vencer.
341

�•
Repercutió la noticia fuera de nuest:to pa.Ís. La incredulidad daba a la
hazaña dimensiones universales. El tiempo confirmó la verdad de la epopeya,
y se descubrió el semblante redondo, con sencillos anteojos, del Jefe Mexicano triunfante, que más parecía la figura de un seminarista que la de
un veterano militar.
Con Zaragoza se ilustraban las canciller.Ías de todos los Gobiernos, y los
intelectuales se nutr.Ían de informaciones sobre su vida y la del jefe máximo,
el indio adusto, de sangre zapoteca, de limpia estirpe, que de pastor había
llegado por impulso propio a Presidente de México7 el señor Licenciado don
Benito Juárez.
Su nombre se pronunciaba con admiración y respeto. Los políticos de mayor
cultura y más alta reputación de honestidad, proclamaban sus virtudes. Los
Parlamentos de Francia y de España se ocuparon repetidamente de la tragedia
que significaba para nuestro País la injustificada intervención armada de
Francia. La tribuna de Erancia fue escenario de las más violentas y apasionadas controversias. Voces autorizadas clamaban por la retirada de las
tropas francesas en virtud de que se pisoteaban los derechos de un pueblo
que deseaba gobernarse de acuerdo con sus principios, creencias y antecedentes históricos. Los Diputados franceses de la oposición concretaron sus
argumentos en estos pensamientos: "La guerra en que se ha empeñado la
Francia es injusta, intrínsecamente considerada. Ni la digrudad, ni el honor,
ni los intereses de esa potencia, exigían lo que se ha hecho. Gérmenes de
barbarie, no de civilización, están arrojando aquí de paso sus soldados, que
volverán diezmados a su país, después de causar calamidades sin cuento,
como ciegos instrumentos de los ambiciosos planes del déspota que los manda". Recoge la historia los nombres de los cinco Diputados que, e&gt;..-poniendo
su posición, se enfrentaron al Pequeño Napoleón defendiendo la soberanía
de México. Ellos son: Julio Favre, Ernesto Picard, Henón, Darimon y Ollivier.
Agregamos al genio de todos los tiempos, Víctor Hugo, cuya pluma tajante
escribió el nombre de Juárez con admiración y logró despertar en Francia,
por medio de sus fulgurantes artículos, sentimientos de respeto por la soberanfa de México.
En España, sintiéndose más cerca de nosotros, se comentaba la falta de
congtuencia entre los aspectos democráticos de que se hacía alarde en Francia
y su conducta falsa al aceptar mtervenir por medio de las armas, en los destinos de México.
Resonaron también voces de aliento ijara la causa republicana en los Estados Unidos del Norte, a pesar de su guerra intestina. Por cuanto a los
pueblos hermanos de Centro y Suramériea, cada triunfo de las tropas me-

.xicanas los llenaba de júbilo, y seguían con acentuado interés cuanto · i001al
en México. En Colombia, por 1865 se pronunciaron entusias~ dikuí1sós' 1filil
la Cámara de Diputados exaltándose la figura de Juárez, al grado dé 1'Sibillfi.ál
como luminaria y guia de las Américas. Dos años después en- fbtlniY(91,fu{lb
tucional proclamó la República Dominicana a J uárez, Benemérito ide-"'füs'
Américas.
, &lt;lml :,l'I
Sin duda alguna la actitud de los mexicanos patriotas co.dm1ó½a ál•·irl&amp;1cfá!
Se tenía conocimiento de la precaria situación económica del G6bietñ&amp;dtl'é'1
publicano; de los sufrimientos del pueblo después de cuarenta añbs ~E!oWJ
tinuas revoluciones, provenientes de la resistencia de las clasés- pi-ivif~
a perder sus ilegítimas prebendas; del cansancio natural dé qweflés ~séa5iiw
paz y no 1a encontraban.
,. , 11,' ,ini
Estos signos negativos se convertían en positivas cualidades yi.\ qhe";rw·~
de todo, se continuaba luchando sin medir ni importar el poderío tdéJc~aiañJ:~8:l
Se explica así la existencia universal de una corriente de simplrtÍiP ~ i
México, hacia ese grupo de patriotas que con tanto entusiasmd ~Í\Ífffiífu{
la soberanfa nacional.
¡ ,. Ju•.-¡1
Las noticias apru:ecfan en los periódicos, y el público, cori m ~i sim)l
patías las comentaba en las plazas públicas, las calles y los ce11t11Dti 'lJQ6&amp;1kw
del pueblo que cree en la libertad porque es producto generoso de!su tMuedxro
De este ambiente alentador participaban las poblacio)les de Mé~Q,mf'"J®o
a otro extremo.
:1 ,H nsrcl.ccl
Quedaban algunos refugios inmunes al influjo de la libertad) en' lds'•~ la¡@
nidad, alimentada por sangre azul de pastorela esperaba una opottnn.itmdi-~
le permitiera adquirir un título nobiliario, así fuese el de "camarera de la
reyna" o el de "caballerizo imperial".
No faltaban los desarraigados, los siempre amargados, que sin esperar ni
desear °1:1 título, sin antecedentes _de rango, ni _de daño alguno en,.~}lftc~rsonas e mtereses anhelaban el tnunfo de los mvasores, disp9e~tos.. ~ ,
como lacayos.

~m

, .q i·Jbr.bil
;r.1101 cl '
1- l"l ·1h
Cerca de un año hacía que la estrella del 5 de mayo brillaba· can- 1.1í) rsplendorosa. Tiempo suficiente para justipreciar la categoría del tóunfo,rre¡¡
publicano.
¡, '")

•

Quienes entendían de guerra medían la tardanza de la nueva 'ernbest!id~
francesa en razón a los perjuicios recibidos; quienes pensaban en ordtm a /sus
bastardos intereses se resistían a aceptar la derrota en la propoi:ción j~t&amp; , .i.l
Pero el tiempo hablaba por si mismo. Un año de miedo, de duda en ' ffi

�propia fuerza, detenía a lo franceses en Orizaba y Córdoba. Bien fortificados
como si de pronto se hubiesen cambiado los papeles, Jos agresores, que habían soñado en un desfile de gala desde Veracmz a México, después del 5
de Mayo, daban al ejército mexicano el mérito, cuando menos de igualdad
en valor y destreza.
., .
De haber dispuesto el General Jesús González Ortega -Jefe del EJerc1to
de Oriente, substituto del inmortal Zaragoza, encargado de la defensa de
Puebla- de los elementos necesarios, no hubiera vacilado en emprender
formales 'ataques a los centros de concentración de los invasores. Tuvo que
resignarse a esperar la embestida del enemigo, a sabiendas de que opondría a las armas más modernas .las deterioradas que integraban su arsenal
La iniciativa quedó a merced de los franceses. Avanzaron en el momento
que consideraron más oportuno. Cubrieron sus flancos en debida _fo~a~, Y
protegieron su retaguardia quizás con exceso· pero había a su disposrci~n
soldados más que suficientes, pertrechos de guerra y víveres en abundancia.
Ya militaba con ellos el conservador Márquez, de triste memoria.
Frente a Puebla, la imponente fuerza integrada por 30,000 soldados, tomó
los dispositivos de ataque: caballerías, infanterías, baterías de cañones, cuerpos
de zapadores, brillantes armas que arrancaban chispas al sol, esperaban la
orden de combate.
Dentro de la plaza sin alardes de grandeza material, los soldados mexicanos
habían recibido las dotaciones necesarias de parque, y en su espíritu anidaban
]as palabras de aliento de sus jefes que pedían morir antes que permitir un
Gobierno extranjero.

•
Sorpresa tras sorpresa para -los invasores. A pesar de su superiorida~ numérica; de Jas ventajas propias de las armas modernas; de la abundancia d_e
parque y facilidades de abastecimiento de comestibles; ª. pes~ de las facilidades para atender a los heridos· y no obstante escoger a discreo6n los lugares
y la forma de ataque, siempre encontraron enconada resistencia, al grado
de que el avance de hoy se convertía al día siguiente en retroceso.
• Cuánto valor cuánto don de sacrificio, cuánto amor a la Patria! Día
a día clisminuían los elementos bélicos y de subsistencia. Los racionamientos
cada vez más reducidos: ahorrar parque en pleno combate, comer lo indispensable, resistir a pie firme era la consigna.
Así transcun-ieron
enta y dos días sin que la plaza fuese tomada, como
la arrooancia de los sitiadores lo había proclamado. Existía abundancia afuera,
o
.
.
escasez que llegaba a la miseria adentro. Ni alimentos, ru parque, ru agua

344

ni recmsos para atender a los heridos y a los enfermos. La población civil
sufría estoicamente a la par de la tropa. No existía posibilidad alguna de
recibir auxilio, todos los intentos había11 fracasado. La resistencia había llegado al límite de lo humano.
Llamó a consejo el General en Jefe, González Ortega. Propuso rendir 1a
plaza en plan de sacrificio; pero salvando la dignidad de mexicanos y de
soldados defensores de la soberanía nacional. Al día iguiente a las nueve
horas cada soldado destruiría su fusil· los artilleros inutilizarían los cañones;
los j fes y oficiales obrarían de acuerdo con sus convicciones; los soldados
quedarían con la consigna de incorporarse a cualquier grupo de guerrilleros
liberales. En esta forma el famoso Ejército de Oriente, quedaría totalmente
disuelto.
El proirrama se cumplió al pie de la letra. Los invasores entraron a Puebla
pisando cadáveres y escombros. En el silencio imponente que imponía la
heroicidad de los vencidos se convertía el triunfo de Jos franceses en la más
triste cuanto inútil victoria.

•
La noticia de aquel extraordinario sacrificio, conmovió las fibras patrióticas
de los mexicanos. Dolía la pérdida total de un ejército disciplinado; pero al
mismo tiempo admiraba su temple, que convertía la derrota en la más limpia
exhibición de patriotismo y sublime dignidad. Los mismos invasores respetaron aquella hazaña, considerándola como uno de Jos acontecimientos más
heroicos de todos Ios tiempos.
Quedaba para los invasores libre el camino a la ciudad de México. No
tenía sentido estratégico tratar de detenerlos. Calmadamente analizó Juárez
la situación con sus Ministros acordando trasladar la capital a la ciudad de
San Luis Potosí.
Se hicieron los preparativos con las precauciones que demandaba la delicada situación militar, supuesto que la mezquina victoria francesa había
inyectado entusiasmo entre los imperialistas mexicanos.
Las impresiones y el estado de ánimo de los patriotas mexicanos lo podemos captar en las siguientes expresiones del Licenciado José Ma. Iglesias,
que aparecen en su Diario - mayo 31 de 1863.

'A fin de saber las condiciones que impondría el vencedor por casualidad, pasó el cuartel-maestre General: Mendoza, a entenderse con
Forey. Consentía éste en la salida del ejército mexicano, con sus armas,
banderas y todos los honores de la guerra con tal de que se situara en

345

�el punto que se le designase, comprometiéndose a permanecer ~eutral en
la presente facha en que se juega nada menos que los destinos de la
patria. La prop:esta fue desechada con un patriotismo digno de lps
mayores elogios.
. . .,
Entonces se adoptó una resolución que bien me:ece la calif~cacion de
heroica y sublime, supuesta la imposibilidad de abrirse paso a vw~ fuerza.
En la orden general, del día 17, expedida a l~ una de la manana, se
mandó que de las cuatro a las cinco se _1~mpwra ~odo el armame~to,
para que bajo ningún aspecto pudiera utilizarlo_ el ~nvasor: ~,ue_ se inutilizaran todas las piezas de artillería, que se disolviera el e7ercz~o, manifestándose a los soldados que no quedaban excluídos d~ seguir_ prestando sus servicios al, suelo en que nacieron, sino antes ~ien, obligados
a presentarse al supremo gobierno, para continuar ~efendiendo e~ torno
suyo el honor de la bandera mexicana; que a las cmco de la '"!ªnana se
tocaría parlamento y se izaría bandera blanca; y q~e a la mmna hora
se reunirúzn los generales, jefes y oficiales, en ~l atn~ de catedral Y ~alacio de gobierno, para rendirse prisioneros, sin pedir gara~tías de ninguna clase, por cuyo motivo se les dejaba en. absoluta libertad para
elegir lo que creyeran más conveniente a su propio honor y a .sus deberes
müitares.
~
,
Acordadas estas disposiciones, a las cuat1'o de la manana se paso una
comunicación oficial al general Forey, noticiándole que la pla.za quedaba
a sus órdenes y podía mandarla ocupar. 'No pu~~o~ decía ~on laconismo y nobleza el general en jefe de nuestro e7ercito, segui~ deftmdiéndome por más tiempo; si pudiera, no dude V.E. que lo Jiarut'.

··El inesperado desenlace

del .sitio de la moderna Zarag~z_a, así co~o
otros motivos mwy importantes, no permitieron que se hu;iese efectivo
el proyecto de defender a México con todo el empeño deseado._
,
Publicóse, pues, un decreto en que, declarándose a -~an Luis Potosi
capital interina de la república, se acordaba la traslacion a ella ~e los
supremos poderes. Al procederse con esta regular~d_ad a un camb~o ?ue
habría sido la muerte de un gobierno menos solida~ente constituído,
se dejaba a los franceses con sólo las ventajas matenales de la ocupación de México, sin darles fuerza alguna moral, sin aumentar en nada
el brillo de sus armas.
·. En la tarde del 31 de mayo sal,ió de México el gobierno. Su march~
hasta San Luis Potosí fue una ovación no interrumpida, en qu,;. autoridades, fuerza armada, particu~ares y pueblo,_ se esmera~':71 en tnbutarle
las más inequívocas demostraciones de aprecio y respeto .

346

¿ Cuál sería la realidad? ¿ Cabía la posibilidad de la rehabilitación de los
liberales? ¿ e trataba del principio del fin? Franceses y reaccionarios olvidaban que un pueblo decidido a conservar su .independencia es invenetble.

PRIMERA

ETAPA

SAN Lurs POTosÍ

Instalado en San Luis Potosí el Gobierno Republicano el 9 de junio de
1863, procedieron de inmediato los Secretarios del Gabinete a comunicarse
con los Gobernadores de los Estados, a fin de mantener en alto la moral
de los servidores de la Nación, y a la vez para poner en orden las diversas
funciones oficiales.
Por su parte el Presidente de la República subsc.ribió un manifiesto, haciendo relación de los sucesos más notables desde que se inició 1a guerra con
Francia. Considera de vital importancia la unión de los mexicanos, condición .indispensable para obtener el triunfo, en cuyo resultado se muestra más
que optimista, seguro. La voluntad de Juárez, inquebrantable, se refleja
en su escrito. No existe en él duda alguna en la victoria, que ha de producir su regreso a la Capital, para que, de nueva cuenta, la bandera nacional presida desde Jo alto de} Palacio Nacional, la vida libre y soberana
de México.
Entre tanto el servicio confidencial del Gobierno informaba sobre los sucesos que se desarrollaban en 1a ciudad de México, las fuerzas francesas al
mando del General Forey, hicieron su espectacular entrada el día 10 de
junio.
Dio realce al suceso la participación activa de los recalcitrantes reaccionarios, especialmente de los que, sin exponerse a los riesgos de la guerra,
guardaban en sus hogares las joyas, las cruces, condecoraciones y títulos nobiliarios, que adquirieron en momentos semejantes de peligro para la Patria.

El grueso de los manifestantes fue reclutado entre los peones de las haciendas vecinas, los vagos y los curiosos.
La vanidad de FOTey se refosiló con el Te Deu.m que se cantó en su
honor en Catedral, las comisiones de bellas damas que le ofrecieron ramos
de flores, los discursos empalagosos de los candidatos a empleos, prebendas
y títulos de nobleza.

Los banquetes suntuosos suplieron en buena parte 1a falta de entusiasmo
del pueblo. Había extrema curiosidad por ver de cerca a los primeros soldados del mundo, según pregón de los propios invasores. Pero pronto la des-

347

�ilusión acabó con la curiosidad; pues los famosos soldados eran borrachos,
mujeriegos y arbitrarios.
En un alarde de suficiencia Forey lanzó un manifiesto a la Nación en tono
jactancioso. Más parecía el presidente de un páis conquistado que el simple
jefe de un ejército invasor.
Hablaba de la fusión de los partidos políticos, de establecer la libertad
dentro del orden, el re peto a las propiedades y a las personas., anunciaba
la desaparición de alcabalas, la justicia para todos, y, como sucede con esta
clase de documentos demagógicos, agotaba las promesas.
Pero entre otras cosas, hacía el cargo de que en México el robo era cuestión tan generalizada que abarcaba a la mayor parte de la sociedad. Mencionaba la libertad de cultos, como algo que le agradaría al Emperador Maximiliano.
Se trataba de la primera actuación pública de Forey y la susceptibilidad de las clases privilegiadas se vio profundamente afectada. Ni aceptaban
el título de ladrone , Il!. estaban de acuerdo en la libertad de cultos, ni les
parecía bien que se respetara la posesión en manos de particulares de los
bienes confiscados al Clero por el Gobiemo Republicano.
Tratando Forey de darle un barniz de nacionalismo a la intervención designó treú1ta y cinco personas para integrar la Junta de Gobierno, la que a
su vei nombró un triunvirato ejecutivo que debía gobernar al país en tanto.
Maximiliano asumía el Poder. Quedó el triunvirato integrado por don Juan
N. AJmon te, el Arzobispo Pe1agio Antonio Labastida y Dávalos y don Mariano Salas.
Algunos conservadores en quienes quedaba algo de dignidad, se negaron
a coiaborar con los intervencionistas. De los liberales que no pudieron salir
de México, ninguno hizo causa común con el flamante gobierno, y el pueblo en general, cada vez más ·decepcionado, se irritaba cuando en público era
azotado algún mexicano, y ésto sucedía con frecuencia. Una simple denuncia era suficiente para el castigo, que en repetidas ocasiones producía la
muerte del reo.

•
En la amplitud del territorio nacional se producían, después multitud de
episodios significativos de profunda desorientación. Los sucesos colocaban
]a situación militar en difíciles condiciones, lo que se agravaba por la falta
de conocimiento exacto de los hechos, dada la dificultad en las c;omunicaciones.
Esto originó divisiones entre mucho jefes liberales, lo mismo en el norte,

348

que en el centro y sur del país. Su origen inmediato procedía de la falta
de un caudillo, o jefe, que por sus méritos reuniera a su alrededor a los
descontentos, fenómeno que fue superándose a medida que el tiempo pasaba.
Lo extraordinario es que, a pesar de los altercados locales, con las excepciones del caso, se mantuvo en todas partes firme el espíritu de lucha por la
independencia nacional.
Procede, para satisfacción de los norteños, mencionar el hecho significativo
de la participación guerrillera del General y Licenciado Lázaro Garza Ayala,
en el Estado de Puebla. En estrecha acción con los Generales José Ma. Maldonado Juan N. Méndez, Juan Crisóstomo Bonilla, Juan Ramírez y J uan
Francisco Lucas, mantienen en jaque a franceses y conservadores en Zacapoaxtla, Chignahuapan, Aquixtla, Xochitlán, Apulco, Tezuitlán y numerosas
poblaciones más.
También el General Mariano Escobedo participó activamente durante 1863,
combatiendo bajo el mando del General Porfirio Díaz en Oaxaca Puebla
Morelos y Estado de México. Al frente de la Legión del Norte, ' de Lan-'
ceros de San Luis y de Carabineros de Morelos dio ejemplo de disciplina,
valor y capacidad combativa. Su actuación brillante sirvió al General Díaz para
significarse como el más capacitado para asumir la jefatura del movimiento
republicano en el sur, lo que logró, ganando la causa liberal en fue17..a y unidad. En esas memorables campañas lo siguieron entre otros Nuevoleoneses
distinguidos los Generales Jerónimo Treviño y Pedro Martínez.
~tuación semejante se producía en el interior del país y en el norte. Sobre todo en esta última región. Chihuahua, Sonora y Baja California mantenían en pie de guerra magnífica fuerza combativa liberal, y dada la distancia que los separaba de la ciudad de México, se veía lejano el día en
que fuesen atacados.
osa distinta ocurría en Nuevo León, Coahuila y Tamau1ipas. Era la
ruta que seguiría Juárez con su séquito oficial, codiciada por los franceses,
por su proximidad con los Estados Unidos del Norte, proveedores potenciales
de víveres y armas.
La figura más destacada de la época en el noreste era la de don Santiago
Vidaurri, Gobernador de Nuevo León y Coahuila. Había logrado conquistar un gran prestigio por su habilidad para reclutar gente y formar militares,
que sin estudios académicos, llamaban la atención por su valor, acometividad
y dotes estratégicos, como los Generales Juan Zuazua, Mariano Escobedo,
Francisco Naranjo, Jerónimo Treviño, Pedro Martíne-¿, Lázaro Garza Ayala. . . y además por su audacia al disponer de los recursos de las aduanas
y de los impuestos federales, a pretexto de que todo lo dedicaba al sosteni-'
miento de las tropas.
No estaba alejado de la realidad. Las duras campañas de la Guerra de

349

�la Reforma, en que con tanta brillantez participaron las fuerzas fronteriza$
organizadas por Vidaurri, se mantenían en buenas condiciones gracias a esas
extraordinarias exacciones.
Mareado por los éxitos y el incienso quemado en su honor por algunos
encumbrados políticos, como don Guillermo Prieto, y don Ignacio Altamirano, soñando en convertirse en árbitro de los destinos del país, fue cambiando su posición ideológica en forma radical.
La actitud arrogante de Vidaurri producía en Juárez una profunda contrariedad. Sin embargo por todos los medios a su alcance trataba de solucionar las dificultades, máxime cuando, acosado por el enemigo, forzosamente tenía que seguir la ruta trazada, introduciéndose en los terrenos dominados por el cacique.
No era Juárez de los que retroceden ante las dificultades. En el caso de
Vidaurri había concedido, contra su íntimo sentir, facilidades que se oponían al orden y a los intereses de la federación, todo por evitar un rompimiento que consideraba de suma gravedad.

soldados, se dispuso la evacuación a las cuatro de la tarde del día 22 de
diciembre. Se hicieron veintiún salvas de cañón, en tanto Juárez y su comitiva tomaba el rumbo del norte.
Seis días después se autorizó al General Negrete para que atacara la plaza
de San Luis ya en posesión de Mejía. El encuentro fue sangriento con grandes pérdidas para ambas partes, resultando frustrado el asalto. Con sus tropas
maltrechas Negrete se incorporó a la columna de Juárez.
Por esos mismos días tuvo Juárez conocimiento de la batalla sostenida
por el General Uraga en contra de Márquez que se había atrincherado en
Morelia. También las fuerzas republicanas perdieron esta acción.
Todavía Juárez, con la esperanza de conseguir alguna victoria de importancia, caminaba lentamente, considerando la posibilidad de regresar a San
Luis; pero los últimos reveses lo decidieron a seguir hasta Saltillo.
Después de diecisiete días de continuo caminar a través de sierras, interminables desiertos, e incontables dificultades, el abigarrado tren, compuesto
de coches, carros con provisiones e impedimenta, cañones, caballerías y cuanto
es menester para una emergencia de guerra, hizo su entrada a la ciudad de
Saltillo el día 9 de enero de 1864.

SEGUNDA ETAPA
SALTILLO

En tanto los imperialistas avanzaban al sur y al interior del país, los republicanos hacían desesperados esfuerzos por mantener en alto la moral de
las tropas. La multiplicación de guerrillas, si por una parte servía para hostilizar al enemigo, por la otra no permitía realizar acciones de armas de
alguna importancia.
Ante este panorama transcurría el tiempo. Para Juárez todo se resolvería favorablemente tan luego se pudiesen proporcionar armas y parque a los
republicanos. Pero no todos los elementos que lo habían seguido hasta San
Luis Potosí pensaban en la misma forma.
Habían pasado seis meses desde que el Gobierno Republicano se instaló
en esa ciudad. Las perspectivas no eran apropiadas para continuar allí, ya
que los ejércitos reaccionarios y franceses se habían apoderado de las principales ciudades del interior, como Querétaro, Guanajuato, Morelia, León,
Guadalajara y Aguascalientes y el General Comonfort había muerto en una
emboscada cerca de Querétaro.
No faltaba acción a los republicanos; pero la adversidad se empeñaba en
negarles la oportunidad del triunfo.
Resuelta la salida de San Luis Potosí, por la proximidad de fuerzas enemigas, especialmente las de Mejía, que se hacían ascender a varios miles de

350

•
Puede calificarse de aciago el año de 1863 para la suerte de la República.
Al iniciarse 1864 los síntomas indicaban que no sería el nuevo año menos desventurado.

En Saltillo los Poderes legales del país se veían ante una perspectiva negra,
fatal. Don Santiago Vidaurri, Gobernador de uevo León y Coahuila, acentuaba su actitud hostil contra Juárez. Toda medida acordada por el Gobierno Federal encaminada a poner en orden la hacienda pública de esos
Estados, era rechazada abiertamente por el cacique. No aceptaba intromisiones en lo que consideraba correspondía a su autoridad, y contestaba con
actos que bien pueden calificarse de rebeldía.
A pesar de todo, y con la finalidad de hacer un último intento para
acabar con aquella anárquica situación, Juárez y sus Ministros acordaron ir
a fonterrey.
El día 10 de febrero en 1a mañana se emprendió la marcha, antecediendo
a los funcionarios la división Guanajuato a las órdenes del General Doblado. Al obscurecer llegó la Comitiva a Santa Catarina, en donde se conocieron algunos graves incidentes.
Detuvo el General Doblado su fuerza en este pueblo, en atención a que
Vidaurri le comunicó no estar en condiciones de proporcionar alojamiento a

351

�la tropa. Se tuvo .razón además de que por instrucciones de Vidaurri sus
soldados se apoderaron de las pie?..as de artillería que el General Doblado
había ordenado emplazar para hacer la salva en honor a la llegada del Presidente de la Rel)ública. Los artilleros fueron apresados.
A pesar de todo se dispuso seguir adelante, dándose las instrucciones del
caso al General Doblado. La noche del día 11 la pasaron los funcionarios en
la quinta deJ señor López y a las once horas del día 12 hizo Juárez y su comitiva la entrada a la ciudad. Llovía copiosamente y sin embargo el pueblo
recibió con entusiasmo a Juárez. El Ayuntamiento envió una comisión a
saludarlc y presentarle -Sus respetos. En cambio Vidaurri no mzo manifestación
alguna.
A los ttes días de permanencia del Gobierno en Monterrey, sin indicación
alguna de parte de Vidaurri para allanarse a 1111 cambio de :impresiones con
Juárez, y en atención a que no se contaba con los elementos necesarios para
someterlo al orden, se dispuso el regreso a Saltillo.
En el momento en que Juárez se disponía a ocupar su coche se presentó
Vidaurri solicitando una entrevista. Se le concedió, siendo su arrogancia tan
altanera, que Juárez dio por terminado todo vínculo amistoso con quien
había faltado a los más elementales deberes de cortesía, y aún se mostraba
con la altivez del que se considera merecedor de toda clase de honores.
Las fuerzas de Doblado ya habían emprendido la marcha y J uárez quedaba en situación comprometida. Terminó el violento diálogo y se retiró
convencido de que nada quedaba ya por hacer para retener en el cumplimiento
de sus deberes a quien había decidido cambiar el rumbo de su vida.

Ante el pesimismo de algunos funcionarios civiles y militares J ~
·
al
d
, uarez, SlD
asomo guno e temor, emprendió nuevamente la marcha sobre M t
d d
,
on errey
a on e llego el 3 de abril. Incapaz Vidaurri de enfrentarse a las fu
federales, huyó a los Estados Unidos del Norte acompana-do d Q •erzas
o·
e
urroga
ispersaron a los soldados con la consigna de que guardaran las armas.
pues esperaban regresar pronto.
•
Monterrey fue para Juárez un relativo remanso. Pudo atender en lo posible
a su abnegada esposa y a sus hijos, hizo algo de vida social a pesar de que
la tempestad amenazaba por todas partes acabar con su Gobierno
La pres~ón militar de franceses y reaccionarios lo obligaron a. dejar Monterrey el d~ 15 de agosto, cuando ya Quiroga amagaba la ciudad. Chihuahua
era su desri_no, tomando el rumbo de Parras. Antes envió su familia a los
Est~dos U~dos; no era posible ya exponerla a una expedición de lama durac1on y peligrosa.
t&gt;

A ~ar de todo, el _15 y el 16 de septiembre celebró el fausto acontecimiento
con fiestas en las haciendas de la Noria de Pedriceña y en el b
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dis
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o aco. o etes
ªC1 es, Y lcursos· a cargo del Lic. José Ma. Iglesias y de don Guillermo
p · t ~
.
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, orno ~ ca:rruno a seguir era accidentado y de grandes riesgos resolvió
Juarez dejar en Jug~ seguro el voluminoso archivo oficial. Quedó a cargo
de un grupo de patriotas en el poblado El Gatuño del municipio de Matamoros, Coah.

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El Maestro de Maestros don Justo Sierra a esta altura de l tr a·
di
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ce:
marchas as fuerzas
, . de Juárez agotaban el último aliento en marchas y contra. penOSJ.SllDaS. El 21 fueron desastrosamente aniquiladas en la acción
d~ Ma1oma, a la que siguió la dispersión. La República había termin d
Cin 00 dí as d espues
' e1 Gral. Tomás Mejía se apoderaba de Matamoros en
º·
donde se habían prducido vergonzosas disensiones".
'
Habría que agregar a esta serie de calamidades la deserción en Jalisco d -¡
Gen:rª! José _López U'rag~~ que con tanto empeño venía luchando por ~
Republica. Liberales tamb1en, como López Portillo y Alvarez del Castillo influyero~ ~ara ~econoce~ a Maximiliano como Emperador. ¿ Qu, quedaba de
Ja R~ublica, ~ su P:r:es1dente, casi solo, se perdía en el desierto del norte?
Mientras Juarez ~n polvosas y escondidas haciendas de Durango festejaba
el , 1~ y 16 de sepnembre~ Max:imiliano, en su carácter de Emperador de
Mexico, celebraba
ruidosa y espectacularmente el .....,smo
..... :
· ·
.
acónteolln!ento
en
Dolores Hidalgo, cuna del grito emancipador. Con él asistía al t
·
M' ·
liberal
ac o su pnmer
llllS~
d~n- José Fernando Ramírez, ostentando el Tecuerdo de su
actuaCion como Muustro reformista en el Gabinete de G6mez Eatías.
·
. La adversa
. suerte hacía creer en el desastre definiu'vo del ord en eonst1tuc10nal, y s1 no todos, muchos liberales prudentemente se re•=-b
la
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w..L&lt;l an
a
V1 a pnva a, y otros, menos precavidos, se adherían sin rubor aJ Imperio.

ª

•
Vuelto J uárez a Sal tillo se enfermó de gravedad recuperándose pronto
gracias a su magnífica constitución física.
Su problema más importante lo constituía la ai;:titud rebelde de Vidaurri.
Procedió en consecuencia a dictar las disposiciones del caso: decretó la separación de Coahuila de Nuevo León, y el estado de sitio de ambas Entidades;
ordenó que la Aduana de Piedras Negras dependiera directamente de la
Federación. Envió varias circulares a las autoridades municipales para que no
obedecieran las instancias de Vidaurri, que pretendía se efectuara tm plebiscito para que los ciudadanos votaran por la Repúbliea o por el Imperio;
requirió refuerzos de González Ortega para marchar sobre Monterrey; se
comunicó con los Jefes militares• de CoahuiJa, Nuevo León y Tamaulipas,
poniéndolos al corriente de la situación creada por Vidaurri logrando la adhesión de todos, con excepción del Coronel Julián Quiroga.

352

353
H

.

�Seguía sin embargo caminando por el desierto el indio impasible Benito Juárez, acompañado por una fracción leal de soldados, y por un grupo pequeño
de intelectuales, que veían en Juárez algo tan grande, tan excepcional, que
no dudaban en el milagro que para Juárez era seguro, el del triunfo definitivo de la República.
Así caminaban largas jornadas por extraviados canúnos, iluminados por
la clarividencia de un hombre, de pequeña estatura, de rasgos macizos, de
tez bronceada, que hablaba poco, y así se le cayera el cielo encima y se
apagara el sol, seguiría adelante, alumbrándose con el fuego interior de su
espíritu. Por fin tras privaciones sin cuento, molidos los cuerpos por las
sinuosidades de las primitivas carreteras, llegaron a la ciudad de Chihuahua
el día 12 de octubre de ese terrible año de 1864.

CUARTA

ETAPA

CHIHUAHUA

Ya podía Juárez meditar sobre los proyectos a seguir. Estaría cuando menos
por un período de seis meses al abrigo de un ataque del enemigo. El General
Luis Terrazas, Gobernador del Estado, garantizaba con sus fuerzas una positiva seguridad, muy apreciable en aquella época, y el General Roberto
Pesqueira, Gobernador de Sonora, constituía una reserva de gran aliento.
Cuanto más se aleja Juárez del centro del país, más aumentan las dificultades para obtener noticias. Se sabe que en el sur, a pesar de las dos
expcdicione enviadas por el llamado Imperio, expediciones integradas por
más de diez mil hombres cada una, los republicanos, en línea progresiva,
controlan mayor número de poblaciones tanto en Puebla, como en Oaxaca,
Chiapas y Veracruz.
Con todo éxito operan en esas regiones los Generales Félix Díaz, Diego
Alvarez, Juan N. Alvarez, Fernando Ortega, Juan Francisco Lucas, Juan
Ramírez, Alejandro García y haciendo cabeza sobre estos y otros jefes, el
General Porfirio Díaz.
En el centro y costa del pacífico mantienen a los franceses y reaccionarios
en constante alarma, los Generales Carlos Salazar, Nicolás Régules, Ramón
Corona, Nicolás Romero, Vicente Riva Palacio, Felipe B. Berriozábal, Antonio
Rosales, José Ma. Patoni, Jesús González Ortega, Anacleto Herrera y Cairo,
Anastacio Parrodi, Santos Degollado, Amado Antonio Guadarrama, Francisco A. Vélez ...
En el noreste la situación aparece también favorable, a pesar de defecciones
como la de Cortina e Hinojosa. Aumentan sus contingentes y actividades

354

guerreras, Mariano Escobedo, Miguel Negrete, Sóstenes Rocha, Pedro Martínez, Francisco Naranjo, Jerónimo Treviño, Lázaro Gana Ayala, Pedro F.
Méndez, Servando Canales, Juan J. de la Garza, Ruperto Martínez, Andrés
S. Viesca, Ildefonso Fuentes, Francisco Aguirre, Albino Espinosa, Juan Doria,
Joaquín Garza Leal y J. M . Carvajal. En términos generales el maleficio que
acompañó al año de 1864, para terminar, ha venido desapareciendo. Si agregamos las esperanzas de los republicanos, en el triunfo de las fuerzas del
norte de los Estados Unidos sobre las del sur, en la tremenda guerra civil
de separación que inundaba de sangre al país, entonces la racha favorable
aumentaría con ]as facilidades que seguramente daría Llncoln para la importación de armas, municiones y comestibles.

Y corno el año turbulento, difícil, del 64, estaba por expirar, veamos cómo
la pluma brillante del mismo Licenciado Iglesias lo despide: "Si el pasado
envuelve a la vez dichas y tlolores, si en el presente abundan las calamidades;
el porvenir, rico en esperanzas, nos anuncia el desenlace deseado y f~liz de
1a segunda guerra de nuestra independencia, 1864 muere en estos momentos:
1865 nace lleno de mil promesas halagüeñas".
La videncia de un iluminado puede, en muchas ocasiones, más que la fuerza
bruta, porque el aliento del espíritu y la luz del ideal, penetran en las conciencias de los individuos y los convierten en aliados convencidos.
A las noticias halagadoras recibidas por Juárcz durante los primeros meses
del 65 había que agregar las negativas a Max:imiliano.
Su distanciamiento radical con el Clero, en virtud de las disposiciones dictadas en que, virtualmente, reconoce como convenientes para el país ]a mayor
parte de ]as Leyes de Reforma; Ja apremiante situación económica sin posible
solución satisfactoria; las numerosas derrotas sufridas por las tropas francesas y reaccionarias; las insurrecciones en gran número de _poblaciones aparentemente sometidas al Imperio; la constante deserción de jefes militares
mexicanos que han vuelto a combatir por la República· la noticia proveniente de Francia sobre la salida del país de diez mil soldados francesas; la
animadversión del Gobierno Norteamericano que preside Lincoln contra el
propio Maximiliano...
De estas y otras muchas circunstancias adversas la situación de Maximiliano
puede calificarse justamente de difícil, en momentos en que, para la causa
que encabezaba Juárez, los signos la favorecían en todos los aspectos.

355

�QUINTA ETAPA
PASO DEL NORTE

Para los imperialistas, franceses y mexicanos, a medida que el Presidente
de Ja República se retiraba de la Capital, lo tenían como signo de triunfo
de] imperio y de su consolidación. Sin embargo tal conjetura no tenía más
base que la aparatosa situación de juzgar débil al que se aleja de una contienda, sin detenerse a considerar la categoría de esa persona y las razones
fundamentales de lo que pudiera llamarse constantes bmdas.
Cuando Juárez tuvo que abandonar la ciudad de Chihuahua para radicarse en Paso del Norte del mismo Estado, la excitación que esto provocó
entre las filas imperialistas fue enorme y basta Ma.'{ll]lliiano se atrevió a
declarar que había terminado definitivamente la República, pues Juárez,
al internarse en los Estados Urúdos, perdía toda categoría oficial.
Para los republicanos se trataba simplemente de medidas estratégicas, pues
en tanto Juárez, que representaba la legalidad se retiraba del centro del
país, las fuerzas imperialistas forzosamente se veían en el caso de dispersarse
por todos rumbos para mantener, por lo menos en apariencia, el dominio
militar en el país.
Teniendo conocimiento Juárez de que el General francés Brincourt había
salido de Durango con dos mil hombres rumbo a Cbihuahua, el día 30 de
julio ordenó cuanto correspondía y e] dia 5 de agosto emprendió 1a marcha
rumbo al Paso del Norte. Otra vez el calvario de los caminos sinuosos, carentes en su mayor parte de vegetación y de agua; pero 1as necesidades de
la campaña así Jo exigían y hubo que pasar nueve días más de tristes pe.rs-pectivas para llegar al lugar dete1minado nueve días después.
Ya se tenía conocimiento en Paso del Norte de la llegada del señor Presidente de 1a República que fue recibido con las notas limpias de las campanas de las iglesias y con el entusiasmo de ]a población. En cuanto al
General Brinoourt se posesionó de Chihuahua sin combatir pues las fuerzas
republicanas, aun cuando fuertes en número, no competían con el armamento
de los franceses y prefirieron dejar la ciudad que exponerse a una derrota.
En cambio organizaron guerrillas de manera de no permitir la salida de los
franceses por ningún rumbo de la ciudad.
Juárez tuvo oponunidad en Paso del Norte de estar cerca de los Estados
Unidos y conocer las alternativas de la guerra civil que sostenían los del norte
y los del sur, alegrándose de que, prácticamente la guerra estaba ya dominada por los unionistas del norte, a cuyo frente se encontraba el Presidente
Lincoln.
Desgraciadamente, poco después, fue asesinado Lincoln siendo substituído

356

por el General Johnson, quien siguió la misma línea de conducta de su antecesor en su propósito de mantener buenas relaciones con 1os republicanos,
habiendo hecho declaración patética de sus simpatías por J uá.rcz y su repulsa
abierta en contra de Maximiliano. Siguió en el Gabinete de Johnson el Se-·
cretario de Estado que fungió en el gobierno de Lincoln, Mr. Seward, quien
siempre se inclinó por la República Mexicana. Otros elementos amigos de
México, como el General Ulises Grant, héroe de la unión, hacía declaraciones precisas a favor de la República Mexicana llamando la atención su
prodigalidad en las palabras, cuando era bien conocida su abstención por todo
cuanto significaba hablar en público. Y todavía más, el Presidente americano
virtualmente reconoció al gobierno de la República de México al designar
ante éJ al General John A. Logan como Ministro. Se trataba de uno de los
más ameritados Generales de la Unión y amigo de la República Mexicana.
Antes de su designación había declarado: "Por lo que a mí hace, creo que
el establecimiento de Maximiliano en México forma parte de la rebelión
contra este gobierno y que por eso los Estados Unidos deben decirle: ¡ Ea,
amigo, líe usted sus trapos y eche a andar!. .. ". Por cuanto a Maximiliano,
que a pesar de sus declaraciones ampulosas, no las tenía todas consigo, expidió un decreto con fecha 3 de octubre de ese mismo año de 1865 disponiendo
que fuesen fusilados quienes participaran con las armas en la mano a favor
de la causa republicana; que mediante una corte marcial se ejecutara la
sentencia en el término de veinticuatro horas sin apelación ni recurso de
ninguna clase. Más pronto de lo que el mismo Maximiliano imaginaba tuvo
aplicación el draconiano decreto, pues el 13 del mismo mes de octubre fue
den·otado por los imperialistas mexicanos, al mando del General Ramón
Méndez, el General Republicano José Ma. Arteaga, cayendo prisionero así
como el General Carlos Salw..ar y los Coroneles Díaz Paracho y Villagómez
y el padre Mina. El Genera1 Méndez, considerando inhumana aquella Ley,
pidió órdenes directas a Maximiliano quien contestó de inmediato disponiendo que se cumpliera al pie de la letra con su decreto. Sin dilación alguna
procedió a fusilar a los patriotas prisionerós.
Este hecho enardeció a los liberales quienes respondieron con represalias
semejantes lo que vino a provocar una situación contraria a la que esperaba
Maximiliano, pues en lugar de atemorizar a los republicanos, los colocó en
camino de la venganza. Se dio principio a una verdadera carnicería, que
horrorizó a los mismos que la iniciaron, y los jefes imperialistas, empezaron
a tratar con los republicanos e] canje de prisioneros, lo que dio lugar a que
continuaran en pie Jas reglas de la guerra. Para los republicanos aquello significaba el pleno reconocimiento de que actuaban en plan de altura como
militares.
Durante ese mismo año de 1865 la guerra se extiende de uno a otro confín

357

�del país, llegando a Chihuahua, por el Pacífico a Sonora y a Sinaloa, al sur
a Oaxaca, Morelos y Guerrero, y por el sureste a Veracruz, Chiapas, campeche y Yucatán. Las acciones se multiplicaban en todas partes y el destino
tnarcaba las cartas a favor de la .república, al grado de que pronto quedaron
libres de expedicionarios imperialistas Yucatán, Campeche, Tabasco y Ve.racruz, y en cuanto a los demás estados día a día ganaban terreno los republicanos. En el norte vuelven a las filas republicanas ]os Generales Juan
N. Cortina y Pedro Hinojosa actuando con el valor que siempre se les
reconoció. En Tamaulipas, Coahui]a y Nuevo León logran los republicanos
triunfos muy sonados que hacen mella en la mente de los franceses, al grado
de que no encuentran si retroceder o avanzar al norte, ya que el General
Tomás Mejía en posesión de Matamoros se veía constantemente amagado por
las fuerzas republicanas.
Se realizan en esa etapa una serie de acontecimientos militares y políticos.
Entre ellos el regreso de Juárez el 13 de noviembre de 1865 a Chihuahua,
por haberla abandonado los franceses, llegando a la ciudad el día 20 · pero
se vio fon,ado a regresar de nueva cuenta a Paso del Norte en atención a
que el General Brincourt contramarchó por órdenes del General Bazaine. Se
instala de nueva cuenta Juárez el 18 de diciembre de 1865 en Paso del
Norte, hoy Ciudad J uárez. Agrega a los Ministros que lo acompañan, Licenciados Sebastián Lerdo de Tejada y José Ma. Iglesias, al General Ignacio
Mejía, como Secretario de Guerra.
Antes de salir de Chihuahua expidió J uárez un decreto fechado en noviembre 8 prorrogando las funciones del Presidente de la República en atención a la dificil situación por la que atravesaba el país, hasta en tanto
pudiesen efectuarse elecciones populares. En la misma fecha prorrogó las
funciones del Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para
que, en caso necesario, supliera la falta del Presidente de la República. Estos
decret.os, especialmente el primero, merecieron la réplica de algunos funcionarios, entre otros del General Jesús Ortega, quien, diciéndose Presidente
de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reclamaba el puesto de Presidente de la República, haciendo largas co~sideraciones sobre las inconveniencias que traería consigo la permanencia por más tiempo de Juárez en la
Presidencia de la República. Se le contesta pormenorizadamente rebatiendo
sus argumentos de carácter legal y moral, considerando que sería una cobardía abandonar la tarea qu~ se había impuesto el Presidente de la República al abandonar su puesto en momentos tan críticos. Se da a conocer
en todo el país este incidente, enviándose copias de lo actuado a los Gobernadores de los Estados y a los Jefes de Operaciones, quienes unánimemente
enviaron su adhesión a Juárez, con excepción del General José Ma. Patoni,
Gobernador de Durango, quien se comprometió con González Ortega.

358

Permaneció Juárez en Paso del orte hasta el mes de junio de 1866. Durante el Jargo período que estuvo en ese lugar, sus atenciones se dividían entre
las actividades de los republicanos dentro del país, Jas acometidas guerreras
y verbales de los imperialistas, y l.is preocupaciones por conseguir armas y
parque de que tanta urgencia tenían las fuerzas republicanas. Las facilidades
que consideraba tener Juárez después de la victoria de los del norte en los
Estados Unidos se vieron eclipsadas, pues en tanto que el gobierno norteamericano daba facilidades a comisiones que llegaban de México y de Francia en plan de compra de armas y parque para el Uamado imperio de México,
a los republicanos se les colocaba en posición discriminatoria con lo cual
se producían situaciones enojosas entre Juárez y las autoridades norteamericanas. Con insistencia abordó esta cuestión J uárez significando su disgusto
cuando en la vía diplomática se Je reconocía como el único gobierno de
México, y en cambio, en el plan de los hechos los resultados eran negativos.
No fue sino hasta pasado algún tiempo cuando, sin que desaparecieran ]as
dificultades pudo disponer de elementos combativos que enviaba tanto al
noreste como al sur del país. En esta forma el ejército republicano fue colocándose en un nivel de igualdad en cuanto a parque y armas, con el ejército
imperialista, lo que se tradujo en los notables y continuados éxitos de los
republicanos.
Durante el año del 66 acentuaron los imperialistas sus retrocesos tanto en
Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, como en Oa:xaca,
Guerrero, Morelos y Puebla, así como en Jalisco, Durango y Zacatecas, en
euya virtud estaba cercano el momento de la caída del aparatoso gobierno
encabezado por Maximiliano.
Regresó Juárez a Chihuahua para continuar después al sur del país. Los
hechos desarrollados durante 1866 y principios del 67 demuestran notoriamente que había dado resultado 1a estrategia adoptada, y podía advertirse
que su retirada no obedecía a temor, pues de nueva cuenta se interna rumbo
a San Luis Potosí, a sabiendas de que se combate en varios lugares de la
ruta que ha de seguir; pero su presencia la considera necesaria en aquellas
regiones y sin complejos sigue adelante.
Mi propósito aJ hacer este estudio sobre el largo recorrido de Juárez desde
la capital de la República hasta Paso del orte, queda realizado, y aun cuando la narración signifique un pálido reflejo de tan extraordinaria hazaña,
es comprensible que no me extendiese en pormenores, pues hubiese alargado
más de la cuenta lo que deseaba fuese un breve relato.

359

�LA UNIVERSIDAD SOCIALI STA DE NUEVO LEÓN
( Octubre de 1934-Septiembre de 1935)
ToMÁs MBNDIRICHAGA CuBVA

Sociedad Nuevoleonesa de Historia.
Geografía y Estadística.

ANTECEDENTES

UNIVERSIDAD DE NUEvo LEÓN fue creada bajo el prme1p10 de
la libertad de cátedra y con una autonomía relativa. Inició sus clases el lunes 25 de septiembre de 1933, pero se clausuró al año siguiente, el viernes
28 de septiembre de 1934.
LA PRIMERA.

El creador de esta Universidad fue el Gobernador don Franci5e9 A. Cárdenas, quien había tomado posesión del cargo el 4 de octubre de 1931, debiendo ejercerlo hasta el 3 de octubre de 1935. Sin embargo, el Congreso
local le aceptó su renuncia el 27 de diciembre de 1933.
El "nuevo orden" político, encabezado por el Gobernador sustituto licenciado Pablo Quiroga, impuso a mediados de agosto de 1934 como segundo
Rector de la Universidad al doctor Angel Martínez Villarreal, Gran Maestro
de la masonería nuevoleonesa y miembro de la directiva del Partido Comunista en Nuevo León. El nombramiento violaba la Ley Orgánica universitaria, ya que el nuevo Rector no tenía la edad legal requerida y, además,
ocupaba un cargo de elección popular en el Ayuntamiento de Monterrey ( artículos 14, fracción II, y 53).
La reacción estudiantil no se hizo esperar. En septiembre de 1934, al inaugurarse los cursos del segundo año lectivo en el antiguo Teatro Independencia
(hoy Rex), los universitarios se rebelaron contra los usurpadores del poder
que pretendían implantar la "educación" socialista.

El movimiento de protesta contra la reforma educativa socialista se extendió a pu;i todas las Facultades y Escuelas de la Universidad. Una semana
361

�después, el 26 de septiembre, Jos estudiantes se apoderaron del edificio central universitario, o sea el antiguo Colegio Civil.
Por fin, el ex Presidente Calles y el Presidente electo General Lázaro Cárdenas llegaron a la hacienda Soledad de la Mota, propiedad del primero,
en el municipio de General Terán ( uevo León), a 100 kilómetros de Monterrey, y sostuvieron una larga conferencia con el Gobernador Sustituto licenciado Qui.raga. Ese mismo día, viernes 28 de septiembre de 1934, el licenciado Quiroga efectuó una junta de carácter privado en el Palacio de Gobierno con los diputados locales. En seguida entregó al Congreso del Estado
Ja iniciativa de ley por la cual pidió la derogación de la Ley Orgánica de la
Universidad y de las partidas de egresos para su sostenimiento. La Legislatura local aprobó el dictamen y decretó 1a extinción de la máxima casa de
estudios. 1
Al día siguiente, 29 de septiembre, las tropas federales ocuparon los edificios de la extinta Universidad de Nuevo León. Mientras los soldados iban
cumpliendo las órdenes superiores, los Generales Calles y Cárdenas presidían
un banquete en la Mesa de Chipinque, "al que asistieron más de cien personas'', invitadas por el General Juan Andrew Almazán, Jefe de las Operaciones Militares. A más de mil metros de altura, en el escenario natural
de la meseta y frente a Monterrey, se gestaba 1a Universidad Socialista de
Nuevo León.

El licenciado Quiroga, acatando la consigna callista, nombró el día 3 de
octubre siguiente a los cinco miembros que debían integrar )a Comisión Organizadora de la Universidad Socialista de Nuevo León. Esta Comisión
presidida por el mismo doctor Mart'mez Vtllarreal, instaló sus oficinas en ei
Salón de Recepciones del Palacio de Gobierno, a la sombra del poder político. El doctor Martínez Villarreal nombró Secretario de la Comisión Organizadora al profesor Abelardo González, miembro activo de la logia Juárez
número 8, quien ostentaba el cargo de Gran Secretario de la Gran Logia
de Nuevo León.
El día 27 de octubre se anunció que los trabajos de organización de la
Universidad Socialista habían sido definitivamente terminados. El 5 de noviembre fueron abiertas las inscripciones de las Facultades y Escuelas de la
naciente Universidad y del Instituto de Orientación Social, "que deberá funcionar dentro de la referida Universidad. . . ."
La reorganización era « con la única salvedad de que la inscripción se hiciera m ediante la declaración de absoluta conformidad con los programas
que el Gobierno tuviera a bien confeccionar y previo ingreso a la Federación
de Estudiantes, la cual se comprometía a respaldar y cuidar el cumplimiento
de la promesa de acatar las disposiciones escolares de la organización socialista de la educación del Estado, sirvi.endo de constancia la credencial de
miembro de dicha Federación".2 En otras palabras, para ingresar a la Universidad se exigió a los estudiantes un juramento socialista y su afiliación
a la F.E..

I
El Instituto de Orientación Social
ÜRGANlZACfÓN SOCIALISTA DE LA UNIVERSIDAD

Los planes oficiales se pusieron ilnmediatamente en marcha. La camarilla
política había tenido el primer tropiezo en septiembre de 1934, cuando los
universitarios rech azaron la imposición del doctor Angel Martínez Villarreal,
como Rector de la Universidad de Nuevo León, y de Ja enseñanza socialista.
Pero el decreto de 28 de septiembre concedía facfiltades extraordinarias al
Gobernador Quiroga para disponer la nueva organización.
El lo. de octubre se dio un paso decisivo, al constituirse con el apoyo oficial la Federación de Estudiantes Socialistas ( F .E.S.) , de la que trataremos
más adelante.
1 DoN SANTIAGO RoEL (1885-1957), historiador libexal y masón, afirma que el gobierno del licenciado Quiroga, "con un completo desconocimiento de los ideales de
la juventud estudiosa, subordinó tan encomiable obra a bastardos intereses políticos ... "
(Nuevo León-. Apuntes...", p. 253).

362

Este organismo "cultural" fue creado por el Gobierno de Nuevo León
para impartir las materias fundamentales de la escuela socialista. La Comisión Organizadora de la nueva Universidad afirmaba que tales materias "serán en consecuencia, aquellas que sirvan de palanca para -una verdadera y
elevada libertad humana, aquellas que descubran por medio de la razón,
cuáles son las cadenas que atan al espíritu del hombre a fin de que logre romperlas y le ponga en condiciones de superación real y positívd'. 8
Las asignaturas que se debían explicar, según ese criterio, eran nueve:
Historia del Movimiento Proletario, Derecho Revolucionario Mexicano Sis'
temas Educativos, Historia de las Religiones, Economía Social, Geografía
Económica de Nuevo León, Teoría y Práctica de las Sociedades Cooperativas, Arte y Literatura Proletarios e Hígiene de la Adolescencia. Los pro' Ordóñe,z, p. 1264.
' " Instituto de Orientación Social. Conceptos generales. . .", p. 4.

363

�gramas de clase revelan un sectarismo desgreñado, que sustentaba como principios de doctrina el odio y la lucha de clases. En algunas materias aparece
el tema "táctica de lucha", que no es precisamente cultural. La bibliografía para los profesores contiene las obras de autores, hoy olvidados, como
Beer, Bujarin, Grinko, Pinkievitch, Plejanov, Yakoliev, etc., aunque también se citan las obras de otros más conocidos, por ejemplo: Carlos Marx,
Federico Engels, Lenín y Stalin ..t
Se proyectó que el año lectivo del Instituto estuviera dividido en tres 'Ciclos, teniendo la duración de tres meses cada uno, "dos de éstos exclusivamente consagrados al elemento obrero, y, el otro, para maestros''. Las "cátedras" se debían sustentar como "conferencias".5
El Instituto de Orientación Social fue inaugurado el 8 de abril de 1935.
por el Gobernador Quiroga, quien nombró el día 16 del mismo mes como
Director del mecionado organismo al doctor Eduardo Aguirre Pequeño. Este
joven marxista había sido designado DireGtor de la Escuela de Bachilleres
por el mismo Gobernador el 9 de febrero de 1934, pero un movimiento estudiantil lo obligó a renunciar seis meses después, en agosto de ese año. 6
A mediados de abril de 1935 se integró la plana de maestros, siendo casi
todos masones, quienes recibieron sus nombramientos de manos del Gobernador. El Instituto, según afirmaba el doctor Aguirre Pequeño, "sirve de
guía en la reforma de planes de estudio, libros deJ texto y programas de clase"
de la Universidad. 7 Sin embargo, después de varios meses, este organismo
"no llegó a normalizar su funcionamiento . .." 8

• Como asesor de la Comisión Organizadora vino a Monterrey el licenciado Manuel
R. Palados, quien ' se dedicó a elaborar el estudio que se le había encomendado y
dos meses más tarde se tenía perfectam nte delineada Ja finalidad del establecimiento
y creación del lnstituto, así como ·señaladas las materias que formarían el programa
respectivo..." (Gaceta Uniuersítaria, número 2, p. 5). El licenciado Palacios fue uno
de los principales dirigentes de la Universidad Obrera de México, fundada el 8 de
febrero de 1935.
• Gaceta U11iuersitaria, número 2, p . 21.
• Un valiente editorial publicado en el número J9-20, julio-agosto de 1934, de la
revista El Estudiante, órgano de los alumnos de la Escuela de Bachilleres, denunciaba
la "tiranía estúpida y proterva" que se pretendió imponer. En sólo dos años, de 1933
a 1935, la Escuela de Bachilleres (antiguo Colegio Civil) tuvo cinco Directores.
• Ariel, p. 52.
• Los programas y planes de estudio elaborados por el Instituto sólo se pusieron en
vigor en la Escuela Normal, "siendo en realidad la única .Escuela que hizo profesión
de fe socialista". El Instituto de Orientación Social, por último, "sirvió de norma
a la estructura socialista que se dio a la Enseñanza ormal en el Estado y que,
como hemos dicho, constituyó, en verdad, todo el movimiento que fue posible -producir y dejar establecido en Nuevo León ..." (Ordóñez, p. 1265) .

364

La Escuela de Cooperativismo

En la nueva organización universitaria quedó incluída la Escuela de Cooperativismo, creada y sostenida por el partido oficial PNR. La dirección
del plantel estaba a cargo del conocido agitador comunista doctor Mateo A.
Sácnz. Esta Escuela se estableció en la avenida Pino Suárez, pero a fines de
octubre de 1934 se trasladó al edificio que había ocupado la Escuela Mariano Escobedo, en la calle de este nombre, entre las de Allende y 15 de
Mayo. Tenía alumnos internos y externos, que usaban como uniforme un
"sweater' rojo y negro, obsequio del ingeniero Plutarco Elías Calles hijo, ex
Alcalde de Monterrey. Los internos se alojaban en la antigua mansión de
don Ignacio Usel y Guimbarda, Gobernador del Nuevo Reino de León situada en 1a esquina sureste de las calles Abasolo y Mina, después convertida
en Casa del Agrarista. La Escuela de Cooperativismo fue clausurada siendo
Gobernador de Nuevo León el General Anacleto Guerrero ( 1936-1939).
La F.E.S.

La Federación de Estudiantes Socialistas se constituyó en una junta celebrada la noche del lunes lo. de octubre de 1934, en la Escuela León Tolstoy.9 La sesión fue dirigida por el Presidente de la Confederación Nacional
Estudiantil Socialista, quien dijo en tono profético: "la nueva federación estudiantil será la abanderada en Nuevo Le-ón en la lucha $Ocial que se ha
iniciado . .." Se nombraron las comisiones de propaganda y se acordó formar las primeras brigadas estudiantiles que debían. visitar todos los pueblos
del Estado y propagar el socialismo. Tal es el origen de la Federación de
Estudiantes Socialistas de Nuevo León. La F.E.S. era una "organi.zación
estatal integrada por el estudiantado de nuestra Universidad", según declaración oficial. La mayor parte de sus miembros actuaban desde años antes
en los "grupos culturales", organizados y dirigidos secretamente por la masonería, siendo .el más conocido el "Alfonso Reyes", que creó la Gran Logia
de Nuevo León en 1931.
Hagamos un poco de historia. En la exposición de motivos de la Ley Orgánica de 1933, ya se trata bre emente de los "gremios estudiantiles" y la participación ~e los alumnos "en el gobierno de la Universidad". Pero es en la
misma Ley Orgánica donde se afirma la representación estudiantil. En efec• La Escuela León Tolstoy, convertida en cuartel general de la F.E.S., se en&lt;;ontraba
en la avenida Madero y la calle Juan Méndez; ahí funcionaba también la Escuela
Secundaria Nocturna Número 2. A princípios de este siglo era conocida con el
nombre de Escuela de la Calzada.

365

�to, la Federación de Estudiantes Universitarios obtuvo dos delegados: uno
ante el Consejo Universitario como Consejero Electo y el otro como miembro del Consejo de Administración de la Universidad (Artículos 7, inciso III,
y 39, inciso VI). Además, la Ley Orgánica de Ja primera Universidad concedía a los estudiantes un representante propietario y otro suplente por cada
Escuela y Facultad, como Consejeros Electos, ante el Consejo Universitario
(Artículo 7, inciso II). Y, por último, dos representantes de la Sociedad
de Alumnos ante la Junta Directiva de cada Escuela y Facultad (Artículo 27).
Todo lo anterior se llevó a efecto en el primer año lectivo 1933-1934. Sin
embargo, al desaparecer la Universidad, a fines de septiembre de 1934, se
desecharon estos planes. El Gobierno del Estado patrocinó la creación de
la F.E.S. y de los "bloques" estudiantiles, que se extendieron a todas las instituciones universitarias. Es decir, las "sociedades de alumnos'' fueron transformadas en "bloques de estudiantes socialistas" y adheridos a la F.E.S. Una
de las actividades más importantes que imponían 1os estatutos de estos ''bloques" a sus agremiados, establecía la "acción social" marxista de los universitarios en los medios obrero y campesino. Así penetró por primera vez el
"gansterismo" político ~n la Universidad de Nuevo.,León. Este "gang" estudiantil adoptó el siguiente lema: "Por la socialización de la culturd'.
Algunas hazañas de la F.E.S.

El 28 de septiembre de 1934 fue clausurada la primera Universidad de
Nuevo León. Pero el movimiento universitario contra la "educación" socialista aún se mantenía en pie, vigoroso, a principios de octubre. Para aniquilar
la rebeldía estudiantil se desató el terror.
Los universitarios habían desafiado a la ''mafia" callista efectuando varias
reuniones públicas en las calles y plazas de Monterrey. El mitin celebrado
la noche del 2 de octubre de 1934, en la Plaza del Colegio Civil, terminó trágicamente y se ahogó en sangre la protesta de los estudiantes. Grupos de individuos armados, giraban en automóviles y camiones en torno a la plaza disparando sobre la gente. Cayeron heridos seis hombres, entre estudiantes y
obreros, y dos mujeres. Otros fueron golpeados con garrotes y pistolas; algunos tuvieron que ser internados en los hospitales. Los obreros Benjamín
!barra -herido de gravedad en el pecho- y Modesto López -con dos perforaciones en el estómago-, fallecieron unos días después. Testigos presenciales afirmaron haber visto entre los atacantes a varios miembros de la F .E.S.
Fueron practicadas algunas diligencias por el Agente del Ministerio Público, pero después se suspendieron y el expediente fue sustraído de la Procuraduría de Justicia.

366

Entre otras hazañas de la F.E.S., patrocinadas por la Comisión Organizadora de la Universidad Socialista, aún se recuerdan las "giras de divulgación ideológica" o "excursiones" de sus agremiados, que en realidad fueron
verdaderas incursiones. También se hicieron campañas de "difusión cultural"
en los municipios y se llevaron a cabo diversas actividades en algunos "centros de acción social".
A mediados de diciembre de 1934, la F.E.S. se adhirió a la Confederación
de Estudiantes Socialistas de México. En esos días la prensa local informó
que uno de sus dirigentes se había embarcado en Vera.cruz para asistir, como representante "del gremio estudiantil de todos los Estados de la República", a un congreso mundial comunista que se iba a celebrar en Ginebra
(Suiza), convocado por el célebre agitador Henri Barbusse.

II
LA

NUEVA UNIVERSIDAD

A fines de octubre y principios de noviembre los "bloques" estudiantiles
solicitaron al Gobernador Quiroga la reanudación de las clases. La reapertura de las Escuelas y Facultades se efectuó el día 20 de noviembre, bajo
los nuevos métodos y sistemas. Como hemos visto, para ingresar a la Universidad se exigió a los estudiantes un juramento socialista y la credencial
de miembro de la F.E.S. Las instituciones universitarias quedaron bajo el
control de la Comisión Organizadora, "pero sin constituir propiamente autoridad efectiva legal . .." 1 0
Durante varios meses los planteles universitarios navegaron al garete, en
un ambiente saturado de demagogia. 11 La actividad que desarrolló la Comisión Organizadora no fue, por cierto, académica. Creó y sostuvo dos "centros culturales" marxistas, que funcionaron en las escuelas "Revolución" y
"Abelardo L. Rodríguez", convirtiendo además las escuelas secundarias nocturnas, que habían sido fundadas un año antes bajo la égida de Ja primera
Universidad, en centros de agitación.
Ordóñez, p. 1318.
El primer "sábado rojo" se celebró el 26 de enero de 1935 en la Escuela Normal.
En mayo la Universidad era humillada por sus dirigentes politicos al hacerla participar
en un "concurso de música proletaria", bajo los auspicios del Gobierno de Nuevo
León. Hasta el nombre estuvo a punto de desaparecer, pues algunos estudiantes propusieron a la Comisión Organizadora que la nueva Universidad se nombrara Instituto
Politécnico Socialista; la idea cundió, atizada por los lideres de la F.E.S., pero al
fin no tuvo éxito.
10

n

367

/

�A princ1p10s de 1935 la Comisión Organizadora nombró doce subcomisiones, que tenían 1a consigna de formular los nuevos programas y planes
ele estudio, ele acuerdo con la reforma del Artículo 3o. Constitucional.
En vísperas de una breve visita del Presidente Cárdenas a Monterrey, a
fines de febrero, se comentó en los medios oficiales que el proyecto de ley
para la creación y funcionamiento de la nueva Universidad, ya estaba redactado. Entonces la Comisión Organizadora se apresuró a declarar que en abril
de ese año sería entregado el nuevo proyecto de ley universitaria al Gobernador Quiroga, para ser turnado poco después al Congreso local. En
septiembre de 1935 se abriría la flamante Universidad Socialista de uevo
León, "según los nuevos lineamientos".
Los exámenes finales se iniciaron a mediados de junio, aunque la Universidad no existía "bajo ministerio de ley'. El partido oficial P.N.R. declaró
que, al aprobarse la nueva Ley Orgánica, las Escuelas y Facultades tomarían
parte activa en la labor de "cultura popular" que desarrollaba el mencionado partido. También se pretendió que los planteles universitarios colaboraran en los "festivales de difusión" y las "jornadas culturales" del P.N.R.
El Congreso del Estado a fines de junio, anunció que convocaría en menos
de una semana a un período extraordinario de sesiones, en el que pondría
a discusión el proyecto de ley para la creación de la Universidad Socialista,
"el cual se halla terminado ..." La Comisión Organizadora creyó alcanzar
sus objetivos. Los diputados locales aseguraron públicamente que votarían
la ley. Sin embargo, el Congreso local, "en espera de trámites oficiales y
ratificación de conceptos jurídicos y políticos", nunca llegó a discutirla.

El asunto político
En los últimos meses de 1934 se había agudizado la agitación política en
todo el país. El lo. de diciembre tomó posesión como Presidente de México
el General Lázaro Cárdenas, quien acaudilló la acción demagógica. Dos
semanas después, el día 19, el Congreso nuevoleonés aprobó la reforma del
artículo 3o. de la Constitución, que convirtió Ja enseñanza laica en socialista.
El siguiente año fue decisivo en la historia política de Nuevo León. El
día lo. de enero de 1935, el ingeniero Plutarco Eüas Calles hijo transmitió
en "solemne ceremonia" el cargo de Alcalde de Monterrey al ex diputado
local Heriberto Montemayor, de extracción callista, quien no había tenido
contrincante en las elecciones municipales, efectuadas el domingo 2 de diciembre de 1934. Rigió los destinos de la Ciudad durante el bienio 19351936J siendo muerto a tiros muchos años después.
A fines de enero el doctor Angel Martínez Villarreal, amigo íntimo de

368

Calles, fue reelecto en su cargo de Gran Maestro de la Gran Logia del
Estado. La actividad masónica del ex Rector era desbordante: debido a sus
gestiones se fundaron tres logias, en los municipios de Doctor Arroyo, Cerralvo
y Galeana.
El ingeniero Calles, originario del Estado de onora, se decidió a escalar
el Gobierno de uevo León. Cuando surgió públicamente la precandid.atura de Calles, se organizó un poderoso movimiento de opinión que se le
enfrentó postulando al General Fortunato Zuazua, lampacense, quien fundó
el Partido Liberal Nuevoleonés. Pero en las elecciones internas del P.N.R.,
celebradas el domingo 5 de mayo, intervino el Comité Ejecutivo Nacional
y dio el triunfo al ingeniero Calles. Entonces se produjo un cisma en el seno
del partido oficial. Zuazua presentó su renuncia como miembro del P.N.R.
y desarrolló una vigorosa campaña electoral.
La candidatura del ingeniero Calles se proclamó en la Convención Estatal del P.N.R., celebrada en Monterrey los días 19 y 20 de mayo. Actuó
como presidente de la reunión política el doctor Angel Martínez Villaneal
Gran Maestro de la masonería nuevoleonesa y Presidente del Comité Organizador de la Universidad Socialista. En dicha Convención se dio a conocer
el programa de gobierno, inspirado en el Plan Sexenal cardenista, al que
debería sujetarse el candidato oficial. En el capítulo referente a la enseñanza superior, se afirma que la Ley Orgánica de la nueva Universidad estaba "próxima a expedirse . .." 12
La campaña electoral se caracterizó por su violencia. "Numerosas victi-mas cayeron ante las embestidas de aquellos criminales en casi todos los
municipios".13 Las elecciones se efectuaron el día 28 -último doming~
de julio de 1935, pero fueron anuladas el 19 de agosto siguiente. El mismo
historiador don Santiago Roel afirma que las administraciones públicas emanadas del callismo y "surgidas de un partido político que se hizo odioso, se
habían distinguido por su falta de escrúpulos, su incompetencia, sus atropellos de toda índole y por el sistemático saqueo de las arcas públicas''. El
mencionado autor expresa el siguiente juicio severo y definitivo: "Sin el
menor respeto para los gobernados, hicieron de Nuevo León un feudo que
manejaron a su capricho, con arrogancia y crueldad".H

12

12

Partido Nacional Revolucionario . .. , p. 22.
Rocl, p. 256,

" Roe!, p. 255.

369
H

�El congreso estudiantil

El XII Congreso Nacional de Estudiantes se celebró en Monterrey a mediados de julio de 1935.
La Confederación de Estudiantes Socialistas de México había enviado una
circular al Gobernador de uevo León fechada el 30 de mayo de 1935,
advirtiéndole que "los jóvenes conservadores del país, agmpados en la llamada C.N.E. (Confederación Nacional de Estudiantes) ... tratan de llevar
a cabo un cónclave e11 algún sitio del país". Añadían: "Hasta la fecha ningún Estad{) ha permitido la reunión de semejante Congreso ..." Y terminaban diciendo: "el Comité Ejecutivo Nacional de esta Confederación de Estudiantes Socialistas de México, se dirije a usted con el objeto de suplicarle
que en caso de llevarse a efecto el mencionado Cónclave, no se le preste ninguna ayuda a quienes quisieren asistir a él de ese Estado . .." Era costumbre
que l Gobierno ayudara económicamente a los jóvenes que concurrían a
los congresos estudiantiles, pero en esa ocasión los urúversitarios nuevoleoneses no tuvieron que solicitar apoyo al E tado, pues la convención se efectuó en esta ciudad.
Las primeras delegaciones llegaron a Monterrey en la noche del domingo
14 de julio. ªUn grupo de soldados, a corta distancia, se mantenía atento
a que el orden 120 se alterara" decía el periódico El Pornenir al día siguiente.
Pero la provocación no se hizo esperar. La misma noche del 14 se registraron algunos choques entre estudiantes. Dos universitarios de Jalisco fueron asaltados en la Calzada Madero y varios pistoleros entraron al céntrico
Hotel Saboy en la calle Zaragoza, junto al Teatro lndependencia (hoy Rex) ~
y secuestraron a seis jóvenes congresistas, a quienes abandonaron en las
cercanías de los antiguos Panteones MW1icipales, a extramuros de la ciudad,
donde ahora se encuentra el Centro Escolar Venustiano Carranza, en la avenida del mismo nombre. Otros atropellos sufrieron los delegados de San
Luis Potosí, Tamaulipas y Puebla a manos de la facción callista. La consigna
oficial era impedir la celebración del Congreso.
Las amenazas y agresiones a los delegados estudiantiles fueron preparando
el ambiente propicio para el crimen. El editorial del diario capitalino El
Universal afirmaba días después que "los representantes estudiantiles comenzaron a sufrir misteriosos atentados . .. "
"La caravana pasa . .."

Habiéndose celebrado dos sesiones previas en el Teatro Anáhuac (hoy Cine Palacio), el Presidente de la Confederación Nacional de Estudiantes Da-

370

niel Kuri Breña_declaró solemnemente inaugurado el Congreso, a las ocho y
media de la noche del lunes 15 de julio de 1935. La asistencia era numerosa:
doscientos cincuenta delegados integrantes de veinte Federaciones. Ensegtúda
se inició la primera esión plenaria, siendo el primer acuerdo ratificar las
conclusiones del anterior Congreso Nacional de Estudiante , celebrado en la
ciudad de San Luis Potosí en mayo de 1934 referentes a la Autonomía Uni•
versitaria y la Libertad de Cátedra. Acto seguido el Presidente de !a C.N.E.
saludó a las delegaciones con un brillante discurso y, poco después, ocuparon
la tribuna veintiún oradores, "quienes fueron breves en et uso de la palabra".
En duodécimo lugru: habló Víctor Manuel González, estudiante poblano, quien
"hizo vibrar en arenga candente su voz y externó sus conceptos por última
uez". Su discurso, q_ue aún no se olvida, lo rubricó afirmando como un reto:
"la caravana pasa aunque los perros ladren . .." Antes de veínticuatro horas
su cadáver seria velado ahí mismo.

La asamblea estudiantil terminó hacia las diez de la noche, "en medio
de un entmiasmo desbordante". Los congresistas, en general, se retiraron a
sus casas. También se formaron varios grupos que invadieron Jas calles desiertas y en silencio. El grupo más numeroso se dirigió por la calle de Zaragoza
hacia el sur, siguiendo algunos por la de Cinco de Mayo al poniente· estos
últimos bordearon el costado y el atrio de la iglesia del Sagrado Corazón.
El bullicio juvenil fue cortado brutalmente por los disparos. Del más bajo
nivel social, de Ia hez humana protegida por la política de secta, surgió el
"matón". Parapetado cerca del curato del templo, el asesino disparó su arma
varias veces. Cayeron gravemente heridos al borde de 1a acera, en el tramo
de la calle Cinco de Mayo, entre las de Zaragoza y Escobedo, los estudiantes
Víctor Manuel González y Francisco G. González. Eran las 10.25 de la noche. El
criminal huyó empuñando el arma, pero fue perseguido y alcanzado por los
estudiantes, que lo desarmaron. Las tropas federales tuvieron que intervenir
y rescatar al homicida.15 Los heridos fueron trasladados rápidamente al Hospital Muguerza.
Víctor Manuel González, delegado por el Estado de Puebla, falleció a las
10.55 de la noche; tenía "una herida penetrante en el tórax y el vumhe".1 6
Tres minutos después, a las 10.58, murió Francisco G. Gonzálcz, estudiante
de la Escuela de Bachilleres regiomontana, a consecuencia de "una herida
penetra1Lte en el vientre".17
"' La Confederación Nacional de Estudiantes, en agosto de 1955, dedicó una placa
en memoria de los dos estudiantes "caídos en este lugar". Sin embargo fue colocada
,
,
'
erroneamente, Junto a la entrada lateral del citado templo por la calle de Zaragoza.
'º Vfotor Manuel González, de 25 años de edad, había terminado sus estudios en
la Facultad de Medicina de Puebla ese mismo año.
)t Francisco G. González vivía en
una humilde casa de la calle de Garibaldi; "era

.

371

�La Procuraduría de Justicia inició el proceso, declarando varios testigos,
Sin embargo, el culpable nunca recibió la sentencia y fue puesto en libertad.
Años después murió asesinado en una población del Estado de Coahuila.
Receso

Las labores del Congreso estudiantil se suspendieron en señal de duelo el
martes 16, siendo citados los congresistas para el día siguiente a las nueve
de la mañana. Los cadáveres fueron velados en el Teatro Anáhuac, sede
oficial del Congreso, erigido en capilla ardiente.
El periódico capitalino Excélsior dijo que el asesino "se juzga está en connivencia con los elementos hostiles (al Congreso estudiantil) ..." La prensa
de la Ciudad de México informó sobre el crimen, pero éste quedó en parte
opacado por el asesinato de varios .estudiantes, cometido el mismo día 15
por los secuaces del ex Gobernador Tomás Garrid.9 Canabal y sus "camisas
rojas" en Villahermosa (Tabasco).
Se paralizó la vida de Monterrey por unas horas. El comercio cerró sus
puertas el día 16 en la tarde como protesta.
El entierro del estudiante regiomontano Franci~co G. González se adelantó
una hora, efectuándose a las cinco de 1a tarde, en una imponente rnaniiestación de más de veinte mil personas. El féretro fue llevado en hombros por
estudiantes universitarios hasta el Panteón del Carmen. "El paso de la comitiva fúnebre ... fue presenciado por millares de personas que se agolpaban
en aceras, puertas, ventanas ,i azoteas. Cuando el desfile llegó a la necrópolis,
aJlt esperaba ya un enorme gentío ..."', decía el corresponsal de Excélsior. Un
periódico local asentaba: "Fue un cortejo imponente, en el que participaron
elementos de todas las clases sociales; una manifestación de duefo ,i de protesta que sobrecogía el espíritu· ,i enardecía los ánimos", añadiendo: "Puede
decirse que pocas veces en Monterrey el sentimiento de sus habitantes. se ma• .
,, 18 T n.ifestó tan unific:ado frente a un acontecimumto
. LOS es tu.l!
wantes
. Juraron
.ante el cadáver de su compañero "morir luchando por la conqmsta de la
libertad ,i de la justicia para México'~.
sostén de sus pequeños hermanos (tres ntnas y dos niños) , ya que desde h~e
tiempo habían quedado huérfanos de padre y madre y, por lo tanto, él tuvo qu_e
ir a trabajar a una droguería..." ("El Porvenir", julio 17 de 1935, p. 5). El Pres1-dente de Ja Federación Estudiantil Poblana, que encabezó su delegación en el XII
Congreso de Monterrey, declaró .al corresponsal de Excélsior en la Ciudad de P~ebla,
entre otras cosas, lo siguiente: "el estudiante regiomontano Francisco Go.nzález, viendo
que Víctor M-anuel González era agredido a balazos, lo cubrió con su cuerpo, siendo
-entonces herido también . .. "
"' Bl Porvenir, julio 17 de 1935, p. 5.

,el

:372

La policía estuvo acuartelada durante el funeral y 1a ciudad quedó bajo la
vigilancia de las tropas federales.

El mismo día 16, a las ocho y cincuenta minutos de la noche, una inmensa
muchedumbre despidió el cadáver de Víctor- Manuel González en los andenes de
Ja Estación Unión. Fue recibido al día siguiente, a medianoche, en la Ciudad
de México por las autoridades universitarias y más de cuatro mil estudiantes.
Un imponente cortejo silencioso acompañó el ataúd por las desoladas avenidas capitaliñas hasta el salón de actos de la Facultad de Derecho. Ahí fue
velado el cadáver del universitario poblano junto a los demás estudiantes asesinados el día 15 en Tabasco. En la Ciudad de Puebla, en una manifestación
pública sin precedentes, miles de personas esperaban los restos mortales de
Víctor Manuel González, quien recibió cristiana sepultura en el Panteón de
1a Piedad.
El Gobernador Quiroga declaró públicamente que "reprueba de la manera
más enérgica" los asesinatos. Y agregó: "Puede estar seguro el pueblo de
Nuevo León, de que será en absoluto satisfecho en su justa indignación contra el responsable, a quien se castigará con todo el rigor de la ley, para
ejemplar escarmiento en lo futuro. El individuo señalado como autor de
este doble asesinato no tiene, como pudiera maliciosamente pretenderse, actuación oficial ninguna relacionada con este Gobierno". 19 Terminaba: "Este
Ejecutivo no tiene ni ha tenido ma,ior celo que el de vigilar cumplidamente la
observancia estricta del or.den, el apego a la ley y el respeto inalterable a todas
nuestras instituciones".

Conclusiones

El miércoles 17 fueron legalmente instaladas tres Comisiones, que trabajaron
en distintos locales: Ja primera en el sindicato obrero de la fábrica Troqueles
y Esmaltes, 1a segunda en un hotel y la tercera en el Teatro Anáhuac. Estos
locales eran resguardados por los .sindicatos obreros independientes. La tercera
Comisión estuvo integrada en forma mixta por obreros y estudiantes. Los
temas desarrollados por las Comisiones fueron los siguientes: "La organización estudiantil", "La Educación y el Estado" y "Servicio social de los estudiantes a las masas proletarias".

En el seno de aquel Congreso se gestaron varias maniobras para dividir a
~ AJ asesino "se le encontraron en sus bolsillos vales extendidos por la Tesorería
del Estado y del Municipio. así como una credencial de representante de Calles en
Sabinas Hidalgo. ..", dice el General José E. Santos en un .interesante folleto,
páginas sin numeración, anécdota número 30. (Ver la Bibliografía).

373

�la asamblea. Sin embargo, "a pesar de los atentados 1 las amenazas del pistoleri&amp;rno municipal", se tomó el acuerdo de proseguir los trabajos.
El XII Congreso Nacional de Estudiantes se rebeló contra la llamada "educación socialista ' y rechazó el monopolio estata1 de la enseñanza. Además
reafirmó la autonomía universitaria y el principio de libertad de cátedra.
Por último, precisó la participación de las Universidades en la política y
los deberes de los urriversitarios. La C. .E. proelamó vigorosamente la bandera de principios que s-osterua en todo el país, afirmando en un manifiesto:
"dijimos nuestra verdad y nuestra posición ante la 01¡,gustia del pueblo mexicano".
El sábado 20, a las dos y ocho minutos de la tarde, se clausuró la convención estudiantil. Fue electo nuevo Presidente de la C.N.E. el estudiante Manuel
Pacheco Moreno, delegado por Zacatecas, quien escribió poco después refiriéndose . al XII Congreso: "nos persiguieron los asesinatos, y las capitulares
de nuestras labores., estaban encendidas por los disparos que segaron vidas
de congresistas. Pero el Congreso tenía que realíz.arse . .." 20

],¡.forme que rinde el Ing. Plutarco El/as Calles Jr, de los trabajos desarr-01/ados durante
el segurrdo y último año de ejeraicio del Ayuntamiento. Monterrey, MCMXXXV.
Las más importantes leyes y decretos ile las Legislaturas Constitucionales del Es1ado
de Nueuo León, en el transcurso de ciento treinta y cuatro añ.óJ de vida instilfJcional.
Monterrey, . L., Se_ptiembrc de 1958.
Ley Orgánica de la Universidad de Nueuo León, en el P,riódico Oficial del Gobierno
Constitucional del Estado Libre y Soberano de N11evo León. Monterrey, miércoles
7 de junio de 1933. Tomo LXX. úmero 45.

1

/
✓

v
,.,

L1vAs, ENRIQUE C., Breve reseña histórica del movimiento universitario en Nue110 León,
en Univeuid.ad, órgano del Consejo de Cultura Superior. Número 1, septíembre
de 1942, pp. 71-74,
SEnASTIÁN, La educación socialista en México. El asalto a la Universidad Nacional. Editorial BEAR. Rosario (Argentina), 1964.
Memoria Anual de la Gran Logia dd Estado de Nuevo León y Directorio Oficial Masónico Clasificado, 1928-1929, Grandes Talleres Linotipográficos J. Cantú Leal.
Monterrey, N. L.
01u&gt;ÓÑEZ, PLINIO D., Historia de la Educación Pública en el Estado de Nuevo León.
Cuarto volumen, tercera parte. La Escuela Socialista. Monterrey, . L., 1948.

MAYO,

RoEL, SANTIAGO,

Mievo León. Apuntes históricos. Quinta edición. Monterrey, 1954.

El fin

La Ley Orgánica de la Universidad Socialista se fue elaborando en secreto durante varios meses, pero nunca se expidió. A fines de agosto de 1935
renunciaron algunos miembros de la Comisión Organizadora, iniciándose la
desbandada.
La Comisión Organizadora de la Universidad Socialista de Nuevo León
actuó por espacio de once meses, desde el 3 de octubre de 1934 hasta el 4
de septiembre de 1935, en que el Gobernador Quiroga mediante un decreto
la disolvió y creó el Consejo de Cultura Superior. Este nu~vo or-ganismo
gubernamental se hizo cargo de las Facultades y Escuelas universitarias durante ocho años, hasta 1943, y en general mantuvo la misma orientación
marxista.

BIBLIOGRAFIA

D. F., 1959. (Obra
muy mteresante y amena sobre la Unión Nacional de Estudiantes Católicos).
CovAllRUBIAS, Rrcuoo, Gobernantes de Nuevo León, 1582-1961. (Sin pie de imprenta).

CALDERÓN VroA, Ltns, Cuba 88. Memorias de la UNEC. M6ci.co,

FOLLETOS

V instituto de Orientación Social. Conceptos generales, materias y programas de clases.
Publiéaciones de la Comisión Organizadora ~de la Universidad Socialista de Nuevo
León, número 2. Monterrey, 'Nuevo León. Diciembre de MCMXXXIV.
AVA, PEDRO RuBÉN, 30 años de vida masónica (1924-1954). Imprenta Villarrubia.
Monterrey, 1954.
./ Partido Nacional Revolucionario, Nuevo Leó,1. Convención Ertatal, 19 y 20 de Mayo
de 1935. Talleres Linotipográficos J. Cantú Leal. Monterrey, 1935.
Proyecto de decreto del Ejecutivo del Estado para la derogación de [a Ley Unioersitaria,
con el dictamen de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales de la
H. XLV Legislatura y te.do integro de la designación oficial de lar miembros
componentes de la Comisión Organizadora de la Universidad Socialista de Nuevo
León y el adjunto Instituto de Orientación Social. Publicaciones de la Comisión
Organizadora de la Universidad Socialista de Nuevo León, número 1. Monterrey-.
uevo León, Octubre MCMXXXIV.
SA:'.IITos, Josf. E., Nuevo León en 1935. (Sin pie de imprenta). (Raro e interesante
fo11eto con anécdotas, versos y fragmentos de los discursos pronunciados por su
autor durante ]a campaña política del Gene~! Fortunato Zuazua para, 1a gubernatura de Nuevo León).

10 Folleto sobre el Xll Congreso Nacional de Estudiante, p.
l. El ejemplar consultado, de 36 páginas, s6lo carece de portada, por tal motivo no se menciona en la
Bibliografía.

374

375

�REVISTAS
Ariel, revista quincenal mas6nica. Organo de la logia Rafael aJera _número 33 de
Monterrey.
úmero 179, diciembre 31 de 1935. Director: José Salas. Véase
"Una plática de Biología en el Instituto de Orientación Social", por el doctor
Eduardo Aguirre Pequeño, pp. 49, 51 y 52.
Ciencia, revista cultural estudiantil. Publicación mensual Año II, número 6, mayo de
1935. Director: Albino González.
Gaceta UniueTsitaria, órgano mensual de la Comisión Organizadora de la Universidad Socialista de Nuevo León. Año I, número 2 y 3, abril 15 y mayo 15 de 1935.
Momento, revista mensual Año I, números 1, 2 y 3, abril, mayo y junio-julio de
1935. Director: Ricardo Ramírez.
Provincias, revista gráfica revolucionaria. Edición dedicada al Estado de Nuevo León.
Año III, número 28, mayo de 1935. Director Gerente: Tte. Cor. José Garcia V.
Universidad, órgano del Consejo de Cultura Supeñor. Número 1, septiembre de 1942.

Todos Jos congresistas, en manifestación muda de protesta, conducirán los
cadáveres.
El Congreso dedara el día de hoy, Día de luto, suspende sus sesiones y
pide al comercio de la ciudad cierre sus puertas en señal de duelo.
Segundo

La Confederación Nacional de Estudiantes se ha dirigido a sus delegados
al XVII Congreso Internacional que se reúne en Praga, capital de Checoslovaquia, para que pidan a los universitarios de todo el mundo que expresen
su enérgica protesta por los asesinatos de que han sido víctimas los estudiantes
de México, en Villahermosa, Tabasco, y en esta ciudad de Monterrey.
Teraero

PERIODICOS

Mañana a las ocho de la mañana continuarán las sesiones del XII Congreso
Nacional de Estudiantes en el Teatro Anáhuac.

Diarios El Porvenir y El sol de Monterrey y Excélsior y El Universal de México, D.
F. Años 1934 y 1935.

PoR LA UNIÓN EsTUDIANTU..

Monterrey, N. L., 16 de julio de 1935
APENDICE I
APENDICE II
BoLETÍN HrsTÓRico
CoMrrÉ

EJECUTIVO DE LA CoNFEDERACIÓN NACIONAL DE EsTUDIANTEs

Primero
El Duodécimo Congreso Nacional de la Confederación Nacional de Estudiantes participa a la República con profundo do1or que ayer por la noche,
al salir de la solemne sesión inaugural del Congreso, fueron asesinados por
pistoleros callistas los compañeros Francisco G. González, de la Federación
Universitaria de Monterrey, y Víctor M. González, delegado por el Estado
de Puebla.
El Congreso, Ueno de incontenible indignación, levanta su más enérgica
protesta ante la nación entera y exige que no se sacrifiquen más vidas de
universitarios.
Los cadáveres serán velados durante el día de hoy en el Teatro Anáhuac,
de donde partirán los cortejos fúnebres, para el primero a las 17 horas con
rurobo al panteón de Dolores y para el segundo a las 20 horas con destino
a la ciudad de Puebla.

Presidente, Daniel Kuri Breña; Primer Vicepresidente, Benito Palomino Dena; Segundo Vicepresidente, Froylán Hernández; Secretario General, Clicerio
Cardoso Eguiluz; Subsecretario General, Aurelio Barbosa Olascoaga; Secretario
de Hacienda, José González Jáuregui; Secretario de Prensa, Roberto Carriedo
Rosales; Secretario de Estadistica, José Urueta Septién; Secretário de Acción
Social, Jorge Salazar Hurtado; Secretario de Acción Universitaria, Juan Lauderreche Obregón. Delegado propietario ante el Consejo Universitario, Armando Chávez Ca.macho; Delegado suplente ante el Consejo Universitario,
Carlos Ranúrez Zetina; Secretario Auxiliar de Actas, Alfonso Lechuga; Secretario Auxiliar de Prensa, Rafael Aguayo pencer.

376

377

•

�APENDICE

nr

Trabajo aprobado en el XII Congreso de la Con/ederacióri Nacional de
Estudiantes. Tema: "Estado y Educación".

l. PoLÍTICA Y EouCAcIÓN
a) Finalidad del Estado.
l. Es la finalidad del Estado coordinar y dirigir, respetándolas, las fuerzas
de una nación, para conseguir que los ciudadanos puedan más fácihnente realizar su vocación y aspiraciones.

b) Obligaciones del Estado.
Siendo el hombre un ser complejo que dirige sus actos por medio de la
razón, corresponde al Estado colaborar eficazmente al desarrollo de todas 1as
facultades del hombre, que es el fin de la educación.

II.

Mo OPoLro oE LA ENsEÑANZA

a) Se en.tiende por monopolio de la enseñanza e) control absoluto que ejerce el Estado sobre toda la educación de un pueblo;
b) Rechazamos el monopolio de la enseñanza.
l. Por irrncional:

Pues no pudiendo tener el Estado una filosofía precisa, y siendo necesaria
una filosofía para toda educación, no tiene competencia para señalar normas
intocables en esta materia, siendo imposible uniformar el criterio de un conglomerado de diversas ideologías, pugnará contra el fin coordinador del Estado, el sostener, por la violencia una sola probable; es contra la razón impedir a los diversos grupos sociales no incondicionales al Gobierno, el derecho
a la enseñanza.

DERECHOS DE LOS MAE&amp;TROS

Para cumplir con sus finalidades, se exige al Estado en materia de educación:

l. La promulgación de una legislación adecuada y sincera;
II. El apoyo a que tienen derecho los diversos grupos nacionales;
III. El descargo de todo aquello que no le competa directamente, en la
iniciativa ciudadana suficientemente garantizada.
c) Derechos de los ciudadanos.

J. Pero no corresponde primariamente al Estado dirigir toda educación,.
pues anteriores a los derechos del Estado reconocemos los derechos de la
familia;
II. En consecuencia, reconocemos que, en educación, no es el hombre para
el Estado, ni el Estado para el hombre, y que todo abuso de Jas facultades
del Estado ll~a consigo una degradación de la enseñanza.
d) Autonomía de la educación.

I. Como miembro de una democ~cia, todo hombre tiene derecho a pugnar por el razonable triunfo de su criterio;
II. Este derecho da posibilidades a todos los grupos sociales de una nación,
de presentar diversas soluciones a los problemas nacionales;
III. Teniendo la educación objetivos claros y métodos propios, tienen los
ciudadanos el derecho de organizar corporaciones de enseñanza en vista de la
educación. Este derecho es lo que llamamos Autonomía de la Educación.

2. Porque va contra los derechos de los mae-stros:
Siendo las corporaciones magistrales las más indicadas para señalar las
rutas de la educación, no corresponde al Gobierno sino dar oportunidad a
todas ellas, lo que se impide con el monopolio e.scolar.
Tienen derecho las organizaciones magistrales y aún los maestros aisladamente, de. hacer valer sus razones en materia de educación y este derecho
se lo veda el dogmatismo que se llama "monopolio escolar''.
Pone en grave riesgo la situación de las organizaciones magistrales y la
moral del profesorado, Ja condición de ciega obedíeocia que no toma en
cuenta la razón, que exige el monopolio escolar a todos los profesores del
Estado.

DERECHOS DE LOS PADRES DE FAMILIA

3. V a contra los derechos de los padres de familia.
Porque corresponde a ést-os, por deber natural, el señalar los principios
generales para la educación de sus hijos.
Porque cuando no hay una annonía entre Ja ideología del monopolio y
la ideología de Ja¡; familias, se contrapoJ1en ambas en la práctica, lo que redunda en perjuicio de la familia y de la enseñanza.

379

378
•

�Porque al invadir el Estado funciones inseparables a la familia, impide
que ésta cumpla con uno de sus principales objetivos sociales, el educativo,
al que tiene pleno derecho.

EL MoNoPouo

c) La "Razón Política" del monopolio de la Educación.
No fundándose el monopolio escolar en ninguna razón, tenemos que buscar
sus bases en lo que se ha llamado "la razón política", que es la actividad
que toma un gobierno dado para su defensa.
Sin embargo, la razón polltica:
1. No se justifica si va contra el derecho.

2. Está limitada y condicionada sólo por las necesidades, pero no puede
darse en vista sólo del capricho del gobernante, sino en función del bienestar
colectivo.
3. Tiene que tomar, por su propia esencia, un carácter de accidentalidad
y excepcionalidad que impide se erija en norma habitual.

En tanto que la razón política es Ja expresión de un partido, será justificable sólo en la proporción en que represente dicho partido, las aspiraciones
y las necesidades de una nación.
d) La representación proporcional escolar.
1. Siendo imposible en la práctica la neutralidad escolar, y habiéndose
visto por todo lo anterior las dificultades del monopolio escolai:, se impone
una reforma de la enseñanza en México.

LA

a) Todo ciudadano, como contribuyente que es a la educación, tiene derecho a elegir la escuela de sus hijos;
b) Tiene el Estado el derecho a vigilar la competencia de los maestros,
impedir el ingreso de los inmorales, y asegurarse de la coherencia de la enseñanza;

c) Es obligación de los profesores luchar por la formación de una conciencia de nación, en la cual e] hombre aparezca en toda su plenitud.
5. Sólo bajo la fórmula R.P.E. podrá exigirse la obligatoriedad de la enseñanza sin las perturbaciones a que lleva la lucha e&amp;:0lar.

III.

LA UNIVERSIDAD Y LA FuNCIÓN EouCATIVA DEL

EsTADo

a) Finalidad de la U11iversidad:

Unico. Sostenemos como principios todos los acuerdos del XI Congreso
Nacional de Estudiantes en este tema. En consecuencia, reiteramos que para todo trabajo universitario se tienen que defender los siguientes principios:
La Universr.dad es la comunidad de maestros y alumnos que aspiran a la
organización del saber humano y tiene como principios:
a) Convocar, acrecentar y transmitir la cultura;
b) Acrecentar, conservar y transmitir el acervo de la ciencia;

e) La formación cultural y la capacitación profesional de los estudiantes
en yjsta al servicio social;
d) Interesar al estudiante en el conocimiento de la realidad social }' en
el estudio de ]os problemas sociales;
e) Dar al estudiante un espíritu de comprensibilidad y respeto para toda
verdad.

REFORMA

b) Articulación de la Uniuersidad e11 el conjunto de la Educación:

2. Las bases de esta reforma son:
a) La obligación del Estado de colaborar e impulsar la educación;

l. Es la Universidad la medida y el eje de la educación de las naciones,
por llevar inseparable a su esencia la organización de todo saber.

b) La presencia de grandes grupos nacionales de diversas ideologías;

2. En consecuencia, los ataques a los institutos universitarios nunca podrán
justificarse y son durns cargos para cualquier gobierno.
3. Para toda I"eforma de la enseñanza, si es racional, debe tomarse en
cuenta siempre el criterio de la Universidad.

c) El derecho que tienen dichos grupos de tener en sus hijos herederos
ideológicos.
3. La representación proporcional escolar es la fórmula que mejor garantiza las condiciones indicadas, pues satisface los derechos de las corporaciones de maestros y de padres de familia.
4. Se entiende por R.F.E. la organización de la educación pública sobre
bases nacionales, con el siguiente fundamento:
380

4. La Universidad es el árbitro entre verdad y verd¡.id y asigna a cada una
de ellas particularmente su debido puesto, según su naturaleza e importancia.

381

�LIBERTAD DE CÁTEDRA

c) Libertad de cátedra.
l. Se entiende por libertad de cátedra el derecho que tiene el maestro de
enseñar en su clase las ideas filosóficas y pollticas que más de acuerdo estén
con su formación intelectual. La libertad de cátedra no es, pues, sino una de
las formas de libertad de enseñanza.
2. Luchamos por la libertad de cátedra por ser ésta una de las formas
más eficaces de luchar contra el monopolio escolar.
3. Por considerar que al lado de algunos principios demostrables con evidenciaJ hay un gran número de cuestiones disputables y es injusto imponer
a la Universidad una mordaza, aunque sea con prete:id:os racionales.
4. Porque la dignidad y las exigencias de la alta cultura, no toleran la imposición de normas simplistas.
5. Porque la Universidad no puede sujetarse a legislaciones puramente políticas, pues está por encima de toda política de partido.

d) Obligaciones del Estado con la Universidad y derechos del mismo.

Siendo la Universidad en su aspecto cultural la mejor parte de una nación, corresponde al Estado garantizar su existencia.
1. Proveyéndola de un patrimonio suficiente para Su, sostenimiento.
,
2. Tomándola como guía mltural.
3. Evitando todo conflicto con ella, pues esta es la forma más eficaz de
garantizar su adelanto cultural.
Un gobierno que garantiza así la existencia de la Universidad, tiene derecho:
1. A encontrar en ella sus mejo~s colaboradores.
2. Al apoyo de la Universidad según su esencia, naturaleza y fines, en caso
de ataque injusto, grave y evidente.
3. A exigir de ella el máximo de trabajo individual y social
e) Deberes de los universitarios.
l. El deber principal del universitario es el estudio, participación en la
vida intelectual de su corporación.

2. Pero no es esto lo único que se exíge del estudiante; sino junto a él,
hay urgencias que a veces son inaplazables. Entre éstas, como fundamentales, consideramos las siguientes:
a) La defensa de la Universidad de los ataques e intromisiones de fuerzas
ajenas a ella;

382

b) La creación o la fortificación en su caso del espíritu universitario,
que Je da una fuerza de grupo en el conglomerado social;
c) La depuración en las filas universitarias de los estudiantes indignos.
Consideramos que los más.graves delitos estudiantiles son:
Traición a la causa universitaria; oportunismo político, sobre todo, si en
él se comprometen organizaciones estudiantiles; demagogia.
3. Como universitarios sostenemos que es indispensable la existencia de
maestros con autoridad, pero que la autoridad del maestro, garantía de la
disciplina escolar, sólo pueden tenerla aquellos que representen una concreción nobilísima de sabiduría y ejemplaridad moral.
4. Pero no son los deberes de los universitarios sólo los de- sus intereses
.
.
'
smo que tiene la clase estudiantil la obligación de coadyuvar a la éievación
del ambiente social.

f) La Universidad y la Política
l. No es fundamental a la Universidad, el participar en la política militante y señalamos dicha participación como uno de los más gi·andes riesgos
que puede correr, pero
2. Debe la Universidad participar en ella.
a) Cuando el Estado constante y habituahnente viole los derechos de los
ciudadanos;
b) Cuando su existencia es amenazada po1· intromisiones indebidas, según
el sentido de los Congresos Estudiantiles;
c) Cuando es sujeto de provocaciones.

3. Debe alejarse de la política militante inmediatamente despuf.s de que
la situación de anormalidad se haya suspendido.
4. En cuanto a la política como cultura, tiene. la Universidad la obligación de dar a los estudiantes una doctrina completa sobre sus derechos y
necesidades, y orientándola hacia la aplicación práctica de dichos principios.

IV. Eouc-.Ac1ÓN SocIAuSTA
Consideramos que es necesario, para ubicar una discusión sobre educación socialista, una base, pues las escuelas poütico-sociales que se !Jaman so•
cia1istas, son innumerables. Por otra parte, considerando también que el socialismo oficial mexicano, pretende aparecer como radical, organización y
sincero, hemos escogido como tip0 de socialismo para la base de la discusión el "socialismo científico", que es el más radical y, al mismo tiempo,
el que filosóficamente tiene mayor unidad.
Pero advertimos que no se condena ni se acepta teóricamente ningún socia-

383

�lismo, poi la diversidad de opiniones que están representadas en la C.N.E.,
y que todo el debate est.á en tomo de la reforma que el Artículo Tercero
Constitucional llama socialista, y que en los paralelos, siempre la palabra
socialismo toma la connotación estricta de socialismo científico.
A) Definición.

l. Se entiende por enseñanza socialista la que corresponde a un Estado
proletario que tiene por bases:
a) La filosofía del materialismo histórico, como solución íntegra del destino humano;
b) La extinción de la propiedad privada;
c) El exterminio de la burguesía mediante la dictadura proletaria;
d) El antiimperialismo revolucionario.
2. En consecuencia, dentro del socialismo cientüico, considerar a la enseñanza efecto de un orden social "sui generis", y al exigir ese orden social
aparece como una incoherencia el aspirar a su realización en una sociedad
que no tenga las características enunciadas anteriormente.
3. Para que se lleve a la práctica, es necesario que el Estado tenga una
completa intervención en todas las ramas de la economía y de la vida. Sin
una radical economía, los enuncios de una enseñan7,a socialista no son sino
diversos aspectos de una posición demagógica.

B) Escuela Socialista Mexicana.
a) Errores en general.
1. La Escuela Socialista Mexicana, es un plan cuyas finalidades, esencialmente políticas, son: Entregar totalmente Ja educación en las manos del
Estado y plantear el sectarismo como excelencia de toda educación.
2. No es socialista, porque carece de la notas señaladas en el inciso "A".

No CORRESPONDE A LA CONTINUIDAD DE LA REvoLUCIÓN

3. No corresponde a la continuidad de la Revolución Mexicana, porque
ésta la hicieron las masas no para establecer el socialismo de Estado, sino
que tuvo como finalidades Ja creación del ejido y la pequeña propiedad, destrucción del latifundio, la liberación de los trabajadores dentro de un régimen democrático y la libertad electoral de los ciudadanos.
4. Es mal intencionada, porque para que sea aceptada por masas impreparadas confunde dolosamente dos acepciones de la palabra socializar; la pri-

384

mera que aceptamos hacer la enseñanza más social; la segunda, hacerla socialista, imposible de realizar en el régimen actual.
5. Tiene como finalidad principal el monopolio escolar, pues ]a única solución indudable es el proyecto de "control efectivo", sobre todos los planteles
de educación públicos y privados, la imposición de planes de estudio, programas y métodos de enseñanza, ]a subordinación incondicional de Rectores,
Directores y Catedráticos de todos los planteles educativos y la coacción administrativa inapelable para todas las instituciones que intentan liberarse de
la tutela oficial.
b) Errores Pedauógicos.

l. Pedagógicamente, la escuela socialista no tiene como finalidad ni la
formación de la cultura ni la búsqueda desinteresada de ]a ciencia, sino primerísimamente, la formación de técnicos que necesita el Gobiemo para el
más eficiente desarrollo de su economía.
2. En consecunci~ es incompleta, pues no aspira a formar hombres en
todas sus facultades, sino apenas crea apéndices de la economía del Estado.
3. Al suprimir el aspecto orgánico de las universidades, dispersando las
ciencias y llevando al estudiante al laboratorio aislado en busca de soluciones a problemas inmediatos, se opone a la necesaria organización del saber, y con ello a la sabiduría y a la cultura.
4. No puede ser nunca base para un sistema de educación racional, un
principio poütico-económico del Gobierno, si no está su jeto a crítica y revisión, lo que se prohibe en la Escuela Socialista.
5. Mientras más el Estado se arrogue el papel de maestro único y mayor
violencia emplee en dicho atentado, más violenta los derechos de todo hombre, superiores a la finalidad política del Estado.
) Errores filosófico-morales.

l. Repugna a la razón que una doctrina que afirma asentarse en principios lógicamente justificados, apele a una imposición externa en la enseñanza.
2. Es irracional todo proyecto que cohiba al maestro en el ejercicio de su
docencia, mediante la promulgación de normas restrictivas erigidas en principios inapelables.

385
H

,

�Es

IN SINCERA

3. Es insincera, pues los campeones de la reforma:
a) Por su posición económica;
b) Por sus aspiraciones políticas;
c) Por su ideología;
contradicen cualquier reforma socialista sincera.
4. Al llevar latente la doctrina de que sólo los hijos de los trabajadores
tienen derecho a la enseñanza, con exclusión del resto de las clases sociales,
proclama un principio que no se ha atrevido a sostener ni el capitalismo
en sus peores grados de corrupción.

SENTIDO

OCIAL

FORTALECER LA NACIONALIDAD

1. En el caso mexicano se acepta 1a necesidad de una reforma en la enseñanza para el desarrollo del sentido social, y 1a fortificación de la nacionalidad, pero ella debe tener en cuenta:
2. La realidad nacional y las justas aspiraci~nes de las masas de la Revolución Mexicana.
3. Hacerse por refonnadores competentes, en un tiempo oportuno.
4. Con la reforma actual, sólo se ha conseguido una crisis de educación,
trastornos de todos los órdenes al dividirse el país en agresores y agredidos.

HECHOS

Para la parte de la ponencia Estado y Educación, se propone que cada
delegación en un tiempo perentorio, entregue a la Presidencia de la Comisión, una exposición sucinta de lo que, en las diferentes provincias es la situación del estudiante, la situación de los profesores.
Además como la reforma socialista ha traído una gravísima inquietud a
todo el pai.,, propone asimismo la ponencia que entreguen nuestros compañeros un relato de los hechos más destacados de la lucha por la libertad de
enseñanza, para que ordenados por la Presidencia, sean la parte descriptiva
de la ponencia.
Se dan dos días de plaro para entregar estos informes a contar del día de
la aprobación del presente dictamen.

386

CoNCLUSJO ES PRÁCTICAS

l. Lúchese por la reforma del Artículo Tercero Constitucional, según los
principios sostenidos en la ponencia presente.
II. Envíense telegramas inmediatamente a los Poderes Federales, para que
sean informados de la tendencia de reformas del XII Congreso Nacional de
Estudiantes.
III. Encárguese al Comité Ejecutivo de la C.N.E. la integración de una
comisión de reformas que redacte un estudio detallado sobre Ja ponencia
presente, para que sean conocidas con toda amplitud las razones en que nos
fundamos.
IV. Edítense las conclusiones sobre cuestiones educativas de los Congresos
de Estudiantes XI y XII, así como el estudio de que habla el inciso anterior
para que circulen profusamente y sirvan para crear una corriente de opinión a la reforma del Artículo Tercero. En el mismo folleto dense a conocer los datos de las Federaciones que son miembros de la C.N.E. y háganse públicos los detalles de los asesinatos de los que de alguna manera han
luchado por la libertad de enseñanza.

HOMENAJE A LOS CAÍDOS

V. Inscríbanse con letras de oro en el Paraninfo de la Universidad Autónoma de México, los nombres de los estudiantes caídos en la lucha por
la libertad de cátedra en toda la República.

LAS

SOCIEDADES DE ALUMNOS

VI. Que, presentándose una coyuntura en las entidades donde han sido
clausurados los institutos, universidades o colegios de enseñanza superior, vgr.,
un cambio de gobierno, las diversas organizaciones estudiantiles dirijan comunicaciones al Gobierno del Estado de que se trate, para que dichos centros de cultura sean abiertos nuevamente. Que la Confederación a ional
de Estudiantes pida la ayuda de los sectores sociales organizados para estas
campañas pro-cultura.
VII. Eríjanse las diversas Federaciones Estudiantiles locales en comisiones permanentes encargadas del cumplimiento exacto de las presentes conclusiones.
VllI. Orgarucese una propaganda efectiva por medio de ciclos de con387

�ferencias estudiantiles y extra estudiantiles, radio-transmisiones y en general
todos los medios que se juzguen conducentes a la realización de estas conclusiones.
IX. Establézcanse comunicaciones entre las diversas Federaciones locales
mediante una Comisión dentro del Consejo Directivo de la Confederación
Nacional de Estudiantes, a fin de lograr una actuación armónica a la vez
que efectiva por generalizada. El próximo Congreso Nacional de Estudiantes
pedirá cuenta a las Federaciones locales de los trabajos que hayan emprendido para lograr los fines antes enunciados.
Monterrey,

. L., a 18 de julio de 1935.

LA PRESENCIA DE NUEVO LEÓN EN EL CO GRESO
CO STITUYENTE DE QUERÉTARO

DE 1916-1917
E. VÍCTOR NIEMEYER, JR.
Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.

DR.

Cu.ANDO UN PuÑADo DE MEXICANOS valientes y determinados firmaron el
.Plan de Guadalupe el 26 de marzo de 1913 no pi:cvieron que sus obras tendrían por consecuencia una nueva constitución para México. Pero una vez
que el usurpador Victoriano Huerta había sido derrotado y el rebelde Francisco Villa bahía sido forzado ~ limitar sus operaciones a unas de naturaleza hostigadora en el norte, el victorioso Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, se volvió hacia la reconstrucción de su país y a 1a necesidad de establecer orden
constitucional. De acuerdo con el Plan de Guadalupe y modificaciones subsecuentes, el siguiente paso después del llamado de elecciones para ayuntamientos municipales, proclamado por don Venustiano Garrama el 12 de
junio de 1916, hubiera sido Ja convocatoria de elecciones para el Congreso.
Pero no fue así.
Por un decreto de septiembre 14 de 1916, el Primer Jefe expidió un llamado para la elección de representantes a un congreso ~nstituyente con el
propósito de refonnar la Constitución de 1857, la consagrada bandera de
su causa reivindicadora. En realidad, para estructurar un nuevo México, fue
necesario. Defectos en la carta magna de 1857, la necesidad de incorporar
reformas revolucionarias en 1a Constitución, y la dificultad de hacer esto en
la forma legal prescrita para enmendar la Constitución de 1857, todo combinado para hacer necesaria la redacción de una nueva ley fundamental.
El decreto del 14 de septiembre de 1916 anunciando el Congreso Constituyente fue seguido por la convocatoria al mismo, cinco días más tarde.
Cuando la noticia telegráfica llegó a Monterrey, se hicieron los preparativos
inmediatamente para la designación de candidatos como delegados de cada

389
388

�uno de los seis distritos electorales del estado. No había tiempo que perder
pues las elecciones fuernn programadas a través del país el 22 de octubre.

En la selecci6n de candidatos, el Sr. José P. Saldaña, en su carácter de
Jefe del Partido Constitucionalista Nuevoleonés, el Sr. Gral. y Lic. Pablo A.
de la Garza, Gobernador Interino, y el Gral. José E. Santos, Jefe de las
Operaciones Militares en la Laguna, y candidato a Gobernador del Estado,
tuvieron un papel importante. Acordaron que las personas mejor capacitadas en preparación y experiencia para representar a Nuevo León en el
Congreso eran 3 abogados: el Lic. Santiago Roel, el Lic. Galdino P. Quintanilla y el Lic. Cecilio Gana González. El Sr. Saldaña fue seleccionado
para entrevistarles y persuadirles que se postularan. Extraordinariamente, estos tres caballeros rehusaron el honor de ser postulados, afirmando que a
ellos les faltaban los requisitos intelectuales y la preparación para desempeñar
un cargo tan importante. A pesar de sus esfuerzos el Sr. Saldaña no logró
convencerlos, cosa que en realidad privó al estado de Nuevo León de tres
elementos que pudieron haber desempeñado cargos brillantes en el Congreso
pero que no tuvieron la oportunidad por motivos de humildad y modestia.
Cuando rehusaron aceptar, sugirieron que el Sr. Saldaña se postulara pero
él también rehusó por los mismos motivos.
La selección fue finahnente hecha poi: los Sres. Saldaña, Gral. da la Garza
y Gral. Santo.s, en reunión con representantes de los dos grupos de revolucionarios de Nuevo León: el fartido Constitucional Progresista (tricolor) y
el Partido Constitucionalista N uevoleonés (trián&amp;ülo rojo) .1 Se enviaron telegramas a, 12 personas, seis propietarios y seis suplentes, notificándoles de
su seleGción. Las boletas se imprimieron en Monterrey y .se enviaron a los
presidentes municipales para su distribución en los distritos electorales respectivos. Hasta donde se conoce, no h1,1bo oposición en el 4o. distrito en
donde Ramón Gámez obtuvo 3,550 votos. En ese distrito (Salinas Victoria)
el candidato de oposición, Vida! Garza Pérez, "obtuvo un número considerable de sufragios''. 2 En Monterrey los CC. Agustín Garza González y Plutarco
González, candidatos del 60. distrito para diputados propietario y suplente
respectivamente, resultaron electos por una mayada de 754 votos cada uno,
un número de votos considerablemente menos que los recibidos por los candidatos de Salinas Victoria. 3
La diputación electa que representaría a Nuevo León se constituyó como
sigue:

Entrevista con el Sr. José l'. Saldaña, Monterrey, 25 de enero de 1967.
Diario de los Debates de-J Congreso Constituyente, 1916-1917 (México, 1960),
p. 129.
• Ibid.

1

~

r,

390

Número del Distrito

1. Monterrey
2. Cadereyta
3. Linares
4. Salinas Victoria
5. Galeana
6. Monterrey

Propietario

Suplente

Manuel Amaya
Nicéforo Zambrano
Lic. Luis Jlizaliturri
Crnel. Ramón Gámez
Gral. Reynaldo Garza
Dr. Agustín Garza González

Luis Guimbarda
Dr. Lorenzo Sepúlveda
Wenceslao Gómez Garza
Adolfo Cantú Jáuregui
J. Jesús Garza
Plutarco González

¿ Quiénes eran estos endurecidos norteños que fueron destinados para representar a Nuevo León en esta famosa reunión? Aunque de diferentes antecedentes, la mayoría de ellos tenían dos cualidades en común: eran hijos
uativo del estado y amigos personales de don Venustiano. En seguida una
mirada a cada uno:
Manuel Amaya, fumador empedernido de cigarros de hoja de maíz, nació
en Candela, Coabuila, y se convirtió en un próspero comerciante después de
llegar a Monterrey. Ramón Gámez nació en Montemorelos el 14 de junio
de 1877. Después del movimiento político de 1902 y como estudiante de
leyes se hizo uno de los redactores de La Constitución, una publicación antireyista. También fue uno de los colaboradores del Lic. Santiago Roel en la
redacción del semanario Renacimiento, periódico liberal típico que fue independiente du,rante el período del gobernante Bernardo Reyes ..i Se incorporó
a la revolución constitucionalista inmediatamente después del cuartelazo de
la Ciudadela militando en el cuerpo del Ejército del Noreste a las órdenes
directas del General y Lic. Pablo A de la Garza, primero en la 9a. Brigada
y cuando se postuló como constituyente, en la Brigada "Nuevo León" con
el grado de Coronel. Reynaldo Garza nació en Marín el 4 de febrero de
1864 pero se consideró vecino de Allende, Coahuila y cuando se postuló como
constituyente estaba radicado en Nuevo Laredo~ Tamaulipas.
El Dr. Agustin Garza Gonzá]ez nació en la hacienda de San Isidro en la
jurisdicción de la Villa de Pesquería Chica el 28 de febrero de 1873. A la
edad de 12 años su padre lo llevó a Monterrey en donde hizo estudios en
una escuela oficial y después en el Colegio Civil y la Escuela de Medicina
del Estado. El 12 de enero de 1899 recibió su título de Médico-Cirujano-Partero.
De ideas liberales fue uno de los que formaron el Club Político Antinecleccionista a principios del siglo. En 1911 fue electo Presidente Municipal Suplente de Monterrey y un año después se hizo el propietario. Al estallar la
"decena trágica" abandonó Monterrey para ingresar al movimiento revolucionario y cuando no encontró 1úngún grupo armado al que pudiera unirse,
• Hic-roR CoNzÁl.l!Z, Siglo y Medio de Cultura NuevoTcones.a (México, 1946),
pp. 104-105, 248-249.

391

�.
se trasladó a San Antonio, Texas en donde fue designado por comisionados
del Primer jefe para desempeñar el cargo de Cónsul Constitucionalista en
Brownsville. En julio de 1914 entró en Mont-errey con las fuerzas victoriosas
del Gral. Pablo González Garza y más tarde se hizo director de la Casa de
Salud "Bruno Gloria". Cuando se postuló para el Congreso Constituyente,
estaba desempeñando el cargo de Acl.ministrador de la A,duana de Nuevo
Laredo, Tamps. Era descendiente de Simón de la Garza y Melo, diputado
al Congreso Constituyente de 1857 del Estado de Coahuila. 5
Plutarco Gonzálcz nació en Lampazos el 2 de noviembre de 1863. Fue
maestro de primeras letras en una ~uela primaria y después tuvo a su
cargo la oficina federal local del timbre (hoy la Agencia Federal de Hacienda ) .
Trabajó como oficinista en la Hacienda "El Alamo", cuyas tierras ahora
están inundadas por el vaso de la presa "Don Martín", y fue también oficinista
en la casa proveedora de Don Luis G. Vázquez de Lampazos. Cuando en
1901 el Ing. Francisco Naranjo, hijo mayor del viejo general del mismo nombre,
fundó en Lampazos un club liberal antirreeleccionista, Plutarco González se
afilió a ese club. Al llegar la Revolución a Lampazos, González fue su simpatizador y probablemente le prestara algunos pequeños servicio.s civiles. Antes
de 1916 él y su familia se marcharon de Lampazos para radicar en Tamaulipas. 6
El Dr. Lorenzo Sepúlveda, hombre de largas barbas blancas, fue un distinguido médico de uevo León. que practicó su profesión en Monterrey por
muchos años. A él le había tocado el honor de saludar a "GonzalitoS"' de
parte de la Sociedad Médica de Monterrey en la gran velada llevada a cabo
el 22 de noviembre de 1883 con motivo de su regreso a Monterrey a raíz
de un tratarrúento médico en los Estados Unidos.7
Nicéforo Zambrano nació en Monterrey el 22 de febrero de 1862. Aunque
de padres humildes, él se dedicó tenazmente a sus negocios y llegó a ser un
comerciante próspero. Fue regidor del ayuntamiento de Monterrey en 1912
y más tarde se hizo alcalde. Al estallar el cuartelazo que derrocó al Presidente
Madero fue aprehendido como presunto revolucionario y conducido a México
en donde quedó internado en la penitenciaría. Al triunfar los Constitucionalistas se adhirió a la causa. 8
Todos los propietarios asistieron y Lorenzo Sepúlveda y Plutarco González
ocuparon sus puestos cuando sus propietarios no podían hacerlo.
Cuando las sesiones preparatorias comenzaron en la Academia de Bellas
' L a Herenr;ia del Constituyente, No. 16, 5 de diciembre de 196-l-, p . 3; entrevista
con el Sr. Raúl Garza González, Monterrey, 6 de febrero de 1967.
' Ernesto Zertuc.he al autor, Lampazos, 22 de julio de 1967. Carta en posesión del
autor.
' Siglo y Medio de Cultura Nuevoleonera, pp. 64-65.
8 SANTIAGO RoEL, Nue vo Le6n, Apuntes Hist6,icos (Monterrey, 1963) , pp. 258-259.

392

Artes de Querétaro el día martes 21 de noviembre de 1916, fueron pocos de
los presuntos diputados presentes que pensaban que un neoleonés quedaría
electo como presidente de la Mesa. Pero así fue. Manuel Amaya, por 50
votos a 49 por el Gral. Esteban Baca Calderón, diputado propietario del 170.
distrito de J alisco, ganó la elección.
Luis Ilizaliturri fue electo como uno de los cuatro secretarios.
Por diez días (hasta el 30 de noviembre) estos dos hijos de u evo León
desempeñaron sus deberes. Según el Diario de los Debates, lliza).iturri habló
sólo una vez y fue en defensa del Dr. Ignacio Roe!, diputado propietario
del orte de Baja California, pero nativo de Monterrey en donde nació el
31 de julio de 1885. Su admisión al Congreso fue discutida porque había
sido acusado de ser porfirista y de representar a un huertista en Baja California, un Coronel Cantú. Ilizaliturri señaló que delegados representaran a
conciudadanos que los habían honrado con sus votos y que sería "traición"
negar a los habitantes de Baja California su única representación en el Congreso Constituyente. Por el uso demasiado entusiasta de la palabra "traición"
en defensa de su colega regiomontano, la intervención de Ilizaliturri fue
acogida con "Risas, Siseos, Voces: ¡ o! ¡No!".9 Sin embargo, al Dr. Roel
se le admitió al Congreso.
En cuanto a Manuel Amaya, una amarga diatriba se desencaaenó el 28 de ·
noviembre posiblemente por la manera autoritativa en que se supone que
condujo las sesiones. Su determinación de aplicar la regla de no fumar no
le ganó muchos amigos entre los fwnadores empedernidos. Según un di-putado, don Manuel, como buen ranchero,. siguió la regla d~ "aquí se hace
lo que yo mando y nada más". Y como si fueran estudiantes de primaria,
decía "cállese" o "siéntese" al hablar a los diputados.10 Esto irritó a algunos
y a un diputado, el Coronel Juan Aguirre Escobar, diputado propietario
del So. distrito de Zacatec.as pero oriundo de Coahuila también, abiertamente atacó a Amaya como garzagalanista quien~ en lugar de ser revolucionario,
había tan sólo vivido "de la revolución".11 Luego siguió un período llamándose nombres en el que los do.s contrincantes se difamaron mutuamente y se
pusieron a probar cuál era el más revolucionario. Lo que parecía molestar
especialmente a Aguirre Escobar era que el 28 ó 29 de septiembre, Amaya
• Diario de los Debates, I, pp. 17.5-176.
D111.o .BoRQV RZ (nombre de pluma de Juan de Dios Bojórquez), Crónica del Constituyente, (México, 1938), p. 119.
n Diario de los Debates, I, p. 245. Un garzagalanista fue partidario del Cornl.
José Maña Garza Galán, gobernador y hombre fuerte de Coahuila entre 1885 y 1893.
Cuando sus violaciones de las g,uantías individuales de la Constitución y la dureza
de los jefes políticos bajo su mando habían provocado una fuerte y abierta oposición en 1893, fue destituido de su cargo por el representante del Gral. Diaz en el
noreste, el Gral. Bernardo Reyes, Gobernador Constitucional de Nuevo León.
1•

393

�y los "reaccionarios de Coahuila" habían abordado un tren especial en México compuesto de carro pullman y con una escolta, "por temor del castigo"
del pueblo.

para regresar a .ras hogares a costillas de la nación. . . mientras los
hombres de la revolución, los que no disponen de la amistad del Primer
Jefe, los que no tienen para explotarla ni para venderla, esos no pueden
conseguir ni un pase siquiera, en segunda d-ase, de un tren .. .12

Visiblemente excitado y lleno de ira, Amaya le contestó a Aguirre Escobar
desde su silla presidencial llamándolo "un traidor" y "un desleal". Como
prueba de su espíritu revolucionario, dijo que cuando el Primer Jefe hizo un
llamamiento a toda la República para combatir a la usurpación, él y Nicéforo ZambFano fueron los primeros en responder con mensajes de adhesión a
don Venustiano. Esto fue verificado inmediatamente por Gerzayn Ugarte,
diputado propietario del 3er. distrito electoral del Distrito Federal. Además,
dijo Am.aya que él y don Nicéforo habían sido arrestados por su actividad
revolucionaria en México. Una vez libres se habían dirigido al norte a Monclova para unirse a Carranza en donde habían organizado tres cuerpos de
soldados con sus propios recursos. Continuando dijo:
Por otra parte, no nos venga usted con cosas vze7as, agua pasada no
mueve molino ... (risas). Preguntan ustedes cuál ka sido mi labor revolucionaria desde 1913 a la fecha y verán si soy o 110 revolttcionario;
e11 Chihuahua señores, cuando la batalla de Tierra Blanca, cuando faltaban elementos para la lucha, compré trescientos mil cartuchos hipotecando mis fincas por veinticinco mil dólares. (Aplausos) Y

Con estas palabras don Manuel ganó la simpatía de sus compañeros del
Congreso. Excepto por su pequeño intercambio de palabras con Aguirre Escobar, a quien se iba a referir el 20 de enero como un "loco'' y "extravia_?o",
no se le volvió a escuchar más durante el Congreso. Ya había desempenado
su papel y dejó el escenario definitivamente.
Durante el período único de sesiones, o sea el lo. de diciembre a través
del 31 de enero de 1917, se busca en vano por los dos tomos del Diario de
los Debates para averiguar la participación de la diputación neoleonesa en
el Congreso Constituyente de Querétaro. Aunque los diputados de Nuevo
León est.aban presentes, no participaron en los debat s importantes del Con~
greso. Solamente por medio de brotes de información encontrados aquí y
allá se puede relatar el rol de ellos en la redacción de ]a Constitución de 1917.
,. Diario de los Debates, I. p. 246.
'ª !bid., p. 249.

Los acalorados debates en el Artículo 3 concernientes a la educación indicaron la existencia de un elemento radical en el Congreso que se oponía
a las reformas moderadas propuestas por el Primer Jefe a la Constitución de
185 7. Como finalmente presentada por la Primera Comisión de Constitución, el 16 de diciembre, el artículo estipuló que la enseñanza sería libre
pero laica en los establecimientos oficiales de educación así. como en enseñanza primaria, elementa1, y superior, impartida en establecimientos particulares. También ninguna corporación religiosa, ni ministro de ningún culto
podrían establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria. Redactada en
tal forma de manera de terminar una vez por todas el poder de la Iglesia
en el campo de Ja educación, el artículo fue aprobado el 16 de diciembre
por votación de 99 a 58, según el Diario de los Debates, con "aplausos, hurras,
voces: ¡ Viva la revolución! ¡ Viva el ciudadano Primer Jefe! ¡La patria se
ha salvado! Aplausos prolongados". De la ruputación de Nuevo León, Amaya,
Gar.m, Gar-a. González y Sepúlveda habían votado en contra mientras Gámez
e llizaliturri habían votado a favor. 14 Sepúlveda votó como suplente de
Zambrano a quien se le había concedido licencia el 11 de diciembre por
tiempo indefinido para desempeñar una comisión.
Aunque se aprobó el artículo 3 esto no quería decir que fue aceptable a
todos en uevo León. Al contrario. El día 17 de enero se empezó a dar
lectura a un memorial de protesta contra el artículo 3 enviado por varias
damas de la ciudad de Monterrey que pidieron que el aswito se reconsiderara.
Al anunciarlo el joven José Rivera, diputado propietario del 80. distrito de
Puebla, no podfa decir más que: "ya nos imaginamos lo que podían decir
las beata : 'Que hemos hecho muy mal'." En realidad, la lectura provocó
mucha confusión y desorden entre diputados que querían que se leyera y
los que no querían escucharla. No se podría terminar con la lectura. Sin
embargo, una parte se copió para el record que se reproduce como sigue:
"¡ A la Nación Mexicana!

Hasta nosotras ha llegado el eco de las discusiones del Congreso reunido en Querétaro para dar al país una nueva Constitución, y hemos
sabido que muehas de las leyes que se proyectan- son vejatorias u opresoras de nuestra santa religión; esto nos ha causado un profundo dolor,
y ni este puede permanecer oculto, ni nuestro deber nos permite sufrir
calladas tanto atropello a lo que más amamos en el mundo: mtestro Dios
y nuestra fe. Protestamos contra esas leyes opresoras, seguras de que
nuestra protesta 110 es únicamente la expresión de los sentimientos de
las que fimzamos, sino que es la de todas las mexicanas, pues todas, sin
'' /bid., p. 774.

395

394

•

�excepción, abundan en iguales O mejores sentimi~ntos que nosotras, Y no
hay una que no firmara 1iuestra protesta. E11tre esas le~es froyectadas
nos ha llamado particularmente la atención, como que mas direc!ame1ue
nos atañe la que se refiere a la enseñanza. Comprendemos, stri duda
alguna, q~e se trata en esa ley de uno de los más i~~ortantes problemm
que pueden tratarse en un Congreso: de la edu~acion. porque
ens~ñanza y la educación están tan íntimamente u~idas, q~e no_ hay m_edio
laica, racional
d e seParar las,. comprendemos también que esa instruccion
. ,
,
z
como
quiera
llamársele
es
una
educación
atea,
tm/na,
por
mas que
0

:ª

ª

hipocresía . .."

15

-,
anilla se suspendió la lectura.
Aquí entre murmullos, conf uSion Y camp
,
_.
. _,
Cuando constó a todos que la acosada Primera Corms16n ~e ?onst1tuc1on
, preparar un informe sobre cada artículo constttuc1onal en las
nunca podria
· b l
.
.
t
l Mesa Directiva nombró el 23 de d'tciem
re a
cinco semanas restan es, a
,
S
Se nda Comisión de Constitución para la consideración de
Garuara. e
a :bó de inmediato. Entre los inco miembros de esta Com1S1on fue, el D~:
tin Garza González de Nuevo León. Ya para el 8 de enero babia pa1ti;ado activamente en la redacción de informes (que llevan su nomb:e
eo!e los firmantes) sobre treinta y cinco artículos en cuanto a la sober~1a
nacional y de la forma de gobierno, las partes integrantes d~, la Federaoon,
la elección e instalación del Congreso, la iniciativa y formac10~ de~~
las facultades del Congreso, la Comisión Permanente, y del Pdol eCr 1ecu vol.
tirarse e
ongreso e
Sin embargo el Dr. Garza González tuvo que re .
.
.
'
.
d E 1
licirud de licencia de la misma
1
8 de enero por motivos de sa u . n a so
f . d d
fecha que pidió sin goce de sueldo él hizo constar que estaba su nen o e
. f . , . t un· al y que se vio precisado a trasladarse a Monterrey pauna m ecc1on m es
1
Pl
.
f
an·o Dio a conocer que su sup ente era ura el tiempo que uera neces
.
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tarco González, entonces desempeñando el cargo ~e j~fe de 1:ªºe~ a:
E tado de Tamaulipas con residencia en_ Cd. V1ctona. ~~ mmedi
el s
. ,
I C OUSI-Ón y su lugar
le concedió la licencia.1a No se le sustituyo nunca en a o
, ez
d, vacante durante el resto de las sesiones aunque el Dr._ ?ª,rza Gonzál
~ue o
a uerétaro
rque el record indica que él participo brevemente
:~ r:e~~bat~ sobre el ~tículo 27 sostenidos durante la sesión permanente

!~ ,

l¿es,

e;

efectuada los días 29, 30 y 31 de enero.
. .,
C
do se discutía la fracción II de dicho artículo que pro~1b10 que la
~
.
..
dministrar bienes raíces, el diputado FerIglesia pudiera adqmnr, paseer, .º-~
la f é'' tambi~n limitara la pronando Lizardi de GuanaJuato p1d10 que
rae ion
e_
.
piedad mueble de la Iglesia por la razón de que por medio de acciones po" Jbíd., II, pp. 520-521.
16 [bid., p. 258.

dría suceder que se adueñara de todas las industrias nacionales. Su único
apoyo vino del Dr. Gara González que manifestó que cuando las fuerzas
constitucionalistas entraran en Monterrey en 1914 habían encontrado "en
el palacio episcopal un proyecto de un ingeniero católico para apoderarse de
todas las industrias". 17 Pero no les hicieron caso los diputados y la fracción
sin la enmienda propuesta por Lizardi y apoyada por e1 Dr. Garza González
fue reservada para la votación.
Con esta breve intervención terminó 1a actu~ión en el Congreso del miembro de Nuevo León de la Segunda Comisión de Constitución. Por una razón desconocida no finnó la Constitución el día 31 en la sesión solemne de
clausura.
En cuanto a Plutarco González probablemente le avisaron de inmediato
de la retirada de su propietario pero él no llegó a Querétaro hasta el 22 6
23 de enero porque hizo la protesta de ley el 23 del mismo mes. 18 Entendido
de q~e su propietario estaba presente durante la sesión permanente, él no
podría haber asistido más de nueve o diez sesiones ordinarias del Congreso.
No participó en los debates pero firmó la Constitución el día 31.
En cuanto a la disposición en el artículo 22, como fue redactada por la
Primera Comisión, estipulando la pena de muerte por violación de mujeres,
Luis Ilizaliturri habló brevemente el 12 de enero oponiéndose a la disposición diciendo que estaba seguro que "ningún Código Penal de ningún Estado
va a imponer la pena de muerte por el delito de violación". El y otros pudieron convencer al Congreso para derrotar el inciso relativo a Ja violación
por la votación de 119 a 58:19
Puesto que el Diario de los Debates proporciona tan poca evidencia de la
participación de la diputación neoleonesa en las discusiones sobre los artículos que formaban la Constitución de 1917, uno tiene que recurrir a los regjstros de la votación para averiguar cómo los miembros de la diputación
consideraron los artkulos de mayor importancia, o sean los artículos 3, 5, 24,
27, 115, 123 y 130. La votación sobre el Artículo 3 ya ha sido mencionado
con cuatro neoleoneses en contra y dos a favor. En cuanto a los Artículos
27 y 123, 1os más trascendentales de la Constitución, los cómputos difieren.
La versión oficial es que el Artículo 27 fue aprobado por votación unánime
de los 150 delegados presentes pero el Lic. Andrés Molina Enríquez, asesor
al petit comité de diputados que redactó extra oficialmente y en forma pre!bid., p. 1102
"Congreso Constituyente. Indice de CC. Diputados. 1916-1917". ( rchivo de
la Cámara de Diputados, México, D, F.).
11

18

" Diario de los Debates, II, pp. 333, 353.

397
396

�liminar este artículo, afirma que los primeros quince votos fueron en contra zo
¿Puesto que la votación fue nominal, pudo haber sido uno de éstos el voto de
Amaya? Quién sabe.
,
El Artículo 123 fue sometido para la consideración de la Asamblea el d1a
13 de enero de 1917. Ocho diputados fueron los que presentaron el anteproyecto aunque 14 lo firmaron diciendo: "apoyamos el presente proyecto de reformas" entre ellos e1 diputado de uevo León, Reynaldo Garza.21 La votación jW:to con el artículo 5 ocw-rió el día 23 y resultó la aprobación por_ los
votos afirmativos de 163 diputados de los dos artículos, el 123 en casi la
misma forma en que se presentó por el Comifé de redacción. Se supone, entonces, que los neoleoneses votaron a favor de los artículos 5 Y 123 o no participaron en la votación.
En cuanto al Artículo 24 que otorgó al hombre la libertad de prof~~ la
creencia religiosa que más le agradara y que estipuló que todo ~cto religioso
de culto público debiera celebrarse dentro de los templos que siempre e~tarían. bajo la vigilancia de la autoridad, Luis Ilb..aliturri y Plutarco Go~~~z
votaron en pro el 27 de enero cuando se presentó por la Segunda Corrus1on
y Reynaldo Garza votó en contra. No se registra la votación de los demás
miembros de la diputación.
Uno de los artículos más discutidos en el Congreso fue el 115 especia!mente las fracciones I y II que trataban del municipio libre Y la administración libre de su hacienda. Parece que todos estaban de acuerdo en cuanto a la necesidad de que el municipio fuera administrado por un ayuntamiento de elecci6n popular directa sin autoridad intermedia entre é~te Y el
gobierno del Estado (como fue con la odiosa in_s~tución del jefe políttco durante el porfiriato). Pero en cuanto a la fraccron II ~ue ~taba de la administración de la hacienda municipal, hubo mucha discus1on y, por casualidad, se mencionaron Luis Ilizaliturri y Manuel Amaya.
Rafael Martínez de Escobar, el diputado fogoso de Tabasco, en los debates sobre la fracción 11, temíó que la libertad municipal económic~ ~~ra estrujada por los estados y en tratar de obtener apo~o para el munmp10 verd~deramente libre, regañó en un discurso pronunciado el 24 . de enero a L~
Ilizaliturri "que nunca ha querido venir a hablar en esta tnbuna, y _que esta
obligado a hacerlo porque ha sido abogado consultor del ayuntamiento de
México y debe colaborar en la Carta Magna". 22 No aceptó ~lizaliturri el desafío
y tampoco hizo saber sus opiniones sobre el asunto tan IIIlportante como el
del municipio libre.
,. A uR.és MoLINA E RÍQU"EZ, Esbozo de la Historia de los Primeros Diez Año, de
la Revolución Agraria de México (México, 1936) , t. V. p. 179.
" Diario de los Debate!., II, p. 364.
= Jbid ., p. 883.

Más tarde en la misma discusi6n, el brillante Fernando Lizardi, diputado
propietario del 13 distrito electoral de Guanajuato, hizo una referencia al
bonachón Manuel Amaya en términos lisonjeros cuando se discutió el mismo asunto. Dijo Lizardj:
"Y o 110 sé, señores diputad-os, si en estos momentos debo decir un refrán que provocará la risa de la Asamblea: pero el único recurso que
me queda es ponerlo en boca de alguna de las personas que, por su honradez, buen criterio, serenidad y franqu eza, dice11 las cosas como se llaman, sin perjuicio de que se juzgue a los autores como ellos quieren.
Permítaseme por un momento imaginar que el señor Amaya, hombre
toda honradez, hombre toda sinceridad, ocupa en estos momentos la tribima, y sinceramente pongo e11 boca del señor A.maya estas palabras:
'Cuando apuntan a la barriga, todos se fruncen'. (R.isru;. Aplausos).
Pues bien, señores diputados; si los ayuntamientos no tienen libertad
económica; si los ayuntamientos no pueden administrar libremente rus
intereses, jamás serán libres''. 2ª

Al fin, la fracción II del Artícu1o 115 estipuló que los mwricipios administrarían libremente su hacienda, 1a cual se formaría de las contribuciones
que señalarían las legislaturas de los Estados y que, en todo caso, serían las
suficientes para atender a sus necesidades. Para muchos diputados la libertad lograda no fue completa. Se ignoran las opíniones de los diputados de
Nuevo León porque nunca se expresaron durante los debates.
En cuanto a la votaci6n sobre el artículo 129, más tarde el número 130
de la Constituci6n, que impone restricciones sobre la iglesia en México, e
mcumbe a los poderes federales ejercer en materia de culto religioso y dis,..
ciplina externa la interveneión que designen las leyes, se votó muy de madrugada del día 28 de enero en votación nominal pero nunca se anunci6
el resultado. Por lo tanto, no se sabe cómo vot6 1a diputacíón de uevo
León.
Aunque la fuente de información indica que hubo poca participaci6n ~n
los debates de parte de los diputados de Nuevo León, se puede asegurar
que ellos estaban activos durante las sesiones. Al prin ipio de las sesiones
las líneas de combate fueron retiradas entre los defensores del proyecto de
reformas de la Corutitución de 185 7 presentado por Don Venustiano Carranza al Congreso el lo. de diciembTe y aquellos que querían un documento más radical, aquellos que estaban determinados a redactar una constitución que básicamente cambiara la vida económíca y social mexicana. A
este último, se le consideraba como izquierdista jacobino. Entre el grupo an,. lbid., p. 899.

399
398

�t rior cu os cabecillas fueron designados como el "apostolado", se encontraban Lorenzo epúlveda, Reynaldo Cara
ic'f ro Zambrano y Manuel
may , lo últimos do. llamado los "inseparahles nue" le n .- ·• por Juan
de Dios Bojórqu z, cronista del ,ongreso. De hecho, Bojórque-L alifi&lt;·a
a
púlv da romo uno de los diputado que prcsidier n al "apo tolad ", 1
otro iendo Jo ' . Macías diputado propi tario de uanajuat y uno de
los más ilu tr ·s del Congreso.
ice Bojórque-z que Zambrano ,· púJ eda, y
Amaya fueron "in .ondicionales y devotos ' ele don enustiano. ~
t Hubo izqui rd1 tas en la dipu rión d · 1 uevo León? El 31 d enero un
Manifie lo a la ación fi1mado por noventa y cuatro diputado de la izquierda, hizo a ·u. acione coutra I s líderes d la d1:rech , o sean los diputad J. r ti -idad Macías, Luis ~{anuel R jas, Félix F. Pa1a\icini, y G rayn
ga1te calificándol s como ' tardatarios,,, 'aduladores" y "obstruc ionistas''.
Esto fu el último reventón de amargura de una serie qué
había e tallado
d de lo primeros días del omrreso entre los dos grupos de diputados. ¡ El
primer signatario de 1 s 9+ izquierdistas que firmaron te manifiesto fue el
ral. R ynaldo Gana de ue,·o León que curiosament se ha descrito antcrionnente como uno del "apostolado!" También lleva la lista el nombre d
Ramón ámez pero de ningún tro d la diputación ncoleonesa.
o-ím Bojórquez, que usó orno base el manifi to del 31 de ener , i diputad
(Amaya Garza Gonzá.lez,
nzál17, Ilizaliturri
púlveda y Zambrano)
califi ar n omo d rechistas y dos (Gámez y Garza) fueron izquicrdi tas.
pesar de que I s nstituyentes d
u vo León d jaron muy poca constancia escrita de u participa ión en el Congreso, sí conoc roas a1go de u
manera d pensar uando se redactaba la onstitución per sus pensamientos
ritos en los álbwnes de uatr diputados compañero quienes, en la última quincena de en ro, tuvieron la preV1sión de anotar para la post ridad
las piniones de ario de sus colegas, incluyendo a is micmbr s de la di-

puta ión de uevo Le6n.
Para Manuel Ama ·a, ra una uesl..ión d d re hos y de
DaVld Pastrana Jairnes, diputado de Puebla le cribió:

r .

su amigo,

La nvolucwll co11.1titucio11alista i11iciada por el ciudadano Primer Je/ e
del Ejército Conslitucionaluta Encargado del Poder Ejecutivo de la
Uni6n don V rmutia110 Carra11za ha , nseñado a los Ciudadanos a ser
esforzados y i•irilcs en la df'/ensa d su derechos y espontáneamente
exactos en el cumplimiento de sus deberes.:º
r6nic4 dtl Co'll.'ftituyente, pp. 12l 176, 229.
" /bid., pp. 555-562, 735-744.
'" " onstituyent -1917" (Album de D avid Pa.suana Jaunes. Propiedad de la Srita.
Emma Villascñor, Palenque 372, Col. 1 arvarte, México L2, D. F .).
"

Ramón GáJll z parece haber tenido algunas dudas acer a d la efe tividad
de, 1~ Constiturión, al menos como una solución al problema sociológico de
MeXJco. Lo que la Constitu&lt;'ión no podía hacer pensaba éJ la aaturali,za lo
)~aria. Su pensamiento completo, escrito el 30 de enero d 1917
cita como
1gu

Cuando el piu-blo me:cicano llegue a tener verdad ro carácter nacional
-carácter del que hoy carece- entonces y s6lo entorices. podremos
comprender que hoy llamamos patria al territorio en que hemos nacido
e~clavos: esclavos eri la conciencia esclavos en la razón, esclavos en la
ltbertad. Entretanto )' ya que nuestra obra. redentora en este Congreso
Constituyente trascienda poco al fondo del problema sociológico dejemos a la aturoleza que obre por sí misma. Ella, al menos, no es transgresora de sus leyes. 27
Para el Gral. Re maldo Garza era un asunto de haber destruído a Hu rta
por la fuer✓.a, pero la reconstrucción de
éxico tendría que s r !~grada de
otra f rma. El 19 de enero de 1917 él escribió·

Los Revolucionarios de 1913 a la fecha destruyeron el Ejército Federal
Emanado del Cuartelazo del Traidor Victoriano Hu rta y a /.os elenientos nuebos (sic) y estudiosos les toca reconstruir la naci6n Mexicana.i&amp;
Aunque Plu~rco Gonúlez estuvo presente sólo un poco ti ropo, expresó
us ,ru~tos de
sobre el patriotismo uando escribió n el álbum del Dr.
Jose Pil~ Rmz, diputado por Michoacán, qu 'el patriotismo consisL en
laborar s1e~pre por la edu~ción · engrandecimient de la Patria' _29 El 29
de enero dio un_a_ pn:;b,a sincera de su contn'bución personal al trabajo del
Con~eso _a1 ~n~Ir: . ol aporté demasiada oluntad y escaso contingente".3º
Luis Ih1.aliturn ~na~ t6 su ideas en lo que debe ser I aspecto más notabl~ de una e _n tltu ion cuando dejó e te recuerdo en el álbum d su colega,
el ~1putado Lws Fe,mánde-.l Ma~íne-L de Guanajuato: "La mejor Constitu •ión
ra la qu esté mas en armon1a r.on el spíritu público '.n •Tendría
su
. ., d
t
n
mente 1a
nst1luc1on e 1917 cuando escribió ' to? o se sabe.

:·ista_

Al Dr. Lor

1170

púlveda le locó escribir sus pensami nto sobre el pa-

"' I bid.
"' /bid.
"' "Album del Congreso Constitu.yente de 1917, Querétaro-JPR" ( Jbum del Dr.
José Pilar Ruiz, Agrarimio 57, Morelia Mkh.) .
• "Constituyentcs-1917''.
21 "Ideario de los Constituyentes', El Nacional. 5 de febr ro de 1937, p. 4.

401

400
H

�trimonio y I pr greso. Dijo él: "En la Con titución están escritas las I yes.
El patrioti mo ronsi. t c-n umRlir con ella ••_ 3 : También dijo: ·•Et origen dd
patriot~mo e el hogar. Hay que d rle hogar a los fcxicano pa' hacerlo
muy patriotas".
Pastrana Jaime-· también le ex-prcsó I scntimi nto que
sigue:

Gom.áJez quien como miembro de la egunda
'omi ión de Constitución participó en 1a n.·dac ión de 35 artículos de la
nstituci6n y quien más tard
fue d • tinado para ser mi mbro d 1 Congreso
ou titu) nte que reda tó la
Con.titurión Estatal d
uevo León de 1917.

Hoy, en el aiio de 1967 bien pod mos preguutam

En In Co11 tituciún están Neritas las le)'es, p, ro hay una ley. la del progreso, qu lo dicta cada ciudadano en su e ft'Ta dr acción. Nuedro dt:ber
es ser progresista. El progreso no es sino un simple mejoramiento. 3 •
o cabe duda de que el diputado epúl c&lt;la vio claram nte el n ·o entre
el progreso y el m joramiento si léxico se r on truía.
Hubo otros diputados en el
ngreso
nstituy nte de
uerétaro que
na ieron en u ,·o León, o de padres neoleone s pero r pres ntaron otros
e tado . Entr ellos se pueden m ·n iouar lo iguientes: oronel Dr. Gilberto de
la Fuent diputado propietario del 16 Dislrito de Puebla, que na ió n
Monterrey; Amador Lozano, diputado propietario d 1 4o. Distrito del istrito Federal, qu nació n Cadereyta Jiménez el 13 d diciembre de 1858,
uno de I s más viejos del 'oogrcso· Arturo Méndez, diputado propi tario del
2o. Distrito de an Luis Potosí, qu nació en fontemorel s el 31 de enero
de l 868; Li . Franci
Ramírez Villarrcal diputado del distrito ,Jectoral
único de Colima, qu nació en altillo de pad
regiomontaoo qu habían
ido allá por escapar de la fiebre amarilla· el Dr. Ignacio Roel, ya mencionad ¡µites coro el diputado propietario de Baja California pero nativ de
Monterrey; y el Cm l. Pedro
hapa, diputado propi tario del primer
di ·tri to de Tamaulipas. in embargo,
ignora la participación de ellos en
el
ngreso por n formar parte de la diputación neoleonesa.

esto: ¿Qu' han hec-ho
lo nrol oneses para honrar la memoria d aqueUos qu sirvi ron omo sus
diputados con ·tituyente hace incuenta ru"ios? E
ierto qu quizá sea dema.~iado temprano para comenzar a rendir hom naje a los Constitu} nte. de
191 7 pue. to q u · hace apenas muy poco Liempo los grande redacto
d la
Constitu ·ión de 185 7 no lo habían ido todavía. Y aun ahora. Jo• má de _
tarados d · Querétaro, romo Francisco iúgica Fernando Lizardi, Félix Palavicini, Pastor Rouaix, y J. atividad Macía no han recibido la aten ión
que en realidad mer cen. in embargo, ¿ no sería apropiado que calles 0
scu las, parqurs o puent s en los arios municipios de ucvo León llevaran
los nombr \ dt·
11 tín Garza G nzález, Manuel Ama.va, Ramón Gáme2,
P eynaldo Ga17.a, Luis Ilizaliturri, Plutarco Gonzálcz,
icéfo Zambran y
Lorenzo , ·púlveda? El ti mpo vuela antes de qu sean olvidados por rompleto. sus fVICJos para on uc\·o León y M 'xico ntero deberían ser
onocidos. Ila er 'sto, no sería más que un acto de justicia.

E. .

Abril de 1967

IE fEYER, }R.

Encargado de Asuntos Culturales
e Informativos
onsulado eneral Americano
Monterrey
.L.

En on Ju "ón se pued decir que i la ontribución d los diputados de
u vo León al 'on · so cl Querétar fue opaca, sí di pusieron d su ti mpo, u talento , y su honor sagrado en la reda ción de una Constitución
dedi ada a una solu ión r al a los probl mas de México basados en el ntid de justicia
ial y económjca. Aunque uperados por oradores más brillant de otros estados y por diputados que tenían una mejor preparación
n el derecho con titucional para una tarea tan importante como la redación de una nueva constitución, deberá recordarse que fueron leal a su
juramento y fueron dedicados n lo mejor de sus capa idades. Tal vez 1
miembro más d stacado de la djput.a ión d
uevo León fue I Dr. Gar7..a
onstituycntes de 1917, coleccionado en
Michoacano", p. 35.
1917".

" ". )bum de Autógrafos y Retratos de los

Querétaro por José AJvarez y Akare:z,
" "AJbum cl I ongr&lt;:.$0 onstituycnte d
" oruutuyentes-1917 '.

onstituyent

4-02

·103

�EL PF.RIODICO OFICIAL DEL GOBIER~O DE NUEVO LEON
EN EL SIGLO XI X
Ts!ORO V1ZCAYA CANALES

1nstituto Tuno[ ígico de Montency

EL GOBIERNO DEL ESTAt&gt;O de Nuevo León publicó por primera vez un Periódico Oíi1wl el 3 de agl•~to de 1826. f,st, periódico. no sólo t~ el más
antil{110 de Monterrl'y, sino de•! norte· de Ml·xico. Es igu.clmC'nlc probable que
Xui·vo L,'f,n hara sido uno de los prirn&lt;'r, , ,-stJ.dt)s que nwif"r"n su Periódico
Oíit íal. En una cokrción en microfilm de los pct iódiros oficialc•s de los Estados
de la RepÍtblica Mexicana que l':\.;stc en la Biblioteca del (',ongrc.so de los
Estados Unidos, aunqur. no cs completa, sólo del estado dt• Yuratán hay
números m{lS antiguos que del de: Nuevo l..&lt;'ón.
Los diversM nomb,.-s
En su hrga vicia. 1•1 Periódico Oficial ha aparecido bajo muy di\'rrsos
nombres. Los cambios ele gobierno fueron la causa más frecuente de alguna
moda ficar 11'.,n en c-1 título; loS nombres que ha tenido este periódico son los
sigui1·11tes:

GACE1'A Co~STITUCIO:-.AI. 111,: NtrF.VO

Lti&gt;N

Agruto de 1826 a Xouin11b1,· de 18.15

..

El pnmer nÚml'ro del Periódico Oficial con este nombrt', apart·ció t·I 3
de agosto tic 1826 )' el últim11 el 12 de noviembre de 1835 Se ¡,11blit ,·, semanarianwnte y tiene una numeral"ión corrida que va desde el número 1
hast.1 el 486. fJt'.Sdc los primcrru aiios, salieron wn frecuencia númrros complementarios, CtJando hahía noticias importantes, dándoi,clcs a fsto~ los nom-

t-05

�bres ele Gaceta Extroordi11aria o upl,•menlo a la Gaceta. El año de 1833
empiezan a aparccer otros números complementarios con el nombre de Alco11ces.

Poúr,co DEL Go»mR o OE
Evo LEó.
ovie'mbre de 1835 a Octubre de 184ó

!!lllla fecha entre el 19 de abril y el 16 d ag to &lt;le 1819, pu no se han
podido \'Cr número entre estas fecha , y ya para la última había cambiado
de nomb1 .

EMANAruo

EL , RGA.;

ÜFfCIAL DF.L

'PRF.. 10

OBlER O DEL

E 'TAO

LlBRr. DE

llEVO LEÓ

Este cambio de nombre fue ocasionado por la sub titución del isterua de gobi mo fedcrali ta por el c ntralista. El primer ní1mero del periódico con te
nombr apareció el l de novi mbre de 1835.
1 principio se igu una numeración orricla hasta el núm ro 164 de f cha 27 de dici mbr de 1838. El
número siguient d 1 3 de en ro de 1839, aparece orno el primero de un
Tomo eg1mdo. De aquí n adclant continúa la división de tomo·, aunque
sigui ndo un sistema arbitrario n ta división, pu s I tomo s gundo por
ejemplo, e tá formado por 96 númer s y el ter ero por 156. D I tomo quinto
no se onoce más que el núm ro 1 d fecha 6 de octubre de 1846, y es
posible qu sea I único que se haya publicado, pues unos días antes (28
de ptiembrc) el ej~r ·to invasor american había ocupado Mont rrey. Parece qu
n este número e uspendió la publicación del periódi o ofi&lt;·ial
hasta abril de 1848.

EL PATRO ·o DEL

P

EBLo

Mayo de /839

El 25 de abril de 1839 1 general Pedro L mu ocupó Monterrey pr ·Jamando el
tabl imiento del federalismo. E t militar
vi obligado a
va uar la ciudad el ·f de junio. El Patro110 del Pueblo fu el órgano oficial
de e te e[ím ro régimrn. El prim r númer apareció el 2 de may y I núm ro
5, que parece er el último, el 30 de mayo. La publica i6n d l S ma11ario
Politico se suspendió de de l 25 de abril hasta J 27 de junio de 1839.

(?) a Julio de 1853
cambio de nombr del periódico se ontinúa I numeración del anterior. El torno primero e ci rra e n I número 143 del 26 d
diciembre de 1850. En I núm ro I d I tomo gundo de fecha 2 de enero
&lt;le 1851 . uprime la palabra El al principio del títul y n el núm ro 8
d J tomo tercero de f ·cha J3 el ner d 1853, se suprim la palabra Libre.
El núme
32 del t rccr tomo, e: r pondient al 7 de juJio de 1853 fue
el último que se publicó c.on este nombre.

Pmuómco ÜPICIAL DEL GoBTl!RNO DEL ESTADO DE
Julio de 1853 a layo de 1855

ÓRGANO ÜFICIAL OEL

OBl.1,;R O l&gt;EL

Abril d

Este fue I nombr que se di al
eóa al rminar la guerra c n los
1 funcionamiento de las autoridad
apa~ ió el 6 de abril de 1848 y

406

E

TADO DE

LEÓN

Este cambio de nombr fue motivado por el tablecimiento una vez más,
del ,&lt;-gimen rentrali ta durant el último
bi mo del general ntoni Lópe-z de Santa Alma. El número 1 d I tomo prim ro d
te peri6dico apareció el H de juli de 1853. En I número 13 d fecha 1 de octubre d
ese mism año la palabra Estado s ustituida por Departam 11to. El últim
número fue el 97, orre pondiente al l 7 d may el 1855.

RE n RAOOR DE LA LmERT
Oficial del Gobierno del Estado Libre y Soberano de
Mayo de J855 a S ptittnbre d J858
EL

Pcriódic

fu.

UEVO

ucvo León

UEVO LEÓN

1848.a (?)

periódi
Cicial
u o
•stados
normafüar
e tata! . El número I del primer tomo
I periódico llevó e te nombre hasta al-

Esta publicación fue el periódico oficial del gobierno d don antiag Vidaurri qu habiéndose pronun iado n Lampazo d J 3 de mayo de 1855
rnntra el régimen de anta Anna, ocupó :Monterr y el 23 d may . El núm ro I del primer lomo de e te p riódic apareció 1 28 de mayo de 1855
y el último parece ser el número 23 d I tomo gundo de fec·ha 26 de septiembre ele l858. El prim r número que se publicó no ti ne subtítulo y

407

�desde el número 40 del primer tomo de fecha 8 de abril de 1856, el subtítulo aparece en la siguiente forma: Periódico Oficial. del Estado Libre y
Soberano de Nuevo León y Coalmila, por haber decretado Vidaurri (19 de
febrero) la unión de oahuila y uevo León.
Este periódico apareció con mucha irregularidad, pues con frecuencia era
sustituido por Boletines Extraordinarios y Boletines Oficiales. El p ríodo más
largo en que no aparece El R estaurador es entre el lo. de enero y el 29 de
agosto de 1858.

BOLETÍN EX-rRAORDIN ARIO

Voz DE LA FRONTERA
Periódico Oficial del Gobierno del Estado Libre y Soberano de
y oahuila
Noviembre de 1859 (?) a Abril de I 860
LA

uevo León

Este fue el órgano oficial de la administración que siguió a Ja de don antiago Vidaurri, pu debido a un conflicto de éste con el gobierno del Centro fue. ?e.salojado de su puesto el 25 de septiembre de 1859. Parece que
este penódico se empezó a publicar el mes de noviembre de 1859 y es probable que el último núm ro sea el 26 con fecha 4 de abril de 1860.

Junio y Julio de 1855

El número 1 de esta publicación apareció el 26 de julio de 1855 y el último, que fue el número 6, es de fecha 24 de julio del mismo año.

BoLETlN OFICIAL

Julio de 1855 a S eptiembre de 1859 (?)

Esta publicación continúa la numeración de la anterior y el primero, que
Jleva el número 7 es de fecha 29 de julio de 1855. egún parece la numeración es corrida hasta el número 46, correspondiente al 9 de diciembre
de 1855, olviéndose a iniciar la numeración a principios del año de 1856.
En septiembre de este mismo año vuelve a empezar la numeración, pero on
la indicación Tercera Epoca, apareciendo on mucha frecuencia, pues el de
fecha 25 de noviembre lleva el número 25 de esta s rie. Esta publicación
aparece varias veces el año de 1857 y muy seguido en enero de 1858 si.empre sin numeración. Empieza otra vez con el número 1 el 15 de febrero
de 1858 y continúa la numeración corrida hasta el número 53 de fecha 21
de agosto de 1858.
Hay varios Boletines Extraordinarios en septiembre y octubre de 1858 y
el 20 de octubre de este mismo año empiezan a salir otra vez los Boletines
Of íciales, sin numeración, continuando su publicación durante casi todo el
año de 1859. No salió durante todo este tiempo ningún otro periódico, pues
el último número de El Restaurador de la Libertad parece er de fecha 26
de septiembre de 1858.

EL RE TAURADOR
Periódico Oficial del Gobierno del Estado Libre y oberano de
y Coahuila
Noviembre de 1859 (?) a Abrü de 1860

u vo León

Este fue el órgano oficial de la adnúnistración que siguió a la de don
Santiago Viudaurri, pues debido a un conflicto de éste con el gobieron del
Centro,!~~ desalojado de su puesto el 25 de septiembre de 1859. Parece que
este pcnód1co se empezó a publicar el mes de noviembre de 1859 y es probable que el último número sea el 26, con fecha 4 de abril de 1860.

EL RESTAURADOR
Periódico Oficial del Gobierno del E tado Libre y Soberano de
y Coahuila
Abril a Junio de 1860

uevo León

~uelve a publicarse este periódico al regresar ( 11 de abril d 1860) al
gobierno del estado don antiago Vidaurri suprimiéndose ahora la segunda
parte del título de la Libertad. El número 1 apareció el 12 de abril de 1860
y el último que fue el número 28, es de focha 28 de junio del mismo año.

BoLETÍN OFICIAL

Julio de 1860 a Marzo de 1864-

Fue ésta la publicación que substituyó a El Restaurador durante el resto
d I gobierno de Viudaurri. El primer número apareció el 6 de julio de 1860

408

409

�y siguió saliendo on frecuen ia aunque írr gularmente, hasta el 20 de marzo de 1864.
idaurri se vio obligado a abandonar el gobierno de u vo
L ón el 25 de marzo ante el avan e de las fuerzas enviadas por Juárez en
su contra.
En esta ocasión, el Boletín está todo numerado, iniciándose cada año la
numeración. El total de números publicados fuemn: 50 en 1860, 86 en 1861,
85 en 1862, 81 en 1863 y 22 en 1864. Los números del 11 al 15 correspondientes al año de 1864 y que aparecieron entre el 11 y el 15 de febrero

llevan por título: Boletín Oficial Extraordinario.

LA ÜPINIÓN
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Nuevo León
Abril a Agosto de 1864

un subtítulo que, d_ecía: Periódico Politico, Literario }' Comercial. El número 63 fue el ulllmo de este periódico y apareció 1 9 de abril de 1865.

BOLETÍN Ü.FICIAL

Abril a

Junio

de 1865

_El 12 de abril de. 1_8~? volvieron a ocupar Monterrey las fuerzas republicana~ Y el 14 s~ relllic.io la publicación del periódico oficial bajo e te nombre. JSolo
· · d't(l en
í aparecieron. 1 7 números' I último con fecha 7 de Juruo,
que as uerzas republicanas volvieron a abandonar la ciudad de Monterrey.

LA GACETA DE MONTERREY

Periódico Político, Literario y Comercial
Este fue el periódico oficial del Estado, durante el tiempo que Juárez
tuvo stablecido su gobi mo en Monterrey pues llegó a esta ciudad el 3 de
abril y la abandonó el 15 de agosto de 1864 y La Opinión empezó a salir
el 21 de abril y el último que fue el número 17, salió el 11 de agosto.

BoLETÍ

ÜFIClAL

En esta ocasión parece no se publicó más que un número con fecha 18
de agosto. Esto fue durante el corto gobierno del coronel Julián Quiroga,
que habiéndose pasado al Imperio de Maximiliano, ocupó Monterrey poco
antes de la llegada del ejército francés-.

LA GACETA

Septiembre de 1864 a Abril de 1865

Este periódico fue 1 órgano oficial del gobierno imperial en uevo León,
pues el general franc' Castagny ocupó Monterrey el 26 de agosto de 1864
y ] primer número de este periódico apareció el 4 de septiembre. Tuvo
esta publicación la característica de que en lugar de haberse dividido en
tomos como los anteriores, se le dividió n aiío.r. Desde el número 18, correspondiente al 2 de noviembre de 1864 se le denominó La Gaceta de M onterrey y del número 25, con fecha 27 de noviembre en adelante, se le agregó

Segunda Epoca
Junio de 1865 a Julio de 1866
Empie1.a a p~blicarse este periódico a] volver a ocupar lo imperiali tas
Mo~terrey. El numero 1 del Año Segundo es de fecha 25 de junio de 1865
cerr:m~ose e~te Año Segundo ~on el número 50 del 13 de diciembre de 1865.
El ~l~o numero de este. penódico fue el 58 del Año Tercero de fecha 25
de _J~~o de 1866. Las fuerzas francesas evacuaron la ciudad de Monterrey
def1mttvamente el día siguiente.

BoLETÍN

Julio y Agosto de 1866

El,número 1 de esta publicación apai:ece el 28 de julio y el último que fue
el numero 7, el 15 de agosto.

PERIÓDICO ÜFIClAL

Del Gobierno del Estado Libre y oberano de uevo León
Agosto de 1866 hasta el fin det siglo
Es éste el nombre que adoptó definitivamente el periódico del
b'
del Estad
1, ·
b.
go 1erno
o Y e um o cam 10 en el resto del siglo XIX sera' que d urante d os

411

�períodos de vanos años, se suprimirán del subtítulo las palabras Libre Y
Soberano. El número l del periódico con este nombre apareció el 18 de
agosto de 1866 y se publicó con mucha regularidad dos veces por semana.
Los tomos, fueron de 100 números cada uno y hasta el fin del siglo se habían publicado 34.
. .
.
Durante muchos años, el periódico oficial, con sus dístmtos nombres, siguió publicando números complementarios cuando alguna noticia extraordinaria Jo hacía necesario. L&gt;s .Alcances aparecieron hasta el año de 1872.

Los Editores
Por casi tres décadas no aparece en el Periódico Oficial el nombre de ninguna persona Iesponsable a cargo de la redacción. ~ólo se inse~ ~1 nombre
del encargado de la imprenta. Las personas que realizaron este oficio durante
el siglo XIX fueron las siguientes:
Lorenzo Antonio de Mela
Manuel Maria de Mier
Sixto González
Trinidad de Mier
Antonio González Dávila
Francisco del Pozo

Francisco Malina
Froylán de ]:v.iier

F. Malina
Viviano Flores
José Sáenz

del 3 de Agosto de 1826 al 31 de
Enero de J828.
del 7 de Febrero de 1828 al 19 de
Febrero de 1829.
del 12 de Marzo de 1829 al 28 de
Junio de 1832.
del 12 de Julio de 1832 al 6 de
Septiembre de 1832.
del 13 de Septiembre de 1832 al 10
de Enero de 1833.
del 17 de Enero de 1833 al 12 de _.,
Septiembre de 1833.
del 19 de Septiembre de 1833 al 23
de Octubre de 1834.
del 30 de Octubre de 1834 al 6 de
O tubre de 1846.
del 6 de Abril de 1848 al 3 de Marzo de 1853.
del 10 de Marzo de 1853 al 16 de
Enero de 1894.
del 18 de Enero de 1894 en adelante.

Por primera vez figura un redactor responsable del periódico oficial en
El Restaurador de la Libertad, Tomo Primero, número 28 de fecha 15 de
412

enero de 1856, en el cual dice simplemente: "Por las noticias sueltas, Simón
de la Gana y Melo". En el número siguiente~ de fecha 22 de enero, sigue
figmando la misma persona, pero se cambia la redacción pues dice: "Por
las noticias diversas .. ."
No se ha podido saber con exactitud cuándo dejó de figurnr Garza y Melo
como responsable, pues no se han podido ver algunos números del periódico de este período, pero ya para el número 40 de fecha 8 de abril, había
cambiado el responsable pues dice: "Por las inserciones y diversas materias,
Manuel G. Rejón". En el número siguiente de fecha 15 de abril ya figura esta misma persona como "Redactor y Editor responsable". Sigue Rejón
desempeñando este puesto hasta fines del año de 1856 en gue es sustituido
por Jesús Garza González y en agosto vuelve a responsabilizarse Rejón hasta
septiembre de 1858. En los dos últimos números de El Restaurador de la
Libertad, aparece como responsable Ignacio Galindo.
En los Boletines, que desde octubre de 1858 hasta septiembre de 1859,
substituyen a El Restaurador, el responsable es Jesús Garza GonzáJez. Al ser
desalojado Vidaurri del gobierno del Estado y adoptar el periódico oficial
el nombre de La Voz de la Frontera, estuvo éste a cargo de Juan N. Margain.
El 13 de marzo de 1861 vuelve a aparecer Manuel G. Rejón como responsable del Boletín Oficial hasta el 10 de diciembre de 1862 en gue es substituído
por José María Leal, el cual continúa hasta el 20 de marzo de 1864 en que
deja de publicarse el Boletín al abandonar Vidaurri por segunda vez, el gobierno del Estado ante el avance de las fuerzas juaristas.
La Opinión, el periódico oficial publicado durante la estancia de Juárezen Monterrey tuvo como responsable a Pedro Dionisio de la Garza y Garza.
En cambio, José Ma, Quiroga aparece como el "editor responsable" del primer
período del periódico imperialista La Gaceta de Monterrey y A.M. ortés
durante 1a "Segunda Epoca" de esta publicación.
El primer responsable del Periódico Oficial al empezar a salir definitivamente con este nombre en agosto de 1866 fue Pedro J. Morales. Durante las
siguientes tres décadas los cambios de redactores fueron muy frecuentes,
algunos de ellos desempeñaron el puesto en varias ocasiones. Así, por ejemplo, Emeterio de la Garza fue el responsable en tres ocasiones distintas entre
los años de 1870 y 1878; Juan J. Barrera en cinco ocasiones entre 1877 y
1882 y Hermenegildo Maldonado cuatro veces entre 1880 y 1885. Otros
redactores del Periódico Oficial en esta época fueron: Juan Peña, Jesús
Treviño, Hennenegildo Dávila Juan B. Sáncbez, V. de la Garza y Míreles,
Juan de Dios Villalón, Jo é María Garcla Luna, Francisco P. Serna, Enrique
Go.rostieta, Lic. Francisco E. Reyes y Lic. Teodoro Roe!. Este úJtimo que
desempeñó el puesto de responsable entre diciembre de 1888 y septiembre
de 1889, ya no fue substitwdo, pues de allí en adelante aparece como respon-

413

�sable "La Secretaría d Gobierno'. Ya en varias ocasiones anteriores, durante
cortos período , había aparecido la ecretaría como responsable. El año de
1872 se informaba que suprimirían I puesto de redactor por ahorro, pues
le costaba al E tado mil pesos al año.
Características del Periódico Oficial.

En la época actual, los periódicos oficiales se dedican exclusivamente a la
publicación de diversos asuntos de carácter legal como acuerdos, decretos,
r("soluciones y avisos judiciales. El Periódico Oficial de Nuevo León en el
siglo "IX, aunque fue cambiando a través del tiempo, tuvo características
muy clistintas.
iempre incluyó las informaciones legales que caracterizan a los periódicos
modernos de esle tipo, pero en otro aspectos fue imilar a muchos periódicos
no oficiales de la época. En sus columnas se incluían noticias tanto locales
y nacionales como int macionales. Igualmente aparecen, en casi todos sus
número , poesías, ensayos y otros trabajos de carácter literario. Son también
numeroso los artículos de divulgación técnica y cientíüca. Además publicaba
anuncios.
En ]a recreación de la historia, tanto regional como nacional el Periódico
Oficial constituye una fuente de primera importancia. Trae abundant informa ión sobre lo diversos planes &gt;" revoluciones, lo mismo que numerosa
correspondencia entre personajes importantes en la vida política del país.
Algunos de los asuntos de carácter nacional de los cuales la información es
más profusa son: la e:&gt;..-pedición de "Barradas, el problema de Texas, el conflicto con Fran ia los añ.os de 1838-1839, la guerra con los Estados Unidos,
la revolución de Ayutla y la Guerra de Reforma, y la intervención Francesa

Las Coiecci&lt;mes drl Periódico Oficial.

En Monterrey existen tres colecciones principales del Pe1iódico Oficial: n
el Archivo General del Gobierno, en la Biblioteca Cervantina del Instituto
Te nológico y en la Biblioteca Universitaria Alfonso Reyes.
En la preparación de este trabajo se han utilizado las dos primeras. La
colección en la Biblioteca
niversitaria Alfonso Reyes sólo comprende los
años correspondientes a las tres últimas décadas del siglo pasado. La colec~ón que
encuentra n la Biblioteca ervantina aunque muy incompleta,
mcluye algunos números de casi todo los años, aún varios que no se encuentran en el rchivo General del Gobierno.
Esta última colección
la más completa, pues de los 74 años en que se
publicó el periódico en el siglo pasado, sólo faltan 8 años completo y otros
22 años se encuentran incompletos aunque en aJgw1os de ellos sólo faltan
uno o dos números. Además junto con esta colección del Periódico Oficial se
encuentran empastados muchos números complementarios d I mismo periódico y que aparecieron con los diversos nombres de: Números Extraordinarios,
Suplementos y Alcances, lo mismo que otros impresos de índole muy diversa.
En varios de Jos archivo municipales del Estado d
uevo León, existen
bastantes números del Periódico Oficial. Es posible que recogiendo estos periódicos dispersos se pueda completar o cuando menos suplir algunas de las
deficiencias que existen en la coleccjón principal del Archivo General del
Gobierno. El valor extraordinario de esta publicación, hace urgente esta tarea.

y el S gundo Imperio.

De carácter local es especialmente importante la información sobre incursiones de indios bárbar s. La información es también abundante en lo relativo
a los cambios de gobierno, contrabando, abigeato, salteadores y otras formas
de delincuen ia lo mismo que acerca de personajes destacado , no sólo en
Ja vida política, sino en otras acti idades. Los anuncios, avisos judicia_les, y
en Jos últimos tiempo , los acuerdos de ex nción de impuestos, proporcionan
datos abundantes sobre el desarrollo económico. Es también numerosa la
informa ión sobre educación y profesionistas, lo mismo que con relación a
ferias, teatro y otra diversiones. Los anuncios de repre entacione,&lt;; y las crónicas teatral s, sobre todo en las décadas ompreudidas entre 1860 Y 1890,
proporcionan un panorama bastante amplio de la actividad teatral en el
Monterrey de sa época.

415
414

�LA

C.u,IPA.ÑA ELECTORAL:

1936. 1

DRA. MARIA GUADALUPE MARTÍNEZ 81!.RRO.NES

Facultad de Filosofía y Letras.
Universidad de Nuevo León

Sumario: !.-Presidencia de Alcalá Zamora. Il.-La contienda elecloral: Derecha contra I zquierda. (Principales Jefes Políticos: José Ma. Gil Robles, Jefe de la C.ED.A.,
Manuel Azaña, Jefe deJ Frente Popular y Largo Caballero, de la filiación marxista). 111.-La propaganda electoral. IV.-Los que atacaban a las Derechas. V.Petición de aplazamiento de dccciones. VI.-Candidaturas para las Diputaciones.
VII.-En víspera de las e.lecciones. VIII.-EI resultado final. IX.-Ultimo Consejo
de Ministros. Dimisión de Portela Valladares. Presidencia de Miguel Azaña. X.Conclusión: La Guerra Civil Española.

l.

PRESIDE GIA DE

D.

ICETO OE ALCALÁ ÜMORA

D. ICETO DE ALCALÁ ZAMORA, el presidente de la República fil! 1936, católico y conseivador, puso fin al "bienio negro" al disoJver las ortes. Mas, en
su gobierno, poco a poco vio decaer su fuerza al ser atacado tanto por las
Derechas como por las Izquierdas al formarse los dos grandes partidos de
la C.E.D.A. -Confederación de Derechas Autónomas- y 1 Frente PopuJar,
dirigidos por José Ma. Gil Robles y D. Migu I Azaña respeclivamente.
En esa época, Gil Roble.s trató de adquirir el poder en la presidencia del
Consejo, .mas no Ja alcanzó, ya que Alcalá Zamora 1o consideraba como
decidido adversario del régimen parlamentario. A. Z. nombró a Portela VaUadares como Presidente del Consejo, uya misión era la preparación de las
' Dedicatoria: AJ Dr. Vicente Palacio Atard distinguido catedrático de los Cursos
de Doctorado en la Universidad Central de Madrid, Profesor mío en el año 1965-66,
en mi estancia en la Madre Patria. Con Agradecimiento. La autora.

417
H

�elecciones. Este, a su vez, en su debido tiempo le presentó el decreto de
disolución de las Cortes y se fijó, también por decreto, la fecha de las próximas elecciones, el 16 de febrero de 1936.

II. LA

CoNTIENDA ELECTORAL: DERECHA CONTRA IZQumRDA

(Principales Jefes Políticos: José Ma. Gil Robles, Jefe de
la C.E.D.A., Manuel Azaña, Jefe del Frente Popular
y Largo Caballero, de filiación marxista) .
Lo que se discutía en las elecciones y se ventilaba en la contienda electoral
eran los acontecimientos de los últimos años, la represión de 1934, la reacción revolucionaria del ''bienio negro" y el movimiento obrero, puntos éstos
que tenían bloques plenamente opuestos. Se formaron vastas c~aliciones de
diferente orientación ideológica. Mas toda la publicidad encammada a este
fin, requería fondos económicos.
En 1933, la derecha, en las elecciones, tuvo menos votos que la izquierda
pero dos veces más de diputados.
En la segunda propaganda electoral para la contienda de febrero 16 del
36 hubo una fuerte propaganda de la C.E.D.A., y Gil Robles se coaligó
co~ un gran número de organizaciones de derecha que se ~abían ~anteni~o
al margen en 1933. Gil Robles daba a entender que su tnunfo sena el fin
de la República y el advenimiento de un régimen autoritario. Se formó el
partido de "Derecha-Centro" en contra de la otra gran coalición de izquierdas
que formó a su vez el Frente Popular.
El Frente Popular, en la aliai;iza del 15 de enero de 1936, estaba formado
por los partidos domin,tntes siguientes : La Unión Republicana de Martínez
Barrio, ]a Izquierda Republicana de Azaña, el Partido Socialista, la U.G.T.
-Unión General de Trabajadores-, el Partido Sindicalista de Angel Pestaña el Partido Comunista el P.0.U.M. -Partido Obrero de Unificación
M~ta- entre otros, los que fijaron un programa de gobierno que dieron
a 1a publicidad.
En cambio, la e.En.A. y el Partido "Derecha-Centro" no daba a la publicidad un programa concreto, hecho éste que se le atacaba. Gil Robles,
solamente decía que había un Indice de necesidades y problemas de la España que era necesario tratar de resolver. Su ideal era negativo: anti-marxista anti-revolución.
A~ pues, los grandes contrincantes en esta campaña electoral eran: Gil
418

Robles, de derecha y Miguel Azaña y L argo Caballero de izquierda, principales jefes políticos.
José Ma. Gil R obles, jefe de la "Acción Popular", periodista del "Debate",
hijo de un jurista católico, disdpulo brillante de los Salesianos de Salamanca,
casado con la hija de un Conde riquísimo, tenía grandes cualidades para
ser dirjgente político : buen organizador, orador capaz y muy· activo, tomó
como modelo al Jefe austriaco Dollfuss y a su Estado Corporatista. Logró
unificar las Derechas Autónomas en el período 1934-36, formando como decíamos la C.E.D.A. Su fin era crear un Estado de tipo "republicano", dentro del régimen parlamentario mas sustituyendo todo carácter "laico". Escribió en el Debate: "la democracia no es para nosotros un fin sino un medio
de ir a 1a conquista de un estado nuevo. Cuando haya llegado el momento,
o bien las Cortes se someterán o bien nosotros las suprimiremos".
Gil Robles tendía a abolir toda etiqueta de "monárquico" en su partido.
Señalaba que los Monárquicos con su política contra los Republicanos orillaban
a la posibilidad de una revolución que crease una "república comunista".
Manuel Azaña, jefe de la "lzquierda Republicana'', hombre "pequeño y
rechoncho de tez biliosa y verdosa, de ojos fijos y sin expresión" era un
buen orador parlamentario pero un mal tribuno. Presidente del Consejo en
Octubre de 1931, adicto al Régimen Parlamentario, Azaña representa para
la Historia a los republicanos españoles. ació en Alcalá de Henares, de
familia acomodada, alumno brillante del Colegio de los Agustinos del Escorial,
poco después fue un anti-clerical. Se dedicó por un tiempo, más a la literatura que a la politica. Fue Presidente del "Ateneo" de Madrid. Desempeñó
un papel .importante en el Movimiento Republicano contra la Monarquía.
Encabezó al gi:upo de los Diputados de "Acción Republicana". Y como la
mayoría de los republicanos, admiradores de una Francia Burguesa, soñaba
con una República de orden y de equilibrio guiada por personalidades notables y apoyada por una burguesía de campesinos propietarios. Mas persuadido por una serie de "reformas" tales como la Expulsión de los Jesuitas,
1a secularización de los b.ienes de los Cementerios -ley nociva, vejatoria y
humillante-, y la Reforma Agraria, según los Artículos 26, 27, 48 de la
Constitución del 31, y otros, decepcionó a muchos de sus sirnpatizant.es. Después de la Revolución de Octubre, aunque no tomó parte directa, fue perseguido y encarcelado mas logró su liberación y recobró nuevament.e las
simpatías de los republicanos y socialistas que querían ver una España renovada. Su ideal era tener "un verdadero estado liberal, laico, democrático
y de regeneración de la sociedad mediante una reforma agraria que convertiría en propietarios a millones de campesinos sin tierra". (p. 50. Pierre
Broue y Emile Témime. La Revolución y la Guerra de &amp;paña, t. I. Tiempo
Presente. México. F.C.E. la. ed. 1962).
419

�Francuco Largo Caballero. del Partido Socialista, secretario de la .G.T.
-Uníón General de Trabajadores-- nacido de una familia miserable en
Madrid, en 1869 comen1.ó a trabajar desde ]a edad de ocho años para
subsistir. Aprendió a leer a los 24 años. Obrero en 1890 se afilió a la U.G.T.
En 1894, al Partido Socialista. En 1917 fue cond nado a muerte sentencia
que se le conmutó por los trabajos forzados; fue amnistiado en 1918 al ser
elegido Diputado a las Cortes. Fue Ministro de Trabajo en el Gobierno republicano de Azaña. En esa época tuvo disgustos personales con el Presidente de la República Alcalá Zamora, por motivos de "reformas sociales'
y a partir de entonces buscó otro camino para Jlevar a efecto sus ideales
or«anb..a.ndo la "Alianza Obrera". Posteriormente con sus "ideas marxistas"
t&gt;
sin baber leído a Marx se hacia llamar merxista -y arremetió contra todo
ideario político que tendiera a una verdadera Democracia. Tuvo ligas con
el Comintern y puso a España al borde de ser romunista. A los 67 años,
Largo aballero, encarcelado, se puso a leer por primera vez a Marx Engels,
Trotsky, Bujarín y Lenin. L.C. fue llamado el "Lenin Español". Se entusiasmó con la Revolución rusa. J.R. Bloch uno de sus biógrafos lo retrata así:
"de una vejez robusta. . . la cabeza calva. . . cuadrada, el rostro pesado, la
frente obstinada, la boca amarga, el modelado de la cara bello y d licado en
su forma, los ojos claros, terriblemente cansado", a los sesenta y tantos años.
Fue el ídolo de los trabajadores madrileños por su origen obrero como ellos.

nr. LA

PRoPAGANDA ELEcToRAL

El periódico "Política', diario de Izquierda Republic.ana, de fecha lo. de
enero de 1936, .publica el resultado de los acuerdos del Consejo celebrado
el día anterior.
Portela Valladares explica a los periodistas que en las alianzas ·electorales
no iba a permitir wurse con los enemigos- del Gobierno. Dice que "todo
Gobierno forma una unidad y es el presidente, según la Constitución, quien
encabeza y recoge esta unidad de pensamiento político ' y que por ello no
podía admitir alianzas electorales contrarias a la República. De aquí que
surgió la crisis en el Consejo y disgustos entre los Ministros.
En estos momentos se temía ya una revolución interna por "la hostilidad
implacable entre derechas e izquierdas".
El Presidente de la República, Alcalá Zamora, por su parte, se sostenía
en la política de su posición-centro, política republicana cuya misión electoral
era ejercer su más alto poder en la illlparcialidad y en la ley.
Según los datos dados a la prensa por el Sr. Alvarez Mendizábal, el Con-

sejo de Ministros daba un voto de confianza al señor Presidente, en esos
momentos de lucha política,
En el mismo periódico "Política" de fecha lo. de Enero de 1936, se señalan
las fallas del 'bienio anterior", debidas a la incapacidad de sus dirigentes
para administrar el Gobierno y por sus "bravatas intolerables". Que la victoria
electoral de 1933 no justificaba que se hubiesen infiltrado en el Gobierno
partidos cuya bandera era "contra 1a Constitución" y "conlra el régimen.. .''
'Por encima de las inclinaciones personales y de los intereses partidistas de
los componentes del Gobierno· por encima de las pretensiones electorales que
pueda tener, está 1a necesidad apremiante de que se ponga fin a la bochornosa situación en que colocó a España la crisis de octubre de 1934".
Por su parte, las Izquierdas
han amplia publicidad a Ja impopularidad
de las ort-cs, y opinaban que, por consiguiente, era necesario abolirlas. En
'Política" el 3 de Enero de 1936 se anota: "Se trata de unas Cortes inservibles impopulares desacreditadas, condenadas a muerte a fecha fija que
han entrado en colisión con los altos intereses de la República .. .'' "La República española es constitucional y parlamentaria· pero no a ratos sino
si~~re. Las Cortes que van a morir lo han olvidado constantemente~ con
oDl!Slones y extravíos tejieron su propia mortaja. La defensa que de elJas
hace alvo Sotelo es su mejor epitafio".
Las Derechas, a su ez, hacían su propaganda, en e] Debate de fecha 3
de -~ncro del 36: "Con el año nuevo entramos así en el período de preparac1on de esta gran batalla ciudadana". . . "se trata de disputar n2.da menos
que los destino de Espai1a" ... "El frente revolucionario proclama alevosamente su verdadera naturaleza y carácter. 'Somos los de octubre' han dicho
Y su anunciado programa es en esencia la sovietización de España". . .
'
Gil Robles expresa: "Estas Cortes han realizado una labor fecundísima
y aun podían haber seguido realizándola. Además no son incapaces para 1~
refonna constitucional" . . . (El Debate, 7 de Enero de 1936).
Ahora bien los Monárquicos querían que continuasen las sesion&lt;',s de las
Cortes que estaban suspendidas hasta fines de enero. Por lo tanto, tomaron
una actitud de reserva con dos proposiciones acusatorias: "una contra los
ministros y otra contra el presidente de la República".
Portela Va11adares, entretanto, mantenia una actitud de suspenso.
Calvo Sotelo y Goicochea continuaban, sin embargo, su propaganda de
resurrecci6n de las Cortes.

El 7 de enero de 1936 hubo sesión de la Diputación Permanente constituida por D. antiago Alba, Presidente· D. Manuel Jiménez Fernández VicePresidentc; D_· J~sé Ma. Lad~~a, D. Francisco Largo Caballero, Don Miguel
Maura, D. S,gfrido Blasco Ibanez y otros. Esta Diputación había sido desig421

420

�nada e instituída por la misma Constitución de la República, cuyas funciones
eran distintas a las de ]as Comisiones Parlamentarias.
D. Manuel Azaña y el Sr. Salmerón, Pte. y Sri.o. del Partido de Izquierda
Republicana, en Asamblea provincial, daban a publicidad la buena marcha
de todas las organizaciones en vista a la próxima contienda electoral.
Por fin, el 8 de Enero del 36, se dio a conocer el Decreto de Disolución
de Cortes y el de Convocatoria a elecciones para el domingo l6 de febrero
del mismo año.
Política, con fecha 8 de Enero del 36, publica lo siguiente acerca de 1a
disolución de las Cortes: 'Lo que acaba de morir no era un Parlamento legítimo porque nació de la corrupdón electoral y s apoyó sobre una mayor
que no representaba el mayor número de V(tWS en el país. No tuvo aliento
para crear sino para destruir. Vivió siempre a espaldas de la legis1ación republicana o contra ella..."
Por otra parte, Portela Valladares explicaba la conducta del Gobierno:
Que era evidente que no se había cometido transgresión constitucional alguna
al suspender las sesiones de las Cortes. (Se fundamentaba en el Artículo 81
Constitucional).
En tanto que los Partidos Republicanos de Izquierda, a través de una
nota dirigida al Gobierno, pedían unas "condiciones mínimas de neun·alidad
política" en vísperas de las elecciones. En dicha nota, suscrita por el Sr.
Amós Salvador, pedían:
lo. "Respeto escrupuloso a todas las garantías con. títucionales, al fin restablecidas por decreto...
2o. Libertad de los detenidos ilegal o gubernamentalmente y rápida su tanciación de los procesos todavía en curso por delitos político-sociales.
3o. Reapertura de centros politicos y obreros autorizando el funcionamiento de las organizaciones sindicales y politicas bajo el régimen de la ley.
4.-o. Cesación inmediata de las Comisiones gestoras municipales de nombramiento gubernativo y reposición de los Ayuntamientos arbitrariamente
suspendidos...
So. Instrucciones categóricas a los agentes de la autoridad y a los gobernadores, cuyo nombramiento deberá recaer en personas de inequívoca lealtad
al régimen, a fin de que todos ellos se atengan al más riguroso cumplimiento
de la ley y a 1a observancia más absoluta de su deber de neutralidad política
y electoral". (9 de Enero de 1936. Política).
Por su parte, los grupos derechistas estimaban conveniente el decreto de
disolución de Cortes, ya que como estaban las cosas 'o había que cambiar
la política o había que ir a las elecciones con toda rapidez''. (El Debate,
8 de Enero de 1936).
A su vez, D. Miguel Maura censuraba la decisión del Gobierno, en la
422

sesión de la Diputación Permanente. De ía: "He de empezar por recordar
en qué forma víenen estos decretos al conocimiento de la Diputación Permanente. Estaba pendiente una acusación contra el Gobierno, firmada por
la décima parte de la Cámara; terúa todos los requisitos que la Constitución
exige para que fuese cursada· era una acusación motivada". . . "Cuando
está pendiente esa acusación motivada, el Piesidente de la República de
acuerdo con e1 Gobierno, disuelve el Parlamento y no comparece siquiera
ante la Diputación Permanente. Pues bien, eso se hace a través de un Gobierno que no tiene más significación que la de un favo1ito del Presidente
de la República" ... (El• Debate, 9 de Enero de 1936).
Así pues, ante las elecciones se continuaba la propaganda política. Las
Derechas opinaban que había que esclarecer la esencia de las cosas que
se tenía en juego el futuro de España "en su propio ser'', amenazada por los
marxistas que querían cumplir la promesa del octubre rojo de 1934. Que
había que actuar y combatir al enemigo. "Octubre es la anarquía frente a
1os más elementales principios del orden social. Octubre es la ruina". . . "es
la negación de España" ... (El Debate, 10 de Enero de 1936).
Al fin, con fecha 14 de Enero de 1936, se forma el Bloque Antirrepublicano
contra las Izquierdas Unidas.
Lerroux y Miguel Maura, dirigentes de derechas, se adhirieron a la C.E.
D. . y hacían una amplia publicidad, aunque tenían sus detractores. En
Política., con fecha 16 de Enero del 36 refiriéndose a Maura leemos: "El
angel malo de la reacción, el protervo ministro de la quema de los conventos
-así le presentaban antaño los cedistas-- va del brazo de Gil Robles a las
elecciones' . . . "Maura, el que se confabuló con los socialistas para echar al
rey, puede congraciarse con las derechas" ...
in embargo, tanto la Liga Catalana dirigida por Cambó como Martínez
de Velasco, Goicochea y Calvo otelo, representantes de los Monárquicos,
Tradicionalistas y Radicales se adieren a la C.E.D.A.
Se suponía que el conglomerado derechista lo que perseguía era, al conseguir la victoria electoral, haeer de las Cortes futuras una parodia, pasar
por una etapa premonárquica con nn ''hombre férreo", en la jefatura del
Estado que tendiese más a la Monarquía que a la República.
Entretanto~ Política, de fecha 23 de Enero de 1936 opinaba que el bloque
contrarrevolucionario preparaba un plan de golpe de Estado.
Por su parte, los dirigentes derechistas seguían su publicidad en las diversa
p~ovincías españolas. Calvo Sotelo, Coicochea y Gil Robles se u.nen para
discutir y decidir el programa del cual fueron revelados ciertos datos importantes por Calvo Sotelo en un mitin en Cáceres aunque se mant nía un
tanto velado para la prensa, lo que dio lugar a dudas del partido contrario.
y diversas suposiciones de toda especie.
·

423

�El Gobierno se mantenfa con su política neutral del Centro y así lo daba
a la publicidad Portela Valladares. De todas formas, tanto las Derechas
como las Izquierdas le atacaban por los acontecimientos del bienio anterior
y por su conducta seguida. En Política de fecha 26- de enero del 36 se anota:
"hubiéramos preferido que en estos momentos ocupara el Poder un Gobierno que limitara su actividad política a arbitrar con imparcialidad intachable la contienda ante las urnas". . . . .. "Hasta ahora hay que confesar
que se .ha comportado -Portela- de muy otro modo ..."
El Partido Comunista a su vez continuaba con su propaganda. Largo Caballero, en el &lt;lis urso pronunciado en el Cinema Europa, en Madrid, el 13
de enero de 1936, declaraba al proletariado que era deber, en esos momentos, "traer la República, pero establecido ese régimen, traer el socialismo
marxista". . . El mismo se declaraba marxista.
Y en las declaraciones que Lru·go Caballero da a Manuel Cásares, para
la U1úted Press, en "Claridad", con fecha 18 de Enero del 36, dice: "La
Monarquía no pudo sostenerse por el cretinismo de la figura que la representaba, la amoralidad de sus Gobierpos y la degradación de sus instituciones, especialmente el Parlamento, anegado en el descrédito más desmoralizador. Fue fácil derribarla. Pero después, la República, salvo el primer
bienio, ha venido a caer estúpidamente, por confianza del proletariado y
error de los republicanos, en manos de los antiguos monárquicos y de los
desertores del republicanismo ..."
Y en otro párrafo anota: "El proletariado ante el Gobierno Portela es
forzosamente de oposición..." ..."Madrid, Barcelona y Asturias siguen en
estado de prevención ... "
Otro de los objetivos de los Socialistas, al adherirse con los republicanos
de izquierda, era el de "aplastar el fascismo" y "arrancar de los presidios a
los camaradas" ...
Como Largo Caballero tenía mucha simpatía entre la masa obrera y la
mayoría de sus discursos eran ovacionados, suponía la clase trabajadora que
con la victoria de la contienda electoral adquirirfan toda clase de derechos.
Por otra parte, también en el Semanario Claridad, de orientación socialista, Manuel Castedo, Presidente de la Federación de Trabajadores de la
Tierra, señala que tenían la responsabilidad de tratar de "nacionalizar la
tierra", ya que la obra socia] del camarada Largo Caballero estaba deshecha,
y 1a Ley de Reforma Agraria de septiembre de 1932, anulada. Por ello, "la
experiencia rusa de ]a colectivización campesina debe tenerse presente" .. .
(Claridad, 11 de Enero de 1936).
Como vemos, en esa época, había diversidad de orientaciones ideológicas.

424

Con fecha 26 de Enero de 1936 se dio a la publicidad la detención de
los propagandistas comunistas Dolores Ibarruri "La Pasionaria", y Vicente
Uribe, encarcelados en Madrid, por intervención en mitines políticos.

IV. Lo

QUE ATACABAN LAS DERECHAS

En Política, de fecha 28 de Enero del 36 leemos: "Ni siquiera está claro
qué revolución es la que combaten. ¿La de octubre de 1934?..." "La revolución de octubre la provocaron deliberadamente los derechas. Empezaron su
criminal tarea el mismo día en que tomaron el Poder que no habían ganado,
porque el resultado electoral de 1933, aún logrado en circunstancias excepcionales para ellas, no justificaba la serie de Gobiernos iniciada por el que
presidió nominalmente Lerroux". . . "la sistemática vulneración de las leyes
sociales, las violaciones reiteradas de la Constitución, los salvoconductos que
las Cortes Monarquizantes concedían al feudalismo económico para que
agarrotara a los trabajadores... " .. .' herir al régimen" ... "para poderlo
reemplazar cómodamente por un Estado teocrático y plutocrático" ...
Así pues, las Izquierdas tenían su visión particular y propia al enfocar el
problema gubernamental y político.
Señalaban que tal como estaban las cosas, por error, un gobierno de tipo
republicano con matices derechistas es peor que una República legalmente
constituída con dirigentes doctrinarios de esta forma de configuración estatal. Pues opinaban que hubiera sido mejor que hombres de tipo más conservador tuvieran el poder. "La realidad es que ya deja de serlo, incluso en
la forma, puesto que se Uama (centro-derecha' ... " (Política, 26 de Enero
de 1936).
Las Izquierdas pretendían "regenerar y vigorizar a la República dentro
de la ley" con programas propios y definidos, mientras que la C.E.D.A. no
los tenía. Suponían en el Frente Popular una mayor capacidad cívica y
conciencia ciudadana de sus problemas con objeto de no llevar a España a
la guerra civil. Sin embargo, con las pruebas históricas objetivamente nos
damos cuenta que el desenlace fue muy otro.

V.

PETICIÓN DE APLAZAMmNTO DE ELECCIONES

Hacia el 2 de febrero del 36, cundió la idea de un aplazamiento de las
elecciones, idea que no se sabía exactamente de dónde provenía. Se suponía.
sin embargo, que fuese de origen derechista.

425

�En El Debate, con fecha 31 de enero del 36 se anota : "El Consejo de
Ministros trató ayer algo de política electoral; pero es difícil precisar de
qué y cómo. Varios ministros aseguran que se habló de Ja propuesta de
apJazar quince días las elecciones. El Sr. Portela y sus allegados aseguran
que no se trató para nada de eso" ... " . ..Lo cierto es que la C.ED.A. no
desea de ninguna manera ese cambio..."

VI.

CA.NomATURAS PARA LAS D.IPUTACIONES

El bloque izquierdista proponía a D. Manuel Azaña, en cambio, el "CentroDerecha", a Gil Robles (A.P.) • entre otros.

VII.

EN

VÍSPERAS DE LAS ELEOOIONES

Por su parte, el Sr. Portela Valladares promete resguardar el orden de
la vida política el día de las elecciones. Y con fecha 16 de febrero del 36,
hace sus declaraciones: "Creo que no pasará nada, sea cualquiera el resultado
de las elecciones" .. .
Concretando, el programa de los partidos coaligados del Frente Popular
era el siguiente :
"l. Restablecer el imperio de la Constitucíón. Serán reclamadas las transgresiones cometidas contra la ley fWidamental. La ley orgánica del Tribunal
de Garantías habrá de ser objeto de reforma...
2. Se procederá a dictar las leyes orgánicas prometidas por la Constitución
que son necesarias para su normal funcionamiento, y especialmente las leyes
Provincial y Municipal. . .
·
3. ..."Se revisará la ley del Orden Público, para que, sin perder nada de
su eficacia defensiva, garantice mejor al ciudadano contra la arbitrariedad
del Poder. ..
4. . .. "Se simplificarán los procedimientos en lo civil; se ímprimírá mayor
rapidez al recurso ante los Tribunales contencioso-administrativos, ampliando
su competencia, y se rodeará de mayores garantías al inculpado en lo criminal" ... (Política, 16 de Enero de 1936) .
Las Izquierdas, en vísperas de las Elecciones aguardaban la victoria electoral, casi decisiva, y, de lo contrario, suponían la guerra civil. Política, con
fecha 20 de enero de 1936, señalaba que "sólo un gobierno izquierdista lograría encauzar el régimen y apartar de España los peligros de la guerra
civil y de la insurrección social. .. "
426

VIII.

EL RESULTADO FINAL

El 17 de febrero de 1936~ los resultados electorales conducían a la decepción

para las derechas, y, en cambio, gozo para las Izquierdas por su triunfo.
Según el Censo, el Frente Popular tuvo una mayoría.
Manuel Azaña . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 224,928 votos
por Madrid.
Sin embargo, son difíciles de aclarar las Elecciones, pues se prestan a análisis
muy sutiles y confusos, ya que no hay posibilidad de una aclaración convincente acerca de si se emitió el voto, si hubo intimidaciones o violaciones;
co-acción moral en las provincias, pueblos, arrendatarios o campesinos. Tampoco se ha hecho un estudio concienzudo sobre las fichas electorales. No se
sabe a ciencia cierta si hubo "fraude electoral".
Las consecuencias de las Elecciones fueron que el 17 de febrero las masas
populares insistían en la dimisión de Portela Valladares, y éste dimite el
19 del mismo mes aunque Gil Robles le aconsejaba que se sostuviera en el
poder y Primo de Rivera le sugería las fuerzas armadas, "un golpe de estado".
España en 1936 tenía alrededor de 39 millones de habitantes, de los cuales
un 31 por ciento se abstuvo de votar; un 30 por ciento participó en la contienda y un 30 por ciento en edad de votar.
Según David Jackson en su libro sobre "La Guerra Civil de España",
opina intuitivamente que el Frente Popular fue alentado por la Derecha que
pretendía hundir a Azaña para que fracasara en la Política, opinión digna
que merece abandonarse.
Los resultados deductivos fueron que el Frente Popular obtuvo mayoría de
votos y de esta forma Azaña llega al poder gubernamental; siguió la dimisión de PorteJa Valladares que no se arriesgó a sostenerse en el poder, pues
expresaba: ''Yo no puedo hacer más que entregar hoy mismo el poder" y,
consecuentemente, Alcalá Zamora fue destituido por el Gobierno echando
mano del artículo 81 de la Constitución del 31.

IX.

ULTIMO CONSEJO DE MINISTROS: DIMISIÓN
DE PoRTELA

V ALLADAREs

El Presidente del Consejo de Ministros, antes de dimitir, en vista de la
crisis por el resultado electoral publicó el estado de alarma en toda España,
una vez en palacio. Luego se celebró el Consejo de Ministros y éstos se mostraron partidarios de la dimisión de Portela en virtud de los hechos acontecidos. Entretanto, la Diputación Permanente se reunía. Y en el Consejo

427

�último, se procedió a nombrar e] nuevo gobierno que quedó constituido bajo
la presidencia de D. Manuel Azaña.
Gmma: . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Estado: ..................
Marina: .... . ..... . .. . ....
Hacienda: ........ . .... . ..
Instruccióh Pública: ........
Trabajo: ........ . ........
Agricultura: . ............ .
Industria: ... . ............
Justicia: .... . .. . ..........
Obras Públicas: ...........
Comunicaciones: . .. .. .. ...

Gral. Masquelet.
D. Augusto Barcia.
D. José GíraL
D. Gabriel Franco.
D. Marcelino Domingo.
D. Enrique Ramos.
D. Mariano Ruiz Funes.
D. Plácido Alvarez.
D. Antonio Lara.
D. Santiago Cásares Q.
D. Manuel Blasco G.

La mayoría del nuevo Consejo eran republicanos de izquierda -Presidencia&gt; Gobernación y siete carteras más; tres de Unión Republicana del
partido del Sr. Martínez 'Barrio y un Gral. de Guerra. Los Socialistas no
tenían participación. Tampoco la Esquen-a Cata1~ana.
El Sr. Portela creyó que con el cambio rápido y las responsabilidades del
mando en el Sr. Azaña, se mantendría el orden público. Mas nos damos
cuenta que fue pasajero, pues las inquietudes y las inconformidades siguieron
en pie hasta desembocar en la guerra civil. Por su parte la propaganda socialista continuaba. En el semanario Claridad, de fecha 19 de marzo del 36
leemos: . . . "Hay que eliminar la ilusión de que la revolucióp proletaria socialista o sea la transformación de la propiedad individual o corporativa de
los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad entera y la
consiguiente abolición de todas las clases, pudi~ndose asi en una sola comunidad de trabajadores, podrá realizarse reformando el estado social vigente. No queda otro recurso que destruirlo de raíz ..." ... "Esta crisis -se
refiere a la Economía- no tiene mas que dos salidas: una, anti-natural,
anti-histórica y transitoria, el fascismo, y otra, natural, histórica y definitiva,
el socialismo" ...
Como sabemos, el Partido Socialista Españo1 tenía como ideario político
las normas o principios marxistas, pues todas las agrupaciones pretendían
una igualdad absoluta de razas, de sexos, de religión. Ahora bien enfocada
filosóficamente esta pretensión, nos damos cuenta que es difícil de llevarse
a cabo, pues la misma aturaleza nos enseña que cada cosa tiene un fin específico y cada ser humano una jerarquía en el conglomerado social.
En esa época, D. Miguel de Unamuno decía: ''España es un país de locos
o de tontos°', pues se daba cuenta del problema crítico de su país. Asimismo,
428

otros escritores de ese entonces como Baroja, Maeztu, Salaverría Castillejo,
Ortega y Gasset Azorín, se extrañaban con profunda tristeza del nuevo
sesgo que la política de su patria iba tornando y presentÍ&lt;\n y vislumbraban
el trágico conflicto.
Al final, este lapso histórico de interés por formular una República, con
un ideario finne en pro de la dignidad de la personahumana se fue en declive,
quedando el partido del Centro-Derecha sólo, y atacado tanto por el Frente
Popular como por la C.E.D.A., dando lugar a la inconformidad española y,
finalmente, al desenlace fatal de la Guerra Civil del 36.
A la dimisión de Portela Valladares, Azaña es elevado a la Presidencia del
Consejo, como decíamos, mas, poco después, a la destitución de Alcalá Zamora, es elevado a la Presidencia de la República, sustituyéndole en el Consejo, Indalecio Prieto.
Hacia el 14 de abril se temía que Azaña diera paso al Comunismo; no
había «garantías -individuales".
Después, con el asesinato de Calvo Sotelo, el 13 de julio del 36, con la supuesta intervención de Indalecio Prieto, a través de un ex-guardia civil, se
desencadena el temor, la furia, Ja anarquía. Asimismo, se suporúa que querían "liquidar" a Gil Robles ese mismo día que estaba él en Biarritz. Por
ello, muchos intelectuales y destacadas personalidades tanto de Derecha como
Repúblicanos se alejaron de España. La Guerra Civil había comenzado...
el 18 de julio de 1936.
Indalecio Prieto es amenazado de muerte por los Fascistas y por los Socialistas. Gil Robles declara: "Indalecio Prieto es impotente para controlar la
situación". Largo Caballero exigía "un ejército rojo" y todo mundo demostraba inquietud y desasosiego.

X.

CONCLUSIÓN: LA GUERRA CIVIL EsPAÑOLA

La Guerra Civil Española no empieza estrictamente el 18 de julio, sino el
17 de febrero de 1936. Desde ese día se crea una tensión y no hay poder
para evitar que el caos tenga término. Se crea un clima propicio para los
C-'&lt;tremismos. Las milicias se instruyen; los anti-facistas, los "requetés". Se
dice que la Guerra Civil suicidó la República, mas hay quienes opinan que
ésta se suicidó a sí misma. Era una situación caótica. Sólo quedaba la violencia. . . En conclusión, la "Guerra Civil Española" del 18 de julio del 36 fue
consecuencia de Wla tensión anterior, resultado lógico de la vida española.
Ahora bien, si fue resultado de una crisis anterior no fue sólo un fenómeno
interno sino que el problema internacional complicó el drama interno español.

429

�BIBLIOGRAFIA

Periódico Política. Diario de Madrid. Enero-Febrero, 1936.
Periódico Debate. Diario de Madrid. Enero-Febrero, 1936.
~
Pl.ERRE BROUÉ y EMILE TÉRMINE, La Revolución y La Guerra de Espana. Fondo de
Cultura Económica. C.P. 33. No. 1, México, 1962.
R:rvoXRE, Europa Desde 1918 Hasta Hoy. Manuales U.T.E.:S:.A., México, 1961.
Semanario Socialista Claridad. Enero, Febrero, Marzo, Abril, 1936.

LA DIVISION DE OPERACIONES
FRANCISCO

R.

ALMADA

Universidad de ChihtJahua

•

EL GOBIERNO NACIONAL que presidía el Lic. Benito Juárez se había vISto
obligado a abandonar la ciudad de Méxíco y a establecerse en la capital de
San Luis Potosí, con motivo del avance de las tropas francesas mandadas por
el general Elías Federico Forey, después de la rendición de la plaza de Puebla
de Zaragoza.
La Secretaría de Guerra y Marina quedó vacante el 13 de noviembre de
1863 en virtud de que el titular de ella, general de división Ignacio Comonfort, fue muerto en una emboscada que le tendió en Molino de Soria, Guanajuato, una partida imperialista que comandaba el coronel Sebastián González y Aguirre, y quedó encargado del despacho de los negocios del Ministerio el Oficial Mayor, general Juan Suárez y Navarro.
El 24 de febrero de 1864 el Presidente .Juárez, encontrándose en Saltillo,
nombró Secretario de Guerra y Marina al general de división Miguel Negrete, quien protestó al día siguiente, y como el Oficial Mayor renunció, se
nombró en lugar de Suárez y Navarro al coronel Anastasio Aranda. Para
estas fechas ya se había agudizado el conflicto P9lítico entre el Presidente de
la República y el Gobernador del Estado de Nuevo León y Coahuila, general Santiago Vidaurri.
Después de que el Gobierno Nacional decretó la separación del Estado
de Coahuila, concediéndole nuevamente el ejercicio de su soberania, el General Negrete avanzó al frente de las tropas leales y el 2 de abril ocupó la
ciudad de Monterrey, sin que el gobernador rebelde hubiera opuesto resistencia.
Al día siguente llegaron el Presidente y los demás Secretarios de Estado y
se fijó allí la residencia del Gobierno Nacional.
Después de transcurridos cuatro meses las circunstancias de la guerra provocaron una nueva movilización del Gobierno, habiendo seguido la comitiva
p residencial por las regiones meridional de Coahuila y noreste de Durango,

430

431

�mientras Nuevo León y Coahuila quedaban totalmente en manos de los
enemigos de la causa nacional. El 29 de septiembre el presidente d~ la
Rep(1blica, sus Secretarías de Estado, licenciados Sebastián Lerdo de Tejada y
José María Iglesias y general Negrete, seguidos de un corto número de empleados civiles y militares dispersos, y escoltados por el "Batallón Supremos
Poderes" y el "Escuadrón de Carabineros a Caballo", que comandaban los
coroneles Pedro Meoqui y Juan Pérez Castro; penetraron a territorio chihuahuense y pernoctaron en Villa Coronado. En seguida tocaron Valle de
Allende, Hidalgo del Parral, C. Camargo, La Cruz, Rosales y Bachimba y
el 12 de octubre a las cinco de la tarde hicieron su entrada a la ciudad de
Chihuahua, en donde fue recibido el Primer Magistrado de la Nación con
verdadero entusiasmo por el pueblo, encabezado por el Gobernador y Comandante Militar del Estado, general Angel Trías (p) .
En los cortos días que el Presidente se detuvo en Hidalgo del Parral acordó
la convocación de una junta en la capital del Estado, con elementos de
significación que conocieran el medio local, a fin de oir opiniones y resolver
la manera de organizar nuevas fuerzas, acumular elementos para continuar
la lucha y obtener recursos económicos para afrontar las primeras necesidades
del Gobierno Nacional. Dicha junta se verificó el 21 y el cumplimiento de los
acuerdos que en ella se tomaron quedó a cargo del Gobernador Trías. ( p) .
Entre las corporaciones de nueva organización se contó el "Batallón Patriotas de, Chihuahua", cuya jefatura como coronel se reservó el mismo
general Negrete y ocurrieron a inscribirse en sus filas numerosos jóvenes
chihuahuenses, entre los que se contaron algunos alumnos del Instituto Científico y Literario del Estado.
La situación económica del Gobierno Nacional se agudizaba cada día más,
por los gastos inaplazables que demandaba su sostenimiento y el de las nuevas
tropas que se estaban organizando y la necesidad de auxiliar a civiles y militares que peregrinaban siguiendo al mismo ·Gobierno para no quedarse a
residir en lugares ocupados por el enemigo, en momentos en que la Secretaría de Hacienda sólo podía disponer de los cortos recursos que le proporcionaban las oficinas federales existentes en el Estado; de los productos
de .las contribuciones extraordinarias- que se impusieron sucesivamente a los
chihuahuenses y de la moneda de cobre mandada acuñar por decretos presidenciales en 1a ceca de Chihuahua. Este grave problema determinó al Primer
Magistrado a disponer la organización de una expedición militar que marchara a impulsar la insurrección republicana en los Estados de Coahuila,
Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí, en momentos en que en Clúhuahua no existía p1oblema inmediato de operaciones que atender, y a recuperar la Aduana Fronteriza del puerto de Matamoros, a fin de aprovechar
sus recursos para mejorar la situación hacenda:ria.
432

La dirección y organización del proyecto se encomendó al general e!ITete
b
J
atular de la Secretaría de Guen-a y Marina, sin perder este carácter y añadiéndole el de general en jefe de la nueva unidad militar. Después cÍe haber
recibido instrucciones del Presidente de la República, en la segunda quincena
de enero de 1865 dejó e] despacho de ]os negocios del Ministerio en manos
del Oficial Mayor, coronel Aranda, y se desplazó en dirección a la región
meridional clúhuahuensé, estableciendo su cuartel general en Hidalgo del
Parral.
Antes de salir el general Negrete de la ciudad de Chihuahua para desarrollar
su programa de organización de fuen:as y de operaciones militares, ordenó
que se movilizaran en dirección al sur algunas corporaciones, entre las que
se contaron los Batallones lo., 2o. y 3o. de Chihuahua, Cazadores, Patriotas
de Chihuahua, una fracción de "Supremos Poderes" y la artillería. Igualmente se ordenó a los genexales Antonio Carbajal, Gobernador y Comandante
Militar del Estado de Durango, Manuel Quesada y Manuel R.uiz, Comandante
de la Línea del Sur del Estado, le quedaran subordinados con las fuerzas que
de cada uno dependían. La nueva unidad militar organizada por egrete
tomó la denominación de "División de operaciones", en cuya labor contó con
la cooperación eficaz del Gobernador Trías (p) y del general R.uiz.
Una vez el General en Jefe en Hidalgo del Parral previno al Jefe de la
Línea que procediera a ordenar el empadronamiento de los ciudadanos comprendidos en el servicio de Guardia Nacional Móvil en los canto11es de su
jurisdicción y los llamara a filas en la siguiente proporción: Cantón Hidalgo,
200 hombres para el Batallón lo. de Chihuahua; Cantón Balleza 150 individuos para el de "Supremos Poderes"; Cantón Allende, 150 para :1 "Batallón
de Cazadores"; Cantón Camargo, 150 para el .Batallón 2o. de Chihuahua y
Cantón Jiménez, 150 individuos para reforzar la artillería y la caballería.
~revino á~emás el general Negrete al Comandante de la Línea del Sur que
si no podía entregarle los reemplazos en el perentorio plazo de ocho dfas
él se haría cargo personalmente de su concentración. Igualmente ordenó
se hiciera requisición de carretas y bueyes o bestias de tiro para movilizar
oportunamente las provisiones de boca y los pertrechos. Por último, el 19
de febrero giró orden al general Carbajal, que se encontraba en el mineral
de Piedra Larga, que emprendiera la marcha de regreso, a incorporársele
.

qu;

sus fuerzas.

El coronel Miguel Palacios fue enviado a los municipios de San Míguel de
las Bocas (Villa Ocampo) y San Bernardo, Durango, a levantar la Guardia
Nacional, pues a ellos no había llegado todavía la dominación imperialista..
El coronel Alejandro Hernández, jefe del "Cuerpo de Lanceros de Durango",
en lugar de incorporarse a la División como se le había prevenido tomó el
.
'
carruno de occidente con la mayoría del mismo, bajo el pretexto de que

433
H

�Palacios había obstaculizado su acción y de que los pueblos ya no soportaban
más exacciones y se unió al general Ramón Corona en el pueblo de Tamazula.
Fueron comisionados para concentrar los reemplaws mencionados antes los
mayores Francisco Borges y Melquíades Campos, capitán Cosme Gutiérrez
y teniente Francisco Cano. El general Ruiz suspendió en su cargo al Jefe
Poütico del Cantón Jiménez, Narciso Acosta, bajo el cargo de negligencia
y fue substituido por el suplente Mariano Gabaldón.
Desde el 2 de febrero se había situado en Villa Coronado el coronel
Juan Pére-,: Castro con la e&gt;..1:rema vanguardia de la División que se estaba
constituyendo· el general Ruiz impuso un préstamo forzoso reintegrable de
veinte mil pesos a los habitantes de los Cantones Hidalgo y Allende y el
general egrete otro de cinco mil pesos al Cantón Jiménez, por conducto
del Lic. Manuel I Muñoz, destinados ambos para haberes y gastos de las
fuerzas que se estaban organizando. Se acumularon todos los elementos de
combate que pennitieron las circunstancias económicas y la "División de
Operaciones" quedó constituida de la manera siguiente:
General en Jefe, el de división Miguel egrete.
Estado Mayor: Coroneles Ramón C. Arroyo y Lenar Chávez, teniente
coronel José Cosío Aramberri, mayor Melquíades Campos y capitanes Florencio Chávez y Darío Benelto.
Segundo en Jefe general graduado Agustín Villagra.
Estado Mayor: Coronel Vicente de la Fuente, mayor Gregario Pacheco y
capitán Manuel Samilpa.
Secretario del Cuartel General: Mayor y Lic. Manuel Azpír-oz.
Mayoría General: Coronel Mariano Díaz, teniente coronel Juan Estrané
y capitán Juan Guzmán.
Prove duría General: Tenientes coroneles Pascual Jara.millo y Feliciano
Ruiz y mayores Eutimio Colunga y Eusebio Martinez.
Pagaduría General: Mayor Gorgonio Rosas.
Depósito de Jefes y Oficiales: Tenientes coroneles Agust'rn Ayala y Pedro
Medina, mayores Luis G. Solana, Paulino Lea~ Miguel Villegas y Antonio
Gómez; capitanes Jesús Lozano, Vicente Ramos, Jesús José Reyes, Rafael
Guerrero y Jesús Martínez, teniente Manuel Guzmán y subtenientes Manuel Gálvez y N. Campbell.
Primera Brigada de Infantería: Coronel Manuel F. Loera.. Batallones de
Zapadores, coronel Miguel Palacios, lo. de Chibuahua, coronel Manuel Ojinaga y fracción de "Supremos Poderes" teniente coronel Pedro Yépez.
Segunda Brigada de Infantería: General Villagra. Batallones de Cazadores, coronel Francisco de P. Nieto; "Bravos", coronel Guadalupe Soto y
2o. de Chihuahua, coronel Joaquín Terrazas.
Primera Brigada de Caballería: Coronel Juan Pérez Castro. Corporaciones:
434

"Carabineros a Caballo' , el mismo jefe; ''Cuerpo de Rifleros", "Lanceros
de Quesada", coronel Rafael Quesada y '"Escuadrón del Valle de México".
Segunda Brigada de Cabalforia: Coronel Rafael Arredondo. Batallones
de Saltillo, "Patriotas de Chihuahua' teniente coronel Jesús Escobar, fracción del ''3er. Batallón de Chihuahua'' y fracción del "Cuerpo de Lanceros
de Durango", teniente coronel Santiago Nieto.
Batallón de Artillería, General Fernando Poucel.
Sección Sanitaria: Doctores Manuel Robles y Mariano Becerra. El primero había tenido que resignar el mando del 2o. Batallón de Chihuahua en el
coronel Terrazas.
De la dispersión del "Cuerpo de Ejército de Occidente" como .consecuencia
de su derrota en la Majoma; de la pobreza del Estado de Chihuahua originada por la guerra sostenida durante treinta años en contra de los apaches
y comanches; del entusiasmo patriótico de los clrihuahuenses y del esfuerzo
infatigable de las autoridades militares surgió la ''División de Operaciones"
como una esperanza para la causa de la República. Los generales Negrete,
Trías (p) y Ruiz y sus subalternos pudieron poner en pocos meses en pie
de lucha un tren de guerra superior a los elementos de combate que el Gobierno Nacional había pedid0 al Gobernador Terrazas, que éste no pudo
completar en dos años a pesar de que contó con mayores recursos pecuniarios.
En los cfias en que se inició la formación de la "División de Operaciones",
los Estados de Coahuila, Nuevo León y San Luis Potosí se encontraban totalmente dominados por los defensores del Imperio, igualmente que la porción septentrional de Tamaulipas. Mientras se completaba la organización
y se ejecutaba el desplazamiento de dicha unidad, se registraron tres movimientos armados en los Estados de Coahuila y uevo León, fa orables a
la causa de la República, sin ninguna con_exión entre sí. El primero en la
r~ón inmediata al río Bravo del Norte encabezado por el general Mariano
Escobedo; el segundo en la comarca de La Laguna dirigido por el coronel
Jesús González Herrera y el tercero iniciado en Parras por el coronel Francisco Antonio Aguirre.
El general Escobedo había marcado en septiembre de 1863 rumbo al Estacio de Oaxaca, con el mando de una brigada de caballería, bajo las órdenes
del general Porfirio Díaz~ quien salió de San Luis Potosí comisionado por
la Secretaría de Guerra y Marina para reorganizar el Cuerpo de Ejército
de Oriente, desaparecido desde la rendición de Puebla. A fines de 1864 pasó
el primero a los Estados Unidos de América, por la vía de Tabasco en el
desempeño de una comisión de parte del Jefe de la Línea de Oriente, cerca
del Mínistro de México en la ciudad de Washington Lic. Matías Romero.
Una vez. terminada dicha comisión el general nuevoleonés se aproximó a la
frontera septentrional, se reunió con los coroneles Francisco Naranjo y Ní-

435

�colás Gorostieta y en la primera quincena de febrero de 1865 cruzaron el
río Bravo del Norte al frente de una corta partida de hombres armados,
con el intento de revolucionar en contra del Imperio en los Estados de Nuevo
León y Coahuila. El 13 de marzo participó Escobedo al Gobierno Nacional
i:esidente en Chihuahua, los primeros movimientos que había realizado en
contra de los enemigos de la República y la Secretaría de Guerra y Marina,
por acuerdo del Presidente Juárez, el 27 lo nombró Gobernador Y C~mandante Militai: del Estado de uevo León y jefe de las tropas republicanas
de éste y del de Coahuila.
El coronel González He1Tera se levantó en armas el 15 del mismo febrero
en el pueblo de Matamoros, logró organizar una sección de ciento cincuenta
hombres armados, que denominó "Sección de la Laguna", derrotó a una
partida imperialista que mandaba el comandante Fl~r~s~ fue se~undado por
el teniente coronel David López Orduña en el MumCip)o de Vit:sca, colocó
de Jefe Político del Distrito a Miguel Fernández y participó los hechos al
general Negrete a Valle de Allende. Este nombró Jefe Político y Comandante
Militar de Mapimí, Durango, a Ventura Cortinas enviándole el despacho
por conducto de González Herrera y el Jefe Político ~e Viesca solici~ autorización para mandar a Agustín Espinosa a re oluc1onar en el Parad~ de
San Juai1 de Guadalupe. También los vecinos de Cuencamé fueron eslnnulados para revolucionar en contra del Imperio.
El 15 de marzo se insurreccionaron en la villa de Parras el citado coronel
Aguirre y los comandantes Erniliano Laing y Aurelio Labatón, al frente de
una fuerza imperialista acuartelada allí, que in.mediatamente fue reforzada
por otros elementos adictos al Gobierno Nacional. Depusieron_ a las. ~ut~ridades imperialistas colocando en su lugar a otras de su m1sma filiac1on,
retuvieron prisionero al Prefecto y pusieron al frente del Distrito al cor?nel
Andrés S. Víesca con el carácter de Jefe Político y Comandante Militar,
atendiendo a su prestigio, pues el año anterior había sido el primer Gobernador de Coahuila al restablecerse el Estado. Este seis ellas después subscribió dos manifiestos, el primero dirigido a los habitantes de su jm-isdicción
y el segundo a sus subordinados, exhortando a unos y a ?tros para que _perseveraran en la lucha en contra de los in •asores y sus aliados. En la rrusma
fecha participó los sucesos ocurridos allí a la Secretaría de Guerr~ y Marina,
añadiendo que aunque la situación era adver a a la causa nacional, como
el Supremo Gobierno lo sabía, estaban dispuestos .ª _cumplir con. las leyes
del patriotismo y del honor y a impulsar el movl.Illlento republicano, que
habían iniciado. El Oficial Mayor encargado del Despacho le contesto de
enterado que ya había informado al Presidente de la República y que, por
conducro' de la Secretaría de Relaciones Exteriores y Gobernación, se le confumaba su nombramiento de Jefe Político.
436

En la primera quincena del mismo marzo comenzaron a movilizarse, en
forma escalonada rumbo al sur, las diversas brigadas que integraban la ('División de Operaciones" y conforn1e estas avanzaban los destacamentos franceses que cubrían la línea desde Nazas hasta Santa María del Oro~ Durango,
tuvieron que replegarse a la capital de aquella entidad sin atreverse a presentar combate a las tropas del general Negrete. Este, con el cuartel general,
se movilizó de Villa de Allende por Villa Coronado y Cerro Gordo, habiendo
llegado a Ja Hacienda de La Zarca el 25, mientras el coronel Loera con su
brigada tomaba cuarteles en 1a hacienda de San Fernando. De allí éste mandó
exploradores a reconocer los caminos en dirección al Estado de Zacatecas y
tropas a ocupar la plaza de Nazas, recién abandonada por ]os invasores.
Para apreciar el esfuerzo y los sacrificios desarrollados por los individuos
que integraban la "División de Operaciones", hay que considerar que hace
cien años eran completamente deficientes las vías de comunicación, pues
todavía no había ferrocarriles, carreteras, diligencias, telégrafo ni teléfono que
facilitaran el transporte rápido de las personas y la trasmisión de las informaciones indispensables para comunicarse facilmente con otras fuerzas
leales a la República. La correspondencia se enviaba por conducto de correos
extraordinarios, porque las vías postales ordinarias estaban dislocadas a consecuencia de la guerra internacional y la División apenas pudo disponer de
carros de mulas y carretas de bueyes para el transporte de los pertrechos y
de los elementos de boca. La travesía de ida y vuelta, de Chihuahua hasta
]os Estados fronterizos del noreste, se hizo a pie por la infantería, a caballo
por los dragones y la artillería fue aITastrada por bestias o bueyes.
El general Maimel Quesada no formó en la "División de Operaciones"
(aunque sí su hermano Rafael), en virtud de que fue llamado en aquellos
días a la ciudad de Chihuahua por la Secretaría de Guerra y Marina, con
objeto de que depurara su conducta en vista de algunas quejas presentadas
por el Jefe Político del Cantón Allende y por el coronel Joaquín Terrazas.
Trató de resistir el llamado, mas habiendo consultado su caso por medio de
carta al general Negrete, eyte le recomendó que acatara la cita y se presentó
en Chihuahua en los primeros días del mes de abril. Tal vez quedó resentido,
pues a fines de año se contó entre los elementos que siguieron al general
Jesús González Ortega en su aventura Presidencial.
El 27 de mro:zo el coronel Viesca informó al coronel González Herrera
que el coronel Aguirre había ocupado el puesto de Patos (general Cepeda)
dos días antes, después de haberse retirado sin hacer resistencia Ja fuerza
imperialista que estaba alli; que al día siguiente se le había incorporado el
teniente coronel López Orduña con gente de La Laguna; que en la conferencia tenida entre estos dos jefes no había sido posible convencer al segundo
que apoyara al primero para dirigirse sobre la plaza de Saltillo, que estaba

437

�de~ndida debidamente, y que lo único que se había conseguido era que L6pez Orduña vermaneciera dos o tres días en Patos, mientras se prncuraba
armas, caballos y provisiones. Insistía Viesca en suplicarle que ordenara al
citado t.eniente coronel que apoyara el movimiento de Aguirre, tomando en
cuenta las ventajas de orden político militar y hacendario que resultarían con
la ocupación de la capital del Estado, así como las pérdidas y quebrantos que
sufriría e1 enemigo, que remitiera dichas órdenes por conducto del mismo
extraordinario, bajo el concepto de que en asuntos de armas, caballos y todo
género de provisiones él se encargaría de que todo le fut&gt;.se proporcionado.
El coronel Agwrre se dirigió sobre la ciudad de Saltillo, que ocupó el
29, después de corta Iesistencia, habiendo tomado dos cañones dotados al'
gunos elementos y varios prisioneros. Amagado por tropas imperialistas superiores mandadas por los generales Rafael O\vera y Florentino López,
tuvo que abandonar su conquista y retirarse por el camino del oeste, buscando contacto con el general Negrete, de cuyo avance ya estaba informado.
Las fuerzas de la "División de Operaciones" arribaron el 30 a la hacienda
de Santa Rosa, al mismo tiempo que se terminaba el repliegue de las tropas
francesas hasta la ciudad de Durango; sigweron las primeras la ruta de
El Gatuño, Hornos y Viesca, en donde se presentó el coronel González Herrera y el 7 llegaron a Patos. Allí se incorporó el general Escobedo con la
gente que había organizado y fue nombrado jefe de las caballerías; Negrete
:recuperó Saltillo el día 9 y nombró Gobernador y Comandante Militar del
Estado de Coahwla al general Andrés S. Viesca.
El nuevo funcionario subscribió un manifiesto efusivo dirigido a sus gobernados que, entre otros páiTafos, contenía los siguientes:
" .. .Un tlía, conciudadanos, lanzasteis el grito santo de libertad y las
fantásticas cadenas del Imperio uini.eron a tierra hechas mil pedazos,
los satélites del pupilo de Napoleón huyeron despavoridos de vuestras
legiones valerosas, que los asedian ahora en la más importante de nuestras
ciudades fronterizas.., en donde en vano piens.an guarecerse del empuje
brioso de un pueblo libre.
El denodado Ministro de la Guerra, e! caudillo que tuvo una parte
tan principal en las gloriosas hazañas de Puebla de Zaragoza, manda
hoy las tropas coahuilenses y las del magnánimo Estado de Chihuahua,
que salvando inmensas distancias y superando serios y numerosos pe~
ligros, han venido a juntar sus esfuerzos y su sangre a los esfuerzos y
a la sangre de sus hermanos, en la grandiosa obra de la independencia
nacional. Honor y gratitud a su generosidad y a su valor.
Creedme, coahuilenses, muy cerca está el día en que el sol alumbre
a los hijos de la frontera, libru y apercibidos para volar en auxilio d'e

438

los Estados del interior y redimirlos de la esclavitud que soñó imponer
a .México el Tiberio de la Francia degenerada . . ."

Las tropas republicanas prosiguieron su avance, en El Alto y en Los Muertos
fueron tiroteadas por los imperialistas que no se atrevieron a presentar combate formal y el 12 en la mañana hizo su entrada a Monterrey el general
egretc. El Iesto de la División hizo su arribo el 13, mientras los jefes
enemigos Olvera y López proseguían su repliegue para Matamoros. El General en Jefe aprovechó los días que permaneció en la ciudad reinera para
procurarse vestuario, pro isiones y fondos para su gente y lanzó un manifiesto redactado en los mejores términos de conciliación.
El parte oficial de las operaciones militares desarrolladas por el general
egrete, que di.rigió al Gobierno Nacional, se recibió en la ciudad de Chihuahua a las doce y media del día 28, siendo anunciado JJOr medio de un
repique general que llenó de júbilo al público en general y a las autoridades
superiores.
Al día siguiente el Presidente de la República firmó un manifiesto dirigido
a la Nación, en el que anunciaba la buena nueva de la recuperación de las
plazas de Saltillo y Monterrey, cuyos sucesos celebraba desde el fondo de
su corazón, porque más que el espectáculo de una victoria militar, le regocijaba la buena nueva de la reconciliación de hermanos que habían superado
el obstáculo que les impedía estrechar los sagrados vínculos que deberían unir
a todos los mexicanos; porque para envenenar relaciones, pervertir afectos
y destruir el sentimiento de familia por el odio de partido, sus opositores lo
habían pintado a él y sus adictos como enemigos de Dios y de las creencias
religiosas y a las tropas republicanas como gavillas de asesinos y salteadores
y que los corifeos del Imp rio, que presumían de creyentes, dictaban leyes
para sojuzgar y asalariar a los sacerdotes y hacían de las cortes marciales
instrumentos de muerte para los mexicanos que defendían su patria. Invocaba los manes del general Zaragoza y de sus compañeros, exaltaba la
política conciliadora del general egrete como agente del Gobierno Nacional,
en virtud de que todos los mexicanos eran hijos de la misma patria; ensalzaba la conducta de los hijos de Chihuahua.que militaban en la 'División de
Operaciones" y excitaba a los habitantes de los demás estados fronterizos
para que lo secundaran en Ja obra de reivindicación que encabezaba.
Cerraba su exposición con la siguiente exhortación: " ...Unión, mexicanos
todos. Un esfuerzo unánime y el recuerdo que nos dejará esta intentona imposible de dominación extraña, sólo habrá servido para estrechar los lazos de
familia y para tener en mayor estima los bienes de la paz y de la independencia de la patria".
La "División de Operaciones" se desplazó el 20 en dirección al puerto

439

�de Matamoros, que estaba defendido por el general imperialista Tomás Mexía, que contaba con las simpatías de los confederados que dominaban en
la ciudad de Brownsvi11e y en otros lugares de los Estados Unidos de América situados sobre la margen izquierda del río Bravo del Norte, habiendo
tomado cuarteles el 24 en el pueblo de China.
El general Juan N. Cortina, quien en septiembre del año anterior sa había visto obligado por circunstancias adversas a someterse al Imperio en
los días en que las fuerzas de éste habían ocupado Matamoros, el lo. de
abril de l865 se pronunció en favor de la República en el pueblo de San
Femando, comenzó a hostilizar al enemigo y se introdujo furtivamente al
puerto, de donde logró sacar un poco de parque que había dejado enterrado.
Habiendo tenido noticia de la ocupación de Monterrey por la División de
Operaciones, con fecha J8 envió al coronel José María Cortina a comunicar
los anteriores sucesos al general Negrete y a ponerse a sus órdenes. Este Jo
aceptó en sus filas, le felicitó por haber reingTesado a las fuerzas republicanas, el jefe tamaulipeco se presentó en el citado pueblo y el ~neral en
Jefe participó los hechos al Gobierno Nacional, quien aprobó la conducta
de ambos jefes mílitares.
El general Escobedo, después de haber inicia{io el ejercicio de sus funciones como Gobernador y Comandante Militar del Estado de Nuevo León,
el 21 del mísrno abril escribió una amplia carta al general Angel Trías (p)
que desempeñaba iguales cargos en Chihuahua, informándole que había iniciado la reorganización de la administración pública; que no había en aquella parte de la República un solo mexicano que no fuera adicto a la causa
de la patria y omitiera contribuir de alguna manera al feliz éxito de la guerra;
que aquellos de sus paisanos que no pertenecían a su comunión política,
contrariados cada día más con el Imperio se desengañaban y se le unían,
acordándose que eran me..~canos y ayudándole a romper el yugo ominoso
de la dominación cxtran jera y todos ellos arrojarían sobre los pocos enemigos que quedaban la deshom-a, la infamia y la vergüenza con que habían
pretendido mancharlos y probarles su calidad de malos mexicanos; que estaba convencido de que los franceses no eran superiores en valor a nuestros
soldados, como se había comprobado en Puebla, Oaxaca, Sinaloa y Sonora
y que en cuatro años de lucha los invasores y sus aliados no habían podido
dominar al país y citaba la recuperación de Saltillo y la derrota sufrida por
el jefe imperialista Tabachinski en el pueblo de ava.
Expresaba que su política era la guerra en contra de los enemigos de nuestra nacionalidad y contra el Imperio de burlas que los franceses tenían establecido en la ciudad de México, institución que amparada por manos
mercenarias extranjeras, se desplomaría bien pronto y arrastraría en su ruina
lo verdaderamente malo que había entre los mexicanos, dejándonos la unión

440

y la concordia que habían comenzado a operar entre los partidos políticos
del país a la vista del enemigo común; que su propósito era el de no perseguir a nadie por simples opiniones políticas, porque tenía la convicción
de que los intervencionistas y los adictos al Imperio no tardarían en convertirse en enemigos de éste al verse humíllados hasta Ja burla y despreciados.
e refería en seguida a 1as Aduanas y a las oficinas superiores de Hacienda manejadas por franceses; al terror impuesto por las cortes marciales,
a las deportaciones in justificadas y a la condición impuesta a los militares
mexicanos adictos al Imperio de quedar sometidos a los jefes invasores, aunque fueran de menor jerarquía Por último lo exhortaba a que prosiguiera
unido a sus principios, a que lo auxiliara con sus luces, haciéndole cuantas
indicaciones fueran encamínadas a dicho fin, para remover todos los obstáculos. Le informaba de 1a salida de Negrete para Matamoros, con cuya
ocupación esperaba que el Imperio desapareciera de la frontera septentiional y sus habitantes pudieran gozar de 1a tranquilidad necesaria para dirigir
sus esfuerzos a combatir a los bárbaros, a fin de poder impulsar el desarrollo
económico del Estado y trabajar como buenos por la independencia de México )' su regeneración.
Los generales Barón Aymard, Comandante Superior de Durango, Tomás
Me. ía &lt;le Matamoros y Anastasio Parrodi que ejercía igual mando en San
Luis Potosí, se alarmaron con Jas noticias de las actividades desarrolladas por
el general Negrete y se dirigieron al Mariscal Bazaine, jefe del cuerpo expedicionario francés, en solicitud de auxilios para hacer frente a la situación,
en momentos en que el general Armando de Castagny, Comandante Superior
de Sinaloa, operaba por la vía marítima sobre el puerto sonorense de Guaymas, de donde tuvo que regresarse Juego, dejando como jefe de la guarnición al coronel Garnier.
La "División de Operaciones" salió el 25 de abril del pueblo de China,
llevando de extrema vanguardia a la corta brigada del general Cortina, por
el conocimiento que tenía del terreno. Este llegó el 26 frente a Matamoros,
mientras el grueso de las fuer.ütS republicanas acampaban en El Zapote. Las
operaciones sobre el puerto las detalló el general en Jefe en el siguiente parte
que rindió al Gobierno por conducto de la Secretaría de Relaciones y Gobernación:
" ...Establecido mi cuartel general a menos de una legua, sobre el camino
Y la vista de Matamoros, me adelanté con los batallones 'Supremos Poderes'
Y 'Bravo de Chihuahua, con una pieza de a 36 a practicar un reconocimiento sobre la plaza.
"Al frente estaba un trozo de caballería del enemigo, que al primer ti.ro
de cañón dirigido con acierto sobre ellos, se replegaron en dispersión a la
plaza. El enemigo que la guarnecía no se movió aparentemente, limitándose

441

�a incendiar las c,1.sas de los suburbios para despejar el campo, cuya operación continuó los dos días siguientes.
"En esos momentos tuve aviso de que los confederados que se hallaban
en la banda izquierda del río, se presentaron armados en la orilla. Inmediatamente mandé que un piquete de caballería permaneciera en observación
de sus movimientos. Poco después supe que treinta a cuarenta ru'tilleros habían pasado el río y entrado a la plaza de Matamoros.
"En seguida establecí una batería y en la tarde formé mi batalla al frente
de la plaza, sobre la cual mandé romper el fuego de artillería, P!ra provocar d(j nuevo a una salida al enemigo, que sólo nos cürigió mal algunos
cañones. Los confederados, que habían desaparecido de nuestra vista, volvieron a presentarse annados, amagando mi retaguardia.
"En e1 río había algunos vapores de guerra que, con la guardia de policía
de Matamoros, lo recorrían en observación de mis movimientos.
"Después de una hora se retiraron los cuerpos sin novedad a sus campamentos quedando a orillas de la plaza varias guerrillas de caballería hostilizand; al enemigo, con orden de tirotearlo toda la noche, relevándose cada dos horas. Durante ella salieron de la plaza doscientos caballos, sobre
treinta de la brigada Cortina que cubrían la izquierda0 quienes los obligaron
a retirarse precipitadamente y en desorden a la plaza, matándoles a un coronel Garda y a varios soldados, con la pérdida nuestra de un caballo ..
"El resto de la noche y todo el siguiente día se mantuvo por las guerrillas
de ambas partes un vivo tiroteo sin novedad por la nuestra.
' La noche se aprovechó también en comenzar los trabajos de zapa necesarios para establecer las baterías a cubierto de los fuegos del enemigo. .
'El día de ayer permaneció todo en el mismo estado que el antenor y
continuaba ]a obra de zapa comenzada en la noche, sobre la cual y sobre
]as guerrillas de la izquierda disparó la pl~a tres cañonazos que no hicieron
ningún daño.
. .
. .
"Durante él continuamos el general Cortina y yo rec1b1endo nottcias que
confirmaban las ya referidas respecto al enemigo a las que pude añadir
las contenidas en el parte, que impreso acompaño, del coronel Francisco Naranjo, relativo a la toma de la plaza de Piedras Negras por el que me unpuse que los confederados protegieron a los unperialistas para que se pusieran a salvo pasando el río Bravo, oponiéndose a que lo rep~ el p~ue
del enemigo, como trataba de hacerlo el chalanero que lo condujo, a qwen
amenazaron de muerte y rompiendo el fuego sobre los soldados del coronel
Naranjo.
"Estos y otros datos análogos que ya tenía yo, eran bastantes para comprender: lo. que el enemigo que cuenta con mil ochocientos infantes trescientos caballos de línea y con el auxilio de otros mil entre comerciantes,

!

442

dependientes y otros individuos del pueblo y con el de los confederados que
me batirían por la retaguardia en caso de asalto, tenía una fueza muy superior a la mía para defender la plaza en sus posiciones. 2o. Que por lo
mismo, sólo poch-é batirlo sin exponerme a una derrota segura si sale de
ellas, a lo cual dos veces lo he provocado, porque en una batalla campal
sobreempiearía su tropa de línea, sobre la cual tengo una superioridad moral incontestable. 3o. Que encen-ado en la pJaza, conociendo que en la defensiva está toda su fuerza, será inútil cualquiera otra tentativa para hacerlo
salir.
"Estas consideraciones y la imposibilidad de permanecer más tiempo al
frente de ]a plaza de Matamoros por falta de recursos, principalmente de
forrajes, me indicaban como prudente y necesaria la retirada, que no debía
diferir un solo día; pero quise efectuarlo de acuerdo con los generales y
principales jefes del Cuerpo de Ejército de mi mando. A ese fin, en ]a tarde
de ayer los reuní, les expuse nuestra situación y la del enemigo con toda
exactitud y he tenido ]a satisfacción de ver unánimemente seguida mi resolución de retirarse, a pesar de su decisión para lanzarse sobre Ja plaza,
si se les hubiera ordenado. . ."
Le faltó consignar al general egrete en su parte, que el mariscal Bazaine
desplazó fuerzas por la vfa marítima en auxilio de Matamoros, bajo el mando del comandante Brian, que llegaron en barcazas a la bocana del río Bravo
del orte y lo remontaron hasta Matamoros.
Tardíamente se operó el cambio de mando militar en la plaza de BrownsvilJe, en donde estaba el general confederado E. R. Camby cuando los republicanos habían asediado Matamoros. El 26 del mismo mayo este jefe
entregó la plaza al general unionista E. W. Brown quien inmediatamente
se dirigió al general Mex:ía reclamando la devolución de diez y seis cañones,
dos carros y otros elementos que, antes de verificarse la transmisión de mando, se habían pasado a la margen derecha del río Bravo del Norte y le
expresaba sus deseos de conservar las mejores relaciones con las autoridades
de la República Mexicana, tomando en cuenta el estado de guerra extranjera en que se encontraba. El jefe imperialista devolvió los elementos reclamados y expresó en su contestación que ignoraba la existencia de la República y la guen-a extranjera a que se refería.
El general Negrete arribó de regreso a Monterrey el día 12, encomendó
el mando de las infanterías al general Escobedo, el de las caballerías al general León Guzmán, ordenó al Gobernador Viesca que se previnieran provisiones y forrajes en Rinconada y San Gregorio y el 18 se inició la moviliz.ación de la División para Saltillo.
Con fecha 13 el coronel González Herrera avisó al Gobernador Viesca que
avanzaban por el camino que conducía a Cuencamé dos columnas invasoras

443

�de mil qtLirúentos hombres cada una, la primera para proseguir por los ranchos de La Laguna y la segunda por el Pozo del Calvo, a s~lir a la Villa de
Viesca con objeto de volver a dominar la frontera, combatu a las tropas de
Negre;e y examinar a la citada villa, en donde deberían p~rmanecer tres
días. Le suplicaba que lo participara al general Negrete, ~ªJº el concepto
de que su gente estaría dispuesta para el día siguiente para disputarle el P~
a los invasores aprovechando las ventajas del terreno; que le mandara capsulas y cuantos elementos pudiera, por el camino d~ Mayrán, para cuyos
ranchos marcharía. Viesca transmitió el parte antenor al General _e~ Jefe
y éste le recomendó el 18 que redoblara ]a vi~l':"°cia sobre l~s mov:ume~tos
del enemigo y que le partiópara todas las nobcias que considerara de lIIlportancia.
. .
El alto mando francés había destacado dos columnas de dos mil qulillentos
hombres de las h·es armas cada una bajo el m.ando de los generales Pedro
Juan Jeaningros y Agustín Enrique de Brincourt, la primera por la ~ta de
San Luis Potosí y la segunda por el camino de Fresnillo y Cuencame, con
instrucciones de cortar su línea de comunicaciones a la División de Negrete
y batirla. También los generales Aymard d~ ~urango y Mexía de _Matamoros
recibieron instrucciones de apoyar los movuruentos de los dos pnmeros, con
el plan de encerrar a los republicanos en un círculo de fu~go.
.
El general Negrete dictó sus disposiciones para que se unproVIsaran ~osiciones en el cañón de La Angostura, a fin de detener el avance de los mvasore en el mismo campo de batalla en donde habían combatido angloamcric~nos y mexicanos diez y ocho a~os antes. Las !uerzas. beligerantes
quedaron colocadas en posiciones contranas a las que hab1an tenido en 1847,
pues mientras Negrete se situó en los puntos que había ocupad_o ~l, genei:al
Taylor, el general Jeaningros al frente de la columna francesa SlglllO el m.Ismo camino que había recorrido el general López de Santa Anna de San
Luis Potosi al norte.
El General en Jefe anunció la próxima presencia de los franceses por medio del siguiente manifiesto :
"El Ministro de la Guerra, General de División Miguel egrete, a las
tropas de su mando:
, Compañeros: Una columna de los invasores av~ sobre estos Estad?s,
que acabais de arrancarles con sólo vuestra presencia. Dentro ,de pocos _días
tendremos que combatir con ellos y les probaremos una vez mas que e,usten
mexicanos que saben cumplir con su deber.
''l.a justicia de nuestra causa y vuestro denodado arrojo n9:_han abierto
un camino de triunfo hasta Monterrey, sin que se hayan temdo nuestras
armas con la sangre impura de los enemigos, que espantados huyeron de

"No os pese que nuestra-s armas tampoco en Matamoros se emplearon en
matar mexicanos, que aunque indignos de este nombre, pueden más tarde
convertirse a la defensa de la patria; ellas darán la muerte a los infames
extranjeros, cuya sangre toda aun no sería e1 precio de la que han derramado de nuestros hermanos.
"Preparaos al combate. CumpJa cada uno de vosotros en su puesto el
deber que tiene como soldado; no olvideis que la subordinación y la exactitud en la obediencia de las órdenes son indispensables para alcanzar el triunfo.
"Por mi parte os ofrezco emplear todos m1s esfuerzos para aseguraros la
victoria. A la hora del combate estará con vosotros vuestro compañero y
amigo. Saltillo, a 23 de mayo de 1865. Miguel Negrete".
La función de armas entre las tropas beligerantes tuvo lugar el lo. de junio, habiendo sido rechazados los invasores. El parte oficial del general
Negrete expresaba lo siguiente:
" . . .La fortificación de la Angostura es una linea transversal al camino
principal de San Luis Potosí, apoyada por la derecha en un cerro elevado
y por la izquierda en una serie de lo;nas de poca elevación.
"La designación y destino de las fuerzas para la defensa de la Angosh1ra
y su situación el día 30 de mayo eran las siguientes: El coronel aranjo
en Aguanueva y en el de Piñones el teniente coronel Villarreal a media
legua, a vanguardia de la línea fortificada. En ésta ocupaba la derecha el
general Escobedo con la Brigada de uevo León; el centro del coronel Qabañas con la la. brigada de infantería, y la izquierda el general Villagra
con un "batallón de la 2a. brigada y el de la perteneciente al Cuartel General. La artillería distribuida en toda la línea.
''El puerto de La Cruz estaba cubierto de la manera arriba dicha; la
Boca de Palomas, hacia el costado izquierdo y a retaguardia de nuestras
posiciones por el coronel Miguel Gómez Cárdenas con una guerrilla de patriotas de su Estado y en Buenavista se hal1aba la reserva general compuesta
de los batallones 'Supremos Poderes , Cazadores y '2o. de Chihuahua' bajo
e] mando del general Lorenzo Vega y de los cuerpos 'Carabineros' y 'Rifleros'
a caballo y de la 'Brigada Treviño' b&lt;J,jO el mando del coronel en jefe de
esta brigada.
'El enemigo permanecía en la situación arriba dicha. En la noche, volteando los puertos del Piñón, del Camero y de Aguanueva, avanzó hasta
la punta. de Santa Elena, con la esperanza de dejar cortado por medio de
este movimiento rápido sobre La Encantada, la fuerza que tenía yo en Aguanueva y en djchos puertos. Mas aunque para lograrlo emprendió su marcha
a media noche, yo recibía oportunos avisos de sus movimientos y ,nuestra caballería se replegó a La Encantada, según las instrucciones que tenían. El
31 ava07,ó el enemigo a San Juan de la Vaquería.

nosotros.

445

444

I

�"Calculando que el ataque debería ser al día siguiente, mandé que se
reunieran los generales y jefes de los cuerpos, les manifesté el plan de defensa y ataque que me parecía conveniente y lo que cada uno debía de ejecutar en los casos que podían ocurrir.
'La fortificación, la artillería y la infantería debía de ocultarse cuidadosamente a la vista del enemigo. Solamente debía dejarse ver la caballería avanzada que mandaba el coronel Naranjo y una columna de reserva de esta
misma arma, a media legua al frente de la fortificación, bajo las órdenes del
teniente coronel Pérez Villarreal. Al avanzar el enemigo sobre nuestras posiciones debían batirlo en retirada nuestras guerri.llas simulando, uando fuesen atacadas, una clispersión hasta replegarse a su reserva donde harían alto
para volver a resistir. Cuando las columnas enemigas estuvieran cerca d~ la
fortificación, había de romper el fuego sobre ellas la línea toda o en el flanco
por donde se presentaran y en el momento en que estuvieran en desorden,
saldría en su persecución una fuerte columna de caballería, que hasta ese
momento había de permanecer cubierta.
"El día lo. a las siete de la mañana avistaron al enemigo nue tras avanzadas y una hora después comenzaron a batirse en retirada, disput.ándole el
paso dos leguas y media según las instrucciones que tenían.
"El enemigo avanzaba en dos columnas de infantería, con dos ~ones rayados de a doce y dos piezas de montaña y en otras dos de caballería, protegidas por cortas guerrillas de ambas armas.
« uestras tropas, cumpliendo exactamente la orden que tenían, permanecieron ocultas y guardando perfecto silencio. Cuando las guerrillas enemigas estaban a corta distancia y las columnas a la de tiro de rifle de Ja
fortificación, mandé hacer fuego a la artillería. Al mismo tiempo la música tocó el Himno Nacional y en toda la línea estalló el entusiasmo de
nuestros soldados, quienes se levantaron . para ser testigos del completo desorden y de la precipitada fuga del enemigo.
"Hice marchar entonces sobre los fugitivos al coronel Treviña con una
fuerte colwnna de caballería, que los persiguió por espacio de tres leguas causándoles muchas pérdidas, pues en todo el camino había regada sangre, que
por cierto no era de nuestros soldados...
"Una persecución más dilatada habría dado por resultado la más completa derrota del enemigo; pero no era prudente llevarla adelante por el
peligro de que la columna que al mando de Brincourt se esperaba por el
camino de Patos, nos atacara lejos de nuestras posiciones o se dirigiera a
éstas por el flanco que las amagaba ..."
Entre )os muertos de la acci6n de anuas de La Angostura se contó el joven chihuahuense Efrén Armendáriz, alumno del Instituto Cientfüco y Lite-

446

rario del Estado, quien había abandona&lt;lo sus estudios para afiliarse en el
"Batallón Patriotas de Chihuahua".
El general Negrete, quien no supo acar ventajas de su triunfo inicial, temió un fracaso al reunirse las dos columnas francesas, mandó levantar su
campo de las posiciones de La Angostura, el 2 de junio llegó a Saltillo
y de allí rindió el parte oficial anterior.
En cambio Jeaningros se reanimó con la retirada de Negrete y con la noticia de la proximidad de Brincourt y avanzó hasta La Yerbabuena, en
donde fue detenido por los soldados del general Aguirre y por el Escuadrón
del Valle de México. El 5 estableció contacto con la columna de Brincourt
que había tomado cuarteles en Parras y casi al mismo tiempo el general
Aymard recuperaba la ciudad de Nazas.
El general egrete dispuso que el general Cortina con su gente volviera
a Tamaulipas · que los generales Escobedo y Guzmán se dirigieran al Estado de San Luis Potosí; que los coroneles González Hentra, Viesca, Naranjo, Treviño y Pedro Mart'mez se quedaran al frente de sus fuerzas en
los Estados de Coahujla y Nuevo León y él, con los restos de la División,
resolvió volverse al Estado de Chihuahua. .
Se quedaron al lado del general Escobedo los coroneles Miguel Palacios
y Manuel F. Loera, exprisioneros deportados a Francia, que se habían presentado en Chihuahua al Gobierno Nacional y se les había destinado a la
''División de Operaciones'. El primero organizó el Batallón lo. de Nuevo
León, que jugó un papel importante en las operaciones posteriores, y el
segundo fue comisionado para establecer una maestranza para las tropas que
constituyeron el Cuerpo de Ejército del Norte.
El jefe de la División, con los restos de ésta concluyó por abandonar la
ciudad de Saltillo, tomando el camino de Monclova y aunque no se resolvió
a presentar combate formal a los franceses, noche por noche acampaban
las tropas republicanas en cuadro, esperando ser atacadas. En esta retirada
sólo se registró un tiroteo en Mesillas el día 7. Negrete prosiguió la reti1~da ~: Monclova por el ~ o de Cuatrociénegas y Laguna de Jaco, en
direccron al Estado de Chihualma, a pesar de la recomendación del Presidente de la República de que se sostuviera en pie de guerra en las entidades del noreste.
La inconfonnidad del Primer Magistrado con la conducta que en este
caso observó el general egrete se ep.cuentra consignada en el siguiente párrafo de una carta que escribió en aquellos días al Lic. Pedro Santacilia:
" .. .Hasta aqui nada hay perdido y egrete ha obrado conforme a mis instrucciones de no aventurar una batalla si no hay probabilidades de éxito.
Lo que sí me tiene disgustado e~ que haya emprendido la retirada hacia este
Estado, adonde llegará esta semana, pues mi plan era que siguiera llaman-

447

�do la atención del enemigó y protegiendo la insurrección de los Estados de
Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí".
Como la travesía se realizó en Ja época más difícil del año que es la de
verano, en que el calor es excesivo y la falta de agua bastante seria, el general Negrete ordenó que los coroneles Joaquín Terrazas y Agustín Vázquez
se adelantaran a Cd. Camargo y Cd. Jiménez, por el camino de Laguna de
Jaco, aprovechando el conocimiento que tenían de la región orien_tal chihuahuense, a fin de que señalaran los aguajes de dicha zona y pudi~rru1 abrevar hombres y animales. Se desprendieron de Monclova el 15 habiendo quedado con el mando del 2o. Batallón de Chihuahua el teniente coronel Rafael Platón Sánchez.
Terrazas, obrando de consuno con el jefe Político de Cd. Camargo, Merced Valles, hizo requisición de carretas, bueyes, barricas para conducir agua,
reses, senúllas provisiones y cuanto más consideró necesario y se movilizó de
rc_,o-reso para auxiliar las tropas en la misma travesía y evitarles un desastre.
Vázquez cumplió iguabnente con su cometido en el Cantón Jiménez, con la
cooperación del Jefe Político Mariano Gabaldón, y remitió a Cd. Camargo
a disposición de Terrazas, veinte cargas de harina, diez y iete fanegas de
maíz, cinco de frijol, veinte reses en pie y las carretas y carreros, con sus
troncos indispensable.s; para el transporte hasta el punto donde fuera necesano.
Los restos de la "División de Operaciones/' sufrieron fuertes bajas originadas por la sed, el cansancio y la deserción y se salvaron de un desastre
total en la travesía del desierto. por los oportunos auxilios que recibieron
de parte de los dos coroneles mencionados. El 3 de julio arribó el General
en Jefe al rancho de Aguachile, Municipio de Camargo, y subscribió el siguiente manifiesto:
"El Ministro de 1a Guerra, General de División Miguel Negrete. a las
tropas de su mando:
·
"Compañeros: En cinco meses de campaña habeis dado relevantes pruebas de patriotismo, de valor y de abnegación. La imparcial historia consignará vuestros servicios, que no han sido ni serán estériles para la defensa
de la Independencia.
"Por vuestros esfuerzos y fatigas los Estados de Coahuila, Nuevo León y
San Luis Potosí cuentan con fuer-tas de consideración para sostener ]a cansa de la patria y han sacudido el yugo muchos -pueblos. Habeis tenido la
satisfacción de ahuyentar a los enemigos con vuestra sola presencia, de rechazar en La Angostura a los orgullosos extranjeros y de trastornar completamente los planes del enemigo para la invasión del Estado de Chihuahua,
que sirve de residencia al gobierno legítimo.
"A vosotros, hijos de Chihual1ua, os devuelvo al benemérito Estado que

448

os puso bajo mi mando para la defensa de la independencia y del honor de
México y a todos, valientes compañeros, os conjuro a que siempre seais,
como hasta aquí, fieles subordinados y sufridos defensores de la patria.
"Creo haber cumplido con mis deberes de mexicano y de soldado; pero no
debo ocultar que si lo he logrado, ha sido con vuestra eficaz cooperación.
"Al separarme de vosotros he querido dirigiros la palabra asegurandoos
que he quedado satisfecho de vosotros y siempre guardará vuestra memoria
vuestro compañero y anúgo.

"Camf&gt;O en Aguachile, a 3 de julio de 1865. Miguel Negrete".
El General en Jefe entregó el mando al general Villagra y se dirigió a
Cd. Camargo acompañado de varios jefes y de la artillería e hizo su arribo
el día 7, prosiguiendo para Chihuahua. En seguida llegó Villagra a la primera población, se dedicó a recibir y acuartelar los restos de la División,
mandó a la capital al teniente coronel Lorenzo Avilés y Encinas a pedir
órdenes y se quedó en espera del general Ruiz, quien venía replegándose
desde Hidalgo del Parral con una fracción de ''Supremos Poderes", el ler.
Batallón de Chihuahua y su arti.llería.
Las primeras órdenes dictadas por el Presidente de la República dispusieron que el "J3atallón Bravos" se dirigiera a Valle de Allende y fuera
puesto en asamblea después de darles las gracias a sus componentes; que
el general Aguirre con las tropas de Coal1uila volviera a su Estado por la
misma ruta de Laguna de Jaco; que el general José María Patoni y el coronel Remedios Meza marcharan con sus fuerzas a operar en territorio de
Durango y que los Batallones lo. de Chihuahua (coronel Ojinaga) y 3o.
de Chihuahua ( cornnel Annendáriz) emprendieran la marcha para la plaza
de Chihuahua.
La conducta militar del general Negrete fue tratada por el Presidente en
Consejo de Ministros, habiéndose acordado que no había estado a la altura
de las instrucciones que había recibido, pues no había podido tomar el puerto de Matamoros, no había podido sostenerse en los Estados del noreste, la
situación económica del Gobierno había desmerecido y se había regresado
a Chihuahua poniendo a la División a orillas de un desastre completo. El
Lic. Lerdo de Tejada, Secretario de Relaciones y Gobernación, le participó
los resultados de la junta, a reserva de hacerlo oficialmente, y se separaron
en aparente buena armonía; pero en seguida se desataron las iras del general y renunció el mando de la "División'' y la Secretaría de Guerra y Mar.ina, que anunció por medio del siguiente documento:
"El General de División Miguel Negrete, a los habitantes de la República.
"Conciudadanos: Desde el momento en que los extranjeros hollaron el territorio mexicano, acudí a la defensa de la patria, a la que he estado con449
II

�sagrado incesantemente hasta el momento de mi separación del Cuerpo de
Ejército de Operaciones.
"La ación sabe que me he conducido con lealtad y abnegación, como
cumple a un mexicano y a un soldado.
"No diré yo los poderosos motivos que me han separado del Cuerpo de
Ejército de Operaciones, mas darán testimonio de ello la mayor parte de los
habitantes de este Estado y los soldados y valientes compañeros que han
militado últimamente bajo mis órdenes. Las mismas- causas me obligan a
renunciar el Ministerio de la Guerra.
"Awique precisado por circunstancias ajenas a mi voluntad a retirarme
a la vida privada, no vacila mi fe en la justicia de la causa que por más
de tres años y medio he venido defendiendo con la espada, ni desmaya mi
confianza en que algún día verá México el triunfo de su independencia, que
es y será siempre el más ardiente deseo de vuestro conciudadano y amigo.
"Chihuahua, 20 de julio de 1865. Miguel Negrete".
Los generales Villagra y Ruiz llegaron basta la Villa de Rosales, ya empujados por la primera invasión de las tropas francesas al Estado de Chihuahua. De allí mandó el primero a la capital al coronel Mariano Díaz en solicitud de nuevas instrucciones. Como al mismo tiempo que Negrete dimitió
la Secretaría de Guerra, el coronel Aranda renwició la Oficialía Mayor, el
Presidente nombró en lugar del último al citado coronel Díaz, con el carácter de Encargado del Despacho.
Las órdenes que éste comunicó al general Villagra se encuentran comprendidas dentro de la siguiente nota oficial:
"Ministerio de Guerra y Marina. Sección la. Ha tenido a bien disponer
el C. Presidente de la República que con el 'Batallón de la Guardia de los
Supremos Poderes' y otros cuerpos que después se dirán, se forme una brigada de la que tendrá usted el mando de jefe, siendo el C. general Pedro
Meoqui segundo jefe de la misma.
"Com.unícole a usted por separado las órdenes e instrucciones relativas
a las otras fuerzas que deben unirse a la Brigada y a las operaciones de la
misma, transcribiéndose esta com-wücación al Comandante Militar de la línea del Sur y al C. general Pedro Meoqui, para que sea usted reconocido
como General en Jefe de dicha Brigada y para los fines consiguientes.
"Independencia y Libertad. Chiliuahua, julio 27 de 1865. Mariano Díaz,
Oficial Mayor. C. General Agustín Villagra, en Jefe de la ~rigada Guardia de Jos Supremos Poderes'."
Los generales Ruiz y Meoqui contestaron de enterado el mismo día y ]a
citada Secretaría de Guerra ordenó a Villagra que se dirigiera con su Brigada a la región de Balleza y le otorgó las siguientes facultades la de Relaciones y Gobernación.

450

"Ministe1:io de Relaciones Exteriores y Gobernación. Sección la. Pudiendo suceder que por las circunstancias de las operaciones militares se dirija
usted con la Brigada de su mando, ya sea al Estado de Coahuila o al de
Nuevo León o ya a algún otro Esta.do de la República, el C. Presidente de
1~ República ha tenido a bien acordar, en Junta de Ministros, que comuruque a usted las instrucciones siguientes:
_Si llegase usted con la Brigada de su mando a un Estado en cuyo
terntono no haya quien esté ejerciendo el Gobierno y la Comandancia Militar, podrá usted asumir ambos cargos o nombrar, en representación del Supremo Gobierno, a la persona que le parezca mejor para desempeñarlos.
"2a. En el mismo caso de reasumir usted con algún motivo el Gobierno
y Comandancia Militar de un Esta.do, tendrá usted en el mismo todas las
facultades necesarias en los Ramos de Hacienda y Guerra, para sostener
Y aumentar, cuanto sea posible, las fuerzas de su mando, pudiendo disponer
de todas las rentas que se recauden en el Estado, tanto las propias del mismo, como las pertenecientes al erario federal o decretar los nuevos impuestos
que _sean indispensables. Si resolviere usted nombrar otra persona para, el
~ob1emo y Comandancia Militar del Estado, podrá usted delegarle, de
dichas facultades, las que crea conveniente.
"3a. Si llegase usted a un Estado donde haya quien esté en su territorio ejerciendo el Gobierno y la Comandancia Militar o respecto de que haya
un General en Jefe que tenga el mando superior de las fuerzas del mismo
procUJ'~rá uste?. obrar de acuerdo con uno y otro funcionario, para que ~
operaciones m.1litru.·es sobre el enemigo, teniendo usted siempre las facultades propias del carácter de General en Jefe de la Brürada de su mando
Y debiendo proporcionarse usted los recursos necesarios p:a sostener la Brigada y aumentar cuanto sea posible las fuerzas de la misma.
"Lo que comunico a usted ·y transcribo en este oficio al Ministerio de la
Guerra, para que pueda dirigirle sus comunicaciones en igual sentido.
. "Independencia y Libertad. Chihuahua, julio 27 de 1865. Lerdo de TeJada. C. General Agustín Villagra, Jefe de la Brigada de los Supremos Poderes'.
En la forma anteriormente descrita concluyó totalmente la unidad militar
organiza~a en Chihuahua por el general Negrete con la eficaz cooperación
de~ &lt;?°hterno y de los habitantes del Estado, que si no logró sus principales
0 bJeb.vos, en cambio levantó el espíritu público y dejó fuertes núcleos republicanos en los Estados del noreste, que no abandonaron las annas de la
mano _Y no dejaron de combatir un solo día a los invasores y a sus aliados.
Un ano más tarde dichos núcleos constituyeron el "Cuerpo de Ejército del
Norte" bajo la jefatura del general Escobedo.
Una vez desaparecido el peligro que para el Imperio representó la "Di-

'?ª·

451

�visión de Operaciones" en el noreste del país, e1 mariscal Bazaine encomendó
al general Brincourt la invasión del Estado de Chihuahua; pues si Negrete
no había presentado combate a los franceses después de haberlo rechazado
en La Angostura, menos podía hacerlo después de su disparatada resolución
de tomar el camino del desierto con los restos de la División, en plena estación de verano.
Brincourt inició su marcha de Parras de la Fuente el lo. de julio a1
frente de una brigada de las tres armas, jntegrada por dos batallones del 180.
Regimiento de Línea, una fracción del 950., tres compañías de Cazadores de
Africa~ cuatro baterías de artillcúa y un convoy de pertrechos, equipajes y
provisiones. Tomó el camino de Ja Laguna el día 8 pasó el río Nazas en
el vado del Torreón, dejó al coronel con parte del 950. Batallón en la hacienda de Santa Rosa, para que cubriera ese flanco hasta Cerro Gordo,
pasó por el mineral de Mapimí, hizo su entrada a territorio chihuahuense
y el 22 pernoctó en Villa Coronado. Dejó allí al teniente coronel de Linage,
el 23 ocupó Valle de Allende, al día siguiente ordenó al teniente coronel
Piot que se movilizara con 90 soldados sobre Hidalgo del Pan-al, con instrucciones de agenciar provisiones de boca y dinero efectivo. Como está expresado antes, el general Ruiz se había desplazado en dirección al norte.
El general francés llegó a C. Camargo, en donde demoró ocho días detenido por las avenidas del río Conchos y tuvo que improvisar canoas con
troncos de árboles para poderlo pasar. Los invasores arribaron a la Villa
de Rosales el 9 de agosto, en ·donde Brincourt mandó distribuir un manifiesto
que traía impreso, expresando que venía a Chihuahua como amigos y hermanos de sus moradores; el 13 entraron a la capital del Estado las avanzadas de los franceses bajo el mando del comandante Tourdais y el 15 en
Ja mafiana hizo su arribo la parte principaJ de la brigada, con el general
en jefe a la cabeza, sin haber combatido con los republicanos en ninguno
de los puntos de tránsito. Brincour.t y su estado mayor se dirigieron a la
Iglesia Parroquial, en donde el Pbro. José María Terrazas cantó un solemne
Te Deum en acción de gracias por la entrada de los invasores de la patria.
El Presidente de la República Lic. Benito Juárez, sus Secretarios de Relaciones y Gobernación, Lic. Sebastián Lerdo de Tejada, de Hacienda, Justicia, Fomento e Instrucción Pública, y el Oficial Mayor encargado del
Despacho de GueITa y Marina, coronel Díaz, habían salido el día cinco
para la villa de Paso del Norte, escoltados por el Escuadrón de Carabineros
que mandaba el coronel Juan Pérez Castro. La traslación de equipajes, artillería, pertrechos y la imprenta oficial se encomendó al general Fernando
Poucel.
En una forma completamente tendenciosa y falta de veracidad el general invasor que ocupó la ciudad de Chihuahua el 15 del mismo agosto,

452

informó aJ aJto mando del cuerpo expedicionario que había dispersado al
ejército republicano antes de ocupar la población y le había quitado todos
sus elementos y veinte y cinco cañones. Dicho informe dio origen al siguiente boletfo, que se dio a la prensa de información de la capital de la
República: "México, 28 de agosto de 1865. Tengo el honor de comunicar
que S.E. el Mariscal Comandante en Jefe ha recibido un parte del general
Brincourt en que le comunica su entrada a Chihuahua el 15 de agosto,
después de haber dispersado al ejército disidente, que huyó en todas direcciones. Veinte y cinco cañones quedaron en nuestro poder. Juárez huyó
precipitadamente para Paso del Norte. El Teniente Coronel jefe interino
del Estado Mayor General, Napoleón Boyer".
Los periódicos de la ciudad de México se dejaron llevar por las mentiras
francesas y dieron amplia publicidad a la supuesta derrota de ]as tropas
republicanas en Chihuahua. Más tarde el historiador don Niceto de Zamacois se hizo eco de esas noticias falsas y publicó la siguiente información
en el t. XVIII, p. 60 de su Historia de México:
"El Ministro de la Guerra y general don Miguel Negrete que, después
de su infructuosa tentativa sobre Matamoros y de su retirada de Monterrey,
retrocedió a Chihuahua, había llegado a esta ciudad con muy escasas fuerzas después de una penosa marcha por un inmenso desierto, donde muchos
de los roldados murieron de sed y 1a mayor parte de los caballos de hambre.
"Repuestas en lo posible las tropas, procuró aumentar su número para
opon:11;e al avance de sus contrarios y dictó órdenes a varios jefes para que,
enterandose de todos los puntos ventajosos, hostilizaran de continuo al general Brincourt. Dadas estas disposiciones Negrete se situó con sus tropas
fuera de la capital y a larga distancia de ella, ocupando posiciones bastante
fuertes por su naturaleza y no menos aún por las obras de arte que se hicieron
en ellas.
"Si el éxito era contrario a las armas republicanas la ciudad de Chihuahua
debía ser evacuada por don Benito Juárez antes de que se aproximaran a ella
I:15 tropas franco-mexicanas, dirigiéndose a Paso del Norte, corta población
S1tuada en la margen derecha del río Bravo, que sirve de límite entre México y el territorio de los Estados Unidos de América.
"~~ general Brincourt, después de algunos días de penosa marcha, llegó
al SJ.1:J.o en que lo esperaba para disputarle el paso el general Negrete con
todas ]as fuerzas que había reunido. Pronto dio principio el combate; pero
a pesar de los esfuerzos de los jefes republicanos se vieron obligados a reti~ en_ completa dispersión, dejando en poder de sus contrarios veinte y
cmeo canones, muchos fusiles, municiones y varios utensilios de campaña . . ."
El parte oficiaJ del general Brincourt, el boletín del gabinete militar del
Mariscal Bazaine, las informaciones de la prensa de la ciudad de México y

453

I

�la fantasía descriptiva del lústoriador Zamarois no pasan de formar un conjunto de mentiras destinadas a impresionar favorablemente a la opinión
franco-imperialistá. de aquellos días. Además de que nadie pudo fijar lugar
y fecha exactos de la supuesta derrota o dispersión del "ejército disidente",
el 22 de julio en que el general invasor Brincourt penetró a territorio
chihuahuense hacia diez y nueve días que el general Negrete había entregado a Villagra el mando de la División de Operaciones en Aguacbile Y
dos días que había renunciado el mando de la misma y el Ministerio de la
Guerra, retirándose a la vida. privada. Ya están explicadas con anterioridad
las movilizaciones de tropas republicanas ordenadas por la Secretaría de
Guerra y Marina a raíz de la separación de Negrete.
Lo único que logró Brincourt fue mandar ocupar algunos elementos que
el general Ruiz había dejado ocultos en la villa de Rosales y otros que
quedaron almacenados en la plaza de Chihuahua, porque e1 general Poucel
no pudo llevarlos a Paso del Norte por falta de medios de transporte; pero
el jefe invasor no combatió ni dispersó ningún ejército republicano desde el
22 de julio en que penetró a territorio chihuahuense hasta el día de su entrada a la capital.
El 8 de agosto, fecha en que el general invasor se venía aproximando a
Rosales, el general Villagra, con tropas pertenecientes a la Brigada de la
Guardia de los Supremos Poderes, derrotó y aniquiló a la guarnición francesa de Hidalgo del Parral, que mandaba el teniente coronel Piot. Este
revés sufrido por los invasores constituye una prueba contraria al infundio
contenido en el parte oficial del general Brincourt en el sentido de que había
dispersado totalmente al "ejército disidente". Además, diversos autores se
han encargado de señalar la excesiva inflación de los partes de guerra de los
jefes militares franceses, que encontramos repetido en el caso de Chíhuahua.
Otro caso que prueba que no hubo tal dispersión del "ejército disidente-''
de Negrete, fue la constitución de una nu~va "División de Operaciones",
por órdenes comunicadas el 4 del mismo agosto por la Secretaría de Guerra
y Marina, con las brigadas: la. de Durango (general Patoni), 2a. de Durango, (coronel Meza) y Supremos Poderes (general Villagra).
Este último jefe, después del triunfo que obtuvo en Hidalgo del Parral,
se dir.i!!ió a la vil1a de Belleza. Allí se reunió con el general Patoni, se. dio
organización a la nueva División y dirigió el siguiente informe al Gobierno

poniéndome con mi Brigada a sus órdenes, para comenzar las operaciones
en el Estado de Durango.
''Ninguna dificultad ha habido y se ha organizado la 'División de Operaciones' con tres brigadas: la primera y segunda de Durango y fa 'Brigada
de la Guardia de los Supremos Poderes', quedando de jefe de la expresada
el C. general José María Patoni y de segundo el que subscribe, sin perjuicio
del mando de la Brigada que se me confió por el Supremo Gobierno.
''Todo 1o que espero se sirva poner en conocimiento del C. Presidente, p:,lra
los efectos correspondientes.
"La_ ~ndependencia y Libertad. Balleza, agosto 13 de 1865. Agustín Villagra.
C. Oficial Mayor del Ministerio de Guerra y Marina. Donde s-e halle".
En la fecha de la comunicación anterior las avanzadas francesas hicieron
su entrada a la ciudad de Chihuahua, Negrete había desaparecid0 del lado
del &lt;?º~íerno Nacional y éste había tenido elementos de qué disponer para
const,turr una nueva «División de Operaciones".

