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                    <text>BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
''A LFONSO REYES''
f ó~oo k l CARDO _COVARRUSIAS

.-

TOM9 l .

MEXICO, ENERO 3 DE IS97.

S!a limosma

ae Gtño Nun,o.

-i&gt;lbujo de J. :u. -Vllla-,.onn.

FtlNDO
RICARDO COVt\FlRUBIAS

..

�•
EL MUNDO

a

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

3

EL MUNDO

DOMINGO ' 3 DE ENERO DE 1897

=====----====-==~-=~
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MEXIOO

Toda la correFpondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
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La sub8cripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
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The Spanish Arncric:m Newspaper C'ompany, 1:16 Liberty St. New York, E. r.»

}htlfti!tt ®.cnerttl..
Al hundirse un año en la noche sombría de la eterni·
dad, creemos generalment&lt;' que hemo~ wncido una etapa
del camino. ,. CMi jnzgando inkrnunpida la snceFión de
los aconcecimient-0s E'n el espacio y en el tiempo, nos detenemos nn mom('nto á contemplarlos como si hnbiera
soluciones de continnidad en el curso incesante de los
días v de los siglo~. Es que, impotentes para abarcar en
una sola mimrla lo pasadoqne se aleja presmoso, lo presente que Fe desvanece como un soplo. y lo porvenir que
no nos pC&gt;rtE'nece. nos fingimos esa,; di\'isiones para que
nuestra limitada int&lt;&gt;ligencia se alivie, como el fatigado
caminante Feñala Fus jornadas cabe la fuente sonora ó en
el risueño oasis que han de dar de!'C.'\nso y cpnsuelo :t
1us miE'mbros qne han quebrantado las asperezas de la
sierra ó los ardoreR enervantes del deRiC'rto. Es que, acosados por el miFterio que ten&lt;&gt;mos delante, y envuelt-0s
por la sombra que dejamos atr,ís, abandonados por el
a¡¡er que huye, y atrnídos con magnética fascinación por
el mañ,ma y Fil!' espejismos seductores, queremos un pun•
to de repoiso µara coordinar nuestros 1'C'&lt;.'uerdos y en ellos
fundar nuestra is predRione!', las más vece!'&lt; inconsiFtentes
y fi-Jgiles, como rreacionefl m,ís bien de la fantasía arre·
batada que•del criterio sano y reposado.

...
*
t'\.* *

Una-nube negra de tormenta se cernía sobre el ,·iejo
mundo y reMmpagos de tempeFtad alumbraban con cárdenos fulgores los horizontes americanos, cuando lució la
primera aurora del año que hoy termina.
,La concurrencia vital que coloca frente 1í frente pueblos
y nacionC'8, por virtud de eFa serie de luchais infiniL'\Fque
por ley implacable han de dar la victoria :í los m,íR aptos
y conceder la supr&lt;'macfa ,í lo!' más fuertes, era ignahnente manifie1&gt;ta en t~da la ext('nflión de la Europa civilizada,
v que en el Asia legendaria en el' Africa abierta ,í todas
laR ambicionei;:.
Cuba R!lcndida por volcárnca erupci(m buscando su independencia y libertad, Venezuela refugiada tra.q la doctrina "Monroe. para p-0der reFistir á Ja.q pretensiones brit:ínicaF, y ERtados T"nidos amparando á la República flndamericana bajo la.egida dC' su diplomacia, daban ocasión
,í que los ánimos se inquietaran, al comenzar el año do
18!l6.

Hondos"clamores de dolor atronando los aires, rumores
snbterr.íneos anunciando eRtremecimientos genesiacos:
esa era la herencia legada al mnndo civilizado. Hambriena de ideal&lt;&gt;s nuevos, anhelnnte de consnelo en la suprema angu~tia que la aflie;e, d&lt;&gt;?eosa dC' C'ncontrar alivio ií
l:i. infinita rl.olencia qne la ag-obia y claridad en las den"ªs tinif'hlaR que la cercan, la humanidad alzaba a ver sus
manos dolientes al cielo, buscando sus íd,,:os rotos y sus
dio~es c.'\frlo~.
Hoy nada en el con¡unt-0 ha podido cambiar. La reli·
gión con !'lns aue;ustmi mi;.:terios, la filosofía con sus Jnminozas f'ns&lt;&gt;ñanza!'I, la ciencia con sus aRotnbrosasconquiRtlR, al art{' con sn'I bellísimnc; creaciones, la poesía con
"ªs inefabl&lt;-&gt;~ ternnms, no han podido darla en la bre\'e
&lt;lnraci,m rle nn afio los conRnelos que no lograron en 'la
inroenFa:cadena de los siglos paRados.
~

,. .,,

guesía explotadora, de un cesarismo armi"(?otente; obli¡r,idos á sostener sobre sus hombros el comJ;&gt;li~do andamiaje de la paz armada, que man_ti~nen las rivahda~es d.~ los
poderosos y los rencores tradicionales; constreñidos ayer
perecerá sus hijos asfixiados en_ el taller q?e el capital
explota, envenenados en la mma subterranea que ha
abierto la codicia, ó marchitos en el cuartel que ha multiplicado la venganza; ¿.i dónd~ vo~verán lo~ ojos angus•
tiados1 cuando sientan el corazon sm creencias, y lamente sin ideales? á dónde querrán dirigir la_planta vacila1;1te,
errantes peregrinos, donde alzarán la tienda movediza,
si ven extinto el fuego sagrndo de los altares, rot-0s. Y des•
ligados los lazos de la familia, y helado y en ceruzas el
amor patrio ...... ?
.
¡Ah! ves tanta la angustia infinita de esas agrupac!O·
nes sociale~. fa1&gt; hondo su dolor y tan devora~ora sn
aflicción al contemplarse y comprender,-e ca_l'!)om1das de
podredumbre por arriba_ y roídas de, corr~pcu!n por aba•
jo, que no ha faltado qmen declare a la c1e1;1cm en bancarrota achacándola todos los male~. y eqmvocando sus
fines q~e ~e dirigen todo~ al conocimiento, atribuyéndola
hecho:, y consecuencias que no son de rn dominio.

***

Y all:í van esas mít&lt;eras agrnpacione~ Fociales e~fermas
de decadencia. en medio de su grnndeza, hendas de
muerte, en medio de sm; pa,;mosos triunfos; alhí van, os•
tentando sns vestiduras de ptírpum cubierta~ de oro y
pedrería deslumbrante, pPro ,í t.nwés de las cuales se descubren las tílceras qne la devoran y los achaques que la,;
debilitan, los males que las amenazan, frutos naturales
de su estado de progreso, que si ha servido para. el . de,;em·ovimiento dt' su;; fuerzas activas y para la difl'renciación evolutirn de ,-us elementos. por ley ineludible ha
dado naciment-0 también ,t producciones morbosas que
110 se ven en los organismos jíiwnes, donde hi ·avía nue;
va lleva. :í las sociedades que atraviesan las prim.eras etapas d&lt;? su evoluciún. oleadas de sentimientos puros y corriente~ de aspiraciones noble!'. capaces de ahogar en
germe~ los producctos del egoísmo y los engendros. de
las pa~1ones t-0rpcs.
AJl,í van, desgraciadamente, confiadas en que una catás·
trofe de e,-a.s que conmueven ,í la humanidad, esperando
que una general conflagración, un fiero cataclif&lt;mo, de
esos que sacuden las ba.ses y fundamentos de la sociedad,
las hagan salir de ese estado do turbación enfermiza, que
ha de ser pasajero como las grandes crisis de la humanidad.
f
¿Qniéncs caer.ín en el tremendo juicio? ¿Qni,~nC's ser.ín
derribados en las convul~iones apocalípticas de e~a metamorfosiR? ...... ¡Quien sabt•! pero ha de 8er terrible ese cna•
dro de desolación y de ruina, que habremos de presenciar
en no lejano día.

*

* *por los odios tmdicionale::;
Devorada Europa, no tanto
que han dividido ,í las razas que la pueblan, cuanto por
la ruda concurrencia vital qne se hacen en las diver:a!ls
regionef; de la humana acti\'idad; amenazada de un crecimiento de "den;;idad dernógrafica muy superior al que
puede sn~tentar Rll estrecho territorio: no s6lo son los añejos rencores no sati,,fechos, ni las injuria,:i enwjecidas no
ven¡mdas aún, lo que la haC&lt;' aparecer com0 sobre la cima de nn volc,in príixiino ,t entr-a.r en erupci,rn. Form:tda por Est,idos que no alcanzan todos el mi,=,rno grado de
cultura, ni han corrido con iguales sacrificios los periodos de su evoluciún, ni Ee han constituido sobre las mismas ba~e~, las in-&lt;tituciones difieren y las competencia-;
de nación ,í uaciún se ahornfan en ol orden político, como se agigantan en el econ{unico :v social.
Por c~o nada consie;ue en favor de la paz europea esa
marcha triunfal del Czar omnipotente ,í tr-av~s de las capitales. que lo reciban en medio de festejos y lo aclam'\n
en medio de las pompas y entusiasmo de los pueblos. Todos comprenden la supremacía del aut6crata moscovita;
todos saben que en los pliegues de su mant-0 imperial
lleva ocultos auras de paz y rayos de exterminio; pero
por lo mismo que la diplomacia lo acecha y la astucia lo
rodea, parn obtener cada cual en ijll provecho los fiivores
de su omnipotencia, vuelve ,í sus palacios de San Peter~burgo. deflpués de presenciar cauto y pmdente las maníestaciones de Breslau v las ostentaciones de Chalons.
En vano se han rcnñido congresos y se ha,n celebrado
concilios de sabio,; y filántropos para resolver el problema social y para desatar el nudo de la paz armada: sus
notables a:-piraciones han sido estériles, sus resolucione!I
no han encontrado eco en las esferas del poder, y su voz
se ha ahogado por las aclamaciones de mnúmeros ejércitos, dispuestos ,tentrar en combate, sin~ular ála primera
señal de alarma y á la primera explosión del rencor que
los ha levantado.

***

&lt;.,uanrlo al salir el mundo d&lt;&gt; la edad antigua, al empuXi i,iquiera el problema turco que ha recla,¡nado por dos
ie asolarlor de los pneblos j!;ermánicos. se encontrfi, entre años la atención del mundo cil'ilizado ha alcanzado t-0los escombro" de ar¡nel inmenso cataclismo, hechas peda- davfa satisfactorio desenlace, ni lo obtend.r,í tal vez en
r.os las tC'ogonías, derribado!! lo!' Partenones v vacfos to- breve plazo.
nos los Olimpos. pudo á la voz de los apóstoles desnudos•
La crueldad del ~ultán ha corrido parejas con sn a~t-nv ne loi;: :rnacoretas hambrient.os que predicaban la auste- cia refinada, y su tolerancia rayana de la complicidad ha
ridad y en!'t&gt;ñabnn el martirio de la materia, ir :t bn.,car igualado en m:ís de una oc.'l.~ión á la barbarie ciega y al
••n los rlesiertos v &lt;&gt;I ascetismo la realización míl'tica de la , salvaje fanatismo de los que no se han hartado con la
idea cristiana que lo arrullaba en ensueños ultra-t.errá- sangre de los míseros armenioB. ·
queos.
Como si bastaran ,í reivimlirar lo!S Ílll'ros de la civili?.aCuando abnimado nor la pe~ndumbre del antiguo régi- ción concnlcadn~ por la perfidia ,. el oclio rdi&lt;&gt;io~0 )a-.
men. Yeía al sier\'o ile la gleba perecer al peso de las aris- ~rotest~s p!:ít&lt;:&gt;n_ic.t-&lt; de las_potenéia~ y la.:; not:1s~dipl~m·ítocracias, martiri:i:arlo por los privilegios, r agobiado uor t1cas de los m1mst.ros, nadie :,e ha atrevido .i ~ofocar con
tl)das las e-:,rplotacion&lt;&gt;s, pudo el mundo mode: •10 ~entir~e férrea mano esos esc;índalM, nadie hao::1atlo poner lamacomo regenerado por las candentes llama.s de ia Revolu- no sacrílega s?bre el hijo del Profeta, ni ha habi&lt;lo quien
ción Francesa que almnbraban los derech0s del hombre
pre~nda arro¡a~ del suelo europeo esa mezquina .sr,111',m
p_udo c0nfiar en las promesai;: de los jarobinos que annn: de n_,,1.i .sril,rl' la t11'rm, que mancha con sns tini(•blas v f'srmban,una nueva ley, clicts'\da como la. lry antigua entre ca~n~ce con sn pre~encia las claridad~s de la ci vilizaciún
los relampngos y tmenos de las iras populares estallando cristiana.
Pn ~ganwsc.-i exp)Mii,!1, de odios acumulados en Riglos de
Es que tod0s se inclinan ,í una inbn·encii',n armqu.a
,;erndumhrp v ah\'C'C'&lt;'1nn.
pero nadie quiere tomar sobre si la re,ponsabilidacl ile 111~
Pero agobiácln~ lnc n'lPblo~ de ese mundoqne fué 1 con conflict-0 9-ne habrfa d_e oc~1!-rir á la ]~ora del rep.irt, d·J
la peF'ada carga el(, un f&lt;·ndalismo anticuado, de una bur- los despo¡o.s y la d1~tnbnc1&lt;Jn del botin; es que el m:sJra-

ble Abdul Hamid que comprende las disidencias q_ue
apartan y los odios que dividen á las grandes potencias
que lo amenanzan, confia en su astucia solapada, sé deja llevar de ciego fatalismo y dilata y transfiere indefinidamente el cum-¡&gt;limiento de sus promesa.'!.
Y la sanrge crrstiana vuelve á empapar la tierra europea, y los lamentos de lM víctimas vuelven ,í formar concierto doloroso, y el m;sero Sult.in ii vivir y .l. perpetuarse
en el poder por la comp \SÍ ín que inspira á unos, el asco
de otros y los recelos de todos.

-----------

***

El A frica, tierra fecunda donde se han d'ldo cita todas
las ambiciones y donde se han acumulado todas las
concupiscencias, es todavía hoy como era ayer causa de
temores y motivo de sobresaltos par-a la -¡&gt;az universal.
Allí la Gran.Bretaña que aspira al dommio de !continente, desencadena odio~ y desata tempestades con su expedición del Soud.in y sieml;Jra rencores y engendra nuevas rivalidades con las tendencias de Cecillo Rhode8'
á quien proteje sin embozo. La l'ruz británica que ha,
de extender sus formidables brazos desde Alejandría al
Cabo de Buena Esperanza. y desde Mombaza y Zanzíbar á la desembocadura del Gambia v las costas de Sierra
Leona, tiene construidas ya sus estribaciones primeras.
Allí Alemania, soñando con un imperio colonial, que
sirva de esc~pe al exceso de ,;u poblacif1n. Allí Italia, humillada µorlas hordas ·del fiero Menelik. Allí Francia,
olvidando sus tmdiciones republicanas y sembrando rn
)fadaga~car el exkrminio por medio de aventuras que la
debilitan, yaspinmd0 en vano á la posesión de Egipto, que
con~erva Inglaterra en nombre de Gordon, annque,la !~pública Jo pretenda en nombre de Napoleón de Lesseps.
Allí, en fin, todos los que arrastrados por la neCE&gt;l'&lt;idad, urgidos por la ambici.'m ó aguijoneados por la fiebre colonial que los aco~a, tratan de ~erlos primeros ocupantesd&lt;~
ese innlC'nso territorio abierto .i la ciencia para que lo PX', plore y ,í la civilización para que convierta la.'3 agregaciones prot-0plásmicas de sus pueblos en i,ociedades diferenciadas, capace,; de evolucionar y de entrar de lleno en el
conci&lt;&gt;rto de las naciones.
Pero para que llegue ese anhelado. día, ¡cu,'lntos choques, qué tremendas competencias ha de presenciar antes
la humanidad que trabaja en la obra inacabable del progreso!

1

.*
**

América, por su apartamiento natural y su particular
organización no forma parte de ese cuadro donde, si hay
ráfaga.&lt;i resplandecientes de luz, acabamos de sorprender
el lado de sus tenebrosas sombras.
Al proclamar ante el mundo su doctrina Monroe qm,sostiene Cle,"eland y que predica Díoz, se ha puesto fuera
del alcance de esas ambiciones, y protegida por la fuerza
de su derecho propio, se ostenta resuelta á defenderse con
el derecho de s11 fuerza. L:i vieja Europa monárquica ha
tenido que inclinarse ante esta magestad, y la solución
final que ha tenido el conflicto anglo-yenezolano es prueba inequívoca de que no somos vi~tos ya con el desdén de
los pasados días; ya no se nos considera valdío~, expues•
tos ií la conquista de los aventureros y :i la rapacidad de
las Ol'adía~. Ya somos dtleños legítimos y no hay quien
se atrev¡\ á disputarnos la posesiún del territorio que no"
pertenece, y est.í a salvo de hoy en m,ís de agresiones in¡ustas y pretensiones audaces.
Ojal í se consolide esa unidad continental conservándo•
se incúlumes las unidades nacionales, y la Am(&gt;rica republicana y libre y prósper-a y felíz, siga siendo la tierra
prometda á donde se convierten con asombro los ojos do
los pueblos fatigados en busca de una tierra virgen, libres
de los achaques que aflijen ¡Í las civilizaciones cadllca~.
No importa que, nacidos ayer, a:í.n sintamos los estremecimientos que sacuden á. los mundos en vía de formación; no importa que las influencias atávicas muestrt:n
acá v alhi sus morbosos engendros, y todavía se manifiesten las inquietudes dolorosas y la.'3 alucinaciones engaña- .
dora.s que afligen á los pueblos jóvenes. Hay en nosotro~
vitalidad suficiente para evolucionar en sano desarrollo;
hay poderosa.'3 energías que nos libren de vicios ingénitos
y nos impulsen á corregir los errores tradicionales.
;.;f.Ahí están los E~tados Unidos y )Iéxico al ~forre, y bue•
na parte de las repúblicas del Sur que, dispuestos los
primeros por su admirable estructura social, y resueltas
las segundos á olvidar sus hábitos de raza y sus defectos
de educ.'\ción, y decididas á emprender nuevos caminos de
paz y de progreso, dan testimonio irrefutable de la potente fuerza que poseemos para mostrarnos al mundo dignos
de nue~tro deFtino y acreedores al papel q ne nos toca des•
empeñar en el concierto universal.
Felices si logramo.s con~rvar el fruto de una expcrirncia dolorosa.
Dn. CoxsTA.XCIO PE~A. lDrÁQUEZ.
31 de Diciembre de 1896.

NUESTRO OBSEQUIO DE ANO NUEVO·
Llamamos la atenci~n de nuestros lectores sobre el nuevo cromo que acompañamos,
á nue4ro número de hoy y que será como el
prólogo de Jo:-; obsequios que en el nuevo
año nos proponemos hacerle~, entre los cúale::; se cuentan los doce iomo.-; de la BrnLIO-·
TECA MINIATURA.

El Transporte "Oaxaca" en el Varaúero Nacional de Guaymas.

"CLARO-OBSCURO."
De ·ciro B. Ceballos.

Patriciado Liríco.

Yo había soñado con cuatro libros, de esos para la biblioteca íntima, para el librero que est.í junto al lecho,
en la alcoba, al alcance de la mano y que guarda los tomos queridos; los que despiertan en el espíritu fatigado
de la trivial literatura. que nos inunda, invade y rodea,
, sensaciones ha mucho tiempo dormidas, senthnientos
acurrucados en lo m,is oculto, en Jo más hondo, en lo
más inviolado.
Serían esos cuatro libros, de factura extraña, un si es no
es arcaica, breves, m,ís pletóricos de exóticas eFencias: el
Oro y 11egro de Paq,uito Olaguíbel, el Fforil~giu de Juan
Tablada, la colecc1ón de versos de Balbino D,tvalos y
el Claro-obscuro de Ceballos.
Oro y negro: un eleiante. C?f~ de laca ~ oro, joye~o de
lises hechos de amatistas hturg1cas, topamos misteriosos
y esmeraldas episcopales: una pedrería elegantemente
taciturna.
El Florilegio: un baudeleriano · haz de flores enferma~,
de aroma penetrante y exquisito, muy semejantes á_ las
&lt;J,;Je la mano larga y amarfilada de la marquesa ~e\ ~1glo
X:\11I dejó en su libro de horas exornad~ de m1cmles
rojas y estrellas de plata; flores de todos los mvernaderos
patricios, hechas para el corpiño de terciopelo de la gran
duquesa ó para el ojal de la casaca del Rey Sol.
Lós versos de Balbino: desdeñosos señores de talante
altivo, vestidos de negro frac irreprochable, Brummels
de buena cepa,_ Lanznns caballerescos con S!,1-S puntos de
filósofos peS1m11-t.'l.!!, des~mnadores de ma~ngales_finos y
religiosos observantes ae la forma gentil, donairosa y
grave. Príncipes de Rohan de la literatura.
Claro-ob.•curo: atleta rndo, de grande mirada abierta, de
amplio torax é hinchados bíceps, que desprendería una
estrella del saten brillante de la noche y no recogería una
florecilla matizada, por miedo A deshojarla; prosa bien
constituida con mucha sangre de glóbulos ricoit, con nervios complicados y vibrantes y vigor de pugil; un_ gran
burgrave de florida testa, que ama el cáliz henchido de
tockay real, y no el cristal bohemio en que hace visajes
tétricos el ajenjo.
.
Cuatro libros ......... y acaso uno desp~és, con la lit~mtura exquisitamente anéu1ica y estragada de un ruño
que crecerá mucho: Bernardo qout&lt;?--· qinco libroJ, ~inco petalos de una mra flor de h~ d1i:i,,tst1ca y hernldica:
cinco hoja.&lt;i de un trébol kabalfstico, 1mpre~uado de prestigio oriental; cinco artist~ q~ntae~enciados que !yo
.cóngregaría bajo esta denommac10n:
«Patriciado lírico.~
•
8ofl.at&gt;a con esos libros.
Y lleg,í A mí el pewíltimo: y vibN hiriente y limpia'la
diana en la torre señori:\l de mi burgo. ¿Vendr.ín los
otro'!? 1Av! quien !!:\be; m'\'! qué importa después de todo si los que los leerctn ya los conocen, los aman 'y los
recuerdan?

•* -

vi CL \R() ()B'lCUR'&gt; V

**

h-ill ~ en ~l to·h" h" impnrffr.a'I
del or.&gt; vir"'fln v t'l h~ 1'" vi,.ilid'\ie'l ilel H •ra11le;¡ niño.
En J0q eqcrit.0rf'~ h-1.v qie'llwe al~o fem:lnin'&gt;: fibra&lt;! de·
licarh,; v vihrítiles q•1e "" estreme~n :í toi'.t« Jaq -iur,vi
de h vi,h; en Ciro B. C,lnllos n•1 exi,:ten e,·i-i fibra~:
moldearía iarron~s f'tru'l&lt;"~~. no p0rcelana9 de 8fl\Te!'. En
la cuna le dió la leche de su~ pechos robustos el natur.l•

lismo desnud0 v libre: la leche de lo~ fuertes. Tolst-0i, el
conde formidable ~· Zola, ol inmen~ri demoledor, fueron
sus progenitore;.:; amó :i Gautier por la vi 1•eza retadora
de los matices de su paleta; no sabe, pues, de esas tonalidade~ media;i en que se funden (connubio de luz!) las
zonas del arco-iri~. Su numen va del contmste al contraste: de la altura ,t la sima.
A pesar del vigor de su cerebro, Ceballos no ha encauzado a(m su eRtilo v sus tendencias por un canee definí•
tivo; es \'ersátil con la yer;.:atilidad de los númenes adolescentes: la frase lo seduce, el exotismo lo de,..lnmbra y
sufre el alma de su prosa del atayío heterogéneo con que
la viste,
F,íltale adernáA observaciím; no ~abe hacer hablar :t
sus hijos; préstales nn verbo t-0do suyo: sobrado pompo~o
6 sobrado rudo; más apenas ha traspnesto la linde de los
veinte años.... .. il fun son cl11'mi1t: hL~ madureces de su
otoño eAtar,in henchidaA de jugo, prsar.ín en los ramajes
y atraer.ín .i las aves del cielo.
Esperemos ,t que rl Yerba se haga carne y luz y medula......esperemos.
·
Y soñai:é entre tanto en los otros cuatro amigos que
acaso llamen un día ¡t mi parca biblioteca, todos enfermizos, próceres t-0clofl, todos hechos para lo;; lt~illla !/ .•ei.&lt;1
del viejo Barbey...... Soñaré en e;.:e A1trióado lítim, unico
que despierta mi» fibras y aceler-,1, mi pulso y sabe b1ticar
como el arquero habil el nndo de mis nervio!':! pttra herir
allí produciendo la convulRióri. voluptuosa que anuncia
al arte nuevo, al arte )Ie:-:ías, al arte Rey!
~UDONERVO.
Diciembre de 1896.
UN FII.,A1'IENTO DE CARBON.

Ya el título es extraño.
Hav, v .todo el mundo conoce, filamentos de cáñamo,
filamentos de algodón, filamentos, en suma, de diversos
jegidos vegetales.
¡Pero 1111 fil111,u•11/o de cn,·ú611! ¿Qué quiere decir esto? ¿y
para qué sirve?
¿Y quién para mientes en engendro t.an baladí, dado
que exista, y cuyo nombre, en todo caso, má~ que otra
cosa parece un atrevimi&lt;&gt;nt-0 de la gramtítica y una impropiedad del lengnaje? ¡El carbón en filamentos!
Todo el mundo conoce el C.'\rb/in; pero lo ha visto, y se
lo figura en forma de ma~a, más ú menol'compacta; como
el carbón de encina que viene del monte: como el carbón
de piedra, arrancado á pedazos del fondo de una ruina.
Pero, ¿,quién ha visto ni dónde i;c encuentra un filamento de mrh611 en el ¡;eno de la naturaleza, á pesar desertan
pródiga en a~ombros y aun en caprichosas combinaciones?
En la naturaleza podrá no encontrar~e. ó se encontrartí
difícilmente, porque á pesar de rer tan rica y t.an poderosa, no tiene el ingenio sublime del hombre. Es la natura•
leza un rico torpe 11 ,rutinario: siempre lo mismo.
Jam:ls la naturaleza ha fabricado una locomotora ni un
dinamo: habd mina.'&gt; de carbón y de hierro; pero no hay
minas de donde se saquen ya fabrirados dinamos y JOC-Omotoras. La acciún directriz, la furrza combinatoria, la
luz divina del espíritu humano son neceFarias para reali•
zar los portento&gt;&lt; de la ciencia Y dr la i nrlnRtria.
·rn./ih1111mlo d, rarMu procede de un filamento vegrt.al
ordinario; por ejemplo, de nna fihra de bambú. de nna
mecha de algodón, de nna e~pecic de cinta UL' papel, qrn.:

celnlorn es al fin y al cabo, y por lo tanto de origen vegetal.
Si estas :fibras se colocan en nn molde de metal y se som&lt;'t~n al fue~o, ee carbonizan, es decir, todo lo que noes
tarb&lt;m, el hidrógeno, pongo por caso, se ra, y no queda ·
m:ís que un hilillo de moléCt1las de l'arbono. A esto es t lo
que llamamos filamento de carbón.
Que, por lo aemás, puede obtenerse de muchas manerns, y hasta del carbón directamente, sin pasar por las
fibras vegetales,
Pero nqestro objeto no es explicar los procedimientos
que emplea la industria para obtener filapientos.
· Rúlo nos proponemos un fin :filosófico-científico, dig:lmoslo así. Sólo nos proponemoe,·repito, ponerant,e nuestra vista un hilillo de ¡mraculas de carli6u y quedarnos en
meditación profunda delante del insignificante y ruin y
negruzco sér. ¡Un hilo de carbón! ¡Para qué sirve! voh·emos á preguntar.
Es que á. veces los seres m:ls insignificantes, más ruine!!,
más despreciables, son por lo menos gérinenes de sublimes grandezas y de luces maravillosas.
•
Cruzad el campo y ved sobre el terruño un pobre labrador, tosco, prosaico, sucio; tierra cuajada y ama~ada
con sudor; un grado m,í~ alt-0, sólo un ~rado, que las bestias qúe trabajan junto ,í él ó que van delante; un último
y modestísinio escalón en la e6cala zoológica que empie•
za por el homo .wrµinui y !&lt;igue bajando. ·
Ene!' ¿quién sabe? Quiza en ese rudo y to~co y, embrutecido sér est:í el gérmen diYino de un gran artista, de un
gran poeta, de un hombre de Estado, de un sabio, de un
general victorioso, de un gran inventor. Él fué tosco carbón vegetal, negruzca masa que rodó por aquel surco,
que sus bueyes arañaron en la tierra con la uña del arado; pero su hijo ó su nieto recoger.in en el .robusto Í\ sutil cerebro, flor de aquel campo los resplandores de la idea
y las palpitaciones del e~pír1tu humano.
· Que aquella fibra yegetal la carbonice la sociedad con
su fuego y la electrice &lt;!on sus corrientes y brotarán torrent.es de luz.
Purs eso hace el fi[m,11·11/0 de cmb6n.
Pero con su cuenta y razón brilla. .
•
Si se le pone en la at-mÍ&gt;sfera, en contacto con el aire, y
se hace pasar por el hilillo de carbÍ&gt;n una corriente eléctrica, arde sí y luce breves instantes, pero pronto el oxígeno atmo~ffrico lo ro11x11.me: el carbón se quema: su luz
se apa.,.aa: su vida es breve: sus re;;plandores efímeros,
)fas si se le protege con una e11mfreute cri~talina y dentro del espacio protegido se hace el vacío, sigue ardiendo
días v días, meses y meses, qlúzá ochocientas horaF, quizá miís: ltu·c _,¡ no .•e cm,.,,,111e, o se commme it la larga.
Así el sér humano, así la más noble inteli~encia, el cerebro más poderoso. Si se etntrega ¡t la acción corrosiva
del medio ambiente, si so deja quemar por el oxígeno do
-las pasiones que le rodean, pronto es triste silencio, fría
cemza, fúnebre sombra. Es forzoso que algo puro, cri~talino, una coraz,t transparente le proteja; que á él llegue
la vibración etérea, no la acción combustible; murallas
protectoras cristalizadas: pase por ellas lo que pueda ser
luz, !,)O pase lo que ha de ser humo; fórjelas la idea del
deber y el amor al bien.
Todo esto es explicar por símbolos del orden moral
una de las más portentosas maravillas de nuestro siglo,
tan Fencilla como prodigiosa.
A saber: la lámpara d1• inraiulescenóa.
Y en rigor ya la hemos descrito: un globo de cru:tal,
en cuyo interior se hace el vacío, un vacío casi perfecto,
y en el cual se coloca un filamento de carbón.
Por un extremo del filamento entra la corriente elC&gt;ctrica, por el otro sale, y al pasar por el hilo de carb6n lo
hace vibrar y lo ilumina. :No m,íH.
Lo ilumina, I&gt;orquo la luz nb es m,ís que vibración del
eta, comunicat a al eter por los cuerpos vibrantes, cuando
la rapidez de las vibraciones es suficientemente elevada:
como el sonido es la vibración comunicada al aire por el
cuerpo ~onoro.
E,:ta es la explicación que da la ciencia, y la realiclacl
sed de este modo, ó de este modo podrá ser simbolizada.
La verdad es que nosotros no conocemos las cosas corno
ellas son, porque no estamos dentro de ellas y con ella;,
confundido~, sino por los símbolos que despiertan en nue~tro cerebro.
Pero, ¿cómo la corriente eléctrica hace vibrar las partículas del hilo de carbón?
Válgame otra imagen, que sobre símbolos é imágenes
trabaja la imaginación y funcionan las potencias intelectuales: sobre rl'presentaciones de las cosas, dicen los aut-0res de psico-fü&lt;ica.
.
Cuando un arrovnelo de poquísima profundidad corre
por un lecho lleno de piedrecitas, ¿no es cierto que al
choc.'\r con estas se cubre de blancas e,soumas la corriente?
,
Pues algo así sucede cuando la corriente eléctrica pasa
pQr el hilo de carbón, cuyas moléculas son como las piedrecillas del fondo, en el ejemplo precedente, Sólo que
aquí la fuerza de la corriente es tan grande, que las moléculas vibran y engendran la luz, viene á ser como la luminosa espuma de aquel arroyuelo eléctrico.
Y si la comparación no vale por sí, val!? al menos como medio mnemotécnico para fijar el fenomeno en la m&lt;:moria.
De suerte que hav .una diferencia radical entre las lámparas que se llamañ de urco-voltáico y las hímparas de i11cande.•cmcia.
En a,¡vella-•, el carbón, que es una barra rclath·amente
grue~a dividida en dos trozos, 6 mejor dicho, dos barra!-,
vibran al aire libre y el otdgeno las quema y las barra~
se consumen.
En htns, es decir, en las de incandescencia, el hilillo
de carbón vibra en el ,·acío y no ~e quema ni se conswne,
ó se consume lentament&lt;'.
Y hé aquí como nada, por humilde que ~ea y despreciable que nos parezca, es despreciable, ni en rigor humilde. ¡en hilillo de carhr'm! ¡Qu(&gt; nrgro, qué ruin!
¡l'n filamento de carblln! ¡Hilacha carbonizada!
f.:i una hilacha vale tan pQCo ¡cu:ínto menos yaldr.icuando e,.t(· rcd1wi1la
. á carht,n!
~

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897
- - --=-~

EL MUNDO
4

de treinta ailos de asiduo concurrente á lª
casa de la calle de Valverde, se ve obligado á prc~idir una jnnta, es Tamayo y Baus,
el Secretario perpetuo de la Corpora·
ciún, quien, por lo bajo le indica las pr.íc·
ticas reglamentarias :í que ha de cet'l1n;c.
Ca~poamor es de los pocos hom}ires
que viven content~1s con ser lo que son y
que nada aro bicionan. Hecuerdo que cuan·
do rehusó el título de Castilla, con grandeza de España, con que el Gobierno creyó honr.ir al egregio poeta dijo, justiciera·
mente, un diario de l\ludrid:-Nos explic.1mos que para honrar un grande se le
dieran los t1tutos de Campoamor; pero
darle á Campoamor el título de grande
l;t•ría un ycrdadero colmo. Camponmor
cst:í p11r encima dtl todo lo grande, y tod_o se puede engrandecer, menos su gloria.
Xo ha faltado quien pretendiera crear
algo a...í como antag&lt;mi!&lt;IDO entre Núiiez
de Arce y Clunp,1amor1 como si eso, llámese rivalidad ó antagonismo, fuera posible entre do,- astros qutl brillan con luz
¡,ropin y que giran en órbita distinta. Don
Hamí111 encontr:i recientemente la o:portnnidad de npla.,tar :í los que lo cons1dernban capaz ele mezquimlad envidiosai
c~cribiendo este preciow autógrafo en e
al bum con que los literatos cspat1oles aga~ajaron, en el día de su ,Htimo cumplea·
fios, al poeta del Vi:rtiyo v de Rni11w11do

J&gt;ue,- 1•,&lt;:\ hilar}rn negra ¡tlsJuz!~¡Luz aclmir.1blc que hnll.'\ de-de la mod('sta vivienda ch•l nwnt•titn\l al palado del m:i.g·
nak!
Con 1,í/oduu couwrtiilas 1•n rarb~m !'C
alnmbrn h•i)' el g~nero humano.
E-. qm• en el unh•ef:',1 no existe lo n1i11,
ni lo d,·,predable. ;-(,Jo e- ruin lt, que l':-·
M ¡,,,,, ,,.;,, porque entonce~ ,e confundt•
'con la 11mla.
Pero lo que 1aá...; r1d11 no~ parezca, como
F(l ugite, como ,;e mneva, como trabaje, no
con agitaciím tle-onlenada que se tlestruyn á si mi,.ma, sino &lt;'un ci;a ordenadaagi-·
• tllciún &lt;tlll' ~e llama ri/,mr; que en l'I ;iustnunent"mu-ícal es 11n11r,11ía, y en eteres
luz, V l'll literatura l'l' llama
en el
ccl'('bro ncompaiia al ¡,emiar, y en· e l mar
e...; oll't¡j•, y en foH e:-p.H•in" celestes e~ eter• m\ tmyactoríu elíptica; e~o, repito ,que
i:e no~ antoja llltÍS ,·11i11, engendmr.í '{11z v
IITIIIOIIÍf/1' )" ~'l&lt;t_rojall )' ]lell_'lllllJÍ(llitNl y t,/t'ajrs
y,/, m&lt;,,. 11111kl,·11s ¡ot ,u!,n,·t111 t•n las profundi&lt;ln&lt;lc, de los ciclo&gt;&lt;,
.\"o exbt..• lo ruin: cxisti• lo p~n•zo:-o.
Exi~to /11 ~11111hr;,, &lt;¡U!.! es la i,111111l'ilid"tl
clt•I eter¡,,yel1&lt;i/nwio qm• es la i111,wri/i,/,1,/
del air,•¡ y el Hue,i" e', In muntr, quo Hm In
;,,,,,,,,.¡¡¡,¡,,,/ dl'I pe11sa111iP11to.
Tom:1ll carb',11 y l ' ' negro, feo, sucio,
i;rnnbr,1 cuajada, n.•cucnlo infamt• de las
tinit•bL1s clt• 1111 abbmo; hacl•d que pa~c
J&gt;Or él In ('Orriénte t•léctrica y vibrar.í y

r,r~tJ, \"

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F&lt;'l'~Í luz.

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4

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1

-1

•

-

De pie, en actitud reverente y sombrero en mano, dcoo habh1r,c del hombre

que encarna en sí la doble realeza del 1;ah1•r v del tal&lt;•nto.
Cuando IIPgué :\ )fadrid ,-e hallaba Don
'!'ollas 1•sta,- co&gt;-a.• y otras mucha pienso
)larcdino l\lenénde:r. y Pelayo, el cerebro
c1uu11lo n,o lucir una Límpamde int·an1le111,ís enciclop~dieo tfo la E,-paila eontemf'Cencia, y en ella el filame11tu de carbJn
JIOr.ínea, veraneando en :-antandér. Los
hecho luz.
t re!-&lt; ú cuatro me~t•s q uc pasa en ~u tierra
_f.í,,,·'.1 f,,·i/1011/t que llnje no sé qué signos
11al::ll 1 son 11:1mél ¡.,,. día,;_ídicl•s dt• f'll exis1111,-teno➔O•.
tencia. a\.llí tiene "u ca,a y su biblioteca,
l'orqne ya ha~ta la luz ,-e ha espiritua:\ h1 t¡uc, i;egún afirman lo,- que la han vilizado, si \'alP la palabm.
i:it:1do1 ,s~lo hi de U.inov:~" puede a.~pirar
Ya m• t'" hogm•ra alPgn•, J&gt;ero hnmc,,-n:
a t•ntiiblar la compct-encrn. ::iantnnd1•r es
ma.sa y volumt•n dc luz ~· fuego.
l'l tímioo que el 1&gt;r1d\'1xi,o cerebro de llon
Ya no P&gt;&lt; tosca\' volumiun,a mecha mal
)farceliuo necc1-ita para trabajar &lt;lumnolitmw y carbonizada, c¡ue con el pfüilo
te Jo.,; ocho mese~ que l'ft.Í obligado á re,i(•st1 hal'i1•mln ,,scarnio de sí misma.
tli r en la capital del reino.
•
Ya no 1•,; mt&gt;chero &lt;le !{ª" rernlido &lt;'11
Que nuestro amigo, en )Iadrid, no se
ahiert~, abanieo; pem mm•n 1zan1lo con la
tiene por un vecino i:;ino por mi. huesped,
expln,iím :í cada instnnte.
lo pmPba el que habita en una modesta
.\"o f-&gt;! ní rol11111r11, ,ii ,.,,,,, i:,'iri,· d,, /11;: es
!onda de h\ ralle del An'n:11.
''''" ltiu•,1, no 1l~lÍ~ quP ,,,,,, ltw'rr, que no da
Diiít'ilmente se l•ncontmr..í un Iiwrato
humo, quo casi no da ealnr.
"'-,...__ ..,,_ _
---::, m(IS l:ibnri_oso qne :Men,1ndcz y Pclayo.
La geomct_rfa de· !ª luz ~1· ,·,1 ~implifical•:~crihe cada aiio por lo nwno,- un libro;
mlo: sn var1Pda1I se ,11 l'On1lc11,ando NI
Srita. Elena .:&gt;rtee;a· (de Tapa;hula. ]
n:dactn extcmlt)~ informes :sobre asuntos
u na u nidaii c:ula vez 111:í:s bri llantR..
á él encc1111cnla1los p. ir Ju;; cuatro .\.endemias :t que per.Jc,,(EcnEG.\11.\Y.
v gric~o. lo:-- t;txtuninailnn-~ !":(• ocuparon ,•n t•lo~iar ~u ro- t{!11&lt;.•t•t•; da lecciones cu la Univen;idnd; concurre á. la» i:;ehu_sJcz. su \1Crspi1·acÍI\ tle vi:-t.a ~- ;.u np:ud~za de oí~lo. Jfo• Hiotit·H del i'-rnado; va al t&lt;•atro, :í tertulia.~, á paseo; :í tofirw111lo,1• 11 c,te t•xamcu 1lt•1•ta J)on Hamon: Lo!-&lt; Jl'~mlas do aticndt• y para t,.,&lt;lo tiene tiemp•&gt;, hasta para leer
lmsl'ab:m unte t,,.10 t'i ho111hn·. p,.,,-pu~,-. :-i lt',- c·onvenía, cuanto d1• nuevo é interesante se publica en Europa y
RECUERDOSDEESPAXA
Por Ricardo Palma.
harían el ,-aoio. el 1,olda&lt;lo, PI predicador ú el come- Amí-rica. El hombre es de una actividad que parece indiante.
verosímil.
ESBOZOS.
Tr:1t,índnsc ,Jt, la exi,-t(.'ncia dt• Dios, dice Campoumor
I~í:-icamcnte no luce una organizacion robusta ,-:á prueque (•l no ransti su 1·1•1-cbru hul'cando razom•:- ni argumen(' \~{ PO.\MOR.
to~: qne (•! croe en llio:-, ¡10rqttl' ~í. Eso,¡,. &lt;li,cutir ,í ]lios ba tic fatigas; pero bajo apariencias dclirnda.~, ·su orgaQuien pa-amln por In !.,'arrcm de San .Jcr:mimo, en hls ,-e hizo par:i Jo,; holgazmws qm· no ticn\·n \'ll que ocu- nismo es t1m privilegiado como su inteligencia. De mediana estatura, delgado./ p..ílido, en sus ojoM que· son
última.~ hora...; ilt• mui lnr&lt;l,• 11,• invierno, Pntr,! en la libre1&gt;an~P.
hermoso:; y en la sercniaad de su mirada, be retlcja su
ría de Feruando Ft\ 110 podr.í mt•110, d,• fijare&lt;• en nn anJ~studiú dos ailo:- medicina y l:\ deje'&gt;, pon¡ue no act•rta- gran espíritu. Cu:mdo yo lo conoeí, acababa ~l de cum~iano dt&gt; ojos azule:; y c·alx1l\o c·:111111 cara. ancha y r.'.!¡.(nciba :í explkarsi• la worfa tlel e:-tornudo. He tlpdicti otros plir trerntn y seis años, reproi:;entando tl,Lad inferior á la
Jada, enc..rracla cntn• patilla"' bl:tnca.", gon:lura Ütl eani'1tlo" uiios tí la jurisprmlencia, y \a,- l'andcctas lo hicieron qne le asigna l'lu fe de bautismo. •
11i~n. que vi,-ui d,· g:lb.Ín tic piek~. y ú 1¡uicn rodean, t\':-·
bo,-tczar y aburrin;c.
l'na cmilitlad que embelesa en )Ienéndez y Pelayo es
pet:ímlolc y 111i111:imlolo m·ns,1 m:í~ que :í un monarc:L los
.\lguien le dijo una tanle almlieudn :í sn focn11tlidad .su mode"tia, no dirc; si réal ó simulada. Desde el primer
cort&lt;'snno&gt;&lt;, mucho:; li&lt;' los liter-.itos qm• hoy dan honra :í
poética: hay que reconocer en nstcd, Sciior Don Hamún, momento en qtw e&lt;mH•n&lt;ais con (,1 os trata con exquisita
las letra., t·spailol:\,;. Ese t un venembll! como simp.~tico v
el mí•ritn tic la lnborio,-ida,l; traba1a u,-tl'd ba~tantc. Pues llaneza, º" in,;pim confianza, di~cute tranquilamente y
queTi&lt;lo ancian11 e,- I&gt;on Homún de Campoamor.
•
est.i u:-ted t~ni\'ocado; porqutl la hija del capataz de mi
Entre lo!&lt; má.-; a.,icluo" ,lt• los que forman hi tcrtuli:\ hat·it•nda, ,í quien hicieron creer lo que m;tcd pien~a, ex- i:;in dognultizar, y dista mucho de acalorarse, como Tavefpertina del creador de lt1&gt;1 Do/11r11,,, se Vll :í )Ianuel dt'l damú al concx•omm;-;.:\.ntla! ¿,Cómo dicen que el !-Cilor mayo Y Ban~, ('liando~ le contradice. ~o pert('nece Don
::\fan·elino ,í la &gt;'llCta de los infalibles, y sabe ~er toleranJ&gt;al:icio, el poeta lle la~ clii,peant,.•s agudeza.'i¡ á En:(enio
trah,1ja mucho·: ¡Y no i-e puede agachar!
C(&gt;n los hombre!-' y uon sus doctrinas y opiniones por
~11(&gt;:;, el aplaudido autor th•l Snd11 yonli111w, cuy:\ candiCampoamoc po:-ee nna tortuna que le permite• vivir con te
ab,-unlas que ella,- liéan. El no habría condenado á Gadatura para la n1cant,.• de Zurill:\ en la Aradt•mia :eatrohol,znm y sin ¡,reoc11¡&gt;an-c ,!el mañana. Le e:; del todo in·
t·inaron, con calor á qne no 1·orre,pomli{1 el éxito, ~ "iiiez
.
dif,•n•nte el qm• ,e r,• Pbren (¡ no tratados sobre propiedad lileo.
~o rreo :í ::\Icní-ndt•1. y Pt•layo posccd0r de gnmdes cuade ~\rce, Castro Sermno, Taim\yo y Campoamor; Jo,;~
l_iternria e~tre 1•'.spaiia y las l!ep·.'iblica&gt;&lt; ameril'anas; pues
omtoriiL•, tÍ pet-ar de lo tacil y correcto de su paA lcal:í Galian11, el es(·ritor qne, en lo~ versos'llc ~11 libr,l
1·1 rn&gt; se cnula tlt- reclamar de lo, editore" de sns ubm, de- lidades
labra. }LiK qtw hombre de fantasía es hombre de criterio
Ka/, iduxm¡,io y en sn~ artículos l'll pro:ll\, sobre to,lo, luce
rechos ~ll' au_tor. Rus ami~o~pue1lcn n.•imprimircnanto&lt;-1 l'laro y ~en•no, y :-nbru todo de mn\' singular y admirapor lo. especialidad de la forma humorística, y de q ,Jicn
ha c,cnto, sm quP ,... ,•nnje pon¡ue ha van ol\·ida,lo soliciValera aspira á hacer un ac:ulémico; Ricardo do la Ve-~a.
·
tar s11 aq nies,:euria. ( 'olabora t•n la ¡-;,,,,a,;,, Jlml, r11" t·on ble pcrcq&gt;eión c:;tl-tica.
el tan ju,;tnmente popular isainetcro; P,,ña y Goiii, \'icen•
:-us ll1w111r11tl11~, nada 1ná~ que p&lt;&gt;r cariilo á p,,¡w L.ízaro.
te (',olorndo, X1warrek•, Pin:\ Dmnínguez, ,1oa9.uín DiccnEn una palabr:1 1 ,•s Pi único e,;crltor dt• fama ,í quien su
OTRO PAGO DE$ 5,000 oo DE "LA MUTUA"
tn, 10,- Sepúlveda, el C',oncl,· de la,- ~a,·:\s y chez íi doco
EN GUANAJUATO.
pluma no prollm-e dint'ro.
cHcritore8 más. Ctist~lt\r y ¡,;(i¡¡ez ele Arce no deH,leñan ir,
Iloy non Ramún tributa culto :í la pere1.a~ Ya no lee
de vez en cuando, :í ~olazaN· en la librería de FJ, oven&lt;;u:umjn:it-0 :t rn dP Dicitlmbre de 1800.
ni cstudiu. Dic-1• q1w á :'.\fonéndt•z 1\•laYo ll' tiene pncodo contaT chn~arrillo:; :í Don Ramón, que es el reg.,cijo
t-,r. D. Carlos :-ommer Director General de "La )Iutua."
me,!dado qne ka .Y estudh• por 101:1 do~. ':I..o que en Es¡m)léxico.
hecho homhn'.
fia ignore :'.\fan·ehno, aiiatlt•, tle &gt;&lt;egnro q1w nn hay t•spa• . La librería de Murillo, en la calle de .\.lcnl.í, es tnmbii:n,
fiol t¡ue lo :-epa. ¿A qn{- fatigarme·: ( 'irnndo me hac,\ falta
:'\In,· •t•iior mío:
&lt;lc,-pué~ di' las cinco de }a t;1n.le: otro centro de gente de
llur m,· ha t&lt;idn pagacfa la suma dt' cinco lllil pesos
aprender algo H' lo pn,¡tnnt-0 al 1-&gt;1bio por excelencia, Y
]1,tra.o.;. l\lenéndez y· Pclayo, Barhieri, Catalina, Zarago:r.a,
trabajo hecho. Por :'.\lené11dc1. l\•Jayo tit•nc Campo;1nuir ($:1,&lt;XlO) importe dt• la p',liza nÍlm. :.lH-\\l~:.l bajo la cual
Colmciro, el padre l'ita, .Jilué1wz de la Espada, Fern.inestaba a,e¡?11nulo mi fin:uln hijo liuilll'rino (-loorne.
adoración.
·
dcz Duro y otros aca,lémico~ de la Ili~torindeparten allí
J,a actividad~- t'licaria t·on que ha exl)l'tlitado lasprueY e;ae conver,-1\d.or, tan pl.ícido y variado en l:l t('rtulia
l\'po~mcnte, 1:1in la animación y ha...;ta el bullicio de
de la Carrera de $a11 ,len',nimo, t·s otro hombn• rn 1:i~ ~e- !'."'' tl,• mt~•·.r.te el :-r. n. _1,:nrique }ley1:nbl•rg, Agente de
los tertulio:! de la cam•ra. d,· ~n Jer.'.mimo. No es raro
La )l11tua eu e~ta &lt;':l¡ntal y la prontitud con que se me
sionl'" de• la AcndPmia Espaiiola. Xo :1hfl.' fa l&gt;&lt;K·a ,iuo
,•ncontrnr en e.-ie círculo de gente gravti á C.ínova.~, á ~ilha ht•cho 1•! pago, confirman tll :merecido crédito de que
pl\r.l decir •i ú ,, í, cuan.to 1'11 nna vot,11·i.',11 es i111&lt;•rrol{:Ulo.
•·vela, :i l'idnl, y al man:¡ué" de la Vega de Armijo.
l'an•ce que hnbit&gt;m h1•cho ,,,t,, dE&gt; ,ilenci11. :-:i por cnit'T- ;¡nza es:i benetica y pc:xlem,;a institución que u~wd dignal'ampoamor hizo ~u" primeros e,tudios tlll un colt•gio
•
me&lt;lad del Conde de Ghe~w·ó de l)ün .\ureliano 1,·,•m.tn- mente rupre:&lt;enta en Ctita Repúbli~
deje,m1ta.&lt;;; pero sedisgu,;tóde ello:sporqucen un examen,
De vd. atto. s. s.. -L. GOEllNJt.
dez Uucrra á quien sigue en antigCe,lad, puei; cuenta m.í~
en que el alumno soñaba lucir por sm; auelantos en latín
lt1R

EL MUNDO

-- ==

T,rnto I\U menta la glori&amp; su estl\tura
Quti ,, ese genio glgaut.e,
l..c llamarnn el grnnd~. alll\ en la attur&amp;,
sh111&lt;.,,,pearc, Ano,to, Caldtirón y Dllnte.

Tomad carbono, azol', hidrógcno,'oxíge110 y pol·o,- cuerpos m,b en mínirnas eantitlades, y hit•n poco yaJ,lr.í to'1o dio.
]'ero c,nnl)im\&lt;l\o dt• C'icrto modo, colocadlo Pn l'l l't•ntro 111' esa U!-'ombro,-a lárnpan\ 111• inr.ah,le-cenciu, que ,-1• llama cen··
lirn hmnnno, haced que pase la corrientt•
(•,-piritnal pc,r la:- hilarha,- de In mafl\ v
la ver,~is iluminar,;t• con lo~ ,., "í,f,1111!,,rc11
,fr

DOM1NGO 3 DE ENERO DE 1897

•

-----

~

-

&lt;

~n iailio ae pobre.
Dibujo de Martinez Co.rrlón.

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

6

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.

*

LOS HUEVOS FRESCOS
Cuento Alegre.

Como tú, como yo, como
Luis XIV y como el d!f~nto
Toupinel, el señor.Jerommo
Gautrelle tenía dos cai:as Y
se hallaba bien con las dos.
Todas las mañana!' se
arrancaba al legítim? a~to
de la señom Eufemm (,autrelle abandonaba hts alturas d~ 8 u quinta don?-e la
paz de su hogar !'e abri~ba
ba·o los muros de ladnllos
relract.arios v se dirigía á la.
capital por el tn;n de 8 h. 4 7
ro: que llegaba a las 12, momento preciso en que Jerónimo se encontraba con Ida
(la otra).
Id.'l. se ve~tfa entonces con
una toilet.te discreta; la. pareja se instalaba en un coche de sitio (sus 8,400francos de sueldo perI!litfan al
jefe de Jo Contencioso este
lujo) y cada noche, esperando ¡1; 1 mañana épico, el
señor Gautrelle hacia arr~.
. te ml
~~ssJiÍll~~!:tl Sríta~ I~tiqse loJ1;!f~ú!~~:1iiiE~
á la estación de San Lázaro Y
ra. . . .
1
pe~~!t
h~b~ós~bhl:;:~!:a.:~~:;~g·la hipocreta
eocial y desenvolYirriient? hbre de sul
y
1i°1ga-azr;
doblP se inflamaba alternativamente a ca or e o

ti!

~!

J

yr, a81

i~i

al ~cendi¡°3e1
~t;:/{~í~~~ Rugo, su culpable dicha
í¡n30: afos y nada la había turbado, cuando una
~n
tarde la Srita. Ida ,.0 mprome~ó al Sr. Gautrelle á
~u':t llevase el día siguiente media docena de blan-

quiW~!édico la había sujetado á un régimen (la neur~=
. ! 1 fatiga' la anemia!) y ordenaba huevo~ frescos, pe
:1\os\spendedores del barrio no le proporc10naban miis

el sobre la frescura exquisi~ de los huevos 9-ue la c~in~m les babia servi~o. Al oir ésto, una so~r1s.a ma~ma:
él"1 alargó silencrosamente la boca de Je1ommo, Y fué
goce que declaró á su cónyuge quP, a.pesar de sus
treinta años estaba tan fresca &lt;:Orno los ~ue:·9s ...... d . _
Des ués como á eso de las cmco de la rn.rna.na, e¡au
do / jFufemia que ~ustase de un reposo muy b1e~ ~nado
el
Gautrelle bajo al jardín y ..i:ienetró subre_Pticm~ente al gallinero, hizo su prov1s1011 ......... y toda la s.ie;-ta
s coro afieros de oficina se l?reguntaron que trainan
bolsis del sobretodo de Jeronimo pue se ahuecaban
con redondeces sospechosas.
. , ,
Cuando á eso de las cuatro de la tar~e depositó a los
·é de Ida su media docena de huevos ~rreprochables, e~
~c~nocimiento de la jóven no tuvo línntes; ~auto fué as1
que al Sr. Jerónnno se lepasó el tren y llef.l:Ó á su casa
con hora y media de retardo.

;al ii
S~.

f:S

·X-

Pasó sinie;~ente la semana, durante la cual el Sr.
Gautrelle se abstuvo de yer
á Ida y pudo así comproba~·
que no le era posible vinr
sin ella y que desde que n~
la veía en nada apreciaba m
su piP,a de eSJ?Uma,. ni s~ perro m su mu¡er, ru el 24. to- ·
mo' de su novela.........En su
injusta ira odiaba á la Sra.
Gautrelle ( que por su pai.:te
aplaudía ingenuamente la fecundidad de RUS ponedoras,)
y hacía amargas reflecciones
• sobre las alegrías ridículamente insuficientes del hombre que suelen depender ·
hasta de unos viles hueyos
fresco~.
El sábado síguíen~, cuando se dirigía, al ~lir de s~1
oficina, á la estacion, meditando sobre las desconsoladoras desproporciones de l?~
efectos v de las causa~, se dio
uu fuerte golpe en la rodilla
contra uno de esos puestos
ambulantes que los expendedores colocan en el borde de las aceras.
. .
«Todas son desgracias en este mundo,n clamó, y 3:l mchnarse para reconocer el obstáculo tropezaron sus OJOS con
este letrero: «Huevos frescos del día," que, como el maná
:i los hebreos, lo llenó de gozo.
.
«He aquí la solución,,-ex:clamó alegre°:l?nte el Jefe ie
lo Contencioso y en un decir Jesús camb10 una pieza e
cuatro centavos por una media docena. de aquellos ~uevos providenciales; cuya frescura no vaciló en garantizarle, impúdicamente, el expendedor. .
. .
Vuelto ~í su casa con su paq_uete bien disimulado en 1a
bolsa de sn 11UU'jerland, J erómmo Gautrel]e mostró du~nte la comida w1a alegría infauti]: Eufemia no recon?c1a á
aquel alegre marido y se regoci¡aba de poseerlo as,, tan
vibrante y bienhumorad.o.

l

~'

,,

ue huevos hueros é Itla contaba con la amabilidad de

innuevecitos.
Jeronimito que le lle\·aría del campo un~s grande~ Y
Diciendo e~to, la cnca:n~dor3: criatura ale¡aba con su manecita d C'ran~o ad1mmstrat1Yo del Sr. Gautre1trefe de lo contencio~o en la A. C. EJ;. F., prometió
todo lo que Ida quiso y partió con el corazun lleno de esperanzas en vag-as .recompensas.
.
.
Ma.'l ay! lainvestigaci'ún ele las prun~ras !!3USas Y d~Jo~
primeros principios pue~e parecer casi un J.uego ~e mno~
en comparación de media docena de huc,?s fr~scos for:
zosos. Después de haber vagado dos horas. a tra, é~ ele la:,
callejas de su. c,ol,.mia, clesp1~és do haber sido_Yíctmm ~~~
escepticismo 1romco de dos o tres honestosexpend~dorc ,_
de blan9,uillos que acon-ieron su demanda con sonrisas de
compru,íon, y del tmnq"'uilo ci~ism,o de todos ~os o~ros que
le juraron por sn honor qne ¡amas habían \ emhdo huevos frescos, el :-:r. Gautrellc volví.6 desolad? á su co~yugal do_l!lícílío. Al día siguiente, Ida lo acog16 con acritud
y le d1¡0:
·
y ·
-No ei; por tn bella cam por lo que te qmero.1 :ii me
relrn,-,:1!:! ese pequef10 gu"tº··;···
. .
El 8r. Gautrelle se enredo en explicaciones d~sesperad.a,:I. b'n yano intentó consolarla, en vano mqstr" nua galantería agresiva; tuvo que volverse ú su ca,a desolado Y
¡;in esper~rn7.a.
•
d
Jm;tmucut~ ci,a noche·, en tant-o que pl~bcaban es~re mesa, la Sra. Uantrclle atrajo la atencion de rn man-

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1/-.....

contencioso aventuró ante los barruntos de tempestad
deshecha, una sonrisa tímida.
-Sr. Gautrelle, esclamó bruscamente Eu.femía, usted
me oculta algo.
-Yo ocultarle algo? pero estás loca mi quPrida Eufemia..... .
-Entonces que significa est-0? preguntó la e~posa irritada abriendo sus mane citas en las que había dos hueyos
cuya corteza llevaba esta den uncía.dora inscripción con
lapíz azul: cuatto centavo~.
-Que quieres que te responda, elijo el Sr. Gautrelle
aplastado por la evidencia, veo el hecho pero no lo comprendo ..... .

mtr

jándose caer sobre
•las rodillas del Macbiavelo de su esposo. ¡Pobrecito
mío! ¡Y yo que lo
cafomniaba! ¡Qué
bestia soy Di?B san
to! ¡Como si esas
m11jerzuelas se
contentasen con
huevos frescos ..... .
Estaba loca!
El Sr. Gautrelle
triunfaba modestamente. Ella le
miró con sus hermosos ojos húmedos y convulsa aún
por los sollozos le
preguntó:
"•Terónímo, mi
.Teronimito, ¿me
perdonas?
El jefe de lo contencioso no respondió sino estrechando contra su pecho
á la coniiadísima
Eufemfa. Y 1;oda
confusa en medio
de sureconocínÜen
t-0, la Sra. Gautrelle comprencli6 que
CRtaba perdonada.

"Eu fico!"
Estas dos palabras dichas en el
idioma de Til'admles, fijaron un día
la estabilidad de
un imperio. ¡En
qué insignificancias suele estribar
:t veces el porvenir
de las naciones!
H,unvroN.

\1

Pa8ªt

-·

f I \'
""-=--y/

***

Al día siguiente, muy de mañana, Jeróni~o bajó al corral con su paquete de «huevos fresc?s del d1a,» Y los sustituyó á media docena de los acabaditos de poner.
Orgulloso del éxito deslizó su hurto. en. la bolsa de su
macferland v subió de nuevo á su hab1tac1ón.
.
A la hora el.el almuerzo, frente á f~nte de su mu¡er ~o-da fresca y linda con su vaporoso peii:ador, el Sr. Gau~1,elle se exaltaba silenciosamente á la idea de la :ecepc1011
ue le esperaba en la casa de Ida, cuando fué m~rrnm-qido en su ensueño por un grito agudo de Enferma que
icababa de hundir su naricita en la cáscara de un huevo.
-Pero esto es espantos~lamaba-este ~uevo está:_po-drido, completamente podndo, y lo acerco á las nances
de su esposo.
.
l h , era
El Rr Gautrelle debió convemr en que e
ue'- o
perfe~t~meute nausea~~1do. Eufe~ia se puso funosal
al acompañará la estacion á su mand~, qu~ le.as.egu¡-a a
ue se retardaría uu poco porqt~e ~ba a asistir
un
§anquete dado por w1a Aociedad tec.ruca_ para ,Protest~
contra la supuesta bancarrota de la. c1enc~a, ~otó con so1 presa que J erónímo lleYaba un abrigo de m.v1erno ~
del calo1· sofocante. El Sr. Gautrelle se vió precisa o 1
pondemr la frialdad de las noches.
'
. d
La aleo-ría de Ida ante los seis huevos fué demasia o
demostr~ti~a para hacerle ol\i_dar todo: La muchacha
declaró que no había hombre mas cumplido en el mundo•
el ·efe de lo contencioso fué el más q.ichoso de los m?:fulesl felicitándose de haber encontL-ado por fin el eqmhbrío de sus dichas par-alelas.

* después,
*
Algunos días
cuando el Sr. Gautrelle, al fin
de la comida conyugal se
preparaba á pasará su gabinete de trabajo, para fum~r
su J?Ípa leyendo el tomo vigésimo cuarto de los Jfüterios
del Pueblo, Eufcmia, con un
gesto .gentilmente autoritario le ordenó que se s~nta~e
y con voz llena de misterio
le dijo:
--Jerónimo, creo que nos
han robado.
-Que nos han robado? Y
quién, Dios mio?
,
.
-Lo ignoro, replico la vi·,
gilante esposa, pero es seguro que, desde hace tres días
la criada no recoge más que
~
dos huevos cada mañana, en
lugar de siete ú ocho que teníamos en otro tiempo..... .
Esto no es natural.
-Pero hija-se atrevió á
decir el culpable y astuto
Gautrelle,-sí no recogemos
tantos huevos como antes,
***
La visita matinal al gallinero se renova~a diariamente
será porque las gallinas ya
y el Sr. Gautrelle vivía confiado en su ardid, cuando una,
no ponen..... .
Esta explicación, sin emJ:mrgo, no pareció
convencer tí Eufemia que movió la cabeza sin
replicar sí bien
es cierto que por la mañana el Sr. Gautrelle
no se atrevió á bajar al jardin por temor
de despertar nuevas sospechas. Así que,
cuando llegó á la casa de Ida con las i:1an~s
vacías y el corazón lleno de. amor, fue r~c1bido como lo sería un escritor naturah~ta
por la. Academia Francesa. Ida, decepcionada no quiso oirlo. Para colmo de desgi-acía, el doctor O. que f\té á hacer!e . una
vísít-a, gruñó en _prese!1cia. de J eron11~1?,
prediciendo á la m~ócil cliente. que s1 se
obstinaba en no segmr sus conse.Jo,s, norE;spondía ele nada. Después se re~1ro, no sm
haber prescrito de nuevo un régunen au~tero: «v sobre todo, huevos frescos, mueb.os
hue;os frescos!" clamaba su voz profes1011al en la escalem.
-;,Ya lo ves, Jerónimo? ¿ya lo -:es?
-Bien lo veo, ¿pero como quieres que
me• proporcione huev~s. frescos ahora q1.1:e
mi mujer se ha apercibido de la desaparición?
,
-E~n no es cuenta mía. A.rreglate como
puedas súlo que sí no hay huevos frescos, •
no hay amor ¿eh? ¿lo entiendes?
tarde al volverá su ca.sa, con el corazón lleno todo do·
El Sr. Gautrelle quiso protestar á lo menos,por ge:;tos, Ida r;conquütada, distinguió á su mujer, 9,ue, apoy~daen
pero la escena. fué tormentosa. Ida. l~• reco~o su calva, la barrera ele! jardín lo esperaba en 3-?titud h?st1l, con
su vientre, y el Sr. Gautrelle s~ ret1r0 maldiciendo.
las narices palpitantes y 1as cejas fruncidas. El Jefe de 1o--

-~
;._ :;:.~!

',

7

Al pie de una eminencia de frente lenmtacla
que hiende por su altura la bówda infinita,
despliega el verde mant-o la fértil hondonada
con el sereno aspecto de un lago que dormita.
Sobre una cortadura de dpida vertiente,
cercana de la cumbre que altiYa la. cororn1,
se yenme una cabaña muy pobre, pero ril•nk,
en cuyo techo el cielo las nubes amontona.
Airosas nubecillas errantes y sii1 senda
agrúpanse formando como azuloso grumo,
y del hogar que m1ima la rústica viYienda
asciende por los aíres en hélices el humo.
De abajo, desde lejos, enlaza aquel retiro
al valle esplendoroso tendido en horizontt\
la línea de una senda que con incierto giro
escala por las faldas el término del mont&lt;•.
Cruzando las pi-aderafi, ribazo¡, r repc•cl1os
que en trazos desiguales diseña la :Xatura,
el á$pero camino conMmplase por trecho~
corno una roja sierpe dormida l'ntre yerdurn.
Abajo por el valle sin quiebras~• sin ln111á~.
las cúpu'las de un templo de góticas arcada~
parecen en lo blancas dos cándidaR pa!om:1~
entre árboles espesos al par acurrucada~.
)Iás lejos una sombra de azul monotonía
encumbre con sus slibanas el horizonte vag, ,,
y míranse las chozas allá en la lejanía,
así como albos cisnes dii:ipersos en un lago.
En tanto que sin orden sus techos ag!onwra,
en medio ,í la verdura, la soñolienta villa.
formando los mil cortes de una ,íspera cantera
que de rojizo pórfido con los esmaltes lwilla.

~
Pasillo en prosa.

El pasillo, señora, hermosa niña es como un lento y rosado valR. Yea usted cómo aquellos dos enamorados pueden llevar el compás en medio de la mii8 ardiente conversación. El dice que los lindos ojof&lt; de una mujer valen
por todos los astros, y los lindos labios por todas las
rosas.
Como ella quiere demostrar lo contrario, le mira con
los bellísimos ojos suyos, le sonríe con sus inefabk•s labios, que son en un t-odo iguales á aquellos con que la Reñorita Abril dió el primer beso al caballero de Mayo. El
pasillo, sel1ora, hermosa niña, es como un lento y rosado yals.

***

***

-Ah! no lo cmnprenfü, n~t('(l? replid la Sra. Gautrelle,
con la voz ya falsa por la8 l,ígrima~. Pues bien, yo temo
comprenderlo ...... Hace quince días Yengo notando que
los huevos tienen nn gu~to in~oportable y annqne usted
&lt;l.í.ga lo que quiera la CO&amp;'l eF C'lara. Quien me prueba que
uo e;; usted quien se lleva lo¡:: hue,·os fre8cos :t ese París
{aquí la Sra. G.autrelle most.r6 con el puño la silueta lejana de la Torre Eiffel) y para dar;:e!os aquien, á quien?..... .
tt mujercilla~ probablemente..... .
Esta insinuación acabó en i;ollozos; el Sr. Gautrelle comprendió que Fólo un golpe de audacia podía salvar la situación y atrayendo á su corazón á la pobrecill:1. que resistía su abrazo, le dijo:
-Eocucha, qucridn, voy á confrsártelo todo.
-Ah! gimió la Sra. Gautrelle, lo babia adíYinatlo, me
engañabas...... y lo confiesas ...... ~í, lo confü·sa8!
-Pero d(&gt;jame.cxplicart('-suplicú el jefe de lo contencioso, cuya voz se vol da temblorosa v _¡wr,aua~íva........ .
Pues bien, sí, soy yo quien trae los hi1e\·o:s que encuentras tan malos. Te veía tan trisk de~de qu&lt;• la;; gallinas
no ponían que quise consolarte á todo precio. De~de en-.
tonccs, tarde por tarde, compró en Parí,; huevo~ c1ue pongo en la mal1ana en el gallinero y e;,1:-0 á riesgo de atrapar
un reuma. Tú has interpretado mal esta atención-añadió amargamente:-- y me acusas de una infamia...... .Ah!
me haces muy desgraciado!
Y Jerónimo se dejó caer sobre un banco, llevfodose el
pañuelo á los ojos, perfectamente secos.
«jTtí has hecho eso!-exclam6 la gentil Eufem.ia, de-

Opaca transparencia dífúndese en el .cielo:
bajando por las faldas de montes y colmas
la brisa desparrama su gris y tenue velo
en forma de inconsútil y diáfana cortina.
Natura sus cendales recoge con pereza;
sus miembros ateridos entre la bruma esboza
y sólo un pico escueto sepulta la cabeza
en el difuso pliegue de nube quP lo emboza.

A tJ'NA BOGOTANA

¡Oh! sí, sí. La fuerza de una pasión es mayor por infinitas veces, que el empuje de ese enorme y poderoso Tequendama. ¿Usted conoce la catarata? Dicen que sus
aguas saltan de un un clima á. otro. Que allá abajo hay
palmas y flores; qne allá arriba, en la roca que conoció
las espuelas de Bolívar; hace frío. ¡Que delicia estar allá
abajo, dos que se quieran! La soberana armonía de fa, uaturaleza pondría un palio augusto y soberbio al idilio. Al
ruido del salto no se oirían los besos. ¡Idilio solitario y
magnífico! Sabe usted, señora, que tengo deseos de que
se casen dos amables solteros, al comenzar á florecer los.
naranjos? Efraín Isaacs con Edda Pombo. ¡Qué envidiable pareja! ¿Está usted agitada?...... El pasillo, Reñora,
hermosa niña, es como un lento y rosado vals.

.·

PAISAJE DE ENERO

-En cuanto las heridas alas de mi pegaRo me lo permit.an-¡beridas, ay, por dolores hondos y flechas implacables!-iré señora, :t la vía !actea, á cortar un licio de los jai·dínes que cuidan las vírgenes del paraíso. Al pasar por la
estrella de Venus cortaré una roRa, en Rírio un clavel, y
en fa enfermiza y pálida Setene una adelfa. El ramo se lo
daré ií una gallarda y pura mujer que todavía no haya
amado. La rosa y el clavel le darán su perfume despertador ele ansias secretas. El lirio será comparable tí Rn alma
cándida y casta. En la adelfa pondré el diamante de una
lágrima, para que sea ella ofrenda de mi esperanza ........ .
Bien se conversa al compiís de esta blanda música. El pasillo, señora, hermosa nuia, es como un lento y rosado
val!'.
·

*
**

Conqu&lt;&gt; i;e rn'! Feliz, muy feliz viaje! Así sucede en la
vida...... el alba que abrP los ojos en una diana de liras,
dura un mopwnto: jlliclwso el monje que oyó por largos
siglos cantar al miS&lt;'fior de la lPyenda! Adio,-., golondri11a; aclios. paloma........ ¡]&gt;ero, ¿,quiere hacernw nn favor?
Cuando llegue mtecl á ~u giganteRco Tequrndama, deshoje, á mi memoria, la flor que lleve en rn corpiño, y arrójela en las locas ei,pnma", que all:l abajo, sobre las rocas,
junto á las palmas, hacen temblar su iri::;........ El pa~illo,
srñora. hermosa niña.. el" como n-n lent-0 y roi-ado Y:\ll-'.
R um';~ D.\1t10.

f

EN INVIERNO.
NOCHE DE LUNA.

Es una noche fría en que el vientecillo besa á cada momento nuestro rostro. La luna se pasea majestuosa poi· el
cielo, escoltada por millares de luceros; y un porpétuo
enamorado de los llenos de luna, lánza~e á la calle.
No ha caminado-mucho cuando so encuentra con nn
recíntc, construido, tal vez, para que las diosas del amor
vengan allí ,t traer á los corazones rocío ·vivificador y los
enamorados querubes re~alen á las bellas con coloraciones celestes para sus mejillas.
Es un largo patio sembrado de roi,ales, margaritas, geranios, claveles, jazmines, y de todo lo que en ri~s plantas posee nuestm flora; y allá y acií como guardianes de
lós peños arbustos, la selva colosal de tupido y verde ramaje¡ el cedro·alto como el del Líbano y el pino del Norte, el perpetuo subidor, el que nunca se cansa de escalar
los aires para lucir allá arriba en su débil punta. que á impulsos del viento se mueve suavei.nente como la espiga rubia del trigo.
Los altos muros del jardín, los árboles corpulentos y el
color verde obscuro de los arbust-os, hace que algo asf como claridad de vesperLíno crepúsculo invada aquel bellísimo lugar. En distintos puntos, bancos de madera, kioskos primorosos en los que la enredadera parcha ha entrelazado sus largas guías y para regalo de los ojos de lo~
paseantes ha dejado colgar caprichosamente hermoRas
combas de verde claro, tan lindasytan bien formadas como las de una amazona helénica.
En una lagunilla del centro en que .J?Ol' el día pint.ados
ánades toman su baño y hacen ejercicios de natación, la
luz de la luna cae de lleno; y una :r,rofu:sión de myo~ luminosos viene á refugiarse á la pupila del cau,inank de la
luna llena. Por el lado del Oeste, entre el claro que dt•jan
las mmas de la ceiba, recibe toda la luz amarillenta dl'l
astro de las noches; y mudando de lugar, á pequeiios pasos, estableciéndose corto tiempo en ellos, va la luz ele la
luna perdiendo dimensión y al chocar con el vl'rcle obscuro &lt;le las hojas, forma millares &lt;ll' estrellitas qnc alegran
el alma, y que cayendo l'n el suelo producen sornbnis caprichosa8 y fugaces.
Xi los pasos de lo~ caminante,-, ni la alg1lzara de la.s
gentes alegres, ni la música del organillo q1w recr¡rr&lt;• lai&lt;
callPs de la población, nada llega hai,ra aquel rinc'&gt;n dt•liciorn; y el caminante de ):1,-; noches de luna signe 1,;olitario y l'rrante, recibiendo en la~ m ejillas 6,culos mil rlt,1
airecillo helado, sofümclo con las coHas bt'lla~, ,í mil leguas dt' di,.tancia del m1rndo, st&gt;ntfodose en los banto&gt;',
ai,,pirando el aroma ele las rosa,, tronchando 1111 cbn,1,
tan blanco como L'l.B enorme;; masas que el viejo inYierno
forma allá en las regiones polares, y el cual ha de morir
en el pecho de su amada; recogiendo en diversos µuntos
hojas de todos los matices con que hacer un capullo; le-

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

, 8
vantandu la vi!'ta pam alcanzar la alta punta del J?ino
que lanza rítmicamente á la luz de la luna como queriendo dibt1jar en el centro de ella alguna de las hermosas
cosas que ha nsto ad en la tierra, y el roble, gigante
dormido, que apenas mueve sus hojas, y el cedro que descansa impasible esperando la mano del artífice que ha de
sacar de su carne el sinnúmero de artef¡u:tos.
l mpa.'-ible, sin fat.iga al parecer, continúa su paso, luciendo rosas en el ojal, las manos cargadas de colores,
recibit•11do á cada momento caricias heladas, hasta que
ya cansado se entra en un kiosko á dormir sueño feliz y
:1 esperar que el señor de la mañana y la multitud de avecillas cauoras que en la ceiba reposan, vengan á darle su
~aludo matinal, concluyendo así con aquellas horas pasa&lt;hlll en bm7.08 ele las haclas.
AXGEL C. RIV.\S.

AZUL Y GRIS

Bajo un ca,taiio en toda florescencia, bajo el amp~·:o
ele Wl cielo turquí que se teñía de sangre al morir el sol,
he be~ado en la boca 1í mi amada.
!Oh! .\1 chocarse los labios tembloros, llenos de fuego,
se ha producido algo como un rumor de alas_que se baten
presurosas ...... .. .
-Me amas?
-Te amo!
En íntima phltica, los ojos de ella que se clavan persistentes y serenos en los míos, mi mano que juega con
las suyas, mórbidas, suaves ...... Así, así pasamos la tarde, hasta que vino la noche, negra, tétrica; hasta que en
el cielo, en soberbia eA--plosión, se encendieron las rosas
de oro. Ella se despidió de mí:
-Adií,,-;!
-Adiós!
Y se perdió entre los árboles, y yo, triste, meditabundo, bn,qu(, consuelo en el fondo de mi cuarto, donde,
dentro dl'~ rico cuadro luce el lienzo el busto de mi
amacla... .. .

***

¡Oh niña!dl' los ojos verdes! ¡Oh niña de las mejillas:de
rosa! ¡Oh niña de los labios de frambuesa! Dónde estás?
lle abierto mi balcón t ras lare:as horas de dolor tras
largas honi..,; nostálgicas en que te llorado y pens~o en
tí. Con los ojo~ fijos en lo profundo del cielo obscuro be
busradn rntre el titilar de las estrellas la luz de tus ojos
de gacela. Dónde estás? Estoy sufriendo por tu ausencia.
Niña mfa, musa mía; te busco eu todo y no te encuentro en naua. Para tí es mi verso sideral, para tí mi prosa
llena ,te 1·iqnezas. Por qué huyes? Vienes?..... .
-"Oll, niño! No la busqueis! Es inútil. Ella era tu
mus¡i. llien! ~ ha ido. Ha volado mientras dabas tu
mnoT á otra mujer que no era ella. Tuvo celos y se venga de tí buscando otro amante ..... ....... Desde hoy tu estrofa sideral, tu prosa llena de facetas ricas, se tornarán
pfüdas y enfermizas........... .
Y la voz se ha callado, he (cerrado el balcón y desde
&lt;mtoncei, guardo avaro, en el fontlo del pecho, el poco de
amor quP me queda.
ARTURO A. A~rnROGI.

(rxÉPIT.A.)
De "El Jardín de la Muerte."

Llegu(,. La luz be~-aba
la, flon's.rojas y los blancos lirios..... .

··ii~g~~i..n~t~;~·e"i· p~;~:~~~·P~º· ·········
y

YÍ

ut; jardín de lágrimas cubierto;

yo cre1 que eran gotas ele rocío,

pero eran ¡Oh, Dios mío!
gotn~ de llanto que caído habían
en la tumba de un muerto.
Lll'gné, ...... toqué muy quedo ........ .
Iba en busca de un sfr que quise mucho;
y la!" puertas del triste cementerio
abriéronBe, dejándome perdido
entre las frías sombras del misterio
á que llaman olvido.

............................................................
' de Dolores 1893.
)léxico, Pant&lt;-ón

~Jt.6.:.::"~.!~•~j1.6.:.::"~.!~
"$.

l~goísta y falaz, siempre he creído ·
que el velo te pondrás de desposada
tan pura como el día en que has nacido
má,; pura con el alma desflorada.
'

EL ZAPATO BLANCO.

LAS CANA.STAS

...... Registrando, sin saber por qué en el fondo de una
Ent,re hacer un pequeño servicio que se olvida pron~
ó un grave claño que deja honda huella en la memona gaveta he encontrado, entre otros objetos ajados y mardel perjudicado, elegid. Os contaré lo que me pasó ~ chitos un diminuto zapato de satín blanco. Unzapatotarde de invierno con un pobre hombre llamado Yass1e- dije, c~mo esos que las i_nujeres acostumbran llevará los
lich. Os juro que yo soy bueno, soy un bue~ padre de fa- bailes, arqueado, monís1mo, adorable. Se le supondría un
milia mas es en días que hay sol sobre este cielo brumoso. escarpín de marquesa ó el calzado hechicero que perdió
Oh 1~ bruma me mata y me hace malo. Si yo fuera sa- una noche entre dos minués la bella Cenicienta. La blancerdote, en verano rendiría culto á Dios ':( en invierno ~ ca seda había t0mado en el cofre los tonos del ámbar,
diablo· en invierno le amo, siento que se mtroduce en nn á igual de esas antiguas telas que pertenecieron á nuesser, estruja mi espíritu y avfra mis malos instintos, en tros abuelos y que exbumanos de vez en cuando de los
invierno me siento nihilista y me creo capaz de ser ladrón profundos baúles.
y asesino; moral~ente lo soy, amo lo ~ojo, y lo afi}ado y
***
punzante me ena¡enan. Cuando empiezan las primeras
Es una historia feliz la de este zapatito blanco! Los deheladas mi mujer me dice:
talles acuden á mi memoria uno á uno con su encanto
-Marcof, padrecito mío, las malas ideas comienzan á nostálgico. Lo que voy á referiros aconteció en una nopintarse en tu cara. ·Mira, no te alejes de la estufa porque che de invierno; debíamos asistirá un baile en casa de la
el fríu te hace malo........ .
l\ficheli ne.
Decía que iba á contaros una historia y ya lo olvidaba. condesa
Nos habíamos entretenido basta el último momento
Escuchaudme:
saboreando el gozo de estar juntos en una habitación herIba yo una t~de, por un puente muy e!ltrecho,co.n .mi méticamente cerrada, en la que ardían los tizones, se
pipa en los labios. Un carretero sordo llamado V as1elich marchitaban los ramilletes de violetas y las lámparas iluse~uía el mismo camino que yo y conducía en su carro minaban cada objeto con una vaga claridad amarillenta.
vemte canastas de pescado de d-i.íerentes dueños que le Es tan delicioso charlar así en las horas avanzadas en que
habían encargado las llevara al mercado para la ,enta París al fin duerme y en las que á penas se oye el monódel siguiente día. El carro á causa de la cun,atura del tono roclar de los fiacres!
puente se inclinaba hacia el borde de este, pero no había
No pensábamos en la invitaci(m aceptada por mero
peligro de que putlicra caerse al río, pnes eI pretil era suficientemente alto para impedir la caída. Con todo, hu- cumplimiento. 1\li adorada se había sentado en mis robiera querido clarle un susto al buen Yassielieh. Creeme dillas y apoyaba en mi ho1nbro su cabeza despeinada.
que que no ~oy malo, pero lo deseaba con toda mi alma, Charlábamos. Charlábamos. Ah! los bellos proyectos,
y aunque fuera algo más que susto, como por ejemplo, los deseos, las promesas que se sucedían i nterrumpidas
enviarle con carretón, caballo y canast.'\S al río, lo hubie- pór largas tre~uas de besos, por ri~as alegres, y esas palara hecho con mucho gusto. ¡Y el pobre Vassielich jamás bras, ¡esas palabras, siempre las mismas, que se repiten
me había hecho claño y era un buen hombre! Yo iba un sin motivo cuando se ama! El reloj daba las horas y se
poco más atrás ele la carreta. De repente la cuerda que burlaba. Nosotros no las oíamos adonnecidos por ese ensujetaba las canastas se rompió 6 desató. A fe que sentí torpecimiento inevitable que nos sujeta en la tibhi paz
un yuelco de gozo ·en el corazón. E l puente es largo y es- del hogar cuando son elos, completamente solos!
Pero ,í media noche fué necesario decidirnos y p&lt;'BRar
trecho, la carreta caminaba despacio y saltando mucho;
y del centro ÍI los bordes del puente hay una inclinación en la partida. Un gesto ele fastidio i;;e dibujaba en lo!&lt; labios murmuradores de mi amada. Bostezaba desesperabastante sensible.
A loR pocos momentos ¡pum! una de las canastas cayó damente y nada ei, tan contagioso como un bostew de
al pn•til del puente y ele allí se precipitó al río. La vícaer, mujer bonita, e~pecialmente cuando no se tiene el menor
y una voz muy débil me nmrmuró aquí dentro algo así deseo de trajearse de etiqueta ni de ir {L fastidiarse ducomo: «avisa á ese infeliz carretero que su carga se ,a al rante largas horas en un salón. Pero qué pretexto enconrio» pero e l invierno me gritaba más alto: «cállate, ¿no es trar para decir "no" cuando está hecha la toilete y hacurioso ver caer veinte canastas una tras otra como una beis jurado á vuestra mejor amiga que no tendrfai~ la
manada de carneros?" Y la verdad es que preferí esto. más leve jaqueca en el.momento supremo? ..... .
-si yo hubiera sabido! ...... cxclamó ella suspiramlo 1fo
Cierto que Yassidich_ iba á sufrir mucho con su de¡:gracia,
pero ¿.y á mí qur me ünporta eso? ¿Perdía yo algo con la pesar.
-~o volver.In á. cojernos más! dije yo en YOZ baja.
desgraci,i de VaRsielich'/ No, al contrario, ganaba la diMi adorada se extendió sobre la silla de extensi[,n. y
versión durante el paso del puent.c que tiene más de cien
metros. Ya os lo be dicho: el invierno babia muv fuerte cariño.samen_te, rncalc~ndo las p3:lab~s, me preguntú:
-Dime! S1 no llamaramos 1t D1orusia, serías tan galanen mí. Callé y yf caer la segunda canasta y luego la tercera y la enarta y la quint,a y otras muchaia. Sólo cuatro te que me calzaras tú mismo mis zapatos de baile?........ .
Cojí en mis manos ~us pequños piés. Ella reía burlfocanastas poco car&lt;r.1da.-; no quisieron seguir el camino de
sus compañeras. El pobre Vasl"ielich como era un poco dose á boca llena de mi torpeza y envia11do á rodar hacia
sordo no oía l'I ruido delicioso que hacían las canasta~ al el fondo de la alcoba, con un movimiento travieso el zaromper la suprrficic ele! rio fragmcnt,ínclofa en chorro de pato blanco. Este juego duró largo tiempo, y, por último,
espuma. El caballo adYirtiú mejor que Vassielich lo que cuando el zapato estuvo calzado, aquello fué otro asunto.
pa.~aba, pne!" al ii.cntir la c'.l.rreta menos pesada apuró el Su pié bailaba la gamite en aquella prisión espaciof'aen
paso. Cuantlo acabamo~ el puente corrí hacia la carreta. demasía. Y la querida coqueta se desolaba rebusamlo salir así. Luego, como para seducirnos miís aún, el :perfume
-Eh, Ya."~ielich, ainigo mio.
de las violetas volviáse por momentos más embrii1~ador,
-Qué qu.iercs? Tengo prisa........ .
-Ay padrecito, ya no la tengas porque voy á comuni- las lámparas cubiertas por las grandes pantall-as coJoT de
rosa e1wolvían el cuarto en esa media luz mistesiosa tle
carte una cle~gracia.
las alcobas y la tibieza de la atmósfera impregHaba nues-¡Dios de Dios! Ha muerto lvanowna, mi mujer?
tro !'ér y nos dejaba sin fuerzas.
-;i!o, te juro que es-algo peor.
-Ila muerto el Czar?
Ella me había atraído poco á poco á su lado sobre el es-:Xo, hombre, así 1·eventaras!
trecho mueble..... .
-Habla, habla.
-No vayamos, ¿quiéres? Estamos tan bien. Suplicaba
-Bueno, detén el carro porque es grave la noticia que ella.
voy ¡Í darte........ .
Y se bailó sin nosotros aquella noche en casa de la Con-Pero va á anochecer pront&lt;:&gt; y tengo prisa por llegar desa, quien no nos lo perdonó jam")is.
á la ciudad que clista aún dos verstas ..... .
*** como una sagrada reliquia
-No la tengas.
Yo apreté contra mis labios
-¿Porqué?
el querido y diminuto zapato blanco, reliquia santa don-,.&lt;;encillamente, porque el señor río se ha enguillado de queda algo de una dicha que no existe.
una traR otra las canastas de pescado, sov testigo ocultar.
RENÉ ]'.IJ.AIZEllOY.
Vassielich volvió vivamente el rostro·y al asecrnrarse
de su desastre se puso pálido como un cadáver. Después
enrojeció y se puso á dar de gritos desesperados. Apeóse
de la carreta y se asomó al río.
-Eh, amigo, -piensas ver los lmeoos que han hecho en
tus canastas al agujerar el río? Y a se taparon.
Vassielich se puso á llorar. No tenía dinero con qué·
pagar; le embargarían sus casas; lvanowna y sus hijos
sufrirían la miseria y si no alcanzaban á pagarlo todo, le
meterían á la cárcel. ¡Y el invierno era tan crudo!
FAT1JM.
Creí que le entrara la tentación de arrojarse de cabeza
al río. Si lo hacía, quizá su caballo se animara á hacer lo
mismo, y si no, le habría obligado. Pero el muy necio de
Vernal la mafiana. Nimbada de brwnaa
V assielicb se contentaba con llorar amargamente. Su eserigen al lejos los montes sus·crestas;
tupidez me dió cólera.
trinando las aves alisan sus plumas,
-Pude avisarte, padrecito, desde que se cayó la primey forman sus trinos alegres orquestas.
ra canasta. Mas ¿para qué? Mañana habrías olvidado el
pequeño favor que te había hecho. Cuando Ivanowna y
~ul está el cielo; la mar sosegada.
tus hijos estén llorando y te lleven á la carcel os acordaYa hsta la góndola aguarda á sus dueños .
réis de mí. }le maldeciréis· no importa.
'
En ella se embarcan amado y amada,
Va.ssielich no me rospoudió; aturdido como estaba con
el bardo y la musa que inspira sus sueños.
su desgracia no me atendía ó no me oía: no hacía sino
Tendidas las velas, la góndola parte
llorar. Yu me encogí de hombros y continué mi camino
rasgando ligera la lámina verde.
fumando mi pipa.
Va en busca del máp;ico imperio del .A.rte
¡Qué diablo! El sitio de los peces es el agua y no las
y e~ la amplia, temblante llanura se pierde ..... .
canastas! He restablecido el equilibrio de la naturaleza.
CLEMID.'TE

p ALMA.

*

~, lector,
* *por tu conciencia,
Cunoceras,
que allf donde hay amor, no hay inocencia.

.

***

La amé el año pasado
y ya hace un siglo, ó dos, que la be olvidado.
CAMPOA.MOR,

uQuieh sabe de dolor, todo lo sabe!,,
Decididamente, los sábios más ilustres de la humanidad, deben hallarse entre los volunta rioa de nuestros cuarteles.
G. GARCÍA fu.MEIJl'ON.

¿Hallólo?...... Una noche de luto, sin rumbo
la góndola, en medio de un mar foriniclable,
deshechas las vela.s1 en lúgubre tumbo
hundióla del Odio 1a ola implacable!
DABIO fuRRERA.

DOMINGO 3 DE E°NERO DE 1897
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EL MUNDO

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EL MUNDO

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

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~

Prodújose un gran tumulto, to~as las ~opas se tendie- de lobo; oy0 entonces un gemido en un rincón de la es
ron hácia Bernarda, todas las m1radas, 1mpryg~adas d: tancia.
-Quién ;:e queja? pn•gun_t:, el p!tdre M~teo.
.
afecto, y todas las sonrisas, .l}enas .de reconocumento, se
-8..ñor eov vo-c:ontt•st, una voz lastnnera de mu1er,
dirio-ieron á ella. Y respondrn sencillamente:
aqní 1~1e tienl'·n °l'SOS rnalrnt~os, que ~e quieren matar ~e~--"liracias señor Eustaquio, gracias á todos.
y ct~ndo' volvió ú sentarse, &lt;l:ijo á la rubitn de los Pre- pués que me hay.1 pne~to_bw,n con.Dios. ¡Esto es una 1111quidatl! Padn', por i\Iaria Santísima, por la ~angre da-chasse, vecina suya, á su prefenda:
Cristo ~ue~tro 8Jíior, por los pechos que lo criaron, pa•
-Yo no sé hablar, naturalmente. .
.
.
y la niña abriendo sus grandes OJOS admirados, se re- dre, s ',h-erne vd!
-Hija y ¡c0mo podré yo salvarte? respondió el padre
co;;tó en ell~ y la dió un beso.
Pero el F:r. Bigot, joven, se había levantado, á su tur- llfateo ¿qué puedo yo sólo contra tres hombres, armados
no v acarició por un momento su barba ~dosa; era un y sin ~ouciencia?
-En primer lugar desáteme vd., dijo acongojada h
jo,:en abogado de talento, muy dulce, con OJOS de un azul
mujer.
· 1 d., ,
soñador.
, .
d. • · /. Be
El padre :\Iateo se puso á tientas, y como D10s e 10 a
-Ahora, dijo, tengo una.suplica que mgir a rnarda. Deseo que nos proporcione U? gran )1onor: E&gt;spe~- entender á desatar los nudos de las cuerdas que le ata-mos-y sonrió á su esposa-un qumto beb~ el mes próxi- ban ,t aq~ella infeliz las manos y los piés; pero 1:staban
mo. F:uplico á usted, •Bernarda, que c01is1enta en ser la apretados y no se vcfa, y el tiempo volaba como s1 un toro corriese tras él.
madrina de este niño.
.
Llamaron á la puerta.
Resonaron entusiastas aplausos; pero la pobre.anciana,
-No ha despachado vd...... padre? preguntó uno de los.
dei;pre,·enida, porque e,¡to no es_taba en el progra~a como
el brindiA annal, no sabía en donde ocultarse; pusose ro- hombre~.
-¡Cá! no dar prisa, contestó el padre, que ten~a el coja, després p,ílida, con unas grandes ganas de llorar.
-Cosa hecha, ¿no es verdad, Bernarda? 1-:sted ser:í la nt7.Ón puesto, pero no acertab_a como salvará aquella inmadrina de Jn;mito-á menos que sea Juamta. Todo el feliz que temblaba como una azogada y lloraba como una
fuente.
mundo ~e lo pide.
-Qué hacemos? decía el pobre señor, condolido y asom-•
y un amistoso coro encareció estas i:ialabra~; aun los
mismos criados, halagados, dando al ol,·ido sus celos, mo- brado.
Como las mujeres son ~apacc.s de discurrir tretas has!a
vían las cabezas.
.
con un pie en el hovo, discurrió ésta esconderse debaJo
-F:í señor Enrique, dijo débilmente Bernarda.
- y' yo seré el padrino! exclamó el bueno del doctor de la capa del padre.)fateo, que como ya dije, era un hom(~onín, gozoso y rejm·ene~ido. D_emc usted la mano, co- bron que no cabía por la puerta.
-:\lal medio es-dijo su merced;-pero á no haber otro,
madre v ved usted qué bien .hacemos las co~as.
-¡oh·! balbuceó la anciana; y enternecida, pen1&lt;ando en preciso es valerse de él, y salga el sol por Anteqnera.
Púsose cerca de la puerta llevando á la mujer debajo do·
toda su vida pasada, en sus dolores, pensando .en su ~d:td
EN EL PRIMER DIA DEL AÑO.
avanzada, en que un día ya no estaría hom-ada.Y íes~Ja- su capa..... .
-Acaba wl., padre?-preguntaban los desalmados.
da en aquel lugar tom6 en sus brazos á su rubita vecma
-Acabé,--contestó el padre.Mateo al que no le llegaba
~inguna familia más unida q~1e la familia Rigot_.. Com- v ~brazándola lo~mente, con desesperación, se fundió en
la camisa al cuerpo.
,
.
,
ponfase de la bisabuela, Sra. Bigot R;~zon~, su h,1J&lt;?, Sr. una oleada de sollozos amargos y dulces, á la ver..
-F:eñor, no me desampare Yd. -gemia la muJer, m,isc
13i"ot la mujer de éste y sus tres h1Jos. Ei;tos ultimas,
muerta que Yh-a.
un°h~mbre y dos mujeres, estaban cm:ados y á su vez te-¡Calla! encomiéndate al Seíior de los Desamparado~
nían hijos. Incluyendo, pues, á estos tres matrif!1onios,y sea lo que Dios qt~iera-ro1:i.t&lt;'staba éste.
.
cl 8r. y la Sra. Bigot, jóvenes, el Sr. y la 8m. Rigourd, y
-¡A wndar~e y ligero!-dl¡eron los hombres, volvienel Sr. y la Sra. de Prechas~e,-ran dieciocho á ht mesa,
do á cubrirle los ojo~; r crrrando la puerta co1_1 llave,
el día primero del año, y contando a.l qoctor Gonfn, un
bajaron lo~ tres custodiando al padre, no f.uese q ne mtentaviejo ~go de la casa, se llegaba. á checmue~·e. .
. .
se quitarse la yeuda y conocer el para¡e en que se haPero el número siempre era ve1n.te, y la y1gé~~ma 1nnllaban.
tada no era otra que la anciana Bernarda, la antigua donDespués de dar las mismas vueltas y revueltas, se hacella de la Sra. Blgot-Rezons, la bisabuela. Sus servicios
llaron en la cal le dt&gt; H:m Francisco; entonces los tres echa&lt;le veinticinco años, su adhesión á toda prueba, hacían
DE HEINE
ron á correr ,. desaparecieron como por ensalm J.
que, en aquel dfa, se la 3:dmitiese en la comida de famiApenas ~e hubieron ido, cuando le dijo el padre ,t la
lia. Y se sostenía muy bien, completamente derecha, con
En las mejillas de mi amada vive'.
mujer:
su vestido negro, muy sencillo, y casi monástico, su vieja
verano abrasador,
-Ea, 'ahora, hija mía, pon los pies en polvorosa, y vecabeza de campesina, de pómulos arrugado~, como manen tanto que el imie-rno, el frio invierno
donde te escondes. que Yo no pnedo llevarte al convento.
zanas sonrosadas, dentro de un gorro de tul negro. Vervive en su cor-azón.
No me de~ la~ gl'aéias, sino á Dios que te ha libraclo; 1m•
dad es que se sentía un poco cortada, y que no desplegaMas luego, espero en Dio~, en sus mejillas
te detengas, que aquellos foragidos conforme se hallen
ba los labios, por más que se le dirigiese continuamente,
un día no lejano
con ,iue voló el pájaro, yan ií venir á alcanzarme.
con bondad, la palabra; pero la. anciana se ocupaba de
el invierno esta.rá, y en su alma pura
Dicho est,o, ella echó ,í correr, y el padre en tres zanca,;us preferidos, una fresca rubita de la familia Prechasse,
habitará el verano.
das se planti 6.cú en su convento. Conforme entr:i se fu í
y un mofletudo de los Bigot, jovenet', entre los cuales, y
á la celda del padre guarclián y le cont6 cuanto le había
por un sentimiento delicado, la habían colocado.
pasado, aiiadiendo que aqnella gente de cierto vendría al
La coinida tocaba, á su fin;-preciso es decir que esto
cOJwento á preguntar por él.
acontecía desde la fundación de la vieja familia Bigot, y
No bien lo hul)o dicho, cuando se oyú llamará Ll p:tC'rta.
por más que parezca complicado 1 os ase~uro que todo el
El guardián fné el que bajó y se presentó.
mundo se encontraba alü muy oien ;-1a comida, pues,
-¿Qué se ofrece, caballeros? preguntó.
llamaba ií su fin; se había tomado una sopa de puré, un
-Acá venimo~, contestaron, en busca del parlrc )late ,,
pescado nQrmando, un filete de ternera, guisantes, el tra:¡ue estaba ahora poco confesando á una mujer.
dicional pavo trufado, una ensalada, un pastel de fram-:N"o hay tal: el pa&lt;lre }lateo no ha confesado esta n Jbuesas, y se escanciaba el el champagn,,, estando las demás copas agmpadas en fila, por tamaños, llenas de vino
che á ninguna mujer.
-¿Que no? ¡pues si se la ha traído aquí por 111 ~~ s(':hs!
derl-füm, Chambertin y Chateaux-lllarganx.
CUEXTO POPULAR.
-¿Qu6 f-Stáis diciendo, deslenguados? ¡U1u mujcr al
El Sr. Bigot, padre, un hombre alto y graw, tomó
Hay en uno de los pueblos de Andalucía que al.za sus com·ento! ¿cúmo se entiende, quitar de esa m tnera la esla copa; establecióse muy luego un completo silencio,
merced á los enérgicos ch11ts y ií las palmadas que las ma- blancas casas bajo un cielo que crió Dios, sólo .para cobi- timación al padre :\fateo é infamar al conYenh?
mt,s aplicaron á los niños en las manos; y todas las lnira- jará España, desde Despeñaperros hasta la ciudad que
-:~fo, no señor, no lo decimos con esa intenci.;n, ~in.,das i,e convirtieron sobre la anciana sirvienta, quien lle- defendió Guzman el Bueno, un convento abandonado co- que..... .
-¿Sino qué? preguntó cada vez miis enojado el guarna de confusión, pero comprendiendo que no tenía razón mo todos, ~acias al progre.~o de la.~ ruina.~, situado ~ob~e
de ruborizal'!'e, fijaba sus ojos, á través de la mesa, en una elevación del terreno, al fin de una ancha y solitaria dián. ¿Qué motivo honrado puede acaso haberpara traer
una de las criaturas, en la pequeiia Renata Rigourd, con calle, á la que dió su nombre San Francisco, y es hoy, más de noche una mujer al convento?
esas 1niradas tiernas y serias, de una hermo~ura son- propiamente que nunca, la última casa del lugar. Eleva
-Bien te dije yo, murmuró el uno, que esto no era coriente y algo fatigada, que tienen ciertas mujeres del el convento su grandiosa puerta hacia al pueblo y eA--tien- sa natuml, sino milagrosa.
de su huerta en el campo.
pueblo.
·
-Sí, se dijo el otro: esto es obra de Dios ó del diablo.
Hubo en estas huertas muchas palmeras, hay ancianos
Un soplo de simpatía flotaba en torno suyo, se fijaba
-Del diablo no, porque no se mete á impedir lo que le
en su rostro-¡debía haber sido muy bella y sufrido mu- que las recuerdan; pero sólo quedan dos, unidas. como tiene cuenta.
cho !-bajaba á lo largo de sus espaldas encormdas por hermanas. Hubo en el convento muchos religiosos; pero
-Id con Dios, mal hablados, dijo en voz campanuda
veinticinco años de una servidumbre digna é irreproclrn- ya no queda sino uno sólo. Las palmas se apoyan una en el guardián, y guardaos de acercaros ií los conventos con
blc, y se hacía prcceptible en sus mano~, unas manos de la otm: el religioso eu la caridad de los fieles. Todos los malos fines; ni tendáis lazos, ni levantéis calumnias á sus
trabajo y de obediencia, surcadas de cicatrice,:, hincha- martes viene ií decir una misa en aquella magnífica igle- pacíficos moradores, que como el padre Mateo, descansan
das, echadas á perder, muy encarnadas, pero muy lim- sia abandonada, que ya no tiene campana para llamar á tranquilamente en su celda; que nuestro Santo Patrono
pia~, y que tenía el orgulloso instinto de no pretender los fieles.
vele sobre no,;otros.
ocultar bajo los manteles.
Cuentan las crónicas antiguas que en aquellos tiempos
-1fo te quede duda, dijo el más encogido de los tres,
Así, pues, el Sr. Bigot se levantó con la copa en la ma- en que el convento hallábasc ocupado por monjes, que- ha sido el iniFtnO Ran Francisco que ha venido con nos-•
no; á su lado, la bisabuela con una sonrisa en su amplio dábase todas las noches un padre velando por si lo re- otros para Falvar con un Inilagro á aquella mujer.
semblante pálido que generalmente no sonreía ya, hizo querían. Una noche que le tocú la vez á un padre muy
-Padre )fateo, dijo el ·guardián cuando se hubieron
un movimiento con la cabeza á su anciana, á su fiel sir- conocido y bien visto en el pueblo, que se llamaba el pa- ido, se han sobrecogido mucho y os han tomado por S,u1
vienta, como para alentarla, y con su medida voz de ma- dre Mateo, vinieron á llamar tres hombres á la portería, Francisco. )lás vale asf, pues son gentes telnibles yestfü1
gistrado dijo muy sencillamente:
requiriendo á un religioso para que fuese ú auxiliará uu fnrio~os.
-a\.ntes de beber al nuevo año y á las egperanzas de di- hombre que se estaba muriendo.
-Mucho me homau, contestó el padre Mateo; pero.
cha que puede traemos, creo que tenemos que hacer un
El portero avisó al padre Mateo, que bajó al instante.
deme V. P. permiso para marcharme esta madrugada á
brindis: hay entre nosotros una anciana, una fervorosa Pero apenas se había cerrado la puerta del convento, 108 un puerto de mar, y de allí, en el primer barco que salga,
amiga, diría casi una parienta nuestra. (Bernarda, en tres hombres le dijeron que era preciso que á buenas ó á las Indias, no sea que piensen mejor y me cuelguen á
efecto, hacía recordará una tía pobre de provincia). Du- ámalas dejara vendarse los ojos. .Al padre le hizo aquello mí el inilagro de Ran Fr-ancisco.
rante veinticinco años ha rodeado de cuidados á nuestra una gracia como si le sacaran las muelas; pero ¿qué había
F. CABALLERO.
madre (y se volvió á la bisabuela) ha hecho bailará lnis de hacer el santo varan sino agach3:r las orejas? porque
dos hermanas y á mí sobre sus rodillas, y ahora consagra. aunque er-a un mocetón como un trinquete, y tenía bues~ ternura á nuestros hij.os: por vosotros hablo, chiqui- nos puños para defenderse, aquellos er-an tres, em gente
tines míos; un día, sabre1s cuán buena, noble y desinte- del bronce, y venía armada.
resada se ha mostrado Bernarda, qué ejemplo de sencilla
Además, tampoco podía su merced desatender á su iniprobidad y de fidelidad ha dado. Y por esto, Bernarda, nisterio, y sólo Dios sabía cuales eran las intenciones de
bebo á. la salud de usted y le ruego que alet&gt; su copa con los que la llamaban. Así fué que se dejó vendar y dijo:
nosotros. Todo el mundo, aquí, quien• ,í n~tl•d y la res- ¡A Roma por todo!
peta. Pennítame que la desee que. corno basta ahora, se
:Kadic puede 1mber las calles que le hicieron andar, por
coneerw animosa. y fuerte, y decirla que un día beber,¡ esta me entro, por esta otra me salgo, hasta que- llegaron
Terne á las ill.llliones;
ust-t•tl, así lo espero, á la salud, no solamente &lt;le e::;tas á un casucho, lo subieron por una escalera, lo empujaron
que es peor la ilusión que las pasi&lt;;mes.
J1e.atnra, que hn visto nacer, sino á la de los hijo,; de sus en un cuarto y ~ encerraron.
C ,UI.POAMOR.
rijios!
Quit6se la venda pero todo ~~-taba obscuro como boca

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MU?-lDO

PRELUDIO DE INVIERNO.
A Manuel Gutiérrez Nájera.