~

Nacional:
"Brigada de la Guardia de los Supremos Poderes. General en Jefe. Ayer
he }legado a este pueblo, a la vez que lo hizo también el general Patoni, e
inmediatamente que recibí la comunicación de ese Ministerio fecha 4 del
corriente, cumplí con la determinación del C. Presidente de la República,

455

454

�UNA VISITA DE INSPECCION AL ABRIGO DE ROCA
LLAMADO "CUEVA AHUMADA", EN LA VILLA
D.E GARCIA, NUEVO LEON
ANTONIETA ESPEJO

Instituto Nacional de Antropología
e Historia

TRABAJANDO

EN

MONTERREY, Nue".o León, entre otras actividades recabé

informes sobre localización de sitios arqueológicos y exploraciones- hechas por
personas e instituciones de aquella capital de estado. Tuve conocimiento de
excavaciones que se habían efectuado en un sitio denominado "Cueva Ahumada", municipio de García, donde existen petroglifos y pinturas rupestres,
por Burney B. McClurken y Glen S. Greene, alumnos del doctor J. F. Epstcin, de
la Universidad de Texas, quien tiene contrato con el Instituto Nacional de
Antropología e Historia para explorar en esta región noreste del país. Extemé
deseos de visitar ese sitio y se organizó una visita de inspección el día 26
de abril de 1966. Salimos de Monterrey el ingeniero químico Bruno Morales,
el señor Don Spence, norteamericano residente en Monterrey y yo, por FF.CC.,
en el tren número 3, Laredo-México, que sale de Monten-ey a las 9 A. M.
rumbo a Saltillo, llegando a "Los Fierros", N. L., a las 10 A. M.
Nos dirigimos a la casa, casi dcrnúda, del casco de la antigua hacienda
ganadera "Los Fierros", desde donde emprendimos la marcha a pie hacia
"Cueva Ahumada", lugar situado a unos tres kilómetros al N.-N.O. del casco
de aquella vieja hacienda.
La región es terreno quebrado, con cañones y planicies o vallecillos cubierl'9s de vegetación de monte, característica de lugares senú-desérticos, donde
abundan el mezquite, chaparro, anacua, sangre de drago, cactáceas, agaves,
palmas, etc.
El sendero que sale de "Los Fierros" hacia el sitio donde se hallan las pinturas rupestres, es un angosto camino pedregoso e irregular con altibajos
hasta donde se llega al borde del río Pesquería, a cuyas márgenes se en-

457
H

�cuentra el repecho cubierto de pinturas y cuyo cauce hay que seguir por
un largo tramo para llegar hasta el sitio arqueológico.
A unos seiscientos metros del casco de la hacienda ''Los Fierros", atravesamos por un lugar donde afloran a ambos lados del sendero numerosas
rocas de material silíceo-margoso, sobre las cuales aparecen gran cantidad
de petroglifos.
Las figuras al parecer fueron hechas a percusión con cincel que dejó
sobre la roca pequeñas huellas incisas en bisel, colocadas una, después de la
otra, quedando delineados los motivos con esas pequeñas rayas, ligeramente
separadas a manera de pespuntes.
Los motivos que se observan son principalmente pequeños y grandes círculos
aislados o unidos entre sí.
A este sitio denominé yo "La Gachupina'', en honor de Amalia Mendoza,
india cuachiclul de San Luis Potosi, que vive en la casa del casco de "Los
Fierros" y a quien Don Spence denomina con aquel nombre.
Seguimos el camino por el cauce del río pesquería rumbo a "Cueva Ahumada". Cerca del sitio observé raspadas sobre la superficie de un cantil de
poca altura, las iniciales MF; una figura que parece la representación de
un fierro de herrar ganado; una víbora y una letra A.
Las letras del monograma resultaron ser las iniciales de uno de los antiguos
dueños de la hacienda de "Los Fierros", Mel:ítón Fernández, y la figura
antes aludida, probablemente sea el dibujo de uno de los fierros de herrar,
propiedad de aquel ganadero.
El abrigo de roca de que se trata se levanta sobre Ja margen derecha del
río Pesquería.
La afloración es un corto espolón silíceo-margoso del Cretásico, con fósiles
marinos, que emerge en una planicie situada al N-N.O. del Cañón de Los
Fierros, el cual, a su vez, separa dos. elevaciooes montañoS&lt;IS de la Sierra
Madre Oriental que corren por esa parte del Estado de Nuevo León.
La formación consiste de grandes rocas superpuestas en secciones típicas
de esquistos y sigue una dirección sensiblemente N.S.
El abrigo de roca mira al S. y tiene una extensión aproximada de 16. x 8.
mts. en su sección O.; de 9. x 3. mts. en su extremo E. y una altura media
de cuatro a cinco metros.
Las rocas que constituyen el techo son lajas de gran espesor y proporcionan abrigo en verano, defendiendo de los vientos del N. en el invierno.
Las paredes interiores del abrigo presentan una superficie irregular con
grandes rocas largas y angostas que sobresalen en planos inclinados verticales.
Sobre estos paneles y todas las superficies disponibles, los artistas aborígenes desplegaron su capacidad para dejar sus mensajes en forma pictórica.
Lo m~ sobresaliente de este abrigo de roca es un alud en su extremo O.
458

�Algún fenómeno ocasionó que algunas rocas perdieran su base de sustentación, arrastrando en su caída numerosos bloques que se deslizaron a distintos niveles de acuerdo con la gravedad y los accidentes topográficos del
terreno.
Alrededor de la cueva o abrigo donde se yerguen numerosas afloraciones
de rocas aisladas y sobre las rocas del alud, aparecen numerosos petroglifos.
Algunos signos se en,cuentran grabados en earns de las rocas, cuyo ángulo
actual de inclinación no hubiera permitido que se labraran las figuras que
sobre ellas aparecen.
A mayor abundamiento, hay una gran mole de piedra que debe haber
caído desde lo más alto del abrigo de roca, la cual se resquebrajó.
La hendidura angular de la fractura está cubierta de pinturas que no fue
posible observar bien.
Estos datos indican, desde luego, dos épocas de ocupación humana del
sitio. Al mismo tiempo, permiten inferir que fueron dos grupos diferentes
los que vivieron en la vecindad del lugar.
Los primeros, grabaron petroglifos en un cantil que se desplomó después y
en las rocas que afloran en las cercanías del abrigo.
Los segundos, cubrieron de pinturas las paredes internas del repecho, donde
se aprecian varias capas superpuestas de pinturas, que parecen indicar, a
su vez varias fases de una misma ocupación humana del sitio.
Los colores son planos, en blanco y en negro, asi como en varios tonos de
rojo y de amarillo.
Se distinguen dos estilos. El de los petroglifos que es principalmente geométrico y consiste de motivos y elementos de los más usuales como el circulo,
la raya; drcu1os concéntricos, lineas ondulad~, lineas quebradas, etc.
Excepcionalmente, se notan motivos realistas en los petroglifos, como uno
de ellos, que parece representar una flor o un motivo estelar.
En las pinturas rupestres, se aprecia otro estilo menos ingenuo, con posible tendencia a convertirse en abstracto.
Los motivos y elementos son por lo general bandas repetidas sensiblemente paralelas: horizontales, oblicuas o verticales y líneas rectas, onduladas
o quebradas, arregladas en paneles, de tal manera que se puede observar un
intento de lograr una composición dada, de contenido particular.
Por otra el ingeniero geólogo-biólogo petrolero Sergio Cavazos, ha interpretado algunos motivos como representaciones de la flora regional; por
ejemplo cree ver en las pinturas la representación de la planta de la higuerilla muy abundante en esa provincia fisiográfica.
El ingeniero químico Bruno Morales concuerda con -la opinión del ingeniero Sergio Cavazos, en reconocer la representación de la higuerilla y

459

�cree advertir que se dibujó en corte transversal, cuya observación sería muy
interesante de poder confirmarse.
Este último profesionista, hizo hincapié en el hecho de que los colores cambian en el transcurso del tiempo debido a oxidación de los pigmentos al
contacto con emanaciones de la lluvia, del humo y del calentamiento de la
atmósfera. Dice que por oxidación, los rojos se convierten en blancos.
Tal vez esta aseveración sea una de las causas de los diferentes tonos de
rojo que se observan. Habría que considerar también si los tonos de ~arillo
sufren cambio en su tonalidad y si los blancos conservan su color ongmal o
son resultados de la temperización.
Los campesinos de la región dicen que han oído que los antiguos pintaban
el color rojo con sangre de mula.
El ingeniero Bruno Morales aclaró que tal vez los informantes se referían a la yerba sangre de drago, muy abundante en esos lugares.
Maximinio Martínez, refiriéndo.$tl a esta planta dice: " ... Según el_ Prof.
D. Mariano Lozano Castro, las raíces (de la sangre de drago) contienen:
materia grasa sólida, aceite esencial. .. y materia coloran~ roja".1
El mismo autor más adelante, al hablar de su distribución geográfica,
'
"aloa. • •"
menciona que la "Sangre
de drago. . . palo muela, (se da en) Sm
y en otro lugar indica que es curativa para la dentadura. 2
Posiblemente, los campesinos cuando hablaron sobre el uso de aque_lla
yerba, como colorante, se refirieron a la sangre de muela, cuyo nombre se mterpretó como sangre de mula.
Por otra parte, cabe mencionar que el C. de la Vía del FF:CC. yendo ~e
Monterrey a los Fierros, aproximadamente a la altura de 1a villa de G~cia,
se observó una gran cantidad de almagre despedazado y que se recogieron
noticias de que existen yacimientos del mismo material en la región.·
Sobre el color rojo utilizado por indígenas en pinturas rupestres, se puede
mencionar lo dicho por el capitán norteamericano Jim Cook quien fue cautivo de Jos comanches. Jackson, en su libro sobre epilítica de Texas, refiere
algunas observaciones de Jim Cook, como sigue:
" ...The indians took a soft red and burnt it until it was ready to crumble,
then crushed it into a powder an mixed it with water to make a red pasty
paint... ". 3
Es notoria la ausencia de representaciones ,zoomorfas o antropomorfas tanto
entre los petrogliios como entre las pinturas rupestres de "Cueva Ahumada".
Se mencionó antes una víbora grabada en la roca cerca del monograma
1

MARTÍNEZ, MA.xnlINIO,

Plantas Medicinales de M¿xico, México, 1959, p. 285.

Idem, pp. 489 y 285.
• jACKSON, A. T., Picture Writing o/ Texas Indiant. Anthropological Papers, Vol.
II. B. R. in the Social Sciences. Austin, 1938, p. 142.
2

460

MF, en las inmediaciones del repecho; sin embargo, aquella fue ejecutada
de perfil en forma realista, con el ojo formado por un punto y los crótalos
se figuraron con pequeñas rayas transversales en el extremo de la cola. El
estilo, en general, es indudablemente contemporáneo del fierro de herrar y
de las letras a que se hizo antes alusión.
Es de esperarse que las exploraciones de los alumnos de Epstein arrojen
alguna luz sobre fechas relativas del sitio~ si la estratigrafía se realizó con
buenos resultados en los fosos que excavaron frente al abrigo de rocas.
En el citado lugar de las excavaciones de Epstein y su grupo, entre ]a
trinchera y el foso perforados en escuadra por McClurken y Green, hay una
pared delgada en peligro de desaparecer debido al uso que los ixtleros hacen
del albergue, transitando constantemente sobre los fosos para protegerse del
sol mientras tallan el ixtle.
Don Spence solicitó mi autorización para retirar esa pared por medio de
capas estratigráficas. En vista de la urgencia del caso, le dí autorización
verbal para que lo hiciera, ya que él también estuvo presente cuando trabajó el grupo de Epstein.
Spence se comprometió a proporcionar un informe del resultado de este
corto trabajo que no pude llevar a cabo personalmente, por falta de los
elementos indispensables de transporte y demás.
Por último, es preciso mencionar que en esta primera inspeeción, durante
la cual se visitó "Cueva Ahumada"; se examinó también rápidamente el
sitio "Ja Gachupina", donde aparecen petroglifos y además, con la ayuda
de binoculares, se pudieron reconocer los lugares cercanos donde hay petroglifos en los alrededores de "Cueva Ahumada", tales como la Loma de la
Cruz, la Loma Bola y la Loma Larga.
Si .se toma asimismo en consideración que saliendo del Cañón de los
Fierros~ rumbo a Saltillo, se halla el sitio "Rinconada" cueva cubierta de
.
'
pmturas rupestres, y tres kilómetros adelante, está la cueva "Casa Blanca",
tapizada de pintw-as, se puede comprender la riqueza de la epilítica de
Nuevo León en el Municipio de García, cuyas numerosas estaciones arqueológicas se suman a la cantidad de un centenar de sitios arqueológicos
con vestigios de epilitica que aparecen en el "Registro de Epilítica de Nuevo
León", trabajo que se ha estado preparando en estas oficinas del Noreste de
México desde hace algún tiempo.
Salta a la vista 1a insuficiencia de datos que se pueden obtener en una
primera visita de inspección ocular a un sitio de la importancia de "Cueva
Ahumada", Municipio de García, Nuevo León.
Es evidente que para estudiar sitios arqueológicos de las características que
presenta aquel lugar y tantos otros semejantes del .Estado de Nuevo León
es indispensable emprender el estudio sistemático de los mismos bajo u~
461

�enfoque metodo1ógico,4 llevando a la práctica el proyecto que se propuso ante
la X Sesión de la Mesa Redonda de Antropología celebrada en San Luis
Potosí, S. L. P., en agosto de 1963/ solicitando apoyo pm-a la organización
de equipo de trabajo de investigadores competentes que pudieran seguir en
todos sus pasos los lineamientos de las técn:iQis más modernas de traba jo
de campo y de laboratorio, para estudios de prehistoria y arqueología. 6
Se propuso asimismo un enfoque etnohistórico auxiliar en el trabajo de
gabinete, por las condiciones especiales de aislamiento y luchas entre españoles
e indígenas que prevalecieron en esta región del país durante largos tres
siglos después de la conquista de México por Hemán Cortés.
Muy conocidos son los datos históricos que existen tanto sobre indios apóstatas que huían de las misiones y congregaciones y se refugiaban en las rancherías de indígenas nativos de esta gran zona del NoTeste de México, así como
sobre las incursiones de apaches, lipanes y comanches que efectuaban sus
correrlas por el Suroeste de Estados Unidos y se internaban por Texas a los
Estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.7
Se hallan en el archivo de estas oficinas, cerca de doscientas fotografías de
petroglifos y pinturas rupestres de sitios arqueológicos donde aparece epilítica en el Estado de Nuevo León, en las cuales se observan varios tipos de
representaciones, entre los cuales uno de ellos corresponde a mapas o planos
donde se aprecian motivos i:¡ue al parecer representan montañas, veredas,
depósitos acuíferos, y demás. En algunos casos aparecen flechas que probablemente denotan rumbos, etc.
Sin &lt;"mhargo, existen muy pocos datos sobre epilítica registrados en los escritos de los primeros conquistadores. Alonso de León, mencionaba a1 guía
indígena Martinillo, quien mostró a lo lejos de la ruta que seguían, el lugar
donde un hombre blanco había dejado grabadas "Las huellas de sus pies"
sobre una piedraª y Santiago Roel se basa en documentos de primera mano,
• M:EssMACH.EJI., Mlóul!L, Las Pinturas Rupestres de Ja Pintada, un Enfoque Metodológico, Tesis q_ue para obtener el grado de Maestro en Antropología presentó a
la Escuela de Antropología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México,
1964, (Por cortesía del Arq. Messmacher, me fue posible consultar su tesis).
• EsPEJe, ANTONIETA, "Moción que ltace la Antropóloga del lmtit11to Nacional de
Antropologla e Historia. . . Sobre estudios de EpillLica en Nuevo León, ante la Directiva de la X Reunión de Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología,
que se Teunió en San Luis Potosí., S. L. P., del 18 al 23 de agosto de 1963".
• Brothwell, Don and Eric Higgs,_ London, 1963.
1 Informes de la Comisión Pesquisidora del Norte de México, 1874. Monterrey, 1880.
Del Hoyo, Eugenio, El Carácter de la Conquista y Colonización Española en el
Noreste de México, (Siglos XVI y XVII). Copia mimeográfica, 1963.
• DB LEÓN, ALoNso, Historia de Nuevo Le6n ... , México, 1909 p. 29.

462

c~ando se refiere al descubrimiento de "Piedras Pintas", hecho por un franciscano durante la géstión del gobernador Martín de Zavala, ( 1626-1664) .9
Por otra P~:' en archivos municipales, se encuentran datos que ofrecen
bas~ para auxiliar la .reconstrucción de la historia .regional; por ejemplo, se
coll.Slgna en documentos de aquella índole, que los comanches antes de salir
a una expedición guerrera, dejaban una mano pintada en 'el frontón del
abrigo de roca donde se guarnecían o donde efectuaban la ceremonia bélica
a~tes de partir a la batalla.10 Yo examiné un abrigo de roca o repecho en la
Sierra de la Reforma, Municipio de Linares, N. L., donde se encuentra la
hueU~ de una mano pintada en bandas rojas y negras, impresa sobre el
frontón del techo de Wl abrigo de rocas.11
~~~ desechar la posibilidad de que se descubran vestigios prehistóricos de
e~il~tI~ Y aceptando desde ahora la presencia de varias épocas de actividad
p1ctonca de los aborígenes de Nuevo León y de los grupos que se infiltraban
~ su territorio, se puede establecer como una de las hipótesis de trabajo relac1_onadas con el tema, que en casos concretos los indígenas utilizaban signos
pmtados o grabados en Ja roca para indicar puntos geográficos rutas cte.
De ahí la necesidad de la investigación etno-histórica auxiliar' reco~endada
la cual puede arrojar luces para dilucidar parte del problema total que en~
cierra el estudio de que se trata.
~a ~alta de no~cias sobre vestigios de epilítica en las fu.entes históricas
p~anas, se explica porque los españoles SCc,oU.Ían rutas dirigidas por guías
nativos conversos que evadían las propias rutas de los nativos y sus rancherí.as
que eran núcleos de población semi-nómada a donde solmnente caían Jo;
españoles con el exclusivo objeto de capturar indígenas para su venta 12 mientras_ ,que estos
,
se remontaban a cañones y abrigos de roca accesibles,' de ocupac1on para ellos tradiciona~ donde acostumbraban dejar sus mensajes grabados o pintados sobre las rocas.
Por ~timo, ~ueda por agregar que el interés etno-histórico que encierra
el estudio del neo acervo de la epilítica de Nuevo León es nn venero digno
de aprovecharse para el mejor conocimiento del pasado del Noreste de México.

,: RoEL, SANTIAco, Historia de Nuevo León, Monterrey, 1945, p. 279.
Cavazos Garza, Israel y del Hoyo, Eugenio, informe verbal.
11
EsPEJO, ANTONIETA, Petroglifos de Linares, N. L. Informe enviado al Departamento de Moiuunentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropoloal" e Historia
0
1962.
,

F 11 DE _SANTA MARíA, VICENTE, P. Fr., Relación Histórica. .. en Estado General de tas
Mu:i1aciones hechas por D. José de Escandón . .. , t. II, Archivo General de la ación
enco, 1930.
'

463

�DURACIO DE LOS VIAJES DESDE
ESPAAA AL NUEVO MUNDO

( 1525-1810)
JosÉ ToRRE RE.vELLo

t

Buenos Aires, Argentina.

I
LAs RuTAs
A PARTIR

DE LA PROMULGACIÓN

de la provisión real dada en Madrid a 10 de

abril de 1495, que autorizaba a los súbditos de los Reyes Católicos para na-

vegar a las Indias Occidentales, los viajes, oficiales y clandestinos, se hicieron frecuentemente.
Por el articulo primero de ese regio docwnento se señalaba el puerto de
Cádiz como único para la salida y regreso de los navíos, hasta que fue creada
la Casa de Contratación de las Indias Occidentales, cuyas primeras ordenanzas se dataron en Alcalá de Henares, el 20 de enero de 1503 y en las
que se señaló el puerto de Sevilla como único de partida y retorno de los
navíos destinados a comerciar con el Nuevo Mundo.1
Por esa época se había extendido la conquista por el Mar Caribe hacia la
1
Siguiendo referencias H;nry Harrisse, enumera JosÉ To,R.IBIO MEDINA, en Juan
Dias de Solís, estudio histórico, Santiago de Chile, 1897, t. I, capítulo III, ochenta
viajes efectuados por navíos de distintas banderas al uevo Mundo, entre los años
1492 a 1504. Sobre cuanto atañe a la Casa de la Contratación de Sevilla, además
de Ja clásica obra de JoSEPH VEITIA LlNAGE, Norte de la Contratación de Jas Indias
Occidentales, véase a CLARENCE H. HARING, Comercio y nauegaci6n entre España
Y las Indias en la época de los Habsburgos, versión española revisada por Ei.n.i:A SA.LmAs, México 1939, pp. 27-57. Consúltese a LEOPOLDO ZuMALACARREGu-r, Las ordenanzas de 1531 para la Casa de la Contratación de las Indias, en Revista de Indias,
Madrid, 1947, año VIII, núm. 30, pp. 749-782.

465
H

�Tierra Firme. Igualmente partían entonces de las Canarias navíos con ª'.lu~I
destino como lo asienta la real cédula datada en Tordesillas, a 25 de Julio
de 151'1, en la que, al contestarse una carta de Diego Colón, se le comunicaba que se había autorizado a cargar en aquellas islas a las naves que se

dirigí;,m a América. 2
•
En 26 de septiembre de 1511, se permitió a los vec~os de la ISia de. San
Juan de Puerto Rico comerciar directamente con E~pana ·y. Santo DoIDIIlgo.
Lentamente, y de acuerdo a la conquista que se iba haci~do de nuevas
tierras se fueron ensanchando las rutas marítimas. Para facilitar 1a carga Y
desear~ de los navíos destinados a la navegación de las Indias Occid~ntales,
se habilitó nuevamente el puerto de Cádiz, por real cédula extendida en
Barcelona a 14 de septiembre de 1519.3
••
Debido a las pérdidas de pequeñas embarcaciones qu~ en los V1aJe~ s_e experimentaban se dictaron unas ordenanzas en Victoria, a 13 de Julio de
1522 referen~ al arqueo y armamento de las naves, como así_ también al
níun~ro de tripuJantes que debían llevar según la capacidad de aquéllas,
cuyo porte no podía ser inferior a las ochenta toneladas.""
. .
Una referencia concreta sobre las rutas seguidas por las naves mdianas Y
sobre el tiempo que empleaban en su navegación es la que suminis_tró ?°nzalo Fernández de Oviedo y Valdés en el Sumario de la Natural Histona de
las Indias y corresponde al año 1525. En este libro expresa su autor que
los navíos levaban anclas de Sevilla, o bien de Sanlúcar de Barrameda,
entonces también habilitado, para dirigirse a las islas Canarias a cargar víveres frescos, agua y leña. Calculaba ese trayecto en doscientas cincue~ta
leguas, que eran navegadas, por lo comón, en ocho días. 5 Desde las Cananas
se dirigian los buques a las Antillas y, antes de tomar puerto en Santo Do• CDIA (=Colección de documentos inéditos relativos al deswbrimiento, ~onquista
colonización de las posesiones españolas de Amé1-íca y Oceanía .. . , Madnd, 1864i884, 42 vols.), t. XI, p. 157. Para las relaciones mercantiles entre C~narias _Y el
Nuevo Mundo véase FRANCISCO MORALES PADRÓN, El Comercio ~anano--1-mencano
(Siglos XVI, XVII y XVIII), prólogo de D. EouARDo ARCILA FARJAs, Sevilla, 1955.
Lo referente a Diego Colón, p. 172.
. .
.
• CDIU ( Colección de documentos inéditos relativos al descubrimumto,_ conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de Ultramar, Madnd j 18851932, 25 vols.), t. X, pp. 287-296.
' CDIU, t. 1X, pp. 143-149.
• LoPE DE VEGA, en San Diego de Alcalá, acto II, pone en boca de íray PaWo,

la siguiente expresión:
Padre, muy presto será, que
desde Canaria a España si
buen viento le acompaña,
en ocho días vendrá.

466

mingo, divisaban la isla de Todos los Santos, que eran seguidas en el itinerario por las de Marigalante, Deseada, Matitinao, Dominica, Guadalupe, San
Cris:óbal, etc. Si el piloto, acota Fernández de Oviedo, no era experto y
desviaba la ruta, pasaba entonces a la vista de San Juan de Puerto Rico 0
bien de La Española, Jamaica o Cuba_, enfilando hacia las costas de Tierra
Firme. Calculaba que desde las Canarias a Santo Domingo existían mil cincuenta leguas de navegación, cuya trayectoria insumía de treinta y cinco
a cuarenta días y de Santo Domingo a Tierra Firme se empleaban de cinco
ª. siete días. Algo más de tiempo se empleaba en el retorno, pero el autor
citado anota, como hecho excepcional, que en 1525, cuatro naves que habían partido de Santo Domingo llegaron a Sanlúcar de Barrameda en veinticinco días de navegación. 6
Los navíos que desde Sevilla se dirigían al Nuevo Mundo, aunque no se
había dispuesto ordenanza alguna por entonces, solían hacer el viaje en convoy, para ayudarse en la travesía ante cualquier alteración del tiempo o ataque
que pudieran inferirles los piratas que pululaban en el océano. Con ocasión
de la guerra que España sostenía con Francia, ~ ordenó en 1543 que las naves debían hacer la carrera de las Indias en flotas, con un mínimo de diez
navíos de cien o más toneladas cada uno. Se señalaban para estas flotas
dos salidas anuales, en marzo y septiembre. Un navío de guerra costeado
con la "avería" debía escoltar el conjunto hasta La Habana. Los navíos
destinados a Santo Domingo debían formar flota aparte, eligiendo los pilotos
entre sus naves una que sirviera de capitana. Continuó este sistema de convoyes hasta que se modificó en 1553, año en que se mandó que las naves
mercantes fueran armadas y que se formaran dos escuadrones de navíos de
guerra para 1a protección de las embarcaciones comerciales, con estación uno
en las . cercanías de Sevilla y jurisdicción hasta las islas Azores y Cabo de
S_an Vicente y el otro en Santo Doming-0 para salvaguarda de las embarcaoone~ que navegaban por el Caribe. No obstante estas disposiciones, la navegación no se ajustó debidamente a lo ordenado, hasta que Felipe II pro-mulgó en Madrid, a 16 de julio de 1561, las ordenanzas que reglamentaron
el servicio de flotas. 7
• GoNZALO FKRNÁNDEZ DE ÜVIEDO Y VALoÉs, Sumario de la Natural Historia de
las Indias, en Historiadores primitivos de Indias, Madrid, 1877, t. I, p. 473.

' F.

DE

CAsmo

Y .BRAvo,

Las naos españolas en la carrera de ~as Indias, armadas

'"I flotas_ en la segunda mitad del siglo XVI, Madrid, 1927, pp. 48-50.: y MARINO,
Comercio Y navegación, pp. 251-258. El régimen de flotas y galeones perduró hasta
11_40.: véase RICARDO LEVENE, 11ivestigacio.nes acerca de la Historia Econ6mica del
V1rre~nato del Plata, La Plata, 1927, t. I, pp. 283-293. Sobre algunos puntos de

Espana que estuvieron habilitados temporariamente para comerciar con las Indias
consúltese JosÉ ToRRE REVELLO, Puertos h4bilitados en España en el siglo XVI para

467

�Por esa disposición se mandaba que los navíos mercantes debían ~alir en
dos flotas custodiadas por una armada real. Una de ellas se destmab~ ~
Nueva España y la otra a Tierra Firme. En cuanto a la armad~ real, VIgtlaria el océano tanto a la ida como a la vuelta. Una flota deb1a levar ~das en enero y la otra en agosto, llevando cada una capitán general Y ahnirante. ª En las ordenanzas que Felipe II expidió en 18 de octubre de 1564,
señaló la salida de la flota de Nueva España en abril. El itinerario que debía seguir ésta se maraaba con rumbo a las islas Dominica, Deseada o Guadalupe y Santo Domingo. Pasado el cabo de Tiburón, _se apartarían las naves
que se dirigían a Jamaica y a Santiago de Cuba, rmentras la flota se acercaba a la isla de .Pinos. En este lugar o en el cabo de San Antón, debía
ordenar el je(e principal a las naves que iban a Honduras y al Yucatán que
tomaran su destino. Pasado el cabo referido eran despachadas las naves destinadas a La Habana, y las restantes seguían su rumbo desde ese lugar hacia
San Juan de U lúa.
La flota de Tierra Firme partía en agosto y al llegar a la isla Dominica se
despachaban las naos que se dirigían al río Hacha, Venezuela, Cabo ~e la
Vela y Margarita. El general de la flota con la part: re~te enfilaba
hacia Cartagena, donde después de descargar la mercanc1a destmada a este
puerto se dirigía a Portobelo. Desde este último lugar emprendía el regreso
a ca.r:agcna y de allí a La Habana, en donde se unía a la flo~ de ~ u~va
España para retornar juntas a Cádiz y Sanlúcar de Barrame~a. S1 algun lillpediroento obligaba a demorar el viaje a 1~ naves,_ ~ebía mvemarse en La
Habana hasta que reinaran las circunstancias prop1c1as para emprender el
regreso.
dif" '
al éduJ d 20
La época en que debían partir las flotas se mo 1co por re c
a e
de enero de 1582, que señaló el mes de mayo para la salida de la de Nueva
España, y agosto para la de Tierra Firme.9
•
•
.
Las flotas, al regreso, se debían concentrar a mediados de Jumo en _La
Habana, para emprender el retomo a España. Desde aquel puerto enfilacomerciar con las Indias Occidentales, en Humanidades, La Plata, 1936, tomo XXV
da parte) pp. 353-361. Véase GUII.LER){O CÉSPEDES DEL CAsTJLLO , La ave(
segun
'
·
·
·
S vill l945,
ría en el comercio de Indias, en Anuario de Estudios Amertca.nistas, e a,
vol. II, pp. 595-698.
.
a Para más detalles sobre el régimen de las flotas, pueden consultarse _las obras c~tadas en la nota anterior de CASTRO y BRAVO llA.RINo. Pareceres que dieron los ofide Mercaderes,
cial es rea Jes de la Contratación de Sevilla y el prior y Universidad
d" O .d tal
que dieron la orden para que fuese~ dos ~otas cad~ _año a !as In tas cc1 en es,
en AGI (=Archivo General de Indias, Sevilla), ]ustma, lega10 11~0 . . ,
.
• RAFAEL ANTÚNEZ y AcEVEDO, Memorias históricas sob1e. la legulacion y gobte":"
del comercio de los españoles con sus colonias en las lfldias Occidenlales, Madrid,

1797, pp. 95-96.

ban hacia las Azores para dirigirse desde a1lí a Sanlúcar de Barrameda, salvo aquellos navíos que se hallaban. exceptuados por licencia real.1 º
Los antecedentes que hemos enumerado nos pennitirán conocer mejor el
itinerario que debieron seguir las naves en su viaje desde las costas de España a distintos sectores del Nuevo Mundo.
E1 P. José de Acosta, S. J., en la obra que publicó en 1590, se ocupó de
la navegación al continente americano en el libro tercero' capítulo IV, titulado Que en la Tórrida zona corren siempre brisas y fuera de ella vendavales y brisas, donde, después de referirse a los vientos, manifestó que era
"más segura la navegación yendo de España a las Indias Occidentales que
la de ellas volviendo a España". A continuación de lo expresado, apWltó
el siguiente itinerario: "Salen de Sevilla dos flotas y hasta llegar a las Canarias sienten la mayor dificultad, por ser aquel golfo de las Yeguas vario,
Y contrastado de varios vientos. Pasadas las Canarias, van bajando hasta
entrar en la Tórrida, y hallan luego la brisa, y navegan a popa, que apenas
hay necesidad de tocar a las velas en todo el viaje. Por eso llamaron a aquel
gran golfo, el golfo de las Damas, por su quietud y apacibilidad. Así llegan
hasta la isla Dominica, Guadalupe, Deseada, Marigalante, y las otras que
están en aquel paraje, que son como arrabales de ]as tierras de las Indias.
Allí las flotas se dividen; y las que van a la Nueva España echan a mano
derecha en demanda de la Española, y reconociendo el cabo de San Antón,
dan consigo a San Juan de Ulúa, sirviéndoles siempre la misma brisa. Las
de Tierra Firme toman 1a izquierda, y van a reconocer la altísima sierra Tayrona, y tocan en Cartagena y pasan a ombre de Dios, de donde por tierra
se va a Panamá, y de allí por 1a mar de el sur al Perú. Cuando vuelven
las flotas a España, hacen su viaje en esta forma: la de el Perú va a reconocer el cabo San Antón, y en la isla de Cuba se entra en La Habana, que
~,muy hermoso puerto de aquella isla. La flota de Nueva España viene tambien de.sd~ la Veracruz, o isla de San Juan de Ulúa a la Habana, aunque
con traba30, porque son ordinarias allí las brisas que son vientos contrarios.
En la Habana, juntas las flotas, van a la vuelta de España buscando altura
fuera de los Tópicos, donde ya se hallan vendavales, y con ellos vienen a
reconocer las islas de las Azores, o Terceras, y de allí a Sevilla".l.1
Mucho más prolijo es el itinerario que traza el cronista Antonio de Herrera y Tordesillas en sus conocidas Décadas, cuyo tomo primero fue impreso en Madrid en 160L12

'º

CASTRO Y

BRAvo, Las naos, pp. 53-85;

HARING,

Comercio y 11,avegación, pp.

258-287.
u PADRE JosRP'.B. DE AcosTA, R Euoroso DE LA COMPAÑÍA DE JEsús, Historia nafu:a/ Y nu:ral ile las Indias, reimpresión hecha en Madrid, 1894, t. I, pp. 180-185.
ManeJamos la siguiente reimpresión: Historia general de los hechos de los cas-

469

�En ]os legajos pertenecientes a la Casa de la Contratación de Sevilla, que
actualmente se conservan en el Archivo General de Indias en la referida ciudad, hemos tenido oportunidad de ver libros y registros referentes a las
naves que formaron las ilotas de Nueva España y Tierra Firme. Por ejemplo, en 1562 integraron la primera veintitrés navíos y treinta la segunda. En
ese mismo año regresaron a España cuarenta y cinco embarcaciones. En
1605, partieron las flotas de SanJúcar de Barrameda. La que se dirigía a
Tierra Firme la componían veinte naves de las cuales cuatro se dirigían a
Margarita y una, respectivamente, a Santo Domingo, Puerto Rico y Santa
Marta. Treinta y tres naves integraron ese año la flota de Nueva España;
de ellas se destinaron tres a Honduras, dos a Campeche (Yucatán) y una,
respectivamente, a Santo Domingo, Puerto Rico y La Habana. 19
En ese nusmo repositorio se conservan en gran número los registros de las
naves indianas, en donde quien se interese podrá enterarse de las fechas de
arribo y partida del navío a que pertenece el registro, nombres de los tripulantes, pasajeros, annamento, víveres, carga, etc.14
Consultando esa riquísima como importante documentación, aclaramos que
algunos navíos con licencia especial del rey, destinados al Río de la Plata,
tellanos en las lsl.as y Turra/irme del Mar Oi;éano por ANTO'NTO DE HERRERA, publicada pur acuerdo de la Academia de la Ifútoria, Madrid, 1934, tomo I, Descripción de las Indias Occidentales con prólogo 'Y notas del acadlmico de número ANTONIO BALLESTEROS BERBTTA. Véase del citado prólogo las pp. LXXV-LXXX, donde
se da noticia de la fuente utilizada; del texto del cronista, capítulo II y III. Por
R. C. dada en Madrid, a 17 de enero de 1591, se dieron nuevas instrucciones sobre
el régimen de flotas. AGI, Indiferente General, legajo 427, lib. XXIX, fo1s. 173 vta.2O3 Vru.TIA LI AGE, en Norte de la Contratacwn, dedicada en el libro TI, el capítulo
XIII a tratar De fa navegación que deben hacer las armadas y flotas y los nav-íos
que van a las islas de Barlovento y a la costa. En 1661 los galeones de las. flotas
de Nueva España y Tierra Firme al retomo hacia España, arribaron a la Coruña,
dando origen e.se hecho a una extensa información. AGl, Indíferente General, legajo
776. Véase: ERNESTO ScHAEFER, Comunicacion:es marítimas y terrestres de las Indias
Españolas, en Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, 1946, t. III, pp. 969-983.
'" AGI, Contraiación, legajos 2898-2900. Existe folleto impreso a fines del siglo
XVIl, que firma BARTOLO'MÉ ANTONIO GARROTE, con la nómina de las flotas que
fueron a Nueva España y a Tierra Firme, desde 1580 a 1699 (Biblioteca Colombia,
Sevilla, Varios Papeles, Libro 45). De ese folleto que consta de 12 páginas, facilita
un extracto ANTÚNEZ y AcEVEDO, Memorias históricas, Apéndices, núms. 6 y 7,
pp. XVII-XXXIII.
" AGI, Contratación, legajos 1079-2913, que corresponden a los años 1523-1783.
MORALES PADRÓN, El Comercio Canario-Americano, pp. 338-366, publica una estarustica de los navíos que partieron de las Canarias a distintos puertos de América
en los siglos XVI a XVIII. Lo n:lativo a legislación sobre armadas y flotas en vigencia en 1680, puede verse en la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias,

jutegraron _la flota de Tierra Firme, con excepción del filibote Nuestra Señora
de la Candad, maestre Pedro Díaz Carlos, que en 1620 partió con la flota
de Nueva España por no haber alcanzado a la de Tierra Finne.
Con referen~ia a alguno d~ los viajes efectuados a la Nueva España,
podemo~ mencionar el que realizó el virrey Antonio de Mendoza, que partió
de SanJucar de BaITameda en el mes de julio de 1535 y ruTibó a Veracruz
el 2 de ~~re. 1 ª Aunque no se da día de salida, podía calcularse la duración
de ese VJaJe en poco más de sesenta días.
Alemán refirió
, Mateo
G
.. , el viaje que hizo el arzobispo de Me'xi"c
, . o, F ray G arc1a uerra, que VJaJo en uno de ]os navíos de la flota de la Nueva España
~~ 1608, ,q~e se _hallaba al mando del general Lope Diez de Almendariz. Par~
ho de Cadiz el JU~ves 12 de junio y arribó a San Juan de Ulúa el martes 19
de agosto. Es decir que duró el viaje sesenta y ocho días.rn
En 1625 vistiendo los hábitos de la orden de Santo Domingo emba '
C, d" 1 d . .
'
reo
en a 1Z ~ 2 e _J~lio, fray Tomás Gage, en la flota de Nueva España. Integr~ba dicho religioso una misión que se destinaba a las islas Filipinas y el
Japon, pero por causas que él mismo refiere en un libro que escrib.'
d
Am' .
10, se
etuvo en
erica. El navío en que iba embarcado arribó a San J an d
Ul~a el 12 de septiembre, empleando en la travesía setenta y dos dí:.u E:
deci.r que se trató de un viaje normal.
El _navío de guerra San Román, en el que viajó el virrey de Ja Nueva
Espana~ segundo conde de Revillagigedo (Juan Vicente _de Güemes Paclieco
de ~~a) em~l~ en la travesía desde Cádiz a Veracruz, sesenta y dos días.
Partto el 7 de JtnUo de 1789 y arribó a destino el 8 de agosto.1~

II
Ria

DE LA PI.ATA

d ~on refer~ncia a los viajes al Río &lt;le 1a Plata, poseemos un gran número
e ~formaciones referentes a distintas époc;,is. Juan Díaz de Solís que descub:1~ el Río de la Plata en forma oficial para España segun' inf~rma J '
Tonb1 0 M ed"ma parb.o
·, d e Sanlúcar de Barrameda el 8 'de octubre de 1515
ose

'

C· P'EREZ DusTAMANTI!., Don Antonio Mendoza, Santiago de Compostela, 1928,
p. 27.
lglll FRANcrsco RonIÚGUEZ MARÍN, en Boletín de la Academia Española, Madrid,
33, t. XX, p. 217.
"
~ueva Relación que contiene los vi(Jjes de ToMÁs GAGE en la Nueva España pró1
og; e SI.NFOROSo AGUILAR, Guatemala, Biblioteca "GoatehemaJa" 1946 pp Í0-27
Boletín del Archivo General de la Nacifm, México, 1948, t.
n

XIX, 323. ·

·

libro IX, títulos I a XLVI.

471
470

�empleando en la navegación hasta el estuario ciento diecisiete días, lo que
permite precisar su arribo en 2 de febrero de 1516.19
.
Hemando de Magallanes levó anclas del mismo puerto que el antenor, el
20 de septiembre de 1519, penetrando en el Rio de la Plata en 10 de enero
del siguiente año, empleando en ese tramo de su viaje ciento doce días. 20
El viaje que realizó Sebastián Caboto fue muy lento, debido a las detenciones de su armada en distintos lugares de la travesía. Partió de Sanlúcar
de Barrameda el 3 de abril de 1526 y penetró en el estuario el 21 de febrero del siguiente año, empleando trescientos catorce días. 21
Don Pedro de Mendoza, primer adelantado del Río de la Plata, levó anclas del citado puerto el 24 de agosto de 1535 y fondeó en la isla de San
Gabriel el 22 de enero del siguiente afio, insumiendo en su viaje ciento cincuenta y un días. 22
De los viajes realizados en el transcurso del siglo XVI, mencionaremos
el del gobernador Diego Rodríguez Valdez y de la Handa, que partió de
Lisboa el sábado 4 de abril de 1598 y arribó a Buenos Aires el 5 de enero,
empleando doscientos setenta y seis días. 2ª
Otro gobernante de la centuria siguiente, que también embarcó en Lisboa
para clirigirse al Río de la Plata fue Diego de Góngora. Partió el 15 de abril
de 1618 y arribó a Buenos Aires el 16 de noviembre, o sea que empleó en
su viaje doscientos quince días.
Un comerciante que poco después de la mitad del siglo XVII vino al
estuario y que escribió un libro en el que recogió sus impresiones, dejó constancia de que su primer viaje lo hizo en una nao de 450 toneladas, partiendo
de Cádiz a fines de 165 7 y empleando ciento cinco días hasta alcanzar su
destino. 24
En el último tercio de ese siglo, viajaron con licencia real al puerto de
Buenos Aires, tres embarcaciones d~ las que era propietario Miguel Gómez
1•

JosÉ

ToRIBIO MEDINA,

Juan Diaz de Solís, estudio hist6rico, Santiago de Chile

182 7, 2 vols.
"' JosÉ ToIUBJO MEDINA, El descubrimiento del Océano Pacífico, V asco Núñez de
Balboa, Fernando de Magallanes y sus compañeros, Santiago de Chile, 1920, 2 vols.
y P. PABLO PASTELLS y P. CONSTANTINO BAYLE, El descubrimiento del Estrecho de
Magallanes, Madrid, 1920, 2 vols.
. .
~
21 JosÉ ToRlllto MED1NA, El veneciano Sebastián
Caboto al seruu:io de Espana,

Santiago de Chile, 1908, 2 vols.
.
.
" PAUL GRoussAc, Mendoza y Caray, las dos fundaciones de Buenos Aires, 15361580, Buenos Aires, 1916, segunda edición.
.
'" RAÚL A. MoLINA, Don Diego Rodríguez V aldez y de la Banda, Buenos Aires,
Ediciones de la Municipalidad, 1949, pp. 33-34.
•• ACAiraTIE Relación de un viaje al Río de la Plata, traducción de FRANCISCO
F°ERNÁNDEZ W~cE, prólogo y notas de JuLio CÉSAR GoNZÁLEZ, Buenos Aires, 1943.

472

de Rivero, que falleció en dicha ciudad, mientras aquéllas se aprestaban para retornar a España. Se denominaban Santa María de Lubeque, maestre
Mateo Lozano; Nuestra Señora de la Soledad y Arbol de Roble, maestre Domingo González y San José y Nuestra Señera del Rosario, maestre Sebastián
MendioJa. En el primero de esos navíos viajó el virrey del Perú marqués de
Malagón y conde de Castellar (Balt.asar de la Cueva Henríquez ~ Saavedra),
el gobernador de Buenos Aires, Andrés de Robles y una misión de treinta
y cinco religiosos de la Compañía de Jesús, a cuyo frente se hallaba el P.
C:ri~baJ Al~o. Transportó dicha nave en sus bodegas armas y municiones con desuno al frente de Buenos Aires. En el segundo navío se condujo tropa con destino a la guarnición de la ciudad. Partieron las naves del
puerto de Cádiz el 15 de diciembre de 1673 y anclaron en destino el 15 de
marzo del siguiente año, es decir que emplearon en la travesía noventa días.
Un _poco más breve fue el viaje que tres naves de las que era propietario
FrancLSco de Retana, realizaron con licencia real al puerto de Buenos Aires.
Se llamaban La Santísima Trinidad y Nuestra Señora de la Pura y Limpia
Co_ncepción, Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad y El Angel San
~iguel y ~os Angeles y traían a su bordo diversos pasajeros con empleos oficial~ _desbnados a gobemacíones limítrofes al Río de la Plata y armas y
muruciones para el Fuerte San Balt.¡sar de Austria de Buenos Aires. Setenta
Y nueve días emplearon desde que partieron de Cádiz el 17 de enero de 1691
hasta que f~ndearon en su destino el 6 de abril. En uno de estos navíos viajó
el P. Antoruo Sepp S. J. y su compañero de instituto, el P. Antonio Behme.
Con las cartas que el primero dirigió a su hermano Gabriel dándole sus im.
'
presiones de las regiones que recorriera, éste publicó un volumen con interesantes noticias sobre los lugares visitados. 25
El R. P. Guillermo Furlong S. J. publicó el escrito que sobre su viaje redac~ra el presidente de la Audiencia de Charcas, José Cipriano ¿¡_e Herrera
Y Lo1zaga, cuando se dirigía a la sede de aquel tribunal, que ilustró con algunos apuntes curiosos sobre ciertas ciudades que visitara. La travesía del
Atl~ntico la hizo a bordo del navío Nuestra Señora de la Concepción y San
]~se, que partió de Cádiz el 27 de noviembre de 1717 y ancló frente a Buenos
Aires el 6 de abril del siguiente año, empleando en el mar ochenta y nueve
dí as. 26
. ". En alemán se hizo la primera edición en 1696 y se reimprimió en Nuremberg al
siguiente añ~. Se tradujo al inglés con el título An Account of a voyage from Spain
to PartUJuana; performed by the Reverend Fathers Anthony Sepp and Anthony Behme
bot~ Pubblish'd by own Brother Gabriel, Sepp, London, 1732, Sobre el autor, véas/
Guille_rmo Furlong, S.] ., Antonio Sepp, S.f. y en "Gobierno Temporal" ( 1732) Buenos Aires, 1962.
'
'
,. GuJLL'ERMo FuRLONC

S.J., Un viaje a Buenos Aires, Córdoba, Santiago de Chile

473

�Un religioso ilustre, fundador del Monasterio ~e ~ta Catalina de, Sena
de Buenos Aires, el doctor Dionisio de Torres Bnceno, cuando re~rno a la
ciudad natal, embarcó en Cádiz en el nav'ro San Carlos,_ que l~vo_ anclas_ el
20 de noviembre de 1722 y finalizó el viaje el lo. de abril del sigwente ano,
empleando en el mismo ciento treinta Y un días, 27
El célebre arquitecto de la Compañía de Jesús, P. Cayetano Cattanco, que
junto con el P. Carlos Gervaso~ trabaj~ _intensamen~e en proyectar Y ~nstruir importantes edificios relig10s0s y CJViles de la cmd~d de B~,e~os Air:5,
· ., 0 1729 Desembarcó en Buenos Aires el 19 de abnl, a los ciento diez
VlaJO e
•
· ., J .
y ocho días después que salimos de Cádiz", según escnbio e pnmero ª su
hermano José, que se hallaba radicado en Módena. 2ª
,
El P. Juan Escandón del mismo instituto al que pertenec1an lo~ ~adres
Cattaneo y Gervasorú, Iw:o un viaje partiendo de Cádiz el 13 _de diciembre
de 1733 y anclando la nave en que viajaba frente a ~uenos ~es, el _24 de
abril del año siguiente, habiendo navegado por espacio de ciento treinta y
dos días. 29
Más de un decenio después viajó el P. Vicente Saos, que ejerció la d?:
cencia como profesor en la Universidad de Córdoba del. Tucumán. P_~o
de Cádiz el 22 de abril de 1745 y desembarcó en Buenos Aires en 16 de Júlio.
·
d'1as.30
La travesía había durado ochenta y cmco
Un viajero que nos ha dejado un libro curioso sobre sus andanzas, el fran:
·
F
Pedro José de Parras nos cuenta en su relato que embarco
aseano ray
.
• L d d ' ")
en Cádiz en la fragata Nuestra Señora de los Milagros ( alias on e_ e,rz ,
·tán Antonio de Aniaga que partió el 10 de febrero de 1749 Y ambó al
capi
puerto d e Buenos Aiies ei' 29 de 1·unio, insumiendo el viaje ciento treinta
y nueve días. 31

· 1767 se calculaba que los paquebotes correos empleaban en la traH ac1a
• , a2 El ·
vesía desde La Coruña al Río de la Plata tres meses de navegac1on.
m-

. en ez s,g· zo XVIll (1717-1727) • José Cipriano de Herrera y Loyzaga, en
Historia Buenos Aires, 1955, año I, núm. 2, pp. 68-74.
.
,,. A~RÉs MILLE, El Monasterio de Santa Catalina de Sena de Buenos A1-res,
Evocación del siglo XVlll, Buenos Aires, 1955, t. l, PP· 33-34.
.. Buenos Aires y Córdoba en 1729, según cartas de los padre~ C. CATI'ANEJO
C.
G~VASONl s.J., estudio preliminar, traducción y notas del arquitecto M.Aruo • usCHIA7.ZO Buenos Aires, 1941, p. 128.
G
2e jost MANUEL PERAMAS, Vida y obras de seis humanistas, prólogo de
UILLERMO

tendente general de Buenos Aires, Manuel Ignacio Fernández, en dea·eto
que firmaba en 30 de octubre de 1780, manifestaba que "el Correo que salió
del puerto de La Coruña en quince de agosto se recibiría aquí a los cien días
de navegación". 33
Años después, la expedición científica integrada por las corbetas Descubierta y Atrevida, que navegó al mando del ilustre marino italiano Alejandro
Malaspina, partió de Cádiz el 30 de julio de 1789, arribando a Montevideo
el 20 de septiembre, habiendo empleado en la travesía cincuenta y dos días.
Finalmente, señalemos que la fragata inglesa París, capitán Wichard, que
trajo a Buenos Aiies la noticia de la invasión de las tropas napoleónicas a
Andalucía y que al conocerse dio origen a los acontecimientos que culminaron con el 25 de mayo de 1810, empleó en la travesía cincuenta y tres días,
habiendo levado anclas de Gibraltar el 21 de marzo y fondeado en Buenos
Aires, el 13 de mayo. 34
Las circunstancias de contar los navíos en el período al que nos hemos
referido sólo del viento como elemento propulsor, hizo que la arquitectura
naval se reformara haciéndolos más veleros y estables sobre las aguas, lográndose, como se ha leído con respecto a las corbetas Descubierta y Atrevida, hacer el viaje de Cádiz a Montevideo en 1789 en cincuenta y dos días. Un
día más empleo la fragata inglesa París en viaje directo, en 1810, desde
Gibraltar a Buenos Aires.
Podríamos llamar tiempo récord el empleado en ambos viajes, si tenemos
en cuenta que poco antes insumían los paquebotes correos alrededor de noventa días en Ja navegación de La Coruña a Buenos Aiies.
Sobre la vida que se llevaba a bordo de las naves dan curiosas noticias los
relatos impresos de algunos de los viajeros que hemos mencionado, cuya exposición no entra de momento en nuestro propósito y a los que remitimos al
lector para un conocimiento cabal de esos hechos. 55

y L1ma

¡

FuRLONC

S.J ., Buenos Aires,

1946, p, 20 l.

"" Jbid., pp. 242-243 · ·
749 1753 E p .,_ F
p
J sE' DE p.nn•s Diario y derrotero de sus VUJJeS, 1 , s ana
RAY
EDRO O
='
.
114
Río de la Plata-Córdoba-Paraguay, Buenos Aires, 1942, pp. 69.
B
Air
= JosÉ MARco DEL PoNT, El Correo Marítimo en el Rlo de la Plata, uenos es,
1913, p. 12.

474

33

AGI, .Audiencia de Buenos Aires, legajo 355.

" Recordaremos que Vito Dumas, el "viajero solitario" con su yate /..,eigh, en 1932,
empleó en la travesía desde Arcachon a Buenos Aires, setenta y cuatro días .
33
Entre los autores dignos de recordarse que se ocuparon de la vida a bordo de
las naves españolas, figura Euo.xmo DE SALAZAR DE ALARcÓN, en una carta que se
publicó en el volumen LXII de 1a Biblioteca de Autores Españoles, llamada de Rivadeneyra y que en la Argentina reprodujo HÉcTOR RAÚL RAno, en Boletfo del
Centro Naval, Buenos Aires, 1930, vol. XLVII pp. 657-669, que después, con el
seud6nimo TENIENTE DosERRES, se insert6 en Argentina .Austral, Buenos Aires, año
V, núms. 55 y 56. Véase entre otros autores a ToMÁ.s THAYER ÜJEDA, Un ejemplo
de c6mo se iba o se venía de España en el siglo XVI y contratiempos e imprevistos
que solían ocurrir, en Revista Chilena de Historia y Geog-raf!a, Santiago de Chile,

475

�MOROS Y CRISTIANOS EN TEXAS
Desfiles, Corridas de Toros y Salvas de Artillería
anuncian la Ascensión de un nuevo Monarca Español
Da.. M,u.cou1 D. McLEAN
Teiw Chistian University
Fort Worth, Texas

XXXIX (no. 43); GUSTAVO ÜPAZO M., Lo que costaba un vi~je a Madrid. en
el siglo XVIII, Jbid., t. LIV (no. 58) y J/uuo / G/un.LÉN /, PasaJe a Bueno: A11es
en J722 en Revista de Indias. Madrid, 1940, afio I, no. l. como reconstrucc16n de
cómo se' vivía a bordo de las naves en la travesía del océano, nadie ha igualado las
páginas, que Graussac insertó en Mendoza F. Gara,y, capítulo V, la vida en la Carabela.

L

476

"¡ Ei. REY HA MUERTO. VrVA :EL REY!" es un grito que se ha oído muchas
veces en los países europeos, pero es posible que muchos de los lectores no
estén informados, que esta exclamación -una mezcla de pesar por el monarca
desaparecido y regocijo por el nuevo gobernante- también resonó en la
adormecida frontera de Texas hace varios siglos.
Por ejemplo, el 25 de mayo de 1747, todos los soldados acantonados en el
puesto fronterizo texano de Los Adaes fueron reunidos al redoble del tambor
y se les informó que el rey Felipe V de España había muerto, un acontecúniento de primerísima importancia para ellos, pues todas las poblaciones
que entonces existían en Texas habían sido fundadas durante el reinado de
Felipe V (1700-1746) y por lo tanto los texanos de entonces eran súbditos
españoles. De hecho, el rey había muerto desde el 9 de julio de 1746, pero
la noticia había tardado diez meses en llegar a la provincia española de Texas.
Por lo tanto, en honor de la muerte del rey, el gobernador García Larios
tan pronto como recibió y leyó la proclamación oficial, se puso de pie, besó
el documento y lo colocó sobre su cabeza, como símbolo de que lo acataría.
Luego envió despachos a San Antonio y La Bahía, los únicos otros fuertes y
poblaciones de Texas, para que pudieran efectuar ceremonias oficiales de
duelo por el monarca desaparecido.
En los Adaes, la guarnición del presidio marchó en formación por las
calles y alrededor de la población al redoble del tambor de guerra mientras
todas las campanas tocaban. Entonces, en presencia de los soldados y habitantes de la comunidad reunidos "y teniendo la iglesia dispuesta siguiendo

•

477

�1

dicha doble a proporción del caso, en uanto permite su extensión, el túmulo
cubierto y en él, corona, cetro, caja de guerra enlutada y todas las demás
insignias reales y de armas, ardiendo en él cien velas de cera, se celebraron
Jas exequias, honras y misa cantada, con Ja mayor seriedad, pausa, aparato
y decencia correspondiente, que este profundo y corto país permite".
Cuatro meses más tarde, después de un período conveniente de duelo, los
soldados, pobladores y transeúntes en Los Adaes se reunieron nuevamente,
en esta ocasión, para escuchar la lectura de una cédula proclamando a
Fernando VI como nuevo rey de España. Reconocieron al nuevo soberano
como su legítimo rey y señor y le juraron lealtad, enmedio de manifestaciones generales de regocijo. Al día siguiente, los soldados en un grupo y los pobladores en otro marcharon a través de la puerta principal y alrededor
de la población,' siguiendo cada grupo una dirección opuesta y haciendo
una manifestación pública de la coronación del nuevo rey. Durante todo
este tiempo, nos dice el cronista oficial, la artillería estuvo haciendo fuego
repetidamente y "de tal manera que fuera perceptible a todos".
Cuando la noticia de la muerte del rey se recibió en La Bahía, el capitán
ordenó inmediatamente, que se observara un período de duelo en el presidio
y en la misión del Espíritu Santo, pero decidió que se pospusieran otras
demostraciones, pues no había población civil en el presidio y la mayoría de
los soldados estaban ausentes. Sin embargo, en la misión vivían dos tribus
de indios, los jaranames y los tamiques, por lo tanto, se les pidió a los padres
misioneros, que hicieran que estos indios encomendaran en sus oraciones el
alma de su monarca católico difunto.
Pero, para febrero de 1748, la mayoría de los soldados habían regresado
a La Bahía efectuándose las exequias simbólicas con cincuenta velas encendidas en' el túmulo y el altar. Posteriormente, cuando los residentes juraron lealtad al nuevo rey, estaban tan felices, que todo lo que se pudo oír
durante dos horas fue: ¡ "Viva Fernando VI! ¡ Viva el rey!" Entonces, el
capitán Orobio Bazterra les dio permiso para continuar su celebración los
tres días siguientes '~con saraos, músicas y otras diversiones, que se les tenían
unas totalmente vedadas".
En una de las tardes posteriores, la gente se reunió de nuevo, maTchó alrededor de la plaza y entró a la iglesia, en donde los padres entonaron el
cántico de acción de gracias "con estruendo de campanas y artillería". Enttmces se r~inici6 la procesión, con descargas repetidas de las armas de
fuego y gritos de aclamación.
El capitán, al concluir su informe oficial sobre las ceremonias, expresaba
su pesar, que debido a la urgencia de otros deberes, había sido necesario
posponer los torneos y tres dfas de corridas de toros, que se habían planeado
originalmente como parte de la celebración.

478

Las ceremonias que tuvieron lugar en San Fernando, que era la capital
de "la provincia de Texas y Nueva Filipinas'', fueron más fonnales. El edicto
real anunciando la muerte del rey fue leído frente al ayunta.Iíliento1 y este
organismo decretó, que todas las personas que residían en ese presidio o
villa llevaran luto por seis meses. Como tributo al nuevo rey, se les ordenó
a los habitantes ostentar en sus c;asas luces festivas durante las tres noches
sucesivas.
La parte más vistosa de la celebración fue, sin embargo, una batalla simulada entre "moros y cristianos '. Esta forma de diversión se había originado
en España para celebrar la victoria de los espafioles sobre los moros. Estos
habían invadido España desde el Africa el año de 711 y se quedaron dUl'ante
ocho siglos hasta que fueron finalmente desalojados el año de 1492. Para
celebrar esta victoria de la religión católica o "cristiana" sobre el paganismo
los españoles perpetuaron el recuerdo de aquella memorable ocasión repre~
sentando batallas simuladas cada año. Le parecerá raro al lector encontrar a
los "moros", todavía luchando en Texas mil años después de que originalmente invadieron la Península Ibérica, pero así era.
En esta versión de ''moros y cristianos" hubo, a las tres de la tarde, UD
vistoso desfile desde el Palacio de Gobierno hasta la iglesia. Adelante iban
las tropas del presidio seguidas por el gobernador con el alférez portando
a la derecha los colores reales, acompañado por el capitán del presidio y
los miembros del ayuntamiento. Detrás de éstos iba la compañía de "moros"
con su gran turco, capitán, abanderado y sargento. En seguida venían los
"cristianos" con su capitán, teniente abanderado, sargento y su gran maestre
al mando de todos. Los detalles con respecto al vestuario, se omiten del
informe oficial, pero el lector puede imaginarse la rara impresión que deben
haber producido los "moros", sobre todo con los adornos del gran turco.
Cuando llegaron a la igle.,ia el sacerdote les administró el agua bendita.
El_ portaestandarte real se aiTOdilló en el presbiterio sobre UD cojín especial,
IDientras el sacerdote bendecía los colores reales, después de lo cual se formó
la procesión y el sacerdote la acompañó hasta la puerta del cementerio.
Desde allí el grupo marchó por ]as calles del pueblo, enmedio de gritos de
i "Viva el rey nuestro señor!", así como el estruendoso descargue de mosquetes y cañones.
La procesión terminó en el centro de la plaza, en donde se había instalado
un elaborado castillo de cuatro pisos. El portaestandarte colocó los colores
reales en el punto más alto del castillo, rodeado de guardias y al pie de la
estructura se pusieron cuatro centinelas a caballo, con sus espadas en la
mano. Posteriormente, el gobernador se retiró a su palacio, acompañado por
toda la comitiva y la compañía de "moros" entró en acción, tomando parte
en muchas escaramuzas en la plaza.

479

�Estas escaramw,as continuaron., a intervalos, por un semana, ~ro tanto a
gentiles como a cristianos les fue posible dispon~r de tie~po, en cm~ de estos
días para ver las corridas de toros, deporte mtro~u&lt;:1do ª, Espana por los
moros y traído a Texas por los españoles. En el últuno día. de ,,las escaramuzas, el combate se llevó a cabo "con todo el esp!~ndor pos~bI; y cuando
terminó se formó en la plaza una magnífica procesion, encammandos~ luego
a la iglesia, llevando a todos los "moros" prisioneros y portando la ~agen
d San Femando el santo patrón de la población. Se cantó una nusa de
a:aón de gracias' y se dejó a San Fernando "en su iglesia" __(punto que se
enfatiza en el informe oficial, ya que el nuevo rey tarnb1en se llamaba
Fernando) , después de lo cual el grupo escoltó al g~~rnador de regreso a
ntinuó alrededor de la plaza con los prisioneros moros.
al ·
su P aao Y co
l · ·
t d (E
A )as tres de la tarde se representó una comedia a la cua aSISberon o os.. sta mención de la representación de una obra de teatro en T exas hace dos s1gl~s,
destaca otro hecho poco conocido ; esto es, que el teatro en T exas tuvo sus pnncipios en lengua española y no en inglés) .
.
.
Al terminar la representación, ]a artillería en formación cen:ada hizo tres resonantes descargas, marcando, con esto, el fin de las ~emoruas en que los pobladores pioneros de Texas juraron lealtad a su ma1estad Femando VI, el
nuevo rey de España.
. ns" de Helen
(Este artículo está basado en los "Bexar Archives ~ra~ latio
.
Mar Hunnicutt, volumen 17, copia en máquina en la biblioteca de la Umversidad de T exas, Austin) .
Traducido por Isidro Vizcaya Canales
Instituto Tecnológico de Monterrey

480

LA REVOLUCION RUSA DE OCTUBRE DE 1917
PROF. D R. fuINz ÜTTo Su;;nuR&lt;..
Catedrático de Historia Contemporánea
en la Universidad de Saarbrücken

H,w

EN LA VIDA de los pueblos cásís de conciencia cruciales que promueven
tambios profundos en la existencia de estas naciones, en toda su actitud ante
el mundo y en sus propósitos de influir en la H istoria. T ales transformaciones
decisivas, de naturaleia espiritual y material, liberan a esos p ueblos de la sujeción a aquellas autoridades que, en siglos de despliegue histórico de su genio
nacional, han creado fuerzas políticas, sociales y religiosas, y los hacen emanciparse. Entonces se pone en duda todo lo válido 11asta e1 momento, porque
la naturalidad ingenua del existir histótico, se complica luego convirtiéndose
en un ser truncado y reflexivo. Estós cambios del sentido de 1a existencia histórica de una nación y de su misión en el mundo, son las grandes revoluciones.
Largo tiempo preparadas con escepticismo en épocas de ilustración se convierten -con el consabido espanto de quienes las presencian- en explosiones
violentas, recorren muchos estadios de avances y retrocesos, se retardan y cobran nuevo impulso, se manifiestan en forma de entusiasmo por Ja libertad,
anarquía, deseos de mejoras sociales en el mundo y dictadura, en sucesión
cambiante. Pocas veces alcanzan su objetivo al primer impulso, casi siempre el
más violento. A notables y al parecer definitivos paros e incluso retrocesos, siguen nuevas olas en el curso de los estadios de la revolución. Por ello, las épocas de revolución son a menudo muy largas; en Roma de un siglo entero, en
Inglaterra de unos 50 años. También en Francia, el país clásico de la "gran
revolución", se necesitó casi un siglo para que el período revolucionario disnúnuyera y para que, desde finales del siglo XIX quedase sustituido al parecer definitivamente por aquella situación de tranquilidad que después ha hecho, que los logros de la Revolución Francesa produjeran la forma de vida
- mientras tanto ya conservadora- de la democracia parlamentaria que hoy,
no sólo en Francia, sino en todos los pueblos del Occidente libre, se ha con-

481
H

�.
f
d
existencia política. Porque la
vertido en la natural e inalienable orma e 1a.
ll
no s6lo
d
el
p:nmer
momento evar
d
did
R
l ·, Francesa ha preten o es e
.d
evo uc1on
.d d ntera la dicha de una forma de v1 a
a Francia, s~o ade~s al~ Humam a tee de
autonomía del individuo. Esta
política y social racional, libre y garan
.,
.
alidez universal ha

1:

exigencia q~e la Revo~ución :::c::J:!:~a~ºd::ee::~nces por la ma;oría
sido reconocida en el SJglo y
.
rinci io de su orden estatal.
de los pueblos de esta tierra y se ha co~;erttdo e~ puierepimportancia mundial,.
.
Al . al que la francesa la revoluc1on rusa a q
igu
'
d
, misma no sólo como un acontec1Desde un principio se ha conceptua o a s1
' l .,
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. tamb·, universal como una revo uc1on que
miento ruso, smo
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'd artida para desde allí realizar en gran
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d ,, A tal
R · , ·camente como su punto e P
a usia um
" debía hacer cambiar al mun o .
escala la exigencia de Marx de que se
l . , rusa de Octubre
.,
L . i 1 gran genio de esta revo uc1on
fin le parecto a enm, e
.
dría propagar la revode 1917 Alemania el país donde pnmeram~nte se po
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d Wl movi., '
.
ara con ello, universalizarse y conve rse e .
luaon desde RUS1a p '
.,
di l d l proletariado internacional ya
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la Revoluc1on mun ª e
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miento ruso, en
. .
Jase El ob. etivo de este cambio del or en
consciente de constituir una c · .
J ra la sociedad de clases bursigue siendo pnmero supe r
social empero era, y
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1 dictadura del proletariado. El
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·
por la vio ene1a a a
.
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siguiente objetivo er~ enton~es: ~n;:gu:i :d~. Culmina por lo tanto en
clases en la h~arudad, ~~ histpria como un estado de la vida humana
la utopía de un~ _e~demoma s . erar ai' hombre de su manera de ser dada
de duración def1rut1va, eterna. L1b
..
la historicidad y a ella
. .,,
d cir en cuanto a ser pns1onero en
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.
. .
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muchos que se le han entrega o con '
religión en un mundo sin Dios.
que admitir una vez que hasta alNo obstante, el mismo Stalin tuvo_ mil an~os todavía y por ello en el
d 'an transcurnr
·
b. ·
canzar este o Jetlvo po n
. . dir'uidos hoy por Rusia impera
1o • ta
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omni otencia estatal que el mundo viera
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, amenazante que nunca,
1 ·, permanente que oy, mas
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Rusia desde hace tiem1 cionar el mundo por estar o ya
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. 1 XVII XVIII habían ya superado, cosa que sm
luciones burguesas de los sig os , Ty ky 1 historiador de la Revolución
embargo, debido a lo que Leon rots. ' e

Rusa llama "evolución tardía" no se había llegado a alcanzar en el Imperio
Zarista, que hasta 1917 todavía se había mantenido retrasado en el Feudalismo.
Por esta causa, arguye Trotsky, se dieron en Rusia dos revoluciones en 1917
y, con ello, 1a "ley de la evolución combinada" había de surtir efecto alü
al sucederse rápidamente Ja revolución burguesa de Febrero y Ja proletaria
de Octubre. Esto induce a León Trotsky -que después de Lenin es sin
duda el mayor personaje del Octubre do 1917 en San Petersburgo, a la vez
que el historiógrafo partidista pero fascinante de los acontecimientos por él
mismo provocados- a dar a la Revolución Rusa de 1917 la primacía sobre
todas las grandes revoluciones de 1a Historia y a asignarle la nota de ser
única en su género cuando dice a este respecto: ''Remontándonos a siglos
pretéritos, Je parece a uno la toma del poder por parte de la burguesía un
hecho suficientemente normal: En todas las revoluciones anteriores lucharon
en las barricadas obreros, artesanos, algunos estudiantes, los soldados se pasaban a luchar en ellas... pero el poder, se lo quedaba la sólida burguesía
que con la mayor cautela y desde las ventanas, había estado observando la
lucha en las barricadas. La revolución de Febrero de 1917, sin embargo, se
diferencia de todas las anteriores revoluciones por un carácter social muchísimo mayor y, el alto nivel político de la clase revolucionaria, por la desconfianza y enemiga de los sublevados respecto a la burguesía liberal. . . y
por todo ello, sw-gió en el momento de la victoria un nuevo centro de poder
revolucionario: el "Soviet", que se apoyaba en la fuena armada de las masas". 3
Y fue este Soviet, el que por medio de los bolcheviques bajo el mando
de Lenin llevó la revolución a la segunda fase, la comunista, donde ya se
diferencia fundamentalmente de todas sus precedentes. Trotsky pretende caracterizar esta segunda revolución de 1917, y con ella la ''Revolución Rusa''
en sí, como veremos más abajo, por más que con su fonna de enjuiciarla
convierte la caracterización del objeto en una valoración positiva del mismo:
"Toda gran revolución tiene que señalar nuevas etapas de la sociedad burguesa y nuevas formas de conciencia de sus clases. Al igual que Francia
pasa por alto la Reforma, Rusia ha omitido la democracia formal. EJ Partido
revolucionario ruso, al que le estaba señalado estampar su sello en toda
una época, buscó la expresión para sus ideales de la revolución, no en la
Biblia ni en el cristianismo secularizado de la democracia "pura", sino en
las relaciones materiales de las clases sociales. El sistema soviético expresó
estas relaciones de la manera más simple, más despiadada, más clara. . . El
dominio de los trabajadores se hizo realidad por primera vez en este sistema
Y, cualesquiera que sean sus peripecias históricas posteriores, ha penetrado
imborrablemente en la conciencia de las masas como lo hicieron en sus
respectivos momentos el sistema de la Reforma o el de la Democracia "pura '. 4
Esta interpretación de la Revolución Rusa como un acontecimiento his-

483

�tórico procedente por necesidad de la pretendida ley del materialismo dialéctico -el cual a sí mismo se eleva al rango de Ciencia- podrá aceptarla
tan sólo un historiador que se halle dentro de ese esquema mental; el que
esté libre juzgará má simplemente y buscará las causas inmediatas de la
Revolución Rusa de 1917 en el enorme cansancio que había invadido a las
masas rusas a principios del año 1917, después de tres años de guerra mal
llevada y que tantos sacrificios exigía. Este historiador considerará que una
situación política muy concreta fue aprovechada hábilmente por la élite
revolucionaria de la minoría bolchevique del grupo Lenin para provocar
aquel movimiento revolucionario de Octubre de 1917 que incluso el adversario tiene que reconocer que se ha convertido como dice Herzfeld en
"símbolo de lo que se entiende por 'revolución mundial' y que 'continúa
siendo sin duda hasta el día de hoy la revolución de más consecuencias y
más importancia de la Historia :Moderna" _s Y en este momento de su r fle:idón el observador debe pensar que no se trata en modo alguno de "historia
pasada" sino que era y sigue siendo "presente" y que por su carácter de
revolución permanente es una "amenazd' eternamente actual.
También un lústoriador que, -tal es nuestro caso- no esté dispuesto a
ver actuar en esto leyes históricas a modo de sublime necesidad, como el
historiador del materialismo dialéctico se remontará a las causas de e te
violento movimiento y las busca1·á en la autarquía de los últimos Zares, vejatoria y enormemente retrasada incluso teniendo presentes las circunstancias
rusas. Pues ese Imperio no ha sido nunca un Estado Nacional en el sentido
de los Estados nacionales de la Europa Occidental y Central moderna, ino
un Imperio Mundial Eurásico, en el que vivían unos 175 pueblos di tintos y
era aún hasta el año 1861 indudablemente una Monarquía absoluta, donde
los Zares imperaban tan ilimitadamente que ese absolutismo rayaba a veces
en despotismo. A partir de los comienzos del desarrollo industrial causa de
que Alejandro II ganado por las ideas liberales diera libertad a los campesinos,
el Estado zarista empei.ó a seguir vacilante y con precaución la evolución liberal del resto de Europa. Al mismo tiempo que la liberación de los siervos
se concedió a los Municipios y Provincias cierta independencia para administrar sus intereses en los llamados " emstwos" parecidos a las Diputaciones
provinciales existentes en la Europa Occidental. 6
Estos comienzos de una vida constitucional moderna han despertado en el
pueblo ruso el anhelo de rematarlos con una Constitución General del Imperio; en la segunda mitad del siglo XIX esta exigencia se hace más y más
apremiante. Sus promotores y defensores se reúnen en los 'semstwos". Se
trata principalmente de la "inteligentsia" de profesiones, en especial: méclicos, profesores, técnicos y funcionarios administrativos. Los campesinos que
constituyen el 80% de la población están agradecidos al Estado por su li-

A partir de la liberaci·, d 1
.
aberación
ta y apoyan
h l el •absolutismo.
.
on e os siervos
~en delm~: o a actIVJdad política de los intelectuales de profesión y nace
e 1 tipo
.
b 1 t" intelectual del semstwo" . En esta clase va creciendo
la oposición
a a so u tsmo; a menudo se hace radical lleaando
al anarquism
1 nih·¡·
0
,
.
o, a
1 1smo
q ue para aquc11a epoca
corntltuye el símbolo amenazador de 1
1 .,
en puerta 7 E t t .• ,
a revo uc10n
, . . ds a ens1on se descarga en numerosos atentados. Alejandro II
~e v1ctuna_
uno de ellos. A consecuencia de este asesinato ha
cmnes, destierros y ejecuciones de anarquista M ch
.
y persecumás famoso más r
d
. .
u os errugran entonces; el
Lenin
y
. pe igroso e aquellos eJ111grantes era el que más tarde sería
.
. Estas medidas de defensa del Estado afectan preferentemente a 1
mtelectualcs ~e las ciudade que en política trabajan con los del "semstw:~
y que se convierten en un factor social en la época en que tamb· ,
R .
se prod
1
• .
1en en us1a
.
uce : crecumento de las ciudades modernas y la formación de los
giandes c~~1tales, ~ la vez que surgen las primeras industrias.ª
La pres1,on del sISte~ de gobiemo que en lo fundamental. todavía actuab~ co~ metodos absolubstas, y la de los fieles servidores de , aquél los fun
:n~o ' no la experimentaban solos los campesinos y los intelectuales sin~
, n ien _Y en gran manera el proletariado industrial que aunque ;scaso
aun, se iba formando en las grand e cm
. dacles, especialmente
.
,
en San Pctersb~-go. El descontento creciente se manifiesta a menudo en l l
pontán a tr
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•
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; s, asunto e CXJgencias y fines meramente poüticos. Piden más
t erta es y una Constitución que las !Yarantice De esta form
.
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º
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a burguesa otra ~ocialista apoyada en el proletariado.9
m os gi:-'pos se hallan en oposición común al absolutismo zarista.
El asesma~o del Zar liberal Alejandro II no ha hecho más transigente el Zarismo; al contrario, por lo visto le ha hecho rat·f·
1 1carse en su
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no a so ut1sta. .Los Zares
AleJ· •andro III y tamb·,
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.
icn su sucesor, icolás
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por
fanabsmo
insensato
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exigencias
de
libertad
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, .
es urguesas y de
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ai amento. Este ultimo Zar tiene además, la influencia desfavorable
e, ~u esposa, la Zarina Alejandra Feodorovna que le inculca ideas auto
crallcas. _Estos pun~s de vista los expone sin disimulo icolás II en el discurs~
r;~n~nc1ado al subJI al trono. El resultado es un nuevo endurecimiento en
e ~ o opuesto, y así, a fines de siglo, toda Rusia está debilitada p
\'Uls1one d h 1
lí .
or con~
tud_s e ue gas po tLcas, por manifestaciones que tienen casi siempre
a es . . iantes por promotores. El Estado se opone movilizando la p li ,
tamb '
l E" , •
o c1a y
i~n e
Jerato y sin embargo, estas manifestaciones que nada bueno
an
unc1an, no. cesan. La lilpres1on
·
., por Jas derrotas del Imperio Zarista en la
guerra ruso-Japonesa hace aumentar el movimiento y los intelectual
atreven a tomar acb.tu
• d es mas
, dec1d1das
. .
es se
en la oposición.
El nuev~ curso que sigue el Gobierno después del asesinato del Min. tr
Ple11ve aruma 1
.
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,
a os polineos
de la burguesía y a los intelectuales a exponer

485
484

�abiertamente sus anhelos y exigencias en peticiones y resoluciones. La co~erencia de los miembros de los "semstwos" en Noviembre de 1904, los boicoteos políticos, las sesiones de los consejales y de, ~os "semstwos" a las. que
asiste mucho público atento a los discursos políticos y . a las resoluciones
tomadas todo e1lo es un síntoma indiscutible de cuán peligroso se ha vuelto
el desco~tento respecto a una burocracia que no tiene en cuenta l~ deseos
de una vida política libre, garantizada constitucionalmen~e. El Gob:e1:1o no
lo ignora y el 12 de Diciembre de 1902 -para apaci~ar los anunos-:promulga un "Ukase' en el que se prometen reformas. Sm embargo las exigencias de la oposoción se hacen más violentas. El_, 22 de En~ro d~ 1905
tiene lugar frente al Palacio del Zar una demostrac1on de los sunpaozantcs
d c la "Asociación Subatow" dirigida por el sacerdote Jorge Capon. El
. nombre mismo demuestra que estos manifestantes no son burgueses, smo proletarios: este grupo se llama "Asociación de San Petersburgo. ~~ obreros
industriales". El objetivo de tal maniiestación es entregar una pet1c1on al Zar.
En ella se solicitaba:
lo. Libertad personal.
2o. Libertad de expresión y de prensa.
3o. Libertad de asociación y reunión.
4o. Libertad de conciencia en cuestiones religiosas.
5o. Enseñanza general obligatoria.
6o. Responsabilidad de los ministros.
7o. Igualdad de todos ante la Ley.
80. Legislación de protección laboral.
9o. Jornada de ocho horas.
lOo. Representación popular en el Gobierno.
.,
Pero la muchedumbre no puede llegar hasta el Zar. De pronto la Policia
se avalanza sobre ella y disuelve la maniiestación haciendo uso de las armas.
La revolución está en marcha.
Fué esa ]a revolución de 1905, heraldo de la gran conmoción de 1917,
considerada por sus mismos actores como su ensayo general. . Aunqu~ no
actuando todavía en primer plano, ya aparece el grupo bolchevique bajo la
dirección de Lenin, que poco antes, en 1903, con ocasión del Congreso londinense de los socialistas rusos, había descartado la tendencia moderada de
los "mcncheviques" decidiendo que la transformación ~~ R~sia por obra del
· 1·
deb'1a 1
-- ~
1: ___ ª no por la vía de la evo1uc1on smo por la de la
Soc1aJSIDo
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•
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Lerun·
sostiene una larga
disputa
1
revo uc10n. u J
·
. con todos los
. teóncos
del socialismo de la Europa Occidental. Ya hace tiempo que Lerun ha convertido el sistema del socialismo marxista en fundamento de la nueva estructura mental del leninismo., que por su sentido revolucionario. mundial c~nstítuirá la base ideológica de la gran revolución que se aproXlilla. Las raices

486

de este sistema se remontan a principios del siglo XIX y se basan en las
doctrinas de Carlos Marx y Federico Engels.
El "comunismo" que como término técnico aparece por primera vez en
las sociedades secretas de la Monarquía de Julio, se había convertido en
1874 en una organización, es decir, en aquella "Unión de Comunistas" por
cuyo encargo Marx y Engels habían redactado el "Manifiesto Comunista"
pregonando la lucha del movimiento. En los años revolucionarios entre 1848
y 1852 sin embargo, no pudo desempeñar ningún papel importante el referido movimiento e incluso la revolución de la "Commune" de París, no
pasó de ser un episodio. Cuando se estabil17,a el capitalismo en la Europa
Occidental y en los EE.UU. ele América durante el largo período de paz desde
1871 hasta 1914, y a raíz de ello empiezan a olvidarse los rigorismos de sus
comienzos (el movimiento obrero .internacional, cuyo precursor se consideraba
la Socialdemocracia alemana, ya empezaba a seguir la senda revisionista tal
como en Alemania preconizaba especialmente Eduardo Bernstein) entonces
y continuando esta evolución, desapareció la palabra "comunismo" tanto del
lenguaje usual que ni la "Primera Internacional" de 1864, ni la "Segunda
Internacional" de 1889 pueden ser consideradas "comunistas''.
No obstante, las ideas socialistas experimentan un nuevo recrudecimiento
al fundarse en 1889 en Rusia el "Partido socialdemócrata obrero de Rusia"
que ya tenía preparación política desde Bakunin debido a la actividad de los
anarquistas. Esto se produjo por las grandes tiranteces políticas y las dificultades sociales en la Rusia de Ja última fase del zarismo. La lucha interna
entre los representantes del "Partido socialdemócrata de Rusia'' que actuaba casi siempre fuera de Rusia, en el exilio, se resolvió a favor de los bolcheviques como ya se ha indicado, en 1903, es decir, a favor de la tendencia
radical que supo imponerse a los modernos mencheviques. El más importante
. jefe de los bolcheviques fue Vladimir Ilich Ulianov, llamado Lenin' nacrdo en 1870 en Simbirsk, a orillas del Volga. Este gran revolucionario convirtió la doctrina del marxismo en leninismo, ideológicamente más avanzado,
creando con ello el comunismo moderno, que consiguió hacer triunfar en
Rusia políticamente en la "Revolución de Octubre" de noviembre de 1917.
Por haberse convertido su ideología en fundamento del Estado Bolchevique
Soviético de Rusia, surgido de la Revolución de Octubre, trataremos de indicar sus rasgos. Pero ... Volvamos primero a los acontecimientos de 1905;
para poder ejercer influencia personal en ellos, Len.in, con nombre falso y
con falso pasaporte, regresó desde el exilio a la capital rusa por algún tiempo.
La fuerza armada que el 22 de Enero de 1905 atacó a la manifestación
de obreros delante del Palacio de Invierno y mató a 200 de ellos abrió un
abismo entre el Zar y su pueblo que ya no pudo volverse a cer~ar jamás.

487

�La revolución ya no era sólo pura teoría; la revolución era ya una 1·ealidad.
Un movimiento huelguista general fue el resuJtado de aquellos días funestos.
Intranquilizó, paralizó y agotó a Rusia durante todo el año 1905.
se
contentaban con una Constitución sino que a veces pedían la Repubhca, Y
se aguclizó por fin en Octubre de 1905 com:irtiéndose en una verdadera revolución en ]a que también la burguesía intervino como nunca basta entonces lo hiciera. Apareció así mismo por primera vez en escena el 28 de
Octubre de 1905 aquel Consejo Obrero de Diputados, en ruso ' Soviet'',
que había de da; nombre a la forma estatal surgida de la Gran. revo!ución
Rusa. Tuvo un papel tan influyente ya entonce , que los revoluc1onarios no
lo olvidaron en 1917. Este Soviet llevó la Revolución de 1905 hasta aquella
rebelión sangrienta de Diciembre en que, no obstante, volvió a salir vencedor el Gobierno principalmente porque la burguesía se espantó ante un
proletariado ya tan seguro de sí mismo y empezó ~, mostrarse reservada. D:
este modo se perdió parte de lo que la Revoluc1on de Octubre ~e 190:&gt;
había logrado onseguir del Zar: es decir que lo hecho por el Gob!emo en
su Manifiesto del 30 de Octubre de 1905 que culminó en anunciar elecciones para una 'Duma Imperial" ( una representación popular para redactar
una Constitución de base democrática), o1vió a limitarse al disolverse la
primera Duma (10 V 1906 - 22 VII 1906) y se si~er~n juicios sumarísimos
contra los cabecillas de la rebelión de rnciembre. S1 bien por la nueva ley
que convocaba a una Duma, el 3 de Junio de 1907 quedó practi_camente
anulada. la Constitución de Octubre de 1905, desde entonces el Gobierno no
pudo desembarazarse de esta institución, a menudo tan molesta, producto
de ]a Revolución de 1905 por la que Rusia se había convertido en una
Monarquía Constitucional. A partir de 1906, el Primer Ministro tol~in
trató ele eliminar las peligrosas deficiencias procedentes todavía de la li~ración de los campesinos en 1861, a base de una generosa reforma agrana
para apartar a los cam-pesinos de la revolución _Y rnlverlos a ganar par_a
el Zar. Una bala asesina puso fin, el 18 de septiembre de 1911, a la poli-

la enemistad de Alemania- en una tal guena de conquista contra Austria,

esperaban aumentar el prestigio de la familia del Zar entre el pueblo ruso
y alvar la Monarquía. El tío del Zar, el Gran Duque Nicolás Nicolaie itsch,
era el centro de esas peligrosas tendencias que iban empujando a una gran
guerra con fuerza creciente; el programa del paneslavismo lo tenían que realizar los Zares en una guerra victoriosa contra la Monarquía Danubiana y
entonces se cortarían las alas a la revolución.

:ª :1'º

tica de aquel gran estadista.U
La Revolución de 1905 había demostrado a las capas influyentes de la
aristocracia de la Monarquía rusa que las bases del poder zaii.sta estaban
ya muy socavadas. Aumentó el convencimie~to .de q~~ a la . idea revolucionaria había de oponérsele otra idea. Esto hizo mtensilicar la idea del Paneslavismo/2 y precisamente en un sentido belicista-~acion~ta ~~e se prometía de la esperada guerra contra Austria-Hungna, la disoluaon de esta
Monarquía y con ello, la hegemonía de Rusia en to_do el mun~o de los pu,~
blos eslavo-occidentales. La orientación dcmocrát1co-paneslaV1Sta de afan
conquistador "nacional-rnso" se unió a los esfuerzos de los defensores de
los intereses zaristas que -por más que con ello se había de tener en cuenta

488

•

Pero también el otro partido, el de la revolución esperaba la gran guerra:
causaría -según calculaba- a los ejércitos zaristas pérdidas más sensibles
que la lucha contra el Japón y quebrantaría definitivamente el poderío del
Zarismo. Entonces, después de la gran guerra habría llegado la hora de la
'Gran Revolución". Para esa hora Lenin, vuelto a su exilio suizo después
del fracaso de la Revolución de 1905, se había ido preparando sistemáticamente. En vísperas de la Gran Guerra e incluso dmante su desarrollo -que
por cierto le proporcionó una ayuda financiera del Gobierno alemán que
él no se avergonzó de aceptar- completó Lenin su programa político y
elaboró las bases ideológicas de la Gran Revolución rusa. Entonces, entre
1913 y 1917 y también luego hasta su muerte en 1924, escribió Lenin la
parte más importante de sus obras. Las teorías fW1damentales las tomó de
Marx pero también de los primeros teóricos del socialismo. Muchas veces
se limitó a repetir las tesis de sus antecesores en forma más simple y adaptó a las circunstancias rusas las ideas que previamente había hecho comprensibles incluso para los miembros más sencillos del Partido Socialista ruso
añadiendo sus propios puntos de vista. Nunca se muestra totalmente dog~
mático de modo que los soviéticos al querer interpretar la doctrina de Lenin,
han tenido gran dificultad en hallar la verdadera exégesis. Las más importantes obras de ese período tratan de la cuestión de si con la guerra, estaría más próxima la caída del Zarismo y con ello, la Revolución, y de lo
que b.abría que hacer tan pronto los bolcheviques se apoderaran del poder
en Rusia. Tales ideas las ha expuesto Lenin en las siguientes obras:
La Europa retrasada y la adelantada Asia (1913)
Del derecho de las naciones a disponer de sus destinos ( 1914)
La guerra )' la Social-democracia rnsa (1914)
Del orgullo nacional de los hijos de la Gran Rusia ( 1914)
De la consigna de los Estados Unidos de Europa (1915)
Los oportunistas y el fracaso de la JI Internacional ( 1916)
El imperialismo como última etapa del capitalismo (1916/17)
El programa militar de la Reuolflción Proletaria (1916)
Estado y Revolución (1917 /18)

489

.

�Las próximas tareas del poderío soviético ( 1918)
La III Internacional y su lugar en la Historia (1919)

13

En todas estas obras están en vigor las tesis de Marx de que la Constitución de todos los Estados hay que atribuirla a la lucha de clases como
motor histórico, y éste a su vez depende de factores económicos y de las cambiantes circunstancias de producción social. La política exterior, según Lenin está determinada también por estos supuestos fundamento . Acercándos~ mucho a Federico Engels, identificará en gran parte política exterior
a política belicista, puesto que, según opina Lenin: "quien no haya ~mprendido que en el mundo capitalista burgués toda crisis puede convertuse
al momento en guerra y dictadura, no ha entendido bien a Marx' .14
A estas tesis básicas -aquí tan sólo indicadas- respecto a la esencia de
la política en los mencionados escritos de Lenin se asocia un análisis de
la actualidad, es decir, de la Historia Moderna desde la Revolución Francesa. Las influencias cambiantes del capitalismo y del nacionalismo son las
determinantes del lapso desde entonces transcurrido.
El siglo XX -la fase tardía del nacionalismo y del capitalismo- se distinguirá por la contradicción tajante entre el embrollado capital internacional y el trabajo internacional. Dado que este antagonismo abar~ el. mundo entero debe existir un sentimiento de solidaridad del proletanado mdus'
trial internacional
para que en el momento oportwlo, pueda transformar la
guerra mund{al producto de la política exterior, en guerra civil mundial revolucionaria.
El monopolio de las finanzas en el mundo burgués y capitalista moderno
con estados nacionales como forma de organización política, es el causante
de )as guerras. No satisfecho con los mercados interiores, le es peculiar expan~onarse en forma de colonialismo e imperialismo. Lanza a los estados
a la conquista de nuevos mercados y fuentes de materias primas y produce
el choque de los estados modernos y de sus capitales que, por necesidad
esencial, se precipitan en guerras. La situación que, según la teoría de Marx,
predomina en las relaciones sociales, en que los grandes expropiadores devoran a los pequeños, determina también, a juicio de Lenin, las relaciones
entre los estados y da a la política exterior moderna un sello fatídico: "Monopolio, oligarquía, ansias de dominio en lugar de libertad, explotación de cada ez más naciones pequeñas o débiles",1 5 ésta es, según Lenin, en esta
época la caracter'1Stica de un capitalismo podrido cuya superación y disolución por medio de la escatología de aquende bolchevique es la necesidad
del momento histórico. Y para conseguir este objetivo, es de desear que
venga la guerra: En el siglo XX, en Europa -aunque se trate de la lejana Europa Oriental-, no se puede 'defender la Patria' si no es luchando

490

con todos los medios revolucionarios contra la Monarquía, los latifundistas
y los capitalistas del propio país; es decir, contra el peor enemigo de la
Patria; los hijos de la Gran Rusia no pueden 'defender la Patria' de otro
modo que deseando la derrota del Zarismo en la guerra, como la menor de
las desgracias para Jas nueve décimas partes de la población de la Gran Rusia; ya que el Zarismo no sólo oprime económica y políticamente a estas
nueve décimas partes de la población sino que las desmoraliza, denigra, deshonra y prostituye en tanto que les enseña a oprimir pueblos extranjeros y a cubrir su infamia con frases hipócritas y al parecer patrióticas".16
Por ello a Lenin le ha gustado que estallara la primera Guerra Mundial.
El la consideraba como una lucha-competencia entre la burguesía de Alemania y la de la Europa Occidental. Allí, según él, "las naciones democráticas progresivas se dan la man0 con el bárbaro Zarismo". A ambos partidos
le.s importa, en el fondo, un único objetivo: 'burlarse del proletariado y
distraer su atención de la verdadera y única guerra de liberación contra la
burguesía tanto del 'propio' país como de los 'países extranjeros'." 17 De ese
proletariado depende ahora convertir esta guerra imperialista en guerra civil
Quien tal cosa piensa, no puede naturalmente, hacer mucho caso de los
primitivos ideales pacifistas del comunismo. Por ello, actitudes como por ejemplo no incorporarse a filas por objeción de conciencia o hacer huelgas para evitar la guerra son precisamente "el error fundamental de los partidarios del desarme", en el que no debe caer ningún revolucionario de verdad,
ya que "los socialistas no pueden estar en contra de toda guerra sin dejar
de ser socialistas". Por el contrario, las mujeres de los trabajadores conscientes dirán a sus hijos: "Pronto serás mayor y te darán un fusil. Tómalo
y aprende bien todo lo militar puesto que los proletarios lo necesitan, no
para disparar contra sus hermanos como ocurre en esta guerra de bandidos
y como te aconsejan los traidorei,; al socialismo, sino para luchar contra la
burguesía de tu propio país. Así pondremos fin a la explotación, la miseria
Y la guerra, no con buenas palabras sino por la derrota de la burguesía y
su desanne". 18 (Así escribe Lenin cuando la gran lucha está en plena virulencia, en el año 1916) .18ª
Un año más tarde pudo convertir Lenin sus ideas en realidad política al
llevar a cabo en San Petersburgo y Moscú la Revolución de Octubre, después de haberle dado Ludendorff la posibilidad de ir, en el famoso vagón
precitado, desde el exilio suizo hasta Rusia, para allí hacer pasar la Revolución de burguesa-democrática ( durante el estadio Kerenski) a bolchevique.
El 10 de marzo de 1817 estalló de verdad la Gran Revolución tanto tiempo
esperada por Lenin y puso fin al Zarismo de los Romanov. "Había llegado
la hora de Lenin" .19
El desarrollo de la primera Guerra Mundial confirmó las esperanzas de

491

�Len.in contradiciendo a los nacionalistas-paneslavistas de Rusia. Tras algunos
éxitos irúciales frente a Austria-Hungría los ejércitos rusos tuvieron que pasar pronto a la defensiva; el año 1915 les depar6 una espantosa ~~~trofe Y
la ofensiva de Brussilov en 1916 con sus hecatombes y que en dehmt1va fracasó había agotado del todo a los ejércitos zaristas. Que la autoridad del
zar~o después de las grandes pérdidas en esas campañas estaba quebrantada definitivamente se vio pronto, pues el 8 de marzo de 1917 unas reweltas de hambrientos en San Petersburgo desembocaron rápidamente en
una gran revolución. Aumentan el 10 de marzo --el verdadero dí.a de la
Revoluci6n- con la fuerza elemental de una catástrofe de la naturaleza que
barre el antiguo orden, casi ya sin fuerza. Cierto que el 11 _de marzo tod~vía hubo luchas callejeras que cubrieron de muertos y heridos la Newskiprospekt de San Petersburgo ( en total hubo, en los cinco días de marzo de
esta "Revolución de febrero" unos 1700), pero ya el 11 de marzo se pasaron a las filas de los trabajadores sublevados las tropas de la Guarnición
de San Petersburgo, incluso la Guardia del Zar. Nadie hizo nada para defender al Zar; ni siquiera el alto generalato del frente. ~l 11 de ~a1w
se constituyó la "Duma?' del "Comité Ejecutivo" de un Gobierno ~rov1S1onal
del que formaron parte Miljukoff y el Príncipe de Lvov del_ Parudo d~ los
Cadetes Tscheidse de los mencheviques y Kerenski del Partido TrudoVlque
(Partid~ de los ";ansinos'' = pequeña burguesía.) Pero al mismo tiempo
se fmmó en el Palacio Táuride un "Consejo de Trabajadores", o sea un
"Soviet" que tomó una actitud distanciante y pronto incluso enemiga respecto al nuevo Gobierno burgués y socialista moderado, y que al detener
a Mirústros y a representantes del antiguo sistema, así com~ inca~tarse ~e1
servicio de telégrafos de San Petersburgo, impulsó la revolucron hacia la violencia. En estas circunstancias el Zar Nicolás II, entre el 13 y el 15 de marzo
de 1917 tras fracasar su intento de llegar a S. Petersbu:go desde e~ Cuartel General Mohilev, abdicó en favor de su hermano Miguel; mas e~ vaciló en asumir la Regencia, de modo que el poder cayó por su propio peso
en las fuerzas revolucionarias. El Zarismo ha,bia entregado casi sin resistencia
su otrora tan ilimitado poderío. Pronto, el 20 de marzo, fue detenido. N_icolás II y enviado primero a Zarkoje Selo y luego a Tobolsk. El 16 de Julio
de 1918 los bolcheviques asesinaron alevosamente al último Zar con su familia en Ekaterinburg.
Desde el 17 de marzo de 1917 era Rusia una República, a cuyo frente
había un Gobierno Provisional de tipo radicalista burgués y Kerenski fue
pronto su figura clave. Este Gobierno se vio muy rápi~amente recon?cido
por los Aliados Occidentales, a la vez que la Entente le m1,taba a co~ttnu~
la guerra con energía. El resultado de esta política en que la revoluc10nana
Rusia había de alargar la guerra en bien de Francia e Inglaterra, fue la ofen-

492

siva Kerenski del verano de 1917, 20 que fracasó tras enormes pérdidas y que
provocó inmediatamente, en julio del mismo año, la contraofensiva germanoaustríaca; el ejército ruso con la moral socavada y hastiado de la guerra,
sufrió una gran derrota. La. falta de Kerenski consistió~ en no haberse dado
cuenta de que las masas rusas querían la paz a cualquier precio y que él
debía su poder precisamente a tales anhelos. Entonces se alzó, como se dijo,
"la nostalgia de paz de la gra11 masa, de los campesinos y obreros y de los
soldados .. . una corriente que iba a romper cualquier oposición y que fue
explotada hábilmente, aprovechando todos los motiv-0s, por la agitación bolchevique dirigida por Lenin".21
Hasta fines de agosto la Revolución Rusa había sufrido ya wia escísi6n
en varios grupos que se enfrentaban con ánimo de lucha. Al frente del Estado continuaba el Gobierno radical burgués de Kerenski. No muy alejada
de él, pero orientada algo más a la derecha, la "Duma", de nuevo constituida. En Ja extrema derecha se alineaban los generales de la contra revoluci6n fiel al Zar, dispuestos al ataque contra lo nuevo y, en la extrema izquierda, totalmente hostiles, esperaban los Soviets bolcheviques ]a hora de la
segunda re olución. Todos estos grupos estaban reunidos a fines de agosto
y principios de septiembre cuando en una Conferencia General en Moscú,
se atacó por primera vez a Keremki y precisamente desde el punto menos
esperado; lo hizo Kornilov, General en Jefe del Ejército de Kerenski al que
los alemanes y austríacos acababan de causar una espantosa sangr.ía. Cierto
que Kerenski todavía pudo sofocar este levantamiento el 11 de septiembre
y tomar él mismo el mando del Ejército, pero cuando el 20 de octubre se
debía inaugurar un Parlamento preliminar constituido por 240 socialistas y
J20 burgueses para deliberar sobre las elecciones a la Asamblea acional
pre,·ista, tuvo que presenciar cómo la poderosa representación de los bolcheviques, acaudillada por Trotsky, abandonaba la Sala. Kerenski comprendió por fin que su más peligroso enemigo estaba en la extrema izquierda.
El conflicto declarado no se hizo esperar. Estalló por la cuesti6n de si el
mando debía someterse o no a un Comité Militar creado por los soviets.
Lenin, que en julio de 1917 había sufrido un revés al atreverse a ir prematuramente contra Kerenski, volvió a aparecer en S. Petersburgo. Desde que
por su hábil agitación en el seno de los soviets dominaba desde el 9 de octubre de 1917 una mayoría bolchevique, estóS consejos de delegados obreros
habían alcanzado un mando enérgico y consciente bajo la dirección de los
bolcheviques, Lenin y Trotsky. Estos tomaron como pretexto el conflicto entre el Alto Mando y el Soviet para provocar la segunda revolución, que ha
pasado a 1a Historia como "Revolución de Octubre".
El 6 de noviembre de 1917 se dio el ataque. San Petersbnrgo fue el centro de esta rev-0lución, Moscú su segundo escenario. En ella una minoría

493

�decidida de políticos fanáticos logró una victoria total sobre la mayoria indecisa, habiéndose convertido en punto de partida histórico del terror universal que, desde hace medio siglo, domina una sexta parte del planeta.
El 6 de noviembre pues, el Comité Militar del Soviet se apoderó tal como
Lenin y T.rotsky habían planeado del Mando Militar e mvitó al Ejército a
insubordinarse contra el Gobierno. Al mismo tiempo ocuparon los bolcheviques todos los puntos clave de la ciudad de S. Petersburgo y, especialmente,
toélos los servicios de comunicaciones. El 7 de noviembre el Comité déclaró
destituido el Gobierno Provisional de Kerenski y al día si_guiente los bolcheviques se instalaron en el Palacio de Invierno, una vez e},!)ulsado de allí. el
Gobierno de Kenmski. Este no quería ceder el puesto sin lucha, pero fue
vencido el 12 de noviembre en Zarz~je Selo por los soldados rojos y huyó
acto seguido al extranjero, donde -en Nueva York- murió ignorado en
1938. La Segunda Revolución había triunfado; los bolcheviques estaban en
el Poder.
E1 Consejo Central de los Soviets gobernó al poco tiempo ya desde Moscú,
donde Lenin había trasladado inmediatamente la capital. Lenin creó por
doquier soviets locales en los que apoyaba su fuerza De sta forma, él y
Trotsky fueron ampliando la Segwu:lá Revolución a toda Rusia. La paz de
Brest-Litovsk del 3 de marzo de 1918 que Lenin, con gran realismo político
ajustó con los Imperios Centrale$, si bien con pérdidas -Polonia, los Estados
Bálticos y Finlandia se perdieron para siempre, y la Ucrania temporalmentepermitió a los bolcheviques fortalecer y completar su dominio en Rusia.
Aunque durante los cuatro años de guerra civil, en 1919 parecía que los
Ejércitos Blancos iban a lograr la victoria sobre los soldados rojos, en definitiva los bolcheviques pudieron destruir todas las resistencias interiores antes
de 1922, no obstante la intervención ali~da de los años 1919 y 1920 (en realidad débil). Utilizando métodos sangrientos que costaron la vi.da a unos 15
millones de personas, los bolcheviques arrollaron incluso físrcamente a sus
enemigos para poder mstaurar su dominio en Rusia según los principios socíalistas. Lenin, antes de morir, pudo v~ la victoria definitiva de la revolución en Rusia. Murió en 1924, es decir, dos años después de la caída de
Vladivostok, el último bastión anti-bolchevique de la gran guerra civil, pero
se vio obligado finalmente a suavizar los métodos económicos rigurosos y
por p1-incipio enemigos de la propiedad, del llamado ~'Comunismo de Guerra"
de la primera fase. Eso se realizó con la llamada 'Nueva Política Económica" una vez que la sublevación de los marineros de Kronstadt en 1921
demostrara al nuevo Régimen que la situación empezaba a hacerse insostenible, toda vez que los otrora más fieles partidarios de la Revolución, se
volvían en contra de ella. 22
En la Paz de Brest-Litovsk, Lenin y Trotsky habían actuado en política

494

exterior en consonancia con sus teorías al sacar a su país de la "Guerra
Imperialista" y aceptar pérdídas territoriales con el fin de completar la Revolución en el interior y esperar hasta que "la discordia entre las Potencias
Imperialistas" ofreciera la oportunidad de ampliar en Revolución Mundial
la Revolución Rusa, con el objetivo de instaurar la Dictadura del Proletariado y, finalmente~ la sociedad sin clases, que sólo así, Lenin y Trotsky comprendían la Revolución Rusa: comienzo, fase primera de la Revolución Mundial. No pensaban sintiéndose rusos -como luego otros, Stalin el primero-sino globalmente, según su doctrina marxista-leninista. 23 Al proletariado alemán le atribuía Lenin la mayor importancia; su sublevación --que para él
era una necesidad histórica indefectible- había que la sublevación rusa
pasara a ser Revolución Universal. De alú que el Régimen Bolchevique de
Rusia se preocupara luego por la enseñanza del alemán, porque el soldado
de la Revolución Mundial debía estar en condiciones -como deseaba Lenin- de leer en su texto original las ediciones de campaña de Hegel y

Marx.
Así, no fue tanto el "milagro del Vístula" de 1920 lo que desmintió prematuramente las predicciones de Lenin (en cuanto se querían convertir de
válidas para ]a Revolución Rusa en univen;almente válidas) , sino mucho más
la falta de una sublevación importante del proletariado alemán. Se dieron
algunos asomos de sublevación - pues Lenin no dejó de ejercer influencia
por meclio de Bela Kun en 1919, en el Gobierno de Consejos de Munichpero luego desaparecieron antes de haber adquirido fuerza suficiente, porque tan sólo unas minorías habían intervenido en ellos; la gran parte de los
trabajadores alemanes estaba con el socialismo, es decir, al otro lado de las
barricadas. Las esperanzas de Lenin en una revolución del proletariado en
Alemania no se han cumplido porque -pudiéramos decir en sentido figurado- el apotegma que un día Vladimir Ilich Ulianov pronunciara, han
correspondido mucho más a la verdad que sus sueños revolucionarios: "Si
los alemanes, en caso de revolución, atacaran un andén, comprarían el billete de andén primero", Así pues, Lenin no pudo convertir la Revolución
Rusa en Revolución U ni versal, pero este intento no ha pasado a ser Historia; en
cada conflicto que casi a diario en el mundo se produce, se eleva amenazante la
cabeza de Medusa exigiendo Ja Revolución Mundial, el proyecto que Lenin
aplazó en 1920 pero que ni él ni sus sucesore! abandonaron jamás, y cuya
primera víctima habría de ser, hoy como ayer, y como siempre, Alemania.

495

�.BIBLIOGRAFIA

Véase : TROTSKY, Geschichte der russ. Revolution, (Ibid., p. 29 y sig.) .
Véase: flANs HERZJ&gt;Eto, Die moderne Welt, 1789-19·}5 II Weltmachte
und Weltkriege - die GeschichLe unserer Epoche, 1890-1945, 3a. Edición,
:Braunschweig 1960 p . 221.
6 Entre las publicaciones sobre los antecedentes de la Revolución Rusa,
consúltese: S. F. PtAToNow, Geschichte Russlands vom Beginn bis zur Jetztzeit
(edición alemana por Fr. Braun), Leipúg 1927, p. 385-426; A. v. HEOENSTROM, Geschichte Russlands von 1878 bis 1918, 3a. y 4a. edición tuttgart
y Berlín 1924; W . E. MossE, Alexander II. and the Modernfaation of Russia,
Londres 1959 · R. lliRE, Portraits of Russian Personalíties between Reform
and R evolution, Londres 1959; V. LEoNT ovitsah, Geschicbtc des Liberalismus in Russland, Frandort 1957 · G. FlSCBER, Russian Liberalism from Gentry to Intelligentsía, Cambridge/Mass. 1958 ( contiene un estudio muy amplio del movimiento "semstwo") · St. R. ToMPKTNS, The Russian Intelligentsia
Markers of the Revolutionary State, Norman (publ. Universidad de Oklahoma)
1957. Más adelante continuaremos citando otras obras de Historia de las
ideas sobre los antecedentes de Ja Revolución.
7 Véase: P. ScHEI:B.BRT, Von Bakunin zu Lenin - Gescbichte der russischen
revolutiona.ren Ideologien 1840-1895, t. I: Die Fonnung des radikalen Denkcns in der Auseinandersetzung mit deutschen Idealismus und franzosischem
Bürgertum, Leiden 1956 (Studien zur Gesch. Osteuropas, t. III).
8 Sobre el desan-ollo económico de Rusia en este período, véase: W. TREUE,
Wirtschaftsgeschichte der Neuzeit - Im Zeitalter der industrielJen Revolution 1700-1960, Stuttgart (Ediciones de bolsillo "Kroner", t. 208) 1962,
pp. 618-641.
9 Véase además de las ya citadas obras sobre Lenin:
H. KRAUSE, Marx
und Engels und das zeitgcnossische Russland_, Giessen 1958 (OsteuropaStudien der HochschuJen des Landes Hessen, serie 2: Marburger Abhandlungen zur Geschichte und Kultur Ostelll'opas t. I) · L. H. HArnsoN, Toe
Russian Marxists and tbe Origins of bolschevism,. Cambridge/Mass. 1955
(Russian Research Center Studies, 19).
10 Además: R. D. CHARQUES, The Twilight oí Imperial Russia, Londres
1958 y E. E. P. T1 o.ut, Marie Fedorovna - Empress of Russia, Nueva
York 1957.
u Véase: L. I. STRAKHOVSKY, The :tatesmanship of Pcter Stolypin· a
reappraisal, in: The Slavonic and East European Review 37 (1958/59), pp.
348-370.
12 Véase: H. Ko1rn, Pan-Slavism - The History and Ideology, Notre Dame
1953. Edieión alemana: Die Slawen und der We.sten Geschichte des Panslawismus, Viena 1956.
13 Véase además: W. l. LENm. Ausgewahlte Werke, 2 t. Moscú (Editorial
4

5

1. De las investigaciones más recientes sobre la Historia de la Revolución
Rusa informan, entre otras, las reseñas de: HoRST JABLONowsKI, Literaturberichteüber Geschichte Russlands und der Sowjetunion - Veroffentlichungen innerhalb der Sowjet Union 1953-1957, no. extr. I de "Historische Zeitschrift (LiteratUiberichte über Neuerscheinungen zur ausserdeutschen Geschichte) publicado por W. Kienast, Munich 1962, pág. 212 y sig. y KLAus MEYER , Llteraturbericbt über Geschichte Russlands und der Sowjetunion 19531959, no. extr. I de "Histor.isthe Zeitschrift" ya indicado, pág. 274 y síg.

Abundan las obras generales sobre la Historia de la Revolución Rusa y
de su producto, Ja Unión Soviética. Haremos especia] mención de: G. voN
RAucn, Geschichte des bolchewistischen Russland, Wiesbaden 1955; I. BJRNBAUM, Kleine Geschichte der Sowjetunion, Francfort de M. 1960; LEoNARD
ScHAPrn.o, The Comunist Party of the Sovietunion, Londres 1955; recientemente traducido al ale.mán por G. Danehl con el título: Die Geschichte der
Kommunistischen Partei der Sowjetunion, Francfort de M . 1961; E. H.
CARR The BoJshevic Revolution 1917-1923, t. I-III, Londres 1950-53;
W. IÍ. CHAMBERLIN, Die russische Revolution 1917-1921 (traducción alemana del texto original inglés) 2 t., Francfort de M., 1958; J. S. ÜURTiss,
The Russian Revolutions of 1917, Princeton 195 7; G. W ALTER, Histoire de
1a Révolution Russc, I: L'effondrement de la monarchie, Février-Mars 1917,
Paris 2a. Edición 1953.
2 En cuanto a la biografía de Lenin, citamos aquí, entre un sinnúmero
de obras, las siguientes: V. MARco, Lenin - 30 Jahrn Russland, Leípzig 1927;
G. v. RAucH, Lenin - Die Grundlegung des Sowjetsystems t. VIII "Personlichkeit und Geschichte", Gottingen 1957; GoLo MANN, Artículo "Lenin" en tomo "Aussenpolitik" del Fischer-Lcxikon, Frandort de M. 1958,
p. 164 y sig.; P. ScHEIDERT, über Leníns Anfünge en "Histotische Zeitschrift'' no. 182 p. 549 y sig.; D. W. TREADGOLD, Lenin and his Rivals - the Struggle for Russia's Future, 1898-1906, Londres 1955; publicado y prologado por
W. liAHLWEG, Lenins Rückkehr nach Russland 1917 - die deutschen Akten,
Studien zur Geschichte Osteurops, t. 4, Leiden 1957; ST. W. PAGE, Len.in
and World Revolution, Nueva York 1959.

Véase: LEÓN TRoTSKY, Geschichte der russischen Revolution (en alemán por Alexandra Ramm) Francfort de M. 1960, p. 147. I. DEUTSCIIER
ha dedicado una monumental biografía a la personalidad de Trotsky que
se publicó primero en inglés (Trotsky, 3 t. Londres 1954) y de la que también hay ahora un.a edición alemana preparada por l-IARRv MAÓR, Trotsky,
St. Stuttgart 1960.
3

496

497

�"für Fr mclsprac:hige Literatur) 1946/4-7 t. I pp. 669-670, pp. 671-728, pp.
737-744, pp. 745-749. pp. 750-754, pp. 755-766, pp. 767-875, pp. 876-886:
t. II, pp. 158-252, pp. 357-392, pp. 548-555.
1-1 Véase: GoLO °MANN, Artlculo "Lenin" (lbid., p. 165).
15 También:
ENIN, Ausgewahlte Werke, (Tbid., p. 871).
" Ibid., p. 747.
l'I Ibid., p. 738.
18 lbid., p. 876.
1 " lbid., p. 881.
19 Sobre el desarrollo de la Revolución Rusa en el año 1917, véase adem' de las obras citadas en la nota 1), las siguientes:
. A.Nw.EILE.R, Die
Riitebewcgung in Russlaod 1905-1921, Leiden 1958 { tudien zur Gesch.
Osteuropas t. ) ; R. H. BRUCE LocKHART, Two Revolutions - An Eyewitness Study of Russia 1917, Londres 1957; Edición e:n alemán: Die beiden
Revolutionen Vom Zarismus bis zum -Solcbewismus, Düs.5eldorf 195 7; A.
MooREREAD, The Russian Revolution,
ueva York 1958· Edición en alemán: Roter Oktober - Die Bolschewisten rgreifen die facbt, Municb 1958.
20 D l
omportamiento de lo Aliados Occidentales respecto a la Rusia revolucionaria en la gran coalición anti-alemana de 1914-1918, han tratado
recientemente: . D. WARTH, The Allies and the Russian Revolution fr.om
the Fall of tbe Monarchy to the Peace of Brest-Litovsk, Durham/Carolina
del N. 1954.
21 Véase H. JlERZFELD, Die modeme Welt, (Ibid., p. 157).
22 Para la problemática de la política • xterior del Sistema sovi 'tico y d
su afianzamiento desde la Paz de Brest Litovsk hasta la terminación de la
Guerra Civil rusa, véanse las obras de: H. BBYER Die Mittelmachte und
die Ukraine 1918, Munich 1956; F. F1scHER, Deutsche Kriegsziele, Revolutionierung und eparatfrieden im Osten 1914-1918 en "Historische Zeitschrift'' 188, pp. 249-310; H. W. GATZKE, Zu den deutsch-russischen Bezi hungen im Sommer 1918 en: "Vierte! jah1 hefte für Zeitgeschichte" 3, ( 1955),
pp. 67-98; H. ETON WATSON, The Patt rn of Communist Revolution - A
Historical Analysis Londres 1953 (trata de la expansión del poderío comunista por toda la Europa Oriental y Asia) y R. PIPES, The Fonnation of
the Sovietunion ommunism and ationalism 1917-1923 Cambridge/Mass.,
1954 (Russian Researcb Studies Center 13).
Desde el punto de ista soviético se o upan de la política exterior rusa
en esos años: I. I. MINz, Geschichte der Diplomatie, t. UI: Die Diplomatie
in der Periode der Vorbereitung des Zwciten W ltk.rieg , 1919-1939 Publicado por W. P. POTJOtttKIN, Moscú, Editorial 'für Fremdsprachige LiteraLur") 1947 especialmente en las pp. 79-117 pp. 136-156 y pp. 338-366.
El riterio occidental al tratar del tema de las fronteras occidentales de

la Ru ia soviética durante el período entre las dos guerras, pued verse en
la obra de: J. B. DunosELLE, Les frontieres Européenes de l'U .R. . . 191 71 I - Recueil d'études sous la direction de J. B. Duroselle, Paris 1957 {"Cahiers de la Fondation ationale des
iences Politiques" 85).
. ~a Respecto a la Historia del Comunismo Internacional, véase la ya clásica obra de: F. BoRKENAU, Der curopaische Kommunismus - eine Geschichte von 1917 bis zur Gegenwart, 1952. Hay una ecli ión inglesa de esta
obra con el título: European Communism, Londres 1953.

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                    <text>Sección Segunda

LETRAS

�LA EVOLUCióN CONSONANTICA COMPARADA EN DOS
DIALECTOS IBERORROMANICOS: CATALAN
Y CASTELLANO
LIC. EouARDo GUERRA CASTELLANOS
Centro de Estudios Humanísticos de
la Universidad de Nuevo León.

Introducción:

No es -y lo sabemos- ninguna aportación para la Romanística, el presente trabajo. Su finalidad, muy humilde, es la de presentar, en forma accesible, las resultantes de estos dos dialectos en su desarrollo histórico.
No es éste, lugar de discutir si el catalán pertenece o no al grupo lingüístico lberorrománico. Los trabajos de Amado Alonso, en este campo, son de
indud_able validez.1
Castellano y Catalán:

Es perfectamente conocido que Castilla, por su posición en la geografía
de España, se convierte en un centro donde confluyen las diversas formas
del habla peninsular. Por- lo general se puede decir que el Castellano adoptó todas las principales innovaciones que venían de las regiones vecinas, aunque dándoles características propias. "Las circunstancias favorecieron, pues,
la constitución de un dialecto original e independiente".2
El Catalán, cuya extensión lingüística abarca el Principado de Cataluña,
los valles de Andorra, el departamento francés de los Pirineos Occidentales,
la zona oriental de Aragón, la parte mayor del Reino de Valencia, las Islas
1

Véase sobre todo: ALONSO, AMADO, Estudios Lingüísticos. Temas Españoles. (Biblioteca Románica Hispánica. Col. Estudios y Ensayos). Edit. Gredos. Madrid, pp.
11 a 105.
2

LAPESA, RAFAEL, Historia de la Lengua Española. Edit. Escelicer. Madrid, p. 131.

205

�Baleares y la ciudad Alguer en el N.O. de la Isla de Cerdeña, recibe de
manera segura el influjo de la lengua de Oc. Esta circunstancia, aunada a factores de índole cultural que traspasan las fronteras de Provenza y se extienden por todo el territorio catalán, han hecho afirmar a algunos investigadores que dicho dialecto no es sino una simple variante del Provenzal. Sin
embargo, tal como afirma Francisco de B. Moll, en su Gramática Histórica
Catalana: "El provenzal, nacido en Provenza, ha ejercido influencia en el
catalán, nacido en Cataluña, pero las razones de la composición léxica y de
la estructura del Catalán no pueden buscarse en los elementos de cultura
gala, que afluían también por otros pasos pirenaicos a Navarra y a la misma
Castilla".3
Hay que hacer, por otra parte, la observación de que el Catalán ofrece,
con respecto al léxico, un mayor número de voces latinas cultas en relación
con el léxico del restp de España.4

Catal., án: Se conserva con soru'do 1'd,enuco
..:
o mu
'd
en L atm. En algunos casos se
.
y pareci o al que tenía
•
sononza en "B" p
P1Sce &gt; PEZX, pravu &gt; BRAU.
. assu &gt; PAS, pelle &gt; PELL,
"B"
Castellano: Se conserva. Bucea

bonu
re

&gt;

BUENO.

Catalán: Se conserva.

&gt;

BEURE.

B ucca

&gt;

&gt;

&gt;

BOCA, badiu

BOCA basiu
'

&gt;

b
BEs, eccu

Para proceder en forma sistemática hemos ordenado nuestro material de
€omparación en cinco grandes grupos:
A) CONSONANTES INICIALES.
B) CONSONANTES INTERVOCÁLICAS.
C) CONSONANTES FINALES.
D) GRUPOS DE DOS CONSONANTES.
E) GRUPOS DE TRES CONSONANTES.

BAJO,

&gt; _BEc,

bibe-

"F,,

Castellano: Por contacto con el vasco se .
la cual se pierde hacia el s'gl XI
hizo una aspiración en "H"
Ficu &gt; HIGO, fumu &gt; Hu~~ f , ~unque conservándose ortográficament/
, ormica
HORMIGA f l
se conservó en la lengua lit
.
.
, e
HmL. La "F"
erana ante diptongo "UE"
o en otras circunstancias m 1 d f' .d
Y a veces ante "IE"
e lill as. Folle &gt; FUELLE, feru &gt; FffiRo,
oedu &gt; FEO, fide &gt; FE.5

&gt;

La evolución éonsonántioa comparada:

&gt;

BAYO, bassu

/
Catalán: Se
talce
&gt; FALQ.

&gt;

.

ª

conserva Fumu
.

&gt;

¡·

.

FUM, icaria

&gt;

FIGUERA, fenu

&gt;

FE,

"V"
Castellano: Se conserva, aunque con pronunciación bil b'
.
&gt; VACA, vz·nea &gt; VINA.
_
a 1al. Vmu
Catalán: Se conserva con pronunciación 1 b'

&gt;

VINO, vacca

En estos grupos hemos admitido subclasificaciones fonéticas que permiten
una visión más clara de la evolución.

A) CONSONANTES INICIALES

T
a wdental en los dialectos de
e arragona
1 •
, en e pnorato y en el Vaec1r, no carente de 'bil
hecho bilabial en todo e! resto del
tal,
~1 antes sonoras) . Se ha
ca an continental V al
ventu &gt; VENT, vinea &gt; VINYA uoce &gt;
l
.
ere &gt; VALER,
,
VEU, UU pe &gt; VOLP.

l. Labiales

2. Dentales

"P''

"T"

Castell~o: Se conserva, aunque hay casos de sonorizac1on en "B" por
contacto con el árabe. Porta

&gt;

PUERTA, pilu

&gt;

PELO, pastinaca

&gt;

BISNAGA.

las Baleares y Alquer en el camp d

'
1enciano no "apitxat" (es d .

Castellano: Se conserva. Terra
TULLm, turre

&gt;

TORRE.

Catalán: Se conserva. Taliere
• MoLL, FRANCISCO DE B., Gram ática Hist6rica Catalana. (Biblioteca Románica
Hispánica. Col. Manuales) . Edit. Gredos. Madrid, p. 33.
• Cfr. GARCÍA DE DIEGO, VICENTE, M anual de Dialectología Española. Edic. Cul-

&gt;

TIBRRA
' timere

&gt;

TEMER, tollere

&gt;

&gt; TALLAR, (mea &gt; TINYA, trigmta
.. &gt; TRENTA.

• Cfr. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, Manual de G
, .
.
Espasa-Calpe. Madrid, p. 122.
ramat1ca Hist6rica Española. Edit.

tura Hispánica. Madrid, pp. 266 y ss.

206

207

�''D"

4. Nasales

Castellano: Se conserva. Domnu &gt; DUEÑO, digitu &gt; DEDO, damnare &gt;
DAÑAR.
Catalán: Se conserva. Damnu &gt; DANY, digitu &gt; DIT, domna &gt; DONA.

"M" y "N"

"S"
Castellano: En algunos casos se conserva. En otros palataliza en "J".
Por otra parte puede transformarse en "Q", la cual puede ser "C" o "Z"
modernas. Saltu &gt; SALTO, seminare &gt; SEMBRAR, sensu &gt; SESO, syringa &gt;
JERINGA, sucu &gt; JUGO, sapone &gt; JABÓN, setaceu &gt; CEDAZO, siccina &gt; CE-

Castellano: Se conservan aunque a vece
d" . ·¡ .,
hacerse "N" y lu
"L"
1 " "
s, por ISlIDl ac1on, puede la "M"
.
ego
, Y a N puede hacerse "M" M
minus &gt; MENOS, natare &gt; NADAR, nouu &gt; NUEVO neb~la anu &gt; MANO,
morare &gt; NEMBRAR &gt; LEMBRAR
t .
'
&gt; NIEBLA, menas urciu &gt; MASTUERZO.
Catalan: Se conservan, aunque hay
'
casos d e cambio de "M" en "N".
M anu &gt; MA, mediu &gt; MIG, nasu &gt; NAS, nouu &gt; NOU, muscata &gt; NOSCADA.
I

'

CINA.

5. Líquidas

Catalán: Se conserva con pronunciación ápico-alveolar. Cuando es segui-

da de vocal palatal tiende a pronunciarse como fricativa sorda. Sapere
SABER, sedere &gt; SEURE, syringa &gt; XERINGA, simplice &gt; XIMPLE, sibilare

&gt;
&gt;

XIULAR.

3. Palatales y velares
"C"

Castellano: Ante "A", "O", "U" se conserva. Ante "E", "I" se conserva, pero en algunos casos palataliza en "CH". Carru &gt; CARRO, castellu &gt; CASTILLO, cena &gt; CENA, cepulla &gt; CEBOLLA, cicer &gt; CHÍCHARO, cista &gt; CHIS·
TERA.
Catalán: Ante "A", "O", "U" se conserva con sonido velar. Ante "E"
"1", después de pasar la etapa "TS", se convierte en "S" alveolar conservándose "C" ortográficamente. Canna &gt; CANYA, cuppa &gt; COPA, caelu &gt;
CEL, circare &gt; CERCAR. En algunos cas~s c+1 se ha palatalizado convirtiéndose en "X", pronunciada "S" fricativa sorda. Ciccu &gt; xrc, cimice &gt;

"R"
Castellano:
Se conserva. Rota &gt; RUEDA, rapidu &gt; RAUDO, ridere &gt;
'
REm.
Catalán: Se conserva. Su articulación es alveolar García
.
Manual de Dialectología le atrib
.. . ,
de Diego, en su
uye una pronunciac1on 1
•
b
esto no es sino un defecto articulatorio.6 Radere &gt;
ve ar, sm em argo
ruta &gt; RUDA.
RAURE, rota &gt; RODA,
"L"

Castellano: Se conserva. Lupu

XINXA.

B) CoN SONANTES INTERVOCÁLICAS

"G"
Castellano: Ante "A", "O", "U", se conserva. Ante "E", "1", acentuadas, conserva el mismo sonido prepalatal latino. Gutta &gt; GOTA, gula &gt; GOLA, gallu &gt; GALLO, generu &gt; YERNO, gypsu &gt; YESO, gelu &gt; YELO.
Catalán: Ante "A", "O", "U", se conserva con sonido velar. Ante "E",
"I", se palataliza conservándose ortográficamente "G" pero pronunciándose
como fricativa sonora rehilante o como fricativa sorda en los dialectos "apitxats". Gallu &gt; GALL, gula &gt; GOLA, gutta &gt; GOTA, gelu &gt; GEL, gibbu &gt;
GEP, gingiva &gt; GENIVA.

208

&gt;

LOBO lacu
'
? LAGO, lacte &gt; LECHE.
.
. acu &gt; LLAC, lzttera &gt; LLETRA lutu &gt;
LLOT. E n cultismos se conserva la "L".. z·zteratura logic
. lub · 'E
,
rzc.
n voces
dialectales por influencia de "N" e íI b . . ,
sión de "L"
1
~ s a a siguiente se determina la converen nasa sonora. p. eJ. : NYENYA (leña) .

Catalán: Palataliza en "LL'' L

1. Labiales

"P"
Castellano: Se sonoriza en ''.B". Lupu
pere &gt; RECIBm.

Catalán: Se sonoriza en "B". Ripa
REBRE.
• Cfr.

MOLL, FRANCISCO DE

&gt;

&gt;

LOBO, sapere

RIBA, opacu

&gt;

&gt;

SABER, reci-

OBAC0 recipere

&gt;

B., op. cit., p. 109.

209
H

�"B"

"S"

Castellano: Se conserva, aunque se pierde en algunos casos ante "U" y
ante "O". Bibere &gt; BEBER, cibu &gt; CEBO, nube &gt; NUBE, sabucu &gt; sAuco,
saburra &gt; ZAHORRA, El sufijo -bundo da -ondo. P. ej.: foetibundu &gt;

Castellano: La sorda se sonor.12a,
.
1a sonora se conserva Casa &gt;
&gt; _Huso, usu &gt; uso, thesauru &gt; TESORO.
'
CASA,
Catalan: Después de vocal acentuad a se manti
acento desaparece. Causa
.
como sonora. Ante el
&gt; COSA, asmu
&gt; ASEene
rosa &gt; ROSA, accusare
'
&gt; ACUAR.

f

uso

HEDIONDO.

Catalán: Se convierte en labiodental. Faba &gt; FAVA, gleba &gt; GLEVA,
probare &gt; PROVAR. Ante "U" y ante "O" acentuadas desaparece. Fabuta
&gt; FLAÜTA, saborra &gt; saorra &gt; SORRA.

3. Palatales y V e/ares

"F"
"C"
Castellano: Se sonoriza en "V". (En la actualidad escrita como "B").
Raphanu &gt; &amp;\VANO &gt; WANO, trifoliu &gt; TRÉBOL, profectu &gt; PROVECHO.
En las palabras compuestas la "F" se trata como inicial, dando "H". Subfumare

&gt;

SAHUMAR.

Catalán: Se sonoriza en "V". Raphanu

&gt; RAVE, pacificare &gt;

Castellano:
Sonoriza en "G"· F OCU &gt; FUEGO f
•
' &gt; HORMIGA.
.
' ormica
Catalan: Ante "A" "O" "U"
"S"
'
'
, sonor12a en "G" Ante "E" "I"
.
' pasa a
• • sonora y luego desaparece• Fo rmzca
&gt; FORM.
•'

vzcmu

VEI.

IGA, urtica

&gt;

ORTIGA,

"G"

"V"
Castellano: Se conserva, aunque en algunos casos, cuando está entre "O E", desaparece. Novem &gt; NUEVE, nive &gt; NIBVE, movebile &gt; MUEBLE.
Catalán: Se conserva. Cavare&gt; CAVAR, juvene &gt; JOVE, ovicula &gt; oVELLA.
Delante de "O" y "U" acentuadas desaparece. Pavore &gt; PAOR &gt; POR.

2. Dentales

Castellano: Se pierde, salvo la que rocede
" "
casos desaparece. Rumigare &gt;
fp . de C que en muy raros
,
RUMIAR, umzgare &gt; HU
¡·
igare &gt; LIAR.
Catalan: Seguida de "A" aparece conservada detrásMEAR,
d 1
acento desaparece. Ante "O" "U"
. .,
e acento. Ante e}
. .
,
, en pos1c1on postónica
· d
.
que en pos1c1ón protónica se conse
S .
se p1er e, rruentras
desapareció ya de d ¡ 1 ,
rva. egmda de vocal palatal ("E" "I")
.
s e e atm en algunas voces L.
.'
RUMIAR, ¡ugu &gt; JOU tegula &gt;
l
· zgat &gt; LLIGA, rumzgare &gt;
,
TEULA, egumen &gt; LLEGUM, cogitare &gt; CUITAR.

"T"

4. Nasales y Líquidas

Castellano: Se sonoriza en "D". M oneta &gt; MONEDA, rota &gt; RUEDA.
Catalán: Se sonoriza en "D". Fata &gt; FADA, cleta &gt; CLEDA, potere &gt;

"M,,

''D"
Castellano: Se conserva después de acento, con excepción de cuando va
entre "E - E". Nidu &gt; NIDO, nudu &gt; DESNUDO, fide &gt; FE, videt &gt; VE.
Cuando va antes de acento se pierde. Radice &gt; RAÍZ, medulla &gt; MEOLLO.
Catalán: Si va detrás del acento se conserva, pero modificada en el sonido "S" sonoro. Si va antes del acento, desaparece. Alauda &gt; ALOSA,
lampreda &gt; LLAMPRESA, sudare &gt; suAR, fidele &gt; FIBL.

I

Castellano:
Se conserva. Fumu &gt; HUMO, ramu &gt; RAMO
,
Catalan: Se conserva. Famella
&gt; FAMELLA, rumore &gt; ·REMOR.
.

PODER.

210

&gt;

APAIVAGAR.

"N"
Castellano:
, S Se conserva. Manu &gt; MANO, p·znu &gt; PINO luna &gt; L
,
_uNA.
Catalan: e conserva, aunque en algunos
disimilación en "R" 0
"L" M'
casos aparece convertida, por

&gt;

'
en
· tnare
NORANTA, barcinone &gt; BARCELONA.

&gt;

MENAR luna
,

&gt;

LLUNA, nonanta

211

�"R"
Castellano: Se conserva, aunque en alguno~ casos se reduplica. Muria &gt;
. &gt; CARRIZO, cithara &gt;d"GUITARRA.
MUERA, feru &gt; FIERO, cariceu
inrila en "L". AraCatalán: Se conserva, aunque en algunos casos se i_s
tru &gt; ARADA, eruca &gt; ORUGA, feramen &gt; FERAM, peregrinu &gt; PELEGRI.

Catalán: Se conserva, aunque desaparece en las terminaciones verbales
"-amus", "-imus", "-emus". Res &gt; RES, tabulas &gt; TAULES, homines &gt;
HOMES.

Castellano: Ha desaparecido en todas las voces tónicas como:

A)

"L"

. &gt; PELO, t e¡a, &gt; TELA, caelu &gt; ,CIELO,
Castellano: Se conserva en: Pilu
.
S
.
t
en
"R"
en.
filu &gt; HILO. e convier e
· M espitu &gt; NIS
, PERO, poculu &gt; BUCARO.
Se hace "N" en: Subtulu &gt; SÓTANO, metula &gt; MEDANO. d" simil d
"R"
Catalán. Se conserva aunque en algunos casos aparezca I
a a en
.
Palatiu &gt; ~ALAU, vela&gt; VELA, volare &gt; VOLAR, calamellu &gt; CARAMELL.

VERBOS:

DETERMINATIVOS Y PRONOMBRES:

&gt;

I stam

NUEVO.

&gt;

ESTA,

novem

NUEVE.

Iam

&gt; YA.

Se convierte en "N" en los proclíticos: Cum

&gt;

CON,

tam

&gt;

TAN,

quam

CUAN.

Catalán: En los monosílabos catalanes vacila entre la desaparición; Jam

C) CONSONANTES FINALES

&gt; JA, o la conservación como "N":

t. Finales Latinas

Tam

&gt; TAN, suum &gt; SON.

"N"
Castellano: A) En los neutros en "-en", en el acusativo igual al nominativo, la "N" final se anticipaba. Vimen &gt; VIMNE.
B) En las voces tónicas debía perderse: Non &gt; NO.
C) En los pro'clíticos no se pierde por ser "N" interior en la
frase: In &gt; EN.
Catalán: Se conserva en los monosílabos. In &gt; EN.

"T"

&gt;

B)
C)

D) ADVERBIOS:

&gt;

Castellano: Se pierde. Caput
Catalán: Se pierde. Plorat &gt;

Scutum &gt; ESCUDO, novum &gt;
Sum &gt; so, secabam &gt; SEGABA.

NOMBRES:

CABO.

PLORA.

"D"

&gt; A, illud &gt; ELLO,
&gt; A, apud &gt;. AB o AMB.

Castellano: Se pierde. Ad

Dialectalmente se conb
p . Ao
serva "AD" en enlaces con vocal inicial de algunos pronom res.
. eJ.

Catalán: Se pierde. Ad

Castellano: Se mantiene, aunque hay algunos casos de retracción de "L"
final. M el &gt; MIEL, f el &gt; 'HIBL, simul &gt; SEMBLE, insimul &gt; ENSEMBLE.
Catalán: Se conserva en monosílabos. M el &gt; MEL.

AQUELL.

"C"
Castellano: Se pierde. Illic

Catalán: Se pierde. Hoc

&gt;

ALLI,

nec

"L"

&gt;

&gt; HO, nec &gt; NI,

NI,7

sic

&gt;

illac

&gt;

ALLA.

"R,,

SI.

"S"
Castellano! En las formas heredadas Se ha mantenido la "S" • Deus
DIOS, corpus &gt; CUERPOS, tempus &gt; TIEMPOS.

&gt;

Castellano: En monosílabos se conserva. En voces no monosilábicas se retrae al interior de la sílaba. Cor &gt; CUER, ínter &gt; ENTRE, semper &gt; SIEMPRE.
Catalán: En los monosílabos se conserva. En los polisílabos se retrae al
interior de la sílaba. Per &gt; PER, cor &gt; COR, semper &gt; SEMPRE, ínter &gt;
ENTRE, pastor &gt; PASTRE.

cree que "NI" procede de "NEC"
_ convertido en ''NEI" por vocali.
Espana
., de "C"• Esto ocurre en Francia y en
.
zac1on
1

212

eorominas

213

�•

0.

GRUPOS DE DOS CONSONANTES

"PR"

Castellano: A) Se conserva: Pratu
l. Grupos iniciales.

plaga

&gt;

LLAGA,

plumbu

&gt;

PLOMO,

PROA.

&gt;

PESEBRE.

Catalán: Se conserva, aunque en algunos casos la líquida se pierde por
dere

PRAT,

pren-

"BR"

Castellano: Se conserva, aunque en ocasiones por metátesis pase la "R"
al final de la primera sílaba. Bracea &gt; BRAGA, brachiu &gt; BRAZO, brutu &gt;

"BL"

&gt; BLEDO, blandu &gt;

&gt;

&gt;PENDER.E ( ort: PRENDRE} .

&gt; PLA, plumbu &gt; PLOM, plenu &gt; PLE.

Castellano: Se conserva. Blitu

&gt;

asimilación, aunque se conserve escrita ortográficamente. Pratu

Catalán: Se conserva, aunque en una parte del Ri'bagorza 1a "L" del

grupo se palataliza. Planu

prora

C) Por metátesis la "R" pasa a sílaba siguiente: Praesepe

· te en "LL", aunque en algunos casos se conserva.
Castellano: Se convier

&gt; LLORAR, planta &gt; LLANTA,
&gt; PLACER, plangere &gt; PLAÑIR.

PRADO,

B) Por asimilación a la sonoridad de "R" se ha hecho "BR"
en: Prunu &gt; BRUNO, pravu &gt; BRAVO.

"PL"

Plorare
Placere

&gt;

BURDO.

BLANDO.

la "L" del grupo se
Catalán: Se conserva, aunque en algunas reaiones
o·
palataliza. Bldnk &gt; BLANC.

Catalán: Se conserva: Brachiu

&gt; BRAQ.
"FR"

"FL"

Castellano: Se conserva. Fratre

Castellano: Se hace "LL'' en algunos casos, en otros se conserva. Flamma
&gt;

LLAMA / lammula &gt;

flore

LLAMBLA,

&gt;

FLOR.

Catal~: Se conserva, aunque en algunos casos. la líquida se pierde por
disimilación. Flamma &gt; FLAMA, flore &gt; FLOR, f lebzle &gt; FEBLE.
"CL"
Castellano: Se h ase "LL" · Desde la Alta Rioja hasta el Mediterráneo, se
lave
conserva. C

&gt;

LLAVE

,

clamare

&gt; LLAMAR, clavicula
&gt; CLAVIJA."L" del
.

Catalán: Se conserva, aunque en una parte del Ribagorza la

po se palataliza. Clave

&gt;

CLAU,

claudere

-.

&gt;

Catalán: Se conserva. Gleba&gt;

GLEVA.

FRENTE,

fraxinu

&gt;

Castellano: Se conserva. En algunos casos, por disimilación eliminatoria,
se ha perdido la "R". Triticu &gt; TRIGO, traiectu &gt; TRECHO, tremulare &gt;
TEMBLAR.

&gt; TRAURE.
"DR"

Castellano: Se conserva. Dracone &gt; DRAGÓN.
Catalán: Se conserva. Dracone &gt; DRAGO.

"CR"

&gt;

Castellano: Se conserva aunque por asimilación a la sonoridad de "R" es
frecuente la conversión al gi·upo "GR". Se observa que por metátesis la "R",
en algunos casos, pasa a la sílaba siguiente. Crescere &gt; CRECER, crasu &gt;
GRASO,

214

&gt;

"TR"

CLOURE.

&gt; GLANDE.

fronte

Catalán: Se conserva. En algunos casos la disimilación ha determinado un
cambio de ''R" en "L". Fronte &gt; FRONT, fratre &gt; FRARE, fragrare &gt; FLAIRAR.

Catalán: Se conserva. Trahere

Castellano: A) Se hace "LL'' en glarea &gt; LLERA, glande &gt; LLANDE.
B) Se hace ''L" en glatire &gt;.LATIR, glirone &gt; LIRÓN.
C) En la Alta Rioja hacia Oriente se conserva. Gluttone
glande

FRADE,

gru-

"GL"

GLOTON,

&gt;

FRESNO.

crepita

&gt;

GRIETA,

crebar

&gt; QUEBRAR.

215

�•
Catalán: Se conserva aunque hay casos de asimilación a la sonoridad de
"R" transformando la "C" en "G". Crescere

&gt; CREIXER, crypta &gt; GRUTA.

Castellano: Se simplifica. Bucea

&gt;

BOCA.

Catalán: Se simplifica con sonido "K" ante "a", "o", "u", y con sonido

"GR"

"S" ante "e", "i". Baccinu

Castellano: Se conserva. Granu &gt; GRANO, graecu &gt; GRIEGO, grege
Catalán: Se conserva. Graculu &gt; GRALL, grossu &gt; GROS.
"S

"CC"

&gt;

BACI.

&gt; GREY.

+ Consonante"

Castellano: A la "S" líquida se le antepone, ya desde el latín vulgar, una
8
"E" o una " l". Scamnu &gt; ESCAÑO, scribo &gt; ESCRIB0.
Catalán: Sufre prótesis de "E" solamente en el caso de "S"
oclusiva''.
Speculum &gt; ESPILL, storea &gt; ESTORA, scuma &gt; ESCUMA.

+

"SS"

. Castellano: Se mantuvo durante mucho tiempo, luego tendió a simplificarse. Con pronunciación disilábica tendió a confundirse con "CS" y como
tal, se convirtió en "J". Sessu &gt; SIEso, vessica &gt; VEJIGA.

Catalán: Se conserva ortográficamente aunque fonéticamente sea "S" sorda simple. M assa
MASSA, ossa
ossA.

&gt;

&gt;

"RR"

&gt;

2. Grupos Interiores

Castellano: Se ha hecho fuerte y prolongada. Carru
CARRO cirrn
CERRO. Con pronunciación disilábica se ha transformado en "RD"'
Catalán: Se conserva con pronunciación prolongada y fuerte. · Cirra
CERRA, currere &gt; CORRER.

"PP"

Castellano: Se simplifica. Stuppa &gt; ESTOPA, cuppa
Catalán: Se simplifica. Cuppa &gt; COPA.

&gt; COPA.

&gt;

Castellano: Se simplifica. Abbate &gt; ABAD.
Catalán: Se simplifica. Abbiberare &gt; ABEURAR.

Castellano: Se simplifica. Reddere .&gt; RENDIR.
Catalán: Se simplifica. R eddere &gt; REDRE (Forma antigua).

"TT"

"MM"

pasa Calpe. Madrid. p. 127.

216

LLAMA, gemma

&gt;

Castellano: Palataliza en "Ñ". (Durante siglos, ya p alatalizada se siguió
utilizando la grafía NN). Pannu
PAÑo, canna
CAÑA.
Catalán: Se palataliza. Banna &gt; BANYA, grunnire &gt; GRUNYIR.

&gt;

&gt;

"PT"
Castellano: Se as.mu.Ia 1a "P" a la "T" y eI grupo se reduce a "T". Septem &gt; SIETE, roptu &gt; ROTO.
Catalán: Sufre asimilación, primero en "TT" y luego se reduce a "T''.
Cuando el grupo es secundario pasa a "BD". Baptismo &gt; BATISME, captivu &gt; CAT.m, capitale &gt; CABDALL.

Castellano: Se simplifica. Gutta &gt; GOTA.
Catalán: Se simplifica. Mittere &gt; METRE.

• MENÉNDEZ ProAL, RAMÓN.

Castellano: El grupo latino disilábico se ha hecho "LL'' prepalatal. Villu
VELLO, collu &gt; CUELLO.
Catalán: Se palataliza. Colligere &gt; coLLIR, illa &gt; ELLA.
"NN"

"DD"

&gt;

&gt;

"LL"

"BB"

Castellano: Se simplifica. Flamma
Catalán: Se simplifica. M ammella

&gt;

YEMA.

&gt; MAMELLA.

Manual de Gramática Histórica Española. Edit. Es-

"BT"
Castellano: Por asimilación se ensordece "B" en "P" y se reduce a "T".
Subtus &gt; SOTO.

217

�Catalán: Pasa a "S" fricativa sorda (ortográficamente "X" o "IX") .

Catalán: Sufre asimilación en "TT" y se reduce a "T". El grupo secundario da resultado de "UT". Subtile

&gt;

SOTIL,

debitu

&gt;

Discipulu

DEUTE.

&gt;

DEIXEBLE,

crescere

&gt;

CREIXER.

"PS"

"SP"

Castellano: Desde tiempos latinos se trató al grupo como si fuera "SS".
I pse &gt; esse &gt; ESE.
Catalán: Se conserva. Capsa &gt; CAPSA.

Castellano: Se conserva. Vespa &gt; AVISPA, crispu &gt; CRESPO, mespilu &gt;
La "SP" inicial hay que considerarla como -interior. Spata &gt; ESPADA, spica &gt; ESPIGA.
Catalán: Se conserva. Vespa &gt; VESPA.
NÍSPERO.

"PR"
Castellano: Se convierte en "BR". Capra
Catalán: Se transforma en "BR". Capra &gt;

&gt;

"ST"

apricu &gt; ABRIGO.
opera &gt; OBRA.

CABRA,

CABRA,

Castellano: Se conserva. Mustu

Catalán: Se conserva. Crista

&gt;

CRESTA.

"SC

+ a"

"BR"
Castellano: Se conserva. Labru &gt; LABRO, febre &gt; FIEBRE.
Catalán: Se transforma en "UR", aunque en cultismos se conserve. Bibere &gt; BEURE, debere &gt; DEURE, fabrica &gt; FABREGA, libru &gt; LLIBRE.

"DR"
Castellano: Tomado unisilábico se conserva. Tomado como disilábico,
evoluciona a "R". Quadru &gt; CUADRO, cathedra &gt; CADERA.
Catalán: Normalmente da "R", aunque hay que hacer notar que la etapa
·mtermed'1a entre "DR" -"R" debio' ser "IR" así ·• Quadru &gt; cAIRE, cathe.
dra &gt; CADIRA, considerare &gt; CONSIRAR. Existen
casos de "DR" &gt; "UR"
como: cadere &gt; CAURE, credere &gt; CREURE, que bien pueden tener una
explicación analógica.

Castellano: Se conserva. Musca

&gt;

Catalán: Se conserva. Piscare

PESCAR.

&gt;

iste

&gt;

ESTE.

MOSCA.

"CT"

"TR"
Castellano: Evoluciona a "DR". Patre &gt; PADRE, matre &gt; MADRE, latrone &gt; LADRÓN.
Catalán: Se transforma en "DR", aunque en algunos casos continú~ la
·' hasta "R". En algunas ocasiones, tal como lo observa Corommas,
evo1uc10n
el grupo da: "IR", por influencia occitana. Patrastru &gt; PADRASTRE, patre
&gt; PARE, matre &gt; MARE, patrale &gt; PAIRAL.

MOSTO,

&gt;

Castellano: La "C", primeramente, vocalizó en "I", ésta a su vez, palatalizó la "T", convirtiendo el grupo "IT" en "ICH", después la "I" se
embebió en la "CH". Pectus &gt; PECHO, lectu &gt; LECHO, tectu &gt; TECHO.
Catalán: El grupo primario ha dado "YT", con inflexión de La vocal
precedente conforme a lo siguiente:

A) Después de "E" breve, diptongada en "IE", se ha formado un triptongo "IEI" que se reduce, desde temprano, a "I". Jectat &gt; GITA.
B) Después de "I" larga, la " Y'' del grupo "YT" se funde con aquella
vocal. Ficto &gt; FITA.
C) Después de "A" o ."E", se formó un diptongo "El" que generalmente
se reduce a "E". Facta &gt; FEYTA &gt; FETA. .
&gt;

D) Después de "O", "U" breves, el diptongo resultante es "UI". Cocta
CUITA, tructa &gt; TRUITA.
En algunos casos el grupo se conserva; fundamentalmente, en cultismos.
"CR"

"SC

+ e, i"

Castellano: En la zona de Burgos, Rioja Alta y Palencia el grupo se reduce a "Z" o "C". Pasee &gt; HAZ, pisce &gt; PEZ.

218

Castellano: Unisilábica da "GR". Macru

sacratu &gt;
Catalán: Primario da "GR". Secundario da "UR". Macru &gt;
coc(e)re &gt; couRE, plac(e}re &gt;PLAURE.
&gt;

MAGRO,

SAGRADO.
MAGRE,

219

�. . . l dando "H", en 1os compuestos conscientes.
.
Se tra t o' como "F" rmc1a,
Confec-

"GR"
Castellano: Unisilábica se conserva. Nigru &gt; NEGRO, integrare &gt; ENTEGRAR o ENTREGAR. Disilábica se pierde "G".
Catalán: Generalmente se reduce a "R". Pigritia &gt; PERESA, agranione &gt;
ARANYO. Se conserva en nigra &gt; NEGRA, y da "IR" en flagrat &gt; FLAIRA.

tare

&gt; COBECHAR, confortare &gt;

COHORTAR.

Catalán: Se conserva. Infante&gt;

INFANT,

Castellano: Se conserva. Funda&gt;
Castellano: Vocaliza la "C" en "l", la cual palataliza la "S", escribiéndose como "X", posteriormente ésta se escribirá "J" al hacerse la "X" fauca}.
Exire

&gt; EXIR &gt; EJIDA.

Catalán: Da el mismo resultado de

se

+ E, l.

Examen

&gt; EIXAM.

CONFIT.

HONDA,

&gt;

mundu &gt; MONDO.
demandare &gt;

CANELA,

DEMANAR.

"NS"

&gt; MESA, pensare &gt; PESAR.
&gt; ADESAR, defensa &gt; DEVESA.

Castellano: Se reduce a "S". Mensa
Catalán: Pasa a "S" sonora. Addensare

"NG"

"GM"

Castellano: Tras el acento se convierte en "~". En formas débiles se hace
"NZ" o ''NC". Cingit &gt; CIÑE, gingiva &gt; ENCÍA.
Catalán: Ante "A", "O", "U" se conserva. Ante "E", "I", palataliza en
"NY''. S yrmga
.
&gt; XERINGA, p langere &gt; PLANYER.

Castellano: Se reduce a "M". Stigma &gt; ESTEMA.
Catalán: Se convierte en "UM". Phlegma &gt; FLEUMA.

"MN"
Castellano: Se convierte en "~". Domnu &gt; DUEÑO, somnu &gt; SUEÑO.
Catalán: Primario aparece convertido en "NY". Secundario ha pasado a
"MR" y luego a "MBR". Damnare &gt; DANYAR, seminare &gt; SEMBRAR.
"MB"

Castellano: Hay asimilación del grupo y reducción a "M". En algunas
regiones hay conservación del mismo. Plumbu &gt; PLOMO.
Catalán: Se reduce a "M". Camba &gt; CAMA, columba &gt; COLOMA.

"NC"
Castellano: Se conserva. luncu &gt; JUNCO, uncinu &gt; ENCINO.
Catalán: Ante "A", "O'' se mantiene con sonido "NK". Ante "E", "1",
si es protónico se reduce a "C"; si es postónico se conserva. Branca &gt;
BRANCA,

mancipu

&gt; MACIP, vincere &gt;

VENCER.

"LB"

Castellano: Se conserva. Torre alba&gt;
Catalán: Se conserva. Alba &gt; ALBA.

"MP"
Castellano: Se conserva. Tempus &gt; TIEMPO, campu
Catalán: Se conserva. Ampulla &gt; AMPOLLA.

&gt;

"ND"

Catalán: Se reduce a "N". Candela

"CS"

confectu

&gt;

CAMPO.

TORRALBA.

"LD"

Castellano: Se conserva, aunque en ocasiones vocaliza la "L" en "U".

"NT" .
Castellano: Se conserva. Ponte &gt; PUENTE, fonte &gt; FUENTE.
Catalán: Se conserva: Cantare &gt; CANTAR, fontanella &gt; FONTANELLA.

"NF"
Castellano: Desde el latín se reducía el grupo a "F". Esta "F" intervocálica se convirtió en "V", en los compuestos donde no se sentía la composición.

220

&gt; CALDO, recaldare &gt; RESCODAR, RECODAR.
Catalán: Se conserva. Falda &gt; FALDA.

Caldu

"LC"
Castellano: Vocaliza la "L" en "U" y en algunos casos se conserva. Calce

&gt;coz, falce &gt; HOZ, dulce &gt; DULCE.
Catalán: Se conserva. ll(i)cina

&gt; ALZINA.

•
221

�"LT"

Castellano : Tras "A" unas veces vocaliza la "L" en "U", otras veces se
conserva. Tras "O", "U", se vocalizó la "L" en "I", palatalizando la "T" y
convirtiéndose en "CH". Saltu &gt; SOTO, saltare &gt; SALTAR, multu &gt; MUCHO.
Catalán: Se conserva. Multa &gt; MOLTA, voltare &gt; voLTAR.

Catalán: Primario da "BL". Secundario, pasado ya a "CL" en el latín
vulgar da en Catalán "LL''. D uplicare &gt; DOBLEGAR, replere &gt; REBLIR, manuplu
MANOLL, populu
POLL.

&gt;

&gt;

"B'L"

&gt; TRILLO, sib(i)lare &gt; CHILLAR.

Castellano: Dió "LL". Trib(u)lu
"RB"

Catalán: Se convierte en "UL", aunque se mantenga en formas semicultas.

,-

Fabula

&gt; HIERBA.

Castellano: Se conserva. Herba

Catalán: Se conserva, aunque en algunos casos, por disi_milación se convierte en "LB". Barba &gt; BARBA, arbitrare &gt; ALBIRAR ( OVIRAR en la actualidad).

&gt; ARCO, circu &gt;
Circare &gt; CERCAR.

Catalán: Se conserva.

&gt;

ESTABLE.

"C'L"

Castellano : Se hizo prepalatal "S", convertida en "J" faucal a finales del
siglo XVI. En ocasiones la prepalatal ha llegado a "CH". Auric(u)la &gt;
OREJA, spec(u)lu
ESPEJO, oc(u)lu
OJO, fac(u)la
HACHA.

&gt;

&gt;

&gt;

ORELLA, lentic(u)la

&gt;

LLENTILLA.

Castellano: Se hizo prepalatal "S" y a finales del S. XVI
Teg(u)la

&gt; HORMA.
&gt; DORMIR.

&gt;

TEJA, reg(u)la

&gt;

"J"

faucal.

REJA.

Catalán: Se transforma en "LL". Reg(u)la

&gt;

RELLA.

"T'L"

"RG"

Catalán: Se conserva. Virgine

NEULA, stabulu

"G'L"

Castellano: Se conserva. Forma

Castellano: Se conserva. Sargu

&gt;

Catalán: Da "LL''. Auric(u)la

CERCO.

"RM"

Catalán: Se conserva. Dormire

FAULA, nebula

&gt;

"RC"

Castellano: Se conserva. Arcu

&gt;

&gt; SARGO.
&gt; VERGE.

Castellano: Ha dado prepalatal "S" y luego

"J"

faucal. Mot(u)lone

&gt;

MOJÓN.

Catalán: El grupo evoluciona, en Catalán Continental, por palatalización a "TLL". Rot(u)lare &gt; R1JTLLAR.

"RT"

&gt; SUERTE.
M artellu &gt; MARTELL.

Castellano : Se conserva. Sorte

Catalán: Se conserva.

3. Grupos finales

"RS"

"NT"

Castellano: En unos casos se conserva y en otros se asimila a "SS" o "S".
Persicu

&gt;

PRISCO, cursu

&gt;

coso.

Catalán: Se reduce a "SS". Bursa

&gt;

BOSSA, versare

&gt;

V'ESSAR.

"PL"

Castellano: En la zona norte da "LL'', en voces semicultas da "BL".
Cop(u)la

222

&gt; COLLA, scop(u)lu &gt; ESCOLLO, duplu &gt; DOBLO.

&gt; FACEN.
&gt; CANTEN.

Castellano : Se reduce a "N". Facent

Catalán: Se reduce a "N". Cantant

"CS"

Castellano: Cambia la "C" en "I". Vix

&gt;

VEIS, sex

Catalán: Se conserva el elemento sibilante. Sex

&gt;

&gt;

SEIS.

SIS.

223

�E)

GRUPOS DE TRES CONSONANTES

":tvIPL"

Castellano: Se convierte en "NGH". Amplu

&gt;

ANCHO,

implere

&gt;

HEN-

CHIR.

Catalán: Se conserva. Amplu

&gt;

AMPLE.

LA LITERATURA FOLKLóRICA "PROYECCIÓN" DEL
FOLKLORE LITERARIO *

"NCL"

Castellano: Se transforma en "NCH". Trunc(u)lu

&gt;

Catalán: Se conserva. Aunculu

&gt;

TRONCHO.

Lrc. ELISABETH K. DE HrNOJOSA
I.T.E.S.M.

ONCLE.

"SCL"

Castellano: El grupo "CL" se convirtió en "CH" y se perdió la "S".
MAsctJLu

&gt;

MACHO.

&gt;

Catalán: Se conserva. Scloppu

ESCLOP.

"NDR"
Castellano: Se transforma en "NTR". Coriandru

&gt;

CULANTRO.

Catalán: Se conserva, aunque dialectalrnente se disimile en "NR". Prendere

&gt;

PENRE,

vendere

&gt;

VENRE.

BIBLIOGRAFIA GENERAL
ALONSO, AMADO, Estudios Lingüísticos. Temas Españoles. Madrid, 1961.
BADÍA MAR.GARIT, ANTONIO, Gramática Histórica Catalana. Barcelona, 1950.
GARCÍA DE DIEGO, VrcENTE, Gramática Histórica Española. Madrid, 1961.
GARCÍA DE Draoo, VICENTE, Manual de Dialectología Española. Madrid, 1959.
GRIBRA ANTONI Gramatica Historica del Catala Antic. Barcelona, 1931.
LAPES:, RAFAEL Historia de la Lengua Española. Madrid, 1959.
MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN, Orígenes del Español. Madrid, 1964.
MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN, Manual de Gramática Histórica Española. Madrid, 1952.
MoLL, FRANCISCO DE B., Gramática Histórica Catalana. Madrid, 1952,

EL TÉRMINO "FOLKLORE" aparecerá con frecuencia en este trabajo; por lo
tanto es necesario comenzar por aclarar el término. Según un diccionario la
definición es la siguiente: Conjunto de leyendas y tradiciones populares. Conocimiento, o estudio de las leyendas y tradiciones populares.
El Dr. Ralph Steele Boggs en su ensayo El Folklore, Definición, Ciencia
y Arte, nos da esta explicación más extensa: "El folklore alude a un cuerpo de materias, a la ciencia que las estudia y al arte que aplica estas materias, así como a las conclusiones científicas que se desprenden de ellas pa.ra fines prácticos: Como un cuerpo de materias, el folklore, el 'lore', la
erudición, el saber o la enseñanza de un 'folk', pueblo, grupo social, grupo
emparentado o congéne~ una tribu, una raza o una nación, es un núcleo
completo de cultura tradicional, o modos convencionales del pensamiento y
la acción humana, creado informalmente dentro de un grupo de personas
para sí, pero aceptado de una manera suficientemente extensa para haber
adquirido uso corriente y durante un tiempo suficientemente largo para haber obtenido rasgos tradicionales, tales como el de anonimato de autor y
pautas histórico-geográficas de variantes de formas básicas" .1
Como vemos, el término de folklore se aplica a las diversas actividades
de la vida de cualquier pueblo: a su música, su religión, lingüística, comida,
indumentaria, vivienda, festividades, etc. Estos fenómenos son populares, funcionales, tradicionales, empíricos y no son transmitidos por medios institucionalizados ni escritos. Son tradiciones anónimas, regionales y orales.

* Tema de una conferencia sustentada el 2 de diciembre- de 1965, durante la Segunda Semana Cultural de la Sociedad de Alumnos de la Escuela de Letras del ITESM.
1
DR. RALPH STEELE Booos,. "El folklore, Definición, Ciencia y Arte". Anuario- de
la Sociedad Folklórica de México, 1942. México, 1943, p. 7.
224

225
H

�La actividad que por ahora nos interesa, es la literaria. El folklore lite•
rario abarca manifestaciones folklóricas en prosa y verso, como cuentos, coplas, baladas, proverbios, fábulas, adivinanzas y romances. De éstas tomaré
el cuento para demostrar el tema en cuestión. Las coplas, cuentos y demás
manifestaciones literarias folklóricas son, como ya se dijo, obras populares,
anónimas, grabadas en la memoria del hombre y transmitidas oralmente,
es decir que se han venido desarrollando independientemente de la palabra
escrita y son una creación colectiva.
Un número considerable de los cuentos populares, tiene su origen en fuentes orientales, en la India, Persia, y se han propagado en las diversas naciones. Han pasado fácilmente de una lengua a otra, de un país a otro,
de ahí que también reciban el nombre de "cuentos migratorios". No se pue- '
de fijar la fecha o el lugar de origen exacto de los cuentos. Los rasgos regionales, nacionales o actuales en ellos se deben a la forma que cada país
le ha dado a un tema.
Estos cuentos de gran interés humano, al ser adaptados al carácter de cada pueblo, influyeron mucho en la literatura. Tenemos en la literatura española la traducción de los apólogos orientales de "Calila e Dimna" de 1251.
Estos apólogos son cuentos simbólicos que encierran una enseñanza moral.
En 1335 aparecieron los cuentos ejemplares del "Conde Lucanor", cuentos
de filosofía práctica, moralizadores, que tienen como fin dar una lección.
Este tipo de cuentos fue muy popular en la Edad Media y eran divulgados
por los predicadores que tomaban los temas de las leyendas, de la Biblia,
la historia y el folklore. Más tarde aparecen las grandes colecciones de Perrault, de los hermanos Grimm y de Andersen, entre otras. Los coleccionadores de cuentos han ayudado a conservar el caudal de cuentos que han
recogido de corrientes populares anteriores. El folklorista puede estudiar,
analizar e investigar las diferentes modalidades de los cuentos en esas colecciones, ya que de otra manera no sería difícil, sino imposible, tener a la vista
las numerosas versiones que existen.
Las principales características de los· cuentos del folklore literario son: 1)
motivos universales, elemento necesario, podría decirse esencial del cuento.
Los motivos son rasgos comunes, situaciones o personajes típicos que se repiten y persisten en la tradición. El cuento típico está formado por una
serie o combinación de motivos o temas folklóricos. Hay ciertos motivos tradicionales que no surgieron en un país dado, por ejemplo el nuestro, sino que
fueron traídos de Europa y han recibido el aporte de la tradición y superstición indígena. Como ejemplos de motivos tenemos el de la zapatilla perdida que sólo le queda a una joven, el anillo partido en dos que sirve para
reconocimiento de dos personas, la lucha entre padre e hijo que no se re226

conocen&gt; la princesa encantada y muchísimos otros más. 2) Personajes que
no se individualizan, que no se localizan. Se habla por ejemplo de un pobre
campesino, de un sastre, de un rey, un fraile, una princesa. 3) Seres sobrenaturales que aparecen en muchos cuentos. Podría creerse que este elemento
le restaría realidad a la narración, pero no sucede así, más bien al ser
aceptados, le confiere cierto aspecto de realidad,
La explicación del término "proyección" y de literatura folklórica, la encontramos en la obra Folklore y Literatura de Augusto Raúl Cortázar, en
la que califica a la literatura folklórica como "proyección" del folklore literario. Dice de las "proyecciones" que: a) son expresiones de fenómenos folklóricos b) producidas fuera de su ámbito geográfico y cultural c) por obra
de personas determinadas o determinables d) que se inspiran en la realidad
folklórica 3) cuyo estilo, forma, ambiente o carácter trasuntan y reelaboran
en sus obras f) destinadas al público general, preferentemente urbano g) al
cual se transmiten por medios técnicos e institucionalizados, propios de cada
civilización y de cada época.2
(Ejemplo de esto último el ballet folklórico de nuestro país) . Refiriéndonos a las obras literarias, se califican como "proyecciones" aquéllas "cuya autoría es perfectamente determinada, pero que se inspiran en la realidad folklórica cuyo estilo, formas, ambiente o carácter trasuntan reelaboran e
.
'
mterpretan, con miras a un público general, preferentemente urbano y desde luego letrado". Estas proyecciones "son verdaderas creaciones artísticas
originales ( no meras imitaciones) en cuyo estilo influye la tradición literaria
popular con algunos o todos SU$ rasgos: habla, asunto, temas, ambiente, tipos,
episodios, etc". 3
De acuerdo con estos rasgos las colecciones que tenemos de los hermanos
Grimrn, los cuentos del Conde Lucanor, el Calila e Dimna, son proyecciones
literarias, ya que han recibido una forma artística. Por otra parte tenemos
otras colecciones de cuentos populares como las de Aurelio M. Espinosa y
su hijo en donde los cuentos han sido reproducidos fielmente, tal y como
fueron narrados, sin cambiar palabras, pronunciación ni sintaxis. Se puede
decir que pertenecen a la tradición escrita.
Las colecciones de cuentos producen en muchas ocasiones el fenómeno
literario de folkl ore-proyección-folklore, es decir que un cuento popular se
vuelve creación erudita y regresa más tarde al folklore. Por ejemplo, las versiones que recogieron los Grimm han vuelto al folklore, ya que los cuentos
se han extendido en numerosos grupos populares. ·
• Cfr. AuousTo RAÚL CoRTÁZAR, Folklore y Literatura. Eudeba, Buenos Aires,
1964, p. 13.
• lbid., p. 56.

227

/

�Tenemos casos en que un escritor toma uno o vanos temas del folklore
y modificándolos y adaptándolos al nuevo medio social, crea una obra literaria. No se puede hablar de plagio, sin acusar a multitud de autores por
ello. Se habla en literatura de préstamo de temas, motivos, ideas y fuentes.
El préstamo no disminuye la originalidad del autor ni el valor estético de la
obra. Al renovar el escritor el material, agregándole sus propias observaciones
y vivencias, logra conmover estéticamente, produciendo un efecto artístico
y con ello una creación literaria. En este caso no importa tanto conocer la
fuente de su obra, sino ante todo comprender por qué el autor eligió el tema,
con qué objeto lo ha desarrollado, cómo lo aprovechó. Esto es lo que tiene
validez.
Como ejemplo de la "proyección" tomaré un cuento que existe en la tradición de varios países de Europa y en el nuestro. Es el cuento de Macario
de Bruno Traven. Debido a la falta de material para investigar con más
amplitud el tema, sólo tomaré otras tres versiones del cuento, dos españolas
y una alemana, aunque sin duda existe el mismo en nuestra tradición mexicana.
En los Cuentos populares de España de Aurelio M. Espinosa, publicada
de 1923-26 aparece entre los cuentos ejemplares y religiosos el cuento La muerte madrina. El médico y la muerte es uno de los cuentos ejemplares y religiosos de los Cuentos populares de Castilla coleccionados y publicados por
Aurelio M. Espinosa hijo, en 1945 y La muerte madrina (Der Gevatter Tod)
es la- versión alemana publicada por los hermanos Grimm en su colección
de cuentos populares de la tradición oral en 1812.
Este cuento con el tema de la "muerte engañada" pertenece a los "cuentos tipo", término usado por los folkloristas en la clasificación de narraciones
características cuya existencia se manifiesta a través de los siglos, países, culturas y lenguas más diversas. 4
Los cambios sufridos por los cuentos al pasar de un país a otro o de una
época a otra, son varios y están sometidos a las llamadas "leyes folklóricas".
En las versiones que presento se notan las siguientes: 1) olvido de un detalle, 2) adaptación o aclimatación de rasgos, episodios o cosas extrañas, 3)
alteraciones en el orden relativo de los episodios integrantes, 4) agregado de
un pasaje, especialmente al comienzo o al final del relato, 5) en general adaptación al medio, ya teniendo en cuenta el desplazamiento geográfico, ya la
modernización de rasgos arcaicos, ya las peculiares condiciones del ambiente
físico, humano y cultural.:.
Con frecuencia ocurre que las alteraciones que no caben dentro de los
• Cfr. !bid., p. 99.
• Cfr. !bid., p. 101.

228

gustos o ideas de un grupo, debidas a equivocaciones, faltas de memoria o
inventiva individual, son contrarrestadas por la "ley de la autocorrección"
formulada por Walter Anderson 6 y entonces el cuento vuelve a su forma
regional.
A continuación doy un breve resumen de cada uno de los cuentos utilizados en la comparación:

MAcARI.o (Bruno Traven) .

•

Macario es un pobre leñador con 11 hijos. El autor nos presenta la miseria extrema del pobre indio que siempre se queda con hambre. Macario
tiene el deseo, la obsesión de comerse un pavo asa.do entero él solo. Su mujer
ahorra tres años, centavo por centavo y al fin el día de su cumpleaños le
consigue el pavo más gordo de la plaza, se lo prepara y se lo da de regalo.
Macario se va al bosque, a un lugar apartado, a gozar su pavo. Al querer
comenzar a comerlo, aparece:
1) El diablo, vestido de charro. Macario lo reconoce, se niega a compartir
el pavo con él pues no tiene necesidad de que le den, y a él le perjudicaría
aceptar algo en cambio de un pedazo de pavo.
2) Cristo. También le pide una parte, pero tampoco le da Macario nada, pues sabe que no tiene necesidad ya que su Padre es dueño de todo.
3) La Muerte. Al principio no sabe si es o no la Muerte, pues se confunde por un cronómetro que trae en lugar del tradicional reloj de arena.
Macario al comprender lo irremediable de su situación invita a comer al
tercer huésped,' ya que, como le dice, al preguntarle la Muerte la verdadera
razón: "cuando usted se aparece ya no da tiempo de nada" y quiere ganar
tiempo invitándola a comer.
La Muerte le ofrece convertirlo en un doctor famoso, hace brotar agua
de la arena y le llena el guaje. Sólo tiene que seguir sus instrucciones. Si
ella está a los pies del enfermo, éste sanará, a la cabecera, morirá.
Maca.río se hace rico y famoso. Ya viejo lo llama el virrey para que cure
a su hijo; si no lo cura lo mandará quemar en la plaza pública por hechicero. La Muerte está a la cabecera, Macario le pide clemencia y ayuda.
Se le niega. Coge la cama y le da vueltas y más vueltas tratando de cambiar de sitio a la muerte, sin resultado. El niño muere . •Macario cae extenuado. La Mu~rte se coloca a su cabecera. Lo recompensa dándole un fin
tr.anquilo. En realidad todo ha sido un sueño, ya que la mujer de Macario
· • Cfr. !bid., p. 102.

229

�lo encuentra a la mañana siguiente reclinado en un árbol, con una sonrisa
en los labios y medio pavo frente a él sin consumir.

LA MuERTE MADRINA (Hermanos Grimm, 1812)
Se trata aquí de un pobre hombre con doce hijos. Al nacer el número
trece sale a buscarle madrina. 1) Pasa el Señor y le ofrece hacerlo feliz.
Se niega el hombre porque dice que Él le da al rico y le niega al pobre que
se muere de hambre. No comprende la sabiduría de Dios.
2) Pasa el Diablo y Je ofrece dinero y goces. No lo acepta porque engaña
y lleva al hombre por mal camino.
3) Pasa la Muerte que dice que hace iguales a todos. La acepta como
madrina del hijo y ella le ofrece riquezas en recompensa.
Al crecer el niño lo lleva la Muerte a un bosque y le muestra una hierba
como regalo. Con ella se hará doctor famoso. Pero le advierte que si ella
está a la cabecera, sanará el enfermo; si a los pies, morirá, y que no se atreva
a engañarla.
Se hace el hombre famoso y rico. Se enferma el rey. La Muerte está
a los pies. El médico voltea al rey y engaña a la muerte, que por esta vez
lo perdona. Se enferma la hija del rey sin remedio. El rey ofrece hacerlo
esposo de su hija si la sana. Vuelve el hombre a engañar a la Muerte.
Aquí entra el episodio de la Cueva de las Velas. Las velas, símbolo de vida, representan a los vivos; son de todos tamaños según el tiempo que le
queda a cada mortal. La muerte le muestra como suya una que está por
extinguirse, el médico le pide que coloque encima otra para que siga ardiendo.
La Muerte hace como que va a cumplirle su deseo, pero al colocar la nueva
vela sobre la otra, la tira al suelo y así se venga del engaño.

LA MUERTE MADRINA (AuRELIO M. ESPINOSA. Cuentos Populares de España
publicados de 1923-26).
Esta versión trata de un matrimonio con un solo hijo. En este cuento no
aparecen ni Dios ni el Diablo.
El hombre le decía a su mujer que aunque se apareciese San Pedro no lo
escogería de padrino porque repartió muy mal los bienes.
1) Se presenta la Muerte y la elige de madrina, porque hace a todos igua230

les. La Muerte aconseja a nuestro hombre que su hijo estudie medicina y
le dice que no morirá mientras no rece un Padrenuestro.•
Al crecer el muchacho se finge médico, se presenta ante la Muerte y ésta
le dice que se hará famoso curando a los enfermos. Les puede dar una purga,
hierbabuena, cualquier cosa. Le hace la advertencia de que si está ella a los
pies del enfermo, éste sanará; si a la cabecera, morirá. Y que no se
atreva a desobedecerla. .
Se enferma la hija del rey sin remedio. Coge el hombre a la Muerte
y la pone a los pies. Se casa con la princesa. La Muerte está furiosa.
Salen un día de paseo los dos. La Muerte para vengarse se finge un pobre muerto en el camino. La reina sugiere se detengan a rezar un Padrenuestro. El hombre olvida la promesa de la Muerte y reza. En ese momento
se levanta la Muerte y le dice: "Me desobedeciste y no eres nadie, muere".

EL MÉDICO y LA MuERTE (Aurelio M. Espinosa, hijo. Cuentos Populares de
Castilla, 1945).
En este cuento tenemos a un zapatero con siete hijos. Hambriento vende
su herramienta y compra arroz, bacalao, pan y vino para comer a llenar
una sola vez. Se va con sus provisiones a una ermita solitaria a comer.
1) Cristo envía a San Padro, disfrazado de pobre, a pedirle algo de comer, pero nuestro hombre no le da nada, ni por Dios, pues a él no se le ha
dado nada.
2) Manda Cristo a la Muerte, vestida también de pobre. La Muerte le
dice quién es y el zapatero la convida a comer, porque la considera su amiga.
Ésta, en recompensa, ofrece hacerlo médico y rico. Debe seguir sus instrucciones. Si ella está a la derecha del enfermo, éste sanará; si a la izquierda,
morirá. Comienza nuestro zapatero a curar y se hace rico. Pasan los años,
el hombre está en la opulencia. Viene la muerte por él. Le pide que lo deje
rezar un Padrenuestro, pero no lo termina, y así la Muerte no se lo puede
llevar. La Muerte, viéndose engañada, busca la manera de vengarse. Se le
presenta colgada de un árbol en el camino que recorre el médico en coche.
Manda éste al cochero parar para rezar un Padrenuestro por el pobre colgado. Al terminarlo ve que el "colgado': cae al suelo, y reconoce a la Muerte,
que se dirige a él a pasos agigantados.

231

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Podemos apreciar en las distintas versiones los cambios y adaptaciones que
han sufrido los cuentos, unas versiones han conservado ciertos elementos,
cambiado otros y perdido algunos. También se ha efectuado la sustitución
de algún detalle tradicional, por ejemplo el pavo por el arroz y bacalao.
En el Macario, el personaje es un pobre indio, siempre cansado y hambriento,
cargado de familia, resignado con su suerte. A los personajes sobrenaturales
los ve con los ojos del hombre del pueblo. El lenguaje es sencillo. La filosofía
popular, y la obra posee, según la crítica, los requisitos de la tradición cuentística, que son: "claridad de exposición, contenido poético y tema filosófico".
El autor nos presenta con acierto el espíritu del indio, su resignación, el
temor inmediato ante la muerte, no sólo del mexicano, sino en general de la
humanidad entera. La sonrisa es señal del hambre satisfecha, del deseo cum,plido de comerse el pavo. A través del relato aparece el pavo como "leitmotiv"
ya que es el motivo alrededor del cual se teje la acción, lo que motiva el
cuento. Tenemos aquí un buen ejemplo de "proyección" o literatura folklórica. Traven tomó el tema y los motivos del cuento tradicional y los
adaptó al ambiente mexicano. En forma eficaz y emotiva logró expresar algo
ya muy conocido logrando crear una obra llena de interés humano que divierte y conmueve.

BIBLIOGRAFIA

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KAYSER, WoLFGANG, Interpretación y análisis de la obra literaria. Gredos, Madrid, 1954.
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TRAVEN, BRUNO, Macario. Col. Ideas, Letras y Vida. Cía General de Ediciones, México, 1964.

233

�GRATA COMPANfA: UNA SABROSA CHARLA ERUDITA
DE MARfA ROSA CON DON ALFONSO
Dr. JAMES WILus RoBB
The George Washington University
Washington, D.G., U.S.A.

EL EPISTOLARIO DE MARÍA RosA LmA y de Alfonso Reyes que se conserva en
el archivo de Don Alfonso en su biblioteca (La "Capilla Alfonsina") en
México, D. F., ofrece el precioso testimonio de una encantadora amistad
literaria entre dos grandes eruditos para quienes la erudición era a la vez
materia de sabrosa charla rebosante de "simpatía", de "cortesía" y de sensibilidad, salpicada de agudas alusiones, de buen humor y de mutua crítica
constructiva: o sea, un perfecto ejemplo del perdido arte de la buena conversación entre dos finos intelectuales.
En el extracto que aquí reproducimos se destacan las perspicaces observaciones de María Rosa provocadas por la sucesiva lectura de diversas obras
de Don AHonso, y sus confidencias respecto a su propio libro, entonces en
elaboración, sobre La Celestina. Las cartas abarcan el período de 1952-1959
(los ocho últimos años de vida de Alfonso Reyes) y se cruzan casi todas
entre María Rosa en Berkeley, California, EE.UU., y AHonso Reyes en México, D. F. (a excepción de una de María Rosa desde Madison, Wisconsin) .
Incluímos además tres poemas de AHonso Reyes dirigidos a María Rosa,
los cuales figuran en la sección "Cortesía" de su obra poética recogida, Constancia poética (Obras completas, X, México: Fondo de Cultura Económica,
1959) , que son precisamente amenos versos de circunstancia que cruzaban
como cartas entre Reyes y sus amigos; y citamos por añadidura otro poema
de casi igual índole dirigido por María Rosa a Don AHonso y que figura
' Quedamos siempre agradecidos al Dr. Alfonso Reyes Mota y a Alicia Reyes por
la oportunidad de consultar y reproducir porciones de este epistolario.

235

�en el Libro Jubilar de Alfonso Reyes, libro de homenaje editado por la Universidad Nacional Autónoma de México.
En la primera carta de nuestra colección, María Rosa ofrece a Don Alfonso
sus comentarios comparativos sobre dos libros suyos, es decir dos ediciones
del mismo poemario Homero en Cuernavaca: ( 1) La primera edición apareció
en una edición de la revista Abside (México: "Abside", 1949), impresa en
páginas color de rosa. (2) La segunda edición, Homero en Cuernavaca (19481951), considerablemente revisada y aumentada (con treinta sonetos. en vez
de quince), México: Tezontle, 1952, es la definitiva, recogida en las Obras
completas (X) , y la que da lugar al comentario de María Rosa. Por su
temática clásica y su carácter erudito, es una obra que forzosamente había
de atraer de manera singular a María Rosa I,.ida:
Berkeley, 15 de marzo de 1952.
Muy admirado'.}' muy querido don Alfonso R eyes:
¿Quién dijo que nunca s-egundas partes fueron buenas? Aunque, claro,
este Homero en Cuemavaca no es la segunda parte, sino la entelequia
a que el otro aspiraba.
Ahora puedo confesar que fuí al Homero de 1952 con un poco de
temor: ni para Alfonso Reyes me parecía cosa fá.;il igualar la gracia '.)' la
gallardía de las páginas sonrosadas de Abside. Figúrese Ud. con qué
multiplicada delicia fui saboreando los sonetos nuevecitos, cotejando los
"renovados'' y admirando todos. En cierto modo, más me admiraron los
"renovados" que los nuevos. Porque un buen soneto, de manos de Alfonso
Reyes, no es sorpresa; pero un buen soneto certeramente mejorado cuando lo difícil era columbrar dónde cabía mejora, sí lo es. Lo asombroso
es el rumbo seguro que tanto retoque y variante llevan al ritmo más
unitario, a la expresión más castiza y concreta, al sentimiento más grave.
Y va de -ejemplo. ..
No me atrevo a disecar la perfección ganada retoque a retoque en los
tercetos de Tersites: don Pedro H enríquez Ureña sí los hubiera subrayado, con ese lápiz suyo, fino como su entendimiento ...
En cuanto a los sonetos nuevos, ¿recuerda l!,d. aquel dicho de que el
buen soneto se abre con llave de plata y se cierra con llave de oro? Se
me vino a las mientes · al releer Hera, Instante de Glauco y Diomedes.
Oro puro es el final de los sonetos "exegéticos'", "no la oculta raíz, sino
la rosd', "la ruta vertical, la poesíd', o el de "Desengañado Aquiles--..."
con su adecuación de ritmo romántico a desolación romántica: "su frío
desamparo, su arisca soledad". No conozco, en lengua alguna, mejor

lo:;:~:

"impresión" de la Ilíada que el Galo e T d
serie, pero éste más palpablemente q~eson~~os :e la preciosa
una contradictu in adiecto. poes'
't.
E
' rea iza o que parece
.
.
ia crt ica. stá Ud en bu
-,
querido don Alfonso. Pienso que desde su cielo m;d.
,ena compania,
de_ Gád~ra, Patrono del delicado género, le tiend it;;draneo, lMeleagro
millete libresco.
e
su o oroso ra-

ª

•

Con toda mi admiración
MARÍA RosA

Don Alfonso, cornnovi"dO por la reacción de M ,
siguiente:
ana Rosa, le contesta lo

México, D. F., 22 de marzo de 1952.
Sra. María Rosa Lida Malkiel
1 Arlington Lane
'
Berkeley, Califor~ia,
U.S.A.
Querida amiga María Rosa:
Le escribo a vuela pluma
D . d
juicios, que agradezco de
... , e¡an o aparte la generosidad de sus
corazon me encant p 'b •
recoja todas mis intenciones poéti:as. N
a erci ir que ha~ quien
el placer de conversar con usted l
o por defender errores, sino por
' e contesto sus dos objeciones
.. .Notaría usted que en general paso
.
. ..
tono se me había vuelto alg d l
u~a espon¡a dondequiera que el
.
o ec amatorio Observ
t d 1
maczón del soneto a mi p d
p
·
e use a transfora re. ues a los padres y l 'P . h
amarlos, pero no hay que con t arlo a tod as hor
a a 1 atna
ª'Y que
h
patriotas mexicanos qu-e ab
d l
. . as como o acemos los
'
usamos e sentimiento
· l h
anunciar una purga por la radio.
naciona asta para
Un afectuoso abrazo de su muy agradecido y devoto.
A. R.

El "soneto a mi padre" es el titul d "
.
X, p. 418)' uno de los finos y sincero: ~ De ~1 padre" (Obras completas,
a su padre el General Bernardo R
2
o~enaJes rendidos por Don Alfonso
eyes, aqu1 evocado entre sus lecturas horne,
• V. especialmente: "-9 de febrero de 1913" O
d~ Cultura Económica, 1959, pp. 146-147 .
' _bras ~o~pletas, X, México: Fondo
c16n del 9 de f b
M' .
' Parental1a, MeXIco: Tezontle, 1959,· y Orae rero, exico: Era, 1963 _

237
236

�• de la rmsma
·
·
h ero1ca
· d e AleJ'andro, César, Rodrigo "Mío
ricas como
esorpe
Cid", Aquiles y Odiseo:
Navegando la Ilíada, hoy otra vez lo veo:
de cóleras y audacias -Aquiles y Odiseoimperativamente su forma se apodera.

Luego sigue María Rosa expresando su admiración por la manera en que
Reyes va siempre superándose a sí mismo:
Berkeley, 6 de mayo de 1952
Señor Don Alfonso R eyes
Querido amigo:
La exigencia de Ud. para consigo mismo me asombra. A su lado, todos somos chapuceros. . .
.
Las cuatro correcciones, admirables. . . Cuatro enmiendas: cuatro lecciones.
Le agradezco, querido don Alfonso, la confianz~ con que U~- me
honra. Bien sabe Ud. que sigo maravillada el camino de perfeccion de
su magistral guirnalda de sonetos homéricos.
MARÍA RosA

Más adelante, la primera edición de la Obra poética (1906-19~f }, Méxi~:
Fondo de Cultura Económica, 1952, de Reyes suscita esta reacc10n de Mana
Rosa:
Berkeley, 30 de noviembre de 1952.
Querido don Alfonso:
. Qué difícil poner en palabras la delicia de este fin de semana que
se 'me ha escurrido leyendo y releyendo la Obra poética de U~.! Porqu~
hay allí la variedad inagotable de un alma inusitadamente rica, l~ diversidad de experiencías y escenarios a pocos deparada y, a traves .di
todo una fuerte unidad de calidad, hecha de sentido de la lengua, fino
y es;ricto, de hondura intelectual, de gracia torneada y exacta, de p~rfección "como plomada de albañil segura". En lo grande y en. lo pe~u;no,
en Ifigenia y en los versos de ocasión: ¡ envidiables, los destinatarios.
Pero echo de menos a antiguos amigos. ¿No le he contado a Ud.

238

Y fué maravillosa cosa
que de la espina nació la rosa.
Me embelesaron tanto esos versos que corrí a buscar en Rivadeneyra
el "original", y descubrí entonces que los únicos versos hermosos de
Santa María Egipcíaca eran los de Alfonso R eyes. Desde entonces tengo
ojeriza a aquella venerable ristra de eneasílabos.
Nació la rosa. Y, asido a la rosa, el bicho utilitario, es decir, yo que
chupo ahora la primorosa Estampa de San Pascual Bailón ( nombre y
apellido que parecen invento de Valle I nclán). Pues tengo en prensa
unos papeles en que enumero a algunos tahures de tiempo ( Jeremías,
Esdras, Onías, San Amaro, el monje de la pajarita), y San Pascualín ,
me viene de perlas. Pregunta confidencial: el tiempo abreviado del éxtasis
de San Pascual ¿es vox populi o vox Regum?
Con todo mi cariño, con toda mi admiración,
MARÍA RosA

P/s Un saludo muy cordial de mi marido.

Con afectuosa admiración,

•

nunca mi encuentro con su Santa María Egipcíaca? Hace infinidad de
años -pero lo recuerdo como si fuese ayer- trajo Raimundo [Raimundo
Lida] la revista con los versos de Ud. que empezaban:

El poema de Santa María Egipcíaca de Reyes no se encuentra en su Obra
poética ni en su Constancia poética (OC, X), sino dentro de su libro en
prosa Horas de Burgos.3 En su último párrafo, María Rosa parece haberse
contagiado del gusto de Don Alfonso por el que éste considera su santo patrón, San Pascual Bailón, saQto cocinero que se durmió y se comió el tiempo
a lo Rip Van Winkle, como lo explica Reyes en varios lugares, incluso al
evocarlo como santo protector en su menú en verso, Minuta (OC X, pp.
381-384) .
Entre esta carta y la próxima, Don Alfonso · le dirige a María Rosa un
saludo de Año Nuevo en verso, contestando a la vez un reciente envío (OC
X, pp. 300-301) :

• A.R., Las tres hip6stasis: María pecadora, María asceta y Santa María, modernización de algunos pasajes de la Vida de Santa María Egipcíaca, poema español del siglo
XIII" (V. OC X, p. 491), recogido en OC II, pp. 104-106.

239

�A MARÍA RosA LmA

DE

MALKIEL

por sus páginas sobre "el patagón"
y la métrica de la Biblia
,,,
Yo que no soy "pt
a agon
- jactancias del "pie pequeño"ni he practicado jamás
la métrica del hebreo,
a celebrar me dispongo
y a felicitar me ofrezco
a María Rosa Lida
de Malkiel, en su Año Nuevo.
Le mando en esta "postal",
como justo rendimiento,
la imagen del belvedere
donde recogerme suelo,
arriba de mi azotea
donde alcanzo a ver el cielo
y donde algunas vecinas
me avisan con el pañuelo
que ya se acaba diciembre
y que ya comienza enero.

traje de todos los días, cuántas nobles voces resuenen... ¿Quién puede
sinceramente desamorarse de la vida? Y Ud. pone el dedo en la viva
llaga: desde cada respuesta acecha el mismo terror. Así es: su Vendedor
de la felicidad, como toda la grande literatura, no se acuerda de happy
ends y nos fuerza a enfrentarnos con las cosas como son. · Por todo, mil gracias y mil buenos deseos.
MARÍA R.

Otra lectura de terna helénico en la obra de Dofi Alfonso merece este comentario:
Berkeley, 2 de mayo de 1953
Querido y admirado amigo:
Mil gracias por el sobretiro de las Edades hesiódicas.4 L eerlo fué un
raro placer (también en sentido aurífero). Pues ¿acaso es cosa de todos
los días hallar tan discreta exégesis en tan sabroso español?
Por asociación: ¡cuánto desearía que hablase Ud. de la poesía didáctica en sí! Amalgama más extraña y preciosa que el oricalco y el electrón: díganlo el propio Hesíodo y Lucrecio y Virgilio ¿y por qué no
Landívar?
Con toda admiración,
MARÍA

R.

27 de diciembre, 1952.
El referido belvedere, como lo explica Don Alfonso, es un cuarto_ ~onstruido en la azotea de su casa, adonde a veces se retiraba para escnbrr, y
situado por encima del escritorio que se encuentra en el balcón dentro de su
biblioteca. A este poema ahora se refiere María Rosa corno El Romance del

Cuando María Rosa se encuentra en la Universidad de Wisconsin, Don
Alfonso le encarga la búsqueda de algunos datos que le puedan ayudar en
sus propias investigaciones:
M adison, Wisconsin,
11 de febrero de 1955

Belved ere:
Querido don Al/onso:
Berkeley, 19 de enero de 1953
Querido don Alfonso:
Si algún año he comenzado bajo el patrocinio de las M_usas, ese año
es 1953, en el que me interno con doble pasaporte: el precioso Ro~ance
del Belvedere ("Y o, que no soy patagón. . .") y El vendedor ,de fehc1dad.
i Qué hermoso, don Alfonso, qué hermos~ es el la:go ~arra/o de la
última página! En ese sobrio español, que tiene el refinamiento de llevar

\

240

.. . No sé, querido don Alfonso, si este magro informe le servirá de
algo. De tódos modos, me halaga mucho que de cuando en cuando
pueda yo creer que U d. cree que yo creo que le puedo ser útil.
Muy afectuosamente
MARíA R.
• A.R., "Interpretación de las edades hesiódicas", recogido en Estudios helénicos,
OC XVIII, México: Fondo de Cultura Económica, 1966, pp. 36-39.

241
H

�Dos primorosas epístolas en verso de Don Alfonso (OC X, pp. 308, 309-310)
se interponen antes de la próxima carta que encontramos conservada en el
archivo:

y la erudición alfonsina a la actitud con que se acerca María Rosa a L a

Celestina en su nuevo libro: 5

Berkeley, 5 de abril·de 1958.
Querido don Alfonso:
A MARÍA RosA LIDA DE MALKJEL

Hoy, prosa. Después de leer los versos deveras de Ud. me avergüenzo
de mis Pa11asadas con el metro y la rima, y entro en razón, i.e., me reconozco y renuncio. ¡Felices los que pueden no renunciar!

que jugaba con temas y metros de Sor J uana
María, Rosa y Estrella
- ¡ que radiosa trinidad/prestan su radiosidad
para alumbrarme con ella.
Si Sor Juana se querella
de quien hoy la desafía
cantando en su compañía,
díganle al punto a Sor Juana:
-No es tu rival, es tu hermana,
Estrella, Rosa María.

He saboreado con delicia todo el tomo ~ qué amplitud, qué agudeza-,
y me he detenido especialmente en la magnífica serie de estudios sobre
Góngora. Esa es filología a mi gusto. Como todos los libros inteligentes,
este tomo VII tiene, por añadidura, cierto mágico don de oportunidad.
Pues estos días, reelaborando el cap. XI de mi Celestina -¡ojalá esté
pronto bajo el ala de U d.! -me desazona la actitud de dos críticos tan
estimables y capaces como Gilman y Bataillon que, provistos cada cual
de su llave maestra ( conflicto existencialista, didactismo moral), resuelven
cuanto hay por resolve1 en La Celestina, incluso género literario autoría
técnica teatral, estilo. A mí, que abordo La Celestina filológica:nente, l;
audacia y el simplismo de estas panaceas me desconciertan. Y sospecho
que los críticos más aficionados a revelar las entretelas del alma del
autor que a examinar la obra, expresan así su anhelo fallido de ser artistas, y no críticos. Ud., cabal artista en sus obras de creación, es cabal
erudito en sus obras de erudición. Yo creo que el artista "vale" más que
el crítico -en términos absolutos-, pero que el crítico que reconoce su
papel vale más que el crítico con veleidades que no le alcanzan para
artista y le embrollan como crítico.

22 de febrero, 1957.

A MARÍA RosA LmA DE MALKJEL

que andaba entre mis libros a la vez
que leía a Alfonso el Sabio y a
otros de sus autores
Prenda de María Rosa,
de su pluma y de su labio,
correspondo a su gustosa
misiva con emoción,
que, sin ser Alfonso el Sabio,
soy el de la soledosa recordación.

Gracias, don Alfonso, por la relectura tranquilizadora de sus Estudios
gongorinos; gracias por el resto.
Con el invariable afecto y admiración de
MARÍA R.

La
sobre
lucha
Jorge

próxima carta de María Rosa nos trae, junto con sus observaciones
Los tres tesoros de Reyes, unas conmovedoras palabras respecto a la
de María Rosa con problemas de la vista, un poco reminiscentes de
Luis Borges en su problema con la ceguera:

22 de marzo, 1958.
El séptimo tomo de las Obras completas de Alfonso Reyes ( aparecido en
1958) despierta este comentario de María Rosa que nos lleva de Góngora
242

• MARÍA RosA LIDA DE MALKIEL, La originalidad artística de La Celestina, Buenos
Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1962.

243

�Berkeley, 23 de enero de 1959

Berkeley, 26 de febrero de 1959

Querido don Alfonso:

Querido don Alfonso:

¿Permite V d. que le aburra con impertinencias personales? Tengo la

vista en pésimo estado; ya no me es posible leer sin hacer pausas cada
20 ó 30 minutos. Pues bien: ayer, cuando acababa una de estas dosis de
lectura, el correo me trajo Los tres tesoros. Confieso que por un momento
vacilé, porque conozco demasiado el dolor que me atenacea los ojos
cuando me excedo en mis miserables dosis. Pero la vacilación no duró
mucho y, una vez empézado el libro, ni qué decir tiene que lo leí de
una sentada ¡ sin dolor de ojos! Y luego dirán que no hay Apolo, que no
hay Musas.
Yo no sé cómo poner en palabras, don Alfonso, el goce vivísimo que tuve
al saborear su parábola-comedia, con sus dos notas que rara vez andan
juntas: novedad y perfección. ¡ Qué señorío en todo! R iqueza y sobriedad, sabiduría y sencillez, hondura e ingenio, "sotil artificio, fuerte e claro mental". Porque entre tantos primores me encantó, como V d. comprenderá, la factura celestinesca: acción y diálogo archidramático más
acotación no externa. Nada me gustaría más que oír leer Los tres tesoros
en círculo de amigos, en alta voz "a vezes con gozo, esperanfa y passion,/
a vezes ayrado con gran turbacion", como recomendaba el bueno de
Alonso de Pro~a. ¡Cómo destacaría en una lectura dramática esa esencial finura de la obra, que inevitablemente trae el recuerdo del otro
mexicano, don Juan Ruiz de Alar__cón, el único "gran señor" en la Comedia del Siglo de Oro!
¿Dije "la leí de una sentada"? No: al llegar a la página 62, me levanté a buscar un lápiz y sub!ayar lo mejor que se ha dicho y se dirá
nunca sobre los clásicos:
Con un pequeño esfuerzo de imaginación, hallo en ellos cuanto necesito.
Otra enmienda. ¿Los tres tesoros? No: un tesoro que vale por tres y
por trescientos.

I'

Admirada y agradecida
MARÍA

R.

Una pequeña carta de enhorabuena a Don Alfonso viene envuelta en su
ropaje de sabrosa erudición medievalista:

Según Berceo, San Bernardo de Claravalle dice a la Virgen que
ella le cuenta cómo pasó la Pasión, las gentes

si

sabrán maiores nueuas de la tu alaban~ia
que non regun~ian todos los maestros de
Fran~ia.
Maravilloso colmo: contar más que los maestros de Francia. L o recordé al enterarme -con mi acostumbrado retraso- del grado de doctor
con que la Universidad de París le ha honrado a Ud. -y recíprocamente. Bien por ella y bien por Ud., maestro de América y maestro de
Francia.
Con todo afecto,
MARÍA R.
Gracias por los sabrosos boletines de la Bibliot_eca Alfonsina.

Y luego sube a la superficie la mutua bibliofilia, estimulada por el Boletín de su propia biblioteca que le envía Don Alfonso :
Berkeley, 16 de abril de 1959
Querido don Alfonso:
Magnífica la fotografía de la hermosa biblioteca, toda llena del espíritu y presencia de U d. Creo que R ose M acaulay incluyó entre los
"minor pleasures of life" la lectura de catálogos. /'Minor"? No cuando
el catálogo es de biblioteca como la suya. Y o picoteo con delicia en
los sabrosos comentarios del Boletín. Después de leído el No. 3, miro
con más amor mi ejemplar del Siglo pitagórico ( segunda edición, claro),
que compré en Buenos Aires, en 194{), con lo que me pagó Gonzalo
Losada por mi edicioncita de Horacio.
Por correo ordinario tengo el gusto -y no es fórmula, don Alfonsode enviarle a Ud. mi T.W. Allen, The homeric catalogue of ships, que
figura en las obras solicitadas: será para mí un gran honor saberlo i~
corporado a la colección de U d.
Muy afectuosamente
MARÍA R.

244

245

�La siguiente meditación tras nuevas reflexiones sobre su libro d.e La Celestina:

Con los más cariñosos votos por su salud, preciosa para todos, y con
la gratitud e_ntera de

Berkeley, 26 de mayo de 1959

MARÍA

R.

Querido Don Alfonso:
Hay pocas cosas más conmovedoras en la mitología griega que el
mito de las H oras o, si Ud. prefiere, la sensibilidad de los griegos al proceso del tiempo, y su muy especial sensibilidad al término del proceso
personificado como daqor de lo producido durante su duración: la H ora,
la Sazón, con las manos colmadas de los frutos en perfecta madurez.
(En mis mocedades, de empleadilla nacional, siempre pensé que si los
griegos hubiesen conocido ese raro modo de vivir que se llama, por
excelencia, "empleo'~, habrían hipostasiado el lo. de mes una diosa juvenil, portadora del mágico cheque). L os griegos tenían razón: al fin
el regodeo romántico en el proceso es puro egoísmo -o virtuosismo: tanto
da. Lo que cuenta es el acabamiento, lo que se ofrece, hecho, a los demás, lo que los demás pueden juzgar.
El mito de las H oras me ha rondado estos últimos días, querido don
Alfonso, porque el girar de las estaciones y el rodar de los años. .· . ha
acabado por traerme -imposible parece- el cumplimiento de mi libro.
Ayer acabé mi libro La Celestina, empezado en octubre de 1947, repensado y rehecho ya no sé cuántas veces. Se lo he enviado al buen
amigo Alatorre [Antonio A latorre de El Colegio de México], y nada me
daría más felicidad que verlo incorporado a las Publicaciones de la Nueva
Revista de Filología H ispánica: "que sea pronto y en nüestros días",
como reza la plegaria hebrea.
Es un libro largo, no una declamación retórica so pretexto de Rojas.
Tampoco es un ensayo freudist~, existencialista, racista o alegorizante.
U d., como verdadero scholar que es, podrá apreciar m ejor que ninguno
lo que he querido hac_er: sencillamente estudiar una maravilla que ha
sido tema de mucha (seudo) literatura y de poco estudio. El propósito
no puede ser más a contracorriente, como Ud. ve. Pero
¿A quién contaré mis cuitas si a vos no? ¿A quién si no a Ud., querido don Alfonso, puedo pedir simpatía y apoyo para un trabajo de
esta índole? Confieso que he temblado al entregar al correo la carga de
papeles en que van casi doce años de mi vida; pero pienso que mi pobrecita hija Celestina no se hallará sola, peregrina y errante en México
-país que ha sido ya tan generoso con Raimundo [Raimundo Lida] y
conmigo--, pues cuenta en la persona de Ud. con el padrino ideal que
la llevará a buen término.

246

•

Y finalmente estas observaciones en torno al J'omo IX de las Obras de
Don Alfonso:
Berkeley, 28 de julio de 1959.
Querido don Alfonso:
Nueve, el número de las Musas. ¡ Qué cosecha, la de este tomo IX!
Y lo que más he paladeado -lo que siempre echo de m enos en libros
españoles- es ese espíritu abierto, esa curiosidad y simpatía que convence de provinciano tanto libro europeo y estadounidense. Ud., con
don Pedro H enríquez Ureña, Jorge Luis Borges: ¿será este espíritu
excelencia hispanoamericana? ¡ Ojalá! ( Escribo esto y recuerdo sus observaciones --exactísimas- sobre el nacionalismo argentino. Bueno fuera
que yo, con mi horror a todo nacionalismo, fuese a caer en un continentalismo).
Para hacerle sonreír, transcribo aquí mis apostillas:
Pág. 42. México en una nuez y, pág. 187, El Brasil en una castaña.
¡con qué ganas me he quedado de la Argentina en una almendra! (Esto
no es nacionalismo, sino caridad bien entendida) .. .
Pág. 461. Bien por la novela policial. Muy de acuerdo en que su
boga es esencialmente reacción aristotélica -forma, inteligencia- a
la novela al uso, desarticulada, sensiblera e indecente. ¡ Viva la novela
policial, viva Edipo rey ( rey, entre otros, de los whodunits), viva Aristóteles! ¡ viva! ...
Dios bendiga a U d., don Alfonso,
MARÍA

R.

Así dos eruditos amigos mantenían abiertos los vasos comunicantes de cordial intercambio, tan esenciales para Don Alfonso ( y para ambos) en su
vivencia de humanista cabal.
Cerramos recordando el modelo de erudita juguetonería con que María
Rosa Lida rindió homenaje a Alfonso Reyes en su cincuentenario de escritor
o "bodas de oro con la pluma": después de ofrecerle la exégesis de un poema
en latín sobre el chocolate _«brindemos al autor de Minuta el poema didáctico en tres libros De mentís potu siue de cocolatis opificio, añejo choco-

247

.,

�late en jícara de hexámetros latinos"- María Rosa termina con este epílogo
de su propia cosecha:
Tal, en pleitohomenaje a don Alfonso
( nombre de reyes), escribí, a la vera
del Pacífico oceano, aunque nacida
en la llanura del leonado Plata;
a tiempo que Crujiente y Raja/erro,
uno en Villalavante [= Washington],
otro en M oscovia,
empuñan el timón de Este y Oeste.
¡ Así merezca yo, secuaz del mate
-que es agua sola y sólo olor de patria-,
el elixir de México, exquisito
y denso, cual la tierra mexicana!6

LA CONCIENCIA DE LATINOAMERICA
EN TRES DRAMAS CONTEMPORANEOS
DR.

•

MYRON I. LICHTBLAU
Syracuse Universicy

CoMo TEMA IMPORTANTE EN EL drama contemporáneo de Hispano-américa
figura el despertar de la conciencia de América en sus valores más profundos.
Por un lado, el concepto es algo abstracto, como toda ideología; por otro, es
de una significación real para quienes viven la realidad latinoamericana y
procuran entenderla y mejorarla. El teatro ofrece campo abierto a las facultades creadoras del escritor para explotar este tema, desarrollarlo imaginativamente y forjar una visión artística de lo que se observa. El propósito de
este artículo es examinar las diversas maneras en que tres dramaturgos contemporáneos tratan este tema, notando su técnica y los recursos teatrales de
que se valen para lograr la finalidad artística. Estas tres obras son Col/acocha, del peruano Enrique Solari Swayne; 1 V ejigantes, del puertorriqueño
Francisco Arriví; 2 y L os invasores, del chileno Egon Wolff. 3
1

• MARÍA RosA LIDA DE MALKIEL, "Elíxir de América", en Libro jubilar de Alfonso
Reyes, México: UNAM (Dirección General de Difusión Cultural, 1956, pp. 191-201.

La edición de Collacocha ·utilizada en este trabajo y a que se refieren todas las
citas es la siguiente: Teatro peruano contemporáneo (Madrid: Aguilar, 1963) , págs.
317-409. Solari Swayne nació en 1915. Según Frank Deuster, en su Teatro hispanoamericano: Tres piezas (Nueva York: Harcourt, Brase &amp; World, 1965), p. 181,
Collacocha es la única obra del autor llevada a la escena, aunque ha escrito dos más.
No hay mayor indicio del espíritu humanitario que ha guiado a Solari Swayne
que las palabras de la dedicatoria: "Dedico esta obra, en general, a todos los que
están empeñados, generosa, sana y vigorosamente, en forjar un Perú más justo y más
feliz. En forma especial, la dedico a todos aquellos que están empeñados en la habilitación de nuestro suelo como morada del hombre. Porque, quizá, ellos también
podrían decir, cor;¡ el protagonista de la obra: 'Estamos combatiendo la miseria humana y estamos construyendo la felicidad de los hombres del futuro'." (p. 319).
• La edición de Los vejigantes que utilicé y a que se refieren las citas es la siguiente : Teatro puertorriqueño (San Juan: Instituto de Cultura puertorriqueña, 1959) ,
págs. 279-407. Arriví (n. 1915) es un hombre dedicado por completo al teatro,
no s6lo como autor, sino también como director de escena y jefe del movimiento de

248
249

�Collacocha, presentado por primera vez en 1958, es uno de los mejores
dramas que han salido de Hispanoamérica. En su esencia más fundamental
representa la lucha por el progreso y la dignidad individual en América; en
su tema más específico la obra señala el heroico esfuerzo de un ingeniero por
realizar su sueño de mejorar las condiciones sociales de su país. La acción
del drama se coloca en una región de los Andes, donde el protagonista
Echecopar4 y su cuerpo de ingenieros y obreros se ocupan en la enorme tarea
de construir una carretera en una zona extremadamente escabrosa. Los obstáculos y peligros que encuentran durante su trabajo forman la parte dramática de la obra y dan relieve al tema. Pero si la acción misma está localizada
y se refiere a una sola empresa, el alcance de la misma es mucho mayor,
extendiéndose a toda tentativa por superar los impedimentos físicos y dificultades sociales de toda índole en L"atinoamérica. Lo que da empuje dramático a este mensaje ideológico es la habilidad de Solari Swayne de integrar
los elementos de tema, caracterización de personajes, y acción. Eje central
de toda la trama es Echecopar, hombre impulsado por el más puro sentido
de la justicia social. Gran patriota, pero no a ciegas ni por mera fórmula
verbal, Erhecopar domina la obra con su imponente presencia y su fuerza
moral. Odia las falsas ideologías que predican muchos de los poderosos de su
país, pero él mismo posee y practica la más alta ideología de todas, la fe en
el porvenir de América mediante la ardua labor cotidiana de sus ciudadanos,
persistentes en su misión a pesar de las adversidades, Lo más interesante de
este drama es que Solari Swayne hace vivir esta ideología, la hace tomar
cuerpo dramático a través de toda la obra. Es decir, este leitmotif, que es la
conciencia de América, está puesto al servicio de un argumento bien delineado aunque no sin toques melodramáticos y a veces exagerados. La personalidad df Echecopar como voz profética lleva una estampa de exaltación,
renovación teatral ·en Puerto Rico. Entre sus piezas, amén de Vejigantes, hay que
citar María Soledad ( 1947), Club de solteros ( 1953), y Bolero y plena ( 1956).
• La edición de Los invasores us~da en este estudio y a que se refieren las citas
es la siguiente: Carlos Solórzano, ed., El teatro hispanoamericano contemporáneo.
Antología (México: Fondo de cultura económica, 1964), págs. 124-190. Egon Wolff
nació en 1926. Aunque es licenciado en ingeniería química, su interés principal
es la literatura, y sobre todo el teatro, al cual se dedica desde 1956. Entre sus obras
teatrales, además de su obra maestra Los invasores, figuran Mansi6n de lechuzas
(1957), Discípulos del miedo (1958), Parejas de trapo ( 1959), Niñamadre (1960),
y Esas 49 estrellas (1962).
• Frank Dauster llama a Echecopar una de las creaciones más destacadas en el
drama moderno de Latinoamérica. (Teatro hispanoamericano: Tres piezas, op. cit.,
p. I 81). En esta antología figuran dos de las obras estudiadas aquí, V ejigantes Y
CoUacocha, además de Rosalba y los Llaveros del mexicano Emilio de Carballido.

250

tanto por la expresión verbal de su ideología, como por los actos mismos
presentados en el drama para revelarla.
El autor alista al público para la entrada de Echecopar con la conversación
entre dos trabajadores que representan las dos actitudes opuestas respecto
a la difícil labor realizada en los Andes: la de Díaz, que está a punto de
abandonar la empresa por lo arduo y fútil que es; y la de Fernández, su
reemplazante que tiene gran fe en su tarea. El diálogo entre los dos prevé la
lucha entre Echecopar y los que se oponen a su credo. No sólo se percibe la
lucha ideológica en esta primera escena del primer acto, sino que se percibe
la persona de Echecopar en toda su idiosincrasia, su ardiente pasión, y su
actitud intransigente frente a sus antagonistas. Es decir, las alusiones y las'
referencias al protagonista nos preparan para mejor recibirlo en la escena.
Díaz refiere a Femández, en tono confidencial para mayor efecto dramático, el pleito ruidoso que se sostuvo entre Echecopar y una Comisión de
Lima. Parece que Echecopar, ante todos los obreros reunidos en la asamblea
rudamente atacó a los que \integraron la comisión, llamándoles "una band~
de ociosos y desalmados". Con la referencia al exagerado interés que tiene
E_checopar por las flores sigue en otro plano la caracterización del protagonista, pues esta preocupación suya también sugiere una extraña pasión individual. Coincidiendo con la exclamación que hace Fernández, "¡ Qué hombre
extraño!", se Óye la voz lejana y con eco de Echecopar, que profiere en tono
estrambótico y dilatado su propio nombre. Fernández queda aturdido ante
esta _inusitada ocurrencia y en efecto refleja la reacción del público que presencia la rara escena. Díaz se ve obligado a ofrecer una explicación mientras
el público espera la llegada de Echecopar. El efecto escénico de todo está
bien logrado y muy impresionantes las risas y los gritos y los saludos de Echec~par a ~edida que avanza por el túnel; los obreros, linterna en mano, que
circulan silbando y hablando mientras aguarda su jefe. La voz de' Echecopar
se les acerca; por fin el patrón se detiene y con ademán grandilocuente anuncia su presencia con el tono apasionado que va a caracterizarlo a lo largo
de~ drama: "¡ Salud, hijos de la noche y el silencio, primos del frío y del
abismo, hermanos del cóndor y del viejo Echecopar!" 5 Se aceptan esta exageración verbal y la exaltación emocional; se las acepta teatralmente del
mismo modo que se aceptan todo idealismo y fe que necesitan cierto lujo
de palabra para su expresión.
Echecopar es figura romántica por su rebeldía y por su irrefrenable egoísmo
.
,
.
'
~ero es este mismo egoismo el que le impulsa a mantenerse firme en su peligro~a empresa. La lealtad de los obreros y la total dedicación a su trabajo
son mquebrantables, principalmente porque en los grandiosos planes de Eche• Collacocha, p. 328.

251

�copar figuran ellos mismos de una manera muy importante. El diálogo revela
bien esta relación humana y personal entra Echecopar y sus subalternos.
Saliendo de la obscuridad del túnel, Echecopar pregunta a los obreros si
es de día o de noche; y por fin dice: "No es de día ni de noche : es de
túnel".6 Las risas de los obreros forman un concierto dramático de fraternidad. En la misma escena Echecopar muestra su sincero interés por el bienestar de sus hombres, preguntando por la salud de la esposa encinta de uno
de ellos. Cuando éste le informa que su esposa ya dio a luz y le ruega que sea
padrino, Echecopar contesta con lacónica generosidad: "El bautismo, para
el sábado al mediodía. Yo llevo el pisco".7
Se mantiene el interés en las rarezas de Echecopar cuando Díaz continúa
hablando de su jefe al joven Fernández y cita sus palabras para poner su
persona en mayor relieve:
Me dijo: "Oye, monigote : toma una silla y anda a sentarte al túnel".
Le pregunté qué debería hacer allí, y me respondió:
"Nada. Absolutamente nada. Pones la silla en el suelo, te sientas y te
quedas sentado. Así comenzarás a conocer tres cosas fundamentalmente:
el silencio, el frío y la oscuridad. Son los tres elem entos que te rodearán
constantemente. Conócelos, aprende a dialogar con ellos, arráncales sus
secretos, porque para individuos como tú en el país hay sólo dos caminos: o te enfrentas a los elementos, que en nuestro país son hijos de
la cólera de Dios, o te vas a Lima, a adular a los potentados, a ver
si les caes en gracia y te hacen rico".8

Pronto el cárácter de Echecopar adquiere vigorosa forma real, cuando empieza a imponer su voluntad a los demás obrer~s, hablando ya en un tono
irórúco, ya mordaz, ya autoritario de su misión y su realización. Nunca languidece el diálogo. En frases cortantes y sucintamente expresivas de su fuerte
dominio de sí, Echecopar puede revelarse corno duro pero justo capitán; en
largos discursos llenos de desprecio y amargura por los que exponen una
hipócrita moralidad social, Echecopar pone a descubierta la médula de su
pensamiento. Y la conciencia de América llega a ser la conciencia de Echecopar:
Además no hay sino dos cosas, hombre: los grandes apóstoles, que ni
tú ni yo lo somos, y las grandes mentiras y la conversación, y el negocio
y el arribismo. ¡Me indignas! pero ¿piensas tú en la situación del
• lbid., p. 329.
' lbid., p. 330.
• lbid., p. 331.

252

país? ¡Nadie trabaja! ¡ Todos conversan! Los directores conversan de
mujeres. Los indios conversan de su hambre. Tú conversas de tus her.manos del Turquestán. Y, entre tanto, los puentes se tienden solos, los
túneles se abren solos. No sé. Debe ser un milagro de Fray Martín.9

Su modo de hablar es atrevido, soberbio, a veces descarado, lleno de un
no sé qué de interés y encanto que mantiene nuestra atención. La conciencia
de las lacras sociales a veces se expresa en paralelismos de pensamiento, en
antítesis o en sutiles agudezas, los cuales divierten artísticamente al público.
Echecopar reprocha a su hermano, un inveterado adulón, pues "es débil con
los fuertes y fuerte con los débiles, al revés de lo que debe ser". En otro
comentario, dice Echecopar: "Rojas es revolucionario porque ama a los de
ah.ajo; Bentín, porque odia a los de arriba". 10 Su impaciencia con los que
no pueden o no quieren entender su idealismo se revienta con palabras como
las siguientes, que forman la contestación a Bentín, que habla de la plutocracia que ha participado en la construcción de su camino: "¿Quién? La
Compañía Quiñones y Quiñones puso el dinero. .. entiendes?, el dinero, que
es lo más anónimo e impersonal que existe. Un millón de soles, venga de un
santo o de un bribón, es siempre un millón de soles. Que se ponga cualquiera de los directores en la puna, cargado de millones y amanecerá en
la panza de un buitre".11 Pusilánime, Bentín contesta con una pregunta:
"Y si los desprecia tanto, ¿por qué trabaja usted para ellos?" En esto, Echecopar se enfurece y exclama: "¿Para ellos? Yo trabajo para mi país... ¿entiendes? . .. , ¡ para mi pueblo! ¡ Niégalo! ¡ Anda, atrévete! Niégalo y te aplasto corno a una cucaracha".12
Echecopar simboliza la eterna esperanza del ho~bre frente a la inexorable
adversidad. El segundo acto de Collacocha es un continuo y vigoroso movimiento dramático, en que Echecopar demuestra que su valor no sólo es espiritual sino también físico. En la catástrofe de la inundación y el derrumbe,
Echecopar se comporta como noble capitán de su tripulación, dispuesto a
arrostrar los peligros con denuedo y resignación, preparado a sacrificar su
propia vida por sus obreros. El tercer acto, que hace las veces de una mirada
profética al porvenir, tiene lugar cinco años después de los trágicos sucesos
del segundo. El efecto dramático del intervalo temporal es notable, pues podemos enfocar con mayor entendimiento la significación de la tragedia, considerándola más allá de la perspectiva inmediata. La escena del tercer acto
• lbid., p. 346.
p. 339.
11
Jbid., p. 350.
" Ibid., p. 350.

'º Ibid.,

253

�es la misma que los dos actos anteriores, para realizar aún más la catástrofe
y para juntar el tiempo pasado con el presente. Más aún: lo que en los
dos primeros actos fue una reacción sumamente emocional a la tragedia del
aluvión, en el último se toma reflexión más profunda y pensada. Presentes
en la escena están Fernández, que ha llegado a reemplazar a Echecopar, y
Bentín, que parece haber adquirido más fe en las masas indígenas. Y la
charla sostenida entre los dos en forma de reminiscencias de aquellos funestos días, clarifica el papel heroico que desempeñaron Echecopar y algunos
de sus hombres en momentos de crisis. La reconstrucción de la catástrofe
añade otra nota de efecto dramático, en que el público no puede menos de
reaccionar fuertemente. Aunque las obras de Collacocha están ahora a cargo
de Femández, aún se le considera a Echecopar como jefe espiritual que va
a guiar a los obreros en las difíciles empresas de ingeniería. Vive de una
manera casi primitiva en el mismo sitio en que ocurrió la tragedia, y se le
llama ahora "el viejo de las montañas". La muerte de muchos de sus fieles
obreros le remuerde la conciencia, pero no le aplasta el espíritu, pues cree
que el progreso exige un sacrificio. La conciencia de América luce más brillante que nunca en la mente de Echecopar, que profetiza que del martirio
de estos hombres vendrá el feliz mundo del porvenir.
En este tercer acto, Echecopar se reúne otra vez con sus antiguos compañeros de trabajo. Vuelve a saludarlos con el mismo entusiasmo que antes,
pero también con igual firmeza de carácter. Exige el mismo respeto como
antes a Fernández y a Bentín, que todavía guardan vívidas memorias de
sus extravagancias. Cuando Bentín, sin ironía intencional, se refiere a Echecopar como "el constructor de Collacocha", éste reacciona entre "colérico y
sombrío": "Yo no soy el constructor de Collacocha. Y si has venido aquí
para hacer bromas estúpidas, tómate tu trago y lárgate".13 Pero Fernández
no deja de alabar los esfuerzos de su antiguo patrón y le anima diciendo:
"¿ Me puede usted decir quien construyó Collacocha si no fue usted?" Echecopar contesta con cierto tono de resentimiento: "Si quieres saberlo, tus
directores de Lima, don Alberto Quiñones y Quiñones. O los Derechos del
Hombre, me es igual. Yo soy el asesino de Collacocha".14
El parlamento de Echecopar se torna crítica acerba de la moderna política
peruana. El tono es apasionado, vehemente, a veces lírico, como cinco años
atrás. Para indicar su fe en el futuro, dice él:
Me sentaré a la puerta de mi casa, en Collacocha, observaré el lento
despertar de mi camino a la vida. Seré el testigo de la justificación de
13

1◄

254

]bid., p. 398.
Jbid., p. 398.

todo. Y cada mañana, al levantarme, me diré: "Ayer pasaron sesenta
camiones. .. , ayer pasaron ciento cincuenta camiones. Llevaban fruta,
medicinas, madera, maquinaria". ¿Comprenden ustedes eso? 15
En Los vejigantes ( 1958), tal vez el mejor drama escrito en Puerto Rico,
la conciencia de América corresponde a la conciencia de la composición racial del país, del mestizaje étnico que es su herencia. En particular es el
elemento negro el que Francisco Arriví trata aquí, con los conflictos emocionales que resultan al fundirse las dos razas en tres distintas generaciones. Lo
valioso en esta obra no es tanto el problema social o racial, sino el manejo
artístico de la materia dramática para elevarlo por encima de la presentación pedestre de un tema ya tratado muchas veces. Una antítesis proporciona el conflicto dramático que cala en la esencia más fundamental de la
obra: el orgullo racial de la negra Mamá Toña frente a la testaruda negación de su propia herencia racial por parte de su hija Marta. Mamá Toña,
que durante años vivió con "el gallego" como su esposa, pero no en matrimonio oficialmente reconocido, engendró a la mulata Marta, que puede
pasar por blanca si no fuera por su pelo ensortijado. No es tanto que Toña
defiende su raza, como que defiende la quintaesencia de su propio ser. Su
conciencia del valor de su propia persona se convierte en la voluntad -de
América que busca su identidad y lugar en el mundo moderno. Y Marta,
al rechazar la realidad de su mestizaje no sólo niega su propia esencia, sino
que desvaloriza su dignidad. La conciencia racial de Marta es negativa,
dañina, destructora. La tercera generación la representa Clarita, mujer aceptacja como blanca, que ni niega su herencia racial ni se avergüenza de ella.
Y su noviazgo con el racista americano Bill pone en juego dramático estas
tres generaciones y la ideología representada por las tres mujeres. Marta y
Bill se complementan en sus prejuicios; la una es tan intolerante como el otro.
El tremendo conflicto racial de Marta se ve con mucho acierto mediante
varios recursos escénicos. T al vez el más importante es que Marta siempre
lleva puesto el turbante para ocultar su pelo; de manera que el turbante llega
a simbolizar la misma máscara o disfraz que llevaban los bailadores en el
magnífico primer acto del drama. También en el tercer acto, cuando Bill
y Marta se enfrentan, él con sus sospechas sobre la herencia racial de la familia, ella con sus mentiras para encubrir su origen, ésta dice con avergonzosa
ironía, al mismo tiempo que se arregla el turbante: "Mamá era española
también. Nació en Andalucía. De ella heredé el tipo siciliano. Andaluces
y sicilianos se parecen mucho".16 Muy bien llevado está este diálogo, en que
1

• l bid., p. 4-01.
,. Vejigantes, p. 361.

255

�Marta critica con descarado disimulo al mismo tipo de puertorriqueño que
ella misma representa, es decir a aquellos mulatos que quieren pasar por.blancos para asociarse con gente de más rango social. Las sospechas de Bill _están a punto de desvanecerse ante la máscara de Marta, cuando su prometida
Clarita se lo revela todo. Y luego, en el gran momento dramático de la obra,
Mamá Toña hace su entrada en la escena, precisamente cuando Bill está
maltratando a Marta, ya descubierta. Una regla de familia ti.ene ~ T~~a
escondida en la cocina cuando hay huéspedes en casa, pero esta d1scus1on
acalorada la conmueve tanto que se siente obligada a hacer sentir su presencia. Cuando Bill quiere saber su identidad, Mamá Toña, magnífica en
su dignidad, le contesta: "Una ovejita negra del Señor" .17 Y cosa i,rónica_:
el objeto de más vergüenza, Mamá Toña, resulta ser la perso~a mas d~c~dida, más vigorosa y más honesta en la ~irmación de su~ propio se~. Dmgiéndose a Marta, le dice: "Marta, Martita, te has empenado en mirarte el
pellejo, no el alma, y vives fuera de ti, como los peces varados en la _ma~ea
baja".1 8 Achicada, Marta no da contestación_ al reproche; pero Clanta ~tenta una débil justificación de la conducta intolerante de su madre. Tona
continúa:
" Perdóname unas palabritas más, que poco tiempo me queda en est~
laberinto . .. Marta, hija. . . , si quieres casar a Clarita con un americano comienza por probar su decencia, que algunos, como pasa con
muchos puertorriqueños., no la tienen. No te importe que el novio venga
de las sínsolas, pero, eso si, que trate a Clarita, haga sol o se nuble, con
el respeto que merecen las personas. Si los colores de la piel le sofocan
el alma, hazle la cruz, porque algui~n se ocupará de venderle el secreto
del turbante. Amén".19

Es Mamá Toña quien supera moralmente los elementos perversos de su
ámbito, y lo que es de igual significación, quie~ es capaz de hacerla renunciar a Marta su intolerancia racial. En la últuna escena, ecos del pasado
resuenan dramáticamente en el presente, pues Mamá Toña se pone a cantar
ufanamente la canción negra "Joyalito, ay Joyalito", entonada tan briosamente por los timbaleros borinqueños en el primer acto
fijar: el tono
temático de la obra. Esta vinculación es un recurso dramatico bien acertado para unir los dos períodos de tiempo y para volver a afi~ar .el orgullo
de la raza negra en Puerto Rico. Y en efecto el nexo es casi indispensable,

Pª;~

Ibid., p. 383.
,. Ibid., p. 386.
,. Ibid., p. 387.

11

256

puesto que median cuarenta años entre el primer acto y el resto de la pieza.
Y parece que en la actitud de Clarita, que pertenece a la tercera generación,
estriba la conciencia del porvenir de Puerto Rico, y en efocto ésta afirma:
"He actuado con toda la verdad de mi conciencia. Quiero librar mi corazón del disfraz de vejigante y amar a mi gente como es".2º Por su parte,
en la última escena Marta se quita el turbante por primera vez, como para
indicar que ha comenzado a templar su actitud racial intransigente y a aceptarse a sí misma tal como es.
Con Los invasores ( 1963) del chileno Igon Wolff, la conciencia de América se revela mediante un recurso dramático muy distinto de aquellos empleados en las otras dos obras ya tratadas. Este recurso es la utilización del
elemento de fantasía, de lo sobrenatural. Pero la no-realidad en este caso
necesita definirse con precisión para apreciar su importancia y relacionarla
con el propósito de este articulo. El tema del drama es la justicia social,
pero lo que le da interés teatral es la fusión de lo real y lo irreal. Por un
lado tenemos la realidad inalterable y claramente expuesta, representada por
los varios miembros de la familia Meyer, encabezada por el rico industrialista Lucas; por otro lado tenemos el fenómeno sobrenatural en la persona
de China y sus secuaces, que pueden simbolizar la fuerza subconsciente que
reclama la reivindicación del hombre común y la afirmación de sus derechos
humanos y sociales. Lo que aparece aquí, en efec'to, es una irrealidad superpuesta en una realidad convincente y muy tangible. Caso interesante es éste,
dramatizado con mucho vigor, en que la realidad fundida íntegramente con
los fenómenos irreales nunca pierde su efecto de realidad, nunca degenera
en lo absurdo.
En otro sentido, con una interpretación muy ancha del tema, se presenta
en Los invasores un sueño, una visión de algo que pueda ocurrir en plan de
vasta revolución social en pro del obrero y de las masas oprimidas y subyugadas económicamente. Es decir, la invasión de China en la casa y en la
vida de !os Meyer se conceptúa como una verdad para la familia, pero una
fantasía, ante todo, sirve para realzar el concepto de los fenómenos reales
o las posibilidades de los mismos. China, quien en el primer acto irrumpe
en la casa de Meyer bajo pretexto de pedirle pan, está concebido en la misma
matriz como Echecopar -fuerte, decidido, individualista, intrépido. Como
Echecopar, domina la escena dramáticamente cada vez que habla en su característico tono irónico y socarrón. Como Echecopar, su voz portentosa quiere ser la voz del continente en busca de su propia auténtica identidad. Más
iconoclasta que Echecopar, más heterodoxo, menos convencional en la ejecu20

Ibid., p. 391.

257
H

�ción de sus planes, China anhela ser el impulsor dinámico para forjar una
nueva sociedad latinoamericana. Para Meyer, la identidad de China presenta
un gran enigma, tanto más porque en la mente del industrialis~ ~ay una
posible asociación entre "los invasores" y varios obreros de ~u fabr_ica: En
una ocasión Meyer le pide a China que se identifique. Este dice lo s1gmente,
en un tono entre amenazante y lírico, que puede dar una idea del carácter
de este personaje:
Me llaman "China", ya le dije. Soy un hombre que merodea. Me he
sentado en cada piedra del camino. Cada puente solitario me ha servido
de techo. He mirado el rostro de millones de 'tlagabundos, y he visto el
dolor, cara a cara. (Va hacia la ventana). Hay mucha tristeza en el
mundo, señor Meyer ... pero hoy día, la estamos venciendo ... (Indi?a
afuera). Ese muchacho, Esteban Mirelis, trabaja ahora como tract~rzsta en el ladrillar; le queda tiempo para pensar en la ofensa. La viuda
teje en las grandes Tejedurías de lana; ha encont-rado un nuevo oficio,
y Toletole canta ahí, en lo alto de las colinas, siguiendo su ara~o. Todo
el mundo trabaja afuera; es una lástima. .. que usted no entienda. El
pueblo no se ha alzado contra usted; esa obsesión le viene de creer que
su vida tiene alguna importancia. ¿Es tan difícil pensar que eso, ahí
afuera, es sólo una cruzada de buena fe? ¿Un juego ingenuo de la justicia? ¡ Venga! Lo invito a mirar la realidad. Es un espectáculo que recrea el espíritu. Venga, únase a nosotros. Venga. Sígame. 21

Unas palabras finales. En las últimas tres décadas · se ha madurado el
teatro hispanoamericano. Lo que antes fue la mediocridad teatral se ha tornado acierto literario. El antiguo drama sin grandes valores artísticos se ha
vuelto producción teatral en que se funden armoniosamente los elementos
estéticos y el interés social o moral. El teatro se cultiva en la actualidad como
género que aspira a compararse con la novela o la poesía. Así como la n~vela latinoamericana no llegó a adquirir gran valor hasta reconocer ! l propio
suelo americano como fuente literaria, el teatro tiene que reflejar los problemas y los conflictos del hombre americano para tener significaci~n verdadera. y la conciencia de América, pues, representa uno de los camm~s para
lograr este fin. Pero el tema es muy ancho y puede bifurcarse en muchos
otros caminos o senderos. Las tres obras tratadas aquí han explorado con acierto
tres distintas veredas para alcanzar la presentación teatral de la esencia de
América.

"' Los invasores, pp. 186-187.

258

INTERPRETACIONES DE LA LITERATURA
MEXICANA
Luis LEAL
U niversity of Illinois.

UN ESTUDIO DE LA CRÍTICA en tomo a la interpretación de la literatura mexicana nos revela que existen, cuando menos, tres puntos de vista distintos.
El primero, que predominó durante el siglo XIX y que todavía cuenta con
sus adeptos, sostiene que la literatura mexicana es un reflejo de las literaturas extranjeras, sobre todo la española. Típica del crítico mexicano del
siglo XIX es la opinión de don Francisco Pimentel, quien consideraba 1a
literatura mexicana como hija de la española.1 Lo mismo sostenía don Marcelino Menéndez Pelayo, el mejor crítico español de las letras mexicanas.
En su excelente Prólogo a la Antología de poetas hispano-americanos, escrito en 1892, dice : "La literatura hispano-americana. . . ha seguido en todo
las vicisitudes de la general literatura española, participando del clasicismo
italiano del siglo XVI, del culteranismo del XVII, de la reacción neoclásica
del XVIII, del romanticismo del presente y de la influencia de la novísima
literatura extranjera, especialmente de la francesa y de la inglesa".2 En nuestros días, la misma teoría ha sido expuesta por dos autores de historias de
la literatura mexicana, don Julio Jiménez Rueda y don Carlos González Peña.
Aquél dice: "El estudio de la literatura mexicana debe hacerse derivándola
del tronco común: la literatura peninsular. Como ella ha seguido en su
desarrollo todas las vicisitudes producidas en el tiempo".3 Para González Peña la literatura mexicana es "una rama de la española. Como ésta, sírvese
de un mismo instrumento: el idioma común".4
1
FRANCISCO PIMEN TEL, Historia crítica de la literatura y de las ciencias en México... Poetas (México, 1885), p. 712.
' (Madrid, 1927), I, viii.
• Historia de la literatura mexicana, 2a. ed. (México, 1943), p. 9.
• Historia de la literatura mexicana, 2a. ed. (México, 1940), p. 3.

259

�La teoría opuesta, la que afirma que la literatura mexicana no es una
rama de la española, tiene menos partidarios. Pero los tiene. En el Prefacio
a la antología Cuatro siglos de literatura mexicana, leemos: "La literatura
mexicana no es una rama de la literatura española como se viene repitiendo,
con evidente falta de comprensión, en manuales de historia y en ensayos de
crítica" .5
El tercer punto de vista -y es éste tal vez el más común- es el que considera la literatura de México como parte de la española solamente hasta
cierta época, o cierto año. Rubén Salazar Mallén, en sus Tres temas de literatura mexicana, dice: "La historia de México se inicia con su independencia y, paralelamente, la historia de las letras mexicanas tiene su principio
en el nacimiento de un México independiente, dotado de personalidad o de
aspiración plena a conseguir personalidad" .6
No todos los críticos, sin embargo, hacen coincidir el origen de la literatura nacional con la i,ndependencia política. Hay quien considere el siglo
de la conquista como el único perteneciente a la literatura española. Un
crítico afirma: "Al hablar de la poesía mexicana del siglo de la conquista,
hay que reconocer que forma parte de la literatura peninsular".7 Silvestre
Moreno, al hablar, a principios de nuestro siglo, de la obra de Carpio,
dice que en la época en que dicho autor se formó, esto es, durante la primera parte del XIX, "aún se conservan en la literatura española, de la cual
la nuestra no había sido hasta entonces más que un pálido reflejo, muchos
resabios de la escuela prosaica".8 Otros críticos, entre ellos José Luis Martínez,
retrasan la im:lependencia literaria de México hasta los años de la Reforma.
Al hablarnos de la época de Altamirano, Mart'mez nos dice que "se gestaba
en ella lo que podemos llamar con propiedad literatura mexicana".9 Y, más
tarde, con mayor claridad: "La preocupación por la conquista de una literatura nacional y original, que de hecho ya era una práctica en nuestras
letras a partir de la obra de Fernández de Lizardi, sólo aparecerá con Ignacio ,
Manuel Altamirano hacia 1868".1º
No son las anteriores las únicas fechas propuestas para indicar el nacimiento de una literatura nacional. Hay quienes afirmen que los modernistas,
al repudiar los modelos españoles, declaran así la independencia de la expre• Seleccionada por Emilio Abreu Gómez, Jesús Zavala, Clemente López Trujillo y
Andrés Henestrosa, (México, 1946), Prefacio.
• (México, 1947), p. viii.
• FRANK DAUSTER, Breve historia de la poesia mexicana (México 1956), p. 17.
• Obras (México, 1901), p. 288.
• !GNACIO MANUEL ALTAMIRANO, La literatura nacional, ed. de José Luis Martínez
(México, 1949), I, x.
'º JosÉ Lms MARTÍNEZ, La expresión nacional (México, 1955), p. 28.

260

sión literaria; a otros les parece que no existe dicha independencia intelectual
antes de la Revolución de 1910.11 En cambio, para don Federico de Onís
"La originalidad de la literatura hispanoamericana (y por lo tanto de la
mexicana) existe desde el principio, desde el momento en que existe América. No es, como suelen pensar y decir algunos que estos pueblos desarrollen
poco a poco su personalidad, su originalidad; originalidad viene de origen,
quiere decir algo que está en el fondo de uno mismo; y la originalidad americana está en el hecho de ser América y no ser Europa".12
A pesar de lo que dice Onís, el problema de determinar el momento en
que una literatura deja de pertenecer a la matriz para convertirse en literatura
nacional no es, como ya han indicado Wellek y Warren, fácil de resolver.
Al discutir el asunto, dichos autores se preguntan: ¿ Cuándo deja la literatura norteamericana de ser literatura colonial inglesa para convertirse en
literatura nacional? Y también: ¿coincide dicho cambio con la independencia política? ¿Es el factor determinante la conciencia nacionalista de los
autores, o el uso del color local y de temas nacionales? ¿ O es, tal vez, el
desarrollo de un estilo nacional bien definido? 13 Las mismas preguntas podrían hacerse acerca de la literatura mexicana.
En la crítica anterior a Menéndez Pelayo no encontramos un análisis del
problema. Sin embargo, algunos críticos procuraban dar consejos a los jóvenes
escritores, marcándoles la trayectoria que deberían seguir. Heredia, por
ejemplo, aconseja a Rodríguez Galván que se deje de imitar a los románticos
europeos, que no falsifique las costumbres y que pinte la naturaleza fielmente. 14
El consejo lo repite, treinta años más tarde, Ignacio Manuel Altamirano:
"En cuanto a la novela nacional, a la novela mexicana, con su color americano propio, nacerá bella, interesante, maravillosa. Mientras que nos limitemos a imitar la novela francesa, cuya forma. es inadaptable a nuestras costumbres y a nuestro modo de ser, no haremos sino pálidas y mezquinas imitaciones, así como no hemos producido más que cantos débiles imitando a los
trovadores españoles y a los poetas ingleses. Las poesías y las novelas men Por ejemplo, Max Aub, en la p. 13 de su Poesía mexicana 1950-1960 (México
1960), dice: "Sucede que la independencia literaria, siguiendo los cauces de 1~
política, tardó más tiempo en manifestarse como realidad innegable. Lo es para todos los géneros: para la novela, desde Los de abajo; para el teatro, desde la obra
de Usigli; en poesía, desde López Velarde".
" FEDERICO DE ÜNÍs, "La originalidad de la literatura hispanoamericana", en España
en América (Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, 1955), p. 120.
13
RENÉ WELLEK and AusTIN WARREN, Theory of Literatura, 2a. ed. (New York
1956), p. 41. Traducción libre.
'
14
Ver M. GARCÍA GARÓFALO MEsA, Vida de José María Heredia en México (México,
1945), pp. 666-667.

261

�xicanas deben ser vírgenes, vigorosas, originales, como lo son nuestro suelo,
nuestras montañas, nuestra vegetación".15 Lo anterior no implica, por supuesto, que las literaturas extranjeras deban ser rechazadas. Al contrario;
Altamirano quería que todas ellas fueran leídas, no para imitarlas, sino para aprender de ellas. "No negamos -wntinúa diciendo- la gran utilidad
de estudiar todas las escuelas literarias del mundo civilizado; seríamos incapaces de este desatino, nosotros que adoramos los recuerdos clásicos de Grecia y Roma, nosotros que meditamos sobre los libros de Dante y de Shakespeare, que admiramos la escuela alemana y que desearíamos ser dignos de
hablar la lengua de Cervantes y de Fray Luis de León. No; al contrario,
creemos que estos estudios son indispensables; pero deseamos que se cree una
literatura absolutamente nuestra, como todos los pueblos la tienen, los cuales
también estudian los monumentos de los otros, pero no fundan su orgullo
en imitarlos servilmente" .16
Mas es Menéndez Pelayo, sin embargo, quien primero trata de definir
lo americano en la literatura. Como ya vimos, creía que la hispanoamericana
era una rama de la española; empero, no dejó de observar que posee ciertas
características que le dan originalidad. Tal originalidad, nos dice, no debemos buscarla en la influencia de las culturas indígenas, sino en la contemplación de "un mundo nuevo, en los elementos propios del paisaje, en
la modificación de la raza por el medio ambiente, y en la enérgica vida que
engendraron, primero el esfuerzo de la colonización y de la conquista, luego
las guerras de separación, y finalmente las discordias civiles" .17 Para Menéndez Pelayo el americanismo no estriva en el uso del color local: "Hay
--dice- gran número de autores americanos, aun de lo más dignos de
estimación, en quienes el americanismo no existe o está latente; así como
en muchos que a cada paso le. afectan, es cosa falsa y postiza. Tal cualidad,
o es innata o no se adquiere con estudio; Bello y Heredia la encontraron
dentro de una escuela académica, y todavía no es seguro que hayan llegado
a ser tan americanos los muchos poetas que de propósito deliberado han
querido pasar por aztecas, guaraníes y araucanos" (lbid.). La anterior cita
implica que para ser original no es necesario abandonar las formas tradicionales. Lo esencial consiste en ser sinceros en la expr~ióp de los sentimientos
y el modo de pensar.
Las ideas de Menéndez Pelayo tuvieron gran repercusión. Fueron aceptadas, en su totalidad, por los críticos que ven la literatura mexicana como
1•

La literatura nacional, I, 13-14.

1

]bid., pp. 14-15.

•

" Ob. cit., p. ix.

262

una rama de la española, y rechazadas por el bando contrario, debído
principalmente a que desconoce la influencia de las culturas indígenas.
Independientemente, otros críticos han propuesto diferentes criterios para
determinar la originalidad de la literatura mexicana. Para Urbina, lo esencial
es la nota melancólica: "Y es de notar --dice- que si algo nos distingue
principalmente de la literatura matriz, es lo que sin saberlo y sin quererlo
hemos puesto de indígena en nuestro verso, en nuestra prosa, en nuestra
voz, en nuestra cara, en nuestra música: la melancolía".18
De mayor trascendencia son las observ~ciones de Pedro Henríquez Ureña,
hechas a propósito de la obra de Ruiz de Alarcón. Para el crítico dominicano
la característica principal de las letras mexicanas es el tono "crepuscular,
otoñal, discreto, mesurado, sobrio" .19
Concepto que, por lo vago, lo subjetivo, es casi inútil para apoyar una tesis
sobre la originalidad y ser propio de una literatura. Es digno de atención el
comentario de Xavier Villaurrutia sobre la idea de Henríquez Ureña: ' 1La
obra del indiano Ruiz de Alarcón - Villaurrutia dice- ha servido para señalar, con algún éxito, · el carácter de nuestra poesía, sus calidades de sobriedad, su medio tono crepuscular. (Ese medio tono insistente, monótono,
que pesa en nuestra lírica y que hasta parece un molde escogido a priori
para limitar las inspiraciones. Ese medio tono que nuestros poetas nuevos,
Pellicer el primero, empiezan a asesinar)". Hay que tener presente, sin embargo, que H enríquez Ureña ideó su concepto del medio tono crepuscular
principalmente con el objeto de reintegrar la obra de Ruiz de Alarcón a la
literatura mexicana.
Debido al interés en lo autóctono, despertado por la Revolución de 1910,
algunos críticos por primera vez comenzaron a tomar en cuenta los factores '
sociales y raciales que _en mayor o menor grado han desviado la trayectoria
de la literatura, y que hasta entonces habían sido ignorados. Ya vimos cómo
Urbina atribuye a la influencia del indio la melancolía que él halla en las
letras. Otros críticos, de quienes es representativo Abreu Gómez, han hecho
resaltar la influencia racial y geográfica: "Las condiciones étnicas -nos
dice Abreu Gómez- , con sus derivaciones geográficas y lingüísticas, son de
inapreciable valor para el conocimiento de lo que podríamos llamar el paisaje
cósmico de la literatura. Este paisaje influye no sólo en la expresión sino
"' La vida literaria en México, 2 vols. Ed. de Antonio Castro Leal (México, 1946),
I, 14.
1
• PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA, Don Juan Ruiz de Alarcón. Conferencia leída en México el 6 de dic. de 1913 (La Habana, 1915); tamb. en sus Seis ensayos en busca
de nuestra expresión (Buenos Aires-Madrid, 1927).
•• La Poesía de los jóvenes de México (México, 1924).

263

�también en la naturaleza prmugenia de la concepc1on literaria".21 La posición de Bernardo Ortiz de Montellano es contradictoria. "La literatura
mexicana -dice- por la razón fundamental del idioma en que está escrita,
pertenece a la literatura española" .22 Sin embargo, continúa, "se advierte
en la literatura mexicana un desarrollo autónomo propio y con tendencias
a ser característico que sigue las mismas leyes del idioma adoptado a distinta naturaleza y a nuevas combinaciones raciales. El medio físico y la
presencia del indígena prestan carácter especial y determinado a nuestra
psieología que se expresa, por medios estéticos, en la literatura" (]bid.).
Esta aparente contradicción en Ortiz de Montellano la resuelve Agustín Yáñez
de la siguiente manera: "La fuerza emotiva del hombre, cuando carece de
idioma propio, constitucionalmente apto de su indiosincrasia, coge el idioma
extranjero y le injerta palabras nuevas, modismos regionales, transformaciones de significación y morfología, que cambian la estructura castiza, algunas veces por modo tan radical, que el proceso culmina en la perfecta
integración de un idioma nuevo".23 Es Yáñez precisamente quien ha propuesto la más redondeada y equilibrada teoría sobre la mexicanidad en la
literatura. Para él, dicha mexicanidad consiste en la incorporación de lo
español y lo indígena; la literatura nacional debe reflejar la realidad mexicana.
Dicha realidad la encuentra en el angustioso drama del mestizaje: "Las
obras -nos dice--- que aspiren a expresar lo mexicano por el solo colorido
del paisaje, o por el cuadro de las costumbres típicas en lo que éstas sean
pintorescas, o por la transcripción de palabras y giros regionales, o por el
derroche vulgar de sentimientos, apenas lograrían rozar la superficie de la
mexicanidad que, ante todo, es hondura, y lucha, y angustia: el drama del
mestizaje -lo heterogéneo-- que quiere anular sus negaciones, encontrar su
espíritu y centrarlo en el m•agnífico escenario de la naturalidad" (lbid.).
No han faltado tampoco críticos que han visto el problema desde un punto
de vista enteramente distinto. Alfonso Reyes, en su obra Letras de la Nueva
España,2 4 ya nos habla de una "primavera colonial". El sistema de aplicar
los ritmos que encontramos en la naturaleza para explicar el desarrollo de
una literatura, según han propuesto algunos críticos europeos,25 lo ha utilin E. ABREU GÓMEZ, Clásicos, románticos, modernos (México, 1934), p. 9.
Literatura indígena y colonial mexicana (México, 1946), "Pr6logo".
23 Crónicas de la conquista de México, Introd., sel. y notas de Agustín Yáñez (2a.
ed., México, 1950). "Introducción".
22

" (México, 1948).
,. Ver RAIMuNDo LIDA, "Períodos y generaciones", en Letras hispánicas (México,
1958), pp. 25-44, y la bibliografía en las pp. 309-313.

264

zado también Octavio Paz al discutir la poesía mexicana, y nos habla de
poetas cuya hora es el crepúsculo, el amanecer, la madrugada, la mañana
o la noche. No ha tratado, sin embargo, de aplicar el sistema a la literatura
mexicana €n general.26 No creernos que la aplicación de dicho sistema sea
de provecho para explicar la formación de la literatura nacional mexicana.
El principio es aplicable a cualquier literatura del mundo; explica lo genérico, mas no lo específico. Y el problema que nos confronta es determinar
cuándo y cómo ocurre la fusión de los elementos autóctonos y extranjeros
que dan origen a un estilo que pueda ser llamado mexicano.
Es evidente por las anteriores citas que los críticos han mezclado dos problemas: el de la existencia de una literatura nacional, y el de la originalidad
de esa literatura; el primero es histórico, el segundo estético y sicológico. Es
obvio que no puede existir una literatura nacional si no existe una nación
como no lo era México antes de 1821. Pero tampoco una nación puede bro-'
tar de la nada. Si México no existía como nación independiente antes de
1821, sí existía como nación en la conciencia de los habitantes nacidos en el
territorio. Por lo tanto, desde el punto de vista de la historia de la literatura
mexicana nos parece injusto despojarla de las obras escritas durante la
época colonial, y aun durante el período prehispánico. Para el estudio de
la historia de la literatura mexicana, por lo tanto, creemos que pueden considerarse como mexicanas todas aquellas obras escritas por autores nacidos
en México desde antes de la conquista hasta el presente, lo mismo que las
de autores identificados con la cultura mexicana. Si un autor pertenece 0
no pertenece a la literatura mexicana pensamos en Ruiz de Alarcón, en
Heredia, en Traven, en Max Aub, es problema que carece de importancia,
ya que podemos establecer normas objetivas para solucionarlo. Más importante
sería preguntar: ¿qué influencia ha tenido este o aquel escritor en el desarrollo de un estilo nacional? Porque creemos que es el problema de la creación
de un estilo original mexicano lo que debe preocuparnos, y no el que gira
en torno a los autores que deben ser incluidos o excluidos de una historia
de la literatura. Decir que la literatura mexicana es una rama de la española o hija de la española son simples metáforas sin trascendencia crítica.
Decir que México no tiene literatura antes de ser independiente sería decir
que Sor Juana no pertenece a la literatura mexicana, o que El Periquillo
Sarniento no es obra mexicana porque fue publicado antes de 1821, excepto,
por supuesto, la cuarta parte.
Para que un estilo pueda ser llamado original no es necesario que use
•• ÜCTAVIo PAZ, Las peras del olmo (México, 1957), pp. 50-60.

265

�una lengua única, o que se aparte por completo del de otros pueblos de
lengua afín. Pero sí es indispensable que presente rasgos a través de los
cuales nos sea posible identificar una visión nacional de la realidad, visión
que en el estilo se refleja en las imágenes características de los escritores
cuyas obras forman esa literatura nacional.
El estilo mexicano sigue muy de cerca los gustos europeos de cada época;
sin embargo, hay algo más que lo identifica. Ya hemos visto que para Menéndez Pelayo esa nota original se debe a la lucha del hombre contra su
ambiente, y no a las influencias de las razas autóctonas; para Urbina, a la
meláncolía indígena; para Pedro Henríquez Ureña, al tono crepuscular; para
Abreu Gómez y Ortiz de Montellano a la influencia social y geográfica; para
Yáñez, a la incorporación de lo español y lo indígena.
Personalmente creemos que la originalidad de la literatura mexicana no es
debida a una sola de las anteriores circunstancias, sino al conjunto de todas
ellas, y a otras no estudiadas debidamente, como lo es el entrecruzamiento
entre la literatura popular y la literatura erudita, ocurrido en México con
mayor frecuencia que en otros pueblos, tanto europeos como americanos.
La originalidad estilística no podría ser debida, como quiere Menéndez Pelayo,
a la lucha contra la naturaleza, característica también de la literatura argentina, de la literatura de los Estados Unidos y de tantos otros países.
Tampoco puede ser debida a la melancolía indígena, como quiere Urbina,
ya que la melancolía no es una característica racial o nacional, sino humana.
Pero sí puede ser, como quieren Ortiz de Montellano, Abreu Gómez y Agustín Yáñez, debida a la influencia del medio físico y racial; a la influencia
de las culturas indígenas, y al drama de la fusión de esas culturas y las culturas europeas, sobre todo la española; y también, añadiremos, a la supervivencia de la visión de la realidad característica de la mentalidad indígena,
que se refleja en su sistema metafórico y de imágenes.
Cuando se habla de la conquista de México, por lo general se da como
un hecho la destrucción de las culturas indígenas. No hay que con.fundir,
sin embargo, la destrucción de los monumentos religiosos de los aztecas y la
de algunos de los códices con la destrucción de la cultura. La supervivencia
de la cultura indígena en México es un hecho. Que no haya predominado
de 1521 e~ adelante, es evidente; mas no desaparece. De su fusión con lo
español resulta lo mexicano. Don Federico de Onís lo ha expresado de
esta manera: "Aunque en el Perú hubiera también una gran suma y acumulación de cultura española, ésta y la india no llegan nunca a fundirse
en unidad total nacional como en México, del cual puede decirse con razón
que es a la vez el país más indio y más español de Am~rica. México en rigor

266

•

no es ninguna de las dos cosas, ni indio ni español, sino mexicano, es decir,
una cosa nueva, resultado de la fusión de las otras dos".21
~as dos culturas, sin embargo, coexisten por largos años: la cultura espanola ~ntre los criollos, la otra entre los indígenas. Fue el patrimonio de
los mes~os el ll~gar a fundirlas. Durante los años de la colonia, el escritor
cu!to. vive Y escnbe completamente alejado de las masas. La característica
pnnc1pal
· "den
, . de su producción literaria es la universalidad . (En ello COIIlCI
dos ci:incos, es~~ol el uno--don Federico de Onís,2s- mexicano el otro
Oct:1'vio Paz.~ S1 algo distingue a la poesía novohispana de la española
--cbce ,Octav10 Paz- es la, ausencia o la escasez de elementos medioevales.
Las ra1ces de nuestra poes1a son universales, como sus ideales. Nacida en
la _madu~~ del idioma, sus fuentes son las mismas del renacimiento espan~l. HiJa _de G~cila¡,, Herrera, Góngora, no ha conocido los balbuceos
heroicos,
la mocenc1a popular, el realismo y el mi·to. A diferenc1a
· d e tod as
.
las ht~raturas ~odernas,_ no ha ido de lo regional a lo nacional y de éste a
lo uru~ers~, smo a la inversa. La infancia de nuestra poesía coincide con
el medio~1a de la española, a la que pertenece por el idioma y de la que
d~ante s1~los no difiere sino por la constante inclinación que la lleva a prefenr lo ur,uversal a lo_ castizo, lo intelectual a lo racial" ( O p. cit., pp. 4-5) .
Lo q~e dice Paz es cierto si nos limitamos a la poesía culta, a la poesía de
Fr:111cISco de Terrazas, Balbuena, Ruiz de Alarcón, Sor Juana, Sigüenza y
Gongora. Mas hay otra poesía, la popular -y así lo reconoce Paz en una
nota a la anterior cita- que hace uso de las foonas tradicionales españolas
~orno roma~ce, antecedente del corrido. Lo mismo sucede con otra:s forro~
literanas cul~vadas por el pueblo, como el teatro misionero, diferente del
t~atro ~e Rwz _de ~!arcón; la poesía religiosa popular -alabados, despedidas,
villancICos, manamtas, alabanzas--, diferente de la mística cultura de los imi, ·
, ·
¡tadores
" · de Fray
,, Luis de León y San Juan de la Cruz., las d eCimas
anorumas,
1
os eJemp os en prosa, los pasquines políticos. Hay que hacer notar sin
em~argo, que el _pu~blo que cultivaba esta literatura no estaba formad~ exclusivamente
también a gran parte de los cno
· 11os y a 1os
_
. de md1os; ,incluía
.
espanoles salidos de las mfrmas clases sociales. A este pueblo pertenecían los
~ldados como Berna! Díaz del Castillo, cuya crónica de la Conquista es tan
diferente de la que escribió Cervantes de Salazar; los frailes Durán y Molina
expertos
tanto en la lengua castellana como en el náhuatl., ¡os cno
· 11os como'
,
Suarez de Peralta,
quien
nos
dice·
"No
quiero
tratar
más
d
ta
· por
.
,
·
es mat ena,
ser como es peligrosa, y mas para los que no somos letrados como yo, que ·

:1

.., "Cultismo y popularismo en Méxi·co" , en Espana
- en A menea
' ·
(Ediciones de la
Úniversidad de Puerto Rico, 1955), p. 135.
"" / bid., p. 136.

267

•

�en verdad, sus romances no pasan de simples coplas. Un eco de lo popular
sí resuena en el "Auto del triunfo de la Virgen y gozo mexicano" que aparece
al fin de la novela pastoril Los sigueros de la Virgen sin original pecado obra
de Francisco Bramón publicada en México en 1620. El "Auto" termi;a con
un tocotín, baile y canto esencialmente mexicanos. Lo mismo sucede en algunos de los entremeses de González de Eslava, en donde predomina lo criollo, tanto en el vocabulario como en el espíritu de los personajes. Mas es Sor
Juana quien primero da amplia cabida, en sus villancicos, a lo popular. En
e_llos encontramos versos para ser cantados por los indios, los negros, los mesbzos; versos escritos en náhuatl, o en una jerga mezcla de español y náhuatl
o español y las lenguas de los negros. Las formas que emplea son tambié~
reflejo de la literatura popular; encuéntranse allí con frecuencia ensaladas
ensaladillas, romances, coplas, jácaras y tocotines. Este tipo de villancico re~
ligioso-popular estuvo de moda a fines del siglo de Sor Juana; lo cultivan
también Ramírez de Vargas, Montoya y Cárdenas y otros poetas menores.
Alfonso Reyes lo considera como "españolísima fusión, que resultó mexicanísima, entre las diversas clases sociales, los distintos niveles de la inspiración
y la cultura, lo chocarrero y lo divino, el cielo y la tierra: punto de confluencia, inestable y delicioso equilibrio que por desgracia duró un instante".32
Otro criollo contemporáneo de Sor Juana, don Carlos de Sigüenza y
Góngora, demostró grandes preocupaciones por lo mexicano. Estudió las ci~lizaciones prehispánicas, y de ellas se sentía orgulloso. Era, además, ferviente entusiasta de la Virgen de Guadalupe, representante de lo mexicano
f~ente a lo extranjero. A ella dedica su Primavera Indiana, poema gongorino que, por lo demás, no refleja la realidad mexicana. Su mexicanismo
hay que buscarlo, más bien, en su afán de glorificar lo perteneciente a su
• 33 L
.
hace Sandoval y Zapata, cuyo soneto "Vencen las rosas
patria.
o mismo
al Fénix" no puede ser comprendido en su totalidad por quien no conozca
la historia de la aparición de la Virgen de Guadalupe.

no tengo sino una poca de Gramática, aunque mucha afició~ de lee~ ~storias".29 La asimilación del pueblo de origen hispano al medio es casi mstantánea. Ya Sahagún observa: "No me maravillo de las tachas y ~eslates
de los naturales de esta tierra, porque los españoles que en ella habitan, Y
mucho más los que en ella nacen, cobran estas malas inclinaciones ~~y al
propio de los indios: en el aspecto parecen españoles, y en las :°ndic1ones
no lo son. Los que son naturales españoles, si no tienen mucho aviso, a pocos
años andados de su llegada a esta tierra se hacen otros, y esto .parece que
lo hace el clima O constelaciones de esta tierra".30 Para fines del siglo ~VI la
mezcla de los elementos raciales ya estaba bastante avanzada; Mendieta e~cribe: "Y así podemos decir, que de lenguas y costumbres y personas de diversas naciones, se ha hecho en esta tierra una mixtura o quimera, que no ha
sido pequeño impedimento para la buena cristiand~ de esta nueva gente.
Remédielo Dios como puede".31
En la literatura, el entrecruzamiento entre lo culto y lo popular es poco
común, pero existe ya desde el siglo XVI. La literatura culta fecun?a a la
popular, y ésta a su vez da vigor a aquélla. "Las f~rmas más cOI_npltcadas;
artísticas de la poesía española del Siglo de Oro -dice don Fedenco de ~ms
en la obra citada- llegan a ser popularizadas en México, como en otros, ~aISes
de hispanoamérica, y se conservan hasta hoy. Esto ocurre co~ las decimas,
composición complicada y difícil que no se desarrolla hasta el Sigl~ de &lt;;&gt;ro Y
que nunca llegó a ser popular en España, mientras tanto que lo sigue, siendo
desde entonces en Hispanoamérica. Igualmente eran populares en esta ~as
glosas de máximo artificio que tomando como b~ una cuarteta o una q~tilla hacen que cada uno de sus versos sea el fanal de :ada una de l~ decimas que forman la composición . . . Igualmente la poes1a pop~lar mexican~
está fuertemente influida por las formas métricas, el vocabulano y los sentimientos de la poesía romántica, que tiene influencia nula o sum~ente escasa en la poesía popular española". La influencia contraria, la d~ la htera~ra
popular sobre la culta, es menos evidente. Los poetas novoh1~anos viven
ajenos al espíritu popular, que -eon pocas excepciones-- ~o. trasci.ende en ~us
obras. El único poeta que refleja ese mundo popular anommo es el esp~~~l
Rosas de Oquedo; sin embargo, apenas podemos considerar su obra poetica
como perteneciente a la poesía culta. "Coplero" lo llarria Alfonso Reyes, Y
.. JuAN SuÁR.Ez DE PERALTA, Noticias históricas de la Nueva España (Madrid, 1878) ,

p. 44. (Compuesto en 1589).
so FRAY BERNARDIN O DE SAHAGÚN,

•

Historia general de las cosas de Nueva España,

lib. X, cap. xxvii, ed. Bustamante, Ill, 73.
.t ·
l ºástº
31 FRAY JERÓNIMO DE MENDIETA, H IS oria ec esl
nes del siglo XVI. (México, 1870), pp. 552-553.

"ª

268

•

La corriente literaria popular de fines del siglo XVII y primera parte del
XVIII está representada por un personaje de fama folklórica: el Negrito
poeta. Es de interés, por demostrar el entrecruzamiento de lo culto y lo
popular, la anécdota que Fernández de Lizardi refiere acerca del debate
poético entre Sor Juana y el Negrito, en el cual sale victorioso el poeta popular. Cuenta el Pensador que habiendo entrado el Negrito en una botica, le
32

Op. cit., p. 100. Véase también la p. 99.

03

,·ndiana. Obra escrita a fi.

Ver RAMÓN IGLESIA, " La mexicanidad de D. Carlos de Sigüenza y Góngora" en
El hombre Colón Y otros ensayos, México 1944, pp. 119-143. También Abreu
op. cit., pp. 13-55.
'

Gói'uez

269

�recen innumerables folletos y corridos protestando del acto.37 Tal solidaridad
del pueblo con las clases cultas es digna de atención. Los jesuitas habían sido
los representantes de la tradición literaria culta. La única diferencia entre
este grupo y el del siglo anterior consiste en que, como ya observó Henríquez
Ureña, tiene mayor influencia en la dirección de la vida intelectual del país.
Entre ellos encontramos a los historiadores Cavo y Clavijero, este último defensor de la superioridad de las culturas prehispánicas y pintor del indio en
términos que anticipan los de Chateaubriand; a los cultivadores de la poesía
clásica, los latinistas Abad, Alegre y Landívar; al filósofo Díaz de Gamarra;
al jurisconsulto Francisco Javier Gamboa. Todos ellos criollos conscientes de
su nacionalidad.
A fines del siglo XVIII, sin embargo, la decadencia de la cultura, en todos
sus aspectos, es evidente. La desorganización social y el decaimiento moral
ha de traer la revolución. Este primer conflicto, tres siglos después de la
Conquista, acelera la integración de las dos corrientes culturales. En la
literatura, por primera vez, surge el elemento popular en las obras de Payo
del Rosario y de Fernández de Lizardi. Al mismo tiempo los poetas cultos,
constituidos en Arcadia, se interesan en la vida social y política del país y
escriben fábulas en el Diario de M éxico, atacando a los malos gobiernos.
En dichas poesías aparecen los rasgos nacionales en la substitución que los
poetas hacen de los animales europeos por los del país, como el coyote en
vez de zorra. Sin embargo, aunque el contenido sea mexicano, las formas
siguen siendo europeas: la novela picaresca, la fábula esópica. Lo mismo
ocurre con los románticos, quienes imitan el cuadro costumbrista de Mesonero R?mano y la novela francesa de folletín. Aunque don Guillermo Prieoo,
el autor más popular de sus tiempos, introduzca nuevos tipos folklóricos -el
charro y la china-, en su Romancero nacional trata de crear una épica a
imitación de la espa.ñola . .

dieron el siguiente verso para que 1o tr~vara: "lo~ cabellos penden d6. • •",
ofr~ciéndole un peso si lo hacía. El Negrito contesto:

y a ese peso lo gané
si mi saber no se esconde;
quítese usted; no sea que
una viga caiga, y donde
los cabellos penden, dé.

·
Se le dio el mismo
Lizardi comenta: "Esto fue muy pu, bl.ico en M'exico.
.
pie para que lo trovara a la madre Sor Juana Iné_s de la Cruz, p~ro :1t~ha
reli ·osa no pudo trovarlo y se disculpó muy bien en unas re º,11 _1 as, y
elo!ó la facilidad de nuestro poeta" ·ª4 Aunque la anécdota sea apocrifa, demuestra el interés de lo popular en lo culto.
.
El eríodo barroco mexicano, cuya literatura se caracteriza por el uso
de m!ivos indígenas, tiene su fin a mediados del sig_lo XVII!; c~a~do se
inicia una nueva era en la cultura mexicana con la mtrod~cc10n e neoclasicismo y de las ideas del racionalismo francés. _No es la literatura,. cuy~
d 0 rmecidas debido al agotamiento del barroco, smo a
formas permanecen
.
da mitad del siglo
fl f y la ciencia lo que predormna durante 1a segun
.
l oso ia
. l · 1 ran cambio ocurre en
XVIII No hay cambios en la estructura socia ' e g
.
.
.
t "d l' meas Por primera vez en el desarrollo cultural mexicano
1as cornen es 1 eo ºº· •
.
.,
aparece. una influencia que no proviene de España. La mtroduccion en
México del racionalismo francés por el filósofo Dí~ de _Gam~r~a y ot~os
. ºtas culmina en la lucha por la independencia
pohtica· a li
prmpensadores 1esm
.,
• • d 1 · 1 XIX as Como resultado de la introducc1on del raciona smo
cip10s e s1g o
·
B t
aumenta el interés en las ciencias físicas. Los nombres de _Alzat~ y ar olache van unidos a ese movimiento, ya que fueron ellos q~iene~ unpulsar~n
su estudio por medio de las Gacetas, con las que ayudan a difundir la cu~tu1a,
ue tanta importancia había de tener en el siglo siguiente.as Durante la epo~a
que nos ocupa, sin embargo, el movimiento se ceñía ~ 1~ clases cultas, s~~
~e ar en absoluto a las masas del pueblo. El único moVImlento que-~onmov10
g.
a dichas
masas en 1a segund a rm•tad del siglo XVIII fue la expulsion de los

ª

jesuitas. El fervor religioso las hizo simpatizar con ellos Y, por lo tanto, apa, F ERN A'NDEZ DE L1zARD1, El Periquillo Sarniento (Barcelona,
ed.
.. JosE, J OAQUIN
•
Sopena, S. A.) , P· l?l.
.
, ·
33 61
.. V A
N IO CASO ( Apuntamientos de cultura patna), Mexico, 1943, pp.
- .
er NTO H
,
z UREÑA Antología del Centenario (México, 1910)' II,
,. Ver PEDRO
ENRIQUE
,

661-665.

270

•

En 1867, con el triunfo del partido de la Reforma, Altamirano --como ya
muy bien ha apuntado José Luis Martínez- trata de crear él solo una
literatura nacional. Este interludio nacionalista, sin embargo, tiene cortos alcances. Ya en las obras de sus contemporáneos se encuentran los gérmenes
de otras preocupaciones. En las páginas de don Justo Sierra ya apunta el
modernismo; en algunas de las poesías de Acuña, el positivismo científico
que predomina en la filosofía europea de fin de siglo. En verdad, la cultura
durante la época de don Porfirio vuelve a ser, como a fines del siglo XVIII,
de orientación enteramente europea. Los políticos y los filósofos aceptan el
positivismo introducido por Barreda; los literatos se bifurcan en dos grupos:
31
Véanse los versos reproducidos por don Julio Jiménez Rueda en Literatura mexicana en el siglo XIX (México, 1944), pp. 28-30.

271

�los modernistas y los realistas; aquéllos imitan a los escritores franceses; éstos
a los escritores españoles. Las tendencias vuelven a ser, como durante la
época de la Colonia, universales y no nacionales. Los escritores, sobre todo
los poetas -Dí~ Mirón, Nájera, Nervo, Urbina-, ignoran las corrientes de
la poesía popular. Son poetas de torre de marfil, cuya divisa es el arte por
el arte. Los novelistas -López Portillo y Rojas, Delgado- imitan a Galdós
y a Pereda, o a los naturalistas franceses, como en el caso de Gamboa. Los
dramaturgos ---Chavero, Peón y Contreras-- aunque introducen temas históricos nacionales, en la forma y el estilo siguen los pasos de los autores
españoles de la época. Don Vicente Riva Palacio, en 1892, se queja de que
lo mexicano no tiene éxito en el teatro. "Por eso -nos dice- es perdonable
que algunos escritores se firmen el Duque Job, Raoul o simplemente Moi,
y llenan columnas enteras con palabras francesas. . . Las cosas de México
parece que les caen mal a las gentes de México; por eso Chavero ha encontrado tantas dificultades y ha podido apenas salvar del naufragio a Quetzalcoátl y a la reina Xóchitl. Ha querido mexicanizar la escena en México,
38
y su gran mérito no está sólo en eso, sino en que no se desalienta''. Este
retorno a lo europeo -a Francia, no a España-, sin embargo, tiene gran
importancia en el desarrollo del estilo mexicano, que tendía a anquilosarse
en las formas estilizadas de los románticos.
Gutiérrez Nájera logra crear un estilo que, a pesar de la influencia francesa, es
original, ya que no imita la sintaxis española. Su influencia sobre los ateneístas, que rechazan el positivismo oficial, es decisiva. Para esta época la
conciencia nacional, la sicología nacional, ya están formadas. La revolución
de 1910 viene a solidificar y a afianzar esa conciencia nacional. De aquí en
adelante los escritores pueden darse el lujo, como lo hacen Alfonso Reyes,
Xavier Villaurrutia o José Gorostiza, de dar expresión a temas universales
sin dejar por ello de ser tan mexicanos como los que hacen uso de temas nacionales, esto es, los escritores de novelas de la revolución -Azuela, Romero-o novelas indigenistas, López y Fuentes, Rojas González. La literatura de la
época de la Reforma quería ser mexicana desde afuera, usando temas y
motivos externos. La literatura postmodernista es mexicana desde adentro,
y por lo tanto no importa que dé expresión a temas mexicanos, como lo
hacen los escritores de la Revolución, o a temas universales, como lo hacen
Los contemporáneos. El caso de López Velarde es extraordinario. En su obra
poética logra fundir las dos corrientes, la erudita y la popular, creando así
una poesía que puede ser llamada genuinamente mexicana. Don Arturo
Torres Ríoseco ha escrito: "Poeta originalísimo, López Velarde crea su propio idioma, su propio sistema metafórico y visión única de la realidad. No es
ss

272

Los Ceros, por Cero (México, 1892), p. 155.

atrevimiento
.
.
en
su
. aseaurar
º . que este poeta es e1 pnmer
ejemplo
de originalidad
11
hpatr1a. Ha dejado pocos discípulos, pero una influencia duradera que
ega asta ~oy; su obra es escasa pero intensa y ejemplar".ª9
Las ~tenores observaciones creemos que demuestran que el estilo mexicano
;;2;ac10 en 1519, como quiere Onís, o durante el período barroco o en
. ' o en 1868, o en 1910. La formación de ese estilo ha sido lenta' !abo
r~~sa; ~ ~eces se ha detenido, a veces ha retrocedido, a veces su ava:ice h~
s1 o rap1do. A través de los años sin embargo se h f . dO
, .
un estil
·
· ·
'
'
orja
en MeXICo
o ~rop10, ongmal, ~ue llega a su madurez con López Velarde sus
contempliodrandedos.l Es
estilo que tiene sus raícet históricas y que refl/J.a la
persona
a.
e ,meXIcano ·' un estilo que, participando
· ·
un
l
de los elementos de
~guaJe comun_ en otros pueblos americanos, muestra modalidades ue
constituyen una entidad perfectamente distinta
q
Una interpretación válida de la literatura ~exicana
,
~e~elara la formación del estilo mexicano, problema q~:r:1:q~:!:sq~::~
a o en este ensayo y que queda por investigar.

ª

~

.. Antología escolar de la poesía mexicana (GuadalaJºara, 1960), p. 132.

273
H

�LOS GUSANOS ROJOS*
-Memorias de soldados contemporáneos de CervantesDR. SERGIO FERNÁNDEZ
Facultad de Filosofía y
Letras U.N.A.M.

TENEMOS ANTE NOSOTROS un tipo de narrativa muy poco comentada y, acaso
por lo híbrido del género -mitad literatura, mitad historia-, es importante
para quien desee leer mejor en los signos españoles del período que va de
1581 -fecha del nacimiento del Capitán Alonso de Contreras- hasta 1630 en
que comienza la relación de sus memorias. Tal período abarcará las producciones
de otros hombres de armas: J erónimo de Pasamonte, Don Diego Duque de
Estrada y Miguel de Castro. Esta narrativa comprueba en sus terrenos (como La Dorotea en el suyo) que el hombre del siglo XVI, configurado por
la fuerza y la apetencia de su época, cambia paulatinamente hacia otras zonas
de la existencia histórica, mismas que habrán de llevarlo a una concepción
negativa y melancólica del mundo y sus valores.
Las causas del trueque espiritual que se registra del Renacimiento al Barroco
pueden conectarse directa e indirectamente al fracaso político (de entraña
económica) que sufre España en las postrimerías del siglo. Entre otras causas se debe a que el Imperio ha sido vulnerado por la derrota de la Armada
Invencible y que tal derrota es resultado, en lo político, de una falta de
administración en todos los ór-denes y de una total carencia de miras prácticas. En lo moral, a una conciencia excesiva del propio valer y a la confianza -también extrema- depositada en un sistema religioso que a ellos,
a los españoles, los amparaba sin reservas. Por eso el episodio de la Armada
-elegido por ser preponderante- no es el único que marca el descenso y
bien puede tomarse como símbolo: el de la sorpresa de encontrar un tope

* Este ensayo está incluido en "Las Grandes figuras del Renacimiento y el Barroco".
Edit. Pormaca. Méx. 1966.
275

�a la colectiva ambición del hombre realizador de la Conquista. La derrota
de Felipe II ( quien, en parte por soberbia, en parte por ser un espíritu
mítico, la justificó por medios naturales) implica saber --conocimiento no
necesariamente confesado-- que en el concierto universal de los acontecimientos hay otras voluntades que cuentan y ver, finalmente, que un mundo distinto --el llamado "moderno"- surge sin necesidad de apoyarse en las propuestas españolas que van desde Loyola y la mística hasta Cortés y Alfonso
de Valdés, el humanista. Bien conocido es que es ésta la época del desmembramiento interior; que, no obstante el fracaso de la expedición española
para derrotar a los ingleses, deberán pasar aún muchos años para que la
enfermedad dél Imperio se haga perceptible. Se sabe, se comenta, se dice
a hurtadillas que algo adverso acontece, pero el fantasma de la decadencia
aún no se aproxima demasiado como para que el español pueda, en rigor,
hacerse cargo de su inoportuna y grave carga.
Como es natural, varias son las reacciones que se presentan ante esta realidad confusa y dependen, en lo fundamental, del individuo en sí más que
de la colectividad; de la clase social a la que pertenece, de lo agudo o romo
de la inteligencia para comprender el momento; de la cultura personal. No
hay aún un "clima" histórico definitivo y es por ello que los libros que ahora
comentamos son, en cuanto documentos, un rico material en el cual podemos
atisbar cómo en un cierto tipo de hombre se gesta, a las claras, la transformación que va de una conciencia que conquista a esa otra que, ya en el
dintel de la derrota, entorpece el gozo de la vida con amargura, resentimiento y soledad. En estos libros no habrá un profundo velo literario que
impida sorprender la trayectoria. Al contrario, son fuentes evidentes de un
ser histórico en transición, cargado de energía contradictoria y por ello patética. Hay un abismo entre Cortés, surgido en el más álgido momento histórico de España, y estos hombres de armas que, no obstante el vigor, la
temeridad y la fortaleza de su espíritu, arrastran gérmenes de melancolía
porque España -pese a lo que aún se piensa de ella en la Europa del tiempo- no responde (en los hechos de guerra tanto como en los otros, de naturaleza humana) a la elección que de ella Mio Dios. Más adelante la justificación la dará el mundo barroco al vivir la derrota política en el tablero
europeo como evidente signo de su incondicional triunfo en el más allá.
Son cuatro los libros que analizaremos: la Vida del capitán Alonso de
Contreras, la Autobiografía de Jerónimo de Pasamonte, las Memorias de don
Diego Duque de Estrada ( Primera parte de el libro intitulado Comentarios
de El desengañado d e sí mesmo, prueba de todos estados y elección del mejor de ellos, o sea vida del mismo autor, que lo es don Diego Duque de Estrada)

276

y finalmente la Autobiografía de Miguel de Castro.1- Ya el extenso título del
libro de don Diego y la materia por él amparada (es un des~ngañado de sí
mesmo) cambiaría el tono de la literatura reinante en el siglo XVI. Sin
embargo aún queda, debido a lo primitivo, a lo burdo de la naturaleza de
estos soldados escritores, algo de ese espléndido cerco de placer que anunció
La Celestina; algo aún de ese "no podemos errar" de la alcahueta, común a
las producciones españolas del Renacimiento. Algo de ello y, además, una
desmedida conciencia de los méritos personales que involucra un altivo sentido de nacionalidad. Pero en general se caerá en una actitud de fatalismo e
hipocondría que, si bien ensombrece la vida, exaltará los valores del arte a
regiones extraordinarias y nunca repetidas en la historia de España. Al analizar estos libros sorprendemos mezcladas las dos actitudes -alegría y desengaño, placer y desilusión- en una línea tendiente al triunfo de lo neo-ativo
o
'
de lo enfermizo; a una atmósfera donde el pecado se adueñará de la conciencia y el hombre quedará reprimido 'a tal grado que el siglo XVII será
el renacimiento de una Edad Media enriquecida y revitalizada. Nada más
corto, nada más efímero que la conquista española del siglo XVI. Y es esta
época de gran esplendor la que, de ahora en adelante, paradójicamente, ensombrecerá con su altura la memoria del ser que la hereda obligándolo a
suspirar y sonreír con indiferencia fingida ante la grandeza ya extinta.
Pero reparemos en que el hecho de que un soldado escriba es singularmente dÍgno de atención. Esta literatura es índice de una gran cultura ambiental, congénita históricamente y que hace posible el nacimiento de un Lope
de Vega o un Baltasar Gracián. Quienes redactan estos libros son hombres
que se entregan a la vida --como los pícaros, como los religiosos- a temprana hora. A los trece, a los quince años a lo más los soldados están ya
en funciones. Se empieza pronto porque muy pronto se termina. Y estos
adolescentes recorren los caminos que los llevarán -olfateando de pasada
la Corte- a servir en los tercios o en las galeotas por tierras y mares ene•
migos. ¿Qué tiempo hay para leer, para pensar, para analizar? Lo hay, en
cambio, para matar, para ultrajar, para comer y gozar de las delicias de
la cama al lado de una prostituta; lo hay para la crueldad, el arrepentimiento, la gula o el hambre. Lo hay para rascarse los piojos o para decir
imprecaciones; para ir a misa y confesar los pecados, para robar a una turca
o tomar venganza en el amigo que ha cometido la traición. Lo hay para
perseguir una goleta en la que se asoma una bandera con tres medias lunas
y para intentar dar caza a Guatarral; 2 para coquetear con una monja míen1

Véase Biblioteca de autores españoles. Continuación de la colección Rivadeneira.
Tomo X Autobiografías de soldados (siglo XVII), Madrid, 1956.
2
Sir Walter Raleigh.

277

�..

tras se aguarda la sentencia de muerte, para comer una gallina entera Y
distraer la angustia del patíbulo; para degollar al moro, jugar a los naipes,
emborracharse en la Corte pontificia y "quebrar", en la plaza, un toro Y
otro toro. Lo hay, también, para escribir. Y estos soldados que tienen una
cultura elemental se dan el lujo no sólo de redactar sus memorias, sino de
lanzarse a la peregrina tarea de hacer comedias al estilo de Lope de Vega
o sonetos que imitan a Garcilaso y aún a Góngora. Por ello la literatura
que tenemos ante los ojos -si bien dista mucho de ser obra de arte- está
escrita con la conciencia de aquel que sabe que lo asombroso de la hazaña
personal hará que el lector beba con avidez las páginas.
Por lo general estos soldados escriben con propósitos confesados de ascetismo y pedagogía. Pasamonte afirma que no desea "vanagloria" y que pretende el "remedio de católicos". Y es que el desparpajo y la violencia de
experiencias como la suya los obliga a un decaimiento moral que lleva aparejado el anhelo de la vida monástica. Así las cosas hemos de leer, entre
líneas, que existe la conciencia moderna de la fama: el soldado metido a
franciscano desea conservar su nombre en el mundo y nada mejor para lograrlo que escribir sus gloriosas memorias. Es ésta, además, la mejor manera
de no cesar de ser lo que se ha sido, de perpetuar la aventura dentro de la
calma del convento o en la postración a la que conduce la vejez. Resulta
natural que estas biografías estén ampliamente conectadas no sólo a la vida
de este período, sino también -y con mayor razón- a la literatura. Son
el documento precioso que pone en tela de verdad la paradoja de Wilde
que afirma a la vida como imitadora insistente del arte. En la Vida del capitán Alonso de Contreras seguimos una noche al propio capitán quien, con
unos amigos, encuentra a un hombre, que, escondido en· 1as sombras, se entrega al amor. C~mo las· bravatas surgen a cada instante y hay la necesidad
de encontrar el pretexto de la injuria, misma que afirma virilidad, un soldado valenciano que los acompaña se rezaga. Los otros oyen voces y minutos más tarde se les reúne llevando consigo, a modo de trofeo, la capa y
el sombrero del desconocido. Entonces les dice que "No se quejará más el
sinvergüenza, que le he enviado a cenar al infierno y me ha dejado la capa".
Nadie exige aclaración alguna, como si el hecho en sí mismo se justificara
y, sin hacer caso de la muerte, entran a una hostería "Por un postigo, y diciendo y haciendo, comenzaron a dar tras el patrón y dando cuchilladas a
las garrafas de vino, que eran muchas, y coces a las botas de vino, de suerte
que las destaparon, corriendo el vino como un río". La violencia del episodio no impide que observemos en él, dos tiempos: el primero --el del asesinato- parecería estar tornado del Burlador de S evilla de Tirso de Molina:
igual desparpajo, igual cinismo, la misma falta de moral y de sensibilidad.

En cuan~~ al segundo ¿ quién no recuerda los muchos desatinos que ofrece
Do~ QwJote Y_ en particular aquel en que destroza las barricas de vino?
Qmen esto escnbe lo mismo_ cele_bra una matanza y un desorden que aplaude a Lope cuando en Madnd asiste a las representaciones de su teatro
El caso de Alonso de Contreras no es excepcional. Don Diego Du~ue de
Estr_ada mata a s_u "hermana y mujer" con la misma fruición con la que
escnbe sus comedias o participa en un concurso literario.
. Estarr_10~ en un ámbito de pasiones contradictorias donde caracteres soberbios e rrntables
.
dan lugar a. un realismo crudo y fatídico . N o busquemos
~onos medios, o suaves, o smgularmente matizados. Aquí no se ahorra un
atomo de plebeyez, de ruindad, antes bien, se exagera porque hasta un atavismo
~l presen~ cuadros como los que desfilarán ante nosotros. Se anticipa ese
tipo de literatura procaz a la manera de Estebanillo González obra con la
que descendemos hacia los más profundos abismos de la con~iencia de los
homb:es, d~ su bestial comportamiento. La diferencia estriba en que en las
au~ob1ografias de estos soldados hay también un alto sentido de la caballerosidad heredad,ª, de 1~ dignidad, del honor, del culto por formas que, aunque huecas, están en cierto modo vivas y que la novela picaresca desconoce
completamente. En vano intentaríamos encontrar otros libros donde más
detall~da Y novelesc~ente ( a veces a propósito, en ocasiones sin conciencia)
se nos entrega un ntmo tan febril y alterado de la vida, misma que completa la naturaleza de la literatura. Nada hay que distraiga la atención de
estos seres ~ue forman corros en las aldeas y en los caminos; que pelean por
su fe en tierras de herejes·, que aman por un día a una mu1er
· a la que
segur_amente -por celos u honor falsamente dañados-- habrán de matar en
~a pnmera oportunidad que se les brinde. Nada habrá que nos aburra cuando
izan las, velas y se hacen a la mar para combatir al turco, al veneciano 0
al frances.
~n amplio_ códice de costumbres florece al seguir las huellas de este conqwstador hendo, en el ;lma, con gérmenes de una derrota escondida y profunda que pronto habra de verse a plena superficie. Pero por lo pronto el
soldado recorre Europa con el convencimiento de quien se sabe dueño absol~to de una pat~a que guía a la humanidad. Sabemos que por lo general
el ideal al que aspira este hombre sucio, rudo, bestial en ocasiones, es el doble
c?rnpuesto de guer:ero y letrado proveniente del Renacimiento; ideal implícito en las _m:x_rionas que son la prueba máxima de este supremo anhelo.
Su ~lma pnm1tlv~ 1~ _lleva a caminos sinuosos y no siempre explicables por
la via . de un raciocm10 escueto. Al contrario, este soldado con a sp·rraciones
·
a esc~tor combina la rudeza de su idioma ( de su legal jerga de guerrero)
con giros conceptuosos o cultistas, los de un idioma que -aun cuando a él

279
278

�pudiera parecerle el mismo-- no le pertenece. Y así, entre lo espontáneo Y
lo sofisticado, entre lo natural y lo grotesco, aparece la cortesía que alterna
con lo ruin lo mercenario de ciertas faenas con la generosidad y la valentía propias 'del caballero andante. Alonso de Contrer~ es ca~az. de apuñalar a la Quiraca porque lo ha traicionado, sin mencionar s1qwera que lo
hace para limpiar su honor. Pero también rnata por infidelidad, en Monreale, a su mujer, agregando que "de cuanta hacienda había no _to~é una
sola moneda". Es capaz de una cosa y otra porque puede, al propio bempo,
cansado de que lo cele una prostitutilla, de buscarla y "alzando sus faldas,
tan a propósito estaba, que le di en las asentaderas dos rebanadas, _como . de
un melón". Y es que el honor, para esta clase de hombre, lo mismo implica ferocidad que desprendimiento, afabilidad que rudeza. La "negra honrilla" no le da lugar a ser pacífico a don Diego Duque de Estrada y por
el padre de un ser tan desenfrenado y monstruoso como él nos damos cuenta
de lo que en la época se entiende -al menos teóricamente- por caballerosidad: "no pidas la vida (le dice al hijo cuando éste escapa de la cárcel)
a quien te venciere, ni la niegues a quien te la pide, pues tener vida rendida es muerte infame, y matar al rendido no es victoria, sino cobardía _e
infamia. Esto es en cuanto al honor del mundo; pero el verdadero conseJo
que te doy es que temas a Dios, reverencies a sus ministros y defiendas su
ley''. Tal la idea; la práctica -que va por vías distintas-- completa al
hombre y hasta lo enriquece. Es este mismo ser quien tiene una profunda
conciencia de la desigualdad social y lamenta el sufrimiento al que están
sometidos los soldados. Nadie sirve por amor, sino por interés, anuncia don
Diego enfáticamente, pues sus memorias respiran miseria y lujo, desenfreno
moral y ascetismo, orgullo y desengaño. Es así como la pobreza (ele~~~to
inherente a la novela y a la narrativa en general y que elude, con artific10sidad la Comedia barroca)" se adueña de estas páginas candentes y magníficas.' Pero jamás encontramos la queja directa hacia la política o hacia la
sociedad del tiempo. Los ayes personales conducen (ya por ira, ya por resignación o fatalismo) a que nos encontremos con una idea providencialista
de la vida. Es la divinidad quien a cada instante interviene, como cuando
las huestes españolas entran a Zembra, tierra firme de Berbería. Alonso d~
Contreras sabe que ha sido Dios quien los vuelve locos ese día y que s1
reciben la derrota es porque "guardado Dios por su justo juicio" les tenía
reservado el castigo a los españoles.
En medio de una maraña de actos brutales y terribles, el lector irá adivinando el modo que el soldado tiene de sentir. Pero por lo pronto (ya
analizaremos más adelante este problema) uno cae atrapado por estas obras
empapadas de sangre, de gritos, de crueldad; de despotismo, de mugre, de

280

vicio, de impiedad. Múltiples serían los ejemplos de la impudicia en la que
el soldado se envuelve a sí mismo para expresar lo que ha experimentado.
Impudicia que a él no le parece, como es natural, sino un episodio más,
en todo caso desmedido, de los muchos en los que participa. Alonso de Contreras cuenta en cierta ocasión que al piloto de la nave "le desollaron vivo,
hinchando de paja su pellejo, que hoy está en la puerta de Rodas". La
frase no se acompaña de un solo comentario que nos permita penetrar en
la intimidad del capitán. La escribe con la misma indiferencia con que
comenta que los soldados (cuando les están prohibidos los naipes) usan de
piojos a manera de juego de azar ya que, encerrados en dos círculos del
tamaño de un puño, el que los rebasa triunfa sobre los demás adversarios.
Pero aquí comenzaría la lista de atropello y barbarie. A don Andrés de
Silva los moros lo parten en canal pues no se deciden a ceder ( un bando
a otro) la presea. Pasamonte escribe que "Cortaron miserablemente a cuatro cristianos las orejas y narices hasta el caxco y los dientes". Al italiano
Jerónimo Patti ( acusado de haberle metido un clavo en el cráneo a un turco)
los enemigos de la fe le rompen piernas y brazos para luego abandonarlo en
la playa donde "Un renegado a media noche lo degolló y los griegos lo
enterraron como a santo".
Y ¿qu'é decir de la época escolar de Alonso de Contreras? Como el maestro le ha dado azotes por culpa del padre de un amigo suyo (que era -aclara- más rico que el propio) toma venganza: "eché al muchacho en el suelo,
boca abajo, y comencé a dar con el cuchillejo. Como me pareció que no lo
hacía mal le volví boca arriba y le di en la tripa; dijeron todos los muchachos
que le había matado, me fui, y a la noche volví a casa como si nada hubiera
hecho". En el episodio hay ira, refinamiento y cinismo, características propias de un ser crudo e insensible por antonomasia. Estos tres estados conducen no al arrepentimiento, sino a la má.,;; total indiferencia. En todo el
libro jamás se h ará ya referencia a este acto porque muchos otros de igual
o peor índole cubren la existencia, de tal manera que el asesinato es parte de
lo cotidiano. No es extraño que por una palabra mal !iOnante la gente se
mate con el pretexto de la honra y es fácil notar que los cánones de la vida
van por una vertiente en donde la pintura deja paso libre a la caricatura
a la exageración del ser y del hacer. Tal desbocamiento ~onsiderado co~
mo natural- sería uno de los muchos rasgos de la vida barroca. En este
sentido el Buscón es copia fiel del alma del hombre de su tiempo, aun cuando parezca exagerado el comentario.
Si seguimos hilvanando en este terreno -uno de los más importantesningún mejor ejemplo que el ofrecido por las memorias de Don Diego Duque de Estrada. Seguramente -entre los de la época- es el documento

281

�que encierra mayor dosis de violencia y ferocidad. Sus " notables sucesos"
·
· to de su "esposa y hermana" ' ambivalente frase. que
empiezan
con e1 asesina
nunca se aclara suficientemente pero que por ciertos datos de la obra 1a ~terretamos como real ya que se enamora de su media hermana~ Y -~on Diego
ia mata una noche cuando la eneuentra encerrada en su habitacion con un
alán al que en medio de su arrebato y desconcierto,. no reconoce, ~ que a
fa postre resulta amigo suyo. El futuro soldado -seme1ante a u~ c,alixto co'd por celos- sube la escala que prende de la terraza al Jardm Y apurrm O
-~
nf
"dí coces a
ñala al supuesto desconocido. Después de la rma co 1esa que
.
la puerta de mi hermana O mujer, la cual hallé en la cama, o dormida o
desmayada basta decir que no despertó y no volvió del desmayo de ~uchas
uñaladas 'que le dí". Una vez cometido eJ crimen ~uye Y_ en ~l libro_ se
~egistran varios asesinatos más, todo~ efectuados por incontinencia de rra,
de órgullo o de amor propio herido. Lo cruel se haya ~re~nte a ca~~ vuelta
de página y si alguna tuviéramos que seleccionar, sena esta la t~mca q~e
envolvería las memorias de don Diego. Pocos relatos tan escalofnan:es _c?la tortura a la que lo someten cuando la Justicia
mo e1 que nos haCe de
• d
lo prende. Sólo así tenemos una más plástica imagen .de e~te tipo e sucesos públicos que enloquecen de placer y frenesí a las multitudes. El reo,
sujeto al porpalo, al potro, a la impiedad del fuego o del agua pasa tres
horas expuesto a los más espantosos dolores corporales. Entendemos perf~c~mente el martirio de un San Lorenzo, por ejemplo, o de ~ San Maun~io;
el arte, en pintura, no es sino pálida referencia a la r:alidad de la vida.
Una vez efectuada la tortura, el reo es conducido a la carc_el dond~, por
haber confesado, se le alza en hombros, vitoreándolo. Se nen; la m_ipres1on
de que en lugar de hombre, son despojos sangrientos los que asi_ transitan por
las tinieblas de la prisión. Al día siguiente el verdugo (medi~nte una re:
compensa de dinero) lo curará del todo y se supone que don Diego esperara
el momeñto de ser condenado a la horca.
Aunado a tales episodios va, invariablemente, el gusto por lo macabro,
por los aparecidos, por todo indicio de comunicación del ~ás ~llá. Empieza
a aparecer la necesidad de conexión con un tras~undo mqmetan:e, como
si la vida en cuanto tal ya no entusi~a~a debid~ente. La hter:a:~
barroca será terreno propicio para que la srrruente prolifere y se ~~ga c
terística de la mentalidad del hombre del siglo XVIII. Al cap1tan Alonso
de Contreras y a sus huestes los moros les tienden, en el Cabo de ~onanrica una emboscada en la que parcialmente caen. V anos sold rea, en Af ,
. .
1
dados españoles mueren y son enterrados. A la mañana siguiente os cuerpos
son hallados encima de la arena y el capitán piensa que los lobos los han
..~~ sin narices sin orejas y sacados los corazones.
d esenterrado porque es

-~º

l,(l.11

282

La razón de tan monstruoso atropello es que los moros llevan a Mahoma los
despojos en señal de la merced que les ha concedido al obtener una fácil
victoria. Pero el capitán, en venganza, toma a sus prisioneros y a su vez
les corta las narices y las orejas, arrojándolas a la arena con estas palabras:
"Llevad también éstas". El relato es perseguido acuciosamente por el escritor, quien por lo visto se encuentra en su medio al describir escenas a las
que pronto -por repetidas- el lector se acostumbra. Hay un gusto en estas situaciones no privativo del soldado. Quien lea la descripción de la
muerte de Felipe II, escrita por Fray José de Sigüenza, comprenderá que
el entusiasmo por lo macabro es síntoma colectivo.
En la vida de Pasamonte se comenta el asesinato de la posadera efectuado
por el marido, quien, después de darle varias puñaladas, regresa a la casa
pues se ha olvidado de arrancarle, al cadáver, unas arracadas "que vallan
veinte ducados". Después huye. El médico le dice al soldado: "Señor Pasamonte, por la herida de las tripas de aquella mujer le han salido un pañizuelo de gusanos gordos y rojos". A lo cual él responde: "Señor, que no
son sino dragones de la muerte que ella quería darme a mí". El cambio
de una realidad alterada o deformada no satisface y se desea la intervención
de un mundo mítico que la complete. En cuanto a Miguel de Castro, empieza su vida diciendo que su madre está enterrada -"Según dicen los doctores"- con dos criaturas en el cuerpo.
Es claro que quienes así piensan y actúan están sumergidos en un ámbito
de magia y encantamiento, preludio de los torturados seres que deambulan
por la escena trágica de Lope, Tirso y Calderón. Los soldados, para distraer
sus ocios en el mar, hablan por ejemplo de que la isla de Lampedusa está
encantada. Son seres para los que el milagro se hace presente con frecuencia.
¿ Qué importa que un día antes hayan destrozado a mujeres indefensas en
tierras griegas tomadas por el turco? Comentan con piadosa unción que a
la Virgen habrá que llevarle una ofrenda que consiste en bizcochos, queso,
• aceite, tocino, vino y dinero: "Toda esta limosna, tan grande, no consiente
la imagen que la tome ningún bajel de cualquier nación, salvo las galeras
de Malta, que la llevan a la iglesia de la Anunciada de Trapaní, si otro lo
toma, no puede salir del puerto". Estos soldados, en medio de la inconsciencia en la que viven, gozan la vida de una manera brutal y paradójica no
obstante la miseria, las adversidades climatéricas, los dolores físicos debidos
a la enfermedad o a las heridas. Por lo general son hombres sencillos en lo
individual, pero complejos e ininteligibles desde un punto de vista histórico.
Quien lea las memorias de esta gente se dará cuenta, como ya advertimos,
de la ingerencia del más allá en los acontecimientos cotidianos. Bastará el
ejemplo que nos ofrece Pasamonte (torturado, el más, por la idea de una

,

283

�permanente persecución) para ilustrar esta modalidad del esp'iritu: "Un día
de la semana de Albis, a la noche, yo estaba en mi cama rezando, creyendo
me había de morir entonces, y bajó aquella buena mujer con su marido, y
el marido traía una candela en un candelero encendido. Ella entró delante
y el marido se paró en mi cabecera. Ella me preguntó cómo estaba y yo
le dije que mejor, y en este ins¼Ulte comenzaron a dar vueltas tantos demonios unos tras otros, en hábitos de frailecicos de San Francisco, como muchachos de ocho o doce años y de quince el mayor, y tantos que se hinchó
la cámara. Yo, espantado, le dij~: ' ¡ Oh, qué bien acompañada viene, señora Catalina!', y ella me respondió: 'Bien, por cierto, que vengo con
marido'. Y estando mirando el maldito espectáculo, vi otros frailes de diferentes regiones dalle vueltas alrededor, y éstos no eran muchachos, sino
como hombres grandes, y de la religión de Santo Domingo no vi ninguno.
Y entonces volví la cara a la pared, llorando mis ojos; y tornando a mirar
la mala mujer, vide un demonio en hábito de clérigo y sin cuello, que daba
grandes saltos el derredor della con mucha alegría. Juzgue Dios y vuestras
reverencias el caso, que yo no me atrevo a decir nada ni quiero, sino que
digo que no fue sueño, sino que lo vide con estos ojos corporales. El marido
no sé si veía nada. Dijéronme si quería algo. Yo dije que no, y ansí en
aquel instante una multitud de demonios de aquellos se hundió hacia la
mano izquierda y dos otros, que estaban encima de otros (que no cabían en
la cámara) se hundieron al rincón de la mano derecha". Páginas como ésta,
cercana, la más, a una pintura de Breughel o de Bosco, llenan de fantasmagórica vivacidad el libro. Los últimos capítulos presentan el espectáculo de
una mente alucinada y enferma; no son sino las letanías u oraciones que el
soldado escribe para alejar de sí a los "malos ángeles". Vive Pasamonte asaltado por la idea de que los .daños llegan a los católicos porque se privan
de la comunión; de que son víctimas de sus propios pecados. Por ello reniega del demonio y a todas horas se santigua. Tal actitud lo enardece y
sería capaz de dar la vida por el triunfo de sus más íntimas creencias.
Por lo demás una especie de apatía, de conformismo, empieza a adueñarse ele la mentalidad de la época. "Bien venga el mal si viene solo" grita
Pasarnonte. Sus lamentos nos remiten a estados de ánimo poco o nada favorables al goce de la vida. El hambre, el frío del inviemo,. un dolor de
muelas atroz, la prisión o el cautiverio lo ameritan, sí, pero la fortaleza
moral apuntada en un Hemán Cortés ya no existe. De hecho se soporta al
mundo y se superan las adversidades, pero Pasarnonte no tiene el ingenio
de un Lazarillo de Tormes ni la alegría o el vigor de una Teresa de Jesús.
La sensibilidad, encallecida, se r~signa a la mala fortuna aunque físicamente
el hombre es tan recio que puede, en dos meses enteros, no comer "otra cosa

284

sino un panecico y bien pequeño, y una taza de vino que me daba en Santiago, mañana y tarde". En parte por el hambre y la debilidad corporal,
en parte por la imaginación, desenfrenada y loca, cualquier acontecimiento
se llena de signos misteriosos y fecundos. Es fácil entender que, legales he,.
rederos de mentes como ésta, Don Quijote o Segismundo se debatan entre
el sueño y la vigilia, la realidad y la realidad inventada por la fantasía. Existen también escenas que, por ser prefijadas, resultan imposibles de calificar
como no sea dentro de una atmósfera de hechizo. Estando un grupo de
soldados españoles de paso por Francia, reciben del correo la noticia del
asesinato del rey, Enrique IV, varios días antes de que el suceso aconteciera. Otras hay rodeadas de misterio: Miguel de Castro encuentra a un
perro al bajar por una escalera. Con la espada lo traspasa y toca la pared
pues el bulto ha desaparecido. Tales escenas menudean con otras que pa~
recen estar arrancadas de la novela picaresca, todo lo cual hace de estos libros verdaderos documentos de entretenimiento y sorpresa. Don Diego Duque de Estrada explica lo que ocurre en el interior de las iglesias a las que
"concurrían mujeres de la vida penosa a gastar lo que con tan ~enosa vida
ganaban; allí se descartan hombres de palabra; se amenaza a muerte. se
dan pólizas de vida al quitar; se cuentan hazañas nunca oídas ni aún hechas se mata en creencia y se da vida en fiado; finalmente, aquí tiene el demoni~
fragua y ministros y posesión dentro de sagrado".
El amor se toma generalmente como una anécdota más, entre las muchas
que ofrece la vida. El soldado, como el pícaro, está demasiado ligado al
azar para_Jue logr~ encaden:irse ~ las redes de un vínculo no siempre fácil.
~aptos, nn~ afect:J.vas, conv1venc1as fortuitas, duelos de honor, escenas erót:J.cas desproVIStas de pudor, licenciosas costumbres en casas de cita, acuciosos
~el~tos con _putas y, con_ -~onjas hacen de esta literatura algo vibrante y
agd. D~n D1~go, ~egun dr3nnos, mata a su "hermana y mujer" y después de
una eX1Stenc1a agitada, en la que recorre Italia y Francia repetidas veces
se_ en~ora de Doña Francisca y abandona, por ella, a su mujer y a su~
seis hi3os. Como en la mejor comedia de Tirso de Molina la protagonista
vestida de hombre, escapa con el soldado para huír del 'amante cornudo'
íntimo amigo de don Diego. Miguel de Castro, el menos literario y el má~
feroz de todos, envenena a Virginia por piedad, es decir, para que no sufra
más el tormento al que la han sometido después de que Miguel ha matado
-en defensa personal- al padre y al hermano de la italiana. Más adelante
conoce a w1a prostituta por 1a que padece infinitos males pues se enamora
p~r~damente de ella. Con los "sentidos privados de la razón" este ser prirmtivo nos cuenta el dolor amoroso, mismo que lo impulsa a escribir versos
y sonetos. La imprudencia lo lleva a desobedecer al capitán del cual es

285

I

�criado; a faltar a la palabra prometida porque "¿ qué razón o qué prudencia
puede tener un hombre de aquesta suerte y privado de ella"? El capitán le
dice que parece encantado y en efecto pues "ni era señor de mí, y no podía,
aunque contra mi voluntad, dejar de darle disgustos". Pero este amor macerado y terrible es la excepción. Lo que existe es la aventura fácil y el pronto
olvido, sin que ello excluya celos, desilusiones y la desconfianza que conduce a la agresividad cuya máxima etapa es el asesinato. En estos documentos
se habla del sexo o de sus relaciones con desenvoltura, con un descaro inusitado si reconocemos que el tema -fuera de La Celestina- es siempre
prohibido tanto en la literatura como en la vida. Esta desfachatez, este
cinismo que a veces se presentan se deben, por una parte, a la índole social
del personaje mismo; por la otra, a la vecindad con Italia, donde acontecen
generalmente estos sucesos. Tenemos la impresión de que el sobrio carácter
español se expande y cobra espontaneidad en la medida en que incrementa
sus relaciones con los italianos, seres libérrimos, optimistas, sensuales, frívolos
y poco, o nada, religiosos. El sexo no se encubre: al contrario, se disfruta
sin delicadeza, con la brutalidad propia de quien no conoce el refinamiento
ni el lujo.
Por todo lo dicho anteriormente es lógico deducir que el gran problema
-para un historiador que enfocara estas narraciones como parte _d e una
historia de los sentimientos- es la carencia de los mismos si por ellos entendemos la más elemental forma de sensibilidad. Este soldado que narra,
o no abriga el sentimiento, o lo expresa torpemente, o lo excluye al escribir.
A Pasamonte ya le pueden romper varios palos en la cabeza, que sigue tan
campante. Fuera de unas cuantas excepciones no hay amor, ni hay manifestaciones de dolor; tampoco hay piedad, temor o alegría. Como es natural
la insensibilidad se refleja en cada acto -aún el más insignificante- de la
vida. Tal humanidad (estos soldados que llevan el germen del desengaño
barroco) infestará la vida y el arte del siglo XVII y es lógico que en Lope o
en Tirso las mayores crueldades se cometan sin que un solo signo de misericordia acompañe a la acción. Susceptible pero no sensible, este hombre se
rodeará de un caos íntimo que lo llevará a un petpetuo asombro, a una
perplejidad permanente, como es el caso de los personajes dramáticos que
ofrece la escena de Calderón.
Pero ¿a dónde conducen estos minuciosos relatos de los hombres de armas?·
¿A dónde este mundo de aventura, de pasmo, de admirable osadía? Ya lo
dijimos al principio: al ascetismo, a la retirada vida del anonimato o de la
celda. Porque la "adversa estrella" -culpa, por lo general, del demonio, los
lleva de fracaso en fracaso hasta que, cansados de su ser (que implica fanfarronería, orgullo, lascivia, ira y codicia) reconocen, como don Diego Duque

286

de Estrada que " ¡ Cuán desengañados v1vunos los mortales en esta vida!
¡ Qué falaz es el tiempo, qué vanas las esperanzas y qué frágil la confianza
a donde funda un hombre su descanso!"
Estamos ya a leguas de distancia del ambiente de La Celestina y del Renacimiento; de esa actitud que hace del hombre un ser nacido para el placer
de los sentidos. Y es que no sólo los signos de la realidad se trasmutan sino
que, al lograrlo, el ser humano se empecina en vivir la nueva realidad y
desplaza, poco a poco, los signos de la realidad exterior. Este juego, en
parte mental, en parte imaginativo, será el marco propicio para el hombre
barroco quien -contrariamente al romántico- deja, por esta diversión, el
dramático ángulo de los sentimientos. Ya en seres tan primitivos como estos
soldados y en especial algunos, como Pasamonte o Miguel de Castro, podemos sorprender la química espiritual a la que están expuestos. Ya vimos
que los gusanos que salen de las heridas de la muerta son, para el narrador,
dragones que habrán de perseguirlo por ese mar de confusión y desengaño
que es la vida. Lo que va de gusano a dragón es la misma distancia que
lleva de la realidad a la realidad barroca. Este hombre necesita forzosamente crear un mundo más allá de sí mismo porque la ambición de la
Conquista lo ha desilusionado. ¿Qué esperar, entonces, de mentalidades superiores, del llamado ingenio de la época? ¿Cómo asombrarse ante un licenciado que se creía de vidrio o de unos perros que hablan? ¿ Cómo de un
diablo cojo encerrado en un redoma o de un caballero que se lanza contra
los molinos de viento de la Mancha al confundirlos con gigantes?
El desconcierto vital se ha sembrado. Un Imperio próximo a derrumbarse
oscila sobre las cabezas y las hace irradiar rencor y genio, ira y esplendor
artístico. Todo será gris y sombrío y nada habrá de quedar de la fortaleza
de los místicos o de las grandes hazañas de Cortés, como no sea el recuerdo.
Pero aún hay, en la literatura, el esfuerzo de creer en el engaño de un
mundo de armonía. Se trata de un escritor cuyo vicio supremo es la virtud; cuyo pecado es la gran altura de su espíritu. Y este paso -que da Cervantes en las Novelas ejemplares- será el último que dé el Renacimiento
antes de llegar al esplendor artístico barroco.

287

�APROXIMACIONES A UNAMUNO
DARDO CÚNEO
Buenos Aires.

DosTOYEUSQUI
¿ QuÉ APORTACIÓN -vibración, reflejo, coincidencia- le ha acercado a este
Unamuno de la universalidad española la hermandad provista por le~turas insistentes de un ruso que, en las contradicciones de su enorme país y en el
amor a su pueblo, compuso una unitaria -absoluta- visión de profecía? Es
en sus comentarios de 1933 -preavisos de guerra civil en campos de toda
España-, en los que Unamuno apela a Dostoyeusqui (con tal ortografía
escribe su nombre) ; y por uno de esos comentarios sabemos que el Diario
de un escritor era para él libro de reelecturas; y lo llama profeta. Dostoyeusqui, profeta. Mas advirtámonos ya que un profeta para Unamuno no es
quien formula anticipaciones; no es el agorero que se empeña en predecir lo
que habrá de ocurrirnos por suponerse tocado de una suerte de poder de
adivinación; ni es un diseñador de futuros. Es algo distinto y es mucho más:
vendría a ser - digamos- quien posee -o ejerce- el sentido en curso entre
los días presentes, desentrañando de ellos lo que permanece y trasciende; es
decir, quien sabe tratar a lo que viene quedando, sedimentándose, para
de esa manera saber asentar -y explicar- al hombre en su calidad de
aspirante de perduración. Y aunque Unamuno no haya sido demasiado explícito para caracterizar al profeta en su quehacer dialéctico, podemos seguir
suponiendo que su ocupación se desplaza entre estas dos ilimitadas alternativas: tradición y eternidad. El profeta -poeta- expresa -y esa sería su
misión- a esa tendencia de eternidad desde su vertiente propia, es decir,
desde la tradición de su pueblo -pueblo que, como tal, anhela ser eterno
y que por anhelarlo rehace, trabaja, todos los días su tradición incorporándole los significados vivificantes de sus nuevos pasos. Con los materiales de

289
H

�su pueblo ruso trabajó Dostoyeusqui. Uno de ellos: la lengua, la lengua nacional, popular. Ahí estaba Unamuno esperándolo. En el Diario de un escritor, Dostoyeusqui: "La lengua es, sin duda, la forma, el cuerpo, la envoltura
del pensamiento". Unamuno, completando: "yo digo que la lengua es el
pensamiento mismo". Luego, este acuerdo. Dostoyeusqui: " ...pensamos, en
todo caso, por la fuerza elemental de esa lengua en que hemos escogido
pensar". La lengua: creadora. ¿No centra, por lo tanto, la vida toda del
pueblo? U namuno: "La lengua encierra toda la tradición de un pueblo,
incluso las contradicciones de esa tradición, toda su religión y toda su mitología". Ya reconoce -y avisa- este enlace decisivo: lengua y religión. "La
lengua nacional, la lengua patria, la lengua popular, esto es, laica -hay que
repetir a cada paso que laico no quiere decir sino popular-, es la substancia
de la tradición popular, de la religión popular''. Es decir: ¿religión popular
española derivada, creada, o recreada, por la lengua nacional española? Por
aquí también, anda Dostoyeusqui. Sí, religión popular, religión nacional. En
Rusia. En España. Anotemos, primero, las afinidades en los destinos --conflictos- nacionales de Rusia y España, afinidades a las que Salvador de
Madariaga vinculó, directamente, a Dostoyeusqui y a Unamuno. "Su conflicto eterno entre la fe y la razón -dice Madariaga de Unamuno en sus
Semblanzas literarias contemporáneas-, entre la vida y el pensamiento, el
espíritu y el intelecto, el cielo y la civilización, es el conflicto de la misma
España. País frontera --como Rusia-, en el que Oriente y Occidente
mezclan sus aguas espirituales, España vacila sin reposo entre dos filosofías
de la vida. En Rusia, este conflicto emerge en la literatura durante el siglo
XIX cuando Dostoyeusqui y Tolstoy representan la tendencia oriental y Turguenev se hace abogado de Occidente. En España, país menos consciente de
sí mismo, y en el que, además, la mezcla de Oriente y Occidente es mucho
más íntima por haber hallado ambos un solvente común en la civilización
latina, el conflicto es menos claro, menos en la superficie. Hoy, Ortega y
Gasset es nuestro Turguenev; no sin vacilaciones Unamuno es nuestro Dostoyeusqui, pero pen@samente penetrado de la fuerza del ideal contrario".
Aquí termina Madariaga la anotación sobre la afinidad entre Rusia y
España. Ahora, volvemos a la certidumbre de la religión nacional, popular,
fraguada en las fraguas de la lengua del pueblo. A partir de la tradición
nacional, necesariamente expansiva, y en el curso de Ía lealtad popular hacia
ella, lo que ya va suponiendo -y componiendo- una voluntad de absolutismo, se llega a la religión nacional, al culto y a la Iglesia nacionales. La
lengua, en que la oración se pronuncia hace nación, porque centra y transmite toda la vida espiritual que se ha acumulado en sus enormes y laboriosa.e;
venas; porque desde éstas se derrama a diario volviendo a crear y recrear
290

comunidad, pueblo y nacion en un ejercicio. de aspiraciones unitarias en
toro~ a, n:cesarios centros poderosos de fe; todo lo cual va dando vida a
Iglesia Uillca Y a Imperio en expansión.. . Mas este ya es trámite oriental•
más, i:uso que~ español, a pesar de las cargas de Oriente que aún tiene e~
deposito Espana. En España, la fe es, a la vez, fe y disidencia. En Rusia, no.

Darío
¿Salmista? Es Darío, precisamente Darlo, quien dirá, por Jo menos: "Lo
que parece claudicación es u_so de sabio procedimiento. y notad que entre
e~os poemas que parecen recitados de súbito, entre aplicaciones raras, consciente ve~olibrism~'. suelen brotar profundos y melodiosos sones de órgano
que _.habnan regoc11ado al Salmista. Esto es lo que más gustó en él: sus
efus1_ones, sus escapadas jaculatorias hacia Jo sagrado de la eternidad". Era,
precisa.mente, lo que Unamuno, a esas fechas, quería que se dijera de él de
su poesía: salmista.
'
Ese jui~io de D~río ocurría entre ya encendidos fuegos de polémica: aprestaba Dari~ ~~ articulo sobre Unamuno para La Nación, en el que iría fundad~ ese JUlCI~,. :uando algún malévolo -no sabemos quién, porque Valle
lnclan, que refmo el pecado, no hizo constar nombre de pecador- Je recordó
que el vasco salmantinado había dicho que debajo del sombrero se le veían
las plumas del indio. Desconcertó Darío al malévolo: no laboró rencor y el
artículo apar~ció -marzo del 909- con aquella generosidad; mas 'antes
de que el articulo llegara a conocimiento de Unamuno le llegaba un c ta
,
"Mi quen.do amigo: Ante todo para una alusión. Es con
a ar
q ue 1e decia:
una
pluma que me quito de debajo del sombrero con la que le escribo...". Por
entonces
personalmente y se dieron las manos. Unamuno exli , se, conocieron
.
p cana pu~li~e~te. -poco hay de privado en este hombre de grandes
dramas subJebvos, mtirnos- los sentidos de aquella alusión: "Con esta lengua que el, demonio nos ha dado a los hombres de letras, dije alguna vez...
que a ~ano se le veían las plumas - de indio- debajo del sombrero. . . Si
~e hubie~a dejado guiar -aquí comienza la explicación- por lo que de
el me recitaban los que decían admirarle más, no le hubiera leído nunca.
i ~ortun~ ~ande q~e le _conocí y descubrí al hombre, y éste me llevó al poeta. Al mdio, lo digo sm asomo de ironía, más bien con pleno acento de
reverencia, al in~o que temblaba con todo el ser, como el follaje de un árbol
az?~do por el ci~rzo, ante el misterio". Pero, ya existían en él -y seguirían
ex_istiendo- motivos de desentendimiento. El primero, la admiración del
criollo por ~arís. "Debo decirle - lo había escrito un año antes de que se
cerrara el siglo- que no acabo de comprender del todo esa atracción que
291

�sobre ustedes ejerce París, ni ese anhelo de que sea precisamente París y no
Londres, o Berün, o Viena, o Bruselas, o Estocolmo, o... Heidelberg, donde
los descubran". Unamuno le derriba, de paso, a Darío su santo: Verlaine,
"cuya grandeza apenas vislumbro". "Estoy volviendo a leer literatura francesa, que me ha sido siempre tan poco simpática -le escribe en el 902-;
y a pesar de mi empeño por gustarlo todo y comprenderlo todo, no me entra". "No puedo -agrega- con esos monos de Europa, ni con su literatura
tan clara, tan fácil, tan bien hecha, tan fría". Al París de Darío, opone su
solitaria Salamanca eterna; a la vida frívola de la metrópoli, su orden de batalla interior, su "¡ Adentro!" Carta del 900 le ha dicho a Darío: "En vez de
decirte, pues, ¡ adelante! o ¡ arriba!, me digo ¡ adentro! Me reconcentro para
irradiar; me recojo mejor para mejor darme a los demás" . Son los temas de
su próximo ensayo decisivo. ¿ Por qué se los comunica a Darío? "Porque me
los sugirió ahí, en Madrid, un estado de ánimo muy análogo al que usted
me describe como hallándose en él. Esta soledad hermosa es mi salvación".
Y recuerda que Darío le dijo: "Necesito cambiar de aire", a lo que le responde, incitando: "Pues, cambie de ellos, amigo Darío; pero créese, ante todo, su
aire interior".
La riña de Unamuno al Darío parisino y cosmopolita cursa varios años. Al
primer impacto -fue el año ant~ de cerrarse el siglo-, Rubén había procurado defensa en términos de explicación hasta respetuosa. "No sabe usted
-le dice a su impugnador- lo que yo he combatido el parisianismo de importación, que he tenido la mala suerte de causar en buena parte de la juventud
de América; y en el prólogo de las Prosas Profanas he dicho bien claro que
no puede tomarse como modelo y guía lo que en mí es producto de mi individualidad y de mi educación literaria''. Con respecto a París, había estas
razones que allí lo llevaban y retenían: "La innegable indigencia mental de
nuestra madre patria, nos ha hecho apartar los ojos de ella; no es culpa
nuestra". Tras explicaciones y disculpa, propósitos de amistad. "Podrá haber
diferencias entre usted y yo --lo dice en carta del 907-; pero jamás se
dirá que no reconozco en usted a una de las fuerzas mentales que existen hoy,
no en Europa, sino en el mundo". Y solicitaba pacto de comprensión de
esta especialísima manera: " .. .Y luego, yo soy uno de los pocos que han
visto en usted al poeta". Poeta. ¿ Qué más puede requerir, desear este Unamuno de este Darío? Darío, generoso niño grande, se lo volverá a decir en
el juicio del 909 "y que Unamuno aprovecha para apadrinar, en el 20, su
Teres&lt;i', con estas palabras: "Ciertamente, Unamuno es amigo de las paradojas -y yo he sido víctima de alguna de ellas-; pero es uno de los más
notables renovadores de ideas que haya hoy, y, como he dicho, según mi

modo de sentir, un poeta". Y con estas otras: "Es lo que él se considera:
escultor de nieblas y buscador de eternidades".
Unamuno seguirá riñendo. Su riña al modernismo 1 es riña casi siempre
directa a Darío. Este se ve envuelto, sin quererlo, en. ella; mas, de su parte
será para apresurar descargo, no para devolver o recomponer agresión. La
agresión no forma parte de la naturaleza de Darío así como en ella se
complacía la de Unamuno. Cuando Unamuno ha acosado a Francisco Grandmontagne por su M a/donada, Darío, en página que recogería en su España
contemporánea, sostuvo que el vasco salmantinado se condujo "con un desconocimiento que tenía por consecuencia una injusticia". ¿Cuál era el tema
de la agresión de Unamuno? El parisianismo de la literatura argentina. Darío
atrevió defensa de lo francés alegando que ello no molestaba lo regional;
"que mis Prosas Profanas, pongo por caso, no hacen ningún daño a la literatura científica de Ramos Mexia, o a la producción regional de J. V. González; ni las maravillosas Montañas del oro de nuestro gran Leopoldo Lugones
perturban la interesante labor criolla de Leguizamón". Darío seguía devolviendo explicaciones, disculpas y amistad. En esas mismas páginas de España
contemporánea refirió a la primera novela de Unamurto así: "Esa admirable
y fuerte Paz en la guerra". Y así de su autor: "Es un maestro de meditación,
un pensativo minero del silencio. Este es uno de los cerebros de España, y
una de sus voluntades. Lo que su paisano de Loyola, San Ignacio, enseñó
con sus Ejercicios a Maurice Barrés, él le ha aprendido en los ejercicios de
su alma, en la contemplación de la vida de su tierra honorable y ruda, con la
rudeza de lo natural y de lo primitivo incontaminado y sano" .
De tanto desacuerdo que Unamuno no ha perdido ocasión de remarcar y
de estas tentativas de aproximación -que no hacían sino advertir que existían
las distancias-, ¿ dedujéronse duelos personales? Unamuno ponía en sus opiniones toda su persona; su opinión era todo él, entero. Acaso, de su parte
justificaría al biógrafo chileno de Darío~ su compañero de París, quien hizo
suponer que la riña tuvo alguna expresión más que la epistolar. De parte
de Darío esto, sólo esto, según su biógrafo: "Frecuentaba sobre todo a los
escritores nuevos, quienes lo acogieron fraternalmente, con excepción tal vez
de Unamuno, agriado ya de antifrancesismo".
Ortega

Guillermo de Torre recontó las diferencias. Lo hizo en La aventura y el
orden, libro bien poblado de noticias y agudezas. En el 904, Ortega escribe
' DARDO CúNEO, Sarmiento y Unamuno; capítulo sobre Modernismo, pp. 152-164,
tercera edición, 1963, Buenos Aires, "Pleamar''.

292
293

�•
cartas de desacuerdo que Unamuno recoge y contesta en su ensayo Alma de
jóvenes. Ortega sostenía que todo era de esperarlo de la labor de un centenar de medianos talentos, pues malo es ponerlo todo en la espera del genio.
"Si fuéramos Francia, otra cosa hablaríamos". En España urge tenacidad y
honradez. De ahí que se crea obligado a confesarse frente a Unamuno: "pero
le he de confesar que ese misticismo español clásico, que en su ideario aparece de cuando en cuando, no me convence; me parece una cosa como musgo,
que tapiza poco a poco las almas un poco solitarias como la de usted, excesivamente íntimas ( no se indigne), y preocupadas del bien y del alma por
vicio intelectualista". Por su parte, se promete trabajar sobre los hbros nueve
y diez horas diarias. Unamuno no rechaza -le responde- los libros, pero
mucho prefiere, también, voces vivas de pueblo. No descarta el genio y admite
que es un método esa anhelosa inquietud que lo espera. Los tonos cordiales
de cartas y respuestas no aproximarían, sin embargo, al que se acerca a los
cuarenta años y al que acaba de sobrepasar los veinte. Ortega se encamina
hacia el ensayo de rigor objetivo sin destruir la luz que aporta la subjetividad.
Unamuno se complace en dar paso franco a sus poderosas energías subjetivas,
sin preocupación alguna de objetividad. Ortega desconfía del genio y pide
milicia ordenada de talentos. Unarnuno no renuncia de aquél y desconfía
de toda medianía. Racional, Ortega. Pasional, Unamuno. Ortega se va a
Europa. Unamuno se llena de España. Unamuno escribe, en el ensayo Sobre
europeización: "Los papanatas que están bajo la fascinación de los europeos".
Ortega --es en el 909- recibe el reto: "Yo soy plenamente, íntegramente,
uno de esos papanatas". La palabra Europa es su propia palabra desde que
comenzó a escribir. Y agrega: "En esta palabra comienzan y acaban para
mí todos los dolores de España". Y devuelve el reto con esta calificación :
"Miguel de Unamuno, energúmeno español". Disparo a quemarropa. Ninguna cortesía para quien sabe no ejercerla. Se sellaron así las distancias.
Ortega lleva a todas partes sus diferencias. Se las trajo a Argentina, en su
primer visita, en el 16. Alberto Palcos nos ha dado testimonio de ello. Hablándole a Ortega sobre Sarmiento, Palcos se aproxima al tema: •
-Cuenta España, actualmente, con quien se parece mucho a nuestro Sarmiento.
Como desentendido Ortega:
-¿Quién?
-Unamuno.
-Pero Sarmiento -le respondió inmediatamente Ortega- observa mayor
lealtad a las ideas.
Lo que no era tan exacto, precisamente.
La expresión de Ortega descubría su cultivada desamistad. Y las pendientes,

294

dec-isivas diferencias. Keyserling las puntualizó: Unamuno, un español, un
español auténtico, eterno, mucho español; Ortega: un buen europeo, y además uno de los mejores. ( Ser buen europeo -deduzcamos- significa participar del culto, o lealtad, hacia las ideas; ser español, buen español, mucho
español consiste en usarlas, consumirlas, haciéndolas sangres, tal como Unamuno y como. . . Sarmiento) . En la propia revista de Ortega -año II,
número XVI-, Giménez Caballero ocupándose de afectar con un punzante
brulote la memoria ---convencional- de don Juan Valera, provee de estas
distinciones: "Del modo que al final de la línea Costa está U namuno, con
sus aires de iberos, de santones, de profetas en desierto, al fin de la línea
Valera está Ortega, con sus preocupaciones europeas, de cultura refinada,
de modales de organización y de categorías".
Subsistentes, imborrables las diferencias; no así la enemistad. Ortega dio
noticia de la pausa final: "Unamuno, de quien había vivido unos veinte
años distante, se aproximó a mí en los postreros días de su vida, y hasta
poco antes de la guerra civil y de su muerte, recalaba la prima noche en
la tertulia de la Revista de Occidente, con su cuerpo prócer, ya muy combado, como un arco próximo a disparar su última flecha".
Creer y descreer, 1.

Ocupábase Jean Cassou en preparar la edición de L'Agonie du Christianisme ' (primero apareció en francés, en la serie Christianisme publicada bajo
la dirección del P. L. Couchoud, Edición Rieder París 1925) cuando se
'
,
'
acercó a Paul Claudel en solicitud de un prólogo. Claudel respondió:
-No prologaré a un herético.
Era la respuesta del ortodoxo. En nombre de la Iglesia no se prologará
a Unamuno. En nombre de ella, no podrá incurrirse, tampoco, en interesado
epílogo. Imposible llevárselo tras algunas idas y venidas razonadas con sorpresa de asalto, hacia confesionario. Unamuno se confiesa a solas, o en la
plaza. Nadie se lo puede llevar. Unamuno sigue llevándose a sí mismo, con
su propia fe, su propia herejía, su propio -y mism~, grito de creyente y de
hereje.
El es aventura religiosa en días y ambientes en que la religión es una forma
de relación, no un trabajo personal, íntimo. El es militante del convencimiento en días y ambientes en que la religión despliega violencias militantes.
Acerquémonos, ahora, a unas posibles claves a través de Jacinto Grau. "Lo
más hondo de su tragedia, que todavía no ha advertido nadie - advierte
Grau-, fue la incapacidad para la fe". ¿ Era suya, propia, esa incapacidad
para la fe? Estaba conformado para ser un creyente, un gran creyente. Grau
295

�ayuda a comprender: "Su imposibilidad de ser místico, teniendo una fuerte
naturaleza de tal". Sólo puede sabérselo paradójico a distancia, en borrosa
impresión de lejanía; acercándosele, la paradoja se desvanece. Grau ayuda,
ahora, a liberar a Unamuno de esas impresiones que lo mienten. "Unamuno
--dice- se es&lt;;apa siempre, por la condición de su naturaleza, de todo sistema.
No hay en él paradoja. Las paradojas de Unamuno no están más que en
el espejismo de los que lo leen". Agrego: de los que lo leen a distancia.
Suprimida la distancia quedan los elementos ciertos de una verdad que habita a un lado y al otro lado, y no tanto alternativamente como en un mismo
turno sin orden, sin lógica. Donde la distancia termina, termina la paradoja;
donde termina la sorpresa y la apariencia, comienza la tragedia. Vuelvo
a los apuntes de Grau y transcribo: "Unamuno es más trágico que sus antecesores en agonía cristiana" (Tragedia sin coro). Sigo transcribiendo: "Siempre al desnudo y siempre quemándose ante las cosas, sin un momento de calma, entre un mundo la mayor parte del cual se resiste a arder" (Tema de
la tragedia: a su lado no quieren creer).
Creer y descreer, 2.

No hay un Unamuno que cree y al lado un Unamuno que descree. No
se lo sorprenderá en varias y simultáneas placas; menos posible será la empresa, el imposible inventario (a U namuno no hay manera de inventariarlo) ,
de recontar las fuerzas del Unamuno que cree para medirlas con las del que
descree, y evidenciar (Unamuno no quiere evidencias, no se presta a ellas,
de ellas huye) que las primeras eran superiores a las segundas. Decir -imaginar- un Unamuno del partido A y a su lado, a su frente, otro Unamuno
del partido B, y que el partidario de aquel partido A vence, o silencia, en él,
al partidario de este otro partido B, es desconocer, de entrada, la verdad
que aporta el trato y amistad de Unamuno: que Unamuno es solo uno,
entero, que no se fracciona para creer a una hora y descreer a otra, sino
que, lejos de desdoblamientos, sin funcionar a horarios, era un mismo Unamuno el que a un tiempo creía y descreía.
Paréntesis para anotar las tristezas de quien separa esos términos: (En
días de la guerra de España, le correspondió a José Bergamín, por quien
lo sé la misión de llevarle al descreído Presidente Azaña una cuota de
' y para poner ese alimento al alcance de aquel espíritu que se turaliento,
baba sólo descreyendo, procuró hablarle de las luchas del soldado del pueblo en los frentes que recién había visitado, diciéndole: Esa es epopeya,
Presidente". A lo que el Presidente Azaña -el no creyente, el que había
puesto en él fin al diálogo, al duelo entre el ejercicio de creer y el de descreer,

296

respondió con voz de consumida esperanza: "Epopeya la ve usted, que es
poeta. Pero, no yo. Yo estoy en el intestino de la epopeya y sólo veo la
porquería". Se cierra el paréntesis) .
Unamuno es siempre cuenta abierta. Ejemplo: Cristianismo es palabra
que, en verdad, no le gusta del todo: es palabra que en nuestro idioma se
cierra sobre sí, que finaliza en ese ismo que actúa como categórica fron;era
terminal. Cristiandad es, en cambio, palabra que queda abierta; queda su d
final sin compañía, como tenso arco tendido para mantener pendiente su
intención, inacabables sus sentidos. Más: para el ejercicio de creer, Unamuno se encarga de elaborar -síntesis del acto constante de creer y descreer- su desasosegada fe, su propia fe, a su exclusiva cuenta, sin acatamientos, en acto de creador de plenas autonomías. Dios es su Dios• Cristo
es su Cristo. Su fe no pacta con nada: ni con letra muerta ni co~ fraile
'
vivo. El escribe la letra; el hace de pastor. Su fe es él. Cuando llama a
Cristo es ~ara que le acompañe, para hacer juntos campaña, para hacer
guerra conJunta, y en campaña y guerra adueñarse de Cristo y a ese Cristo
ofrecerse. Le dice al Cristo de Velázquez, en jubilosa congoja:

.

¡ Y tú, Cristo que sueñas, sueño mío,
deja que mi alma, dormida en tus brazos,
venza la vida soñándose Tú!

No se ha visto -semidios provocativo-- quien supiera pecar más golosamente de soberbia. Con la misma soberbia que elabora su fe, la desgarra.
Creer y descreer es un mismo ejercicio de soberbia; es el mismo pecado.
Y es su oficio. Gran pecador.

Dios está aquí.
A Dios lo llevamos con nosotros. Cuando lo negamos nos hace incluso
señas de entendimiento y confianza que nos siguen uniendo a él. Así 1~
ocurre a Avito Carrascal, de Amor y Pedagogía, el pedagogo de su propio
hijo, cuando éste le sorprende con la sorpresa de una respuesta demasiado
esperada. " ¡ Gracias a Dios, hijo, gracias a Dios!", sólo atina a contestarle
Avito a ese hijo, su ere.ación pedagógica, "mientras al demonio familiar que
le susurra: "¿A Dios, Avito?, ¿a Dios? Caíste, caíste y seguirás cayendo",
le contesta en su interior: "¡ Cállate, tonto!"

Le había ocurrido a Avito Carrascal lo que le ocurrió - muy español
esencial- al miliciano ateo de la guerra del año 36 que, estando de guardia
en un camino, debía requerir a quienes conducían automóviles los papeles

297

�que los identificaban, y habiendo sido ya a varios a quienes, después de examinarles esos papeles, los había despedido con estas palabras: "Salud, camarada", respondiéndoles ellos con el convencional "Adiós", despertó en él
la insistencia de este saludo una violenta cólera ideológica. "¡ Adiós, no,
que estamos en la República Social!" Y así fue amonestando a los conductores y despidiéndolos con su "Salud, camarada", sin conseguir, por ello,
recibir el saludo innovado. "Al próximo que me conteste Adiós, se dijo, le
quemo los neumáticos a balazos". Y ocurrió que el próximo le dio al despedirse el saludo innovado: "Salud, camarada"; y al miliciano ateo se le desprendieron, desde adentro -guiño del negado- estas palabras: "¡ Gracias a
Dios!"
Buho.

Cuando Enrique González Martínez (en pacto con la reminiscencia de
Verlaine: Prens l'eloquence et ters-lui son cou) hace de su soneto Córtale
el cuello al cisne el pregón que prevé la liquidación del ~odernismo -que,
de origen latinoamericano, tendría liquidador de tal origen, también-, acude
al enfrentamiento de un término zoológico contrario para apresurar así el
retmplazo de aquél. Y elige al buho. Buho versus Cisne. Buho: sabiduría.
Pedro Salinas incurrió en comentario de este enfrentamiento de símbolos,
remarcando en el ave de la proposición del mexicano esta seña, entre otras:
"mirada profunda y desdeñosa de lo superficial".
Unamuno que no había adoptado en ningún momento al cisne, no tiene
por qué aceptarle reemplazante forzándose a elección. Pero hace al caso, sin
esfuerzo alguno y tangencialmente con respecto a su abusivo encono antimodernista, recordar que su propio rostro facilitó, en varias, reiteradas ocasiones, la labor de dibujantes y caricaturistas -Bagaría, el primero- que coincidieron en presentarlo en aproximación de buho.
Muy de cerca.

Hemos escuchado un Un?J]lunO en inmediatas vecindades de labios de
Don Federico de Onís. Onís puso en la tribuna, junto a él, delante de él
y delante nuestro -entre él y nosotros-- la temblorosa imagen compleja,
gigante y ardiente de su profesor de griego en lejanas mañanas salmantinas.
El profesor dictaba clase a primera hora, entre terrestres nubes de frío castellano; tenía su propio método para vencer la baja temperatura y presentarse ante sus alumnos sin excesivo arropamiento, sin temblor exterior: se
298

duchaba con agua fría y antes de secarse se estregaba el cuerpo con una raqueta de las que se usan para las caballerías. Aquello le quitaba el frío por
el resto del día. En clase, ninguna gramática. Profesor sin plan, sin método. Se leía a un griego y leyéndolo se desvanecía el misterio del idioma.
Gramática, nunca. Ninguna palabra se le ocurría más horrible que ésta:
pluscuamperfecto. Finalizada la clase, al despacho de rector. Ahí escribía.
Ahí, escribió su correspondencia, es decir su obra.
Dijo Don Federico de Onís con acento de rústico castellano y vitalidad
de profesor yanqui.
La presencia de Onís suscitó el debate en torno de los usos que hará el
escritor de los materiales literarios. Oní,s sostuvo: no será posible la universalidad de una literatura sin haber elaborado y reelaborado materiales propios. Lo propio lleva a la universalidad, no lo postizo, no lo arrendado.
Poesía y política en
ordenada caligrafía.

La pasión que ordenó el oficio de dos artesanos de la imprenta ha hecho
posible que tengamos en este momento, en nuestras manos, los originales del
Románcero del Destierro. En 1928, los hermanos Araujo editaron -hasta
ahora única edición- este segundo libro de poemas que Unamuno compone
en el destierro. Los originales quedaron a la custodia de ellos. Hoy, buscamos en sus carillas esa comunicación que habilita - más allá de las costas
tipográficas-- el conocimiento de una caligrafía. ¿ Se lo comprende a Unamuno a través de la suya? Unamuno es desborde, es tumulto, es rebelión.Su caligrafía, no; es regular, es pequeña, es ahorrativa (¿Tacañería, aquí?
En Cómo se hace una novela, esta confesión: "cierta inclinación a la avaricia me ha acompañado siempre") . No se limita en rasgos, pero el rasgo
no avanza y limita, sí, sus planes. No hay anarquía posible. Esta letra no
muestra un ardiente laboreo de creación, sino el rigor del copista medioeval.
El renglón no tiende a escalar la página, sino a descender; mas, no desciende como si una voluntad saliera al punto para contener la decisión de
descenso. Tomo del manojo de manuscritos la poesía que Unamuno dedica
a Valery (cuando va a su casa y no lo encuentr~, se la deja como tarjeta
de visita), y vuelvo hacia las páginas del prólogo. En él,- confesiones sobre
las relaciones que en su torno concerta el tema político, la política; y luego
de decirnos que la historia es política, ya que así la concibieron Tucídides y
Ranke, insiste en exclamar: "Actualidad, pues, y actualidad política. Y en
ella historia viva y en la historia poesía o sea creación". Tema de Unamuno desterrado: la política como historia y como poesía. En De Fuerte299

'

�/

ventura a París, se jacta de que "nadie ha hec!J.o en España más política
que él". En Cómo se hace una novela recoge un cons-ejo, o reproche, así:
"Existen desdichados que me aconsejan dejar la política. Lo que ellos, con
un gesto de fingido desdén, que no es más que miedo, miedo de eunucos o
de impotentes, llaman política y me aseguran que debería consagrarme a
mis cátedras, a mis estudios, a mis novelas, a mis poemas, a mi vida. No
quieren saber que mis cátedras, mis estudios, mis poemas son política".
Hacia fin de acto.

En m desesperación -española- quiso Unamuno saber -y sentirlo suyoel conflicto del hombre de nuestros días como el conflicto del hombre de
todos los tiempos. Unamuno huía, renegaba de la actualidad. En una de sus
últimas páginas escribió, como para pregón de guerra: "Odio a la Diosa Actualidad" (La enfatizaba con mayúsculas, como para odiarla más). Para él
no existe el hombre actual, el hombre de un solo tiempo. Sin embargo, el
hombre Unamuno que haciendo renuncia de la actualidad se consumía y
recreaba para lo eterno, que hubiera querido ver a sus manos urdiendo "los
telares de la eternidad", de que dijo Saavedra Fajardo; ese Unamuno que
huía de lo cotidiano desesperando con todas las antiguas fuerzas españolas,
resultaba ser un guión trágico de actualidades (de actualidades tan importantes
como que le eran vísperas de imposibles) . Y era, en verdad a un mismo
tiempo de delirio -de júbilo y congoja-, lo imposible eterno y lo insuficiente cotidiano. Era los dos tiempos. La actualidad y la eternidad, que,
en su lenguaje se leen, también, con estos otros signos: aquendidad y allendidad, y que se enlazan así : · "La eterna actualidad, la actual eternidad".
La actualidad se eterniza cuando se la sabe -y siente- a profundidad,
cuando a todo nos compromete y llega hasta los huesos.
"¡ Actualidad política!", grita en el prólogo de R omancero del destierro.
"La actualidad pol_ítica -explica- es eternidad histórica y por lo tanto
poesía. Y nada más actual que lo circunstancial cuando se lo siente en eternidad. Las obras más duraderas -se ha dicho mil veces- son las de circunstancia".
En sus últimos años, el ejercicio de desesperar lo entristecerá de toda
tristeza. Rastros firmes de esa angustia en Cómo se hace una novela, donde
se duele de la ausencia de nietos, que era advertirse de la ausencia de los
puentes naturales que salven sus sangres. ¿ Ni en la carne de posibles descendientes se congregarán los ecos de su tránsito? Los nietos vendrían, y,
por esos años que ya llegaron, en la Universidad salmantina ponen en piedra
300

su imagen que lo recordará antes de que comience a ser recuerdo. Dicen que
desde el día que inauguraron su estatua prefirió evitar los pasos que conducían hacia ella. No quería verse en piedra eterna el desesperado de eternidad. Una tarde de esos mismos años -1933: primeras crisis de la nueva
República-, en que ha salido a la calle a sorprender el aire cargado de
desazones, con las que escribir su comentario del día para la prensa madrileña, pone fin a su excursión disconfornústa envidiando a Nietzsche, que
"menos mal que murió sin saber que se moría, libre de la razón", y ordenándose: "A casa, a soñar", y encontrándose en la casa con la voz interrogadora -e_ternidad de la interrogación- del nieto: "Abuelito, ¿ por qué
no cae el cielo a la calle"? "Y recordé -escribía en el comentario del díalo que escribí antaño: Después que el lento sol tomó ya tierra, y sube al
cielo el páramo..." . Ese día, esa tarde, ese atardecer, el drama de la actualidad
se hace, en su comentario, drama eterno. La actualidad le eterniza el drama.
¡ Qué imposibilidad de lo eterno hay en ese "Odio a la Diosa Actualidad!"
Por esos días -lo contó Baroja-, los chicos, en la calle, le tiraban piedras.
Cada uno en su rincón . . .

Veinte años después de aquella fecha que dio sales bautismales a su generación -y fue, según noticia que Gómez de la Serna ha dado Gabriel
Ma~ra quien transformó a aquella fecha del siglo viejo en designa~ión diferencial, en nomenclatura de partida, en signo simbólico; y según Baroja
fue Azorín "El bautizador y casi inventor de esa generación"-· veinte años
después, Unamuno hace acusador recuento. "¿ Qué se ha hech~ de los que
hace veinte años partimos a la conquista de una patria?" Recuento exigente·
cifra desconsoladora al cabo del recuento. El desconsuelo abre esta pregunta:
Y agrega su respuesta: "¿Qué nos queda? Morir cada uno en su rincón".
En la impresión iba una profecía. Los del 98 morirán cada uno en su rincón
al~jados ~os unos de_ los otros, peregrinos desolados en la inconquistada pa~
tna, munendo de tristezas españolas, erguidos o arrodillados, muriendo a fechas fijas o inciertas, cada uno en su rincón. "Morir solos y sin patria ni
hermandad", anunció Unamuno. Solo en su rincón lejano, en aguas extranjeras, había muerto el primero, el adelantado, el que dispuso de mayor fuerza
para la meditación del tema común, España, y cuyo nombre se cubre con estas
letras enteramente dramáticas: Ganivet En su rincón, que no fue polémico
lo que suscitó que, a veces, no se le enrolara junto a los otros, al lado de lo;
que llevaban dedos y alma ardidos de tanto buscar significados; en su rincón,
ha muerto, año de 1930, Gabriel Miró. Miró tenía diez y nueve años el 98 ·
.
.,
'
su mcorporacion a mundo y letras se hace ese signo; y ese signo debió in301

�fluir para acercarlo al objeto de tanta inquietud y tanta angustia: su España. Y si otros la supieron en el curso de meditación y dijeron de ella en
términos de problema, su redescubrimiento tomó el cauee estético y se dirigió al paisaje: redescubre el dormido paisaje español, el secreto de la piedra,
el encantamiento del agua; acaso, sus mejores páginas hayan sido confiadas
al encantamiento del agua... En su rincón luminoso de Galicia -ya es el
año 36, que será año de muertes nacionales", encendido como un viejo cirio
que se ' desvanece sin ceder su entera llama, mito bohemio, como "fantasma
blanco, blanco", según Gerardo Diego, muere --0 entra en pactos encantados
con la muerte- Valle Inclán, el que más lejos llevó entre sus camaradas de destino generacionista la bautismal adhesión al modernismo: muerte de artista,
como turbada por los júbilos de un encuentro. En su rincón de · cárcel madrileña, muere Ramiro de Maeztu de muerte totalmente adversaria, entre
los iniciales estruendos de la guerra en que tenía participación, y en la que
de no ser muerto hubiera, seguramente, matado. Se mueren los del 98.
Preparemos el corazón como para plegaria, porque vamos a decir, ahora,
la muerte de Antonio Machado: muere en exilio, cuando la guerra, entre
estruendos crueles y por decisión extranjera, termina, y apenas la caravana