á Rosa.lía, la garrida muchacha de los tiempos de Sant-a
.Anna,yero en qué estado!

Sus piernas estaban báldadas, su cabellera blanca había desaparecido casi, y s-'&gt;lo er.i. un copo de nieve sobre
su cabeza venerable. .Apanas me record:&gt;, y después de
platicar un _P,OCO de los tiempos que habían hu,do, me
despedí haciéndole un pequeño regalo ...... Su corazón se
abrió á cariños apagados y muertos, bien se veía ésto en
sus ojos que brillaban de alegría, y no hallando cómo
obsequiarme, volvió los ojos y señalando un pequeño(altar de Belén, me dijo gozosamente:
-¿Te acuerdas?
¡Oh, sí! Allí estaba el ~iño Dios de Rayas1 en su Jecho
de pajas, con sus ojos pensatiYos y su bracito pidiendo
un cuello amigo para estrecharlo ..... .
La anciana se arrastró penosamente, lo bajó con su mano trémula y haciendo que me inclinara, lo puso en mis
brazos ........ .
Entonces sentí algo inexplicable en tni cor-azon; un paisaje que aparec;a. al volar las. brumas que se habían acumulado sobre m1 alma prec1ta ...... algo que me sacudía
hasta lo m1is hondo ele mi sér y_me derrumbaba al golpe
espantoso de Jo invisible..... .
El paisaje de mi niñez apareció radiante y vívido y al
sentir el .abrazo sagrado que tantas veces me había' dado
la felicidad, una voz dulcisíma arrullaba en mi alma con
arrullo de palomas:
-Tú eras bueno y eras humilde, no eras ambicioso ni
la maldad te había manch'.1do ...... ¿Por qué te has olvidado de IJ?f?...... Ya ves ci.ue siempre, en cualqtúermomento
de tu vida, soy tu ~mugo, porque mi inocencia no sabe
nada de lo que me has ofendido ...... tu comzún E's un abrevadero de pesares porque )",e .ha faltado mi abra.za &lt;le año
nuevo...... y~ ves como la uruca felicidad_consi~te.:._en volver_á ser muo ..... .

&lt;Jomo reina viuda, su crespón inmenso
La enlutada noche por el cielo extiende,
Y la luna, enferma, tras el velo denso
De pluviales nubes de la mar asciende.
8obre la baranda del balcón marmóreo
Reclinado, sólo, el poeta medita;
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Con sus recias alas sollozando agita.
Su flotante clámide al lejos la bruma
Desenvuelve en Yagos, nostálgicos limbos
Y fosforescente, vibrátil, la espuma
Nimba el oleaje con argénteos nimbos.
Febril el poeta siente en la cabeza
De insomne nenrósis la caricia cálida,
É imprime en su alma la musa Tristeza
El doliente beso de su boca pálida.
Y sombríos versos su cerebro labra.,
Donde las ideas simulan espectros
Que bailasen danza trágica, macabra,
Al compás de extraños y siniestros plectros.
¡Ah la alegre musa de las ilusiones
Que el cerebro enflora con azules sueños!
Ella ya no rima triunfante canciones!
Ya no pinta cnadros de tintes risueños!
Ya, oh triste poeta de los versos negros,
Ante los altares del amor no invocas
El bendito beso de dulces alegros
Que unían dos almas al unir dos bocas!. .....
La enlutada avanza, y al balcón marmóreo,
Solitario, insomne, el poeta medita,
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Can sus recias alas sollozando agita
DARio HERRERA.

11

la guija, hace locas
-Yirntas del agua.

El alma revive,
y el sol elabora con rayos de oro
la flor en la rama.

*

* * de colores
Su muestrario
despliega la mariposa,
y por el verde capullo
asoma, vi va, la rosa.
***

Rondan las abejas los frescos rosales;
echan sus penachos los cañaverales;
dejan los reptiles su sueüo tranquilo,
y baja la araña pendiente del hilo.

***

Inquieta y movible,
pequeña y rédonda,
es duende del agua
la b(irbuja loca.
El iris la pinta,
el aire la sopla,
su origen la crea
pupila graciosa.
Es punto de randa,
lunar de la toca,
brillante movible
que tiembla y que flota.
Borda las ori!las,
engarna la roca,
las florns salpica,
y el musgo corona.
Dejadla que brinque,
dejadla que corra,
la idea del agua,
la búrbuja loca.

*

* el
* estanque,
El pez en
deshecho el duro hielo
desliza bajo el agua
su góndola de fuego.

***

De fimbrias vistosas recámase el prado;
El lirio enarbola su hisopo morado;
enredan las zarzas sus velos obscuro,:,
y van las madreselvas sobre los muros.

***

E L ABR AZO DE AÑO NUEVO

Había en el hogar que abrigó mi infancia, bajo cuyas
alas me acogí como un polluelo abandonado en la noche
de la vida, una anciana que había sido hermosa en su juventu~, que había brillado entre la garzonía de los buenos tiempos de Santa Auna, que había sido cortejada
por brillan_tes jóveu~s ci.ue ahom sorbían su rapé en las
frescas mananas de mv1erno, rodeados de sus nietos.
Recuerdo vagamente que Rosalía, á quien nosotros llamábamos la madrina Rosa, tehfa una sonrisa de luz en
sus ojos que eran a(m hermosos, y una trenza de nieve
que hacía palidecer de envidia á las muchachas.
Pero la pobre no tenía más...... ¡ah, sí! poseía un tesoro, un amuleto sagrado que quitaba de su corazón los pesares como un sueño bienhechor. Todos los años Rosa
ponía su «nacimiento,» su po1ial de Belén donde ;costaba un Niño Dios adorablemente hermoso, el Niño Dios de
Rayas, que en lejanos tiempos había sido el encanto del
rico mineral guaaajuatenre.
Era un Niíio Dios que había sido esculpido maravillosamente por un artista ignorado, en una actitud de supremo consueloi cuando lo cogíamos en brazos como á
los niños pequeños, su bracito ebúrneo quedaba sobre
nue~tro cu~ll?, ap~isio!Jándonos en un abrazo que 11uestra mfant1l imagmaci6n tenía por celestial. Ese Niño
Dios era la única joya de la madrina Rosa, y por eso, como una prueba augusta de su cariño, todos los días primero,i del año nos llamaba á nosotros los niñosnadamás
á ~os de corazón puro t alma límpida, y bajando al Niñ~
D10s de su lecho de paJas lo ponía en nuestros brazos sellaba ~~estra alianza con él por medio de esa encantlidora ~·ic1a, y luego nos daba un puñado de caramelos y
colaciones, con el orgullo de habernos hecho dichosos
por todo el ai1o..... .
Los tiempos volaron, lni corazón se abrió al amor y al
mal, lni espíritu se ennegreció con la nublazón horrible
de la duda, mis esperanzas tendieron el vuelo..... .
Y con el ahna enferma emigré á otras regiones y perdí·
los últimos destellos de amor que había salvado.
Después de diez años vol\'í al hogar querido y lo hallé
:triste, porq_u~ lasp~iones habían despertado en los corazones que yo había dejado niños..... .
Volví á htúr acaso para siempre· la lucha me llamaba
con gritos fatídicos y atronadores yo cerré mi corazón
á las viejas afecciones y desaparecí......
'
-Cuando pases por Guanajuato, haz una visita á lamadrina Rosa.
Prometí hacerlo, y apenas llegué á la orgullosa ciudad
corrí por una callej~ela de Tepetapa, pregunté, inquirí,
con el corazón palpitante llamé á una pue1tecita hulnilde. Entré y en la unica pieza que era alcoba y sala, hallé

y

y

Sobre los hombros gr,íciles cayeron blancas pieles;
la parda golondrina marchúse á otras regiones.
Policroma paleta no tiene ya Cibeles
ni los castaños bojas, ni fre~as los gorriones.
.Aliento gris del Norte ya emlxu1a el manto azureo
y las nudosas r-ailllls como cara es blancos
reflejan débil rayo de opaco sol purpúreo
que en la penumbra deJa los cincelados banco~.
Sobre el asfalto y teja y plomos y pizarra
la nieve lenta cae. Ya la paciente hormiga
triunfó de In travie~a, monótona cigarra.
Hambriento aulla el lobo \" el pobre un pan mendiga.
Llegó el augu~to abuelo ·de los cabello~ canos,
con sus awles pieles y sus harapos negro!:'.
En su capullo sueñan con alas los gusanos
y el ruiseñor prepara sns místicos alegrns.
Ya sobre el glauco vidrio de linfas que se duermen
surcos de plata deja la audaz patinadora.
El fecundante polen y el impalpable germen
no vibran en e viento que gemebundo llora.
Las cárdenas ojeras y los semblantes pálidos
son de ese cuadro tintas, son de ese cuadro arpegios.
En su rincón oscuro ya gimen los inválidos
y se embriaga Yenus en los festines regios.

···:.;¡·¡~-~~~;:~~t~·p:Üid~·a.~·¡;;~·~~¡~;·¿j~~······················
por el desierto campo va en vu1:-ca de su leña.
Aunque los piés desnudós se hie1·e en los abrojos
sobre la nieve avanza: la pobrecita sueña.
De: pron~ se detiene. No hay nadie que la escuche;
Suplica-pide y llora-No hay nadie que responda.
Sobre ~l sudario frío de virginal peluche
sus lágrimas parecen diamantes de Golconda.
i. .Al fin rendida cae. Sucumbe la materia
y la paloma blanca va en busca de su nido. .
¡Cuán triste es el invj.erno! ¡Cuán triste es la lniseria!
¡Cuán fría es la nieve! ¡la nieve del oh.ido!
Emn:s-ro O. P..c1.LACI0.

El ave humann, la golondrina,
se cuela, sin permi~o por las ventanas;
lanza píos ~nnoros ba¡o los techos,
ruido de abanicos forman sus alas.
Recostado en 1&lt;11 cuna la mira el niño,
que tr-as su vuelo errante la vist:i vaga;
á la madre le pide que la detenga
y ella finge ademanes para alcanzarla.

**·*
La que llevó lazo azul,
vuelve con lazo de. grana:
¡Es el querido recuerdo
de otros seres y otra patria!
***

Forma la lluvia sus chasquidos huecos,
desfleca el aguacero su cortina,
y una línea de Rol rubia y divina
brilla y tra~pasa los brillantes flecos.
Alzando el agua susurrantes ecos,
imita en el rosal su carntina;
el i·umor de llls trompas en la encina
y ecos de caja en los arbuBtos secos. '
Cubre el agua los términos distantes·
Abril baña sus tintas y colorns,
'
para lucirlos luego más r-adiantes.
Joyas son los capullos y las flores,
y de un tropel de chispas de diamantes
los empiedra la luz con sus fulgores.

***

Estación hermoSa',
dulce primavera,
¡á tu impulso florecen las almas
y es nido de amores la tierra!
E&gt;"TlO.

Doctor es el higo chumbo,
estudia ciencia de espinas
y en el ilustre birrete
'
le sale borla amarilla.

***

El t~onco echa sus gomas del sol al rojo:brillo;
la abeJa unta en las flores sus patas de runarillo ·
la rana da en la peíia, dejando el agua rota
'
y tiempla el grillo negro su lira de una uo~.

***

SINFONIA DEL AÑO
Fragmentos.
PRIMAVERA

El germen re,ive
y horada la tierra;
el cesped despunta.
y el suelo recama;
las bardas de hojas
deshacen sus brotes
mostrando en sus puntas
La.s lilas moradas.
Cepillo de piedra

Pendiente entre flor y flor
de un hilo leve de araña
el gusano se columpia '
como un mecedor de plata.
Sueña en la esfer-a redonda
de la teñida manzana
que habrá de darle m~ a,;ilo
entre su carne aromad.a.

.,.

**
Tit-nden las palmeras

sus arcos flotante:;
como laberint-0 '
de columnas árabes.
Sus mil abanicos
refrescai1 el aire

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

12

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

•

PLUMAS Y LAPICES.

•

•

.

EL MUNDO

I

Te "º tresIPlumas en el carcaj de cris~l de Bo~~mia.
. que ~rillanta el escritorio de nogal ?ubierto de diJes y
erfumado por las violetas que trae mi buena ama.
p Una es de acero, otra de oro,..amarilla como el ala del
canario y la blanca es de ave taJada por el am.a~o. .
La de acero escribe los artícul,os rudos J'. obh~ados del
periodismo en las horas de hast10 de la existencia, horaa
grises en qne la ley del ~rabajo hace inclinar la frente para llenar deberes contra1dos.
Escribe con tinta.
Escribe con hícl.
Escribe con sangre!

a.~ .gi~:

·á.~·

· ..i,~ ~~~··¡;;~~{¿~;·pi~;;~· a.~·~¡~. t;~¡~;;i¿~:· ·~·i·~
rias literari~, que la amo y la acaricio .coruo á. la co~pañera en las tenaces batallas del pensa~1entq Y. de la idea;
ella traza los libros en cnyo. fondo vierte 1~ fantasía ~alentnrienta, los colores ya vivos,. ya sombnos de la vi.da
real, y aspira á conmover la sociedad provocando la 1!ª
santa del presente para ganar los galardones del porvemr.
Sí! yo q1úero viv~r para despn~s!
La amarilla, escribe con la savia del cerebro roba\1do !a
vitalidad del amor material con el hielo de la eJt..-penenc1a
que paraliz:¡, las fogosidades del alma.
Ella trabaja!
Y la blanca!
La de paloma, qne modula cantos en la copa ~ecedo~
de los sauces esa suavecita pluma que resbala sm rechinar sobre el papel como la de acero_, ni mostr.ándose ~ura
como la de oro; esa viene del carca¡, entre nns nerviosos
dedos, cuando escribo al amado; cuando recuerdo la .Patria á mis hermanos; cuando el alma llora en pobre r.una
de mal perueñados
versos, los más de ellos escou~dos
0
tras la gasa de nombres ficticios, por mí .sola conoci?-os
en el torbellino de los vivos, porque son cipreses y epita•
ti.os puestos sobre el cadáver de los recuerdos!
Mi suave y nevada pluma.
.
.,
Imagen de la Felicidad; de la Resiguac10n; de la Espe1·anza! es decir: ayer. hoy, mañana!. .....
Ella le ha dicho al amado todos los secretos grandes y
¡equeños, aprensiones y niñerías, angus~ias y, con.g&lt;!jas.
Y él ha sonreído tal vez!. ..... ¿Qué sonrisa mas divma?
l\Ii nevada :pluma, la de pal?ma,. escribe ahora con el
jugo del corazon que asoma cristalmo y tembloroso á la
pestaña ora con la núel encerrada en el cáliz de las amapolas, beleño del alma que al alma vá!
Oh mi blanca pluma! Yo la enristro como el gladiador
1·omano qne se lanza a la arena, repitiendo con el poeta:
«Hay plumajes que cruzan el pantano. Y no se manchan.
ll'Ii plumaje es de esos!»

···N;·¡;;;j;¿;t~·;¡~¿·i~~·i~;~~~~·~;~¡~h·b;i¿·¡~·i:¡é~:;;;q~~·~i
escritor pisa, si la pisad.a es firme!!
II.

Tres lápices gmirda la zapatilla de lana, puesta á la derecha sobre el escritorio de nogal, sostenida por dos angelito~ de rostro radiante y risueños ojos.
.
Rojo, como la flor del granado, como los ke~1:5 de loa
soldados de mi patria; es el primero y echa tarJaduras y
hace raya;; sobre los periódicos que leo y marco en la faena del periodismo.
Señala transcripciones qúe enrojecen algunas mejillas -,
azotan algunos rostros; y el lápiz rojo vuelve á. la zapatilla de l?orcelami.

•
Sra. Mercedes Barajas de Diez Gutiérez ( de San Luis Potosí).

y arrullan la siesta
con ruidos vibrantes.
En los verdes bosques
simulan encajes
y templos soberbios
y selvas de alfanjes.
Alzándose enhiestaa
en rocas distantes,
se entienden, y besan
por medio del aire.
Vigilan el amplio
desierto gigante,
y velan el sueño
gozoso de 1 árabe.
A la carabana
dan sombra inefable,
y oyen del serrallo
las zambras brillantes.
La esfinge coronan
con palio flotante,
¡y á Cristo celebran
del templo en las naves!

***

En el intenso rayo de lintas foscas
bailan sus rigodones las pardas moscas;
sacuden y apalean, batiendo el ala,
los átomos que, viva, mueve la escala.
Una mosca se cierile y otra se agita;
otm en el rayo de oro se precipita;
ésta zumba, da vueltas y se alboroza,
y aquella que la sigue sús alas roza.
El aire caprichoso la cinta orea
y en ver el raro baile se rigodea,
hilsta que hace, soplando loco y sin tino,
con chispas, sol y °¡oscas un remolino.

* de llamas
Rendida al* mar
que baja de la altura,
la sombra busca todo,
la sombra y la frescura.
Y sólo los lagartos
se asoman al boquete,
vestidos con casaca
del siglo diez¡ siete.

**

Brillan los relámpagos,
la tormenta,
brulan los granizos
en las chimeneas;
el chubasco alegre
de redondas ~rlas
pica en los cristales,
bota en las monteras,
vibra en las campanas
y el campo apedrea.
Unas formán tímpano
sonando en las teJas,
otras por las ramas
del arbusto ruedan.
Allá va el chubasco
de crugientes perlas,
haciendo al ganado
correr por la vega,
dejando tan sólo
tras sí como estela,
el acre perfume
que exhala la tierra.
~

~-**

Sacude el tridente
la parva en la era;
la paja se huye
y el grano se queda.
Al revés sucede
con alma y materia;
el cuerpo sucumbe
y el alma se 1;.1cva.

*
d e una espiga,
.
Sus élitros moYiendo,* colg-ada
preside la ciuarra.sus fiesta6 estivales;
11u canto no ~onoce fa lánguida fatiga
y son en la natura. sus ecos inmortales.
Su voz cascada y bella madura los racimos
templados en la tierra del sol por los calores;
y tiñe de los frutos espléndidos y opíruos
la _piel iluminada de vívidos colores.
Es ella la que canta la música qne escribe
el rayo del estío sobre la fuente rota; .
.
es la que entre las frondas y los rama¡ea vive,
es_el verano ardiente metido en una nota.
SALV.ADOR RUEOA'

*

** hago las anotaciones marCon el azul, simp,ítico lápiz!
ginales en los libros que leo y él me acomfaña durante
largas horas del día y de la noche junto a atril de lec-

tura.

Trabaja el hipiz azul cuando las campanillas florecen
en la maceta y se alegra el corazón.
;. Sus rayas, puestas aquí y allí, se muestran como girones de cielo detr.ís de las viajeras nubes que se amontonan, se esparcen y se van.
Ay! azul fué la sortija que el amado puso en mi dedo!
He visto que de azul se engalana la aurora al nacer
Azules han sido los más queridos sueños de mi vida.
Por Cllo amo mi lápiz azul!

***
Barnizado por fuera tiene el cora-

El tercero, es negro.
zón de carboncillo.
Tétrico, pero simpático.
Con él hago la lista de la lavandera y rubrico los recibos del carbón y del cocinero.
¡Pobre lápiz!
Negación de colores ausencia de luz.
Mas, él es obediente y callado, marca el aseo de la casa y la vida de la familia.
:Mi lápiz negro es el mejor.

III
¡Plumas y lápices!
¡Ay! Yo que amado tanto y qne tanto he sufrido; pido
al Destino que, al llevarse la juventud, me deje mi lápiz
negro y mi pluma blanca.
.._ ¡Quiero ahogar recuerdos!. .....
CLORINDA

l\1ATTO DE TuR~ER.

A todo va la inmensidad unida,
si entre el ser y no ser media un instante
tiene el Jlllnto presente de la vida
un infiruto atrás y otro delante.
CAMPOA.HOR.

EL SIMBOLO DEL INMORTAL ESPOSO.

Cuento de Invierno,

I
El no la había visto durante la eternidad ele cuatro
ru1os que habían transcurrido lentos y amargos después
del matrimonio. No había querido encontrarla en tanto
que ella pertenía al otro, al que l.t había tomado muy be·
-lla, á los dieciocho años, virgen..... .
La última vez que vió sus ojos negros y oyó su voz du lee, fué la víspera del matrimonio, cuando los fríos tlc
Enero. Hacía una simple visita, al azar, Yiajando, y como nadie le babia advertido, se sorprendió mucho de
(lncontrar en el viejo castillo una reunión nwnerosa y
mezclada de amigos é invitados.
Recordaba ahom su dolor mundano de entonces; palabras vacías y gestos convencionales en Jugar de poder
abandonarse al sufrimiento que le invadía, febricitante
y agudo. Los padres de la joven reunidos en nna terraza
sombreada1 después del almuer.lo, consideraban su llegada con mquietud, porque estaban informados de sus
sentimientos y con miradas amables lo despedían dulcemente.
A pesar de esto, permaneció más de lo que convenía á
fin de verla. Y ella apareció con la alegría en sus movimientos y el orgullo en sus ojos,-la alegría y el orgullo
de la desposada. Se aproximó á él sin asombro, como si
le esperase y le present.S al marido del día siguiente, un
desconocido que le saludó fríamente y luego yolvió el ros•
tro á otra parte.
Ella llevaba una toilette rebuscada y se mantuvo cerca
del otro inconscientemente.
Eso le hllb.ahecho mal, á él que llegaba sin saber nada,
con recuerdos y con una esperanza, y partió muy triste,
perdiendo todas sus creencias.
El visitante había vuelto todos los años, cuando los fríos
&lt;le Enero, para encontrar las sensaciones llenas de
frescura que cantaban aun en él. La vieja abuela que va•
gaba en la soledad en tanto que los otros habitantes del
antiguo castillo halLbanse diseminados en villa, de placer, la vieja abuela que lo comprendía, le hablaba de ella y
le mostraba retratos que él no se cansaba de ver.
Cuando part.a no podia evitar YOlYer la cab&lt;'za para mimr una Yez más las torrecillas engnimaldadas de yedra y
el jardín en que la joven le había ofrecido una rosa blan•
ca cierta tarde á la hom del crepúswlo..... .
Se llamaban Arme! é lvona: nombres de novela y de
poesía que han tenido nna influencia misteriosa sobre la
Yida y que son frecuentemente retratos que se parecen.
IJ.
·-i\.rmel, elegante joven de treinta afios, esperaba, pues,
en el gran salón sombrío del castillo romántico; volvía,
&lt;"Orno todos los afíos, ,t la peregrinación de sus primeros
pensamientos; pero esta vez iba por fin ii encontrará su
amiga. Iba ,t encontrarla con traje de viuda, porque había recibido una carta de duelo, con la letra trémula de
la abuela sobre la cubierta encuadrada de ne!ITo.
Y e,l:&gt;eraba aún, como en otro tiempo, o!via'.-indo el matrimomo en sus ideas de soñador; por que no tenía en su
mente la imagen de e.~o; porque no había visto á Ivona
cuando era la mujer del otro; porque no había sufrido con
la realidad; porque había vivido de la frescura de sus re•
cuerdos, en la juventud de su alma, en el aislamiento de
su indepen.dencia de hombre libre.

De suerte que en la oleada de sus ensueños, ese rnatri•
monio se volvía al~o inmaterial, algo no real, cuya amargura se caracteri7,aoa solamentf por el cuidado que él to·
rnaba de no pensar en ello.
Un paisaje claro aparecía entre los pesados cortinajes
de las altas ventanas estrechas, con mucha luz blanca y
el debil sol d!é' Enero.
Arme! respiraba el aire frío de los campos que se insinuaba entre el moviliario solemne del salón. Estaba sentado frente á las ventanas, en el rinc6n deun canapé de tapicería severa que le traía recuerdos enternecedores. Sus
ilusiones volvían ahora qne iba á verla de nuevo y pensaba qne acaso, como antes del matrimonio, se sentaría
en el otro rincón del canapé.
Como buscase con los ojos el retrato de la joven, el re•
trato de la viuda, notó cerca de sí, en el mármol ~is de
una pequefia mesa redonda, nn estuche &lt;le pergammo co•
lor de marfil, cifrado con iniciales entremezcladas, que
tom6 y abrió, encontrando dos retratos gemelos: el de
Ivona y el de el otro-con una mirada fría.
III
Oyó un crujido de sedas y ella entró mostrando su sencillo traje negro de viuda joven, con el rostro empalidecido, la fisonomía fatigada, el andar lento.
El se levantó bruscamente, teniendo en la mano torpemente el estuche de pergami,no que no supo poner en su
sitio. Ella vió eso y le cansó una impresión inopinada.
La aproximación de esos jóvenes que se amaban acaso
tanto el uno como el otro, era tan conforme á las leyes de
la naturaleza y estaba tan bien en el orden de las cosas,
que se encontraban, después de cuatro años de separación,
como seres que deMan volverse á ver.
Sin fórmulas triviales y sin frases, se cogieron las manos un instante y se colocaron en los dos rincones del canapé de tapicería, á distancia. Antes de hablar, él contemplaba á la mujer convertida en madre, con una beldad
diferente y la mirada más profunda; y ella le contemplaba también, pero sobre todo para saber si la encontraba
cambiada, si la estimaba menos linda.
El la contemplaba y se entristecía porque no era ya la
joven que hab,a dejado un día·la víspera del matrimonio. Después de los vagos ensuefios, encontrábase frente
de la realidad brutal. Se sentía languidecer observando
que las formas vacilantes cuya visión fon(a aún, mny :pura, estaban animadas de una vida nueva, de una vida
extrafia ...... y sorprendía un pensamiento profano en los
ojos agr¡¡ndados de la mujer.
Como era morena y bien desarrollada, y su persona y
su ros.tro tenían un caracter apasionado, esas cosas
acentuaban más aún, de suerte que ~ufría mucho.
-Qué ha hecho usted durante este tiempo? preguntó
ella Rencillarnente, con una voz blanda que él no le co11ocía.
)fas como continuase hablando, aquella voz blanda turbaba extrañamente al jqven¡ veía de otra suerte aquello
que al principio le había afligido y una sensación p 5rfida
se apoderaba de su voluntad.
Respondía sin pensar, con palabras que significaban
que no había cesado de amarla. S.'.&gt;lo que ella parecía no
oirlo, y, muy femenina, desviaba la conversación, en un
.ff.irt involuntario, para llevarla á las pláticas que habían
tenido .otras veces.
Decía con su v-iz bla nd:l cosas lindas y encantadoras

se

Sin embargo, Armel se ponía más. y más ~riste porq,ue no
reconocía ya las ideas ingenuas é irreflexivas de la Joven,
q ue era tan amablemente crédula y no encontraba ya su
naturaleza im~ulsiva, abnegada y .gei:erosa. ~abla~a ella,
hermosa é insmuante y evocaba 1mugenes 11npreS1onantes; pero él sentía en todo esto la educaci.ún del otro, del
que la había tomado para formarla á su imagen y semejanza y la poseía hoy todayía-después de s~ i:nuerte.
El hombre de mirada fria le había transnut1do una segó.uda naturaleza, preciosa y disimulada, que razonaba y
:;e contenía; una naturaleza ficticia, que sobrevivía al esposo. Este se· había asimilado sn mujer, dejándole una
huella t-enaz, de suerte qne era aun el otro quien pensaba
y hablaba en ella. Las contradicciones de la viuda parecían ser lá rebelión del marido contra el intruso y el desacuerdo de la converBacióu representaba el símbolo de una
lucha entre los dos riYales.
En su melancolía, Arme! dijo á Ivona:
-Usted no es ya la misma ..... .
El hizo un ge¡,:to de renunciación.
Entonces ella tuyo la intuición del sufrimiento del joYen y dúcil, se aplicó á ponerse en comnnión de pensamiento con él. .
.
Esta era para Armel .una esperanz~ de quitárs.ela al otro
Y de volYer insen~iblemente á su amiga á su primera natnraleza, expansiva y entu$iasta, que se aliaba t~nbién
á la suya, en otro tiempo, cuando se ca~entaban ¡m1~s
al mismo sol de imierno, bañando sus miradas en las mmacnladas blancuras del paisaje ........ .
Permanecían $entados, en una semi-intimidad1 E:n los
dos ángulos del canapé, ante la~ altas ventanás abierta,
qne dejaban entrar un poco de mre al departamento ausstero.
Arme! oía hablará Ivona, y como mútuamente re~n•tían el eITor ele aquel matrimonio y él hubiera que:1do
rehabilitarla de haberlo desdeñado, le pregunté cl\s1 en
voz baja: .
-¿Por qué hizo usted eso?
Ella respondó:
-Yo no sabfa ..... .
La languidez de f'us ojos profundamente negros decía
lo demás y el joYen que se ctesesperabaá.la idea brutald.e
la realidad irremediable, que imaginaba locamente la visión del pri111er abrazo....... cobardemente se echó á llorar.
Er1tonces ella comprenu.ió el pensamiento que lo ~esolaba y se arrojó generosamente en sus brazos, angustiada, cony u lsa, para consolarle y .rara ser perdonada. A b.an•
donáronse á largos abrazo,aapaSionados y cerraron los OJOS,
olvidando el pa:"ado, olvidándolo todo para amar y ser
amados..... .
Cuando se abismaban en la eiusión de su ternura, en•
tr.'.&gt;, saltando, 1111 nifio, por la puerta abierta del jardín.
-¡)Iamá! ¡mamá! exclamó riendo.
.
Y ella desprendióse de él, sobresaltada, muy pálida,
trastornada, en tanto que Armel quedaba con la muerte
en el alma.
El niño se detuvo asombrado, inquieto, vacilante y quedúse núrando obstinadamente á aquel extranjero qne
usurpaba su puesto al lado de su madre y á quie~ él no
conocía. Y durante el silencio sólo se oía el suspiro del
Yientecillo le,e de invierno en el jardín.
El joven y la dama permanecían inmoviles, com:o unos
culpables á quienes se SOrJ?rende injraganti.
-¡:Mamá! gritó aun el mño, irritado.
Y repitió:
-¡Es mi mamá.!
Lanz61SC hacia ella y en tanto que Ivona la besaba furio:;i.mente y la estrechaba contm sn seno, toda ~.?nmovida, dominada toda por el amor maternal, la mna obserrnba al joven y parecía desafiarlo con sus ojos azules.
Volviendo de su ensneño1 Arme! notó como se parecía
la hija al padre v encontro en aquella maligna mirada
que se le clavaba· en el rost,ro, la mirada fría del es:poso
que le había tomado á su novia para formarla á su imagen; la mirada del muerto cuya alma animaba aún á la
viuda y re,ivía en la niña; la mirada del prirne:ro del inmortal r,,po.;o.
En tanto las campana¡; de la aldea sonaban el angelus de
medio día que tintineaba alegrernentc--y Arme! comprendió que la vida le llamaba á. otra parte, ,i él, elegante
joven de treinta afios.
ROBERTO CAZIN.
CROQUIS DE ENERO.

Era un mocetón de seis pies de alto y manazas hercúleas. Se llamll,ba Miguel y vendía flores en uno de los
boulevares. Varias veces prendióme en el ojal del jacquet, pálido crisantemo 6 escarlata flor de terciopelo.
Entre el I\),Ontón de mujeres elegantes, envueltas en
pieles, que husmeaban los rasos de los escaparates, emergía la voz chillona del vendedor de flores.
Frente á su puesto, una vitrina incitaba con sus sombreros de colores, sns plumas y sus frascos de aguas de
escandalosas etiquetas, y en el centro un busto de cera
giraba mostrando el último y ridículo peinado de moda.
Miguel adoraba ese busto. Por runchos años saludaba
todas las mañanas á su novia virgen, que en vueltas eternas, enseñaba ya la nuca donde caían miles de rizos de
oro, ó la frente blanca donde morían bucles color de sol.
Sentía celos cuando la chicuela del mostrador enredaba ó deshacía los cabellos, enseñando las miles de vueltas ,l la vanidosa parroquiana.
1\Iiguel vivía en los suburbios de un barrio bajo, y bien
de mañanita, en el crudo amanecer de invierno, resbalando sobre la nieve 6 desafiando el aire del polo, llegaba
el primero á la ancha acera para saludar temprano á su
amada insensible, que en su giro, miraba vagamente con
sns ojos sin luz y sonreía tristemente con sus labios de
cera coloreados de bermellón.
Un amanecer muy frío, Miguel sintió que una bocanada de aire le corría J?Or el pecho, y ardiendo en :fiebre, y
con ún dolor agudísimo en la espalda, vociferaba, brin-

I

�EL MUNDO

14

dando á las damas el gajo de diez centavos d_onde t.emblaban las violetas y sonrosaban los claveles. .
.
Y Jleaó una tarde en que las pocas personas que circulaban huían de la nieve, la cual blanqueaba los te chos y
empaí\aba los cri1-tales; )ligue! respirimdo apenas, gruñendo bajo la bufanda escoce,a, ofrecía.sus flores con _los
ojos cerrados por la fiebre, el andar vacilante y t.emblon,
recostado á la vidriera donde la bella cabeza de cera, el
divino busto, de facciones finas y ojos rasgados, parecía
en una sonrisa, coquetear con el único tnmseunte de la
ancha acera.
Llegó la noche lfvida, pfü~a.
.
La nieve formaba montec1llos y '.\I1guel clesploma~o
veía cubrirse sus piernas de motitas blancas, con los OJOS
desmesuradamente abiertos, fijos l'll el busto, que. en su
delirio creía tener cerca, balbuceando frases ard.ientes,
dialogando con la m uda amada, y así solo, tranqup.o, fué
muriendo, mientras que el busto de cem Fe~uía guando,
de1,cubriendo ya la nuca donde caían los rizos colqr de
sol ó la frente b la nca donde donnían los bucles color_de
luz.

*

Y o acompañaba el cadáv:r*de un amigo Yiejo, el~ miFmo día en qne l\Iiguel rodó á la fosa de los pobres; y la
vuelta detenido en la cantina donde los cocheros calientan su; miembros congelados, ví al conductor clE;l carro
donde fué Miguel, alzar su copa de a)cohol y vaciarla en
la boca enor me, murmurando sarc,isucamente:
-Eh, copero, á la salud del pobre muerto!

:i

FRA:-C'IRC"O

G

\HC'.\

C1s:-ER0~.

LA FLECHA, EL ALA Y E L CORAZON,
( Sobr~ un pensamiento de Catulo Mendez).

Tuvo una apuesta mi hech iceramniga,
la de gentil belleza;
es una apuesta extmfüt
q ue la ingrata ganú. Nada mitiga
desde entonces la fúnebre triBteza
que tenaz por doquiera me acompaña.
Un arquero decfa:-En este m undo
nada existe más raudo q ue mi flecha:
en menos de un segundo
atraviesa el espacio velozmente
y al b lanco llega rápida, derecha.
¿Hay algo, por ventura, más ligero?Asf dijo el arquero
y m i amiga sonriose alegremente.
Dijo una golondrina:-Bajo el cielo,
bajo ese cielo de un azul profundo,
donde e l astro ful~ura.
brillante, envuelto en lummosas galas,
nada iguala á m i vuelo,
al vuelo raudo de mis negr-as alas
que atraviesan en menos de un segundo
de un extremo l1asta el otro la llanura.A.sí repuso el ave,
y alzó los h ombros desdeñosa, grave,
1ni amiga, la ele explén dida hermosura.
- ¡Pues qué! dijo el arquero,
¿algo á mi flecha en rapidez iguala?
¿qué existe que mi flecha más li~ero?
-¡Pues qué! también la golondnna agrega,
¿algo existe más rápido que el ala
que con el viento ;i su destino llega?
-Sí, respondió mi amiga sonriente,
mi d ulce amiga-sueño del poetahay algo m,ís veloz que la saeta,
más r,ipido que el ala en el ambiente.
Apostaron. Partió rauda la flecha,
partió dpida el a la,
veloz como la bala,
veloz como los vientos silbadores
que en las ramas entonan triste endecha;
pero antes que la flecha vibradom
el blanco hubiese herido
con lúgubre silbido,
y mucho antes que el ala voladora
rozara. sin esfue rzo ni fatiga
de• la pradera las fragrantes flore;,,
c•l corazón de mi hechicera ainiga
volado había en pos de otros amores.
C .\llLOS ÚRTIZ.

DOMINGO 3 DE ENEROrDE 1897

Nuestro rey D. Felipe Ill tiene en mucho su dictamen.
-Pues en los Trinitarios Descalzos de la calle de San
.Al comenzar el siglo XVII, la calle que hoy, se llai:na Agustín hay un joven qne no ha de valer menos con el
del _frp Jfaria. se llamaba calle de l Barranco: aun á prm- t iempo. Lee en el pensamiento de los demiís como en u11
cipios del si~lo pasado existía en la de la Esperanza una · libro.
-¿C6mo se llama?
ima«en de ~uestra Señora. de este título, colocada por ~l
-Fray Tomás de la Virgen.
ven;rable siervo de Dios fray Simón de Rojas, Y q~e dió
-La verdad es que hay mucha gente mala, pero t:unnombre á esa calle. Cuando aquel sant-0 varón .vmo ,t
1[adricl reinaba ya Felipe III y el lupanar que existía en bién hay ·en nuestro tiempo muchos santos.
-¡Ya se llevan el cuadro! Dicen que es prodi~ioso.
~1 Barrlnco estaba convertido en la callej11:ela de la Rosa.
-Es una grandísima desvergüenza-respondio una vieLos vecinos del Barranco, en unión del virtuoso fundador de la Congregación de Esclavos del Dul~ Nombre de ja-esa mala mujer se había h echo retratar en carnes vi)Iaría, pusieron bajo el patronato de la ' 1rgen aquella vas.
-¡El nifio se ba salvado!-g_r:itó una mujer asom.índo~e
calle, para hacerla perder su malafa!?ª• colocando estampas del Ave María en sus puedas, é rngresando en .la her- á ht ventana.-Yitor al padre .Kojas.
-Yitor al santo-repetían las gentes.-Yitor, vitor!
mandad en que era obligatorio á los cofrades decir Ave
)faría ,e'tenta y &lt;los veces diarias, y servirse de aquella
~Entre tanto. en uno de los extremos de aque l trope l
salutación siempre que se encontraban. El venerable Ro• de gentes forcejeaban dos hombres; uno ya anciano, vesjas fué el autor de aquella reforma en las costumbres:. t-0- tido pobreme nte, de rostro noble, nariz aguileña y fo~nte
do )Iadrid, desde el Consejo de Castilla y el .Ayunt_a~1en- despejada, oprimía la ma110 derecha de un arrogante joto hru,ta el pueblo que derribó la,: puertas de la Tn1;ndad, ven, impidiéndole qne saca,:e la espada.
pira hacer reliquias con. los hábitos del Padre R;o¡as, el
-Dejadme, ¡vive DioS:!..,....:decía el joven- ese cuadro que
día de su mue1te, le tuvieron por santo: y los ve.cmos del se han llevado es mío, y á cuchilladas han de dcvuh•¿rbarrio del .Ave ) l a ría, le consagraron un,~ calle que sella- melo.
1mt de San Simón en honor suyo: es decir, le proclama-Sólo sé que váis á desenvainar la espada contrn un
ron santo ciento diez a ños antes ele que Roma 1~ declara- trinitario, y no ha de ser; he sido cautivo, y ellos ma resFe venerable: tuvo gran influep~ia el ilust~ valhsoletano:
cataron.
~u con,ejo pe,:ó mucho eu el ,mnno c~e Feh~ I~I para la
-Pues eYitad con la otra mano que saque mi daga.
expulsión de los moriscos, y en el rc1~ado s~gmente p~ra
-Eso ya no podré h acer; la otra mano me la estr~peaimpedir la boda de la hermana de :fel1pe I\ con el pn'.1- ron los turdos en Lepanto.
.
cipe de Gales, luego Carlos I, á qmen s.us vasallos cortaEl pintor, ya sosegaclo, miró con curiosidad al anciano,
ron la cabeza.
y dijo:
I
-Os doy las gracias por haber contenido mi arrpbatn;
_\.unque la calle del , lre .Jfrida estaba ya purificada con pero no pude contenerme cnanclo me contaron lo quepasu título no transitaban por ella todavía carrozas elegan- sa. Sabed que esa Yenus que me arrebatan es mi me)or
tes, togados con garnacha, ni hidalgas serYidas por un pintura.
tropel de pajes al uso de la époc_a; era Cll;lle basta~te con-El paclre Rojas sólo aprecia el arte piadoso; sm: p¿1b
currida por archeros, mozos de sill~, frailes mendica1.1~s, samientos vuelan por encima de nosotros.
laca~·os con libreas de felpa y terciopelo, soldados v1e¡os
- ¿También pintáis?
con la ropa acuchillada por los flamencos y los sastres,
-Pinto con la pluma; acaso hab3is oído hablar ele un
pícaros de cocina y caballcrns del milagro. De _vez e1! librejo mío intitulado El ingenioso hid&lt;ilgo don (¿11ijote de lii
cuando atravesaban alg unas buenas mozas, que iban a Jf mu·luc.
callejear en vneltas en sus mantos, y dejaba1;1 ver en tre el
-Luego sois ) lig ue! Cerl'antes? M.uy buenos ratos os
embozo ó l ucían e n la cabeza, un Agnns Dei, 6 cruz, 6 a l- debo.
gún otro capricho con guarnición de esmeraldas y d ia- Pnes pag,ídrnelos, no re,:catando e l cuadru por la
mantes· ó beatas jóvenes, qne sólo apartaban la vista de l ft1crza, sino p or la i nd ustria. Y pronto; antes que el PJ.rosario 'para fij_arla en un galán; ó viejas con hábitos d.e d re Rojas lo destruya.
estameña que, desamparadas de la carne, habían ofreci-¿Tendd valor"?
do al Señor sns esqueletos.
.
-Oíd-dijo tomando a l pintor por un brnzo y ap::trtínXo se Yeían cle~cle la calle en las moclestas casas, m los dole ele aquellos sitios-oíd lo que me dijo su reverencia,
trofeos mil itares, ca.seos, petos, lanzas y arcabuces q uE: hablándome un d(a del Quijote. El arte que no f'e dedic,1
adornaban en otros barrios los palacios de los nobles; m
á Dio!', no pasa ele l as esferas inferiores. lle leido u n c:1los tapices de Bruselas y cnadros italianos y fl ame ncos, pítulo del Quijote y admiro vuestro estilo; pero quem:ul
que pagaban á peso de oro los indianos; sino hnmilcles esa obra frívola y mundana y escribid libros clevotos.
colgadu ras de tafetán, en las más ricas, estampas de Fant os ó im,lgenes de bulto, y en las más de ellas, fraguas,
-III.
bancos de carpintero, telares y patios con emparrado, en
El convento ele la-Tri nidad estaba entonces en reparaclonde h ilaban y cosían las vecinas. Sólo en alg nna que
otra casa ro veían , atisbando por las celosías y enrejados, ción: los muros i nteriores se habían desmoronado, y rota
ricos espejos, escritorios, vitrma.s en que br ilfa.ban la p la- la clausura, se comunicaba el convento con las casas i nta, y el oro, v pabellones de rizadas telas florentinas.
mediat.c•ts. En la misma noche de los sucesos anteriores, e l
Un grupo de gente apareció por la calle de la )lagdale- pintor Vicente Carducho esperaba, en compafi fa de otw
na, rodeando á un fraile t rinitario, q ue avanzaba con di- embozado, e n el patio de una casa contigua, dispuesto :t
ficultad entre los que le besaban la mano ó le pedían ben- t raspasar el m uro, aún de escasa altura, que le separab:t
del com·ento.
diciones.
- Padre Simón-decían unos-reparta rosarios y estam- ¿Decís que está el cuadro en la p arte de ht izquiercla'!
- Sí: en aquel rincón. ¿Entramos'? llace w1 buen ratll
pitas.
· -Padre Rojas-repetían otros-que estoy en ayunas. q ue se acabaron los maitines y la comunidad estará ya re-Lea, p or caridad, el E vangelio á esta criat ura que es- cogida.
t á. enferma.
-Quedad aquí: yo basto para descolgar el lienzo, sepa-A mí, á mí primero-repetía llorando u na h ermosí- rarle con la daga y a rrollarle: m i calzado es m uy fino y
sima mujer con el traje descompuesto y suelta la eeclosa mulie ha de sentirme. Yos me guardaréis la salicla.
cabellera: ¡mi pobre hijo se está ahogando!
Dicho esto, traspasó el muro, y apoyilndose e nla paree!
-Sí, sí; á. ella pr imero-dijeron todas las madres em- del clauHtro, marchó á tientas hacia mia imagen alumbrapujando a l religioso hacia una casa i nmediata, m odesta da por una lámpara ele acC'ite. Cerca de ella distin uía un
9 ser e l
en la fachada. pero que dejaba ver e n su interior moldu- cuadro sin colgar y nielto ele! revés, que reconocio
ras de ébano y dorados. El fraile entró, seguido de otro suyo por lo nuevo del lienzo y la armadu ra. E l artista se
compañero, pero retrocedió a l momento hacia la puerta. detuvo para cerciorar~e de la soledad del cla ustro: luego
-¡A.ve :\Iaría! No h e de entrar-dijo-mientras no q ue- sad la daga y avanz6 de p untillas hasta tocar su tesoro
men afltes ese cuadro.
con la mano; entonces se persignó delante de la ima 0 én v
- ¿C6mo he de quemarle si no es m ío?-respoml ió la su~ r odíllas flaquearon ele terror. H abía oido un su~piro ·
mujer con desesperación.
m uy cerca, como desde una a ltura, y no se atrevía .t a lzar
-lle visto vuestra cara, vuestro cabello y niestra i m- los ojos; cuando se determinó :1 levantarlos, cayó ele ropureza en esa pintura desvergonzada.
dillas aterrado. 1In fraile, sujeto en una cruz e levada é
-¡Oh ! Que mi hijo se muere..... .
i~climtda sobre la pared, gemía y le miraba tristemente.
-Dios quiere salmr á este ángel, arrancándole de esta Solo después ele un buen rato y ele.haberse encomendado
casa. No le mata su enfermedad sino la desnudez tle su á Dios, pudo reconocer en el fraile al Padre Simón de R::imadre en ese lienzo. Marchémonos, fray Bartolomé.
jas.
-Xo, no-dijo la mujer arrodillándos-yo vivo ele mis
-¿.f¿ué hacéis así?-le dijo.
pecados, y u11 pintor me pagó para que le siniese de mopenit.encia portf-respondió el fraile-parn q ue
delo; esa Yenus n o me perrenece, pero vo la echo de m i tu-llago
mano, creada pam Rervir á Dios, no sin·a al denonio.
casa y os la ent rego; vos habréis de de,:olversela.
Aquellas pálabra.~ atmjeron al lego R1.rtolomJ, que e,:- Que tapen e~e liens.o deshonesto-dijo el Pad re Sirt punto de pedir isocorro, al encontrar un hombre
món á fray Bartolomé-y lo lleven ,t la Trinidad. ¿Quien tuvo
ante la crnz.
es el pintor?
-Descolgadme ya-dijo el Padre Simón.
-Yicente Carducho.
El leao-~esató las muñecas y tobillos del prelado, c.1r-¡Cúmo! ¿El pintor de cámara? ¿El hermano del virtuoso Bartolomé? ('ubran la pintura de modo que nadie denos éhmchados por el peso del cuerpo y la presiím d~
pueda verla y que la lleven aJ·claustro bajo. Y o respondo los cordeles. E l Padre i,imón se arrodilló con trabajo.
- Dad ,i este hidalgo las &lt;;!.isciplinas-dijo descubriendo
de ella ante str autor. Y ahora entremos á pedir á Dios la
salud de ese niño, si le conviene. ¡Ave l\faría! ¡A.ve la espalda-y que me castigue con ellas: he prometido 1·ecibir. cien azotes d iarios hasta que queme esa figtH'&lt;\ q uc
~Iaría!
hapmtado.
·
II
El pintor rehusó el manojo de cordeles.
-Azotadme vos, fray Bartolomé.
La gente esperaba en la calle con gran curiosidad,
- radre, ya habeis sufrido much o.
agolpada á la puerta de la caFa.
- .\.zotadme por obediencia, dijo con firmeza frav :-si-¿Creéis que sanar,l al niño el tri nitario?-decía un
món.
•
zapatero á. una vecina.
-No que nó; ha resucitado muertos y, entre otros, diEl leg'? ~esc'.1-rgo'.J los cordeles sobre la espalda acribi lh1.cen que á su médico..
.
da del truutano. Pero Carducho le arrancó las discipli-Sin embargo, yo qne la madre, hubiera llamaclo á nas.
Mariana de Jesús, la 1rn' rcenaria; plantó u :u rama seca
.-Padre ~1ío-lc dijo-prometo no pintar sin o cn:tllros
de oliva en rn huerta .d e la plaza de Santa B írbara, des.- piado~o.s, s~ me petm1tís conservar ese lienzo.
pués de bendecirla, y se hizo un ftrbol. Por algo la con-Siga rn1 pemtencia-dijo el fraile.
sultan las señoras ele la corte.
-Nunca-exclamó el pintor besándole la n1u10- le:;-¿Creéis que .al Padre Simón no le piden consejoF? tru.icl esa Venus: no puedo resistir este espect.í.::~ilo.

DOM I NGO 3 DE ENERO DE 1897

EI. SACRIFICIO D E VENUS

EL MUNDO

El lego descolgó la. lámpara, sacó el cuadro al patio, y
aplicándole la flama,lasllamas se a~eraron de la pintura. Yic¡¡nte Carducho, pálido y casi lloroso, veia arder el
cuadro: al resplandor de aquel incendio viú por última
wz la Yenus de q'ue esperaba eterna fama.
Parccióle que se despedía sonriendo y que un coro de
amorcillo~ volando por encima de las cruces del convento, la espemba para conducirla á las esferas donde Ganimedes sirve e l néctar á los dioses, ó hasta la concha don. de Y ~nus se columpia sobre el agua en el archipiélago de
ürecia.
JosÉ FERNÁNDEZ BR_E:llÓN.
ACU AREI,AS DE E NERO.

Tarde ele invierno.
E l cielo, plomizo, cobreado de franjas blanquecinas,
derrama una claridad turbia, dudosa, inquietante. En el
oriente Fe extiencle la curva policroma del arco-iris; ha-

cia el Gccidente, salpicaduras de escarlata y de violeta
subido revelan el ocaso del sol.
El mar, gris. crespo, flordelizado de esl?nma, semeja
una inmensa pizarra rugosa, donde un gemo formidable
hubiese trazado con tinta de perlas caracteres misteriosos.
L a playa, extensa, solitaria, con su superficie blonda
mojada por el recie nte flujo. Sobre la arena un bote volteado dibuja su lomo bruno, brillante de limo.
Allá, ep. el linde de la arena, á. la entrada de µn bosque, se alza una choza de paja, con paredes de barro rojizo. Un viejo moreno de cabellos y barba de armiño,
vestido de gruesa tela azul; está sentado á la puerta de la
casucha, bajo el dintel, sobre una troza de madera, fumando en una pipa de yeso. Cerca del viejo un muchacho adolescente, flaco y desmelenado, zurce una red de
pescar que se agruma :í. sus pies. En el interior sombreado de la choza, en un rincón del piso terroso, resplandecen, como luminosas manchas de sangre, las brasas de un
fogón.

La tarde declina. El muchacho zurce v canta monótonamente; el viejo fuma, signiendo con la vista el h umo
de la pipa, que asciende p or el aire en círculo~ cándido~.
El muchacho :
- Papá, ¿la comida?
.
-Sí, ya es h ora.
Se levanta el zurcidor flaco y desmelenado, r arga sobre
sus hombros la red y entra en la casa; el viejo, solo ya,
continúa fumando.
En tanto, el crepúsculo se extingue; cie lo y mar vélanse con tetricas brumas, y la sombra cae, cae r.ípiclamente,
en copos espeso~. Los contornos de la caiaa se e~fuminan;
e} cuerpo del viejo se borra, quedando sólo visible su cabeza, en que albean los cabellos y la barba de armiño.
Y en el hueco cuadrado y sombrío de la puerta, aquella
cabeza de nieve se destaca vigorosament&lt;', cual si hubiera. sido pincelada sobre un clarobscuro rembrancltesco.
D .\RÍO IlERllERA.

E l amor {1 los niños y á las flores,
!'on amoreR tan dignos de los cielos
que Ron tal vez los únicos amoreR
&lt;¡ne nnnca dan á los amanteH celos.
C,DIPOA)[OR.

FíjenRe en la SILLA
IIE VOLTKO, la única bicic leta que
tiene Pata ventaja •
es la VICTORIA, l a
más cómoda, h ermosa y fuerte.
Las bicicletas
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JHON R. DAVI S, VICEPRESIDENTE.
J u1.rn LU!AN:TOUR, TESORERO.
L. J. lIILI,., G ERENTE G ENERAL. R. N. E tLTOT , SECRETARIO.
W.
S TA:.&gt;LES. R N. B ROWN.
H. H ENDERSON.
W . G. P ASCHALL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Al Puerto de Veracruz.

_~lil I\\RAV-~A\l_
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PAAIS- 37,Boulevard

de Strasbourq.37-PAAIS ·

Este peri6dico está impreso con las tintas fonas
de la Oasa LORILLEUX y COMP.
Paris.-Unicos Agentes en la Republica:LBWIS y BLOCK, MÉXICO.
D&amp;L ■ ATURAL, POR

J.

■.

VILLASA ■ A.

�DOMINGO 10 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re~ión, debe ser dirigida al
Director, L,lc. RaCael Reyes Spíndola,
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.

La subscripción á EL MUNDO vale $l. 25 centavos al
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·
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RÉGISTRADO COMO .ARTÍCITLO DE SEGIIXDA CLASE.

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos v Canadá
The Spanish American N ewspapei· Company, i36 Liberty St. New York, E. U.»

Matas rMh,rittlr.s.
¿ C!fl lih.erttlisnttr st utt?
Alármese un renombrado publicista francés ante la
aparici?ri d~ un hecho_&lt;\ue cree de enorme importancia
e_n la h1sto:m de 1~ poh~1':3 contemporánea: los partidos
liberales t1_e1:1den a debilitarse en los países constitucionales del v1e¡o mundo.-Y en apoyo de su afirmación cita las tendencias de soci~lismo. de Est:ido del partido
)íbera! en Holanda¡ las pos1ble:i d1sgregac1ones del partido
liberal bel~ y las que se acentúan en el francés hechos
que están a la vista de todo el mundo.
'
Creemos nosotros que e~tas alarmas son infundadas y
~ue en la apreciación de tales sucesos hay un sofisma que
mte~sa _desentraflar.-Desde ]u~go la desapar~ción del
partido liberal no es la desapanc1ón del liberalismo co~~ la desap~ricjón del profeta que predicó un sistem~rehg1o_so n'! s1gmfica la desapar1ción de su doctrina. Los
partidos liberales pueden morir y el grupo de principios
que con~t1tuye su programa penetrar y desarrollarse en
una sociedad. Y esto es lo que está sucediendo.
Hace algunos años un _amigo nuestr? provocó un tempestad de protestas publicando un articulo titulado: 'No
existe el partido liooral."-Y sin embargo nuestro amigo asen~ba e~ aquella ocasión una verdad indiscutibfe.
Lo~ part1~os liberales se debilitan precisamente porque
el liberah~mo va en~ncl~ando St) esfera de acción, porque y_a la idea reacc1onana ha ca1do en el desprestigio y
lo~ mismo~ grupos conservadores se han visto obligados
á mt~oduc1r e~ sus pro~mas hechos y principios de la
fracción _enem1ga.-De igual modo que el publicista francés ba d1ch? que los ~art~dos liberales tienden á desaparecer, podria haber auadido que con los partidos conser•
vadores está sucediendo lo propio.
¿Qué separa en la _actualidad un.partido de otro, en algunos ~aíses? Cu~stiones ec~&gt;nóm1~, controv-!rsias sob~ detalles. A~í ¿es_necesar10, por eJemplo, el fnncionanuento del partido liberal en los Estados l'nidos? Claro
es q1;1e no, porque la República entera pertenece· á este
par~~do. La )uc!J.3: polftica no tiene allí por objeto la discus1on de prm~1p1&lt;!S a(?Cptados por el pueblo¡ nadie se alz:i frente á las mstituc1ones y por lo tanto no es necesano un grupo encargado de sostenerlas y alentarlas.
Y tal es, en efecto, ~o que car.1cteri1.a á un partido O •
lítico como fuerza social: la necesidad de salir al encu~ntro de elementos antagónicos y de propagar sus doctrinas; pero una v~z aceptadas éstas v sin enemiuos al
frente, no,se explica esa ?rganización de grupo militante
~ue tendria mucha seme¡anza con la descomunal batalla
el hér0t: manchego contra los molinos de viento.
Los pa1ses q;1e en sus constituciones han logrado alcanzar todos los fines propuestos por el liberalismo pueden
t~q1fa10:ente observar ~orno desaparecen lo; partidos
raes, s~n ~mores de nmguna especie, porque en este
caso la extmc16n de.los partidos liberales más se traduce
en un fenómeno social favorable :i la libertad que en
síntoma de retroceso.
'
un

tbre ttño.s lle .2(11111ini.str,1dón.
Acaba de da:9e á conocer del P,úblicoel Informe rend'.
do por el Pres1~ente de la Republica á la Nación sobr~
actos¿¡:¡ su gobierno en los períodos constitucional~s compren . os entre los años de 188-1 á 1896 -Forma este
trabaJo un volúmen de más de 160 pági~as en el
ramo por raro.o, se pasa una compendiada ~vista áqli~
pdrot~resos rea hzados en el país en este fecundo espacio
e 1empo.
robra de _la. prosperidad nacional, lentamente elabora a, en medio de los obstáculos que se arrojaban -í. su
encuentro queda fijada en breves términos sirvi~nd
como de nece~arias funciones de los músculos'de un r 0~
grama, enunciando con notable claridad y energía )¡;
~uzar todas las a¡¡piraciones latentes tod 1 . - n1~eales que flotaban en el ambiente dei' país 1sla: v~gos
ción de la últ~ma guerra civil, ha sido una rud::~~:J)?T_que estos ~deales y estas aspiraciones pugnaban co~
i~m~i=~• ~~ :trrnigados prejuicios que formade largas generacio:es.c10n en que se apoyara el criterio
Pero para reunir y enea
¡
1
contaba la Re , bl.
~ r os e ementos con que
to
pu ica, era prec1so, ante todo conocer es
d sdeIementos, hacer un ba½tnce de Jo que h;bía operan=
o espués sobre esta matena prima -El balan'
·
na! presentaba en 1876 un saldo muy raquítico~ nf3:;i;

;:,~1!

· del pafp: un sistema arterial ferrocarrilero de poco más
de 600 kilómetros ( 3.48 k. por 10,000 k. c. J; una potencia
productora apreciada por una exportación que no llegaba á treinta millones de pesos; una potencia de adquisición medida por una smna de importaciones que á duras
penas alcanzaba á veinte y seis millones de pesos; una
arteria 1elt•gr.ífica de 8,000 kilómetros en todo el territoriu.-He aquí, en sub!'tanciosa sinópsis, tomando las manifestaciones de más I'(')ieve de la vida de un pueblo, el
acti1·0 que figur.iba en este balance, en los momentos, como
acabamos de decir, que una nueva corriente, todavía
caótica y mal interpn:tada, arrastraba á la nación en
otras direcciones.
El progreso nacional exigía, pues, del programa político
que ei:i a_quel momen«;&gt; iba á desarrollarsE&gt;, un perfecto
con,,c1m1ei:i~o del med1u, ~omo pnnto de partida, y una
exacta noc10u de las nece~1dades de ese medio, como detérmi no de toda iniciativa. Sin estas dos condiciones la tarea de la ad1uinistración no hubiese respondido á Íasterminantes que la llevaron á e¡ercer el Poder público.Ningnn:i o~ra publicación como el_ Mundo ha apoyado esta política rnformada en las neceSJdadeseconómicas· ningunos con mayor claridad que nosotros, en estas co'lum•
nas, hemos amparado y sostenido esta función administrativa informada en el bienestar social, derrotero trazado en el Informe á que estamos haciendo referencia.
Hoy, frente á esa artería ferrocarrilem de GOO kilóme•
tros, podemos presentar una extensión de 11,469 kilóme•
troe; haciendo pendant á una exportación de 26 millones
de pesos, nn total de envíos al extranjero ,•alorizando en
42 millones; al la~o &lt;le 1~na red telegrafica de 8,000 kilóDletros, otra de 4a,OOO kilómetros; y en oposición de nna
cifra de exportaciones equivalente á 30 millones otra
que se elevó al último afio fiscal á 105 millune~. '
'
La transformación se ha operado, el compromiso contraitlo-d_e_lan_za~ á _la_Rep_ública en el camino de la properid~d m:rnrnméndofa ]~ bnellas del progreso-se ha cumplido. Como comenta.no de la tarea administrativa de
que da cuE:nta el lnfort?e Presidencial, pueden escribirse
en las 1;&gt;ágmas qu~ la. historia consagrará á estos doce ai10s
de gobierno, las s1g111entes palabras, desprendidas del notable ~ocumento que sirve de explicación á las funciones
de gob1erno desarrolladas de 18$4 á la fech11: «La fuerza y
la grandeza de los pueblos modernos, fundadas principalme~te ~n el trabaj'! pacífico, radica actualmente en su or•
garuza~1ón económica y se mide por el desenvolvimiento
de su nqueza y por el estado floreciente de su erario y
y de su crédito público."

Jalftktt &lt;!&amp;tntrttL
RESUMEN."-EI problema cubano.-Rumores alarmantes y versiones contradictorias.-La autonomía
prometida y la intervención americana.-Ni España la ofrece ni Cuba la aceptaría.-No hay solución.
-La Gran Bretaña y la política africana.-Claridad
ante todo.

De~pnés de los alarmantes rumores de desavenencias
próximas quE: amenazaban quebrantar la b11ena harmonía que ha remado entre España y los Est,1dod Unidos
no obst~ilte la mauifiest.a simpatía del p•teblo american~
po-r los msnr_rectos cubano~ que luchan des-&gt;s~radamente en la man1,qw1 con el ansia del gobierno propio y á pe·
sarde laR exaltacio~es patrióticas de los espa1i~les, q1re
en ~&gt;is de nna ocas16n han estallado en verdaderas ex:•
plosiones tle hostilidad contra los yankees, por esas simpatías hechas patentes en reuniones públicas y privadas
ei:i !a pren"'~ y en la tribnna, y rrl'Ís que todo E&gt;n las expe:
dic1onPs fl:hbustern~ que á la continua parten de Ja.&lt;,costas
de la Florida, para ir ~ prestar au.xilio á los rebeldes cubanos¡ d~spués de quE: esas murmurnciones se hicieron
más conSJstentes, crecieron y se agigantaron entre los que
P;et.enden en lo~ periódicos ser eco fiel de la ptiblica opimón. y llegaron a toma!' l_a~ proporciones formidables qne
correspondían á la po¡¡bih~ad _de una guerra interconti·
nental, á raf9, de la publicación del mensaie remitido
p_or Cleveland á las C,lmaras federales de la U ni6n Americana y de las proposiciones presentadaR por varios se·
na~ores, á efecf:o de reconocer no ya la beligerancia, sino
la mde~ndenc1a de los rebeldes, y de exigir en general
del ¡¡-obiern? ui:ia política más activa, más en consonancia
con la~ a~p1ra&lt;'1one~ populare~, que piden en todos los tonos abierta protección para los revolucionarios que sue•
ñan con. la uest~lla solitaria¡,, después de todo esto, que
han podido considerar con relativa calma los periódicos
l"~añdoles, Y ~an podido_ estudiar con laudable tranqnilia , !)S version~R. persistentes han corrido en los últim~s d1as. tranqm1t1das por las agencias cablegráficas, sen:i1JJero fecundo de noticias no pocas veces contradicto•
riaR,
f:!o~ tomadas de diversas fuentes, son apoyadas en
op1ruones contrarias de la prensa europea y americana
Y por eso capaces de dej~r perplejo al que, siguiendo ei
curso de los Sl~cesos, gmado por los diarios telegramas
pret-enda a~engnar lo cierto, y formar idea cabal de 1~
vberdadera situación política de la Isla de Cuba y del rumo que toma la re,·olución.

***

Set~ cteondinsi"_tenc_ia que ha habido un acuerdo entre
1os ga . me s ~ '\ as_h11:igton y de Madrid para hacer cesar Iams\irrecc1ón; s1rv1endo aquel de intermediario en•
tre 1fob1rno español y los jefes rebeldes, CJnovas del
Mas ° 0 rece la autonomía á la revuelta colonia y
d r. dey se compromete á convencer á los insmrectos
e que. ebei:i- S(!mete1:5e á las condiciones impuestas
Con_ 1g11al IJ?Si_stencia se ha dicho que el presiden~ del
~nseJo de Mm1stros en el gobierno de Madrid ha prot-e~tado una .Y ot_ra vez .contra tales aseveraciones dándo~e la apariencia de nota oficial, se ha repetido' ~e EsP61na. no rdía ~n solo punto e~ BU primitiva artit~d- que
s o imp antana reformas políticas y económicas e¡{ Cu-

f

01

b1, cuando estuviera sofocada la insurrección por la fuerza ~e lail armll;S ó por 1a sumisión de los jefes; que rechazaria como siempre ha rechazado toda intervención
extraña, siquier se cubra con el pomposo título de buenoi
oncio3 internacionales; y que ni. de los Estados Unidos ni
de nación alg11na toleraria el que se mezclara alguien en
los asuntos interiortis qae s.Slo competen á su soberanía.

***

¿D~ d6_nde pacten ~S(!S_ rumores? ¿por qué persisten con
~panenc1as ?,e v_eros\m1ht~d, cuando los que se refieren
a la pr~tend1d.1 rntehgenc1a entre los gobiernos español
y americano, carecen de consistencia? E11 vano se ale(J'a
que el_partido lib~ral de España ha declarado por medio
de su ¡efe reconoc1~0 el Sr. ~agasta, que deben implantarse las reformas a la mayo!' ~re vedad posible, y aunan.
tes que las arm:1s hayan decidido la contienda· en vano
la pr,ensa madrileña se desata contra la administración
del General ~Ve.vlE:r y censura de modo acre la direc~ión
de la campana. N1 los conservadores que están en el poder ~i .~os libE:ra.les que se sientan en los bancos de la
opos1c10n ser,an los que habían de atraerse las iras populares, que soplarían, probablemente; al saberse que se en•
traba en arreglos p.ira aceptar una intervención extraña
por todos recha7.ada.
. P0r lo dem_.ís, no cr~emos que fuera. la in~erencia del gobierno americano_ mas aceptable á los insurrectos qne•
por ce~ca de dos anos han luchado por su independencia,
Y prec1:iamente apresuraron la hora de la insurrecci6n
porque temían que las concesiones que ahora se les ofre'.
~n, decret.'.1das por las Córtes españolas al comenzar E&gt;l
ano de 189a, fueran b&gt;l.Stantes á regfriar el entusiasmo delos com~rometid..s eu la revolución proyectada.
¿A. que lucha_r c_on e~ brío que los ha arrastrado á de·
sesp~r~d-~s sacrificws? ¿ 1 q11é_ la sangre, la ruina y el incend_w. ¿a. q~é es~ sacud1m1ento que ha conmovido la
pr~c1ada Anttlla, s1 t,~do liab:a de parar en obtener aespu,~ de la tremenda }tri. 1? que al prrncipio fué rechazadoc~n rndomable.ene_rg1a? S1 las reformas prometidas no satisfacen las asp1mc1o~es de lo ne beldes, no es m 1is de'acep•
tarse ~ara. ellos la misma autonomía, y así lo declaramos,
por m.IB que nosotros hemos creído y seguimos creyendo
que esta era la única solución al romperse las hostifülades.

***

No es la autonomía que se promete suficiente·á dejar al
pueblo cuba~o e_n _ciert l libertad, capaz de educarlo y prepararlo al e¡ercic10. de su soberanía é independencia; y
aunque lo _fuera, s1 ;ie !'esuel ve así el problema político
queda en pie el econom1co y la colonia autónoma que hoyBJ halla abrumada a) pes!) de la deuda antigua, sucumbina á la pesadumbre mmensa de la nueva que tendría que
~ r sobre una agrupación dtibilitada. empobrecida, ani1
qm_ada,
por d'?~ años de ~na guerra de exterminio.
S1 la revoluc10n ha t:emdo, como es indudable, cau~asde ~aturaleza econ6m1ca, no es la autonom(a la que Ja
hara. cesar, á l:t :iltura á que ha llegado la lucha. El nudo
no ~ desata fac1_lment:e, y no es la intervención de un
gobierno extran¡ero m la garantía de un ministro de blle•
voluntad lo que puede dar pacífica solución á la lucha
e tan ~puestod y encontrados intere,;es como radican en
1a cuestión cubana.
El asunto es en la actualidad de vida ó de muerte
Plleden loa íil.intropoa soñar en 1&gt; 1cíficas mediaciones·cr~emo:3 qne, h:i pa8,1do la oportunidad de las lamentaci¿:
n~s, Y hoy_:! _'lo hablan la espada con sns tremendos golPvS Y el c.~n m con su horrísono estampido.
Desgrac111d,unente, no vemos otra solución que l:1 que
puedan d.1r los azares de la campaña.

:t

***

Un cél~bre inglés cr1e en el Africa del Sur ha re resen-ta lo los ~ntereses coloniales de la Gran Bretaña,p
or
m\1c_h~ tiempo ha sido el pl)rta estandarte· de la p6Úfica
br1t.J.mca, a~~IH de hablar con claridad meridiana y ha
prtisentado SLn embozos las aspiraciones de los cartagineses modernos.
En reci~nte banquete ofrecido á Cecilio Rhodes, des llés
~~ ~u g\orio~a cam~añaco1~t1:3 los rebeldes matabelef ha
o e ant1g11_0 primer mm1stro de la Colonia del Cabo
1to orgamzador de la rnvasión del Transvaal el re;
~
_e oro en los c~mpos d~ Kafir, ha dicho que siendo limi•
tada la superficie de la t1erra, la mejor política sería la de
apoderarde del mayor ttlrritorio posible.
Eso .e~ hablar en plata¡ eso es decir la verdad de la~
exped1c10n_es del So?&lt;;ián, de los ataques á Zanzibar d~
~s prtketdidos aux1l1os á_ los italianos humillados' por
_en~ ic , e 1os levantamientos de .Tameson y de las aspir~cwnes de la principal colonia sud africana
St el Marqués de Salisbury no da solemne ~entís á t.-il~s ~everac1on~8, prep.lrense á la lucha todos los que de•
aNgun modo se rn~resan en la poge.iión del Continente
egro. Ya saben a.que atenerse.

:C

rll

7 de Enero de 1897.

X.X.X.

OTRO PAGO DE $5,000.00 DE "LA MUTUA"

:E;N GUANAJUATO.

Guanajuato á 19 de Diciembre de 1896
Sr. D. Carlos Sommer Director General de ;,La Mutua.,,.
México.
?lluy señor mío:
J!oy 10:e ha sido pagada la suma de cinco mil PºSOQ
($o,b000) importe d_e la p'iliz~ núm. 285,9-12 bajo la ~ual
esta a a~egurado m1 finado hijo Guillermo Goerne
b ~actividad Y eficacia con que h&lt;1. ex:peditado 1~ prue"as e mue::e el Sr. D. ~nrique Meyenberg, Agente d~
h LtMhtua en esta Cap1tal y la prontitud con que se m-'
a ec o el pago, confirman el merecido crédito de u·,
gozatesa benéfica Y poderosa institución que usted di""~H:_
men e representa en esta República.
"' ·
Da vd: atto. S. S.-L. GoRE~E..

DOMINGO 10 DE E'NERO OF ,897
La aJ)Ot~osisde Sarah Bernhardt.

¡Sarah!
¿Quién no la conoce?
¿A qué cortijo, á qué hogar por humilde é ignorado qnP.
sea no llega su nombre y el eco de su gloria sin ocasu?
Ha mucho que la gran trágica se desposó con la fama y la
historia del arte la ha colocado )'ª en el templo de los inmortales al lado de Talma y de Rache!.
Vistoriano Sardou, el viejo dramaturgo, el rey del artificio escénico ha escrito para ella sus roejores obras. París y América. han delirado de entusiasmo á sus plantas
y la manifestación que el gran mundo intelectual de la
metrópoli de Francia acaba de hacer á su gloria, á nadie
sorprende.
Nos ocuparemos de esta manifestación efectuada el 9
de Diciembre último, porque la reputamos casi como un
acontecimiento local, primero, y luego porque es el asunto del día en la ciudad cerebro de Europa.
¿Un acontecimiento casi local? dirán ustedes -Sin duda, responderemos: Sarah Bernhardt estuvo en México
no ha muchos años, en todo el apogeo de su gloria. Trabajó en el teatro Nacional henchido de espectadores locos de entusiasmo. Nuestros poetas la cantaron y uno de
ellos, Peón del Valle, recibió su beso, el beso de aquellos
labios gloriosos. como premio de los versos que dijera en
su loor. Todo el México artístico y literario aclamó á la
gran trá¡ó.ca y en su camino de luz muchos corazones mexicanos la han seguido.
Un acontecimiento europeo.?
Sin duda tambien: Desde luego los acontecimientos parisienses son acontecimientos europeos y Paris ha deliraq.o de entusiasmo como el sabe delirar.
El nombre de la divina actriz ha volado de boca en boboca y aun se habla de un fabricante ingeiúoso que ha
ideado un jugete de sorpresa que recuerda el chasco que
se.lle.v.a.ron los admirad.ores de Sarah cuando intenta.ron
que el gobierno la condecorase. con la gran cruz de la Legión de Honor, honra que no podía naturalmente discernirsele en razón de su sexo. Este jugete nos recuerda las
mil pequeí'las invenciones del mismo género á que dió
lugar la popularidad de Boulanger y· si ambos nombres
pueden asociarse en el recuerdo de los grandes entusiasmos parisienses, se verá desde luego que no exajeramos al asentar la frase arriba leida: ·'Paría ha delirado
de entusiasmo ante Sarah.»
Pero reseñemos y para esto, demos á continuación debidamente traducido el eiguiente artículo de una revista
francesa:
"Rache!, dicen los murmuradores. no fué festejad:\
así. Rchel, no ¡;canó tampoco los dollars que Sarah ha
obtenido en América: Los tiempos y las costumbres han
cambiado. En gloria como en dinero el fin qe este siglo
paga más liberalmente qne se pagaba en sus medianías.»
"La fiesta del 9 de Diciembre no exaltó empero á Sarah
Bernhardt por encima de Rache!. Sarah Bernhardt se ha
beneficiado de la prodigalidad de una época que no sabe ya
casi contar ni medir; he aquí todo el alcance de las mur,
muraciones de los eAcepticos, á los cuales podría responderse. "Si Rache] vi viese sería festejada así"
Y además, bien mirado, cuales han sido las exajeraciones que marcaron esa fiesta organizada en honor de la
primer artista dramática de la actualidad, por sus amigos?
El número de los amigos de 8arah Bernhardt fué por
ventura excesivo? Sin duda había ahí al lado de los admiradores sinceros, SnobR: los hay en todas partes.-Se
abusó de la publicidad? Dirijír este reproche á Sarah
Bernhardt y á sus ad1niradores del mundo dé la prensa,
no sería serio.-Fué demasiado esquisito el banquete dado en su honor en el gra.i llotel donde se efectuó la manifestacion? y por último, en el Teatro del Renacimiento,
en la función de gala, Fedra fué demasiado elocuente en
sus maldiciones, y Posthumia demasiado trágica en su
dolor? Ser(an dignas de risa tales críticas. Samh merecía una manifestación semejante y le fué discernida.
· Cuando la gran trágica descendió del primer piso del
Gran Hotel á ia sala del 7..odiaco donde se habían levan•
tado las mesas llenas de flores del banquete, los quinientos convida1os qu_e la_ e~raban batieron palmas frenéticamente, S1 hubieseis visto á Sarah con su luenao traje
blanco guarnecido de encajes de Inglaterra, bordado de
chinchí11a, recamado de oro, deslizarse á lo largo de la
rampa de la escalera con la flexibilidad harmoniosa que
es su secreto, vosotros también la hubierais aclamado, como aplaudís en el teatro lu imprevisto de sus nobles gestos v la gracia de sus nobles actitudes.
. Victoriano f3a:rdou, coloc_ad~ á la derecha de su gloriosa
mtérprete, elogió en un brm¡hs (véase el g:abado relati•
YO). 11á la artista sin rival, á la soberana indiscutible del
arte dramático, á la grande y buenaSarah.» Podía Victoi:fano Sardou escatimar el elogio á la que ha sido Fedora
La Tosca y Gismonda?
'
La i?ventad de )as escuelas ofreció un laurel y dijo un
cumphdo á la actriz; fué este el homenaje de ,.Ja juventud
efímera á la juventud eterna,,-Por último los académico~-poetas (véase la ilustración relativa) que habían escrito versos para el Czar y la Czarina, recitaron 1í Sarah
Bernbardt sonetos:
¿Qué hubo de excesivo en todo esto? El homenajé fué
grande, pero la actriz es inmensa!
EL PRINCIPE KHEV:E;NHULI.ER
El jue!es en la mañana llegó á esta Capital el príncipe
Kevenhuller que hace ya treinta años combatió en México, con valor á toda prueba, al lado de Maximiliano ?.\o
trae el príncipe: misión alguna oficial; su viaje es de· me?"? recreo y le acompaña su esposa, distingtúda y hermos1s1ma dama.
Muchos recuerdos deben encontrarlo por todas partes
en un-país donde pas6 el épico periodo de las tremendas
luchas entre el Imperio y la Rep1íblica y donde tantas
veces puso á prueba su brío y su denuedo.
Ese país por su parte lo recibe afectuosament-e
Sea bien venido y halle en la vieja México todo lo que
pueda hacer su estancia agradable.

19

EL MUNDO

EL PRINCIPE KHEVENHULLER.

El "Three Friends."
Aunque El Mundo diario publicó va el grabado de este
buque al cual tocó en suerte sostenér la primera escaramuza naval con un buque espaflol en aguas de Cuba, damos la fotografía que inmediata hallarán nuestros lectores, J?Orque está más detallada y mejor hecha que la
anterior.
PAGINAS FILOSOFICAS.
LA GUERRA.

Sólo con pensar en esa palabra, la guerra. me conturbo
todo, como si me hablasen de brujería, de inquisición, de
una cosa lejana, acabada, abominable, monstruosa, contra naturaleza.
Cuando oímos hablar de antrop6fa~os, sonreímos con
o~ullo, proclamando nuestra superioridad sobre esos salva¡es. ¿Cuáles son los salvajes, los verdadPros salvajes'?
Los que pelean para comerse á los vencidos, ó los que
pelean por matar, nada más que poi matar?
Los soldados que corren entre los pinos, por la plava
están destinados á la muerte, como las manadas de car'.
neros que un carnicero conduce por la.s carreteras. Irán
á caer en una llanura, con el cráneo partido de un sablazo ó el pecho agujereado por una bala; y son jóvenes que
p_odrían trabajar, producir, ser útiles. Sus padres son anCl~nos y pobres; sus madres, que por espacio de veinte
anos los han a~ado y adorado como las madres, recibirán dentro de seis meses, ó de un año tal vez la noticia
de que su hijq,_el hijo cria_do con tanto trabajo, con tanto gasto y carmo, fué arroJado á un agujero como nn perro muerto, después de haber sido despanzurrado por una
bomba y pisoteado, aplastado, hecho jigote por las patas
d 0 los cab~ll?s· ¿Por qué han matado á su hijo, á su buen
mozo, su umca esperanza, su orgullo, su vida? No losa- .
be. ¿Por qué?
¡La guerra! ...... ¡Batirse! ....... ¡Matarse!...... ¡Asesinar
~om~res! ...... Y ~ºY,. en nuestra época, con nuestra civilización, con la ciencia y el grado de filosofía á que se cree
llegado el genio bumanu, tenemos escuelas en las que se
aprentie á matar, á matar desde muy lejos, con perfección,_mucha genw de un golpe, á matar miserables hombres mocentes, cargados de familia y excentos de toda
co'ndena judicial.
Y lo I?ás asombroso es que el pueblo no se alza contm
los Gobiernos. ¿Cuál es la diferencia que existe entre las
mona~qnías y las Repúblicas? Lo más asombroso es- que
la sociedad en masa no se subleva á la sola palabra de
guerra.
¡Ah! S~empre gravitará sobre nosotros el peso de antigui1:S y odiosas costumbres, de preocupaciones criminales
de 1de3!! feroces de n_uestros b_árbaros ~buelos, porque so'.
mos an_1m3:les y segmremos siendo arumales dominados
por el mstmto y que nada transforma.
¿Nos~ ha1:&gt;ría apedreado ,í cualquiera otro que Víctor
Hugo s1 hubiese lanzado este soberbio grito de libertad y
de verdad:
«Hoy día lhima.se la fuerza violencia, y comienza ájuzgarse; la gll:erra esrá Pncamiada. 1:3- civi~zación acudiend~ á la queJa del gé_nero humano. mstru)e el procesocrimmal de los conquistadores y capitanes. Los pueblos lle·
gan á comprender que el engrandécimiento de un crimen
no represent,a su diminución¡ que si matar es un crimen
matar mucho no puede ser la CÍl"'unstancia at-enuante'¡

que si robar es una vergüenza, invadir no puede ser una
gloria.
.
«¡A.h! ¡Proclamemos estas verdades absolutas; deshonremos á la guerra'?n
Cólera vana; indignación de poeta. La guerra se venera más que nunca.
Un artista Liabil en esta materia, un matador de genio,
.M. de 1\foltke, respondió un d:a á los delegados de la paz
las singulares palabras que v,in á leerse:
'·La guerra es santa~ imtitucic',ndivina; es una de las sagradas leyes del munao: mantiene en el ánimo del hombre todos los grandes y nobles sentimientos: el honor, el
desinterés, la l'irtud, el ,·alor, y, en una palabra, le impide caer en el nuís asqueroso materialismo "
Llega la guerra. En seis meses los Generales han destruido veiute a.iios de esfuer.ws, de paciencia y de genio.
¡Eso es lo que se llama no caer en el m.ís asqueroso materialismo!
Así, pues, reunirse en rebaños de cuatrocientos mil
hombres; andar de día y de noche sin descanso; no pensar en nada, ni estudiar nada¡ no aprender nada, ni leer,
ni ser útil á nadie; pudrirse de suciedad, dormir en el
fango, vivir como las bestias, en continuo atontamiento;
saquear ciudades, incendiar aldeas; esquilmar á los pueblo:,¡ dar luégo con otra. aglomereción de carne humana,
arrojarse sobre ella, formar lngos de sangre, llanuras de
carne machacada, mezclada con tierra fangosa y ennojecida; montones de cad,íveres¡ quedarse sin brazos ó sin
piernas; perder el cerebro sin provecho de nadie, y reventar en un rincón del campo, mientras vuestros padres,
vuestra mujer y vuestro:, hijos se mueren de hambre.
¡Eso es lo que ,e lla¡na no caer en el más asqueroso materialismo!
Hemos visto la guerra. Hemos visto á los hombres
convertidos en irracionales; enloquecidos, matar por gusto, por terror, por altanería, por ostentación. ()uando el
derecho iio existe, cuando la ley ña muerto y ha desaparecido toda noción de justicia, hemos visto fusilar á inocentes, hallados en un camino y considerados como sospechosos, porque tenían miedo. Hemo visto matar á los
perros encadenados a la puerta de sus amos, para ensayar revólYers nuevos; hemos vistó ametrallar, por distracci ·m, unas v11cas tendidas en un campo, sin razón alguna, por disparar tiros y divertirse.
¡ Es&lt;.1 se llama no caer en el más asqueroso materialismo!
Entrar en un país, matar al hombre que defiende su
casa porque está vestido con una blusa y no lleva un kepis en la cabeza; incendiar las habitaciones de los miserables que carecen de pan¡ romper muebles 6 robarlos;
beberse el vino qm~ se encuentra en las bodegas; violar
á las mujeres que se encuentran en la calle¡ quemar millones de pesos en pólvora, y dejar en pos de sf la miseria y· la cólera! ¡Eso se llama no caer en el más asqueroso materialismo!
¿Qué han hecho para probar siquiera un poco de inteligencia los hombres de guerra? Nada. ¿Qué han inventado? Cañones y fusilería náda más.
¿No ha hecho m,ís en favor del hombre el inventor de
la carretilla, con la sencilla y práctica idea de ajustar una
rueda á dos palos, que el inventor de las fortificaciones
modernas?
¿Qué nos queda de Grecia? Libros y mármoles, ¿Es
grande por haber vencido ó por haber producido?
¿Acaso la invasión de los persas le impidió caer en el
más asqueroso materialismo?
¿Fueron las invasio11es de los bárbatos las que salvaron
y regeneraron á Roma?
¿Continuó por acaso Napoleón I el gran movimiento intelectual que comenzaron los filósofos al finalizar el siglo
pasado?
·
Sí, sí; ya que los Gobiernos se arrogan de tal modo el
derecho de muerte sobre los pueblos, nada de particular
hay en que á ve~s los pueblos se arroguen el derecho de
muerte sobre los Gobiernos.
Se defienden, están en la razón. Nadie tiene el derecho
absoluto de gobernará los demás. Sólo puede ha&lt;:t!rse en
bien de aquellos á quienes se dirige. Sea quien fuer.i el
que gobierne, tie11e el mismo deber de evitar la guerra
que el capitán de un buque el de evitar el naufragio.
Cuando un capitán ha perdido su nave, es juzgauo y
~onden~do si se le reconoce culpable de negligencia ó de
rncapacidad.
¿Por qué no juzgar á los Gobiernos que declaran una
guerra? Si los pueblos lo comprendiesen; si ellos mismos
hiciesen justicia de los poderes mortíferos; si se ne¡m11en
á dejarse matar sin ra1.6n; si empleasen sus armas contra
aquellos que se las dieron para matar, aquel día haoría
muerto la guerm...... ¡Pero ese día no hade llegar!
G. deM.

EL THREE FRIENDS.

�DOMINGO 1'&gt; t'E ENERO DE 1897

RL MUNDO
20

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EL MUNDO

DOMINGO 10 DE ENERO DE 1Sg7

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(V6aac el Articulo ralatlvo.)

�DotllNGo·,o DE E"t!·t&gt;· OE i8sn

EL MUNDO

22

DOMINGO

EL SPORT DE MODA:
1

DAMAS FLORETISTAS.

Hace pocos años aún el
Bp&lt;rrt en México era algo exótico de lo que tales y c~a~es
individuos que habían via¡ado por Europa, tenían sólo
noticia. Viósele después con
•.
cierta prevención, como tarea de desocupados, impropia de gente seria. I.a prevención y el desagrado aumentaron cuando el entusiasmo por los diversos ~jercicios deportivos extendió su
esfera de acción á las mujeres, y los moralistas adustos
y-los teorizantes rígidos lanzaron su anatema ,sobre las
jóvenes que con el apasi~namiento de la edad y cautivadas por la hermosura de los
ejercicios físicos, dedicáronse ó. ellos. .
.
.
Hubo qU1en ¡uzgase mcompatible la delicadeza y
recato de una seíiorita con
su dedicación á los pasatiempos deportivos Y. la despe~tiva palabra manmacho salió
de'muchos labios que se plegaban desdeñosamente.
Han variado los tiempos
desde entonces. Em.pezóse
por pensar que dadas las ac--·"'=::A•
tuales condiciones físicas de
~
~
las razas, de la latina sobre
todo, que es la última flora~~
ción pomposa de una rama
próxima á marchitarse, era
-mdispensable para restablecer el roto equilibrio entre el
sister¡my la parte moral, la
regresión á aquellas hermosas costumbres de los antiguos que daban al César lo
que es del César y á Dios lo
que es de Dios, es decir, su
adecuado pasto al intelecto y
su pasto no menos adecuado
al cuerpo cuyas energías acrecían los juegos atléticos
en el glurioso curso de las
heroicas olimpiadas. Fueron
aquellas razas duras á la adversidad y á la lucha, y así
potentes para &lt;'~grimir las
armas en la batalla como para contender en la liza de las
escuelas filosófiras.
I.a fuerza, la belleza de la
forma, las ciencins metafísicas y las ciencias natµra!es
fueron, con la pot&gt;sía línea
y el poema grandioso, sus
cultos, y no descuidando ni
el justo tributo al espíritu
ni el justo tributo á la materia, conservaron la sana
alegría de vivir, de sentirse inteligentos y ágiles, alegrfa
que ,y,n•t!~·1.ye u~o de los más hermosos dones de Dios y
que después perdieron los humanos.
Más substituyó el Dios de sacrifüio y abnegación á los
alegres dioses del Olimpo enamorados de la plástica, que
apuraban con sus divinas cónyuges el rico jugo de las vifías en los banquetes célicos. Predicaban los sacerdotes
el advenimiento y el reinado de un Dios lleno de dolores,
muerto en la cruz, al cual debía imitarse, y la alegría
emigró de la tierra y al hambre .de vigor substituyó el
hambre de penitencia. Empero la guerra siguió siendo
la ocupaci6n predilecta de los pueblos; se peleaba por un
ideal nuevo, pero se peleaba en fin y los penosos ejercicios que las grandes bregas épicas exigfan, continuaban
vigorizando los cuerpos, continuaban criando atletas. Llegó empero un día en que Ja faz de las cosas volvió á cambiar. La ávidez del placer se apoderaba más que nunca
de los ánimos, la literatura aguijoneaba las imaginaciones, la orgía mataba las virilidades y una reina pálida,
una triste desconocida, la Neurosis, extendía por doquiera su f(inebre imperio. A la moda de ser fuerte substituyó la moda de ser debil, de languidecer el~ntemente
y hubo lozanas hembras que recurriesen al vrnagre para
atenuar los frescos colores de su tez y que anhelasen la
tisis como aristocriítico desenlace de una vida valetuciinaria de palpitante actualidad.
Nuestra generación es hija de esa generación que se
-desesperó con \Verther, que blasfemó con Don Juan, que
se embriagó con Musset y lloró :ficticios dolores con Espronceda. Nuestro&amp; padres y abuelos derrocharon la herencia de salud y de vigor que les cupiera en suerte, y como en la vía del derroche nadie se detiene, dilapidaron
también la nuestra y henos aquí á los latinos vueltos
unos mezquinos seres, cuyo cerebro at-0rmenta la anemia,
cuyos nervios azota la neurosis, cuyo estómago mata, la
dispepsia: míseros legatarios de unos capitalistas que hicieron derroche de la herencia de centenares de genera,.
ciones...... Henos aquí, hombres impotente~, mujeres
anémicas, procreando para dar al mundo un continuente
impuro de mezquinos -seres......
ºI.a considerarión de tal miseria debía acabar por influir en los animos y lo consiguió: el único remedio esta. ba en el ejercicio fícico, en respetar de nuevo los fueros
de la naturaleza y los moralistas austeros acabaron por
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Es reina del mundo. Sin perder su belleza ha conquistado
la fuerza; b:i.jo S? enagüilla
negra a van za hrpierna firme,
y bajo su~ hombreras los brazos redondos se extienden
potentes.
Aun no se ha desvanecido
en sus labios la sonrisa que
saluda, aparece una morena
. vestida de la misma suerte é
igualmente esbelta y gallarda, y el a."alt-0 da principio
con el encantador preliminar
de la m1m1lla. Manos fuer~
tes son las que i;;ostienen l~s
aceros, q ne ya avanzan, ya se
inclinan, ya se levantan, ya
culebrean como centellas, ya
chocan chispeando. Por los
rostros corre el sndor, brillan
los ojos, el rosaestallaen las
mejillas y en los labios.
.
Hay en rededorungrans1lencio alte:rado sólo por el
chasquido de lashojasdeaceero ó por el «tuu,che» pronunciado breve y secamente por
alguna de las contendientes ........ .
Cuando después de saludarse clavan sus floretes en
tierra, es uno é indescriptible
el ¡hurra! que cien bocas rosadas de espectadoras lanzan
al-viento.
Las dos divinas amazonas
desaparecen tras el pesado
purtie:r y las substituye una
más, sola, sonriente como
ellas. Esta entrégase á ejercicios de florete y á gimnasias diversas con no menos
atingencia y brío. Clava la
punta de su acero en el blanco movil, alardea de firmeza de pulso y á cada triunfo
saluda.
Y surge la contendiente
mefistofélica, vestida de rojo retador, que lidia con ella
y que tras poderosos asaltos
reposa olímpica con la espada en la diestra, y á ambas
reemplazan dos nuevas luchadoras que, disputándose
el premio de la fuerza, se agitan sin descanso hasta que
rueda una, vencida, á los pies
de la otra..... ... .

*

EL "SPORT" DE MODA.- Tregua.

deponer el ceño adusto, y el sport visto antes de reojo
penetró triunfante en las costumbres.
A la amazona gallarda que paseaba su anemia por las
alamedas en alas de un brioso troton, substituyó la ciclista esbelta, enemiga del reposo. Vino con esta la patinadora ágil y donairosa, asomó después la miembro de un
club atlético y llegó por último la esgrimidóra. El hombre que habfa ya recorrido estas etapas, enamorado nuevamente de los colores sanos y de las formas robustas,
tendió la mano á la compañera de su vida y la ayudó á
iniciarse en la gran vía de la regeneración.
Y ahora........ .
El invierno llega envuelto en sn jaique de brumas,
blanqueando prados y matando savias y hojas ........ .
Mas no veréis por eso á la elegante señorita, hundida
en somnolencia vaga en el tibio rinconcito del budoir.
Mas que buscarla ahí para el /t'/e á téte confidencial que
cuchichéa entre sorbo y sorbo de té, venid conmigo, lectores, y os mostraré un espectáculo del todo nuevo y cautivador.
Dónde eetamos?
En México, en Paris, en Nueva York.?
Pschel Qué importa! Donde querais.
Es un salón espléndidamente :.luminado. A lo largo
de un muro corre una ancha cinta de madera, especie de
plataforma que deja una zona paralela donde hay alineados numerosos asientos ocupados todos por encantadoras
damas.
En los muros, grandes trofeos de armas rutilantes. En
sitio preferente del fondo del salón un estrado para jueces con faldas, y cerca de él una puertecilla velada por
elegante portier.
Vibra agudo un timbre y el po11ier se le,·ant.a y una
j6ven alta, divinamente esbelta, vi~tienclo sencillo pero
hermoso traje de esgrimidor-a, avanza y se coloca enmedio de la plataforma sonriendo bajo la rejilla de su visera á los aplausos entusiastas de la concurrencia. No esya
la anámica marquesita á quien el melenudo doctor del
ano de 30 recetaba reconstituyentes. Es una rozmro.nte
rubia, á través de cuyo peto blanco en el que se d~taca
un corazón, late el de carne, -pletórico de vida. Calza
guante mullido de asalto, amplia manopla que arroja al
suelo con garbo. Quítase la VIsera y sonríe complacida.

**
¡,Fantástico'?
No por cierto, lectoras
mías; la esgrima gana terreno entre el btlllo sexo, y en
México mismo hay en la actualidad hermorns y distinguidas damas que son sus
devotas.
Por lo demás ( y esto os lo
digo confidencialmente) no
sólo fortifica, no sólo vigoriza y distrae...... es enemigo
de la obesidad, como podéis verlo por las siguientes líneas de una pluma verídica, que he separado para vosotras:
Jacquarina, la famosa profesora de florete y sable, en
uno de los clubs atléticos de Chicago, dice que cualquiera
mujer gorda que quiera perder la obesidad, no tiene más
que dedicarse á la práctica de la esgrima.
La simpática tiradora es esbelta, bien formada, no parece pesar más de 140 libras, y sin embargo, pesa 193.
Nada le produce cansancio, nunca ha temdo un dolor
de cabeza; su cutis tiene la suavidad de la seda y la blancura del mármol, y sus mejillas están teñidas de suave·
carmín.
Jacquarina nació en la Baja California, y desde muy
nifla gustó de los placeres del sport. Ha tomado parte en,
muchos asaltos con muy buenos tiradores, y la Yictoria
ha estado siempre de su parte.
Actualmente se prepara para un asalto con el capiMn
Javier Orlofsky, excelente tirador del ejército ruso, siendo la apuesta de mil pesos.
-l;a e ~ es el mejor ejercicio para la mujer-dice
Jacquarina-y dedicándose á ese género de .~p&lt;1rt, se evita
la mala conformación del pecho ó de la espalda. Lá esgrima hace á la mujer graciosa, bien formada, sana y elegante; hace la respiración fácil y evita las desagradables
arrugas que algunas veces aparecen en la boca y en la nariz. Una mujer que tira el florete, economiza seguramente dinero en polvo y colorete. En una ocasión visité una
escuela donde había 300 muchachas, todos las cuales se·
dedicaban al ejercicio de la esgrima. Ni una sola de aquellas jóvenes tenía el semblante pálido ó los ojos tristes.
Todas tenían muy buen color; estaban muy robustas; en
:fin, rebosaban salud.
Cuando cumplí nueve años-continuó Jaoqnarina-estaba yo tnuy delg.ada, muy pálida, parecía que estaba yo
amenazada de tísis. Los médicos recomendaron á mi madre que me mandara al Sur, á pasar el ill\'ierno · pero mamá dJjo que nó; que con ~ esgrima me iba á 'curar. Y
efect1vamente, antes de seIS meses estaba yo en vías de
restablecimi!lnto. Mire usted, tiente aquí, no le dé pena_
Tpda soy musculos, y por más que usted quiera no podr,í darme un pellisco.
'
Miss .Jacquarina tiene una academia para señoritas, á.

•

10

DE ENE.~R=O~D:E~•:_:8::9!7========,;===========E;,,,L=M=U=N=Il0
=~======="==================:a
=3~

Al darse cuenta de esta
particularidad, se retira,
miray sonríe......
.
La herida que habíá
besado, inocente, era, vista á travéz de las transparencias de la camisa, la rosa tinta del seno de Marieta..... .

h-::--"=

• 1

¡_

}~':I-

•. ,,:·~\ ~;~ ~ 't. ~- .

-....ot-

Una

cueatión impor•
tante.