se ha alejado de la frontera española. Es hora esa en que ya ha muerto solo,
enteramente solo, en su delirio, en su ira, en su rincón, el realizador de la
profecía. Cada uno en su rincón.

Centenario.
Ya, por fortuna, se han alejado suficientemente los homenajes con que
se centenearizó a Unamuno. Como ocurría a su orden convencional, es decir,
desorden, en cuanto no hay orden sin espontaneidad, de ellos salió magullado el recuerdo. Se da como habitual que el culto conmemorativo sea el
encuentro de los que, por desacuerdos con la imaginación, ineptos para
crear la propia oportunidad, se socorren en el almanaque, en sus prestablecidos pretextos, y acuden, cuanto menos imaginativos más puntuales, a abrir
la mochila en la que llevan depositados, para las variadas y distintas invocaciones, la misma y regular cuota de lugares comunes que Flaubert hubiera
codiciado para su diccionario de la insuficiencia mental. Los industrializadores de aniversarios, decenarios, centenarios y sesquicentenarios han intentado apoderarse -rapto y violación a la luz del día, en uso de impunidad- ,
esta vez de Unarnuno como barberos, bachilleres y duques -y otros máslo habían hecho, según advirtió él, con el sepulcro de Quijote. No del todo
lo lograron. Unamuno terminará por escaparse siempre de la opresión de
los lugares comunes por más tesonero que sea el empeño en encerrarlo en
302

ellos: Unamuno se zafa; no hay manera alguna de apresarlo y menos a e$(!
bajo nivel, porque -elemental, estrictamente elemental- toda la vida pasión
'
'
sangres, carnes, huesos, contradicciones, paradojas, monólogos y conversaciones de Unamuno dan incesante batalla contra la tentativa de contener, reprimir, d~s~igurar, desnaturalizar a la aventura humana, sometiéndola, fijándola, clasificándola, encerrándola. "¡ Cómo no compartir el desdén de Unamuno por todas las formas de pereza espiritual!", se adelanta a decirnos
Ezequiel de Olaso desde Los nombres de Unamuno. Quien se deja llevar
por esa pereza, agrega, será "locuaz esclavo de todos los lugares comunes".
¿Entendido? No lo entienden. A otra cosa: Vuelvan al almanaque, ampárense en otros pretextos; no se metan con él.
En los días de estas abusivas conmemoraciones me he procurado personal
op~ración de recaptura de ese Unamuno en cuanto ocasionalmente. alcanzado,
lesionado, contuso : he tomado el pequeño libro de Ezequiel de O laso: me
he acompañado de él; lo leo y releo mientras me muevo hacia la ciudad en
el tren; mientras me demoro en un café; hago buena amistad con este libro.
En sus primeras páginas plantea el conflicto que significa el trato con Unamuno por parte de lector adolescente. Unamuno se nos ha entrado -a
Olaso, a mí, acaso a ti, lector- justamente en la adolescencia. Este es el
momento de su asalto, de su inicial turno sorpresivo. ¿Hay otro escritor
español -y los hubo como para hacer difícil la elección- que nos proveyera,
entonces, de mayor sensación de comodidad? Nuestro encuentro con Unamuno se hace en calle ancha, en plaza abierta y soleada. No nos consiente
nada su amistad; no nos facilita disculpas; es amistad con incitaciones exigentes;
no se descansa a su lado; no quiere pacto de deserción u ocultamiento•
incita, reiteradamente, a enraizarnos en el problema; nos lleva a tomar e~
nuestras manos su raíz y desde ahí a hacemos cargo, --carga a nuestra entera
costa- de las más desgarradoras angustias, de los más riesgosos júbilos. No
n~s consentirá suponer que la vida es una operación ya bien concertada y
dispuesta como la prosa de Ortega, encorsetada, con soutiens: no nos exculpará de nada; nos meterá entre los remolinos de las contradicciones esenciales que han atormentado -y salvado- a los dialécticos a los heterodoxos
'
'
a los hombres para quienes dos más dos no son siempre cuatro, tal como pudo
rectificar Dostoyevsky, su par. Y, sin embargo, al lado de quien no da cuartel,
y, en cambio, llama a guerra, es posible saberse cómodo, desenredado y armonizado. Esto viene desde lejos por quien dijo que venía a traer guerra,
no paz; y él mismo volvió a reenunciarlo así : sólo en la guerra hay paz,
sólo en la lucha sosiego. ¿Dejarse asaltar por él? ¿Delegarle el dominio
absoluto de su turno? El conflicto no queda, entonces, resuelto del todo,
pero el mismo Unamuno que insistirá en avasallamos nos tironeará, a la
303

�/

•
vez, para recordarnos que su misión es la de incitarnos a la difícil empresa
de que cada uno de nosotros sea uno mismo, de manera que quien nos asalta
nos quiere dueños de nosotros mismos, no satélite de él. Con lo que ya es
posible ir armando esta teoría para reelecturas de Unamuno: ante la fuerza
con que Unamuno, autor, arrolla al lector no hay otra suerte que darse,
pero, a la vez, arrollándolo como si la presencia y actuación de sus fuerzas
tuvieran por destino alertar, suscitar y movilizar las nuestras, como si sus
maneras de arrollar quisieran en él respuestas de igual intensidad de nuestra
parte. Con lo que no se diseña regular frontera divisoria entre autor y lector;
no se lo lee desde afuera de él o desde fuera nuestro; frente a las de Unamuno, autor, el lector de Unamuno, no cualquier lector, sino el suyo, carea
-prueba- los recursos y potencias de su espíritu, y concurre a fusión, y
la lectura les resultará, así, experiencia total, juego unánime, un intercambio
de sangres: con las suyas, Unamuno moviliza las del lector; con las propias,
el lector de Unamuno rehace el curso, la actualidad y la eternidad de las
de Unamuno. No se lee, evidentemente, a Unamuno porque sí; se lo lee
lidiando con él y asociándose con él, adueñándosele en la misma medida en
que nos provee la sensación de que él se adueña de nosotros. El lector lo
hace a él, lo seguirá haciendo, porque él quiso que no declináramos de hacernos nosotros por propia cuenta. Conflicto -y responsabilidad- de leerle.

¿ También de este otro nombre: El Pro-vocador? Este otro nombre alude al
que demanda en cada hombre su propia salida hacia su vocación; una vocación que no se inhiba a nada, que fuerce a sobrevivir. En este de El
Pro-vocador, Olaso suspende su ronda. ¿Suspende? Es que Ezequiel de Olaso
más allá de este libro, su primero, y tal como lo dispone la índole del que
viene, desde la adolescencia, haciendo trato con Unamuno, sigue recreándolo
para júbilo de sus propios conflictos, para alimento de experiencia. Que es
como saber que se salvará, en todo momento, de la parálisis espiritual de los
· lugares comunes, tan estrictamente distante de su lúcida juventud.

¿Y de nombrarle? Esta es la pista en que se desplaza Ezequiel de Olaso.

Ya viene sabiendo Olasco que Unamuno es innombrable, que no hay posibilidad de alojarlo en clasificación alguna, ni de calzarle rótulo cualquiera.
Es decir, no lo mide la palabra. La palabra será instrumento dramático, su
canal esclarecedor y recreador la tomará él como punto de referencia del
ejercicio del pensamiento como que "en un diccionario de Unamuno -lo
aclara Olaso-- pensar es .volver del objeto a que nos consigna la palabra y
quedarnos en ésta para pérforarla y por allí llegar al momento en que fue
creada"; pero que la palabra lo cura a él, no. La palabra puede crear; no
definir. Al crear, puede dar nombre. La creación, ¿ no es, al mismo tiempo,
nominación? Recreándonos a Unamuno, ¿no tenemos derecho a nominarlo?
Olaso lo recrea una y varias veces, y ensaya uno y otros nombres. Por
ejemplo: Aparecido, Opinante, Paradojista, Creyente, Inquietador, Suscitador. Cada uno de estos nombres tiene su comienzo de explicación; no los
trae Olaso del azar; los acerca en las caras de esta imagen que Olaso ronda
y que puede darle fundamentos tan correctos como para explicar al Paradojista así: "el que hace de ese choque entre sentimiento y razón que es
paradoja, el núcleo de todo"; mas, el hecho de que a un nombre suceda muy
fácilmente otro y que sin desdeñar a aquél este otro tampoco lo nomine del
todo, nos va confirmando en que Unamuno es innombrable. Se nos escapa.
304

305
H

�"LA ÉPOCA DE LA NOVELA NORTEAMERICANA"
20 AAOS DESPUES
JOHN

L.

BROWN

HACE MENOS DE VEINTE años, en 1948, que Claude Edmonde Magny, en su
brillante libro, proclamó que estábamos viviendo L'Age du Roman Américain.1
La novela norteamericana había sido aceptada por los intelectuales europeos como "la literatura más contemporánea de mediados de siglo", la más
auténtica expresión de la "época posthumanista".2 "Las traducciones del
americano" predominaban en las listas de las casas editoras de todo el Continente a finales de la década de los años cuarenta, y las novelas clásicas que
leía la generación joven no eran ya las de Proust, Gide o Mann, sino más
bien las de Faulkner y Hemingway, Dos Passos y Caldwell, aun las de John
Steinbeck.3
Al regresar a París en 1944, fui recibido con expectantes preguntas: Jean
Paulhan quería saber todo lo relativo a "Henri Miller"; André Gide derramaba elogios en torno a "ce grand écrivain Dashiell Hammett". El entusiasmo
por la novela norteamericana era desbordante como también lo era la falta
de criterio. Los editores compraban derechos de publicación sin haber visto
las obras, con tal de que los autores fueran norteamericanos, preferentemente
si pertenecían a la escuela realista, y había escritores de menor rango como
Horace McCoy 4 y James Cain 5 que disfrutaban no sólo de ventas ascendentes
' ÜLAUDE-EDMONDE

MAGNY,

L'Age du roman américain ( París, Editions du Seuil),

1948.
• CESARE PAvEsE, Saggi sulla letteratura americana (Torino, Einaidi), 1953.
• JOHN L. BiwwN, Panorama de la Littérature Contemporaine aux Etats Unís
(París, Gallimard), 1953 y también JoHN L. BROWN, "Traduit de l'américain", La
Parisienne (abril de 1957), pp. 468-472.
• HoRACE McCov, No Pockets in a Shroud (1937) and They Shoot Horses, Don't
They? (1935).
• JAMES CA!N, The Postman Always Rings Twice (1934).

307

�sino también de reputaciones igualmente ascendentes. Al princ1p10 experimenté cierta inquietud acerca de lo que a mi juicio era una descarada inflación de valores, pero acabé por acogerme al calor que me reflejaba la
gloria de la literatura contemporánea de mi propio país, el cual ( después de
habérsele considerado primo de la literatura inglesa) súbitamente había adquirido la preeminencia de sede de "la literatura mundial de nuestros tiempos".
El "descubrimiento de la novela norteamericana" se había iniciado ya, por
supuesto en círculos avant garde, durante los años previos a la Guerra Mundial,
8
7
6
cuando críticos tan distintos entre sí como Malraux y Vittorini, Sartre y
Cesare Pavese 9 proclamaban la novela norteamericana como la más auténtica expresión del "hombre posthumanista", el modelo a seguir para el escritor europeo que deseaba escapar del atolladero de la tradicional novela
psicológica. En el período inmediatamente después de la Guerra, durante la
"Epoca de la Novela Norteamericana", la mitología dominante en todo el
mundo occidental era la norteamericana, y se expresaba a través del jazz, el
cine y la novela.1 º En 1967, todo ese alboroto se antoja muy distante.
La Epoca de la Novela Norteamericana ha terminado. Quizá había terminado ya aun cuando se le estaba proclamando. Los gigantes de los años
veinte -Hemingway, Fitzgerald, Faulkner- o han muerto ya, como Dos Passos
y Caldwell, o hace mucho tiempo que realizaron su mejor trabajo.
Ahora se estudian como clásicos en las universidades norteamericanas y
europeas,11 han llegado a ser académicamente respetables y constituyen temas
para las tesis. Sus innovaciones estilísticas se han explotado y asimilado a
tal grado que realmente ya no nos damos cuenta de qué tan genuinas fueron
y cuán profundamente modificaron nuestro modo de hablar y de escribir, así
como nuestra visión del mundo. En la década de los treinta y los cuarenta,
los norteamericanos fueron asimilados e imitados por los escritores europeos;
• ANDRÉ MALRAUX ha escóto un ensayo famoso sobre Faulkner publicado en la
Nouvelle Revue Franfaise ( 1933) en el cual dice que la novela Sanctuary representa
"l'intrusion de la tragédie grecque dans Je roman policier".
_
• Euo V1TTORINI publicó una importante antología de la literatura americana
"Americana" en 1933.
8 JEAN PAUL SARTRE ha escrito para la Nouvelle R evue Franfaise ensayos importantes sobre John dos Passos y Faulkner.
• Ver CEsARE PAVESE, op. cit., p. 27 y también AoosTINO LOMBARDO, Jtalian Criticism o/ American Literature: An Anthology, número especial de Sewanee Review
(vol. LXVIII, N&lt;1 3, verano 1960).
• Ver JoHN BROWN, JI Gigantesco Teatro (Roma, Opere Nuove), 1963, pp. 150-151.
1
u Todas las universidades importantes en Europa occidental tienen cátedras de "Estudios Norteamericanos". Ver la revista America Studies News y también SIGMUND
SKARD, American Studies in Europe: Their History and Present Organization (University

Srtr~

en un famoso artículo publicado en el Nouvelle Revue Frant;aise proe ~o a Dos Passos como "el más grande novelista viviente" y con 1a,dedi
cac1~b~, que presta al estudio un pasante de la Escuela Normal Superio;
escn
de USA en su Ob ra L es Chemins de la Liberté.12'
(V . io una
_ adaptación
d
,
emte anos espues, en la América Latina, Carlos Fuentes imita Manhattan
Tra;f.er en La -~egión Más Transparente). Esta influencia norteamericana
se a VIerte· tamb1en
en la obra de Vittorini,ia U omine e No;•, as'1 como en su
Co
· · s· . .
Pa;~:s:i~ni in icili~, en Saggi Sulla Letteratura Americana, por Cesare
· as tard~, los pioneros de la nouveau roman de Francia 14 descubrieron
1
enl os ndorteamencanos una decidida tendencia rechazando la interpretación
d.e mun o en términos
de ps1co
· 1ogia,
, as1, como un talento para pintar obJ·e.
b.vamente la realidad extenor,
·
d e presentar " las cosas como son" sin dist s10nes .causadas
por
la
intrusión
de la sens1
- ºbili'dad h umana -en breve una
or
, . . .
expreSio~ mstmtiva, tentativa, de muchas de las actitudes y práctic~ ue
ellos mlSillos habían de sistematizar intelectualizar
. .
q
hasta sus limites l' ·
'
Y segmr ngurosamente
d
· . ogicos. Y ahora, en la década de los sesenta, algunos de los
~ta~dos. novelistas norteamericanos de la presente generación están examman .o ciertos conceptos europeos de la novela, que, a su vez proceden de
d:te~ados elementos de las exportaciones literarias norteamericanas de los
anos tremta y cuarenta.
ejemplo, el· novelista norteamericano John Barth,1s d esd e su pnmera
·
bPor(Th
ra
e Floatzng Opera, 1955) hasta su más reciente (Giles Goat Boy)
a estado consultando a los literatos europeos como Sartre y Queneau. Re~
curre ,;onstantemente al tema de la libertad total que adquiere el individuo al
verse enfrentad
" o por nna infm1·da d de rutas posibles que se abren al rechazar
los absolutos , y pr~enta al Hombre simplemente como "el papel que opta
rr re~resentar, la mdumentaria que usa". Expresa estos conceptos con un
umonsmo mundano y bufón, que recuerda el de Raymond Queneau 1s
el Queneau. de L es Fleurs Bleues' 17 que es una "novela histo'nea
· " d e una manera
'
muy seme1ante a lo que pretende ser The Sot W eed Factor. Las novelas
de Barth (como las de un número considerable de sus con temporáneos) son
~

,. Tres volúmenes han sido publicados: L'Age de raison · Le S
· . L M
l'8me (Gallimard, Paris ), 1945.
'
ursis, Y a ort dans

: L~ influencia estilística de Hemingway es evidente en la obra de Vittorini
Vease NATALIE SARRAUTE, L'Ere du soupfon (Gallimard Paós) 1956 · M
CRAN_AKI e lvoN BELAVAL, Natalie Sarraute en Ja colecció~ La Bibli0 th, y id~M~CIA
(Gallimard, Paris), 1965.
eque ea e
,.d V'ease ( RI¡CHARD KosTELANETZ, "Le Roman aroe'ri·c~;n
'
b
~
surde'" en L es Temps
m~. emes vo. 239, abril de 1966), pp. 1856-1866.
J&amp;AN Qu&amp;vAL, Raymond Queneau (Seghers Paris) 1958
11
GALLIMARD, Paris, 1965.
'
'
·

ª

of Pennsylvania Press, Philadelphia, Pa.) , 2 vols., 1958.

309
308

�'
bufonadas, parodias intelectuales de gran agudeza de espíritu, en un estilo
que, según da a entender él mismo, ya no puede tomarse en serio y debe
emplearse (como lo hizQ Queneau) en tono asiduamente juguetón. Lo que
Bloch-Michel ha dicho acerca de la obra de Michel Butor, Degrés, puede
aplicarse igualmente a Barth: "JI s'agit bien d'un auteur a qui voulu faire le
roman d'un roman qui ne se fait pas" .18
Le nouveau roman también ha encontrado sus adictos y sus imitadores en
19
los Estados Unidos, notablemente Susan Sontag, en The Benefactor. Aunque en términos generales el joven novelista norteamericano de la presente
década se interesa más en llevar la autorrevelación apocalíptica hasta el límite
que en experimentar con la forma. Una notable excepción es William Burroughs con sus cut-ups Dada.20
Los novelistas norteamericanos de los años sesenta aún laboran a la sombra
de sus "grandes antecesores" de los -veintes y los treintas. Dice Norman Mailer
( Advertisement for Myself, p. 436): -"qué gran generación fueron elloscuántos más impresionante que la mía. Si bien es cierto que sus obras no nos
prepararon para el choque, el estupor y el ingenio desarraigado de nuestra
época, eran hombres que todavía sabían escribir novelas vigorosas, or!ginales,
de un estilo personal y muchos de nosotros nos dispusimos a convertirnos en
escritores gracias al mundo que ellos nos abrieron". Porque a pesar del lustre,
la variedad la maestría técnica y el arrojo intelectual de Mailer y sus contemporáne:s, la novela como forma no impera ya en la escena literaria,
como sucedió en otros tiempos. En verdad, -y así lo he dicho en otras
ocasiones-- la poesía posiblemente sea más importante que nuestra literatura
novelesca como instrumento que refleja el temperamento de una época que
es más cósmica que social, más alucinadora que objetiva. A pesar de las
"novelas de moda" como The Catcher in the Rye de Salinger, The Lord
of the Flies de Golding, o Catch 22 de Heller, la novela no es ya el medio
que expresa con mayor acierto lo que la presente generación considera realmente intresante en la vida contemporánea. Los profetas de la juventud
anterior a la Guerra generalmente eran escritores, con frecuencia novelistas.
Pero los profetas de la posguerra-¡ si es que se encuentren!- tienden a ser
técnicos visionarios como Bucky Fuller,21 o pintores, o músicos de jazz, com-

1•

r

JEAN BLOCH-MICHEL, Le Présent de l'indicatif (Gallimard, Paris), 1?63,
27.
FARRAR, STRAus, Gmoux, New York, 1963. Véase también sus estud10s crittcos en
Against ln.terpretation (Farrar, Straus, Giroux, New York), 1~66.. ,
.
"' PmRRE DoMMERGUES, Les U.S.A. a la recherche de leur 1dentite (Grasset, Pans),
111

1967, pp. 306-317.
.
. .
21 Entre los numerosos libros de FuLLER, Education, automation (Southem Ilhno1s
University Press, Carbondale, Illinois), 1963 e Ideas and lntegrities (Prentice-Hall,
New York, 1963.

310

positores de vanguardia como John Cage 22 o filósofo-psicólogos apocalípticos
como Norman Brown 23 o Timothl' Leary o Marshall McLuhan,24 más que novelistas. Los motivos son evidentes. Decididamente en el transcurso de nuestra época y sobre todo en los años posteriores a la Guerra, los instrumentos
de la cultura se han hecho más variados y más accesibles que nunca en la
historia del hombre. En el pasado, el libro era indiscutiblemente el instrumento número uno de la "cultura" y el hombre culto era el hombre que leía.
No se esperaba que tuviera más que un conocimiento somero de la música
de la danza o de las artes plásticas. Hoy, con el advenimiento de los
todos audiovisuales de comunicación, la reproducción en gran escala de las
obras de arte, las grabaciones técnicamente impecables, .la cultura contemporánea depende menos y menos del libro, así sea para la instrucción O para
la diversión. Susan Sontag, en su libro Against Jnterpretation, una obra que
quizá haya recibido más atención de la que merece, ha insistido en que "el
principal atributo de la 'nueva sensibilidad' ( pretencioso término) estriba en
que su producto modelo no es la obra literaria, menos aún la novela". La
novela, a medida que han aparecido nuevos sistemas de comunicación ha dej~do de disfrutar de su privilegiada situación de antaño. En su pap:l tradicional de "contar una historia", ahora se ve obligada a competir con el cine
Y la televisión. Natalie Sarraute ha reconocido esto cabalmente en L'Ere du
Soupfon al instar al novelista que descubra formas distintas de explorar las
nuevas áreas de sensibilidad, ya que muchas de las que antes pertenecían
exclusivamente al terreno de la novela han sido invadidas progresivamente por
otros medios. Dice (pp. 75-76) : "Le nouveau roman laisse a d'autres arts
--et notament au cinéma- ce que ne luí appartient pas en propre. Comme
la photographie occupe et fait fructifier les terres qu'a délaissées la peinture, le
cinéma recueille et perfectionne ce que luí abandonne le roman... Le lecteur
peut satisfaire au cinéma, sans -effort et sans perte de temps inutile son gout
des 'personnages vivants' et des histoires". Eso por supuesto en ningún sentido implica necesariamente la "muerte" de la novela; implica, sí, su modificación, su ajuste a una función más limitada (o cuando menos, a funciones
distintas), debido a la creciente competencia de otras formas de comunicación.
Por ejemplo, la narrativa o ese género de evocación panorámica de los rasgos

mi

22

CAGE ha publicado Silence (Wesleyan University Press, Middletown, Cono.), 1961
y A Year from Monday (Wesleyan University Press, Middletown, Cono.), 1967.
,. NoRMAN O. B&amp;owN, Life Against Death (Wesleyan University Press Micldletown
Conn.), 1961 y Love's Body (Random House, New York), 1966.
'
," NAIM ~:TAN, "Une forme nouvelle de déterminisme" Preuves (Paris) (vol. 17,
nurn. 202, d1c1embre de 1967), pp. 76-78; también JoHN M. CuLKIN, "A Schoolman's
Guide to Marshall Me Luhan", Saturday Review (18 de marzo de 1967), pp. 51-58.

311

�'

\

naturales del mundo exterior, como los experimenta la sensibilidad humana,
que antaño figuraban entre los principales elementos de interés para el novelista, posiblemente puedan realizarse mejor en cinta cinematográfica. El
novelista, en consecuencia, se ha dedicado más y más a la descripción de los
aspectos olvidados de ~uestro panorama interior, a la cartografía de los mundos
de la fantasía íntima o a la presentación en forma diminuta y microscópica
de los objetos del mundo exterior ("le monde sans l'homme"): esto es, a una
"subjetivización" o a una "objetivización" externa de la realidad. El hombre
y el mundo exterior parecen haber perdido conexión el uno con el otro. La
novela tradicional trataba de reconciliar al hombre con el mundo, de aceptar
a la sociedad y definir la relación del hombre con ella. Pero estas actitudes
extremas prevalecientes en la novela contemporánea revelan la crisis en el
concepto de la realidad que ha penetrado todas las manifestaciones del arte
moderno y a la cual me referiré más adelante.
Sin embargo, algunos aspectos de la novela norteamericana están firmemente arraigados en la realidad contemporánea y acondicionados reciamente
por ella. Porque la novela forma parte de la producción total de la industria
editorial, la cual, en los Estados Unidos -y de manera creciente en Europase ha convertido en un gran negocio.
Quienes ven al mundo con optimismo y gustan de hacer resaltar nuestro
progreso intelectual, quienes hablan embelesadamente de la "explosión cultural" que actualmente tiene lugar en los Estados Unidos (y hasta cierto
punto en el resto del mundo "desarrollado"), quienes citan cifras acerca de
la asistencia a los conciertos y las exposiciones de arte, inevitablemente ofrecen
estadísticas sobre las ventas de libros también.
Un examen superficial de la prosperidad que goza la industria editorial
norteamericana puede llevarnos a la conclusión de que estamos en el apogeo
de un Renacimiento literario nunca jamás •visto por el hombre. Desde la
Guerra, las ventas de libros se han elevado enormemente de 700 millones
de dólares en 1954 hasta 2,500 millones calculados para 1967, un aumento
de cuatro veces más en menos de 15 años. Pero estas cifras no deben engañarnos respecto a la verdadera situación de la novela.
Porque los "libros comerciales" -es decir, novelas, poesía, crítica, historia
y otros géneros de literatura no ficticia- en 1965 constituían un poco más
de un 7% de las ventas totales de libros. 51 % de las ventas y 91 % de las
ganancias proverúan de libros de texto y libros técnicos. Sé por experiencia
personal en los años que dediqué a la edición de libros, cuán inferior se
siente inevitablemente el departamento mercantil ante los colegas de los departamentos de textos y libros técnicos. El departamento me_rcantil de ~uchas
de las firmas más prolijas, nuevas y eficientes, es en realidad ~ luJo que

312

m~ntienen por razones de prestigio, una tía vieja, culta y respetable, pobre
e mcapaz de sostenerse, pero a quien no se le puede echar de la casa.
Pero ¿ qué de las novelas que se convierten en gran éxito de librería y
se supone ganan millones par~ sus autores y editores? Primeramente (a pesar
de excepciones como H erzog) no son novelas que se comentan en Kenyon
o en el Partisan Review, ni que se discuten en publicaciones semejantes.
El gran éxito comercial de los Estados Unidos en los últimos dos años
ha sido The Source, de James Michener, del cual se vendieron 402,000 ejemplares en 1965 y 1966. En primer Jugar, hay que notar que The Source,
como In Cold Blood, de Trumao Capote, es lo que se conoce como "nonfiction novel", o sea, "novela no ficticia". Nótese también que The Source
no pudo ni remotamente competir con las ventas de How to Avoid Probate
consejos sobre testamentos por Norman Dacey -575,000 ejemplares tan sól~
en 1966; ni con los 7 millones de ejemplares de las obras de Mickey Spillane.
Esta preferencia por lo real en vez de lo ficticio en Ía novela norteamericana ( y en la europea también) ha venido haciéndose más y más evidente,
resaltando marcadamente en el reciente éxito de In Cold Blood de Trumao
Capote. El novelista, cada vez menos seguro de su facultad para crear la
"realidad" en sus obras, menos seguro hasta de lo que es la realidad, se
vale de "los hechos" para novelados. Además, entre los editores tiene mayor
aceptación una novela de "interés tópico", que pone el dedo sobre "un
problema", como el de las relaciones raciales, o la delincuencia juvenil, 0
el aborto. Edwin O'Connor es un hábil practicante de este tipo de n◊vela.
En su Last Hurrah relata la carrera de Jim Curley, el ex alcalde de Boston,
y su más reciente "best-seller", All the Family, es una semblanza apenas disimulada de la dinastía Kennedy.
Quizá sea, como dijo el novelista Philip Roth, que "Nuestro mundo actual
turba e incomoda la magra imaginación del novelista. La realidad continuamente supera a la fantasía, y la cultura contemporánea día a día produce
personajes que un novelista no podría inventar". Personajes que son su envidia y también su desesperación. Porque la "sobrecarga de información"
( valiéndonos del término de Marshall McLuhan) de nuestros tiempos, la
enorme disponibilidad de "hechos", constituye un grave problema para el
pensador y el artista contemporáneos. El novelista, en particular, a menudo
se siente anonadado por todos los "hechos" asequibles, datos que en suma
no significan nada, que no forman un conjunto, que parecen proyectar una
visión de un mundo sin secuencia, sin forma, sin continuidad, un mundo
demasiado complicado para que el escritor encuentre significado en él, 0 en
sí mismo, o en el lugar que en ese mundo ocupa, un mundo en el cual las
únicas respuestas consisten en "enunciar el problema". La novela tropieza

313

�con la dificultad de tener que avenitse con la brutalidad real en sus múltiples aspectos y ha seguido dos caminos distintos en busca de una solución:
uno, el de vanguardia de un Burroughs o un Mailer, el que rechaza los
hechos totalmente en favor del Yo, del "Hombre Intimo". El otro, el que
sigue una Mary McCarthy, en The Group, o Truman Capote, en In Cold
Blood, u Osear Lewis, en Los Hijos de Sánchez, es el de escribir sociología
o reportajes disfrazados de novela. Además, nuestra sociedad ya no es aquella
estructurada sociedad de clases en la que echó raíces y floreció la novela tradicional. La sociedad de clases era una sociedad de maneras, maneras que
indicaban las formas en que los seres humanos se acomodaban a las desigualdades de clases, las diferencias de temperamento, los contactos sociales. La
novela examinaba esos elementos y trataba de comprenderlos.
Pero las maneras, en nuestra sociedad funcional, no son tan importantes
como los simples sistemas al determinar el comportamiento y el destino del
hombre. Burroughs y otros escritores, haciéndole eco a Kafka, recurren a
este tema constantemente: "Documentos emitidos con tinta que se desvanecía
para convertirlos en boletas de empeño. Se requerían nuevos documentos constantemente. Los ciudadanos corrían de una ventanilla a otra tratando desesperadamente de cumplir con plazos !IDPosibles". La literatura busca la forma
de utilizar estos sistemas. Hannah Arendt, en Eichman in Jerusalem hace un
excelente estudio no de las maneras de los nazis y sus víctimas, sino precisamente de esa clase de sistemas grises e inhumanos.
Hoy, debido a los rápidos medios de comunicación con el gran público,
todo el mundo tiene la ilusión de estar participando directamente en los hechos -en los acontecimientos mismos- y siente menos necesidad de lo ficticio.
No había geografía, ni transcurso de tiempo, ni indigencia, absolutamente
ninguna necesidad capaz de impedir a nadie que compartiera en alguna forma
los terribles días subsecuentes al asesinato del Presidente Kennedy. Es cuando
un acontecimiento -podría decirse una serie de acontecimientos-- alcanza
esa magnitud, cuando llega a compartirse a tal grado, que las novelas empiezan a perder su importancia. Brock Brower lo ha expresado así: "La imaginación tiene otra misión. Debe ayudar a encontrar el significado de los
hechos escuetos, para no caer en la vacuidad de la novela sin argumento,
sin carácter, en la pobreza temática inherente al hecho escueto". Mientras
tanto, se hace más difícil definir la línea -si acaso esa línea alguna vez
existió-- que separa a los sociólogos empeñados en dramatizar su material y
darle "interés humano", de ciertos novelistas que se preocupan más y más
por los problemas sociológicos. En realidad, puede ser que algunos sociólogos
imaginativos, como Osear Lewis (particularmente en Los Hijos de Sánchez)

314

ze

o. David Riesman
(The L one y rowd) , estén
, mas
, cerca de la novela tradi
.
c10nal del siglo XIX que los novelistas "serios" de h oy.
.

..

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La verdad
· d
literatura "no:.f~::~i
~;em:nte prolijo }~ner~ de la
0
veladas", encontraremos que sólo una minorí .1, . sea, las hi~onas nodémicos y cuasi acad' .
a re at.Ivamente pequena de acaf
ermcos producen y leen novelas contemporáneas "serias"
q_ue una vez ueron la forma literaria imperante en una cultur
. ,
c~pales componentes eran "literarios". Un creciente núme d a cul'.os p~mnos" son profesor
• . .
ro e nove IStas semayor parte de :t;;:;~~:rari:~~~iecialmente,flos de vanguardia. La
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.
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esas versiones y no siempre la más atraeal
a m~ satisfactoria emocionalmente que en la acmalidad están al
canee de casi todo el mundo: paseos en automóvil ro
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.. ,
y radio, grabaciones fonográficas cine etcéter p' p gramdas e tel:vision
ed ·to
· ' d b
'
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ª· ara po er competir los
i res qmza e erían preparar "fiction kits"
d . .
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novelas, libros parlantes con un , .
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' es ecrr, Juegos surtidos de
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mer¡.te ilustrados con láminas a 1
b . '
.
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.
co ores, gra aciones en cmta magnética con
. I oz_ el autr, tiras
películas, música electrónica de fondo etcétera

?;

}¡:~;:;sej::~:~u;:◊:uque ~odría realizarse con la obra de Michener:
y hasta bombard p d.
y p_osible que el homme mayen sensuel, rodeado
. ea o por semejante plétora de placeres lle aría en u
turo no muy leJano a considerar la lectura de libros una ;nfe~edad
n. fu.
· f"icientemente
•
nerviosa
de una minon'a msu
socializada
.
. .
No es necesario · · tir
•
.
Y potencialmente permciosa.
msIS . en 1as afrrrnaciones de Marshall McLuha
1 dr
Ong Y otros, sosteniendo que ha surgido una
ul
~' e !'ª e
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nueva e tura no literana de
yo amp o sigru icado los intelectuales del mundo d 1 1
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d d
b I
e as etras no se han
e:te:a~ue~ta
a 1· Pero la mayor parte de los novelistas "serios" sí están
os e e o, o que es dolorosamente evidente en una o en tr f
en s~s obras. ¿Quiénes son estos novelistas y de ~ué manera re;e.: orm~,
tuacion de la novela en los Estados Unidos a finales de la d' d dJ nl la ~SJ.sesenta?
eca a e os anos

e;

En 1965, la sección de libros del Herald Tribune lle ,
b
cuesta e tr
50 , •
vo a ca o una enn e unos
cnt.Icos y escritores norteamericanos
l
.
los 20 autores que consideraban haber escrito las meJ·ores ' y los deditores de
20 añ .
di
nove as urante los
os mme atamente después de la Guerra La 1 . ,
selecciones de esta índole es falible Pero en . . ~ :ccion, como todas las
d
b
'
.
un eJercic10 como éste debemos
ar nom res. He aquí los que fueron propuestos: Saul Bel!ow e:cabeza la

31.5

�lista, seguido por Vladimir Nabokov, William Faulkner, Be_rnard Malamud,
J. D. Salinger, Ralph Ellison, Norman Mailer, Emest Hemmgway, Flannery
O'Oconner, R. P. Warren, John Updike, William Styron, John Cheever,
Eudora Welty, J. F. Powers, John Hawkes, John O'Hara, Nelson Algren,
Katherine Anne Porter, John Barth.25
Al hablar de la novela de la década de los sesenta, varios nombr:5 podrían ser suprimidos de inmediato: sobre todo los de autores q~e realizaron
sus obras más características antes de la Guerra: Faulkner, Hemmgway, _John
O'Hara, Katherine Anne Porter. Y ¿ acaso no seremos culpables ~e unperialismo cultural al "anexar" a Vladimir Nabokov? Al haber escn~o obr~
directamente en ruso, alemán y francés, así como en inglés, y al sentrrse ~as
en su casa quizá en Europa que en los Estados U_~do~, No?°k?v da 1~ rmpresión de ser una superproducción de cooperac1on hterana internacional.
Pero ningún norteamericano ha descrito mejor que él lo que es nuestra desarraigada república de moteles y supercarreteras. Y_ ~l pro~io _Nabokov ~a
dicho que el verdadero protagonista de Lolita es el ~dioma mgles -o meJor
dicho el americano Hay omisiones notables en la lista: Carson McCullers,
por ejemplo, y Tru~an Capote y Henry ~iller, el padr~ de Kerouac y de
los beats. y el mismo Kerouac, por abumdo que sea, as1 como James Baldwin (aunque podría sostenerse con fundamento que su fue~ es el ensayo
más que la novela) ~y Wright y Morris y Mary McCarthy. Sm d~~a se encontrarían, además, partidarios, apasionados algunos de ellos, de William Burroughs, James Purdy, Paul Bowles, James Donleavy, Jean Staf!o~d, Herbe~t
Gold, Harvey Swados, Vanee Bourjaily, Frede~ick ~uecher, W111i~- &lt;?add1s
y muchos otros. y aun en estos tiempos de lo irracional y lo apoca~puco en
las artes, los novelistas que con talento y sinceridad siguen defend1end_o los
valores tradicionales no deben ser totalmente pasados por alto -escntores
como Paul Horgan,' John Hersey, James G. Cozzens, Lo~s Auchinc~o~quienes reciben escasa atención de la crítica pero que sostienen un publico
lector constante.
Casi todos estos novelistas ilustran algunos aspectos de la novela de los
años sesenta. La mayor parte de ellos, por ejemplo, pertenece a grupos minoritarios de índole social, racial o religiosa. La sociedad de la posguer_ra ha
venido haciéndose más y más homogénea, amorfa y fluida, no permite ya
una definición clara; en ella, muchos de los problemas que formaron el roa.. Para comentarios sobre la mayorla de estos novelistas, véase JoNAT8:AN BAuMThe Landscape of Nightmare: Studies in the Contemporary American Novel
(New York University Press, New York) 1965 y l!ARRY TaORNTON MooRE, C~nt~_m pdrary American Novelists (Southern Illinois University Press, Carbondale, Illinois),

BACH,

1964.

316

terial de los novelistas del pasado han sido superados. Sus conflictos mayores
son demasiado grandes y abstractos y no es posible dramatizarlos satisfactoriamente en términos meramente humanos. En una sociedad como la nuestra, es una ventaja para el escritor sentirse "excluido de todo", disfrutar de
la libertad de no ser asimilado, de la moda de ser rechazado, de poder contemplar al mundo desde el punto de vista propicio del individuo que es diferente a los demás. Muchos de estos grupos minoritarios -los judíos de los
centros urbanos, los negros, los no conformistas sexuales, y sobre todo los
sureños que aún viven al margen de la economía próspera del norte- han
convertido su situación en capital literario. Pero a medida que han logrado
éxito, su material ha perdido el impacto dramático progresivamente. En la
actualidad, por ejemplo, hay una sobreproducción de novelas que tratan
la homosexualidad más al estilo de "Pollyana" que en forma escabrosa y
también hay muchas sobre la violencia racial. _Consideradas novedos~ y
atrevidas en su época, ahora se han convertido en drogas comerciales en un
mercado que exige más y más excitación específica, más y más violencia,
un efecto estimulante que la palabra por sí sola -tan desvalorizada por abuso-- ya _no puede proporcionar.
~~s de las mejores novelas de la posguerra han sido escritas por hijos
de lililllgrantes, en su mayoría judíos, que se sentían desligados de un mundo donde los valores aún eran Blanco, Anglosajón y Protestante. Este movimiento cuya figura central es Saúl Bellow ( quien a la par con Norman Mailer constituye el novelista más dotado de su generación) ha producido, como
vemos en la obra The Adventures of Augie March,26 un nuevo tipo de novela
judía, urbana y picaresca. Como hace notar Leslie Fiedler (Midstream IV
W in ter 58) " ... la manera de hablar de los judíos, sus experiencias de la ni~
ñez y la adolescencia, los olores y sabores de la cocina judía, los sonidos
de la sinagoga se han convertido desde 1930, y especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, en elementos básicos de la novela norteamericana".
Estos escritores poseen una experiencia común, rica y llena de sugerencias.
Son esencialmente urbanos. Hombres y mujeres cuya temprana juventud
se deslizó entre las dos grandes guerras, habiendo sufrido el efecto de la
guerra civil española y el peso de la depresión económica. Siguen siendo
extraños en un mundo de prosperidad, en el que hoy viven con comodidades.
Están vinculados unos con otros y separados del resto de su generación por
haber aceptado y rechazado el comunismo. ¿Ejemplos? Primero, Saú] Bellow, quien evolucionó del estilo de Kafka que caracteriza sus obras Víctim
y Dangling Man, al de personajes que actúan sin convicción, como Augie
March y Herzog. The Assistant (1967) y A New Life ( 1961) de Bernard
'" RICHARD

PoJRIER, "Bellows to Herzog", Partisan Review (vol. 22, núm. 2), 1965.

317

�Malamud, Fathers de Herbert Gold, Farewell, Columbus y Letting go de
Philip Roth, The chronicles of the class Family de J. D. Salinger. En una
categoría de término medio, lrwin Show, Herman Wouk y Budd Schulberg
han explotado sus antecedentes judíos y numerosos escritores de menor importancia han inventado memorias acerca de sus juventudes en hogares judíos y sus madres judías.
Ciertamente, en el terreno de la literatura, este grupo ha producido en
los últimos veinte años un buen número de escritores que en la variedad y
riqueza de sus temas sólo encuentran rivales entre los sureños -Carson Me
Cullers, Eudora Welty, R. P. Warren, Flannery O'Connor, Reynolds Price,
con la gigantesca figura, al fondo, de Faulkner, quien sigue siendo el más
grande de los novelistas norteamericanos de este siglo. No tiene caso explicar nuevamente por qué el vencido Sur, viviendo a base de sus leyendas,
agobiado por el sentimiento de la fatalidad humana y su trágico fracaso,
atormentado por la presencia física del esclavo negro, con una visión poética
y violenta de la vida en vez de razonada, llegó a producir algunas de las
mejores obras literarias de nuestra época. "Sólo el corazón doliente concibe
las obras de arte eternas", escribió Yeats, y en forma semejante a la región
del sur de los Estados Unidos, la Irlanda atrasada, humillada y apasionada
también encontró su consuelo y su justificación en el arte. Muchos fueron
quienes creyeron que el dinamismo literario del Sur se había agotado con
las últimas obras de Faulkner. Pero la producción literaria de escritores como Flannery O'Connor revela que en el Sur aún no se integra plenamente
una sociedad próspera y que sus problemas y su poesía violenta siguen siendo la inspiración de las mejores novelas norteamericanas.
La novela del negro -particularmente la de la categoría de Native Son,
por Richard Wright- tiene· raíces en el Sur. Pero en los años de la posguerra, la novela acerca del negro ha experimentado una significante transformación, ha cambiado su postura de una protesta naturalista de carácter
social -como la que expresa Richard Wright- a la injuriada actitud de
violencia apocalíptica manifestada en la obra de Ralph Ellison, The Invisible Man, y la de James Baldwin, In Another Country, que, por supuesto,
ya no es en absoluto una simple novela de protesta del negro.
Al igual que el negro, el homosexual es un forastero en la sociedad moderna, como lo ilustra James Baldwin con abundante detalle en Giovanni's
R oom y Another Country. La novela de anomalía sexual ha ve~do haciéndose más y más común y más y más clínica desde la Guerra. Si alguien me
hubiera dicho durante el tiempo que trabajé en la industria editorial a fi21

ToNY TANNER, "The New Demonology'', Partisan R eview (vol. 33, núm. 4 ),

pp. 547-572.

318

nales ~e la dé:1da d: los cuarenta que una novela acerca de la prostitución
masculina podía publicarse en los Estados Unidos, lo hubiera declarado loco.
~ero en los año~ seseQta no sólo_ se publica City of Night, de John Rechy,
smo que se. c~nvi~rte en gran éxito de librería, inspirando la producción de
numerosas IID.1tac1ones y _formando parte de los estudios modernos y serios
sobre la novela norteamericana de las casas editoriales universitarias, uno de los
cual:s (a ~esar de la torpeza ridícula y el sentimentalismo excesivo de la obra)
elogia _el_ libro de esta manera: "Imágenes tan convincentes de una realidad distmta a la_ nuestra son en extremo raras y deben apreciarse cabalme~te, pues constituyen el elemento que da a la literatura de los románticos
s~ J1:15to valor". El tero~ de la homosexualidad -o digámoslo usando el
te~? que puso de moda Norman Brown, el tema de la "perversidad poli1;1orfa - se ha convertido por abuso en uno de los clisés literarios de la
epoca moderna, comparable en cierta forma con el clisé del siglo XIX de
la ramera .de corazón de oro. Las novelas de la década presente están en
com~etencia con sus des~ripciones de todas las formas posibles de goce carnal sm reserva alguna (eJemplos recientes: el libro de John Selby, Last Ent1'y
to Brooklyn, ~ el de Burt Blechman, Stations, al cual se refiere el respetable
New York Times como "una novela cruda y poética acerca de un homosexual en los retretes del Metro de Nueva York".
Lo~ Estado_s Unidos es uno de los países del mundo occidental que más
:1'ansi~e a~tonzan~o la producción y venta de libros dichos pornográficos. El senor Girod1as, ~r~pietario de la Olympia Press, ha trasladado su negocio de París
(donde era vict~a perenne de las campañas degaulistas de moralización)
a Nuev~ York, cmdad que se ha convertido en uno de los centros mundiales
del tráfico de los "D.B." ( dirty books) . El adicto a las drogas como miembro de una crecie~te minoría de los Estados Unidos, frecuent:mente se alía
con el no conforrmsta sexual, como sucede en el libro de William Burrou hs
The Naked Lunch.
g '

Podrta pensarse ~ue el católico, como miembro de una minoría religiosa
dentro de una sociedad W ASP (White, Anglo-Saxon Protestant) tamb·'
h b, d
'b .
'
ien
a na e ,contri wr a este movimiento literario de "forasteros". Sin embargo, excepción hecha de J. F. Power y de Flannery O'Connor (quien tiene
a su favo~ la triple ventaja de ser sureña, mujer y católica), tenemos muy
pocos escntores que traten el problema de los papistas. Quizá la explicación
sea que durante la época en que se perseguía a los católicos lo suficiente
para hacerlos interesantes, todavía no eran lo suficientemente cultivados en
las artes literarias para aprovechar su situación. Cuando llegaron a serlo,
ya no se les perseguía lo suficiente -se habían convertido en parte respetable del Establecimiento.

319

�•
Pero probablemente es sólo cuestión de tiempo para que las voces de estos
grupos minoritarios se asimilen al concenso de la opinión general. (Ya manifiestan cierto snobismo y una actitud condescendiente hacia la mayoría square,
0 como se diría en México, "desintonizada", "fuera de onda"). El vigor
literario de estos grupos proviene en parte de su oposición a la sociedad
-en el futuro, el argumento del homosexual hostigado y el de los matrimonios interraciales pueden llegar a considerarse tan anacromcos como nos
parecen a nosotros, en esta époc_a de la píldora an~conce~tiva y la mujer
emancipada, las novelas del siglo XIX que tratan q,e Jovencitas que han perdido la lionra. Más y más el novelista del futuro, cuando se hayan resuelto
ya los problemas de las minorías, tendrá que enfrentarse con los asu_ntos f~~damentales de la naturaleza y el destino del hombre. La decadencia de la
novela naturalista de fondo social" a partir de la Guerra ha traído unida
la decadencia del postrer concepto trascendente del hombre -como víctima o como beneficiado del orden social. En el mundo amorfo que nos
rodea, como sostiene Beckett, ya no hay ni víctima ni beneficiados -más
y más el artista moderno ha dejado de creer que la "Sociedad" realmente
existe.

•
Algunos de los problemas que arrostra el novelista norteamericano de los
años sesenta le son peculiares como norteamericano y como artista. Pero
sus dificultades fundamen~es son comunes a todo artista en una sociedad
tecnológica de masas.
y a nos hemos referido al obvio problema que se le presenta al novelista
norteamericano de la posguerra al tratar de los escritores cwnbres del período entre las dos conflagraciones mundiales: quiere ser tan hábil como
Hemingway.
Pero más grave aún, la generación de Hemingway y Faulkner fue la última que pudo utilizar significativamente algunos de los temas fundamentales de la literatura norteamericana del pasado. Tomemos, por ejemplo,
el tema de la inocencia y la sencillez del norteamericano en contraste con
la experiencia y la sabiduría mundana del europeo, aspecto que se ha tratado interminablemente en las novelas y cuentos norteamericanos. Nos halagaba pensar en esa época que éramos hijos sencillos de la naturaleza,
adanes en el Paraíso del Nuevo Mundo, muchachos del campo de &lt;;orazón

320

puro, enfrentando con candor natural y buen sentido todas las artimañas
y engaños de la civilización.

~ terminar_ la Segunda Gu~rra Mundial, sin embargo, los Estados Unidos,
habiendo surgido co~o potencia mundial, se convirtieron en el nuevo "viejo
mundo" de la sociedad tecnológica, mientras que Europa, y aún más el
r~to _del globo, constituían la agreste, nueva y exuberante frontera para la
maq~. No nos quedó más que reconocer que definitivamente habíamos
perdido nuestra muy alardeada inocencia. Daisy Miller había llegado a la
madurez, y se había convertido en agresora en vez de víctima. Los norteameric~os viaja?an por todo el mundo con un nuevo aplomo y gesto mundano, siendo obligados a asumir las responsabilidades a la vez que los placeres del poderío. Nuestra radicalmente distinta situación en el mundo convirtió en anacrónico el tema de la inocencia del norteamericano frent~ a la
sagacidad del europeo,· e impuso al escritor la tarea de crear una nueva imagen, de redefinir el papel del norteamericano en el mundo. La novela europea de la posguerra también refleja el surgimiento de los norteamericanos
como "~os viejos': de la ~ueva sociedad tecnológica. En Lettere da Capri,
de ~ano S~ldati, por eJemplo, los tradicionales papeles quedan invertidos
y la inocencia del galán latino lo hace víctima de la mundana experiencia
de su rapaz amante norteamericana.
Sin embargo, en un nivel aún más fundamental, el novelista norteamericano de los años sesenta lucha con ciertos conflictos filosóficos que son com~es a nuestra sociedad entera y que, como hemos visto, se reflejan con
clandad en la novela europea también.
L? que sucede es que hemos perdido fe en la razón humana y en los
sentidos humanos como instrumentos para comprender la realidad del mundo en que vivimos. La crisis que hay en el concepto de la realidad se ha
convertido en el factor determinante en la evolución de las artes contemporáneas -primeramente en la pintura y después en la novela. Esto condujo al escepticismo respecto a la realidad del mundo exterior a un violento
an~telectualismo, una exaltación de los sentido~, un persi;tente afán de
reba1ar al hombre, de conside~arlo sólo un bulto borroso, de eliminar lo "meramente humano" del arte, y aun negar la existencia misma de "lo humano".
Esta sus~icacia, este desdén, hacia la "realidad normal" se encuentra presente
dondeqwera en la novela contemporánea, que frecuentemente trata de convencernos de que las imágenes de los enajenados y los transportes de los adictos a las drogas representan una realidad más intensa, más auténtica que
aquella que nos es accesible por medios racionales. Leslie Fiedler ha dicho
que a la postre es la sinrazón lo que llegan a admirar y a emular los "fu.
turistas", así como optan por perseguir la visión en vez de la sabiduría, la

321
H

�alucinación en vez de la lógica. El esquizofrénico reemplaza al sabio como
su ideal. Los jóvenes hippies ( término que proviene de hipster de la obra
de Norman Maiier, White Ne gro), no están solos en su gusto por la demencia. Los lectores en general responden al extravío en la literatura en todos
sus aspectos, tanto en los escritores establecidos como en los experimentalistas. Es Norman Mailer en lo más intenso de su psicosis, la criatura más
que el dueño de sus fantasías, lo que nos conmueve hasta la admiración;
mientras que en el caso de Saúl Bellow, toleramos el optimismo teórico (el
cual nunca me ha convencido plenamente) y lo aceptamos en homenaje a
su fértil paranoia. Aun los ensayistas y analistas nos atraen actualmente por
un cierto desvarío redentor. (N. O. Brown, M. McLuhan) . Nuevas formas
de psiquiatría social ( en las que se anticipó la literatura) se inclinan a considerar la esquizofrenia no como una enfermedad que debe curarse, sino como
una incursión en el mundo psíquico desconocido, una especie de exploración del espacio interior, como en la obra de Ken Kesey, One Flew Over
the Cuckoo's Nest. Es significativo que una de las revistas humorísticas de
mayor éxito que haya existido en los Estados Unidos desde la Guerra tenga
eJ título de Mad. Muchos de los novelistas contemporáneos consideran que
una forma de hacer frente a un mundo desquiciado que no parece tener
sentido, es no tratar de dárselo, sino más bien mofarse de él - generalmente
con un humorismo siniestro y extravagante, l'humour noir, que nada tiene
que ver con la sátira intelectual. Es la misma risa absurda que se escucha
en los teatros de Brodway en "Dad, poor day, they have hung him in the
closet and I aro so sad"; la misma que provoca Charles Adams con sus cartones. Es una reacción ante la experiencia sin causa, ante sus hilos cortados,
ante sus eslabones rotos. Algunos de los escritores que practican esta clase de
humor, inclusive en la novela, son Ellison en Invisible Man, J. P. Donleavy
en Ginger Man, Heller en Catch 22, Burroughs en Naked Lunch, y James
Purdy.
Lo que me parece claro al examinar la novela norteamericana de la posguerra es que ha ocurrido un rompimiento en la continuidad histórica y que
el pasado ya no está presente como consideraban los humanistas que debía
estar siempre. La idea que se tenía en el Renacimiento de que la historia
está relacionada orgánicamente con el presente y que le es significativa, ha
sido rechazada en forma más absoluta de lo que hubiéramos creído posible
quienes nos dedicamos a la investigación del pasado y cuyo instrumento de
investigación es la palabra. No só1o se han derrumbado las estructuras sociales e intelectuales del mundo occidental bajo el impacto de una nueva
sociedad tecnológica de masas -sino que la noción fundamental del Hombre aceptada por la cultura occidental, ha sido socavada también. No sola-

322

mente estamos presenciando la formación de un
.
Posiblemente tamb",
.
ª Nueva
Sociedad de Masas.
ien somos testigos de Ja f
·,
de Hombre el cual segun' 1
ormac1on de un nuevo modelo
'
,
o presentan muchas de l
francamente monstruoso ha d "ad d
. as nove1as modernas, es
•
'
eJ O e ser esencialmente h
M h
escntores han jugado con esta idea d 1
.,
umano.
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ler habla de ella con relac·,
l e a mutac1on de la especie -Leslie Fied'
ion a a presente ge
·,
·
• .
brillante y profético estudio titulad "Th N nerac1on uruvers1tana, en un
Partisan hace unos dos an~o ( t ~o d e19 ew Mutants" publicado en el
s o ono e
65)
tal
.
haber ocurrido ya antes d
-y
eventualidad puede
1
cuenta. La litera~ra m, e que a ~ayor parte de nosotros se haya dado
as nueva -as1 se trate de Beckett o B
.
ler o Genet- nos revela un
d
l
urroughs, Ma1mun o en e que lo p ain
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ha desaparecido.
ur ente umano casi
Todo esto representa grandes problemas ue l
.
si realmente se preocupa co
q
e novelista debe solucionar
.
'
roo corresponde a un artista enuin
prender y dejar constancia de la "realid d" d
,
g
o, por comgesticulaciones del pasado.
ª e su epoca, en vez de repetir
Porque ciertos elementos
básicos de su arte como lo practicaban
.
•
d ecesores - 1a sociedad y el • d" "d
.
sus prem ivi uo Y sus relaciones entr '
h
ante sus propios ojos. En el "m d
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e s1- se an roto
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crec1entemente evasivo y desconectado ese y
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brantándose la realidad exte . )
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punto de referencia para el escritor moderno y "l
I b ,-r:remo : umco
abandonándolo la alabra
_
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pa a ra también está
y el mundo e~tre ~ d" "dque anltano ~onstituía el eslabón entre el hombre
'
IVI uo y a sociedad
Además, debe tratar de expr
. ., .
continuidad y s·
,
esar su vision de este nuevo mundo -de dismrazon- con palab
histórico y (en parte cuand
ras, dque son 1as creaciones de un pasado
'
o menos) e una me te
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En cierto modo el n· ovelIS.t
n raciona y consciente.
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a que contempla J
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los músicos los danzantes y l
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as ac ivi a es de los pintores,
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os pro uctores de
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�DE LO NACIONAL A LO INTERNACIONAL

LIC.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

circunstancias prevalecientes en el mundo, se observan ciertas corrientes de pensamiento que necesariamente se reflejan en
la actitud del hombre frente a los problemas que le aquejan, destacándose en
forma clara el importante proceso que va de lo nacional a lo internacional, en
una época que está caracterizada por esa tendencia.
DENTRO DE LAS ACTUALES

Como determinados acontecimientos lo ponen de manifiesto, algunas ideas
inspiradas en doctrinas, cuando no la doctrina misma, ha venido modificando o substituyendo a otras que tuvieron su vigencia en el orden de lo nacional, las que ahora parecen diluirse frente a ese proceso de integración internacionalista,1 y de hecho, no solamente ha operado, tanto el incontenible
avance científico, proyectado a lo tecnológico, como la llamada explosión
demográfica a escala mundial, sino también lo ideológico -cuya naturaleza
habría que estudiar de acuerdo con la forma que modernamente se le utiliza-, la que ha venido colocando a los hombres en grandes zonas diferentes de pensamiento y de acción, advirtiéndose, frente al fenómeno natural
internacionalista, los síntomas de una pretendida nueva forma o tendencia de
internacionalización ideológica, distinta en fines y ser a la primera.
De acuerdo con nuestro punto de vista, cabe aclarar que el tema de nuestro estudio, obedece fundamentalmente a las causas naturales mencionadas, o
sea -para no citar sino a las más importantes-, la explosión demográfica
a escala mundial y el alto nivel del progreso científico con sus naturales influencias y consecuencias, pese a los inconfesables designios de cualquier
ideología carente de ética en su doctrina, que tenga contenido y afanes de
1

Lic. ALBERTO GARCÍA Gó1rnz. Internacionalismo y Universalismo. Humánitas, vol.
V, p. 533. Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, 1964

597

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dominio mundial (libido dominandi) y que se pretenda imponer a través de
una "coexistencia pacífica", en tanto llegan otros acontecimientos, como si
la Humanidad no pudiera encontrar otro camino para dignificarse y cumplir con su destino histórico dentro de ese turbio devenir y no caer en la esclavitud "ideológica" materialista, que lleva al hombre por caminos que no
no son los del amor, la caridad y la comprensión, únicos medios viables para
una posible integración de verdadera convivencia internacional.
Así, es necesario establecer el proceso natural de la internacionalización, el
que no es compatible con cualquier paralelismo de otra índole, ni con los vicios y falacias congénitas de una pretendida internacionalización de carácter
puramente ideológica. En otras palabras, la realidad sociológica internacional que apunta una dinámica hacia la posible integración internacional, encuentra sus causas principales en los citados factores de la explosión demográfica en un aspecto y, por otro, en los adelantos notables de la ciencia.
Claro está, que en el trasfondo se encuentra otra serie de importantes elementos cuya conjugación y precipitación queda sujeta a las presiones que
de todo orden se operan en el seno de las sociedades nacionales, los &lt;fue también coadyuvan en ese proceso, pero que no son estudiados aquí.
Tomando en cuenta el innegable grado de influencia que en los tiempos
modernos ha venido cobrando el hecho de lo ideológico, es consecuente el
que se haya despertado un interés por su estudio, así como el de su influencia en las diferentes comunidades sociales, hecho que es analizado por los
tratadistas a través de materias aplicadas a ese campo, así como en importantes obras y estudios, tomando en cuenta, además, su empleo como anna
de penetración política y de conquista.
Por lo que respecta a lo ideológico, considerado como una corriente de
pensamiento que opera del exterior hacia el interior, ya se ha advertido desde las comienzos de la última Guerra Mundial, la prevención en contra de
ella, en medidas legislativas con un carácter penal proteccionista, no solamente de naturaleza anti-bélica,2 las que, en la mayoría de los casos, no tuvieron la eficacia que hubiera sido de desearse, atentos a los resultados negativos que hubo de contemplarse.
De acuerdo con el aforismo: "Las ideas no tienen fronteras", resulta innegable que lo ideológico ha venido tomando un inusitado incremento, como así fue posible observarlo, por ejemplo, en los graves disturbios reciente• En México, el llamado Delito de Disolución Social, contemplado en los artículos
145 y 145 bis, del Código Penal para el Distrito y Territorios Federales. En Estados
Unidos de Norteamérica, en disposiciones legales, en la existencia de un Comité encargado de contrarrestar las actividades anti-Norteamericanas y en la gran mayoría de

mente acontecidos en diversas partes del mundo, los que tienen una sospechosa sincronización y que aunado a otros motivos e inquietudes características de las juventudes de nuestro tiempo, han producido un debilitamiento
de afirmación nacional al seguirse una línea ideológica y política de repercusión internacional.
Así, pues, este proceso ideológico que se ha venido operando cada vez con
mayor intensidad en un radio siempre creciente, ha arrollado ideas y conceptos que, hoy por hoy, resultan obsoletos para ese proceso, o bien han
caí~o en el_ anacronismo o la ineficacia, o, en última instancia, ese proceso
es. inadvertido por la masa --otro fenómeno moderno--, que es nutrida y
onentada en fuentes extrañas a su propio ser y estilo de vida, dentro del límite
de lo nacional, masa que resulta fácil presa de control en manos de expertos
de agitadores o de políticos, los que para sus propósitos, en algunos de lo:
casos, anteponen su interés personal, al de su nación y utilizan todos los modernos cuanto poderosos medios a su alcance -como profesionales-- para
atacar los puntos débiles de esa masa, alcanzando casi siempre con éxito las
metas propuestas. Además, no es un simple juego de palabras el entender
que no es lo mismo nutrirse que ser nutrido, referido esto a la cuestión intelectual.
Por lo que respecta al hecho social de la masificación, característico de las
modernas sociedades y que aparece como producto inmediato de la explosión
demo~áfica, a su vez ha permitido la ósmosis ideológica con mayor celerid~d, s1 se ~ºn:1ªn. :n cuenta las presiones y la menor resistencia, lo que permite la soc1ahzac1on gradual, encontrándose el hombre atrapado en alguna
de las estructuras que forman la gran red. Esto ha provocado un cambio en
la ubicación y estimación de la persona al ser convertida en individuo con
las trascendentes consecuencias que son de apreciarse.
'
Con razón Peter A. Calver ha escrito: "Dentro de la terminología angloamericana, la formación de las actitudes políticas entre los elementos de un
grupo humano se califica generalmente de socialización política. Este término indica que se trata de una operación entre una serie más vasta de operaciones sociales estudiadas por los sociólogos, gracias a las cuales el individuo puede ser admitido en el seno de la comunidad e instruido acerca de
la manera de comportarse en relación con ella".3 Debemos recordar también
'
la frecuencia con que se utiliza el concepto de "cultura de masas".
La Nación. Por lo que respecta a la Nación, y su derivado, la nacionalidad, se ha afirmado que se originan con la presencia del Estado, sin em. • C. F. Gabriel Almond y James S. Coleman, editores: The Politics of the Deuelopmg Areas. Princeton, N. J., 1960, (pp. 26-31). Citado por Peter A. Calvert. La Formación de las Actitudes Políticas. Aportes No. 7. Enero 1968.

países.

599
598

�bargo, no es posible confundir a la concreción jurídica de lo sociológico cuya
raíz está en la Nación misma, siguiendo el proceso natural de su desarrollo
a través del tiempo.
Así, Recaséns Siches eslima que la Nación, elemento básico de la nacionalidad en el sentido en que hoy empleamos esta palabra, es una sociedad
moderna. Aunque el hombre es conocido desde antiguo, hasta entrada la
Edad Moderna, no se formó ninguna estructura nacional en el sentido que
hoy damos a esta expresión, pero en cambio, antes de que se formaran
las modernas nacionalidades encontramos comunidades, las cuales desempeñan un papel parecido al que hoy le corresponde a la Nación, en los pueblos adelantados, y las cuales, aunque con características diferentes, vienen en
el fondo a significar algo parecido a lo que la Nación hubo de significar
después. Así, por ejemplo, las tribus, las confederaciones de tribus y la CiudadEstado de la antigüedad clásica.4
La Nación, de acuerdo con las concepciones que de ella se tienen, se nutre
de sus propias substancias, o sea de ideas y conceptos que, con mayor o menor
grado de eficacia, con aciertos o con errores, ha hecho suyos, los que a su vez,
han hecho permisible el florecimiento de determinadas instituciones políticas
-en el más alto nivel del concepto de política-, especialmente en aquellos
pueblos que han tenido el acierto de crearlas, adecuándolas a su tradición
histórica y a su peculiar forma de ser, lográndose así su mejor asimilación y
perfeccionamiento. De la inobservancia de esto último, algunas naciones han
lamentado graves consecuencias.
Interesante, pues, resulta el caso observado hasta el presente, de uno de
los conceptos que han tenido mayor arraigo entre las diversas comunidades
del mundo: la Nación. Y es precisamente este concepto, cuya historia se
remonta inicialmente a formas de agrupamiento humano que alcanzaron una
mayor cohesión social, el que ha llegado hasta nuestro tiempo y cuyo valor sobrepasa una mera circunscripción de tipo sociológico, ya que sus raíces han
penetrado profundamente en el alma humana, desde sus primeras manifestaciones, hasta llegar -equivocadamente, por cierto-, a los excesos negativos de un nacionalismo exacerbado, mal entendido y peor practicado.

Mas si el concepto de Nación, que en nuestro tiempo parece -dentro del
proceso mismo de la evolución histórica-, y bajo la influencia del internacionalismo, como próximo a convertirse en inoperante, esto no significa que
haya perdido todavía su plena validez sociológica, jurídica y política. Es también probable que tal eventualidad no acontezca, por más que determinados
hechos permitan registrar la presencia de tendencias hacia ese fin.
• REcASÉNs Sicm:s. Sociología, p. 451.

600

Sobre este último punto resulta interesante observar cómo en el campo
de lo económico se han venido sucediendo determinados hechos en América
Latina que son elocuentes en lo que se refiere a un tipo de internacionalización, que bajo el nombre de integración, y dentro de la estructura internacional, aparece como integración internacional, obedeciendo a la tendencia
que venimos señalando.
Entre los días 8 y 26 del mes de julio de 1968, se llevó a cabo, en La Paz,
en la sede del Instituto Boliviano de Estudios y Acción Social (IBEAS), un
curso sobre "Bolivia y la Integración de América Latina", organizado por el
INTAL (Instituto para la Integración de América Latina), bajo los auspicios
del Banco Central de Bolivia.5
En el discurso de clausura del director del INTAL, señor- Gustavo Lagos, se
advierten en algunos de sus conceptos, ideas sumamente reveladoras de la tendencia internacionalista, que si bien están inspiradas en la integración, en boca
de una autoridad en la materia, resultan de la mayor importancia. He aquí
algunos pasajes: ..."Cabe destacar, en primer término, que el proceso de
integración económica ofrece ventajas indudables a la economía boliviana y
por ello la política del Gobierno de Bolivia de decidido apoyo a la integración
constituye una clara interpretación de los auténticos intereses nacionales y
de la vocación histórica de Bolivia dentro de América Latina. Como si los
fundadores de esta nación hubieran tenido el presentimiento del rol estratégico que el país podía jugar en el proceso de integración económica, le dieron
el nombre que hoy lleva, derivado del propio nombre del gran libertador,
precursor y primer actor del movimiento de unidad latinoamericana. Porque
dentro del proceso general de América Latina, Bolivia aparece como un país
puente colocado por la geografía y por la historia en un lugar de encuentro
de los distintos esquemas de integración que se están desarrollando. Su ingreso
a la ALAC ( Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) le ofrece un
gran mercado para el desarrollo de sus planes en los distintos sectores productivos, y le permite la concertación de acuerdos sectoriales, generales o parciales en el ámbito del Tratado de Montevideo. En su calidad de país de menor
desarrollo económico relativo, Bolivia puede obtener ventajas no extensivas y
además está autorizada por la Resolución 176 para llevar a cabo el programa
de liberación comercial en condiciones más favorables. Ello le permite formular una política de negociaciones que no comprometa el cumplimiento de los
objetivos nacionales, como ya se demostró en la primera negociación de Bo• Boletín de la Integraci6n. Agosto 1968, pp. 462 y 463. Buenos Aires, Argentina.

601

�livia en la ALAC, durante el séptimo período de sesiones ordinarias de la
conferencia.
"Su ingreso al Grupo Andino la vincula a un conjunto de países y a un
esquema de integración destinado a desempeñar un papel estratégico dentro de
la integración general de América Latina. Este ingreso no solamente responde
a imperati~os de s~ geografía sino que también le permitirá gozar de un régimen especial, con1untamente con Ecuador, en el acuerdo andino en o-esta.,
"
b
c1on...
Termina, el señor Lagos con estas palabras: "Cuando se organizaba en
Mendoza el Ejecutivo Libertador que habría de liberar a Chile, alguien pre~tó a San_ Martín por qué siendo él argentino se interesaba tanto por la
mdependenc1a de Chile. Y el gran General respondió: 'mi país es la América
entera Y me importa tanto la independencia de Chile como la independencia
de las Provincias Unidas del Río de la Plata'. Es el espíritu contenido en
:sta gran afi~mación el que podrá hacer posible esta segunda etapa de nuestra
md~~endencia. que es la integración de América Latina. Unidos en una gran
nacton de naciones como sería una América Latina integrada, no diviso tarea
alguna que esté fuera de nuestro alcance. Mas para ello necesitamos compenetramos del espíritu sanmartiniano y considerar que el desarrollo de cada
uno de nuestros países es tan importante como el desarrollo de los demás países
latinoamericanos. Es dentro de este espíritu que hizo posible la primera independencia de América Latina..."
Ciertamente vamos de lo nacional a lo internacional, mas si esta mutación,
hoy por hoy, un tanto prematura, supondría, en principio, un nivel internacional
e~ el que ~ igualdad permitiese tal mutación; una igualdad que comprendiendo los diversos factores operantes en el seno de lo social, de lo económico
de lo religioso, de lo jurídico y de lo político, pero sobre todo de lo cultural'
permitiese tal cambio, lo 9ue, a ojos vistas, por ahora resulta imposible d;
alcanzar de acuerdo con un somero análisis de las diversas situaciones de esos
órdenes nacionales a nivel internacional, máxime que las bipolaridades, riqueza-pobreza, cultura-ignorancia, fuerza-debilidad -que son reflejos vivos del
ser del hombre-, destruyen cualquier intento actual de una factible posibilidad a ese respecto en el plano de lo internacional.
No se ignora, por otra parte, la nobleza de los postulados internacionales
contenidos en el Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas y que resulta
un patétic~ reconocimiento de la infortunada realidad internacional, al proclamar la igualdad de los Estados, como principio, cuando en la parte relativa
se asienta: "reafirmar la fé en los derechos fundamentales del hombre en la
dignidad y el valor de la persona, en la igualdad de derechos de ho:ibres y
mujeres de las naciones grandes y pequeñas. .. Establece también el artículo 2

602

"

de la propia Institución: ( 1). La Organización está basada en el principio de
la igualdad soberana de todos sus miembros.
Esta colocación de desigualdad de las situaciones nacionales en el plano
internacional, permite inferir determinadas consecuencias y de que estamos
también ante la posibilidad -trágica expectativa- de que no solamente se
paralicen los intentos o el proceso mismo de la integración internacionalista,
sino que esa desigualdad que, como fermento, es propicia para que se produzca un conflicto bélico como nunca antes lo padeciera la Humanidad. Posibilidad que nos lleva a la conclusión de que se ha llegado -tomando en cuenta
las características y posibilidades de ese futurible bélico-, a dos situaciones que
en síntesis son definitivas: la guerra -problema central del Derecho Internacional- y la paz.
En el caso de la primera, o sea el empleo de la violencia para la solución
de los conflictos como arma suprema y como ultima ratio, ha determinado
importantes y profundos cambios en las sociedades de todos los tiempos, sólo
que ante la eventualidad de un conflicto bélico, dada la enorme y total potencialidad destructiva de los medios a emplearse, ya que ahora se trata no
de una guerra limitada, sino de una guerra total, colocan a la Humanidad
ante la situación imposible de rehacerse y sí de fenecer ante tal circunstancia.
Lo nacional, como parte de un todo afectado, dados esos medios destructivos,
desaparece, no ya por factores de proceso integrativo de carácter internacionalista, sino por la amenaza o aplicación de la violencia física, cuyas consecuencias serían definitivamente aniquilantes y destructoras, si se toma en cuenta que ahora las causas -cuya conjunción se presenta por primera vez en la
historia- son totalmente distintas a cuantas hayan operado en el pasado.
O bien, cabría la posibilidad de la integración impositiva -ante el temor- de
un solo bloque, que a su vez fundiría lo nacional y lo internacional.
En el otro aspecto de la cuestión, la paz, en última instancia, sería el camino
que permitiera la posibilidad del proceso gradual de integración de tipo internacional por sus propias fuerzas naturales, lo que significaría una serie de
problemas relativos de ese proceso, no solamente difíciles, sino sumamente complejos para ser superados sino con el paso del tiempo. Lo que parece utópico,
si se miden los futuros alcances, tanto de la explosión demográfica mundial,
como de la incontenible marcha del proceso científico, o bien, de la conjunción de ambos, lo que al menos permitiría un intento de integración. Y de aquí,
entre la antítesis guerra-paz, se llegaría, en última instancia, al problema, al
eterno problema del predominio de la razón o de la fuerza. Habría que estudiar las posibilidades de lo ideológico, que sirviendo a los fines de la violencia
dejaría postergada a la propia razón, al convertirse en un fin y no en un medio
603

�para llegar al entendimiento del que tanto necesitan los hombres de nuestro
tiempo.
Por lo que toca al tema de nuestro breve estudio, vemos que la tendencia
internacionalista se puede apreciar en múltiples aspectos. Hemos escogido un
artículo escrito por Jaume Miravitlles en que bajo el título de "Imperios
Verticales", el escritor advierte esa tendencia, cuando afirma: "Ha sonado,
-se dice- la hora de poner las bases de la unidad mundial. Las técnicas industriales de que dispone el hombre, los fabulosos avances tecnológicos en el
transporte y en la comunicación, hacen posible aquel proyecto hasta ahora
quimérico. Tenemos ya satélites artificiales capaces de proyectar a un auditorio mundial, programas de televisión, se está trabajando en sistemas que
podrían llevarnos a cualquier lugar de nuestro planeta en pocos minutos. Teóricamente, es perfectamente posible trabajar en Nueva York y vivir en la Costa
Azul. Es decir, teóricamente, estamos preparados para hacer de toda la Tierra
una unidad económica y social. ¿Lo estamos política y culturalmente? ¡ Ciertamente no!
"Vivimos en una época -agrega el autor- , de significativa contradicción:
a medida que se uniforman las formas materiales de la vida, se exacerban los
particularismos locales, no ya desde el plan de nación, sino desde el más elemental de la región, comarca o tribu. Esta reacción no es necesariamente negativa y constituye una defensa saludable de la originalidad de la persona humana que se resiste a convertirse en un robot sin alma ni corazón".
Así, vemos que el fenómeno de la internacionalización, además de ser observado por el escritor, es un tema que interesa por igual a todos los hombres,
ya que todos los hombres estamos comprometidos en él, y es necesario reconocer
que esa realidad, que a primera vista pudiera parecer fácil de desentrañar
entre la urdimbre de complejos problemas, de interesadas actitudes ideológicas,
así como de la mayor diversificación de opiniones, y en el que, pese a los
esfuerzos realizados, la persona humana, la que debe ser considerada en primer
término como tal, se vé seriamente amenazada por los efectos deshumanizantes
de la masificación y por la penetración ideológica que está caracterizada precisamente por el ataque a su ética y a su dignidad, desconociendo el alto valor que representa, no como símbolo ni como número. De aquí que también sea
digno de alabanza el esfuerzo realizado en el seno de la Organización de las
Naciones Unidas, para rescatar, exaltando, el reconocimiento de los derechos
humanos, esencia y condición natural de la persona humana en momentos en
que tal reconocimiento, especialmente en la órbita de lo nacional, esos valores
de la persona no están debidamente realizados, pese a lo impecable o a la
intencionalidad en la letra y en el espíritu de las diversas legislaciones en el
mundo.

En la nación, el hombre encontró una de las formas más adecuadas para
verificar su propia proyección y la de sus congéneres. Esto así se demuestra
con un estudio comparativo en el plano histórico de las diversas instituciones
políticas de los pueblos y la historia tiene destellos de gran contenido humano
cuando se inicia la gestación de las nacionalidades. Ciertamente, cambian las
circunstancias en el tiempo y en el espacio, pero es bajo el influjo de ellas que
el hombre emerge --&lt;:orno persona-, dotado de los medios que le permitirían
· con el paso de los días, llegar al advenimiento de la democracia y este hecho
es bastante significativo, si se considera que la democracia es una de las más
completas formas políticas que el hombre haya podido alcanzar, y que, además,
habría de permitir el nacimiento, el desarrollo y el progreso de las propias nacionalidades, así como el afianzamiento de los valores morales y cívicos que le
darían un "porqué" más satisfactorio a su espiritualidad, pudiendo llegar así
a grandes expresiones, pese a lo elemental del concepto de lo nacional en sus
formas primarias.
"En efecto -dice Antonio de Luna- se creyó que el nacionalismo y su
aplicación a las naciones que todavía no habían logrado constituirse en Estados
independientes -'principio de las nacionalidades'- era una etapa necesaria
hacia el internacionalismo y no se dieron cuenta de que en lugar de ser el
apogeo del individualismo y la democracia, aplicación a las mismas de los
derechos del hombre y su mejor garantía eran la negación de los mismos. Ello
proviene de la confusión entre 'principio de autodeterminación' y 'principio
de las nacionalidades', que son cosas distintas. Para que ambos coincidieran
haría falta que la nación se definiera. como 'un plebiscito cuotidiano', como
upa asociación voluntaria de hombres que quiere vivir bajo un Estado que
los una; pero precisamente tal definición es una confusión de lo político con
lo nacional. Renán define al Estado, no a la Nación, dejándose llevar de la
sinonimia de ambos términos en francés. Pero lo que hace que la nación sea
problema, lo que explica que a partir de la Revolución francesa se haya convertido en la categoría suprema de integración social y política, es precisamente el que se la considera como algo objetivo -natural o metafísico; y
entonces, si la cualidad nacional es algo independiente de la voluntad, el
principio de las nacionalidades es, como sostiene Lord Acton, incompatible
potencialmente con la democracia, ya que "pone límites al ejercicio de la
voluntad popular y la sustituye por un principio más elevado". Si antropomórficamente se trasladan todos los derechos del hombre a las naciones, éstas conquistan la libertad, pero desaparece la de los individuos".6
• ANTONIO DE LuNA. Fundamentación del Derecho Internacional. Ponencia. Actas del
Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional. Madrid. MCMLI.

605

604

�11

Pero no es posible soslayar la importancia trascendental del hombre con
sentimiento de nacional. Desde luego no son las formas más altas de su espiritualidad. Así tenemos la expresión de la cultura griega, o bien, el Siglo de
Oro hispánico, dentro de organizaciones humanas en donde la fórmula democrática incipiente empezaba a penetrar, ya fuera gracias a la Ciudad-Estado
o en las conquistas alcanzadas por los comuneros españoles.
Cuando los insurgentes de América luchaban por liberar a sus pueblos,
aspiraban a una democracia, en contra del despotismo, aunque las formas jurídicas no fueran en muchos casos de tal naturaleza.
Y cuando hablamos de esos comienzos de la Nación, no está por demás recordar que en el hoy distante año de 1899 podía decirse que Europa entera
estaba gobernada por solamente dos monarquías, dos Estados secundarios:
los Países Bajos y Suiza y una que otra villa libre de Alemania o de Italia eran
la excepción; dos monarquías, solamente dos: Inglaterra y Suecia, estaban
limitadas por instituciones parlamentarias, las otras no conocían las ventajas
y los inconvenientes del poder absoluto, más o menos temperados por las disposiciones personales de los "Déspotas Esclarecidos".7
He aquí que un nuevo actor, el Pueblo, comenzó a aparecer en la escena
internacional. Es en este punto que se observa una irresistible evolución: la
Filosofía Política de Bossuet no conocía más que el Estado. Montesquieu y
Voltaire mostraban más su simpatía por la Nación, y por su parte Rousseau
y Mably no admitían otra soberanía que la del Pueblo. Ciertamente, los Soberanos de aquel tiempo no reconocieron de buen grado la pretensión de sus
pueblos a disponer de su status político; la Santa Alianza se constituyó expresamente para liberar parcialmente de acuerdo con las manifestaciones, la renovación del espíritu revolucionario, o bien la institución de ese Pacto que
llegó a un resultado que los componentes no proveyeron ni imaginaron: el
evitarles a los pueblos oprimidos el sentimiento de su solidaridad.
Al presente -de ac;uerdo con Royssen-, la importancia de ese hecho es
posible resumirla de la siguiente manera: el problema de las nacionalidades
llegó a ser un "Affaire" internacional; en nombre de la paz, los aliados se
pusieron de acuerdo para constituir en común la policía de Europa; en nombre
de la justicia, las nacionalidades reclamaron la invocación de la conciencia
universal, como así es posible observarlo durante más de medio siglo, en la
prensa, en los debates políticos y en la literatura de toda Europa. El progreso
de las nacionalidades provino, lógicamente, del desenvolvimiento de las instituciones democráticas.8
• THEODORE RuYSEEN. Les Sources Doctrinales de l'ltiternacionalisme. Presses Universitaires. Vol. III, pp. 18 y sigs.
• Ibid., p. 134.

606

Dentro de las diversas teorías que lógicamente se han elaborado en tomo
a la nación, la que por su propia naturaleza ha despertado la atención de esclarecidos pensadores, se ha llegado a una división de ellas en naturalistas y
espiritualistas, siendo, por tanto, necesario buscar los elementos subyacentes en
el concepto, ya que en los tiempos modernos algunas ideas acerca de él, están
superadas, como acontece con la de raza, que ha sido declarada sin fundamento
por muchos autores que con sólidos argumentos han hecho evidente su carencia
de razón. Otros autores sólo se han detenido en algunos de los aspectos o de
los elementos fundamentales del concepto de la nación, olvidándose del todo.
Sin embargo, es posible extraer algunas notas esenciales que son características
y permanentes en la nación con objeto de ver qué posibilidades tiene la internacionalización, en el aspecto de su t;volución natural, que es en síntesis, el
objeto de nuestro apuntamiento.
En Francia -de acuerdo con J. T. Delos 9- y en los países que han seguido
su ejemplo, se ha superado la influencia de sus revoluciones, al despertar de la
conciencia nacional. No se ha hecho ningún llamamiento al sentimiento racial. La nación que se subleva, de 1789, es en realidad el "Pueblo Soberano"
que toma conciencia de sus derechos. Se alza contra un sistema político, contra
el feudalismo y contra la monarquía absoluta; reivindica los derechos del
hombre, y no los de su raza; invoca la razón y no la sangre; y no piensa en la
diversidad de las razas, sino para proclamar su igualdad ante el derecho y su
libertad.
Sin embargo -prosigue este autor- mientras esta forma del sentimiento
nacional ligado más tarde al ideal democrático, gana paso a paso y derrumba
la estructura política, aparece otra que no cesa, que no deja de ganar terreno
a su vez, bajo la influencia del pensamiento germánico principalmente, invoca
a los derechos históricos, la sangre y el suelo; cree en el alma colectiva, en las
fuerzas oscuras e instintivas que prevalecen en la vida de los pueblos y en el
desarrollo de sus instituciones sobre las decisiones de la libertad individual más
próxima a la naturaleza y a las condiciones físicas de la vida, menos política,
menos racial y más voluntariamente mística, esta concepción de la nación se
orienta por sí misma, hacia las diversas formas del racismo.
Pero si la Nación ofrece evidentemente al hombre un medio, conjuga, al
parecer, la acción de los elementos físicos como el territorio, el clima, y la de
los factores institucionales, históricos, políticos y sociales.
Del conjunto de conceptos que sobre la Nación se han elaborado y de entre
la diversidad de notas o elementos que se le atribuyen, destaca, predominantemente, la idea de comunidad, como elemento aglutinante, ya que todos los

• J.

T.

DELOS,

p. 38.

607

�atributos del concepto coinciden en esa característica en la que participan todos
los miembros de una determinada agrupación social. Sin caer en un vitalismo
exagerado, sin embargo, no es posible negar la existencia del ser contenido en
la nación, porque en última instancia, éste requiere de una organización, que
se traduce en vida comunitaria política, religiosa, cultural, social, etc., dentro
de un orden jurídico y social que es precisamente el que la caracteriza, haciéndola diferente de otras, y aunque resulte un tanto discutible la afirmación de
que la nación es un organismo vivo, al cual algunos autores la atribuyen hasta
alma y conciencia nacionales, como hipérboles románticas, es indudable que la
nación tiene en sus atributos esa comunidad que le otorga el sello característico de una personalidad, no solamente de naturaleza jurídica sino también
moral.
En la relación existente en las clásicas instituciones Nación y Estado y entre
los Estados y la Organización Internacional, se han venido observando ciertas
diferencias o bien, siempre bajo el influjo omnipotente de la soberanía -celosamente guardada y defendida en razón natural de la aparición de los pueblos
jóvenes-, como, en nombre de esa soberanía, paradójicamente, el Estado se
ha visto precisado a coordinarse con la soberanía de otros Estados y para
esto ha sido necesario superar muchos escollos para preservar lo inmaculado
de la propia soberanía, si bien en su nombre se han realizado grandes cambios
en el tiempo actual.
El hecho es que en nuestros días todos los Estados se han comprometido
moral y jurídicamente a participar en la resolución de los graves problemas
que aquejan a la Humanidad, no solamente en el ámbito de lo internacional,
sino que han utilizado a la Organización de las Naciones Unidas para recibir
ayuda en lo nacional. Tal es el caso de la preservación de la paz, tal es el
caso cada vez más importante de la participación de los Estados en la creación y fomento de las instituciones de tipo económico, como hubimos de ver,
de organismos para la educación, etc. Se podría preguntar si se llegará a la
situación de si el hombre, como persona, no encuentra ya el debido reconocimiento de protección en su esfera nacional, cuarido organismos internacionales
acuden en su ayuda. Lo ideológico tiene otros caminos y otras metas, atendiendo a que es o debe ser, producto de una doctrina, que tenga un profundo
contenido ético y humano, porque no es la desesperación ni la miseria las que
pueden conducir a la Humanidad a través de una ideología que preconiza la
violencia y el apoderamiento. No sería una ideología, sino una disfrazada actitud política con fines imperialistas la que arrastraría al hombre a su fin. ¿Sería la civilización, contradictoriamente hablando, la forma de conducir al
hombre a su final? Debemos pensar, por hoy, que si el proceso de internacionalización habrá de realizarse, el hombre debe poner su razón para conducirlo,
608

utilizando los frutos alcanzados por el progreso científico aplicado a la erradicación de los problemas que determinan el clima favorable para la proliferación de ideologías negativas y aniquilantes, recordando aquellas palabras
de aquel judío víctima de la persecución nazi, cuando las maldibujara en la
pared de su escondite:
Creo en el sol, aunque no brille,
Creo en Dios, aunque esté en silencio,
Creo en el amor, aunque esté escondido. ..10

'º Citado por IiARoLD

BLAKE WALKER.

Chicago Tribune. 2 de mayo de 1968' p. 2.

609
H39

�LA EDUCACIÓN EN EL MtXICO INDEPENDIENTE
Lrc. JoRGE PEDRAZA
Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística.

EL LICENCIADO Y PROFESOR Germán Cisneros Farías, tiene un interesante estudio sobre el artículo tercero constitucional, en donde señala que "el primer
documento jurídico en materia educativa, de que tenemos noticia, es el que
se refiere a la Constitución Española de 1812".1 Esta Constitución, jurada en
Cádiz el 19 de marzo de 1812, entró en vigor en la Nueva España el 30 de
septiembre de ese mismo año.
Este primer antecedente constitucional del artículo tercero lo encontramos
en los artículos 131, 335, inciso quinto; y 366 al 370 de la Constitución Política
de la Monarquía Española:
Artículo 131. Las facultades de las Cortes son:
Vigésimasegunda: Establecer el plan general de enseñanza pública en toda
la Monarquía, y aprobar el que se formó para la educación del Príncipe de
Asturias.
Artículo 335. Tocará a estas diputaciones (provinciales) :
Quinto: Promover la educación de la juventud conforme a los planes aprobados; y fomentar la agricultura, la industria y el comercio, protegiendo a los
inventores de nuevos descubrimientos en cualquiera de estos ramos.
Artículo 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas
de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar,
y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve
exposición de las obligaciones civiles.
Artículo 367. Asimismo, se arreglará y creará el número competente de
1

GERMÁN CrsNERos FARÍAs. El Artículo Tercero Constitucional. Monterrey, México,

1965, p. 13.

611

�'

'l

universidades y otros establecimientos de instrucción, que se juzguen convenientes para la enseñanza de todas las ciencias, literatura y bellas artes.
Artículo 368. El plan general de enseñanza será uniforme en todo el reino,
debiendo explicarse la Constitución política de la Monarquía en todas las
universidades y establecimientos literarios, donde se enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas.
Artículo 369. Habrá una dirección general de estudios, compuesta de personas de conocida instrucción, a cuyo cargo estará, bajo la autoridad del Gobierno, la inspección de la enseñanza pública.
Artículo 370. Las Cortes por medio de planes y estatutos especiales arreglarán
cuanto pertenezca al importante objeto de la instrucción pública.2
Con la conquista, la Nueva España dependió en su legislación de España.
Privada esta tierra de facultades legisladoras, sus negocios más importantes se
ventilaban en las Cortes Españolas. La vida de España llegaba tiempo después
a América.
En 1812, ante las Cortes de Cádiz, don Miguel Ramos Arizpe presentó una
memoria en la que apuntaba que "la educación pública es uno de los primeros
deberes de todo gobierno ilustrado, y sólo los déspotas y tiranos sostienen la
ignorancia de los pueblos para más fácihnente abusar de s~s derechos. ~a situación de estas cuatro provincias internas de Oriente, su sistema de gobierno
interior y en general de la monarquía tan notoria y prolongadamente aletargada han' influido desgraciadamente en que no se conozca en estas infelices provinci:s un establecimiento ordenado de educación popular. Sólo en la villa de
Saltillo, primera de la provincia de Coahuila, y en Monterrey, capital del Nuevo
Reino·de León, hay una escasa dotación fija para la subsistencia de un maestro
de primeras letras. Los presidios y villas de más numerosa población sostienen,
de los fondos de las c~mpafüas y contribuciones voluntarias de algunos padres
de familia, a algunas personas ineptas o de mala conducta con el nombre de
maestros que regularmente se entretienen en mal enseñar la doctrina cristiana,
siendo p~r lo común incapaces de enseñar principios de una regular educación
pública; en las haciendas que ocupan gran número de sirvientes, suele hab~r
también una u otra escuelilla, habiendo yo observado más de una vez el cuidado que se pone en que los hijos de los sirvientes no aprendan a escribir, por
creer algunos amos que llegando a esa que se llama ilustración, solicitarán.o_tro
modo de vida menos infeliz, rehuyendo la dura servidumbre en que han vivido
sus padres. ¡ Desgraciada juventud americana! ¿ Es posible que se intente re• Derechos del Pueblo Mexicano. Tomo III. XLVI Legislatura. México, 1967, p. 87.

612

primir las más bellas disposiciones de la naturaleza y mantener al hombre en
una brutal ignorancia para más fácilmente esclavizarlo? ..." 3
El panorama que nos muestra Ramos Arizpe es lamentable y habla precisamente de las cuatro provincias internas de Oriente, entre las cuales se encontraba el Nuevo Reino de León, con su capital: Monterrey, y una gran
cantidad de poblados, en donde apenas había un maestro de primeras letras
y en la mayoría de esos lugares ni siquiera eso.
El 22 de octubre de 1814 es sancionado en Apatzingán el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, en cuyo Artículo 39 se
estatuía que "La instrucción, como necesaria a todos los ciudadanos, debe ser
favorecida por la sociedad con todo su poder".4
El movimiento de Independencia, iniciado por Hidalgo, es consumado por
Guerrero e Iturbide y muchos hombres más. Es así como México se quita la
tutela de España y se inicia, en esta forma, una nueva vida: la vida del México Independiente.
"Con el movimiento de Independencia --es Larroyo quien habla- nacen
propósitos político-educativos suficientemente amplios para delimitar una tercera época: la de la enseñanza libre, que se caracteriza por un anhelo de organizar la vida pedagógica del país sobre la base de una política liberal; sin
embargo, aquí y allá se percibe la segunda intención de sustraer la dirección
educativa del influjo del clero para ponerla en manos del Estado (Valentín
Gómez Farías). Dicho ideal nutre la doctrina que sustentan los destacados
políticos de la educación, hasta la época de la Reforma". 5
El cuatro de octubre de 1824 es sancionada por el Congreso General Constituyente la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, en cuyo
Artículo 50, fracción I, señala las facultades exclusivas del Congreso:
1. Promover la ilustración: Asegurando por tiempo limitado derechos exclusivos a los autores por sus respectivas obras, estableciendo colegios de marina, artillería e ingenieros; erigiendo uno o más establecimientos en que se
enseñen las ciencias naturales y exactas, políticas y morales, nobles artes y
lenguas: sin perjudicar la libertad que tienen las legislaturas para el arreglo
de la educación pública en sus respectivos Estados" .6
El Congreso General Constituyente de 1824 tomó como sinónimo de la palabra instrucción el vocablo ilustración, según se puede apreciar en el texto
anterior.
• lbid., p. 88.
• lbid, p. 88.
• FRANCISCO LARROYO. Historia Comparada de la Educación en México. Editorial
Porrúa, S. A. México, 1964, p. 41.
• Derechos del Pueblo Mexicano, p. 89.

613

�Tan pronto como se consumó la Independencia se habló ya de trabajar
por la educación popular. En 1825, el Primer Presidente de la República,
general don Guadalupe Victoria, al cerrar -precisamente el 21 de mayoel período de sesiones ordinarias de la Cámara, expresó:
"El poder ejecutivo no ha perdido ni puede perder de vista la moral y la
ilustración, y por lo que a ésta hace, una Junta está actualmente entendiendo
en un proyecto grandioso de enseñanza pública, a fin de que los mexicanos no
tengan que ir a buscar socorros a otros países". 7
Pero, es ya bien sabido, sólo fueron proyectos. Así vemos, en informes sucesivos, cómo se lamenta Guadalupe Victoria.
Las Escuelas Lancasterianas.

La primera manifestación escolar, fuera de las causas que habían guiado
la educación durante el largo período de la Colonia, la constituyen las Escuelas Lancasterianas ( 1822) que por más de 70 años habían de influenciar
con su estilo peculiar. La Compañía Lancasteriana se fundó el 22 de febrero
de 1822.
Señalaremos aquí que las Escuelas Lancasterianas deben su nombre a José
Lancaster, nacido en Inglaterra en 1778 y quien intentó la transformación de
la sociedad mediante la instrucción de las clases más humildes.
La Compañía Lancasteriana en México recibió desde 1823 subsidio oficial
que fue incrementándose con el tiempo y además le fueron donados varios edificios. Su influencia fue decisiva en 1840 al grado que, el 26 de octubre de
1842 fue erigida en Dirección General de Instrucción Primaria en toda la Nación. Durante los tres años que tuvo ese carácter oficial, la Compañía abrió
escuelas primarias y escuelas normales en varias ciudades de la República.
Algunos autores púntualizan las principales características de este sistema:
1. Utilizar a los monitores, alumnos mayores y adelantados, para instruir a
los pequeños y menos avanzados; los monitores recibían del maestro las instrucciones del caso, se rodeaban de diez o veinte alumnos y repetían las lecciones.
2. Los "ínspectores" vigilaban a los monitores, distribuían el material e indicaban al maestro quiénes de los alumnos debían ser sancionados.
3. La disciplina se mantenía por su severo sistema de castigos y permisos;
7

Innovaciones Pedagógicas de la Enseñanza Primaria.

El deseo de suministrar a todas las clases sociales los rudimentos de la
cultura humana obligaron a descubrir métodos más racionales, prácticos y
eficaces en los dominios de la instrucción elemental. Las primeras innovaciones en la enseñanza primaria, de las cuales fueron autores los religiosos dominicos Matías de Córdova y Víctor María Flores, se orientaron a la enseñanza de 1a lectura y la escritura, y fueron los primeros esfuerzos en el terreno
del método fonético. Gran éxito y significación obtuvieron en las tierras Chiapanecas, sin lograr vencer, sin embargo, el peso de una rutina generalizada
en el país.
La Escuela y el Estado Mexicano.

La educación cívica y política del pueblo fue iniciada con gran energía en
1833 por Valentín Gómez Farías, primer político de la educación en el perío-

La Educación Pública en México a Través de los Mensajes Presidenciales Desde

la Consumación de la Independencia hasta Nuestros Días. Publicaciones de la Secretaría de Educación. México MCMXXVI, p. 3.

614

se llevaba récord disciplinario en cuadros de honor y listas de de!I\érito; se
usaron las orejas de burro.
4. "La escuela lancasteriana introdujo algunos métodos nuevos y más efectivos que los que hasta entonces se usaban como, por ejemplo, el empleo de
mapas y carteles, los areneros y los ejercicios de dictado".
5. El programa se circunscribía a lectura, escritura y operaciones matemáticas elementales.
6. La enseñanza se impartía en una sala espaciosa; había una plataforma
para el maestro, mesabancos para los niños, una especie de telégrafo, consistente en una tablita con un aditamento especial para que por medio de sonidos
convencionales, se pudieran transmitir direcciones y órdenes a monitores inspectores...8
Hacia 1870 decayó rápidamente la escuela lancasteriana por dos razones:
Una intrínseca, derivada del sistema mismo que, de moda por algún tiempo,
llegó un momento en que resultó superado. La razón extrínseca estribó en
que tanto el Gobierno General como los Municipios principiaron a fundar y
sostener mejores escuelas primarias. En 1890 fue disuelta la Compañía Lancasteriana después de 68 años de existencia. Pese a las deficiencias de métodos y resultados desempeñó su papel histórico y representó el primer esfuerzo
para solucionar el g~ave y delicado problema de la enseñanza primaria popular.

8
EMMA MARTÍNEZ DuÉÑEz y CAMILO AluAs
en México. SEP. México, 1962, pp. 109 y 110.

ALMARAZ.

Historia de la Educación

615

�•

do independiente. Lucas Alamán y el doctor José María Luis Mora, fueron los
primeros ideólogos de un programa educativo del Gobierno. Alamán, en su
Memoria del siete de noviembre de 1823 pregonaba que sin instrucción no
podría haber libertad y que la base de la igualdad política y social era la enseñanza elemental. Para ello propuso un plan que fue aceptado y en el que
se trabajó hasta 1832. En 1833 trataron de implantarse sus reformas.
Por su parte, el doctor Mora apoyó esta renovación de la enseñanza en un
plano político, lanzando la idea de que habría de ser la base de la política
escolar, de hacer que las orientaciones y tendencias de la educación estuvieran
acordes con la política general del Estado Mexicano.
Todo ello coincidía con la conciencia de una urgente generalización de la
enseñanza elemental. Se trataba de una necesidad política; la educación de la
nueva nación debía de estar de acuerdo con las nuevas instituciones políticas,
sí éstas habían de perdurar. Tal fue el sentido de la Memoria de Alamán y de
toda la obra posterior realizada por el doctor Mora.
Considera el licenciado Carlos Alvear Acevedo que "Lo grave era el pretender que se estableciese por parte del Estado, un sistema educativo que reflejase las ideas y principios de ese mismo Estado. Lo grave era que se pretendiese una cabal identificación entre los dos términos: El jurídico-político,
y el educacional, sin tolerar discrepancias de criterio. Y esto podría ser todo
lo estatista y efectivo que se quisiese, pero en modo alguno podía titularse
democrático, porque si en un sistema democrático el Estado debe respetar los
valores nacionales -y no imponer los suyos coercitivamente-, el pensamiento del doctor Mora llevaba implícito, en ello, no sólo la lucha enérgica contra
el Catolicismo de México, sino también el embrión del absorcismo por parte
del Estado en materia educativa, con la consiguiente exclusión, gradual, pero
firme, del derecho propio de los padres de familia..." 9
Después de dar a conocer la opinión anterior, señalaremos que ambos partidos -el liberal y ~l conservador- comulgaban con la idea de orientar la
educación hacia la libertad; pero discrepaban en el modo como el país debía
evolucionar políticamente y ello motivó muy pronto conclusiones opuestas
respecto a la orientación de la educación.
Los conservadores consideraban la unidad r~Iigiosa del pueblo mexicano
como un valor nacional y no concebían que la libertad democrática exigiese
la 'aceptación de una libertad en la orientación ideológica de la enseñanza,
extraña a la tradición del país, y sobre todo, a la realidad escolar que estaba
casi totalmente en manos de la Iglesia. Los liberales, en cambio, pugnando
por la transformación radical del país, reclamaban el control de la educación
• CARLOS ALVEAR ACEVEDO.

616

La Educ(lción y la Ley. Ed.

Jus.

México, 1963, p. 57.

por el Estado, como único medio para asegurar la educación democrática de
los ciudadanos, y exigían que se sustrajera la enseñanza de las manos del Clero.
Las Leyes de 1833 de Valentín Gómez Farías, constituyeron el primer paso decisivo en esta dirección, si bien frustrado en sus resultados inmediatos.
Por estas Leyes, se suprimió la Real y Pontificia Universidad de México y
se creó la Dirección General de Instrucción Pública para el Distrito y Territorios Federales. Estableció que la enseñanza sería libre, en el sentido de
que todo ciudadano tenía derecho a abrir escuelas. Pero a la Dirección General que creó, atribuyó el control de todos los establecimientos públicos de
enseñanza, la facultad de expedir reglamentos, la designación de maestros, la
determinación de los libros de texto, y, en general, la dirección y orientación
de la educación en el país.
He aquí los artículos, del primero al cuarto, del Decreto que clausuró la
Real y Pontificia Universidad de México, fechado en la ciudad de México
el 21 de octubre de 1833 :
Artículo lo. Se suprime la Universidad de México, y se establece una dirección general de instrucción pública, para el Distrito y Territorios de la
Federación.
Artículo 2o. Esta dirección se compondrá del vicepresidente de la República y seis directores nombrados por el gobierno. La dirección elegirá un
vicepresidente de su seno, para que sustituya en él al de la República, siempre que se encargue del gobierno supremo o no asistiere a las sesiones.
Artículo 3o. La dirección tendrá a su cargo todos los establecimientos públicos de enseñanza, los depósitos de los monumentos de artes, antigüedades e
historia natural, los fondos públicos consignados a la enseñanza, y todo lo
perteneciente a la instrucción pública pagada por el gobierno.
Artículo 4o. La dirección nombrará todos los profesores de los ramos de
enseñanza.10
Concluiremos este breve trabajo, diciendo que con esta medida estatista
hizo su aparición la libertad de enseñanza en la legislación mexicana. Se trató
de hacer intervenir al Estado en la educación nacional como en un terreno
propio y de arrancarla de las manos de la Iglesia.

'º

Derechos del Pueblo Mexicano, pp. 89 y 90.

617

�FERDINANDO GALIANI: ECONOMISTA DESCONOCIDO
( 1728-1787)
DR. GIORGIO BERNI
Jefe del Departamento de Economía
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey

INTRODUCCIÓN
ESTAS RESUMIDAS NOTAS que aparecen por vez primera, representan el inicio
de un estudio más completo que el autor quiere realizar sobre este economista
que ha tenido el destino de ser desconocido a la mayoría de sus contemporáneos, de los economistas que siguieron y aún de los actuales. Son pocos los autores que reconocen a Galiani, el lugar prominente que tiene en la historia de
la Economía, entre ellos cabe citar: Loria, Marx, Einaudi, Gonnard, Gide y
Rist, Bousquet, Heimann, Schumpeter, Graziani, etc.
La American Economic Association acaba de darle su justo reconocimiento
traduciendo su obra más interesante, desde el punto de vista económico, Della
Moneta; obra aparecida anónima en Nápoles en 1751, y que el autor escribió
entre 1745 y la fecha de su publicación.
En estas cortas notas examinaremos en forma muy resumida algunos de los
problemas más interesantes considerados por el autor. Sus obras tienen un
sabor de modernidad por la manera realista con la cual están escritas y por
no tener ninguna objeción de perjuicios.
Schumpeter afirma que si el Galiani metodólogo es sorprendente, el Galiani teórico puro no lo es menos.
Galiani nació en Chieti, que entonces pertenecía al reino de Nápoles, murió en Nápoles. Religioso y diplomático, logró fama de economista con la
obra: Della Maneta (primera edición 1751) y de polemista antifisiocrático
con los Dialogues sur le Commerce des Blés ( 1770) .
Desde su juventud mostró una inteligencia aguda y llegó a ser un alto fun-

619

�cionario público, como miembro de la Suprema Mesa Directiva de Comercio de Nápoles. En 1759 fue designado secretario de la embajada napolitana
en París y viajó por muchos países de Europa. Publicó sus Dialogues sur le
commerce des Blés ( 1770), obra que lo hizo conocido a través de toda Europa.
En 1773 fue llamado otra vez a Nápoles y empleado en un alto puesto
público, el cual cubrió a satisfacción del rey.
Los escritos de Galiani fueron muy importantes y abarcaron varios campos, recordamos su trabajo Sui Doveri dei principi Belligeranti, publicado durante la guerra de los siete años, durante la cual el reino de Nápoles permaneció neutral. Investigó con mucha originalidad los problemas fundamentales de la ciencia económica, abriendo el camino a sus progresos futuros. En
su notable trabajo Della Moneta, analizó los fenómenos del valor elaborando una teoría que puede tener algo en común en los detalles con los otros
sistemas conocidos en su tiempo, pero diferenciándose esencialmente de las
otras.
Galiani colocó esto en la concreta utilidad de solas cantidades de riqueza;
la utilidad, de acuerdo con él, está determinada por diferentes grados de
demanda; hace observaciones acerca de la influencia del tiempo y la influencia recíproca de la demanda sobre el valor que a su vez influencia al
anterior, esta teoría de las limitaciones de la utilidad forma un sistema completo en el cual los varios elementos son primeramente investigados y luego
reducidos a uno solo. Este último no es ni el trabajo ni la rareza, separadamente considerados, ni siquiera la riqueza en sí misma. De acuerdo con Galiani, debe considerarse el valor normal, como una mezcla de varios elementos, todos tendientes a dar la idea de utilidad en su sentido más amplio y diferentemente distinguido en grado y demanda. Además de los modernos conceptos de la utilidad Galiani discutió la paradoja del valor y la resolvió con
base en los principios de la utilidad rara. -:-Es suya la famosa paradoja del
ejemplo del becerro de oro que está evaluado más que un becerro de carne.
La base teórica de Galiani no tiene nada en común con los que Locke y Cantillion generalmente aceptaban, anticipa las teóricas de Jevons y Menger. En su
obra: Della Moneta defiende el interés. El capítulo relativo al curso de cambio está impregnado de opiniones mercantilistas y muestra algunas inconsistencias en las observaciones del comercio internacional.
Sus ocho diálogos (Dialoghi sul Commercio dei grani) tienen grandes méritos, ya que son los más brillantes escritos publicados hasta esa fecha en
apoyo a la economía práctica.
En esta obra el autor declara que no es partidario de ninguna escuela; y
de acuerdo con el comercio de trigo el único sistema a seguirse, no es seguir
ninguno y llega a la conclusión de que algunos fenómenos económicos obedecen
620

ª. tendencias frente a las cuales es más conveniente que el hombre político se
nnda, secundando así las manifestaciones que derivan. Como él escribió subsecuentemente en su ''Corrispondenza", los diálogos nunca fueron completados y trató de añadir otro capítulo más, el IX, que nunca fue publicado.
En los Dialoghi Galiani no habla de la agricultura como la única base de
la riqueza, como lo hacen los fisiócratas: algunos países tienen territorios
bastante insuficientes para todas sus necesidades. Elogia el edicto de 1764
que establece el libre comercio de trigo en Francia porque no lo hace esto ~
trav~s de ~a convicción de corrección de la teoría. Cada nación, cada época
reqmere diferentes leyes; por esto es. absurdo para resolver los problemas de
la legislación económica con referencia a los abstractos principios absolutos
como quieren los fisiócratas, porque la consideración deberá hacerse desd~
una cantidad indefinida, la cual no podrá ser determinada, este es el hombre, quien podrá ser completamente modificado por los hábitos. Muchas objeciones estuvieron en contra de estas opiniones y todos los economistas de la
época se opusieron a Galiani.
En la historia de las doctrinas económicas, Galiani ha tenido el gran mé~ito de ha~er observado en la segunda edición de Della M oneta ( 1780) la gran
unportancia de Antonio Serra y de su obra: Breve Trattato delle Cause che
possono /are abbondare i reini d'oro e d'argento dove non sano miniere (Nápoles, 1613), que había sido injustamente olvidado por todos. Con su obra se
anticipó a dos importantes escuelas de pensamiento económico: la neo-clásica
y la histórica.

CONCEPTOS DEL VALOR, DE LA MONEDA, DEL INTERÉS

. Galiani fue uno de los primeros escritores italianos que han largamente analizado la naturaleza del valor de los bienes, demostrando que es producto de
muc~as circunstancias distintas, es decir, de la rareza, de la utilidad, de la
cano.dad, de la fatiga, del tiempo, etc.
Este análisis es muy notable para su tiempo; un adelanto en el que más
tarde desembocaría en la moderna temía del valor, siendo el valor, una idea
de proporción entre la posesión de una cosa y la posesión de otra en opinión
de un hombre o sea un juicio que se hace acerca de la utilidad que proporciona un bien dado y la rareza existente del mismo.
La utilidad que posee un bien consiste en la aptitud inherente del mismo
para hacer feliz al usuario, o bien sea, para satisfacer necesidades y pasiones.
La rareza viene dada por la proporción entre la cantidad existente del bien
621

�,

en cuestión y el uso que se hace del mismo, impidiendo con ello la satisfacción
de deseos que tengan otros sujetos. La cantidad que deriva de la rareza del
bien es producto de la tercera circunstancia que Galiani señala como componente del valor, es decir una cierta producción: producto directo del trabajo
sóbre el que se basa fundamentalmente el valor o sea que es la fuente o razón
de la rareza que junto con la utilidad es el elemento autónomo que forma el
valor.
La combinación de la rareza y la utilidad permite explicar por qué cosas de
poca utilidad tienen mayor valor que otras, que brindan mayor utilidad. Galiani claramente distingue dos clases de bienes según la posibilidad de un suyo
aumento cuantitativo: aquellos cuya c:ntidad depende de la naturaleza, y
aquellos que aumentan con el trabajo.
El trabajo como única fuente del valor de las cosas, consta de tres elementos: del volumen de la demanda necesaria de alimentos que permite mantener al trabajador en la eficiencia necesaria lo que influye en el precio de los
mismos, el tiempo requerido para el trabajo junto con el de reposo durante el
cual el consumo de alimentos se mantiene, y, como tercer elemento el salario
que depende del talento humano. Aquí Galiani profundiza su análisis hasta el
valor de la inteligencia de los hombres, afirmando que esta se aprecia en la
misma forma usada para los bienes inanimados, apoyandose sobre los mismos
principios de la rareza yío utilidad, juntos: sin embargo el valor de la capacidad depende no del ingenio que posee cada uno, sino, que del mismo que
cada uno madura o desarrolla.
De lo anterior puede notarse que se distingue las nociones del valor objetivo y del valor subjetivo, y que da al valor en general como origen, la rareza
y la utilidad.
Galiani desarrolló el concepto del valor-utilidad opuesto al concepto de
valor-costo de producción, y más específicamente de valor-trabajo. Acepta la
teoría de que el valor depende de la utilidad y de la rareza, y esta última está
causada o por condiciones naturales o por el trabajo necesario.
Del encuentro de la utilidad y la rareza en que fundamenta Galiani la teoría del valor, resulta la tentativa de mostrar la influencia concomitante de la
demanda y de la oferta sobre el valor de los bienes y de señalar cómo de esta concatenación nace el grande y utilísimo efecto del equilibrio del todo.
Galiani aun antes que los clásicos había vislumbrado la importancia de la
utilidad en la explicación de los fenómenos económicos relativos al valor de
los bienes.
Por lo que ahora nos ocupa respecto al valor, ya que adelantó no sólo en
tiempo sino también en profundidad a muchos escritores posteriores y sólo
hasta más tarde logró ser superado con la actual teoría del valor. A este res-

622

pecto Schumpeter, en su obra póstuma History of Economic Analysis, afirma
que si los clásicos ingleses hubiesen conocido al que Caterina de Rusia llamaba "mon petit cousin le napolitain" la ciencia económica se hubiera anticipado de por lo menos 100 años.
Respecto al valor de los metales, éste es intrínseco y depende del uso que
se hace de ellos con respecto al desgaste y se usan como moneda porque valen y no valen por su uso como moneda.
La utilidad de la moneda viene dada por el servicio que presta al comerciar, ya que con ello se permite eliminar el trueque y además garantiza el interés privado, y porque representa el crédito que uno tiene contr2. la sociedad,
que precisamente está representado y medido por la moneda.
Lo anterior es una indicación, que hace notar la obra de Galiani como algo más que un buen tratado.
Galiani hace una diferenciación de la moneda en real, ideal e imaginaria. La
ideal es una medida común para conocer el precio de las cosas, o sea que sirve
para valorar, o bien conocer el valor proporcional que existe entre una cosa
y otra; en el sentido real, la moneda consiste en piezas de metal, divididas
por la autoridad pública en partes iguales o proporcionales entre sí y aquí el
uso de la moneda consiste en comprar los bienes, además se recibe a cambio
de los mismos y se tiene como una seguridad y una prenda de poseer el equivalente de lo que fuese dado o de adquirir lo mismo por lo cual se recibió;
cuando la moneda se emplea sin que exista, para medir la proporción en que
están todas las cosas, es imaginaria, o bien se llama moneda de cuenta y se
usa como una referencia.
Galiani tiene una visión muy clara, ya que advierte que se trata de una
relación entre tres variables: la unidad monetaria imaginaria, la unidad monetaria corriente y la unidad del bien económico. Haciendo esto, procede en
la misma manera en la cual el economista de hoy se orienta en la relación
entre dos unidades de medición como, por ejemplo, el dólar y la tonelada de
trigo, o también, se pudiera añadir, entre estas dos unidades y una tercera
que pudiera ser el oro y cualesquiera otras mercancías que nos interese evaluar.
La moneda real además de su uso --comprar los bienes--- debe tener otras
cualidades: como el valor intrínseco que consiste en el valor del trozo de metal
fino que contiene, el sentido de valor dentro de la moneda, que no es fruto de
una convención humana, sino producto de la escasez (rareza) del metal con que
está hecha. La segunda cualidad es la facilidad de identificación, dificultad para hacerla sujeto de fraude y por último, larga duración. El valor extrínseco de
la moneda está otorgado por la autoridad pública y debe comprender el costo
de acuñación.
Galiani no da preferencia definida a ningún metal para usarse como mo-

623

�neda, sólo hace notar que si la proporción entre el oro, la plata y el cobre,
con respecto a la cantidad del metal que contenga y el valor de la moneda, es
fijado con exactitud, equiparan a las cosas indiferentemente en cada una de
las monedas, evitando así la huida o atesoramiento de las monedas del metal
que no guarda la debida relación.
El autor dedica mucha atención al problema de las alteraciones monetarias que tan frecuentemente se daban en su época para cubrir las deudas de
los gobernantes o de las necesidades públicas. Esto, para Galiani, consiste en
alterar por ley el valor extrínseco sin que lo mismo pase con el intrínseco y
dentro de estos movimientos reconoce los particulares y los generales. El alza
particular consiste en una desproporción de la relación del valor entre las dos
clases de monedas, y esto causa variedad de precios, congela una parte de la
moneda, y produce una ventaja para el extranjero, lo que provoca que la
buena moneda sea exportada. El alza general es menos perjudicial ya que, según Galiani, no causa huida de moneda al igual que la otra y distribuye el daño a la generalidad de la población: consiste en una disparidad entre la mercancía y la moneda en cuanto a sus precios, lo que se remedia por sí mismo
con un alza de éstos. A este respecto Galiani sostiene la tesis ya expuesta por
Malestroict en Francia, que en el alza general de todos los bienes los precios
aumentan nominalmente y no de hecho, ya que realmente nada aumenta como valor.
La sobrevalorización ( revaluación) o el debilitamiento (devaluación) , son
el resultado, en parte, dice Galiani, de las guerras, señala que el lujo de las
monarquías es la guerra, consecuencia de ella son aquellos movimientos que
sirven pata cubrir los gastos. La moneda representativa (papel moneda), requiere para representar la moneda real, la certeza de la deuda, la puntualidad
del deudor y la autenticidad de la pieza que se tiene a la mano. Así, la moneda
representativa es una deuda que llega a ser igual a lo que representa, cuando
existe un tenedor que la acepte. Los atributos del papel-moneda no son intrínsecos, sino que nacen de la aceptación.
La cantidad de moneda no influye, en el caso de la representativa, en el
valor de la misma, como sucede con la metálica.
La riqueza se acrecienta pero no es aumentada por la cantidad de dinero,
éste sólo ayuda a agilizar los cambios; lo que importa no es la cantidad de
oro sino la de los bienes que puedan adquirirse por lo que aquella cantidad
debe corresponder a las necesidades de mercado, ya que la abundancia exagerada del circulante, causa alzas en los precios y provoca la emigración de
la moneda. El alza de los precios no sólo puede significar carestía, sino todo
lo contrario, prosperidad y es posible debido a una aceleración de los cambios y a un curso del dinero que es señal de abundancia y bienestar económi-

624

c_o. Galiani enfoca la riqueza hacia el hombre u
, .
tituye, ya que ésta está implícita en 1 1 . , q e es lo uruco que la consal desear uno lo que otro posee en a re acion que s~ da entre dos hombres
Galiani es precursor de la te~ría :::::~::~ el p1:mero q~e el segundo.
car la disminución de la utilidad d l bº
cambio y del mterés al expli,
e os ienes en expectaf
.
res es la igualación entre el din
iva; ya que el mte.
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1 .
igualar el verdadero valor intr'
l
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IS nte en el espaCio
L
..,
.
a oprmon de Galiani respecto al interés es
,
,
con el mercado o sea lib
'
que este vana de acuerdo
,
remente' por lo que haY que evitar
.
dinero.
el monopolio del
Para Galiani e 1 mteres
·
, no es una verdadera ananciºa
un complemento destinado a equilibrar la r g.,
' sino simplemente
Desde el punto de vista de 1 . . .
p estacion y la contraprestación.
a Justicia ambas debe t
1 .
como el valor" es la proporción entre
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n ener e_ nnsmo valor. y
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. 1 _sas y nuestras necesidades, sería commero de cosas o de su formaeqwtv~ encial en la igualdad del peso, del núex enor·· 0 que m
· teresa es que aparezca su
utilidad.

la;

D'
IALOGOS

SOBRE EL COMERCIO DEL TRIGO

Esta obra fue publicada en 1770 e
.
? n ella, considera el edicto Francés de
e comercio y exporta · , d 1 •
alcance un cierto precio llega a
1•
cion e trigo hasta que éste
,
conc Uir que en 1
,
,
por tanto pobres en trigo debe d .
líb
.
os paISes poco fertiles y
,
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se encuentren en el caso co tr . la
or ion y en aquellos que
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exportacº,
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tiene con lo anterior que no es ' ºbl fº.
IOn no e e ser controlada. Sospos1 e 1Jar normas p
,
,
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ara paISes y epocas difen a ecuarse al pa's
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según las necesidades que e'se y , dº
I y a a epoca en que se está y
·
esa 1cten
Analiza los países agrícolas c 1
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ben dedicarse a las artes l y oufnc uye que a causa de su miseria, éstos de' as man acturas y el
· d
es donde puede radie la .
comerc10 e1 mar, ya que ahí
. ar riqueza que no encontrarán en la agricultura
En esta obra
Galiani critica a "Lo1· d e 1a nature" dici d
.
.
¡
no debe CUidarse de nosotros s·
en o que a naturaleza
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bate más contra la naturale
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poruendose así en contra de los fº . ,
1
sus ene icos efectos,
1s1ocratas a os que lT
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1
re monopolizar ¡ · ·
, .
ca ica e secta que quiea ciencia econormca".

1764 que da la libertad d

En esta obra llega a conclusiones sobre aranceles y provIS·iºo'n d e viveres
,
o ma-

625
H40

�teria anonaria, al considerar las causas de la carestía que afligieron a Italia
entre 1764 y 1765.

CONCLUSIONES

No se intenta llegar a un sintético resumen de la obra de Galiani o destacar la importancia real que representa en el campo económico, sino tan sólo
de constatar aspectos generales que desde luego lo hacen importante.
La aportación mayor de Galiani se encuentra en el terreno del valor en
que lo profundiza y se adelanta a sus contemporáneos y a algunos de sus
antecesores proporcionando los que ahora son los fundamentos de la teoría
en una forma muy clara, que como ha sido señalado, aún más tarde, no dieron ni Condillac, ni Smith.
De la misma forma señala la mutua dependencia existente entre el precio
y la demanda por lo que se puede considerar precursor de la escuela moderna
del equilibrio de W alras y Pareto.
En el terreno del interés y el cambio es también precursor de la teoría moderna, ya que plantea en términos muy peculiares lo referente a la naturaleza y justicia del interés en los préstamos que no es una verdadera ganancia
sino el equilibrio de la prestación y contraprestación.
En cuanto a la moneda, llega a la conclusión de que el papel moneda se
presta a abusos e inconvenientes, pero no investiga las condiciones teóricas
que pudiesen hacer posible que esto subsistiera y substituyera con ventaja a la

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Sons, Inc. New York, 1952.
'

moneda metálica.
Galiani puede ser considerado un maestro de teoría y al mismo tiempo un
combatiente en contra de la excesiva simplificación teórica y las demasiadas
rápidas conclusiones derivantes por la política práctica. Realizó un benéfico
equilibrio entre abstracción teórica y análisis histórico que ni la teoría ortodoxa ni la escuela histórica se demostraron capaces de mantener.
No podemos situarlo fácihnente dentro de una corriente económica o quizá
no tenga lugar en alguna de ellas, puede señalarse como un ecléctico de las
doctrinas fisiócratas y mercantilistas, como señalan entre otros Toniolo, Schumpeter, Niccolini, etc.

BIBLIOGRAFfA
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626

627

�ESTRUCTURA DE LA SOCIEDAD COAHUILENSE EN LA
SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX Y PRIMERA DEL SIGLO XX
PROFR. ANTONIO POMPA

y

POMPA

Instituto Nacional de Antropología e Historia
México, D. F.

EL PRESENTE ENSAYO ES una colaboración al estudio integral de la estructura de la sociedad coahuilense en la segunda mitad del siglo XIX y primera
del siglo XX, tema importante si se quiere interpretar la evolución de ideas
y circunstancias que contribuyeron a la conformación de ese estadio histórico
nacional en que se delineó la Reforma y sus efectos, en esta porción de las
provincias internas de Oriente, más tarde de la Intendencia de San Luis Potosí; provincia de Coahuila y Texas y finalmente estado de Coahuila, tras la
desmembración de la referida provincia de Texas.
Importante es tener una visión del paisaje de la región de Coahuila, variado y variable, que es atravesada por la Sierra Madre Oriental en forma
diagonal, entrando por su extremidad sureste para salir por su extremo noroeste, dividiéndolo en dos zonas de características diversas con variadas altitudes
y distintas condiciones de clima; la primera zona que constituye el grupo de mesetas boreales de la altiplanicie central; la segunda toda ubicada en el declive
levantino de la Sierra Madre Oriental. La primera forma casi toda una
cuenca interior y la segunda pertenece en su totalidad a la vertiente del Golfo de México.
En consecuencia, el paisaje que ofrece el medio geográfico encierra la sensación de la belleza que dan las zonas áridas o semiáridas del norte del país,
con su flora y su fauna peculiar, con sus sugerencias de desierto y sugerencias
también de pequeños oasis, valgan los términos; con un potencial económico
al que haremos referencia con mayor amplitud en 1a secuencia de este ensayo;
valga pues hacer notar que hay valle y montaña y que su territorio se presta
para la ganadería por sus pastizales y para una agricultura selecta y algunos
barruntos de industria minera en ép9ca avanzada.
629

�Al referir Alessio Robles las actividades de Balcárcel y Juan Larios en
esta región, afirma que toda la provincia de Coahuila permaneció completamente abandonada hasta fines del año 167·3 en que el citado Juan Larios
hizo su primera entrada partiendo de Saltillo. Así afirma que fundó varias poblaciones al norte del río Sabinas, río hasta el que llegó D. Francisco de Urdiñola en 1607 con su expedición y después, Juan Larios, acompañó a don Antonio Balcárcel de Rivadeneyra y Sotomayor, nombrado gobernador de Coahuila, fundando el día 8 de diciembre de 1674 la población de Nuestra Señora
de Guadalupe de Nueva Extremadura sobre las ruinas del nuevo Almaden
fundada en 1585 por don Luis de Carvajal y de la Cueva; casi diez años
después, o sea en 1684, la movilidad obligada por las circunstancias hizo que
fuera abandonada y algunos escasos pobladores españoles se refugiaron en el
aledaño pueblo tlaxcalteca de San Miguel de Luna, y en 1689 el general
Alonso de León volvió a repoblar Guadalupe de Nueva Extremadura y la historia de esta población a la que León le nombró Santiago de la Monclova, es
más o menos la misma en las demás poblaciones de la época en la zona coahuilense.
En el mismo siglo XVII la corona española activa su política de frontera
a base de misiones y presidios que como se ve en otras porciones del norte
de Nueva España, se desarrollan en Coahuila, dentro de múltiples vicisitudes,
ya que las misiones congregaban no a hombres de tribus sedentarias que labraran la tierra, sino a nómadas cazadores recolectores que hacían la permanencia transitoria, tan sólo mientras lograban aprovisionarse; agréguese a esto
la carencia de caminos y la movilidad de indígenas en busca de elementos que
les convertía en una continua amenaza sobre las pequeñas poblaciones o congregaciones de sedentarios; a pesar de ello la energía de los que llamaremos
pioneros de la región, quizás vascos en buena parte, hicieron que se fueran
sentando las bases de una economía agrícola y ganadera, dentro de una región
accidentada, con pequeñas mesetas y escasa agua, empezándose a formar una
sociedad ganadera que poco a poco tendió a una burguesía, y a un grupo extenso
dedicado al pastoreo y estas bases semejantes en su estructura a las antiguas
estancias ganaderas, dio base y fundamento a uno de los renglones de mayor
productividad en la zona coahuilense.
Si consultamos el Informe del virrey Revillagigedo en la parte que nos interesa para este ensayo, encontraremos que ya en el siglo XVIII no se amplía
la política de misiones, más sí se fundan algunos pueblos. El informe que Revillagigedo fecha el 27 de diciembre de 1793 señala para Coahuila ocho misiones que son: San Miguel de Aguayo, San Francisco de Tlaxcala, Santa Rosa
de Nadadores, San Bernardino, San Francisco Vizarrón, Dulcísimo Nombre
de Jesús de Peyotes, San Juan Bautista y San Bernardo, con una población
630

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total de un mil seiscientos cuarenta y un individuos, muchos de ellos descendientes de los admirables colonizadores tlaxcaltecas, misiones que ocupaban una
enorme extensión territorial. Mas esta política de reducción y educación estaba en continua lucha, muchos de los individuos permanecían poco tiempo
y desertaban, y epidemias como la de la viruela diezmaban la población; política que fue tremendamente dura económicamente para la corona española,
pues según el mismo Revillagigedo "la corta población de indios reducidos en
la provincia de Coahui½, ha causado el erario del Rey el dispendio de millones
de pesos en el discurso de ciento diecisiete años desde el de 1676, en que fue el
establecimiento de la primera misión, para mantener, sosegar inquietudes de
los mismos indios con tropas volantes y conservar el dominio de un dilatado
país, que aunque cubierto de numerosa gentilidad, nunca ha sido posible atraerla a la religión y al vasallaje"; ello hizo que no pudiera hacerse reparto de
tierras ni que se asignara ejidos a padres de familia, y sólo en cuatro misiones
intentaron siembras de comunidad, dentro de un sistema en demasía precario.
El virrey Revillagigedo asignó a Coahuila según los padrones de 1780 una
población total de ocho mil trescientos diecinueve individuos, haciendo notar
como destacadas las jurisdicciones de Saltillo y Parras. Población que se modifica para 1803 según el censo de Humbolt a treinta y dos mil ciento setenta
y dos habitantes.
Estos factores nos están dando con relativa claridad los prolegómenos de la
estructura de esa sociedad que se va conformando poco a poco para dar una
fisonomía de mayores perfiles en la segunda mitad del siglo XIX, aunque con
la tónica que le va dando el desenvolvimiento económico de la región, por la
formación de los extensos latifundios como el del marquesado de San Miguel
de Aguayo, que comprendía aproximadamente la mitad austral de la provincia de Coahuila; el latifundio del Colegio de los JesUÍÜJ.S deSanta María de
las Parras, en la región de Hornos, en la Laguna, y el del canónigo Miguel
Sánchez Navarro en la región central; no es este el momento de explicar la
significación de estos latifundios en la estructuración de la sociedad coahuilense, pero si, nos va diciendo oómo se van creando las estructuras sociales
que van a determinar las circunstancias peculiares de más adelante.
Para entender la posición común de diferentes niveles de clase, es suscepbble de profundizar para implicar valores, creencias y modos de actuar semejantes, aunque con diferencias, muy particularmente entre personas nacidas
dentro de una misma clase y aquellas que llegan a ella por su propio esfuerzo.
Estas características comunes pueden generar, y generan, una idea de corporación, o conciencia de clase que vincula a los miembros todos dentro de una
unidad social, y conduce probablemente a una acción colectiva. Problema para
los sociólogos es identificar las condiciones bajo las cuales ocurren los cambios
632

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�de una categoría social a un grupo, y entender sus consecuencias; ello nos
indica la actitud de lo que podremos llamar castas sociales frente a un problema
que atañe en común y así encontramos en la historia de Coahuila, cómo hacían
causa común en defensa de intereses comunes, aún cuando en otras situaciones
se perfilaba una crisis de conciencia común. Ello obliga y presiona cada vez
más en forma imperativa al estudio profundo de la ecología humana de esa
región, tanto en la vida campesina como en la urbana, ambas correlacionadas
en múltiples aspectos. Es indispensable, y qué diré, imprescindible obligación,
el estudio ecológico que contemple la potencialidad del medio y a su vez las
interrelaciones humanas, y aún los enfoques culturales en relación con los medios humanos; además, como lo hacen ver Anderson y Evans deben tenerse
presentes las herencias de las tradiciones desde las primeras faces. Es necesaria
información histórica lo más veraz posible de lengua y costumbre, alimentación,
vestido, oficios, tradición oral, folklore y música popular; como también profundizar en estudios antropológicos e históricos en general; en una palabra,
conocer al hombre y al medio para tener una visión más clara de su ecología,
base y fundamento para entender al hombre en el espacio y en el tiempo y
así podernos explicar el porqué de sus actitudes y frecuente movilidad, explotación de su medio y dominio de su territorio; como los equilibrios y desequilibrios por el aumento de población y lento desarrollo tecnológico y como una
consecuencia, escasa productividad o lo contrario. Así también esta base económica cómo hace el cambio social y cultural de la colectividad.
Hemos considerado someramente el ámbito en que se ha desarrollado una
comunidad, la comunidad propiamente coahuilense; hemos considerado a grandes rasgos su estudio ecológico; hemos dejado traslucir que existe y existió
urbanización y por consiguiente civilidad, así como también colegimos un sistema rural de tipo agrícola ganadero y por consiguiente una estructura social
con dos particulan$ matices: una pequeña burguesía que fue estructurándose
a gran burguesía y un mundo proletario formado por agricultores y pastores
de ganado, y esto se viene manifestando desde los inicios de la colonización
por decir así estanciera-ganadera y esto lo encontramos con perfiles de una
mayor conformación y a fines del siglo XVIII, cuando ya se podía hablar de
latifundios, pues ya hemos hecho referencia a esas tres grandes porciones que
abarcaron el territorio coahuilense.
En consecuencia, perfilase una comunidad humana inmigrante en su mayor parte, la que es raíz y fundamento de la sociedad coahuilense, mestiza de
europeo, en su mayoría absoluta español-vascuence, e indígenas del sur muy
particularmente tlaxcaltecas, llevados a colonizar por sus peculiares cualidades
y como ejemplo a los nómadas, como sedentarios que se sugiere en buen número, pues poco, muy poco mestizaje hubo con grupos nómadas del norte, de
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Mapa de la Provinci~ _d e Coahuila o Nueva Extremadura, por Don Juan Ignacio de Castilla
Y R101a i 1743? Original en el Archivo de Indias, en Sevilla.

�una extraordinaria movilidad, pues recuérdese de las movilizaciones continuas
de los llamados "comanches" que fueron el azote de la colonización del norte
del país y que los Presidios y las Misiones que en algunos otros lugares como
en la California y quizás en la Sierra Gorda dieron resultado, en esta zona
coahuilense prácticamente dieron poco fruto por la irreductibilidad de esos
cazadores recolectores, nómadas increibles que eran los "comanches".
Así, en este ambiente de frontera, puesto que desde el antemural del ~
tunal de San Luis Potosí hasta las tierras del norte, fue frontera, tuvo Coahuila
además la gran reservación indígena natural del Bolsón de Mapimí que mantuvo en jaque continuo a los pioneros de la colonización del norte.
En estas circunstancias con este potencial humano débese pensar un poco
más en el panorama de la estructura económico social, en un territorio desértico O semidesértico formado por materiales del mesosoico (cretásicos y jurásicos) ; en el este la Sierra Madre Oriental con estribaciones que penetr~n
hasta el centro del Estado que en algunos sitios se presentan como escape hacia
la planicie costera, careciendo de vertiente interior; el Occidente de origen
sedimentario y en buena parte reciente, es plano, árido y forma cuencas endorreicas que alimentan vasos en proceso de extincion. La cuenca sudoeste, forma
y conforma la región llamada la Laguna donde se pie~den los ríos Nazas, y
Aguanaval en las lagunas de Mayrán y Viesca, respectivamente; ambos nos
se aprovechan y se han aprovechado para el riego, en la actualidad con una
mayor utilidad. Los ríos del oriente son afluentes del Salado ~ del San Juan,
que alimentan al río Bravo, y así, planificando t~n:mos van~dad ahora ~e
producción agrícola, ganadera y minera que modifica la antlgua econom1a
del ixtle y de la candelilla; Nueva Rosita zona carbonífera; San P~dro de las ~olonias con productividad agrícola decreciente; en el suroeste tngo y algodon,
vid en Saltillo y Cuatro Ciénegas; algodón en las riberas del Bravo; carbón,
como uno de los grandes productores del país, Piedras Negras, algo Progreso,
San Juan de Sabinas y otros lugares de menor importancia; plomo )'. cob~e
tampoco son ajenos a la región. La producción considerable de matenas pnmas ha dado últimamente un grande y definitivo auxilio a la industria de
transformación, como se advierte en Monclova, con planta siderúrgica, además
de toda esa gama de productos como: algodón, aceite, jabón, molinos de harina y la muy destacada industria vinícola, todo lo que nos da a grandes rasgos
una panorámica de elementos fundamentales para entender la estructura económica de esa comunidad que p6r razón natural aplicándole una escala de
valores nos enseña situaciones interrelacionadas que forman una conciencia en
común con matices particulares que perfilan su devenir, así como diferencias,
algunas fundamentales, habiendo dentro de todo ello una organización y una

636

política con manifestaciones propiamente regionales, que dan al individuo en
particular y a la colectividad en general una muy especial personalidad.
Hemos considerado pues que desde antiguo se fue formando una burocracia
cuya naturaleza le fue imponiendo la circunstancia imperativa del medio, del
paisaje, de su forma obligada de vivir, nació y se fue estructurando dentro de
los imperativos de frontera, con todas las vicisitudes propias del tiempo, mas
esta sociedad creado ya su statu económico y su vivencia, pensó en su conformación cultural, en la preparación de las generaciones por venir, desechando
en mucho la crisis de conciencia que le imponía el devenir del medio, y así
hubo de luchar seguramente.
La transformación que creó la doctrina de la Ilustración en la Nueva España, seguramente introducida en esta región por aquellos jesuitas que fundaron
el colegio de la Compañía de Jesús en Santa María de las Parras, aledaño a su
residencia, que parece desapareció en 1745, despertó ese deseo de saber, tan
manifiesto en la Coah1úla de fines del siglo XVIII y principios del XIX.
Esta doctrina de la Modernidad, germen y alimento de las ideas que gestaron
la evolución que transformó la conciencia de los hombres de fines del siglo
XVIII y principios del XIX en el México todo, es la preparación para ese
cambio radical que se operó en la segunda mitad del siglo XIX y principios
del XX, es la manifestación en México de la gran revolución filosófica, preparada por los pensadores italianos y españoles del siglo XVI, que estalló en
el siglo XVII con inusitado brío, llevando su influencia a todos los órdenes
del conocimiento humano, que consolidó en el siglo XVIII en su segunda mitad una fisonomía, que cuajó en el siglo XIX y proyectó al XX.
Roto por Renato Descartes el cetro de la autoridad tradicional, y erigida
la afirmación de propia conciencia en base y fundamento de toda filosofía,
cambió de pronto bruscamente el punto de partida y con él cambiaron los procedimientos todavía más que la solución. He ahí la raíz y la razón de la nueva
doctrina que empezó a estructurar el nuevo pensamiento en la Nueva España,
en México, pues si bien es cierto que desde el siglo XVIII se manifestó muy
particularmente en los colegios jesuitas, que trataron de canalizar las corrientes modernas del pensamiento, hasta el siglo XIX en su primera mitad empezó
a tomar fuerza, que en su segunda aparece con franqueza enérgica en el
partido rojo que, nos dice Francisco Bulnes, era un grupo marcadamente demagógico tendiendo a socialista. "Por eso Ignacio Ramírez -afirma Ignacio
Manuel Altamirano-- estaba solo e iba a luchar contra aquellos que podía
suponerse eran sus correligionarios. Los avanzados iban a creerlo un soñador;
los moderados iban a ser tan enemigos suyos como los mismos clericales".
Es que el liberalismo radical aún no tenía carta de naturalización, la conciencia del mexicano estaba indecisa como se advierte en los mismos postu-

637

�lados del partido Republicano, el más avanzado de la época, y esta doctrina que
va evolucionando de la Ilustración a desembocar en los prolegómenos del Positivismo, es la que alimenta los primeros barruntos de ilustración superior en
la docencia coahuilense; este espíritu es el que forma y conforma a los primeros liberales de la región, y en consecuencia la estructura de la sociedad coahuilense de la segunda mitad del siglo XVIII y todo el XIX hace entrar a los
cauces de una nueva estructura y deja la semilla de la idea liberal que va
a poner las bases de la nueva era en la segunda mitad del siglo XIX y a
crear una nueva estructura política, jurídica, económica, y dentro de este espíritu se crea la constitución de una "nueva" colectividad que estableció modalidades especiales para una tipología nueva de sociedad.
Son, como he dicho, los prolegómenos de un franco positivismo, de una
doctrina para discutir no sólo en círculos culturale\ sino en la plaza pública;
y esta doctrina la utiliza una elite como instrumento de determinado grupo
de mexicanos, de ahí que como asegura Leopoldo Zea, no sea posible desligar
al positivismo de una determinada forma de política y de un determinado grupo social. Los positivistas mexicanos eran muy concientes de este carácter instrumental de su filosofía. Cuando afirmaban el valor universal de su filosofía
estaban afirmando en forma bien conciente el derecho a la preeminencia social de la clase que representaban. Quizá es este uno de los pocos ejemplos en
que la filosofía se presenta menos enmascarada, diciendo más abiertamente lo
que quiere.
Este carácter del positivismo en México -asevera Zea-, abiertamente ligado a un grupo social y con pretensiones políticas precisas, ha determinado
las interpretaciones políticas que casi siempre se le han dado. Las interpretaciones que se han dado al positivismo en México han estado determinadas por
la posición social, política o religiosa de sus intérpretes.
W. J. H. Sprott en su introducción a la sociología, nos trasmite el concepto
que sobre esta ciencia sustenta Guinsberg y que define a esta disciplina como
el estudio de la urdimbre o tejido de las interacciones e interrelaciones humanas; materia sugestiva, basta y aparentemente compleja que los sociólogos como Durkheim diseña en tres encabezamientos: Morfología Social, que se ocupa del medio geográfico; la densidad de población y otros datos preliminares
análogos, Fisiología Social, que estudia procesos dinámicos tales como la religión, la moral, el derecho, la vida económica, etc., cada una de las cuales pueden ser objeto de una disciplina especial y Sociología General, que es el intento
de descubrir las leyes sociales generales manifiestas en los procesos sociales más
específicos, y dentro de esta tónica y de esta metodología hemos apreciado,
ayudados por la Historia, una interpretación sociológica de la evolución de la
sociedad coahuilense en la forma que lo hemos enunciado, y hemos hecho tam638

~ién pres;~te esa sociología del conflicto por interculturación y todo ello nos
eva a a mar ~uestros conceptos, aún no satisfactoriamente a entender esa
estructura m u'ltJpIe d e 1a. socre
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del siglo XX
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era fil
' que procuro, qui'! propició, que fundamentó que hizo realidad 1
~tapa franca del mo~ento que preconizó la Reforma, 'en que se lle ó a 1~
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639

�•

MORAL, DERECHO Y TÉCNICA
PRoF. GIORGIO DEL VECCHIO

EsTÁ FUERA DE DUDA que el derecho se funda en la naturaleza humana, de la
cual irradia con necesidad categórica; y sus caracteres lógicos, si bien se mira,
son constantes y perfectamente discernibles a través de la variedad de sus manifestaciones. Pero en la naturaleza humana tiene raíz también otra legislación, la moral, la cual no es menos categórica, ni menos imperativa de la jurídica, y tiene incluso caracteres propios bien distintos. A ella podemos y debemos pedir la solución de muchas dudas y cuestiones que se proponen continuamente a nuestra conciencia. A nosotros nos basta en efecto conocer cuáles son
los confines de nuestro derecho con respecto a los demás; si bien es necesario
saber también cuáles directivas debemos seguir dentro de tales confines, en
cuáles criterios y principios debemos inspirar nuestras acciones, en todas las
contingencias de la vida.
La moral pues puede y debe integrar el derecho, como a su vez el derecho
es un complemento paritético y necesario de la moral. Entre las dos distintas
categorías éticas no hay contraste, sino congruencia, como ha sido muchas
veces demostrado, aún bajo el aspecto puramente teorético o lógico. Si luego
observamos de hecho un sistema que rija la vida de un pueblo, descubrimos
que los preceptos de una y otra especie están ahí, generalmente entre sí en una
cierta correspondencia; y al desenvolverse de una de las dos series se acompaña
o sigue constantemente una análoga evolución de la otra.
Es cierto que en momentos de graves perturbaciones políticas, cuando los
poderes públicos se salen de sus propias funciones, pueden ser emanadas leyes
en contraste con la conciencia moral, y también jurídica, del pueblo al cual
se imponen. Pero esto significa justo una crisis, que se resuelve, de regla, con
la abolición de aquellas leyes, y a menudo también con el abatimiento de los
poderes que las emanaron. Las monstra legum (la experiencia histórica lo demuestra) no pueden p ermanecer mucho tiempo en vigor; porque el espíritu de

641
H41

�justicia, que está siempre vivo en las conciencias aunque esté oprimido o desviado, debe al fin resurgir, y reestablecer un cierto equilibrio, al menos relativo,
con las leyes que son deliberadas de las autoridades públicas. Una cierta discordancia entre moral y derecho se verifica todavía, cada vez que se descuida
su integración recíproca. El mayor peligro en tal propósito se da al prevalecer
un sórdido espíritu legalista en detrimento de aquel más sano y general espíritu ético, en el cual las exigencias del derecho se moderan con el de la
moralidad.
El hecho de que en toda sociedad exista una "clase de juristas", y más especialmente de jueces (sin duda necesaria para la función específica del derecho
en la vida común), mientras no hay ni podría haber una "clase de moralistas",
induce a los observadores superficiales a pensar que sólo en el respeto del
derecho consista el cumplimiento de todos los deberes; y esto si bien los mismos
juristas, que componen aquella clase, sean personalmente inmunes a tal error.
Está también muy difundido otro prejuicio, que se conecta con aquél: que
cada uno pueda, en cada caso, valerse hasta el extremo del propio dere~ho, sin
faltar a ningún deber; ahí donde la Ética enseña en vez que la renuncia total
0 parcial y hasta el perdón, son en muchos casos preferibles a lo~ medios, c~rcitivos, aunque consentidos por el derecho; el cual, por lo demas, en maxnna
no se opone a esas mitigaciones.
Siempre en consecuencia de la naturaleza y función específica del derecho,
hay necesariamente, para la preparación técnica de los jueces y de los abogados, una compleja organización didáctica, que no tiene cotejo ~n el campo
de la moral. Este permanece así, si se parangona al jurídico, casi abandonado
e inculto.
A los extraordinarios progresos técnicos ocurridos en los últimos tiempos no
ha correspondido, sin embargo, un igual progreso moral; algunas especies de
delincuencia han tal vez disminuido, pero otras ciertamente han aumentado,
y aún en el campo de las costumbres se han notado peligrosas formas de extravío. El problema es sumamente complejo y no se puede esperar resolverlo con
solas reformas escolásticas. Pero cada esfuerzo debe hacerse también en la
escuela, para encaminar a los jóvenes al bien y desviarlos del mal.
Disociar la moral del derecho es ciertamente un error, como fue demostrado
por Romagnoli, Rosmini y otros. Un autorizado jurista inglés, F. Pollock, ha
observado: "The theory of legislation must take its most general data from
the most general facts of civilised human society. It must equally take its first
principies, avoivedly or tacitly, from Ethichs. Ethical Jurisprude~ce: therefor;,
is to a certain extent not only legitimate, but neccesary''. Un JUUSta frances
igualmente autorizado, G. Ripert, en ~a obra muy co~ocida se ha pr?p~esto
demostrar 'que le droit dans sa part1e la plus techmque reste domme par
642

la loi morale". Y es superfluo citar otras obras, en las cuales los vínculos, ideales y reales, entre las dos ramas de la Ética han tenido amplias demostraciones.
La opinión, ya sostenida por algunos filósofos, de que derecho imponga solamente obligaciones negativas (abstenciones), reduciéndose a la máxima del
neminem laedere, es ciertamente inexacta, porque no son solamente morales,
sino también jurídicas cíertas obligaciones de asistencia y socorro como por
.
'
eJemplo,
las sancionadas por el artículo 593 del Código Penal y por 'los artículos
463 y 467 del Código de la Navegación. Y nadie ignora que el vínculo familiar, y el que liga al ciudadano al Estado, implican obligaciones no meramente
negativas.
. No obstante la coherencia fundamental entre la moral y el derecho, es posible que en las complejas vicisitudes de la fenomenología moral y jurídica se
manifieste alguna desarmonía. Así sucede a veces que las persuasiones morales
prece~~ en su desen~olvimiento a las correspondientes normas jurídicas; lo
que fac1lmente se explica, porque aquellas persuasiones no están ligadas a los
rigores de formas propias de la legislación jurídica; mientras ya pueden ejercer una cierta eficacia en la interpretación de las leyes vigentes. Un ejemplo de
esto se nos ofrece en la gradual penetración de elementos de la moral cristiana
e~ el derecho romano, antes de la codificación justiniana; y otros análogos
e1emplos pueden sacarse de la historia de sistemas modernos. No sin funda~e~to, pues, se dijo que la caridad de hoy es la justicia de mañana, como la
Justicia de hoy fue la caridad de ayer.
De las normas éticas (morales y jurídicas) deben mantenerse bien distintas
las normas de la técnica. La diferencia resulta evidente de esto, que en ningún
caso es suficiente la simple transgresión de normas técnicas para justificar una
condena moral, debiéndose para esta segunda especie de juicio, tener cálculo
de todos los elementos que- constituyen la personalidad del sujeto, sus posibilidades y sus intenciones en las circunstancias concretas en las cuales se encuentre. Así, por ejemplo, nadie pensaría en censurar al que, poco experto en natación e incapaz de seguir bien las reglas, se arroje a pesar de todo al agua para
salvar a los demás en peligro de ahogarse; ni en general a ninguno que contravenga las reglas técnicas, cuando este sea el único medio de manifestar aunque imperfectamente, una intención que puede a veces ser nobilísima.' Sólo
cuando las circunstancias lo permitan, la moral aconseia, en máxima, obrar
con diligencia, observando entonces las normas técnicas propias de las diversas
materias.
Pero es de notar que la observancia de las normas técnicas está habitualmente
presupuesta en las relaciones contractuales. Así, por ejemplo, quien confía a
un escultor la ejecución de una estatua, o a un abogado la gestión de una causa,
o a un ingeniero la construcción de un puente presupone que aquel a quien
643

�se confía el trabajo, y que acepta ejecutarlo, se obliga con esto mismo a respetar las reglas propias del arte respectivo o profesión. -~sto llega a ser, ~ues,
un elemento integrante del contrato de orden o de locac1on de la obra; y s1 las
respectivas reglas técnicas fueran violadas por culpa del profesionista o artist~,
de esto él hubiera sido justamente responsable del otro contratante. Hay aqm,
en tales casos un encuentro real entre normas técnicas y jurídicas. Pero en
sí, las norma: técnicas, no son jurídicamente obligatorias. La obligatoriedad
se confiere a estas normas solamente cuando su observancia llegue a ser el
contenido de una relación contractual.

DILTHEY, SOCIÓLOGO
(Capítulo de un libro en preparación)

Traducción: DR. JoRGE RANGEL GUERRA
DR. JosÉ SALVADOR GuANDIQUE

ENTENDEMOS POR historicismo no la mera reminiscencia, ni el culto al pretérito, ni el argumentar mediante especiales procediinientos criteriológicos, sino
aquella tendencia que introduce, dentro del problema cognoscitivo, una constante temporal. Se trata de problema y soluciones, jamás meros antecedentes
o consecuentes. Dicho a la llana: ser y deber ser, naturaleza y cultura, ciencia
y técnica radican, para decirlo con el glorioso Wilhelm, en un mundo histórico,
y no al revés.
Filosóficamente el historicismo desemboca no en "tener en cuenta la etapa",
al modo un tanto superficial de las generaciones, que Ortega tomó de Dilthey;
va más allá, caló a lo hondo. Toynbee señalaba al estudio de la historia como
una de las importantes tareas sociológicas, pero ese papel auxiliar nunca
podrá satisfacer a quienes pretenden captar estructuras socio-históricas, no ilustrar la historia con la sociología o viceversa. Historia - al viso moderno-equivale a Sociología, es decir, que al presente, se hace una historia sociológica. De lo contrario tenemos esos catálogos aburridísimos, con fechas y nombres, en los cuales la "&lt;latería" abruma al lector y aún al especialista. Sociología e Historia sostienen duelo manifiesto, que se está resolviendo a favor de la
primera.1
1

Al aparecer mi libro "Presbítero y Doctor José Matías Delgado" (Ministerio de
Educación, San Salvador, 1962 ) quien, en su alta estirpe de Prócer, puede parangonarse con Hidalgo, sólo que aquél logró forjar la Independencia de Centro América,
al aparecer dicha obra -repetimos-- algún comentarista dijo ser sociológico y no histórico, agregando, incluso, que la historia a lo siglo XX se hace sociológicamente, tesis
que de una manera tácita sostuve allá. Ello nos introduce en preámbulos indispensables
para examinar desde otro enfoque las tesis historicistas, cuyos autores muchas veces han
transitado atajos, abandonando las vías correctas, según sus propios principios.

644

645

�Marc Bloch, en su pequeño gran libro: "La palabra historia es muy vieja,
tan vieja que a veces llega a cansar. Cierto que muy rara vez se ha llegado
a querer eliminarla del vocabulario. Incluso los sociólog~ d: la escuel~ d~rkheimiana la admiten. Pero sólo para relegarla al último nncon de las ciencias
del hombre; especie de mazmorras, donde arrojan los hechos humanos, considerados a la vez los más superficiales y los más fortuitos, al tiempo que reservan a la sociología todo aquello que les parece susceptible de análisis racional" (Introducción a la Historia, FCE, México, 1957, p. 21). Dic~o.t~timonio ilumina la pugna entre la ciencia de Herodoto frente a la disciplina
bautizada por Gomte.
Algunos se entusiasman, declamando: "Una de las revoluciones espirituales
más grandes acaecidas en el pensar de los pueblos de Occidente". O con fraseología menos ampulosa: "La médula del historicismo descansa en. la, ~ustitución de una consideración generalizadora de las fuerzas humanas histoncas
por una consideración individualizadora". Y, por si algo faltase, el mismo
Meinecke, en giro nacionalista: "Ante todo el historicismo no es más que la
aplicación a la vida histórica de los ~ue_vos principios descubiert~s por el_ gr~
movimiento alemán que va desde Leibmz a la muerte de Goethe (El Historicismo y su Génesis, FCE, México, 1943, pp.11-2). Tal entusiasmo, desembocando en germánica propaganda, poco ayuda a esclarecer el meollo del asunto... 2
Para nosotros -más allá y más acá de aspectos filosóficos, historiográficos o
olíticos- el historicismo no se agota en la simple o detallista crítica del con~epto de la historia o en renovarlo, mediante recu~os m~tófic~s ~pecíficos,
representando, por sobre esas posiciones conocidas, mgrediente mdisp~nsable
en el qué y en el cómo del saber, porque el sujeto comparte con el ~b3eto su
-proceso vital, contrar~tándose la neta distinción e~tre ambos términos, llevada al extremo por Husserl. De ahí la controversia entre el padre de la
Fenomenología y Dilthey, cual tendremos ocasión de indicar luego,. en uno
de los encuentros intelectuales de mayor envergadura en el presente siglo, tan
importante cuan desconocido, sobre todo para Latinoamérica, dónde, a veces,
nos llegan minucias al instante y las cosas trascendentales tardan lustros en
atravesar el gran charco.

,
• Los calificativos de F. Meinecke resaltan bastante extremosos: "revolución esp~tu I" hasta "movimiento alemán" sin que pueda captarse bien el nexo entre aquella
y :st;. Y, por muchos esfuerzos q~e se hagan, Lei~niz fue más filós~fo-matemático ~ue
historiador no digamos historicista, y a Goethe le mteresaron en primer lugar las cien-

cias natur~les más atento a los descubrimientos de Cuvier, que a la llamada maestra
de la vida, a~que Meinecke le dedique lo mejor de su obra, pp. j79-495.

AYER Y

Hov

El contraste entre dimensión pasada y momento actual llevará a Dilthey a
aleccionantes respuestas, no atendiendo a propósitos aislados, ni por afanes investigativos, sino para estructurar otra ciencia: "Las líneas fundamentales de
su pensamiento están logradas con igual maestría arquitectónica, pero el cará,cter concreto e irúinito de su filosofía -elevar a conciencia la vida mismahace de él la figura atormentada que ha adivinado en el retrato de Miguel
Ángel por Vasari". (Prólogo, Eugenio Imaz, Introducción a las Ciencias del
Espíritu FCE, 1949). Y en otra ocasión, afrontando la alternativa: "La historiografía aplica el patrón metódico más riguroso para la comprobación de
cada hecho, mientras que por lo que se refiere a las relaciones causales, las
que en definitiva nos patentizan la Historia, se suele satisfacer con una gran
libertad artística para trabar los hechos y redondear cuadros históricos sobre
la base de una interna verosimilitud. En este punto la Historia necesita urgentemente un reforzamiento de su conciencia lógica". (Prólogo a El Mundo Histórico, FCE, 1944), también de aquel especialista en Dilthey, a quien tratamos mucho en México, por la década 1940-50.
Por referirnos directamente a lo historiográfico que no a lo filosófico, cabe
inquirir por ese causalismo en quien comienza reconociendo cuánto se debe
a Dilthey, no a Husserl. Nada hay más acausalista que la Fenomenología. La
intuición diltheyeana es comparable a la de Husserl apenas en paralelos, diríamos pedagógicos, tal l¡s de García Morente en sus conocidas y equivocadas
Lecciones. La correspondencia entre ambos exponentes aclaró, al máximo, sus
discrepancias.
Tampoco caracterizó esa manera "de fundamentar el estudio de la sociedad
y de la naturaleza y de la historia" -subtítulo a Introducción a las Ciencias del
Espíritu- el rpero antipositivismo (muchos tildan antisociologismo, erróneamente por cierto, inferido de las censuras de Dilthey a ciertos iniciadores, a
saber: "Las respuestas que Comte y los positivistas, Stuart Mill y los empiristas dieron a estas cuestiones me parecían mutilar la realidad histórica para
acomodarla a los conceptos y métodos de las ciencias de la naturaleza" (obr.
cit., p. 5).
Aquéllos, en especial, los seguidores de Comte, pretenden unificar las disciplinas, a tono con su complejidad y extensión, de las Matemáticas a la Sociología, paralelamente al ideal kantiano de una Razón, así con mayúscula,
cabal y completa, desde la pura a la práctica pasando por la del juicio, puente
entre las dos primeras en nuestro criterio. En cambio, Dilthey se propone abrir
el camino a procedimientos que conduzcan a un mundo histórico, espiritual.

647

646

�Ante un fenómeno, el rayo, por ejemplo, nuestro Yo recurre a los expedientes de la ciencia natural para obtener conocimiento indirecto, causa~. Por el
contrario, la vivencia capta en forma directa, fundiéndose objeto y sujeto. Las
ciencias del espíritu proceden así, mientras las causales apelan a la representación. Aquéllas explican, identifican (Meyerson); éstas com?ren~en. Max Weber
· t tara armonizarlas en su colosal edificio socioeconónnco, sm lograrlo, pese
men
'
T Kuf
a las numerosas opiniones en contrario. La exposición de Fe IX a mann en
"Metodologia de las Ciencias Sociales" (FCE, México, 1946), muy ~lecdonadora al respecto, no obstante a sus elogios a quien supo aunar Sociedad y
Econoroía.3
.
Nada tiene entonces de extraño que la sensibilidad sociológica de Dilthey
proteste, pues Comte, profesor de matemáticas en el Politécnico _de Pa¿s, no
en la Sorbona, subordina la materia que designara con un neolog1Smo. comodo
( ráJZ latina y desinencia griega) , a 1~ cienci~ _del número. Para ~ilthey l,a
Sociología debía construirse cual ciencia del espmtu, c~ltural graba1:a despues
el neokantiano de Baden, Rickert, simplificando a Wmdelb~n~, rruentr~ _sus
émulos de Marburgo, Cohen y Natopor se dedicaban a la logica-matemab~
Hay más: la razón his/iórica quiere enl~:rr. a la. razón p~a c~n la razon
práctica no mediante razón estética (del JUICIO) , smo con viven~:as que denoten una realidad socio-histórica. Dilthey fue, en verdad, soc10logo _e~forzándose por la filosofía; así se demuestra en su Prólogo a E: Mundo Espiritual
_ Introducción a la filosofía de la vida, escrito en 1911, ano de su deceso,_ ~o
·
rmsmo
que en El ueno de Dilthey, tal rubró Ima.z, antepuesto a Introduccion
.
a las Ciencias del Espíritu, cit., p. XVII: "Cuando daba yo los primeros pasos
en la filosofía, el monismo idealista de Hegel había sido desplazado po~
señorío de la ciencia natural. Cuando el espíritu científico-natural se co~vrrtio
en filosofía como ocurrió con los enciclopedistas y Comte, Y en Alemama, con
los investi¡adores de la naturaleza, trató al espíritu. coro~ un producto de la
naturaleza y de este modo lo mutiló. Los grandes mvestigadores. de la naturaleza intentaron abarcar el problema con más hondura. Esto, ~o volver la
· d
Kant" Aquel kantismo sin crítica, ejercido mayestaticamente por
rmra a a
•
•
· 4
·
·
Comte, 1mtaba a D.lth
1
ey. En el fondo, era la lucha de causa contra vivencia.

s -

~!

• Allí Kaufmann: ¿ Existen junto a las ciencias naturales, ciencias del espíritt~ inde.
di · · ' un síntoma nada más de la etapa poco evolucionada
pendientes O es esta vis1on
en que se encuentran todavía las llamadas ciencias del espíritu, una etapa a 1a que
caracteriza que los conocimientos exactos ausentes son. reemplazados por construcciones especulativas? La tesis última es la del naturalismo, que se presenta :mora
, d
d
"fisicismo" al tener en cuenta los resultados de la mvesen forma mas epura a como
tigación natural más reciente" (obr. cit., p. 168).
• Desarrollamos ampliamente este punto en Datos de Sociología, prólogo por Reca-

¿ETAPAS

O

ENFOQUE?

Saltó arriesgada la disputa en torno a psicología descriptiva o hermenéutica,
considerándolas 2 etapas en el desarrollo diltheyeano e insistir en lo epistemológico como correspondiente a la primera y lo sistemático a la segunda. El
proceso no admite diferencia tan tajante. Muchos defienden opuestas opiniones sobre el particular, dado el enlace interior de la obra toda, sin faltar quienes afirmen que ella constituye neta introducción a las ciencias del espíritu,
calificada por su autor mero ensayo. Y de su carácter fragmentario quedan pocas dudas... Dilthey era más problemático que sistemático.
En la estructuración del mundo histórico por las ciencias del espíritu, valga
la fórmula, surge aquella hermenéutica, clave del misterio. Desde el estudio a
Scheleiermacher su énfasis impide restringirla al método. No se trata de interpretar lo escrito, al modo ordinario, ni siquiera jurídico, pues integra el conjunto de vivencias, capaz de descifrar los signos. No se trata de otra exégesis
documental, sino de ir al contenido psicohistórico o sociohistórico, palpitante
' en la inmanencia de estar en el mundo. Heidegger declara deber mucho a
Dilthey. 5
Dilthey reaccionó en contra_ del empirismo imperante a su hora, haciendo
lo propio frente al sistema; positivista no por psicologismo, a la manera spenceriana, porque formuló una tesis objetiva en cuanto su psicología descriptiva
no era introspección ni introyección sino camino para forjar un mundo que,
si se le examina bien, resulta más sociológico que histórico; sociológico, no
a la luz comtista o spenceriana desde luego. Un admirador, y lo veremos,
de las Investigaciones Lógicas no podría ser psicologista de segundo orden,
escuela castigada por Husserl en el primer tomo de su creación monumental.
Las Meditaciones Cartesianas no se entienden sin la labor demoledora de
aquélla.
Esa hermenéutica repudia las tesis relativistas: una vivencia constituye su
FUNDAMENTO. El prurito clasificador compara teoría e historia, separándolas
artificialmente, y desnaturaliza, no interpreta, pese a la laboriosidad en la
séns Siches, San Salvador, 1947, Cap. III, "Iniciadores de la Sociología": Comte, en
Francia; Spencer en Inglaterra; y Hegel, en Alemania. Aunque éste murió sin que
la Sociología tuviese rubro y cuerpo, su influencia sobre los autores germanos amerita
el rango, si bien muchos lo reservan, de acuerdo con sus tendencias, a Tonnies o Marx.
• lmaz opina: "Sí, queremos advertir que la declaración de Heidegger de que su
obra está al servicio de la de Dilthey, se nos antoja un poco irónica cuando no deliberadamente socarrona. Lo que ha hecho Heidegger, con perfecto derecho, es poner
la obra de Dilthey al servicio de la suya. Como ha puesto también la de Bergson y la
de Husserl". ( Pr6logo a Introducción a las Ciencias del Espíritu, cit., p. XI ) .

649
648

�documentación y citas. Dilthey bucea la vida a través de dicha autognosis y ve
a la historia mediante la hermenéutica, valga el lugar común, cara y cruz de
la misma medalla. Autognosis implica organizar las ciencias del espíritu desde
la vida, muy sui géneris psicología descriptiva que no puede aparearse ni con
los empiristas ingleses, menos con Brentano. La hermenéutica opera sobre dicho material hasta volverlo historia. Ambas radican en la vivencia: La moral el derecho la economía el Estado, forman un todo, la vida práctica de la
'
' en Max Weber, en Freyer...
Sociedad.
Hay' algo de Dilthey
De otro modo, la intuición diltheyeana sería simple modalidad volitiva, y su
vertiente que nutrió a los sociólogos culturalistas, inexplicable. Basta confrontar, sociológicamente, a Dilthey con Husserl, para captar que ni Vierkandt, con
su fina técnica, ha logrado crear una sociología fenomenológica
Ya reseñamos el ataque de Dilthey a los iniciadores de la Sociología, pero
ello no le impide admitir una disciplina de la convivencia social que comprendería también, como objeto suyo, el derecho, la moral y la religión, Y
que tendría su paralelo, igualmente admirable, en una "ciencia natural general. Semejarían párrafos de Tonnies en Comunidad y Sociedad, mas el planteamiento sociológico no deja lugar a dudas. Dilthey fue, sin percatarse, un
precursor de la Sociología Alemana, categóricamente un sociólogo cabe la mira
6
filosófica, cual hay tantos en la patria de Nietz.sche.
Y guardamos expresa probanza: "Yo mismo, antes que Simmel, he caracterizado en mi Introducción, la organización exterior de la Sociedad como un
campo especial en que, desde un punto de vista psicológico, operan relaciones
de señorío y dependencia, y relaciones de comunidad". Dilthey conectó con
Tonnies, aunque pasa lo propio también con Simmel, superando el formalismo
de éste que, al fin, resultó el Kant de la Sociología. Tales conceptos del Prólogo a El Mundo Histórico, justifican el título de estas líneas que pareciera
sorpresivo, cuando se lós expresé, de palabra, a un grupo de ex-alumnos.. •
Por tanto, la psicología-descriptiva diltheyeana no admite parangón con otras
de tipo, dijéramos, "individualista" o aún de tipo social, pero distintísimas. Bien
aclaró Imaz, comentando lo transcrito: "No hay psicologismo en el sentido
habitual y funesto ( tan combatido por Husserl, entrecortamos) y sí una mejor
• Como es sabido los tratadistas franceses utilizan una ciencia al formular sus doctrinas: Comte, a la física; Tarde, a la psicologia; y algo similar pasa con los ingleses,
así Spencer, con la biología. En cambio, los alemanes, basan filosóficamente sus respe~tivas posiciones: Tonnies sigue a Nietzsche, el extraordinario de Sils-Marías Y al
misógino magistral, Arturo Schopenbauer, capaz de refutar a Kant en su fundamentación de la moral ante la Real Academia sueca; Simmel a Kant, para decirlo con una
palabra. Wiese, por su relacionismo inter-relacionismo, a Ross. De ahí que no puedan
entenderse bien los germanos sin cierta preparación filosófica.

650

constitución de la vida total para comprender mejor la vivencia poética 0
metafísica que ha brotado de ella".
~n--el contr~te con el tercer iniciador de la Sociología, Hegel, el espíritu
objetivo de Gwllermo Federico no es la organización exterior de la Sociedad
si bien o~tentó bastante semejanza. Hegel estatiza, mientras dice Dilthey: "l~
fo~as diversas en las que se ha objetivado en el mundo sensible la comunidad
existen entre los individuos". Tal objetivización -y recuerda mucho a Hans
Freyer- surge en el inmanentismo de la vivencia, que sitúa al hombre dentro
de lo col_ectivo. Ese criterio sociológico eliminó cualquier tesis subjetivista.
Es la realid~d de los históricos (patentizada por la autognosis) , no causalidad
(Comte), m valores (Scheler), ni dialéctica (Hegel), ni crisis (Alfred Weber).
Al~os aleg~n pr~venir Hans Freyer de Hegel, no de Dilthey, interpretando
s~, reali~ad, s~cial, d~ecto trasunto del espíritu objetivo, es decir, una concepc10n soc10log1ca denvada del logos. Mas la descendencia no es tan sencilla
.
.
.
'
com~,a pr~era vista pudiera creerse, si bien Francisco Ayala, en su Introduccion al hbro de Freyer, destaque en él más a Hegel que a Dilthey.
F~eyer re~udió las disciplinas lógicas al elaborar su sociología, ciencia de la
realidad social. No quiere repetir a Simmel con sus formas sociales de ra'
ide~lista. Pero tampoco tal postura desemboca en el hegelianismo. La realida~
social encadena con la objetivación diltheyeana, según las formas exteriores
de la Sociedad, algo que se ha escapado a la avizora pupila de los comentaristas
freyerianos. Allí preexiste nítida hermenéutica temporal, pariente de la de
Wilhe~, quien nos confía: "La cultura es, antes que nada, un tejido de
nexos fmales. Cada uno de ellos, lenguaje, derecho mito relio-iosidad poesía
fil f
,
'
o,
'
o~ 1a, posee una legalidad interna que condiciona su estructura y ésta determina su desarrollo. Por entonces se comprendió la índole hisoorica de los
~mos (era el año cincuenta del pasado siglo, puntúa). Esta fue la aportacion de Hegel y Schleiermacher, pues impregnaron la sistemática abstracta de
esos nexos con la conciencia de la historicidad de su ser. Se aplicaron a ellos
el método comparado, la idea de desarrollo. Y ¡ qué personajes a la obra!
¡ Un Humboldt, un Savigny, un Grimm!" (El Sueño de Dilthey -Documentos
Autobiográficos, Introducción, ya cit., p. XV).
Lo expresado: Freyer está más cerca de Dilthey que de Hegel, no cronológica sino ideológicamente. E historiza debido a que sus formaciones colectivas
correlacionan: "Nuestro conocimiento tiene que habérselas con una realidad
que somos nosotros mismos; con un acontecer en el que nos encontramos activamente insertados, lo cual aleja toda asimilación a un historicismo ordinario
yendo aún más lejos de la realidad social como una individualidad histórica~
mente_ cambiante" (La Sociología como Ciencia de la R ealidad, Losada, Buenos Aires, p. 112) . Freyer recibe a Hegel por intermedio de Dilthey...
651

�Y tal vez por eso permanece, tal vez sin imaginárselo, en una actitud a
kilómetros de otras objetivizaciones, verbigracia, los valores sociales de Scheler,
las esencias colectivas de Vierkandt, y doctrinas por el estilo.7
Dilthey comenzó, en El Mundo Histórico, a develar su cardinal noción de
estructura (de nuevo Tonnies aflora casi aquí): "un orden con arreglo al cual
los hechos psíquicos se hallan enlazados entre sí mediante una relación interna:
cada uno de los hechos referidos así recíprocamente constituye una parte de la
relación estructural".
Freyer desarrolló esto: "Hago observar todavía ( aun cuando es cosa obvia)
que esa separación de la Sociología respecto de la Historia pretende una significación puramente lógica y debe extenderse tan sólo a la diferencia de la
formación conceptual, pero no a los límites del trabajo científico práctico. La
mayor parte de las formaciones sociológicas de conceptos con una impregnación
histórica máxima ( como la Roma de los Césares, el capitalismo alemán del
cuarto decenio del siglo pasado) serán ejecutadas prácticamente por los historiadores" (obr. cit., p. 227).
Resurge la antinomia Sociología-Historia en giro diverso; pero Freyer confunde: ¿Qué es eso de ejecutar prácticamente? Y las ambigüedades persisten:
"Tanto sin pretenderlo como deliberadamente la ciencia histórica ha elaborado conceptos de estructura llenos de valor. En las obras de nuestros grandes
historiadores (para los alemanes, apenas, Gregorovius, Ranke y Mommsen:
Ludwig, biógrafo y Zweig, cronista, interrumpimos), se encuentra sin duda
más visión sociológica que en muchos sistemas abstractos de Sociología. La meditación teorético-científica acerca de lo que sea Historia o lo que sea Sociología, no es ni desvirtuada ni hecha superflua por esta fecunda interpretación
de las cuestiones en la investigación práctica. La teoría de la ciencia no pretende establecer qué puntos de vista están bien colocados en la Historia de
Roma, de Mommsen; eso tan sólo al propio Mommsen le correspondió fijarlo.
Pregunta tan sólo qué puntos de vista son Sociología para una consideración
lógica". (Obr. cit., p. 228).
Examinar lo anterior, en detalle, nos llevaría demasiado lejos, y sólo interesa
por su orientación hacia Dilthey. Los historiadores clásicos, abundan en usuales
juicios valorativos; poco sirven al sociólogo que de verdad lo es. Y respecto a
1
Allers, al referirse a Freyer: "Cuando hablamos de espíritu objetivo no nos referimos, naturalmente, a la desafortunada tricotomía cuerpo-alma-espíritu que tiene su
origen en los gnósticos y desempeña un papel tan importante en todas las filosofías
y teorías seudofilosóficas imaginables. Para nosotros, espíritu objetivo quiere decir
únicamente el conjunto de valores que se han realizado ya en el mundo real del
espacio y del tiempo, sin que se haya de suponer, por ello, una metafísica determinada
del mundo de los valores" (Naturaleza y Educación del Carácter).

652

las aseveraciones de Freyer basta preguntarse: ¿ por qué la teoría de la ciencia
no va a juzgar la distribución de Mommsen... ? Separar artificialmente, meditación teórica y objeto sociohistórico será siempre absurdo, con o sin realidad
social freyeriana. Pero retornemos a Dilthey, abandonado por Freyer en un
giro valorativista que nos recuerda mucho a Max Scheler, quien alguna vez
dijo a Nicolai Hartmann, un tanto achispado: "con mi cerebro y tu orden
podríamos hacer ética".
La estructura diltheyeana no emerge vacía, formal, a priori sino exhaustiva
y fecunda: "De esa insondabilidad de la vida procede que la misma no pueda
ser expresada sino en un lenguaje figurado. Reconocer esto, ponerlo en claro
por sus razones, desarrollar las consecuencias, he aquí el comienw de una
filosofía que dé razón real de los grandes fenómenos de la poesía, de la religión y de la metafísica, concibiendo su unidad en su último núcleo. Todos
estos fenómenos expresan la misma vida, unos en imágenes, otros en dogmas,
otros en conceptos, pues ni los mismos dogmas bien entendidos, hablan de un
más allá". Al leer el legendario Wilhelm queda bastante inoriginal Ortega,
tal lo señalaremos luego. Y Dilthey formula una sociología vital, salvadora,
optimista, muy lejos de Schopenhauer que tanto influyó a Tonnies. Y en
pocas confrontaciones campea Dilthey, sociólogo, cual en memorable correspondencia con Husserl.8

DILTHEY ANTE HUSSERL

Cuando ocurrió aquel intercambio epistolar, trascendente, Dilthey hacía lustros estaba consagrado, pero Husserl no le iba tan a la zaga. Tomamos las citas
de Dilthey-Husserl -En torno a la Filosofía Idealista como Ciencia estricta y
al alcance del historicismo. Correspondencia entre Dilthey y Husserl de 29-junio, 5 /6 julio y 10-julio de 1911, Edición, Introducción y Notas por Ernesto
José Wender, Traducción de la carta de Husserl por Julio Heise, Revisión del
8

Walter Biemel, en 1a introducción a dicha correspondencia, cuyos perfiles damos en
el texto: "La idea fundamental de Husserl es que la Filosofía desde su comienzo pretendió ser una ciencia estricta, pero no puedo satisfacer esta pretensión. La Fenomenología
debe por fin llevar a la Filosofía a convertirse en ciencia estricta. Para alcanzar esa
meta, para exponer con claridad la particularidad del método de investigación fenomenológica y ante todo para explicar su necesidad, Husserl la destaca de dos tendencias predominantes según él hacia fines del siglo: por un lado, el materialismo y, por
otro, la Filosofía de la concepción del mundo. Husserl mantiene una guerra de dos
frentes, por un lado contra el naturalismo y por otro contra el historicismo". Aquí era
donde enfrentaría a Dilthey, tildado de mero historicista, sin mayores distingos.

653

�texto alemán por Ernesto J. Wender, todo en la Revista de Filosofía de la
Universidad de Costa Rica, San José, julio-diciembre 1957, pp.103-13, dirigida
por Constantino Láscaris Comneno, una verdadera primicia, al menos en
castellano. Y por ello incluimos lo anterior aquí.
Husserl comienza por declarar: "Fue el mismo Dilthey quien inició nuestra relación, pues, desgraciadamente, bajo la influencia de la brillante crítica
de Ebbinghaus (el mago de la nemotecnia teutona, intercalamos) yo no había
creído necesario leer el gran trabajo de Dilthey; en suma, sentí además en
aquellos años poca predisposición para captar la importancia de los escritos
de Dilthey".9
Husserl calibraba a Dilthey relativista y aún positivista, algo incompatible
con su afanosa brega por las esencias puras, fenomenológicas, capaces de llevar a su último grado la revolución coperniquiana de la filosofía iniciada por
Descartes, así se desprende expresamente de las Meditaciones Cartesianas. El
artífice de la Fenomenología -la husserliana, no la del espíritu, a lo Hegelse sorprendió al comunicarle el orfebre del Mundo Histórico, que la segunda
parte de Investigaciones Lógicas estaba en armonía con las Ideas sobre una
Psicología Descriptiva y Analítica. Entonces llegó el lapso del desafío, muy
ilustrativo por cierto. . .
Fue el relativismo historicista que se achacaba a Dilthey motivo directo del
ataque husserliano, no por cortés menos virulento. Reconocido está cómo en
el fundador de la fenomenología coexisten los psicologistas. (Dilthey lo era, al
menos en apariencias). Y otra, constructiva, Meditaciones Cartesianas, con la
ambición de erigir una ciencia sin supuestos, dotada de radical autenticidad.
Para Husserl pareciera Dilthey, en sus forcejeos con la historia, otro positivista

más.
Edmundo sentiría el afán de llegar a un cartesianismo definitivo, porque el
del cogito se quedara en medio camino y lo que hizo en El Discurso del Método,
lo deshizo con las Meditaciones Metafísicas. La ciencia husserliana serfa invencible, absoluta, sin permitir ni de lejos los avatares historizantes, tal la enhiesta
roca vence al mar embravecido. La universalidad radiosa de sus normas lógicas no se contaminaría con las alternativas de quienes dependen de un pasado tenebroso y de un incierto futuro. La Fenomenología era una gran señora
que no podía mezclarse con plebeyas.
• Biemel explica: "Expresamos finalmente al Prof. P. von Breda, Director del Archivo Husserl de Lovaina, nuestro más cordial agradecimiento por haber permitido publicar este desconocido intercambio epistolar, por el cual nos desplazamos, dentro del
suceder de la Filosofía, a principios de nuestro siglo (Revista cit., p. 107). De Ebbinghaus hablamos mucho con Werner Woolf cuando estuvo en México, allá por 1953-4.
Woolf lo comenta en su Introducción a la Filosofía editada por el FCE.

654

En ,~bio, Yª, lo ano~os, D~~e! se lanza al torrente de la vida, pues su
metafrsrca abrazo la realidad histórico-social, dejando las alturas esenciales
~ara penetrar en las anfractuosidades de esa arena movediza que es lo pretérito y lo presente, con miras al porvenir.1 º
Biem_el ~racterizó mu_y bien: "Husserl antepone a la Ciencia Natural de
1~ concrenc1a, la nueva ciencia (otro Vico, aunque con ruta opuesta, interrump~o~), la ~e~om~nología de la conciencia, que no tiene que ver con la conciencia empmca smo con la conciencia pura". Y más adelante: "Si Husserl
pues, ataca a Dilthey, lo hace por considerar que en estos análisis estructural~
morfológicos
, . se ,encuentra precisamente el germen de un relativismo" . y , aclarando ge,nes1s: ~~~rl parte en el fondo de la validez de las formas lógicas
que, ~egun su oprruon, son a-históricas. El punto de partida de Dilthey, en
cambr~, lo forman las obras de arte y las creaciones espirituales que sólo son
concebidas como históricamente hechas, pertenecientes a
determinad
,
di
a
epo~, me ante un estilo determinado, a saber, como expresión de la vida,
mediante las cuales ella se comprende a sí misma" (Revista cit., pp. 195-6).
: en la desc:ndencia se acusa el contraste, dentro del terreno sociológico,
cuanto va de V1erkandt a Freyer, del esencialismo a la historicidad de lo arquetípico a lo trasmutante, de lo hierático a lo cotidiano, de lo esta~ario a lo
sugerente, de lo estático a lo dinámico. Mas sigamos el hilo de aquellas cartas
memorables:

un:

Dil~ey se dirige a Husserl -29 de junio de 1911-: "Muy estimado colega:
No qmero que apare~ca la pequeña disertación sobre Niebuhr, que nació de •
una ~ueva ~onferenc1a en la Academia, sin dar por fin mi parecer sobre su
~;°d10 publi~do en Logos. Tengo que confesar que, bajo la primera impresmn, me era difícil formular tal parecer, porque su caracterización de mi punto
10

Para ciertos filósofos, a la alemana, lo mismo que para sociólogos estilo Vierkandt
la fe~om;~ología resulta imposible de confundirse con la psicología descriptiva ni co~
Ta ~sicof~ca, dadas sus_características distintivas. Lessing afirma que la prun'era "no
explica smo esclarece", indaga lo que pueden significar en último término todos los res~lta~os de la ciencia. Por consiguiente, eo ipso reconoce las determinaciones de las
crencras, ~~a ~ de l~s cuales posee sus objetos específicos así como sus métodos y
leyes específicas (F:stuá10 Acerca de la Axiomática del Valor, UNAM, 1959, p. 13). y
en otro lu~r de dicho ~púsculo, Theodor Lessing insiste en que Edmundo ejerce poder.ª tra:es de las esenaas... En suma, la Fenomenología constituye una superciencia,
no mvestiga pero controla, no explica pero esclarece, en una ambición aún más des~orda~te que la ~e los, sociólogos en_cicl~pédicos, quienes, al modo de Worms, declaraban,
si~ m'.'5, a ~ Soaolog1a como la C1enaa General de las Sociedades o la Filosofía de Jas
C~enaas Sociales, en su libro pequeño más altivo La Sociología, Su Naturaleza, su Contenido. Sus Agregados, Madrid, 1925, cuya primera edición francesa data de 1921
donde, paradójicamente, aconseja modestia a los sociólogos ... Cap. IV, p. 24 y Cap'.
V, p. 29.

655

�de vista como historicismo, cuya consecuencia legítima sería el escepticismo,
debía asombrarme justamente. Gran parte del trabajo de mi vida está dedicado a formular una! Ciencia de validez general que debe dar a las ciencias
del Espíritu una base firme y una relación interna para con un todo. Era ésta
la concepción original de la tarea de mi vida en el primer tomo de las Ciencias
del Espíritu. (O sea Introducción a las Ciencias del Espíritu -Ensayo de una
Fundamentación para el Estudio de la Sociedad y de la Historia, 1883).
Y continúa argumentando Dilthey, patéticamente, defendiendo la labor de
toda una vida: "Este punto de vista, si entiendo bien su definición del historicismo, no es susceptible de ser calificado como historicismo. Y si, según el
uso general del idioma, el escéptico niega la posibilidad del conocimiento en
general, es imposible que se me considere a mí como escéptico o en cualquier
relación con el escepticismo". Y párrafos después: "De la disertación se desprende claramente que mi punto de vista no conduce al escepticismo; excluye
su interpretación de mis frases. Pues me refiero allí, para demostrar la imposibilidad de una Metafísica de validez general a 'los argumentos de Voltaire,
Hume y Kant'. Mas bien concluyo (su imposibilidad) de la relación general
entre su tarea y nuestros medios de solución que no del fracaso hasta ahora
en la Metafísica" .11
En su concepción del mundo, Dilthey concluyó:· "No soy, según eso, ni un
filósofo intuitivo, ni un historicista, ni un escéptico, y considero también que
la argumentación de su tesis no prueba que la consecuencia de aquellas frases
conduzca al escepticismo. Usted ve que verdaderamente no estamos tan alejados el uno del otro como usted supone y como aliados en puntos esenciales
muy discutidos". (Revista cit., pp. 109-13).
Husserl respondió por misiva -5/6 julio de 1911- que obra en el archivo
suyo, de Lovaina, empleando tono bien distinto, con aquel retintín de los
dogmáticos: "Le agradezco, señor Consejero Privado, todas sus aclaraciones,
muy estimables y valiosas para mí como expresión decisiva y aguda de su
espíritu. (Nótese el juego de palabras con las Ciencias del Espíritu, tan amadas
por Dilthey). Pero usted debe convencerse de que el supuesto de que usted
parte no es adecuado; a saber, como si mis argumentaciones estuviesen dirigidas
11 Dilthey es explícito, no sibilino como Husserl: "Al análisis de la sociedad humana se le ofrece al hombre mismo como unidad viva y el análisis de esta unidad de
vida constituye, por consiguiente, su problema fundamental. En este dominio empieza
a posponerse el tipo de consideración de la vieja metafísica porque tras el agrupamiento teleológico de formas generales de la vida espiritual se buscan las leyes explicativas". (Introducci6n... cit., p. 355). Tanto él, cual Edmundo, rechazan la antigua
metafísica, refutada a partir de Kant con su metafísica del futuro, pero difieren en la

contra usted. De inmediato publicaré también
.
malentendidos". y entrando a fondo· "Tod
e;d Logo~ ~a nota para evitar
sus principios en el a priori. (Aq , Edm da va e~ obJetlva_ a posteriori tiene
K
UI
un o sale mas formalista que 1
.
ant, acotamos) . Análogamente
li . ,
e propio
su "verdad"
"
' una re gion puede ser "verdadera relioión"
relativa"' a saber, en relación con una "humao·
Y
nidad"
. ser meramente
.,
que vive en relac10n con una "naturalez "
estado de desenvolvimiento" L
d
a ' que se encuentra en cierto
depende en este caso de la . uego e esas frases cabalísticas: "La verdad
determinada ''Hum "d d" manera de captar sus presupuestos (Idea de una
de una naturaleza ;:~:da : : :_les :u~ales caract:rísticas específicas; idea
manera tá
.
. .y
manera, idea que, de tal o cual
s~arnos :od~==~:d;r::;:::~:n: in!~:::~:do social:s, etc.~. Si pennmguna religión la "verdadera" p ta
l
o esencial, sena otra o
algo relativo y no obstante c . otrd nto a verdad de una religión sería
.
'
' orno o a verdad, un ideal est
f .d
relac10nes que, por ser su contenido esencial determinan '
re en .o ~
como condiciones de la posibilidad de seme¡ante
.
p c1p10sl" a Hpnon,
verdad en
respetado comillas y subrayados. Husserl obseso or eri .
gen:ra . . . emos
puestos, deriva la verdad d
'll
'
p,
gir una cienc1a sm su- dento, frío y distante de la ~:~:ere:iiJa;~o:~~ev;s, como t~do id~alista irrenada, y a veces se hunde, Dilthey.12
' e esa cornente VJtal en que

r: .~'

y Edmundo pontifica. "Cuand
ted h b
Ciencia del Es íri
.
o us
a la de un análisis propio de la
ºbilid d d l p tu ~ ~or el cual usted conduce la demostración de la imposi
alimitado
e a Metafisica), esto coincide grandemente con lo que yo -solamente
1' .
. y conformad? _d_e acuerdo con ciertos puntos de vista metodoogicosconsidero
como
. y naturalmente: la imposibilidad de una
, . anahsis fenomenol'og1co.
1
d
~etaflSlca -en aquel sentido especialmente ontológico falson~ o ~ue e manifestar tal "análisis propio de la Ciencia del Espíritu". (Revi~ta cit., ~P: 115-19). ~ recuérdese aquella pasión de Husserl que lo hacía
re acer multiples veces, Cien veces el mism t b .
El
. .
'
o ra ªJº· ..
gran vieJo contrarreplica con una comprensión desusada en figuras de su
u Hay pasajes diltheyeanos tangenciales a Husserl
,
. ,
o si se quiere pasajes husserli
ró .
' aunque este Jamas lo reconoció,
ción de creer ~ue Husserl hab:~anlo~d p XlIIlObs. a Dil~ey, pues no escapó a la ten ta= e1 o muy ien a Wilhelm {as' O t ) . bº
bos lo negaron. "Pero el iro
,
•
1 r ega , s1 1en amse da de mod~ inmediat . pu1so que guia rms trabajos exigía algo más. La vida no
samiento Para ue
o s1~? que es ~clarecida mediante le objetivización del penque es eiaborad¡ po~ :P:::nd;e lad~da no se_ convierta en dudosa por el hecho de
objetiva del pensar Se puede
r s el pen~ento, es menester mostrar la validez
génesis {aquí difie;e de los
e pensarmento y su logi~mo._ No se trata de su
sencia de actividades que lo p I
gi tas 1[anotamo~~)' de su h1stona, sino de la pretroducci6n, cit., p. XlX). en azan con a percepc1on: se trata de su fundación" (In-

::¡~za-:

ciencia que debe substituirla.

656

657
H42

�estirpe -10 de julio de 1911-: "Estimado amigo: Muchas gracias por_ su
bienhechora y detenida carta y por el esclarecimiento de mi malentendido.
Ante todo, puede usted estar seguro de que sus bondadosas ma~estacio~es _no
me inducirán nunca a estimar falsamente la relación del trabaJO de rm vida
con su fresco laborar. Admiro en usted un genio del análisis filosófico. Me
alegra el deducir de sus palabras que mi trabajo no ha sido sin utilidad para
usted; que usted siente, como yo, y yo incluso en una época en que se necesitaba algo de coraje para luchar desde distintos lados de mancomún contra
el dominio de las Ciencias Naturales sobre la Filosofía, que estamos de acuerdo
acerca del esfuerzo por lograr una fundamentación de validez general de las
Ciencias reales, en oposición a la Metafísica constructiva y a todo suponer un
En-sí tras de la realidad dada a nosotros". Y se despide: "Con fiel sentimiento,
suyo. Wilhelm Dilthey". (Revista cit., p. 121). Estas líneas aclaran más que
volúmenes de exégesis...
Husserl, deseoso de superar a Descartes, añoró una ciencia
. sin. supuestos,
.,
a priori, perfecta, pura. Así combate denodadamente al psicologismo, ~wza
por haber tributado en ese altar, porque, finalizando el prólogo a la prunei;1
edición de Investigaciones Lógicas, cita a Goethe: "contra nada somos mas
severos que contra los errores abandonados". Y no es inoportuno rememorar
su primer principio, tan conocido: "No hay teoría concebible que pueda h~cemos apartar del principio de todos los principios: toda intuición que dé originariamente algo, es una fuente legítima de conocimie~to; todo lo que se
nos ofrece en la intuición originariamente debe tomarse simplemente como se
da". O sea: la visión directa e inmediata de las cosas constituye el primer
principio de todos los principios, siempre que dé algo. De ahí el certero flechazo de Dilthey cuando le escribe, cual transcribimos "No soy, según eso,
ni un filósofo intuitivo, ni un historicista, ni un escéptico", viniendo lo de
intuitivo al principio, lo que era Husserl, con su supercartesianismo fenomenológico, pues oigamos esto: "Al llegar aquí damos, siguiendo a Desc~r~~' el
gran giro que, llevado a cabo de la manera justa, conduce,ª ~a subJet1~dad
trascendental• el giro hacia el ego cogito, como la base apodícttcamente cierta
y última de ;odo juicio en que hay que fundamentar toda filosofía radical".
Por algo esos textos son de las Meditaciones Cartesianas. 13
Wilhelm no ha tenido nunca los elogios de Edmundo, quizá por menos estudiado,
privilegio que este servidor alcanzó desde que iniciara estudios filosóficos en la UNAM,
por su trato con Eugenio Imaz. Así Gaos, La Lebenswelt de _Hu~serl: "L~ fe~ome~ología sería, en suma, ciencia por ser aquello por lo que las aenaas son ciencia segun
Husserl: abstracta, general y objetiva" (Revista Mexicana de Filosofía, XIII Congreso Internacional de Filosofía, septiembre 1963, p. 27). E igualmente en su Prólogo Y
Traducción a Meditaciones Cartesianas: "No obstante las seductoras novedades pos13

658

En Dilthey no hay más que un Yo, el avizor a las' formaciones del Espíritu.
En Husserl, dos: uno, el ego psíquico, opuesto al mundo exterior, mientras el
ego trascendental o cogitans aparece luego de poner entre paréntesis el mundo
objetivo, mediante la reducción fenomenológica o epojé, o sea "el método
radical y universal por medio del cual me aprehendo como un yo puro". Husserl
declaró: "Todo esto designa Descartes, como es sabido, con el término cogito".
Nos atreveríamos a resumir, husserlianamente: Todo existe, inmanente, en
el ego cogitans, dado que: "Limitaremos desde luego los conjuntos coherentes
de intencionaJidad en los cuales el Ego se constituye en su SER PROPIO y constituye las unidades sintéticas inseparables de sí mismo, que es menester, por
consiguiente, atribuir al ser propio del Ego".
Dígase cuanto se quiera, la Fenomenología ejemplifica un idealismo, tan
trascendental como fuese, pero idealismo. Contra lo expresado por Teodoro
Celms creemos implicarse, correlativamente, método fenomenológico y sistema
idealista. La reducción fenomenológica sólo es posible dentro del ego cogitans
y la intuición eidética, por esencial, si la colocamos fuera de los lineamientos
del idealismo, conduce -lo afirmó el Maestro Caso- a la hipóstasis de las
esencias, a lo Platón.14
Y cabe inferir por lo expuesto que, del abstraccionismo husserliana a la comteriores a él, a Husserl habrá que volver, de él habrá que partir durante bastante tiempo aún, hasta que haya advenido definitivamente el de tratarle como un gran clásico
más". Pero, sociológicamente, y también filosóficamente, el mensaje de Dilthey representa una cantera, esperando, todavía, la piqueta de los que estamos al lado de la
vida, pese a sus desvíos y emboscadas, y no por el hieratismo dogmático, ni las inalcanzables esencias.
" Sin embargo, Kaufmann, en su Metodología de las Ciencias Sociales: "La crítica
que Husserl ha hecho del psicologismo en sus Investigaciones Lógicas ha subrayado
que la validez de los principios lógicos no es "tener que", como el de las leyes naturales, sino un deber ser y esta distinción ha cobrado gran importancia en la teoría de
las ciencias sociales, puesto que ha conducido a oponer a las ciencias del ser las ciencias normativas". p. 54. No estamos de acuerdo: los principios lógicos ostentan una
validez de certeza distinta al deber ser, que es normativo, algo sabido desde que Kant
planteara las reglas técnicas o principios problemático-prácticos, no normativos, con o
sin Laun, que sólo a éstas censura, cuando nosotros hemos hecho Jo propio con los
segundos, los principios asertico-prácticos o reglas de la felicidad, cual aquéllos son
de la habilidad. El auténtico deber ser viene en el imperativo categórico, según la fórmula de la Fundamentación para una Metafísica de las Costumbres o de la Crítica de
la Razón Práctica: obra de manera que la máxima de tu conducta pueda volverse regla de aceptación universal. Por ejemplo, en la ciencia jurídica, una de las sociales,
lo que torna a la proposición lógica en precepto jurídico es el poder del Estado, tal
lo de$arrolló, refutando la Teoría Egológica del argentino Carlos Cossío, en estudio
publicado por la Revista JUS - julio 1951- siendo profesor del Tecnológico de Monterrey.

659

�.
. , .
ente hablando no puede plantearse paraprensión de D1l~ey, soc10logi~d
l desce~dencia mejor, con el método
lelo. Esto lo examinaremos ense~1 a ~n a
'
fenomenológico aplicado a la soc10log1a.

DE HussERL

A VIERKANDT

,
ntecedentes son Brentano, con su Psicología
La Fenomenolog1a, cuyos a ~
d "El Origen del Conocimiento
Descriptiva (Viena, 1874) 15 anos antes enf
cia dada por mí el 23 de
"d
1"
p, blico es una co eren
Moral", ofrec1 o...a gran u
d v·
lle aba por título· "De la
enero de 1889 en la Sociedad Jurídical" e ;ena~en:a el prólogo del autor
lO ru·sto y lo mora ; as1 co
sanción natural de
d Ga , Morente) . y Bolzano, con su
,
p la M' . o Trad e
rc1a
'
.
(Ed. Angel o '
exic '
. 1 , aho- ce'lebre ha prnvocado su apli.
·
Fenomeno
og1a
~.'
Teoría de la ciencta, esa
, '
timo de Husserl sino por
I
sociológico no solo por e1 pres t&gt;'
' •
•d d
cación a terreno
.
1'investigador de lo colectivo. La intencionali a
ofrecer un nuevo canuno_ ª
.
do or Husserl.
, ·ca de Brentano revive en V1erkandt, pasan
p
. . .
o
ps1qw
1953 etnólogo 3/ etnógrafo, se m1C1a com
Alfred Vierkandt, muerto ~n
' b
pli do el método fenomenoló.
1 para contmuar su o ra a can
d
S
seguidor e imme
. .
edista por formación y escuela, pre.
bl
sociales Ant1enc1c1op
.
gico a 1os pro emas
·
, de la interacción colectiva cua1
.
l f
lismo que remata en una teona
. 'f' ,, is
here e orma
"
f damentales de sociología filoso ica .
concepto clave de sus problemas un
.
.
D rkheim- ni
.,
b t ta -Simmel- m coactiva - u
Esa interacc1on no es a s rae
l' . Resulta indispensable, para
d
· profunda fenomeno ogica.
externa -Tar e- smo
' ,
. 1 acias a la metódica husserVierkandt, precisar el meollo_del _fenomenodsoc:l ~onde únicamente la Fenoli
Al como una expenencia trascen en '
ana. ,go
.
o El discí ulo persigue, como su mentor, meras
menologia puede abnrse pas .
1 p 1 , de los demás y sufrir con su
descripciones puras. Alegrar~e con a a egr1a
d
tn'steza sin egoísmo ni mezqumdades.
d
Gestalt, que ahon e
A la manera de una psicología configurativa, e una
• tas Bases para una Fundamentación de
,. Manuel Cabrera Maciá ha. intendtado. Clb~r , te no aparece en la Bibliografía ni
la lín de V1erkan t S1 ien es
la Sociología, en
ea
d ' tr b .0 enuncia las tesis constitutivas de una
1
en el texto. y dice:. "la_ tercera
\un:a:e~tación filosófica de la sociología, sin
metafísica de la solidaridad qu
d 11 " p 2 y luego a p. 67' se pre. d
llar los fundamentos e e as
. .
'
lid . d d
desarrollarlas, ru esarro .
~ . de la solidaridad? El principio de so an a. '
gunta: "¿Cuál es el senado metaf1S1co .
. le raíz metafisica: a) la esencia
la conciencia de la especie. lo nuestro,. nene una :~encía de la universalidad". Ello
del individuo, b) la esencia de 1~ ~OC1edad;u~tiones de sociología, que para nosotros
ejemplifica el proceder feno~enologico en
d . &lt;leales. de realidad, no de esencias.
. . fáca·ca, no normativa; de hechos no e J
,
es c1enc1a

:~:~a

660

mucho más allá de los hábitos yeístas, la colectividad, aparentemente mudable
( oh, Heráclito), permanece idéntica en sus rasgos esenciales. Vierkandt concluye en un universalismo fenomenológico que mucho alcanza de platónico,
lastre de Husserl; no cabe duda que, en medio de sus fallas, la introspección es
más segura que la introyección, con sólo percatarse de que la segunda encierra
la primera, y, por tanto, multiplica sus puntos débiles. De ahí que Vierkandt
reacomode la polaridad de Tonnies, Comunidad-Sociedad, en modalidades
no muy afortunadas, debido al sincretismo inicial que designaríamos con el
binomio Simmel-Husserl.16
Vierkandt, sobre todo en sus últimos escritos, se empeña en conformar una
tipología esencialista, en contraposición a la de Comte o Spencer, pues al principio la etnografía y la etnología lo tuvieron tangencial a éstos. El grupo es
una totalidad, valga la comparación, una gestalt -Kofka o Kohler- apenas
cognoscible a través del método fenomenológico.
Husserl, para quien el filósofo merece, un tanto burocráticamente, el epíteto
de "funcionario de la Humanidad", encontró en Vierkandt "su" sociólogo,
si bien nos parece más filósofo de lo social, mejor, lógico de lo colectivo, con
una lógica muy cerca de ciertos neo-kantianos para quienes la sociología viene
a ser una lógica de las ciencias sociales. Y en los desarrollos del discípulo, se
se palpan los zig-zag del maestro, ya la fenomenología es, a veces, psicología
descriptiva -y Dilthey se lo hizo ver a Husserl en la correspondencia comentada-, y otras, un adentrarse en las cosas, sin mengua de calar en las
esencias. Esto, en la Sociología, complica demasiado el objeto de estudio,
si escuchamos al fundador en la Introducción a sus Meditaciones Cartesianas:
"En primer lugar, el que quiera hacerse filósofo deberá una vez en su vida
replegarse sobre sí mismo dentro de sí; intentar vencer todas las ciencias hasta
aquí admitidas, reconstruirlas. La filosofía -la sabiduría- es en cierto modo
un asunto personal del filósofo. Debe constituirse en tanto que es suya, ser su
sabiduría, su saber que, bien tendiendo a lo universal, sea adquirido por él, y
justificado desde el origen en cada una de sus etapas, apoyándose en intuiciones absolutas".17
•• Husserl es un neo o ultra-cartesiano: dentro de la misma neoescolástica francesa,
con Jolivet, Maréchal y Gilson, hay una corriente desde hace lustros por interpretar,
realista y no idealistamente, al cogito cartesiano. De acuerdo con estos autores el idealismo del Cartesio vino del método matemático, no del cogito ... (pienso luego existo).
Régis Jolivet llama a esto "La Querella del Cogito" en su libro, Le Thomisme et la
Critique de la Connaissance. (Ed. Desclée de Brouwer, Paris, 1933, p. 19).
" El viraje de Husserl en Investigaciones L6gicas con respecto a sus primeros escritos de tendencias más realistas hizo que Scheler lo refutara. . . En los medios académicos alemanes de la época se relata una anécdota: Husserl le dijo a Scheler que
tenía rango de pensador pero que no entendía nada de Fenomenologia; y éste res-

�Semejante metódica personal, a tono con las declaraciones del fundador,
no puede rendir mucho en Sociología, y así lo sufriera Vierkandt en carne
propia. Tanto él como Husserl bien pudieron atender a Naphta, el implacable jesuita de La Montaña Mágica por Thomas Mann, quien le concede mucho a Dilthey:
"Vuestra ciencia sin premisas es un mito. Hay siempre una fe, una concepción del mundo, una idea; en una palabra una voluntad, y atañe a la Razón
el interpretar y demostrar, siempre y en todos los casos. Se trata de llegar al
quod erat demostrandum. Ya la concepción de la prueba contiene, psicológicamente hablando, un elemento voluntario muy claro". Y esa dialéctica de
Naphta que paralizaba el humanismo siglo XIX de Settembrini, ante el estupor de Hans Castopr y su primo Joachim, en Davos, bien pudo esgrimirla
Dilthey en sus cartas a Husserl, si su finura y su caballerosidad no se lo hubieran impedido, tal constatamos.
Vierkandt incurre en las ceguedades de los fenomenólogos, inmersos en sus
esencias que, con frecuencia, ni ellos captan. Atendamos las redundancias de
Merleau-Ponty, miembro del trío en la Escuela de París, junto a Sartre y
Simone de Beauvoir:
"Las ciencias del hombre ( la psicología, la sociología, la historia) y la filosofía se encontraban en una situación crítica. Las investigaciones psicológicas, sociológicas e históricas, a medida que se desarrollaban tendían a presentarnos todo pensamiento, toda opinión y, en particular, toda filosofía, como el resultado de la acción combinada de las condiciones psicológicas, sociales e históricas exteriores. La psicología tendía hacia lo que Husserl llama el psicologismo, la sociología hacia el sociologismo y la historia al historicismo. Al hacerlo ellas mismas venían a desarraigar sus propios fundamentos. (Las Ciencias del Hombre y la Fenomenología, Revista de la Facultad
de Humanidades, Universidad de El Salvador, mayo-diciembre 1961, p. 10).
La simple lectura delata las arbitrarias "tesis", comunes en muchos fenomenólogos ortodoxos: No señala de quiénes habla; si cada uno de los especialistas diviniza su ciencia, los herederos de Husserl, imitando al progenitor, han
llegado en ello a múltiples aberraciones; nadie podrá negar el clima, la
p ondió: "lo sabía, y por eso he venido a verlo, aunque hoy entiendo menos que
antes..." No garantizamos la veracidad, mas resulta bastante ilustrativa: Husserl defendió uná intuición lógica; Scheler una emotiva, mejor, humana. Llambías de Azevedo afirma: "Efectivamente, Scheler aprendía en lo vivenciado inmediatamente más y algo más significativo que otros hombres. 'A su lado, Husserl parecía un pedante', me
dijo un filósofo que había sido discípulo de ambos" (MAx ScIIELER, Exposición Sistemática y Evolutiva de su Filosofía, Ed. Nova, Buenos Aires, 1966, p. 14). Biográficaroente, Husserl es poco explorado, quizá por su hermetismo personal. Y escasean hasta sus

t-0pografía
' e1 patsaJe
· · con factores sociológicos de influencia indis u
bl
. , ' y aun
e, qmeranlo o no los continuadores de Descartes
1
. p tapracticando las dos e o·é o al
' .
.: con aque ego cogitans y

Mon:esqWt antes d: \. geo;:':ra":'c':u::~:~p!;~i:::":D: ;;:'~°!

r~a !, yen o a lo ~uestro, contraprobamos ya como el mismo Husserl. "d
grac1ad:iment:, baJO la influencia de la brillante crítica de Ebbin h.
esno hab1a cre1do necesario leer el gran trabajo de D'lth
"
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yo
1
para que le m
·
ey , o que no obstó
l
enosprec1ase tomo relativista, escéptico e historicista . V,
; ~o por lo otro! Algo parecido practica el alumno, Merleau-Ponty. 'tiray~e
ec as a rumbos desconocidos a fin d
' an o
nomenología.. _1s
e que resalten las bondades de la Fe-

El intento de Vierkandt fallara deb'd
punto de origen a priori p
~ I ; a su punto de partida, ese erróneo
ego cogita..11s en' mo' d ' . uro, aseen ental, cambiando a los hombres en
,
na as sm puertas ni
tan
solipsismo si no es mediante 1 . . . ' ven as, que no pueden salir del
,
a mtmc1on analóo-ica
t
aquel, mas se derrumba la om o
. . . &lt;&gt;· ' y, en onces, se supera
p p sa c1enc1a sm supuestos trabaJ·osam t 1
vantada por Husserl.
,
en e ePor sobre las objeciones de A ala tr d
1ntroducción, desde pronto vale : ,
a. ul~t~r de Freyer en la mencionada
.
as, socio og1camente que y- ka dt
to media de Dilthey a Husserl:
'
ier n ' cuan"Mas,
habiendo reconocido -y no podía haber deJa
. dO de reconocerloque
en cad
presente,
.
das no una 1í
, . en dcada complejo estructura1, se encuentran contem'
nea umca e evolución sino una 1 lid d d
abiertas a la voluntad
. d
'.
P ura a
e alternativas
tiem
'
' ese eJe e 1a actitud cognoscitiva deberá ser al mismo
. . po, y mas resueltamente, el eje de la decís·,
. 1 l
.
c1c1O de la libertad creadora De do d
1 ~o~ vi~ , e punto del e1ernoc· .
. ' .
.
n e resu tara mevitablemente que el co. lnn:ento soc10_Iogico queda supeditado a la voluntad práctica. que la So
se convierte en una pura tecruca
, • al servicio de la Política"
'
CI't0 ogia11)
(Obr•

ª

Cl .,

p.

.

.

segund

r esu~; D'lth
• que Hegel, tal hemos distinguído·Primero en1Freyer
.
I
ey, meJor
'
o, a mterpretac1on de Ayala es corta, miope: esa decisión vital
esa voluntad en la vida, constituye lo medular del sistema dilthe
'
como fuere_ de fragmentario, pero creativo. Dejemos al traductor p:r7i;ut:;
,. Vamos a repetir lo escrito en uno de mi lib. . "E
.,
realizar una ciencia sin supuestos auténti~ent;°s~ . . n ~elac1on ,con el anhelo por
puesta negativa. El fenomenólogo, 'para salir de la ,ngmana, podn~ darse una ressuperar el solipsismo, tiene que recurrir a las , dcarcel de su prof10 pensamiento y
a la intuición analógica salvándose ,
mona as _Y a la annorua preestablecida o
,
as1, pero ya no eJGste la c'e · •
gonada por Husserl" (Itinerario Filosófico Prólogo de J , V 1 nc1a
supuestos pretenberg, tercera edición, San Salvador, 1963, p. 152). ose asconce os, Imprenta Gu-

tm

retratos.

663
662

�Freyer asienta lo ya dicho: "Contra esa Sociología y sólo contra ésta (la de
Comte, Spencer, Schaffle, Lilienfelde, los últimos organicistas sin remedio al
par que Bluntschli, interrumpimos) se dirige la recusación de Dilthey. Su ~rea es insoluble. Su método, falso. No reconoce la posición de la ciencia histórica respecto de las ciencias especiales de la sociedad. "El único camino
posible para una investigación de la conexión histórica: escisión de ésta en
conexiones especiales, se encuentra contenido en las teorías especiales de la
cultura y de la organización exterior". Y, por si fuese poco, Dilthey adelantó:
"Como se ve la Sociología, en el sentido de una ciencia especial, no queda rechazada, sino que, por el contrario, se le asigna una posición muy señalada en el sistema del trabajo en las ciencias del espíritu. Su campo especial
es: la organización exterior de la sociedad'." (obr. cit., p. 58).
Esa voluntad nada tiene que ver con la técnica ni con la política: representa el motor capaz de organizar derecho, moral, arte y Estado al servicio
de la Sociedad, magna tarea que compete a la verdadera Sociología, no a
aquellas desviaciones de Bluntschli preguntándose si era superior el Estado a
la Iglesia, siendo el primero masculino y la segunda femenina. En esto, Freyer resulta diltheyano ortodoxo, por haber recibido a Hegel, a través d_e
Wilhelm: "El carácter no anímico de los sistemas de la cultura es caracterizado por Dilthey con el concepto hegeliano del espíritu objetivo" ( Obr. cit.,
p. 63) . y así nos ilustra con muchos pasajes de su realidad social cuestiones
fundamentales en el estudio del forjador del Mundo Histórico, especialmente cuando lo minimiza:
"• Cuál es la estructura lógica propia de esa ciencia? ¿Cómo se comporta
e
d
respecto
de las ciencias del Logos? En la respuesta a esa cuest·'
10~ pone
e
relieve que la sistemática de Dilthey está cortada con arreglo al ideal cognoscitivo de las ciencias del Logos, y que en el fondo sólo concede espacio a
aquellas ciencias particulares que satisfacen ese ideal. Por muy claramente
que ha.ya separado Dilthey las ciencias de la organización exterior de las
ciencias de los sistemas de cultura, resultan construidas también de hecho
como ciencias del Logos" ( Obr. cit., p. 62).
Dilthey escribió incansable, agónicamente; atendamos a Imaz, autoridad
en esta lucha titánica frente a su propio demonio interior: "En el invierno
de 1895-96 pensaba Dilthey poner en pie los materiales acumulados desde la
aparición del primer volumen de la Introducción ( 1883) y acabar la obra
definitiva con la publicación del libro tercero, histórico, y del cuarto, gnoseológico y sistemático. No abandonó, no pudo abandonar la idea hasta poco
antes de morir, pues fue en el verano de 1911 cuando redactó el prólogo que
había de presidir a todos los materiales acumulados para la parte ~istemática y de los que él se desprendía envolviéndolos con un título común: El Mun664

do espiritual. Introducción a la Filosofía de la vida (lo~ volúmenes V y VI
de la colección publicada por sus discípulos), por considerar, luego de un intento fallido en 1907, que sus ideas habían logrado una etapa superior con 'La
estructuración del mundo histórico por las ciencias del espíritu' ( 1910) que
sus discípulos han publicado en el volumen VII de la colección. ¿ Se me permitirá repetir a propósito de Dilthey lo que ya dije una vez, un poco tímidamente, con respecto a Kant: que Dilthey murió, a los 78 años, prematuramente?"
Tal Imaz ( Introducción, p. VII), pero, acariciando esas fechas, cabe establecer abcisas y coordenadas temporales: Dilthey, hombre del siglo XIX, es
aún hoy, actual. Los reparos de Freyer lo evidencian de plano. En esta segunda mitad de la centuria, con años y años de elaboración sociológica, bien
puede criticársele a Wilhelm, cierto apego a las ciencias del Logos, caras a
Hegel. En su Sueño relató: "Y ¡ espectáculo admirable! de la mano, como
en sus años de juventud, marchaban los dos grandes pensadores suabos, Schelling y Hegel''. (Introducción ... , p. XXII) . ¿ Cómo iba Dilthey a eludir el
panlogismo hegeliano?
Esa estrechez criteriológica, achacada por Freyer, hay que medirla en su
minuto, no desde nuestras perspectivas. Desde lustros, vengo insistiendo en que
la Sociología constituye una disciplina fáctica, no normativa, real no ideal,
de hechos no de preceptos, y por ello, los autores formados en las disciplinas
jurídicas o morales, si no prescinden de sus criterios, salen sociólogos dogmáticos, no auténticos. El logos, el derecho, la moral son materia de cánones,
directrices mentales, no descripciones explicativas de los hechos. La Sociología es ciencia de la realidad, no del sentido. Por ello, salta innegable el
aporte diltheyeano en el desarrollo de nuestra ciencia.1 9
No queremos terminar estas lineas sin referirnos a un punto de importancia
que nos ha traído más de una polémica, bien venidas por cierto. Y pasamos
a exponerlo.

DILTHEY Y ÜRTEGA

Para asombro de muchos apresurados lectores de solapas que padecemos,
el pontífice de la Escuela Madrileña emerge harto inoriginal. Esto lo sabíamos,
Esto exponemos, con respecto a lo político-jurídico, en Realidad y Sentido del
Estado (Primera Edición, Excélsior, México, D. F., 1945; segunda, Editorial Universitaria, San Salvador, 1962), cual cuestión previa para enfocar los hechos-índices de la
crisis estatal y sus posibles soluciones.
1
•

665

�a partir de 1940, alternando con Imaz -también traductor y comentarista
de Kant (recuerdo su versión de La Paz Perpetua)-, experto de muchos meandros filosóficos. Pero en estos últimos años, he publicado radiografías de la
obra orteguiana, que provocaron elogios, réplicas veladas y hasta alguna polémica,2º sobre todo porque pusimos en circulación el rubro de orteguitis, signando así esa endemia casi incurable por estas latitudes, donde cualquiera pretende presumir de pensador con citar algún pasaje del brillante escritor, del
hábil literato, nunca filósofo y menos sociólogo Ortega. Y no faltaron quienes
se quejaron, dolidos, de esos análisis, conformándose, en sus vanos lloriqueos,
con telefonear a los periódicos en los cuales salieron las publicaciones de este
servidor, extremo fácil para los adoradores, porque sí.
El asunto tiene su miga..• Escuchemos a Imaz (en el Epílogo de Introducción a las Ciencias del Espíritu, Primera edición alemana, 1883; tercera,
1933; y primera en castellano, 1944), algo sin desperdicio: "Esta idea de que
la historia de la evolución filosófica ha de servir de propedéutica al sistema de
la filosofía la recoge Ortega y Gasset de un borrador de Dilthey que lleva
el título de ¿Qué es Filosofía? y que corresponde a los años 1896-7. En el
apartado 3 de ese borrador dice Dilthey: "La filosofía tiene como tarea primera y parte preparatoria la elevación de la disposición y de la necesidad filosófica que radican en el sujeto, a través de las etapas de la historia, hasta la
conciencia actual históricamente llana. Esta historia constituye la propedéutica
indispensable de la filosofía sistemática. Porque la conciencia plena, de la
que ningún pensamiento puede prescindir sino que, más bien, puede analizar,
es histórica". En otro trabajo de fecha indeterminada pero que Dilthey respeta cuando en 1904 proyecta su continuación, el que lleva el título: El hombre moderno y la pugna de las concepciones del mundo (Volumen VIII de
20 A raíz de algunos artículos de este servidor: "Ortega contra Unamuno" ( I y II),
El Diario de Hoy, 22 y 29 mayo 1966. Y en el mismo, "De Nuevo Ortega contra Unamuno" -12 julio 1966-, el profesor Carlos Sandoval, también egresado de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, alumno de Gaos, ripostó con "A la Orilla de Ortega", lo. julio y 3 del propio (habiéndole contestado el suscrito con "La Orteguitis,
¿endemia incurable? -12 julio- y "Los Malabarismos de Ortega". A su vez Sandoval, con "Ortega ¿Literato o Filósofo?" -14 agosto-- y nosotros, "Las Fobias de Ortega" mientras Sandoval "La Filosofía de la Razón Vital". Proseguimos con ''La Inoriginalidad de Ortega", La Prensa Gráfica -30 noviembre-, "Navarrete corrige a
Ortega", Diario Latino, 24 septiembre. Sin mengua de "Los malabarismos de Ortega",
El Diario de Hoy -7 septiembre, "Los Desvaríos de Ortega", Diario Latino -21
septiembre-, "Testimonios Españoles acerca de la Orteguitis", Diario Latino -22 septiembre-, "La Escuela de Madrid, La Prensa Gráfica -31 octubre- y ''Dilthey y
Ortega", Diario Latino -14 diciembre. Todos periódicos de San Salvador, Centro
América. Tenemos en preparación un estudio con todo este material.

los Gesammelte), precisa ese pensamiento de la propedéutica histórica en los
siguientes términos: "El cuchillo del relativismo histórico que ha disecado
como si dijéramos, toda metafísica y religión, debe procurar también la salud'.
Pero te~em~s que ir a fondo. Tenemos que convertir a la filosofía en objeto
de la f1losof1a. (Ello nos ilustra sobre esa "novedad" (?): la filosofía de la
filosofía, con que lectores de alemanes pretendieron sentar cátedra en nuestras
latitudes, acotarnos).
. Y, ~ilthey c?ntinúa: "Es necesaria una ciencia que, mediante conceptos
histonco-evolutivos y métodos comparados, tenga por objeto los sistemas mismos. (Recuérdese La Historia como Sistema por Ortega, enfatizamos). Se
compo:ta con la historia de la filosofía lo mismo que la ciencia comparada del
lenguaje con la historia del lenguaje y si alguien quiere superar la separación
de las. dos, seré yo el último que se oponga a ello. Siempre es lo mismo: en
cada sistema cultural no hay más que etapas de la misma ciencia" (p. 413).
Hasta aquí el germano: las coincidencias con el hispánico no son como las
leyendas cinematográficas sino casi literales, y podríamos eliminar el casi, pues
el título es el mismo, que tomara éste de aquél: ¿ Qué es Filosofía?, demuestra
lo asentado. Ese recurso corrobora, no inoriginalidad, sino plagio. Y le sirviera
a Ortega, en su minuto, para blasonar de creador, entre el coro de sus discípulos y seguidores, anhelantes por ganar siquiera un poco de gloria O del
estruendo...
Ortega, I de España y V de Alemania, provisto de una carta que Unamuno
e~~ó a uno de sus amigos en la patria de Goethe, en donde constaba que era
hijo de Ortega y Munilla, el respetado periodista español. De retomo, Ortega
comenzó su labor, cuidándose mucho de traducir las obras fundamentales de
los :°desc?s, por ejemplo, las Éticas de Scheler o Hartmann, porque así no
corna peligro. En cambio, los opúsculos de Scheler: El Saber y la Cultura,
El puesto del Hombre en el Cosmos, El resentimiento en la Moral, etc., salían
constantemente en las ediciones de la Revista de Occidente, bajo el ojo avizor del maestro en su orquesta. Párrafos, verbigracia, de "La querella del Hombre y del Mono" están "trasladados" de Scheler, así aquello de que el horno
sapiens constituye un "callejón sin salida, biológico, de la naturaleza". Y si
espigamos en los dos tomos de las Obras Completas encontraríamos mu_chos
más...
Ortega volvió de Alemania declarando no conocer el magisterio de Dilthey, lo cual, toda proporción guardada, sería cómo si este servidor, al retornar a su tierra, allá por 1945, ya rematados los estudios de Leyes y Filosofía
en la UNAM, hubiese salido aquí con la peregrina ocurrencia de que no
sa~ía nada de don Antonio Caso. Ni le creemos a Husserl que, debido a la
brillante crítica de Ebbinghaus, no se preocupó de leer a Dilthey, y menos a
667

666

�Ortega, ex-alumno de Marburgo, ávid~ por entonces y siempre, de novedades
filosóficas teutonas...
Atendamos a Sciacca: "El pensamiento de Ortega está estrechamente ligado al alemán (Fichte y Nietzsche por un lado y Dilthey y Simmel por otro),
aunque también revela influencias bergsonianas y pragmatismo. Después de
doctorarse en Madrid, Ortega estudia en las Universidades de Berlín donde
tenía cátedra Simmel; de Leipzig y de Marburgo, donde oyó a Cohen. La influencia de Simmel es directa; la de Dilthey, indirecta" (La Filosofía, Hoy, Ed.
L. Miracle, Barcelona, 1956, p. 117). Es preciso llevarle la contraria en lo
último -que haya sido alumno de Cohen o Natorp, le conserva marburgiano),
porque fue al revés: la influencia de Dilthey es directa, e indirecta, la de
Simmel. Bien supo Ortega ocultar sus verdaderas fuentes:
"¡ Ah, no faltaba más! ¡ Buen siglo XIX, nuestro padre! ¡ Siglo triste, agrio,
incómodo! ¡ Frígida edad de vidrio que han divinizado las retortas de la
química industrial y las urnas electorales! Kant o Stuart Mill, Hegel o Comte,
todos los hombres representativos de ese clima moral bajo cero, se han olvidado de que la felicidad es una dimensión de la cultura" (El Espectador, ~iblioteca Nueva, Madrid, 1950, p. 117). Independientemente de tantas fobias
en un solo párrafo, repleto de admiraciones e interjeccionismo, surge claro
que Ortega heredó a Kant por los de Marburgo; y Hegel es un~ de sus guías.
Así desoriente el madrileño a los estudiosos, disfrazando de odiosos a sus favoritos.21
y en otra ocasión, contradiciéndose, algo peculiar en él, sediento de la
palabra bonita, no del concepto, menos del sistema: "El siglo XIX fue esencialmente revolucionario (y los epítetos denigrantes que le cuelga en El Espectador hablando de Baroja, inquirimos). Lo que tuvo de tal no ha de buscarse en el espectác_ulo de sus barricadas que, sin más ni más, no consti~yen
una revolución sino en que colocó al hombre medio -a la gran masa socialen condiciones' de vida radicalmente opuestas a las que siempre le habían
rodeado" (La R ebelión de las Masas, Colección Austral, Buenos Ai~, 1955,
p. 77). ¿ En qué quedamos por fin? Era frígido y bajo. cero el s~g:o XIX
revolucionario... situando a la gran masa social en meJores cond1e1ones de
0

vida. ¡ Malabarismos orteguianos! ¡ Trucos de retórica!
La orteguitis, fiebre española y latinoamericana, especie de end_einia casi
incurable, no repara en estas antinomias palpables. Ortega ha servido a mun En mi libro En la Ruta del Estado, Ministerio de Educación, San Salvador, t. II,
1965, San Salvador, Capítulos "Crisis Politica" y "Conflicto Social", desarrollo más
ampliamente estos recursos orteguianos. Demás está decir que esa obra, laureada por
cierto, corrió serio peligro de no serlo, dados esos análisis en tomo al timonel de la

chos aficionados de la Filosofía y de la Sociología para presumir de entendidos,
cuando ~ta los rubros los toma de los germanos. Así del Diagnóstico de
Nuestro Tiempo por Karl Mannheim, salió El Tema de Nuestro Tiempo y
hay otros casos.22
'
Mas volvamos a la ~ophía: "Nos parece que Ortega ve claramente algunos
problemas del pensamiento contemporáneo, pero que no los resuelve filosóficamen~e; Y esto s!~ica p~seer una sensibilidad, incluso fina, para la filosofía
(especia~e?~e, s1 esta es vista desde el aspecto histórico y cultural que es el
menos filosoÍlco), pero no una mente propia para hacer verdaderamente filos_ofía. (Obr. cit., p. 118). ¡ A buen entendedor, pocas palabras! y el mismo
Sciac~a: "es un_ ensayista, no un sistemático (tampoco un problemático de altura, mterrumpunos). La metafísica de la razón vital no existe en sus libros
Y no puede existir, porque la razón vital, tal -como es concebida por él y~
ha negado la metafísica al plantearse" (p. 121).
'
Jamás Ortega examinó, a fondo, a un autor, menos a un sistema, conformandose ~on revolotear capric~osamente en torno de ellos, entre parábolas y
comparaciones restallantes, valido del repertorio teutón traducido a cuenta
gotas,
sus discípulos y adláteres. Pero era un prodigi~ mezcland~ imágenes
Y_parad~Jas ~ue s_educían ~ españoles y latinoamericanos, no muy preparados
ni en F1los0Íla
m en Soc1olo&lt;11a
·
de
•
i:,• • Léanse, verbi1ITac1·a
o
, Kant, R eflexwnes
Cent~narto, donde aparece más Ortega que el cfo las Críticas, en contraste con
Menendez y Pelayo, quien en sus Jdeas Estéticas, sin dárselas de filósofo nos
ofrece una nítida exposición del viejo de Koenisberg.2a
'

Pº:

•z Véase cuánto ~esfi~ Ortega sus propias fuentes: "Y, en efecto, nada acont~e que no haya sido prevtsto cien años antes. 'Las masas avanzan' decía apocalípllco, Hegel (no señaló dónde y la terminología no es muy de aquel ti.e:Upo ) "Sin un
nuev
· · 1 nuestra época, que es una época revolucionaria, producirá
···
, 0 Poder esp1:1tua
una
ca~Sttofe, anunciaba Augusto Comte. (Tampoco indica el lugar añadimos) • Veo
su_brr la ple~r del nihilismo! gritaba desde un risco de la Engadi.na el mos~chudo
Nie~che. (i~em) ,~s falso de~r que la historia no es previsible. Innumerables veces
ha
· y d e 1a ma¡a: pre. sido profettzada (La Rebelion de las Masas, cit., p . 75) . Reto'nea
cisamente ~egel, Comte. y Ni:tzsche, si bien afecte menospreciarlos, son sus mentores.
¡ Truculenoas, bastante mfannles de Ortega! Desde luego absurdas en quien blasona
de filósofo...
. "' García Morente_ ~eredó de Ortega ese afán de expresarse metafóricamente sin ton
ru son, aunque no V1IUesen al caso. Bien le tilda Constantino Láscaris: "La lite tu
'b"1en un estorbo para el decir filosófico. La filosofía ha rde
aser
~
en cu~nto ~1, es mas
~ura f1los~f1a; hay que saber llegar al tercer grado de abstracción y mantenerse en él
sm recumr a imágenes. La filosofía ha de hacerse con ideas con términos p=r•
táf
" (E d.
.
'
,~sos,
no con me oras
stu 10s de Filosofía Moderna, Ministerio de Educación, San Sal;-tdor, 196, p. 264). Eso de García Morente vale también para Ortega "metaforista"
mcurabl~ tanto en filosofía como en sociología, pues no faltan quienes cr:an que La Re-

Escuela Madrileña.

669
668

�•
Y Baroja, cáusticamente: "En muchas afirmaciones Ortega no ha acertado
porque creo que es hombre de más cultura que intuición. Yo lo siento, porque
como he dicho en otra parte, lo consideraba como la única posibilidad de filósofo que había en España en nuestro tiempo (flechazo al Tema, sentimos),
y me parece que esa posibilidad de filósofo no se ha realizado y creo que va
quedando en escritor brillante". (El Escritor según Él y según los Críticos, Ed.
Biblioteca Nueva, Madrid, 1952, p. 152).
Ortega pasará cual literato, no filósofo, ni siquiera pensador de alguna
originalidad, pese a los ditirambos de sus partidarios. Y le preocupa "la pelusidad" mientras Zubiri se encuentra anhelante de esencias. "A Zubiri sólo
le preocupa la verdad y de ahí que no repare en el brillo de las imágenes ni
en la belleza de la expresión del pensamiento". (Julián Izquierdo Ortega,
La Filosofía Española en los últimos años, "Cuadernos Americanos", México,
enero-febrero, 1963, p. 147).
Pocos quieren reconocer lo indudable, y los años se encargarán de probarlo :
Zubiri es un filósofo, mejor, el filósofo español de nuestra etapa, perteneciendo
al pensamiento y no a las letras cual "su" maestro... Ese "discípulo", a diferencia de los demás (Gaos, Recaséns, García Morente) , expone su doctrina
rigurosamente y nunca desciende a divulgador o propagandista, tal Sobre la
Esencia, habiendo allí más meollo que en muchos de los tomos y folletos
orteguianos: "es, quizá, el mejor filósofo, en el sentido canónico del término
que tiene hoy España" (Sciacca, obr. cit., p. 508).
En otra oportunidad hemos practicado con amplitud ese contraste, pero
basta lo anterior para captar cuánto debe Ortega a Dilthey, hasta títulos y
planteamiento. Lo mismo a Scheler, a Hegel. .. en fin. Apenas resta darle
término a estas conexiones mentales con algo de Dilthey, al concluir su Sueño:
"La melodía de nuestra vida lleva el acompañamiento pesado. El hombre se
libera del tormento del momento y de la fugacidad de toda alegría sólo
mediante la entrega a los grandes poderes objetivos que ha engendrado la
historia. Entrega a ellos, y no subjetividad del arbitrio y del goce; sólo así
procuraremos la reconciliación de la personalidad soberana con el curso cósmico".24
belión de las Masas, muestra de microensayismo interjeccionista, cabe en la segunda,
cuando naufragó en meras exclamaciones: ¡ ah, el hombre-masa! ( el bárbaro tecnificado de Keyserling); ¡ oh, el hombre sin la nobleza que obliga!, y por el estilo.
•• Estupendamente expresó Vasconcelos, en el Prólogo a mi Itinerario Filos6fico,
cit.: "Y ya se sabe que, así como un poeta, todo mortal es un poco filósofo. Padecemos todos la inquietud de lo desconocido: afán de poesía, necesidad de filosofia". Dilthey, desde su altura, no representa la excepción, por más que muchos no hayan reparado en el afán por quedarse en la necesidad.

670

Sección Quinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•
Y Baroja, cáusticamente: "En muchas afirmaciones Ortega no ha acertado
porque creo que es hombre de más cultura que intuición. Yo lo siento, porque
como he dicho en otra parte, lo consideraba como la única posibilidad de filósofo que había en España en nuestro tiempo (flechazo al Tema, sentimos),
y me parece que esa posibilidad de filósofo no se ha realizado y creo que va
quedando en escritor brillante". (El Escritor según Él y según los Críticos, Ed.
Biblioteca Nueva, Madrid, 1952, p. 152).
Ortega pasará cual literato, no filósofo, ni siquiera pensador de alguna
originalidad, pese a los ditirambos de sus partidarios. Y le preocupa "la pelusidad" mientras Zubiri se encuentra anhelante de esencias. "A Zubiri sólo
le preocupa la verdad y de ahí que no repare en el brillo de las imágenes ni
en la belleza de la expresión del pensamiento". (Julián Izquierdo Ortega,
La Filosofía Española en los últimos años, "Cuadernos Americanos", México,
enero-febrero, 1963, p. 147).
Pocos quieren reconocer lo indudable, y los años se encargarán de probarlo :
Zubiri es un filósofo, mejor, el filósofo español de nuestra etapa, perteneciendo
al pensamiento y no a las letras cual "su" maestro... Ese "discípulo", a diferencia de los demás (Gaos, Recaséns, García Morente) , expone su doctrina
rigurosamente y nunca desciende a divulgador o propagandista, tal Sobre la
Esencia, habiendo allí más meollo que en muchos de los tomos y folletos
orteguianos: "es, quizá, el mejor filósofo, en el sentido canónico del término
que tiene hoy España" (Sciacca, obr. cit., p. 508).
En otra oportunidad hemos practicado con amplitud ese contraste, pero
basta lo anterior para captar cuánto debe Ortega a Dilthey, hasta títulos y
planteamiento. Lo mismo a Scheler, a Hegel. .. en fin. Apenas resta darle
término a estas conexiones mentales con algo de Dilthey, al concluir su Sueño:
"La melodía de nuestra vida lleva el acompañamiento pesado. El hombre se
libera del tormento del momento y de la fugacidad de toda alegría sólo
mediante la entrega a los grandes poderes objetivos que ha engendrado la
historia. Entrega a ellos, y no subjetividad del arbitrio y del goce; sólo así
procuraremos la reconciliación de la personalidad soberana con el curso cósmico".24
belión de las Masas, muestra de microensayismo interjeccionista, cabe en la segunda,
cuando naufragó en meras exclamaciones: ¡ ah, el hombre-masa! ( el bárbaro tecnificado de Keyserling); ¡ oh, el hombre sin la nobleza que obliga!, y por el estilo.
•• Estupendamente expresó Vasconcelos, en el Prólogo a mi Itinerario Filos6fico,
cit.: "Y ya se sabe que, así como un poeta, todo mortal es un poco filósofo. Padecemos todos la inquietud de lo desconocido: afán de poesía, necesidad de filosofia". Dilthey, desde su altura, no representa la excepción, por más que muchos no hayan reparado en el afán por quedarse en la necesidad.

670

Sección Quinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

�FILOSOFAR DE LEO GABRIEL SOBRE "HOMBRE Y
MUNDO EN LA ENCRUCIJADA"
Por el DR. AcusTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

I
EL PRoF. DR. LEo GABRJEL ENSAYA, en su obra Hombre y Mundo en la Encrucijada,
una visión amplia de la situación espiritual de nuestro tiempo. Una crítica del psicoanálisis, del existencialismo y del materialismo dialéctico y un estudio de la libertad desde
la idea cristiana de lo personal, muestra, en todo momento, un serio conocimiento
de la extensa zona del moderno desarrollo de las ciencias naturales y físicas. Sabe
descubrir, con verdadera agudeza, los puntos vulnerables del psicoanálisis, del existencialismo y del materialismo dialéctico. Pero no se trata, tan sólo, de una lúcida
crítica. Se pretende ofrecer andamios para las ideas, apuntar la "lisis" después de la
crisis. Sabe que para el hombre de la actualidad es sin duda algo fundamental no
fracasar en cuanto hombre" (p. 13). En rigor, no estamos ante la nada; estamos en
el todo. Y el todo se centra en el Ser. El pensamiento de la época contrarresta las
tendencias de nihilidad con el sentido por el todo. Para la física clásico-mecanicista el
mundo es materia, compuesta de átomos, que llena el espacio absoluto. Los átomos
se agrupan en moléculas y éstas a su vez en cuerpos de distintos tamaños. Sólo las
partes serían reales. La teoría unitaria del campo, buscada por Einstein, parece haber
sido lograda con la reciente fórmula del universo publicada por Heisenberg. Se intenta una síntesis máxima, contemplando al universo como estructura plástica de espacio-tiempo que se actualiza en los diversos puntos y en formas relativamente distintas.
La teoría de los quanta de Max Planck nos viene a decir que "la naturaleza da saltos". Sommerfeld emplea la imagen del salto del gato, que dispone dirección y fuerza
del salto en orden al fin que ha de alcanzar. No han faltado intentos - fallidos por
cierto- para vislumbrar el primer indicio de libertad sobre el terreno físico. Acaso
pueda decirse que a través del velo que se transparenta en el mundo físico, nos mira
hoy el ojo del Creador, quien con la virtud de su pensamiento y visión transforma
el orden de la naturaleza y de la historia, orientado a la unidad como universo, en el
orden pulsante del Ser dentro del todo que El arrancó --al crear- a la nada. En
todo caso, cabe advertir que el orden del ser es el campo metafísico directivo lo
mismo en la física que en la vida del hombre.
Resumiendo el aspecto de la materia, Leo Gabriel afirma: "el átomo no es una
última porción; es el todo primario. Desde este todo se levanta el nuevo universo. Y

673
H43

�tanto demuestra el átomo la urgencia del todo, que por su desintegración interna en
la fisión del núcleo se provocan justamente reacciones que originan una enorme
destrucción. Es oportuno, en este punto, apuntar al hecho claro de que únicamente
el todo y su orden tiene consistencia y otorga consistencia.
Por la independización del tiempo como cuarta dimensión corresponde también un
momento histórico al cosmos físico, que la astrofísica hace resaltar por su orientación
hacia la cosmología y a los problemas del origen del mundo.
Determinaciones y constataciones astrofísicas, como el desplazamiento del rojo en el
espectro de sistemas celestes lejanos, ponen de manifiesto un movimiento centrífugo
de los cuerpos siderales y asi una expansión global del universo entero, que tiene
que haber recibido un día su comienzo. De este modo se completa la finitud espacial
del mundo de Einstein y de Sitter por la finitud temporal a base de la nueva cosmología" (p. 24).
La esencia de la vida se afianza en el sistemático apoderamiento de la materia en
medio de la multiplicidad de formas especificas de evolución y de estructuras de
ambiente. Trátase de un movimiento inespacial de la configuración creadora de las
formas. Hay una incondicional preeminencia del todo ante las partes y una señera
disponibilidad sobre las leyes de la materia y del espacio. El grado de libertad en el
movimiento creador de la fonna de la vida se hace diáfano y patente. Hemos trascendido la esfera del movimiento de probabilidad del mundo físico.

11
La imagen del hombre es compleja. Estamos ante un microcosmos. Pero cabe decir que estamos también, como lo apunta Gehlen, ante un ser "deficitorio". Su pobreza de instintos, su inseguridad frente a la situación de la naturaleza así lo atestiguan. "El hombre no puede existir desde la inmediatez de un mecanismo de reacción
a los estímulos como el animal, sino apoyado en la mediación consciente, por el
pensamiento y la libre autodeterminación, desde la dimensión de interioridad de su
propio ser sí mismo. Por eso dice el biólogo Portmann con mucha razón: 'el animal
vive su vida, el hombre guía y encauza su existir, todo el conjunto somático-anímico
de la vida del hombre se proyecta derechamente en el marco de sus deficiencias
biológicas al reducido ámbito de la libertad, al área de la autoconfiguración propia
consciente y firme". (p. 42). Max Scheler había llamado al hombre el gran decidor
de "no", el asceta de la vida. Leo Gabriel nos dice ahora que "el hombre" se construye su mundo y se esboza en él asimismo en cuanto hombre. No contradice las leyes
de la naturaleza; las sobrepasa. Al hombre no le corresponde un ambiente, le pertenece el universo. El espíritu transpone espacio y tiempo. El cosmos se precipita hacia
la interioridad del hombre. Y retoma desde dentro a una configuración nueva en las
obras y creaciones del espíritu: arte, ciencia, técnica. Al desligarse del clausuramiento
en el universo, al penetrar en su intimidad y encontrar su verdadera mismidad, el
hombre -ser dialógico-- se toma persona. Pero la personalidad no debe absolutizarse
ni aislarse. El ser es el ultimero e insondable fondo en que se fundamenta el hombre.
Resulta urgente, para un filósofo de la actualidad, la fundamentación del verdadero todo. El mundo de hoy precisa, más que nunca, la unidad densa de una realidad
que abarque al todo. La libertad de la personalidad y del todo universalista de un
orden de la humanidad y del humanitarismo se yergue contra el totalitarismo de los

674

?

ts~emru: _materialista
~ecarucista de _la fuerza. Los fundamentos de la realidad reg:¡oso-etlca son los umcos que garanttzan en su origen toda verdad bondad
b _
lleza_. Hasta aquí las líneas directrices del Capítulo I del libro qu' e comentamos,
y e
dedicad o a la situación espiritual.
En el capítulo 11, "Psicoanálisis -El Problema de la Personalidad-" L
G
b· 1
·
, eo ane emp1~za por_ h~blar~os de los antecedentes en el hallazgo del "subconsciente":
San Agusun, Le1bruz, Bauer. Equivocaciones, sueños, libido, neurosis, instinto de
muerte son puntos clave en la interpretación y crítica del pensamiento freudia
E
· ·, d 1 •
no. s
as~irac10n e ps1co:inálisis ir hasta el fondo de los fenómenos por una consideración
one~~da a ~a totalidad Y teleología por un esclarecimiento del sentido total. La for~ac1on de _cifras en el sueño la pone Freud expresamente en relación con un mecamsmo 3:c:uco de . la _formación de la escritura (jeroglíficos). Esta retroreferencia es
caractenstlca
del 1nstmto
freudiano de remontarse hasta las "primi..:
·
· · d
.,
uvas" f ormas ongmanas e expres1on en la historia. La incursión llega hasta el pasado más remoto
Con resp~cto a la vida, se arri~a a lo~ protozoos. -Con respecto al hombre, llega Freud
ontogenéticamente
hasta
la primera infancia' y filogenéticamente hasta 1os mismos
·
lb
· ••
.
a o~es p~rm1t1vos e mta~tos en la cultura del género humano. En el mundo de los
apetitos Juega la sexuah~ad ~n papel decisivo en la formación de la personalidad
hum~a. La ,5?ltura o aislamiento del apetito sexual en el hombre, respecto a la
func10n específica de la procreación, se irradia a la totalidad de la personalidad M
parece que Leo_ Gabriel omite, en el problema de la líbido, el aspecto esencial. Freu;
post~a dogmátl~ente que la energía afectiva es por esencia sexual. No parece advert1r que el afluJo de la energía afectiva indiferenciada hacia las funciones s peri
del al
ta "
l"
u
ores
es n norma como el que conduce a la líbido hacia la sexualidad. Resulta ridículo pretender dar cuenta de la obra de un Cervantes, de un Goethe, de
un ~hakespeare o de un San Juan de la Cruz, mediante el análisis de supuestos
confli;tós sexual_es ?e sus autores. En Freud, el yo no queda amenazado y sojuzgado
tan ~o.lo por. el_ mstlnto subsconsciente, sino primaria y primordialmente por el super-yo
( es~mtu ob1et:1vo). El desmoro_namiento de la personalidad se produce por el aplas~ento del elemento_ subconsciente y la tendencia represiva del superconsciente. Ademas, no hay que _olV1darlo, Freud habla del retroceso de la vida a lo anorgánico.
Contra
la tendencia de unidad actúa siempre una tendencia de diV1s10n,
· ·' d e d.1sgre.
gación que lleva a la muerte. Hay -freudianamente hablando-- un verdadero apetito
de la muerte.

1?ª,

El capít~~ 111 de la _obra, Marxismo y Existencialismo, se centra, sobre todo, en
la problemati~ de la _libertad. El marxismo es incapaz de comprender la historia
como. ;l despliegue existencial de todo el hombre en las múltiples formas de sú
conexion con el mundo y la circunstancia. "En este proceso dialógico se caracteriza
al hombre, desde ~l ángulo de su creacionismo, como sujeto de la historia -escribe
e~ Pr~f. Leo_ Gabriel,-:-;- Y no como mero objeto. El hombre tiene historia, y no la
hist?na le tiene a el . (p. 87). Contra un sector del existencialismo, Leo Gabriel
advierte que el hombr~ no es todo, que no podemos caer en una totalización del
hombre, en el antropologismo. Sartre, por ejemplo, no traspasa la divisoria de sujeto
Y objeto. Pierde la auténtica dimensión ontológica para quedarse en una perspectiva
psico-fenomenológica-vivencial. Su existencialismo es un materialismo epifenomenístico.
Me parecen especialmente penetrantes las páginas que dedica Leo Gabriel a Martin
Heidegger y a Peter Wust. Peter Wust es el único entre los pensadores existencialistas que toca, en su meollo, el problema crítico del conocimiento. El distingue las

675

�formas de certeza: así la "certitudo mathematica" -la certeza matemática-, la
"certitudo metaphysica" -la certeza filosófica-. Cuanto más se vuelva, desde los
objetos reales del mundo, la naturaleza, el pensamiento hacia el hombre, ta~to más
deberá abandonar la exactitud y certidumbre. La filosofía guarda una especial relación con el hombre. Es la "scientia humana". No puede abstraer del hombre, ya
que sólo él posee filosofía y se puede expresar a través de ella. Por es~ ~o~parte
ella también -y así lo muestra la historia- el destino del hombre en lo hIStonco. E~
espejo de este destino lo fluctuante e inacabado de una constante lucha. De ah1
:; continuo cambio denir'o de los contenidos del pensamiento filosóffco, la lucha de
direcciones y de sistemas, y de ahí la falta de logros (pues la filosof1~ no ~tesora un
do definitivo) lo inconcluso y sin embargo enormemente conf1gurat1vo de sus
resu lta
,
•
'h
conocimientos. La filosofía es de esta forma una imagen de la e~tencia uman_a.
Más aún, no mera imagen, sino ella misma: "con incertidumbre Y riesgo" (Ungew15sheit und W agnis") .
El fenómeno característico de esta existencia es la índ~le de !nseg~dad en todas
las vertientes del existir: la "insecuritas" . Peter Wust persigue la ms~gund~,d Y d ~ paro de la vida, en la esfera racional. ,del conocimiento, en la dimens1on religiosa

¡,

ante la incertidumbre de nuestra salvac1on.
Es una filosofía agustiniana del "cor inquietum" que encuentra su ~o1:11plemento
pleno sólo por la entrega a Dios, al fondo originario del ser. Este conocmue~t~ _debe
ser transido por la reverencia ante el ser. En esto radica la ver~a~era ob¡etlv1dad,
. u· "dad es una cuestión de postura. Por eso en el conocnmento el acto de
pues ob ¡e VI
d"
.,
·
reflexión debe entrelazarse con el acto de devoción. ~sto e':1':esa una 1mens1on eXIs:
tencial del acto del conocimiento desde la postura €t1co-~elig1osa, a la ~ue. ya presto
atención Kierkegaard y a la que Peter Wust dio testimomo ~n forma autentl~ co~ su
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1 (pp 103-104) Séame permitido expresar ----&lt;i1cho sea entre parentesIS-Vl a persona
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t Wust es el filósofo europeo con el cual siento tener mayor iD1 a espmque P e er
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tual, más estrecho parentesco en el estilo y en la acutu iloso 1ca. amen o no a er
conocido antes de escribir mis 3 obras filosóficas fundament:iies. Acaso en el futuro se
ponga de relieve la influencia de Peter Wust en mi pensamiento.

III
'tul IV y V Leo Gabriel se ocupa de enjuiciar críticamente el "diamat
·
hi , ·
E n 1os cap1 os
soviético-ruso" y de proponer una superación del materialismo. ~~ el 0~1~en st_or:co
del "diamat" (abreviatura oficial de los soviets para e~resar, matenali~mo _d1alectico") distínguense 3 fuentes: pensamiento occidental, 1deolog1as revoluc1onar1as rusas, y '1a personalidad de Lenin que funde creadoramente ambas. Marx Y ~~g~ls --con
todas sus raíces- son las fuentes occidentales. Sabemos que Marx p:etend10 1mpl~tar
n cabeza idealista sobre base y pies materialistas. Todo filosofar de la idea
a H egeI Co
. , •
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'lO na
depende funcionalmente del vivir económico. La d1alect1ca m~sta _no era so ~
dialéctica conceptual (Hegel), sino una dialéctica político-revoluc10na~~- El pens:1nue~to de la ciencia y de la filosofía se ponen al servicio de la transformac1on revoluc1onar1a
de la sociedad.
El leninismo hace evolucionar el marxismo en 3 puntos: 1) el marxismo decimonónico
representa el extremo grado de densidad de elementos y tensiones con polarida~, opuesta
-idealismo y materialismo- en los sistemas de esa época, pero no es absorc1on Y su-

676

peración. 2) La ideología del materialismo dialéctico es la derivación última y el más
consecuente producto de la dialéctica del espíritu occidental en la época moderna. 3)
Se pretende lograr una síntesis de elementos opuestos, sobre la realidad de la materia
con preferencia e independientemente de toda conciencia. Lenin acentúa dialécticamente el punto de vista realista. Pensar es, para Lenin, un acto puesto en obra.
Pensamiento dialéctico significa actualización revolucionaria de una ideología política. Lenin construye el mecanismo de sociedad y de estado que Stalin lleva a cabo
como un ingeniero su máquina. El superhumanismo despiadado niega, con pasión,
la existencia espiritual personal. La voluntad colectiva de transformación se siente
a sí misma absoluta. El ateísmo -verdadera pasión- pertenece esencialmente a
esta concepción del mundo. Apunta Bochenski que el materialismo dialéctico soviético-ruso no es una filosofía en el sentido occidental sino más bien una fe
ideológico-dogmática con alardes filosóficos y científicos infund~mentados. 'En contenido y forma, el materialismo dialéctico soviético-ruso es incomparablemente más
pobre Y más primitivo que los sistemas afines de occidente. No puede negarse su
cariz oriental. Dialéctica es una palabra mágica para la solución de todas las dificultades lógicas y teóricas del sistema. Se combate a la metafísica sin advertir que el materialismo dialéctico mismo es un sistema metafísico, una "religión disfrazada". La disolución colectivista de la libertad y de la personalidad encamina a una existencia de
masa dominada por leyes funcionales.
La concepción materialística es una simplificación física de la realidad, un acortamiento unilateral de la perspectiva de conocimiento y un encogimiento del contenido de realidad en este sistema totali.tario. "Desde un pensamiento integral que
ha logrado adentrarse en las ciencias de la naturaleza y del espíritu, se pone ya de
relieve el primer triunfo sobre el materialismo, el cual no era posible en el ámbito de
la dialéctica por no caber en él. La ley dialéctica es de tal naturaleza, como ya lo
hemos visto, con respecto al principio spinozista, que es incapaz de trascender en su
contenido las antítesis, por afianzarse en un nexo de relaciones puramente formal.
En el dominio dialéctico fue asimismo posible y tuvo de hecho lugar la desmembración de opuestos entre idealismo y materialismo. La síntesis que sigue en el proceso
dialéctico a la tesis y antítesis no es superación de la oposición. Hegel hace "resolver"
( aufgehoben werden), en la síntesis, tesis y antítesis; esto quiere decir expresamente
según él, ser guardado, conservado (conservare), pero al mismo tiempo, de todas ma~
neras, ser quitado formalmente como opuesto (tollere). Lo que con esto se consigue
es una asimilación formal no una existencia yuxtapuesta de los miembros contrarios
sin contrariedad" (p. 143).
El VI y último capítulo de la obra Hombre y Mundo en la Encrucijada, está consagrado al estudio de la "Libertad y personalidad en el ámbito occidental: esencia y
existencia de la libertad". Necesitamos un conocimiento de la esencia y existencia. La
libertad pertenece al hombre, a su el{istencia y no a un sistema, es el modo de existir
humano. La libertad es el hombre. Es indivisible e indivisa en el todo, presente en el
existir concreto no en conceptos abstractos. Por algo ha dicho Kierkegaard: "el hombre no es sino que se hace". La libertad tiene que ser conquistada y a lcanzada por
el hombre comunicando una impronta a su vida personal. La ciencia contemporánea
se aplica a afirmar y mantener segura el área de su libertad. La cumbre espiritual
del existir -y en ella la libertad- está, de continuo, en tensión con el subfondo de
apetitos y de materia en él. El existir, siempre amenazado, se halla bajo el peligro
de una dinámica de antagonismos.

67·7

�El hombre, a: diferencia del animal, no está inscrito ni entretejido_ en un de_terminado reducto de la vida, ni en un determinado contorno. Es un ser abi~to al universo.
No es mundo, pero tiene mundo. Se convierte en sí-mism~ _por e~ propio_ acto en que
se dictancia y se evade del mundo. La libertad no es dehruble _m fara~tizable por un
sistema ideológico. Subsiste en el horizonte abierto del todo. Nmgun sistema es_ capaz
de suplantar al hombre. Sólo el pensamiento abierto puede rebasar, en la m:did~ en
que se abre camino en el mundo, las formas de siste~s ~talitarios en su peligros1s°:10
mortal para Ja libertad. Hoy buscamos de nuevo la mtegndad del hombre :n la eXIstencia. "Sólo merece la libertad y la vida aquel que la tiene que conqwstar todos
los días", afirmaba Goethe.
Leo Gabriel ha pretendido mostrarnos, desde el ángulo de un nuevo deb~t: d~l
hombre con el mundo, la nueva manera de dominar la existen~a, la autosufic1enc1a
y el logro del hombre eterno por su permanencia y ser en_
tl~mpo dei:de . la eternidad. No ha querido separar la profundidad de su superf1c1e, ~u la _verticalidad del
de Ja horizontalidad de su estratificación ramificada en la existencia. El mundo es
ser,
l' .
, .
t
de a
una cuestión de dominio, de logro. La actividad po 1t1ca que umca~en e res~n
las necesidades fortuitas de cada día, a las apetencias pujantes de mtereses, sm sentido ni coordinación con ull todo que esté sobre ese orden, e~ verdaderamente del~znable. ¿Hemos cruzado ya la media noche del nihilismo? Para u de ~ara al nuevo d1a,
que ya clarea desde nuevas riberas, tenemos que o~or~a_r a nuestra libertad un nuevo
sentido para mantenerla. Hemos de saber para que v1v1IDos.
.
Leo Gabriel no quiere ofrecernos un sistema más que sea desbordado por la realidad.
Intenta penetrar en el hombre contemporáneo ~, en la ~ag~n de su mundo._ Apunta
una encrucijada y ofrece criterios de comprension. Nos mvita _a trazar cammos Y a
ejercer una libertad responsable. He aquí los méritos sobresalientes de la obra del

:1

filósofo austriaco y universal.

MARCEL PROUST VISTO POR JAIME TORRES BODET
Por el DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

JAIME TORRES BoDET INCURSIONA, con tranquila audacia, en la obra de Proust. Su
meditación de crítico y sus dotes de artista se centran en la temática-clave de los escritos proustianos: tiempo y memoria. Haber reanudado el estudio de Proust, con
nuevos y fecundos aportes, será siempre un saldo positivo -y de gran mérito- que
arroja el nuevo libro de Jaime Torres Bodet. Más que un nuevo método crítico, Torres
Bodet nos ofrece una valoración integral de las categorías estéticas en Marce) Proust.
Su revaloración no surge de una manufactura hechiza de conceptos más o menos abstractos, sino del estudio concreto de los textos de Marce! Proust. El delica&lt;lo encanto
de ese arte enfermizo aparece, en la pluma de Torres Bodet, iluminado con nueva y
penetrante luz. Para muchos, la lectura de este libro permitirá descubrir la formación
mundana y un tanto artificial de Marce! Proust. A otros les llevará a profundizar aún
más el significado de la obra de este gran artista. Jaime Torres Bodet --el poeta y el
crítico- logra una fina captación de la obra de arte proustiana, auxiliada con una
cierta versación filosófica. Yo diría que a Torres Bodet le importa, sobre todo, expresar
una forma de la presencia total del hombre Marcel Proust en el mundo.
Seis capítulos, debidamente articulados, constituyen la estructura del libro que comentamos: 1) El tiempo perdido; 2) La fecundidad del olvido; 3) La lucha contra
el tiempo; 4) Trabajo, composición y psicología en la obra de Proust; 5) La estética
del sueño; 6) Resurrección.
Hijo de un médico distinguido y de una dama de ascendencia judía, Marcelo Proust
fue siempre un ser vulnerable, exclusivo, tierno, exigente y original. Vida aparentemente absurda e irregular pero en el fondo apegada a sus aptitudes. El asma que
sufrió desde niño se halla asociada a conflictos y deseos inconscientes. Esa enfermedad
le marcó singularmente y le permitió -al retirarse del mundo- producir una obra
de gran alcance. De su profesor Darlu aprendió "La importancia de subrayar al lado
de la física de una anécdota, la metafísica de un relato" (Tiempo y memoria en la
obra de Proust, pág. 12, Editorial Porrúa, S. A.). Durante años, Proust fue un voluntario del esnobismo, un espectador del gran mundo. Aunque hoy nos suena un poco
cursi aquello de "la belle époque", es preciso situar a Proust en esa realidad - artificial, egoísta, asfixiante-- que nuestro autor compara con un invernadero lleno de
plantas atormentadas. Marce! Proust, no hay que olvidarlo, era un homosexual que
pensó, allá en su juventud, en "la posibilidad de quién sabe qué amores normales
e irregulares, aunque complejos y elaborados, como perfumes de sabias ev~escencias"

678

679

�( opus cit., pág. 14). Antes de gustar la realidad inmediata, compacta y cruda, Proust
la colocaba primero en "el refrigerador hermético del olvido". Su arte refinado, moroso, no es, en verdad, muy sano. Y sin embargo, quedan algunas lecciones confortadoras, el anhelo de un gran perdón.
Recibió la influencia de Ruskin con el fervor de un discípulo y con la pasión de un
propagandista. Gracias a Ruskín gustó de las iglesias góticas, de Venecia y de la riqueza esclarecedora de la metáfora. En dos años Proust pierde a su padre -a quien
había aprendido a estimarlo y a respetarlo sin comprenderlo- y a su madre -un
extraño sujeto de admiración y acaso de rencor, una consejera y amiga adicta, pero
nunca una auténtica confidenta-. Proust se levantaba después de las seis de la tarde
y se acostaba al amanecer. Odiaba los ruidos y tenía terror al insomnio. Le atormentaban los vicios que padecía y sentíase vulnerable y mortal en grado sumo. Iba a
cumplir treinta y cinco años cuando sintió el imperativo de buscar, con insistencia,
la expresión escrita, para recuperar el tiempo perdido. Estaba cansado de los "salones" desencantado de sus esfuerzos de hombre de letras. Ahora quería escribir su
libr;. La materia prima estaba en su sensibilidad y en su memoria: acumulación del
tiempo; estilo lento, envolvente, musical, sinuoso. Del detalle exacto llegaba a la metáfora repentina y de la metáfora repentina realizaba una nueva ascensión hacia la fantasía. Y allí, en la cumbre de la fantasía, se encontraba con la imprevista constancia
de lo real. Corregía y perfeccionaba continuamente sus manuscritos. Tres años antes
de morir recibió el Premio Goncourt. Murió de pulmonía el 18 de noviembre de 1922.
Trató de rescatar el tiempo perdido, hasta el último instante. "Hay que alejar a todos
los que quieren impedir mi trabajo" le decía a su ama de llaves. Torres Bodet concluye su perfil del hombre con estas palabras: "Así, heroicamente, encadenado a la
vez a la enfermedad y a la poesía, terminó sus horas mortales un escritor para quien
el tiempo fue el supremo protagonista -y el más implacable rival" (Opus cit., pág. 34).
La memoria de Proust -¡ qué duda cabe!- era prodigiosa. Recordaba el tono de
una pregunta, el sabor de las fresas con crema, el matiz de una duda, el olor de una
vieja alcoba, la humedad de un jardín nocturno. . . Mientras la mayoría de los hombres dejan desvanecer y pulverizar los recuerdos, Proust tenía una capacidad, casi
policiaca, de indagación auténtica y minuciosa. Todos los elementos dispersos de la
observación y de la memoria consciente, eran llevados a unidad por la poesía. El recuerdo de Proust ya no parece recuerdo sino visión esencial de la realidad. Todo el
inmenso olvido que protegía, de la deterioración de las horas, la impresión Y la atmósfera del pasado, se descubre, de golpe, por el autor de En Busca del Tiempo Perdido.
Paisajista y retratista se asocian fraternalmente en el arte de Proust. Arte que era
para él la única inmortalidad concebible en vida. La belleza eterniza lo fugitivo, exige
algo indemne a la destrucción de los hombres. Pero el arte -perrnítaseme apuntar mi
distancia de Proust- no hace las veces de la religión. En definitiva no nos salva. La
inmortalidad que nos ofrece es sólo sombra de inmortalidad, como diría Unamuno. Nos
desvía de la amenaza, pero no trasciende la amenaza. Nos libera momentáneamente
del fardo de la existencia para que, fortalecidos, podamos recomenzar el asalto de
la altura.
El tiempo es el verdadero protagonista y el peor enemigo de Marce! Proust. Quisiera
vencer al tiempo, recuperarlo, trascenderlo. "Los verdaderos paraísos -advierte Proustson los paraísos que hemos perdido". Pesimismo, seguramente. Pero creador o recreador, si se prefiere.
Proust, autor de memorias y novelista, nos pinta un mundo vicioso, incómodo, a

menudo ridículo y repugnante. Su incansable relato --difícil, pausado, minucioso-,
e~oca un recuerdo, sin cara al porvenir, que se pierde en la eternidad. "Lo que aproxuna a los seres -escribe Marce! Proust en el libro A la Sombra de las Muchachas en
Flor- no es la comunidad de las opiniones, sino la consanguinidad de los espíritus"
(/bid., pág. 75). La obra de Proust -obrserva Torres Bodet- está imaginada en
tiempos de música: largos, prestos, andantes y rápidos allegrettos. Entre los períodos
lentos, emplea, también, las frases cortas. "El intento de Proust nos demuestra -al
decir de Jaime Torres Bodet- dos conclusiones complementarias y melancólicas: la
'.nu~lidad. de la vida, pues se llega -a lo sumo- al lugar donde principiamos, y la
uoma sutil del arte, que mantiene la vida, inmortalizándola; es decir, privándola de
la calidad esencial que posee la vida. Porque la vida, para cada uno de nosotros es
inevitablemente fugaz, transitoria, perecedera" (]bid., pág. 84).
'
~n un mismo capítulo, el sexto, Torres Bodet analiza trabajo, composición y psicoJog1a en la obra de Proust. Si la vida le trajo desencantos a Marcel Proust, se conformaba pensando que la verdadera vida está en otra parte. No en la existencia misma
ni después; sino fuera de ella. Es el arte como religión que hemos tenido la oportu~
nidad de criticar. Lo mejor de Proust es que quiso trabajar mientras tenía todavía
la luz, y trató de ser misericordioso mientras tenía todavía misericordia.
Su obra tenía que ser, a la vez, una novela realista y una autobiografía idealista.
Es un novelista de la memoria y ur. inventor que se sirve de ella para el trabajo de
su imaginación. Su cortesía, su enfermizo deseo de ser amable, importunaba a sus •amigos y vencía en ocasiones al narrador frente al novelista. Todo es musical en la obra
de Proust. Diríase que su obra crece por intususcepción. Después del "Tiempo perdido" sobreviene el tiempo recuperado, una especie de "eterno retomo". Su ironía
está hecha de veracidad y de piedad. Más que reproducir la realidad, le gusta suscitarla, crearla de nuevo. "La materia -nos dice-- es real sólo porque crea una expresión del espíritu".
¿ Cabe hablar de una estética del sueño? Así lo cree Jaime Torres Bodet en su
capítulo quinto. El sueño es metáfora viva. Proust no fue un discípulo de Freud. La
obra maestra de Proust podría tener como subtítulo las palabras "psicopatología de
la vida cotidiana". Salud y enfermedad de la mente están entrelazadas, sin claras fronteras, en los personajes de Marce! Proust. Pero, ¿ acaso podríamos consideramos nosotros como absolutamente normales? Los más dignos, los más serios, los más normales
poseen en su conciencia cierta ventana por donde suele entrar hasta ellos no sé qué
soplo de inquietud, qué desasosiego, qué enajenación, el relente de una noche inconfesable, el espectro de una vida frustrada, la connivencia con una mentira que no
quería serlo del todo, pero que acabó siéndolo -por miedo de ser verdad" (]bid.,
pág. 122). Así como hay una geometría en el espacio, para Proust hay una psicología
en el tiempo. El narrador nos lleva de la mano a esta psicología del tiempo: "Me preguntaba qué hora sería; oía el silvar de los trenes; y ese silvar, más o menos lejano,
como el canto de un pájaro en el bosque, me señalaba las distancias; me describía
la extensión del campo desierto por donde se apresura el viajero hasta la estación
cercana ... " El tiempo sale fuera del tiempo, si se me permite la paradoja; se fija
en el espacio y se eterniza en la evocación. "Para un especialista del tiempo -escribe
Jaime Torres Bodet-, el sueño constituye una trega y un desafío. Dormir -y dormir
nada más- es la tregua en que estoy pensando. Tregua del tiempo y de la memoria
consciente: abdicación continua e inevitable del narrador, que se ve forzado, durante
horas, todos los días, a suspender esa lucha intrépida contra el tiempo, que es su exis-

681
680

�tencia misma: la lucha en la que suele emplear los ardides más ingeniosos de la memoria, hasta la resurrección poética del olvido" (]bid., pág. 128). Sueños de plomo
a la vera de sueños alados, reino de la libertad con el ego como centro de imputación
intelectual y afectiva. Mientras otros autores ensayan el procedimiento de los monólogos interiores, Proust utiliza lo que Torres Bodet llama la estética del sueño. Sueño
que experimentan no tan sólo los que duermen, sino los que despiertos inventan
mientras viven. Podríamos hablar de ensueños entre penumbras. Proust no es solamente el creador de sus personajes, sino también su cómplice, su hijo, su narrador
siempre. "Al describir un semblante, una flor, una nube, una torre, un árbol, un rayo
de sol, una cualidad o un vicio, se describía. Y, en cierto modo, se confesaba" (]bid.,
pág. 138).
Frente a la sociedad de su tiempo, Marcel Proust sólo puede vencerla, inventándola
nuevamente. Su gloria huele a veces un poco a azufre. No estoy seguro, como parece
estarlo Jaime Torres Bodet, de que Marcel Proust siga siendo el más releído entre los
grandes contemporáneos franceses ( Claudel, Gide, Valéry), ni mucho menos que sea
el de influencia más duradera y el de presencia más positiva. No es esta la ocasión
de señalar nuestras distancias de Proust y nuestras radicales preferencias.
Por encima de la idea de patria, Proust puso el respeto de esa "patria interior".
Ignoró el placer y el dolor del trabajo humilde de los seres humildes. Su yo se ensancha hasta cubrir el mundo de los otros. Pero es, más que un ensanchamiento, una
suave absorción. No hay en él ni despotismo ni misantropía. Anhela suscitar una confesión, descubrir un secreto oculto del universo, vencer al tiempo. Alguna vez declaró
- ¡ cómo olvidarlo!- que "no es posible tener talento si no se es bueno". Proust tenía la simplicidad y el entusiasmo y la pureza del artista. Amaba la belleza que dura.
Su universo artístico nace y muere con él. Pero nos queda como un resplandor "de
tiempo en estado puro, un trozo de vida intacta del que no sabemos exactamente
qué preferir: si el prestigio de los recuerdos, conquistados por la memoria, o el valor
de la realidad, protegida por el olvido" ( Opus cit., pág. 164).
Poeta, ensayista y crítico literario, Jaime Torres Bodet con su libro Tiempo y Memoria en la Obra de Proust, trasciende los límites de la critica o de la historia literaria
en su acepción común y vigente. Torres Bodet renueva el concepto romántico de la
crítica --en su más profundo significado-- como penetración de la obra de arte, como
interrogación respecto a su secreto, como asedio a su más íntima contextura. Yo diría
que la crítica es para él un paso a la filosofía, un órgano o instrumento de la conciencia pensante y sentiente.

A. B. F. DEL

v.

CONGRESO INTERNACIONAL DE FILOSOFIA EN VIENA

ACABA DE CELEBRARSE EL XIV Congreso Internacional de Filosofía, en la ciudad de
Viena, del 2 al 9 de septiembre del año en curso. Una gran cantidad de trabajos y
de secciones pusieron de relieve la riqueza temática del Congreso. El lunes 2 de septiembre de 1968, el Sr. Presidente Federal de la República de Austria, Dr. h.c. Franz
Jonas inauguró, en el Teatro de la Opera, el magno evento cultural. El Congreso se
realizó bajo la presidencia del Prof. Dr. Leo Gabriel. Hubo sesiones plenarias: una
de ellas dedicada al tema "Espíritu, Mundo e Historia" y la otra al tema de la
"Libertad: Responsabilidad y Decisión". Han salido ya a la luz pública los dos primeros volúmenes de las actas del XIV Congreso Internacional de Filosofía, que contienen las comunicaciones presentadas en estas dos sesiones plenarias. Las actas están
editadas por la Universidad de Viena, en colaboración con la editora Verlag-Herder;
Wien. Me cabe la honra de haber participado en la segunda sesión plenaria con la
comunicación intitulada: "Liberty: Responsibility and Decision" que está incluida
en el volumen I (págs. 188 a 192).
A más de las sesiones plenarias, el Congreso de Filosofía ofreció 8 coloquios: 1)
Marx y la filosofía contemporánea; 2)Brentano, la psicología filosófica y el movimiento fenomenológico; 3) Wittgenstein, el "Wiener Kreis" y la filosofía analítica;
4) Lógica deóntica y su importancia para la ética y el derecho; 5) El significado de
la síntesis en el pensamiento integrativo en relación a las estructuras integrales; 6)
Cibernética y filosofía de la ciencia técnica; 7) El tiempo; 8) La naturaleza del hombre y el problema de la paz.
Las secciones del Congreso de Filosofía -muchas de las cuales trabajaron simultáneamente- fueron las siguientes: Lógica, Teoría del Conocimiento y de la Ciencia,
Filosofía del Lenguaje, Ontologia y Metafísica, Etica y Filosofía de los Valores, Estética y Filosofía del Arte, Filosofía de la Naturaleza, Filosofía de la Cultura, Filosofía
de la Historia, Antropología Filosófica, Filosofía Social, Filosofía del Derecho, Filosofía de la Política, Filosofía de la Religión, Investigación en Historia de la Filosofía.
En términos generales, puede ' decirse que la organización y la hospitalidad del Comité Organizador del Congreso fueron excelentes. Acaso haya que hacer notar el
excesivo número de participantes en las discusiones y el reducido número de minutos
que se concedía a los que intervenían en ellas. En muchos casos se trataba de monólogos más que de diálogos. Lo más interesante del Congreso es, a mi juicio, el encuentro y el diálogo en la ciudad de Viena con destacadas personalidades en el mundo

682

683

�de la Filosofía. Y también -menester es decirlo- las actas que podremos leer, en
cuyas comunicaciones está lo más avanzado y reciente de la filosofia, lo que todavía
no ha llegado al libro.
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Apologética historia sumaria. Edición preparada
por Edmundo O'Gorman. México,
UNAM. 1958, 2 vols.
CoN MOTIVO DEL cuarto centenario de
la muerte de Bartolomé de las Casas,
el Instituto de Investigación Histórica de
la Universidad Nacional de México, promovió una nueva edición de la Apologética Historia sumaria que fue preparada en el seminario de historiografía
de la Facultad de Filosofía y Letras que
dirige el Dr. Edmundo O'Gorman.
Esta edición, que presenta cambios
importantes frente a las dos ediciones
anteriores, fue cotejada con el manuscrito original de la Colección Muñoz.
En ella, aun cuando se conserva la numeración corrida de los capítulos, la
manera de dividir la obra ( tres libros y
un epílogo) es ya diferente. Los encabezados de capítulos agregados al manuscrito en las dos ediciones anteriores, aparecen suplidos, en · la edición que comentamos, por títulos en redacción
moderna que indican el desarrollo conceptual del argumento de la obra. Esta
nueva edición respeta integramente las
citas, referencias y "testaduras del manuscrito original, las cuales sirven de fundamento documental a la interpretación
que sobre la Apologética propone el Dr.
O'Gorman. La edición va enriquecida
con un estudio preliminar y seis apéndices, entre los cuales podemos destacar
las noticias biográficas y bibliográficas de
Fray Bartolomé, en los que se agregan
y corrigen algunos datos y fechas referentes a la Apologética; la lista de obras

y autores citados en esta obra, que puede complementarse, en lo referente a
México, con la preparada por O'Gorman para su estudio sobre Los Indios
de México y la Nueva España ( 1966);
por último, los datos sobre la idea de
América como parte de Asia en el pensamiento de Las Casas. Además de todo
lo anterior, el lector tiene a la mano
un índice analítico completo de gran
utilidad.
En el estudio preliminar, O'Gorman
recoge algunas interrogaciones abiertas
por A. M. Fabié y M. Bataillon, se apoya fundamentalmente en el examen minucioso de las testaduras, correcciones
y adiciones de los manuscritos originales
de la Historia de las Indias y de la
Apologética, y después de desarrollar un
ejemplar análisis de estos documentos y
revisar la cronología de las actividades
de las Casas, pone en cuestión la tesis
establecida por Hanke, Menéndez Pidal,
Pérez de Tudela y Giménez Femández
sobre el origen, carácter y significación
de la Apologética Historia en la obra
de Fray Bartolomé. El estudio preliminar
de esta edición se inicia, pues, con el
examen de esos trabajos anteriores, "el
estado actual de la cuestión". Del análisis de esos trabajos y de su crítica se
afirma la hipótesis que propone O'Gorman.
Paso a paso el lector puede ver estructurarse lógica y coherentemente la
concepción primero, la estructura después, de "la articulada argumentación
teórico-histórica en favor de la plena racionalidad de los indios americanos" que
es la Apologética.

O'Gorman muestra cómo del "inci· dental propósito" de incluir descripciones de la tierra y de sus habitantes en
s~ Historia de las Indias, esas descripc10nes se convierten en la básica de una
nueva obra de Fray Bartolomé: la Apologética historia. Explica O'Gorman cómo Las Casas, al vincular lógicamente
dos demostraciones, la primera (a priori)
que considera al hombre en su aspecto
orgánico, y la segunda (a posteriori)
que considera al hombre en su aspecto
histórico y al llevar esa argumentación
a sus últimas consecuencias, establece
la prueba de la perfección corporal de
los indios y de su plenitud racional, después del fracaso ideológico de sus tesis
en Valladolid.
El estudio que sigue al planteamiento
de la hipótesis de O'Gorman y que trata
sobre el sentido y la significación histórica de la Apologética, ilumina también,
con nuevas perspectivas, la vida y la
obra de ese hombre extraordinario que
fue Fray Bartolomé. Hombre medieval
Y moderno, que logra condensar en su
obra, desde el punto de vista antropológico" el esfuerzo más completo y mejor
realizado de cuantos produjo el siglo
XVI frente a la crisis que suscitó la invención de América".
Puede seguirse en el estudio de O'Gorman el pensamiento de Las Casas que
al estudiar la cultura de los indios americanos presiente, en pleno siglo XVI,
que los sacrificios humanos practicados
por los indígenas, son prueba de devoción ( y prudencia) pues "se ofrece a
Dios aquello que más se estima". Puede
comprenderse a Las Casas que, consecuentemente con su universalismo ontológico, su universalismo histórico no
puede -en el momento mismo e; que
se concretan las ideas nacionalistas modernas-- romper con el esquema clásicocristiano de unidad ecuménica y sigue
afirmando, ya tardíamente, que América forma parte de Asia.

Las aportaciones del estudio de O'Gorman son de gran importancia y su Estudio será de lectura obligada para comprender la significación de la obra de
Las Casas. Todo lo anterior, aunado al
valor intrínseco de la Apologética, hacen de esta nueva edición una edición
clásica. Esperamos que a este esfuerzo
le sigan muchos otros y que en todos
ellos predomine el mismo espíritu crítico
que ha enriquecido a esta nueva Edición de la Apologética historia.

ANDRÉS MONTEMAYOR liERNÁNDEZ
El Colegio de México

ALFREDO LóPEz AusTIN, Juego Ritual
azteca. Versión, introducción y notas
de .. : México, UNAM, 1967, 90 pp
( Instituto de Investigaciones Históricas
Cuadernos, Serie documental 5).
'
DENTRO DE LA IMPORTANTE labor que
ha emprendido el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad
Nacional de establecer, traducir y dar
a conocer los textos nahuas, se inserta
este pequeño volumen de Alfredo López
Austin, quinto de la serie documental.
En la introducción, nuestro autor informa sobre las fuentes de que fueron
tomados los textos: el Códice Matritense del Real Palacio, el Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, y el Códice Florentino; y pondera
el valor de esos textos recopilados por
Fray Bernardino de Sahagún. Después
se plantea el problema de si los juegos
rituales que acompañaban a las fiestas
que se celebraban en México-Tenochtitlán pueden ser considerados propiamente
como deportes ("¿Existía el deporte entre los Aztecas?"), y para responder
acude, sobre todo, a una comparación
con el deporte griego, del que considera
que depende el actual. La idea que desarrolla López Austin es que los juegos griegos y los mexicanos no tienen

685
684

�prácticamente nada en común, pues si
bien aquéllos tuvieron un origen mítico
y religioso, Jo perdieron más tarde, para
quedar como meros entretenimientos públicos; mientras que los juegos mexicanos,
con excepción tal vez del ollomaliztli o
juego de la pelota, estuvieron siempre
estrechamente ligados a las ceremonias
religiosas de que dependían; a esto agrega otros argumentos menores como el
carácter general a todo el mundo griego,
en un caso, y el carácter local en el
otro. El sentido de su conclusión a este
respecto no llega a ser del todo convincente: estaría por ver si los juegos griegos perdieron tanto y realmente su sentido religioso, y aun así no se trataría,
en última instancia, más que una diferencia de grado ( en el mismo sentido
podríamos decir que no hay arte azteca,
si lo comparamos con el arte griego: las
palabras son comodines que colocamos
a posteriori, y por descontado se debe
dar que implican significados familiares,
pero no iguales), ese peculiarísimo fenómeno de nuestra época, si puede decirse, sin duda, que hay muy pocos puntos en común con los juegos rituales de
los mexicas. En la introducción se hace
también una corta comparación con los
juegos gladiatorios romanos.
Tal vez el mayor valor de esas comparaciones no sea el_de las conclusiones
parciales a que llega, sino el hecho de
irnos dando una imagen de conjunto Y
muy coherente de los juegos mexicanos,
y de su sentido religioso, y al mismo
tiempo el de irnos señalando la gran
variedad de ellos, que van desde el ollomaliztli al sacrificio gladiatorio o a la
carrera del Páinal. Todo lo cual va complementando con un análisis de las palabras nahuas relacionado con esas actividades, que es ampliamente ilustrativo. Por último se hace una breve
referencia justificativa al carácter cruel
-para nuestros ojos- de esos juegos.
La obra de López Austin presenta

diecisiete juegos diferentes. Para cada
uno hay una introducción, ricamente documentada, que describe en su totalidad
el juego de que se trate, lo relaciona con
la celebración religiosa de que forma
parte o con las otras ceremonias ligadas
con él, e indica en cada caso su sentido
religioso. No pocas veces acude al análisis etimológico para enclarecer el sentido verdadero u original de un término.
A esto sigue la traducción de los textos pertinentes: sabidos son los conocimientos del autor en el náhuatl clásico,
y lo cuidadoso de sus traslados. El español de sus versiones no sólo es correcto, sino también armonioso. Cuando la
traducción ofrece algún problema o alguna característica especial, las notas lo
aclaran o muestran en cada caso el criterio seguido.
Por último el libro trae un apéndice
en el que se presentan los textos en su
idioma original. Los Juegos Rituales Aztecas es, pues, una obra cuidadosa, de
altura académica, útil sin duda, que contribuye a formar el corpus de textos
mexicanos, y avanza en el conocimiento
de aspectos particulares de aquella cultura.
ANDRÉS MoNTEMAYOR HERNÁNDEZ
El Colegio de México

FRANCISCO LóPEZ CÁMARA, La estructura Económica y Social de México en
la época de la Reforma. México, Siglo
XXI, Editores, 1967. 244 pp.
EL PROPÓSITO FUNDAMENTAL de este libro es hacer un estudio sobre la estructura económica y social de nuestro país,
referido a los años de 1853 a 1867,
esto esy al período denominado en la historia de México como Reforma.
El autor ha dividido su análisis en tres
partes fundamentales que ha denominado: Estructura tradicional y procesos
emergentes; la vida comercial y las fi-

nanzas y por último la sociedad mexicana. Cada uno de estos apartados es
un tema de investigación por sí solo,
pero precisamente su unificación en un
todo logra formalmente presentar una
imagen más general y de mayor amplitud, que ayuda a la mayor comprensión
del problema. Pensamos que este esquema tiene importancia en vista de la falta
de estudios generalizadores tan necesarios y escasos en nuestro medio.
La síntesis que se obtiene después de
la lectura de esta obra, da una idea
de la situación que vivía el país, en lo que
se refiere a los principales sectores productivos, esto es, la agricultura, la minería, la industria, el comercio interno
y externo, las finanzas; además, caracteriza a la población por su papel económico dentro de la producción.
Plantea cuáles son los principales problemas con los que se enfrentaba el país:
estancamiento del crecimiento de la población, la falta de comunicaciones la
'
carencia de un mercado nacional dado
el predominio de pequeñas economías
autosuficientes, todo Jo cual repercute
en los diferentes sectores productivos. En
relación con la agricultura señala que
la forma de propiedad se había mantenido inalterable desde la Colonia y perseveraba en técnicas de producción atrasadas, y precisamente por la existencia
de economías autosuficientes su papel
productivo --en relación con el comercio
exterior, por ejemplo-- se veía menguado, por no decir casi nulificado.

.

Señala que no se puede hablar de industria propiamente, sino de manufacturas y talleres artesanales que se enfrentaban tanto a la carencia de capital
como a la falta de mano de obra.
La minería es la rama productiva de
mayor importancia en el país, pero este
hecho a su vez produce un desequilibrio
en relación con las otras ramas, dada la
preferencia que se le da a la extracción de metales, pues este sector pro-

porciona los medios para el pago de las
importaciones. A pesar de ello, la falta
de una técnica más desarrollada se empieza a manifestar. Como las otras producciones, la minería se ve afectada por
la falta de comunicaciones internas· se
encuentra, además, en buena parte' en
manos extranjeras.
El comercio se consideraba como ta
mayor fuente de capitalización interna
que a su vez es invertido en otros sec~
tores; el comercio interno se enfrenta al
igual que los otros sectores, a la fitlta
de consumo interno, a la ausencia de
transportes y a una gran anarquía fiscal.
El comercio exterior presentaba una balanza deficitaria; los principales productos de exportación eran en su gran mayoría productos no renovables. Las casas
que controlaban el comercio estaban en
manos de extranjeros, lo mismo el trasporte interno o externo. Por otro lado
el monopolio del puerto de Veracruz er~
casi absoluto en lo que se refiere al tráfico. El viciado sistema fiscal también
tenía fuertes repercusiones en este sector ya que los altos impuestos propiciaban el contrabando en gran escala.
Las finanzas estaban en una situación
deplorable: carencia de capitales con
la consiguiente falta de inversiones ade~ás de la constante salida de éstos,' principalmente de los extranjeros. Gran parte de esta situación era resultado del
desequilibrio que había ocasionado el
movimiento independiente. La inestabilidad política era un reflejo fiel de la
situación que existía en el país; así la
falta de crédito y los déficits presupuestarios aumentaban la deuda pública interna Y externa, y las medidas fiscales
eran incapaces de aliviar la situación.
La carencia de crédito había facilitado
el desarrollo de la especulación y del
agiotismo como una forma rápida de enriqueciiniento, Jo cual, a su vez, empeoraba el estado de cosas.
La sociedad de la época se caracteri-

687
686

I

�zaba por una división de clases marcadas; los grupos coloniales alcanzaron en
esta época su consolidación en sus di~tintos matice~: terrateniente, clero, pres•
tamistas, comerciantes, etc. La burguesía
estaba formada en su mayoría por extranjeros dedicados a distintas actividades
económicas -minería, finanzas, etc.-.
La clase media estaba formada por profesionistas; y en un estrato inferior los
campesinos, sector mayoritario de la población, constituido en gran parte por
indígenas; por otro lado el grupo de
obreros y artesanos, numéricamente inferior al de los campesinos. Por último
se menciona el lumpen proletario integrado por vagos, mendigos, y otros desocupados que se concentraban en las ciudades.
Señala el autor que la Reforma es la
primera gran modificación de la estructura social heredada de la Colonia; se
da entonces la contradicción abierta entre nuevos grupos y los ya existentes.
Pensamos que el libro de López Cámara cumple una función al señalar de
manera general la situación del país en
la época de la Reforma, y al mostrar
a grandes rasgos cuáles eran entonces los
principales problemas económicos y sociales. Pero las conclusiones son un tanto
vagas muchas veces y a menudo poco
coherentes. Tal cosa _nos parece que se
debe a varios motivos: por un lado el
tipo de fuentes utilizadas -archivos diplomáticos de correspondencia francesa
y británica de la época, principalmente-lo que arroja una visión demasiado personal del problema y muchas veces más
una idea que una realidad concreta; las
descripciones y datos estadísticos de los
cónsules, interesados la mayoría de las
veces solamente en determinados problemas, dan una información que debe ser
tomada con reservas y que resulta generalmente incompleta (valga como ejemplo la carencia de datos sobre la agricultura). El uso de este tipo de docu-

688

mentación no deja de ser interesante,
pero hubiera convenido utilizar otro tipo
de fuentes, más variadas, con lo cual la
obra habría adquirido mayor validez e
importancia.
Otras cuestión que conviene destacar
es la que se refiere al método y concepción del estudio, esto es, al esquema
sobre el cual se trabajó basado en la
tipificación de categorías de clases sociales en atención a su función productiva y a los diferentes modos de producción; tal cosa nos parece de suma importancia en tanto que interpretación,
pero en muchas ocasiones se advierte una
actitud demasiado apriorística y que invalida la investigación en ciertos aspectos.
En resumen, pensamos que este tipo
de estudios económicos es de gran importancia para el conocimiento de nuestro pasado y el libro de López Cámara,
independientemente de lo que queda dicho en párrafos anteriores, ayuda particularmente a la comprensión de ese tipo
de cuestiones. Hacer una obra interpretativa es ciertamente meritorio, por
más que de ahí provengan -como el
mismo autor lo indica- no pocas dificultades. Ojalá veamos aparecer investigaciones de este tipo y, quizá, dedicadas a períodos más largos.
ANDRÉS MoNTEMAYOR HERNÁNDEZ

El Colegio de México

Los Bárbaros.
EL TÍTULO de La Invasión de los
Bárbaros al Noreste de México en los
Años de 1840 y 1841, la Biblioteca del
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ha editado la publicación número 7, de su serie Historia.
Es autor de ella el Ing. Isidro Vizcaya

CoN

Canales.
He leído la obra con mucho interés,
subrayando en el texto conceptos y pa-

labras y escribiendo anotaciones al margen, cosa que suelo hacer cuando el contenido me apasiona. Considero que para
el estudioso del desenvolvimiento histórico de nuestro Estado y de las causas
reales que originaron la pérdida de Texas, este trabajo, que revela paciencia,
orden y método para investigar, viene a
ser una contribución valiosa y necesaria
sobre un aspecto muy poco conocido y
apreciado de la vida regional: la lucha
constante de hombres y mujeres nuevoleoneses contra los indios, desde 1596
hasta 1882, con su secuela de zozobra,
despoblación y retroceso económico.
Las primeras cincuenta y nueve páginas del libro, que el auto:r titula con modestia "Introducción", ofrecen un panorama general de la guerra permanente
entre españoles e indios: de mediados
del siglo XVI a mediados del siglo XIX.
Trescientos años de pavor en el ánimo
de los colonos que se movilizaban hacia
el norte mientras apaches y comanches
lo hacían hacia el sur. El choque de dos
razas y dos civilizaciones se tradujo en
disparo de arcabuces y silbido de saetas
de pedernal. Cabelleras rubias colgando
como trofeo del cinturón de los "bravos" y trenzas negras presentadas ante
el gobierno a trueque de una prima de
doscientos pesos. Nos describe minuciosamente el funcionamiento de las "compañías presidiales" y las características
que debían reunir los combatientes que
las integraban: individuos de valor a
toda prueba, rápidos para disparar y cargar de nuevo el arma, diestros en el
manejo de su caballo, infatigables y excelentes rastreadores. Vemos asimismo la
tolerancia de los texanos hacia los indios
con objeto de desviar hacia México la
furia guerrera y el papel que jugaron
muchos "renegados" blancos que se unían
a los saqueadores, o cautivos asimilados
que perdonaban a veces la vida de sus
víctimas recordando su procedencia racial. Finaliza describiendo las tres gran-

•

des invasiones llevadas a cabo de septiembre de 1840 a enero de 1841. Tres
mapas muy detallados acaban de completar el panorama.
Don Isidro seleccionó, después de prolijas búsquedas en archivos, una serie de
comunicaciones de autoridades civiles y
militares que informan con vivos colores,
con expresiones arcaicas y con impotencia, las depredaciones que llevaban a
cabo con aterradora frecuencia bandas
de "gandules" que iban de cuatro o cinco comanches, a cientos y cientos de feroces guerreros.
Atacaban rancherías y poblaciones mayores, desfilaban con insolencia frente a
Saltillo, merodeaban por las cercanías
de Monterrey e incursionaban hasta San
Luis Potosí, Durango y Zacatecas dejando a su paso una huella sangrienta.
Cosechas destruídas, hatos de ganado
arreados a fuerza rumbo a Texas, comercio agonizante por inseguridad en los
caminos y éxodo de familias, eran el horizonte uniforme de aquella época.
Dos factores hubieran podido frenar
las invasiones de los "bárbaros" : la colonización de la frontera y la evangelización de los indios. La frontera norte del
México colonial y del después independiente la constituyó el río Bravo. Aunque en teoría nuestro territorio se prolongaba muy al norte de este sitio, en
realidad Texas, Nuevo México, Arizona
y California eran solares de nadie. San
Antonio de Béjar, Bahía del Espíritu
Santo y Nacogdoches naufragaban de
mexicanidad en un océano de indios salvajes y treinta mil emigrantes de raza
blanca. La población del México de principios del siglo XIX ascendía a poco más
de seis millones de habitantes para cubrir una superficie mayor de cuatro
millones de kilómetros cuadrados. Si los
habitantes, escasos de por sí, se aglomeraban en el centro y sur del país ¿de
dónde iba a sacarse el material humano

689
H44

�Luego se llega al soborno con dinero, regalos, subsidios o regalías, o creación ~e
incondicionales, corrompidos en su dignidad, que siempre respondan "sí" a
todo. Algunos detalles a simple vista son
anodinos: invitaciones a comidas, viajes
de fin de semana, estancias en casas,
etc., pero que en el trasfondo se proponen la presión por el soborno o compromiso. También se recurre al sabotaje
de las actividades que traigan entre manos las autoridades ante quienes se trata
de influir. Finalmente se echa mano de
la acción directa que es ya una prueba
de fuerza o confrontación y lucha sin
cuartel. La más comúnmente usada es
la huelga que se ha generalizado a todos
los campos" (pp. 53-61). El autor no
deja de advertirnos que ya cuando se
llega a estas alturas es normal que un
sentimiento de inquietud por la pérdida
de las instituciones democráticas se apodere de nosotros, y que "tales lineamientos son graves si se considera que la negociación y el compromiso siguen siendo
los rasgos sobresalientes o características
más destacadas del funcionamiento de
una sociedad democrática" (p. 62).
En cuanto a los resultados de la lucha son muy difíciles de evaluar, por
muchas razones, entre las cuales la falta
de documentación es, por el momento, la
más poderosa. Por otra parte, como nos
Jo dice el autor, dada la variedad de intereses en la vida socio-económica de un
pueblo, no puede negarse "que toda
reivindicación de cualquier grupo de presión siempre repercutirá en contra de
otro sector de la Comunidad" (p. 100);
de allí que ¿ bajo qué criterios podríase
apreciar el monto de los resultados ... ?
Sobre todo cuando se sabe que quien
más soporte las consecuencias nocivas es
el consumidor de raquíticos ingresos, que
está por completo desorganizado.
Y termina el autor haciéndonos una
exhortación a la toma de conciencia del
hecho incontestable de que "en nuestras

692

grandes sociedades industrializadas, la
organización constituye la única puerta
abierta al ciudadano y el único recurso
para hacerse oír en sus inquie~u~es Y
preocupaciones y exponer sus opm10nes.
Ni por mal pensamiento podemos creer
en una sociedad individualista ... " (p.
118).
JUAN SANDOVAL TRUJILLO

lliNRI, La Psychiatrie Sociale.
Presses Universitaires de France, collection "que sais-je?", París, 1958.

BARUK

XX se ha
caracterizado por multitud de fenómenos
o hechos a cual más trascendentales.
Cada uno por sí mismo podría arrogarse el privilegio de simbolizar a su tiempo. Pero tal vez ningún título para representar con mayor propiedad a la fase
histórica que iniciamos, que llamarle
"La Epoca del reino de las ciencias sociales'', dado el auge que ha venido tomando cada vez más su aplicación. Lo
más probable es que no nos percatemos
del alcance de semejante acontecimiento
que significa, entre otras cosas, el tránsito de la Humanidad de su etapa de
niñez y pubertad analítico-individualista,
a la de su juventud y madurez sintéticosocial en la que habrá de alcanzar la plenitud de desarrollo.
El hombre, en una primera etapa de
su existencia, intentó aprehender la realidad de las cosas y saberlo todo, en una
forma un tanto anatómica y Ininuciosa,
parte por parte, siendo egocéntico e individualista; mientras que en esta segunda etapa de su devenir histórico, intrigado por la cantidad de interrogantes
e insatisfacciones encontradas en su progresión desmenuzante, se lanza en busca
de una interpretación científica del conjunto, de una proyección sintético-social
generalizada que Je permita comprender
la realidad de las cosas globalmente. Ya

LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO

no Je bastan los conocimientos unidimensionales ni parciales, mucho menos unicausales que al fin y al cabo le deforman
tanto lo aprehendido como lo ignorado.
Ahora prefiere abarcarlo todo y explicárselo así en la vasta complejidad de sus
interrelaciones. Pretenderlo captar en sus
partes es un equívoco falso, porque de
hecho el todo no es igual a la suma de
sus partes.
Es en este afán de macro-visión del
hombre de ahora, que se inquieta de
abarcarse a sí mismo y de explicarse en
toda su magnitud la sociedad a que pertenece y en la que es y se mueve, como
han surgido las llamadas ciencias sociales: La Antropología Cultural, la Política, la Economía, la Psicología Social,
la Demografía, la Historia en cierto modo
y la Geografía Humana, así como la Sociología, la Ciencia Social por an tonomasia. Viene a sumarse a las mismas,
aunque cavilosa y titubeante, la Psiquiatría Social, cuyo campo o dominio está
todavía un tanto impreciso; opinión que
se fortalece aún más después de la lectura meditante de la obra que a continuación se examina y comenta.
El profesor Baruk comienza disertándonos acerca del cambio semántico experimentado por la palabra "social", a lo
largo de la historia que hace remontar
como todo buen judío hasta el Pueblo
hebreo. Sin embargo pronto abandona
esta empresa para advertimos que lo social que antes decía lo concerniente a la
Comunidad de todos, ahora se constituye
en una entidad separada de los demás,
que se protege y guarda por sí misma,
gobierno o estado. Y dedica toda la primera parte de su libro que es la más
amplia, a explicaciones de orden moralizante, cuando no condenatorio de los
acontecimientos registrados durante la
Segunda Guerra mundial -relativos naturalmente al Pueblo judío y a su tragedia-, bajo el estado hitleriano.
Es una tentación grave en que suele

caerse muchas veces al abocarse al estudio de las Ciencias Sociales: constituirse en moralista o ferviente predicador de
valores. Escollo demasiado peligroso que
debe a toda costa evitarse, porque las
Ciencias Sociales de sí no pueden ser
axiológicas o normativas, si no, ¿ cómo
podrían ser objetivas? Muy al contrario,
el científico social para mayor garantía
de sus constataciones, hasta de sus propios valores deberá hacer caso omiso en
sus observaciones investigadoras.
Indiscutiblemente el autor posee muy
amplios conocimientos y experiencia no
menor, en medicina psiquiátrica, que nos
deja entrever por la multitud de casos
de enfermos mentales que nos relata, pero
que a pesar de lo numerosos que sean, no
constituyen en sí el objeto de estudio de
la Psiquiatría Social que permanece muy
vago. Con todo, en el trasfondo se deja
vislumbrar un contenido socio-psiquiátrico de gran interés, cuando enuncia la
ley psicológica de que "todo hombre
tiende a transferir sobre los que le rodean y sobre su medio social los sentimientos de inferioridad o de culpabilidad que resiente para consigo inismo" y
nos la ejemplifica con suma claridad (p.
55) . De donde se colige que "el complejo de perseguidos" tan connatural al
Pueblo judío, hinca sus raíces históricopsicológicas ep esa su "conciencia moral" como Pueblo, culpable de deicidio
y que los judíos han logrado "transferir
sobre los demás que los rodean". De suerte que ya "no se sienten culpables, sino
víctimas y de una inocencia y pureza
tales que rayan en lo sublime". En esta
forma eliminan como Pueblo su propio
sentimiento interno de culpabilidad, designando a todos sus vecinos que no sean
de su raza, como a sus propios perseguidores, a quienes a partir de ese momento
les declaran la guerra (muy grave caso
de Psiquiatría Social) .
En la segunda parte el autor vuelve
de nuevo a intentar un acercamiento y

693

�un frente decisivo y eficaz de lucha por
el equilibrio).
Ahora bien
. , "La Política de los
. Ingresos persigue dos objetivos princ1pa1es:
1 ) man tener la estabilidad de los precios a la par que asegurar un desarrollo
económico acelerado y el pleno em~leo
de la mano de obra naciopal; 2) realizar
una repartición más equitativa de los
frutos del crecimiento" (p. 45) ·
En cuanto al primer objetivo, .resulta
.
sobremanera difícil, por no decir imposible, conciliar los tres puntos, . ya
inflación por Jos costos precisaque 1a
.
la
mente repercute en los precios, con
diferencia de que su remedio no está
una reducción de los créditos o en
en
.
lo
un aumento del impuesto, srno por
contrario parecería estar en una fuerte
inyección de moneda, -~on Jo _cual se estará atisando la inflac1on, amen de otras
.
repercusiones
en e¡ comercio interna. .
cional. y si no se hace, se prop1c1a
la recesión fuente de desempleo. ¿ Entonces .•. ?
De allí que muchos economistas acet
ten que el mundo occidental dado s_u s1st ma no puede subsistir sin inflaciones,
e '
• .
y
so pena de menguar su. crec~ento.
hasta se defiende que la inflac10n es provechosa. El único camino posible para
llegar a lograr el equilibrio s~ría el control de los intereses de los diversos gr~pos en juego moderándolos en sus ~Xlgencias, así como la c~nc~~ción debida
entre las aspiraciones rnd1viduales y las
necesidades colectivas. Pero pretender semejante control y conciliación ~~ un
.
toma de dec1s1ones
mercad o lib r e, Sm
centralizada y sincronizada, resulta pura
utopía.
En efecto, dado el divorcio d~ ~~et~nsiones o competencias entre la m1c1auva
privada y la pública, aquella se lanza
a la inversión productiva en los renglon es qu e le Parecen los más rentables,
invadiendo luego los mercados con sus
artículos, sin parar mientes en las con-

secuencias ni mucho menos pr~veer p~r
cierto a las necesidades colecuvas suscitadas por su acción en el mercado: ~or
.
1o, un fabricante de automoviles
eJemp
,
al programar su producción, to1:1ar~ ~uchos factores en cuenta, pero Jamas mcluirá en sus planes de inversión alg~na
partida destinada a carreteras, ~osp1tales alojamientos, educación, med1~as de
' ·dad, etc·, tan íntimamente ligados
segun
,
con el funcionamiento de sus articu1
pero que en cierto modo afectan s~s mtereses egoístas y los rehuye. De alh que
el estado tenga que subvenir a tales pr~videncias mediante un enorme gasto publico que ha de financiarse naturalmente, o con un déficit presupuesta! o por
el impuesto indirecto, ambos ca~nt~s
de desequilibrio. y hay que advert1: que
a todo el ajetreo económico anterior se
nos pasó añadir el abuso exagerado qu_e
se hace en nuestros países, de la pu~~cidad, abortadora de necesidades artificiales, con la única divisa de aumen~r
las ganancias de una empresa determinada; Jo que agudiza aún más e~ problema, ya que por el ansia de satisf.acer
aspiraciones individuales, hasta el IDJsmo
impuesto debido se anda buscando es.
qmvar
a toda costa · Lo que favorecen
las mismas instituciones privadas con tal
de congraciarse con sus súbditos, sin e~pacho de las perniciosas consecuencias

?s,

(pp. 70 y SS.)•
En cuanto al segundo objetivo, también parece incompatible dentro del mundo neo-capitalista, con los demás pu~tos, más directamente con el mantemmiento de una tasa de expansión acel~rada. Porque una repartición más eqmtativa de la riqueza producida, tendiente
a disminuir las desigualdades de ingr~os,
estimularía el consumo, puesto que iba
a las capas más necesitosas, Y por ende
se coartaría el ahorro, fuente de la inversión. Excepto naturalmente en caso
de recurrirse a medidas de ahorro for-

zado, pero entonces se lesionaría precisamente a quienes se trataba de beneficiar.
Por otra parte, hay que reconocer sin
género de duda que ninguna política de
ingresos que tenga como única meta conseguir la estabilidad de los precios o -un
freno a los salarios, podrá rendir los
efectos deseados o pretendidos, si no se
propone al mismo tiempo y logra un
control severo de las ganancias e ingresos del capital y recursos n aturales.
"Esto significa que una verdadera política de los ingresos no puede concebirse
independientemente de una acción innovadora sobre las estructuras. . . Las
rentas de situación de ciertas categorías
profesionales, la importancia del fraude
al fisco, la especulación en terrenos e
inmuebles, la carga de los intermediarios,
son otros tantos problemas que están urgiendo cuanto antes reformas de estructuras capaces de eliminar el carácter crónico de la inflación" en los países occidentales -termina diciéndonos Jacques
Lecaillon.
JUAN SANDOVAL TRUJILLO

ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO, Los Poemas de Antonio Machado, Los temas.
El sentimiento y la expresión. Colección
'Palabra en el tiempo', Editorial Lumen,
Barcelona 1967. 473 páginas.
UNA NUEVA OBRA de análisis y de crítica
de extraordinario valor viene a sumarse
a la ya abundante bibliografía sobre Antonio Machado y su poesía. Se trata,
en nuestra opinión, si no de una obra
definitiva, sí de algo que se acerca a !o
que sería el libro clave para la interpretación de la obra poética del Autor de
Campos de Castilla: su autor el profesor
español de la Universidad de Wisconsin,
en M adison, Antonio Sánchez Barbudo,
uno de los críticos más objetivos y más
perspicaces de la literatura contemporánea española y, especialmente, de los
hombres del 98. Sus obras anteriores so-

bre Unamuno y Juan Ramón Jiménez
asentaron su sólido prestigio como uno
de los mejores conocedores de esta porción de la literatura española. En la
obra que hoy nos ocupa, Sánchez Barbudo ha cimentado este prestigio con
una base mucho más amplia y definitiva. El autor, por otra parte, además
de trabajar con un material hacia el que
siente una profunda simpatía ( esta es
la base auténtica y real de toda crítica),
conoció íntimamente tanto a Unamuno
como a Machado, de modo que puede
develamos muchas veces el secreto personal de las circunstancias que contribuyeron a la creación de estos autores.
Lo importante de esta nueva obra
crítica sobre la poesía de A. Machado,
es que el autor no se ha limitado a estudiar una temática o la forma poética
de acuerdo con esquemas generales previamente trazados. No se trata, como en
el caso de otras obras que consideramos
valiosas, de encajar las realizaciones poéticas especiales y peculiares de Machado
dentro de un sistema o de estudiar la
ideología que domina en los poemas y
la sensibilidad general que muestra ante
el fenómeno vital y poético. Sánchez Barbudo ha seguido un método muy especial
y, también, muy simple. En primer lugar, su atención se hfl fijado en los poemas mismos. En todos y cada uno de
los poemas, sin entrar muy detalladamente en las generalidades. "Esto -afirma el autor- permite decir algunas generalidades, no sólo sobre estos libros
vistos en conjunto, sino también a veces
sobre determinados grupos de poemas.
Pero inmediatamente después de las generalidades, se pasa, y esto es lo principal, a considerar los poemas aisladamente -unas veces con más extensión
que otras-, claro es sin tener ya muy
en cuenta el carácter o valor que tengan o puedan tener los otros poemas
que siguen o preceden".
Lo importante de la técnica seguida,

697
696

�na. Antonio Sánchez Barbudo definitivamente nos asegura de la real existencia
de Guiomar y del tipo de relaciones ( algo
más que platónicas) que sostuvo con
A. M. entre los años de 1929 y 1934.
Quién era la dama y demás datos personales que puedan ayudar al lector a identificarlo, no es de tanto interés para un
estudio poético. "Lo importante para
nosotros -afirma S. B.- es saber que
Guiomar fue el segundo y último gran
amor de Machado" (p. 419). Lo importante es, cómo a partir de un sentimiento básico en la vida de Machado, el
amor, se plasma una poesía auténtica Y
sentida que tiene todos los visos de haber sido inspirada en la realidad de una
relación íntima y personal. El análisis de
S. B. es penetrante y fino y nos va descubriendo, plasmado en formas poéticas,
cómo Machado elaboró estos poemas que
formaban, ya de antemano, parte de su
vida.
De importancia también, aparte del
análisis a que los somete, son también
las páginas dedicadas a los poemas escritos por A. M . durante la guerra civil
española de 1936-1939. Sánchez Barbudo
tiene testimonio de primera mano, para
explicarnos el qué de esos poemas, escritos en terribles momentos de depresión
y desconsuelo: su trato personal de Machado. Su nota en la página 459 es un
testimonio de biografía que no nos resistimos de transcribir para nuestros lectores: "Le vi yo en Barcelona, acabado
de llegar de Valencia, en el hotel Majestic, en el mes de abril de 1938. Estaba mal instalado allí, provisionalmente
hasta que se encontró casa, en un piso
alto, con toda la familia. Hablamos de
pie, junto a unos baúles. Yo iba, además
de a saludarle, a llevarle unos cigarrillos, que agradeció mucho y comenzó a
fumar inmediatamente. Nos acercamos a
una ventana. Era un día de mucho sol.
Se oía fuerte el zumbido de los aviones
que venían, otra vez, a bombardear. Ma-

700

chado estaba muy deprimido. Sabia bien
que la guerra estaba para nosotros perdida. Pero me habló entonces, mientras
se oían las explosiones, de la necesidad
de adoptar hasta el fin una actitud numantina. Me fui yo días después de Barcelona, y ya nunca más volvi a verle".
Repetimos que creemos que éste es
uno de los libros fundamentales que se
han escrito sobre la poesía de A. Machado y que viene a sumarse a la bibliografia tan rica que existe sobre nuestro poeta. Creemos también que cada comentario aislado de cada poema o grupo de
poemas, es una lección de sinceridad,
de honestidad y de apreciación humana de una de las más humanas poesías
de nuestra literatura.
JUAN ANTONfO AYALA
GAETANO Rma1, Historia de la Filología
Clásica, Nueva Colección Labor, No. 41,
traducción de J. M. García de la Mora,
apéndice de José Alsina, Barcelona, 1967.
260 páginas.
LA EDITORIAL LABOR a través de su
"Nueva Colección Labor" ha emprendido una tarea cultural en la que se combinan la modernidad de los temas con
el prestigio de las firmas de los autores
que colaboran en la misma. La antigua
Colección Labor, una de las más prestigiosas publicadas en lengua española,
durante muchos años cumplió con una
función educativa y cultural que llenó
positivamente el vacío que existía dentro de las publicaciones españolas durante los años 20 y 30. Esta Nueva Colección Labor viene a modernizar y a
superar el contenido de la antigua, sin
que por eso venga a sustituirla definitivamente. Uno de los titulos de esta nueva Colección tiene especial interés para
nosotros, en primer lugar por nuestras
preferencias personales y, en segundo lugar, porque a pesar de tratar de un tema
más bien relacionado a épocas pasadas,

sin embargo nos abre una amplia perspectiva para comprender las presentes. Se
trata de la Historia de la Filología clásica de Gaetano Righi, en excelente traducción de J. M. García de la Mora, y
con un Apéndice sobre la filología clásica en España por José Alsina.
La novedad de esta nueva historia de
la filología, aparte de la magnifica aportación de datos, reside en la valiosa introducción, en la cual se tratan asuntos
generales sobre la naturaleza de la filología y su posición dentro del cuadro general de las ciencias. Existe, incluso entre
la gente educada, un falso concepto sobre
el objeto y la función de la filología;
vagamente sospechan que tiene cierta
oscura relación con la literatura y con la
historia, con la interpretación de viejos
manuscritos, pero no logran desentrañar
en qué consiste exactamente su posición
dentro de los estudios literarios e históricos. "El titulo de filólogo -afirma el
autor- hace pensar en una persona capacitada para descifrar, leer, interpretar,
examinar con sus propios ojos y reconocer la integridad de un documento, para
dar razón del mismo, juzgarlo, valorarlo
o determinar con precisión su forma original" (p. 12).
Sin embargo, es esta una definición
simplista de la función de la filología y
que no tiene en cuenta ninguna de las
profundas implicaciones y relaciones que
la constituyen como una ciencia de valor excepcional. Sus limites son extensísimos, ya que comprende en su espectro
las técnicas de diversas ciencias. "El filósofo -añade el autor-, el historiador,
el lector de textos literarios y el entendido en poesía propenden a limitar lo
más posible los dominios y la potencia de
la filología, dejando de este modo mayor espacio para lo que más les interesa:
para la historia propiamente dicha, para
el pensamiento filosófico, para el buen
gusto literario y la agudeza interpretativa o crítica, que son sus aptitudes y ocu-

paciones peculiares. La aptitud o especialidad filológica atribúyensela fácilmente los historiadores, los filósofos y
los críticos literarios a aquellos de quienes dan por averiguado que poseen menos dotes y no tan alta categoría intelectual como ellos mismos" ([bid., p.
12). También, por parte de los cultivadores de la filología, ha habido repetidos
intentos de poner su disciplina por encima de todas las demás y de asignar al
filólogo un papel imprescindible e insustituíble dentro de los estudios filosóficos, históricos y literarios. Es necesario,
pues, antes de entrar en la descripción
histórica del curso que ha seguido la filología, determinar exactamente cuál es
su especialidad, cuál es su importancia
y cuál es el papel que le corresponde
desempeñar. El autor nos dice que: "Las
extremas divergencias en la valoración
que de la filología hacen sus cultivadores, y los diversos conceptos en que la
tienen los que no la cultivan, tampoco
impiden el que cuantos discurren acerca
de ella o emplean el término que la designa o sus derivados, o la practican,
tanto al hablar como al escribir o al leer
den por supuesto un sentido inequívoco:
el de que la filología es ese interés por
conservar los textos, ese afán por fijar
con exactitud los documentos, por establecerlos y documentarlos para poderlos
describir fidedignamente y reproducirlos
de un modo sensible como depósitos de
la sabiduría cierta del pasado" (p. 13).
Antes de deslindar este campo, el autor expone cómo dos de los máximos
exponentes en el campo de la filología
no se ponen de acuerdo en la definición
de la ciencia que constituye su quehacer. El profesor Gino Funaioli la define
en la forma siguiente: "La filología es
y quiere ser comprensión crítica e histórica, interpretación de la palabra, de los
sentimientos, de las ideas de un escritor,
exploración de su personalidad, conocimiento científico, íntima compenetración

701

�f

te de los fenómenos históricos, que, como tal, interesa a todo hombre culto;
2) hacer transparente al pensamiento lo
que significa el multisecular trabajo de
la filología, de modo que los profanos
puedan comprender su función histórica
cognoscitiva, como obra del pensamiento de seriedad intelectual, a la que se
h~n dedicado determinados hombres.
Cumpliendo con estas funciones, la filología se convierte prácticamente en una
liberación de los espíritus y en una ampliación de los horizontes culturales de
cualquier hombre que se sienta como
una prolongación necesaria y nueva de
un pasado y de una herencia cultural
de la que es producto y prolongación.
Para afinar aún más el concepto verdadero de lo que es la filología, el autor
expone el juicio que ésta le mereció a
Wagner y el concepto contradictorio de
Benedetto Croce. El compositor alemán,
en una carta dirigida a su amigo Nietzsche, expresa "una antitesis profunda entre el reino de las Musas que se ;actaban
de promover ciertos filólogos y la real
y 'entristecedora miseria de la ciencia
filológica'. Era la venganza del autor de
Tristán e !solda, desengañado de sus juveniles entusiasmos clásicos e irritado
contra la infecunda pedantería de las citas y de las notas y de 'todo ese monstruoso aparato erudito', que denunciaba,
en la casta de los filólogos clásicos, una
actitud de lo más ajena al 'espíritu de
la Antigüedad' y al reino de las Musas"
(p. 26). También Benedetto Croce, años
más tarde, señala este carácter degenerante de la filología, "cuando les negó
a los filólogos, basándose en ciertas manifestaciones suyas, aquella cualidad de
hombres que sí poseen, en cambio, en
la conversación con los demás hombres,
y juzgó que sus actividades eran dispares o indiferentes con respecto a la verdadera inteligencia de la literatura y de
la poesía" ( Letture di poeti, p. 258).
Sin embargo, Croce, en muchas ocasio-

704

nes expresó su opinión sobre la filología
y esto lo hizo en forma altamente contradictoria, lo cual acredita muy poco
su papel de filósofo y de hombre de honda penetración intelectual. El autor dedica varias páginas a exponer todas las
opiniones de Croce, a contrastarlas entre sí y a hacer una crítica profunda de
las mismas.
El paso fundamental que debe cubrir
toda investigación filológica es de la crítica textual a la comprensión del texto,
que es precisamente donde se muestra
el poder creador o recreador del filólogo. El autor afirma: "La búsqueda de
la lección correcta del texto se convierte
así, sin más, por necesidad intrínseca y
espontáneo impulso, gracias al pensamiento filológico que se busca a sí mismo, en comentario hermenéutico. Es la
crítica textual la que provoca y exige
la interpretación cuando, de pensamiento implícito, debe o quiere convertirse
en pensamiento explicito" (p. 34).
La filología así concebida requiere de
quien la practica una serie de pasos integrados y de capacidad reconstructiva.
Partiendo de la veracidad e integridad
de un texto y dependiendo de la potencia intelectual, creadora y evocativa de
quien lo maneje, el filólogo lo va interpretando, va reconstruyendo todas las
implicaciones histórico-filosóficas que contiene, hasta llegar a una síntesis de
forma y contenido que es precisamente
la gloria de la verdadera filología. Esto
"dependerá del vigor de su espíritu. Su
calidad de especialista no implica que
el filólogo se haya de detener necesariamente en un punto determinado o en la
primera etapa. . . Más propio sería preguntar: ¿ Este avance lo hace el filólogo
como tal o como crítico, historiador o
filósofo? Claro que la pregunta es ociosa.
Quien, sin dejar de ser filólogo puro,
se salga de su campo, podrá responder
bromeando que es porque siente inflamársele en su interior e iluminársele una

{

segunda alma; pero que él es siempre él,
igual a sí mismo: Aliusque et idem ..•
La reconstrucción cognoscitiva requiere,
repetimos, intuición y sensibilidad adecuadas a la altura de la inspiración o del
contenido del autor . .. " (p. 35). De
aquí, pues, que la filología no sea sólo
erudición, constituye y debe ser una sensibilidad en acción. Evidente que la filología es una técnica, pero debe convertirse en una técnica humana interpretativa, en una verdadera humanitas
para que tenga pleno significado en nuestro tiempo, en que vivimos de revisiones
fundamentales de nuestras bases en el
pasado. Reducirla al mero manejo de
los textos y a su escrupulosa fijación, sería
apartarla del torrente vital dentro del
cual tiene que moverse y con el que no
puede perder su contacto.
De aquí que Righi, al finalizar su valiosa introducción define y fija los rasgos
propios de la filología tal como debe
entenderse y practicarse en el momento
presente. Dichos rasgos son los siguientes: I) Requiere y atestigua, suscita y
mantiene el esprit de finesse; 2) necesita el apoyo de una forma sensible y
representativa, esto es, surge y se realiza en presencia de la certeza textual;
3) educa el sentido positivo de lo concreto, evitando las generalizaciones, la
superficialidad, el dilettantismo del que
habla de oídas o por boca de ganso y,
a la vez, evita igualmente la pura especialización, que tiene un no sé qué de
incivil y de mentalmente trunco, pues
no siente la necesidad de una ulterior
integración de su ser y de su saber y
4) el sentido filológico es condición necesaria e impulso para la precisa evocación y percepción de un hecho, de una
idea que eduquen la mente y la habitúen
a gustar el placer que produce el ir
aumentando nuestro propio patrimonio
espiritual.
El cuerpo de la obra va desenvolviendo por etapas históricas el desarrollo de

la filología desde sus incipientes balbuceos en Grecia hasta los más modernos
desarrollos de esta ciencia. Señalamos
también como de capital importancia el
Epílogo del autor, y sentimos que la extensión de esta nota nos impida comentarlo en detalle. Dado que la traducción
de la obra está dirigida al público de habla española, el Apéndice añadido por
José Alsina tiene particular interés por
describirnos rápidamente el desarrollo de
la filología clásica en España, en un
panorama completo y necesario en esta
clase de obras. Lástima que el autor no
dedique espacio alguno a los estudios clásicos en Latinoamérica que cada día,
también, 'Van cobrando mayor importancia y amplitud.
JUAN ANTONIO AYALA

JosÉ CELA, Diccionario Secreto,
Tomo I, Series Coleo y afines, Colección Hechos e Ideas, Alfaguara, Madrid,
Barcelona 1968. 348 páginas.
CAMILO

y de
todos aquellos que cuidan celosamente
el convencional 'buen decir', consideramos que estamos ante el libro más importante publicado en lengua española
en este año de 1968. El Diccionario Secreto de Cela, además de estar magníficamente pensado y realizado, viene a
llenar dentro de los estudios de lexicografía española una necesidad urgente
y perentoria. Muchos habrán tomado la
publicación de este Diccionario como la
escalada definitiva hacia el tremendismo del autor de La Familia de Pascual
Duarte y de La Colmena. Para otros
será sencillamente un libro sucio; sin
embargo, lo primero que se puede decir
es que se trata, en esta ocasión, de un
libro serio, de un profundo estudio lingüístico de una de las zonas del idioma
en que la expresividad ha dado sus mejores frutos y en la que es riquísimo el
CoN PERDÓN DE LOS TIMORATOS

705
H45

�español. Hasta hace poco tiempo, los
convencionalismos sociales, esa especie
de calvinismo intelectual que ha dominado en muchos campos de la literatura,
habían impedido que se estamparan en
letras de molde ciertas palabras que estaban permitidas en las conversaciones
entre hombres pero que eran 'tabú' ante
las damas. Incluso en el campo de la
filología académica esas palabras 'irregulares' se evitaban en virtud de un pacto
tácito dentro de nuestra sociedad. El traductor inglés del Satiricón, de la colección Loeb, todavía no se atrevía a traducir ciertas expresiones referentes a la
actividad heterosexual y las conserva en
latín; el traductor francés de la misma
obra, en la Colección Les Belles Lettres
designa al órgano viril como 'esa parte
del cuerpo'; en un Manual de Teología
Moral para Seglares, publicado en 1942,
el sexto mandamiento es tratado en latín
por aquello de.. . Cela fue de los primeros que llevaron a la literatura española esas expresiones escatológicas que,
sin razón alguna, habíamos desterrado de
nuestra lengua literaria a partir de la
colonización francesa del siglo XVIII.
Nuestros clásicos no le tenían miedo al
lenguaje 'secreto', que hoy nos descubre Cela en todo lo que pudiéramos llamar su limpio y puro esplendor.
Camilo J. Cela en el Preámbulo nos
ha expuesto una interesante teoría sobre
la forma del lenguaje en general y sobre
el vocabulario escatológico en particular.
Partiendo de la teoría platónica del lenguaje expuesta en el Cratilo, el autor
señala las alternancias fundamentales
que ha habido en el devenir del uso
del lenguaje y los cauces por los que
ha seguido la corriente de la formación
lexicográfica. Y señala, acertadamente,
el papel que, tanto a la Academia como
al pueblo, le corresponde en el proceso
lingüístico. Señala el autor el siguiente
punto que consideramos de suma importancia para el tema que nos ocupa:

706

"El problema de las Academias está
determinado por los dos ejes sobre los
que fluctúan: su tendencia conservadora,
que les lleva a no admitir muy ilustres
voces con el inválido y acientífico argumento de su convencional grosería, y el
miedo a que se les eche en cara esa su
tendencia conservadora, que les fuerza
a admitir nada ilustres voces con el ingenuo y también acientífico supuesto de
su uso ( que habría que demostrar, en
cada caso, con autoridades)".
Un segundo problema planteado por
el autor en este Preámbulo, y básico, pues
5e va a tratar de la 'lengua secreta', que
todos y cada uno de los hablantes usamos a diario, es el de las 'voces válidas
y no válidas, de palabras pronunciables
e impronunciables, artificiosa clasificación que repugna al buen sentido y atenta, cuando menos, al histórico espíritu
de la lengua'. En este punto teaemos
que luchar, una vez más, contra ese colonialismo del buen gusto francés que
se nos impuso arbitraria y solapadamente en el siglo XVIII; de aquí es de
donde parte la artificiosa dicotomía de
que unas palabras pertenecen a la poesía y otras a la prosa, de que haya palabras 'feas' y palabras 'no feas', etc., etc.
Y sin embargo esas palabras existen y
las usamos, las usamos en momentos de
suprema expresividad y vitalidad. El
autor, por supuesto, toma una actitud
clara: "¿ Existen o deben existir, realmente, dicciones admisibles y términos
que no lo son? En el probable -y nada
científico-- supuesto de una respuesta
afirmativa, ¿ quién es, en saludable derecho, el encargado de deslindar la frontera entre unas y otros?: ¿ La Academia,
que regula la lengua y la encauza?, ¿ los
escritores que la fijan y autorizan?, ¿el
pueblo, entre la que nace y se vivifica?
De otra parte: ¿qué destino debe darse
a las palabras condenadas?, ¿por cuáles
otras han de ser sustituidas?, ¿qué garantía de permanencia podrán brindar-

rros, y qué garantía de legitimidad podremos exigir a las palabras que h:1yan
de suceder a las rechazadas? Pero ¿ a
qué todo esto? El problema, no más planteado, amenaza ya con escapársenos de
la mano, ágil como un pez vivo. ¿ Es admisible la suposición de que pueda haber meras palabras -abstracción hecha
de las ideas que quieran señalar- a fas
que pueda colgarse el sambenito que las
aparte de su función? Caminemos con
suma cautela sobre tan movedizos arenales".
Vivimos, obviamente, en un mundo
de eufemismos, las más de las veces inexpresivos, para evitar y dar un rodeo alrededor de esas palabras que cumplen
una función designativa y que ocupan
un lugar, como cualesquiera otras, en el
registro del idioma. Muchas veces se trata, nos dicen, del 'buen gusto'; otras, se
implica un falso concepto de la moral.
Y todo lo que logramos es engañarnos,
pues sustituimos por un término a otro
término y acabamos designando a la cosa por lo que es, claro dando un rodeo
que quita expresividad, función de señalamiento y que viene a convertirse
en lo mismo que se trataba de evitar. Por esto Cela nos dice: "Ya no
es tan admisible, sin embargo, la actitud de huir de la palabra conservando la idea que la palabra proscrita
quiere señalar y para cuya expresión se
busca, cuando no se inventa, otra palabra. Pienso que, invalidado el concepto,
no es admisible el recurso del eufemismo aplicándose a la substitución de la
palabra que no fue descartada, al menos en principio, como fonema o grupo
de fonemas sino como expresión de un
algo concreto. Confundir el procedimiento con el derecho, como tomar la letra
por el espíritu, no conduce sino a la
injusticia, situación que es fuente- y a
la vez secuela- del desorden".
En la discriminación ejercida sobre el
uso del vocabulario 'secreto' o 'escatoló-

gico', hay implícita una buena dosis de
hipocresía, pues nunca podremos vetar
las ideas, lo que se veta es, únicamente,
una serie de fonemas señalativos de las
ideas; pero éstas subsisten, existen y están ahí siempre presentes esperando el
acto del señalamiento. Hay en esta proscripción del lenguaje secreto una quiebra moral injustificable y cruel. Los moralistas más exacerbados no tienen más
remedio que recurrir a nuevas formas
lingüísticas para el acto del señalamiento, si no ¿ cómo iban a denunciar, condenar y estigmatizar aquello que subsiste
aun después de que la palabra ha sido
eliminada? "Insisto -afirma Cela- en
que podría invitarse a diálogo a los gramáticos moralistas, esto es: aquellos que
preconizasen un lenguaje de trasfondo
moral o, lo que es lo mismo, un lenguaje
en el que se desterrasen las voces señaladoras de los conceptos vulgares, tras
haber borrado de las cabezas -y por la
persuasión, que es la única goma de borrar que la cabeza admite-- esos conceptos vulgares. Ya no podría decir lo mismo
de los paladines del lenguaje afinado o
distinguido: que se regodean en el concepto aunque se desgarren las vestiduras
ante las palabras, y que llaman -ignorando que con azúcar está peor- cocottes, a las putas, y popis, al culo. Aquel
lenguaje moral sería respetable, sin duda,
aunque ajeno, claro es, a la expresión
científica literaria y coloquial, ya que pudiera abocarla al peligro del anquilosamiento. Sobre este otro lenguaje afinado
o distinguido, ni merecería la pena insistir, de no ser evidente el grave riesgo
que supone para la necesaria lozanía de
nuestra herramienta de comunicación".
Riquísimo como es el español en su
expresividad, ha sido amordazado y limitado, en primer lugar, por la pudibunda vergüenza de los paladines del
buen gusto y el refinamiento académico
que ha sido el obstáculo permanente para
un crecimiento más frondoso del idio-

707

�ma. Añádase a esto las enormes variantes regionales en el léxico tanto dentro
de la misma España como entre los países
hispanohablantes de América, y el problema se nos complica aún mucho más.
Es peligroso, mucho más peligroso de lo
que se cree, el plurivalismo de la lengua
entre nuestros hablantes. Muchas veces
la experiencia lingüística de América es
traumática para un peninsular, y viceversa. Muchas veces quien esto escribe
se ha visto en la penosa situación social
de usar inocentemente una palabra con
la semántica peninsular en un medio ambiente en que la mb=a pertenecía a la
lista del lenguaje 'secreto'. Por eso,
creemos que una de las funciones de este
Diccionario Secreto de Cela será el de
una maravillosa terapéutica en el uso
diario de las palabras 'feas', en cualquier latitud de la geografía hispanohablante. "No se me oculta -señalaque se precisa cierto valor para enfrentarse, cara a cara, con el toro violento
de la lengua, pero entiendo que alguien
tenía que echarse, con todas sus consecuencias, al ruedo, ya que los llamados
a pr:econizar una lengua amplia y eficaz
(los escritores) de raíz tradicional (la
Academia) y de base científica (los gramáticos), sí cabe exigirles, como al torero en la plaza, el valor necesario para
que puedan, si no llevar a último buen
fin su cometido, sí al menos ponerlo en
el camino que a él pudiera conducirle. . . No vale agazaparse con la cabeza
debajo del ala al tiempo de hacer tablarrasa, no ya de palabra sino también
del concepto, ya que cayendo por tan
violento despeñadero corremos el peligro
de legar a quienes nos sucedan una jerigonza que, lejos de nombrar, proceda
por aproximativas paliaciones".
Aparte de estas consideraciones de carácter general, en la segunda parte del
Preámbulo, el autor analiza y explica
el por qué del título de secreto a su diccionario. En primer lugar la acepción

de secreto usada por él no está admi•
tida por la Academia (bueno, esto no
importa, pues la Academia no admite
muchas, muchísimas voces que usamos
a diario). La acepción usada por Cela es:
"venéreo, perteneciente o relativo a la
venus, al deleite sensual considerado, da•
ro es, en su más vasto sentido. Esta
acepción que propugno puede encon•
trarla viva cualquier paseante por las
ciudades de España, sin más que prestar
atención a los rótulos de las consultas
de determinados médicos especialistas;
en letra impresa y con el significado que
aquí conviene, veo esta voz en Gregorio
Marañón (Vocación y ética, p. 77).
"Hay aún enfermedades que se llaman
secretas . .. " De otra parte, el adjetivo,
en el valor que ahora cobra, tiene escaso parentesco con los conceptos oculto,
ignorado, escondido, callado, silencioso,
reservado, que le da el diccionario de
la Academia ya que -sigo con Marañón- "son justamente (aquellas enfermedades) las que se anuncian con carteles en el balcón de los doctores, de
suerte que el enfermo pierde su secreto
con sólo atravesar el portal". En mi
diccionario o, al ménos, en mi propósito, caben en consecuencia todas aquellas voces que, de un modo u otro,
ostentan una filiación venérea, mayor o
¡nenor, directa o indirecta, expresa y aun
tácita; algunas coinciden con los turpia
dictu, de que habla García de Diego, y
otras en cambio se nos presentan diáfanas y como recién aseadas; declaro
que ni la mugre de aquéllas ni el jaboncillo de éstas ha pesado en mi voluntad ... "
Desde el punto de vista metodológico,
Cela se detiene para explicamos su especial concepción de la teoría de la
sinonimia, que juega un papel tan importante en el vocabulario 'secreto'. El
sinónimo, según Cela, no enriquece al
lenguaje; todo lo contrario, lo empobrece
paulatinamente, con lo que desaparece

la función prevista para el sinónimo en
el momento de su invención. "Mi idea
general -afirma Cela- pudiera expresarse en muy breves palabras, aunque
su argumentación no cuadre demasiado
a este lugar: los sinónimos, pese al concepto que la etimología de esta voz quiere señalar, no existen ya que, considerándolos con una mínima exigencia, no
hay dos palabras que profundamente alcancen a significar lo mismo y que, en
el lenguaje, pueden comportarse como
piezas en todo valor intercambiables . . .
por debajo del aparente igual significado
late un matiz diferencial que escapa, por
ahora, a la ciencia".

Tanto la sinon~a como el disfemismo operan sobre el problemático campo
del lenguaje 'secreto' y es aquí donde
la imaginación popular, el pudor, el deseo de ocultamiento, han operado en
forma intensiva, de modo que, en la actualidad muchos sinónimos se han apartado de su intención primitiva y han
venido a crear nuevos campos significativos, de donde se ha derivado cierta
obscuridad en el lenguaje. "Resumiendo
-afirma el autor- por cuanto antecede
Y porque pienso --como más o menos intento explicar- que, a veces, el excesivo afán de claridad no acarrea sino
obscuridad mayor, incluyo en el grupo
nombrado la lista que reúne, por el orden del abecé y sin otra indicación que
las distinga, las formas de expresión que
atrás fueron señaladas y aquellas otras,
pocas ya, que ahora indico: las homonimias metafóricas {arrancada a huevo
cojón ) ; las metonimias (seno, teta, qu;
sobre galicismo es, por su origen etimológico, metonimia: un bello seno una
bella sinuosidad) ; las sinécdoque: (las
hembras, las mujeres); los parónimos
(cojín, cojón); los que me permito Hamar piadosismos ( diez por Dios, para
evitar la blasfemia) y que, en realidad,
no son sino eufemismos por motivación
respetuosa o tabú religioso; los nonismos,

que implican un absoluto cambio en la
expresión (¡ cáspita! o ¡ córcholes! por
cualquier otra interjección tenida por
malsonante) ; las hablas, esquina que en
mi propósito abarca tanto a los gitanismos ( magué, pene) como a las voces
de germanía (iza, puta), el lunfardo
( cafisbio, proxeneta), etc., y por último,
los provincialismos ( coyol, cojón) y dialectismos ( coyón, cojón), con no poca
frecuencia de muy ilustre antigüedad y
limpia prosapia literaria".
Este primer volumen del Diccionario
Secreto está dividido en seis apartados
que facilitan su manejo y que siguen un
orden perfecto de clasificación: 1. Serie
coleo, -onis; 2. Serie 3. Serie testis,
-is; 4. Voces de origen prerromano o
precolombiano, creaciones léxicas, dialectalismosJ provincialismos y jergalismos, y
casos por semejanza y contigüidad; 5.
Los nombres de las partes constitutivas
del testículo y 6. Voces en algún modo
relacionadas con el tema.
La Bibliografía que acompaña al volumen es completa y exhaustiva, así como la Tabla cronológica de Fuentes. En
la bibliografía se ha dado cabida a toda
clase de fuentes, desde el diccionario de
origen académico hasta las obras más o
menos clandestinas que han estado fuera
de la circulación por mucho tiempo, así
como las obras clásicas en las que no
operó jamás el prejuicio contra el vocabulario 'secreto'.
En suma, creemos que este primer
volumen del Diccionario Secreto de C.J.
Cela tan cuidadosamente preparado y
planeado, abre, por fin, una perspectiva
nueva sobre una zona del lenguaje que
estaba virgen y que los estudiosos habían cuidadosamente evitado durante
tanto tiempo. Repetimos una vez más:
no se trata de un libro sucio, se trata
de un libro serio y definitivo.
JUAN ANTONIO AVALA

709
708

�Vmorr.ro MARÓN, Bucólicas, Introducción, versión rítmica y notas de
Rubén Bonifaz Nuño, Coordinación de
Humanidades, Centro de Traductores de
Letras Clásicas, Universidad Nacional
Autónoma de México, México, D. F.,
1967. CXXVIII
47 páginas.
PuBLIO

+

LA 'Bibliotheca Scriptorum Graecorum
et Romanorum Mexicana', una de las
más valiosas contribuciones en lengua
española al cultivo y conocimiento de
la filología clásica, nos ofrece periódicamente nuevos volúmenes de particular
interés para los amantes de las letras
clásicas y el público en general. La última publicación de esta serie que llega
a nuestras manos es las Bucólicas del
poeta latino Virgilio en una excelente e
inmejorable versión rítmica del poeta Y
filólogo mexicano Rubén Bonifaz Nuño.
Hace cinco años R:B.N. publicó en esta
misma colección su traducción de las
Geórgicas, que, a nuestro juicio, constituyó un verdadero hito en los estudios
virgilianos en lengua española. En su
publicación de las Bucólicas R.B.N. ha
seguido la misma dirección y principios
establecidos en las Geórgicas. El sentido
auténtico de una verdadera filología no
sólo es interpretar un texto ya fijado de
antemano: su labor verdadera consiste
en situarlo dentro de un medio cultural,
social histórico y filosófico para darnos
la ve~dadera interpretación de obra Y
autor· en ese sentido la filología es una
'
,
auténtica creación que está mucho mas
allá de la mera técnica en el manejo
de los textos. Bonifaz Nuño, partiendo
cuidadosamente del análisis del texto
virgiliano nos da una nueva y original
interpret:ción del sentido de las Bucólicas, obra escrita en un momento de crisis en la historia de Roma y que refleja
las inquietudes de los hombres ante el
cambio político que se estaba operando
ante ellos.
Después de las crueles guerras civiles

710

que habían acabado por destruir la República romana, el ideal perenne del
ciudadano no había cambiado, es más,
se había afianzado más poderosamente
en el programa de la vida civil: la libertad, que constituía el eje de todo el
derecho y de la vida política. Según
R.B.N.: "según la tradición romana, la
libertad es un bien que el hombre disfruta por el solo hecho de ser hombre.
La misma libertad lo convierte en un
ser autónomo, con capacidad para hacer cuanto le plazca, fuera de lo que le
prohiban la ley o la fuerza". (Intro., p.
VII). Las doctrinas epicúreas, que estaban en gran boga en la época de Virgilio, vienen a ampliar, según B.N., y a
confirmar este concepto de la vida que
tradicionalmente había tenido el romano, por eso "es comprensible y claro
cómo la filosofía de Epicuro, al encontrarse con la tradición del pensamiento
romano que colocaba la libertad sobre
todas las cosas, como un ideal necesario
a la plenitud de la vida, viene a coincidir con ella en el espinazo esencial. La
vida sólo se justifica por la felicidad que
tiene por fin, en el hombre concreto, y
la felicidad se identifica con la libertad.
Sólo es verdaderamente deseable pues,
en la vida, el hecho que conduzca a la
libertad, a la única salud del alma".
( loe. cit., p. VIII). Con estos presupuestos sobre la libertad, es como Bonifaz
Nuño se aproxima a las Bucólicas, para
tratar de demostrar que la emoción dominante que está presente en ellas, es,
por encima de todo, la libertad individual como ideal político y humano.
El proceso intelectual de Virgilio para
llegar a plasmar en formas poéticas este
ideal de la libertad, esencia de la vida
romana, es simple y complicado al mismo tiempo. Simple, porque se basa en
un sentimiento único, el de la libertad;
complicado, porque el ejercicio y la consecución de la libertad está condicionado
a otros factores importantes de la vida

y del proceso social e histórico. Pero lo
que trata de demostrar Bonifaz Nuño al
asediar las Bucólicas es, precisamente,
este punto fundamental en la creación
de los poemas. "Así pues -nos dice- el
hombre busca la libertad, y se encuentra
con el muro que le tienden en torno el
deseo y el miedo. El deseo, porque no
pudo cumplirse plenamente, ya que lo
que se alcanza deja de ser deseable, al
no ser ya lo que se deseaba, y el temor,
porque destruye la paz del alma. Salvado del temor y del deseo, el hombre es
libre. Por lo tanto, para ser feliz ha de
lograr primero la libertad por medio de
la independencia moral. Pero el hombre,
haya nacido libre o no, está sujeto por
cadenas que pueden nacerle de sí mismo, o venirle de las circunstancias exteriores. Las primeras pueden ser, por
ejemplo, las que originan el amor o la
ambición; crea las segundas la injusticia
de los hombres que tienen el poder de
ejercerla" (loe. cit., p. VIII-IX). Enfocado así, el problema de la libertad, puede ya verse claro que el Amor no es el
sujeto central de las Bucólicas como había venido sosteniendo la crítica tradicional, basada equivocadamente en expresiones del mismo Virgilio. Con innumerables testimonios sacados de los mismos poemas, Bonifaz Nuño demuestra un
punto cardinal en su crítica, esto es, que
"en las Bucólicas el amor es lo que no
debe ser", sino que es un peligro que
amenaza Jo más valioso que hay en las
vidas humanas y que limita peligrosamente la libertad del individuo. Los testimonios son demasiado numerosos para
que nos detengamos en ellos; pero revelan, eso sí, un cuidadoso examen de
lo que Virgilio dice entre líneas y que
hasta ahora no se había comprendido. El
amor, concluye el traductor, no es en
forma alguna el motivo central de estos
poemas: "Y entonces -afirma- ¿ es posible o lícito afirmar que esto es una
apoteosis del amor? ¿No, más bien, se

trata de la mera aceptación de un hecho no querido que se impone por la
fuerza, violando lo más precioso de la
vida humana} "Todo lo vence el Amor''
no es más que la expresión de un hecho,
y no la postulación de una norma de
contenido moral; es nada más que la admisión, a medias resignada, de algo negativo, dañino y pernicioso: el amor demencia, el amor placer que arrebata, el
amor que tuerce los rectos sentidos del
espíritu, el amor que coarta y encarcela
y sujeta e impide el desarrollo armonioso de las potencias del hombre; el amor
concupiscente, en fin, opuesto al ideal
de libertad que profesaba el epicureísmo"
( loe. cit., pp. XI-XII).
Otro de los temas recurrentes de la
poesía latina y que puede también ser
un obstáculo para la libertad, es la ambición. Esta, como el amor, somete el
alma a una serie de esclavitudes y servilismos que crean necesidades exteriores
y dependencias sociales y "el hombre íntegro, para ser libre, sólo de sí mismo
tiene necesidad". La Egloga IV es básica para la comprensión de este principio de la filosofía virgiliana y Bonifaz
Nuño hace un extenso análisis para demostrar este papel limitador de la libertad que juega la ambición en la vida
del hombre. Este mismo contraste entre
la serenidad natural del alma y la violencia limitadora de las pasiones, se encuentra también en la Egloga VI, en la
que en dos partes claramente definidas,
Virgilio contrapone "el remolino oscuro
del alma y la serenidad emancipadora
de la naturaleza".
En la búsqueda de una respuesta a la
pregunta de cuál es el sentimiento que
dirige la creación de las Bucólicas, al
eliminar el amor, Bonifaz Nuño vuelve
al análisis detenido de los poemas para
descubrirnos su sentido de interpretación
romana de la libertad, fecundada por las
ideas del epicureísmo. Desde la Egloga I, en que Títiro proclama que la

711

�libertad ha sido el móvil que lo ha llevado a conocer a Roma, "esta sola palabra es bastante a abrir la puerta a una
comprensión más cabal o más exacta.
Porque, efectivamente, el sentimiento de
la libertad constituye, a Jo menos así Jo
creo, el esqueleto orgánico de las Bucólicas" ( loe. cit., p. XV). El Virgilio
que escribía estos poemas, aparentemente siguiendo una tradición de poesía eglógica, era un hombre atormentado que
había presenciado cómo las guerras civiles, el ansia del poder de unos cuantos
políticos ambiciosos iban limitando pau. ·latinamente las libertades individuales y
creando el instrumento de un Estado poderoso y monolítico; es el Virgilio que
nos ha pintado Bloch, agonizante y derrotado, que muere obsesionado en un
ansia de libertad. "Es necesario pensar
-afirma Bonifaz Nuño-- que el espíritu
de Virgilio, expuesto al choque de las
circunstancias de toda índole que lo tocaban y lo herían, tuvo que reaccionar
y conmoverse desde el fondo por los
acontecimientos que se desenvolvían frente a sus ojos. Virgilio ha sufrido los trastornos sociales de su época, y ese sufrimiento lo inclina hacia los demás seres
humanos. De este modo advierte al hombre, poseedor precario de una libertad
combatida por cadenas internas y externas" (loe. cit., p. XV).
En un análisis certero y definitivo
R.B.N. analiza el contenido político y
social de las Eglogas I y IX. Su análisis
no solamente refleja la profunda penetración en el significado de los temas virgilianos, sino que como auténtico poeta
y filólogo, recrea un sentimiento profundo que atormentó el alma de Virgilio por
los temas fundamentales que conforman
la vida y la tragedia del hombre: la injusticia de la organización social, el desarraigo involuntario de la tierra, el
amargo destino colectivo de todo un pueblo, el alejamiento de la felicidad constituída por unas pequeñas posesiones y,

712

en una palabra, el despojamiento de la
dignidad interior por un vencedor militar, cruel y pragmático. Saltan los temas
a la vista y las visiones particulares de
un tiempo histórico; pero todo ello, todo
irremisiblemente está condicionado por
la libertad que es la única fuente y fundamento de la felicidad. Y aquí es donde también cobra significado la esperada
y deseada "edad de oro" que, nostálgicamente, proclama Virgilio. Para R.B.N.
"la edad de oro viene a ser entonces, el
símbolo máxímo de libertad. Durante ella
es creado un mundo en que el hombre,
dueño de una naturaleza dócil y servicial,
adquiere mediante ella el dominio de sí
mismo, y con éste la sabiduría, la templanza y la paz". (loe. cit., p. XXI).
Después de haber demostrado con plenitud de pruebas este tema central en las
Eglogas, Bonifaz Nuño hace una breve
explicación exegética a cada una de ellas,
explicando el contenido y las circunstancias en que fueron escritas, y hace proceder a cada una de ellas de un esquema que facilita su total comprensión.
Unas pocas palabras acerca de la traducción. Bonifaz Nuño no se ha dejado
llevar en esta traducción por la tentación
de "imitar los ritmos latinos en español",
tentación a la que han sucumbido otros
traductores de los poetas latinos. La tra•&lt;iucción que tenemos ante la vista es,
ante todo, fidelísíma al texto latino; el
principio que ha guiado al traductor ha
sido símple y básico: " ... pienso que la
literalidad en el traslado de un clásico es
el mejor camino para alcanzar la fidelidad, y que la traducción fiel de la palabra incluye naturalmente la fidelidad en
la traslación de la idea"; en segundo lugar es una traducción rítmica en la que
se ha escogido el verso variable entre las
trece y las diecisiete sílabas ( tradicional
en español desde los primeros balbuceos
de nuestra literatura), con sólo dos acentos obligatorios, con lo que la perfección
rítmica del hexámetro virgiliano se ha

reflejado en la forma más aproximada en
nuestro verso cualitativo. De aquí que se
haya conservado en la traducción la límpida virginidad de la lengua de Virgilio
Y su exactitud formal. Creemos que, en
nuestra opinión, Bonifaz Nuño ha superado y perfeccionado a todos los ilustres traductores anteriores de Virgilio
poeta querido y aquerenciado y con lar~
ga tradición en la vida cultural de MéXIco.
JUAN ANTONIO AYALA

FRANcrsco LARRoYo, El Positivismo Lógico. Pro Y Contra. Editorial Porrúa México, 1968.
'
EN MARZO DE 1968, la Facultad de Filosofía Y Letras de la Universidad de
Nuevo León inauguró la cátedra honoraria "Alfonso Reyes" con tres ciclos de
conferencias sobre Ja palabra, desde las
pe1;P_ectivas filosófica, literaria y psico~og¡ca; el doctor Larroyo ocupó el
p~ero la cátedra, con una serie de
cmco conferencias cuyo texto editó co
1 ,
n
e titulo de El Positivismo L6gico y que
salió de las prensas de la Editorial Porrúa, en noviembre del mismo año.
En el mismo e&gt;,.-pone el doctor Larroyo, en líneas esquemáticas la corriente filosófica que algunos co:isideran como "expresión viva Y consecuente de
nue5tra época" Y que suele designarse con
los nombres de positivismo lógico análi~i~ lógico del lenguaje, fisicalism~, empmsmo, filosofía analítica y otros.
Al situar la corriente Larroyo la señala
como característica de un tipo de filoso{~ señalable en forma muy aproximativa, a la región angloamericana. Esquemáticamente se pueden entender
actualmente cuatro tipos de filosofar correspondientes a otras tantas regiones
geográficas: Una filosofía de Oriente inspirada por un saber de salvación · una
filosofía cultivada en Rusia y
do-

s:s

minios: el marxismo o, mejor, la línea
Marx-Engels-Lenin; una variedad la
más rica Y compleja, de corrientes' filos~ficas en la Europa continental y, espectalmente, el empirismo lógico en la región angloamericana.
Se caracteriza este nuevo movimiento
~ositivista ( el tercero; después del compuano Y del "neopositivismo" de Poincaré
Y Mach) por su tendencia a llevar la
mente científica al campo y problemas
de la filosofía, por el rechazo de toda
consideración especulativa y su intento
de ser un pensar analítico y crítico.
Según Larroyo el punto de partida·
de esta corriente es el movimiento de
la crítica de la ciencia iniciada a vuelta
del siglo por Poincaré y Mach Y, más
tarde, en cuatro momentos integra su
actual estructura:
. a) Con Bertrand Russel, pensador casi _centenario, suyo estilo de filosofar
aspir~ al rigor y exactitud de la ciencia
Y_ qwen propugna una reforma de la lógica que lo lleva a identificar a ésta
con la matemática. Su doctrina de las
prop~siciones atómicas y moleculares es
especialmente importante para el desarrollo del positivismo lógico.
b) La segunda etapa la cubre el pensador austríaco Luis Wittgenstein cuyo
Tractatus logicus philosophicus, saludado
por Russell como un acontecimiento de
suma importancia en el mundo filosófico, trata de hacer ver, en una serie
de proposiciones concisas y numeradas
mediante los principios del simbolism~
Y de las relaciones necesarias entre las
palabras y las cosas, que la filosofía anterior es errónea.
c) El círculo de Viena constituye la
tercera etapa del desarrollo de la nueva
corriente. No es extraño que allí se constituyera. Perduraba allí la influencia
de Mach Y de los positivistas alemanes
Ernesto Laas y Eugenio DiilÍring y una
fuerte, ~radición ,antirracionalista y antimetafmca. El circulo se integró a fi-

713

�nes de los años veintes y en el mismo se
destacaron Moritz Schlick, Philip Frank
y Rodolfo Karnap; más tarde_ se fortaleció con los lógicos Hans Re1chenbach
y Tadeo Kotarbinski. Desde 1929 el
círculo celebró una serie de congresos
en Viena Konigsberg, Copenhague, Praga, París' y Cambridge con lo que_ ~egó
a representar un importante movmuento internacional y a relacionar a notables
investigadores de los países escandinavos,
de Inglaterra y Norteamérica; pero a
mediados de la década de los treintas
el círculo mismo se disolvió y sus miembros, que tuvieron que emigrar principalmente a Estados Unidos e Inglaterra,
fueron suavizando en gran parte sus actitudes más radicales. En líneas generales el círculo de Viena propugnaba una
oposición a toda concepción filosófica
especulativa; una oposición a las corrientes que signifiquen una ruptura de
la unidad de la ciencia; una nueva lógica y una filosofía científica con un
lenguaje riguroso.
El positivismo lógico rechaza toda
metafísica a la que considera como integrada por conceptos y proposiciones
sin sentido: pseudoconceptos y pseudoproposiciones. En el fondo, dicen, la
metafísica no es sino una concepción
emotiva de la vida.
En cambio cultivan y desarrollan en
varias direcciones la Lógica mediante la
inclusión de un lenguaje técnico altamente desarrollado, la inclusión del concepto de polivalencia lógica y su semiótica que distingue distintos niveles de
lenguajes y metalenguajes.
Larroyo, al término de su exposición
asume una postura en relación con la
corriente expuesta no sin antes referir,
en líneas esquemáticas, la autocrítica de
sus mismos cultores. El propio Reichembach rectifica su empirismo radical en
atención a la imagen del universo de
la ciencia moderna. Poper, por su parte,
hace serias objeciones al método de ve-

714

rificabilidad propugnado por la escuela.
Por su parte Larroyo objeta a los neopositivistas su confusión en la concepción de métodos, y en particular en referencia a la actitud asumida por éstos
con relación a la metafísica, aunque manifiesta compartir con éstos una actitud
antimetafísica, señala empero la pobreza
de la "superación" neopositivista de la
metafísica, basada en Proposiciones protocolarias que, según él, están muy lejos de ser verdades absolutas. Para él,
más bien hay que rechazar la metafí~ica
por la vía de la crítica epistemológica.
BENJAMÍN MoRQUECHO GUERRERO
MuGICA LAINEZ, MANUEL, Crónicas Reales. Editorial Sudamericana, S. A. Buenos Aires, 1967. 332 pp.
LA HERENCIA APORTADA por la Literatura Anglosajona a la actual Hispanoamericana, es algo indudable. Y también reciente, la más reciente de todas aquellas que, a manera de legado, hemos
recibido. Bien podría añadir que es lógica teniendo en cuenta la trayectoria
influencia! que las letras en español de
esta parte del Atlántico han venido adoptando en el transcurso de las generaciones.
De la Española -tan esencial en nues. tras raíces y cuya duración efectiva se
extiende durante varios siglos- , hemos
pasado por la Francesa - primero filtrada por la Española, después directamente
desde sus fuentes de origen-; la Inglesa
-Scott durante el Romanticismo, Poe
cuando el Modernismo-; para llegar
nuevamente, dentro del panorama anglosajón de nuestra época, a James Joyce,
Virginia Woolf, William Faulkner ...
Estas influencias han sido decisivas Y,
de hecho, han ayudado efectivamente a
marcar épocas.
Sin descartar en lo más mínimo las
intrusiones de otros autores, los anglosajones nos han heredado uno de sus te-

soros, algo de lo cual carecíamos puesto
que los únicos puntos a destacar en este
respecto eran simples puntos y no logros
definitivos: la Literatura Fantástica.
Manuel Mugica Lainez es uno de los
autores que con mayor notoriedad han
recogido este interesante aspecto literario. De los Hispanoamericanos que actualmente cultivan el exitoso género fantástico, es uno de los que lo hacen de
una manera más personal. No el más
perfecto, desde luego, sino el más personal. Porque este sello de distinción es
advertible más por sus defectos -un poético afrancesamiento del que nunca ha
sabido despojarse. . . un escapismo de
"vieja ola" . . . - , que por sus cualidades. Pero en esta forma queda más al
descubierto el andamiaje neomodernista
que sustenta la obra. Porque MML, al
no abandonar del todo el suntuoso vestuario heredado de los modernistas -hasta el romanticismo lo recibe de ellos-,
y complementarlo con una especie de
capa anglosajona, ha podido dar a sus
obras un sello característico de su tiempo
y persona.
Con Crónicas Reales se inicia lo que
podríamos definir como una tercera época fantástica dentro de su trayectoria.
La primera estuvo marcada por aquellos sus volúmenes de cuentos -Aquí
vivieron, Misteriosa Buenos Aires ... - ,
en los que intentó algo muy rara vez
usado por los escritores hispanoamericanos: dar unidad novelística a la obra
partiendo de unos cuentos. Estos, independientes entre sí, formaban sin embargo una trama mediante la cual quedaban enlazados unos con otros: algo
como capítulos de novela, pero con la
independencia del cuento. Y lo fantástico surgía desde aquellos sus temas muy
Siglo XVI (La Sirena ... ), XVII, (El
Lobisón. . . El Cofre . •. ) , o muy siglo
XVIII ...

La segunda época fue privativa de la
novela. Un poco como continuación de

la primera, los iniciales cuentos parecieron perder su esencia. Así llegaron: L&lt;JS
[dolos, La Casa, Los Viajeros, Invitados
en el Paraíso. Con estos cuatro títulos,
MML dio un paso adelante. Fue como
si los cuentos priinitivos se agrandaran
hasta convertirse en novelas, pero guardando aquella estructura particular de
unión e independencia al mismo tiempo.
En cuanto al elemento fantástic9, subió de categoría. Abandonó aquel su
aspecto de anécdota histórica, se hizo
más actual, más argentino, más poético, más universal. Y más neomodernista. Había en él un poco del "quiero y
no puedo" del elemento que einigra sin
lograr, por más esfuerzos que hace, liberarse del origen.
En estas dos primeras épocas se anticipa lo que precisamente habrá de caracterizar a Ia tercera y que será una herencia faulkneriana en cuanto a temática se refiere: la creación de un Joenapatauwah, hijo de las Literaturas Anglosajona y Francesa, pero apadrinado por
la Argentina. Una perfecta muestra del
Neomodernismo.

Crónicas Reales está formada por doce
cuentos colocados por su autor bajo la
advocación de Rubén Darío ("¿Cuentos
quieres, niña bella? / T engo muchos que
contar ... ") , como si desde las primeras
líneas advirtiera el seguir dentro de la
estética del nicaragüense. En los mismos
títulos de los cuentos es advertible este
aroma: "El Rey Artificial" ... "La Gran
Favorita" ... "Monsignore" ... "La Princesa de los Camafeos" ...
Imagina MML, para esta su obra, un
faulkneriano reino situado -por otra
parte muy lugonescamehte-, en una no
exacta posición geográfica mediterránea.
El tal reino tendrá tantas características
parnasianas, que podríamos situarlo en
la Grecia mítica de cualquier modernista. Y en esas latitudes, conoceremos
la fantástica historia del reino partiendo
de las historias de sus soberanos, los des-

715

�huestes fascinados- para conseguir que
cendientes de su fundador el mítico Concada uno volviese a su tarea• • · Las vade B-enno Von Orbs zu Orbs, también cocas eran insultadas y azotadas y retornocido con el nombre de el Demonio.
naban a sus praderas, deteniéndose a
Como detalle característico --de MML
menudo para mirarlo con añoranza mepero en especial de esta obra-, una trelancólica; los pedruscos, eliminados a
menda y cortesana ironia que en ocapuntapiés, quedaban como recargados
siones llega a la violenta sátira. Sobre
de oscuras tensiones, a la vera de los
todo en el capítulo-cuento titulado "San
caminos O en el seno de los arroyos; Y
Eximio".
las mujeres y los hombres, empujados en
Es uno de los más logrados de todo
rebaños hipnóticos hacia su cotidiana
el volumen. San Eximio, nieto del Conobligación de placer o fastidio,, cumplían
de Benno con una sintaxis y léxico digdurante una semana sus monotonas tanos del n:ejor dariísta, nos es descrito en
reas, con rigidez de autómatas. El, enla siguiente forma:
tre tanto, ausente del descalabro Y_ de
"Las palabras que San Zeón de Carla maravilla que provocaba, se ale1ab~
en medio de un extraño fulgor y de ditago dedica a la hermosura de S~n
Eximio la definen mejor que cualqwer
vinas músicas y perfumes" (p. 28).
tentativa elocuente. 'Era tan peregrina su
La sátira va en aumento conforme
belleza --dice el africano fervoroso-avanza el relato de la vida del santo.
que los animales, los árboles Y hasta las
Su fama se extiende por los cuatro punpropias piedras la advertían'. Añade el
tos cardinales y Eximio vuela hacia la
hagiógrafo detalles de los cuales se deperfección a pesar de los obstáculos del
duce que cuando Eximio andaba por los
mundo. Entonces, como en una vida de
campos de Wurzburg, las vacas lentas lo
santos, aparecen los primeros y desconescoltaban como matronas, fijos en él
certantes milagros, se agrandan los raslos ojos pensativos; los ágiles conejos
gos personalistas del santo, co~enzan las
brincaban alrededor, como juglares; las
peregrinaciones desde los mas re~otos
mariposas tejían aureolas trémulas a su
lugares Y, como sucede en seme~an!es
frente· se apresuraban los escarabajos, a
casos, pasando por el tráfico de_ reliquias
fin de' no perderlo; las flores acompañaEximio alcanza la rotunda santidad graban su marcha girando y abriéndose,
cias al martirio obtenido de manos de
como si Eximio fuese otro sol fecundo;
sus propios familiares, quienes nunca lolos pinos entrelazaban sus ramas, fo~gran comprenderlo en su marcha hacia
mando una bóveda encima en su clarila perfección y santidad.
dad ; se estremecían, soñadoras, las peLa tercera y última época de MML.
ñas; y los guijarros se echaban a rodar
tiene muchos puntos en común con las
para seguirlo". (p. 27).
dos primeras. Pero también grandes
O sea, algo así como un 'Flos Sancavances en lo que a técnica narrativa se
torum' neomodernista, con el detalle
refiere. La estructuración de la . obra
característico de la ironía, personal de
--demasiado ligada a la de la primera
lo fantástico en MML. Sigue:
como para olvidar este dato-, vuelve
"El les sonreía, desde aquella la soa tomar como elemento primario al cuenledad de su hermosura, como desde un
to, pero adquiere mayor fluidez y homotrono, y se requerían serios esfuerzo~ po·
geneidad. y si es cierto que en los 3:5liciales - a veces inútiles, pues los IJ11smos
pectos netamente modernistas -~ xonspolicías, con ser más inquebrantables
mo, advetivación, cosmopolit!Smo ...
que las rocas, solían desprenderse de polenguaje--, no ha evolucionado mucho,
rras y silbatos Y se incorporaban
sus

ª

también lo es que su sentido satírico se
ha agrandado hasta no hacer tan notorio el defecto.
Porque es precisamente en el manejo
de la sátira en donde reside la originalidad del libro. Podría intentar definirla
como una sátira-poética-fantástica.
Tiene, además, la "meditada composición" -tan anunciada por los editores-, propia de este autor, digno de
ser tomado en cuenta en la lista de sus
contemporáneos de primera fila por el
agudo sentido crítico que lo caracteriza
y por la ironía que aporta al género literario tan de actualidad de la Literatura Fantástica.
DR. JuAN JosÉ GARCÍA GÓMEZ

Escuela de Letras.

ITESM.
UNDURRAGA, ANTONIO DE, Autopsia de
la Novela. Teoría y Práctica de los Narradores. B. Costa Aroic, Ed. México,
1967, 238 pp.

No ES PRECISAMENTE Costa Aroic un
editor que se caracterice por su descuido
ni por su error al elegir los textos que
imprime bajo su rúbrica. Sin embargo,
cuando en esta ocasión llega una obra
como la Autopsia de la Novela, surge
de inmediato una duda que desemboca
en tres posibilidades de solución. Primera: ¿ Se tratará de un texto cuya edición fue forzada por recomendaciones
de peso? Segunda: ¿ Es que acaso --con
un agudizado y personalísimo sentido
irónico--, se quiere poner ante nuestros
ojos una muestra de lo que no debe_escribirse? Tercera : ¿ Comienza a fallar
la visión crítica de un editor?
No sé por cuál de las tres decidirme.
El libro está tan lleno de errores críticos;
tiene una visión tan apartada de la realidad literaria hispanoamericana; sostiene unos postulados tan avejentados
sobre lo que debe ser la obra literaria,

que no puede tomarse sino como una
aberración.
Pero comencemos por el principio. La
obra viene precedida ( en hoja aparte,
sin paginación, pero cuidadosamente pegada al original), de una nota en la
que se nos comunica: "Antonio de Undurraga ha publicado". Luego, las muy
envidiables cifras de: veintitrés títulos
de obras -entre originales y antologías-; una traducción; y la noticia de
un libro crítico sobre ADU.
El indice, para estar de acuerdo con
lo anterior, es también prometedor respecto a los nombres de los capítulos. Y,
para cerrar con broche de oro, una
"Entrevista con ADU ... " y dos textos
de 'creación' del multicitado autor: La
mano de Carlota Pau y Ultimo viaje
a Jeric6 y presencia de Zaqueo.
Todo, pues, parece indicar un texto
respetable. Pero .. •
El libro comienza por unas palabras
del autor, bajo el título de "Prefacio
para los Amanuenses del Lugar Común",
del que entresaco las siguientes lineas.
Pero antes debo de hacer la aclaración
de que me voy a limitar, casi exclusivamente por hacer la presente, a citar párrafos de ADU ya que considero que
por sí solos se explican ( ?) perfectamente. Comienza:
"Estos ensayos han sido escritos en
la bella marcha forzada de la inspiración, apoyada en muchos estudios que
suponen sacrificios y en medio de la luz
de corazones puros. Rehacerlos, eliminar las repeticiones que de uno a otro
se pasan como cuerdas de alpinistas que
vuelven a enlazarse al mismo clavo, habría sido quitarles su frescura, sus gotas
de rocío o fuego. Finalmente, no olvidemos que la gran pedagogía vive de
insistencias, de pasos sobre la misma huella descubridora. Estamos seguros de que
Thot, en el tribunal de Osiris, reconocerá la integridad de nuestros corazones,
cuando sean pesados en su balanza"
(p. 8).

717
716

�Luego, pocas líneas para echar por
tierra años de discusiones sobre la poesía y la prosa y llegar a conclusiones que
nada tienen de práctico ni original:
"En suma, cuando labora el poeta
hay poesía y ella puede expresarse en
seis géneros diferentes: poesía lírica,
cuento, teatro, novela o epopeya, ensayo y crónica ( que incluye los diarios
íntimos y la historia tratada por poetas).
Al eliminarse la nomenclatura de poesía
y prosa, tenemos que escoger otra: escritura poética y escritura servicial, que
sería la de los gobiernos, la de los códigos y las leyes, la de los textos escolares, etc., etc." (p. 12).
Ahora, una serie de opiniones, variaciones reiterativas sobre un mismo tema que, por lo visto, obsesiona al señor ADU:
"Ahí están los casos de Joyce con su
Ulyses, el de Proust y muchos otros que
caminarán con los años, irremediablemente, al olvido" (p. 13). "El telón de
fondo de esta decadencia artística que
rompe los límites de los géneros y los
anula, es la obra de Dostoiewski, Proust
y Joyce, alrededor de los cuales se han
forjado mitos de injustificada adoración.
Dostoiewski, a todas luces, pierde los
hilos de sus personajes, la mayoría abrumadora de las veces, en su tinglado novelesco. Es posible que a la sombra de rawnes políticas y románticas, se haya pretendido darle tan cabal importancia. Otro
tanto -y con mayor razón aún- puede
decirse de Proust y J oyce ... " (pp. 4950). "He dicho en diversas tribunas que
la decadencia de la narración en el Siglo XX procede de Dostoiewski, Proust
y Joyce .. . " (p. 77).
La única aclaración que puede hacer,
es que los subrayados son míos, y esta
'Otra, digna de ser puesta toda ella en
subrayado:
"A los hombres de hoy 'La Iliada'
nos cansa y no nos dice nada. Es posible que se siga leyendo por aquello que
he llamado la superstición sobre la in-

718

superable calidad de los clásicos. Su misión ya debe estar cumplida... Nosotros nos quedamos con el poeta de 'Sin
novedad en el frente'. Es nuestra 'lliada'. Sin embargo, los guionistas y cineastas norteamericanos que filmaron
'Helena de Troya' hicieron una creación
original y maravillosa ... " ( p. 15) .
Y así van transcurriendo las páginas
y los capítulos brindándonos cada uno
de ellos sorpresas semejantes a las descritas, tales como la de negar, en los
medios culturales y editoriales hispanoamericanos actuales, la importancia que
se concede al cuento:
"Tejemanejes egoístas, unidos a la
mezquindad humana de algunos creadores del cuento latinoamericano de hoy,
han llevado al género al bloqueo editorial casi absoluto, pues el negocio de
esta índole ha quedado casi aislado"
(p. 51).
Con lo cual ignora -es tan fácil ignorar, después de todo--, a Carlos Fuentes, Macedonio Fernández, Julio Cortázar, Julieta Campos, Horacio Quiroga,
Juan Rulfo, Gabriel García Márquez ... ,
etc., cuyos cuentos han sido editados y
reeditados en múltiples ocasiones durante
los últimos años.
El resto del libro, es semejante a lo
anterior.
Aunque la respuesta sea obvia, ¿ qué
es lo que ADU entiende por auténtica literatura hispanoamericana? Dos respuestas podía encontrar: la teórica y la
práctica. Creo que dará mejores resultados la segunda. Tomaré algunos párrafos de uno de los dos 'cuentos' mcluidos al final de la Autopsia ...
"Cuando ella tenía sólo quince años
y pasaba sus vacaciones en la finca de
sus padres en Catemu, en una tarde de
verano en que el sol irrumpía violento
y las amapolas rojas del jardín parecían
heridas gloriosas, oyó en el corredor de
la casa, muy a lo lejos -pues Carlota
tenía un fino oído de garza- que su

tío Vicente le decía a su interlocutor:
'Carlota es tan bella, que desnuda parece una potranca belga que fuese de
oro ... ' La frase la encendió, y la excitó,
le dio una inmensa alegría... Eso de
compararla con una potranca la inquietó un poco, pero cada cual -se dijo-compara como puede y evocó su lectura del Cantar de los Cantares en que
el poeta del texto bíblico dice que su esposa se asemeja a 'las yeguas del carro
del Faraón ... ' ' ... Hay que ser muy
vigorosa -meditaba Carlota- para dar
la sensación de una rubia potranca belga ... ' De seguro es preciso ( cómo decirlo pulcramente), pensaba enardecida,
para sí, 'nalgas de super diosa' . . . para
despertar esas figuras tan ásperamente
poéticas ... " ( "La mano de Carlota
Pau", pp. 215-216).
Y cerraré con una frase, la última,
tomada de la entrevista citada al principio:
"Realmente, debo dar gracias a
Dios. . . por no haber tenido tiempo para fracasar" (p. 212).
Creo que es cierta. ADU ha ocupado
el tiempo en Autopsias que no merecen
ni el fracaso.
DR.

JosÉ GARCÍA GóMEZ
Escuela de Letras.
ITESM.

JUAN

La Lingüística Estructural desde el punto de vista europeo: La Escuela de Ginebra y el Círculo de Praga. (Algunas
notas a propósito de "La Lingüística
Strutturale" de G. Lepschy).
1.1. En La Europa de hoy persisten dos
tendencias en la lingüística:
A). La lingüística trascendente: con
base en postulados ajenos a la esencia
del lenguaje. Predominio de logicismo,
psicologismo, fisicismo y fisiologismo. No
se determina lo que es el lenguaje. Se
permanece en las fronteras de su esencia.

B). La lingüística inmanente: considera al lenguaje como fin en sí mismo.
Se le estudia con una metodología apropiada para el fenómeno mismo.
Esta última tendencia surge a partir
de F. de Saussure, y es la base de las
escuelas estructuralistas europeas.
1.2. Presupuestos básicos: En el Cours
de linguistique generale establece Saussure una tajante división metodológica:
"La lengua puede ser considerada o bien
como un estado de fenómenos simultáneos, o bien como una evolución de fenómenos sucesivos; en el primer caso,
la simultaneidad origina necesariamente
una organización sistemática de los fe.
nómenos; en el segundo, la sucesividad
no requiere de dicha organización". Tenemos pues dos lingüísticas:
A). Lingüística Sincrónica, semejante,
aunque con métodos renovados, a la gramática tradicional.
B). Lingüística Diacrónica: transformación de la tradicional Gramática Histórica.
Por otra parte distingue Saussure entre lengua y habla.
A). Lengua: Patrón de normas para
comunicarse que reside en la masa de
los hablantes. Entidad supraindividual
que se impone a todos los miembros de
una misma comunidad idiomática. Totalidad en sí y principio de clasificación.
B). Habla: Acto individual de voluntad y de inteligencia en donde se deben
distinguir:
1. Las combinaciones por las que el
sujeto hablante utiliza el código de la
lengua con miras a expresar su pensamiento personal.
2. Mecanismo psicofísico que le permita exteriorizar esas combinaciones.
Al separar lengua de habla, se separa
a la vez:
A ) . Lo que es Social de lo que es
Individual.
B). Lo que es esencial de lo que es
accesorio y más o menos accidental.

719

�1.2.1. Principios generales: El signo
lingi.i!stico.
El Signo Lingüístico es para Saussure,
una entidad psíquica de dos caras: Concepto e I magen acústica (Significado Y
Significante).
La Imagen Acústica no es entendida
como sonido material, cosa meramente
física, sino la huella psíquica, la representación que del concep to nos da testimonio de nuestros sentidos.
Los elementos constitutivos del Signo
están íntimamente unidos y se reclaman
recíprocamente.
1.2.2. Caracteres del Signo Lingi.i!stico:
En la concepción de Saussure el signo
lingüístico posee dos caracteres principales:
A). Lo Arbitrario del signo: El lazo
que une el significante al significado es
arbitrario.
B). El carácter Lineal del significante: el Significante por ser de naturaleza
auditiva, se desenvuelve en el Tiempo
únicamente y tiene los caracteres que
toma del tiempo:
1. Representa una extensión.
2. Esta extensión es mensurable en
una sola dimensión: es una línea.
1.2.3. Inmutabilidad y mutabilidad
del Signo Lingi.i!stico:
A). Inmutabilidad: Con relación a la
comunidad lingüística que utiliza el signo éste no es libre, es impuesto. A la
m.:Sa social no se le consulta si el significante elegido por la lengua podría ser
reemplazado por otro.
Factores que hacen al signo ínmutable:
l. El carácter arbitrario del signo.
2. La multitud de signos necesarios
para constituir cualquier lengua.
3. El carácter complejo del sistema.
4. La resistencia de la inercia colectiva a toda innovación lingüística.
B). Mutabilidad: El tiempo que asegura la continuidad del signo, ~Itera
más o menos rápidamente a los mismos,
de modo que, en cierto sentido, se pue•

720

de hablar a la vez de mutabilidad e inmutabilidad de los signos. ( A pesar de
que F. de Saussure se muestre paradójico, en realidad subraya una gr~ verdad: la lengua se transforma sm que
los sujetos hablantes puedan transformarla. Se puede decir que la lengua es
intangible, pero no inalterable).
1.2.4. Proyecci6n del pensamiento
saussureano: A la muerte de Saussure,
le sucederá en la cátedra de lingüística
Charles Bally quien, junto con A. Sechehaye, H . Frei y S. Karcevskij, fundan
la Escuela de Ginebra. Posteriormente,
en Praga, y siguiendo en cierta medida
los postulados de De Saussure, V. Mathesius, J. Mukarovsky, B. Trnka, J.
Vachek y M. Weingart, fundan el Círculo Lingüístico de Praga cuya principal
ocupación será la fonología. Influjo más
directo se verá en la Escuela de Copenhague cuyos fundadores son: Brondal Y
Hjelmslev, quienes trazan una línea lógica en la metodología lingüística. Hay
que mencionar también el influjo Saussureano en R. J akobson y A. Martinet,
quienes representan la tendencia Funcional en la Lingüística.
2.1. La Escuela de Praga: Tal como
se ha afirmado antes, el Círculo Lingüístico de Praga toma algunas bases de
Ferdinand de Saussure. Sin embargo lo
inlportante radica en su visión estructuralista que se deriva de su proyección
fonológica.
El Círculo Lingüístico de Praga fue
fundado en octubre de 1926 por iniciativa de V. Mathesius. Participaron activamente Havranek, Mukarovsky, Trnka,
Vachek, Weingart, el holandés De Groot,
el alemán Bühler, el yugoslavo Belic, el
inglés Jones y los franceses Brun, Tesniere, Vendryes, Benveniste y Martine_t.
Sin embargo fue de mayor trascendencia
la participación de los lingüístas rusos:
S. Karcevskij, R. Jakobson y N.S. Troubetzkoij, quienes, al presentar una tesis
de gran resonancia en el Congreso In-

ternacional de la Haya en 1928, hicieron
que los de Praga pusieran su atención
y empeño en la Fonología.
En 1929, en el Congreso de Filología
Eslava, el Círculo de Praga presentó el
prinler volumen de los "Travaux", el
cual contenía nueve tesis fundamentales
-C-Obra colectiva del Círculo- dedicadas, las tres primeras a una exposición
programática de los intereses del Círculo
Y, las otras seis, a la señalación de búsquedas orientadas hacia la Eslavística.
En l 930, tiene lugar en Praga una
reunión internacional de fonólogos y se
funda una Asociación Internacional para el estudio fonológico. Esta Asociación
es autorizada en el Segundo Congreso
Internacional de Lingüística, celebrado
en Ginebra en 1931. Es importante mencionar que, en el discurso de apertura,
J. Van Ginneken reconoce que la fonología no obstante su origen autónomo
" n,est autre ch ose que Je couronament'
de L'oeuvrc entiere"; ella sintetiza el
resultado de toda la ciencia fonética.
De esta manera la Fonología era rápidamente afirmada y entraba, oficialmente, a formar parte de los estudios lingüísticos.
2.2. Las tesis del Círculo de Praga:
Es interesante notar que las tesis del
Círculo, sobre todo las tres primeras antes citadas, derivan de ciertas posiciones
metodológicas.
2.2.1. La primera tesis propone el examen: a). "AJ problema de método que
se deriva de la concepción de la lengua
como sistema" así como el "sistema funcional" porque la lengua, producto de
la actividad humana tiene un carácter
de finalidad, es un sistema de medios de
expresión apropiados a un fin; el fin
consiste en la realización de la intención del sujeto de expresar y comunicar.
b) . El análisis sincrónico del hecho actual --el cual ofrece material completo
y del que se puede tener un sentimiento
direc~ es el medio mejor de conocer

"la esencia y carácter" de una lengua.
Esto sólo es posible no poniendo barreras infranqueables, como lo ha hecho
la Escuela de Ginebra, entre el método
diacrónico y el método sincrónico. c). El
método comparativo debe ser utilizado
no sólo para fines diacrónicos sino también para sincrónicos usándolo para descubrir las leyes de la estructura de los
sistemas lingüísticos. d). Estas leyes contribuirán a la substitución de la teoría
del cambio aislado y producido casualmente con la teoría de un encadenamiento de hechos evolutivos según ciertas leyes ( monogénesis) ; con respecto
a la hipótesis de la evolución convergente
se acuerda la preferencia hacia ésta en
lugar de la de expansión mecáni~ y
fortuita.
2.2.2. La segunda tesis afirma: a).
Respecto al aspecto fónico de un sistema
lingüístico es necesario distinguir el sonido como un hecho físico, objetivo, la
representaci6n (acústica) y el elemento
de sistema funcional. El principio estructural del sistema fonológico atribuye aJ
hecho físico, objetivo, una conexión indirecta con la ciencia de la Lingüística
así mismo, a las imágenes ( acústico-roo~
toras) una importancia relativa a su
función diferenciadora de significado.
Cuentan más s11s relaciones recíprocas en
el seno del sistema que su contenido sensorial.
El campo de acción de la Fonología
será así:
I. Caracterizar el sistema fonológicogracias al repertorio de los fonemas y
a la especificación de sus relaciones.
II. Determinar la combinación de fonemas realizados en relación a sus posibilidades.
III. Determinar el grado de uso y la
densidad de realización de los fonemas
y de sus combinaciones en su "Carga
Funcional".
IV. Describir el uso morfológico de

721
H46

�1

'!

las diferencias fonológicas (Morfofonología).
b) . Respecto al estudio de la palabra y de los grupos de palabras se
tiene:
l. La teoría de la denominación lingüística, por la cual la palabrn: es el
resultado de la actividad denominadora
( que descompone la realidad en elementos lingüísticamente captables).
2. La teoría del proceso sintagmático
( esencialmente del acto de la predicación).
3. La teoría del sistema de la forma
de palabra o grupo de palabras, o Morfología, que no se alínea a las dos precedentes, pero interesa a ambas.
2.2.3. La terura tesis examina las
diversas funciones lingüísticas en cuanto
que modifican la estructura fónica, gramatical y léxica de una lengua.
En ppmer lugar interesa distinguir el
elemento intelectual del afectivo, el punto de vista social del individual, la función de la comunicación de lo propiamente poético.
En la función de la comunicación se
distingue una dirección de gravitación
sobre el lenguaje práctico ( de situaciones) que toma en cuenta mucho de elemento extra-lingüístico, y una dirección
de gravitación sobre el lenguaje teóri~
(de formulación) que tiende a consh·
tuirse tanto como es posible, utilizando
"f
. . . ,,
"palabras-términos" y rases-Ju1c1Os .
Naturalmente no se cometerá el error
de confundir la lengua intelectual con
la lengua y la lengua afectiva con el
habla.
Mientras en la función de comunicación el lenguaje está directamente mon·
tado sobre el significado, en la función
poética está sobre el signo, '!1-ismo; 1~
descripción de la lengua poebca d_ebei;a
tener en cuenta el hecho de que, smcronicamente, el lenguaje poético tiene la
forma de habla y es un acto creador
individual que toma su valor del fondo

de la tradición poética actual (Lengua
poética) y también de la len~ua d~ comunicación contemporánea; smcrómca y
diacrónicamente el lenguaje poético tiene con estos dos sistemas una serie de
relaciones extremadamente complejas Y
varias. La obra poética es estudiada como una estructura funcional, cuyos elementos no son comprensibles fuera de
su relación con el conjunto.
2.2.4. Conclusiones: Con esta sumaria
exposición se podría tener una falsa i~ea
de la actividad y, sobre todo, de la m·
fluencia del Círculo de Praga. Pero, a
pesar de que Troubetskoij y i_nucho~ de
los miembros del Círculo tuvieron intereses más amplios, tanto culturales co·
mo literarios -tal como se desprende
del número de investigaciones en este
orden en los "Travaux"-, el argumento
que tiene mayor desarrollo e impulso
en su estudio es la Fonología.
Lic. EnuARDO GuERRA CASTELLANOS
Centro de Estudios Humanísticos
U.N.L.

The problem of inductive logic, proceedings of the Intemational Colloquium in
the philosophy of Science, editado por
Imre Lakatos, Amsterdam, North-Holland, 1968, VIII. 418 pp.
EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, la lógica inductiva ocupa un lugar cada vez más
portante en los trabajos de un gran numero de autores.
Estos trabajos conciernen a un dominio vasto de cuestiones ligadas a la problemática de los fundamentos o de la
"justificación" de la inducción y a las
diferentes dificultades que se encuentran
en el desarrollo de la lógica inductiva
propiamente dicha.
Se puede decir que, en gran parte, es
la obra de Rudolf Camap -Logical
foundations of probability (cuya ?rirnera edición apareció en 1950 segwda de

m:·

w1a segunda en 1962, ligeramente modificada)_y la controversia CamapPopper en torno a la noción de confirmación, ligada a la de la probabilidad, las
que se han constituido en factores decisivos para el desarrollo de este movimiento cada vez con mayor amplitud.
Las concepciones de estos dos autores
están presentes a todo lo largo de casi
todas las comunicaciones y discusiones
respectivas, tales como las que se han
llevado a cabo en una de las tres secciones del Coloquio de filosofía de la ciencia, verificado en Londres del 7 al 17 de
julio de 1965 y que han sido publicadas
en la obra que analizamos.1
Los autores de los artículos reunidos
en The problem of inductive logic son:
H. FREUDENTHAL ( Realistic models in
probability), W. C. SALMON (The justification of inductive rules of inference),
H. E. KY11URG JR. (The rule of detachement inductive logic), R. C. JEFFREY
(Probable knowledge), J. IlmTIKKA (lnduction by enumeration and induction
by elimination), M. B. HESSE (Consiliense o/ inductions) e I. LAKATOS
(Changes in the problem of inductive
logic). Muchos otros intervienen en las
discusiones, entre ellos K. Popper y también l. Hacking, Y. Bar-Hillel y W. C.
Kneale.
Para no tener que analizar el contenido de todos los articulos, y dado también el lugar especial que ocupa Carnap
en este dominio, fijamos especialmente
la atención de nuestros lectores en su articulo lnductive logic and inductive induction, señalando los aspectos más importantes de su contenido.
Carnap afirma ahí que pretende discutir "algunas cuestiones sobre la naturaleza de la lógica inductiva, el papel
de la racionalidad en los fundamentos de
la lógica inductiva y, finalmente la cues-

tión epistemológica de la fuente de nuestras concepciones sobre la validez en lógica inductiva: una fuente que propongo se llame 'intuición inductiva'." (p.
258). Estas cuestiones tienen relación
con dos problemas importantes de la lógica inductiva: el problema de la justificación y el problema epistemológico.
En lo que concierne a la justificación,
Carnap reafirma su convicción de que
la determinación de los valores de la
probabilidad ( entendida en el sentido de
la "probabilidad lógica") constituye el
problema esencial del razonamiento inductivo, puesto que la lógica inductiva
es la teoría del concepto inductivo de
probabilidad. Al reanudar de la suerte
con el punto de partida de sus Logical
foundations of probability, recuerda también que su probabilidad inductiva, acerca del grado de creencia de Ramsey, pero
afirma que es necesario distinguir bien
entre las dos teorías del grado de creencia: una de ellas que es empírica y que
pertenece al dominio de la psicología y
la otra que tiene por objeto el grado
razonable de creencia. Los grados razonables de creencia deben ser buscados en
relación con la teoría normativa de las
decisiones: la cual " ... determina los
grados de creencia razonables como siendo los que llevan a decisiones razonables"
(p. 260).
Camap discute en seguida las exigencias de racionalidad a las cuales debe
obedecer una función de creencia ( es decir un sistema de grados de creencia para
un determinado dominio de proposiciones).
En lo que concierne a ll). cuestión
epistemológica de la validez del razonamiento inductivo, también debe ser entendida al fin de cuentas en relación a
la de la racionalidad de las decisiones.
Se han invocado varios factores para jus-

' Los trabajos de las dos otras secciones han sido publicados en la misma editorial:
Problems in the philosophy of mathematics, editado por l. Lakatos, 1965 y Problems
in the philosophy of mathematics, editado por l. Lakatos, y A. E. Musgrave, 1968.

723
722

�tificar esta racionalidad en el curso de
la historia: la lógica deductiva o razonamiento deductivo, el razonamiento inductivo, la experiencia pasada y los principios sintéticos generales tales como el
principio de la uniformidad del mundo.
Carnap afirma que, en este artículo,
se interesa sobre todo al segundo factor
y nos dice que: " ... no solamente es legítimo sino indispensable hacer un llamado al razonamiento inductivo para defender este mismo razonamiento" (p.
265). ¿No hay ahí un círculo vicioso?
Carnap mismo responde que él cree que:
" . .. todos los procedimientos de autoclarificación, son de cierta manera circulares, si es que deveras aclaran cuanto
tenemos en la mente" (p. 265). Concretamente, según él, no podríamos aprender nada acerca del razonamiento inductivo sin la habilidad de la intuición inductiva ( el término de "intuición" no
debe sin embargo ser interpretado aquí
como una fuente infalible de conocimiento). Si esto puede parecer una base
muy frágil para la construcción de una
lógica inductiva, Camap nos recuerda
sin embargo que lo mismo acontece en
la lógica deductiva: alguien que fuera
"ciego" en lo que concierne al proceso
inductivo jamás podría comprender la
validez del "modus ponens". Ello equi-

1

vale a decir que también se tiene muy en
cuenta la "intuición deductiva".
Camap toma la precaución de declarar que este artículo no tiene la pretensión de trascender el plano de las "sugerencias preliminares".
A nuestro parecer, la vía que Carnap
trata de abrir en este artículo puede revelarse muy fecunda para su pensamiento. Recordemos que en los Logical foundations of probability él justificaba la
inducción a partir de la noción de "grado de confirmación" y por el principio
de la uniformidad del mundo, posición
que había sido ya varias veces criticada.•
Creemos que se podría tratar de aproximar este artículo de Camap a las afirmaciones que Nelson Goodman hace sobre la validez de las reglas deductivas e
inductivas en su obra Fact, fiction and
f orecast: • "los principios de la inferencia deductiva son justificados por su conformidad con la práctica deductiva corriente" (p. 63) y "las predicaciones
quedan justificadas si son conformes a
los eánoncs válidos de la inducción y los
cánones mismos son válidos si codifican
con exactitud la práctica inductiva corriente" (p. 64).

PUBLICACIONES RECIBIDAS
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española. Vol. VI No. 1, Junio 1968.
ARGENTINA:

MARÍA JUANA DE MENEZES LOPES

•

•

• Véase, por ejemplo, J. W. LENZ, Carnap on defining "degree of confirmation",
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V

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Plaza de Abasolo 14, Col. Guerrero. México 3, D. F. El tiro
fue de 1,000 ejemplares.

0856

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas, Sección Comentarios y Reseñas Bibliográficas, 1969, No 10, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Publicaciones periódicas</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>HUM A NI T A ·S
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

10

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 69

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HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

10

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

1969

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUE O LEóN

CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERN ÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lic.

EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS

GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA

GóMEz

Jefe de la Sección Editorial:
DR. FRANCISCO Bucro

10

1969

PALOMINo

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de.la. Universidad
de Nuevo Le6n, Ciudad Universitaria. - Monterrey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Marzo de 1969. -

1,000 eje¡nplares

Dr.

Dr.

INVESTIGADORES Ll)CALES

BASAVE FBRNÁNDEZ DEL VALLE: Estructura y Sentido
del Lenguaje . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . .
FRANCISCO Bucro PALOMINO: Situación Filosófica del Estructuralismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . .. .

AcusriN

~

(B)

13

23

COLABORADORES FORÁNEOS

J. VON R.INTELEN: H istoricidad y Sentido Transtemporal .

Dr.
Prof.

MICHELE FEDERICO ScIAcCA:

35
Gorgias y Aristipo como Precedentes Históricos del "Estetismo" Moderno . . . . . . . . . . . . .
43
Dr. ALAIN Guv: Filosofía e lnteric&gt;ridad según Jacques Chevalier . . 57
Dr. J. A. DoERIG: Suiza Crisol de Razas y Puente de Culturas . . .
79
Dr. J. E. BoI.-ZAN: Un Capítulo Olvidado en la Historia de la Química: Aristóteles . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85
Prof. ENzo FARINELLA: Michele Federico Sciacca . . . . . . . . . . 107

Dr.

ADOLFO

FRITz

MuÑoz ALoNso: Las Peculi,qridades de la Filosofía Actual

123

La Idea del Tiempo y de la Historia e1i la
Filosofia de Sciacca . . . . . . . . • . . . . . . . . . . .
137
Prof. SERGIO SARTI: Significado y Presencia . . . . . . . . . . . . . 167
Dr.

Derechos Reservados @
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.
La Tesponsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corre¡;ponde exclusivamente a sus respectivos autores.

ALBERTO CATURELLI:

El Problema de la Libertad en la Ética . . 191
Lic. CAiu.os GoNZÁLEz SALAs: Metafísica y Fe11ome11ología de la Muerte etz la Filosofía de Agustín Basaue Fernández del Valle . . . . 233
Dr.

lsMAEL Dmco PÉREz:

7

�Prof.

Lic. MANUEL MENDOZA S.~CHEZ: Crítica de Algunas Corrientes Filosóficas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
243
Dr. PATRTCK ROMANELL: Locke, 1m M édico Ecléctico . . . . . . . 259
Dr. PEDRO FÉLI:x HER.N,\NDEZ 0RNELAS: "La Teoría Aristotélica sobre
los dos Entendimientos" . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 273

Dr.

Composición Étnica de la Población
de Nuevo León a la Consumación de la bzdependencia . . . . . .
ISIDRO V1ZCAYA CANALES:

La Actuación de las Diputaciones de Coahuila, Nuevo L eón y Tamaulipas en el Congreso Constituyente de
Querétaro de 1916-1917 . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

E.

VÍCTOR NLEMEYER:

Dn. MANUEL NEIRA
SECCIÓN

447

BARRAGÁN:

Compositores Nuevoleoneses .

451
479

Jf'

SEGUNDA

(B) CoLABoRAooREs FoRÁN1;:os

LETRAS
Dr. GuTIERRE TmóN: Las dos chinas poblanas . . . .

497

La Colonización Estanciera en Nueva Es. . . . . . . . . . . .
. . . . . . . 509

JESÚS RoDRÍCUEz FRAUSTO:
(A) INVESTIGADORES LOCALES

Lic.

Algu11as variantes textuales c11 el
roma11ce "a filia do reí de Frnncia" del romancero popular gallego
Lic. Luis ASTEY: El "Danielis ludus" de la Catedral de Bea1wais . .
Dr.
JuAN JosÉ GARcÍA GóMEz: Algunas notas sobre el masoquismo y
la estructuración de la "egloga l" de Garcilaso de la Vega . . . .
Dra. MA. GUADALUPE MARTÍNEZ B.: En torno a la "devoción de la
misa" de Calderón de la Barca . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GJANCARLO VON NACHER: Ceceo Angiolieri, poeta del "ducce11to"

paña . . . .

291
307

Factores que influyeron e11 la colonización de la frontera del norte a mediados del siglo XVI y principios del XVII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 547

32l·

C. TYLER: Las R eclamaciones de Patricio Miimo . . . . . . . 561
Dr. DIBTRJCH fuucK B.: Estudios previos para w1 trabajo sobre los re-

A:NoRÉs MoNTEMAYOR 1-lJ.:RNÁNDEZ:

EuuAROo GUERRA CASTELLANOS:

RoNNIB

\

quisitos al título de procurador y sobre los orígenes sociales de los
procuradores en el Imperio Romano . . . . . . . . . . . . . . . 585

343
371

Profa. ORALIA RomÚGIJEz A.: Una interpretación personal del poema

"blanco" de OGlavio Paz . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

(B)

ÜOLAJ30RAD0RES

381

SECCIÓN

CIENCIAS SOCIALES

FORÁNEOS

Dr. Ruco RooRÍGUEZ ALCALÁ: Un experimento fallido: el pájaro mosca 387
Dr. MYRON I. Lict-1TBLAU: Manuel Gáluez ,, la Soledad Interior . . . . 401

(A) INVESTIGADORES LOCALES

Lic.
Líe.
SECCIÓN

TERCERA

JORGE PEDRAZA:

De Lo Nacional a lo Intemacional

La Educación en el M éxico Independiente .

(n)

(A) INVES'I'IGADOR.ES LOCALES

Prof.

Esbozo Histórico del Semi11ario de .Mo11terrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
411

Prof.

HuMBERTO BuENTELLO CnAPA:

8

ALBERTO GARCÍA GóMEZ:

Dr. GtoRGlo BE.RNI: Ferdinando Galiani: Economista desconocido

HISTORIA

ISRAEL CAvAzos GARZA:

Toponimias Americanas . . . .

CUARTA

429

597
611
619

COLABORADORES FORÁNEOS

Prof. ANTONIO PoMPA Y PoMPA: Estructura de la Sociedad Coaltuilenu
en la Segunda Mitad del Siglo XIX y Primera del Siglo XX .

629

Prof. GroRGTO DEL V Eccaio: Moral, Derecho y Téc11ica . . .
Dr. JosÉ SALVADOR GuANDIQUE: Dilthey, Sociólogo . . . . . . .

641
645
9

�SECCIÓN

QUINTA

NOTICIAS Y RESEÑAS BIBLIOGRAFICAS
Filosofar de Leo Gabriel sobre "Hombre y .Mundo eu la Encrucijada.'' DR. AausTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, 673.-.Marcel Proust uisto por Jaime
Tones Bodet, DR. AGUSTÍN BA AVE FERNÁNDEZ DEL VALLE-, 679.-Congreso lntemacional de Filosofía en Viena, DR. AousTÍN BASAVE- FERNÁNDEZ DEL V ALI.E, 683.-Bartolomé de las Casas, Apologética historia sumaria, por ANDR:És MoNTEMAYOR .lIERNÁNDEZ, 684.-Alfredo López Austin:
juego Ritual Azteca, por ANDRÉS MoNTEMAYOR lIERNÁNDEZ, 685.-Francisco López Cámara: La Estructura Económica y Social de México en la
época de la R eforma, por ANDRÉS MoNTEMAYOR HmrnÁNDEZ, 686.-Los
Bárbaros,, por Hol',tBERTO BUENTELLO CHAPA, 688.-Meynaud Jean: Les
Grou.pes de Pression, por JtJAN SANDOVAL TRVJILLO, 690.-Baruk Hc.mri:
La Psychiatrie Sociale, por JUAN SANDOVAL T1w1n..w, 692.-Lecaillon
Jacques: La Politique des Reuenus, esp.oir ou illusion, por JUAN SANOOVAL
TRUJILLO, 694-.-Antonio Sánchez Barbudo: Los Poemas de Antonio Machado, Los temas. El sentimiento y Ja expresión, por- JuAN ANTONIO AVALA, 697.-Gaetano Righi: Historia de la Filología Clásica, por JUAN ANTONlO AYALA, 700.-Camilo José Cela: Diccionario Secreto, por J UAN
ANTONIO AYALA, 705.- Publio Virgilio Marón: Bucólicas, Introducción,
versión rítmica y notas de Rubén Bonifaz Nuño, por JuAN ANxomo AvALA, 710.-Francisco Larroyo: El Positiuismo Lógico. Pro y Contra, por
BENJAMÍN MORQUEGHO GUERRERO, 713.-Manuel Mugica Lamez: Crónicas Reales, por JuAN JosÉ GARCÍA Gó1,rnz, 714.- Antonio de Undurraga : Autopsia de la Nouela. Teoría y Práctica de los Narradores, por J uAN
JosÉ GARCÍA Gór.mz, 717.- La Lingüística Estructural desde el punto
de vista europeo: la Escuela de Ginebra y el Círculo de Praga. (Algunas

notas a propósito de "La Lingüística Strutturale" de G. Lepschy), por
719.- The problem of inductiue logic,
por MARÍA J UANA DE MENEZEs LoPEs, 722.
EDUARDO GUERRA CASTELLANOS,

Sección Primera

FILOSOFIA

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL LENGUAJE

DR.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo León

l.~entido y Función del Lenguaje -Una Exclusiva de la Persona. 2.Vida y Lenguaje. 3.-Exce)encia y miseria del lenguaje. 4.-El lenguaje como instrumento de perfección y de .salvación.

Su.MARIO:

VIVIMos EN UN ESPACIO DE PALABRAS. Sólo hay verdad a la altura de la

palabra. La palabra es mensajera de la verdad. Pero el lenguaje no agota
la comunicación concreta. Se da, entre los espíritus encamados, una experiencia originaria de contacto que es previa a cualquier dase de comunicación indirecta. Trátase de un contacto y de una apertura pre-reflexivos. Dentro de una misma lengua, cada hombre que la habla ha de constituirse un
universo articulado en función de valores. El lenguaje esencializa la vida espiritual. No se trata, tan sólo, de un medio para comunicar sucesos, sino de
una vida espiritualizada que se realiza en el hablar. "El lenguaje -ha dicho
Romano Guardini- no es un sistema de signos de entendimiento por medio
del cual entran en comunicación dos hombres, sino que es el ámbito de sentido en que todo hombre vive" .1

l.

SENTIDO Y FUNCIÓN DEL LENGUAJE

-UNA EXCLUSIVA DE LA PERSONA-

El lenguaje es un instrumento indispensable para que el acto del filosofar
pueda verificarse. En soledad, meditando el filósofo, no hace sino hablar
íntimamente. No hay vida anímica sin lenguaje y no hay vida humana sin
vida anímica. Hablar es expresar el estado del alma, es comunicarse con un
1

Mundo y Persona, p. 203. Ediciones Guada.rrama.

13

�"tú'' que rnmpr nde 1 comuni ado. La operación de hablar, incluye tr
elemento : I) un ·o parlante; 2) una comunicación, indicación, o notificación; y 3) un tú que r roge el men ·aje. En los monólogo·, un tú ideal o
uno mismo ba e las ve e· d I tú. Cabe también 7':()r~r situa iones puramente afectivas como en el caso ele las xclamacionl' ·.
El que me e: ·u ha di~pone de un pensamiento y de una atención qu
pu de voluntariamrnte fijar en mi comm1icado. Sin estr pr ·upueslo no habría diálogo. Est mr lleva a conduir qu la conversación pr supon , en última instancia, a un ser que se posea w1 "su.i-ser", · decir, la persona. Porque es justamente la p rsona quic-n eJ·trac la unidad de sentido en w1a comunicación. E ta , por lo menos hoy, la más reciente } rigurosa filosofía del
lenguaje.
En cl I nguaje hay signifirnr.ión y sonido. Y no podrían darse conv rsaciones ·nlr personas si la unión de sonido y i ,nificado no fuese unívoc·a.
El medio e piritual y cultural en que hcrn 11a&lt;'i&lt;lo no· brinda una lenrua.
Y con el lcn"uaje se nos da una peculiar manera de contrmplar y valorar
las e-osa . Esta condi ionalida&lt;l hi ·tórica es inso. layablc.
Karl Bühler afirma en su Teoría del lenguaje la tripl función de hablar:
Xl)r -ión, ap )ación ) H'prcsentació11 o sirrnifü·ación. La cxprc ñón devela
en algún modo mi intimidad. La apelaci(m
&lt;lirig a un oye.nt para suscitar n él d&lt;'t rmu1ado efecto. La i~nifiración dice algo obre las rosas. Eu
todo hablar van incluidas las lr f undon s de pr ar, apelar y r presentar,
aunque pr pondcr alguna de llas. Julián fañas cjrmplifica: "en una int rj cción o una poesía lírica predomina la c,qn i6n; en una \"CY.i: de mando
la función apelativa; n un l'llunciad leóriro. la r presentativa ... ":
La palabra como sonido, como f nómeno físico, remite a otra cosa. El
oyenl dirige su at nción a otra realidad el tenninada y mmca se queda con
I puro sonido. El lenguaje, en ·te sentido, e un conjunto de signos. Cuando
no e comprende un lenguaje xtran j ·ro nos qu damos on I puro soni o
&lt;l las paJabras y asociamos este fenómeno físico a qui ·n stá hablando, pero
•1 lenguaje no se cumple en 11osotros porque no captamos su intención significativa.
G&lt;·stos y sonidos pr t nden decir lo que las cosas son. Pcrn, en rigor, nunca
llegan a :--1-&gt;rcsar n plenitud e-1 ser de las cosas. Todo lenguaj es impotente
para reflejar con exactitud las vivc-ncias psíquicas, Lo único a que se puede
aspu-ar
a una mayor o menor aproxima ºón. Hay que tener p1 nte que
lod sistema tiJ1güí t.ico es una realidad comunal abstra ta mostr nea. Y
mi decir pu~rna por r individua) concreto, propio. En
d juslc. triba
Jo que n 1 len
je xist d frustrado.
~

J ULIÁN J.úws,

lntroducci6n

ll

lo Filosofía, p. L02.

Pfander ha ob rvado que la proposición ,q&gt;rcsa el juicio, p ro el juicio
no ex-presa la proposi ión. El juicio anima con pcnsamienlo la propo ición
qu~ ~~r sí mis~ &lt;:5tá vacía de pl"nsamiento. En te sentido cabe decir que
el JUlCJO e lo mt nor y la propo ición es lo ext rior. na misma proposi ión,
en casos diverso , pu de x-presar juicio muy distintos y un mismo juicio
pu de ser xpresado, en di"crsos idi mas, c-on prop icio11cs diferentes. La
corrección de las proposiciom·s st.á regida por la grarnáti a; la rrc . 100
de los jui ios está regida por la lógica. En rigor no abe d •cir, sino en sentido traslaticio, que una proposición s f Isa.
De manera imilar las palabras cobran contenido y significación m rced
a los con pl s. P{ander e en I palabras un poco de apoyo para llegar
desde llas a lo concepto d rminad s. Y lo obj to son I
orrelatos inl ncionales de los conceptos. 3
Aristótelc 11am' " }-'lllbola''
igno ) a las palabras, , "pr •n-nata ·, ( imág n ) a los onr pto . En su tratado d 'interpr talion " afirma que "las
H&gt;&lt;:es son prim rament signo d las pasiones del alma y ' ta · n imá, enes
de las cosas". Post riorm ntc dijo anto Tomás t¡u "la voz · signo del entendí.mí nto, }' el entendimiento t' i;""no ú la róSa '. Pront
· dvirtió, Út
embargo que esta as vcración &lt;lcl Doctor ngéli o requ.i r una aclaración.
Duns ~scoto obse:vó que 'la ,. z rs si mo mas 110 ·i ado • el •oncepto ment I es Sl 1ado y signo; la o es algo siguaclo, 1 ro no i1,,,11 '.
Lo orígene h.ist6riros del lenguaj · son muy curo . o discurramos, pu ·,
por ·t caminos. Tampoco ,·ab bt n r may r da.rielad en I probl •ma d
d lem1inar la r ·la ión entr I fon ma y el ignificaclo, p rqu esta relación
sencialm nt arbitraria. xi ten t'
·i, d&lt;·tenninant
fí ico psi
!!ir
y sociales en la evolución del len°uaj&lt;•. P n lo lf\te n todo aso iotresa
dejar bien e tablecido
que I lcnguaj surge del impulso de comunica ¡_
lídad del h mbrc, de u sencial abertura ha ·ia I co · · y hacia los tros
hombres, de su dimensión
ial.

or

El lenguaje om ·01Jjw1to organizad ele signos supo -11.Jvo , o que mamo n lugar d Jas cosa ,
w1a xdusiva de la pe1 ona.

2.

IDA Y l.E GUAJE

Para transmitir Jo que aprehcndemo en el act

sulta impre ·cincliblc. En este sentido munció

ideatorio, el lenguaje reuillcnno dr Humboldt su

• Pl'ANT&gt;ER, Lógica, pítulo primero &lt;le la parte primera y d ·apítulo primero d Ja
parte segunda. Editado por Espasa. alpe Argeotina, S. A.

14

15

�célebre definición: el lenguaje es "la tarea siempre repetida del espíritu de
utilizar sonidos articulados para expresar pensamientos".
Los- animales, en su expresión fonética no carecen de la función emotiva,
como lo ha observado Kohler, sino de la función indicativa y de la función
representativa. El pensamiento hwnano busca, intencionalmente, expresarse
en palabras. Y por las palabras, podría decirse, se constituye realmente en
pensamiento. Pero el lenguaje no expresa tan sólo el pensamiento; es fonció.n de la vida íntegra: razón, sentimiento, emoción, acción. o basta, sin
embargo, decir que el lenguaje es instrumento y producto de la vida. Es preciso añadir su carácter de actividad lúcida e independiente, su aspecto de
ejercicio y obra del espíritu. Para comprender la vida del lenguaje hay que
partir, como Jo señala KaJl Vossler, 'de lo concreto a lo abst,racto, del lenguaje como creación genial al lenguaje como sistema, del lenguaje como
valor autónomo y como fin propio al lenguaje cono instrumento, de su ser
uno con la vida a su funcionar para la vida de su devenir y de su historia a
su ser y naturaleza, de su actividad consciente a su automatismo y mecanismo, del comprender endopática interpretativamente su proceso a determinar explicativamente su persistencia y sus leyes, de su labor de crear, de
buscar y de hallar el juego de sus categorías psicológico-gramaticales".-1
Es preciso recordar, una vez más, que la lengua viviente es lengua de hom-

bres vivientes. Hombres que, por su dimensión histórica, renuevan incesantemente su lengua. Hombres que sobrepasan su personal incertidumbre, aJ
dar vocablos a las cosas; al constituir y asumir su situación en el mundo de
las palabras. Alguna vez dijo Nietzsche que los hombres de genio ordinariamente son "nombradores". 5 Alguien ve de pronto alguna cosa que siempre
había estado bajo los ojos de todo el mundo, sin llevar todavía nombre. Y
entonces la nombra; y con el nombre confirma un derecho a la existencia.
Vivimos en un espacio de palabras, porúendo orden en los vocablos para
poner orden en las relaciones humanas .. La palabra es mensajera de la verdad.
Corresponde a cada hombre buscar y encontrar su vocablo propio y asumir
su lenguaje. Sólo hay verdad a la altura de la palabra. Las frases no son
sino un testimonio -auténtico o inauténtico- de nuestro ser. No son las
palabras quienes mienten; es e1 hombre quien se traiciona y traiciona a la
realidad.
Desde el punto de vista de la antropología filosófica, "el Lenguaje es para
el hombre -como lo nota Georges Gusdod- w1 medio privilegiado de
abrirse un camino a través de los obstáculos materiales y morales para llegar

a ser, es decir, a los valores decisivos dignos de orientar su destino.,_s- Mientras baya vida habrá siempre la posibilidad de pronunciar la última palabra
que afirme nuestra persona y que manifieste el orden, Vivimos, mientras
tanto, persiguiendo el ser, ensayando un cosmos que acabe con el desorden
de las impresiones y de las cosas. Y es justamente en esta tarea en donde se
pone de manifiesto Ja esencia del lenguaje.
Sin c1 lenguaje, el hombre no podría revelar plenamente al mundo. Pero
esta revelación no es para el mundo, sino para el hombre y para Dios, en
último término. No hay lenguaje, sino entre hombres. El ser racional del
hombre existe en la reciprocidad con el otro. Hablamos para hacernos entender para desembocar en las cosas, para agregarnos conscientemente a la
realidad. Por otra parte andamos en busca de los otros y hablamos con función comunicativa. Quisiéramos -cosa imposible- decir todo a todos. En
el encuentro con los demás reordenamos nuestra vida personal, descubrién•
donos en una comunión de amor.
Nos expresamos y nos comunicamos. El fondo para esta expresión y comunicación no está dado con el lenguaje. Hablando y escuchando tomamos conciencia de nosotros mismos. La etimología misma de la palabra eón-ciencia
nos hace evocar el desdoblamiento de un ser con, la salida de Ja soledad, la
comunicación creadora. Nuestro yo se revela en el mundo de la palabra,
al relacionarse con el otro. En esta reciprocidad se edifica la vida personal
y se explicita el valor. Sin este descubrimiento del semejante, sin esta comunicación, la vida lmmana sería imposible. Ahora bien, la comunicación supone la ex-presión del hombre es decir, la acción de salir fuera de sí para
instalarse en el mundo y para adherirse a lo real. La palabra es el medio
más perfecto de expresión aunque no el único. EJ lenguaje de. todos está
siempre ahl, para que cada uno de nosotros encuentre la paJabra de su situación y recupere su estilo personal. Con esa palabra, el hombre, en el mo•
vimiento de su destino, impone su sello al ambiente. Palabra de circunstancia
dicba en su contorno geográfico y en un momento histórico que la torn~
decisiva.
El lenguaje es un puente temporal de comunicación del hombre al hombre; es un entre-dos que nos permite la comunicación, pero que no es la
comunkación misma. "No hay frontera fija del lenguaje -observa penetrantemente Gusdorf-, sino fronteras del hombre y toca a cada vida personal llevarlas más o menos lejos en lo que le concierne. El lenguaje es uno
de los agentes de la encarnación; en él se corporiza la exigencia del hombre
en la lucha por su propia manifestación. La obra humana por excelencia es

• KA1u. VossLBR, Filosofía del Lenguaje, Editorial Losada, p. 129.
• NIETZSCHE,

16

El gay sabeT, 261.

• G.BORGl!s GosDORF,

La Palabrn, Ediciones Galatea• ueva Visión, p. 40.

17
H2

�esfuerzo de prcsenria en el mundo y persecudón de valores" .7 ¿ Hasta &lt;lónde
llevar esa frontera moved.iza del lenguaj ? Cada hombre, en u afán de plenitud y de a]vación, está comprometido a manifestarse auténticamente, a
ser fiel a su vocación. Cabe considerar el lenguaje, en c-ste sentido, como instrumento de perfección y d salvación humana.

3.

EXCELENCIA Y MISF.RI

01',L LF..NGUAJ'E

Los sonidos de una palabra nada denuncian acerca del hombre que los
pronuncia. La expresión sensible del lenguaje inmediato y simbólico e muho más rica n material sensitivo, que 1 habla espiritual La palabra espiritualizada se independiza y libera de la intimidad subjetiva; se alza por sobre lo sensible y se convierte en palabra dialógica. Los signos hablados o escritos son signos de nuestra actividad espiritual que se objetiva al comunicarse. Por ellos conocemos indirectamente la situación espiritual de los otros.
El lenguaje nos permite transmitir a lo otros nuestros mensajes -pensamientos, sentimientos, decisiones-- y nos permit también, recoger de los
prójimos sus xpresiones y significaciones. Es claro que la comunicación de
las vivencias discurre por moldes prefabric-ados, convencionales. La peculiaridad individual de la vivencia singular escapa, las más de las veces, a la
expresión erbal. La subjetividad rnás íntima no se deja aprisionar por las
mallas del lenguaje abstracto. La totalidad concr ta del individuo apenas si
se deja entrever en una mirada, en un ge to en un ademán. Las palabras
son, con frecuencia, equívocas, engru1osas; lo mismo son mensajeras de la
verdad que de la menlira. Abundan las 'disputas de palabra'' y los "malenl ndidos". El lenguaje mismo supone un medio de comunicadón previo, originario, natural. Algunos le llaman -la denominación no s muy afortunada,
por cierto- lenguaj "natural" al que experimenta el niño uando quiere
comunicarse, antes de conocer el I nguajc artificial. Entre los adultos -y s
caso ejemplar el de los amantes- se da una comprensión sin palabras. Si
no hubiese un "contacto previo· entre los espíritus en amados, 110 habría
habido nunca lenguaje convencional.
El lenguaje no agota la comwúcarión concreta. La realidad -apuntaba
Bcrgson hace alguno años- dcsb rcla infinitamente !os esquemas i.nt lectuales forjados para apresarla como el poema tra,;oende al texto encargado
de contenerlo. La existencia es medularmcnte inquieta, mó il, huidiza, frágil.
La palabra congela el fluir de mis e,--periencias itales y detiene la vida de
' GKOROES Gusooi:tF,

18

Opus cit., p. 75.

mis pensamientos en un conjunto de fórmulas estereotipadas capaz de producir errores crasos. Todo esto es cierto, pero en determinado sentido inútil,
porque el hombre no puede prescindir de la palabra. El pensamiento sin
palabras carecería de apoyo y no podría organiuu-se y progresar hasta constituirse en saber sist mático. Sin el sostén de la palabra no habría tampoco
comunicación entre los hombres.
Por las acciones "exteriores' de los hombres ouocemos su estado interior.
Los signos expresivos de una persona nos llevan al interior de su conciencia.
Las expresiones, la mímica, las reacciones exteriores, nos muestran los sentimientos y las voliciones de nuestros semejantes. Por analogía con nuestra
experiencia psíquica concreta, inferimos, de los signos expresivos individuales
de los otros su estado interior. El concepto de igualdad esencial entre todos
los hombres opera orno base de la deducción analógica. Las reacciones corporales on el escenario y el ampo de expresión del espíritu. Es preciso, sin
embargo, no hacerse demasiadas ilusiones. Hay un círculo vicioso en el método de la analogía que ha sido advertido por el pensamiento más reciente:
1 conocimiento de los demás depende de nosotros mismos y el conocimiento
de nosotros núsmos depende de los demás. Además, hay situaciones interiores
en los otros que no podríamos inferir por deducción analógica, de vivencias
propias, sencillamente porque nunca las hemos experimentado.
Se da, entre los espíritus encarnados, una experiencia originaria de contacto que es previo a cualquier clase de comunicación indirecta. Trátase de
un contacto y de una apertura pre-reflexivos. La palabra supone ese contacto y esa apertura entre los espíritus. Con ella comiema la existencia propiamente humana de los hombres que e ocan su ser e invocan al ser de los
otros. F.! pasado y el porvenir se abren, por la palabra, a la inteligencia de
los hombres. Un nuevo modo de realidad, que escapa a la cautividad del
medio, surge ante los parlantes. En el encuentro del hombre -fruto de una
originaria coexistencia y no de una casualidad- se van a dar el diálogo, la
polémica, el sermón, Ja barla y el monólogo. Hospitalidad espiritual que
beneficia a los dialogantes que intercambian valores comunes.
El lenguaje oral se conserva por la memoria personal y por la tradición.
El lenguaje escrito reviste siempre, por su estilo, mayor dignidad que Ja lengua vulgar. La presencia carnal de la expresión oral, cargada de sentimientos
y de tufo humano, se torna, por la palabra escrita, en presencia espiritual,
en significación racional. Gracias a la escritura se perpetúan los grandes e _
píritus. Pero es preciso que el lector reviva todo I sentido personal del autor
restituyendo globalmente su realidad, su voz, su cosmovisión.
No bas~ considerar al lenguaje como un signo de recordación para quien
lo ha forJado y de adopción para sus seguidores. Hay un proc so de inven19

�ción del que precisamente emerge el lenguaje como producto. Producto con
gran riqueza, por cierto, de composición en sus aspectos fonético, gráfico ,Y
semántico. Pero producto insuficiente para expresar el ser o el valer. Mas
allá de las palabras queda siempre el residuo inapresable del su jeto que piensa, qruere o siente y de las cosas que, son o valen. Y sin emba:r;go, la voluntad
de comunicación y de manifestación no podrá ser detenida mmca por la
doble inslúiciencia del l~o-uaje. La actividad subjetiva que se objetiva en
fonnas --signos, gestos, palabras- es un fenómeno esencial a· la vida humana.

4. EL

I;ENGUAJE COMO INSTRUMENTO DE
PERFECCIÓN Y DE SALVACIÓN

La palabra -afirmación de la persona- es la puerta que da acceso al
mundo del hombre. Supone un complejo ejercicio de conjunto: dispositivos
anatómicos y fisiológicos que se prolongan en montajes intelectuales. Al nacer
nos encontramos ya con un vocabulario y una gramática. Este depósito sedimentario, que tiene el valor de institución, tiene que ser asumido, encamado
personabnente por cada uno de nosotros, para que se actualice en expresión
hablada, con toda ]a carga individual de intenciones.
Tan importante como es, la palabra no puede servir de base --como algún autor lo quiere- para la definición esencial del hombre. i decimos:
"eJ hombre es el animal que habla'', bien podríamos también decir: "el hombre es el animal que ríe", o el "hombre es el animal que guisa y manufactura". Trátase de p.,ropiedades que dimanan directamente de Ja esencia:
espíritu encarnado, animal espiritual. La palabra no tiene un órgano propio
y exclusivo. Cuerdas vocales, pulmones lengua boca, aparato auditivo y
determinadas estructuras cerebrales prestan su concurso para la función. Todo
esto es cierto, pero nó decisivo. Lo decisivo no es la función orgánica, sino
• la función intelectual y espiritual que pone de mauifiesto una originaria vocación humana.
En tanto que el animal vive subsumido en el contorno, el hombre interpone entre el contorno y él un conjunto de signos supositiuos -palabrasque usamos en lugar de las cosas. Gracias a la palabra podemos escapar a
la coerción del instante. Y esto es de fundamental importancia, porque nos
permite tomar posición más allá de las situaciones fugaces. Abstraída de la
situación, ]a palabra humana nos Eermite estar en la seguridad de la distancia y de la ausencia, ante elementos estables de la realidad. Los animales
permanecen en un mundo de sensaciones y de reacciones sin llegar jamás al
universo de ideas y de designaciones. Universo humano, a la medida del

20

hombre, sólo puede haberlo con notaciones objetivas y con índices de valor.
Nuestras actitudes condensan la realidad y remodelan el contorno para el
establecimiento del universo humano. Vivimos en un mundo de sentido. Las
intenciones valorizan las denominaciones.
La Jengua es instrumento de perfección y de salvación humana. Con ella
nos expresamos y nos comunicamos. Hablamos a los otro y nos hablamos a
nosotros mismo . Damos un nombre a las cosas, definiéndolas. Frente a la
pesadez y espesura del mundo la paJabra humana aclara perfiles y hace
que fulgur n esencias. Por la lengua penetramos las reconditeces del prójimo y nos hacemos transparentes. Instrumento de unión y de diálogo la lengua en su relación i.m:nanente con el orden, recrea el uní-verso, e ilumina
las huellas y las imágenes del Supremo Hacedor. Por la lengua nos individualizamos, afirmamos nuestra personalidad. Hay una serie de posibilidades,
en el lenguaje establecido que reclaman su realización. Estamos comprom~
tídos a ser veraces en un mundo histórico que se renueva constantemente.
Afirmarnos permanentemente en la veracidad es nn imperativo ético. Nunca
debemos hablar por hablar. La palabra. cuando es \•erdaderamente humana,
comunica la armoníaJ manifiesta el orden, proclama nuestra condición de
criaturas de Dios. Lo mismo expresa la tristeza de las cosas -''lacrimae rerum", "Welt
en"-, que la alegría de la creación. El eco de las cosas
- u resonan · y su consonancia- lo escuchamos en la palabra que revela,
que alumbra, que compone, que recrea ...
De nosotros depende establecer una justa adecuación entre las palabras y
las cosas. El lenguaje nos insta a usar las palabras acomodándolas a la realidad. Servirse de la lengua para decir mentiras es atentar rnntra Ja palabra
humana misma, es desnaturalizar nuestra vocación de hombres. El que se
sirve de la lengua para encubrir o desfigurar la realidad no es decente ni
digno. No importa que se haga profesión de saber y de comunicar este saber
a los demás. Se puede ser una figura "interesante" y de a,,,o-uda inteli&lt;1encia,
sin dejar por ello de ser sofista. El sofista no es un contemplativo o '~amigo
de mirar'' la verdad, sino un retórico que habla para que se le aplauda y
para que se le pague, con vistas al éxito y a la clientela. Utiliza la palabra
para hacer de ella un instrumento de poder, de la fortuna, y con frecuencia
del engaño. Al dar la espalda a la verdad absoluta, concluye que todo es
verdad para quien sabe argumentar, o que nada es verdad para el que no
sabe. En moral, en reJjgión, en política, el sofista agita a su antojo las pasiones del populacho, hasta confundirlo en sus nociones del bien y del mal,
de lo falso y Jo verdadero, de lo útil y lo nocivo. Con el, la filosofía -o
para ser más precisos, lo que se cree que es la filosofía- sufre tremendo descrédito. Y no se piense que el sofista es tan sólo un tipo humano que perte-

21

�nece a un país -Grecia- y a una época histórica -siglo V a. de C.-. Aun
en nuestros días nos han invadido esa turba de impostores que trafican con
cosas tan respetables como la razón y la verdad. No advierten estos malabaristas de Ja palabra que la teoría de la verdad relativa conduce a la falsedad
absoluta, pues que hay poca distancia entre afirmar que no hay más que
verdad aparente y el decir que no hay verdad alguna. En labios de los sofistas, la palabra humana pierde todo sentido.
El lenguaje es algo eminentemente dialógico, social. Vehículo natural de
la cultura el lenguaje es uno de los mejores medios humanos de unión y un
modo de ser hombre y de ser culto. Conservar nuestro idioma y expandir su
conocimiento y literatura es contribuir a extender nuestro estilo colectivo
de vida.
Dentro de una misma lengua, cada hombre que la hable ha de constituirse
un universo articulado en función de valores. Su palabra debe transcribir el
valor de la vida, tornándose, por eso mismo, valiosa. Toda palabra, al ser
pronunciada, lleva implícita una promesa humana. En este sentido cabe decir
que la palabra mide la autenticidad personal, nos compromete. La cifra de
nuestra vida personal es leída por los otros, en nuestra palabra en acto. La
palabra humana, para .que sea p.lena, ha de ser wra garantía del ser íntimo
y una afirmación del hombre en eJ núcleo de la ambigua milidacl. Ante las
circunstancias indecisas y en presencia de un porvenir que e 'esgo y que es
incertidumbre, el hombre de palabra formula una profecía -válgame el
término-, traza un camino y va tras de su anticipación elegida.

22

SITUACió

FILOSÓFICA DEL ESTRUCTURALISMO
DR. FRANcrsco Buaro PALOMrno
Universidad de Nuevo León

la realidad tiene una estructura ... ; cuanto hay no puede permanecer siendo sino porque está estructurado. Convertida en afirmación, cuanto en ella se dice parece ser del
todo sencillo: ningún ente es amorfo, siempre tiene una fisonomía y ésta tiene
u ra.7..Ón de ser (la que le da solidez y consistencia) en un arreglo de sus
partes, las cuales, al quedar solidarizadas, ofrecen por resultado la unidad
de aquél. La cuestión de la estructura vendría siendo por consiguiente la
misma que la de la unidad del ser, o más bien dicho de los entes. El tono de
"trascendental" que tiene la constatación acerca de la unidad de los entes lo
tiene también la afirmación sobre la necesariedad de su estructura. O si se
quiere, la constatación que se hace a nivel fenoménico de la unidad de un
ente supone, como condición de su posibilidad, la afirmación de su estructura. Lo que condiciona la unidad de un ente como un todo cerrado hacia
dentro es el hecho que "por dentro" aquél mantiene sus partes es~cturalmente articuladas. El hecho aludido no es de pronto aprehendido como tal,
sino solamente postulado. Y la postulación de la estructura llega a ser así
del mismo orden trascendental (en el sentido que confiere a este concepto la
escolástica) que 1a unidad misma: el ser se concretiza c-ada vez como unidad
gracias a la estructura interna que cada ente "debe" tener.
La indivisión interna que, por ser unitario, cada ente debe tener, se hace
patente en su distinción con respecto a todos los demás (ens. . . indivisum in
se, divisum a quolibet alío, enunciaba la referida escolástica) . Para ser diferente a todos los demás, en esta precisa y fundamenta] alteridad, cada ente
"necesita" de una estructura aquella que, por mantenerlo bien integrado, le
impide disolverse en lo que no es él-mismo. El "no ser otro" sino "ser sí-mismo,,
le dura al ente por su estructura; y es la estructura la que, al preservar la
PARECE TRATARSE DE UNA SIMPLE CONSTATACIÓN:

23

�identidad del ente, se convierte en el objeto mismo de un conocimiento positivo de. aquél tendiente a identificar su ser.
En cuanto el concepto de esencia ha servido en otros contextos epistemológicos para señalar la mismidad de toda realidad individual, el saber eidético
se ba erigido en pauta para la búsqueda de la verdad en los diferentes procesos cognoscitivos. La esencia era la fórmula misma de la contención del ser
en cada ente. En sí cada ente se da como verdadero por cumplir su propia
definición, por ser sí-mismo con toda fidelidad sin posibilidades de alterarse.
Só.Io que la identificación de un ente por parte de un saber eidético no tenía
por qué suponer que de hecho se diera en el ente ningún grado de cohesión
interna que avalara en forma principial aquella mismidad · que, por el contrario, sólo era afocada de manera práctica como una incógnita. Evidentemente existe aquí una declaración de principio: "Todo ente tiene su esencia";
pero con ello apenas se trata de precisar los términos de la interrogante que
es válido formular a propósito de todo ente: ¿ quid sit? Más aún, se está tan
alejado de la intención de prejuzgar sobre una manera básica de ser de todo
ente, que la pregunta sobre la esencia no se da como pregunta de un proceso
cognoscitivo reaJ sino precedida de la cuestión ¿ an sit? y sólo en la hipótesis
de una re.spuesta a.finnativa que introduzca en la presencia misma de un ente
como realidad.
Conviene, a este respecto preguntarse si la universal afirmación de la estructura incluye como contenido a priori una determinada forma genérica
de ser; o si, acaso, al igual que la universal afirmación de la esencia, su sentido es el de una verdadera interrogante que, a propósito de cada realidad
específica, inquiere cada vez por el módulo propio de su ser. Para responder a esta cuestión hay que tener en cuenta que los estructura.listas no entienden descubrir la estructura de una realidad en su sencilla organización
interna sino en las leyes de composición de sus partes. Un tal procedimiento,
en sus aplicaciones prácticas, define al estructuralismo menos como un método que como un sistema teórico o, mejor dicho, como un campo epistemológico que fundamenta diferentes posibilidades de teoretización para las diversas áreas del saber. La fundamentación que una ciencia puede pretender
encontrar en dicho campo epistemológico es la que permite a sus postulados
erigirse en axiomas que dan fuerza de ley a los modelos empleados para representar la arquitectura de la realidad. Dice Marc Barbut, definiendo el concepto de estructura tal como ba de entenderse en el terreno algebraico, que
no es sino "un conjunto cuyos elementos son cualesquiera pero entre los cuales
están definidas una o varias leyes de composición, o (sinónimo) operaciones"
(Problemas del Estructuralismo, trad. Julieta Campos y otros, Siglo XXI
Editores, S. A., p. 102); y Jean Pouillon, en el mismo volumen, comenta que,

24

por consiguiente, se trata de "un 'grupo abstracto', del cual se obtienen tantas
realizaciones concretas, '1·epresentaciones', como sentidos particulares que es
posible dar a sus elementosu ( Op. cit., p. 13). Es, pues, la estructura una
"lengua" desprovista de "semántica", según los términos que el mismo Pouillon
se apropia, y, como tal su aplicación consistirá en una teorétíca legislación
sobre los múltiples significados que en principio es capaz de tomar Ja realidad así estructurada. Las agrupaciones de los elementos que, en el orden de
lo real, dan por resultado "conjuntos" que pueden ser estudiados, abren
brecha para un tipo especial de saber: el que se da como exploración de
las leyes según las cuales el ordenamiento concreto de las partes de un todo
se hace visible, o más bien inteligible, en el nivel de la lógica de las categorías de cada ciencia particular.
Y qué ¿ no es función específica de las ciencias "conocer" los fenómenos
por sus causas, la apariencia de las cosas por las leyes que la regulan? ¿No
será el estructuralismo, por consiguiente, sino la toma de conciencia de los
principios epistemológicos en que toda ciencia se apoya? Más que eso, el
Estructuralismo pretende sobrepasar, mejor que toda ciencia positiva, las limitaciones que una epistemología verusta proponía como linderos al campo
de su investigación. Si desde la Edad Media se había creído que las "differentiae substantiales quia smit ignotae, tanturn per differentias accidentales
manifestantur", el nuevo espíritu científico debería (para acordarse a las pretensiones del Estructuralismo) empezar por forjarse modelos de las diferencias substanciales de la realidad. A esto invita el estructuralismo cuando se
ofrece a las ciencias como el recurso más adecuado para trascender una organización cualquiera de hecho y llegar hasta su ley de composición, en la
cual se dé la razón explicativa de aquélla y de todas las otras que, como
otras tantas posibles organizaciones con la misma calidad de contingencia
("accidentales"), se presentarían como posibles "variantes" de una misma
lógica sintá,dca. Es esta sintaxis, nos recuerda Pouillon, la estructura buscada
en cada caso: "el estructuralismo no define simplemente un orden, sino que
fundamenta en él el dinamismo práctico. Consiste, por consiguiente, en descubrir bajo los hechos observados esta razón oculta de su apariencia, en poner
al descubierto esta configuración subyacente, que puede entonces llamarse
estructura. En todo caso, es preciso no olvidar que, siendo subyacente a la
organización, también la desborda, puesto que la convierte en una variante
cuyas transformaciones explica, y esta es ]a razón de que se haya comenzado
por definir la estructura wmo wia sintaxis. De hecho la estructura es a la
vez una realidad -esta configuración que el análisis .descubre- y una herramienta intelectual la ley de su variabilidad" ( Op. cit., p. 12) . No ha de
verse en el estructuralismo (como podría hacer pensar lo que queda acla-

25

�rado en esta larga cita que acabamos de consignar) w1 simple prurito de
establecer las condiciones de posibilidad abstracta para las futuribles variantes de una realidad; se trata más bien de dar cabida en una misma raíz
explicativa, a realidades parientes que de hecho exist~n y que, de tal suerte,
pueden ser entendidas como "dialectos de una lengua común" ... , lengua
definida en su pureza como sintaxis depurada y en cuanto tal, ley de Jas
variantes que en sí son las realidades en cuestión. La realidad susceptible de
un tal estudio es, pues, avisorada en la facticidad de sus diferencias contingentes ("accidentales"), pero con la intención de trascenderlas en un proceso cognoscitivo que llegue a dar con las diferencias "substanciales" que son
aq'-!ellas que en la realidad se descubren como testimonio concretizado de
la eficacia concretizante de su pertinente estructura o ley.
No creo estar foF~do en nada la explicación para descubrir esta perspectiva substancialista que, en mi opinión, va i.mplicita en las miras del estructuralismo. Trátase de hecho, en un tal proceso cognoscitivo, de poner de
manifiesto precisamente las diferencias substanciales de la realidad. En éstas,
y sólo en ellas, reside el dinamismo de la realidad que pretende ser apresado
por el Concepto de estructura. Dicho dinamismo -que no es en efecto ntendido sino como el po'der, en las variables, de relación unas con otras o de
relación, en una misma, con las distintas fases de su propia evolución (el
caso, por ejemplo, de una sociedad que se desarroJla en diferentes etapas históricas)- debe el origen de su principia} polivalencia a la multiplicidad orgánica de un "grupo substancial" de diferencias. Estas diferencias, concebidas como determinaciones en el sentido hegeliano funcionan en la forma
requerida para que por su virtud tenga efecto la identificación de la realidad (es decir, el constante hacerse idéntica a sí misma) ; de donde, para
efectos del conocer, aquellas diferencias fundamentan, en un mismo acto,
tanto el proceso cognoscitivo tendiente a identificar una realiclad reconociéndole su identidad, como aquel otro que intenta situarla con respecto a las
demás y primeramente frente a aquellas con las que guarda relación más
estrecha.
Las diferencias de que se trata no son las "accidentales", o específicas e
individuales, pues éstas no conducirían más que a establecer los rasgos definitorios de la situación que de J1echo guarda una realidad consigo misma.
Tales determinaciones no permitirían Uegar sino a un conocimiento fáctico,
el del ser que de hecho, y no de derecho tiene una realidad: el conocimiento
que, en su formulación, equivale a la afirmación de una identidad como negación sencilla de toda alteridad.
Sólo las determinaciones substanciales ofrecen pie a un conocimiento más
abierto, y por tanto positivamente fecundo, por ser ellas las que, por una

parte, dan lugar a una vida activa de las partes o el~mentos integrantes de
una realidad y, por la otra, existen en su forma orgamzada como tronco _c~mún de otras realidades (actuales o posibles ... ) hacia las cuales, como dina
Heidegger, la primera deja ver cuando se tiende Ja vista a través d~ eUa. El
concepto de substancialidad, en este caso, no es diferente al cartesiano. Lo
que se quiere dar a entender por "diferencias subs~ciales" no es o~~ c~sa
que "aquellor que, tras las mutaciones de una realidad, pe·rmanece 1denh~o.
Sólo que eso "aquello" substancial a que venimos refiriéndonos como la mcógnita del estructuralismo no es caracterizado por su unidad sino por sus "diferencias" . Y esto basta ciertamente para hacer notable la distancia con
respecto a la postura propiamente cartesiana. En efecto: a) para Descartes
la cuestión del verdadero conocimiento del ser de la realidad se plantea en
los términos de la localización de una primera manilestación de la substancia
de aquella realidad y que ha de ser justamente la determinación con Tespecto
a la cual las restantes puedan ser concebidas como us 'modos". En el caso
de la res corporea, por ejemplo, su primera manifestación es la exte11sio y
en tal primera determinación vienen a enclavarse todas aquellas otras, siempre secundarias, que la suponen para poder ser. La extensio es esa primera
determinación de la res corpórea, y por ende la manifestación de la substancia
material, porque en ella, o más bien mediante eJJa, estalla el ser de dicha
realidad conservándose en su estrictísima unidad. La permanencia en sí, que
la define como substancia, está plenamente garantiza.da por esa unidad fundamental que es propiamente su identidad. Las determiuaciones secundarias
(accidentales) se relacionan con esa unidad fundamental en un "referirse a
ella' para ser identificadas como pertenecientes a la misma realidad. b) Para
el estructuralismo, en cambio, el conocer lo que la realidad es se presenta
como un saber trascender todas las dete1minaciones de la realidad hasta la
ley de las relaciones que organiza a aquéllas en una unidad. Dicha ley es
buscada en el nivel de la substancia, o sea en Ja dinámica operacional del
ser que sostiene su identidad tras las múltiples manifestaciones a que da lugar su potencialidad. La dinámica operacional referida es, si se quiere, má
guardiana de la permanencia de la identidad que la misma substancia cartesiana. En efecto, es ella la que define a priori todas las posibles variacio,nes
que puede sufrir una realidad sin atentar contra su identidad en sus respectivas concretizaciones. Si para Descartes la substancia es postulada lo suficientemente permanente para que pueda darse frente a ella un conocimiento
en el que las posibilidades correspondan a las condiciones de aquélla ( y este
conocimiento es sólo la intellectio de tipo matemático), para el estructuralismo la permanencia es asegurada por las condiciones del conocimiento que
se 2ostula para que éste se adecúe a las posibilidades de la substancia. Por

�esto para el estructuralismo la 1ey que explica las múltiples posibles variantes
de la realidad queda convertida en una ley de las diferencias ubstanciales,
postuladas en este punto de partida como necesitando ser más de una. Estas
ruferencias son llamadas genéricamente elementos o entidades, pero el tipo
de relaciones sobre las que Ja supuesta ley e tructural legisla, les confiere precisamente e1 carácter de diferencias entre las cuales pueda darse el dina.mismo dialéctico adecuado en cada caso. Y de todas maneras, tales diferencias
no pueden ser sino substanciales por cuanto que el tipo de relaciones que
las conectan es postulado en función primeramente de la necesaria preservación de la identidad formal de la estructura. No es otra cosa lo que Suppes
(en su Introduction to Logi.e) da a entender al definir la estructura como el
con junto de entidades que tienen entre sí una relación consistente sostenida
por axiomas.
En El Pensamiento Salvaje (Traducción del Fondo de Cultura Económica) Claude Lévy Strauss trata de encontrar la estructura de los fenómenos
culturales en esa especie de sintaxis de las diferencias substanciales a la que
nos venimos refiriendo. Sirva como ilustración al respecto esta aseveración
de principio: "Por consiguiente un mismo tipo de operaciones lógicas vincula
no sólo a todos los dominios internos al sistema clasificatorio sino a los dominios periféricos de los que se podía pensar que, por razón de naturaleza,
se le escapan: en un extremo del horizonte ( .... ) el sustrato psicogeográfico de la vida social, y esta vida social misma, pero extravasada fuera del
molde que ella se habría forjado. Y en el otro extremo ( .... ) la últúna
diversidad de los seres inruviduales y colectivos de los que se ha pretendido
que no estaban nombrados por no poder ser si.gnificados" (p. 249). En su
estructuralismo antropológico Lévi-Strauss tiende a explicar los hechos de
cultura reduciéndolos a las formas culturales que proceden de instituciones
primarias de las que aquéllos son una simple expresión. En una tal intencion
la cultura es estudiada como una realidad que sólo puede entenderse como
una sintaxis normativa en la que interesan las relaciones de los elementos que
la definen, y no la relación que con ella guardan los hombres que la viven.
Las instituciones en que se norman las conductas particulares, en una situación cultural dada, son las que se erigen en material sintáctico para el establecimiento de las leyes o regl~ explicativas de los hechos culturales que
representan, en cada caso, aquellas conductas. Por esta razón, en lugar de las
conductas "difusas", son las actitudes "estilizadas" las que retienen su atención, por ser éstas las que componen un sistema propiamente significativo.
Y es justamente a un "sistema significativo" al que pretende llegar una
explicación estructuralista, pues a partir de él pueden ser lógicamente entendidos como aspectos orgánicamente estructurados de una realidad todos los

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elementos que la integran. Y como un tal "sistema significativo" no alcanza
su summum de consistencia sino cuando se lo define como un con junto
coherente de reglas que explica axiomáticamente los hechos para los que
aquél fue concebido, la ambición secreta del estructuralismo viene a ser la
de crear un modelo formal que resuma las condiciones lógicas de la posibilidad de los hechos. Siempre, claro está será construido tal modelo en función de los hechos que se quiere explicar; pero, ¿ cómo evitar el riesgo de
la arbitrariedad consistente en escoger los hechos en función de un modelo
preconcebido del modelo formal?
Parece difícil impedir el desenlace formalista del estructu.ralismo. La confianza en sus modelos y en los axiomas que los fundamentan se nutre de una
fe más radical en la lógica como estructura del mundo. Pero como esta fe
no es fecunda ( como para el formalismo de Carnap o de Wjttgenstein) sino
traducida como fe práctica en la correspondencia entre la lógica de la realidad y la lógica de su representación, equivale para el estructuralismo a la
esperanza hegeliana del "advenimiento" del sistema. Y es, de hecho, un sistema formal, cabalmente explicativo de la realidad, lo que proyecta -sin
querer, quizás-- el estructuralismo como su Filosofía. Un sistema por cuya
lógica absoluta la reflexión avanzaría en pensamientos progresivamente develadores de la realidad.
Como el formalismo, una "filosofía' de la estructura relega en muy segundo plano al sujeto que piensa o explica la realidad. Dado que el modelo
de la explic,ación de una realidad concreta tiene sus raíces en "el sistema"
la' correspondencia entre la imagen representativa y la realidad misma sólo'
puede ser garantizada por la "estructura lógica" de aquél. La fe en el logos
que estructura la realidad preside toda explicación estructuralista. Es el sistema _lógico el que se expresa. Como diría Wittgenstein no somos nosotros
los que expresamos por medio de signos lo que queremos, sino que es la
naturaleza de los signos la que enuncia su propia estructura y la lógica del
sistema. El investigador se equivoca al decir que la explicación que da de la
realidad es suya: propiamenle hablando no es él quien ''tiene" tal explicación, sino que es ésta la que en verdad lo posee. Así como el artista se siente
"poseído" por la fuerza cósmjca que lo impele a convertirse en el canal adecuado para que aquélJa se extrovierta en el mundo de lo sensible, así el investigador se siente involucrado en la misma "necesidad lógica" por cuya
virtud la estructura de la realidad y la estructura formal que la explica se
corresponden.
o resulta nada extraño que el campo más propicio para los primeros ensayos del estructuralismo haya sido la lingüística. Por una inclinación natural, esta rama del saber busca darse el acabado de ciencia por medio de una

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�formalización que llega a parecerle indispensable. So pena de abdicar de
sus pretensiones de ser ciencia la lingüística cree tener que oponer la sintaxis
a la semántica, el signo al significado. Pero como Ja relación entre WlO y
otro es indestructible, ha necesitado retener en su trato de los signos, su esencial relación de "abiertos" al significar lo que quiere decir que ha tenido que
investigar su "significancia". Es en esta investigación en donde viene el estructuraJismo a prestar sus mejores servicios, pero sólo para convertir la
ciencia de la lengua en una lógica del lenguaje. La gramática de la lengua
tratada como la lógica del lenguaje y la palabra sólo es considerada como
su expresión contingente. El ex-presar de la palabra sólo interesa a Ja lingüística estructurnlista en tanto que ofrece campo para la aplicación de una ars
combinatoria entre los signos, los cuales no son lo que son ni guardan en el
lenguaje el lugar que deben conservar sino por la providencia que sobre
ello ejerce Ja lengua como totalidad cerrada y coherente, es decir como sistema formal.
Su carácter de metodología, sus postulados filosóficos de tinte hegeliano,
su tendencia substancialista y sus ocultas aspiraciones al formalismo, coniieren a la teoría de la estrucluxa un estatuto lu'brido intelectualista-organicista.
Su filosofía de base es del tipo de las que Mikel Dufrenne apellida "epistemologías arqueológicas". La búsqueda arqueologizante que lleva a Heidegger
a encontrar el fundamento de las manifestaciones de la realidad en el ser,
conduce al estructuralismo a desenterrar Ja estructura para evidenciar el
todo supuestamente ordenado de la realidad. Su fe en la razón sacraliza a
la episteme haciendo comunicar el poder-saber del hombre y el logos que Jo
alienta en el mi!&gt;mo a to creador con que estruct_ura organizadamente la
realidad.
El mejor padrino que puede encontrar el estructuralismo por el lado de
su intención organicista es Gaston Bachelard, de qwen por otra parte muchos se reconocen una fectiva aunque lejana filiación. Todavía más que en
Michel Foucault (Las Palabras y las Cosas), en Bachelard se da una experiencia original del orden n que tiene una excelente inspiración el concepto
Iilosófico de estructura. Para este autor, en efecto, el orden es una conquista
que se da constantemente en la realidad como resultado feliz de la lucha
intestina que se opera en su substancia. En Ja intimidad de Ja substancia se
da muy concretamente una dimensión de profundidad que es sostenida por
su estructura. La exterioridad de la misma substancia, que es más bien sólo la exterioridad de la realidad, se vuelve fascinadora para el conocer ( y por
ende motiva todo un ejercicio de la imaginación), el cual localiza a priori
en la substancia ' la calidad más valorizada". Basta como ilustración este
jemplo en el que Bachelard analiza el sentido filosófico de] alquimista: "La
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realidad, para ellos, es un trompe-l'oeil. El azufre, cargado de olor y de luz
no es el verdadero azufre, no es la raíz del verdadero fuego. El fuego mismo
no es el verdadero fuego. Ese no es más que el fuego-flameante, ruidoso,
hwneante, ceniceante. Lejana imagen del verdadero fuego, del fuego principio, deJ fuego luz, del fuego puro, del fuego substan ial, del fuego-principio.
Se ve que la imaginería de las substancias se lleva a cabo contra los fenómenos
de la substancia, que la imaginería sobre la intimidad es el de enir de un
secreto. El caráctel' secreto de la alquimia no corresponde a un comportamiento social de la. prudencia. e origina más bien en la naturaleza de las cosas.
Correspomle a la natw·aJeza de la materia alquimista. o es un secreto que
!&gt;e conoce. Es un secreto esencial que se busca, que se presiente. A este secreto
puede uno acercarse, está ahí, bien centrado, encerrado en los cofres empalmados de Ja substancia, eero todas sus aperturas son engañosas" (La Tene
et les Reveries du Repos, Librairie José Corti, p. 50). La substancia o intimidad del fuego, como explica más adelante, es el calor. "El fuego se exterioriza estalla, se muestra. El calor se interioriza, se concentra, se esconde. Es el
calor, más exactamente que el fuego, el que merece el nombre de la Tercera
dimensión" ( Op. cit., p. 52) . ¿ De dónde nos viene, como al alquimista, ese
afán de valorizar antes de observar y simplemente constatar, si no es de
nuestra participación en ese secreto presentido de la substancia? El entusiasmo del conocimiento se desborda en comparaciones exagendas por su prisa
de toparse con Ja substancia misma de la xealidad. En eUa se organizan todas sus manifestaciones, pero éstas apenas si retienen nuestra atención: en el
objeto blanco, deseamos sorprender la blancura inmaculada, la substan~
blancura, o 'la blancura en su acto, en sus actos naturales".
Bachelard oCrece la plata.forma ideal para elaborar una arquitectura de la
realidad. Una arquitectura, decimos, y no una estructura (la primera se hace
y la segunda se sufre), porque queda siempre dependiente de un arquiteeto
qu la planea y la ejecuta, como un sujeto que en el caso es el que piensa,
imagina o explica la realidad. Lo que Sartre "criticó" en la razón dialéctica,
Bachelard lo explica en la dialéctica de la imaginación. Esta se ofrece a la
filosofía como testigo de !a manera dialéctica del ser de la realidad. En efecto, la imaginación dialectizada no se contenta con la oposición entre las cualidades de la sub tanda, sino sólo se satisface con la oposición entre la subs1ancia y sus cualidades. La razón dialéctica que explica los "conjuntos" a que
da lugar la diversidad ordenada de las diferentes manifestaciones de la realidad, encuentra su complemento práctico en la imaginación dialéctica que
vive la contradicción o discordia profunda de la substancia en donde se originan aquellas apariencias. Entre las dos refuerzan la intención de una ontologia de la lucha, en la ual el ser se gana o se conquista en la batalla que
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�libra con el contra-ser y que se lleva a efecto al nivel de las relaciones entre
la substancia y sus manifestaciones. En todo caso, más allá del proyecto de
una tal ontología la intención explicativa abre sobre un terreno de cosmovisión. La razón y la imaginación se saben dependientes de su propia intención y, sobre todo, se hacen cargo de no poder más que empeñar su proyecto
en el sujeto que las encarna y que, cada vez es el que piensa, explica y planea
tal arquitectura de la realidad como su propia filosofía. La referida dialéctica entre la razón y la imaginación (por lo menos en Bache!ard) promueve
una axiomática con funciones exclusivamente propedéuticas: las teorías axiomáticamente explicativas de una realidad no deben atentar contra la concreción de Ja realidad, pero tampoco deben impedir el ejercicio de las normas de autocrí.tica que la razón se da para convencerse de la correspondencia
entre la imagen representativa y la realidad. Para un organicismo de este
tipo, el sujeto cognoscitivo no es ni el sujeto de la lógica formalista, ni el
sujeto de la lógica trascendental (Kantiana o Husserliana), sino más bien es
el sujeto de la intención dialéctica entre raron e imaginación en el cual se
fundamenta la necesidad que ostenta la estructura, presentada como la explicación axiomática de la realidad.
Pero el estrueturalismo no puede identifícan;e simplemente con este organicismo, en el cual no encuentra asiento más que para ejercerse como metodología. La ambición de constituirse propiamente en una filosofía lo lleva
a buscar el cuadro lógico de su propia estructura en un idealismo del tipo
del que Charles Foucault pregona en su neocomptiana visión de las ciencias,
según puede leerse en el siguientt~ texto con cuya cita, y por apoyarme en su
testimonio, cierro esta breve investigaci6n: "Interrogando en este nivel arqueológico, el campo de la episteme moderna no se ordena según el ideal
de una .matematización perfecta y no desarrolla a partir de la pureza formal
una larga serie de conocimientos descendientes más y más cargados de empiricidad. Es necesario representarse más bien el domirúo de la episteme moderna como un espacio voluminoso y abierto de acuerdo con tres dimensiones.
Sobre una de ella se colocarían las ciencias matemáticas y físicas, para las cuales el orden es siempre tlll encadenamiento deductivo y lineal de proposiciones
evidentes o comprobadas; en otra dimensión estarían las ciencias ( como las
del lenguaje, de la vida, de la producción y de la distribución de las riquezas)
que proceden a poner en relación elementos discontinuos pero análogos, de tal
modo que pueden establecer entre ellos relaciones causales y constantes de
estructura. Estas dos primeras dimensiones definen entre si tlll plan común:
aquel que puede aparecer, según el sentido en el que se le recorra, como campo de aplicación de las matemáticas a estas ciencias empíricas o como dominio de lo matematizable en la lingüística, la biología y la economía. En cuanto

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a la tercera dimensión, se trata.ría de la reflexión filosófica que se desarrolla
como pensamiento de lo Mismo; con la dimensión de la lingüística, de la biología y de la econorrúa dibuja un plan común: allí pueden aparecer y, de
hecho, aparecie~on ~a_s diversas filosofías de la vida, del hombre enajenado,
de las formas ~bólicas ( cuando se trasponen a la filosofía los conceptos y
los problemas naodos en diferentes dominios empíricos) ; pero allí aparecieron
también, si se interroga desde un punto de vista radicalmente filosófico el fundamento de estas empiricidades, las ontologías regionales que trataron de definir lo que son, en su ser propio, la vida, el trabajo y el lenguaje; por último
la dimensión filosófica definió con la de las disciplinas matemáticas un pi~
común : el de la formalización del pensamiento".
(Las Palabras y las Cosas, trad. de Eisa Cecilia Frost, Siglo XXI Editores, S. A.,
pp. 336-337).

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83

�HISTORICIDAD Y SENTIDO TRANSTEMPORAL
PROF. DR. FRCrz

J.

VON RrNTELEN

Universidad de Maguncia

l. Si decimos que bajo el concepto de historia s-e debe entender no so.lamente
una formación biológica sino una evolución de sociedades humanas, definida
por acontecimientos y la espontaneidad de la vida personal, aquél nos pone
ante un curso ininterrumpido de un acontecer temporal. "The true being
of man is his historical being" ( de Koninck, Canadá) .1 Bajo el concepto Historia se entiende también la investigación y reflexión histórica, pero eso carece de importancia aquí.
La Historicidad, pues, sería entendida no en el sentido particular de la
filosofía de la existencia sino como la situación histórica cada vez presente
en que estamos nosotros !os hombres, que acotada por el pasado y dirigida
hacia el futuro, nos lleva en el curso lineal que se establece entre ellos. Sin
este ciclo temario no existe ninguna historicidad creativa para el individuo y,
según nos enseña la historia, tampoco para la sociedad.
Ahora se impone preguntarnos si finalmente no todo lo que anhelamos
en nuestros esfuerzos humanos está sometido integralmente a la formación y
al cambio de la entidad, de modo que incluso pareciera absurdo hablar de
un sentido transtemporal. El llamado historicismo sí admite (hablando como
Ernesto Troeltscb) la existencia de una pasajera ' totalidad del sentido" dentro de las "tesis culturales", las cuales tenemos que "tratar de comprender''
(según Dilthey) aunque nunca lo logremos plenamente. Esto también es base
de las acabadas Almas de cultura de Spengler. ¿Quién pondrá en tela de
juicio este cambio de tiempos? En caso de que no se pueda hablar de ningunos postulados categóricos propios del Oikeion, como dijeron los griegos,
1 CHARLES DE KoNINCK, The nature of man and his historical being (Haval, Theologie et Philosophie V, 2; 1949), p. 271 f. Trad. "El verdadero ser del hombre es su
ser histórico".

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�de la esencia del ser humano, entonces, digámoslo con sinceridad, fracasaremos al caer en situaciones críticas y apenas se podrá hablar de una obligación moral Entonces repetimos con Heráclito: "dadme el punto donde pueda apoyarme". Finalmente todo lo ocurido se presenta con Schopenhauer
como un "barullo de greñas". Sólo si lo aceptamos de este modo, el pensamiento en el poder y el esfuerzo por el placer dejarán ver la vida razonable.
Al mismo tiempo se impone la idea de que en la historia todo "una vez
ha terminado mal" y fue condenado, para hablar con Jaspers, al fracaso.
¿No hay en esto una tragedia histórica interiormente imprescindible? ¿Es ésta
la última contestación, o podemos atrevemos a mirar hacia un horizonte transtemporal?. . . Y podríamos hablar también del derrumbamiento de la grandeza de la destrucción.

2. Con eso nos preguntamos de nuevo por el sentido de nuestra historicidad. Quv.ás podemos hablar, con Theodor Lessing, solamente de una "1·evelación de lo absurdo". No, eso nadie lo tomará en serio. Llama la atención
sin embargo que hoy en día se hable de Ja carencia de sentido de nuestra
vida y también, por esto, del miedo de la nada y de la plena falta de recogimiento del hombre moderno, porque no se puede conseguir el argumento
de una satisfacción plena y fundada de la vida en una hiper-crítica unilateralizada, u.na hiper-crítica que dominantemente conoce la ''nada" de los valores sólo cuantitativamente definibles, aunque eso condujera en su campo
a los éxitos más grandes. Esta pregunta por el sentido abordada en esa dirección es tratada más contundentemente por Alfred Stem, U.S.A., en su obra
Filosofía de la Historia y problema del valor ( 1967) : ¿ qué significa sentido
en el uso del idioma alemán?, pregunta que fue investigada detalladamente
por Erich Heyde. Yo diría que en primer lugar entendemos bajo el concepto
un sentido de valor intrlnseco de significado unívoco y sin antinomia en si.
La palabra "sentido" puede incluir también un momento más decisivo en
la medida en que 1o razonable contenga en sí una índole de valor como contenido de un afán consciente o inconsciente. Entonces no se trata de un fenómeno cuantitativo -para repetirlo con Gabriel- sino de algo cualitativamente
"interior sin sentido" como dice Spranger. Su cumplimiento, en parte concreto en la historicidad, proporciona una satisfacción interior, sea que ocurra
por sí misma como valor propio ( value in itself), o sea que sirva a un reglamento más amplio como valor relativo ( instrumental value) .
En este sentido habla Battaglia Bologna de "La historia como realización
de valores".
Con esto, sin embargo, estamos enfrente de un concepto real, y no enfrente
de un concepto idea~ solamente pensado, al cual corresponde cierto valor
constante, trátese de un efecto de gran trascendencia o de una acción parti-

cular en Ja hora histórica. Por eso dice Goethe en Israel en el Desierto, 1797:
"Todas las épocas en las cuales domina la fe -yo interpreto fe por sentido( trátese de cualquier clase de fe), son magníficas y fecundas para los contemporáneos y para la posteridad". El historiador no puede evitar, aunque
lo quisiera, ver las grandes épocas productivas bajo los aspectos de realización de sentido y valor -y esto aun cuando su juicio dependa de la época
contemporánea-, si pensamos por ejemplo en el período de Periclcs o en
la época de la cultura Hindú, en las obras creativas de la Filosofía de los
Vedas.

3. Muchas veces se ve sin embargo la respectiva realización del sentido en
la participación al desarrollo continuo de la humanidad en el sentido del
progreso. Ya los estoicos creían en el dominio cada vez mayor de la razón
divina en el logos dentro de nosotros. El racionalismo habla del progreso
perpetuo (Christian Wollf). Fichte confía en "el desarrollo del espíritu en
la consciencia de la libertad" y H egel en el devenir del propio ser del espíritu divino-absoluto por el espíritu humano. Carlos Marx localiza las garantías del logro de una feliz meta social en un proceso dialéctico económico, y
Teilhard de Chardin conoce también un desarrollo, imprescindible según él,
hacia una humanidad superior. El modo de distribución del punto esencial
es diferente.
¿ Pero es posible que esta pueda ser la última respuesta, aunque el esfuerzo
en el progreso incluya un elevado momento simbolizador de valor? Preguntémosnos por eso con Sorokin, si se puede observar realmente en la historia
un progreso constante a través del fracaso. En tal caso, aquél se daría cada
vez en lo nuevo hacia lo cual se inclina la juventud, la generación joven, lo
eternamente mejor, lo que de veras no ocurre si pensamos en el transcurso
de la historia y especialmente en nuestros propios decenios pasados.
Los grandes resultados que antes se lograron como creación del sentido,
sedan entonces totalmente irrelevantes y sin valor y quizás solamente significativos en tanto que constituyeron la preparación a nuestro progreso de hoy.
Pero justamente eso casi se niega frecuentemente y sólo se dice conocer el
futuro.
Es cierto que se puede comprobar en los últimos tiempos un progreso impresionante y continuo en el conocimiento y el aprovechamiento de las fuerzas
naturales. Pero lo que significa bajo un respecto progreso, muchas veces se
transforma en su contrario, como propiamente lo vio Ortega y Gasset ...
Pero se puede decir con Eduard Meyer: "Lo que construye, descompone y
lo que descompone, construye"; es decir, un desarrollo unilateral causa un
contrapaso, la tesis una antítesis para repetirlo con H egel. Así, nosotros estamos viviendo hoy según Einstein en una época de medios perfectos pero de

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�metas confusas época ·de información casi exclusiva, pero sm orientación.
Lowiht habla de la "fatalidad del progreso (exterior) '. El hombre desvía
natmalmente hacia la "inautenticidad" y está som tido a la "alienación de
la vida", según las palabras de Heidegger. Pero eso solamente se puede decir
si tratamos de una mera oonsideración liorizon.tal del desarroJlo histórico
Resulta diferente si logramos también una reflexión vertical y no preguntamos por lo qu proporciona a la vida humana un rango lleno de sentido,
independiente de las relaC'iones temporales, tal como se ha realizado o pu de
realizarse en la historia.
4. Por so de nuevo la pregunta: ¿Puede hablarse de un sentido iridependiente de !a existencia temporal? Cierto ella nos ex:ige siempre postulados de
un modo incondicional según la 'structure of man" como dice Aldrich,
Aunque aquéllos hayan sido desdeñados en demasía en la rustoria, siempre
...11elve a presentarse el pensamiento de una humanidad auténtica y plena, así
como se habla hoy en día del hombre integral. En su defecto, abandonamos
el hombre al egocentrismo ilimitado llegándose a formar según Spranger,
como dominante "el tipo" individual y colectivo 'de autoridad y poder", lo
cual nos enseña terminantemente la historia.1 ¿ o es finalidad de la filosofía superar hasta cierto grado el tiempo en vez de entregarse a él enteramente? olamente así puede lograrse un espesor de relieve intelectual
Es sabido que el Neo-kantismo ha establecido normas de valoración deduciéndolas de la conciencia trascendental como valores ideales a los cuales
la vicia histórica debería adaptarse aunque les contradiga tantas veces en la
ofuscación y desorientación. Pero la pregunta es: ¿ Podemos contentamos aquí
con el sentido neo-kantiano, con conceptos comunes deducidos a priori para
abarcar la multiplicidad de la vida y de los rasgos individuales que definen
el rango aunque \ ind lband y Bruno Bauch se hayan mpeñado en ello?
Más bien, 'el mundo del desarrollo (¿ devenir?) y de la r alidad del espíritu", según Rothacker,. no debe ser indiferente. Yo pondría de relieve que
los conceptos son una cosa eminentemente condicionada histórica y filológicamente y preferiría hablar de contenidos de sentido, así como por ejemplo el contenido del sentido de la palabra "persona'' en el ciclo cultural ja.
ponés es totalmente auténtica, mientras que no pudo formarse un concepto
correspondiente sino relativamente tarde y con cambio del significado en el
pensamiento europeo.
5. Tratemos por eso de dar una contestación. La problemática es terminantemente la siguiente: ¿Puedo hablar de contenidos de sentido transtemporales que estén en una relación directa de la vida con nuesh·a existencia hu1

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EDUARD SPRANGER,

Hebensfarmen (1925), 215, 230 f. (Formas de vida).

mana en su concreta historicidad, a pesar de los cambio de las épocas y la
diferencia de las culturas? i esto es posible entonces no se tratará de una
"super-estructura ideológica" sociol6gicamente definida o de una ideología
de un riel intolerante como se suele decir hoy, sino de una llamada existencial a la persona como una preocupación originaria, aunque sólo se podría
cUIDplir con esto cada vez en diferentes grados. Pero esto se puede lograr
solamente si la vida (individual) y el espíritu (colectivo-esencial) no se pasan por alto y no se excluyen. Eso supone una llamada al hombre íntegro que
se empeña como lo explica Gabriel en su obra Lógica iritegral {1965) en
una amplia reflexión, en ver con un ente11dimiento total del sentido, del integral sentido atado a la realidad. ¿ o nos damos cuenta que en todas las
épocas y culturas, especialmente en culturas elevadas, se han venerado ciertos modos de actitudes humanas, como por ejemplo la caridad, la fuerza de
carácter, eso que es grande en el ser humano, igual que lo bello y lo noble,
la entrega a la comunidad aunque eso haya sido percibido muy diferente~
mente en el horizonte total y se encuentre a veces sólo embrionariamente?
En toda hora de la historicidad existe la posibilidad de tal realización de
sentido. Pero al mismo tiempo escucho la objeción real de que el saldo de
culpabilidad de la historia {-pensemos en el pasado más reciente-) es tremendamente alto y quizás tanto que vuelve ilusorio cualquier elevado esfuerzo de sentido. ¿ Quién garantfaará que un día no llegará la guerra atómica? Así recordamos las palabras de Shakespeare sobre la historia en el

Enrique IV
The happiesl yottth, viewing his progress throttgh,
What perils post, what crosses to ensue,
W ould slwt the book, and sit him down a11d die.
Para elevarnos sobre la desesperación dirigimos una vez más la vista hacia
aquello que significa una superación parcial de la situación que desacredita
al hombre, lo que se puede descubrir de positi o en cualquier hora histórica
y lo que incluye por eso mismo una verdadera realización de valor. ontibuamente estamos preguntando por eJlo en la vida diaria, especialmente en la
actitud valorativa hacia nuestro prójimo sin diferencia del ciclo de cultura
en el que estamos viviendo.
6. A ello hay algo que añadir. Si hablo de wia satisfacción de sentido o
realización de valor en la concreta historicidad, se trata siempre de una cosa
i11.dividual. Debería hablarse aquí de un carácter de gradacwn hacia una jerarquización lo más perfecto posible. Yo puedo realizar el alor portador
de sentido de riesgo para el prójimo de una manera insignificante o con el

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�peligro de mi propia vida, por ejemplo en la salvación de un náufrago. Cuanto
más profundamente hago mío el valor de Ja entrega, trátese del asunto de
que se trate, tanto más rango corresponde a la realización individual; y hasta
se podría hablar en este sentido de una vertical dimensión de profundidad.
Pero este caso se da solamente en un aspecto del valor donador de sentido y
no en un aspecto del mero ser, o sea, si solamente hago constar hechos, legalidades y magnitudes de relaciones.
Así, no existe ningún aspecto suficientemente profundo para comprobar
plenamente el contenido de un valor portador de sentido, como se podría
hablar a propósito de una idea, dicho con Toynbee un "Ideal inasequible".1
Claro que hay también diferencias de rango de los distintos dominios. El
aspecto vital es conservador de la vida y base de todo, pero aún no 'i)Cnetra
en un campo más alto de valores humanos de la existencia. Cuanto más alto
es el rango tanto más cerca está de la existencia humana, y podemos hablar
de una dimensión básica de alt-ura de los distintos dominios de sentido y
valor.
Pero hay el problema de cómo es posible unir estas singularidades totalmente distintas y concretas con un sentido transtemporal. Sin embargo se
ofrece este postulado moral y preciso, esta llamada a la existencia del hombre en todos los tiempos. Cierto, dijimos que lo funda.mental del valor es que
cumple el sentido que puede realizarse hacia distintas dimensiones a las cuales por supuesto pertenece la esencia íntima del sentido que puede realizarse
tan variadamente. Se da un momento relativo, pero que no es sino un relativismo relativo, porque se conserva lo fundamental y se relaciona con la
acuñación concreta. He aquí un ejemplo: el contenido espiritual del sentido
en cuadros pictóricos puede presentarse según su rango cualitativo de una
manera muy distinta. Diríamos: en la historicidad puede existir el intento
cada vez único en una realización siempre diferente e incanjeablemente efectuada aunque .limitada de cualidades legítimas de valor que tienen en sí un
carácter transtemporal. Eso proporciona a la realización según Spranger un
"sentido determinante". Así se combina aquí un contenido transtemporal de
rentido, o digamos valores básicos, con los rasgos cada vez históricamente distintos y con los grados concretos de consumación en relación a la profundidad
y a la altura. No se puede ofrecer aquí una revelación más inten~ en teoría
del conocimiento en el sentido de una ya mencionada lógica integral.
1 La juventud más feliz, contemplando su progreso, qué peligros pasó, a qué problemas
tiene que enfrentarse cerraría el libro y se sentaría y moriría. A. ToYNBEE: Sinn oder
Simbosígkei Hinn der Geschichte heransgegeben von Remich 1961 2. Auflage (sentido o
falta de sentido. Sentido de la historia ed. por Remich 1961, segunda edición).

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7. Ahora hay que contestar todo el problema respecto a !as cultu1'as y épocas distintas. Observando la propia tradición histórica podemos fijar bien el
rango de cualidad, o sea el rango del valor de tiempos pasados si recordamos
figuras como Platón-Aristóteles, las creaciones de Fidias_, la dimensión humana del estoico o el proceso de purificación, así como también poetas: Dante, Shakespeare. Por supuesto, vemos las creaciones de Goethe o del humanismo del Renacimiento también bajo el punto de vista de nuestras propias
preocupaciones. Esto resulta difícil sin embargo, cuando se trata de otras
culturas. Pero también aquí pueden realizarse rasgos parecidos en la consecución de altos valores humanos, como puede verse si nos referimos al pensamiento del orden de Tao, al inmutable (shang) del Pneuma (miao) de un
Laotzé, que dijo: bueno con los buenos y también bueno con los no-buenos,
este es el camino correcto de la caridad (Tao-te-king 49, trad. U1ar) o si
nQs referimos al pensamiento del amor absoluto de la perfección (Kaivalya)
de los Upanishades, etc.
Por eso quisiera decir que ciertos valores básicos humanos se encuentran
muchas veces en una muy distinta dimensión de uaríación, así como lo vimos en la pregunta de la realización correspondiente. No debemos cometer
el error de observar solamente las diferencias sino que debemos ver también
los euntos de contacto. Eso crea un entendimiento mutuo universal y favorece la verdadera tolerancia. Esta no consiste en la libertad de no tener una
opinión, lo cual lleva a la disolución, sino en la franqueza para con el prójimo, bajo la suposición de que él mismo es un hombre que lucha. Pero no
se puede hablar de lo común aboliendo y prescindiendo de todas las peculi;r1·idades y dirigiéndose con conceptos abstractos formales del género más amplio hacia la realidad de la vida. Entonces nos escapa lo más fundamental y
queda poco. Pero un pluralismo puro sin 1a existencia de algo común equivaldría a un desmoronamiento.
Jus~ente eso ~~ía decir: es la observación del sentido y valor la que
proporciona la posibilidad de ver cada vez lo típico según su rango distinto
Y nos da la visión para la abundancia de posibilidades humanas de realización
del sentido y se ofrece de otra manera a los valores básicos que son expresados. En la medida que lo veamos claramente, se nos manifiestan en una
índole que obliga como una invitación moral aunque a veces parezcan históricamente como latentes o aún no desarrollados. Eso ocurre con el sentido
absoluto seguramente raras veces, porque apenas si podria indicar una época
en la cual hubiera sido negado por completo digamos el amor al prójimo y
una misión alta en la sociedad, la pretensión de lo bello o los esfuerzos para
el conocimiento de la verdad.
Es cierto que el valor básico, del amor por ejemplo, ha encontrado am-

41

�biente occidenta~ en el antiguo Eros, en el cristiano amor al prójimo, en el
amor humanitario y en el altnusmo social.
8. Así hemos tratado, a pesar del escepticismo que nos afecta interiormente
hoy en día en relación con el problema del sentido y del valor, de mirar
hacia rma panorámica que da sentido en. la historicidad. Puede darse un sentido en la cónsecución real de valores que según su esencia hacen hincapié
en lo transtemporal. Eso se efectúa concreta y realmente en actuaciones, modos de comportamiento, creaciones, es decir obras de diferentes rangos, que
podemos afirmar también echando una ojeada hacia el pasado. No se trata
solamente de una referencia totalmente en relación con lo que podríamos
decir cada vez que es útil o de lo que proporciona gozo, en sentido superior:
alegría. Lo primero, sin embargo, puede servir a un pretendido valor propio,
y lo último puede ser su consecuencia. Como se trata aquí siempre de un
acontecimiento concret-0, estaríamos dispuestos a hablar de un realismq axiológico aunque se refiriera a una realización en y por el sujeto en el sentido
más profundo de la existencia personal o a un contenido objetivado de sentido en el cual Nicolai Hartmann ha conocido un "espíritu objetivado".
Tal realización de valor llena de sentido está siempre en un amplio contexto y solamente puede entenderse desde una visión integral.
Este punto de vista no alcanza su significado especial sino hasta en tanto
que hayamos esclarecido que se trata siemp.re de singularidades concretas que
logran su rango clefinido por su gradación interior. Me parece de suma importancia vei- estas singularidades si valoramos lo que jamás ocurrió en la
historicidad del pasado y en otros ambientes de cultura a los cuales no pertenecemos. Aunque los aspectos del sentido y los objetivos sean muy diferentes,
sin embargo pueden ponerse de manifiesto ciertas relacions básicas comunes
de 1a conducta humana que incluyen como contenidos transtemporales del
sentido un imperativo íntimo para realizarlos en variacjones distintas pero
enriquecedoras. Lo definitivo está entonces en la realización específica según
su rango. Termino con una frase de Heinemann-Oxford: "La jerarquía de
los valores es el problema del cual depende la vida y la muerte de los pueblos de este mundo", concepto que expresó en su tratado: En búsqueda del
sentido en un mundo roto ( 1960).

42

GORGIAS Y ARISTIPO COMO PRECEDENTES HISTÓRICOS
DEL "ESTETISMO" MODERNO
MtGHELE FEDERICO SCIAGCA

Universidad de Génova

como de un precursor o un precedente del estetismo, no
signific;a que el gran sofista tenga una concepción estética de la existencia
en el sentido del estetismo verdadero y propio, de un Gautbier, de un Beaudelaire o de un D'Annunzío, si bien por otra parte se encuentran en Gorgias
elemento.s o motivos que vuelven en los autores del e,stetismo.
Gorgias, según algunos testimonios, es el filósofo que puede hablar de todo;
Arist6fanes, en La.s Aves, lo pone en la categoría de los lenguaraces. Que
pudiera hablar de todo, no significa que fuera un parloteador o un charlatán,
sino tiene un sentido más profundo: si el contenido no cuenta, porque el uno
vale lo que el otro, si no ha)' verdad, se puede- hablar de todo. Otro testimonio, en el Menon, donde Platón escri.Qe: "Gorgias de todo se podría acusar, menos de una cosa, de haber prometido a alguien ser maestro de virtud".
Así, añade Platón, "se burlaba de los que prometían ser maestros de virtud".
Todavía Platón, en otro diálogo, e1 Gorgias, nos suministra el motivo de tal
actitud: Gorgias erefa necesario "formar buenos habladores", no maestros
de virtud; maestros del logos y de la palabra, que, añade, según el sofista, es
creadora de persuasión.
Este testimonio platónico significa que para Gorgias el contenido es indiferente, no teniendo importancia lo que se dice, sino cómo se dice. Según lo
digo, puedo hacer aparecer el blanco negro y el negro blanco; así pues es
ihdiferente que hable del negro o del blanco; del mismo modo es indiferente
hablar del vicio o de la virtud, de lo justo o de lo injusto. Lo que cuenta
es. la forma, la potencia de la palabra que genera ]a persuasión; no interesa
persuadir para el bien., interesa persuadir. Será éste uno de los cánones del
estetismo romántico: lo que cuenta es la pura forma estética, cuyo contenido
es indiferente.

HABLAR DE GoRGIAS

43

�fra!-

Gorgias es autor del Elogio de Elena del cua~ p~mos ,un largo
mento, traducción inexacta, siendo exacto traduar: apologia de ~~lena ·
') Gom~i- este sofista estetizante, se hace defensor de la bellísuna Y
En e,
•t,-,
·
d f' d l
turbadora adúltera, la mujer de Menelao, que huyó con Pans; . e 1~n e e
.ideal de la belleza personificado por Helena. La Helena de Gorg1as tiene_ algunos requisitos infaltables en todas las heroínas del estetis~o: el altí:lffiº
nacimiento, en cuanto desciende de los dioses; una belleza ~e diosa que~ ,anade
Gorgias, mantiene inalterada; además ha osado transgredir la ley, deJandose
persuadir por eJ logos, por la palabra poética.
Gorgias se plantea el problema de si Helena sea culpable o no de ~ber
dejado al marido y desencadenado la guerra de Troya; responde ~egatJ.vamente: Helena no es culpable, porque lo que hace, lo /urce por necesidad.
Examinemos uno de los argumentos: admitamos, dice Gorgias, que Helena
lo haya hecho porque fue persuadida par el logos de Paris; pero ,"~ fue la
palabra la que persuadió y engañó su mente, aun en este caso es facil defenderla de la acusación". No se trata de la palabra vulgar, banal, sino d: la
que tiene el encanto, el embrujo de la poesía, la palabra que sabe engm1ar.
De hecho, dice Gorgias, "la palabra es un gran dominador, que con un
-, ·
· · ºbl e -nadie ve a la palabrasabe consumar
cuerpo pequeruslillo,
e 10V1S1
,
,
·
'
;..,...,.,,,
igualmente
que
la
palabra
de
la
poesia.
El
arte
y la poes1a
di
cosas VlDlS.LU.li&amp;o&gt; '
•
•
tienen pues una potencia tal que actúan como una ne~~dad, conqwstan,
seducen, engañan. En efecto, a través de la palabra poettca, podemos ~~oducir escalofríos de espanto, hacer llorar, reír, suscitar trist~ - compas1~n,
y de este estilo. "Si luego -continúa Gorgias-- a1 estado de ammo se anade la potencia del encanto de la palabra que con su fascinación nos halaga
y nos persuade nos arrastra, entonces se genera la magia de la palabra"• El
poeta es un i'.nago, con la palabra transforma, ~ansfigura, todo, crea
engaño más grande que la realidad; así dirá Novalis y, con el, otros romanticos y estetas. y Gorgias añade: "y ¿ qué impide c~eer que He~ena_ haya
sido arrastrada por la magia de la palabra de Pans, por las lisonJa5 de
palabra y no por su voluntad; qu~ nos .impide creer que" Hel~na no ~aya
sido arrastrada por Paris con la violencia de la pala~ra? As1 pues, SI ~
Palabra poe'tica tiene tanta magia que genere persuas16n y un e?canto a
· ·de que p ans
· se haYa servido de la.
cual no puede resistir, ya que nada imp1
potencia de la palabra poética, se concluye que Helena no es culpable.

:ro

Gorgias la absuelve.
, .
Aquí el logos está entendido como vio1encia mágica ~e la _pal~~ra poettca,
superior a la violencia física, Si París hubiese usado v10~enoa f~1ca, Helena
hubiera podido también resistirle, pero frente a la potencia magica de, l_a palabra poética, no puede. Así pues la violencia del logos sobre el espmtu es
1

más fuerte que la violencia sobre el cuerpo, violencia espiritual producida
por una palabra que tiene el poder de persuadir y engaitar: característica
del Jogos poético es la persuasión y el engaño.
Los griegos, atribuyendo a la palabra persuasiva tal potencia, la habían
personificado en una diosa. De hecho Gorgias entiende aquí la persuasión
como una entidad demoníaca, y la producida por el logos, que no es razón
ni intelecto, como un poder tremendo de persuadir irracionalmente sin que
la decisión suceda por conocimiento, arrastrados como si fuera por la fuerza
irracional del poder del logos su persuasión actúa entonces como una necesidad
ineluctahle. El poder de persuasión produce el engaño, que es propio de la
palabra poética, al cual es pues esencial la irracionalidad. De hecho, el logos
poético no hace leva sobre la razón, sino sobre los sentimientos, sobre la emotividad, sobre las fuerzas ciegas del alma: impone, como una necesidad, lo
irracional, el mundo de las pasiones, de las tentaciones, haciéndolo aparecer
válido -pero es un engañ0- según las circunstancias. En efecto, dice Gorgias, en ciertos casos, es justo ser injustos, en otras injusto ser justos.
En otro fragmento gorgiano sobre la tragedia, se lee: "con sus ficciones
y pasiones, la tragedia crea un engaño en el cual quien logra engañar actúa
mejor que quien no engaña, y quien se deja engañar es más sabio que quien
no se ha dejado engañar". ¿Por qué quien acierta a engañar actúa mejor
que quien no acierta? Gorgias responde con un razonamiento típicamente
sofista: cumple lo que ha prometido: si prometo a alguien engañarlo con
la potencia mágica de mi palabra, actúo bien si logro engañarlo, si no vengo
a menos en mi promesa. ¿Y por qué quien se deja engañar es más sabio
que quien no se deja engañar? Responde Gorgias: "porque se deja vencer
por el placer de las palabras aquel que no está privado de sensibilidad". En
este sentido Helena, que se ha dejado engañar por Paris, ha sido más sabia:
no otra cosa ha demostrado, dejándose vencer; el poseer una sensibilidad;
a su vez París ha actuado bien Eorque había prometido persuadirla y lo ha
logrado.
Para Gorgias el logos es pues un encantamiento inspirado por la belleza,
una potencia mágica que hace que la consejera de nuestra mente no sea la
razón o la mente, sino la fantasía; si nos dejamos aconsejar por la fantasía
a través de la potencia mágica de Ja palabra que obra como una necesidad
invisible, la potencia de la persuasión y el embrujo fascinador transforman
la voluntad.
Aquí reside
potencia, una
su fascinación
adquiere toda

para Gorgias la potencia del arte. El logos poético tiene su
"dúnamis" suya constituida por la fuerza irracional que con
trastorna las opiniones; las "doxa?'. Aquí el texto gorgiano
su fuerza y su dramatismo: de un lado, tenemos un discurso

45

44

�poético de un inmenso encanto que seduce, enera un cngañ , una ilusión,
pero engaño e ilusión tupendos. ¿ Vale la pena r nunciar a llas sabiendo
que es una ilu ión ; y luego, vale la pena i, rcnun iando al logo en cambio
quedan las "doxai", las opiniones comun ·? La fuerza y el tetismo d I di curso de Gorgias consisten en e} conflicto no entre I logo poético irra ional
y la verdad, ino entre el logos y la opinión porque la verdad no cxíst · así
pues, si la verdad no existe y todo lo que llamamo verdad (principio ) no
· más que un sist ma de opinioues, no vale la pena por opiníon comun
y banales renunciar al encanto d I ngaño, a la magia del Jogos poético qu
lo genera, porque te engaño ale más que cualqui r opinión.
Para Gorgias no hay v rdades: Jas que llamamos tale', son opinion ·; J
principios moral
opiniones: así pues es mejor dejarse engañar pla enteram ntc, que vivir mediocremente según la doxa. Las opinion , luaares comun , on pasivas, !áticas· nos impiden de.se.ar tien n fuer1.a d in r ia
que amalgama una masa de onvenciones social
de prejuiri s: para orgias son prejuicios todos los principios.
En ta niptura con la moral tá su estetismo: Gorgias es el prim r e critor 'maldito', que afirma que fr nte a la pasividad de las pini nes que
nos obligan a una vida tálica y al hecho de que no xistc una ver&lt;lad
absoluta vale el poder mágico del lagos poético, que rompe Ja pasÍ\;idad de
las opinion
on el dinamismo de la p rsuasión. ólo el logos poético no
pe uade y engaña, embruja y domina como una necesidad pero sólo 1
logos poético nos hace actuar con decisión; si falta esta fuerta, tamos d tenidos por la fuerza de la incr ia de la doxa.
múnmente decimos que a una persona enamorada no la d tiene nadi :
a H lena, persuadida por París, no Ja para nadie, arrolla la doxa, que trataba
de Ulmovilizarla. , lo on la dúnamis d I djscurso poético lo ramo · saltar
el peso d las opinion pruivas y mortificant s, la usanzas, todo lo que hay
de istalizado n la sociedad, que n s arrastra por la fuerza d la inercia
todos los prej uici s que pasan por principios· ella nos ha e actuar no razonand sino arrastrados por la b111jería de lo irracional: pcr, , para orgias
s mejor ser arroJlados por 1 Iogos, que tar !áticos.
La elección no tá pues entre elezeia y logos en añador - i admitirramos
la ,. rdad, tendría una fuerza igualm nte potente que la del logo poético-;
pero, ya que para orgias no existe rdad, el duelo no
ntr do cosa po ilivas, sino entre lo positivo d l logos qu con su encanto n s permit eJ goce de
la belleza, y del otro lado, la miserable doxa de 1 hombre mediocres, la
masa estática de Jas convencione que nos ligan: fr nte a t mundo opa o
de Ja doxa, ya que no hay verdad nos queda omo arma álida sólo el ngaño; pero, viva I engaño porque es producto d I logos bello poético fas-

46

inador, que ha
com ter tonterías -pero para Gorgias es mejor hacer
tonterías- que n lleva sobre alas de la in cionalidad sin las amonestaion molestas de la razón, 1 Iogos que nos engaña y nos hace saltar allend
las opiniones.

ta fascina ºón de la belleza, qu no e preocupa del contenido de 1,
a cion s. rá un motivo típico del e tetismo.
Gorgias ontin(1a n ta observa ión: sólo un discurso escrito con art
pero no inspirado en la verdad pu de del itar y persuadir a la multitud.
¿ Quién pu · cond na a Helena? o la verdad que no existe sino la doxa.
¿ Quién la absu lv ? El logos poético.
En ef to, i H I na
imputada fr nte a la doxa a la opinión común,
·qui' n la puede de timar por no haber seguido ' ta y de haberse .dejado
G
,
transportar por I logos? i fuera imputada fr nte a la \'erda d, s1, esta.na
rrada, pero si la erdad no xiste; frente a la doxa debemos com·enir qu
Helena ha hecho bien n seguir un engaño de belleza; ha dado prueba de
bersc abandonar al hechizo de lo irracional.

a aquí un probl ma que será fundamental en I tetismo mod mo: la
palabra por su magia intrínseca, el discurso bello por su potencia arrastradora,
se impon como una n
idad prescindiendo de su contenido, por la cual se
vu l\'
·w1dario que se diga la verdad o I falso que
haga I bien el
mal. El contenido se vuelve indiferente: lo que importa
la b lleza embrujadora y ' fatal' , sea de la palabra poética sea del arte, del paisaje d la
muj r o del hombre. El problema del ontenido de Jo qu di 'º, ni siquiera
se plantea ( up ne) en tanto que no ha}' erdad y sólo la ilusión o el sueño
de beUcr.a son ciertos.
En el fondo d esta concepción hay una inmensa tri teza: al mismo ti rnpo que se xalta la vicia,
la vacía. Por esto, quien se deja engañar es más
sabio que quien no se deja engañar: no solamente porque da prueba d sentir la fascinación de la belleza d saber asir lo matices del logo poético,
sino también porque sólo d jándose persuadir, no qued al arbitrio d la
d xa medio re, de las tentaciones banales.
Por ' to
sabia Helena que se ha dejado persuadir por Paris a quien
había dado el fu
de la bell za
nu misma· si no se hubi ra dejado persuadir se hubiera marchitado mediocrem nte cabe M n lao. Pero añade Gor'
gias: las palabras son como las medicinas: así omo hay fármacos que curan y fánnacos que envenenan, asi hay también palabras que con alguna
• persuasión maligna hechizando, enven nan I alma. sí pues el logos poéti o puede jer itar su imperio n ualquier ~ntido: puede ser bueno o malo
puede producir n cualquier di.rección su encantamiento o la que llama Gorgias la perstlasión o sugestión; pero también la persuasión maligna es bella.

ªº

47

�Para el estetismo del siglo XIX, también, mientras más envenenan las palabras son más bellas, porque el mal es bien; todavía más, el verdadero bien
es el verdadero mal.
Pero para Gorgias la necesidad nos es dada también por la sensación: el
mundo de las sensaciones actúa con la misma necesidad de la sugestión del
logos; nuestra alma se modela, trasmite los sentidos, segú~ las sensacion';
que deseamos o aborrecemos. Así pues, si la belleza se nos _unpone ~ traves
de los sentidos como una necesidad, podría darse el caso, dice Gorgias, que
Helena no haya sido persuadida por Paris, sino que se haya en:imorad_o_ de
él; ni siquiera en este caso podría hacerse nada, porque fa~ sensaci~nes VJStvas
auditivas que buscaba en Paris se lo imponían. Para Gorgias tamb1en el amor
actúa como una fuerza necesaria : la sabiduría consiste no en el fervor con
]a doxa -la acción de las sensaciones no vale la pena para la doxa, de privamos de sensaciones agradables-- sino en el abandonarnos a las sensaciones,
de modo que la ilusión amorosa nos persuada, y nos trastorne. Profunda tristeza hay en este conocimiento que sólo si nos dejamos arrollar por las cosas
y los engaños tengamos algunos momentos de felicidad.

discurso, la sugestión del logos no duran srempre, porque no se puede vivir
toda la vida encantados por el hechizo de un discurso poético. Ahora bien,
terminado el hechizo del discurso poético, el drama no está en aceptar la
doxa, sino en volverse a plantear el problema de la alézeia. Además, para
el que sueña, cuando sueña, el sueño no es sueño, sino realidad; se vuelve
sueño cuando se despierta. Del mismo modo, para quien está engañado por
la magia de la palabra que genera la persuasión y por consiguiente el engaño,
esto no es engaño sino verdad, porque si se sabe que es engaño ya no se
engaña más: el logos tiene una potencia mágica en cuanto hace creer que
el engaño sea verdad; lo fascinante de la persuasión nace del hecho de que
quien está persuadido cree que sea verdad y no engaño. Entonces el conflicto no está entre logos y doxa, sino está siempre entre logos y verdad, o
Ja que se ha creído tal EJ mismo Gorgias parece no darse cuenta en el último período de su escrito, que concluye asi: "He querido escribir este discurso que fuera para Helena un .elogio y para mí un pasatiempo"; golpe
final amargamente irónico y también estetizante: el arte y el amor como
juego serán temas típicos del estetismo.

Con el admitir que Helena no sea culpable termina el discurso de Gorgias. La defensa de Helena dejaría suponer- que el culpable sea _Paris, si. el
discurso hecho por Gorgias no se pudiese repetir tal cual para el mlSillo Pans:
aquí e] sentido de vanidad de todas las cosas, presente en el discurso gorgiano. Tratemos de repetirlo para París: ¿París es culpable? No, P?;que aún
adnútiendo que haya seducido a Helena con Ja palabra ¿por qwen le fue
inspirada sino por Helena misma? Tanta fuerza mágica emanaba de su belleza, que actuaba en París como un estímulo inesístible, como un_a nec~~ad.
También Paris sucumbe entonces a la necesidad de las sensactones VJS1vas
auditivas, a la ineluctabilidad del amor: el engaño y Ja persuasión son recíprocos.
Un moralist.a. podría inquirir: ¿ Y el adulterio? Gorgias responderla que
el adulterio pertenece sólo al mundo de la doxa, es una opinión que va s~perada con la dunamis ( así responderían también todos los es tetas del siglo
XIX), es una fuerza de inercia que pertenece al contenido, ~diferente, porque lo que cuenta es lo bello; además si obedecen a la necesidad, no hay ya
responsabilidad.

La concesión de Gorgias, de un mundo sin verdad, sino todo opiniones y
engaños del logos, contra las apariencias, no es del todo trágica: es melancólica -triste- amarga, pero le faltan muchos elementos para ser trágica;
le falta ante todo la lucha entre eJ bien y el mal. En Gorgias falta también
1a tentativa de una posición que trata. de ponerse más allá del bien y del
mal, de la moral común, como en la posición verdaderamente trágica de
iet.zsche. Faltan además las categorías de lo sagrado y de lo religioso, necesarias para una concepción trágica, falta una voluntad desesperada de tener
la verdad. En efecto, Helena y París son recíprocamente seductores y seducidos y en este juego obedecen a una necesidad : Helena obedece a la fascinación del logos de París, que a su vez se ha movido por la necesidad de las
sensaciones provocadas por la belleza de Helena: obedecen, no deciden nada;
se abandonan a la necesidad, arrastrados por la persuasión hacia la satisfacción de sus pasiones. Nos encontramos frente a dos personajes ciertamente
sensibles a la belleza, pero cuya belleza y sensibilidad está en el fondo privada de sentimientos, sobre todo de sentimientos en conflicto. U na característica del estetismo será justo la sensibilidad privada de sentimientos: para
el esteta., justo porque es esteta, el amor puede ser sólo un juego, de otro
modo termina por ser "es~tico". Ay del e.steta que se enamora porque cesa
de ser esteta; debe tener una fortísima sensibilidad por la belleza, pero no
de los sentimientos; debe ser árido.

Mas sería muy fácil decir que todo es. un prejuicio, doxa: muy cómodo
sería identificar o reducir cualquier principio a prejuicio; además, osar a
despecho de la. doxa, no es ponerse contra los prejuicios, porque se puede
hacerlo sólo en nombre de algo que no es prejuicio. Quien considera que
todo es prejuicio, no tiene verdaderamente ningún juicio. Este estetismo, como c1:1alquier estetismo, tiene además dentro de sí un límite: la magia. del
48

En este punto la palabra de Paris1 por fascinante y sugestiva que sea, parece simplemente una embriaguez.

49
H4

�Si se reflexiona qué cosa sea la necesidad del logos de que habla Gorgias,
se descubre que no es sino el concel!to griego del destino desconsagrado, sin
alma religiosa, no ya destino, una necesidad que viene de lo alto con 1.m poder
misterioso y terrificante (el destino de los trágicos griegos y de la mitología)
sino la fatalidad de las cosas, la necesidad de las sensaciones y de los instintos, su mecanismo.
La belleza de Helena desencadena en efecto inexorablemente las pasiones
de París que produce la magia de la palabra persuasiva y engañadora, y ellas
desencadenaban a su vez la pasión inexorable de Helena: dos voluntades sojuzgadas y por consiguiente fuera de juego, porque no se empeñan en ninguna
lucha: no de Helena para defenderse de la fascinación de la palabra de Paris~
no de Paris para defenderse de la fascinación de la belle7..a de Helena. Dos
voluntades pasivas, como la doxa: Gorgias no se percata de que el mundo de
su logos termina por identificarse con el mundo de la doxa, porque no hay
ninguna verdad por la cual combatir, por la cual ini iar un conflicto de sentimientos; todo está al nivel de la pasión, del instinto, de la sensación: pero
de esta manera Gorgias no ha humanizado, ha desnaturalizado todo, aun la
misma belleza de Helena y la palabra poética de Paris, engaño, juego, que
simplemente aburre. Y el estetismo moderno, con su vacío, ba acabado por
aburrir.
Ya de este primer ''precedente" se pueden individuar algunos límites de
esta concepción, casi para prevenirse, en sentido pedagógico, contra de este
tipo de autores.
Fuera de este tipo de estetismo de 1a beJleza, Grecia ha teorizado otro, el
del hombre filédonos, amante de los placeres, representado por Aristípo,
alumno de Sócrates y fundador de la escuela cirenaica, modelo viviente del
filédonos, y no solamente el teórico del edoné.
Refiere la tradición que en Cirene, ciudad riquísima, Aristipo desde chico
nacido rico - aunque no bastan las riquezas para hacer un esteta- se mostró
amante de todos los placeres que se J?Ueden obtener de la vida. Inteligente
y dotado de una refinada educación, tenía el gusto por la buena mesa refinada, tenía la predilección por los perfumes, de los cuales sabía sacar placeres sutiles; y a quien le hacía ver que los hombres a los que les gustaban
los perfumes eran afeminados, respondía que esto es signo de afeminamiento
solamente para los hombres aferninados, no para los otros. Naturalmente era
desprejuiciado, gran señor de la vida. Se cuenta que en la muerte de Dionisio
de Siracusa (no se sabe si el viejo o el joven) Aristipo no dudó en danzar en
veste de púrpura, mientras Platón se rehusó, no pareciéndole serio. Era amante de la conversación agradable, elegante, urbana; le gustaban las bellas mujeres y cuanto podía contribuía a hacerlo vivir placenteramente; en este sen50

tido Aristipo es el modelo del hedonista, de quien pone el fin de toqa acción
El hedonismo así entendido se opone a toda teoría,
retenida por mediocre y banal, que asigna como fin de la voluntad la virtud, la obediencia a la ley moral; su antítesis, por ejemplo, la ética kantiana
del deber por el deber. Para Aristipo, Kant sería un aguafiestas que no ha
sabido vivir. Superior a los prejuicios moralísticos, At-istipo está muy lejos
de retener inmoral vivir j el lujo y agradablemente; así Ja riqueza ale si
se la sabe empeñar en la satisfacción de nuestros deseos; del resto, él observa, hay lujo también en los ceremoniales religiosos. Si todo lo que da
placer tiene una cierta belleza y todo lo que es bello es placentero, no puede haber mal en el placer, que por esto es el solo bien. ¿ Y las leyes? Nada:
convenciones humanas que valen para aquellos que no saben vivir, pero que
el filósofo sabe despreciar. Hay pues, como en toda posición estética rotura
con la moral, superioridad deJ esteta sobre lo.s demás, y sobre foda norma
estética y jurídica, válida para la "masa". En efecto, según Aristipo, la superioridad de los filósofos consiste en el hecho que, aunque fueran abolidas
todas las leyes, ellos vivirían igualmente como viven, porque de las leyes tienen necesidad sólo los otros, los que necesitan de freno~ esto es, que no saben vivir.
en el placer que le da.

Aristipo era amante de la cultura, pero de Wl cierto tipo; no de la erudición, pero sí de la cultura que enriquece la humanitas; de aqtÚ su desprecio por las ciencias naturales y la matemática, motivo común a los estetas
de todo tiempo. «Humanista" en el sentido más mundano pero también formativo de la cultura, solía decir: "mejor ser un mendigo que inculto", esto
es mejor carecer de riquezas que de "humanidad"; "humardtas" que significa sensibilidad -que no hay sin la cultura pero que potencia la cultura
m.is.ma- por gustar el placer de la cultura y los placeres que nos. da, para
gozar la vida placenteramente, teniendo el gusto por la inteligencia, de una
buena conversación, de buenas lecturas de bellas poesías, de manera de ser
placenteramente (a.¡,,oradablemente) sociables, sutilmente espirituales mordaces y gentiles al mismo tiempo; en breve, humanitas es goce de los placeres
dignos de los hombres libres. Aristipo se puede poner entre el dandy y el
viveur de alta clase.
La doctrina de Aristipo nos ofrece motivos que interesan a aquella particular forma de estetismo, llamado "estetismo del placer".
"Vive sólo el presente", las sensaciones activas, el placer en el instante en
eJ que se genera; no un status placentero, sino "el placer en movimiento", la
volubilitas in motu · "vive sólo el presente", la sensación del placer momentáneo; ya que se ha gozado no existe ya, ha pasado, y lo que se gozará no
51

�existe aún y por lo tanto es incierto si se podrá gozarlo o no. La sensación
del placer es el fin de nuestra vida: nuestra única felicidad reside en su instantaneidad sin recuerdo de los placeres pasados y sin esperanza de los placeres futuros, porque el primero genera el pesar y envenena las sensaciones
presentes; la otra. incierta y obscura, genera preocupaciones· entonces, a fin
de que eJ placer de la sensación inmediata en su in tantaneidad no sea turbado y 1o podamo gozar en su pureza y plenitud, se necesita aislarlo en su
momentaneidad. A la observación de que también el instante pasa Aristipo,
como verdadero esteta, respondería que justamente porque se sabe que pasa
y no regresa más, no necesita dejárselo huír. Buen comentario puede ser
el carpe diem horaciano.
La característica esencial del estetismo de Arist-ipo se nos da en su célebre máxima; poseer es no ser poseído; dominar el placer sin ser por él
dominados, permaneciendo siempre dueños de nosotros mismos. Si me dejo
dominar pierdo mi libertad, la "elegancia de la voluntad", no soy ya amo
de mi goce: ser dueños de nosotros es ser grandes señores dentro de nosotros.
Es necesario saber dominar las circunstancias, saberse procurar el placer con
inteligencia, desinter' s, argucia, humorismo. En breve: se necesita dejarse
impresionar por todo lo que puede procurar placer pero hasta el punto de
no quedar esclavos de alguna cosa y de modo que ninguna nos procure
preocupaciones; para Aristipo, en efecto, un placer preocupado no vale la
pena perseguirlo. El goce es fruto de una refinada sapiencia, de un bien logrado cálculo entre el empeño requerido y el placer que se puede obtener.
En conclusión: el placer debe ser mayor que los inconvenientes que pueda
causar; dominio de sí, de modo de enseñorear las circunstancias exteriores;
perseguimiento de los deseos sin abandonarse a las pasiones; conservación de
la propia libertad frente al placer mismo; indiferencia o desprecio hacia las
conveniencias sociales; capacidad de coger el instante del placer sin pensar
en el pasado o en el fu~ro. Esta doctrina prohibe los excesos sólo por antiestéticos, pero exhorta a gozar la vida en cualquier situación según las reglas
del buen gusto y de la despreocupación, que va empujada hasta la indiferencia para los demás: desinterés total del mundo que nos circunda, de modo
de alcanzar un severo equilibrio equidistante del goce animalesco y del moralisrno tedioso, o sea, ruptura con la sociedad.
He aquí en Aristipo algunos motivos e ingredientes del estetismo moderno.
obre este propósito es aclarador el divertido diálogo entre ócrates y Aristipo que Jenofonte nos refiere en sus Memorables (libro 2o. cap. lo.), sin
olvidar de tener presente que entre Aristipo y Jenofonte, entrambos discípulos de Sócrates, no había simpatía por la diversidad de temperamento, sien-

do el moralismo conformista de Jenofonte la antítesis del estetismo despreocupado Y refinado de Aristipo; todavía no hay razón para dudar de la autenticidad del diálogo, que saca a luz hasta los dos diversos tipos humanos de
Sócrat~ y de su sibarítico discípulo, que debía tener una cierta repugnancia
por Sócrates hombre, al lado de la estima por el maestro. En este diálogo
S~rates invita a ~os presentes a ser atemperados en los placeres, pero Aristipo no es del ID1Smo parecer. "Si tú debieras educar a dos jóvenes -le
pregunta entonces Sócrates-, uno para mandar y otro para 00 estar deseoso
jamás del mando, ¿cómo los educarías? ¿ o es c,ierto que a quien educamos
para el mando lo habituarnos a 1a templanza en 1a gula, en el sueño, en los
placeres carnales, etc., de modo que sepa dominar todas las incomodidades
inherentes al mando?" Aristipo no lo duda, hasta concuerda eon el maestro
en todo punto. Pero cuando Sócrates lo interroga en cuál de los dos géneros
de hombres, el que manda o el que no manda, quisiera colocarse responde: « yo no me _eongo en efecto entre los que quieren mandar; porque
'
me
parece tonto tener que proveer no sólo de las cosas necesarias a nú sino también de las que son necesarias a los demás: las ciudades se sirven d~ quien las
manda como de esclavos, y yo quiero que mis siervos me abastezcan en abund_ancia de las_ cosas que me sirven y ellos no las toquen; lo contrario exige la
cmdad de qlllen 1a manda; así pues aquellos que aman estas molestias para sí
Y para los otros, los pongo en el número de aquellos que son aptos para el
mando; yo en vez me pongo entre aquellos que quieren vivir 1o más desahogada Y su~vemente posible". Aristipo, como todos los es tetas que se respetan,
no d ~ smo buenos gobernantes que se sacrifiquen de modo de poder gozar la vida en paz. Frente a semejantes argumentos Sócrates no se sabe defen~er con ~ habitual habilidad. Egoísmo despiadado, ciertamente, es el del estehsmo antJ._guo y moderno: los otros existen sólo para servirnos, y entre menos
nos ocupemos de ellos, más disminuirán nuestros quebraderos de cabeza. El
resto de los demás son brutos e ignorantes que no saben disfrutar de la vida:
así pues que trabajen para quien la sabe disfrutar y sabe recoger sus más
agradables y refinados matices.
O~ra sabrosa anécdota: Aristipo anda de viaje por el mar junto con su
he~ra; se desencadena una tempestad y el filósofo, que temía bastante por
su vida, se espanta Y no se abstiene de manifestarlo; los marineros le pre~tan ~ue por qué él tan sabio, tiene tanto miedo de morir. Responde:
o es cierto para la misma alma que cada uno de nosotros esté en ansias"
respuesta que denuncia el profundo desprecio por los demás, característico
de su filosofía y continente de aquella carga antisocial, propia del e tetismo
moderno. El estetismo del placer es diverso del gorgiano de la belleza: Gorgias

52
53

�aconseja dejarnos transportar por las pasiones suscitadas por la fascinación
del discurso poético: Aristipo, controlar los deseos y las pasiones por un
placer bien calculado, elegantemente vivido. Aquí, además de Ja ruptura con
la moral, común a los dos filósofos, hay ruptura con la sociedad, que no
existe en Gorgias; pero el gorgiano al tomar en cuenta a los demás no comporta su bien, sino el de quien gobierna, dado que el que gobierna se preocupa
de su interés, y los demás, el pueblo, son como instrumento aun si hace creer
que gobierna por su bien: el saber hablar es como arma para engañar a la
multitud de los ignorantes. Las dos concepciones tienen en común el pJano de
las sensaciones y de lo sensible, al cual reducen toda la vida; para Aristipo se
expresa en la momentaneidad del placer, para Gorgias en la magia del discurso.
Pero es bien pesimista Aristipo, si pone la única felicidad en el placer
s€I1Sible en su preseneia actual, instantánea. La felicidad resulta compuesta
de una serie de instantes "aislados" sin recuerdo de los placeres pasado,s y sil1
pensar en los futuros; el placer mismo, un fragmento fugaz, existe y pa.sa.;
imposible un placer continuo; por esto es imposible wia felicidad continua.
Pero entre un instante y otro de placer, un int~o: ¿de qué cosa se le
llena? Si de nada, es el tedio; si de algo, no es el placer, es el dolor. Entonces
la vida no es placer, sino tedio y dolor entremezclados de instantes de placer. Para Aristipo sólo quien goza es feliz, y quien no goza es tres veces infeliz y desventurado; pero aun quien goza tiene Ja más desesperada experiencia de tedio y dolor, perseguido por ios in tantes fugaces del placer.
En semejante teoría, donde el único estimulo es el placer momentáneo, el
dolor @s un absurdo por vencer y por olvidar siguiendo los placeres; pero
llega inevitablemente el tedio desconocido por las personas sencillas ("de
poco momento", dirá Leopardi) que 'se div:ierten" con poco, y propia de
los espíritus "superiores" · justo los Aristipos se aburren_, aún del placer momentáneo y refinado. En efecto, a la escuela cirenaica de la cual Aristipo
es el fundador, pertenece Egesia, llamado "persuasor de muerte''. Si el fin
de la vida es el placer instantáneo, sin sentido, el dolor, tedio el mismo placer,
buscado sólo para vencer la desesperación : la felicidad es sólo una máscara
del pesimjsmo de una vida s'm objeto, pesimismo propio de todo estetismo
antiguo y moderno.
El estetismo moderno, en efecto, a partir de los románticos y a diferencia
del antiguo, elimina el concepto de felicidad: vivir estéticamente no significa
alcanzar la felicidad, puesto que no hay ninguna felicidad que conseguir. He
aquí una de las profundas diferencias entre los dos estetisrnos; el dolor no
es lo opuesto al placer; el placer verdadero está en su síntesis, lo bello ver-

dadero en la unión de lo feo con lo horrendo, la "gran síntesis" de que habla
F1:ubert, las "mezcolamas heterogéneas" que señaló primeramente Novalis.
1:81 p~es el verdadero placer, la verdadera belleza están "contaminados". Tal
s~ntesis un griego no podría pensarla, le repugnaba: ella puede concebirse
soJo en un contexto cultural cristiano.
Traducción del

DR. JORGE RANGEL GUERRA

54
55

�FILO OFf E
TERIORIDAD
JAQUE
HE ALIER

EGú

DR.

LAJN

UY

Universidad de Toulouse
"Mi habitación, como hubiera dicho mi viejo
roa tro Lachrlie.r,
compone de dos pi os,
ciencia y fe, entre las uales se encuentra una
e.rea/era, qu recorro constantemente subiéndola y bajándola" (Jacques
hcvalier, prólogo
a la obra de Bernard Grasset, Comprender e
inuentar, París, Ed. Grassct, 1953, pp. 32-33).

EL

GRAN ÉXrro QUE E TÁ TENIENDO los últimos años, enlr el públit
ulto
tanto en Francia orno en el
tranj ro la monumental Historia del Pensomi,mto (París FJammarion 1955-196 ) e rita por Jacques hevaüer ( 18821962) justifica ahora el que consagremos nu tra atención a st pensador
profundo y Jaro (¡como las torr •nt de los Pirine qu no podrían ondearse, a pesar de su incomparabl limpidez!), a quien así I cr emo , aún no se
ha hecho cabal justicia, habiéndolo más ien desconocido muy a m nudo. 1

' Jle aquí la lista completa d sus obras:
Etude cntu¡ue du dialogu.e pu11do-plato11icien l'Axiochos, sur la mori el l'immortalité
de l'dme (París, lean, 1914).

La notion du nécessafre che; Atíslote et chez ses prédécerseurs, parlicuh rffllenl
c/ie;; Plato11. (París, Alean, 1915).
Descartes (París, Pion, 1921 ).
Pascal (París, Pion, 1922).
Bergson ( París, Pion, 1926).
Essai sur la /ormalion de la national,t,! et dts rlvcils religieux au Pays de Galles,
des origines a la fin du V 1cme siecle (París, Alean, 1923).
T,ois conféren&amp;es d'O:cford (París, Spes, 1928).
L'habitude. Euai de métaphysiqut1 s,;ienllfique (Pari Boivin 1929).
La For2t. Tronfais-en-Bourbonnais (Parí, Horizon d Fraocc, 1930).

57

�En mi tiempo de estudiante de filosofía en la Facultad de Letras de Grenoble ( antes de ser maestro agregado en la orbona), de 1935 a 1938, tuve
la oportunidad de seguir con asiduidad, durante aquellos 3 años ricos de
enseñama y de experiencias, todas las clases impartidas por el decano Chevalier, que estaba entonces en su al.me; de ellas he guardado un recuerdo
imborrable, como muchos otros condisclpuJos de distintas opiniones doctrinarias o políticas.:i La cálida palabra del maestro, en sus lecciones públicas y
en las que tenían por auditorio a especialistas, llegaba de lleno a cada uno
de los presentes en 1o más profundo de su -espíritu y de su corazón. Me parece
ver todavía el gran anfiteatr de la Univ rsidad plaza de Verdun, cuyas
amplias calzadas se abrían hacia la calle nevada de Ja alta y vasta montaña
de Belladona : en ese cuadro grandioso de los Alpes (que me hacía pensar en
el del cuento de J. Ruskin, The ki11g of the golden river, en el cual el peLa vie de l'es/nit (Grenoble, Arthaud, 1931).
L'idée et le riel (Grenoble, 1932).
Sa.i nte Thérese et la vie mysliqu.e ( París, Denoél, 1934).
Pascal (Flam.marion, 'ollecrion "Les grands coeurs", 1936).
La vie morale et l'au-dtlil ( Flammarion, 193 7).
Cadenus (París, Pion; tomo I: 1939; tomo II: 1951 ).
La Légende de la Forel (París, Crépin-Leblond, 1950).
Lefons de philoJophie (Grenoble, Arthaud, 1943).
Avant-Propos de l'ouvrage de Bemard Grasset, Comprendre et inventer ( París,
Grasset, 1953).
Bergson et le Pire Pouget (París, Pion, 1954).
PADRE PouoET, Logia: pensamientos y enseñanzas presentadas por Jacques Chcvalier
( París, Pion, 1955) .
Histoire de la Ju11sée: Tomo l. La pensée antique {Par'is, Flammarion, 1955).
Tomo 11; La pensé e chrétienne ( París, Flammarion, l 956).
Tomo 111: La pcnsée modeme. I: De D e-artes a Kant
(París, Flammarion, 1961).
Tomo IV: La pensée moderne. I1: De Hegel a Bergson
( París, Flammarion, 1966).
La scicnce et la pensée, estudio publicado en la obra colectiva 8cience et progre5'
liumain ( Parls, Cl'lltre économique et social de Pcrfeclionnement des Cadres, 1958).
Entretiens avec Bergson (París, Plon, 1959).
Connaltre, c'est reconnaitre (Madrid, Ed. de la Rea l Academia de Cien ias morales y políticas, l 959) .
Le souvenir de Bergson (Monlrcal, Ed. de Radio-Cantldá, 1960).
Ediciones: Les Pensées de Pascal (con comentario continuo, París, Gabalda, 1926).
letlres de Desearles sur la morale (París, Boivin-Hatier, 1935). Philosophie, manuscrito inédito de Claude Bernard (París, Boivin-Hatier, 1938), Oeuvres completes de
Pascal (París, Gallimard, La Pléjade, 1939).
• Como testimonio de este entusiasmo de mi primera juventud se puede leer: Alain
Guy, Métaphysique et intuition: le meuage de Jacques Cheualier, París, Ed. harles•
Lavauzelle, 1940 XXVIII y 190 pp.

58

queño Gluck contempla las poderosas montañas de St}Tie), la m rotación se
elevaba espontáneamente hacia las cimas de la especulación espiritual, y ante
nosotros, se desarrollaba como a través de una casa de cristal sin maquillaje
ni jerga pretenciosa, simplemente un pensamiento vigoroso y generoso, ávido
de absoluto, pero respetuoso del misterio.
En una muy bella conferencia madrileña del 13 de diciembre de 1958, en
la que se empeñó en consignar solemnemente todo lo que debía a España y
a su ultura Jacques Che\"alier proclamaba: "el verdadero reconocimiento no
depende del cuerpo como el hacer presentes los recuerdos; depende del alma,
única capaz de conservar y reconocer Jos recuerdos como tales; va de dentro
hacia afuera, de nosotros hacia las cosas, de la idea hacia la per epción, gracias a una tensión de la conciencia que va a buscar en el santuario íntimo
del alma la intención profunda que le permite interpretar las cosas proyectando sobre ellas su luz. Y es esto lo propio del amor, cuya esencia es dar y
no recibir''.ª Un tal espiritualismo de la interioridad plena, alimentado tanto
con la ciencia como con la mística, nos parece llegar a buen tiempo para responder a las aspiraciones más o menos bien formuladas, de una época revuelta,
como es la nuestra. Para cercar este mensaje y captarlo en tocios sus matices, intentaremos llegar directamente hasta la intención y el proyecto central d la
doctrina de Chevalier, la cual quiere ser un realismo espiritual integral hostil
tanto al idealismo, como al naturalismo.
Jacques Chevalier rechaza todo sistema a priori, fruto de una medita ión
personal hecha en una intimidad cerrada y que fuera orgullosamente definida como un todo intangible y definitivo. Su reflexión, en cambio parte de
una escrupulosa toma de conciencia de nuestro mundo actual, terriblemente
decepcionante a pesar de sus magnüicas conquistas técnicas. Las guerras infernales (según la justa palabra de León Séché) el dinero-rey, el egoísmo
incontrolable e hipócrita, el desenfreno de la sexualidad, las perversiones del
juicio público, la desnaturalización del hombre y de la civilización o las amenazas de acabar con el mundo hacen, y esto nadie lo ignora, que nuestro
siglo sea uno de los más sombríos de toda la Historia; como lo ha hecho ver
Bertrand Russell, '150 años de ciencia han manifestado ser más mortíferos
que 5,000 años de civilización precientífica". . . Sin abandonarse al pesimismo o al escepticismo, Chcvalier se aplica a investigar las causas de ste "desequilibrio moderno", y después intenta descubrir sus remedios. Su dialéctica
se muestra como una obra de salvación y de renovación; sin caer en el pragmatismo, vuelve sin embargo la espalda en forma deliberada a la fría e in• Connaitre, c'est reconnaltre, Madrid, Ed. de la Real Academia de Ciencias morales y políticas, 1959, pp. 10-11.

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�sensible teoría y se adapta } hace suya. tocias las inquietudes de'! alma contemporánt.'a, mismas que intenta conjurar y sobrepasar.
Ad lantándose a ciertos tema· de José Ferrater Mora -El hombre en la e11crurijada (Bueno Aire Ed. udameric.ana, 1952) · •, Jacqucs hevalier establee analrnrías entre la risis de nuestro tiempo y las crisis anteriores, como
la de los sofistas griegos en el VI siglo antes de nuestra ra o la de la decadencia romana o la de la disolución del imp rio de :arlomagno y sobre
tocio, la d I siglo XVI que fu consecuencia del abandono d la armoniosa
sínte i medieval y que se realizó por lo golpes que le dieron el nominalismo,
el neo-paganismo, el capitalismo y el nihilismo. El diagnósti o a que llega
en us diferent obras y arlículos, imputa el desatino univ rsal al rechazo de
1 equilibrio natura.le , constituti\'os de la vida humana, tanto como a la
negación de toda trascendencia. En su opinión, la pérdida de la cre&lt;'ncia n
la post-\"ida es la fuente del desamparo contemporáneo y del terrible de encadenamiento de lo ap tito incontrolables. i no existe n el más allá sanciones para nue tros actos, ninguna justicia ha de perarse después d • la
muerte y será la nada la que habrá de acoger a todos los humano . Per por
lo tanto ¿ ómo impedir el struggl / or life y l cinismo? Por otra parte, · cómo
obtener del hombre la abnega ión y el altruismo? Rebajar la vi&lt;la y ha ria
onsislir en su (mi a dimensión t rr strc, ¿ no es fatalmente llegar a la anarquía y a la tiranía? i la moral no tien más íundam nto · atoló i o que
ontológico, sino .olamente un fundamento utilitario o social, peligra volver.;
tremadam nte frágil y abdicar ant la l •y de la jungla. El más gra\' error
d l'Ste igJo de hien , · 'el absolutismo humano" 1 el cual ha por así decirlo. divinizado al hombr en lugar de Dios y, particularmente, al hombre
anónimo, al hornbre masa según el famoso título d 01 lega y Gas.set. "La
humanidad nos ha he ho olvidar al hombre. . . El hombre col ctivo se ha
.
sustituido por todas partes al hombre concr to. . . a 1a persona' ,~ mientras
qu , así como lo ha dicho Miguel de Unamuno, el hombr d cam, y hueso
sigue siendo la realidad primaria y fundamental, a la ual no podna J nuniarse sin mutilar nuestra más esencial , ·oc.ación.
El mal d que ufrimos es d ord n metafísico y aun religioso: · ría un
error p nsar para él en una terap~utica política, a la manera de todas las
"r tauraciones" ( d donde
sigue que 1 maurr i mo sea un radi al allejón sin salida cuando afirma: "¡ política n primer lugar!" ) · no es la
policía ni la ayuda conómica las qu podrían rnlver a implantar la armonía
en la iudad y en I corazón del hombre. i se quier impedir que el mundo
se pierda, no p drá lográrselo tampoco con la icncia: la ci ncia
enea• La Vie rnorale et l'au-dela, titulo de capitulo.
• lbíd., p. 6.

60

mina siempr , según la definición de ristóteles hacia Ja captura de 1
gen r 1 • lo nec sario. La iencia s, podría decirs el con imiento &lt;le las
rc]aci n relativamente universalizadas y relativamente n ::cesarías que hay
entre los fenómenos artificialmente simples. La ciencia
fu r-z.a por re ponel r a la pr unta ¿cómo?; pero ya pasaría por encima de us pretensiones i
intentara I ponder a la pregunta · por qué? o quizás, al no poder dar una
r spu sta simplem nt negaría aquella uestión' .6 El cienti mo, tanto orno
1 po ·iti\'ismo, ha quedado compl tamente d moclado· si a ve e pued toda\·Ía resolver I problema de Jo medio , en cambio se ha vuelto ent rament in apaz de resolver el de los fines pu este último pertene e al dominio
d las opc:iones metafísicas. Por consigui nte, nos
n cesario pr eder a fortal cer las fuent d la metafísica en un esfu rz por localizar de nue\' las
rand líneas de fue17.a tle la realidad, las cual no se r du en de ninguna
manera a lo temporal, a lo pa ia1 o a lo contingente, y much men a lo
ab urdo. o hay en ,erdad una "moral inde ndiente" ·. además, 1·j de
poder ser la moral la que fundamente a la metafísica (como l
Kant)
la metafísica la que fundamenta, 1 ilima y promueve la moral.

•
¿ Cu: les son pue lo procedimientos acle uados de un método sano en filosofía capaz de hacemo acceder a \Crdades metaií icas regeneradora ?
"Toda la filosofía de De cartes,
ribe hevalier,7 como toda su ciencia no
es n cierto sentido ino un método, e. de ir una "ía. hora bien. toda grande
y sana filosofía es, ante todo o: un esfueno, intele tua) y moral para alc.an7.ar la '" rdad. El hombre no puede abrazar aquí abajo toda la verdad;
no puede contemplarla f1ente a frente. Pero si la busca. s.i se ori nta hacia
ella. con toda su alma, quiere decir que ya la encontró". La filosofía auténtica
es 'conversión e piritual" ( · gún la justa expre ·ión de eorges Ba tide) : 8
consiste en orientarse r sueltamente hacia lo real, en pon rse n camino ha.
ia la strclla, en lugar de e perar pasivament una iluminación o de repetir
una escolástica ualquiera. 'La rdad para ser onocida, exige del hombre
qu éste se volte hacia ella ,0 en un mo\imiento lú ido } perseverante.
En esta inducción espiritual el prim r imperativo es el d I recurso incesante
a la experiencia más extensa posible. Chevalicr quier co11Stituir una 'metafísi a po itiva", es d cir verdaderam nte apoyada obre los hechos, aprendi• cicnce et pensée, p. 15.
' Descartes, p. 158.

• La conuasion spirituelle París, PUF. "11\itiation philo ophique", 1954.
' Bergson, p. 300.
61

�dos éstos con toda su plástica y toda su significación. o hay que reducir 1a
experiencia a la experimentación de lo sensible o de lo cuantitativo; es indispensable tener cuenta también de la intcriori&lt;lad, de lo espiritual, de lo cualitativo y hasta de la alta mística; en cambio nada sería tan negativo como
complacerse en un egotismo voluntarista o íntelectualista (a la manera de
cierto idealismo inmanentista) que identificara el pensamiento con la textura
del universo. Por el contrario, es necesario someterse siempre a lo que es.
''Sumisión, uso de la razón", decía en este sentido Pascal.:ll Chevalier ha predicado con el ejemplo a este respecto; es así c.-omo primeramente emprendió
en Inglaterra, junto con Miers, investigaciones sobre la cristalización de las
soluciones hipersaturadas, siendo así como llegó a observar la tendencia de
la materia a cristal.izarse simétricamente (mientras que la disimetría es característica de la vida~ es decir de un reino nuevo y superior) ; y fue de la
misma manera como, estudiando sistemáticamente los ritos funerarios entre
los pueblos más diverros, debió constatar la universalidad de Ja creencia en
la inmortalidad como algo implícito en aquéllos; y de la misma manera, finalmente, al escrutar los estados místicos (y precisamente los de Santa Teresa
de A vila) pudo convencerse de que los verdaderos místicos disfrutan de un
perfecto equilibrio que los habilita para la vida práctica, lo cual debe incitamos a tomar en serio sus testimonios.
Es necesario saber interpretar los hechos, sin solicitarios, pero recogiendo
con docilidad todo su significado. 'La moral se apoya sobre los hechos, y no
sobre un vago ideal. Pero para discernir los hechos es necesario tener una
justa noción de los valores. . . Lo que nos hace ver el hecho como un hecho
es su valor, su significación, su sentido real y único, todo lo cual nos permite
discernir un arreglo, una estructura, un designio detrás del que aparece como
una simple coincidencia".U Ahora bien, para comprender e integrar la experiencia es necesario tener criterios y un instrumento riguroso de comprensión,
el cual no puede ser sino la razón. Como cartesiano fiel, Chevalier ve en la
razón nuestra facultad por excelencia, la cual caracteriza específicamente
nuestra naturaleza humana y a la cual no podríamos renunciar sin enajenarnos deliberadamente. La etimología sánscrita ~e la palabra "rat", parece ~ndicar una referencia a una armonía, a un orden, a un arreglo que nosotros
no hemos hecho y que existe antes de nosotros, pero que somos capaces de
reconocer y de res2etar: juzgar bien~ es tomar las medidas de lo real y de su
estructura. F.l racionalismo de Chevalier es audaz y sin compromisos; considera como rebuscado el de Augusto Comte y sus discípulos, el cual reducía
lo racional al campo de los fenómenos y, más especialmente, al de los fenó"' Pensées, NR.F, Ed. J. Chevalier, p. 154, No. 463.
" Cadences, pp. 354-355.

62

menos .materiales y extensos; para Comte, o para Bacon, vere scire, per cawas
scire; las verdades profundas y numénicas también nos son accesibles, a condición que nos coloquemos en 1a órbita adecuada para alcanzarlas. La razón
es capaz con sus solas fuerzas de descifrar con certeza amplias esferas de lo
absoluto, tales como el libre arbitrio, la inmaterialidad y la postvida del alma
o la existencia de un Dios personal y creador, el carácter sagrado del deber y
la existencia d sanciones del más allá, etc. El fideísmo comete el error de
reservar estos conocimientos a la Revelación o a la fe·, al contrario como lo
ve Pascal~ "la fe está por encima y no en contra de la razón"; u la fe perfeccióna, dándoles acento de sobrenatural, las conquistas de la fa.7.Ón y de
la naturaleza, pero sin contradecirlas ni abolirlas. egún la palabra de Coumot,
el fondo de lo rea] no es irracional, sino más bien "t;ransracional": Dios
nos ha comunicado un poco de lo que posee en grado eminente es decir de
su poder racional. Esta es 1a razón por 1a que Chevalier se decl:U.a hostil (a
pesar de haber sido miembro del Sitlan) a todo autoritarismo doctrinario 0
adm.inístrativo, pues el extrincesismo ( clerical o laico) le parece una violación al derecho natural y a las normales ambiciones de la razón.
Sin embargo, el decano de Grenoble no llega hasta el olvido ridículo de los
límites co~stitutivos ?e la _razón hum8:°'1. Para él, sigue habiendo, a pesar de
todo una 1D.1Densa distanaa entre lo finito y lo infinito, entre nuestra razón y
la razón de las cosas ( o si se prefiere la razón divina). Por encima de los
praea7:2bula rationabilia fidei, hay otras verdades aún más importantes que
las pnmeras: se trata de Jo que todas las religiones Jlaman ".misterios", y que
toman generalmente la forma de dogmas, y a los cuales nuestro espíritu se ve
~vitado a dar su asentimiento. Hay en ello algo de inefable y de incompren~1ble que ~r supuesto seria presuntuoso querer reducir al campo de nuestro
mtelec~, siendo que ést; .está ~tado por su origen, por su estatuto y por
su destino. Nuestro espmtu es unpotente, y lo será siempre, para abrazar
toda la complejidad y toda la riqueza del ser: por ello no debe nunca despojarse de la humildad intelectual Pero si Chevalier toma por su cuenta la
fórmula desencantada de Du Bois Reymond: "ignoramus, ignorabimus"
esta confesión d~ los ~tes de nuestra comprensión no Jo lleva de ningun;
manera al desaliento. Citemos un texto en el que muestra muy bien )a calidad mixta del conocimiento humano: "cualquiera que haya sido la cuestión que se le propusiera, el P. Pouget ( un Lazarista. que Chevalicr tuvo por
maestro toda su vida) nos iluminaba con luces decisivas. Estas no suprimían
las sombras (según la divisa del cuadrante de York, lucem demanstrat umbra,
la sombra demuestra la existencia de la Juz), pues doquiera entra el Infinito
permanece el misterio, y no podría ser evacuado, como por otra parte tarn.
u

Pensées, Ed. NRF, p. 153, No. 459.

63

�poco los milagros, decía con firmeza e] padre Pouget, sin arrcinar y minar al
mismo tiempo los fundamentos mismos de la religión. Pero la luz que nos
aportaba hacía comprender el porqué de la sombra y no se convertía en
objeción de ésta sino en coruirmación de lo verdadero· por esa luz nosotros
tocábamos lo real inefable" .1 3
En su orden propio es decir el plano de lo finito y de lo natural, nuestra
razón puede por asi decir sublimarse gracia a las extraordinarias posibilidades
de la intuición. Según el autor de Cadences nuestras capacidades intuitivas
quedan a menudo insospechadas,. pues sobrepasan con mucho nuestro uso
común; también en esto, la etimología puede instruirnos mucho: intueri significa "ver hacia dentro" lo que se encuentra generalmente escondido, y la
intuición es literalmente una visión aguda. Bergson que fue el maestro venerado de Chevalier, ha analizado finamente esta noción de intuición, misma
que él concibe como una 'simpatía intelectual, por la cual uno se transporta
hasta el interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único y por
consiguiente, de inexprcsable".1 l A diferencia del discurso, "que procede por
análisis y por silogismo, estudiando las cosas desde fuera, la intuición aprende la interioridad y el corazón de su objeto. Inscribiéndose en la vieja tradición de Platón, de Plotino de la Edad Media, de Descartes, de Pascal o de
Enrique Poincaré, así como de los grandes poetas o músicos, Chevalier lanza:
'~conocer una cosa absolutamente es conocerla desde dentro, en ella misma,
como simple; conocerla relativamente es conocerla desde fuera en función
de otra cosa como compuesta". 15
Este intuitus mentís, que magnifica el autor del Discurso del método, es
pues el nervio mismo de la mayéutica metafísica; en suma, se trata de lo que
Pascal llama el corazón, como se ve por lo que Chevalier observa y aclara
elocuentemente: "la razón prueba, e.1 corazón sabe. Ahora bien ¡ cuántas cosas
se prueba sin saberlas, y cuántas otras se sabe sin poderlas probar! La intuición es como el corazón, ella sabe". 16 He ahí por qué el decano de Grenoble no vacila en traer a cuento, con prioridad, las intuiciones de los artistas
y de todos los que, sensibles a lo :invisible, e les parecen y sobrepasan la abstracción en provecho de la comunión; sería conveniente releer todas las páginas extraordinarias de La Foret de Troncais, en donde el maestro (originarió de Cérilly, en .Bourbonnais, en las orillas de la vieja selva) recoge
piadosamente las sencillas lecciones de los campesinos, los cuales a su vez se
ponen a escuchar a la gran "naturaleza" y, en particular, el mensaje de los
u
u
1•
18

64

Bergson et le Pere Pouget, pp. 55-56.
La Pensée et le mouuant, 1934, "Introduction a la metaphysique", p. 3.
Bergson, p. 83.
Bergson, p. 107.

árboles. y orno los extremo se tocan, Chevatier que registra con cuidado
1a sabiduría de las naciones, emparenta el saber popular, la paremiología Y
el folklore con la intuición de los grandes pensadores como, por ejemplo con
esta observación de Bergson a propósito de los singulares misterios o coincidencias que encierra el mundo: "Hay muchas cosas en el mundo que nosotros ni siquiera sospechamos. Así, pienso que los árboles deben tener un interior, una especie de sensibilidad. Había en nuestro jardin d la finca Montmorency un árbo1 magnífico que yo nunca había mirado con cuidado. Un
día que estaba sentado detrás de mi escritorio lo miré por primera vez y me
percaté de su presencia. Ahora bien, unos minutos después, ucedió imprevi tamente una andanada de viento extraordinariamente fuerte que abrió el
árbol en dos de arriba a abajo. ¿Me habrá solicitado acaso una mirada antes
de morir? O mi mirada habrá hecho pesar su acción sobre él? Misterio pero
misterio que es un hecho" Y Sería necesario también referirse a la extraordinaria predilección de Chevalier por la música de César Franck o de Beethoven, cuya inspiración le parece verdaderamente una Gotterfunken, tochter
auns Elysium . ..

En fin el método de Chevalier es infinitamente respetuoso frente de las
' valiosas de todos los filósofos que lo han precedido. En lugar
adquisiciones
de hacer tabla rasa de los sistemas anteriores intenta con convicción sacar de
]as antiguas filosofías toda la parte aceptable y, por a.si decir, eterna que aquéllas guardan, para confrontarla con sus propios descubrimientos. Existe así,
en su opinión toda una tradición de la filosofía perenne, jalonada por estos
grandes seres (como diría Carlyle) que son Platón, Aristóteles San Agustfo,
San Anselmo, Santo Tomás, San Buenaventura Santa Teresa de Avila San
Juan de la Cruz Fray Luis de León, 18 Descartes, Malebranche~ Leibniz, Pascal Maine de Biran, Ravaisson, Lachelier y Boutroux: son ellos junto a los
que Chevalier gusta refugiarse en sus horas de angustia y son estos grandes
genios con quienes él dialoga constantemente.

•
Su organon así circW1Scrito y explicado es puesto a la obra inmediatamente
por el decano de Grenoble para atacarse a los problemas esenciales que lo
asedian. Su "metafísica positiva" presenta 3 puntos de impacto: primero Ja
meditación de la epistemología; enseguida, una dialéctica espiritual; en fin,
Bntretiens avec Bergson, p. 237.
"" Pueden leerse las bellas páginas que consagra a estos tres españoles en l'Histoire
de la pensée (tomo II) en donde cita y utiliza las tesis sobre Fr. Luis de León y sobre
la Escuela de Salamanca (París, Vrin, 1943).
u

65
HS

�una defensa en favor de la ciencia de lo individual. Conviene ahora exponer
en detalle cada uno de estos temas.
La significación metafísica de las más grandes adquisiciones científicas actuales ha sido recogida con cuidado por el autor de Cadences. Uno de los
primeros descubrimientos es el del cambio de signo que afectó el lugar del
hombre en el cosmos~ se sabe a qué alto grado el heliocentrismo \'mo a conmover los espíritus débiles del siglo XVI y XVII, a quienes parecía muy
mezquino el .ínfimo volumen de la tierra y de nuestro cuerpo en el seno de
la inmensa pléyade de las galaxias; ahora bien, después de haber observado
lo infinitamente grande, los sig1os XIX y XX ban pasado al estudio de lo
infinitamente pequeño; en la era atómica o electrónica, el hombre aparece
como un gigante frente a las partículas submo1eculares: "si el estudio de los
astros nos había rebajado al rango de un átomo, el estudio de los átomos nos
ha elevado al rango de un mundo. Si esto está bien, el hombre parece ser
más bien ( como en la célebre visión de Pascal) ' un medio entre nada y
todo", y esta Eosición privilegiada puede ser el indicio de un destino propio
deJ hombre, llamado a comprender intelectualmente y a dominar un mundo
que lo desborda materialmente en todas las dimensiones del espacio.
Asimismo, la física moderna de los quama ha arruinado la vieja concepción de un determinismo integral que pretendía negar la libertad psicológica y moral; las "relaciones de incertidumbre", debidas a Heisenberg en
1927, han establecido sólidamente el principio de indeterminabilidad, definiendo como una imposibilidad la determinación, en un instante t, de la situación y a la vez de la velocidad de una partícula electrónica. En lugar del
mecanismo universal, que se atrincheraba siempie detrás del azar o inversamente, detrás de la fría necesidad, la ciencia contemporánea mantiene una
concepción más elástica que deja un lugar bastante uotorio a Ja finalidad.
"El determinismo no designa un singular, sino un plural. . . Hay en el universo varias escalas, en las que los fenómenos y los seres no se repiten según
una fórmula idéntica afectada por un cierto coeficiente. a semejanza perfecta no existe, ni siquiera en mecánica: un avión pequeño no es la simple
reducción de uno grande. Así el movimiento de los átomos no se reduce a
las foyes que rigen el movimiento de los astros; el organismo y los comportamientos de un ser vivo no son determinados como la estructura y el crecimiento ~e - ~ cristal; ~ ~uando yo ~fectúo un acto, después de haberlo pensado, enJUic1ado y decidido, no actuo como una piedra que cae" _20
Hay que añadir a esto las notables implicaciones de la degradación de la
energía. Desde el punto de vista de Chevalier, el principio de Carnot-Clau ius,
'"La Vie de l'esprít, p. 18.
"'La Vie de ['esprit, p. 21.

66

según el cual la energía se conserva en cuantidad, pero se degrada en cuali~
dad, nos plantea las más graves cuestiones. Con el flujo del tiempo, el universo físico se encamina de lo heterogéneo a lo homogéneo, de los estados
menos probables a los estados más probables, de la desnivelación a la nivelación; en otras palabras, la materia tiende hacia la desorganización y la muerte.
Parece pues inevitable suponer, en la base del mundo y sobre todo de la
vida, una iniciativa de creación, nn arranque dado por una conciencia supel"ior• o seaJ como lo decía C1aude Bernard, una "idea directriz", una "idea
creadora", que nos lleva ineluctablemente a sospeehar la intervención de un
Dios,
Por otra parte, el estudio d,el hábito conduce a Chevalier a ciertas aproximaciones metafísicas no menos innovadoras. Se sabe que, para Co.ndorcet,
Lamarck y la mayor parte de los biólogos del siglo XIX y de principios del
XX, hay transmisión hereditaria de los caracteres adquiridos, de suerte que
el progreso viene a ser automático e indefinido. Ya .Bergson, en La, Evolución creadora, objetaba que lo que se transmite a los niños no es el hábito adquirido sino solamente la "aptitud 11atural" ;21 de la misma manera, Lucien
Cuénot subrayaba el hecho de que la ciencia todavía no conoce ningún ejemplo de transmisión de hábitos adquiridos. En su libro sobre El Hábito, Chevalier pasa en 1·evista numerosos experimentos y concluye que desde ]a fusión
de los dos gametos sexuales qua dan nacimiento a un individuo se efectúa
una refundición total ·«en la cual desaparecen todos los caracteres adquiridos
en el curso de la existencia de Ios padres -todos con excepción de las taras,
las cuales, por afectar al germen al mismo tiempo que al organismo, han
alterado las fuentes de la vida en los mismos progenitores'' ;22 de esta suerte,
el progreso humano no es obra mecánica y fatal, sino más bien el fruto de
un esfuerzo consciente y que debe siempre volverse a empe7.ar. La hexis no
puede transmitir 1o espiritual: esto es más bien el papel de la educación, es
decir de 1a tradición plenamente asumida.
También el examen de la m emoria ofrece varios temas a la interrogación
metafísica. Desde Broca a Charcot, la teoría de las localizaciones cerebrales
sostenía que el cerebro encien-a sectores neuronales muy específicos que corresponden a otros tantos haces de funciones psíquicas tan ligados a ellos que
al desaparecer las estructuras corticales desaparecen también las imágenes y
las ideas que aquéllos soportan. Esta concepción entrañaba evidentemente
un materialismo: en la muerte, la personalidad se desvanece, como base fisiológica de la vida. Se sabe cómo Bergson, en 1906, consignó en Materia y memoria, los resultados de sus investigaciones sobre la afasia que venía reali"' l'Evolution créatrice, p. 87.
: La Vie morale et l'au-dela, p. 130.

67

�zando desde 1897, y demostró que los recuerdos no están de ninguna manera
contenidos en las células cerebrales y gue hay nna profunda independencia
entre el -cerebro y la memoria pura es decir entre el cerebro y el espíritu.
Discípulo predilecto de Bergson, Chevalier sacó de este des ubrimiento todas
sus consecuencias espiritualistas estahleciendo la seria probabilidad de la inmortalidad del alma.
Habría que añadir a toda esta cosecha otras lecciones que pueden sacarse
de la obse1vaci6n científica tales como la noción de los equilibrios naturales y compensadores: así como, por ejemplo si se mata a los pájaros las
cosechas serán destruidas por los insectos, de la misma manera en el mundo
moral, i se afecta a la familia se altera el conjunto del orden social. De manera semejante, en la alta mística el vacío efectuado por el ascetismo es de
inmediato colmado por Dios el cual acuerda a sus elegidos una gracia transfiguradora. En opinión de Chevalier, los mismos curiosos fenómenos metapsíquicas merecen una atención particular, con tal de tener en 'cuenta Jas precauciones necesarias contra las supercherías y Jas supersticiones.

•
Una vez fijados estos peldaños sostenidos por la ciencia contemporánea
Chevalier empieza a describir todo un ascenso espiritual, aquello que, a su
parecer, nos permitiría acceder desde este mundo bajo ( evidentemente secundum quid), hasta las más altas y más secretas realidades espirituales. A
la manera de todos los contemplativos ( desde Sócrates hasta BlondeJ, pasando por el obispo de Hipona, Santa Teresa de Avila, Descartes y Maine
de Biran) el maestro paite del método de inmanencia, es decir del retomo
sobre sí mismo, por medio del cual el ser humano practica el gnothi seauton.
A quienes le reprochaban el no empezar por Dios respondió muy oportunamente que en la Edad Media sin duda "se iba tan naturalmente de Dios a
las cosas porque Dios lucía más claro a los espíritus que sus creaturas o sus
símbolos. Casi no tenía necesidad de ser probado o demostrado ante su pueblo: Más bien, por él se probaba todo lo demás. Pero el mundo moderno
quiso desalojar a Dios de todas partes ... Y ahora Dios no está para nadie
en ninguna parte; cuando mucho, está en el punto de llegada. Ya no es
más el principio universalmente admitido del que se concluye a todo lo demás
por vía demostrativa: es 1a conclusión a la que se eleva después de muchos
esfuerzos, y ello cuando se logra verdaderamente elevarse". 23
Una vez expulsada la diversión (en el sentido pascaliano del término), el

ascenso espiritual va a desarrollarse en tres etapas muy típicas : la vida sensible, la vida interior o racional y la vida mística. En el nivel de lo sensible,
el hombre se deja seducir únicamente por las apariencias y se contenta con
los espejismos de la caverna: tal es el caso de los libertinos, de los avaros,
de los maniáticos de la voluntad de poder, y también el de los diletantes que
se satisfacen con la sola naturaleza. En filosofía esta actitud corresponde al
positivismo y al empirismo materialista. o sin fervor, Chevalier orienta sus
pasos en pos de Platón, el cual 'va hacia lo alto" y nos exhorta a evadirnos
de las sombras y de lo sensible para elevarnos de inmediato a lo intangible
y a las ideas eternas; pero dócil a la escuela franciscana o dominicana, no denigra los valores materiales y corporales y se limita a pedirnos gue los trascendamos leyendo en el gran Libro de la Creación todos los símbolos que
nos permiten subir ha&lt;;ia Dios. Con particular entusiasmo adopta la duda
metódica y provisional de Descartes o la noche oscura de los sentidos, tan
cara para San Juan de Ja Cruz y los otros contemplativos. Critica duramente,
con Pascal, todas las potencias carnales y les reprocha ser engañosas {desde
Jos tribunales hasta ]a medicina, hasta el ejército o hasta los pedantes de la
enseñanza); sobre todo, junto con Maine de Biran (mostrando que el esfuerzo es irreductible a sus condiciones orgánicas) Chevalier está convencido que los mecanismos materiales representan poca cosa en el acto de la
voluntad.
Precisamente es la vohmtad (y su correlato la razón) la que nos incita
a subir hasta la segunda vía, esta vía propiamente interior que tiene por
homólogos: en Platón la dianoia, en los escolásticos el discurso (o ratio abstractiva), en los místicos 'el espírih1 propio" o la voluntad propia, en Bergson
la inteligencia. . . Aquí el hombre se hace mayor y se interroga sobre la signíficación de la realidad y sobre su propio yo, sobre ese nescio quid que "cada
quien lleva consigo desde la cuna hasta la tumba" 24 y que es lo que hay
de único en e] seno de eada persona. Tal es por ejemplo el nivel de la sabiduría estoica centrada sobre la ataraxia y sobre la autosuficiencia.
Pero esta razón discursiva, tan brillante como pueda ser su fmicionamiento,
no nos permite acceder según Chevalier sino a un conocimiento muy parcial
y relativo. Avido de absoluto, el hombre debe renunciar a su amor propio
practicando la "noche del entendimiento" (según la palabra de San Juan
de ]a Cruz) y abriéndose poco a poco a una tercera vía, la del amor que es
la misma vida de Dios. "El gran obstáculo es e] espíritu propio y la voluntad
propia: el gran obstáculo es el orgullo humano. El apasionado o el maniático
de la montaña, para quien todo se reduce a la dilicultad vencida, acaba por
no saborear ni a Dios ni a la montaña. Y es que a éste le importa más pro-

"' Trois Conférences d'Oxford, pp. 53-54.
" Essai sur le Pays de Galles, p. XV.

68
69

�barse a sí mismo no tanto su propia fuerza, lo cual no estaría mal, sino su
propia suficiencia, lo cual es el error y el vicio por excelencia. Aún más, muchas almas, en su anhelo de una rara perfección que les halaga y satisface
secretamente al asegurarles un sitio diferente al de los demás llegan a des-preciar las perfecciones comunes de las que no se saca ninguna gloria; a5l
le sucede a quien por apuntar demasiado alto desatiende su deber de estado
y rehusa obedecer a su superior si juzga indigna para él la tarea que se le
prescribe. Y es que en todas las cosas tendemos a sustituir nuestras vías propias a las vías naturales". 25 En este í'$tadio, es necesario adquirir la virtud
de noluntad (según la palabra propuesta por Juan Domínguez Berrueta en
1925, en su libro llam,\do así: La noluntad), que es "la negación de una negación" ;26 gracias a ella diremos ¡ no! al orgulJo personal a fin de acoger en
nosotros la voluntad divina. Tal operación, que permuta todos los valores
habituales y corrientes del uomo qualunque es llamada por Chevalier: ' la
in versión necesaria de las imágenes". En efecto, ¿ cómo olvidar el papel capital que desempeñan las imágenes en nuestra existencia, cuando el mismo
Taine veía en el yo un simple "polipero de imágenes"? Chevalier nos sugiere
actuar sobre ellas orientándolas hacia Ja verdad y hacia el Soberano Bien.
"¿ Cómo, decía Chevalier/ 7 encontrar remedio contra la tiranía de las imágenes? No hay que tratar de abolirlas: el intento sería vano. Es necesario,
como lo hace la voluntad frente al mecanismo a propósito de los hábitos, esforzarse por reducirlas a la realidad misma a la que aquéllas están destinadas a servir y manifestar. Ahora bien, todo cambio de la eternidad al tiempo
se opera por inversión, y lo mismo todo cambio de la realidad a la apariencia.
Entre los dos órdenes, infinitamente distantes, las equivalencias se establecen
por cambio de signos. Cristo lo ha dicho: el que quiera salvar su vida la
perderá y el que pierde su vida por mí causa la encontrará (MateoJ XVI,
25). El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado (Lucas, XIV~ II). Hay que perder su yo aparente para encontrar su yo real. Es
necesario humillarse en el mundo de la apariencia para ser ensalzado en el
reino de la realidad verdadera. Todos los maestros de la vida interior lo han
proclamado después del Maestro. Cum infirmus sum tum potens sum, nos
dice San Pablo. Tanto más eres Dios cuanto más te reconoces hombre nos
dice la sabiduría antigua, traducida por Montaigne. Cuanto más se humilla
el alma en la oración, tanto más la eleva Dios, dice Santa Teresa. El sentimiento de nuestra miseria es el que hace nuestra grandeza, escribe Pascal.
u Cadences, p. 356.

Reflexionando sobre mí ser imperfecto fue como aprendí a pensar en el Ser
perfecto, escribe Descartes. Por medio del no-~ber es como nuestra alma
llega a la verdadera ciencia, declara San Juan de la Cruz. Renunciando a
su voluntad propia es como se encuentra su voluntad verdadera, afirma Elondel junto con Maine de Biran. . . Así pues, el espejo en el que según San
Pahlo (I Corintios, XIII, 12) vemos las cosas aquí abajo en enigma, nos
rnfleja la imagen invertida; es necesario conocer la imagen como imagen y
saber que está invertida para conocer lo real tal como es".
Así será trascendido en nosotros todo "lo humano, demasiado humano",
es decir el orgullo de la inteligencia y de la voluntad que constituye "el pecado contra el espíritu". De hecho, el hombre sobrepasa infinitamente al
hombre y debe persuadirse que es causa activa frente a su cuerpo y que no
puede ser sino sustancia pasiva con relación al espíritu superior a cuya sumisión se ve llamado y esto según su libre voluntad. En este nivel, el hombre
accede a la caridad por medio de un conocimiento de género particular, puramente intuitivo: la noesis de Platón, el intuitus de los medievales, el corazón o e1 'espíritu de finura" de Pascal, el amor de Bergson o la simpatía
ontológica de Max Scheler. Aquí, nosotros podemos indicar lo Absoluto, gracias a una iluminación gratuita que nos otorga Dios en su soberana libertad.
"Potenti dabitur" . . . Chevalier lo proclama: 'Es necesario que los sentidos
se sometan al eseíritu por medio de purificaciones activas y pasivas, y que
luego el espíritu mismo se someta enteramente a Dios, pues Dios obra en el
alma mientras que ésta permanece pasiva y vacia delante de El". Aquí, según la palabra del padre Pouget, "Dios opera y el hombre coopera". Llegando
a esta cimá, desde la cual todas las cosas nos aparecen según su orden propio,
el alma podrá unir estas tres formas de 1a realidad jerarquizándolas, pues el
hombre "es un ser completo que resume en sí todas las formas de la existencia; no debe sacrificar ninguna de ellas, sino más bien debe mantenerlas en
su propio rango" ,29 en una síntesis armoniosa y reconciliadora. Este movimiento de ida y de vuelta espiritual es el que Chevalier describe en estos términos: cuanto más entramos en nosotros, tanto más descendemos dentro de
nosotros mismos y nos elevamos a la vez por encima de nosotros. Altius, e.n
latín quiere decir: lo más alto -y lo más profundo. La misma palabra sirve
para designar los abismos del mar y las cimas de las montañas. Lo mismo
sucede con los dos infinitos de Pascal, el hombre que Bergson admiraba por
encima de todos los demás: a fuerza de haberse alejado, dice Pascal, se vuelven a encontrar en Dios y solamente en Dios". 30

"" La Vie de l'esprit, _p. 76.
:, Cadences, p. 362.

"°

'" La V ie de L'esprit, pp. 75-76.

.. Le Souuenir de Bergson, p. 14.

70

La Vie morale e't l'au,dela, p. 104.

71

�•
Para coronar este valioso itinerarium mentir ad Deum, el decano de Grenoble se empeñó en precisar en qué consiste predsamente la ayuda específica que nos auxiliará en esta elevación hacia el Ser de los seres: se trata
de la "ciencia de lo individual"; y será fácil advertir, en esta original concepción del maestro, el reflejo más íntimo de su alma de artista y de instrumentista ( es sabido que en Ja iglesia de su pueblo natal de Cérilly, Cheva1ier
se ocupaba de los órganos durante sus vacaciones y componía pie-taS musicales con exquisito sentimiento). Citemos este texto característico: ''Vamos
repitiendo desde hace 25 siglos que no hay cienQÍa sino Ja que se da acerca
de lo general y de lo necesario. ¡ Qué error! Una madre conoce a su niño
con verdadera ciencia1 no a la manera del pedagogo que lo reduce a un
tipo o lo hace entrar en una ley; sino que, puesto que lo ama, lo conoce en
la medida exacta en la que ella discierne 1o que en él es él mismo y no algo
diferente de él. Ahora bien, esto es Jo que pasa con todo lo que es: 1a realidad nos presenta por doquiera w1 orden que le es propio, un orden individual, articulado, infinitamente variado, al cual deben plegarse nuestra arte
y nuestra ciencia en lugar de pretender someter aquel orden a la razón. Con
una poca de atención se podrá descubrir en esto el principio de una revolución inmensa en el mundo de la especulación como en el de la acción". 81
Estas líneas significativas nos colocan muy bien enfrente de la milenaria
alternativa que se ha inlpuesto a la humanidad pensante desde el Estagirita
y que consagra la irreductibilidad del conocimiento y de la realidad; si no
hay ciencia sino acere&lt;!, d lo general y de lo necesario, mientras que no hay
realidad sino individual, nos será entonces necesario escoger entre una ciencia que trata únicamente de abstracciones irreales o la ignorancia total. Ya
en su tesis principal de doctorado,82 Chevalier abordaba directamente este
delicado problema mostrando que los griegos eran incapaces de elevarse hasta
la idea de libertad moral y hasta el conocimiento de lo individuaJ, por causa,
de su opaca cr~ncia en la Fatalidad y en la eternidad del universo: será
necesario esperar la venida del cristianismo para que la filosofía pueda librarse de aquella disyuntiva, gracias a la idea de creación por la cual se
introduce 1a contingencia en el mundo, disminuyendo con ello el imperio de
la Anagke. En su célebre introducción a su volumen sobre El País de Gales/"ª
Chevalier volvió con soltura sobre la misma cuestión: según él, los continuan La Foret de Tronfais, p.

149 .

., La Notion du nüessaire chez Aristote et chez ses prédécesseurs.
31

72

dores de Aristóteles y, sobre todo, los modemos, han agravado aún más el
dilema propuesto por el autor del Organon y de la Etica a Nicómaco, pues
no han vacilado en subestimar y aun negar la existencia de lo individual, llegando a proclamar ( como lo hace Hegel) que lo general, lo colectivo, es lo
único verdaderamente real. En tal convicción, las ciencias se ban limitado
a los aspectos generales y analíticos del mundo, callando deliberadamente
frente a su textura profunda la cual es individual. "De tal suerte, la ciencia
mode111a, cuyo fin es aseguramos el dominio más bien que el conocinliento
del mundo, no se interesa sino por los elementos y la ley mecánica de sus conjunciones": ~1 la ciencia se hace ser una interpretación seca y mutilante del
u.ni erso, que permite sin duda el desarrollo indefinido de la praxis, pero
que se desliza en un tejido de conceptos y de artificios, alejándose cada vez
más de la vida, de lo concreto y de la persona.
Como contrapartida de este abandono de la realidad, Chevalier estima que
el individuo puede ser conocido en una amplia medida. "¿ Podrá acaso decirse, declara Chevalier,35 que un hombre que es mi amigo me es menos conocido que un hombre que no es para mí sino una unidad de una muchedumbre? A decir verdad, me es mucho mejor conocido aunque el segundo
debe serme conocido en forma diferente, de la manera como se conoce en
ciencia. Pero este último aserto está muy lejos de ser justificado. ¿ Acaso los
actos de un individuo debido a su convergencia, no me penniten en efecto
llegar basta la naturaleza verdadera de tal individuo y formarme una idea
general y típica de ella, así como los fenómenos me indican en su repetición
la existencia de una ley? ¿En qué c.onsiste lo menos satisfactorio, menos completo y menos científico de una obra consistente en el estudio de un hecho
concreto e individual para definirlo e integrarlo en el conjunto complejo de
sus con&lt;liciones y de sus causas, en comparación con aquel otro tipo de obra
consistente en aislar un elemento de este hecho para referirlo a los elementos
análogos que nos muestran hechos del mismo género y con el fin de decantar
ciertas constancias semejantes a las que el físico decanta? Este segundo punto
de vista es seguramente un punto de vista científico: ¿Pero acaso es el único? Alú está toda la cuestión". Pero podrá preguntarse ¿ cuáles son precisamente los caracteres de un ta1 conocimiento? Su primer requisito es el de
utilizar preferentemente los procedimientos sintéticos. Todo método, en efecto, debe modelarse sobre la realidad: ahora bien, la naturaleza procede siempre sintéticamente, a ]a inversa de las producciones debidas a la mano del
hombre. "Cuando queremos construir, e.scribe Chevalier, o reconstruir una
cosa, reunimos las partes o los elementos previamente disociados; la natura-

Essai sur les reveil religieux au Pays de Galles.

" !bid., p. XVIII.
'" Ibid., p. XVI.

73

�Ieza crea primeramente el conjunto y saca por deducción las partes constitutivas; así procede también sin duda con los seres vivientes· en cuanto a los
demás, es decir los que estudian la astronomía, la biología, la mineralogía,
la misma cantidad de sus generaciones nos impide descubrir claramente este
carácter; pero es seguro que el mundo no ha sido hecho de la misma manera
como nosotros hacemos una casa. Para llegar a coincidir, en el acto del conocimiento, con la naturaleza, en el acto de la producción, es necesario que
nuestra idea sea sintética, así como la idea-en-obra en las producciones naturales" .36 Consiguientemente, en lugar de recortar pedazos fragmentarios en
el seno de la realidad o estudiarlos sin coordinación y a partir de puntos de
vista radicalmente diferentes, la ciencia de lo individual recurre a la síntesis:
acumulando, en primer Jugar todos los datos aportados por ]as ciencias particulares sobre el objeto estudiado, esta ciencia los trasciende enseguida con
un movimiento completamente sui generis, el cual consiste en aprehender en
este objeto lo que tiene de invenciblemente original o individual.
Algunos objetarán tal vez que esta ciencia de lo individua] arriesga perderse
en las arenas de lo indefinido, pues agota :¡us fuerzas en conocer todo lo que
es particular. El decano de Grenoble replica de antemano precisando con
rigor el dominio de lo individual: la ciencia de lo concreto que él predica
"no se avoca sino al estudio de las individualidades que cuentan, las que
designa un juicio de valor"· 37 deja de lado a sabiendas lo accidental y no
se interesa sino a los hechos cargados de significación dotados de fecundidad
cognoscitiva. Así entendida, la ciencia de lo individual es sin duda la más
alta de las ciencias, en cuanto que se enfoca sobre la realidad misma y no
sobre categorfa.s forjadas más o menos convencionalmente por nuestro intelecto.
Chevalier ha dado por lo demás una muestra muy esclarecedora de su método en su gran obra, arriba citada, sobre El País de Gales. Encontrándose,
en 1905, entre los mineros de Gales le fue dado asistir al célebre "despertar''
( revival) religioso que se produjo bajo el impulso del humilde pero dinámico
obrero Evan Roberts; así entró en contacto con las múltiples sectas de creyentes ingeniosos que ahí pululaban; su libro estudia este curioso fenómeno
histórico y lo reconstituye en la integralidad de su cuadro hic et nunc, aprovechando para este efecto ]a ayuda de las ciencias más diversas, desde la geología hasta Ja sociología y la teología. Una vez terminada esta encuesta
exhaustiva, Chevalier intentó desprender el sentido de este episodio místico
muy inglés y aun específico del país de Gales, y reveló su significación para
la psicología, la ética la metafísica y la historia de la espiritualidad.
Pero el autor de Cadences amplió aún más estas perspectivas haciéndose
"' !bid., p. XVII.
31

74

!bid., p. XIX.

ardientemente el apóstol de lo individual y afirmando que las realidades más
altas ( como la de Dios mismo) son más accesibles a las personas que a 1~
colectividades. En la alta mística, por ejemplo, la unión de amor pone pnmeramente en relación tal alma particular con el espíritu y solamente en un
se!!Ulldo momento esta alma consuma en el seno de Dios, la comunión con
todos los hombres. ¿ 1o decía Santa Teresa de Avila que 'el alma debe pensar a menudo como si no hubiera en el mundo más que Dios y ella"?
El parentesco de la ciencia de lo individual con el arte resulta ~uy_ íntimo.
Todo artista en efecto, es un intuitivo que, más allá de las apanencias y de
'
los signos, enfoca
la forma escondida que aquellos. expr~: " para e'l 1as
cosas tienen una interioridad; no se reducen a especies, a generas, a leyes, a
esquemas abstractos; cada una es ella misma y no otra cosa que ella misma
v sólo en la medida en que ella misma está individualizada pertenece al arte.
El botánico no conoce sino el roble, quercus pedunculata, quercus sessiflora;
el artista conoce y ama el roble, Apolo o el Cabelludo, y es este roble al que
pinta es este roble al que llora cuando lo ve arrancado ~or la tempestad" .38
El médico mismo que nunca tiene ante sí sino casos partlculares ( a pesar de
sus analogías) resulta ser también, como lo dice un modo de hablar popular
pero muy adecuado, "un hombre de arte", y su ciencia sobrepasa a la biolmna aeneral para convertirse en ciencia de lo individual.
"'
t,
•
Como profundo historiador de la filosofía, Chevalier converge SUl pena en
las principales corrientes doctrinarias del pasado, gracias a esta promoción de
]o singular a un rango tan insigne. De hecho, ¿no aconsejaba Platón al filósofo tomar ejemplo del arte del cocinero, el cual destaza al animal siguiendo
cuidadosamente sus articulaciones que son siempre particulares? ¿En la Edad
Media el conocimiento intuitivo de lo singular no fue acaso ardientemente
defendido en Oxford por los Franciscanos como Roger Marston? Los tomistas mismos a pesar de ser discípulos de Aristóteles, lo han reconocido implícitamente pues ha llegado a ser parte integrante del mensaje cristiano. "Lo
singular que es lo real, es también en sí lo supremo inteligible, porque lo es
para Dios".39 Pascal insistió en muchas ocasiones sobre este tema: "a medida
' h b
. . al " 40
que se tiene más espíritu, se ncuentra que, h ay ~ . o~ res on?m. es ..
y Leibniz ha repetido la insistencia en su celebre pnnc1p10 de los mdiscerrubles. Deseoso de obtener lo que Augusto Comte llamaba ' la con ergencia
mentalº' hevalier se ve ampliamente colmado con todos estos testimonios de
los maestros de antaño.
En conclusión, la especulación bergsonizante de Jacques Chevalier consti"' La Vie de l'esprit, pp. 53-54.
-" Trois conférences d'Oxford, p. 41.
'"Pensées, p. 19,

o. 17.

75

�tuye, a nuestros ojos, una magistral renovación del espiritualismo, y más aún,
una poderosa introducción al c1istianismo, pues pese a la discreción del maestro ( que rechaza la amalgama de los géneros y no pretende de ninguna manera ser teólogo~ a pesar de su gran competencia en el dominio de la religión
positiva), su realismo de la interioridad y de la trascendencia nos encamina
insensiblemente hacia la religión de Jesús, y más precisamente hacia la fe católica, la cual fue siempre muy cara a su corazón. Su lucha despiadada contra
el monismo radical (o el de la materia) emana de su constante preocupación
por esposar todos los contornos de lo real en su inagotable complejidad y por
reconocer el dualismo inSC1ito en el seno de.l ser, entre Dios y su creación.
Una vez que haya distinguido el orden espiritual divino, e.l hombre debe, según Ghevalier, confo1marle toda su vohmtad. 'El hombre no es lo que es sino
cuando es Jo que debe ser. No es el que debe ser sino cuando se somete a
Dios". 41 En esta vía, el autor de Cadences invierte la fórmula orgullosa y
vana de Protágoras: 'el hombre es la medida de todas las cosas" y la reemplaza por la de Platón (Leyes, N, 716 c): "en verdad Dios, y no como se ha
dicho, el hombre, sería para nosotros la medida de todas las cosas". Este
teocentrismo es sin duda en Ghevatier el rasgo más constante; según él, un
ta1 Dios, persona amante y providente, sancionará en el más allá nuestra conducta y nos acordará toda la dicha que su gracia y nuestros débiles méritos
nos hayan valido; desde aquí abajo, el consensus de todos los hombres sobre
una norma Suprema e infinita, la del Padre co¡nún sería suficiente para procuramos un mí.ni.mum de equilibrio y de paz, en la espera confiada de un más
allá. Para terminar demos una vez más la palabra a Ghevalier, pues no podría. definirse mejor que como él lo hizo esta apertura del pensamiento a la
fe y esta incesante circulación de la ciencia a la religión por la mediación de
la filosofía. "De hecho, escribe Chevalier, si uno se esfuerza por subir, más
allá de las formas exteriores, hasta el principio interno de donde proceden
la ciencia y la religión, tanto en su génesis eomo en su desanollo, no puede
fallarse en reconocer en ellas dos ai;pectos complementarios de la actividad
humana a parte subjecti, y a parte objecti, dos maneras distintas pero inseparables de aprehender el ser en su totalidad como apariencia y como realidad
dos etapas jerarquiza-das de la experiencia por la que el hombre entra en contacto con lo que es. . . ( ... ) . El esfuerzo de este pensamiento por liberarse
del idealismo que tiene el sentimiento de llevar en él el Dios interior, pretende construir el universo con los conceptos del hombre y no llega sino e
sustituír la fe en el Deits creans con el mito de un homo hominans, lo lleva
naturalmente a la doctrina realista según la cual el universo es un conjunto
" La Vie morale et l'au-dela, p. 31.

76

de ideas de Dios realizadas fuera de él por un gran acto de contingencia
inicial, y cada una de las cuales representa si.ngularm~te_ ~a manera como
los existentes según su orden, participan de la esenaa divma en tanto ~ue
ésta es imitable por las crea turas. . . ( ... ) . Estos testimonios de, lo~ mísb.c~s
auténticos nos libran una experiencia trascendente de un valor practico y ~oetico sin par. . . Nos enseña que el homo faber gana norma~ente con deJa~se !ru.Íar por el horno sapiens, y que éste a su vez, convertldo en homo relzgio;us y más específicamente mysticus, debe hacer desprender su norma de
la volun~d del Creador tal como nos la revelan sus poemas ( San Pablo, Rom.,
J 20) los hechos, de los cuales el más elevado es la persona h~an~ · • ·
·
de nues tras explicaciones
(' ) ' E sta experiencia nos hace ver que nmguna
··· ·
.
· d1 '
es suficiente• nos abre un gran camino hacia el porvenir, el ca.mi.no e mas
allá del cu;l el hic et nunc del espaC"io y del tiempo no se separan Y Jo cual
nos' permite comprender el juego de los mecanismo~ naturales, d~ estos mecanismos que Dios montó y de los que permanece st~nd~ su dommador, a~
cuando reposa y los deja jugar aparentemente por s1 IlllS~os, para conducu
la vida y el mundo en su marcha ascendente por un ~la.gro permanente
. ua' ante nuestro,s 01·os contra todas las probabilidades ylaque consque se con tm
.,
tituye nuestra mejor garantía de la imposibilidad de que la obra de
creacion
.
pudiera terrm.narse
en un fracaso» .42

.. Ilistoire de la pensée, tomo IV, pp. 478, 479, 480, 489 y 490.

77

�SUIZA CRISOL DE RAZAS Y PUENTE DE CULTURAS

DR.

J.

A.

DoERIG

su CONTEXTURA RACIAL problemas tan complejos como
el conjunto de Europa que fácilmente puede competir en este aspecto con
América. Con la sencilla diferencia de que en el viejo continente hemos contado con más tiempo para suavizar y mitigar los antagonismos, sin que, descontando a Suiza, ellos hayan desaparecido por completo. Para no complicar
las cosas les voy a dar una síntesis de las razas que en tiempos históricos sucesivamente se radicaron en el suelo helvético. En la época romana el territorio de la Suiza actual fue el habitat de las tribus celtas que fueron romanizándose a consecuencia de la invasión de las legiones romanas. Los celtas por
su parte fueron desplazados en substancia por tribus germánicas llamadas
helvéticas que procedieron del Norte de Europa. Estas, a su vez, fueron conquistadas por las huestes aguerridas romanas y por el genio mi.litar de Julio
César. Los helvéticos, junto con los restos celtas refugiados en valles perdidos se iban romanizando igualmente, después de varias tentativas fracasadas
de lib~rtarse del yugo de Roma. Hay que reconocer que la civilización romana
trajo grandes beneficios en los distintos campos de la vida, sobre todo la agricultura, 1a viticultura y la fruticultura, todavía hoy bases fundamentales de
nuestra vida económica fueron introducidos por ellos. También la arquitectura y la urbanización romana dejaron numerosos vestigios en el territorio helvético. La invasión de los borgoñones en el siglo V procedente de Suecia, trajo
un nuevo elemento étnico que se estableció en la región del lago de Ginebra
mezclándose con la población romana cuya civilización superior aceptaron.
Otra invasión paulatina de tribus germánicas de los alamanos tuvo lugar a
partir de la segunda mitad del siglo V, éstos tomaron posesión de la meseta
y de las regiones pre-alpinas y del centro. El desmoronamiento del imperio
romano impidió la romanización, de ellos, de modo que conservaron su idioma nativo germánico. Esta situación sufrió otra importante modificación por

SUIZA PRESENTA EN

79

�el empuje expansivo de los francos que se apoderaron del territorio de la
Suiza de hoy. La ocupación de la parte alemánica no era tan intensa, de
suerte que aquí se impuso para siempre el alemánico como lengua, mientras
que en la parte occidental los francos se rnmanizaron pero mezclándose poco a
poco con los borgoñones ya romanizados. Esta es la razón por la cual se
habla francés en el oeste y alemán en el nordeste y centro del país. El sur,
es decir, la parte meridiana] de los Alpes siguió en la órbita de la cultura
latina y se incorporó sólo mucho más tarde en el estado suizo. Mucha sangre había de correr y muchos esfuerzos hacían falta hasta que la confederación se plasmase en la forma como hoy se presenta. El resultado fue una
simbiosis orgánica de razas sin que exceptuando muy contados casos temporarios, los elementos étnicos perdiesen su personalidad propia. El secreto de
esta evolución tan rara en la historia europea y universal está en el hecho
de que el nacimiento y la expansión de la Confederación Helvética se basó
en el principió, no de la conquista sino de aliamas espontáneas. Este principio presupone el respeto de la personalidad étnica y cultural de los estados
confederados. Sólo así se explica la circunstancia tan sorprendente para el
observador extranjero de que las numerosas crisis políticas europeas no produjesen fuerzas centrifugas peligrosas para la nación. La vida cultural propia
de los estados-miembros, pequeños o grandes, estuvo y está tan asegurada y
salvaguardada que no nació y no puede nacer el deseo de incorporarse a núcleos estatales más fuertes de la misma familia étnica. Si jamás la libertad se
había revelado como fuerza cohesiva, entonces es el caso de Suiza que desconoce y rechaza, en principio, el concepto de la minoría, reconociendo los mismos
a su propia vida cultural, tanto para los grandes como para los pequeños
miembros. En 'u.iza no hay minorías en el sentido fatídico de la palabra, sino
sólo distintos núcleos étnicos y raciales que dentro de la familia helvética
están completamente eqwparados. A nadie entre nosotros se le ocurriría por
ejemplo como me sugirió un norteamericano en su afán de eficiencia de imponer un solo idioma obligatorio para todos. Esto sería un pecado contra el
espíritu de la nación. En mi opinión, la tragedia histórica de Europa estriba
precisamente en que una nación poderosa quiera imponer su cultura y su
manera de pensar a la fuerza. La falta de respeto con los menos fuertes ha
sido la maldición de Europa. Yo veo en e ta doctrina del respeto mutuo la
herencia más aliosa y más esencial que nos legó la sabiduría política de
nuestros antepasados. No que las tentaciones para olvidarse de tan sabios
principios hubiesen faltado, pero en trances difíciles siempre hubo hombres
que se los recordaron a sus contemporáneos. El resultado alcanzado tras
largas y múltiples luchas intestinas es, como ya señalé, una simbiosis de

80

ráz.as sobre 1a base de un concepto del estado común pese a las diferencias
étnico-lingüísticas y religiosas.
En vista de tal estado de cosas cabe preguntarse si hay algo así como una
cultura suiza. El problema no es tan sencillo de resolver. La complejidad de
la cuestión queda explicada por la pregunta que me hizo un día un extranjero, secretario de una escuela, hombre de mediana cultura: Dígame: ¿ uiza forma parte de Francia o de Alemania? O cuando un alemán, un alemán
del orte me preguntaba si Suiza tenía Universidades. Ahora bien aunque
estas preguntas representaban cierta falta de cultura, plantearon sin duda,
un problema de bastante delicadeza, para no decir de bastante gravedad.
Es que si muchos países han podido desarrollar e imponer su cultura por
medio de la unidad lingüística -Castilla es un ejemplo clásico-, Suiza tiene que repartir ~u patrimonio cultural por medio de tres, mejor dicho, cuatro
idiomas, que todos con justicia y razón, se llaman lenguas nacionales, a saber,
enumerados según su importancia numérica: el alemán, el francés, el italiano
y el retorrománico. Para no complicar las cosas, no dejamos entrar en línea
de cuentas el carácter multidialectical del alemán, del italiano y en parte
también del francés.
La gravedad del problema no estriba, sin embargo, en las complicaciones y
dificultades que resultan de este fenómeno cuadrilingüe que consiste en la
necesidad de traducir todas las leyes y los decretos públicos. Aparte de obli~os a aprender idiomas, hasta los mismos juristas y legisladores sacan provecho de este fenómeno porque ya al traducir y comparar los textos hay que
darse pe1íecta cuenta del sentido y alcance de las leyes para bien interpretarlas, porque toda buena traducción es un gran esfueno de interpretación.
Pero todo esto tiene importancia secundaria, señoras y señores. La gravedad
del problema está en el hecho de que participamos de tres distintas culturas
cuyos centros están fuera de Suiza, y al pretender poseer cultura propia nos
creemos con derecho a hacerlo. Por otro lado, la existencia cultural suiza reviste carácter de mayor complejidad aún, si tenemos presente que los cuatro
elementos que integran la familia suiza, son numérica.mente muy diferentes. ,
En efecto, calculado en tantos por mil, el cuadro se presenta así: 726 conesponden al núcleo alem.ánico, 207 al francés 52 al italiano y 11 al retorrománico. Salta pues a la vista que esa desproporción, este desequilibrio
étnico podría acarrear graves inconvenientes y peligros, no sófo para las
cuestiones de cultura y educación, sino, y hasta principalmente para las más
importantes y delicadas: para la paz interior de la propia Suiza. Estos inconvenientes y peligros, empero, han sido superados gracias a la estructurn
política del país y al principio de alianzas voluntarias que caracteriza el
desarrollo de nuestro Estado.
81
H6

�Conviene indicar otro factor todavía que podría resultar desintegrador: la
diferencia de las creencias religiosas. Los países iberoamericanos, tanto como
los demás países de cultura latina son, como sabemos, en su aplastante mayoría católicos. Suiza no presenta un cuadro tan claramente delineado. Nuestra nación cuenta con 575 protestantes, 410 católicos y 5 israelitas por cada
mil habitantes. El resto se reparte entre creencias diversas. Lo que vuelve
aún más complejo el problema es que las fronteras religiosas no son idén~
ticas, excepto en el Tessin, a las lingüísticas. Hay cantones en donde pred0mina una u otra confesión -en mi propio cantón de Appenzell, la religión
produjo la división política.

guerras sanguinarias. El ejemplo de los pueblos americanos resulta mucho
más importante todavía. Refiriéndome únicamente a Europa, al viejo mundo, con todos los defectos que sin duda ninguna tenemos, somos los últimos
en no admitirlo, a pesar de que todo nos parece lícito, reivindicar el mérito
de haber suministrado a Europa y en cierto modo al Mundo, el modelo de
una Unión Europea. Un modelo además que ha dado pruebas de una vitalidad y consistencia desde hace unos 650 años. Un modelo en fin, que fue
practicable, por ser, en lo que a su estructura politica se refiere, el producto
natural de carácter corporativo, creciendo y desarrollándose orgánicamente
sin ejercer la menor presión sobre los demás y sin fines imperialistas.

Etnicamente los núcleos lingüísticos reflejan sustancialmente, Jas diferencias de diversas razas europeas con claro predominio de la raza germánica
pero con fuertes y valiosos núcleos latinos. Sin adherirse a teorías racistas, a
las que nunca nos adherimos, no se debe pasar por alto este factor tampoco.

Suiza no es el producto de conquistas, sino de alianzas contra enemigos
potenciales más fuertes; contra la malicia de los tiempos, según reza la carta
fundacional de ]a Confederación. En esto se puede decir que preconiza nuestro Estado la Unión Europea, que también nació de la necesidad de protegerse de posibles ataques y agresiones de fuera.

¿No rnsulta disparatado hablar de una nación? Según ciertas teorías, constituimos, políticamente hablando, un disparate, pero un disparate tan dichoso
que desvalida todas estas teor.Ías a que aludimos. Este fenómeno tan sorprendente, señores y señoras, se explica por el hecho de que todos estos problemas
por más complejos que sean, han encontrado siempre soluciones helvéticas y
soluciones sustancialmente equitativas.
Desde los albores de nuestra existencia política, el mutuo respeto de los
principios ideológicos y culturales por parte de los miembros de la comunidad ha venido siendo inherente a nuestra estructura estatal. El suizo, muy diferente en sus convicciones a 1a mayor parte de los estados europeos, tiene la
plena seguridad de que el dfa en que se hablase un solo idioma y que hubiese un solo tipo étnico, su país dejaría de tener razón de ser. Es más: estos
mismos hechos de la diversidad étnica y por lo tanto diversidad lingüística
y cultural, se convierten hasta en fundamentos de una unión superior, más
perfecta, más íntima de las :partes antagónicas, es decir de una unión moral
y espiritual. Esto contradice manifiestamente la trágica leyenda tantas veces
secular de que las razas alemana y francesa no pueden convivir pacíficamente. Leyenda que ha costado a Europa tanta sangre y tantas energías mal
gastadas. Lo que se acaba de realizar bajo la presión de una terrible amenaza, la unión defensa europea, Suiza lo ha llevado a la práctica desde hace
siglos, por cierto en un plan más limitado. El antecedente suizo demuestra a
todas claras que elementos latinos y germánicos pueden coexistir sin, como
aconteció basta hoy y lo que se ha ve11ido considerando como un destino
fatal, destruirse. De un modo u otro nuestra historia y nuestra estructw:a
nacional nos ha educado a pensar en términos europeos lo que los demás
pueblos deben aprender todavía en duras y penosas lecciones en horribles

82

Para volver sobre nuestro tema: si cultura significa actividad de una literatura propia, de un arte propio, de una filosofía propia exclusiva, Suiza
nunca tuvo ni tiene una cultura típicamente suya. Ha creado sí, o por lo
menos en cierta medida contribuido a crear una cultura alemana, una cultura francesa y una cultura italiana, dándoles -siempre que hizo esto- un
fuerte sello suizo. Porque -y tengo interés en insistir en ello- nunca nos
sentimos provincia de cualquiera de estas grandes culturas. Como tampoco
los distintos cantones por pequeños que sean, se sienten provincia de otro
más potente. Poseemos -¿ cómo decirlo?- existencia cultural peculiar independiente, como las naciones americanas la tienen sin dejar de participar de
patrimonio cultural común. Suiza debe mucho y sigue recibiendo influencias
que nos llegan de fuera, por otro lado nos es lícito afirmar que impulsos esenciales partieron de nuestro pa.Ís para fuera. No es una cuestión de dependencia
o de independencia. sino de intrapendencia. Perm.Ítanme citarles un ejemplo
típico: Goethe nos pertenece a nosotros como GottheU, Keller ha enriquecido las letras alemanas. Rousseau, Madame de Stael y Ramuz dieron a
Francia ideas y sugerencias artísticas tan valiosas como nosotros recibimos
de Víctor Rugo y Cláudel. Francesco Chiesa es también en Italia una figura
saliente como Carducci lo es para nosotros. Poclriamos seguir en adelante.
Claro que hay que tener presente las proporciones. Suiza no es capaz de
producir tanto como Francia, que tiene 10 veces tantos habitantes como
nuestro país. Sin embargo, si estableciésemos un bal;¾nce, no tendríamos que
temer el resultado.
Hay otra cosa todavía: Poseemos mayor disposición y libertad mental

83

�para apreciar lo que viene de donde fuere. Un suizo lee un libro francés o italiano y hasta inglés o español con psicología distinta de la de un alemán.
Yo oigo su pregunta, muy justificada además: en qué estriba lo típicamente suizo de lo que ha contribuido a las distintas culturas europeas. Como
resulta bastante fácil reconocer cierto acento en los suizos alemánicos al hablar el alto alemán, es pasible también detemúnar el carácter típicamente
suizo de las obras de un sector que por la lengua y su origen pertenece a
cualquiera de los grandes grupos culturales. A mi modo de ver, lo suizo está
en una íntima relación que existe entre los fenómenos culturales con las cosas
del Estado. Trataré de e.&gt;.-plicarme mejor. o quiero decir de manera alguna
-entiéndase bien- que el Estado suizo dicte normas literarias y artísticas como acontece en ciertas democracias del otro lado del telón de acero. Muy
lejos de eso. Antes al contrario, bastada para que los artistas y escritores hicieran todo lo opuesto a lo que se prescribe. Además, el Estado, en ~ uiza, siempre ha manifestado poco interés en intervenir en las actividades artísticas y
literarias. Es muy curioso observar que el suizo por hondas que sean sus convicciones democráticas lleva una desconfianza hacia el Estado a quien no
considera un Dios omnipotente ni una panacea para todos sus achaques. Así,
tampoco tiene mucho de mecenas y nunca se le ocurriría usurpar el derecho
de dictar normas artísticas. o, aquí la manifestación es unilateral. Procede
del escritor y del artista, pues son ellos que se interesan por las cosas del Estado, por la res pública. Este rasgo es común a todas las zonas culturales de
Suiza. Es el caso de Rousseau, Pestalozzi, Ramuz, Gotthelf, Keller y en tiempos más recientes Max Frisch, César von Arx Robert de Traz, René Morax,
Fr. Chiesa, Zoppi. Todos en sus obras manifiestan interés, hasta preocupación por las cosas del Estado. Sin embargo, tengamos presente que es e.l interés del ciudadano, no del ftmcionario. Ahora bien el Estado suizo no es
--gran error sería el suponerlo- una construcción hegeliana. No es tampoco
para un suizo una sociedad anónima de responsabilidad ilimitada. Ni puede
considerársele como un producto de la Revolución francesa, en su forma
moderna, aunque hubiese sufrido influencias de ella al adaptarse a la exigencia.. El Estado suizo se basa en la idea corporativa y en el federalismo que
nada deben a ]a Revolución francesa, antes, en cierto sentido, la están opuestas. La estructura democrática de Suiza, la más antigua de Europa y casi
del Mundo tiene su origen en una alianza libre de campesinos libres de la
Suiza Central cuando recibieron la sencilla y al mismo tiempo, magna idea,
de defenderse.

84

UN CAPÍTULO OLVIDADO E LA HI TORIA
DE LA QUÍMICA: ARISTÓTELES

J.

E.

BoLZAN:

"Please, you, l'll tell yott as we pass along,
That you will wonder what hath fortuned".
(SBAKESPEARE,

The two

gentlemen

of

Verona).

Preludio filosófico. o es ciertamente Aristóteles autor fácil de abordar; y
menos lo es cuando se lo encara sin una adecuada perspectiva histórico-filosófica Y, para colmar la medida, se extraen sin más los textos pertinentes de su
contexto natural. De aquí que estimemos útil encabezar nuestro trabajo con
este aparentemente insólito preludio.
Aparece Aristóteles en un período histórico donde existe ya un notable cúmulo de conocimientos, pues le han precedido los jónicos y sus especulaciones
fisiológicas; el misticismo científico de los pitagóricos, quienes tan bien habían
apuntado ya hacia la magia de las relaciones numéricas; y los grandes nombres que marcan el apegeo de la filosofía griega, creadores del "milagro griego": la escuela eleática con Parménides a Ja cabeza y su desde entonces irrenunciable metafísica; Heráclito, con su esencial dinamismo· las conciliaciones
que pretenden marcar, por un lado, el mecanicismo atomista 'de Leucipo-Oemócrito; por otro, la moderación que significan Empédocles y Anaxágoras. La
sofística marcará el momento de decadencia al degenerar prontamente en el
escepticismo y relativismo latentes ya tanto en los eJéatas (divorcio total entre
experiencia y realidad) cuanto en Demócrito (pura subjetividad del conocimiento sensible) . Súmese a todo ello Sócrates y su método dialéctico-inductivo
que señalará tan claramente el período sistemático en la búsqueda de la ver:
dad; y el "divino Platón", maestro inmediato del Estagirita y prototipo del metafísico místico, para quien sólo interesa la pura perfección de las cosas.
Pues bien, todo este complejo panorama será el que habrá de enfrentar

85

�Aristóteles; panorama no sólo de matices ideológicos sino aun de soluciones
diametralmente opuestas a veces, como es el caso de las metafísicas de Parménides y Heráclito. Matices y soluciones pretendiendo alcanzar las cosas en su
intimidad, según su ser y existir; arduo problema que exigía incluso la búsqueda de una adecuada terminología, rudimentaria para entonces y que el
mismo Aristóteles se encargó de reformar, acuñando nuevos términos en tanto
lo exigían las circunstancias, juntando a su labor de naturalista y filósofo, la
de pionero filólogo.
Será con toda esta impedimenta con la cual atacará el problema del ser
y del devenir, y frente a las aparentemente irreductibles opiniones de Heráclito
con su ser-puro-cambio, y de Parménides rnn su ser-puro-estatismo, llegará
a su brillante concepción de la analogía del ser: "el ser es" no agota toda
su realidad; como no la agota decir que se trata de un puro cambio. Por el
contrario, la innegable muJtiplicidad de seres existentes exige que ninguno
de ellos agote o realice plenamente el ser: todo ser es (en acto) y puede ser
(potencia de ser) . Doble aspecto de permanencia y cambio que exige como
explicación adecuada de la realidad ese doble principio de ser: el acto, principio de perfección, de ser ahora esto que la cosa es; y la potencia, principio
de poder ser, de imperfección actual, de no ser totalmente en acto ]a cosa
que es, principio de cambio y variedad de los seres existentes. El ser es y no
es al mismo tiempo, según el punto de vista que se considere: una bellota
no es ( en acto) wi roble, pero una bellota es (en potencia) un roble. Ser en
potencia es un modo real de ser; es no ser en acto, mas no absolutamente
no ser ( de un ladrillo no podrá decirse de modo alguno que es un roble
en potencia) .
Analogía del ser que hallará, en el terreno físico, su expresión equivalente
a través de la teoría hilemórfica, donde el principio potencial o principio de
ser en potencia aparecerá como próte hyle (neán:17 iíl17) o materia prima;
y el principio de ser en acto, como morphé (µoecp,f¡ ) o forma substancial.
Principios primeros absolutos y absolutamente necesarios del ser material, si
éste no ha de significar una contradicción en sí mismo al decir de él que es
y cambia. Principios ciertos, universales, punto de partida incondicionado y
a los cuales se llega indefectiblemente como necesaria conclusión del análisis
intelectual de todo proceso natural: si el ser es, si este ser en concreto de
que se trata ahora existe aquí y ahora con estas sus características, debe haber
un principio o razón de ser de su ser ahora, un principio de ser ahora lo que
ahora es; mas si también puede mutar, puede ser después lo que no es ahora, debe existir un principio o razón explicativa de ese poder transformarse
desde el ser que es.
El principio de poder ser, en el orden substancial, la próte hyle, no posee

86

contenido inteligible alguno de por sí sino sólo con referencia a la substancia
de la cual es principio; y será el sujeto último en sentido lato, analógico, de
las determinaciones y propiedades del ser.1 Es algo por lo cual existe el ser;
imposible de definir, estrictamente, por cuanto no ha de poder atribuírsele
género ni diferencia específica; por ello es que Aristóteles se contenta con dar
de ella dos descripciones, negativa una,2 positiva la otra.3 Resulta así absolutamente incorrecto hacer de esta próte hyle el resto que quedaría una vez
despojado el ser material de sus determinaciones o cualidades: muy mucho
ha de cuidarse de substancializar este principio de ser. 4
Junto a esta pura determinabilidad, a esta total potencialidad~ total poder
ser, debe existir ese principio de actualidad, de determinación a la existencia
efectiva del ser para que éste se constituya como tal o cual substancia: principio de especificación, de acto o perfección primera que es la morphé: esta
da el ser simpliciter, sin cortapisas. Todas las demás formas (accidentales)
dan el ser como modificación del ser substancial.
Estos principios del ser material no son de sí experimentables sino puramente inteligibles, a través de una experiencia lograda con los seres materiales reales: precisamente la captación cabal de éstos exige aquella composición hilemórfica. Materia prima y forma substancial no son, cada una separadamente, algo que existe sino algo por lo cual existe un determinado
ser. Razón esta de que ninguno de ambos principios pueda ser objeto de observación o experimentación directa sino únicamente de intelección a través
de un exigente comporuurtjento del ser material: la experiencia sólo puede
alcanzar la cosa que es, no los principios por los cuales es. Por consiguiente,
el cometido de Jas ciencias experimentales comienza cuando les es dado ya el
ser tanto hilemórficamente constituido cuanto cuali y cuantificado.5 Aquí,
sobre este dato prenden las ciencias con todas sus posibilidades.
Por donde se verá que es malentender esencialmente a Aristóteles establecer un paralelismo o comparación entre próte hyle y materia en el actual
sentido cient'úico, pues próte hyle no es una como materia rudimentaria y
arcilla ontológica; ni una suerte de «primordial stuff", como pretenden habitualmente los bistbriadores de la ciencia. 8
1 AlusTÓTELEs, Met., 1029 a 20; Phys., 192 a 31. En adelante daremos sólo los
lugares sin mención del autor cuando se trate de Aristóteles.
• La de Met., 1029 a 20.
3 La de Phys., 192 a 31.
• Met., lib. IV, ce. 1-3 para distinción entre principio, causa y elemento. Cfr. S.
ToMÁs, ln I Phys., lect. 1, n9 5 ed. Marietti.
• Ya que si bien la forma da la especie, concomitantemente da los accidentes propios o cualidades especificas a las cuales se agregarán las no específicas o accidentales.
• Dejamos a los rejos del lector perito aportar su experiencia al caso.

87

�EL

CONCEPTO DE

[por e7.: calor, frío]; en tercer lugar, son principios el fuego, el agua

ELEMENTO

y demás análogos". 10

Mas aquella explicación de la estructura del ser material a través de los
primeros principios no es sino una explicación genérica, absolutamente última e irreductible en la vía anaJítica trazándose asr los lineamientos maestros que deberá respetar toda explicación específica de los ~bios ~ncretos
que se den en la naturaleza. Aristóteles, como buen estudioso de es~, ~e
hacía cargo de la necesidad de una explicación específica, pues la expenenc1a
muestra que los cuerpos son descomponibles o analizables en otros cuerpos
sean éstos de la misma o diferente especie:

"Los cuerpos son simples o compuestos de simples; llamaré simples
a aquellos que poseen un principio de movimiento según su natura peculiar, tales el fuego y la tierra".1

Es decir, que sólo en tercer orden son principios los clásicos cuatro ele..

mentos, porque ellos se transforman unos en otros --contrariamente a la opinión de Empédocles-- presuponiendo entonces la existencia previa tanto de
la materia prima cuanto de J.as contrariedades fundamentales y gracias a las
cuales se produce el cambio. En consecuencia, la noción de elemento es noción análoga: algo es elemento según el punto de vista que se considere.
Los elementos de los cuales se trata ahora son aquellos que surgen como
principios inmediatos de la combinación y el análisis de los cuerpos naturales en el plano sensible. No nos interesarán ahora su justificación de los
'cuatro elementos", con sus pares caracterizantes, ni la superioridad de ,¡¡u
razonamiento con relación a Empédocles,11 sino que yendo a lo positivo de
su obra nos detendremos en su definición de elemento:

Es decir, que el ser material estructurado fundamentalmente según materia
y forma, puede ser, además, el resultado de una combinación de seres, los
cuales se comportarán ahora como elementos tle ese complejo en este plano
específico considerado. Por lo cual, habiendo dilucidado la cuestión acerca
de aquella estructura hilemórfica,

"Denominaremos elemento a un cuerpo en el cual pueden ser resueltos otros cuerpos, que se halla presente en éstos actual o potencialmente
-quede esto así por ahora- no siendo él mismo divisible en cuerpos
áe natura dif erente". 12

Texto donde habla claramente de la naturaleza corpórea de esos elemen"resta por estudiar los denominados elementos de los cuerpas",8

tos; tal como lo aclara en un ejemplo inmediato:

y sus alteraciones, puesto que

ª en el caso de la substancia natural la corrupcio-generaci6n no ocurre
independientemente de los cuerpos sensibles''. 9

Estos elementos de las cosas· han de ser considerados según una gradación
ontológica precisa:
•

" ... porque la carne y la madera y cuerpos similares contienen potencialmente fuego y tierra".13

Paso que si bien particiea del error de la época, se refiere indudablemente
a Ja corporeidad de los elementos: estos cuatro no son, para Aristóteles y
contra lo que suele sostenerse a veces/1 propiedades fundamentales de la
'" De Gen. Co11" 329 a 30ss.

"Debemos considerar como prime:r principio a la materia la cual, no
existiendo jamás separada, resulta el sujeto de los contrarios [ ... ]. Consiguientemente, en primer término principio es aquel que es en potencia
un cuerpo sensible [la materia]; en segundo término, las contrariedades
' De Caelo, 268 b 26.
5 De Ge11. Con-., 328 h 32.

' De Gen. Corr., 328 b 34.

88

11

De Gen. Corr., ce. 2 y 3.

11

De Caelo, 302 a 16.

" De Caelo, 302 a 21-25.

"' Cfr. por ej. J. R. PART1NGTON, Historia de la qu,mica, trad. española, EspasaCalpe, Buenos Aires, 1945, pp. 31-32; M. E. W&amp;&amp;KS, The discovery o/ elements,
Joumal of Chemical Education, Easton, 6th, 1960, p. 4; R. TAToN (curador) , Hisloire génér-ale des sciences, P.U.F., París, 1957 vol. I, 2eme partie, liv-re 1: "La science
hellene" (P. H. Micha.e l}; M . STILU.IAN, The story of alchemy and early chemistry,
Dover, New Yo:rk, 1960, p. 125; etc.

89

�materia, sino verdaderas substancias, cuerpos simples constituyentes de los
compuestos:

"Son substancias los cuerpos simples: fuego, tierra y demás términos
de la serie; y las cosas por ellos compuestas, por ejemplo los cielos en
conjunto y sus partes; los animales y plantas y sus partes". 15

substancias simples" de Lavoisier con su inclusión de luz y calórico ( ! ) ·19
considerando cuánta delicada experimentación fue necesaria para llegar a los
actuales elementos químicos -obra sólo posible en estos últimos años (mas,
¿ cuáles son los verdaderos elementos?)- aquel error pierde toda importancia a favor de una firme doctrina todavía insuperada. Cuando Boyte da su
definición de elemento, considerada como punto oficial de partida de la
química moderna, dirá:

Y aún en su M etafísica la noción de elemento es claramente substancialista.16 Mas por cuanto estos elementos son substancias simples pero del
mismo orden material que las compuestas, deben exigir también para su
cabal comprensión una estructura hilemórfica,17 siendo precisamente esta
composición última la que explica absolutamente la posibilidad de mutua
transformación de los cuatro elementos señalados, los cuales convienen en la
p16te hyle o materia, como simplilicadamente la denomina Aristóteles en sus
textos citados.

Mas no siendo nuestra intención sino destacar los rasgos más importantes
de la teoría, precisamente aquellos que hacen a nuestro cometido, señalemos
el valor de la definición de elemento, la cual, en fuerza de su lógica interna,
es tan válida hoy como cUando la formulara el Estagirita y no obstante cuanto
se discuta en punto a cuáles son los erdaderos elementos de las cosas o substancias materiales; se trate del centenar de la Tabla Periódica o bien de electrones, protones, etc., siempre resultará cierto que
"elemento es el componente primarw e inmanente de una cosa, e indivisible según la especie". 18
Que se equivocó Aristóteles al señalar cuáles eran elementos, es innegable;
mas si no se pierde de vista Ja perspectiva histórica, ba de asombrar realmen1e cuánto de positivo tiene su trabajo. Efectivamente, frente a tantos
siglos posteriores de suma de errores sobre el tema; ante tantas teorías científicas acerca de los "tres'' o los "cuatro" principios; frente a la ''Tabla de
11

De Caelo, 298 a 28.

,. Met. 1014 a 25 y 1041 b 32. Y tan manifiestamente que S. Tomás hará notar:
"Por lo cual resulta claro que los elementos pertenecen a la causa material", In IV
Met., lect. 4; dr. también In VJJ Met., Ject. 17.

" De aquí que en sentido amplio los elementos universales sean próie h.yle y
morphé; dr. Phys., 190 b 16ss.
u Met ., 1014 a 26. La definici6n de los estoicos, que nos conserva DrÓOBNES LABR•
c10, Vitae ... , VII: "Elemento es aquel de quien proceden primeramente las cosas que
nacen y en quien se resuelven cuando acaban", resulta mucho más general e imprecisa.

90

" ... I now mea11 by elements, as those chymists, that spelk plainett,
do by their principles, certain primitiue and simple, or perfectly u11mingled bodies; which nol being made of any other bodies, or o/ one
another, are the ingredienis, of which all those called perfectly mixt
bodies are ultimately resolved",2°
siendo claro que no hace sino repetir, sin proponérselo tal vez, las ideas y
casi las palabras de Aristóteles. Y téngase en cuenta cuán superiores resultan
ambas definiciones con relación a la de Lavoisier:

' ... if we apply the term

elemeots, 01 principies of bodies to express
our idea o/ the last point which analysis is capable of reaching, we must
admit, as ele-ments, all the substances i:nto whzch we are capable, by
any means, to reduce bodies by descomposition".n

Tanto Boyle cuanto Aristóteles dan una verdadera definición operacional
de elemento, puesto que algo será elemento como consecuencia de ciertas operaciones que el científico ejecute sobre determinadas substancias a fin de verificar si le es posible resolverla en substancias cada vez más simples, hasta
llegar a aquella ya indescomponible. Pero se arribe o no al vrdadern elemento
por análisis, siempre valdrá la definición dada, siendo así que no serán elementos porque sean homogéneos sino porque no sufren ser divididos en cosas
específicamente diversas:
10 Siendo así que el cal6rico o calor-substancia babia s.ido negado ya en tiempos de
S. Tomás, por lo menos. Cfr. nuestro trabajo: ''Temperatura, s:antidad de calor y
cal6rico: la doctrina de Santo Tomás sobre el calor", Sapientia, 1962, XVII, pp. 264ss.
29 R. BoYLE, The scepticol Chymist, The Works, vol. I, p. 562, cd. Tbomas Bircb.,
reprografischer Nacbdruck der Ausgabe London 1772 G. Holms Verlag, Hildesheim,
1965. Para J. R. PAATlNOTON, A history aj chemistry, Macmillan, London, 1961, vol.
ll, p, 501, "Boyle's definition is practically identicaJ with tbe stoic doctrine", sin más.
:i A. L. LA vorstER, Elements of chemistry, t:rans. R. Kerr, 1790, reprod. Dover, New
York, l965, p. XXN.

91

�"No todo lo que posee partes semejantes [homeómeras] es elemento,
sino s6lo aquello que no puede dividirse en cosas específicamente di/ erentes".n
Lo homeómero da lugar, por simple separación, a partes de la misma naturaleza que el todo; partes que, a su vez, podrán ser escindidas en los elementos componentes del todo. En tanto que la definición de Lavoisier es
completamente empírica y práctica, tal cual él mismo lo reconoce al decir :

•

"Al we dare venture to a.ffirm of any substance is, that it mmt be
con:.sidered as simple in the present state of our knowledge, and so far
as ohemica!. anat,1sis has hitherto been able to show". 2ª
Si para Stillman la definición de Boyle "was as accurat-e a definition as
the knowledge of thc time permited", ¡ cuál no habría sido su elogio de haber conocido el antecedente aristotélico! u
Pero no sólo hasta aquí llegó Aristóteles, sino que con sorprendente perspicacia se dio cuenta que una cosa es definir esos cuatro elementos --0 simplemente, qué sea elemento- y muy otra distinguirlos según existen en la
compleja realidad natural. Es cierto que cada elemenio queda caracterizado
por cada uno de los pares posibles : el fuego es caliente-seco· el aire cafümte' cada' uno rehúmedo; el agua, húmeda-fría; la tierra, seca-fría; por lo cual
sulta conceptualmente convertible con el par que lo define. Mas en cuanto
a la existencia natural,

uno se
. trata que el fuego, el aire y cada uno de los dichos elementos,
sea stmple: de hecho, cada uno de ellos es complejo. Los cuerpos verdaderamente simples son de naturaleza similar, mas no idénticos con
aquéllos. Así, el cuerpo simple correspondiente al fuego es ígneo, pero
no fuego; el correspondiente al aire, aéreo; etc." 26
Lo cual viene a significar que los cuerpos más o menos complejos que designamos como fuego, aire, etc., son como a modo de encarnación o partici" De Caelo 302 b 15ss.
.. A. L. L,worsmR, o.e., p. 177.
.. M. STILLMAN, o.e., p. 397. Pero de Aristóteles sólo cita la versión alemana de un
tratado absolutamente sin importancia y para colmo espurio, cual es Das Steinbuch
des A.
"M Cfr. nuestro trabajo:
"El agua, es fundamentalmente fría o fundamentalmente
húmeda, según Aristóteles", Sapientia, 1967, XX.U, 30lss.
,i,, De Gen. Corr., 330 b 22.

paci6n de la elementalidad teóricamente concretada en los anteriores. Así,
dirá Aristóteles que

"llamamos fuego al elemento caliente y seco, puesto que no existe palabra plenamente adecuada a ca.da estado de evaporación fumosa sino
que utilizamos esta termin.ología porque este elemento es, por natura,
el más inflamable de todos [ . . . ]. Nótese que esto que denominamos
fuego se debe entender como extendiéndose en torno de la esfera terrestre, cual una especie de combustible, y de modo tal que un ligero
movimiento basta a menudo. para inflamarlo".27
Es decir que el fuego natural es más bien un material combustible complejo. Opinión interesantísima de comparar con la de Paneth/8 por ejemplo,
en cuanto significa. una clara distinción entre elementos teóricamente definidos y elementos prácticamente existentes; tema que dejamos ahora aquí
para no desviamos excesivamente de nuestro cometido. Apnntemos solamente
un detalle actualisimo : la ecuación de Schrodinger parece permitir ahora
una definición teórica de los elementos químicos de la Tabla Periódica, regida
hasta estos momentos por un puro empirismo. Pero baste lo dicho para dejar
suficientemente claro tanto la originalidad cuanto la real actualidad del pensamiento científico aristotélico con respecto a los elementos que denominamos
químicos.

LA COMBINACIÓN QUÍMICA

Resta ahora ocuparnos cle la ex:isteneia y condiciones de la combinación
de elementos. En su tratado sobre la corrupcio-generación de los seres, trata
Aristóteles, entre ottas cosas, del problema de la µl~t~, término que trasladamos por combinación química; y con un encabezamiento dialéctico admirable por la precisión con que sitúa el problema:

"Debemos preguntamos ahora qué sea la. combinación y qué los combinables; de cuáles cosas y bajo cuáles condiciones se predica la combi'"' Meteor., 341 b 14ss.
"" F. A. PANET:e:, "The cpiste:mological status o[ the chemical concept of element",
British J. Philos. Science, 1962, XIII, 1 y 144. Reptoducci6n de una conferencia de
1931; lo cual indica la pobreza de estudios sobre el tema. Se trata de un trabajo
importante.

92
93

�nación y, además, si de hecho se da combinación o sólo se trata de un
error". 29

Porque, efectivamente,
"algunos filósofos han sostenido ser imposible exista combinación entre
dos cosas puesto que -así arguyen- o ambas persisten siempre y entonces ninguna ha sufrido alteración ni están ambas más combinadas
que antes sino que permanecen en su estado original; o bien una de
ellas ha quedado destruida y entonces no existe combinación sino que
resta una mas no la otra. En tanto que la combinación exige que ambas existan bajo una única condición. Lo mismo ocurriría si cada una
de aquellas desapareciera seguidamente a la unión, pues no podrían
decirse tampoco combinadas en tanto que ya no existirían". 3º

Argumentación, como se ve, exigente y cabal: la existencia será o de ambos combinables, dando como resultado una simple yuxtaposición; o bien exis_tirá uno de ellos con desaparición del otro; o bien se dará desaparición de
ambos a favor de un tercero y el compuesto así existente no podrá ser designado propiamente como surgido por combinación de los anteriores. De algún
modo debe existir cierta continuidad entre combinables y combinación, puente que tiende Aristóteles a través de sus simples pero geniales nociones de acto
y potencia. Y así,
"puesto que los seres existen unos en acto y otros en potencia, es concebible que las cosas que entran en combinación existan y no existan,
según se entienda. El compuesto puede ser actualmente diverso de los
componentes de los cuales procede, en tanto que cada uno de ellos
puede ser en potencia lo que era esencialmente antes de entrar en combinación, sin que necesariamente haya desaparecido''. 31

Aceptación de este nuevo modo de ser que es necesaria si ha de lograrse
alguna explicación de los hechos experimentales, ya que
"los combinables no sólo pueden pasar del estado separado al combinado, sino que también pueden ser separados nuevamente del compuesto". 32
.. De
30 De
lt De
= De

94

Gen.
Gen.
Gen.
Ge11.

Corr.,
Corr.,
Corr.,
Corr.,

327
327
327
327

a 30ss.
a 35 - b 5.

b 22.
b 27.

Con otras palabras, lo que intenta salvar aquí Aristóteles es nada menos
que los fundamentos mismos del análisis y la síntesis químicos. Este estado
virtual de los elementos componentes en el compuesto exige alguna aclaración puesto que tras ser un término no común actualmente en las ciencias,
es a menudo mal interpretado o desconocido en su real significación. 33 En
sus términos fundamentales el problema se plantea así: cada ser substancialmente uno ha de poseer necesariamente su propia y única morphé definitoria {pues por definición la morphé es quien lo hace ser tal determinada
substancia). Ahora bien, cuando a partir- de dos substancias se logra como
resultado una tercera como combinación, y que debe poseer su propia morphé,
¿ qué ha sucedido con las formas substanciales anteriores, de los componentes?
Podría decirse que han desaparecido a favor de la forma substancial del compuesto, con lo cual se salvaría la unidad de éste, pasando los componentes al
puro estado potencial. Mas si se considera que a partir del compuesto pueden regenerarse, con mayor o menor facilidad, los componentes originales,
específicamente los mismos, ya resulta inadecuada por defecto aquella explicación. Si los componentes han quedado totalmente subsumidos en el compuesto es porque han pasado al estado de potencia total, a la hyle correspondiente a cada uno; pero hyle significa de sí total indiferencia hacia wra
determinada actualización, pues como puro poder ser que es, sólo pide de sí
forma o acto, mas no determinada forma; quedaría así sin explicación suficiente el hecho experimental innegable de la constante aparición de los mismos componentes originales, y aun bajo diversas condiciones de operación.
Es decir que admitido el paso de los componentes a la pura potencia con
el consiguiente surgimiento de la forma substancial del compuesto, quedaría
salvada la unidad de éste, roas sin .razón suficiente la reaparición posterior
de aquellos componentes ( y aun se pierde, en realidad, la noción misma de
componente) . Si, por el contrario, se sostuviera la permanencia actual de las
formas substanciales de los componentes se estaría en el caso típico de una
simple mezcla, no existiendo ahora razón suficiente de la unidad substancial
del compuesto, el cual de hecho no sería una combinación. Es la misma
e}¡,¡&gt;eriencia quien obliga a admitir un modo intermedio de subsistencia de
los componentes en el compuesto:
11 Así, por ej., PARTINOTON, o.e., vol. U, p. 381, no parece haber comprendido el
alcance y sentido de tal solución, pues al tratar el tema de las formas substanciales y
la virtualidad de los elementos en el compuesto según S. Tomás, señala que "The
difficulty that an element wh.ich no longer existed could possess properties and develop
aetivity as postulated for its essential form was not explained by Thomas and has
nevcr been explained since"; mostrando así desconocer toda la tradici6n aristotélica
y, específicamente, el opúsculo de S. ToMÁs, De mixtione elementorum.

95

�"Los componentes ni persisten en acto ni se corrompen uno ,, otro,
sino que permanecen según sus virtttalidades". 34
Este denominado estado virtual o de potencia próxima al acto está además
de acuerdo con la metafisíca aristotélica según la cual existe una verdadera
escala de perfección de las formas substanciales y donde las más perfectas
contienen virtualmente a las menos perfectas ;35 y con la doctrina de los "grados de potencialidad", acotados por los extremos de la pura h,,le y la pura
morphé. Siendo una explicación tan buena como la que pudiera exigirse hoy
día sí se explicita adecuadamente la terminología. Acostumbrados como estamos a nuestras ecuaciones químicas casi insensiblemente hacemos del compuesto una simple suma de componentes:

Ca

+ C + 1,5 02 --) CaC03

Pero esta yuxtaposición condicionada por una convencional graffa no debe
hacer olvidar que estamos frente a un nuevo "modo de ser", frente a un
comportamiento bien definido y que~ convenientemente tabulado, señala al
ente "carbonato de calcio", nueva substancia química con su modo peculiar
de ser -con su nueva morphé- irreductible a] mQdo de ser de los componentes. Innecesario es extenderse en la novedad que supone todo compuesto
químico; y si no se admitiera esa virtualidad existencial de los componentes,
quedaría estrictamente hablando inexplicada la ley de Proust y en última
instancia, sin fundamento ontológico suficiente la química toda.
Ahora bien, ¿ cómo se generan los compuestos o combinaciones a partir de
los elementos? La respuesta sólo podrá hallarse admitiendo aquel substrato
común a todos ellos que es la hyle,36 ~orque de otro modo todo se reduciría
a agregados. Pero aún la misma solución de Aristóteles va a ser objeto de
autocrítica, pues

"aún para quienes postulan una materia única de los elementos, surge
cierta dificultad al pretender explicar cómo puede provenir algo de la
suma de dos elementos: de lo frío y lo caliente; o del fuego y de la
tierra, por ejemplo". 37
Dificultad que explana con un ejemplo arcaico pero suficiente:
~•
,.,
""
"'

96

De
De
De
De

Gen. Corr., 327 b 29.
Anima., 414 b 28.
Gen. Corr., 329 b 30.
Gen. Corr., 334 b 2.

"Si la carne consis.tiera de ambos ffuego y tierra] no siendo ninguno
de ellos ni una composición donde esos elementos permanecen inalterados, ¿ qué otra alternativa queda sino identificar la resultante de ambos
elementos con sus materi.as, puesto que la corrupción de cualquiera de
ellos producirá el otro o bien la materia?" 38
Hasta ahora la teoría aristotélica de los cuatro elementos había hecho
aceptable: a) el substrato o materia común de la tetrada; b) la consiguiente
posibilidad de recíproca transformación de esos elementos o bien la de ellos
en el substrato. Por consiguiente no parece quedar salida alguna, porque si
la ca,rne no es ]a suma de los elementos, significa que éstos no permanecen
como tales; si no permanecen como tales han debido sufrir transformación;
si han sufrido transformación sólo podrá quedar como resultado uno de ellos
-mas la carne no es tierra ni fuegc- o bien la materia común. Pero es absurdo admitir que ésta tenga existencia actual de por sí; ergo .. .

"Tal vez pueda ser esta la solución: existen diferencias de grado en
lo cálido y lo frío; cuando uno de ellos existe totalmente en acto, el
otro lo hará en potencia. Mas cuando ni uno ni otro existe según la
plena actualidad de su ser, sino que al combinarse han destruido mutuamente sus excesos dando lugar a un caliente qtte es relativamente frío
y a un frío que es relativamente caliente, lo que resulta de ambos contrarios no es ni la materia ni ninguno de los elementos existiendo en
acto puro, sino un como intermedio". 39
Siendo Jas cualidades primarias de los elementos, sí bien contrarias, capaces
de intensión y remisión puesto que la experiencia indica que los cuerpos son
susceptibles de ser más o menos cálidos, secos, etc., se sigue que es posible
no sólo la directa transmutación de un elemento en otro por corrupcio-generación -y donde se daría siempre en acto pleno uno de los pares de cualidades primarias- sino también una a modo de existencia intermediaria de
esos pares o elementos, los cuales existirían ahora en estado virtual. Los cuerpos complejos resultan, por consiguiente, un modo de ser medio entre aquellos
extremos: lo frío es tal con relación a lo caliente; lo seco lo es respecto de
lo húmedo; etc. En los cuerpos naturales complejos no se da lo absolutamente
frío, seco, húmedo o caliente; apareciendo entonces el complejo como un
compromiso resultante de la acción-pasión entre elementos, o térnúno medio
entre la mezcla y la corrupcio-generación, tal como lo manifiesta práctica.. De Gen. CoTT,, 334 b 5.
"" De Gen. Corr., 334 b 8.

97
R7

�mente la mayor o menor facilidad con que puede resolverse una combinación; facilidad que se sitúa experimentalmente entre los extremos de la resolución mecánica de una mezcla y la regeneración ( término estrictamente hablando inadecuado) de un ser substancial traru¡formado. Perspicaz conclusión
de Aristóteles.
Nada obsta, pues, desde el punto de vista doctrinario para que pueda existir combinación; mas que de hecho exista y no se resuelva en simple composición mecánica, es algo que sólo la experiencia puede decir mostrándonos, si
es el caso, la realidad de cuerpos complejos no reductibles según su comportamiento, a la simple adición de comportamientos elementales; ni podrán
distinguirse en ellos partes específicamente separables. Es decir que Aristóteles echará implícitamente mano del principio según el cual "agere sequitur
esse": el modo de comportamiento de un ser es el resultado lógico de su
modo (estructura) de ser. Principio fundamental de todo conocer, de toda
ciencia y rechazado el cual nada podría decirse de una reaJidad que se presenta siempre y necesariamente dinámica.
Sin detenemos ahora en los ejemplos aducidos por el Estagirita para probar que de hecho e."&lt;iste la combinación, señalemos ya la nomenclatura que
acuñará al referirse al proceso. En primer lugar, distinguirá entre combinación (µl~ is) y mezcla ( cn'w8 ee1,q) y aún creará un término especial para
el caso de µí€tS entre líquidos: la combinación entre éstos será propiamente
xea&lt;1tq.4'0 La av118Eatt; es una simple mezcla resultante de la yuxtaposici6n de elementos; en tanto que µl~,q o xea'1tq significa un resultado tal
que se logra una verdadera unificación de los compuestos o elementos de
partida: la nueva substancia, compuesta necesariamente de todos los cuatro
e1ementos 41 ha de ser homogénea en toda su extensión -será óµotoµE(!ijt; no pudiendo distinguirse en ella partes de diversa naturaleza. Es notable
destacar que no se conforma Aristóteles sólo con el criterio práctico de decisión acerca de si se trata o no de una combinación verdadera en un caso

el legendario argonauta de la "vista de lince". Por el contrario,
"sostenemos que si ha ocurrido combinación, el compuesto resultante debe
ser de textura uniforme, siendo cada una de sus partes igual al todo, tal