El doctor Audiffreut,
uno de los continuadores
de Augusto Comte, ha
consagrado al desarme
universal un estudio interesante. Un periódico
de San Petersburgo no
vacila en asociarse sin
restricciones á la idea de
la neutralización de Alsa...
cia-Lorena.
.Ese periódico admite
r:, "'
con el Doctor Audifftent
; ,~
:; .....
que al estudiar los antece,''ff:_..." ~
dentes hisóricos y las cos' .. ~· ¡~) ;;. ,,
tumbres de los pueblos
anexados á Prusia en 1817,
~~";-1-~:;....
se ve claramente que Alsacia ha sido siempre una
de estas pequeñas nacio- .........-~-....
nalidades con caracter
acentuado y vida propia.
bi-las -necesidades- defensiYas que presidieron
~~
·'
"
""i""
á la form!lción de los gran......-- J;.,,.,.
des Estados han impedi....
ho á veces el respeto á la
autonomía de las peque,
\.--~ .,. :.
íias nacionalidades, tal
·.'/,\''!.----vez ~ea llegado el tiempo
en que la conveniencia general vea en ese mismo
f~respetó la garantía de una
paz duradera.
Así se llegaría á suprimir en la política europea
• ' ... h•-••, , .•,;,r, ... ,.,., •~" ,..., ..
un factor de ininteligen,
cías y odios y·nna fuente
EL "SPORT" DE, MODA.-En guardia.
perenne de conflictos internacionales..
Es indudablemente un síntoma que verán con buenos
la que asisten más de 50 jóvenes de la mejor sociedad de
Chicago.
ojos los hombres de progreso, la difusión y la aceptación
La simpáticafeacing mistre.qs, dice que vale más un mes generalizada caba vez más de estas ideas antes considerade esgrima, que cien botellas de Emulsión de Scott.
das como paradojales y absurdas.
~

r~

.

~~:-;

•

rante 160 6 180 añ~ nos ha tenido engañados como á mi•
serables chinos.
Dijo y afirmó el célebre escritor francés que el elefante
no reproducía mientras estaba cautivo, y ahora salimos
con que una seil.ora elefantina, que no tenía mucha más.
libertad que la que gozan las oposiciont&gt;s en ciertas provincias de ciertos países, y algunos periodistas independientes de otras ciertas localidades rurales, ha dado á luz
un pelón, y digo pelón, porque, según he sabido, el E!lefante es en los paquidermos casi lo que el célebre Cristmo
Marto¡¡ era en la raza de los de¡¡cendi.:ntes de Adan, un
barbilatt1piil.o.
No he de ocuparme, ciertamente de los usos y costumbres de estos apreciables paquidermos, por más que
su vida pacífica y honrada lo mereciese, y much9; no:
este no es un párrafo de Historia Natural, ni á mis lectores les interesaría mayormente el que yo les contase lo
que de sobra olvidado tendrán, respecto á ese animal que
si en la antigüedad fué casi un semi-dios, hoy sirve para
que con sus defensas nos entretengamos, eehando unas
carambolas y haciendo un casin.
Quiero, unicamerite, apoyándome en un artículo que
encuentro en La Nature, desvirtuar la opinión erónea del
primero de-los naturalistas franceses y volver por la reputación y dignidad de nombre del elefante, que lo IDÍs,.
mo en la soledad de los bosques como emnedio del bullicio de las ciudades, cumple con ~l precepto evangélico:
crescite el multiplicamini.
.
·
¡Pues no faltaría mas, sinó que la dura suerte del cautiverio le obligase á perder su nombre, á extinguir su raza teniendo que pasar á la historia como ha p~ado el
megaterio y oros animales prehistóricos: en calidad de
estampa zoológica,
.Dnm lex sed lea:: Dios lo creó, Noé lo recoleccionó, y el
paquidermo sigue cumpliendo á mara.villa su ruisión.

~f.;~::

_M&lt;#""

···i;f
f

MUERTE DE UN NIKO PRECOZ.

.••

.

*

**
¿Ya lo veis?
Valía la pena de que EL MUNDO os ofreciera. los hermosos grabados que encuadran estas lineas y ahora, para
concluir, ahí va un primoroso cuentecillo de Catulo Méndes que parece escrito para remate de notas como las
pnlsentes:
Y resolvieron, 1.1arieta y Mariana, terminar la querella
con un duelo ,í muerte. ·
La situación era por demás insostenible.
Puesto que el amado no quería renunciar ni á la una ni
,í la otra. (¡Oh! cuánto le elogio y le envidio...... ) y puesto que no· podían resigna~e á la cruel compartición, lo
mejor era recurrir á un término sangriento.
A )Iariana ó á l\farieta pertenecería por entero el viudo de Marieta ó Mariana.
¡Todo está acordado! ¡Armas, el florete! ¿Sitio? este
mismo bud&amp;ir; testigo, la Providencia; y por padrinos,
las imágenes de las dos combatientes reproducidas en los
efpejos de Venecia, enguirnaldados de verdes ramas donde se ven las colombinas besar las máscaras de arlequín.
J◄:n un instante estuvieron desvestidas.
Mariana no conservaba más que su fina camisa de Alenzón y su pantalón de seda azul.
En guardia....... .
Las hermosas combatientaa se consideraron antes de
cruzar los aceros, y se encontraron, con los hombros y
brazos desnudos, bellas, deliciosamente seductoras!
¡Oh! y una de ellas, dentro de un momento, estaría
eonyertida en forma inerte y fría, á la que ni aun los besos harían estremecer!!
A causa de su misma belleza, la rabia les llenaba el corazón, aunque menos violenta en Mariana, que admirando ·í su adversario reflejaba en sus ojos la ternura.
Eu guardia..... .
Cruzados los hierros, el combate empezó feroz, encarnizado, encantador.
L,,s diIDÍnutos pies calzados con elegantes pantuflas
golpeaban el tapiz.
Los inflamentos producidos por el aire exageraban la
anchura de los pantalonee.
Los brazos de nieve y rosa se tenq.ían, y el resoplido
de las gargantas anhelantes se oía.
¡}1ari:ma lanzó un grito!
Había creído ver sangre en el pecho de su rival.
:--in duda la había herido: matado tal vez..... .
Lanzando el armase precipitó sobre Marieta, y llena
de arrt&gt;pentimiento se puso á besar, llorando, la herida
qué había ocasíonado.
Puede ser pensase ella,_á causa de ciertos recuerdos de
lectura,. que cu.raría_á..su víctima, aspirando-Ja ·sangre de
lá herida!
Y su creencia en la eficacia ael -remedio ~robu...c:t.ecía
ar obse:rvarque.. Mari.eta ·áét.ualmente parecía no experin,entar dolor alguno, respirando á gusto, un poco
fuerte.
U na cosa sola sorprendía á Mariana, y era el no sentir
bajo sus labios la humedad de la sangre.

Procreación del Elef"ante,
¿De quién va á fiarse uno, ei hasta los príncipes de la
ciencia nos engañan?
Buffon, con Plinio el joven y Linneo, es el naturalista que con más renombre ha pasado á la historia, y du-

No ha muchos días falleció en Springfield (Illinois,)
E. U., un niñito, hijo de los esposos Tilson. Este niflo.era nn prodigio. Aunque-no tenía sino 16 meses su
estatura era de tres pies ingleses, y su peso de 57 libras y
ya sabía hablar.
ERRORES EN LOS 00:IIPUTOS.

El cósto del canal de Manchester se calcul6 en. ···••d·
$28. 750,000, pero se habían gastado cerca de $80.000,000
antes de que estuviera listo para utilizarse.
La comisión internacional informó en 1856 que el costo del canal de de Suez no pasaría de40,000,000; pero había costado cerca de $94.500,000 sin contar la construcción gratuita por el Kedive de Egipto, de Faros, la limpieza de puertos, dinero adelantado sin devengar interés,
y donativo de trabajadores forzados, que por todo montó á $20,000,000 más. Los ingenieros estuvieron un año
entero recogiendo datos para su informe sobre el ferrocarril en el Congo, (Africa). Dijeron 9.ue se podría C'Onstruir la lfnea por $ ó.000,000. Ahora dicen que se necesitará de 12.000,000 á 15,000.000.
Los equivocados cálculos sobre el costo.
del canal de Panamá,
por poco hacen fracasar la empresa antes
de que el robo por mayor completara su ruina. Las fortalezas del
río Meuse, :gresupuestadas en $4.500,000,
costaron más del triple de esa cantidad.
El canal de Corinto
'Í J
costó $12.000,000 en
I /'
vez de los $ 6.000,600
!
que se había tenido
·'
por suficientes para el
caso. Un puerto y 1m
camino de hierroen la
\
isla de la Reunión consumieron $13.000,000,
cuando el costo se hab r.Qa ocultado en
$6.800,000. El ferrocarril del Senegal que
debía completarse por
$ 2.600,000, absorvió
$9.000,000, y el otro de
Langson en .Tonquin,
Asia, que no debía de
pasar de medio IDÍllon de pesos, costó
á la Tesorería de Francia $4.367,790.

\

.

:':¡;~

..

EL" SPORT" DE MODA.- Vencida!

Las setent.a. y dos razas que habitan el
mundo se comunican
en 3004 lenguas diferentes, y profesan como 1000 religiones. El
número de hombres y
mujeres es casi igual,
y su longevidad media
de 38 años; como una.
tercera parte de la población muere antes,
de alcanzar 17 años.

�DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

==

~a apctecsis de $aralt {@Hnltardt.

&amp;l Jtom~no_ge ae los poetas.
El Brindis de Victoriano Sardou. (Véa~e el artículo relativo)

25

�EL MUNDO

DOMINGO 10 DE ENERO DE 18971

sobre su lira. La araña como una mmensa ploco; multitud de zancudas costado
mada de cristal se descolgaba largamente .del techo, y
de espigados tarsos salta- cada
vez que u~ carruaje estremecía el salón con su esban locamente persi- candalt
,so rodar sobre las piedras de la calle, interrumpía
guiendo langostas de río; el
silencio con el tintineo de sus prismas ~onoros..El r~una nube de pajaritos de
Pleyel, abierta su bocaza !1e made~, reíasm rm~ua se abatía sobre los quísimo
ribazos ó erraba á flor do haciendo ju~ar sobre su 1 ~ hilera de dientes ese átomo de luz que siempre existe disuelto en t&lt;?da &lt;:bscur~dad.
de agua en vuelo sesgado Parecía
una inmensa cabeza de hptentote nsueno. Le3anos
y raudo, y esparcidas al relojes daban
campanadas cuyos ecos se colaban por lasaca.so, como flores vivas junturas de puertas
ventanas, y resbalando sobre la alde la fauna acuátil, estó- fombra de Bruselas X
iban á perderse en las demás habitalidas y pensativas, er.
guíanse á lo lejos las gar- ciones. Luego...... nuevamente el silencio.
Dieron las tres, y una de las puertas se entreabrió y pezas de cuello enhiesto y netró
en el salón una sombra, lentamente, arrastrándoselírico, garzas blancas, garzas azules, gartas rosa- como un gnomo curioso que camina con precauci6n para
das, garzas morenas de no hacer ruido. Subió al piano, y caminando .sobre el tedelicioso tono plombagi- clado, P,rodujo una escala im~rlec~·t;, Probableme~tt: le
no, todas hermosas, indo- disgustó al gnomo su poca disposic10n para la mus1ca,
porque inmediatamente se .alejó y fué á esconderse á un&lt;&gt;
lentes y solitarias.
En el cielo nublado es- de los sillones.
Poco después se estremeció el aire encajonado del salón.
plendía una encantadora
semi-luz de luna. Las nu- con unos ruidos extraños que venían del sitio en que sebes desenrollaban hasta había ocultado el gnomo: un frou-frou constante y desesel in finito su ropaje de li- perado, sollozos ahogados, gritos de dolor que se revolno gris, y la claridad hi- vían en un gruñido sordo. Se hubiera creído que el gnoperbórea daba una seme- mo, herido de muerte, se revolcaba sobre la seda en una
janza de ensueño al pai- agonía lenta y dolorosa.
Dante hundió su mirada de águila en la obscuridad y
saje. El golpe del ala del
viento fresco deshebraba Petra.rea levantó la cabeza; pero no se veía nada. El silos rizos hechiceros de las llón estaba á sus espaldas, y en la imposibilidad de ver,
jarochas y la contempla- volvieron á su actitud meditabunda.
En la habitación· contigua una muchacha, rubia como
ción había dado á sus ojos
una tristeza apasionada y los trigos, estaba en un lecho adornado con angelitos,
á sus bocas bermejas una temblando de miedo. Se despertó á los gritos del pianodulce sonrisa. Su alegría mortificado con las pisadas del gnomo.
-¡Oh, Dios mío! peffsó; ladrones.
había huido. Se diría que
Y se quedó fría, inmóvil, conteniendo la respiración,
su espíritu se había inundado de la diafanidad de sin atreverse á hacer el menor movimiento para no atrae~
las aguas y su pensamien- la atención de fos ladrones. ¡Si se movía, la matarían patode la inmensidad del ra que no avisase!
De pronto llegó á sús oídos un prolongado gemido, excielo..... .
Los viajeros iban tam- tra.humano, como los que la imaginación popular supone
bién silenciosos; cada uno que salen de los labio., de las almas en pena. La mu()hase había trazado un rum- cha se estremeció, presa de indecible espanto; quiso gribo al vuelo de su imagi- tar:
-¡Abuela, abuela...... luz ...... están penando en el sanación, y embebecía sus ojos en la hermosura lle las coTRA..VESIA EN EL PAPALOA..PAM
sas sin alma, en la perenne belleza de las salvajes- ve- lón!
Pero se le ahogó la voz, movió los labios; mas la lengas Las costas cantaban el poema de la vida inconscien[De mi novela "Sangre jarocha."] te, el abrevadero de la savia y la lujuria de las fuerzas ple- gua ni la garganta quisieron obedecerla. Con los cabellos
tóricas que suben en un empuje poderoso á la cima de erizados y los ojos desmesuradamente abiertos, esperaba
Cuando me embarqu¿ en Alvarado, á bordo del Tenoya, los cocoteros y brotan como pubertad de la flora en gra- á cada segundo sentir la impresión de frialdad de una calavera que se acostara S(_)bre su misma almohada; veía en
pequeño vaporcito de río, el ciclo estaba deliciosamente nos gigantescos henchidos de agua aljofarada.
Las jarochas entrecerraban sus ojos soñolientos; inun- el aire canillas que se cruzaban, largas túnicas por cuyas,
nublado. En el embarcadero se agitaba una multitud de
boteros, jur·ando con su gracioso ceceo jarocho, embar- daban su imaginación voluble de la sensación fresca de mangas voladas salían brazos y manos óseas. Aterrorizacando fardos y pasajeros en lo:, vapores que atracaban en las brisas impregnadas de rocío, y al ir desapareciendo da se tapó la cabeza y se estuvo así, escuchando gemidosel calor sofocante de la tarde una deliciosa laxitud ener- y rodeada de horribles visiones, hasta que por el tejido deel muelle.
Cada uno fué zarpando lentamente, creciendo en velo- vaba sus cuerposJ desmayados de haber bailado toda la la sobrecama vió colarse un estirado rayito de luz matinal como un alambre de oro.
cidad á m(:dida que se alejaba, hasta doblar la rada y noche ..... .
Se diría que al reclinarse unas en las otras, fingían
desap:.uecer. Solarnent,e el TPrw1111 se había rezagado, coEran l~s seis de la mañana. Se aestapó medrosa ,aún,.
mo esperando algo. Y en efecto, una alegre banda de abandonarse al abrazo amado y descansar sobre un hom- pero poco á poco se tranquilizó: de día las ánimas en pen:mchachas bajaba ,í la playa, agitando sus chales vapo- bro joven al ritmo de la música.
na vuelven al cementerio. A las siete su abuela, una vieSúbitamente nn estremecimi"ento corre por mi espina jecita de andar ligero á pesar de sus setenta años, estaba.
rosos á semejanza de nna parvada de gallináceas blancas
dorsal y ~e produ~ frío: una de lru, jarochas, enfermiza- ya levantada y caminando por toda la casa.
que huyeran :.í. flor de agua con las alas abiertas.
Pedían por señas que el barco las esperara y llegaron mente pálida, de o¡os negros como el mal y tristes como
-Buenos días, hija, iá levantarse!
parloteando y riendo, dando las gracias al patrón por su el hastío, me mira, me mira, hondamente, lntensamente,
-Buenos días, abuelita, contestó la·linda rubia, besanamabilidad, y subiendo velozmente, sentáronse en las esplen!1orosamente, con sus ojos .de tísi~, sin pestañear, do la mano de la anciana.
·
bandas de estribor y partimo~. Y-olvían de un baile á abstrmda y soñadora, y aquellallllradarumbada de intenTenía la muchahca quince años y unos labios frescos y
Tlacotalparn y todas est11ban deliciosamente tocadas, con sas ojeras parece decirme:
rosados, bajo los ,iue había una nidada simétrica de per-¿Quién eres tú? de dónde vienes? tan joven y tan pen- las.
sus cabelleras negras 6 rubias empenachadas sobre la nu_Sus senos virginales, duros y redondos, comenzaban,
ca, ó caracoleando en crenchas sueltas por la es,palcla. Hus sativo, á dónde vas? ..... .
darla aspecto de mujer y levemente levantaban la alb a,
Y· una oleada de alegría cunde de pronto, una agitación ácamisa
trajes eran vaporosos, blancos ó de matices pálidos, y calde dormir, menos blanca que su piel suavísima.
invade el Teno¡¡a, los viajeros se aprestan á recoger sus El miedo
zaban primoro~os za.patitos de raso blanco.
y el insomnio de la pasada noche habían dejaSus manos estaban cuajadas de cintillos y en sns bra- fardos, sus cestos llenos de cocos y racimos de plátanos
una línea azulada bajo sus rasgados ojos de cielo. La•
zos lechosos y mórbidos, descubiertos ha~ta el codo, lle- una algarabía de aves que se despiertan garrulea entr; do
not(&gt; las ojeras de la doncella y se lo dijo; ella iba
vaban brazaletes de coral y dé oro. La fatiga de la carre- las jarochas, un silvidoagudo del vapor me hace volver abuela
la cabeza y miro nn puertecito pintoresco empenachado á referirla lo de las penas, pero se contuvo: sabía que su,
ra había encendidos sus palmitos casi siempre pálidos, y
se abanicaban precipitadamente con abanicos de sándalo de cocoteros, puesto en la bifurcación del 'Papaloapam y abuela se reirfa de sus miedos y no la creería ..... .
Levantóse, y después de bañarse, entró en el salón á
y palmera. Su parloteo se hizo vivaz y melodioso; contá- el San Juan ~omo u.n palomai: al marg1;11 del agua,'y sienbanse sus prisas para despedirse, sus ansias por no per- to un J?lacer mexplteable al .01r este gnto que me anuncia repasar una lección de piano ..... .
El salón estaba claro, muy claro. Grandes haces de luz.
der el vapor, y al oír algún detalle cuchicheado, sus ri- un oasis:
se precipitaban por las ventanas teatinas en el afán de pe-iTlacotalpam!
sas sonoras volaban gozosamente entre el jadear de la
netrar todos á la vez. Luego se desbandaban sobre lo&amp;
máquina que hacía rehiletear la hélice entre las olas verRuBEN 1\1. CAMPOS.
muebles haciendo brillar la seda. Los espejos se hacían
des........ .
todos ojos y, ansiosos de ver, reflejaban en las lunas veIbamos entonces á doblar la rada y contemplamos las
nencianas los buques chinos, las mesas, las chucherías
gigantes olas del Atlántico levantar estallantes copos de
que llenaban los chineros, todo, todo cuanto podía caber
nieve al chocar contra la corriente del río. \'iramos á
en sus colosales pupilas. Dante, bañado en esa inundación,
babor y apenas pude ver los buques que nos habían prede luz que daba tintes y brillores amarillentos á su gran
cedido, perderse como pequeñitos pájaros de mar que se
túnica de bronce, continuaba en su actitud hierática, con
zambulleran en las aguas.
el índice recostado en su labio inferior, y Petrarca se preLa brisa errante del mar acariciaba mi cabeza que haparaba á tañer la lira. Sobre los cuadros de las paredes,
bía descubierto, y me eché á soñar en medio de las risobre las alfombras y los muebles celebraban la fiesta de·
sa.'! de las jarochas........ .
La vegetación iba acumulándose prodigiosamente en
la luz, la apoteosis del Sol, una infinidad de espectrillos
las márgenes anchurosas, y la lujosa flora de la tierra casolares despedidos de los irisados prismas de la araña,
liente abría su palacio encantado de selvas vírgenes esque revoloteaban inquietos como alegres pajecillos de
MIEDOS.
trelladas de flores. Los cocoteros erguían sus pebeteros
Febo vestidos con túnicas policr6micas, en tanto que el
desmayados de savia, los plátanos salvajes bebían la vipiano, con la risa congelada, dejaba juguetear francamenda y la desplegaban en radiados alfanges.verdes, y la mute sobre sus dientes de marfil la luz que se precipitaba dechedumbre de lianas que abrazaban locamente los tronEl sa16n estaba obscuro, las ventana ..... .
cos de millares de árboles desconocidos v verdehermosoe
muy obscuro. Los espejos
Entró la rubia con la cabecita despeinada y humeda,
,
semej~n~o su ramaje la malla !mpenefra~le hilada po~
cegados por la obscuridad de la que caía sobre sus espaldas una muda catarata de·
los ar.1cmdos, danzaban en el viento, meciendo sus guirno reflejaban en sus colosa- oro. Había olvidado ya sus terrores y sólo pensaba en, .
naldas floridas como hamacas flotantes en que durmieran
les pupilas los buqes chinos repasar su lección: una linda melodía de Godefroy, que
las hadas del hechicero río.
de marfil, los dorados mue- debía saber á las once, cuando viniera el profesor. Se·
Las olas irisadas de luz fosforescente rielaban en pebles, las sedosas cortinas
sentó en el banquillo de altura variable recorrió el teclaqueñas escamas doradas y plateadas, como ramificaciones
ni las caprichosas licorera~ do y comenzó á brotar del marfil un rau'.dal de armcmías•
centelleantes que corrieran sobre un haz de luz verde y
y chucherías que adorna- encantadoras. ¡Oh! el hotentote estaba contentísimo, y·
·, ·~
se espaciaban, se multiplicaban en innúmeras trasfordiaban los chineros.
al sentir la caricia de esos blancos dedos diminutos y ágiciones hasta lamer los estrechos ribazos de lég-amo negro
En la puerta del salón, les rompía en la más-melodiosa de sns risas.
y · ¡,&gt;
en el qne había estampadas las huellas de millares d~
como dos hujieres medioe.-¡:Miau! ¡miau! ~yó la rubia á sus espaldas, y giró ráa,·es acu.!ticas.
vales, estaban refle:i.-ionan- pidam~nte¡ luego dió un grito de repugnancia y sorpresa,
En los girones de isletas salpicadas de nenúfares, entre
do, de pie sobre sus pedes- y corrió gritando:
~l verde brillante de las algas henc~das ?-e agua y los
tales de mármol envueltos
-¡Abuela! abuela, venga usted á. ver!. .....
Jw1cales apretados de saetas como m1eroscopicos tulares
en la ~ª8:1' .intangible de las tinieblas, Dante, ~n su actiSobre el s1llóJ_1 estaba echada una gata dirigiendo ií to-corrían la~ 7,arc('t:1s grises y los mirasoles de buche blan~ tud h1eratica! con el dedo sobre los labios, y Pctr.m.:a redas partes la mirada de sus redondos ojazos amarillos-

-·~~

EL MUNDO

DOMINGO .10 DE ENERO DE ,897
· = == = == = = = ==

Tres gatitos con los ojos
cerrados; grises, cabezones, estaban prendidos por
el hociqtúllo rosáceo de las
hinchadas ubres de la ::llirriña.
Regresó la rubia con su
abuela y una sirvienta. La
señora refunfuñó, riñó á
la !,,1irril1a por sucia y sin
vergüenza, como si la gata
pudiera comprenderla; la
amenazó con arrojarle los
hijos á la alcantarilla, y á
punto seguido la buena
viejecita ordenó ií la sirvienta que la llevara á otro
cuarto, con sillón y todo,
para que no se maltrataran
los hijuelos. El lujoso
asiento de valiosa seda y
talladuras trabajosas sirvió en adelante de lecho mullido
á la ::lfirriña.
Sigui6 la doncella tocando su melodía de Godefroy,
después del incidente. De pronto, la idea de la gata se
asoció al recuerdo de las penas y terrores que no la dejaron
dormir: entonces se sonrió, y dos hileras de perlas se reflejaron en la charolada caja del piano,
CLEME.l;TE p .AL..'1A.

·=---=-~

na con gran exactitud y fría cortesía, pero sin cólera y
sin denuestos.
Los·seis desgraciados que la suerte había señalado, fueron entrl!gados á las cinco de la tarde y encerrados en la
sala de la escuela, en el piso bajo de laalcald:a.
El oficial prusiano autorizó al Cura para q ue les llevase
los consuelos de la Religión. -Tenían las manos atadas ,í
la espalda, y una misma cuerda unía los piés de todos.
· El sacerdote encontró á todos aquellos hombres en tal
estado de postr-aci6n, que apenas comprendían sus palabras.
Dos de ellos parecían sin sentido, otro era presa de la
fiebre y de delirio. Al extremo de la cuerda, con la cabeza erguida y serena en apariencia, había un hombre de
cuarenta años, y padre de cinco uilios, de los que· era el
t1nico sostén.
Al principio escuchó cort resignación las :palabras del
sacerdote, pero desesperado luego, prorrumpió en las más
horribles imprecaciones.
)laldecía ,i la naturaleza entera, lloraba por sus hijo~,
que quedaban expuestos ,í la mendicidad y tal vez á la
muerte. Entonces quería que sus cinco hijos fueran entregados con él ,í. los prusianos: y con risa sarcástica exclamaba: "Si señor, fué Bernardo, el chiquitín de tres
ruios el que disparó contra esos miserables."
Todos los esfuerzos del sacerdote fueron inútiles para
llevar la paz al alma de aquel pobre desesperado. El Cura sali6 y marchó lentamente hácia el reten donde se encontraba el oficial. Este fumaba en una gran pipa de por-

~l Cnra le había !)amado la atenció.n. El capitán le ex¡¡&gt;hcó la cosa, que no pareció al supsrior tan natural e•n 110
a su subordinado. lfand&amp; su~peuder la ejecución, y &lt;lirigiú una información al general. liste hizo comparecer al
1:;acerdote.
La explicaoi6n fué corta, el general era un hombre de
corazón, que lo comprendió todo, y dijo al Cura: "Señor,
yo no puedo ·hacer una excepción , en favor de usted, v
~in enbargo, no quiero que. .usted muera. Váyase, y digi\
á sus feligreses que por usted perdono á todos. Pero que
sea la primera y última yez." .
Cuando el Cura Sklió, dijo. el general á loe oficiales testigos de e8ta escen1t: 'fSi todos los franceses tuvieran el
cora.zón de es~ senciHo sace:ttdote, no . permaneceríamos
mucho tiempo del lado acá del Rhin."
'
.Gi-; XIIIUI. AMllERT.

«El amor es el sublime arquitecto de la naturaleza."
Sin embargo, los monumeJJtos que eleva á la felicidad,
raras veces resisten í1 los vendavales del tédio ó de la in~
constancia.
~ . . . ~~~ . . ..R..,i¡"!t.d2b

LAS IDEAS.

EL CURA DE HORTIES.

un· terriblf' romb~te se libraba á algunas leguas del pm blo de llorties: el ruido Jlpgaba
confusamente, Aobresaltando á todo ser viviente. La metralla desgarraba el aire, el cañón
despertába los ecos, y en lontananza se distinguían las humareda~ de pólvora.
El cura estaba en la iglesia rogando por la
patria.
A sn alrededor, con la frente en tierra y p,ílidos de terror, se encontraban los vecinos, pidiéndole á Dios que los protegiera.
El ruido. de los clarines y trompetas se oyó
al mismo tiempo que algunas sombras alemanaR se deslizaban por el valle corriendo á la
batalla.
f;u número era grande, y precipitaban el
paso para llegará. tiempo.
L.os alemanes querían tener su parte de presa. ya que llevaban hierro y bronce para destrn ir ií los franceses.
8u:3 soldado~ eran ya tres ~ontra uno y era
preciso ser mas numerosos aun.
Antes de entrar en el círculo de fuego, reunieron todas sus fuerzas, haciendo alto en la
encrucijada de Chataigáiers.
Una línea de centinelas protegía un descan,o que debía ser corto.
· Por muy pr6ximos que estuvieron estos centinelas, no pudieron impedir que dos jóvenes
f'C aproximaran entre los matorrales acercándose sigilosamente, y tirasen sobre los alemane~.
:4onaron cuatro tiros, y se vió á dos jóvenes
h1.1ir como venados y meterse en un campo de
trnro.
Yeinte balas silbaron á sns oídos; perouo se
halló en la tierra ni una mancha de sangre.
~fochas vec:es en su fuga fueron vistos; pero
eran m_uy jóvenes, ágiles y valientes, y lograron huir.
Debemos añadir que tiraban hábilmente,
porque tres prusianos rodaron por el suelo heridos en el pecho, la cuarta bala fué á coronar
el ,íguila de dos cabezas que adornaban la placa de un casco oficial.
-Escopetas de caza de dos tiros, dijo el
oficial.
F.ntonces un destacamento de soldados alemanes se
diri.~ó al pueblo; al entrar cogieron á los primeros seis
vecinos y los llevaron á la alcaldía. El jefe del destacamento dijo al Alcalde:
-\sted es la primera autor~dad, y vengo en nombre
de m1 augusto soberano á decirle que han sido muertos
a\gunoe alem3nee cerca de este pueblo, y siendo sus hab1ta ntes los más cercanos al lugar del suceso ellos son
re;.ponsables. Es preciso, pues, que se nos entreguen los
culpables, y si no, seis vecmos serán fusilados. Dad vuestras .órdenes, qne yo esperaré hasta mañana á las once.
J?eb1endo tener lugar la ejecncióh al medio día, no hay
• hemJ:?~ que perder; entretanto, el :pueblo quedar,í ocupado-rmhtarmente, y guardará los seis rehenes.
Imposible es pintar la desolación .d e la pobre gente del
pueblo.
, Las m.ujeres gritaban desesperadas, los hombres quenan !:1U1r, pero los alema1;1es guardaban las avenidas.
Reumérouse todos los vecmos y convinieron que la
-snerte sefialara las víctimas.
'
Los que habían disparad&lt;&gt; contra los alemanes no pertenecían al pueblo, seguían la columna prusiana para escog~r el mo!"llento favorable. ¡Puede que su padre hubiera e1do asesmado, su madre hubiera muerto de dolor ó
su casa incendiada!
'
. rasó aquel ala entre diecusionelf; gemidos y desesperac1on.
El Alca~de, el CJ_ura M:. Gerl, y dos a_ncianos más, ya
octogenanos, suplicaron en vano al oficial prusiano que
perdonase; se le probo que los del pueblo no habían tomado parteen aquella traición; las mujeresllorabanásus
piés. Todo fué inútil, El Cl\pitán hacía ejecutar la consig-

,

Srita. Agustina Larrañaga ( de Oaxaca ).

celana. Escuchó al Cura sin interrumpirle, dejando entretanto escapm· de sus labios ligeras b&lt;&gt;&lt;:anadas de humo.
-Señor capitán, dijo el Cura, se les ha entregado á ustedes seis rehenes que dentro de pocas horas serán fusilados. ~inguno de ellos ha tirado sobre vuestros soldados.
Habiéndose escapado los culpables, vuestro fin no es más
qne presentar un escarmiento :í los habitantes de otras
localidades. Poco les importa, pues, fusilará Pedro ó á
Pablo ó á Juan, Además, que cuanto más conocida sea la
víctima, m~s saluda_ble será el ejemplo. Vengo, pues, en
consecuencia, á pedir á usted el favor de que me permita
ocupar el lugar de nn pobre padre_de familia, cuya muertehundiráen lamisJria á cinco niños. El y y,, somos inocentes, pero mi muerte aprovechará mas que la suya.
-Bueno, dijo el oficial.
Cuatro soldados condujeron al Cura á. la cárcel donde
fné atado con las otras víctimas.
'
El padre de los cinco niños abrazó á su Cura y corrió á
su casa para consolará sus hijos.
No pintaremos las agonías de aquella noche. Solo diremos, que cuando amaneció, el Cura había reanimado el
espíritu de sus compañeros de infortunio. E~os infelices,
antes embrutecidos por el terror, habfanse transformado
en gloriosos mártirf's sostenidos por la Fe cristiana y la
esperanza de una vida eterna.
. A las once, una escol_ta esperaba en la pnerta y los pris10neros se pusieron en marcha. El Cura iba á la cabeoera recitando el Oficio de difuntos. Por el camino los vecinos arrodillados dirigían á su pa~tor su ú.l tima mirad¡l.
Se acercaban al lul?r de laejecnción, cuando un oficial de
Estado mayor prusiano, que pasaba con sus asistentes se
detuvo.
'

Surge á veces en el llano;
Y en la loma á veces brota
Susurrando mansamente
Como de una arteria rota,
Cristalino manantial;
Mananti al ii1agotable,
Cuya linfa fresca y pura
Se desliza misteriosa
Bajo arcadas de veTdura
Como sierpe de cristal. · .
'
Dánle sombra con sus ramas
los arbustos de la orilla,
Y despiega ante sus plantas
La balsámica gramilla
Su magnífico tapiz.
Ya se vuelca en un ribazo,
Ya se arrastra en una hondura,
Y a parece desde lejos
En la faz de la llanura
)Iisteriosa cicatriz!
Pero avanza, siempre avanza,
Deja el llano, cruza el monte,
Y. al murmullo de sus pasos
Se va abriendo el horizonte
Como el velo de un altar.
Lo saluda el ave errante
Con dulcísimos gorgeos,
Y le cuenta el aura. tímida
Sus amantes devaneos
A la luz crepuscular.
La onda leve se agiganta,
Su rumor se torna en grito,
Como el pecho en que fermenta
La ansiedad del infinito,
La in~uietud del porvenir.
Y creciendo y avanzando,
El raudal se torna en río,
Y va el río tumultuoso
Impertérrito y sombrío
Con el mar á combatir.
As( nacen las ideas,
Manantiales de onda pura!
Las ideas, que no tienen
1'-1ás escudo ni armadura
Que el escudo de le fe!
Pero avanzan.silenciosas,
Se retuercen, forcejean,
Y se allanan las montañas
Y los páramós chispean
A los golpes de su pie!
ÜLEGAJUO V. AXDIUDE.

CANTARES MARINOS.

Cuando salto á tierra,
¡adiós mis ahorros!
Pues á mí, lo mismo que al barco,
me limpian los fo11do8.
VrrALAZA.

*

** las olas,
Estoy mirando
que siempre vienen y van;
Estas olas me trajeron,
no sé si me volverán.
CE= Ln:10.

***

Todo el que sin que le enseñen
quiera aprender :i rezar,
que se meta á marinero
y que corra un temporal.
FELIPE

PÉREZ Y GoNzÁLEZ.

..

�EL MUNDO
28

DOMINGO

- - - - ------~-- .. ·-

..

1

Gn ~ailio

Nomántko.

10

DE ENERO DE J897

DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

'UN "VIAJE A P ARIS.

-Papá, ya soy un hombrecito.
-Es verdad, hijo¡ ya tu padre está viejo. ¡Cómo pasan
los años!
-Papá, yo quiero ir sólo al teatro.
-Pues ve, hijo. Toma para que compres la entrada.
-Es que yo quiero que usted me diga lo que debo
bacer. Y o quiero echarla de hombre, papá.
.
-EntonceR, hijo, tienes que estar en los usos del buen
t-ono.
ÜY.e, pues, y toma mis consejos: entras de rondón, das
-el billete á la entrada; sigues á tu asiento de anfiteatro;
no te quitas el sombrero, te dás con el bastón unos cuantos golpes en la pierna; te haces el fastidiado; te levantas,
sacas un cigarro, -pides el fuego al m,l.s viejo de los concurrentes, y te fumas tu Honradez 6 tu Hidalguía con gran
desembarazo. teniendo cuidado de echar el humo sobre
-el policía que se pasea, que con eso dormirá más á su
gusto.
-¿Y si me-hablan de música, papá? ¿Si me preguntan
qué me parece la 6pera?
-)-!ala, muy mala, niño; tú dirás echando bocanadas
de humo del cigarro; ¿Campanini? ¡bah! ¿La Dactri? ¡oh!
.¿Abrameff? ¡uf!; y as( agotas las interjecciones de despre•cio. Luego te llevas la mano al bolsillo y dices: ¡vean ustedes! ¡aquí traigo el pito para silbarlos esta noche! Aun•que no tengas el silbato ni tales intenciones, esto da mucha importancia.
-¿Y si me preguntan dónde hay artistas mejores?
-¿En donde? En París, en MiJán, en......
-¿Y si roe preguntan si yo he estado alguna vez en París, Papá?
-Les dices con cierto aire de autoridad: «Yo no he es1tado nunca en París, amigos míos, pero un tío mío estuvo para ir ahora dos años.»
-Se reirán de mí, papá, y á mí no me gusta que se rían
-en mis barbas.
-Tú no las tienes todavía, hijo.
-Pero·tengo quijadas, papá.
-Pues bien, si lo que necesitas es un viaje á París,
.ahora te llevaré. Harás de balde un viaje como el que ha-cen nuestros jóvenes en el día gastando mucho dinero.
Te aseguro que sacarás el mismo provecho que ellos.
-Partiremos ahora mismo, sin movernos de nuestras
butacas.
-ff c6mo? ¿por obra de encantamiento?
-1io, hijo, por obta de la imaginación.
Imagínate que vamos ya rodando por el camino de la
·Guayra, metidos en uno de los cajones rodantes de Giráldez y Compañía. Llegamos ,i Guaracarumbo; comemos
.allí pan viejo, bebemos ron nueyo y fumal)los Yirginia ni
nuevo, ni ,·iejo: de la edad media. Estamos en la Guayra. Sudamos, comemos .pescados y mameyes, y nos embarcarnos. A los pocos días, en Saint Nazaire: venga el
t,r en y á París.
¡París, hijo! el gran mundo, la capital del universo!
-Papá, yo qniero que tú me lleves á l\fabille. Todos
los que vienen de París dicen que es lo mejor que se ha
,isto.
-Pues á :M:abille, hijo, á Mabille. ¡Qué expléndidojardín! ¡qne damas tan hermosas! Mira, hijo, mira aquella
·de los cabellos rubios, que lleva colgando á un inglés de
frac verde y patillas de azafrán; ve la otta de más allá, de
·cabellos negros y perrito blanco, y la otra, y aquellas, y
todas, hijo, todas, ¡qué bellas! ¡qué hermosas!
-Papá, yo quiero verlas más de cerca.
-Las verás, hijo, las verás.
~¿Y no me darán su retrato? Luisito tiene un paquete
-de retratos de ellas en todos trajes.
-Sí, hijo de mi alma, te darán su retrato y los llevarás
á Caracas, y eso te dará importancia, y te harás adorar de
los papamoscas. ¡.A.y, hijo, qué alegría! ¡cómo te va aprovechando el paseito! Pero ahora vamos al jardín de plantas, r dejaremos para otro viaje el ver los Museos y las
Bibliotecas, y los monumentos y las oficinas y todo ese
.fastidio. ¡.A.l jardin de plantas, Pepillo, al jardín de plant.as!
-Papá, yo quiero ver el oso.
-M1ralo, míralo, hijo, aquel que anda en dos patas como alguno de tus amigos; aquel es el oso. .A.rr6jale peda:ir.os de pan. Uno, dos, tres, ¡allá va! ¿qué divertido!
-Y aquel otro animal tan largo, papá, ¿quién es?
-La girafa, y el otro el le6n y el otro la zebra.
-Y el burro, papá, ¿dónde está el burro?
-Ya lo verás de sobra cuando regresemos á Caracas,
hijo. Vamos ahora á los títeres.
-Papá, yo quiero almorzar con Víctor Rugo.
-¿Para qué, niño? ¿Para poner el¡ugo á tu país? pues
no lo nec~sitas; aprende á decir 01ü: a pedir pa,-don, y sobre todo ( y ahora que digo sobre todo, acuérdame que te11emos que comprar un surtol.11;) y sobre todo, hijo, apren-de ,í despreciar todo lo que no sea de esta tierra deliciosa.
-Papá, ya me voy sintiendo muy suficiente; pero quiero ver los títeres.
-Ya llegamos, Pepito, aquí están los mariano/e.•. Aquel
-es Pierrot, el otro Arlequín, y el otro Polichinela, mira
dimo bülau, c'.)ln") s.1lt:in y c5mo brincan, ¡qué felicidad!
-Papá. yo me quiero ir para Caracas; aquí no hay nada que ver. Todo lo hemos visto, y todo lo hemos apren-dido.
-Pues vámonos, hijo.
-Yo quiero llevar algo para Caracas, papí.
-Eso es muy justo. Toma, aquí te he comprado
lo que debes meter en tu maleta, y con lo que hads furor entre tu,i amigH. Un sombrero á la bom'1é, un pantalón ,i. 1ajlaut.é; un paletó ,í. la.farolé; unas botas á. la grillé;
un chaleeo á la car.~é; una leontina á la pl':rré; un cuello á.
la degollé; y una corbata á. la mrangulé. Los guantes gri-3
perlé, el bastón de vista microscópica; los lentes que cuel
gan y los puños flotantes. Unas fotografías profanas;
un albumen cuir, y pomada hongroi:i.•e.
-Pap.í, parece que se me quiere olvidar el francés.
-Con tal de que te quede el ouije t'Ous aime, pardon,
~st:ís fresco, hijo.

EL MUNDO

•

fªPá.

evitar hasta donde sea posible colisiones en tiempo bru-Pues ya podemos marcharnos,
-Ahora mismo, metámonos ene wagón. Yalle~os moso.
La Comisión Internacional de abordajes de mar estuá. Saint Nazaire; ya tú ves, hijo, en menos que bautiza un
dia la cuestión y es de esperarse que pronto, gracias á su
cura looo. .A. bordo y sobre la marcha á la Guayra.
-Papá, ya estamos allá; mira, yo conozco á. aquel Señor intervención, se inscriba en los re~lamentos y se aplique
universalmente este sistema gemal y practico-y esta
que está en el muelle es el. .......... .
-Calla, hijo, calla; no debes conocer á nadie; y cuan- idea humanitaria.
do entremos en Caracas, me deberás preguntar en la calle "mon papá, ¿es que tú sabes donde demora la Librería de Monsmr Emeterio Hernández? ¿Da.ns quelle place
queda la botica de Monsiur Rocha y la confitería de Monsiur Poguape fils?"
-Pero s1 yo sé donde viven todos esos señores, papá.
-Debes fingir que lo has olvidado, niño, para que puedan creer en tu importancia.
EL HADA DE LAS PERLAS
-Oui, papá.
,-Ya tu ves, hijo, lo que es un viaje áParís;cualquiera
de eSQs que te discutirán sobre la ópera y te hablarán ~Jentan que allá, en las poéticas playas del Cantábrico,
primores sobre música y verán con menosprecio nuestra. donde los antiguos trovadores llegaban á cantar al comcompañia lírica no han visto na&lt;h más de lo que tú aca- pás de las enfurecidas olas sus galanos poemas á. la bellebas de ver en este paseo fantástico, vete, hijo, al teatro, za, se abrieron un día las turbias ondas y dieron paso á.
vete, y cuando te hablen de Tiberini, háblales de Mario, un apuesto doncel, que bajo el brazo llevaba su bandolín
y cuando te vengan con la Patti, arremételes con la Nil- sonoro; medioeval trovador, sin duda, que bajó al fondo
son, y si te echan alguna que tú no hayas oído nombrar, del mar en busca de divinas sirenas á. quienes cantar sus
inventa una de tu caletre, que con tal que la hagas termi- poéticas trovas.
;;!,En la orilla y casi á flor de agua era esperado por regia
nar en ini será italiana, en off rusa, en aó portuguesa.
escolta de delfines, señores del mar, que á su paso se ha-Papá, ya son las ocho y yo me voy para el teatro.
-Vete, hijo, y no eches en saco roto cuanto te acabo . cen tocar-alegres marchas por las músicas reales compuestas de tritones.
de decir.
;:: Llegó al fondo donde fué saludado por bellísimas Ná-Y el sombrero, papií?
yades, Hadas y Sirenas, y del espeso follaje de lumino-En el cogote, hijo, ese es el tono.
sas algas se desprendía el suavísimo rumor de una orquesta de sonoras cornamusas, que le volvían loco, y se
N. BoLET PERAZA.
sentía desfallecer por aquel medio ambiente saturado de
los ricos perfumes que las perlas, al abrir sus nacaradas
conchas, exhalan.
,- -¡Canta, poeta, canta! le repetían las náyades y sirenas en medio de las más dulces caricias que jamás mortal
alguno recibiera.
«Canta á nuestra belleza.»
«Canta á nuestras riquísimas perlas.n
«Canta y pide nuestro amor.n «Canta, y serás amado.n
"Canta, y te daremos ricos palacios".
"Canta y te haremos gozar placeres paradiasicos"
"Canta y te pondremos ricas vestimentas de brocado y
oro" y esto decían locas de amor, sedientas de placeres,
Náyades, Hadas y Sirenas.
Era imposible; nadie podía sacarle de aquel sopor, y,
poco ,í oco, la.!! Náyades, Hadas y Sirenas, cansadas de
rogar a apuesto doncel, se fueron retirando.
Habíanse ido casi todas, y no quedaba ya más que una
hada hermosa, de ojos negros y cabellera de ébano, que
le dijo:
-Quieres venir á mi palacio?-Mi dueño, mi señor, ven
conmigo, ven.
El poeta le diri~i6 una mirada desdeñosa que decidió
á la encantadora a seguir el camino de sus cempañeras;
más de pronto díjole él:
•
-Espera-¿quién eres tú?-dónde está la estancia perfumada que sin duda habitas?
-Soy el Hada de las Perlas y mi palacio es_tá hecho de
una sola perla negra, junto al del opulento Rey de los coDEL LIBRO "EN LA ALDEA."
rales-quieres que te diga algo más?
No, basta ya; cuando la luz del nuevo día bese la onda
PROBLEMA.
inquieta, iré á cantarle la serenata de mi amor. Y el Hada, loca de pasión, se fué á su palacio, á espefl!,r al apuesComo en la misma iglesia vive el cura
to mancebo.
Al primer resplandor de la mañana '
La luz de la alborada que las ondas reflejaban, como de
Le vísítan en turba soberana
'
un diamante en las finas facetas, corrientes de vivfsimos
Niños de seso y niñas de hermosura......
colores, recordó al trovador su compromiso de cantar y
El les deja jugar á su ventura;
se fué al palacio hecho de una sola perla negra, junto al
Y al par que uno sacude la campana,
del Rey de los corales.
Otro hecho fraile en levantar se afana
Par6se frente al rico alcázar del Hada de las perlas, al
El cáliz sacro á. la divina altura......
pie de una ojival ventana hecha de coral, cuyos ricos araSi el cura al cielo lo mirada tiende,
bescos parecían encajes de Bruselas y soberbias bordaduTodos los niños en alegre coro
ras de Damasco; templó su rico bandolín y empezó á canAnte el altar de Dios rezan y cantan......
tar su sentida trova, y la hermosa, á los dulces acordes
Diga el cristiano si el Señor deciende
del bandolín sonoro, abandonó el lecho, y calzando eus
Cuando el cura levanta el cáliz de oro
menudos piés con unos primorosos chapines de seda se
O cuando aque\los niños lo levantan!'
acercó á. la ventana, y á traves de la celosía, espiaba, inquieta, al mancebo gentil.
J osÉ S. Crroc.A.~o.
El Rey de los Corales, viejo de luenga barba y ojillos
vivos, eterno adorador del Hada, despertó á los acordes
de aquel extraño instrumento y dispuesto á. av-eriguar
quién lo pulsaba, abrió la ventana y vió al doncel; vistióse con precisión y bajó para vengarse de su rival, áquien
encontró todavía cantando al pie de la ojival ventana hecha de coral.
Mudo de coraje, arrebató al doncel de las manos su
precioso instrumente, el que rompió contra una de sus
rodillas, y al reventarse la última cuerda, el poeta cay6
ALFABETO DE SEÑALES.
exánime, y con la postrera vibración, el poeta expiró.
Y allá adentro, se oyó un grito débil y doloroso: el Hada de la.~ perlas había muerto también.
Los siniestros marítimos causados por colisiones de buDe aquel tiempo data la carestía de las Perlas Negras.
ques han sugerido á M. Brunei, de Rouen, un alfabeto de
I. G. FuENTES
señales que sería conveniente y aun ind.ispensable hacer
obligatorio por medio de un acuerdo internacional.
Lo que debe preocupar ante todo en esta.materia no es
NO SE DECIRTE MAS.
tanto el alcance de los sonidos cuanto la precisión del
significado que se les dé y la facilidad de su comprobaGloria. tiene que haber mientras aspires
ción. El ideal sería que todos· los buques de todos los paíAl bien eterno que alcanzar esperas;
ses al oir las señales de alarma maniobraran en conseEn el mundo hay amor mientras tú quieras
cuencia tan rápidarn,mte corno un soldado aloir el toque
En el cielo habrá luz mientras tú mires.
'
de derecha 6 izquierda.
Las puras auras mientras tu suspires
Es este el sistema de señales ideado por M. Brunei es
Besarán á las flores hechiceras,
excelente y producirá los mejores resultados al aceptarse.
Y habrá virtud hasta que tú te mueras,
En substancia á esto se reduce:
y habrá belleza mientras tu no espires.
Dos sirenas, una de voz profunda y otra estridente coQue por tí que eres causa del anhelo
mo si dijéramos una contralto y una soprano. Un silbido
Que siente por la gloria el alma mía,
~ye y otro agud&lt;? ~rá Norte; la maroha hacia el Sur se
Tienen: elpecho amores y commelo.
indicará con dos silbidos graves y dos agudos; una serie
La noche estrellas, claridad el día,
de sonidos graves significará la dirección Poniente y la
Y si no hubiera por desgracia un cielo,
de Oriente una serie de silbidos ~udos.
Cuando murieses tú se formaría.
Este sencillísimo sistema de facil inteligencia, aun para las más obtusas, pone á un capitán en condiciones de

1

.=:~;r~ ~i~.=:~5-r~.=~,.r~

...

�•

DOMINGO

EL MUNDO

30

EJ:.·KOSARIO

Dos son los pri.ncipales recuerdos que conservo de la
noche que pasamos en Orgiva.
Es el prunero (en el orden cronológico nada más),
nuestra comida.en la posada, reunidos los diez viajeros
en un ¡.i:npo digno de Velázquez ó de David Teniers, ála.
pretendida luz de los candiles (¡y eso que eran dos!), y
celebrando y sellando recientes amistades con el placer
de yantar juntos......... no así como se quiera en mesa redcnda, sino ni sartén red011da, todos á. una, con militar
franqueza, á fin de que la paella de ri~or no perdiese su
,irginal perfume al pasar por el trámit~ de la vagilla..... .
¡Cuántos.banquetes precedidos, de programa de divertirse mucho en ellos, y muy preparados, muy costosos y
muy opíparos, no han resultado tan alegres, tan cordiales, tan apetitosos, tan gratos al alma y al cuerpo, como
aquel improvisado y humilde festín, sazonado de hambre, de novedad, de indulgencia, de carifio, de confianza,
de pimientos picantes y de aquella cortesía del cora7,6n
que vale más que todos los primores del ingenio!
Sin embargo, confieso que no nos hubiera venido mal
otro par de candiles.

***

:Mi segundo recuerdo se refie:r:e á unas religiosas campanillas, á unas grandes farolas, á unos santos estandartes, á muchas ramas de tejo y á más de cien indescriptibles caras de chiquillos, cuyas alzadas bocas cantaban en
coro y á.vozencnello: «¡Dio.~teSa11•e, Reina.11 .1Iadre...... !»
Porque ha.beis de eabér que todo esto y algo más penetró de golpe en la posada, cuando estábamos en lo más
profundo del arroz; dejándonos suspensos, atónitos, embelesados y sin saber á qué atribuir aquella súbita visita
de tanta luz, de tanta inocencia, de tanta piedad, de tan
sencilla y tierna serenata á la Reimi y Jfadre de los desterrados hiios de Eca ........ .

¡Ah! La voz de los niñ.os tiene algo del cielo; y cuando
esta voz canta y reza á un tiempo mismo, cuando"en medio de las bórrascas de la vida, óyense sus puros acentos
en son de mística plegaria, más que los hijos de los hombres empezando á geinir y llorar en este valle de lágrimas,
pare&lt;;en ángelee que desde la gloria intervienen por nosotros, .repitiendo como suyas nuestras preces.
Los que conserveis la buena costumbre de ir á la iglesia, habréis sentido esto mismo oyendo á los se~~es niños
de coro de nuestras catedrales, alzar sus francas y agudas
voces sobre el concertado estruendo del órgano dA los sochantres y de todos los instrumentos y cantores de la capilla; como se perciben claros los trinos de atribuladas
aves sobre el ronco estrépito de majestusa tempestad. Y
los que solo vayais al teatro, habréis experimentado también algo parecido ( ya que de manera a1guna lo propio),
durante el cuarto acto de El Profew, cuando aquel los otros
sei,ies (4,ue por lo regular son los mismos), cantan el grandioso villancico:,
Le voil!\ le rol Prophete!

I,e voil~ l'clu de Dieu!

¡Oh! ¡Los niños! ¿Los niños!. .....-cc¡Lá.~tima que se conviertan en hom.brea/»-exclamaba Lord B yron-ccNo tenemo8
padre!»-gritan ellos en el místico poema de Jean Paul.«No escandeliceis á estos peqiteñuelos.»-dice la Palabra di-

vina.
·
Por todas estas razones, y porque st (que es la gran razón de tejas abajo), nos quedamos embebidos oyendo la
fervorosa Salve que cantaban los muchachos de Orgiva.

Por lo demás, pronto supimos que en aquella sublime
escena no había nada de insólito, sino que era el mismo
Rosario que se recita todas las noches, en aquel santo
tiempo de Cuaresma, ciertas en y ciertas casas de la villa
cuidando de no olvidar las :¡¡osadas, donde siempre hay
fieles transeuntes más necesitados que nadie de los consuelos de la religión.

*
**
¡Oh vida segura, :a mama ¡,ooreza,

dAdiva. santa desagradecida.!,
: [Juan de Mena].

¡El Rosario!.........Veinte años hacía ya por 19 menos
que no !o ve~amos rec?rrer á aquella hora y de aquel modo (segun la mmemor1al costumbre) otras ciudades villas
ó aldeas de la proverbial Tierra de .bfaría &amp;nt!sima.'
¡Y qué ye_inte años! Durante ellos, los mismos que solía1!1os felicitamos de la desaparición del antiguo orden
social y -político de España, si bien no hayamos llegado
ni creamos posible llegar jamás á poner en duda la bon~
dad abst~cta de las n~bles, justas y sinceras ideas de
nuestro siglo, he~os vemdo á reconocer, -en cambio, á fuerza de crueles lecciones ( ¡o.h desengaño.! ¡oh conflicto! ¡oh
pi:oblema para~~ porv:en~r!Jque esa libertad y esas ideas,
leJos de domesticar, de .c1v1ltzar, de dignificar más y más
cada día ,\ las cla.~es baJas ( como nos dignifiicaron á nosotro~ )_. las !:ian hec~o retrocederá la priinitiya barbarie.
Inutíl, ocioso, necio, y sobre todo peligrosísimo (señores del cent.ro de todas las C{Lmaras del mundo\, fuera
cerrn:r lo~ OJOS á esta verdad que palpita en el fondo de la
conc1enc1a de c~ianto• hemos dirigido la voz al Pl!~blo
(creyéndonos susr-edentores) desde al periódico ó ~de
la tribuna, desde el libro ó desde la c,í tedra...... ¡Imposible escapar á nuestros ~m~rdiini~ntos! Los espantosos
resultados dE: nu~stras bien mtencionadas, pero imprudentes predicaciones, están harto á la vista de todas
partes. .
1\Iirad: los ignorantes de ayer se han tro:'.l.do en los insensatos de hoy. La antorcha da la filosofía moderna en
lugar de iluminar la mente dé los desheredados por la'fort~a, la ha incendiado, dejándola llena de humo y de ceruzas.
Quisimos enseñarles mucho, y les hemos hecho olvidar
lo poco que sabían. &lt;:reían algo, amaban algo respetaban
algo, ad_oraban al~lÍ. u ideal, y h?Y no,creen, 'aman, respetan m adoran smo lo concermente u sus sentidos corpor&lt;lles.
·
·
Tenían fá, p1cien~ia, esperanza, y los h~mos exasperado y des~spemdo. Er-,m, cuando menos, seres sociales, y

los hemos convertido en enemigos de la sociedad. Eran
ya hombres, y los hemos vuelto á hacer fieras.
Así pudiera continuar mucho tiempo á. riesgo de que se
:¡ne considerase neocat61)co, ultraJ'.!'.lon?1no, retrógrad&lt;?,
- obscurantista, per€a, carbno y partidario del feroz Tnbunal de la Inquisición.
:Mas creo haber dicho ya lo bastante para explicar la
profunda complacencia que nos causó aquella noche ver
al pueblo orgivense, representado por sus hijos, hacerpú•
blica profesión de su fe cristiana.
~P. A. DE ÁLARCÓN.

Una noche feliz, en que la luna,
toda envuelta en la túnica opalina

de vaporosa nube,
por el azul purísimo ascendía,
cual virgen desposada
que :¡iudibunda, tímida,
al misterioso lecho
de la nupcial alcoba se encamina,
en el jardín, que al soplo fecundante
de llayo, florecía,
posado en la corola de una rosa,
cuyos -pétalos rojos se entreabrían,
cual labios de muíer adolescente,
al aura de la risa,
Puck, mi amigo Puck, el duendecillo
vagabundo y travieso, me decía:
«Queda cumplido tu deseo, he visto
á la adorable niñ.a,
que del país lejano
en que dichosa habita,
para su album, precioso florilegio,
una flor de tu musa solicita.
Asomada esta tarde en la ventana
miraba,, pensativa,
al sol, que desde ocaso,
como mágico artista,
por el azul profundo derramaba
de su paleta las rojizas tintas.
Y o, oculto en el alero,
absorto la veía.
¡Qué hermosa estaba la gentil doncella,
la virgen pensativa,
con su níveo corpiño, que escorzaba
sus formas exquisitas;
con su sedeña cabellera obscura
sobre la airosa espalda descogida:
con su edénica boca,
al beso ardiente del amor propicia;
con su cutis_ moreno y transparente
como la teD:ue sombra vespertina,
y con sus o¡os negros,
do irradian las pupilas
cual dos vívidos astros desde el fondo
del cielo en noche lóbrega y tranquila!
To~o en ella es hechizo subyugante.
Te ¡uro, á fe de Puck, que no es más linda
la esposa de Oberón, ni más hermosa
la blanca, rubia y triunfadora Cipria.n
Calló Puck; de la rosadirigiose
á un boscaje de lilas;
mientras que yo, meditabundo triste
y con la mente fija,
'
'
al través de la niebla del ensueño
en vagas, idealea lejanías,
'
quedé envidiando al vagabundo duende
que en el país que habitas
'
una tarde te viera en la ve'ntana
mirando pensativa,
el sol, que desde ocaso,
como mágico artista.,
por el azul profundo derramaba
de su paleta las rojizas tintas.
DARÍO HERRERA.

UNA MUERTE DICHOSA.

. -Ha leido usted-me dijo el doctor encendiendo, un
cigarro-el. relato de l~ejecución de Damperier?
•
-~umanamente. Siempre es lo mismo. El sentenciado
á 9m~n preparan para el trance fatal; la bruma la descnpc1ón de la ~laza, las lamentaciones de los ~eporters
que no h~n podido acercarce......Es una desconsoladora
monotoma.
-L~ que usted no :=,a~e es que el reo ignoraba que iba
á ser e~ecutado. Cam1n•&gt; hacia el cadalso con la sonrisa en
los labios, ~e suerte que el golpe fatal fué para él el 1mo de la dtcha.
co
-¿Y cuál fué la causa de esa ilusión?
El doctor ~o~rió m"t.liciosamente, y dijo con s~ncillez
-:He supr1m1do. la pena de muerte por medio de h su:
gestión. La sugestión es el apoderamiento del hombr~
el hombre.
:-, por
Y aquí se encuentra justificada la confirmación de esa

•

10

DE ENERO DE 1897

fecunda ley de la selección natural, tan maravillosamente formulada por Darwin.
Aquél q_ue fué mejor dotado por la naturaleza1 aquél
cuyas aptitudes de combatibilidad son más enérgicas, es
él más propio para llegar á ser uno de los hombres que
dominan y dingen ásussemejantes.
La sugestión puede crear las alucinaciones más variadas.
Por parte de la vista, se puede su~erir una apreciación
fatal de la forma, el color y la situación deun objeto; producir un error sobre la identidad de una persona que setoma por otra; evocar la presencia de una persona ausente.
Por parte del oído, se puede hacer oír un espantoso ruido en medio del silencio más absoluto.
Por parte del sentido del gusto se puede hacer comer
un papel que sepa á jamón, y beber agua de mar que sepa á Champa.,crne.
Y así, en los demás sentidos.
Yo me interesé por Damperier, que ha pagado hace pocos días con su vida, su falta.
Mi profesión me permitió verle en su celda; no le abandoné sino cuando ces6 de latir su corazón en el patíbulo.
Nadie ha podido ver mejor que yo al pobre Damperier
én sus últimos momentos.
Pues bien: Damperier ha escapado al castigo; ha muerto dichoso, bendiciendo la justicia de los hombres!
Vea usted, caballero, cómo se ha realizado este fenómeno.
La pena de muerte no es, como es sabido, puramentefísica.
Desde este último punto de vista, la piedad de los sabios cree haber dicbó su postrer palabra.
La sección de la espina dorsal y la evolución del cerebro por la sangre, parece que aseguran inmedi?tamente·
la cesación de la sensibilidad. Resta que calcular un snfriiniento moral, difícil de apreciar por razón de temperamento y de tiempo transcurrido.
La espera del momento supremo aplastará á un sanguíneo, torturará á un sensible, no hará huella en el idiota.
Mientras que el trance fatal está lejano, el reo vive y se·
sostiene de la esperanza. 8610 en el breve paso de los últimos instantes, es cuando el sentenciado a muerte sufre
el castigo en todo su rigor.
Ha esperado; ya nada más puede esperar.
Toca con.el dedo la muerte.
Ninguna evasión es posible.
Este tormento dura media hora, pero es atroz.
Pues bien; la ciencia viene á transformar la angustia.
de estos treinta últimos minutos en una beatitud incomparable.
La víspera de la ejecución, el abogado de Darnperier·
pudo introducirme en la celda del reo.
Facil me fué dormirle, y como yo conocía por las sesiones de los Tribunales la historia trágica de su crimen, le
dije:
-Mañana por la mañana vendrán á buscarle; Matilde,
á quien creía usted haber matado en un momento de celos, no ha muerto, y se va á casar con usted.
La sugestión se verificó, y vea usted cómo ha tenidoefecto en la práctica.
En el momento en que el verdugo fué introducido en
la celda del reo, Damperier se adelantó hacia él con las
manos tendidas, excla.mando:
·
-¡Gracias á. Dios!
-Luego, mientras la gente le rodeaba, él hablaba con·
un gozo infinito:
-¡Qué mañ.ana tan hermosa! ¿Verdad? Voy al patíbulo contentísimo...... No perdamos un instante en vanas
fórmulas._. .._.. Va~os, amigo verdugo...... Por tu mano•
V?Y á recibir ~a dicha más grande que he tenido en la
vida...... ¿Quieren ustedes beber algo? ¡Regocijémos!
Ninguno de los asistentes sabía lo de la sugestión.
Estupefacto el director de la prisión, hizo servir un vino blanco, no del todo malejo.
Se bebieron unas copitas, y ya iba á secundarse con,
otras, cuando el reo se opuso.
-¿En que piensan ustedes?-dijo -¿Y esa multitud
que nos espera en la plaza? Vamos; seamos exactos
Se le.vistió; él lanzó un suspiro de satisfacción!
. ~a vestido, se dirigió hacia la puerta de la celda, y recibió á las personas que entraban como á otros tantos invitados.
Llegado el momento se lanzó fuera, diricriéndose con paso seguro hacia el lugar de la ejecución. "'
-¡Ved qué hermoso está! N"o he visto altar más ornadode flores. Los cirios ardiendo, parecen estrellitas por cima de la frente divina de mi novia.
~ en el momento en que ee le apretaba el cuello Dampener exclamó con sonrisa inefable:
'
-¡Es el primer beso!
¿Por qué no se persuadiría á los sentenciados :l muerte·
de que el último suplicio contiene la felicidad suprema?'

DOMINGO

10

LA.MODA

Desprendemos de nuestro cambio
extranjero algunos ds los figurines
más hermosos de la estación, en los
que se ha dado campo la fantasía de
los modistos y las modistas. Son trajes de paseo y de calle de encantadora
novedad, el buen gusto de los cuales·
apreciarán sin duda nuestras lectoras.
No entraremos en descriJ?ciones tan
enojosas como inútiles, lim1támonos á
mostrar los modelos más elegantes y
que nuestras lindas favorecedoras elijan.
MERMELADA DE. MELOCOTONES.
Mondados y hechos trozos los frutos bien maduros se echan en una cacerola· se calientan á. fuego moderado
hasta que se desbagan, sin dejar de
removerlos, y se pasan luego por el
tamiz. Por cada 500 gramos de puré se
toman 350 de azúcar; se cuece esta á
la bolita; se agrega después la pasta
con un poco de vainilla, y cocida la
mezcla á la capa, se la encierra en bocales de cristal ó de gres.
lfERMEL.ADA DE PERAS.

Se toman buenas peras, se dividen

.,,.

MERMELADA DE ALBARICOQUES.

ponen los albaricoques en una cacero•
la, se los hace disolver á un fuego mo•
derado, removiéndolos sin cesar: después se pasan por un tamix.
Para cada kilógrarno de
puré se toman 500 gramos
de azúcar en trozo; échanFe estos en un perol, se
afiade un poco de agua y
se cuecen á la bolita. Después se agrega el puré y
algunas almendras de albaricoques, mondadas y
blanqueadas; se cuece todo á la capa; se vierte en
vasos, cuando está frío;
Traje de recepción.
se cubre primeramente
con un círculo de papel
humedecido con aguardiente, después se cierra el vaso
..con papel sujeto por bramante ó con vejiga reblandecida.

~~-=:~rr~.::::::!!5f~.=9-r~~ ~

Ya, al pretender ser tierno,
sale del pecho mío
un aliento más frío
que una ráfaga de aire del invierno.
Para una señorita.

RICARDO~P.ALlU..

Si te casas, Inés, ten por seguro
que todo novio es un traidor futuro.

***

Te morfas por él, ;pero es lo cierto
que pasó tiempo y tiempo, y no te has muerto.
CAYPO.illOB

;., '.,.

Por H. W. Longfellow.

¡Ah! ¡No! No me digais con voz doliente
Que la vida es un sueño;
Que el alma muere donde el cuerpo acaba,
Que es nuestro fin incierto.
Polvo que vuelve al polvo es la sentencia
Funesta para el cuerpo;
Pero el alma que es luz, en luminosa
Región busca su centro.
Placeres y amarguras no son sólo
De la existencia objeto;
La vida es acción viva, afán perenne..... .
La vida es lucha, es duelo.
La obra del hombre es lenta y el tiempo huye
Rápido como el viento;
Y el corazón la marcha del combate
Sigue siempre batiendo.
¡.Alerta! en la batalla de la vida
Reposar un momento
Es torpe cobardía: la victoria
Es hija del esfuerzo.
Da un adiós al pasado, y del mañana
No busques los destellos;
Pon la esperanza en Dios, mira el presente
Y lucha con denuedo.
La historia nos lo dice: la constancia,
El valor y el talento
Engrandeeen al hombre-Fe y audacia!
También grandes seremos!
Y inás tarde ¡quién sabé! si otro hermano'
.AJ cual agobie el peso
Del infortunio, revivir se sienta
Siguiendo nuestro ejemplo!
Tn\bajar es luchar. A la obra, á la obra,
8in desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar...... y esperemos.

Para una matrona joven.

(:'.,°

El Salmo de~la Vida.

Al mostrar ,í esta niña encantadora
suele decir su madre embebecida:
'
«A1uí teneis la Aurora
de os días más bellos de mi vida.»

CAMPO.UIORr

en cuarterones; se mondan y se ponen
en una cacerola con un poco de agua
y un pufiado de azúcar; se cuecen á un
fuego moderado. Cuando se ha reducido su humedad, se pasan por un tamiz· el puré se vuelve á poner en la
cace'rola. Por un kilógramo de puré se
aiiaden tres cuartos azúcarmohda, un
trocito vainilla ó una cortecita de limón. ~ hace reducir~ fue~o vivo, revolviendo la pasta y sm de¡arla hasta
que eeté en el punto de á la capa. ~
encierra últimamente eµ tarros de cristal ó de loza.

Se eligen maduros los frutos; se parten en dos suprimiendo el hueso. Se

AURELIANO 8cHOLL•

Por no ser ·natural hace, cuando ama
de cada paso de comedia un drama.
'

31

EL MUNDO

DE 'ENERO DE" 1897

r.:,
,t '
«..

Traje de casa y de calle.

�DOMINGO

EL MUNDO

DE ENERO DE 1897

En ella producía ana felicidad sin límites el constante
entusiasmo, la misma amargura de no poder realizar su
absurdo deseo.
•
Ll~ó en esto á la ciudad donde habitaban Leonardo y
Ameba, un médico famoso ya en todos los países del mundo, por sus extraordinarias curaciones.
Devolver la vista á los ciegos, el oído á los so:dos y la
palabra á los mudos, era la cosa más sencilla para aquel
sabio incomparable.
·
·
Se aseguraba que nunca dejaba de curar radicalmelrle
á cuantas personas acudían á su consulta, y Leonardo sintiéndose penetrado de la fe que animaba á todos, abrió el
lecho á la esperanza y resolvió ponerse en manos detdoctor.
-Curadme, le dijo, devolvedme la vista y tomad ne
cambio, entera, mi fortuna. Haced que contemple _al fin
la más bella de las mujeres nacidas, a quien adoro mil veces más que á mi propia existencia. Y Leonardo siguió
hablando y dando cuenta al famoso doctor de sus deseos
y de sus angustias, y dejándole ver entero, _con el institi.vo afmi de conmoverle y decidirle
más y más á procurar su curación,
el profundo y agitado fondo de su
alma.
CASA DE SALUD
El doctor escuchó á Leonardo
DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE con
interés y con pena, y le respondió sonriendo amargamente:
-¡Dios me libre de abrir tus
Par enfermos dementes en general
ojos á la luz y Dios te libre de conseguir jamás tus deseos! ¡Amas coENTLALPAM
mo á nadie has amado en el mundo y anhelas ver el objeto de tu
DIRECTORES: A. de Garay y Gulllermo Parra.
amor!. ........... ¡Eres un niño! El
cielo te ha concedido el suprema
Edificio con&amp;truido con todas las reglas de la higiene bien de alcanzar la posesión sin
inmensa huerta y jardines, amplios corredores bafios ea'. agotar sus alegrías y pretendes
Iones, recámaras espeéiales para todos loe enÍermoe 'de- sustituir á tu ilusión hermosísima
partame~t&lt;;&gt;s independientes. Se cuenta con todos lo~ úti• la verdad siempre árida y fría. ¿No
!ee, med1came1:1toe é instrumentos necesarios. Médicos comprendes, desventurado, que á
mternoe, practicantes y enfermeros inteligentes. Decen- causa de ese mismo misterio en
te y nueyo mob~liario, asi~tencia constante y eficaz y que para tí está envuelta tu amada,
buena ahmentac1ón. Especial para el tratamitnto de la lo- la imaginas mil veces más bella de
lo que realmente ;puede ser. auncura por el hipnotismo.
DEPARTAMENTO ESPECIAL PARA .XNFERKOS, DE MEDICINA Y CIRUJU
que sea, como tú crees, la mujer
Para los enfermos que vienen de los Estados, loe hom- más perfecta del universo? El mobres. solos ó l:19 personas.de ambos sexos que tengan que mento de verla sería siempre pa1mfru cualquiera ?Perac16n, les .es muy_ ventajoso este ra tí úna espantosa decepción, pordepartamento. Tienen loe pacientes aire puro clima que el sueño, aun el susceptible
exc.elente y no malsano como en México, recámara ~special de ser realizado, no está libre nunmeJor que ".n un hot~l, bañ.os! .ropa limpia, peluquero, ca de desencanto sino á condición
buena comida, médico, med1cmae y asistencia médica de no llegar á í·ealizarse jamás.
constante, y todo esto por un precio muy inferior á lo Confórmate con tu ceguera y acosq~e gasta!án en otra parte mal atendidos. Sala de opera• túmbrate á considerarla como el
cwnea estilo moderno y arsenal de instrumentos com- origen de tu felicidad, el eterno
pleto.
entusiasmo en el amor, y compaPara mayores informes dirigirse á los Dres. Guillermo dece al resto de los mortales conParra, tel~fono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9), denados á ver la imperfecta belleY_Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~ za de los séres y de las cosas sin
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Com- que las lágrimas que tan á menupafiía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá• do nos hacen derramar nublen
rez. El Dl'. Garay .e~ profe~or .de Anatomía quirúrgica en por completo nunca la claridad de
la Esc1:1ela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárez y nuestras miradas.
del Asilo Espafiol.

!agro de que yo pp.eda llegar á imaginarte tal cual eres.
-No me atrevo á intentarlo, contestaba ella con encantadora modestia. -¡No te atreves! Dí que no me amas como yo te amo y
que no quieres complacerme.
-Interrógame y trataré de contestarte.
Y á cada pre~nta de Leonardo sobre el color de los cabellos de Amella, sobre la claridad y pureza de f?US ojos,
sobre los contornos de su cuerpo, contestaba ella con frases en que se mezclaban por partes iguales la sinceridad
y el pudor, y que colmaban al pobre ciego de nuevo orgullo y de nueva y desesperada amargura,
La idea de la hermosura de Amelía crecía, se agigantabe
en su espíritu; su confusión y su impotencia, al tratar da
precisarla con líneas y colores, eran á cada instante mayores.
II.
El amor de los dos esposos no era el que se extingue, ni
de los que se disminuyen, ni siquiera de los que con el
tiempo se modifican. Era siempre el mismo.

A l'tl EI,IÁ.

Amelia, la enamorada esposa, estaba en los brazos de
Leonardo, el fiel compañero de su vida, quien, ciego desde su niñez, sólo podia verla con los ojos del alma.
-¡Adorarte y no contemplarte jamás!-exclamaba Leonardo. Si yo te hubiese conocido en aquellos primeros
afios de m1 vida, cuando aún podía contemplar el azul de
los cielos y el resplandor de las miradas,¡ los rojizos matices de las rosas y de los labios, tendría njos en mi memoria los rasgos todos de tu belleza, y tu imagen se destacaría sobre la negra noche que rodea á mis pupilas. Pero cuando mi corazón se abrió al amor ya ebtaban cerrados
mis ojos á la luz, y nunca, nunca, podré admirar los tesoros de la hermosura que poseo y desconozco. ¡Amelia mía,
fuente de todas mis venturas y del dolor que me agobia y
me mata: refiéreme tú, con ese celestial acento que para
siempre supo hacerme esclavo tuyo, las perfecciones de tu
idolatrado sér. Descríbelas una por una, detaJJada y minuciosamente, y acaso el encanto de tu voz realice el mi-

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REMEDIO VEGETAL.

10

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14 DE ENERO DE 1896.

28 de Enero de 1897.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
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de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

-DE LA--

Beñittciócia-:
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=

El próximo sorteo, con premio
mayor de

"$10,000
ea verificará en el Pabellón Morisco
á la.s tres de la tarde, el Jueves
•

II Premio
de.... $10,000....$ 10,000
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2 Aproximaciones de á $ t 0O·
nna anterior y otra posterior ai
ndmero prelDlado con los •••...
$10,009 .................... $
2 Aprox!mactones de á !1¡50; una
antenor y otra. posterior al nú.
mero premiado con los
- - $ 1 .000...... ................ $
n

FONDO:

S 320,000.

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medios: $ 2.00
Cuartos: $ t.00. - Décimos: 40 cante.
Vigésimos: 20 cents.

PRE~IIOS:

PREMIOS:

-

baJo el plan e1gwente:
10,000 BILLETES.

500
200
200
500
1,000
2,000
2,000

200

1 00

M5 Premios que hacen un total de $17. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$ 60,00·0
ae Terül.cará en el Pabellón Morisco
i la8 U &amp;. m., el Jueves
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Premio m-:1-yor df.......... 8 60,000
t Prem!o pnnc!pa de ..•••• ., 20,000

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26 Premios de ,, 200 ...... ., 5' ooo
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260 Premios de ,.
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460 Premios de .,
20 ...... ,, 9'200
1 00 Premios de 8 60. aproximaciones
'
al premio de 8 60,000............,
6 000
100 Premios.de 8 40,_ aproximaciones
•
al premio de 820,000. ........... 8 4 000
1 00 Premios de 8 20, aproximaciones
•
al premio de 810.000... . .... . .. . 9 2,000
T99 Terminales de 8 20. que se determinarán por las dos dltimas cifras ~el billete que obtenga el
prem,o mayor de 860,000 ...... 9 t 6.980
T 99 Terminales d~ 8 20, que se determinarán por las dos 11\timas cifras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000 ...., 1 5.980
1 PremLO principal de ...... .,

6 Premios de$ t ,000 ...... ,.

to

2. 761 Premios que hac~u u. 'rotal 4t. .$ 178.560
Jta""~odos loo sorteos est:i.n bajo la vigilan,·,a
f direcc1ó.n personales del Sr. D. Apolinar Castillo
Interventor del G1,bit'rno. v de un empleado de la
Tcsorerla General de la Nación.

Oficinas: 1' San Francisco núm. 12

Necepdón ael $r. Presiaenfe ae la Nepúblka 1 ae su esposa
En el baile dado en su honor en Minería.

U . BASSETTI, Gerente.

(Del Natural por Carloa A.loahte.)

•

NUl'tlER.03•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 2, Enero 10</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El cura de Horties</name>
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        <name>El hada de las perlas</name>
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        <name>Príncipe Khevenhuller</name>
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        <name>Travesía en el Papaloapan</name>
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        <name>Una muerte dichosa</name>
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                    <text>DOMINGO

EL MUNDO

DE ENERO DE 1897

En ella producía ana felicidad sin límites el constante
entusiasmo, la misma amargura de no poder realizar su
absurdo deseo.
•
Ll~ó en esto á la ciudad donde habitaban Leonardo y
Ameba, un médico famoso ya en todos los países del mundo, por sus extraordinarias curaciones.
Devolver la vista á los ciegos, el oído á los so:dos y la
palabra á los mudos, era la cosa más sencilla para aquel
sabio incomparable.
·
·
Se aseguraba que nunca dejaba de curar radicalmelrle
á cuantas personas acudían á su consulta, y Leonardo sintiéndose penetrado de la fe que animaba á todos, abrió el
lecho á la esperanza y resolvió ponerse en manos detdoctor.
-Curadme, le dijo, devolvedme la vista y tomad ne
cambio, entera, mi fortuna. Haced que contemple _al fin
la más bella de las mujeres nacidas, a quien adoro mil veces más que á mi propia existencia. Y Leonardo siguió
hablando y dando cuenta al famoso doctor de sus deseos
y de sus angustias, y dejándole ver entero, _con el institi.vo afmi de conmoverle y decidirle
más y más á procurar su curación,
el profundo y agitado fondo de su
alma.
CASA DE SALUD
El doctor escuchó á Leonardo
DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE con
interés y con pena, y le respondió sonriendo amargamente:
-¡Dios me libre de abrir tus
Par enfermos dementes en general
ojos á la luz y Dios te libre de conseguir jamás tus deseos! ¡Amas coENTLALPAM
mo á nadie has amado en el mundo y anhelas ver el objeto de tu
DIRECTORES: A. de Garay y Gulllermo Parra.
amor!. ........... ¡Eres un niño! El
cielo te ha concedido el suprema
Edificio con&amp;truido con todas las reglas de la higiene bien de alcanzar la posesión sin
inmensa huerta y jardines, amplios corredores bafios ea'. agotar sus alegrías y pretendes
Iones, recámaras espeéiales para todos loe enÍermoe 'de- sustituir á tu ilusión hermosísima
partame~t&lt;;&gt;s independientes. Se cuenta con todos lo~ úti• la verdad siempre árida y fría. ¿No
!ee, med1came1:1toe é instrumentos necesarios. Médicos comprendes, desventurado, que á
mternoe, practicantes y enfermeros inteligentes. Decen- causa de ese mismo misterio en
te y nueyo mob~liario, asi~tencia constante y eficaz y que para tí está envuelta tu amada,
buena ahmentac1ón. Especial para el tratamitnto de la lo- la imaginas mil veces más bella de
lo que realmente ;puede ser. auncura por el hipnotismo.
DEPARTAMENTO ESPECIAL PARA .XNFERKOS, DE MEDICINA Y CIRUJU
que sea, como tú crees, la mujer
Para los enfermos que vienen de los Estados, loe hom- más perfecta del universo? El mobres. solos ó l:19 personas.de ambos sexos que tengan que mento de verla sería siempre pa1mfru cualquiera ?Perac16n, les .es muy_ ventajoso este ra tí úna espantosa decepción, pordepartamento. Tienen loe pacientes aire puro clima que el sueño, aun el susceptible
exc.elente y no malsano como en México, recámara ~special de ser realizado, no está libre nunmeJor que ".n un hot~l, bañ.os! .ropa limpia, peluquero, ca de desencanto sino á condición
buena comida, médico, med1cmae y asistencia médica de no llegar á í·ealizarse jamás.
constante, y todo esto por un precio muy inferior á lo Confórmate con tu ceguera y acosq~e gasta!án en otra parte mal atendidos. Sala de opera• túmbrate á considerarla como el
cwnea estilo moderno y arsenal de instrumentos com- origen de tu felicidad, el eterno
pleto.
entusiasmo en el amor, y compaPara mayores informes dirigirse á los Dres. Guillermo dece al resto de los mortales conParra, tel~fono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9), denados á ver la imperfecta belleY_Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~ za de los séres y de las cosas sin
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Com- que las lágrimas que tan á menupafiía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá• do nos hacen derramar nublen
rez. El Dl'. Garay .e~ profe~or .de Anatomía quirúrgica en por completo nunca la claridad de
la Esc1:1ela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárez y nuestras miradas.
del Asilo Espafiol.

!agro de que yo pp.eda llegar á imaginarte tal cual eres.
-No me atrevo á intentarlo, contestaba ella con encantadora modestia. -¡No te atreves! Dí que no me amas como yo te amo y
que no quieres complacerme.
-Interrógame y trataré de contestarte.
Y á cada pre~nta de Leonardo sobre el color de los cabellos de Amella, sobre la claridad y pureza de f?US ojos,
sobre los contornos de su cuerpo, contestaba ella con frases en que se mezclaban por partes iguales la sinceridad
y el pudor, y que colmaban al pobre ciego de nuevo orgullo y de nueva y desesperada amargura,
La idea de la hermosura de Amelía crecía, se agigantabe
en su espíritu; su confusión y su impotencia, al tratar da
precisarla con líneas y colores, eran á cada instante mayores.
II.
El amor de los dos esposos no era el que se extingue, ni
de los que se disminuyen, ni siquiera de los que con el
tiempo se modifican. Era siempre el mismo.

A l'tl EI,IÁ.

Amelia, la enamorada esposa, estaba en los brazos de
Leonardo, el fiel compañero de su vida, quien, ciego desde su niñez, sólo podia verla con los ojos del alma.
-¡Adorarte y no contemplarte jamás!-exclamaba Leonardo. Si yo te hubiese conocido en aquellos primeros
afios de m1 vida, cuando aún podía contemplar el azul de
los cielos y el resplandor de las miradas,¡ los rojizos matices de las rosas y de los labios, tendría njos en mi memoria los rasgos todos de tu belleza, y tu imagen se destacaría sobre la negra noche que rodea á mis pupilas. Pero cuando mi corazón se abrió al amor ya ebtaban cerrados
mis ojos á la luz, y nunca, nunca, podré admirar los tesoros de la hermosura que poseo y desconozco. ¡Amelia mía,
fuente de todas mis venturas y del dolor que me agobia y
me mata: refiéreme tú, con ese celestial acento que para
siempre supo hacerme esclavo tuyo, las perfecciones de tu
idolatrado sér. Descríbelas una por una, detaJJada y minuciosamente, y acaso el encanto de tu voz realice el mi-

-~IIIAIIATll■AIE
REMEDIO VEGETAL.

10

DESCUBRIMIENTO INDIGENA.

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LA JIRICUA, EL VITILIGO, LA LEUCODERMIA OACROMIA PABCIAL

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. Cada fra~ co va acompa:ñ.ado del plan curativo y las instrucaones para usarse.
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«La mujer es un angelsin alas,,.
Las hay que, sin tenerlas, suelen alzar el vuelo!

Se recomienda á lo.s .anémicos, á las jóvenes clorótic88.
y á 1~ personas ~eb1htad;as por una prolongada perma:
nencia en las regiones cáhdas y ma:sa::ias.
De venta en casa de loa Sres. E. Dutour y Comp Agen•
MlB ~enerales; en el establecimiento de la Sra. vihda df
G~n~y Comp.,~ de Plateros número 3, y en todos lot
prmc1pales establecimientos.

14 DE ENERO DE 1896.

28 de Enero de 1897.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

-DE LA--

Beñittciócia-:
~• ~.Pú_!&gt;l~cl
CIUDAD DE MÉXICO.

=

El próximo sorteo, con premio
mayor de

"$10,000
ea verificará en el Pabellón Morisco
á la.s tres de la tarde, el Jueves
•

II Premio
de.... $10,000....$ 10,000
.,
.,
1,000.... ,, 1,000
u

1

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"

600 .•.. ,,
2
"
u
u
200.... ..
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.•
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50.... ,.
100
"
n
.,
40.•.• ,,
200
n
••
20.... ,,
.,
.,
1 o ......
2 Aproximaciones de á $ t 0O·
nna anterior y otra posterior ai
ndmero prelDlado con los •••...
$10,009 .................... $
2 Aprox!mactones de á !1¡50; una
antenor y otra. posterior al nú.
mero premiado con los
- - $ 1 .000...... ................ $
n

FONDO:

S 320,000.

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medios: $ 2.00
Cuartos: $ t.00. - Décimos: 40 cante.
Vigésimos: 20 cents.

PRE~IIOS:

PREMIOS:

-

baJo el plan e1gwente:
10,000 BILLETES.

500
200
200
500
1,000
2,000
2,000

200

1 00

M5 Premios que hacen un total de $17. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$ 60,00·0
ae Terül.cará en el Pabellón Morisco
i la8 U &amp;. m., el Jueves
'

t

Premio m-:1-yor df.......... 8 60,000
t Prem!o pnnc!pa de ..•••• ., 20,000

to 000
5'000
Premios de,. 500 ...... ., 5'000
26 Premios de ,, 200 ...... ., 5' ooo
1 00 Premios de ., t 00 ...... ,, to' ooo
260 Premios de ,.
40 ...... ,. l 0'400
460 Premios de .,
20 ...... ,, 9'200
1 00 Premios de 8 60. aproximaciones
'
al premio de 8 60,000............,
6 000
100 Premios.de 8 40,_ aproximaciones
•
al premio de 820,000. ........... 8 4 000
1 00 Premios de 8 20, aproximaciones
•
al premio de 810.000... . .... . .. . 9 2,000
T99 Terminales de 8 20. que se determinarán por las dos dltimas cifras ~el billete que obtenga el
prem,o mayor de 860,000 ...... 9 t 6.980
T 99 Terminales d~ 8 20, que se determinarán por las dos 11\timas cifras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000 ...., 1 5.980
1 PremLO principal de ...... .,

6 Premios de$ t ,000 ...... ,.

to

2. 761 Premios que hac~u u. 'rotal 4t. .$ 178.560
Jta""~odos loo sorteos est:i.n bajo la vigilan,·,a
f direcc1ó.n personales del Sr. D. Apolinar Castillo
Interventor del G1,bit'rno. v de un empleado de la
Tcsorerla General de la Nación.

Oficinas: 1' San Francisco núm. 12

Necepdón ael $r. Presiaenfe ae la Nepúblka 1 ae su esposa
En el baile dado en su honor en Minería.

U . BASSETTI, Gerente.

(Del Natural por Carloa A.loahte.)

•

NUl'tlER.03•

�EL MUNDO

34

"El. MUNDO"
Semanario Ilustrado.
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MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, I.lc. Kaf"ael Reyes Spíndola,
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RÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

«~entes exclusivos para los Estados Unidos y Ca~adá
The Spanish .American Newspaper Company, 136 Li.berty St. New York, E. U.»

llltotas tbitarialts.
QC.ónttr nactn los ¡rnrtibtJs µoliticos.
Recient.emente se ha ocupado la prensa de la creación
de lo!(partido! políticos, discutiéndose si la oposición nace al fu.flujo de los partidos, ó los partidos, toman cuerpo
á impulsos de la oposición.
.
.
Es interesante investigar cómo nace un partido político en un Estado. El partido político no es un producto
de generación espontánea; se informa en_ una agrupación de hechos, que propagados en una soctedad, forman
un cuerpo de doctrina común á un grupo social. En términos más precisos: el partido politico se crea en virtud
de necesidades, ?,e intereses, dE: a_spiracio~es, de tend~ncias de una porción de la colectividad. ~fientras los mtereses no han tomado un gran desarrollo, mientras las
necesidades no se dejan sentir con demasiada violencia,
el partido político no surge: es necesaria una etapa superior á la vida económica de un pueblo, para que aparezca.
Claro es que una oposición que no representa intereses
de ninguna especie, que no ampara ninguna aspiración
social, que no estit apoyada, en suma, en algo positivo,
no es tal oposición, en el sentido político que de be darse
á esta palabra.
Un género de oposición últimamente desarrollado, ha
sido el obstruccionismo; y el obstruccionismo es un combate de guerrillas, una guerra de alfilerazos que no está
informada en ninguna disciplina, que no obedece á ningún programa: su función es la de hacer daño á toda costa, su tarea la de no hacer concesión alguna al poder público. El obstrucionismo no puede tomarse como Ja característica de un partido serio fuertemente constituido; y
si renombrados hombres de Estado se han aprovechado
de eE=ta arma, ha sido como un procedimiento, como un
medio; nunca como fin de una agrupación política sólidamente organizada.
La oposición nace con los partidos: porque como se ha
dicho muy bien estos últimos días, estos son el órgano y
aquella la fwición. Pata que nazca un partido, se necesita que haya un grupo de intereses que lo determinE',
pues lo que da fuerza y consistencia á los grupos militantes, no son las estrofas de los poetas, no son las
ideas de los filós.ofos, no son los discursos de los oradores, no son los artículos de los publicistas: son las necesidades sociales en -lucha constante por ser satisfechas.

i,t suµ-crstición ilel ltilóntdro mailrttbu.

mitiva piel de horda que vive de-larapii\a) BUeña en alcanzar por la conquista lo que por el trabaJo no lo~. .
La nueva superstición amenaza minará las nac10nahdades contemporáneas en las bases de su bienestar Y su
riqueza sociales.

QEl Qfota~tJ tJ las µrofes iones.
"Gn diario de esta Capital acaba de inaugurar ~ne. seria
campaña contra la instrucción p~ofesional gratwta, aduciendo en favor de su proyecto ideas que, no O?stante
haberse calificado de poco nuera.~, merecen ser temdas e_n
consideración. En materia de progreso hay qu~ rec~rrir
en ocasiones á viejas verdades todavía poco difundidas
en nuestra sociedad.
Hemos sido nosotros, los que no hace aún una docena
de años hemos escrito con motivo del tema puesto al debate: En M:éxico hay oferta de sabios y_ demanda-~ alimentos! Faltan cosecha.3 y sobran ilustraciones! Existe una
plétora de hombres profesionales en medio de una _inID:ensa extensión territorial de la que apenas una v1gés1ma
parte está cultivada, y entre la actual riqueza pública _de
las naciones latino-americanas y su equilibrio económico
se opone el legislador, el jurista, el político, el poeta, el
abogado...... una enorme cantidad de ciudadanos superiores robados á la labor de la tierra. Estos constituyen un
obstáculo en el desenvolvimiento de los elementos naturales de cada nación americana.
En los Estados Unidos, el hombre no se preocupa por
obtener un título pagado con los sacrificios de las clases
trabajadoras. Allí, el ideal e'J llegará ser una fuerza más
agregada al conjunto de las fuerzas sociales. El yankee
cree que se prestan los mismos servicios y que se es tan
útil explotando un pozo ele petróleo como pronunciando un
discurso en el parlamento.
Los latino-americanos pensamos que el hombre es útil
por su le1·ita, por su título, por su müie en scl&gt;ne. Hay un
culto hacia las grandes palabras, hacia las botas ele chcirol,
hacia los galones de jefe, la dialéctica del diputado, el
bastón del médico y la gravedad del jurisconsulto. Y
como la materia prima de nuestra riqueza social no ha
avatlzado paralelamente, se observa un notable desequilibrio, una laguna inmensa, imposible de colmar hasta
que las corrientes de los espíritus no émprendan otro
más saludable derrotero. Para nosotros, el problema consiste en que el aumento en la producción no se encuentre por debajo del aumento en las profesiones: que cada
nuevo representante de una carrera compense para la sociedad al obrero perdido, que un sabio sustituya al agricultor que se escapa!

***

Se ha dicho muy bien: el Estado no está interesado en
formar sabios, sino en formar ciudadanos, y la sociedad
civil, tal como los gobiernos modernos la preparan, acabat"á por parecerse según frase de un ilustre economista
(M. l'. Leroy Beaulieu, El Estado moderno y su,¡¡ funciones)
á uno de eeos viejos ejércitos centro-americanos, en los
que el número de los generales y coroneles es superior al
número de los soldado~.
Preciso es instruir á las masas, ya que la instrucción es
la base de las instituciones y del bienestar de un pueblo,
y que ese gasto salga del fondo común, puesto que á todos aprovecha. En este sentido ha podido repetir un diario la frase lanzada por un pedagogo de este lado de acá
del Atlántico: Gobernar es imtruir.-Pero que los sacrificios hechos por países, que apenas comienzan á dar sus
primeros pasos en el camino del ensanche de la riqueza
social, no sirvan para favorecer á una clase privilegiada
que puede, por sí so1a, procurarse armas profesionales
para triunfar en la lucha por la vida.
Tal vez no esté lejano el día en que esta reforma se realice y entonces ya no veremos ahogarse en la atmósfera
de las antesalas á esa avalancha de,i6l'enes de carrera, en
solicitud de una frondosa rama del árbol-presupueRto cuya sombra cubre amorosamente á tanto ciudadano.

No hace muchas semanas discurríamos en estas columnas acerca de eea extraíia locurd de los pueblos modernos-postrer reducto de un criterio formado en el período
de conquista de las agrupaciones humanas--eonsistente
ei:i procurarse la mayor e~tei:isión de territorio, y sostemendo á costa de los sacrificios más graves esas lejanas RESUMEN.--Historia del arbitraje general angloameric:ano.--la Gran Bretaña y los Estados Unitierras disgregadas de la patria, procedimiento del que
dos. -- Exaltaciones de ayer y sensatez de hoy.
surgen necesariaD1ente esos confhct-0s coloniales que en
la actualidad se desarrollan.
--la doctrina Monroe.--Enseñanza elocuente al
mundo civilizado.
Precisamente las líltimas publicaciones europeas se han
apode~do del asunto a~plificándolo y tobusteciéndolo . Cuando hace un año los _d?S pueb~os anglo-sajones que
con el impulso de espíntus superiores y el auxiliar de Juntos representan una misión altísima en el mundo ciabu~dante doc~mentación.-La tendencia á que hemos vilizado y vincula~ !as tendencias _de una raza y los inaludldo, la pasión á que se ha hecho aquí referencia ha terei,e~ de una fam1ha, parecían onllados á un serio romsido encerrada en los términos de una nueva frase qu~ ha pimiento por causa del conflicto venezolano, en que uno
venido á enriquecer la por hoy exhausta nomenclatura pretendía defender la fuerza del derecho contra las asde la ciencia social: la kilometría ruadrnda.
pi raciones del otro q11e sólo se apoyaba en el derecho de
La kilomtlría cuadrada-es decir el deseo inmoderado la fuerza, nunca pensamos en qne terminaran esas difide ~propiarse nuevos girones de te~torio, arrancados de c'.lltades de otro modo que como resuelven de ordinario
no importa cual comarca lejana de! planeta el anhelo de sus problemas las naciones prácticas v como sortean los
aumentar ~l suelo nacional incorporando te;renos arreba- escollos qne á su paso encuentran la Gran Bretaña y los
•
tados á qmen sabe qué tiniebla¡¡ del Afrfr·a el delirio de Estados Unido•.
C~ímos que á pesar de la exaltación malsana de los
aparecer grande, con lll1a grandeza no fundida en la cuantía de una producción desbordan'te, no en el desarrollo britanos ~ercantiles y la excitación m0rbosa de los yan~e. los ele1~entos de actividad, sino apoyada en la 8Upers- kees Jabonosos, todo se arreglaría pacíficamente y no tentwi6n del kilóm.c_tro c11adrado, extravagante megalomanía drfamos que presenciar una guerra, que habría siclo forq~e C&lt;_msum~ riquezas y agota esfuerzos y despuebla te- midable entre.los vástag?s d~ una misma estirpe, ligarntonos y siembra de cadáveres los más apartados rinco- dos por comumdad de aspiraciones y atados íntimamennes del planeta.
te coi; el fuerte lazo de los inteseses económicos y comerciales.
En vano es q~e se haga verá los pueblos que la tietra,
Y así su~edió: á la explosion patriotérica anti-americana
cuanqo el tr_-abaJo humano no se le incorpora no es uri
producto cotíza~le, y que si esta tierra representlÍ una suma que produ¡o en In~laterra y alguna de sus colonias el
mayo! de sacr1fi.cios que de ~ndimientos, su i-alor resulta ~ensa¡e del Presidente Cléveland, definiendo la casi olnegativo; todavía la humamdad no se despoja de su pri- vidada doctrina Monroe y ofreciéndola como ~&lt;&gt;ida protectora á la República Sud-Americana, contr: los des-

l]alftirtt ~.entrttl.

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

manes·dAl gobierno británico en liµ¡ codiciadas riberas,
del Uruán y en las fértiles márgenes del Orinoco; al entusiasmo anti-brit~nico que estalló en los Estados Unidos provocado por las palabras del Presidente, exajeradopor las excitaciones del jingoi81no de algunos senadores y
enardecido por las rei;istencias_que en un :principio ofreció el gabinete de Salisbury y la actitud idéntica de la
prensa inglesa, siguió muy luego la calma sensata y la
serena meditaeión. Los hijos de Albión pronto recobraron su tranquilidad y los buenos hijos de Penn vieron,
desvanecidos sus impulsos hostiles.
_
Pudo mis en ellos la consideración de los intereses que·
resultarían náufragos, caflu de nn rompimiento, que el halago engañador de la gloria, en el evento indeciso de un,
triunfo problemático. Y se estudió, se discutió, se hizo á
un lado patrióticamente la envidia y rivalidad que aso-·
maban entre naciones del mismo origen, y quedó deci-dido el arbi~raje en la cuestión anglo-venezolana, soln-ción que en vano había perseguido Venezuela ensu debilidad y había rehusado constantemente Inglaterra, en
su grandeza. La doctrina 1\fonroe recibió así firmísimo
apoyo y el mundo occidental qPe-ló desligado. de estrafias intervenciones y libre de las rapacidades de la :E;uropa monárquica, que _por más de cuatro centurias había.
ejercitado en él el imcuo derecho de conquista.

Son veinte también los arcos de la parte alta; pero de
orden jónico, y lucían cortillilj;s de raso: color blan~ los
del lado Snr, amarillo los del :'.'lorte, verde los de Oriente
y rosa los del Poniente, yendo también sus doolt:s columnas revestidas de palmas y guías de flores. .
.
El cielo raso estaba formado por un gran henzo pmtado de colores, formando cacclonex en su tota:idad y
pendía del centro un respland,,r circular, de cuarenta y
ocho rayos y un gran candil dorarlo, de fantasí~.
.
Las dos extremidades del corredor Sur, del prtmer piso,
estaban cubiertas por dos graneles cuadros que reprei::e~t.an
perspectivas: uno, las ruinas de "'ortenstein, en Zur!ch,
Suiza; y otro, nn la!;" d~ azuladas ondas c~e la Bavier~
Superior, cercado de flondos arhnstos y te111endo al fondo una cadena de m,rntai'ías rocallosas.
Estos dos cuadros fuerun pintados por el señor Jesús
Herrera Gntiérrez.
Las regias escaleras, hechas para todos los desfiles hidalgos, par.1. qne por ellas discurran
el vizconde rnbin rle los rtesafios

y el abate juveu de los malrigales,

ostentaban tambUn un adorno vi4oso y delicado. En su
parte alta, cubriendo el tragalnz de cristales, iba. un gran
bastido: cuadr,i.do, cubierto de cresp6n "'erde, azul. rosa
v amarillo formando abullonados y contenía 400 luces.
tucía en i{1 centro un cogín de razo blanco que llevaba
una corona de luces.
Diverso era el adorno del vestíbulo; p~ro no menos
notable. En las partes más visibles hab:a dos bellospas·
torales: una aldeana y un zagal.

***

1\ías no bastó á la diplomacia anglo-sajona haber zanjado esa dificultad, y conjurado la tormenta que enturbió
su cielo con sombras amenazantes, para precavers6 de
nuevas tempestades y ponerse á salvo de otros choques
que en un momento dado :pudieran arrastrarla á excisiones verdaderas en su propio seno: acaba de concluir un
tratado de arbitraje que deja todos los disturbios futuros
á la decisión de jueces sereno~ que alejen para siempretodo posible rompimiento.
Y he aquí que esa raza fría y calculadora, que comenzó.
por sentir el latigazo de un cáncer que pudiera corroerla,
que se estremeció á los asomos de la envidia que pudiera dividirla y se exaltó 4 los primeros vajidos de un•
rencor que pudiera apartarla de la misión que desempeña en la obra de la civilización moderna, vuelve sobre sí,
reflexiona, y da al mundo el grandioso espectáculo deuna tendencia bendita hacia la paz universal.
La Gran Bretaña y los Estados Unidos tienen y representan poderosa vitalidad y poseen en los elementos desu organismo suficientes energías para sostener sus derechos de nación soberana, y abdican de esaJ fuerzas, olvidan esas energías, para entregar sus futuras disidencias
al frío raciocinio y seguir siempre unidos por los lazos-.
del interés económico y de la comunidad de aspiraciones.
que los han guiado en su camino triunfal.
No podían ser como no fueron, los problemátic.o s derechos á un territorio reclamado por Venezuela, causas
que interrumpieran: todo un programa de tradición y de
abolengo; no podía ser la interpretación de una doctrina
internacional americana, vista con supreiuo recelo y mal
disimulada prevención por la Europa entera lo que apartara á los dos grandes pueblos de habla inglesa. Si necesitaba la doctrine l\fonroe la aceptación de parte de una
potencia del viejo mundo para recibir su sanción perfecta en el derecho positivo que informa las relaciones delos Estados modernos, el tratado preliminar qne ha terminado el conflicto anglo-venezolano es Ja mejor demostración de que esa doctrina, presentada como salvaguardia de las jóvenes repúblicas latino-americanas contra las,
rapacidades de la conquista, es acatada por una nación
poderosa del viejo continente.
Vean en ese tratado los Estados rivales que sólo escuchan las insinuaciones del rencor y atienden á las torpessugestiones de la envidia, de qué manera se establece la
harmonía y la concordia, y se échan las bases de la paz
universal. Comprendan también cómo se sacrifican hasta.
lar rigideces de un amor propio mal entendido para hacer que la política, libre de los movimientos pasionales,
ajena á los arrebatos del entusiasmo séntimental, ocasionado á ofuscaciones y devaneos, sea siempre el resultadodel razonamiento sereno y luminoso.
Desgraciadamente, todavía está muy distante el reina·
do de la paz sobre la tierra, todavía tendremos que ver·
á las naciones rodeadas de todos los elementos refinados
de la guerra para vivir en paz con sus vecinos, y habremos de presenciar esos sacudimientos apocalípticos que·
conmueven los ejes del planeta, envolviendo á los pue,
blos en caMstroíes espantosas y ruinas asoladoras.
Pues aunque llegmmos á presenciar una política deconciliación que momentáneamente nos librara de losgrandes armamentos sobre los-cuales descansa el trabajoso equilibrio de la paz actual, siempre quedarían palpitantes los antiguos rencores, ,. en el fondo de la aparente
calma quedaría la hiel de los amargos recuerdos, el fermento de las venganzas, la levadura de atávicas morbosas rivalidades.
14 de Enero de 1897.
X . X. X.
OTRO PAGO DE

$10,000.00

DE "LA MUTUA"

EN GUADAi.AJAR.A.
Guadalajara, Enero 8 de 1897.
8r.'D. Carlos Sommer, Director General de "La Mutua."
MfSxico.-M:uy apreciable señor mío:
Tengo el gu~to de manifestar ,t usted que hoy recibí de
esta sucursal del Banco de Londres y 1\Iéxico con mi caracter de tutor leaítimo de mis menores hcr~anos l\Iaria
Concepción. ::\Iaría de la luz, Elena y Salvador Brambi-Ja, la suma de (Sl0,000) Diez mil pesos, valor de la Póliza núm. 769,546 constitnida á favor de mis expresados-.
herman&lt;;&gt;s en la Mutna &lt;le New York, compañía de SeguroF de vida 9ue uste~ dignan_:iente dir~ge. Con la expresada suma recibí tamblén doscientos veinte pe8os diez centavós como ?E:volución de premios respectivos.
Por la actividad y eficacia con que usted se ha servidoproceder en este asu?to,. tengo el g~sto y la satisfacción
de dar á usted las mas smceras gracias en nombre de mis.
expresades hermanos.
Tengo el honor de repetirme de usted su más adicto y
S. S.-JosÉ I . Bn.nrnru..

***

t

ESTER TAPIA DE CASTELLANOS
el día 8 del actual en G;1adala;ara á la edad de
anos.

35

EL MUNDO

DOMINGO 17 O.E ENERO DE 1897

s7

¿Las damas?
¡Pecador de mí! Desde el momento en que recibido por
numerosa y elegante comitim el Sr. Presidente de la
ReplÍblica se presentó en el ealón, hast:~ e1; el que e,mpe·
zó á palidecer la luz de las estrellas, as1st1 á nn d_n'1no
desfile de ojos tropicales, de ojos de Jago de Es~ocm, de
ojos fulgurantes, y abora que querrm pronu11ciar nom-

brea, no puedo. ¡.Quién ha contado todos los diamante&amp;
luminosos de la Yía Láctea?
. .
E,;perad también. Y entre t~nt?, leed loa siguiente&amp;
datos que anticipo. El .lfundo Dwri.o:
El traje de la Sra. Carmen Romero Rubio de Díaz es de
riquísima seda con gran cauda y adornos de azabache.
_¡,,¡ traje de la Sra. .A.ro~ Díaz de la Torre,. es de co!t:r
rosa con hermosos adornos. El de la Sra.. Pnda de .N uñez, color violeta de piel de seda. El ~rp1ño lleva_ ~ort&gt;s
sobrepuestas de color amarillo, es~e~1e de margant1¡1as,
que lucen mucho. El de la señora'\\ hith, blanco con a&lt;lornos color rle rosa y encajes de. pu~to de Inglaterra. El de
la señora Tagle. de .Rivas, de tt:rc10pelo negro con pasamanería bordada de plata.
.
Señora de Choussal, traje azul pálido con _ricos enc:,ws
de Inglaterra. El corpiño es de color amanllo narau¡a,
de terciopelo.
,
1-\eiiora C'oncba Rivas de Torres, enagua de broche, r:~meada de tonos a,uarillo y crema, chaqueta. de mu~chna bordada de µ!drería é hilo de_ oro.
.
8et1orita L.&lt;iurn Enr.quez, vestido verde Nilo con eucajes y flores.
Reñorita .Aurora Eoríqllez, color rosa, de raso L'ilmty,
con muselina.
~ñorita :\Iaría Luisa E nrfquez, de raso blanco con
leutejelnas y flvn&gt;s. ,
.
8et1orita .Adela 1'ernández, color rosa, salpicado de
•perlas y lentejuelas de oro.
. .
Señora Brier, vestido negro con aphcac1ones de avalorío y bordados de oro.
. .
.
.
La sei1ora esposa del Mm1stro. !nglés, traJe de fondo
blanco realzado con rosas de fims1mo oro, ador_nos : m~rillo paja de gró é hilillos ele pequeños y vahosos bnllantes.

*

* * que ~l sueño, ese pastor
Y ahora hasta luego; dejad
silente vu~h·a mi esp,ritu al redil; de¡ad que duerma.....
Mañana o:; diré tantas cosas...... .

La aplaudida poetisa m\choac:ma, cu~o r,•tr~to,d;mns
arriba, vió la luz en .\lorel1a, y por los a~os de(;(} a 6- [ué
á residir en Guada ajara, &lt;!onde colaboro C?~ aceptación
en las revistas literaria~ de la t&gt;pn&lt;'a, en umon d~ los me·
jores escritores jaliscienCE'S y pn_bli-:ó dos cole~c1~nes de
versos muy conocidas: «Flores silvestres" y «Canticos de
los niños.»
. .
.
Era socia correspondiente de varias d13tmgmdas agru•
paciones literarias.
.
Su muerte ha sido verdaderamente sentida.
Halle su espíritu la p11z.
EL HAii.E; EN ltIINERIA

~_)¡

Por fin llegó esa noche maravillosa, esa noche de cuentos de hadas esa noche de encan!,o indescriptible tan locamente e~per'.,da por mil comzones¡~venes. Efectu~se por
fin en el edificio de :Minería-el primero de :\léxico-el
gran baiie que en obsequio del Sr. ½'ral. Diaz organ_izaron
las principales clases denuesta sociedad, con motivo de
la nueva toma de posesión del poder y á la hora en que
~sto escribimos mal alumbrados por el velón cuya luz
lucha con las p~imems claridades trémulas del alba, ya
&lt;;aliaron las harmonías, ya se extinguieron los focos, ya
descendió sobre los p.í rpados fatiga~os t'l suet10, ya •e desvanecieron como no eecncharla queJa las notas de lamagistral orquesta del Conservatorio y el recuerdo espera
acurrucado en los 11.iveos cortinajes de los lechos á que se
despierten las lindas pupilas negras y azu:es para extender ante ellas el divino espejismo de lo que fué.

***

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N{&gt;, no me pidais nota completa de lo que vf, de lo q~e
oí de lo que sentí.. .... E:i aun muy pronto. Las sensacion~s se a&lt;&gt;olparon en mi Ct'rt:bro en confusión caótica y aun
revolote~n locas en él; dejad que el orden suceda al c~os,
mañana os lo diré todo, cuando el sueño como un tnste
pastor.vuelva n:ii_espírit_u a] redil. Ahora sólo os daré notas
aisladas ras~os 1mpres1omstas, algunos nombres y algunas obs~rvac10nes breves...... Aguardad á maíiana..... .

***
¿Las luces? Se llamaban legió~: 2,,'&gt;10 p~CC? masó m~nos,
proporcionadas por las compat1Jas electricistas ~ac10nal
y Knigh. De esos focos, setenta de gran tamaño, distribuidos, 40 en el centro de cada uno de los arcos de ambas
regias series de corredores y los otros en los salones y en
el vestíbulo.
Ya podréis imagina1os aquel desvarío, aquella locura
de esplendor.
¿El adorno? Baste decir qué el ¡;;r_ Ignacio Bejarano lo
tuvo á su cargo para que nadie duJe de su exquisita elegancia y buen gusto.
Leed empero las siguientes notas que de\:&gt;o á un compafier0 discreto:
·
Una combinación feliz de estilos producía el más cautivador efecto.
Los arcos de la parte baja, que son de arquitectura toscana, ostentaban cortina¡es Lle expléndi&lt;_lo peluch_e, de
varios colores formando ondas en la parte Eupenor y
caían con natu'ralidad hasta el piso. Para que nada quedarn descubierto de la cantería, se cubrió el resto de los
arcos cou una decoración flor-al apropiada. Las columnas
estabim elegantemente vestidas de palmas y gnfas de
rosas.
.
Los muros de los corredores, correspondiendo á dichos
arcos, ostentaban grandes bastidores forrados de raso,
también circuidos de flores. Sobre pedestales de un metro de altura se coloca.ron artísticos macetones dorados,
• conteniendo 'plantas exóticas.
.
&amp;m veinte los arcos de que hablamos. Los dos céntricos de los corredores Xorte y Sur, mostraban lunas de
Yenecia, hiseladas, en las cuales reflejábansecomo en _un
la&lt;&gt;o encantado de diafanidad incomparable, el rítmico
m~vimiento de las parejas, el frac ~evero y el pomposo
y crujiente raso de los trajes fememles.

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El baile dado en Minería en honor del Señor Presidente.-las invitaciones.

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DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

DOMINGO ·17 DE EN ERO DE 1897

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37

Y la Ristori contestoba:
Dejadme, dejadme.... Os lo ruego.
A la original y hermosa fotografía
¡Xo puedo aún deciro:1 nada!
que publicamos y otras que lo son
II.
no menos, con que engalaneremoR
Concluido el primer acto, ee dirinue:-tras páginas, nuestro especial
gió la Ristori aT ¡,aleo real acompaamigoelSr. D. Mariano Salas, de Gua11ada por Barbieri.
temala, que.tuvo~ bien haremos la
La Reina la esperaba: varios )lidonación s1mpát1cs, acompafió ~~
nii,tros rodeaban :i !'U )Iajestad.
nota en que expl"el'aba la conv1cc~on
La gran actriz, sin vacilar un insde que nuestros poetas no podnan
tante, se arrojó á los pies de Isabel .
menos que inspiran;e, ya que no á
II, pidiendo gracia para el po?re solla Yista del original, cuando meno;;
dado con no menos elocuencia de la
:l la de la copis, pam.de!'gl"llnar 1l los
• que la había hecho triunfar de Xarpies u.e e•as herino.•uras lo~ claveles
vaez.
rojos de sus cantos ~róti.co,- y las ro-Cálmese usted-le dijo la Reina,
sa;; reale" de ~\u&lt; hl'on¡as perfumalevantándola, sin po&lt;lerdisimularsu
das. La presunción em justa·······:·
emoción.-Yo accedería, pero el pripero nue;;tros poc~~ ya no eantan ~1mer )1inistro...... .
110 t•n los rntoP. perdidos, y, homl,rt·K
La RiHtori, olvidando toda etiqueni fiu dd ~iylo di,·cinuue, .procuran
ta interrumpió á Su )[ajestad.
pn,ler los menos. La curia, la me'.:...Sei'iora, dígnese preguntárselo.
dicina el periodbmo, los empleos y
Y o conozco "U!'l "entimientos humaaun eÍ comercio, preocúpanlos m:1s
nitarios, y no persistid en su rigor.
que el Ideal m:is 6 menos hecho carXarvaez, que se hallaba pre~enne en alguna hermosa. Xo, nuestros
te, "E: incJin/, ante la Reina sm propoetas ya no cantan á la donosura
nunoar palabra.
v gentileza de la Eva eterna, porEsta entonces exclamú conmovida:
que hancaído en la cuenta de que la
-¡Pues bien, sí, sí; concedemos
belleza que premia con miradas y
el indulto.
&lt;:aricias, demanda para poseerla hoY la Reina pidió una pluma y firm,:-ta v legítimamente un cuadro de
mó Ja ~rac.i.a desead.a. .
.
opule1Ícia )! a.•piran ellos de;;de lueDcspucs d1¡0 á la R1~tnr.1 sonriend&lt;?:
go á adqmrir el cuadro, para con-lle aquí una t~ag"Jia que termi•
quistar después la belleza_.
na bien: guarde usted e~ta pluma,
Xo cantan y es de sentir;;e porque
que será para u~ied y para los imyos
hermo~ura.~ como la que hoy engalaun rec11erdn bendito.
ana nuestra revista, hechas son p~ra
Con esa reliquia en la mano v el
reeibir el perfume de todos los lll·
corazón desbordando nlegrfa i-alió
dl'n~o~ y la fre~cura de todas las flola actriz del palco real, y atrave."? la
I't'S. :-::on nermosums hermanas de
concurrencia que e:-pemba ansiosa
las nuestra~, que Et. ~lcrno ha preel resultado de !'U tentativa.
st•ntado con orgullo en opulenta ga-¡m indulto! ¡Tengo el indulto!
1..,r:a desde su fumlaciún hasta ahogritaba fuera de sr.
m á' sus lectores, herruo~unis hech11x
Algunos instantes después. aparet1e'8ombra y luz que divin11.a el trópicí{, en la e!'Cena, y era acogida pnr
co v que hacen recc,rdar los ver;;os
una inmensa aclamnciún. Los vivas
dei cantor de Luzbel:
y aplausos n•sonaban intermi~'lbles,
......1'\'egr~ sus ojo,~, negro su cnhcHo;
uniendo los nombres de la Reina y
competir en su n,,tro ¡:,arecla
el :myo.
Ja nO&lt;'he t·ouel tlta:
,\.quella noche obtU\·o la Ristori la
¡&gt;&lt;:ro aca.so el crc¡1\1sculo no es 1Jcllo7
ovación más grande(&gt; imponente de
l1ermosuras, en fin, que asl hilan la
su vida.
meca llena de copos hícteoi; en el hoYI
gar escondido y dichnso, como. e~Apenas
se
supo
la fausta nueva
plenden al :íuroo sol de las arañas l'll
cuando los tres jóvenes autores del
lo~ ealones del gran mundo.
&lt;·0111¡&gt;/"I nobilí!'imo, abandonaron el
¡Sombra y luz!. .....
teatro y uniéron8e al lira!. Enríquez,
*
avudante de Xarvaez, para ir á las
Y nosotros
b'emos dc•slumbrapn~iones militares.
do tantas pup~as jóvenes, mostnínEn ellas aguardaba la hora de amadoles los rostros ideales de las bellenecer el condenado á muerte, ya
zas mexicanas, debíamos, rompil·nperdida la 1ná~ remota e,peranza.
do fronteras ( que para nuestra cinuEnríquez mostró al liobernador la
Jación no existen) asociar :í mtebtra
real orden y acordaron comisionar
galería las bellezas guawmaltecas,
al Cura Berrocal para que revelara
también hispanas y deslumbradoras
al reo la noticia gradualmente.
también.
As( conveni&lt;lo, entró aquel á la
Hacémoslo así, con agrado, inicapilla: los tres jóvenes se quedaron
dando hoy la nueya galei:ra, y pm·sen la puerta asomados á la mirilla
to que nuestro i;emanano, que ya •
Señorita Concepción Zivión y Saravia. ( En traje de fantas1a.)
enrejada.
•
circula mucho en centro América,
•
El•preso
sentado
y liaba
,•mpíeza á extender su esfera de ac(De fotogmfia cnylada por nuc,tro ami~'&lt;&gt; el l:'r. D&lt;m )Iarlnno S11Ja.s rle Guatema1a.)
. hallába~e
d
v hizo
roo
un
c1~arn
11
o
e
pape
I
.
,.,o
dón á la America del Sur, á las bevi
miento
alguno
cuando
dietinguió
al
sacerdote,
y
éste,
-)fa¡,, usted puede salvarle la vida.
llezas centro-americanas, haremos suceder las surianas
esforzfodose por disimular su aleiría, le dijo:
-¡Yo! ¡Ojalá!
.
.
.
-donairosas y así habremos logrado que con el movimil"Jl·
-¡Hijo mío' ¿como tienes el ánnno? ¿Esperas aún?
-El indulto ha sido ne17&gt;ldo :i v,ma!! d1putac1ones; pe·
to político1 literario v científico ele América, rn?,el'tra r1:-Xada Padre: bien Jo sabe usted.
vista refleJe la alma luz de la hem10Hura feme01l del pri- ro sabemos :¡m• el arte ht~ido omni.potente.; ~auemos que
-Yo ;J que la caridad cristiana nunca se rinde. La essi usted implora tí la Rema y al pruner :lhmstro, alcan-vilegiado mundo de Colón!
znr,t la victoria; ambos se hallan eu el teatro; llame usted peranza no debe abandonarse hasta el último momento.
á Xarvat&gt;z, ahora mismo, y al terminar el acto primero No eet:ís ol\·idado...... y ¡quién lo ~abe!
Chapado miró fijamente al Cura: cayósele el cígarripreséntel:e en el palco real.
llo de sus m:lno~, que temblaban, y preguntó con YOZ
-I'ero, señores, ¿llamar al mini~tro? ¿Ycndría?
ronca:
-Es un caballero espal1ol.
-¿Hay algo?
· Entonces dispongan ustede~ de mí: intentan&gt; lo que
-Sf, hi¡o mío, sí! ¡Dale gracias á Dios!-repuso aquel;desean.
la Reina acaba de firmar tu indulto.
II.
. El reo se puso de pié y dió un grito estentóreo diEl Duque de Yalencia fué avisadn, y no tardó en acu- ciendo:
dir.
La
Ristori
le
invitó
,i entrar en su cámara, encerr,ín-¡Viva la Reina!
TRES PERIODISTAS Y UN REO DE MUERTE.
dose bajo llan&gt; para no St'r interrumpida.
inmediatamente cayó desplomado y sin sentido á
:IIariscal-le dijo con rnz preñada de lágrimas-varias losEpiés
del sacerdote.
veces
me
ha
ase~urado
u~ted
qne
nada
me
rehm-aría.
I.
V
Le pido la vida oe ese pobre soldado que se merece cleEn el mes de Septiembre de 1857 hallábase en Madrid mencia.
Los tres jóvenes llorando de emoción ;,e miraron y se
fa famosa trágica Adelaida Ristori, repre~ntando con
-:::ieñora, respondió el duque-¡es imposible! Lo la- estrecharon las manos; parecían darse la enhorabuena
-éxito excepcional en el Teatro de la Zarzuela.
mento mucho; perore iwponc un ejemplo duro. N'uestras por la hermosa obra realizada.
Una noche tre!' jó\·enes pcriodistaio, cMi dc~conocidos, rE'voluciones comienzan en el ejército; la di~&lt;'iplina esttí
Pocas veces se unieron, tres manos á, mpul~o de tan
llamaron á la puerta de su cuarto, en ocasión que la ae- relajada. Todo el Municipio ha implorado ií la reina el santo motivo.
'triz iba á transformarse en la Jfedea de Legouvé. ·
indnlto de ese soldado, y yo me he opuesto. En estos insPocas veces logró tanta fortuna una in~piración ju-¿Qué queréis, seftores?-pregunt6 entreabriendo.
tante, la clemencia sería peligro~a.
.
venil.
,
-Hablarle cinco minutos.
Entonces la Ristori apeló ,1 todos los recursos de su ma. Inspiraci6n hija no del acaso, sino de la grandeza de
-Perdón, ahora es impo~ible. Yue)yan en el primer ravilloso arte para conmover al Yiejo guerrero. Gna in- corazon y entendimiento que atesoraban aquellos jóveentreacto.
terna lucha se revelaba en el rostro del duque; las higri- ne~, que al1os de•pués serían verdad&lt;."ras glorias de la
-Sería tarde, señora. De vuestra conferencia dl•pendc mas con~iguieron triunfar, y t-0múndole una. mano:
Patria.
.
la vida de un hombre.
-¡Ah, señora-exclamó, me ha vencido u~ted! ~i la
sr, porque los tn.,;:: periodistas, rcdactorec de La Di,-¿La vida de un hombre? Entonce!' pasen u~tede~.
Reina consiente, no me opongo. Pídale usted una audien- cusi611 y de El Pup/Jlo, y salvadore,i de un semejante, fueY la Ristori, maravillada, los invitó á que esplicasenel cia; será usted recibida en un entreacto; arr6jese á las r-0n D. Pedro A. de Alarcún, D. Gaspar Xúñez de Arce y
· planta!&lt; de su majei,tad; sea u~ted tan elocuente como con- D. :\fanuel del Palacio.
-enigma.
,,,. . d 1 .6
ste.. ta •
-Sei\ora--..u¡o uno e os J venes-en e
ID~ nte se
migo, la Reina quedará perpleja. nira á ui;ted que el Pre¡Envidiemos e:-as páginas de sus vidas!
halla en capilla, para eerfusilado al amane&lt;:er, un soldado ~idente del Consejo se opone á la gracia ...... )le hará llaPXDRO DE X ovo Y CoL'ION.
que se llama ::O.icol:1s Chapado; contaba once afü)R de con- mar...... yo acudiré...... ¡Espcremo8!
duct~ irreprochable en el i;ervicio, pero un Fargento
Una emoción verdadera ahogaba á la Ristori, no podía
~J_~-::::.c,J_~-::::.c,j~-::::.c,A,_~
cruel lo golpeó sin causa, y aquel tiró del sable para con- hablar, e~trechó l11t,nnno de ~arraez con gran efusi6n,:Protenerle, aunque sin herirlo. Por este solo hecho se le ha metiéndole seguir l'!Ul'l con8Cjo&gt;&lt;.
Cualquiera que sea el techo ó la bóveda que un nilto
'COndenado á la ültima pena.
Apena~ se marchó éste todo~ la rodearon preguntándo- t-enga encima de ~u cabeza, el cielo siempre se refleja en
-¡Dios mío! ¡qué horror! ¡qué hístima!
la: ¿Ha rehmado? ¿Ha con~ntido?
sus ojos.- l'. Ilv.go.
Srita. Concepclón.Zivión y Saravia.

G&gt;

EL MUNDO

ut

DAMAS GUATEMALTECAS.

�DOMINGO 17 DE ENERO DE 189T

EL MUNDO

DOMINGO 17 DE ENERO DE

,ssn

EL MUNDO

39

E:L "DONA.TO GUE;R.KA,"

no; est-0y muy lejos de los ojos negros que es como quien
dice: estov helado en la noche inacabable del Polo ~orte. Pero tengo los ojos vueltos al cielo, guardando la postura de esos cadáveres egipcios que enterraban de cara al
Oriente en espera de la resurrección; y cuando luzca el
eol, leeré de nueYo el libro casto de mi adolescencia. Por
ahora lo ~uardo en el estante honrado de mi humilde biblioteca, ¡unto :í la Jlaydalena de Sandeau y los • Cv.e11to.1
de Cárlos Dickern,.
En otro armario veo la pasta vinosa de Xana y la cubierta negm de. ~1usset .E~parcidas en mesas y sillones, ·
yacen los ejemplares de la noycla encanallada. :Mientras
no salgan estos de mi gabinete, "Jfaría" no volverá, coma la esposa permanece au~ente mientras no se despide
la querida.
•
¡l'ubre libro! Tus p~ginao; son blancas como los azahares, como el vestido de las novias y como el cútis de los
niños rubios' •Ya tengo sed de leerte. Es la sed que se
siente cuando se ha bebido mucho vino. ¡Cuánto bien
hace entonces un humilde vaso de a~ual
¡J?ios mío! ¿Cu,lndo leeré la historia de Jlarfo?

UN BUQUE LUJOSO.

"El Tepoz:teco. "-Frente del monumento mostrando el atrio del segundo piso.

".EL TE:PO.ZTE:CO"

coral rojo, y mostrando la otra el n,qilli que coronó al
rey de Tepo:rllfl. En uno y otro recinto, adosados al muro,
Un monumento de nuestras antiguas razas.
hay asientos de pied111 1 cuyas caras tienen multitud de
inscripciones geroglfficas perfectamente conservadas.
Ahora que el Ferrocarril de l\léxico-Cuernavaca-Pací- Los muros están preciosamente decorados con estrías,
fico est:i para llegar á esta ciuo.ad, creemos oportuno dar dentículos, perlas, grecas, etc. toda esta decoración es
á conocerá los lectores de EL l\Immo todo aquello que polícroma y de muy hermoso efecto artístido. Llama la
pueda parecerles agradable ó interesante, del hermoso atención del visitante la solidéz y magnificencia de la
valle en que tuviera su primera morada en Nueva Espa-- construcción, que revela prafundos conocimientos de arfia el conquistador Cortés. Cuernavaca, por la benigni- quitectura.
dad de su clima, por su proximidad á la Capital de la
De las fotografías con que ilustramos este artículo, la
República, (poco más de 3 horas de ferrocarril) y por nú1:nero 1 es la del,frl'llfP del monumento, mostrando el
sus hermosos paisajes, atraerá, en época no lejana, mul- atno del segundo piso en donde está la piedra de los satitm~ &lt;;le touri,,t,:~ é invernadores. Xos proponemos, pues, crificios; la escalinata que conduce al tercer piso,
escribir una serie de artículos ilustrados, en los que da- los restos del altar, los asientos de piedra v fragmentos de
remos á conocer todo aquello que, bajo cualquier concep- la decoración mural. La fotografía númPro 2, muestra
to, pueda atraer la atención de los viajeros. A título de una parte, la más pintoresca del pueblo de Tepoztlán, y
c~osidad y por el interés que pueda despertar entre los la montaña en cuya cima está situado el monumento. La
aficionados á la arqueolo~ía, damos hoy una descripción, número 3 esM tomada de una part.e del camino que conaunque somera, del curioso monumento llamado «El duce al «Tepozteco:n el lector podr,í form11rse una idea
Tepozteco.11
.
de lo imponente del paisaje, teniendo en cuenta que la
más pequeña roca no mide menos de diez metros de al***
Has~a á mediados del año de 1893, «El Tepozteco11 per- tura.
maneció aban~onado: &lt;_:on e_xcepción de algunas perso~s viajeros ten?~,ín. antes de mucho tiempo, grandes
nas de la locahdad, casi nadie conocía el interesante mo- fac1hdades para v1s1tar el curioso é interesante monunumento, de cuya existencia, aun ahora muy pocos mento que hemos descrito, pues el ferrocarril de Cuer~iene~ noticia. Cubiert_o de escombros, c~mpletamente navaca pasará precisamente por Tepoztlán.
mvadi~o I&gt;&lt;?r la vegetac161!, •El Tepozteco,, hubiese desL. E. GUTIERREZ.
~parec1do_ Bl el Señor Presidente de la República, que se
Cuernavaca, 189i.
interesa siem¡&gt;re por todo aquello que pueda influir en
el adelantacmento del país, no hubiera nombrado al Sr
Ingeniero Don FrancibCO :II. Rodríguez para exhumar eÍ
magnífico monumento.
' 1
Los vecinos de Tepo_ztlán, ~nta Catarina, Santiago y
San Andrés, con entusiasmo digno de encomio concurrier:on á trabajar, gratuitamente, en las obras de exhumaCJón; y es tan~ más laudable este hecbo, cuanto que
la ascensión á la c1_ma en que tenían lugar los trabajos, es
muy larga .Y exces1v~~~nte penosa. La conclusión de las
obras, hábilmente dirigidas por el Sr. Ingeniero Rodríguez, fué celebrada con serenatas é iluminaciones y desde en~nces «El Tepoztecon ha sido visitado por U:ultitud
de toumtr-' y ~o fué por algunos miembros del Congreso
de Americarustas.
He aquí una ligera descripción de «El Tepozteco·11 situado al N. de la villa de Tepoztlán, sobre una peña~norme. ~l monumento, de forma piramidal, tiene una altura
de ve1~te m~tros y está construido con /¡,zontle y piedra
basalt1ca: Tiene tres c~erpos, '! en el primero por los
lados E. Y S. hay amplias escalinatas, bastante bien conservadas, de las cu_ale_s, la ~el 8. conduce al atrio, frente
al altar de los sacr1fic1os, situado en el eje de la escalera
que conduce al 3er. piso.
~n el interior ~el Z! Cuerpo, cuyo piso está á nivel del
atno, está depositado el cadaver del rev tepozteco que
ordenó la construcción del soberbio moñumento, v aJ~unos otros que ~ supone_ sean de miembros de la familia
real, ~ persona¡~s pro_mmentes de la Corte: entendemos
que aun n&lt;? ha Sldo bien explorado ese sarcófago. Al acabar de ~l~bu la escalinata que conduce al 3er. piso, ee halla el v1s1tante frente á l~s tres puertas ( que ven al o.,)
que d:in acceso al grandioso Tt0&lt;'Xl.lli. Tiene éste una superficie de 48 metros cu.1drados v está dhidido de v ,
.
6 recintos,
'.
~,. t•
•~:, en d_os grand es secciones
uno de ' mayores
d1mens1ones, en cuyo centro se encuentra un hueco recta_ngular, que era donde se mantenía el sacro ju,go segun lo_ demuestran los fragmentos de carbón vegetal' • de
(!opal,li que ~11~ fueron encontrados: éste recinto era des
tinado_ al publico que asistía á las ceremonias. El se undo recmto,_ al que sólo tenían acceso los eacerdotes, fs el
más pequeno; en el c~ntro y junto al •muro, se encuentran lo~ restos del altar en donde estaba la divinidad ne
allí ~c1bía culto,_y de la que sólo quedan dos pied~as
preciosas, una primorosamente esculpida y decorada, de

Damos un fotograbado con detal1es completos del nue"l"'o
vapor guarda-faros «Donáto Guerra," hecho construir por
nuestro gobierno en el puerto de Filadelfia.
Ann cuando las ediciones diarias de esta casa han pu·
bhcado el grabado del nuevo buque, creemos conveniente darlo en EL Mu.Nno semanario, primero porque la fotogrnfía que aquí ofrecemos es naturalmente mejor que
u_n ~buio hecho á l_íneas, y segundo porq1;1e nuestro periódico es de_colecc1ón, en tanto que un diario se rompe
6 descuida una vez leido.
El «Donato Guerra,, acaba de zarpar de Filadelfia y estará muy en breve en \'eracruz donde la gente de mar
se apre;,ta tí recibirlo con grandes festejos. Elógiase mucho el lujo de este buque y para que nuestros lectores se
formen cabal idea de sus comodida:les y confort transcribimos las siguient.es notas de uno de nuestros redactores
á• este respecto:
El salón principal, independiente de la cámara de ofi. ciales y de~tif!ado á comedor? P.S de madera fina, pt-rfectamente barmzada y con relieves doradoe; el piso es de
mosaico de madera y el techo, pintado de color cre111a
tiene también relieves de rosa y oro. En el fondo ostent~
un elegante aparador de nogal con tapas de marmol para
guardar la vajilla y la cristalería del servicio. L1. mesa
que ucupa el centro puede servir para doce person11s
De este salón se pasa á los departamentos de los· inspectores, decentemente amueblados, y que constan de alcoba y cuarto de bafio y por su pasadizo se llega 1t la des•
pensa y otros sitios accesorios.
Por una escalera de caracol se asciende á lo que se llama el cuarto de cartas,que es el Yerdadero lujo del vapor
Consta ~ste de una alcoba lujosamente decorada y d~
un salonc1to con una estatua de marmol, muebles de muy
buen ¡n1sto: y ostenta en las paredes los retratos del General Donato Guerra, que dió nombre al buque del Presidente de la República, General Porfirio Díaz del General :.\Iena, actual _~Iinistro de Comunicaciones. E~tos
retrato~ son obsequio de los señores Samuel Hermanos,
C?nt~t1stas para la construcción del navío. El saloncic1to tiene las paredes de caoba labrada y pulida con realces dorados.
Todos los demits departamentos del buque esMn arreglados con ~rdei:i y buen gusto, mereciendo mencionarse
el de l';\ marmeria, que es cómodo é higiénico.
Los mstrumentos del vapor van en un cuarto especial
sobre cubierta, para utilizarlos facilmente en los momentos del se;rvicio.
El «Dimato Guerra,, ser,í, pues1 un cómodf&gt; alojamiento
para los empleados que se destmen á la mspección de
faros y su 11_1:gada :í las ~ua.s ~exicanas debe ser motivo ~e regom¡o, p~r9-ue v1en!l á maugurar una importanto
me¡ora en el serv1c10 marítimo de las costas del Golfo.

y

«Educar es redimir.,,
Así también lo entienden los cacos, y por eso se educan en el arte de prestidigitación, para redimir al prójimo de la pesada esclavitud del dinero.

l

G.

•

e?'

"El Tepozteco"-EI pueblo de Tepoz:tl.in.

GARCÍA HA:IIILTON.

M. GcTCÉRREZ NAJER.\.

BASTA Y SOBRA.

"El Tepozteco."-Fracción del camino que conduce al monumento.

PAGINAS OLVIDADAS
CON PRETEXTO DE "MARIA"

Este es un libro que yo guardo en el estante honrado de
mi humilde biblioteca, junto á la Jfa!{&lt;lalena de Sandeau
y los Cuentos de Carlos Dickens. Este es un libro que
leeré á mis hijos, cuando los tenga, y que ha pasado ya
por las manos de mi novia. Este es un libro casto, un libro sano, un libro honrado.
·
l\Ie parece que ya han corrido muchos años desde que
lo leí por primera vez. Fué en el jardín d~ una hacienda,
¡t la hora de la siesta, bajo el nogal hospedador, donde
anidaban tantos pájaros cantores. La tarde fué cayendo,
y los rayos del sol en el poniente teñían de color de rosa
la nieve de los volcanes. Apenas se veía. Hasta el lugar
en que yo estaba, tendido mdolentemente sobre el musgo, llegaba el balido de las ovejas que volvían ó. sus rediles y el retintín de las esquilas.
Los bueyes mugían entrando á sus establos, y los peones, sudorosos y cansados, regresaban al caserío. De cuan.
do en cuando dejaba el libro abierto sobre el césped, y
veía el cielo aaul, color de «no ,r,e oli-ide.~. 11 Luego acabó la
luz, volví á la casa, y tí la indecisa claridad de un gran
velón, terminé la lectura. :Kadie estaba an la sala: era
víspera de una solemne fiesta religiosa, y amos y criados
habían ido á la capilla para adornar los altares y confe•
sarse con el padre cura. El jardín olía ó. flores nuevas y
la casa á incienso. Dios estaba allí.
Me parece que ya han corrido muchos años. Acaso nun•
cavolveréálaquietud reparadoradeaquelcampo. Tal vez
no vuelva á leerte, pobre libro! Ya estás viejo, tu pasta
se ha desteñido; muchas de tus hojas tienen dobladas
una de sus puntas y hay en los márgenes de otras, apuntes, fechas, nombres, versos manuscritos y figuras dibujadas con lápiz. Así trato los libros que más quiero. Pero allí estás, en el estante honrado de mi humilde biblioteca, junto á la Magdalnw, de Sandeau r los C11n110.~ de
Carlos DickenP. ~le hablas de ese horizonte soberano
que divisaba desde el jardín en que te leí; del silencio
sonoro que reina eternamente en ese valle; de la capilla
con sus blancos cirios y sus flores frescas y sus imágenes
toscamente esculpidas; del amplio confesionario á áonde
iban, con los ojos húmedos y la voz compun~ida, las devotas penitentes; del rosario, rezado en comun poco antes de la cena; de aquella calma, de aquella eerenidad, de
aquel contento; de la mujer que m,is he amado y de las
horas en que más he creido! Tú fuiste el (mico libro que
leí en aquellos días, si no es un libro la naturaleza, y otro
libro más admirable aún, el corazón.
En varias ocaeiones he querido leer de nuevo la.historia de María. Ocúrreme, sm embargo, lo que pasa tal vez
á los avaros, cuando presumen que álguien abrió sus cofres y les robó su oro. El hombre avaricioso, pálido de
emoción, mira los cofres entreabiertos y no se decide á
levantar la tapa para cerciorarse de sí ya el x;obo se ha verificado. Pues así pienso yo cuando toco ese libro que, á
manera de urna, guarda tantos recuerdos de cari!io. ¿Se
habr:t evaporado la esencia? ¿Yolveré ti sentir las tiernas
emoci911es que me produjo su lectura? No quiero conocer
la húrafia realidad; no quiero sujetar entre mis dedos las
alas de la mariposa, desmenuzando su polvillo de oro.
, Las sensaciones mudan, el griterio varía, los años pasan;
tal vez el rostro de la mujer que amamos está ajado por
la vejez, pero el corazón terco no quiere creer en esas lógicas mudanza~, y los ojos del alma siguen mirando hermosa y joven á la pobre mujer cuya sedosa cabellera ha
encanecido y cuyo• cutis de durazno han arrugado los
años. Xo veáis á la novia de ha veinte afios, sino ·queréis
perder las delicias del recuerdo. Xo le:iisellibro que tradujo tan bien el poema de vuestros primeros amores.

·*

. Xo ~é si ha dicho alguno,*ó*lo digo yo ahc!3, que la música encanta porque ponemos en ella nuestros propios
sentimientos. Con efecto, lo que nosotros queremos oír
es lo que oírnos. Una misma armonía aumenta nuestra

tristeza si estamos tristeF, ó nuestro regocijo, si la alegría nos baña el alma. Las notas son como cápsulas huecas, en las que ponemos la miel de la dicha 6 el ajenjo del