como cada parte de agua es agua [ ... ] caso contrario los constituyentes
estarán combinados sólo según la percepción".,1,a

Es decir que su concepto de combinación química -para decirlo ya con
nuestra moderna terminología- no depende, tal como no lo hacia el de elemento, de la rudimentaria percepción asequible a su época y de la cual, evidentemente, se hacía cargo, sino del concepto mismo de unidad y homogeneidad del ser substancial, de 1a resultante de una combinación. Todo cuanto
se produzca como simple suma de substancias será siempre mezela, heterogénea por consiguiente si se desciende suficientemente en su intimidad.
Dijimos ya de la composición de toda substancia natural a través de todos
los cuatro elementos; si agregamos ahora que los tales se transforman recíprocamente y que tal transformación es según el modo más directo y natural, cíclica,44 tenemos entonces un claro antecedente y muy bien fundamentado ahora, del "Principio de conservación de la materia", que recién conocerá la química por obra de Lavoisier en 1789, y más bien como postulación
gratuita por necesaria.
Ahora bien, para que pueda hablarse de combinación, de aparición de una
nueva substancia como resultado de la interacción (acción-pasión), los componentes o combinables deben alterarse mutuamente de algún modo, Por
consiguiente,
~s claro que s6lo son combinables aquellos que poseen alguna contrariedad, pues s6lo ellos son tales como para mfrir acción recíproca".45

«

Con lo cual

dado, ya que
"los constituyentes pueden estar combinados sólo según la percepción,
apareciendo como combinación para quien no posea aguda visión, mientras no ocurrirá a.si a los ojos de Linceo",42
... Puesto que la combinación entre líquidos suele ser más fácil de llevar a cabo,
Aristóteles utiliza a menudo xeáa~ como único término para "combinación"; cfr. el
importante trabajo de H. H. JoAamld, "Aristotle's conception of cheroical combination", J. Philology, 1903, XXIX, 72ss.
"' Cfr. De Gen. CMr., 335 a 8.
" De Gen. Con., 328 a 15.

98

"combinación es la unificación de los combinables y como resultante de
sus mutuas alteraciones''; {G

siendo
"combinable todo aquello fácilmente adaptable según configuración y
43 De Gen. Co11., 328 a
.. De Gen. Corr., 331 b
45 De Gen. Corr., 328 a
.. De Gen. Corr., 328 b

10.
2.
32.
22.

99

�capaz de accionar y reaccionar; si.endo combinable con otro análogam.ente dotado ( porque combinable es relativo a combin(lble )".17

Esto declarado, rechazará la teoría de Demócrito acerca de la combinación
o generación de nuevas substancias por simple yuxtaposición de átomos: tales
mal llamadas combinaciones no pueden ser sino simples mezclas, sin más
unidad que la accidental provocada por compulsión exterior. Para Aristóteles, lo hemos visto, el todo resultante de un proceso de combinación es más
que la mera suma de sus partes, posee un comportamiento propio y exige, por
consiguiente, una Tazón suficiente, una estructura justificante y donde los
componentes existen en estado virtual.
Revisando un tanto estas condiciones aristotélicas en función de nuestros
conocimientos químicos, no podemos menos que sorprendernos en punto a
su actualidad. En primer lugar, su exigencia de acción y reacción por medio
del contacto 48 es aún hoy válida en tanto todo compuesto químico se logra
por interacción de reactivos, donde ninguno resulta absolutamente activo o
pasivo y donde 1a teoría electrónica de la valencia exige a su modo pero bien
concretamente esa "contrariedad" que da razón de la posibilidad de reacción.
Y esto último no sólo en e1 caso de los compuestos iónicos, donde el ejemplo
resulta más claro, sino aún en aquellos de carácter covalente, en cuyo caso
esa "contrariedad" puede muy adecuadamente ser entendida como mutua
compleción de una estructura estable y en la cual siempre aparecerá algún
tipo de dipolo marcando los extremos "contrarios". Por donde también el
compuesto es "reactivo", puede entrar en procesos de combinación con otro
compuesto "análogamente dotado". En segundo lugar el compuesto así logrado es algo más que la suma de sus componentes los cuales ni desaparecen
totalmente a favor de la nueva substancia, tal cua] lo muestra la posibilidad
del análisis, ni están simplemente yuxtapuestos, ya que bien claramente resultan las nuevas propiedades del compuesto distintas de la adición de ]as
prop_iedacles de los componentes, pues a fuer de rigurosos ni el principio de
adición de masas se cumple, sino el de conservación de la masa-energía. Estado que la físico-química puede definir mejor, por supuesto, que Aristóteles; pero conceptualmente sigue siendo válido hablar de estado virtual.
Pero lo que más sorprenderá, tal vez y especialmente a aquellos que han
sido acostumbrados a pensar de Aristóteles como de un peyorativo metafí., De Gen. Cor,., 328 b 20.

" Principio que enunciara primeramente Aristóteles y no Newton, al decir: "Porque actuar sobre el movible en cuanto tal equivale a moverlo; lo cual, ocurriendo por
contacto, significa que el motor sufre concomitantemente una pasión", Phys., 202 a 5.

100

sico, apriorista y dogmático, será su descenso al plano definidamente práctico. Hemos visto que combinable es aquello "fácilmente adaptable según
configuración", texto un tanto oscuro, que se aclara con otro:
"Entre las cosas que son recíprocamente activas y pasivas, algunas resultan fácilmente divisibles [ ... ]. A.demás, las tales se combinan más fácilmente si se las yuxtapone en pequeños trozos, ya que en tal condición
se tra11sforman recíprocamente con ma3•or facilidad y rapidez; en tanto
que cuando se hallan en grandes trozos, el efecto lleva más tiempo".«i

Luego aquella facilidad de adaptación configurativa significa facilidad de
reducción a pequeñas partículas; so y si el lector es tan exigente como para
solicitar un ejemplo, allá va:
"Los líquidos son los más combinables de todos los cuerpos, porqu.e
de todos los cuerpos divisibles es el líquido el má.s adaptable según configuración, a menos que sea viscoso".n

Otrosí digo:
"Es fácilmente divisible aquello que puede ser limitado con facilidad;
'.Y más lo es aquello que más fácilmente puede serlo. Así, el aíre posee
esta cualidad más que el agua; y el agua que la ti.erra".&amp; 2

La exactitud y el cuidado puesto en estas observaciones hasta alcanzar el
concepto y propiedades de la viscosidad -que ha de entenderse más bien
como inmiscibílidad- pueden ser apreciados y valorados sin mayor dificultad. Y téngase en cuenta que Aristóteles nada podía saber por entonces acerca
de la existencia de los gases. Sea como fuere, son todas estas exigencias prácticas que bien casan con 1a teoría puesto que si toda acción-pasión -condición necesaria de combinabilidad- exige como disposición material el contacto,53 se ha de ver facilitada por el estado de subdivisión de los reactivos,
'" De Gen. Corr., 328 a 23-33.
'" De Gen. Corr., 328 b 2.
01 De Gen. Corr., 328 b 3.
"'" De Caelo, 313 b 8. Como nota aquí J. TRICOT, Aristote: traité du ciel Vrin
París, 1949, p. 176, "Los evóe,~a (bene determinabilia) son aquellas cos~ cuy~
figura es fácilmente modificable y que toman, en ra.z6n de la gran movilidad de sus
parúculas, la forma del continente. Se los puede denominar flúidos o cuerpos plásticos",
como caso extremo, agregamos.
" De Gen. Corr., c. VI.

101

�estado que aum~ta considerablemente la superficie de contacto. La interacción se da concretamente entre seres cuantos, por lo cual la actividad específica de cada uno se verá extendida por la cantidad -el accidente que hace
extensa a la substancia-. En otras palabras, a igualdad de intensidad, mayor
actividad total a mayor extensión. Recuérdese que en las reacciones heterogéneas la veloGidad de reacción es proporcional a la superficie de contacto
entre las fases (en las homogéneas resulta proporcional a la concentración
de los reactivos disueltos lo cual sólo constituye una variante del caso anterior}.

EL ATOMISMO ARISTOTÉllCO

Tan se está acostumbrado a asociar a Demócrito con el atomismo que bien
puede llamar la atención el título de este apartado. Y sin embargo nada difícil resulta justificarlo a poco que se lean con cuidado ciertos textos aristotélicos, precisamente aquellos en los cuales se refiere el Estagirita a la teoría
de las "semillas" según Anaxágoras, de acuerdo con la cual todo se compone de &lt;1nieµa-r:a, infinitas según el número y la especie, M existiendo todas
las especies posibles en cada una de las cosas ~5 sin que nunca pueda llegarse
a un estadio final en la división de los cuerpos: la "materia'' ha de ser infinitamente divisible porque de otro modo habría que admitir que el simple
proceso de partición conduciría a la aniquilación del ser. 56 Situación que
criticará Aristóteles distinguiendo, en primer término, entre divisibilidad matemática y divisibilidad física; sólo en cuanto extenso es el continuo divisible
al infinito 5T pues
"toda magnitud es divisible en magnitude:s",58

porque en tanto haya extensión, en cualesquiera de lt&gt;s estadios eo que se
detenga el proceso de división será siempre admisible posterior partición, al
menos en cuanto posible. Mas en tanto se trate de un cuerpo específico, que
no sólo comporta cantidad sino que es una cantidad de determinada substancia, las cosas cambian fundamentalmente: aquí debe admitirse ya necesariamente punto o puntos de detención en aquella monótona secuencia sepa"'FTag. 4; según H. Dnu.s - W KRANz, Die Fragmente der Vonokratiker, Weidmannsohe Verlag, Berlín, 8a., 1952.
..- Frag.
""Frag.
"" Phys.,
""" Phys.,

102

6.

3.
185 b 10.

232 a 23.

rante. Ha de aceptarse que existiendo naturas -es decir, substancias en
tan.to que activas- ha de existir la cantidad concomitante, pues que el
cuerpo natural es siempre una cantidad de substancia; cantidad que habrá
de tener un valor mínimo compatible con ser el ser de tal o cual natura o
especie, pues la cantidad es el accidente primero y específico del ser material y, por consiguiente, el accidente necesario y generalísimo de aquel ser ya
dentro del orden físico.
Esta necesidad de admitir una cantidad mínima de substancia la ejemplificará Aristóteles con una experiencia ideal, dirigida precisamente contra la
teoría de Anaxágoras según la cual todo está en todo y de cualquier cosa
podría extraerse on·a cualquiera por simple separación. 59 Si es esto cierto,
"extráigase carne a partir del agua, repitiendo el proceso de separaci6n
sobre los sucesivos restos: ocurrirá entonces que aun cuando la cantidad
separada disminuya constantemente, no caerá por debajo de cierta magnitud. Por consiguiente, si el proceso tiene un fin, no todo estará en todo,
porque entonces no habrá ya carne remanente en el agua. Mas si no se
llega a un fin, siendo posible siempre una posterior extracción, existirá
una multitud infinita de partículas finitas iguales en una cantidad finita,
lo cual es imposible. Más aún: puesto que todo cuerpo ha de ver disminuído su tamaño cuando se le quita algo, estando la carne definida
tanto en grandor cuanto en pequeñez, es claro que nada podrá separarse
de la cantidad mínima de carne ya que la carne restante sería entonces
menor que el mínimo de carne".ªº

Texto del cual surgen inmediatamente tres importantes consecuencias: a)
No se da división al infinito de wi ser substancial en cuanto tal; b) toda divisi6n real de tal ser debe acabar en "partículas finitas iguales"; c) tales
partícu.las son los minima naturalia -romo los denominó posteriormente la
tradición latina- de la substancia y que se definen como la mínima cantidad de una substancia que es aún tal substancia; concepto que coincide adecuadamente con los actuales de átomo y molécula.
Sin duda alguna que no es Aristóteles demasiado explícito en su atomismo
naturalista, ni se ocupó ya casi del desarrollo de esta idea fundamental; y
tal vez precisamente por esa su fundamentalidad que la hacia tan obvia
como para excusar aclaraciones de poca o ninguna monta y cabida dentro
del marco de sus intereses filosófico-naturales, como resulta claro a poco que
se lean sus tratados De Caelo, De Gen. et Corr., y Meteorologica, ~or ejem'" Frag. 6 y 11.
"' Phys., 187 b 27 • 188 a l.

103

�plo y donde ninguno de los problemas que allí trata exige una paladina recurrencia a los "mínimos". No obstante, en IV Meteor., verdadero tratado
de química práctica, hará algunas referencias que pueden considerarse bastan te claras respecto al tamaño relativo de ciertos mínimos; así, al referirse
al proceso de solidificación de ciertos materiales por sucesivos calentamiento
y enfriamiento, sostiene que en tales condiciones
u el

enfriamiento hace tan compactos a esos cuerpos que no puede penetrar ya ni la humedad"; 61

y en el caso de la arcilla de alfarería, que sólo se compone de tierra

''el agua no puede penetrar a través de sus poros, los cuales sólo dejan escapar el vapor [durante la cocción]". &amp;t

Material sobre el cual insistirá como ejemplo de una conclusión general:
"Los cuerpos [que solidifican] por ausencia de humedad, funden por
el agua, a menos que su estructura Jea tal que resulten sus poros demasiado pequeños como para dejar penetrar las partículas de agua, tal
como o¡;urre con la arcillu'.,_ 63

Análogamente con el fuego:
"Son combustibles aquellas cosas cuyos poros son tales que permiten
pasar el f1tego". 64

Sea como fuere en el detalle y dejando de lado ahora todo desarrollo histórico posterior,65 esta idea aristotélica, tras ser metafísicamente incontrover•• Metwr., 384 b 9.
112

Melern., 384 b 20.

Meteor., 385 a 28.
"' Meteor., 387 a 20. Cfr. un curio.so caso de poros y asado de carnes en 381 b.
Otros ejemplos del uso de "poros" para explicar el comportamiento de los cuerpos
en 386 a 1§, 386 b 2, 387 a 2, etc. Doctrina esta de los poros que es discutida entre
los eruditos y que aparece bien resumida por H. D. P. LEE, Aristotle Meteoro/ogica,
text and English trans. by. . . 1..oeb Class. Library, 1962, p. XVU; lo cual no quiere
decir que estemos siempre de acuerdo con sus opiniones.
80 Podrá consultarse al caso: A. G. VAN MELSEN, From Atamos to Atom, Duquesne
U.P., Pittsburgh, 1952 (versión española: Ayer y hoy del átomo, Sudamericana, Buenos Aires, 1957, con varios errores de imprenta, algunos importantes), y A. MAIER,
63

104

tible, está en pleno acuerdo con la experiencia tanto vulgar cuanto cientlfica:
sus mínimos naturales poseen todas las muy pocas ventajas de los átomos de
Demócrito sin sus defectos y además están concordes con Ja linea de razonamiento que, precisamente ahora cuando se ha mostrado desde la ciencia
de la materia y muy claramente la insuficiencia de toda imagen mecanicista
de la realidad, adopta la atomística actual. la cual habiendo pasado desde
el átomo de Dalton al modelo de Rutherford-Bohr, y desde éste al cuasiesquema de los orbitales y, finalmente, al concepto de átomo como un ente
que se comporta según determinadas ecuaciones matemáticas, ha mudado
desde un "modelo" a la expresión matemática de un comportamieto, de
una natura. El átomo actual resulta así una cantidad mínima de cierta especie,
una natura cuanta, un mínimo natural, si no queremos seguir soslayando ya
una concordancia que se está imponiendo hasta en la nomenclatura.
La rigidez improductiva del atomismo democríteo brota de su carácter
fundamentalmente apriorístico e impuesto a la natw:aleza como consecuencia de una previa posición metafísica, parmerúdea en esencia; por el contrario, cl atomismo naturalista de Aristóteles -atomismo relativo pues sus
átomos son tales sólo en cuanto substancias- mantiene aún hoy su vaJor
precisamente por la flexibilidad que le otorga tener en cuenta no sólo las
exigencias filosóficas pertinentes sino también las condiciones experimentales
decisivas; de aquí que no temamos hablar de atomismo pero agregando inmediatamente nuestro epíteto de ''naturalista" y donde se admite multiplicidad tanto numérica cuanto específica de los tales mínimos, pero estando
regulado el número en ambos casos por lo que diga la experiencia, sin imposiciones previas.
De aquí también --consecuencia que no explicitaremos por ahora- que
la teoría atómica de Dalton y la nuestra actual sea no ya democrítea sino
fundamentalmente aristotélica.
Acabamos así este resumen de la química aristotélica,6 6 de la que podríamos
denominar 'química teórica"; de propósito dejamos de lado la "química
práctica" y de la cual trata ampliamente Aristóteles en su ya mencionado
Meteor. IV, pues por depender en sus muchos detalles de Jos conocimientos
y aun de la nomenclatura de su época -nada fácil está de definir- exigiría
de por sí otro más amplio trabajo. Nuestro intento ha sido simplemente llamar la atención sobre un tema casí desconocido en la historia de la química
por su dificultad misma, exigente a doble extremo -filosofía aristotélica y
An der Grenze von Scholastik und Naturwissenrcha/tJ Ed. di st:oria e Jetteratura,
Roma_. 2a., 1952.
• Esperamos, D.v., publicar próximamente una obra dedicada precisamente a la
química de Aristóteles y donde daremos amplia noticia también de la química práctica.

105

�química- y que tal vez explique cómo es posible pueda decirse todavía hoy
que "Aristotle's che.roist:ry, like Socrates' books, does not exist". 67 Y tema a
cuyo valor intrínseco de tan actuales ideas ya en el siglo IV a.C. ha de
agregarse el panorama que queda abierto con respecto a las vicisitudes de
esta físico-química aristotélica a través de los siglos que van desde Teofrasto
y Estratón de Lampsaco hasta el renacimiento mecanicista del siglo XVII,
por lo menos, No resulta aventurado decir que de haberse mantenido hasta
entonces y correctamente esas ideas aristotélicas, muy otro y más fructífero
habría sido el desarrollo de la físico-química y de toda ciencia de la materia,
pues en tal caso el mecanicismo, que es buena muleta pero magra pierna, se
hubiera mantenido en su apta condición de andamiaje circunstancial mas no
como estructura fundamental de la naturaleza, tal cual lo fue para la ciencia
hasta bien entrado nuestro mismo siglo.

J.

E.

MICHELE FEDERICO SCIACCA
PROF.

ENzo

FAruNELLA

Pontificia Facoltá Teologica
Napoli

BoLZAN

Facultad de Filosofía. Pontificia Universidad Católica "Santa Maria de

los Buenos il.ires", Buenos Aires,
Argentina.

Así R. A. HoRNE, "Aristotelian chemistry'', Chymia, 1966, 11, 21ss; breve trabajo que conteniendo casi tantos errores cuantos párrafos, constituye paracligma de
cuanto dijimos acerca de la dificultad del ten&gt;..a.

"LA FILOSOFÍA PARA MÍ HA smo v ES VIDA ... " 1 Esta es la confesión de un
hombre que ha dedicado todas sus fuerzas, su vida entera a la comunicación
de una idea, que ha encontrado en la especulación un estímulo al trabajo
lleno de confianza, a la búsqueda ser~ y segura de encontrar.
Michele Federico Sciacca es un filósofo que vive todavfa. Actualmente enseña Filosofía Teorética en la Universidad de Génova; mejor enseña humanidad, cómo vivir, y no sólo en Italia sino en muchas otras partes. Sencillamente él enseña a existir. Filosofa no por deporte, sino por necesidad vital
humana. "Es necesidad mía -nos confiesa- fecundar espíritus, suscitar problemas y sentirme fecundado por los otros". 2 Esa necesidad íntima, consciente,
le lleva a encontrar a los otros para comunicar con ellos, estimularlos en un
trabajo sereno, enriquecerlos de sus descubrimientos en el campo del espíritu.
Su dinamismo, su actividad, además de un factor caracteriológico, brotan
de una interna convicción : la conciencia de su misión de apóstol de la idea,
de sacerdote de la creación. No es siempre fácil para el hombre colocarse
en su campo de actividad específica para colaborar con Dios en la obra de
rendición, contribuyendo, según todas sus posibilidades, a que la historia
vuelva a su origen y meta.
En esta perspectiva la divulgación de una idea no sólo se hace exigencia
íntima, deber moral, sino penetra 1a vida toda, llegando a ser parte constitutiva de ella. La inercia o el temor de superficialidad significarla incoherencia
de vida y de principios, inconfesión de la misión que cada hombre debe
actuar, negación de la propia autenticidad creatural.

81

106

1

M. F. SciAc;cA, La lnteriorita Oggettiva, III ed. Marzorati - Editore - Milano -

1960, p. 9.
2

M. F. ScIAcCA, La Clessidra, VI eclic., Marzorati. Edit. Milano, l963, p. 91.

107

�La vida de Sciacca nos está continuamente indicando esto, a través de sus
viajes. sus publicaciones, sus relaciones humanas, la entrega plena a la especulación filos6fica, la aceptación incondióonada de una misi6n humana y
divina la fidelidad t-0tal, en los límites asequibles al hombre, a un ideal. "La
filosofía para mí ha sido y es vida y no académico ejercicio o clrriosidad intelectual". 3 Esta postura de autenticidad constituye el magisterio fecundo del
Profesor Michele F. Sciacca, más fecundo toda ía si. se considera la crisis de
nuestro pensamiento filosófico actual
Filosofía y vida: un binomio inseparable para nuestro filósofo. Sí, porque
la filosofía, como nos la define en Filosofía y Metafísica, "es búsqueda sobre la
realidad espiritual finita y creada, que, descubriendo en sí la presencia mediada de la Verdad absoluta carente, se dirige a la búsqueda esencial y total
de la Realidad espiritual infinita".
Ya en germen está anunciado todo su programa filos6fico 1 que, a través
de la Interioridad Objetiva, de El hombre, este desequilibrado, y, sobre todo,
de Acto y Ser y La libertad y el Tiempo, llegará a su plena y madura formulación. El hombre, en toda su complejidad, estará en el centro de este concepto de filosofía: "investigación del hombre sobre el hombre". "El hombre
que indaga será el mismo objeto primero de su indagación" y la interrogación
acuciante de la filosofía será la misma de la metafísica, que como tal, se
constituye en metafísica de. la experiencia interior". La filosofía así, igual
que la metafísica se convierte en reflexión sobre la vida espiritual en su concreción existencial.

1. Hacia la madurez
Para juzgar y penetrar en la obra de Sciacca es necesario examinar. aunque sea de paso, la evolución que le ha conducido a stl madurez, y 1as diversas circunstancias amb~entaies en las que ha tenido que vivir, si es que,
como nos enseña sabiamente la psicología experimental, éstas influyen en la
formación de la personalidad.
Michele Federico nació el 12 de julio de 1908 en Ciarro, cerca de Catania
en Sicilia Si el presente es el resultado del pasado, ]a Sicilia actual, además
de una lejana antigüedad, cuenta con culturas como la sicana, sícula, fenicia,
griega, romana - más notable de cuanto comúnmente se crea-, árabe, normanda, etc. El puesto que la posición geográfica, la historia, el arte y la cultura le asignan a la ''isla del sol" es el de eje o centro del Mediterráneo. No
podría ser de otra manera por la E.atria de grandes nombres como Empédocles,
• La lnteriorila Oggettiva, op. cit., p. 9.

108

Parménides y Gorgias por la antigüedad y modernamente por los nombres
de Bellini, Verga, Pirandello, Gentile,. sólo por citar algunos.
Giarre (Catania) está a pocos kilómetros de Taormina y cerca de la "Riviora dei Cicclopi", donde todavía aletea el espíritu de los "Malavoglia".
Mientras que de una parte se asoma al mar, a través de Riposto, de otra, el
gris-plata de los milenarios olivares y el verde de los viñedos que trepan por
las colinas recostadas bajo el enorme cono del Etna, con su constante penacho
de humo sobre el fondo azul del cielo, dan al ambiente un tono muy sugestivo. Alrededor es toda una danza de naranjales y limoneros, cargados de
fruta como de moniles, festantes por haber vencido la lucha contra la lava.
Es algo verdaderamente inefable. Todo fundido en un paisaje armónico que,
sin duda, tiene ]os elementos dramáticos que describe Verga en sus novelas
realistas y lo romántico, lo idílico, lo propio de una tierra de sueño. Cielo,
tierra1 mar, llenos de una delicada ternura, donde el corazón respira profundamente y el alma se eleva hasta más allá del azul. Aquel azul del cielo,
junto al azul intenso del mar se reflejan en d alma cándida del hombre que
vive en contacto con aquella naturaleza virgen.
Esta descripción de la Sicilia no concuerda mucho con la que tiene Sciacca
en sus primeras páginas de la Clessidra. La visión austera que él nos da de
los sicilianos es verdadera_, pero no hay que olvidar el carácter sensible y
sentimental de hombres que viven a menudo por una parcela de cielo azul
que brilla delante de sus ojos o por un paisaje pintoresco que buscan crear
si no ]o tienen. Estamos llenos de ensueños los sicilianos : en nuestras venas
corre sangre raliente y del corazón sale un amor que todo arrastra y arroja
atrás de si.
En este ambiente transcurrió la juventud de Sciacca, y sin duda de ese
ambiente heredó su precocidad, su exquisita sensibilidad, su alma vibrante,
su carácter volcánico, su dinamismo, su actividad y el sentido hondo de responsabilidad que le Uevaron a afirma~ muy temprano en la vida.
De su formación filosófica hay mucho que decir, pero no es posible detenernos en ningún detalle particular, considerados lo límites del presente trabajo.
Michele Federico empezó como discípulo de Aliotta. El mq&gt;erimentalismo
y el relativismo inmanentista del maestro napolitano tenía que ser necesariamente el primer punto de partida del futuro filósofo, que ya había captado
el ínmanentismo, a través de la lectura del T estelo de Platón y de otros diálogos, cuando era todavía joven bachiller.
Pe.:o pronto se destacará ]a importancia para su pensamiento de Giovanni
Gentile. Insatisfecho del contacto con Benedetto Groce, cuya influencia, juzga
el mismo Sciacca que "fue mala y se limitó a problemas de métodos", recibió
un impacto ital del gran maestro siciliano.
109

�De Gentile tenía que impresionarle la riqueza de su hwnanidad, e! sentido
vibrante de la dramaticidad interior de su pensamiento, la centralidad del
problema de la persona, su aguda sensibilidad, para el pro~lema _moral, la
autenticidad del hombre y del filósofo. "Decisivo -nos confiesa Sciacta- el
encuentro con Gentile, con el cual todavía hoy estoy haciendo las cuentas• • •
"tela" de filósofo temple de metafísico, Gentile no tiene la riqueza de problemas culturales ' de Croce, ni se le puede parangonar como "litera to" , per~
en cierto sentido es más "escritor", como cualquiera que piense en profundidad y tiene algo' que decir. Sus escritos teóricos, en los años juveniles, ~ueron
no s6lo mi asidua meditada lectura, sino mi filosoña; veía en Gentile "el
Fichte explicito a través de Hegel" y por tanto la plenitud cumplida del idealismo. Estudiante en N ápoles, era un gentiliano . . . escolar de Alotta". 4
El actualismo de Gentile enseñaba que no existe nada que pueda anteponerse al pensamiento, pues el objeto se convíerte con el sujeto, Y el pensar
siempre en acto autoconciencia o pensamiento pensante, absorbe del todo
el contenido del pensamiento, de modo que fuera del acto del pensar no hay
objeto concreto. Es el pensamiento pensante que se ha traducid~ ~n _pensamiento pensado múltiple, objetivándose a través de un proceso dialecbco del
espíritu como unidad multiplicidad y multiplicidad unidad. Pero se~ ~
ley dialéctica, cuyos momeJ1tos son el arte (subjetivídad pura). Y l~ religión
-su antítesis- (objetividad pura), para encontrarse en la filosofia, en la
que el espíritu logra su plenitud, ~gún e~~ ley, el pe~~nto se ago~a,
si no llevase lo múltiple a lo uno, s1 no unificase la mull:lpltcrdad de los objetos empíricos en el acto del Espíritu, Yo trascendental, única realidad , f~ndamental fuera de la cual no es posible pensar la realidad del Yo empmco.
De este modo Gentile disolvía la realidad del singular en la del Espíritu absoluto y ésta en la del yo concreto: el acto actual del pensamiento que piensa;

sin la posibilidad de escapar al pante'tsmo.
Esta pos.ición Sciacca la describía así: Su ideal es "actuar en el hombre Y
a través del hombre y sólo en el orden de la naturaleza y humano ("histórico") la perlección total y su finalidad última, es decir1 su ple~~~ Y perfección". Así el hombre encuentra "la solución última y la inteligilidad suprema de sí ( de su existencia y de su destino) en sí mismo y en la vida, es
decir, que el mundo (ciencia) y la historia Jo adecúa pe~~tamen~~,, • P~r?
tal adecuación importa: a) la reducción del hombre a lo fimto; b) amplificación" del mismo a lo infinito, pero a Wl infinito puramente "retórico",
porque tal amplificación encuentra siempre su satisfacción, "inmaoentística-

mente, en lo finito" .5
• La Clessidra, op. cit., p. 80.
0 La Interiorita Oggettiva, op. cit., PP·
57-58.

110

Los influjos que ejerció Gentile en la maduración intelectual de Sciacca
fueron Juego dirigidos con un estudio específico que éste hizo sobre el empirismo: desde Bacon hasta Hume, a que lo condujo su disertación de Líeenciatura, titulada La filosofía de Thomas Reid".
Continuando en la 1edura de la Clessidra nos encontramos también con
las relaciones Sciacca-Blondel, "cuyas obras he meditado largamente", confiesa el mismo Míchele Federico. Sobre todo, a través de La acción se despliega la influencia Blonde]iana sobre el precoz joven italiano.
En 1935, casualmente, Gentile pxopuso a Siacca la preparación de dos
obras de Rosmini para insertarlas en una colección suya. "Aunque no muy
gustoso, acepté", cuenta Sciacca. Y esta fue la circunstancia que le condujo
al descubrimiento del auténtico Rosmini, que había de constituir en su fecundidad, el horizonte definitivo de la estructuración de todo su pensamiento.
~escubre en ~e primer contacto con el Roveretano, que Gentile no había
mterpretado obJetivamente a Rosmini: y al mismo tiempo, que el gran fil~~fo se ha_lJ~ba en la üoea clásica del pensamiento cristiano: la línea platórnca-agusblllana.

Este contacto junto con la meditación continua de Platón será decisiva en
s~ vida. Después de cerca de veinte años de vagabundeo intelectual se convte_rte y, en_ 1939, vuelve al seno de la Iglesia. "Yo) como pensador, no sería
qUI~~ soy sm Rosmini y, en los ümites de mi itinerario intelectual, ni siquiera
catolico, en cuanto, como he dicho arriba, fueron sus obras que me dispusieron "intelectualmente" a la conversión o a la vuelta, después de casi veinte años; el resto fue ~onquista interior, obra de la gracia de Dios"; o y en
otro lugar en el prefacio de La metafísica de Platón, concluyendo afirma: "la
meditación tenaz del paganismo me ha hecho eristiano". 7 La profundización
en el pensamiento platónico le descubre la necesidad de la trascendencia metafísica, trascendencia que sólo el cristianismo explica plenamente porque
sólo él llega al Dios Amor y Persona.
'
Rosmini estudiando y profundizando conduce a Sciacca hacia S. Agustín,
que tendrá que ser el fundamento último de su especulación filosófica. En el
prólogo de su Sant'Agostino manifiesta su propósito de compenetrarse con
Agustín ~~ aclararse a sí mismo mejor su pensamiento; "asimilar a Agustín
~ara ~evtvirlo en una, participación íntima" y reconoce que del agustinismo
se alrmenta y sobre el construye su verdad, por mínima que sea".8 Con s.
Agustín, también Pascal, en la misma línea, condiciona Ja opinión de Sciacca
sobre la filosofía cristiana.
• La Clessidra, op. cit., p. 114.
1 lbid., p. tll.
• M. F. SCIACCA, San Agustín, Miraele, Barcelona, 1955, p. 9.

111

�Todos estos hombres han influído más o menos en la estructuración del
pensamiento de Miche1e Federico Sciacca. Sus mismas palabras dan testimonio: 'Tenía ya claros mis problemas y su impostación, sobre todo un punto
de vista que radicado en el surco Platón-Agustín-Pascal-Rosmini-Blondel, me
consentía utilizarlos personalmente sin adherir al punto de vista de cada uno
de ellos y de integrarlos en una visión unificadora de sus diversas exigencias,
en modo de aprovecharlos críticamente también en los confrontos de la otra
línea Cartesio-Espinoza-Kant-Fichte-Hegel -hegelismo de izquierda- Gentile, los cuales, a su vez, enriquecían mi perspectiva y me imponían de hacer
las cuentas con su problemática en un diálogo cerrado entre los "dos idealismos" .9

2. El Pensamiento de Michele Federico Sciacca
"Yo creo -escribe Sciacca- que todo pensador tiene el deber de insertar
su meditación personal en el ro.omento histórico en que vive. o lo digo en
sentido historísístico ( cada época tiene su verdad y la verdad es una cuestión
estacional), ni en cl sentido práctico o empírico de un interés limitado solamente a los Ql"Oblemas contingentes de un determinado período. Hablo de
inserción teorética, es decir, en el grado de descubrimiento de la verdad, cuyo
descubrimiento es histórico, y como tal sucesivo y progresivo en el tiempo" .1 º
Hecha esta observación se puede entender mejor por qué el propio Sciacca
con tanto celo declara: " ... no soy agustiniano, ni pascaliano, ni rosminiano,
ni blondeliano, si con estas etiquetas se quiere decir que yo repita posiciones
filosóficas de Agustín o Pascal, de Rosmini o Blondel". Pero siendo el ser
histórico un "resultado" de todo el pasado y el presente, y aún, del futuro,
en cuanto proyecta en él su realización o su devenir, dándole aquel sesgo que
quiere, nuestro filósofo italiano nota: "por lo que quedaría inexplicable mi
personal posición a quien quisiera entenderla sin tener cuenta de estos pensadores que, junto a Platón y también a Gen~e, han influido en medida mayor o menor sobre mi formación intelectual''. 11
Después de haber examinado las principales escuelas que han intervenido
en la formación de Sciacca nos preguntamos ahora cuál es su pensamiento.
Como es obvio, sería difícil penetrar en la formulación de la filosofía de la
integralidad, sin contar con su proceso genético.
En el pensamiento Scíaquiano nos encontramos, sobre todo, con dos cons• La Clessidra, op. cit., p. 120.
" La Interiorita Oggettiva, op. cit., p . 16.
11 /b id., p. 15.

112

tan tes, siempre presentes a la mente de nuestro Autor: e1 problema del hombre y el problema moral, constantes que se repiten en todas sus obras. Sciacca,
ateo, era ya agustiniano.
Ya desde los años de su fogosa juventud, cuando se alimentaba de la lectura de Nietzsche y D' Annunzio nos enfrentamos con esa preocupación suya
humana, entonces profunda y solamente humanística, es decir, del problema
del hombre como tal, fin a sí mismo y en sí mismo, lejos de su Dios; la expresión de Nietzsche "Dios ha muerto" le parecía la conquista definitiva de
la historia del pensamiento y la alienación del hombre en la visión del Superhombre era algo que le entusiasmaba. Por aquel entonces para él, el problema central de la filosofía era ·el hombre.
A esta misma conclusión llegó con su estudio de Kant a través de los estractos de Aliotta, captando aún, y estamos alrededor de 1926, su "indiferencia casi espontánea por los problemas no humanísticos''.
Es este el primer paso del itinerario intelectual de Sciacca. "Aceptación del
inmanenti.smo en la forma de humanización de lo absoluto: no existe prohlema de Dios, sino sólo problema del hombre, que tiene que autojustificarse
y darse una respuesta intt;:,oral". Pero esa respuesta no pudo encontrarla en
el inmanentismo. Fue eso el motivo de su orientación hacia el idealismo
trascendental.
Fichte, después de la lectura de Kant, señaló su decisiva orientación hacia
el idealismo trascendental. Pero también aquí al joven siciliano le quedó una
espina clavada, no logrando jamás convehcerse plenamente cómo cl idealismo trascendental pueda fundamentar la persona y los valores que la constituyen como persona de valor.
1

Sciacca empezó su actividad co.mo historiador de la filosofía. El estudio
del pensamiento anterior es siempre la base de todo filósofo. El resultado de
este estudio está compendiado en Studi sulla filosofia antica y Studi sulla filosofia mediavale e moderna (Perella, Roma, 1935). La misma editorial le publica, en el mismo año su tesis de licenciatura La filosofía di T ommaso Reíd
con la que supera del todo al empirismo para lanzarse en manos del idealismo. Estas obras representan el resultado de sus investigaciones. Pero Michele Federico maduraba un pensamiento personal. El "pío'' ateo idealista
en estos años publicaba: "La crisis dell'idealismo". Con este ensayo el magisterio de Aliotta está superado y el de Gentile, puesto en crisis. Aquí el discípulo sostiene contra el maestro la exigencia de una trascendencia, aunque no
se haya completamente liberado del actualismo, que le ha llevado a esta conclusión. Expresa su insatisfacción, "nacida de la consabiduría que el actualismo no era más para mí la filosofía, sino una filosofía, una filosofía y no
una "fe" filosófica y del no saber c6mo resolver los problemas que me hacían

113
BS

�inquieto dentro del idealismo rmsmo y me empujaban más allá del actuaIismo.12
Pero la superae10n de la fase gentiliana y el comienzo de la orientación
espiritualista ocurre con su primera obra teórica: Lineé di uno spiritualismo
critico. En esta obra Sciacea elimina el sujeto trascendental de Gentile y
afirma, con reflexión personal sobre el relativismo de Aliotta, la realidad de las
personas singulares. Como se puede leer en la Clessidra, la conclusión más
importante a la que llega en esta obra es este descubrimiento: "Si la interioridad es un problema que trasciende a la interioridad misma, y la autoconsciencia aspiración perenne del Absoluto que la aclara y la satisface, todo hombre exige la integración teológica, la existencia de Dios ... " :i.a Esta obra
representa, sin duda, en el itinerario intelectual de Sciacca, el primer tentativo sistemático de hacer valer dentro del idealismo y a través de la integración metafísica del relativismo aliotano las nuevas exigencias de trascendencia que "venían madurando en mí, aunque mi formación idealística trapela en cada línea y el esfuerzo de superar el actualismo es toda otra cosa
que conseguido y menos todavía teóricamente justificado". Son los primeros
pasos inciertos de quien formulará sólidamente su Rensamiento en un Idealisrno Objetivo, pasando del actualismo al agustinismo. El contacto con Guzzo,
Carlini, Blondel, Bergson, tenía que influir mucho en esta nueva orientación.
Por eso, "nosotros un tiempo actualistas, cuando hemos querido ser como
queria Gentile, integralmente espiritualistas, hemos cesado de ser actualistas
o inmanentistas", porque "el principio del espíritu .implica un elemento incompatible con una po&amp;ción inmanentista".H La nueva orientación se diliuja
en Programma metafísico y se concretiza gradualmente más y más al comicn20 de su Teoría e Practica della Volontá {1938), ya bajo el influjo de Rosmini. Esta obra representa su primera tentativa de construir una filosofía
cristiana integral. Notamos sólo de paso los cuatro enunciados de la Jey moral, según la cual tiene que obrar la vohmtad buena: 1) "Obra siempre, en
la práctica de tus acciones, de modo que quieras el bien de los otros y jamás
tu utilidad"; 2) "Obra siempre, en la práctica de tus acciones de modo que
respetes, reconociéndolo, el orden intrínseco a la existencia de toda ereatura";
3) "Obra siempre, en la práctica de tus acciones, de modo que uniformes tus
particulares voliciones a la universalidad de la verdad"; 4) 'Obra siempre,
en la práctica de tus acciones, de modo que ames universalmente el ser en
su grado de perfección". Esta es la ley que tiene que disciplinar toda vida y
" La Clessidra, op. cit., 102.
" lbid., p. 107.
" La lnteruJ1"ita Oggettiva, op. cit., p. 29.

114-

todo interés: "Tú tienes que amar". No se olvide que estamos ya en la vispera de su conversión.
Pero Sciacca no puede ignorar y no ignora el gran mérito del ideafümo y
del actuaJismo de Gentile: el descubrimiento de la "interioridad' y del concepto de "espíritu' 1• Lo reconoce, estudia a fondo estas dos verdades y al
fin llega a esta conclusión: "La recuperación del verdadero concepto del espíritu a través y contra eJ idealismo, proporciona al espiritualismo cristiano
liberarse del panlogismo completo -identificación del Espíritu con el pensamiento lógico y de la verdad con el concepto ... -, que no_ justifica más
ni arte, ni moral, ni :r:eligión".15
Es interesante notar también aquí cómo el pensamiento de Sciacea se ha
enriquecido con la lectura de grandes pensadores humanistas como Dostoyewski, y Pirandello y con sus estudios históricos. Dostoyewski, sobre todo,
significa su orientación hacia el cristianismo. Sus páginas le suscitan e] problema del bien y del mal. El gran ruso le fortaleció en su convencimiento
de que "un pecador generoso es más cristiano, y más susceptible de redención que un virtuoso árido1 soberbio, sentencioso e inhumano" .16 Cuanto a su posición filosófica, Dostoyewski significó lo siguiente: El ' por primero me enseñó que el problema del sentido integral de Ja persona no
puede prescindir del cristianismo y que hay perfecta correspondencia entre
el problema 'filosófico' de las exigencias ontológicas del hombre, el solo esencial~ y la 'revelación' de Cristo" Y En tal encuentro de espíritus Sciac&lt;'.a se
convenció que el problema integral del hombre integral no podía resolverle
el idealismo, o el actualisrno, o cualquier otra filosofía inmanente, sino sólo
el cristianismo.
De Blondel, Michele Federico acepta las instancias de L' Action, pero supera su exigencialismo de Revelación en el momento cumbie de su filosofía
de la integralidad.
Pero lo que cambió la ruta intelectual de Michele Federico fue la lectura
de Platón y el contacto con Rosmini. El contacto con Rosmini es sin duda,
como hemos notado, el más significativo para la estructuración del pensamiento del nuevo filósofo. De este contacto nació La filosofía morale di Antonio Rosmíni. El Roveretano comunica a Sciacca el fundamento de toda
su filosofía: la idea del Ser, que Micbele Federico va a llamar: ser como Idea.
"Rosmini descubre y demuestra que el pensamiento es pensamiento por la
intuición fundamental del ser, Idea universalisima, que, como idea abraza
al ser en su infinitud y totalidad. Esta presencia objetiva del ser al pensa,. lbid., p. 30.
" La Clessidra, p. 105.
" Ibid., p. 55.

115

�miento (y por la que el pensamiento es pensante) es la intuici6n radica[, 1a
síntesis ontológica originaria, la fuente de todo conocimiento y, por consiguiente, el descubrimiento de la vertical del ser, en la cual y por la cual,
es toda cosa que es" .u
A su vez cl Roveretano lo que hizo fue vivificar el conocido argumento
platónico de la prioridad de ]a Idea; por ]o que Sciacca podía afirmar: "Platón ha descubierto el valor apriorístico trascendente y ontológico de la Idea",
es decir. la esencialidad de toda metañsica; sólo reconociendo esto, se puede
hablar de idealismo y de espiritualismo.19
Así Michele Federico Sciacca, a través de la objetividad de Aliotta Y de la
interioridad de Gentile, con el estudio de la historia de la filosofía y, sobre
todo con el examen de la filosofía italiana contemporánea, a través de la
' de Dostoyewski y Pirandello, y el contacto con los espiritualistas franlectura
ceses, especialmente Blondel estructw-a su pensamiento a la luz del cristianismo de Rosmini y de la realidad agustiniana.
Empiezan ahora los años del "espiritualismo cristiano" de nuestro filósofo.
Sciacca siente profundamente el problema de 1a trascendencia hasta el punto
de afirmar que 'una filosofía consciente de sí misma no puede no ser cristiana".2º Pero todavía en estos años de espiritualismo no se siente al seguro,
pues la posición en la que se encuentra no le proporciona una solución filosófica de sus problemas, sino postula una exigencia satisfecba por la fe. Es
una filosofía abierta a la fe religiosa y en armonía con ella.
Concluyendo, resumimos con Sciacca su itinerario. Punto de partida "a)
aceptación del inmanentismo en la forma de humanismo absoluto: no hay
problema de Dios, sino sólo problema del hombre, que tiene que autojustificarse y darse una respuesta integral; b) imposibilidad de esta respuesta, inevitable reproponerse del problema teológico, consiguiente abandono de toda
forma de inmanentismo, como aquello que no resuelve el problema que es
su misma razón de ser, y precisa orientación hacia un humanismo teístico;
e) que se configura como "espiritualismo cristiano", es decir, como aquello
que constatada Ja insuficiencia del humanismo absoluto, busca la respuesta
integral en la fe religiosa, pero sin haber todavía conseguido darse una fundamentación en sede filosófica; d) profw1dización teorética de ·este espiritualismo, para fundarle especulativamente como ontología del hombre más allá
del momento exigencia~ necesariamente fideístico y filosóficamente estéril
o sólo descriptivo o fenomenológico". 21
'" La Interiorita Oggetiva, p. 94.
u M. F. SCJAcCA, Atto ed Essere, IV ed., Marzorati, Editore, Milano, 1963, p. 158.
"" La Clessidra, p. 115.
., lbíd., pp. 119-120.

116

Ya Sciacca se encuentra, atrás de esta profundización en la posición espiritualista, en el camino que ]e Uevará a la maduración de su sistema filosófico
y le distinguirá netamente de los espiritualistas italianos como Carlini, Guzzo,
Stefanini y de sus amigos franceses como Blondel Le Senne, etc.

3. La Filosofía de la integralidad
Actualismo, espiritualismo, hasta la filosofía de la integralidad, son las
etapas a través de las cuales ha pasado la filosofía de Sciacca 'para purificarse de aquellas escorias que cada una de éstas lleva consigo, y llegar al
hombre total, al hombre cual le ha revelado Cristo Jesús y que S. Pablo ha
sintetizado en la fórmula: "horno novus". Hacia este hombre "novus", completo y visto en su integralidad, se dirigen todos los esfuerzos de quien ha,
encontrado en la filosofía no un "mestiere", sino su misma vida.
La filosofía de la integralidad constituye la etapa de madurez de Michele
Federico, en la que supera al mismo espiritualismo, abandonando definitivamente el exigencialismo blondeliano.
Un hecho que ha dejado una huella profunda en Sciacca agudizando su
fe, su espiritualidad, ha sido la guerra "equivocada e idiota". De este período
son Lettere dalla campagne, "meditaciones y pensamientos solicitados por la
lectura del Evangelio, el libro que me tenía en pie cl espíritu". 22 Esta publicación pertenece al período de Espiritualismo Cristiano v abre el camino a
otras publicaciones: J n S pirita e V erita, Come si vine a a W aterloo y Cosi mi
parlano le cose mute, publicaciones sugeridas de la lectura del Evangelio,
el libro que, durante la guerra idiota, "me tenía en pie el espíritu". Más o
menos contemporáneos son: Filosofía e Metafísica, S. Agostino, JI problema
di Dio e della religione nella filosofía attuale, La filosofía oggi, precedidas
de otra publicación de unos años antes ll secolo XX. En 1945 la fundación del
Giornale di M etafisica nos indica claramente la vuelta definitiva de su orientación filosófica.
"Y así sobre Jas costas del mar de Génova, se me presentaba todavía una
vez el problema nacido a los pies del Etna, a los bordes del Jonio el problema
del hombre pregunta y respuesta de sí a sí mismo, o del hombre que preguntando a sí mismo recibe la contestación de Dios en su interioridad; pero volvía a presentarse como problema de resolver filosóficamente, probando, sobre
la base del análisis más radical del existente en su singularidad irrepetible o
integral, que problema y solución están intrínsecas en su misma estructura
ontológica". 23

= M.

F. SCIAcCA, Lettere dalla Campagna, Marzorati, .Editore, Milano, 1966, p. 9.
,., La Clessidra, p. 122 .

117

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Esta nueva orientación de Sciacca la podríamos definir de este modo:
-Idealista, pero de un idealismo objetivo. en el que se ha recuperado el verdadero sentido de la Idea. "En el problema del origen, del signilicado y de
la profundidad de la Idea, está para nosotros el problema crítico de la filosofía de la profundización del cual es posible reconstruir críticamente la sola
metafisjca válida, la de la verdad".24- El idealismo subjetivo tenía necesariamente que autodisolverse en su razón parabólica, porque la crisis del inmanentismo es crisis de fundamento.
-Existencialista. Su filosofía es filosofía del existente, pero un existente
proyectado en la transcendtmcia, un existente que "consiste" en Ja aspiración
al Absoluto. Contra esta posición se delinea el otro existencialismo, el de
Sartre, que Sciacca califica como ".inmanentismo reducido al absurdo". Porque Sartre acepta dogrnátic.amente y ratifica el inmanentismo historicista,
materialista y ateo. Tal existencialismo es ya un epígono del inmanentismo
que precipitará su derrumbamiento. Pues, para Sartre, son mitología la moral, la libertad, el progreso laico. Después del hundimiento de tales mitos,
sólo queda de la persona el ser nada, el absurdo. Esta es la critica que Sciacca
mueve, anclado en su posición, al pseudo-existencialismo, que es, en definitiva, un hegelismo consecuencial, un inmanentismo que avanza hacia su autodescomposición.
-Trascendentista: Sciacca no procede de la inmanencia a la trascendencia,
sino de la presencia en nosotros de un contenido que nos sobrepasa y nos
orienta a la trascendencia. Ese contenido está constituido por el ser como
Idea, la verdad, la interioridad objetiva, algo "intimior intimo meo", que
pone al ser humano en contacto con la trascendencia, no por un exigencialismo extrínseco, sino por la misma constitución del ser personal.
-lntegralista, con cuya expresión se califica la filosofía de Michcle F. Sciacca:
filosofía de la integralidad, que, como hemos ya notado, signilica la superación del mismo espi.rituali5mo. Con esta filosofía eJ pensador italiano considera al hombre, .su constante y única preocupaci6n, en su integralidad. "Nosotros. . . tendemos a lá actuación del hombre entero, de ]a razón en el corazón
y del corazón en la razón" .2 ª
Para poder apreciar y valorar la filosofía de la integralidad, hace falta penetrar en lo que es su núcleo íntimo: "la dialéctica de la implicación y co•
presencia". Aunque "una dialéctica no se enuncia y no se define -como ob~
serva Sciacca-, en cuanto no es antes ni después del discurso filosófico, smo
" La Interioríta Oggettiua, p. 41.
" M. F. ScIAcCA, L'Uomo que,sto squilibrato, V edic., Marzorati, Editare~ Milano,
1963, p. 277.

118

a él inmanente y de él inclisoluble",26 intentaremos ver brevemente en qué
consiste. No se trata de dialéctica de "~clusión" de los contrarios, o, de "resolución" de los opuestos, cualificada por Sciacca, como "errónea y estéril".
En el sistema sciaquiano, que considera la vida espiritual concreta) e.1 diverso,
el opuesto y el contrario. . . se implican sin excluirse y resolverse o anularse
el uno en el otro. En el interior de esta dialéctica identidad y c;ontradicción
se implican. 27 Tal es ]a dialéctica propia de una filosofía de la integralidad,
la cual, sin negar el ser de una cosa, implica el ser de su contrario en nuevas
síntesis. ''Ante todo hay Wla dialéctica de implicación y copresencia de esencia accidente. Los accidentes 'no son' sin la esencia y la esencia 'no existe sin
los accidentes'. La esencia no es reductible o resoluble en sus accidentes ni los
accidentes son reductibles a la esencia, pero, precisamente por esa irreductibilidad recíproca, 2or la que la esencia es la esencia y no es los accidentes,
que son los accidentes y no son la esencia, (identidad y oposición) forman
una unidad conci·eta indisoluble; aquella unidad cuyo 'ser' permanece en
el 'devenir' pero está presente e implicado en él y cuyo devenii: deviene en
el ser, lo determina, lo ~resa. La esencia se hace: no en el sentido que 'se
hace' otro de sí negándose como esencia, sino en el otro que se desarrolla, se
enriquece a través del devenir; los accidentes son: no en el :rentido que se
anulen en la esencia o se hipostatíceo sino en el otro que, como accidentes
que traducen la esencia, se esencializan. Todo ente es su integralidad".28
Como tal, esta dialéctica constituye el alma de toda realidad, no solamente
de las más sublimes -siempre quedando en el orden de la naturalezacomo el hombre, sino también de lo que existe para el hombre. Así admi-'
rando una obra se descubre lo bello y lo no bello en la misma: pero lo bello
es lo bello de aquel no bello y viceversa. En la vida no se da el placer y el
dolor, el bien y el mal, etc. sino que existe "el dolor difuso de placer y el
placer desposado con el dolor" . . . Por eso en un plano más elevado, podemos
afirmar con el Profesor Sciacca: "El ser es el contrario de lo no ser y cada
uno es idéntico a sí mismo; pero los dos idénticos-contrarios son copresentes
y forman (en el ser finito) una unidad, a pesaT de que uno queda ser y
el otro no ser. El no ser no está fuera del ser, sino es su limite esencial;
como el ser no está fuera del no-ser que está inmanente a él y hace que el
ser sea tensión a la plenitud de sí mismo. Mi no-ser está dentro de mí, dentro
de mi ser, sin el cual no sería; mi ser sin su límite o no-ser. No existe el ser
que excluye el no-ser o el ser que se niega en el no-ser y, negándose, deviene.
El devenir es dado por la permanencia, en su identidad, de los dos contraAtto ed Essere, _p. 26.
" Ibid ,, pp. 26-27.
111 lbid., pp. 29-30.
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rios; no permanencia estática, sino su unidad dinámica: del ser el no-ser el
límite esencial del ser, ya el ser está constituido por su esencia como ser en
hacerse, en tensión a la actuación de su ser pleno. El devenir está ya inmanente a la síntesis ontológica ser no-ser es decir, ser-límite del ser; el ser,
que se capta con su límite esencial. deviene, no en el sentido que se anule en
el devenir para volver a ponerse todavía y anularse siempre, sino en el otro
que, en la copresencia de su contrario, permaneciendo ser, está tendido a
ser la plenitud de sí mismo. ( ... ) El devenir está ya en la misma copresencia e implicación de la presencia (ser) y de la ausencia ( no ser), cada
una "presente" como presencia y como ausencia (presencia de la presencia
ser en la ausencia y presencia de la ausencia no-ser en la .eresencia) , por lo
que la presencia tiende a rellenar de sí la ausencia, para que nada falte al
cumplimiento de sí misma" .29
Está en síntesis la fecunda doctrina de Michele F. Sciacca contenida sobre todo en La lnterioritá Oggettiua, L'Uomo, questo 'Squilibrato, Atto ed
Essere -a nuestro parecer la obra más profunda-, Morte e Immortalitá, y la
Libertad y el tiempo. En el centro de toda esta especulación tenía que estar,
como núcleo fundamental y atractivo, lo que hasta ahora, ha constituido
siempre la gran preocupación del Profesor Sciacca: la persona, compendio
de todas las formas del ser y. por tanto, objeto propio de la ontología.
Podríamos paramos aquí. Pero nuestra rápida mirada. al pensamiento
sciaquiano quedaría unilateral, si no tuviéramos en cuenta su "momento místico" representado por Come si vince a Waterloo, In Spirito e Verita y Co.si
mi parlano le cose mute. Estas obras más que en un plan filosófico están
llevadas en un plan nústico-poético. En ellas está claro el influjo de los grandes místicos españoles que Sciacca. hubo de leer con gran interés.
Nos gusta subrayar cómo el misticismo sciaquiano es también él un acercamiento a la creatura, que en el éxtasis operante, llega a la cumbre de su
humanidad divinizada. A través de un estilo poético Sciacca nos presenta una
experiencia viva y vivida. "Para ganar verdaderamente, no sólo es menester
experimentar y aceptar el fracaso, sino también hacer consistir la propia victoria en la pérdida y tener el sentido vivo de la disfacta precisamente cuando
ganamos la más espléndida victoria en el mundo". 8º

bajo esta enseña se puede ganar y lo inorgánico puede ser vivificado. De
este modo el hombre Sciacca, filósofo y místico, se coloca en el justo medio,
de donde percorrer el itinerario de la libertad.
Vasto sin duda y grandioso es el mundo filosófico de MicheJe Federico
Sciacca, donde hemos encontrado armonía de construcción, unidad y coherencia lógica, visiones profundamente filosóficas junto a una humanidad
palpable y viviente.
El haber subrayado la preocupación humana del filósofo Sciacca a lo largo
de su vida, quisiéramos que fuera el contributo mejor para estas páginas de
homenaje con ocasión del cumplimiento de sus 60 años en honor de un hombre que ha consagrado hasta ahora toda su existencia a los más acuciantes
problemas del ser humano.

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'" lbid., pp. 32-33.
"" M. F. SCIAcCA~ Come si vince a Waterloo, IV Edic., Marzorati, Editore, Milano,
1963, p. 11.

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Este es el modo para ganar la propia vida. Pero el místico Sciacca piensa
también a rescatar lo inorgánico, dándole vida y forma, incorporándole a la
existencia concreta de la criatura, escuchando su voz en Cosi mi parlano le
cose mute, a la luz de una realidad purificadora y soberana: la Cruz. Sólo

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121

�LAS PECULIARIDADES DE LA FIT.,OSOF1A ACTUAL
ADoLFo MuÑoz ALONSO

Universidad de Madrid

LA EXPRESIÓN "FILosoFÍA ACTUAL" no es sinónima -esto parece claro-- de
1 filosofía moderna". En el ámbito de la historia de la filosofía, esta imposibilidad de .sinonimia se nos antoja evidente. Precisamente de lo que se trata
es de determinar y señalar los rasgos que configuran a la "filosofía actual"
en cuanto distintos de Ja llamada "filosofía modernd'. Tampoco cabe una
equiparación rigurosa entre Jas expresiones "filosofía actual" y "filosofía contemporánea'\ aunque por muy distintas ra20nes que las que podemos aducir
para la cuestión anterior. La filosofía contemporánea se presenta como un
alto en la prosecución más o menos evolutiva y progresiva de la filosofia moderna, o de las exigencias que la fi10s0fía moderna ha compprtado. Respecto
a la filosofía contemporánea, la filosofía actual goza de presencialidad cronolpgica, pero la filosofía actual se levanta sobre la filosofía contemporánea como la expresión expresiva y co.nfiguradora del pensamiento palpitante de
nuestro tiempo. Así, a lo menos, lo entendemos nosotros. No toda la filosofi.a
contemporánea alcanza Ja categoría histórica de filosofía actual, aunque coexistan en el tiempo y en el espacio. La filosofía contemporánea es algo así como
la filosofía que se desarrolla en nuestro tiempo; y la filosofía actual pasa a
ser la filosofía de nuestro tiempo.1
Ensayemos en primer término una caracterización de la filosofía actual en
cuanto contrapuesta a la filosofía moderna·. Expondremos después algunas de
las notas que permiten hablar de filosofía actual en cuanto distinguible - aunque no por eso separahle- de la filosofía contemporánea.,
1 ROMJIACH, Heinrich, Die Gegenwwart der Philosophíe (El presen te de la filosofía),
Frciburg, Abber, 1962; 119 pp.

FERRATER MoRA J., La Filosofía en el mundo de hoy. Madrid, Revista de Occidente, 1959 (2a. ed., 1963, 214 pp ).

123

�La filosofía en nuestro tiempo --en la que cabe subsumir la contemporánea
y la actual- se encuentra con una realidad distinta de la realidad aprehendida y atendida por la filosofía moderna. No es que la filosofía en nuestro
tiempo elabore una nueva idea de la realidad, es la realidad que se trata de
explicar la que reclama una visualización o conceptualización distinta. La filosofía moderna fue una aliada generosa de la ciencia. De la ciencia moderna,
claro está. Las propias formas de conocnniento que funcionan en la filosofía
moderna son formas analítico-empíricas. Más aún, lo que el filósofo moderno
pretendía era alcanzar una seguridad individual y personal en el reino que la
ciencia había edificado y regido. Quizás pudiéramos decir que la filosofía moderna es la filosofía de la .inteligencia -o del pensamiento racional o pensante- de la realidad elaborada por la ciencia. La filosofía moderna, podríamos
agn:gar, no rompe con el dato fundamental y primario de la filosofía clásica, que es, por lo demás, el que sustenta a la filosofía medieval La filosofía. moderna realiza la interpretación subjetivista y radicalmente i.w:ñanentista de esa realidad. Es un pensar distinto, pero la realidad que s~
somete a juicio o examen sigue orientando el modo peculiar descubierto por la
mentalidad griega.
Cierto que la subjetividad del hombre ocupa en la filosofía moderna un
primer plano. Pero esta misma subjetividad no se desencaja del cuadro conceptual o modal de la realidad naturalística. La filosoña moderna no alumbra
n.ingún mundo nuevo, sino que interpreta con novedad el mundo conocido.
Esta novedad aparece de una manera expresa y consciente en Descartes, y es
depurada y estilizada - o si se quiere, a¡,&lt;TUdizada- por el idealismo y por el
empirismo.
Resulta excesivamente superficial contraponer racionalismo a empirismo,
como si fueran dos corrientes irreductibles. Desde una perspectiva de resultados, la distinción entre empirismo y racionalismo se reduce a la prevalencia
de enfoques, pero no afecta al dato inicial del problema filosófico ni a la
conclusión. El punto de partida y el terminal son más coincidentes que divergentes. En Descartes, en Kant, en Locke o en Hume el método es idéntico: el analítico, ya que ni siquiera para captar al pensamiento pensante se
desligan del imperio de la ciencia en la figuración de lo que la realidad sea
y en el método para mejor explicarla. La filosofía moderna gira sobre sí misma aunque las evoluciones que efectúa sobre la realidad sean distintas a las
de la filosofía clásica o a la medieval, y aunque la prepotencia se conceda a
la inmanencia subjetivística. La filosofía moderna es un nuevo rumbo sobre
el mismo mar.
La filosofía de nuestro tiempo se caracteriza por la originalidad que atribuye a la realidad con que se encuentra. Es una nueva realidad o, me1or

124

qwzas, una realidad no prevista ni atendida por la filosofía moderna. Es
la realidad la original, y por lo tanto han de ser nuevos y originales el
método y el lenguaje. El filósofo que no se percate de la nueva situación,
no es un filósofo actual; y el que percatándose de la novedad de la situación
no adopte el punto de vista que le permita penetrar y recorrer el ámbito situacional, sin degfigurarle al enfocarlo, no es filósofo de nuestro tiempo.

En qué consistan esa nueva situación y el punto de vista para comprenderla. será el objeto de nuestro estudio. Pero adelantamos que la novedad de la
situación, como ámbito en el cual se incardina la realidad, consiste precisamente en la situacionalidad radical de la realidad, y en las peculiaridades
q:iie ofrece para el nuevo punto de vista. Y que sólo manteniendo la originalidad, también del punto de vista, exigido por la situacionalidacl radical de
la realidad, se desarrolla una filosofía actual.
Ahora se puede ya apuntar la distinción entre filosofía contemporánea y
filosofía actual. La filosofía o, mejor, las filosofías contemporáneas desarrollan la temática y la problemática sin subordinarlas a la radicalidad de situación y punt'o de vista, aunque, como es obvio, la puedan tener y muy en
cuenta. De ordinario todas las neo, son filosofía contemporánea. Los 11.eismos
comportan un tímido reconocimiento de la originalidad de la situación, pero
sin comprometerse en el pw.ito de vista hasta llegar a complicarle situacionalmente. Son filosoíía en la situación, algunas quizás también de situación,
pero no son la filosofía situacional, ni de la situación. La filosofía actual actualiza filosóficamente la radicalidad situacional de la realidad, otorgando a la
perspectiva o punto de vista la organización filosófica de la realidad actual.
Para Ja filosofía actual la realidad originaria situacional no es un producto
filosófico~ sino que se considera previa a toda analítica. Empeñarse en actualizar los métodos de reflexión, o esforzarse en modernizar el lenguaje o los
modos de expresión, sin la previa aceptación de la originalidad radical de
la realidad, equivale a retardar el proceso filosófico, sin entender las exigencias que impone el nivel histórico de la filosofía. La filosofía actual, o filosofía de la actualidad, es la filosofía de la presencialidad y, a su vez, la filosofía de la presencialidad equivale a presentar la auténtica presencia de la
filosofía, hoy.
Este comportamiento puede inducimos a pensar que de lo que aquí se
trata es de una transformación de la idea misma de filosofía. Como si fuera
la filosofía la que hubiera cambiado de signo y de dirección. De hecho, Ortega
y Gasset ha llegado a escribir: " ... el pensamiento occidental -y me refiero
al mejor- ha empezado, bajo ese nombre ( el de filosofía), a comportarse
en formas cuya calificación como "filosofía" es sobremanera cuestionable".
,cSin que yo ahora pretenda expresar opinión formal sobre el asunto, me per-

125

�mito insinuar Ja posibilidad de que lo que ahora empezamos a hacer bajo el
pabellón tradicional de la filosofía no es una nueva filosofía, sino algo nuevo
y diferente frente a toda filosofía". 2 Ortega ha hablado así en diálogo con
Wilhelm Dilthey ( 1911) que enseña la historicidad como carácter constitutivo del ser humano, aquejada de pob1·eza de términos y equivocidad d significado. Esta advertencia es necesaria, puesto que es precisamente Dilthey
uno de los filósofos que primero percibieron la radical originalidad de la
realidad y uno de los que pretendieron esclarecerla.
Nada tan huidizo y tornasolado como la filosofía actual vista y mirada por
un contemporáneo. La presencialidad de la filosof:ía adquiere en la contemporaneidad irisaciones muy diversas, y desde luego valor muy relativo. El
rostro --que es lo que vemos los contemporáneos- no es siempre fiel espejo
del alma, sino los ventanales por donde huye, a veces, embCYatda, el alma.
Esta observación vale incluso para apreciar en su justo valor las visualizaciones que c.ada época obtiene de las filosofías anteriores. o son infrecuentes
los desniveles en la valoración crítica de los filósofos y de las filosofías. No
estoy de acuerdo en que el historiador tenga necesidad de una historia acabada y cumplida, afirmando que sólo se ven bien las cosas muertas, como
estimó Stan:islas Bretón.3 Y no estoy de acuerdo porque ni una frase ni otra
valen para caracterizar la historicidad de la filosofía. Lo único que queda
claro es la dificultad del empeño y el cuidado exquisito con que hay que
proceder cuando el filósofo-historiador forma parte del paisaje, y ese paisaje
es además movimiento continuo.
Lo que sí parece que puede afirmarse es que la filosofía actual, o de nuestro tiempo, r.s irreductible en su problemática a la filosofía moderna, a la
medieval y a la Eilosoüa clásica, o habida como tal· que la Iilosofía actual
presenta en la galería de la filosofía contemporánea unos cuadros y unos
planos originales; y, finalmente, que en la filosofía actual andan metidos en
cuestión la idea de filosofía, los m' todos y formas de pensar y las formas de
exposición y de expresión. Quizás acontezca algo semejante en biología, en
psicología, en medicina, en física, en teolog'ia; pero parece ser que es la filosofía la que se ha prestado con mayor intensidad y totalidad a este proceso
revolucionario.
El subsuelo sobre el que descansa la tierra que pisamos y la estratósfera
abierta a nuestros ojos y asombrada por el hombre actual, aparecen estremecedoramente removidos y corunoV1.dos. Yo no sé si para esta operación, minadora de resquebrajamiento del subsuelo y ensanchadora de la verticalidad
• ÜRTEGA v GAsSET, J., Origen y epílogo de la filosofía. Mé¡uco, Fondo de Cultura
Económica, 1960, pp. 80-81 (o. c., IX, p. 397 ).
• BRETON, S., Sítuation de la phüosophie contempo,aine, Lyon, Viue, 1959, p. 5.

de la estratósfera, la filosofía ha facilitado azadones, picos y proyectiles pero
~
lo .
oerto es que la filosofía actual no resulta inteligible si no se presta atención al subsuelo espiritual, social y político y a la estratósfera humanizada.
El mundo en que habitamos es un mundo en conmoción, y de esta conmoción
no puede desentenderse el filósofo, por muchos que sean los esfuerzos para
ensimismarse. Entre otras razones, por una, sencillísima: el fiJósofo se dispone a filosofar aquejado por la inseguridad del subsuelo. La filosofía actual
--esta es la verdad- no ha aceptado una misión soterológica, sino de expectación reflexiva o meditativa, y, con frecuencia de mera descripción fenomenológic.a; no ha procw-ado resolver Ja situación en que el hombre de nuestro
tiempo nace, vive y piensa.
Dando de mano, con un terrible esfuerzo de abstracción al temblor y terror bélicos provocados por la zozobra de un posible fallo en el control de la
energía atómica desencadenada, podemos aceptar como rasgos comunes de la
sociedad contemporánea en la que está inscrito el filósofo, los tres que señala
Ferrater Mora: primero, y ante todo, Ja tendencia a la unificación ( con su
secuela, la tendencia a la universalización); segundo, la tendencia a la masificación · tercero, la tendencia a la tecnilicación. Estos tres rasgos se hallan
de hecho intrínsecamente enlazados.4
Sobre esta capa se extienden y asientan las comunidad del planeta reflejando rasgos y peculiaridades que son los que de una manera más ostensible y escalofriante suel n servir para caracterizar lo que Von Rintelen denomina "el mundo b'ágico del presente". 5 Al tragicismo del mundo presente
han ~ontribuido y están contribuyendo también los filósofo actuaJes, pudiendo afirmarse que en la representación de la tragedia son los filósofos -con
los poetas- y en general los habidos como intelectuales los que mejor la
montan, Ja ensayan, la interpretan y la sostienen pero sin virtudes c.atárticas.
Sea como fuere, una carga de irracionalismo sí que se advierte en la filosofía contemporánea. Irracionalismo en el sentido más amplio y neto de la
expresión· es decir, desconsideración de la razón como fundamento necesario en la interpretación y esclarecimiento de la realidad y de sus posibilidades; posibilidades que constituyen una de las notas C$enciales de la realidad
y que de la realidad humana quizás sean su esencia. Otra de las peculiarida~
des de 1~, filosofía actual es Wl interés por la persona concreta singular; lo
que pudieramos llamar personalismo, pero dentro de la dinámica social im• O. c., pp. 154v., El hombre en la encrucijada, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1952; sobre todo los capítulos IV y V de Ja Segunda Parte, pp. 238-330.
• RrNTELEN, FritZ"Joachim von, El m,mdo trágico del presente, er1 "Anais do
Congresso Internacional dt&gt; Filosofia de Sao PauJo" (1954), pp. 507-514v. La fi,,it1Id actual Y la infinitud agu:stinim,a, Madrid, Librería Editorial AgusLinus, 1959.

•
126

127

�placable y planificadora. Un aspecto de la filosofía en nuestro tiempo es la
atención que se presta al desarrollo y evolución de la dinámica social de la
realidad, considerada como la esencia real de lo esenciable de la realidad.
Otra dimensión de la filosofía actual es la que reduce el campo de la filosofía
al "análisis" filosófico~ entendido como actividad derivada del estudio del
lenguaje y de la verificabilidad de las proposiciones.
Sospecho que la actualidad filosófica o, si se prefiere, la presencialidad de
la filosofía hoy, suscribe una cuestión prnvia, .sentida por todos. Esta cuestión
previa afecta a la filosofía en su formalidad expresiva; es decir, a las- formas
de expresión y de exposición. La filosofía ha llegado en nuestro tiempo a un
grado de saturación.y de diversificación de contenidos y de formas de expresión tan inabarcables, que el pmhlema más acuciante y urge,nte es el de intentar señalar --señalar, no ya establecer- unas bases mínimas de lanzamiento.
Esta tarea no se identifica con ninguna de las posiciones o actitudes que, como
ensayos de solución, propone Ferrafer Mora,ll «ante la azorante variedad de
doctrinas filosóficas y de ideas acerca de la filosofía", sino que se señala como
previa y provisional, por vía de sugerimiento. No es, pues, una actitud dogmática, puesto que no se rechaza filosofía alguna, ni se declaran como no
filosóficas; no es tampoco una postura o actitud ecléctica, ya que prescindi.
mos del valor de verdad o del alcance significativo de las doctrinas; tampoco
representa una actitud escéptica~ si se tiene presente que nuestro señalamiento
no surge por la inadmisibilidad de doctrina alguna, y mucho menos de todas
ellas; y no seria correcto que se considerase a nuestro empeño como actitud
dialéctica, pues no pretendemos encontrar una síntesis superadora, sino abrir
una senda e iniciar un diálogo.
Lo primero que habrá que recordar es si para segwr hablando de filosofía
se requiere o se exige que la temática y la problemática atendida como filosófica por los filósofos actuales, baya de ser considerada como filosófica en
atención a criterios que nos vienen dados por la filosofía anterior. Pues bien,
uno de los rasgos que pres1mta la filosofía actual es la de trasponer el ámbito
en el que se desarrollaba lo tenido como "auténticamente filosófico". Y ello,
tanto en las formas de expresión como en los llamados contenidos, en las
ideas como en el lenguaje. En este sentido bien cabe decir que una de las
características de la filosofía actual es la posible recreación de la originalidad
radical del cometido filosófico y de la actividad filosófica. Negar a este cometido y a este comportamiento altura o nivel filosóficos, no lo consideramos
justificable. Esta falta de justificación de ese intento negativista no nace ~ólo
de no conside.r ar la posibilidad absoluta de que la filosofía haya podido alcanzar un nivel que la desencuadre del pasado, sino que surge de no apreciar

• o.

c., pp. 97-98.

•

la originalidad del mundo actual y d,e la situación par.ticularísima del hombre en él.
¿ Vetdaderamente la filosofía, históricamente originaria, fue un producto
de la peculiaridad mental del hombre griego en el ámbito situacional de una
cultura, de una ciencia, de una poesra o de una religión, superables por la
razón? ¿ O fue más bien ~mo hemos escrito en otras páginas- la expre.
sión radicalmente humana de una expresividad recóndi~ que late en Ja rea.
lidad? De todas formas, el signo que marcó a la actividad filosófica .fue Ja
reflexión o meclitacíón reflexiva como repertorio de pr%011ntas y respuestas
en interdependencia mutua entre la realidad fenoménica y el hombre inquiriente y ontologizador de la realidad dada. No creo que pueda negarse fácilmente
el hecho de que la actividad filosófica es "escéptica", en el sentido más pur.o
y original del vocablo. Y que la exigencia de esa actividad no es sólo una
expresión del deseo natural de saber o conocer del hombre, por la extraña
manera de comportarse en los surcos móviles del tiempo que presenta esa
realidad. Quiero decir con esto que la ocupación socrática&gt; la sofística, la
estoica, obedecen sin di&lt;;torsión alguna a la amplitud total que los griegos
concedían a la realidad, sin que se les haya ocurrido restringirla a la natura•
leza física, tal como hoy es entendida, sino incluyendo en la realidad la realidad hu.mana y sus manilestaciones todas.

Entiendo, pues, que es legítima la posición adoptada en nuestro tiempo por
la filosofía actual. Descalificar como no filosófica a una temática, a tl.tla pro.
blemática o a unas formas de expresión, por cl hecho ostensible de que no
se engloban en el horizonte conceptua.lizado o divisado por la filosofía an•
terior delata, a 'mi entender, una falta de lógica elemental y un contrasentido.
Si la realidad histórica condicionó el origen de la filosofía, y la situación cultural, científica, religiosa y humana connotó el punto de vista o perspectiva
de los filósofos, y señaló el ritIIio de su reflexión y abrió las sendas de la especulación, me parece que se puede afirmar que en un nivel lústórico deter•
minado, la realidad, la situación y la perspectiva se resuelven en la originalidad radical de la actividad filosófica. Lo único que queda suficientemente
claro en todo ello es que la filosofía se presenta como una constante en Ja
evolución progresiva de la humanidad, y que no es un repertorio utópico y
ucrónico de problemas artificiales, ni puede ser tampoco una elaboración
anacrónica de problemas artificiosos o una especulación fonnalística de idealidades lógicas. Como también queda claro, a mi entender, que la filosofía
sigue siendo la actividad que muestra al hombre, de manera más patente,
como a un ser cósmico, entrañado en la realidad del mundo y de su mundo.
Es decir, como la realidad consciente del cosmos. O, s.i se prefiere, como la
conciencia del mundo en que vive; como los ojos, los oídos y el alma del

128
129
H9

�mundo. La filosofía es sencillamente la conciencia y la responsabilidad intelectuales del mwido y del hombre en el mwido. Nada más que eso; pero
Lamhién nada menos que eso.
De la situación real hoy, no se puede decir que sea unívoca. El mundo como
representación antepredicativa se ofrece en ambivalencia. La ambivalencia
les parece a algunos como tan polarmente irreductible que puede inducir a
pensar que sea ambigua. No entramos por ahora en la cuestión. Lo que sí
decimos es que¡ previamente a un enfoque filosófico de la realidad, la realidad es asumida por muchos filósofos con polaridad. No parece correcto
pues, hablar de una situación real, sino de dos situaciones reales claramente
contrapuestas. Una de estas situaciones es radicalmente cósmica; la otra es
fundamentalmente humana. En la primera, el hombre consiente en su calidad
de pieza cósmica, como un eslabón en la cadena, el más importante, quizás,
pero no necesariamente el más significativo; en la segunda, el hombre es la
inteligencia ordenadora del cosmos, como la luz en la llama la meuos importante qu.izás, pero ciertamente la más significativa. Estas simplificaciones resultan extremadamente. peligrosas, lo sé· pero son imprescindibles sin otras
pretensiones que las de menos pwltos de apoyo provisional.
La filosofía comienza, para la filosofía de nuestro ticn:tpo, cuando la perspectiva actúa en interdependencia de la situación y con ella. Y no es infrecuente que la filosofía de nuestro tiempo se reduzca a esta interacción entre
perspectiva y situación. Muchos "historicistas' quizás a&lt;'.eptaran esta reducción de la actividad filosófica considerándola como la verdaderamente posible, deseable y admisible en el nivel de La época. Lo que acontece es que
cada filósofo otorgará a la perspectiva y a la realidad radical en situación un
nombrej una importancia y una valoración distinta. Pero siempre considerando
a la perspectiva como "uno de los componentes de la realidad" -la frase
es de Ortega 7- y a la realidad radio.l como vida, o como historia, o como
existencia, o como posibilidad; pero -eso sí- siempre como estructura originaria enteriza de la que los procesos y manifestaciones no son sino sus diferentes aspectos, como anunció expresamente Dilthey. 11
La filosofía de nuestro tiempo, al otorgar reconocimiento a la situación
histórica como estructura originaria, y al integrar Ja perspectiva o punto de
vista en la composición del mundo o realidad percibida, ofrece la vida histórica como sustancia de la actividad filosófica. La distinci6n y diversidad de
filosofías no deponen entonces contra la wúdad de la íilosofía, ya que el
plural, cuando se habla de "filosofías", no supone la multiplicidad de la "fi1 El tema de nuestro tiempo (o. c., III, 199).
• Introducción a las Ciencias del Espíritu, México, Fondo de CultUia Econ6micá,
1944; p. 7.

130

losofía" en singular, sino que la pluralidad afecta tan sólo a las distintas
manifestaciones o intereses temáticos de cada .fil6sofo. Como se aprecja claramente, también ahora cabría la expresión "filosofía perenne"; sólo que esta
frase adquiriría en la filosofía de nuestro tiempo un significadó diametralmente opuesto al refrendado por Leibniz y acogido por la tradición escolástica.
. o deja de ~er curioso y sintomático que la filosofía actual presente las
mismas tendencias que se advierten eu ]a sociedad contemporánea. Tendenc-ia a la unificación, a la nivelación y a la tecnificación aunque como es
obvio, con los rasgos que consient la filosofía, que son de distinto trazado
y con surcos diferentes a los de la sociedad. La filosofía actual busca la unificación en la realidad radical considerada como situacional. La situación
es como la base común de la posibilidad de una actividad filosófica que
merezca con rigor el ser habida como actual, Se tiende a considerar como
principio originario a la situación vigente y efocti a, sin que entre en ella
la idea de finalidad ontológica. De esta forma el vocablo "principio" sufre
un cambio radical de significado, ya que no sólo no implica la causalidad, sino
que elude la originación óntica ontológica y lógica a que se refirió Aristóteles. La filos~fía actu~l su~?ne, pues, ~ue 1~ realidad se presenta siempre
como una reahclad en s1tuac1on; que la s1tuac10n comprende y eno'loba -englobar dice algo distinto que condicionar- todos y cada uno de lo~ elementos
que puedan ser considerados como pertenecientes a la realidad; que la realidad así entencüda se resuelve en una eshuctura funcional de interdependencias; que el hombre, en singular no es sino una de esas funciones activas
actuaUzadora de la realidad a la que pertenece y en la que está ena]obado.º
0
La unificación que se aprecia en la filosofía actual, derivada de considerar la situación como englobante de la realidad, permite disolver la ambivalencia de la situación, de 1a que hablamos antes, en valencia única de la
situación real, ahora ya como apertura de posibilidade . La filosofía actual
presupone un repertorio indefinible de posibilidades; la filosofía actual da
por sentado que e.l hombre es un ser social ametafísico. Es decir un ser social
n sentido distinto al enunciado por la filosofía y por la sociología clásica. La
soci~lidad entrañable del hombre es la que veda a 1a filosofía actual el seguir
considerando al hombre ser social por naturaleza, ya que el concepto de naturaleza del hombre y el de naturaleza de la sociedad care¡.:en de significación
sociológica vigente y efectiva.
La tendencia a la unificación la actúa la filosofía actual por vía de disolución de la metafísica de la esencia y de la lógica categorial.
La tendencia a la nivelación, que observa la filosofía actual, se advierte en
la penetrabilidad de la filosofía en todos los géneros literarios y los distintos
• TtTSRNo GALVÁN, ENRIQUE,

Sociolog!a y situación, Murcia, Aula, 1955.

131

�órdenes de la vida y de la cultura. Hasta tal punto el fenómeno se h~. producido, qüe se desacredita a la filosofía que no p_ennita esta pen:1eabilidad.
Son s'mtomas cutáneos e internos los que nos autonzan a hablar as1. Entre los
epidérmicos pueden anotarse la creciente e insistente acusación contra_ la filosofía profesoral. Se considera que la filosofía no es asunto de profest0nales
de la cátedra -eosa, por otra parte, evidente. si no quedan ellos excluídos
por principio, como parece desprenderse de la denuncia- y se oto~ga categoría filosófica al ensayismo, a la creación literaria, a las teorías científicas,
económicas, poüticas o sociales. Entre los síntomas internos aparece la del
sociológico de la filosofía actual.
De nuevo se ha desnaturalizado la afirmación clásica de que los hombres
-todos- desean saber, y que el hombre atesora la posibilidad de actuar filosóficamente su pensamiento. Desvanecido el concepto de esencia y naturaleza y sobrevalorada la autocracia de lo histórico situacional, la filosofía aparece como una expresión palpitante de la actividad del intelectual, del parlante o del escritor. Ya sé que un filósofo puede descubrir de inmediato una
serie de equívocos -paralogismos unas veces y otras auténticos sofismas- en
los fundamentos que se aducen para establecer esta tendencia a la nivelación,
pero los filósofos de la filosofía actual despacharán el expediente alegando que
esos equívocos son una nueva muestra de la persistencia retrógrada de la fi.
losofía clásica. La filosofía actual arranca del hecho incuestionable de la masüicación y nivelación de la sociedad contemporánea, aceptándola como situación real, cómo el mundo efectivo, como naturaleza histórica. Por eso, la
filosofía actual no sólo tiene en cuenta esa peculiaridad, sino que es, a su
vez, la expresividad de ese mundo; algo así como su producto y su esclarecimiento. La especialización que se multiplica y diversifica cada día con mayor aceleración, no sólo no singulariza o jer~quiza a la soc'.edad. ,sino qu_c
hace más ostensible la nivelación social En Virtud de esta nwelac1on, la fi.
losofía actual acepta la misión de esclarecer la situación considerada como
irremediable en cuanto sujeta a la legalidad funcional de la historia. Cierto
que de la nivelación a la banalización no hay más que un paso, facilísim~ de
dar; pero eso no empece para que la filosofía actual sea la filosoña en Situación de la situación dada.
Los filósofos de la actualidad dirán que es la originalidad de la situación
dada la que presenta como extraña esta peculiaridad de la filosofía hoy. De
hecho, cada situación ha engendrado su filosofía, y la filosofía de cada época
ha sido, a su vez, expresión de la situación epocal; el mundo griego, el medieval y el renacentista son clara muestra de la validez de esta afinnación.
Lo que acontece es que es el concepto mismo de situación el que ha sufrido
una transformación inadvertida por los filósofos anteriores. El ensayismo de

132

la filosofía actual, o la filosofo.ación de la literatura, no supone, pues -se
dice- una infravaloración de la filosofía o una degradación, sino la autenticidad y el rigor antiformalista. La prueba es que la penetración de la psicología descriptiva -y desde luego la comprensiva ( verstehen de Psychologi.e),
como traduce Zubiri 1 º- es más aguda y rica que la psicología explicativa,
y desde luego, más fecunda; y que la anaütica existencial, la fenomenología o
la filosofía de la sociedad revelan una profundidad difícilmente comparables
con la de épocas anteriores.
La tendencia a la nivelación, como característica de la filosofía actual, no
depone, pues, en contra de la agudeza, de la finura, de la penetración o del
análisis, sino que n-presa la correspondencia intelectual y reflexiva con el
mundo en que la filosofía se da.
Esta tendencia a Ja nivelación interp1·etada como una equivalencia en la
planificación de las ciencias y de los conocimientos o saberes, ha sido agudamente apuntada por Xavier Zubiri, encontrando su origen, en la positivización de la ciencia actual, sembradora de confusión. 11 En principio, esta positivización niveladora del saber o de la función intelectual no invalida el saber
filosófico de nuestro tiempo, desde el momento en que el concepto de situación es el predominante, desjerarquizados los saberes.
La tendencia a la tecnificación que se observa en la filosofía actual no contradice, como pudiera parecer, la tendencia a la nivelación. La tecnificación,
de que aquí hablamos, consiste en atribuir a los conocimientos logrados y a
la in estigación para alcanzarlos una dependencia y subordinación pr~&lt;&gt;'Illática, vital o social. La filosofía actual reconoce en la tecnificación de la sociedad uno de los caracteres de su desarrollo y de su evolución progresiva, y
se ha convertido en gran medida en una especie de filosofía de la técnica.
No se trata tan sólo de que la filosofía cuente con el progreso científico-técnico, como expresión de la sociedad, sino de que la filosofía participe de ese
progreso científico-técnico como situación real y como perspectiva ineludible.
La filosofía actual se ha convertido en una entre las varias modalidades o
aspectos de la técnica en la interpretación, descubrimiento y aceleración del
progreso humanos. No se reduzca, pues, esta tendencia a la tecnificación a una
prevalencia de la técnica en las formas o modos de expresión o de investigación filosóficas, sino que hay que considerarla como una convicción por utilizar la filosofía como una técnica del hacer humano, y no como una especulación del saber teorético. Vuelve el uso de las ideas-fuerza, pero no porque
las ideas puedan ejercer esa función, o porque algunas la realicen, sino por10

Cinco leccio11es de Piloso/ ía. Madrid, Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1963;

p. 255.
11

Naturaleza, Historia, Dios. Madrid, Editora Nacional, 1963 (5a. ed.), pp. 5-7.

133

�que sólo las ideas-fuerza son ideas, y lo son precisamente por su verificabilidad como fuerzas.
El problema que se plantea, a la vista de estas tendencias, es el de revisar
con detenimiento el carácter problemático de nuestra situación penetrando
en la situación misma con mirnda Iilosófic-.a. E ta pretensión exige de nuestra parte, para no quedar extrarradiados de la filosofía de nuestro tiempo,
analizar la situación para descubrir los ingredientes filosóficos que se puedan
encontrar en ella.
Pues bien, desde un principio comenzamos a sospechar que la situación
actual~ y el concepto :mismo de situación en su reducción sociológica, se ha
producido por anemia filosófica. e ha dado de mano a la filosofía para la
etaboración del concepto, y el concepto ha sido posible gracias precisamente
a la ausencia de la filosofía. Tan cierta se nos antoja esta observación que no
nos arredra el escribir que nuestro tiempo es tiempo de ausencia de filosofía.
Más aún_. ha sido un juicioSó temor de no pasar como amante de la paradoja
el que nos ha aconsejado no decir que la filosofía actual representa un supremo
esfuerzo para suplir 1a ausencia de la filosofía con filosofías a las que viene
ancho el término original e Jústórieo de filosofía.
A Ortega le parece el vocablo "Eilosofía" extraño, amanerado y poco expresivo. 12 Ortega lo cree así en atención a la formación de] sustantivo, a la situación pública, "nueva y original" que dio origen al nombre, y al significado de las dos palabras que lo componen. Nada extrañe, por tanto, que lo
que ahor,a comenzamos a hacer bajo el pabellón tradicional di la filosofía sea
algo nuevo y diferente frente a toda filosofía. Es 16gico si se atiende a la
situación pública ''nueva y original" en que se debate nuestra época. Esta situación pública "nueva y original" ha conseguido deglutir a los filósofos
unciéndolos a sus exigentes solicitaciones. En el diagnóstico de Ortega, los
pensadores buscaban refugio intelectual, cambiando el disfraz de los vocablos
o de los términos con que aparecían en público, para librarse de las iras del
contorno social. En nuestro tiempo, los filósofos que se consideran Fepresentativos de la actua:lidad, han adoptado el procedimiento de cambiar de oficio, en vez de seguir ejerciéndolo valiéndose cle otro término. Si se reflexiona
con cierto detenimiento se llega a la conclusión de que la filosofía actual es
una filosofía dimisionaria ante la situación.
La filosofía surgió en Grecia y se mantuvo en la Edad Media y en la Moderna como un esfuerzo intelectual superador de la 1·ealidad · en nuestra época
la filóSOfía parece tepresentar el papel de conciliadora de las distintas y diversas manifestaciones de lo real, sin trascender la situación en la que emerge.
Estamos plenamente de acuerdo con Ortega en que esta actividad no es
" Origen y epílogo de la Filosofía (o. c., IX, pp. 426 y sigts.).

134

"filosofía", pero por razones totalmente contrarias a las que Ortega ensaya.
No porque la filosofía en su versión tradicional haya agotado sus pollibilidades y virtualidades, sin.o porque en el diálogo entre inteligencia y reaHdad, ha
quedado subsumida la inteligencia en el núcleo de la realidad indiscriminada.
En definitiva, ha sido la inteligencia, como razón vital, la que se ha vuelto
constitutivamente problemática. Las consecuencias de esta degradación de la
inteligencia pura se presentan como tremendamente imprevisibles; imprevisibles por lo alucinantes y terroríficas. Considerar a la mente o a Ja inteligencia
como un ingrediente de la realidad en su totalidad evolutiva, y no como una
luz original encamada personalmente en la realidad, equivale a entregarse
maniatados a la naturaleza, sin que valga como ali io sobrevolar como historia a la naturaleza.
Se dirá, que el cuadro que acabamos de dibujar peca de excesivamente simplista, y que en nuestro tiempo son muchos y con nombre propio los filósofos
que no entran en la composición del conjunto. ¿Y quién osaría negarlo? Pero
la cuestión está en saber si los filósofos que abominan de la situación, o los
que, sin abominar de eJla, discurren y Iilosofan para salvarla o salvarse, han
elegido una senda practicable por la inteligencia, o han entrado por holzweges,
o callejones muertos, mejor o peor iluminados en los primeros pasos.
La radicalización de la filosofía como análisis técnico de la situación es
'
decir, Ja filosofía actual como negatividad socio-política. de la filosofía tradicional, lo representa el llamado materialismo dialéctico. La radicalización de
la filosofía como análisis científico de la situación, es decir, la filosofía actual
como superación científico-mística de la filosofía tradicional, lo intenta cumplir el psiquismo dialéctico. La radicalización de la filosofía como humanismo
espiritualista de la situación, es decir, la filosofí.a actual como interiorización
integradora de la filosofía tradicional, lo ha acometido el persona(ismo cristiano. La radicalización de la filosofía como formalización lógico-matemática
de la situación, es decir, la filosofía actual como subversión de la filosofía tradicional, la ha ensayado la analítica lingüística. La radicaliY,.ación de la filosofía como e.xpresividad dramática de la situación, es decir, la filosofía actual como originalidad existencial liberadora de la filosoüa tradicional es
'
empeño asumido por los existencialismos. La radicalización de la filosofía
como metafísica de la situación, es decir, la filosofía actual como profundi~
zación ontológica de la filosofía tradicional, es la tarea. del objetivismo integral.

¿ Cómo se ha llegado a una situación de la que brota la exigencia de una
radicalización de la filosofía? Cualquiera que sea la respuesta, ha de contar
con la presión apremiante e impresionante de Hegel. La fecha para la comprensión de la filosofía actual se remonta a los primeros años del siglo XIX.

135

�Es certera la observación de Zubiri: "Sea cual fuer~ nuestra posición última
frente a él. toda iniciación actual a la filosofía ha de consistir, en buena parte, en una "experiencia", en una inquisición, de la situación en que Hegel
nos ha dejado instalados" .13

LA IDEA DEL TIEMPO Y DE LA HISTORIA EN
LA FILOSOFÍA DE SOIACCA
DR.

ALBERTO CATURELLI

Universidad de Córdoba

l.

NATURALEZA 'i FORMAS DEL TIEMPO

a) Tiempo inicial, tiempo vital y tiempo ir.finito de la existencia.
LA LIBERTAD IMPLICA EL TIEMPO. Y como la libertad es, originariamente, iniciativa en el ser, Ja iniciativa se hace una con la síntesis primitiva cuya primera
especificación es la autoconciencia. Pero entonces, en aquella síntesis se implica
el tiempo. Más aún, la libertad pone su propio tiempo. En consecuencia, en la
filosofía de Sciacca, el tiempo entra en el ser sin disolverlo; por el contrario, el
tiempo, como veremos, dinamiza el ser --que siempre es ser personal-, dialectiza en dialéctica viva de libertad y tiempo; pero como la libertad es iniciativa
en el ser, como pertenece constitutivamente al ser, también el tiempo es, constitutivamente, el ser mismo. De ese modo, decir el par de palabra "ser" y ''tiempo" no es otra cosa que expresar la íntima estructura del ser núsmo. Pero ya he
dicho que el ser es la persona. Luego cada e,ástente recibe, con la libertad,
todo su tiempo; y, desde que es, intenta salvar la infinita distancia hacia su
propio fin como creatura: "La voluntad libre, iniciativa en el ser, da comienzo
al tiemE_o en sus formas y en sus modos internos a cada una, correspondientes
a las formas y a los modos de la libertad" .1 Sciacca pone el tiempo en el ser y
no el ser en el tiempo si por esto se entiende la historización absoluta del ser;
la iniciativa en el ser determina el comienzo del tiempo; cada hombre, con su
libertad, genera su propio tiempo; por eso, no existe "un" tiempo para todos o
de todos, sino el tiempo de la interioridad objetiva. Brevemente, la libertad
,. Naturaleta, Historia, Dios. Madrid, Editora Nacional, 1963 ( 5a. ed.), p. 145.

136

1

La liberta e il tempo, p. 113, Opere Complete, vol. 22, Marzorati, Milano, 1965.

137

�genera el tiempo; esto es lo mismo que decir que "el tiempo existe por el hombre".2 Yo no existo en el tiempo, sino el tiempo en mí y mi voluntad lo genera
y lo "gasta" bien o mal: "Existe el tiempo porque existe la libertad" y, por lo
tanto, no hay tiempo sin libertad aunque existe libertad sin tiempo que es la
libertad de Dios. Si es verdad que cada hombre recibe todo su tiempo, es
también verdad que "el tiempo es por el espíritu, por la conciencia" ~ que,
en cada momento, debe actuarlo.:. Luego, el hombre recibe el tiempo de la
vid a, intervalo entre el nacimiento y la muerte,6 tiempo "bidimensional" 1
pues el nacimiento no tiene pasado y la muerte no tiene futuro; también recibe el hombre el tiempo de la e x is t e n c i a , abismo entre el existente y
Dios y que solamente Dios puede colmar: corresponde a la dialéctica de la
'tensión" finito-infinito. 8 EL tiempo de la vída es solamente un breve intervalo
del tiempo infinito de la existencia: por eso, todo hombre es iniciativa ininterrumpida, es tensión, recomenzar constante: 'la voluntad siempre tiene tiempo,
siendo ( su tiempo) inagotable".

La inagotabilidad del tiempo de la voluntad excluye la finitud del tiempo
del hombre y, por eso, la muerte no es el fin del tiempo de la persona; es decir,
allende el tiempo de la vida es infinito el tiempo de la existencia 9 pues, si no
lo fuera, estaría en contradicción con la esencia del ser o ser como Idea; el
tiempo de la existencia es infinito como la voluntad que lo genera. Por eso, el
tiempo de un solo hombre trasciende todos los "hechos" humanos y eventos del
universo. El tiempo entonces, es el espacio i11terior generado por la voluntad
en los momentos (pasado-presente-futuro) medidos por el espíritu. Pero así
como Ja libertad de elección es asumida, unificada, potenciada, por la libertad
de escogimiento, así desde el primer átomo de vida ( que es un dato) hago de
ella un acto de la conciencia, "distentio" de la conciencia que contiene el
tiempo infinito y sobrepasa todo eJ devenir natural.
El tiempo generado por la libertad inicial es el tiempo i n i c i a l puesto
por el acto con el cual cada existente acepta o rechaza su ser; es libertad inicíal supuesta a toda volición. Este tiempo inicial es interior y, en éJ, la identidad de medida mensurant.e y movimiento medido corresponde a la identi.• Mo:rte e immortalita, p. 211, Opere Complete, vol. 9, Manorati, MiJano, 1959.
ª La liberta e íl tempo, p. 114.
• L'interiorita oggettiva, p. 117, Opere Complete, vol. 1, ibidem, 1967.•
• Op. cit., p. 118.
• La liberta e il tempo, p. 114.
' Morte ed immortalita, p. 199.
3 Atto ed Essere, p. 51 · Opere, vol. 5, ibidem, 1963: también Filosofía e Metafísica, II, pp. 227-228; Opere, vols. 13-14, 1962.' L'uomo, pp. 163 y ss, opere, vol. 4,
ib., 1963."
• La liberta e il tempo, p. 115; Morte ed immortalita, pp. 212, 216, 219, 220.

138

dad, en la libertad inicial, entre volente y querido. En otras palabras, la
voluntad, iniciativa en el ser en la forma primera de libertad inicial (aceptación o rechazo de sí mismo) genera el tiempo inicial ya como tiempo vital,
ya como tiempo cxistencial. 1º
Veamos pues las formas del tiempo generadas por las formas de la libertad:
"Tiem.p o de la. vida, generado por la voluntad como libertad de elección, en
los dos modos de tiempo empírico o exterior o del devenir, propio de Ja voluntad como libertad de elección o producción subjetiva aun de los bienes
objetivos a nivel de la carnalidad (tiempo carnal) o de la animalidad (tiempo animal}; y de tiempo hi tórico o sucesi6n dinámica, propio de 1a elección
y producción obj tiva de bienes subjetivos: o temporaneidad de un presente
que pasa solicitado por un ••advenir" sólo para nosotros y por eso muert-0 en
cada momento suyo -el espíritu se distiende en la carne o en el animal y
el tiempo es espacio o lugar donde acaece mi ivir y mi morir-; o temporalidad vital -tiempo de la libertad de la vida en el mundo- que mide eJ
movimiento "cadencioso" de la voluntad que la genera determinándose como
elección y producción objetiva de los valores vitales y mundanos, rescate de
la carne en el cuerpo como vítalidad y de éste en la coordinación de ]as necesidades de la ida con las exigencias de la existencia.
' Tiempo de la existencia, generado por la libertad de escogimiento inclusive de las otras formas, o existencial -en armonía con el fin de la existencia implicante del de la vida-; o interior, correspondiente a la libertad
interior o del mal· o duración, de la libertad que dura en el bien escogido
reproponiendo la iniciativa sin el pasaje a las otras elecciones: temporalidad
exi.ltencial, tiempo de la libertad de la e.~istencia en el mundo unido al de la
libertad de la vida; tiempo de la historia. El escogimiento engloba las fonnas
y los momentos del tiempo en el presente, continuo vuelo hacia el "futuro"
-Ja infinita expectación del espíritu, la posibilidad siempre actual y para
él siempre imposible- el instante del escogimiento absoluto, reconquista por
don de Dios, dei tiempo original de la creación en expectación del instante
de la muerte que, aboliendo toda elección y sucesión, cumple la Iústoria de
cada existente y hace a todo acto suyo significante e inmodificable".11
upuesta la síntesis primitiva, la iniciativa en el ser pone su primera especificación que es Ja libertad inicial; la libertad inicial genera el tiempo inicial
que implica sus dos formas fundamentales eomo tiempo vital (generado por
la elección) y tiempo existencia (generado por el escogimiento) ; a su vez,
como veremos después, el instante es el tiempo del escogimiento absoluto,
como el "tiempo nuevo" o de la Gracia. En consecuencia, lo éxtasis del tiem:Jj)

-u

La liberta e il tempo, p. 116.
Op. cit., pp. 117-118.

139

�po corresponden a sus formas así como las formas del tiempo a las formas
de la Jibertad: los átomos correspondientes al tiempo vital (empírico, exterior, del devenir), agotables, "físicos", que pasan sin volver; los momentos
correspondientes al tiempo existencial (interior, duración, desarrollo), reversibles, inagotables, metañsicos, personales, inscriptos en el tiempo infinito de
la existencia inmortal; el Instante que es la duración existencial elevada a su
perfección, presente de la contemporaneidad, tiempo de la Gracia que ya no
corre ni pasa, presencia de todo el tiempo personal y, por fin, reconquista
del tiempo original 12
El hombre es tiempo, pero el tiempo del hombre no tiene un fin porque,
como ya vimos, el existente inmortal es duración que no termina.18 Así nos
percatamos que el hombre es tiempo infinito y, por eso, no es histórico en el
sentido de la temporaneidad vital; la infinitud del tiempo existencial constituye la historicidad del singular, pero solamente es histórico el tiempo de la
vida y, por consiguiente, es histórica sólo la hbertad de elección. Luego, no
es histórico el tiempo de la existencia, aunque su historicidad incluye la historia mundana cumplida con la muerte: esencialmente, eJ tiempo existencial
es trans-histórico H en cuanto es el tiempo de su inmortalidad (constitutiva
" He intentado confrontar comparativa y críticamente los siguientes textos: La
liberta e il tempo, pp. 193-194, 293, 323-324, 330, 331; Atto ed Essere, p. 97; Morte
ed immortalittl, pp. 141, 211, 324; puede ser útil el siguiente cuadro sinóptico:

libertad de
elección

empírico, exterior,
producción
}
subjetiva
de bienes

tiempo
VITAL

producción
objetiva de
bienes subjetivos

del devenir
.
~empo ~al
l:Iempo animal
átomos

libertad
inicial

,¡,

tiempo
INICIAL

tiempo histórico,
} temporaneidad,
temporalidad vital

de la existencia, interior, duración,
del desarrollo
libertad de
escogimiento
tiempo

EXISTENCIAL

temporalidad
existencial

escogimiento absoluto
tiempo original

u

La liberta e il tempo, p. 118.

1•

Op. cit., pp. 119, 121, 124, 125, 128, 131, 219.

140

omentos

Escogimiento obje} tivo del Bien en
cada momento

1

instante

de la persona) que puede ser elevado al tiempo original por el escogimiento
absoluto.
b) Dialéctica de las formas del tiempo.

La duración existencial es acto sintético de los momentos del tiempo e
implica (y exige) atención constante que es, agustin:ianamente, la attentio
animi. Sciacca asimila aquí y, en verdad, sobrepasa potenciándola, la doctrina
de San Agustín 15 pues los momentos de la attentio son el contuitus del presente, la expectatio del futuro y la memoria del pasado, pero la "attentio" es
duración, acto, es el peso de la historia personal en la historia de la humanidad porque cada volición genera el tiempo histórico rescatando la temporaneidad de manera que todos los momentos de la persona sean solidarios y
convergentes en cada volición. 16 Cuando el hombre abandona esta dignidad
del tiempo del escogimiento (duración) en favor de la producción subjetiva
de bienes a nivel de la carnalidad o de la animalidad, la "attentio" se transforma en "dis-tentio" del mero cuerpo satisfecho. La recuperación de la verdadera duración implica, por cl contrario, la libertad "dis-tensa" en el tiempo
que ella genera con sus elecciones, pero unificada en la tensión hacia el escogimiento. Es allí donde recupera todas las formas del tiempo. El hombre,
por consiguiente, se hace y hace; solamente Dios crea. El hombre es el presente de un acto creativo, pero su tiempo histórico, tanto al comienzo como
al fin, "existe abierto hacia un easado y un futuro trans-histórico".17
En este sentido, yo comienzo desde mí; es decir, desde mi libertad inicial,
que es el comienzo del tiempo de mi historia personal. La voluntad volente
actualiza sus posibilidades generando así el pasado; por consiguiente, "el
advenir no sucede al pasado sino a la inversa porque las posibilidades son
primero y el pasado es después que han sido actuadas por la voluntad" . .FJ
advenir pertenece al tiempo vital ( empírico, exterior) y el futuro a] tiempo
existencial (metafísico, interior). Cuando la historia es pensada como proceso I6gico-gnoseológico se sostiene explícita o implícitamente que es el resultado de causa (en el pasado) y de efecto (en el futuro) ; pero aquí se trata
solamente del tiempo del &lt;advenir" que implica nada más que "hechos" y
la "cadena'' de acontecimientos, sin futuro. Entonces el pasado no sucede al
"' Confessiones, XI, 20, 26: "tempera sunt tria, praesens de praeteritis, praesens de
praesentibus, praesens de futuris. Sunt enim haec in anima tria quaedam et alihi ea
non video, praesens de praeteritis memoria, praesens de praesentibus contuitus, praesens
de futuris exspectatio".
'" La liberta e il tempo, p. 120.
" Op. cit., p. 121; cf. también nota 12.

141

�advenir como si éste fuera su causa: Tal es la ilusión determinista Y fenomenista. En efecto el advenir "no es un dato, sino un con junto de posibili'
. .
dades entre las cuales la libertad hace libremente sus elecciones y escogumentos motivados pero no determinados": 18 el pasado nace del advenir y, por
ese motivo&gt; de la voluntad que también genera el advenir llevándolo hacia el
presente de la volición que, nuevamente actuada, lo pone. en un nuev~ presente. En consecuencia, la voluntad libre es la madre del tiempo y su tJempo
es la "distentio" que la estimula, por su orden objetivo a elegir las necesidades vitales y a escoger las exigencias del espiritu. De esto se sigu la insuficiencia del advenir y la apertura absoluta, inexhausta del futuro. Tanto el
pasado que miro en el presente, como el adv:nir, que es ':'pectación en_ el
presente, son presentes en nosotros. Como dec1a San Agustín, In te, amme
meus tempora metior; 19 en Sciacca esto significa que mido el tiempo en el
acto que pasa, no en cuanto pasado; significa que es presencia de un "ya"
(mi pasado) trans-histórico. Por la intuición del ser como Idea que hace
infinita la iniciativa, es también presencia de un "después" ( mi futuro) siempre actual e inactuable en todo acto de mi advenir que es también superhistórico. En ese sentido, el presente de mi tiempo es memoria de Dios, expectación de mi advenir en el mundo. Por eso, la libertad es acto que recomienza
siempre y el tiempo generado es inagotable, en cada existente: Este acto inagotable, renace siempre de la voluntad volente: Es advenir temporal (histórico)
producido por el presente; es futuro trans-histórico preparado por el mismo
advenir 20 de mi jornada mundana. Existencialmente, hay pues el tiempo
infinito de la infinita libertad originaria todo recogido en el instante del escogimiento absoluto. Del mismo modo, el advenir es finito, el futuro infinito. 21
Para Sciacca, no obra el hombre en el tiempo sino que el hombre genera su
tiempo; o sea que la libertad existe antes de todo tiempo y ella es quien
genera el tiempo y sus diversas formas. La libertad genera su tiempo histórieo; pero, en ese caso, como veremos más adelante, en la historia personal
se imµlica la historicidad de la libertad vertical que tiene un fin trans-histórico. Pero cada nivel de la libertad que es nivel del tiempo, son recuperados
en el orden del ser.

u Op. cü., p. 123.
10 Confessiones, XI, 27, 36; cf. In spirito e verita, p. 69.

'" La liberta. e il tempo, pp. 125, 131.

"' Op. cit., pp. 125-126.

142

c) Ser y tiempo, m11,ndanidad y transm11,ndanidad del tiempo.

Para comprender a ciacca respecto de la relación ser-libertad-tiempo, debo
suponer como suficientemente asimilada la relación ontológica entre el ser y
la existencia y entre existencia y realidad. El ser no plantea, por su inmediata
presencia, la necesidad de una pregunta por su sentido. Y desde que es presencia que debe ser afirmada ( aun cuando se la niega y precisamente porque
se la niega) no parece posible considerar ni siquiera la posibilidad de un
"olvido'' del ser aunque se pueda especular finamente sobr ello. Supuesta
esta primera afirmación del ser, en Sciacca el ser es personal; por eso puede
decirse a Ja inversa: Ja persona es el ser. El modo primario de ser presente el
ser es el ser como Idea (esencia del ser) en el cual el ser-acto pone el sentiracto el entender-acto, el querer-acto· en consecuencia, el querer acto que es
el querer-puro (iniciativa en el ser) pone el tiempo como tiempo inicial;
que es lo mismo que decir que la libertad inicial (voluntad inicial) orea el
tiempo. o quiere decir esto que libertad y tiempo sean realidades contrapuestas, realmente distintas; por el contrario, el tiempo es acto de la libertad.
Por eso la libertad crea el tiempo. Pero como he dicho antes que el ser es la
persona, constituyen momentos intr'msecos del ser mismo libertad y tiempo.
El tiempo es el ser. En consecuencia, ser y tiempo se convierten en el ser
finito porque el sm- finito es la persona; en cambio, no es el tiempo todo el
ser porque Dios es el Ser absoluto fuera del tiempo. Entonces, en la finitud
de la existencia humana, ser y tiempo se implican y son copresentes, pero el
ser no es disuelto por el tiempo ni es el tiempo solidificado en un ser estático;
el ser es dinámicamente tiempo y el tiempo es el ser mismo. En consecuencia, en el pensar de Sciacca, el tiempo "entra" en el ser, por así decir, sin
peligro alguno de reducir el ser a temporaneidad o a historicismo antimetafísico. Por otra parte, en cuanto la persona "existencia" la realidad ( que no
existe por sí sino por la persona) coordina y eleva la realidad al nivel del
tiempo eiástencial; por eso, todo ente finito es tiempo (existencia-realidad)
por Ja libertad que, precisamente, es creadora del tiempo. Ni inmovilismo esencialista que se ve forzado a reducir el tiempo a mero devenir cósmico o a la
medición del movimiento cósmico, ni "existencialismo" temporalista. Tampoco
es una precedencia como lugar originario ( de ser y tiempo) que debe entenderse ~liéndose de la metafísica, sino la originaria y metafísica unidad
integral de ser, libertad y tiempo.
La libertad pues, como acto que es, es el mismo hacer-se del hombre. En
esto consiste la dinamicidad del ser y de la voluntad. Todo acto suyo es comOp. cit., p. 129. Para el sentido originario del acto como hacerse (/arsi) cI. Atto
ed Essere, pp. 20 y ss.
21

143

�pleto y perfecto aunque no es perfecta la voluntad porque _si bien es madre
de sus acciones no es sus acciones: Sobre_easa a todas y a mnguna pues cada
acción es finita {en cuanto cumplida); y, nuevamente, la voluntad reemprende su camino constituido por actos que son especificaciones de un solo acto:
la iniciativa en el ser. Inadecuable por sus acciones no es adecuable por la
historia que ella produce. Por eso no existe ni puede existir una adecuación
entre hombre y mundo: La historia del hombre existe y se desarrolla (no
deviene) en su propio estado trans-natural con un destino incumplible en el
mundo; precisamente porque la mundanidad del tiempo del hombr~ es medida por el espíritu, el tiempo del hombre es trans-mundano, trasciende el
tiempo histórico, trasciende el tiempo de la historia mundana, trasciende el
tiempo emp'trico, tiempos subordinados a su tiempo infinito. Es finito el
tiempo de la raz6n, es infinito el tiempo de la inteligencia ~• sobre todo,. si
la inteligencia está orientada a lo eterno, el Instante es el bempo de 1~ mteligencia. zs El mero tiempo mundano (temporaneidad) se ~ueve ha_oa ~
advenir de la perfectibilidad también mundana; pero este tiempo es insuficiente para el futuro de la perfeccwn de un solo hombre concreto, a cuyo
secreto ontológico apenas si se tiene acceso por el amor a la irúinitud abierta
e incaptable del otro y de m't mismo.
Por supuesto que es dificilísima tarea de la voluntad mantener la unidad
dialéctica de los momentos y de las formas del tiempo. Su actitud más propia
no es ni nostalgia del pasado ni anticipación del advenir. No es nostalgia del
pasado en cuanto retorno a un tiempo que ya no-es más; aparente compromiso del regreso que es, en realidad, des-compromiso y re-vocación de la
acción: 2• En el fondo, es sólo pasado del pasado ya que todos los tiempos
irían al pasado y, más aún, es nostalgia que niega el mismo pasado y di~e no
al ser y sí al no-ser. No es anticipación del advenir que pone en lo adverudero
todo lo positivo huyendo del presente,25 porque sigue siendo negación de la
libertad y el tiempo en cuanto. evasión q_ue, a su vez, niega el mismo advenir
pues no podrá jamás ser. Llegado a ser, hoy, ya será entonces el mal. Ambas
actitudes tienen en común la fuga del presente q_ue aparece de hecho como
mal. En un caso, mito del pasado; en el otro, mito del advenir. Quien existe
a la altura del ser, existe, en cambio, colmado de presente donde son presentes todos los momentos del tíemi20; no existe en el subjetivo recuerdo que
es fuaa del presente; existe en la memoria objetiva que coincide con el movim.i:Oto de la voluntad que hace entrar el pasado en el presente.26 Desde
23 La liberta e il tempo, p . 131.
"' Op. cit., p. 134.
..- Op. cit., p. 136.
., Op. cit., p. 138.

144

este punto de vista, no existe tiempo largo ni corto, pues se trata del tiempo
existencial o metafísico: Es el tiempo del singular en el ser cuyas elecciones
y escogimientos "se concentran en la disponibilidad al escogimiento absoluto,
hacia el futuro en el cual son contemporáneos' presente, pasado y ad enir". 27
de este modo, el tiempo (y la libertad) es separación de todo lo inesencial y,
por eso el presente se muestra como el tiempo de la esperanza.

2. EL

TIEMPO DE LA LIBERTAD DE ELECCIÓN
LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA

a) Temporaneidad empírica y sentido del progreso.
Primer planteo del problema del sentido de la historia.

Resuelta, en una primera instancia, la dialéctica de las formas del tiempo,
corresponde ahora poner la atención en el tiempo creado por la libertad de
elección: Tiempo vital, empírico, exterior, del devenir, carnal, animal, histórico. Lo primero de lo cual nos percatamos, si el tiempo es creado por la
voluntad, es que no puede ser pensado como un "continente", ilusión pseudorealista que lo piensa como medida extrinseca y convencional deJ mero permanecer temporáneo de una sustancia supuesta al devenir sucesivo y continuo. Es lo que Sciacca denomina tiempo anagráfico cronológico, cuantitativo, abstracto, tiempo de los hechos acaecidos y por acaecer. Tal es el tiempo
griego ( cosmológico y naturalista) como medida del movimiento. 28 En ese
sentido, el concepto aristotélico de tiempo como "medida del movimiento según lo anterior y lo posterior",29 pone en evidencia que, si bien tiempo y movimiento se distinguen realmente, no hay tiempo sin movimiento; es verdad
que la "medida" la pone la inteligencia, pero el movimiento cósmico es su
fundamento: de él depende en su misma realidad de tiempo y habria tantos
tiempos cósmicos según el número de inteligencias capaces de enumerar el
antes y el después del movimiento del ciclo, de las esferas del mundo. Pero
Aristóteles (y los griegos en general) no ha ido más allá dcl tiempo empírico.
Y del tiempo que Sciacca llama "de uso", para las cosas útiles, que se alarga
en átomos sucesivos: Ayer, hoy, mañana. Pasado, presente, advenir: El pasado, la serie de átomos vividos ; el presente, apenas el átomo que está pasando; el advenir, la multiplicidad de fragmentos alineados y solidificados,
"' Op. cit., -p. 139: el subrayado es mío.
" Op. cit., p. 192 .
,. Phys., IV, 11 , 219bl.

145
HIO

�generados por el movimiento de mi voluntad, inscripta en el mecanismo de
los instintos, necesidades, pasiones; en fin, no historia del s.ingular sino crónica individual 3º de mis días, uno después del otro, todos en fila, en el orden
de las elecciones, continuidad mecánica o en realidad discontinuidad de
impulsos y caprichos. En tal caso, mi tiempo aparece como mera extensión
que me empequeñece y me pierde como persona; vivo asi en el "espacio",
siendo espacio aun el mismo tiempo. Y yo, cosa entre Jas cosas. El ser del
tiempo es, al cabo, el no-ser del tiempo. Sciacca es particularmente ácido
cuando hace alusión a este tiempo movido por las pasiones y la envidia, al
cual califica como tiempo de la cupiditas de niños adultos e inmaduros, armados de lógica elemental y estulta, de lugares comunes elegidos según lo
exige "la sociedad". Tal es el tiempo idiota de la pura mundanidad del hombre. Es el tiempo del devenir "según el cual la ciencia 'organiza' los así llamados fenómenos naturales". 31 El devenir se contrapone al "desarrollo" del
acto, puesto que corresponde al hecho, a la mera cosa, dotada de "actividad", no de actualidad. 32
Precisamente en este sentido, el tiempo de la ciencia es el tiempo natural
o del devenir; tiempo de las cosas: "las cosas nacen; y caen, insensiblemente,
en la 'temporaneidad' : nada dura o permanece; el tiempo mismo se desvanece en la nada de la nada". 33 Tal es el devenir de los entes entre los cuales
la especie humana es uno de tantos. Tiempo medido por el reloj que no significa, desde sí mismo, el paso a un plano superior, precisamente porque
es el tiempo exterior del devenir. 3 ~ De ese modo, la unidad espacio-tiempo,
válido para el hombre s6lo en el nivel vital, tiene su advenir en el ' hombre"
de la ciencia; respecto de los "acontecimientos", tiene su historia sólo a nivel
del tiempo empírico. Pero ese nivel científico e "histórico" del tiempo es infinitamente trascendido por la historicidad del hombre, por el tiempo existencial infinito, por su futuro no natural, que es el fin de la misma libertad. 35
Todo el tiempo de la historia (eventos calculados, organizados, previstos) no
es conmensurable con un solo momento del tiempo infinito de un solo hombre! Por eso, si pusiéramos nuestro tiempo existencial en el nivel científico,
la libertad quedaría al nivel de la libertad de elección subjetiva, del tiempo
exterior de la ciencia, que es tiempo anulado. El tiempo exterior volvería al
hombre al "infantilismo" de sí mismo, esclavo de un solo nivel de la exis"' La libertá e il tempo p. 194.

op.

cit., p. 197.
" Atto ed Essere, pp. 58, 59.
" In spirito e verita, p. 69, Opere Complete, vol. 11, ib., 1960.'

11

$1

La liberta e il tempo, p. 198.

" Op. cit., p. 199.

146

tencia. 86 Con agudeza, aprovecha Sciacca para señalar que si la ciencia crece
y crece siempre, debe ha.cedo porque es intrínsecamente inmadura; si este
plano de la inmadurez de la ciencia fuera el del hombre, entonces no habría
lugar para los otros niveles y ni siquiera sería posible la misma ciencia. La
ciencia no tiene por objeto el infinito espiritual y, por eso, está fuera del
plano de la "inteligencia" del ser en el cual se inscriben la libertad y el tiempo: Queda a nivel de la "razón" cuyo objeto es el ente "real", determinado
y finito.
En este plano, en efecto, la elección subjetiva de bienes a nivel de la carnalidad ( tiempo camal) y a nivel de la animalidad ( tiempo animal) genera
los átomos del tiempo empírico como sucesión mecánica según los deseos subjetivos, en un continuo de elección (temporaneidad). 37 El hombre temporaneizado en los acontecimientos, no tiene historia sino apenas crónica de hechos en mecánica sucesión: Hacia adelante tiene el advenir, lo de mañana•'
una vez acaecido, advenido, otro hecho se agregará a los anteriores aumentando el bagaje del "pasado". La historia es así toda "material", de Ja pura
libertad exterior y de su tiempo sin esperanzas de futuro; será historia de individuos, no de personas; será historia de lo que ha sido "realmente", exteriormente producido, no "existencialmente" vivido; será, en fin, el conjunto de
hechos acaecidos (advenidos) en la distensión del tiempo exterior narrados
según el orden cronológico ( rerum gestarum) y que es la "historia'' en cuyo
nombre se procesó a Sócrates y a Cristo. 38 Tal es, pues, la historia de los
"hechos gruesos" (no grandes con grandeza espiritual) entre los cuales el
grado más alto es idéntico al infimo ( apoleón y el anónimo burgués); para
Sciacca se trata apenas del "infantilismo" de los supuestos "grandes'' y de los
nacionalismos que quieren solamente hacer para poder y poder para hacer
más, todo lo contrario de Dios que no es un "poderoso" ni "comanda" -nada
de nada. 39 En este sentido, la actividad del hombre "sá.rquico" se sitúa aún
por debajo de la naturaleza animal, constituido como un amasijo de infantiJismo y de avidez que hacen de él un "grande de la carne" ,4º un poderoso,
uno de aquellos que "pasan" a la historia, dos veces esclavos: de la esclavitud
de los demás a quienes no ayudan a liberarse y de la propia: Gigantes infantiles tanto en el pensamiento como en la acción, cuyos instintos ejercitan
sus derechos, pero cuya voluntad, en la línea de la mera elección animal es
'
subjetiva porque siempre elige y hace subjetivamente.
.. Op. cit., p. 201.
., Op. cit., p. 204.
" Op. cit., pp. 205-206.
21

Op. cit., p . 207.

" Op. cit., p. 208.

147

�Ya puede apreciarse el carácter de la crítica sciaquiana a la idea de progreso que permite un primer acercamiento a su filosofía de Ja historia. Claro
que la idea vulgar de progreso tal como, dogmáticamente, es aceptada por
la ciencia y el -inmanentismo, proviene de una concepción mundana deJ tiempo y tiene su origen doctrinario en Bacon y el Iluminismo; para esta concepción del tiempo, la historia del hombre se transforma en sociologia y en
economía como inversión del Cristianismo ;u por eso el progreso se demuestra como sustitución y como lo contrario de la Providencia: es la razón contra la fe. Nace así el mito del progreso que cree que los "malos tiempos"
(o sea todos los tiempos si bien se mira) deben ser sustituidos por los del
reino del Hombre que adviene por el progreso; por eso el mito del progreso
va de desesperación en desesperación de entusiasmo en entusiasmo, absurdo
que se consume en contradicciones infantiles. En esta línea, Hegel piensa la
historia como fin de sí misma, como totalmente mundana, lo cual es contradictorio: Porque es contradictorio atribuir a la historia un cumplimiento en
la historia, que es lo mismo que sostener que lo que deviene y lo relativo tienen su cumplimiento en lo deveniente y en lo relativo;42 por eso el dialectismo hegeliano aniquila no solamente la sustancialidad la persona y la religión, sino también la historia misma. 43 Esta aniquilación universal depende
del mito del progreso que jamás podrá responder por la historia de cada
hombre singular, que sólo vale para él. Y la contradicción es evidente: "o
el mal será definitivamente vencido y entonces ( ... ) cesará el progreso mismo
y toda forma creativa de actividad humana, la historia no tendrá más desarrollo y todo estará al nivel de la flora y de la fauna ( ... ) o el progreso nos
libertará de algunos males pero no del mal y, en tal caso, este último cambiará sólo en los modos; por lo tanto, es una vez más contradictorio que (el
progreso) sea por sí solo el fin último de la historia y el sentido definitivo
y satisfactorio del hombre" _-w ciacca no quiere significar con esta crítica
la desvalorización plena del progreso, sino valorarlo en el nivel que le corresponde: En efecto, si por progreso se entiende "producir objetivamente bienes vitales y mundanos y elegirlos objetivamente por la libertad de la vida en
el mundo, fin último del 'tiempo histórico' y no más empíúco", entonces el
progreso constituye la legítima solución del problema de la vida. Pero cuando
este fin es puesto como fin supremo de la historia y, por lo tanto, del homOp. cit., pp. 211-212.
" Op. cit., p. 215 ; en el mismo sentido cuando se refiere al marxismo, La filosofia,
oggi, 1, p. 31 , Opere Complete, vols. 6-7, ibidcm, 1963.◄
" Historía de la filo so/la, p. 470, trad. española de A. Muñoz Alonso, Ed. L. Miracle,
Barcelona, 1954.1
.. La liberta e il tempo, pp. 216-217.

bre, el progreso pierde su positividad pues debe estar coordinado a la tempo~dad existencial El progreso, extrapolado, se convierte en una ficción
a~al. Y, en el fond~, no es ya una cuestión de optimismo o pesi.mismo:
S~plemente, el adverur de la perfectibilidad en el mundo es siempre insufzcie_nte Y el futuro de la perfección existencial del singular ( de la persona)
es Siempre tra~sm~n~~no; como se ve, son dos planos diversos pero unidos,
cuya copresencia_ s~1ca que toda la libertad del singular y todo el tiempo
del hombre son infimtos; por eso la historia se salva y se inscribe en Ja ''historicidad' integral del singular en su propio fin trans-histórico.t5 En cambio
la historia a niv~l de la práxis es historia del hombre animal, permanec:
como_ me~o negocio, como cosa. Y pragma es cosa, hecho ( no acto) pra.'CJsmo.
La lustona de la persona, por el contrario, para que sea tal debe estar a
nivel del poiein al cual pertenece el problema metafísico de la, libertad como
principio que opera desde lo interno. Luego, el progreso, el verdadero progreso, debe_ ser _puesto como _pro~lema personal y, en ese sentido, no es pro~ extenor smo progreso interior. Por eso, para Sciacca, solamente las acciones plenamente personal~, objetivas, constituyen el progreso interior que
hace que sea progreso el mismo progreso exterior; en ese sentido, simultáneam_ente las acciones objetivas se ordenan a la actuación del fin último de Ja
vida y del fin supremo de la existencia.te Se ve así que ]a libertad de elección
( Y de hacer) euede (y debe) ordenarse al bien objetivo en cada persona
y que no co~is~e en mera re,moción de obstáculos, sino en iniciativa personal
de que_rer obJet1va1:11en~e segun el orden del ser. Por consiguiente, se entrevé
el sentido de la histona personal en esta coordinación de libertad de elección al fin supremo de la existencia y por eso la misma voluntad constituye
la única ley de la historia: "cada hombre es todo el sentido de la historia
prueba para su destino trans-histórico"; es lo mismo que decir que "el ad~
venir de la vida y de la existencia en el mundo converge y significa en el
futuro de la existencia misma":47 Como decía al comienzo, el modo como
ciacca pone el problema del mito del progreso y la solución del mismo como
progreso interior, equivale al primer paso, inmediato, para la reflexión sobre
la misma filosofía de la historia.

-0

148

" Op. cit., p. 219.

" Op. eit., p. 22 l.
Op. eit., p. 223 .

•1

149

•

�b) La filosofía de la historia en su dogmatismo.
Historicismo naturalista y escatología mundana.

•

Pese a la reducción de todo a proceso histórico el progresismo racionalista e iluminista considera, en el fondo, que la historia es el ámbito de lo
oscuro en el cual y de lo cual no hay ningún concepto racional. A esto se
debe la valoración del pensamiento de Vico realizada por Sciacca porque
es precisamente Vico quien vuelve el interés filosófico sobre el mundo histórico concreto!8 Mientras para el Iluminismo la humanidad infantil no tenía
ningún interés para Vico, por el contrario, el origen tiene el máximo interés anteponiendo el valor de la idea de tradición. Pero esta idea hace crisis,
al menos en el sentido cristiano al cabo de un proceso de inmanentización
del pensamiento 49 que es, en el fondo, crisis religiosa. El primer elemento de
la crisis es el Iluminismo que constituye un "proceso contra el Cristianismo"
considerado como el "desecho del desarrollo de la cultura Occidental". La
culminación del proceso es alcanzada en Hegel en quien el concepto cristiano de Providencia es sustituido por el de "razón" que pone la mediación.
Aplicado al Cristianismo, el concepto de mediación significa que el Dios cristiano aparece como mito; en el fondo, no es más que una manifestación de
Dios-Razón que deviene y se manifiesta en el mundo. Mientras para el Cristianismo Dios está al principio, para Hegel está al final del proceso y es el
hombre quien crea a Dios, no Díos al hombre. Naturalmente, desaparece el
misterio puesto que todo es razón que sustituye el principio teológico por el
principio racional de la historia; pero Hegel confiere a la filosofía un sentido
religioso que no tiene más carácter propiamente "teológico" sino "teologal"
puesto que se trata de la mentalidad del teólogo aplicada a la pura dialéctica
mundana. 5º A la categoría del universal hegeliano, Kierkegaard opuso la
del singular y, con ella la exigencia ( contra el sistema que cree explicarlo
todo) de saber qué soy yo como persona singular. Y como Kierkegaard quiebra la dialéctica de la mediación no queda más que la exigencia religiosa (a
través del "salto") del destino singular: Dios y yo.
43 Para esta expasición utilizó la pequeña obra aun inédita de Sciacca, Lecciones de
filosofía de la historia, versión taquigráfica y traducción de Celia C}alídez de Caturelli,
Introducción de A. Caturelli; estas conferencias, actualmente en poder de la Editorial
Troquel de Buenos Aires, fueron dictadas en la Universidad de Córdoba (Argentina)
en el año 195 7. Me veo obligado a citar solamente el titulo y número de la eonferencia
sin referencia al número de página.
"' Véase mi libro Metafísica de la integralidad, pp. 161 y ss., Córdoba, 1959, donde
he oonsiderado la autodisolución del idealismo subjetivo.
.. Lecciones de filosofía de la historia, I; también La liberta e il tempo, pp. 227-

Pero la coherencia total del hegelismo en el tema de la historia debe buscarse en Feuerba:11 y Marx; para ellos, Hegel aun hace teología y, para
lograr un humarusmo total no es necesaria la realización de lo sacro en lo
real (como hace Hegel) sino la transformación de lo ~agrado haciendo de
l~ teología aquello que ella efectivamente es: antropología. Claro que todavia Fe~erbach acepta una "transformación" de lo sacro y lo que verdadera~en«: l.Illporta, para Marx, es su negación radical. Mientras para Hegel la
histona es proceso del pensamiento, para Marx el fenómeno histórico no es
sino fenómeno y el pensamiento es un fenómeno de la realidad externa• no
es la Idea quien produce la historia, sino la historia quien produce la id~.Sl.
Mie~tras Hegel racionaliza la religión, Marx teologiza la filosofía: En efecto,
precisamente porque la vida cristiana ha muerto, el hombre tiene conciencia
de vivir aq~í p~ra fabricarse la casa en la tierra; es suficiente que e] hombre
se salve a st rrusmo y, en esto, el trabajo cumple el papel esencial. Es el fin
deJ trabajo mismo. Mientras para Hegel el trabajo representa el momento
negativo de la alineación, Marx lo considera el momento positivo puesto que
el trabajo es_ el mediador, en~e la naturaleza y el hombre, precisamente porque el trabajo opera la smtesis entre el momento teórico y el práctico, transforma lo real y funda la fraternidad entre los hombres. De ese modp «Marx
confiere al trabajo la función que el Cristianismo reconoce en Crist~". Pero
es precisamente aquí donde la crítica de Sciacca pone al descubierto el mo~ento do~á~co de la razón_ que quiere explicar la historia en su propia
~encia: _Si Marx n~ hubiera negado lo sacro, aun admitiría la posibilidad de la idea de D10s porque aceptaría la posibilidad de la existencia
d~ Dios. En cambio, Marx sostiene que en el momento en el cual la humarudad se haya convencida a través del proceso d.ialéetico de que la casa de
queremos construir en el ciclo se construye en la tierra y que en lugar de
construirla Dios la construye el hombre, la úníca posibilidad será el ateísmo.
será el ateísmo una demostración innecesaria sino una mera comprobac1on. Pero entonces el ateísmo no tiene más sentido precisamente porque es
la negación de Dios: si es la negación de Dios, supone también implícitamente la hipótesis de la existencia de Dios. En cambio, para Marx la sociedad que haya realizado la transformación por el trabajo no tendrá necesidad
de religión alguna. Esto significa no el ateísmo sino la negación de la negación; y como es la negación de la negación es negación del ateísmo. En otras
palabras, en cuanto planteo !a cuestión, también la acepto; para que ésta
desaparezca completamente es necesaria la negación del ateísmo, es decir,

~?

" Lecciones de filosofía ~e la h~toria: I; El humanismo antihegeliano en el hegelismo de Marx, pp. 4-6, versión taqwgráf1ca y traducción de Celia Galídez de Caturelli
Córdoba, 1954 (Separata de Rev. de la Univ. N. de Cba, XLI, 3-4, 1954).
'

228, 233.

151
150

�la negación de la negación. Tal es el camino sin salida de una razón dogmática, carente de un conceI?_to crítico de sí misma y, por lo tanto, de un concepto crítico de la filosofía de la historia. El inmanentismo ha puesto la his-toria a nivel de la libertad de elección subjetiva creadora del tiempo empírico,
de la temporaneidad mundana que, por sí, carece de un principio ru.-plicativo
que disuelva la contradicción.
e) La filosofía de la historia en su concepto crítico:
El singular concreto.

Es menester plantearse el problema de la filosofía de la historia como crítica, no más de modo dogmático. Y esto es lo mismo que preguntarse si es
posible tener ciencia filosófica de lo particular ya que no hay historia sino
de lo particular, es decir, conocimiento racional de lo concreto y contingente.
Para el pensamiento griego, no existe problema de la historia porque la filosofía es conocimiento del "ser universal", como acontece en Santo Tomás
mismo. En Aristóteles no hay ciencia de la historia porque la historia es la
inteligibilidad de lo particular y de lo particular no hay ciencia; en verdad,
Aristóteles tiene un concepto muy pobre de la historia porque no distingue
entre un fenómeno físico y un fenómeno histórico; no se percató q~1e un hecho
físico es radicalmente diverso de un acto humano espiritual; un evento físico
e,s pues diverso de un acto histórico, que es siempre una experiencia humana.
Un terremoto, por sí mismo, no es una experiencia, salvo que sea la experiencia de un hombre. Y la experiencia es un acto espiritual. Luego, mientras la naturaleza es objeto de experiencia sin ser sujeto de la misma, 1a historia unifica en sí misma objeto y sujetó: El hombre es, simultáneamente,
sujeto y objeto de e»-periencia y, por eso, sólo existe historia del hombre, no
de la naturaleza.
Precisamente por no haber entendido el problema, los griegos acudieron
a categorías irracionales para explicar la historia (fatum, eterno retorno,
ananké), actitud que continúa en la escolástica, en el RenacÍmiento, en Francis Bacon, quien sostiene que la historia es historia de individuos, de cosas
particulares y que la filosofía trasciende las cosas particulares; entonces la
historia apenas si es memoria de los hechos superpuestos en el espacio, en
el lugar y en el tiempo, en el tiempo puramente vital, exterior y empírico,
para Sciacca tiempo de la libertad de elección subjetiva, pero sumida en la
irracionalidad oscura de lo particular. Sólo Vico vio el problema de una filosofía de la historia porque intentó encontrar inteligibilidad en el singular
mismo· esta es la razón por la cual Vico ha ejercido influencia sobre Sciacca,
pero se trata, natw-almente, no del Vico "idealista" según Ja interpretación

152

de _Gentile y Croce, sino el Vico agustiniano y cmtlailo. En efecto es necesano ~us~ una cie~cia _racional de la historia; pero, en tal caso, el objeto
de l~ filosoJ1a de la histona no es Jo universal sino el singular histórico. Cuando
alguien se planteó esto por primera vez, nació la filosofía de la historia.
, Si es posible un conocimiento inteligible del acto histórico concreto, simultáneame~te n~ce ( con Vico) el problema de la posibilidad del juicio histórico
que hubiese Sido una contradicción en los términos para Aristóteles. En efecto,
los ~tos de las personas constituyen lo contingente porque su contenido es
contmgente; la forma inteligible es lo que debe ser determinado. y esta J bo
.
l fü
a r
~nst:t~ye a ·osofía de la historia. Podría precisamente aquí investigarse la
si~acron del mun~o m~dem~. que permitió este interés por lo concreto; pero
evidentemente ~a filosofía enoca de la historia nace de esta exigencia de lo
concreto pues s1 se descubren leyes del singular de lo histórico éste se el
. li ·w
,
,
vu ve
mte gi e. Pero como las leyes que se buscan son universales, de hecho queda
pJ~teado el problema del universal concreto, que es el verdadero problema de
la filosofía
de la historia. Lo cual , a su vez, plantea una nueva concepc1on
·,
.
del ~versal que se ~lcanzaría ya no por la abstracción de los particulares sino
como mmanente al smgular mismo. Si se reduce el universal concreto a una
categoría del pensamiento (Kant-Hegel) es necesario encontrar las categor~ que explican _lo particular; pero como tales categorías son las del pensanuento, cl s~r nus~o ~ pura categoría lógica y así, con el idealismo, ha
mue~to la llllSma filosof1a, al menos como la concibe el pensamiento clásico.
La
· • del esp1,
. filosofía
(.
. se reduce, en cuanto a su obJ.eto, a construi r Jas ciencias
ntu idealismo) o solamente las ciencias de la naturaleza (positivismo). Esta
~s la causa ~r- la cual, desde Jos escritos juveniles, Sciacca sostiene que ldealismo Y p~s1tl~o
oponen solamente porque uno sostiene que filosofar
~ co~trw.r las c1encras del espíritu y el otro que filosofar es construir las
c1en~as de la naturaleza; pero, en el fondo, hay un acuerdo fundamental
consIStente en reducir la filosofía a Ja categoría que construye J
· ·
d 1 ,•
as ciencias
e ~:m~ o de _la naturale~. ~e una posi~ón se puede llegar a la opuesta;
tamb1en, s1 ~I ob!eto de la filosofía es lo pamcular, el único objeto de la filosofra es la histona, con Jo cual ha nacido el historicismo. Por consiguiente la
filosofía tiende a presentarse como una metodología de la historia en el idealismo, aparentemente opuesta a una metodología de las ciencias naturales
el positivismo. Pero, en ambos casos, deja de ser filosofía de la naturalezaen
filosofía de la historia. Así se ha llegado a la negación de la filosofía de
historia, ya porque la historia es lo irracional, ya porque el momento filosófico se reduce enteramente al momento histórico pulverizando la filosofia
misma en el proceso histórico.

s:

1:

El problema está críticamente mal planteado. Porque cuando se mienta
153

�lo "particular" debe distinguirse entre los meros "hechos'' y los hombres_ concretos. Más aún: Cuando Sciacca hace esta distinción, creo que debe mterpretarse así: Lo "particular" es término algo ambiguo; es necesario precisarlo
porque parece convenir tanto a los hechos cuanto a los hombres; entone~,
aun cabe distinguir entre los hechos y los actos del hombre concreto, es decir,
no el individuo sino eJ singular que es la persona. Luego, la historia no es
historia de un hecho particular como la batalla de Cannas, sino de Aru'bal,
no de Waterloo sino de Napoleón: La historia pues no es historia de hechos
particulares sino de hombres singulares. Más aún, de los hombres que. hacen
los hechos. Entonces, interesa más, infinitamente más, conocer el desbno de
un solo hombre singular que el de todos los hechos. Cuando Sciacca dice esto
no quiere decir, naturalmente, historia del "hombre unive~" qu~ ~. una
abstracción y, como tal, no existe, sjno conocimiento del destino y significado
del singular. Por consiguiente no hay una filosofía de la historia de la humanidad, en el sentido de Compte. pues semejante humanidad abstracta no
existe; salvo que se entienda "humanidad" no respec;to_ del ho~bre en general
sino de todos y cada un-o de los hombres, permaneciendo smgulares; todos
ellos constituyen la comunidad que denominamos "humanidad", no como
mera abstracción de los singulares sino como el conjunto de los hombres en
su singularidad concreta. La filosofía de la historia tiene la obligación de
explicar el destino de cada singular, es decir, de la persona: Tal_ es el problema verdaderamente crítico de la filosofía de la historia: el universal concreto.
El universal concreto no es categoría cultural, sino el singular; Sciacca evidentemente lo distingue del individuo constituido por los principios vitales,
sensitivos, instintivos 52 que hacen de él un mero ente real, inescindible, uno,
incomunicabJe.53 y la persona es el sujeto espiritual como tal, incluyente del
individuo, del sujeto, del yo mismo; luego, la persona es el singular concreto.
Por consiguie:i;ite, la elección subjetiva como raíz del tiempo vital tie~e su
origen en el individuo, mientras el escogimiento objetiv~ como matnz del
tiempo existencial, tiene su origen en la persona (o en el smgular} que asume
y potencia el individuo. Por eso, cuando Sciacca habla del singular como
del verdadero objeto de la historia, designa cl se-r que es persona; no se trata,
es claro del ser &lt;funiversal" aristotélico sino del ser en su singularidad, como
persona• y en primera persona: yo. Yo soy el ser, yo soy la persona. Dicho a
la inversa., el ser es personal.u- Y si el ser es persenal, entonces la persona

ª

L'umo, p. 44.
ISO Op. ,it., p. 38.
.. Además de las Lecciones que tengo aquí presentes, cf. L'umo, pp. 13-14; Atto ed
Essere, p. 23; Filoso/la e Metafisica, l, p. 193.

154

es la historia. 55 La historia de cada singular es la hlstoria misma y es historia
universal solamente como comunidad de las personas. Precisamente porque
el ser es personal renace aquí 1a filosofía del ser, pero como el mismo singular; en ese sentido, la primera y verdadera filosofía de la hlstoria no ha
sido tantO' De Civitate Dei sino las Confesiones de San Agustín. Problema
metafísico que es problema personal, tal es la lústoria; en cuanto es la misma
persona la historia es la historia del singular concreto, que se comporta no
ya como su principio lógico o gnoseológico, sino como su mismo pri1u;ipío
ontológico.
d) La filosofía de la historia en su concepto cristiano. Revaloración
de Vico. Exi.stencialidad, esencialidad de la historia y el juicio histórico.

Decir que la historia es personal significa que todo el problema de la filosofía de la historia consiste en la explicación de las exigencias, leyes, principio, sentido y destino de la persona. Luego, la filosofía de la historia se identifica con la persona; pero la persona es el principio ( en cuanto ser} de la
metafísica y, a su vez, la metafísica, para Sciacca, se identifica con la antropología. Recuérdese que, para él, la metafísica era meta ta anthrópeia 56 que
es, por eso mismo, "ciencia de los principios de la persona humana". Tal es
el concepto cristiano de la metafísica 57 para la cual ( en contraposición al
concepto griego) el objeto de la filosofía es el hombre y el de la ciencia la
1taturaleza. Por eso para Sciacca Ja metafísica es antropología; pero no significa tampoco que la filosofía de la historia sea mera biografía que está constituida sólo por los "hechos" del devenir del individuo; pero se vuelve histoi;ia cuando se trata del desarrollo de los actos de la persona en cuant~ persona. Luego, la historia no es historia de los datos biográficos sino "historia
de las personas a través de los datos biográficos"; es decir, 1a persona es el
principio metafisico de la historia, los actos personales son el contenido de
la misma: Lo primero es 1a forma, los segundos la materia; la unión a priori
(para decirlo kantianamente) del principio ( la persona) aon el contenido
constituye el juicio histórico que e.s "juicio de la persona sobre la persona".
Entonces, parece tener razón Hegel cuando sostiene que el único conocimiento
verdadero es el conocimiento históriq:i, pero solamente es verdad en cuanto
es conocimiento del hombre como sujeto de su "hecho". En ese sentido, cono.. La liberta e il tempo, p. 236.
N Iglesia -y mundo moderno, p. 181; trad. de J. Farrán y J. Ruiz Cuevas, Miracle,
Barcelona, 1957. Atto eá Essere, p. 17.
.., Lecciones de filosofía de la historia, III; d. más adelante, Parte Quinta, cap. I,
sobre el concepto de la filosofía cristiana.

155

�cernos mejor el yo que la naturaleza ( que "existe" solamente por el acto de
la persona) porque lo conocemos en la intuición inmediata: El hombre tiene
inteligibilidad de sí mismo porque él mismo es el principio de su propia inteligibilidad; por eso forma y contenido se identifican y el hombre el singular
histórico, es el universal concreto inteligible. El idealismo descubrió el problema pero su error consiste en haber puesto el universal concreto sólo como
principio gnoseológico y no metafísico.
Yo soy el principio de mí mismo. Sciacca puede afirmar esto porque identifica el principio del conocimiento y el contenido de aque11o que conozco.
Por consiguiente, decir que soy el principio de mí mismo significa identidad
entre lo que hago ( el factum) y el principio según el cual lo conozco ( el
verum) . Es lo mismo que decir que hay identidad entre el contenido ( lo
hecho) y su principio de inteligibilidad. De esa manera surge internamente
al pensamiento de Sciacca una revaloración profunda de Juan Bautista Vico: 58
"" Esta revaloración de Juan Bautista Vico en su verdadera dimensión y originalidad,
completamente extraña a una interpretación positivista o idealista, ha tenido también
en Sciacca a uno de sus principales propulsores. Quizá pueda sospecharse ya esta actitud en los escritos juveniles, como, por ejemplo, cuando al referirse al libro de Gaetano
RIGHI JI pasajero del Vico nela sua continuita, vol. I, Bologna, 1931, sostiene la
insatisf;cción respecto de la inmanencia idealista y hace notar (a propósito del libro
de R. Dus1 sobre la Estética de Vico, S.E.I., Torino, 1931) que el verdadero problema
actual no es otro que el de la trascendencia, aunque fuera de la solución tradicional
(Studi vichiani, en Dall'attualismo allo spiritualismo critico, pp. 32-33). Diec~si:te
a.ños después, contamos con cuatro escritos sobre Vico en uno de los cuales anticipa
sus propias ideas sobre la filosofía de la historia: En efecto, ha considerado las correspondencias internas entre Galileo y Vico (Alcune pagine di Galilei confrontate
con altre di G. B. Vivo, en Studi sulla filosofía moderna, pp. 348-357) y las diferencias
esenciales entre el "verum ipsum factum" con el pensamiento de Kant y Fichte (op.
cit., pp. 358-372); pero, principalmente, es necesario tener presente ll criterio de la
verita e lo storicisnw del Vico, en Studi sulla filo sofia moderna, pp. 373-385; en este
estudio supuesto el concepto de ciencia como conocimiento por las causas, se muestra
que el 'conocimiento sería total, absoluto, sólo cuando el su.jeto que conoce es el mismo
que produce o crea la realidad conocida: Si es inmanente el proceso histórico, Vico
sería historicista; si no lo es, está entonces dentro de la tradición cristiana. Pero, al
mismo tiempo, el hombre es capaz de verdad sólo en cuanto Dios lo hace partícipe
de ella• el criterio humano es reflejo, en la mente creada, de la Verdad en sí. Sciacca
se pre;unta entonces en qué sentido es ciencia la historia: E~ juicio histórico, para
Vico, es síntesis de fiJología y filosofía, es decir, de un contenido (hechos) ordenad.o
(conocido) según principios universales a través de los cuales se ~esenvuelve el d.eve~
histórico (op. cit., p. 381). Esto es lo que, en las Lecciones de filosofla de la historia,
llama "hechos" (factum) al contenido y "forma" o principio del conocimiento (verumi)
al mismo hombre como principio de inteligibilidad. Asimilándose esta doctrina de Vico,
el Jactum es la "existencialidad" de la historia y el uerum es su "esencialidad", de
cuya síntesis surge el juicio hist6rico; como es evidente (y Sciacca lo dice ya expresamente en aquellos escritos sobre Vico) la metafísica viquiana es su antropología ( no

156

En efecto, en la historia, que es Ja ciencia verdaderamente "nueva", el principio cognoscente y el contenido son idénticos porque son el hombre; el
hombre es el mismo principio que piensa y que "hace'': Verum et factum
convertuntur; o bien, Verum ipsumfactum. En la historia conozco (verum)
Jo que hago (factum) . En términos sciaquianos es lo mismo que decir que la
historia es la persona en cuanto persona; en cambio, tanto en la matemática como en la física, forma y contenido están separados: La primera es
ciencia abstracta eues, aunque la matemática está hecha por el hombre, su
contenido es abstracto; la física es ciencia empírica que conoce sólo fenómenos. Mientras la matemática es formal, la física es "material" y sólo la
historia es "ciencia concreta del nniversal". Naturalmente, la historia no está
constituida solamente por los "hechos" pues son el contenido; para que lleguen
a ser historia deben alcanzar el nivel del verum que, para Sciacca, es la
persona. Recuérdese que esto es lo mismo que "existenciar'' el hecho por la
persona, que poner el ' dato" en el "acto" de la existencia, ya que solamente
existe la persona; 59 ella misma es valor y personaliza todos los valo1·es haciéndolos personales. 60 Los hechos mismos, aceptados como tales en Vico por la
filosofía, son expresión de personas y, por lo tanto, de valores: "El hecho es
lo cierto de la historia y el valor que expresa es la verdad de la historia" que,
a su vez, supera la filosofía en la filosofía de la historia. Este paso del verum
y del factum como principios de la persona, es expresado por Sciacca como
esencíalidad y existencialidad de la historia. La existencialidad es el contenido concreto, la esencialidad es su verdad; en consecuencia, el juicio hi.stórico es la síntesis gnoseológica y ontológica del principio de la esencialidad y
del principio de la existencialidad: Las batallas de apoleón, en cuanto actos
de la existencia, pertenecen al principio de la existencialidad, son el contenido, el factum; pero tales actos expresan valores humanos y representan, en
la existencialidad misma, su esencialidad. El momento existencial es absolusu «historicismo") que, agustinianamente puede llamarse "metafísica de la experiencia
interior". En ese mismo sentido, Sciacca reivindica el verdadero sentido de Ja "interio.ridad" y del "idealismo" viquiano ( op. cit., pp. 386-389). Igualmente, expone el pensamiento de Vico "agustiniano", en Historia de la filosofía, cap. XXIV, pp. 369-375
y en El problema de la educación, p. 358-363, donde con¡¡idera a Vico el fundador
de "una metafísica espiritualista Y cristiana". En este sentido han sido decisivas las
obras de Emilio CmocceETTJ, La filosofía di G.B. Vico, Vita e Pensiero, Milano,
1935 y, muy principalmente, la monumental monografía de Franco AMERIO, J ntroduzio11e a/lo studio di G. B. Vico, 558 pp. S.E.I., Torino, 1947, sin olvidar la obra de
JuJes CHAJX-Ruv, La formation de la pensée philosophique de ]. B. Vico, P.U.F.,
París 1942 y, sin contar sus otros trabajos sobre Vico, su reciente y preciosa obrita
/. B. Vico et les ages de l'humanité, Editions Segbers, París, 1967.
,. Atto ed Essere, pp. 77-82.
•• Op. cit., p. 89.

157

�tamente necesario pues los valores se manifiestan en el tiempo histórico, pero
el momento del valor es necesario para que la existencialidad exprese su esencialidad : Esta es la síntesis ontológica que es el hombre mismo, el universal
concreto, en quien la unidad existencialidad y esencialidad constituye, como
di je antes, el juicio histórico. En el proceso histórico los valores se vuelven
existenciales, y lo existencial, por el hecho que expresa valores, se welve
esencial.
La existencialidad significa contingencia y la contingencia implica una infinita serie de posibilidades; pero esto es libertad que se actualiza por la iniciativa personal que es la libertad en la contingencia. Por consiguiente, la historia es la historia de la libertad humana, que es~ precisamente, lo contrario
del "progreso en la conciencia de la libertad" del hegelismo; en cuanto sucesión de actos interiores, es tiempo. Se trata del tiempo histórico coordinado
al tiempo existencial metahistórico. Pero en este punto descubrimos que hay
tres categorías fundamentales en el momento de la existencialiclad: contingencia, libertad y tiempo. Lo contingente no es principio de sí mismo ( ontológicamente) y, por eso, su principio es necesario, no temporal¡ porque si yo
soy principio de la historia ¿quién me pone a nú mismo como principio? Así
entra en el tema de la historia el principio teológico, Dios, que pone a la
persona en su autonomía (no autosuficiencia); este principio que es Dios
no aparece entonces como extrínseco sino como intrínseco a la persona. Y
como la persona es el principio de la 1:ústoria, la historia misma se encuentra
entre dos eternidades, entre dos silencios. El proceso histórico aparece así
como la condición, la prueba, para ]a salvación del hombre, aunque la salvación no está en la historia porque en la historia no está tampoco el fin
supremo del hombre. En el fondo, esta es Ja verdad fundamental del humanismo cristiano.GJ. La historia, en cuanto es historia de la persona implica el
problema de mi' origen y de mi fin, lo cual no es ya problema de la ciencia
sino de la sabiduría; el principio absoluto de la historia es la creación que
introduce en 1a historia una categoría teológica que puede designarse como
el principia de creatureidad que, a la vez que pone el origen de la historia,
pone el fin de la misma. No ya el advenir sino mi futuro no está fuera sino
dentro de mí en cuanto creatura, pero sí está allende de la historia. Así, las
categorías históricas son internas a la persona, pero la persona tiene el sentimiento de creatureidad porque mi ser histórico es obra de Dios· luego, el
principio teológico en la historia es la traducción metafísica del concepto
teológico de Providencia. Así como el fin no puede ser distinto del pxincipio,
si somos de Dios, somos hacia Dios, expresión que es la traducción del con" Véase Qué es el humanismo, pp. 49-58, trad. de A. Vaccaro, Ed. Columba, Bu~
nos Airel!, 1960.

158

c_epto re~gi~s~-teológico de la Gracia. De este modo se produce el paso del
tl.empo
histonco
elecc1ones
·
1
ti
. al Instante como tiempo de la Gracia, de L.obºJesuspendidas por el escogimiento absoluto en el nivel del ti..
infiº
to d 1
.
.
empo
ru
e a existencia, al momento trans-histórico de la Sabiduri'a 62 D d
t
td ·
.
eseese
pun
e vista, ~s, verdad que la historia es la historia de la libertad, pero
entonces es tamb1en
verdadero que la historiª la escn"b e D ios
· con la libertad
·
b.
d el Jzomb re. 62 is

=

:as,

°

e) Implicación de tiempo histórico y tiempo existencial.

retrospectivamente
el camino recorr1·ao, es c1aro que el
. Si contemplamos
d
.
.,
tiempo e la libertad
de
elecc10n
es
histórico
cuando la elecc10n
·, es ob¡etiva
· •
.
d b
63
aunque
e •tenes subjetivos.
Es decir' si el tiempo de Ja e1ecaon
·, eXJSte
· '
din sea
d
.
coor a o al tiempo existencial del escogimiento . La historia
l ·
tegral d be
t
.
persona' in, . : . en onces ser. pensada como la unidad del advenir 'Y del futuro
transh~onco, que es urudad del tiempo histórico y del tiempo
· te ·a1
de la libertad de elección objetiva y de la libertad de escoguru·• t texistal nci '
lid .
.
en o, o , cump a, enton~es, cuando la libertad elige objetivamente los bienes vital
mundanos ( tJ.empo histórico) sus actos electivos no se fragm tan
es] y •
"temporaneidad" ni carnal ni
. l .
. ,
en
ya en a
.
.
.
.
aruma, smo que se contmuan en la temporane1dad vital. El . tiempo :1tal no será ya más pura sucesión de eventos ( de
meros hechos). smo sucesi6n
dinámica ' • disten ti.. " coordinad a a la durac1on
·,
.
Entonces
el
tternpo
vital
se
convierte
en
tiempo
histó
·
.
,
his ·
·
neo• asi se ve que la·
to~a VItal ~nc!uye aunque ninguna existencia tiene fin. 64 La historia es
asunu~a Y conStl.~da- por ~a persona: "en cada hombre, en todo átomo vital
el sentido
de la historia umversal a nivel de la vitalidad coordinad a a 1a exis·'
·
tencia en todo momento de la duración hacia el instante" ss E ta
•
· di ·, d ,
·
s es 1a me1or
m. rac10n e como la persona
"re-siste a la temporan.,;dad
.
.....
y por eso su d esbno
no se cumple en el uempo; per-siste, y por amor de Algwen,
·
•
' allá d l ·
que e,aste
mas
e _tJ.emp_o; algo. que, durando, con-siste en tender a lo intemporal" _s«
Pero. , la consistencia del smgular implica, en él, la l uch a del b'1en y d el mal
tens1on en la cual el éxito depende de cada decisión personal ( que es genera~

°,

.. Lecciones de f iloso/ía de la historia, III in fine· La liberta
·z t
'
e I empo, PP- 314.. bis L
.
d fi
· de la verita e lo
t · · ecc1ones
d · · e losofía de la historia' III in fine·, Jl , •..•t erzo
s oricismo I Vico, en Studi sulla filosofía moderna, p. 385.

317; Morte ed immortalita, p. 236.

.. La liberta e il tempo, pp. 237, 239; también p. 117.
.. Op. cit., pp. 238, 323 -y SS •
... Op. cit., p. 239.
"" In spirito e verita, p. 70.

159

�dora del tiempo) : del tiempo histórico, generado por la libertad de elección
objetiva, pero también del tiempo existencial, infinito y de cumplimiento
trans-histórico. o se trata, por supuesto, de la anulación del tiempo histórico sino de su elevación a la duración: Es la co-presencia y convergencia del
tiempo vital y del tiempo existencial, interior. Luego la historia integral es
la síntesis de tiempo histórico y tiempo existencial; e1 tiempo de la -.,;da, finito;
el tiempo de la existencia, infinito. Por eso, el tiempo vital se ordena a un fin
último que, coordinado al tiempo infinito de la existencia, es "suspendido"
de su futuro trans-histórico que es la salvación: fin supremo del existente en
la integralidad de su ser entero. Así, para Sciacca, toda la historia Ii.ruta,
coordinada a la duración infinita, se hace disponible para el Instante donde
se cumple la historia personal.67 Desde esta perspectiva, es evidente que la
única ley de la historia (si puede hablarse de "ley") es la misma estructura
de la voluntad (ley de la libertad) .68 Y también se percibe que hacen más
historia que "grandes'' personajes del mundo dueños del poder y la notoriedad, tantos y tanros desconocidos entregados al bien común y personal.
Dueños de la verdadera historia integral que, casi siempre, no pasa por el
poder y la notoriedad, sino por la "debilidad" y e1 anonimato, como el grano
· de mostaza, escondido, ínfimo, invisible, interior.

3. EL

TIEMPO DE LA LIBERTAD DE ESCOGIMIENTO

a) La duración como tiempo in.finito y la historicidad
metahistórica del singular.

Ya se dijo que cada hombre genera su tiempo, inicia su historia personal:
Su tiempo no es solamente el tiempo histórico-vital sino el tiempo existencial del escogimiento. El hombre consiste, en su integralidad en la misma
unidad del tiempo de la vida y del tiempo de la existencia. Como ya vimos,
los valores vitales y mundanos constituyen el contenido histórico de la historia de cada persona singular, pero solamente hasta el fin de su vida; es
decir, hasta que "termine su vida". Por eso, el progreso, el mayor de los bienes vitales, la historia misma, pueden ser ( y lo son de hecho) términos del
tiempo histórico, pero no constituyen el fin del tiempo existencial. El tiempo
existencial no existe sin el tiempo de la vida y de él se diferencia como la
elección del escogimiento, pero la conclusión del tiempo vital no implica el
"' La liberta e il tempo, p. 240.
68 Op. cit., p. 223; Lecciones de filosofía de la historia, Il, III.

160

fin del tiempo existencial: Ambos constituyen en su unidad, Ja historia ord_en~~ del singul~ y _de la humanidad (como comunidad de personas) y el
f m ?Jt:uno ele_ la ~tona. Así como el escogimiento es la libertad integral, así
el tiempo eXJStenc1al generado por ella es el tiempo integral, convergencia
de las otras formas del tiempo en relación al futuro. 60 La dialecticidad del
tiempo implica que ~n la urudad del presente se actúa el advenir y es re-propu~to como memona; pero en el escogimiento presente, advenir y pasado
~eJan de ser meFOs átomos del tiempo de la vida, para ser momentos del
tiempo de la existencia, que es ti e m p q infinito y, por eso, orientado
a su futuro trans-histórico, sin advenir) .70 Se trata ya de un futuro no advenible pero que hace futwib1e al existente en su integralidad. De ahí el arduo
compromiso en el escogimiento como voluntad de durar. Este tiempo genera
la. d u 7 a e i ~ ~ como medida, de su movimiento metafísico y la duración
~d~ _el m~Vlllllen~ de ~erfecci~n
los entes, pero no ya según el tiempo
histonco smo segtm el tiempo mten.or ontológico, de la existencia. La dur~ción ( ~ga~ de tocios los presentes) suspende todas las -elecciones y el
tiempo eXIStenc1al ( o del escogimiento) se dirige a su plenitud. En otras palabras la duración es el durar del mismo escogimiento en el cual los momentos coexisten en el presente en un perenne movimiento de innovación• porque
la duración es el tiempo infinito de la voluntad volente. 71 Esta duración constitutiva de la. persona que escoge e1 bien infinito, es el tiempo interior ql.le
genera 1a voluntad en su esfuerzo por liberarse del mal, como disponibilidad
a!&gt;5oluta a Dios; es también el tiempo de la voluntad de amor que, existena.ando los v~lo~, porque los existencial.iza los personaliza; es el mismo proc~o de la histona personal y comunitaria. n Es también el tiempo de la fide~id~~ a °:'1 v~or, ~ una persona en el fondo a Dios. La duración pues, tiempo
mf!lllto, mtenor, tiempo de la voluntad de amor y de la fidelidad, trasciende
el presente y potencia en sí el advenir, mueve el tiempo de la historia hacia
el futuro trans-histórico incluyendo así nuestra historicidad total.

d:

La fidelidad significa "anticipación de todo el tiempo" tanto del escogido
como de quien escoge; es "testimonio" de yo mismo todo entero por el otro,
en lo cual uno edifica al otro con referencia a Dios; nace allí una sociedad
en la que cada uno de sus núembros existe en la presencia de los otros y de
Dios. Tal es el hábito de amor, el tiempo del amor en el cual existimos yo,
tú y nosotros porque Dios existe. Para Sciacca se trata ( como vimos antes)
de la comurucación como comuruón de personas; pero porque la persona

• La liberta

e il tempo, p. 296.
"' Op. cit., p. 297.
11

Op. cit., p. 298.

" Op. cit., pp. 300-301.

161
1-{Jl

�existencia Jo real en cuanto "sentido" ,73 los valores son personalizados y los
entes "reales" son significantes: Nuestras historias singulares son "disponibles"
respecto de su futurn puesto que todo es testimonio de Dios, el cual es fin
supremo de todo existente y, en cada uno, de la historia misma. Por tocio
ello, mientras de nosotros depende el compromiso total (escogimiento en el
ser por el Ser) no depende de nosotros el compromiso absoluto, propio del
escogimiento absoluto cuyo tiempo es la reconquista del tiempo original : El
escogimiento absoluto eleva todas las elecciones y escogimientos, fin último
de la historia, religándolo al fin supremo de cada singular y de la humanidad: Es la historia integral tanto del hombre como de lo creado.76
Como en la libertas maior de San Agustín correspondiente no ya a la ciencia sino a la sabiduría, lo esencial es durar en el escogimiento sin "anticipar''
las situaciones porque tal cosa sería saltar allende el tiempo para procurarse
una eternidad usurpada. 76 En \•erdad tal ha sido el pecado de Adán, rebelde
y "previsor". El escogimiento y su tiempo hace superflua toda previsión porque existe sin estar pre-ocupado por conocer anticipadamente. implemente
está disponible porque su tiempo está cargado de todas las posibilidades en
la siempre abierta inteligencia de amor. Por eso, la duración (que es su tiempo) es el tiempo de Ja libertad de ser; es decir, de ser cada uno todo su ser
y también de tener según los modos que contribuyen a ese fin. 71 Ser y tener
se unen en la unidad de la libertad de ser.
Cada persona tiene su historicidad que no se cwnple en el tiempo de la
vida. El tiempo de la vida concluye cuando concluye la vida, y con ella, 1a.
historia temporal; luego, la muerte no es una interrupción de la vida sino
su cumplimienlo porque es el "acto que lo pone (al hombre) en la condición
de realizar sus fines supertemporales". 18 La vida por eso, se vive con desasimiento y con amor, superflua en cada átomo de tiempo empírico, preciosa
en cada momento de la duración; en consecuencia, e} tiempo de 1a historia
es proceso personal en el cual se ve que la historia no son los meros hechos
sino Jos actos de nuestra autobiografía, sin que por esto se reduzca la historia
a biografía en el sentido de la serie de datos empíricos;7 9 se trata, en cambio,
de diálogo continuo, ''confesión'' ininterrumpida. La historia comienza en
cada hombre, desde él mismo: Es bidimensional el tiempo del nacimiento y
de la muerte (nada de pasado, nada de porvenir) pero el tiempo propiaAtto ed Essere, p. 79.
•• La liberta e il tempo, pp. 302-303.
,. Op. cit., p. 303.
,. O p. cit., p. 305.

10

" Op. cit., p. 307.
" Morte ed immortalita, p. 150.
,., La liberta e il tempo, p. 308; Lecciones de filosofía de La historia, II.

162

mente histórico es tridimensional ( pasado, presente advenir) so en el cual
dur~ en la te~por~meidad;81 con sus voliciones el hombre genera este tiempo
µomendo la_ histona en el acto que inicia su historia personaJ; en cada momento connenza nuevamente siempre tensionada por el conflicto entre el
~ien y el mal,82 conflicto que no se puede leer en los "anales", pero que se
libra en el secreto de la libertad interior. Como se ve, el tiempo históricó es
mo7:al porque dura Jo que nuestra vida en el mundo· el tiempo existencial
es mmo1:'11 en n_uestro espíritu ( que quiere la muerte del cuerpo porque
desea la mmortahdad) y es eterno en Dios. Si, como dije antes la historia
es la _sín~ del tiempo de la vi.da y del tiempo de la existencia ~l tiempo de
la existencia no se agota en esta unidad; como tampoco el juicio Jústórico
{~ín~~is de existencialidad y esencialidad históricas) es solamente un juicio
histonco. En consecuen_ci~: si bien el juicio histórico es juicio sobre )a persona que la muerte defmthvamcnte personalizaJ 83 es también verdad que algo
queda en el mundo de la historia de los singulares y que es historia común:
Tal es la tradición, siempre personal en la medida en que se inserta en la
historia ~e cada uno ;8' la tradición comienza en cada hombre y, por eso, debe
ser asumida en la voluntad de iniciativa que renueva la tradición en el presente. Pero todo esto1 ti.e mpo histórico y tiempo existencial implican la elecc~ón_ del fin ~timo de la vida y de todas las vidas objetivamente, y el escogimiento del fm supremo de la existencia y de todas las e ristencias escwiendo
todo bien Y_ ~~a _bien en el escogimiento del ser.85 Lo contrario ~onsti~ye el
mal, como 1D1oat1va contra el ser ;80 y como esto se realiza en la interioridad
de Ja persona, Sciacca reasume críticamente el tema de las dos ciudades de
San Agustín siempre en lucha dentro del singular· por eso, no hay "razón"
de 1a historia, sino "~teligencia" del problema de cada hombre allende y
aquende todos los particulares problemas "históricos". Una vez más es necesario recordar que ~ incum~lible en el mundo la historicidad del singular;
por ello tampoco bene sentido la historia en la temporaneidad sino en la
eternidad; es decir, en Dios creador del singular en el instante primero de su
historia personal. Luego ' Dios (es) el sentido de la historia universal en la
historia de cada criatura"· 7 y la historia misma se presenta, al cabo, como
el juicio de Dios sobre cada creatura y no como la «Jlü;toria universal" , abs"' Morte ed irnmortalita, p. 199.
01 In spirito e venta, p. 69.
" La liberta e il tempo, p. 308.
"' Morte ed immortalita, p. 277.
.. La liberta e il tempo, p. 311.
.. Op. cit., p. 314.
MI Op. cit., pp. 100; 101, 147-149, 190.
"' Op. cit., p. 316.

163

�tracta de pueblos y de razas. En otras palabras como ya se dijo, es la historia del universal concreto,88 como desarrollo de la libertad humana 89 que
es destinación transhistórica del singular. Pero esto. unido a la idea de la
historia como juicio de Dios es la salvación como fin supremo al cual todos
los existentes son disponibles.ºº Por lo tanto la historia (tiempo de la el~cción objetiva) está destinada a ser canc lada, pero son ~mortales las existencias personales. y así la historia encuentra su esr.ato!og1a sup~m~ en la
misma historicidad del s.ingular porque u futuro no está en la historia aunque la historia fuese perpetua. 91

b) El Instante como tiempo del escogimiento absoluto.
Sciacca, a partir de la síntesis primitiva como intuición d~l ser, en el cu~l
se inserta el tiempo, no solamente ha desarro1lado toda la f~osofia como f 1losofía de la persona, sino que ha justificado así desde las IDismas est:ucturas
profundas del singular, la escatología cristiana. Desde el punto de V1Sta teológico el tiempo bíblico es tiempo erístico y Jesús cumple la larga expecta. d de 1os tt·e~ pos" •92 En
ción i'udía; por eso, con Cristo se cumple "I a plerutu
cuanto.... persona singular, Jesús, durante su vida (tiempo de la vida) ~ume
toda nuestra e,..-periencia del tiempo, cotidianamente; pero a la vez en virtud
.1
amor infinito llevó al tiempo a su cumplimiento e:i....-presado en aquel
ue su
,
1' ·
. o "todo se ha consumado".9 ª El tiempo entero es pues escato
og1co; pero
úlbm
, .
después de la Resurrección, en los miern?ros de ~~ C~erpo M1St1co, .~~ 4 prolonga la escatología cuyo fin supremo está cerca: El b.eropo e corto : . que
es 1o que le hace decir a San Agustín que somos ciudadanos de los
. ulltmos
tiempos. Pero, teológii;amente, hablo aquí del tiempo de la Gr~cia Y_ ,no es
de otro tierneo del que habla Sciacca cuando se prop~e la con_s1derac10.n del
tiempo del escogimiento absoluto; en efecto,. la urudad de tlem~o vital Y
tiempo existencial (historicidad integral del smgular), _la _presenCia del pasado en el presente más )a del futuro a través del ~vemr, u.ende a _sobrepas~
la presencia en la contemporaneidad y la dur~c.10~ en la duración piira.
Pero precisamente esto es el tiempo de la Gracia, dispuesto al Instante aun.. Lecciones de filosofía d e la hzstoria, II in fine; Filosofía e M etafísica, I , pp. 186-187.
•• Lecciones de filosoíla de la historia, III.
,. La liberta e il tempo, p. 318.
• 1 Op. cit., pp. 320-321.
.. Gal •,, 4 1 4 ,· E/ ., 1, 10·' d. también Mac., 1, 15; Le., 4, 2l.

.. Jn., 19, 30.
" I Cor., 7, 9.
•s La liberta e il t1Jmpo, p. 323 y ?ota 12.

164

que no fuese todavía la Gracia, "pero sí la disponibilidad a ella". Por otro
lado, el mismo presente existencial, en cuanto copresencia y convergencia de
todos los momentos de.l tiempo aunque no es aún el in tante, es la contemporaneidad de todo el tiempo personal y sus momentos, de la historia y de
la historicidad, de la creación y de la caí~ de risto y de cada persona·
por consiguiente, "e] instante, presente de la contemporaneidad, es Ja duración elevada por la Gracia, la inserción de Jo sobrenatural, la irrupción de la
eternidad en el tiempo del singular, la medida regenerada en el es que no
tiene un antes y un de pués fuera de sí mismo; no ur:1 pasaje ino un nu vo
comienzo: la voluntad instat, su in-stantia, aquel que es presente, es Dios hasta cuando dura en el escogimiento absoluto''."~ Este tiempo original reconquistado es el tiempo nuevo, en cuanto duración elevada a su perfección, es
decir, al instante, donde no es posible la sucesión de los átomos del tiempo
exterior. En el instante, no es posible para Sciacca, hablar de 'presente" ele
los momentos del tiempo porque se trata del presente ele la contemporaneidad
que "quema" los momentos y "arde" en el futuro. Mernoria-intuición-expectación, todo uno en el instante que no pasa, que simplemente es. Es el tiempo
del Santo todo entero en el escogimiento como instante de la Gracia 117 que
anticipa el escogimiento absoluto como entrada en el presente eterno. El
Santo dura en la Gracia, como si cada instante fuese definitivo, que s el
tiempo de 1a adoración y Ja plegaria. Es, pues, el tiempo de Cristo y, por eso,
porque El es persona escatológica, cada momento puede ser instante escatológico que encierra el futuro del cumplimiento del escogimiento absoluto. 9 8
Y así en virtud de Cristo, coinciden el momento escatológico con el momento
soteriológico, que es el retorno a Dio por Cristo. Su presencia salvífica es
irreparable, absoluta: "Sólo el silencio salvífico de Dios es irreparable, no
nuestros pecados, cualquiera que sea su misérrima grandeza".ª~ Y este oculto misterio personal implica, cada día cada momento, el instante como presencia del futuro escatológico de la historia del singular. Es decir, de mi
mismo, aquí y ahora.
Dios creó el tiempo infinito del hombre y es el tiempo de Adán antes del
pecado. Pero Adán y Eva ( el hombre) salieron del escogimiento cayendo
en la elecci6n subjetiua; 100 eligieron la rebelión. Y así como Dios ha creado
el tiempo del bien, Adán generó el tiempo del mal dando comienzo a la historia del hombre hecha con el tiempo creado por Dios y malgastado por el
"" Op. cit., p. 323; cf. también 329, 331.
01 Op. cit., p. 325 .
,i:, Op. cit., p . 327 .
"' Come si vince a Wa terloo, p. 221.
100

La libe11a e il tempo, p. 330.

165

�!

hombre. Adán abandona el instante de la gracia santificante
penet_ra en
el átomo que sucede a la caída como el primer átomo de la sene del t.J.empo
exterjor.101 La historia mundana comienza&gt; pues, con el pecad~. No es de
+--ri~~ entonces que Seiacca, como los Padres, sostenga en mnwnerables
e.x .... - ...... ,
'
d la " J' . "
lugares la negatividad tanto de la rustoria :nundana ~orno e .
po itic~
de los "grandes" del poder terreno. Dcspues de la ca1da, el tiempo se distiende hacia el Prometido. Pero la historia debía prepararse para El En este
contexto teológico, Sciacca cree que Grecia ha sido la ~~durez de la mente,
Roma la madurez de la vida, Eara que, maduro el espmtu y el cuerpo,_ se
produjese el advenimiento de ~o.1º 2 Co~~ meen los místicos, por
es posible volver a existir en el bempo ongmal en el cual toda la histona
es sacra: "Y el que tenga sed, venga, y el que qmera tome gratis el agua de
la vida".103

?ns~

Homenaje a Michelc Federico Sciacca
en sus sesenta años ( 1908-1968)

SIGNIFICADO Y PRESENCIA:
PROBLEMÁUCA DEL LENGUAJE METAFÍSICO

PRoF.

SERGIO

SARTI

Universidad de Trieste

-1Sr Es CIERTO -según la célebre propos1c10n wittgensteuuana- que "de lo
que no se puede hablar se debe callar' , es también cierto que de la metafísica se debe callar, porque no existe, hoy, un lenguaje con el cual ella pueda ser expresada. Pero es también igualmente cierto que de la metafísica no
se puede callar, porque el hombre -animal metaphysjcum- no puede pasarse sin hacer metafísica, si no quiere negar su misma esencia. Por esto el
problema es hoy, el de fundar y elaborar el lenguaje metafísico.
Problema complejo, que implica varias cuestiones, ciertamente no resolubles en el ámbito de este breve. Queremos tentar, de cualqmer modo, de
inrucar algunos aspectos o algunas soluciones posibles.
Se podría objetar que, antes de preocuparnos de fwidar el lenguaje de la
metafísica nos deberíamos preocupar de justificar la metafísica misma, que
padece tantos ataques y que parece atravesar una grave crisis, tal vez la más
grave desde que existe la especulación filosófica. A esta objeción respondemos
que la metafísica, si hubiera jamás necesidad de justificar su legitimidad, lo
podría hacer sólo exhibiéndose a sí misma: lo que no podría hacer, obviamente, si no hubiese encontrado el propio lenguaje. El problema de la legitimación de la metafísica presupone el de su lenguaje, y no viceversa.

-2-

,o,
m1
101

166

Op. cit., p. 331.
Op. cit., p. 335.
Apoc., 22, 17.

Sin duda, la metafísica había encontrado, en el pasado, su lenguaje; y no
ocurre referirnos a un pasado tan lejano. En la época que va, grosso-modo,

167

�del Cartesio a Kant, la metafísica se había creado su lenguaje, diferente del
del período clásico y medieval~ modelándolo sobre la matemática ( ¿ c6mo no
recordar la spinoziana "Educa more geometrico demonstrata,,?). Pero justamente este tipo de lenguaje, hoy aparece decididamente inadecuado a la
metafísica, mientras triunfa en el ámbito de las ciencias.
Ha sido, por lo demás, Emanuel Kant quien ha hecho sumaria y definitiva
justicia a aquella metafísica. Es cierto que ae en el equívoco de creer haber
abatido para siempre toda metafísica racional; pero no se le puede dejar de
re&lt;:onocer el mérito por el contrario de haber abatido aquella metafísica,
justamente aquella que de un lado pretendía ponerse por encima de las otras
ciencias como su premisa y su cumbre (colmo), y del otro se ponía del mismo
modo suyo, asuroiendo su lenguaje.
De semejante metafísica nosotros suscribimos sin dudas la condena formulada por Kant; y estaremo dispuestos a extender nuestro consentimiento
hasta al neopositivismo lógico, que, en nuestros días vuelve a tomar con nueos argumentos tal condena. si no fuera por dos motivos: que, ante todo,
esta corriente perpetúa el núsmo equívoco ya señalado en Kant, con justificaciones mucho menores; y que, en segundo lugar, añade luego otro equívoco
por cuenta suya: el de retener que el solo discurso dotado de significado
pueda ser el matematizante de la ciencia moderna.

Esta actitud dogmática, vuelve a entrar demasiado claramente de hecho
y de derecho, en el án1bito de una bien definida visión del mundo, típica de

la edad mode?3a, por la cual e~ hombre está destinado a consumar integralmente su &lt;lestmo dentro del honzonte mundano: visión del mundo que, u ando d~uestra, como en este caso, su incapacidad de plantearse problema,
demmcta en su fondo la presencia de un elemento mítico ineliminable.2
El hecho de que e] neoempirismo, que debería decirno cómo se debe hablar, no sabe ni quiere deciros por qué se deba hablar, ni de qué cosa ocurra
hablar, ni, en fin, qué cosa sea el hablar. De donde ello envía más allá de
í mismo: envía a lo de que -según sus cánones--, se debería callar pero
de lo que no se puede no hablar, si no se quiere que aquellos mismos cánon
permanezcan privados de justificación y apoyen su fundamento en el mito.
Es pues en el interior del mismo neopositivismo lócico donde se manifiesta
1
.
z,
,
a exigencia de un leugua.je significante que no sea el científico-matemático
esto es 1a exigencia de aquel lenguaje metafísico sobre el cual estamos inda~
gando. Este lenguaje deberá realizarse en un discurso que pueda fundar e.l
mismo disc~-so científico: deberá plantearse, pues, re.c;pecto a esto, como un
metalengua¡e, donde el prefijo meta sirve para indicar un efectivo "más allá'',
un auténtico ''ultra'', en resumen una nueva dimensión lingüística.

-4-3Se nota que el equívoco del neoempmsmo ( o neopositivil mo) lógico, no
está tanto en el haber declarado al lenguaje científico como e.l único válido
sobre el plano &lt;le la significancia lógica, cuanto en el haber asumido esta
proposición como ,·erdad dogmática e jndiscutibJe. De lo escritos de los neopositivistas surge demasiado claramente que la exclusión de las cuestiones
metafísicas del ámbito de las sensatas, no ha sido un resultado conseguido a
través de una discusión del problema, sino que ha sido un presupuesto previamente aceptado y nunca puesto en duda. Los iniciadores del movimiento
estaban apriorísticamente convencidos de que la metafísica no sea ino el
p;roducto de confusiones lógico-lingüísticas y fuente de logomaquías interminables: por lo tanto, no se pregunta si, y eventualrriente por qué, la metafísica debería ser borrada del número de las disciplinas humanas; buscaron
simplemente cómo podría serlo, y presentaron su tesis como un método triunfal para obtener tal mira. 1
1 A. J. AYBRJ en su célebre Lenguaje, verdad y 16gica de 1935 (Tr. it. Milano, Fettrinelli, 1961) deja transparentar claramente, de un lado su absoluta ignorancia sobre
el significado de la metafísica (la cual se hace surgir principalmente "de la supersti-

168

Pero será bueno preguntarnos, ante todo, cuáles sean las condiciones dentro de las uales un lenguaje pueda ser simificantc,
Los recientes, numerosísimos estudios de lingüística,3 han reronfírmado
ción ... que de toda palabra o locuci6n ... deba corresponder en algún Jugar una entidad real". p. 27), del otro, su dogmática persuasión de que la metafísica esté compuesta de proposiciones carentes de sentido y que por tanto sean obra meritoria barrerlo del horizonte del saber humano. Véa~e este brillante ejemplo: " ... Pero en este
ca~o, 'dios'. es término metafísico. Y si 'dios' es un término metafísico, entonces que
cx1~ta un dios n~ puede ser ni siquiera probable" (p. 150 ). Entre las muchísimas imputaciones de las ideas de Ayer, me agrada citar un jugoso arúculo de E. LrsSERRE
"Lenguaje y libertad", en Fuego, ene.-feb., 1965.
'
• obre el elemento mítico que está en el fondo de la mentalidad moderna reconduci!Jle al mito humanístico del Regnum Hominii;, el autor del presente ensayo ha tenido
m~do_ de e cribir varias vece~: v. especialmente: "yo c-0gitante y yo problemático",
Pa1de1a, 1962. Pero véanse sm embargo los fundamentales trabajos de 1f. GENTILE
El problema de la filosof!a mcderna~ especialmente el prefacio y el ¡er cap. de la ta'.
Parte (La Scuola. Brescia. 1950): y M. T. A~rnNELLJ, ,·Eidos o Praxis.' (especialmente
los dos primeros capítulos), Morcelliana, Brescia, 1955.
* Es imposible destacar estudios de lingüística (a menudo estudiada en onc~ón con
la semántica) sabidos en estos últimos años aún limitándose a los wás importantes.

169

�deben ser usados.
Se da un lenguaje significante, cuando posee reglas sintácticas aptas para
construir un discurso, por medio de un cierto número de signos adecuados.
¿Qué cosa se debe enrender por adecuación de un signo?

Es sabido cómo en la signalética vial se tiende a usar símbolos figurativos,
reduciendo al mínimo, o aboliendo directamente, la palabra escrita. En efecto, la figuración ofrece mayor rapidez de lectura y es, además, mucho más
accesible, estando la imagen desvinculada de la necesidad de conocer una
u otra lengua y el respectivo sistema alfabético.
En otras -palabras, el cartel vial desempeña tanto más su función, cuanto
más evita atraer sobre sí la atención, para despacharla, en vez, al peligro
señalado o a la información que quiere dar.
Ahora bien, este fenómeno es típico de cada orden de sistemas sígnicos.
Es propio deJ signo en cuanto taJ, tender a hacer tanto que la propia consistencia objetual --que llamamos opacidad sígnica-, desaparezca, para dejar
lugar a un puro rebote al otro. Llamamos transparencia sígnica la actitud de
un signo de suministrar este rebote o reenvía a aquello de lo cual ello es signo.
Un signo es pues adecuado, cuando realiza, al lado de un mínimo de opacidad, un máximo de transparencia.

-5-

-6-

Un ejemplo muy simple y universalmente conocido del sistema sígnico, es
el constituido por los carteles que señalan peligros o dan otras indicaciones

Mientras la ciencia moderna se ha creado un lenguaje simbólico, cuya adecuación está fuera de discusión, 1a metafísica ha alcanzado, desde su primera
eclosión, al patrimonio del lenguaje común, asumiendo los términos en su
contexto, con nuevas acepciones.
¿Ha llegado a tener a .su disposición en este modo, un conjunto de símbolos adecuados?
in embargo la respuesta no puede ser, al menos en línea de máxima, más
que negativa.
Tengamos presente que, en el lenguaje común, las palabras presentan dos
dimensiones: una histórica o etimológica, que consiste en el significado originario de la palabra núsma, sobresaliente en el momento en que se ha formado el fonema determinado que la expresa; y una funcional o de uso,
consistente en el significado actual y corriente. Estas dos dimensiones -interaccionan entre sí, aunque aparentemente la primera parece absorta en la
segunda.
Pero en el contexto de un discurso doctrinalmcnte elaborado como es el
' ya señade la metafísica, las palabras del lenguaje común asumen (lo hemos
lado) una tercera dimensión, la propiamente técnica: ésta consiste en el significado que el autor asigna a ellas en el ámbito determinado y específico en
el cual él las coloca. La dimensión técnica del vocablo viene determinada
por la definición, y debería absorber la dimensión frmcional, como ésta debería haber agotado en sí la dimensión etimológica. En realidad, todavía,

que el lenguaje debe considerarse fundamentalmente como una unidad orgánica. El mismo "estructuralismo". hoy tan difuso, implica esta unidad como
su presupuesto."Naturalmente esta unidad no excluye sino exige, una multiplicidad de
elementos que entran para constituir el lenguaje; con base en ella, sin embargo, estos varios elementos interactúan entre sí como fuerzas vivas, como
partes activas de un cuerpo viviente.
Detengamos nuestra atención sobre dos de estos elementos. Un lenguaje se
nos presenta a primera vista ya sea como un sistema articulado de signos, q~e
remite a un más o menos vasto repertorio lexical, ya sea como Wl compleJo
de reglas sintácticas, que pongan las normas a través de las cuales los signos

respecto a la viabilidad. 5
Citemos sin embargo algunas voces entre las más notables: Gn.BERT RYLE, The co11cept
of Mind, Londres, 1949; "Ordinary Language" en Philowphycal Review, 62 (1953);
BRUNO SNELL, La estruttura del linguaggio, tr. it. Bologna, ll Mulino, 1966; A. MAR·
TINET Elementi di linguistica generale, Bari, Laterza, 1966, y La con.siderazione funcionaÍe del linguaggio, Bologna, Il Mulino, 1965; RoLAND BARTHES, Elem.enti di semiologia, Lr. it. Torino, Einaudi, 1966.
G. R.ÉNESZ OTigen et préhistoire du language, tr. fr., París, 1959; G. C. LEPSCBY,
La li11guistic: strnteurale, tr. it., Tocino, 1!166; C. ScrucK, El lengua;e, Torino, 1960.
~ Como es sabido, el origen del estructuralismo se puede hacer resaltar en los estudios de F. DE SAussuRE, cuya obra principal, salida al inicio del siglo, ha sido ahora
reimpresa: Cours de linguistique générale, París, Payot, 1964. (Sobre De Saussw:e ha
hecho un estudio notable G. DEROSSIJ Segno e struttura linguistici nd pensiero di F.
di S., Udine, Del Bianco, Ed. 1965). Ahora un punto fundamental del pensamiento
saussuriano es que el lenguaje es un sistema unitario; el estructuralismo se propone
recoger y evidenciar las variaciones estructurales, que, justo en la unidad del todo
asumen particular significado.
• El uso de la signalética de la ca11e como ejemplo elemental del sistema de signos
y símbolos, nos ha sido sugerido po.r J. MoRIA DE EsTRADA, que lo ha usado. en su
Ensayo de antropología filosófica (B. Aires, Club de Lectores 1958) donde el signo se
define como lo que, "además de poseer un propio ser, una consistencia propia envía
a otro" (pp. 58/59).

170

171

�las cosas no son tan imples. Muchas de las dificultades que se encuentran,
por ejemplo en la lectura de los textos aristotélicos y kantianos nacen just-0
de este hecho: que el significado corriente subsiste, en la mente del autor
al lado del técnico, y el uso del vocablo le resulta así abierto a ubentendidos
e incertezas.
Ademá , no se debe olvidar que la definición, que debería precisar el ignificado técnico, "ª formulada en términos diversos del definido, y así, sobresaliendo de definición en definición, se debe llegar 1ucesariame11te a algunas definiciones de base, que son dadas en términos no definidos, esto es
asumidos del lenguaje corriente en el mismo sentido en el cual apare en
en éste.

-7Puede por lo tanto suceder que el meta.físico se sienta reprochar el significado desproporcionadamente solemne que da por habitual al término "espíritu", cuando esto no significa, para sí, nada más que aliento o respiración;
así como no significaban nada más que aliento y respiración los vocablos griegos "psyché" y "pneuma" y el vocablo latino "a.ni.mus", cuya homofonía con
"ánemos" (viento), ha sido al fin descubierta.
A este género de reproches el metafísico puede responder de varios modos.
Puede, por ejemplo, retorcer el argumento a quien lo usa contra él. En efecto,
quien supone que los griegos y los latinos primitivos, diciendo "psyché'' o
"spiritus", entendieron exactamente lo que nosotros, hoy, entendamos con
"respiración", comete un anacronismo grosero. La {unción respiratoria que
para nosotros, hoy, es un fenómeno puramente fisiológico, para ellos encerraba algo sagrado, di ino, "espiritual", precisamente: allí donde el sentido
dado por el metafisico al ténnino "espíritu", lejos de ser una yuxtaposición
arbitraria es en todo caso una 1·ecuperación (y juntos, ciertamente, también
una clarificación y una precisión) del valor semántico originario.
Pero con este o con otros argumentos, el metafísico no puede liberar del
todo su léxico de la sospecha de una cierta inadecuación de fondo. u sistema sígnico permanece en todo caso contrasignado por la ambigüedad de
origen: la dificultad no esl.á tanto en las relaciones entre el metafísico Y los
oti:os -adversarios interlocutores o secuaces---, cuanto en las relaciones entre
el metafísico y su mismo trabajo. Los materiales con los que construye su
discurso, no son nunca tan adecuados para adaptarse perfectamente
a su
.
proyecto, po.r la persistente opacidad sígnica que le caractenza.

172

-8Decíamos ha poco que no creemos posible el descubrimiento de un remedio radical para esta situación. Si tal remedio debiera consistir en una acentuación del formalismo técnico, ' te también e taría en neto contraste con
la esencia misma de la metafísica.
Ayer 6 considera a la metafísica como una especie de doctrina oculta un
saber esotérico, afín a la mística. Esto e , naturalmente, sólo un buen pretexto
para eximirse de estudiarla seriamente; en realidad, en su raíz, la metafísica es
exactamente 1o opuesto.
Pero se volvería justo lo que Ayer cree que ella sea, desnaturalizándose a
sí misma, si se crease un léxico todo suyo, críptico, asible sólo a los iniciados,
secuestrándose del flujo incesante de la realidad.
i por casualidad, es justo por la vía opuesta que se nos puede encaminar
a una mayor transparencia sígnica.
En nuestra opinión, en e.l momento en el que, dentro de su discurso, el
metafísico define el significado de sus términos él debería recuperar también el significado profundo y originario, ya sea depurándolo y clarificándolo
( como habíamos ejemplificado más arriba a propósito del término ''espíritu"),
y juntos indicar a los otros la vía para repetir esta recuperación en la propia
experiencia interior. La verificación semántica de un vocablo dentro de la
propia experiencia, ya sea de pa.ite de quien la adopta, ya sea de parte de
quien 1o aprende, ayuda a anclarlo en lo concreto, a sustraerlo a la excesiva
formalización ( que, al límite, deja transparentar un componente arbitrario
y asimismo juguetón) y a volverlo más adecuadamente utilizable.
Ocurre precisar, todavía, que e1 significado originario no va identificado
así nada más con el significado etimológico, según un uso al que parece perdonar a veces hasta un gran pensador como Heidegger." El significado ctimo• Al principío de la obra ya citada de AnR, éste .imagina discutir con un metafísico
y atribuye la convicción de "haber sido dotado de una facultad de intuición intelectual
que lo pone en grado de conocer los hechos no conocibles por experiencia sensible"
(p. 10). También aquí, como en la frase citada en la nota 1, Ayer identifica la metafísica con la doctrina del "realismo exagerado', esto es con aquella roza Ja interpretación del platonismo aparecida alrededor del siglo X y desaparecida todavía antes del
adviento del "realismo moderado" de la escuela tomista. Sin embargo la identificación
de la metafísica con formas deterioradas del platonismo es frecuentísima v no sólo entre
los incultos.
' '
' En todos los escritos de M. II:EIDECCER, especialmente en aquellos posteriores al Sein
und Zeit ( 1927), se recurre frecuentemente a la etimología. ( Es muy notable la utilización teorética que él hace de la etimología de la palabra griega aletheia). Sobre el
valor filosófico del lenguaje y su hermenéutica, Heidegger ha escrito varios ensayos,
recogidos en Unterwegs zur Sprache, eske, Pfullingen, 1959. Entre estos ensayos, es

173

�•

lógico va considerado sólo como un medio, un trámite, para alcarl7_.ar a coger
la reacción primaria y fundamental del hombre en cuanto tal frente a la
cosa. nombrada. Muy a menudo se olvida que la etimología nos lleva en
contacto con una época histórica determinada con una cultura determinada,
y que por lo tanto nos da, por sí misma, sólo un aspecto limitado y restringido de.l auténtico significado originario.
El deber del metafísico, pues, a este propósito, no es en efecto de carácter
histórico erudito. Se trata de muy otro: se trata de ponerse, libre de prejuicios y de preconceptos, a la presencia misma de las cosas. Que es precisamente el acto de nacimiento de la metafísica en cuanto tal.

-9Pero antes de profundizar este punto de extrema importancia, es necesario
examinar el otro aspecto de esta compleja unidad que es el lenguaje: el aspecto sintáctico.
La relación entre léxico y sintaxis pudiera ser aclarado con varios parangones. Podríamos decir por ejemplo, que 1a sintaxis es el alma del lenguaje,
como el léxico es el cuerpo: es, en efecto, por medio de aquélla, que éste se
articula y se hace discurso.
Todavía este parangón no es de.l todo justo. Mientras el alma ( al menos
en la acepción consiente eon el cual el término es asunto de nuestro parangó~)
es un elemento que encuentra en sí el propio principio organizador, la smtaxis no tiene en sí tal principio. La sintaxis organiza el repertorio lexical
pero sólo en base a un gnncipio extraño a ella, un principio libremente acogido
por e1 autor del discurso, y que nosotros -por razones que aclararemos dentro
de goco- llamamos criterio de conmensurabilidad ( c. de c.) .
Por lo tanto al ilustrar las relaciones entre léxico y sintaxis; el parangón
más adaptado nos parece el del esquematismo kantiano. Como el esquema
trascendental organiza según reglas los datos de la intuición en vista de su
inmisión en las categorías, ast la sintaxis da las normas según las cuales los
términos Jexicales vienen organizados para poder ser subsumidos al criterio
de corunensw·ab.ilidad y volverse así significantes.
En efecto, el c. de c. de cada lenguaje determina, juntos, el tipo de sintaxis y la validez de significancia de ca~a elemen~o de! le~guaj~ mi~mo. Así
el lenguaje de la signalética de la calle tiene una smtaXJs figuratlva, unpuesta
notable el titulado Au.s einem Gesprách von der S-prache del cual ha hecho un interesante comentario A. Ü/uL\CCroLo, "Evento e linguaggio in un recente scritto de M. H.",
en Giornale critico della filos. italiana, fase. llo., 1961.

174

de su c. de c., que consiste en Ja utilidad y en la salvaguardia del usuario de
la calle. Y un aviso de calle que contenga una larga frase escrita antes que
una representación figurntiva 1 aunque significante desde el punto de vista
de la sintaxis literaria, sería insignificante para la signalética vial, en cuanto,
no respondiendo a su c. de c. no reentraría en su sintaxis.
Será bueno notar que la signilicancia de un discurso tiene dos aspectos: uno
constituido por su cogerencia, que compete a los nexos internos del discurso
mismo; el otro, constituido por su comprensibilidad o comunicabilidad intersubjetiva, que compete a la posibilidad de los nexos lógicos puestos en acto por
el autor del discurso, de ser receptivos y reconstituidos mentalmente y así comprendidos por parte del receptor o disfrutador del discurso mismo. Este segundo aspecto tiene una importancia particular, porque da la garantía de
la validez del primero: un discurso que aparece coherente a su autor, pero
que no es comunicable a los otros, tiene muchas probabilidades de ser el discurso de un loco.

-10 Sin pretender querer dar un ejemplo de aquella ''recuperación del significado original'' de Ja cual habíamos hablado en el parágrafo 8 queremos
ahora hacer w1a bteve puntada en el campo de las búsquedas etimológicas.

El Egípto faraónico conoció ampliamente el culto de la diosa Moat,8 uyo
nombre se identifica con un tén:nmo abstracto que vale lo que orden, justicia,
verdad. El mismo vocablo se vuelve a encontrar en copto y en babilónico,
mientras que en griego tenemos las raíces afines -ma,-math,-met, que dan
mathema y mathesis ( conocimiento, disciplina, ciencia) , mathematiké (matemática) , mathetéuo (instruyo) y metréuo (mido) . En latín tenemos mens
( mente, mentalidad, pensamiento) rne11tior ( miento o sea elaboro con la
mente}, y también mensura (medida), mensis (mes, en cuanto medida de
tiempo), materia (materia, entidad mensurable: en espaiiol, análogamente, madera). El italiano pensare (pensar), como el afín ponderare ( ponderar), viene del latín pendere (pesar) coligado con pondus (peso) , a su vez
conexo con el griego ponos ( carga y peso) .
Parece en suma que para la antigua sensibilidad medüerránea, los conceptos de pensar, conocer, aprender, comprender, han estado estrechamente
coligados con los de medir o de sopesar ( que es, obviamente, un tipo determinado de medición) .
• Ved: :BoRIS DE RocHEWITZ, "L'uníverso matematico degli egizioni antichi", en
Sa-pere, nov., 1961).

175

�Este coligamiento se puede interpretar en el sentido de q1~e la actividad
intelectual se sentía no tanto o no sólo como vuelta a conexionar entre sus
diversos conceptos, cuanto \'llelta a relacionarlos a una medida ideal, a sopesarlos en base a un término de confronte, a conmensurarlos, en sunia, a un
criterio previamente asumido.
.
Es este criterio, esencial -como hemos ya VISto- a cada lenguaje, que
llamamos criterio de conmensurabilidad ( c. de c.) .

Una cultura superior puede admitir, ~n su ámbito, más tipos de lenguaje,
y en consecuencia más c. de c. ( es de notar sin embargo que, si la cultura
es auténtica, éstos deberían enc;ontrar a su vez u.na unidad en un c. de c.
superior) ; así, un astrónomo de .l¼uestros días puede, discurriendo con un amigo literato, llamar "estrella", aquel mismo cuerpo celeste que, en una comunicación a sus colegas, llamaría "galaxia" o "nube cósmica». En estos casos,
el pasaje de un tipo de lenguaje a otro depende de las circunstancias y de la
voluntad de cada uno.

-11-

Por el contrario, una cultura primitiva habitualmente admite un salo c.
de c., un solo lenguaje y un solo tipo de proposiciones significantes.

El c. de c. es el centro focal del lenguaje~ del cual dependen las modalidades de las reglas sintácticas que 1o gobiernan.; es el princip~o con base al
cual los términos y las proposiciones que ahí entran, so~ _asumtdas po~ aquel
lenguaje como significantes, mientras términos ~ p~~pos1~10nes que ahí no se
reconducen, son rechazados como carentes de s1gnilicanc1a.
, .
Nos proponemos llamar subsumibidad a la propiedad de un tennm~ o de
una proposición por la cual éstos puedan reentrar o ser reconducrdos a
nn~~~
.
Con base en cuanto se ha dicho, es claro que sólo la correspo~~:ncia_ o
menos al c. de c. asumido, determina 1a significancia de una. propos1~~n: significancia tanto interna a un determinado discurso, cuanto intersub7etwa,. entre los varios disfrutadores de aquel disctU"so. Así, cuando Bertr.and Russell
reprochó a Frege haber caído en una notoria antinomi_a lógica, Y Frege te~minó por reconocer la exactitud del relieve trató obviamente de una polernica que se desenvolvía en el ámbito de un único c. de c. aceptado por entrambos. interlocutores.
, _
d extrema importancia darse cuenta que los c. de c. son multiples
P
ero es e
.
eíinid
· d
de número y diversos de género. Hay simples y comple1os, d
os e ~ efinidos, definitivos y no definitivos. Cada civilización, cada cultur~, ca~ epohi t' ·ca se ha expresado con su lenguaje, ha adoptado una smta.'GS s~ya,
ca s on
. .,
t oen
con base en su c. de c. Juzgar Ja signifícancia de una propos1cron per_ene
te a un determinado lenguaje, por medio del c. de c. de otro lenguaJe, es ,un
!!rosero error de perspectiva: en-or al cual sin embargo no se han sustrai.do
:1gunos de los actuales neopositivistas, con éxitos a veces grotescos.9
o Es sabido que RVDOLl' CAR AP ha sometido a. la critica, neopositivista una frase
sacada del Was ist Metaphysik? de Heidegger, relacionada con la nada. Como e~ de
la frase sometida a cánones extranjeros al cliscurso al que pertenecia, se
espelr¡u-6se,
" 'on sen.se" {Ved. R CARNAP, "Veherwindung dcr Metaphysi.k duch
revc como un ll
•
·
) Anál
t
ha
logische Analyse der Sprache'', en Erkewat nis, vol 2o., 19 32 .
,º~en e, n?s.
sido referido que en uoa Universidad italiana ha sido sometido a la critica neoempmsta,

176

-12Juzgamos útil, en este punto, abrir un paréntesis de una cierta amplitu~
para examinar dos tipos de lenguaje, que, en su contraposición, puedan resultar particularmente iluminados: el lenguaje mítico y el metafísico. Este
examen nos permitirá, de un lado, verificar algunas aseveraciones ya hechas;
por el otro, anticipar algunos resultados que tendxemos en la continuación
de nuestro discurso.

El argumento del mito es extremadamente complejo y debatido,1º y no podemos, aquí, sino tocar algunos aspectos. Nos parece sea como fuere poder
decir que Jo mítico tiene su fundamento en la tendencia del hombre a alienarse a las cosas, cargándolas de significados emotivos.
El mito nos aparece como una reacción típica frente a los eventos, por
medio de la cual el hombre predetermina el propio comportamiento futuro
de parte de los estudiantes, el Símbolo Niceno: también aquí naturalmente el resultado fue el calificativo del "non sense" al texto dogmático fundamental del catolicismo.
Se trataba, en este caso, sólo de una ejercitación: peto la mentalidad con la cual ha
sido propuesta es igualmente significativa.
10

Como a prop6sito de !os estudios de lingüístiea, así también a prop6sito de aquellos sobre el mito, nos limitamos a indicar algunos títulos entre los más relevantes. L.
Livv BRUBL, L'ame primitive, París, 1927, precedida de La menta/ité primitive, París,
1923 y seguida de Le surnaturel et la nature dans la mentalité primitive, París, 1931;
E. CASSlRER, Filosofia delle forme simboliche, vol. 2o., Il pensiero mi.Jtico tr. it. Firenze,
La Nuova Italia, 1964; y Linguaggio e mito, tr. it., Milano, II Saggiatore, 1961, jUNG
&amp; KBRRIJYT, Prolegomeni allo studio sdenti/ico della mitologia tr. it. Torino, Einaudi,
1948. ]ElISEN, Mythes et cultes chez les peuples primitives, París, Payot, 1954, R. CANTONI., Mito e storia, Milano, 1953; ll pensiero dei primitivi Milano, U Saggiatore, 1963.
E. DE MARTrno, Magia e civilita, Milano, Garzanti, 1962; 1l mondo magico, Torino,
Einaudi, 1948. MmcEA ELtADE, Mito e realitá, tr. it., Torino, Borla, 1966. P. GRIMAL,
L'experience mitique, París, 1956. Otras obras serán citadas más adelante en la nota 13.

177
H12

�en las confrontaciones del repetirse de aqu l evento, volviendo imposible

--0

al menos extremadamente difícil-- una reacció11 de tipo diverso.
Al aparecer un cometa, el sentido de terror que invade al primitivo frente
al hecho nuevo, viene objetivado, y por as' decir incorporado, en el mismo
cometa; cuya noción vendrá difundida y transmitida como cosa q_ue traé desgracia y de la que por consiguiente necesita probar miedo. De este modo,
una reacción particular, históricamente situada, frente a un hecho, S6 vuelve
determinante de toda reacción posterior frente al mismo hecho: tal reacción
está en efecto proyectada sobre el evento, y se vuelve una característica esencial. A partir de ese momento, escindir la no&lt;.'ión de cometa del sentimiento
de terror, se vuelve extremadamente difícil, e implica el pasaje a un diverso
estadio de cultura y de lenguaje.
En el ámbito del lenguaje mítico, el c. de c. parece coincidir con las cosas
mismas: pero no con las cosas tal como se presentan a una mirada libre de
p1·ejuicios y de pre-conceptos, no las cosas "de carne y hueso" sino, aJ contrario, las cosas previamente cargadas (y por lo tanto defonnadas) de significados emocionales que, objetualizándose, se vuelven partes integrantes de ellas.
Porque, por otra Earte~ los elementos emocionales que van a enriquecer
las cosas, son cliversos de pueblo a pueblo, de situación histórica a situación
histórica; los cliversos lenguajes míticos -aunque fundados sobre el mismo
principio-, de hecho son entre sí difícilmente permeables y comunicantes,
salvo para aquellos elementos que cada lenguaje logra ''traducir'\ reducién~
dolos al propio c. de c.11

-13Si se hallan dificultades de entendimiento entre diversos lenguajes míticos,
en el interior de cada lenguaje, en vez, los diversos elementos forman un todo
extremadamente coherente, y, para quien disfruta de aquel lenguaje, del
todo significante.
El polinesio que está persuadido de que el escollo sobre el cual vive ha estado sacado del fondo del mar por Dios y por El llevado a la superficie,
n Toda cultura mítica tiene su unidad orgánica y no puede asimilar elementos de
otras culturas sino transformándolas según los propios cánones. Sugestivos ejemplos se
encuentran en el estudio de los fenómenos de la aculturación de los pueblos primitivos
(sobre este argumento, hay un interesante estudio de ALPBONSP.. DuPROJ'IT, un capítulo
del cual ha sido publicado en Sapere, sept., 1966, con el título: "Problemi dell'accult:urazione"). El caso más sabido, es el del "cargo cult", nacido del modo --grotesco y
político juntamente--- con el cual los indígenas polinesios han interpretado a su modo
la afluencia de bienes que los aéreos de transportes determinaban entre los soldados
de E.U.A. residentes en su isla.

178

identifica inmediatamente el hecho real ( el emer_g ir deJ esoollo del mar) y
la .interpretación fantástico-emotiva que él le da (la pesca divina). Al europeo civilizado y racionalista, que le pide cómo puede probar su aserto, el indígena responde triunfante que la prueba está en el hecho de que l escollo
está allí, justo allí en la superficie, y no bajo el .mar. ¿ Quién podría haberlo
sacado de las aguas sino Dios mismo? ~2
Como en el caso antes citado del cometa, así también aquí, el acto de
escindir la realidad de la juntura fantc'1Stico-emoti a, éonstituiría un a to de
problcmatización de Jo real de la cual el polinesio del estadio etnológico es
absolutamente incapaz. Un acto semejante pondría en crisis toda su cultura,
significaría más bien la superación de la misma mentalidad mítica.
Hasta que permanece en el propio habitat ocio-cultural, el primitivo actúa
un discurso que, respetando pedectamentc el c.. de c. de su lenguaje, es
absolutamente significante para él y para quien quiera que comparta ese
habitat, y ninguna lucubración "lógica" del avispado accidental puede sacudir o rasguñar esta significancia.
Hemos visto ( parágrafo 9) que la subsumibiliQad de un término es la
propiedad de tal término de poder reentrar en wi c. de c. ¿ Cuál procedimiento usa el mito para obtener la subsumibilidad? Lo hemos dicho: el de
cargar subrepticiamente Ja experiencia de elementos emocional . De este
modo, la experiencia se recibe ya condicionada -por así decir- en forma
tal de ser preordenada al c. de c. Es justo este condiéionamiento preventivo,
lo que vuelve extremadamente difícil la separación de los elementos fantásticos de los reales; pero también es este mismo condicionamiento preventivo,
el que garantiza el valor de la signiíícancia a los elementos del discurso mítico.

-14Regresemos, por un momento, al. ejemplo del cometa. Hemos señalado el
hecho de que la primitiva reacción de terror frente. al ]1erho nuevo, determina cada reacción sucesiva. ótese ahota que de este. modo el evento cesa
de ser "nuevo , dado que su efecto emocional sobre el ánimo hwnano ha
estado pre-determinado desde siempre y para siempre.
Nos encontramos aquí frente a un nuevo aspecto del mito, de excepcional
importancia: ese aspecto por el cual eJ mito constituye una fuga de la historia.
u Evidentemente el polinesio en cuestión, sacando del mar todos sus medios de sustentación, ha acabado por concebir al mar como el conservatorio de todas las cosas
existentes y por consiguiente de Sll misma isla. o han logrado rastrear la fuente de
este episodio, leído por mi hace algunos años, creo, en la relación de un antropólogo.

179

�Los estudios de Mircea Eliade 13 han mostrado que el mito del eterno regreso no es un mito entre los otros, pero tiene c-asi el valor del núto originario
de rafa de todo mito. Y su significado es justo el del aniqttllamiento del nuevo
en cuanto tal y de la fuga de Ja responsabilidad histórica.
i el aevum -el curso del tiempo- no es más que un "año grande" modelado sobre el solar, en el cual las estaciones regresan con inmutable regularidad ; si pues cada hecho está destinado a repetirse perennemente; es claro
que un evento no puede ser jamás propiamente "nuevo", cualesquiera que
sean las características con las que se presenta: ello no es sino la repetición
eterna de cosas iniciadas desde siempre y para siempre proseguidas. Y nótese
que el siempre pierde todo significado propiamente temporal; porque si e.l
tiempo tiene un valor en el interior de un ciclo, ¿ qué cosa puede ser el
tiempo en el que se coloca la infinita sucesión de los siempre idénticos ciclos?
Según Lucian Bloga,14 esta tendencia a transformar toda novedad en cosa
resabida y descontada, explica cómo el campesino rumano haya podido conservar intactas sus características psicológicas y étnicas, aun a pesar de las
trágicas vicisitudes de su historia, constelada de invasiones y de influencias
culturales de bizantinos, turcos, rusos, alemanes. Considerando los eventos
históricos como fatalmente recurrentes, el campesino rumano logró anular
el influjo: se encerró en sí mismo y se dejó recorrer sin sentirlo. Pero con
esto mismo se secuestró de la historia y no conoció evoluciones ni progresos.
"' Existe la que se puede denominar "la escuela rumana del mito", constituída por
estudíosos de origen rumano, pero trasplantados en varios países europeos. El más ilustre representante de la escuela es MIRCEA ELIAOE, del cual véase Le Mythe de l'eternelle
rétou-r, París, 1949, y Mythes, Reves, mysteres, París, 1957. Entre los otros representantes, notemos: VrnTELA HoJUA, P-resencia del mito, Madrid, 1956; ÜEORCE VscATEscu, Escatología e historia, Madrid, 1959. Una de las más interesantes consecuencias
de Ja teoría de la "escuela rumana", es que el sentido de la historia ha sido introducido en el mundo del Cristianismo: idea, ésta, ya afirmada casi universalmente, aun
entre quienes no toman en cuenta otras tesis de la escuela rumana. Véase, por ej.:
A. CATURSJ,LI, El hombre y la historia, B. Aires, Editorial Guadalupe, 1956; KARL
LOEVITH, Signifu:ato e fine della storia, tr. et., Milano, Ediz. Cominita, 1965. M.F.
SC1ACCA, La liberta e il tempo, Marzolati, Milano, 1965. Un breve resumen de la
cuestión, se puede encontrar también en un opúsculo del autor del presente ensayo:
Mito e Rivoluzione, Udine, Scuola Catolica di Cultura, 1966.
•• El iniciador de la "escuela rumana" dé quien se ha hablado en la nota precedente,
es el original pensador LUCtAN BLOGA, único de grupo que ha-ya operado en su patria.
Mientras que sus obras en lengua original no son halladas fácilmente, no me parece
que hayan sido traducidas por nosotros (salvo una, que sin embargo no trata el tema
del mito sino cuestiones estéticas; Orizzonte e stile, Milano, 1946). Se puede ver una
interesante, aunque breve exposición de su pensamiento, hecha a la obra de VINTILA
HoRIA en Les grandes courants de la pensée mondiale contemporaine, vol. 2o., Panorames Nationaux, obra en colaboración directa con M. F. ScrACCA, Milano, Marzorati,
1959. ( Véase sin embargo nuestro opúsculo cit. en la nota precedente).

180

Por otra parte es común de todos los pueblos primitivos -justo aquellos
que se mueven dentro del horizonte cultural del mito- el estar desarraigados del devenir histórico, el permanecer encerrados en arquetipos de vida
inmutables, que a menudo retroceden al neolítico y a veces hasta el paleolítico.

-15Si ahora pasamos a considerar el lenguaje de la moderna ciencia físicomatemática, podemos in:mecliatamente observar que también aquí la realidad, para traducirse en proposiciones científicas significantes, debe venir previamente preordenada o predeterminada al c. de c. típico de la ciencia misma.
Las causas finales, que por milenios habían sido objeto de estudios reverentes, al inicio del siglo XVII fueron bruscamente repudiados por la fisica,
y hasta ahora (no obstante alguna tentativa esporádica) ,15 no han sido
vueltas a admitir. Si nos preguntamos la raz{m de este hecho, no podemos
suponer que las causas finales hayan sido reconocidas inexistentes en aquel
tiempo: aparte la consideración de que, por lo menos en el organismo viviente, Ja télesis es indudable, no es con este argumento que han sido rechazadas?6 La única razón que podemos traer, es que ellas no se prestaban a ser
expresadas en términos físico-matemáticos: no .se sometían a las reglas de
aquella sintaxis que el nuevo lenguaje científico justo entonces andaba asumiendo.
También aquí, pues, encontramos que la signíficancia de un elemento lingüístico, no depende de otra cosa que de su correspondencia con el c. de c.
adoptado por aquel lengua-je.
El proceso por el cual e.l lenguaje cientüico llega a la subsumibilidad de
sus elementos, es profundamente diverso, hasta opuesto, respecto al usado en
el mito. La mentalidad mítica carga, enriquece, enturbia: la científica reduce, empobrece, depura. Ella procede a eliminar de la experiencia todo lo
que Je impide volver a entrar en el c. de e. preconstituido.
" Un matemárico italiano desaparecido prematuramente, Lurc1 FANTAPPIE, ha elaborado una teoría matemática en la cual se tenía cuenta de las causas finales. Ver:
G. y S. ARcsIDIACONO, Visione unítaTia delfunive'r.ro a la luz de las teor!as de L. F.,
Roma, U.C.I.T.M., 1958. Una enérgica invitación para tener en cuenta las causas
finales~ se encuentra en: J. ALVAREZ: LÓPEZ, El valor del hombre, Córdoba, Imprenta
de la Universidad, 1960. La ciencia moderna, todavía no parece aún preparada para
una mutación tan profunda.
'" F. BACONE, por ej., rechaza las causas finales no patque las niegue la exigencia,
sino porque Jas considera "estériles" ("tamquam virgines Deo consecratae", dice con
sarcasmo; v. "De Augmentis scientorum·•, IIIo, 5); estériles, bien se entiende, para los
fines de la nueva concepción científica que él mismo contribuía a elaborar.

181

�Mientras el mito tiende a darnos un mundo sobrecargado, inilado, frondoso, como una selva e.cuatorial, la dencia tiende a &lt;laníos un mundo árido,
desecado helado y despojado como una landa polar.
Pero no obstánte ésfa profunda diversidad, existe un parenteséo pmfundó
entre ciencia y mito: también la ciencia, como el mito, tiende al aniquilamiento de lo nuevo.
"Savoir pour prévoir": así se define el cómputo de la ciencia moderna.
Pero prever el futuro significa anularlo como ftlturo~ significa quitarle lo
que, ju to porque es imprevisible, es sólo de él ignifica en suma hacer qu
el e.vento previsto, una vez vuelto presente, caiga bajo la categoría de lo
óbvio, de lo resabido, de fo descontado.
Como el mito, ta_mbién la ri ncia predetermina la actitud (postura) de la
conciencia hacia las cosas, anulándole la historicidad.

-16hora e tiempo de volver a tomar el hilo de nuestro dis ur o.
Preguntémonos pues: si todo lenguaje tiene su c. de c. ¿cuál será el c. de c.
del lenguaje metafísico?
Difícilmente a esta pregunta se podrá responder de otra manera que de
este modo: el c. de c. del lengu.aje metafísico es el S er. Pero con una precisión: que el ténrúno Ser debe ser entendido sin ninguna calificación que le
perjudique el significado. Esta precisión tiene un alean e más amplio de lo
que puede par€cer a primera Yista y que será aclarado dentro de poco; por
ahora lo proponemos solamente como necesaria instancia metodológica. Cualesquiera que sean las características que pueden calificar al Ser en este o
aquel metafísico, no hay duda de que para cada uno ae ellos, cada elemento
de lo real sea aceptado y traduddo en proposiciones metafísicas significantes,
en relación con el crit.erio de conmensurabilidad constituido por el er.
Establecido el c. de c. es el momento de preguntamos cuál método adopte
el metafísico para obtener que las proposiciones que él formula se arti ulen
en discurso, o sea cuál método adopte para obtener la subsumibilidad de las
proposiciones a1 c. de c. del Ser. ¿ Se tratará de un proceso de locupletación
emodonal, como en el mito, o de depuración crítica, como en la ciencia?
i la metafísica tiene su propia fisonomía y su razón de ser, es evidente
qu su método no tendrá nada que hacer con estas dos citadas ahora ni con
otras consemejantes. Rechazando obviamente el método del mito, porque la
metafísica quiere ser racional, ella debe rechazar también el método de la
ciencia moderna. Esto le es impuesto por el hecho. de tener por c. de c. al
Ser. Descarnar lo real, separar\e ciertos aspectos de ciertos otros, para salvar

182

los primeros y rechazar los segundo , sería condenar a estos· últimOll a la
-insígnificancia del no er. Pmque, en verdad, todo lo que es es Ser; y sólo
el no Ser no es. Y así pues el na S~r pu€de ser cortado fuera del cliscun;o del
meta.físico ( o estar allí incluso sólo para decirnos que no es) .17

-17Las consideraciones ahora heclias, nos llevan a una primera conclusión de
fundamental importancia. El c. de c. de la metafísica, diversamente del de
cualquier otro lenguaje, exige que los eleme11t&lt;&gt;s asnmidós a discurso no sean
en. ningún modo pre-constituidos o pre-manipulados. Toda elaboración preventiva constituiría una falsificación y perjudicaría lo resultados que el metañsico se ha propuesto con su trabajo.
Ahora se comprende cómo la precisión hecha en el parágrafo precedente,
por el (;ual el er debe ser acogido sin calíficativo que lo determine, no tenía
sólo valor metodológico en los cuidados de nuestro escrito. EUa tiene un significado extremadamente más vasto: que el Ser no sea calificado anticipadamente, apriorísticamente, es u11a condición esencial de la existencia misma
de la metafísica. Así como condición esencial de la subswnibilidad de los elementos de la realidad en un discurso metafísico, es que ellos sean acogidos
en su total franqueza, sin elaboraciones preconstituidas.
Esto significa que el metafísico debe, ante todo y fundamentalmente, ponerse frente a lo real carente de] todo de preconceptos y de prejuicios. La
metafísica nace cuando el hombre se pone "'en presencia ' &lt;le las cosas.

-18Ponerse "en preséncia" de las cosas; es la misma ex:igencía qu nos estaba
ya manifestada en el fin del parágrafo 8 ahí donde decíamos que el metafísico debe volver a encontrar el sentido originario de los vocablos. que usa1
justo poniéndose directamente ante la realidad.
Todavía más claramenteJ ahora. nosotros podemos ver cómo la originan.edad de recuperar poniéndose en presencia de las cosas, no sea int rpretado
como regres~ón cronológica, retorno a un pasado lejano pero sin embargo
~r Sin duda, no todo lo real es Sel" al mismo título: sino quien al metafísico socorre
la fundamental noción de la analogía. El ser i:s análogo: todo lo qw: es, es Ser a su
modo. L~ importancia en la analogía entis es reivindicada particulamic:nte por ANGl!.Lo
SmvoLETTo, de quien véase: 1l discorso analogico, Firenze, 1958, y sobre todo Ji
segno della ragione, Padova, Libr. Gregoriana Ed. 1963.

183

�siempre histórica.mente fechado sino como redescubrimiento radical de la
actitud espontánea de la ciencia humana frente a las cosas.
Que la metafísica nazca de esta actitud de libre observación de las cosas
en presencia, no es nuestro descubrimiento. La grande tradición de la metafísica clásica, había identificado el fenómeno, y, aun sin hacerle objeto de
tratamiento temático profundo, lo había designado con un nombre: thaumasia.1.s
Thaumasia e.s el sentido de atónito estupor que las cosas suscitan a quienes, sustraídos a peso económico-práctico les contemple con actitud desinteresada. Ellas entonces se les despliegan delante como milagro ( nótese que en
el thaurna.iein está implicito el sentido de lo milagroso que aparece, por ejemplo, en la palabra "taumaturgo''; así como, en latín, hay una estrecha afinidad entre mirari y miraculum.), con toda su riqueza y complejidad, sin arbitrarias simplificacioJ1es, sin superposiciones deformantes.
Y la thaumasia es acto propiamente y exclusivamente humano: el animal
permanece ligado a la dinámica de las cosas, está oprimido, envuelto, no
logra liberarse de su e.eso afectua1: sólo el hombre es capaz de mirar las cosas
con esta mirada pura, que revela su relieve, y junto a su superioridad, sobre ellas.

dentro del cual todos los problemas aparecen resueltos y donde el adepto se
mueve embriagado de potencia; pero se trata sólo de un cerco vacío, que
se mantiene soldado sólo con el pacto de secuestrarse de la realidad, en contacto de la cual se desbarataría como una pompa de jabón.
La fenomenología, al contrario, se propone como programa justo este contacto con las cosas. No se limita a anunciar este programa; ella nos da también los medios para actuarlo, sobre todo a través de aquella reducción fenomenológica "epoche", la cual, al menos en la primera faz de Ja especulación husserliana,2° tiene por fin relacionar al filósofo en contacto con las
cosas - con ''Jas cosas mismas" con "las cosas de carne y hueso". Ella tiende a desprender de la conciencia las sedimentaciones milenarias. que la tradición alú ha depositado y que se interponen como un velo de artificios culturales preconstituidos entre la conciencia misma y la realidad. De este modo, las
cosas se revelan, así se ofrecen a la mirada, como ellas verdaderamente son

La f enomenologfa por lo tanto, sin ser por sí metafísica, puede servir al
metafísico para alcanzar aquel estado de thaumasia que es ]a premisa esencial de su discurso.

-20-19Si el tema de la presencia aparece., a través ae la thaumasia, en tiempos de
Aristóteles, es también actual en nuestros días,19 y esto sobre todo por obra
de la fenomenología husserliana.
Se nota en la fenomenología una actitud del todo opuesta a la del neopositivismo lógico, que sin embargo divide con aquélla el privilegio de polarizar
la atención del mayor número de pensadores contemporáneos, El neopositivismo tiende a cenarse en lo abstracto de un formalismo absoluto; tiene de
común con el idealismo (pienso sobre todo en un cierfo idealismo, por ejemplo
el actualismo gentiliano), el hecho de constituirse en un cerco encantado
is Ya Pu.TÓN, en Teetetes, 155 D, había visto el origen de la filosofía en la maravilla; el d~unte platónico es vuelt-0 a tomar por AR1sTÓTEL.l!S en: Meta/. A. 2, 982a,
4. La relación entre th:i,umasia y filosoüa está hoy puesta vigorosamente en relieve por
la escuela metafísica de la Universidad de Padua, representada por Marino Gentile,
Pietro Faggiotto y otros.
u PEDRO CA11" ha hecho de la presencia el tema fundamental de su especulación:
La presencia como fundamento de la Ontología, Madrid, 1965; Filosofía de la presencia humana, México, Ed. Herrera, 1961. Sin embargo en Caba este tema se pierde
en una profusión de palabras y de temas secundarios que ahogan los aspectos interesantes de su pensamiento.

184

En la problemátic:a contemporánea, el tema de la presencia se pega de
nuevo a los otros temas entre los cuales emerge por importMcia el del

tiempo.
En efecto, se revela rma relación de complementaiiedad entre la presencialidad de las cosas a la conciencia y de la conciencia a las cosas (los dos
aspectos son "unum et idem'')J y la presentidad en la cual la presencialidad
se verific.a.
La recuperación del sentido original de las cosas, es también 1a recuperación del tiempo originario. La reducción fenomenológica, mjentras libra a
la conciencia del pe$O del pasado, la libra también de la sugestión del futuro,
de aquel futuro hacia el cual la empujan las preocupadones pragmáticas: de
modo que no queda más que una relación de presencia (entre cosas y conciencia) que se actúa en el presente temporal.
Presencialidad y presentidad son pues complementarias e inescíndibles. No
se vive en lo concreto del presente sin estar en presencia de las cosas, y las
'" Oomo es sabido, con las Meditaciones cart,erumas, H11ssER.L ha pretendido epoquizar las cosas mismas, para aislar la conciencia trascendental, no es este desarrollo
de la fenomenología ---&lt;liscutido hasta entre sus secuaces.'- lo que nos interesa.

185

�•
cosas no ofrecen su presencia a nuestra mirada si en esto no hay conciencia
de estar en el presente.~1
Si, ahora, volvemos sobre algunas consideraciones hecbas precedentemente
(parágrafo 14 y últimos' párrafos del parágrafo 15) nos damos cuenta de
que ha.y len
jes -como el del mito y el de la ciencia-~ cuya sintaxis no
apta para expresar el presente t mporal. Mito y ciencia arla uno por
vías di er as llegan al anulami nto de Ja historia y desvanecen 'pues el pre,;
s n e en una genérica perpetuidad. Neutralizando lo que de nuevo pued
presentar el vento, tanto el mito cuanto la c-.iencia matan no sólo al futuro
i.ino al mismo presente: en lugar de la directa relación entre cosas y conciencia, ponen la relación entre el evento y Jas fuerzas ternas e inmutables
de las cuales esto depende. Pero las cosas separadas del presente, huyen con
esto mismo también en presencia.
En lugar de las cosas "de carne y hueso", el prinútivo don1inado por el
mito y e.l acienzado encerrado en su doctrina no tienen enfrente sino fantasmas: lo cuales, como todos los fantasmas se presentan infaliblemente en
plazos fijos, se disuelven en niebla cuando se trata de atraparlos.

-21Hemos designado precedentemente con el término de '&lt;thaumasia" la postura de la conciencia frente a ]as cosas en presencia; esa postura que mito y
ciencia necesariamente eliminan, eliminando la presencia núsma que Jo vuelve posible. Ahora quisiéramos sustituir tal término -de sabor más psicológico que lógico- por otro más preciso y adecuado: el de problematicidad.
Problematicidad, bien se entiende, total, radical, absoluta, que no se, confunda con una prob1emática parcial y circunscrita. Entendida en este sentido
la problematicidad no es sino la traducción sobre el plano lógico del se,ntimicnto psico.lógico de la thaumasia.
En verdad también I mito y la ciencia nacen de la problematicidad frente
a las cosas; no podría ser de otro modo. Pero al surgir y afirmarse ahogan a
la problem~ticidad misma que las ha hecho surgir. Hambriento de seguridad
,ital, de certidumbre pragmática, el hombre se confía en el mito, en un
ti Una sugestiva confirmación de la relación entre presenciahilidad y presentidad,
nos viene del conocido socio-psicólogo ERic BERVE, en su ensayo Carnes people plays
(tr. it.: A che gioco giochiamo, Milano, Bompiani, 1967). En la pág. 206 Y sig. de
la tr. iL, el autor analiza el significado de la noticia ( conocimie11to) e insiste sobre
el hecho de que "La noticia exige que se viva presente, en cuanto aJ lugar y a1 momento, 'Y no de otro modo, en el pasado o en el futuro" (p. 206}.

186

cierto estadio culturnl, en la ciencia, en otro estadio cultural, para exorcizar
de sí la turbación -erofunda de la problematicidacl radical ~2
El metafísico es el que acepta la pr-0blematicidad hasta el fondo, y que al
construir su sistema, no la rehuye, no la anula, sino que Ja '\'l.lelve a proponer
a sí y a los demás: aun si estos otros quieren permanecer en su quietud y
tienen siempre lista la cicuta para hacerlo callar.
La relación ntre si$t-ema y problema en la nietafís~a está contrafümado
por 1a neta preminencia del problema: el sistema existe porque el problema
adquiera dimensiones concretas y no se fuma en una .inquietud genérica
sin éxitos. o se nos apega seriamente a la metafí ica sin haber entendido la
centralidad que en si asume el problema. 23

-22Hemos visto (parag. 17) cómo el c. de c. del Ser envía al metafísico a la
presencia de las cosas, y es por el hecho de que el Ser es acogido por el
metafísic-0 sin calificaciones que lo predeterminen y que l)Or consiguiente lo
induzcan a premanipular las cosas para volverlo subsumible a sí.
Hablando de la extrema variedad de los c. de c., se ha señalado de huída
(parag. 11) que los hay definidos e indefinidos, definibles y no definibles. Por
cuanto se ha dicho ahora ¿ podemos sin más colocar el c. de c. del Ser en la
catt:goría de los indefinidos; debemos colocarlo además en la de los indefinibles?
Creemos que la respuesta no deba ser otra que positiva.
Un c. de c. es definible cuando el pensamiento puede comprenderlo sin
residuos. Ahora bien, comprender ( cum-prehendereJ significa abrazar, envolver, tener un ámbito más amplio de lo que se comprende y se define. Se
sigue que mientras Ja razón domina totalmente un c. de c. définible, en cuanto lo comprende, no puede por otra parte ser dominada, porque no puede
ser (seros) comprendida.
Ahora, si el criterio del Ser fuera definible sucedería que la razón, no siendo comprendida en el Ser, debería declararse a sí misma como no-Ser · en
otras palabras, debería declarar su inexistencia.
.. ÜRTEGA y GASSET ha proclamado con excepcional claridad que la matriz de las
ciencias es la sed de certe2a vital (v. particularmente: El tema de nuestro tiempo,
Madrid, Revista de Occidente 1963), pero ha cometido el grave error de asimilar
totalmente la filosofía a la ciencia, sin darse cuenta de la fundamental importancia
en la filosofiaJ del elemento problemático y por tapto de la inquietud.
"' La escuela metafísica paduana ya citada en la nota 18, pone el acento de modo
particularmente vivo sobre la preeminencia del problema sobre el sistema; véase:
MARINO GeNTILE, Come si p-0ne il problema metafisico7 Padova, 1955.

187

�del Ser no puede pues ser sino indefinible, y esto es mucho más
vasto que la razón, comprende también la razón misma dentro de sí.

EJ. c. de

&lt;;.

..

¿Significa esto que el c. de c. del metafísico

p

:8 ~n tanto c~nto i.n:cl?~ •

No, absolutamente: significa solamente que mn~ acto racional ~toncamente situado, puede agotar totalmente su esenua y. ~or ende defimrlo. ~
metafísico podrá así -en cierto sentido, deberá- def mrr el Ser, pero debera
al mismo tiempo tener la clara conciencia de 1a provisoriedad y de la parcialidad de la definición, de la propia situacionalidad histórica Y por ende de
la propia finitud, tanto más tadiealmente advertida en los confrontos de la
infüúdad del c. de c. asumido, esto es el Ser mismo.
Esta conciencia no es otra cosa que la problematicidad : la cual pu':. no
preside solamente ( como ya habíamos dicho) al nacimiento de ,la m~tafis1~,
sino que la acompaña a lo largo de toda su carrera, y, por as1 dear., la mvade totalmente.
Ahora podemos ver cómo estos elementos, que en ~uesa:o. ~s_curso hemos
encontrado sucesivamente: el c. de c. del Ser y su mdefinibilidad · el ponerse con mirada libre de pre-conceptos en presencia d~ las co~as; ~ ~roblematicidad, no son sino aspectos solidarios, interdependzentes e inesandibles
de aquella realidad unitaria que es la ·metafísica.

-23Pero con la verificación de la indefinibilid.ad del Ser, hemos tocado la
última' y más grave dificultad del lenguaje metafísico.
Si e_n un lenguaje cuyo c. de c. es definido, se puede definir ~bién _la :elación entre los varios elementos de tal lenguaje Y el c. de e:. mismo; SI es O:,
en este caso, se puede constituir una sintaxis rigida y ~guros~ ( como es el
caso de la ciencia moderna); esto resulta evidentemente 1IDpos1ble en el caso
de un lenguaje cuyo c. de c. sea indefinible.
, .
Por lo tanto, si eJ poseer una sintaxis rigida y rigurosa es 1~. caractenstl~
distintiva de la cientificidad, debemos conduir que la metaf1s1ca ~o podra
jamás ser, propiamente, ciencia: la cientifici~~d para e~a será un ideal por
perseguir, no una meta alcanzada, una defirutiva conquista. .
Todo metafísico tiende a la definición del Ser -lo hemos visto en ~1 precedente parágrafo---, con la conciencia de su finitud bistóricame_nte situada
y condicionada: y es con esta conciencia que él debe _ con trabaJO JJ:rsonalmente empeñado del cual ninguno puede sustraerlo, elaborar por propia cuenta su sintaxis. El trabajo del metafísico comienza con todo hombre que a
ello se dedica, y jamás ninguno puede cumplirlo par cuenta de los demás.

Pero todo esto ¿no perjudica la significación del lenguaje metafisico? ¿No
se ternúna por decir aquí, en sustancia, que el metaf'tsico es semejante al
poeta, que habla W1 lenguaje todo suyo- (si bien comunicable a los demás,
pero sólo a través de la sugestión fantástica y no a través de la comprensibilidad lógica) , convalidando así una de las más comunes acusaciones cliri- gidas a la metafísica, de ser una subespecie de la liricidad?
Si tenemos presentes los elementos que .hemos venido desenredando de mano
a mano en nuestro discurso, podemos tranquilamente rechazar esta acusación
y afirmar la plena signilicancia del discurso meta.físico, no obstante la situacionalidad de su sintaxis.
Entre estos elementos recordemos particularmente: a) que la significancia
es dada por la subsumilidad al c. de c.; b) que la significancia de un discurso implica sea su coherencia lógica interna, sea· su comunicabilidad intersubjetiva, y que esta última es garantía de la primera; e) que la metafísica no
es principalmente sistema, sino esencialmente problema.

Las proporciones de la metafísica son subsumibles al Ser justo en cuanto
están formuladas con la conciencia de su inadecuacidad para agotarlo. Esta
condición de su subsumibilidad es también condición de su significancia.
Cuando el metafísico pretende haber logrado sujetar lo real entre ]as redes de una sintaxis definitiva y exhaustiva cuando cree orgullosamente haber superado la thaumasia frente a las cosas y haber construido, para sí y
para todos, el perfecto castillo para sustituirlo al real, cuando cree haber
restituido la integralidad del mundo del Ser cual él lo concibe, entonces él no
problematiza ya: la sintaxis que se ha compuesto le suministra las lentes
deforman tes a través de las cuales lo real se sustituye adecuado al c. de c.; la
interna coherencia de su discurso da un significado a las proposiciones, que
es válido sólo para él, él está en la misma situación del discurso mítico ( así,
en verdad, el suyo es un discurso mítico) ; pero en este caso se trata de un
falso metafísico; su actitud está opuesta a la que hemos delineado como propia
del metafísico auténtico.
Muy diverso es el caso del metafísico para el cual la problematicidad .invade el sistema. Cuando un hombre se encuentra problemáticamente en
presencia de las cosas, habla al otro hombre, y el otro hombre lo entiende:
sus proposiciones son intersubjetivamente significantes, no por lo que aseveran~ sino por aquel tanto de inquietud problemáticá que llevan en sí incorporado 31 que logran comunicar. La comunicabilidad se actúa no sobre el
plano del sistema sino del problema.
Y la historia de la filosofía nos da una singular conf-innación de cuanto
estamos diciendo. Lo.s gr·andes metafísicos, a través de los tiempos y el mutar
de los climas culturales, han dialogado entre sí, se han enriquecido el uno

189
188

�con las doctrinas del otro, han aprendido el uno del otrn. Y nosotros podemos acercarnos a Wl gran pensador del pasado. sin eondiviclir una sola de
sus asevei:acione.s, per-0 no sin 1·evivir en nosotr9s su pasión de buscador
inexhausto.
Justo la metafísica, acusada de ser el lugar de l, disputas vacías y de la
incomprensión, nos da en vez el ejemplo más noble y conspicuo de una búsqueda en común perseguida a lo lar_go de milenios por los espíritus más .nobles
de la humanidad.

EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD EN LA ÉTICA

DR.

lsMAE-L

DJEGo PÉREz

El hombre tkne [ibre albedrío para elegir
su vida moral: El cristianismo

La Etíca cristiana se fundamenta en gran part~ en la Etica de Aristóteles.
La mente y la conciencia del hombre son páginas en blanco donde el hombre
ha de -escribir su historia morat dentro de Ja libertad de elección de medios
y fines. De esta foTIDa se justifica el premio a la sanción.
La clivisión más profundii, de la Historia del pensamiento la señala el cristianismo; es una idea nueva que vuelve a dar sentido a la existencia del hombre y del ffilmdo. El cristianismo está basado en e] hebraísmo y comienza con
la palabra del Génesis, que es el primer libro bíblico: en un principio rnos
creó el cielo, Ja tierra y todos los seres que pueblan el universo.
La división se produce sobre todo con la filosofía griega. EJ problema de
los filósofos griegos foe el movimiento; todo lo que existe es problemático,
porque se mueve, porque llega a ser y deja de ser· un hombre lo vemos hoy
y mañana puede morir y no lo vemos; lo opuest0 al ser de las cosas es el no
ser, el vacío; el no ser lo que se es.
El cristianismo presenta una imagen opuesta, porque comienza de la nada.
De la nada Dios fo hfao se dlcc en la Biblia. El filósofo griego no comprende el mundo que siempre está cambiando. El nsb.anismo asegura que
el ser nace de la nada y el ser de las cosas es un no sér, una nada.

,.El fil6sofo griego estudia el movimiento que se encuentra en los seres de
la naturaleza y estudía el ser que -se elabora en el pensamíento puro del hombre. Esta teoría arranca de lo.s filósofos Heráclito y Parménides.
Para Heráclito todo cambia siempre.

i un hombre se baña en un río dos

veces, no se baña en el mismo río, puesto que las moléculas del agua han

cambiado.
190

191

�Para Parménides, el ser puro del pensamiento ha sido siempre y será
siempre.
Estos dos principios son los de toda ciencia y toda filosofía.
El cristianismo dice que el término ser tiene dos significados distintos: el ser
de Dios y el ser del mundo. Interpretar el ser del mundo desde Dios es la
creación. De una parte el verdadero Ser o el Creador. Y de otra parte, el
ser creado, la criatura creada por Dios.
Esta idea cristiana justifica una Etica basada en el cristianismo, donde el
hombre puede alcanzar la perfección moral e intelectual, para acercarse a
Dios o semejarse a Dios, que es la perfección ideal.
San Agus(m es una de las figuras más interesantes de su tiempo, dcl cristianismo y de la filosofía, dejando una huella profunda en todo lo que intervino: la filosofía y teología medievales, la doctrina cristiana en general y la
creación de la filosofía del espíritu y de la filosofía de la Historia.
Los antecedentes filosóficos de la Etica cristiana se fundamentan especialmente en San Agustín. San Agustín es además un filósofo actual.
El Renacimiento está influido por San Agustín en el filósofo Renato Descartes, que parece repetir las mismas palabras y los mismos argumentos de
este filósofo cristiano. Igualmente la Reforma religiosa de Martín Lutero
en el siglo XVI, que era un fraile agustino. Y .la Contrarreforma religiosa,
reunida en la Giudad de Trento, repite los argwnentos de San Agustín para
combatir a Lutero.
San Agustín es africano y por tanto de temperamento ardiente y apasionado: el norte de Africa está en su tiempo romanizado y cristianizado, pero
al mismo tiempo se propagan allí distintas doctrinas religiosas. San Agustín
tiene dos influencias en u vida: de una parte, su padre llamado Patricio,
que es hombre violento y de religión pagana. Y de otra parte, su madre Santa
Mónica, que es una mujer dulce y de hondas virtudes cristianas.
Lee el Evangelio cristiano y le · parece una lectura para niños sin ninguna
importancia. Busca la verdad en la religión maniquea, que fue fundada por
Manes, un profeta persa, que fue decapitado y que seguía la doctrina de
Zoroastro, o Ja religión de los magos, quienes creen en dos principios inconciliables del bien y del mal Como el mal consiste en tener cuerpo físico,
cuando el hombre muere lo llevan a la cumbre de una montaña, donde es
devorado por los buitres y de esta forma queda el alma libre del principio
del mal.
San Agustín acepta el cristianismo, estando una noche en un jardín de
Milán; oye una voz de niño que le dice: Tolle, lege. Y recibe un libro que
es el Evangelio cristiano, lee un versículo de la Epístola a los romanos, que

192

hace referencia de la vida de Cristo; se siente lleno de luz y desde ese momento ya es cristiano.
La Filosofía griega penetra en el cristianismo por San Agustín, quien la
adapta a las necesidades de la Filosofía cristiana y es además el primer contacto del helenismo y del cristianismo.
La Filosofía de San Agustín tiene un contenido fundamental en los Soliloquios. San Agustín afirma que quiere saber de Dios y del alma. Son los dos
temas de ]a Filosofía agustiniana. El centro de la especulación será Dios y
de alú su sentido teológico: el hombre que se encuentra dentro de su alma
es un alma de confesión. San Agustín nos lega así la primera Filosofía del
espíritu. Y Ja relación de este espíritu, que vive en eJ mundo, en contacto
con Dios, le llevará a escribir un libro llamado La ciudad de Dios y con este
horo la fundación de la primera Filosofía de la Historia.
El problema filosófico agustiniano se centra en Dios, en el alma humana
y en el mundo.
El conocimiento de Dios no se logra por medio de la inteligencia, sino por
el amor y caridad. ¿ Qué significa el amor y la caridad para el cristiano?
Tiene el significado de sentir o padecer con otro, porque el otro padece
o siente y es el máximo principio cristiano, porque está fundado en el amor,
que es el signo central de la predicación de Cristo.
El conocimiento de Dios no se da sino por amor. Por eso dice San Agustín que no se penetra en la verdad, sino por la caridad. La raíz de su pensa~
miento está movida por la religión y es la religión la que pone en movimiento su filosoffa. La Etica cristiana lógicamente se ha de fundar en la
perfección moral y espiritual que proporciona la enseñanza de la palabra
de Cristo, la Filosofía de los místicos y de los filósofos del cristianismo dentro de la libertad de pensamiento y de acción.
La creencia es para San Agustín la que hace posible eJ. entendimiento de
Dios, "credo ut intelligam". Esta idea repercute en toda la mística cristiana
sobre todo en San Anselmo y en Santo Tomás de Aquino y promueve el problema de relación entre la fe y la ciencia o entre la religión y la teología.
San Agustín cambia el pensamiento de Platón, partiendo de él. En Platón,
el punto de partida son las cosas exteriores, y en cambio, para San Agustín, el
punto de partida es el alma del hombre, entendida como realidad íntima o
lo que llama el hombre interior. La dialéctica agustiniana busca a Dios en
la confesión de sí mismo y San Agustín cuenta su vida. Su autobiografía
da la clave de su pensamiento.
El alma se eleva de los cuerpos a ella misma, luego se eleva a la razón
y por último a la luz que 1;L ilumina, a Dios mismo.
El hombre es una imagen de Dios y la encuentra como en un espejo, en

�la intimidad de su alma. Por ero apartarse de Dios es como arrojarse las propias entrañas, vaciarse y ser cada Ve'l menos. Cuando el hombre penetra
en sí mismo d~ubre la divinidad. Aunque sólo por medio de una luz sobrenatural puede el hombre conocer a Dios de un modo directo.
Dios ha creado el mundo de la nada por decisión de su voluntad. Las
ideas de Platón están alojadas en la mente divina· son los modelos ejemplares con los que Dios ha creado todas las cosas, y en cambio, an Agustín,
encuentra a Dios en la propia intimidad de su alma y por este conocimiento
llega al conocimiento de Dios.
La actitud moral del cristianismo es tratar de semejarse a la voluntad y
a la moral divinas.
El alma del hombre es espiritual; es la facultad de entrar en sí mismo.
El es_eíritu tiene una interioridad, en la que puede recluirse, adentrarse y
es un privilegio que no comparte con ningún otro ser de la naturaleza. Por
eso en el interior del hombre habita la verdad.
El hombre es racional como el ángel y mortal como el animal, teniendo un
puesto intermedio entre los dos, es imagen de Dios por tener una mente o
un espíritu y en las tres facultades del alma, memoria, entendimiento y voluntad, descubre San Agustín una huella de la Trinidad divina; es el yo personal que recuerda, entiende y ama, hallando en la unidad esencial una
perfecta distinción de las tres facultades.
La ciudad de Dios. En la historia humana se produce una lucha entre dos
reinos, el reino de Dios y el reino del hombre. El Estado e tá encargado de
regir las cosas temporales y procurar el bienestar, la paz y la justicia entre
los hombres. Por eso el Estado tiene una misión divina, ya que toda autoridad o potestad viene de Dios. Los valores religiosos no son ajenos al Estado
y debe estar éste percatado e influido por los principios cristianos.
La Etica y la política no pueden separarse de la conciencia moral de que
el fin último del hombre no termina en la tierra, sino en el cielo. Y para
eso hay que descubrir a Dios en la verdad de que está en el interior de la
criatura humana.

Otras teorías morales dentro de la libertad
En el siglo I de la Era cristiana surgió la Filosoña estoica cuyo representante más importante fue Séneca, nacido en Córdoba. La teoría de los estoicos es muy parecida al cristianismo. Séneca asegura en su libro De la felicidad que el hombre es más feliz cuanto menos necesidades materiales tiene
y el carácter lo fundamenta dentro del hombre en sus ideas espirituales, no
en el mundo exterior, donde los hombres sufren por la posesión de bienes

194

materiales. Por eso Séneca afirma su Etica en la austeridad y honestidad de
las costumbres, atesorando bienes de espíritu, de libertad y de ind pendencia
y no bienes materiales.
La Etica de Arturo Schopenhauer, fundamentada en sus libros El mundo
como voluntad y representación y en Parerga y Paralipomena son la imagen
opuesta a la Eti.ca de Aristóteles. La moral es congénita o que nace con el
individuo y la experiencia solamente sirve para reconocer el carácter tal
como es, sin que el hombre pueda hacer modificación alguna. Schopenhauer
se inspiró en ideas orientales, donde los hombres son una relación de dharma
y kharma.
Lo que Aristóteles llama carácter adquirido no es otra cosa que el reconocimiento de la personalidad por medio de la facultad inteligible, o que el
entendimiento nos da a conocer como somos pero que en modo alguno podemos modificar. La Filosofía moral no es la repetición de actos y hábitos
morales, como en la Ética aristotélica, sino que más bien es un descubrimiento
del carácter.
Otros filósofos, como Bourke, aseguran que todo acto deja una huella en
el carácter y que no puede ser sólo congénito, como asegura Schopenhauer.
acemos con un carácter y enriquecemos nuestro carácter con la e&gt;--periencia moral.
Los hombres nacemos con cuatro facultades: el entendimiento, la voluntad
y los apetitos concupiscibles e irascibles.
En todo acto moral entran en juego estas facultades y cada hombre adquiere en el curso de su vida una estructura mental diferente de los hábitos
morale que ha adquirido. Su personalidad moral se ha formado por algo
que se ha añadido a sus potencias congénitas.
El carácter no es un concepto práctico que se manifiesta o modifica directamente, sino por medio de actos y hábitos morales, constituyéndose entonces
la Etica en una ciencia práctica, pudiendo afirmarse que sólo por los hábitos
morales conocemos el ethos, es decir, que aunque los actos y los hábitos morales no constituyen el carácter de una manera total, sí contribuyen a su formación y reconocimiento.
La Ética de Aristóteles está más universalmente aceptada, por estar más
cercana a la verdad o ser la verdad misma del cristianismo. La repetición
de actos y de hábitos morales es lo que genera la constitución del carácter,
prolongándose a lo largo de la vida entera. Ni un día de verano hace el verano, ni una sola golondrina anuncia el buen tiempo. Los días de verano se
prolongan durante todo el período de esta estación y cuando las golondrinas
llegan para anunciar el buen tiempo, lo hacen en bandadas. Un acto moral
aislado o actos morales en un breve tiempo, no forman del todo el carácter;

195

�el hombre se forma día a día, año a año y a lo largo de su vida, ofreciendo
el balance de lo que ha conseguido en el orden moral o de lo que ha sido.
A todo hombre se le puede preguntar en un período de tiempo de varios
años cómo ha sido el balance creador de su vida en el orden moral. La mayoría nos daría un balance pobre, con escasas ganancias morales y muchas
pérdidas de tiempo.
Podemos afirmar que el hombre al Eerder el día, perdió la noche y el hombre que perdió su juventud, perdió su vida.
El objeto de la Etica es la ejecución de actos morales, encontrándole una
unidad temporal, que nos daría su medida moral.
Los actos y los hábitos morales transforman la vida del hombre en su totalidad. El hombre inmoral se distingue a sí mismo y su vida es corta, con
poca felicidad 1 aunque otra cosa aparente. El hombre moral que ha formado
su carácter con el cumplimiento de acfós y hábitos morales, alcanzó e1 triunfo
que siempre aguarda a un carácter perseverante.
Nos preguntamos : ¿Cómo entender la vida en su unidad de seotido? ¿Cómo alcanzar su significado para que el hombre encuentre su verdadero destino?

Contestamos que existen dos caminos; a) realmente; b) vivencialmente.
Cuando decimos realmente es porque nos referimos a la naturaleza del
hombre y a la naturaleza del universo. Cuando decimos vivencialmente nos
referimos a 1~ experiencia moral de la vida por medio de la cual adquirimos
un saber, que nos proporcionan la razón y la intuición.
El ethos es el resultado práctico y la razón y la intuición son las facultades de las que nos valemos para llegar al resultado del &lt;'Mácter.
¿Qué significado tiene el ethos? Es donde hemos ido formando y decantando ese fluir y pasar de la vidaJ donde nos vamos dando cuenta de la e,a;periencia propia y ajena y donde podemos establecer la comparación con
nuestra propia vida.
Los actos vivenciales son reconocidos por actos discursivos y actos intuitivos. El discurso se entiende en Lógica como el uso recto de la razón. Y
los actos intuitivos se entienden en Psicología como aquello que conocemos
en un momento de lucidez sin que nadie nos lo haya enseñado.
Los actos discursivos hacen referencia a todas y a cada una de nuestras
acciones, a la vida entera, al fin último que es lo que constituye el tema de
la moral en un orden teórico.
Por los actos intuitivos se descubre la unidad de sentido de nuestra vida
y estos actos intuitivos son síntesis o definiciones de todo conocimiento.
Los actos intuitivos son privilegiados, por la profundidad que con ellos se
alcanza; es lo que vivimos como propio, lo que experimentamos emocional-

196

mente, a diferencia de los actos discursivos, que son un examen crítico de las
razones o de las conveniencias en el orden moral.
Los actos intuitivos se reconocen en tres momentos :remejantes: El instante,
la repetición y el siempre.
El instante es un momento en que se .resume toda la vida moral, lo que
llamaríamos el hoy eterno, producido como un estado superior de la conciencia y como resultado de un proceso moral. Y al término de este proceso
examinamos si hemos logrado la meta prop11esta generando la fruición, que
es un instante en que se reconoce el pasado y el presente.
Todo acto de intuición intelectual o sentimental aparece de repente en
nuestra conciencia con resplandores nuevos y brillantes.
Lo que llamamos repetición es lo que hemos estudiado hasta ahora como
hábitos mentales o como hábitos morales, porque nada surge en un momento,
sino que es el fruto del esfuerzo de varios años en la misma dirección.
No olvidemos que el hombre es un animal de costumbres y lo que se acostumbra forma en él una segunda naturaleza, que es la que Je da un estilo
y personalidad y ésta es el reflejo del carácter.
Los actos intuitivos ya hemos dicho que son privilegiados y el acto privilegiado máximo sería la hora de la muerte; es entonces cuando contemplamos
la vida entera en su totalidad y podemos hacer un balance de cuáles han
sido los objetivos morales que hemos conseguido.
Por eso el instante es la eternidad en el tiempo o el descenso de lo infinito
a lo infinito, como dos términos de la existencia, lo mismo que el nacimiento
y la muerte.
El instante pm~de tomar distintas formas en quien lo experimente. Las más
elevadas son el éxtasis o la contemplación mística que se da especialmente
en el hombre religioso. Y el hombre que no lo es, siente la unidad moral de
toda su vida en el momento definitivo en que su vida va a terminar, y es una
contemplación de todo lo que se ha vivido y de todo lo que se ha logrado.
El instante con sentido religioso puede significar unión moral, de revelación que en su vida temporal no tuvo o de aceptación de un mundo de ideas
que durate toda su vida fue una lucha contradictoria. O bien puede tomar
la forma de una conversión moral y religiosa.
Por eso el instante suele tomar el significado de un sentimiento de angustia o de lucha moral interior, presentándose algunas veces en la conciencia
con la forma de rapto, de serenidad, de plenitud o de paz.

En el acto de repetición puede presentarse en la forma de un reencuentro
con un camino perdido, dándole también la visión total de su vida. El hombre cuando va a morir repite lo que ha vivido o vuelve a vivir su vida en
un instante.
197

.

�La unidad formal del tiempo y su esencia moral la encuentra el filósofo
Bergson en la memoria de las cosas pasadas, considerando que la materia
es el medio físico y la conciencia es el medio moral, para vivir las experiencias vitales y obtener la unidad de experiencias en la memoria como resumen
de todo lo vivido.
El filósofo Javier Zubiri distingue la esencia moral en el siempre, donde el
pasado y el eresente, si son firmes, alumbran con seguridad el futuro.
El siempre es de una vez por todas el fundamento de los cambios temporales y el ahondamiento en la posesión moral de sí mismo. Asegura Zubiri
que cuando no tenemos el sentido del siempre, vivimos pegados a las cosas
temporales y nos perdemos con frecuencia en el fluir o cambio de la vida.
El ethos termina con la muerte. Por eso el objeto material de la ~tica es
un mostrarse o revelarse fundamentalmente en el ethos o en la personalidad
moral.
Conclusiones

El hombre se proyecta, se propone, se esfuerza y se afana en el tiempo,
pero el hombre dispone de un tiempo limitado para realizarse a sí mismo
y hacer su obra como una cualidad ética; el hombre está situado en el
tiempo, en una esencia cualitativa, mucho más importante que su realidad
cuantitativa, y ese tiempo de que dispone no es reversible o que no lo puede
volver a empezar.
Si lo que hizo fue inmoral, al término de la vida no puede volver a ser
moral, es decir, no puede ser intercambiable. El paso del tiempo deja su
huella y cada día debemos tener el afán de realizar nuestra obra pensando
que si no lo hacemos, llegaremos al término de la vida sin un contenido moral y con la conciencia dramática de una frustración. No podemos olvidar
que la formación del ethos es temporal y la Historia no es un retroceso, sino
una realización abierta en cada momento.
Por eso Jos conceptos de oportunidad son esenciales en la tarea moral.
Cada hombre tiene su hora, sus oportunidades y la plenitud de su vida moral; es un esfuerzo para llegar al perfeccionamiento moral y a la integridad
creadora del hombre. Pero la perfección moral es cualitativamente distinta
de un hombre a otro, no sólo Eara su persona sino para cada oportunidad,
es decir, que las oportunidades no son iguales para todas las personas.
Lo que sí es importante es no olvidar que la formación del etbos se produce en un tiempo limitado. Por eso asegmaba Séneca que nos diferenciamos
de los dioses cuyo tiempo es infinito y el del hombre que es un tiempo que
acaba, debiendo aprovecharlo como un don precioso de la naturaleza.

198

Las ideas morales como rememoració11 en la filosofía platónica
Partimos de la siguiente pregunta: ¿ Qué es el bien moral en sí mismo,
es decir, el ethos en su contenido?
Comenzamos por la idea del bien en Platón.
El concepto del bien es para Platón una idea universal. Se da en los hombres particulares, pero abarca un concepto abstracto en el que caben todos los
hombres del pasado, de los que vivían en la época de Platón y de los hombres
que sucedan a la humanidad actual. La idea del bien es un concepto unívoco o un género en el que abarcamos las especies y los individuos.
Los bienes de la tierra lo serían por participación en esa idea universal.
Los bienes de la tierra son siempre imperíectos, contaminados de impurezas
individuales. El bien como idea universal estaría siempre en el reino puro
de la unidad.
Aseguraba Platón que la multiplicidad o la variedad es lo imperfecto y
es perfecto y universal lo que está en el reino puro de la unidad.
Aristóteles aseguraba que el concepto del bien mantenido por Platón no
es totalmente urúvoco: la idea del bien excluía los otros bienes. De la idea
del bien separaba los bienes útiles a todos los bienes reales, los bienes de
este mundo que para Platón no son otra cosa que reflejos del verdadero bien,
de Ja idea d-el bien.
Aristóteles escribe por eso una Ética basada en los bienes reales, no en el
bien ideal. La Ética aristotélica es aplicable a los seres particulares, aunque
de ellos podamos llegar a un bien universal.
Para Aristóteles toda la realidad es buena; todas las cosas y entre ellas
el hombre como realidad; con todo lo que el hombre apetece, no como simple realidad, sino como ley, obligación, exigencias o conveniencia, de acuerdo
con su naturaleza racional, buscando una perfección. El hombre no es perfecto y busca la perfecci6n moral; es un ser vivo real, que sueña, que siente,
que busca la perfección en todos los actos de su vida y es una imagen opuesta a la idea de Plat6n, quien se limita a la contemplación pura de la idea,
donde el hombre particular queda desconocido por la abstracción de la idea.
Platón contempla la idea del bien en sí. En Aristóteles es una exigencia racional la realizaci6n del bien y el bien se da en el hombre como realidad y
como obligación y uno como una idea pura.
En Manuel Kant se produce un intento de franquear la distancia entre
el deber ser y el ser. El ser es un concepto de reflexión intelectual y el deber
ser es, ser lo que se es, o la proyección moral del hombre. El hombre en sí
mismo sólo se justifica i;:on una conducta moral y una reflexión intelectual
que le lleve como postulado a conclusiones morales.

199

�El conocimiento del ser en sí mismo sólo podemos comprenderlo en su
vida moral. Kant habla de la moral como una buena voluntad para la realización de] bien, aunque del bien en sí mismo no tengamos conocimiento.
Las sociedades no tendrían razón de ser, si no hubiese un principio moral
superior que les gobernase y los hombres con buena voluntad cumpliesen la
exigencia moral.
Aristóteles a diferencia de Platón aseguraba que el bien en sí mismo no
puede ser una idea universal, separada de los seres individuales, porque entonces el ser universal no podía ser operado o poseído, es decir, el ser viviente, porque la idea universal de Platón es una mera especulación de la
mente, sin posible aplicación a los seres individuales vivientes.
El bien en sí mismo es para el Estagirita una apropiación moral de cada
hombre, con el esfuerzo constante de la vida moral, que es lo que constituye
el 'ethos". La obligación moral no está separada del ser del hombre, ya que
el deber ser y el ser es la misma cosa, porque el ser del hombre en su personalidad moral no es concebible sin una vida moral. El ser es una entidad
moral que mueve su voluntad en el ejercicio y conquista de su obra creadora.
El bien o la moral es lo que todos los hombres desean, como exigencia de
su propia naturaleza espiritual, y son deberes u obligaciones del ser: elaboración de ideas, gestación de pensamiento, los bienes morales propiamente dichos y los valores morales.
Estos deberes u obligaciones proceden del ser y vuelven al ser; es como
una acción y reacción circular, donde el hombre se proyecta y recibe el fruto
de su misma proyección.
Por eso el hombre es el artífice de su propio destino; lo que el hombre
siembra es lo que .recoge y todo lo que hace tiene una respuesta de la misma
naturaleza o una réplica equivalente a su obra.
Estudiemos ahora en qué consiste el bien en sí mismo y cuál es su proceso
de estructura moral.
La realidad total del hombre en cuanto tal hombre es siempre moral y la
moral es propia de los seres humanos y dentro de la libertad, porque sin
libertad no existiría la vida moral.
Ahora bien, todo lo que hacemos tiene siempre una finalidad moral; el
conocimiento que adquirimos de la ciencia o de la técnica o cualquier actividad hwnana, está fundamentada en algo moral, tiene una finalidad o un
objetivo. Y toda decisión que tomamos la hacemos desde un proyecto o una
finalidad moral, que consideramos la mejor o lo que está de acuerdo con
nuestras posibilidades.
Los fines y los medios para realizarlo son proyectos hasta que no se rea-

200

lizan y su finalidad es que llegue un día para verlos realizados. Todo proyecto
nace de la realidad y sobre la realidad debe construirse.
El yo personal de cada hombre está inquieto hasta que no está seguro de
lo que quiere y las cosas van y vienen. Las situaciones de cada hombre, por
estables que parezcan, no pueden prolongarse; es el hombre el que debe crear
sus propias circunstancias favorables y estables. Siempre se sale de una situación y se entra en otra y este tránsito de una situación a otra se hace
siempre desde un proyecto. El paso de una realidad creada en una situación
a otra realidad, en otra situación, se hace a través de un proyecto irreal, porque aún no se ha realizado.
El hombre se mueve libremente, porque es condición indispensable para
la vida moral. Pero las ideas separadas del mundo real, no ofrecen resistencia y permiten ensueños~ fantasías, castillos en el aire. .E.ste estado es propio de 1a imaginación poética y no es adecuado para la vida moral; todo
proyecto ha de traducirse en obra, es el resultado del esfuerzo de cada día.
Por eso la realidad dentro de la más pura doctrina aristotélica, está exigiendo
volver a ella.
Ahora bien, Aristóteles distingue dos clases de bienes: a) los bienes que
se buscan por causa de sí_ mismo; b) los bienes que se buscan por causa
de otros.
La formación de ]a personalidad moral está determinada por es.tos dos
factores psicológicos.
El hombre busca siempre su bien moral; no sería justo que el hombre olvidase sus propios bienes morales y además porque el perfeccionamiento mtelectual y moral lo ha de hacer cada hombre y lo debe hacer en su propio
beneficio personal.
Pero el bien moral no se completa, si es verdaderamente justo, si el hombre no labora además para los otros. Ya decía Aristóteles que el hombre es
un ser social. Lo observarnos desde las primeras comunidades primitivas, lo
que llaman los historiadores clases o grupos de familias que se juntan para
hacer vida social, cuyos beneficios son para todos los individuos de Ja comunidad y como defensa contra otras clases.
Este mismo ejemplo lo dan los animales. Cuando los caballos presienten
un peligro, forman un círculo con sus cabezas y patas traseras, dispuestos a
defenderse entre todos contra un enemigo común.
En primer término es el perfeccionamiento moral del :individuo y en segundo término es el P.erfeccionanúento de Ja sociedad. En el orden moral
es siempre nuestra vida una apropiación de bi.enes morales. Lo :mismo que
nos apropiamos virtudes, también nos apropiarnos vicios. La virtud construye nuestra personalidad y el vicio la destruye. El hombre debe tener salud

201

�física y mental, porque nadie desea estar enfermo. Si nos comportamos con
una mala conducta moral o una mala conducta física, entonces originamos
la enfermedad de la conciencia y del cuerpo físico.
A veces hacemos el mal en función del bien. La intención subjetiva es el
bien, pero hacemos el mal por error o por ignorancia.
El hombre busca la felicidad y la felicidad está en nosotros si hacemos
vida moral En la naturalez.a del hombre no existe la desgracia o la enfermedad, sino que existe de modo natural la felicidad y Ja salud.
La estructura moral del hombre es siempre :felicitante. El hombre proyecta
la felicidad que radica· en su propia naturaleza.
Pero existen errores en los camina1 de la felicidad. Hay hombres que buscan la felicidad como una fortuna exterior a ellos mismos. Otros la buscan
como una suerte. Los que buscan Ja felicidad en bienes materiales exteriores,
corren el peligro de que esos bienes pueden perderse.
La historia del hombre demuestra que unas veces tiene fortuna material
y otras veces es pobre. Los que hoy son pobres mañana son ricos; es una ley
de compensación de la sociedad, que en un tiempo o en otro se produce.
Si los bienes que buscamos son intelectuales o morales, la experiencia
demuestra que nunca se pierden, porque nos los vamos apropiando como un
tesoro a lo largo de nuestra vida y es lo que constituye nuestro patrimonio
no enajenable.
Otro error es buscar la felicidad en un estado puramente subjetivo o como
sentimiento psicológico de la felicidad .individual.
El verdadero sentido ético no consiste en ninguno de esos errores, pues la
felicidad únicamente puede basarse en 1a apropiación última de nuestra
mejor posibilidad en el orden moral, que es la obra del hombre en sí mismo
o la práctica de su propia posibilidad real. La posesión de bienes materiales
fiándolo de la suerte, o el creer que la felicidad es un estado contemplativo
interior, no nos lleva a la felicidad, que es siempre la realización del bien
en sí n:i.ismo y en los demás: Estas dos realizaciones morales nos las vamos
apropiando y formando parte de una segunda naturaleza moral, que es lo
que en Ja ttica llamamos la perrooalidad moral.
Se nos ocurre preguntar ahora: ¿Será la apropiación moral e] único camino para conseguir la felicidad?
Aristóteles contesta que la vida entera es como una pirámide de medios
y fines. En 1a base de la pirámide, pone los bienes que no se buscan por
causa de .sí mismo. Y en lo alto de la pirámide, coloca la vista y la .inteligencia superior del hombre, los placeres, los honores, que se buscan por
causa de sí mismo y que constituyen el supremo bien.

202

Buscar los bienes por causa de sí mismo es un anhelo perfecto, porque con
el bien propio buscamos el bien de los demás y en eso consiste la felicidad.
Establecemos una finalidad con fines distintos e iguales, puesto que la busca
del propio bien conduce al bien de los otros; es una concepción intelectual
de propósitos o de fines, en los que interviene la razón y el análisis de la
voluntad, expresando un bien de carácter único, al que lleva esa inclinación a la felicidad que buscan todos los hombres.
Aristóteles afirma que la felicidad consiste en la felicidad personal y no
en otra realidad. El hombre más se conoce a sí mismo que a los demás.
Ahora bien, la felicidad no puede ser exterior al hombre, por dos razones:
a) porque si fuera exterior no se daría una apropiación moral de carácter
íntimo y necesario, con el que nos sentimos ligados profundamente. b) porque el bien perfecto en el orden moral ha de ser autosuficiente y no necesitar nada ajeno al hombre.
La felicidad es siempre un estado de salud mental. Por eso el suicida es
un enfermo de la mente, quien voluntariamente ha cortado sus posibilidades
de felieidad. La actitud normal del hombre es la búsqueda de la felicidad.
Pero la felicidad humana es distinta de la beatitud religiosa. La beatitud
en el sentido religioso trasciende el sentido moral del hombre o está fuera
de las posibilidades de la comprensión humana. La felicidad se da en el hombre y consiste en una determinada actitud felicitante, que vamos ganando
en cada situación de nuestra vida, porque sabemos que toda situación es cambiante, pasajera, insostenihle. Y el hombre ha de entrar en cada situación
de la mejor manera posible, buscando la perfección moral.
Si la situación es desgraciada y las salidas morales están cerradas y también
las situaciones religiosas, entonces el hombre puede ejercitar un acto que es
malo en sí mismo y este acto sería el suicidio. En la muerte creerá encontrar
el suicida la evasión del sufrimiento, del deshonor y el encuentro con la paz.
Pero esta actitud representa una perspectiva errónea, porque el hombre
solamente vive una vida y en esa vida ha de realizar su obra, la que é1 libremente ha elegido, realizando su personalidad moral.
El suicidio corta sus posibilidades y e1 suicida es como un derrotado o frustrado, sobre todo pensando que una situación angustiosa, dfücil, puede traerle
una situación feliz, en que vuelva a encontrarse con la felicidad.
Las posibilidades de la felicidad son los bienes apropiables y entre ellos
son unos vividos como apropiados y son los deberes morales.
Lo que confiere a las posibilidades de felicidad su carácter más o menos
apropiado es un poder para la felicidad y una vez que la felicidad está apropiada, el hombre se siente ligado a ella.
Los deberes van unidos a la felicidad, porque no hay felicidad si no hay

203

�deber cumplido. Los deberes son imperantes y son apropiados. Su carácter
nace de la exigencia moral del hombre para cumplir su:s fines de felicidad.
Y son apropiados porque constituyen una naturaleza apropiada del carácter y lo que nos apropiamos tiene la categoría moral de apropiando.

Crítica del bien por la felicidad o de la felicidad por el bien
Manuel Kant se opone a este concepto de la felicidad aristotélica y cristiana, diciendo: la felicidad como estado que se desea o se busca, le es al
hombre natural. Lo que puede constituir un deber como proyección natural
del ser, es más bien una inclinación que está en la constitución misma del ser.
Kant y Aristóteles son coincidentes en la necesidad deJ acto moral. Kant
rechaza la ética de los bienes por la ética del deber. El bum es un hacer y
el bien es lo que se debe hacer.
o es el concepto del bien lo que determina la ley moral, sino la ley moral
la que determina el bien.
Santo Tomás dice que toda la razón de amar a Dios por el hombre, reposa
en el hecho de que Dios es el bien del hombre. El hombre encuentra su perfeccionamiento moral pensando que Dios es el máximo perfeccionamiento o
la máxima moral.

Teoría del conocimiento en la Ética amorosa
En el idioma griego existían tres formas de concebir el amor. Eros era en
el concepto platónico, o desear lo que no se tiene; el amor es siempre una
insatisfacción, un anhelo. El amor es una insuficiencia amoróSa, porque el
verdadero amor es el amor de Dios, y entre el hombre que ama y Dios, no
existe la proporción o la adecuación necesarias. El hombre es limitado y
Dios es infinito. Por eso no existe la adecuación necesaria entre la limitación
del hombre y la infinitud de Dios.
Otra forma de amor es la filia, en el concepto aristotélico, que significa
amistad, trato frecuente o cuidado por la persona que consideramos amiga.
Existen varias formas de la amistad. Una amistad desínteresada entre dos
amigos o entre dos amigas. La amistad amorosa que se produce entre hombre y mujer. Y la amistad entre países por afinidades culturales o por conveniencias económicas.
Existe la tercera forma del amor llamada agapé y que en latín se llama
dilectio; es una estimación o amor redproco. Esta forma de amor es menos
frecuente, porque el perfecto amor entre los humanos debe ser recíproco

204

y por la insuficiencia de nuestra naturaleza, esta clase de amor es sólo amor

aproximado al concepto total del agapé.
El agapé fue modificado por el cristianismo con el término "charitas'', empleado por anto Tomás y San Agustín y que significa sentimiento de uno
hacia los otros, sintiendo alegría o tristeza, si los otros sienten alegría o tristeza.
El hombre está esperanzado en el sentido de que siempre espera algo que
quisiera er realizado, y cuando lo reali7.a, surge otra esperanza de algo nuevo que piensa realizar. El hombre siempre está esperando.
Por eso el hombre es amante, porque el amor le hace ser en otro o en otros,
Así nacen las virtudes morales, porque el amor transfigura y eleva al hombre.
Santo Tomás afirma que el amor es una virtud apetitiva del bien, porque
en todo amor siempre se busca el bien. Y cuando se posee el bien, se produce
la delectación, que es recrearse con deleite en el deseo realizado. El movimiento hacia la delectación es lo que se llama concupiscencia o deseo.
El acto de voluntad pone en movimiento al deseo y es lo que se llama fruición. Pero no está sólo al final del acto, sino en la puesta en marcha y a lo
largo de todo el proceso. Por eso el amor está siempre en la base de todo
apetito. Santo Tomás considera al amor como la primera de las pasiones
irascibles.
El amor como apetito o como querencia constituye la estructura fundamental de la existencia; la vida es una suma compleja de apetitos. El hombre es
un ser insuficiente. Siempre le falta algo y siempre desea alcanzar lo que
no tiene; existe lo que se llama una actitud esperante o de esperanza, que
tanta importancia tiene en el orden moral. Cuando algo se ha conseguido,
surge una nueva esperanza para alcanzar otro objetivo, como estímulo y
razón de la existencia.
El amor es ante todo amor al propio bien amor de uno mismo, aunque no
ha de ser amor de sí mismo y menos lo que se llama egoísmo.

El auténtico amor a uno mismo es una tendencia a la felicidad y a la
busca d la perfección moral. Nadie puede onseguir Ja felicidad de otros,
sino su propia felicidad aunque pueda arudar a otros en su respectiva felicidad, como nadie camina por otro ni piensa por otro, aunque pueda ser
ayudado a bastarse a sí mismo.
El amor de sí mismo es amor de uno mismo y en este amor va incluido el
amor a Dios.
an Agustín no estable e la menor contradicción entre el amor de sí mismo
y el amor de Dios. Cuando el hombre tiene amor de sí mismo es que valora
su propia estimación personal en busca de perfección moral y el hombre es
más perfecto, en el concepto de Espinosa, cuanto más se acerque al conocimiento de Dios.

205

�Dios es el único bien supremo que pueda satisfacer el amor del hombre.
La contradicción es más bien con el amor del mundo, si se considera a
éste como bien supremo. San Agustín aseguraba que la finalidad del hombre
no es terrenal, sino celestial. El mundo puede amarse como subordinado al
amor de Dios.
El amor de sí mismo es un movimiento afectivo éticamente neutral Ya
sabemos que el amor es siempre amar a alguien o amor de algo y nunca es
amor para sí mismo, porque entonces el sentido del amor no tiene cumplimiento, aunque todos los hombres se aman a sí mismos en el sentido de que
todos quieren su propio bien.
El problema moral comienza al poner el sumo bien o la felicidad en una
realidad o en otra, en los placeres del mundo o en Dios.
Según el objetivo que nos hayamos propuesto, así serán los resultados. Si
buscamos la felicidad en los placeres del mundo, encontraremos una insatisfacción al final de nuestro objetivo.
La suma de todas las experiencias o de todas las realidades que podamos
tener como norte de nuestra felicidad, servirán para ir perfeccionando nuestra conciencia moral. Aunque el objetivo del bien como categoría suprema
siempre es ideal.
Cada hombre se forja una idea o un concepto de la felicidad y es un ser
cuyo destino está íntimamente con él y el mundo, aunque también es un ser
que trasciende el mundo. En este concepto de trascendencia puede tener o
no un carácter religioso.
Aristóteles ase¡,,aura que el vicio es contra la propia naturaleza y que el
verdadero amor de sí mismo es un amor racional de sí mismo. Este amor
constituye un principio ético fundamental, porque es la búsqueda calculada
y prudente de la propia felicidad.
Junto al amor racional de sí mismo se da también Ja benevolencia o buena
voluntad, que es una racionalizáción de la simpatía, en el sentido de sentimiento hacia los otros, como un dictado de la razón; es un amor razonable
hacia el prójimo, lo que llamaron caridad en el cristianismo y en lenguaje
civil filantropía. Los filósofos positivistas le llamaron altruismo, que es lo
opuesto aJ egoísmo.
Pero entre el amor de sí mismo y la benevolencia, encontramos un tercer
principio ético, lo que se llama conciencia moral, que es la llamada a decidir
entre el problema del yo y de los otros.
La relación justa entre el egoísmo racional y la benevolencia racional,
es el problema más profundo de la Etica.
El amor como apetito sensible, puede ser sentimiento espiritual, pero no

206

es una virtud, porque es tendencia hacia el bien o un bien que no se posee
completamente, ya que su satisfacción no satisface al apetito.
Es la idea platónica del amor, que siempre es afán de posesión de algo
que no se tiene. El deseo es siempre de bienes infinitos, y aJ ser infinito, no
puede satisfacer el apetito del amante.
El amor se distingue de la amistad, porque el amor es pasión o padecimiento y la amistad es de carácter intelectual, donde no hay padecimiento.
La amistad es desinteresada y el amor es interesado; la amistad es voluntaria y el amor es involuntario. La amistad se caracteriza por un sentido
razonable de cooperación y ayuda mutuas.
El amor busca lo que nunca acaba de encontrar, porque es inaccesihle y
el amor no tiene límites. El amor infinito es un amor que se nos da, o el
amor de Dio en nosotros, como una virtud teológica.
El amor platónico era una aspiración o una tendencia de lo inferior a lo
superior, de lo imperfecto a lo perfecto y este es el concepto que penetra la
mentalidad griega y cristiana.
La filia o Ja amistad más bien consiste en amar que en ser amado y exige
que el superior sea más amado de lo que ama.
Aristóteles se pregunta si debemos desear que los amigos lleguen a ser
dioses, porque entonces dejarian de amar a los que antes eran sus amigos.
El amor es siempre un impulso o movimiento ascendente hacia Dios. Este
movimiento ascendente es un metaxi o un demonio intermediario entre los
dioses y los hombres. Sócrates decía que un demonio le inspiraba y mucho
hay de demonio en toda aspiración amorosa, porque el amor es siempre un
deseo de tener lo que no se tiene.
Afirmación de la libertad en el hombre y conocimiento de las
decisiones humanas en la mente de Dios, en la ética de C. C. Leibnitz.

Las obras de Leibnitz son de matemáticas, de física, de historia y de filosofía.
Escribe sus Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, concebidos
como una dialéctica contra el Ensayo sobre el entendimiento humano, de J.
Locke.
En su Teodicea se fundamenta 1a Etica. Justifica la existencia de Dios,
tratando de conciliar la bondad y la omnipotencia divinas con la libertad y
la maldad humanas. Esta idea fue tomada de Luis de Molina, que vivió
en el siglo XVI.
En su libro Discurso de Metafísica plantea los principios de la naturaleza
y de la gracia, fundados en la razón.
207

�En su pequeño libro Monadología habla de unidades filosóficas, llamadas Monadas, del mismo modo comparativo que existen células en el organismo biológico y el con junto de las células forman la armonía de los organismos vivos.
Leibnitz toma como punto de partida la filosofía de Descartes, aunque
oponiéndose a ella. Descartes decía que el ser era pensante y extenso. Pero
el mundo físico era e&gt;..1:ensión, concebido como algo estático. La energía o la
fuerza le parecía a Leibnitz confusa, oscura incapaz de traducirse en conceptos geométricos y el movimiento era posición de un móvil con respecto a
un punto de referencia y los puntos eran intercambiables. Podría ser demostrado geométricamente, pero no moralmente.
Por eso Leíbnitl: asegura que 1a Física cartesiana es estática geométrica y
que un movimiento no es sólo un cambio de posición, sino algo vivo y Teal,
producido por una fuer1..a. El concepto de fuerza para Leibnitz era un ímpetu, un conato y esta idea de fuerz.a es fundam ental en la física y en la

metafísica.
La naturaleza de Leibnitz era concebida como una idea dinámica. Desde
Grecia era la naturaleza principio de movimiento.

MonadtJS. La estructura metafísica del mundo está constituida de unidades formales, llamadas "Monadas". Monas en griego significa "unidad".

hablarse, sin embargo, de percepción y de apercepción. Es el nusmo caso
de 1as monadas.
~s formas _supe~iores de las monadas tienen conciencia y memoria, bajando
hac1~ grados 1nfenores de monadas donde se pierde la conciencia y la memona hasta llegar a un estado inconsciente.
Todo Jo que acontece a la Monada surge del mismo ser de sus internas
posibilidades, sin ninguna intervención e&gt;.'terior.
'
~e~bnitz da a _la _subs~cia un carácter individual, el mismo que le daba
Anstoteles. Y Le1b01tz a!mna que existe una absoluta pluralidad de substancias monádicas, quienes encierran en sí mismas la totaljdad de sus posibilidades ontol6gicas.

La armonía pre-establecida por Dios
Dios ha establecido un orden para cada monada y que unido al orden de
las ot~as monad~, forman u~ armonía general, dentro de su soledad y
de su independencia. La armoma pre-establecida sólo pudo haberla hecho Dios.
Dios ha creado primero el alma o bien otra unidad espiritual de modo
que todo nazca de su propio fondo. Las substancias individuales deben tener
una comunicación entre ellas. Plantea un problema idealista en Descartes
en Espinosa y en Leibnitz Ja comunicación de las substancias. Julián María~
lo e~resa por medio de la metáfora del relojero.

Las monadas son las sustancias simples, sin partes, que entran a formar los
compuestos. on los elementos primarios y formativos de las cosas, rigurosamente indivisibles, es decir, son átomos y por lo tanto no tienen extensión.
La monada es un átomo formal, no material. Las monadas no pueden
corromperse porque la corrupción significaría que eran materiales. o pueden perecer por disolución ni comenzar por composición, puesto que el compuesto es diferente a la unidad. La monada llega a ser por creación y deja
de ser por aniquilamiento.

En Baruch Espinosa se afirma que no hay relojes, sino uno, con dos esferas
au~~ue con Ja Dlism.a maquinaria. Estas dos esferas son el pensamiento y J~
accion, o los dos atnbutos de la Substancia única que coinciden con Dios.

Las monadas no tienen ventanas, puesto que entre ellas no existe comunicación y no hay nada que irúluya en la otra. Las monadas tienen cualidades
propias y son distintas entre sí por lo tanto; cambian de un modo continuo,
no por extensión de más a menos o de menos a más. Más bien cambian por
despliegues de sus propias posibilidades internas.

. En Leib~tz los relojes son machos, sin relación entre ellos ni el relojero
nene_ ne~:51da~ ~e ponerlos ~onstantemente en hora; en virtud de su propia
constltuc10n d1vma, los reloJes marchan de acuerdo armónicamente. esta
armonía general de todos los relojes o de todas las monadas es lo que '11ama
Leibnitz la armonía pre-establecida.

La monada es fuerza representativa, energía. Cada monada representa el
Universo entero desde su propia visión y son insustituibles.

Cómo actúa Dios dentro de las monadas

Ahora bien, no todas las monadas tienen la misma jerarquía o graduación
y reflejan el universo por lo tanto con distintos grados de claridad, lo mismo
que los peces viviendo en el fondo de los océanos, a los que no llega la luz
del Sol y son ciegos, aunque de ello no tengan conciencia y memoria. Puede

Todas las cosas las sabemos o las conocemos por Dios y no hay causa externa que actúe sobre nosotros, excepto DioS", quien se armoniza con nosotros
por nuestra continua dependencia de su voluntad. Las ideas de todas las

208

~ Descartes el relojero es Dios, quien da cuerda constantemente a dos
reloJes y que son los atributos del pensamiento y Ja extensión. Entre ellos
no hay relación directa alguna y es Dios el que establece las relaciones.

209
Hl4

�cosas están en nosotros, por la acción continua de Dios. Todas las monadas
están en comunicación directa con Dios, pero no lo están entre ellas. Solamente están abiertas a la diufoidad.
Nos valemos de Dios para probar la existencia de las monadas. Si Dios
no existiera, no podríamos probar nada sóbre las monadas.
Leibnitz toma la prueba ontológica de San Anselmo, donde prueba la
posibilidad de la existencia de Dios: porque la mente humana puede concebir un ser infinitamente omnipotente y bondadoso, podemos probar que
Dios tiene existencia.
Dios es el Ser A SE. Dios no encierra ninguna negación ni contradicción
desde el punto de vista lógico y entonces concluimos que Dios existe.
Si no existe el ser necesario a se, no son tampoco existentes los seres posibles, pero los seres posibles existen. Antes de que el Ser sea, ya hay una
posibilidad de su e.'tistencia en la mente de Dios. Existe el ser A SE, luego
hay algo que existe y ese algo es Dios.
Aceptada así la existencia de Dios, tienen existencia las monadas, con la
razón de ser que antes hemos explicado.

Posibilidad de una teoría del conocimiento de las monadas
Leibnitz distingue dos facultades de la inteligencia: percepción y apercepción.
Las percepciones no son siempre iguales. Pueden ser claras y oscuras, distintas y confusas. La jerarquía de las ideas es siempre una función superior de
la inteligencia y la sensación es una impresión. La verdadera idea es una
abstracción de la realidad o una elaboración del pensamiento que transforma
la realidad en categorías intelectuales.
Cuando ]as percepciones se presentan con claridad y conciencia, acompañadas de la memoria, se llaman apercepciones.
Las apercepciones son propias de las almas. Pero dentro de ]as almas existe
una jerarquía, puesto que no todas las almas tienen el mismo grado de apercepción. Por medio de las apercepciones, el hombre llega a conocer ~erdades
universales y necesarias, tales como las leyes generales de la matemática o de
la abstracción filosófica.
Puede hablarse entonces de razón superior y el alma es espíritu; en la cumbre jerárquica de las monadas está Dios, que es el acto puro en sí mismo.

210

Verdades de razón y verdades de hecho
Las verdades de razón tienen una categoría lógica y son necesarias, elaboradas por el pensamiento. Las verdades de razón no pueden concebirse que no
sean como son. Están fundadas en el principio lógico de contradicción.
Las verdades de razón son evidentes, a priori y fuera de la experiencia.
Un triángulo es la figura de tres lados y tres ángulos y la suma de los tres
ángulos de un triángulo es igual a dos rectos.
Las verdades de hecho no se pueden justificar a priori y se fundan en el
principio de razón suficiente.
El General Zaragoza venció a los franceses en Ja batalla de Puebla: es una
verdad de hecho, que requiere co1úirmación histórica. Pudo ser el General
Zaragma o el General Porfirio Díaz.

El innatismo de las ideas
Todas las ideas proceden de ]a interna actividad de las monadas y no se
adquieren por la experiencia, ni su conocimiento es recibido desde fuera. Conocemos lo que ya está en nosotros. Por eso para Leibnitz las ideas son innatas
y tienen su origen en la propia mente del hombre o en la fuerza representativa
que las produce.

La Etica de Leíbnitz se fundamenta en este innatismo de las ideas. Las ideas
morales están ya en el hombre, no necesita del conocimiento exterior, sino
sólo hacerlas conscientes en sí mismo. Es un apriorismo ideológico que recuerda a Platón.

La Teodicea de Leibnitz

La Teodicea es w1a ciencia filosófica que pretende por medio de pruebas
racionales demostrar 1a existencia de Dios. A su Teodicea le pone Leibnitz el
siguiente subtítulo: Ensayos sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre
y el origen del mal.
En la Teodicea se encuentra el fundamento de la Etica.
Dios es omnipotente y bueno, pero existe el mal en el mundo. El hombre
es libre y responsable, pero todo lo que le ocun-e al hombre, está incluido previamente en la. monada. La Monada divina conoce lo que ha de acontecer al
hombre antes de que acontezca.
Es lógico preguntar a Leibnitz: ¿ cómo es posible la libertad y responsabilidad del hombre, si Dios sabe lo que el hombre ha de hacer en todo momento?

211

�¿Acaso Dios se complace con crueldad en que el hombre realice la maldad
para después sancionarle?
Leibnitz contesta : El hombre puede en su libertad hacer el bien o el mal.
Y cuando hace el mal, el hombre encuentra en su propia experiencia las
consecuencias del acto malo y sufre el dolor del mal. Pero con la e::,,.-pedencia
del mal, se eleva e11 el camino del bien. Lo que se regala no tiene mérito y lo
que se gana con e.l esfuerzo diario, a veces con dolor, es mucho más importante.
La Etica de Leibnitz concluye on esta idea : el hombre es libre y responsable y Dios conoce todo lo que va a suceder; todo está previsto en la Monada divina.
La idea de Leibni12 es optimista. El hombre tiene en sus manos 1a belleza
y la feliciclad y el mundo que conocemos es el mejor mundo de los posibles.
Tres males le ocurren al hombre para hacerlo mejor :

humanas. El hombre es libre, porque puede escoger entre todos los caminos
posibles, después de deliberar. La pre-ciencia divina permite que Dios pueda
ver el ser de las monadas, sabiendo lo que ha de acontecer en todo tiempo y
lo que han de hacer.

Leibnitz toma estas ideas de su Elica de Luis de Malina, que vivió en el
siglo XVI.
Ahora bien, para Leibnitz, Dios tiene tres tipos de ciencia:
A) Ciencia de la pura intelección, por la que Dios conoce todas las cosas
posibles. Antes de que las cosas sean en la realidad, lo son como posibles en
la mente de Dios.
B) Ciencia de la isión, por la que Dios conoce las cosas reales, las que
antes fueron posibilidad y hoy son actualidad.

A) El mal metafísico, que consiste en la imperfección del hombre y en la
finitud del mundo y del propio hombre. Hoy vemos a un hombre y mañana
dejamos de verlo, porque su vida ha terminado. El mundo que conocemos
no fue igual para los hombres del pasado, ni será igual para las generaciones

C) Ciencia media o ciencia de los futuros condicionados, los que se llaman futuribles. Los futuros condicionados serán si una condición determinante
los produce, sin que esta condición sea puesta por Dios, para que el hombre
tenga libertad.

del futuro.
B) El mal físico, que consiste en el dolor o en las desgracias de toda naturaleza. El hombre puede estar mutilado, perder algunas de sus facultades fí.
sicas o tener dolencias de sus órganos corporales.
C) El mal moral, que consiste en la maldad, la perversidad o el pecado,
como transgresión o quebrantamiento de las leyes morales.
El mal metafísico es la imposibilidad de que el mundo sea infinito para el
hombre, como infinito es para su Creador.
El mal físico se justifica para dar lugar a merecimientos más altos en el
orden moral. La adversidad o el infortunio originan la fortaleza de ánimo, la
firmeza de carácter, el heroísmo la abnegación.
La vida no es mala y hay mayor placer que dolor. El mal moral es más bien
un defecto, algo negativo y Dios no quiere el mal moral, pero lo permite para
alcanzar otros bienes mayores en el orden moral.
No conocemos los planes totales de Dios, ni la totalidad de sus designios,
pero como Dios es omnipotente y bueno, e] mundo es el mejor de los mun-

Por la primera ciencia, Dios conoce todas las cosas posibles. Admite la comparación con la con-iente de un río, cuya corriente es una potencia dinámica
capaz de transformarse en energía eléctrica. La posibilidad es siempre una

dos posibles.

Teoría del conocimiento sobre la libertad de las monadas

potencia de ser.
Una potencia de ser

Por la segunda ciencia, conocemos nuestro mundo de realidad, entre otros
mw1dos de realidad que no conocemos, aunque para Dios sea posible todo
conocimiento.
Por la tercera ciencia, Dios conoce los futuros condicionados, los casos que
serán, si se pone Wla condición. Dios conoce lo que haría la voluntad libre, pero
prefiere la libertad en la acción, para que el hombre sea premiado o castigado
en él mismo.
Dios crea a los hombres y los crea Ubres para que obren libremente y son
determinados por Dios a existir, porque en la existencia se da la vida moral.
Dios permite que el hombre pueda pecar, porque es mejor la libertad que
1a falta de libertad. El pecado es un mal posible, que condiciona un bien superior en el orden moral.

Las monadas son espontáneas y nada externo puede coaccionarlas ni obligarlas a nada. Pero no son libres. Les hace falta la deliberación y la decisión

212

213

�Negación de la libertad PM indemostra.ble en
la filosofía de Mam,.el Kant

Manuel Kant adopta ante todo una actitud o examen crítieo de la Filosoña.
Pretende tener un conocimiento científico de la Metafísica, empleando los propios métodos de la ciencia. positiva. Para Kant es la Metafísica un conocimiento
puro, dado a priori, con independencia de la experiencia. Pero el conocimiento
de la realidad únicamente es posible cuando a los principios formales se les
jlUrta Ja sensación o la experiencia. La Metafísica antes de Kant era formal y
a priori. Kant quiere completarla con elementos a posteriori, es decir, basados
en la experiencia.
¿ Será posible tener conocimiento de Dios en un orden científico, lo mismo
que lo tenemos de la Historia natural o de la ciencia física-química?
En la Dialéctica trascendental plantea el problema de si es posible esa Me' tafísica, que no ha encontrado el camino seguro de la ciencia. La Metafísica
anterior a Kant intent6 tener un conocimiento real, a priori, del alma, del
mundo y de Dios, que son oonocimientos más allá de toda experiencia posible.
Y aquel intento fue un fracaso.
Los temas fundamentales de la Metafísica tradicional fueron ]a inmortalidad
del alma, la libertad del hombre, la finitud e infinitud del mundo, la existencia de Dios.
Esos temas eran logrados en su conocimiento como síntesis infinitas del razonamiento, pero el hombre no puede tener las condiciones necesarias para
tener intuición de ellos. Es decir, no puede tener conocimiento científico de
la Metafísica.
Kant examina las demostraciones de la Psicología racional, las antinomias
de la cosmología racional y los argumentos de la teología racional, tales como
la prueba ontológica, la prueba cosmológica y la prueba físico-teológica de la
existencia de Dios. Pero ninguna de esas pruebas tiene validez suficiente, porque no se basan en la experiencia, sino en la especulación teórica.
El argumento ontológico de San Anselmo se funda en la idea del ser como
predicado real, pero Kant no acepta que el ser teórico tenga un predicado real.
Kant afirma que todo lo existente no contiene nada más que la cosa pensada. El ser no puede ser un predicado real El ser será un predicado trascendental, pero no un predicado real.
La Metafísica tradicional tomaba al ser como real y admitía las pruebas
ontológicas. A esa actitud la llama Kant dogmatismo y es ignorancia del ser
como trascendental. La Metafísica no es posible como ciencia especulativa.
Sus temas no entran en la ciencia, pero quedan abiertos a la fe.
Renunciamos al saber científico y aceptamos la creencia Manuel Kant,

214

como otro hombre cualquiera, lo que pretendía en oplllion de Miguel de
Unamuno, era salvar el principio divino como postulado.
El hombre tiene una tendencia natural a buscar lo absoluto. Los objetos
de Ja Metafísica son más bien ideas o nuevas categorías superiores, logradas
en síntesis de juicios, aunque de ellas no tengamos intuición y las regulamos
con el pensamiento.
Ahora bien, el hombre debe comportarse como si su alma fuese inmortal
como si fuese libre o como si Dios existiera, aunque con la razón teórica n~
pueda demostrarlo.
Las ideas trascendentales tienen validez hipotética en la razón especulativa
y son además postulados de la razón práctica. Aquí surge el conocimiento
moral, que no es especulativo, sino práctico. La Etica kantiana es una vivencia autónoma de la moral.
Kant distingue el mundo de la naturaleza y el mundo de la libertad. La
naturaleza está determinada por la casualidad natural y en eJ hombre está
determinda por 1a cualidad de la libertad.
El hombre es una naturaleza física y psiquica, sometido a las leyes de 1a
materia y del espíritu; es lo que llama Kant el yo empírico.
La materia obedece a las leyes de la gravedad, la voluntad es movida por
los ímpu~s y no es libre. Pero al yo empírico se opone el yo puro, que no
se determ.ma naturalmente, sino por las leyes de la libertad. El hombre como
ser racional pertenece al mundo de la libertad. Pero la razón teórica no puede
penetrar en ese mundo, no puede conocer la libertad tal como sea en sí misma.
Y se pregunta Manuel Kant: ¿Dónde encontrar entonces la razón de la
libertad? Y se contesta: Unicamente en el hecho de la moralidad. Ahora aparece Ja Razón Práctica, que no se refiere al ser, sino al deber ser. No se trata
ahora de un conocimiento especulativo, sino de un conocimiento práctico
de la moral.

El hecho de la moralidad
Manuel Kant renuncia a la razón teórica y acepta postulados, que no son
demostrables, pero que tienen una evidencia absoluta, inmediata, irrefragable
para el sujeto que los vive. Y esos postulados son admitidos de un modo incondicionado. Kant se encuentra con un hecho, que es el · punto de partida
de su Etica: La, moralidad y la conciencia del deber. El hombre se siente
responsable ante él mismo y ante la sociedad, siente el deber o la proyección
de su vida moral, exigida por su voluntad. Pero este sentimiento del deber
y esta conciencia de responsabilidad suponen que el hombre es libre. Más
bien es una idea especulativa, pero demostrable por 1a razón teórica.

215

�Por esta idea regulativa el hombre obra como si fuese libre y la libertad
aparece como algo absolutamente cierto, exigido por el imperativo del deber,
aunque no podamos saber cómo es posible.
Y se llega a esta conclusión: el hombre como persona moral es libre y la
libertad es un postulado de la Razón Práctica.
La inmortalidad del alma o la existencia de Dios, que no se podían probar
en la Crítica de la Razón pura, se constituyen ahora en postulados de la
Razón Práctica.
Los objetos de la Metafísica son ahora para Kant ideas teóricas regulativas y postulados de la Razón Práctica. Y en este doble fundamento se basa
fa Etica kantiana.
El imperativo categórico
En la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres se plantea el
problema de la Etica, como bien supremo. Los bienes pueden ser bienes en
sí mismos y bienes en relación con otros. Lo único que es bueno en sí mismo
es la buena voluntad; el problema de la moral no estriba en las acciones, sino
en la voluntad que mueve a esas acciones.
Se construye una Etica del deber ser y una Etica imperativa, que obligue
a la realización moral. Se busca un imperativo que obligue, pero la mayoría
de los imperativos se sirven para la Etica. Son hipotéticos o dependen de una
condición. Así por ejemplo: obra bien y ganarás el cielo. El obrar está condicionado por la ganancia celestial.
Se necesita un imperativo categórico que obligue sin condiciones. La obligación del imperativo categórico debe radicar en él mismo. El bien supremo
es la buena voluntad y la calificación mornl de una acción cae sobre la buena
voluntad con que ha sido hecha, no sobre la acción misma. Es la buena voluntad que lo quiere por puro respeto al deber. No tiene valor moral una
acción si la hago porque me gusta, por un sentimiento, por un temor. Solamente el puro sentimiento del deber.
El imperativo categórico se expresa con diversas formas, pero su sentido
radical es como sigue: obra siempre de tal modo que tu obrar sirva de 11orma
para una legislación universal.
Ahoza bien, la Etica kantiana es autónoma, o que el legislador de la moral
es el propio sentimiento individual del deber, no por algo ajeno al yo mismo.
La Etica es formal, no material, puesto que no determina una acción en su
contenido, sino la forma de la acción: obrar por exigencia del deber, cualesquiera que sean las acciones.
Se debe hacer lo que _se quiera, no lo que desee, apetezca o convenga, sino

216

lo que quiere_ Za voluntad racional. Que el hombre sea libre, que sea autónomo,
que no se deJe obligar por causas ajenas a su propia voluntad, que es la que
da sus leyes a sí misma.

La persona moral
La Etica kantiana es una definición de la persona moral. Una Etica es
una Ontología_ del hombre, para que el hombre realice su esencia, para que
sea ~º. ser racional. La Etica kantiana no se refiere al yo empírico, ni a las
c?ndic1ones de la especie humana; es una Etira del yo puro, de un ser raCIOD:11 puroJ puesto que el hombre como yo empírico está sometido a la casualidad natural y pertenece al reino de los fines. Y en la Etica kantiana todos, los. hombres son, fines
en sí mismos. La inmoralidad es tomar al h omb,re,
..
a s1 rmsmo o al propmo, como medios para algo, puesto que el hombre es
un fin en sí mismo.
Precisiones sobre la Etica kantiana

La~ ~tica kantiana es el fundamento mismo de su filosofía y el imperativo
categonco es el problema de la moral, planteado en su Fundamentación de
la Metafísica de las Coshtmbres. Culmina en el concepto de persona moral 0
una Ontología del hombre, basada en la Etica. La persona moral es autónoma . Y no heterónoma. La ley moral está dictada por la conciencia moral
del SUJeto y no por algo ajeno al yo personal y que se tradu~ en una buena
volunta~ o un deber ser. El imperativo categórico se expresa en este apotegma:
Obra siempre de manera que tu conducta sirva de norma para una legislación universal.
El hacer o la praxis tiene primacía sobre la teoría. Por eso la Metafísica
de la Razón pura, termina en una filosofía moral de la Razón práctica.
Los bienes son en sí mismo y no en algo fuera del hombre. Por eso el
hombre debe realizar su esencia, realizando lo que es en sí mismo en verdad
como ser racional.
'
Las ideas de libertad y hacer son necesarias para la vida moral. La conciencia de la libertad la adquirimos, porque la libertad es la razón esencial
de la ley moral y la ley moral es la razón del conocimiento de la libertad.
Si no hubiera libertad, no podríamos hablar de ley moral. Las ideas de Dios
y de inmortalidad del alma, no condicionan la ley moral. La ley moral está
condicionada por la aplicación de la voluntad al deber ser. La moral está
determinada por un objeto que le es dado a priori, el Bien Supremo, que

217

�condiciona una necesidad legal de suponer algo, sin lo cual no puede suceder
Ja intención de hacer y dejar de hacer.
El concepto de libertad se hace realidad por una ley apodíctica de la razón
práctica. Gracias a la realidad de la libertad los conceptos metafísicos de Dios
y de inmortalidad, toman existencia y realidad objetiva, y la ley moral es
real manifestada en la libertad de las acciones. Y dice Kant: ''La ley moral
es la' condición para tomar conciencia de la libertad, puesto que la libertad
es la razón esencial de la ley moral y la ley moral la razón para el conocimiento de la libertad".
La dialéctica kantiana sobre la ética tiene este doble concepto: Las categorías en su realidad objetiva que se aplican a los noumenos, negados en el
concepto teórico y afirmados en el práctico. Y la exigencia paradójica de
hacerse a sí mísmo noumenos, como sujetos de la libertad y al mismo tiempo fenómenos en relación con la naturaleza, en su propia conciencia empírica.
Asegura Kant que el concepto de libertad es la piedra de escándalo de los
empiristas, pero también la clave para los principios prácticos más sublimes
de los moralistas críticos. Estos últimos comprenden la necesidad de proceder racionalmente.
En la fundamentación de la Metafísica de las Costumbres debió fijarse
antes el concepto del bien que el principio moral. Fue una crítica que se
hizo a Kant. Debió hacerse una idea del todo y sobre ella, en una facultad
de la razón pura, todas las partes en sus mutuas relaciones, derivándolas del
concepto de ese todo.
Pero Kant asegura que no hay en absoluto un conocimiento a priori ni
puede haberlo. Podemos decir que conocemos algo con la razón, cuando tenemos conciencia de que habríamos podido saberlo, sin que se nos hubiera
presentado en la e,q&gt;eriencia. Por eso conocimiento racional y conocimiento
a priori es lo mismo.
Lo que importa aquí es hallar la diferencia de imperativos en motivos de
determinación problemática, asertórica y apodíctica. Y en las ideas morales de perfección práctica de distintas escuelas filosóficas, distinguir 1a idea
de sabiduría y santidad, llegando a la conclusión objetiva de que en el fondo
son idénticas.
No por el hecho de que se tenga universalmente por verdadero un juicio,