.

~~~

Pues cosa parecida á esto gne digo de la m1ísica, puede
tambien deCJt-se de "María." Es un libro que poco ó nada
significa para aquellos que no saben leer entre las líneas,
esto es, en el corazón. Como pintura de la tierra americana, posée, es ,·erdad, grandes bellezas; pero.estas ya estaban comprendidas en la oda milagro~a que escribía
Don Andrés Bello, y en muchas otrns piezas peregrinas
de la literatura americana. Quien busque tales excelencias en el libro, puede ocurrir, si es por ventura artista,
á los pintor&lt;'s; si es hombre de ciencia, á los tratados de
botánica y á las obras de historia natural. Todo eso no
es más que un paii::aje, el cuadro, el marco. Si buscáis el
idilio, el drama, el poema, bajad á vuestro mismo corazón. Ahí est:\ otra Jlaria tan hermosa como ésta y que f!e
le parece mucho, como se parecen todas las estrellas.
Por eso leemos con deleite la obra del narrador americano. No leemos á él: nosotros mismos nos leemos. Y
como la memoria es siempre un libro nuevo, cada vez encontramos detalles más delicados y episodios más tiernos
de la semilla historia de esas dos buenas almae, que se
aman, sufren v mueren.
Cuando rrie ·han dicho al¡rnnos aristarcos q ne Núflez de
Arce plagió á Isaacs, en su famoso «Idilio,11 he soltado á
reir. De ese modo plagian todas las a,·es que se abrevan
en la onda azul del mismo arroyo vuelan en la misma
atmósfera y ren el mismo cielo. E 11mor es mon6tono,
desde que el mundo es mundo; los hombre~ no han encontrado para expresarlo m:ls que esta sola frase ¡te amo!
Lo que constituye cabalmente el mérito perep:rino de
«Marf((,11 es la llaneza de la fábula. Ese es un libro que
todos ha bría100s escrito, si tuviéramos tanto talento como
Jorge Isaacs. No encierra nada extraordinario· es la historia de los amores inocentes, la novela mía, 1~ de usted
y la de t?doP. El autor no pus? de su cosecha propia miís
que el ~ilo _dorado con. que ciñe y cose esas palabras y
esos ep1Sod10s que ha dicho y ha sufrido. Lo demás viene de arriba y su autor es Dios.
Producir un sacudimiento de terror trágico es más fa.
cil que enternecer. Cuando se logra esto se 1{aencontrado la juntura de la coraza por donde rn '1a espada al corazón. En la novela de Jorge Isaacs, no hav gran esfuerzo de i~a~inación; pero las~lmas buenas lloran al leerla,
como s1 Erraín fuera su nov10 y :\Iaría su hermana. La
verdad es que lloran por sí mismas: esas escenas y esas
frases son el perfume d~ una cabellera qne 1iuestros dedos ya no pueden de~pemar, y la~ notas de un vals que
se escuchó hace muchos afios.
•
Hay mucho propio de nosotros en la historia de esos
pobres enamorados. Es un libro nuestro.
.

r

¿Tú piensas que te quiero por hermosa,
por tu dµlce mirar,
por tus mejillas de color de roi:a?
Sí, por eso, y por buena nada más.
¡,Que entregada á la música y las flores
no aprendes á danzar?
Pues me alegaa, me alegra que lo ignores:
yo te quiero por buena, nada más.
¿Que tt1 ignorancia raya en lo -sublime,
de Atila y Uenjis-Khan?
¡Qué muchacha tan ciega ...... Pero dime:
si lo supieras, ¿te querría más?
Bien se están con su ci&lt;'ncia los doctores,
la tuya es el bogar;
los niños y la mi.laica y las flore~,
bastan y sobran para amarte máe.
RAFAEL

ÜBLIG.rno.

E:1 amor en los distint os pueblos.

El español tiene el ª'!lºr franco, lleno de abnegación y
de celos. La e_spañola tiene 1:I amor ale~ y voluntarioso.
. El trancés tiene el an:ior vivaracho, mg-enioso y comu-·
mcat1yo. La francesa tiene el amor irresistible encantador é mconstante.
'
El inglés tien~ el amo~ frío, preciso. La inglesa tiene
el amor romántico, veleidoso.
El itali~no_tiene.el amor apasionado, receloso y rencoroso. La italiana tiene el amor ardiente, devoto y dispuesto á romper.
El aus~riaco_ tiene el amor profundo leal y positivo.
La au~r1aca tiene el amor anti-platónico seductor y
tranquilo.
'
El ~meric~no tiene el amor atrevido y apasionado. La
~hoe~~na tiene el amor provocatibo, tiránico y capri. El ruso tiene_ el amor misterioso y fantástico. La rusa
tiene el am~r vivo y ardient.e, embriagador.
El turcf&gt; t1ef!e el amor despótico, sensual y cambiadizo.
La ondahsca tiene el amor pasivo, resignado ó ardiente y
arrebatador.
. El alemán tiene.el amor pesado, crédulo. La alemana
tiene el am~r sentimental, dulce y desordenado.
. El belga tiene ~l amor honrado y profundo. La belga
tiene el amor seno v sencillo.
~l s~izo tiene el· amor tímido, bueno y cándido. La
smza tiene ~l amor apacible, Yirtuoso y creyente.
El sueco_ tiene el amor reservado, poético é inalterable.
La sueca tiene el am9r casto, tranquila y fiel.

Y todo en In no,·ela ocurre fncilmente
·•Como la 1wclteUl'[1U cuando ú.t lu= .~ ra."

································································.. ,, ............ .
¡Asís~ ªn:1ª Y. así se muere! Xo ~ay complicaciones ni

engrana¡es mtrmcados. Esa máquina es tan sencilla como la máquina q~1~ más á menudo se rompe: el corazón.
Sería Yano tamb1en buscar en la novela un minucioso
am'ilisis p~icológico. ¿Para 111{·? Basta narrar los hechos:
el lector ha ~1echo ya el anali~i_s y lo r,one por su cuenta.
E~tas cosas ¡amá~ pueden expltcar~e: se sienten y se ven.
Hablando de "Jfaria,• podría decir perfectament-c aq uell~ frase que 8:iint Bem·e aplicaba al soneto: ••es una higruna dentro de una gota de rocío.u
.

***

Si busc:iis _un ex:ímen mt\s prolijo, no q uer,lis pedírmelo. Ya he dicho que no be vuelto á leer la historia de
".lfaría." ~ubiera necesitado apercibirme á esa lectura,
c~mo los mños se preparan para hacer la primera comumón. Cuand? tenga una casa, y en la casa una cuna, y en
la cun'.1 un mño, volveré á deletrear en mi corazón quiero decir, volveré á leer la historia de "Jfuría." Ahora

~ej_ando al tiempo que ande,
y v1nendo en un extasia risuefio

como fü•cía Calderón el Grande '
voy tomando la vida como un sueño.

***

llfo hay mujer que no sea
al huir de algún hombre, G~latea.

* .

**
Merced á tus encantos sobrehumanos
no pueden retr-atarte los pintores
porque, al Yer de tu cara los primores,
el pmcel se les cae de las manos.
CAYPOAl!OR.

�=,;4~º=======================¡=====
E=L= MUND=O= = == =~ = = = ~ = = == = =·=D=O=M
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=0= 17~ D=E= E=
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41

EL MUNDO

DOMINGO 17 DE ~NER0 DE 1897

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Por Faul ~ourget.

A...

un sitio tan aparte en nuestra escuela contemporán&lt;&gt;a, vidia hablada 6 impresa le hacía reir, con su alegre risa qu~
desde su ProBerpina cogiendo la granada de su primer sa· descubría sus dientes blancos sin una mancha de oro enlón en 1877, hasta su Tumba de Alba Steno, expuesta en tre sus labios de un rojo tan sano, y repetía:
"Los envidiosos miden nuestro talento como la somMayo IÍltimo. Sí, tenía una persistente, una insol0 nte
buena suerte. Haber sido hermoso á los veinte afios, con bra mide nuestra estatura."
Por mi parte creo no haber experimentado ante esa aduna hermosura de joven patricio del renacimiento italiano y á los treinta y cinco serlo aun al grado de llamar la mirable fortuna el vil. crispamiento de la envidia odio
atención de las mujeres en las calles y en los teatros;- sa en la cual !ves no erraba al reconocer una especie
haber tenido al salir del cólegio la más amplia indepen- de homenaje. Xo: p or extraño que deba parecer estemadencia pa:a poder evitar 1í su talento, todas las servidum- tiz de sentimiento después de lo que acabo de referir,
bres del oficio y que ese talento, delicado y robusto, sutil lves Clouet me inspiraba, al contrario, una aprensión,
y potente, baya sido de los que seducen igualmente á la un terror, casi una piedad. De todas mis experiencias de
multitud y á los refinados;-haberse casado, joven aun; las cosas humanas ninguna ha sido más constante que la
por amor, con una doncella, de la gracia y del esplendor de la ley encarnada por los antiguos en el mito de Nemede una Venus antigua y que esta Venus h ayaposeido al eis, la diosa de las compensaciones. Yo creo profundamismo tiempo todas las difíciles virtudes necesarias á la mente, absolutamen,te, en la universal igualdad de la
esposa de un gran artista: la absoluta abnegación, la in- suerte y en que toda alegría se paga con un exacto rescateligencia reconfortante, la modestia sumisa y esa delica- te. Cuando e ncuentro una personaá quien el destino pa·
deza de amante que da á. la hoi:iestidad del hogar la que- rece conceder todo lo' que desea, haría con ella voluntariamante pol}sía de la pasión !...... Muy ámenudo, hablando mente lo que el rey de Egipto con el fabuloso Polícrates.
de Clouet, entre viejos camaradas, nos hemos dicho:
«Yves es el único de nosotros que no ha frustrado su
Habiendo sabido la historia del anillo arrojado al mar
vida ......,,
por el tirano de Samos y encimtrado en el pez, rompió
Y como la dicha de otro no es siempre una sensación su amistad, no queriendo, d ice Heródoto, asociaren moagradable, seguía luego algun comentario picante:
. do alguno su suerte á la de un hombre al cual una dicha
«No es dificil tener éxito cuando ee es el mimado del tan insolente destinaba á horribles catástrofes...... » Capúblico», decía uno, severo cronista de á cinco luises la da vez que yo pensaba en Clouet, me venía está leyenda
invectiva en un periódico de chantage financiero, finan- á la memoria. Esperaba, no sin angustia, el giro que tociero y mundano ..... .
maría la fatalidad· para herir á ese gran artista á quien
-Se llega á. todo cuando no se tiene un céntimo de co- yo admiraba en tise tiempo, lo confieso, más que lo amarazón..... n decía otro, un mlÍsico, cuya mujer murió de ba. Lo que distingue en efecto la manera de ser de Clouet,
miseria y de abandono.
es un paganismo dichoso y fá,cil como su destino;al cual
-Ya venín ustedes lo que quedará de éso dentro de verdaderamente ha faltado, hasta en estos tíltimos tiemveinte años», concluía un tercero, un esteta de cervecería pos, esa "leche de la humana ternura" de que habla un
que jamás ha expuesto una tela ni publicado un volu- poeta. Su ideal manifiesta una alegría de fnerza y de samen, pero que se i ntitula él mismo por imitación de: in- lud, una adoración de la naturaleza libre, un animalismo
glés William Blake, del cual sereno, en exceso contrario á mis propias aspi raciones.
..,_, _
.
ha leído vagos estudios, el Se creería que ese muchacho que vive desde su juventud
et&gt;-,
pintor poeta!
en un cuarlro de esplendor, entre las maravillas de una
Estos epigramas y otros casa colmada de obras maestras como un museo, no ha
miís crueles redactados en supuesto jamás ni siqiuera lo que es el sufrimiento.
forma de artículos, llegaban
Cuántas veces al verlo vestido de terciopelo en su taal vigoroso tallador de már- ller y exaltándose al mostrarme algunos de sus hallazmoles sin turbar su sereni- gos de escultura toscana: su A nunciación, de Nino de Fiedad. Teníaesa buena fortuna, sole,-su San Sebastián, de Ch1tale, réplica exquisita
superior á todas las otras, de del de Lucques,-su San Juan, de Michelozzo, sí, cuánser infinitamente sensible á tas veces me he dicho que tenía, artísticamente hablanla alabanza y perfectamente do, como un sentido menos; un sentido, el de la pena,
insensible á la crítica. Los el patético puñado de lágrimas; la idea de que hay en el
artistasmuy convencidos son mundo otra cosa que formas elegantes y robustas, telas
frecuentemente así. La en- suntuosas, armas cinceladas y delicadas orfebrerías. Cuan-

Durante quince años todos habíamos envidiado la fo:i-"tuna persistente de !ves Clouet, el estatuario. Cuando
-digo todos me refiero á un grupo de escritores y de artis"tas, cada uno de los cuales dice ahora yo. Sólo que cuan"&lt;lo se ha codeado uno en la intimidad más estrecha de un
·cenáculo, en )a dura época de los debut.~, no cesa uno de .
a.compañarse en espíritu, si no con benevolencia cuando
menos con un interés siempre muy personal y muy vibrante. Para Ives Clouet, por otra parte, los más olvida..a.izos tenían un motivo de no olvidarlo: la serie no ini;errúmpida de nobles obras que han asegurado al escultor

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EL MUNDO

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

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riosidad para leer en él mi dre, usted tiene ei corazón más tie~no· que un hombre,
primera impresión al verá su más delicado, Ein duda,. más expansivo sobretod?·········"
Cuando baya usted visto á Clonet en presencia de su
hijo; y nunca. olvidaré la.e!&lt;·
pecie de claridad que brilló hijo respondió la madre, verá cuanta razón tengo.•••••
en sus ojos cuando vió en ~í Esc~che ru:ted, c,::,ntinuó con una aspereza ?,e acento c~m
un moyimiento para acari- la cual se desahogaba una larga desesperaci?n Y.al nnsciar los bucles de la cabeza mo tiempo su voz se hacía mas baja como s1 temiera que
del nifio, en tanto que decía el niño pudiese oír y comprender..Est? le p_!lrece á u~ted
pata gamfrmelo: "Yamos, se- monstruoso;·no esderto que una misena tan grande tan
ñorito Alberto, no da us- injusta debia enternece á un padre? Un~ pobre. cnatuted los buenos días á su nue- rilla no ha podido nacer: !1-ª~e. Una f:itahdad qmere que
vo amigo? Ya verá usted có- sea desde el dia de su nacimiento he~ida por uni: prueba
mo yo sé jugar también co- que debe pesar sobre toda su exitencia. Pues oien, &lt;·sta
es una razón pnra amarla dos veces, n,o es e~~? y para
mo cualquiera otro.''
de antemano en ternuras la alegria de vivir que le
"¡ De suerte que nsted re- darle
siempre rehusada. Y sin embargo ...... no! Yves no
cuerda su nombre!" dijo la •erá
podido perdonar jam:ls esto...... Yo que le conozco tau
madre. "¿Entonces !ves lo ha
bien cuando entra á la cámara y ve al niño, léo er. sus
menciona alguna vez en sus ojos
'una especie de horror que me hace mal.. ....:Ah! mu- •
cartas?"
cho mal! ..... Es como si al lado del pobrepequeu.u~lo que
Podía yo responder la ver- no es culpable, distintamente, realrnen,te, apercibiese al
dad á una pregunta así for- otro, al que había soñado ...... Recordara usted qu~ noso~
mulada con ese acento de sú- tros habhibamos como de un .~ér presente. Dios ~ío.
plica p~r medio del cual las habíamos amado juntos á ese b1Jo que ~o nos ha J?,ac1do.
mujeres infortunadas pare- Pero si él no nació éste ha venido ...... Diga usted s~. no es
cen implorar que se las eng¡a- una locura, una crueldad, un crímen no ~mar al hiJo que
ñe"/ Y podía así mismo resis- está ahí, que ¡:ufre en su carne, q1!e. respira, qu~ es nuestir al deseo de saber en de- tro? y porql!-é? A ca!ls~ de una visión, de una idea que
talle el drama moral del cual jamás ha viv1d?······"Y bien! ..esta loeura es la de Clot'.et
veía la huella en todospar- desde el nacimiento de su h1¡0. Esta crueldad es la SU} a.
tes, impresa en el rostro de Este crímeu lo comete todos los dias, todas las.horas..... .
la señora Clouet y al rededo1·
-CálmeEe usted, le respoudí; puesto que tiene tan.ta
de ella y cuyacausaadivi1;1a- confianza en mí, le prorr:eto ensayarba blarle, r~conq_msba? Comencé, pues, por mtarle voh'erle en sí mismo ......... Yo le he conocido si~rnterrogarla sin dudar d~ que pre t~nta genero;,idad &lt;:n ¡,l c9razón! Acaso ~s víctima
iba á provocar así á m1 vez de una idea fija ......... c1~~.spenas prod!-lcen Justamente
un interrogatorio de .st) yar- e~te efecto sobre las l:'ens1b1lidades de artista como la rnte horriblemente dificil de va ......... Y además, el tiempo vuelve á poner todo en Fn
soportarse. «Pero, dije; es iugar; el tiempo y el trabajo.
.
.
muy natural que !ves me
-«Ilace tres año!t que nada ha hech_o," mterrrump1ó la.
hable de su hijo, ¿por qué se señora Clonet, y mostraba al pronunciar esta frase, miís
admira usted de eso"/
aún en sus ojos profundos,
-¿Porqué'? ¿Por qué?-re- tristeza
Yo que la había conocido tan enamorada del tal~nto
pitió ella con una vo1, pro- de su marido, tan ingenua, tan absolutamepte asoc~ada.
tunda-y minindo.me con una al esfuerzo feliz del noble artista, comprendm dema~iado
mirada que me l11zo mal_, m~ cuanto dolor representaba para ella una ~r~se semeJante
interrogó: ¿Y qué le d.1ce a
y había así mismo admirado mucho, envidiado mucho el
usted"? Y como yo vacilase, entusiasmo constante de !ves Clo.~et, sus :ilegres. fiebres
desconcertado menos por esa de creador facil el atrevido regoci¡o de su i~vención, paiuquisición directa qu~ por ra no permanec~r confundido ante el misteno de esta rela visible fiebre de la ¡oven pentina importancia.
.
.
madre: ¡Oh! dijo, usted es
«Tres años en que nada ha hecho, repetia yo. Pero eso
bueno. Usted no quiere, us- es imposible.
ted no puede repetirme lo
-Y sinembargo cierto, insistió ella..Ha ensayado traque yo sé demasiado: ¿Qué bajar. Lo ensayará siempre. Pero se dufa que está atacanecesidad tengo de que me do ahora de una enfermedad que le disgus~ de todo
lo digan?
aquello que emprende antes de ha~rlo conclmdo···:··En
-Y
le
aseguro
á
usted,
señora,
le respo~dí, que Cl?uet otro tiempo,. usted lo recuerda, tema como una magia en
O
ño hotel al escultor célebre, como 1~ envid:aban su celeme ha escrito jamás nada que no pudiese repetii: á sus dedos.
.
bridad. ¡Ay! nuestros celos sobrevive!l m.uy frecue!lte- no
usted. Yo comprendo muy bien lo que la ~tormenta, anaJamás hubo ide¡¡ que no tomara forma, Jamás un suemente á la dicha de aquellos que nos los mspiran Y se.siente una amargura más cuando es uno mordido por ciertas dí, pero sí comp:endo que he tocado sm querer en un ño que no se realizara......... Cuando comenzab~ un gruenfermo y pido á usted perd61_1. •·: ••·· •
..
po con un proyecto determinado y después.se d1sgus_taba
iras al ver que han sido desenca~enadas contra nos- sitio
-¡A.b, dijo ella con tono de abatimiento, no hay sitio de él cambiaba su proyecto sobre ,a marcha en el mismo
otrds por una felicidad que ya no existe!
enfermo'. El enfermo es todo mi coraz~m ......... Desp~és, batr~, en el mismo mármol. Un día le ví acabará gol~
Ives Clouet no estaba en casa.
Pregunté si la señora Clouet se encontraba ahí_. E 1 con una gracia encantadora en la sonnsa: .Soy yo. qmen pes de cincel un Baco en una estatua que había comencriado vaciló un segundo en responderme.. En ?trotien~- pido ,í_ usted que me perdone; de~d.e la pnme~ visita le zado en Xinfa; es la del Parque Monceau, su obra maes0 la puerta de la joven esJaba s1~ml?re abierta a los ~mi- inicié en miserias que usted ha adivmado demasiado pron- tra acaso .........Ahora parece que esta confianua se ha
pos de su marido y esta sola vac1 !ación pr9baba un ca~- to, continuó mirando sus hom1?ro~ adelgazados, Y sus agotado en él, ó mejor dicho se ha roto como un resortio en las costumbres que yo había,conocido tan sen~i- hermosas manos, cuyo enflaqu~cimiento podía yo reco- te .........No vaya usted á creer que tenga ahora me~os tallas caracterizadas por e8a bonhom1a un poco bohemia~ nocer en lo holgado de las sortiJas que adorna~an sus de- lento ...... Cuando vea usted los bosquejos que ha ido supor'ese encanto incomparable de las coi-t1pnbre!&lt;. de los dos, se posaro~ am~as sobre la ca~z~ del mñ~ que la cesivamente abandonando, lo comprobará por sus proartist7'.s cuando va unida á ellas la hone.stidad. 8m. em- miró con sus o¡os tiernos. ~lla le di¡9. «Vete á Jugar,, Y pios ojos no ha perdido nada, nada más que esta fuerza
bargo ~l criado tomó mi tarjeta y volvió oara decirme en tanto que el chicuelo ho¡eaba un hbro de estampas en de rema~r sus obras, de la cual decfa ~iempre, usted lo
ne ¡~ señora me recibiría. 1.'na mirada me bastó, apenas un ángulo del salón, con esa docilidad tacit1;1rna ~e los recuerda, que era el gran deber del artista..... .
demasiado razonables en los que n~ hie~ve Jamás
Si supiese usted cuán ~cuentemente .he ensayado
~ntrado al salón, para conocer que en efec~o el ~ma .1e niños
la coqueta morada no era ya la que yo habta de¡ado. a la exhuberante fuente de la vida, c~1ó el s~lencio entre la reaccionar sobre él. No por cierto en el 1,&gt;nmer año;. yo
y yo, silencio que ella rompio la primera.
.
era entonces tan desventurada como él, smo en SegJ?,ida,
sonriente y serena criatura que parecía tener en su. es· madre
«Debo á la vieja amistad de usted por n~estro matri- cuando caí en 1a cuenta de que su cará?ter cambi!lba,
plendor como una placidez vegetativa, la gracia fehz Y monio,
una explicación, dijo con una es~ecie de solem- que no estaba él sobre sí m~smo, que ~e dis~ustab:; siemsemi-inconsciente de una flor crecid~sin esfuerzo en u~ nidad esta
vez; pero no pienso que. ~ndrm la fuerza de pre y siempre más, y también-pareció vacilar un segunnatural hanuonía con la tierra.y el aire, y los días lluv10·
sos sin hacer jamás otra cosa que crec~r ~' ensancharse. hablará usted sino esperase un servicio que sólo usted pue- do-que buscaba distracciones in¡lignas de él...... Hubo
El dolor había tocado á ese séi: adunrable, y á través de prestarme, prestarnos, insistió. ~a hace meses que ten- un tiempo en que pasó todas sus veladas en el ':Í!Culo,
del dolor, el pensamiento. Era sieml?re be~la; pero con go la idea de escribirá usted y resisto á ella..De t?&lt;l,os jugando ......... Pero yo le perdono todo, ~do, rep~~i6 ella.
una belleza de otro !$énero, mortecma, violada, com.o los amigos de Clouet usted ~sel que h3: prefendo siem- con más pasión aún, todo, menos que odie á su hi¡o...... .
-Eso que usted me refiere es muy extraño, respondí,
enternecida porla existencia. Dos pliegues cruzában!e pre y además los otros no vienen ya casi ahora.»
«¿!ves ha cambiado, ~ue~, mucho?» PrE;gunté.
pero ha tenido usted una explicación con Clouet? ¿Le ha
en las esquinas de su boca, en l~s c~ales po?Ja yo leer a
Esa tristeza, esa nerviosidad, esas que1as mezclada.s de hablado como acaba de hablarme•á mí?
contracción de los ensueños solttar10s y tnstes, prolon-No he podido, respondió. Lo he intentado. Pero ~l
ados durante largas horas. Sus párpados estaban aba- reticencias, acababan de volverme 1!1~ obscuro el rmsterio de la tragedia moral que el nacimiento del pequeño me respondió 1~ primera vez bromea.n~o, con esa especie
tidos y sus ojos habían llorado. Todo su cuerpo parecía Alberto
provocado entre los dos esposos, y yo con- de juguetona hgereza, que es tan hinente para una ID?·
asimismo haber experimentado el choque de la ~cna que siderabahabía
á la eeñora Clouet demasiado infortun_ada para jer. La segunda vez bromeó aún. La tercera permaneció
~e adivinaba en su fisonomía. Yo la había conocido opu- no tener miedo
i t de talla casi pesada, como esas robustas ve- confidencia. al presente á que le causase, algun mal su una semana sin hablarme palabra.._...... Y~ no osé proseguir...... Tuve miedo ...... A la cuarta vez se iría, me abai:::Ci~'nas que Bonifazio y Giorgone evocan en sus Con«Bien cambiado, respondió, yporqué~on?... Usted sa- donaría...... Y sin embargo, continuó después de un s~ciertos campestres. La idea fija la había co.mo afinado,
be,
y
su
voz
se
hizo
más
&amp;?:da-cuán
apas10nadamente
hacomo espiritualizado. Por último, algunos htlos blancos bía deseado tener un h1¡0. Recordará usted como espe- lencio· he vuelto á esperar en estos últimos tiempos. S1,
lucían en la espesura de su cabellera ne¡r-a. Estaba sen- raba, como esperábamos la llegada del niño!.. ........ . desde hace quince día~ ha comenzado de nuev.o á trabajar con un poco de la fiebre que usted le conoció.
tada aunque ya estábamos á fin de Abnl, cerca del fue- Yo
he reflexionado mucho desde entonces y he COlJ;1prenEn lugar de salir todas las mañanas y todas las tardes,
go j~mto al cual jugaba el pobre pequeñuelo en .otro
dido
que
teníamos
demasiado
orgullo
de
nuestra
Juvencomo lo hacía desde hace meses, se encierra de nuevo en
tie'mpo esperado con tanto orgullo; era este t~na especie d.e
tud
de
nuestra
fuerza
y
de
nuestro
amor.
He
comprensu taller......... Sólo que la puertaestá.con~enada...._.. U!Jnomo de ojos demasiado grande;,, demasiado expr~~ique yo estaba demasiado orgullosa, 1:'&gt;ien puedo de- ted querría que yo tuviese una exphcación co:r_i é,? . '\ a
~os en un rostro ya viejo, una.de esas ~ás.caras de mn.o did~
cirlo
ahora
que
la
pena
ha
blanqueado
mis
cabellos,.
sí,
usted á medir el rencor ~ue me guarda por mi última
enf~rmizo donde hay un infimto de m1sena el prese_ntimuy orgullosa de mi belleza-y aun n~ e~tábamos satisfe- tentativa...... No me ha dicho una palabra de la obra á la
miento co~pleto de un destino de aborto y de h~!mlla- chos,
aun
pedíamos
á
l.a
suerte
el
h1¡0
ideal,
qu~
el,
me
cual se consagra ahora...... ¡Ni una palabra! Antes de
ción. A la edad de tres afios, Al~rto Cl~uet, el h1.Jo. del
expléndido atleta cuya fuerza vital babia yo ~nvidiado describía con un entusrnsmo que yo compart1a. ¡Ah. es.o ayer como al almorzar le advertí su mirada de otras :eera
demasiado,
demasiado!
Y.
~sted
sabe
como
hemos
sices~¿se acuerda de sus hermosos ojos brillantes de geruo,
tan frecuentemente, y de aquella Venus de )Iilo, todacastigados por nuestr-.1 felicidad. ¡Ah! hemos pa.,,aado cuando había roto el molde y rela ya su estatua?-me
vía hermosa en su melancolía, era apeo~ más alto bte do
todo
en
un
momento;
cuando
yo
le
ví
tomar
en
sus
maaproximé en el momento en que se levantaba de la mesa
un nifio de un més y el cuerpo en que su mmen~aca za
á ese pobrecillo sér, verlo, verme y devolv1nnelo con y le pre~unté: «¿Tienes un nuevo trabajo en obra?...... Sí,
e~taba encajonada, era tan deforme, que ~aba pvna ve~- nos
un
movimiento
que
casi
me
mató,
ahí,
e~,
m1
lech0;-y
respondió, y ví que se ruborizaba un poco.-¿Ungru~.ó
y con esto, el tímido impulso que á ~t entrada_le hisu mano en mi brazo que movio conyulsi~a- una figura aislada? insinué.-Vaciló: No lo sé aún, ~1¡0
zo replegarse contra su madre, me mostro el prec?z des- apoyando
mente
la
esposa
del
escultor
añadió
con
voz
casi
e&gt;,.i,mpertamiento de la facultad de sufrir ~n ese embnón de guida ~n tanto que se llenaban sus ojos de quemant.es lá- por fin.-¿Y no me most~a:ás el b~squejo'? ¿No ~e d1r~s
jiboso, así como la caricia de la mano de la mad:e en el . grimas: Acababa de ver que Ives odiaba á su hijo. «Pero el asunto ...... ?-Se ruborizo más aun y respondió: «Mas
rubio oscuro de su cabello, su única belleza, ate~t1gu~ la
es imposible, señora,» exclamé. «Permítame usted tarde.»
profunda la apasionada ternura de esa muJei:. om- eso
( Concbtirá en el próximo número ).
decirle
que su imaginación la atormenta. Usted es maprendí q1;e espiaba ella mi r,:istro con la más ansiosa cu-

r

do nos acontecía discutir juntos algún problema de estética-porque ese gran realizador es también un teorizante,-cuantas veces le ví con,.luir la conversación con un
movimiento de sus anchos hombros y añadir: «Todo eso
es literatura ....... El dolor y el pensamiento constituyen
acaso el dominio de ustedes los escritores, aunque lo dudo. Nosotros los artistas tenemos el dominio de la belleza, algo que proporciona placer al espíritu á traves de una
caricia de los sentidos.»
«El Cristo no murió por tí," le decía yo bromeando.
«Creo que no,» respondía, pero con una voz casi seria.
Porque en aquella época había realmente en su adoración
por la Belleza pagana como un extremecimiento religioso, casi una idolatría. Y atm su gravedad misma, ese fervor de su paganismo, lo ennoblecían á pesar de su excesivo orgullo de la vida. Este orgullo se vuelve fácilmente
vulgar. Pero se puede acaso nunca ser vulgar cuando
ama uno su arte como él amaba el suyo, hasta pasar seis
horas de labor sobre el agotador trabajo del modelaje, encarnizado en la perfección é indiferente al éxito después
de haber conocido todas las embriagueces? Este es el heroísmo más raro de que un ~rtista sea capaz. Tal nobleza
le era empero tan natural al artista como tener sus pupilas claras y su tez morena de árabe, sus cabellos negros,
su corta barba rizada, esa aristocracia de fisonomía que
le hacía un hermano moderno del célebre retrato del
Louvre: el Hombre del guante.
..¡Oh!» decía algunas veces con la magnífica fatuidad
instintiva á los artistas que ven en su propia persona un
modelo de pintura como otro cualquiera: «Si Ticiano me
hubiese conocido!. .. ···"
Y esto era talmente verdadero que se olvidaba uno de
sonreir.
Hace cuatro años este hombre venturoso tuvo una suprema felicidad. Su mujer estaba en cinta. En los primeros años de su matrimonio habiáme él repetido frecuentemente que se regocijaba de no tenor hijos. Temía
las deformaciones de la maternidad por la admirable
criatura cuya belleza soberaM era el orgullo de su hogar.
Esta impresión se avenía perfectamente con el resto de
sus ideas y el conjunto de su carácter, para que yo dudase de su sinceridad. No fué menos sincero en la alegría
profunda é ingenua que experimentó cuando tuvo ante
sí la perepectiva de ser padre y él mismo medió la razón
de esta aparente falta de lógica en una carta que he guardado y de la cual me contentaré con transcribir aquí un
fragmento sin afiad.ir otro comentario que subrayar la
fecha.
Esta acabaní, mejor que todos los análisis de explicar
las singularidades, las anomalías de alma, si se quiere, de
este hombre que se equivocó eviaentementede siglo. Debió nacer en la corte de un Ludovico el )foro ó de un Alfonso de Este. Esa carta permitirá asimismo medir la

profundidad de la herida que la eterna Nemesis iba á inferirá un corazón tan hinchado de un·a esperanza tan
apasionada. Por último, hará m,is inteligible el e_xtra.ño
procedimiento de consuelo por el cual nuestro amigo i?tentó engañar la más dolorosa de las pruebas. Pero c~p~o
sus propias frases: ...... "Voy á cd~fesar~-me escnb!a
pues, un sentimiento que encontraras mediocre y 9-ue sm
embargo no lo es. Xo puedo soportar verme enve¡ecer y
mucho menos ver envejecer á mi mujer. Ella ha sido y
es aun tan bella que la sola idea de una marchite;Z en su
belleza me inflinge el mismo dolor que he experimentado ante tí, en Londres, cuando visitamos la sala del Britfah donde se encuentra la procesión de las Panatbeneas. Y yo mismo, bien lo sabes he tenido por mi cuerpo un culto desde mi juventud, he practicado todos los
ejercicios, he sido sobrio, casto, regular, para hacer de
milo que l9s atletas antiguos hacían de sí mismos: w1 l,ermoso animal humano. No temo que sonrías ante estas confidencias. Xosotros nos envanecemos frecuentemente de
los esfuerzos merced á los cuales se desarrollan y se
mantienen nuestras energías cerebrales. Porqué no me
envanecería yo de mis esfuerzos para mantener mis energías ff~icas? Pe_ro contra el tiempo, q1;1é remedio? Ya á
los treinta y cmco años no tengo n:ii oomba de . o~ros
tiempos, esa línea de los riñones flexible, alerta, divma,
que ciertos pintores del siglo 9-uince copiaron tan atrevidamente: te acuerdas de los Signorelli del Monte Olivete
y los Fiorenzo de Lorenzo de. Perusa?...... Dentro de diez
años Laura y yo no seremos ya más que la imagen degradada de lo que hemos sido.
"Ahora bien, he aquí el verdadero motivo por el cual
~ngo ahora un apetito de paternidad igual al temor que
esta perspectiva me inspiraba en otro tiempo. En este
niño que va á naeernos vamos á. revivir, á rejuvenecernos, vamos á durar en él, compréndeme bien, no solamente con algo de nuestra sangre, de nuestro pensamiento, de nuestro corazón, sino con nuestra forma, ese yo no
sé qué de misterioso que en el hombre es más que él mismo, puesto quP. es la raza, esa raza d~ la cual .él no.forma
más que un momento. Cuando memiroenrruespeJo, veo
á mi padre, afinado por mi madre. Mi hijo,-porque tendré un hijo, lo siento-será yo mismo, afinado por mi mujer. Yo quiero que sea mas aún. Quiero que todos los
grandes artistas de todos los tiempos hayan conspirado
á esta obra maestra viviente. Desde que sé que el niño
est:í ahí, no puedes imaginar que preca'.!ciones tomo pllra
que la madre no tenga al rededor de sí masque impresiones de belleza. Pasa ella sus horas en el taller, donde he
dispuesto, cerca de los mármoles que conoces, los ejemplares más nobles del arte antiguo. El IIemi.e.~ de Olimpia, los Caballeros de Fidias. Cuando salimos es para ir
al Louvre. Las veladas las empleamos en oir müsica, p:íginas de maestros, de Beethoven, de Gluck, de '\Yagner,

que ella ejecuta para ella, para mí y pm·a él con la solemnidad sincera que tú conoces en su ejecución. Leemos
versos de Hugo. de Gauthier, de Ronsard, de Shakespeare también y de Homero. Quiero que no lleguen basta
ese niño, á través de los sentidos de su madre, sino las
altas y delicadas vibraciones de la vida y que le quede
una gracia en los ojos, en la sonrisa, como·un halo de ensueño alrededor de su belleza. Es una estatua como cualquiera otra, pero viviente y yo la habré animado ;_como- ,
un Pigmalión...... ,,
Esta carta que tengo á la vista lleva la fecha del 9 de
Mayo de 1891. El 14, exactamente, cinco días después,
cuando Laura Clouet bajaba la escalera de cinco á seis escalones de mármol que lleva del taller al pequeño Jardín, se le deslizó un pié. Cayó-tan desgraciadamenteque dió á luz algunas horas después, antes de tiempo, un
niño que valía más no hubiese vivido porque es ahora, y
han pasado ya cuatro años, un pobrecillo chicuelo deforme, un enano que lleva una gran cabeza hundida en
espaldas gibosas, infeliz aborto que no crecerá más, y la
Nemesis ha herido dos veces al padre: el médico que sacó•
al mundo á ese monstruo, ha declarado que la mujer no
tendrá ya hijos.

***

Cuando torné á ver á Clouet habían transcuri:ido tres
años completos desde el nacimiento del pequeño Alberto-así se llamaba el pobre niño que había frustrado de
una manera tan cruel la exaltada esperanza del artista.-Y o no había hecho durante este período sino
una brevísima estación en París, entre un largo viaje
á Oriente y uno no menos largo á América, y durante
esa breve permanencia, Ives estaba ausente. Había per-·
manecido todo este período sin escribirme, lo cual no me
asombró, conociéndole poco aficionado por naturaleza á
escribir. Y o comprendía por otra parte que había debido·
sufrir singularmente con una catástrofe semejante, sobrevenida después de una esperanza tal y no había osado
cuestionarlo. El amigo común que roe había anunciado•
el accidente de la señora Clouet me dijo que nuestro ca·
marada no se consolaba de ese hijo deforme. Yo había
pensado que E:Bº significaba .simplemehte una de esas penas de los artistas, como nosostros las llevamos en•lo íntimo del corazón, por una cosa muy hermosa que debió
suceder y que no sucedió. Sabía que era tan L'obusto tan
enérgico, tan profundamente poseído de su arte sob;e todo, y me decía: «No hay pesar del cual no pueda consolarle una hora de escultura...... » Iba empero á experimentar cuanto me ·engañaba, en mi primera visita al hotel de la
avenida de Segur.donde !ves habita desde que le conozco:
adorable asilo. de trabajo y de ensueño, oculto entre los
árboles del otro lado de los Inválidos. Muchos entre tnuestros camaradas envidiaban sin duda el lujo de ese peque-

1;.

�44

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

terés 6 edad crítica; 1 por
amor; 6 suicidios; 326 representaciones teatrales ( sin
contar tandas); 1 derrumbe;
2 _apariciones;_ 2 env~nenam1en tos casua.es; 2 ludrofobias; 3 moti~es; 625 colisiones entre simones; S,IJl escándalos entre decentes; 1
autopsia; 20 entierro~ con
bio~raffa y coronas.
:l\o me considero una potencia, pero modestamente
me gano la vida; ocupándome
de la ajena.
Sé lo reporwrilmente necesario de inglés, francés é italiano, escribo muy mal el español, pero muy bien el ca16 de la calle y el dialecto de
las bartolinas; tengo tres chavetas con sangre y una bala
de fusilado; leo [,&lt;1 Ga1·et11 de
Policía, Lo-~ Jfi.•lrrios de lo 111quixición, y las nn,,.a.• &lt;'fle:
l,reR, puedo bailar mis lanceritos, danza y hasta valse con
gentes de confianza; no se me
suben los ponches; conozco
el nombre de las telas feme1
ninas; conozco la parroquia
de las cantinas, esa Bolsa de
'
la noticier(a callejera; tengo
1
tarjetas con y sin luto¡ sé
\·,¡ '
en qué pren&lt;lerías alqmlan
! il;;I
fluxes para días de campo,
¡ \ 11 )
casacas, trajes de luto, cor. ; I lii
batas y guantes para una 6
-· \ '
varias noches; como por abono; ando á pie varios kilómetros; puedo montaren bicicleta; me subo y bajo por
las plataformas delanteras;
promt'to recomendar con
Eduardo Yelázquez ií todos
los gendarmes; trato de 111a11i.~l'R á todoP los empleados
de comisaría; oigo misa de
doce cuando puedo; conozco
á los de la re.•ei·rnda, ¿quién
no los conoce? esos pobres
muchachos se ríen conmigo.
Carballeda se para á saludanne; echo medias suelas á
mis zapatos y me guarda
muchas consideraciones Xacho Bejarano; debo dos reaEL R11:PORTBR Muus Cc-11P1.100.-Unico sujeto que desde los tiempos de Daute haya t~nido el valor les á una corista, carezco de
de explorar las reglones infernales.
novia, tomo Ja.~ once con militares y vivo por Tepito, en
EL DANTE EN MEXICO.
casa de una Sl'íiora paralítica, á quien leo cuando el
tiempo lo permite, algo del Año Cri,,turno que es para mí
VIAJE DE UN REPORTER.
el rade mPc11m de los reportal!gos de la antigüedad.
Y en caso como el presente, sin equipaje, vengo en un
Y lo soy por vocación, porque así me nació.
Pullman con puros periodistas, sin que me cueste un
Comencé mi carrera. desde soldado raso, enfajillando, centavo y lo que es peor, sin equipaje, y lo que es suengomando recortes y direcciones, poniendo títulos y numerando cuartillas; llevando y trayendo el correo del apartado;
persiguiendo subscriptorci; morosos en el pago y acompafiando
á la ama de llaves del DirectQr
,al circo, los jueves, con boleto
de prensa.
Pasé á la gacetilla y supe inventar párrafos de aquellos qué
no comprometen, como por
ejemplo a..c:egurarqueen un pueblecito de la Siberia, había fa- ·
llecido un pastor de frío, que era
notable el número. de perros en
la calle de las Damas; qut' SP había i:oto la crisma un asno en la
calle de la Canoa; que un coche
estuvo á punto de atropellar á.
un tranvía en el crucero de Santa Isabel; que el vecindario de
las Mo~cas no podía resistir á.
l&lt;?s cilindreros y destruían el pavimento los coches de sitio de
la calle de Gante; despu(&gt;s me
mandaron á los jurados é hice
sus crónicas; íuí adquiriendo
facilidad enumerativa, aventuré mis comentarios y me metieron á la cárcel, y en e~a escuela del crimen obtuve el título profesional de reporta· un
mes entre los pericos, es la' mejor recomendación que puede
presentarse para ser adn1itido
en una redacción.
De entonces acá me río de las
escabrosidades de la carrera, he
comentado 30 robos; 25 homicidio!" en ri íia y l:? fuera de ella·
2:1(&gt; le,;iones agn!n\daspor prac:
t~cantes de conusaría; 820 agre1-1onC's á la policía; 1400 ebrie- .
&lt;lades escandalo~as; 30 adulteri_os; :?S,9-10 raterías; 5 infantici&lt;l1os;_2 muerte~ l"('~otinas; 4jncend1os; 5 fust!am1entos· 3 violaciones; 48 matriiuonios por in-·

perlativamente peor, sin boleto: porque entrar invita do
todos lo hacen, pero como yo, sólo los muy ñnos, los
IUUY linces... ··· ········
Éso sí, mis apuntes van al pelo; cuatro cuartillas que
remitiré por el prime~telégraf_o con descuento; d~scr1!:Jo
qui&lt;lnes vienen, qué dicen, qm&lt;-nes traen puros ) q.ménes caldos, cu,Ues brindan y c_u:íle,; adulan; qué ~u¡etos
peroran y qn(I personas no clustan, íntegra c~ms1go. la
di~ertación de un literato sobre e~ta frase cursi uá y1sta
de pájaro » ~egún el orador: un águila no ve lo uusrno
que una !~chuza, ni una gallina de_i$11al manera que un
huitlacoche, de lo que han deduc1ao que hay cotorf8;S
p&lt;'riodísticas; igualmente be tomado cuenta de las opiniones sobre los carros salones qu~ se han_ expresad~ y
de los ~anüwirl1-•que prefiere la graciosa, deltcada Y esp1ntunl cronista :\Iab.
Pero el necrro del Pullman no me quita la vista: habla
al oído del c~nductor, me mir.in, siento que el suelo se
me hunde, que el vino se me sube, que vo&lt;:es airadas
me delatan como intruso; que me hablan en mgles, que
piden el ¡&gt;a&amp;, que no entiendo, que me toman del cuello
de la levita, me sacan á la platoforma, l)lC_ suspenden
por los aires, me sueltan, me arrastra el wrt1go ......... y
no sé más de mí.
( Con/ i,mará),

DOMINGO 17 DE ENEROlDE 1897

_E_L_ M_UND,,,:O= = == = == ======== = ~ = = = = = = - ===~
4=5=

•

l

RIMA.

Por cada beso tuyo me· decía,
se enciende un astro en la región va~fa!
y entoncos no creí sus frases bellas,
porque pensé que hubieran ese día
faltado cielos y sobrado estrellas.
l\las tarde-cada lágrima vertida
mata un astro, me dijo conniovida;
y no creí sus frases de quebranto,
porque pensé que hubieran en mi vida
faltado estrellas y sobrado llanto.
Muerto ya el corazón comprendo ahora
de aquella alma sensible y soñadora
las frases de pasión 6 de reproche,
pues de mi triste vida en el derroche
yo tuve noches de color de aurora
y hoy tengo auroras de color de noche.
FEDERICO

Rn-AS FRADE.

Odiando el matrimonio,
¿te casas? Pues mejor para el demonio.

El ~ucesor del señor Daute cae de un tren demw;lado rápido.

CA~1roA~roR.

i!uz 1? sombra.

�DOMINGO 17 DEENERO DE 1897

EL MUNDO

LO QUE ME DIJO UN ESQ~'ELETO

···&amp;~tí·~~·~;t~;;,;~~¡~¡~·~~·~·~·¡~··~~·~b~ y

oí un~. voz
ue me dijo:-«Lev,íntate, hoy tendrá~ muchas v1s1tas,
ioy es el d.ía de todos 108 Santos. Despierta, polvo vano,
hace mucho que due.rme~!11 • ,
•
Una luz indescriptible tlummo de pronto el homble
recinto en que me hallaba.
.
A mi derecha, acurrucad.e y tirit.•mdo Je frío, fE;Í~ un
esqueleto, húmedo y amanllo, pero reía con una n~a es;
pantosa, fatal!
¡,En dónde estaba yo?-:¡En la t~1mb:11..
De pronto pens~. )'. á_m1 memoria vm1eron los recuerdoA terrible~ de n11 ultuna agonía.
.
Después do recibir una grave ofensa de la mu1er que
había sido en el mundo el st&gt;l, el bello ~ol de m1 alma,
me enloquecí, y úna noche muy negra llegué á su casa,
con el pecho henchido de amargos sollozos.
d ..
Temblé al mirarla. La soledad era profunda Y l~ •Je
estas palabras, bañado en sudor frfo:-«:\Ie ha~ herido el
corazón de muerw. pero ei&gt;t:1 sufriendo mucho y vengo
delante de tí á acelerar su inmensa agonía.u
Agarré con mi mano temblorosa una arma fría que llevaba en mi bolsillo.
•.
Una nuhe roja me empañó los OJOR. .
.'1i arene~ ;;e tambaleaba, como queqtllf!O hablar.pero se
le heiaron las palabras en la boca, línda como su rostro......... ¡Ah! si hnbie~ hablado ......... tal vez .... ..
Hubo una detonación.
.
)fi cuerpo cayó al suelo, como una mMa 1!1crte, bañado en sangre, y aquella mujer c:1-yó sobre m1 cuerpo como una loca, empapada en lágrimas.
Convulsa1 me besaba en la boca, me pedía perdón Y
apretaba co n sn manecita pál\da 8J.1 cabell~ra blonda, como un río de oro Robre la henda que en nu cabeza manaba sangre á borbotones, queriendo con las delgadmi he:
bras de sus cabellos detener esa sangre que se llevaba m1
vida.
, cuand o d e¡'é d e resSu boca descan~aba sobre la mia

pirar.
b? ~ J
¿Cminto tiempo hacía que estaba en la tum a. • o o
·sé pero mi carne había ~ido devorada por los gusanos.
lle llevé la mano á la frente, como te,~ero~o de que
aquello no fuese m:1s que un sueño, pero m1 mano ti:opezó con el agujero que la bala había formado en m1 cabeza.
Una lluvia de oro resbaló lentamente por entre mis dedo~. Em una mata de pelo.
-Es de ella, exclamé con voz ronca. ¡Tantas Yeces la
había acariciado!
-«Sí murmuró el esqueleto que tiritaba 1í mi lado.
EUa, d~sesperada por tn t1uicidio, cortó ~us trenzaR }; rogó que las colocaran en tus manos al deJarte para ~1empre en esta cueva.•
-¿Y quién eres tú, esqueleto horrible? pregunté al
montón de huesos que me hablaba.
~c::ov tu retrato, me replicó, porque soy la muerw, la
misma.que te despertó-y se echó ,í reír.
-Y bien, si eres la muerte, ¿por qué le devuelves ahora la vida tí un ei,queleto'?
-¿Xo recuerdas que la noche en que te suicidaste dijiste al eRpirar estas palabras: devuélveme la vida?
No em posible devolvért.ela entonces, pero ya ,,es que
hov lo hago.
irace cinco año~ que moriste y hoy es el día de todos
los Rantos. Hov te vendrán á visitar.
-Y ella vendd, ¿no es cierto?
-Ya lo creo. Como que por aquí tiene un pedazo de
sus entrañas. Y continnó:-¿Ves esta rendija, aquí detr.ís de la lápida'? Por ahí podremos ver :1 los visitantes;
a.~ómate y mira.
Acurrucado como pude me asomé y reconocí aquel sitio del cementerio.
- Los :irboles se mecían bamboleando sus copas macilenta.~. Un perfume delicioso de flore., recién abierta.~entraba por aquella griet,ecita. El sol ya estaba un poco alto.
Oh! qué hermoso me pareciíi el mundo, y eso que no miraba m,ís qne el cementerio!
Entre ditenmtes grupos de personas que paseaban, reconocí á muchos amigo~ míos que charlaban bajo los triste8
cipreces; sentí ímpetus de abrazarlos y esperé con paciencia que alguno decllos se ncerca.qe ,í mi pobretmnba;
pero ¡oh decepd6n! 1í poco se despidieron sin lanzar una
mirada 11 mi desteñida 1.ípida.
•
De c11ando en cuando llegaba hasta mis oídos el ecl)
triste de los responsos qne cantib:m los clérigos.
De rep!nte por entre las tumba.~ vieja.~, nna mujer de
ojos grandes y quemadores apareció ante mis cuencas vacías, como una visión celeste; mis hue~os tiritaron y estm·e á punto de empujar la piedra que me impedía llegar haRta ella; pero mi compa11ero me detuvo.
Traía una ~orona de flores blancas y azules y se dirigía
al lado &lt;le m1 tumba.
Era mi amada.
¡Oh dulce fruición la de un esqueleto, ver 1í la mujer
por quien se h:i dejatlo la vida! Ya llega, decía yo, ,·iéudola acercar,;e, ya llega. ya est:í aquí. Pero ¡Dios mio! ni
una mimda t~mpoco. Pasó airosa con la linda corona.
Entonces un estremecimiento poderoso pasó por mis
hueso:;, y &lt;lo,- got.'I:, de sombra quemante cayeron de la,
cuencas de mis ojos. ~ntí rabia y quise de nuevo deHprender la lápida, correr tí ella y arrojale tí la cam aquel
montón de cabello,; rnbios qne en e,ce in~tante rompía
entre los hue,os de mi~ manos, pero tan sólo pude murmurar: ingmta!
·
)li compañero volvió á detenerme.
-DJjnla, me dijo, pobre e"queleto. Ella va á visitar lt\
tumb.l de su hijo, muerto hace un año, y á dejar esa .corona que lleva; v rió como de costumbre.
-Ah! la infame, exclamé, ¿con que ha tenido un
hijo?
-Como que hace tres aíios qne se cas(11 balbuceó la
muerte,rien&lt;lo todavía.

Al oír estas últimas palabras, me desplomé como un

saco.
•
De repente oí la misma
voz, que !°e decía·
,
•
.
-umíntate y mira; no t~ pesar~; tu eres ~l mgrato.
-;fo, maldita muerte de¡ame, déJame_dorm1r.
-Lev,íntate, que alguien solloza al pie de tu tumba.
Ay! podía ser ella; hice un e~fuerzo aobrehumano, me
enderecé v miré.
bel! bl
Una mujer con la cabeza cubierta de ca
os ancos,
ve,.tida de negro y con una corona en las manos1 de ~diilas sollozaba sobre el césped. De repente alzo los ºl.ºj
ue!Ía mujer y un muda! de lágrin~as resbaló por_la pie
~ una cara a;rugada y triste, ~ abr1ero\1 unos labios p,ílidos en aquella car.l, r con el ~•.mbre ~as puro que hay
en la vida, sonú esta frase;-¡h1Jo mío.
.
d re.'
¡Era mima
Jt:uo FLÓREZ.

por una mis tristezas. Por eso voy á escribir~e, para queleas mis pobres cartas junto á la ventana, y J?lenses en el
ausente que jamá11 ha de volver. Las ~olondrmas vuelven
después de larga ausencia, y se refugian en 1~ ramas del
pinn. La brújula señala siempre el Norte. :\11 corazón te
bueca á tí.
b
·d d
¿De qué quieres que te hable? Dej~afuera la o scun ~
v haz que iluminen tu alma las claridades d~l amor. Somos dos islas separadas por el mar; pero los viento~ llevan
á tí mis palabras y yo adivino las tuy~~. Cuando la ta-r:de·
caiga v las estrellas comiencen á brillar en el espacio,
abre tú los pliegos cerrados que te envío, y escucha l~s
ardientes frases de pasión que lleva el aire á tuq. oídos. F1t'1rate que estamo!! solos enel boRqu..., que olv!dé to&lt;'!oel
!año que me has hecho, y que ~~ el fondo del. c1J11pe capitoneado te hablo cie mis amb1c1onps y de nus suenos.
Oveme como escuchas el canto de la~ a\'eS, PI rumor de
las ag11~s, el susurro de la briHa. Habl~mos ambo~ de la~
cosas frívolas, esto es, de las cosa~ serias. La tarde ".ª a
morir: el viento mueve apenas RIIR alaR como un p:iJai:o
cansado; los caballos qne tiran del carruaje, cor!'en hacia.
la casa en busca de descanso; la sombra va cayendo lentamente...... aprovechemos los instantes.

***

MISTICA.

I
P,ilida estrella,
flor del O&lt;'aso,
fúlgida im.ígen, casta hermosura,
¡cuán dulcemente, con leve paso
hiendes el aire, celeste y pura!
II
Sobre la tumbt\
del sol prmiente,
blanca te ele,·as, muda v piado81l,
como una llama resplai1deciente
sobre la piedra de humilde fosa.
III
Por el espacio
trémula sube.",
con invi~ibles alas movida ......
y resplandece sobre las nubes
tu cabellera de luz ceñida!

I\'
Cuando en el aire
tu luz se in/lama,
La flor del campo se abre anhelosa......
suciia la virgen en el que ama,
vuelta los cielos la faz hermosa!

,i

V

Y á tus fulgores
blanda armonía
vibra en el harpa del sentimiento;
miimtras con honda melancolía
suspira el agua y arrull:\ el viento!
YI
.\y! cuando mires
desde esa altnra
la hora "nprema de mi agonía,
ra.ciga en el áirc la noche obscura
y alumbra el vuelo del alma mía!
MILK.

CUENTOS TRISTgs,

¿Por qué me pides versoR? Hace ya tiempo que mi pobre imaginación, como um\ flor cortada demasiado temprano, quedó en los rizos negros de una eRpesa cabellera,
tan tenebro~a como la noche y como mi alma. ¿Por qué
me pides versos? Tú sabes bien que del laúd sin cuerdas
no brotan armoní.1s y que del nido abandonado ya no
brotan los gorjeos. Yino el invierno y desnudó los árboles; se helaron las agna.q del río donde bafiabas tn pie breve, y aquella casa, oculta entre los fresnos, h~ oído _frases de amor que no pronunciaron nue8tros labios y risas
que no alegraban nuestras almas. Parece que un amor
inmenso nos separa.
Y o he corrido tras el amor y tras la gloria, como van
lo~ nifios tra~ la coqueta mariposa que se burla de la persecución y de sus gritos.
Todas laR rosas que encontré tenían espinas, y todos 108
corazone:; olvido.
El libro de mi ,·ida tiene una sola página de felicidad,
y eqa e~ la tuya.
No me pidas ,·er,os. )fi aln11. e~ como esos p.íjaros viejos que no saben c:mtar y pieruen sus pluma~ una á una,
cuando sopla el cierzo &lt;le Diciembre.
Hubo un momPnto en que creí que el amor era absoluto y único. Xo hay m b que un amor en mi alma, como
no hay má~ que un sol en el ')ielo-decfa entonces. Des
pués supe, e~tudinndo A~tronomfa, que lvs roles son muchos.
Toqu~ á la puert:i de mncho~ corazoneR y no me abrieron, porque u.entro no había nadie.
Yo vuel\'O ya &lt;le tori0&gt;&lt; los pa:,es azules en que florecPn
la~ naranjas de clllor de oro. E,toy enfermo, tri8te. Xo
creo más que en Dios, en mis padres y en tí. No me pida.'l versos.
Preci,o es, sin embargo, que te hable y te cue nte una

Hace muy pocos días paseaba yo por.el parque, J?Cnsando en tí. La tarde estaba nublada y m1 cora1.1in triste.
¡C.'.&gt;ml) han c"mbiado las cosas! Los carrua¡cs que van
hoy al paseo no son los mismos que t1í y yo veíamos. Veo
caras nuevas tras de los cristales y no encuentro las qu_e
antes distinguía. ¿Te acuerdas de aquella que encontr,ibamos ~iempre en troiil quart ií la entrada. del pas~o? .Pues
voy á referirte su novela. Amaba mucho; las 1lus1ones
cantaban en su alma, como nna parvada de rnisei\ores; se
casó y la engañaron. Todavía recuerdo la impacie';lcia C?n
que contaba los días que faltaban para su ma.trnnomo.
La noche que recibió el traje de no\'ia creyí, voh·erse loca de contento. Yo la miré en la igleRia al día siguiente,
coronad:\ ele blancos azahares. trémula de emoción y con
lo~ ojo~ henchidos de hlgrimas. ¿Qttién nos hubiera dicho que aquel matrimonio era un entierro'! Se .a maban
mucho los dos, ó por lo meno•. lo decían así. Iban~ realizar suR ilusiones; la riqueza les prepar:i un palacio espléndido v los qne de pie en la playa la miramos partir
en barca de oro, dijimos: Dios la ilev:\ c0n felicidad!
Pnos meses después, encontré á su marido en un caf~.
-¿Y Blanca?
-¡Est,t algo mala!
Era verdad, Bla11ca &lt;&gt;staba. mala; Blanca Re moría. Enrique la dejaba por ir en poq de los placeres f.íciles,.y
Blanca, sola en su pequei\a alcoba, pasaba las noches sm
dormir, mirando como se per1&gt;iguen y se jun~an las aguja&lt;1 en la carítula del reloj. Una noche Enrique no volvió. Al día siguiente, Blanca estaba m,ís p:tlida: parecía
de cera.
Hubiérase creido que la luz del alba, que Blanca vit'.&gt;
ªfarecer muchas veces desde su balcón, ie había teñido
e rostro con sus colores de azucena.
¿Por qué no viene?-Preguntaba ~ondeando con los ojos
la obticuridad profunda de la calle.
Y graznaban las lechuzas, v el aire frío de la madrugada le hería e! rostro, v Enrlqne no volvía. De l't'pente
1,menan pasos en las báldosa.q, Blanca se inclina sobre el
barandal para ver si venía. ¡ l~speran1,a frustr-ada! Era 1111
borracho que regresaba tí su casa, tropezando con los fa.
roles y las puertas.
Así pasaron los dia!l, semanas, meses: Blanca cada día
estaba peor. Los médicos no atinaban la cura de su enfermednd. ¿ACMo hay médicos de almas?
lína noche, Blanca le dijo ,t Enrique:
uNo te vayas. Creo que voy á morirme. Xo me deje3,11
Enrique se rió de suH temores y fu.Sal círculo donde le
esperaban b\1'1 amigos. ;,Quiénsemurre,í los ,·einteaíios'?
Blanca le vió partir con tristeza. Se puso después frente á un rspejo, alizó sus cabellos y comenzó 1í prender entre sus rizos diminutos botones de azahar.
Dos grandes círculos morados rodeaban sus ojos. Llamó en seguida tí su camarera, se pusll el traje blancoqne
le había servido para el día del matrimonio y se acostú.
Al amanecer, cuando Enrique voh-ió ti su ca.•a, vió abiertos los balcones de su alcoba; cuatro cirios ardían en torno de In cama. Blanca estaba muerta.
-¿Ya Jo vei,? L'\ vida munuana, tan brillante por f1wra, es como los sepulcros blanqueados de que nos habhi
el Evangelio. La riqueza oculta con i,,1 manto de arlequín muchas miseria.".
Cierra tus oídos á las palabras del eterno tentador. Xo
ambiciones el oro que es tan frío como el corazón de una
coqueta. Se buena, reza mucho y ama poco.
~I.

GUTIÉRRE7. X.í..JllRA.

HECES,

~iento una mezcla extraña
De pena y alegria:
Crepúsculo del alma, ton•a nube
Que un lf,·ido relámpago ilumina.
¡Oh, tengo ganas de reír! 11:i tiempo
Que no reía yo con esta risa,
Carcajada de loco que se burla
Del íntimo dolor que lo asesina.
Ahora desprecio el llanto,
De1&lt;precio al que lo vierte en ~u agonía ..... .
¿Pues no es mejor reír? ¡Oh amor, qué amargas
Las heces de la copa de la dicha!
Is AÍAS G .\ )!BOASan :-ah·auor-IS9G.

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

¿CARA

Ó

SF;LLO?

(TRADICIÓN)

En cierta noche del afio de 182-1 hallábanse en un mezquino cuarto de poRada, en la ciudad de Huamachuco,
en conversación íntima, sazonada con sorbos á una taza
de té y besos á una copa de ron de ,Jamaica, dos caballeros que vestían uniforme militar y que, por su fisonomía
y acento, denunciaban de á legua su nacionalidad inglesa. Eran los coroneles irlandeses Arturo Sandes y Francisco O'Connor, ambos al servicio del ejército colombiano.
O'Connor había llegado en la tarde á la ciudad, y como de larga data no veía á su camarada Sandes, ya supondrá el lector que tendrían mucha tela por cortar, muchas
confidencias por hRC'en;e, y muchas añoranzas que compartir. Llevaban una hora de espansiva charla cuando á
un discreto golpe á la puerta, anunciador de visita, contestó O'Connor:-Adelante!
El que venía á interrumpir el coloquio de los amigos
era nada menos que el General Antonio José de Sucr:e,
cuya frente orlaban va los laureles de Pichincha y ;¡ue,
en breve, obtendría t.'lmbién los de .Tunín y Ay~•~cho.
O'Connor llamó al ai,istente y le ordenó que 81rviese taza de tk y copita de ron al General.
Reanudó~e la convel'l'ación, que fué toda sobre política
y planes militares de campaña; y 1\ propósito de un expreso que, pocas horas mas tarde, debía 8alir del Cuartel-general con pliegos para Quito, dijo Sucre:
-Aproveche usted de la oportunidad, coronel Sande@,
si quiere enviar alguna carta. Y o sé que no le falta :í
quién escribir.
-No tengo urgencia-contestó lacónicamente el irlandés.
-HablamoR-&lt;:ontinuó Sucre-con franqueza de soldados y de caballero~. Sé que usted protende, en Quito, á
la hija del marqu&lt;-s de Holanda. Yo también pretendo
ca.qarme con esa sei\orita, v como nue~tra sangre no ha
de derramarse por otra cau.o.'l que por la de la libertad
americana, me permito proponer tt mted que confiemos
,t la suerte nue~tra pretenf'ión. Tiremos un peso al aire
para ver quien gana la mano de la marquesita.
-Convenido, General~ontestó Sandes con la genial
flema irlandesa.
-Ea! O'Connor, saque usted un peso de su bo!Rillo-frO!'iguió 8ucre.-Elija u.~ted, Sandes.........¿cara ó
sello
-No, mi General. Elija usted como mi ~uperior.
-Precisamente por eso no debo Rer el pnmero en elegir. No es asunto de servicio militar......
- Sino del !'Elrvicio del dios Cupido - interrumpiú
O'Connor-~cnicio en que la igualdad es ab8oluta, que
en levas de amor no hay tallas. Déjense de cortesías y
acuérdenme el derecho de elegir.
-Muy bien! Aceptado!-&lt;:ontestaron á una los ri
valeP.
-Cara pam el General y sello para mi paisano-dijo
O'Connor, y lanzó un peso fuene hasta la altura del
techo.
La suerte fué ad versa pam el coronel irlandés.
Ah! Los Libertadore.q! Los Libertadores!
En los tiempos de la capa v la eF¡i'.lda los líos amorosoa
se desataban á cintarazos. 'Los Libertadores supieron,
ha.~ta en eso, romper con el mncio pasado, y jugaban la
posesión de la dama á cara ó sello. Fueron muy hombres
y ...... muy cunda.•.
Siendo ya Presidente de Bolivi:1, el General Sucre envió poder á Quito para su ca.&lt;oanuento con la marquesa,
ceremonia que se efectuó en el mismo día en que el esposo era herido en un brazo al sofocar un motín revolucionario contm sn gobierno.

EL MUNDO

47

Es la hora de los tristea pensamientos,
de los rumores hondos y lejanos;
, la hora de la plegaria de las hojru&lt;,
la hora en que gime y se estremece el árbol;
la hora en que las flores que se cierran
se coronan de lágrimas, temblando;
la hora de las ansias melancólicas
en que sueña el ¡&gt;Qeta enamorado
con una mujer p,ílida y hermosa
que en el alto balcón le está e,;perando!
VICENTE

ACOSTA.

PARAFRASIS

Amensé, la esclava etiope de lo!.' castos embelesos,
Amensé, la virgen núbil de las francas alegrías,
Por las férvidas caricia.", por la ausencia de los besos,
Siente amargas y profundas, voluptuof'as nostalgíM.
Faraón ya no la adora. E!1, sns brazos tien_e opresos
Xuevos talles que &lt;:ol11mp1a, al sonar la!I smfonías
Que otras veces la arrullaron del placer en los excesos,
La arrullaron en sus noches siempre tibias, nunca frías. 11
¡Oh, qué triste! ya no adorna 1~ esplend~nte flor ~e Loto
Ni las carnes de sus senos palpitantes é mtranqmlas...
¿Para qué si el lazo e:;trecho de cariño ya el'tá roto?
¡Oh, los celos! Algo apura: es el néctar del demoni,o ...
Y al morir queda una im~en retratada en las PUJ?1las
De sus bello11 ojo11 tri~tes circundados de antimomo.
Qumr:-10:0.anÁz.

1tlim el cielo qué gris!
Las brumas pálidas

de otoi\o tienden sus crespones blancos
sobre el dormido espacio donde apenas
parpadea una estrella; sopla un hálito
de muerte qne entumece lo~ botones
vírgenl's y hace enmudecer los pájaros.
En vez del soplo tibio del {&gt;0rfume
que emerge del rosal, va el nento helado
cerrando con su,; dedos temblorosos
los cálices en flor.
Los rojos labios
1•n su carcel de púrpura aprisionan
la enamorada música del canto
y el tropel argPntino de la.'! ri~;
~obre los hombro11 blanco, torneados
cae el sedoso abrigo, y las arañas
derraman de ~11 luz el oro p:ílido,
en un florecimiento cristalino
por la callada estancia donde el piano
espera ~ilenciOijO que de~ate
su carcajada rítmica el teclado.
E11 la hora misterio.ea en que los sueñOI!
~acuden, al pasar, el suave ra~o
de ~ns tem blnntes alas en la frente
de la dormida virgen, que, en letargo
&lt;ll• amor, entreabre la camelia roja
de su boca que oprime un beso alado.
mieutrns ::ueña qut' estn.&gt;cha dulcemente
:i un amado in,isible entre sus brazos..... .

(Cuento Oriental).

I.
El viejo Alí habitaba con sus hijos en una opulenta
ciudad de Asia..
Su palacio brillaba como el sol; porque sobre sus muros
de marmol brutiido se reflejaba por la tarde el astro del

~
. .d
Las numerosas joyas que cubrían las neas vest1 uras

de sus bellas esclavas, semejaban las estrellas del firmamento.
El número de sus rebafios jam,1s llegó á contarse; y el
polvo que levantaban sus yeguas en el desierto, ~ra CO,I?,·
fundiio por la temerosa carabana, con el del terrible uS1moun.•
II.
Una noche, en que la.luna negaba sus p:ilidos !tlfiejos
á la tierra y en que el rmdo del trueno y el _estalh&lt;;i~ del
rayo llenaban de terror el ánimo del extraviado viaJero,
tocó á la puerta de Alí un pobre peregrino pidiendo, por
amor de Dios, un abrigo contra loselementosde;;encadenados.
. ~
.
Alí escuchó su voz; pero ninguna orden d16 a sus cnados. La :puerta permaneció inmó\il.
.
-¡Abrid, por Dios, hermano! repitio, y su voz no obtuvo respuesta.
.
Cansado de fqtiga, aterido de frío, cayó de rod1llas sobre las baldosas de la calle. y en un momento de dese~peraciún y &lt;le an~ustia, exclamó:
-¡Oh! tú á qmen he demandado un asilo contra la t?rmenta; tú, qu~ hai, per!nanecido ~ord? :i la voz de la mdigencia, confundate Dios, y que el fr,o &lt;le tt1 co~ón se
apodere de todo tn cuerpo, y no encuentres calor m en tus
riquezas ni en lo~ rayos del l'Ol.
III.
El sol de la ma11ana iluminó con su dudosa, luz de los
cristales del palacio de Alf. Este se levantó y miró hacia
la calle.
Un cadaver yacía tendido frente 1í la puerta. Era el
cnerpo del pobre peregrino.

n-.

DE HEINE.

Iluvó la risa de mis labios trist.es,
hermosa infiel, cuando te ví partir;
escucho sin cc.~ar bromas y chistes;
¡y no puedo reír!
El llanto huvó de mis cansados ojo11,
hermosa infiel, cuando te ví marchar:
rasgan mi corazón duelos y enojos
¡y no puedo llorar!
TEODORO LT,ORE\'TE,

PARA UNOS OJOS

RICARDO PAI,MA,

CLEMATIDE,

LA A V A RICIA.

Ojos de vi\'os resplandores
Y languidez crepuscular,
Astros de efluvios soñadores
Y de brillante claridad;
Ojos tan claros como el cielo
Que un mieterioso y castv anhelo
Llena de albores y de luz,
Ojos que cruza en lento vuelo
Un yagaroso sueño azul.
Ra~gad el velo que sepulta
El mii;terioso porvenir,
)lirad si tr&lt;-mula v oculta
La blanca aurora e,..pera allí;
Las ilusiones que en la noche
Del alma duermen, despertad,
Y con espléndido derroche,
-Aureo florón que rompe el brocne,Rurja el sol vívido y triunfal.
Como luceros en la altura,
Pupilas trémula.~, brillad!
En la tediosa noche obscura
Tremen lo~ sueño!' y se van......
Loco el esp·íritu se lanza
Tra~ nn d\&gt;stello de pasión ......
A lo,; anhelo:; dad l'onfianza,
Marcad sn ruta á la esperanza,
(;uiacl lois pa~os del amor.
La turbia imagen del pasado
Es un crep1ísculo ototial, ·
&lt;,irón de cielo sepultado
En la profnnda ob~cnridad.
:Flore, marchitas de~hojada.'!,
Recuerdo odioso, ya dormid! ......
...... La.~ espemm:a.-.; en bandadas
Re van, la~ alas desplegadas,
Al mi~terioso porvenir........ .
FRAxc1e&lt;eo

~r.

Ya en los salones del palacio de Alí no resuenan _grit-0s de alegría, ni si&gt; oyen en él los aconles del armomoso
laúd pulsado por las bl'llas esclava.". La sen-idumb~ toda se agita por las habitaci~nes c~mo si una desgracia tuviese ht!rar en aquel soberbio recmto.
AH, eY rico, el podero~o AH, sufre en aquellos momentos la m:ts atroz enfermedad.
PreRa de un frío que traspa&lt;oa sus huesos, sus miembros
se tuercen como serpientes enfurecidas, y en vano clama
pidiendo calor pam sn aterido cuerpo.
..
-Ponedme mis más ricos vestidos,-dice á sus h1Josarropadme con las mt&lt;o espesa.&lt;; pieles, y que todo el brocado de mis tiendas sirva para darme el calor de que carezco!
Y los hijos de AH envuelven á su padreen multitud de
telas precio~as. Pero ~l les dice:
.
-Aún siento frío, quemad el ambar y las recmas de
mis almacenes y formadme una atmósfera de fuego, porque muero de frío.
Una nube de arom1ticos Yapores llena lac1ímara donde
fi0 halla el enfermo.
·
-;Aún Eentfs frío, padre?-preguntan los hijos de aquel
desgraciado.
-Sí, qu('mad todos mis muebles, el palacio mismo paro. morir m:l~ bien abra~ado por el fuego, porque lo que
siento es horrible!
Y una llamarada inmensa se levantó de aquel opulento edificio.
V
Al siguiente día, una carabana fúnebre caminaba hacia
el desierto.
.
Eran los hijos del viejo Alf que conducían las yertas
cenizas de su padre.
En medio de las movibles y candentes arenas del desierto, !'Cpultaron aquellos despojos para que el sol los
calentase.
Pero también t•l sol negó sus rayos á loR huesos de
Alí.
Cuentan que una negra nube oscureció de~de entonces
aquella parte del desierto, y que jamás los rayos del sol
pt1dieron traspasar su espesura.
IA maldición del peregrino Re había cumplido.
:N. Bou:r PERAZ.\,

A.ZRAEL,
Now I must sle~¡,.
Bvro11.

Azracl abre tu ala negra y honda;
cobíjeme su palio sin medida
y que á su abrigo bienhechor !'e esconda
la mcurable triHteza de mi vida.
Azracl, angertr-.igico, angel fuerte,
angel de redención, angel sombrío,
Ya es tiempo que consagres á la muerte
mi cerebro sin luz: altar vacfo!
,\zrael, mi eRperanza e:a una enferma,
ya tramonta m1 fe, llegó el oca~o;
ven ...... ahora r.•pr,•ri10 q•ie yo duer,na. ..... .
,lforir.. ... dnrmir..... , ,,,,ar..... tol1ar acu$0 ..... .

DE 0LAGUÍBEL.

.huno NEavo.

�MEXICO, E~R.O 24 DE I897.

•

NUMER.04-

=~==================~

Necueraos ael ~ail'e

••
-ce

ªªªº en lblinería en honor ael $r. ~resiaenfe.

1

CIUDAD DE MÉXICO.
~

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000
ee verificará en el Pabellón Morisco,
i6. la.a tres de la tarde, el Jueves
U DE FEBRERO DE 1896.

baJo el plan siguiente:

14 000 Billetes á $ 2.00 cada
uno: divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

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'

~C:&gt; l\~B¡~

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~· .. ,1;

VooN .

PREMIOS:
1 Premio de.•.. $ 10,000.... $ 1?•888
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'500
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1 00
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200
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1 o......
2 Aproximaciones de A $ \ 00;
una anterior y otra pos tenor al
número premiado con los . .... .

1,000
22'º088

•

200

$10.000 .................... $

2 Aproximaciones de A $60; un.a
anterior y otra. p~stenor al nu•
mero premiado con los

00
$ 1 .ooo. ·····················$- -1 -

84,5 Premios que hacen un total de $

1 7. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$60,000
ae Teriftcará en el Pabellón Morisco,

• 1u 11 a.m., el Jueves

28 de Enero de 1897.
ba.)O el plan Slg'Ul8nte:
ID,000 BILLETES.
FONDO: $ 320,080.
PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4 .00.-Medlos: S 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cent■•
Vl&amp;"éslmos: 20 cents.

PREMIOS:

m..tyor de .......... t 60,000
Premio principal de ..•••• ,. 20,000
lt Premio
PremLo principal de .••••• ., 10,000

6 Premios de $ 1,000•••••• .,

1 o Premios de .,

600 ••••••.,
26 Premios de ., 200 •••••. .,
100 Premios de ., 100 ••••.• ,.
260 Premios de .,
40 •••••• .,
460 Premios de., · 20 •••••. .,
t 00 Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 &lt;,0,000••••••••••• ·•
100 Premios de 8 40 aproximaciones
al preoiio de a20,000••••••• ·•···•
100 Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. •••••••••• ·•
788 Terminales de S 20. que se determinarán por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio mayor de 800,000 ••.•• ••
788 Terminales de 8 20, que se dcter•
minará.n por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000. .•.•

6,000
6,000
6,000
10,000
10,400
9,200
6.000

4.000
2,000

115.980

115.980

8,761 l'ftmloa q111 hacen u 'l'ot&amp;l «... $ 178.660
..-Todos los sorteos est:l.n bajo la viirilancia
~ íl'uección personales del Sr. O. Apolinar Castillo,
Interventor del Gobierno, y de 11n empleado d"e la
Teaorcria General de la Nación.

OAcina.s:

r

San Francisco ntun. 12.

U. BASSETTI, Gerente.

"HUMBER"
Hilario Meenin tiene la honra de partimpar á su numerosa clieritel.a y al púhlico en g,tteral, que acaba de recibir el nuevo catálogo inglés

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M. l-~Xl:CO.

APARTADO 189.

La Uompañía de Uonstrucciones y préstamos.
t-n ~léxico.

LA CERVEZA FERR06INA,
Bll:C0NSTITUYENTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA,

1~ DE S.Al',i FRANCISCO N? 12.
Apartado N? 84 B.

Se reeomienda á loe anémicos, á las jóvenes clor6tieae,
LIC. EMILIO VRLASOO, PRESIDENTE,
y á las personas debilitadas por una prolongada perma•
JHON R. DAVIS, VICEPRE!!IDENTB.
nencia en las reefonee cálida!! y ma:sanas.
JULIO LIMANTOUR, TESORERO.
De venta en casa de los Sres. E. Dutour y Comp., A.gen·
PIDASE PROSPECTO N? 6.
iee Generales; en el establecimiento de la Sra.. Viuda de
Suponiendo que las presupuesto accione11 monten .á
Geniny Comp., ~ de Pisteros número 3, y en todos loe
$100. 00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admiprincipales ee\ablecimientoe.
sión y exhibición $58.10 ganancia 41. 90 6 sea 18 1 /9 p8 . _

PATE EPILATOIRE DUSSER

d~lnlJe ha.&lt;ta lu RAICES el VELLO del rostro de ll$ damas (Barba, Bigote. tle.), da
n1ngun peligro ~ el cutis. 50 Años de Éxlto,y mlllam de teslimooios garantizan ia eflcada
de esta ¡m,paraw,n. (Se ,ende en oaJaa, para ta barba, J en 1/2 aaJu para el bigote ligero). Pn
tos bruos, emplée,e d l&gt;I.LI. fOBE. D"O'SSER, l,rue .J••.J.-l\ouaN&amp;u, Parilo

$1 General $scobeao introauce á la $ro. Doña (!armen Romero Rubio
(Dibujo de. J. M. Villasana.)

ae Diaz al $a16n.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Baile en minería</name>
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        <name>Concepción Zivión y Saravia</name>
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        <name>Una estatua de David</name>
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                    <text>MEXICO, E~R.O 24 DE I897.

•

NUMER.04-

=~==================~

Necueraos ael ~ail'e

••
-ce

ªªªº en lblinería en honor ael $r. ~resiaenfe.

1

CIUDAD DE MÉXICO.
~

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000
ee verificará en el Pabellón Morisco,
i6. la.a tres de la tarde, el Jueves
U DE FEBRERO DE 1896.

baJo el plan siguiente:

14 000 Billetes á $ 2.00 cada
uno: divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

.1
'

~C:&gt; l\~B¡~

~
-,.

~
·º

~· .. ,1;

VooN .

PREMIOS:
1 Premio de.•.. $ 10,000.... $ 1?•888
1
u
,,
,, 1 ,000.... .,
'500
600 ···•u
11
u
"
,.
200
200 .... ..
2
"
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::
1 oo.... ,,
200

1O

"

"

,.

50.... ,.

600

26
::
::
,,
40-.. ...
1 00
..
..
"
20. .....
200
,.
,.
•.
1 o......
2 Aproximaciones de A $ \ 00;
una anterior y otra pos tenor al
número premiado con los . .... .

1,000
22'º088

•

200

$10.000 .................... $

2 Aproximaciones de A $60; un.a
anterior y otra. p~stenor al nu•
mero premiado con los

00
$ 1 .ooo. ·····················$- -1 -

84,5 Premios que hacen un total de $

1 7. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$60,000
ae Teriftcará en el Pabellón Morisco,

• 1u 11 a.m., el Jueves

28 de Enero de 1897.
ba.)O el plan Slg'Ul8nte:
ID,000 BILLETES.
FONDO: $ 320,080.
PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4 .00.-Medlos: S 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cent■•
Vl&amp;"éslmos: 20 cents.

PREMIOS:

m..tyor de .......... t 60,000
Premio principal de ..•••• ,. 20,000
lt Premio
PremLo principal de .••••• ., 10,000

6 Premios de $ 1,000•••••• .,

1 o Premios de .,

600 ••••••.,
26 Premios de ., 200 •••••. .,
100 Premios de ., 100 ••••.• ,.
260 Premios de .,
40 •••••• .,
460 Premios de., · 20 •••••. .,
t 00 Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 &lt;,0,000••••••••••• ·•
100 Premios de 8 40 aproximaciones
al preoiio de a20,000••••••• ·•···•
100 Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. •••••••••• ·•
788 Terminales de S 20. que se determinarán por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio mayor de 800,000 ••.•• ••
788 Terminales de 8 20, que se dcter•
minará.n por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000. .•.•

6,000
6,000
6,000
10,000
10,400
9,200
6.000

4.000
2,000

115.980

115.980

8,761 l'ftmloa q111 hacen u 'l'ot&amp;l «... $ 178.660
..-Todos los sorteos est:l.n bajo la viirilancia
~ íl'uección personales del Sr. O. Apolinar Castillo,
Interventor del Gobierno, y de 11n empleado d"e la
Teaorcria General de la Nación.

OAcina.s:

r

San Francisco ntun. 12.

U. BASSETTI, Gerente.

"HUMBER"
Hilario Meenin tiene la honra de partimpar á su numerosa clieritel.a y al púhlico en g,tteral, que acaba de recibir el nuevo catálogo inglés

DE LA HAOU!NA ''!~HIEi,"
~ara 189'1, y q:ue rw,"be desde chora pedi,dos para trasmitirlos á Inglaterra.

BICICLETAS "HUMBER,'' "STEARNS," "TURIST" "RECORD."
GRANDFSTALLERES DE COMPOSTURAS Y MAGNIFICO SURTIDO DE
A~V~~úR 10~.

AVENIDA JUAHEZ 4.

M. l-~Xl:CO.

APARTADO 189.

La Uompañía de Uonstrucciones y préstamos.
t-n ~léxico.

LA CERVEZA FERR06INA,
Bll:C0NSTITUYENTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA,

1~ DE S.Al',i FRANCISCO N? 12.
Apartado N? 84 B.

Se reeomienda á loe anémicos, á las jóvenes clor6tieae,
LIC. EMILIO VRLASOO, PRESIDENTE,
y á las personas debilitadas por una prolongada perma•
JHON R. DAVIS, VICEPRE!!IDENTB.
nencia en las reefonee cálida!! y ma:sanas.
JULIO LIMANTOUR, TESORERO.
De venta en casa de los Sres. E. Dutour y Comp., A.gen·
PIDASE PROSPECTO N? 6.
iee Generales; en el establecimiento de la Sra.. Viuda de
Suponiendo que las presupuesto accione11 monten .á
Geniny Comp., ~ de Pisteros número 3, y en todos loe
$100. 00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admiprincipales ee\ablecimientoe.
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PATE EPILATOIRE DUSSER

d~lnlJe ha.&lt;ta lu RAICES el VELLO del rostro de ll$ damas (Barba, Bigote. tle.), da
n1ngun peligro ~ el cutis. 50 Años de Éxlto,y mlllam de teslimooios garantizan ia eflcada
de esta ¡m,paraw,n. (Se ,ende en oaJaa, para ta barba, J en 1/2 aaJu para el bigote ligero). Pn
tos bruos, emplée,e d l&gt;I.LI. fOBE. D"O'SSER, l,rue .J••.J.-l\ouaN&amp;u, Parilo

$1 General $scobeao introauce á la $ro. Doña (!armen Romero Rubio
(Dibujo de. J. M. Villasana.)

ae Diaz al $a16n.

�EL MUNDO

50

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio num. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re•~cci6n, debe ser dirigida al
Director, Lic. Raf'ael Reyes Spindola,
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel . .
La subl!cripci6n á EL MUNDO ,ale $1.25 centavos al

Irles, y se coóra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa\'Os.
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bagaje para resolver los problemas de orden social Y político que les estaban encomendado_s. .
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El nuevo plan de la Pr4;1p~rato~m , \'l~ne_ á realizar e~
pen~amiento que la Adrmmstraci6n pubhca ee ha, ~ro
puesto en materia de_educaci6n: fo1:"?ªr hombres utiles
á sí mismos y :i la sociedad en que vnen.

&lt;El rrpublirnnisuu1 ~d Diabla.
Un periódico de Fra~cia, cnn moti\'o del en~nsiasmo
provocado con la estancia del Czar en aquella nación, pre•
guntaba si las manifestaciones á que se entregó el puebl&lt;?
durante la recria visit.a lo acreditan como demócrata, 6 e1
los herederosºde la Revolución ocultan tras el velo de_ las
instituciones una suma tibieza hacia la forma republiCk·
na de gobie_rno. _El perió~ico qne así ~e produce ha caído
en el error Jacubmo de suJetar los mas graves J&gt;roblemas
políticosá un jnego de palabras, y ante un: u¡\ 1va el Emperador!n declara muerta la Rep1íblica y se alarma frente
á las manifestaciones _hechas en favor del soberano de un
país amigo.
Estat&gt;xplosiún revolucionaria prueba una vez más cuán
lejos se ·hallan todavía muchos espíritus del verd~dero
concepto que debe informará los grupos hu~anos dignos
de ser libres cnando una palabra se les antoJa que pone
en gmve rie~go 111s instituciones. Para los jacoLinos, en
efecto débese vivir en odio mortal contra toda ¡nanifestación1 contraria.¡\ su programa de exterminio, y por rencor á la tiranía son capaces de proceder como los más feroces tiranos.
La República francesa ha podido, en virtud de nna regla de cortesía, manifestarse respE'.t.llO~ hacia el Jefe de
una nación amiga, sin que el testunomo de este respeto
pueda traducirse como un acto de desafecto hacia su forma de gobierno.
. .
.
En realidad el verdadero TPpub/1rrmm110 rlel dmblo, como lo llama 1~ publicaciún ú que aludimos, consiste en
ampararse tras un ideal que trata de establecer s1is cimientos en la libertad, para dar muestras de la m,ís escandalosa y terrible opresión de las conciencias.

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1Ssn

}aguerra, ya se presume claramente la. Inisi_6n del Canciller austriaco en la corte uel emperador Guillermo.
Nada importarii ni ha de influir en sus decisionos la resistencia que en el Reich~tag_ alemán haI?- de opo_ner á los
nuevos créditos para el eJérc1to y 1~ ~a.rrna los hberal~s,
los católicos y los ya poderosos soCJahstas; nada, las difi-.
cultades financieras de Italia, que aun no se repone de las
catástrofes de Abisinia, y apen~ va. trabajo~amente restañando las heridas de su erario empobrecido; nada la
actitud semipasiva del Austria-Hungría, mal de su grado arrastrada en la corriente que la señalan los vencedores de Sadowa y los aspirnntes al Trentino, después de la.
adquisicion del Lombardo-Véneto: contestarán los soberanos al reto mal encubierto de la República. francesa, y·
los pueblos, que no tienen más que una válvula para el escape de la opinión en los campanudos parlaJ?lentos, tendrán que aceptar la nueva carga que se les 1_mp?n~, por
cuenta d~ rivalidade~ y rencores, y que segmr gmuendo
bajo la pesadumbre de los presupuestos de guerra, cada
vez más abrumadores, cada vez más agobiantes.
No es, pues, ésta la mejor º'l?°rtunidad, para que se prediquG por algunos la. concordia aparente 6 real de que
acaban de dar prueba la Gran Bretaña y los Estados Unidos en su tratado de arbitraje; no es la presente la mejor
coyuntura, para proclamar el general desarme que en utópicos delirios, aconsejab:ln el pa~ado ~ño el congreso FO·
cialista en Londres y el mternacional de la Paz en BudaPesth.
**# .
Ya era tiempo de que las tantas veces prometidas reformas turcas, para remediar la triste condición de los
súbditos cristianos, se hubieran llevado á efecto y renaciera la c11nfümr.ii que su implantación debiera inspirar.
Tiempo era va de que la intimación categórica del ministro francés en la corte de Constantinopla y las declaraciones formales del embajador del omnipotent,e Petersburgo, hechos {1 nombre de las potencias oc~idP.n~ales,
surtieran sus efectos, v los asendereados armemos de¡aran,
de ver suspendida sobre su cabeza la ci?3itarra. del. mt~sulmán mil veces manchada con el asesmato y env1lcci•
da en 1~ barbarie. Pero eotá escrito que el Sultán no ha
de ceder en sus odios ni cejar en sus persecuciones, mientras la fuerza y la violencia no lo obliguen á contrariarlo que )Ir. Gladstone ha llamado instintos de fiera y
hambre de asesino en~¡ pérfido Abdul-Hamid. Está. visto que escurridizo ante las amenazas pacíficas de la diplomacia, y perjuro contumaz en todos los compromisos
que no contraiga al filo de la espada, se ha de burlar de·
todos los ardides de los embajadores y ha de romper la
red de todas sus combinaciones, con los inagotable recursos de su audacia en las pavorosas sombras de su perfidia.
Como lobo acosado en sn guarida, pareció descansar·
para tomar aliento, no para abdicar de su sed de sangre
y de matanza, y recobrado de sus vanos temores, cuando
comprendió que no estaba marcada!ª hora de la.. expiación, por falta de acuerdo en sus Jurados e?~m1~0s, el
Califa de los Creyentes ya vuelve á tolerar las miqwdades
de sus famiticos sectarios, ya se registran nuevos asesinatos cometidos en indefensos cristianos y se anuncian
nuevas explosiones de odio entre los salvajes muslimes,
estallando horribles contra los aborrecidos armenios.
Contados están los momentos de ese reinado de la injusticia; no ha de ser larga la tregua qne se conceda al corrompido Imperio otomano, roído de podredumbre en las
entrañas y amenazado de disolución en sus elementos.
y llegarán del Xorte y del Occidente, armados de todas armas los pueblos cristianos; entrarán á sangre y fue go en las ciudades malditas, y la nación musulmana, que
por tanto tiempo ba manchado con la sombra de su caduca civilización y el vapor caliginoso de su Iniseria el
cielo de la culta Europa, de!&gt;aparecerá para siempre del
cátalogo de los·pueblos soberanos.
Así debe ser: ya no la defiende el escudo de Bayaceto ni,
la ilustra él Magnífico Solimán. Anatnna sit.

En el presente año escolar se han introducido varias
reformas en el plan de estudios de la Preparatoria de
esta. Capital, siendo la más'importante la _unificación de
las asignaturas antes de comenzar cualquiera carrera.Era una necesidad esta unificación, si habíamos de contar con hombres profesionales, sólidamente ilustrados,
sin brechas en su educación y poseedores de un método
eficaz para la. investigación de las verdades científicas.
Ha.y que tener en cuenta que la ciencia contemporánea
tiende á la. unidad, que los conocimientos se apoyan los
unos en los otros, que la solidaridad ~s mutua y que los
ramos del saber humano van rompiendo las fronteras
que antallo los separaban, para for.nar un solo cuerpo de RESUMEN.-Recelos de la Triple Alianza.-EI nuevo
Canciller ruso y las reformas militares francesas.
doctrina. La educación preparatoria ba de re~ponder á
-Las perpetuas rivalidades y el arbitrage anglo•
estas exigencias del espíritu moderno, ansioso de encontrar relaciones de causalidad, enlace en las ideas, coheamericano.-Otra vez la barbarie musulmana.sión en las verdades adquiridas. Y esta educación no
El Sultán siempre pérfido.-"Anatema sit." -Las
p&lt;&gt;!_Irá alcanzar tan altos fines si no está coordinada por la
Cámaras francesas y el Parlamento inglés.-Temflexible disciplina de un método, que es lo que realiza
mores y esperanzas.
el nuevo plan de la Escuela Preparatoria.
Un hombre de carrera debe ser necesariamente un
Después de la gran excitación que reinó en los pasados
hombre ilustrado, y jamás puede pasar por ilustrado el
individuo que desconoce nociones generales que informan días, con motivo del anunciado aumento del efectivo en
el criterio de la moderna intelectualidad. Todavía nos el ejército francés y la reforma general de la artillería de
causa risa. la res~uesta de aquel licenciado y doctor y campaña; después de las alarmas quP. tales medidas ocaMinistro de Justicia, de quien se refiere que al discutir- sionaron entre las naciones que forman la Triple Alianza,
se las bases del tratado de Guadalupe, y al oír que los que ven en ta.les preparativos amenazas terribles para lo
americanos pedían que se les concediese hasta el grado porvenir, y se miran obligadas por modo indirecto á continuar en esa interminable senda de odios y rivalidades,
treinta ,, lre.~, decía: «Jamás pasaré por semejante cosa, á lo
más, á lo más, que se les dé ha...ota el !ll'ado diez 1, 1¡11i,1ce." Pe- que se manifiestan en los ejércitos cada vez m{I.B formidaro, se dice, ¿qué falta hace al abogado el estudio de la Geo- ble¡¡ y las escuadras á cada paso m¡ís poderosas, ha.y en esgrafía, y al ingeniero el estudio ne la Historia1 y al Xota- tos momentos un hecho nuevo, que viene como 1t agregar
rio el de la. Química? En el estado actual de U\ civiliza- combustible á esa inmensa hoguera que brilla con inmi•
cion, todo hombre que aspire á pasar por culto, está obli- nente riesgo de envolver en sus llamas fatídicas á la Eugado á adquirir los conocimientos que la civilización re- ropa entera en general conflagración: se trata del nomclama. ~o son Rolamente ignorantes los que no saben bramiento de Secretario de Estado en el gran Imperio
leer y escribir; lo son también los que no saben moscovita.
interpretar los hechos que desfilan ante su vista.
La repentina desaparición del príncipe de Lobanoff*
La Escuela Preparatoria-'Je ha dicho muy bien en es- Rostowsky, muy conocido _por sus sentimientos anti-ger**
tos días-es un plantel para la ge111e de lerita, para las cla- mánicos y por ende, contrarios á las aspiraciones encarCon las solemnidades de estilo acaban de reanudar sus
ses más elevadas, y en este sentido tenía razón el inolvi- nadas en el emperador Guillermo y sus devotos a.liados, tareas legislativas las Cámaras francesas y el Parlamen-dable Don Gabino Barreda: ''cortar la oorrera á un alumno, dejó un vacío en el gabinete del Autócrata. ruso, que cada to inglés.
en el antiguo sistema, era, casi con toda seguridad, con- cual deseaba ver colmado según sus propios intereses.
Como una especie de aprobación á. la política que sidenarlo á llevar uua vida obscura y Iniserable; hoy, sólo Larga. fué la zozobra y prolongada. la ansiedad con que to- gue el gabinete presidido por Mr. ~Iélline, y como proserá cambiar el rumbo de su actividad, pero dejándole dos esperaban ese nombramiento; de modo que, al anuntesta contra las utopías socialistas, que en días pasados y
siempre abundantes medios de asegurarse un bienestar ciarse que el favorecido por el Emperador Nicolás II es bajo la dirección del radicalismo m¡is avanzado, amontoindependiente y de hacer honradamente su fortuna.n el Conde de )Iouravieff, ministro plenipotenciario de Runaban negros nubarrones en el cielo azul de la. Repúbli·
Con el método adquirido en la. Preparatoria y los conoei. sia en la Corte danesa, unos han experimentado las palca francesa, el pueblo en las recientes elecciones de Semientos que forman los peldaños de esta escala todo pitaciones del entusiasmo, en tanto que otros sienten los nadores, ha dado su voto á los candidatos moderados, á
h_?mbre, al salir d4;1l establecimiento, _podrá cooperar al amargos dejos del desencanto.
los republicanos que, igualmente ap!lrtadoa de las ilubien de _sus ~oasociados y al suyo :erop10, cualquiera que
Es que el elegido conde de Mouravieff se ha formado siones momu-quicas como de los delirios radicales, son la.
sea la dlrecc16n qu4:: tome su espíntu.
al amparo del panla.vismo más puro, y ha crecido al abri- mejor garantía para 1a paz y la tranquilidad del país.
go de los que sueñan con extender la influencia moscoviOjalá y el Senado, ese cuerpo conservador por excelen***
donde quiera que ta reclame la raza, y cualesquiera. cia, instituido precisamente para moderar las impacienEn nuestro pais, esta falta de conocimientos ordenados ta
que sean los intereses que se opongan á la realización de cias de unos y evitar las metamorfosis reaccionarias, los renos ba llevado :!.cometer una interminable serie de erro- estos propósitos.
·
trocesos morbosos de otros, llene debidamente su Inisi6n,
res que han ca.usado lesiones graves. Alguna vez hemos
Con gran apresurainiento ha marchado á Berlín el Can- y sea como Jo fué el año pasado, con su entereza, la roca.
dicho que se ha procedido en ~léxico por medio muy se- ciller
del Imperio austriaco, conde Goehowsky, á confe- mamovible donde se asiente la República, amenazada de
mejante al de Boul'ard y Pecuehet, los dos célebres maja- renciar
con el augusto Hohenzollern sobre las cuestiones anarquía en el ~eno mismo de la representación nacional.
deros de la obra de Flaubert. Hemos soñado con la cría que amenazan
empañar el cielo político de Europa.
No así tranquilo se anuncia el período legislativo en el
de avestruces, con la propagación de los camellos con la seotro lado de la ~lancha. La oposición liberal que un
f}Cicu ltura, con la piscicultura; imaginando que nuestras
*
puntoseainti6 debilitada, falta de jefe reconocido, por
tierras son ap~ para toda clase de cultivos, se ha intenNo :eueden las potencias **
que forman la Dreilmnd dejar
tado el del ramié en gran escala, el de la vid, y a.sí sucesi- pasar madvertidos esos armamentos nuevos que proyec- renuncia de Lord Rosebery, tiene ya su leader en la persona de Lord Kimberley, que se apercibe ála tarea. Los.
yamente.. Y á cada. uno de estos ensayos, el presupuesto ta Fran:cia, ni menos ser indiferentes al aumento del ejérabría. cop10samente sus. mezquinas C0;1:Íentes, laborando cito francés en medio de la paz engañosa que á nadie mismos conservadores, dóciles á la disciplina del :Marde este m&lt;&gt;&lt;lo á la D?agrutud de una cris111 que posteriores convenc~ ni tranquiliza. No pueden considerar sin so- qués de Salisbury, aun pretenden quebrantar la mayoría .
fenómenos. económicos acabaran por determinar.
. bres.-ilto!l la exaltación de un ministro, que anuncia una Ininisterial por asuntos de política. interior. Veremos si
Hemos Sldo educados precipitadamente, nuestras infor- política que puede hacerse agresiva en un momento da- la excisión tempera! se efectúa; en ese caso, se apelará
macim1es han estado prendidas con alfileres, y mientras do de v.arte del Autócrata del Neva, cuando mire comple- probablemente ¡i nuevas elecciones, no dando el especel progreso acrecentaba el caudal de conocimientos en ta la cifra asombrosa de sus soldados que todos creen se táculo de un cambio de Ministerio, en los momentos en
n_uestra República nos ha bastado saber que éramos'muy elevará de modo fabuloso en el ¡&gt;resente año. Xo pueden que el gran Imperio británico se prepara á celebrar en
neos,. m!'Y hombres l:' 11111y demócratas. De nuestros es- contemplar sin recelo la posibilidad próxima de que Ru- solemne festival el sexagésimo aniversario de la inaugutablec1m1entos p~ofes1ona.les ha salido una juventud re- sia reclame, en medio su expansión hacia todos los rum- ración de este reinado, el más dilatado, si no el más.
pleta de _errores, impregna.da de falsedades, con enormes bos, las provincias esclavonas que aun viven sujeta&amp; á la glorioso que hayan presenciado los pueblos modernos.
Iagunas mf.E:lectual~, con conceptos equimeados.. )Iinis- tutela germánica.
X. X. X.
t~os de Haci~nda BJn saber sumar, criminalistas sin noY como todo esto está en la conciencia de los .q ue diri •
ciones de ps1colog1a, estratégicos desconocedores de la gen á estos pueblos ligados en la paz y apercibidos para.
21 de }::nero de 1897.

l'Jo-liti!a &lt;6tncra1.

DO~INGO

2

i

DE ENERO DE 1897

PAGINAS ESCOGIDAS

LADY OLARE
· «Era el tiempo en que florecen los lirios y en que las
nubes se agitan en lo más elevado de los aires."
Lord Ronald, al regresar de una cacería regaló á su
prima Lady Ciare una. cierva blanca como una azucena.
Enamorados y prometidos los dos primos, debían unirse en matrimonio al día siguiente.
·
¡Que Dios bendiga ese hermoso día!
-~li prometido no me ama ni por el orígen de mi cuna, ni por los vastos dominios que poseo. )le ama por lo
que soy y esto es lo que m:is me satisface-pensaba Lady
Ciare c1ia ndo partió de su l!ldo Lord Ronald.
En eso entró en su estancia la anciana. Alicia, que habí;, sido su nodriza, y la pre¡:mntó:
-¿,Qnién ha salido de aquí?
-}li primo-contestó Lady Clare.-)lañana se celebra nuestra boda.
-¡Dios sea beudito!-añadi6 Alicia.
1
Todo sale á medida de mi deseo, y puesto que tu felicidad está. asegurada, ha llegado el momento de qu., te
haga una re,·elaciún. Has de saber que tú no eres L-idy
Ciare y qne Lord Ronald no es tu primo y sí el :egítimo
heredero de todoi&gt; los dominios que posees.
-iXodriza, nodriza! ;,flas perdido la. razón? ¿Qué ' cosas son e~as que estás diciendo?
-Te digo la verdad, como se la digo á Dios que sabe
todo lo que pa8a en nuestro corazón. Eres mi bija, la
hija del viejo conde, á qnien has considerado como padre, murió en mit:i brazos; pero como tú y ella apénas
habían C'nroplido el primer mes, enterré á la niña, á
quien criaba como si fuera mi hija, y á tí que eres la bija de mis entraña.9, te puse en su lugar.
-Obraste indignamente. :-&lt;i es verdad todo lo que
cuentas, madre mía, cometiste una gran iniquidad, privando por tanto de su legítima fortuna á Lord Ronald,
que es el hombre miis bueno de la tierra.
¡Rah, bah!-interrumpi6 la nodriza.-Déjate de esas
cosa.,;guarJ.ael secreto, y como vas á unirte con Lord Ronal, sin que él sepa el engaño, le de\·uelves de un modo
indirecto su fortuna.
-Xo, madre. Si nací pobre, como odio la mentira, revelaré el secreto qne has tenido guardado.
Quítame el broche de oro y separa también de mi cuello el collar de diamantes.
-1:fo, hija. O.ve mis súplicas. Guarda el secreto. l\Iereces &amp;'r feliz y lo serás.
-De ningun modo. En medio de mi profunda pena,
revelando lo que acabo de saber, conseguiré dos cosas: no
manchar mi conciencia con la mentira, y averiguar hasta d:m,ie puede lle~ar el cariño de un hombre.
-¡El cariiio!--01jo Alicia.-Xo esperes gran cosa del
carifio de tu prometido en cuanto sepa que la fortuna que
posees es suya.
-,1. la recibirá de mis manos-añadió la j6ven-aún
cuando muera de dolor por perder su cariño.
-Ten presente, hija mía, que si he cometido esa fa\.
ta hll sido por tu bien; al menos perd6name, y para que
la de;esperación no me mate, permfteme que imprima un
beso en tn frente.
-¡Ah, nndre! ¡Cuanto dafio me has hecno! Pero no
importa. Besa mi frente y recibe con otro beso en tumanu
la mue,tra de mi respeto.
La bel la jóven se despoj6 de sus galas, se vistió un traje de alelen na, prendió una rosa en sus cabellos y se alejó del cu~tillo dirigiéndose al parque.
La cervatilla que retozaba, al verla, corrió á. su encuentro como para implorar sus caricias; y Lord Ronald al
cont:emplar aquel hermoso cuadro desde una de las torres del castillo, bajó tambien en busca de su amada, diciél)dola:
-¿Por qué te has disfrazado de ese modo? ¿Por qué te
has convertido en humilde aldeana, cuando eres la reina
de Pstos contornos?
-Si me v~is vestida de aldeana-contestó lajóven-es
para presentarme con el traje que corresponde á Ini humilde condición; porque habéis de saber que no soy Lady
Ciare.
-¿Qué significa esa burla?-exclam6 sorprendido Lord
Ronald-¿Xo sabes que soy tuyo en &lt;!uerpo y alma? Explícame ese enigma.
Entonces ella.con arrogancia y haciendo un gran esfuerzo, refirió á Lord Rooald el secreto que poco antes le
había confiado la anciana nodriza.
Lord Ronald, después de oirla la tendió los brazos, y
estrechándola con efusión:
-Si no eres Lady Claro-exclam6-eomo mañana van
á unirse para siempre nuestras almas, serás Ladi Ronald.
La jóven no se había engañado. El verdadero cariño lo
puede todo."

~ ~~J.~~J..~~~s~=·~ ~
VALLES
Y MONTES
,

Los mares cubrían casi todo el esferoide terrestre.
Bn el seno de las aguas se cuajaban los continentes,
como inmensas cristalizaciones.
Hervían las entrañas del globo, como calderas titánicas de un infierno geológico.
Y J?Or el espacio cruzaban en todas direcciones manadas sm fin lle nubes, que al caer la tarde empujaban el
sol hacia los negros establos de la noche, punzando sus
e~ormes lomos con rayos de luz á modo de enrojecidas
aiJadas.
Cayeron en la. nada esas gotas enormes del tieml?o, que
se llaman siglos, y por entre los océanos empezaron á
surgir lus continentes, como séres titánicos que se aso~n á. ver las estrellas y el sol: la naturaleza, como muJer, es á veces curiosa; pero sus curiosidades son curiosidades enormes.

EL MUNDO

Estn murinuraban los aires, y valles y llanos se extreSubió una planicie inmensa. inmensa cnmo el Asia,
como América, como wd:i la Enrop!i; pero al principio . mecían.
Y lu, montes estaban tan arriba qne na&lt;la de esto pusubió mu v poco, quedó casi al nivd dé los m.m!s: parecía un már petrific,ldo. L\ alta marea la cubría, la marea dieron oir.
Pero otras voces dulces y consolador.Is se mezclaban,
baja la.dejaba én seco; era como una marism:l estnpenda.
Y aquella mas:\ de tierra, aqnel continente achatado viniendo no se sabe de dónde, á los amar6os y penetranestaba en sus glorias con su iguakhd ni veladora y edté· tes acentos del monstruo de la envidia.
•AbaJo está, decían, la renovación, la fecundidad,. el
ril Em feo todo aquello: era de~olador, era de una moamor, la vida. Arriba ésta y debe estar la majestad del
notonía mortal, pero estaba todavía al nivel.
Aquí quedaba al retirarse la marea una lagnna á modo silencio, y del sacrificio.
La corona de nie\l'e que brilla en las cimas, se derrite
de charco; all.í. brotaban unos juncos, mis lejos se enredaban unas algas ,í las asperezas del terreno. La llu,ia para alimentar las fuentes y los ríos del rnlle.
E_1 sol no juguetea en las crestas para baiiarlas de luz,
batía por igual :i toda la planicie: por igual la abu~aba el
sol como lluvia de fnego, y el viento la barría toda ella sino para fundir sus diademas.
La tierra sustanciosa y fecunda de las regiones bajas, y
como rasero flotante del espacio.
Como todo estaba ig1ialmente muerto y dPsolado, nin- de los flancos de las montañas, vino arrancada por las
gún pedazo de la llanura en\'idiaba. el pedazo de más torrente~. y de los altos· montes no quedó más que la osaallá: la misma marea, el mismo cielo, los mismos de,ier· menta. Esqueletós son coronados de espinas de hielo, no
soberanos triunfadores.
tos horizontes, la uiisma miseria de vida.
· Fre~cura da su sombra mientras el fuego dt:l cielo cal-.
Pero desde el interior del globo fuPrzas gigantescas
•
y misterinsas empezaron,\ empujar hacia arriba el centro cina su~ cúspides.
La vida vibr,\ en el valle mientras la muerte y la solede la planicie, fajas caprichosas y ¡1ririler,irl'{a~ comenzaron á. subir lentamente, empinándose en el espJ.cio y dad se envuelven en la altura en sudario de niebla.
El riachuelo que alegre serpentea sobre arena y guijo;
acerc¡fodose ,t las nubes.
Ya toda. la planicie no era igual: iban dibujfodo!'e la" la savia que rebol"a en ramajes y hojal"; la flor, que es M·
llanuras, iban arrng.indo"e las montañas. iban quedando Jamo de silenciosos amores; el pájaro que es todo pluma
los valles entre arruga y arruga del monstruo de piedra, y trinos; sombras y luces que se mezC'lan sobre la hierba;
brisas y aromas que perfuman los ve_rjeles, todas estas
que trepaba por los aires.
explosiones de vida y amor, todas estas reverberaciones
Y entonce, sucedió una cosa extraña.
Desde el orígen de aquel continente, cuan•lo tod'l él de color y luz, ,J; arrilm ,:il'r1m, de la. majestuosa é inmóvil
estaba :\nivel y era corno prolongación del !n!lr, WF_1 y,·,w montaña, "",.¡,,, que dió su carne y su jugo, 1:,u sombra y
reflejo al valle y á la llanura.
so111bm de extraños contornos lo había cubierto cas1.
Edtaba en alto, debió sacrificarde y sesacrific6; por eso
Una sombra parecía; algo así como si se proyecta~en
abajo los infinitos nubarrones de arriba. PérO en h som- el sol naciente la acaricia con besos de color de rosa: por
bra colosal había un contorno parecido á nna cabe;r,a en eso el sol poniente le presta al morir diadema infinita de
que dos charcas dibujaban los ojo~ amarillentos con :13- ra.yos ele oro: no adula la grandeza, glorifica el sacrificio."
Y valles, llanos y oteros se estremecieron de gratitud
peras y verdosas pestañas de juncos. En la sombra había
dos contorno8que semejaban á. dos brazos con zarpas de Y Iamor. · 1·
. , d e env1'd·ia; se encog1'6 mueb o,
,·1 enru iri se encogh&gt;
roca, hundiéndose en la marisma v desgarrándola con
mucho,
mucho
y
peus'.,
«con la ,wturaleza ,w pW!d-0_.»
·
sus desgarraduras rellena,;de sal. En la fant i,;tica som·
Y por la floresta y abrazados amorosamente vi6 vebra había otros dos contornos mayores. que imitaban la.i
siluetas de dos piernas apovadas en los lindes y playas nir dos hermosos mancebos: se llamaban Caín y A.bel.
«Con la naturaleza no puedo, repitió; veremos si puedo
del mar, y como rechazando á patadas FU poderosg oleaje; diría"e que era el asno monstruoso de lanada co~an- con el hombre. ,,
Y aquella.•()m/,ra in,w,i.•a que había cubierto todo un
do contra lo infinito.
al brotar de los mares, ahora muy encogida,
Pero, en fin, mientras la planicie no se desnive\6, continente
chiquita, muv reconcentra.da, se posó sobre Caín: la
aq11rlln ,•omb,'l'l fué sombra caprichosa no mfa; fingía una muy
boca y las zarpas ·en el corazón, las extremidades intecabeza, unos miembros desquiciados; en suma, una silue- riores
80bre la frente.
ta fantástica apagada v desvanecida.
Y Caín se puso verdoso; y el corazón se le llenó de sal
Pero :í medida que iban creciendo los montes con sus y de
amargura; y las olas de azul y plata que venían de
robustos espinazos encorvados, que se iban tendiendo los lo infinito
sobre su frente, se vieron rechazadas por el collanos con sus verdes praderas, y que se iban ahondan- cear del monstruo.
do los valles con sus fuentes y sus ríos: la som~ra fwdá~Y la envidia pensó: en ésta ya hice presa, que me la
tica empezó á esp~sarae y á tomar relieve; pare~ía una
inmensa ostra negra apegada al terreno. Y sus miembros qniten.,,
Y todavía no ha soltado su presa.
se agitaban lentamente, y sus piernas rechazaban el oleaje blanco y azul de la costa, y sus manazas se hundían en
JosE EcuEGARAY.
la sal de la marisma, y las dos enormes charcas eran ya.
dos ojos sin pupila avahados de vapores biliosos.
.::~rtcz::.~t'cz::.~t'cz::.~t'&lt;i!::::..
Al fin todo se snpo: brisas murmuudoras lo iban conNOTAS E IMPRESIONES
tando por las cañadas: era el espíritu de la envidia; lr1 ml'idia mi..,llf1, que había estado aplastada y durmiendo soArte y crítica.
bre la planicie muerta, y que dispertó al fin con las trepidaciones ascendentes de los montes y con el nuevo caUn excelente crítico sería un artista que tuviese mucha
lor de la vida nueva que comenzaba á fermentar en los
ciencia y gusto, sin prejuicios y sin envidia.
valles.
l"oltaire.
Y á medida que se hinchaba el monstruo, susurraban
por los valles y por los llanos voces apagadati y amargas,
***
rnspirando á todo lo que estaba bajo, á todo \o que era
Para ser un maestro en su arte se necesita ser un hom
modesto, á todo el que se tenía por humilde, ideas tris- bre habil en su oficio.
tes y dolorosas: veneno invisible esparcido por la atmósAle.e Dumas hijo.
fera.
***
n¡Pol,re terrulio, qué flojo eres y qué bajo estás!-decían
La multitud no comprende la belleza, la siente.
aquellas voces.-¡:\fira, mira aquellos monte~ como tocan
Beulé.
con las nubes! ¡t,í, tierra que se deshace; ello.•, roca; ellos,
granito; ellos, pórfido!
*
**
¡ T'alle, que entre montañas te hundes, bien les sirves
El artista necesita conciencia., confianza y perseverande alfombra! ¡t,í, arrastrándote con tu río y ellas mirando cia.
de cerca al cielo y coronadas con diademas de plata.
¡ Llano.• humilde~, bien 0s anega. la inundación; aquellos
picachos como están en alto se ríen de aguaceros y tor'menta.s, toman las nubes por dosel y hacen del rayo un
cetrol ¡La inundación...... pero si de aquellos montes
BIBLIOTECA MINIATURA
viene, si ellos son los que la mandan!
Bosque.~ y sclrrr.s, ¿qué os han dejado? La sombra, la huRecor .iamos á nuestros lectores que en el
medad, la charca infecta; ved en cambio en aquellas cordilleras, cómo el sol por la mañana. y por la tarde dora presente mE's repartiremos á lo3 sub.i!criptolas crestas, y las corona de rayos, y fabrica prodigiosos re~ de ~L M:u:NDO lLusTRADO el primer tocortinajes de gasas y brocados con flec"s de plata y oro.
¡Sí, terruños, llanos, bosques, valles, hondonalias, oíd, mo de Ja Biblioteca .11:liniatura.
todos loR que extá11 abajo: esos montes que están arriba con
J...a obra que elegimos-muy interesante
armaduras de ja8pe, coronas de plata, aureolas de luz fa.
bricadas por el mis1no sol, mantos de escarlata, dosel de y amena-vale un peso en las librerías de la
nubes, y que si suben un poco mús van á. t-0car con el cielo, á 1·UP.•tro nird e;,turJ,,,·r,n, fueron como vosotros, de la. Capital. ·
misma tierra que \'Osotros estan fabricados, no os miraban desde las regiones del sol y del rayo, no os escupían
OTRO PAGO DE$ 5 1000.00 DE "LA MUTUA"
con espumarajos de torrentee, no os pisoteaban con estribaciones de piedm, no os quitaban la luz del sol que
EN GUADALAJ'AR.A.
nace ó del sol que se pone con sus miembros gigantescos
que se calientan de cerca al fuego del cielo.
Guadalajara, Enero 16 de 1897.
P111~1ri,• i{Tlwles, y ahora, ¿qué sois vosotros? ¿qué son
Sr. D. Carlos Sommer, Director General de «La )Iuellos? Vosotros en la hondura, comidos de gusanillo y de tua. - )léxico.
alimañas; ellos, en el espacio azul, adulados por !as águiEstima.do señor:
Iloy he recibido ante Notario Público, en esta Sucur•
las. Para vosotros torrentes de cieno; escurriduras de Jo
alto; para ellos enormes coronas de nieve, que centellea sal del Banco de Lóndres y l\I~xico, ($5,000.00). Cinco
como plata en reflejos rosados. Para ellos el día es más mil pesos valor de la p'iliza baj0 la que el&lt;taba ~ d o
largo y los horizontes más anchos; para vosotros la noche en 11La )lutua• el señor 11,i Pi&lt;p ,w Don Ramón F. de la.
se prolonga con la sombra en esos montes, y el horizon- Mora, que falleció hace tiempu.
te se estrecha ent°'re matorrales. Ellos son los poderosos,
Por medio de esta carta doy ;i usted y al Sr. Don Milos soberbios, los felices: vosotros los humildes, los piso- guel Serrato v Durán, 9ne ¡?e;;ti, ,n,, ncti vamente el pago,
teados, los ruine!'. Y fuisteis iguales cuando :µu, la ,wu, .
como agente ·de «La ~lut na," las debidas gracias y los aubrn d, · los ojos l'trdw,.,, os cubría abrig.indo pori6 ual vues- torizo l)am que la publiquen.-8. :-&lt;. CONCEPCIÓN C. N. DB
tra miseria!"
LA Mo1u.

~.l~~J..~~:~ ~.1~

�DOMINGO

2

4 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 18517

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EL BAILE EN MINERIA

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El Sr. General Escobedo ofreció el brazo á la Sra. de
Díaz. el Sr. Bejarano á la Srita. Luz del mismo apellido,
y el Seíior Presidente, acompaiiaao de los demás miém;
bros de la comisión, se dirigió á la sala.
La presencia de la distinguida sefiora produjo verdadera admiración por la sencillez y elegancia de su traje, confeccionado en París con riquísima tela de seda negra y
11dornos de azabache, que hacían resalta: su reconocida
belleza.
En la parte alta del J?Elinado, lucía la seíiora tres grandes brillantes en artístico broche, no menos valioso que
los broqueles, el magnífico collar de perlas y -brillantes y
las soberbias pulseras que completaban su toilette.
La señora saludó, estrechando la mano á sus amigas y
en !ll'guida, acom:{&gt;aíiada por las Sras. González de Cosio,
de Cbavero, de L1ceaga, de S,incbez, de Zaldívar, de Casasús, de Camacho, v otras que no recordamos, fué á tomar
asiento ante el espeío cubierto con plantas exóticas, colocado en el arco central del edificio.
.
El seíior General Díaz se situó cerca del ángulo ~.E.
del salón, donde permaneció algún rato conversando con
sus amigos.

S3

Has: de estrellas blancas, de estrellas rubias, de estrellas
azules, violetas, esmeraldas........ .
El cosmos se despuebla......... y al comp:is de un himno
di vino envía sus luminares á un punto dado ........ .
Llego, lectoras mías, cuando la prensa diaria ha YolcaPero, pedís nombres ......... ya os escucho ......... Nomtlo ya, de prisa, ante vosotras, el caudal de ~us notas J\ibres. :\Iuchos nombres...... y os los daré todos. El Mm,pidas, cuando lo que fué mz, esplendor, ruido ...... vértiDO DuRro ha facilitado mi tarea y solo tendré que añadir
go, tiene ya la apacible y soíiadora hermosum del
algunos.
recuerdo; cuando el comentario sutil ha agotado ya todo
Leed pues:
-el manjar de novedad que nos ofreció una fie~ta inolviSrita. Josefa :r.Iéndez Rivas, traje azul claro con adoroable. Será preciso empero que me escuchéis por breves
nos blancos de encaje.
momentos.. Yo os había dicho en mis anteriores notas,
Sritas. Andoquio Sánchez, y Cagigas con elegantes y
-en las escritas cuando el alba que sucedió á esa noche
costosos traj1:~.
feérica, teñía apenas las vidrieras de vuestros balcones,
Señora Luz Acosta de González Cosfo, lujoso traje neque mi cerebro era un caos de emociones de donde en
gro y oro, Doña Guadalupe Camacho de !caza, lleva
vano intentaba que brotai,e la luz. Iloy, esa luz ha brobonita toih·tte verde Nilo; Doíia Dolores Jauregui de Litado; es"pálida y tenue y se llama recuerdo; á su espl enreaga, tr.1je negro y ricas joyas, y Doña Leonor Rivas de
dor suave voy á conduciros por el regio salón y leeréis,
Rivas, cubre su airoso cuerpo con regio traje de terno la noticia que, árida y comentada, holgaría, sino las
ciopelo guinda:
impresiones dt! un amigo que desea conYersar con vosoSarita Chayero, hermosísima como siempre, viste de
tras acerca de una fiesta ansiosamente esperada y realiamarillo; su hermana l\Iagdalena viste d.- 111-1, con granzada con brillo iuusitado.
des rnoíios púrpura en los hombros; Luz D,az viste de CO•
lor rosa con flores de terciepelo salmón, y Conchita Las*
*
cur.íin viste bonito traje~azul.
* * hermoro edificio de l\Iéxi*
*
Minería es sin duda el más
Momentos después empezó el baile. Aquí, lectora, el
Emi lia González Cosío lleva elegante toilette crema y ro-co, así por la harmonía de su sobrio y elegante estilo co- caos vuelve á reinar en mi mente: estoy ante el vértigo ea, Elenita Ituartt, de azul pálido; Juana Herr,ín, de amamo por BU regia amrlitud. La elección no podía, ptll'S, una yez más; paréceme que un torbellino armonioso ha- rillo oro; lllaría García, traje también amarillo¡ Juanita
ser mejor para una fie,ta en que las clases sociales pu- ce presa en mí; que giro, que giro sin descanso, sin alien• Torres Rivas, de blanco; Leonor, su hermana, de color
dientes intentaban ofrecer un homenaje de respeto y ca- to, y que caigo ó me remonto á regionee extraíi11s donde rosa; Anita Arrillaga, de blanco y rosa; Angelita Escuderiño al Prt:sidente de la República. El adorno en tan be- anida el éxtasis. La harmonía y Pl color me dominan co- !"O, de azul p.ilido; Dolores Castillo, de blanco, y Carmello edificio debía lucir notablemente más que en cualquier mo dos genios poderosos, hácenme ascender it su carro de lita Mariscal, de azul.
,otra parte y la concurrencia femenina, moviéndose en un cristal tirado por cuadriga luminosa, y me parnan á traAntonieta )forales est&amp; encantadora con un precioso
cuadro tan vistoso y rico, producir debía el efecto más Yes de un mundo arcano. ¿Desciendo ó subo? Lo ignoro. traje color de rosa; .i\Iar&gt;iana Iglesias, viste de lila con
encantador que darse pueda.
P,ísame lo que ,í los febricitantes: las nociones de lasco- adornos de terciopelo guinda; .María Sagaceta, viste de
Esto supuesto y más que todo la incuestiorosa pá.lido; Yirginia Alcalúe, de amarillo;
nable habilidad y buen gusto de nuestro inC11mn Gamboa, de azul pálido, estaba lllUY
teligente amigo el Sr. Diputado Don Ignasimpática y elegante.
ciQ. Bejarano, que tuvo á su cargo el adorno,
Lupe Arrillaga vestía toile/U color lila; En~
nadie extraí'iará que éste, que pasamos á desriqueta Sánchez, color de rosa, y Carmen
cribir, haya dejado las más bellas impreUrueta de blanco.
~iones.
La Sra. Camacho de Landa llevaba eleganAnte la puerta del centro del edificio ptíte traje negro floreado é hilos de perlas¡ la
Fose un gran.portier de madera cubierto de
Sra. Manuela Acevedo de Castillo vestía de
lienzo á rayas vivas, el cual protegía á las
azul pálido, y la Sra. Catalina Cuevas de Esdamas desde el momento en que descendían
candón portaba riquismo traje de piel de se&lt;le sus carruajes. Grandes y primorosos mada color de rosa, y llevaba collar de perlas y
cetones flanqueaban una calle que conducía
bri liantes.
al salón que no se percibía desde el exterior,
Doña Paz Barroso de Hanh llevaba hermogracias á un gran cuadro, representando un
so vestido blanco con flores rojas en el corrnosquetero, que cubría el 11rco de la entrapiño; Doíia .Beatriz Redo de Zaldivar, realda. Una vez que la mirada se aventuraba por
zaba sq éhísica Jiermosura con un lindísimo
el salón, el efecto era indescriptible. Parecía
traje de raso roju obscuro adornado,con cresque á un conjuro mágico el salón se había
pón de idéntico color.
transformado. Del centro de cada arco penDoíia Carmen L. de Baz llevaba rico t.oilette.
día un gran foco de intensa luz y aquí y
de piel de seda amarillo, adornado con ter.allí, bordando los arcos, prendiendo diaciopelo verde esmemlda, bordado de oro; en
mantes en los muros, multiplicándose hasel cabello ostentaba estrella de brillantes.
ta lo increíble en todas las posiciones, veíanDofia .Elisa Linch de Oamacho vestía rico
Pe centenares y centenares de lámparns intraje verde nilo y llevaba hermoso collar de
candescentes. En la planta baja, el adorno
perlas y brillantes.
consistía en cortinajes inmensos de peluche
La Sra. Hampson llamaba la atención por
de vivos colores, que formaban un portierá
su hermosura, y vestía sencillo y á la vez ele-cada arco y que dejaban ver, en las galerías,
gante traje de raso blanco; no llevaba ni una
grandes figuras decorativas en bronce, de sejoya.
veroefecto.
, La Sra. Guzmán de Ramos cubría sus forEn los dos arcos principales, el que vé á
mas delicadas con bonita costume de piel
la escalera y el que á este se opone, dos giseda amarillo y llevaba collar de perlas.
gantescas lunas biseladas, encuadradas en
La Sra. González Cosío de L6pez, vestía de
fiores, multiplicaban en su diáfano é inal~
raso blanco á rayas negras; diamantes en d
terable seno la esplendidez de aquel recinto.
cabello.
En la galería Sur, en las extrl:!midades, adD.' Concepción Cardona de Iglesias vestía
mirábanse dos hermosos pai¡;ajes de que hade amarillo; D: So tía Osio de Landa, de blanblé ya á mis lectoras en mi nota anterior.
co; D: Clementina Osio de Lerdo de TejaCorrespondía á este espléndido adorno de
da, de amarillo; p.• i::,oJedadGamboa de Sala planta baja el de la alta. Escaleras tapigaceta, de oro viejo, y D~ Laura Formento
:zadas: aquellas regias escaleras! flores por
de la Torre, de azul.
donde quiera, en los pasamanos, en las coLolita Liceaga estaba ideal con un eleganlumnas, en los muros, gasas, guías, maÍnífite traje crema, no menos hermosa su her-cosguardarropas, tocadorelegantísimo, uffet
mana con bonita toilette azul.
espléndido y severa sillería.
La Sra. Sara Guzmán de Ramos, lucía eleEl conjunto único deslumbraba la migantísimo traje de seda broché, con ado~os
rada, asía la admiració.n, domefiaba el espíde encajes y perlas, magnífico collar de briritu... ... Aquellas encantadoras historias de
llantes y artístico broche en el peinado; las
la adolescencia, aquellos cuentos mágicos
Sritas. Lucrecia y Delfina Jiménez, vestían
de palacios que relampaguean como ascuas
sencillos y lujosos trajes de crespón crema y
de oro, en medio de bosques encantados y
blanco, respectivamente, adornado el desco&lt;!onde brindan con fiestas y saraos el Prínte y las hombreras, crisantemas artificiales;
cipe Azul y la Princesa Blanca, aquellos enla Srita. Amelia Ecbeneque, estaba bellísima
t:ueíios de
fantásticos que sobrecogen
con su traje de crespón amarillo, adornado
-t&gt;l alma de niíio con sus narraciones maracon finas blondas y flores artificiales; la Sra.
villosas, parecían haberse realizado ahí, en
de Yélez, traje de raso de la India, color creel gran salón, por no sé qué mágico poder.
ma, y valiosísimas alhajas, pulsera de qriA las nueve y media de la noche comenzó
llantes, pedrer1a en el abullonado .del cor-el gran desfile de invitados que instantaneapiño, collar de muy claros brillantes y no
rnente poblaron Pl palacio, y media hora des-RECUERDOS DEL BAILE DADO EN HONOR DEL SR. PRESIDENTE.-Sra. Hampson- menos rico broche en el peinado; la Sra. de
pués, á los acordes del Himno Nacional y la
Una de las reinas de la fiesta.
D. Trinidad García, hermoso traje dt: terciomarcha de honor, presentóse el Sr. Presidenpelo negro y buenos brillant1:'11; la Sra. Matilte de la Repúbilca.
eas pierden en mi cerebro su proporcionalidad; naila sé ile Castellanos, hermoso traje de 8eda blanco con aplicaAquel momento de mudo, pero elocuente entusiasmo de nada, salvo que navego en un mar de fulgores, en un ciones, ·salpicado de piedras; la Sra. Mariana Enríquez
-dice á este propósito un compaíiero mío que describe m11r sonoro, en un mar que brilla y canta......
de la Mar, traje crema, corpiíio con encajes aleru¡6n y un
·
la escena-fué indescriptible. ( Y tanto, que creimos c ,11ramo de flores en la hombrera izquierda.; la
Poco :i poco torna el f quilibrio á mi espíritu y Yeo, ,eo precioso
veniente elegirle para asunto de uno de nuestros graSrita. Luisa Zubieta y la Sra. de Lancaster J ones, lujos(entonces un enjambre de bellezas qne en brazos de caba- Fi moa trajes, color claro el de la señorita, y negro el de
bados.)
Damas y caballleros sin previo acuerdo, sin que nadie lleros radiantef', van, vienen, se balancean con languidez lai,eñora; la señorita Dolores Defis, crespón rosa pálido;
lo hubiera indicado, se levantaron de sus asientos, y ocu- tropical, :waman y retroceden, sonrientes, dej11ndo cada las Sritas. Watson y Fitcher, m'.ly elegantes.
1,ando las sefioras la. primera fila, formaron á la entrad:1 una en mi retina la impresión de un color, y en mi ofdo
La señora Castillo Negrete de Arroyo de Anda,
-del salón, una deslumbrante valla, como homenaje de una harmonía t~nne, como la oída por los poetas cuando traje negro adornado con blondas cremas¡ las señoras
Iris mariposas agitan sus alas, y la seda de los botones se
cariñoso respeto á la Sra. Romero Rubio de Díaz.
Barron y :Moya, trajes negros también y en el cuello trihin-::ha al sol.. ...... .
F.n la puerta del edificio, la comisión nombrada, qne
ple collar de brillantes, sobre un listón de terciopelo qm,
~~tuvo compuesta de los eeí'iores Sebastián Ca.macho, GeAun no he apreciado un color cuando me sorprende hacía resaltar el valor de aquellas alhajas.
neral Escobedo, Coronel Tovar, .Tosé Sánchez Ramos, Jootro; es una locura de matices ........ .
Srita. Lupe Riva, vestido color p'lja, adornado el talle
f'é "\V. de Landa y Escandón, León Signoret, Lic. AlfrE&gt;rlo
Aun no he acabado de aspirar el efluvio de unos ojos, con bordados de colores, oro y le11t-,jue1a, dejando salir
'Chavero, "\Vright y Bejarano, habían recibido ya al seíior
cuando
otros
ojos
p11Fan
.........
Por
no
sé
qué
extrañ.a
asonn bonito encaje de muselina; lazo de cintura, azul pá•
Pre~idente, á quien acompañaban la señora su es¡v&gt;sa, la
ciación de ideas piens" que asisk&gt; á un~ lluvia de estre- liJo.
:Srita. Luz Díaz y el Estado Mayor de riguroso uniforme.
IMPRESIONES

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EL MUNDO

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EL MUNDO

54

•

Sra. de Riba, vestido color heliotropo, con adornos de
abalorio negro y encajes fi~os de guipure.
.
Srita. Lupe Villada, vestido de crépe de China, todo
bordado de seda de colores; el talle lleva encajes y ramos
de violetas.
Srita. Carmen de la Torre, vestido santin Liberty; el talle va todo plegado de muselina con bolero. Componen el
adorno abalorio y perlas blancas.
Srita. Luisa de la Torre, vestido satín Liberty; el. talle
lleva una draperfa de muselina salpicada de lente¡uela;
cintura de raso, y en un lado guirnaldas de flore:3. .
Sra. Izunza, vestido de raso gris perla con un r1quí~mo
peto bordado de blanco y oro y perlas; cintura del m1smo
color, y además ramilletes de rosas.
r
.
Sra. Castañeda de Dutour, vestido verde Nilo, cubierto
todo de encaje cogido con flores á lo largo de la falda; el
talle lleva también encajes con cintura verde y flores.
Recordamos además á la muy encantadora Srita. Dolores Belauzarán Lola Santa Cruz, con traje de gasa blanca, Amada Día~, joulard morado, Sritas. Marg~:ita y Matilde Blásquez vestidas de tul y blanco 'respectivamente;
la Sra. de Rodríguez, raso verde y crisantemas; la Srita.
Paz seda color rosa pálido; la Sra. Ester )Iurúa de Gonzále~ Suárez, traje blanco, cris:intemas y va~ioso collar;
la Sra. de Izunza, precioso tra¡e de seda maBtlC. _hombreras de listón y peto adornado con perlas; las 8_r1tas. Ortega Reyes, vestían trajes oro adornados con cnsantemas
y blondas; la Srita. Luz Pasquel, sencillo y elegante ~raje de seda crema; Srita. Enri~ueta Sánc~ez, rosa¡ Snta.
Elisa González Suárez, también rosa pálido, lo mismo la
Srita. María Mur1ía; María López y María Zamacona, trajes de gasa blanca floreada; la Sta. Terreros de Algara,
soberbio traje de terciopelo verde obscuro, con adornos
color salmón.
El traje de la Sra. Amada Diaz de la Torre, -::olor de
rosa, también de seda, trafdo de París.
Señora de Flore!, de razo azul pálido con encajes de
Bruselas.
Sra. Murphy, de trciopelo negro, con golpes de avalorio.
Sra. Prida de Xtíñez, color violeta, de seda; el corpi.110
iba adornado con flores sobrepuestas de color amarillo, y
pedrería.
Sra. Whith, blanco con adornos color de rosa; llevaba
encajes de punto de Inglaterra.
Sritas. del Río, color lila, de gasa, adornado con flores
y abalorio.
Sra. Tagle de Rivera, de terciopelo negro, con golpes de
galón bordados de plata.
Sra. de Chousal, traje francés azul pálido, de piel de seda, siendo el corpiño de terciopelo naranja; llevaba riquísimos encajes de punto de Inglaterra.
Sra. Cbncha Rivas de Torre~, enagua de cola de braché
riquísimo, á ramos de dos tonos, amarillo y crema, dejando ver á un lado un riquísimo bordado ele oro y piedras, sujeto por un lazo de muselina, también salpicado
de pedrería y un ramo de crisantemas de dos tonos; chaqueta de muselina, cintura de oro con bordados de piedras; hacia el lado izquierdo se veia otro ramo de crisantemas.
Srita. LauraEnríquez: vestido verdenilocon enrajesy
flores, cintura de terciopelo del mismo color, bordada de
piedras de dos tonos verdes.
Srita. Aurora Enrfquez color rosa de raso Libertty, con
muselina. El talle llevaba pliegues con acordeón: á un lado
una crisantema lila, cintura de terciopelo bordada de piedras de varios colores.
Srita. l\Iaría Luisa Enríquez: vestido de raso Liber/1¡
blanco; iba cubierto el talle de gasa salpicada de lentejuela, cintura de listón blanco y flores aprisionando la chaqueta.
Srita. Adela Ferná.ndez: vestido color de rosa de dos tonos; en el talle un encaje que formaba el corpiño con adornos de ante, bordados de perlas y lentejuelas, á un lado
ramo de rosas té y el otro graciosamente adornado con
terciopelo verde nilo: cintura del mismo color.
Seilora Victorina de Rivas: vestido li1a con faldas de
color; el delantero todo bordado de flores de metal de
varios colores: el talle tenía un peto de terciopelo verde
bordado también de piedras de colores, cintura verde. '
Sra. Brier:vestido moiré antiqu~, negro, con cola, abierto de los lados, dejando salir un plegado de muselina color naranja; el talle llevaba un corselete negro con aplicación de abalorio negro y oro; hacia la parte de atrás subía
un cuello á la Medicis, también de abalorio negro y oro
lo mismo las mangas.
'
Srita. García Ramfrez: vestido color de rosa cubierto
de gasa, la f~lda iba adorn_ada de v_arios listones salpicados de lente¡uelas, el corpiño graciosamente cojido con
flores, cintura color de rosa.
Sra. García Ramíre7, vestido negro de piel de seda con
adornos en la falda de finos encajes chanülly, y el corpiño
llevaba golpes de abalorio blanco y negro.
~Sra. Carolina de l\Iac l\:Ianus, riquísimo traje rameado
de broché lila y verde nilo; llevaba una gran cauda el talle erd de muselina, co~do con ancha tour de ceritu~e bordada de pieles y abalono de todos colores: en la parte de
arriba lleva encajes finos y un ramo de violetas.

***

A; las doc~ de la noche sir vi.ose la cena, en la que los si-

bantas pudieron recrearse con la más completa rima de
salsas francesas de que un cordon bleu puéda ser autor.
El Sr. Presidente y Carmelita, comieron con varios
amigos en el ga~inete q_ue l_es estaba reservatlo, y el eco
de las conversac10nes hson¡eras, de los brindis ir:timos
de las rieas francas sucedió al gran bullicio del ba1 le ei::.
los diversos grupos formados en derredor de las me'sas.
~ las dos de la ma~ana e_l Sr. G~neral Díaz y su esposa
de¡aron el salón, mas el baile babia reandudado su curso
Y: s6lo cuando cayó la som?ra vencida, cuando la explosión rosada del alba rompió en Oriente, cayaron las notas y la plfyade de beldades se dispersó-aves fatigadas en busca del tibio nido del hogar.
'
El homenaje al Jefe de la Xación había superado á to-

da'! las esperanzas. Superará
el recuerdo de tan hermosa
fiesta á todos los recuerdos?
¡Ah! la vida está hecha de
memorias que se van y memorias que llegan. Una impresión brillante sucede á la
ya pálida de ayer mas, de todas suertes, la remero branza
que hoy llena todas las me·
morias luchará potente y formidable contra el olvido!

DOMINGO 24 DE ENERO DE

,s,n

DAMAS GUATEMALTECAS

ADRIANA BUSQUET

-Convengamos-me decía
mi amigo Laboulleé, mientras se nos servía el café y fn.
mábamos nueetros cigarrosconvengamos en que todos
esos hechos que se atribuyen
á un estado no definido aún
del organismo, la doble vis·
ta, la sugestión á dist:i.ncia,
los presentimientos confirmados y otros fenómenos
por el estilo, no han podido
estudiarse, la mayor parte de
las vece&amp;, de modo que satisfagan por completo las exi•
gencias de la crítica cientí·
fica.
Hay muchos testimonios
que certifican de la veracidad
de est?s hechos; pero por
muy smceros y muy respe·
t
tables que esos testimonios
sean, la ciencia no puede ad!
mitirlos, porque la ciencia
solo se nutre de demostraciones.
Yo era también de los que
dudaban, hasta qne tuve en
mi_poder las pruebas, deque
existen estos casos, con el
estudio de uno qne vov á
contarte y que he presenciado yo.
-El matrimonio Bnqnet
-continuó mi amia&lt;&gt;--1!ra
una pareja sencilla y ~-ulgar,
cuya sola ambición para el
porvenir era la de procurarse
una rentita, y cuyo sólo anhelo al presente era el de obtener, de regalo, cualquier teatro. Buquet era un hombre
bonachón, de carácter completamente débil; su mujer
era muy guapa, de un temperamento bilioso, y nervioSeñorita Rogelia Jáuregui.
so, en el cual la vida ~itada
de Pa:fs, que se infiltra hasta en los hogares más
-No estoy tranquila; tengo el presentimiento de que,
tranqmlos había hecho que predominaran los p;caros á Géraud le ha sucecido algo.
nervios.
:-¡Qué ha de sncederle!-gritó Buquet, y continuó co-El matrim¡mio Buquet tenía muy pocas relaciones y
m1e_
n do.
u_na sóla a1;01stad: la del amigo Géraud, como ellos le deSe levantaron de la mesa sin que se pronunciara una.
signaban siempre, _un mo~o de 30 á ~ años, qne por na- palabra más.
da del mundo hubiera de¡ado de asistir á la oficina de
-Ve á vesti~, A~ana-dijo el marido á la mujer,
la casa de banca en que trabajaba, ni de llegar un minu- que permanecta mdec1sa.-Yo no nece,.ito más sino poto_ n:i~s tarde de la hora señalada para la comida en el do- nerme el paletot. Aquí te esperamos.
micilio de los Buquet, que á diario le recibía carifiosaAdriana salió y nosotros nos quedamos fumando y
mente, señalándole con una sonrisa su puesto en la charlando.
mesa.
Apenas habían transcurrido cinco minutos desde la saliMi:chas tardes iba yo ?mbién á casa de los Buquet, á
da de madame Buquet, escuchamos un grito de espanto,
h misma hora de la comida, para llevarles unos billetes seguido
del golpe que produjera un cuerpo al caer sobr.e
de teatro.
Uno de estos días, encontrándome con unas localida- la alfombra.
Buquet y yo nos precipitamos hacia una habitación,
des, de las que no sabía que hacer me fuí á la calle de
vecina, donde encontramos á Adriana tendida en la alGrenelle, á casa de mis amigos. '
Llegué un poco más tarde, y cuando entré en el co.me- fombra con el rostro lívido y el pecho convulso y jado:i: ya e~taba servida la sopa. Noté con sorpresa que el deante.
Entre los do_s la transportamos á la cama, donde haam1go G1:raud no estaba·
El bueno de Buquet rabiaba de hambre y quería sentar- ciéndola respuar unas sales, la vol vi.Inos al conocise á la J!lesa, pero su mujer se oponía, diciendo que era miento.
-¡Ahí, ahí!-fué su primera palabra-¡Ah!-continuó
ne:esano tener un poco de paciencia hasta que llegase
señalándonos un armario de luna.-Le he visto. Le heGeraud.
visto en el espejo.
-_¡Acomer, á comer!-dije al entrar, para interrumpir
Me volví á verle, creyendo que se encontraba tras dela disputa que empezaba.-Hay que acabar pronto si mí,
y al observar que no había nadie, comprendí y casí
quere1s aprovechar este palco para los Franceu.q Esta noche se representa Dl'1,ise. Es preciso ver comen;ar el pri- desmayada.
-Pero querida mía-preguntó el esposo ¿que diablos.
mer acto.
visto?
Se pusieron á la mesa. Buquet comía de prisa, tragan- has
-Lo he visto á él, á Géreud.
do á grandes sorbos sus cucharadas de fideos, y recogien----¡A
Géraud!
do con la l_engua los 1:ilos que se le caían en los mosta-Sí, lo repito, le he visto y él me ha mirado tamch?s. Adriana, la mu¡er, v1síblemente nerviosa é intranbién.
qmla apenaR podía pasar bocado.
Buquetme miró asustado.
. -:-Las mujeres son extraordinariamente nerviosas-No te alarmes amigo mío-le dije.-Estos accidentes.
dice de _pronto ~uqu~t.-Figúrate, querido Loubelleé,
que Adrrnna está mqmeta porque Géraud no ha venido á son muy explicables, y no tienen ninguna gravedad.
co~er esta tarde. E~toy seguro de que está pensando mi Adriana está mejor, y no hay inconveniente alguno en..
mu¡er en algún accidente; alguna desgracia. algún ab- que se vista y os vayais al teatro. Y o iré con vosotros.
-Sí, sí-dijo Adriana pricipitadamente-vamos: pero..
surdo.
'
de que pasemos antes por casa de Géraud.
¡Qué tiene_d~ paryicular que Géraud no venga! El tie- á. condición
-¡Pero si no hay necesidad!-interrumpió el mane sus n~g_oc10s, e~ ¡óven, le atraerá cualquier asunto..... . ndo.
En defimt1va, es hbre y no tiene á quien dar cuenta de su
personal
-Iremos-dije entonces,-La casa de Géraud está cerca; no nos entretendrá la visita y con esto quedará Adria-•
Por otra parte, Géraud nos dedica iodas las tardes y
ha_y q_u~ concederle un poco de libertad. Y o profeso el na completamente tranquila.
Poco después entrábamos en un carruaje, dando orden..
pnnc1p10 ~e que no debe uno preocuparse nunca de lo
al cochE:ro para que nos llevara al número 5 de la calle
que lo~ am1~os hacen.
del Louvre.
-l\11 mu¡er, por lo visto, no piensa de la misma ma. Estas eran las señas de Géraud. Este vivía solo, atennera.
dido por la po:tera, que tenía uoa llave de su habitación:l!adame Buquet respondió con voz en:ocionada:

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

Apenas llegamos á casa de Géraud, Buquet saltó del
coche -y penetro en la portería.
-¿Y el Sefior GiSraud?
-En su cuarto. Yino á las cinco y no ha vuelto á. salir.
-¡Ya ves, qnerina mfa!-dijo Buquet volviendo al carruaje.-Géraud e~tá en su cuarto y no le pasa nada. Tus
presentimientos no tenían sentido común.
¡Cochero! A la comedia Francesa.
-No, Buquet-gritó su esposa.-No nos vayamos aún
hay que verle. es preciso.
'
-¡Subir cuatro pisos para nada! Adriana, por tn culpa
vamos á llegar tarde al teatro. En fin, subiré. ¡Cuando
una mujer se empeña en una cosa!. .....
l\Iadame Bnq uet, y yo quedamos solos en el coche. Y o
miraba á Adriana, presa de la más grande aaitación con
los ojos muy ,;.biertos, fijos en la puerta por la que había
penetrado su rnarido.
A poco rato reapareció éste.
-He llamado tres veces y no conteFta-nos dijo.-El
tendrá sus razones para encerrarse á esta hora.
Creo que va podemos irnos al teatro.
:Miré á Adriana y ví en su rostro una expresión tan
trágica que, yo mismo comencé á experimentar seria inquietud.
Después de·todo, refleccioné, no es cosa natural que este Géraud, qne nunca come en su casa hava faltado á la
de sus amigos para estar encerrado aÍlí desde las cinco
de la tarde.
-Esperadme-dije al matrimonio-voy á preguntarle
á la portera.
A ésta también le había parecido extraño que Géraud
estuviese en su cuarto tanto tiempo.
-Esperad-me dijo-tengo otra llave de su habitación
Podemos subir y sabremos qué le-pasa.
·
_Penetramos en el cuarto de G~raud. Xo había luz por
runguna parte. La portera llamo tres ó cuatro veces sin
que le contestara nadie.
'
Llegamos á la habitación de Géraud caminando á tientas, d:tndo tropeznnes y siempre en medio de la mayor
oscundad, porque no llev,lbamos cerillas.
-Sobre la mesa de noche debe haber una caja de cerillas-me dijo la poi tera, que comenzaba á temblar y que
no podía dar un naso.
Me _acerqné, l)alpando sobre el mármol. De pronto sentí
en mis dedos algo que me hi10 una impresión profunda
algo que me anunciaba no sé que drama espantoso.
'
Seguí buscando hasta encontrar las cerillas. Cnando
en\:endí luz, ví á Géraud tendido en su cama, con la cabeza destrozada de un balazo.
Junto al cadifrer hallé una carta manchada de sangre.
Géraud se despedía en aquella de su amigo Buquet sin
decir las razones porque se mataba.
'
Reconocí ~l cadáver, apreciando que la muerte debió
haber ocurrido hacía una hora. La misma precisamente
en que Adriana Bt1quet tenía la siniestra ✓isión en el es~
pejo.

***

-Esta es nii historia-concluyó mi amigo.-¿No es
bastante para confirmar la existencia de esos casos de
que te hablaba, los cuales hacen trabajar á. la ciencia con
más celo y más conciencia que buen exito en sus estudios.
A.JUTOLIO FRANCE.

L O S MAESTROS
N UÑ EZ DE ARCE

Entré al salón y mi jefe me dijo señalándome á un
hombre pequeño de estatura, de barba recortada en pnnta, con una cabeza semejante á la -de algunos retratos de
iconnografíashakespereana: «Aquí tiene usted una visita del señor Núñez de Arce.» La sorpresa fué grande y
agradable. Después todo fué afecto, cariño, franqueza
cortés, y de parte mía un aumento de admiración agradecida.
Por allí, entre varios papeles y libracos, alcanzó á descubrir una.Sages.~e de Verlaine. «Eh,» exclamó, uno de
los de plaga! Verlaine, Rollinat, Richepin...... ... ¿Qué
piensan ustedes de ellos?
-«Algunos, señor, enfermos.........»
El prosiguió entonces, lleno de fuego nervioso, vibrante, con su sonora voz personal que resuena simpática.
«¡Sí! esa es la palabra: enfermedad. Toda la literatura
francesa está enferma, está decadente, en el legítimo sentido de la frase. Esos neuróticos, esos diabólicos, están
demostrando que la Francia contemporánea ha caído, en
lo que á la poesía toca, después de la muerte de Víctor
Hugo.» Y en seguida de un apasionado y hermoso
ataque contra «La Plaga» de París, pasó á hablarme de
la poesía americana, con una brillantez y un entusiasmo que hubieran regocijado á Gutiérrez Nájera. Dijo que
era aquí, en nuestra América, donde para la lengua española estaba reservada la gran poesía de nuestra maravillosa naturaleza, «que todavía no ha tenido cantor digno de ella.» Poesía robusta y sana, rebosante de savia y
de fuego. «Eso debéis hacer vosotros los poetas nuevos
&lt;ie América, inspiraos en las grandezas naturales del
Nuevo Mundo, escribir versos, poemas, que rengan el
aliento de aquella tierra ubérr1ma: señalar un nuevo
campo á las musas. Nosotros, los peninsulares, no tenemos aquí sino los gloriosos recuerdos del pasado, los mo·
numentos de piedra, la historia. Vosotros sois el porvenir,» Así hablaba el poeta. del corazón joven, el forjador

55

EL MUNDO

de ven;os de acero, el que con
sus endecasílabos bien templados--endecasílabosde Toletlu,-hace ya tiempo se
conquistó el alma de la juventud americana, nueRtra
admiración y nuestro carií1n.
Se notan en él una agilidad de espíritu, un chispear
de ideas, un brillar de ojoR,
que hacen pensar en que algún cordaje metálico se halla
bajo ese cuerpo, y alguna divina electricidad tiene en
ese cerebro choques, relámpagos y súbitas auroras.

DAMAS GUATEMALTECAS

•

Sn casa es la morada de un
poeta, de nn poeta elegan·
•te y acomodado. Estamos le·
jos de la opulencia de Cánovas, del lujo de Castelar y del
nido calient-ito. confortable, burgués de Campoamor.
Al entrar, un salón con biblioteca, muebles de muy
buen gusto, mesa central con
libros de lujo y objetos de
adorno. En el centro de la biblioteca un vaRo antiquísimo
de la. India Despuéi&gt;. otro
saloncito, antes del gabinete
de trabajo, qne es chico,
lleno de objetos de arte, una
arca antigua, Ji bro~, siem•
pre libros, libros por todas
partes; dos poetas de bronce
sobre la cbimene va en las
paredes. por todos ·1m, cuatro
pnntosdel recinto, dibujo~,
fotograbados, pinturas, todo
irradiando algo de la gloria
del ilustre trabajador. La
admiración le ha llenado la
casa de ºtributos. Hay uno,
doP, tres, cuatro Xtí.ñez de
Arce firmados por distintos
pintores. Uno hay, obra de
un escultor, un Xúñez de
Arce de metal, materia que
más á propósit-0 es parn encarnar al fuerte poeta. Luego, asunto de sus poemas, moti vos de sus versos traslada·
dos al lienzo, al papel, por la
mano de egregios artistas;
obras con la firma original 6
reproducidas en los talleres
de Goupil, en París. ¿Está el
faro de La Pescal Xo estoy
seguro. De lo que estoy seguro es de ciertas escenas del
Señorita Adela ida Jáuregui.
Vértigo, &lt;lel Jrlilio y de la l'isi6n de Fray Jlartín. De esta
-Hernán el Lobo no lo concluiré jamás, lo que he pu•
última hay un grupo escultóricó, de tamañ/J uatural. Y
una composición admirable-un Rops menos oscuro-la blicado con ese título fué un simple capricho literario.
escena de la tentación, qne deja en las imaginaciones re- Ei3 un fr-agmento de un poema que no escribiré nunca.
Aún le veo reclinado en su sillón, pensativo, como
vuelto conjunto de grupos blancos de mujeres y capupreocupado siempre por algo, como poseído de una inchas de fraile.
En ese saloncito de trabajo, una tarde otoñal, el gran vencible tristeza. Xo le ví reír jamiís; sonreír, varias vepoeta tuvo la bondad de leerme lo que tiene inédito de ces. Así es el poeta que ha hecho resonar en la España
su poema Lnzbel. Leía con aquella voz suya, profunda del siglo décimonono, el más tremendo de los misereres,
v emocionada. El fragmento publicado del poema es al cual hace comparecer los secos esqueletos de los Césares,
grandísimo; pero es superior lo que guarda el poeta para que duermen en el E,corial. Página que solamente es
más tarde. Es el mismo soberbio i,antor; pero hay en la comparable con la del poeta alemin de la revista macaobra nueva del maestro, coloreando los endecasílabos, bra, en que, caballero en la osamenta de su caballo, un
un rayo que supera á todos los de la gama conocida. Su Napoleón espectral contempla su ejército de sombras.
demonio no es el de Milton, estirado y discursero: ni el N úñez de Arce ha sido, sobre todo, poeta de las grandes
del Dante, trágicamente subterráneo; ni siquiera e1. dia- batallas morales de este siglo. Es el luchador. En medio
blo moderno de Richepin, parecido al hermano del poeta de la campaña ha lanzado sus Gritos de Combate.
Desde los comienzos de su gloriosa vida clamó con su
Bouchor. El Luzbel de Xúñez de Arce con el que tiene
mayores analogías, es con el Satanás póstumo de Víctor robusta voz: «¡Despierta hierro!» Ha cantado en el fraaor
0
Hugo, aquel enorme ángel abatido que medita, siniestro, de revoluciones intelectuales y políticas, y ha sido en
sobre el picacho espectral, viendo apagarse la chispa sus intermedios de descanso cuando ha dado vida á alguna delicada flor de poesía, tributo al amor, al eterno y
agonizante del astro postrero.
avasalladorfemenino-algún sano y fresco ramillete, co·
el Idilio. El grupo legendario de sus personajes atraLlaman á Xúñez de Arce, el cantor de la Duda, por los mo
el campo de lamoderna poesía hispana, soberbiaversos famosos á esa oscura deidad. l\fas es de ver cómo viesa
A la cabeza el caballero dantesco que hace resoen la copia de cantos que forman el caudal poético suyo, mente.
las baldosas del templo bajo las herraduras de su cano existe ningún negror de pesimismo. Hay queja, deses- nar
ballo; Raimundo L11Zio. Después el tempestuoso fraile de
peración delante del misterio, desconfianza de lo ideal.
Reforma; el asesino que corre en la noche siniestra,
Pero no le ha dado jamás con su verso ninguna p11ñalada la
por la conciencia: «delator, juez y verdugo.» En
á la esperanza. Llega álo gris, jamás á lo negro. Tiembla castigado
La S elra Oscura. se oye un clamor como escapado de la
delante de la terrible Isis; clama ante los ojos implacables boca
del Dante. Y en un fondo de noche, á lo Doré, se
de la pálida y solitaria esfinge. Pero siempre Dios resur- percibe
negra mancha enorme del monasterio; las toge: siempre la esplendorosa dificultad de lo supremo ilu- rres del la
los picos del risco, las grandes rocas á la
mina esa lira, que en veces, ya en sus magnas escenas de orilla delcastillo,
mar.
la edad media, ó en sus versos claro-oscuros claustrales,
suena con són de órgano, con ecos de anchas y sagradas
RUllÉN DARÍO.
naves de basílica.......... Y con todo, le hace falta
al poeta la pura y salvadora fe cristiana, le hace
falta la piedad sincera conque en su primera edad
se arrodillaba en las viejas catedrales. Siente la más
amarga de las nostalgias de la Fe.· Quiere él roco•
brar su tesoro, y lo logrará porque Jesús está siempre á
la entrada de la eterna Jerusalén, con los brazos abiertos. Confíe, espere el batallador en la estrella de Cristo,
y así guiado, Rey mago de harmoniosa magia, l legar.'i al
reino deseado, donde, no en pesebre, sino resplandecienComo te amaba tanto,
te de virtudes y de prodigios, en una infinita apoteósis,
el curso se torció de mi destino,
encontrará á quien impera por los siglos de los siglos. El,
pues iba para santo,
el hombre de la tormenta y de la brega en el océano de
y después que te ví perdí el camino.
nuestra edad, sálvese en la barca que cruza. las olas vencedoras, y cuyo barquero es Pedro el pescacador.
C.uIPO..UCOB,
-Y ¿Hernán el Lobo? le dije.

'

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EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

.56

EL MUNDO

57

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

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de ;,,¿Jav1,{)
Gn
'1

seaba saber tambien la Señora Clouet. üuardaba vo una
impresión tan profunda de su
melancolía que por primera y última vez en mi existencia traicioné la gran causa
de la fracmasonerfa masculina. Le envié la carta. de su
l!larido, á la cabeza de la cual
escribí 11Yalor.. . ... n v era
este verdaderamente ui1 grito de mi corazón hacia el de
la pobre mujer, ese corazón
de madre y de esposa cuya
ensangrentada llaga había yo
podido sondear. Desde lue·
go pude.ver que esa llaga estaba más envenenada aún de
lo que yo vensara. Fué ella
misma qmen habiendo es·
piado mi llegada por la ventana, me abrió la puerta toda
pálida, toda temblorosa, y
rne suplicó juntando las manos:
uNo me ocultad usted nada de lo que lediga,aun cuando .hable de Alberto. ¡Yo
quierv saberlo to1o!»
Entré ai taller, con el corazón uiuy conmovido por esta últlma y querellos.1 invocación de la 1J1adre 1 y sin embargo, e~ preci..:o que lo con •
fie.se, ll1;ÍS intt'r~satio aún por
el mistnio moral que provocaba e~a invocaci1)n. Que
el amor apa~iunado de la belleza pc,s~e 1í. dertos artistas
hasta el punto tle alterar en
ellos alg.unos de los sentirnientos ti.e la hmnanidad,
lo 1::a.b:a yo hace algún _tiempo, pero que esta alteración
llegm,e h,t~t:i de::in •tu ra.lizar
una alma de hombre al pun•
to de abolir el amor paternal, al puntor sobre todo, de
reemplazar este amor por el
odio de que hab:a hablado

la Señora Clouet, ¿era eso posible? ¿Era también posible
que la decepción de esta paternidad frustrada hubiese
paralizado :1. un grado tal eEa fecunda imaginación de
un creador tan facil y repentinamente herido de esterilidad'? Esas preguntas se oprimían en mi pensamiento y
el aspecto de lves Clouet, tal cual me apareció en el
vasto taller, no era á propósito para apaciguar mi curioeidad. Si había yo advertido un cambio profundo
en su joven mujer, en él la metamórfosis era más evidente atln.
Hab!a dejado un atleta tranquilo y sonriente, orgulloso de su fuerza y que parecía iuvencible á la ,~ida y encontraba un neurópata, inquieto1 incierto, envejecido diez
años, C&lt;&gt;n la pupila initable y el gesto brusco.
A él también le habfan blanqueado los cabellos, su rostro estaba hollallo. Por la primera vez, ese hombre feliz,
ese colmado, había encontrado ante éi algo f:en'ro, y yo
que tenía tai:i presen~es en mi re~uerdo f:US ~111 .;i,s de otro
tiempo, las msolencrns de su dicha soberbm de pagano
moderno que desafiaba la suerte1 comprendí cuan dura
prueba había sido ese mentís dado ,í t.od"s sus orgullos y
se Jo dije sencillamente. Por cambiad.o que estuviese,
I ves debía haber permanecido el mismo reRpecto á un
punto: el horror de las finuras é indirectaf. El más seguro, el único medio de conocer lo que pensaba de su hijo,
era preguntárselo. Con cualquiera o~ro el procedimiento
hubiera ~ido brutal, 'Con él era una delicadeza ahorrarle
lu que detestaba mús en el mundo en otro tiempo: las
alusiones y los equívocos.
(( He sabido que has sid.o muy de"sventnrado-comencé
-y si no te hab:a escrito es que no hay frases con que lamentar ciertas penas.u
-iiY yo, respondió él-si. no te había ei:crito por mi
pdrte, es porque no hay frases tampoco 1&gt;:1ra·eXpresare-a::1
mismas penas. Laura roe dijo que lrnbías venido antier ...... ¿Viste al 11ili&lt;J?,1 ..... .
:FQrmuló esta pregunta con una bru:--quedad apaeionada que me desconcertó con todo y lo qu~ esperaba de su
franqueza.
uSJ que le he visto,H respondí sintiendo que enrojecía, y
añadi:
-¡ El pobre pequeñuelo! Cómo debes haberte apiadado
de él, mi querido Ives. Qué 1?rueba para un ser humano
recibir Ja vida en esas condicione- ..... .
-Piedad ...... piedad ....... repitió él, y vf enternecerse
sus pupdas, y expresar todo 'su rostro ese sufrimiento
contraido y s.eco de los rencores injustos, en que hay á.
la vez cólera y remordimient0a. Y continuó:-8í1 ti ► nes
raz :m, es el solo sen~imiento q·te pueda inspirar este ni11.o, mi hijo ...... Pero si supieras cuan duro es p~ra un pa~

1

Flor F'aul @ourget.
(Concluye).

uDe,:pués ~e abandonó bruscamente como si mi pre.:gu-0ta le hubt_ese ~ect10 m_,1» ........'. u¡lJiud mío! continuó
la_ pobre m11:Jer Ju □ tandp las Jfütnos y mirJ.ndome con
nnrad,a s~pJ_icante, ya comprended usted cuan herido

tendr~~ m1 corazón, ahora que !:abe el silencio de Clouet
-sobre su nu6va obra, que me espanta ...... Es insensato
lo que voy á decir á usted, pero me parece que en el momento en que me respomliv urnás tarden miró á Alberto
con una mirada tan cruel.. ....... ¡Ah! Prométame usted
,q_ue ensayar1.t Yer ese bosquejo-á mted se lo mostrará
a1p duda~y que rne d-rá que obra es y si usted le ama le
.ayudará, le alentará p,ira que la acabe. Si l!egaá acabar
algo, ac.:1.so nos salvaremos ...... n
Oiert~mente yo he re_cibido en mi vida de novefü.ta un
gran numero de conf~srnnes, y algunas muy singulares,
de tal suerte la necesidad de hacer confidencias divirtiénd?se-6 divirtiendo á los otros-es natural á ~Ue!-tra
·t-spec1e. En las épocas de fe profunda, las almas, cargadas del peso de su desgracia 6 de sus faltas iban ú donde
·debían continuar yendo: hacia Dios y sus r~presentantes
N_osotros hemo~ cambiado todo eso y con ayuda de la va:
mda_d, _los escritores se hacen un oficio de ·analizar los
sentumentos de los enamorados y de las enamoradas sob_re fi?do y despué~, del inmenso rebañ.o de egoístas imagma~1vos, pa:a qu1_enes las emociones no serían complet~s s1 no se dt_fund1esen en braYatae. Sí, cuántas confer:;10nes he de~1do escuc.har así, de _las cli.ales no me quejo
J)Orque de mil acaso, bien ha habido seis 6 siete sinceras
y tres 6 cuatro rnuy conmovedoras. Pongo en primer lugar entre estas úlLimas la que la .Eefiora Clouet acababa
de liacern~_e, no para darme un asunto de novela sino por
una eSJ?t:Cie de confianza desesperada en mi imperio sobre
.su marido. Este imperin era bien quimérico, por que si
·el escultor me había mostrado, durante toda nuestra juventud1 una ferviente afección, era justamente porque
)~O acep~~ba su absorvente personalidad sin discutirla.
Esk~ no 1~pedía qu_e ~a invocación de la sefi.ora Clouet
hubiese sido demaSiado doloroi:a para dejarme indiferf'nte; por lo demás la asombrosa anomalía sentimental des~mbierta así en casa ele mi antiguo camarada, bastaba á,
Interesar I?roíundamente lo curi0s0 de 11atura humana
·qne v~ld. sm cesar en todo letrado. Y he aqllí por qué
d,is ~ms después de esta primera visita al .hotel de I~
avenida de Regur, volví. Pero esta vez había pedido á
·Ulo1;1et t~D; rende~-1io(18 por medio de una carta en que le
&lt;l~cia m111npac1enc1a por ver las obras nuevas que lobab1au ocupado. ?,urante nuestra. larga separación y, detalle
q_i~e me paremo de.un favorable augurio para la informa-c~,m á la cua_l deseaba entregarme, el me había respon&lt;ltdo prometiendo mostrarme su taller:
0 encontrar:'ís
·g;an C?sa de nuevo, co!lc.Jufa ese billete, sin embargo, seria feliz de saber tu opinión respecto de una estatua que
cuento con aoabar noy mismo.&gt;1
úEs_la sol,a c~sa completa que haya hecho desde hace
'tres ano_s. En.veJf'Ce 1~n.O.ll Y había subrayado estas palabras
'trazadas, c~moel ,?il!et.e, con una escritura menos firme
:Y más nen•1osa. ~o importa. Yo iba á saber lo que de1(~

Pensafii,a,

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dre decirse esto, que su hijo seni siempre, ha~ta su muerte, el objeto de la caridad pública...... para un padre como yo, que he tenido siempre. un extremecimiento de
rebelión al pensar que se pudiera compadecerme, fuese
por lo que fuese ........ ~sto es orgullo si tú quieres, pero
un hombre no se mantiene de pie sine por el orgullo;
prefiriría todo en el mundo á tener que sufrir la piedad
aún de nn amigo, aun de una mujer.
...... Me enoja recibir esta limosna y ¿qué quieres? es
monstruoso esto, es inhumano, pero'yo tampoco puedo tener piedad...... No puedo compadecer ni aun á ese des·
venturado Alberto...... Xo puedo ...... Xo quiero ...... »
Habfa arrojado esta profesión de fe feroz en la que yo
encontraba bajo una forma cruel su paganismo indomable, con una amargura demasiado punzante para que yo
desconfiase de ella. Pensaba en realidad eso que me decía, sus rebeliones eran sinceras c011tra la más cristiana
de las emociones, la más extraña al orgullo de la vida, la
menose,tética también y la menos intelectual. Pero el
hombre no es todo orgullo, no es tampoco todo idea y
por encima del artista descepcionado que no aceptaba la
humillante enfermedad de su hijo, la fealdad ele esa carne, palpitaba en Ives el ser instintivo. El grito de la sangre oíase bajo el clamor de su orgullo.
. Este mismo odio que experimentaba contra el niño,
maldad monstruosa, abominable, traicionaba combates
interiores, una lucha apasionada, la pO$ibilidad de que
un día, una hora, aquella alma herida reaccionase por
completo.
Esperándolo continuaba sus confidencias que eran como una contrapartida conmovedora de las de su mujer.
Iba y venía en el taller en medio del cual una forma envuelta en lienzo mojado atraía mi atención. Era la misteriosa estatua de la cual tanto deseaba saber la Señora
Clouet, si la acabaría cuando menos, y á medida que el
eECultor hablaba, esta especie de fantasma de arcilla y de
. tela, comenzaba á animarse para mí con una existencia
más enigmática aún. Ives decía:
"Tú no ves nada nuevo en el taller, cuando en otro
tiempo hubiera tenido tantas obras nuevas que mostrarle. El hombre es atacado, cuando sufre, en su fuerza fn.
tima. _La fil:ía estaba en mi arte y durante tres años;.haa OJdo b1en~-t~es 9-fios, h&amp; conocido la impotencia.
Tu no has se~t1do Ja';llás esto, esta to:rtura de la idea fija
que no se de¡a sacudir, como una ho¡a de puñal roto en
la llaga y que no nos permite ir en pos de otro placer, de
otro ensueno, de otra voluntad. Y además, ha habido en
mí desde este nacimiento un sentimiento extraño: el de
que debía pagar toda mi antigua ventura, que ninguna
ero.presa, en ad~lante, se me lograría, que tenía una fa.
tahdad sobre m1 edad madura...... Xo comprendes e¡;to?
qtros más grandes que yo han sido rotos por estn. creencia de :¡ue una vez concluida la juventud ha acabado el
talento. M11sset no escribió nada después de los treinta
a~os....... \ aw1 aquellos de entre nosotros que continuan traba¡ando con los cabellos grises, te imaginas tú
que no han atravesado por esa crisis de duda cuando han
sentido partirá la juventud, á la juventud santa...... .
Esta crisis la he experimentado yo más que ningún
otro, yo que he sabido que envejecía, que no lo he creído......... A.caso me tomes por un insensato. Pero durante qui~ce años yo he sido como se pretende q11e son tantos onentales, no he sabido rni edad.»
H~bía subrayado estas palabras con un acento tan conmovido, que no pensé en sonreír. Toda la traaedia interior de que era víctjma se e~?lareció para mí poco á poco.
«Te comprendo. bien, le, d1¡e, esa desgracia ha sido dos
vece!3 una desgracia, por s~ misma y á causa del periodo de
tu vida en que te ha herido. La has sentido más aún
po1:4ue á travtis de ella has. sentido el resto: la inevitable
huida de los a~o~, la necesidad de aceptar, de organizar
la bancarrota_ c1ert:i: Pero en cambio ¡guardabas tantas
cos:is en la nda! D~sde luego tu cara .nujer ..... .

-¡Ah! eso es lo peor, interrumpió vivamente. :Xo ee
más razonable que el resto.
Yo la he súfrido que fuese á
caer, ahí á dos pasos.
Y me mostró la puerta que
iba del taller al pequeño
jardín. ¿Era una ilusión? me
pareció que la tapicer{a que
ocultaba esa puerta en aquel
momento abierta ante el hermoso clía de verano, se removía, como si alguien se ocultase detrás. Pero I ves continuaba:
-La he sufrido que no lamentase demasiado al otro hijo, al nuestro, al verdadero.
La he sufrido que ame tan
profundamente á éste...... la
lle sufrido también que envejezca; he sufrido con sus
palabras y también con sus
silencios ...... ¡Cuando te digo que durante tres años he
sido tan miserable! Ni una
obra...... Ki una...... Estos
años son cumo si no los hubiese vivido..... .
-¿Y ahora? le pregunté; y
le mostr¿ la masa blanca de
la est:ítua velada, á la cual se
había aproximado hablando y hacia la que se levantaron también sus ojos. Un relámpago de órgullo los iluminaba de nuevo. Por uno de
esos milagros de instantítneidad que son habituales á los
organismos eminentemente
nerviosos, la fisonomía del
artista había cambiado de
golpe. Volví á encontrar al
Clouet de mi juventud, á aquel visionai-iode belleza, con
las manos del infalible obrero al servicio de sus visiones.
Sincero, ferviente, casi solemne y con una palpitación
de culpable ahora en sus palabras que me pareció muy
extraña, respondió:
«A.hora he podido trabajar por fin. He hecho lo que
vas á ver, lo que vas á ser el primero en ver.. .... Hace un
mes, cuando acababa de levantarme y me paseaba completamente solo en mi jardín, el so: radiaba, cantaban los
pájaros, se extremecían las bojas, las rosa~ comenzaban
á abrirse en mis rosales. Tuve, durante un minuto, esa
impresión de la fuerza irre~istible del renuevo que, en
mi juventud me emborrachaba algunas veces como un vino. l\Ie senté en el banco de marmol, en el fondo, que
esculpí yo mismo, y me puse á acariciar con mi mano
los amores que jugaban con guirnaldas y que servían de
brazos á ese banco. El recuerdo de la época en que había
yo ejecutado esa fantasía se apoderó de m[ con una precisión increíble y en el mismo momento la vergüenza de
mi decadencia. Sí, tuve vergüenza de mí en aquel sitio,
ante aquellos viejos árboles que echaban aún hojas, ante
erns viejos rosales que proyectaban otros botones, ante
ese rincón de la naturaleza eterna en que la vida universal continuaba trabajando, luchando, creando ..... Caí en
uno de esos ensueños que deben parecerse :i lo que pasa en
las ramas precisamente cuando circula en ellas la savia,
sin que el tronco presienta la fü,r que se elabora en él,
que se forma bajo su corteza desnuda aún, que va á estallar...... Una idea de estatua acababa de aparecérseme,
vaga al principio, imprecisa, indistima; después tan clara,
tan desprendida ante mis ojos como aquellos follajes y

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

aquellas :r_psas. Hubiera surgido en medio del cé~pecl, sobre su zócalo blanco y no hubiese sido m:ís visible ,í mi
mirada: ..... Esa estatua era la del hijo que yo había deseado tan apasionadamente ver, que hubiera tenido sin
aquella horrible caída.
Estaba ante mí, de pie, á los quince años, esculpido en
mármol en la magnífica desnudez de una adoleecencia
de joven Dios. Tenía todas las formas de mi cuerpl) con
las curvas, los piés y las manos de su madre. De su madre tenía el óvalo del rostro, la barba, las orejas, la fren·
te, la sonrisa de las mejillas, y aquella boca un poco
crecida, la sublime boca de las cabezas griegas del siglo diez y seis donde hay un algo de egipcio. Sus cabellos se rizaban sobre su frente y tenía ahí, bajo la arcada.
subciliar, esa noble profundidad que da á la mirada de
Laura, una expresión tan grave y tan dulce...... En fin,
era nuestro hijo, y yo iba á ensayar modelarlo realmente...... ¿Cómo no me habfa ocurrido antes este pensamiento? No lo sé. Pero sí sé que me levanté de ese banco con las manos temblorosas y el corazón palpitante.
Entré al taller con una emoción que no puedo traducirte,
de tal suerte estaba mezclada de embeleso y de espanto,
de deseo y desconfianza. Iba yo ,í encontrar por fin para
esa obra que estaba ahí, en mi cabeza, tan presente, tan
clara, tan bella, mi vigor perdido? ¿Ese hijo que la suerte no me había permitido tener, en ·carne y en hueso,
iba á tenerlo por fin, en esa i;nateria que parecía muerta?'
:i\las cuando la forma se ha impreso, Yive, con una Yida
superior á la otra, pues que desafía la muerte. Y comencé á modelar la arcilla piadosamente, religiosamente. ¡.\ht
las primeras sesiones de ese trabajo único! Tú note ima~
ginas las zozobras, los entusiasmos, los desalientos, y
cuando estuvo él en pie, en realidad, ante mí, ocupando
el espacio; cuando palpé sus músculos, toqué la delicadeza de sus miembros, encontré su mirada!. ..... ~lira,) o m ➔
quejaba de mis penas hace un momento; pero esas alegrías las han pagado, te lo juro...... Pero vas á verlo.»
La exaltación lo poseía todo entero, al presente sus
manos temblaban de nuevo, en efecto, para despojará la.
estatua de sus lienzos húmedos, y continuaba:
"Lo he alegorizado en David ,í causa de la frase de la
Biblia. He leído no recuerdo dónde y he amado la frase
apasionadamente Eral cmtern rufus, et pulclt.er a.Bpect1i decoraque fa.cíe et aü Do1!1inu,~: 8urge ungue eum, ipse. est ;,,,im.
(Ahora bien, era rubio y hermoso de actitud y ele un no·
ble rostro. Y el Sefior dijo: «Levantaos y ungidle, porrp,e
es él.)» Estas son las tres palabras que yo quiero grabarsobre la base: lpse e.it enün Porque es él1. ..... Ven, mira...
El último lienzo había sido desprendido v la estatua.
apa~ecía ya en esa sinceridad del modelage di.rect&lt;? en quese siente el de~astador, la 1:11ano del artista, su espíritu,
su fiebre. Jamas en ·sus me¡ores días el escultor se había
aproximado tanto á la belleza perfecta, como en esa.
obra, de la cual me había referido el extraño y doloroso
génesis. El Triptolemo del célebre obelisco del museo.
de Aten,a.s, entre Demeter y Persephone, no es de estructura más elegante y de posición, como lo era el sedicente David, simplémente de pie sobre su pierna derecha y
con la izquierda un poco hácia adelante, como en las estátuas arcaicas, y la gracilidad vigorosa de las piernas la
comba gallarda 'de los rioones, la flacura apenas mu;culada de los hombros, la linea delgada del vientre, daban á ese cuerpo de adolescente, un caracter incomparable de esbe)J,ez vit:il y de energía, en tanto que la finura de sus manos y p1és, y sobre todo la delicadeza de
sus rasgos, el rostro encuadrado en los bucles de una cabellera rizada á la manera de Leonard adornaban á esesér delicioso de una languidez del tod~ femenina. Era
realmente la fusión de las dos bellezas que el artista había ~o!iado y obtenid~. Para mí que sabía de cuánta melancohca fantasía as1 el logro el David en el que reconocí~ yo algunos d~ los gestos de Clouet, su estructura,
su actitud, y la sonnsa, ]agracia, la mirada de su joven
mujer, esa estatua tenía.
algo de aparición, y-¿debo decirlo?-casi de sacrilegio. No, ese no era un
David, elpríncipe que debe vencer y reinar¡ era la
imágen del joven héroe
que:no vivirá: un Eurialo,.
al cual su Nisus llamad
en vano, un Icaro que zozobrará en el inapaciguable Océano, un Orpheo á
quien desgarrarán manos
crueles de Ménades,-una
figura sin promesas de•
porvenir, pero tan heróica, tan tristemente bella...
Y yo podía apenas, de
tal suerte estaba conmovidó, expresar mi admiración, de la cual gozaba el
artistacon esa ingenuidad
de orgullo tan natuaral
después de una creación.
semejante. Nosotros no
hacemos tales obras. Se
hacen ellas en nosotros y
casi á pesar de nosotros ...
Callábamos.los dos, cuan-.
do oímos venir de fuera
de aquella puerta, al salí{·
de la cual la madre del
pequeño Alberto había
caído al ti.n de su embarazo, una queja sorda al
principio y contenida;
de.spués más alta, un gemido entrecortado por sollozos, la más desesperada
lamentación que haya jamás herido el corazón.....
Ives y yo nos miramos.:

59

EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

Por aquel rostro que acababa de ver transfigurado de
nuevo por todas las fiebres del entusiasmo, pasó una
pena y como el remordimiento de un crimen. No teníamos ·nece!5idad de ir y levantar la tapicería para comprender que era Laura la que lloraba así. Rabia ella venido impulsada por una curiosidad in-esistible. No había
osado franquear el dintel y lo había oído todo-su lamentación decía con qué sentimiento.-Subía esa lamentación, crecía siempre y el rostro del eEcultor se contraía
más y m:is aún, hasta que hubo un momento en que dos
gmesas !~grimas .l~ brotaron de los ojos y rodaron sobre
sus h:nnd1das ~e¡1llas: Y de un golpe, sin cuidarse más
de mi presencia que s1 yo hubiese sido un personaje de ·
uno de los moldajes fijados á los muros, se precipitó hacia la puerta. Vió, sentada sobre las gradas de la escalera á su mujer que sollozaba apretando contra ella al po-

bre pequ~ñuelo abortado y disforme, para quien el padre
había temdo durante esos tres años un odio tan injusto
y con una so.rpresa que á mí también me puso las lágr¡'.
mas en ~os o¡os, ví :í aquel hombre arrodillarse y apretar
á su mu¡er contra su corazón y abrazará su hijo diciendo: «¡.Ah,, perdóname!. ..... perdóname...... siento que lo
amo. T~ ¡uro que lo amo y que no suErirás ya. Mir-a..... .
pero mira!.. .... »
Y cubría al pequeño Albert? de besos apasionados, en
tanto que la madre, desfallecida por la sorpre~a de encontrar en su marido una piedad que ya no esperaba
apoyaba la cabeza sobre su hombro con un iremido qu~
fué endulzándose, endulzándose aún, y coi:prendí-los
hechos me han probado después que tenía razón ....:Comprendí que el escultor era sincero y que podía rellmente
amar al pobre aborto, ahora que posía en su taller al hi-

jo con que había soñado tanto. Tenía yo ante mí, en el
grupo de aqneltos tres seres reconciliados, á algunos pasos de la estatua de arcilla inmóvil sobre su pelestal, el
símbolo de los beneficios del arte, y pude verlos aún mejor algunos instantes después, cuando la madre levantando la cabeza sin dejar de estrechar al hijo viviente contra su pecho con extremecidas manos, sonrió al otro, al
hijo que hubie-ra debido !f podido tenP,r, á la obra libertadora que le había restituido á su esposo.

GRANDEZA Y DECADEN CIA DE LA HOJA DE HIGUERA

centuplica lo que oculta. ];l pudor es la coquetería m1s
segura.
Una nueva hoj~ de higuera sólo sin•e para obtener otra
por la buena gracia que sabe darle y el nuevo saborcillo
que añade á su belleza.
·
"A~í.n no es eso to~o, dice E\:a á Ad.in, si al pronto y
en primer lugar os pido esa ho¡a de higuera por pudor y
á fin de resen·arme para voz, podréisob5erva.r qu:i os pido la que es~ en la pa!te mis 3:lta del arbol.. L,is que están en las _ba¡as llenanan lo mismo el objeto, y no os
expondríais á romperos la cabeza. Pero quiero que digan al verme:
, «Yed á Ev~: su hoja de higuera ha sido cogida en la
cima de la higuera más alta. Preciso es que .Adán sea
hombre muy fuerte, muy valerosl), y permitidme añada
que es preciso que Adán ame mucho á Eva.,,
'
Adtin contesta: "Es cierto!" y trepa lleno de gratitud
á lo más alto del árbol.
.Además de las .modificaciones sucesivas de las hoja de
h~guer~, Eva ha mventado accesorios, y sirviéndose háb1lme~te del cuarto de hora de inteligencia que lleva de
venta¡a al homb.re, le ha presentado bajo un aspecto favora~le la n~ces1dad de estos a~cerorios. "Amigo mío, le
ha dicho; sois el más fuerte, solS el amo, sois mi señor.
M~ env~nezco con ser ~·uestra, y quiero el distintivo de
ID! servidumbre. AsuJereadme la naríz y las orejas en
testimonio de. esclantud y poned me eslabones de cadena.
Ponedme caclenas en los brazos, para recordar á los ojos
de tod, s que sólo soy vuestra criada."
De aquí 1esultaron los pendientes y los brazaletes.
Algunos adanes dejan q.ue les per~u.adan de que así como hacen trasportar los vmos exqms1tos en un barril doble, sería prudente hacer enterrará Eva en una envoltura doble, ~n clos h(!jas de higuera: la segunda se llama
un carrua¡e, y va tirada por dos caballos.
En fin, todos esos hombres que se agitan, andan, corren, se codean, se baten, se matan unos á otros son
adanes á quienes sus Evas han dicho: "Amigo mío: coje
para mí ésa hoja de higuera," Hoy en día la moda no
admite miis que las bojas de las ramas más ; Itas Jo cual
hace que casi todos se desuellen las manos y las rodillas
para alcanzarlas, y que muchos se rompan los huesos.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

He aquí lo que me contó un rabino:
«Cuando ~l primer huésped del Edén despertó, vió al
lado suyo, en vez de su costilla, la carne de su carne y
los huesos de sus huesos, J. su último sueño fué su postrer descanso.
Había nacido la muj~r; la serpiente, que es la más astuta entre todos lo;; amrnales, se acercó á elia y le murmuró al ?ído: «¡.Cuiín hermosa sois!» Luego le aconsejó
que com1em la fruta del árbol de la ciencia
-He ahí, dijo la mujer, un sér que m~ inspira gran
confi~nza por su franqueza; es e\·idente que no querni
enganarme.
Cogió la fr°'ta y dió la mitad á .A.d,ín.
Pero este hizo en aquella primera vez lo que siempre
~a hecho despu_és; en vez de comprender que, puesto que
iba á ceder Y :'- obedecer ~,ntonces, tanto valía hacerlo
gustoso, regateo, se defendio, se negó, y luego concluyó
por morder la fruta.
. Pero E\·a había empleado todo el tiempo de su vacilación en roer su ~anzana con sus lindos dientecitos blancos; tenía ya .la ciencia del bien y del mal, cuando Adán
estaba to~ ~1a tal como le habían amasado. Luego, cuando se dec1dio, cuando comió su media manzana cuando
4su vez se enteró de la ciencia del bien y del m~l, la mu¡er le llevaba un cuarto de hora de v~ntaja, y siempre lo
~a conservado. ~st;o ~s .lo que constituye y constitúirá
siempre nuestra rnfenondad relativa.»
. Compre~dió la m~jer en se.guida, con el auxilio del
diablo, la 1mportanc1a de aquel cuarto de hora y se apresuró á emplearlo en dar bases sólidas á su imp~rio. Hizo
que. ~dán ~e avergonzase de la desnudez de ambos y le
~ugmó la. idea de coger ~ojas de higuera para salvar tai
rnconyeruente. Los rabmos que lo saben todo v con frecuen~1a suelen saber mucho más, hubieran debido decir°:~ª ?orno se adaptaban aquellas hojas. Aun no había penod1cos de modas en aquella éooca, y la tradición nada
nos ha. co1;1servado acerca_ de tal materia. Lo cierto es
que al decir á Adán: «Amigo mío, sois más alto y má~
fuerte que yo, alcanzad y cogedme una de las hojas de
ese ár~ol, os lo ruego,» creaba á la vez el pudor y la coquetena, los celos y la supuesta superioridad de las fuerzas dPl hombre.
Desde aquel momento quedó fijada la suerte de ambos
así como la de todos sus descendientes. La mujer conser:
v~ ha conservado eEe adelanto de un cuarto de hora
T o lo sabe CU!_l~do menos un cuarto de hora antes qu~
n?sotros. Un 111110 no es mas que un galopín que sólo
piensa en e.l aro,, la pelota y la peonza; una niña no es sino una mu¡er mas pequeña.
En cuanto al hombre, bajo el pretexto de que es más
gra~de, .más fuerte y más inteligente, no ha dPjado á la
mu¡er nmguno de los trabajos de la \ida. Por lo demás
sus fu~rzas, su val?r, suenergíaentera se han gastado e~
todo. t1em~o del mismo modo. Eva dice siempre á Adán•
«AIDJgo uno, cogedme esa hoja de hiiuera,» y Adán 8 ~
condena por.alca~zarla. La hoja de lnguera ha ofrecido
grand~s mod1ficac10nes desde la primera Eva. Mi amigo
el rabmo me ha comunicado algunas de las variaciones
de la m?da duri;\nte los antiguos tiempos.
La p~11:11era higuera á la cual se pidió su hoja fué el.ficus 11.iú.,yuwsa, al cual sucedió el ficus bengaUnsis y Juego
e~ .{icu$ i-u·e1~s Y el jicWJ mauritana. Hacia la cuart~ generación se pusieron en moda las hojas pequeñas del ficWJ repem. Esto se llamaba e~tonces vestirse ó ir escotado como hoy al ponerse ve~~1d?s casi sin cuerpo.
'
repe,tB suced10 e, ficu.s mympha:jolia· se adornaron espués con !as hojas inmensas del mac;ophilla· luego volvieron al. .ficas repen~ bajo el nombre dejicu/~candens; luego aljicus elá.~t,ca;, y luego pasaron á la seda y el
brocado.
La hoja de hig~~ra no tiene en el día me1,10s de catorce
~e~ros ?~ extens10n por razón ele los volantes, y Eva cont1~ua diciendo á Adán: «A.miO'o
mío d!ldme esa ho¡·a de
0
h11{,,-uera."
,
hAd:in, para dar la hoja de higuera trabaja pasa las
noc es en vel3:; roba, saquea, asesina se cond~na.
. ~ny ~e los s1gnosd~ su orígen que ha conservado la hoJa e ll{~era en medio de sus transformaciones es que
se .m~r . 1tt, cae Yes sustituida por otra hoja; sólo que la
pmm. 1va, a que se ve todavía en nuestros jardines no
cae m se renueva mas que una vez por año mier:tras
que dehprogreso en :pro.greso, la que emplean Ías mujeres
ca~ Y a de ser sust1tmda todas las semanas. Las nuevas
n~lan de árboles muy al.tos, espinosos y difíciles.
n v~c1 a 1gunas veces. ".Amigo mfo &lt;ii"o Eva á
Adán; s1 os ruego que cojáis para mí esa ho'ja d~ higuera
no es tanto por J:?i como poi: vos: es para velará las mi:
~~
los demas estos débiles atractivos que han teni0 ~ ortuna de agradaros, y que debo y quiero conservar vuestro amor." Y Eva lejos de pensar en conser.~aradeAdánd, arregla Y coloca la nueva hoja que ha
m o,
mo o que la imaginación libre adivina y

.1l,cu.,

y

1~s

fe

~b:i

•

PAUL

BOIIRG}::'I'.

(de la. Aea.demia. Francesa]
[ Traducido para EL MUNDO. J

-r-

( Poema en cuatro sonetos.)

I
FILOSOFIA

¿Qt1~ es el hombre? Un misterio-¿Qué es la Yida?
Un misterio también-dijo un poeta¿Esta vida á otra vida estl sujeta
O en el no ser concluy.- la partida?
¿Ser.i el alma una antorcha combatida
Del viento vario de J,i duda inquieta
O, cerca de morir, una secreta
Voz nos revela la verdaú temida?
¿Aquello que llamamos desventura
Ed nuestra imperfección que nos consiente
El que hagamos cantando la jornada?
¿8erá la Eternidad frígida, obscura
O lá hoguera del sol resplandeeiente?'
-Hágale las preguntas ,í la almohada.
II
PATRIA

¿Acaso de Xer.Sn el ri~orismo,
Cercenando cabezas vocrngleras
O entregando á las fauces de las fieras
A los que predicaban •Cristianismo
Un reflejo no fué del patriotismo'
Que á la revolución 1&gt;one barreras?
¿Del dios Exito rojas las banderas
No glorifican siempre el egoísmo?
¿Y patriotas no son los lenguaraces
Que en carne de cañón á la obcecada
Turba convierten, en matanza impía?
¿Los programas no son siempre falaces?
¿Cu:fodo la patria no quedó burlada?
-Respuesta á todo te daré otro día.

III
AMOR

ALFONSO KARR.

TIBI REX

¡Oh mi príncipe encantado de la tez de nieve v rosa!
Yo conozco ha mucho tiempo tu mirada misteriosa;
A su lumbre, el alma mía nuevo aliento y vida toma
Y amorosa se adormece como tímicla paioma.
'
Yo conozco hace ya tiempo esa noble frente altiva
Como blanco lirio roto si se dobla pensativa·
Como nube orlada en fuegoi¡ue en la altura ~lbea sola
Si del blanco lirio se alza la magnífica corola.
Al sentir las radiaciones de tus ojos soberanos
Me he.cubierto deslumbrada el semblante con las manos.
¡Oh m1 mago, más hermoso y más dulce que unensueño!
Yo te he visto, ¿en dónde? ¿acaso fué en el mundo·! ¿fué en un sueño?

Si no existes en la tierra, ¿cómo en sueños me visitas?
En mi frente siento el roce de tus reales manecitas
Y mis manos, en los pliegues de tu necrro ferreruel¿
De tu daga el puño tocan bajo el tibio ºterciopelo. '
Y o te siento palpitante y percibo tu perfume
En la lurcbre de tus ojos toda mi alma se cons~me
Y sedienta de inmortales, de divinos embelesos '
iHe apurado sin saciarme, todo el néctar de tus 'besos!

¿Del Paraíso la primer aurora
Es idilio de dicha, ó quizás Eva
Al someter á Adán á dulce prueba
Cedió sólo á la sierpe tentadora?
¿Es el amor la fuente redentora
En que su sed el peregrino abreva?
¿El mal ó el bien en sus misterios lleva?
¿Es arca de saludó de Pa.ndora?
En fin ¿es el amor rayo divino,
Dos epidermis en contacto acaso
O una expansión del alma sober~na?
¿Astro que alumbra nuestro erial camino
O el abismo en que se hunde nuestro paso?
-Quede la solución para mañana.
IV.
SUICIDIO

Xo más vivir! Salgamos de la escena
Que á tan imbécil sociedad me obliga..... .
La carga de la vida me fatiga
Como al pobre galeote su cadena.
T•Una ho~ de placer no ví serena,
~~ hay necio que .sus ?uitas no .me diga;
N1 hombre leal m canñosa amiga
1\[e ha~ consolado en mi insondable pena.
Escrito estaba!!! Cúmplase mi sino!
Con la carne luchar es necesario
Y Yencida la tengo en el combate.
• Adiós vida! \'aliente el peregrino
"\ a á romper del espíritu el sudario ..... .
-Pero antes tomaremos chocolate.
RICABDO P.\l,~l.\.•,

¡Oh ~¡ prín~ipe encantado de pupilas misteriosas!
Son roc10 de diamantes tus palabras cariñosas
Y en el campo yermo y triste que las penas ag~staron
A su influjo hermosas flores sus botones reventaron. '
¡Oh. tú, ::\fago de mis noche~, el de negro ferreruelo!
Necesito adormecerme bajo el tibio terciopelo
Y apoyando mi cabeza en tu pecho noble y filerte
Brote el ósculo supremo de mis nupcias cgn la mu~rte.
JULIA.

}1érida, Yucatán, E,nero de 1096.

w

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará contemplando eternamente.
Purifica el olor de la opulencia
cuando huele ,í tomillo la indigencia.
Es tu historia en mi vida entremezclada
una sombra, en la sombra conden.zada.
C.DfPO.\MOR.

�60

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.,

EL DA)(TE F~'- 111EXICO.-Eu camino para el lnfierno-:\Iatlns Cum¡,li&lt;ln ,e aproxima.

~ L DAN T ~ ~N l'tIEXICO.'

ahí encontraba un iª alas de sombrero. Ko dudé un punto, al avanzar unos
manzano ceñido por cien metros más, llegó hasta mí un ª?~do rum&lt;:&gt;r de colserpientes en cuyo mena un condenado vocer.ío de maldiciones y Juramentronco se veían gra- tos c~smopolitas y políglotas; una manecilla negra señ~la•
bados estos nombres: ba con el índice un rumbo, el de una vereda protegida
Adan, Bm, entre un por alambres con puas, c;inta crugiente tapizada con polcorazón traspasado vo de carbón, en cuyo extremo mirába_se una e?trada copor una flecha? El mo de caverna, y en los postes del telegrafo ~t1zados_ por
árbol del Paraíso..... el humo.se encontraban los primeros auuu~1os y avJijos,
y juntq una vid en- en un marco de canillas fósiles y con un tunbre c~rresdrina sin racimos: poñdiente cancelado"º? e~ sello de S~lomón se avm'.ba
la deN"oé quizas; más · al transeunte que un smdicato americano, había; 1\t-cho
lejos un arbusto con contrato COJl el ciel-0 para entender se con la admm1~tra·
marañas de cabellos ción de los Infiernos; de ahí, pues, que todos aquellos
de Absalon; y otro anuncios estuvieran en Inglés, de ahí que al acercarm_e
con una cuerda de más y más á la mansión triste_y súcia oyera palabrota~ d1 ·
ahorcado: la de [Ju- chas por soeces negros, de ahí que ~e _asaltara un su¡eto
das; y la encina real de camisa roja y tirantes de luto ofre.::té_ndome un carro
de Luis XIY; v el de Express porque aunque corto el cammo era muy peahuehuete de la·xo- noso.
che Triste; y un po·
Quise retroceder pero ya no.me dejarón, un vigía h~bre leprdso acribilla- bía (:lado aviso de mi presencia; dos agentes, en obseqw.o
do de heridas de ma- de la verdad muy comedidos, me hablaron algo que no
chete y puiial y arma entendí; comprendiendo mi origen me llevaron c~n un
de fuego; un infeliz intérprete que me tomó del brazo y me preguntó s1 ~nía
leproso sin corteza á boleto. Este amable sujeto me hizo favor de traducirme
trechos, con colgajos los letreros fijos en los árboles, en los muro~,. en las fa.
de oropel y depúrpu- chadas y en algunos puestos cercanos, me d1J_o ll~J?arse
ra y de paño militar Torquemada, ser inventor de no sé cuántos suplicios y
y de piel humana: el me dió pormenores.
.
,írbol de la libertad
Había que dejar toda clase de abrigos; al Infierno, porsin duda, mal trecho
que en el Infierno estaba, no podía irse sino en paiios
á través de los simenores. A últimas fechas se había creado la guardarroglos.
8i hubiera olido á pía y se toleraban pe9-neiios co_mercios como _por ejemazufre, á pez hirvien- plo el de trocitos de hielo, abamcos ~e palma, !1monadas,
te ó plomo fundido naranjas, con tal que no se llevara s1110 un e~emplar de
quizá me hubiese su- cada cosa. Podía á precios módicos entrará pie, tomar el
puesto en el territo- descensor, ó una líuea muy incómoda de montañas rurio infernal, pero:nó, sas; había 9-ue firmar en el registro, retratarse, ser idenla ráfaga tan pronto tificado, fi.hado, pesado, esculcado, numerado, etc.
Ya no es el Intierno lo que era antes amigo ~o, estaheladacomo:Un viento polar, tan pron- mos á la última moda. Ya usted á ver co~as curiosas coto quemante como mo no las alcanzaron 'Dante y sus imitadores. Aqui nos
anuncio de simo1m, paramos porque tienen que recibirnos los delega~os del
arrastraba olores di- Consejo Superior de 8alubridad por aquello del tifo y la
versos de éter, de desinfección 6 la falta de vacuna y habremos de esperar
cloroformo, de taba- á los vistas de ,\duana. Quítese usted el sombrero por
co, de ajenjo, de tru- que ese es uno delos Jefes. Y no hay más novedad-dijo
fas, la más insi~ne é el recien I-legado-que esta alta mi Coranel.
ilógica asociacion de
( Contin11ará),
emanaciones disonantes, seguí avanzando, y él calor crecía, el cierzo tomaba
otro rumbo pues me
hería el rostro una
bocanada de hornaza; mirábanse en el
lodo carbonoso huellas delatoras, pisadas humanas, zureos
Todo en amor es triste,
de rvedas, veredas
mas, triste y todo, es lo mejor que existe.
ah ondadas por bicicleta y signosvisibles
C.A~IPOA~10R.

l&gt;OMlNGO 24 DE EN ERO DE 1897

A la niña Sara Moguel y Rosas.

CAPULLO

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clt&gt; luchas y arrastramientos pues mirábanse aquí y alhí
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( CO:-TJXUA,)

No podía orientarU1e; desperté, ó
más bien dicho, volví en mf, aturdido y magullado entre las madejas
de un breiial; las ramas tenían escrecencias color de a.mfre: busqué
á diestra y siniestra, ni e I rastro siquiera de una vía ferrea; ví al cielo, neirura impenetrable; quise retroceaer, una valla de malezas coronadas de púas Ille cerró el paso,
y á pesar de la profunda noche yo
veía, díjerase que cuanto me rodeaba tenía una luz propia, si es que
luz puede llamarse á la fosforescen- ·
cia extraña que baiiaba los objetos:
árboles, árboles inmensos, siempre
árboles, pero de forma tan bizarra,
con actitudes tales, que más que
ejemplares de una flora parecrnn
producciones en las fronteras del
mundo animal, porque aquellos inmensos colosos teníall. fis~&gt;llonomfa; en sus ramas se adivinaba la
anatomía de un trazo inmobilizado, negro como el miembro convertido en carbón por súbito cataclismo; en sus troncos· el escorzo
violento de un hombre que pugnara por desasírse ó huir de tremenda
eujeción; en sus raíces la contracción de un pie deformado cuyas
uñas hincadas en el suelo hubieran
siilo afianzadas por la roca; algunos se elevaban al cielo sin una hoja, .como manoJos de nervios petrificados por el dolor; otros lloraban
madejas cano~as; muchos desaparecían bajo un follaje enfermo que
parecía azotarlos, y en cada uno
se pintaba la escena final de una
tragedia, y ,i medida que mis ojosfatónito~ ~e fija'&gt;an en
t?dos, _de5&lt;?ubría más y más pormenores, pensaba t·n cn~11c1denc1as rnesperadas ¿que b"sque era a;¡nel, Dios mio?
¡qué bosque terrífico! qué bosque de expiación, pues que

Po;r .A.. C .

10anza de sa lón para piano.

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VIAJE DE UN REPORTEA.

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EL MUNDO

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�DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

I,A HADA AMOROSA.

Dime, Xinón, ¿escuchas cómo bate en los vidrios la llu•
via de Diciembre? Qutsjase el viento en el largo corredor.
Noche es desapacible, una de tantas en las que el pobre
tirita á la puerta de el rico que el baile arrebata en sus
danzas baJo las domdas arañas. Deja tus zapatitos de ra·
so, ven 1i sentarte en mis rodillas cerca del encendido
atrio. Deja tu preciado prendido, que he de contarte
esta noche un hermoso cuento de hadas.
Sábete Ninón, que era en antiguos tiempos, en lo alto
de una montaña, un vetusto castilllo sombríó y lúgubre.
Yolvíase todo torreones, murallas, puentes levadizos cargados de cadenas; hombres cubiertos de hierro velaban
noche y día en las almenas, y únicamente los soldados
recibían buena acogida del sefior del feudo, el conde Enguerreando.
Si hubieses vistv al anciano guerrero, paseando sus extensas galerías, si hubieras escuchado la pujanza de su
breve y amenazadom voz, temblado habrías de espanto,
cual de espanto temblaba Odeta, su sobrina la piadosa y
linda damisela. ¿Xo reparaste nunca al alba cómo se abre
una margarita á los primeros besos del sol, entre ortigas
y zarzas? Pues así se desarrollaba la joven entre aquellos
rudos caballeros. Cuando siendo nifia, se le presentaba
su tío, á lo mejor de sus juegos, deteníase v los ojos se
hinchaban de higrimas. Ahora que era ya esbelta y bella;
llenábasele el pecho de vagos supiros; y espanto más
hondo la sobrecogía siempre que aparecía á su vista el
sefior Enguerrando.
Moraba en separada torrecila ocupada en bordar lucientes pendones, descansando del trabajo en la. oración,
contemplando desde su ventana. la esmeralda. del campo
y el azul de los cielo!'. ¡Cuántas veces, abandonando el
lecho por la noche, había mirado las estrellas! y 1cuántas
su corazón de diez v seis abriles se había eleva.do hacia
el ceruleo palio, preguntando á sus radiantes hermanas
lo que de tal modo podía agitarla! Tras estas noches sin
sueño, tras estos transportes de amor; tentaciones tenía de
suspenderse al cuello del anciano caballero. Pero una pa·
labra dura, una fría mirada la paralizaban, y, temblorosa, recogía la. aguja. ¡Oh! Ninón, ¡compadeces á la pobre
doncella! Era cual fresca y embalsamada flor que ve su
brillantez y aroma desdefiados.
Un día, la desolada Odeta, que seguía con la vista dos
tórtolas errantes, ovó u na voz suave á los pies del casti•
llo. Inclinando su trente vió á un apuesto doncel que reclamaba la hospitalidad cantando. Escuchó, sin lograr
comprender las palabras, pero la dulce voz la. oprimía el
seno, y el llanto corría, lento, por sus mejillas humedeciendo una rama de mejorana. que tenía en la mano.
El castillo no se abrió y un hombre de armas gritó desde una almena:-,,Retiraos, sólo hay aquí guerreros.» Seguía mirando Odeta, y dejó caer el tallo de mejorana.que
fué á dar á las plantas del mancebo. El cual, alzando el
rostro, viendolla cabecita rubia, besó el ramo y se alejó,
no sin volverse ¡Í cada paso.
Cuando hubo desaparecido, echada. en su reclinatorio,
oró largó tiempo Odeta, dando gracias á los cielos sin que
supiera por 9ué¡ sentíase jubilante, aunque ignorase la
causa de su jubilo.
Hermoso ~ueño tuvo aquella noche. Creyó ver el tallo
de mejorana que arrojara. Con despacio, de las trémulas
hojas surgió una hada, una hada toda gracia, con dos alas
de llama, corona de miosotis y larga falda verde, color de
esperanza.
-Odeta, dijo· con harmonioso acento, yo soy la hada
Amorosa, y yo te envié esta mañana á Loís, el doncel de
voz suave: yo soy quien vió tu llanto y ha querido secarlo. :\Ii sino es andar el mundo recogiendo corazones y
uniendo lo~ que suspiran. Yisito chozas y palacios y á
menudo me ha encantado unir el cayado al cetro de los
reyes. Flores vierto á las plantas de mis protegidos y los
encadeno con tan brillantes y preciosos hilos que sus corazones tiemblan de gozo. Moro en las hierbas de las
sendas, en los relucientes tizones del atrio, allá en invierno, en las cortinas del lecho marital, y allf, do poso el pié,
brotan los besos y las cántigas tiernas. No llores más,
Odeta; soy Amoro~a, la hada amable, y vengo á secar tu
llanto.
Y se ocultó en la flor que, cerrando el broche, fué de
nuevo capullo.
Bien sabes tu, ¡oh! Ninón, que la ha.da Amorosa existe.
Mírala bailar en nuestro hogar y compadece á los pobres
que no crean en mi hermosa hada.
Al despertar Odeta, iluminaba el cuarto blanco rayo
de sol, a.lz,ibase en los aires el cantar de un pájaro, y el
viento matutino acariciaba sus doradas trenzas, perfumado con el primer be~o que dado había á las flores. Levan•
tóse la vírgen contenta, pasóse horas cantando, confiada
en lo que la dijera la hada. De vez en cuando contemplaba el campo, sonriendo á los fugaces pajaritos, movida por
arranques que la hacían brincar y dar palmadas.
Al caer la noche bajó á la grande sala. del castillo, donde, junto al conde Enguerrando, un caballero escuchaba
la voz del viejo. Tomó la rueca, sentóse ante el atrio donde cantaba un grillo y el hueso de mar.fil giró con rapidez
entre sus dedos. Metida en su trabajo, dirigió la vista al
caballero, descubrió entre sus manos el ramo de mejorana y reconoció á Loís el de la voz suave. A punto estuvo
de exhalar un ¡ay! de júbilo. Para ocultar su rubor se
inclinó hacia las cenizas y removió los tizones con larga
vara de hierro. El brasero chisporroteó, retociéronse las
llamas, luminosas chispas crujieron, y de pronto entre
ellas, apareció Amorosa, solícita y sonriente. Saciidió de
su falda verde las partículas inflamadas que corrían por
la seda, cual lentejuelas de oro; de un vuelo entró en la.
sala, yendo, invi"i ble para el conde, tí situarse tras los jóvenes. Y allí, mientras el viejo caballero refería tremebundo comb:\te contra los infieles, díjoles blandamente:
Amaos, 1:riatur-.1" mías.. Deja~ los recuerd?s á la vejez
austera, de¡adle la,; narraciones Junto á los tizones rojos.
Qne sólo el rumor de vuestros besos se mezcle al chisporroteo de la llama. Tiempo habr-á luego de endulzar vuestras penas recordando estas tan dulces horas. Cuando se

ama. á lo&amp;diez y seis años es inútil la voz; vale un largo
discurso una mirada. Amaos, criaturas mías, dejad que
hablen los viejos.
Y los ocultó con sus alas de tal modo que, el conde, que
explicaba como el gigante Buch, Testa de Fierro fué occiso con un tajo terrible de Giralda, la pesada espada, no
vió que Loís besaba. por primera vez la. frente de Odeta,
trémula.
Tengo que hablarte, Ninón, de las hermosas alas de mi
hada. Amorosa. Eran cual el cristal transparentes y ténues
como de abejorro. Pero, cuando dos amantes se hallaban
en peligro de ser vistos, crecían y se tornaban tan obscuras y tupidas, que detenían las miradas, sofocaban el ruido de los besos. Así fué que el anciano prosiguió mucho
tiempo su relato y mucho tiempo acarició Loís á Odeta,
en las barbas del malvado conde.
¡Oh! ¡Dios de Dios, qué hermosa.e alas eran! Ha.nme
dicho que, á veces, las hallan las doncellas, y más de una
vez se ocultan así de sus parientes. ¿Será verdad, Ninón?
Cuando hubo acabado el conde su tan largo relato, desapareció en las llamas la hada Amorosa, y se marchó J;,oís
dando gracias al huésped, enviando á Odeta un último
beso. Tan feliz durmió Odeta aquella noche, que soñó con
montafias de flores alumbradas por millares de astros,
más fulgentes que el sol cada uno de ellos.
'-Al~otro· día bajó al jardín, btL~cando las gl;;riefas-obscu:
ras: encontróse á un guerrero que saludó, é iba ú. alejarse
cuando vi6 entre sus manos el ramo de mejorana bañado
en llanto. Y de nuevo reconoció á Loís, el de la voz suave, que acababa de entrar en el castillo merced á otro
disfraz. IIízola sentar en un banco de musgo cercano de
una. fuente, y los dos se miraban exMticos de verse en
pleno día. Óantaban las currucas v sentíase en el aire
que por allí vagaba el hada bondadósa. No te diré cuantas palabras escucharon los discretos robles; era gozoso
ver charlará los enamorados; tanto duró que it un piíjaro
en un zarzal vecino, le sobró tiempo para hacerse un nido. De súbito resonó en la senda el paso del sefior Enguerrando y temblaron los dos amantes. Pero cantó más dulcemente el agua de la fuente, y Amorosa salió solícita y
sonriente de la clara linfa del manantial. Rodeó á los
amantes con sus alas y con ellos se deslizó ligera, pasando
junto al conde, sorprendido de haber o ido dos voces y de
no ver á nadie.
Meciendo á sus protegidos; les decía:-Soy la que pro·
tege los amores, la 9,ue cierro los ojos y los ofdos de los
que ya no aman. Nada temais, enamorados: amaos en
pleno día, en las sendas, junto á las fuentes, de quiera os
halléis. Y o velo por vosotros. Dios me ha mandado al
mundo para que los hombres, burladores d., toda. santidad, no turben vuestras puras emociones. }fa ha dado mis
prestigiosas alas diciendo: «Anda y que los pechos jóvenes se regocijen.» Amaos, yo velo sobre vosotros.
Y libando el rocío, su único alimento, arrastraba en
ale¡¡;re ronda á Odeta¡ Loís, enlazadas sus manos.
Me preguntarái qu hizo de los dos amantes? En verdad amiga, no me atrevo á. decírtelo. Temo que te niegues á creerme, ó que celosa de su sino, no me pagues
mis besos. Pero te veo curiosa y me será forzoso contentarte. Sabe, pues, que la hada corrió así hasta el caer
de la noche. Cuando quiso separar á los enamorados los
vió tan tristes de separarse, que les habló en voz baja.
Parece ser que les decía. algo hermosísimo, pues sus semblantes irradiaban dicha. Y cuando ella hubo hablado
y ellos consentido, tocó lea con su varilla en la frente.
De pronto......... ¡oh! ¡~inón, que ojazos abres de
a.sombro! !Qué patadita5 darías si no acabase!
De pronto Loís y Odeta fueron convertidos en ramas
de mejorana, mejorana tan bella, &lt;J,Ue sólo un hada puede hacerla igual. Estaban tan reurudas que sus hojas se
confundían. Eran maravillosas flores que debían permanecer abiertas, trasmutando eternamente sus perfumes y
rocío. En cuanto al conde Enguerrando, se consoló, según dicen, contando todas las noches cómo el gigante
Buch, Testa de Fierro, fué occiso con un tajo terrible
de Giralda, la pesada espada.
Y ahora, vNinón, cuando ayamos al campo buscarémos
as mejoranas encantadas para. preguntarles en qué flor
se halla la hada amorosa. Tal vez amiga mía, existe una.
moral en este cuento. Pero sólo te lo he dicho sentados
ante el atrio, para hacerte olvidar la lluvia de Diciembre
que bate los cristales, é inspirarte esta noche, un poco
más de amor por el joven entusiasta.
EMILIO

ZoL.-i.•

AI. OI.VIDO

¡Oh! tú, girón del tiempo que sombrío
Ocultas los placeres del pasado...... !
¿Por qué también, olvido, no has borrado
La pena que tortura el pecho mío?
Onda negra de un mar inmenso y frío,
Si en tu seno profundo se han ahogado
Mil recuerdos de amor ¿pcir qué has dejado
Vivir los del dolor en m1 albedrío......?
¡Cuán d11lce fueras si á. la vez que matas
Las memorias felices de la mente,
Con tus sombras cubriéra.slas ingratas!

}las, ¡ay! tu honor en agotar estriba
De los recuerdos plácidos la fuente,
Para dejar la de los tristes viva!

c.

CASTILLA,

DOIWlGO 24--0E ENUO DE 1897

EL MUNDO

hardilla con tanta grandeza como
en el campo de batalla.
No desde el principio Cervantes ha
alcanzado la perfección de semejante tipo. Se comprende qu~ lo ha concebido en una carcajada y que lo ha
terminado con eternecida sonrisa.
En la primera parte del libro, el poeta maltrata cruelmente á su héroe.
Pero luE&gt;go el artista se enamoró de
la creación, la purificó y la perfeccionó en todos sentidos. Mientras
más a,·anzaDon Quijote en su noveleeca campaiía, más crece en honor,
magnanimidad y justicia; los grotescos relieves que afeaban su noble perfil, se suavizan poco á poco; sus intervalos de lucidez aumentan: pa.rnn
días enteros sin accesos. Entonces
par&lt;'cc que Yernos á. Alfonso el sabio,
recorriendo Castilla, reformando leyes y pronunciando sentencias.
En la antigua Gr!'cia, cada isla, cada comarca tenía una divinidad especial, guerrero ó campesino, agricultor ó marino, adecuada al país y
moldeada sobre el canicter de sus habitante~. Este dios indígena le llenaba con su presencia y su influencia.
Sus est:íua.~ surgían en cada encrucijada, en cada cima; su leyenda estaba mezclada con la historia, sus
oráculos llenaban las grutas, allí se
respiraba su aliento con el aire.
Ideal 6 imaginario, como los dioses de la Grecia, Don Quijote como
ellos, ha tomado posesión del país
que le ha dado el s(,r: ahí está como
la divinidad del lugar. Su largo as•
pecto no abandona al viajero que
recorre la ~lancha y las dos Castillas. La aride-.i de las grises llanuras
recuerda la flaqueza del caballero
andante; el ,lspero perfil de las rocas
que erizan la e:;treéha vereda, represéntalo en pie sobre los estribos de su
flaco corcel. :No hay molino de viento
que no parezca provocarlo, ~e busca
su lanza en el ángulo obscuro de la
posada, en que atroces maritornes
sirven el rancio jamún y el vino con
sabor á cuero que constituían sus
sobrias comidas; se cree reconocer
su bizarra silueta entre las sombras
que la humeante lámpara recorta sobre la pared. Y parece que al descorrer las cortinas de sarga de la desvencijada cama á que os conduce la
hostelera, vais á encontrar á Don
Quijote sentado allí, con los ojos
fijos, el bigote atuzado, el rostro
vendado, envuelto en su sábana, co•
mo en una mortaja, tal como apa•
reció á doña Rodríguez, ó más bien,
tal como está el Uid, sobre su sepulcral sillón.
"En San Pedro Cárdena está
embalsamado el Cid, el vencedor
invicto de los moros y de los cristia•

I.AMODA.

AUNA NIÑA.

Al&amp;unos

Purísima: las estrellas
tachonan el firmamento,
y mustias las hojas huyen
arrancadas por el cierzo.
Puro, casto y esplendente
irradia tu pensamiento
como las estrellas blancas
que brillan alla. en el cielo,
y como las hojas secas
arrastradas por el viento,
a.sí se secan mis d:as
al soplo de los recuerdos.

modelos de tocados.

Peinados y corpiños, hé
aquí el asunto de nuestra plana de hoy, lectoras. No siempre hemos de mostraros la
elegancia. y riqueza de las faldas: habríamos al&amp;una vez
de ofreceros la nota ilustrada
de los caprichos de últin,1a
actualidad, respecto á los
peinados, y ahora encontraréis modelos que de fijo satisfarán aun á las más descontentadizas. Holgaría toda
explicación viendo los grabados y por lo mismo nos
abstenemos de darla, advirtiendo sólo que hemos hecho
la mM escrupulosa selecciól)
entre los tocados más bellos
que en este invierno están en
boga en Parí~. Acompafiamos á los modelos en cuestión varios figurines de 'corpifios de la más encantadora. fantasía.

***

Yen, oh Pura, y estas hojas
darán á tu pie pequefio
pobre alfombra, si la pisas
no escucharás un lamento.
Ven conmigo, y en la playa
juntos perlas buscaremos,
y te adornaré con ellas,
y con ellas te haré versos.
Ven conmigo, ven, oh nilia
purísima.; sólo quiero
ver la risa de tu boca
que es un botón entreabierto.

*

* qué no vienes?
¿Y por qué, *
por
¿Es que acaso tienes miedo?
¡Si solo vivo la vida
punzante de los recuerdos!
Tú eres virgen, yo cansado
ya por el mundo atravieso.......
¿Es que acaso te detienen
lejanos presentimientos?
No Purísima; más tarde
cuando en tu frente, de besos
lleves el surco, haz que entonces
n unca. más nos encontremos.
Porque, entonces impelidos
por huracanes opuestos,
cual dos llamas forman una,
dos fuegos harían un fuego.
¿Por qué huirlo?...... Es que hoy ignoras.
que ese a.mor se a.paga luego
y que quedan, torturantes,
las ceruzas del recuerdo .... .... .

DON Q U IJOTE.

«Si Don Quijote no fuera
más que una caricatura, no
hubiera conqui8tado tanto el
afecto de la humanidad. L'l.
imaginación humana es, en
el fondo, triste y seria. Entre
los séres ficticios, no admite
en su intimidad máR que á
losquelaconmueveny laen•
noblecen. Los bufones, cuando tienen ingenio, son á menudo apreciados de ella, y como los reyes de la edad media, ella. les concede toda licencia y se complace en su
compañía. Pero si permane•
cen sus favoritos no vienen

.
;:

***

Hoy no temas; ven conmigo,
ven con ánimo sereno;
tú eres virgen, yo cansado
ya por el mu ndo atravieso.
Ven, la. playa nos espera.
Ven oli Pura, y dir,1: creo
q_ue hay quien viva, que bay quien ría
sm tenaz remordimiento.
J. SÁNCIIEZ AzcóN.\,

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Algunos toc ados d e a c tu a lidad.

NOCTU RNOS TROPICAI.ES.
¡DIES IRJE I

Vago rumor desciende de la sierra
Al valle solitario,
Y una nube gigante crece, crece
Y cubre todo e1 sur en vuelo raudo.
Un relámpago lívido serpea
Y azota el negro espacio,
Y un trueno inmenso su fra"'or difunde•
por las cavernas de rugiente~ antros.
De jaguares hambriento~ la jauría
Lanza aullido lejano:
Po! la terrible noche protegida,
BaJa, cobarde, al indefenso campo.
En el aduar la escucha la. vacada
y mugiendo de espanto '
Sacude la cabeza formidable
Irguiéndose y un círculo estrechando.
Anchas gotas de lluvia se desprenden,
De los cúmulus bajos,
Y despedazan su cristal vibrante
Al chocar en los áridos peñascos.
Presto desencadena todo el cielo
.
Sus aguas, que silbando
Barridas por los vientos, culebrean
Y su oleaje aéreo causa espanto.
Vuelan gemidos hondos, penetrantes,
De clamor funerario:
¡Es la danza macabra de las brujas!
¡Esel coyotl, que se lamenta aullando!
Y en medio á la terrible sinfonía
Se oye el lúgubre canto,
En la barra.oca. estrecha y tenebrosa.,
Del órgano salvaje de los cactus.
RUBEN M.

CAMPOS~

Pein ado d e Soi rée.

á ser nunca sus amigos. Cierto desprecio se-mezcla á la
· ªlegría q ne inepiran: regocijan el espíritu pero el corazón
les queda cerrado. La. desgracia que el viejo Falstaff sufre
no enternece á nadie; puede Panurgo ahogarse con sus
carneros sin conmovernos; y la agonía de Scapin, en la
comedia de Moliére, aun cuando fuera real y no fingida no
entrietecería ni un momento la alegría de sus Embmtes.
~1:1 Quijote, al contrario, nos conmueve á la vez que nos
divierte¡ se hace respetar al hacernos reir, y los burlones
•endurecidos compadecen secretamente sus infortunios.
Es que e l valiente Caballero de la :\lancha oculta. el
alma. de un héroe bajo el saco de un loco, y q~e sus actos mM ab~urdos no son más que la desviación de una
idea sublime. Protegerá los débiles, castigará los malva·d?s, enderezar entuertos, desfacer agravios, ejercer la. magistratura del acero vengador en todos los caminos reales
de la v~da hum:llla: he aquí el programa de su empresa.
Sus qmmeras tienen el vuelo de las águilas su locura se
cierne sobre él con las alas de la victoria. '
Tal es Don Quijote, el ideal hecho carne, la abstracción
hec~a hombre. Sobre la visera de su grote~t-0 casco está
escnto un desafío al mundo exterior: •¿Qué hay de nueV!) entre ':ºs&lt;;&gt;tros y yo? La realidad se,venga del desprecio que pubhcamente, tiene para ellas con crueles repre-

,

salias: detiene con los más
viles obsMculos sus más
arrogantes empujes: vuelve poh•o sus más hermo·
sas visiones. Todos sus
sueños se derrnmban, sus
fantasmas se désfiguran.
Toma una sórdida venta
por un magnífico :palacio
y á horroro!'as ::IIaritomes
por una deslumbradora
sultana. Cada hazafia termina en revuelta indescriptible: conquista una
bacía, pro,·oca uno~ molinos de \'iento, revienta
unos cueros, hace pedazos unos manequíes, vence clérigos y monje~. El
peligro, aun cuando es serio, no lo toca: los leones
de quienes abre la jaula,
le vuelven desdefiosamente la espalda, los toros lo pisotean sin darle
conloscuernos. "Veáque
te maten á otro parte!"
Así parece que le dicen
las cosas ó los séres provocados por él. La fatalidad corresponde á las
estocadas con palizas.

.

M odelos de prendas pa ra rec e pción.

Es~ es ~do: s.embrando absurdos beneficios, recoge inmerec1da mgra.t1tud. Las falsas víctimas de que se declara defensor se vueh•en contra él con irritados semblantes. Sancho sólo se engaña durante una hora. Don Quij&lt;;&gt;te desde _el principio hasta el fin de la. cruzada, salta hacia lo sublime y cae sobre el ridículo.
Y sin embargo, el Ca.ballero de la ::lfancha sigue siendo
noble Y grande en medio de las decepciones que lo abru•
Il;lan. BurlM~o por todos, es in\,ilnerable ante el desprecio. To~o miente en su derredor excepto su valor. Con
el heró1co furor de un valiente de Romantesco se baiia
en la sangre de los cueros; cae en el piso d~ una bo-

nos. Está sentado en su sillón; su noble y valiente persona ha sido vestida y adornada; su rostro lleno de gra.vedad, esta descubierto. Tiene á su lado su famosa espada Tizona. No parece muerto sino vivo y muy honrado.
PABLO DE SAIXT VICTOR.

Vivimos con nuestros defectos como con los perfumes
que llevamos encima: ya ni siquiera los sentimos; y sólo
incomodan á los demás.
.Mad. de Lambert.

�EL MUNDO

PAGINAS CURIOSAS
EL POLVO EN LA NATURALEZA.

Sin polvo no veríamos azul el firmamento; el cielo estaría más negro que en noches sin luna. En ese fondo
obscuro brillaría el sol con aguda intensidad, y la superficie de la tierra estaría caracterizada por vivos contrastes
de luz intensa y obscuridad profunda. La luna y las estrella&amp;--viaibles durante el día-apenas podrían mitigar
un tanto esos cambios bruscos. La iluminación de la tierra sería semejante á la que se observa en la luna, cuando se la mira por un telescopio; porque en nuestro satélite no exie:te envoltura atmosférica y no hay, por consiguiente, polvo en suspensión.
Al polvo que flota en nuestra atmósfera debemos del
todo el goce de una luz suave y uniforme-para la cual
están nuestros órganos visuales adaptados especialmente
-y nada contribuye más :í la belleza y varied~d de los
paisajes que ese mismo menudo polvo.
- Acabamos de ver cómo el polvo hace luminosa toda la
bóveda celeste. pero falta explicar por qué se reflejan de
preferencia los rayos azules de la luz blanca del sol, mientras que los verdes, amarillos y rojos casi no sufren esa
perturbación. Todo depende del tamaño de las partículas
de polvo que flotan en el aire. Las corrientes aéreas, apenas tienen fuerzas para llevar á todas las capas atmosféricas las mils menudas partículas, y solamente éstas son
las de significación en el fenómeno eri cuestión.
Basta en efecto, considerar el mecanismo de la luz y la
brevedad y ~quefiez de las olas del éter, que constituyen la esencia de aquella. Esae olas varían muchísimo en
longitud, aunque todas son de tamafios microscópicos.
El menudo polvo atmosférico contiene muchas partículas
suficientemente grandes para reflejar las olas cortas del
éter, características del color azul, mientras que se encuentran pocas apropiadas para reflejar las olas correspondientes al verde y al amarillo, y más raras aún las
que podrían quebrar las largas olas etéreas del color rojo.
De aquí que la luz roja pase por la nube tenue de polvo
que nos circunda y nos envuelvei sin que sufra mayor alteración. Los rayos azules, por e contrario, son interceptados y esparcidos y se vuelven visibles. Por esta razón,
el más menudo polvo, y así también la atmósfera, aparecen azules.
Pocos habrán dejado de observar que la corona de humo que se forma cerca de la parte encendida de un cigarro es azúl, al p~so que el ~u~o que se exhala y pasa de
allí es blanquecmo. En el ultimo caso, "las partículas ya
unidas pueden reflejar la luz blanca. Así también, en los
campos, en días despejados, el cielo se presenta de un bello color azul, mientras que la atmósfera de las ciudades
se ve.blanquecina, ácauea de las gruesas partículas en suspenS1ón.
El intenso color azul del cielo se observa especialmente en las grandes alturas de las montañas, porque la atmósfera, enrarecida ya, apenas puede soportar partículas
de po1vo muy menudas, y si se lograra ascender lo suficie nte, hasta que desaparecieran casi por completo, se vería n egra la bóveda celeste. Cuando se dirige la vista á
0

las capas inferiores de la atmósfera, en el horizonte, todo
palidece.
Pero cabe preguntar: ¿por qué el cielo de Italia y el de
los trópicos es de un azul más intenso que en otras ~rtes? ¿Será que el pol,o es más menudo en estas localidades? A la verdad que lo es; no porque allí no se levante
pol'l"o grueso, sino porque en esos climas las partículas de
polvo pronto se saturan de humedad y se vuelven más
grandes y pesadas. Al contrario, en las regiones cálidas,
el vapor de agua no se condensa tan presto en los polvos
flotantes, y solamente se convierte en nubes cuando ha
sido arrastrado por las corrientes de aire á grandes alturas.
Réstanos considerar, sin duda, el papel más importante que desempeñan las partículas de polvo en la Naturaleza: su influencia para terminar las lluvias, por la condensación del vapor acuoso en torno de ellas, como núcleo. Se puede aceptar como hecho comprobado, que de
toda el agua evaporada por el calor solar de la superficie
de los mares, ni una sola gota vuelve á descender sin que
haya sido condensada sobre una partícula de polvo. La
demostración es sencilla. Tómese un vaso de regular tamafto y llénese de aire filtrado por un filtro grueso de algodón, hasta que todas las particulas de polvo que existen
en el aire hayan desaparecido. Diríjase luego una corriente de vapor de agua al mismo vaso, y se observará
que permanece completamente transparente, y por consigruente imvisible, sin la apariencia nublada familiar á
todo mundo. Se notará, sin embargo, que las paredes internas del vaso principian á bumedt&gt;eerse, porque el vapor se condensa ~ n ene caso á medida que se enfría. Pero si en lugar del aire purificado, se sopla aire ordinario,
cargado de polvo, inmediatamente se tormará una nube
de vapor, y poco á poco principiará 1t caer en el vaso una
lluvia menuda, debida á la pronta condensación sobre las
partículas de polvo.
Así, pues, sin polvo atmosférico no tendríamos nieblas, nubes, lluvias y nevadas; no gozaríamos de brillantes y hermosas puestas de sol; no agradaría nuestra
vista un cielo profundamente azul. La superficie misma
de la tierra; los árboles, las casas, los animales y hasta el
hombre, serían los únicos objetos en donde el vapor
acuoso vendría á condensarse, y tan pronto como el aire
ll~ra _á enfriarse lo su~cient~, todo quedaría empapado.
En invierno, todo estaria cubierto de una costra de hielo. Nuestros vestidos seeaturarían de humedad y de nada servirían abrigos y paraguas. El aiie, cargado de humedad, penetraría basta el interior de nuestras habitaciones y los muros y muebles se humedecerían contínuamente. En una palabra, el mundo que habitamos
sería enteramente distinto, si no existiera el polvo en
los espacios.
Apenas los hombres de ciencia principiaron á darse
cuenta del papel importate que desempeña el polvo en la
Naturaleza, se apresuraron á poner los medios para contar el número de partículas en un espacio dado. En Londres y en París, en la superficie, se ha hallado que un
centímetro cúbico de aire, contiene poco menos de un
cuarto ?e millón ele partfc;~las de polvo en suspensión.
En la cima de la torre de E1ffel se cuenta apenas la mitad de este número, mientras que en las cumbres más

DOMINGO

24

DE ENERO DE

1asn

el!lvadas de los Alpes, no hay sino doscientas partículas
por centrímetro. Gran parte del polvo que se encuentra
en las altas regiones de la atmósfera, es polvo cósmico,
compuesto de hierro y carbono, como los demás meteoritos.

J.

DB LA

C.

•

POSADA.

=== === ===== ==- - -

NUMERO 5.

TOMO 1,

CHA.RITAS.

A Yicente de Paul, nuestro Rey Cristo.
Con dulce lengua dice:
-Hijo mío, tus labios
Dignos son de imprimirse
En la_herida que t:l ciego
En mi costado abrió. Tu amor sublime
Tiene sublime premio: asciende y goza
Del alto galardón que conseguiste.
El alma. de Yicente llega al coro
De los alados Angeles que al triste
2\fortal custodian: eran más brillantes
Q~e los celestes astros. Cristo, sigueDi¡o al amado espíritu del Santo.y e entonces la región en donde existen
Los augustos Arcángeles, zodiaco
~ di:1-mantina nieve, indestructible
EJército de luz y mensajeras
Castas palomas ó águilas insignes.
Luego la majestad esplendorosa
Del coro ~e. los Príncipes
Que las d1vmas órdenes realizan
Y en el humano espíritu presiden;
El coro de las altas Potestades
Que al torrente infernal levantan diques·
El coro de las místicas Virtudes
'
Las huellas de los mártires
'
Y las intactas manos de las vírgenes·
El coro prestigioso
'
Delas Dominaciones que dirigen
Nuestras almas al bien, y el coro excelso
De los Tronos insignes,
Que del Eterno el solio
Cariátides de luz indefinible,
Sostienen por los siglos de los siglos,
Y el coro de Querubes que compite
Con la antorcha del sol.
Por fin, la gloria
De teológico fuego en que ee erigen
Las llamas '\ivas de inmortal esencia.
Cristo al Santo bendice
Y así penetra el Serafín de Francia
Al coro de los ígneos Serafines.
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ED.PINIUD

loe grandes artistas son poco habladores.

En Zuric~ ha podido yerse al gran poeta G. Keller, y
al célebre pmtor Ronckm, sentados uno junto al otro en
el café, pasar horas enteras sin pronunciar más que diez
ó doce palabras.
Mr. A. Zullivan refiere lo mismo de Rubinstein.
-Una noche-dice-fuí á visitará Rubinstein al hotel
donde se hospedaba. l\Ie dió un apretón de manos salimos á una galería, me dió un cigarro de papel, nos ~ntamos uno fren_te al _otro, en cómodas. mecedoras; después
de un largo silencio pregunté á Rubmstein:
--Os agrada mucho Beethoven, ¿no es verdad?
-Sí.

-¿YWagner?
-No.
Lu~_go seguimos meciéndonos y fumando; á las dos horas d1Je:
-Es tiempo ya de retirarme.
-No, no--conteetó Rubinstein.-¡Se habla tan á gusto
con vos!
. Me quedé y continuamos meciéndonos y fumando. Hacia la madrugada me levanté y exclamé:
-Me marcho: hemos hablado ya bastante.
Rubinstein sacó su reloj, y viendo la hora afladió:
-¡Las dos y medial.. .... ¡Es extraordinario lo pronto
que pasa el tiempo cuando se está en agradable compañía!

PARIS-37,Bou}ddeStrasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

Cft~ ~t/za
PERFUME ])ELIO.A...DO y PERSISTENTE

"~Iuerto á la libertad, nació á la historia
Y es eu sepulcro el templo de la gloria!n'
Un aerolito:
-Id y preguntad al mundo de que yo formé parte; que
hizo de los sepulcros -de sus sabios y de sus héroes.

G.

GA:RCIA HAM!LTO~••

crrcrkicnes

ae

Gmor.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

PAGINAS CURIOSAS
EL POLVO EN LA NATURALEZA.

Sin polvo no veríamos azul el firmamento; el cielo estaría más negro que en noches sin luna. En ese fondo
obscuro brillaría el sol con aguda intensidad, y la superficie de la tierra estaría caracterizada por vivos contrastes
de luz intensa y obscuridad profunda. La luna y las estrella&amp;--viaibles durante el día-apenas podrían mitigar
un tanto esos cambios bruscos. La iluminación de la tierra sería semejante á la que se observa en la luna, cuando se la mira por un telescopio; porque en nuestro satélite no exie:te envoltura atmosférica y no hay, por consiguiente, polvo en suspensión.
Al polvo que flota en nuestra atmósfera debemos del
todo el goce de una luz suave y uniforme-para la cual
están nuestros órganos visuales adaptados especialmente
-y nada contribuye más :í la belleza y varied~d de los
paisajes que ese mismo menudo polvo.
- Acabamos de ver cómo el polvo hace luminosa toda la
bóveda celeste. pero falta explicar por qué se reflejan de
preferencia los rayos azules de la luz blanca del sol, mientras que los verdes, amarillos y rojos casi no sufren esa
perturbación. Todo depende del tamaño de las partículas
de polvo que flotan en el aire. Las corrientes aéreas, apenas tienen fuerzas para llevar á todas las capas atmosféricas las mils menudas partículas, y solamente éstas son
las de significación en el fenómeno eri cuestión.
Basta en efecto, considerar el mecanismo de la luz y la
brevedad y ~quefiez de las olas del éter, que constituyen la esencia de aquella. Esae olas varían muchísimo en
longitud, aunque todas son de tamafios microscópicos.
El menudo polvo atmosférico contiene muchas partículas
suficientemente grandes para reflejar las olas cortas del
éter, características del color azul, mientras que se encuentran pocas apropiadas para reflejar las olas correspondientes al verde y al amarillo, y más raras aún las
que podrían quebrar las largas olas etéreas del color rojo.
De aquí que la luz roja pase por la nube tenue de polvo
que nos circunda y nos envuelvei sin que sufra mayor alteración. Los rayos azules, por e contrario, son interceptados y esparcidos y se vuelven visibles. Por esta razón,
el más menudo polvo, y así también la atmósfera, aparecen azules.
Pocos habrán dejado de observar que la corona de humo que se forma cerca de la parte encendida de un cigarro es azúl, al p~so que el ~u~o que se exhala y pasa de
allí es blanquecmo. En el ultimo caso, "las partículas ya
unidas pueden reflejar la luz blanca. Así también, en los
campos, en días despejados, el cielo se presenta de un bello color azul, mientras que la atmósfera de las ciudades
se ve.blanquecina, ácauea de las gruesas partículas en suspenS1ón.
El intenso color azul del cielo se observa especialmente en las grandes alturas de las montañas, porque la atmósfera, enrarecida ya, apenas puede soportar partículas
de po1vo muy menudas, y si se lograra ascender lo suficie nte, hasta que desaparecieran casi por completo, se vería n egra la bóveda celeste. Cuando se dirige la vista á
0

las capas inferiores de la atmósfera, en el horizonte, todo
palidece.
Pero cabe preguntar: ¿por qué el cielo de Italia y el de
los trópicos es de un azul más intenso que en otras ~rtes? ¿Será que el pol,o es más menudo en estas localidades? A la verdad que lo es; no porque allí no se levante
pol'l"o grueso, sino porque en esos climas las partículas de
polvo pronto se saturan de humedad y se vuelven más
grandes y pesadas. Al contrario, en las regiones cálidas,
el vapor de agua no se condensa tan presto en los polvos
flotantes, y solamente se convierte en nubes cuando ha
sido arrastrado por las corrientes de aire á grandes alturas.
Réstanos considerar, sin duda, el papel más importante que desempeñan las partículas de polvo en la Naturaleza: su influencia para terminar las lluvias, por la condensación del vapor acuoso en torno de ellas, como núcleo. Se puede aceptar como hecho comprobado, que de
toda el agua evaporada por el calor solar de la superficie
de los mares, ni una sola gota vuelve á descender sin que
haya sido condensada sobre una partícula de polvo. La
demostración es sencilla. Tómese un vaso de regular tamafto y llénese de aire filtrado por un filtro grueso de algodón, hasta que todas las particulas de polvo que existen
en el aire hayan desaparecido. Diríjase luego una corriente de vapor de agua al mismo vaso, y se observará
que permanece completamente transparente, y por consigruente imvisible, sin la apariencia nublada familiar á
todo mundo. Se notará, sin embargo, que las paredes internas del vaso principian á bumedt&gt;eerse, porque el vapor se condensa ~ n ene caso á medida que se enfría. Pero si en lugar del aire purificado, se sopla aire ordinario,
cargado de polvo, inmediatamente se tormará una nube
de vapor, y poco á poco principiará 1t caer en el vaso una
lluvia menuda, debida á la pronta condensación sobre las
partículas de polvo.
Así, pues, sin polvo atmosférico no tendríamos nieblas, nubes, lluvias y nevadas; no gozaríamos de brillantes y hermosas puestas de sol; no agradaría nuestra
vista un cielo profundamente azul. La superficie misma
de la tierra; los árboles, las casas, los animales y hasta el
hombre, serían los únicos objetos en donde el vapor
acuoso vendría á condensarse, y tan pronto como el aire
ll~ra _á enfriarse lo su~cient~, todo quedaría empapado.
En invierno, todo estaria cubierto de una costra de hielo. Nuestros vestidos seeaturarían de humedad y de nada servirían abrigos y paraguas. El aiie, cargado de humedad, penetraría basta el interior de nuestras habitaciones y los muros y muebles se humedecerían contínuamente. En una palabra, el mundo que habitamos
sería enteramente distinto, si no existiera el polvo en
los espacios.
Apenas los hombres de ciencia principiaron á darse
cuenta del papel importate que desempeña el polvo en la
Naturaleza, se apresuraron á poner los medios para contar el número de partículas en un espacio dado. En Londres y en París, en la superficie, se ha hallado que un
centímetro cúbico de aire, contiene poco menos de un
cuarto ?e millón ele partfc;~las de polvo en suspensión.
En la cima de la torre de E1ffel se cuenta apenas la mitad de este número, mientras que en las cumbres más

DOMINGO

24

DE ENERO DE

1asn

el!lvadas de los Alpes, no hay sino doscientas partículas