se demuestra su vaJidez objetiva o su validez como onocimiento, puesto que
sólo la validez objetiva constituye el fundamento de un acuerdo necesario
uní ersal.
En el uso práctico de la razón, nos ocupamos de los motivos determinantes
de la voluntad, como facultad que produce objetos de representaciones o se
determina a sí mismo E~ª lograrlos, determinando su causalidad.

218

El uso de la razón pura
únicamente inmanente y sirve de fundamento
al uso práctico. En la razón especulativa, empezábamos con los sentidos y terminábamos en los principio ; en la razón práctica, empezamos con los principios y pasamos a los conceptos y de ahí pasamos a los sentidos.
Ahora bien, son juicios subjetivos cuando son válidos para la voluntad del
sujeto, y objetivos, cuando son válidos para la voluntad de todo ser racional.
La regla práctica es producto de la razón, ya que señala Ja acción para la
real.Í7.ación de un propósito. Si decimos a alguien que no prometa nunca en
falso, es una regla prácticamente acertada y es una ley porque es un imperativo categórico.
En Ja Conclusión de la Razón práctica ante la imposibilidad del conocimiento metafísico, asegura Kant: Dos cosas me llenan de admiración y respeto: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral que hay en mí. (El primero
es la experiencia y el segundo es e] conocimiento a priori).
Y dice te.xtualmcnte: "La primera arranca de] sitio que yo ocupo en el
mundo sensible externo, y ensancha el enlace en que yo estoy hacia la inmensamente grande con mundos y más mundos y sistemas de sistemas, y además
su principio y duración hacia los tiempos sin límites de su movimiento periódico.
"La segunda arranca de mi yo invisible, de mi personalidad, y me expone en
un mundo que tiene verdadera infinidad&gt; pero sólo es captable por eJ entendimiento y en consecuencia al mismo tiempo también con todos los demás
mundos visibles y me reconozco enlazado, no de modo puramente contingente, sino universal y necesario".
Pero el cielo terminó en Astrología y la moral terminó en exaltación y
superstición. Conocimiento puro quiere decir cierto o científico. Tomemos
los ejemplos de la razón que juzga la moral. Busquemos los conceptos elementales y empleemos un procedimiento análogo al de la química y separemos lo empírico de lo racional y sometámoslo a la piedra de toque del entendimiento. La sabiduría consistirá en Jo que debe hacerse y lo que podemos conocer.
La ciencia buscada con crítica y con método nos conduce a la sabiduría
moral. Pero la ciencia debe tener siempre como guardiana a la filosofía.
Las leyes morales provienen de una legislación de la propia voluntad. Por
eso el imperativo categórico y la moralidad nos preocupan, porque son cosa
propia y nos pertenecen. La Razón Práctica solamente tiene valide-L inmediata para el yo y se detennina a sí misma. Kant establece I primado de la
Razón Práctica sobre la especulativa, siendo anterior y superior a esta última.
Lo primario en el hombre no es la teoría, sino la práctica, un hacer de la
persona moral, entendida como libertad.

219

�Negació11 de la libertad en la Etica de Baruch Espillosa
Baruch Espinosa nace en el siglo XVII y s un judío español emigrado a
Holanda. Gran parte de familias judías españolas se refugian en los Países
Bajos y d sde allí continúan su creación humanística.
La Filosoüa ética de Espinosa representa la expresión más pura del pan·
teísmo filosófico de Occidente.
Este filósofo afirma que solamente existe una Substancia úrúca, que es Dios,
entendiendo a Dios como la misma naturaleza: Sive Deus, Sive natura. O
Dios y naturalez.a en la misma ubstancia.
Una idea semejante la expresó Descartes, al afirmar que solamente existe
una ubstancia que es Dios y dos ubstancias además que son la sub tancia
pensante y la substancia extensa.
La substancia pensante es el hombre que puede compr nder y la substancia
extensa es la cosa que puede ser comprendida.
Pero Espinosa difiere de Descart al definir la substan ia como aquello que
es en sí mismo y para sí mismo, o aquello uyo concepto no necesita de otra
cosa para ser conocido.
La ubstancia de Espinosa
una ubstancia Unica, que lo informa todo,
que lo penetra todo, que lo mismo está n la hoja de un árbol qu en el fulgor
de una estrella, en la vida de las plantas y de los animales y en el pensamiento
del hombr ; es como un gigantesco cuerpo, sin medida, donde se hallan
incluídos todos los seres exist ntes y Dios mismo.
Podríamos preguntarnos que si e.xiste una ubstancia única en el orden
mental, ¿ qué son todas las cosas que no sean en la mente que piensa?
o hay nada fuera de la Substancia. Espinosa di.e qu todos son atributos
de la ubstancia única, aunque el atributo no quiere decir que ~ diferente de
la Substancia; es como el árbol que conocido en su conjunto le llamamos
árbol, pero el árbol tiene tronco, ramas, hojas, flores y frutos; todo esto que
son onceptos de partes del árbol, suman un todo que es el árbol.
La mente pensante percibe los atributos como onjuntos de la esencia única
que en todos
encuentra; existen infinitos atributos, como infinita es la naturaleza e infinita es la mente de Dios.
El intelecto del hombre solam nte conoce dos atributos: el pensamiento }'

la acción.
Sin el pensamiento del hombr no podríamos onocer a Dios, ni podríamos
con er la naturaleza, pero cJ hombre al pensar solamente conoce lo que ya
está en él, aunque sea desconocido mientras no se conoce; en realidad lo que
conoce es su propia naturaleza, como parte de la naturaleza divina, en que
el hombre al

220

onocer es uno con la Divinidad.

Tiene cierto paralelismo con el filósofo Plotino de AJ . d ,
.
maba · el h b
·
eJan na uando af1r. . . om re ,·1 ne de Dio. y vuelve a Dios. es un orden de , olución

~:! t:m~;:

yald:::: ~ al hombre y a la naturaleza toda, pero el destino
os seres, es volver a la patria divina de origen y set _
rse otra vez en la naturaleza de Dios.
l
. _os tpe1n;:t~íamos esta comparación: es como una prlota qu en tm momuen o re eJo fuese lan7.ada contra Wl muro y después rcrn-r
1 •
hombre que J h I
d
o-- sara a rru.smo
ª
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o,
para
volver
a
lanzarJa
de
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.
mi t
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nuc, o, en un monc_~ o circ . r,. en que la propia acción del hombre es absorbida por 1
ti

acc1~n o movuruento del que la ha ejecutado.
a
Dios es la identidad absolutamente · f •
de inf ·t
ºb
m mita o 1a substancia Uni a que con ta
El
~::~t:;: :~ de éstos expresa una en ia etern~ e infinita.
Tod C
e as partes y la suma de las partes forman cJ
. o. omo cada parte es un dc-stello de la misma Substan . U .
.
c1pa de su misma n tur I
c.ia mea y parhtodas las
f
a a~' n cada parte hay una expresión del Todo y
L , _partes orm.an en_Junto la ausa Unica que es Dios o la Natural~a
a uruca substan ia posible es ]a identidad neC'esaria A SE
, . .
y se identifica con Ja ubsta •
.
,
o
por
s1 misma
neta mea.
La Sub 'tancia
· A S'E
nec idad de otron:=p1:, • • ,len_ eltiII~ _encuentra su propia ju tificación, sin
.
.
que a JUS 1que.
La u~ tan J~ Umca tiene una naturaleza singular y no admite &gt;lu .
porque s1 es Umca no euede ser dos o más.
1 raüdad,
. de Dio. y n·
• Los atributos d la , ubstancia son lo atrºb
1 u tos .m r·1mtos
,gua~ a la ubstancia única, que es la aturalc-za.
ios
. Dios es naturaleza y la Naturale7,a es Dios, expresada en I f
S1ve Natura.
a rase ive Deus,

;:t: ::

La idea de aturaleza tiene un doWe sentido:
A) Todas las cosas proceden de Di .
B~, Dio no enge~dra nada distinto de su propia naturaleza.
As, pod_ emos explicar por qué Dios está lo mismo en la P ·1edra que en cl
d h
pensanuento el ombre.
Todo es ~íos y los atributos son manifestaciones de Dios; todas las cosas
brotan de Dios o proceden ele Dios.
La filosofta de · spinosa es panteísta, que quiere de ir aceptación d Dios
en la naturaleza, orno suce&lt;le en el "V danta" ind"
1
,
filosofías orientales.
io o en a mayona de las
¿Existe una omunica ión de los distintos atributos con la ub tan · ? n
díamos prcgu t
Q , 1 .,
c1a . .co' ,
n ar: ¿ ue rc_ac1on
tiene? o hay pluralidad de ubstantia; no
ha} mas que un~ ~~tanc,a con dos atributos: el pensamiento y la acción.
o hay comurucac1on de los atributos con la Substancia
pe ro s1, J1ay corr .
'

221

�f
pondencia. La correspondencia de unos atributos y otro de la . ub·tancia, está
determinada por la mayor o menor jerarquia que en la naturaleza tienen.
o es lo mismo la piedra que la planta, no es lo mismo la planta que el
animal, no es lo mismo el animal que l hombre. El hombre constituye dentro
de la naturale:za el atributo superior o más rcano a la • ubstan ia única.
Podemos pensar que el orden ideal es el mi mo que el real, pero en este
caso no se trata de especular sobre una realidad ideal, sino de la realidad
misma, porque idea y naturaleza es lo mismo y no cabe separación.
La filosofía de Espinosa viene a negar la filosofía de Aristóteles, o cuando
dice que Dios es trascendente al hombre o inmanente al hombr . En Espinosa
el ser no es creado por Dios, sino que participa de la naturaleza de Dios; todos
los seres que forman la naturaleza son partículas de la Substancia únira, }'
todas las partículas sumadas constituyen la naturaleza ele Dios. Una partícula
no es Dios, aunque partici_ec de la naturaleza de Dios; todo es naturaleza y no
tiene sentido oponer la naturale?.a al espíritu. Por eso el espíritu del hombre
o la piedra están onstituidos por la misma naturaleza de Dios.
El hombre es pensamiento y el pensamiento es tan naturaleza como la piedra.
El hombre es un modo de la Substancia, una simpll' modificación de Dios,
con los dos atributos de acción y pensamiento. Los seres de la naturalc--a son
cambiantes en sus formas, pero no lo son n su substancia que es eterna. n
hombre na e y muere, pero otro nace con otra forma aunque semejante. La
forma ha cambiado, pero la sustancia del hombre se renueva siempre en su
propia eternidad. Igual sucede con todos los seres. La piedra que hoy vemos
formando parte de una montaña rocosa, en el futuro, esta pied1·a será polvo,
y el polvo de dicha piedra podrá otra vez volver a ser piedra y formar parte
de otra montaña rocosa. La idea de la piedra como ubstancia es lo que permanece y sus formas son cambiantes, igual que la de otros St&gt;res.
Espinosa dice que el hombre tiene uerpo y alma; el alma es la idea del
cuerpo, porque un cuerpo sin alma no tendría movimiento, ni estaría animado
por la fuerza penetrante del espíritu divino, el que le anima; todas las formas
de la naturaleza, aunque en distinto grado tienen la misma substancia y el
mismo modo de ser.

Cuanto. más sa~io es un hombre, es más libre, porque tiene menos necesidad Y la 1gnoranc.aa le crea la esda,,jtud. El propio Espinosa dio tm ejemplo
con _su conducta: hebreo de raza, conservó siempre u espiritualidad indepen~ente y fue expulsado de la comunidad hebrea ganándose mod tamente
su VIda como tallador de vidrios para ópticos.

Existe un paralelismo entre el alma y el ucrpo, uya existencia es inseparable como Substan ia eterna. El cuerpo no sería, si cl alma no le diera la forma.

En esta idea de la libertad, sólo Dios es libre y su libertad se reparte entr
todos los atributos de la naturaleza.
e

Antes de que las cosas sean, ya son en la mente de Dios, y antes de que el
cuerpo sea, ya está prefigurado en el alma. El alma configura, conforma y
da el ser al cuerpo.
Todo lo que acontece en el hombre con sus propias pasiones, es naturaleza
y sigue el cur.;o de la naturaleza.
A los otros seres, en duerente gradación, les acontece lo mismo. La planta

222

tiene un m taboli mo_ d~ su savia que determina su crecimiento y es lo que
de_be ser e~ el cumpluruento de su naturaleza divina. Pero en todos Jos seres
existe la libe~d como una necesidad de su naturale7.a, y cada ser O cada
cosa se determman a obrar por sí mismos; cada cosa es lo que debe ser y
los frutos son la determinación legítima del obrar en la naturaleza. El hombre es hombre y la flor es flor por la libre determinación de su naturaleza
o de su fruto, cumpliendo eJ natura} destino que le corresponde.
Poddamos decir con Espinosa que Dios y la naturaleza hacen siempre su
voluntad y la voluntad de cada ser es cumplir su propia naturaleza, que es
la voluntad de Dios.
Esta teoría de Espinosa demuestra que únicamente la libertad está en Dios,
puesto que todos los seres cumplen su libertad· es un detennini mo Cilosófico
en que las cosas suceden porque deben suceder, y Ja voluntad de los seres
está en~denada en la Substancia única; todo sucede cuando Dios lo quiere
en su libre determinación.
Esta doctrina niega la doctrina cristiana del libre albedrío en virtud del
cu~ todo hombre
libr para elegir el camino que quiera, 'in que Dios Je
~Jete a su ~oluntad. ~I hombre es bueno o malo, porque libremente ha elegido el canuno del bien o del mal. El determinismo es un fatalismo de los
hechos,_ en -~ue el l~ombre n~
mueve mo\;ido por su voluntad, sino por la
dctcmunac1on de r1rcu.nst.anr1as y de hechos exteriores que Je obligan a veces
a obrar en contra de su voluntad.

Y. en e1 caso de Espinosa es la propia voluntad divina Ja que mueve la
propia voluntad del ser. El hombre es esclavo porque se cree libre y se ve
arrastrado por la necesidad; en est caso es la necesidad imperiosa fatalista
de la voluntad divina y la única libertad deJ hombre e fa Jºbertad,
1'
• •
1
para e
COnOClllllento.

L_a acción d~ Di~~ se ejcr e en todos los seres, porque Dios Jo quiere en
su hbre dete~ 10n, o Dios ejer e siempre su voluntad sobre todos los seres. ~sta doctnna supone que el hombre no es libre, ni el mundo tiene una
~al1dad, y que tocio es necesariamente det •nninado por la causalidad divma. 8:epetim~ que no hay más libertad para el hombre que el conocimiento.
La razon es libertad para conocer que no somos libres y obedecer a Dios es

223

�la libertad, o cumplir las leyes de la naturaleza en nosotros mismos; todos los
saberes son un saber de Dios.
En este conocimiento supremo reside la libertad y la felicidad; conocer es
solamente conocimiento de la naturaleza y de sus leyes; en el amor intelectual
de Dios es donde culmina el saber y la vida.
En 1a Ética de Espinosa toda cosa es en cuanto es en sí misma y tiende a
ser como la esencia actual de cada cosa que se muestra en un tiempo infinito. Podría resumirse este proceso en el ser ético, en el hombre y en todos
los seres, en seguir siendo siempre, porque la Substancia divina de la que
están formados todos los seres es infinita y no cambiante.
Todos los esfuerzos de la mente en el hombre tienden a una voluntad de
ser ellos mismos o integrarse cada vez más por el saber consciente en 1a Substancia única.
Si se trata de la mente y del cuere_o, se llama entonces apetito o deseo
de conseguir lo que no se tiene, mientras el hombre no tenga conciencia plena
de la Substancia única de la que forma parte.
Hay siempre en el ser un apetito o un deseo de ser que 1e lleve a e¡;e conocimiento absoluto, pero este conocimiento no le es dado al hombre, porque
si así fuera, quitaríamos razón y sentido al progreso humano.
Todo lo que el hombre consigue, lo hace a veces con esfuerw y dolor, pero
el camino o el propósito es llegar a un conocimiento absoluto o a integrarse
dentro de la Substancia única, de la cual todos los seres forman parte.
Creemos que algo es bueno, porque el apetito o la tendencia del hombre
es siempre el bien, y si no lo realizamos, negamos nuestra propia naturaleza
divina; el bien lo queremos o lo deseamos con un contenido más o menos
consciente, determinado por nuestro mayor o menor saber.
El sabio es el que tiene más elevada conciencia moral, y el ignorante puede realizar actos morales, sin que de ello tenga conciencia.
Pero sabio no es el que tiene un determinado conocimiento intelectual de
la materia o de la inteligencia, sino el que tiene especialmente un saber mo-

ral o un mayor saber de la Substancia.

La alegría y la tristeza se corresponden con el aumento o disminución del
ser y de la perfección. El ser es más feliz o más perfecto cuanto más se acerque al conocimiento de la Causa única o de la Substancia única de la que
él mismo está formado.
El ser de los seres, es siempre un esfuerzo, un afán de llegar a ser, o un
afán que le acompaña siempre, del que no puede prescindir, porque todo ser
aspira a Ja perfección. Especialmente el hombre tiene conciencia de este afán

de ser; en los otros seres hay un perfeccionamiento biológico, que Jes permite
lograr cada vez un mayor perfeccionamiento de funciones.

224

~l caballo de hoy procede de los equinos toscos de las primeras edades de
la herra, llegando a un perfeccionamiento en la ligereza y en el refinamiento
instintivo, que le hace superior a los animales pasados o a sus edades pasadas.
El hombre de nuestros tiempos no es igual que el que vivía en el Cuaternario; todo su proceso cultural es el fruto de milenios de tiempo.
Encontrar la fundamentación racional de la cantidad y el número dio Jugar, a la ciencia matemática. El saber buscar las leyes generales que rigen los
fenomenos de la Naturaleza, fue un considerable progreso, o al establecer las
~ey~s _del pensamiento en la abstracción filosófica, lo que antes eran realidades
md1:'1du_~les, sin ordenación y sin sentido, se convirtieron en leyes que dieron
e&gt;..'!1licae1on de todos los seres clasificados en especies y géneros del pensaIlllento, estableciendo la ciencia universal que liga a todos los seres entre
ellos y Dios.
Todo este proceso son grados de sabiduría en la conciencia del hombre
usando 1a libertad de conocimiento para llegar a explicar y a reconocer e~
un orden intelectual, la Causa o Substancia única de que está formado.'
Ser es querer ser siempre, puesto que formando parte de la Substancia
única, gozamos de ansia infinita de eternidad.
En. ~oda acción ~~~na hay algo que cambia y algo que dura. La perduracion es la explicac1on de la Substancia única. Pero entre todos los seres
es el hombre el que tiene en su esencia un deseo de ser siempre y saber lo
que desea, que es el fundamento del conocimiento.

Fundamentos metafísicos de la Ética de Espinosa
La Ética es la filosofía teológica de Ja Substancia y la Substancia es la
esencia aristotélica que en Espinosa implica la existencia. Pero la esencia en
Espinosa implica la existencia como concepto, pero no como realidad. En
Espinosa es la razón la que determina la realidad y es evidente por sí misma
como concepción de la realidad, concebida por sí miSJna. En la esencia de
Ja Substancia divina se identifica con la verdad, pero no en la criatura O en
el mundo. La operación realizada es una abstracción mental no adecuada
con la realidad. Debo reconocer aquí las enseñanzas del Se~ario de Metafísica del Doctor José Gaos, mi ilustre maestro.
Espinosa realiza un paso del intelecto a la naturaleza o del pensamiento
a la realidad, convirtiendo la esencia en existencia.
Espinosa forzaba la creación de una metafísica del universo y una Ética
basada en el teocentrismo de la Substancia, unificada con la esencia indivi~
sible de la existencia. Quiso resolver en una batalla pírrica del entendimiento
el no ser y el ser de Aristóteles. La esencia y la existencia se unifican en un

225
H15

�trascendental ético. Y esta idea de la esencia implicada en la existencia es

el argumento ontológico de San Anselmo.
Hay una existencia finita y una esencia infinita. Si lo pequeño tiene potencia para existir, a Dios o lo infinito no le podemos negar la potencia para
existir. Luego, Dios e.'Cisle como infinito como e~'"l.Ste lo finito.
Podemos señalar en Eseioosa la siguiente doctrina:
Una teoría de la esencia y la e.xistencia.
na teoría del conocimiento y la verdad.
na teoría substancialista.
Una teoría escncialista.
Esta implicación de la esen&lt;"ia y la existencia es un postulado, porque la relación ntre la esen ia y la existencia es una antinomia, que nace d la antinomia de los trascendentales aristotélicos. La verdad de los postulado· depende de la verificación de los teoremas de la realidad.
En Aristóteles, la potencia y el acto entrañan l ser y no ser o e.l ser y la
existencia; Espinosa trata de unirlos en un postulado moral.
Ahora bien, la teoría d la Substancia es la teoría de la distinción y la
comunidad, porque de otra forma nada habría de consistente para nu stro
intelecto.
A la Substancia se le conoce por sus infinitos atributos. Pero la pluralidad
exige eJ no ser. Y la Substancia para Espinosa no es divisible en partes.
· Cómo conciliar la unidad de la ubstancia con la pluralidad de modos y
a~butos? Espinosa conCJ'be fácilmente a la Substancia, pero concibe dillcilmente al mundo, conciliado con la unidad de la Substancia.
El no ser está siempre presente en I mundo y los modos y los atributos
son necesarios para concebir dinámicamente a la Sub tancia.
La Substancia es para Espinosa la causa de sí misma, donde la esencia implica la existencia. Substancia es lo que es en sí y concebible por sí. O aquello
que no necesita de otra cosa para ser concebido o formado.
y el atributo es lo que el entendimiento percibe de una Substancia, como
constitutivo de su esencia. Las afecciones de la ubstancia es el modo o lo
que e.xiste en la ubstancia que nos permite concebirla.
Dios s el er absolutamente infinito o una Substancia concebida por infinitos atributos expresando una es ncia eterna e infinita.
Espinosa asegura que la Substancia es anterior en naturaleza a su afecciones o modos. Confirma la definición de la ubstan ia. Y si hay dos substancias con atributos diferentes, nada tienen de común entre elJas.
n la dos proposiciones primeras y la tercera de la Ética. La propo ición
cua1 ta afirma: dos o varias cosas distintas se distinguen por la diversidad d
atributos de las substancias respectivas o por la diversidad de modos.

226

En la proposición quinta, afirma que sólo hay una Substancia de la misma
aturaleza. No puede haber en la naturalC7.a dos o varias substancias d la
mis~la natural~ r atributos. i existen varias, deben distinguirse por Ja diwrs1dad de atnbutos o modos. o podrán existir ,-arias substancias, ino solamente Una porque una Substancia, se dice en la Se:&lt;ta proposición. no puede
ser producida por otra substancia. Ya en la definición de Substancia se afirma que era aquello que no necesitaba de otra cosa para ser concebido o
formado.
En la proposición séptima se afirma la implicación de la esencia y la exis, tencia, asegurando que pertenece a la naturale7..a de una Substancia el existir por sí misma. Y en la octava que toda ubstancia es necesariamente infinita porque Jo es desde la eternidad y no ha sido causada por otra que implicaría las limitaciones temporales.
'

En la propo i ión nueve se dice que en proporción de la realidad o del
ser que posee cada cosa, tiene mayor número de atributos o que existe una
proporción de mayor o menor de todos los seres, en relación con el er único
o Substancia única.

En la proposición diez se afirma la pnmacía de la Substancia al conocer
a los atributos o su concepción csencialista; cada uno de los atributos de una

ubstancia, deben ser concebidos por sí mismos.
En la proposición once se afirma en el argumento ontológico de San An-

misma

selmo, al decir con énfasis teológico: Dios o una ub ·tancia constituida por
una infinidad de atributos donde cada uno e.q&gt;resa una esencia eterna o infinita, existe necesariamente.
E? la propo~ici~n doc_c se defiende Espinosa del no ser que le preocupa
Y afuma: de rungun atnbuto de una Substancia puede ser formado un conrepto verdadero. o puede admil.irse que una ubstancia pueda ser dividida.
Sólo de la ubstancia puede formarse un concepto verdadero.
Por eso se afirma en la misma concepción en la proposición trece: una
Substancia absolutamente infinita e indivisible.
Esta concepción teocéntrica está c01úinnada en la proposición catorre. y
aquí el énfasis afirmativo es concluyente: inguna Substanria fuera de Dios,
puede ser dada• ni concebida. Y en la proposición quince e tá sin duda peni.ando en Descartes con sus tres substancias y se afirma en la unidad de la
Causa sui: todo lo que es en Dios está y nada puede ser sin Dios ni ser
ronr bido.
En la proposición diez y seis, afirmada previamentl: la Substanda ú1úca ,
conrt'de la •.&gt;..;stencia del mundo como formando u ser en el ntcndimiento
divino y die textualmente: de la ne idad d la naturaleza divina, podemo

227

�cole · una infinidad de modos en una infinidad de cosas o todo lo que puede
ser rnnc bido por el entendimiento dh·ino.
.
,
E pino·a acepta las pas.ion y quiere regularlas por mecho ~e la raz?n. Hay
Wla dualidad d ser r no r n el hombre. que le es esencial. y as1 se e.xplican lo trasc ndental s y I concepto de Dios en la Unidad a~soluta .. Pero
hay w1 conflicto ntr la natunle?.a y Dios. ¿Hasta qué punto Dios explica la
moral y hasta qué punto la moral ei,.-p)ica a Dios?
.
Lo trascendentales son ideas coníusas de imágenes inabarcables. La conungt.."Ilcia de una ·plicación psicológica de la ignoran ia y I existencia e concebida por la costumbre.
.
El problema de la di tinción de la esen ia y la. xi.stencia, se explica por
ios, qu lo unifica. Los valores pueden dar explicación de Dios para el
hombre y pueden ser a11lropológicos, sociológicos, te.
Los atores p rm.iten conocer a la di,·inidad o por lo \'alores morales conocer a Dios.
Espiuo · qui ene ntrnr la unidad de la reali~lad en ~ios. Pero e~ vez
de una realidad, hay pluralidad de realidades. Espinosa qmso forzar_ su mterpretación de la filosofía, tratando de explicar la unidad y la pl~ralidad.
El historicismo fue su imagen opuesta, valorando la pluralidad que es
ausencia de toda unidad.
El estudio del ser tradici nal es para Espinosa la Ética. Hace ine: · tente
el concepto del bien o del mal, del amor y el odio en la Substanda única.
La aclccuacióo d la mente del hombre con la mente &lt;li~a es la .m~r~l
por exc lencia. produ íénd
una unidad subjetiva, y el conJuto de mdt\'1duos forman una subjeti,·idad absoluta. La Sub tancia los unifica en su
sencia.

La renovada creació11 del tiempo. I mael Diego P~rez
Los filósofos y los fí icos se han preguntado por el tiempo. in entender
lo que sea el tiempo no podemos saber Jo qu~ sea el espacio o t habitáculo
donde lo seres del niverso moramos o hah1tamo .
.
.,
Por de pronto y desde el punto de vista del hombre es una mvenc1on el
tiempo.
La duración
diferente porqu duración es la razón del r de las cosas
que hoy son y mañana dejan de ser. Y el tiempo ha de ser durader~ y eterno.
Aristóteles a guraba que la duración del ayer, del hor }'. de_l i_nanana, constituía el tiempo. Pero cl tiempo para lo griegos ra un env Jecmuento. ~ramos
y dejábamos de ser, como el mayo1· de los males. Por eso ~¡ pueblo gnego se
horrorizaba ant la muerte y pensó en ha er una hwnamdad t ·rrena bella

&lt;"antando a la juventud, que era el tiempo de los héroes y de lo· amantes.
us templos o sus mo1adas procuraban que fueran bello y d ·cubrieron la
proporl'ión de los materiale y de las formas. Y Atenas y toda su proyección
rn el mundo mediterráneo pobló de templos de dioses o de héroes que inmortalizaban la belleza y la sabiduría.
Y cl mármol blanco de las canteras del Pcloponeso y de Ja Itálica facilitó
los materiales dignos para las formas escultóricas o arquitectónicas.
Amaban la vida que \"Ívían como el mejor de los mundos posibles y se
horrorizaban ant Jo desconocido, después de la muerte. Hay un pasaje de
la Odisea en que 1a maga 'irce, que había acO!!i&lt;lo a Ulises n su periplo
mediterráneo. de.salentada por la partida dd navegante, le ofrece para r tenerlo, 1 amor eterno y Ulist · cont ·ta: iás quiero ser esclavo en el mundo
que principe en el reino de las sombras.

En un mundo que aceptaba la esclavitud y que la consideraba el mayor
de los males, remm iar a ser príncipe para ser esclavo denotaba el terror
ante las sombras que esperaban al fallerid . El barquero Carontc. on sus
barbas fluviales y su sonrisa nigmática invitando a pasar la laguna, rcaba
toda clase de terrores en el alma de lo de clichad que habían perdido u
cuerpo.

El tiempo es una creación continua del hombre, porque la crea ión no puede ser por una sola vez, sino constante } esta creación e hija de la libertad
y de la capacidad creadora que en todo hombre existe. adíe puede aspirar
a una creación única. Tal ez Don Quijote y Fausto sean eterna&lt;: en su simbolismo, como c1 eaciones permanent s de la candencia humana. Pero nadie
puede asegurar que sean así siempre en otras dimcnsion del tiempo que
hoy no podemos sosp char.
Bergson ~ruraba que el tiempo es una in\'cnción o no es nada en absoluto.
Creamos nuestro tiempo con la reación de nuestro universo, lo mismo
que creamos nuestro mundo de belle-La o imarinamos nuestro demonios que
nos atonn ntan.
Espinosa no cree en el tiempo, porque el tiempo como creación del hombre, sería imaginar algo fuera de la naturaleza de Dios y eso no s ría posible.
toda cr ación stá en la mente de Dios y reconocerlo está en la libertad de
pensamiento para pensar en Dios y 'lo en Dios. Otra libertad no es posible
ni otra ciencia tampoco. Espinosa sólo reconoce como v rdadera cienda la
ciencia de Dios o de la aturale-La, como una Substancia única, de la que
se proyectan todos los accidentes, aunque todos participen de la naturalezi
divina, en proporciones o jerarquías diferentes, unificadas en la Supr ma
nidad de Dios.
El tiempo es pues mo\'imiento

rcativo, invención constante y renovada.

228

229

�Los filósofos han reconocido varias clases de movimientos. El llamado desplazamiento, como una bola de billar o un ser humano que camina y se traslada de un lugar a otro. Es el movimiento estudiado especialmente por los
físicos. Este mO\i.miento es reversible. Podemos volver al lugar de donde hemos partido o a otro diferente.
El tiempo cícljco como nuestro organismo o los sistemas estelares, en que
los ciclos se repiten, como el sístole y diástole de nuestro corazón o los movimientos de la luna dando vueltas a la tierra. O los proceso lústóricos que a
juicio de algunos filósofos es un curso y r curso de acontecimientos.
Por eso afirmaba ietzsche que otra vez vo]v rán la maldad, la perfidia,
la envidia de las generacione · y otrn ,·ez nacerán los hombres que enseñarán
todos los idealismos, que sólo el "superhombre" podrá superar. Pobre Federico: alumbró monstruos } nos legó el tartamudi.smo y la obscuridad de los
profetas históricos. Y dejó escrito aquel pensamiento: entre el hombr y el
superhombre sólo existe una cuerda, pero una cuerda tendida sobre el abismo.

,,.

Y el movimiento de evolución que se manifiesta en todos los seres. Esta
idea está en Bcrgson y en Thailhard de Chardin. Es la génesis, el crecimiento
y la maduración de los organismos biológicos. Este mm, imicnto como el desplazamiento es irreversible. unca los seres que fueron, vuelven a ser.
rán
otros semejantes pero nunca los mismos. Es el movimiento por excelencia y
que para Chardin permite alumbrar nuevas especies superiores hasta llegar
a la hominización o la aparición de 1a conciencia del hombre. La Ultra física
alumbrará w1a especie del hombre superior al actual que conocemos y que
habrá madurado su conciencia en nuevas dimensiones de la inteligencia y
del espíritu.

En el
uevo Testamento alcanza
ta
• .
se mee. "C
.
.
~
conc,_encra del tiempo creador y
.
ump~~o es el tiempo y el remo de Dios está cercano". "El tiem o
es una madu.rac1on, como 'el tiempo de la siega' o el •a·
d I fru p
La
"6
empo e os
tos'
e;carnac1 n ~ un n~cimiento, que llega a Israel y desde Israel a todo ei
mun o ,Y no J_JOdn~ realizarse n cualquier tiempo.
y as1 se d1ce: Aprended la parábola de la higu .
d
están t"
b
.
era cuan ° sus ramos

iemos y rotan las hoJas, conocéis que el estío se acerca"
Por eso Jos griegos b
b l
•
·
l
usca an a esencia de la substancia y aseguraban que
~d O que responde acerca de lo que es una cosa que es. Lo que posee el inruv1 uo como causa de su se
d
. d
tenciaJ.
r y e su m ependencia, su constitución subsisvie~:::~onocer lo_ que ~ el ser es comprender la fuente de donde pro.,
sus manifestaCJones y para ellas comprender el tiempo 'i la du

rac10n.

•

. Bergson_ aseguraba que la realidad se nos aparece como un manantial no
mterrump1do de no\'edades o de creaciones sucesivas.

Observemos la naturaleza. Crecen los vegetales, la vida engendra especies
nuevas, como el equino y los actuales caballos, el mundo se renueva con nuevos progresos de la ciencia y de la sociología. Vemos niños que nacen y pasan
por todas las etapas de su desarrollo, desde la itúancia a la vejez; es una
génesis viviente que todo lo modifica y perfecciona.
El descubrimiento de la evolución lo acabamos de descubrir. Para los griegos era el mundo algo terminado definitivamente }' para nosotros, como muestra Chardin y la biología, es una cosmogénesis hasta llegar a la antropogénesis.
Para los judí.os es la evolución un ascenso y una conquista, en que todo se
crea por el esfuerzo de maduración de la inteligencia &lt;le! hombre
el
pulso ascensional de todo los seres ,ivos. La evolución bíblica muestra la fecundidad y la bondad de Dios, como la muJliplicidad de los seres y la lústoria es una maduración que va desde el génesis al hombre que ha descubierto
la energía de la materia y su núcleo capaz de desintegración o de aplicación
al progreso.

y un-

230

231

�METAFfSICA Y FE OME OLOGíA DE LA MUERTE E LA
FILOSOFfA DE AGUST1N BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE
Lic.

CARLOS

Go z.ú.Bz

SALAS

de la metafísic.a o de la ontología -si admitimos la djstinción que se viene repitiendo desde Walff hasta Karl Jaspers-era hasta hace poco relativamente inusitado. La misma Escolástica no hablaba de la muerte dentro de la metafísica quizá porque dentro del puro especular filosófico no existe la "muerte del ser", sino la muerte de "este ser".
Por lo mismo qu no existe la muerte en abstracto, no quiso hacer ciencia, o
porque consideraba "lo vivo" dentro de la psicología llamada "racional".
Hablar de "la muerte del ser" implica considerar no sólo a los seres vivos,
sino también a los inanimados ya que todos más o menos desarrollan el proceso entre ser y desaparecer o entre aparecer y transformarse, proceso más
difícil de apreciarse en los seres del reino material que no en los del reino vegetal y animal donde palpablemente aparece el proceso de IJa.cer, desarrollarse
y morir. Sin embargo, en todos los entes en concreto se puede apreciar aquello
que inquietó a las Escuelas primitivas: la mutación, el cambio. Porque en
toda mutación hay algo que primero es y después deja de ser, y por tanto,
en cierto sentido, hay muerte de lo que deja de ser. Los presocráticos entre
otros muchos problemas que se plantearon --su mérito radica en eso, más
que en sus soluciones, seg{w el P. Guillermo Fraile---1 elaboraron sobre la
marcha las nociones del ser y el deshacerse. Les impresionaron los cambios
cíclicos de las cosas, la generación y corrupción de los seres, comenzaron inquiriendo de qué están hechas las cosas, cómo se hacen y cuál sea el primer
principio de ellas. Lo cual equivale a formular el dualismo entre el ser y el
aparecer, entre las esencias y los fenómenos, Y a vislumbrar por deba jo de
las mutaciones incesantes, algo permanente. Si algo deja de ser, algo muere
en eJ sentido de dejar de ser. Así planteada la cuestión: podría hablarse de
INSERTAR LA MUERTE DENTRO

' FRAU.E,

O. P.,

GUlLLERMO,

Hútori.a de la Filoso/la, tomo [, BAC, p.

233

�"la muerte del ser". La propia metafisica escolástica no trataba la muerte
como objeto de estudio porque parece estar excluída de la misma definición
tradicional de la metafísica como "la ciencia del ser en cuanto ser'' y reservaba, en cambio, alusiones a ella, sin proponer una doctrina especial, al tratar
del "ser vivo" en la psicología racional.
La Teología presenta la muerte como "novísimo" en sentido escatológico
personal para todo ser hwnano y el necesario encuentro con el Dios Juez
Eterno. La muerte como "postrimería" que le ocurre a todo hombre en consiguiente enfrentamiento con lo eterno. El cristiano no mira sino de modo
completo, total e integral la realidad. No puede considerar distintos el orden
del ser y del acontecer, el metafísico y el real; por consiguiente la muerte
entra de lleno dentro del objeto de lo teológico lo mismo que dentro del
evangélico. La novedad de la filosofía contemporánea es que la ha considerado dentro del mismo ser, objeto por tanto del considerar metafísico. A
partir de Martín Heidegger la metafísica ha incorporado el tema de la muerte. Heidegger "se encierra en el análisis de la muerte dentro del más acá en
cuanto que se limita a hacer la exégesis del fenómeno bajo el punto de vista
de entrar en el ser ahí". 2 Independientemente de la consideración nihilista o
no de su filosofía, al formular al hombre como un "Sein-zum-Tode", como
"ser para la muerte", da carta abierta a ésta dentro de la metafísica que
parece ser uno de los legítimos méritos de su filosofía.

•
Las anteriores reflexiones quieren ser la justificación cabal del título de
una obra, plena de madurez y de sentido, del Dr. Agustín Basave Femández
del Valle: Metafísica de la muerte 3 que, como el destino de todos los libros
que verdaderamente valen, no he visto comentado ni mucho menos justipreciado por ninguna crítica. El Dr. Basave aporta no pocos puntos de vista
originales, llenos de claridad y sobre todo abiertos a Ja esperanza, y para ello
no deja afuera ninguno de los imprescindibles nexos y aportaciones de otros
filósofos ni siquiera los nexos teológicos imbricados por fuerza. Creo también
que dentro de su antroposofía del hombre, que es lo más elaborado y personal que conozco de su pensamiento, es un paso firme y seguro. Nos ofrece
un volumen jugosísimo como pasto de seria meditación -lo digo por experiencia personal- y un ensayo de propia interpretación que además de reSer y Tiempo, México, 1951, p. 284.
• BASAVE FERNÁNDBZ DEL VALLE, AousTÍN, Metaflsica de la Mutrle, Librería Editorial Augustinus, Madrid, 1965.
• HEIDEGOER, MARTÍN,

234

coger lo más importante que en filosofía -y aun en la novela- se ha dicho
sobre 1a muerte, sistematiza jwito con los suyos aquellos puntos de vista
completándolos a veces y otras rectificándolos.
. Por fl•atarse, de un libro ~ denso y bien organizado creemos oportuno
~rtar los ep1grafes de los bien armados nueve capítulos para tener una
idea global de cómo el filósofo mexicano encara el tema y asedia todos los
flancos posibles de ese enfrentamiento: Cap. I. Ubicación de la muerte dentro del sentido de la vida. Cap. JI. Significación y sentido de la muerte. Cap.
III. La muerte como situación límite de un ser-para-la-salvación. Cap. IV.
La muerte y sus nexos ontológicos. Cap. V. Puntos de vista y actitudes ante la
muerte. Cap. VI. Visión pagana y visión cristiana de la muerte. Cap. VII.
La muerte en la novela. Cap. VIII. El suicidio. Cap. IX. Fundamentos de la
inmortalidad anímica personal.
Como se deja suponer obviamente, el Dr. Basave considera la muerte dentro del contexto hwnano y cifra desde el principio la tarea que se propone
al elaborar su metafísica de la muerte: "La tarea central de la metafísica de
la muerte estriba en buscar sentido a la realidad -vida y muerte- en que

está el Hombre"."
Al estar localizada en la vida, la muerte no puede ser separada de ella
en la consideración de su ser. Esa me parece haber sido la deficiencia de la
Escolástica: no haber encarnado la muerte en la totalidad del "hombre". El
punto de vista de Basave está en ello en la línea de Heidegger, de José Ferrater Mora y del mismo Jean Paul Sartre. Inserta el problema dentro de la
problemática humana, de lo que también Unamuno, paralelamente, se propuso al hablar del "hombre de carne y hueso" y conectarlo con su "hambre
de inmortalidad". Pero Basave no se contenta con ahondar el pensamiento de
los grandes pensadores como Platón, Séneca, Heidegger, Nietzsche, sino que
establece una interpretación de su pensamiento y rectifica más de alguno
de los modos de ver de aquellos filósofos.

TERMINOLOGÍA NUEVA

Más que q_uerer hacer una exposición completa de cada uno de los capítulos de este rmportante hbro y un análisis y una crítica a cada uno de ellos
prefiero exponer algunos de los grandes aciertos y algunos apuntamientos crí~
ticos según los cuales no estoy de acuerdo en ciertos enfoques.
Usa Basave Femández del Valle una terminología original creada por él
• .BASAVE

F.

DEL VALLE,

op. cit., p. 9.

235

�mismo sumamente clara y original, que si por un lado no desdena el contenido
los términos de la filosofía contemporánea de la aristotélico-tomista,
desborda a menudo su contenido y los abastece de mayor significado. Por
ejemplo, la persona como ~•ser-para-sí" es verdad a medias, más bien está
decir que "siendo para sí, es para Dios" pero, evidentrunente este es un choque con las filosofías nihilistas. "El amor desordenado (libido) nos lleva a la
disloca-ción". 5 Esa dis-locaci6n. es la que se vive ordinariamente en el placer.
La definición del Yo es precisa: "Soy un ser viviente, cognoscente, dotado
de actividad físico-espiritual". 6 El hombre experimenta ( todo hombre), ansia
de "plenitud subsiste11cial", entendiendo por ésta la complementarieda~ del
ser en la eternidad. En cada acción tiende el ser humano a consegwr su
pleno desarrollo. Y así se explica esta feliz expresión que él se ufana de acuñar
usándola con frecuencia porque, además, cifra su creencia en el más alla, y
al propio tiempo, la justifica: "El múverso entero DOS esá diciendo, a toda
hora, que venimos de Dios y vamos a Dios".7 Basave distingue a la perfección entre el ''ser" y el "llegar a ser" o sea lo que se es y a lo que se aspira,
"la vocación", y así se entronca con la filosofía del proyecto que asimila y
toma de los actuales fil6sofos ( Ortega, Sartre) . El legos debe primar sobre
el ethos, DO obstante que "la voluntad y los afectos dejan sentir su impacto
sobre la inteligencia":!! De ahL el moralista consejo: "Debemos procurar, no
obstante amar la verdad sobre todas las pasiones para llegar a la libertad
del espÍl~tu". 9 En esto tal vez se inspire en una de las frases más profundas _de
las Escrituras: "La verdad os hará libres" (Amar la verdad Y- .. ) El bu:n
saciante es la felicidad buscada del hombre. Así el tiempo es "oportunidad
y salvaci6n" al mismo tiempo qu_e opresión de la vi~. Habla de una ul~r~:
vida sensible que hace perder el nnedo al no ser y supnme el verdadero monr.
A Dios lo nomina como al "Ser fundamental y fundamentante" :11 A la vida
la apela "ofrenda meta-vital". El hambre de salvación constitúyese en antípoda del "hambre de inmortalidad'' unamunesca.
.
Ya había advertido esa nueva fraseología con que Basave renueva continuamente los conceptos tradicionales y explora nuevas vislumbres de realidades que, como buen filósofo, intuye. En este libro queda confirmada su
magnífica capacidad para hacerlo.

a:

F. DEL
F. DEL
BASAVE F. DEL
BAsAVE F. DEL
BAsAVB, ]bid.

• B,i.sAVE

VALLE,

0

VALLE,

•

•
•

BASAVE

1•

BASAVE,

:u .BASAVE,

236

RECTIFIOAClONES

y

VALLE,
VALLE,

op. cit., p. 91.
op. cit., p. 93.

op. cit.,
op. cit.,
op. cit.,
op. cit.,

pp. 27-28.
p. 30.
p. 39.
p. 41.

Filósofo con personalidad_, si no con un sistema completo -¿ cuál filósofo
contemporáneo lo posee?-, Basave ha redondeado al presente un muy completo concepto o filosofía del hombre en que cada vez ahonda perfeccionándolo. Original en parte, en parte apegado a la doctrina tradicional y siempre
alerta a cualquier avance positivo y aprovechable de algún Ii16sofo. Recordemos que es autor del volumen Filosofía del Hombre -Fundamentos de Antroposofía Metafísica,1 2 de un Ideario Filosófico 13 y de una Filosofía como
propedéutica de saluación en p1·eparación que forman el núcleo fundamental
de su pensar filosófico. Eso y sus amplios conocimientos de todas las filosofías,
le confieren autoridad para poder rectificar no pocas de las postmas de filósofos tan importantes como Martín Heidegger.
Dos rectificaciones encuentro en su obra res¡:,ecto del filósofo alemán autor
de Seind und Seit: la. Siendo el hombre ''pastor del ser" ("acaso porque
el hombre no reúna todos los entes en la luz del Ser''), "pero al develar los
entes, dejándolos ser lo que son, descubre su radical contingencia, temporalidad y finitud. Colige entonces -y Heidegger no parece advertirla- el fundamento necesario eterno e infinito".ª Una consecuencia que se sigue de
una premisa que el filósofo de Heidelberg no ha sabido o no ha querido ~n
su evasión continua y notoria de la trascendencia en toda su obra- extraer.
El hombre al testimoniar esencialmente lo que es y dar testimonio del Ser
que es por sí mismo responde al ser de los entes y al ser de Dios. Por eso,
más que pastor del ser llama al hombre "notario del universo".
Otra de las más rotundas afirmaciones -aportación valiosa sobre todo
para los creyentes-- es la sustitución victoriosa del "ser para la muerte"
heideggeriano por el "ser para la salvación": "frente al ser-para-la-muerte heideggeri..ano afirmo que el lwmbre es 1m ser-para-la salúación. La existencia
-independientemente de toda teología positiva- es un hecho radicalmente
religioso".1 s Y con la frase siguiente justifica con precisión y brevedad la rectificación: "el valor precario de lo terrestre. la vacuidad final de lo mundano
nos instan a reconocer lo otro, lo trascendente''. 16 Solamente por vía de con,.. IlASAv;E F. DEL VALLE, ÁGUSTÍN, Filosofía del Hombre , Fundamentos de Antroposofía Metafísica, Prólogo de Michele Federico Sciacca, Fondo de Cultura Económica,
México, 1957.
"' BASAVE Fl?.RNÁNDEZ DEL VALu:, AousTÍN, Ideario Filos&amp;fico, Eclitorial Jus, México,
1961 (Prólogo del Dr. Fritz J. von Rintelen).
14 BASAVE, Metafísica de la Muerte, p. 94.
u BASAVE, op. cit., p. 95.
u BASAVE, op. cit., pp. 95-96.

237

�firmación citamos el otro párrafo donde el argumento parece ser más explícito. "¿ Ser para la muerte o ser para la salvación?", se pregunta. Y responde
con el siguiente párrafo que parece ser contundente: ''Estamos implantados
o embarcados en la existencia. La experiencia de nuestro propio nacimiento
no está vedada. Cuando emerge nuestra. conciencia estamos en pleno viaje,
comprometidos a realizar una vida que no hemos pedido. Vida amenazada
por la fragmentación, la dispersión y la muerte. Amenaza que pone de manifiesto el cuidado existencial para salvarnos, por tomar imperecedero lo que
ha sido, porque ha sido valioso" .17 "Salimos de nosotros mismos, deviniendo,
porque somos, trascendentalmente, abertura a lo otro (cosas), a los otros
(prójimos) y al otro (Dios). Somos con relación a lo que no es. Específicamente somos por nuestra relación con el Ser fundamental y fundamentante.
Este fundamento ontológico fontal no se altera con los pasajeros eclipses de
Dios que sufra nuestra vida moral" .18 El párrafo citado así como todo el
capítulo III intitulado ''La muerte como situación limite" me parece de los
más ilustradores y aportadores del autor.
A la cerrazón del existencialismo heideggeriano a la trascendencia, Basave,
como filósofo católico, se opone también al análisis de la muerte dentro del
más acá "en cuanto que se limita a hacer la exégesis del fenómeno bajo el
punto de vista de su manera de entrar en el "ser ahí'' del caso en cua~to posibilidad de ser éste". 20 Eso mismo el filósofo mexicano lo completa sm temor
alguno, diciendo: "Y nada habría que objetar si tras la exégesis ontológica
de la muerte dentro del más acá, se diese la especulación óntica sobre el más
allá. Pero Heidegger nada se pregunta sobre lo que será después de la muerte.
Habiéndose limitado en los confines de la muerte fisiológica y bif6rmica, resulta natural concebir al hombre como un ser para la muerte. Bajo esa luz
aparece la infinita vanidad de la vida" .21 Heidegger hace derivar de ahí la
angustia vital, sustancial · anticipándose constantemente a la muerte, él percibe la profunda inanidad de toda acci6n. De ahí la irase trágica: T odeist
wessenhaft A12gst (el ser para la muerte es sustancial angustia). Basave deduce de su oposición al "Ser para la muerte" y de su antípoda "ser para la
salvación", frente a muchas otras consideraciones (Scheler, Unamuno y Niet.7-5che), así como de lo que espera al hombre detrás de la muerte, su concepto
de esperanza. "Esperar confiadamente la plenitud de ser en la vida eterna,
u BASAVE,
•• BASAVE,

ª

BASAVE,

:o BASAVE,
11

238

BAsAv.i.,

op.
op.
op.
op.
op.

cit., p. 93.
cit., ibid.
cit., p. 93.
cit., p. 95.
cit., p. · 95.

a pesar de la muerte, es tener esperanza". 2 z De ese modo su pensar filosófico
entronca con un existen~i~lismo c_ristiano abierto a la trascendencia a la esperanza y como el de Zubm, Berdaieff y Gabriel Marce}.
Contra la t!Jcistencia como absurdo propuesta por Camus también se alza
la ~ncepción de Basave. Ante el dilema planteado por el propio filósofo
a.i-gelmo_ rechaza el absurdo: "Para el espíritu humano no hay sino dos mundos posibles, el sagrado ( o hablando en lenguaje cristiano --&lt;lice Camusel de la gracia) o el de la rebeldía". Camus eligió la rebeli6n. Pone en claro
que el existencialismo profesado por Camus ~ que una filosofía es un testim~nio singular.' Y llevando muy hondo el análisis parece desarmar al pen!~ento &lt;:amuslallo encontrándolo en flagrantes y graves contradicciones:
S1 todo es absurdo, ¿ no será también absurdo filosofar sobre lo absurdo?" 2a
Este razon~~ento roe parece muy semejante al que enarboló San Agustín ~ontra los escepticos de su tiempo: "Si nada hay verdadero, es verdadero que
nada es verdadero. Y si algo es ya verdadero, es verdadero q_ue hay algo
verdad~o": Basave sigue adelante con su demoledor ataque: "Haciendo gala
de un ilogismo extremo, Alberto Ca.mus pretende construir íntegramente su
c~~cepción de la realidad sobre algunos postulados -a priori, sin demostracion- que hay que aceptar ciegamente. ¿Cómo puede tener valor de ciencia
su producción, si el propio autor reconoce como absurda 1a confrontación
del _Pensamiento --desenfrenado deseo de claridad- con e] absurdo mundo?
Y sm embargo, los que nos empeñamos en filosofar hoy, no podemos eludir
el encuentro del pensamiento con la existencia en el testimonio desgarrador
de un hombre del siglo :XX". 24
A la . ~once~ción cerrada e inexplicablemente gozosa de Sísifo, opone la
concepc1on
del filósofo cristiano para quien "toda ]acrea_
.,
. abierta y alegre
,
Cion es tnunfo Y alegna, donde cada criatura encuentra su sitio y misión.
Amam~s la vida bio!ógica, porque favorece la otra vida, la vida del espíritu.
Nos_ onentamos hacia valores y percibimos nuestro destino perdurable. Nos
~ntlmos res~onsables ante alguien que nos espera y nos juzga. Todo este existrr
despliegue, ¿ no está testimoniando acaso el vínculo, la conex:ión con
un msoslayable sentido existencial trascendente? Acaso estudiando el dinamismo del ser humano podamos poner de relieve ese sentido existencial trascendente". 25

:º

.. BASAVE,
"" BAsAVE,

°'

BASAVE,

..- BAsAVE,

op.
op.
op.
op.

cit.,
cit.,
cit.,
cil.,

p. 145.
pp. 33-34.
p. 34.
pp. 34-35.

239

�FENOMENOLOGÍA DE LA MUERTE

o contento con filosofar para elaborar una verdadera metafísica de la
muerte de enfoque cristiano in desbordar los cotos filosóficos, Basavc elabora en bien pensados y agudos rasgos una fenom nolo0 'Ía de la muerte. Este
aspecto vivencial es el más popular y u-abajado por l pueblo, c¡u no akama
las profundidades del razonar y del intuir. El pueblo enúen&lt;le de corazonadas,
ele presentimiento, de que no hay hora fija, de que nadie ·abe la forma de
su muerte. Pero hay olras on ·ideracion qu no alcanzan la esencia, la naturaleza, ·ino que se bordan acerca del mismo ser de la muerte. o son ac idcntes en el sentido que la Escolástica da a este término. caino: algunos de
estos ac rcamientos. " 1i muerte, la puedo anticipar imaginativameul •, pero
no la pu •do experimentar". "Sé -y saboreo por anti ipado- mi impotencia
ant mi propia muerte''.2 6 El experimento de la muerte es intransferible,
cada uno experimenta ]a suya. i se quiere vivir de preocupadamente, i.naut'nticamente en términos heideggerianos, e suprime toda anticipación de la
muerte. Los americanos no quieren saber nada de la muerte hasta en el
nombre -Memorial Park- que le dan a los cementerios. Y c.ómo puede
antiriparsc la muerte: Basa.ve dice: "Tocio hombre auténtico "·ive su vida
desde la muerte o con la muerte a uestas".' 7 1 o hay muerte en abstracto.
sino en concreto. "Se muere desde ·í }' para sí". 2 Pero tiene el morir un
sen Lido de re istencia. " e muer resi~tiendo", y lo e. ·plica él mismo etl.S('guida:
'La resisten ia a la muerte es la r puesta natural del cuerpo que pugna por

~c~irsc que, n conjunto, ningún aspecto se le escapa y que su visión se jus~•ca por todos los flancos en que puede ser atacado el tema. Las consideraciones s0~1-c la ~id~, la eternidad, &lt;."l suicidio y la supervivencia del hombre
resultan unpr ·ctndibles en una consideración filosófica de la muerte.
En
Jºb
, . r sumen, del Dr.
· Agustín Basave Fernández del alJe nos da un1ro
o~aruco, _un_a octnna perfectamente definida que tiene en cuenta todo el
nucleo mas 11Dportante del pensamiento ajeno y que, en el fondo, constituye
uno_ de los tratados ~ás completos, originales y esperanzadores que se hayan
escnto sobre esa realidad -verdad y mist rio- ante la ual tamos abocados
todos los entes humanos.

conservarse".29
En esta densa obra del Dr. Agustín Basa\·e abundan otras muchas iluminaciones que, por razó11 de la brevedad, no podemos hacer e¡plíritas ni mucho m nos comentar. Cada capítulo tiene atisbos. descubrimientos y rev laiones magníficas conclusiones legítimamente emanadas de sus consideraciones mu jug sas para la conducta ética cotidiana. Pero fundamentalmente el
Dr. Basave quiere hacer metafísica. :ro desapro,· cha, sin embargo. ningún
punto de vista, se vale de cualquier pens:nni nto ajeno de modo de iluminar
mc1or la do trina haciendo pal nte ese apetito de claridad de que dice está
adornado el hombre.
Creemos que, en su afán de abarrar una v1 ·ión lo más completa po ihle del
fenóm no de la muerte sobrepasa los límites de la filo.ofía y no pocas veces
se introduce en el terreno religioso, así vangélico como teológico. sí podría
.. BAsAVE,

op. cit., p. 98.

op. cit., p. 98.
op. cit., p. 98.
Op cit., loe cit.

:rr BAsAVE,
•

240

BAsA\·E,

241
Rl6

�CR1TICA DE ALGUNAS CORRIENTES FILOSúFICAS
LIC. MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

I
Los FRANCISCANOS

Y LA

CmNCIA NATURAL

Los FRANCISCANOS SIGUEN A SAN AGUSTÍN por afinidad de su sensibilidad
interior con la mística neoplatónico-agustiniana, pues el franciscanismo entendió amorosamente el universo como reflejo de la bondad divina en las creaturas.
Amar a la naturaJeza es identificarnos en ella todos los seres como creaturas del mismo Dios. Dios nos creó con amor de padre (la creación se le
atribuye al Padre), y en respuesta filial hemos de hermanarnos con todos Jos
seres de la creación.

A partir de la hermana agua y el hermano sol, la comunión entre el hombre y la naturaleza fue ampliándose intelectualmente por vías agustinianas,
pero ¿ cómo? El amor franciscano luvo que convertirse en deseo de conocimiento, y de esa manera el amor a la naturaleza se convirtió en pensamiento y
ciencia naturales.
"Ha sido preciso el partir de una concepción neoplatónica antes de llegar

a los métodos empíricos de la investigación", nos dice Maurice de Wulf en su
Historia de la Filosofía Medieval. Una causa del adelanto neoplatónico en la
nueva ciencia natural fue el ataque al aristotelismo en sus doctrinas más medievales: la Física y la Lógica. El tinglado escolástico aristot-élico de estas ciencias desapareció con las estmcturas puramente cirQmstanciales de la Edad
Media.
Por esto nos explicamos cómo es un crítico de Aristóteles, Roberto Grossetete,
el que inicia desde el siglo XIII 1a investigación de la naturaleza "que no se
contenta con los textos aristotélicos, sino que procede mediante el razonamiento y la experiencia", en palabras de Nicolás Abbagnano.

243

�Y en efecto, contra Aristóteles, que en el II Libro de la Metafísica sostiene
c¡ue "no debe exigirse rigor matemático en todo, sino tan sólo cuando se
trata ele objetos inmateriales. Por eso el método matemático no es el ele los
físicos, porgue tratan la materia de la naturaleza", Grossetete, que en muchas
otras cosas se tenía por aristotélico, inicia 1a investigación matemática de la
naturaleza diciendo: "La utilidad del estudio de las líneas, ángulos y figuras,
es muy grande, porque sin él nacla puede conocerse de la filosofía natural" (De
Luce, citado por Abbagnano). Razonamiento matemático y experiencia son
elementos de ciencia moderna de la naturaleza que se inician con la toorfa
de la luz de Roberto Grossetete en que contrapone la corporeidad de la materia informada a la incorporeidad de la materia prima cuya esencia es la luzespacio, es decir, tiene esta sola forma común que permitirá después medirse
y experimentarse modernamente. Roger Bacon, el discípulo de Grossetete, será
quien fundamente la experimentación como el único medio de investigación
científica valedera, junto al método matemático de su maestro.
Pero esta experimentación, fundamentada en la vida interior y en la iluminación agustiniana, es W1 camino místico, advierte Abbagnano, cuyo grado
inferior o primer grado corresponde al puramente científico, y otros seis superiores a instancias de la vida religiosa. Por eso concluye e1 mismo historiador que "el experimento baconiano está todavía cargado con el carácter mágico y religioso de los alquimistas y de los magos", mas nosotros concluiremos
que-" antes que eso, esJá car.gado de afectividad emotiva, de, amor- a Dios y
a la nat\ITTl.leza,
Porque precisamente lo franciscano es el amor a los seres de la creación,
amor a las creatoras de Dios. Su contrario es el espíritu. moderno de dominio,
sin amor~ de la natu+aleza. Este espíritu de dominio tuvo que destruir previamente en los seres la dignidad de creaturas y convertirlas_ en simples cosas
de ·percepción jnmediata y sin reflejo ninguno de su origen bíblico: la Creación.
Esta desconexión de los orrgenes y la idea de dominar a la naturaleza, en vez
&lt;le ai;narla, fue precisamente lo que le faltó a la uiencia medieval para ser
moderna.
Con el franciscano Duns Scoto mantiénese el amor de Dios en los límites de
la Gracia, muy más allá de la naturaleza. Por eso, el saber natural adquiere
desde entonces indepenc;lencia como W1 saber puramente racional. Así empieza
la laicización de la filosofía y la constitución de una ciencia pura y estrictamente racional.
Esta ciencia 'ldepurada'' es aún aristotélica en Scoto perb, por lo que hace
al estudio de la naturaleza, el aristotelismo póst-tornista ,lle desprenderá gradualmente de toda consideración de lo trascendente para limitarse a lo í.mnediatamente racional y- empírico.

244

Así sucede con Guillermo de Ockham.
Este autor, aun en la metafísica va a proceder con principios empíricos
pues afüma que el ser, que en Santo Tomás es un trascendente inteligible:
para él es sólo objeto de experiencia sensible. La sustancia, dice, la conocemos
pmamente en sus accidentes o cualidades sensibles, pues no conocemos el fuego
en sí sino en su accidente calor; la materia, que en toda ]a tradición franciscana deja de ser ya sólo potencia o posibilidad metafísica para adquiúr
actualidad o realidad física, en Scoto es corporeidad, y en Ockham es extensión. Pero lo importante de este autor, que ya no es aristotélico como Scoto,
es que ataca a Aristóteles desde la metafísica para llegar a conclusiones contrarias en lo científico. Así, al principio de causalidad lo hace también empírico y
exige tanto a la causa como al efecto su propia experimentación para ser conocidos, anticipándose al empirismo inglés. Igualmente, desde la filosofía primera va Ockham a destruir muchos errores de la ciencia aristotélica de ]a naturaleza, con las siguientes tesis: que los cuerpos celestes y los cuerpos sublunares no son de naturaleza diversa o superior; no sólo hay un mundo sino es
posible la existencia de muchos mundos; las determinaciones espaciales no son
absolutas sino relativas; puede e.'Cistir el infinito real cuyo centro, según le
atribuye Abbagnano el desenvolvimiento de esta idea al posterior Renacimiento, puede estar en todas partes y constituye una infinidad de magnitud y de
división.
Todo esto constituye un antecedente medieval de la nueva Física que na-

cerá Y se desarrollará como ciencia independiente cuando Galileo y Newton
la doten de los recursos internos de vida y crecimiento que ron : la observación
en su forma de experimento y la razón en forma de matemáticas.

II
DESCARTES COMO INICIADOR DE LA EPISTEMOLOGÍA

en las Meditaciones Metafísicas.
No me propongo hacer una exposición y crítica de la epistemología cartesiana sino examinar sólo algunos problemas en una de sus obras. Se trata de las
Meditaciones de Prima Philosophia in quibus Dei existentia et animae immortalitas demonstratur, obra ésta publicada por Descartes en 1641, 4 años después del famoso Discours de le méthode.
Estas Meditaciones Metafísicas constituyen la continuación lógica inmediata
del Discurso, por cuanto que en ellas trata de hacer la primera y fundamental

245

�aplicación de dicho "método de la idea clara", como se llama también al comúnmente denominado "Método de la duda universal". Contra esta última
denominación prefiero la anterior porque el tal método de dudar deja de ser
univ rsaJ, y, más aún, pierde su razón de ser, una vez que se encuentra el
"principio evidente de toda la filosofía", e.s a saber, el "píenso) luego existo")
que termina y resuelve las dudas. En él acaba la duda para comenzar la
ciencia, y esta ciencia se construirá en adelante a base de ideas claras e indubitables.
La afinnación de que las Meditaciones de Prima Philosopliia sean la primera
aplicación del ''Método" y le sigan por ello en consecuencia lógica inmediata,
la aclararemos de.spués, al tratar de la necesidad de Dios como base de la
objetividad del conocimiento. (III medit.).
Por otra parte, aun cuando la obra que consideramos "trata de Dios y del
alma", y al mismo tiempo, nos dice Descartes, "establece los principios de la
Filosofía Primera", podemos muy bien analizarla desde el punto de vista de
la epistemología, ya que se trata de ideas metafísicas en que Dios y el alma
no se consideran en orden al ser, sino al conocer~ Dios es el fundamento objetivo de la ciencia, como el alma es su principio subjetivo. En efecto:
Desde la primera meditación indie.a Descartes la necesidad de la existencia
de un Dios que me ha creado a mí como "cosa pensante" y me ha hecho un
ser cuya certeza de ciencia está en proporción al infinito respecto a la perfección
divina. No por otra cosa dice que "cuanto menos poderoso sea el autor que
asignen a mi origen, tanto más probable será el que yo me engañe". Dios es la
máxima garantía de la validez de mi conocimiento. De modo que si El no
existe, a pesar de que su existencia está claramente incluida en mi idea de
Dios, la ciencia fallaría la evidencia del único Ser que fuera de mi yo., se
muestra a mi pensamiento como existente por necesidad. Por la evidencia del
cogito afirmo dos cosas: mi existencia y la existencia de todo lo que se me
presenta como existente en forma evidente.
Mas, cuando Descartes nos dice que lo único cierto es que ha}' ideas en mí
es decir, es evidente que pienso, pero me equivoco si creo que "hay fuera
de mí algunas cosas de donde proceden tales ideas", porque ello no es evidente sino más bien es un modo de pensar fondado en la costumbre de creerlo
así, surge de inmediato e1 problema de1 origen de las ideas.
Hay dos clases de ideas: innatas y adquiridas. Las innatas, como las de Dios,
el alma y los seres que no puedo concebir por las puras fuerzas de mi razón
(por ejemplo, los ángeles), provienen de Dios.
Las adquiridas no las recibo de la experiencia sensible, sino que las concibo
a partir de mi propia idea del alma. Así me formo, por ejemplo, las ideas de
los demás hombres, los animales, los cuerpos...

246

Si seguimos el proceso cartesiano en el análisis del pensamiento, encontramos
este orden: 1o. Descubre en una intuición eidética su existencia personal y la
esencia del yo como pensante ( y de ahí, por oposición a la idea de cuerpo,
demuestra la inmortalidad del alma). 2o. Establecido el principio subjetivo
de su filosofía, o sea el sujeto de las ideas, pasa a los objetos de las mismas,
entre quienes Dios es el primero y principal, pues su idea, nos dice, es la más
objeti,·a Aquí demuestra la existencia de Dios porque Ja idea que de El
tenemos: a) es la de un Ser perfectísimo que no lo sería si no existiera (San
Anselmo) ; b) esta idea es superior a nuestro espíritu y sólo un Ser con la
perfección de Dios la puede ' causar" en nuestra alma; e) ella fundamenta
la objetividad y garantiza la veracidad de "nuestras" evidencias. 3o. Descartes
concibe la idea de cuerpo como extension porque: a) la extensión es lo único
indispensable y esencial al cue1po y lo que debe constituir su definición· b) ésta
es la propiedad corporal que se contrapone al alma, que es inextensa.
Sobre tales supuestos estructura su sistema filosófico del modo siguiente:
Funda la Psicología convirtiendo al alma, psique, en ''pensamiento", al cual
se le llamará después ••conciencia". Al excluir del pensamiento válido los juicios y dejar sólo las ideas, éstas serán los "contenidos de conciencia'' de ]a
psicología posterior.
Inicia una Teodicea en la que no se estudia la esencia de Dios con fines
religiosos, sino sólo se demuestra su existencia, con propósitos cientüicos.
Funda la Mecánica al considerar a los cuerpos como extensión dotada de
movimientos lineales, geométricos.
Sugiere una Moral estoica, por excluir al propio cuerpo y su vida sensible
de la privilegiada existencia del yo pensante.
La Epistemología, como crítica de la objetividad y validez del conocimiento,
se inicia con Descartes y con tituye el punto de partida de la filosofía moderna,
que no empieza en el ser sino en el conocer, y no parte del mundo exterior
a los sentidos, sino del «yo" que, en actitud autocrítica, quiere conocerse
a sí mismo antes que a cuafqujer otra cosa. El Discurso del Método, que nos
lleva al descubrimiento del "yo existo", termina antes de asomarse al mundo
del no-yo y preguntarse por otras existencías fuera de la propia.
Para Descartes la duda versa sobre las esencias de las cosas, que son problemáticas, y no sobre la existencia de las mismas, pues él no es escéptico. Prueba de ello es que resuelve sus dudas en la indubitable existencia del yo. Mas,
si las esencias son las dubitables ¿ por qué no buscar entr ellas alguna evidente, en vez de refugiarse en el mismo sujeto dubitante? Si los objetos son
los inciertos, ¿ cómo resolver esta duda sobre las esencias objetivas con la evidente existencia de un sujeto? A la pregunta sobre las esencias se responde
con una existencia, a la de los objetos se contesta con un sujeto.

247

�La explicación sería que Descartes recorre todos los objetos conocidos y
no encuentra ninguno cie1io, porque las ideas que de ellos lenemos no nos
dan en sí mismas, en su esencia, su necesario existir; no nos muestran (fuera
de Dios) una existencia inherente a ellas.
Por eso retrocede al sujeto, de donde partió la duda, y como tal retroceso
es a través del pensamiento, al dudar o pensar llega a conocerse como su jeto
precisamente pensante. Al conocerse como pensante, se reconoce como existente. Y e,gto es por lo siguiente :
Al despojarse el yo o la conciencia de todo contenido especificador, desaparece la diferenciación de sus operaciones. Al sujeto pensante le da lo mismo ser,
como nos dice en la II meditación: "algo que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere, y también, imagina y siente".
En esta forma, el su jeto pasa a ser algo que se designa indistintamente por
el ''ego" o por el "cogitans". EJ "cogitans", a su ve:z., viene a fundirse en el
"ego" y a convertirlo en actividad pensante, llegando el pensamiento a constituir en ésta la primera y única actualidad. Y la primera actualidad es precisamente la existencia.
Más aún, por no tener el "ego" forma alguna especificadora fuera de la
actividad de "pensar", esta actividad le da también su esencia: Así es como
queda definido el yo ( conciencia, alma o espíritu) como "cosa pensante».
Descartes tampoco distingue, sino corúunde, "el yo" como término impersonalmente sustantivado, cualquier yo, con ••yo" o mi y como sujeto personal
y único. No se pregunta "¿qué es el yo?" sino"¿ quién soy yo?", y sin embargo
contesta con lo primero, con el concepto impersonal de "el yo" como una
"cosa", algo pensante. Por eso también excluye el cuerpo, pues si bien mi
cuerpo forma parte de mí, yo consto de cuerpo y alma, el concepto cuerpo
no forma parte del concepto alma o del concepto yo. En rigor, Descartes debería haber dicho: "El yo es algo pensante. El yo no es cuerpo. El cuerpo
no forma parte del yo". Pero este enunciado, sólo posteriormente posible,
quedaría como mero supuesto filosófico de una psicología del yo y carecería
del valor metafísico que necesitó para fundar la filosofía moderna.
Confundidos el "yo", el "pensamiento,, y la "existencia" en la sola y misma
cosa que soy yo, Descartes capta en forma inmediata en wia única intuición
eidética, no en un silogismo, el principio de "pienso, luego existo". De este
modo: yo soy una cosa pensante, con un cuerpo anexo, y me actualizo o
existo por el hecho de que pienso y al momento de pensar.
Después de reconocerse el yo en el dudar mismo como único indubitable,
tanto en el orden de la esencia como de la existenci~ quedan por indagar
nada menos que las esencias y existencias del Universo entero.

248

En esta inmensidad, tPOr dónde empieza Descartes? El mundo objetivo
quedó vacío, nada hay en él válidamente conocido. Entonces, vuelve a sí
mismo como sujeto dubitante.
Se compara a sí mismo con Arquímedes (en la med. JI), y dice que, como él 1 sólo pide un punto de apoyo para mover el mundo. Este punto de
apoyo tiene que ser algo singular, no universal, una "cosa" concreta y firme,
no un principio filosófico, puesto que ese primer principio pertenecería -ya
a una filosofía dada y no podría se:r principio de cualqurnr filosofía posíble.
(Esta será la pretensi6n explícita de la fenomenología: hacer filosoüa de la
nada, sin supuestos previos ni ajenos). Hay que advertir pues que, cuando
Descartes habla del "cogito" como pdmer prwcipio de su filosofía, se entiende
sólo un "punto de partida" del prooeso del filosofar y no un principio estructural de una filosoffa determinada. Solamente el idealismo de un Fichte
convierte al "yo" en un todo absoluto de donde saca al mundo como por
ensalmo. Descartes no reduce ninguna realidad a 1a del "yo", como debería
hacerse si fuera éste un principio filosófico.
Pasa luego a examinar la identidad del propio yo preguntándose: "¿ Quién
soy yo, que sé que soy?", y responde con la ya mencionada definición en tercera
persona: '1.Jna cosa que piensa. ¿ Qué es una cosa que piensa? Es una cosa
que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, 110 quiere, y, también,
imagina y siente". emos que e] "también" le da a la imaginación y a los
sentidos, facultades no racionales pues que los animales sienten y sueñan, una
incongruente participación en un yo pensante que pretende la simplicidad
de un espíritu puro. ( Maritain habla deJ "angelismo' de Descartes).
Donde empieza fonnalmente a tratar e1 probl ma epistemológico de la
validez objetiva del conocimiento es en la III meditadón, cuando expone el
"principal argumento para demostrar la existencia de Dios", argumento que
funda precisamente en la objetividad de las ideas.
Si no es evidente, atendiendo a Descartes, que nuestras ideas provengan
de cosas exteriores y sensibles, sino que lo creemos así por mera "costumbre",
al preguntarme yo por el origen o procedencia de las ideas objetivas que veo
en roí on evidencia incuestionabl , lo primero que debo hacer es excluir el
juicio como continente de verdad. En efecto, en ol juicio es donde radican
los errores de "juzgar que las ideas que están en mí, on semejantes a cosas
que están fuera de mí" y de formar a voluntad juicios con ideas no evidentes.
Me quedo, pues, con las ideas solas, desligadas de toda conexión extraña.
Estas, en su inmanencia a mí espíritu, no en juicio alguno, me indicarán su
objetividad, cuando la tengan. (Ej. la idea de "frío" tendrá forma objetiva,
no de "juicio", sino de idea una en sí, cuando la pienso como "hacer frío",
y forma subjetiva si la entiendo como "tener frío").

249

�Entre las ideas que encuentro en mi espíritu, son las de sustancias las que
presentan mayor objetividad, no las de accidentes. Y de las sustancias -pues
Dios es sustancia- la idea de Dios es la que tiene mayor "realidad objetiva"
que la de cualquier sustancia finita.
Aquí vemos cómo, de la objetividad de una idea pasa a la "realidad objetiva" y de la "realidad objetiva'' llega a la "existencia real", existencia del
objeto significado Por la idea en cuestión. Descartes, descubridor del vo,
no lo entiende aún como sujeto, ni menos lo investiga como conciencia de
sí y de las cosas. La epistemología empieza con él a medio camino, en el tránsito del sujeto al objeto, en el proceso, no en los términos, del pensar.

III
EL RIGOR METAFTS1CO DE LA FILOSOFÍA

al margen de
La Filosofía como Ciencia rigurosa
de E. Husserl.

1

La pureza y rigor del saber filosófico es un problema que puede plantearse
desde dentro o desde fuera de la filosofía. Husserl examinó esta cuestión desde
fuera, de modo de poder enjuiciar a la filosofía en su totalidad. Para juzgarla
así se situó en el terreno nuevo, no filosófico, de la fenomenología. Esta ciencia no es filosofía en sentido estricto porque sus principios pretenden establecerse con independencia de cualquier filosofía histórica y con anterioridad lógica a toda Metafísica o Filosofía Primera. Si nuestro investigador de los principios científicos de la filosofía hubiera discutido la validez de los mismos
desde un punto de vista "rigurosamente filosófico", habría examinado críticamente las bases y estructura interna de la metafísica, como lo hizo Kant.
La ciencia pura, directa, no puede juzgarse a sí misma. Necesita trascenderse
en la conciencia como reflexión sobre las propias relaciones intencionales de
conocimiento. La fenomenología ha efectuado este desdoblamiento o duplicación de la intencionalidad cognoscente en un movimiento hacia la subjetividad trascendental. En este movimiento reflejo quiere entregamos una ciencia
consciente de su propio conocer.
Si la fenomenología es la que obtiene en la conciencia trascendental ese desHussERL: Philosophie ais strenge Wissenscha/t, estudio publicado en la
Revista "Logos", vol. 1, en 1910.
1

250

EmdUND

,

doblamiento de la intencionalidad científica, ella no sólo será la que arraigue
y entronque en la conciencia a la ciencia y a la filosofía, sino que tal vez le
podrá dar a ésta Wla estructura científica.
Desde un punto de vista metafísir.o trato de analiz.ar aquí y comentar un
libro de Husserl que se ciñe textualmente al problema de la "filosofía como
ciencia rigurosa". Utilicé una traducción francesa de Quentin Lauer, y los
textos citados corresponden a las páginas de la misma. 2
Breve reseña del libro de Husserl.

EJ ideal de la Ciencia ha estado siempre operando activamente en la historia de la filosofía, pero hasta ahora no ha llegado a realizarse. Para poder
realizarlo hay que llevar a cabo un cambio radical a partir de una crítica a
fondo de las filosofías que no aceptan el verdadero conocimiento científico.
Las podemos reducir a tres: el naturalismo, el historicismo y la Weltanschauung.
De aquí, tres partes:

!.-Naturalismo.
Para la filosofía naturalista todo es naturaleza, aun la concienrja con sus
ideas, normas e ideales. Los seres psicofísicos son fundamentalmente naturales
y la psicología es la que los estudia en sus aspectos básicos. Esta psicología
naturalista o experimental queda, pues, como la ciencia fundamental de la
naturaleza y al mismo tiempo pretende poner las bases de una teoría "científica" del conocimiento y aun de una filosofía "científica". Sin embargo,
"todo juicio psicológico implica o supone la posición existencial de la naturaleza". La conciencia se incorpora a la naturaleza y queda como algo que
se da en la experiencia inmediata. Consiguientemente, "toda ciencia de la naturaleza es ingenua" puesto que nos ofrece una visión inmediata de algo que
ya está ahí. Esta experiencia es la última instancia en cualquier proceso de
verificación. Es claro que las ciencias naturales someten a crítica a la experiencia, pero lo hac.en sólo en forma parcial y dentro de límites del conocimiento puramente natural. Se necesita una crítica que "juzgue la validez de
toda experiencia y pensamiento nacido de ella" (p. 78), pues aWl cuando ha
desarroJJado una trama de sutiles métodos experimentales, no los ha fundamentado todavía conceptualmente en "esencias''. La realidad psicofísica debe
estudiarse en una "fenomenología de la conciencia pura opuesta a una ciencia natural de la conciencia empírica" (p. 69). Sólo de esta manera podremos
entender los fenómenos psíquicos, puesto que, al contrario de los naturales, no
• E. HussERL: La Philosophie comme Science Rigoureuse, trad. Quentin Lauer,
Presses Universitaires de Fra.nce, París 1955.

251

�están ahí e.sperándonos que los examinemos. o son seres, * sino puros Ien6menos que no permanecen inalterables en clos momentos distintos. on experiencias vivas en continuo fluir. Por tal razón, los fenómenos no tienen naturaleza, sino esencia, y si Jos tomamos como «esencias", podemos captar su
sentido fenomenológicamente. Esto puede obtenerse en una "intuición de esencias" que fije los fenómenos fluctuantes en un ser-esencia, no en un ser-ahí.
Esta intuición no es de tipo experiencia!, no es un conocimiento verificable
o denegable por la experiencia. Tampoco es wia introspección. Es simplemente
la captación de lo universal en la conciencia.
Mas, ¿ cómo es que el naturalismo pretende encontrar en la p icología los
fundamentos de las ciencias naturales y de la filosofía científica? Husserl afirma en una nota al pie de la pág. 97 que esa idea constituye "un axioma muy
claro al menos para los que se interesan en las ciencias naturales dentro de
las escuelas de filosofía ... y además, hay actualmente una desbordada literatura sobre filosofía supuestamente científica, que trata de f imdar todas las
disciplinas filosóficas sobre una filosofía natural y una psicología experimental".

Crltica de este punto.
El psicologismo fue un problema importante en la época de Husserl, pero
ahora, en gran parte debido a su labor crítica, ya no nos preocupamos mucho
de si la psicología está o no en la base y origen de las ciencias y la filosofía.
En Jugar de la psicología, el pensamiento naturalista de nuestro tiern~ l~
puesto a la A TROPOLOGÍA como síntesis natural y última base de la c1enc1a
de los fenómenos humano-culturales, los cuales trascienden a los fenómenos
puramente psicológicos. En esta forma, de la subjetiva psicología pasamos a
las objetivas ciencias de la cultura y así nos movemos ya en el campo de las
ciencias del espíritu. Es decir, de la incomunicable y privada subj tividad de
la psique hemos pasado al abierto y libre mundo del espíritu que en_ los objetos mismos (no sólo en las relaciones intersubjetivas) crea sus prop~~s medios de expresión y comunicación. La cultura ha ganado. Pero el spmtu no
sólo es creador de los objetos de goce comunicable que se dan en la cultura;
además de comunicarse, el espíritu se trasciende. Por eso, así como Husserl
roxnpié el encerramiento del sujeto "natural" de la psicología,_ ahora se n esitan romper los cercos de los objetivos culturales del naturalismo antropológico, y abrir el espíritu a su trascendencia. Esta apertura corresponde, en lo
intelectual, a la Metafísica, y si los caminos husserlianos no nos conducen a
ella, hemos de buscar otros nuevos.
2. El historicismo.
El historicismo se asemeja al psicologismo en la relatividad de sus hechos• Ver la contraparte de

252

to en pág. 27.

Estos no sólo son relativos a los indh,i duos, sino a las épocas. Como la de la
naturaleza, también las estru turas formales de la historia son mudables y se
someten a las condiciones del tieippo. Dilthey ha estudiado históricamente
muchas formas de las WeltanscbauWJgen y dice que "si la anarquía de las
filosofías es una de las más poderosas razones en favor del escepticismo. . . el
desarrollo de la conciencia histórica destruye más efectivamente la creencia
en la validez general de cualquier filosofía" (p. 101). Esta es una verdad
de hecho, pero¿ lo es igualmente. de principio? Las ciencias más riguro as pueden considerarse como formaciones culturales de un momento histórico, pero
también son unidades de validez objetiva en sí mismas.
La hi toria, como conocú.uiento empírico, no puede hacer dii;tinción al_guna
entr un vaJor mudable y un valor objetivo o una forma esencial (p. 103-).
Y si hemos de examinar el problema de la filosofía como ciencia estricta,
tt'ndremos que formamos un juicio en el plano de la validez absoluta y no en
el de rúngún conocimiento empírico o histórico. "La afirmación incondicional
de que la filosofía ientífica es w1a quimera ... no sólo es falsa como una inferencia de la historia. sino falsa como un absoluto absurdo" (p. 104). Aun
para entender realmente una filosofía del pasado necesitamos entenderla desde
adentro a partir de sus principios intrínsecos y por ello su verdadera intelección no rá hi tórica, sino esencial fenomenológica.
Comentario.
Estoy de acuerdo con Husserl en su crítica del escepticismo histórico. in
embargo, reo que, al contrario y más al1á del conocer científico puro, que es
anhistórico, el pensar-entender de la filosofía tiene la doble dimensión, relativa y ah !uta de la historia y de la ciencia. Por lo que tienen de ilógico y
relativo el saber del mundo y de la vida, no puede hacerse de ellos una "ciencia' rigurosa pero sí una auténtica y rigurosa Ii:losofía. in embargo, este
asp to de la filosofía lo di ute Hu rl en su crítica a la eltansahaUl.ui$·

3. La \lveltanschauung.
Esta filosofía es, para Huss~rl, una consecuencia del escepticismo histórico.
uienes la profesan se resiJPlan a aceptarla como una simple "visión del mundo", incapaz de convertirse en una "ciencia del mundo" (p. 107). e trata,
pues, de la ele a ión intelectual de la experiencia vivida hasta el plano de
una sabiduría histórica. Má a{m, "todas las filosofías del pasado fueron filosofías de la We]tan chauung en tanto que el móvil de sus creadores era una
aspiración a la sabiduría" (p. 112).
La \ eltanschauung, c;9~iderada como sabicllll'ía, es una ((plena y constante
aptitud para encauzar toda las orientaciones posibles de las actitudes humanas -conocer, formarse juicios de valor, querer" (p. 110). La visión filo-

253

�sófica del mundo leva a u grado teorético más alto la conciliación de todas
las luciones que la sabiduría d la experien ia da a los problemas del mundo
y de la vida. En una palabra, esta sabiduría se realiza Cilosóficarnente cuando
la experiencia se convierte en cultura filosófica. in mbargo, el id al de todo
conocinúento científico tiene que colocarse por encima del simple perfeccionamiento cultural. Hasta aquí el tudio de Husserl.

i lo e aminamos un poco en su crítica a la W ltanschauung, pod mos distinguir dos tipos d sabiduría: una derivada de la historia (sabiduría cultural
que puede alcanzar el grado d "cultura filosófica") y otra derivada de la
naturaleza ( la cual es un primer paso ha ía la ciencia estricta). Respecto de
esta prccí o tífica sabiduría d la naturaleza, no dice lo siguiente: "Todas las
ciencias se proyectan sobre un horizonte d ciencia inacabada. ¿ Qu' va a
hace
de ella, A11schauung o doctrina rigurosa? El teórico, que investiga
la naturale7.a profcsionalment , no dudará en fi • ponder. Dond pu da hablar
la ciencia, aunque haya que esperar iglos, rechazará desdeño am nt las vagas Au1uchauu11gm" 'p. 116). En c-uanto a la sabidw-ía de la historia, f"lla
es cultura y es válida aun cuando qued en un plano inferior a la ien ia.
Hay que tener cultura para ha r filosofía, pero lo que ha ' que an-ancar de
la filosofía estricta es una ''sabiduría" que, al igual que el tratamiento pr científico de la naturaleza, quiera san ionar y aprobar condiciones anticientíficas tales como "mist rio, bscuridad, profundidad", etc. "La profundidad
es uestión de sabiduría", mas "la filosofía ha de pasar en las disputas de hoy
-así lo espero- &lt;le la edad de lo profundo e insondable a la de la claridad
científica" ( p. 122 .
i descarta, pues las llamadas sabidurías histórica y natural -qu más
que sabidurías deberían llamarse saberes ingenuo del homb y del munder-,
Husserl no exclu) , d la filosofía la sabiduría de la Metafísic.a. Esta sería el
saber sapien ial d un SER qu alcance a ser conocido más allá de todo conocimiento histórico y natural. En el "más allá" de este conocimiento no hay
un proceso de "profundización ' en la o uridad del misterio, ino todo lo contrario, un pr ceso de limpieza o clarificación racional por «abstraC'ción" de lo
ininteligible, d lo no puramente inteligible. Aquí h de recurrir a los tres grado de "abstracción" e tablccido d finitivamente por Aristóteles: lo. onser. va ión de la materia ensible de la que se ha excluido lo indiddual contingente
cienc-ias o filosofía de la naturalc7.a). 2o. D sprendimiento de lo scnsibl y
retención de lo imaginable (matemáticas). 3o. Separación de lo
nsible '
imaginabl y con rvación de lo puramente int ligible (el ser metaíísico) . Este
adquirirá en sí una claridad que pu de tran ·lucir a través de la opacidad
de la materia . n~íbl y d las
uematiza i ne fi rales o imaginables d
l

objet

254-

no~~W:~!~~~=:lu:o

~ distingue c~pr~ente, la

sabiduóa metafísica
o es una sab1duna del mundo sino una abstrae
c1on de el y una penetración de lo puramente inteligible El metaf' .
preocupa por el m d
•
.
.
·
mco no se
.
un o, smo se mqm ta por lo que sub ·ista más ali' d l
do del tiempo } la tura!
E l
· a e mund
d
na
eza. s e aro que vive e intelectuafüa la e&gt;...-pcricn ia
e mun o. pero a éste lo entiende s6lo como una región del ser. Conoce el
~undo ~~e trc puntos de enfoque: I de u r su~tancial y coruistente sólido y fm1to (aquí la metafísica es ontología) el de la fuente
d. .
ser ( n este punto es teol , )
lm
,
. o causa e su
ogia ' Y ma ente, desde d punto de vista del
en uan ~ ser ( y aquí tenemos la pura metafísica).
ser

.,

,

g.

I

e·

bl La sabiduría, metafí ica, ~ue incluye la conciencia de los ümites infranqueaes de la razon natural implica tambi tn la contrana· t d
. h .
be 1
·
en enc1a ac1a un
sa r peno y absoluto que nunca poseer mos n la vida nat l
'I
•
ura Y que so o
pod emo J
s a canz.ar negattvamente, por ab tracción intelectual de la cxpe . .
del mundo.
nencta

~~ f~nomenólogos no_ han hecho fetafísica porque su oncepci6n del ser
esta limitada por un radical sentido del mundo 'Podr:.. mos dec"r''. . d. , 1
d t
·
.....,
1 • m 1co e
oc or . rosson en un curso de F o
J ,
1 U
Dame "
omeno g1a en a niversidad de rotrc
n.
,, qu el se~ es para Santo Tomás lo que el mundo es para los fenomeolog~ .' Es decir, el ser o el mundo constituyen las últimas . ta . d 1
conocmuento.
UlS nc1as
e
Pero el fenomc-nólogo Husserl no hizo M taf' .
,
e 1S1ca, segun el padre H L
d
B~eda,, por una razón má beUa: por hwnildad intelectual. El cientili~
e a f1losofra no se atrevió a tocar los problemas cJ I ser
t
J d 1
Ser Puro.
en cuan o ta y e

V

ª;

En .uu ,·olumen de homenaje, 1mblicado por el 'tºmpoSJ· um d e R oyaumont
P
rancia, en 1957, el padre Van Breda compara a Ht•- J
J
'
lla
~r con a campana que
ma a otros a la frtafísica y se queda fuera. Uno qu entró 11 ella escuchando
los llamados del ma tro Husserl , fue H jd ggcr a:.~n e 1 nusmo
·
,
•
•
cn0
ttco. ; m emba_rgo. yo diría que ntró por un pasillo estrecho y trun O O se
quedo en un nnc6n. Me par ~e difícil enrontrar en Hcid ggcr una metaíísica
desanoU~da e~ to~a u amplitud. E te filósofo tiene inten iones metafísicas
pero sus_ m~·esttga~•~n sobre el ser son más bien ontológicas debido al carácter restnng1do y fm1to de ese ser.
Filósofo, en un sentido ab · luto es el J&gt;ensador que tiene u h ·
n onzonte me1. •~, ~]~C no se detiene en los objetos o esencias de las co as como Jo hacen
los 1ent1f1cos y lo fenomenólogo
todo logicista, sino que todo lo ve sobre
el fondo d I SER.

taf ·

f' ~ 11 n_ue 'tra ép°:a, abierta ~I mundo y cerrada al ser, no puede haber metaca smo a parar de una filosofía reli ·osa.

i tenernos un sentido reli ioso

255

�de la vida, podremos formarnos el sentido del ser que se nos da en el cultivo de
una sensibilidad interior alentada -por el ejercicio de una abstracción y separación mental del mundo. Este movimieñto es contrario al de atención y
entrega al mundo, de cuya .experiencia, externa, obtenemos el sentido de las

lidos para todos y comunicables . t 1
de la razón e ilimitación o inf ~ edecdtualment:. Mas la conciencia de limites
IDltu
el ser, solo puede evo
. di 'd
mente. La aspiración a la sa b"d
,
carse m
VI uall una metafísica relio-i
.
comunicable.
'
'
o-0 sa, es una vivencia in-

cosas que necesitamos en las ciencias.
El sentido del ser tiene que desarrollarse plenamente en las intenciones metafísicas. El ontólogo~ como vimos de Heidegger, no lo desarrolla sino parcialmente, en los límites del ser finito. En Husserl no encontramos propósitos
metafísicos, sino lógicos. La Fenomenología, que opera con elementos y meedios de conocimiento, puede compararse a la Lógica en el orden didáctico,
como un examen preparatorio de los instrumentos racionales y científicos del
filosofar. Husserl en su fenomenología nos entregó un nuevo instrumento, indispensable para la filosofía moderna. Mas su doctrina fenomenológica no
tiene consistencia como filosoüa porque ni constituye una completa teoría del
conocimiento ni, menos, una metañsica. Ahora bien, ¿se puede emplear el mé-

Tras la comunicación intelectual del sentido d 1
.
fenomenológico, viene la estricta comuni .6 ~ ~~ realizada por el método
trinas del ser desarrolladas en el I
dcale1 n filosofica, teorética, de ]as doc-.
p ano e o puram t . li "bl
de abstracción en Aristóteles) E t d
.
. en e ~te gi e. (3er. grado
•
· s as octnnas s1 son ngur
,
sicas, no pueden ser so'lo c1'entíf'1cas smo
. tamb",
,
·
•a1 osamente metaf1la finitud de la razón h
d '1a .
. ien sapienct es, conscientes de
, .
umana Y e
inf1D1tud del Ser.
La Metaf1S1ca tiene que enfrentarse a
,
se dan en la conciencia pero . en q , d selares, no solo a fenómenos. * Estos
•
'
' t
ue se a conciencia;, -N
¡
•
rrusma un fenómeno que necesita
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. . .t o es a concrencía
encarnaron esta conciencia en ] .und -~dr. os existeno.alistas, contra Husserl,
, .
e m IVI uo o yo existe t
hi .
metafísica más q
l
. . '
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n e, pero no c1eron
ue os pensadores cnst:J.anos como G Marc 1
cama.ron la conciencia en el aut' ,-:
l
..
e, porque no enb
en ....co ser e ser radical
taf' · d 1
re, ser que se distingue del mundo El ~
, .
}'." me lSICo e homes el único ser subsistente d l h. ba
o espmtu, ob1eto de la Metafísica,
.
e
om re en que puede
te
conciencia.
sus nta.rse y ser la

todo husserliano en una investigación metafísica?
Si queremos investigar en Metafísica con el método fenomenológico de
Husserl, tendremos que tomar la "Erlebnis" (Ortega la dice "vivencia," ) en
un sentido más amplio que la "vivencia'' de la "Lebenswelt" {del "mundo
vital" o "mundo de la vida ordinaria", como Jo traduce José Gaos). Ciertamente no podemos trascender el mundo natural y el de la historia o cultura
en cuanto fuente de. n11estras experiencias, pero podemos penetrar intelectua.Iroente dentro de tales'Vivencias y buscar en ellas un elemento de sensibilidad
espiritual que nos dé y nos sostenga el sentido del ser. Este elemento sensible
tiene "táctiles" puntos de contacto con el mundo -y sus vivencias; está inmerso
en la vida del mundo, pero al mismo tiempo puede abstraerse de él como lo
hacen por ejemplo d sentido de los valores o el de las esencias lógicas o matemáticas. Aquí no hablo de la abstracción aristotélica, puramente intelectual,
del ser. Hablo de la abstracción vital del "sentido del ser". Este elemento sensible puede ser identificado en la cQnciencia y separado, abstraído vitalmente,
par la fenomenología. Tras separarlo, puede describirse, analizarse, presentarse
objetivamente, científicamente, como fenómeno espiritual cuya existencia -si
no vivencia- a todos conste, al menos intelectualmente. Así puede estructurarse la parte científica de la Metafísica.
Sin embargo, .se presenta la siguiente paradoja: No puede construirse la
Metafísica con rigor científico sin tener clara conciencia de que su objeto no
se puede alcanzar científicamente, racionalmente, porque los límites del ser le
son inalcanzables a la razón. Esta es una verdad de valor paradójicamepte
científico y sapiencial.
Los descubrimientos fenomenológico-c-ientífieos del sentido del se.r, son vá•

256

La filosofía no es puramente conoc1.ID1ento
. .
como la c· ·
· 'l
como el saber del vieio n .
. I d
ienc1a, m so o reflexión
J ,
I un SlIDp e
eseo de sabe .
be
como el del analfabeto (Descarte tu
r sm un sa r anterior,
.
s
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al
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his
, .
Ias ideas que rechazó) s·
.
nos
toncamente
ífi
, mo que, parbendo de] conocimiento direc
.
t co, de las cosas, es reflexión últuna'
to, c1en.,
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ref] ex10n críbca en que se hace al
,
'
• s a es una
bido o suspender el ¡u· . .
go m~, que dudar cartesiana.mente de lo sazcio en una epoJe husserlian E
, . d
Pero esta crítica
¡ hac 1
.
ª· fle
s enoca e la razón.
,
no a
e a propia razón en un
.,
.. . .
solo termina en la exaltación d , .
a r~ xion al mfm1to que
una crítica ,acional. Tampoco e s1 nusm~,. como Jo hizo el idealismo. No es
es una critica o reclamo a carg d 1 .d
como quiere Ortega, porque eso significa viola . , d
o e a VI a,
no estableció la
,
oon e un orden real que
. .
ramo y que no puede ella imponérnoslo, ni dárnoslo sin
lo.drecibrmos en 1a conciencia, en el esp'm"tu , al reci'b"rr la vida.
.
(R , ·b· o que
l
V1 a no al nacer, sino al darnos cuenta de ella) E te
d
. J eCl unos a
espontaneidad como quiere O
. s or en VIta es el de la
español equiv~ el e1·emplo drteg~d' y no pu;de hacer violencia. El filósofo
e VI a espontanea· Don Ju
lo contrario de la espontaneidad este .
1 d .
an, pues es todo
eJemp O e una total viole ·
la d
con lujo de detalles, deliberada, nunca espontánea.
,
ncia, P. nea a

* En esto se opone 3 la F enomenología (p. 17) _ ; Podemos
partir de los fenómenos?
~
conocer los seres

3

257
ll17

�El orden espontáneo le viene a 1a vida de la libertad de ~spír~tu, lil~ertad ~ue
se obtiene en la intención del bien y la verdad. Amar sm violencra el bien
y la verdad es más que vivir "espontáneamente"; es vivir l~ libertad.
, .
En esta auténtica vida en libertad, la crítica de la razon por el espmtu,
ya no es para supeditarla, con violencia, a la "vida espontánea". Es p~a
. abrirla libremente, cada uno, a un nuevo sentido del ser, a un nuevo sent:tdo
que puede despertarse y desarrollarse en la conciencia.
Este sentido del ser, sentido metafísico, no científico, es el que le da a la
filosofía su absoluta validez y rigor.

LOCKE, UN MÉDICO ECLÉCTICO *
Poa

PATRICK RoM..wELL

Universidad de Texas,
El Paso, Texas, E.U.A.
(Traducción del inglés por
el Lic. Alberto García Gómez) .

I
EN UN ARTÍCULO PUBLICADO hace aproximadamente una década acerca de
John Locke (1632-1704 y Thomas Sydenham 1624-1627), el que esto escribe
llamó particularmente la atención, de paso, en lo relativo a la existencia y
signilicancia de un fragmento de Locke no publicado, el que, para aquel entonces, "no había sido todavía aludido por los estudiosos"/ y que había sido
escrito con anterioridad a los otros dos fragmentos médico-filosóficos atribuidos
a él, principalmente, la "Anatomía'' (1668) y "De Arte Medica" (1669) .2
Desde entonees, según mis conocimientos, dos tratadistas 3 han hecho referencia

* Este estudio fue originalmente emprendido con la ayuda de la Sociedad Filosófica
Americana y del Servicio de Salubridad Pública de los Estados Unidos. El autor debe
especiales gracias al personal de la biblioteca John Crear, en Chicago, por la prontitud
de los servicios prestados.
' PATRICK RoMANELL. ''Locke y Sydcnham: un Fragmento acerca de la Viruela.
(1670)". Boletín de la Historia de la Medicina, 32 ( 1958) , 308.
' Recientemente, KENN BTH M. Dawe:URST en el Dr. Thoma.s Sydenham (1624-1689) ,
Berkeley, Prensas de la Universidad de California (1966, 73) ha puesto en duda la
autoridad de Locke de estos dos manuscritos, atribuyéndolos a Sydenham, pero su
"evidencia contemporánea" en John Locke: Médico y fil6sofo, Londres, Welcome Historical Medica! Library ( 1963-38) es insuficiente y no del todo concluyente.
• DEWHURST se refiere al "Morbus" en John Locke, 28, sin tener conocimiento de
su fuente de información. DAVID L. Cow1rn en "Comentarios del Artículo del Dr. Romanell acerca de Locke y Sydenham", Boletín de la Historia de la Medicina, 33, ( L959 ),
175, da a conocer el descubrimiento de "este" documento.

259
258

'

�al fragmento literario en cuestión: una larga disertación ( cerca de 1,200 palabras), que como introducción, fue titulada "Morbus'' por el propio Locke,
encontrado en un manuscrito suyo en el Museo Británico, llamado el "Libro
del Lugar Común Médico". 4 Uno de tales tratadistas se queja, ciertamente,
de que en el otro se "dedican solamente 19 lineas" 5 a la introducción. No
existe fecha de esto, pero tanto la evidencia interna como la externa, las
señala haber sido escritas en algún período del año de 1666.6 Aquí el factor
tiempo excede a toda importancia.
La pieza de Locke en "Morbus" ( 1666) antecede en un año o algo así, al
tiempo ( 1667) en que nuestros injertados médicos-filósofos encontraron a
Sydenham.7 El "Hipócrates inglés'' que había de ejercer, dentro del curso debido, una tremenda influencia en Locke, a tal grado que, y de acuerdo con
nuestros propósitos, podemos dividir aquí su propia carrera intelectual en dos
períodos principales: pre-Sydenham y post-Sydenham.8
Una confirmación independiente de esto nos llega del propio libro de notas
médicas que incluye la introducción del "Morbus". En el "Libro del Lugar
Común Médico", cuyos tópicos cubren los años de 1659 a 1666, del que es
posible leer cuando más una especie de "Quién es Quién en medicina y en
filosofía", de mitad del siglo XVII, es de notarse que la persona que es conspicua por su ausencia en ellos, es precisamente a quien Locke habría de alabar
• B. M. Add. MS. 32, 554. Este manuscrito tiene dos partes confusas de paginas.

Para empeorar las cosas, el manuscrito del "Morbus" mismo, parece haber sido escrito
en diferentes intervalos, ya que su paginación empieza en la página 232, fol. 119, fol
121, fol. 126, fol. 127, página 24-9, fol. 12:8. Aunque la nota sobre "Enfermedad" está
.intitulada en latín, está escrita en inglé"s y (literalmente) con una no clara caligrafía
de puño y letra de Locke. Aunque en este respecto la escritura ilegible podría uno
asociarla con las recetas de un doctor, es una penosa recordación de Locke, el médico.
• La queja ap~ce en la revisió11 de Cowen, del libro de Dewhurst sobre John
Locke, en Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, (19-1964), 426.
• La más temprana fecha en el "Libro del Lugar Común Médico" es el "25 de
febrero de 1659" y estoy en deuda con Cowen por haber Uamaao la atención acerca
de que la última' fecha sobre ésto es 1666. El que los apuntes del "Morbus" no pudieron haber sido escritos antes de 1666, está comprobado, no solamente por el hecho de
que apareció prácticamente al fin del manuscrito en cuestión, sino también por el hecho más significativo de que el contenido de los apuntes en sí mismos presupone el
trabajo filosófico mayor de Boyle, publicado en Oxford en 1666. El Origen de las
Formas y Cualidades (de acuerdo con la filoso/la corp1,1.scular), de aquí en adelante referido simplemente como título El Origen de las Formas y C-ualidades. Ver la cita 46,
' MAurucE CAANSTON, JoBN LocK.&amp;: Una Biografía. (London, Longma.ns, Green),

1957, 91.
• Véase nú artículo (citado en la referencia), Boletín de la Hi.5toria de la Medit:ina,
(1958 ) , 293-321 , para detalles de las relaciones intelectuales entre Locke y Sydenham.

260

después (1669) como el •~gran genio de la medicina, el Dr. Sydenham".9 Tal
ha sido el caso del "Morbus" de Locke de 1666, que es de lo más sobresaliente
acerca de toda la cuestión relativa para determinar el origen y la evolución
de su filosofía médica en general.
En virtud de u existencia, según todas las apariencias, el primero y único
de sus escritos existentes acerca de los aspectos históricos y filosóficos de Ja
medicina, pertenece al período pre-Sydenham; permitiéndonos así el fragmento
del "Morbus" comparar al Locke del principio con el del final, y, consecuentemente, trazar el actual desarrollo de su pensamiento sin tener que recurrir
a hacer conjeturas.
A11ticipando nuestros descubrimientos en el contenido principal del fragmento del "Morbus" de 1666, Locke inaugura su carrera filosófica como un
ecléctico
en la teoría de la naturaleza y en la teoría de la enfermedad, ter.
mmando con un Ensayo Concerni.e11te a la Comprensi6n Humana, de 1690,
como un agnóstico en "filosofía natural", que es, en suma, ciencia natura1. 1º
Esta conclusión, no obstante, en ninguna forma significa que el eclecticismo
y el agnosticismo científicos sean actualmente de clase distinta. Su diferencia,
a pesar de todo, es de terminología. Un ecléctico es un pensador, quien como
Locke en sus principios, encuentra necesario utilizar y reconciliar ideas provenientes de varias fuentes, porque, en su opinión, ningún sistema único de
pensamiento puede llenar tocio el vacío o es completamente satisfactorio. Con
el propósito de que esto sea así, el ecléctico está ya en el camino del escepticismo~ lo que es agnosticismo, empujado a sus límites lógicos. Ast, la diferencia entre el eclecticismo y el agnosticismo es una diferencia entre un grado
más bajo o más alto de escepticismo, respectivamente. Aplicado al caso a
estudio significa que, conforme Locke maduró intelectualmente, se hizo más
Bodls. MS. Loeke f. 21, 16.
JoH~ LocKE, Un Ensayo Concerniente a la CompTensi6n Humana, ed. A. C. Frase
(New York, Dover, 1959) II, 217-218, 349-350. La rawn por la cual Locke llegó a
ser eventualmente agnóstico en ciencia na~I (Incluyendo la medicina) es porque,
empezando como éJ lo hizo con una definición cartesiana del conocimiento como de
certeza absoluta, se vió forzado, lógicamente, a concluir que el "conocimiento sensible"
(su término ideológico para conocimiento científico, significando el conocimiento de la
naturaleza adquirido por la vía de los sentidos) llega, inherentemente, de una fuente
limitada que no se ajusta a la estricta norma de la verdad. Aquellos que se mantienen
interpretando equivocadamente a Locke eomo un empirista Baconiano, no ven la irorúa
de esta consecuencia agnó · ca, oponiéndose ultimadamente a una definición racionalista
del conocimiento. Para completar la irania de todo ésto, aparentemente Locke no fue
en ningún tiempo un agnóstico en matemática pura y ética, pennaneciendo sólo en
teligión - lo que significa que cambió a ser agnóstico solamente en lo que respecta al
conocimiento que descansa sobre la experiencia sensorial o conocimiento científico. Locke
es el más peculiar empirista moderno. ¡ No hay duda!
0

1o

261

�escéptico acerca de la posibilidad de hacer una ciencia exacta, fuera del verdadero campo en que actúa la mente moderna y que constituye su orgullo y
su gozo: el estudio de la naturaleza. Tal es la ironía de la épica historia del
Empirismo Británico, como se refleja en su no-oficial escéptico, John Locke.11.
Pero regresemos al Locke del inicio, como ecléctico, que tal es el principal
propósito de este estudio.
Con objeto de sostener nuestra proposición central acerca de que el autor
del "Morbus", es un ecléctico cientüico y médico, es necesario, primeramente,
identificar las principales fuentes de sus ideas, en especial, desde que todos
sabemos ampliamente que la nota no fue escrita bajo la inspiración de Sydenham. Desgraciadamente, el propio Locke no sirve aquí de mucha ayuda y
Sir Charles Sherrington está perfectamente justificado cuando declara que
en el siglo XVII, "el conocimiento de la fuente de puntos de vista fue relativamente poco practicado en los escritos cienúficos de aquel tiempo". 12 El "Morbus" de Locke, no da nombres del todo, pero, afortunadamente, es un tanto
claro del contexto al texto y en el propio 'Libro del Lugar Común Médico",
como en otras anotaciones del mismo, así como su biblioteca personal y sus
primeros años en Oxford, cuyas doctrinas están específicamente involucradas.
Para hacer corta una larga historia, podemos decir que, descontando los
pesados ecos del viejo humoralismo contenidos en el fragmento del "Morbus",
en lo principal, comparativamente, hay tres nuevas fuentes las que presupone.
Sus tres fuentes del siglo XVII ( detectables sólo mediante un examen cercano)
son: J. B. van Helmont (1579-1644),1ª Robert Boyle (1627-1691) u y René
~ Como todos en este campo saben, un muy agudo obispo Anglicano de nombre
George Berkley, trató hasta sus extremos de terminar con el Empirismo Británico,
yendo erróneamente y cayendo en -el eu:epticismo, pero sin pr-0vecho, históricamente hablando, como es evidente en la brillante obra de David Hume, escéptico oficial de la
tradición empírica británica de la filosofía moderna europea.
" Sm CHARLES SHERRJNGTON, Man on his Nature (El Hombre y su Naturaleza),
Segunda Edici6n. (Garden City, Doubleday, 1955) , 159.
13 HELMONT a quien se Je ha llamado "el más grande de los paracelsianos:
An lntroduction to Philosophical Medicine in the Era of the Renaissense. (Una Introducción
a la Medicina Filosófica en la Era del Renacimiento), Base], S. Karger (1958, 349), es
tradicionalmente llamado en la historia médica, "iatroquemista"; pero el marbete en
realidad no Je es apropiado porque sus categorías básicas son, estrictamente hablando,
mucho más cercanas a la bioleg'ia que a la química. Desde que regresa a Thales presocrático y presupone como vivo todo lo que hay, en la naturaleza, (hilozoísmo), el más
apropiado marbete para él como pensador médico debería ser "iatroo:oísta" como Jo
mejor y "iatroficista" como lo peor. Cf. MARm BoAS HALL, Robert Boyle on Natural
Philosophy (Robert Jloyle en Filosofía Natural), Bloomington, Indiana University Press,
( 1965), 83-84,
" El fragmento del . "Morbus" es solamente una confirmación parcial de la afirma-

262

Descartes ( 1596-1650) .1 G Locke leyó a todos estos autores con cuidado y
ahora sabemos que práctic-..amente tuvo todas sus obras en su biblioteca ~rivad~.16 P~eba de que también los leyó con sentido critico, está reflejado en
la p1eza rwsma del ••Morbus",' la que sube a un rudo resentimiento de sus conflictivas ideas dirigidas a acabar con un compromiso de trabajo.
Sin estar de acuerdo, en principio, tanto con Hehnont, el Paracelsiano vitalista, o con Boyle, el mecanicista Cartesiano, Locke, en el "Morbus", es lo
suficientemente astuto, no solamente para no incitar a pelear a un hombre
contra otro. Como buen estratega, hace uso de las fuertes facciones de estos
dos hombres para atacar al tercero (Descartes), intentando explicar los procesos de la vida con la cruda analogía mecánica de un colador o tamiz.U EJ
tiempo precluye en esta ocasión para comparar línea por linea el texto del
"Morbus" de 1666, con las relevantes obras de los tres autores mencionados
arriba Basta decir al presente, que de la primera a la tercera parte, 0 algo
así del texto, contiene la primera teoría general de la naturaleza de Locke
.
'
m nuce; el resto, con su correspondiente teoría de la enfermedad. Las dos teorías
están cuidadosamente entretejidas, la última siguiendo como corolario a la
anterior.

II
La introducción de Locke en '~Morbus" (1666), abre con las siguientes
palabras, declarando todo su propósito: 18 ''Yo supongo que otra y más ración biográfica de Craston de que Boyle fue el "principal mentor científico de Locke
(op. cit., 75), por la sencilla razón de que el autor que tuvo igual, si no mayor influencia originalmente en Locke, es precisamente el "Espagirista", a quien Boyle en
1661 censurara por sus "muy extravagantes" pretensiones, es decir, "el audaz e ingenioso Helmont''. (The Sceptical Chymist, London, Everyman's Library, 1911, 5).
15
La influencia de Descartes en el Locke del principio es un tanto negativa, pero no
importa menos. La pieza del "Morbus" revela que antes de que Locke llegara a ser
anti-Cartesiano en la teoría de] conocimiento, había sido anti-Cartesiano en 1a teoría
de la naturale-La. Cf. referencia 20 y 37.
10
JoxN l-IARRISON r PETER LASLETT, The Library of John Locke (La Biblioteca de
John Lockc) (Oxford, Ox:ford University Press, 1965) 91-93, 101-I02, 152.
u Para la analogía de los "cedazos" en Descartes, The Philosophical W orks of Descartes (Las Obras Filosóficas de Descartes), traductores E. S. HALDANE and G. R. T.
Ross (New York, Dover, 1955, I, 115,335); también L'U-0mo (traducción de L'Homme
[El Hombre] de 1664, por B. CANTELLI, Torino, Borlingbieri, 1960), 39-40, 46.
JJJ La gramática, escritura y puntuación han sido modemi1.adas por conveniencia. A
menos que se indique en otra fonna, todo el material citado de aquí en adelante ( en
forma modernfa:ada) está enteramente tomado de este fragmento de Locke.

263

�cional teoría de las enfermedades puede establecerse sobre otros principios
que no son ni de los Galerristas ni de los Paracelsianos".19 Del siguiente pasaje
en el texto podemos inferir, no solamente qué son los "otros principios''; podemos, además, inferir también, que tal vez bajo }a influencia de Helmont,
el bombástico archicrítico de Galeno, Locke en ese tiempo ( cierto o equivocado) interpreta los viejos principios naturales de los galenistas en los nuevos
términos mecánicos de los cartesianos. "Considerando que en el gran mundo
algunas cosas son producidas por principios seminales y algunas otras por la
sola míxtura de las partes", se sigue necesariamente de esta clara división territorial de la naturaleza, que los "otros principioi' que Locke tuvo en mente
como conductores a una "teoría más racional de las enfermedades", son precisamente eclécticos, tanto como implican la negación de ambos, la doctrina
vitalista de los Paracelsianos, de que en el mundo natural todas las cosas "son
producidas por principios seminales" y la opuesta doctrina mecanicista (atribuida a los viejos galenistas, así como a los nuevos cartesianos), de que todas
ellas, son producidas por una "sola mixtura de las partes". Este ecléctico acceso
de la etiología de la naturaleza, constituye la premisa mayor de todo el fragmento del "Morbus", proveyendo Loc.ke con otro fundamento sobre el cual
constituirá su propia teoría de la enfermedad.
La evidente implicación de su alternativa de la vieja filosofía natural con
la nueva, es de que hay dos partes en la naturaleza: 20 orgánica e inorgánica,
cada una de las cuales tiene su propio proceso o "forma de producción".
Mientras el segundo pasaje citado arriba, acerca de los dos distintos procesos de la naturale7.a -el «seminal" y el mecánico-, es la más fundamental
afirmación de todo el texto del "Morbus", el que sigue, es de lo más sorpresivo, a primera vista, dada la obvia fuente de Helmont, al referirse a los
"principios seminales". 21 De cualquier manera, lo que Helmont y los seguido10 CoWEN se ha confundido por el término "racional" puesto aqu1, pensando, que
significa "racionalistico" (en el sentido Cartesiano) . Más bien significa "plausible"
(en el sentido de Boyle), esto es, sensible o razonable. (Cf. BoYLE, The Sceptical Chymist,
Everyman's Library0 175). Si todo el "tenor'' del "Morbus" fuese tan "racionalístico"
como Cowen pretende ( en la página 1 75 de su artículo anotado en la referencia 3), la
subsecu~te maduración como un anti-racionalista o empirista no sería inteligible.
"' Compárese esta definición operante de la naturaleza en el "Morhus" con su eco,
y elaboración en el Ensayo (Fraser ed., I, 442-444). Aún así, el acento del Ensayo
mismo es de las dos "partes de la naturaleza" como "Jo corporal y lo espiritual" (Fraser
ed., I, 406). De aqu1, el Locke del principio parece más naturalista en s11 concepción
de la naturaleza q11e el Locke de la madurez, quien intencional o inintencionalmente toma
como aceptado el dualismo cartesiano en metafísica.
.. Ilm.MONT, Oriatrike or Physick Re/ined ( traducción, J. CBANDLER, London, Lodwick Loyd, 1662), 322.

264

res vitalistas tuvieron como tales, él los define en un sentido especial, como
sigue: "Por principios seminales o fermentos, entiendo algunas pequeñas y
sutiles partículas de materia que son aptas para transmutar más allá, más
grandes porciones de materia en una nueva naturaleza y nuevas cualidades-cuyo cambio no puede ser llevado a cabo por otros medios". Parece como si
Locke estuviera definiendo a los "fermentos seminales" en el sentido •~corpuscuIariano" o mecánico de Boyle, pero no obstante, en un más cercano examen,
no lo hace. Lo que él entiende por "fermentos'' (término de Helmont), son
esas especies de "corpúsculos" de materia ( término de Boyle), que operan
en "alguna forma más poderosa" ( empleando las propias palabras de Locke)
que un puramente sistema mecánico de fuerzas ciegas, lo que, como una consecuencia, sirve para tomar en cuenta en un fenómeno orgánico (por ejemplo, el empolla.miento de un huevo) , en contradicción al fenómeno inorgánico
(por ejemplo, la composición química) .22 Como su antecesor y compatriota,
Francis Bacon (1561-16261, Apóstol de Ja Nueva Ciencia y Animador del
Empirismo Británico, el Locke del principio, es un "lingüístico conservador". 28
Retiene el término "fermentos" ( o "principios seminales"), pero no lo emplea en el mismo "incorpóreo" (vitalístico) sentido como Helmont, o, en el
opuesto (mecanicista) sentido como Boyle.u En breve, la definición de "fermentos seminales", como agentes físicos, pero no~mecánicos, de la causación
en el mundo de la naturaleza, es la base de su intento inicial para aproximarse
"' La temprana definición de Locke neo-corpusculariana de los "fermentos seminales"
(o "principios seminales") pudo haber sido sugerida de la lectura del más popular libro
de B~YLE, 1'he Sceptical Chymist, (1661). Comentando sobre los Thalesianos, y sobre
la "hipótesis Helmonsiana" concerniente a la reducción de la "materia universal" en
agua, Boyle concibe a la prima materia "consistente de una. variedad de principio,s seminales", esto es, de ''corpúsculos de una muy variada naturaleza" (Everyman's Library,
75-76). Cinco años más tarde, sin embargo, en su obra más sistemática, cambia su
campo de un •análisis sustantivo, a uno adjetivo de los "corpúsculos", con el énfasis
esta vez puesto sobre la materia, como consistiendo de una "variedad de diferentes cua.
lidades", derivable mecánicamente del movimiento y de la "peculiar textura" de sus
partes (The Origin of Fomis and Qualities [El Origen de la$ Formas y Cualidades],
1660, 180). Incidentalmente, en una forma ecléctica o reconciliadora, Boyle aún en
1666, mantiene la puerta abierta a su más temprana consideración de la existencia de
los diferentes corpúsculos cualitativos, cuando admite que él "no niega prontamente
que pueda haber algunos más nobles y sutiles corpúsculos" ( Ibid,em, 359) . A pesar de
todo, él procede festivamente como si fuera un cartesiano mecanicista completo, sin
preocuparse- acerca de que ésto sea consistente o no. C. F. referencia 28.
:o HAu., op. cit., 62.
"

HEL,MONT, ÜRIATRIKB,

504; BoYLE, The Sceptical Chymist (Everyman's Library),

75.

265

�al viejo y gran debate del mecanicismo en contra del vitalismo en un compromiso o forma ecléctica.25
Debe quedar perfectamente claro del compromiso de Locke de 1666, que
en sus comienzos, es un dualista etiológico en cosmología, postulando, como
lo hace, dos tipos de causación en el "gran mundo" de la naturaleza, uno,
exclusivamente, para la parte orgánica y el otro, exclusivamente, para la
parte inorgánica. Por el contrario, de acm~rdo con Helmont, nada se ha producido jamás en el mundo de la naturaleza por una simple ca-mixtura de las
partes ; 26 de acuerdo con Descartes/' más que con Boye,28 nada se ha producido jamás así. El Locke de 1666 no acepta ni una ni otra posición. Para
abreviar nuestra exposición de la porción cosmológica del texto del "Morbus",
el Locke del principio es un ecléctico en la teoría de la naturaleza, debido a
que, en virtud de no ser un completo vitalista como Helmont, ni un biomecanicista completo como Descartes, astutamente evita los dos extremos del
argumento, asignándole cuidadosamente a cada uno de los dos tipos de causación postulada a sus áreas peculiares de operación. Volvamos en lo que sigue a
la porción noseológica del texto a estudio.

UI
Después de haber presentado un no muy afortunado esquema de su teoría ecléctica de la naturaleza en su contexto etiológico, Locke procede entonces,
lógicamente, a sus implicaciones a la patología y con eso, volviendo a su meta
original de sometimiento a una "más racional teoría de las enfermedades" que
la de los galénicos y paracelsianos. Guardando la lógica de la cuestión, la pieza
del «Morbus", de Locke de 1666, empieza con los problemas de la etiología
de 1a naturaleza en general y cierra con el problema de la etiología de la enfermedad en particular. Para una mente médica como la de Locke, como para
la de cualquier médico, el último problema es aún más crucial, prácticamente
hablando, que el anterior. Para las causas de las enfermedades, definitivamente
afecta "el método de curar'', especialmente desde que todo el objeto de la
terapia es "encontrar remedios para destruir" aquellas causas y "fortificar las
partes en eontra de su operación". Este último pasaje muestra que Locke
"" Este debate languidece de vez en cuando en la historia de la biología y de la
filosofía, para estar seguros, pero aparentemente nunca muere.
,. Oriatrike, 84 l.
" lLu.DANE and Ross ed., 296-297.
,. El Origen de las Formas y Cualidades, 180, 18,3, 242. Bovu: como un científico,
es un convencido mecanicista.

266

reconoce la verdad médica del Inglés, diciendo: "una onza de prevención vale
más que una libra de curación", y de aquí en adelante toma en cuenta el
valor de lo preventivo, así eomo la medicina curativa.
Que Locke está muy agudamente adverlido de la importancia médica de
toda su empresa, aparece claramente en el pasaje que tiene sonido de Helmont
en el texto del "Morbus'' : ~como esos pequeños e insensibles fermentos, este
potente Arqueus trabaja, confieso no poder comprenderlo satisfactoriamente,
aunque los efectos sean evidentes, pero aún creo que debe ser valioso el considerarlos, encontrando qué enfermedades brotan de estos fermentos, que según
creo, son contagiosos y lo suficientemente evidentes en la sarna". Este es el único
pasaje de todo el texto del "Morbus" del cual, debido a su tono subyacentemente escéptico nos da un anticipo de lo que vendrá en Locke. Aún, suficientemente curioso, el pasaje mismo es tomado actualmente ( en parte. por lq
menos), casi al pie de la letra, de un parágrafo de un capítulo llamado
"De las Enfermedades Arqueales'' en la más grande obra de Helmont, Oriatrike.29 Aún, a pesar de la actual de.1Dostración del pasaje, el pensamiento en
sí, es característico de lo que sería en Locke y no característico en Helmont. 30
Mas aún, lo que hace Locke a este importante parágrafo en Helmont es aún
más importante, librándolo de la mayoría de su alto tono pseudo-platónico,
poniéndolo en tierra y reestableciéndolo en términos menos oscuros.
Habiendo asunúdo al principio que los dos tipos de causas productivas o
eficientes 31 operan en «el gran mundo de la naturaleza", el Locke de la primera etapa, llega a 1a implícita conclusión de que los mismos tipos operan, correspondientemente, en el más pequeño mundo de la enfermedad. Esta
conclusión en turno, afirma: a) que lo que es cierto de la etiología para el todo
de la naturaleza, es necesariamente verdadero para aquella parte de la naturaleza que tenga que ver con las enfermedades, y b) que la "más poderosa"
forma de causación en la parte más compleja (orgánica) de la naturaleza, necesariamente presupone su menor contraparte de poder en su más simple (inorgánica) parte. De la dualidad de las causas postuladas en patología, Locke,
tácita y correctamente :infiere en el "Morbui;" una doble clasificación de las
enfennedades: °'enfermedades seminales" 32 ( cuyas causas son materiales, pe"" Oriatrike, 549.
00 Ihw,tONT es rouy confiado en la mentalidad para ser sensitivo a la falibilidad
humana, especialmente en lo que a él respecta. Ver Oriatrike, 458, por su anormal
sentido de la infalibilidad científica.
~ 1 En vista del hecho de que Locke debió atnnnentarse con el problema de la causalidad en el Ensayo de 1690, deberá anotarse que en 1666 se adhirió al concepto
clásico de la causa y no fue muy precavido entonces de sus dificultades.
a: También en líELMONT, op. eit., 491.

267

�ro no mecánicas) y no seminales, u "otras enfermedades" ( cuyas causas son
ambas, materiales y mecánicas). Esta verdadera forma de clasificar las enfermedades es precisamente lo que hace a Locke en su principio, un médico
ecléctico. En tanto que Helmont, de hecho, mantiene que todas las enfermedades son "seminales" 33 ("Arqueales" o "fermentales") en la naturaleza, mientras que Descartes sostiene, en principio,34 que todas las enfermedades son
mecánicas, Locke en 1666 piensa que algitnas enfermedades son seminales y
algunas son mecánicas. En una palabra, en sus comienzos, Locke es dualista,
Helmont o Descartes, monistas, en noseología y etiología de la enfermedad.
No es necesario agregar que el dualismo etiológico en la teor'ta de la enfermedad, sigue, lógicamente, del dualismo etiológico en la teoría de la naturaleza.
Lo más de la pieza del "Morbus", está dedicado al tipo "seminal" de enfermedades, esto es, e1úermedades causadas, presumiblemente, por algún "fermento hostil". Aquí, nuevamente, el Locke del principio, recurre a la terminología de Helmont; pero una vez más, da a entender por el término "fermento hostil" 35 de Helmont, un agente material no mecánico, el que es
"suficientemente poderoso" para producir enfermedades tales como la "sarna",
las "úlceras" y "la plaga''. Esto se sigue, necesariamente, de la definición inicial
de Locke aceréa de los "fermentos'\ en general, como esas "pequeñas y sutiles
partículas de materia", las que no operan a la manera mecánica de los Cartesianos, de las "partículas insensíbles" y de los "corpúsculos" de Boyle. Locke,
triste es decirlo, nos habla en el "Morbus", de cómo los "fermentos" no ope•
ran, pero, infortunadamente, no explica cómo lo hacen, excepto vagamente.
Tal vez la razón por la que no explica exactamente cómo operan en "alguna
forma poderosa", sea la de que simplemente no pueda.
"" Ibídem, 619.
.. Como Descartes actualmente explica (para tomar su propio ejemplo ) mecánicamente la digestión comparando el proceso digestivo con la obra de los "diferentes cedazos" (IlALoANE and Ros•s ed., 115; L'Uomo, 39-40, 45-46), debía, en principio,
mutatis mutandir, tener que explicar la indigestión de la misma manera. Como una
cuestión de hecho, sin embargo, Descartes se concentra en la fisiología del cuerpo humano y dice muy poco, desgraciadamente, acerca de su patología. Véase AuGUST.E T&amp;"LLTER, Descartes et la Medicine (Paris, Marce! Vigne, 1928), 43-44, 52-54.
16 Oriatrike, 860. Las obras de Helmont fueron publicadas p6stumamente en Amsterdarn, en 1648, bajo el título de Ortus medicinae. Locke se refiere en su ''Libro del
Lugar Común Médico" (pág. 78 ó fol. 42) a esta edición original, y él tuvo una
copia de la nueva edición publicada en Amsterdam en 1652 ( HAJUUsON and LAsTED,
op. cit., 152). El término "fermento hostil" es de la propia traducción de Locke del
latín. JoHN CaANDLER, el traductor inglés de Ortus medicinae, le da carácter de
"fermento extraño" en la edición aparecida bajo el título griego latinizado, Oriatrike
( 1662). A propósito, no hay mención en el "Morbus" de la "amistosamente" opuesta
clase de fermentos en "Helmont'' ( Oriatrike, 905).

268

De cualquier forma, así como el Locke del comienzo, toma Ja noción vitalista de Helmont, de un "potente fermento" 36 y lo convierte en uno material,
pero no como factor causal mecánico del cambio natural, en su teoría del
doble proceso de la naturaleza,37 así, hace la misma cosa en su teoría de la
enfermedad con la noción correspondiente de] "fermento hostil". No obstante,
definitivamente se coloca con Helmont y toma partido con los galenistas en la
cuestión médica de cómo establecer las enfermedades. El médico paracelsiano
de Bruselas había argüido desde un punto de vista localista, el que las enfermedades no son debidas a un mal funcionamiento del sistema sanguíneo en
su totalidad, sino a los «fermentos 1ocales" ,38 los que invaden órganos particulares del cuerpo venidos de afuera. He aquí la propia versión de Locke en el
"Morbus ' acerca del tema del Localismo contra el Holismo en patología: "No
puedo ver si las úlceras fueron debidas a la sutileza y depravacion de la sangre,
el porqué la sangre debe, al mismo tiempo, corroer una pierna tan cruelmente
y así cautelosamente nutrir a la otra -la misma masa de sangre circulando
indistintamente en ambas-, a menos que hubiere algún fermento seminal
que en su paso, corrompa a una, mientras no disturbe, cuando pasa, a la otra".
Hablando con mayor generalidad, Locke en 1666, también acepta la concepción substantiva de la enferrnedad,39 como un "ser real" 40 en sí mismo,
.. lbidem, 315.
01
Estamos tan acostumbrados a identificar al materialismo como una teoría de la
substancia con el mecanicismo como una teoría del proceso, que nos será difícil el
concebir que el Locke det principio pudiera conciliar una doble teoría del proceso
de la naturaleza, o ser un materialista, por lo menos~ como los últimos constituyentes
del mundo externo, sin ser un completo mecan.icista de acuerdo con su modo de operación. Suficientemente irónico, Descartes, el científico, que concibió la totalidad de
la nancraleza (incluyendo el cuerpo del hombre) como un conjunto de una Gran Máquina, original y continuamente en movimiento por la mano invisible de Dios, i:s un
completo mecanicista en el mundo externo. Más aún, Descartes, el filósofo no es
oficialmente un materialista, sino u.n dualista metafísico, debido a que a sus ojos el
"alma racional" del hombre no es una pieza de maquinaria. El Locke del "Morbus"
guarda silencio acerca del alma humana y sabemos que el Locke del Ensayo sigue siendo tradicional y e.artesiano en esta cuestión, excepto que la capacidad de la mente para
captar la esencia del alma es categóricamente puesta en duda. Esto es precisamente en
e.~ta última anotación que Locke y Descartes dividen ca.minos. El último yendo por la
vía de lo agnóstico.
"" Oriatrike, 430.
"' Pagel describe el punto de vista de Helmont de la enfermedad "ontológica" (The
Religious and Phylosophical Aspects of van Helmont's Science a11d Medicine) (Los Aspectos Religiosos y Filosóficos en la Ciencia y en la Medicina de Helmont) (Baltimore,
Johns Hopkiru; Press, 1944, 39); también "Harvey y Glisson on Irritability: with a
Note on Van Helmont", Bu,'letin o/ the History o/ Medicine, 41, (1967) , 511.
'° Oriatrike, 164, 491 494, 599, 546, 559.

269

�invadiendo el cuerpo, y así rechaza la concepción adjetiva de la enfermedad
entre los galenistas, cuyo aproxima.miento funcional a la patología no es en
términos de diferentes entidades de enfermedades del paciente en sí mismo. Aún
así, siendo un médico ecléctico, el Locke del principio, está inclinándose a
hacer más bien una importante concesión hacia los galenistas, al reconocer que
aunque "la particular constitución del cuerpo" nada tiene que hacer con la
ocurrencia de "muchas enfermedades" de la variedad "seminal", "algunos
temperamentos", están mejor dispuestos, para oontraerlos, mientras algunos lo
son menos, siendo más inmunes.
Para resumir la relación y reacción de Locke de 1666 con Helmont en patología, la reafirmación en cápsula, de la teoría del "fermento" de la enfermedad en el '"Morbus••, es equilibrada en comparación con la prolija de Helmont
de ella, originalmente. No hay del todo 1a furia "del Arqueus"/1 ni la patética
falacia en gran escala, en la pieza de Locke. Hehnont es una de esas paradó-jicas figw·as en la historia de la ciencia y de la medicina, con "una doble
personalidad" y es para gran crédito del fragmento del "Morbus'', el que su
autor obtenga mucho mayor sentido que Helmont, debido a que, por una
cosa, él no suscribe aquel lado de los que siguen a Helmont, que es tontería
pura desde un punto de vista científico.
Como buen ecléctico que entonces era, Locke menciona cerca del final del
texto del "Morbus", "otras enfermedades", al lado de las "seminales", y es
aquí en donde la influencia positiva de su amigo de toda la vida, Boyle, el
químico, es del todo evidente. Locke se refiere a las "otras enfermedades" sin
especificar su nomenclatura, pero es sencillo ver del contexto que pertenecen
al tipo susceptible de una explicación mecánica: "otras enfermedades, supongo,
pueden probablemente concebirse de ser producidas por la simple mixtura
de dos ingredientes no correspondientes, como cuando un ácido y sales volátiles
son mezcladas se produce una ebullición y entonces las dos diferentes sales se
coagulan en una tercera substancia, lo suficientemente diferente de cualquiera
de los ingredientes, - lo cual, según ere~, no sea hecho por ningún principio
seminal''.H La comparación misma de esas "otras enfermedades" a determiJbidem, 525, 545, 594, 626, 952, 974, 975, 984, 1009, 1010, 1099, 1133 ; 1160.
.a HELMONT, el Cat6lico Romano, como Martín Lutero, el Reformador Protestante, es
agustiniana en su genealogía de la enfermedad: el pecado es el origen de toda enfermedad. ( Ibídem, 497, 793).
0 RALPH H. MA.JOR. A History o/ Medi.cine (Springfield, Charles C. Thomas, 1954),
u

I, 501.
.. La explicación mecánica de Locke acerca de cienas enfermedades en términos de

270

nadas reacciones químicas, viene de Helmont,"15 pero la terminología y la interpretación mecanicista, están tomadas precisamente del trabajo de Boyle, de

1666."6
Aunque en sus comienzos Locke no especifica ninguna enfermedad (excepto la embriaguez) bajo "otras enfermedades", probablemente tuvo en mente,
por ejemplo, la litíasis, respecto de la cual Helmont escribió un fantástico
libro. 17 Cualquiera enfermedad que Locke haya tenido en mente, exceptuando
la embriaguez, la cosa importante acerca de su distinción entre "enfermedades
seminales" y "otras enfennedades" es ésta. En el primer tipo de enfermedades
el efecto se produce por un agente casual, el que "usualmente" opera en una
forma "uniforme" o permanece "]atente e insensible" en otras palabras, "opera
parecidamente en todos los cuerpos, o en otros no del todo"; mientras que en
el segundo tipo, "en el que el efecto es producido por la mezcla y unión de
diferentes cuerpos, aparece lo contrario, como que ahí debe haber una sensible
y proporcionada cantidad de ambos ingredientes". Esto es, digamos en breve,
que las enfermedades seminalmente inducidas, están gobernadas por todos o
ningún principio; las mecánicamente inducidas, por un principio de proporciones definidas. ¿ Esta es la manera del Locke del principio, para distinguir entre las enfermedades agudas y las crónicas, respectivamente? Ya sea así o no,
la introducción del "Morbus'' de Locke de 1666, cierra con Wla familiar ilustración de la diferencia entre los dos tipos postulados a enfermedades que
sirve para recapitular todo su caso como médico ecléctico: "Es fácil observar
la diferencia que hay ( como forma de producción) entre la ebu Llición de la
sangre que se causa por el mucho beber vino, de aquella que se produce por
"simple mixtura" de "ingredientes discordantes", da a conocer su fondo como gumucomédico, así como el impacto de Boyle sobre él Por contraste, el mecanicismo Cartesiano,
con su énfasis sobre el movimiento y el arreglo espacial de las partes de la materia,
refleja el fondo diferente de Descartes, el médico matemático. Para una moderna identificación de los químicos, referidos como "sales" en el pasaje señalado del "Morbus",
consúltese a HALL en la clasilicaci6n de Boyle acerca de Jas substancias químicas, op. cit.,
289.
•• Oriatrike, 841 .
.. The Origin o/ Forms and Qualities, (El Origen de las Formas y Cualidades), 316.
Una comparación de esta página (sobre las reacciones de ciertas "Sales" cuando se
mezclan) del libro de Boyle de 1666, con su correspondiente pasaje citado del texto
del "Morbus,,, mostrará porqué el último presupone lo anterior, una vez que hemos
sido capaces de establecer la fecha probable de la introducción de Locke, como el año
de 1666. Cf. referencia 6.
•• A Treati.se of the Disease of the Stone (Un Tratado de la Enfermedad de Piedra).
(Oriatrike, 827-929).

271

�la picadura de alguna bestia venenosa, en donde, aunque la fuerza del calentamiento pueda ser con mucho la misma, la manera de producción y el mé,
todo de curar, son muy diferentes". ◄ 8

LA TEOR1A ARISTOTÉLICA SOBRE LOS DOS ENTENDIMIENTOS

DR.

PEDRO

F.

liERNÁNDEZ, PH.

D.

Louisiana $tate University.

I. Introducción. Intento de exponer. No se llllpugna ni se defiende. Caso

omiso de teorías preestablecidas. Método de interpretación: filológica, crítica
y filosófica) graduahnente subordinadas.

II. Difiwltades de exposición. Ambiente de la doctrina. Sugerencias sobre
el método apropiado para la exposición : más bien prospectivo que retrospectivo. Una palabra sobre la cronología del Corpus Aristotelicum y el Tratado
De Anima.

III. Precedentes de la teoría. La doctrina aristotélica del conocimiento en
general. Comparación con los sentidos. Incorporeidad de la mente. Principales
problemas hasta aqui.
IV. Teoría de los dos entendimientos. El texto original. Sus consecuencias y
problemas. Cualidades del entendimiento agente. Cualidades del entendimiento
paciente. Incógnita final.
V. Conclusiones. Sugerencias aristotélicas. Doctrina final sobre la intelección
humana. Posición histórica verdadera.

I. IN:J'RODUCCIÓN

.. La ilustración es de toda probabilidad tomada de HELMOWT, la ''bestia venenosa",
siendo un perro rabioso (Oriatrike, 629, 966). Sin embargo, la interpretación ofrecida
de la diferencia entre la embriaguez y la hidrofobia, no es Helmonciana,, de seguro, pero
sí peculiar del Locke del principio, como médico ecléctico. Su obvia explicación de la
embriaguez como una condición calorífica debida a una simple cantidad de consumo,
ea evidentemente el producto de un hombre que apela al sentido común, del cual Locke
a través de su vida tuvo más de su parte.

272

EL PRESENTE ESTUDIO tiene un campo de accron pequeño, pero muy bien
determinado. Quiere exponer, en un balance objetivo, la doctrina de Aristóteles
acerca de los dos entendimientos que intervienen en su teoría del conocimjento.
Esta doctrina, como está expuesta en el Tratado De Anima, especial y preferentemente en los capítulos IV y V del Libro III, tratamos de comprenderla
y exponerla en su aspecto psicológico. Esto es, intentamos describir esas facul-

273
Hl8

�tades, dar razón de su existencia y de sus operaciones características en el
proceso de la intelección humana.
Quizá no venga fuera de camino una advertencia desde los principios. Aquí
no vamos a impugnar ni a defender la doctrina psicológica del Estagirita; ni
siquiera -con el debido reconocimiento de las modernas corrientes de crítica-,
tocaré, sino de paso, la paternidad adecuadamente aristotélica del Tratado del
Alma.
Consecuentemente, pasa a segundo plano, en este trabajo, lo que justamente
llaman los actuales comentaclores "la teoría tomista del conocimiento'',1 y la
valoración psicológica de la misma.
En cambio, adquieren por de pronto mucho interés los argumentos de filología, los histórico-críticos y no menos los de correlación lógica de pensamiento
y de evolución dentro de las mismas obras y fragmentos que componen el Corpus Aristotelicum.
Tratamos de ver qué elijo y qué enseiíó Aristóteles sobre el punto que nos
ocupa.
Esto no significa que pretendamos aislar al filósofo y presentar su pensamiento como una maravilla que nació de la nada, sin influencias anteriores
decisivas para su personalidad y sin proyecciones trascendentes para la filosofía y la cultura que han venido en pos de él.
Como se verá por la trama de estos renglones, no poca luz sobre esta cuestión
la ofrecen realmente los comentadores del Estagirita, en particular, los insignes
escolásticos precedidos por el Angélico. Al lado de ellos, sin embargo, y ahora
quizá con más razón que ellos (dado el avance de la investigación moderna),
es preciso tener en cuenta las razones de cientüicos que han dedicado su vida
al estudio del pensamiento aristotélico, de su peculiar expresión en la lengua
de Alejandro Magno, de su evolución personal y de las influencias que ambientaron su vida.

II. LAs

DIFICULTADES DE EXPOSICIÓN

La teoría de los dos entendimientos no puede comprenderse fuera de la doctrina de los libros De A1iima. 2 Estos representan no sólo la aportación psicológica más importante en los escritos de la antigüedad grec.o)atina, sino también
la plimera .sistematización filosófica de una psicología coherente y digna de
' Cfr. HA.Ns MEYBR, Thomas von A.quin, Bonn, Hanstein, 1938, pp. 213 a 219.
• Cfr. FRANQO.LS NuYsNs, "L'Evol!ltion de la Psychologie d'Aristote" {tr. del holandés), Louvain, l. S. Phil., 1948, Chap. I.

274

tal nombre.3 Ahora bien, el tratado D·e Anima, como apunta Jaeger y reconocen los comentadores/ pertenece a los escritos de la última época de Aristóteles.
La tesis central que da unidad a los tres libros que forman este tratado
es una solución -la mayor contribución del Estagirita al estudio del hom~re-- ~ problema de las relaciones entre el alma y el cuerpo: "el alma es la
e,&gt;u,le,.::t~ (412a2?~b24) o ~ la primera actualización de un cuerpo natu.raJ otgaruco que tlene capacidad de vivir''.
Para 11eg"3.r a concebir, a enseñar esto, el pensamiento filosófico de Aristóteles Y su misma personalidad, según advierte Jaeger, 5 tuvo que sufrir una profunda evolución que va desde el concepto platónico del alma, ( substancia
co~pleta, inmortal, violentamente unida al cu~rpo), doctrina e&gt;..--puesta por
Anstóteles en el diálogo a Eudemo; hasta la explicita determinación del alma
como el acto propio del cuerpo, defendida en los libros que estudiamos.
Tal evol~~ión, ahora plenamente reconocida por los investigadores, plantea
no pocas dificultades para exponer el pensamiento de Aristóteles.
Desde hace treinta años, el Aristóteles de W. Jaeger conmovió a los hombres de estudio. Aristóteles, dice el autor, es "la única gran personalidad de la
antigua filosofía y literatura que nunca ha tenido renacimiento". 6 Esto se debe, según él, a la interpretación unilateral de nuestros antepasados --ortodoxos
Y heterodoxos-, que vieron la doctrina del Corpus Aristotelicum como un
sistema cerrado y perfecto. Se impone ahora, por el contrarío, el uso de un
método de desarrollo orgánico ( el que hace un siglo comenzaron a aplicar a
Platón), método prospectivo o genético, en oposición al retrospectivo; y atender también, como dicen los críticos actuales, 1 a las razones filológicas, históricas y filosóficas del texto.
Alguien ha dicho muy bien que "la historia no puede comprenderse sin la
filosoffa, pero que la filosofía sin la historia no puede llegar a la vida". 8 Y,
¿ qué lugar tiene en la historia de Aristóteles y en el desarrollo de su personalidad el Tratado De Anima?
Es conocida ya la doble tesis de Josef Zürcher defendida en una obra recién
salida de las prensas, que- tiene traza de ser un libro trascendental, al menos
• ANTONIO ENrs, S. I., Aristóteles, Tratado del Alma, versión e introducción, Bs.
Aires, Espasa-Calpe, 1944, pp. 11-15. CLARENCB SnuTB, "La Psicología de ATistóteles"
(tr. E. San Martín) , Puebla, J. M. Cajica, 1946, pp. 15-19.
• Apud NUYE.Ns, op. cit., p. 16.
• WERNBR }ABOER, Aris16tel'es (tr. R. Robinson), 2a. Ed., Oxford Clarendon Press,
1948, pp. 4 y 5.
• Ibíd., p. 5.
' V. gr. M. DE CoRTE, La Doctrine de fintelligence ohez Aristote. Essai d'exégese
(Preface de E. Gilion) París, 1934, apud uyens, op. cit., p. 30.
1 G. ÜALOOERO, apud NUY1!NS 1 p. 43 (op. cit.).

275

�por la .investigación que suscite. El Corpus Aristotelicum presenta un con junto
de libros tuya doctrina arranca, cronológicamente, de los afanes metafísicos
de Platón, hasta la predilección de las investigaciones experimentales de los
últimos años de Aristóteles 9 (naturalmente, sin dar en extremos). Pero hay
algo más para Ziircher. Las diferencias entre dos partes del C. A., (tratados
de vulgarización o exotéricos, y tratados de investigación y enseñaw,a más elevada o esotéricos), son tan radicales, y, temporalmente, tan distinta su composición, que parece muy verdadero que debamos atribuir al Estagirita sólo
una de ellas. rn
Tal vez la segunda afirmación de la resis de este sabio .investigador alemán
no tenga el mismo valor crítico que la primera. Esto es, parece más discutible
atribuir a Aristóteles solamente los libros exotéricos.u
Respecto al Tratado De Anima, Zürcher djce que su filiación aristotélica
es, cuando mucho, un 20% de la obra,12 y de ella el primer libro (el que menos nos importa aquí), es el más aristotélieo.111

el ser ni el no ser en sentido propio, sino análogo: es alguna cosa que no
existe en sí misma sino en hmción de la substancia. Su "devenir" es funcional:
yíveuOat xdi:a utµ{Je{J'l]xÓ 17 o "ens quo" de Santo Tomás. 18
Sin embargo, como se deja ver en el primer libro del Tratado,19 Aristóteles,
aunque pone el alma como "entelecheia" del cuerpo, no Ja entiende exactamen~
te igual al acto de otros seres vivos. La exclusíva actividad pensante del hombre no le permite, por así decirlo concebir igual a todos los actos el acto &lt;lel
cuerpo humano.

Háblase también, en la pregunta, de una parte separable del alma: por
tales partes entiende Aristóteles las facultades, particularmente el voíís-. 2º
El ,,.ovi;, como se define en el primer libro De Anima, es diwaµt,; nee¿ -d¡v
a,hí0Etav (404, a 30-3 l) : "un principio de acti'1idad que se refiere a 1a verdad".
En Platón (Leyes XII, 963 A)~ la mente o vovi; es la parte superior del alma:

TO A.O'llt&lt;1nxó,,. asiento de la personalidad y como esencia de la persona humaIII.

DOCTRINA PRECEDENTE A Los Dos ENTENDIMIENTOS

El capítulo IV del libro III del De Anima, se abre con esta compleja pregunta: la parte del alma que conoce (,u,,,.w&lt;1xe1, ~n oposición a afo071r:at), y
que juntamente ejerce la prudencia, ¿es o no separabJe del cuerpo?; y, si Jo
es, puede físicamente separarse o sólo por nuestra razón, o cuál es su diferencia (específica) ,14 ¿ y cómo se verifica el conocer?
Sigamos paso a paso la respuesta en el mismo texto; pero antes fijémonos
bien en los términos de la pregunta. Háblase aquí de una parte del alma.
Para el autor no son sinónimos alma y espíritu. 1 5 EJ alma, según la definición
dada, es algo unido al cuerpo de la manera más estrecha. Es la "entelecheia"
de la cual, según la cloc~ de los libros de Metalí.sica,1° no podemos predicar
• Cfr. NuYJ;NS, op. cit., pp. 13-17.
'º JosEF ZÜRcmrn, "Aristoteles Werk u.nd Geist" - untersucbt und dargestellt-, Paderbom, F. Schoningh, 1952, pp. 17-19.
u Cfr. ELEUTERTO ELORDUY, "El Nueuo Aristóteles de J. Zürcner", Pensamiento,
núm. 31, vol. 8, 1952.
u ZÜRcHER, op. cit., p. 283.
u Ibid., p. 288.

" Según P. SrwsK, Aristóteles, De Anima Libri Tres (Ed. trad. y notas), Roma,
Pont. Univ. Gregoriana, 1946, p. 247.
16 Como se verá más adelante, por los textos.

•• Met. Z 15, 1039 b20-26.

na. Aristóteles, según la opinión hoy cada día más general, 21 siguió considerando
el vov,; como el espíritu, la parte superior del alma. Sin embargo, algunos lugares puedén suscitar inquietud. Al comenzar el Tratado De Anima,22 se dice
que el 'Vov,; es una cierta substancia: ov&lt;1Ía r:t,; que nunca perece ( ov
&lt;p8eíew0at); algo divino e impasible (OetÓUf!O'V n xat &amp;r.a8e,;), pero
cuya actividad (dta'Voei&lt;18ai) mucre con el hombre, porque no es e] alma la
que se compadece o aprende algt'm objeto o razona, sino el hombre por medio
del alma. Existe, pues, en la doctrina precedente a nuestro problema, cierta
sustancia pensante, voíís-, imperecedera, cuya actividad es corruptible como
lo es el mismo sujeto de tal actividad.
Ahora comprenderemos mejor Ja respuesta esperada en el Capítulo N: lo
que llamamos entendimiento del alma (429 a 10-30), no es, dice Aristóteles,
ningún ser en acto antes de entender; y, además, si la intelección es realmente
análoga a la sensación y consiste en padecer algo de parte de los objetos inteligibles, hemos de decir que la inteligencia es, por una parte, impasible, y, por
otra, capaz de recibir forma, más aún, ser en _potencia la forma que vamos a
entender, sin ser idéntica con ella.
Además de la impasibilidad de la mente ( ana811,;), que, de paso la nota" Met. Z 8, 1033 a24-31.
" Quaest. Disp. De virt. in comm., a. XI.
u De Anima, 402, a 7-20.
'° Sic passi.m UYENs, DE CORTE, Ross en las obras aquí citadas.
n Cfr. Nuv.eNs, op. cit., -p. 58 y ce. III, V, VII.
,. 408, b 18-29.

276

277

�mos con Nuyens y Boni~,23 y, sobre todo con Santo Tomás/~ no es contradictoria de un cierto padecer, náaxuv ·d, intelectual; pónense tres cualidades
esenciales en el entendimiento: el voiís- es receptivo de formas, según dijimos,
«5t'1:'Z"t"Óv
r:ov eíoovi; (429, a 16), o sea, ordenado a la esencia que no
existe en sí misma, sino en las cosas individuales; y es, también, inmixto:
aµiy17q. Esta cualidad la explican 25 diciendo que es una facultad no mezclada con intelecciones o conceptos. Es, en fin, el entendimiento xwei~óc;,
que signífica lo mismo separable que separado.
A pesar de ser así, separable, el voiíq no puede ser substancia completa:
]os textos paralelos sobre el xroeiar:óc;,2° no pueden traer dudas en este respecto. En sí mismo, por la hilación del Capítulo IV, xroetO'r:Óc; parece significar sencillamente ávev awµar:os- sin cuerpo.
Pero el recuerdo de las definiciones dadas más arriba, acerca del entendimiento, puede levantar una legítima inquietud. Se dijo (404, a 30-31 y 408,
b 19), que el voiíc; era Júvaµic; neei r:11v al.170eui,r una actividad acerca
de la verdad,, y, por otro lado, una cierta substancia, of)ctÍa nq. ¿Cómo se
compaginan ambas cosas? Parece lo más sensato decir, como 1a trama del
capítulo sugiere, que el autor distingue en el voiíq una facultad intelectiva y
una substancia pensante, cosa que no es nueva en muchos intérpretes.:n

~e

Esta doble concepción del entendimiento nos lleva de manera natural a la
última parte del trabajo, cuya materia está casi exclusivamente desarrollada
en el Capítulo V del mismo libro III De Anima. Es cierto que nos falta responder cabalmente a la pregunta formulada al principio del capítulo anterior,
¿ cómo se verifica el entender?; pero advirtamos que la última palabra será precisamente la teoría de los dos entendimientos formulada, a su vez, para tratar
de penetrar en el misterio del conocimiento humano.
Queda, sin embargo, algo de importancia antes de llegar allá: algo que
salta a la consideración del peusa,dor, cuando se establece la comparación o
analogía mencionada entre el conocimiento sensitivo y el intelectual Ese algo
es el objetQ del conocimiento.
El hombre conoce los seres individuales y sus conceptos o esencias univer'" Cfr. NUYENS, pp. 280 y SS.
" Commentarium in "Arirtote{is De Ariima Libri Tres" (Ed. Pirotta), Jectio 7a, No.
675.

= Hoy con más argumentos críticos, según uYENS (op. cit., p. 286), y muchos
comentaristas desde Alejandro de Afrodisía; vs. el Ps. Filoponio que interpreta át1tv
&lt;1áJµaroi; como "sin cuerpo".
"' V. gr. PaYS. I, 2, 185 a 31.
~ Cfr.
uYENS, op. cit., p. 289.

~les,23 pero se apodera de los conceptos y de los individuos por facultades dis~~: el entendimiento aprende el concepto y el sentido las concretizaciones
mdivid_u~es. Advirtam~s, como explica Santo Tomás/O que no se niega al
entenduw.ento la capacidad de conocer lo individual.
De todo ~t~ se desprende, como deducción muy importante, que para la
facultad sensitiva el objeto del conocimiento es lo particuJar: TOOt ¡.,, r:w
(429, bl4), y para la facultad intelectiva r:o Ti iv lwai (429, b 19), e) universal ( i-a vo1p:á) , que no existe independiente, sino en los individuos como
forma_ ~cial. De aquí se sigue, en rigurosa lógica, la necesidad de que el
conocumento sensible coopere al conocimiento total ''La esencia de ]a intelección y del_ con~ento -~omo dice Nuyens-, es formar una unidad que
englobe al IDJfil.IIO bempo al SUJeto cognoscente y el objeto conocido".~º

IV. Los nos

ENTENDIMIENTOS

De ellos se ocupa un c.apítulo ( el quinto) del tercer libro De Anima.
Hay comentaristas como Siwk 31 que pretenden aplicar el capítulo anterior al "entendimiento pasivo'" y el capítulo presente, al "activo", cuando el
texto, realmente, no creemos que dé para tant 0 .s2
Como lo vimos hace poco, en el Capítulo IV Aristóteles ha hablado del
entendimiento, del voiíc; en general y de cómo se produce la intelección:
~~S" no~i ylvnat 1'0tiv: y no de otra cosa. Al fina.liz.ar esta exposición, el
filosofo tJene ante sí este problema: los objetos del conocimiento intelectual
son los inteligibles, r:o: 'l'OtJtr:&lt;1., que de una u otra manera vienen por los
sentídos. Ahora bien, ¿ cómo pueden los objetos sensibles y los mismos sentidos,
que nunca están sin cuerp9s, ov" avev awµo.r:oc; (429, b5), influir en el entenctimiento que está precisamente sin unirse a ningún cuerpo xweetnó,-?
(ihid.).
,
"'
A esta dificultad responde Aristóteles, ya desde el principio del Capítulo V,
poniendo un principio de actividad que hace actuales los inteligibles y, consiguientemente, hace posible la acción receptiva del entendimiento para aprender esas formas inteligibles. La teoría es, pues, algo que fluye de la doctrina
" Así en todo el párrafo 429 b 10-29.
~ Cfr. Commentarium in De Anima {Ed. Pirotta), Nos. 712-713.
30 " •• .L'essence de la connaissance consiste dans la fonnation d'une uníté engiobant
a Ja fois le sujet connai~t et l'objet connu" ( op. cit., p. 294).

"' Cfr. Editio De Anima {supra cit.), pp. 246-255.
e Cfr. UYENS, ibid (p. 294) .

279
278

�del acto y la potencia; no menos debemos reconocer su relación con la doctrina de las causas.
He aquí el texto del breve capítulo que nos pondrá en ambiente para comprender los graves problemas que encierra:
n·Puesto que lo mismo que en toda naturaleza, hay en cada género de
seres algo que es la materia ( y esto es en. potencia todos los seres), y
algo también que es causa y principio activo, porque lo ar;túa todo,
y con ello tiene la relación que el arte con la matería; así también en el
alma debe haber necesariamente tales diferencias. Existe, pues, un entendimiento tal que se hace todas las cosas y otro que hace todas las cosas,
el cual es una especie de hábito, como la luz lo es; porque la luz hace
en cierta manera que los colores en potencia sean colores en a.eta. Y
este entendimiento es separable, impasible y no mixto, ya que por su
naturaleza está en acto. Siempre, en verdad, es superior lo que opera a

lo qtie padece; el principio a la materia.
La ciencia en acto es idéntica a su objeto. En un individuo determinado,
la ciencia en potencia es anterior a la qctual; pero, considerada en absoluto la ciencia en potencia no la precede. Pero el entendimiento activo n~ es tal que ahora entienda, y luego ,zo. Sólo cuando está se parado
es lo que es inmortal y eterno. Pero no nos acordamos, porque es impasible; en c:mbio el entendimiento pasivo está sujeto a la cortupción, ,,
sin él nada puede entender". (Cfr. nota número 33).

En. estas pocas palabras 33 es indudable que el Estagirita ha dej~o una contribución valiosísima para Ja noética y la psicología de todos los tiempos.
.. He citado la traducción del P. Enis, S. l., Antonio, "Aristóteles", Tratado del Alma,
traducción directa del griego Cf?n estudio introductorio ; Buenos Aires, Espasa-Calpe,

1944, p. 221.
· tifi J
(En las partes subrayadas la traducción es mía. Creo que el "en verdad" JUS ca a
transición causal que falta en la versión del P. Enis. El lector puede comparar nuestra
cita con el original puesto a con1Í.lluación).
De Anima, 430, a 10-25.
• ª
'End- ó' á,ance &amp; áttá.a-tJt:ij tp'ÍJau lcn:l n -z:o µJ;,, iíA-11 É&gt;Uldt:W yi,m, TOÜfO Ót o
:nána ovváµt1 E"t,,,a, tt:tf!011 óe TO afr«w )((U noi117:ow'II, TW :nou:i'I' :n~,,t:a, oía,,, '1
t:EX,,,, TC(!O', r;,,, ;;i,,,, :nfuO'llrJt'II «'IIY&gt;t1J "ª' lv rij vroxii &lt;1}1f~l!X~W T,a{n;~ t:~ º'4.,,'Pº~ª'&gt;·
"ª' É&lt;n:1'11 ó µJ;,, t:OIOVTO', 'IIOVt; 1:00 nána ,,,,,ta8a.i, o oe rw :naVt:a no_1e,,,, OJt; ttti;
t:i',
?:Ó &lt;prot; -,;f!Ómn' rae n11a "ª' TO &lt;pWt; nou:, ra &amp;v,,áµ.t, ona Xf!Oµa..a. • • •
~al OVTOt; ó 'IIOVt; xwe,rnói; &gt;tal a.m,.871t; xal a,-ur,ít;' •ii oiiaia e:,,, e'l'Ef!rt•a 11€, rae
~tµtÚJTtMW .o no,oiil' 1:oií fflÍ&lt;IXOVt:'Ot; "ª¡ 1Í aex~ 1:ij~ íJl11~~
o::-·
• ~1
• "-'
•
t:O o aiiró Et.11:i'II 'Í xai" &amp;ieyeu,.'ff úudd¡µ71 TW neáyµan 1J ue· xa:ª. OV'l'flP-',, xeww
•
• 1:W
- t11,,
• ' oulA~;. ov· xnA,,(l)
· a.U' oiix ód µe'II '110€&amp; Ot:.t Ó 0V 'l'Oti.
tcf!(nf:t!a
t'I'
n.v; u~
c:c-

º'º"

280

Primeramente, notemos que a esos princ1p1os de intelección, a esos dos
"algo,., que deben existir en toda natuu]eza y, consiguientemente en el alma,
no les pone Aristóteles desde luego, rm nombre propio. El principio que hace
es, sencillamente, el notrp:t,uw. Por seguir con más rigor al Filósofo, así. lo

llamaremos aquí al entendimiento agente. El otro principio, "que es en potencia
todas aquellas cosas" ( en este caso, los inteligibles) : ó na11i-a tSv11áµst lxsi11a,
sólo hasta el último renglón del capítulo es llamado na87Ji-t-x6,; 'Jloií.,.-; entendimiento receptivo, nombre que sólo una vez se encuenta en el tratado De
Anima.

No es inútil hacer hincapié en que el texto aristotélico sólo nos permite traducir el :rca811nxóc; en forma de. atributo o adjetivo: "entendimiento receptivo" y no, como algunos lo hacen/" en forma predicativa: "el entendimiento
como facultad receptiva"; porque esto último, gramaticalmente, rebasa el significado de :rca87Jrt-xóc; 11oií.,.- y tiene trascendencia en 1a interpretación.
Por su parte, el not-r¡nxó.,.- -voií,;, aunque no fue llamado así por Aristóteles,
no está mal usado, pues el texto contrapone llanamente el "agente" al entendimiento receptivo o paciente. La expresión :rcot?J1:txd,; 11oií,;, empleada así por
Alejandro de Afrodisíta, no se debe a él, según lo ha demostrado Van Schilfgaarde,3~ ni menos habló el famoso comentarista de un "voiíq not7Jux6~":
"entendimíento como facultad que hace".
¿ Qué papel tiene en la intelección el principio causal y agente, aínov xat
not7J1:t-xÓ'JI? Siguiendo la comparación de Aristóteles podemos decir, con la
Escolástica de todos los tiempos, que el not7'J1:txó,- -entendimiento agente-,
ilumina. Es, dice el texto como un hábito étiq 1:iq, una disposición permanente, como la luz. Y notan con mucho juicio los comentaristas, que dicho
entendimiento, no,,,,nxó-v, al igual que la luz con la que se compara, 36 no
ejerce acción directa sobre la potencia receptiva, sino sobre los objetos, 'l'a
1I07'J1:á, de ella; y esto es tma rigurosa conclusión de la doctrina citada antcs. 31

La esencia del not7Ji-",¿,, o entendimiento agente es ser actividad o actualidad: 1:ij ovc,ía wv l11eerua; pero no hay que olvidar que no podemos
considerarlo como una actividad ajena al sujeto que conoce; ni tampoco conxwe,a8t'lt;

o lan

µ.ó,,o,, roii8' DnEf! la-d, :ital t:oiíi-o µÓ'IIO,, a8&lt;i'ffaW'II xai cúJ,oy.

oii µ'ff7Jµonvo¡uv 8é, Üt:t wii·co µb, arca8ét;., ó oi na8r,n,ió~ 'l'OV', tp8ae1:ót;., &gt;ta,
'E'OVT01'

OVTJe!I

IÍl'E'I'

"l'Oti''.

.. V. gr. DE CORTE, apud NuYENs, op. cit., p. 30L
"De Zielkunde van Aristoteles" (Diss. Amsterdam), Leyde, 1938, p. 263; apud
NunNs, op. cit., p. 302.
.. Cfr., v. gr. NUYENs, op. cit., pp. 301 y 302.
37 Recuérdese Jo dicho sobre los colol"f'$ en acto ( 460, al 6- l 7) .
u

281

�sidera:rla, sin más como una substancia -al menos completa-, separada del
alma; porque no es despreciable la advertencia de Hertling,8 8 cuando nota
que el entendimiento, si es considerado como una disposición o hábito f?;1,,; Ttq,
supone un sujeto de inhesión.
Pero aquí vienen ya los problemas más arduos. Al lado de esa primera cualidad esencial que apuntamos, Aristóteles pone otras tres en el entendimiento
agente. Dice (430, a 17-18), que es impasible, inmixto y separable, o, como
dijimos antes, sin cuerpo, ó:vw &lt;1ooµa1:or;.
Causa no pequeño asombro ver que estas tres cualidades, aplicadas ahora
expresamente al entendimiento agente o no,711:1,"ó,,, sean las mismas que en
diversos lugares del capítulo anterior fueron puestas (429, al 15-b5) en el
entendimiento en general. No hay duda que este es tm argumento de correlación muy poderoso para sostener la igualdad de condiciones del entendimiento pasivo frente al activo ( v. gr., su independencia del cuerpo y, lógicamente, su inmortalidad), como lo hacen los grandes escolásticos de la Edad
Media y no pocos de los actuales. 39
Sin embargo, apegándonos más a la hilación y desarrollo del contexto, quizá
sea más prudente decir que Aristóteles, desde el Capítulo N, prepara la doctrina del entendimiento ~ente -al cual ahora, di;: modo tan explícito, atribuye estas cualidades-, o, en última instancia, no precisó en este problema
su pw1to de vista.~º
Después de todo, a quienes p1-etendan sostener, a propósito, la interpretación
amplísima de Brentano, por ejemplo, parece legítimo responderles con una
"retorsio argume11ti" usando de la misma distinción que ellos oponen a la crítica moderna. Sobre el texto:
ov-r-oi; ó 'VoiÍ~ xweun:ói;, xa, ana8i¡r;
'H..aµtyi¡r;, es este entendimiento (not1J?:t"Ó"), separable, impasible, inmi.xto,
(430, a 17), dice el P. Siwek que se trata de una proposición asertiva. no ex.clusiva. H A lo que se puede contestar, sobre los lugares paralelos del Capítulo IV,42
que allá se trata de proposiciones asertivas, no exhaustivas, esto es, de frases que
no están determinadamente puestas sobre alguno de los dos entendimientos. Y
aun suponiendo que las cualidades dichas pertenezcan a ambos, la impasibilidad,
cma8i¡r;, es manifiestamente usada con analogía y no con identidad en ambos
capítulos. Cuando Aristóteles llama impasible, a todo entendimiento -en e]
Capítulo IV- , no lo pone en contradicción con cierto padecer.

"ªi

Cfr. S1WEK, op. cit., pp. 320-327 y 329.
it Ibid.
'° Cfr. UYENs , op. cit., pp. 272-302.
" Op. cit., p. 235. El autor cita en su favor a Brentano y a Hertling.
18

.._ 429, a 15-b 5.

282

Es corriente y aceptada como aristotélica la doctrina de Filoponio (y
no de Esteban de Alejanclr'm),¼3 acerca de la pasión corruptible, rpf3ae1:tx.ó 11
náOoi;, y la pasión pedectiva, reAeiwnxó11 :riáOor;, que es la propia del espíritu. A este propósito viene lo que nota juiciosamente Brentano: 44

"Lo que Aristóteles llama pasión no es, en modo alguno un elemento
conceptual simple ... : 1TWvimiento y pensamiento son considerados como pasión porque es de su. naturaleza el ser producidos por un agente ... ;
es un nuevo momento añadido a la intuición de substancia y Aristóteles
varía con despreocupación el uso de esta palabra, (pasión), hasta hacer
de ella una categoría superior a la de relación, haciendo consistir lo
producido en el pensante como tal y no en el paciente como tal".

Con todo, si el texto actual deja un problema en estas ti-es cualidades es
.
' J
en carob10, muy llano en las atribuciones del entendimiento agente o not1J1:t"&lt;»'
una yez que se ha separado efectivamente •5 del cuerpo46• En tal estado, el
nOt1J1:t)(Ó,,, es inmortal y eterno: &amp;8á11a1:011 xai aÍOtO'II.
Es un término rara vez usado por Aristóteles, pero su significación no ofrece
dificultad. El aí.oio11 -inmortal-, en el Estagirita significa, a su vez, absolutamente eterno, y no con la eternidad que nosotros atribuimos al alma. 47
Así pues, de las siete cualidades del 1tot711:t1,ÓY, tres sólo las posee en
estado de completa libertad, fuera del compuesto humano. La unión del entendimiento agente con el hombre, no parece - al menos por el texto actual- que pueda ser unión personal y sub tancial. No son pocos los textos
paralelos de Aristóteles que afirman la mortalidad del individuo y la inmortalidad de la especie.is De aquí se concluye, obviamente, que el Tratado De
Anima, como lo conocemos, no parece dar pie para concluir la inmortalidad
personal humana •49 sin que neguemos, como advierte el P. Morán,5º que la
controversia sobre este punto está liquidada. 51
No desconocemos Ja mente y la interpretación de Santo Tomás y hasta de
algunos que están muy lejos de la Filosofía Escolástica.
~ Cfr. NuYENS, op. cit., p. 294, nota (103).
•• "A ristóteles", (tr. M. Sánchez Barbado), Barcelona, Labor, 1930, pp. 59 y 60.
.. La actual libertad implica unión anterior.
" Según N UYENS ( op. cit., p. 306) , el asunto es controvertible.
•, De Part. Anim., I, 1, 640, a6;-Met., N, 2, 1088 b23-24; 1091 al2. Eth. Nic.,
VI, 1139 b23; De Gen et Corr., II, 11, 337 b35, etc.
.. De An. II, 4,415 b3-7; De Gen. Anim., ll, 1, 731 b31 732 a 1.
.. Cfr. tJYBNS, op. cit., p. 309.
111 Psychologia, Vol. II, Buena P ~ México, 1949, p. 242 .
"' Cfr. J. FROEBES, Psychologia Speculativa, Vol. II, Herder, Friburgo, 1927, p. 281.

283

�El Angélico afuma, en su Cammentarium al De Anima, que Aristóteles
enseñó la mrnortalidad de todo el entendimiento humano y 1a unió11 personal
del not-r¡1:txóv con el individuo. En este respecto no dejan lugar a duda sus
párrafos de la Lectura X del Libro Tercero. 52 Veamos el fundamento de su
interpretación.
Tanto en el Commimtarium dicho, corno en la Summa Theologica 5:r y en la
Quaestio Disputata de Anima, ( art. 5), su última razón es esta pal~bra de
Aristóteles que se encuentra al principio del capítulo que ahora analizamos:
( 430 a 13) ;,, 1:ij 'lj)VXfí --el contexto dice "que es necesario que haya en el
al.ma estas diferencias" ( principios de intelección) .
A esto, sin embargo, se puede conte.star, con la misma llaneza del texto aristotélico) que en ninguna parte, como dice Nuyens,u se ha _dicho ~~ el De
Anima que esas dos diferencias, principio activo y pasivo de mtelecc1on, sean
potencias del alma. Se afirmó, cierto, que la inteligencia, 11oiíc,, lo era; 55 pero
no se ha dicho esto de los dos principios de la mtelección.
Tal vez podamos objetar que esta manera de interpretar es averroísta. Aquí
vienen muy bien -para testimoniar, así mismo~ nuestro respeto por el ~gélico-, las palabras de un egregio comentador moderno de Santo Tomas,
el P. Mandonnet, O. P.:
"Creemos también, que Averroes casi siempre profundizó en la inteligencia de las doctrinas del Filósofo; dedujo de los principios de Ari.vtóteles las consecuencias que estaban allí contenidas. 1
En el fondo, el único reproche fundado que habría merecido Averroes,
sería llevar hasta el extremo ciertas teorías de Aristóteles que éste sólo
había ligeramente esbozado, porque tal vez presentía las dificultades e
inconvenientes". ~6

Además no hemos de olvidar que Aristóteles, en ocasiones, llama al entendí'
:r,,'
,,8,'r
miento 'cierta substancia imperecedera" óvaia ·m; ov&lt;Ja xai ov &lt;p ELf!E t. · 2

Ed. Pirotta, Nos. 728-745.
.., I, Q. 79, a. 4.
" Op. cit., p. 300.
.. Cfr. p. 5 (nota 7) .
'" "Nous pensons aussi gu'Averroes est généraJment entré dans l'intelligenc~ des ~octri
du Philosopbe· iJ a déduit des principes d'Arlstote les conséquences qw Y etaient
00::nucs. Au fond,' le seuJ reproche fondé serait celu~ ~u•a~ait °?érité A~erroes •en
poussant a l'ex-treme certains théories d'Aristote que celw:ci av~t _Jeg~ment ébauchees,
parce qu'iJ en pressentait peut-etre les difficultés et les mconvements . (Ap. NunNs,
o. c. p. 300).
&gt;=

(4-08 b 19) ,51 que los comentaristas, apoyados en firmes bases, interpretan
como una insinuación del not171:txóv al paso que las fórmulas, 68 µóeiov 1:ij&lt;;
V'VXií&lt;; (429 a 10-11), "parte del alma" y Mwaµu; neei -Z:?]'V dliíOeta,r . .. ,
"potencia acerca de la verdad" (404 a 30-31), parecen indicaciones de]
nafJe:rt'XÓ&lt;; voií&lt;;, entendimiento pasivo. En buena lógica., ninguna substancia ovaía ·dq formará unión personal con otra substancia -el compuesto
humano- completa, en l:a doctrina metafísica de todo el Corpus Aristotelicum.
Por otra parte, decir que el not'lJ'l:tXÓY es entendimiento separado. no es,
rigurosamente, una posición averroísta. El filósofo árabe interpretó el entendimiento agente de modo deísti.co, lo cual es también contrario a Ja doctrina que
hemos exammado en el texto aristotélico. Y esto por la sencilla razón de que el
Estagirita nunca fo dijo -al menos en las obras que conservarnos--, y, además, porque tal interpretación del entendimiento agente como divinidad, sería
una contradicción manifiesta con la doctrina de Dios expuesta en los libros
de Metafüica que pertenecen al mismo tiempo de los últimos años del Filósofo.6 9
En contraposición al not1]1:txóv se halla el entendimiento receptivo. Lisamente se analoga, como el autor enseña al principio del Capítulo V, con la
potencia. Como no está siempre recibiendo formas y, por otra parte, es incorpóreo (como lo es toda intelección), según lo dicho en el capítulo anterior,
rectamente suponen los comentaristas que hay que darle un substratum que
no puede ser material, como absurdamente lo puso Kampe 60 en el éter, sino
que debe ser in.material, la misma alma, ''entelecheia" del cuerpo.
La única cualidad que Aristóteles le asigna expresamente, al contraponerlo
con el "agente'', como se recordará por el texto, 61 es su corruptibilidad:
&amp; lU: :n:a8111:tKÓc, voiíq &lt;pfJae-cót;... , el entendimiento receptivo perece -al
perecer el compuesto humano.
Hay otro pasaje del Capítulo V que también hace alguna relaci6n con el
entendimiento receptivo: cuando se habla de la ciencia en acto y de ]a ciencia
en potencia, en un mismo sujeto cognoscente. El Pseudo Fíloponio,62 veía en
este pasaje interpolación, porque obviamente parece interrumpir el hilo del
discurso sobre el entendimiento agente o :n:ot-r¡t:tKÓV. En el fondo no parece
haber ninguna contradicci6n con las doctrinas metafísicas del acto y la potencia. En efecto, en el individuo (no en la especie), la potencia tiene una
"' De Anima, Libro I, capítulo cuarto.
u Cfr. UYENs, op. cit., p. 311.
"" Cfr. W. D. Ross, "Aristotle", 5a. Ed., London, Methuen, 1949, Cap. V.
"' Apud Srwn, op. cil., p. 321.
u 430 a 24.
.. Apud NuvENs, op. cit., p. 305.

285
284

�prioridad temporal respecto del acto. Éste, a su vez, tiene sobre la potencia
una prioridad lógica y ontológica que nadie discute.
Lo que sí plantea una dificultad, al parecer insoluble -y de hecho no resuelta hasta el presente-, es la última línea del capítulo que estudiamos. El
texto dice llanamente (transcribo las dos últimas líneas): "no tenemos memoria -de las cosas únicamente ultraterrenas-----, porque éste ( el entendimiento ag:nte, not17nKÓV, separable) es impasibJe; mientras que el entendimiento
receptivo- es corruptible y sin él nada entiende" .63
¿Quién es el que nada entiende? El sujeto de la frase es un v~rdader~
juego de romper la.n7.as. Frente a él han luchado todos los comentanstas. Limitémonos a confesar que la solución más obvia, dada la trama del texto Y
de la ai:gumentación, es, indiscutiblemente, o bien el noi71n,cm, ( entendimiento agente) o bien el mismo sujeto pensante.64
Por úl~o una interpretación bastante personal del P. Siwek,°5 sobre el
entendimien~ receptivo, parece carecer de solidez crítica: decir ~ue este e~tendimiento es una cierta materia (hasta aquí sigue la comparacron de Anstóteles), de la cual saca el entendimiento agente las formas in~gibles.
.
Acerca de un tercer entendimient-0, ,ioií~ ov-váµet, que mtroduccn casi
todos los escolásticos medievales, sin exceptuar a Santo Tomás, cuando interpretan al Estagirita, parece que su filiación aristotélica no es, desde lueg~
e:ll.-plicita en todo el tratado De Anima, y, consecuentemente, el asunto mamfiesta un carácter de cosa supuesta (sic en Santo Tomás y en Averroes), cuya
necesidad está en función de un sistema preconcebido.6~

v.

cuya función es "iluminar" de modo misterioso los objetos sensibles para
hacerlos inteligibles y capaces de ser recibidos en un entendimiento pasivo,
corruptible, que es el que realmente entiende, en el estado actual del hombre...

b) . Que Arj tóteles, como se ha dicho en una fórmula concisa,61 "no ofrece
en sus escritos un sistema completo acerca del origen de las ideas, sino más
bien lo insinúa de modo fragmentario". Especialmente en nuestro caso~ como
también lo han dicho los especialistas,68 ''propuso el problema del entendimiento, pero no llegó a resolverlo", al menos, puédese añadir en los textos que
de él conservamos...
c) . Ciñéndonos, en fin, a esos mismos textos, no tenemos derecho a creer
que la figtrra del eximio pensador resulte opacada o venga a caer en menos
estima sólo porque sufra algún detrimento el Aristóteles rígidamente tradicional y algo etéreo ( aunque parezca paradoja), cuyo fantasma vive muy
lejos de la realidad histórica.
A este respecto, una palabra feliz de Sir David Ross,69 puede condensar
nuestro esfuerzo por conocer no sólo el mundo: "die Weltgeschichte ist das
Weltgericht", el juicio del mundo es la hist-oria del mundo, cosa que con recto
criterio podemos aplicar al hombre y al filósofo.

En último término, hay en la mente humana una sed inextinguible de conocer las cosas de la manera más perfecta, del modo que más nos asemeje a
Dios, ante cuya vista "no hay criatura invisible".rn

BIBLIOGRAFIA
CONCLUSIONES

Fuentes-ppls.

Con licitud creemos poder afirmar, según el texto analizado:
a). Que la explicación psicológica del conocimiento humano, tal como,~
encuentra en los capítulos 4o. y 5o. del III libro de Anima es así: apr~ns10~
del objeto sensible por la facultad sensitiva; percepción de las cos:15 m~eligibles, encerradas en el sensible, por un entendimiento no ~e_zclado, JIDpas1ble
e incorpóreo en el cual existen dos principios; un entendimiento age~te~ absolutamente etemo y capaz de sobrevivir al compuesto humano; entendimiento

ª

430 a 24-25 .
., Así ZELLRR, Bram., K.AMPB, PRANTL, etc. (apud STWEK, o. c., p. 32~).. SiwEK op. cit. pp. 326 y 325 (nota al No. 400) ... "agens educit ex eo {patiente} ~quam
materia quadam, formas {species) intelligibiles... ( !)

e:.

"' Cfr. SrwEK, op. cit., p. 326.

286

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"" Sic NUYENs, op. cit., p. 312; etiam Copleston y Armstrong, en los lugares dedicados
a la Psicolog:ia de Ar. (Vid. Bibliografía, al fin}.
"" Op. cü., Introducción, p. V.
" Ep. ad Hebr., rv, 13.

287

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_

Sección Segunda

LETRAS

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>relacionadas con un fenómeno importante del hombre contemporáneo: el
de sentirse so1o y abandonado en el mundo caótico de hoy. No cabe duda de
que Gálvez se ha mostrado sensible a esta angustia; ni dudamos tampoco de
que la haya reflejado en el ambiente que pinta y en los personajes- que retrata. Pero Gálvez no saca el máximo provecho novelesco del tema de Ja
soledad, como ha hecho Mallea, ni ha intentado hacerlo. Gálvez prefiere no
analizar al hombre como entidad psicológica en sí, sino al hombre metido en
un ambiente que le es antagónico. Gálvez no concibe al hombre tanto en conflicto con fuerzas interiores como en oposición a un determinado ámbito que
le coarta la vida. Reconocemos a Manuel Gálvez como uno de los novelistas
más importantes de la ficción argentina. Reconocemos también que fue uno
de los primeros escritores que sintieron la angustia de la soledad, y la reveló
en su.s novelas. Pero si admitimos una prioridad galvesina respecto a la concepción narrativa de este tema, tenemos que reservar su completo desarrollo
novelesco a otro grupo de narradores de 1a siguiente promoción, en particular
a Eduardo Mallea.

408

Sección Tercera
HISTORIA

�ESBOZO msTúRICO DEL SEMINARIO DE MONTERREY
ISRAEL CAYAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

QumN PRETENDE CONOCER el pasado del actual Seminario de Monterrey, tropieza con serias dificultades. Primero, su archivo, con las vicisitudes del plantel, o se ha destroi:do, o se ha extraviado; después, la información bibliográfica,
es punto menos que nula. El doctor González, da sólo la referencia de fundación, que repetimos, en más o menos iguales términos, quienes nos dedicamos
a las cosas de la .investigación. 1 Ricardo M. Cellard aporta noticias un poco
más amplias, en su reseña sobre la Instrucción Secundaria. 2 Carlos PérezMaldonado le dedica un breve capítulo en su Ciudad Metropolitana de Nuestra
Señora de Monterrey;3 y andan por ahi algunos artículos periodísticos, más
literarios que histbricos,4 amén de escasos y rarísimos folletos,, tales como discursos e informes de rectores, prospectos de estudios, pastorales, etc., en diversos
archivos parroquiales. Pero todo sin ofrecer una idea general de la importancia extraordinaria que para la cultura del noreste de México representa
este colegio prócer.
Y decimos "para el actual", porque sí hay alusiones a los dos primeros
intentos para establecer un Seminario en Monterrey. Las referencias a éstos,
son más o menos conocidas. Es necesario, sin embargo, referirnos a ellas.

1

Jost ELEUTERlO GoNZÁLEz, Colección de Noticias y Documentos .. . , Monterrey,

1867, p. 135.
• R1cARDO M. CELURD, Instrucción Secundaria, en Reseña de la Instrucción Pública. .. Monterrey, 1894.
• Impresora Monterrey, S. A., Monterrey, 1946, 344 pp., p. 123 ss.
• Uno de los artí.culos más completos lo publicó el P. Carlos Alvarez en El Porvenir, Monterrey, 31 de enero de 1944.

411

�SEMINARIO JESUITA

No existe, en nuestro medio, durante todo el siglo XVII, colegio alguno.
Los nuevoleoneses tienen que ser soldados, mineros, agricultores o ganaderos.
Ello no quiere decir que deje de haber hombres como Alonso de León, Juan
Bautista Chapa y Femando Sánchez de Zamora, que nos leguen crónicas valiosas; y humanistas como Martín de Zavala, fray Francisco de Rivera y
otros. Pero el privile,gío de seguir una carrera, ha de observarse sólo hasta las
postrimerías de la centuria y albores del siglo XVIII. Vemos entonces a un
Nicolás López Prieto, jesuita que llega a ser rector del colegio de San Borja,
en Guatemala, y del de Mérida; a un Juan de Dios García de Pruneda, ordenado en 1711, y que le toca ser rector del colegio del Espfritu Santo, de
Puebla, en 1737; o a José García de Pruneda, doctor por la Universidad de
México y hombre brillantísimo; o al regíomontano Lucas de las Casas, doctorado también en México y autor de numerosas obras jurídicas y literarias.5
De estos nuevoleoneses que raras veces vuelven a su tierra, el más importante
para Monterrey lo es el P. Jerónimo López Prieto, de los padres oblatos de
Guadalajara, originario del Huajuco, que sí vuelve a estas tierras. En 1702,
pide al gobernador don Juan Francisco de Vergara y Mendoza, un solar para
erigir una capilla a San Francisco Javier y un colegio anexo. Encuentra el apoyo económico necesario y logra I.tvantar el edificio, donde, ya para 1712, el
gobernador Mier y Torre certifica que hay varios colegiales, algunos de éstos
tonsurados.
De este colegio al que Gonzalitos no concede la importancia que en realidad
tiene, hemos logrado recoger nombres de alumnos, maestros y rectores. Nos
limitaremos sólo a estos últimos. Fue primer rector el P. Francisco Ortiz,
maestro de filosofía. Le sustituye el P. Juan Esteban de Areilano, nacido en
1a Estancia de San Nicolás y muerto en H28. Luego, el P. Ignacio de Treviñ.o,
y, finalmente, el colegio se cierra en 1743, en el rectorado del P. José de Nava.
La capilla y el colegio son abandonados.º Por los días de la Independencia,
el comandante Joaquín de Arredondo los convierte en Palacio de Gobierno,
y ahí habrán de estar los poderes del Estado hasta 1901.
• Véanse notas bibliográficas sobre estos personajes en: BERisTÁ:rN v SouzA, Biblioteca Americana Septentrional.
• Sobre la clausura del Colegio existen en el Archivo Municipal de Monterrey (se
citará en lo sucesivo: AMM) varios expedientes. Los más importantes son: "Remate
de la hacienda de San Francisco Javier, de los Padres Jesuít.as, en el Real de las Sabinas" (1746') Civil, Vol. 75, Exp. 4; y "Sobre que los bienes de los Jesuitas -pasen
a la Parroquial" ( 1753) Civil, Vol. 82, Exp. 11.

412

DOÑA LEONOR GóMEZ DB CASTRO

No acaba ron ello el deseo de cultura. Es Ja época de Clavijero, Alzate y
Alegre. El medio ha mejorado en el Nuevo Reino de León, y hay oportunidad
mayor para estudiar. La nómina de bachilleres, licenciados, etc., surgidos de
aquí, es verdaderamente importante. Citaremos solamente a otros dos personajes de la misma familia López Prieto. El doctor Matías, rector del Seminario
de Guadalajara, censor de obras y visitador del Obispado en 174-5 · y su sobrino de igual nombre, que un buen dfa se va de Monterrey con unos arrieros.
a Guadalajara y obtiene la licenciatura en 1776, y llega a ser canónigo del
primer Cabildo Eclesiástico en Monterrey. Y, más importante que ellos, el
Lic. José Antonio Martínez, colegial de San Miguel el Grande, docto,r y maestro por la Universidad de México,, catedrático de la propia Universidad, primer cur-.::1. de Salinas, y nombrado vicario general del Obispado de Guadalajara,
para el uevo Reino de León, $altillo y Mazapil. Es originario de San Antonio de los Martínez, hoy Marfa, y muere siendo canónigo de Guadalajara
en 1797.
Se observa en esa segunda mitad del XVIII, un auge económico notable.
Han sido descubiertos los minerales de la Iguana y Vallecillo. Ello propicia el
arte. Es construido el altar de Sabinas, único ejemplar de chUITiguera. Se está
labrando la fachada de la parroquia, hoy Catedrat y aparee.en po1· vez primera en nuestros templos, cuadros de Cabrera, Alcíbar, Miranda, etc. Ya
ofrecen mayor seguridad el establecimiento de las Compaillas Presidiales; son
creadas las Provincias Internas de Oriente, y es erigido el Obispado de Linares,
en 1777. No nos detendremos en pormenores, de sobra conocidos.
Es necesario hacer aquí una referencia a la mujer. Si el hombre tiene entonces poca oportunidad de figurar, ella sólo está destinada al hogar. En toda
Ja etapa coJonial, no Uegan a cinco las que saben escribir. Destacan, como
quiera, algunas. Doña Josefa Francisca Cantú, mujer del general Francisco
Ignacio de Larralde, es nombrada mayordoma de la parroquia, por el obispo
Martínez de Tejada. Doña Leonor Gómez de Castro, esposa del general Domingo Miguel Guajardo, se ha significado en múltiples aspectos. A sus expensas, ha edificado la capillita de la Purísima, en 1756. Mujer munífica, deja
en su testa.mento, otorgado en 1767, 2,000 pesos para el convento; 500 para
cerrar el cimborrio de la parroquia, entonces en construcción; y su cupé para
el Santísimo. Pero, el legado más importante, lo constituye el de la fundación
de una capellanía con 6,000 pesos -una fortuna entonces-- para el sostenimiento de una cátedra de gramática. Y fa cláusula testamentaria expresa con
claridad el propósito:
413

�.. .para mantener un maestro hábil y capaz que enseñe gramática a
todos los patricios e hijos de esta gobernación, que se apliquen a la carrera literaria. .. ~ para que de este modo se f acilíten ministros hijos de la
patria, cuyo amor les hará conservarse en ella y no habrá inopia de sacerdotes, como al presente se experimenta.1

Muere Doña Leonor en Monterrey, y es enterrada en la capilla de los Dolores, en la parroquial, el primero de febrero de 1768, hace justos 200 años.
La cátedra es establecida en ese año de 68, bajo el magisterio del Br. Juan
José Paulino Femández de Rumayor,S sobrino de la otorgante. Complementando esta cátedra, fray Cristóbal Bellido y Fajardo,9 guardián del convento, enseña filosofía y retórica. Es en esta escuela, que logra sostenerse durante 25 años,
hasta la fundación del Seminario actual, donde inician sus estudios, entre otros,
Servando Teresa de Mier, Miguel Ramos Arizpe y Bemardino Cantú, que
tanto habrían de brillar en los inicios del México independiente. Estos estudiantes pasan a complementar sus estudios al colegio de la Purísima Concepción, de San Miguel el Grande, y posteriormente a México. El doctor Cantú,
los concluye en Guadalajara.

Et.

SEMINARIO

La erección del Obispado viene a dar mayor relieve a esta provincia. Su
segundo obispo, fray Rafael José Verger, trae el proyecto de fundar un seminario, pero no logra su propósito. A su muerte, viene a gobernar la mitra un
ilustre maestro de la Universidad de Salamanca, el Dr. Gaspar Gonzálcz de
Candamo. En su informe de 17 de octubre de 1791, sobre la situación del
Obispado, dice que la parroquia puede servir de Catedral, y que
todo el costo que se había 1de invertir en la fábrica de la iglesia, podría
aplicarse a edificar '.Y dotar un buen seminario, que es lo que más se
necesita y urge más que todo. 10

• MS. "Inventario de los bienes que quedaron por fin y muerte de Da. Leonor G6mez de Castro ... " Testamento, cláusula 26. AMM, Civil, Vol. 98, El&lt;p. 10, fol. 8v.
El expediente comprende 55 fojas.
ª Oriundo del valle de las Salinas. Muri6 en Monterrey el 11 de mayo de 1802.
• Franciscano. Nació en Mor6n, España. Pasó a la Nueva España en misiones. En
1791 era guardián del convenio de Monterrey y comisario de misiones.
JO JosÉ ELEUTERIO GONZÁLEZ, op. cit., p. 128.

414

En julio de 1792, entra a Monterrey el nuevo obispo, Dr. Andrés Ambrosio
de Llanos y Valdés. Es un prelado visionario. Trae consigo a un arquitecto
inteligente, Juan Crousset, y, ante el asombro y protesta de todos, inicia la
construcción de una nueva catedral, así como del hospital y el convento de
monjas capudúnas, al norte de la ciudad, en un sitio entonces completamente
extramuros. Este obispo criollo, nacido en Jerez, Zacatecas, ha sido rector del
Seminario de México y del de San Juan de Letrán, en la propia capital, y
su afán de fundar el de Monterrey lo señala en su petición de solares para las
obras que está realizando, diciendo que ahí había de edificarlo también.u Surgen desavenencias con el gobernador y con el Ayuntamiento, y las obras se
suspenden, privando a la ciudad de tener una catedral del más puro estilo
neoclásico, igual o mayor en proporciones a la de México.

El Real y Tridentino Seminario, como quiera, es canónicamente establecido,
bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora y de San Antonio de
Pa&lt;lua, el 19 de diciembre de 1792; aunque sus cátedras no han de abrirse hasta
principios de febrero del año siguiente.
Nace la institución en una de las décadas más representativas del enciclopedismo y de la ilustración. Aunque en expresión mínima, se advierten aquí
manifestaciones del nuevo orden de cosas: la confección de los primeros mapas
del reino y planos de la ciudad; la fundación del hospital y la presencia de los
primeros médicos y maestros de botánica; la introducción de la vacuna contra
la viruela, etc. La presencia de personajes franceses y la actitud de algunos
soldados del presidio de Lampazos, acusan el antecedente de algunas rewiiones de carácter marcadamente masónico. Algo hay de todo esto en el fondo,
a nuestro juicio, en la tirantez de relaciones del obispo con el mundo oficial.
Como uno de los recursos económicos para sostener el Seminario, asigna el
señor de Llanos, el 3% anual a los curatos y fábricas de la diócesis. Esta es
vastí.sima. En la lista, aparecen todos los pueblos de Tamaulipas, todos los
del norte de Coahuila, incluyendo Saltillo, y dos de Texas: San Antonio y
" "He pen$lldo que se haga la nueva Catedral en un bello campo que está al norte
de esta ciudad, distante de ella como mil y quinientas varas, en el camino que guía
. para el valle de Salinas. Y porque el dicho campo pertenece a los ejidos de esta ciudad, espero el consentimiento de V. S. para que se tome el terreno necesario para
dicha Catedral y sus oficinas, para el Colegio Seminario y para Palacio Episcopal; a
lo que no dudo condescenderá V. S. como tan amante del culto de Dios, de su servicio, de el del Rey, del bien público y del esplendor y lustre de esta ciudad y obispado.-Dios guarde a V. S. muchos años. Monterrey, 2 de abril de 1793. A¡idrés
Obpo. del No. Ro. de León.-A los Señores del M. Y. Ayuntamiento de esta ciudad de Monterrey". MS. Archivo General del Estado de Nuevo León. Asuntos Eclesiásticos, 1793.

415

�Espíritu Santo.12 Uno de los documentos administrativos más antiguos que
encontramos, es Ja fianza otorgada el 7 de febrero de 1793, por don Manuel
de Sada, nombrado por el señor de Llanos "mayordomo y administrador" del
colegio.13

se /zaya oído ni entendido cosa en contrario; y así es público y notorio,
pública voz y fama. 14

HASTA

PRIMER

RECTOR.

LurPlEZA

DE SANGRE

Como p~er rector, ha sido nombrado el Br. Domingo de U garte y Burgoa.
que ha de e1ercer este cargo durante 11 años, hasta 1803. En los albores del
siglo, obtiene el doctorado, y es nombrado canónigo de la Catedral. Autor
de unas Instituciones de la Gramática Latina, para uso del nuevo eminario,
impresas en México en 1803, escribe también una Historia de la Insurrección . .. , manuscrito del que sólo existe la portada en el Archivo General del
Estado. Nacido en Vizcaya, en España, es en Monterrey canónigo penitenciario, y muere aquí siendo maestrescuela, el 21 de abril de 1825.
Se advierte un interés extraordinario por ingresar al cole_gjo. Conforme al
espíritu de la época, no ha de ser admitido cualquiera; por lo menos hasta la
conclusión del régimen de la colonia. Es requisito indispensable, levantar información de legitimidad y limpieza de sangre, ante la autoridad competente,
y en presencia de testigos que juran su dicho "puesta una mano en el pecho
y la otra en el puño de la espada". Algunos expedientes son muy voluminosos
como el de Joaquín García, de Pesq11ería Grande, que después ha de ser
gobernador de Nuevo León. Es instruido en 1799 y consta de 59 fojas; todo
para probar que sus padres y antepasados
.. .han nacido cristianos viejos, limpios de toda mala raza de moros, judíos, mulatos y penitenciados del Santo Oficio de la .Inquisición, '.Y que
no descienden de alguno que haya tenido semejante mácula, ni de los
nuevamente convertidos a nuestra Santa Fé, ni han sido castigados por
otro tribunal con pena qtte cause infamia, y siempre han estado y están
en reputación de tales cri.stianos viejos, sin que ,en parte alguna jamás
"' MS. Decreto Pastoral, de lo. de enero de 1792. Archivo Parroquial de Salinas
Victoria, N. L. Libro de Gobierno. Esta disposición había de tener efecto retroactivo
desde el 31 de agosto de 1779, fecha de la división del Obispado.
11 MS._ Fianza. AMM., Protocolos, Vol. 22, fol. 35. La fianza es otorgada por el
Br. Dommgo de Ugarte y Burgoa y don Domingo de Aldazoro, y el cargo es de "mayordomo Y administrador de la distribución para los gastos necesarios de este Real y
Pontificio Colegio Seminario ..."

416

1825

El Dr. Ugarte ha de ser sustituido en la rectoría, por el Br. José Antonio
Gutiérrez de Lara, quien sólo obtiene el cargo durante el año de 1804 y la
primera mitad de 1805. Es importante consignar su nombre, por cuanto a que
~e trata de uno de los partidarios más apasionados de la Independencia, y de
los primeros en adherirse a la causa, en unión de don Bernardo, su hermano.
Encontrándose en su visita pastoral, en San Fernando de Tamaulipas, el
Ihno. D. Primo Feliciano Marín de Porras, nombra rector, con fecha 18 de
jwúo de 1805, al Lic. José Vivero, ilustre potosino que desde 1793 ha venido
sirviendo aquí importantes empleos eclesiásticos, vicario general en 93; cura
del Sagrario en 99 y gobernador de la Sagrada Mitra por muerte del señor
de Llanos. Posteriormente, ha de figurar como vocal de la Junta Gobernadora
en 1811; diputado a cortes por San Luis Potosí, va a España en 1813, y muere
en Monterrey en ] 817.
Recibe notable incremento el colegio en esta época, en que observamos
que dispone de vastos recursos que le permiten prestar cantidades a rédito a
personas solventes, como lo demuestran las frecuentes escrituras que hay en
los protocolos de entonces. Hay, por otra parte, benefactores importantes que
le brindan su valiosa ayuda. Uno de los más destacados, lo es, indudablemente,
D. José Santiago de Villarreal, pintoresco alcalde mayor de Salinas, quien,
" MS. Información ... AMM, Civil, Vol. 165, Exp. 3. El expediente fue promovido también para aspirar al beneficio de cierta obra pía fundada por Da. María Catarina Fernández, en el obispado de Guadalajara. En otras informaciones de
limpieza de sangre se hace constar que los deudos del aspirante a co]egial: han sido
reputados por personas decentes y del mayor lustre del fugar. (De José Manuel Lozano, del Real de las Sabinas, 1800). La información de José Antonio de Mjer Noriega,
promovida por don José Froílán, su hermano, dice: "que está inclinadísimo al estado
eclesiástico y para este fin muy resignado a tomar la fatiga de la adquisición de letras que lo hagan digno de aquel estado y deseando yo cooperar a tan distinguidos fines pido... información de ser hijo legítimo. . . y si unos y otros son de claros y distinguidos nacimientos y en qué empleos han visto y oído decir que se constituyeron
y si dkho mi hermano es limpio de sangre, si es noble y sí tiene buenas costumbres,
para que en todo tiempo y en todos tribuna.les se acredite no tener impedimentos por
falta de nobleza para ser constituido en cualquier dignidad eclesiástica ..." !bid. Vol.
150, Exp. 3, l 793. Otros expedientes importantes son los de Santiago Morales, 1794,
Vol. 154, Exp. 3, y Francisco de Treviño, 1806, Vol. 183, Exp. 9.

417
H27

�además, fuera gobernador insurgente de Nuevo León en 1811. En la leyenda
de su retrato existente en el Museo Regional de Nuevo León, en el Obispado,
se hace llamar: Padre Universal de la patria y amparo de la estudiosa jllvenhul, a cuyas expensas han estudiado y merecido subir al sacerdocio más de
doce jóvenes, sin otros ocho que ha apadrinado , con su hacienda.
No nace cl Seminario, como hasta ahora se ha creído, en el vetusto caserón
anexo al sur de Catedral. Cierto que ahí aparece en el plano de Crousset,
de 1798. Pero en la carta que el señor de Llanos envía al rey, pidiéndole, por
su disgusto con el gobernador, trasladar la sede a Saltillo, con fecha 5 de agosto
de 1797, le dice:
El Seminario es muy importante en todos los obispados, y más en éste,
por la escasez de eclesiásticos: por lo que luego que vine, se tomó en arrendamiento una casa en la que se puso provisíonalmente...

No hemos logrado situar la casa a que se refiere el señor de Llanos, quien
en su carta añade, no sin algo de piadosa exageración:
.. .y no logro los efectos que deseo, porque los jóvenes estudiantes quie-

bran notablemente su salud y batallan con ,fatiga poco frnctuosa eu
estudiar los escasos ratos que permite el calor, bochorno, sudor, chinches
y demás pensiones insufribles del país, incompatibles con el desahogo, amplitud y libertad de potencias que necesita el estudio.15

Por los días de la Independencia y hasta 1826, se halla frente a la plaza,
viendo al norte y haciendo esquina con la actual ca11e de Zaragoza, inmediato
al convento de San Francisco.
Desde los inicios de 1810, vemos como rector del colegio, a un hombre que
ha de consagrar exactos 50 años de su vida a la iglesia en Nuevo León: el
Dr. José León Lobo Guerrero. Natural de Saltillo. Ordenado en e1 Seminario
de México en 1801, se doctora en la Universidad. Es cura de Galeana, canónigo en Monterrey desde 1807; vicario general durante 40 años; deán de la
Catedral en 1840 y gobernador de la mitra en las vacantes de los obispos Marín, Arancibia, Belaunzarán y Apodaca. Enterrado en el presbiterio de la Catedral el 8 de abril de 1851. Catedrático de teología moral en el Seminario, es
rector por más de 10 años.

,. GoNzÁLEz,

418

op. cit.

LA

ESCUELA DE LEYES

Asoman días luminosos para el Seminario. Constituido apenas Nuevo León
en Estado Líbre y Soberano, recibe el impulso oficial del gobierno local y pasa
a convertirse en una institución semioficial. El 19 de enero de 1824 y en virtud
de decreto del Congreso General, ha quedado establecida en su seno la cátedra
de derechos civil y canónico. Su catedrático fundador lo es el Líe. José Alejandro de Treviño y Gutiérrez, oriundo de_ Marín. Se ha~ matric~do Juan
N. de la Garza Evia, Bernardo Ussel y GUUDbarda, Ramon Gregono Guerra,
José Ángel Benavides, Valeriano Borrego, Santiago Montemayor Y Leocadio
Garíbay, quienes para el 8 de enero de 1827 reciben la pasantía.16 De esta escuela salen, además, los licenciados J. Jesús Dávila y Prieto, Domingo :-1ar~
tínez, Francisco de P. Morales, Trinidad y Simón de la Garza Melo y Lazaro
Garza Ayala, todos gobernadores de Nuevo León.
.
En 1824, es rector del Seminario el cura del Sagrario, LiG. Juan Bautista
Valdés oriundo de Linares. Ha hecho una carrera brillante. En 1820 es
nombr~do diputádo a cortes, en Madrid. En 1832 es provisto canónigo de
Monteney y muere aquí el 22 de abril de 1838.
El decreto 104, de 28 de abril de 1826, habilita al Seminario para conferir grados mayores de teología y ambos derechos, sujetándose en todo a las
Constituciones de la Universidad de Guadalajara. Las cátedras impartidas
consisten en lengua latina, retórica y poética, geometría, aritmética, filosofía, teología y derechos. El Estado ha de aportar 1,000 pesos anuales para
su sostenimiento y además ha de crear la dotación de becas para 9 jóvenes.
Otro de los rectores más importantes por su calidad como maestro lo es,
de 1844 en adelante, el P. Felipe de Jesús Cepeda, hijo y profesor del Seminario. Originario de Saltillo, cura de Linares, y director de la escuela oficial de Monterrey. Con fama de agrimensor, traza con habilidad las calles
de la villa de Guadalupe; es autor de varios libros pedagógicos y forma los
primeros profesores de primeras letras.
.
Pasa Ja etapa difícil de la Invasión Americana. La situación se normaliza
con el segundo gobierno de D. José María Parás, a partir del 48. En la década de los 50, llega a tener hasta 163 alumnos, incluyendo, desde luego, menores y mínimos. Y es en esta misma década, cuan~o tiene ma~~r núm~:º
de rectores. En 50 y 51, el canónigo Alejandro Goozález Garza, h1Jo tambten
del propio Seminario. Durante 20 años, es encargado por el Sr. Verea, de la
construcción del templo del Roble. Nacido en Monterrey en 1817, muere
aquí en 74.
'" ÜELLARD,

op. cit., pp. 59 Y 60.
419

�Le sucede en ]a rectoría en 1852 el P. José Joaquín Orozco, potosino
( 1807-1875). Diputado al Congreso de Nuevo León en 1851; cura de Galeana y de Monterrey; canónigo magistral y muchas veces gobernador de la
mitra, por el destierro del Sr. Verea. Interviene en graves asuntos poüticos
durante la Reforma.
En 1853 y 54, rige el Seminario el P. José Guillermo Martínez, de Marín,
prebendado de la Catedral. De la gestión suya, vemos interesantes datos del
colegio, de tipo administrativo. El rector gana entonces 300 pesos al año; el
vice-rector, 150. Los catedráticos de teología, de prima y vísperas, 300 al
año; los de filosofía 200. La cátedra de derecho, es pagada por el gobierno.
No hemos visto constancias escritas, pero, por estos años el colegio se halla
en Zaragoza y Padre Mier, en el desaparecido hotel Iturbide.

DÍAS ACIAGOS

La vida del Seminario como que es reflejo de la situación imperante en el
país. Se adivina marcada inquietud política. Dos ex-alumnos: Simón de la
Garza Melo y Manuel P. de Llano, son diputados por Nuevo León y CoahuiJa al Congreso Constituyente, instalado en 1856. El gobernador Santiago Vidaurri, decreta, al año siguiente, la creación del Colegio Civil, llamado asi
justamente para establecer su diferencia con el eclesiástico. Los conflictos políticos no permiten por entonces su apertura. El interinato violento de José
Silvestre Aramberri, abre Jas cátedras en diciembre de 59. La tirantez llega a
su extremo con la promulgación de las Leyes de Reforma. Muchos párrocos
notables son expulsados del Estado. El P. Lorenzo de León, de la villa de Santiago, es internado en San Juan de Ulúa. El Ilmo. Sr. Verea, sale también de
su diócesis. El gobierno local, retira su apoyo económico al Seminario y cancela las becas de dotación, para trasladarlas al nuevo Colegio Civil. 17 El Seminario suspende, por su parte, la cátedra de jurisprudencia, entretanto su
catedrático el Lic. Garza Evia no se retracte de haber jurado la Constitución. Gobierno y rector intercambian acres comunicaciones, sin que nada se
consiga. El gobierno recurre entonces a la violencia, pero todo es inútil.
Es rector del plantel en 59, el P. José Maria Nuín, quien, en circunstancias
tan difíciles, asume una postura digna y ceñida en todo a la obediencia a su
" El Decreto 406, de 14 de septiembre de 1835, asignaba mil pesos anuales para
el Seminario. El gobierno sostenía, además, la enseñanza de nueve jóvenes, por decreto
número 73, de mayo de 1850.

420

prelado. Cura del Sagrario desde hacía 6 años, pasada esta situación es nombrado canónigo en 61, sin que al morir, 7 años más tarde, sea permitido su
entierro en la Catedral.

EN

LA INTERVENCIÓN FRANCESA

La Ley de Desamortización de Bienes, observada aquí escrupulosamente,
deja a muchas instituciones, y en particular al Seminario, en situación difícil, porque pierde todas las fincas que poseía para su sostenimiento.
¿ Qué fue del Seminario a partir de 1860? Existe el dato de que durante
dos años funciona en Sal tillo. ¿ Pero, en los días de la Intervención Fran-

cesa? No encontramos huella documental sobre esta época. En agosto de
1866, las fuerzas republicanas, triunfantes en Santa Gertrudis, entran a Monterrey que es desalojada por los franceses después de dos años de ocupación.
El Gral. Escobedo ordena la reapertura del Colegio Civil, y encontramos un
Aviso impreso, de que, en diciembre, quedan abiertas las matrículas del Seminario. Se habla de este pliego, de "considerables reparaciones al edificio"
y de admitir, por entonces, sólo alumnos externos. En enero de 67 se abren
las clases. Es ahora rector el Pbro. Antonio Vega, cuyo perfil no podemos esbozar, por .falta de datos. :El personal docente lo constituyen: lo. de filosofía~
el P. Eleuterio Fernández; 2o., el P. Romualdo EÜzondo; de música el P.
Manuel Martínez, y de latinidad, el Pbro. Santiago de la Garza Zambraoo,
que habría de ser segundo Arzobispo de Monterrey.18

P:ru.MEROS PADRES PAULINOS

En la década del 70, el Seminario queda .instalado en el entonces apartado
y ameno barrio de las Quintas, al poniente de 1a ciudad, en la doble manzana comprendida entre las actuales calles de Hidalgo, Bravo, 20 de Noviembre
y P. Mier. Se trata de un vastísimo predio, con amplios edificios, triple patio
de arcos, gran huerta y pila abundosa. Para este tiempo, afronta el Seminario
menores problemas. La apertw-a del Colegio Civil aquí, y del Ateneo Fuente,
en Saltillo, como instituciones oficiales; y la creación del Colegio de San Juan,
de Matamoros, en 1858 y el de San Juan, de Saltillo, así como del Seminario
18

Archivo General del Estado. Asuntos Eclesiásticos, 1866. Impreso.

421

�de Tamaulipas, fundado por su primer obispo el Sr. Montes de Oca, hacen
decrecer ]a afluencia anterior de estudiantes foráneos.
El aspecto educativo, ha progresado indudablemente. Ya desde 1856, el Sr.
Verea, bajo los auspicios del gobernador Vidaurri, había hecho venir a las hermanas de la Caridad, de San Vicente de Paúl. Ellas fundan aquí su Colegio
de Niñas, que, no obstante su expulsión, prevalece bajo el mi.stno régimen
por casi medio siglo, abriendo a la mujer regiomontana horizontes insospechados.
El mismo Sr. Verea hace también verúr para hacerse cargo del Seminario,
a los padres de San Vicente de Paítl. Es nombrado rector el P. Eduardo M.
Montaño, maestro de bien ganada fama. E tá aqw una temporada, y le sustituye un rector intermedio, "joven y capaz, pero que se vio rodeado de circunstancias difíciles" que motivaron la dispersión de los alumnos y el desaliento en los maestros. No hemos logrado identificarlo.19
El 19 de diciembre de 1883, vuelve a Monterrey, para encargarse nuevamente de Ja rectoría, el P. Montaña. Como primera providencia, dec-ide
ofrecer el plantel a todos los niños, no sólo a los que tienen vocación. Para
ello, abre la escuela primaria gratuita. Es un hombre de grandes entusiasmos. u ac-tividad se hace sentir en el medio social. Restablece la Conferencia de San Vicente, de señores, con los más destacados vecinos, y restablece
también la Conferencia de señoras, realizando obras benéficas que le ganan
el afecto general. Brillante orador sagrado, predica a diario en el Roble, y,
en época de ejercicios, los orgarúza hasta en la cárcel. Mejora los planes de
estudio y el plantel recibe, en fin, impulso notable. De esa época logramos recoger los nombres de algunos maestros: el P. Manuel Rodríguez, antiguo cura
de Jalpa y rector del Colegio en Guanajuato; el P. Manuel Corral, que edifica desde sus cimientos, la capilla de San Pedro, en Garza García, recién elevada a villa; y el P. Justo Alejos, vice-rector.

Es la época en que Monterrey sufre una metamorfosis incontenible. El Ilmo.
Sr. Montes de Oca, en su Brindis en verso, a su llegada a Monterrey, la
llama: Reina del norte, Monterrey ilustre. Se advierten ya los inicios de la
industria, y desde el 80 ha tenido lugar exposición industria]. En 82 llega el
ferrocarril, y la ciudad establece contacto con los Estados Unidos. Aparece
el primer periódico diario: La Revista, de Desiderio Lagrange. Angela Peralta, ha venido con su compañía de ópera al teatro del Progreso. Son hechos los primeros ensayos de luz eléctrica. La diócesis es elevada al rango de
EouARDO M. MONTAÑo, Discurso leído POT el Sr. Rector. .. en la solemne distribución de premios .. . el día 4 del a~ual. La Defensa, Monterrey, 13 de noviembre
de 1884.
10

422

arzobispado. Ponciano Díaz hace temporada en la plaza de toros del 5 de
Mayo, a espaldas del templo del Sagrado Corazón, entonces en construcción. Hay afluencia de extranjeros que impulsan lo mi.stno el comercio que
el protestantismo. El turismo incipiente cau a la natural alarma cuando, en
plena misa, una pareja de primos curiose-.an el interior de la Catedral, con el
sombrero puesto. Los gobernado1·es Viviano L. Villarreal, Genaro Garza
García, Canuto García y Lázaro Garza Ayala, exalumnos del Seminario, han
encauzado a Nuevo León por nuevos rumbos. Ha llegado ya en 85 el Gral.
Bernardo Reyes, y se empieza a dejar sentir el seUo poríiriano en todas las
cosas.
El P. Montaña, cuya obra hace que se llegue a decir que sucederá al Sr.
Montes de Oca, deja la rectoría el 13 de junio de 1886, y sale a Guanajuato
para hacerse cargo del Colegio de Santa María, muriendo allá en ese mismo
año. 20 Viene a sustituirlo otro paulino ilustre, el P. Manuel Aguilar y Casanova, guanajuatense, que ha de ser rector por poco más de diez aííos. Su
llegada, coincide con la del nuevo prelado, Ilmo. D. Jacinto López y Romo.
El Seminario vive entonces una de sus etapas más bonancibles.
El P. Carlos Alvarez, en algunos de sus escritos sobre el Seminario, subraya dos características esenciales de éste, la alegría y la disciplina. 21 Nosotros
las observamos, en especial, en esos años finiseculares. La alegría es desbordante en las fiestas del colegio. Son tradicionales, desde luego, las de la Asunción y San Antonio de Padua, sus patronos. El patrocinio y título actual de
San Teófimo, habría de establecerlo monseñor Herrera y Peña, en la década
de los veintes. En julio, la fiesta de San Vicente de Paúl, que concluye con
la veneración de las reliquias del santo; las del mes de Ma:ría y la del Sagrado
Corazón; la de la Medalla Milagrosa y la de Corpus Christi, todas de carácter religioso, pero con mucho de profano, y que concluyen, invariablemente,
con globos y piñatas.
Hay también las fiestas literarias, particularmenle en homenaje al Sr. Montes de Oca, quien impulsa estas disciplinas. Pero, las de mayor tradición y esperadas con ansiedad, son las de fin de cursos y distribución de premios. El
programa comprende catorce o más números. Hay tiempo para todo. Alocuciones, cuadros plásticos, coros de óperas, himnos, recitaciones, informe del
rector, reparto de premios, y finalmente un drama: El puñal del godo, José en
Egipto, Constantino, etc.; y un juguete cómico. Las orquestas de Epigmenio
R. Melo o Nicolás M. Rendón, con más de 20 integrantes, amenizan los ac00 Falleció de 49 años el 6 de agosto, en el callejón de la Cuesta cle Mendizábal.
Acta del Registm Civil No. 2398, obtenida por gentileza del historiador Jesús Rodríguez Frausto, director del Archivo Histórico de Guanajuato.
n Artículo citado en la nota 4.

423

�tos profanos y religiosos. A las fiestas de fin de año, llegan a asistir hasta 2,000
personas. La compañía del ferrocarril urbano, no da suficiente servicio, por
más que pone 8 ó 10 vagones especiales.
El año escolar, hasta 1886, se inicia el 2 de enero, para concluir en octubre. Posteriormente es establecido el de septiembre a junio, por el calor.
Por lo que atañe a la disciplina, los padres paulinos tienen fama de santos,
pero a la vez de severos. El decano del clero en nuestra diócesis, mi venerables paisano el P. Vicente González, que ingresa al Seminario en 1892, nos
cuenta que las faltas a la moral son castigadas con calabozo, y las de insubordinación al maestro, con bartolina. El mismo P. Vicente suspira al recordar los venturosos tiempos en que la cuota mensual del plantel es de 10 pesos; en que alcanza a comprar zapatos con un peso y sombrero en igual
precio, y en que la sotana más fina cuesta 20 solamente. Alguna vez se permite el lujo de comprar en "La Sonora News", un fonógrafo en 15.
El siglo XIX cierra para el Seminario con el nuevo rector, P. Bruno Álvarez, joven español de gran entusiasmo y excelente orador sagrado, quien
llega hacia el 98, y que permanece hasta 1903.

ÜTRA VEZ LOS PAULINOS

Los padres de San Vicente de Paúl se van de Monterrey. Durante su ausencia, la rectoría queda por breve tiempo a cargo del después canónigo Pedro María de la Garza y Garza. En 1904, es designado rector el P. Juan José Trevíño, a quien nos referiremos más adelante y que habría de consagrar
gran parte de su vida al colegio.
Sustituyendo al Ilmo. D. Santiago Garza Zambrano, que ha ceñido ya tres
mitras, la de Saltillo, la de León y la de Monterrey, viene a gobernar la diócesis el Ilmo. D. Leopoldo Ruiz y Flores. Educado en su juventud con los
padres paulinos, se interesa vivamente porque vuelvan a Monterrey. Por los
días del Centenario de la Independencia, en 1910, ya es rector el P. Patricio
Ataún, que más tarde fuera provincial de su orden.
En pos de información sobre estos años, acudimos al P. Guadalupe Garza Martínez, quien deja su empleo burocrático en la Recaudación de Rentas del Estado para matricularse en el Seminario en 1911. Recuerda con
afecto a los maestros Lorenzo Orcajo, Cirilo Morán, Rafael Cabrera, Medardo Pérez y Manuel García Sánchez.
En octubre de 1911 es designado rector el P. Manuel Coello, C. M.,
muerto hace algunos años en Oaxaca, y al año siguiente, el P. Santiago de
las Heras, que había sido abogado antes de ordenarse.

EN

LA REVOLUCIÓN

Sobreviene la Revolución Constitucionalista de 1913. En octubre la ciudad
es ocupada. Hay una etapa de violencia incontenible. Los templos son clausurados. Uno de los más antiguos, el de San Francisco, demolido. Los padres
paulinos españoles son expulsados. Los alumnos se dispersan y el Seminario
desaparece. Su vasto local del barrio de las Quintas, donde ha estado por espacio de más de cuarenta años, es intervenido por cJ gobierno federal. El arzobispo, Sr. Plancarte, ha salido al exilio a los Estados Unidos con numerosos
sacerdotes. Entre ellos va el P. Juan José Treviño. El prelado suaviza su amargo destierro, escribiendo su magistral Prehistoria de México.
Entretanto, ha quedado al cuidado de la diócesis el P. J. Guadalupe Ortiz,
muy ajeno a que después habría de ceñir la mitra. Unos cuantos padres obtienen permiso para abrir algunos templos. El P. Juan José Hinojosa, en el
del Sagrado Corazón, imparte lann al estudiante Garza Mart'mez. Este y el
seminarista David García, reciben filosofía con el Sr. Ortiz. Otros tres estudiantes han logrado ir a Castroville, en Texas, donde ha sido abierto el Seminario Mexicano a iniciativa de monseñor Herrera y Píña, entonces obispo
de Tulancingo, en el destierro. Dos de ellos, Antonio de P. Ríos y J. Trinidad
Ruiz, reciben allá las órdenes sagradas. El tercero, Carlos Ramírez, vuelve a
Monterrey, donde concluye su carrera años más tarde.
Con el P. Hinojosa, que ha logrado en 1918 darle forma y calor al Seminario en el edificio anexo al Roble, puede decirse que reinicia su vida el
Seminario actual. Allí están con él: J. Jes(1s López, Samuel Silva, Juan de
Dios Garza, José y Nabor Vi.llegas y otros. Nacido el P. Hinojosa en Agualeguas, desde su niñez, en el Colegio de San Juan, de Saltillo, ofrece ya las
primicias de su claro talento. Concluye sus estudios en Guadalajara y vuelve
a Monterrey. Secretario de la Sgda. Mitra, es a la vez catedrático de literatura latina y castellana en el Colegio, y por toda su vida director espiritual.
Canónigo y ecónomo de la diócesis, es nombrado deán en 1933. Varón místico y de relevante calidad intelectual, es fundador, director y mantenedor
de la Hoja Dominical y del Boletín Eclesiástico, hasta su muerte, en 1935, y
deja la huella de sus versos, de su modestia, de su silencio, de su dulzura, de
su santidad.

NUEVOS DÍAS DE ZOZOBRA

Vuelven del exilio el prelado y los sacerdotes. Reorganiza la iglesia el Sr.
Plancarte y dedica especial interés al Seminario. El 11 de junio de 1919, ex-

425

424

•

�pide nombramiento de rector, al mismo tiempo que de vicario general, a favor del P. Juan José Treviño. Es la segunda ocasión que rige el colegio. Nacido en Los Lermas, del municipio de Guadalupe, es ordenado por el Sr. Verea. Brevemente administra las parroquias de Candela y Villa de García. Secretario del Cabildo Eclesiástico, canónigo y capellán del Roble, mantiene
también durante más de 20 años su cátedra de teología, incluso en el destierro, en Castroville. "Humilde, retirado, laborioso", al decir de quienes le
conocen, concluye sus días en Monterrey en 1933.

centros de enseñanza, surgidos posteriormente aquí y en los estados vecinos,
y constituye el sólido cimiento del humanismo regional y la más fume base
de la vida espiritual del noreste de México.
Intentar aquí el análisis de sus logros, o el balance de su contribución a
la cultura nuevoleonesa, sería temerario. Baste a nuestro propósito en esta
conmemoración, rendir el tributo de homenaje a sus fundadores y a quienes
lograrnn preservarlo en las borrascas de Ja historia; y el tributo también para quienes, callada y anónimamente, le han tendido su mano generosa. 22

El colegio continúa funcionando en el Roble, de donde pasa a los anexos
del templo de San Luis Gonzaga. Y toca al P. Treviño administrar en una
de las etapas más difíciles. El conflicto religioso del régimen callista tiene
al garete al Colegio en diversos domicilios del barrio de la Purísima. Logra
sobreponerse de la tormenta y, a partir de entonces, con los altibajos de su
vida, que intencionalmente prescindimos de reseñar por conocidos y recientes, encauza sus pasos hasta nuestros días.
El fecundo rectorado del ilustre guanajuatense don Fortino Gómez, puesto en manos del P. José Gómez para ceñir la mitra de Oaxaca, ha de trasmitirse a aquel muchacho humilde de Matehuala, que hace de monaguillo
del P. Lupíto en Mier y Noriega, y que viene a la Apostólica con el P. Correa para alcanzar después el privilegio de realizar estudios en Roma: el P.
Juvencio Gonzálcz.
Y es en sa tiempo cuando nuestro digno pastor el Ilmo. D. AUonso Espino y
Silva, llevando al Seminario "en la niña de sus ojos", conforme al pensamiento de Pío XI, realiza el sueño de su vida y entrega a Monterrey la grandeza del actual Colegio, culminación sin límites de la incómoda casona infestada de bichos, que el Ilmo. Sr. de Llanos y Valdés rentara en el siglo

XVIII.

•
Agradable, pero difícil tarea, 1a de seguir paso a paso la trayectoria de una
institución casi dos veces centenaria, careciendo de fuentes, y, sobre todo, en
nuestra postura de seglares, desconocedores hasta de la terminología adecuada
para hacerlo. Las escasas notas que hemos logrado recoger, huérfanas de
todo aliño retórico y reducidas al apretado marco de esta rápida exposición,
ponen de manifiesto, sin embargo, lo que el Seminario representa en nuestra
historia.
Plantel educativo el más importante en el norte del país durante la primera mitad del siglo XIX, es la forja de los hombres que dan origen a los

426

" Este trabajo fue escrito con motivo del 1750. aniversario del Colegio y leído en
la velada conmemorativa en el teatro Florida, de Monterrey, el 8 de mayo de 1968.

427

•

�TOPONIMIAS AMERICA AS
PROFR.

HuMBERTO BuENTELLO CHAPA

Sociedad Nuevoleonesa de Historia., Geografía y Estadística
A don Manuel L. Barragán, generoso impulsor de 1a noble causa de la cultura nuevolconesa.

DEFINICIÓN y

OBJETO

DE LA

TOPONIMIA

SE HA DEFINIDO LA TOPONIMIA (de topos: lugar y onoma: nombre) como el
estudio del orjgen o significado de los nombres geográficos de lugares.

Hasta ahora Ja mayor parte de los investigadores de esta novísima rama de
la Geografía han encaminado sus vastos conocimientos en lenguas autóctonas
a traducir a sus respectivos idiomas los nombres indígenas de poblaciones,
montañas, ríos, parajes, cataratas, islas, etc., que aún perduran o desaparecieron, adulterados casi siempre por los conquistadores que descuidaron reproducirlos oralmente o por escrito con la mayor fidelidad posible. En cambio, nadie presta atención al estudio de los motivos que originaron los nombres geográficos de América de procedencia española, inglesa, francesa, portuguesa y holandesa, juzgando, quizá, que su relativa actualidad lo explica
todo. Si oímos hablar de las ciudades de Washington y Morelia, de inmediato sabemos que los nombres aluden a dos libertadores, pero no sacamos
ninguna conjetura inmediata de los de Buenos Aires, Montevideo o Veracruz.
¿ Cuántos de los que leen este trabajo conocen el origen, pintoresco muchas
veces, de las denominaciones de Cotija, Mich., Tijuana, B. C., Doña Cecilia (hoy Villa Madero) Tamps., o de Torreón, Coah.?
La Toponimia es la única rama de la Geografía que trabaja apoyada exclusivamente en el lenguaje. ''La lengua es el principal elemento arqueológico, el monumento único de reconstrucción -dice Volney- y en ella se
429

�halla puesta y conservada toda la esencia de un pueblo. La lengua es una
estratificación que revela al erudito que la estudia filosóficamente en sus diferentes capas, la índole, cultura y diversas evoluciones históricas del pueblo
que hizo uso de ella".
Por lo que atañe al aspecto indígena, Angel Rosenblat, del Instituto de
Filología "Andrés Bello" de la Universidad Central de Venezuela, nos explica: "El estudio de la Toponimia tiene enonne interés científico. De muchas
lenguas desaparecidas sólo quedan los nombres de lugares. Y así como en
Europa se hace paleontología lingüística y se trata de reconstruir una lengua
mediterránea y hasta la lengua de la edad de piedra sobre la base de Ja toponimia antigua, entre nosotros se pueden reconstruir algunos aspectos de
nuestra prehistoria. De los guaiquirícs de Margarita ¿ qué quedan sino los
nombres incorporados a Ja geografía margariteña? Esos nombres comparados
con los de otras regiones pueden resolver el problema de 1a filiación lingüística de los quaiquiríes y aclarar su parentesco con otros pueblos venezolanos".
Por su parte el colombiano Pedro José Ramírez Sendoya afirma: "Actualmente sólo la Toponimia sirve a nuestros historiadores para señalar la
marcha de las invasiones caribes, de las razas que poblaban las Jlanuras orientales y las procedentes de los andes peruanos, todas las cuales dejaron en
nuestro país huellas de su paso sucesivo por llanos, costas, valles y montañas".
Esas tribus a las que se refiere Ramírez Sendoya, de cultura muy inferior a la
de los aztecas o los mayas, no dejaron constancia deliberada de sus desplazamientos conquistadores. Sólo los nombres geográficos que sobreviven, impuestos a los distintos sitios por donde pasaron, han permitido trazar el itinerario
de sus migraciones. Los caribes, familia numerosa que contó entre sus tribus a
los pantágoras, panches, pijoas, colimas, muzos, quimbayas, putimaes, etc.,
tuvo su centro de dispersión entre los ríos Xingú y Tapajoz. De allí marcharon a ocupar el norte de Brasil y los llanos de Venezuela. Invadieron después
Colombia filtrándose por los pasos de la Cordillera Oriental, para dominar
gran parte de la costa y el territorio de los actuales Departamentos de Antioqufa, Chocó, Santander y Tolirna. Cruzaron el mar, pero el arribo de los españoles frustró la terminación de la conquista de las Antillas.
En México el estudio de la Toponimia no ha tenido ningún fin práctico.
Ha sido un alarde de erudición de un grupo muy selecto de investigadores que
encabe?an Cecilio Robelo y el Dr. Antonio Peñafiel, pero nada más. Quizá se
considera que las .migraciones pacíficas o las invasiones bélicas de nuestras
principales tribus han sido controladas por los historiadores en cuanto a desplazamiento geográfico se refiere, y no hay necesidad de seguirlas paso a
paso, como sucede en Colombia y Venezuela. Sin embargo conviene recordar que hasta la fecha no se ha esclarecido la ubicación, más o menos exacta,

del sitio donde estuvo la legendaria Aztlán, tierra de la que partieron en peregrinación hacia el sur, las tribus mexicanas. Se señalan como posibles lugares
el norte de Sonora y Sinaloa, una isla del golfo de California y el estero de
Aztatlán, Sin., cuyo nombre significa "tierra de garzas o tierra de aurora".
Alguna luz se haría en este caso si se Gonociera el nombre indígena que debe
haber tenido el sitio en que se yerguen las ruinas llamadas hoy Casas Grandes,
en Chih., conjunto de edificios de adobe de varias plantas que se supone levantaron los peregrinos en su tercera etapa de marcha. En Sonora y Chihuahua no existen nombres geográficos de procedencia náhuatl que debían haber
sobrevivido, aunque fuera en mínima escala, como prneba del pa o por esos
lugares de las tribus mexicanas. Aunque Féli.x Ramos y Duarte afirma que la
voz Chihuahua se deriva del náhuatl Xicuahua: ' así, seco y arenoso"; de xi:
"así" y cuahua: "seco, arenoso", existen otras cuatro acepciones completamente distintas que hacen muy aventurado seleccionar ésta como la auténtica.
En el municipio de Ibagué, del departamento de Tolima, Colombia, se yergue un cerro denominado Chiguagtta, nombre que se forma del chibcha chia:
"agua" y del quechua guagua: "hijo".

APARICIÓN DE LOS NOMBRES GEOGRÁFICOS

América fue poblada por oleadas sucesivas de hordas pertenecientes al perfodo histórico denominado "cultura recolectora", es decir, que aprovechaban
para su manutención los animales y vegetales que ofrecía libremente la naturaleza. Esas migraciones procedieron de Asia (mongoles y esquimales) y de los
mares del sur ( australianos y malayo-polinesios). La p1wera de ellas utilizó para llegar al continente el istmo que existió hasta hace 7 ó 10 mil años
en lo que hoy es el estrecho de Behring. Se calcula que arribó al final del
pleistoceno 30 ó 20 mil años antes de Cristo. Otra más se produjo 9 u 8 mil
años a.C. y la última, que se hace proceder de los mares del sur, se sitúa
7 mil años a.C. Entre unas y otras no eesó el torrente de inmigrantes en
pequeña escala
Ese modo de subsistir obligaba al individuo a vivir en grupos pequeños, en
constante movimiento, que se interrumpía en determinadas épocas del año
por la migración periódica de grandes rebaños de animales, bancos de peces
y maduración de frutos. Por el tiempo que duraban estos fenómenos penna.
necían en el mismo lugar aprovechando la abundancia. No es factible suponer
que hayan empleado nombres geográficos rudimentarios para designar esos
sitios de breve sedentarismo, dado que los abandonaban definitivamente tan
pronto finalizaban la caza, pesca y cosecha en gran escala.

430
431

�En algunos lugares de América la pesca y la recolección de frutos, no obstante ser factores típicos de nomadismo, permitieron el establecimiento de aldeas más o menos permanentes con habitaciones fijas. En el noroeste del continente los grandes ríos que desembocan en el Pacífico, por &lt;',uyas aguas suben
a desovar los salmones, propiciaron que en sus riberas y en las costas se fundaran poblaciones de pescadores sedentarios. En ciertas regiones de EE.UU. la
abundancia de bellotas, castañas y otros frutos aseguraron el alimento de los
recolectores por mucho tiempo y los obligaron a quedarse definitivamente. En
estos casos sí es posible que hayan surgido los primeros nombres geográficos
tales como '•agua grande", para designar el mar, o "tif'rra donde hay frutos",
para señalar las zonas frutícolas.
De la cultura recolectora el hombre americano pasó a la cultura agrícola.
La mujer que seguía los pasos del cazador recogiendo plantas nutritivas, se
dio cuenta de que las raíces, tubérculos o se.millas que abandonaba a flor de
tierra daban origen a los vegetales comestibles que no pocas veces escaseaban
a Jo largo de la ruta, o que había que buscar a grandes distancias. Ese hecho,
confirmado al regresar después de cierto tiempo a parajes ,ya recorridos, además de asegurar la subsistencia de una manera permanente echó las bases
de la vida sedentaria. El inge1úo del hombre creó el bastón de plantar (coa)
y otros instrumentos agrícolas, úliles no solamente para los trabajos de roza
sino para derribar árboles cuya madera iba a transformar las rústicas viviendas
en algo más seguro y confortable.
Establecidos ya en definitiva llegaron a tener un conocimiento profundo
del medio geográfico que los rodeaba y se hizo necesario designar de alguna
manera los sitios donde se hallaban los diferentes cultivos, las sendas abiertas
en el bosque por los animales salvajes, los rasgos más salientes de la comarca
en que moraban y las regiones desconocidas que se extendían a los cuatro
puntos cardinales. Así nacieron los nombres toponímicos y poco después la
cartograffa que consistió en un principio en toscos dibujos de zonas terrestres
y marítimas trazados sobre el suelo o en pieles curtidas de animales.
Los primeros nombres fueron siempre descriptivos del lugar. El hombre
buscaba algún rasgo característico y de él obtenía la denominación: Acala
(náhuatl) ''donde hay muchas canoas". Acámbaro (tarasco) ''lugar de magueyes". Al tata (mayo) "abundancia de agua". Arizpe ( del ópata aripa)
"donde hay muchas hormigas bravas". Ayacucho (quechua) "rinconada de
muertos''. Babajocori (cahita) "donde se resume el agua". Brabilá (misquito)
"entrada del carriza.1". Caborca (pápago) "objeto o cosa muy pequeña". Comondú ( cochiroí) "arroyo de piedras". Hopelchen (maya) "lugar de los
cinco pozos". Kentucky (shawnee) "tierra pantanosa". Michigan ( algonquino) "agua grande". Algunas veces echó mano de voces onomatopéyicas como

432

Cololó (arroyo del depto. Soriano, Uruguay) para imitar el ruido del correr
de las aguas, del trueno o el canto de los pájaros que abundaban en determinadas regiones. Más tarde aparecieron los nombres que expresaban semejanza.
Atzcapotzako y Chapultepec son dos ejemplos típicos. El primero significa:
''en el hormiguero", no porque abundaran allí esos insectos, sino porque era tal
el número de sus habitantes, inquietos siempre, que daban la impresión de
ser un hormiguero humano. La forma de Chapultepcc o "cerro del chapulín"
semejaba para los aztecas, desde lejos, un saltamontes giganteséo.
Así como el recuerdo de paisajes familiares llevó a los españoles a trasplantar a América los nombres de Granada, Extremadura, Santande1·, etc., anteponiéndoles 1a voz ueva, los aztecas que marcharon a Guatemala con los conquistadores hispanos encontraron en las márgenes del río Selegua una población mame llamada Chinabjuk a la que rebautizaron como Huehuetenango
( lugar de viejos) por encontrar allí muchos sabinos o ahuehuetes cuya vista
les recordó la tierra natal
El alma sensible de los indígenas aplicó nombres poéticos a lugares maravillosos que los impresionaron en su primer vista. Con una sola palabra expresaron todo lo que un soneto podría decir en nuestro tiempo y la denominación
misma suena agradablemente. Tales fueron: Minnehaha: "agua sonriente"
Cupatitzio: "río que canta", ldaho: "gema de las montañas", Tzaráracua:
''cedazo".
Los aztecas llevaron su idioma por todos los rumbos de sus conquistas y
borraron los nombres geográficos -totonacas, olmecas, mixtecas y zapotecas para
que prevalecieran los suyos. En América Central se corrompió la lengua náhuatl originando entre otras variedades el pipil. Las terminaciones toponímicas tepec se transformaron en tepeque: Alotcpec, Alotepeque; Coatepec, Coatepeque; Jilotepec, Jilotepeque; Ocotepec, Ocotepeque, etc. Papaloapan cambió a Papalhuapa. En los estados de Campeche, Yucatán y el territorio de
Quintana Roo las denominaciones mayas constituyen mayoría abrumadora.
En todo Perú, ~l norte de Chile, Bolivia, Ecuador y el sur de Colombia prevalecen nombres quechuas y aymaras. En Paraguay, la región este de Argentina y Uruguay, el guaraní. En Chile, el araucano. En Brasil e.mten miles de
lenguas distintas correspondientes a familias que no formaron unidades tan
compactas como los demás pueblos precolombinos. En grandes zonas de EE.UU.
y Canadá dominan los nombres de todas las ramas de las grandes naciones
algonquina e iroquesa. En las Antillas, e1 caribe y sus derivados. En Alaska,
el esquimal.
A diferencia de la época actual en que el culto a la personalidad es todo
un tratado de servilismo, los indígenas americanos no perpetuaron el nombre

433
H28

�de caudillos o gobernantes con denominaciones geográficas. T enochtitlán y
México son dos de las rarí.símas excepciones del caso.
Los descubridores y conquistadores eurnpeos encontraron a su arribo a estas
tierras una nomenclatura geográfica que rivalizaba en propiedad con la del
Viejo Mundo. Si los españoles abolieron muchos aspectos de las culturas aborígenes, conservaron en cambio las denominaciones de lugares con el añadido
del nombre de algún santo: San Juan Bautista Tuxtepec, Santa Ana Huista&gt;
San Andrés Cuilco, San Sebastián Huehuetenango, Todos antos Cuchwnatán, San Gaspar Ixchil, Santa Fe de Bogotá, Santiago de León de Caracas,
San Francisco de Quito. Ingleses y franceses aceptaron también los toponímicos
de las zonas que dominaron. El 54% de los nombres de los. Estados que fonnan
la Unión Norteamericana son indios. Los de igual procedencia, en México,
constituyen el 65%.

LA

TOPONIMIA A PARTIR DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

El espíritu religioso que dominaba gran parte de la vida europea durante la
época de los grandes descubrimientos geográficos influyó en la imposición de
nombres que llevaron a cabo españoles y franceses. Los ingleses y holandeses
que habían abrazado poco antes el protestantismo se apartaron un tanto de
esta costumbre y bautizaron sus fundaciones con los nombres de monarcas o
de nobles: Baltimore, en honor de sir George Calvert, primer Lord Baltimore.
Carolina, por Carlos II de Inglatena, aunque existe la duda de que el explorador galo Jean Ribault la haya Llamado así en 1560 en honor de Carlos D{,
de Francia. Delaware, por Lord de la Warr, Gobernador y Capitán General
de Virginia, en 1630. Georgia recuerda a Jorge II. Maryland puede honrar
a la infortunada María Estuardo o a Henrietta María, esposa de Carlos J.
Nueva York alude a Jacobo Estuardo, Duque de York. Virginia fue llamada
así por el galante sir Walter Raleigh para adular a Isabel I la "reina virgen".
Annapolis, Charleston y Jamestown son derivados del nombre de personajes
reales.
Cristóbal Colón impuso el primer nombre religioso en América a la isla
donde desembarcó: an Salvador. Los que tras él Llegaron en son de exploración o de conquista observaron la misma regla. En la fundación de poblaciones o descubrimientos de nuevas tierras se tenía muy presente la festividad
religiosa del día pru:a aplicarla de inmediato. Eso originó, entre otros muchos,
los nombres de Asunción, Paraguay; Florida, EE.UU. y Veracruz, México.
Las deidades católicas favoritas como Nuestra Señora de la Antigua, imagen
434

pintada en la catedral de Sevilla y Nuestra Señora Santa María del Buen
Aire, patrona de los navegantes a vela, dejaron huella en una isla de las Pequeñas Antillas y en la ciudad capital de Argentina.
Los conquistadores, gente ruda que hizo gala de privaciones sin cuento
para añadir a la corona española w1 territorio gigantesco, no se atrevieron a
perpetuar su recuerdo con nombres geográficos. Si aparecieron los de Alvarado,
Valdivia y otros muchos, ello fue posterior o sin un propósito deliberado. La
excepción de inmodestia en este caso la constituye don Juan de Gríjalva. En
cambio procuraron repetir los de sus ciudades o provincias natales. Hernán
Cortés ordenó a su lugarteniente Gonzalo de Sandoval que en su camino a
Coatzacoakos, en son de conquista, fundase una población con el nombre de
Medellín, población extremeña donde había nacido. Así lo hizo en territorio
de lo que hoy es Estado de Veracruz. La villa nunca ha alcanzado las dimensiones del conquistador. Asimismo Nuevo Santander, Nueva Galicia, Nueva
Extremadura, Nueva Granada, etc., son recuerdo perenne que nos dejaron
personajes de la Colonia, nativos de esos lugares.
La incultura de los españoles no concedió mayor importancia a la conservación más o menos fiel de les nombres indígenas que repitieron como Dios
les dio a entender corrompíéndolos hasta lo indecible. Las expresiones Cones
Cotoch y Culúa se convirtieron en Catoche y Ulúa. Cuauhnácuac, en Cuemavaca. Los ingleses no se quedaron atrás en esta tarea y así Quonoktacut sonó
en sus labios como Connecticut. Ah-hee-oo-ba se transformó en Iowa. Mishigamaw en Michigan, Maugh-wau-wama en Wyoming, Iliniwek en Illinois, etc.
Los franceses también hicieron de las suyas.
Navegantes y exploradores como Vitus Behring, Magallanes, William Baffin,
Samuel Champlain, Simon Fraser, Henry Hudson, Alexander Mackensie, George Vancouver y muchísimos otros deJ·aron sus nombres en estrechos mares
'
'
canales, rí.os, lagos, islas y todo tipo de accidentes geográficos.
Después de la independencia un afán patriótico por recordar a los héroes
se hizo patente en todas las naciones americanas y los nombres de ellos se
multiplicaron en las divisiones pol1ticas de los países surgidos de la emancipación. Casi no hay Estado de la República Mexicana donde no encontremos
lOs nombres de Aba.solo, Aldama, Allende, Galeana, Guerrero, Hidalgo, Juárez y Morelos. En Estados Unidos abundan los de Adams, Jefferson, LincoJn y
Washington . .Bolívar dejó el suyo a una nación.
La expansión de Estados Unidos hacia el oeste desató una fiebre coloni1:adora jamás vista. De la noche a la mañana surgían poblaciones que reclamaban un nombre y pioneros desconocidos, mujeres abnegadas, frases triviales,
sucesos escandalosos o individuos pintorescos los proporcionaron. Arizona,
uevo México y California están llenos de ellos.

435

�La inventiva se ha visto en apuros para denominar las contadas poblaciones
de habla hispana surgidas a fines del siglo XJX o principios del XX. Con
fines de halago interesado se adoptan los de gobernantes regionales o nacionales en turno o se producen nombres compuestos como Mexicali o Caléxirn.
El acto más irreverente ocurrió poco después de 1930 cuando el dictador
dominicano Rafael Leonidas Trujillo cambió el nombre de la ciudad primada
de Santo Domingo, fundada por el Adelantado don Bartolomé Colón, por el
suyo, pretextando que el pueblo agradecido así lo demandaba por haberla reconstruido a raíz de un ciclón que la devastó. Al ser asesinado el tirano la
ciudad recobró su histórica denominación.

Nor.rnRES DE VARIADO ORIGEN o SIGNIFICADO

En algunos casos no existe constancia veraz del origen de algunos nombres
y conjeturas sin fundamento alguno se repiten hasta alcanzar patente de legi-

timidad. Igual sucede con no pocas denominaciones indígenas de las que se
han dado hasta díez traducciones distintas. Empecemos por:
California. La versión más socorrida achaca a Hernán Cortés el hecho de
que al pisar en mayo de 1535 las ardientes costas de la península las llamó
Callida Fornax, es decir: "horno caliente". Esta versión la hizo suya el historiador Clavijero sin explicar las fuentes en que se basó para ello. El conquistador había estado con anterioridad en regiones tan calurosas como California
y es extraño que con la facultad que le atribuye Clavijero para imponer nombres certeros, no haya llamado así a las tierras del Istmo de Tehuantepec.
El jesuita José Campoy afirma gue California se compone de las voces cala
y fórnix: ensenada pequefia y bóveda, respectivame.nte, aludiendo a una roca
en forma &lt;le bóveda que se localiza en 1a costa occidental de la pequeña ensenada del cabo San Lucas.

El nombre de California, aplicado a la península, apareció por vez primera
hacia 1556 en una obra impresa en Europa por Giovani Ramusio, reproduciendo eJ diario de viaje de Francisco Preciado, de 1539 a 15401 por suelo californiano.

El historiador norteamericano Edward H. Hale llegó en 1862 a la conclusión de que el nombre de California, una isla fantástica poblada de amazonas negras, había sido tomado de la obra de caballería Las Sergas de Esplandián escrito por Garci Ordóñez de Montalvo en 1508.
Estando en Colima el conquistador don Hernando, oyó hablar de una isla
situada muy al norte, rica en perlas y oro, habitada únicamente por mujeres.

436

No es dificil pensar que la crédula imaginación de los españoles, lectores asíduos de los libros de caballería, haya visto una segunda California y decidió
perpetuar tal nombre.
C oahuila. Según don Manuel Payno significa: "tierra hennosa, tierra feliz".
Esteban Portillo lo traduce como: "culebra o víbora que vuela", refiriéndose
a la especie conocida vulgarmente como alicante. Se hace también provenir
de Jas voces Coahuilaua: "lugar donde se arrastran las culebras'' y Quahuitlehua: "reverdecimiento de los árboles o donde abundan los árboles".
Chihuahua. Al principio de este trabajo mencionamos la acepci6n que del
nombre nos da Félix Ramos y Duarte. Otras son: "lugar de fábricas", refiriéndose a las haciendas de beneficio de metal establecidas en las márgenes
del río Chuvíscar en el primer tercio del siglo XVIII. La ciudad se fundó con
el nombre de San Felipe de Chihuahua el 15 de agosto de 1705, según unos,
o el 12 de octubre de 1709, según otros. Si ]as haciendas de beneficio fueron
postetiores a estas fechas, el signjficado que pretende dársele al nombre se desvanece por sí solo. El autor de 1a traducción dice que la voz no es tarahumara
pero no especifica de qué otra lengua pudo ser.
La unión de los ríos Chuvíscar y Sacramento en las cercanías de la ciudad
originó este otro significado: "junto a dos aguas"; de cru: "lugar" y hua:
"agua", que por repetición expresa: "dos aguas".
Se menciona además que el nombre pudo formarse invirtiendo las sílabas
de Guaguachí o Guaguachiqui que corre panden a un pueblo del municipio
Urique y que quiere decir: "lugar de la piedra agujerada", refiriéndose a una
curiosa formación pétrea del Cerro del Coronel. En el municipio de Urique
encontré únicamente el nombre de Guahuachic y no es pueblo, sino rancho.
La última acepción es: "costalera o saquería"; de chihuahuira o chihuahuara,
voz gue corresponde a una bolsa de cuero donde guardan los indios el pino]~
y otras cosas que consumen en sus viajes.
Guatemala. El nombre Guatimala se dio a conocer por vez primera, hacia

1527, en un documento geográfico: el Mapa Oficial Español que se atribuye
a don Fernando Colón, hijo del Gran Ahnirante. El nombre ha variado muchísimo hasta quedar en lo que es hoy y algunas de sus variedades y sigrúficados
son: Coctemalán: "palo de leche". Quatemali: "palo podrido". Guhate-zmalhá: "cerro de agua" (probablemente se refiere a Antigua). Guahitemala: "Ju.
gar arbolado". Quahitemallá11: "paraje cubierto de árboles". Guahutimal:
"fuente de donde se extrae betún amarillo". Tecpán Quauhtemallán: "palacio del árbol podrido" y Coatl-montl-lán; ''lugar del ave serpentívora". Dejé
e.xprofeso para lo último la hipótesis más que fantástica y sin pruebas de que
proviene de la voz egipcia Gua-tem-ra: "senda del sol poniente".
Saltillo. Ciudad cabecera del municipio de su nombre y capital del Estado de

437

�Coahuila. Se afirma sin mayor base que procede de una voz chichimeca equivalente a: "tierra alta de muchas aguas". Como no se dan las raíces no se
puede aceptar esta versión.
Cuéntase que uno de los fundadores de la ciudad al arribar al sitio en
que hoy se levanta, exclamó viendo un manantia_l y escuchando cierto estruendo: "parece que se nos ofrece al paso un salto mlly profundo". Al comprobar la magnitud de la cascada, que no era con mucho lo que se pensaba,
modificó su opinión con estos términos: "se nos ha vuelto el salto, sallillo".
Otra conseja dice que a] preguntar los impacientes que se disponían a
colonizar esta tierra, si estaba muy lejos, los conocedores de ella, en son de
burla, les infonnaban: "no hay más que un sa1tillo".
La tercera versión que, como las anteriores, obedece a pw·a y simple fantasía, menciona entre los primeros pobladores a un sujeto habilidoso, especie
de pícaro, notable por Ja gracia e ingenio de que hacía alarde, a quien apodaban el "Saltillo".
Realmente lo que motivó el nombre del paraje fue una pequeña caída de
agua.

S011ora. El nombre pudiera dedvarse de la voz ópata sonotl: "hoja de maíz",
material usado por los indígenas de la región para techar sus cabañas. Hay
quien lo hace derivar de las voces zona áurea, atendiendo a las riquezas auríferas del territorio.
Alvar Núñez Cabeza de Vaca y sus compañeros de travesía, en su peregrinar
de la Florida a Sinaloa, se establecieron por breve tiempo en un sitio ubicado
a 4 kilómetros al norte del actual pueblo de Huépac donde la tradición dice
que erigieron una rústica capillita para venerar una imagen de Nuestra Señora
de la$ Angustias que dibujaron toscamente sobre una piel de cíbolo. Los
indígenas ópatas que acudían a curiosear nunca acertaron a pronunciar en
español "nuestra señora", diciendo en cambio "la senora" y por último "la
sonora". Valle de la Señora fue la denominación que impuso Cabeza de Vaca
a este lugar. En un principio se llamó La Sonora a la región comprendida entre
Ures y Arizpe. Más tarde se extendió el nombre a una zona más amplia ya sin
el ''la".
Tegucigalpa, Honduras. El significado más popular que se le atribuye es
el de "cerro de plata", que obedeció sin duda a la topografía del terreno y a
la calidad argentífera de la tierra que hizo posible su explotación en el siglo
XVI hasta agotarse.
Membreño da como nombre correcto Teguycegalpa, que hace provenir del
náhuatl y traduce como: "en las casas de las piedras puntiagudas", -aludiendo
al pedregal que abunda en el cerro de Zapusuca en cuya base se asienta la
población. Lardé y Larín ofrece otra equivalencia: ''la ciudad de las amatis-

438

tas" aduciendo que tequci o tewci es el nombre míhuatl de la amatista y

galpa corresponde a: ''pueblo o poblado".
El Dr. Peñafiel lo da como: "en los palacios reales". Scbuller: "en el Jugar
donde está la casa de la amora". Aguilar Paz: ''en la casa de los nobles o
de los señores" y Barrera Vázquez: "en las casas de las piedras amarillas''.

NOMBRES ORIGINADOS POR HECHOS FORTUITOS

Muchas veces curiosos sucedidos con sabor a leyenda determinaron el nombre de una población. Tomemos como ejemplo los siguientes casos:

Rosario. C'..iudad, cabecera del municipio de su nombre, Estado de Sinaloa. El
caporal León Rojas al servicio de un rico hacendado español que vivía en Agua
Verde, salió una tarde a caballo en busca de una res extraviada. Desde lo
alto de la Joma de Santiago divisó el animal Y. al descender al galope sintió
que e1 rosario que llevaba al cuello se le caía. Desmontó para buscarlo, pero la
oscuridad de la noche que se echaba encima no se lo permitió. Decidió entonces
pernoctar en el sitio para reanudar la búsqueda al siguiente día y encendió
una fogata a cuya vera tendió su lecho. Al amanecer (4 de agosto de 1655)
descubrió bajo la hoguera una plancha de plata que el fuego había fundido.
Más tarde se dio un tajo a la loma hasta donde la veta se clavaba en tierra.
Por ello la mina fue llamada del Tajo y al Real se Je denominó del Rosario.
Wetaskiwin. Ciudad de la provincia Alberta, Canadá. El nombre proviene de
una voz cree que signi!ir,a: "colina de paz" aludiendo al tratado de convivencia pacifica que negociaron en este sitio las tribus indias de los Crees y
los Pies Negros.
Payo Obispo. ombre que llevó en un principio la actual ciudad de Chetumal, capital del territorio de Quintana Roo. De acuerdo con una leyenda
que trasmite el mayista Santiago Pacheco Cruz, un obispo protestante que
resiclia en Belice visitaba este lugar frecuentemente con miras a lograr la conversión de los indígenas, que no sólo se mostraron refractarios a la labor evangelizadora sino que lo hicieron objeto de toda clase de burlas, llegando al
extremo de "torearlo". Pay, en maya1 significa: "torear o lidiar". De allí Payo
Obispo.
Modesto. Población del Estado de California, EE.UU. Es una de tantas
localidades surgidas durante la fiebre de colonización. Al contrario de lo que
usua1mente acostumbraban los españoles, el primer paso de la comunidad era
apoderarse del mejor terreno y edificar sus viviendas dejando al último la
tarea de dar nombre al lugar. Por lo que respecta a Modesto, los habitantes
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fueron convocados cierto día para opinar sobre la denominación que convenía adoptar. Se acordó que cada uno de los presentes sugiriera una, que
escrita en una boleta se depositaría dentro de un sombrero. Las opiniones fueron leídas y ninguna obtuvo aprobación. Como la cosa se prolongaba sín llegarse a un acuerdo, alguien sugirió obviar tiempo dándole al pueblo el nombre
del más prominente de los vecinos. El agraciado, como es de rigor hipócrita
en estos casos, se deshizo en cumplidos diciendo que "era mucho el honor
que se Je hacía", que ''.no creía merecer tanto", etc. Un mexicano presente
exclamó: "el señor es muy modesto". El calificativo de modesto sonó gratamente en el oído de todos como para convertirlo en nombre geográfico y
a.sí se quedó.

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Sobre la margen derecha del Tacuarembó Grande, departamento Rivera,
Uruguay, existe una elevación conocida como Cerro de los Ministros. En 1892dos ministros efectuaron una visita al lugar en el ferrocarril que apenas se
construía. Uno de ellos preguntó al jefe politice del departamento e1 nombre
de la elevación y éste respondió: ''Hasta ahora ninguno, s~ñor ministro, pero
en lo sucesivo le llamaremos Cerro de los Ministros".
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PIRATAS QUE DEj ARON HUELLA TOPONÍMICA

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Los piratas fueron un mal endémico de los primeros siglos de la colonización europea. El mar de las Antillas se convirtió en madriguera naval de escuadras bucaneras de todas nacionalidades siempre al acecho de galeones españ.olcs. Veracruz, Panamá y Maracaibo, en tierra firme, resintieron más de
una vez el ataque feroz de los corsarios que incluso extendieron sus correrías
por el Pacífico subiendo hasta Acapulco y las costas de Baja California. Los
nombres de Henry Margan, Thomas Cavendish, Lorencillo, Pedro el Olonés,
sir Francis Drake, Barbanegra, Jean Lafitte, etc., quedaron registrados en
la historia y en la literarura novelesca, pero fueron piratas de tercera categoría los que lograron imponer sus nombres al teatro de sus hazañas.
El territorio de Belice recuerda a un corsario inglés de apellido Wallis,
Wallace o Wallice, que acostumbraba refugiarse en la dc;sembocadura de los
rios regionales. El nombre, muy adulterado, sirvió para denominar a lo que
más tarde se constituyó en posesión de la Corona Británica.
Por las costas de la actual Nicaragua merodeó el pirata holandés Bleeveldt,
apellido que, por ignorancia del idioma, se escribió incorrectamente Blewfields, para terminar en Bluefields que es el que lleva hoy la ciudad capital
del departamento Zélaya.

440

En las cercanías de la ciudad de La Paz, capjtal del territorio de Baja California, existe un balneario llamado Coromuel, cuyo nombre es corrupción
del fnglés Cromwell, un pirata que se dice vivió en el siglo XVIII y que entraba a la bahía aprovechando el viento de las tardes de verano. No se recuerda históricamente ningún bucanero así llamado que asolara por esa época el lugar.
El nombre de la bahía de Pichilingue, también cercana a La Paz, corresponde al mote con que fueron conocidos en la Nueva España los piratas holandeses que al mando de Boris van Spilbergen tocaron en 1615 Acapulco, el
puerto de Navidad y el cabo Corrlentes, descubriendo de paso las islas Revillag-igedo.

11

EXPRESIONES CONVERTIDAS EN NOMBRES GEOGRÁFICOS

Es curioso que simples exclamaciones provocadas por sentimientos de toda
índole hayan motivado la denominación de los lugares que menciollamos en
seguida:
Arequipa. Ciud. capital de la prov. y depto. de su nombre~ Perú. Cuando
las tropas quechuas regresaban de una expedición guerrera en el año 1134, quedaron tan admiradas del paísaje que se extiende al píe del Mlsti, que manifestaron al soberano inca sus deseos de establecerse en el lugar. El monarca
accedió diciendo: "ari q uepai", es decir "bien, quédense", origen del nombre
que se tita.

Boca Grande de los 1Jragos. Lugar de la costa de Venezuela donde ancló
Colón el 12 de agosto de 1497. Dice el padre Las Casas que el gran navegante
expresó refiriéndose a lo peligros del litoral: "que si de allí se escapaban podían hacer cuenta que se escapaban de la boca del Drago" (dragón) y por
ello se quedó el nombre y con razón.
Brazos. Río que nace en el condado Stonewall, Edo. de T exas, EE. UU. y
desemboca en el golfo de México, cerca de Freeport. El nombre primitivo
completo fue Brazos de Dios que le impuso la expedición de Francisco Vázquez
de Coronado a punto de morir de sed de_spués de la penosa travesía del Llano
Estacado. El encuentro de la corriente los hizo gritar de júbilo: "benditos
sean los brazos de Dios", o cosa por el estilo.

Cotija. Población del Edo. de Michoacán fundada a fines del siglo XVI.
Una leyenda relata que uno de los primeros españoles avecindados en una
aldea cercana decía todos los doming-0s a su hija: "ponte tu cota, hjja, y vamos a misa al valle" ( ?).

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�Gracias a Dios. Depto. de Honduras creado el 21 de febrero de 1957. Cristóbal Colón al doblar en 1502 un cabo de 1o que hoy es litoral nicaragüense,
después de una espantosa tormenta exclamó aliviado: "Gracias a Dios 'que
hemos salido de estas honduras". La última palabra denominó al país.
1guata. Ciud. cab. del mpio. de su nombre, Edo de Guerrero. Refiere cierta
leyenda que en tiempos remotos hubo m1a gran inundación que obligó a los
moradores del pueblo a refugiarse en un cerro ubicado al oeste. Los indígenas designados para bajar y ver el nivel de las aguas regre aron informando:
"yogua la, yoguala" que significa : "ya vino el buen tiempo".
Laguna de T étminos. Internación del golfo de México en la costa del Edo.
de Campeche. Asegura Berna! Díaz del Castillo que al llegar a este sitio la
expedición de Juan de Grijalva se creyó que era la desembocadura de un río
llena de lenguas de tierra, las que según expresión del piloto Antón de Ala.minos "partían términos con la tierra".
Nombre de Dios. Pobl cab. del mpio. de su nombre, Edo de Durango. Nació de una misión fundada a fines de 1561 por fray Gerónimo de Mendoza,
fray Diego de la Cadena, fray Pedro de Espinareda y fray Jacinto de San
Francisco. Según otros la fecha debe ser 1556 o 1560. Dice el P. Torquemada que estos religiosos al encontrarse en el sitio destinado para erigir su misión dijeron: "comencemos esta obra en el nombre de Dios", y se le cho taJ
nombre primero a la misión y luego a la villa.
Orosí. Volcán de la cordillera de Guanacasta, Costa Rica. Debe su nombre al cacique Orosí al que visitó Gil González Dávila en el primer cuarto
del siglo XVI, pero existe una leyenda relacionada con un fraile que ascendiendo al volcán sintió que retumbaba y trepidaba por lo que volviéndose a
sus acompañantes les dijo: "aquí debe haber minas de plata". Una voz misteriosa replicó: "plata, no;_ oro, sí", y desde entonces se le llamó de tal manera.

CONTRJBUCIÓN FEMENINA

La mujer llegó a América poco después del arribo de los conquistadores.
Junto a ellos compartió todas las penalidades de la época y echó con firmeza los cimientos del hogar criollo y mestizo. En las guerras de independencia
alentó insurgentes y bordó banderas. En las guerras de intervención extranjera y en el derrocamiento de tiranos ocupó lugares de avanzada. Por desgracia muy pocos nombres de ellas figuran en la geografía, que se reserva
egoístamente el derecho de admisión. Algunos de tales pertenecen a personas
cuyos méritos no justifican esa perpetuidad.

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Alejandrina. Villa de la jurisdicción de Dolores, depto. Soriano, Uruguay.
El nombre corresponde a Alejandrina de la Sierra, esposa del fundador del
lugar, Domingo Ordoñana.
Angelina. Río tributario del Neches en el Edo. de Texas, EE. UU. La denominación recuerda a una muchacha india de la tribu hanai que al ser convertida al cristianismo tomó ese nombre, desempeñando más tarde un papel importante en el desenvolvimiento de la región.
Angelita. Estación de ff. ce. en el km. 124 del ramal a Tepehuanes, Etlo.
de Durango. S~ llama así recordando a la señora Angela Flores, propietaria
de varias fincas de la región.
Doña Cecilia. Nombre anterior de la actual Ciudad Madero, Edo. de
Tamaulipas. Alude a la madre del Gral. don Felipe de la Garza.
Louisa. Condado del Edo. de Iowa, EE.UU. Se le llamó así en honor de
Louisa Massey, heroína pionera de 1837.
Mariscala, Rincón de la. Dilatada zona ubicada entre los ríos Olimar y
Cebollatí depto. Minas, Uruguay. Perteneció al mariscal de campo y primer gobemador político y militar de Montevideo, José Joaquín de Viana,
del cual lo heredó su esposa la Mariscala, célebre en la historia por su carác~
ter "desenvuelto y despreocupado".

DETALLES CURIOSOS

Antequera, nombre pmmbvo de la ciudad de Oaxac.a, es voz latina derivada de Antiquaria o Anti.karria, que Je dieron los romanos a una población española que consideraron muy anti!$Uª·

Duran go y Cela,,a son términos vascos que significan: "más allá del agua"
y "tierra llana", respectivamente.
Guadalajara es voz árabe que proviene de Wad-al-hid-jara: "río que corre entre piedras" o Wad-il-adjara: ''río de las piedras'' como llamaban los
árabes al Henares.
Guadiana, nombre con que se fundó la ciudad de Durango, se deñva también del árabe. Guadi o Uadi: "río" y Ana o Annas, nombre romano de un
río que corre por España y Portugal.
Valladolid, denominación que llevó hasta el 12 de septiembre de 1828 la
actual ciudad de Morelia; procede del latín Vallisoletum al que se le dan
como significados: "valle de olor", "valle de olivos", "valle de lides" y "valle
de Utit'', aludiendo este último a Ulid Abaplaz, caudillo árabe muerto en
San Esteban Gormaz a manos de Ordoño II.

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�Ea algunas zonas de Dw-ango y de 1a frontera norte del país es común
encontrar denominaciones formadas con nombres o apellidos a los que se les
agregan las terminaciones eño o eña. En Durango tenemos: Man¡ueseña,
por el marqués de Valdivieso. Pedriceña, aludiendo a un capitán español
Pedriza, de fines del siglo XVIII, y Velardeña, recordando a otro militar de
igual grado y nacionalidad, de apellido Velarde. En Vallecillo, N. L., existe
un Ayaleño, en Tamaulipas un Tomas.eño y ha:ce poco debe haber desaparecido dentro del vaso de la presa Falcón la población texana del Ramireño.

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Los apodos han inspirado también nombres geográficos. Perote (Ver.) alude a un soldado de la conquista de elevada estatura cuyo nombre, Pedro,
degeneró por ello en el aumentativo que hoy corresponde a una población.
Cajeme (Son.) fue el mote del cacique yaqui José Ma. Leyva.
Existen nombres desconcertantes. En la parte oaxaqueña de la cuenca del
Papaloapan encontré estas joyas: Dicha Tuerta y Chisme. Hallé otros muy
pintorescos: Arroyo Jolote, Cerro CabaJJo y Pescaditos de Enmedio. Suspire no pocas veces al ver en el mapa dos poblaciones, también oaxaqueñas,
que evocaban tierras lejanas o sonaban a poesía : Flor de Batavia y Camelia
Roja. La decepción que experimenté al conocerlas prefiero no relatarla.

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444

PASTOR.

D'iccionario Geográfico, Histórico y Biográfico del Edo. de Du-

445

�COMPOSICIÓN ÉTNICA DE LA POBLACIÓN DE NUEVO LEóN
A LA CONSUMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA
ISIDRO VIZCAYA CANALES

Instituto Tetnológico de Monterrey

de estadística del Archivo General de Gobierno de
Nuevo León, un censo recopilado a fines del año de 1820 y principios de 1821.
Este fue levantado en virtud de una circular, de fecha 2 de diciembre de
1820, en la cual el gobernador y comandante general de las Provincias Internas de Oriente, don Joaquín de Arredondo, ordenaba el cumplimiento de
"Jo prevenido en el capítulo 2, artículo 13 del decreto de las Cortes de 23
de junio de 1813".
El censo consiste en una serie de informes presentados por los diversos municipios o jurisdicciones, como se les llamaba entonces. Estos informes contienen datos que serán comunes en censos levantados posteriormente: número
de habitantes desglosados por edades y estados; actividades a que estaban
dedicados e información económica sobre comercio, artesanías, agricultura,
ganadería y minería. Sin embargo, el censo de 1820-1821 contiene una información que faltará en los que se levantarán después de la Independencia y
es esto lo que especialmente lo hace interesante. Esta información consiste en
que los habitantes vienen desglosados en castas, hecho que permite conocer
la composición étnica de la población de Nuevo León a la consumación de la
Independencia.
Desgraciadamente, de las veinte jurisdicciones en que entonces estaba dividida la provincia de Nuevo León, sólo se encuentran en el Archivo los informes de quince, y en el de una de ellas, Cadereyta, no se encuentra la población desglosada en castas. Sin embargo, las catorce jurisdicciones restantes, con un total de 38,909 habitantes, contaban casi con el 53% de la·
población total, que aparentemente tenía Nuevo León en esa época. Además,
aunque el informe de Mont.eITey no se encuentra en el Archivo, existe un
cómputo de matrimonios, bautiws y entierros de esta jurisdicción en el año
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de 1820 dividido por castas. Es de suponerse que el número de nacimientos,
casamientos y muertes era proporcional al número total de habitantes de
cada casta, por lo tanto es posible conocer muy aproximadamente la composición racial de la población de Monterrey. Si se considera que esta jurisdicción, con 11,044 habitantes, tenía entonces casi el 15 % del total de la po•
blación de Nuevo León, es posible tener idea de la composición étnica de
casi un 68% de la población de la provincia.
La mayorla de los informes existentes dividen la población en cinco castas:
europeos españoles (peninsulares) ; españoles (criollos)· indios, castas y mestizos; de origen africano y extranjeros. Las jurisdicciones cuyos informes se
conservan no consignan ningún extranjero y la primera categoría puede eliminarse, pues los peninsulares enumerados son muy pocos, la mayoría de ellos
varones de más de cincuenta años.
Tomando en cuenta solamente las otras tres divisiones se pueden obtener
algunas conclusiones interesantes. El pueblo de San Miguel de Aguayo, ahora
Bustamante, poblado desde el año de 1686 por indios tlaxcaltecas, seguía
siendo a la consumación de la Independencia, la jurisdicción más indígena
de la provincia, pues consignaba un 94% de indios, castas y mestizos. Otras
poblaciones con más de 50% de este grupo eran: General Terán 69%, Montemorelos 68%, Villa de García 59% y China 58%.
En cambio Cerralvo, con un 95% de la población clasificada como españoles, resultaba la población más criolla de la entidad. Otras jurisdicciones
en donde predominaban los criollos eran: Marln 79%, Santa Catarina 69o/o,
Vallecillo 64%, Villaldama 61 %, Salinas Victoria 60%, Villa de Santiago
59% y Lampazos 51%.
Resulta interesante que Sabinas Hidalgo sea la única jurisdicción que consigna una población numerosa de origen africano, pues 63o/o de los habitantes aparecen en el censo clasificados en este grupo. Sin embargo, es posible
que en otras poblaciones se hayan incluido bajo esta dominación solamente
a los negros y no a las castas de sangre negra. De Villaldama, por ejemplo
eJciste el informe de los nacidos el año de 1820, y éstos están divididos en
cuatro castas: españoles 40, mestizos 25, indios 19 y mulatos 19. Si el número de nacidos es proporcional al número de habitantes de cada casta, los
mulatos deben haber sido como un 18% del total.
También existe el informe de nacimient-os en Bustamante el año de 1820
y éste está dividido en cinco castas, 1·esuJtando curioso qu~ los tlaxcaltecas
fueran clasificados separadamente de los otros indios. Este cómputo consigna
los siguientes nacimientos: tla."{caltecas 56, mestizos 15, indios 8, mulatos 1
y españoles l.
Respecto a Monterrey, se indicó anteriormente que ba desaparecido el cen-

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�so correspondiente a estas fechas, pero existe el informe de matrimonios, bautizos y entierros para el año de 1820, y éste viene dividido en cuatro grupos
raciales; españoles, indios, mestizos y castas. Suponiendo que los bautizos
sean proporcionales al número de habitantes de cada uno de los distintos grupos, éstos indicarían una población de 59% de españoles, 25o/o de indios,
15% de mestizos y 1% de castas. Es indudable que los clasificados como españoles, al igua1 que en las demás jurisdicciones, no se refiere a peninsulares,
sino a criollos.
En resumen se puede llegar a la conclusión de que para la época de la Independencia la población de Nuevo León era .muy mestizada, pues es probable,
como sucedía en otras partes, que aún muchos de los clasificados como españoles fueran mestizos. Los datos con que se cuenta no indican un patrón uniforme en la distribución de las distintas castas, porque predomina la población criolla en Villaldama y Vallecillo en el norte de la provincia, en Monterrey, Marín, Santa Catarina y Villa de Santiago en la parte central y Cerralvo en la oriental. Los indios y mestizos se encontraban en mayor abundancia en Villa de García en el orcidente de la entidad y en China, General
Terán y Montemorelos en el extremo oriental. De5¡,o-raciadamentc no existen
los censos de ninguna de las jurisdicciones situadas al sur de Montemorelos,
que pudieran proporcionar alguna información respecto a la distribución racial en la importante zona del sur de la provincia.
Una revisión de los archivos parroquiales correspondientes a la colonia, en
que se consignaban la casta de los nacidos, casados y difuntos, podrá proporcionar una mayor información sobre la composición étnica de la población
de Nuevo León en los tiempos anteriores a la Independencia.

LA ACTUACió DE LAS DIPUTACIONES DE COAHUILA,
NUEVO LEó
Y TAMAULIPAS EN EL CONGRESO
CONSTITUYENTE DE QUERÉTARO DE 1916- 1917
DR.

E.

VÍCTOR NlEMEYER

Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística

LAs oos FECHAS MÁS IMPORTANTES del movimiento Constitucionalista de la
Revolución son el día 26 de marzo de 1913, cuando rm puñado de mexicanos
determinados a no aceptar la usurpación de Victoriano Huerta firmaron el
Plan de Guadalupe; y el día 5 de febrero de 1917 en que la Constitución de
1917 fue promulgada oficialmente por don Venustiano Carranza. Este último hecho fue el resultado lógico de lo primero. La elimmación de Huerta
y la derrota de Francisco VilJa, cuya defección amenazó con destruir la causa
Constitucionalista, 1·esultó en la reinstalación del gobierno constitucional bajo
una nueva carta magna encarnando los logros socio-económicos y políticos
de la Revolución. Mucho se ha dicho y escrito sobre los valientes generales y
las ensangrentadas batallas de este período de cataclismo y sufrimiento, pero
esos hechos fueron 1·ealmente de menor relevancia. El evento de mayor importancia en la historia de la Revolución fue el Congreso Constituyente de 19161917.1 Como dijera Luis Espinosa, Diputado del 4o. Distrito Electoral de
Oaxaca el 16 de diciembre de 1916 durante los memorables debates sobre el
Artículo 3: " ... la revolución en estos instantes solemnes es este Congreso
Constituyente. La guerra arrnada no fue. no ha sído más que un medio para
llegar a la realización de este Congreso Constituyente". 2
La Constitución que resultó del Congreso Constituyente representó eJ triunfo legal de la Revolución a todas las reformas que han conducido a México
1

~

Peacc by Revolutíon (New York. 1933), p. 166.
Diario de los Debates del Congreso Constituyente, 1916-1917 (México, 1960), I,

FRANK TANNENllAUU,

p. 770.

451

450

�al Siglo XX, transformando así la vida de su gente, las cuales se basaron en
la Constitución de 1917. Sin embargo, estas reformas, algunas radicales en
sí mismas, y la controversia sobre su implantación, han eclipsado a aquellos
ho~res que las formularon, los mismos delegados al Congreso Constituyente.
Es nnportante recordar que la Constitución de 1917 fue el producto de los
constituyentes que poseían ideas reformadoras, ya que los artículos 3, 27, 115, ·
123 y 130 fueron redactados por los constituyentes. Estos no provinieron de
Don Venustiano Carranza cuyos puntos de vista eran básicamente moderados.
Tarnpoc~ provinie_i-on de los consejeros que lo rodeaban y vuelvo a repetir,
que las 1deas detras de estas reformas surgieron de los constituyentes mismos.
Por lo tanto, es necesario determinar qué papel jugaron en el Congreso Constituyente los delegados de estos nobles estados de Coahuila, uevo León y
Tamaulipas, y cuáles eran las ideas que e&gt;q)resaron. Sobre todo, en qué forma contribuyeron durante los debates oficiales y extraoficiales en la redacción
de los artículos más importantes de Ja Constitución de 1917. La lista de miembros de las &lt;lieutaciones de los Estados del oreste que asistieron al Congreso
Constituyente de Querétaro es:

CoAHUILA

Número

Distrito

Diputado Constituyente

Sal tillo

2
3
4
5

Parras
Torreón
Monclova
Piedras Negras

Manuel Aguirre Berlanga
José Rodríguez Gonzá.lez (suplente)
Ernesto Meade Fierro
José María Rodríguez
Jorge Von Versen
Manuel Cepeda Medrano

TAMAULlPAS

Número

1

2
3
4

Monterrey

2

Cadereyta

3

Linares

Lorenzo Sepúlveda (suplente)
Luis Ilizal.iturri

4

Salinas Victoria

Ramón Gámez

5

Galeana

Reynaldo Garza

6

Monterrey

Agustfo Garza González

Pedro A. Chapa
Zeferino Fajardo
Emiliano P. Nafarrete
Fortunato de Leija

Durante las sesiones preliminares de noviembre 21 al 30 de 1916, relacionadas con las credenciales de los presuntos diputados, tres delegados del Noreste desempeñaron papeles importantes: Manuel Ama ya ( lo., Nuevo León),
Lic. Manuel Aguirre Berlanga (lo., Coahuila) y el Dr. José María Roclríguez (3o., Coalmila). Manuel Amaya, un empedernido fumador de cigarros
de hoja de maíz oriundo de Candela, Coahuila, y quien se con irtió en un
próspero comerciante después de su llegada a Monterrey, fue electo Presidente de la Mesa Directiva el día 21 del mes y siete días más tarde se desencadenó una amarga diatriba con relación a sus propias credenciales durante la
cual fue atacado como "Garzagalanista" por no ser revolucionario, sino uno
que había tao sólo vivido de la revolución. Contestando a su acusador, Coronel Juan Aguirre Escobar, miembro de ]a diputación zacatecana pero también oriundo de Coahuila, se ganó la simpatía de todos con las siguientes
palabras:

.. . no nos venga usted con cosas me¡as, agua pasada 110 mueve molino .. (1isas). Preguntan ustedes cuál ha sido mi labor revolucionaria
desde 1913 a la fecha y verán si soy o no revolucionario; en Chihuahua,
señores, cuando la batalla de Tierra Blanca, cuando faltaban elementos
para la lucha, compré trescientos mil cartuchos hipotecando mis fincas
por veinticinco mil dólares. ( Aplausos).3

Manuel Amaya
icéforo Zambrano

Plutarco Gomález (suplente)

Matamoros
Ciudad Victoria
Tula
Tampico

Diputado Constituyente

De los dieciocho diputados propietarios y suplentes que asistieron al Congreso, se sabe que cuatro eran abogados, tres eran médicos, cuatro eran militares ( 2 generales y 2 coroneles) , do eran comerciantes, dos eran profesores,
dos eran periodistas, y uno era empleado federal.

NUEVO LEÓN

1

Distrito

]bid. I, p. 249. Un garza.i;alanista fue partidario del Coml. José María Garza
Galán, gobernador y hombre fuerte de Coahuila entre 1885 y 1893. Cuando sus violaciones de las garantías individuales de la Constitución y la dureza de los jefes pollticos bajo su mando habían provocado una fuerte y abierta oposición en 1893, fue
destituido de su cargo por el representante del Gral. Díaz en el noreste, el Gral. Bernardo Reyes, Gobernador Constitucional de Nuevo León.
3

452
453

�B

Sin embargo, Manuel Amaya no fue considerado por los demás diputados
para el difícil cargo de Presidente del Congreso. Su determinación de aplicar
1a regla de que no se permitiera fumar no le ganó muchos amigos entre los
fumadores que, durante las sesiones prelimmares, terúan que entregarse al
hábito a hurtadillas. Según las palabras de un diputado, Don Manuel, como
buen ranchero, siguió la regla de "aquí se hace lo que yo mando y nada más".
Y como si fueran estudiantes de primaria, les deda "cállese" o "siéntese" al
dirigirse a los diputados oradores, lo cual, como es natural, les irritaba:.¡ En
realidad, Don ~anuel carecía de las cualidades necesarias para desempeñar
un puesto tan importante, en el cual se requería habilidad y conocimiento de
los procedimientos parlamentarios.
Si~ embargo, alguien que fue seriamente considerado para el puesto de
Presidente Permanente del Congreso era Manuel Aguirre Berlanga, nacido
el 28 d_e enero ~e 1887 ~n San Antonio de las Alazanas, Municipio de Arteaga,
CoahUJla. Curso sus primeros estudios en escuelas de Saltillo y en el Ateneo
Fuente _de la misma ciudad y posteriormente pasó a an Luis Potosí para
prosegwr la carrera de abogacía en el Instituto Potosino, donde se tituló.
Como Sub-Secretario de Gobernación, Aguirre Berlanga, un confidente de
Don Vcnustiano, tomó la palabra en varias ocasiones durante las deliberaciones de credenciales para verificar el cumplinüento del reglamento del Congres_o. A él fue a quien el Primer Jefe envió su famoso telegrama del 20 de
~oVJembr~ a nombre de los renovadores de la XXVI Legislatura que habían
s~do elegidos al Congreso Constituyente, pero la posesión de cuyas credenc1ales fue atacada por otros presuntos diputados que pusieron en tela de duda
su lealtad a la causa Constitucionalista. Un poco antes de la elección de la
~!,esa Directiva permanente, el día 30 de noviembre, Aguirre Berlanga anunc10 haber obsen,1~do que él estaba siendo prnpuesto por varias planillas para
el cargo de Presidente, pero que le era imposible aceptar dicho cargo en el
caso de re.sultar electo, porque Jesús Acuña acababa de renunciar como Secretario de Gobernación y Don Venustiano lo había nombrado para substituir
a Acuña en el puesto. Aun así recibió 68 votos para la presidencia, la cual
ganó el Lic. Luis Manuel Rojas ( lo., Jalisco) con 86 votos. Aguirre Berlanga,
a pesar de que no asistió a las sesiones del Congreso, y en su lugar lo hacía el
Prof. José Rodríguez González, su suplente, regresó el 31 de enero de 1917
a firmar la Constitución. Esto dio Jugar a una disputa con Rodríguez González sobre quién debería por derecho firmar y al no lograr llegar a un
acuerdo, los dos firmaron. 5
• Dpm BóRQtIEZ (seudónimo de Juan de Dios Bojórquez), Crónica del Constituye11te (México, 1938), p. 119.
• Entrevista con el Prof. José Rodríguez Goll7.ález, SaltilJo, l de febrero de 1966.

454

Otro Coahuilense que participó notahlemente en las sesiones preliminares
fue el Dr. José María Rodríguez. Como Secretario de la 2a. Comisión Revisora de Credenciales, cuya responsabilidad era dar validez a las credenciales
de 15 miembros de 1a Primera Comisión Revisora; él consideró necesario
hablar en defensa de las decisiones de la Comisión de la que en numerosas
ocasiones fue miembro. Otros diputados de los estados del noreste que hicieron uso de la palabra durante las sesiohes preliminares fueron el Coml.
Pedro A. Chapa (lo., Tamaulipas). Jorge Von Versen (4o., Coahuila), Manuel Cepeda Medrano {5o., Coahuila), Ernesto Meade Fierro (2o., CoahuiJa), Lic. Luis Ilizaliturri (3o., Nuevo León) y por supuesto Manuel Amaya. Hablaron ya sea con relación a Ja interpretación de \llJ cierto párrafo del
reglamento de debates o en favor o en contra de dar asiento a varios presuntos diputados. A pesar de que Meade Fierro atacó al Dr. Ignacio Roe!,
presunto diputado del Territorio de Baja California. llamándolo "porfirista"
y "enemigo formidable de la revolución ccnstitucionalista'' salió entonces en
su defensa Luis Ilizaliturri, quien pensaba que los habitantes de ese distrito
no debían de ser negados del privilegio de representación ante el Congreso
Constituyente. Finalmente, Roe) fue aceptado, pero después de considerable
discusión. Debe hacerse notar que Amaya, Cepeda, Medrano y Meade Fierro
fueron acometidos durante los debates por haber sido elegidos al Congreso
como consecuencia de su amistad con Don Veuustiano. Sin embargo esto
era también cierto de muchos otros delegados. Los norteños se sentían especialmente orgullosos de su amistad con Carranza, como lo admitió Cepeda
Medrano la tarde del 19 de noviembre diciendo: "uno de los grandes defectos
que he tenido en mi carrera política ha sido ser completamente Carrancista.
Lo he gritado a los cuatro vientos y lo he dicho siempre ... " 6 En realidad
un diputado que estaba en posibilidades de conocer la verdad, clasificó a
Nicéforo Zambra.no (2o., Nuevo León), Lorenzo Sepúlveda (suplente de
Zambrano que asistía a las sesiones en su ausencia), Manuel Amaya y el
Dr. José María Rodríguez como "incondicionales y devotos de Don Venustiano" .7
Hacia el fin de la tarde del 30 de noviembre, el Congreso eligió la mesa
directiva para su período único de sesiones que daría principio al día siguiente y terminaría el 31 de enero de 1917, de acuerdo con el Decreto
No. 9 del Primer Jefe fechado el 14 de septiembre de 1916. Como se dijo
anteriormente, el Lic. Manuel Aguirre Berlanga figuró prominentemente
como candidato a la presidencia, pero su nombramiento como Secretario de
Gobernación a fines de noviembre lo forzó a. retirar su nombre de la candi• Diario de los Debatl!s, I, p. 274.
7 B6RQUEZ, Crónica del {:onstituyente, p. 176.

455

�datura. El único otro miembro de una diputaci6n de un estado del noreste
que fue elegido a un puesto en la directiva permanente fue Ernesto Meade
Fierro. Por 80 votos contra 70 de su contrincante, Enrique Recio (2o., Yucatán), Meade Fierro ganó Ja elección para Segundo Secretario. Nativo de
San Pedro de las Colonias, él representaba a Parras en el Congreso Constituyente. Contaba entonces 29 años de edad y siendo periodista de profesión,
había ingresado a la Revolución en 1910. Sirvió como secretario a los generales de la División del Noreste en su junta con los generales Villistas en
Torreón en julio de 1914, en la cual sin éxito se trató de allanar las diferencias entre VilJa y Carranza. Meade Fierro estaba fomemente dedicado a la
causa de la libertad. En la última quincena de enero escribió en el álbum de
su compañero del Congreso Constituyente, Dr. José Pilar Ruiz ( lo., Michoa~
cán), que "sólo el amor a la libertad dignifica el alma de los pueblos".8 En
el álbum del Lic. David Pastrana Jairnes (5o., Puebla) también escribió: "Los
hombres del presente siglo sólo deben tener una religión) la patria• y dentro
de esa religión venerar a un solo Dios: 1a libertad".ª

In taJado el Congreso el lo. de diciembre y habiendo escuchado el discurso
del Primer Jefe en la apertura de las sesiones, e-l Congreso inició sus labores.
Había mucho que hacer en el período de dos meses, el cual contrastaba notablemente con los once meses de sesiones de los Congresos Constituyentes
en los que se redacta-ron las Constituciones de 1824 y 1857. Don Venustiano
abrigó la esperanza de que los diputados al Congreso Constituyente de 19161917 aceptaran su proyecto de reformas a la Constitución de 185 7 con pequeñas modificaciones, pero menospreció la determinación de los diputados
con ideas reformadoras de escribir una constitución más de acuerdo con el
entendimiento de los problemas de México y la forma de resolverlos. El proyecto de Carranza fue profttndamente atendido y un nuevo concepto fue inh·oducido a la ley constitucional mexicana: los derechos de la sociedad en
conjunto tienen prioridad sobre los derechos del individuo. Ahora veremos
cómo los diputados constituyentes de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas
contribuyeron a formular la nueva Constitución.
Los debates de mayor significado se suscitaron durante las primeras sesiones sobre la formación del Artículo 3 relacionado con el papel de la iglesia
en la educación. Mientras que el proyecto de Don Venustiano estipulaba que
habría plena libertad de enseñanza, y laica la que se impartiera en los esta~ Ernesto Meade Fierro en Album del Congreso Cónstituyente de 1917, QuerétaroJPR (Album del Dr. José Pilar Ruiz, Agrarismo 57, Morelia, Micb. ).
• Ernesto Meade Fierro en Constituyentes-1917 (Album del Lic. David Pastrana Jaimes. Propiedad de la Srita. Emma Villaseñor, Palenque 372, Col. Narvarte, México
12, D. F.).

456

blecimientos oficiales de educación, y gratuita la enseñanza primaria, superiory elemental que se impartiría en los mismos establecimientos; la primera Comisión de C-0nstitución bajo la jefatura del dinámico Gral. Francisco J. Múgica ( 150., Michoacán) y compuesta de cinco izquierdistas. produjo un dictamen en el cual se piilió el rechazo del artículo 3 de Carranza y en su
lugar uno mucho más railical que exigía libertad de enseñanza pero laica,
en establecimientos oficiales, así como en establecimientos particulares que impartían educación primaria, elemental y superior. Además, prohibía a corporaciones religiosas, ministros del culto o personas pertenecientes a algunas
a ociaciones semejantes que establecieran o dirigieran escuelas de instrucción
primaria ni impartieran enseñanza personalmente en ningún colegio. Finalmente, pidió que la enseñanza primaria fuera obligatoria para todos los mexicanos. Los debates sobre este dictamen con duración de tres días, fueron los
más acalorados del Congreso, eargados de amargura, ataques personales y
contra-ataques cuando los defensores del Artículo 3 de Don Venustiano trataron de derrotar la radical propuesta de la Primera Comisión de Constitución. Dos carrartcistas leales que participaron en estos debates fueron el Gral.
Emiliano Nafarrete (3o., Tamaulipas) y el Cornl. Pedro A. Chapa (lo.,
Tamaulipas).
Sin lugar a duda uno de los oradores más pintorescos del Congreso lo fue
el Gral. afarrcte, nativo de Sillaloa pero diputado del distrito electoral de
Tula, uno de los más siseados también, quien, según las palabras de un constituyente, frecuentemente ''hablaba sin ton ni son". 10 Era hombre sencillo
pero bueno cuyos conocimientos de política eran tan rudimentarios que ciertamente aprendió más escuchando los debates que lo que logró aportar al
Congreso. Aunque en contra del reporte de la Comisión, no se podía expresar
con coherencia. Por otra parte, Pedro Chapa de Matamoros habló con lógica
Ja tarde del 4 de diciembre en contra del informe radical y diJo que el Artículo 3 de la Comisión de la Constitución era Uila contradicción porque prin~
cipiaba asegurando que habría libertad de enseñanza y continuaba imponiendo
restricciones a esa libertad: el requisito de que la enseñanza oficial y pai·ticular fuera laica; otro que ninguna corporación religiosa fundara escuelas
y "no contento aún con todas estas violaciones a la libertad de enseñanza"
prohibía que miembros de sociedades religiosas, aunque no fueran ministros
del culto, impartieran enseñanza. Para Chapa esta era una restrrcción al derecho más elemental del hombre: el de enseñar y el de aprender lo que se
desee. A pesar de estar de acuerdo en que la enseñanza primaria debiera ser
laica no lo estaba así en la manera de lograr ese fin. Mientras que la ComilD

BóRQU.EZ,

Cr6nica del Constituyente, p. 176.

457

�sión deseaba que el Gobierno se impusiera en todas las escuelas particulares
y clausurara de un golpe las sostenidas por corporaciones religiosas, el diputado Chapa creyó que esto era un "atentado infame contra la libertad de
enseñanza". Reiterando su oposición al Artículo 3 como era presentado por
la Primera Comisión de Constitución, Chapa di jo:
Si cada artículo ck la Constitu.ción se aprueba con el espíritu, las tendencias y el significado del Articulo 3 propuesto por la Comisión, habremos hecho una Constitución de un jacobinismo rabioso. 11
Como transacción propuso que el Gobierno debiera ser el único que impartiera la educación primaria, gratuita y obligatoria de la edad de seis a
doce años y que el P'oder Legislativo fuera el que decretara el plan ele estudios.
A pesar de que la proposición de Chapa no fue considerada, su crítica del
Artículo 3 en la forma que era propuesto por la Corrúsión junto con las c_ríticas de los otros diputados -Alfonso Cravioto de Hidalgo, Félix F. Palavicini del Distrito Federal, Luis Manuel Rojas de Jalisco y José Natividad Macias de Guanajuato- eran suficientes para for7.ar al General Múgica a retirar
su proposición y volver a presentarla el dfa 16 de noviembre con las siguientes modificaciones: eliminación de la disposición prohibiendo a ministros del
culto impartir enseñanza en los colegios y el requisito de que la enseñanza
primaria fuera obligatoria. Durante la tarde del mismo día después de casi
seis horas de debate, la versión modificada del Artículo 3 fue aprobada por
una votación de 99 contra 58 con "aplausos, hurras y voces de: ¡ Viva la
revolución!, ¡ Viva el ciudadano Primer Jefe!, ¡ La patria se ha salvado!"
(Aplausos prolongados) .12
¿ Cómo votaron los diputados del noreste sobre un artículo que despojaba a
la Iglesia de su privilegiada posició.n en el campo de la educación? La votación se efectuó en la siguiente forma: Tamaulipas, dos en favor y dos en
contra· Nuevo León, dos en favor y cuatro en contra; Coahuila, todos los
cinco en contra.
Un diputado que brindó una explicación sobre por qué votaba en la forma
que lo hacía fue Jorge Von Versen, el pelirrojo delegado de Monclova quien
subía a la tribuna durante las sesiones con su larga pistola que siempre parecía estar a punto de salírsele de la funda, diciendo :
Cuando discutimos el Artículo 3o., señores, yo temblaba, no precisa~
mente porque le íbamos a quitar el poder al clericalismo, yo odio a
11

ª
458

Diario de los Debates, I, p. 692.
!bid, I, p. 774.

muerte al clericalismo, hubiera sido partidario de la castración completa de ese partido; pero, señores, temblaba a11te el temor de que miles
de niños se quedarían sin conocer el alfabeto, si11 esa antorcha que los
ilumina en el camino obscuro de la vida, pot eso témblaba. •. u
Como indicio de que no fue aceptable el Artículo 3 tampoco a algunos de
Nuevo León, el día 17 de enero se principió a dar lectura a un memorial de
protesta contra el Artículo 3 enviado por varias damas de la ciudad _de Monterrey que solicitaron la reconsideración del asunto. Al ser anunaada esta
petición, el joven José Rivera (80., Puebla) no pudo decir más que: "ya
nos imaginamos lo que podían decir las beatas: 'Que helDOS hecho muy mal'."
En realidad, la lectura provocó gran confusión y desorden entre diputados
que querían se leyera y los que no deseaban escucharla, tanto que entre murmullos, confusión y toques de campanilla, se suspendió su lectura. 14
Otros dos artículos concernientes a la cuestión religiosa eran lo~ Articulos
24 y 129. El número 24 estipulaba libertad de creencia religiosa y probabl~mente hubiera sido aceptado con poca o nada de resistencia si Enrique Reoo
no hubiera expuesto un informe de la minor'ia solicitando dos cláusulas adicionales: que se prohibiera al sacerdote de cualquier culto impartir confesió~
auricular y que el ejercicio del sacerdocio se limitara a los cíudadanos mexicanos por nacimiento, los cuales deberían ser casados civilmente si eran menores ele cincuenta años de edad. La lectura de este reporte la noche del 27
de enero despertó la atención de los diputados inmediatamente. Toda la discusión que siguió se relacionaba c-on las proposiciones de Recio. Aunque nadie del noreste participó en los debates el record de votación indica sus sentimientos. Podemos asumir con toda confianza que un voto en contra del
Artículo 24 indicaba el deseo de que las provisiones de Recio fueran incororadas y que un voto en pro era señal de rechazo a la proposición de Recio.
ie los presentes y votantes por Coahuila, todos los tres estaban en pro; todos
los cuatro de Tamaulipas en pro; y de los tres presentes y votantes de Nuevo
León, dos en pro y uno, el Gral. Reynaldo Garza (5o., Nuevo León) en contra.
En cuanto a los debates sobre el Artículo 129, que fue más tarde el número
130 de la Constitución, el cual impone restricciones sobre la Iglesia en México
especifica que incumbe a los poderes federales ejercer, en materia de :ulto
:eligioso y disciplina externa, la intervención que designen las leyes; nadie de
"' ]bid., I, 984: "Las leyes fundamentales de un país deben ser tan ~ónicas q~e
respondan a las necesidades del conglomerado social. La falta de armonia en la legislación produce daños incalculables". Jorge Von Versen en Album del Congreso Constituyente de 1917.
&gt;&lt; Diario de los Debates, II, pp. 520-521.

459

�las diputaciones de Coahuila, Nuevo León, ni Tamaulipas, partIC1paron en
los debates. Se puso a votación el artículo muy de madrugada el día 28 de
enero en votación nominal, pero nunca se anunció el Tesultado ni en qué
forma votaron los diputados. Sin embargo, a juzgar por el índice de votación
de los diputados del noreste sobre los Artículos 3 y 24, con excepción de
Reynaldo Garza. no estaban inclinados al radicalismo anti-clerical. Todo lo
contrario, mostraron una completa actitud de rechazo.
Los artículos más trascendentales de la Constitución de 1917 se consideran
los números 27 y 123. Ellos son los que han transformado la vida mexicana
proporcionando las bases fundamentales para el cambio socio-económico ocurrido desde 1920. En qué forma se redactaron los artículos es en sí una historia interesante. No pro,-rinieron de Don Venustiano, resultaron del Congreso,
mejor dicho de dos pequeños comités {pétits comités) de diputados que redactaron ex.ira-oficialmente y en forma preliminar los dos artículos que posteriormente fueron aprobados por el Congreso.
En lo que se refiere al proyecto del Artículo 27 que fue redactado por un
comité bajo la jefatura de Pastor Rouai'C ( JOo., Puebla) y asesorado por el
Lic. Andrés Malina Enríquez, que aunque no era diputado había escrito un
resWI1en bastante penetrante sobre el problema agrario mexicano, Los Grandes Problemas de México, un diputado de Tamaulipas, el Cor-onel Pedro A.
Chapa, fue uno de los que contribuyeron mayorn1ente "con sus luces y su
~1)eriencia" a la redacción. Otro que partici:¡:,ó en las discusiones del pequeño
comité (petit comité) y aportó sus conocimientos, fue Jorg Von Versen, el
fogoso diputado laboral y periodista de Coahuila.15 Chapa, sin embargo, fue
el único diputado del noreste de los dieciocho que fim1aron la iniciativa sobre
el proyecto del Artículo 27 que fue presentado al Congreso el 25 de enero de
1917. El mencionado proyecto fue aceptado por la Comisión de Constitución
con pocas modificaciones.
En las discusiones que se entablaron durante Ja sesión permanente del 29,
30 y 31 de enero, Manuel Cepeda Medrana de Piedras Negras, fue el único
norteño que objetó el proyecto. Con treinta años de edad y habiendo cw·sado
sus estudios primarios en Sierra Mojada, Coahuila, posteriormente inició la
carrera de maestro normalista, la que se vio forzado a abandonar por causas
de enfermedad; se dice que estuvo en contacto con los precursores de la Revolución, los hermanos Flores Magón y que había actuado como orador en
la campaña presidencial de Francisco l. Madero. Sabemos que él se unió al
Plan de Guadalupe y subsecuentemente colaboró con Don Venustiano en el
'-' PASTOR Rou.ux, Génesis d~ los Artículos 27 y 123 de la Constituci6n Política
de 1917 (México, 1959), p. 153.

460

gobierno de Coahuila. 16 En la madrugada del 30 de enero durante la discusión del Artículo 27, Cepeda Medrana objetó el párrafo tercero de la fracción VII declarando nulas todas las diligencias, disposiciones, resoluciones,
etc. que habían privado de sus tierras, bosques, o aguas a los pueblos, congregaciones, tribus, etc., que existían todavía desde la ley del 25 de junio de
1856, la cual for.ro a la Iglesia a disponer de sus bienes agrícolas. De acuerdo
con su opinión, la .redacción del artículo era muy confusa y pidió que esta
importante fracción no fuera aprobada en la forma como estaba. Especialmente molesto para él era la cue~tión de indemnización, ya que la fracción
no especificaba si el gobierno o los primitivos dueños debían pagar a los
tenedores del terreno. Sería una injusticia, dijo, esperar que los desventurados
indios tuvieran que pagar por las tierras que les habían sido arrebatadas.
Asimismo, el gobierno no estaría en posibilidad de pagar porque no poseía oro
y los dueños actuales rehusarían los infalsificables casi sin valor.17 Cepeda
Medrana tenía un aigurnento muy legítimo sobre este punto. Para contestarlo debemos analizar las intenciones de los forjadores. La iniciativa sobre
el Arúculo 27 declaraba que las tierras serían pagadas por aquellos que las
obtenían, el Estado solamente garantiw.ría el pago. Aparentemente los forjadores creían que al final el Estado tendría que asumir esta obligación financiera porque el General Múgica aJ contestarle a Cepeda Medrana, aseguró enfáticamente que el gobierno y no los grupos comunales (congregaciones) pagarían la indemnización. En cuanto a la clase de dinero que se
emplearía para pagar al propietario, eso era una cuestión secundaria que no
correspondía al Congreso tocar. 18 Aparentemente Cepeda Medrana quedó
satisfecho con la contestación al no presionar el punto y la fracción completa
quedó a reserva de votación sin ningún cambio. Para esta fecha, la Prestdencia observando que algunos de los delegados se habían dormido, les tirgía a permanecer despiertos: de lo contrario no sabrían cómo votar cuando
llegara la oportunidad. A las 3: 30 de la mañana del día 30 de enero, el artículo más importante de la Constitución, el número 27, fue aprobado por
unanimidad de votos de los 150 delegados presentes, de acuerdo con el expediente oficial. Sin embargo, el Lic. Andrés Malina Enríquez nos dice que los
"' 50 Discursos Doctrinales en el Congreso Constituyente de la Revolución Mexicana, 1916-1917 (México, 1967), p. 421.
n Los infalsificables eran billetes autorizados por el decreto Carrancista del 21
de julio de 1915, como dinero respaldado por reservas en metálico. Durante algún tiempo tuvieron un valor de 20 centavos (oro) por cada peso de papel. Sin embargo,
cuando las prometidas reservas metálicas no llegaron a materializarse, los billetes se
depreciaron prontamente y hacia fines de 1916 tenían un valor menor a un centavo.
,. Diario de los Debates, IT, p. 1113.

461

�primeros quince votos fueron en contra.19 De cualquier manera, probablemente hubo muchos que votaron sin estar totalmente enterados del significado del artícuJo por el cual estaban votando.
El Artículo 123, el cual era lo suficientemente importante como para justificar una sección completa de la Constitución, Título VI, "Del Trabajo y
de la Previsión Social", tuvo su principio en el Artículo 5, el que fue discutido por primera vez el 26 de diciembre de 1916. Las deliberaciones de
dicho artículo, relacionadas con trabajos personales, servic.ios públicos obligatorios, contratos de trabajo y la jornada máxima de trabajo. principió el
26 de diciembre de 1916. Pronto fue evidente, a juzgar por las discusiones
de este artículo, que muchos de los diputados con una actitud pro-laboral
consideraban que el artículo no concedía suficientemente al trabajo los derechos que le correspondían. Uno de los que compartían esta opinión era
Jorge Von Versen. En nn dramático discurso pronunciado el día 26, pidió
que la Comisión de Constitución reconsiderara s.u proyecto del Articulo 5,
diciendo:
Esos millones de obreros que forman la mayoría de la patria, esos millones de hombres que han asegurado nuestra i11depen.dencía, esa mayoría de hombres que deben ser la base en que descanse nuestra independencia y nuestra nacionalidad, deben tener mayor número de garantfos, deben tener asegurado su porvenir.

Refiriéndose a la cláusula en los contratos laborales con duracióa no mayor de un año, él temía que Jos capitalistas se aprovecharan del contrato laboral por un año, comprometiendo a los trabajadores por un sueldo bajo,
cuando sabían que el precio del producto manufacturado aumentaría, de esta
manera evitando a los trabajadores, en el caso de la manufactw-a de ropa,
la posibilidad de poder comprar ni siquiera "un metro de manta con que
cubrir sus desnudeces". El pedía un Artículo mucho más enérgico diciendo :
... que no teman a lo que decía el señor Lic. Liz.ardi / quien había declarado anteriormente que a causa de las contradicciones el Artículo iba
a parecer un Santo Cristo con un par de pistolas / .. .porque si es
preciso para gara11tizar las libertades del pueblo, que ese Santo Cristo
tenga polainas y 30-30, ¡bueno! (.Aplausos) ... pero que se salve a nuestra
,.. ANorls MouNA · ENRÍQUEZ, Esbozo de la Historia de los Primeros Diez Años de
la Revoluci6n .iJ.graria de MA:i:ico (México, 1936), V, p. 179.

462

clase humilde, a nuestra clase que representa los tres cofores de nues~
tra bandera y nuestra futuro y nuestra grandeza nacional. ( Aplausos).20

Los debates del Artículo 5 continuaron durante tres días y en este período
se hacía cada vez más evidente que los diputados deseaban un código laboral
más detallado, encamando todas ]as diferentes proposiciones que se habían
formulado sobre el trabajo y el bienestar de los trabajadores. Como el capítulo sobre las garantías individuales, el cual contenía el Artículo 5, no era
el lugai: apropiado para este códígo, la única alternativa posible era índuirlos
en un lugar separado de la Constitución. El discurso de Von Versen deJ 26
de diciembre fue una alocución que hizo cambiar el sentimiento de los diputados constituyentes sobre el bienestar laboral, además del Artículo 5, como
una eJi.+presión más completa en la ley 1:onstitucional~ lo cual más tarde se
convertiría en el Artículo 123. Sin embargo, otro diputado de CoahuiJa jugó
también un papel en este pWito. El 28 de diciembre el Congi·eso recibió una
proposición solicitando que no se votara sobre el Artículo 5 mientras no se
firmara el capítulo conteniendo las bases del problema obrero. La proposición
estaba rubricada pm· tr~ diputados, uno de ellos el Dr. José María Rodríguez
y fue aceptada.
Una vez más al Ing. Pastor Ro.uaix le corresponde el honor de haber encabezado otro comité pequeño de constituyentes que formuló el proyecto
preliminar del Artículo 123, conteniendo las bases para la solución al problema laboral, tanto el presente como el futuro. Junto con el Artículo 27
forman el aspecto más significativo de Ia Constitución de 1917. Rouaix dice
que entre los cato,rce diputados que "con más eficacia laboraron en la realización de la empresa" estaba Pedro Chapa. Cuando el proyecto fue presentado al Congreso el 13 de enero, estamparon en él su firma Rouaix y otros
seis diputados. Sin embargo, quince más firmaron en carácter de "conforme
en lo general". Entre estos últimos estaban Chapa y Ernesto Meade Fierro.
Todavía existía otro grupo más compuesto por 46 diputados que firmaron
bajo la siguiente declaración: "apoyamos el presente Proyecto de Reformas".
Entre este último grupo encontramos a Reynaldo Garza, José Rodríguez
González, José Ma. Rodríguez y Jorge Von Versen.:11
El debate sobre el Artículo 123 tuvo lugar dw·ante las se:¡iones de la tarde
y noche del 23 de enero. A medida que se daba lectura a cada una de las
fracciones, solamente el Dr. Rodríguez de los miembros del noreste objetó.
Con relación a la Fracción XXVIII sobre los bienes que constituirían el patrimonio de la familia, bienes que serían inalienables y que no podrían suje,. Diario de los Debates, I, p. 984.
RoutúX, Géiusis de los Artículos 27 y 123, pp. 107, 106.

21

463

�tarse a gravámenes reales ni embargos, Rodríguez inquirió si esta fracción
trataba de la casa morada del trabajador, porque ra de u conocimiento
que en algunos estados de los Estados Unidos de América, la casa habitación
no era embargable bajo ningún concepto. Solkitó que las casas moradas, los
muebles y todo lo que constituye el menaje de casa no fuera embargable y
que todo eso fuera respetado. Sin embargo, recibió una contestación del General Múgica en el sentido de que la fracción XXVIII estaba lo suficientemente clara en la forma presente y que todo lo que el Dr. Rod1íguez solicitaba ya aparecía en ella. Esto puso fin a la discusión. Obviamente Ro&lt;lrígue-¿
estaba considerando la institución del homestcad, o sea patrimonio familiar,
conocida en las leyes sobre derechos de propiedad rural en los Estados Unidos, una palabra que Ja Comisión de Constitución había usado en ese párrafo sobre el mismo tema en la iniciativa que introdujo el Artículo 123. Es
suficiente decir que los Artículos 5 y 123, dos grandes actos de justicia social,
fueron aprobados conjuntamente a las 10: 15 P. M. del 23 de enero mediante
el voto afirmativo de 163 diputados. No existe ningún dato de que alguno
haya votado en contra.
Para Jorge Von Versen es el honor de luchar por la intrusión de una provisión en el Artículo 28, Ja cual beneficiarfa el desarrollo del sindicalismo en
México. Como se dictaminó el 12 de enero y se ventiló el día 16, este artículo concerrúa a los monopolios, cuáles serían permitidos y cuáles no lo
serían. También estipulaba que todo acto o procedimiento que evitara o tendiera a evitar la libre concu1Tcncia en la producción, industria o comercio o
servicios al público sería contra Ja ley. Von Versen alegó cu contra de esta
provisión porque en elJa vio una amena;,;a al derecho de declararse en huelga.
Si los trabajadores emplazaban a huelga reclamando salarios más altos o mejores condiciones de trabajo, las autoridades podían interpretar esto como un
acto que evitar'ia. la libre concurrencia en la producción y por Jo tanto actuarían de una manera contraria a los intereses de los trabajadores. Su mayor
interés era proteger el derecho a huelga. Contestando a Von Versen, el Gral.
Heriberto Jara ( 130., Veracruz) dijo que la omisión no tenía importancia,
que nada se decía en el artículo en el sentido de negar el derecho a huelga.
El era partidario de que la libertad de asociación era concedida por la Cons.
titución en su Artículo 9 y que por lo tanto era innecesario incluir este derecho en el Artículo 28, específicamente con referencia a los sindicatos de
trabajo. No obstante esto, la objeción de Von Versen aparecía razonable a
los miembros de la Comisión de Constitución ya que en la sesión del 17 de
enero el General Múgica anunció que Ja Comisión había reformado su informe añadiendo e.l siguiente párrafo: " o constituyen monopolios las asociaciones de trabajadores formadas para proteger sus propios intereses".

464

Von Versen, por mucho que estu iera satisfecho aún no había concluído.
Habiendo obtenido lo que deseaba para proteger el sindicalismo, su siguiente
ataque fue contra la parte del artículo que declaraba que las asociaciones de
productores que vendían sus productos en el mercado extranjero las cuales
constituían 1a principal fuente de riqueza de una región en partirular, no
debían ser consideradas como monopolios. Aunque la delegación yucateca habló en términos halagadores del trabajo de la Comisión Reguladora de Henequén, particularmente bajo la administración de Salvador Alvarado, Von
Versen explicó que otras organizaciones similares de productore.s no siempre
podían esperar contar con oficiales honestos. Estos, dijo él, podían actuar
fraudulentamente para dañar la nación. A manera de ejemplo cit6 el caso
de los ferrocarriles:
¿Quién de ustedes, señores, no sabe que muchos generales, sin tener
accfones en los ferrocarriles, twnen más carros y locomotoras que los
ferrocarriles mismos? ¿Quién de ustedes, .seííores, si sois de veras representantes de la revolución, no sabe que el ixtle que se produce en la
República no va a la bolsa de los dueños del terreno donde se produce
el ixtle, sino a la bolsa de ciertos políticos que les ha tocado en suerte
haber sido gobernadores ,, haber llegado a ministros? 22

Fara Von Versen era necesario eliminar cualquier organiz:;tción con olor a
monopolio o interés especial. Como otro ejemplo citó la Comisión Reguladora
de la Laguna, la cual, di jo, no estaba formada por los verdaderos productores
de algodón, pero por políticos que la usaban para provecho propio. En su
opinión, el Artículo 28, como estaba redactado, favorecía a los intereses especiales y esto debía ser evitado. Tan tempestuosos eran los debates sobre
este artículo, con frecuentes alusiones personales, varios oradores tratando de
hablar al mismo tiempo, el presidente teniendo que llamar a orden constantemente, murmullos y desorden general· que fue un alivio llegar a la conclusión de que ya se le había prestado suficiente atención y se debía votar
sobre el mismo la. tarde del 17 de enero, siendo aprobado por rma. mayoría
de 120 sobre 52 votos. Von Versen perdió la partida y ni siquiera votó, perp
su coterráneo, el coahuilense, Prof. Rodríguez González, quien votó probablemente en forma negativa, expresó sus sentimientos al decir:
"Ahora pido que se haga constar que los que hemos votndo por la afirmativa (sic) en esta ocasión el Artículo 28, lo hemos hecho únicamente
" Diario de los Debntes, 11, p. 548.

465
H30

�po, la última parte, donde se habla de que no constituya monopolio lo
que realmente Lo es . .. " (aplausos) 2 ª

Uno de los artículos más importantes de la Constitución, el 115, que versa
sobre el municipio libre, despertó considerable interés por parte de dos miembros de la diputación coalmilense y un tamaulipero que participaron en los
debates. Siendo presentado la tarde deJ 24 de enero, estipulaba que cada municipio sería administrado por un ayuntamiento de elección popular directa·
que los municipios administrarían libremente su hacienda, recaudarían todos
los impuestos y contribuirían a los gastos públicos del Estado en la porción
y término que señalaría la legislatura local. También proveían que los conflictos hacendarios entre el municipio y los poderes de un Estado serían resueltos por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Para el Prof. José
Rodríguez González, buen sabedor de los problemas educativos de México, esto significaba una gran concesión de libertad a los municipios. Introduciría, dijo él, política en el sistema educativo de cada municipio, colocaría
maestros imptcparados en las escuelas y obstaculizaría la centralización de control por el Estado. El incitó a que se suprimiera la palabra "libremente" y
que se agregara un inciso declarando que en lo relativo a la enseñanza se
sujetarían los municipios a las leyes de los estados. Temía él que los municipios, si teman completo control de su hacienda, no proveerían el dinero
necesario para educación 1·ecomendado por eJ estado y no podrían ser forzados
a hacerlo. Sin embargo, sus compañeros delegados no simpatizaron con su
opinión.
Manuel Cepeda Medrano también habló en contra de la fracción II del
Artículo 115 que establecía que los municipios recaudarían todos los impuestos y contribuirían a los gastos públicos del estado en la porción y término
que señalaría la legislatura local. El dudaba seriamente que los municipios
pudieran recaudar su parte de los impuestos y la correspondiente al Estado.
Como uno que había desempeñado los cargos de visitador, agente fiscal, recaudado( de rentas, inspector de oficinas públicas y últimamente Tesorero
General del Estado de Coahuila, conocía el terreno que pisaba. Dijo que en
Coahuila había observado que la "inmoralidad fue grande, la torpeza fue inaudita, y la contabilidad no se conocía por parte de los empleados ... Nosotros
hemos visto en todas las tesorerías municiP.ales el desbarajuste y desorden".
Consideraba que la fracción II robustecería al municipio a costa del Estado
y que esto era un error. Aún más, opinaba que la provisión en el sentido de
que la Suprema Corte de Justicia debería resolver los conflictos hacendarios
entre el municipio y los poderes del estado, era absurda. Dijo entonces:
" lbid., II, p. 556.

466

Esto, sencillamente, señores, es contrariar todo sentido común, porque
nosotros no podemos admitir que dentro del Estado, un presidente municipal, porque se le antoje quejarse a la Suprema Córte, tan sólo por-que
no se le aprueba u11 pr-esup11esto, venga o impo11erse al ciudadano gobernador o la Legislatura del Estado. 24

Concluyendo su ataque al artículo, dijo que "si nosol.ros llegamos a aprobar el dictamen de Ja 2a. Comisión, sencillamente habremos firmado la sentencia de muerte de la mayor parte de los Estados de la República Mexi&lt;-aoa".
No obstante que la fracción del Artículo 115 estipulando la administración
de cada municipio por un ayuntamiento de elección popular y la que trata
de su personalidad jurídica, fueron aprobadas fácilmente, la fracción II, el
blanco de oposición de Rodríguez y Cepeda Medrano, fue rechazada la noche
del 25 de enero por votación de 110 a 36. Los coahtúlenses habían ganado su
argumento. Presentada una verz más por la hostigada 2a. Comisión de Constitución Ja noche del 29 de enero, cuando los exhaustos delegados se apresm·aban
a dar por terminado su trabajo, decía como sigue:
Los mu11icipios administrarán libremente .su hacienda, la cual se formará de las contribticiones mu11icipales necesarias para atender sus díversos ramos, y del tanto que asigne el Estado a cada municipio. Todas
las controuersias que se susciten entre los poderes de u11 Estado y el municipio, serán resueltas por el Tribunal Superior de cada Estado, im los
términos que disponga la ley respectiua. 25

Aunque esto era más aceptable, todavía no estaba acorde con los deseos del Congreso. A último momento, Pedro Chapa sugirió que la fracción
pertinente del proyecto del Primer Jefe fuera aprobada, pero esto solamente
awnentó la confusión. Finalmente Gerzayn Ugarte {3o., Distrito Federal), un
constituyente que también desempeñaba el puesto de secretario del Primer
Jefe, propuso la siguiente substitución como un compromiso que daifa la
autonomía económica al municipio sin otorgarle mucho poder:
Los municipios administrarán libremente su hacienda, la cual se formará de las contribucio11es que señalen las legislaturas de los Estados, y
que, en todo caso serán Las su/icientes para atender a sus necesidades. 26

u lbid ., II, p. 892.
,. lbid., II, p. 1129.
" /bid., II, p. 1135.

467

�11

¡1

Esto fue aprobado por una votaeión de 88 a 62. U nicamente existe constancia de los votos negativos y entre ellos encontramos el nombre de un solo
diputado del noreste: Ramón Gámez (4o., Nuevo León). Aparentemente los
demás que votaron lo hicieron en favor.
Le corre5Eonde al Dr. José María Rodríguez el honor de haber luchado
por el establecimiento de un Departamento de Salubridad General de la República en la Constitución de 1917. Contando con ruaren ta y seis años y
siendo nativo de altillo, él también había cursado estudios en el Ateneo
Fuente, habiéndose titulado en la Escuela Nacional de Medicina como Médico-Cirujano en 1895. Uno de los fundadores del Partido Liberal de Coahuila, había respaldado a Madero y en ocasión de la Decena Trágica, se
unió a Don Venustiano quien le otorgó el cargo de Cónsul en San Antonio,
Texas, y comprador de armas y materiales de guerra para las fuerw.s Constitucionalistas. Más tarde como Jefe del Consejo Superior de Salubridad de la
ciudad de México, llegó a conocer a fondo los problemas de salubridad pública en la capital, así como en todos los estados. Pugnando por el establecimiento de un Departamento de Salubridad General de la República que
dependiera del Poder Ejecutivo y cuyas disposiciones serían obligatorias por
parte de los gobiernos estatales, el Dr. Rodríguez pronunció un largo discurso
la noche del 18 de enero de 1917 en defensa de sus ideas. Recordando a su
auditorio que "el grado de civilización de una nación se mide actualmente por
la perfección de la higiene", subrayó la necesidad de formar un departamento
con suficiente autonomía para resolver los problemas de salud del país. Al
mismo tiempo, snlicitó una campaña en contra del alcoholismo y la venta
de substancias que envenenan al individuo y degeneran la raza. Era una súplica, un discurso pleno de estadísticas aterradoras sobre la criminalidad en
relación con el alcohol que claramente clamaban acción. El artículo 90 sobre
la creación de departamentos ejecutivos, fue finalmente aprobado por el voto
unánime de 137 diputados durante Jas primeras horas del 19 de enero, proporcionando flexibilidad en la creación de dichos departamentos al no especificar los nombres y dejando a elección del Congreso el ní1mero que sería
creado. Esta era la misma redacción que la del proyecto de reformas de
Don Venustiano.
Sin embargo, la tarde del mismo día, el Dr. Rodríguez dio a conocer su
proposición relacionada con la creación del Consejo de Salubridad General
en forma positiva, como una adición a la fracción XVI del artículo 73 en
el sentido de que se facultara al Congreso para dictar leyes sobre ciudadanía,
naturalización, colonización, emigración e inmigración y salubridad general
de la República. La adición estipulaba el establecimiento de un Consejo de
Salubridad General que dependería directamente del presidente de la Repú468

blica, sin la intervención de ninguna Secretaría de Estado; que un DepartamJen~o de Salubrid_ad estaría obligado a controlar todas las enfermedades epidermcas que ocumeran en cualquier lugar de la Rep6Wica; y que las medidas
que e1 Departamento de Salubridad pusiera en vigor en la campaña contra e]
alcoholismo serían más tarde revisadas por el Congreso de la Unión. E] Dr.
Rodríguez logró crear tan magnífica impresión entre los asistentes sobre el establecimiento del propuesto Consejo y Departamento de Salubridad, que ninguno arguyó en contra de tal cláusula y fue aprobada por votación de 143
contra 3. Esto representaba un monumento al Dr. Rodríguez, el noble médico
de Coahuila, quien veía en este logro la realización de un sueño acariciado
toda su vida. 27
Como ~onsecuencia directa de la firme posición del Dr. Rodríguez contra
el alcoholismo, un grupo de setenta y un diputados con ideas puritanas presentaron el día 22 de enero una iniciativa demandando acción. Específicamente prop~nían que en el Articulo 117 que enlista los derechos negados a los
estados, se incluyera la fracción prohibiendo a los Estados, el Distrito Federal
y Territorios, el derecho de elaboración y venta de pulque, alcohol de magu~y _Y de ~a de azúcar para la preparación de bebidas embriagantes; la
practica ~e Juegos ~e ~ ' las corridas de toros, las peleas de gallos y toda
clase de Juegos o d1vernones en que pudiera haber ineludible derramamiento
de sangre; así como la venta de drogas cuyo uso fuera perjudicial a la salud.
Entre los que firmaron la anterior proposición, encontramos los nombres de
tres de los cuatro tamaulipecos ( todos excepto Chapa); de Coa.huila Rodríguez González y Von Versen; y Reynaldo Garza y Ramón Gámez de Nuevo
León. Los demás miembros del noreste eran tal vez menos abstemios.
Es de sorprender que cuando la adición fue deliberada la tarde cid 25 de
enero, el principal orador en su contra fue el mismo Dr. Roddgut&gt;z. Anteriormente había enumerado los beneficios que resultaron de la prohibición de
venta de pulque en México mientras desempeñaba el cargo de Director de
S~l~bridad Púb!i~;, sin embargo, ahora se oporúa a la enmienda de prohiblC!on que restnngma la venta de bebidas intoxicantes en toda la República.
Como lo señaló el Dr. Rodríguez en fonna realista, aunque él estaba contra
el alcoholismo, era necesario extirparlo poco a poco. En primer h1gar, estando
el país al borde de la bancarrota después de una sangrienta guerra civil y
con muchos estados dependiendo de los impuestos erogados de la venta de
• 21 "La higiene es la base de vivir bien y de vivir mucho; por eso el Congreso Constituyente ha dado grandes prerrogativas al Consejo de Sanidad de la República consecuente con los más altos principios de la ciencia moderna". Dr. José María Rodríguez en Album de Aut6grafos y Retratos de los Constituyentes de 1917 coleccionado
en Querétaro por José AJvarez y Alvarez, Constituyente Miclioacano.

469

�licor como gran parte de su ingreso, no sería atinado en términos económicos
eliminar esta fuente de entrada. Además, hizo notar que más de cuatrocientas mil personas de la Mesa Central vivían de la industria del licor y un número mayor todavía se alimentaba con los productos obtenidos del maguey.
¿ Qué harían estas gentes entonces? No podían recurrir a la agricultura porque sus bueyadas, mulas, arados, etc. habían sido destruidos dw·ante la revolución. La mejor forma de combatir el alcoholismo, sugirió él, era que el
Consejo Superior de Salubridad General de la República estudiara el problema y tratara de eliminarlo paulatina y progresivamente, no solamente en
la Mesa Central pero en todo el país. El primer paso a dar sería establecer
una ley prohibiendo la venta de bebidas embriagantes en las calles. Esta sería
seguida por otras prohibiciones de venta dentro de las cantinas, restaurantes,
casinos, pulquerías, etc., con d resultado final que se habría "acabado de
una vez para siempre con los corrillos que traen siempre como consecuencia
la corriente a la ebriedad consuetudinaria". Otra ley, por ejemplo. que podría dar el Consejo, sería una prohibiendo la fabricación de pulque con intervención del fermento pútrido, la venta del producto en lugares desaseados, no
refrigerados, etc. Al parecer del Dr. Rodríguez, esto resultaría en un aumento
considerable al precio del pulque y la disminución de la cantidad que los individuos con pocos ingresos podrían tomar.
El Doctor también alegó contra la prohibición de las corridas de toros por
considerarla fuera de lugar dentro de la contextura de la Constitución. Aún
más, dijo él lo siguiente:
.. . es una fiesta de la raza; una fiesta a la que concurre lo mejor y más
.,gran,ado de todas las sociedades; es tLn sport verdadero, el primero ,µe
todos los sports, en do,ide se ve11 los derroches de valor, e11 donde el arte
tiene sus más grandes y bellas manifestaciones y en donde se adunan el
arte y el valor; el único sport donde se ve la concurrencia de la inteligencia, del valor y del arte dominando la fuerza bruta . .. 28

¿Por qué, preguntó, esos que desean la prohibición de las corridas de toros
por considerarlas como el sacrificio de un bravo animal, no piensan en los
millares que se sacrifican diariamente en los rastros? "Estos recuerdos no les
vienen a la mente cuando todos los días llevan a su boca los sabrosos bistecks
que comen con placer". Tampoco había escuchado él ninguna protesta contra actos aún más desagradables todavía que la muerte misma del toro. "¿ Por
qué no se pone aquí en la Constitución también que queda prohibida la cas"" Diario de los Debates, ll, pp. 941-942.

470

tración de los animales?" Para el Dr. Rodríguez era "mil veces peor, mil
veces más doloroso, mil veces más inicuo este acto que la misma muerte".
En cuanto al sacrificio de los caballos en las corridas de toros el Dr. Rodríguez consideraba que eran animales de desecho cuya muerte en las plazas de toros era mejor que en el campo en donde perecían de "hambre y sedientos o agobiados por las enfermedades''. Reiterando su opinión de que
tales prohibiciones no deberían aparecer en la Constitución, el Dr. Rodríguez
concluyó su crítica de la adición diciendo que si deseaban evitar a los nobles
brutos sus sacrificios, esto
... vendrá obteniéndose con la ilustración, con el cambio paulatino también de este género de sport por otro; si queréis, cambiadlo por el turkeytrot o baile americano; cambiad entonces, si queréis, nuestra fiesta de
raza por la inocente fiesta del civilizado del Norte. Copiadle desde sus
bailes hasta sus cinematógrafos, en donde se enseña al piíblico a burlar
a las autoridades, a asesinar, a matar para robpr;. . . pero no pongáis
por pretexto que la corrida de toros es una fiesta inmoral, llamándola
fiesta bárbara. 20

Se pregunta uno cuánto más enfático hubiera sido el Dr. Rodríguez si además del cine, ¡ la televisión hubiera existido también en aquella época! Aún
más, a la acusación de Federico E. !barra (3o., Jalisco) de que el Dr. Rodríguez había demostrado ser partidario de las corridas de toros por ser dueño
de una p.laza de toros en Saltillo, no hubo contestación.
A pesar de un elocuente ruego del Gral. Francisco Múgica de que se aprobara la adición,, el punto de vista del Dr. Rodríguez prevaleció. En la noche del
25 de enero por votación de 98 contra 54 la adición fue rechaza.da. Contra
la cláusula votaron tres de Nuevo León (Amaya, Plutarco González e Ilizaliturri), dos de Coahuila ( el Dr. Rodríguez y Cepeda Medrano) y Chapa de
Tamaulipas. Del noreste solamente votaron Fajardo y de Leija afirmativamente.
Con referencia a varios otros artículos de la Constitución, los diputados del
noreste participaron en debates al respecto en los siguientes términos: La
tarde del 22 de diciembre, Pedro Chapa, Jorge Von Versen y Zeferino Fajardo (2o., Tamaulipas) tomaron parte en los debates sobre e1 Artículo 9
como era prese¡itado por la Comisión de Constitución, Chapa en oposición
y Von Versen y Fajardo en pro. Este artículo, relacionado con el derecho de
asociarse o reunirse pacíficamente, que en el proyecto de Carranza enumeraba en un párrafo por separado una lista de las circunstancias bajo las cuales
"" lbid ., 11, p. 943.

471

�una rewuon podía ser considerada ilegal, siendo una de ellas el que hubiera
individuos armados que rehusaran entre.gar sus armas, o el hecho de abandonar la reunión si se los pedía la autoridad. La Comisión de Constitución
procedió a eliminar este párrafo y Chapa objetó. Alegando que él se en.contraba en el Congreso para defender los intereses de los obreros, Von Versen
dijo que había sido necesario omitir el párrafo en cuestión porque su observancia durante el Rorfiriato bahía perjudicado a los trabajadores a] tratar
éstos de unirse en defensa de sus derechos. A esto, dijo Von Versen, se le debe
poner un alto. 'Los trabajadores deben tener el derecho de asociarse sin temor de que sus reuniones sean disueltas por las autoridades. Fajardo estuvo
de -acuerdo con Von Versen y pidió al Congreso aprobar el Artículo 9 como
lo proponía Ja Comisión, porque les daría a las reuniones la libertad que necesitaban y "no habrá motivo ninguno, no habrá farsa alguna que justifique
alguna autoridad para poder disolver a los que pacíficamente se reúnan para
tratar los asuntos de su país (aplausos)". Finalmente, Chapa pidió una vez
más que el informe de la Comisión fuera desaprobado. Dijo, refiriéndose en
parte a la necesidad de retener la provisión del proyecto del Primer Jefe que
especificaba que una junta no sería disuelta solamente cuando hubiere algw10s
hombres armados en ella:
No debemos penniti.r a ningún obrero que . .. por la fuerza o por la
violencia haga que otro abandone su trabajo, porque se va a coartar
una de las libertades, precisamente una de las garantías que sanciona
esta Constitución: la libertad de trabajo, y eso es lo que han hecho
todos los obreros y es lo que 110 deben hacer; sí tienen derecho y deben
asociarse y formar sindicatos para las huelgas. La huelga es muy saludable, pero cuando se lleva en orden; no tienen derecho los obreros
para impedir que los que quieran ir a trabajar lo hagan. 80

En realidad las fuerzas opositoras deseaban la misma cosa pero diferían
en Ja forma como debía ser obtenida. Como lo dijera Chapa: "todos somos
liberales; unos pardos y otros negros ... " Finahnente, las ideas de Von Versen y Fajardo prevalecieron. La versión de Don Venustiano fue rechazada y
a su vez aceptada la de la Comisión por 127 votos contra 26. De los diputados
del noreste, nueve (Fajardo, Gámez, Garza, Leija, Nafarrete, Rodríguez, Rodríguez González, Sepúlveda y Von Versen) habían votado
pro y cuatro
(Amaya, Cepeda Medrano, Chapa y Meade Fierro) lo hicieron en contra.
El Dr. José María Rodríguez, padre de la proposición sobre el establecimiento del Consejo y Departamento de Salubridad, no siempre era muy afor-

"n

tunado en lograr que sus ideas fueran aiíadidas a la Constitución. En la discusión sobre el Artículo 18 pertinente a los castigos y el sistema penal, consideraba él que se debía especificar que a los Estados les fuera dado el derecho
de poseer colonias penales para castigar a sus reos encarcelándolos en ellas,
pero con la obligación de enviar a dichos reos a colonias penales de la nación
cuando el estado en particular careciera de estos establecimientos. Su sugestión
no fue ace~tada. Ya finalmente aprobado, el párrafo en cuestión simplemente
establecía que "los Gobiernos de la Federación y de los Estados organizarán,
en sus respectivos territorios, el sistema penal --colonias, penitenciarías o presidios-, sobre la base del trabajo como medio de regeneración". El Dr. Rodríguez también participó en los debates alrededor del A1tícu.lo 21 sobre la
imposición de las penas y el papel de la autoridad judicial y de la autoridad
administrativa a ese respecto. Solicitó facultades fuertes para la autoridad sanitaria en imponer castigos a los que faltaran al reglamento del Código Sarútario, pero el Congreso no simpatiw con su idea y fue él uno de los que
votaron en eontra del artículo cuando por último se aprobó el 13 de enero
por 158 votos a 3.
El Artículo 124 examinado el 25 de enero, produjo comentarios de Zeferino
Fajardo, el abogado de Cd. Victoria, quien solicitó una cláusula al mismo.
Dicho artículo decía como sigue: ''Las facultades que no estén expresamente
ooncedidas por esta Constitución a los funcionarios federales se entienden
reservadas a los Estados''. Fajardo entonces solicitó que el artículo fuera
enmendado para estipular "se entienden reservadas a los Estados y al pueblo
respectivamente", lo cual era similar a la redacción de la décima enmendatura de la Constitución Americana. Fajardo deseaba evitar la repetición de
cualquier desapropio de territorio nacional, como Santa Anna lo había hecho
en 1853 con La Mesilla, por otra parte de un jefe del ejecutivo sin antes
consultar con el pueblo quien nunca consentiría en tal traslado. La soberanía
descansa en el pueblo y es él quien debe ser inquirido en tau importante
asunto. El opinaba que la Constitución debía ser explicita sobre este punto
de las facultades reservadas, pero nadie más estuvo de acuerdo con él y el
artículo quedó reservado para votación.
Cuando constó a todos que la acosada Comisión de Constitución nunca
podría rendir un informe sobre cada artículo constitucional en las cinco semanas restantes, la Mesa Directiva nombró el 23 de diciembre la Segunda
Comisión de Constitución para la consideración del Congreso. Esto se aprobó
de inmediato. Entre los cinco miembros de esta Segunda Comisión estaba el
Dr. Agustín Garza González (60., Nllevo León), cuyo nombre aparece entre
los firmantes de 35 artículos redactados por la Comisión sobre la soberanía
nacional y la forma de gobierno, las partes integrantes de la Federación, la

• Ibid., I, pp. 886-887.

473
472

�elección e instalación del Congreso, la iniciativa y formación de las leyes, las
facultades del Congreso, la Comisión Permanente, y el Poder Ejecutivo. Con
cerca de 43 años de edad y titulado de la Escuela de Medicina de Nuevo León
en 1899, había sido electo Presidente Municipal Suplente de Monterrey en
1911 y un año más tarde lo fue en calidad de propietario. Al estallar la "decena trágica" abandonó Monterrey para ingresar al movimiento revolucionario y cuando no encontró ningún grupo armado al que pudiera unirse, se
trasladó a San Antonio, Texas en donde fue designado por comisionados del
Primer Jefe para desempeñar el cargo de Cónsul Constitucionalista en Brownsville. Es muy probable que mientras se encontraba en Texas conoció al Dr.
José Ma. Rodríguez quien estaba allí en una misión similar. Lamentablemente,
el Dr. Gar7..a González contrajo una .infección intestinal durante su estancia
en Querétaro y aparentemente no pudo continuar como miembro de la Segunda Comisión después del 8 de enero. S.in embargo, nunca fue substituido
en la Comisión y su lugar permaneció vacante durante el resto de las sesiones.
A pesar de que los Constituyentes de Nuevo León dejaron muy poca constancia escrita de su participación en el Congreso, sí conocemos algo de su manera de pensar cuando se redactaba la Constitución por sus pensamientos
escritos en }os álbumes de cuatro diputados compañeros, quienes, en la última
quincena de enero, tuvieron la previsión de anotar para la posteridad las opiniones de varios de sus colegas, incluyendo a miembros de la diputación de
Nuevo León.
Para Manuel Amaya, era una cuestión de derechos y deberes. A su amigo,
David Pastrana JaÍIDesJ diputado de Puebla, le escribió:

La revolución constitucionalista iniciada por el ciudadano Primer Jefe del Ejército Constitucionalista Encargado del Poder :Ejecutivo de la
Unión, dorz Venustiano -CarranzaJ ha enseñado a los Ciudadanos a ser
e.rforzados y viriles en la defensa de sus derechos y espontáneamente
e.'(actos en el cumplimiento de sus deberes. 31
Ramón Gámez parece haber tenido algunas dudas acerca de la efectividad
de 1a Constitución, al menos como una solución al problema sociológico de
México. Lo que la Constitución no podía bacerJ pensaba él, la naturaleza lo
haría. Su pensamiento completo~ escrito el 30 de enero de 1917, se cita como
sigue:

comprender que hoy llamamos patria al territorio en que hemos nacido
esclavos: esclavos e11 la conciencia, esclavos en la razón, esclavos en la
libertad. Entretanto, y ya que nuestra obra redentora en este Congreso
Constituyente trascienda poco al fondo del problema sociológico dejemos a la Naturaleza que obre por sí misma. Ella al menos, no es transgresora de sus leyes. 32
0

Al Dr. Lorenzo Sepúlveda le tocó escribir sus pensamientos sobre el patrimonio y el progreso. Dijo él: "En la Constitución están escritas las leyes.
El patriotismo consiste en cumplir con ellas".33 También dijo: "El origen del
patriotismo es el hogar. Hay que darles hogar a los Mexicanos pa' hacerlos
muy patriotas".:kl A Pastrana Jairnes también le expresó el sentimiento que
sigue:
En la Constituá.ón están escritas las leyes, pero hay una ley, la de{
progreso, que la dicta cada ciudadano en su es/era de acción. Nuestro
deber es ser progresista. El progreso no es sino un simple mejoramiento.35
No cabe duda de que el diputado Sepúlveda vio claramente el nexo entre
el progreso y e] mejoramiento si México se reconstruía. 36
Después de analizar los debates en el Congreso Constituyente en los que
participaron los diputados del noreste, debemos concluir que se trataba de
un grupo de personas de término medio; que si no hombres brillantes, cierta•
mente algunos no eran impreparados para la gran responsabilidad que asumieron. Tal vez los más bien documentados, de acuerdo con nuestro estudio
en lo que quedó escritoJ eran el Dr. José Maria Rodríguez, Pedro Cha:pa,
Manuel Cepeda Medrano, Jorge Von Versen, el Dr. Agustín Gara González
y Zeferino Fajardo. Estos habían estudiado la historia y eran ilustrados. Eran
conocedores de los enormes problemas que habían provocado la Revoluci6n
y la necesidad de formular una Constitución realista y proveedora de bases
para resolver esos problemas. Otros, como Luis Ilizaliturri, poseedor de una
considerable experiencia como abogado consultor dd ayuntamiento de Mé" RAMÓN

Ghn;;z en ibid.
en AJbum de Autógrafos y Retratos de los Constituyentes

" LORENZO SEPÚLV&amp;DA

de 1917.
en Album del Congreso Constituyente de 1917.
en Constituyentes-1917.
• En cuanto a los pensamientos de los demás diputados de Nuevo León, véase E. V.
NIEMEYER, JR., "La Presencia de Nuevo León en el Congreso Constituyente de Querétaro de 1916-1917", Humánitas, Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, No.
9, Universidad de Nuevo León, 1968, p. 401.
" LORENZO SEPÚLVEDA
'"LORENZO SEPÚLvw11

Cuando el pueblo mexicauo llegue a tener verdadero carácter nacional -carácter del que hoy carece- entonces, y sólo entonces, podremos
"

474

MANUEL AMAYA, en

Constituyentes-1917.

475

�x:ico y quien ciertamente estaba preparado para cliscutir problemas municipales, simplemente no tomó parte en los debates. Exceptuando a Chapa y
posiblemente a Ramón Gámez, los militares no estaban capacitados para intervenir en la redacción de la carta magna.
Para orgullo de los norteños, debe decirse que generalmente ellos se reprimieron de atacar en Jo personal a otros dentro o fuera del Congreso, como lo
comprueba el Diario de los Debates, a diferencia de los diputados de otros
estados que .sí lo hadan. En efecto ellos deploraban las pequeñas divisiones y
la amargura que tendía a separar el Congreso en grupos. En dos ocasiones
Chapa y Von Versen trataron de calmar los ímpetus de sus compañeros y
ante una de estas situaciones, Van Versen dijo durante las deliberaciones sobre el Artículo 20:
.. ..si queremos más divisiones todavía, podemos amontonar aquí más leña
para que arda esa pira; todavía, señores, se puede herir el cuerpo de la
patria, se puede derramar la sangre de la patria, pero los hvmbres libres,
los hombres que no tenemos compromisos 11i con la izquierda ni con la
derecha, ni con Dios ni con el diablo, nosotros, señores, vamos a decir
la verdad pura y a laborar .sincera )' honradamente por la patria
( aplausos). 31

Un indicio más de esto se encuentra en el Manifiesto a la Nación firmado
por 94 diputados del ala izquierda del Congreso el cual formuló acusaciones
contra los lideres de la derecha, los diputados J. Natividad Macías, Luis Manuel Rojas, Félix F. Palavicini y Gerzayn Ugarte, calificándolos como "retardatarios", ''aduladores" y "obstruccionistas". Este Manifiesto fue el último
brote de amargura en una serie que había estallado desde los primeros días
de.l Congreso entre los dos grupos de diputados. De los 94 firmantes, sola~
mente se encuenti:an entre los diputados del Noreste los nombres de Reynaldo
Garza y Ramón Gámez, los dos de la diputación neoleonesa. 38
El récord de votación indica que algunas veces los diputados formulaban
su voto en contra o por los diferentes artículos del proyecto del Primer Jefe.
En otras ocasiones lo hacían en favor o en contra de los informes de las dos
Comisiones de Constitución sobre los artículos cuando no estaban conforme
al proyecto. Bien puede decirse que a pesar de la amistad personal que muchos sostenían con Don Venusliano, estaban dispuestos, de acuerdo con el
dictado de sus respectivas conciencias, a votar por lo que creían era Jo mejor
para México.
., Diario de los Debate&amp;, II, p. 97.
3" BóR.QUEZ, Crónica del Constituyente, pp, 555-562.

La sesión permanente que había dado principio el dfa 29 concluyó el 31 de
enero de 1917 con la rubricación de la Constitución. Este acto fue desarrollado
por los miembros de las diputaciones en orden alfabético, de tal manera que
los propietarios representando los estados de Coahuíla, Nuevo León y Tamaulipas firmaron, así como dos suplentes de Nuevo León, el Dr. Lorenzo Sepúlveda y Plutarco González, y uno de Coahuila, el Prof. José Rodríguez González.39 Agregando a la emoción que representaba el acto, Don Venustiano envió por medio de Gerzay,1 Ugarte la misma pluma que había sido usada para
firmar el Plan de Guadalupe. Era el fin apropiado para la lucha reivindicadora que comenzara el día 26 de mar.to de 1913. De los Estados de Aguascalientes hasta Hidalgo, los diputados firmaron con esta pluma, y cuando
Gaspar Bolaños ( 7o., Jalisco) firmaba, la pluma se rompió. El resto de los
miembros continuaron rubricando con la pluma de Bolaños,-4° de tal manera
que de los tres estados del noreste solamente la diputación de Coahuila tuvo
oportunidad de usar la pluma del Plan de Guadalupe, lo cual como es natural,
representaba un honor especial para ellos, tomando en cuenta que la Hacienda de Guadalupe se encuentra en Coahuila.
El acto concluyó entonces con la sesión solemne de clausura que principió
a las 4:00 P.M. Primeramente el Presidente y luego los diputados protestaron
guardar y hacer gµardar la nueva Constitución. A continuación de este dramático evento llegó el Primer Jefe, siendo aclamado entusiastamente por todos.
Después de dirigir unas breves palabras él a su vez tomó la protesta en medio
de fuertes aplausos. Para este terco norteño, el momento constituía un triunfo.
El Congreso Constituyente se debía a él. Durante los dos meses que tomaron
las sesiones su presencia no dejaba de sentirse y el respeto que Don Venustiano inspiraba a todos era profundo. El había aportado el proyecto de re~
formas a la Constitución de 1857, pero algunos de sus artículos habían sido
modificados radicalmente por un grupo de revolucionarios con ideas reformadoras.
Es encomiable que Carranza aceptara la nueva Constitución sin ninguna
protesta. El que la Carta Ma_,ona fuera aceptada por un jefe del ejecutivo
que podía o no poner en vigor sus provisiones no es tan importante como el
hecho de que hubiera sido formulada, que existiera como un monumento al
hombre en su lucha por la vida, la libertad, la justicia social, y la búsqueda
111 "Si perdura en los Constituyentes de 1917 el mismo espíritu patriótico que los
animó en las sesione.o¡, la patria mexicana dará un gran paso hacia el progreso". José

Rodríguez González en Constituyentes-1917.
'° Entrevista con Emma Villaseñor y Juan José Manzano, hijos de constituyentes,
México, 27 de marzo de 1965.

477
476

�del biene.c;tar, La Constitución Mexicana de 1917 es la base para alcanzar
estos objetivos y el Congreso Constituyente que la formuló puede con toda
razón sentirse orgulloso de esta magna labor. Los diputados de Coahuila,
Nuevo León y Tamaulipas brindaron su perdurable contribución. Habían
cumplido con sus compromisos ante sus respectivos estados, su patria y la
humanidad.

COMPOSITORES NUEVOLEO ESES
MANUEL NEIRA BAAAAG.ÁN
Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística

"Los ORÍGENES DE LA MÚSICA son tan misteriosos como los orígenes de la
misma vida humana -dice nuestra nunca bien llorada musicóloga, Alba Herrera y Ogazón- en Historia de la Mú,si.ca, y continúa: seguramente, porque la música es la emanación privativa del alma y participa, necesariamente,
de su arcano insondable. Si el sentimiento del arte --como todas Jas facultades anímicas- ha existido siempre, siquiera sea en estado latente, la tendencia musical debe haber aparecido, a modo de presentimiento, con el uso
de la voz, en la entonación mudable del habla, en las modulaciones que expresan toda la escala de la emoción, en la necesidad instintiva de declamar en
medio de un arranque de dolor, cólera o alegría, declamación que posee, ya,
ruclimentos rítmicos y melódicos".
Y Clemente Cimarra, en su interesantísimo libro El Cante fondo expresa:
"El grito humano, la canción, la melodía. . . A veces uno se pregunta con
cwfosidad e interés acendrados, desde cuándo canta el hombre, y piensa que
el hombre canta desde que existe sobre la tierra y articula el sonido maravilloso de la palabra. Más aún; cuando la palabra y el vocabulario del hombre
eran -no eran apenas- balbucientes, es de creer que cantaba disciplinado
de un modo tosco sus gritos semibestiaJes. Y la canción acompañaría a la
danza cuyos principios se pierden -usando la imagen vulgar, la certeraen la noche de los tiempos.
"Tan pronto como los antiguos pobladores de la tierra domaron el grito,
comenzaron a modular las expresiones de sus sentimientos, sus quejas y sus
alegrías, sus .furores bélicos y sus iras de venganza, su.s apetitos de cazado.res
y su dolor, hasta llegar e] ritmo, a la melodía, a Ja diferenciación de los tonos, las tonadas, que caracterfaándose en parentescos diversos e inconlundi-

478

479

�bles, perfilaban, acusaban, fijaban la modalidad de cada zona y cada grupo
de habitantes".
Así a través de los tiempos sucedidos sobre la vieja piel del mundo, fueron ~aciendo tonadas rudimentarias primero: bifónicas y tr.ifónicas, hasta
alcanzar la perfección de lo que se llama Música, que como arte y como cien-

cia tiene dimensiones infinitas.
La música es un movimiento perpetuo. Como la naturaleza, vive en eterna
evolución. Cada vibración es tma nota arrancada milagrosamente del pentagrama del cosmos que nos mueve las fibras del alma.
Si todo vibra, en todo hay música: en el viento en su paso verti~oso; la
brisa en su suave correr; el agua al brotar de los límpidos manantiales, ,al
correr por sus pequeños cauces entre las pie(:h-ecitas hasta llegar a ~os nos
que en su eterno caminar hacia el océano van murmurando su salvaJe canción. Canta tarobién el Océano su tremenda sinfonía en el rumor de sus olas
y en los estmendos que hacen sus montañas liquidas cuan~o lo azo~ la
tempestád; vi"bran los árboles y las flores, y hasta las rocas ttenen su VJbración, para los profanos~ imperceptible.
De alli, de la natw·aleza misma, han captado los semidioses del arte musical sus mejores obras.
No cabe duda: la música es el más hermoso regalo que brindó Dios al
hombre para deleite de su espíritu.
México tiene un acervo musical prodigioso, y en particular Nuevo León
dentro de su gernrrafía ha tenido y tiene músicos que le han dado fama,
Compositores qu/han contribuido fecundamente a engrandecer "E1 Folklore
de las Ciudades", como lo llama Rubén M. Campos.
Bien merecen un recuerdo de todos los nuevoleoneses aquellos bohemios,
los inspirados cuanto humildes maestros que nos legaron un bouquet inmarcesib1e de encantadoras melodías y canciones que siempre serán nuevas,
porque entrañan añoranzas sublimes, pasajes íntimos de nuestra, vida y que,
cada vez que las escuchamos sentimos 1-enacer en nosolrns los días azules _&lt;le
la juventud y para los jóvenes de hoy y de mañana siempre .tendrán un mterés y sugestión de misterio, porque añoran a sus seres queridos cuando en
su infancia fueron arrullados con esas melodías y exclaman llenos de emo:
·, . "ese vals lo tocaba mi abuelita en el piano; esa canción la cantaba lill
ClOD.
·~ ,,
abuelita"; 0 bien: "a mi padre le escuché esa canción cuando yo era runo .
Vamos a remontamos a los años postrimeros del Siglo XIX cuando la
vida era quieta, romántica, sin las inquietudes propias de estos años en que
nosotros vamos viviendo ahora, cuando las charangas, las orquestas de pueblo
0 un dueto compuesto por una arpa y un violín bastaban para amenizar

480

aquellos bailes que era cosa corriente se verificaran en alguna casona particular de las que abundaban en aqueJlos encantadores años.
Me concretaré a estudiar con amplitud a cuatro compositores que se destacaron por sus obras no sólo en esta tierra, sino en toda Ja república y en
todo el mundo, pues sus composiciones traspasa.i·on las fronteras más lejanas
con éxito clamoroso.

Ellos son Alfredo M. Gana, José Mauro Garza, Belisario de Jesús García
de la Garza y nuestro Armando Villarreal; claro que nos referiremos de paso
a ot:J:os aedas que nos regalaron con seductoras obritas melódicas que hoy
como ayer siguen escuchándose en las orquestas de la .radio, de la televisión
y aun en las películas cinematográficas.

Alfredo M. Garza
Principiaré por hacer una semblanza del primero: Alfredo M. Garza; cuya
popularidad fue inmensa, pues por su inspiración, por su dilicil facilidad para
crear sus melodías y por lo accesible de las mismas, eran las predilectas de
todos los saraos, tertulias, días de campo, fiestas, ferias, loterías, "gallos", serenatas en las plazas- y en todas partes.
A Alfredo M. Garza, ya lo asentamos alguna vez, por su popularidad, por
el crecido número de sus composiciones, pues pasan de mil, lo podríamos
llamar "el Agustín Lara de principios de siglo". Nació en Sabinas Hidalgo,
N. L., el 11 de noviembre de 1877, de familia humilde. Cursó su instrucción
primaria en la escuela "real" de su pueblo natal y desde pequeño acusó te~
ner grandes facultades para el arte musical.
Fueron sus padres don Espiridión Garza y doña Salomé González de Garza.
Muy pequeño tuvo que lamentar la muerte de sus padres y lo criaron sus
abuelos don Jesús González Mart'inez y doña Beatriz González de González.
A los 12 años ya ejecutaba violín, instrumento que él escogió y aprendió
solo. Recibió clases de solfeo de un maestro, que era tío suyo. A esta edad
ya principiaba a tocar en las charangas. La precocidad del violinista Uam.aba
mucho la atención a los sabinenses y éste era motivo para que el conjunto
donde él tocaba~ fuera el preferido de todas las clases sociales.
A los 13 años compuso su primera melodía, una mazurka, y más luego un
vals, cuyos nombres no he podido recordar. Desde entonces se le despertó
el anhelo de seguir componiendo, habiendo llegado a reunir más de cien
composiciones para el año de 1899.
En este año compone un vals para despedir al Siglo XIX y saludar al XX,
que tituló: ~iglo Viejo y Siglo Nuevo, que fue estrenado la noche del 31 de

481
H3l

�diciembre en el tradici6nal baile de fin de año en una de las principales
casas de Sabinas.
En 1901, cuando principiaban a ponerse de moda los two-steps, que. nos
llegaban de los Estados Unidos, compone Rasgos de Buen Humor, e~ ,ntmo
de seis por ocho, el que alcanzó un auge estupendo pues se esparcto esta
melodía por todo Mé.--rico y por Estados Unidos. Con este two-steps Alfredo cobra fama en todas partes, lo edita la Casa Wagner y rec;ibe por la
propiedad cincuenta pesos ¡ todo un capital! pues la Wagner tiene una his~oria tan dolorosa para los compositores de México que vale más no mencionarla. En 1905 compone el vals Quiero Verte, que dedicó a la Srita. Conchita de los Santos.
En 1906 abandona su pueblo y se va a la tierra de promisión que lo era
entonces
región minera de Coahuila (Las Esperanzas, Palaú El Menor, El
Nacional, Nueva Rosita, La Agujita~ El Mezquite, San Felipe y Hondo -estas últimas fueron las fundadoras de la minería carbonífera de México-) .
Se establece en Sabinas Coahuila y es aquí donde compone a diario, una, dos
y más melodías; valses, marchas, flamencas, danz as, mazurkas, " sehoti ses" ,

b

two-steps cake-wal.ks, polkas, paso-dobles y toda aquella serie de ritmos bailables de la primera decena del siglo XX.
Los clubes de Sabinas, Agujita, Rosita, etc., se disputan su orquesta, todos quieren que amenice sus fiestas y bailes; Alfredo es el hombre del día,
es el compositor de moda, es el consentido de la sociedad.
Era Alfredo de mediana estatura, blanco, de pelo castaño, casi rubio, usaba
crran melena descuidado en el vestir, estupendo flautista, pues para esta fe:,cha era su instrumento
'
preferido, y el que ejecutaba con delicad eza.
Existía en Sabinas una cantina a la que concurrían los altos jefes de las
compañías y los señores adinerados de la región. Tenía por nombre "La
Central". Allí al medio día y en la noche tocaba la orquesta de Alfredo.
Tiene u.na bonita marcha que se llama precisamente La Central, dedicada
al dueño del establecimiento, la que se tocó hasta la saciedad.
Allí los jóvenes se daban cita para gozar de la magnífica música que tenía
Alfredo el autor del vals No me Olvides, que bacía más de tres años era el
preferido de la juventud.
Se acercaba al fecundo compositor algún joven y le pedía que le compusiera una pieza a la dueña de sus sueños y Alfredo, con aquella amable sonrisa que fue de sus caracteósticas más peculiares, contestaba: "¿ Lo quieres
'ahorita' 0 para después? Si es para escucharlo 'ahorita', ya sabes: te cuesta
tres cervezas, y si para después ... pues ... entonces hay que hablar. ¿No te
parece?"
-Para "ahorita", maestro, porque quiero llevar gallo a mi novia esta no-

~e. -Y Alfredo, sacando. de su bolso unas hojas de papel pautado que él
~smo rayaba, se senta?a Junto a una mesa y escribía la melodía. Luego la
instrumentaba, en media hora más o menos. La orquesta estrenaba aquella
mazurka, v:115 o tw°-:steps ... ¡ Qué facilidad tan asombrosa tenía para escribir!
Fue _aqm en Sabinas donde compuso ese bellfaimo vals titulado: Manuel
,, A:arma, estrenado en el enlace de esta pareja; en 1908 compone La Fronteriza, paso-doble
que dedica a la Cía. Cervecera Sabinas, S. A., maugu·
_
d
ra a ese ano.
En 1909 su numen c«:a el inmortal vals Cuánto te Quiero, que ha sido
escuchado en todos los rincones del mundo; también en este año compone
el flamenco Amor de Torero, que con Cttánto te Quiero y Quiero Verte
rompe _todos los récords musicales de la época; nos regala también el va~
Montanas de Anáhuac, con letra de Amado Nervo, el ~\'o-steps Amor por
Amor, los valses Alma del Alma, y el paso-doble-flamenco Más Vino.
En_ ~910 se t~lada a Cuatro Ciénegas donde se hace cargo de la Banda
M~cipal_ Y allí compone una preciosa danza titulada Ven, con letra de
Ol~a "?nbe. Su estancia en esta villa es breve. De allí va a estaWecerse a
Muzqwz.
:ara esta fecha ya se había casado y tenía varios hijos, entre ellos Alfredo,
~1en hered6 de su padre el sentido musical pues a los diez años era un buen
eJecutante de cornetín }' violín. Este digno hijo de su padre, falleció en Villa Acuña en 1965.
En Múzquiz se hace cargo de la Banda Municipal; organu:a una orquesta
de cuerda que pronto se hace popular, tanto por su acoplamiento cuanto
por su vasto repertorio, abun~ando en él las composiciones de Alfredo que
para esta fecha ya. pasaban, sm temor de equivoqi.rme, de seiscientas. Ojalá
Y ~ste_ acervo 1;1~1cal de nuestro biografiado pueda obtenerse algún día.
Sena 1mport&lt;}nt1Suna su recuperaci6n.
Aqui en Múzquiz v~_elve

ª. romper

un récord con su two-step Muchachas

M_odernas, el q~e como parejas en popularidad con aquel que se llamó Tres
Pie~r_as, de Velino M. Presa. También Múzquiz entre otras muchísimas compos1oones nos obseqlúó con un vals menor muy hermoso que se titula: 'Siempre te amaré.

La Revolución le sorprende en Múzquiz y cuando Jas fuerzas federales al
~do ~e Joaquín Mass se acercaban a este lugar, Alfredo M. Garza se dirige a Piedras Negras donde nos obsequia, para estar a tono con el momento, ¡ Viva Carranza.' y Ejército Constitucionalista, que ~e pusieron de moda
en unas semanas y siguieron siendo las obligadas en tocias las fiestas.
En novi~bre de 1913 se va a San Antonio Texas y allí vive algunos años
hasta el tnunfo de Ja Revolución. Entonces regresa a México y es nombrado

483

482

•

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por el traidor Manuel Santibanez.
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. . . de si lo la obra de ambos compoSJtores,
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da 1· unto con el famoso sonoto el uno como el otro esta an e mo '
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, ·co cu os valses también son inmortales.
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el día 21 de no.,
ositor en la cmdad de Cadereyta,
Nacio nuestro gran comp
.. "- d
s1·endo sus padres don An. t ~ os mayor que rlllle o-viembre de 1870 -Sie e an
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un· an·a y cuando hubo terminado,
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servicios como ~µleado en la Bol tlcaplaza Hidalgo esquina sureste. Así durante
Genaro García, situada frente a a
.'
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el tiempo que le dejaba libre este trabajo, esrucliaba musica. ,
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Siendo un buen ejecutante de bílautalas aharanp gas que amenizaban la&amp;. fiesil
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.oso de tener su propio negocio,
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1 l en uno de los departamentos,
estableció un puesto de frutas, en cuyo oca ' -

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hacían escoleta
484

Prestó sus servicios al magisterio durante los años de 1896 y 97, como ayudante de los queridos profesores Rosendo Gana y Bruno VV. Leal.
Contrajo matrimonio en ocrubre de 1898 con la señorita Elisa Garza Fox,
pero su felicidad fue breve, pues esta su compañera falleció al año siguiente
en una terrible epidemia de viruela.
Para esta fecha, ya don José Mauro había compuesto varias pjczas que tocaban los grupos de aquella ciudad y se habían avecindado en Monterrey y otros
lugares de Nuevo León y Coahuila.
Solo, triste, desalentado por la pérdida de su fiel compañera, decidió trasladarse a Monterrey, como lo hizo, y, en 1904 compuso su marcha two-step
Gran Purmio.
En esta misma época arrancó a su inspiración su precioso vals Feliz Cumpleaños, que seguimos escuchando hasta la fecha; éste cobró simpatías grandísimas y era podemos decir, Las Mañanitas Nuevoleonesas. En 1908 cuando
vinieron aquellos aviadores franceses a Monterrey les dedicó un two-step que
llevó sus nombres: René-Simón y Santos Dumont; por este último año lanzó
sus valses Consuelo 1, las danzas Risas y Rizos, las polkas Siga la broma y Qué
te importa, la pollea Topo Chico, su encantador vals Sueño de Amor, todo un
poema musical repleto de sensibilidad.
Nos olvidábamos decir que en 1903 se hizo populatisimo su two-step Chaqueteros, que compuso con motivo de aquella famosa justa eleccionaria que
culminó con los trágicos sucesos del 2 de abril de ese año.
También por estos años publicó en el Arte Musical, cuadernos mensuales
que se editaban en Ciudad Victoria, Tamaulipas, sus valses María y Elvira:
este último dedicado a su prima hennana la Sra. Margarita Ibáñez de Ruiz,
madre del periodista José Ruiz lbáñez, quien fue a morir a San Antorúo, Texas.
Debe de haber sido por 1909 cuando compuso su inmortal vals Violetas,
el que, como Cuánto te quiero, de Alfredo, Sobre las Olas de Juventino Rosas
y la marcha Zacatecas, de Genaro Codina, volaron en alas de la fama por
todo el orbe.
Compuso también en 1909, El Pájaro Cautivo. que dedicó a mi culto amigo, el nunca bien llorado escritor y periodista don Eduardo Martínez Ce-Jis,
que gustó mucho y era tema de conversación en todos los bailes y fiestas, no
sólo aquí sino en toda esta región. Violetas, sirvió de tema a Ja película "El
Globo de Cantolla", y cuando su hija, única superviviente de su familia, doña
Josefina Garza Viuda de Mier, reclamó los derechos de autor, le dijeron que
la propiedad era de una casa musical . . . y. . . punto.
Otras lindas composiciones son sus valses Juar1ita_, Julia, Nunca te Olvidaré,
Tuya hasta la muerte, y otros más, schotises, two-steps, marchas, destacándose

485

�en éstas Viva Madero y Viva la Paz, compuestas en 1911. Entre los twosteps se distinguieron entre otros Julieta y Alma de Oro.
Y aquí, permítaseme que deje a mi estimado amigo don José NavatTOj ese
emotivo escritor y periodista regiomontano, ese hombre que es como un patriarca del Círculo Mercantil Mutualista, describir al inspirado compositor

cadereytense:
A fines del siglo pasado - dice José Navarro- se estableció en Monterrey un joven alto, delgado, blanco, de ojos cafés y pequeño bigote
castaño. Nervioso y ágil, dentro de su pronunciado tipo provinciano, a
la legua se notaba ser un hombre soñador, de aspiraciones; en rus profundas ojeras, en su frente alta y despejada, en su melena acicalada y
en su corbató11 negro, anudado con cierta displicencia, se adivinaba al
artista. Era José Mauro Garza el inolvidable compositor del vals Violetas, que andando el tiempo habría de convertirse en el más popular de
los compositores de estas tierras y cuyas obras llenaron, no sólo aquí,
sino en todo el país, toda una época.
Fue con su two-step estrenado en 1903 y que tituló Chaqueteros, con
el que José Mauro .se dio a conocer como compositor de altos vuelos.
Chaqueteros fue una genuina expresión del sentimiAnto popular que
apttntQ-ba hacia una renovación de hombres y sistemas imperantes en
el país por aquellos días y, rápidamente, inconscientemente se co_nvirtió
•en la rúbrica de los bandos políticos, que incipientes auunciaban fa
transformación social que pronto habríamos de experimentar. Y en plazas, y fiestas íntimas, en r&lt;gallos" y serenatas, el two-step de José Mauro
Garza era t-0cado siempre.
Al principio José Mm1,rn, que había venido a Montérrey en busca de
mejores horizontes, formó parte de varios conjuntos orquestales, ganando apenas para el diario sustento con su flauta. Más tarde, aprovechando sus conocimientos y su vocación inició stts estudios de piano.
y así, el artista, el "Músico de Rancho", como envídiosamente mucho
le llamaban, se convirtió de la. noche a la maña11a en el compositor y
maestro de piano má.s en boga en la ci1tdad, aunque sin mejorar mucho su sit'Uación económica.
El inesperado éxito de su primera pieza sirvió de aliciente para que
José Mauro Garza aguzara su ingenio y produjere más composiciones,
siendo la Casa W agn.er la encargada de im{J'fimir y distribuir su música
"iyo diría de explotar".
La épo~a a que nos referimos abarcó de 1907 a 1913, cuando su fJOpularidad era mayor y sus obras eran ejecutadas por todas las bandas,

486

por t?das las or~tt~stas y por todas las cluuango.s; pero sin que su popularidad y ~us ex1t~s /~eran suficientes a envanecerlo, pues él más que
na~a, prefe~ia seguir siendo maestro de sus discípulos y discípulas, a
quienes dedicaba todo o la mayor parte de Slt tiempo, haciendo a un
lado lisonjas y felicitaciones.
. La inspiración_ de nuestro músico era inagotable ,, así siguió compomendo nuevas piezas, siendo las que más pegaron y vinieron a enriquecer nuestro acervo de música popular las marchas Viva la Paz y Viva
Madero, estrenadas en 1911 durante los turbulentos días del derrocamiento d~l General Díaz y que gustaron muchísimo; también su polka
Topo Chico y los val.res Pájaro Cautivo y Violetas hicieron furor en
aquellos años, el que traspuso la.s fronteras pues fue conocidísimo en
varios ~aires de América. Otras de sus composiciones fueron los valses:
Nostalgia, Juanita, Sueño de Amor, Ernestina, Minerva Picaruela y
Preludios de Amor.
'
·

En los últimos años de su vida, José Mauro Garza, adelgazó mucho,
presa de desconocida enfermedad, pero aún así, todavía a fines de
1913, se le veía por las calles de Monterrey en su constante it y venir
para. dar clases )' asistir a conciertos. Era un luchador incansable y un
apasio":,ado de su arte y jamás tejó en su propósito, hasta que lo sorprendio la muerte trabajando.
Hasta aquí nuestro querido amigo José Navarro.
Aquella terrible enfermedad que lo atacó fue inmune a la ciencia y por fin
el 23 de marzo de 1914, salió de este mundo habiendo sido sus funerales una
verd~d~ra manife~°:ción de ~u~lo pues asistieron todos sus compañeros filannomcos, sus discipulos y dismpuJas y numerosas amistades que,. supo captarse . por su modestia; por su sencillez y por su ahna de artista sensitiva, y
emoc10nal hasta ]as lagrimas.
Belisario de Jesús García de la Garza

Presentaré ahora la figura gallarda, varonil, elegante, del compositor montemorelense Belisario de Jesús García de la Garza, uno de los cuatro maestros del pentagrama y de la clara inspiración que ha dado Nuevo León y
quien dejó grabado su nombre con letras de oro en esa su meloclia inolvidable, ~se vals que es todo ternura, un dechado de sencillez melódica titulado:
Morir por tu Amor. ; Quién no conoce esta melodía, saturada de romanticismo
toda ella! Y su letra, del propio Belisario lo enmarca a la perfección: Morir
por tu amor . .. .' Qué bello ha de ser. . . Morir por t1,.r ojos divinos. . . que

487

�/

son la expresión del placer ... Morir, sí, morir ... canta el ruiseñor .. . que
todo en la vida es amor. . . Amor, etc.
y su canción .mexicanísima, un pedazo arráncado del agro mexicano, una
queja, un lamento ... un desamor del campesino que ve rotas sus ilusion~ ...
toda su vida ... ¿que cuál es? ¿Que cómo se llama? Pues las Cuatro Milpas,
la que se han querido apropiar varios ••tíos vivos" de esos que hoy se hacen
llamar "geniales compositores" ...
Nuestro amigo y compañero de armas durante la Revolución tle 1913, Belisario de Jesús García de la Garza, vio la luz primera en la risueña ciudad
de Montcmorelos, en ese paraíso donde el ambiente se embalsama con flores de azahar, y cuyas huertas se nos antojan Ínlllensos vestidos nupciales que
lucen las novias cuando van al altar. AlH nació el día 13 de noviembre de 1894.
El atildado compositor de Morir por tu Amor, hizo sus primeros estudios
en la ciudad que antaño fuera San Mateo del Pilón.
Allí lo sorprendió la Revolución de 1913 y, cuando las íuenas del general
Eablo González llegaron basta la región cítrica, el joven García se incorporó
al ejército Constitucionalista con el grado de teniente.
En las noches de vivac, mientras se asaba un pedazo de carne y se saboreaba
un café caliente con uno que otro traguito de. mezcal de San Carlos, el teniente Jklisario de Jesús García, acompañándose de una guitarra propiedad
de un sargento, cantaba las canciones que había compuesto en su adolescencia. El muchacho apuntaba admirablemente en esta actividad. Sus compañeros lo animaban, lo conminaban para que continuara escribiendo y que llegando a México, al triunfo de la causa, ellos le ayudarían para que fueran

editadas sus canciones.
¡ Cuántas veces fue interrumpida su canción de Las Cuatro Milpas, por
los disparos del enemigo en una emboscada, cuando aprovechando las sombras de la noche llegaron a atacarlos!, cambiaba el teniente su guitarra por
la 30-30 y ¡ a echar bala!
Así se deslizó parte de la juventud del delicado compositor de Morir por
tu Amor.
En el año de 1916, triunfante la causa, dedicó una marcha militar a su
jefe don Pablo González, la que fue editada por cuenta del pro~io don.
blo. Ento¡1ces principió a sonar mucho su nombre como compositor; dedico
una danza y una marcha al Gral. Alfredo Rodríguez, Jefe de Estado Mayor
del Cuerpo del Ejército de Oriente, otra danza con letra de él mismo A
veces pienso que no me quieres, que dedicó a mi hermano, el mayor Y profesor Félix Neira Bárragán. Continuó produciendo con una fuer-a sorprendente, al grado que siempre que nos encontrábamos le preguntaba: ¿ Qué

~ª:

488

has compuesto ahora, mi Capi? Y respondía: ¡pues ésta! y tarareaba la
nueva melodía.
El número de sus composiciones es muy elevado. Ignoro en realidad cuántas sean. Voy a citar algunas solamente de cuyos nombres me acuerdo: La
Canción de las Novias, con letra de Adolfo León Osorio; El Charro Enamorado, El Vals París, Gracia, otro primoroso vals: Marcha de los Cazadores,
la marcha
Acapulco;
otra estupenda marcha titulada: Piedras Negras) é•Por
,
•
que no me Quieres? danza, el vals Tenue, Reliquia de Amor, vals con letra,
muy popular también, en su tiempo casi tanto como Morir por tu Amor·
Aroma Tropical, Danzón; La Mañana está de Fiesta, canción con letra suya:
el popularísimo Tango Negro y el otro tango que estuvo en voga much~
tiempo: Como Prin.cesa de un Cu.en.to Azul; El Caballo Criollo; una marcha
El Primer Jefe, en homenaje a don Venustiano Carranza; y otras muchas
gue se pierden en el laberintQ de los años.
S~ -~~ón Las Cu~ro Mi/,pas, sirvió de tema para una película que se
exhibm mas de dos anos en la República y en los países de habla española.
Desp~és de 1~ tragedia de Tla.xcalantongo, Belisario de Jesús García, que
ya babia obterudo el grado de Mayor, continuó en el ejército pero en su
verdadera actividad, por donde lo inclinaba su vocación; primero fue director de una o dos bandas militares y después inspector de bandas del Ejército.
El año de 1949 sus compañeros de armas y de arte le rindieron un homenaje. el que se v_erificó en el Hemiciclo "Juventino Rosas", del Bosque de
Chapultepec, habiendo estado eJ programa musical a cargo de la Banda del
Estado Mayor Presidencial, que a la sazón dirigía el Mayor Silverio Prieto Pérez.
En el año de 1951, en el mes de septiembre partió para el viaje sin regreso en medio del dolor de los suyos y de sus numerosos amigos y compañeros que todavía lanientamos su partida. Falleció ostentando dignamente el
pado de Coronel.
Morir por tu Amor, es otra de nuestras glorias mundiales que han paseado
exitosamente por todos los ámbitos del mundo y sigue en cartel.
Otros Compositores

Nuevo León si no ha sido muy pródjgo en compositores, sí podemos decir
que los pocos que ha tenido han logrado una popularidad bien definida.
Contamos por ejemplo a Pomposo Caballero, oriundo de Marñn, a quien
bastó su marcha Tierra Blanca, dedicada a Francisco Villa, para fijar su nombre definitivamente entre los más distinguidos compositores de música popular de México.
489

�,Don Casimiro Rodríguez, de Cadereyta Jiménez, quien durante su juventud dio al acervo musical sus bellísimos valses: Dicha Perdida, en 1910; Rayo
de Luna y Susana Grandais en 1911 y 12, este último dedicado a la famosa
estrella del cine francés Susana Grandais, que fue de tentadora belleza algo
así como las estrellas de hoy, la ·Pampanini, la Taylor. Esta trilogía de vaJses
colocan a don Casi.miro en un digno lugar entre los compositores nuevoleoneses.
Su obra que vale muchísimo más que ésta, permanece inédita. Toda ella
muy copiosa, por cierto, se concreta a música sacra y juguetes musicales in-

fantiles.
Conozco sus misas, una de Requiero, admirables· motetes un Ave María;
Las Sietes Palabras y una cantata a seis voces y coro, que bien pudieran ser
firmadas por cualquiera de nuestros mejores creadores de este tipo de música.

Gabino Calderón: oriundo de Monterrey. Perteneció también a los años de
1895 y falleció en 1932. Tuvo escuela conservatoriana; un buen violinista
llegando a ser concertino de la Cía. de De la Vega. Dejó entre otras muchas
composiciones sus valses: Amor Sublime, Rebeca, Ramo de Azucenas, Anita,
Violetas y un tango titulado Lamento de Amor y la música de la Revista
Monterrey al Día, con letra estas últimas de su propio rujo el vate Humberto
Calderón Navarrete.
Don Miguel F. Martínez. El famoso flautista y catedrático de la Escuela
Normal, por quien lleva el nombre dicho plantel. Es fama que don Miguel
fue un notable flautista y compositor de obritas musicales para las escueJas.
Cuentan que cuando Luisa Tetrazzini visitó Monterrey, el flautista que le
acompañaba no pudo ejecutar la cadencia del Aria de la Locura de la ópera
Lucía de Lamermour y lo hizo don Miguel, y lo hizo de tal manera que la
gran cantante italiana, aquella excelsa diva rival de, nuestra Angela Peralta,
lo subió al foro, lo abrazó y le besó felicitándolo plena de entusiasmo.
Tenemos también a Lucio M. Dávila, que allá por 1908 ó 9 compuso su
vals Pensando en Ti, y más luego A.sí te Quiero, otro hermoso vals; su mazurka Ausencia, que frecuentemente la escuchamos en la radio y en las orquestas de música antigua.
y gara no hacer más larga esta lista recordemos a Jesús Gar~a Galindo, que
hacía una y dos composiciones (valses por lo general) por semana y los dedicaba a las parejas que contraían matrimonio. A Garza Galindo lo he perdido de vista, hace tiempo, parece que abandonó Monterrey, en busca de mejores
horizontes. Otros dos compositores muy queridos fueron nuestros maestros Antonio Ortiz y Gustavo Quiroga.
A 11 tonio Ortit, fue violinista de concierto, organizador de la primera Sinfónica que tuvo Monterrey Ja que él mismo dirigió; uno de los fundadores de la

490

Aeademia Musical Beethoven, de la que fue director el maestro Daniel Zambrano, notable pianista y catedrático musical.
Inició sus actividades musicales desde niño al lado de su padre. Andando
los años se fue al Conservatorio donde hizo buenos estudios, regresó a Monterrey figurándo como primer violín en las orquestas de teatro.
Es autor de la danza Tus Miradas, con letra del poeta potosino David Alberto Cossío que principia: De la divina luz de tus miradas . .. tomaron las
estrellas resplandores . .. ; y de una serie muy interesante de canciones de finísimo corte, de esas que gustan mucho, pero que por su refinamiento musical
y lit&lt;!rario no llegan a hacerse populares. Su marcha Unión y Adelanto, dedicada a la Sociedad Filarmónica Nicolás Rendón, fue muy popular.
Falleció hace pocos años cuando todavía estaba en plena producción, cuando era un maestro que podía rendir muy ricos frutos. Lástima grande que
tan pronto se apagara su vida.
Gustavo Quiroga, el bohemio incorregible, el incansable maestro Quiroga,
violoncelista magnífico, director de bandas y orquestas y delicado compositor,
llevó una vida propia de estos seres que están predestinados para las cosas
del espíritu. Se encastilló en su arte y así vivió siempre. Su danza Guadalupe,
preciosísirna; su vals C onchita, encantador; y podemos citar otras obras como
éstas: Beatriz, vals; Lindo Monterrey, marcha; Los Refugiados, schotís; Ca11to
a Mo11terrey, Por tu Gracia, bulerías y un popurrí con temas de canciones
mexicanas.
Su Sinfonía, que fue estrenada por la banda .deJ municipio de Monterrey,
bajo su dirección el 5 de febrero de 1953 es toda una obra que merece ser
conocida por los amantes de la buena música. Hizo su tránsito, el 28 de febrero
de ese mismo año, esto es, veintitrés días después de haber estrenado esta
Sinfo11ía, Sus composiciones citadas, están editadas en un álbum que todavía
puede conseguirse en los repertorios de música de Monterrey.
También Leonorcita Flores y su hermano político Juan Montemayor Escamilla crearon varias obras de música popular que en su tiempo fueron muy
apreciadas. Con toda intención he dejado para el final de este ensayo, la semblanza de nuestro tan estimado compositor, el maestro

Armando Villarreal
El estupendo autor de Moren ita Mía, esa canción que es orgullo de Monterrey. Armando Villaneal nació en Sabinas Hidalgo, la tierra de Alfredo M.
Garza, el 9 de agosto de 1900, siendo sus padres don Guadalupe Villarreal y
doña Porfiria Lozano de VillaiTeal. A Ja edad de cuatro años trasladaron sus

491

�padres su residencia al mineral de las Esperanzas, Coah. donde casó su hermana María con un violinista de nombre Manuel Calvillo,
Armando había nacido para ser músico pero músico de los buenos. Allá por
el año de 1905, una noche, después de estudiar el Sr. Calvillo unas obras
que estaba poniendo, dejó su violín fuera del estuche. Toda la fanúlia estaba reunida en el comedor haciendo sobremesa y Armando, de puntillas entró al cuarto de su cuñado, cogió el violín y comenzó a tocar la primera parte
de un viejo vals que se llama La Noche. ¿Quien toca el violín? ... interrogó
su hermana, si aquí. está Manuel. Y la otra hennana, Francisca, gritó: ¡ es
Armandito, mamá, es Annandito!
Eumeclio de gran expectación familiar aquel chiquillo mbio, avergonzado,
dejó el instrumento y echó a correr; pero su madre dijo con énfasis: "Mañana mismo me le.encargan a Armando un violín para que lo enseñe Manuel".
Y así fue. Días después recibía las primeras lecciones de su entonces hermano politico Manuel Calvillo.
Cuando supo que el maestro Alfredo M. Garza estaba radicado en Múzquiz, Armando fue a vivir allá para terminar su instrucción primaria y tomar
clases de soHeo y violín con el compositor de moda en aquellos tiempos.
Alli permaneció hasta el año de 1913, año en que se trasladó a Piedras
Negras porque las fuerzas federales venían persiguiendo a los constitucionalistas que eran dueños de esa región.
Llegó Armando a Piedras Negras, al mismo tiempo que Alfredo M. Garza
y con éI tocaba en la orquesta a la que yo mismo tuve el honor de incorporarme, tocando violín. Allí nos hicimos amigos, nuestro celebrado compositor y yo.
En Múzquiz había compuesto varias melodías: La Reina d~l Baüe, una
elegante mazurka; varios valses, entre otros: Amor con Amor se Paga y Cuquita, un two-step; Club Popote, El Barrililo Aquel, polka llena de alegria,
muy jacarandosa; entre otros valses Caricias y besos, Amelia, fox-trot y otras
muchas que me confiesa haberlas perdido en los cambios de domicilio y de
ciudad a ciudad.
En noviembre de 1913 marchó a San Antonio donde siguió figurando en
la orquesta de Alfredo M. Garza y en la filarmónica de esa ciudad.
En Piedras Negras compone General Jesús Carranza y Ejército Constitucionalista que muy pronto se pusieron de moda. Armando iba ganando terreno como compositor a pasos agigantados. El chico prometía. Ya el tiempo
nos convencería que había en realidad nacido para ser maestro de música.
En 1919 regresa a Múzquiz y en 1919 hace su primer viaje a Monterrey
para inscribirse en la Academia Musical Beethoven, de la que eran dire~
tores los maestros Daniel Zambrano y Antonio Ortiz.
492

Admitido, vino a radicarse desde entonces a esta ciudad siendo uno de
los más destacados discípulos del maestro Ortiz, quien además de la técnica del violín le enseñó composición, contrapunto y armonía. Con estas
armas, Armando pronto .se colocó en primera. fila entre sus compañeros. En
1920 nos regala con su fox-trot TonnJ• Fuentes, dedicado a aquel célebre
boxeador de El Paso, Texas; en seguida Monle:rrry-Blues, y poquito después el fox-trot Melenitas, cuando se puso de moda el pelo corto en las
damas, fox que ganó simpatfas por millares. En 1921, Garage Modelo, otro
fox, y luego el &lt;lanzón Tenía Dinero en el Banco y. . . su obra cumbre. . . la
que le ha dado fama, satisfacciones y pesos, su romántica canción Morenita
Mía, que dedicó a su novia la Srita. María Guadalupe Salazar, con quien
contrajo nupcias el año de 1926. ¿ Qué más puede pedir un a.i'tista que ver
su nombr~ viajar por todos los paí.ses aureolado por las luces de Ja gloria?
Todo el dinero del mundo no vale para el artista de corazón tanto como esa
satisfacción de ver su obra coronada por el éxito.
La más tierna, la más sensible es esa canción que va todavía regando amoIes, despertando emociones y creando ideales en los corazones de Ja juventud
actual del universo, porque la canción de Armando ya no pertenece solamente a Monterrey, a Nuevo León y a México, sino que ya como todas
las grandes obras, es mundial.
Tras de Morenita Mía, vinieron Dos Almas en una Sola, el fox Celaje, Morelos 88-90 que dedicó a la Wagner y Levien; Merito frente de tu Ventana,
una canción mexicana con letra de mi hermano el Profr. y Mayor Félix t&gt;ira
Barragán, que es la que le sigue en popularidad a Morenita Mía; Entre Naranjos, un tango al que yo le puse letra y lo estrenamos en la premier de
aquella pelkula del cine mudo del mismo nombre, de la novela de Vicente
Blasco Ibáñez y que interpretaron Greta Garbo y John Gilbert; Mis tristezas
Y Tu retratito querido, ambas tienen letra de quien esto relata; Serenata de
Amor, La Pastorcita, dos romanzas de corte semiclásico; los valses María Luisa,
Dos Corazones, Bodas de Plata y El Milagro de un Sueño; unas cazardas, una
danza sueca, su célebre marcha Canto a la Reuolución con letra del poeta
David Alberto Cossío; Elba y Grata Remembranza, dos valses; y otras obritas más cuyos nombres no reruerda en el momento de entrevistarlo.
Funge como primer violín en las orquestas de Teódulo Velázquez y Gustavo
Quiroga, organiza un sexteto en el Hotel Ancira y también forma parte de la
inolvidable orquesta del teatro salón Variedades de la que era director el
maestro Alberto Barrón, quien todavía a los ochenta y pico de años, fue maestro de capilla en el templo del Roble.
Figuró también como violín concertino en las temporadas de ópera, de ope493

�retas, y zarzuelas de aquella época de oro del Circuito Rodríguez del 29
al 1940.
Desde 1927 en que el cine dejó de ser mudo, cuando ya llegó el vitáfono y
que fueron desp.laia,das las orquestas de los teatros, Annando Villarreal principió a dar clases en varios colegios así como a ser el maestro pianista del
Círculo Mercantil Mutualista en las clases de gimnasia. Es autor también del
Himno Deportivo del mismo Círculo donde todavía presta sus servicios musicales.
Armando ha recibido varias preseas: medalla de oro del Gobierno del Estado de San Luis Potosí por su canción Potosina en un concw'SO en que se
disputaron el primer lugar cerca de cuarenta compositores. Esta canción tiene letra de la distinguida maestra María Valdés; medalla impuesta por el
Ayuntamiento de Monterrey en las bodas de plata de su canción Morenita
Mía; medalla del Círculo Mercantil Mutualista y varios pergaminos que le
han otorgado sus discípulos por sus triunfos con la misma canción, que está
por cumplir sus bodas de oro, para lo cual algunos de sus compañeros y amigos Je están preparando un homenaje digno de tan distinguido compositor;
y por último medalla por su canción Monterrey con letra del que habla, en
el concurso del 3500. aniversario de la fundación de Monterrey.
Al perder a la amada de su corazón, a la mujer que le inspiró su melodía
inmortal, Armando se vio agobiado por tan justo dolor, pero hombre de
buena fe, buen creyente, se armó de valor; haciendo un esfuerzo sobrehumano supo sobreponerse a este doloroso trance y continuó sembrando estrellas melódicas en el pentagrama de Monterrey.
¡ Qué deuda tan grande tiene nuestra ciudad con estos hombres que le han
dado fama! Con cuánta justicia el Ayuntamiento de Monterrey ha impuesto
a una plaza el nombre de "Armando VillaITeal".
Si Santa Cruz, Gto., tuvo un Juventino Rosas, que dio a México la gloria
de su vals Sobre las Olas; si así también Zacatecas es cuna del célebre arpista
y compositor Genaro Codina, auloJ de la marcha Zacatecas, considerada como el Himno Popular Mexicano; Cadereyta dio un José Mauro Garza que
ofrendó su vals Violetas, que junto con Cuánto te Quiero, de Alfredo M.
Garza y Morenita Mía, de Armando Villarreal, forman la trilogía musical
que es emblema de Nuevo León, porque han Uevado el nombre de esta tierra,
orgullosamente por todos los más apartados rincones del mundo y que son
una bandera que va pregonando en todas partes: ¡México. . . México ...
México!
Noches de embrujo, de ensueño y esperanzas; noches románticas bañadas
de luna y aromadas a flores de azahar; noches pasadas al pie de la reja de
la bien amada; coloquios amorosos repletos de promesas ; todo un caudal

de ensueños desfilando por el pensamiento que nos hace suspirar hondo, muy
hondo al ver Ja realidad tremenda de la vida, esto y otras añoranzas de los
años juveniles de inefables sencilleces, pero inolvidables parn quienes las vivimos ; ideales truncos, días de embriagante alegría, de esperanzas sublimes, de
quimeras que se esfumaron entre las gasas diamantinas de los dieciocho años.
Todo esto y más todavía envuelve nuestro ser cuando volvemos a escuchar
melodías que fueron mensajes de amor en las noches de aqueJlos "gallos"
en que gemían los cellos y arrullaban los violines el dulce sueño de la bien
amada ...
Melodías que son gajos del alma y el corazón de esos bohemios que supieron plasmar en el pentagrama, sus sentimientos más puros, más bellos.
Es por todo esto que no quiero concluir este artículo sin hacer un elo!ri.o
muy merecido para una persona modesta, sencilla, un hombre que no obstante haber alcanzado un triunfo muy digno en los negocios, sigue siendo el
mismo bohemio de ayer; no ha podido olvidar por un momento, nunca jamás,
su primera profesión y nos deleitó con el encanto de las melodías de ayer;
primero lo encontrábamos en los tradicionales bailes del Círculo Mercantil
Mutualista allá por los 20 y los 25 y durante treinta y un años domingo a domingo nos regaló un maravilloso bouquet de rosas musicales con todo el perfume antiguo, que nos envolvía el alma en w1a azul espiritualidad. Me refiero a mi gran amigo don Fidel Ayala Jiménez, quien con su conjunto orquestal mantuvo viva esa rama de nuestra música popular. Don Fidel Ayala
Jiménez, merece el respeto y cariño del Monterrey que todavía sueña, porque
Monterrey vibra al más ligero toque del espíritu, porque así son sus hijos.
Por algo dijo el bardo alguna ve-.t: "Monterrey ciudad de acero, con eJ. alma
de poeta, que en silencio adora a Dios mientras su brazo golpea".
Vaya nuestro recuerdo y reconocimiento para toda esa insigne pléyade de
compositores populares que tan agradables momentos nos han proporcionado
en la vida y que sin quererlo fueron amables intérpretes de nuestros amores,
porque, ¡ cuántas veces llevaron a la novia, en sus melodías~ un tierno mensaje
que no pudimos decir con palabras!
~

BIBLlOGRAFIA

Historia de la Música. ALBA HERRERA Y ÜOAZÓN
Antología Biográfica de Cadereyta. CARLOS VJLLAJUH!AL A.
Revista Hemisferio (Monterrey, N. L.), Artículo de José Navarro.
Laureles. Poemario de IRENE GóMEZ REYNA .
El Cante Jondo. De CLEMENTE CIMORRA.

'
494

495

�LAS DOS CHINAS POBLANAS
EXÉGESIS DEL TRAJE NACIONAL

DR. GUTIERRE TIBÓN

¿ QUlÉN ''INVENTÓ" LA LEYENDA de la China Pohlana? No es ningún secr.eto.
Lo hizo el coronel Antonio Carreón, en su Historia de la Ciudad de Puebla
( 1896). Can-eón estaba "avezado a estas flaquezas", es decir, a las falsificaciones históricas, según apunta el doctor Nicolás León; no sólo inventó a la
China Poblana, princesita del Celeste Imperio, sino a un religioso dominico,
fray Martín Durán, quien trató de introducir en México la reforma protestante y fue sacrificado por la Inquisición. José María Vigil "pulverizó" esa
mentira en 1888.

•

La de la china encontró, por lo contrario, el apoyo del mitómano licenciado Ramón Mena ( a quien todavía alcancé a conocer en Córdoba, ya muy
entrndo en años). Mena aceptó como verdades las fantasías ("impudor histórico", dice el doctor León) del coronel, y les añadió otras de su cosecha:
"Con la desaparición de la China Poblana acabó el ángel bueno de las clases
desheredadas de la Puebla de los Angeles, pero el pueblo, siempre grato,
siempre noble y siempre grande, conservó la memoria de la santa, la imitó en
el vestir, y de ahí cl origen de ]as chínas". Ni el propio coronel Carreón se
había atrevido a afirmar tal eosa. Sólo sugirió que "tal vez' se debiera a
Cata.rina de San Juan "el origen de las enaguas llamadas castor poblano ( tejido de lana rojo) y el apodo de chinas poblanas que se da a las hermosas
criollas de Puebla".
La venerable Catarina de San Juan, uno de los más singulares personajes
de la Puebla virreinal, es una mística y asceta nacida en Ja India hacia 1613
y muerta en olor de santidad en la Angelópolis a principios de 1688. Apresada por corsarios portugueses cuando tenía nueve o diez años, fue llevada
a Cochín, en la costa de Malabar ("otro puerto ya muy lejos de mi tierra",
según declaró a su confesor), y bautizada por los jestútas, con el nombre de

497
H32

�Catarina de San Juan. En el mercado de esclavos de Manila Ia compró el
agente del capitán poblano Miguel de Sosa; ]legó a Acapulco, según parece,
en enero de 1625.
En Puebla vivió algunos años en la casa del capitán Sosa y de su mujer,
Margarita de Chávez; muerta Ia pareja al poco tiempo, Catarina pasó a casa
del sacerdote Pedro Suárez, donde llevó una vida casi conventual. Se casó
con otro esclavo chino, es decir, también procedente de Filipinas, pero "con
separación de lechos": entre su cama y la del esposo colocó una imagen de
Cristo. De esta suerte conservó su virginidad. Al enviudar se retiró a un
"aposentillo" en una casa de vecindad. .Entregada a una vida de penitencias
y ayunos, recibía la visita de Dios y de los ángeles. En una de sus alucinaciones vio a Cristo sentado en la cabecera de una mesa puesta c-on exquisitas
viandas, y oyó que le decía: "Quiero que comas conmigo". Rehusó Catarina:
"Yo, Señor, de tales mercedes no merezco: ¿qué dirán si saben que una
bozal china, que un caballo, ha comido con vuestra Divina Majestad? Vuestro convite es muy bueno para los justos, no para una bestia y pecadora
como yo".
Durante muchos años, hasta su muerte, Catarina de San Juan l:UV'o visiones
celestiales, hizo profecías, realizó milagros. Fue ~pultada en la Iglesia de la
Compañía. En la lápida de tecali de su tumba se lee: "Condidit hic tumulus
venerandam in Christo virginem Catharina de San Juan, quam Magore
( el Mogol) mundo, Angelopolis coelo dedit". Los pobJanos la consideraron
santa. Sus retratos se multiplicaron, y según la Inquisición, recibieron veneración excesiva.
A los trece años de muerta la "china", los inquisidores prohibieron "cualquier retrato del obispo Palafox y de Catarina de San Juan, so pena de excomunión mayor". Había estampas en que ambos taumaturgos, Ia esclava
india y el humanista español, aparecían juntos. En un edicto de 1691 el T1ibunal de.l Santo Oficio mandó recogerlas. Nunca prosperaron las causas de
canonización de las dos más eximias figuras de la Puebla del siglo XVII.
Hay constancia de un caso en que la fe en la santidad de Catarina se vuelve más fuerte que la amenaza del Santo Oficio: tengo en mis manos su
retrato, que me ha prestado el historiador poblano José Miguel Quintana. Es
probable que Pedro de la Rosa, el grabador, haya conocido a la anciana. Los
rasgos de Catarina no son por cierto orientales. Lleva en sus manos juntas un
rosario; su atuendo es el sayal que describe uno de sus confesores, Castillo
Grajeda: "no salió de un vestido pardo de lana ... El manto con que modestamente se cubría fue siempre el más grosero, el más tosco". Vestía, pues,
como las monjas capuchinas; el traje de la china poblana -'"enaguas con
lentejuelas, hasta media pierna, dejando ver su pie sin media, calzado por
498

Án,1tÍJ,\/,,.~1L

' rH~.fir.,t,

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RETRATO DE CATARINA DE SAN JUAN

"La venerable Catarina de San Jua11~ natural de Gran Mogol, m,urió de
edad de 82 años a 5 de enero de 1688 en la Puebla de los Angeles. Enterróse
en el Colegio del EspEritu Santo de la Compañia de Jesús".

�un zapato de raso verde; ceñida la estrecha y mórbida cin~ra por .una ban~~
carmesí. mal cubierto el provocativo seno por una camisa de li~dnzotiis~ ,
bordada• caprichosamente con sed as d e co¡ores. . . ,,- no
. se. puede 1 en 1car,l
a la buena volwitad del coronel Carreón y deJ licenciado Meo~, con e
pesel d Catarina de San Juan. La descripción que precede es de N1cet? .Zasaya e
.
d la Pl
d S Juan en MeJOCO.
macois ( 1855) • y se refiere a las chinas e
aza e an
'
'
. duda pero en el sentido que se daba entonces a la palabra en
bl
po anas, sm
,
• d1
bl
toda la América hispana: aldeana, pueblerina, mu1er e, pue .º·
.
El confesor Castillo Grajeda sama que la rcli?iosa habia nacido en ~1 :un. d I Gran Mogol la India. sin embargo dice que hablaba como todas
peno e
,
'
•
" hin
.,
hina" La propia Catarina se define como una c a
las que son d e nacion e
•
. , 1 •d tifca
bozal". China, y de Puebla: esto es, china poblana. De, ~qUI a a l en i ción con la elegante y salerosa pueblerina, el paso es facil.
, .
La " untada" del coronel prosperó, pese a la completa fa~ta de logica :_
. pd 1 chi es de fines del XVIII o de principios del siglo XIX, casi
el traje e a
na
hind' El
dos siglos después de la llegada a Puebla de la pequeña esclav~
u.
tosco sayal de la religiosa se ha metamorfoseado en el castor TOJO,

"bello firmamento
de lentejuelas de plata".
Una burda mentira se repite tanto que se vuc1ve,una verdad generalmente
Ceptada Yo mismo recién llegado a México, ca1 en la tre~. Poco antes
ªhabía visitado
·
' ded
el puerto
Cochín, don e se emb ar~'Ctannarumboa
a
M nil . me seducía la idea de la princesita oriental, luJa de un Gran Mogol
a a'
, .
. il
t
aquí se vuelve taumade Delhi que llega a MeXIco casi m agrosamen e, y
.
.,
tur a fundadora del traje nacional. Me desengañé al leer la af~rmacion de
M g yl T O ~ t : "Nada tiene que ver este traje de nuestra China Po~lana
anue
, •
·
'
cubnr su
de ho con la .indumentaria paupernma que Catanna uso para . . .
y,
C o esclava ningún lujo o gala puede haberse perrmb.do. y,
desnu aez... om
,
n·
t d
m
.
p ebla, esclava de sus amos y esclava
de ms ante o o, su ya muJer en u
.,
t ca
dumento 'se reducía, como dice su confesor y b1ografo, a saya, ~a~ta y o. .
Com árese esto con el castor rojo bordado de le~tejuelas, la prodiga _carrusa
pd . d" . ar la opulencia del seno, las medias blancas, las zapatillas, ~l
que eJa ivm
d d
los opuestos li. ºtante ' y convendremos en que se trata e os po
re bozo lDCl

ª

gados por un guión misterioso".
Para volver a los mitómanos responsables de la difusió~ de 1~ "ley~da"
de la china poblana, hay que recordar que la presun~ prmcesa m~a, ata. roa una mitómana de primera fuerza; mocente,
rina de San Juan, era ella nus
.,
. ,
por histérica, pero dotada de un singular poder de sugesuon. Sm este, sus

500

confesores no hubieran escrito los libros que describen las fantasías de Ja antigua esclava china. El padre Alonso Ramos, S. J., publicó 3 tomos de 400
páginas cada uno, que la Inquisición prohibió "por contenerse en él revelaciones, visiones y apariciones inútiles, inverosímiles, llenas de contradicciones
y comparaciones impropias, indecentes y temerarias, y que sapiunt bJasphemiam ... sin más fundamentos que la vana credulidad del autór''. Del tercer
tomo quedó su único ejemplar, que fue joya inestimable de la biblioteca del
lústoriador Pérez Salazar (ignoro su actual paradero). De la biografía compendiada, escrita por otro confesor, el ya mencionado padre Castillo Grajeda, S.J., se han hecho tres ediciones: una a raíz de la muerte de la venerable Catarina; otra en 1767 y una tercera, prologada por Manuel Toussaint,
en 1946.
¿ Cómo se explica que un hombre culto como el padre Ramos creyese verdad el cuento de la pobre esclava inda, bija de un "príncipe dueño absoluto
de algunas tierras del Gran Mogol" y nieta, por parte de madre, del emperador del Oriente, Maximiliano? ¿ Cómo creyó que durante el bautismo de
Catarina, en Coclún, asistieran Ja Virgen, San Joaquín y Santa Ana, dando
muestras del más grande regocijo? Es un misterio tan inquietante como el de
que, al cabo de sesenta años de vida en Puebla, la "china" no logró hablar
el castellano ni medianamente.

Lo cierto es que todos los autores serios, desde hace medio siglo, están concordes en negar cualquier relación entre el traje de Catarina de San Juan,
la mística del siglo XVII, y el de la china poblana del siglo pasado, esa linda
y eterna- compañera de las aventuras, de las penalidades y de las alegrías del
mexicano del pueblo. El deslinde de las dos figuras antitéticas: la pobre religiosa que sufre martirios y la mujer descocada y algo equívoca, es imprescindible. Un infundio, aunque sea simpático, no se puede pe1petuar.
He aquí otra referencia a la china poblana, no menos fehaciente que la
de Zamacois: la que dejó la marquesa Calderón de la .Barca (1840). Tanto
le gustó el traje que quiso asistir, ataviada en él, a un baile de disfraces.
Al mediodía recibió Ja visita del ministro de Relaciones, el de la Guerra, el
de Gobernación y otros personajes, que la disuadieron de presentarse en ese
traje: "they assured us that poblanas generally were femmes de rien" y que Ta
esposa de un ministro español no debía ponerse semejante traje ni por U11a
sola noche. La señora Calderón de la Barca dio las gracias al consejo de ministros por su oportuna advertencia. En ]a tarde recibió iliia carta confidencial de un viejo caballero, José Amáiz, quien insistía: "The dress of a poblana is that of a woman of no character" : el traje de poblana es el de una
mujer de reputación poco envidiable.
Manuel Payno, en su Víaje a Vemcruz ( 1844), dice de la china que era

501

�"una mujer del pueblo que v1v1a sin servir a nadie y con cierta holgura a
expensas de un esposo o de un amante, o bien de su propia industria. Pertenecía a la raza mestiza y se distinguía por su aseo, por la belleza de sus formas, que realzaba con su traje pintoresco, harto ligero y provocativo, no
menos que por su andar airoso y desenfadado ... "
Al cabo de un viaje a Puebla en 1849, Guillermo Prieto se refiere a las
chinas que el pintor Arrieta representaba en sus cuadros junto a otras figuras del pueblo :

"Son las chinas salerosas y provocativas; son los muchachos juguetones y
audaces; son los léperos taimados y astutos. Hay una china con un plato de
mole en la mano, que sería a la vez el tormento de un hambriento y de un
enamorado, porque no se sabe si brinda con un refrigerio o con un mal pensamiento ... "
Prieto espera con ahinco el jueves que "se considera con el pretexto del
mercado, el día de los cuchicheos, la congregación de las chinas. La china,
añade, es el sueño del oro y el ciprés de la plata para el natural y para el
viajero ... "
''A aquel lugar concurren en tropel ya las criadas viejas de los señores
canónigos, de armador y zorongo, zapato adusto y media de los indios, ya la
señora de casa con sus chicuelos y una criaduela minúscula con un enorme
canasto, ya en fin, la china primitiva con su camisa calada, con su descote
subversivo, con su refajo malicioso y con todo ese aquel y aquella endenidá
que confieso francamente, que me ataca los nervios ... "
"El tráfico del mercado dura toda la mañana, alegrando corazones, derramando el contento, atrayendo algunos pisaverdes que van a una distancia
respetuosa a formar corrillo y cosechar dengues y miradas expresivas.
- No se canse usted -me decían en uno de esos corrillos--. Esto no sirve,

se acabaron las chinas.
-Los americanos las perdieron, ahora todas quieren túnico y soguillas de

rango! i Fuera las majas y manolas de Es aña
.
porque ahora sale mi china.
hi. d P , . Y las gnsetas de Francia!
· esa Jª e Mexrco tan lind
azul ... Apenas cuenta veinti•--'
•
.
.
' a como su cielo
... es anos Y ya bene veinti h
•
el tendero de la esquina y el hi" d l .
oc o amantes, mcluso
viera desde luego pensaría q
JO ~ mspector. . . No conoce el corsé: si lo
. .
ue semeJante aparato f
d
.
que suvieron para martir. d
ue uno e los mstrumentos
10 e santa U rsula y
•
fuerte de la china es el as
sus once m1l compañeras. . . El
eo, Y tanto en su perso ·ta
muebles ostenta Ja mayor lim ieza
. ru c~mo en sus vestidos y
Jo interior, cosa que no sucedep , . correspondiendo siempre la fachada a
.
en ciertas Evas
E ta
.
ciendo. . . Triste es decirlo. ho
,.
. . . s muJer va desaparepera en Querétaro la tag."'"";: enconDtrarelS la elaniz.ada en Oaxaca, la lé.
'
_,.,..,a en urangoyM t
l
,
G ua d alaJara. . . pero la chin
.
on errey, a tapatía en
ya no la verélS com
·
paseo de la Retama o en la pl
I d p
o en otros tiempos en e]
· azue a e acheco ni
¡
Ani ta. . . La china esa Iind hi" d 1
'
en as canoas de Santa
excelente, dentro d~ pocos
Jª ,e pueblo, de bondadosa índole y corazón
anos sera un ti
Rivera nos presenta a la hi d 1
po que pertenece a la historia".
apellido. "Por parte de mi ~drna e anVteillde la_autoridad; ésta le pregunta su
.,
e soy
a M1 padre
1
•
taro b1en era Villa'' El co · .
·
· · · i pues.• .. m1 padre
.
.
llllSano apunta. "de la V-lJ
,,
C
1
Rivera atribuye tal apellido
hl ·
on toda evidencia
a 1a c na para sub . .
'
aldea, del pueblo, o sea de la villa. L a 11 ama aderayai
que Jprocede de la
' 1
plebeya, hija del pueblo: esto es, pobJana.
'
mas, a p ebeya china":

ª

ª-

ª·

(&lt;

Poblana, no angelopolitana p tualiz.a
del traje llamado de chin f . un I
el doctot Nicolás León: ''La área
a ueron e Distn·to Fed eral, Puebla Oaxaca q . ,
y un poco G dala.
ua
Jara. El centro de irradiación d be
' .
, wza
de México y en su mayor aug
.
.
e haber sido la Ciudad
e Y persistenCia la ciud d d p bl ,,
.
a 1a convergencia de las palab as " W
a
e ue a . Debido
beya", y por el otro oriunda ~ ppobl ana", por un lado "pueblerina", "plehan 'd
,
e uc a, comprendemos la "
,,
cai o la marquesa Calderón de la B
.
trampa en que
propios poblanos a los cuales d d 1
arca, el pmtor Carlos Nebel y los
.
'
, es e uego les hala J •d
nacional se haya originado en su ciudad '
ga a I ea de que el traje

ámbar y cinturones y pañoletas.
- Y eso cuesta un sentido; siendo indispensable la china.
-Vea usted, un poblano sin china, es como un barbero español sin guitarra, como un partido sin periódico. Aquí tiene todo el mundo su china.
-Cuestan mucho, y aniquilan a los cristianos para el pago del mercader

Carlos Nebel, arquitecto alem, aut
cado en París y México en 1840an,
del famoso Viaje pintoresco publifamoso cuadro titulado p bl , coDn pro!lago de Humboldt, nos ha dejado el
.
o anas. e as tres
U
l
baJo las enaguas de dos asoma el r .
u~a eva_ a falda de castor;
tas enchiladas" L .... f
. efaJ~ que termina en picos, llamados "pun. as ._.es uman cigarnllos.

o de la mercadera''.
El auge de la china en Puebla es indiscutible; con todo, hay otros autores
que se refieren a la china en la Ciudad de México años después del viaje de

En tanto que las Poblanas de Nebel son f
cés de la misma época cas·
amasas, las de Fossey, pintor fran• ,
,
1 no se conocen Las im rimi ,
,
lirografo a quien se deben las JI .
d
.
p
~ en Pans el mismo
blanas de Fosrey son tres.
ammf as e Nebcl: Lemerc1er. También las po.
' una urna; olra luce el clásic
f . .
1o smgularmente importante de las lit
r,
d
o re ªJº picudo. Pero
ogra1-1as e Fossey es su titulo bilingüe,

Guillermo Prieto a la Angelópolis.
José María Rivera hizo esta p_icaresca descripci6n de nuestro personaje el
mismo año en que lo retrató Zamacois ( 1855): "¡ Fuera la gente de alto

º:

503
502

�modesta piedra de Rosetta para la interpretación de la voz "poblana". Dice:
Poblanas (Paysannes). No se trataba de Femmes de Puebla, sino de pueblerinas, campesinas. Junto a las chinas poblanas aparece un ranchero (fermier)
y, a caballo, un cavalier mexicain y una dame mexicaine que reeresentan la
clase al ta en opasición a la baja: el ranchero y las poblanas.
Luis Castillo Ledón recuerda que la ''especie" de la china poblana empezó
a formarse durante la guerra de la independencia, a favor del relajamiento
que ésta vino a producir en la austeridad religiosa y en las costumbres. "Las
muchachas del pueblo, no bien cumplían los 15 años y se daban cuenta de
sus atractivos, ardían en deseos de lucir el ostentoso vestido, que arrebataba
la mirada de los hombres".
A mediados del siglo pasado, como hemos visto, la ''especie" y la indumentaria de ]a poWana estaba en decadencia; sólo sobrevivió su atuendo usado
como disfraz carnavalesco o en las tablas, por bailarinas o cantantes folclóricas;
la más conocida entre ellas es Julia Gamica.
No hay duda de que el traje de la china poblana es adaptación de wio
español; deriva ta1 vez del de la maja andaluza o la lagarterana. La china
es la pareja indispensable del charro, cuya indwnentaria es de origen salmantino. Los de china y charro se consideran hoy trajes nacionales. El "guión
misterioso" al que alude Toussaint no es más que la "leyenda" debida a la
fantasía del aludido coronel Ca.rreón y aceptada hasta nuestros días. Se han
adueñado de clla los maestros normalistas que en ciertas fiestas escolares pre•
sentan, corno antepasada de la china poblana, a una "princesa" vestida a la
usama del Celeste Imperio.
"China" es voz quechua; significó en origen "hembra de los animales",
luego pasó a denominar una sirvienta, una india o mestiza, una mujer del
bajo pueblo. La primera documentación de esta palabra es de 1553 : Santillán, en sus Tres relaciones (página 98) refiere que los soldados españoles
en Perú tenían "para chinas de sus mujeres y a veces por man&lt;;ebas de eJlos
y de otros".

En 1673, Pineda y Bascuñán, en su Cautiuerio feliz, se refiere a "dos chinas, chin.illas o cbinuelas". Juan y Ulloa, en su Relación histórica del viaje
a la América MeridionaJ, describe su visita a Quito hacia 1740 y dice de las
chinas "que así llaman a las indias mozas solteras, criadas de las casas y
conventos" ( tomo I, página 368) . En el lenguaje bogotano del siglo pasado,
china, según Rufino Cuervo, equivalía a chica, muchacha, rapaza; el ilustre
lingüista confirma el origen quechua de la palabra.
¿Cuándo y cómo llegó a México la china? La versión de Castillo Ledón es
plausible. Conocemos, además, las características de la china mexicana .gracias a los autores, todos dignos de crédito, que hemos citado: la marquesa
504

�La china poblana,

ei1

Lo.s mexicanos pintados. por sí mismos, México, 1855.
Litografía de H. Jriarte.

D_egeneraci6n del traje de la china poblana F
,
dr.rfraz de seudo china poblana en
fena
. popular
. otograf1a
de una muchacha en el
(C a 1emaco, 16 de Juli-0
•
F una
.
de 196B)
oto. Ruth D. Lechuga.
.

�Calderón de la Barca, Payno, Prieto, Zamacois y Rivera. También Joaquín
García Icazbalceta afirma que alcanzó todavía a conocerla. Ya que nació en
1825, probablemente aludía a las últimas chinas de la Ciudad de México,
en los cincuentas: "Sus trajes y modales -se queja- han desaparecido por
completo". Supone García Icazbalceta que después de su desaparición en
México las chinas permanecieron algún tiempo en Puebla : de ahí los cuadros de Arrieta y la descripción &lt;le Guillermo Prieto. A su auge y supervivencia en Puebla, según nuestro autor, les vino el nombre de poblanas.
García lcazbalceta escribía en 1893; su interpretación de "poblana" aplicado a la china es, desde luego, sujeta a seria discusión. Sabemos que poblano,
en Hispanoamérica, equivale a pueWerino, campesino, lugareño, habitante
de aldea. Esta acepción se conserva todavía en Yucatán. Por la convergencia
de poblano-pueblerino y poblano-gentilicio de Puebla, se ha creado una evidente confusión, que ha señalado, a justo titulo, el jurista Roberto Molina
Pasquel ( actualmente embajador de México en Australia). El mole poblano
era, en origen, un mole al estilo campesino y no al estilo angelopolitano; en
otras palabras, un mole poblano podía ser del Bajío o de Jalisco. Análogamente, una china poblana podía ser de cualquier región de México. Al leer
la Musa Callejera, de Guillermo Prieto, parece manifiesto que el poeta, que
tan eficazmente describió las chinas por él conocidas en Puebla, y ya curado
de los ataques de nervios que le producían, usa ''poblano" con el valor de
"pueblerino" y no de "angelopolitano":
Y viva lo de la tierra,
castor, sombrero jarano
y penca y mole poblano . ..
y jarabe hasta rabiar.

En El tímido y el zagalejo el poeta pregunta:
Por Dios~ ¿ quién sufre embudo
de lienzo? l Una linda china
a quien el cielo destina
al aire libre, al amor?

Esas cárceles de lienzo
sirvan a la aristocracia;
pero a las chinas la gracia
y la enagua de castor.

505

�,

FUENTES PRINCIPALES

Dos veces, en el poema, la china es llamada "poblana":
La linda chfoa poblana
más linda que las estrellas . ..
Era la china garbosa,
la linda china poblana
sobre la nube de grana
de su enagua de castor.

JosÉ DEL CAsTILLO GRAJEDA, Compendio de la vida y virtudes de la venerable Catharina de San Juan, Puebla, 1692 y 1767; México, 1946.
CARLOS NEBEL, Viaje pintoresco y arqueológico por la República Mexicana, 1829-

1834. París y México 1840.
Lífe in Mexico, Londres, 1843, p. 63.
Viaje a Veracruz en el invierno, en el Museo Mexicano, México,
1844, t. 111, pp. 166-167.
Gun.LERMO PRIETO, Ocho dlas en Puebla (1849), Bibliófilos Me-xicanos México 1967.
,,.
,
,
'
JosE MARÍA RIVERA, La china, en Los mexicanos pintados por sí mismos, México, 1855,
pp. 89-98.
N1cETO Zu!:Aco1s, México y sus alrededores México, 1855.
MANO.EL PAYNo, Tardes 11ubladas, México, 1871, p. 343.
GUILLERMO PllmTO (Fn&gt;EL), Musa Callejera, Biblioteca del Estudiante Universitario,
México, 1942, pp. 69-73.
Gun.LERMO PRIETO (Fmn), Semana Santa de antaño, en La Colonia española, México, 14 abril- 1879.
La República Literaria, pp. 683-691 y 731-736, GuadaJajara, 1888.
Lms CASTil,LO LEDÓN, La China Poblana, en El Universal, México, 15-II-1924.
Da. N1coLÁs LEÓN, Catarina de San Juan y la china poblana. Estudio etnográfico
crítico. México, 1924.
RAMÓN MENA, La China Poblana (apunte hist&amp;rico).
RAFAEL CAR.RASGO PUENTE, Bibliografía de Catarina de San Juan y de la China Poblana, México l950, p. 73.
MARTÍN ALoNso, Enciclopedia del idioma, Madrid, 1958, tomo 111, pp. 3326, 3327.
MARQUESA CALDERÓN DE LA BARCA,

MANUEL PAYNO,

.

En otra estrofa el poeta alude a
los encantos soberanos
de los piecitos poblanos.

Nunca, en la lectura de esta apasionada defensa del atuendo tradicional
de la clúna, se encuentra una alusión a la ciudad de Puebla. "Viva lo de la
tierra'', o sea, lo genuino, lo lugareño, lo de ]a costumbre consagrada.
Por otra parte Payno, en tres de sus libros, sólo usa la palabra "china", s,in
la añadidura de "poblana", y Somoano escribe:
Es la trigueña chinita,
la mujer más resalada
que en el suelo mexicano
naciera de sangre hispana.
FJ doctor Molina Pasquel duda de que varias conocidas expresiones injuriosas se refieran a los poblanos en tanto que angelopolitanos; más bien se
relacionan con el sentido originario de poblano, o sea pueblerino, tosco, burdo, grosero: exactamente como el vecino de la aldea o villa se porta como
un villano, en contraposición con el habitante de la ciudad, de Ja urbe, bien
educado, cortés, esto es: urbano.
Si los habitantes de la Puebla de los Angeles no se llamaran poblanos, sino
poblenses, como los de Puebla de Don Fradique, o poblanchinos, como los
de Puebla de la Calzada, no se habría presentado la confusión con poblano,
aplicado a la china y al mole, ambos pueblerinos y no angelopolitanos. Desde
luego, la convergencia de P.Oblano, aldeano, con poblano, gentilicio de Puebla, lleva a la anfibología, que se aprovecha con fin agresivo, y para la cual
se buscan incluso justificaciones históricas.
Lo que es cierto y positivo es que el traje de china poblana ha sobrevivido
y que forma, con el del charro, la popular pareja que se ha depurado, estilizado y dignificado, hasta volverse el traje nacional de México.
·

506

507

�LA COLONIZACIÓN ESTANCIERA
EN NUEVA ESPA.&amp;A
JEsús RooRÍouEz FRAUSTo
Universidad de Guanajuato

Proemio
1949 no habíamos advertido la presencia de este
singular sistema de colonización, que coadyuvó a la conformación territorial
del llamado Reino de Nueva España. Todavía un año antes, cuando inic"iábamos la carrera de maestro en historia de México, en la Escuela de Filosofía
y Letras de la UNAM, no tuvimos inconveniente en 1·edactar una tesis escolar, sugerida de antemano por el maestro, sobre la Evangelización en Guanajuato, sustentado en las normas establecidas por los medios de colonización
hasta entonces conocidos. Mas, a1 tratar de confirmar el contenido de un articulo histórico publicado en El Sol de León, diario de la ciudad de León,
del estado de Guanajuato, México, el 20 de enero de dicho año de 1949 y
suscrito por Eduardo Salceda López, hoy licenciado en Derecho y gran amigo nuestro, descubrimos con no poco desencanto que de aquella tesis escolar
sólo tres cuartillas, el prólogo y las conclusiones, tenían aJgún interés. El resto, en cuanto fueron avanzando nuestras investigaciones, se fue desmoronando
poco a poco.
Del sustancioso contenido de aquel artículo de Salceda L6pez, lo que más
Hamó nuestra atención fue la mención que hace de los colorrizadores de lo
que más tarde sería la alcaldía mayor de León. "Los primeros españoles que
emprendieron la conquista y colonización de la parte geográfica que riega el
río Turbio hasta sus fuentes en el Valle de Señora o de Huastatillos, pequeña
porción territorial de la vasta y desconocida Provincia de los Chichimecas
-afirma de inmediato Salceda López- fueron en el orden de su interven,.
ción, el encomendero Villaseñor: el conquistador compañero de Cortés~ don
Juan Jaramillo y el cabaUero Juan de Jaso.
HASTA LA PRI.MAVERA DE

509

�, d
de los imprescindiJuan de Villaseñor personalmente y va li en ose
.'
'Don . .
.
d Ibarra desde el año de 1527. . . explo10 la
bles sel'VlClOS de don Diego. e
b.', la sierra de Comanja. Fueron los
del Turbio y tam xen
.
d
expresa a cuen_ca ..
los indios taraScos, los que prunero
hombres de Villasenor, auxiliados por
hasta ahora se había afirpisaron el suelo del Valle de ~e~ora, y nJo co~;o esposo de La Malinche,
.
1 .
P dro Alméndez de Chirinos. . . aranu '
mado e
. . ,
d
. d pero en la primera rwtad de s1también expedicrono en fech~=nocx a,el 25 de octubre de 1550, el virrey
glo XVI, por el país de los _e.
ecas,
do.le oficialmente la propiedad de
• b us servtcios reconocten
Mendma preD11a a s ,
'. dad
habérselos ganado en guerra a los
once sitios que ya tema en
i:iguido lo fue el andariego Juan de
indios nómadas. . . Otro co omza or
dos con los nombramientos de Co. •0 le fueron remunera
Jaso ... sus servici s
1 . . 1 Yuriria y Comanja y con abundanrregidor y Akalde ma'!or de Xot ~:°de Señora -suya fue la estancia de
tísitnas mercedes de uerra ,en :a f:ndar León- siendo de esta manera como
este nombre que se despoblo pa
., Vill Jaramillo y Jaso -insiste
. . , dcl BaJIO
asenor,
coadyuvó a la coloI11Z~1on
."
ue conquistaron el territorio leonés
Salceda- son las tres figuras guerre1as q
. dios guachlchiles . • •
.
d los IIl
e
· d ad de bastís1ma comard C tilla obtuvo 1a prop1e
"Den Pedro Lorenzo e as_
bleció el ueblo de San Franca, desde el valle donde pos_tenormdenFte, se es~olaños po~ medio de mercedes
.
dcl Ri 'n hasta la hacienda e nas Y
•
CISCO
co
.
bº, por compras que hizo. . . suf
los vtrreyes y tam ien
otorgadas a su avor. por S ti o La Concepción, La Sauceda, Frías, Boyas fueron las estancias de . an, ag '
ll trabajaron gran número de valaños y la Estanzuela del Rincon, y en e as"
- 1 · dios negros y mulatos ...
queros espano es, m
'
.
, af
"ba transcritos caímos
Empeñados en verificar el conterudo de lo~ pai:r os _am., histórica' que se
.
da
sosteru:da mvestJ.gac1on
. y
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- de 1949 y que habría de
Poco a poco en una apasiona
¡
prunavera
e ese ano
,
dich0
inició como hemos
,
al cabo de los cuales
'
ºbl
or espacio de vanos anos,
prolongarse insensi emente p
.
todavía ahora no hemos
t . 1 que recog1.IDos, tanto que
copioso fue el ma ena
"dad s·
bargo sí lo hemos aprovechado
u totali . . m ero
,
.
1 1
podido contro ar o en 5
ta ·ón de artículos y estudios
P:""ci~lmente desde el ~o de~:~~=~::: p:o a poco se han v~nido
históricos, cuyas conclusiones
J • tifi" d
a:un ampliándolas cooclus1ones
'
pedecciouando, ya ratificando ' rec can Y · hi ~ ·
sumen al final del presente estudio stonco.
que ahora se re
. d haberse mercedado por
Con el pretexto de celebrar el ~uar~ cen:n~::o :1 20 de marw de 1551,
el Virrey don Luis de VelascoSa - on u~ eque ~ás tarde se despobló para
.
llamaría de enora, IDJSma
la estancia que se
tudio t..:stórico que titulamos pre.
d L , redactamos un es
m
fundar la villa e eon,
l dian·o El ~ol de
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cfunos a la estampa en e
cisamente IV Centenario y que
'

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r~pl~

ª

.

.

°

-

Le6n, dividido en varias partes a las que dimos diferentes subtítulos. La primera de estas partes se publicó el 17 de noviembre del mencionado año de
1951, con el subtítulo de: "¿Dónde se fundó León?"; pero de todas esas
partes, ocho en total, la sexta y sé,Etima subtituladas "Avances Coloniales" y
"La Estancia de Señora", respectivamente y publicadas el 13 de diciembre
de 1951 y lo. de enero de 1952, son las que recogen ]as primicias de nuestras observaciones sobre la colonización estanciera en Nueva España.
Como el tema era específico o sea el recordar las circunstancias en que
había sido creada la población estanciera conocida geográfic.amente por de
Señora, cuatro centurias antes, hecho un tanto singular, pues nunca antes
se había realizado celebración semejante, no pudimos e:&lt;..1:endemos todo Jo
que hubiéramos deseado, teniendo que esperar algunos meses, los necesarios
para dar un paso más en las observaciones que sólo habíamos dejado apuntadas en el trabajo anterior. El lo. de julio del mismo año de 1952 publicamos en El Sol de León también, un artículo que intitulamos "Las estancias
chichimecas". Su extensión fue la suficiente para señalar un número mayor
de poblaciones guanajuatenses que habían tenido por antecedente histórico
a una estancia de ganado mayor o menor, así como la de hacer notoria la
gran diferencia que existió entre la estancia que surgió en el Valle de México y la que se estableció al norte del río Grande o Lerma o sea en los dominios chichimecas.
Para entonces ya habíamos recibido el aval del ilustre antropólogo e investigador leonés Wigberto Jiménez Moreno, quien, al visitarlo el J2 de junio de 1952 en su gabinete de trabajo en el lastituto Nacional de Antropología e Historia y conocer a grandes rasgos nuestras observaciones sobre el
desconocido sistema de coloni7..ación, nos instó a que profundizáramos Jo más
que fuera posible y publicásemos cuanta novedad fuésemos descubriendo sobre
el tema. Semanas más tarde de esta entrevista, de la cual conservamos como
recuerdo, un ejemplar de su estudio intitulado La colonizaci6n y evangelizaci6n de Guanajuato en el siglo XVI que tuvo la gentileza de dedicamos,
dimos a la estampa el mencionado artículo "Las estancias chichimecas", precisamente con motivo de unas conferencias que tuvieron lugar en la ciudad
de León, organizadas por la corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana. Fue entonces cuando el doctor Jiménez Moreno, uno de los conferenciantes, conoció en letras de molde lo que días antes le habían expuesto verbalmente, constituyéndose desde entonces en un entusiasta y constante propagandista de la colonización estanciera en Nueva España. Un conato de
divulgación nacional se produjo en el verano de 1953, cuando en , el diario
de la capital de la República Excélsior en su sección dominical "Diorama de
la cultura" se publicaron sólo dos artículos sobre el particular con el título

511
510
\

�"Colonización estanciera de Guanajuato", gracias a la colaboración del profesor Antonio Pompa y Pompa; pero, repetimos, aquello fue sólo un conato.
Hasta entonces todas nuestras actividades habían tenido por escenario a
la ciudad de México. Llegados a ella en 1933, allí realizamos parte de nuestra instrucción primaria, la secundaria, la preparatoria y la profesional, y
sobre todo, allí despertóse nuestra vocación con inclinación hacia la investigación en historia, iniciándonos en esta apasionante y bellísima actividad
en 1943, o sea que estamos ce.lebrando en el presente año nue.stras bodas de
plata como historiógrafos. Asi que todos nuestros estudios históricos se originaban en la capital de la República, pero se publicaban en la ciudad de
León, nuestra tierra natal, del mismo modo en que el presente estudio sobre
la colonización estanciera en Nueva España, se ha originado aquí en León al
calor de unas vacaciones, y sale a la luz en la progresista ciudad de Monterrey, gracias a la gentileza de los realizadores de Humanitas.
Interesados profunda y exclusivamente en e1 pa ado poco menos que desconocido de Guana juato, nuestra entidad prócer, fue para nosotros un singular privilegio el que se nos llamara para organizar y dirigir el Archivo Histórico de la ciudad capital de nuestro Estado. Radicados allí el 3Q de abril
de 1954 y en un ambiente ciento por ciento propicio a nuestras inquietudes,
continuamos investigando sobre la colonización estanciera en Nueva España, logrando a poco recoger nuevas e insospechadas noticias, que vinieron a
sustentar la ponencia intitulada Lo mexicano en la Constitución de Apatzingán y que presentamos en el Symposium Nacional de Historia sobre la
Constitución de Apatzingán convocado por la Sociedad Mexicana de Geografia y Estadística y que tuvo lugar en la ciudad de México entre los días 13
y 16 de octubre de 1964. La ponencia no obstante haberse salido del temario,
se le premió con diploma y medalla de oro.
Tal es a grandes rasgos la forma como se originó, desarrolló y ha llegado
al umbral de su culminación el lema que ahora eJC2onemos a la consideración
de eruditos y estudiosos, a través de estas páginas de Humanitas, de Monterrey, Nuevo León.
La Profecía

Humeantes aún y chorreando sangre nativa e hispana en macabra conjunción se encontraban las ruinas de la antigua TenochtitJán, cuando los tentáculos insaciables de la conquista europea comenza1on a extenderse por todos
los ámbitos de la tierra por conquistar. Un lustro sólo había sido suficiente
para que los antiguos reinos de los meshica, de los purépecha, de los m.ixtecozapotecas, de los mayas, de los totonacas, etc., cayeran al golpe espectacular

512

del• invasor,
que impulsado por su sed de pode no
, Y nqueza,
.
, eJ te.
recorna
rntono en todas direcciones, ho1lando con sus plantas 1 s 1
,
tado D t d
'l 1
.
o ugares mas apars. e ~ o, so o e centro y el norte permanecían inexplorados.
~o fue smo hasta ·el año de 1526 cuando, después de atl'avesar el inm
oce~o, el nombre de los chichimecas, habitantes de las regiones í11timamen:
menc10nad:5, res~nó por primera vez en el recinto mismo de la o
Corte espanola, siendo el propio capitán extremeño don Remando pC l'
el que los presentó ante su sacra católica majestad al .
.
or es
descorría el cortin .
b ,
.
'
mismo bempo que
aJe que cu na el clilatado y maravilloso escenario dond
se gesta y se desarrolla nuestra hístoria.
e
Precisamente es, en )a carta e1wn
· ta de sus ce1ebérnmas
, .
Cartas de Relación
en la que . despues de
hablar
largamente
de
la
extensión
y magru·r·1cenc1a
. d,e
,
, -

ul::~

su~ conq~s~, Cor~ revel~ al monarca Carlos V que "entre la costa norte
y
provincia de Michoacan hay cierta gente y poblacilm que llaman chichimecas,
. . son gente muy bárbara --dice- y no d e tanta razón como estas
Provtncws ... "

.ª

En segw
. "da, con ese aire de alta suficiencia, peculiar en él a la vez q e
una b e d . d . f
.
'
u con
u na OSlli e ma cli~lomacia, anuncia al rey que para que "no haya
cos~ superfl~~ en toda la tierra, ni que deje de servir ni reconocer a vuestra
ma¡estad.
. . ,« promueve ya la conquista de estas tegiones,
. .
.
.
.,
para continuar
d1c1endole que entre estas gentes he sabido que hay cierta parte muy poblada
de muchos y muy grandes pueblos y que la gente de ellos vive l
d
los d
,
l
a a manera e
e aca,_ aun a gunos de estos pueblos se han visto por españoles. Tengo
por ,_nuy cierto --concluye con grave acento profético-- que poblarán aquella tierra porque hay grandes nuevas de riqueza de plata".
Aunque ignoraba lo que en realidad era esta gente, el victorioso conquistador no estaba del todo mal informado. Cortés al comunicarse con el emperador
.. , conocía de. los. chichimecas lo suficiente tamb·'
1en como para laD.Zal',
con v1S1on extraordmana, su profética expresión.
¿_Que cuánto tiempo fue necesario para que lo dicho por el soldado cxtremcno se cu~pliera? Mucho, mucho más de Jo que se supuso en un principio.
Po~emos afmnru: que la colonjzación de los dominios chichimecas comenzó
ab mtentaJ·se,
segun. los datos histórícos que tenemos a la vista, desd e Ios a1
d
_ores e la conqutSta de Nueva España y se prolongó por un lapso de varios
siglos. Para
encuentro entre chie¡11mecas
·
. nosotros el primer
.
y ew·opeos tuvo
Jugar hacra el mes de agosto o septiembre de 1520, en aquella ocas10n
·, en que
id d
so b a. os del entonces gobernador de Jamaica don F rancisco
·
d e G aray, descu neron y desembarcaron en la costa con intenciones de poblar, a la altura

513
H3]

�del río Pánuco. 1 La hostilidad de los indios y la rápida ínten:ención de Cortés frustraron los propósitos de aquellos invasores, siendo al fin el propio don
Remando, quien, al advertir el pcligro que corrían aquellas tierras lejanas,
establece en 1521 un pueblo de españoles que denominó San Esteban del
Puerto, el primero y e1 más al septentrión que fwtdó en la Nueva España.
Consumado lo anterior, las expediciones colonizadoras y conquistadoras se
sucedieron basta cercar a los chichimecas. En 1522 un tal Parrillas descubre la
hermosa y fértil provincia de Michoacán, que en seguida explora basta Colima el inquieto capitán don Cristóbal de Olid. A los finales de 1529 tuvo
lugar la famosa expedición del sanguinario Nuño de Guzmán que recorre y
conquista una porción del rico y amplisimo territorio que más tarde se denominaría Reino de Nueva Galicia. dejando como remate a su grandiosa obra
el pueblo de españoles de San Miguel de Culiacán ( 1531} .

Delirios de Conquista

Cuando don Remando con pasmoso optmusmo afumaba que el llamado
País de los Chichimecas no quedaría al margen de los vastos dominios de su
rey y señor, lo bacía con un perfecto conocimiento de causa. Como pocos él
sabía que habiendo plata estas tierras no permanecerían inexploradas. Lo
que sí, ta1 vez, no presintió fue que su colonización costaría "mós gente española en número que costó ganar toda esta Nueva España . .. ",2 que tal
empresa se prolongaría por espacio de varias décadas y que los medios para
lograr dicha colonización, serían bien distintos a los conocidos.
En efecto, si observamos a través de lo que nos refiere en sus cuatro estupendas Cartas de Relación, nos encontraremos con que Hernán Cortés
promovió la conquista y colonización entre los totonacos, meshicas, purépechas,
mixteco-zapotecas, mayas, etc., utilizando idénticos procedimientos. Las formas más usuales, las que más prndigó, fueron las siguientes: Cuando él estaba interesado en la conquista de una determinada región, aderezaba su
armada, escogía entte sus capitanes al de mayor confianza para que con antelación recorriera la ruta por seguir, era "el adelantado". De$pués, perfectamente informado de las tierras recorridas, emprendía la marcha espec;ta.cular con sus huestes preparadas regularmente para la guerra. Venía en seguida 1a aparatosa toma de posesión y siempre en nombre de su majestad .. ~or
otra parte, si Cortés no era el que actuaba directamente, armaba expedic101. HER.NÁ.N CORTÉS, Cartas de Relación áe la Conquista de México, Espasa Calpe,
Argentina, S. A., Buenos Aires. México, 1945, p. 376.

1

nes que ponía bajo las órdenes de uno a varios capitanes a los que invariab_l:mente encargaba avanzaran lo más que fuere posible y trajeran una relacion amplia y eicplícita de todo lo que se mostrara a sus ojos O conocieran a
través de veraces informaciones.
En cuanto a la colonización, muchas veces se efectuaba sobre la marcha
en ~ugare~ que se consideraban propicios, regularmente en los pueblos que
hab1an ca1do y~ por ]a f~e17.a de las armas o por propia voluntad. En algunos casos los DlISlllos caciques o reyes indígenas se llegaban hasta el conquistador pa:ra entregar las tierras dominadas por ellos. En este último caso sólo
se levantaban brigadas colonizadoras que se dirigían al Jugar O Jugares señalados. Por lo antes expuesto, no es de extrañarnos que Cortés y con él todos
los que lo e~~a~on, desarroUaran sus actividades conquistadoras y colonizadoras con 1dent1co mecanismo.
As~ cuando el conquistador de México tuvo noticias sobre )os chichimecas
procedió de igual manera al enviar a "sesenta de caballo y doscientps peones,
c~n ~uchos de los natural.es. . . amigos, a saber el secreto de aquella provmcza _~gentes .. .'~ ordenando que si encontraban en ellos "alguna aptitud
o habilidad para vi~i:, como éstos viven, vivir en conocimiento de nuestra fe
Y reconocer el servicio que a vuestra majestad deben, los apaciguar y traer
al ~go de ~uestra majestad y pueblen en ellos en la parte que mejor les pareciere; y sz no lo hallaren. . . y no quieren ser obedientes~ les hagan la guer~a Y los tomen como esclavos . .. "} esto es, lo mismo que había prescrito al
disponerse a dominar los dominios de Michoacán, Oaxaca, Vera.cruz, etc.,
con la única diferencia que si en éstas foe todo un éxito, en los chichimecas'
por el contrario, fracasó rotundamente, lo cual nos revela que el audaz conquistador no conocía todavía a estas gentes un lustro después de haber tomado
la gran Tenochtitlán.

Pero esta deficiencia no era propia de don Remando. Tres años más tarde
el entonces presidente de la Real Audiencia de la Nueva España uño d;
Guzmán, tratando de superar ]as hazañas del capitán extremeño, 'se dispuso
a emprender una fabulosa expedición. Para esto, según informó el mayordomo
de Cortés a su amo, en carta fechada el 30 de julio de 1529, envió a "un
Godoy que fue arriero de Renando Alonso Herrero, porq,ie llevó la.s nuevas a Nuño de Guzmá11 a Pánuco, como venía por presidente", para agregar
renglones abajo que Nuño de Guzmán "entiende ahora a mwy gran priesa en
aderezarse para ir a pacificar a los teoles chichimecas '.Y llevar por su teniente de capitán al veedor Pedro Almíndez Cherino y hace prcgo7lar que
• liERNÁN CORTÉS,

Cartas de Relación, p. 376.

Actas de Cabildo, Libro LX, p. 32.

515
514

�todas las personas que tienen i1ldios vayan c~n él so pen~, de suspemión de
que había de qúedar la ciudad sola .. .
ellos, por manera
. . d
uista y coJon:izaci6n
Castillitos en el aire en medio de aquel de~m e conq os autores prohiplanes fantásticos que sólo las me~tes calentu:1en~s ?e ~~ar que Nuño de
.
1 dre fray Antomo Tello, quien ego a
~ron, _co1~':o:q~:tó a Querétaro, Gua11ajuato, Pénj_m~o el ~randcd Apyos y
uzman_
de uerra
que le recibieron bien y e az y
Huastatillos, que era gente
g
.· · ·
algunas personas graves se
tomó posesión de ellos por su conqu~ta, _aunqdu_e . d que era de su enco..
t' l rmente Villasenor, icum o
lo contradi¡eron, par icu ª
.
,
bstante eso lo metió e11 su
. d a, por la provincia de M1choacan, y no o
,
nuen
.
t
JJ 5
co11quis a .. •

Una Triste Realidad
instrucción rubricada por el
. .
Cl. erto día se recibió de allende los mares una
, tulos mandaba que se recogieran noticias
rey de España, en uno de c~yos cap1
t tierra /)a Nueva España) está11

'' l ( as y provincws que en es a
\
sobre . as ierr
,
d .d
. t ídas al servicio de Dios y de su
e no estan re uci as m ra
·¡.
de guerra y qu
. .
y ,; sería provechoso que se paci ,.
d
, ti as y provmcias son
••
ma7esta y que err
d l
te ·. el señor licenciado Juan Salmed .
" Enterado e o an nor
.
casen y re u¡esen .
,
.d d l Real Audiencia de México, dio pnnrón, presidente a la sazo~ y o~ or_, e ªha.e. do comparecer a graves testigos
·d dosa 10vest1gac1on
ien
c1p10 a una cm a
'
· titubeos proportanto engolada a veces y otras con notorios
,
que con voz un
.
. .
clonaron aJgunas interesantes noticias.
.
d 1
don Juan de Sabcedo, vecmo e a
Entre los testigos nos encontramo~ c~n d
d laró '·que .. . puede

, .
. con conoclIIllento e causa, ec
ciudad de MeXIco, qUien
d
isitador que era visitando la
.
h
eses
andan o ..• como v
.
,
.
haber siete u oc ·º 111
•• •
á
.6 desde Xalisco a la dicha
, Nt'tño de Guzm n enui
d M.h
provincia e
ic oacan,
.. ,
A t . de Godoy para que con
.I
,
provmon a 11 omo
,
provincia de Mic ioaca11 u~a i b
, pañoles como indios, fuese a apallí pudiese ,ta er, as, es
,

toda la gente que a
.
d d' h provincia de Michoacán estan, que
. l
p eblos que cerca e ic a
1 lá
ciguar cier os u
l dº h Godoy fue al dicho zt n con
, C .
y otros
el cua ,e o
. l
dicen Iztlan, umao
...
l
l d. h Iztlán está a cinco o seis e- l
. dios de paz e cua &amp;e o
ciertos espano es e tn
,
..
f
l dicho Godoy por ver la
. d" d paz y este testigo ue con e
guas de los m ios e_ h
bl de Jztlán medio de guerra y medio de paz,
tierra y hallaron al dtc o pue o
• FRANClSCO DEL PASO

142 y 148.
• GARCÍA lcAZllALCETA,

Y

España' tomo I, PP·
T RoNcoso, Epistolario de N ueva

eoleccL'ófl

HistoTia de México, tomo
de Documentos pa'l'a 1a

II, p. 345 (Historia de la Nueva Galicia, L650).

516

porque álgunos de ellos se defendieron y l&lt;&gt;s demás se ausentaron a las

sierras ... "
Don Juan de Sabcedo al continuar en su relato nos informa que de ese
lugar se fueron a unos peñoles y pueblos "que está11 en unas lagwzas )' alrededor de ellas que son cuatro o cinco leguas adelante del pueblo de Jztlá11
y los hallaron de guerra '.)' los indios de él salieron de guerra con canoas . ..
y de alU fueron por otros pueblos comarcan os y los hallaron que 110 estaban
de paz y que 110 sirven a nadie y como viero11 a los españoles se de(endieron
algunos )' otros fueron a los montes y al presente no hubo remedio de poderlos conquistar ni apaciguar, porque hay muy grandes lagunas y en ellas peñoles y fuerzas donde se meten por razón de lo cual, se acordó de los dejar .

ªJ' que asimismo a la sazón tuvieron in/ ormación y noticia de muchas provincias '.)' pueblos que cslán por toda aquella tierra, en mucha cantidad que
no se ha visto 11i conquistado y que están de guerra y que no sirven a nadie
)' que toda la tierra que. este testígo vido es mu,, buena tierra ,, muchos ríos
y aguas J' fértil para labranzas y ganados'.}' muy poblada. En especial tuvieron
noticias de las dichas provi11cias de Cuinao, de otra provincia que se dice
Cuinato ,, otra Cuino y Acámbaro y del Valle de Milpa '.)' la província de
Acuicua )' de otra provincia que se dice T axi.maroa y otras muchas. . todas
las cuales . .. caen en medio de la tierra entre la costa norte y sur, desde el
camino que ha llevado el presidente Nuño de Guzmán hasta la tierra de
Pánuco~ la cual que así no se ha conquistado ni visto. . . La dicha tierra de
guerra comie11za diez y ocho o veinte leguas de esta ciudad . . . '
Lo anterior fue confirmado por el testigo AJvaro de Santisteban, al declarar que "puede haber treinta días poco m&lt;Ís o menos que ( el) y Godoy, Francisco de Perwya y Mateo de Vera fueron desde la ciudad de Michoacán a un
p1,eblo que se dice lztlá11 a la ti.erra de los chichimecas, el cual dicho pueblo
está quince o diez y seis leguas de la ciudad de Michoacán, y qu,e cuando
llegaron a dicho J&gt;Ueblo y a ciertos peño/es comarcanos en él no hallaron indio
11ingu110 porque parece, todos huyeron y ausentaron viendo a los cristianos . ..
La tierra que este testigo vid o y anduvo es muy fértil y buena para labranzas
y ganados y es muy proveída de mantenimientos . . . "
Muy importantes datos aporta también don Jerónimo López al afirmar
que desde la villa de Colima camino arriba a la banda del norte, está todo
de guerra "porque cinco o seis leguas del dicho camino a la mar del sur ha
pasado con temor, porque ha oído decir . .. se le han quejado españoles que
el dicho camino les han salido los indios de guerra a darles grita y flechar/os,
los cuales les han hecho huir y en el dicho camino españoles y se han sabido
que los dichos indios los han muerto y a este testigo le faltó un criado que
le. mataron en el dicho cami110. Y que este testigo entró por aq'l,lel/a tierra
517

�de guerra con gente, conquistando y pacificando mttchas provincias de la
parte de la costa de la mar del sur, cerca de ellas. . . hasta el pueblo que le
pusier-0n de Palmas ... Toda la otra tierra hasta la costa del mar del norte,
está de guerra. . . hay gran población y muy buenas y la tierra fértil. .. abu11dosa de maíz y algodón que son las cosas más principales de la tierra y la
tierra de muchas insignias de minas, y entre los indios se trata plata y oro . ..
los indios hacen raya con los de paz de la provincia de Michoacán .. ,''

Los testigos de oídas

Hasta estos momentos hemos presentado solamente el testimonio valioso de
personas que en alguna ocasión y en circunstancias diversas, estuvieron muy
cerca del país de los chichimecas. Ahora conoceremos lo que declararon dos
testigos más y que bien pueden representar al pueblo, a esa parte del pueblo que discute y comenta con entusiasmo todas las noticias que llegan a sus
oídos y hasta se atreve a opinar, sugiriendo solucíones a todos los problemas,
aun los más difíciles. Nuestros hombres no interviniernn en expedición alguna
contra los chichimecas, ni había visto sus dom.iJ1ios, pero eso no obsta para
que hablen con todo lujo de detalles y expongan sus puntos de vista sobre
los "indios que estaban de guerra".
Escucharemos pues a don Antón Caycedo, quien como los anteriores rindió
su declaración el 27 de febrero de 1531. Don Antón dijo sobre el particular
que "desde que se dice Macuilsuchil que comarca con Mestitán, que es treinta
leguas de esta ciudad ( de México) hacia Pánuco en adelante va liiscu,rricndo
la tierra por unos pueblos de ( don Juan) / aramillo y hasta dar con otros
pueblos de Villegas y de allí a Michoacán y hasta aquí que es veintisiete leguas poco más o menos de esta ciudad, está de paz. . . Y de allí en adelante,
por la tierra de los chichimecas. . . hasta dar con la provincia de Pánuco,
sabe este testigo que hay mucha cantidad de tierra y provincias que no están
reducidas ni traídas al servicio de su majestad y que la dicha tierra toda
está de guerra y lo sabe porque . .. ha visto parte de la dicha tierra ... los
dichos indios de guerra dan guerra a los que así están de paz. . . Muchos de
l-0s indios comarcanos que sirven (a su majestad) se pasan a las dichas tierras
de guerra por no servir y de los tres años a esta parte. . . han muerto en la
dicha tierra de guerra a legua y media de la tierra de paz siete españoles . ..
Es tierra fértil -termina Caycedo-- de grandes poblaciones y aparejado para
labranzas y crian.zas . .. "

Alonso Lucas en el nombre de otro de los testigos y al contestar las pre-

guntas concspondientes, puntualizó que usabe que la provincia y tierra de

toda , la .tierra que está entre d;,.zl
. .
..,,, a provincia
y la d p ,
demas tierra que está adelante de l d" J
. : • • d M'
e .anuco
a ic ia provinci
, y toda la
de ahora va Nuño de Guzmá
.
a e
tchoacan, por donn con.quistando hasta el p . d .1 ,
d e mar a mar y por toda aq ll e·
d
ara1e e1, no Palmas
, .
ue a ierra a e/ante hast
l
.
,
Espirit-u Santo y hasta la Florida ha estado .
a e para7e del no del
de ello está pacífico según las
....: .
siempre de guerra y que lo que
,
no~.cias que al p
t
dad, por donde ahora va
.
d
resen e se tienen en esta ciuconquistan o ,,, pa if'
d
.
Guzmán...
J
c ,can
el dicho Nuño de

°

"Al parecer de este te,rtigo y según lo qu t d d'
Núño de Guzmán conquistar t d l .
e o os, icen, no puede el dicho
.
o a a tierra que esta de g
la d icha provincia de Michoaca'n l
. .
uerraJ porque entre
. .
Y a provzncta de Pán
1
l
c/nchimecas a los cuales el d" h N _ d
uco aay mue zos teules
'
zc o uno e Guzm , p 1
no ha podido lleuar y esto s b
,
.
an or a parte que ha ido
_
ó'
a e es,e testigo porque z t ·
.
Nuno de Guzmán partió de esta ciudad
~ tempo que el dicho
capitán en la provincia de p '
l
,
Jo proveido de un teniente de
anuco e cual es fa t d
.
está, para que entrasen conquistando por l d. Jc or_ e su maJe-stad que allí
. h
a ic ia tierra de guerra
p
aque l Para¡e asta ¡·untarse con el d'te Iio N uno
- de Cuz ' l
... y . or
f actor 110 ha podido hacer po
d'
.
man, o cual el dicho
y termina Al
L
_rq~e- uque no ha tenido posibilidad de gente
,,
onso ucas ms1sbendo en que s , di
«
• · •
eón y tierra larga por aquella parte para od egun . cen, hay grande rinsu majestad serían muy servid
p er conquistar de lo cual Dios y
póblada, había dónde poblar espos, _Plorque, hallándose como dizque ha)' tierra
ano es y riace7 rep rt · ·
d
que fuesen remediados y q
. .
.
. ª zmumtos e pueblos para
.
ue asimismo, se dice tiene por
.
cilmente y sin riesgo de espa110
- l es ye1l d o con
muy
cierto muy fábl
.
a caballo y de pie se podría
' .
".°-:-º 11 e cantidad de gente de
,
conquistar y pacificar . .. ,,

de.,

ª

Así pensaban dominarlos

Como vemos, nada de lo que acontecía más 11'
escapado a la perspicaz observ . ,
a
del grado veinte había
de Guzmán y sus fallidas ~~~ popular. Todo lo que se decía sobre Nuño
e.... J:A-'-llc1ones sobre los chichim
captado con admirable fidelid d. Has 1
ecas todo lo había
conquista de esta tierra salva. a . .dta os planes para la colonización y
.
Je, comCJJ en con los propuestos hasta entonces
Ef
ectivamente• basta exammar
·
l as declarac1ones
.
·
de los testi
pasado ante nosotros, para tener una idea li
d l
gos que han
el particular Don Alvaro S tisteb
gera e o que se pensaba sobre
si seria prov~choso que se p:rt.casenan, pord ~jemplo, cuando se le preguntó
Y re uJesen las tierr
b
guerra' contestó que "Ant,on G odoy que estaba en Michas que
esta
an de
,
. b

ª

!-

esta Real Audiencia por provisión ara OT
• •
oacan, envza a a
testigo vido y le parece
que
h p . ello pacificar. y que lo que este
...
a ic a tze,rra se podría pacificar y traer al

¡'

los teules chichimecas que confinan con la provincia de Michoacán, que es

519
518

�. . d
ma1·estad fácilmente por estar cerca de esta tierra y que por
servicio e .su
,,
t el dicho Godoy se ofrecía hacerlo. • •
P
este res ec o,
.
, .
,
''será gran serRatificando la opi1úón antenor, Jerommo López JO que t
ntendida
. . de D.
conquistarlos y pacificarlos. . . porque es gen e e
victo
tos· · ·
l h ,
si un pueblo pro, de
omo este testigo vida que o acian, que
.
,
y vendnan ¿·paz c , de paz y que la dicha pacificaci6n y conquista serta
baba pelea, I iez uen;:ntierra an.sí para su majestad, como para remedio de
mU)' provee iosa en
, N
E p -a
porque se harán poblaciones,
h
t
e hay en esta ueva 's ª 11 • · •
mue a gen e qu
.
.
ll
,, Alonso de Avil a insiste en que
porque la tierra es muy buena
e o . . : lar , traer al tervicio de su ma"la tierra es muy grande, se podria co11qws
'
..
la dicha
.
el principio serían menester muchas costas, porq1u
1estad, y para
.,
d st ciudad ~• e11 esta ciudad mucha gente ,,
t'
de guerra esta cerca e e a
J
ierra.
.,
se lo susodicho, se evitaría de matar, como por
apare10 para ello, y ~a~umdo
nas lean muerto españoles los dichos
aquella tierra y provincw de paz comarca

ar

Pª;ª

· dios de guerra. • •"
in

.

muestra don Antonio Caycedo al deter-

En un tono francame~te belicoso se

. • de su ma¡·estad la dicha tierra,
"para reducirlos y traer a servicio
d
minar que
ar ser la tierra, como es, mucha y mtl'.}' pobla a
es meneste~ gente de guerra, ~ lo demás podría hacerse fácilmente por ser,
y que habiendo gente Y arm '
d l . d d
Asimismo sería provechoso
.
b
~, muy cerca e a ciu a . • .
como es, tierra uena J
¿· h .
de guerra los i11dios comarcanos
a de esta ic a tierra
,
hacer porque a c~us
, f
·a para cometer cualquier cosa contra
que sirven a espa1tolesbesta11 avo¡eci ::ado estos españoles en algunos de dilos españoles, y aún sa e que no wn . .
,
,, s
•os
pueblos
porqite
a
causa
de
lo
susodicho,
se
temia11
.
.
.
Cl
•
h" him
propuso una ae-

.

do Cortés planteó la reducción de los e ic
ecas.' .
. ~u~
. tó
us emisarios a que primero los invitaran a ace?tar
non nnxta, esto es, ms a s
. .
1
debían . mas, Sl no
la li 'ón católica y reconocer el servicio que a rey
, 1 . U
a
re gJ
. .
1
erra y los tomaran por ese a\OS. n
querían ser obedientes, l: lncte:; v:r gutal concepto continuaba en completa
lustro después, como ac~ ~mos b., 1' . se ;nelinaban por un plan paci.
.
. d • de ensur tam 1en os que
~
vigencia, sm eJar
.d
d 1 padre Fray Pedro de Gante,
1
.
l
taban acordes con as t cas e
fista y os que es
. .
"dad español entrase a ellos, p-or
.
,
• pidiera "sin extrema necest
qtuen sugena se un
, alborotarlos así porque les piden o toman
vía de estar en ellos, porque sena
•
,, 7
lo que tienen . ..

,

El enigma chichimeca

Dos ideas fundamentales sobre cómo controlar los dominios chichimecas
hemos conocido: Una que preconizaba la violencia, sostenida generahnente
por los militares o integrantes del gobierno virreinal, y la otra. difundida por
los religiosos que pugnaba por la ocupación pacüica. sin alardes y exenta de
todo acto que provocara a los indígenas. La primera se puso en práctica desde un principio y casi siempre dio resultados negativos, no así la segunda
que. aunque de efectos más lentos y menos aparatosos acabó por imponerse
en forma absoluta
Por otra parte, un impresionante e ininterrumpido festín de sangre fue en
realidad la vida inquieta de los nómadas chichimecas. Quienes han pretendido fijar la fecha o la época en que comenzaron a realizar sus incursiones
devastadoras, se engañan rotundamente. El modo de ser los chichimecas, en
nuestro concepto, llevaba ya algunas décadas en estas latitudes. El hecho de
atacar a los europeos desde los primeros momentos en cuanto los tuvieron
a su aJcance, no fue sino la continuaeión de lo que antes habían hecho con
los pueblos indígenas circunvecinos. Un simple cambio de color en la piel
de sus víctimas y nada más ...

En 1o único que sí encontramos diferencias y que es motivo de nuestro estudio, es en los resultados1 en las consecuencias que trajeron algunas de sus
correrías, principalmente cuando comenzaron a caer al golpe feroz de ]a macana y de la su flecha hombres venidos de allende los mares.
La primera sangría española que provocaron los chichimecas fue en los
soldados de don Francisco de Garay, en la fecha que en su o_portunidad hemos señalado y, lo más importante, fue entonces también cuando se suscitó
la primera controversia sobre el derecho de colonización en dominios bárbaros. 8
A partir de entonces, los asaltos se sucedieron con variantes de intensidad y
de resultados. De las entrevistas violentas o pacíficas que se produjeron entre
chichimecas y españoles, son tres para nosotros las que tuvieron mayor trascendencia histórica,
La primera fue cuando cautivos de los inclios "Alonso del Castillo Maldonado, natural de 'Salamanca, hijo del doctor Castillo )' de doña Aldonsa Maldonado . . . ; Andrés Dorantes, natural de Béjar . . . ; Alvar Núñez de Cabeza
de Vaca, hijo de Fra11ci.sco de Vera y nieto de Pedro de Vera, el que ganó
a Canarias, y su madre se llamaba Teresa Cabeza de Vaca, natural de Jerez
de la Frontera y . .. Estebanico, negro alárabe, natural de Azamor", náufra-

gos de aquella aparatosa armada del infortunado capitán Pánfilo de Narváez,
• FRANCISCO D&amp;L

P-"SO

y

T RoNcoso ' Epistolario de Nueva España,

tomo

II.

~ Cartas de

Relación, p. 42.

, Carlas de las Indias, tomo I, p. 101.

521
520

�recorrieron el norte, siocruiendo en parte la cuenca del río Bravo. Nimbado
por la traclici6n y la fantasía ha pasado a la historia ese viaje trascontinental
que iniciaron en un lugar cercano a la desembor.adura de! dicho río Bravo
hasta el pueblo de San Miguel de Culiacán, a donde llegaron en 1536, nueve
años después de sentir en carne viva el impar.to de una vida completamente
salvaje. De ellos se recogen las primeras noticias sobre los chichimecas y que
magníficamente registra el padre Motolinia en su Historia de los indios de
Nueva España, fechada en 1541, mismas que años más tarde amplió extraordinariamente don Gonzalo de las Casas, cuando escribi6 su estudio que conocido por La guerra de los Chichimecas. La segunda corresponde a la famosa
incursión que se realizó en contra de los alzados de Jalisco y que trajo como
consecuencia, entre otros hechos importantes, el principio de la colonización
de Jos dominios chichimecas y tercero, los frecuentes ataques que durante toda
la segunda mitad del siglo XVI se hicieron más frecuentes y sangrientos'. pe~o
que influyeron extraordinariamente para que surgieran a la luz de la lustona
pueblos, villas y ciudades de españoles que trasformadas, aún subsisten. .
Por muchos años la región de los chichimecas fueron para los conqwstadores un indecifrable enigma. Todavía en 1534, cuando por real cédula fechada en Toledo el 20 de febrero de dicho año, en virtud de la cual quedó
dividido el Reino de Nueva España en cuatro provincias y en cuatro obispados, al señalar los límites entre los obispados de México y Michoac,~ se
indica que "se vuelve a tomar la mojonera desde J.fichoacán, donde comien;ra
desde tierras de A.cámbaro, de esa otra parte del río hacia la parte del norte
y va a dar la dicha mojonera por tierra de los chichimecas, que no se saben
los nombres de ellos y ha de salir a la ra}'ª y términos de o:-:itipan ... " 9
"Estos chichimecas. . . digo los g11amares, guachichi/es antes ni al tiempo
del visorrey don Antonio de M e11doza, de buena memoria, hicieron la guerra
a la provincia de Jalisco, que fue por los años de 41 y 42 -dice d~n Gonzalo de )as Casas-- no eran co11ocidos ni su tierra tratada de espanolcs, m
poblada con estancias de ganados, porque solamente había algunas empezadas
a poblar en la Sabana de San Juan. ¿El cómo fueron cono~idos? de e~ta manera: De los esclavos que se hicieron en la guerra de Jalisco se tra¡eron a
Taxco y otras minas de Nueva España y de ellas se hu!eron algu~os . .. se metieron en los zacatecas. . donde como diestros en mmas, conocieron los metales y los mostraron y dieron a los españoles y este principio tuvieron aquellas
minas nombradas de los zacatecas . . . " &gt;º

• MANUEL

O&amp;ozco

y BERRA,

México, 1881, p. 127.

'º

522

GoNZALO DE LAS CASAS,

Apuntes para la Historia de la Geografía en México,

La Guerra di! los Chichimecas, p. 41.

Al conjuro del oro
i a~timos que toda obra que se emprende debe necesariamente qu6
pe~u- un fin ~eterminado, según el concepto que se tenga de la vida, en
r~lidad la colomzación del corazón de los chichimecas parecía no tener
º~!eto alguno, ya que, de acuerdo con las ideas de los conquistadores, la region no aportaba ~neficio notorio y sí, en cambio, bastantes perjuicios, porque la muerte casi segura de los que por aquí se aventuraran, hubiera sido
del todo inútil. La necesidad, entonces sí se puede decir que imperiosa de
explorar la zona de los chichimecas, se \/UlO a sentir cuando surgieron a la
l~ -~e la historia los minerales de Guanajuato, Zacatecas, Comanja, etc., convJitiendola en algo tremendamente atractiva.
Bien sabido es que de no haber sido por el oro, quién sabe cuántos años
se h~biera retar?ado la exploración de lo que hoy es nuestra República
Mexicana. Aménca misma no hubiera sido asaJtada verdaderamente por tan~os ~ventureros, como sucedió, de no haber sido por el áUJ"eo metal que tanto
mqwetaba a los hombres de la época. Cierto que la humanidad siempre ha
d~lirado en la riqu~, pero el medio para obtenerla no ha sido siempre el
~mo. Hoy, por eJemplo, la mayoría sueña con ascender a un puesto público, a tal punto privilegiado que le permita amasar millares de pesos con
la mayor impunidad y ho1ganw posibles. Inglaterra en el siglo pasado impuso la moda de las industrias, teniéndose a éstas como un medio infalible
para enriquecerse; pero antes, durante los siglos A'VI, XVII }' XVTII no
había más alJá de una mina en bonanza a cuyo conjuro se podía alranzar riqueza, poder y títulos nobiliarios.
Dado este peculiar concepto de la existencia, no es de extrañarnos que
apenas descubiertas las fabulosas minas del centro y norte, un mundo de gente
se despla1.ara hacia estas regiones con intenciones de poblar y de ese modo
disfrutar de los incalculables beneficios que proporcionaba W1 venero de metales preciosos y que el camino que bosquejara de de 1542 el más tarde beato
Fray ebastián de Aparicio, entre México y Zacatecas, se viera constantem nte
hollado por las plantas de audaces aventurero que in mf'dir los peligros,
se lanzaban en busca de la fortuna o ... de la muerte.
"Tratándose el camino de esta ciudad de .México y de la de Michoacrfo
y Guadolajara a las dichos mi11os -dice De las Casas-,.-.. fue 1lecesori.o pasar
por las tierras chichimecos, y a los principios se mostraron conversables con
los españoles . .. y los españoles viendo la tierra desembarazada y apta para
estancias, porque ellos no siembran ni cultivan. LA EMPEZARON A POBLAR DE
ESTAJllCfAS DE GANADO POR LA
11

DIVERSAS .PARXES Y A.SI TRATANOOSE LA TIERRA.

Op. cit.

523

�SE :EXTENDIA LA POBLACION DE LOS

cmcHIMF.CAS
'

y darles doctrina
con todo
.
[

calor~ porque los padres de la orden de Señor S~.n Francisco, _tomaron 4
mano de ellos e hicieron monasterio en ellos en la villa de. San Miguel, donde
·untó mucha gente de estos chichimecas guamares y con ellos po~laron
se J
•,
bl, p.,. - mo de lor pmneros
otros indios otomíes y tarascos y tambien se po o en 1a
.
guam.ares . .. ,,
.
· b
J'
"Hasta entonées --dice por su parte nuestro ilustre paisano vV1f§ er~o iménez Moreno-- había sido costumbre otorgar merce~es par() estancias de
anado en la región de Zumpango -al norte de la capital-_, en el Valle de
}oluca Pero vencida la resistencia de los cazcanes y de sus alt~dos,_{ue posto~e
la colo~ización del oriente de Guanajuato, lo que sólo adqwere importancia
desde 1542 cuando se dan las primeras mercedes en la comarca de dApo.seo
,
.., de los colonos y hasta
se . a una
y Chamacuero
atrae entonces la atencion
.
d

Provisión a Juan Jaramillo en 1542 para que vaya a descubrir las ti.erras e

, dd
''' .12
que algunos indios le habwn
a o razon
.
don Gonzalo
p ebas fehacientes de 1o que nos d icen
. de las Casas
. Y el
mae:ro y doctor Wigberto Jiménez Moreno se encuentran en el :11-chivo Gel de 1a Nación ;n Ramo de Mercedes. Allí se registra~ las pnmeras ;er::~: en las tierra: colindantes con los chichimecas, por cierto no muy a
.
dantes
lo que nos revela la extraordinar··ia cautela con que se [ue preparan
.
if' o,
.
ómadas
y
que
se
m
tens
1co
1
d
la colonización de Jos dominios e os ameos n

t:-

al conjuro de los metales pre&lt;:iosos.
Avanzadas de colonizaci6n
Ya consignamos de acuerdo con De las Casas y Jiménez Moreno: q~e no
.
l
d ' , de la sangrienta guerxa dirigida contra los UJdígenas
fue smo iasta espues
edir con cierta profusión mercedes
de Jalisco cuando se comenzaron a exp
,
• para ganado mayor
o menor,
en los chich.imecas
para sitios d e estancias
.
·.
d para
1
¡
cual
dio
lugar
-a
edif
an0
t
b Ilerías de tierra sitios para ventas, etc., e c.,
ca a.
b ' .,
a un tipo de colonización completamente
eternos nuestra O servacionde acuerdo con
rente a la empleada por Cortés y los que lo emularon, y muy

las tendencias pacifistas de los 1·eligiosos.
. ,
Lar ión de los chichimecas, a diferencia de otras ocupadas por mdíge~,
eg
colonizarse propiamente con la llegada de los europeos. Aqm n_o
:::n;~::1: de naturales con una cultura suficiente como paca reconstrwr
u W
Jtld.ÉNEZ MoaENO, La Colonizaci6n y Evangelización de GtJ~1:aju.atlo944en
IGBERTO
A
.
,, A~ III No 1 Mexico,
,
el siglo XVI. Sobretiro de "Cuadernos mencanos ' n 0
,
. .
pp. 15 y 16.

524

algo de su pasado. En los chichimecas y demás regiones del norte, la vida
propicia a ser historiada se inicia con el establecimiento de un real de minas,
una estancia de ganado mayor o menor, un sitio para venta, un presidio, una
misión o cuando mucho con un pueblo de indios 'importados', a los que se
daba el nombre de un santo, del dueño de la estancia o venta, o bien, de
alguna provincia de España. Estos rudimentarios núcleos de población aparecían en el territorio del Reino de Nueva España sin gran aspaviento, tímidamente, como aquello que se intenta sin determinar sus resultados.
No obstante su simplicidad; estos avances de coloni7.ación tenían sus caracterlsticas perfectamente definidas que señalan, en cierto modo, su importancia
y categoría. De todQS el real de minas era .indiscutiblemente el que gozaba
de mayores atenciones y preferencias por parte de todos los sectores sociales,
pues, como lo vimos en su oportunidad, para los hombres de la décima sexta
centuria no había más allá de una veta de metales preciosos a cuyo .influjo
se podía conseguir Lodo. . . Después vienen las estancias de ganado mayor
o menor que,. con las tierras que se medían en caballerías de tierra, constituían
una importante unidad agropecuaria, proveedores de granos, semillas y ganados de todos tipos. Las ventas, que desempeñaban un importantísimo papel
dentro de la organización caminera de la Nueva España, pues era.11 sitios de
descanso y de refrigerio para los trajinantes, instalados de acuerdo con un
breve, pero riguroso reglamento.
Los presidios que, lejos de tener relación con los lugares de reclusión para
criminales, eran entonces \Illa especie de campamentos militares, que se estableáan en sitios estratégicos para la defensa de los caminantes que iban
de la capital del virreinato a algún lugar del septentrión y las misiones, centros de población destinados normalmente a la evangelización, atendjdos por
uno o varios religiosos. Como es fácil suponer, Jas misiones fueron las que
menos atenciones recibieron de parte de 1a corona y las autoridades de ]a
colonia que todo lo calificaban de acuerdo con el oro que se podía obtener;
no obstante, estos centros de población en cierne~ fueron antecedentes históricos de lo que hoy son grandes y prósperas ciudades que se extienden al centro y norte de nuestra actual República Mexicana.
Dado e] tema de nuestro estudio histórico y para no divagar demasiado,
fijaremos nuestra ateneión desde ·estos momentos en las estancias, en esos sitios de estancia de ganado mayor o menor que tanto coadyuvaron a la colonización de la extensa región que se localiza más allá del río Grande o Lerma,
y que por esas rarezas de la vida, no ha merecido de parte de nuestros historiadores la más breve observación, estudio que ahora nosotros intentamos,
convencidos de que con él sentaremos las bases de futuros estudios sobre la

525

�colonización de nuestro Estado de Guanajuato y demás que se encuentran
al septentrión de nuestra nación.

U na merced no conocida
En el transcurso de los capítulos precedentes hemos estado mencionando con
cierta frecuencia a las estancias y hasta hemos señalado algunas de sus características. Dijimos que, como los reales de minas, los presidios y las misiones, las estancias habían sido avances de colonización en las provincias
septentrionales. Señalamos también entre sus particularidades el haber sido
centros agropecuarios, proveedores de elementos necesarios para la subsis-

tencia. Pero
¿ Qué origen tienen las estancias?
Desde que el hombre conoció el arte de domesticar a los animales, tuvo la
necesidad de paseer tierras eseecialmente destinadas a la cría de ganados, par
lo mismo, no debe extrañamos el que al planear la fundación de poblaciones,
tomara este hombre especial cuidado el proponer y señalar las tierras ganaderas necesarias.
En América, donde los naturales no habían tenido el cuidado de observar
a los animales susceptihles de ser domesticados, la colonización ganadera adquirió caracteres de obsesión a tal punto, que no hay plan para organizar un
pueblo que no contenga uno o varios incisos relativos a los sitios para ganados. El plan del cardenal Cisneros, el primero quizás que se elaboró
las
Indias, propone. según la síntesis que hace el ilustre jurisconsulto leonés, dori
Toribio Esquivel Obregón "que para poner en práctica lo ordenado, podían
tomar las tierras y el ganado necesarios para establecer pueblos con sus
tiuras y ganados ... El ganado debía estar al cuidado del cacique principal (y)
que cada pueblo de 300 habitantes había de tener, si era posible, 10 ó 12 yeguas, 50 vacas, 500 puercas y 100 puercos, mantenidos en común hasta que
los indios aprendieran a tenerlos en propiedad".1 3
"Como casi todo lo que a la cultura occidental se refiere, ----dice Esquivel
Obregón- la ganadería m ereció atención especial de Cortés, quien cuidó de
propagar los animales domésticos y familiarizar a los naturales con su crianza. Y hay un rasgo con este m otivo que reuela la visión del conquistador, su
propósito de crear la nacionalidad en M éxico, y de defenderla económicamente contra las otras provincias de las Indias. En su Cuarta Carta de Re-

para

EsQUIVEL OsREOÓN, Apúntes para la Historia del Derecho e11

ª

º,

1:

.?

1. Que si algún vecino o morador o otra
.
sitio señalado por el die/ o
.
cualesquiera persona tuviere
i
conse¡o para trancas de pu
dar alguno otro en media l
la
ercos, que no se pueda
egua a
redonda y q
· al
.
d entro de este término el P .
,
ue si gu110 puszere sitio
,
rimer poseedor no p d
l
d ,
dole la primera uez ante testigos
ue a ec iar e el y requiriénhaciéndolo, lo mande matar al di;;e saque su !'l1~ado ~el dicho sitio y tlO lo
22 Q
.. l .
o ganado mi incurrir e11 pena alguna
. ue si e dicho fuere para ganado vaci:no u
.
.
dado terreno de una legua y
d' l
ove¡uno este le sea guardicha pena. . .
que na ze e entre en el dicho terreno, sin la

23. Que si
• algún traedor de puercos quts'.tere mu d a, su tra d
Par te que ninguna p ersona pueda entr
..
ar eu el sitio
d:,•· na oh a otra
.
meses primeros siguientes
, .
.
. . . que e7a1e asta sets
. . . y ast mismo ninguna p
d
montear el dicho sitio
s p
d h
ersona pue a entrar a
•· · 0
ena e urto ...
24. Que ningún sitio de ganado de cualquier
. manera q e
poner media legua a la redond d
.
u sea, se pueda
a e ninguna labra
, d
de naturales I\J que ..; lo p .
l
nza., aSz e espanol como
, .,
~• s usiese y a gún daño
'b.
.
que el dueño de ello sea obligado a l p
reci u:re del dicho ganado,
o agar . . .
25. Que
, si
- algún quisie re liacer a zguna labra11za de11tro del sitio t' .
que esta senalado que ha de te.ner. los a.s1.entos
.
. .
y criadores.
de los y ermino
d
que lo pueden hacer sin que el señor del dicho an d
~ana ~s,
con tal que la tenga cercada no le pueda hace; d o se llla pueda z~pedirJ
ano a e a y que si se lo

ª_

lación, dice a Carlos V:
" Ltc. ToRIBlO

"A . .

simismo, muy católico señor, he sido inform
uan de las islas, que los jueces y oficiales d
ado de !ºs navíos que ahora
Española residen han prov,,,:d
d e vuestra ma7estnd que en la Isla
'
.,. o Y man ado prego
l
.
todas las otras que no saqu
.
nar en a dicha Isla y en
en yeguas ni otras cosas q p d
. .
por esta Nueva España so pen" d
ue ue an multiplicar
'
«
e muerte hanl h h
¡·
pre tengamos 11ecesidad de cou p l
,
o ec o a tn de que siem1 rar es su ganado y b 1.
venden por excesivos precios. y t l d b .
es ias y ellos nos los
deservicio qu.e a vuestra maJ~ t dw
e ieran hacer por estar notorios del
..
s
se iace excusar q
t
·
y pacifique, pues saben cuanta necesidad ha d
t
ue es a ~r_ra se pueble
Un ,
d
y e es.o que ellos defienden
,, H
.
ano mas tar e, en 15251 encontrándo
,
,
.. .
vidad en su trágicamente célebre exp di . ' se Heman Cortes en plena actie cion a las "H'b
" di
ordenanzas, las que r irían lo
.
I ueras '
eta algunas
tividad de Nuestra s=:ora y
:es;os..~e- las recién fundadas villas de Naras, y para "todas las demás
e ~Jl o, en el puerto y cabo de Honduordenanzas Cortés desp , dquel aquz_ en adelante se poblaren". En dichas
,
,
ues e os pnmer
·
. .
siguientes:
os veinte .mc15os, redacta así los

Mé-

" Op. cit.

~ico, tomo I, México, D. F., 1937.

526

527

�hiciere, no le pague pena ninguna por ello, ni pueda hacer ningún daño al
dioho ganado y que si lo hiciere, pague con las sentenas ...
26 Que todos los tenedores de cualquier género de ganado que sea tengan
.
. •
•en-al el cual ret1istre11 ante el escribano del cabildo y no lo puedan
Ju.erro
o"
, ·
º
•
l d' ¡ / ·
.
. d e d;cho
cabildo, y el que no tuviere e te io iwrro y
mudar sin l.icencza
•
•
,, 15
señal que pierda las reses que tuuiera . ..

Medidas para Tierras

Sabemos perfectamente que al surgir a la historia el _Reino de Nueva Es.
metido a una serie de leyes generales dictadas desde la mepana. se VIO so
.
.
uxili d de inmediato por
tr, poli leyes que como hemos visto, se vieron a
a as
.
u:a serie de ord~zas, con las que se procuró regular la vtda ~e ~ pue•
t e Y por cauces de mqu1etante
blo que se desarrollaba extraord.manamen
originalidad.
se dictaron en
Como fácil es suponer. muchas fueron las ordenanzas ~ue
E - Se puede asegurar sin caer en exageraciones que no hubo
ueva spana.
.
rf"&lt;Tida por solemnes ordenanzas. De eJlas
actividad humana que no se viera --~. . E
·a
1
dictadas
por
Cortés
que
extraña
a
don
Tonb10
hemos conoci o ya as
'
· d d ds,
.
en
las
actas
de
Cabildo
de
Ja
cm
a
e
q uivel Obregon no se mencionen
,
.
seguramente
no
advirtió
que
tales
ordenanzas
fueron
expeM
exico y es que
. .,
''flib
" · en
elidas ara las villas fundadas durante la exped1c1on a 1as
ueras , ~
se .d~ r-esentaremos algunas en su parte substancial, las cu~~ nos Jlus~ !bre Ja forma cómo se fueron sucediendo los aconteclllllentos que
traran s
.
do rnavor O menor
llevaron a la creación de los sitios de estancia para gana
' .
.
Entre los primeros acuerdos que los señores del Cabildo de la cmda! d~
México tomaron para mercedar tierras, lo tenemos en 1~ acta levanta e
. b d 1524 cuando al referirse a la medida de las huertas,
16 de septiem re e
,
midieren para las dichas
« dichos señores (acordaron) que los pasos q1ie se
l d. h
h uertas, sea ca da Paso de tres pies de hombre, por manera que os ic os
cien pasos han de ser trescientos pies• • •"
.
d
1537
ya
se
habían
concedido
algunas mercedes
Aunque para el ano e
~ b b' die
·u· d estancia para ganados e inclusive el rey de Espana a ia , para Sl os e
1527
1 veremos mas

d l
disposiciones sobre el particular en
, como o
:1:n:e~ algunos detalles que nos hacen deducir que p:ira entonces~:
meseselida
era usua1 conced er t Odavía. esa. clase de mercedes. En los. pnmeros
• ,
ese año de 37, por ejemplo, después de advertir que no eX1st1a una me
D. LucAs Al.AMÁN, Dise1taciones so b te la Historia de la República Mexicana,
tomo I, Apéndice II.
10

528

fija para otorgar tierras, el virrey don Antonio de Mendoza "manda hacer
una medida así para esta ciudad (de México) como para toda la Nuevo.
Espaiía porque toda la medida sea igual, manda. . . que se midan todas las
tierras que se hubieren de medir así en esta ciudad como fuera de ella l'
que esta ciudad lo tenga por patrón y que el número para suerte de tierra,
sea y se dé por cabezada 96 varas de la dicha medida por largo doblada,
que son 192 varas. . . por cabezada y doblada de por el largo que son 384
varas de la dicha medida. Y así al respecto, vidose y midiose la dicha medida de ella y tiene cada vara de medir, menos una ochava ... "

Días más tarde, el 9 de febrero del mismo año, los señores de1 Cabildo
acordaron que "los dichos solares que en el principio de del fundamento de esta
ciudad ( de México) se mandaron y dieron por medida de 60 pasos en cuadra, 1° según el tamaño y medida cada paso el primero de tres pies y los
demás de dos, que son en los dichos 60 pasos 141 pies de la cual medida y
como hay diferencia ... acordaron y mandaron que los solares que de aquí
en adelante se dieren ,, los que estuvieren por labrar y edificar que hubiere
de medir, se den y midan de tamaño de 150 pies de marca en cuadra . .. "

Como vemos, en estas ordenanzas sobre "medida de tierras", no se incluye
las destinadas a estancias y que estas mercedes todavía en 1540 seguían siendo
poco solicitadas. Los ganados, aún en contra de las ordenanzas, seguían haciendo destrozos en ejidos y huertas, destrozos a tal punto cuantiosos que los
señores del Cabildo, tuvieron que tomar medidas bastante drásticas, y sobre
la marcha, eJ 21 de marzo de ese año, suscribieron la siguiente ordenanza:
"Por cuanto en la ordenanza que en esta ciudad se tiene hecha de los ejidos
y de los ganados que en ellos han de andar, ordenaron y mandaron que
cualquier ganado que hiciese daños en heredad de ot,ro. . . o en huertas que
estén fuera del ejido, paguen de pena, además del daiio, por cada cabeza
de ga11ado menor que es ovejuno, cabras y puercos, un cuartillo de plata por
cada cabeza hasta SO cabezas, si el daño se hiciese de día, y si ... fuere o se
hiciere de noche, sea la pena doblada. Y si fueren de 50 cabezas arriba, tenga
de pena tres pesos de oro lo que corre y siendo de noche seis p esos. . . y por
cada cabeza de ganado mayor, así como yeguas, vacas, novillos y mulas y
machos de arrias y otras cualesquiera bestias, tenga y pague de pena por cada
cabeza que hicieren daño, siendo de día dos reales y de noche por cada cabeza, cuatro realés . .. "

Advirtiendo también los señores del Cabildo que "sobre la guarda y umservación de los ejidos. . . no hay ejecución, estando los ganados en los dichos ejidos que solían estar a causa de 1zo haber persona que se encargue de
la guarda de (la ordenanza) ... mandaron . . . que los regidores .. . visiten

529

�los dichos ejidos . .. ",16 extremando de esta manera la \'igilancia para que
se cumplieran las ordenanzas arriba insertas y que en nuestro concepto coadyuvaron extraordinariamente a la propagación de los sitios de estancia para
toda clase de ganados más allá de la "raya" o "frontera de indios".

Se habla de Estancias

En realidad, antes de 1527, no encontramos por ninguna parte aplicado
este término. En los albores de este año, precisamente el 7 de enero, los señores del Cabildo de la ciudad de México hacen 1ncrced a Alonso Dávalos,
vecino de la misma ciudad, de un terreno con "lice11tia ¡,ara que pueda hacer
de él estancias para puercos y esclavos, en lo despoblado de Zacatula, co,i
tanto que 110 sea en perjuicio de españoles )' naturales de esta tierra y con
que no dañe la propiedad y señoría de ella . .. "
Un año y medio más tarde los mismos señores capitula.res con fecha 14
de agosto de 1528, hacen merced a Ruy González de "un sitio y asien to para
sus gmiados que está en el camino que va a Tncuba a las sierras· de Matalzingo, por donde se pasó el río que viene por bajo de la Ermita de Nuestra
Señora, que se llama dicho río Tepezalaque '.Y el dicho sitio se llama Techa-

choli". El mismo día también don Pedro Sánchez Farfán consigue que se le
coneeda una merced semejante a la anterior, consistente en "un asiento para
sus ovejas que es a media legua abajo del sitio que se hizo merced a Ru)1

~-~ más adelante, el 19 de diciembre de 1
"
,
peticwn para lo cual pide
pz·
. . 530, Juan de C111ares dio una
.
.
)1 su tea le l11czesen
d
d
la proumc1a de Michoacán d d .
merce
e uno estancia en
' on e tume sus ganad
l b
comarca de indios que t •
os '.1-' a ranza, cerca y en
b
ienen encomendados l
l 'd
ca allerías a los dichos se1íores (del Cabil
, o ~u_a pt e le diesen por
estancia para que tenga en l'do) [e hicieron merced de dicha
e w sus ganados
d.
y haga lo que quisiere com
.
.' que izqtte se llama Rotuero
.
o cosa propia si p · · ·
tierras ni labranzas ni d
t
, n er7uicw de indios ni de sus
.
e o ro tercero . .. " 1s
En
estas merced es, absolutamente aislad
.todas
.
,
concesiones para solares 1
as en aquella vorao-ine de
Y iuertas, no se especifica J
·,
"'
don d e estaban los puercos y
1 , d
,
a extens1on de los sitios
ese a\ os e Da va los y J
d

González v Sánchez de F f'
d·
.
,
aran y e
rios. En 1o único que sí se. ob

·os gana os de Cásares
mo· pe
'
. , . ro creemos que fueron arbitra.
serva uniiorrrudad
l d
nenas, pues, aunque en la ..
es en e estino de dichas
pllmera merced se ha
.,
puercos, debemos recordar que p
,
ce me. nc1on de esclavos y
tuab
ara esta epoca escla
.
a exactamente igual.
vo Y amrnal se concep-

Sin duda
·
"Hib
,, que las. .orden anzas expedidas
por Cortés d
ueras sobre sitios para ganados tu .
.
urante su viaje a las
•
.
,
vieron
Vlªencia
1 .
del nrremato y sus alrededo
'
;::,
en a cmdad capital
res,
pues
en
tooo
1
q
h
.
a 1go d e su espíritu y ma's e
d
o ue emos ,,sto sentimos
'
uan o vemos q al f I
Actas del Avuntamiento co
d'
ue
ma del Libro U de las
.
,
rrespon tente a 1530
contraJ]los registrados ciento y p' d hi
y anos subsecuentes, en.
ico e erros que clisf
,
cnadores de ganados.
mgwan a otros tantt'&gt;s

Go11zález, junto a la acequia de agua que viene del moli110 de don Fernando Cortés''.

Para entonces los ganados que se guardaban en las estancias ya habían
comenzado a provocar dificultades entre los habitantes de Nueva España. Días antes a la concesión de las mercedes anteriores, el 3 de julio,
los señores del Cabildo dijeron que "por cuanto que por vista de ojos hallan

y parece que la estancia de ovejas y sitios donde ahora tiene Domingo Niño
su ganado es 11wy perjudicial y está dentro de la h-uerta y pue.blo de indios
de Tacuba)ia y les impide y les ocupa mucha tierra y muy buena gue no
puede labrar y sembrar y los diputados de la ciudad, no miraron bie11 lo
que seií.alaron1 por tanto que le mandaba y mandaron que 11Q tenga allí las
dichas ovejas y estancias y que lo busque en otra parte, so pena de cíen pesos
de oro, la mitad para la cámara de su majestad y la otra mitad para las
obras públicas, lo cual, )'O, dicho escribano, notifiqué al dicho Domingo
Niño ... "

17

" Actas de Cabildo de la Ciudad de México. Libro IV, pp. 71, 73 y 199.
11

530

Algo que re.partir

Al verse seriamente amenazados l
.
des virreinales y propensos a
fuos pnme~~s estancieros por las autorida.
una erte sanc10n en caso d
cometieran destrozos en algun' e11··a o lmerta o he ed d
e.
1 que sus ganados
menzaron a soliri.tar con mas' . ' .
r a ' ta es pobladores ca.
wgencrn que nunca ti .
.
tmadas a la cría de sus cabezas d
d
e1 ras especialmente des.
e gana os al mis
t'
las tJerras disponibles.
,
mo iempo que escaseaban

Un día don Gonzalo Mejía vecino
. •
nuxtitán", en nombre de ]a J'.,..; .
y re_gidor de la "gran ciudad de Tcu.,ucia y regidores de l
.
h'
ante su majestad el rey de España
«d d
a rrusma. IZO relación
el pueblo de Cu)'Oacán lzay t e l que
es e el pueblo de T enayuca hasta
r s eguas en. las
l
,
y hay distosición para ser repartidas y .dadas
es esta~ rmuhas tie~raJ
de esta ciudad, conquistadores de
t N
p
c~ba!lenas a los vecinos

::ª

es a

uet.to Esparta y se les podía ansí

,. Op, cit. Libro II, tomo I, p. 78.

Op. cit. Libro II, tomo I, l&gt;P· 116, 181 y 178.

531

�mesmo encomendar los naturales de las dichas tres leguas, viven para que
los dichos vecinos pudiesen tener labranzas y crianzas, la cual redundaría en
mucho servicio de vitestra majestad y bien y provecho de dichos vecinos y
conquistadores y de los naturales de la tierra que les estén encomendados . .. "
Termina fejía suplicando a S.M. les hiciese la merced de mandar repartir
las dichas tierras y los naturales que en ellas viviesen.
A tal petición el rey suscribió, en Valladolid el 23 de agosto de 1527, la
siguiente cédula real: "El Rey. Nuestro presidente y oidores de nuestra audiencia ,, cancillería real que hemos mandado proveer para la Nueva España, Gonzalo Mefia, vecino y regidor de la ciudad de Tenuxtitlán, México,
en nombre de los conquistadores y pobladores de Nueva España, m.e hizo
relación que desde T enayuca hasta Cuyoacán puede haber tres uguas. . . y
que se hiciese merced de él a dichos conquistadores donde tuviesen sus caballerías, harían en ellas sus esta11ci.as y heredades y redundaría en bien general
y provecho de la dicha tierra. Y me pidió por merced, hiciese merced de
dicho término, donde tuviesen sus caballerías, sementeras y otras granjerías,
como se hacen en las Islas Española, San Juan y Cuba, y que los indios que
en dicha comarca viviesen, se encomendasen e11 las dichas caballerías y las
personas que les cupiesen, paro que en cuenta de sus regimientos porque
dizque son en poca ca11tidad y con ellos harían sus haciendas y labranzas y
crianzas y ellos se estarían en sus casas y serian muy bien tratados y administrados en las cosas de Nuestra Santa Fe Cat6lica, y la tierra se poblarían de
cristianos y todo redundaría en servicio nuestro y provecho de ella . .. '' 19

Carlos V termina mandando que se baga una información sobre el particular, pero por causas que ignoramos, no fue síno hasta casi dos años después cuando tuvo lugar lo indicado por su majestad y entre los días 10 y 26
de julio de 1529, comparecieron varios testigos para ratificar -tenía que
ser así- lo referido por Gonzalo Mejía. Ya hemos expresado que originalmente no era frecuente Ja concesión de estancias; mas ante la presión de
los que en alguna forma habían servido a la corona, se vieron obligadas las
autoridades a expedir algunas mercedes con tales características.
No vamos a repetir los no,mbres de los que podríamos conceptuar como
los primeros estancieros que en Nueva España hubo. Más interesante es que
aumentemos la lista con aquellos que consiguieron una merced para sitios
de estancia y que son el índice que marca el grado de auge a que había
alcanzado la ganaderia en estos dominios. El 8 de junio de 1537, los señores
del Cabildo de la ciudad de México, "dieron lice11cia a FranGi.sco Santacruz,
'
regidor, para que tenga sus estancias que tiene e11 términos de Tepeapulco
lll

532

Epistolario de Nueva España, tomo I, pp. 123 a 135.

:,z SU.S: ga_nados en ellas. . . a Bernardino V ázquez de tma estancia que tiene
. l , para que tenga una es
t terminas
.
.de Tenayuca . .. a A11toni.o Carba¡a
a11cuz que tiene en términos de Zacatlán
al alcalde J , .
R .
La Mata (
)
. · ···
erommo uiz de
. para que tenga una estancuz en términos de Xilotepec CI .
a un cerrillo que. es mojón de los dich p bl
y
uapa,
en ella
a Ju
.
os ue os y para que tenga sus ganados
de Zac~;ldn a r~bner de :aldebi:so, para que tenga una estancia en términos
y f lm,
as e un no y que tenga sus ganados en ella . .. ,,
ma ente, en 1542 se hito merced a don Gonzalo de S 1
.,
llegado y nombrado factor « ,
.
.,
a azar, recten
términos de Tecito h'lp
' a su supbcaczon, de u11 sitio de estancia en
.
c t a, que es en el valle donde nace un o ·o d
que tzene ganado ovejuno ,, ad . f d
J
e agua,
,.; P . . . d
···
vrr ien
como a los demás con que "sean
y co n que guar d e las ordenanzas de esta
'
Ia,n er¡uicto e tercero
.
ciudad ue
1ablan sobre el asiento de estancias . .. ,, 20
q

°,

Ordenanzas sobre Estancias

y cabe preguntarnos ¿ qué ordenanzas son las que hablan
tos de estancias?
sobre los asienhe~~=st !:h~ordena~~ se pueden deducir perfectamente de lo que
gna
ta aqm; sm embargo, no se había advertido hasta
to~~ sobre lo perjudicial que resultaba el que entt·e estancia , ta . eneXIStiera una fa· a d ·
lib
Y es ncia no
tonio de Mend~za ;
ª~~:ria~e
los señdores virrey don An"p
XICO, acor aron en 1536 que
or cuanto los que tienen y toman estancias
.
'
cas )' yeguas y ovejas están y se ponen una a oi:t,::;s/:,:~i!an;:Tos;a::
de la cual se hacían da~os los unos a los otros y reciben perjui;ios de ue
muc~as personas _se que¡an. Para remediarlos ordenamos que los qu t' q
Y asientan estanetas par
d
, .
e tenen
d
a gana os en terminas y comarca de esta dicha ciuad, las pueden tomar, tener y asentar para vacas y yeguas, una de otra
30 pasos, los cuales lian de tener 5 pies de marca y n 0
té
.
d
t
· #•
,
e.s n m pue an
omar ni .ener nt poner estancia alguna, a menos cantidades n; te' . . d
l
d' I
• rminos e
0 que
ic to es, porque de esta manera cesará el dicho perjuicio
·
pena a./. que de otra manera tuuiese, toma.se estancia o asient/ qlue¡as, so
derribe
't
d l
a guno, se
. y qui e a costa e a persona o personas que fueren en cont d l
que dicho es".21.
ra e as

1!e7:1

m:r~v~,

De indiscutible trascendencia es la determinación que arriba tr
'b'
·
U 1
.
.
asen rmos,
graetas a e a as autoridades vrrreinaJes se encontraron en posibilidad

pues

"' Actas de Cabildo. Libro IV.
" Ordenanzas de tierra.s j' aguas, por

MAfuANO GALVÁN.

México, 1885, p. 154.

533

�de contar con una franja de tierra suficiente para trazar un camino, sin tener que solicitar la anuencia a los dueños, ni tener que recurrir a ]a expropiación, a la vez que impedía que se confundieran los linderos,. en perjuicio
de los respectivos dueños. Una interesante ordenanza más tenemos y se
refiere a los que trabajaban en las estancias. e expidió en enero de 1537
y en su contexto, dice así:
"Viviendo a saldada algunos españoles. . . con uecinos y criadores, los
dichos mozos )' por tener mandado, sin tener ganados señalados y toman
estancias para ganados, se aprietan e11 el pasto, como pMque los dichos mozos hacen lo que dicho es tan notorio el perjuicio practicado en ello . .. "
Ante tal proceder y «por bi,m de la República", los señores del Cabildo
acordaron y mandaron que "ninguna persona que estuviere o viuiere con
otro por sí, ni por sus mozos ni en olra manera alguna, durante el tiempo
del dicho servicio 11i un año después cumplido el primero siguiente, 110 J,ueda
señalar, tomar ni tener directa o indirectamente en manera alguna sitio de
estancia de ganados. Y si los se1ialare a tomare, no valga, o que cualquier
vecino o criador de esta ciudad se prefiera a ello J lo pueda tomar y se11alar
para sí, guardadas las ordenanzas que cerca de las dichas esta11cias y ganados que esta dicha ciudad tiene hechas o hiciese. Y que en lo que e.stá aqui
se ha señalado y tomado J,or los dichos mozos, se e11tienda lo mismo si no
estuvieren las tales estancias pobladas y con ganados en ellas de la persona o
persona.r que tuvieren y para que lo contenidí&gt; en esta ordenanza a la que antes
de esta se guarde y halla e/ ecto, pidieron y mplicaron (los vecinos criadores de ganado de la ciudad de México) al ilustrísimo señor don A:1tonio de
Mendoza. . . que apruebe }' confirme estas dichas ordenanzas }' confirmadas,
se pregonen y guarden. Pregóne.re en la plaza pública de esta ciudad en 22
de enero por voz de monterilla, pregonero en haz de gente . .. " 22
Repetimos que las demás ordenanzas se pueden deducir de lo que hemos
visto hasta -ahora y por lo que veremos más delante podremos advertir otras
más. En lo que sí tenemos que hacer hincapié es en la importancia que tienen las disposiciones sobre los sitios o asientos para ganados mayores y menores, importancia que aumenta considerablemente en cuanto las estancias
aparecen colonizando los dominios de los irreductibles chichimecas. Cabe
hacer notar que las ordenanzas de Nueva España, a diferencia de las leyes
venidas de allende los mares, tuvieron Ja maravillosa virtud de estar inspiradas en los problemas y las necesidades apremiantes de un pueblo que. se
encontraba en pleno desarrollo ...

,. Acta.s de Cabildo de• .. Libro IV, tomo I, p. 67.

534

Hacia los dominios de los bárbaros

Saturada ya la campiña novohispana en su comprensión del Valle de México, Michoacán, etc., y ante el apremio a veces .inconsecuente de los ambiciosos conquistadores que exigían la debida remuneración por los servicios
prestado al rey, principalmente después de la victoria alcanzada sobre tos
alz~dos de Jalisco, las autoridadt",s virreinales se vieron agobiadas por um
sene d: problemas que sólo pudieron resolver hasta que pu ieron sus ojos
en las tierras que se encontraban más acá del río Grande o sea más acá ele lo
que se conocía por "Frontera de indios".
Efectivamente, Ja casi promiscuidad en que vivían ganados y naturales del
pueblo de Cuautitlán, obligó a doña Leonor de AJvarado a trasladar sus
de~esas al valle de Chamacuero, previa merced que le hizo el virrey don Antoruo de Mendoza, el año de 1543, surgiendo así la estancia de San Francisco
Chamacuero, que dio lugar al pueblo del mismo nombre, hoy ciudad de
Comonfort, en el Estado de Guanajuato. En el Ramo de Mercedes dcl Archivo General de la Nación encontramos también varios testimonios ---entre los
muchos que se pueden tener como ratificación de nuestra observación sobre
la trascendencia de la colonización en Nueva España- relativos a estancias
q~e surgieron en tierras colindantes con los chichimecas. La merced, por
eJemplo, que ~e le ~to~ó a don Juan Sánchez Alaniz, personaj~ cuya vida
en~e legendana, e ~~t6nca se desarrolló entre los indios bárbaros, ocupando
vanos. P~~tos ?ubhcos y aca~an~o por vestir el hábito franciscano, para una
estancia en tierra de los clnchimecas en la Gobernación de Nueva Galicia
entre los pueblos de Nicachúa y los Chichimecas . .. "; la que se dio a AJons;
Dávila, para un sitio de estancia en "el lado que dicen Chichimecas ... en
l~ ,ladera de la cordillera que se dice lramoco, sobre el arroyo que sale de La
cumega .. . "
También en el mismo año de 1543 se inició la colonización estanciera en
el valle de P~~jamo, con una merced que en noviembre, se otorga a "Diego
de Orozco, lu¡o de Juan de Villaseñor, en Cuerámaro, linde a la parte una
estancia que dicen Tupá-taro y al poniente otra que dicen Tétaro y al medio
día una sierra que dicen Cuerámaro y hacia el norte una estancía de chichimecas que dicen Coma11jani .. . " Un año más tarde don Juan de Villaseñor alcanzó una merced más, aledaña a la anterior, de parte del presidente
de la gobernación de Nueva Galicia, tierras que con el tiempo se convirtieron en pueblo y hoy son el asiento de la actual ciudad de Cuerárnaro Gto.
cabecera del municipio del mismo nombre. 23
,
'
" Archivo General de la Naci6n. Ramo de Mercedes, tomo II, Frs. 147 vta. y 230,

535

�En la imposibilidad de señalar todas y cada una de ]as poblaciones estancieras que coadyuvaron a la colonización del centro y norte de la ueva
España, para lo cual remitimos a nuestros lectores al Ramo de Mercedes
del Archivo General de la Nación, como fuente primordial, nos limitaremos
a llamar la atención sobre las que fueron antecedentes históricos 'de varias
ciudades en el actual Estado de Guanajuato, que otros investigadores se encargarán de señalarnos ejemplos en otras entidades y que será confirmación plena del tema que nos ocupa.
Los ríos han sido siempre rutas de conquista y colonización. o pocos son
los pueblos y regiones que en su historia no lleven unido a su nombre el ~
tórico y legendario de una corriente de agua o el de un lago. Su denommación suelen tomarla del lugar por donde corren, pero no es extraño el caso
en que un río haya dado su nombre a varios centros de población. Un eje~plo Jo tenemos en Guanajuato, nombre purépecha o tarasco, como me1or
les parezca y que originalmente lo llevó, y lo lleva todavía, el río, lo tomaron
más tarde algunos poblados estancieros y al Iin vino a inmortalizarse en las
minas fabulosas que a su paso se descubrieron, en una ciudad, en una imagen taumaturga y al fin en una entidad de nuestra República.
Los documentos que nos hablan del río Guanajuato no van más allá de

1546, que quizás marca el año en que se inicia la colonización de su cuenca.
Se puede afirmar que el primer jirón donde nacieron guanajuatenscs fue en
una estancia de ganados, mercedada por el "irrey don Antonio de Mendoza
a don Rodrigo Vázquez, el 3 de julio de 1546. Poco tiempo después encontramos a esta pequeña población estanciera, en el incipiente mapa novollispano, nominada Guanajuato. Por un tiempo creímos que esta estancia había
sido el antecedente histórico de la actual ciudad de Guanajuato, pero por los
registros que se hicieron para asientos de minas para el beneficio de los metales [undamento del Real de Santa Fe de las Minas de Guanajuato, no hay
tal, ~ues se asentaron sin contradicción alguna. Poco antes, ~1 _13 de roa.y~ . el
mismo virre}', había hecho merced a don Juan de Jaso el vieJo, de dos s1bos
para que tuviera sus ganados en los Chichimecas, 'en un sitio que se dice '.)!
nombra Comanja, donde hay dos lagunas que la una seca en verano y la otra
tiene muého atole y entra en ella el río que viene de Comanja y hay ojos de
agua caliente en ella . .. " El encuentro de minas dio lugar al Real de Comanja,
que aún subsiste precariamente.
El 4 de junio de 1547 se hizo merced de una estancia de ganado mayor a
Miguel alcedo~ en el "valle de Jalpa, al oriente, junto a la cié11ega grande,
en medio de dos sitios, el uno de Pedro Salcedo y otro de Miguel López, . . "
Esta propiedad agropecuaria Salcedo la vendió a don Francisco de Velasco y
a su vez éste a don Pech-o Lorenzo ele Castilla, cuyos herederos dejaron las tie-

536

rras sin labrar, lo que fue aprovechado por un grupo de quince indios otomíes
para fundar el pueblo de San Francisco del Rincón. Sobre tierras de la misma
estancia, a media legua de San Francisco, se fundó también el pueblo de Purísima del Rincón, Ambos son ahora ciudades con el mismo nombre la primera
no así la segunda que hoy lleva el nombre de Purísima de Bustos.
Un caso interesante son las actuales ciudades de San Miguel de Allende y
Huanímaro. La primera Iue fundada el año de 1542 con indios otomíes y chichimecas pero no pudiendo sostenerse desmantelaron a poco el pueblo, reduciéndose a una ranchería que lleva el nombre de San Miguel Viejo, muy cerca
de la hoy ciudad de San Miguel de Allende antes el Grande. Huaiúmaro fue
autori7ado por el virrey en 1548 para que allí se fundas~ un pueblo de indios
chichimecas; mas dicha población no prosperó, pues a poco la encontramos
convertida en estancia, propiedad de un español, subsistiendo así por \'arias
décadas hasta hoy que la vemos como una ciudad cabecera del municipio de
Huanímaro.

Las estancias en los chichimecas
Con lo visto basta aquí bien podemos afirmar que las estancias en el Reino
de Nueva España surgieron en el Valle de México, al conjuro de los grandes
centro~ d~ eoblación. Aparecen como complemento, como prolongación, como
un apendice de ellos. Las estancías en tales condiciones nacen, crecen y se desarrollan como un hijo mimado, al cuidado eficaz y constante de sus dueños
Y ~~jo la _pr~tección inmediata de las autoridades virreinales. Las estancias primit1v:15, s1 bien se extendieron en el campo un tanto lejos de la ciudad, siempre
estuvieron conectadas con la zona urbana, cuyo calor y mimos se proyectaba
constantemente, creando ese ambiente de unidad que siempre prevaleció en
las grandes ciudades novohispanas.
Consecuentemente, las estancias que se extendieron en el Valle de México
Michoacán, Nueva Galicia, etc., se caracterizaron por su homogeneidad. Lo:
que poblaban estas unidades agropecuarias eran en gran parte tan española
como la de 'banqueta'. Entre el opulento criador de ganado y su mozo asalariado sólo existía una diferencia de carácter económico, diferencia susceptible
de desaparecer en cualquier momento, pues las mismas posibilidades que había
tenido el primero, atesoraba el segundo. Si hoy era un vulgar aventurero que
se apoder~ba ilícitamente de "estancias para ganado en los baldíos y pastos",
en cualqwer buen momento se podía convertir en un español tan rico como
el patrón ...
Debernos hacer notar que, dada la situación tan especial de esas estancias
pudieron convertirse en poco tiempo en seguros centros recreativos, en Jugar~

537

�- como para sus amistades
de divertimiento, tanto para sus duenos
.
, advirtiéndose
,
ésta y las demás características en todos los sitios de estancia que se extendían
hasta la frontera de los indios nómadas y aun en muchas que se encontraban
mordiendo ya tales dominios.
.
.
En los Chichimecas, el nacimiento y desarrollo de las, p~Waciones estan~~eo prolonganon
ras f ue cosa b 1·en distinta · Aqui no surgieron como apend1ce
.,
·d d
de ~na ciudad que por su importancia absorbía toda la atenc~on de auton a es
y habitantes sino como un vital elemento geográfico, no ~ lado desde luego
porque tcní~ relaciones con otras estancias, sí bastante aleJado de 1~ grandes
centros de población. En tales condiciones, al crearse una pohlac1on estanciera en los Chichimecas, se le lanzaba a la vida para que luchara contra los
más variados y hostiles elementos y se bru;tara a sí mi~.
su
La estabilidad y fuerza de una estancia en estas lat~tudes ema~aban de
propia energía. Situadas en una región preñada de ~ligr~s y aleJada mue~
1 as de la tutela de sus dueños y las atenciones 11uned1at:as de las autonegu virreinales, tenían que subststrr
· · atena·id a por .un personal completadades
te diferente al de las estancias suburbanas perdiendo por completo la
men
,
, • ¡·
q e
homogeneídad racial que advertimos líneas alTiba. Aqu1 1o umco ~spano u
· en el nombre del propietario·' fu era de esa referenc1a,
se hace notono
, • en
d todo
lo demás palpita con fuerza incontenible un espíri~ nuevo, el espmtu e una
orresponde ni a la conquistadora m a la subyugada, era una
raza que no C
.
rbe .
raza que fatalmente se habría de impregnar de ideas • rtanas. . . .
Si observamos, nunca tierras destinadas a la crianza ~e ganados situadas
1 Valle de México y sus alrededores llegaron a evolucionar. Generalmen~e
e 'ti de estancias eran absorbidos por las ciudades o por los pueblos, dios si os sus caractensticas
, .
luyendo
en un todo que favorecía invariablemente
.
, a los
.

t

grandes centros urbanos, o, cuando mucho conservaban su propio caracter sm

llegar a más.
En los dominios chichimecas no:
.
Aquí, lejos de los tentáculos de las grandes ciud~d_es los siti~s de estancia
d lando al ritmo original de sus múltiples necesidades Y que
se Í ueron mo e
.
d
tal f rma
los hacían suscepnbles de evolucionar en sentido aseen ente, Y en
o
,
que SI LAS ESTANCIAS PRIMITIVAS SURGIERON AL CONJURO DE LOS GRANDES,
CENTROS DE POBLACION, AQUl, POR EL CONTRARIO, PUEBLO~, VILLAS Y. CllJD~-

hecho rigurosamente_ vendico del que los historiadores, en forma inexplicable, no han parado Illlentes.

DES SURGIERON .AL CONJURO DE LAS ESTANCIAS,

Dentro de la organización general del Reino ~e Nueva España, la tras~dencia de las estancias en los Chichimecas se ag1ganta ~ta alca~r- altwas
·
had~.rea1mente UlSOSpec
...,_ Desde el punto de vista geográfico estos
, sinos eran
_1
rencia.
Económicamente
hablando,
solo
los Reé:Ll.es
un preciso punto de refe
538

de minas les aventajaban. Llama la atención el gran celo con que los obispados se disputaban el derecho a los diezmos estancieros. Como centros de
pobJación, estas tierras agrícola-ganaderas, según lo hemos asegurado ya,
fueron auténticos avances de colonización que mientras tanto hicieron las veces de Jas grandes ciudades. Y, por si todo lo anterior fuera poco, los poblados estancieros fueron, según nuestras personales obsen·aciones, los que abrieron las puertas de oro del centro y el septentrión de la Nueva España.

La conversión de la estancia
Aqu~ y siguiendo los dictados del concepto historiográfico moderno, abordaremos un asf&gt;ecto que no titubeamos de conceptuar de importante en cualquier estudio de carácter histórico-geográfico. Para esto, nos trasladaremos
hasta el momento en que recibió las riendas del virreinato don Luis de VeIasco. primero de este nombre, el año de 1550. Don Luis en relación a la
colonización de los Chichimecas. continuó con la misma política de su antecesor, sólo que perfeccionándola, pues fue el primero en realizar la primera
conversión de poblados estancieros en pueblos o villas, este primer ensayo se
realitó con San Felipe, popuJarmente conocido por 'torres mochas', en el Estado de Guanajuato.
El año de 1551, don Luis de Velasco otorgó varias estancias y caballerías
de tierra a don Juan de Jaso, el viejo, sobre los ríos de San Miguel y Comanja. Cuando se determinó la fundación de San Felipe, fueron ocupadas
en 1562 las propiedades estancieras de Jaso, las de los hermanos Lope de Sosa
y Alonso de Estrada, hijos y herederos de don Juan Alonso de Sosa, así como
las de don Luis de Castilla. En la e tancia que se extendió sobre el río de
Coman ja y que llevó el nombre de eñora por espacio de un cuaito de siglo,
se fundó en 1576 la entonces villa, hoy ciudad de León, también en el Estado
de Guanajuato.
El ai1o de 1556, el mismo virrey Velasco, mcrced6 a Francisco Hemández
la estancia de Irapuato, misma que después di idió en tres partes, de dos
de las cuales hizo graciosa donación a sus compadres don Pedro Hemández y
don Jerónimo Jiralde. Precisamente esta última párte o sea la de Jiralde, ya
en manos de doña Isabel Hernández, su nieta. su marido don Juan Pérez
Quintana propició la fundación de w1a congregación al donar a descendientes suyos y a otras personas, solares con el compromiso de poblar, construir casa y aun la iglesia prfocipal, hacia los setentas del siglo XVI, según
testimonios que se guardan en el Archivo Histórico de Guanajuato, a nuestro
cargo, y que viene a echar por tierra la versión de que frapuato se había
fundado el año de 1547.

539

�y continuando en Jos ejemplos, el año de 1562, el 28 de julio, don Luis
de Velasco, encontrándose a la sazón en el pueblo de ~an Agus~ de 1~
Cuevas, hoy Tialpa11, mercedó al Br. don Alonso Mart:1nez, vecu:1"? de a
· d d d México Ja estancia de Cuitzeoy que más tarde se conoc10 por la
ciu a
e
,
.
· , al
·
hacienda de Cuitzeo de los Naranjos, en cuya capilla se baut:17..o
pnmer
libertador de América, don Miguel Hidalgo y Costilla, el ~ ~e mayo de
1753. Hoy es la ciudad de Abasolo, cabecera de mismo muruc1p10, en ~l Estado de Guanajuato, desde el 12 de enero de 1~50, salvo ~gunos anos, a
tir de 1953 en que se le llamó Cuitzco de Hidalgo. El ano de 1564, el
par
'
· · d M' .
6 de octubre, el presidente y oidores de la R~I Aud1enaa e exico, m~rcedó a don Gaspar Salvago, una estancia para ganado ~yor Y ~os ca~lenas
de tierra, un herido y sitio de molino de pan, a la orilla del r'.o (LaJa) _que
viene de San Miguel. Aprovechando el ámbito de esa población estanciera,
así como la de Juan de Illánez, se fundó la actual ciudad de Celaya.

!

Conviene recordar que la ceJebérrima hacienda de Corralejo,_ lugar donde
naciera el libertador don Miguel Hidalgo, inició también su vida como un
poblado estanciero el 11 de agosto de 1565, cuando fue .mercedada p~r el
presidente y oidores de la Real Audiencia, a don Alonso _Angulo Montesm~.
Re,sulta interesante observar también que las grandes haciendas de labor'. originadas en las mercedes agropecuarias que venimos consid~rando, estuv1ero~
constantemente amenazadas de ser convertidas en congregacmnes, puebl~, villas O ciudades como lo revelan los numerosos expedientes que se reg:is_tran
en el Ramo de' Tierras del Archivo General de la Nación: Tenemos un e1emplo en la famosa hacienda de Jaral de Berrio que en non:mbre de 1857, por
decreto del Congreso constituyente del Estado de GuanaJuato, se le ele~6 a
la categoría de pueblo, con el nombre de Mina, pero por razones que ~~oramos no llegó a prosperar como tal. Por cierto que en conc:p~o del distmeuido investigador potosino don Joaquín Mea.de, en los d~mm10s de la hacienda de Jaral y sus aledaños, se originó la cbarrerí~ nactonal,, ~on todo el
carácter de sus costumbres, el peculiar colorido de su mdumentana y lo bra-1
, de su espectáculo. Por algo se dice: 'Para los. toros de Jaral,
VIO
. , l los ,caball~s
de allá mismo'. En síntesis, en territorio guanaJuatense nacio o mas mexicano de todo lo mexicano.
Legalizando una colonización

Si bien es verdad que desde el primer momento en que se dictara~ las primeras ordenanzas sobre el particular, el establecimiento de. estancias p~ra
ganado mayor O menor adquirió personalidad j~rídica. propia,_ no fue smo
hasta después de muchos años cuando tal personalidad vmo a afmnarse, ador-

nándose con matices netamente mexicanos o, si se quiere, novohíspanos. Buscando Jas primeras condiciones impuestas a los estancieros, advertimos que
no difieren en nada de las señaladas a las mercedes de tierras para otros deS6
tinos: "Con tanto que no sea en perjuicio de españoles J' naturales de esta
tierra y C01l que no dañe la propiedad y señoríos de ella . .. " decía la premisa
general, alrededor de la cual se imponían otras condiciones, como estas: "Que
dentro de un año las tengáis pobladas con dicho ganado y si pasado dicho
año no las poblades, en tal caso la puedan pedir por despoblada. . . dentro
de seis años no la podréis vender so pe1¡.a que esta merced será en sí ninguna
y de ningún valor y efecto y crimpliendo lo susodicho sea vuestra y de vuestros herederos y sucesores. . . con tanto que no sea a Iglesia, monasterio ni
otra persona eclesiástica . .. "
Tal parece, de acuerdo con estas condiciones, que desde el siglo XVI ya
se trataba de restringir el poder temporal de Ja Iglesia, aunque infructuosamente, pues precisamente la fuerza económica del clero novohíspano se sustentó en estas unidades agropecuarias. Tale$ condiciones no variaron en lo
absoluto para los primeros estancieros que colonizaron el 'país de los Chichimecas'; mas, pasados algW1os años, los problemas se sucedieron y con ellos
Jas disposiciones virreinales que trataban de resolverlos, disposiciones inspiradas en el eaisaje y en las grandes posibilidades de la región.

Entre las disposiciones que se dictaron para los pobladores de los chichimecas, tenemos esta que eJ virrey don Luis de Velasco dirigió en noviembre
de 1563 a Bias Mejía, Teniente de Alcalde mayor de Jas Minas de Guanajuato, en la cual le dice que le hiciera merced a 13emardino Santa Cruz de
una estancia en los Chichimecas, siempre y cuando "no sea en perjuicio de
su rnajestad ni de otro tercero alguno y con que guarde los términos de las
estancias y tierras comarcanas, y con que no hayan quitado y denegado [(l.$ dichru tierras a ninguna persona, ni sea 81' térmÍTlos de Querétaro, Xichú, San
Miguel ni con ocho leguas en torno de la villa nueva de San Felipe . .. " al
mismo tiempo que ordenaba al Alcalde mayor de dichas Minas que ratificara o rectificara las medidas de las estancias que se encontraban desde las
Minas de Guanajuato al río Grande, pues sabía que algunas personas tenían
ª con un título dos o tres sitios y labran más tierras de las que les p ertenecen. .. "N
Pero sin duda que la disposición más trascendental y que vino a propiciar
la conversión de las estancias en otros centros de población, es esta que el
año de 1567, el virrey don Gastón de Peralta, dejó en la merced que suscribió a favor de Juan Ruiz, para un sitio de estancia para ganailo mayor
y dos caballerías de tien-a en los Chichimecas, "con cargo y condici6n que si
u Archiuo General de la Nación. Ramo de Mercedes, tomo VII a Fs. 191 y 202.

540
541

�dentro de los límites y términos de la dicha estancia y tÍJJrras por su majestad y por mi real nombre se mandare hacer alguna pob!ación ~ villa de
,spañoles ,, fuere necesario para este hecho dar por repartir las tierras por
ella, se puede hacer libremente sin _cargo de e~a _m~rced . .. ,_. 25
En esta forma, -inteligentemente dispuesta se bqmdo el proble~ del regateo entre las autoridades virreinales y los dueños de las estanc1aS, que . en
no por-as ocasiones presentaron fuerte resistencia a d~ar sus pertenencias,
para la fundación de alguna población o villa de cspanoles.

Hombres para las estancias

Al señalar ahmnas
de las características de las estancias
enclavadas en
;:,
.
los dominios chichimecas, decíamos que por haberse situado en una reg1on
preñada de peligros y alejada muchas leguas de _la tutela de los dueñ~s Y
las atenciones de las autoridades virreinales, tuvieron que estar atendidas
por un personal completamente diferente al de las estancias suburbanas.
Ahora bien · a qué clase social pertenecía dicho pctsonal?
Para co~t~tar esta pregunta, no nos remontaremos más allá de los albores de la segunda nútad del siglo XVI, pues, aunque el problema de estos
personajes se observa antes, creemos que no es_ sino hasta _entonces cuando se
define y se hace más propicio para su estudio. Es precisamente cuando el
segundo virrey don Luis de Velasco toma posesión de su cargo. Para entonces el Reino de Nueva España era ya una tierra de tremendos contrastes
desde el punto de vista social y económico. Aparecen con perfiles definid~s
y grotéScos ]as fatídicas castas frente _al es~~ol ~~tivo y pedant;_ que se cr:ia
con derecho a todo, menos a trabaJar, d1stmguiendose entre estos el calificado como "conquistador" _ Seguía en rango el criollo, cuya única preo~pación inicial fue la de conservar los privilegios lograd~ por sus progenitores. Más abajo tenemos a los indígenas y allá en los sedimentos del estrato
social a los mestizos y demás castas.
En cuanto a la distribución de la población era sumamente desproporcionada, pues mientras que el Valle de México '. otras provincias se encontraban pobladas al máximo, en las vastas regiones del noreste y noroeste,
había unos cuantos colonos que luchaban por su supervivencia, incrustándose
dolorosamente en el corazón mismo de la naciente colonia, los enigmáticos
domirtios de los cbichimecas, que apenas si se comenzaban a poblar con estancias. Problema que se agravaba con unas leyes que trajo consigo Velasco
y que re&lt;limían a los indios de la esclavitud, las cuales produjeron, según las
,. Archivo General de la Nación. Ramo de Mercedes, tomo L'(_ a Fs, 14-5.

542

propias palabras de don Luis, "en los españoles ... gran descontento y mucha pobreza y en los indios más soltura y regalo. . . Con sospecha estoy que
de parte de una nación o de La otra han de suceder inco11uenie11tes malos de
remediar porque está la tierra tan Llana de negros y mestizós que exceden
en gra11 cantidad a los españoles. . . y esta mala nación júntase han los que
se revelan, ahora cou españoles o indios . .. "
"México Y sus comarcas --dice eu otra parte en carta que fecha el día
pos~re~o de agosto de 1562- está tan cargada de gente que faltan los mantenimientos _y con gran dificultad se proveen las provincias de Miclwacán
Coli'1}-a, Zacatula
la villa de Purificación de Pánuco, que son lugares
espa11oles, se ua11 desj&gt;oblando a causa de ser /Jarte de tierra caliente y haber pocos indios . .. " ~6

y

a:

Ya .antes, don L'."s de Velasco, había hecho patente al i-ey su temor de que
esta berra se perdiera, y para evitado le proponía entre otras cosas, "mandar proveer• · - el repartimiento que tiene ofrecido a los conquistadores y
~obladores - •.. Que V. M. mande que se entresaque parte de la gente espanola ~ mestzz~ ~ negros, que hay sobrada en la tierra, para hacet alguna
conquista, )' si esta 110 se Ita de hacer, que mande V.M. cerrar las puertas
con tod~ manera de españoles, para que no pasen a esta Nueua España, y
los mestizos q_ue _s~ pudiera llevar en los naufos que. fueren a España, porque
son muy per1udzciales a los indios . .. 4 ' -:i 7
Ratificando lo anterior, un grupo de conquistadores antiguos pobladores y
encomenderos, suplican al rey en carta fechada el 17 de febrero de 1564
"dar asiento }' perpetuidad a esta tierra, porque los españoles de ella ere~
cen Y s~ multiplican muc!io y si los españoles que aquí nacen y uienen de
es~s Reinos: hay gran numero de mulatos y me.iti.-!os, gente muy mal inclmada, pero valiente JI determinada para cua/q1áer desvergüenza . .. "2s e
insiste el Dr. Ceynos, uno de los oidores de la Real Audiencia, al afirmar
que "los que hacen más daños son casi forzados por naturaleza, que son
españoles que vagan por la tierra, mestizos, 11eg-ros, mulatos Ubres y esclavos,
hombres Y mujnes, 110 tienen qué comer ni co11 qué sustentar ni hay quién
los haga servir por la mayor parte. Y son como las yerbas y crecen y se
aumentan de cada día esta inicua e infiel gente . .. " 29

= Cartas

de lr1dias_. p. 275.
: Op: cit. ~ta al Rey de D. Luis de Velasco. fechada el 4 de mayo de 1553, p. 269.
Epistolario de Nu.eua España, por FRANCISCO on. PASO y TRoNcoso. Tomo X

~lt

'

" Colección de Dornmentos para la Historia de México, por JOAQUÍN GARGÍA ICAZBALCETA. Tomo II. México, 1866.

543

�El imperio de lo mexicano
, .
bre I modo de ser de cierto sector de la poEl clamor era unarume so
e
.
. ta a las castas es el
.,
.
.
ro sin duda el que meJor pm
"
blaaon novohispana' pe
d dice al rey que una
. e don Martin Enríquez de Almanza, cuan o
. •
no lo
VUT y
d'
oniéndose e11 peor estado y si Dios y V.M.
.
sola cosa va cada ia p
d" . , de esta tierra y es el crecit
e venga a ser la per icwn
d.
reme ian, emo qu
.
d los mestizos no hago cau.
d
e van los mulatos, que e
miento grarz e en qu
..
, nse riempre con las ma-

Los mulatos que son hi1os de negros, cria
.
dal. . .
.
d
~ueden tomar buenas costumbres, y como
dres ,, ni ellas ni de los pa res J
d"
y muy pocos se aplican a ofih en de sí lo que pu wrerz
bº
l .b
personas i res, ac
se deja creer la ha iios y donde anden con libertad, y es cosa que n O
la fuerza que tienen universalmente. . .
,
i a
y
. .
tinúa diciendo don Martín- por
"Siempre andan entre los indios -c,on 1
de los cuales los indios
ll
•
de que mas se wnran,
la parte que de e os tumen .
tidad de negros a esta tierra
.
h t d cada ano vume gran can
reciben ar o ano. . .
h
ella otro servicio así para
h
d
· porque no ay en
'
y que forzoso an e venir
Las indias son gente muy flaca . ..
las minas, como para otras cosas. . .
llas antes que con otras neLos negros se casan con e ,
d
1
por os negros. . .
.
I . . l"b
pues viniendo tanta suma ca a
,
.
.M
P r razón de de1ar a sus u¡os i res,
g~as d o
los mulatos yéndose multiplicando tanto, mire V ... son
ano e negros y
.
ll
·ados son hombres que osan
señores los indios como nacidos ent:_ele ohs y cri el :.nundo pues, si los in.
b ·,
mo cuantos es pano es ay en
'
morir tam ien, co
.
ll s
sentencia solemne/
' t
¡untasen con e O dios viniesen a ma ear y es os se ,
e sería parte para resistirlos . .. ,,
te Enriquez de Almanza- no se yo qu

;.d d

meo
.
las rovidencias que había tomado para remeIntercala en lo antenor
e "en las estancias de ganados mayodi.ar lo que él advertía, entre e as qu
d
I lla lista de los que

iJ

I
que es donde ellos acu en. . . ta
res, que son mue ias,
l d - s de las estancias señalen los que cada
¡ b·
y que os ueno
.
en ellas tu zere.. .
f
d 'st s se hallare en las estancias, sea
. . d
t Y que el que uera e e o
uno a menes er
d. d drástica termina p1clien o
. ad
a abundo ... " y como me J a
'
castzg. o como v g
. .,
rohiba los matrimonios entre negro

al rey que, previa autor~zac~on pap~ pe declarando esclavo al hijo mulato.
. dia y que su desobediencia se cas gu
.
e lil
.
o con
e se nutrió la colonización estanciera
Tal fue el matenal h~an
qu
, b'to que hoy corresponde al
E
pr.inCJpalmente en e1 am 1
en Nueva spana
. . .,
l libertad es evidente, así como
Estado de Guanajuato. Su mclmac1on a a
.
de las ar1 desempeño de menesteres camptranos,
su ~uena y valor pa~ e ara debilitar a la esclavitud, etc. . . Lo extraordiguc~as de q~et se sanvalt1:
todo esto es que esta gente asi fue y casi durante
nanamente m ere
los tres siglos de dominación española.

cie

544

El J1ombre que se encaminaba hacia el norte, atravesaba el río Grande o
Lerma y se internaba en los dominios dúchimecas, alcanzaba en rigor un
pasaporte a la libertad, se despojaba de todo complejo para respirar a sus
anchas. Tal parece que prefería luchar contra el indómito nativo que soportar una condición inferior ante el que había venido de ultramar. Para
el conquistador el único atractivo que tenían las tierras chichimecas era
poseerlas, pero nunc.a habitarlas. En cambio, para el hombre de casta constituía un medio de vida que ninguna otra región podía ofrecerle, &gt;' no sólo
a él, sino también al indígena culto, en un principio, y finalmente a] mismo criollo.
La porción mayor de nuestro actual Estado de Guanajuato, que es el
ejemplo mayor de nuestro tema, se colonizó fundamentalmente con indios,
negros, mulatos, mestizos y crio11os, todos emigrantes semicristia1úzados procedentes del Valle de México, de Michoacán, de Tiaxcala, etc. Eran emigrantes en los que los efectos de la conquista estaban poco concentrados y
sólo el establecimiento muy posterior de monasterios y la creación de villas
con sus ayuntamientos, vinieron a detener la absoluta desaparición de dichos efectos.

En la porción que antes habían ocupado .los dúchimecas, no se conocieron jamás las encomiendas; la esclavitud siempre se sintió como algo
extraño. Ante el impacto del medio, eran frecuentes los casos en que un
moribundo dejara como herencia a sus esclavos, su libertad. No obstante
que la colonización estanciera en los chichimecas, se inició en la última década de la primera mitad del siglo XVI, no se conservan monumentos eclesiásticos de esa centuria, lo que revela la nula influencia del evangelizador
y del encomendero.
Originalmente, por el simple hecho de encontrarse en zona de guerra, el
poblador de las estancias en los chichimecas fue susceptiWe de que se le
permitiera usar arma y e.aballo para su defensa, detalle que lo equiparaba
en cierto modo con el aventurero europeo que osaba internarse en estas
latitudes o a la soldadesca recluída en los campamentos militares llamados
presidios. Todo Jo anterior, unido a la distancia a que se encontraba el dueño
de la población estanciera, único que podía provocarle complejos, fue lo
que modeló el carácter altivo y fuerte del guanajuatense, por ejemplo, síntesis de los mexicanos, y le encauzó desde siempre por el camino luminoso
de Ja libertad.
El sentimiento de independencia fue el crisol gigantesco que tuúó a aquellos emigrantes, procedentes de todos los puntos cardinales. El mismo español aún, que no fue abundante, tuvo que diluir su insolencia y su altivez,

545
H35

�· d ad , en Ia que n o se conocían la despara poder convivir en aquella socie
criminaci6n ni los complejos.
.
.
.
Hasta ahora se había creído que solamente las fuertes cliferen~ias sociales
·ca hab'ian lanzado a los mexicanos a luchar por su mdcpendeny econ6 nu s
,
.
d 1
·
cia, porque se ignoraba que en el centro, en el corazon nns~~ . ,e a pa~,
· ·
, ¡eo d e pohlación , que desde que se 1IllC10 la colorue,ushera
un f uerte nuc
zación estanciera había venido cultivando con esmero un mundo en el que
0 se conociera :n ninguna de sus formas la opresión, un mundo en el q;e
:i·de O temprano se habría de gestar un movimiento p~-~ alcanzar ºº, ~olo
•
d enCla,
· sino
·
Ja igualdad, principio de todo. regimen democratico.
la mdepen
fu
,
·
las
dilerencias
sociales ni el despilfarro
Aqu 1 no cupieron
. .
li de
• es erzos en

beneficio exclusivo de una. comunidad, ya fuera etvil º. re. !1osa.
.
Tales son las características que presenta Ja co1oruza.c1on est:mcrera en
Nueva España, vista desde el ámbito guanajuatense; ~uevas e i~ahnente
trascendentales facetas deben advertirse desde otras latitudes, tan dignas . ~e
consideración como las que nos han dado motivos para el presente estudio
histórico.

FACTORES QUE INFLUYERON EN LA COLO. IZACióN
DE LA FRONTERA DEL NORTE A MEDIADOS DEL
SIGLO XVI Y PRINCIPIOS DEL XVII
ANDRÉS MONTEMA YOR HERNÁNDEZ

El Colegio de México

LA COLONIZACIÓN ESPAÑOL!\. se extendió paulatinamente hacia el norte desde
mediados del siglo XVI, dejando atrás una región favorecida por su situación geográfica y por el estado cultural de sus habitantes indígenas. Climatológicamente, esta zona estaba caracterizada por sus bosques de coníferos y
por su clima húmedo y templado. La hidrografía y la orografía de esta altiplanicie era exuberante. Este medio geográfico tan agradable había favorecido en cierta forma el desarrollo de una cultura indígena superior.
La civilización sedenta.iia que vivió en la altiplanicie de Mél!ico tenía
como peculiaridades generales una economía basada en la agricultura y en
el comercio; socialmente había creado una división de dases muy jerarquizada; su religión era poligámica con rasgos muy complicados; su técnica le
había permitido desarrollar un planeamiento de edificios -tanto públicos
como religiosos-- y de ciudades, así como una explotación más racional de
la agricultura por medio de terrazas y de chinampas y la utilización de instrumentos de labranza.1
En fin, esta sociedad sedentaria favorecida ell parte por un medio geográ1
Sobre este tema en general se pueden ver los siguientes libros: ALFONSO CA.so,
Cultura Mixteca y Zapoteca. México, 1941; ALFONSO CAso, El pueblo del Sol. México, Fondo de Cultura Económica, 1953; JnrÉNEZ MORENO, Not.as de Historia
.d.ntigua de México. México, Ed. Mimeogr. American School, 1961; JU.Ó:NE:Z MORENO
y ÜARGÚ. Rmz, Historia de México. México, l. de A. e H., 1962; KiucKEBBRO, Las
antiguas culturas me.ricanas. México, Fondo de Cultura Econ6míca, 1961; Mo&amp;LBY,
La civilización Maya. México, Fondo de Cultura Económica, 1956; THOHPSON, Gran•
deza y decadencia de los mayas. México, Fondo de Cultura Econ6mica, 1959; VAILLANT,
La civilización .d.zteca. México, Fondo de Cultura Económica, 1944.

546

547

�fico casi ideal, permitió al conquistador español, cuando la dominó, utilizar
sus progresos -principalmente en lo social y en lo económico-- para establecer su cultura hispánica.
Sin embargo, el colonizador se clirigió a otras zonas del virreinato cuyas
características geográficas eran diferentes y cuyos habitantes aborígenes no
tenían el desanollo cultural ele los indios de la altiplanicie.
Este desplazamiento de la población ~lle a mecliados del siglo XVI era
europea, mestiza, indígena, negra, etc.- se orientó hacia el norte que era,
y es, una zona que pierde poco a poco huellas de to,da humedad; don?e la
vegetación, más a.Uá del Bajío, se reduce e~ las serranias y, !~anos a cactáceos,
magueyes n arbustos espinosos; donde la hierba crece raqwtica y rala Y luego
desaparece excepto en los lugares donde hay algo de agua. El suelo, a menud~
calizo y permeable, agrava todavía más la aridez y la de.mudez de estos paisajes; después vienen los desiei:tos ~el bolsón de_ ~a~imí donde los arroyos
casi no existen y la arena domma siempre el prusaJe.
.
. ,
En esta región en donde el paisaje natural es hostil y poco atractivo, vivtan
indios nómadas reunidos en numerosas tribus y con multitud de dialoctos. Se
puede decir que se alimentaban con bayas silvestrf'.s y raíces, pero sobre todo
de tunas. Su Status cultural les pemútía el conocimiento de arcos y flechas
rudimentarios, con que se dedicaban a ca7,ar venados, liebres y ?tros anima~es.
Los hombres andaban generalmente desnudos, mientras las mu1eres no tratan
otra cosa que un pedazo de cuero o hierbas colgadas de un cinturón con que
cubrían sus partes verendas. Debido a la situación geográfica y a su estado
cultural viajaban constantemente en una trashumancia que nunca sobrepasaba una región determinada; dormían a ~a intemperie: y mientras no tuvieron contacto con los españoles no conoaeron la agncultura. Eran muy
belicosos y representaron más tarde para el coloniza~or un gra~e- problema,
Porque atacaban constantemente sus convoyes, sus villas, sus JDlSlOnes Y SUS3
., una zona de "Guerra v·va"
reales de minas, haciendo de toda esta region
1
•
• Entre las descripciones coloniales se pueden ver los siguientes libros: N1c01...Ás DE
LAFORA, Relación del uinje que hizo a los presidios intern~s. situad~s e~ la frontera de la
América Septentrional perteneciente al Rey de España. Mexico, Ed1tonal P~dro Robredo,
1939· ALoNso DE LA MOTA y EscoBAR, Descripción geográfica de los remos de Nueua
Gali;ia, Nueva Vizcaya y Nuevo Leó11. México, Pedro Robre~o, 1940; Pw~o luvEAA,
· ,·0 y Derrotero de lo caminado, visto y observado en el dm:urso de la vista general
D ,a
i
~
M' .
B C ta
de presidios, situados en las provincias Ynternas de Nueva E_spana.
~co'. • os Amic, 1945; Jos:É ANTONIO DE Vn.LASEÑOR, Theatro .A":er?ca_no, desc~t~cifm general
de los reynos y provincias de la Nueva España y sus 1unsd1cctones. ~einco, Ed. Na. al 1952 2 vols Para un estudio moderno véase: JoRGE A. Vrvo, Geograf-ía de
c1on '
,
.
( T"
F.
N 37)
México. México Fondo de Cultura Económica, 1948
1erra urue o.
•
, Para ana~r mejor la situación cultural de los indios nómadas se puede ver los
siguientes libros: JosÉ DE Aru.Eou1, Crónica de las provincias de N.S.P.S. Francisco

548

Este eonjwito de indios nómadas fue ]Jamado en un principio por los españoles "Chichimec.as" que en lengua náhuatl significa "Linaje de _perros" :1
Pero al poco tiempo empezaron a tomar nombres muy peculiare.s según
]a región donde viYían, como Gua.chichiles, ]forrados, Hualalmises, Rayados,
Boca Negras, etc. Estos indios. aparte de su belicosidad, no podían ser para
el colonizador un medio e.stable de conseguir tributo o de sumirústrarse mano
de obra suficiente como en el centro de la colonia. Pero sin embargo, a pesar
de todos estos obstáculos, el colono seguía introduciéndose a esta zona que
no tenía límites, que se extendía hacia el infinito.
¿ Por qué el colonizador se dirigió a esta región desde mediados del siglo
XVI y en el XVII? ¿ Cuáles fueron los incentivos que empujaron al español
a expandirse en esta Nueva España septentrional? Indudablemente no existió
un factor determinante que interviniera en una forma decisiva en 1a conquista. de estas .fronteras consideradas infirutas, sino un conjunto de factores
que se entrelazaron entre sí y se ayudaron muLuamente, convirtiéndose en
fuerza impulsora de la colonización.
Entre los muchos y diversos estímulos que recibió el colonizador para decidirse a ir a esta zona del virreinato, podemos reconocer los factores económicos, el agente social, el religioso, el poñtico y hasta la leyenda, que jugó
W1 papel muy importante; todos en primer plano, todos formando una unidad, todos atrayendo una población, todos creando una situación favorable
para la expansión.
Lo que pretende este trabajo es desmembrar un poco este núcleo heterogéneo pero compaclo, y presentar cada uno de estos factores en forma individual, separados e independientes, pero sin olvidar q_ue son part~ de una
gran urudad.

de Zacateca,. México, Ed. Cumplido, 1851; ALoNso DE LEÓN, JuAN BAUTlSTA CuAy FERNANDO SÁNc1IEZ DE ZAMORA, Hisloria de Nuevo León, con n-0ticias sobre
Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, escritas en el siglo XVII. Escrito preliminar y notas de Israel Oavazos Garza. Monterrey, Centro de Estudios Humanísticos de la Universrdad de Nuevo León y Gobierno del Estado, 1961 (Biblioteca NL.
No. 1). Se puede ver también los trabajos de W. J1MÉNEZ MORENO y de PAUL KmcHHOFl', titulados TribUJ e idiomas del norte de Mb:ico y Recoleclores cazadores de
México. En la Tercera Reunión de Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, México, 1944, pp. 121, 133 y 133-144.

l'A

' Sobre este tema se puede consultar a PRILrP WYNE PowELL, "Spanish Warfare
Against the Ohíc.himecas" y "The Chichimeca Scourge of che silver frontier in Sbrteenth
Century in Me.xieo", The Hispanic American llistorical Review, tomos XXIV y XXV,
1944 y 1945, pp. 580-604 y 315-338.

549

�Factores eco11ó111icos

La economía de la rueva España tu,·o fuertcmcnt • iníluida por las
ideas mercantilistas, cara tcñzadas, en fom1a general, por con iderar el oro
y la plata orno las riquezas fundamental s; la prosp rielad de un país se
medía por la cantidad de numerario cir ulante y icndo l oro y la plata
los denominadores comunes de todos los valor :s, aquel país que tuviera más
oro y plata sería más próspero; por tanto, se tendía a arnmular mu hos metales pre iosos. 5
Estas ideas mercantilii;tas que imperaban en el ambiente de la época hacían que la minería fuera \'ista como esencial y decisiva para la vida económica de la ueva España; así por ejemplo, Gómez de Cervantes nos dice
en sm esuito que ''los meta.les preciosos son el sustento del gobierno. de la fe
y de mercaderías, heredades de la tierra, casas y otras posiciones no tuvieran valor". 11 Como podemos notnr. los metales prcci,,:o eran el rec1u.i ito
indispensable para estructurar la prosperidad económica, social, poHtica y
religiosa.

Esta concepción influirá grandemente para justíficar la ne esidad de xpansiones y descubrimientos en bw.ca de metales preciosos. Al porn tiempo
de habe1se dominado la altiplanicie mexicana, t.&gt;mpe7.aron a organizarse e.,pedieioncs por mar a la Florida a las Californias, a las Filipinas. Pero por tierra
y hacia d norte casi no hubo intentos de descubrir o colonizar en fonna sistemática, debido a que ta zona no aparecía atra ti,·a a cau a del medio
geográfico y lo · indios nómada,;. A mediados dd siglo • ~I ( 1546) con los
de ubrimiemos de las minas de la plata de Zacatrcas, los e pañol , p ído·
de la "fiebre de la plata'' se dirigieron a esta zona del virreinato, pues la atracción de la riqueza minera fue tal, que para 1550 - a dos años de la fundación de aqu Ua ciudad-, Zacatecas era el r&lt;'ntro demográfico más grande
• Claro que esta explicación sobre el mercantili. mo t~ muy general y para comprender la complejidad de este tema se puede ver lo libros: J.
auy, An lnlroduction to Eriglish Economic History. London, Ed. Longmans, 1929 · HERBE.RT lhTON,
Eco11omic Ristory of Europt. London, Harper, 1936; E.F. HECKSCDP.R, La época Mtrcan1ililla. México, Fondo de Cultura Económica, 1943; Gv.sTA
CHMOLL.E.R, The
Mercantil System. London, Macmillan, 1940.
• GONZALO GÓIUZ Cuv"-NT'"s, La vida económica y Social d~ Nutua España al
/inalizar ti siglo XVI. México, Antigua Librería Robredo de José Porrúa e hijos,
1944, p. 139. Tambifo se puede ver al respecto en el Arc.hivo General de la aci6n,
Reales Cldulas, volumen 12, Ep. 148, "lnfom1c sobre los bienes en la Nueva España;
paguen los derechos por el. .. que produren". 8 de mayo de 1628.

después de la ciudad de México, y se cuenta c¡ue había cinc
cuenta explota iones mineras.r

i ,le-~ias y cin-

La producción minera de Zacatecas creció rápidamenl •.
ún 1 fota y
1
E cobar a finales del siglo XVI, de "un qtúntal de tierra ( equivalente. a 46
kilos) salían dos arrobas (cada arroba eran 11 kilo } dt· plata, p ro gen ralmente acudían a los principios a diez, quince. \'CÍJlt }' treinti marcos (230
gramos cada marco) por fundidón de cada quintal" ;8 o sea, que la producción de -i5 kilos mezclados con otros el 'mento·, daba un promedio de do· a
seis kiJos de plata despué de la amalgama ión, rendimi ·nto muy considerable
tomando en cuenta que las minas de a..'Cco producían un promedio de uno
a cuatro .kilos de plata después del proceso de amalgamación -1583-. 11
Esta producción tan considerable en w1a t"ttión en que e caseaba todo lo
necesario para la ·ubsistencia, hizo que los precios de los productos de consumo inme&lt;liato -animales domé ticos, trigos maíz, etc.-. fueran muy altos. Esto, a su vez, hizo que una gran parle de la población se empei.ara a
dedicar a la ganadería y a la agricultura; por otra parte surgió Ja necesidad
de
uir adelante, en busca d nuevas tierras para desarrollar estas actividades y poder abast cer a los rea le· de minas: así, poco a poco, ·t,. fuentes ele
riqueza fueron un medio de atracción para atraer a nuevos colonos a estas
fronteras.

En los alrededores de la iudad de Zacatccas se emper.1.aron a dcsarrolhr
centros mineros-ganaderos como an Martín, Aviño, ombrerete, ieves, Chalchihuites, Fresnillo, Bonanza y Mazipil. Estos nuevos centros de población
formaban una cxll'l1sa e importante zona ·conómica, y fueron a su yez apo ·o
y punto de partida para nuevos tlescubrimientos y colonizaciones¡ así, de estos
sitios salieron las expedicion que fundaron con el tiempo la UC\ a Vizca}-a,
el uevo México y el Nuevo Reino de León. Tocias e tas nuevas exploraciones estu ieron influidas en la búsqueda de rique-,.as mineras tan fabulosas
como la de Zacatecas.

' itado por FRAN~o1s CnF.VALll!R, La fo,mació11 de los grandn / .nti/undios en
México. iéxico, Probl m:u Agrícolas e Industriales de México, 1959, pp. 36-37. También se puede ver a Mom:sTo BAROALLÓ, La Mineria y la Metalurgia tn la América
española durante la /poca colonial. México, Fondo dt" Culwra Económica, 1955, pp.

206
1

a

209.

ÍOTA y ESCOBAR,

op. cit., p. 149.

Archivo G neral de la ación. Reales Cédulas, t.
V. Exp. 418. "Infonne de
Agusún de Casares, :i.l Presidente de la Audiencia de Méxiro, Don Pedro Forlán,
- 1583-".

550
5jJ

�•
A1 mismo tiempo, a esta corriente migratoria se unieron muchos infractores
de la ley que buscaban refugio en los territorios que eran prácticamente incontrolables por 1a Corona. Así llegaron a estas r~giones deudores, hombres
"llovi~os" -llamados así por haber entrado ilegal.mente a la Nueva España-,
extranJeros, solteros recalcitrantes, casados que dejaban a sus esposas y familias en España; todos ellos condenados al castigo y a la deportación inmediata,15 también llegaron a esta frontera del norte los persegµidos por la Inquisición por blasfemos, sacrilegos, bígamos, herejes, judaizantes, etc. y jWJto
ton todos ellos, criminales fugitivos de las cárceles o con juicios pendientes.la
Se puede decir que casi todas las personas desarraigadas de la sociedad colonial se dirigieron a estas fronteras en bmrca de nueva vida
Sin embargo algunos historiadores han idealizado basta el máximo a estos
emigrantes que se dirigieron al norte y los presentan como seres escogidos y
privilegiados que se dirigieron a estas vastas fronteras con el fin de llevar
a todos los rincones la civilización hispánica. Pero parece que no fue así, ya
que los documentos comprueba.u que hasta los descubridores más destacados
de estas regiones tuvieron conflictos con la ley. Asi Joannes de Tolosa descubridor de las minas de Zacatecas, tuvo un juicio de amancebamiento; a Francisco de UrdíñoJa, colonizador de Coa.huila, se le acusó de uxori~idio; Antonio
de Espejo, descubridor de Nuevo México, fue procesado por asesinato; Alberto
del Canto, fundador de Saltillo y de los primeros establecimientos en el Nuevo
Reino de León, fue acusado de muchos crímenes y delitos; Diego de Monternayor, fundador de la ciudad de Monterrey, fue perseguido por haber dado
muerte a su mujer. Todos ellos, sin haber ninguna excepción, fueron acusados
después de hacer esclavos a los indios y ele venderlos en los reales de minas.17
En su conjunto la población errante no fue en un princiJ1io la base de la
colonizaci~n de las fronteras norteñas, ya que su propio nomadismo, su anhelo de nquezas y su situación de fugitivos de la ley, la lanzaba a aventuras
y a la busca de nuevo$ territorios. Llegaban a un lugar y permanecían en él
mientras les convenía a sus intereses y después, al desaparecer el imán que
los retenía, salían poco a poco a otros lugares, sin ninguna organización, sin
ningún rumbo y casi siempre en forma individual. Alonso de León nos relata
que en el Nuevo Reino de León los soldados de Carvajal se dedicaron a cazar

El Factor Social

•

La toma de Granada en 1492 puso fin a las campañas de Reconquista y
dejó libres a muchos hombres, que marcharon a Italia, las Antillas y más
tarde a "Tierra Firme".
Estas personas provenían de las zonas pobres de la península, como las
Sierras de Extremadura, las tierras altas de León o de Asturias y sobre todo de
las dos Castillas. 10
Los hombres que llegaron a estas tierras de la Nueva España no querían
seguir en su antiguo Status social y deseaban sobre todas las cosas privilegios
y honores; ya que el español que llegaba a América se sentía por el hecho
mismo de pertenecer a la raza dominadora un conquistador y esto significaba pertenecer a la más alta jerarquía social y merecer, por tanto, toda distinción y halago. Frente al indio se sentía superior por el hecho de ser soldado de un rey poderoso y al mismo tiempo se sentía señalado por la Providencia como un ser superior ante un pueblo conquistado; u esta situación tan
peculiar es vista claramente en una carta de fray Jerónimo de Mendieta a1
rey Felipe II en 1565, donde le dice: "hasta el más vil y desventurado quieren ser señores y vivir por sí y no servir a nadie sino ser servido .... " 12
Esta mentalidad social permitió que una gran parte de la población estuviese presta en busca de aventuras, rique;,.a y posición bonoríiica y que fuera
una fuerza disponible para ir a colonizar las fronteras del norte. En busca
de hacer realidad todos sus anhelos esta gente formó una población Dotante
en todas las nuevas villas o reales de minas que surgían en las fronteras. Fray
Antonio Tello nos dice al respecto: " ... de un pueblo a otro sin pensamiento
de permanecer ni poblar ningw1a tieITa. . . andan como corcho sobre el
agua ... ,, 1:1
La colonización en la zona septentrional del virreinato reclutó a este.tipo
de personas que eran generalmente gente ''valdía, viciosa, vagabunda i tahura,
que por la abundancia de las provincias en qualquiera parte de ella hallaban
de comer, sin trabajos ... "u

'º NoRMAN F. MARTIN, Los uagabundos en la Nueua Espaiía. México, Ed. Jus,
1957, pp. 9-10-11 y 14.
.u JoSÉ Du.RAND, La transformaúón social del aonquistador. México, Pon:úa y Obregón, S. A., 1953 t. I, pp. 45-46-47.
" JOAQUÍN GARCÍA. lcAZBALCHTA, Carta de religiosos. Mé,cico, Ed. Salvador Chávez Hayhoe, 1941, pp. 117-119.
" FRAY ANTONIO TELLO, Crónica Miscelánea. Guadalajara, Ed. Josl Cornejo Franco, 1942, p. 325.
" NoaMA.N f. MARTIN, op. cit., p. 42.

552

I

" Se puede consultar la ponencia del profesor Eugenio del Hoyo, titulada "El carácter de la conquista y colonización española en e1 nore.ste de México (siglos }l...'Vl y
XVII)". San Luis Potosí, Décima Mesa Redonda de Antropología, 1963. Y también,
en el Archivo General de la NaGi.ón, Reales Cédulas, Volumen 27, exp. 156, "Retorno
de los delincuentes que se encuentran en la Nueva España". 2 de julio de 1637.
" EuoEmo DEL Hovo, op. cit., p. 5.
11
Ibitkm. Sobre Antonio de Espejo, ver en el Archivo General de la Nación, Provincias Internas. Vol. XLIX, Exp. 236.

553

�•
indios y venderlos después a los reales de minas. Esta actividad lucrativa
reunió en la villa de León -hoy villa de Cerra1vo-- a más de doscientos soldados, pero la Corona prohibió estos abusos y al poeo tiempo estos soldados
que "no tenían otro entretenimiento ni de qué comer, se iban saliendo fuera,
ya cuatro, )'ª diez ... " 18
Paulatinamente esta gran masa de vagabundos, delincuentes y aventureros
empezaron a dejar remanente de familias e individuos que formaron una
base estable para constituir el núcleo principal de la población. Estos hombres que por diferentes causas -familia, nueva vida, etc.- abandonaron
su vida errante, volvieron o empezaron a dedicarse a distintas actividades
para las cuales la zona era más propicia, como la ganader'ta, la agricultura, la
llllllería y más tarde el comercio. Precisamente esta transformación es constatada por Mota y Escobar cuando dice: "se convierten los soldados en labradores y tienen haciendas y heredades ... " 19

La Reconquista española a través de sus ocho siglos de lucha contra los
infieles, dio al español una gran bandera de unión y de combate: la fe católica y su expansión en el mundo de los infieles. Aparenteme.nte por este
ideal se luchaba y por este ideal se moría. Toda la expansión tenitorial española, primero en la península, después en las Antillas y más adelante en
América, fue justificada por este anhelo. No hay cronista que no mencion~
esta misión; así, Bemal Díaz del Castillo afirmaba que la conquista era para
llevar la doctrina de Dios a esta parte del mundo ; 20 también Gómara n0-s
dice textualmente: ''la causa principal a que venimos a estas partes es para ensalzar y predicar la fe de Cristo ... " n
Como podemos ver, la conquista se justificaba por el fin de extender los
dominios de Dios y llevar su doctrina basta los puntos más recónditos. En la
expansión hacia las fronteras del norte esta actitud religiosa siguió vigente;
no hay fundación de cualquier villa que estudiemos en la que en una de las
partes de los documentos no se diga: " ... con intento de que el Santo Evangelio se propague ... "; 22 tampoco hay colonizador de esta región del virrei'-' ALONSO DE LEÓN,

EscoBAR,

554

Dí.-.z

op. cit., pp. 195-96.
op. cit., p. 136.

Historia de la co11quista de la Nu,va España. México, Ed. Porrúa, 1962 (Sepan Cuántos ... 5), p. 85.
21 FRANCISCO LÓP&amp;Z DE GÓMARA, Historia de la conquista de México. México, Ed.
Pedro Robredo, 1943, t. I, p. 63.
" Archivo Municipal de Monterrey, Rollo IV. Sección de Originales; de la selec'" BERNA!.

La lucha y la extensión de la fe en esta zona de la colonia, según lo entendían entonces,, sin duda ennoblecía en grado sumo a estos aventureros, ya
que ella parecra borrar todos sus malos procederes anteriores y daba un fin
nohle a todos sus actos. Por ello no había ninguna expedición que no llevara
un estandarte con Wla Virgen o un santo como símbolo del avance de la fe.
Al tener contacto con el indio el conquistador le decía que su tarea era llevar
l~,fe a su _co~ocimicnto y práctica y más adelante la explotación y la dominaCion del mdJgena eran justificadas en parte, para darles oportunidad de
cono_cer
Santos E~gelios. _En fin, todo acto de expansión, colonización,
dommacron y extenruruo, fue siempre envuelto en el velo de la religión que
justificaba Y explicaba, por lo menos en forma aparente, tocios los actos del
perpetrador.

~?s

Factor religioso

,. MoTA Y

nato que no destaque que ha luchado por la fe y su extensión entre los indi~en~. Exist~n un sinnúmero de documentos en que se dice: " ... reduje al
mdio Y_ le_ di ~ conocimiento de Dios Nuestro Señor ... "2a La propia lucha
Y el ~quilanuento de la población indígena eran justificadas por este ideal.
Por eJemplo, fray Antonio de Arreola, decía al respecto: " ... si se le da religión Y policía a estos moros (indígenas) y nos siguen atacando ... no sólo es
un deber sino una obligación aniquilarlos ... " 2~

DEL CASTILLO,

Factor político

Este factor siempre acompaña al religioso: se hace todo y se permite todo
"para engrandecer la fe y los dominios de ]a Corona".25 Por un Jado se enarbolab~n ideales ~versales, como es la propagación de la religión, y por el
otro, ideas de la epoca como el de una nacionalidad cuyo símbolo era la Corona ~pañola. ~~~os dos estí:°1ul~s dan el toque necesario para empr.ender
cualquier expedic1on de dommac10n en estas &amp;onteras norteñas.
La Corona por su parte no dejaba sin protección a sus coloniz.adores en el
avance_a ~u destino; así, en el norte para proteger de los constantes ataques
de los mdios se creó un sinnúmero de presidios -fortalezas-- en puntos estratégicos desde San Miguel el Grande hasta Zacatecas, San Luis Potosí
Nuevo Reino de León, Coahuila, Nueva Vizcaya, Nuevo México, etc. y cad~
una de estas regiones a su vez construía otras. Su misión era proteger los cación. d~ documen_tos microfilmados del estado de Nuevo León, que se encuentra en
1a Btbhoteca Nac10nal de Antropología e Historia.
" Archivo Municipal de Monterrey, Sección Encomiendas, op. cil.
" Archivo G~neral de la Nación, Provincias Internas, vol. 138, Exp. 57. "Informe
de•.Fray AntoDio de Arreola sobre matanza de indios Guachichiles", 1645.
- DURAND, op. cit., t. I, p. 81.

555

�minos, las villas, las haciendas y los reales de minas, dentro de sus muros se
protegían los viajeros y los convoyes que transitaban esta zona. Como podemos
ver, su tarea era facilitar en lo má.ximo la e.,-pansión, protección y comunicación en esta frontera.
Las misiones de religiosos fueron otro instrumento que utilizó la Corona
para e:&gt;rpander su dominio; reunían indígenas nómadas por intermedio de
los soldados de los presidios y los congregaban en pueblos para enseñarles religión y al mismo tiempo, artes manuales. Por este medio se lograba una pacificación aparente ya que se reunía a todos los indios en un lugar determinado
donde podían ser mejor controlados y se daban facilidades para que el nuevo
colonizador se pudiera movilizar- con mayor facilidad sin el peligro que pudieran representar los indios nómadas sin ningún control.
Pero aparte de dar protección militar y dar medios de dominación por intermedio de las misiones, también dio cosas que atraían más al español a
estas fronteras: privilegios, honores y poder. Felipe II, dictó una promulgación en 1573, que era muy atractiva para fomentar nuevos descubrimientos,
ya que otorgaba eJ derecho de obtener encomiendas, solares y tierras y conservarlas ellos "y sus sucesores perpeluamente,, ; esta ley preparo en par te
que conquistadores como Francisco de IbaJTa en 1563 organizara las incursiones a la Nueva Vizcaya; Francisco de Urdiñola en 1582, iniciara sus penetraciones a Coahuila; en 1580, Luis de Carvajal empezara la exploración del
Nuevo Reino de León; Juan de Oñate a finales del siglo saliera a Nuevo
México y Sebastián Vizcaíno pasara a las Californias.
J

Todas estas e.'Cploraciones fomentadas por la Corona y protegidas por lo
menos en teoría por ella, daba a la colonización de las fronteras del norte una
salida decorosa a estos advenedizos que se concentraban en zonas ya pobladas
y permitía que todo colono encontrara un aliciente para dejar su "mala vida"
y dirigirse a una tierra que era su única esperanza de mejorar su ucrte e
imitar en cierta forma a los primeros conquistadores en sus grandes hazañas
de dominación y de adquisición de riquezas.
Factor que jugó la leyenda

La leyenda, al igual que los factores anteriores, tuvo un papel importante
en 1a colonización de la frontera; en ella se encuentran en última instancia
todos los deseos, anhelos y ambiciones de los colonizadores, ya que ella refleja
sus afanes de riqueza, de poder y de honores. Las leyendas incitaron a seguir más adelante en busca de tierras desconocidas donde se localizaban lugares extraños e inverosímiles, por su riqueza insospechada, que solucionarían
las necesidades, no de uno, sino de todo el que deseara emprender esta aventura.

556

La mayoría de las leyendas que se desarrollaron en la Nu va España y en
América del Sur tuvieron sus orlgenes en la Antigüedad o en la Edad Media.
Estas ideas se entrelazaron con ideales renacentistas íbéricos donde se destaca
el ideal caballeresco, representado por Amaclis de Gaula, que reunía en él el
honor militru· y el deber caballeresco; todo este pensamiento se entremezcló
con ideas religiosas de encontrar el paraíso y, al mismo tiempo, de encontrar
otros fines más terrenales, que eran el de satisfacer todas sus necesidades materiales por intermedio de una riqueza fabulosa; aparte, estos ideales fueron
siempre reforzados por Jos indios que fomentaban sus deseos fantásticos diciéndoles dónde se encontraban sus imaginarios deseos, comentándoles que
ese lugar que tanto buscaban se localizaba "más allá". 26
Entre las leyendas más famosas que fomentaron en crear un ambiente favorable para e."\.-plorar nuevas zonas del virreinato destaca la de Jas Amazonas•
su origen se encuentra en la cultura griega y desde estas épocas se creía que'
estas mujeres guerreras se amputaban un seno para poder usar mejor sus
arcos y flechas. Estas creencias se sostuvieron en la Edad Media y en el Renacimiento con las versiones que dieron viajeros como Marco Polo, MendivilJ
y Pedro Tafus.
En un -principio, las localizaban imaginariamente en Africa, después en Finlandia, más adelante en Asia y por último en América; en estas tierras se
pensó gracias a los textos de Las Sergas de Esplandidn ( novela de principios
del siglo XVI) que 1as tie1Tas de estas mujeres guerreras se encontraban en
una isla de las Californias " ... a mano derecha de las Indias cerca del paraíso
terrenal'' ;27 pero aquí· estas amazonas adquirieron otras caracterlsticas complementarias como, por ejemplo, que nunca tenían contacto con hombres excepto una vez al año, y después de dar a luz, los bi jos varones eran muertos
de inmediato, pero aparte de ser tan belicosas, sus armas y vestiduras eran de
oro debido a que este era el único metal que existía en esa isla. Conquistadores como Diego de Velázquez, Hemán Cortés y Nuño de Guzmán, se preocuparon por encontrar esta región imaginaria; ahora bien, los indios por su
parte, fomentaban esta idea al máximo y aseguraban que esta clase de mujeres se encontraba en Cihuatlampa -"hacia el país de las mujeres"- 28 y
que poseían casi todas las características mencionadas en un principio.
.:o Sobre este punto se puede ver el libro de IRVING A. LEONAJW, El libro del Conquistador. México, Fondo de Cultura Económica, 1954. Y H.E. BoLTON, Wider Horizont o{ American History. Nueva York, 1939.
.., Citado por CnEVALll!R, op. cit., pp. 29-30.
_:s Sobre este tema se puede ver a lRVING A. LEONARD, "Conqueros and Amazonas
in Mexico", The Hispanic Americ@ HiJtorical Reoiew, l. XXIV, 1944, pp. 561-580.
W. JwiNEZ MORENO, "Cilutla1npa". Cuaderno.s Americanos, t. III, 1944, p. 130.

557

�Otra Jcyenda que .influyó como la anterior al avance hacia la frontera
del norte fue las "siete ciudades de oro"; su origen es desde la época medieval
y en este virreinato los indios Ja situaban aJ N.O. de México y se decía que
ahí se encontraban fas siete cuevas de donde surgieron las siete tribus nahuas.
Su fuerai de atracción hacía que los españoles estuvieran muy interesados en
encontrarla; así, el inglés Enrique Hawks dice al respecto: "los españoles tie•
nen noticias de siete ciudades. . . y han puesto y ponen todos los días gran
diligencia en buscarlas ... "; 20 la riqueza que se decía que poseían estas ciu•
dades eran fabulosas ya que todo estaba hecho de metales preciosos.
Aparte de estas leyendas que eran conocidas y comentadas por lodos los
colonizadores y conquista&lt;lores fronterizos de la Nueva España, se clesanollaron con gran ímpetu leyendas locales que fomentaban la expansión en esa
zona, un ejemplo muy ilustrativo fue el "ceno de la plata" en el uevo Reino
de León, que " ... era un incógnito a los que hoy viven ... es hacia el norte" ;30
se organizaron dos expediciones entre 1644 y 1648, pero ambas fracasaron.
Ahora bien, cada una de las expediciones en busca de estos lugares imaginarios donde se encontraban riquezas fabulosas según decían, fueron fracasando, no debido a su no existencia, sino debido a fuerzas sobrenaturales y
diabólicas que impedían a toda costa la localización; así Hawks dice que es
"tanto el poder de los indios heclúceros -de las siete ciudades de oro- que
cuando los españoles pasan cerca de esas ciudades, las ocultan aquellos con
una niebla, de modo que no puedan ser vistas" ;31 aparte de estas fuerzas misteriosas e inexplicables, hubo otras más raci.onales como la belicosidad de los
indios, así Alonso de León nos dice respecto a los Cracasos de las expedí·
ciones al "cerro de la plata" " ... que estorbaron algunas conmociones e inquietudes que. los indios Ala.zapan tenían ... " 32

rado o considerarse como principal; la minería creó un medio propicio para
el de.sai:rollo de otras actividades como la ganadería y la agricuJtura que osci•
!aron sm lugar a dudas alrededor de los reales de minas• estas fuentes de
t~abajo_ fueron_ esen~iales para la atracción de la población,' pero esto no hubiera stdo posible stn tomar en cuenta la situacíón social a que pertenecía
el colono que facilitaba sobremanera la movilización de esta masa desarraigada ~ qu_e P~~tía una ~pansi_ón casi continua sobre un territorio que se
extendía sm límites. Al nusmo ruvcl que los factores económicos y sociales
se desarrollaron los agentes religiosos y políticos, que permitieron una unidad
religíosa Y nacional, que les daba las banderas para la lucha contra el indígena, que les permitía crear el ideal y la razón para seguir adelante en busca
de nuevas tierras y so?re todo, les abría el camino hacia el ennoblecimiento y
1~ aseguraba ~onsegurr lo que en la PenínsuJa les estaba negado por su propio ~~atus social: hon_or~ y privilegios. Junto con todos estos factores importantJsunos la leyenda Jugo un papel de la misma relevancia que los anteriores
porque permitió eJ despliegue de la fantasía en la mente de] colonizador y~
que todos sus anhelos se encuentran casi a la mano "más allá" en un territ~rio
que es necesario descubrir y colonizar.
En fin, estos factores entremezclados enb·e sí y formando un núcleo com~acto: unidos con el medio geográfico de esta zona de la ueva España y la
s1tuaCJÓn cultural de los indios nómadas, crearon en esta frontera características muy peculiares de colonización.

A manera de co11clusión
Todos los factores mencionados son de una importancia vital para la colonización de las fronteras del norte y ninguno de ellos puede verse por sepa:o ENJUQt.re HAwKs, Relación de las producciones de la Nueva España y costumbres
de sus habitantes; hecha por . .. , mercader que pasó cinco años en la dicha tierra, 'Y
escribió a instancias de Mr. Ricardo Halrluyt de Eiton en el condado de Hereford,
15 72. Ed. por Joaquín García Icazbalceta, Opúsculos Varios, IV. México, Ed. ?
1898, p. 57. Este problema también lo trata RoBERT RtCARo, "AzemmoUI et Sali en
Amérique" Hesplris, t. XVII, 1933, pp. 92-95.

"°
11

:a

558

At.oNso DE LEÓN, op. cit., p. 51.
HAWKs, op. cit., p. 57.
ALoNso DE LEÓN, op. cit., p. 51.

559

�LAS RECLAMACIONES DE PATRICIO MILMO
RoNNIE C. TYLER
Texas Christian Uruversíty

1

1

PARA 1864, PATRICIO Mn.Mo había acumulado un tremendo imperio financiero y se decía que poseía ''la casa de negocios más grande" del noroeste de
México. Con la ayuda y la cooperación del gobernador Santiago Vidaurri,
había establecido una red de sucursales en Matamoros, Piedras Negras y otras
ciudades importantes, manteniendo su base en Monterrey. Su prestigiosa firma dominaba el próspero comercio fronterizo rivalizando con famosos financieros texanos como Charles Stillman, Richard King y Miffin Kennedy, que
utilizaban a Brownsville como su centro de operaciones.
Por varias razones afortunadas, Milmo acumuló rápidamente su capital.
Arribó a México en diciembre de 1848, e inmediatamente entró en negocios
convirtiéndose en poco tiempo en uno de los financieros más influyentes en
la frontera. Después de que Vidaurri anunció su plan de Monterrey y se
apoderó de la capital de Nuevo Leó,n, Milmo prosperó más al casarse con
la hija del gobernador ya que se asoció con su suegro (así pues, se encontraba en una posición ideal para fomentar un comercio activo) . En abril de
1861, cuando los Estados Confederados de América entraron en lo que sería
con el tiempo la Guerra Civil americana se encontraron afectados por un
bloqueo marítimo en las costas del Atlántico hecho por los Estados de la
Unión; ante esta situación se fomentaba el contrabando -en especial el algodón- a través de la frontera Noroeste de México. La posición neutral de
este país evitó que los estados de la Unión bloquearan los puertos de Mata.moros y T ampico. Así pues, México le dio al Sur una vía segura para su
comercio. Milmo comerció con el Sur casi desde el principio de la. guerra,
firmando un contrato en septiembre de 1862, para entregar harina a cambio
de algodón.
La participación de Milmo en este negocio crecía continuamente hasta el
punto de verse en la necesidad de presionar a los Confederados en 1863, en
561
H36

�esta fecha reclamaba a los estados del Sur 500,000 toneladas de algodón que
le debían y les exigía que le pagaran $16,000.00 en papel confederado Y que
le fueran puestos a su nombre en Piedras Negras. Mientras tanto él confiscaría cualquier carga de algodón localizado en la ruta entre Oasia y Piedras
Negras. Forzados a tomar una decisión drástica para mantener su vía de comercio abierto, el Sur suspendió todos los cargamentos a México hasta que
las reclamaciones de Milmo fueran arregladas satisfactoriamente. Los comisionados sureños encargados de este asunto le entregaron a Milmo todas sus
peticiones• este incidente puede considerarse como un mal augurio pan Milmo. Sin d~da él visualizó con gran acierto los eventos que sucederían en 1864.
Los franceses estaban en proceso de establecer un imperio regido por el
joven príncipe Ma.ximi.liano de Hapsburgo. Los invasores ya habían conquistado Puebla y México y seriamente amenazaban a ]as ciudades de Matamoros
y Monterrey. El presidente :Benito Juárez presionado por este gran avance
había abandonado la capital y se establecía en San Luis Potosí, después en
enero 9 salió a Saltillo esperando establecer en esta z.ona una base firme para
reconquistar su patria. En el mes de febrero el presidente indieó su deseo de
establecerse en la capital reinera, encontrándose con un firme obstáculo de parte de Vidaurri.
Las presiones que recibía e1 gobernador neolonés eran muy fu~rtes, por
un lado Juárez lo intimidaba en Saltillo, y por el otro, el general Aquiles Francisco Bazaine le demandaba en una carta que decidiera qué partido tomaría
el estado de Nuevo León: guerra o paz, Francia o Juárez. Nunca hubo una
decisión tan importante; Vidaurri trataba de hacer tiempo, contestando que
sólo los eiudadanos podían tomar tan importante solución. Para tal fin, proclamó un Referendum y antes que se supieran los resultados huyó a Texas
con los Archivos y el tesoro del Estado, no se sabe si porque no quería o no
podía decidir entre la República y el Imperio.
El presidente Juárez afrontó graves problemas cuando él y sus ministros
entraron en ]a ciudad de Monterrey en abril. o siendo la menor la lealtad
de los norteños influyentes y comerciantes que se habían enriquecido con las
relaciones muy cercanas que Vidaurri bahía mantenido con la Confederación.
Así pues, sus oficiales tomaron medidas en contra de estos amigos del ex-gobernador; el primero que atacaron fue a Patricio Milmo, el irlandés yerno Y
socio de Vidaurri.
Los documentos siguientes hablan sobre el arresto de Milmo, el tratamiento brusco y la detención, así como sus esfuerzos para usar su ciudadanía británica como un medio para asegurar su libertad y su arreglo eventual de
pagar 50,000 pesos para conseguir su liberación; las reclamaciones de_ este
personaje se alargarán por casi un cuarto de siglo con el apoyo del gobierno

562

británico que lo apoyaba en una reclamación total de $ 1.721.857.67 en contra de México.
_Por daños a su persona y negocios ---causados en su arresto y cncarceJa$855,857.67, siendo la reclamación más grande. Estas
p~~c1ones no fueron aceptadas porque el general Felipe Berrio7..ábal -el corrus10nado mexícano- insistió en que Milmo había renunciado a.nterionnente
el derecho de hacer cualquier reclamación cuando obtuvo su libertad en
1864, arguyendo que este arreglo no había sido anulado por ningún "tribu~al competente". La segunda reclamación ascendía a $ 279,000 pesos por los
mtereses que Milmo había perdido en sus mercancías y propie&lt;la&lt;les coníiscadas (en algunas de eUas él sólo poseía el 50%) . .Esta· también fue rechazada por el general Berriozábal, declarando que este asunto ya había sido resuelto por una comisión en 1871 y que por tanto no podía ser reexaminada de
nuevo. Finalmente, Milmo reclamó que le habían quitado 20,000 pesos a
la fuerz,a durante los años de 1864 y 1872. Die7.. diferentes artículos compre~día esta lista. El comisionado británico, Lionel Carden y Berriozábal estuvie~on de acuerdo que cuatro de las reclamaciones que sumaban 5,890 pesos
debenan de ser pagadas, y que cuatro de las peticiones que sumaban 5,742.52
pesos deberían de ser disueltas, pero no pudieron ponerse de acuerdo en
las dos últimas que ascendían a 8,367.48 pesos.
IDI~n~o- demandaba

Estos documentos demuestran clara.mente las dos actitudes, así como la
r~gnación de Milino de rendirse al gobierno al tener noticia de no poseer
mnguna ayuda e inclusive a pagar 50,000 pesos para obtener su libertad.
Pero quizás lo más importante fue la preocupación demostrada por varios
oficiales britáiúcos por el bienestar de tmo de sus ciudadanos. Hay que hacer
notar que en el siglo XIX los ciudadanos británicos usaban su ciudadanía
con _mucho orgullo, y se sentia.n protegidos por el gobierno de Su Majestad,
no unportando cuan duro fuera su problema; esta actitud se puede notar
claramente en el caso de Milmo donde el comisionario británico estuvo siempre de su parte aunque sólo pudo obtener una sola reclamación.
Los documentos siguientes son seis cartas y dos informes de los comisionados y comprenden ochenta y una página de treinta y uno y veinte centímetros; localizadas en la Colección de la Oficina Foránea que están depositadas en el ''Public Records Office", en Londres; hay que mencionar que
sólo las puntuaciones menores y algunos párrafos han sido cambiados para
asegurar la claridad.

563

�(F. O. 50/383).
Monterrey, abril 22 de 1864.
Señor ( Cónsul Británico en Matamoros) .

permitido hablar con ninguna persona ni siquiera con mi esposa y mis pequeños hijos.

Deseo rogarle y p1·esentarle a usted las siguientes afirm~ciones, q~e como
súbdito británico demando que tome las medidas necesarias para liberarme
de la persecución y el robo.
El 29 último, a las 9 a.m. me encontraba en mi oficina, cuando fui solicitado por el Ministro de Guerra del presidente Juárez, el
~M~el!
Negrete; cuando me encontraba en su despacho ,me ,Pre~to, s1 terna mis-~bros comerciales en mi oficina a lo que conteste: s1 senor; el entonces diJo
"yo los requiero y usted se los entregará a estos caballeros" apuntando a
caballeros que me acompañaron hasta mis oficinas; al llegar les pregunte Sl
tenían una orden escrita, pues supuse que ellos la debían de traer. Me contestaron que no traían ninguna orden. Les dije que consideraba que una orden
era muy necesaria. Ellos estuvieron de acuerdo en que. ~a orden era necesaria y uno de estos señores regresó de _nu~vo con el, numstro ~e Guerra para
solicitarla. En ese tiempo yo me comunique con el consul espanol --en ause~. del cónsul británico- para que hiciese las consideraciones necesarias baJo
aa
'd
tales circunstancias. A los pocos minutos el caballero que había sali o a conseguir ]a orden regresó diciéndome que el ~ t r ~ ( egrete! quería ve~e
otra \'e't.. Esta petición no me gustó y consulte al Cónsul espanol para decirle
que si sería mejor entregar los libros sin la o_rde.n escrita. _El cónsul me aconsejó que sería más prudente ir, y por consiguiente lo hice .. Al ~ntrar a 1~
oficina del Ministro de Guerra me demandó en una forma rrasc1bJe porque
no entregaba mis libros sin ]a orden escrita y que si me negaba él me oblig~ía
a hacerlo ya que tenía noticias que en mis manos se encontraban muchos mtereses de e&gt;..i.ran jeros y que sólo mis libros serían las únicas pruebas contra
ellos. Ante esta petición me negué y dije que no lo haría a menos que fuera
obligado a hacerlo. El ministro replicó que me fusilarla en el acto y que me
quedaría sin ningún interés como el traidor (Santiago) Vida~ri, Y_ que era
un ladrón. Yo respondí finnemente que podía mandarme fusil~ s1 e~e era
su deseo y que era un ciudadano britárúco y que no le tenía rmedo ~ a la
muerte ni a él. Entonces él dijo que yo me estaba burlando y empezo a pegarme varias veces con su mano y con un bastón que lo rompió en mi brazo
amenazándome con golpearme Ja cabeza. Después de este incidente llamó a
varios soldados y ordenó que fuera mandado a las barracas donde sería fusilado. Ahí permanecí dos días y después fui trasladado a la prisión de esta
ciudad, donde aún estoy encerrado. Durante diecinueve días no se me ha

g:ne.ral

?º~

Después de dieciocho días fui mandado con el director del penal y ahí
declaré; al día siguiente este funcionario vino a mi celda y me dijo que había
reportado que no existía ninguna causa para que yo estuviera encarcelado y
que cuando estaba presto a liberarme en cuanto recibiera orden del general
en jefe de ponerme bajo las órdenes del ministro de Hacienda.
El día 18 del actual fui conducido a través de las calles a la oficina del Juez
de Distrito, como un vulgar delincuente, entre un sargento y cinco soldados.
El juez me preguntó algunas cosas y me dijo que permanecería en la
cárcel por falta de respeto al Ministro de Guerra, por desobediencia a Jas
órdenes del Supremo Gobierno y por ser cómplice de don Santiago Vidaurri
y por último me permitió que recibiera amigos en mi celda.
He hecho una solicitud por mis libros (que fueron tomados en el momento
de mi arresto) y a] mismo tiempo solicité dar una fianza suficiente y que
me presentaría en cualquier momento que lo solicitaran, pero estas dos peticiones no fueron aceptadas.
Con respecto a los cargos en mi contra son infundados pues yo demostré
claramente que no he hecho ninguna ofensa al Ministro de Guerra y mucho
menos negarme a entregar mis libros a menos que no fuera por una orden escrita.
En referencia al cargo de "Desobediencia a las órdenes del Gobierno", como
no recibí ninguna, ni desobedecí ninguna, todo lo que yo pedía era una orden escrita, pues una verbal no constituía ninguna prueba para mí.
Respecto a ser cómplice de don Santiago Vidaurri, esto es infundado. He
hecho varios préstamos en varias ocasiones al Gobierno del Estado y en este
caso he hecho solamente lo que cualquier comerciante estaba obligado hacer,
exceptuando que generalmente yo daba la suma más grande.
También tengo que reportarle que este Gobierno ha tomado y vendido
ciento sesenta y cinco mil (165,000) yardas de telas Imperial bajo las siguientes circunstancias. El Administrador de la Aduana de Piedras Negras exigió
a mi agente unas letras de cambio y éste se las dio a la vista a favor del Administrador que a su vez las endosó al jefe de la Tesorería Federal y esta oficina las endosó a la Tesorería del Estado que las presentó para su pago. Al
exigirme este pago lo hice puntualmente; Ja cantidad era por 22,904 pesos,
_eero el Ministro de Hacienda o Tesorero del Presidente Juárez demandó el
repago porque el gobernador estaba en rebelión. Yo me negué a pagar ya
que esas letras habían sido pagadas en sus propias oficinas ( el jefe de la
Tesorería Federal) en esa ciudad; y me negué a pagar de nuevo esta deuda
y por consecuencia las 165,000 yardas de Imperial fueron tomadas y ven-

564
565

�elidas ayer a 14½% para cubrir ]a cantidad de $ 22,100 y el resto de $ 8?0.00
fue tomado de la caja de mi oficina. El valor del mercado del Impenal es
de $41,250.00.
Copias de lo anterior y de las letras con el procedimiento y la toma y
venta del Imperial le serán mandadas cuando usted lo requiera induyendo
los papeles relativos a la recolección a la fuerza de mis libros.
Todos estos procedimientos son ilegal€S y ... es muy probable que continúen
mientras yo tenga ... cualquier propiedad que el gobierno de Juárez pueda
poner sus manos a menos de una rápida protección del gobierno de Su
Majestad ...
(firma)
PATRICIO MJLMO

(F. O. 50/383).
Vice-Cónsul Británico.
Matamoros, abril 12 de 1864.
Señor (Capitán E.V.B. Von Donop, H.M.N. Jason off the Río Grnnde)_He sido en forma veraz informado que Patricio Milmo, ciudadano británico y rico comerciante de Monterrey que por sus negocios y relaciones
familiares con don Santiago Vidaurri ( el depuesto gobernador de Nuevo
León) desde la entrada de las fuerzas del Presidente Juárez en Monterrey ha
sido tratado brutalmente y puesto en prisión, por la mera sospecha de que
oculta propiedades o dinero perteneciente al dicho Vidaurri y como consecuencia de negarse a pagar una cuenta de veinte y cinco mil dólares en efectivo ( por cuya cantidad ninguna seguridad ofrecida por sus amigos fue
admitida).
He sido requerido por el socio del señor Milrno que reside en Matamoros
a extender inmunidad consular a su amigo y que reclamara el injusto tratamiento a un ciudadano británico, pero temo que por no tener comunicación con el Supremo Gobierno, é.sta sería completamente desatendi~a Y no
tendría el efecto deseado; así pues pongo el asunto ante usted, de1ando a
su consideración, si a su juicio su interferencia en este caso, tomando en
cuenta su comunicación directa ron el Gobiemo de Juárez en Monterrey,
sería propio y aconsejable para el efecto. Yo remitiré debida y prontamente
el citado despacho a su destino tan pronto sea recibido de usted.
Tengo el honor de ser suyo.
señor
su más obediente, y humilde servidor
PAUL ZURN

Vice-Cónsul de Su Majestad.

566

(F. O. 50/380).
Monterrey, diciembre 14 de 1864.
Señor (John. Walsham, Encargado de los Asuntos Británicos en México).

Tengo el honor de acusar recibo de su carta del 30 del pasado y poner
ante usted el siguiente pequeño bosquejo de mis perjuicios.
El 29 de marzo último, a las nueve a.m., fui notificado que el Ministro de
Guerra, don Miguel Negrete, requeria mi presencia en el paJacio y yo fui
inmediatamente, pregwitándome si tenía en mi posesión mis libros de ofic.ina, y yo le contesté que sí; entonces apuntando a dos hombres me dijo que
se los entregara y les or!;lenó que me acompañaran. Al regresar a mi oficina
yo les pedía (a los hombres) una orden escrita que suponía que tra!an, pero
no traían ninguna y uno de ellos regresó a la oficina de Negrete para conseguirla ... Mientras tanto, temiendo alguna ~cultad me comuniqué con
el vice-cónsul de España, para que me diera un consejo. La persona que
fue con Negrete regresó y me dijo que eJ Ministro de Guerra deseaba que me
presentara de nuevo con él. No me gustó presentarme nuevamente ante él y
Je propuse al Vice-Cónsul si no sería más prudente entregar los libl'os inmediatamente&gt; pero me dijo que no los entregara a menos que fuera obligado a ello o con la orden del ministro, y me recomendó que fuera de nuevo
con Negrete y pidiera la ordtm. Así lo hice, me presenté ante él y me preguntó
que por qué no entregaba mis libros, y yo le dije que tenía en mi poder
muchos intereses de comerciantes que residían ~n Inglaterra y en Los Estados Unidos; que mis libros eran la única prueba de sus inversiones, y no
pensaba entregárselos a menos que me obligara a ello y exigía por esta razón una orden escrita para mi protección. El me contestó muy ex:citado que
no estaba interesado en mi propiedad sino por las del traidor Vidaurri y
que yo era un ladrón, un miserable extranjero que mataría como a un perro.
Yo le contesté calmadamente que no le tenía miedo a la muerte, y que no
tenia derecho de insultarme de esa manera en su oficina. Entonces él me
pegó con su mano y después con su bastón . . . siendo rodeado por su guardia
estaba impedido de hacer nada excepto quital'me los golpes, lo mejor que
podía; ordenó que me llevaran a las barracas y que alú daría la orden para
que me fusilaran. Ahí estuve dos días y de ahí me llevaron a la cárcel, estando incomunicado hasta el día 16 de abriJ, cuando fui llevado al juzgado
del Distrito, rodeado de una guardia de soldados. Allí respondí a varias preguntas y fui notificado que estaría en prisión "por irrespetuoso con el Ministro de Guerra, desobediencia a las órdenes del gobierno y cómplice de don
Santiago Vidaurri".
Desde esa fecha, 6 de mayo, he podido ver a mi familia en la prisión. Desde
567

�el 6 de mayo he estado de nuevo incomunica.do hasta el 26, que mandé una
carta al cónsul de Su Majestad en Matamoros ( copia de esta carta está en
mi oficina). El 18 de junio me fue permitido hablar con mis amigos en la
prisión.
Habiendo sufrido ochenta y dos días en prisión, la mitad de este tiempo sin ver algún ser humano y sin poder hablar con mis hijos y convencido de que sólo podría conseguir mi libertad comprándola resolví hacerlo
de mala gana, ya que mi salud estaba cada vez más delicada, por esto estuve
de acuerdo en pagar $ 50,000 -$ 46,300 al gobierno: un tercio al contado,
1/3 en 30 días y 1/3 en 60 días; el resto de $3,700 sería para el corredor
del. . . Ministro (José Maáa) Iglesias. Los pagos finales serían después de
la salida de Juárez de esta ciudad. Pero el poseedor de la nota me demandó
y apelé al general Tomás Mejía que ordenó que el procedimiento quedara
suspendido; este asunto se turnará al Emperador. Hasta ahora no se ha
dado ninguna solución.
El día que fui encarcelado mis libros fueron tomados de mi oficina por la
fuerza armada e incluyendo las copias de mis cartas desde el año de 1855
y éstas fueron entregadas a los interventores nombrados por el gobierno que
debería de llevar adelante mi negocio. Objetos con valor de $41,000 pesos
fueron tomados de mis bodegas y vendidos en subastas. Mi sucursal en Piedras Negras, con gran cantidad de mercancías y 840 pacas de algodón fueron
tomadas· también mi sucursal de Matamoros, con grandes conspiraciones de
artículos' procedentes de Londres y destinados a Texas y una gran cantidad
de algodón fueron sustraídos por los interventores del Gobierno nombrados
para que continuaran mis negocios. Mi socio el señor Thomas Giligan fue
encarcelado, pero liberado bajo palabra por (Juan N.) Cortina.
La cantidad de 13,000 pesos en oro que se encontraba en mi caja de seguridad desapareció cuando los interventores tomaron posesión, varias vasijas que estaban a consignación en mi casa de Matamoros tuvieron que
regresarlas de nuevo a Nassau, los papeles y la consignación cambiados allá,
para poder salvar estos bienes.
Todos mis negocios fueron suspendidos desde el 29 de marzo hasta el 6 de
julio, ya que hasta ese día entré de nuevo en posesión de mis negocios y libros en virtud de los arreglos con el ministro Iglesias y por consejo de amigos, me retiré a Texas en donde permanecí hasta el arribo de los franceses.
Pruebas: estoy casi preparado para probar todas mis declaraciones y pérdidas de las cuales no se me pueden objetar.
No apelé a la Legación de Su Majestad con anterioridad esperando tener
noticias de si el Imperio había sido reconocido; además no quería molestarlo

hasta poder presentarle a usted una declaración completa con las pruebas
necesarias.
No tenía yo conocimiento que era necesario apelar al Cónsul de Su Majestad para un certificado de nacionalidad y por esta razón nunca hice aplicación y no tengo documentos que mandarle como pruebas, excepto un poder de un abogado que tenía yo de mi padre y mi certificado de bautismo
"Cartas de Seguridad". Siempre he sido reconocido con estos documentos
por el Gobierno del Estado, ya que no hay cónsul aquí.
Nací en la parroquia de Ballysodare, condado de Higo, Irlanda el 27 de
septiembre de 1826 y llegué a este país en diciembre de 1848 y he residido
desde entonces, excepto durante el verano de 1861 que estuve en Inglaterra
e Irlanda por negocios.
Puede usted escribir al Vice-Cónsul de San Luis Potosí el señor George
L. Chabot con relación a mis derechos de reclamar protección británica; sí
ésto no fuera suficiente le suplico tenga la bondad de aconsejarme qué tengo
que hacer para probar mi nacionalidad.
Siento mucho que la duda de la obligación del presente Gobierno de compensarme de mis injurias y pérdidas infligidas por el Gobierno del Presidente
Juárez. No tengo deseos de hacer reclamaciones exorbitantes, pero quedaría satisfecho en recibir la cantidad especificada que me fue tomada en
efectivo, en bienes y que la persona que me trató en esta forma tan bnital
sea castigada.
Sin embargo, insertaré un presupuesto de las pérdidas que tuve por la
suspensión de mis negocios, para que 1a injusticia que se me hizo sea estimada en lo que vale.
Mi suegro, don Santiago Vidauni, ahora en la capital, es de opinión que
en primer lugar debo de hacer una apelación al Emperador para una compensación siempre rese.tvando mi derecho de ciudadano británico.
El señor Vidaurri quiere que actúe condescendientemente, con el deseo de
evitar en todo lo posible la necesidad de poner el problema en manos del
Gobierno británico. Yo mismo prefiero arreglar el problema como él propone
y le he pedido al señor Vidaurri que le visite con relación a este asunto.
Debo de disculparme por escribir tanto, pero no podía darle una idea de
mis problemas en pocas palabras.
Tengo ( el honor) etc.
Firma.-PATRICio Mn.Mo

568
569

�estuvo en prisión aJ gobierno de Juárez y que se refugió en Texas, y que se
encuentra en San Antonio ...

(F. O. 50/383).
Vice-Cónsul Británico.
Matamoros, mayo 10 de 1864.
Señor (Capitán O.

J.

Yo soy

J.

Ü.

Jones, H.M.S. Shannon, of llio Grande).

jONES

Capitán

El e.aso del señor Thomas Giligan4 representante de la casa Milmo y Compañía, que está en estrecha conexión con Patricio Milmo en Monterrey, bajo
cuyo cuidado el capitán (E.V.B.) Von Donop ha mandado una comunicación al Presidente Juárez que a mi conocimiento no ha sido contestada. La
propiedad de Milmo y Com:pañía en Monterrey está a mi entender, bajo el
mando del gobierno de Juárez con vías de ser confiscadas. Yo creo que
eJ procedimiento que se lleva en contra de él está fuera de toda justicia. La
01·den de proceder contra Milmo y Compañía, vino del Supremo Gobierno
en Monterrey y fue ejecutada. . . en presencia del ministro de Hacienda, el
señor (José María) Iglesias, que retomó a Monterrey esta mañana; el general J. N. Cortina, Comandante Militar y Gobernador de Tamaulipas, residiendo en Matamoros, puede usar su poder para hacer justicia a pesar que
el problema no pertenece a su autoridad inmediata, y tengo entendido que
está inclinado favorablemente hacia el señor Thomas Giligan, ya que lo
tomado en su custodia en vez de ponerlo en prisión como demanda el juez ...
Tengo el honor de permanecer, señor, como su más obediente humilde
sirviente
PAUL ZORN

H. M. Vice-Cónsul Activo

(F. O. 50/383).
H. M. Barco Shannon.

Señor ( Secretaría del AJmirantado) .
Con referencia a su comunicado del 13 y 17 de mayo de 1864, tengo el
honor de poner en su conocimiento la información de Lores Comisionados
del Almirantazgo que una carta recibida de Paul Zum Vice-C6nsuJ en Matamoros de la 16a. instancia que dice "que el señor Milmo en Monterrey fue
puesto en libertad después deJ pago de 45,000 pesos al gobierno". También
he sido informado hoy por el señor Lancaster de la casa Milmo, que fue
ordenado fuera del país, que el señor Milmo pagó 50,000 pesos mientras
570

(F. O. 50/380).
México, 28 de dieíembre de 1864.
Mi Lord (Russel).
C',on referencia al despacho No. 35, del 26 de octubre tengo el honor de
h·asmitir una copia de la carta que recibí antier del señor Patricio Milmo.
Previamente había yo llevado el caso ante el Gobierno mexieano en w1a
forma no oficial, pero me ha sido imposible hacer una reclamación directa
en favor del señor Milmo por la evidencia contenida en los documentos acompañados en los despachos de Su Señoría, le escribí y le rogué que me diera
una declaración sobre su caso desde la fecha de su encarcelamiento hasta la
entrada de las tropas francesas a Monterrey.
El señor Milmo no ha mandado ninguna opinión donde exprese sus esperanzas, ni me ha sido posible hablar con el general Vidaurri; asl que por
el presente, no me ha sido posible intervenir más adelante en este asunto,

inclusive en uno de los párrafos concluyentes de la carta del señor Milino
del día 14 me he enterado que no requiere mi asistencia inmediata.
Parece que sería muy difícil para el gobierno de Su Majestad insi$tir sobre el pago de la suma precisa que la firma Milmo y Giligan puede haber
perdido en consecuencia de lo que ocurrió en Monterrey y Matamoros cuando estos pueblos estuvieron en posesión de los partidarios de Juárez, a pesar
que quizás se puede pedir alguna moderada indemnización y el señor Vidaurri debería consultarme sobre este asunto, yo no pondría ninguna objeción para hablar sobre el particular.
Mi Lor, el más obediente y humilde sirviente
JonN

WALSHAM

571

�(F. O. 97 /516).
Rt-damaciones de Patricio

filmo (CXVI).

o. 244. lnjustificable arresto y encare !amiento.
Embargo de sus propiedadl's y negocios.
Pérdidas y daños . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . , 855,857.67
Reclamación No. 244. Desaprobada:
El reclamante en este caso era el señor Milmo, qu era eJ hombre más
rico y propietario indudablemente de la casa de negocios más grand del norte de México. HabiéndOf.e rasado ron la hija de Vidauni gobernador del
estado de uevo León, incurrió en d error de ponerse en mano del Partido
Liberal y en negocios donde ·e demo tró mala voluntad en •I cobro de unas
letras de cambio cuando él defendió la causa del Impt.:rio sin tomar parte
activa en la política.
Cuando el Gobierno Liberal tomó po~ ··ión de ~ fontcrrcv en 1864, él fue
hecho víctima de unos arbitrario· e injustificables procedimientos que e -tán
completamente detallado. en la siguient opinión, } es solamt&gt;nté' nec •sario
agregar que, a pesar de la gran cantidad de reclamaciones qu apare&lt;"en como
muy grandes sus negocios en la c-ompra de algodón a los ·tadns sureño· de
los Estados Unidos era muy xtensa, y en C'Íecto. que cuando lo· precios
del algodón empe7.aron a bajar como consecuencia de los 1&lt;&gt;vese· que tenía
el ejército Confederado, él e·tuvo en prisión y no podía atender personalmente su negocio que tenía en distintos puntos de la frontera y to prO\'OCÓ
pérdidas de gran magnitud.

O pi11ió1i drl Comisio11ado Británico
El ornisionado en México deniega esto basado en que un arreglo del asunto principal de fa demanda se había turnado al Gobierno a solicitud del
mismo demandante y sobre su anterior renuncia formal de la demanda él
ahora sale con que el arreglo que fue hecho hace veinte y cuatro años sólo
podrá ser anulado por un tribunal competente y que hasta que e.5to se haga,
los perjuicios que reclama no se pueden investigar.
El que firma, omisionado de S.M.B. se encuentra obligado a diferir radicalmente con el señor (Felipe) Bcrrio7.ábal en este caso, basado en que
la cantidad que Milmo tenia que pagar en virtud de tal convenio del 19 de
junio de 1864 fue forzado mientras él estaba en prisión y este punto fom1a
parte de las reclamaciones y sólo forma la parte mínima en comparación
572

con las otras pérdidas que él sufrió injustificadamente en la rárceJ y por habérsele embargado s11 propiedades también en forma injustificable.
La sustancia de e le arreglo ( la nulid:id del cual basado en la intinúdación se reS&lt;'rva para ser tratado en su propio lugar) fué Ja retractación que
el propio Milmo expresa en una carta dirigida al Vic-e-Cónsul de fatamoros, consid rada por el gobierno como ofensiva y su compromiso de pagar
46.239.2·1 ; en considcraci 'u de lo cual el gobierno condonó su pretendidas
responsabilidades finanderas a la tesorería y abandonó la demanda en su contra.
na referencia al documento mismo ... , demuestra que no hay men ión
en ella sobre ninguna reclamación que Milmo a su \'e'.l pudo haher hecho en
contra del gobierno por las pérdidas y sufrimientos que había pasado los
cuales con ·ecu nlcmente no pueden con iderarse parte del dicho arreglo, las
bases real · de la pn sentc redamación son como siguen:
1. En marzo 29 d 186·1-, el demandante fue injustamente arrestado por
orden del linistro d • Guerra ( ~eneral . figucl egrct ) ( confirmado wios
días después por el Presidente de la Repúbli a) }' confinado a una cárc 1
como un malhe hor común por 82 días, durante Jos c-uale , la mitad tuvo
incomunicado y no se le pem1itió conferenciar ni con su abogado o su familia.

2. Que ·n abril 26 us propiedades f uernn tomada· por la corte )' puestas
a (·argo de dos íntervcntores nombrados por I jue-✓, el reclamante fue notificado ubsccuentemcute "c1u podía nombrar una persona que lo representara en su rasa de negocio, sobrentendiéndose que la administración de
los negocios continuaría siendo conducida por Jos interventor judiciales,
pero bajo la exclusiva responsabilidad de Mihno y por sus pérdidas, así que
en túngíin tiempo puede él alegar alguna excusa que lo exon re de esta
responsabilidad ó fundar una reclamación de cualquier clase''.
3 Que las únicas bases para infligir estas penas fueron: 1) pretendida
falta dt' re·pcto al Ministro de uerra. 2)
r.galiva de entregar a los oficiales con una orden verbal los libros de su negocio. 3) Responsabilidad por
alegar fraude a la Tesorería del Estado en pago d los Impuesto Aduana.les.
•1 . Que aparte de sus penas J&gt;éI ~ na) •s, ru encar elamicnto y embargo de
sus propiedades produjeron una confusión en sus negocios debido a lo extenso
y ornplicado de su naturaleza, en especial por la transacción del algodón,
le provocaron pérdidas direc-tas de gran magnilud.

LDI&gt; factor

en el caso son como sigu n:

l. El 29 de marzo de 1864

filmo fue Uamado por el general egrete,
fi.nistro de Guerra, }' le ordenó que le entregara los libros comerciales de
sus negocios. rgrete acordó que dos prrsonas lo acompañaran, , a estando
en su casa, Milmo, pidió una ord ·n crita para poder entregar sus libros y
pidió que por favor fueran a conseguir esa orden. egrete mandó de nue\'O

!&gt;73

�por él amenazándolo con castigarlo si no obedc ·ía. Allí Jo insultó y lo castigó en fonna corporal, amenaz.índolo con fusilarlo: tilmo le co11t tó que
no le tenía miedo a él ni al gobi 1110 es por é·to c¡ue consideramos que la
reacción de nue:;tro drmandante era natural y creemo · que no comc&gt;ti{, ninguna ofensa y sin embargo fJ recibió un trato poco amable, ya qul• fue
mandado prisioncro a unas banacas militares.

El tr de ab1 il fue trasladado por órdenes cld PrC'. ident · a una prisión
com1111 r pue to en disposición del jt1l'Z de Distrito, ·on lo· car~os de falta
ele re.·peto al !iuilitro d Guerra y de negar la rntr ·ga de sus libro·.
El quince e.Je abril se dictó su fonnal prisión sin nin"una acusación en :u
contra.
Aunque no existía ning(m cargo en su contra Milmo estuvo en prisión hasta
el 19 de jw1io.
Al referirse a la evidencia, rn razón de lo cual E'J reclamante fue rnnminado
a pri ión, nos mue tra que los alegatos de us acusadore · no contenían cargos
on la suficirnte gravedad que lo ameritara.
De las personas que dieron una evidencia: el Ministro de Guerra. declaró
que Milrno "me contestó en un tono de burla y me dijo que no me tenía
miedo ni a mí ni al gobierno. tratando de ridiculizar no a mi persona sino
aI Ministerio ... obligándome a mandarlo a pri ión". Ramón Cuéllar dC'daró
que Milmo 'replicó en un lenguaje irrespetuoso descouO&lt;'iendo toc.Ja autoridad
(la deJ .Ministro) ... " Francisco de la Garza en su c.alidad de juez declaró 'que
Milmo elijo que no entregaría sus libros i no re&lt;:'ibía una ord n escrita o sólo
si los tomaban a la fuer;.a deseando en esta forma poner al iini tro en
ridículo".
Esto constituye todos los cargos.
El reclamante argumenta al enseñar la ilegalidad de los prO&lt;'edimicntos
como sigue:

J. Es ilegal que c1 grneral , egrete demandara que le entregara los libros
( la única prueba de sus propios interf! · s y Je la de los otros , en una orden
verbal, (El Título I, ección I,) artículo 16 de la Constitución (de 1857)
especialmente dice que ningún pap I o propiedad de nadie pueden ser intervenidos "e:uepto c1i virtud de w1a orde11 escrita por una autoridad t'l&gt;mpetn,te".

11. Así pues, es ilegal que el general

egretc amenazara a filmo rnmo
aparece en u declaración y que lo castigaría si no le entregaba los libros
bajo w1a orden verbal.
III. Fue aprobac..lo el te ·úmonio de tre testigos oculares -uno de lo males fue el juez GaI7.a-, que ·egrete golpeó a Milmo más de una vez, lo cual

es induclablement · iJ 1 aJ n vista de la posición del oficial, lo cual se deduce
que fue brutal cobardía en vista d la posición indefensa del otro.

IV. La detención ele Milmo d ·I 29 ele mar1.0 al 15 de ahril cuando e
declaró su fonnal p1isic'.in, fue una violacié&gt;n al artículo 19 de la .onstitución.
pro\'ocando a,;í que todos los concernientes en e·te ca o son responsable·.
V. En I enjuiciamiento no se especifica ningt'm car(To y en la comunicación
del Ministro de Guerra aJ juez se menciona c¡11e la única ofrnsa infligida fue
la de faltas de respeto al Mi11istro y la rcsi tenria de entregar ciertos libro ;
run w10 de esto· cargo: se raJ tiga con la cárc •l.
I. El 'ttcarcclamiento fue un agra,·io a todos los prncc•Jimiento · lega le_·_
2. En la comuni ación hecha por ¡ 'egrete al Juez de Distrito el 13 de
abril de 1864, aparecen unas introducriones rlc tomar Jos libros de filmo
porlJUC el gobierno «fut· pnsuadirlo'' que la mayor parte de las propiedades
qu pertenecían al trnidor \'i&lt;laurri ) por esta fonna se 1• podrian confiscar
todas u· tierras; aparte "aa notorio'' que ~filmo había tomado parte en
\'arias transaccione fraudulentas l'll perjuicio de lo· intrrcses pí1bli, os.
Despurs de un concienzudo examen de los libros, demostr6 c¡ue las sospe&lt; has del gobirrno no tenían fundamento, en relación con el primer punto;
c1 fücaJ fonnuló el 25 de abril de 186-1 una acusación en contra de lfilmo,
donde :;e le mencionaba que. había "/untes i11dicncio11cs'' que filmo junto
con Vidamri había defraudado el erario; además, se sabía que había ayudado financiando uua rebelión contra el gobierno, exponiéndose asimi ·mo a
la confiscación de todos su· bienes, bajo la previsión de la ley del 10 de
julio de 1863. Así pu se dispuso que un interventor debería de ser designado por la corte para que tomara a su cargo la asa de negocios de Milmo
y también debería d s r sancionado por la falta de timbres fiscaJes que faltaban n algunos re ihos.
En conformidad con esta &lt;lrden &lt;los inten·entores fueron designados por la
cort }' se publicaron varias circulares, enviadas a las personas que tenían
relaciones con • filmo para que tu, ieran const'lncia del cambio; asimismo se
les decía que ninguna transacción tendría valor si no estaba firmada por
ellos: mientras rl juez le notificaba a 1i1mo ste cambio como se ha mencionado anteriormente.
in entrar en mu ho detalle en los argos de acusación es en contra de
Milmo que ya son tratados exhaustivamente por el s iíor (¿, evero?) del Ca:tillo, es suficient enumerar que e ·tán pecificado en el llamado arreglo del
19 de junio, que demuestran que no está envuelto en ningún acto criminal.
Primero: Milmo obtuvo una reducción de impuestos en algunos bienes
importado· por él en Tam¡,ico en virtud de un adelanto de din ·ro que le

574

575

�había hecho a1 gobierno del estado, y del que el gobierno federal alegaba que
el gobernador del estado no tenía ningún derecho de hacer esta reducción.
Segundo: Que en el momento que el gobierno tuvo necesidad urgente de
dinero ( abril de 1863) Milmo adelantó 10,000 pesos, con 1a condición de que
esa cantidad y una deuda de 25,000 pesos en la cual él tenía un gravamen,
fuera incluída en la SUSEensión de pagos, deberla de ser pagada por impuestos
aduanales como fue; tercero, que W1os recibos pagados por él no llevaban
timbres fiscales.
A las primeras dos acusaciones se puede contestar que desde tiempo inmemorial la reducción de impuestos en consideración de adelanto fue una forma
reconocida por el gobierno, que muchos otros comerciantes de Monterrey le
habían prestado dinero a Vidaurri, pero ninguna responsabilidad había contra ellos; y, finalmente, que Vidaurri había sido designado en 1862 Comandante en Jefe del estado de Tamaulipas con autoridad para disponer de los
ingresos aduanales de esa entidad y, que por lo tanto tenía derecho de hacer
esta clase de arreglos. En relación con el tercer cargo se puede decir que el
gobierno federal debido a su retirada de la capital no había mandado a los
estados fronterizos los timbres fiscales que según la ley del 9 de febrero de
1863 deben de tener ciertos documentos y debido a esta carencia de timbres era una ley muerta en esta ciudad y aún más, que los retiros y el monto
de los timbres en los que constituyeron una ofensa fueron retirados por faltas del gobierno.
En esta forma no había ni siquiera el más mínimo grado de criminalidad
que se pudiera alegar en relación con estas transacciones.

3. El otro punto en que puede haber procedimiento es si se puede considerar que hubo realmente una ofensa, es si se toma en cuenta la acusación de
insultar al gobierno.
Milmo tiene una carta privada donde el gobierno le solicita 25,000 pesos
para que saliera libre de la prisión. El gobierno mismo acepta este trato,
como lo demuestra la carta del general Manuel Doblado dirigida al señor
George L. Cabot, el Ministro de Guerra dió instrucciones para demandar esta
suma a Milmo, en cuenta de las posesiones que él tenía y que pertenecían a
Vidaurri y como esto no ha sido probado es necesario devolverse. Sin duda
esta es una acción muy impropia del gobierno de demandar 25,000 pesos
a Milmo para lograr su libertad; como también es impropio considerar que
tenía propiedades de otro señor y esto es claro porque nunca ha sido probado. Exigir este dinero fue un procedimiento ilegal por parte del gobierno,
ya que fue exigido bajo presión.
En resumen:

I. Que es injustificado e ilegal el arresto y el encarcelamiento durante 82
576

días, acompañado de un brutal tratamiento recibido de parte de Negrete,
la incomunicación durante 40 días y 1a amenaza coñstante de ser fusilado,
que son demostradas por varios testigos.
II. Como se ha demostrado por la corte no puede haber ningún cargo
criminal en contra suya y sólo cabría una acusación civil si acaso se comprueba algo.
III. Que sus negocios y lransacciones fueron totalmente paralizados en su
ausencia, haciendo que perdiera grandes cantidades de dinero. Por esto y
sus sufrinrientos personales pide una recompensa.
Es por esto que considero que fue .ilegal el procedimiento que se llevó con
lilmo; el llamado acuerdo con el señor Berriozábal, tiene una referencia
muy pequeña y de escasa importancia; y que es para el gobierno un deber
demostrar que las pérdidas alegadas por el señor Milmo no son suficientemente probadas o son exageradas.
Firmado por
LroNEL CARDEN

(F. O. 97 /516).
Reclamaciones de Patricio Milmo ( C:XXJX) .
No. 280. Sus intereses en propiedades son, junto
con las de Vidaw·ri confiscadas por el
gobierno ...................... . ... . . . $ 279,000.00
No. 281. Préstamo forzoso desde 1864 a 1872 .. . $ 20,000.00
Suma total reclamada . . . . . . . . . . . . . . . .

$ 299,000.00

RecJamación No. 280. En desacuerdo.
El siguiente reporte, es el acuerdo mandado por el Gobierno Mexicano,
conteniendo el material del general Berriozábal y algunos puntos de este caso.

Opinión del Comisionado Británico
El comisionado mexicano no toma en cuenta esta reclamación, bajo las bases de haber sido rechazada en el año de 1871, por el departamento de finanzas con el cargo de revisión y liquidaciones de las reclamaciones que bajo la
cláusula III del artículo 17 de Ja ley del 22 de junio de 1885 donde se menciona que las reclamaciones ya negadas no podían ser reexaminadas.

577
H37

�El firmante comisionado de S.M.B. se encuentra asimismo obligado en este
caso a diferir con el señor Be.rriozábal en los tétmínos que una administración
adversa no puede excluir toda posible esperam.a de reexaminar este caso.
Este precedente puede ser encontrado en las reclamaciones que han sido de
nuevo abiertas bajo las leyes existentes, aunque anteriormente fueron detenidas
en revisiones previas y como prueba muy conocida está la de Abra Mining Co.,
para demostrar que inclusive en los casos de una decisión formal por un tribunal internacional el gobierno mexicano opinaba que debería de ser reexaminado y así lo hizo.
Si entonces el gobierno mexicano sostuvo este argumento en contra de la
decisión de un tribunal internacional, no puede en ningún grado declinar o
admitir este caso puramente administrativo una decisión Cómo la presente en
la que ellos y solamente ellos fueron los jueces.

A consideración de los siguientes argumentos en 1a opinión del -firmante,
demuestra claramente que la equidad se inclina al examen, por segunda vez,
de las reclamaciones de este caso.
Los factores en este caso son :

1. En 1857, don Santiago Vidaurri compró, en sociedad con don Luis Zepeda, una considerable extensión de tierra conocida como la "Mesa de Catujanos".

2. Con fecha 27 de noviembre de 1858, Zepeda vendió su parte al seño1
Patricio Milmo.
3. En 1864, la propiedad de Vidaurri fue confiscada por el gobierno y entre
otras cosas tomaron la Mesa de Catujanos, con todos sus edificios y animales,
por orden suprema de junio 16 del mismo año, y poco después se anunció su
venta por medio de un remate público.

4. El 8 de julio de 1864, Milmo, a través de su abogado, (Lic. José de Jesús)
Dávila y Prieto, pidió al gobierno que restringiera la venta anunciada a la

mitad, que era la que pertenecía a Vidaurri, presentando el original del contrato que demostraba Ja compra de Zepeda.

5. A esta petición el Ministro de Hacienda, general (Ignacio) Mejía, replicó
que el 11 de junio de 1864 el presidente había aceptado esta petición y que
su parte comprada a Zepeda no sería afectada.

6. No fue hasta el 25 de noviembre de 1867 que el agente encargado de
~ta. confiscación escribió desde Monclova al señor Manuel Rodríguez, depos1tano gubernamental de la Mesa de Catu janos comunicándole el acuerdo tomado por el presidente de que se restituyera la propiedad con todo, bajo inventario al señor Milmo o su representante ...
La presente reclamación es debida a la .retención ilegal de esta propiedad

578

por más de tres años y por la falta de gran cantidad de caballos, mulas y ganado que no había al ser entregado de nuet·o a su dueño.
La sustancia del informe que los dos oficiales del Ministerio de Hacienda
hicieron en 1869, es la siguiente.
l. E] jefe de la sección de la liquidación recomendó que la suma de
16,500.00 pesos debería de se.r donada, por el hecho de que la propiedad de
Mibno había sido intervenida por el gobierno y administrada por éste y que
consideraba el valor mucho menos que el alegado.
2. El contador general opinaba que debería ser negado completamente, porque la sociedad del reclamante con Vidaurri en esta propiedad no había sido
legalmente probada.
3-. Porque el certificado presentado en su reclamación no había sido por
actos de hostilidad al gobierno y que no había sido retirada por el Ministro
de Relaciones Exteriores.
A estos argumentos, las contestaciones fueron las siguientes:
l. El jefe de la sección de liquidación, al formar su valor estimativo del
ganado existente en la propiedad al momento de su confiscación valuada con
el testimonio dado ·por el señor Pascual Lecea, que declaró que en el año de
1865, había ofrecido comprar todo el ganado de 1a "mesa" por 26,000 pesos,
pero que Vidaurri había pedido 41,000.00 pesos. La discrepancia entre estas
dos cifras y las del inventario firmado por Vidaurri que formaba las bases de
1a reclamación fue aceptada por el jefe de la sección, como prueba de Ja naturaleza exagerada de la reclamación y que, basándose en esto, se trabajaba
bajo un error. Como bien se puede ver por el certificado del general (Francisco) aranjo, la propiedad fue intezvenida en abril de 1864 y en octubre
del mismo año las tropas federales se retiraron y Vidaurri y Milmo gozaron
de nuevo de estas tierras; en marzo de 1865, las tropas francesas en su retirada la ocuparon de nuevo.

Así pues, el ganado fue ofrecido por Vidaurri a Lecea en 1865 no era en
la cantidad que había en 1864, sino lo que había quedado después de seis
meses de hall.arse en manos de sus enemigos.
Un testimonio más acertado sobre la cantidad de ganado existente en esta
propiedad dice que en 1864 fue llevado enteramente por las tropas del gobierno y esta cita se encuentra en la comunicación al jefe de Hacienda de
Coahuila mandada al jefe de la sección de liquidación el 15 de diciembre
de 1869 ...
2. La primera razón aludida por el contador general donde se niega la
reclamación es una directa oposición a la evidencia de que Milmo, había
sido fonnalmente reconocido por el gobierno como el dueño de la mitad de
esta propiedad y esto es probado por el despacho original del Ministerio de

579

�F.inanzas el 11 de julio de 1864 y si mayores pniebas son ctesc.adas pueden

encontrarse en la orden mandada al agente el 25 de noviembre de 1869 donde
se le dice que debe regresar toda la propudad con todas .sus cosas, bajo inventario de Milmo.
3. La segunda razón dada por el mismo oficial es que el certificado demostraba que Milmo no había viciado su reclamación por actos de hostilidad al gobierno y que no había sido presentada por la oficina foránea, en
vista de este factor de que el requerido certificado fue hecho por las autoridades locales es escasamente increíble que la omisión de la confonnidad de
pasarla por la oficina foránea deberla ser aducida seriamente bajo los terrenos
de una absoluta negación a la reclamación y en vista de este punto eqwtativo no se puede considerar como perjudicial a los derechos del reclamante.
En resumen se puede probar claramente:
I. Que el gobierno tomó posesión de la propiedad de Milmo bajo el falso
concepto de que pertenecía a Vidaurri.
II. Que después de haber admitido que les pertenecía a Milmo no se la
entregaron hasta tres años después, sin ninguna razón.
III. Que no había sido intervenida en forma legal y bajo inventario, sino
simplemente le fue anebara.da por los soldados.
IV. Que el gobierno habiendo confiscado la propiedad, que se admite-que
era de gran extensión, sin hacer ningún inventario, es probahle que acepte
el inventario del reclamante, a menos que se prnebe con evidencias de que
la cantidad manifestada es exagerada.
V. En entendimiento de estas razones la administración sigue manteniendo
la misma opinión contra el reclamante que dio en 1871 y que no es aceptable, ya que no refleja la evidencia; que el reclamante ha sufrido considerables pérdidas, por lo cual el gobierno es directamente responsable, y, finalmente, que falta que al gobierno demuestre que la cantidad pretendida
es excesiva.
Firmado
LroNEL CARDEN

Reclamación No. 281.
Esta fue hecha por diez diferentes términos, algunos de los cuales fueron

bien establecidos.
Por mutuo consentimiento cuatro de éstos sumaban el monto de 5,890.00
pesos, y fueron permitidos y otros cuatro fueron negados, pero no estando
de acuerdo con los restantes que suman la cantidad de 8,367.48 pesos ale-

gando a la decisión de mandar .infoones E&lt;)r separado sobre este asunto. El
reporte es el siguiente:
Opinión del Comisionado Británico

El comisionado mexicano está permitiendo que ciertos elementos de la
reclamación sean base para declarar una insuficiencia de evidencia.
El firmante, comisionado de S.M.B., mientras admitía la fuerza de esta
reargumcntación en contra de algunas cantidades del reclamante se encuentra obligado a estar en desacuerdo con el señor Il9fl"iozábal en dos puntos que
incluyen la suma de $8,361.58.

l. El 27 de julio de 1869, el reclamante entregó al jefe de Hacienda de
Matamoros seis documentos valuados en la cantidad de $7,867.48 bajo diferentes cuer,tas al Gobierno Federal en los años de 1864, 1865 y 1866. De
acuerdo con el artículo 14 ele la ley y artículo 1 de la circular del Ministerio
de Hacienda de 29 de enero de 1869 se establece que los jefes de Hacienda
tenían que recoger dichos recibos en su liquidación o decisign de la reclamación, por lo cual los documentos habían sido entregados. El hecho de que
el recibo era presentado en su orighlal por el reclamante demuestra que la
reclamación no ha sido adjudicada y que los documentos deberían de estar
en poder del Gobierno.
El argumento de pruebas insuficientes no puede ser aducido en contra del
reclamante, que, después de esperar veinte años, no tiene más que mostrar
excepto de un recibo de oficina y el gobierno deteniendo estos documentos
evita que estas pruebas sean aceptadas para soportar el caso y aparece como
dararnente responsable por la suma reclamada, fracasando naturalmente en
la presentación de documentos y el establecimiento de su insuficiencia.
2. En e] año de 1872, el señor Milmo fue obligado a pagar quinientos dólares para obtener una orden de viajar hasta Linares. La comunicación del
Comandante :Militar de Montemorelos, Rayones -y Allende ad:rrute que dará el
permiso con la condición de lll1 pago por la suma mencionada y el recibo
firmado por el mismo ha sido presentado como prueba.
No se necesita ningún argumento para demostrar la ilegalidad de esta
acción: el reclamante es un hombre libre y como tal tiene derecho de viajar
libremente por el país y esto está asegtU"ado por el artículo II de Ja Constitución: o está detenido bajo un cargo civil o penal y sujeto a dar una fianza y
sobre esto se sabe que ninguna autoridad judicial tiene conocimiento de algún caso reciente en contra del demandante.

En cualquiera de los dos casos la acción del Comandante militar es un

580

581

�innegable abuso de podér, por Jo cual el gobierno que lo nombró y lo mantuvo en ese cargo es claramente responsable.
El firmante es así pues de la opinión de que las anteriores razones sumadas a la cantidad de 5 890.00 pesos en la cua1 el Comisionado mexicano tuvo
que ver y la suma posterior de $ 8,367.48 debería de ser reembolsada al señor
Milmo a cuenta de su reclamación.

LIBROS

FUENTES

MAR.Es,

JosÉ, Juárez

OwsLEY,

FRANK

LAWRENCE,

Jus, 1962.
King Cotlon Diplomacy: Foreign Relations o/ the
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1959.
RowER, RALP, Juárez and His Mexico. New York: The Viking Press, 1947. 2 vols.
RoEL, SANTIAGO, Nuevo Le6n, Apuntes Hútóricos. lla. ed. Monterrey, 1963.
y la Iritervención. México. Ed.

Firmada
LIONEL CARDEN

(Traducción de Andrés Montemayor. FJ Colegio de México).

Tests

INÉDITAS

GRAP, LERoY P., "The Ecooomic History of the Lower Río Grande Valley, 1820-1875".
Harvard University, 1942, 2 vols.
MosLEY, EDwA.R.O HoLT, "The Public Carccr of Santiago Vidaurri, 1855-1858".
University of Alabama, 1963.

BIBLIOGRAFIA

MANUSCRITOS

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Monterrey.
Despachos del Consulado Norteamericano en Monterrey, México, 1849-1906: registro,
1849-1906 y volumen II, noviembre 15 de 1849-diciembre 9 de 1869. Registro general del Departamento de fütado, Grupos de registro 59, Archivos Nacionales,
Washington, D. C. Copia microfilmada en la biblioteca de The Texas Christian
Universily.
Papeles de la Oficina Exterior. 50/380, 50/383, 97/516 ; Registro Público, Londres,
Inglaterra.
Papeles de John T. Píckett; Biblioteca del Congreso. Washington, D. C.

DocUMENTOS

RoEL,

SANTIAGO, Correspondencia particular de Don Santiago V-idaurri, Gobernador
del Estado de Nuevo Le6n (1855-1864}. Monterrey, Universidad de Nuevo Le6n, 1947.

The War o/ the Rebelioll: A Compilation o/ the Oflicial Records of th6 Union and
Con/ederate Armies. Washington: Government printing Office, 1880-1901. Series
I, vol. LIIL

PERIÓDICOS

Boletín Oficial, Monterrey, 1864.
The Houston Daily Telegraph. 1864.
El Pájaro Verde. Ciudad de México, 1864.

583

�ESTUDIOS PREVIOS PARA UN TRABAJO SOBRE LOS REQillSITOS
AL TÍTULO DE PROCURADOR Y SOBRE LOS ORÍGENES
SOCIALES DE LOS PROCURADORES EN EL
IMPERIO ROMANO

PRoFR. DR. DmTRicR lIAuGK B., M. A.

A mi amigo Arturo Ordóñ~
EN EL TRANSCURSO DE MI CLASE SOBRE "Problemas fundamentales de la gramática histórica española", que yo imparto desde enero de 1968 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo León, me percaté
frecuentemente, de lo e,,•draordinariamente débil que es el acervo de conocimientos que poseen los estudiantes sobre el Imperio Romano. Desgraciadamente no cabe dentro de mi responsabilidad el ocuparme en forma. intensiva sobre los problemas históricos al impartir una clase de lingüística. Sin
embargo es necesario referirse una y otra vez a problemas sobre la organización administrativa de las diversas provincias del imperio Romano, ya que
solamente así se llega a comprender claramente la distribución lingüístic.a de
la Romania.
Afortunadamente hay una larga lista de buenos manuales históricos - también en español- cuya lectura puede recomendarse a los estudiantes.
Asimismo las obras especializadas en filología contienen con mucha frecuencia una introducción que proporciona al principiante una información
amplia. escrita en forma sencilla, sobre las circunstancias históricas.1
1 Recomiendo con gusto las siguiente; obras clásicas: WARBURG, W. vóN, La fragmentaci6n lingüí.tlica de la Romanía. Madrid, 1952; Vmos, B. E., Manual de lingiils•
tica romdnua. Madrid, 1963; wusBERG, H., Lingül.stica románica. Madrid, 1965;
Cosmuu, E., La geografía lingüística, en: PLU&gt;ls. del Depto. de Lingüística 11. Montevideo, 1956; MEant H., Die Entstehung der romanischen Sprachen und Nationen.
Frankfurt, 1940; Roaus, G., Die lexiléalische Differenzierung der rnmanischen Sprachen, München, 1954; Rom~ G., Manual de filología hispánica. Bogotá, 1957; TA-

585

�Por este motivo no hay aquí un vacío que llenar, es decir, sería como "llevar trigo a un granero" si se quisiera agregar a los ya existentes, otro trabajo
del mismo tipo o ensimismarse para producir un librito sintético sobre el
desenvolvimiento de las P.rovincias romanas; Mommsen se retorcería en su
tumba.
Sin embargo se tropieza uno con frecuencia con problemas de detalle,
también en la historia romana, que comparada con otras épocas de la historia
de la humanidad, puede considerarse como algo verdaderamente bien estudiado. En -tales casos hay todavía vados que llenar y enigmas por resolver.
Tomé conciencia de este hecho cuando tomé otra vez hace poco en mis
manos el libro del conocido hlstoriador antiguo parisino, HG. Pflaum, que
tiene por titulo: Les procurateurs équestres sous "le Haut-Empire romain. 2
Pues aunque la obra se ha escrito con gran erudición y extensión -haciendo
gala de la típica predilección francesa por los detalles- no se puede evitar
hacerle a Pflaum el reproche de no haberse ocupado suficientemente de dos
problemas: en primer lugar de los prerrequisitos del curriculum de procurador en el Imperio Romano y en segundo lugar de los orígenes de las personas que podían llegar a serlo. Evidentemente este reproche sería vano si
existieran otras investigaciones que dedicaran a estos problemas la atención
que yo creo merecen. Sin embargo no existen. Incluso en el artículo "Procurator" en la RE XXIII, 1 del mismo autor da poca información extra; y
las indicaciones que aparecen eon bastante poca frecuencia en otros e.studios
especializados 3 tienen que ser consideradas como superficiales. Por ello creo
yo que no es superfluo hacer algunas observaciones al tema, las que quisiera
considerar como estudios previos.
Para tener una base inicial, indicaremos los siguientes detalles sobre la
procuraduría: cuando Augusto se enfrentó como primer funcionario romano
a ]as extraordinarias responsabilidades que traía consigo su cargo, tuvo que
percatarse de la necesidad de conseguir ayudantes que le hicieran posible
hacer frente a los :emblemas administrativos que se le presentaban. Para este
objeto tienen que haber parecido especialmente capaces los "equites" en contraste con las demás capas sociales.
C., Le Migini delle ling1u neolatine. Bologna, 1959; GRANDGENT, C. H., An
introduction to uulgar Laiin. New York, 1962; WARTBURG, W. VON, Les origines des
peuples romans. París, 1941; l.APBSA., R., Historia de la lengua española.. Madrid,
1962; MENÉNDBZ PmAL R., o~ígenes del español. Madrid 1962; Enciclopedia lingiií-stica. hispánica.; 2 tomos; 1960-62, etcétera.
s París, 1950.
1 Véase por ejemplo el trabajo de Dor.tASZEWSKJ, Die Rangordnung des 1omischen
Heeres que apareció en 1908 en los "Bonner Jahrbücher" o el libro de HmscBl"BLD,
Die kaiserliclien Ver1.11a{tungsbeamten bis auf Dioclttian; Berlín, 1905.

GLIAVJNI,

586

Entre ellos se encontraban por supuesto los capitalistas romanos, que ya
desde hacia un siglo, se habían apropiado de todo el poder ejecutivo en la
administración, que poseían la rutina de los negocios, que se encontraban
distanciados de los senadores por barreras muy difíóles de romper y que solamente podían aspirar a satisfacer su ambición y deseo de lucro mediante una
conexión estrecha con el ''Princeps". El problema parece claro y yo me pregunto por qué Pflaum al referirse al origen de 1a procuraduría opina que eJ
problema es discutible y difícil de resolver.
Los "equites" estaban entonces, como también en tiempos de la República,
organizados jerárquicamente en "turmas", probablemente eran seis (sobre esto
no sabemos nada con exactitud). En el nivel más alto se encontraban los llamados "serviri equitum Romanorum". De estos círculos en sí cerrados, pero
como veremos más adelante, siempre capaces de crecimiento, surgió la nobleza ecuestre administrativa, que se adquiría por investimiento de altas procuradurías.
¿ Qué eran entonces estas procuradurías, cómo se distribuían y en qué fo1ma
era expuesto el cargo al cambio a través de los siglos?
El título de "procurator Augusti" era tomado por personas de la casa imperial privada Jo cual demuestra que estos funcionarios no debían ser considerados como magistrados, sino solamente como ayudantes del emperador,
sío tener verdaderamente un puesto oficial y que podían ser nombrados por
cl emperador mismo cuando éste lo desease.si El mencionado Hirschfeld opina, que ya desde C]audio este título llegó a ser prácticamente el de los servidores directos del emperador.

Las funciones de los procuradores: 5
Estas fueron (principalmente desde Adriano, en que ya se pueden reconocer normas más fijas) :

1. Administradores del tesoro privado del emperador (procw-atores patrimonii, rationis privatae);
2. Jefes de la cancillería imperial y de la hacienda en Roma ( a memoria,
ab epistulis, a libellis, a studiis, a cognitionibus, a declarationibus Latinis,
a rationibus, procuratores sununarum rationum, ad bona damnatorum,
etcétera);
• Este punto de vista es defendido mediante convincentes argumentos por A. V.
en su trabajo: Von Wesen und Werden des Prinzipats; München, 1935.
' En lo sucesivo me adhiero estrechamente a un artículo de RENÉ ÜAGNAT, referente al mismo tema, que se encuentra en el Dictionna.ire des Ánliquités IV, editado
por Darcmberg y Saglio,
PREME:RSTl.\lN

587

�3. Directores de diversos ministerios en Roma (procuratores hcreditatiwn,
lucli magni, ludi mah1tini, aquarum, monetae, operum publicorwn. ab
silices, etcétera) ;

gos de algún emperador que vivió mucho, permane ieron durante decenios
en sus puestos.

4. Administradon.-s de la caja imperial en la· provincias imperiaJe y en

personas lo cual in embargo era tan poco hereditario como el mismo pu to.
Por ejemplo para el título superior se usaba "vir cminentissimus", para I sigui&lt;&gt;ntc "vir ¡x·rfoctissirnu " y a rontinuación "vir egrcgius". AJ entrar ahora
al primer problema que debe ocupamo , que
I d los prerrequisitos
que conducíat1 a la procuraduría quisiera indicar que mi conceptos no se
pueden generalizar en forma absoluta, ya 4ue se presentaban e- 11 tante y

Jas provincias deJ senado;
S. Gobernadores de las llamadas provincias procuratoriales: Judaea, Ractia, oricum, fauretania, Ca sarie, • , Mauretania Tingitana, Thrada,
Epirus, Alpes Cottiae, Alpes faritimae, AJpc Graiac, Sardinia, Con;ica,
Osrhoene y Liburnia;
6. Dirc tores de secretarías de finanzas y administración fuera de Roma
(procuratores bercditatium, publici portarü annonae portus} alimentorum, malallorum, etcétera).
Como estos funcionarios solamente eran responsables ante el emperador,

ran nombrados directamente por él mediante diplomas de contratación llamados "codicilli"; en contraste con ello para las patentes de ofiriales era su-

ficiente una '"epistufa". Aunque el príncipe podía nombrar a quien él quisiera (excepto esclarn ), sin embargo jugaba un papel importante el "suffragium": w1a C'Specic de carta de re omendación.
Los rangos se clisti11guían entre sí según los sueldos, lo que se r flejaba por
el título correspondiente. Bajo Claudio que -como post riormentc indica-remo~ lle\"Ó a cabo una rdonna, había dos clases, e dC&lt;"ir dos niveles ele
ueldo • lo "&lt;lucenarii" y los "cenlenarü" . .Esto correspondía a sueldos de
200,000 y 100,000 sestercios por año respectivamente. Bajo Adriano había
ya cuatro; ya se habían fonnado •·trect·narii" y "sexagenarii". Los "uc cnarii"
t nían sin excepción su sede en Roma y di ·frutaban en el siglo III dt'l título
de "magistri''. En lo referente al nt"w1ero total de procuradores (Jo d talles
se pueden leer en el artículo ya mencionado de la RE, ya que no qui ·iera
sobrecargar te orto trabajo con material estadístico) se puede decir, que
éste estaba constantemente Ct ciendo hasta S ·ptimio c,·ero. Dajo Augusto
había 23 bajo Domiriano 63, bajo
ptimio Severo, 170.

far o Aurelio 124, y bajo el emperador

Los requi ilos para el ascenso de una clase a la inmediata superior son
difíciles de conocer para la carrera ccue tre, porque nw1ca hubo nonnas
para ella como las que hubo para la de lo senadores. ólo desde Adriano se
formó algo parecido a una clasificación de rangos; aunque ningún emperador
estaba obligado a r petarla. En la mi ma forma la duración de cada una
de las funciones era indeterminada; ésta dependía también libremente del
emperador. Alguno procuradores que habían ganado prestigio o eran ami-

588

Poco a poco surgieron tambi tn ciertas

:presiones para dirigirse a estas

frccuentemcnle excepciones que depcndí~n &lt;'seuciálmente de la característi as prrson le de &lt;'ada emper.tdor; no había a e te respecto lUJ reglamf'nto
C tri&lt;'tO.

"in &lt;·mbaJ1.;o se pueden rc&lt;'onocer al no puntos que son dign de interé·:
antes de Claudia la actkidad de ofi ial ra I punto de partida d cada caTICra ecuestre eJ vada. Así según la c turnbr de la Roma antigua omenzaba una carrera ecu tre on el servicio en 1 efrcito. Ya Au usto pare e
haber con\'ertido en condic-ión I t·a,go del tribunato militar tanto para la
ac ·ptación a la "quae tura" por parte de los •nadores corno para las funrione d , la pr uradnría por parte d Jos equit . Las demá íuncion
militares todavía no estaban ordenadas de acuerdo con su importan ia, pero
casi Lodo los procuradores eran romanos.
El primer reglamento se hizo bajo Clandio. Cito como prueba d ello a
uetonio en su biografía del emperador Claudio: "Equ ·tri militias ita ordinavit ut post cohortcm alam post alam tribunatum legionis daret". 8 O sea
se comenzaba con la prefectura sobr una cohorte auxiliar de 500 hombres,
se tomaba de pu · una "ala" de 500 caball ros y se avanzaba entonrc a tlibuno de una cohorte de legionario de J,000 hombres o también de una auxiliar de 1,000 hombr .
Este ordenamiento no es siempre atestiguado por Jas insnipciones; 7 el orden pare e haber estado vigente durante poco tiempo.
pesar de elJo las
tres categorías de oficiales mencionadas representaban frecuentemente el escalón previo para la c:arrera de procurador. sin r1ue por ello fuera obligatorio
el dt"SCmpeño de los tres grados. Sólo desde Trajano se hizo regla que los
procuradores fueran previamente prefectos de caballería.

A este respecto se expresaba Mommsen en la siguiente forma: "Está comprobado que las 'tres tnilitae ec¡uestres', tal como s nos muestran en su des.a• De Vita Caesarum; st'gundo tomo de la "Colle tion des Universités de France".
Parí., l957.
' Inscripciones inttres..1.ntes de las que se pueden sacar inwcaciones contrarias se
encutntran distribuidas en pequeño número en todos Jos tomos del CIL y del ILS.

589

�U total en el siglo II no habían existido romo tales hasta Claudio, asi

~o
~
t
que antes de este emperador los tribunatos d~ las legiones y ev1 enternen
también los tribunatos urbanos tienen que cons1d rar

como verdaderos pu •

tos de oficiale en el sentido d c1ue eran inacc ·ibles para los !iOldados rasos.
La barrera de separación que en tiempo de la rcpúblira representaba un ,_erdadcro abismo entre oficiales y soldados fue ero -ionándose ~ . lo largo el 1. u~. . un soldado raso ,--·
nn,-Jía entone escalar desde el ser.·1c10 de 1un 'pnnc1pcno,
,
1

palis' (subofi ial) a través de I diversos e nturionatos hasta e ~as ~ to
d un 'primuspilus'. y en algunos ca&lt;;OS era esta situación de pnmuspilus
. "ª
ele primer escalón en la esc.alera para ingresar entre.1os equ1tes
,
D pués de la gran reforma d Adriano. el empuJ · ~~ la rual, ':ee ade~_ru.
Pflaum haber encontrado principalmente n la habilidad pohttco-admmtS-trativa de Domiciano, se Je dio w1a importancia mucho mayor que antes a
la prestaci6n del servicio militar. Ahora un primuspilus podía ~ dificultad
ser ascendido a procw·ador. Pero también se abría ahora por pnmera vez 1
camino hacia altos puestos para los funcionario civiles, los "advocati fisci".
e produjo una separación entre las carreras militar y c~v~.
puestos ~
funcionarios se multiplicaron. Para las persona· que se d1stmgu1an no hab1a
más obstá ulos en su ascenso. Había dos catt•gorías de ''aclvocati fisci":
J. Los que había ontratado personalmente el emi,erador con un determi-

u:s

nado sueldo;
..
.,
2. Aqu U.os a los que se había co1úiado sin sueldo f1J , la 1epresen~c10~
del fisco en diven;os casos, probahli:mente dep.i:ndiendo de procuradore.; md.ividuaks.
Estos cargos eran llenados preferentemente con ~·rsonas \'ersadas ~n le~
y que ya tenían experiencia como abogados. El trabajo de esto func1onanos
civiles, que proc •&lt;lían de gentes que por cual~uier r~ón_ no habían hecho el
servicio militar, se aracterizaba por desemp 11arse pnnc1palmentc en Roma.
Así creó Adriano un tipo &lt;le funcionarios qu&lt;' poseía preparación y conocía
la rutina de su trabajo y que era independiente de la carrera militar.
Los primeros puestc para estos hombre eran de muy diwrsos tipos. _e
les ocupaba por ejemplo con la administración de las carreteras, con la_ adrmni traci6n de lo impuestos · bre la herencia, con las
uelas de gladiadores
urbanas con Ja reclutación de legionarios, etcétera. E importante que ellos
solamen,te llegaban a ~ cquitcs por el nombramiento de la procuraduría,
mientras los otro ya de de antes eran equites, ya que el v r&lt;lad ro cques ?ebía tener Jas "tres militae" . .. Bajo Adriano el 82 procuradores 20 proveruan
de la carrera civil. Esto es la cuarta parte, lo qu no necesariam nte se puede
considerar como revolucionario.
• MOJIWSEN,

T., Romischts Staatrrecht; 3 tomos. 4a. ed. Tübingeo, 1952.

Hasta el comienzo del reinado de ptimio Severo no parecen haber tenido
lugar cambios esenciales. in embargo, entonces se produjeron modifitacionc
n la estro tura social, qu hadan cada \'ez todavía más fácil a las personas
de los más bajos rangos d tacarse a través de méritos militares. Incluso la
misma carrera militar se había transformado: la "prael tura fabrum'' d aparece de las inscripciones; el antes romún avance de la "pra!'foctura cohortis'' a la "prat-fc-ctura ala " aparece al1ora sólo n pocas inscripciones lapidarias de procuradores del siglo III.
Para esta época resumiendo, se puede decir lo siguiente: Antes era el scr\'Ício d los equites eu el ejército considerado como preludio t'Sencial de la
c.arrera Í\ i1; ahora las procuradurías son la coronación a un largo servicio
militar }' se conceden como recompensa para oficiales de grandes méritos.
Esta personas se en uentran a menudo como gobernadores de provincias
ecu ·tres más pequeñas. n ascenso suplementario es raro, ya que en la
ma&gt;oría d Jo· casos al tomar su nu ·o puc to estas personas se encontraban
ya en edad avanzada. Esta situación se mantuvo esencialmente hasta el tiempo ele Diode iano.
En relación a lo que he indicado hasta ahora teóricamente, quisiera incluir
aJgunos ejemplos de inscripcion ·, para que no dé la impresión de que b
inventado lo anterior. Al mismo tiempo se pued anali7.ar nu tro · gundo
problema; ¿ de qué apas social s se complementaron l · equite romano ?
l. De la clase de lo · libertos: esto era especialmente típico para la époc.a
de los Julios y los Claudios, en c-uyo servicio abundaban antiguos esclavos.
El siguiente ejemplo procede sü1 mbargo d I tiempo de Antonino Pío. • e
trata en él de un liberto de Luciu · eliu Caesar, qu había sido elevado hasta
la clase ecuestre por Pío. D la in ripción falta una parte:
" ... a divo Antonio Pio eguo publico et sa erdotio Caeninien i, ítem pontificatu minore exornalu ·, ab eodem procurator ad silices et praefectus vehicuJorum factus . .. " 0
De esta inscripción lapidaria se desprende, además, que ta persona reconocía abiert.am ole su orig n, lo ual era caso raro; al contrario, e sabido
qu se procuraba ocuJtar lo mejor posible un nacimi nto no libr'. En raro ·
caso este tipo de personas parecen haber ido gent con fuerte personalidad,
ya que Stein opina que los "liberlini" que esc.alaron a lo largo del imperio
el puesto de procurador, habían pertenecido en su mayoría a Jo más bajo
entr la población romana de origen oriental.'º También Pílaum compart
este punto de vista e incluso so:.ticne: " e pued • decir, que t odas laf reformas
• C[L VI, 1598
pletadas por mi.
,. STEtN,

.,

= 1740. Las abreviaturas incluidas en e.ta inscripción fueron com-

Da romische Ritterstand; München, 1927.

590

591

�del imperio tenían como fin, ir sustituyendo a los procuradores libertos de sus
puestos por personas de nacimiento ecuestre". Esto me parece algo ex~gerado,
sin embargo la tendencia en alguno~ períodos fue d~ ha~, pretendido, ~na
disminución de la influencia de los libertos. Que esta mtenc10n no tuvo muto,
lo demuestra el ejemplo citado por mí, que proviene del siglo II Y no era
m1a excepción.

Seguiremos ahora con el problema antes planteado sobre la constitución
de los equites. Esta se completaba además:
..
, .
2. Por extranjeros prominentes, especialmente por hCJOS de pnnc1pcs galos
y geimanos, que todavía en el siglo I recibie~on, co~o comandantes, de sus
propios contingentes de tropas nacionales, la cm_dadan1a romana, el titulo d~
"eques" y un rango correspondiente como oficiales. Merece destacarse aq~
el caso especialmente marcado de Tiberius Julius Alexander, de ascendencia
judía procedente de Alejandría, y que llegó a alcanzar ,los más :Utos cargos
ecuestres y el mayor prestigio. En el año 42 d.C. todavia ei·a epistratega de
la Tebaída, desde aproximadamente el año 45 a 48 era procurador de la
Judea además se invistió de un alto cargo militar bajo Corbulo en la guerra
contra'. los Partos y después e1 de prefecto de Egipto del 66 a 70. Tomó parte
en la conquista de Jerusalén en el generalato bajo Tito.H
La casta de los equítes tenía además otro complemento:

5. Legionarios que habían comenzado su carrera militar sin ningw1a graduación y que a través de méiitos extraordinarios habían alcanzado altos rangos de oficial, lograban también algunas veces el ingreso en la casta de los
equites. Para esto quisiera yo indicar un ejemplo que corresponde a la primera mitad del siglo I y gana por eso eu interés para nosotros, pues parece
que en tal época esto era verdaderamente una excepción:
"Puhlius Palpdlius Publii filius Maecia Clodius Quirinalis primuspilus
lcgionis XX, tribunus militum legionis VII Claudia pia fidelis, procurator Augusti, praefectus classis, dedit''.ª
En tiempos posteriores la casta de los eq1útes fue siendo completada por
un porcentaje cada vez mayor procedente de la casta de soldados rasos, lo
que encuentra una explicación clara, dadas las circunstancias políticas de
la época.
Son entonces dos problemas que según mi punto de vista requieren aún un
extenso estudio, y que se refieren al complejo histórico "equites-procuraduría".
Lo que yo aquí ofrezco, debe ser considerado solamente como un esqueleto,
como el núcleo de un estudio más profundo que fundamente mejor cada uno
de los puntos mencionados y que incluirá en especial bastantes ejemplos epigráficos. Es probable que incluso se introduzcan varios cambios en Jo aquí
esquematizado; y quizá se agreguen también algunos puntos suplementarios.
Creo que este tema es digno de un esfuerzo científico.

3. Por ciudadanos romanos que habían comenzado su carrera en el servicio civil estatal o imperial y que habían logrado franquear su situación en
puesto de funcionarios subalternos para ingresar en los equites. Un ejemplo

del tiempo de Adriano:
"Dis manibus. Lucio Domitio Lucü filio Quirinali, rogato pontifici minori,
procuratori Augusti provinciae Dalmatiae, procuratori monetae Augus~i, ab
epistulis Lucii Aelii Caesaris, praefecto egues~ alae I _Aravaco~m, tnbuno
militum legionis VI Victricis, praefecto cohortls I FlaVlanae eqwtatae, praefecto co11ortis I Dalmatariae, accenso velato, Domitia Venusta marito optimo
et sibi".12
4. También personas de la élite municipal de las provincias y ciu~des
de derecho romano podían algunas veces ascender a la casta de los eqwtes.
Entre éstos cabe por ejemplo un cierto Titus FJavius Germanus, que ~abía
tenido a su cargo en Praeneste una serie de oficios municipales antes de mgresarse como procurador. Al final de su vida fue él "curator triumphi" del
emperador Cómodo en eJ año 180 d.C.13
" Para más detalle.s véase en la RE X, 1 (pp. 153-l57) .
Un "accensus velatus" era un típico funcionario subalterno. Yo completé las abre-

.u

vjaturas.
11

11 Las abreviaturas fueron
completadas. De gran utilidad para la epigrafía sigue
siendo la obra de RENÉ ÜAGNAT, Couts d'Epigraphie Latine; París, 1914.

V~ en el ClL XIV 2922=DI 1420.

593
592

H38

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanidades</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Toponimias americanas</name>
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