por centrímetro. Gran parte del polvo que se encuentra
en las altas regiones de la atmósfera, es polvo cósmico,
compuesto de hierro y carbono, como los demás meteoritos.

J.

DB LA

C.

•

POSADA.

=== === ===== ==- - -

NUMERO 5.

TOMO 1,

CHA.RITAS.

A Yicente de Paul, nuestro Rey Cristo.
Con dulce lengua dice:
-Hijo mío, tus labios
Dignos son de imprimirse
En la_herida que t:l ciego
En mi costado abrió. Tu amor sublime
Tiene sublime premio: asciende y goza
Del alto galardón que conseguiste.
El alma. de Yicente llega al coro
De los alados Angeles que al triste
2\fortal custodian: eran más brillantes
Q~e los celestes astros. Cristo, sigueDi¡o al amado espíritu del Santo.y e entonces la región en donde existen
Los augustos Arcángeles, zodiaco
~ di:1-mantina nieve, indestructible
EJército de luz y mensajeras
Castas palomas ó águilas insignes.
Luego la majestad esplendorosa
Del coro ~e. los Príncipes
Que las d1vmas órdenes realizan
Y en el humano espíritu presiden;
El coro de las altas Potestades
Que al torrente infernal levantan diques·
El coro de las místicas Virtudes
'
Las huellas de los mártires
'
Y las intactas manos de las vírgenes·
El coro prestigioso
'
Delas Dominaciones que dirigen
Nuestras almas al bien, y el coro excelso
De los Tronos insignes,
Que del Eterno el solio
Cariátides de luz indefinible,
Sostienen por los siglos de los siglos,
Y el coro de Querubes que compite
Con la antorcha del sol.
Por fin, la gloria
De teológico fuego en que ee erigen
Las llamas '\ivas de inmortal esencia.
Cristo al Santo bendice
Y así penetra el Serafín de Francia
Al coro de los ígneos Serafines.
RUD!l:N D..uúo.

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ED.PINIUD

loe grandes artistas son poco habladores.

En Zuric~ ha podido yerse al gran poeta G. Keller, y
al célebre pmtor Ronckm, sentados uno junto al otro en
el café, pasar horas enteras sin pronunciar más que diez
ó doce palabras.
Mr. A. Zullivan refiere lo mismo de Rubinstein.
-Una noche-dice-fuí á visitará Rubinstein al hotel
donde se hospedaba. l\Ie dió un apretón de manos salimos á una galería, me dió un cigarro de papel, nos ~ntamos uno fren_te al _otro, en cómodas. mecedoras; después
de un largo silencio pregunté á Rubmstein:
--Os agrada mucho Beethoven, ¿no es verdad?
-Sí.

-¿YWagner?
-No.
Lu~_go seguimos meciéndonos y fumando; á las dos horas d1Je:
-Es tiempo ya de retirarme.
-No, no--conteetó Rubinstein.-¡Se habla tan á gusto
con vos!
. Me quedé y continuamos meciéndonos y fumando. Hacia la madrugada me levanté y exclamé:
-Me marcho: hemos hablado ya bastante.
Rubinstein sacó su reloj, y viendo la hora afladió:
-¡Las dos y medial.. .... ¡Es extraordinario lo pronto
que pasa el tiempo cuando se está en agradable compañía!

PARIS-37,Bou}ddeStrasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

Cft~ ~t/za
PERFUME ])ELIO.A...DO y PERSISTENTE

"~Iuerto á la libertad, nació á la historia
Y es eu sepulcro el templo de la gloria!n'
Un aerolito:
-Id y preguntad al mundo de que yo formé parte; que
hizo de los sepulcros -de sus sabios y de sus héroes.

G.

GA:RCIA HAM!LTO~••

crrcrkicnes

ae

Gmor.

�"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
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MÉXICO

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mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa,·os.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

cuadro palpitante, impregnado de obscuros manchones,
que no ha agradado á. los chauvini8teS franceses, y que tampoco será del agrado de ciertos periodistas extranjeros
residentes en nuestra República.
Es cierto, dic.:: Fouquier en las columnas del Fígaro, este
cuadro se horrible. ¿Pero por qué rehusarse á verlo? ¿Porqué atenuar los colores? El patriotismo no consiste en
ocultar los defectos de un hombre, los desalientos de un
ejército, de un pueblo entero. Xegar la falta es propio de
la debilidad de los niños. Lo viril es reconocerla, expiarla y repararla.
Estas enérgicas frases indican que ya principia á abrirse
paso, it través de arraigados prejuicios sociales la voz de
la verdad, que es la única que debe informar al patriotismo de buena ley, sincero y robusto.

QH cDl.cta10 bd gigantr.

Es indudable que la proximidad de los Estados Unidos
ha de influir por modo poderoso en el desarrollo material, económico y político de nuestra República. La nación vecina no es solamente un amplio mercado de conRÉGISTRADO OOMO ARTÍCULO DE SEGt:XD.\ CLASE.
sumo para los productos nacionales, sino también un foco de aonde recibimos buenas ráfagas de luz. )Iéxico se
«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Canadá encuentra füicamente colocado en condiciones ventajoThe Spanish American Newspaper Company, 136 Liber- sas para aprovecharse de una civilización que, dígase lo
ty St. New York, E. U.»
que se quiera, y hecho el balance entre las cantidades positivas y las negativas de la cuenta corriente abierta por
esta nacionalidad al progyeso, siempre arroja un saldo
favorable.
Inyecciones saludables de capitales americanos han venido á. difundirse por nuestras arterias sociales, que de.Sitmpre tl jocobinhnno.
vuelven en oleadas de riqueza pública las energías que
les han sido transmitidas. Las enseñanzas de un pueblo
Un diario de esta Capital acaba de acusar de inconRe- fortalecido en el trabajo, repleto de actividades, diligente
cuencia á otro colega, que, habiendo elogiado sinceramen- y luchador por la existencia, al ponerse en contacto con
te el nuern plan de estudios de la Escuela Preparatoria, nuestra anemia tradicional, ha de arrancarnos de ese maha expresado sus temores de que el tiempo asignado á. ca- rasmo en que yacemos, y en la lucha de la competencia,
da materia no baste para adquirir un conocimiento com- el trabajo mexicano ha de salir fortalecido y sano.
pleto. Es un vicio de nuestro caTácter no admitir sino
Y este fenómeno ya lo estamos observando: al alicienuna aduú1•r,1·i6n inrondicional ó una feroz intolcranrin hacia te de una demanda creciente de productvs mexicanos
toda mate1iade opinión por la prensa. Los periodistas es- hemos visto ensancharse la labor de los campos, los sala:
tán obligados á mostrarse de un horrible radicalismo, sea rios ameritan su tipo, se incorporan nuevos capitales á
en pro ó en contra de determinada idea, y el que se per- la tierra, y los cuadros de exportación acusan una alza
mite el lujo de desviarse un cienmilímitro de esta lfnea constante.
de conducta, trazada de antemano por una ley inflexible,
Y si en el campo econó1nico la influencia americana se
como una varilla de acero, corre el riesgo de ser envuel- traduce en un movimiento en pro de la .i:iqueza pública,
0
to en un proceso público como üico11. cc1u11te con sus en el terreno de la política llégannos excelentes suplos de
ideas.
un pueblo robustecido en el ejert.:icio de las instituciones
En el fondo de todas estas explicacione¡, aparece el jaco- liberales, severo admirador de las leyes y exacto en el
binfamo &lt;,on su criterio de sect¡¡rio y su programa de per- cumplimiento de sus deberes. ¿Cómo han de pasÍlr inadseguidor. Así, los partidos políticos ban sido, durante vertidos estos hechos para los que, como nosotros, colargos años, instrumentos de odios desenfrenados, de menzamos á hacer nuestros primeros aprendizajes en
n:,ncore~ interminables, ima~inando cada uno para su la Democracia?
adversario planes de extermmio, fórmulas de tortura,
Como fenómeno digno de mención, recordaremos que
irreconciliables, no ya en sus elementos constitutivos, mejoras de la importancia de la instalación del teléfouo
sino en hechos y principios comunes á la especie huma- y el alu,m~rado eléctrico se han util\zalo en la Capital de
11a. Un buen liberal no debía estar nunca de acuerdo con la Repubhca, mucho antes que eu importantes capitales
un conservador sobre niiiq11m( materia, y un buen conser- europeas.
vador se encontraba en el debn de no aceptar ninguna
Como en los tiempos de Yoltaire, la luz l'iene siempre del
afirmación de un liberal c1ud1J11iem 911e ella (uese. De este Xorte!
modo se era fiel al grupo á que se pertenecía, aunque se
desertase de la verdad y de la justicia.
Semejante criterio es el que ha creado el sistema de la
condicionalidad absoluta é indiscutible, sólida como una
pirámide igipcia y resistente corno un muro de gr-anito.
En virtud de esta doctrina, lo ac~ba de decir un periódico, el hombre que protesta guardar y hacer guardar una RESUMEN.-EI Senado americano y la cuestión de
ley, jamás tiene el derecho de juzgar esta ley, ni presenCuba.-Denuncias y acusaciones.-España y Estatar las observaciones y las modificaciones que este juicio
dos Unidos.-EI fin de una adminis\ración.-EI Conle inspire; todo el que haga conocer las deficencias de una
de Mouravieff en París, y el Presidente Faure en San
legislación á la que se halla sometido, sení considerado coPetersburgo.-¿Esperanzas ó amenazas?
mo un ap6R/&lt;Ila y_ un traidor. y aunque hasta en los concilios se ha discutido la infalibilidad de los Papas, los liberales pertenecientes á esta escuela, han hecho pasar el óleo
¡Cuánta actividad la desplegada por el Senado americasanto .de los_ungidos del Señor á la cabez-a de los legisla- no en estos últimos días! La cuestión de Cuba, palpitandores.
te de interés, el tratado de arbitraje general cou la Gran
En virtud de este criterio también, un escritor públi- Bretaña en el que están fijas las miradas del mundo el Caco 9-ue se muestra conforme con. el espíritu de un prin- nal de Nicaragua, donde se puéde decidir la predo~inancipio cualquiera, esM forzado á mostrarse igualmente cia de los Estados U nidos sobre el hemisferio occidental
conform~ CO? la forma en que se aplique este principio, han sido las tareas preferentes á que se han dedicado en 1l
y el partidario de la pena de 1twede debe aplaudir que se alta Cámara. La proposición de l\Ir. Camerún que al
principio de este periodo legislati v0 fué como el 'botafueaplique ésta á los inocentes.
Tan absurdo ra~ical_ismo es impr~pio de _hombres que go que incendió en patrio~ismo los corazones e~pañoles
pretenden haber limpiado sus espíritus de irritantes pre- ha 1:ido el asunto principal, y sostenida por otro senado;
J';lici~s políticos y f~ndir en una harmonía general con- que en elocuente frase ha estudiado el asunto desbordánciencias entenebrecidas por pasiones deprimentes ya dose en acusaciones contra el gobierno y la dirección cipor fortuna calmadas y adormecidas en la nueva e'tapa vil y m_ilitar de Cuba y ensalzando á los rebeldes que en
la mamgua luchan desesperados por la soñada indepenque ha comenzado á recorrer la República.
dencia, ha sido el odjetivo de la pasada semana.
Y no es sólo el orador americano el que en los pasados
días ha lanzado tremendas acusaciones contra el General
\\'eyler, periódicos españoles de no escasa importancia se
han atrevido á desc':lbrir la llagaq~e _la corroe, han mosEn Francia, como en México, se ha comenzado á hacer trado en toda su honble desnudez nc10s y miserias en la
una saludable campaña contra ese sentimiento malsano administración pública de la Gran Antilla, denunciándoq'!-e, piet!lndiE;ndo tener sus orígenes en el amor á lapa- los á la Nación señalándolos al Gabinete responsable
t!'.'Ja, se me~ a reconocer todo hecho que acusa una debí - para que acuda su remedio.
Mas así como los hechos denunciados por El Heraldo y
h~d, ~n v1c10, un defe?to, ó una vergüenza nacional. Un
periodista francés, ~nnque Fouquier, acaba de defender El Imparcial de Madrid, causaron en los primeros momenco_n mucha eloca~nc1a y mucha lógica, un libro de un es- tos p!"ofunda senP.ación en los círculos sociaies y políti~:ntor _mso, relativo á las guerras napoleónicas en el gran cos, y lueg,1 se desvanecieron las. acusaciones se demostró su falseda_d ó se_ e~contró decidido el ap~yo oficial,
imoeno.
. ~~tural~~i:te, ~l public_ista ruso, desprendido del pre- para que laP co•as s1gmera11 su marcha señalada así tamJU1c1~ patnotic&lt;?, ha escrito páginas que, naturalmente bién en los Estado_s _Unidos,. ,í la gran excitació1{ que protambién, h8'.n. disgustado á un grupo de espíritus un el vocaron las proposic10nes prnneras, presentadas en el ¡;;eque el chauvmWM ha hecho profundos estragos. ¡Qué mu- !1ado para el reconocimiento de la beligerancia 6 de la
?ho que e~to ocu~ á ?-n escritor extranjero, cuando el mdependencia de Cuba, á la explosión de sentimientos
1~ustre Tarne se v_1ó obligado á expatriarse en el centena- francamente favorables ,í la insurrección, sucedió una
no de la Revolución-ídolo derribado de su pedestal por discusión meramente doctrinal en la prensa y en la triel Maestro-ante el temor de ser víctima de alaún
atro- buna sobre las limitaciones que pudiera tener el Concrre0
pello!
so, según laCon~titu_~iún, en s~s facultades sol.ieraná~, y
El escritor ruso ha hecho ele la campañá. de Rusia un sobre la detcrm10ac10n de qmen debía hacer el reconoTodo pago debe ser precisamente adelantado.

Nota, tttitorittlcs.

•

DOMINGO 31 DE ENERO DE 18!n

EL MUNDO

66

lJtrlítiCtt ®tncraL

l)atriotisma lJ "1i)ntriottrismo."

l

cimiento y la declaración de beligerancia, si las C.lmaras
Unidas 6 el Presidente de la República.
rt., ,
Y pasó el entusiasmo; la actitud de Cleveland y de su
Secretario de Estado moderó los ardores, y ahora apenas
si la voz de Mr. Turpie ha podido despertar los arrebatos
populares que hace un año estallaron á las puertas mismas de la.representación nacional.
Es que el gobierno americano, práctico ante todo y
enemigo de aventuras, ha manife6tado francamente su
plan de conducta, y en las postrimerías de una administraciónnohabíadedejaral nuevamente electo, las nebulosidades de un conflicto internacional, cuando en su opinión
no juzgaba prudente intervenir en Cuba como lo había
prometido. Es que también,-cualquiera que .sean las
declaraciones de la prensa oficial y oficiosa de las dos naciones comprometidas en el embrollo cubano-ha habido
alguna inteligencia secreta, oculta, y cuidadosamente reservada entre los gabinetes de Madrid y de la Casa Blanca, y ya puede considerarse bien recompensada 1a actitud asumida por Cleveland con las ofrecidas reformas
de tarifas, favorables al comercio americano en Cuba y
Puerto Rico.
De seguro que esas promesas han debido influir más
directamente -,n el aspecto_ relat~vamente tranquilo q~e
actualmente ofrece el conflicto hispano-americano ayer
candente y-amenazador, que las noticias propaladas repetidas una y otra _vez, ?ºn más ó men&lt;;&gt;s f_undamento, sobre
la completa pac1ficac1ón de las provmc1as ocidentales de
Cuba y _el cuasi aniqu~lamiento de la inmrrección;
Seme¡antes afirmac10nes en los momentos mismos en
que la prensa no cesa de publicar relatos de combates
con varia suerte y ~iversa importancia, podrán seducirá
otros que á los americanos que por de pronto, parecen ha-.
ber conseguido ventajas de consideración en sus relaciones mercantiles. Después, si l\Ir. Kinley quiere cumplir
con la plataforma republicana que lo elevó al poder podrán_ a_spirai: á los idealismos de r&lt;:dimir esclavos y' man_um1tir naciones, á. trueque de serios conflictos internacionales.

y

*

* nombrado un Secretario
No. contento el Czar con *haber
de Estado, que despertando "elos y envidias por una parte, es prenda se~ura de la firmeza de la alianza franco--rusa, por otra, qmere dar á entender á la culta Europa que
son falsas todas las versiones que han circulado sobre la
harmoní~ y cordialidad qui: l&lt;;&gt; unen á. la Gran República'
y que, le¡os de haberse entibiado sus relaciones y relajado los lazos que las uní_a;n, hoy más que nnnca, pretende
ostentar. la e,trec~a umon que hay entre Rusia imperial
y Francia republicana.
Por eso ªl?ª~ª~ exaltado al poder el Conde Mouravieff,
ei_nprende v~a¡e a P~r,s p:ira sellar esa alianza y para invitar al Pre~1'.1ente 1: aure, en n?mbre del augusto soberano, á un!l v1s1ta o_fic1al ~t la capital del Imperio moscovita
en la pr0x1ma primavera.
. A?nqve todos con~e~an la circunstancia eli\Pecial que
distingue al rn~evo mims~ro, y es su tradicional sentimien~ ant1ger1_nám?o, no qmeren confesar que su viaje á Paris pueda rnfh)1 ~ en ti: conservación de la paz; no quieren
v~r en, est~ v1s1ta m:~s que un efecto de pura cortesía,
a¡eno a to&lt;;i-a p~evenc1on que altere la buena amistad, que
en la ap:menc1a es la base de las relaciones de todas la8
potencia,¡ enropea8.
Ahicin:1do~ con FU op_timismo digno de alabanza, apartan lus o¡os de los formidables elementos de guerra que
va acum?lando Rusia á las orillas del Ponto Euxino, sin
q?e exphqne esa con_centraci6n de fuerzas la solución pacifica que las potencias han dado al parecerá la cuestión
armema.
_Ojalá s~s esperanzas sean fundadas, y no resulte ningun_confücti:i. :Nunca han estado más cerca las tempestade~ internacionales, que cuando los gabinetes se han eropenado en darse mutuamente pruebas de cordial confianz~. N u nea aparece más sereno el piélago, que cuando los
yientos callan_ y las olas se abaten hasta convertirse en '
rnmenso espe¡o azul, como para prepararse á la furia desenfr_enada de 1?,ª elementos en cercana borrasca.
•
O¡alá esa umon del Imperio del norte con la República
d~l centro de Europa, 9-ue sancionará de modo solernne
é rnduda~le la presencia de M. Faure en San Petersburgo, C?nst1tuyendo fuer¿a incontrastablf,, sea en verdad
nunc10 ~eguro de paz y no heraldo fatídico de guerra y
exterm1mo.
X.X.X.
28 de Enero de 1897.
OTRO PAGO DE $3,000 DE "LA MUTUA"
El'tI l'tIEXICO,

Sr. D. Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.-México.
Presente.
Muy señor mio:
«Tru~agradec~da á. usted como digno representante de.
e u~uaf Life Insurance Company of New York» en
esta Rel?u~lica le dirijo la presente para manifestarle mi
reconocim1emo_ por la eficacia y prontitud en el pago de
~$1!,0f) tres mil pesos, valor de la póliza núm. 518,748'
Da¡G ~llual estvo asegurado ~ mi favor mi esposo el Sr:
1t er!D-0
;
nno~, Y cuyo importe recibí hoy ante el
8
~ - t O ano D. Damel Castañeda en la oficina de «La. ·

N

1

J.l U

ua.)&gt;

Para C?nocimiento· de los asegurados en la referida
Compañia Y por creerlo de interés público autorrzo á
uste,d para dar publicidarl. ,t la presente.
'
Qt1edo de usted coa tod:l C)nsideración á sus órdenes.
JOTITA

;u. DE Se::s:soR.

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

El CONCIERTO DEL LUNES ULTIMO

Nota postrera y brillantfaima de las fiestas con que la
Sociedad Mexicana obsequió al Presidente de la Repúblic~ con motivo de sn nueva elevación al poder, fué el
eonc1erto daio en el Teatrí) nacional el lunes de la actual semana.
Yaliosos elementos se agyuparon para hacer de esa fiesta el clou d'or del obseqnio afectuoso de que se hizo objet-0 á nuestro primer ~Iaiistrado y entre ellos debemos
mencionar con predileccion al grupo artístico que tuvo á
su cargo la parte mnsical. Estaba constituido este grupo
por las Señc&gt;ras Virginia Galván de Nava, Isabel Watqon
de Gibbon, Srita, ~milia Gonz,ílez Cosio, Srita. Paulina
Zurita y ~rita. C.trmen Munguí!l. y por los Sres. José Xava, Alfonso García A.bello, A. Hermosa, Cárlos Menes~s
y Pablo de B,ng.\rdi, aquellas, h ermosas, distinguidas é
mteligentes; éstos hábiles y verdaderamente artistas.
El programa elegido con sumo gu•to fué el siguiente
que reproducimos como nn recuerdo de la fiesta.
I
Nñm. l. 2? acto de «Rigoletto," Verdi.
Reparto: Gilda Sra. Virginia Galv,ín de Nava.-Duca
Sr. José Nava.-Rigoletto, Sr. Alfonso de García Abe:
llo.-Sparafucile, Sr. A. IIerrnosa.-Coro.

II

~úrn. 2. Prúlogo «I. Plaglaci,n Leoncavallo, Sr. Alfonso dE&gt; García A.bello.
Núm. 3. «Mero et filie,» Gustavo Dampa, Sra. Isabel
Watson de Gibbon y Srita. Emilia Gon?.áloz Cosío.
Núm. 4 .. «Dio posente,» «Fausto," Gounod, Sr. Osear
Braniff.
. Núm. 5. «Snite » Gran Orquesta, Grieg. ( A) Le mantrn.-(B) Mort d 1Ase.-(C) Danee d' Amitra.-(D) Daos
le baile du Roi de llfanta~ne.
Núm. H. A.ria de las Joyas, «Fausto» Gounod, Srita.
PanUna Zurita.
Núm. 7. 2? Concieto. Piano y Orquesta, C. Saint Saens,
(A) Ali? Scherzaudo. (B) Presto, Srita. Carmen l\Iungufa.
Núm. 8. «C'est la» «Mignon," A. Thomas, Sra. Isabel
Watson de Gjbbon.
Nóm. 9. «I¡ Profeta,» Meyerbeer, Srita. EmiliaGozá.lez
Co~ío.
10. Obertura «Tanhauser,» Wagner, Gran Orquesta.
III
Núm. 11. T~rcer acto de«A.ida,n Verdi.
Reparto: A.ida Sra. Virginia Galván de Nava. - A.mneris, Sra. Isabel Watson de Gibbon.-R'\damés, Sr. José
Nava.-Amonasro, Sr. Alfonso de García Abello.-Ramfis, Sr. A. Hermosa.
IV
Núm. 12.-Ilimno Nacional.--Coro de señoras. señoritas y caballeros.
Director de orquesta, Sr. Carlos Meneses.
Director de escena, Sr. Pablo de Bengardi.
La Sra. Galvfo de Nava obtuvo en su parte de ejecución fervorosísimas muestras de aplauso, y {L fé nuestra
con sobrada justicia, pues posee cuanto es necesario para
enloquecerá un público inteligente: Voz dulce, bien timbrada y de amplia extensión, admirable escuela de verdadera maestra, belleza suma y elegancia indiscutible
co~5&gt; lo probó con los riquísimos y hermosos trajes que
luc10 en la escena. En cuanto á la Sra. ,vatson ele Gibbon
atrajo todas las miradas por su elegancia también y por
su consumada habilidad artística y las Sritas. González
Cosío, Zurita y Munguía formaron la trinidad más aaraciada que d~rse pueda.
º
La colabora&lt;;ión d-e los Sres. García, Abello, Hermosa,
l\Itneses, Nava, de Bengardien sus diversasatdbuciones
fué verdaderamente preciosa y la Nota· final, el Himno
coreado por encantadoras señoritas de nuestra buena sociedad, contribuyó al más cumplido remate de tan encantadora fiesta.
Al surgir aquellas notas marciales de bocas tan delicada.'!, de bocas de viva fresa, los santos Ideales de amor y
de patria, en di vino oonnubio fraternizaban en el alma! ...
Tarde lleg~mos para hablar del adorno. Ya los periódicos diarios le consagraron toda su atención. Empero no
podemos pasarlo en silencio y le consagraremos algunas
líneas que completará el grabado que publicamos.
1-:l adorno del pórtico fué sumamente sencillo: leves
gnías de laurel y encino sobre el cornizamento y parte de
111~ paredes. En el barandal rectangular de la parte alta
una cornisa elegante; abajo, artísticamente distribuidas
1111111erosas plantas, y algunos detalles decorativos del
JnPjnr gusto. Las escalera.a, tapizadas de rojo, estaban
tan, bién exornadas de plantas. En los muros laterales
grandes cortinajes de peluche y oro con bonitos lazos· á.
la l•ntr.i.da del patio había \lll busto en bronce del ob~e.quiado, en el centro de aureo disco y circundado por cor,ma de laurel y al pie del zócalo que lo sostenía, un guerrero trofeo de admirable vista.
En cuanto al salón el efecto qne producía con sus cuatrocientos cinc11enta focos incandescentes, veinte más de
arco y v~intitrés estrellas de siete focos cada u·na, era indescriptible. Los palcos y plateas sencillos pero habilisinrn mente adornados, eran grandes corbeilles de flores a ni•
rna~as y el -ealco presidencial, adornado de magnífico
terciopelo gumda obscuro, coronado por ,inn•a :íguila,
apoyada en amplio pabellón de seda, era de una scwra
-Opulencia.
La comisión de ornato presidida por el Sr. Yalleto pne·
de estar orgullo•a de su obra.
En_ cuanto á la concurrencia nada &lt;lirfamo• 1111e diera
una 1deJ1, aproximada de la eleganci·i., del b rillo, de la
h~rmosnra que de~plegó lo mejor de )léxico re unido ahí.
C1~remos los nombres ·qne hemos porl.ido anotar y bas~ra esto par-a que el lector se de cuenta ue lo que decrmoa.
~f'\orita Manuela del Villar; señor Doctor Oca!llpO. y
familia; señor Doctor Ortega Reyes, F ernandá y l\Ianue-

EL MUNDO

la del mismo apellido y Soledad de la Cagiga. Señoritas
Ana, Luisa, .Julia, Lupe y Elvira Arrillaga, iamiUas L'lvista, Collado, Marrón, Virginia Gavito, Sagaceta, Dr.
Gayón, Fernández del Castillo y señora, Sánchez de Lara, Montiel y familia, General Loera y señora, Coronel
Ramos Cadena y familia, Gobernadores Martín González •
y González Cosfo, Lic. Patiño Suárez, Manuel Larrañaga
Portugal y esposa, señor General Don Rosendo )Hrg_,uez
y familia, señor Ricardo Trejo y familia, Trinidad García, Aspe, Aldasoro, Paz, señora l\Lí.riscal de Morán, señora Lynch de Camacho, señor Julián Herrera y familia,
señor Bernardo Urueta y señora, sellor C.irlos Rivas y
señora, señor García Ramos, señora Juana Rivas de
irorres, señoras de Arista, Juárez, de S1nohez, Escudero
de Ortega, S.ínchez de Lara y señora, Lic. Rebollar y (sefiora, Sr. Ingeniero Tuteo Plowes y señora, Sr. Francisco González Cozío ( hijo ), señoritas i.\faría, Emilia, Luisa, Concepción y La11ra Fischer, señorita i.\Iatsson. de
blanco; Josefina G. de la Vega deZevada, Sritas. Ana,
Marta y María González Cosío
Entraña este concierto de tan brillante éxito gran sianificación; más acaso que ninguna de las anteriores fie~tas dadas en honor del Sr. PresidPnte. Fué una fiesta
ofrecida por la clase más elevada de l\Iéxico y concurrieron á. ell~ con sobra de expontaneidad y entusiasmo, todas ó casi todas nuestras familias distinguidas, que si hubo alguna que no estuviese ahí, fué debido ó á lutos ó á
falta de tiempo para prepararse ó alguna otra circunstancia de segundo orden. Las clases pudientes han mostrado pues con esa fiesta que aquilatan y apre'cian como
la gran masa del país, los beneficios de la actual administración.
La señora del Presidente, comprendiendo cuanto hubo
de expontaneo en est~ fiesta dedicada á su esposo, así
por parte de los orgarnzadores del concierto como de los
artistas, ba manifestado á aquellos su gratitud v la ha
testimoniado á estos que-las señoras sobre todo-con
tanta gracia se presentaron, luciendo traj•s elegantísimos
y del mejor gusto,-con delicados presentes hábilmente
escogidos.
. Concluyamos enviando nuestros plácemes á la alta sociedad mexicana y á los inmediatos or-anizadores de la
inolvidable fiesta.
º

.::::::!i&gt;1"~ ~q(@:....._~'f~~-rcz::::.
EL ECLIPSE DE MAÑANA

Notas instructivas.

M,iñana tendrá veri ficati vo un Eclipse anular de sol visible como p'lrcial en ~-Hxico, y que- principiando á las
2h. 27m. 393. de la tarde, terminará á. las 4h. 14m. 48s.
de la misma.
Par-éceno:; oportuno con este motivo dar á ntie5tros
lectores algunas notas científico-recreativa~ acerca de los
ecli~ses, debidas á la amenaé instructivaplumadeF!ammanon.
Todo objeto iluminado que no es traqp:irente prod11ce
una sombra en dirección opuesta á la de la' luz que
lo alumbra.
Observamos este hecho en nosotros mismos, ya nos hallemos al sol, ya estemos á la luz de la luna.
Por lo tanto, el globo terrestre prodnce constantemente detrás de él una sombra que se halb situada á la par·
te opuesta del sol. Ya hemos visto que la noche no es
otra cosa más que esta sombra.
¿Qué forma tiene y cuál es su lonaitud~
Si examinamos la causa que produce la luz 1 es decir el
sol, y nos fijamos en su magnitud y sn dista ncia, cdmprenderémos perfectamente la forma de esta sombra. Como el sol es mayor que la tierra, la sumbr,i producid'\ -por
ésta tiene la forma de un rastro cónico.
Este cono de sombra producido por la tierra. tiene en
la proximidad del globo que habitamos un diám&lt;&gt;tro de
3,180 leguas, como la.tierra misma. Va disminuyendo
poco á. poco, y se extiende hasta 108 veces el diámetro
de la tierra, es decir hasta 3'17,000 leguas y 'al llecrar allí
termina en punta.
º
•
Como la luna circula á 96,000 leguas de la tierra, le sucede algunas veces que pasa á través de esta sombra. Esto es lo que produce los eclip8e8 de luna.
El eclip,e es total e:uando la lu~a se sumerge enteramente tn la sombra arro¡ada por la tierra. Es parci.al cuando
pasando más lejos del centro de la sombra, no e~ á oculta la luna má.s que en parte, y se halla, por decirlo asi,
cortada por el contorno de la sn!!odicha sombra
Esta sombra de la tierra se halla rodeada de ~n anillo
menos obscuro, que se llama penumbra.
En efe~to, al_rededor de este cono de sombra los puntos
del espacio reciben la luz del sol, pero no en su tota idad. En las inmediaciones del cono de sombrn, se ve 1;11
poco de eol y solo un poco, porque la tierra oc11lt,\ lo demás, que es casi tod~ .. Un poco m.ls lejos se ve m .is todavía. Hasta llegar al s1t10 en que ee ve al di.seo enlero del
sol, la Ju~ no es completa: hay por lo tanto pen11mbra.
Los eclipses de luna no pueden tenC'r lng,lr m.:R que
c_uando la luna está. llena, pnP~ Pólo entone...,; &gt;&lt;e pnne la
tierra entre el sol y la luna. S1 la luna pasase jubtamente
detrás de la tierni., habría eclipses todos los meses; pero
no es así: porque al mo~erse, tan pronto pa~a por encima de la sombra de la t1~rra, como por debajo, en cuyos
casos está llena y no echp~11d;1.
El.eclipse no puede tener lugar más qne cuando pasa
precisamente por la parte opuesta al sol.
Quince días después de la luna llena viene la luna /lll f •
rn, ~ todos los meses pasarí'.1- la luna por delante del sol,
prec1Pamente ent,re /il y la tierra, Pi i&gt;n cur•o fne•e inv,iriablf:: pero l)a~a del nii1'1110 m,1,lo tan pron to u1i poco
por,Pnc1ma co1110 111~ poco pnr debajo riel sol.
Sólo cuando p!l.':'a ¡ust.o por delarHe-de l sol, Jo eclipsa.y PSto e_sto E&gt;S lo Ql\P se llama eclip.,e de .~ol
.
El eclipse es lotn l cuando los 3 centros del sol de la lu~a y de h, tierra P4,ín en línea recta, e~t-and0 ~! mi~mo
tiempo la luna suficientemPnte cerca , d~ uosotroi, par-.i.
parecernos mayor q ne el sol, pue1:to ·que la distancia de
la tierra á la luna varía.

Cuando sólo la primera de estas d os condiciones se
cumple, se verifica lo que se llama un ecli p¿e aimfor.
Cuando la luna no pasa precisamente delan re del sol y
no lo tapa m,ís que un p oco, el eclipse es 1n rcial.
Como se ve, la causa que produ~e tanto los eclip3es de•
sol·como los de lun:1 es muy sencilla. B.\Sta con')cer perfectame nte el movimiento de la luna al rededor de la
tierra para p oder anunciarlos con anticipación. Los astrónomos conocen tan píen este movimiento, que calculan el momento en que va á tener lugar un e~lipse, muchos años antes y sin equivocarse en un cent¿~iuw de ~e!
gundo. Por supuesto los fenómenoe estos tiene lugar
siempre precisamente á la hora anunciada.
Los eclipses más curiosos son los eclipse¿ t'lt·\le-1 de sol,
y es este un especticulo no solamente curioso llino solemne é imponente. En medio de un día herm•Jsii,imo,
con un cielo claro y transparente, sin una sola nube, umpieza de pronto el sol á. perder una parte de su lu¡¡. t-lu
disco que antes estaba tan resplandeciente, se va ocultando detrás de un arco negro que avanza in~eusiblemente y que le quita al astro del dfa una :parte cad,i vez
mayor, hasta que no queda más que medio disco. Desde
este momento en vez de la luz clara y brillante del sol,
no hay más que una claridad pitlida y triste. La natur.deza entera pierde su color. Los pajarillos interrumpen sus
melodiosos cantires, y van á rec@gerse co1n J ,í. la ciída
de la tarde; las flores extrañando la falta de luz, cierran
sus cálices; las ovejas balan en el campo; los polluelos
van á. guarecerse bajo las alas de sus madres.
Ya no queda más que un trozo de sol que va disminuyendo por momel}tos, hasta que desapar,,cc del todo. Es
de noche en p leno día! Las estrellas brillan como todas
las noches; la temperatura baja hasta el punto de sentirse
un fresco desagradable. Todo,interrnmpe su curso habitual. Reina un profundo silencio en la naturaleza; los caballos se niegan ,\ seguir su camino; los -eerros :uorados, se
echan á. lo:o pies de sus amos, como s1 temiesen algo: y
hasta los hombres, llenos de·emoci.'.&gt;n, aunque ya lo espt1raban, no piensan más que en el eclipse; des le el más rico al mis pobre, desde e I mis instruido hasta el m,ís i"'·
norante. Porque efectivamente, ¿qué suceJería si él s~I
se apagase para siempre"? Pero no; el lugir que ocupa el
sol está siempre marcado: alrededor del disco ne&lt;&gt;ro de la
luna, se distingue una especie de resplandor, y cJando los
ojos se van acostumbrado ,í. la oscuridad, se nota que la
n?che no es tan profu:ida como había parecido al principio. ¡Ah! exclaman de pronto mil especta lores que eFt&lt;t·
ban inmóviles y silenci-0sos hacía cinco minutos, ¡va rnle
el sol! Y en efecto, un rayo de luz sale de detrás de la luna. Es que ésta ha llegado al segundo contacto y deja escapar un rayo de luz que poco á. poco se va convirtiendo
en una parte del disco solar.
Toda la naturaleza, hombres y animales, sonríe de gozo al vol verá ver la luz del sol.
El eclipse de sol ya sea total, va sea anular no lo es
completamente más qne para los puntos del giobo situados dentro de la sombra lunar; y para los puntos vecinos
no es m,ís que pa,.cial. Si están demasiado separados de
la sombra proyectada por la luna, los habitantes de esa
región no tienen eclipse.
No sucede lo mismo e;on los eclipses de luna, .pues éstos se ven en toda la mltacl del ~lobo en que era visible
la !un~, momentos antes de eclipsarse. De manera q,1e
un ecllpse total de sol, no es visible m.1s que en un 11Ú·
mJro muy limitado de puntos, pnesto que la sombra de
la luna, _á. la distartcia á. qne nns encontramos de este ast~o, no tiene más que unas vdnte legnas de ancho. Ed un
circulo negro que pasa sobre la superficie del globo tanto
sob~ el mar como sobre fa tierra firme, lo mismo por los
desiertos que por los bosques y por los países habitados.
En definitiva, es un fenómeno bastante raro para un
punto determinado del globo.
. Siempre hay por lo menos dos eclipses al año, y lo más
siete para la ti.erra entera. Cuanrl.o no h1y má.s que dos,
am_bos son echps..:s de S\)l. Cuando hay siete, cuatro son
echpses de sol y tres ue luna. P&lt;!ro aunque los eclipses
de luna no son tan frecuentes en general, tienen lugar
m.ís á_menudo en un ln6ar determinado, pues como hemos visto se pueden ob~ervar desde un hemisferio en.tero.
Al ca?o de 18 años .Y 11 días se reproducen los eclipses
en el mismo órden, srn que por esto se repitan las 1r:is1uas
fases de ecli_p~e\ J?i los ~ismos. sitios de la tierra para
pnntos de v1s1bd1dad. En este rntervalo hay 70 eclip:oes:
29 de luna y 41 de sol.
L'&gt;s antiguos conocíH.n perfectamente este periodo y
por lo ~anto la causa de los eclipses. Así es que se cue:1ta
de Perir:Ies, que estando un día en un navío y viendo
que el piloto se asustaba de un eclipse que comenzaba en
~.quel mom~nto, le tapó los ojos con su capa, diciéndole;
"~➔ta es la imagen de ~n eclipse; no hay por lotantomot1vo para asusta.rde, nt para creer q_ue esto anuncia al"guna desgracia." D&lt;lspués d~l descubrimiento del :N"uevo munrio, Cristóbal Colón estuvo á punto de morirse de
hambre él y sus compañeros, porque los indios se negaban á pagi\rle el tributo. Reunió á. los diferentes jefes y
les declaró que les privaría de la luz de la luna y después de la del sol, si seguían empeñados en n0 obedecer
sus órdenes.

El primer tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura."

El mí_mero excesivo ele ejemplares que hemos impreso
de la primer novela de nnestra serir, nos impide hacer Pimultaneamente e l rerarto de ellos y del rnmanario y organizar it la vez el despacho del correo; así pues, terminaao eT envío
éste número, procederemos á arreglar
la encuadernacwn de la novela y el juéves 6 yiernes
p róximo haremos la distribución it los suscriptores de la
ca pital, procediendo en seguida á la remisión álos suscritores de los Ktados.

ª~-

�68

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

-

EL MUNDO

DAMAS MEXICANAS

· &amp;1 concierto efeduaao el _lunes ú1fimo en el Nacional.

do en sus grandes líneas. El estudio eijtácasi terminado. Para que
se den lo~ curiosos plena
cuertta de[ efecto arqui·
tectural de este palacio,
se ha hecho un modelo
en yeso, en el cual puede aprecian,e el valor ar·
tístico del monumento.
En cuanto al puente
AlcjandroIII, el proyecto hechopor ~l. M. füsal, ingeniero en jefe, y
Alby, ingeniero ordinario de puenteH y calzadaQ. ha :-ido aprobado
definitivamente.• Este
puente tendrá un solo
arco de 110 metros de
longitud y LJnol'li metros
de flecha. Tendrá 40 metros de anchura y el ar·
co llevi1rá tres articulacione~. La obra será de
acero colado.
Ya ,e vé por e!'tos preparati voi:, que la Exposición U ni,,ersal de París, tcndr.í la mngnificencia que de ella se
e~pera.

•

.,

LA GUERRA EN CUBA

Lo que es la manigua.

...,

Glspecto

ae

los principales palcos.

( Del nat.ural .vor C11rlo• Alcalde.)

....._

............

ARTILLERIA AEREA

A pe,:nr de los pesares y de ta~tos y tan excele~tes deseos, los maridos, _hermano@¡ pri_mos y deJ?l:i-9 parientes y
vecino" de los ciclistas y de O!&lt; hgul'roR y hgueras de la
paz continúan armándose hasta los d_ientes.
..
•\umentan los ingleses de día en d1a rns aprestosm1l_1tares, y no satisfechos con los que pO8l'en para C?mbat1r
en la tierra y en t•I mar á sus futuros enemigos, discurren
la manera decombatirloH en el aire.
A e"te fin tienden los ejercicios de artillería que se es·
tfo practicando en :-choeburyness con objeto ~e atacar
y destruir los globos que se lancen á los espac_1os para
obsen•ar los movimientos del ejército, para i:;ahr de una
plaza hitindn, par;l hacer señales 6 para dejar caer proyectileti explosivo~.
Idénticas experiencias se han realizado ya en los campos de tiro de Alema1?ia y de Francia, logr:in~o bombard&lt;'ar (sic) globos cautivos y en pleno mo_v1m1ento, ?')ll
sujeción á un cable, por electo de la.~ cornentes de aire.
situado" :l alturas de !lOO á t).j() metrOti.
Parece que los resultados son satisfactorios para la ~rti llerfa, aun dado un movimiento del globo en el espacio,
de 20 á :!:¡ kilómetrOf!, que etilo :¡ue puede llamarse calcular y apuntAr bien. . .
.
Los efectos dl'I espíritu de~tructor se extienden ya,
pnes, á:la región de las aves y de la snubes, y aseguran para las víctima.~ ,í c¡uienes alcance,n si no la muerte por el
de;trozo de los cascos de una bomba, la pulverización por
aplastamiento contra el ~uelo por la caíd_a; otra n~evu
conquista bienhechora debida á los progresos de las c1enrias aplicadas á la guerra. Y como complemento de las
maravillaR de la artillería del momento, oportuno es. el
registrar los en~vos del cañón sistema Fred~rik Laduhp,
de Siracusa, eEtado de Nueva York, que también se practican hoy en el polígono militar de Sandy liook. ¡Tráta•
se de un cañón, no de acero ni de bronce, sino de cuero!
En efecto, la parte esencial y principal de la pieza es una
capa ó faja de tiras de cuero colocada~ entre dos tubos dt:!
cuero, y á la cual debe su formidable resistencia.
El cuero, sin secar, se moldea en el agua, y cortado en
tiras se Pumerge en una disolución concentrada de amoniaco, v luego ~&lt;' somete á otras manipulacionei; y bañol!
químicos, hasta que adquiere el máximun de rei;M.encia.
Cuando las banda~ de cuero así preparadas recul:1ren el
tubo interior y qnedan adheridas á tl-1 mediante un cemento eEpecial, se les envuelve en una e!'¡&gt;eeie de cápsula ó funda de acero. En el canón que hoy se ensaya, y
que tiene un metro y iO centímetros de longitud, el grueso de la envoltura de cuero es de 0,024 metros en la boca
y de 0,08 en la recamara, y de 0,02 y 0,04 el de los tubos.
Las prc~iones que resiste ~n increíble.~: de 210.000 kilógramos por centímetro cuadrado. La noticia í, ra11ard,
digna del íclásico país del 1Iumb11g, merece también
210.000 anos de cuarentena.

Dedicamos hov dos
planas á la CUCl'tión cubana; la una que representa dl·talles 1U1portantes de la campana; la
otra que nos mtll'!&gt;tra un
trozo, una fracción lujuriosa de la )Ianigua.
Hay, entre la inmensa
mayoría de los lectores
qne "e intere-Qan en los
a!'untos de la Antilla
una completa mala inte. ligcncia respecto de lo
que es la manigua y
quien con pasmo, quien
con irónica ,;onrisa ve
como He prolonga esa espantosa lucha entre un
gran l·jfrcito aguerrido
y mal &lt;füciplinado8
hombre,.. sin armamento, durante m(•~es y meses sin dar tr111.as de
llegará un reimltado deflnitiYo. El mismo Pi y
l\1argall, en un momenSrita. Mercedes Quesada, de Gua dalajara. ( Fotagrafia de Arturo Jorge González.)
to de pasión, clamaba
no ha mucho: «Tenemos
en la Antilla un ejército cnatro vece:&lt; más numeroso
LOS PRIMEROS TRABAJOS
que el Cubano y no vencemó;. Cada cuba.no, pues, vale
PARA. J,.L
por cuatro españoles!u
~ XPOSICION 'UNIVE R SAL DE PARIS
Tal es el criterio de mucha gente y convengamo!len que,
quien se deja llevar de las apariencias más ó nwnos iluHa. comenzado el año de 1S9i. Tres años nos separan sorias, no puede l'XplicaI'l!e el fenómeno de la prolonga-apenas de 1!lOO. Los proyectos hechos para el gran certá- ción de una lucha en que los beligerantes son tan des·
tUen han sido -por fin adoptados, y entramos en el perio- iguales.
do de ejecnción. Algím tiempo más y se habrán olvidaCómo, se dice, e!'e formidable ejército perf('ctamente
do los prep"rativos. Así, nos yarece bneno conservar por pertrechado, sujeto á una diHciplina habil, provisto de
algunas línea.'!, el recuerdo de primer acto de esta em· todos las n·cursos, nada pnede contra lo~ puñados de inpr~sa colQ¡¡aJ. Ya se sabe bien qne esta vez se han aumen- surrectos mn.l organizados y débiles?
tado notablemente las superficies útiles. El recinto comEmpero quien gusta de penetrar al fondo de las cues·
prenderá el Cours de la Reine, los muelleH, la explanada tionés, no incurre en este error, ni de esta snerte piensa.
•de los lnYiílidos, el campo de ': \farte, el Trocadero. La Ese ejército perfectamente disciplinado, pertrechado y
~ntrada principal se encontrará en los Campos Elíseos, provisto de recurso8, no lucha solamente con la inferio•
cerca de la plaza de In. Concordia, casi en pleno Parfs. rielad nnmérica de los rebeldes¡ tiene como antagónicos
Puede decirse que la inauguración de los trabajos data otros dos elementos formidables: el clima y la manigua.
Yirtualmente de la colocación de la primera piedra del Respecto del primero, poco tenemas que decir para que
puente Alejandro II I, por el Emperador de Ru~ia. De nuestros lectores convengan en la Yerdad de nuestros
hl!Cho los primeros golpes de pica no fueron dados sino los asC'rtoS.
liltimos díaa de :N'oviembre, para establecer el túnel que
A nadie se le ocn lta la total carencia de analogía que
durante los trabajos ligará el Rena á los palacios nuevos existe Pntre la tórrida Cuba y la peninsu laespailola, v cuan
-qne hay que construir. ijObre_ el siti&lt;;&gt; actual del Jardín de f.tcilmente el palndi8mo en todas sus formas debe.·hacer
l'nrís. Para no impedir la c1rcnlac1ón Mbre el mnelle, presa en un ejército rojeto á influenciai; del todo diver~e ha tomado el sabio partido de hacer llegar los mate- sa.~ á las que va á afrontar.
riales de c¡onstrucción al pie de la obr11 y de llevarse lo
:i\Iás bn.¡as causa la fiebre en las filas el!pañola.'! que las
in~ervible por una vía subterránea de comunicación con sangrientt1s batallas en que al plomo sucede el hierro pa•el río. Los buques llevarán al muelle las piedras v los ra producir el exterminio. Y aquí no cabe el arrojo ni
iierros, y desembarazar.in la~ canteras de los diversos i:;upone nada el valor. El enemigo es omnipotente y
dl'sperdicios. AlgunoH días dcs1,més de las fiestas rusas, hiere en la sombra sin piedad. Xo parect• sino que se ha
~e había comenzado la instalación de lai&lt; palizadas quP. aliado con el insurgente para luchar por el triunfo de su
limitan ahora el emplazamiento de lo~ trabajos de cons- cansa y que le presta con celo no de,mientido sus fortrucción y Aemolición. Esta~ _palizada~ debían permane- midables servicio~.•\hí donde no llega la bala mortífera,
cer en su ~1t1O durante largo tiempo y por eso se las hizo ahí donde no alcanza la metralla pre11ada de muerte, ahí
t•h•ganteP. Re va á proseguir Rimultáneamente la demo- está la liebre, solapada é inwncib1e. A veces, aun no ha
licii,n del Palacio dti la Indul'tria y del palacio de la ciu• recibido el bizoiio soldado el bautismo de sangre, no ha
dad de París para hacer un !"itio detenmoado, y abrir la oído !=&gt;iquiera el l'ilbo de· Ja.q balas y yace ya postrado por ·
11:ran arteria que .; ,e prolongará por el puente Alejandro profundo1lopor en el lecho de un ho~pital!
1I I hasta los InválidoH. A fine~ de Febrero se habd deEn cuanto á la eegunda, la 11wnir1•m, sí debemos enrnolido ya wdo el frcnté X. O. del viejo palacio de 18.55. trar en algunas explicaciones con nuestros lectores para
La!&gt; sálas consagmda.• á la Exposición de la~ artes de- que se den cuenta de todo lo que supone: Lal\Ianigua
corativa.a no existir.In ya. Xo se conservará sino la nave no es una región masó menos ngreste, ma.Q ó menos agria
y la parte opuesta del edificio para dar un último asilo al y dificil: e;; nna verdadera maraila de vegl·tación escanda,c,)ncurso hípico y al salón de 1~tl7.
losamente Injuriosa: un seno tan intrincado y misterioso
-'l. Girault tennina los últimos ei:,tudios relativos al como los bo~ques vírgenes del Brasil: Gargantas. hondas
gr,mde y al pequefio palacio de Dellas ,\rtes. El palacio en que las lianas se bu.-;can de un lado á otro y se unen en
pe&lt;¡ueño será ejecutado según el proye':to premiado, con firme red¡ malezas pomposas propicia;; á todas las oculta- Los primeros trabajos para la Exposición Universal de
Puia.-Vista de la entrada del túnel subterraneo.
muy p&lt;)CyS modificaciones. El gran pal \Cio se ha dcteni- ciones, donde eliuerrillero y su bestia se ocultan á la mira-

.·

____ ____ _____

da más avizora· laberintos inextricable?, dédalos de rama!', troncoR y parásitas ...... un vegetal laberinto de Creta,
inexp11cr11nble á todo!' los e~foerzos. Ahí, en el dcsfiladero,en ¡¡¡ c,1wrna, en el pajonal enmarañado, entre los
pefü1RCM agrios. en el enmalezad:&lt;_&gt; "ºto, en todos lo,_
hierbaz11l.-ti, en todos lus escondr1¡os, ace_cha la muerte......... El espía bien puede agazapase, bien puedE: hi
a,·anzada immrrecta atacar; para toda sorpre"a 81D ex1to,
para. todo combate en detall, mal afortunad?, hay el i:ecurso de la manigua protectora donde los cnolloe se dispersan y ocultan impunemente. Ya se vé pues que no es
el valor b."lstante para vencer en sitioH tales. Nul!le~ l_a
superioridad numérica, nulo el arroyo, nula la disciplina.
.
.
.
El insurrecto sabe que e~ para él de ntal unportan?1a
la economía de hombres y de sangre, y hace de su mtrincado campo de operaciones, una sal\·aguardia y una
compensaciún! Y a~í pro:-igue la lucha, de esta suerte
equilibradas las fuerzas y el triunfo permanece incierto.
El porvenir decidirá.

�.

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

Rl- MTJNPO

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

-"'=º--======== ====== === ====~=======~==~==============~====;='"""'======'""'"' = = --

EL MUNDO

~ ~~-----=,,.......--,,,,,,,...----,,~-=~=~
= =---,---.-~-=.....--------~-~-~=--....
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LA GUERRA•EN CUBA.-OPERACIONES EN PINAR DEL RIO
,: Guerrillero montado.-2. Pueblo de Viñales, centro de laa últimas operaciones del general Bernal contra Maceo.-3. Devuelta de forragear.-4. Transmisiónde un parte al general en jefe, desde las lomas por medio del Heliógrafo.-5. Vista generill de Guane.--6. Soldado de infilnteríil en campañil.

·

(De fotografías de Cuba.)

LA VEGETACION EN CUBA.-Manigual en el salto de agua de los Bilños de Soroa (Cilndeluiil.)

·

( De_fotografia de Don Rafael Rosell6. )

71

�,.=========~=====~===~====~~E:L~MU:::~N:D:::O~=======:=====~=~~====:~=:==~=::::::
DOMINGO 31 DE ENERO DE 18L6

7!

cia con i ncrnstacionPS de ópalo, una cúpula decorada por
cuatro figuras simbólicas enlazad~ P?r susCal~dddsplf
adas· v representando la Fe, la Ciencia, la an ª. Y a
Tospe~ñza. A la derecha y á la izquierda,. vastos henzos
de mármol paonazzo muestran sus soberb1a9 arborescencias natorales así como las tapicerfas en que se leen con
letras rÓjas lo~ descubrimientos memorables. de Pasteur.
1848, Di.simdríf! molec1d11r.-1857, Ji'em~fnla~ione.•.-1867-:
Gmual'ioneR dtclwu.rpm1tánea.,.-J86S, Bstudios sobre el
no -186:j Enfermedades di' los g1mmo.s de seda.-:-1871, •Indios rob~e la rerrezn.-1877, J,;1!.ferr!u:dades t·i~ulentas.-

1;;,'

1880 rir&gt;rn 1·ac1male•.-1885, ProjilaJ·1a de la rabw. .

E~tas inscripciones están encuadradas por follaJes de
lúpulo v de parra.
d
l
\'iene en seguida un segundo arco, deco_ra o CO}DO e
anterior de motivos tomados de l()S trabaJos del il~tre
sabio sobre las enfermedades virulentas: bueyes, gallinas,
corderos, en tableros, entre los cuales serpea la decoración floral.
.
,
Los dos arcos dobles reposan de cada !ado sobre tres
columnas de pórfido, de-capiteles y mosaicos de mármol
blanco. Estas doce columnas se levantan á la ?abeza Y al
pié del sarcófago, como una guardia de honor imponente
de majestad.
.
· t
t'
-Una pequeña capilla ocupa el ábside .de la crip a Y es ..1
e.nriquecida, como toda la parte supenor del monumento de mosaicos sobre fondo de oro.
Por encima del altar, en el encuadra~iento de un arco
de círculo, una paloma celeste que desciende á _vuelo rápido hacia la tierra, proyectando un haz de .rayos de oro
sobre flores primaverales, forma el más admirable efecto
sobre el mármol. La bóveda del coro Pstá?rnada de una
larga cruz que flaméa sobre fondo de amatista.
A la derecha se destaca en letras negras esta conmovedora inscripción:
«E.,te .llonummto fui elerado en MDCCCXCT'I á .~ª me- ·
maria de Pa8teur por la piedad de su 1'it1da !I de sus h1JOS.»

~ ~.:::~it~-=~rr~~-r~~~
FLORES Y PLANTAS LUMINOSAS

la tumba de Pasteur.

LA TUMBA DE PASTEUR

El sábado 26 de Diciembre último, tuvo lugar la trans•
lación del cuerpo de Pasteur, de Nuestra S1;ñora al· Instituto de !acalle Dutot de París. Puede decir~ que Francia entera asistió con su corazón y su ¡&gt;Pnsam1ento á esta
imponente y conmovedora ceremonia. Paste(1~, como en
un~ apoteosis tomó sitio en su morada defimt1va. Todo
lo que lleva un nombre en las ciencias, en las letra~, en
la política había ido á llevar un supremo homena¡e al
que no fué solamente e) más ilustre sabjo de su tiempo,
sino que quedará también en la memoria de los buenos
como uno de los más grandes benefactores de la humanidad.
.
El cortejo, al salir de~uestra Sei!,ora se ba1:Jfa formado
en el orden siguiente: Sir Joseph ~1ster, presidente de ;a
~ciedad real·1 Sir Jobn Evans; Sir Dyce Dukwort; Sir
W. Priestley; 1\DL Sterlin1t Crookcbank; el Consejo de
Administración del Instituto Pasteur: el General Tou~nier y el Comandante l\Iorean, represen~an-lo al ~residente de la República· l\IM. Loubet y Bnsson, Presidentes del Senado y de la' Cáma-r:a de Diputados. 1'!..l\1. l\-Ieline, Presidente del Conse¡o; Rambaud, l\Im1stro de

Instrucción Pública; los representantes.de otros. ministros: los &amp;nadores y Diputados, ~te; el Conse¡o de la
Universidad· loe miembros del Instituto: e l Prefecto de
la Seine; Pl Prefecto de Policía; el Presidente de.l Cons~jo General de la Reine; el Presidente del ~nseJo l\Iun~cipal · los miembros de la Facultad de l\Iedicma; el Comité c~nsultivo de Higiene; l?s repres~~tantes de la
Asistencia Pública; la Acade!Ill~ de ~ledicma; la Escuela
Normal Superior; la Escuela Pohtécmca; 1.a Escuela ve:te•
rinaria de Alfort; la Asociación de Estudiantes y los mvitados.
Los periódicos parisienses han dado los ~etalles de la
ceremonia y reproducido los nui:n1;rosos discursos ~ronunciados por M. Rambaud, mm1stro de Instrucción
Pública por Bertrand, Legou vé, Sir J osepb Li~ter, Cornu,
Bergero~, Perrot, Parry, Perrier y Duclaux, director del
Instituto Pasteur. Nosotros no nos extenderemos acer?U
de esto· tratamos simplemente de conservar por medio
de la pl'uma 7. del lapiz el recuerdo de ese supremo homenaje discermdo al gran Pasteur. Nuestros lectores desearán saber algo de la cripta y la reproducitn?S aquí tal
cual fué fotografiada la víspera de la ceremoma.
La cripta donde acaba de ser deP?sitado el cuerpo de
Pasteur fué construida en la extremidad de la plantabaja del Instituto Pasteur, bajo la escalera y el vestfbulo
que preceden á la sala de la Biblioteca. En lugar muy
visible, entre delicados arabescos, se lee:
AQl.'I REPOSA

lianas fosforescentes.

Quien en ciertas regio1;1es del mar océano viaja en noche lóbrega en que no brilla un lucero, obsery3: que al
olpe de la hélice sobre las aguas, brotan minadas. de
~hispas de plata. De dónde proceden? El ma: es lummoso dicen los poetas; el mar es fosforescente, _dicen los observidores. La ciencia esa ilustre ent~met1d~, no podía
quedarse con la curiosidad y ech6se á mvest1gar las causas de ese fenómeno lnminoso. A lo que p3:rece hay en la
superficie de ciertos mares infinidad de animálculos que
fosforescen en la noche, 6 mejor dic~o que en l~ noche
pueden hacer visible su fosforescencia y de ahí dimana el
hermoso fenómeno.
l\fás no solo hay fosforescencia en cierto~ mares, tarobien la hay en ciertas plantas y de estas vamos á ocuparnos. Los fulgores fosforescentes que producen en las
tinieblas ciertas flores ó plantas, constituyen, hay q~e
reconocerlo-, uno de los fenó!Ilenos ~as extra?ºª del reino vegetal. :Fué el ilustre Lmné quien, el pnmero, _atrajo la atención del mnndo sabio sobre estos hechos smgulares no observados ó desconocidos basta entonces.
Paseándose en una tibia y hermosa noche de estío en
el Jardín de su padre, qu.edóse muy .sorpren!1ido ante nu
macizo de '1'rop&lt;l't11m m,a,p,LS/a capuchina comun, que p~recía tener flores resplandecientes de coloraciones irisadas en medio de la oscuridad.
.
Cautivado por la novedad de un espectácul? semeJante, que tan inopinadamente se ofrecí~ ~ sus oJos, el fnturo sabio renovó muchas veces sus VlSitas nocturnas. y
cada vez bajo la bóyeda sombría de los cielos adormeci ·
dos, pudo darse cuenta de que hasta el alba, esos peri:grinos fulgores se escapaban de las_ flores de .1a cap.uclu ·
na. Un electricista de la época, ,v1lcke, á qmen el JOV~n
Linné había dado parte de sus interesantes observaci&lt;?nes. atribuyó esta parti?~laridad ~ un f1:nómeno eléctrico, opinión de que participaron mmediatamente nu}Derosos escritores que se ocupaban entonces de esta curiosa
propiedad.
Sin embargo, no todos e~ban de ac1;1e:do sobre este
punto; algunos de ellos ~mit1eron la opmió? de que esta fosforescencia no pod1a y no debía ser smo aparente,
fundándose solo en una ilusión de óptica. Sea cual fuere
la certidumbre de estas opiniones, divergentes, la verdad
es que como la producción de luces tiene pr_i~cipalmente
verificati vo durante las noches que la electricidad !ltmos·
férica predomina en el estado· late1;1te, la afi:mU?ión de
"·ilcke ha e11contrado siempre ardientes part1danos.

p A,~TEl'R.

La bóveda rampante que domina las g~adas.PO! las cuales se desciende á la tumba, lleva como In5?npc1ón, de~tacándose sobre el fondo de oro d~ )os mosaicos, el pasa¡e
!'iguiente del discurso de .recep~10n del. maestro en la
Academia :Francesa, especie de mvocac16n que saluda
deFtrle el dintel al visitante:
.
.
Feliz ar¡uel q11e llera en sí !'11 Dio~, )111 ~"l'&lt;fl dP Belleza1 ,1/
qu, le obedece, ideal de Arte, 11/eal de rirnc,a, ideal de Patrw,
-ideal rie /ax rirtades ernngí:lil'll.•.
A la derecha y á la izquierda, á lo largo de las superficies murales cubiertas de ese magnífico marmol de Cararra llamado «paonazzo.11 hay ~rau~es grupos de flores
de donde !'urgen, como un corte¡o triunfal, palmas .ten•
didas hacia la imcripción. Después ~bátese un pnmer
arco ornado de composiciones decoi:a,t.l\·as que recu~rdan
los trabajos de Pasteur sobre la rabia. A la iz~merda,
en paisajes claros, hay perros, ,¡_ la derecha cone¡os, y e~
el centro de la clave de la bóveda. e~ recuerdo de las primeras inoculaciones, el Pastor Jup1l extrangulando c,on ,
su fuete a un perro rabioso. l\Iás l!-llá de este arco, levantase, sobre el sarcófago muy sencillo, de pórfido de Sue·

DOMINGO 3t DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

EL PINO

Desde aquí, desde el pie de mi ventana
y en medio de las sombras, aquel pino,
tal parece un cansado peregrino,
á quien atrás dejó la caravana.
Será delirio de mi mente insana;
pero'á veces, mirándolo, imagino,
que espera junto al borde del camino
alguna hermosa aparición lejana.
¡Arbol agreste y funeral! Tus hojas
sqn menos que mis íntimas congojas,
menos que mis pesares ignorados.
¡Ay! el dolor me advierte que tú existes,
del mismo modo que las almas tristes
y que los corazones desolados.

LOS VF:NCIDOS
A Amado Nervo.

I
Es el bosque, huraño y grave,
de regazo siempre virgen,
re~io tálamo de fieras
y Jaula de iíguilas libres!
.A.! gran dombo de esmeralda
son los troncos ejés firmes;
por ellos bajan los rayos
como eléctricos reptiles.
Y son las ramas robustas
brazos de atléticos biceps
que sujetan las tormentas
por las erizadas crines ..... .
En medio de ese derroche
de fortalezas viriles,
¿que haces tú, doliente tronco,
qué haces tú, tan solo y triste......?
Cuando tu garrida prole
con arreos juveniles
el vernal soplo e..nbalsama,
¿qué pesadumbres te oprimen?
¡Oh, veterano del bosque!
¡Oh luchador invencible!
Cuando rugió la tormenta
¿qué anhelos sordos sentiste?..... .

II
Es de la playa riscosa
en el oculto arecife,
donde se hendió el duro casco,
al chocar, del viejo esquife.
En el légamo arenoso
echó profundas raíces
el domador de tormentas,
el burlador de las sirtes!
Y allf, en la costa desierta,
doliente, ohidado y triste,
si el mar ruge, desparece..... .
Si su furia amaina, se irgue t.•.•••
Cuando en cóleras estallan
los aquilones terribles
y los relámpagos raudos
sus alfanges de oro esgrimen,
allí en tus huecas entrañas
¿qué hierve, qué ruge ó gime?
¡oh, domador de tormentas!
¡oh, burlador de las sirtes!. .....

c2vocact·dm

III
.A.llá en el mundo desierto
alza sns paredes grises
-agrietadas de los siglos
por la guadaña impasibleel pobre templo en que ayer
se elevaron las sutiles
espirales del incienso
á las mansiones felices.
Allí el réprobo calmó
sus pesadumbres horribles;
halló grata paz el bueno
y consuelo dulce el triste;
subió al cielo la plegaria
y al conjuro irresistible
de las salmodías del órgano,
bajaron los serafines..... .
En las losas ulceradas
hoy serpean los reptiles
y en el viejo campanario
moran buhos irascibles..... .
Cuando pasa el peregrino
que sin rumbo el viaje sigue
y ante la cruz olvidada
se detiene y reza y pide,
¡oh despojo profanado!
en las grietas de tus grises
y carcomidas paredes;
en las manchadas efigies
de tus, frescos ya borrados;
en tus bóvedas sublimes,
¿qué tristezas se estremecen?
¿qué nostalgias hondas gimen?

Por $milia Parao ~azán.

IV.
¡Oh, tristezas! ¡Oh, nostalgias
de los viejos adalides,
de los vencidos ideales! ..... .
¡Xo estáis sglas! ¡Xo estéis tristes!
JosÉ I.
Flores y pJ antas fosforescentes.

73

Mérida, Enero de 97.

XOYELO.

El Marqués de Zaldúa, era al entrar en la edad viril,
Secretario de la Embajada, garzón cum{&gt;lido y apuesto,
con una barba y un pelo que parecían siempre acabados
de estrenar, manos tan pulcras como las de una dama,
vestir intachable y conversación intachable y en general
discreta: e? suma dotado de cuantas prendas hacen brillar en sociedad á un caballero. Y en sociedad brillaba
realmente el llfarqués: sonreíanle las bellas, y de buen
grado se refugiaban en su compañía á la sombra de una
la'ntana 6 de un gomero, en una serre, á charlar y oir historias, á desmenuzar el tocado ó á comentar los amoríos
de las demás. Su bmzo para ir al comedor, su compañía
para el rigodón, eran cosas gratas; su saludo se devolvía
con ·halagüeiía cordialidad, de igual á igual; ramo que él
regalase se enseñaba á las amigas, previo este comentario: «De Zaldúa. ¡Qué amable! ¡Qué bonitas flores!"
En vista de estos antecedentes, no faltará quien crea
que nuestro diplomático es un afortunado mortal. :N"o
obstante, el ::IIarqués, que por tener buen gusto en todo
hasta tiene el de no ser jactancioso ni fatuo, afirma cuando habla en confianza absoluta,' que no hay hombre de
menos suerte con las mujeres.
Si me pasase lo contrario; si fuese un conquistador me
lo callaría~uele añadir solll'iendo.-Pero pu~sto 'que
~ada conqwsto, .no hay razón para que me haga el mistenoso y oculte mis derrotas. Soy el perpetuo vencido: ya
he desesperado de sitiar plazas, porque sé que habría de
levantar el. cerco prudentemente, para salvar siquiera el
amor propio.
Reflexionando sobre el asunto be dado en creer que mi
mala ventura es !tija de lo que llaman mis éxitos de salón. ¿Ha observado·usted que las mujeres menos amadas son esas tan festejadas, esas reinas mundanas que al
pasarlevar¡ta°: rumor de admiración y á quienes todos
los bombJ'E;s tienen alguna insustancialidad que decir'?
Algo parecid~ nos debe de sucederá los que en los círculos al~o escogidos no hacemos papel del todo desairado.
También creo que me perjudica ....• no vaya usted á reír-

se...... la buena educación de familia. -:\!e la inculcaron
desde niño, y soy extremadamente cortés eón las señoras: imposible que nadie las trate con más respeto, con
más delicadeza. .A.l hablarlas las incienso; al aonre.írlas
les dedico un poema. Y aunque parezca extraño...... á
veces se me ocurre que las mujeres, por la depende.ncia
en que vive su sexo desde tiempo inmemorial, tienen un
flaco inconfesado por los hombres insolentes y duros, reconociendo en ellos al amo y señor. Los que e3tamos
dispuestos á descolgar la luna para complacerlas, quizás
pasamos por sandios ó por débiles, dos cosas igualmente
malas.
Cierto día, hablando así el Marqués á un amigo suyo,
el amigo le preguntó si era posible que tanta galantería,
tanta corrección, no le hubiesen valido algo más que simpatías, si nunca se. había creído dueño del corazón de una
dama. El ::IIarqués, después de algunos instantes de perplejidad conteetó:
-En fin, ya ha pasado tiempo; la interesada no existe,
y si usted me permite callar el nombre, contaré 1a única
fortunillti que tuve...... Después de que usted se entere,
no me hallará alabadizo por haberla contado...... es una
victoria negativa, que concurre á demostrar lo mismo
que decíamos antes, (y aquí el ::1-farqués sonrió con cierto humorismo triste), que no eclipsaré yo á los Tenorios
ni á los l\Iaiiaras.
"Una de las veces que viví en España con licencia para
verá mi madre, encargóme ésta que al regresará París visita.se á una Duquesa amiga suya, á quien no había visto
en,mucbos años, porque vivía retirada, desde la muerte ·
de una bija muy querida, en soberbia quinta, á poca distancia de Bayona. Resuelto :i cumplir el deseo de mimadre, resolví también no aburrirme, ó al menos no demostrarlo, en las horas que la visita durase. Me bajé en la
estación más próxima á la quinta, donde ya me esperaba
el capellán de la Duquesa con un break.»
«A fuer de señora fina, la Duquesa me recibió con muestras de contento, y salió á saludarme al vestíbulo, toda

�DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

7S

EL MUNDO

---~ - - = = = = = = = = = = = ~ ~ = = = = = = = = = = = - e = = = =

· 74

EL SOMBRERO DE CHISTERA

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11,'

de luto, sin más adorno que nn')~ penlientes de perlas de
inestimable precio por lo iguales, lo gruesos y la hermosura de oriente ......»
-¿Cómo aquellas dos perlas que usted lleva en la pe·
chera muchas noches?
-«Justo. :\Ii primer movimiento al verá la señora, fué
tomarla la mano v bes,freela con devoción v viveza. No·
té sorprendido qtie tan senci !la atención le·hacia salir el
eolor á las mejillas. ¡Cuánto tiempo que n:idie le besaba
la mano! No sé por qué, al advertirlo, me ocurrió lisonjear un poco á la pobre señora, tratándola como se trata
.á una mujer joven, guapa y digna de un muchacho de
hncna sociedad, con habil mezcla de respeto y galantería.
L:is primeras :palabras de la Duquesa fueron para notar
mi gran parecido con mi madre, y lo dijo con la tierna
tnrbación del que recuerda afectos y alegrías pasados.
D&lt;!spués añadió que, comprendiendo lo que son muchaehos, me rogaba que me considerase en su casa enteramente libre, y que sabiendo las hora,; de comer, y enterado de que en la quinta babia coches y caballos á mi
di~posicion, podía arreglar los días á mi gusto. Respondí
eon calor que no me había desviado de mi camino sino
para verla y acompañarla, y que ella no sería tan cruel
que no me permitiese gozar, r.unque solo fuese por breve

tiempo, de su conversación y
trato. Xuevamente se coloA no ser porque los voraces ratones se lo llevaron en
reó su cara, y como hiciese
una indicación al , capellán claro así como otras partes del interesante manuscrito,
paraquememostraselaquin- yo p~dría decir ahora mismo el nombre del afortunad&lt;&gt;
ta, la supliqué,-s.ino la era pueblo en que nació la moda del sombrero de desaforada.
molesto-que me la enseña- copa que generalmente se conoce en España con.el nomse ella misma, á la hora que bre de «Chistera,» y en otros países de nuestra babia le
tu viese por más conveniente, llaman sombrero de pelo, sorbete, bomba, ¡pumpá! Y deporque el recuerdo de aque- otras varias y chistosas maneras.
:Mas es fatalidad perseguidora de los abnegados varolla finca se uniese al de su
dueña en el santuario de mi nes que nos dedicamos á la gloriosa tarea de escarbar en
memoria. Al punto la Du- apolillados archivos para ver de desentrañar los orígenes
quesa pidio su sombrilla, su y principios de cosas no sa~idas p~r la hist?ria, t:l que,
sombrerito de jardín, y sin si á. dar llegamos con algun prec10so lega¡o, qmera el
dilación quiso que fuésemos mezquino acaso que resulte trunco en aquello que más
á recorrer arriates, estufas, interés encierra, ora porque el olvidadizo narrador se lo
bosque, río ó granja ó caserío dejó en el tintero, ora porque lo escribiera con las heces
de los colonos. La presenté el de la tinta, y en la dicha substanciosa parte, con p~febrazo y la sostuve con alma, rencia á otras de mayor desabrimiento, ee cebase el diencon la tensión de músculos te de iliterata bestia ó de golosa musaraña.
No reza, pues, el vetusto papel que á la vista tengo,
que en un baile desarrollamos para pasear por los salo- cuál fué la galardonada villa ó aldea en donde por priJ:nenes á la rema de la fiesta y os- ra vez se miró lucir, sobre la cabezas de criaturas del género másculo, el sombrero, betuto ó cesto que ha llegado
tentarla.
'1 uDnranteel paseo lafuí ani- á ser de uzanza universal, vistoso ,ípice y supino ornamando, á fuerza de atención, mento de la humana estructura.
... . .;r·
De que fuera pueblo de Españl~, no queda la más l~ve
á que hablase mucho, y dos ó
duda; no tanto por estar en puríS1ma lengua de Castilla
tres
veces
la
hice
reír
y
conf' ~ ' :
testar en tono chancero. En escrita la memoria que me porpongo extractar, como por
el invernáculo nos paramos constar en ella muy prolijamente los nombres y señas de
.
delante de una flor rara, el las personas todas que, á la historia, siempre tardía per!)
jazmín doble, y alabando ~u á las vegadas justiciera, se recomendaro~ e~ grad~ emiaroma, laroguéquemepus1e- nente como promovedores de tan peregrma rnvenc1ón.
l'uerto de mar era, y ha de serlo todavía el pueb_lo en
• . «::.
se una rama en el ojal. Consintió declarando que era yo cuestión, y asi lo podrá jurar sobre cruces el lec~r impamuy caprichoso: y mientras ciente; si refrenar logra las ansias de su curiosidad Y se
me su¡etaba la rama con sus deja conducir á las conclusiones luminosas á que derechadedos torneados aún, la mi- mente pongo proa en la presente exploración de tan imr¿ al fondo de las pupilas, co.n portante arcano indUIDentario.
Era el ignoto pueblo famoso entre sus vecinos por la
una gratitud risuef'ia y, ... no
sé como diga...... iba á decir abundante pesca, por la hermosura de sus mujeres y por
amorosa...... en fin, con un no la celosísima disposición de éstas, que sólo podia ponerse
sé qué, que la hizo bajar los en parangón con la traviesa inclinación de los hombres;
y muy particularmente los de estado casado. Y dicho _sea
ojos ...... ¡Sí, bajarlosl
uYolvió de laexcnrsiónal- de paso, que el á veces irreflexivo autor del manuscnto,
go fatigada; subió á arreglar- acaso por echarla de imparcial, se permite decir que si
se para comer, y durante la mozos y viejos eran dados á algo más que á chicolear la
comida procuré seguir entre- mujer del prójimo, no se andaban ellas por las ramas en
teniéndola, sinque la conver- punto á correspondencia; y va el muy osado hasta querer
sación languideciese un mi- probar, con desusados escar~os y distingos psicológicos,
nuto. A. los postres, volví á que el celar mucho no excluye en la mujer el cojear un
ofrecerlael brazo, y ya lo to- poco; con lo que se viene á poner en claro que el tal era
maba para pasar al salón, de los que por aliviar su propia alforja echan en la del
cuando el capellán, asombra- sexo debil los pecados gordos del suyo fuerte, y sostienen
do, la recordó que faltaba dar que no enlaza el ladrón la vaquilla, sino que es ésta la
las gracias. Rezamos, y ya en que se va tras la soguilla.
Costumbre era ya en los maridos el venirse á casa pael salón; me senté al lado de
la Duquesa é insensiblemen- sadita la media noche, y en no raras ocasiones al despun ·
te la traje á hablar de su ju- tar del alba; permaneciendo durante esas mortales horas
ventud, de sus triunfos. A.l las pobres esposas en constante vigilia, contando y torcontarme que en un baile de nando á contar las vigas del techo ó pasando unas tras
casa de Muntejo llevaba tra- otras las avellanas y nueces del rosario, no tanto para disje rosa salpicado de jazmi- traer su pena en este monótono ejercicio, como por ver si
con el afán del rezo alcanzaban de algún compasivo sannes-justamente de jazmines~xclamé co1~0 ~nvolunta- to la merced de sacarles á sus maridos de los malos pasos
riamente:-¡Qué hermosa eetana usttd!-\ olv1ó la cabe- en que andaban y se les trajesen á casa á la hora en que
za, hubo nn silencio eléctrico d~ al_~~os segundos ..... . se recogen las personas decentes y cristianas.
y noté que su respiración se hacia di_t1c1l.
.A.lgo zumbón parece ser quien quiera que escribió los
«Al retirarme á mi cuarto, recapacité, Y ~e alarmé, l? apuntes que voy siguiendo, pues que dá él en la flor de
confieso; ví en perspectiva Ja_r~diculez pos1~le de una si- atribuir la poca ó ninguna ayuda que á las afligidasespo-tuación hasta entonces tan ongmal, tan graciosa, tan cul- sas lograban sus continuos rezos, á que no los endilgaban
ta...... y resolví marcharme á coger el tren que pasa al á los patronos especialistas que á su cargo tienen en el
amanecer por Bay0na. Dicho y hecho: ealté de la caro~, cielo el iluminar con luces de arrepentimiento la concienme vestí, bajé i"i la cuadra, mandé poner el break, Y de¡é cia de los pecadores maridos, ó que los santos ponian ore1111a cartita para la Duquesa, donde P!esentánd?la to- jas de mercader á sus ruegos, por ser muchas y á un tiemdas mis excusas, indicaba que las despedidas son Sl~mp,re po las que pedían el mismo milagro.
melancólicas, y que mi deseo era qn:e no quedase mngun
Dejando á un lado las nada ortodoxas deducciones del
roa l recuerdo de mi breve estancia.
.
preocupado cronista, las cualee indulto yo por conside«El día de año nuevo recibí en París una c~Ja. No co~- r~rlas como picaresco adorno de su ~nteresan~ relatA:!,
tenía más que jazmines dobles. El ~ía de m1 !anto, reci- diré de una vez que los maridos contmuaban mcorregi·
bí otra. Igual contenido. Al cumph~ u_n ano-d1a por bles, y así ponían ellos mientes á los edificantes sermones
d[a-de mi llegada á la quinta, más ¡azmmes. Ya ~o pu- de sus lastimados cónyuges, como pudieran ponérselas á
de dudar de la procedencia. La Duquesa !os cnaba á lM arengas del rey que rabió; y ya quisiera yo que me
precio de oro y me los enviaba en toda ~s~ac1ón.
muy sarraceno del cronista, para espetarle las
uDespués nada recibí... más que la not1c1a de la muerte oyese el que
á este punto de su historia se me ocurren, y
de la Duquesa y á poco me entregaron esas perlas que razones
que todo lo que en el ingenioso mundo en que habita·
usted sabe-s~s pendientes-que en su testamento_ me es
sucede, no és sino en bien de lo mejor, como lo palegaba á título de recuerdo del día en gue nos conocimos. mos
~ntiza el presente caso; porque muy á las claras está que
Así rezaba la cláusula: en r¡ue nos conoc-imos.
s1 aquellos extraviados maridos hubiesen vuelto al redil
uEa. ya sabe usted mi conquista-:····"
. .
-¿Y usted cree-preguntó el amigo con suma cunoSl- de la honestidad, no hubieran :podido verificarse los graves sucesos que por resultado dieron la invención famosa
dad--que la Duquesa no enfermó de pena de no verle?
-La Duquesa tenía sesenta y cinco años-dijo por vía de los sombreros de betuto, que es una de las cosas de
más primor y utilidad que en el cuasi expirante siglo en
de contestación Zaldúa.
que vivimos se han podido ima~inar.
• EMILIA PARDO BAZÁN.
Escrito estaba q'.le la paciencia de aquellas eantas mujeres _había de llegar al límite que todas las cosas humanas tienen señalado; y una de ellas, de temperamento más
sulfurable que las otras, se decidió á dar por fin el escándalo gordo que todas deseaban.
Frondosa y musculada era la moza, y aunque mansa,
no por la índole sino por el mucho amor que á su marido
tema, en trascendiéndole á la sangre la pimienta de los
celos, la borreguita se revelaba, y como ella misma decir
solfa: se le alnmbraban los faroles y se le subía á lamo·
ller~ toda la injundía vizcaína de su propia eerrana.
Por burlarse tal vez de lo que es santo,
Cierta noche en que como de ordinario aguardaba descreo que fué el demonio
p_abilada, y no parecía por puertas el tarambana del maquien llamó al matrimonio
ndo_, arrojó á la mesa el rosario con que rezaba, y ya con
la noble institución del desencanto.
el vizcaíno en el moño dijo:
A paseo se va ahora mismo toda la santería del calendari~; que yo soy muy mujer para barrer los vicios de mi
***
En guerra y en amor es lo primero
propia casa.
·
el dinero, el dinero y el dinero.
Que lo de barrer no lo dijo como simple tropo de su celosa ira, lo probó echando mano á la escoba que por ah(
CA:Yl'OAXOR.

~:,.

pa,s:;.do y mugiente. Venía hacia mí, arrastrándose, erinera de chisteras de pescadores, puestaE á modo de mo- zada, cieslizándose entre mis piernas, ó bien me saltaba
rrión,
que
parecían
como
de
encargo
para
resistir
la
mumos3: señora detfÓ:s de una hoja de la puerta, aguardó al
al hombro, se restregaba en mi cuello y trataba de ocul_perdido, en la actitud en que se espera á perro ladrón pa· jeril paliza, siendo maravilla que las acometedoras no tarse debajo de mi barba. Nose atrevía áiraesin mí; al dar
hubiesen advertido tan desacostumbrado como desmedi- yo el primer paso hacia la casa, corría precipitadamente
ra derren~lo de un solo palo.
El perdido no apareció hasta que el sereno hubo canta- do ornamento, que á quienes lo llevaban les impartía allá, al llegar á la puerta se detenía, me aguardaba y rue
apariencia de verdaderos espantajos.
do las cuatro en punto, con tiempo nublado.
mil caricias como ~radeciéndome el regreso.
Hermana melliza de la fama es la deidad éxito, como lo hacía
l\Iás nublada tenía el alma la infortunada mujer· así es
Era tímida, delicada, tierna; todos la querian; desde la
que al entrar el infi~l, levantó ella el vengador ~rrote, pantentizó muy bien la voluble y servil opinión pública prisión se impuso por el afecto; los ladrones detenido~;
.Y descargó á su marido en la cabeza (para que le librase de aquella idea, .tornándose en cobardes risas los aplausos que eran nuestros criados, se guardaban bien de hacerle
J)ios de los malos pensamientos) tan soberano cachipo- que antes daban todos á la espartana determinación de &lt;iaño. Se nos encerraba á las diez de la noche; un enorme
rrazo, que le dejó tendido por el suelo, bañada la faz por las egregias II,mjeres. Corridas se quedaron las agraviadas, cerrojo atravesaba la férrea puerta de la celda, hasta las
~norme caño de sangre, como si por a111 se le derramase pero no del todo tranquilos los del agravio, quienes, te- siete de la mañana, por más que enfermase alguno. A. vemiendo un nuevo y mejor concertado ataque, continua- ces, en el momento en que se nos emparedaba, Gris, que
la. vida.
Testarudo era el libertino, y lo era de ambos 'preceptos, ron por muchos días llevando en la cabeza aquella rarísi- no conocía del todo las costumbres de la cárcel, no hab111
lo que para él resultó sn grande fortuna, pues el palo ha- ma montera, coraza ó capirote, á que debían la sanidad entrado aun: los guardias nocturnos la encontraban maubía sido como para abrirle en canal, y así lo declaró él de sus molleras.
llando á mi puerta y faltando á la consigna corrían el ceQuiso entonces él acaso ( lo más derecho es creer que
fí!;ico llamado de p:isa á socorrerle, al ver que necesitó
rrojo para que entrase.
hasta tres pulgadas de emplasto adhesivo para tapa¡- la fuese providencial concidencia), el que á ese tiempo
Jersey gozaba grandes privilegios. Comía á la mesa,
arribaran al pueblo unos marinos de la América del Nor- enEn
brecha que el paciente en el bautismo tenía.
la cual tenía su plato en un ángulo, manejándosA de
Curóse al fin de su avería el buen señor, y cándida- te, los cuales se maravillaron de tan excelente usanza, y modo que á nadie incomodaba. En mi habitación era somente creyó su esposa que curado hubiese también del dando por cierto que era moda novísima que hasta allí se berana: tenia derecho á: la mejor poltrona, y como á los
viciejo aquel. Pero muy lejos de arrepentirse de su pe- había corrido desde los centros de la Europa, al :punto lo gatos les gusta el lujo, una encantadora dama la había
-caminosa afición, en cuanto puso patitas en la calle, vol- noticiaron á sus armadores de Filadelfia, enviándoles bordado 1·ico y muelle cojín. Durante la noche, para ca• vió á las andadas, y con redoblado gusto, pues en come- también unos muy bien pergeñados diseños con su indis- lentarse, se acostaba en mi cama; en el invierno se metía
xones de este jaei la privación aviva el prurito muy lejos • pensable escaJa de proporciones á la margen, de aquellos dentro de las sábanas. Cuando sentía demasiado calor,
flamantísimos sombreros que ellos no encontraban modo sacaba el cuerpo ó la cabeza fuerade los cobertores; yo_me
de aplacarlo.
Hacía~ entre tanto todo lenguas el desocupado pueblo, ni palabras para decir lo bien que les parecían, acaso por sentía penetrar complacencia cuando, al despertar, en,comentándose en corrillos de ambos sexos el escandalo- antojársele á su ingenio mecánico de raza, algo así como contraba su cabeza al lado de la mía.
.so caso, y ya se puede imaginar el lector si se pondría cajas ó fundas protectoras de la máquina de pensar.
Era la dulzura personificada. Un día, sin embargo, se
Esta carta. en que además se decía que al referido para- tornó feroz. A poco de salir volvió trayendo entre los
por las nubes en los corros femeninos el valor y la prutlencia de la viril esposa, á quien de Juana Robles, que peto sombreril se le llamaba uChistera,n fué á manos de dientes algo que colocó en medio del cuarto. Era un
mondo y lirondo se llamaba, dieron en decirla Juana de unos sabius que ála sazón componían una Enciclopedia,
ratón.
.Arco, aludiendo en lo posible á la doncella de este y lus tales sabios, con exactitud digna de loa, dieron en
Allí estaba el infeliz ratón, inmóvil, silencioso, fija la
su
libro
la
definición
ilustrativa
del
invento,
verbigranombre.
mirada, estupefacto. Gris hizo que se alejaba; su víctima
-Pues no tiene sangre de rana la Juani"a,-decían las cia:-"Chistera:-Sombrerero de mimbre en'forma de ces- trató de huir con presteza, pero una zarpada violenta la
-demás mujeres en coro.-Así: ¡por la cabeza! que por to alto y angosto, de11cubierto en Espaíia 'por marinos detuvo: volvió ásoltarla y el ratón intentó una nueva huidonde pecan paguen, y muy recio que de alcornoque la americanos.»
da, pero fué tan desgraciado como en la anterior. Así
Cayó en poder de cierto sombrerero cuákero la ya dos paso
tienen los muy pillos!
un cuarto de hora, Gris cojiendo su presa y soltánDado como estaba el ejemplo, naturalmente encontró veces mentada carta, con los diseños y todo, y dióse ma- dola, permitiéndole por instantes alejarse un poco_y salña
para
fabricar
con
láminas
de
hojalata
muy
febles
un
imitadoras. Y ¿quién dijo miedo?
·
tándole encima con increible agilidad, recogiéndola de
Refiere el no muy escrupuloso narrador de este verídí- molde 6 armazón, sobre la cual montó en seguida fajas nuevo mils y i;nás ensangrentada y moribunda. .
eo caso, que las mujeres del lugar acudían en tropel á de cartón encoladas, y por último la aforró lindamente
llnbo un momento en que el ratón comprendió que su
procurarse escobas flamantes á las tiendas en donde esta con unas bandas como de á cuarta, de velludo muy sutil; enemiga se burlaba de él; desistió de aquel peligroso juego
elase de artículos se tiene, y hasta dá por cierto que las y todo con tan exquisita arte rematado, que primero por y se quedó iumovil. Gris se alejó un poco, luego más,
docenas y más después por cientos, llovíanle los encar- volvió la mirada hacia otro sitio, contemplando con atenamotinadas compradoras al perplejo vendedor decían:
-Un comino se nos dií de que sean ó no buenas para gos de la famosas chisteras. Con una de ellas acertó áha- ción una mosca que revoloteaba en la vidriera; con todo,
un barrido, pues para un fregado es que se han menes- cer su entrada á París un diplomático yankee. Burláron- este olvido no duró sino cinco minutos. Recobró alientos
ter. Búsquelas vuesamerced bien recio el palo, y de lo se al principio los currutacos parisienses del sombrero el desdichado ratón y aunque corrió velozmente hacia la.
del americano, más á la postre ·10 adoptaron, conservándemás no se cure.
puerta, yl\ tenía encima la inevitable garra,
C0sa que, bien mirada, no ha de tenerse sino como dole el primitivo y chusco nombre de Chistera, que de
Desde aquel momento, por más que Gris se alejara al
España
le
viene
como
de
perlas.
&lt;&gt;xageración de la pluma desbocada del primitivo autor
extremo del cuarto y se entretuviese cazando la mosca ó
Sostienen
algunos
arqueólogos
exJ.mios
que
el
nombre
de esta crónica, porque, ¿cómo habían de carecer en sus
haciéndose al descuido la toilette, el ratón no se movía. Al
easas aquellas hacendosas señoras, cuando menos de un de Chistera cuelga su origen en el hecho muy probable fin, la gata se percibió de que aquello.era un ardid; emde
que
fueron
reales
y
efectivas
cestillas
de
:pescadores
veterano escobón: ni cómo habían de irá hacer novillos
las que los maridos de marras se colocaron á gu1Sa de blin- pleó la violencia y saltó sobre su víctima, hundiéndole
de aquel secreto plan que concertaron?
dientes y uñas en las carnes. El ratón, en efecto, corría
Con mucho tiento ha de irse el que la dá por escribir daje protector en la noche de la fracasa.da paliza de las tratando de fugarse y lanzando chillidos dolorosos; pero
escobas;
en
tanto
que
otro2
no
menos
profundos,
resuelhistorias, pues que no es para esta rama de las letras el
en vano; Gris lo perseguía, lo mordía, lo arrojaba ataire,
dejarse llevar por los caprichos de la imaginación, lo cual tos á no dar á torcer su brazo en tan intrincada materia, Jo recibía entre las uñas, lo volvía á lanzar, Jo apretaba
se
aferran
con
ingeniosísimas
razones
á
la
versión
que
sJlo cuadra en las ficciones del arte poética: así como
quiere que el tal nombre tenga por fuente ó raíz el juego contra la pared, lo arrastraba, loca, ébria de sangre, es~mpoco_cabe e1;1 los sucesos verídicos que se cuentan, el de
los vocablos o&lt;chiste-era,» aludiendo á lo del chasco pantosa, soberbia y colérica. Erizada de frenesí, brillarntroducir donaires que alterar puedan la .esencia y verban sus ojos como brasas y parecía la tigre que había en
en
que
por vez primera figuraron aquellas extravagantes
dad de lo que se va relatando; prurito muy censurado á
el fondo de la gata! Los chillidos de la víctima fueron
fábricas
en
cabeza
humana.
Herodoto, quien siempre confundió lo cierto con lo fa.
Mengua fuera de las resplandecientes luces que en el debilitándose, al fin cesaron: lanzada casi hasta el techo,
buloso, por lo que, con ser escritor tan ilustre, no logró
presente
siglo alumbran, si por incuria ó por cualquier cayó inerte. Hábía mue1to. 1
ser historiador fiado; y ningún crédito se dá á sus relatos,
Gris la consideró un momento, como dici~ndo ya!, la
mientras que á Tácito y á otros de la misma laya nos los 11tro motivo, permitiesen las muchas y buenas academias arrojó con desdén á un rincón y fué á tomar el sol.
que
en
las
varias
ramas
del
saber
tenemos,
el
que
quedaponemos sobre la niña de los ojos, por eiervos de la verPresencié aquella tortura con horror, pero sin intervese sin el debido esclarecimiento este principalísimo pundad que en todo fueron.
nir, gozoso de poder reprochar á la naturaleza aquella
to
de
la
historia;
que
á
otros
habrá
de
tocar
la
no
menos
Lo que debió decir parcamente, y se habría quedado
agonía abominable, diciéndome: uEso concierne á Dios,
en lo verdadero el narrador que ahora seguiremos sin gloriosa empresa de sacar en lim:pio comprobanzas irre- que así ha dispuesto las cosas; no seré yo quién las enfutables
del
hecho
ya
patente
casi
de
que,
el
(
como
ahora
cejar un punto, es que había conspiración general en las
miende: allá se los haya!» Sin embargo, me arrepentí
mujeres casadas del pueblo. Y en efecto, (y sin que nos se estila llamarle) vertiginoso progreso moderno ó alto luego de haber permitido aquella atrocidad, y siemengolfemos en averiguar cómo y en dónde hubieron ellas vuelo del humano ingenio, débese, en no exigua propor- pre que he visto un ratón presa de nn gato lo he protelas homicidas escobas, ó si algunas las suplieron con for- ción, á la influencia del sombrero de Chistera sobre las gido.
midables porras ó con descomunales estacas, que todo r~giones del intelecto, las cuales es sabido que el suHoPero ¿qué les habrán hecho los ratones á los gatos en
cabe en lo posible si en cuenta se tiene.el desesperado dicho aparato protege, refresca, acondiciona y corro- épocas anteriores á su existencia?
tranée de aquellas ofuscadas matronas), el hecho es que bora.
Naéen con ese odio hereditario, y si acaso no lo sienten
N. BoL,ET PERAZA.
concertado se hubo el trál!:ico plan de que, en una noche
lo bastante, las madres se los inspiran. Recuerdo que.la
-dada, cien esposas ofendiclas debían de caer á rompecagata-blanca de la Conserjería se instaló en mi pieza con
"::;;c)j_~~i1.~-~,,~ ~~-~
bezas sobre sus trasnochados maridos, con el loable y
sus pequeñuelos y que no tenían aún cinco semanas de
muy santo fin de volverles á la olvidada devoción de la
HISTORIA DE UNA GATA
nacidos, cuando una noche la madre les tl'llj" un.ratón
sola mujer 9-ue les entregó la Iglesia, con exclusión de
que colocó sobre una losa. Los cuatro gatitos se aproxitoo.a pecammosa promiscuidad.
En mi destierro de Jersey maron tímidos y curiosos; la gatitcomenzó su lección de
Cuenta el minucioso describidor de estos sucesos, en
tenía una gata por la que me tortura cogiendo y soltando alternativamente su presa;
tono que por alzarse á lo épico se extrema en lo hinchainteresaba vivamente y la pero como las celdas no son tan espaciosas como las aldo y altisonante, que eran siniestras las intenciones y
que,-antes de ser mi com• cobas, y como la madre, atenta á sus hijos, no vigiló lo
p.1.vorosos los aprestos de la conjuración; lo cual pudo
pañera de proscripción-lo suficiente al ratón, éste pudo escaparse de prisa,
,quedar dicho con la requerida propiedad y menos cauEl de;;contento y la humillación de la gata no tuvo lífué de cárcel, pues había nactal de pasión, pues no era aquello tenebroso plan catilicido en la Conserjería cuan- mite; sentía sobre sí las miradas de sus cuatro hijos que
nario ni cosa parecida sino desesperado recurso de podo estuve en ella; hija de parecían decirla: y bie1d Su dignidad de madre y su odio
bres mujeres agraviadas en el más peliagudo precepto
unagata blanca qne un pre- de gata estaban comprometidos y ultrajados; movía la
del decálogo.
so político llevó todavía pe- cola airada, y como uno de los gatitos se acercara para
Y tanto fué así, que las presuntas víctimas olfatearon
quefla y que había visto cre- acariciarla, y le pisase la cola, le dió tal arañazo que lo
la celada, y con grande di:igencia y mejor guardado secer allí. La preferí á tres her- hizo rodar deba¡o d.:i la cama.
-creto, diéronse prisa á apercibirse para el lance.
El ratón se había escapado por el intersticio de una
manos que tuvo, por su
Despuntaba ya en el horizonte el lucero de la alborada,
mansedumbre, por su sedo- plancha de metal de la chimenea. La gata se colocó frente
-c•1ando los esposos correntones asomaron las narices por
sa piel, por su actitud inteJi. á'.aquelaiujero, fija la. mirada, absorta, inmóvil; cuando se
Lis puertas de sus re~pectivas moradas, y apenas hubiegente, por sus grandes ojos convenció de la inutilidad lle su vigilancia, pues el ratón
rnn dado un paso, cayó sobre sus cabezas, con toda h
de vi vas miradas que tenían no salía, resolvió entretener,e con sus liijos.
agigantada fuerza de los celos, el palo vengador. Más
algo de humano. La obtuve
Transcurrieron tres días ,iPspuésde esta aventura que
eou sorpresa y grande desaliento de las confabuladas esde su dueño, quien me la ce- ya había olvidado, cuando v1 aparecer al borde del aguJl ,sas, los garrotes no produjeron daño alguno en la cúdió de buen grado; la cobré jero á un ratoncillo de amorti~uados ojos, que parecía
1mla pensante de los refractarios maridos, antes bien reespecial afección_y al salir buscará alguien. La gata maare acababa de ealir y los
'b ,taron sordamente. de la ~opia n:¡_anera que si hubiese
•&lt;lado contra almohadicas de pura estopa ó guarda-infan- de la cárcel, Gris,-pues llevaba el nombre del color de su cuatro gatitos dormían en un rincón sobre una piel de
camero que se les había comprado. El ratoncilló adelanpiel,-me siguió al destierro, á Jersey.
tl'S de flexibles juncos.
Extraña impresión sintió aquella gata nacida en un pre- tó las dos patitas delanteras, luego su cuerpo enflaqueciCorramos un velo, dice el socarrón del cronista, sobre
prob&gt; á dar algunos pasos con lentitud;
·-c~ta escena de drama trastrocada en salida de entremés sidio, viajera de cien leguas en el fondo de una cesta, al do y estenuado;
sobre el dorso y expiró. Riñ duda el agujero no lle' h.\gamos como que nn vemos el despacho de las adolori- encontrarse de repe_nte al aire libre, en pleno espacio, á cayó
gaba hasta la pared ó ésta era demasiado maciza y n o tedas mujeres y la burlona risa de sus empedernidos con- todos los vientos, entre el océano y el cielo. Acost umbranía grietas en donde ocultarae: el ratoncillo había pasai'nrtes, y digamos tan sólo la causa del deplorable fraca- das sus pupilas á los sombríos pasadizos y á las celdas do
allí tres días sin comer, prefiriendo morir de hambre,
obscuras en las que siempre fué noche al mediod ía, no pn'l'O, que no fué otra sino q11e anverthlas las víctima~, del
riesgo y peligro que corria la integridad de su bautismo, día explicarse los explendores de la. luz solar sobrn las antes que tropezar de _nuevo con el terrible felino.
::icomodáronse sobre de él, en vez de !:ombreros unas co- aguas. Le espantaba el oleaje tnmnltnoso, su azotar inAuGUSTE_YACQUERIE,
~a; huecas y flexibles de más que mediana altura, a roa- cesante sobre los bancos, el inmenso ,·aho océanico, acom-

:se estaba como previniendo el caso, y ocultándose la ahi-

�DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

EL DANTE EN MEXICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CO.XTINUA.)

... Y no sé cómo, sin darme cuenta,
llegué á la curo bre de un acantilado, desde la cual Fe dominaba una plazoleta,
cuyos términos de pellones cortados á.
pico y escarpaduras espeluznantes, finf?Í3Il en el f&lt;;mdo negro de. ]anoche fatídicos y capnchoEOs h~eam1entos: u:1 torso diabóljco, una esprna dorml g1gan ·
tesca un monstruoenorme, un bipopótiuno' leproso, una sal_n[!landra c'?lérica.
A lo_ lejos, en las bmeblaf', brJih1ban
los astros como chispas de fragua.-Busqué un tanto extremecido y confuso-cosa rara y perjudicial en un repórl&lt;rá. mi Virgilio........ pero r,,efioree, saben
m:tedes quiénes mi Yirgilio? :Ko t-Eaquel
buen_poeta latino de las églo_gaf=, el que
adoraba la Naturaleza y cant6 las proezas de En€as 1 el que sopló con alientos
del Helicón y amor del Pindo en el
caramillo de Pan, el que amaba á los
pastores y se c'on::placfa en seguir con
la niirada las palpitaciones iracundas
en el pecho de Juno; no, mi Yirgilio,
menos chí.eicoiy quiz,1, quizá, miis hu·
mano es un travieso espíritu, malérnlo
por c~ndíción y por temperamento1 que
á semejanza de Puck. hace cuantas diablur,1s puede, y it ililitacion del fam0so
Cojuelo levanta los techos-las rapern·
zas de las casas-para so1 prender el secreto de las coetfimbreE&gt;, el misterio de
las vírtudes y el escondite ·de los Yicios.
Mi Virgilio sabe muchas cosas-no_tm!tas como fas que sé yo-y, aunque rnnsible se pasea todas las mañanas por
Pla~ros para recoger la nota del día en
las deshilachadas com·ersaciones callejeras: sabe del ab:a y baja de fas minas,
por los coyotes; del alza y baja de la Política, por los diputados, y del alza y baja del honor por los irresistible!{.
En Plateros, de doce á una, se fiende
el e'jército de los desocupados, si es que
todavía se entiende por ocupación emplear el tiempo en algo honorable y honrado. A primera vista 1 tal parece que
los cábaUeros de boulcvard están ocupadísimos¡ el rumor de las convereaciones
parece ruido de monedas; todos los pa1ique13 son juegos de bolsa; el air~ esM,
lleno de transaccione8 ....... En el fondo,
y bien mirado, la calle de Plateros e,s
un centro de banqueros de pega y de
prestidigitadores mercantiles. Hay también sus rateros de reputaciones y ms
calumniadores de profesión. Mi Yirgilio
es un espíritu punzante que conoce al
dedilló los círculos y vericuetos de este
infierno. El me indicó, desde ltJe'J'o, ,t un grupo de!condenádos que1 á paso fatigoso, se fiftraba por el estrecho
tajo de una pefia.
Frente á ellos, en el extremo opuesto, sobre el altar
salvaje de unas rocas, un gran libro abierto, se despanzutraba,encadenado á. las piedras como un Prometeo lleno
de desesperación ..... .
A su lado un tintero colosal y una gran pluma de águila hacían las veces de las oce,ínides consoladoras.
Saqué mi carnet y me dipuse á tomar los apuntes de
este extravagante ri.portage. Mas ¿qué ví que me intimidó
é l:íizo temblar el lápiz en mi mano?
Por encima del libro, en un banco de taberna, en actitud hiératica, con las membranosas alas extendidaJ, y
con su bidente en la diestra, estaba socarronamente sentado un diablo cuya cola retorcida descansaba por la punta en la oreja izquierda1 tal cómo suelen llevar los porta~
plumas, cinco horas por lo menos de los siete obligatorios,
los escribient-es de los ministerios. Al principio tuve Wl
TODO ES ASI.

Un cielo azul, un horizonte limpio,
Doude brilla la luz de la esperanzai
Un enjambre de bellas ilusiones1
Un pebetiero que perfumes manda,
Un raudal de inefables harmonlas,
Un ensueño que lánguido desmaya,
Una alfombra de flores por camino1
Una deidad por la mujer amada;
Flores y luz, aromas y cadencias ........ .
Es muy bello todo eso ......... ¡pero amarga!
Aspifar el perfume de las flores,
Escuchar arrobado lo que canta;
Saborear los encantos de este mundo,
Lo poco que en la vida nos halaga;
A.h.1.mbrar del espíritu la tarde
Con el ténue fulgor de la esperanza,
Sentirse amado y apurar la copa
Con que nos brinda la mujer deseada,
Vivir en medio del festín, contento ....... . .
Es muy bello todo eso ......... ¡pero cansa!
No ver las cosas á través del priema
Que con bellos cambiantee nos encanta,
Alejarse de influencias seductoras,
De la hermosa ilusión que nos engaña,
Trocar el mentidor kaleidoscopio
Por el cristal que la verdad retrata
Y aceptar de la vida el prosaísmo ... ..... .
Es muy bueno todo eso ......... ¡pero amarga! •
TJN Pm,'To.

-A.Mateo$. 0

,,,

•rd.S.C.~..
1 Joa

uin

' a
tio

•iarano.

EL DANTE EN MEXICO-EL REGISTRO.-"No se hagan bolas.

miedo cerval; mas conforme fu( mirando el rostro impa~
sible de eE&gt;te sér infernal, entré en sosiego: no era mal
mozo. Se parecía un poco á Nacho Bejarano, y tal vez
al simpático Luis Galván: tenía los bigotes finos y retorcidos, los ojos entrecerrados y la fisonomía apacible y serena. Así es Nacho cuando se pase!!. por los salones del
Gobierno del Distrito y Galv:in cuando suspira, en conciertos selectos, sus exquisitas y aristócratas romanzas.
¡Oh, Conserje de las profundas y aterradoras simas,
atractiva mezcla de Bejarano y de Galván, en tu plácido
semblante se adivinaba la satisfacción, el bienestar de
los fávoritos ~- de los mimados; Lucifer, probablemente
debía de tenerte mil consideraciones y de premiar con su
ilfecto tus servicios decorativos!
Poco á poco la banda de condenados llegó hasta el libro. ¿Quiénes eran? Me restregué los ojos con un movimiento de impaciencia1 procurando penetrar las sombras
con el rayo de mis miradas. ¿Los conocía? Ah, ¡Sí!. ... ... .

***

ooMrNGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

Allá va Juan 1\fateos, el furioso jacobino, defensor de pasados ideales y de u~opias sublimes; allá va Terrazas, catóhcn volcúni_co¡ maniático de santidad y
quizá también de idolatrías y de egolatrfas extra,•agantes; allá va un: obispoo
cuya mitra, vista de lejos, semeJa en sus
contornos la silueta de un gorro frigio;
all,t va Orozco, el buen mozo, el bell ami,
t-'I et.erno domador de las hermosuras'.indómiws· allá. va tl General Rocha cargado d~ 'cruces y de gloria.-Y tomando
not:1, rne preguntaba: ¿por qué estarán
aquí, por qué irán á per.i.etr3:r ene) laberinto de los hondos mistenos estos céJebres personajes?
• Mi Virgilo invisible murmuró:
-Porque la opinión los ha condenado. Ya sabes; la opinión, esa locuela
que hoy ama lo que maña~a desdeñará
v que acostumbra confundir en un moinento dado·clases, condiciones y méritos, cua11do así le parece. Juan Mateas.
tiene mucho talento, Rocha mucho va-•
lar, Terrazas mucha fe: pues el discursodeuno, el rasgo heróico de otro, y un
art:Culo del Reino Guadalupano, bastan
para que en un momento la opinión se•
ponga á. discutirlos, ácensura.rlos y ú
condenarlos á las llamas eternas.
-¿Y quién es esa señora la opinión á
la-cual no he lo grado conocer?-meatreví á interrogar tímidamente.
-Pues Chico-me contestó Virgilio
--estás atrasado de noticias: no. t,e mefiguras reporter; la apini6n 1 esacasqnivana, es hija de muchas madrea, principalmente de la prensa, una coWrrona
muy encopetada que en todo ee mete,
sin conocer1 por lo común, nada deaquel1o en que se mete. La opinión, la
haces tú, la hace el parlachín de café,
la hace el mozo de restauranJ., la hacecualquiera: el caso es que tenga un pooc de auditorio; la opinión, como las
tragedias griegas, necesita un coro. La.
humanidad marr· ha en manadas, según,
dice la vieja mrtáfora. Un día, Mateos,
Rocha y Terrazas están en el pináculo de la gloria, no es difícil que al día.
siguiente hayan caido.
Pero1 y bien, ¿á qué los condena la.
opinión? pregunté con cierta violencia.
-Los condena á ser siempre los mismos: los condena á inmovilidad perpetua; los obliga á cargar una cadena deforzado. 1\Iateos no puede quitarse et
sombrero para saludar á un carruaje portemor deque sopeche la opinión que en,
ese carruaje iba el Dfriní.simo; Rocbai ·
no puede dar explicaciones por haberle
p1sado el pie á un ciudadano, porque laopinión sospechara de su valor; Terrazas no puede asistirá una comedia casera por miedo de que le señalen como un hereje; Orozco no puede claudicar cuando le duela una pierna por-no perder ·su fama de elegante. La opinión condena á.
los hombres que se distinguen entre la multitud, á no
variar, á conservarse inmóviles, á ser de una pieza.
-Tremendo castigo-exclamé, bajando de mi trono derocas.
Mientras iba meditando, por la i-uda pendiente, encontréme con una escalera que se delineaba en el fondo deuna caverna. Estaba decidido á hacer un viaje provechoso; así es que venciendo mi timidez, penetré, subí, columbré en la penumbra, un rótulo, alumbrado por lll~s
fosfóricas que fingían parpadeos de luciérnagas: Oficina·
:Primda de Sat.an(ls, decía.
Toqué, y como nadie me respondiera:, (¡,mpujé el portón de hierro: la placa humeante me quemó la mano. Entré sin vacilar.
-¿Da usted su permiso?
( Continum·á.)

EN MAYO

(De "Místicas.")
¡No te amaré! 1-Iuriera de sonrojos
antes bien: yo que fnf cantor maldito
de blancas hostias y de nimbos rojos¡
yo que sólo he alentado los antojos
de un connubio inmortal con Jo infinito!
¡No te amaré! mi espíritu atesora
el perfume suti 1 de otras ,edades
de piedad, de esperanza redentora,
y ese noble perhnne se evapora
al soplo de burguesas:liviandades.
l\Ii mundo no eres tú: fueron los priores
militantes, caudillos de sus greyés;
fué la edad en q_ue~omním.odos sefiores1
fulminaban los Papas triunfadores
su anátema fatal contra los reyes.
Fué la edad singular en que la musa
llevaba al talabarte la tizona,
la edad del burlador y la reclusa,
la edad en.que la negra caperuza
forjaba el silogismo en la Sorbor '·
Y no sé de pasión. Y me cont··, ta
pulsar la lira del amor precario ..... .
Sólo brotan mis clá.usulas de artista
al beso de Daniel, el simbolista,
al ósculo de Juan, el visionario!
AllADO NERVO.

Es el mes de las rosas. Sus copas
Al sol balancean las lilas floridas,
Azahares gotea el naranjo
Y en oro se bañan lg_s verdes· colinas.
¡Oh 1 mi amada! ¿no oís cómo en torno.
En. Jira se cambia la rama que vibra1
Y se enarca y columpia, y nos manda
Un soplo de esencias en ráfagas tibias?
El Amor es quien pasa y·nos dice:
uEn la copa bebed sin medida,
Que enardece á los tristes poetas
Y hace amará las pálidas niñas.))
VICEXTE .A.COSTA,

o

oV9 •

·o

)------~-~k:)~-~
El arte y la vida se sirven recíprocamente de modelo,.
yen nuestros días no se sabe cual de ellos pierde más.
G . .Jl. Yallow·.

*

**
En arte es preciso tener éxito.

DOS ESPOSAS.

Sainte-Beuve.

77

�DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

corazón á los asesinos.... :. pero que Consuelo no se en·

LAS TIJERAS

tere.»

-El m;trimonio--decía el padre Olivier, terciando sin
asomo~ de .intransigencia en una diecusión azás profana,
-el matrimonio...... se parece á las tijeras.
-¿A las tijeras, padre'?.. ....-exclamó uno de los presentes manifestando extrañeza.-¿Sabe usted que es una
comparación original?
-:\I,ís que original, adecuada-declaró el padre _rehu~·mdo con una sefia la segunda copa de K!fmmel de Riga. La~ tijeºras, como ustedes saben, son un mstrumento que
consta de dos partes iguales ó muy yarecidas, unidas por
,meje y un clavito del mismo meta. Aunque cada_parte
de las tijer,1s sea fina y bien templada, si falta el eJe......
hs tijeras no sirven. Unida~ por ese clavito pu~den hacer primores y cortar divinamente la tela de la vida.
-Entendido-dijo otro de los que escuchaban al padre, hombre experto, algo. marrullero y escámón.-;:Sólo
falta que usted nos diga s1 cree qne abundan las tiJeras
excelentes.
-Lo excelente no suele abundar nunca ...... 6 al menos
Pomos tan descontentadizos que siempre nos parece poco, respondió sonrien~o aq)tel hombre evangélico, y. al
p ,r ( hermosa conjunción) bten educado.-Aunque el mtríngulis del matrimonio consiste en el eje ...... también
la calidad de las mitades importa mucho ...... Entren ust-etles en una tienda y pidan tijeras. Les sacarán dos do&lt;·Pnas, todas al parecer iguales, todas del mismo costo.
f-;&lt;&gt;lo llevándose las dos docenas á su casa y us,\ndolas,
p&lt;&gt;drían hacer verdadera elección: al uso se descubre la
&lt;·&lt;&gt;ndición de la tijera. Las costureras están tan persuadidas de esto, que la tijera que les sale b111mn no la darian por una onza. Y&lt;&gt; he encontrado tijeras de oro! ¿Qué
tiene de particular? ¡El amor natural, acendrado por la
1•v divina! .... Voy á referirles á ustedes un caso que preFe·ncié y que me conmovió ...... aunque no pasa de ser un
drama vulgar, y sus héroes gente llana y prosaica......
HalHndome en el convento de S...... , para restablecerme de unas calenturas que cogí en Tánger, y que se agarraban como lapas, tuve ocasión de conocer, entre otras
muchas familias, á un matrimonio, tenderos de paños,
franelas v colonias, establecidos en los soportales de la
Plaza Antigua, no lejos de la Catedral. Sose confesaban
romnigo, sino con el cura de su parroquia, pero gustaban
ele consultarme, amistosamente. Ella se llamaba D:Con~11elo v el esposo D. Andrés. .Acomodados y bien avenirlo,, podrían ser dichosos si no tuviesen un hijo de la misma piel de Barrabás que les daba un disgusto cada mañana y un sonrojo cada tarde. Pendenciero, estra.,"!\do y
derrochador, ni las l:í~rimas de Sil madre, ni las repnmendas de Sil padre, m las exhortaciones que á ruego de
ambos le dirigí varias veces, consiguieron que renunciase á una sola de sus malas mañas; y en vista de que parecía incorregible el mo?.o, mi consejo fné que le enviasen
á una tierra donde la necesidad y la falta de arrimo le
obligasen á mirar por sí.
Cuadró bien la idea al padre, y la misma madre vió que
era el único recurso, y habiendo preferido el desterrado el
viaje de Oceanía al de .Africa y América, á Manila se le
despachó, con muy apremiantes cartas de recomendación
para el rector de un convento de nuestra orden.
A los seis meses empecé á recibir gratas noticias de la
conducta de mi recomendado: alababan su laboriosidad,
Ru despejo; iba enmendándose; los viejos, al saberlo, no
cabían en su pellejo de gozo. Era el rector el qne me trasmitía tan buenas nuevas, pues el muchacho no acostumbraba tí escribir.
Así pa.~ó algún tiempo, hasta que un día la carta del
rPctor, en vez de felicidades, trajo una terrible novedad:
el hijo de Don Andrés había sido muerto á cuchilladas,
en riiia, al salir de una gallera. Yo quedaba encargado
de ponerlo en conocimiento de los padres.
Triste era la comisión; pero de tristezas andamos rodeados siempre, y juzgando que el padre tendría más
fortaleza en el primer momento que la madre, llamé á
· mi celda á D. Andrés, y trasteándole lo mejor que supe,
le hice beber el trago. No estuvo rehacio en comprender: m,ís bien parece que adivinaba. .Apenas indiqué herid·1.•, tradujo muerte. No lloró, pero la expresión de su
cara era como la del reo cuando, al abrirse la puerta de.
la prisión, se encllentra al pie de la escalera del patíbulo
-y me sirvo de esta comparación, porque he auxiliado
á algunos infelices en tan amargo trance .......
Así que D . .Andrés pudo respirar, cruzó las manos«P,idre, tengo que pedirle á usted un gran favor. Entre
los dos, vamos :í que no sepa Consuelo lo sucedido. Mi
mnier era hace pocos años rolliza y muy fuerte; el tósigo
del hijo la ha matado; -pronto cumplirá los sesenta, y
pa,lece una enfermedad grave, una especie de consunci:in. Si sabe la desgracia se r(1 detrrí&lt; en seguida. Si logrnmos ocultarle que han matado al nifio ...... (le llamaban así aunque pasaba de los yeintisiete) puede que dure algo m,is. Yo corro con todos los gastos que allá se
hayan ocasionado ...... entierro, justicia ...... Perdono de

r,.,._

~ .Í-.
V

¿IDce bien 6 mal en acceder? Xo lo sé; el alma me pedía complacerá aquel desventurado. Cada quince 6 vein-te días iba á la tienda con cartas forjadas que suponía haber recibido de )Ianila, en que se hablaba del ausente y
se alababan sus progresos en el trabajo, la formalidad y
la virtud.
Dofia Consuelo, en quien el mal avanzaba á ojos vistos, y que ya tenía una tos incesante y una fatiga cruel,
se reanimaba con la lectura; la celebraba con extremos
pueriles, y exigía que D. Andrés compartiese su regoci¡o.-«Ves, .Andrés, cuántos favores nos hace San .A.ntonio?n exclamaba con los ojos Yidriados de un llanto que
yo atribuía al exceso de content&lt;&gt;.-«¿Ves qué fortuna?
Ya e~ bueno el niño; ya se porta honradamente. Así que
pase allí algunos afias...... volver,í aquí y le· pondremos
al frente de nuestro negocio. Padre Oliver, voy á darle
un poco de dinero para que allá se lo entreguen: bien sabemos lo que es la juventud ...... y yo no quiero que le
falte nada al hijo mio!•&gt; Y su marido, ahogándose, poniéndosele la cara de color de violeta, contestaba: «Bneno,·mujer, tráele al Padre aquellos treinta duros...... pero
para eso no es menester afectarse, ¡qué tonta!»
.Aquello era una cosa de compadecer: los duros que me
entregaba la madre para que los disfi u tase el hijo, me
ordenaba el padre secretamente invertirlos en sufragios
por su alma.
Yo no me apartaba de mi papel un punto; pues veía á
Dofia Consuelo empeorar; cada día hubiese sido más peligrosa ia puñalada de la noticia. D. Andrés, ó temeroso
de una indiscreción mía, 6 por deseo de no apartarse de
la enferma, siempre estaba presente cuando yo ibaá acompafiarlos un rato. Los encóntraba juntos como pájaros
posados en la misma rama, y que se aprietan para no sentir tanto el frío: ella tosiendo y afirmando que «no era
nada,» él amoratado, semiasfixiado, asmático, pero sacando fuerza de flaqueza para bromear con su mujer y
hasta para echarla flores, lo cual, en otras circunstancias,
me parecería cómico y risible, y eu aquellas me enternecía.
Y adelante con la farsa de la.~ cartas, que producían tal
efecto en la pobre madre, qne hasta creí notar que me
hacía sefias cuando su marido no nos miraba; señas de
aprobación, de súplica, de agradecimiento. Yo las interpretaba así: «Aunque el muchacho baga una tontería, siga usted diciendo á Andrés que se conduce como un ángel.» Esto no pasaba de suposición mía, pues repito que
jamás encontré sola á Dofia Consuelo.
Una tarde me llamaron á deshora. D. Andrés venía á
decirme que su mujer se moría ó poco menos, que tenía
el capricho de confesarse con migo precisamente, y que
era indispensable inventar una carta con nuevas de que
llegaba el ni,10 ...... «A ver si así la sacamos adelante por
unos días,» añadió, tan tembloroso, que no supe rehusarle este último favor. Apenas entré en el cuarto de Doña
Consuelo, ésta miró á su marido, y D. Andrés salió, no
sin hacerme un expresivo gesto, advirtiendo é implorando.
l\Ie acerqué al lecho de la enferma, que movía los labios apresuradamente, como si rezase; me senté á su cabecera y la dirigí esas frases afectuosas que son cucharaditas de blílsamo y que ya por costumbre decimos á los
moribundos; pero fué grande mi sorpresa al ver que volviendo hacia mí su rostro en que brillaba el agradecimiento, y co~iéndome la mano para besarla, me dijo:
-Padre Ohver, ¡que Dios le pague tanto, tanto tiempo
como hace que está engañando á mi marido! ¿Prométame que no lo desengafiará después de que me muera!
-¿Qué es eso? En~añar?......-pregunté, creyendo que
desvariaba con la deoilidad y la calentura.
-Si no fuera por usted-J¡&gt;rosiguió sin atenderme-Andrés estaría también agoruzando, porque sabría lo del
niño...... ¡Qué no lo sepa nunca!
-¿Lo del chico?-exclamé recordándo mi compromiso
con Don .Andrés.-¡Si el chico está perfectamente, y va
á llegar, y le abrazará usted pronto!
-Sí que le abrazaré...... en el otro mundo ...... conmigo no se moleste, Padre, que lo supe al momento y hasta me lo daba el corazón. ¡,'C'sted cree que no tenía allá
persona encargada de escribirme cuanto le pasase á mi
hijo? Las cartas venían ,í nombre de una amiga, y así
.Andrés no podía enterarse si le sucedía algo malo ...... y
como yo le había escrito al Padre rector pidiéndole que
sólo le dijesen á mi marido las cosas ~nenas y alegres.....
cuando usted venía con las cartas fingidas, de que el niño
vivía y traba.jaba...... le ayndaba á usted á ';)ngañar al
pobre .Andrés...... que no está nada bueno y que no le
•convienen las desazones...... )le ha costado trabajo disimular, Padre ...... porque en tantos años de matrimonio
no le he callado otra cosa
Aquí cortó su narración el Padre Oliver, y mirando al
rededor, vió nuestras caras animadas por la simpatía
más vehemente.
-¡De manera que los dos lo sabían y mutuamente se

ouTINE
eola IJ.ecompen:ada

111

Pol,odeArro, espectal preparado con Bismuto.
HIGIENICO,
ADHERENTE,'
INVISIBLE

DE "IRIS V PETALOS"

Si todo concluyó, si de esa historia
los nom brea se borraron de tu pecho,
y aquella imangen que formó tu encanto
como fantasma huyó de tu ce1el::ro; ·
Si ya todo acabó, si con el nido
las hojas se llevó también el cierzo
y en la marchita fronda no se escucha
batir de alas ni rumor de besos;
Si la rama está mustia y no da flores,
si no ~1ay savia en el arbol y está seco,
si ya en tu corazón no hay esperanzas
y ~e halla solo, abandonado, yerto:
Déjame que yo riegue con mis lágrimas
el pie del arbol que se encuentra muerto
y acaso, acaso-¡te he querido ta.nto!podrá dar aquel tronco brotes nuevos.
ÜCTA\'IO B.IBRED.A,

Enero de 96.

Las probabilidades de casamiento para una mujer_

Si representamos por 100 las probabilidades de matrimonio tratándose de una mlljer, los mí.meros siguientes.
marcarán la proporción de las probabilidades que tendrán en las distintas edades de su vida:
De 15 á 20 afios, rn por 1000.
De 20 ~ 2.3 ,, 52
_ ,,
De 2,í a 30 ,, 18 ,,
De 30 á 35 ,, 15 ,.
De35á40,,
4,,
""
De40á4,5
3,,
De 45 á 50
5 ,, 1,000,
De50á55 ,,
3,,
,,
De 55 á 60 ,,
1 ,,
,.
El anterior c,Ucttlo demuestra que hasta los 2.3 años
puede elegir.,e libremente entre varios pretendientes; que
de 25 ÍL 35 no hay mucho tiempo que perder en andat·
eligiendo; que de 3,:; á 40 hay que de1,idil'.•e por el primero
que se presente (si se presenta alguno, que suele ser difícil) y que de 40 en adelante es preciso nr,-e/Jalar (si alguno se deja arl'ebatar, lo cual es más difícil).

.

~ ~~J1.6:::'~j_6:::'~j_&lt;5:::•~ ~
"LA CASA COLORADA"

Publicamos en otro lugar algunas vistas de la gran refinería de alcoholes, conocida universalmente bajo el'
nombre de «Casa Colorada.»
Este histórico edificio se halla situado al Poniente de
la ciudad de )léxico y cerca del castillo de Chaµultepec
(á la izquierda del Paseo de la Reforma). Fué edificado
el afio de 1705 para casa de campo, haciéndose célebre en
la época de la invasión americana, por haberse establecí•
do en él un hospital de sangre, y en sus alrededores se
conservan muchas pruebas de los sangrientos combates
de que fué testigo. Posteriormente desde el afio de 1880 •
fué dedicado ií varios usos industriales, y definitivamente el año de 1885 á la refinación de alcoholes.
Esta importante industria fué establecida por el finado.
General Sr. D. Ramón Corona y el capitalista espaJiol :.-&lt;r.
D. Francisco 11. de Prida, quienes encomendaron lag-erencia al Sr. D. Prudencia Gutiérrez Pérez, ácuya inteligente·
y acertada dirección se debe el estado prós-pero de la negociación, al pasar, el año de 189-!, á poder de sus actuales propietarios.
Los productos de esta f.íbrica son muy variado~, y su
especialidad son los aguardientes y sus múltiplPs rlerirndos, como Cognac de varias edades, Rhums, Ani:;ados .•
Ginebras y toda clase de licores.
·

LA CERVRZA FERROGINA,
RECONSTITUYENTE, EXQUISITA Y D-IGESTIVA,

la ,l:rpost&lt;ió11 gniversal d.e 1889.

O~. FAV, Perfumista, 9, Ruede la Paix, Paris
(Guardarse de las Imitaciones y Fals1ñcac1ones. -

Sentenc1J de 8 de Mayo de

18?5),

FbIUC.A. ESPECIAL de AFEI'l'ZS de 'rOCADOil. pa.ra. l'.A.SEO y TE.A'l'~
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en chapeta•.
ROJO VEGETAL en polvo.
LÁPICES eapeclnles para ennegrecer pest.al!as y eeJas.

lo ocultaban! ¿Qué drama interior!-exclamó el que primero había hablado.
-De esas tijeras, Padre-dijo el escéptico-bien puede
usted afirmar que eran de oro puro, con incrustr.ciones
de brillantes.
-Puedo afirmar que las he Yisto abiertas en figura de-•
cruz-contestó el Padre intencionadamente.
E.r. B.

POLVOS pnl'a en,polvar los cnbellos. Blondo, blanco,
oro, pinta y diamante,

BLANCO de PERLA en polvo, hlnnco, roseo, Rachel.
POMADA ROJA para los lablo1, en botes y en rollos.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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. NUJIER06.

~nauguración ael l1?mplo

ae

San ~elipe

°{:)isla del ~nterior.

ae ,Sesus.

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

82

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
TelHono 434.-Calle de Tiburcio núm.

20.-A partado

87 b.

lfÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reoiacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola,
Toda 'la correepondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto l'tloguel.

.

de martillo v á golpes de audacia, y por ella y para ella s~
conserva 1a ·República. En los fondos de nuest~o e~tado
social, se agitan los apetitos, ferme!1ta la barbarie, se ama
el pulque y la riña, se odia la propiedad y se apedrea al
gendarme.
¿Qué rayo de luz se deElizar.í en medio de este antro?
Un artículo constitucional al descender en el interior de
estas conciencias no abrirá en ellas mayor brecha que
la punta de una pluma pretendiendo perforar una mon•
taña.
Tras el atentado á que se ha referido la prensa en estos
día~, existe una profunda mancha que obscurece 1:i, ra•
diosa claridad que esparce nuestro progreso nacional:
hay una mayoría de seres. ideal~ente redimidos.. por
nuestras leyes, áquienes la rnmorahdad y el salva¡tsmo
mantienen aún en la escla,·itud más oprobiosa!

La subE¡cripci6n á, EL MUNDO vale $1.25 centavos al
qs y se cobra por trimestes adelantados.
N6.meros sueltos, óO centavos.
A.visos: á. r:izón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO CO~fO ARTÍCULO DE SEGU~-UA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados rnido.s v Ca~adá.
The Spanish American Newspaper Company, f3G L1berty St. New York, E. U.»

Qfl

anitur1ttrio ~f la &lt;Constitndón

La promulgaciún de la Carta Fundamental de 18.'.&gt;7 re·
presenta para el país un enor,ne progreso en materia de
libertades públicas. Obra realizada en breve espacio de
tiempo, en medio de una_lucha política, cu_and? las p~•
siones vibrantes se desbordaban, la Comt1tnc1ón deb1a
contener en su cuerpo de doctrina imperfecciones que
sólo la práctica habría más tarde de dejar Feñaladas. Hi•
cieron mucho los legisladores de aquella época, procla•
mando valientemente doctrinas recharndas por la opinión é inspiradas en un ideal extraño á laPtendencias y
á. las aspiraciones de la sociedad en que fueron difun·
didas.
.
La Constitución americana fué la expresión de un pue•
blo y en ella quedó encerrado el espíritu de un grupo
hu~ano. La Constitución mexicana fué el código de una
minoría ilustrada, oprimida y entusiasta, que sin tener
en cuenta el medio que la ro~eaba soñ~ con alzar de sus
miserias á, una multitud sumisa y abatida por legendarias desventuras, para colocarla en el pede~tal de los
hombres libres. Los constituyentes, como todos los soñadores, como todos los videntes, como todos los apósto·
les han sido 1-&gt;s porta-estandartes de un ideal noble y
le;antado, y á título tal, su l!lb0r merece la gratitud de
la patria. No se gobierna.A los pueblos con ideales; pern
entre la aspiración y la realidad, traza un reguero lumi•
noso la esperanza.
No hay que olvidar, por otra parte, el carácter
educativo de toda legislación, y que en el curso de
cuarenta años se ha ido progresivamente abriendo paso.
Principios que antes·eran objeto ae abierta hostilidad y
cuya simple enunciación provocaba ~mpestades de ira,
circulan en la actualidad sin despertar protestas y van
día :í día, momento á momento, ensanchando su círculo
de acción.
Hemos combatido nosotros ese cQncepto dé infalibili·
dad que un grupo de liberales ha pretendido dar á la
Constitución, y hemos indicado las imperfecciqnes á que
ya van acudiendo las reformas; pero nunca dejaremos de
reconocer, expresándolo muy alto, la gran trascendencia
de un código en el que se proclamaron las primeras Ji·
bertades nacionales. Esperamos que algún día el pveblo
se encuentre á la altura de s_us instituciones.

espantoso e•truendo, arrastrando tal vez en su caída pueblos y estirpes, glorias y tradiciones.

***
Hace poco nos anunció el cable con su pérfido

laconismo la aparición de la revuelta en la vecin:;i república del
Sur, en la siempre agitada Guatemala. Sin detal'es, sin
pormenores, con la concisión acostumbrada, se daba.
cuenta de una invasión efectuada en territorio ¡tuatemalteco, por fuerzas organizadas en el Salvador. No decía
más el mensaje ni explicaba si los invasores eran ciuda•
danos guatemaltecos qne pretendían una revolución localó si, más serios en sus pretensiones, eran las avanzadas
de un ejército extranjero, dispúesto por la República l\Iayor de Centro América para someterá. la nueva federación la odiada rival que no ha querido junto con. Costa
Rica someterse á las decisiones aprobadas en las conferencias de Aroapala.
Aun no se confirma debidamente la especie propalada,
ni siquiera se han comunicado nuevos datos; pero aun su(El
~t
poniendo que fuera un canard de esos que con lamentable frecuencia inventa la preasa norte-americana, no
En estos días, con motivo de la consagración del tem- por eso perdería importancia la noticia. Basta pensar que.
plo de San Fe_lipe de Jesús, C(?mO no ha~.e todavía _dos está en el orden de lo 'posible, para juzgar de las dificulaños con motivo de la coronación de la \ 1rgen de Gua- tades á que están sujetas esas minúsculas nacionalidades,
dalupe la ficrura del Padre Plancarte se ha destacado vi- inquietas por temperament'l y tornadizas por costumbre.
gorosa:üenw, colllo la personalidad directora, alwa de Basta recordar que no ha mucho se hablaba de ligas se•
cretas y alianzas ofensivas ce1ebradas entre el Salvador,
estos dos acontecimientos religiosos.
Cuando un hombre cun enemigos tan poderosos, aún Honduras y ~icara¡i;ua, que hoy forman y constituyen la.
dentro de la congregati.'.&gt;n á que pertenece, triunfa de to· llamada República ::'tlayor, para vengar añejas ofensas
dos los obstáculos que se aJTOjan á su paso, es que posee recibidas de la apartada Costa-Rica, y calcular que esas
notables cualidad08 que lo hacen apto para sosténer con uniones deleznables y efímeras no se han efectuado al
calor de la concordia ni al abrigo del material interés,
ventaja todas las luchas.
Y así es en efecto. El Padre Plancarte es una energía sino al amparo de rivalidades que rugen, de odios que
poderosa, ~no de esos caracteres de una sola pieza, sosteni- _ matan, de morbosas fermentaciones que envenenan.
La unión centro-americana celebrada ahora, do"tI-de faldos por una voluntad inquebrantable. Estealien!,&lt;J, encau•
zado en dirección de una prupaganda de otras ideas, ha- tan Guatemala que es casi la fuerza y Costa-Rica que sigrían de él un elemento altamente útil en favor de la Re- nifica la paz, ha nacido con escasa viabilidad, y amasada
con rencores profundos y ambiciones sórdidas y mienos
pública.
En la obra que ha emprendido, los liberales no ¡,ode- asustadizos, tiene que.dar en no lejano día el amargo frnmos obsen·ar el desorrollo de estas actividades, sin pen- to que nos acaba de anunciar el telégrafo, si es que ,í la
sar en el porvenir y lanzar la voz de alerta: ¡No hay que hora presente no hagerminadc, ya la semilla de esas vi/)•
lentas manifestaciones enfermizas, achaque común de
perder de vista á este hombre!
pueblos en períodos de transición.
¡Puedan los hechos desmentir nuestras palabras!
Ojalá y en esta vez resulte falsa la anunciada crisi~, y
puedan esas naciones hermanas buscaren positivos i&lt;l,iales la base de su grandeza y la realidad de su política consolidación. Ojalá sean vanos nuestros temores y faltas de
fundamento nuestras zozobras, y logremos verlas, fuer•
tes y unidas. marchando sin intermitencias en la ancha
vía del concierto universal de los pueblos cultos.

Laprensadiaria nos ha dado á conocer últimamente
un hecho revelador: un hombre comete un delito en la
vía pública, un agente de la autoridad trata de aprehenderlo, pero un grupo popular, que ha presenciado el su·
ceso, acoge bajo su protección al delincnente y lapida al
• guardián, en medio de delirantes manifestaciones de entusiasmo. Esta página negra de nuestra vida social, repetida con extraordinaria insistencia, pone de relieve
una de las enfermedades más características de nuestr,1
incipiente democracia.
El gobierno del pueblo por el pueblo reclama una agru pación conocedora de sus derechos, pero también fiel observante de sus deberes, inteligente y apta para coopemr á las necesidades económicas, políticas y morales de la
colectividad. Cuando un pueblo desconoce esos intereses,
cnantlo su acción tumultuosa no se ejercita en amparar
garantías sino en -proteger culpables, este pueblo dista
mncho del nivel mdispensable para, gobernará una so·
ciedad.
T.,o cierto es que con esta masa se ha fabricado una entiJad abstraetn, repleta de heroísmos y pletórica de vir•
tndes. y ¡de~g, ,,..:ia&lt;lo del que se atreva á dudar de la clari•
viuencia y de la sabiduría de _esta divinidad {le nn:i. épnca que, después de haber dernbado to-los 10d dioses, se
complace en mantener el último ídolo!
Sobre estos abismos de la ignorancia y de la inmoralidad populares, se ha tendido un puente aéreo por el que
pasa vencedora y triunfante una clase ilustrada y
fuerte, inspirada en las necesidades de la civilización.
Esta minoría es la que en México, como en otras partes
del mundo, ha reali:tado la obra del · progreso, ,í golpes

lJérot

ll)alftira

ltJ jornaba-.

®tncral.

RESUMEN.-EI Transvaal y la paz europea.-Revelaciones nuevas.-lngleses y alemanes en el Africa
austral. -La revolución en Guatemala.-La República Mayor y la desunión Centro-americana.-Nuestros deseos.

Parecía que con el juicio y sentencia que recayó sobre
el infeliz Dr. Jaméson, que en hora infausta acaudilló la
npedición inglesa contra la República del Transvaal,
destrozarla por las'tropas del presidente KrLi~er en lo~
campos de Joahnesburg, habrían terminado la➔ complicaciones europeas qne provocó esa iualaventnra sud-africana; tollo hacía creer qne hasta ahí acabaríaelodi,, anti•
brit.ínico que estalló al comenzar el año pasado entre los .
l,o,r,, y la excitación ruanitiestamente hoetil para Ale·
mania que alter.'.&gt; la impasibilidad inglf•~a, por virtud de
las simpat:as visibles del empera•for Guillermo en pró
de los qne h,ibían logrado triunfar de las maqt1inaciones
y domeñar las rapacidades de los ag1:mtes brit,ínicos en el
Africa austral.
Pero nuevai: sorpres'.1.s noR reservaba el porvenir, y todavía habremos de presenciar de nuevo el espectáculo de
ver frente á. frente las rivalidades de dos pnt'blos, y los
intereses de dos naciones; aún habremos de obserl'ar dis•
puM.ndose influencias en aquella~ apartadas regiones al indomable Ho henzo llern, q ne sueña á todo trance en ex pansiones colonialef', y al gabinete responsable de su augusta
abuela la reina Yictoria.
Como quiera que resultaban responsabilidades eviden·
tes en aquella frustrada invasión con~ra el antigno pri·
mer miniFtro de la Colonia del Cabo, }Ir. Cecilio Rhodes,
como aparecía clar.1 y evidente la culpabilidad del om·
ni potente aventurero que ~e ha hecho oaladfn de la política inglesa en el sur del Continente Xegro, se le ha llamado á.contestar los cargos formulados, y para justificar•
se acaba de hacer importantes revelaciones que está dis•
puesto il probar con documentos irrefutables.
Dice que la invasión .il Transvaal fué un acto encaminado á frustrar las maquinaciones de Krüger, que, en conni vencía con el Emperador de .Uemania, trataba de librarse de la tutela británica á que está sujeto por ley, y
pretendía independerse de toda extraña influencia qu&lt;i
no fuera la de su protector sucitado. Y como los centinelas avan;,;ados de la primera potencia colonial no podían tolerar el menoscabo de su soberanía, organizaron
y llevaron á cabo con éxito desgraciado la aventura dei
Do&lt;tor Jameson.
Si se logra averiguar la complicidad de Guillermo en
esas sordas agitacioues que ee tramaban en la sombra,
¡cómo habría de estallar en Inglaterra el sentimiento antigermá.nico que presenciamos un año ha, que llegó al
extremo de quemar en efigie al arrebatado emperador!
¡Y cómo también contestad el patriotismo alemán, dispuesto siempre contra los ri v,1les de su grandeza y los
denunciantes de sus ambiciones.
~o creemos 9.ue el asunto alcance laa pr0porcion°s d"
un conflicto, m tememos qat&gt; p:1se de lo" fneg )'! artificiales de la p!'E'n~a; pero su simple anuncio no, ha::e c Jmprender la in1nin0ncia de futuros choqu&lt;::8, y nos da iL ::.,.
nocer de modo evidente cómo la E11ropa, asent.~a en la
cima de un volcán, se ve expuesta. ,, cada p~, y por
los motivos más fútiles y baladíes á verse envuelta en
vora;,; conflagración. Todo eso nos indicar.í. que el artificioso andamiaje sobre el que se asienta la paz universal
está. amenazado á cada momento de venir al suelo coi:.

X.X.X.
5 de Febrero de 1897.

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

OTRO PAGO·DE

$2,000

DEL fl!UEVO TEMPLO DE SAN FELIPE DE JESUS

En otro lugar hablamos de la solemne consagración de
€ate hermoso templo, dedicalo al proto-martir mexica·
no, y destinado á la gran obra de la expiación.

Tócanos ahora decir algo acerca de la inauguración
dectuada antier y describir el interior del notable edificio, de cuya belleza puede enorgullecerse y ufanarse con
razón el padre Plancane. al cual se debe el digno coronamiento de la magna obra.
Hermoso golpe de vista ofrecía el suntuoso templo el
último viernes á las nueve de la mañana. l\eLis de seis•
cienta.s damas severa y elegantemente vestidas, ocupaban la nave central, en la cual hallábanse congregados
asimismo, innumerables caballer,&gt;s y sacerdotes, instalados cerca del altar. El !Ilmo. Sr. Ar.:obispo ofició de
Pontifical con toda la pompa del caso, y la ceremonia
transcurrió pausada y augusta, á los magn!ficos acentos
de músicas y cantos sagrados, de3empeñados por nota•
bles cantantes. L-, misa fué especialmente compuesta
para la solemni'lad. El serm&gt;n e3tuvo it cargo del Illmo.
Sr. :'.\Iontes de Oca, y fué un bello panegírico del santo
titular, en el cual el inteligente prelado depur6 algunos
errores históricos y tuvo notables rasgos de elocuencia.
Concluida la solemnidad, el templo fué visita.do hasta
el obscurecer por innumerables fieles.
Ahora digaU1.is algo de su disposición y ornamentación.
El :N'uevo templo de San Felipe. Se vino á decretar
baP-ta el año de 1861.
•
En 1866 se colocó la primera piedra es decir, hace
treinta años.
La construcción del nuevo templo ha costado más de
s:~00,000, de la cual cantidad, asegura el Sr. Plancarte, ha
pt1E&gt;sto de su peculio más de $100,000,
El templo está construido en la parte que ocupó la capilla de Aranza;,;ú en el templo de San Francisco.
Tiene la forma de una cruz latina en sn planta. Consta de tres naves; las dos laterales mucho m,ís bajas que
la central, lo que permiten proporcionar al interior gran
cantidad de luz.
El edificio está embovedado en su parte supenor.
En el fondo de la nave central está el ál,~ide de planta
semicircular y cubierta por una bóveda esférica.
La sacristía está situada al lado del Evangelio y tiene
comunicación directa con el templo, y además otra en·
tracla por el exterior.
Nuestros lectoreA pueden ver en este número un grabado que representa la fachada del nuevo templo; es de
cantería, estilo romano, lo mismo que todo el templo.
SuR labrados son severos.
Tres puertas de roble con adornos de hierro dan entrada al templo.
Las tribunas están colocadas en la parte posterior é
inmediata á los brazos de la cruz. Esas tribunas reemplazan al coro de los antiguos templos.
La tribuna del lado derecho se destina á las orques·
tas, etc., y la de la izquierda al órgano moderno.
El decorado es de estilo bizantino puro.

BOURGET.

DE "LA MUTUA"

EN COSCOl'tlATEPEC,
Coscomatepec, Enero li de 18fl7.

Al Señor Ricardo Sommer Director g lll'Jral dJ "L 1 )I.i•
tua."
)Iuy Seiior mio:
Hoy me han sido entregados por PI Sr. D. Jos§ D n1ínguez Fernández, banquero de esta Villa de la respet.tble
Compañía, cuya sucursal en nue'!tro p 1ís con tanto ,1cierto como eficacia dirige vd., los ($ 2.0JJ,OJ) dos mil p~so:;
~lata, suma en que estuvo ase~urado mi finado esprH&lt;J el
Sr. D. )fariano i:lolís Loyo, ba10 la p'.&gt;liza m'.!m. 72 ), 77:3
que había solicitado y obtenido apenas hacía do~ aD-)s.
· Con mucho gusto cumplo con el grato deb~r d~ hacer
presentes, tanto á vd. como á las persona'! q11eforman la,
Junta Directiva Suprema en la Ciudad de Nuev,\ York
mis agradecimientos por sus bondadosas atenJiones y e~~
pecial eficacia en este asunto.
Faltaría á un deber de ju~ticia si no hiciera también
p•'ihlica mi gratitud al caballeroso agente Sr. D. )Ianuel
.-\.lcérreca, quien luego que supo la irreparable pérdida que
me afligía, ~e presentó en esta población á levantar la~
pruebas de umerte de mi esposo, no obstante lo penoso de
nuestros caa¡inos en la estación en que vmo.
Que Dios perpetue la gran institución en que todos u•tedes colaboran con tanto acierto en sus respectivos car•
gos, son los fervientes votos de quien se suscribe de vd.
Señor Director, atenta y agradecida servidora.-JOSEFA
DoML.&gt;sGUEZ DE Lovo.

Las pinturas se deben al pincel de Bartolomé Ga1lott
y el resto del decorado á. Claudio Molina.
.
El enverjado íué hecho en los talleres de DonFranCIB•
co Pozo.

IN A.UGURACION

Hay séres á quifnes enternecen los recuerdos de&gt;&lt;pur-s
de haber permanecido-casi indiferentes ccH1 la realid,td;
que se ena,uoran de las mujeres á quiene~ han ab.indouado, y que echan de menos con pena lo,; lugares en que
antes viv1an aourridos; ra7,a levantisca que del presente
sólo conoce los hastíos y para la que el pasado re,·iste un
encantn sin igual y conmovedor ¡sólo por 'ser pasado!
-Existen almas que no solameRte e~tan muertas, Eino
que extienden á su alrededor el contagio de la muerte.

P.

83

EL MUNDO

Emilio Dondé. Ingeniero arquitecto que dirigió los
trabajos del templo de San Felipe de Jesús.

Los cristales de las ventanas están grabados con caprichosas guardas, cuyas márgenes forman mosaico.
La linteruilla de hierro y cristal es un modelb de grabatlo.
Las bóvedas laterales tienen pinturas de tintas ligeras
a:ml y rosa, verde nito y oro, y tanto los arcos como la,
pilastras, tiene_n guardas de refría y oro, pintadas direc·
tamente sobre la cantera.
El altar principal es de mármoles de Carrara, rojo cie
.-\.frica y Tennesse.
El sagrario tiene cinceladoa.rx:i.b~de la puerta,. d.e..me.tal. un cisne alimentando á tres polluelos.
Las tres gradas están cinceladas con primor y tienen
incrustaciones de mármol, lo mismo que los ornatos de
la'mesa.
Es notable, no solamente por lo artístico del trabajo,
sino por ser de una pieza, y pesa dos mil kilos.

PAGINAS ESCOGIDAS
LA MUJER NUEVA

Pbro. José Antonio Plancarte y La bastida.
( Débese á él la erección del templo de San Felipe de
Jesús. )

Esa plancha descansa. sobre cuatro columnas de má.r·
mol rojo de Africa, y en ':ll fondo de la parte baja del altar, hay cincelado un buen bajo-relieve que representa
un cordero sobre el libro de los sacramentos.
Las ~radas que conducen al presbiterio, son de marmol gris de Orizaba.
E3ta obra fué contratada por la Compañía de }Iármoles :\Iexicanos; los trabajos tanto prelirni nares del altar
comG subsecuentes, incluyendo los artísticos, fueron hecl¡os por obreros mexicanos y sólo dilataron veinticinco
dtas en labrar los mármoles y armar el.altar.
En su parte inferior y á derecha é izquierda de la :puerta central, se ven pintadas al óleo las armas de las cmda•
des de México, l\forelia, Guadalajara, Oaxaca, Durango
y ~uevo León, donde residen los seis arzobispados.
Abajo de cada escudo están grabados en planchas de
piedra los nombres de las diócesis que dependen de cada
arzobispado.
En los otros muros de las naves laterales, lo mismo que
en la parte alta de la nave central, hay imágenes pintad:;s al óleo, que representan á, Santo Domingo, Santa Catalina de Sena, San Pedro Alcilntara, Santa Clara, San
Ignacio de Loyola, Santa Brfgida, San Juan de la Cruz,
Santa Teresa de Jesús, San Felipe Neri, Santa Coleta y
otros.
Cada una de las imágenes allí pintadas, representa á,
un fundador de las órdenes monásticas en l\Iéxico.
La bóveda central tiene la particularidad de que siendo esférica, cubre una superficie rectangular. El fondo
de e:ia es dorado, y está dividida en cuatro arcos que
amparan á. los cuatro evangelistas.
En el lugar de honor del templo, hacia su fondo hay
un cuadro al óleo que representa al santo patrono del
templo.
El tabernáculo fué obsequio del Sr. Saviñón. Es de
metal dorado: su base son cuatro columnas, y un capitel
labrado que sostiene la cúpula.
En el centro queda encerrada entre las cuatro columnas, la gran custodia, sostenida en su base por iíngeles
de bulto.
El disco de esa joya está formado con piedras muy bien
trabajadas, pero falsas.
Los nichos están colocados á uno y otro lado del ábside. Son de medio punto, y en ellos se colocaron imáge•
nes de bronce.
En los muros laterales hay otros dos nichos.
En las capillas del fondo hay dos altares de nogal muy
bien tallados.
La balaustrada que sirve para ministrar el Pan Enea•
rístico, es de encino.
El púlpito es de nogal labrado; se sube á, él por dos es•
caleras qua tienen pasamanos calados.
• Los confesonarios son de bonito gusto y también de
madera de nogal.
Al destruirse la iglesia de la Merced, el Ingeniero Don
José Joaquín Arriaga seencontrólasreliquias quesepu·
sieron al consagrar aquel templo y las obsequió al Padre
Plancarte para que sean colocadas en la mesa del altar
del nuevo templo.
Para concluir: He aquí los nombres de las personas que
han dirigido los principales trabajos de la obra.
Ingeniero Arquitecto, Sr. Emilio Dondé.
Sobrestante, Sr. Víctor Rodríguez.
Maestros de albañilería, José 1\-faría Yargas y A.nacleto
Arenas,
Sillería v ornato en piedra, Remigio Fuentes.
Modelaa.or, Antonio Romero.
Carpintero, Encarnación Ramos.
Hizo el púlpito el tallador Manuel Esparsa.
Los altares laterales, Joaquín Torres.
Grabó los cristales de las ventanas Francisco Licéaga.
El mosaico y el pavimento son obra del italiano Luis
Pesseto.

Cualquiera que, abstraído de toda comunicación con
las razones y necesidades á que obedece el continuo
cambio de aspecto de las sociedades, se a3omase.á mirar
,í la gran escena, como un sordo-mudo que tiene das de
sus sentidos ausentes del espect.tculo, le parecería el
mundo una farsa compuesta por algún bromista, en la
cual no hay plan ninguno, y cuyos personajes aparecen
inopinadamente sobre las tablas como si fueran disirases de mascarada.
Así ha aparecido en estos momentos cómicos de fin. de
siglo, un extraño tipo, .í cuyo derredor se agrupan los
curiosos, murmuran los malévolos, sonríen los críticos,
hacen frases irrespetuosas los rcµorter~, se sulfuran los
moralistas, y el socia.lista filósofo filosofa. Ese tipo advenedizo es la niujer nuPra, como lo ha clasificado la historia natural de gacetilla; y aparece en traje masculino, á
horcajadas sobre el moderno bipógrifo de acero, que
también ha cambiado de sexo, pero á la inversa, pues
antes de ser úiric!fta fué t·eloc!pedo.
La mujer en calzas .es una provocación que se presenta á tres autoridade~: á. la Sociedad, á. la Higiene y_ á la
Estética. La Estética, es por ahora, la más ofendida de
las tres. Dice que la mujer ha ido á copiar moda salvaje;
que ha ido á copiar el traje de las mujeres Esquimales;
dice que las formas femeninas, 6uyo mérito escultórico
consiste en ciertos pleonasmos de contorno que no caben
en el prosáico vestido del varón, pierden todo su encanto
natural. Y la Sociedad ale~a que los pantalones yel sport
en la mujer ladesenfememnan y hombrean; y por último,
la Higiene abre su gran libro estadístico, para probar
con resultados de observación, que el traje masculino,
cuando no viste formas U1asculinas, tiene sus inconvenientes, y como quiera que la mención de esos inconvenientes se la guarda la Higiene para exponerlos en la
Clínica, resulta que los profanos nos quedamos en ayn•
nas de inconvenientes.
•
A mí me estan dando ganas de despedir de este jurado
á la Estética. ¿Qué género de fe pudiera darse á la opinión de una autoridad tan tornadiza y versátil, Madre
de la l\Ioda, que es como decir, abuela del capricho? Que
comparezca ahora mismo la Estl2tica á prob~rnos, con
argumentos h elénicos y aún con sus propias opiniones de
hace tres años, la gracia que encuentra en las mangas
desaforadas:que actualmente impone como ideal de lo
bello y de lo elegante en los vestidos femeninos. La

Bartolomé Gallotti. Autor de las pinturas del templo
de San Felipe de Jesús.

cuest~ón de Est~tica no e~ en caso C&lt;?mo el presente, si no
_cuestión de óptica. La primera muier que usó ampoll,1s
en los brazos fué silbada. Hoy, que todos los brazos and:in en sus vejigas, nos parecen las tales la quinta esencia del buen gusto, ~or ~ás que. sean un estorbo insu perable para la aprox1mac1ón de los seres en la efusiva
institucióu del abrazo.
Si la moda llegase á cundir, ( de ello nos libre quien
pueda), y todas la_s mujeres cambi~sen el traje talar por
los arreos masculmos, nuestra retma, habituada al espectáculo, llevaría á los órganos sensorios una impresión
normal, que luego se convertiría en sensación grata y al
fin despertaría la emoción estética. Nos harfam.os ~ po•
co turcos e."!! cuanto al ide\ll indumentario; y acaso, como los h1JOS de la fehz Arabia, auoptariamos · pa.ra

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 18s,7

DOMINGO T DE FEBRERO DE 1897
LA CONSAGRACION
DEL

1

1 •

cubrinos, lo que la mujer quic&gt;rc abondonar: las ropas
tala,es. ;
.
.
,
b t d
Sbakespeare, cuyo instmto estétl?o est':' por so re o a
crítica, nos demuestra con personaJes animados, puestos
á vivir por su genio, que el amor,. poeta y astut&lt;&gt; consumado no se resfría, iüno que más bien se exalta ante la mujer ve;tida de Lo que no es. O.rlando, el caballero bardo Y
atleta que ama á Rosalinda, y que cuelga los árboles con
madrigales en loor suyo, y escribe su_ beJlo nombr!l_en la
corteza de Los olmos, y se la pasa haciendo otras m.nerfas
de amor por ella, la encuentra en E:l bosque vestida de
paje y aunque no la reconoce, se siente ~rrastrado por
sec~ta simpatía hacia el pajecillo, Y. consiente en de¡arse sanar por él de su amor por Rosalmda; r~sultando de
este üsimilia similibus curantur," Jo contrano de lo prometido· .i saber: que más se enamor:i Orla_ndo de Rosalinda u{ientras más quisiera olvidar~ Rosal~nda, Orla~do.
A esto se dirá que resta por avengu.ar s1. lo~ Gammedes de ahora no llegaran á perder el aire m1~rino, la gracia felina que Rosalinda supo conservar baJ.º sus ropas
de paje. Resta saber si 1.os ejercicios calistémcos, el .~pu,-t
vigorizador á que la mu¡er se entr~~ actualmente, con
tan buen éxito para su desa_rro_llo. f.1~ico y hasta .Pª~ su
temple de ánimo, no llegaran a v1~ihzarla demasiado, en
cuyo caso témesc que )a mujer pierd.a. un cons1d~rable
tanto por ciento del poder que su deb1hdad y su mimo le
dán sobre el hombre.
. .
.
Y o no consiento en que se me considere part1t1ano de
la tramutación aparente de la mujer en. bomb.re; ~ero
examinando el caso desde el punto de vista fis1ológ1co,
me resisto 1í creer que la ley de la naturaleza, que nada
tiene que ver con lps caprichos de la moda, .detenga las
atracciones imperiosas de los sexos por Ct!est1ón de pura
moda. En los tiempos bíblicos, todos, mu¡eres );' ho.mbres
vestfan talares ropas; y. valgan l~s f-:a~i:adas :bscnturas,
se amaba lo mismo y d1z que a_n~ mas que al~ora, q~e
nos diferencían pantalones y re.ta¡oi¡. I:os.s~l;~Jes de.tierras cálidas no usan sino una misma pnm1t1v-1_s1ma toilette
para ambos sexos; y por allá l!nda el ~mor hac1e~do de las
suyas cómo er todas p~rtes. C\1est1ón de óptica; nada
m1ís que coFtumbre del organo visual..
,
.,
Recalcando siempre sobre la anterior ?ec.aracwn de
mi neutralidad en el asunto, no puedo de¡ar dt: expo~er
aquí un cargo contra mi propio s~xo, reo de ciertas ~njusticias en detrimento de la mu¡er, )'. una de estas mjusticias viene á ser, en parte, agente im¡mlsador para la
reforma en el ve~tir que proclama la 1111111,r nuf!'a.
Citaré un caso de ayer no más; crónica de hace pocos
días. Un operario de los que componen. el alumbrado elé~trico en las calles de Brooklyn, tocó acci_dentah_nente un hilo vivo de la luz eléctrica. El choque fué terrible, y el pobre mozo cayó al suelo com,o muerto.. Acudiú pronta~ente la ambulancia se,lo llevo al IIosp1tal, se letendío en
la mesa de exam~n, y·al irle 1í amcultar el co_raz6n el facultativo recibió este á su yez un choque rnesperad?·
Ko fu~ pbr cierto, choq~e de electricidad lo que sac?"d1ú
al búeno del Profesor, smo un choque de sorpresa. ,Había descubierto que el paciente era una mu¡er! Vuelta
en sí, la infeliz confesó Jo que ya n.o podía ocultar, agregando que había adoptado los veEt1dos cte hombre porque con los de su sexo ganaba men?r salario, pues el trabajo de la mujer, por más que sea igual al t1el hombre,
i;e considera inferior, á la hora de pa,,,aarlo. .
.
Resun.1iendo: la Estética, en punto á ves~idos no tiene
leyes permanentes; la higiene se contradi~e á menudo,
y la Societ1ad no sabe las más de las veces lo que se pesca, pues en ocasiones va coi:·iente arri.ba cua.ndo el espíritu el!:! progreso echa corriente abaJo, hacia la ancba
1:i;iar de las amplias ideas..
,
.
Queda la cuestión de gustos. ¿No le parece bien al lector la mujer vestida de hombre'(
Estamos de acuerdo; pero si todas se pusiesen los pantalones, no por eso habría yo de calarme el habito y meterme á f.raile.

:X.

TE1'IPLO DE SAN FELIPE DE JESUS
Notas curiosas.

BoLET PEIUZA.

~/~

'

',

'
l)omadores de serpientes.

Tetuán, la ciudad blanca. Era la primavera, el crepúsculo de Mayo, la paz de las inmóviles tardes color de rosa. Robre las terrazas, sobre las viejas, pequeñas· cúpulas, sobre el conjunto de las viejas casitas centenanas,
se extendía la blancura infinita de la cal; por doquiera
se extendía el misterio de esta misma sábana blanca.
Lentos paseantes, vestidos de exquisitos matices, pasaban mirando sus suefios, y sus ojos negros, magníficos,
no parecían yer las cosas de la tierra. El ocas.o alumbraba dorado, alumbraba color de rosa, y, en los recodos de
las viejas caAAP sin forma casi y sin edad, la cal poco á
poco tornábase azulada como nieve entre sombras.
Había transeuntes de oro viejo, de verde pálido ó de
color de salmón: transeuntes de azul y iranseuntes de
rosado; otros que habfan escogido los más raros é indecibles matices; todos majestuosos y graves, ro~tros de
bronce y mirada intensamente negra. Aquí y allá brotes
de fre~cas plantas primaverales: mastuerzos, resedas,
botones de oro, reventa~o nacidos y floridos al azar,
sobre las viejas tapias. Mas la muerta blancura de la cal
dominaba todo; parecía al-u.robrar, reflejando luz atenuada, el profundo cielo dorado, ya luminqso. Ni sombras
duras, ni contornos precisos, ni colores· sombríos; sobre
esa blancura de todo, los seres vivos, en lento movimiento, sólo hacían pasar tintes claros, extrañamente
claros, frescos como visiones ultra-terrestres, todo atenuado y amalgamado e~ la tranquila luz; no había de
negro más que todos esos grandes ojos soñadores ........ .

Inauguración del templo de San Felipe de Jesús.-Vista del exterior.

A lo lejos se oía preludiar la flauta muy triste, muy
triste y el sordo tamboril de los domadores de serpientes. Entonces los lentos paseantes, que antes caminaban
sin rumbo por el blanco dédalo, se dirigieron poco á popoco·hacia el mismo punto, respondienlo al llamamieuto de aquella música.
En una amplia plazuela, en el linde de la ciudad, habíanse colocado los domadores. Desde ahí en las profundidades que tomaban tintes azules, veíanse sucesiones de
líneas blancas y casi Rin contornos, que eran terrazas,
algo como un desprendimiento de blocs de nieve, que
era Tetuán semi-perdido en los vapores de la tarde de
Mayo.

Yo permanecfa allí entre ellos, sin apreciar las duraciones, embebido cn1110 ellos, y reposándome un poco
por ca~na lidad, en medio de aquellos inmóviles, ignoran~es de laR ltor~s qne pa~an.
·
Y lo~ tamboriles, las tristes flautas-y toda esta Afri&lt;'a ejercían s, bre m( su encanto arrullador, tan .magn(fieamente como otra vez, en m~s lejanos años juveniles ..... .
Yerdaderamente, eq Riempre este país el que me can•
ta, con dulcísimo ritmo, la universal canción de la
muerte ..... .
PIF.RRB

LoTr.

Sus hombres de largas túnicas hacían círculo en torno

á los domadores. Y los domadores desnudos y salvajes,
cantaban y danzaban agitando su rizada cabe}lera, danzaban como sus serpientes, retorciendo su busto leve al
compás de au música de flautas. Y todo era bello, desde
el cielo hasta el más humilde camellero de brazos bronceados, que miraba soñando, sin ver.

El que no está preparado á la desesperación, no está
preparado á la ,·ida. '
Goetlte.

EL MUNDO

del báculo, diciendo aquellas palabras de David. Atol/ita., portas príncipes i•e,•trae,
etcétera.
Hace lo mismo segunda
y tercera vez; con esta diferencia, que en la primera
rocía los cimientos, en la
segunda á medio cuerpo,
rocía las paredes, y en la
tercera rocía á la mayor
altura posible las mismas
paredes. Toca á la puerta
'rn forma de cruz dos veces
nuís y el Diácono abre.
El señor Arzobispo ~·
rns ministros entran diciendo Pa,,· huic domine rte.
y puesto en el medio de
la iglesia, comienza el Himno Vi·ni C'rrntm· E~¡J!ritu,q
l'Lc., se rezan las letanfas
y entretanto uno de los
miuistros esparció ceniza
por el suelo tormando una
cruz. El consagrante escribe en ella los abecedarios
grieg0 y latino para significar la unión de las dos
iglesias griega y latina.
En las paredes dd templo hay doce cruces de latón. teniendo luces enfrente de ellas.
Después de la cruz greco
latina se bendice otra agua
con sal, vino y ceniza, se
co.,sagra el altar, da el oficiante tres vueltas á la igle•
sia, se ungen las doce cruces '.Y se colocan las reliquias en el lugar que estíL
reservado en la mesa del
altar.
17 na vez puestos los manteles el celebrante dice mi•
sa revestido con flamante
ornamento.
Dispuesta la urna en que
se encierran las reliquias
del Santo bajo cuyo título
se dedica la iglesia, y cuyo
nombre se invoca en casi
todas las or,tciones y bendiciones, se preparan el
Santo Crisma, el óleo de ca-

85

El miercoles último, en la mañana, efectuose la solem~e cons~ción del nuevo y herI?o~o templo de San Felipe de~ es1;1s: una v~rdadera prec10s1dad artística situada
€n la prmc1~al avemda de la capital y destinada sin duda áconvert1rs~ en el re.ndez vous de las damas piadosas
de 1~ buena soc1~dad. :[J:izo esta consagración el Señor Arzobi~po ~e l\Iéx1co, ante escasa concurrencia y revestido
de riquísimos ornamentos.
El acta de la consagración, escrita en pergamino decía así:
'
. "En el día 3 de Febre~o de 189,, yo Arzobispo de )lé:inco, consagré esta Iglesia y Altar en honor de San Felipe de Jesús, encerré con él las reliquias de los santos márth:es, y conc~dí á los fieles cristianos, que hoy visiten la
misma, uu ano, Y. á los que lo hagan en el día aniversario
de e~ta consa~rac1ón, cuarenta días de verdadera indulgencia, en la forma acostumbrada por la Ia-lesia
"
0
Este documento' está sellado y firmado.
•
Com&lt;? se sabe, el rico ~mplo f_ué inaugurado con toda
solemmdad y pompa el viernes ultimo. Ahora bien á reserva de ocuparnos de esa suntuosa inauguración de la
cual hallarán nuestros lectores nota completa en otro lugar, vamos á dar aquí al~unos detalles celativos al origen
y forma de Ias con~~rac1ones para que se formen ide3 de
la ceremoma del rruercoles y conserven en un periódico
que como el nuestro es de colección v recuerdos datos curiosos é instructivos como estos que· en seguida' transcribimos:
Es de tradición apostólica la consagración de los templos, pues se inició en los primeros tiempos de la ialesia.
L()S apóstoles y primeros cristianos v su sacerdotZs hacían sacrificios en casas y pretorios v niás tarde se eAa-ieron templos haciéndose solemnes fiestas en s'u dedicación.
En la antigüedad, dicen los Padres de la Ia-lesia que
hubo una sombraó figura de esta consaa-raci6ir en Íos siguientes episodios:
º
'
El Exodo dice que Moisés, por orden del Señor consa:
grú no sólo el tabernáculo sino también el altar, los vasos
y los instrumentos usados en el sacrificio.
En la ley natural se habla de laeticala de Jacob qnien
.al despertar de su sueño tomó la piedra donde' ha':&gt;ía
reclinado la cabeza, la ungió y la consao-ró, llamandole
lugar santo. También á su vuelta de }Ie~opotamía junto
á Btithel, cuando el Señor lo bautizó cun el nombre de
Israel, bendijo el lugar donde se verificó ésto, y sobre él
-ofreció sacrificios.
Siempre han concedido los cristianos gran impcrtancia
El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Cabecera opuesta al altar.
á la ceremonia de la consagración, diciendo que ella representa la santidad q.ue consiguió la Iglesia por la Pa,sión de Cristo, haciendo
tecúmenos, dos libras de incienso, y cuya mitad está
tan solemne esta ceremo·
en grano, el incensario con navecilla, un bracerillo con
nia como la de la dedicabrasas ardiendo, un vaso grande con cenizas, otro con
ción de los templos, que
sal, otro con vino, un aspersorio de yerba de hisopo;
dura ocho días.
manteles de lienzo grueso, otra cubierta de lino encerraEn Roma se celebran las
da, cinco cruces ~queñas para el al~r, hechas de pequededicaciones de los templos
ños cerillos; espatulas de madera; cal y arena para hacer
de Santa María la Mavor de
la mezcla ó composición con que se forma un cemento
la iglesia lateranense, de
y cerrar el sepulcro de las reliquias y las junturas de la
i'lan Pedro y otras. La iglemesa del altar; dos cirios encendidos y vasija,con agua,
sia Hierosolimitana celemiga de pan, toallas, otros dos vasos con agua que han
bra anualmente la dedica·
de bendecirse, y los ornamentos y vasos sagrados que han
-ci6n del templo llamatlo
de pertenecer al culto en la igleeia, además de los J.&gt;ªra
«El Gran Martirio," que fué
mentos que ha de usar el Arzobispo e n la consagración.
-edificado por el Emperador
Al presentarse el Arzobispo consagrante, reconoce la
,Contantino.
iglesia instalándose en un sitial bajo, que estará en el
Las iglesias de 'I:oledo,
centro de la nave central. Después sale de ella con los
Tarragona y las otras prinque le acompañan, quedando solo un diácono revestido,
cipales de España celebran
y se cierran las puertas.
la dedicación de sue temEl Arzobispo con sus auxiliares, va al lugar donde esplos, y en Zaragoza se cetán las reliquias, reza los siete salmos penitenciales, se
lebra el 12 de Octubre, la
reviste de amito, alba, cíngulo, estola y capa, pluvial; la
dedicación de la Virgen del
mitra y el báculo, vistiendo los paramentos el diácono y
Pilar, en su metropolitana
subdiácono, y sobrepelliz los acólitos y familiares.
iglesia, con solemnísimo
Terminado esto, se dirige el Arzobispo á las puertas de
octavario.
la iglesia é invoca á la Santísima Trinidad, pidiendo al
Los judíos también conSeñor que :prevenga y ayude sus acciones, se postra so-sagraban y dedicaban sus
bre otru sitial de cerca de la puerta, en la parte de afuetemplos.
ra, mientras en el coro se entona la letanía de los santos.
rara justificar estas con Se levanta, bendice el agua y la sal, se rocía con ella á sí
sagraciones de lo inanimamismo y á los circunstantes.
do, los creyentes se apoEl arzobispo oficiante penetra sólo con los ministros,
yan en textos de San Aguslos cantores y los que han de cerrar la urna de las relitín y Salomón, diciendo
quias, dejando á los demás asistentes fuera del templo
-que aunque la iglesia y
y volviendo á cerrarse las puertas. Luego que entra el
i.emplo sea inanimado, por
co~sagrante anuncia la pRz á aquel lugar y los cantores
la consagración adquiere
la mvncan con una antífona.
una espiritual virtud, que
El Arzobispo se postr 1 y los cantores prosiguen las
hace aquel lugar apto é
letanías qué comenzaron afuera. Antes de concluirse el
idoneo para el culto dioficiante se pone en pié y dice: «que te digne, vi;itar
vino.
este lugar." El coro responde: «te rogamos óyenos.» Y el
La ceremonia es tan imArzobispo dice: «que te dignes establecer en él la guarda
ponente como larga y de
de tus ángeles.n
-€lla daremos solo la fisonoDespués, haciendo la sefial de la rruz con la mano demía principal.
;-echa sobre el templo y el altar, dice: «que te dignes
bendecir esta iglesia y este altar que se ha de consagrar
En el momento de laconá tu .honor y bajo.el título de San Felipe de Jesús."
·~a~ración que es secreta,
Hmcado el oficiante ante el altar mayor, pronuncia las
·wa.a la gente desocupa el
palabras:
templo, quedando adentro
"El señor se~ en nuestro auxilio," y el coro responde:
·el diácono á puerta cerraSeño.r, dáos. prisa á. ayudarnos." Dice por tres veces el
da. El prelado consagranGloria Patri y comienza .á exorcizar y l&gt;cmlecir la sal y
te bendice el agua y la sal,
e~ agua, y des~0:és la ceruz!\, con exorcismos, preces, ora·con bendición ordinaria y
ciones Y bend1cionesprop1as, mezclando la sal la ceniza
con un manojo de yerba de
y el ~g_ua con el vino que bendice, é invocandd el auxihisopo, rodea la iglesia por
lio divtno.
•
fuera rociiíndola con agua
El oficiante hace después otras muchas ceremonias y
\iendita. Llega el consareza oraciones, llega á consagrar el altar, sobre cuya megrante á la puerta y la
El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Arcos d: la nave central.
sa hace ~ señal de la cruz, y después pone cinco cruces.
biere, con la parte inferior
Conclwdo esto, el consagrante dice: «vió Jacob una

�86

eH·ala, cuya extremidad tocaba á los cielos, Y
á los ángeles que bajaban, y dijo: verdaderamente este lugar es santo.n
Siguen á esto dos oraciones y un prefacio
que canta el conFagran!e, c~m bendici_ones_, todo lo l"!'lativo á la dedicación de la 1gles1a, á
los divinos misterios que en .ella se han de
celebrar v á las gracias que el Señ&lt;•r dispensa
á los fielés en el lugar •anto, se llega al altar
v en él hace con la misma agua bendita, cal y
arena la mezcla con q'Je se han de cubrir las
juntu:iis de la lápida bajo la cual quedarán
las reliquias, sale en procesión al luga: el! que
la víspera quedaron reservadas las rehqm:is y
se llP,·a el Crisma hasta las puertas de la 1glesía.
Re cantan los «kiries» y se leen los decretos
del Concílio Tridentino.
Se levanta, en presencia ?el. fundador, el
documento ó instrumento publico que corresponde.
El consagrante se dirije después á las puertas de la iglesia, las un¡ze, mojando el dedo
en PI Santo Crisma y haciendo con él la señal
de la cruz por fuera, diciendo: "En el nombre
del Padre y del Hijo y del.Espíritu Santo, seas
¡oh puerta! bendita, santificada, con~agrada,
consignada y encomendada al Señor Dios, seas
¡oh puerta! la entrada de la salud y de la paz,
11eas puerta pacífica, por aquel que se dignó llamarse Jesucristo Nuestro sefior.n
Después de pronunciadas las anteriores palabraR, los presbíteros levantan el. féretetr? de
las reliquias y entrando en procésión á la iglesia el coro entona esta antífona: ,,entrad Santos' de Dio~, pues preparad_a está por el Señor
la habitación de vuestra silla, el pueblo fiel,
con gozo sigue vuestro c~mino, para que roguéis por nosotros á la }Ia¡estad del Señor.
El Arzobispo, al cerrar el sepulcro en que se
depo~itan las reliqias dice: «sea consagrado Y
santificado este sepulcro: en el nombre del Padre, del Hijo y clel Espíritu Santo. Sea la paz
para esta casa.n
El consagrante recorre después todo el templo y frente á cada una de las doce cruces que
están en las paredee dice: «Sea santificado y
consagrado este templo: en nombre del Padre
v del Ilijo y del Espíri tu Santo, en honor de
Dios y de la gloriosa Virgen María y de todos
los San tos: al nombre y memoria de San Felipe de Jesús. La luz sea para tí.,,
·l\Iientras el consagrante se lava las manos,
los subdiáconos limpian la mesa del al~r,
presentan los manteles con que ha de cubrirse
y los vasos y ornamentos destinados al culto,
para que sean bendecidos.
Tales son las principales ceremonias, cada
una de las cuales tiene su significación espe·
cial, que no trascribimos porque nos extenderíamos demasiado. :Merced á ellas el hermoso
templo dedicado al proto martir Mexicano es·
tá en aptitud de amparar bajo sus naves las
plegarias de la piedad y de la fe.
)léxico cuenta con un templo más, y el arte
patrio con una nueva obra que lo honra.

Datos biográficos de San Felipe de Jesús.

Los que van á leerse son entre los más reputados como exactos, por haber sido escritos por el cronista de la _orden de San Francisco Fray Baltasarde }Iedina.
.
San Felipe
Según todas las pruebas recogidas, Felipe de
Jesús nació el 1? de }layo de 1575, en la ciudad de México, siendo sus padres Alonso de las Casas
y Mariana Alvarez, naturales de Illescas ( Espai'ia.)
Pasaron á Nueva España y Don .Alonso enriqueció por
medio de su trabajo, dedicándose al comercio.
Fué este señor uno de los primeros familiares del Santo Oficio y del Tribunal de Fe en el año 1571,
Del citado matrimonio nacieron además de Felipe, cinco hombres y cuatro mujeres de los cuales Juan de las
Casas que salió en busca de su hermano, murió martirizado por los bárbaros en Filipinas y Francisco tomó el
hábito de Agustino, y de su muerte, dícese que acaeció
la coincidencia de que fuese el día de la fiesta de San
Francisco.
El Padre de Felipe murió en 1599 y por su testamento
se ve que el santo, áquien estamos biografiando nació en
una casa de la calle del Arco de San Agustín, que Don
Alonso dió en dote á Doña )far(a de las Casas; hermana
de Felipe que casó con un comerciante rico.
No hay constancia en los libros parroquiales de la fecha en que se bautizó Felipe de Jesús; pero la ptla bautismal que hasta la fecha se conserva hace creer que tal
ceremonia se verificó en los primeros días del citado mes
de }layo.
Felipe, á la muerte de su padre, era fraile menor y tal
vez por esta circunstancia que lo incapacitaba para la herencia, no hay en el testamento de Don Alvnso de las
Casas ninguna cláusula que á él se refiera.
Felipe era el primogénito de la familia según todas las
proh11hilid1v'IPQ,
.\..c,•rc,1 de .,,ta no se con•erva sino datos cómico~. pn
los qne se hace af)arecer :í. San F"lipe como un chicut&gt;lo
muy travieso de quien su cuidadora, una neira, decíaqu"

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 111~7

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1Sg.7

EL MUNDO
JONATHAN Y SU CONTINENTE

só, trocando su apellido de las Casas, por el
sobrenombre de Jettús.
En la profesión de pobreza, renunció Felipeá todas las posesiones y riquezas.
Desde que volvió á ingresar al convento, su
vida-dicen los cronistas-varió enteramente
y se distinguió notablemente por su humildad, virtudes y penitencia asidua.
Reconcialiados los Padres de Felipe al Sl' ber
que había profesado, gestionaron lo necesario
para que regresase á Nueva España y el prior
de su convento de Manila, le ordenó que se
embarcase en el Galeón San Felipe, en 12 de
Julio de 1596.
Acompañaban á San Felipe en este viaje
siete sacerdotes más, y todos admiraban las
virtudes y energía del recién profeso.
Apenas dado á la mar el Galeón San Felipe,
se desataron-dice el cronista-terribles tormentas, en el cielo apareció un cometa cuyo
núcleo tenía la forma de cruz, grandes y monstruosos peces rodearon la embarcación y por
fin, después de muchas fatigas y larga navega·
ción, llegaron á las playas de la provincia de
Tosa.
El galeón encayó y como .si esta contrariedad no fuese bastante, el Gobernador de la
Provincia previno á los navegantes que no saldrían de allí sin orden del Emperador.
La lPyenda cuenta muchos y muy grandes
prodigios que procedieran al martirio, la tierra tembló, los templos de los japoneses quedaron destruídas, llovió ceniza etc., pero esta
crónica ya es demasiado larga, para que nos
deten~amos á narrar tantos episodios de la
tradición; así es que llegaremos al momento
del martirio.
'El Gobernador de la Provincia permitió que
seis religiosos, entre ellos Felipe, fuesen á
J\Iecao en busca del Emperador.
En el camino predicaron, . catequizaron á
unos dieciocho japoneses, y esto, unido á los
informes que habían dado los favoritos ambiciosos del Emperador Taycozoama hizo queel cargamento de la tripulación se embarcara,
y el tirano, en la creencia de que la llegada de
los sacerdotes era presagio de arribo de conquistadores, resolvió matarlos, condenándolos primeramente á sufrir la amputación de
las orejas y después á morir en una cruz,
atravesados por bárbaras lanzadas.
San Felipe fué el primero que murió de los
veintiseis mártires ejecutados, recibiendo treslanzadas en los momentos en que ya lo asfixiaba una de las argollas de la cruz, y aseguran
sus panegiristas que murió dando muestras de'.
regocijo y bendiciendo á Dios.
Cuando Felipe murió tenía 25 afios deedad.
La beatificación de Felipe fué decretada por
el Papa Urbano VIII, el afio 1627 y su canoni ·
zación se verificó en 1861.

"'-¿f~,i&gt;·~~~~~
PAGINAS OLVIDADAS
ANTE El ANFITEATRO DE ROMA

...... Y o, para distraerme, empecé a fingirme
allá, en la mente una fiesta del Anfiteatro. No
era la inmensa mole este inmenso cadtíver.
Aquí se levanta unaestátua allá un trofeo, acullá un monolito traído del Asia ód" Egipto. El
pueblo rey entra por los vomitorios, después
de haberse baíiado y perfumado en las inmennsas termas, subiendo hasta la cima, para des•
de allí repartirse en las respectivas gradas quede antemano le estaban señaladas. A un lado se veía la puerta sanitaria por donde viede Jesús.-Proyecto primitivo de B. Gallotti para e l gran cuadro nen los combatientes; á otro lado la puerta
mortuoria por donde sacan á los muertos. Los
del altar principal.
gritos de la muchedumbre, los agudos sonidos
las trompetas, se mezclan con el aullar y el rugir de
sería santo cuando retoñara la higuera que aun exi8te en de
la casa núm. 5 de la calle q ue hoy lleva el nombre del las fiera~. }Iientras llegan los senadores y el César, algu·
mártir mexicano y que fué la habitada por sus padres en nos empleados de baja esfera municipal, reparten entre
el vueblo garbanzos tostados, que llevan, como nuestros
aquella época.
en esportillas. El suelo reluce con polvos de
Ya en la adolescencia se sabe que sus padres lo dedica· fenantes.
ron á aprender el oficio de plntero, sin duda por inclina· oro, de carmín, de minio, para disimular el color de la sanción de Felipe, pues su padre era bastante acaudalado gre, mientras templan la luz grandes toldos de oriental
púrpura, que entonan todo el espectáculo con sus ·encenpara necesitar hacer de su hijo un artesano
Pocas constancias hat de esto, y los biógrafos comien- didos reflejos.
Los senadores van ocupando las gradas más bajas. Tras
zan á seguir :firmememente la vida de Felipe de las Casas,
desde que ingresó al colegio .lfáximo dé San Pedro y de ellos colócanse los caballeros. }lás arriba los padres
de familia que han dado al imperio cierto número de
San Pablo con el fin de estudiar latinidad.
hijos. En las gradas eu périores el pueblo. Y por último,
Del colegio citado. San Felipe pasó al convento de San· coronándolo todo, las matronas romanas, vestidas de lita Bárbara, en Puebla, donde tomó el habito de los fran- geras gasas, cargadas de riquísimas joyas, embalsamando
ciscanos de la orden reformada de descalzos.
los aires con esencias que vierten de pomos de oro, y
El carácter inquieto de Felipe toma más grandes pro• enardeciendo los C()razones con sus palabras de amor y
porciones en la adolescencia y antes de profesnr. abando- sus voluptuosas miradas.
nó el convento, causando con esto tan grave disgusto á
Mientras los espectadores aguardan al César, que debe·
su padre, que éste, con férrea energía encontró en tal dar la seíial del comienzo de la fiPsta, entréganse á toda
deserción, motivo bastante paro confina1lo á. Filipinas, suerte de murmuraciones. ~fira aquel glotón. 1\.yer se Je
donde lo consignó con recursos y recomendaciones para quemaron los jardines de Pompello, y es tan rico, queno
que se dedicase al comercio, aunque hay algunos que sos• eabían fuesen suyos. Lolia Paulina lleva sobre el cuerpo
pechan pasó á Manila con plaza de soldado.
en esmeraldas, sesenta millones de sextercios, pequeña
Si esto es así, ó si simplemente obedeciendo á las cos• suma en comparación con las infinitas robadas por su abuetumbres de la época, Felipe, mercader, se disfrazó de lo á las opresas provincias. Aquel que acompaña siempre
soldado ·alguna vez, lo cierto es, que joven, apuesto y al C.~sar, hurtó en cierta cena de Claudia, una copa de
de carácter rápido, se adiestró en el manejo de las armas. oro. Estos calavera¡ saludan al orador Régulo, l)orque
En :Manila el bizarro mancebo, gastó gran parte de su temen el veneno destilado de su vípera lengua. El tiecaudal en verdaderas calaveradas, hasta que hastiado de ne honores, mientras generales que han vencido á los
aquella vida de disipación, volvió á tomar el hábito en bárbaros y han muerto en defensa de Roma, están hace
PI con \'ento &lt;le Santa María de los Angeles de Francisca- diez afios insepultos. El médico Eudemio llega, no tardarán ciertamente en aparecer sus pupilas de corrupción
nos dese lizos.
Pasó el año de prueba y en 22 de )layo ele 1-:íO-l profe- y tle .1m:mcebamient1. )íira aquella nifia: tiene ocho

años y no es virgen. Su ilustre madre, con
peroonecer á u nade tas familias romanas máe
nobles, se ha borrado de la lista de las matronas y se ha inscrito en la lista de las prostitutas.
Pero viene el César y el pueblo lo aclama,
siempre agradecido á las fiestas, .Y, sobre todo, á las matanzas. Los sacerdotes y las vestales consagran sacrificios á los dioses protectores de· Roma. La sangre corre; las entrañas de tas víctimas se consumen y se disipan prontamente en el fuego sagrado, suenan
los coros y la música, vocifera nuevamente
la muchedumbre; á una sefia imperiosa aparecen los gladiadores, que saludan á todos
con la sonrisa en los labios, como s1 les aguardara festín sabrosísimo, en vez de la implacable muerte.
·
Divídense estos infelices en varias categorías. Los esedarios guían carros pintados de
verde. Los mirmillones se ocultan trás redondos eecudos de hierro, por uno de cuvos
lados muestran afiladísimos cuchillos. Los
requiarios tiran al aire y recogen con gran
habilidad sus tridentes. El traje de éstos,
vistosísimo, es: túnica roja, borceguíes celestes, casco dorado, que,:emata un luciente pez.
Los ecuestres recorren con gran agilidad en
sus caballos el circo. La luz se refleja en los
petos de acero y en los collarfs y en los bra•
ir.aletes. Sus túnicas son multicolores y recuerqan los traje~ orientales. Los bestia•
rios vienen los últimos, todos escogidos entre los más hermosos, todos desnudos, todos ~
imitando en sus actitudes, artísticas posiciones de clásicas estátuas, todos saludados con
mayor frenesí por el pueblo, porque son los
más fuertes, y los más expuestos y los más
valientes.
Han nacido en las montañas, en los desiertos, entre las caricias de la naturaleza, respi•
rando el aire puro de los campos y la sagra•
cla libertad. La guerra y solamente la guerra
ha podido arrancarlos á su patria. Ya en Roma los han cebado para que tuvieran sangre,
sí, sangre que ofrecer en holocausto á lamajestad del pueblo romano. Allá en la ergás·
tula, quizá muchos de los que ahora van á herirse ó matarse entre sí han contraído estrechísimas amistades. Quizá muchos son
hermanos por la naturaleza, hermanos por
el sentimiento, y habrán de herirse, habrán
de inmolarse, cuando unidos en los mismos
afectos, podrían hundir las espadas en las entrañas del César, y vengar á su gente y á su
raza.
Pero ya se acechan, ya se buscan, ya se
amenazan, ya se enredan y se empeñan bárbaremente en cruentísima pelea. Si alguno,
movido de miedo por sí 6 de compasión por
su contrario, retrocede, el maestro del circo
le clava un botón de hierro candente en las
desnudas carnes. La roja sangre cae y bumea por todas partes. Uno se ha resbalado en
ella. El pueblo grita creyéndole muerto, y
le silba cuando se levanta vivo. Este se des•
maya después de esfuerzos gigantescos para
sostenerse de pié. Aquel cae desplomado de
una sola herida sobre su escudo. El otro se
retuerce en dolores infinitos, y tiene el estertor de una agonía epiléptica Dos se han he- ,.·
rido mortalmente entre sí; pero al caer, soltando sus espada, se han abrazado para sostenerse y auxiliarse en la muerte. Miem•
bros mutilados, tripas rotas, sollozos de agonía, estertores de moribundos, rostros contraídos de muertos, últimos suspiros mezclados con quejidos, gritos de rabia ydesespeSa n Felipe de Jesús.-Proyecto de B. Gallotti adoptado y llevado
ración; todo esto es grandioso espectáculo para el pueblo romano, que grita, palmotea, se e1.0 briaga, se tadoreP, sino morir humildemente en ignominiosa cruz.
enfurece, sigue con nerviosa atención el combate saltán· De al lf han salido estos confesores de la nueva fe, par!l
clole los ojos de las órbitas como para ver más la' matan· sellarla con Qu sangre sobre las arenas de este mismo cirza, abriendo las narices y el pecho para recoger los va- co. El anciano, el joven, la tierna doncella han oído sin
pores de la sangre.
estremecerse el maullar del tígre asiático, el rugir del
La cólera, sí, la_cól~ra flotaba como única pasión sobre león africano. Las fieras hambrientas ban ealido de las
toda aquella carmc~na. La escult!lra antigua, general- grandes jaulas que todavía en los cimientos del circo se
!nente de_una severidad tan olfmp1ca, nos ha dejado la ven, v han clavado sus garras y sns &lt;lientes sobre los
imagen viva de esta cólera en la escultura del gladiador cuerpos indefensos de los mártires. }fientras se reparcombatiente. Dilátanse sus ojos, sóbre los cuales como tían las panteras, las hienas, los tfgeree, fos leones sus
qne extienden tempestuosa nube las fruncidas cejas. Sus restos palpitantes; mientras bebían con furor insaciable
miembros robustfsimos adquieren una infinita tensión. la sangre, los romanos aclamaban al Cérnr, creyendo
La cabeza se avanza hácia adelante inclinada sobre el que con aquellos miembros devoraban lae fie1aq una supecho, á fin de parar los golpes. Su cuerpo está en acti- perstición, y con aquella sangre se bebían la~ fieras una
idea. Y los césares han muerto, y los pretonanos se han
tml de lanzars~ á 1~ pelea sostenido sólo por el pie dere·
cho. El brazo 1zqmerdo amenaza, en tanto que el pufio dispersado, y las piedras del Coliseo_ han. caído y nna
derecho, fuertemente contraído, se apercibe á dar un nneva ideaba reemplazado á las ant11$11as 1dt-a!:': qne conJ:("lpe mortal. .Aquella estátua es la imagen viva del odio. virtiéndose de perseguidaen perseguidora, ha mtentado
Y el odio continuo ha engendrado en torno de Roma es• á su vez destruir nuevas sectas. ahogar nueyascreencias,
pe~ísima_ nube &lt;l;e cólera, de maldiciones, que tuvieron su no purliendo llegar con sus excomun_ionP_s, ni con 81(_ insat1sfacc1ón terrible en la noche apocalíptica de las ven- quisición ni con sus to!mentos, al d18CO rnmortal dE:1 esganzas eternas, en la noche de las victorias de Alarico, y píritu humano, que brilla eternamente entre las ruina y
de las orgías de los bárbaros, los hijos de los esclavos y entre los dioses entre los pueblos que mue1'E'n y los puede los gladiad"res.
blos que empie;an, entre las creencias y los dogmas, co¿Quién, quién puede extrañar los castigos de Roma? mo el sol penetra entre los coros de los mundos.
Toda su fuerza, toda su majestad, toda su grandeza han
sido def:ltruidas por una idea. Allá en las catacumbas se
Emuo CAb-rELAR.
-ocultan oscuros sectarios que quieren oponer al sensualis1I_10 antiguo el espíritu, á la religión pagana y al Imper10 dogmas que Roma no podía admitir sin perecer.
Esos sectarios huyen de la luz del día y se encierran te·
merosos en las catacumbas: Allí pintan el Buen Pastor
Todo lujo juicioso constituye una e5PE:cie de reserva
que les guía á la eternidad, la palma que les anuncia el
término del gran diluvio de lágrimas en que se ahoga para las circunstancias imprevistas y los tiempos de nenuestra vida. Allí entonan himnos á un tribuno obscuro, cesidad.
Paul Leroy-Beaulieu.
pobre, débil, que no ha sabido matar como ~os conquis-

(Fragmentos.)
Am:nrCA cuenta en la actualidad sesenta
millones de habitantes...... la mayor parte
de ellos coroneles.
Si la tierra es pequeña, la América es grande, y los Americanoe...... 'inmensos!
Este gigantesco pa1s fué descubierto, en el
siglo XV, por CriHobal Colón, que había dado ya prut-bas de un genio de invención extraordmario, haciPndo que los huevos se mantuviesen de pie sobre las mesas.
He !lquí, el decir de un célebre humorista
americano, como realizó el descubrimiento
de América.
El rey de España charlaba una noche con
Cristobal Col6n. Repentinamente, sorprendido por una idea luruinosa, dijo Su Majestad
á Colón:
-Colón ¿por qué no vas á descubrir la
América?
-Iría, Señor, si Yuestra Majestad me diese un barco.
Cristobal Colón obtuvo un barco é hizo vela hacia el sitio en que imaginaba que se encontrabalaAmfrica. Los marineros, al cabo
de algunos días de viaje, comenzaron á que·
jaree y declararon que no creían que huuiese tal América.
Colón se mantu\'0 firme.
Después de largaK jornadas de navegación,
el piloto vino á decir al gran navegante:
-Colón, veo tierra.
-Debe ser América, contestó Colón.
-¿Estás cierto?
-Nada más sencillo que confirmarlo, dijo
Colón con calma; Yeo en la orilla una gran
cantidad de indígenas y vamos á pregm.társelo.
Colón desembarcó inmediatatamente en
una lancha con algunos marineros y se diri•
gió á los sah·ajes.
-Eh! amigos ¿es aquí America?
-Exactamente contestaron los salvaje1,.
-¿Y vosotros sois todos americanos, supongo?
-En efecto.
En seguida llegó la vez de preguntar el jefe de ellos á Colón.
-Y tú ¿serfas por casualidad Cristóbal Colón?
-El mismo! Lo has adivinado.
Entonces el jefe, volviéndoe á sus camaradas les dijo:
-Amigos míos, no tenemos que ocultarle:
estamos deseo biertos.
Colón, encantado por el excelente éxito de
su empresa, volvió á España á dar parte al
rey de su descubrimiento.
Un inglés se jactaba un día ante un francés de la iameneidad del imperio británico:
-Sí sefior, exclamaba á modo de pen,ración, el sol no se oculta nunca en las pos, siones de los ingleses.
-No me maravilla esto, respondió tranquilamente el fránces; el sol se ve obligtdo á
tener abierto siempre el ojo sobre estos tunantes.
El sol puede, sin embargo, hacer en la ac·
tualidad el viaje de Nneva York á San Francisco é iluminará su paso una nación libre
que, en 1776, suplicó ú Inglaterra que tuyieee la bondad de ocupa11:e en sus propios negocios.
LA mérica se extiende de Este á Oeste, en
una longitud de diez mil kilómetros, y 11quí
á cabo.
es llegado el momento de prevenir al lector,
para el caso de que Jonathán llegase á dirigirle una de
~ns prPguntas favoritas: ¿Dónde está el cent1 o de la América? Podríais, en efectn, imaginaros, que partiendo de
Nueva York y avanzando hacia el Oeste os encontraríais
Pn la extremidad de América, al llegará 1'an Francisco.
~ada de eso, allf es donde os espera Jonatbán. Sabe que
v!lis á engañaros, y si queréis agradarle, engañáos, porque
le haréis llegar al colmo de la dicha, ofreciéndole u ria oca·
sión de rectificar nuestro error. En San Francisco parece
que no os halláis ni á la mitad del camino, y qut&gt; el centro de la América está en realidad en el Oceano Pacífico.
Jonathán no ha hecho más que duplicar la extensión
de 8U continente en 1807. época en que compró el terñtorio de Alaska á la Rusia, mediante la suma de cuatro
millones de dollars.
Xo contento con estas inmensidades, Jonathán se complace en contemplará su pafo ?. t.11-rvés de vidrios de aumento y es preciso acimirar su patriotismo, qi:e lo hace
uer todo doble.
población, progreso, civilización, todo aquí avanza á
paso de gigante. Las ciudades parecen salir debajo de.
la tierra. Tal población de veinte mil almas, con sus
iglesias, sus bibliotecas, sus escuelas, sus bancos, era hace uno ó dos años, un pantano ó un rincón de bosque.
Hoy se siguen allí las modas de París, como en Londres
ó Nueva York.
Todo es grande, inmenso en América: el justificado
orgullo de los ciudadanos en la joven República, esta. alimentado por la grandeza de sus montes, de sus desier•
tos, de sus cataratas, de sus puentes suspendidos, de sus
ciudades babilónicas.
Jonathán pasa su vida extasiado ante todo lo que es
americano. No puede volver en sí.
Pero ~-o vuelvo de América y tampoco vuelvo en mí.
Me siento sofocado. trastornado. Es pura fantasmagoría,

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE ,Sen

EL MUNDO

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(* ) Parecía
bueno! ¡ Limp,o, muy cepi'
l ladito, con su
águila á guisa
de alfiler y ca•
minando siem
pre por el lado
de la sombra,
para dejar al sol la otra acera! No tenía mala cara el
muy bellaco y el que sólo
de vista lo huhiera cono•
cido, no hubiera vacilado
en fiarle cuatro pesetas. Pero... crean ustedes en las
canas blancas y la plata que
brilla! Aquel peso era un
peso teñido: su cabello era
castaño, de cobre, y él :por
coquetería, porque le dije·
ran:-Es usted muy Luis
XYI, se lo había empolvacio.
Por supuesto que era de
padres desconocidos. ¡Es,,
tos pobrecitos pesos· siem. ,.
presonexpósitos! A.míme
•
inspiran mucha lástima, y
de buen grado los recogería;
l(&gt;ero mi casa, es decir, la casa de ellos, eI bolsillo de mi chaleco está vacío, desamueblado, lleno de aire, y por eso
'llO puedo recibirlos. Cuando alguno me cae procuro colocarlo en alguna cantina, en una tienda, en la contaduTÍa de.un teatro; pero hoy están las colocaciones por las
·nubes y casi siempre se queda en la calle el yobre peso.
No pasó lo mismo, sin embargo, con aque de la buena
facha, de la sonrisa bonachona y del águila que parecía
-de verdad. Yo no sé en dónde me lo dieron; pero sí es-toy cierto de cuál es la casa de comercio en donde tuve
la fortuna de colocarlo, gracias al buen corazón y á la
mala vista del respetable comerciante cuyo nombre callo
-por no ofender la cristiana modestia de tan excelente sujeto, y por aquello'de que hasta la mano izquierda debe
ignorar el bien que hizo la derecha.
Ello es que, como un ben.eficio no se pierde nunca, y
•como Dios recompensa á los caritativos, el generoso pa•
dre putativo de mi peso falso no tardó mucho en hallar
á otro caballero que consintiera en hacerse cargo de la
•criatura. Cuentan las malas lenguas que este rasgo filantrópico no fué del todo puro; parece que el nuevo proteci;or de mi peso-y téngase entendido que el comerciante á
quien yo encornenclé la crianza y educación del pobre ex0
P.ósito, era un cantinero-no se dió cuenta exacta de que
iba it hacer una obra de misericordia, en razón de qne
repetidas libaciones habían oscurecido un tanto cuanto
,su vista y entorpecido su tacto. Pero sea porque aquel
hombre posefa un noble corazón, sea porque el coñac
predispone á la benevolebcia, el caso es que mi hombre
recibió el peso falso, no con los brazos abiertos, pero sí
1,endiéndole la diestra. Dió un billete de á cinco duros,
devolvióle cuatro el cantinero, y entrt! esos cuatro, como
amigo pobre en compañía de ricos, iba mi peso.
Pero ¡vean ustedes cómo los pobres somos buenos
y cómo Dios nos ha adornado con la Yirtud de los
perros: la fidelidad! Los cuatro capitalistas, los cua•
tro pesos de plata, los aristócratas, siguieron de pa·
rranda. ¡Es indudable que la aristocracia está muy
,corrompida! Etste, se quedó en una cantina; ese, en la
Concordhi, aqnel en la contaduría del teatro......... ¡Sólo
el peso fal~n, · el pobretón, el de la clase mE:_dia, el que no
,era centavo ni tampoco persona decente, siguió acompaiiando á sn generoso protector, como Cordelia acompañó
al rey Le,ir. En la Concordia fué donde lo conocieron;
allí le echaron en cara su pobreza y no le quiseron fiar
ni servir n11da.
·
La única moneda buena se escapó entonces con ~l
·mozo-no es nuevo que una sef'íqrita bien nacida se íu-

..

El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Un detalle de la nave central.

es Roberto Iloudin, es á ocasiones también Roberto
Macaire ...... pero no anticipemos nada. Concededme el
tiempo de respirar y poner en orden mis ideas, que dan
una voltereta en mi pobre cerebro de europeo. No hay
ya nada imposible, y los cuentos de hadas son aventuri·
llasinsignificantes al lado de lo ql}.e he visto. Todo es
grande, al vapor, á la electricidad, todo vertiginoso, y
no me sorprendo de que los americanos no empleen otro
adjetivo que el superlativo.

Un pueblo que tiene apenas cien años de existencia y
compuesto de los elementos más di versos, no puede te•
ner rasgos caractiríscos muy acentuados.
Hay americanoe, pero el americano no existe todavía.
El habitante del Noroeste de los Estados Unidos, yankee, difiere tanto del americano del Oeste y del Mediodía,
como el inglés difiere del alemán ó del español.
Por ejemplo, llamad á un yankee «embustero» y saldrá
de su habitación diciendoos: «Lo que dice usted, caballero, no prueba nada.» Pero id hacia el Oeste y llamad
«embustero» á un americano de Pensilvania, y os dará un
bofetón. Id al :\Iediodía ó al For lVest y allí tratad á un
habitante de embustero y sacará su revólver y os levan•
tará la tapa de los sesos.
Que un ministro se permita en el púlpito algunas observac,i,nes más ó menos hetorodoxas: el americano del
Este se contentar,t con alzar los hombros y, al domingo
siguiente, irá á orar á otra iglesia. Cuando no está contento con uno de sus proveedores, lo cambia. El americano de Pensyh-ania abrirá una violenta polémica en los
periódicos de la localidad; el americano de Kansas aguardará al ministro á la puerta de la iglesia y le administrad un·a buena rociada de bastonazos.
El carácter del americano es inglés, desde el punto de
,ista de las contradicciones y de los contrastes, que en él
están más acentuados que en el inglés. ¿Hay, por ejemplo, algo más delicioso que el modo con que Jonathán ha
sabido conciliar lo profano y lo sagrado? Ea aún más hábil queJohn Bull y esto es quizás la clave de su buen
ixito.
Teníamos á bordo del paquete cinco americanos que
pasaron los ocho días de la travesía jugando al pokar. El
salón de recreo se extremecfa de la noche á la mañana,
con los juramentos que soltaban cada vez que arrojaban
una carta á la mesa. Tenían un caudal de estos juramentos tan inagotable, que rara vez el mismo salía por dos
veces de su boca. El domingo, después del almuerzo, vino una joven á sentarse al piano y se puso á tocar con
acompañamiento de.unos_cánticos monótonos. ¿Qué sucedió entonces? Pues que los cinco jugadores fueron á
colocarse en torno del piano y durante dos horas entonaron cánticos para la edificación de los pasajeros que se
hallaban reunidos en el salón. Yo estaba asombrado.

El nuevo templo de Sa n Felipe de Jesús.-Nave lateral.

En Francia tenemos personas que juran y personas
que cantan salmos. La raza anglo sajona es la única que
suministra personas que hacen una y otra cosa con igual
aptitud ..................................................................... .
J\fax O.

RE1,L,

El nuevo templo de San Felipe dejesús.-EI Púlpito.

Cuando pienso que el mundo en que estamos es un inmenso navío, que «sin cesar navega por el piélago inmenso del vacío,» como dijo el poeta, no me extraña que haya á bordo tan gente mareada.
José Echegaray.
La primera mitad de la vida se pasa deseando, y la segunda echando de menos la primera.
Alfonso K arr,

LA VIDA Y EL ARTISTA

Los míLs grandes pintores de la naturaleza humana,
los que han escrutado profundamente sus misterios, y
más elocuentemente traducido sus alegrías y sus dolores,
¿fueron acaso hombres que vivieron vida apasionada y
cargada de dramas del corazón?
Nú, sino más bien artistas de profesión, de corta experiencia, de deEtino casi sin importancia y de monótona
vida, retraídos del mundo, y cuyas important-es aventura, fueron sencillamente sus obras.
¿8n qué momento Shakespeare, por ejemplo, ha podido vivir y dejarse arrebatar por la multitud humana, él,
que durante treinta años tuvo apenas tiempo para desempeñar las laboriosas funciones de autor dramático, de
actor y de empresario? ¿En que época Moliére, á quien
su profesión tenía separado del mundo, pudo experimentar el amor en condiciones tan mediocres y casi
ridículas'? ¿En qué época Balzac, ese presidario, ese forzado de la literatura, que antes de 1829 había ya compuesto una bibliotec&lt;l entera de novelas firmadas con
seudónimos, 1 que de 182!) á 18-19 concibió y realizó los
cuarenta volumenes de la Comedia lnimana?
El desvío es demasiado notable en esos maestros eminentes de la observación entre la obra y la experiencia
pasional, para que pueda atribuirse á tal efecto semejante cat1s~; por el contrario, la ~iteratura expontánea de
memonas y de correspondencias, que tanto interesa á
nuestra generación y que emana con frecuencia de personas que han vivido mucho y con vida muy intensa,
¿sobresale, con raras excepciones, el nivel del documento? El don de expresión es allí infinitamente raro infinitamente raro también el don de dar colorido á eie~ vida
de la cual !03 autores han :participado, sin embargo, y á
la que se encuentran todavm mezclados por el rencor los
pesares, el amor propio ó el entusiasmo. Concluya'mos
pues, que la mejor condición de nacimiento y desarrollo
para el talento literario, es una existencia mediana mas
bien reflexiva que agitada, y más de contemplativ~ quede hombre de acción.
P.wL BouRGET.

. Cuando se ha sufrido mucho no se piensa ya. La estuplllez es el golpe de gracia de la miseria.

Anatole France.

~

* Como un homenaje i la memoria de Gutlérrez Nl!.Jera. en el segundoanlver.-arlo rle su muer~, publlramo&lt; este cuento uno rt~ los
mejo= que sall~ron de su fecunda y r le1mnte pluma. y q u,• fué e,r
,crito para noootros é impreso en lascolumua., de E l !°11frersal.

gue con algún pinche de cocina-y allí quedó el pobre
peso, el que no tenía ni un real, pero sí un corazón que
no estaba todavía metalizado, acompañando al amparador
de su orfandad, en la tristeza, en el abandono, en la miseria ......... ¡Lo mism!) que Cordelia al lado del rey
Lear!
¡De veraE enternecen estos pesos falsos! Mientras los
llamados buenos, los de alta a lcurnia, los nacidos en la
opulenta caea de·moneda, llevan mala vida y van pasando de mano en mano como los periodistas venales, como
los políticos tránsfugas, como las mujeres coquetas;
mientras estos viciosos impenitentes trasnochan en las
fondas, compran la virtud de las doncellas y desdeñan al
menesteroso para irse con los ricos, el peso falso busca al
pobre y. no lo abandona, á pesar del mal trato que éste le
da siempre; no sale, se está en sn casa encerradito; no
compra nada y espera como sólo premio, de virtudes tan
excelsas, el martirio, 1a ingratitud del hombre; ser aprehendido, en fin de cuentas, por el gendarme sin entra·
ñas ó morir clavado en la madera de algún mostrador,
como murió San Dimas en la cruz. ¡Pobres pesos falsos!
A mí me parten el alma cuando los veo en manos de
otros.
El de mi cuento, sin embargo, había empezado bien su
vida. ¡Dios Jo protegía por guapo, sí, por bueno, á pesar
de que no creyera el escéptico mesero de la Concordia
en tal bondad; por sencillo, por inocente, por honrado.
A mí no me robó nada; al cantinero, tampoco; y al caballero que le sacó de la cantina, en donde no estaba ·á gusto, porque los pesos falsos son muy sóbrios, le recompensó la buena obra, dándole una hermosa ilusión: la de contar con un peso todavía.
Y no sólo hizo eso ...... ¡ya verán ustedes todo lo que
hizo!
El caballero se quedó en la fonda meditabundo v triste
ante la taza deté, la copa de Burdeos, ya sin Burdeos, y
el mesero que estaba parado en frente de él como un
signo de interrogación. Aquella situación no podía prolongarae. Cuando está alguien á solas con una inocente
moneda falsa, se avergüenza como si estuviera con una
mujer perdida; quiere que no lo vean, pasar de incógni·
to, que ningún amigo lo sorprenda...... Porque serán muy
buenas ]as monedas falsas ...... ¡pero la gente no lo quiere creer!
Yo mismo, en las primeras líneas de este cuento; cuando no había encontrado un padre putativo para el peso
falso, lo llamé bellaco. ¡Tan imperioso es el poder del
vulgo!
Todavía el caballero, en un momento de mal humor,
que no disculpo en él, pero que en mí habría disculpado,
luego que quitaron los manteles de la mesa, golpeó el
peso sobre el mármol, como diciéndole:- ¡A ver, malvado,
si de veras no tienes corazón! ¡Y vaya si tenía corazón!
Lo que no tenfa el infeliz era dinero.
•
El caballero quedó meditabundo por largo rato. ¡Quién
le había dado aquel peso? Los recuerdos andaban todavía por su memoria como indecisos, como distraídos, co•
mo soñolientos. Pero no cabía duda, el peso era falao! Y
lo que es peor, ¡era el último!
Su dueño entonces se puso á hacer, no para uso propio,
todo un tratado de moral.-,l,a verdad es, se decía, que
soy un badulaque. Esta tarde recibí en la oficina un
billete de á veinte. Me parece estarlo viend...... Londres•
.llí:.l'Íco ... ... el águila...... Don Benito J uárez ...... y ...... una
cara de perro. ¿A dónde está el billete?
En los 14r1.ales de la vida deja
alguna cosa cada cual:la oveja
su blauea ! .. na; el hombre su virtud!

· Y lo malo ~s que mi mujer esperaba esos veinte. Yo
iba á darle quince ......... pero de ¿dónde cojo ahora esos
quince?
El cabal !ero volvió á arrojar co• ira el peso falso sobre
el mfrmol de la mesa. Por poco no se le rompió al infortunado el águila, e l alfiler de la corbata! La única ventaJa con que cuentan los pesos falsos, es la de que no podemos estrellarlos contra una esquina.
¡A la calle! La Esmeralda que ya_no baila sobre ta-píz
oriental ni toca donairosamente su pandero; la pobre Esmerelda que está ahora empleada en la esquina de Plateros y quP, como los anti1?1tOR ~¡,rmo.•, &lt;la las h ora«, moi:t.ró á nne.;tro héroe su relój i luminado: eran las doce de
la noche.

A t al h ora no h ay dinero en la calle. Y era preciso
volver á casa.
-Le daré á mi mujer el p eso falso p ara el desa yuno, y
mañana ......... veremos! Pero nó ! E lla lo suena e n el buró y así es seguro que no me escapo de la riña. ¡Maldita
suerte....... !
El pobre peso sufría en silencio los insultos y araños
de su padre putatjvo, escondido en lo más oscuro del
bolsillo. ¡Solo, tristemente solo!
El caballero pasó frente á un ~arito. ¿Entraría? Puede
ser que estuviera en él algún amigo. Además, allí lo conocían ...... hasta le cobraban de cnando en cuando sus
quincenas.......Cuando ménos, podría abrir los créditos
porcincoduros...... Volvió la vista atrás y entró de prisa
como quien se arroja á la alberca.
El amigo cajero no estaba de guardia aquella noche;
pero probablemente volvería á la una. El caballero se
paró junto i'ila mesa de la ruleta. No sé qué encanto tiene esa bolita de marfil que corre, brinca, ríe y da y quita dinero; pero ¡es tan chiquitina! ¡es tan mona! ¡Se parece á Luisa Theo! Los pesos en columnas se apercibían
á la batalla formados en los casilleros del tapete verde.
¡ Y estaba cierto nuestro hombre de que iba á salir 32!
¡Lo había visto! ¿Pondrfa el peso falso ...... ? La verdad
es que aquello no era muy correcto...... Pero aleaba, en
aquella casa lo conocían ...... y ...... ¡cómo habían de sospechar!
Con la mano algo trémula, abrió la cartera como bus
cando algun billete de banco- que; por supuesto no estaba en casa-volvió á cerrarla, sacó el peso, y resueltamente, con ademán de gran señor, lo puso al 32. El corazón Je saltaba más que la bola de marfil de Ja ruleta.
Pero, vean ustedes lo que son las cosas. Los buenos mozos tienen mucho adelantado... Hay hombres que llegan
á ministros extranjeros, á ricos, á poetas, á salJios, nada
más que porque son buenos mozos. ·y el peso aquel-ya
lo había dicho-era todo un buen mozo...... un buen
mozo bien vestido.
jTREIXTA YDOS COLORADO!

La bola de marfil y el corazón del jugador Ee pararon,
como el reloj cuya cuerda se rompe. ¡Rabio. ganado! Pero...... ¿y si lo conocian ......? ¡No á él.. .... al .itro...... al
falso!
'
Nuestro amigo- porque ya debe ser amigo nuestro
este hijo mimado de la d icha- tuvo un rasgo de genio.
Recogió su peso desdeñosamente y dijo al que regenteaba la ruleta:
-Quiero los otros treinta y cinco en billetes.
¡No lo habían tocado! ...... ¡No lo habían conocido...... !
Pagó el monte. Uno de veinte...... uno de diez ...... y otro
color de chocolate, con la figura de una mujer en camisón y que está descansando de leer, separada por estas
dos palabras, Oinco pesos, del retrato de uua muchacha
muy linda, á quien el mal gusto del grabador Je puso una
águila y una víbora en el pecho. El de á Lliez y el de color de chocolate eran para la sefi.ora que suena los pesos
en la tapa del buró. El de á veinte, el de Juárez, el patriótico, era para nuestro amigo...... era el que al día siguiente se convertiría en copas, en costillas á la milanesa; X, por remate, en un triste y desconsolado peso falso.
¡Qué afortun:;dos son los pesos falsos y los hombres
pícaros!
Los que estaban al rededor del tapete verde, hacían
lado al dichoso punto para que entrara en el ruedo y se
sentara. Pero, dicho sea en honra de nuestro buen amigo, el fué prudente, tuvo fuerza de ánimo y volvió la espalda á la traidora mesa. Volvería, sí, á dejar en ella su
futura quincena, ó propiamente hablando, el futuro imperfecto de su quincena, pero lo que es aquelia noche se
entregaba á las delicias y á los pellizcos del hogar.
Cuando se sintió en la calle con su honrado, su generoso peso falso, que había sido tan bueno, y con el retrato de Juárez, con el busto de un perro, y con el grabado
que representa á una señora en camisón, rebosaba alegría nue:itro querido amigo. Ya era tan bueno como el
peso falso, aquel honrndo é inteligente caballero. Habría
prestado un duro á cualquier amigo pobre; habría repartido algunos reales entre los pordioseros. Caminando
aprisa, aprisa por las calles, pensaba en su pobrecita mu•
jer que era tan buena p ersona, que lo estaría esperando ...... para que le diera el gasto.
Puu;, l'epvux volage
rentrant au logis
pour paraltre sage
P.rend des airs coullits.
11 pense á sa femme
-seule dnns son lit et ele chez madame
un galan s'enfuit.........!
Volci !'nube vermeille,

Etc.

Esto cantan en una opereta que se estrenó en París á ·
fines del mes pasado Y.qu~ se llama E l H uevo Rojo; pero
esto no lo tarareaba s1qmera nuestro predilecto amigo,
porque no lo sabía.
Al torcer una esquina, tropezó con cierto muchachito
que voceaba periódicos y á quien llamaban el inglé.~. Y
parecía inglés en verdad, porque era muy blanco, muy
rubio y hasta habría sido bomto con no ser tan pobrePor supuesto no conocía á su padre...... era uno (le tan.
tos pesos falsos humanos, de esos que circulan subrepticiamente por el mundo y que ninguno sabe dónde fueron acuüados. Pero á la madre, s.í la conocía. L os demás
decían que era mala. El creía que era buena. Le pegaba.
Ese sería su modo de acaric iar. También cuanct., no se
come, es imposible estar de buen humor. Y muchas veces aquella desgraciada no colllÍa. Sobre todo, era lamadre; lo que no se tiene m,ls que una vez, lo que siempre
vive poco; 14 madre que aunque sea roa'a, e&lt;, buena á ratos, aquella en cuya boca no suena e l tá cumo un insulto...... la madre, en suma...... nada m,ls la madre! Y como aquel niño tenía en las venas sangre buena-sangre
colorida con vino, sangre empobrecida e11 las noches de
O!f:Í!', pero sangre, en fin ~e hombres qne -pensaron y
s111t1eron hace muchos anos-amaba mucho {L la mamá ...... Y :i la herm;1nita, á la que vendía billetes ...... á
esa que llamaban la f rrwcel!&lt;i.

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EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FE.BRERO DE 18!,17

DOMINGO 7 DE.FEBRERO DE 1897

• -="'==== = = = = == ===--===;==========--,=========,==== = = = = = =
.Además, el ingle.,ito quería
soñar despiert,r,, hablar en
voz alta con sus ilusiones.
Primero, el desayuno ......
Bueno, un real para los tres!
Pero los pesos tienen muchos centavos, y hacía tiempo que el inylc.,ito tenia ganas de tomar un tamal con
su chnmpurrado: Bueno, real
y tlaco. Quedaba mucho,
mucho dinero........ No,. él
no diría que tenía un peso ...
aunque le daban tentaciones
muy fuertes de enseñarlo,
de lucirlo, de pasearlo. de
sonárselo, como si fuera una
sonaja, á la hermanita; de
que lo viera la mam,í y pen-

siete, pero con un tostón para la madre, con manta, con
un bizcocho para la francesita y con un tamal en l·l estómago. Iba á esperar ,í que abrieran cierto tend,1jn. éll el
que vendían todo Jo más hermoso, todo lo m,ls útil, todo
lo más apetecible para él, velas, indianas, santw tle barro, madejas de seda, cohete~, soldaditos de plomo. caramelos, pan, estam¡;&gt;as, t:teres........ Cuanto se nerl'oituba
para vivir. Y precisamente en la puerta !e sentaba una
mujer detrás de la olla de tamales.
Fué paso á paso, porque todavía era muy ú.•mparno.
Ya había aclarado. Pasó por San Juan de Letrán. De la
pensión de caballos salía una hcrmo!!a yegua con albarJón
de cuero amarillo y llevada de la brida por el mozo de
se dueño, aleroan probablemente. Frent€ á la imprenta
de El Jlo11itor y casi echados en las baldosas de la acera,
hombres y• chicuelos doblaban los periódicos todavía
húmedos. Muchos de eso¡¡ chicos eran amigos de él, y
el primer impulso que sintió fué el de ir 1í hablarles, en-

lices. No dudo ya de tu cariño, y mientras llega el día
en que coloque sobre tu frente de inm&amp;culada la blanca corona de azahares, espero me ob~eqoiarás nuevas
violetas que substituyan las
Ja marchitas de mi florero.
,JcAX B. DELGADO••
Febrero de lC'.&gt;7.

tJt
E1 propio de la juventud
art-ptar las ideas con docilidad y ddcndcrlascon violen·
cia.
Etienne Lami.
El haz"devioletas.

•

La madre, para él, era muy buena; pero le pegaba
cuando no podía llevarle el pobre una peseta. Y aquella
noche-¡la del peso falso!-estaba el chiquitín con El Nacior111l, con El "Jíem¡,o d,· 1,u¡ñmu1, pero sin un centavo en .
el bolsillo de su desgarral.lo pantalón. ¡Xo compraba ~riódicos la gente! Y no se atrevía á volver,\ su accesona,
no por miedo á los golpes, sino por no afligirá la mamá.
Tan pálido, tan tri~te lo vió el afortunado jugador, que
quiso, realmente quiso darle una limosna. Tal vez le
habría comprado todos los periódicos, porque así son los
ju~adores cuando ganan. Pero dar cinco pesos á un perilhtn de esa ralea, era demasiado.. Y el jugador había
recibido los treinta y cinco en billetes. Xo le quedaba
m1\s que el peso falso.
Ocurriósele entonces una travesura: hacer bobo al muchacho.
-Toma, i,1gl{:.~, para tus hoja.~ con catal1l.n, ¡anda! ¡Emborr.íchate!
¡Y allá fué el peso falso!
Y no, el muchacho no creyó que lo habían engañado.
Tenía aquel señor tan buena cara como el peso falso.
¡Qué bueno era! Si hubiera recibido esa moneda para
de volver siete reales y medio, cobrando El Xucio1111/ ó El
'l'innpo de maiianrr, la habría sonado en las losas del zaguán, cuyo umbral le servía casi de lecho; habría preg1rntado si era bueno ó nó, al abarrotero qu"' aun tenía
abierta su tienda. Pt!Co ¡de limosna! ¡Brillab\ tanto en
la noche! ¡Brillaba tanto para su alma hambrienta de
dar algo ú la mam:t y á la hermanita! ¡Qué buen seflor! ...... ¡Habría ganado un premio de la lotería!. ..... Sería muy rico! ...... Quien sabe......
¡Qué buen señor era el del pe8o falso'
•
Le había dicho:-Anda, ve y embombhate! ........ Pero
así dicen todos.
.
Recogió el arapiezo los periódicos, y corriendo como si
tuviera fuerzas, fué basta muy lejos, hasta la puerta de
s11 casa. No le abrieron. La viejecita-la llamo viejecita
aunque aporreara á ese muchacho, porque, al caboe~a infolíz era padre, era madre-se había dormido cansada de
n~uardar al fo«tesito. Pero, ¿qué le importaba á él dornnr en la calle? ¡Si lo mismo pasaba muchas noches! ¡Y
al día siguiente no lo azotaría! ..... ~. ¡Llegaba rico! ........ .
¡Con un peso!
.
¡ Ay, cuántas, cuántas cosas tiene adentro un peso para
el pobre!
.Allí, en el zaguán, encogido como un gatito blanco, se
quedó el muchacho dormido. Dormido, sí;pero apretando con los dt&gt;dos .de la mano derecha, que es la m,\s segura, aquel sol, aquella águila, aquel sueño! Durmió mal,
no por la d11rcza del colchón de piedra, no por el frío, no
por el aire, porque á eso estaba acostumbrado; pero sí
porque estaba muy alegre y tenía mucho miedo de que
aquel p:\jar,, de plata se volara. ¿Creen.ustedes que-ese
muchacho ja,nás había tenido un pe~o suyo? Pues así
hay muchfuimo!!.

sara: "Ya puedo descansar, porque mi hijo me mantiene."
Pero en viéndolo. en tomándolo, la mamá compraría un
real de teqnila. Y el muchacho tenía un proyecto atrevido: gastar un real, que iba á ser de tequila en un billete.
Y sobre todo, recordaba el granuja que debía unos tlacos
ei::. la panadería, otros en .la tien~a........ y ei:a, imposible
que la mamá los pag~ra si él le diera el pedo. ¡Reales menos!
¡Xo! era más urgente comprar manta para que la hermanita se hiciera una camisa. ¡La·pobrl'cilla se quejaba
tantísimo del frío! ...... Decididamente á la mam1\ cuatro
reales un tostón....... y los otros cuatro reales para él,
es dec'ir, para el to,,ml, para el billete, para la manta......
¡y quién sabe para cuantas cosas más! ¡Puede ser que alcanzara hasta para ir al Circo!
•
· ¿Y si ganaba ,trescientos pesos en la lotería con ese real?
¡Tres cientos pesos! ¡~o se han de acabar nunca! Esos
tendría el seiior que le dió el peso.
Vino la luz, es decir, ra estaba para llegar, cuando el
muchacho se puso en pie. Barrían la calle....... Pasaron
unas burras con los botes de hojalata, en que de las haciendas próximas viene la lec~e. Luego pasaf?n vaca~··;
En Santa Teresa llamaban á.misa....... -¡,Taletmas!, gntó
una. voz áspera.
El rapazuelo no quiso todavía entrar á su casa: Necesitaba cambiar el peso. Llegaría tarde, á. las seis, á. las

señnrles el peso....... pero ¿y si se lo quitaban? El cojo,
sobre todo, el cojo era algo malo.
De modo que el pillín siguió de largo,.
Yael tendajo estaba abierto, y lo pri,nero, P"1· o.e·contado fué el tamal.. .... y no fué uno, frwron do,: ;al fin e::taba rico! Y tras lo~ tamalP~, nn bi-cocho tlt&gt; harina y
huevo, un rico bollo que sabía á glnria. Q11erían cobrarlo adelantado; pero él ensel1j el ptisocon maje.-tuosadignidad.
-Ahora que compre m:inta, cambiarr. Y pídi(1 dos varas de manta; compró un gr,ina&lt;foro tle barro qne valía
cuartilla y al que tuvo la desdicha de pertl.,r l'll m más
temprana edad, porque al CO"'erlo, con la mano convulsa
de emoción, se le cayó al sueio; le enl'Olvieron la manta
en un papel de estraza, y él con orgnlln, con el ademái~
de un soberano, arrojó por el aire el limpio peso, qne al
caer en el zinc del mostrado~, dió un grito de franqueza,
uno de esos gritos que se escapan E- n lo~ dramas al traidor, al a.'!esino, al verdadero delincuente. El e:;pañol ha•
bía oído y atrapó al chiquitín por el pe~cuezo.
-¡Ladroncillo, ladrón! Yas 1í pag.írmelas!

·················································································

¿Qué pas,í? El muñeco roto, hechn pl•dazo~, en el suelo...... la india que gritaba...... el gachupín estrujnn,lo al
pobre chico ..... .la madre, la hermanita, lafrw11·tsitu, all,í
muy léjos...... m,\s léjos todavía las ilusiones......_y el gendarme muy cerca.
.
Una comisaría......un herido ......
borrach11 ......gen tes que le vieron mala cara ...... hombres que le acurnron
de haber.robado pail.uelos ¡á él 'q ne se secaba las lagrimas con su cami~a! Y luego la Correccional. ..... el joro•
badito que le en~eil.ó á hacer mala~ co,a~ ...... y afuera la
madre, que murió en el hospital de diarrea ulcohólica ...... y la hermanita, la francesa, áquien porque no vendía muchos billetes, la compraron, y á poco la pnbrecilla se muri6.
¡Señor! Tú que trocaste el agua en Yino; ttí que i,iL'iste
santo al ladrón Dimas: ¿por qué no te dignaste convertir
en bueno el peso falso de ePe niño? ¡,Purqn&lt;' en manos
del jugador fué peso bueno, ven mano~ del des\'alido fué
un delito? Tú no eres como fa esperanza, como t&gt;l amor,
como la vida; pe~o falso. Ttí eres bueno. Te llama~ caridad. Tt't que cegaste a Saulo en el camino de D.unasco,
¿por qué no cegaste al español de aquella tiemla'!

,m

MA:Si:EL Gt;TIÉHJU::7.

X,üi:11.1

•

Llegué á casa con el
haz de Yioletas que me
obsequiaste y que yo
prendí con orgullo en el
ojal de mi levita. :\li
humilde cuarto de estudiante fe tornó de pron·to en camArín oriental,
Juego :¡ne las hube colocado en el florero de
porcelana azul único
ornato de mi mesa. Allí
quedaron como en un
trono, húmedas, lozanas, fragantes y exquil'itas, las florecillas que
ataste en manojo con
la.~ hebras de tus cabellos; allí quedaron tiritando de frío,
:\I contacto del agua, que gimió al recibirlas, y se desbordó en gruesas lúgrimas; tu;, predilecta~, tus consentida!', las violetai: que cultirnste con esmero en tu jardín
y que arranM tu mano más tarde para que las llevase
Fnbre el corazón como un trofeo y engalanara mi estancia. ¡Bien hayan esta.1s flores que se rebujan en chales de
esmeralda pura ocultarse á los besos de Céfiro, que á veces acaricia y á veces deshoja ...... Bien hayan estas niñas
tímidas que no pre~tan oído á las lisonjas de silfos enamorados ...... Bien hayan las violetas que se parecen á
tí! ......
Y cada día las amo más: por la noche abro la ventana
de mi aposento para que puedan respirar mejor; el aire
penetra en rMagas silbantes, las columpia con balanceo
de hamaca, y azotando las alas en los desnudos muros,
las empapa en oleadas de perfumes y se aleja cantando.
Entre tanto ellas duermen, !aluna las baña en tremulante claridad, esparce en torno de ellas su luz de cirio,
les da livideces cadavéricas y mientras derrama en la atmósfera átomos luminosos y arranca 1l la vidriera relampagos, las mira callada y sonriente como el ángel de la
guarda, puesto el dedo sobre los labios, á los niños que
duermen en la cuna.
Cuando amanece, las violetas tienen aspecto enfermizo;
en vano trato de reanimarlas con el calor de mis besos....
¡están anémicas! Empero repongo el agua del florero;
nace el sol engrandeciendose, enhebra en las ondas, se
tamiza por la enradera-malla verde de la ventana-y
filtrándose hasta ellas las baña en menudos chorros de
luz, haciéndolas adquirir tersura de raso y lozanía de
vírgenes. Hay mometos en que merced á una alucina·
ción, me parecen las violetas tan aromadas y tan frescas, como tan frescas y aromadas las de los florestales
en primavera. Sin embargo, ¡cuán distintas unas de
otras! .Aquellas son urnas rebosantes de miel que se disputan rondas de mariposas y enjambres de abejas; aquellas tit!nen gotas de rvcío, donde la luz quiebra su colores de iris corno en las facetas de un prisma-perlas c;¡,ue
ruedan lentamente por cada pétalo, como en la mejilla
de un niño rubio,• hilenciosas h\grimas...... -¿Y éstas?
¡pobrecitas! Aunque aparentemente hermosas, van perdiendo el perfume, que es el alma de las flores ...... ¡Cuánto amo tus violetas y cuánto lloraré su prematura muerte! Cuando vivían contigo eran felices; ellas me lo han
dicho, eran felices ...... ¡:Si supieras que son indiscretas¡
Una noche me despertaron de mi sueil.o cuchicheos misteriosos, voces ahogadas: eran ellas que se lamentaban
de vivir conmigo. Y una decía: "Oh, mis hermanas, cuán
triste es estar lejos del suelo donde brotamos y envueltas en esta atmósfera densa de sufrimiento, sin ver revolotear en torno nuestro el enamorado colibrí, sin eentir en nue~tra frente el beso de las brisas y sin poder perfumar la mano que nos cultivó, ¡ay! aquella mano que
nos cortó para que viniésemos á vivir al lado de un pobre poeta, del soñador por quien suspira ...... ¡Si ella supiera la suerte que nos ha tocado! Aquí todo es tristeza;
ya Jo véis: á nut&gt;stro lado volúmenes de versos, revueltos sobre una mesa borradores de artículos literarios y
contrastando, junto 1í nosotros, la esfinge de la muerte-'el frío cráneo dorde nuestro dueño y señor estudia ana-.
tomía.»--Después calló la flor; sobresaltado me senté al
borde del lecho exclamando á solas: «¡Sueño despierto!
¿Conque h1s flores hablan?........... Y como intentara
acercarme ,í ellas para oírlas méjor,-pues que empezaron á conver~ar en voz baja al escuchar mi grito de sorpresa,-permanecieron muda.~.

*

El ángel bueno pone un poco de perfume l'n cada rosa
y un poquito de amor en cada alma.
EL DuQuE Jon.

EL MUNDO

= ==========~==-~=

**
· Yo sé por tus violetas-mensajeras
de tus suspirosque me amas con la pasión infinita del primer amor; que
las tristezas se condensan en el fondo de tu alma en nube torn1e11tol'a, y que á veces suele esa nube subir ú tus
p~pilas par.1 resolverse en lluvia de lágrimas ...... ¡Si pud,1era en¡ugarlas con un beso! Pero ya llegará el día en
que nni&lt;lus, en la casit:i b'anca que soñamos, seamos fe-

Porque no estorbe para el contento,
Porque no enlute con su pesar.
· i',alve viajera de lontanama,
Consolador:1, dulce esperanza,
Balve si vienes á mí esta vez;
Xo te amedrentes, que no te exijo
:\i la alegría, ni el regocijo
:\i las quimeras de la niñé;. ·
Quiero en un pecho sencillo y sano
Posar mi frente, poner mi mano,
Y sus latidos con ansia oír;
Cuando ya el seno de amor no salta,
¡Para el descauso qué poco falta!
¡Qué poco falta para morir!
LAUIU )l:baiEz DE

Ct EXCA.
0

&gt;***
Arte moderno, belleza mnderna, son vanas palabras: el
uno y la otra son eternos C')llO la verdad.
Ch. r:a111wd.
INVERNAL

ETERNO AlUOR

Tengo novia que es en el mundo
mi única dicha,
y soy joveu y creo y adoro:
¿por qué me asesesinan?
¿Porque siempre retratan mis ojos
su imagen querida?
¡Ah! si acaso esa luz fulgurante
os hiere y lastima,
ya sabéis, mis eternos verdugos,
¡cegad mis pupilas!
Y si aun ese holocausto no puede
saciar vuestra envidia,
con la ne¡:ra ponzoña del dolo
qmtadme la Yida.
Y perdón si bendigo, verdugos,
la dulce agonía,
y perdón si en el trance postrero
me ahoga la risa.
Pues sabed; nunca tocan el polvo
las frentes altivas,
y en la noche los astros del cielo
emergen y brillan.
¡Oh, cuan torpes! es luz en mi alma
su imagen querida,
y doquier y por siempre la lleva
el alma infinita.
Absorved esa luz ¡oh, vampiros!
con 1\vida inquina.
Aquí está de mi pecbo la arteria,
¡quitadme la vida!
:\Iás perdón si en el trance postrero
me ahoga la risa.
Q¡;¡ru XO 0RDÁ.Z

Febrero de 96.

SA.LVE

¡Qué triste Enero, pálido y frío!
El viento zumba, cuaja el rocío
Que brilla en perlas en el maizal;
Desnuda ramas, deshoja flores,
Arranca nidos y á sus rigores
Tiemblan las cañas del carrizal.
.A.dios los nimbus de oscuro manto,
Rayos que truenan metiendo espanto,
Alegre•lluvia de otra estación;
Desde que flotan blancas neblinas,
Del techo huyeron Ias golondrinas,
Las ilusiones del corazón.
Adios ardiente noche de Junio;
Vierte hoy sus galas el plenilunio .
En luz de nieve por la ciudad;
Azul ropajP. la noche viste;
¡Ay del enfermo, ay del que triste
Devora cuitas en ·soledad!
PrimaveralPs brisa de :\farzo,
Tornad velocee, romped el cuarzo
De estas entrañas que encierro aquí;
Que cuando vuelvan los ruiseñores
En cruz fas alas, cantando amores,
No hallen invierno dentro de mí.
Alma doliente ¿dónde está el mimo
Conque soñaste? ¿dónde el arrimo
Que ni en la cuna dado te fué? ......
Valle de penas, mundo de sombras ......
¡Oh dicha! dicha de miel te nombras,
Y eres de espinas. ¿Por qué? ¿Por qué?
Del pecho fr-anco la endeble puerta,
Por esperarte tengo ya abierta,
Abierta, abierta de par en par,
Y con cadenas el pensamiento

Dónde están las bandadas de ruiseñores
que en tu copa dejaron alegres trinos?
¿Dónde está aq11el ramaje lleno de flores,
cuya sombra fué madre de peregrinos? .
En dónde, árbol de~nudo, tu pompa agreste?
¿En dónde están tus flores tan olorosas,
'aquellas que ostentabas por regia veste?
¿Oué se hicieron las rondas de mariposas?
Sobre la tierra todo tiene mudanza,
Pero tú, si te inclinas mustio, sombrío,
huérfano de tus hojas verde-esperanza
y sufriendo el azote del cierzo impío;
Sabes que pasajero será tu daño,
que ha de volver tu pompa tan lisonjera
como las golondrinas año tras afio;
¡sólo es triste el invierno·del desengafio,
porque despues no vuelve la prirnavera!
YJCEXTE DAXIEL LLong:-TE.

EN EL CAMPO

Tengo el impuro amor de las ciudades.
Y á este sol que ilumina las edadades
Prefiero yo del gas las claridades.
A mis sentidos lánguidos arroba,
l\las que el olor de un bosque de caoba,
El ambiente enfermizo de una alcoba.
Mucho más que las selvas tropicales,
Plácenme los sombríos arrabales
Que encierran las vetustas capitales.
.A. la flor que se abre en el sendero,
Como si fuese terrenal lucero,
Olvido por la flor de invernadero,
Más que la voz del p:\jaro en la cima
De un árbol todo en flor, á mi alma anima
La música armoniosa de una rima.
Nunca mi corazón tanto enamora
El rostro virginal de una pastora,
Como un rostro de regia pecadora.
Al oro de la mies en primavera
Yo siempre en mi capricho prefiriera
El oro de teñida cabellera.
No cambiara sedosas muselinas
Por los velos de nítidas neblinas
Que la mañana prende en las colinas.
Mas que el raudal que baja de la cumbre,
Quiero oír á. la humana muchedumbre
Gimiendo en su perpétua servidumbre.
El rocío que brilla en la montaña
No ha ~dido decir á mi alma extraña
Lo que él llanto al bafiar Ulla pestaña.
Y el fulgor de los astros rutilantes
No trueco por los vívidos cambiantes
Del ópalo, la perla ó los diamantes.
Ji;u.i:s DEL CASAL.

Se perdona mucho al artista dominado por el ideal· en
el más humilde de los devotos se adora á Dios.
·

,.w.,.
Fre.cuentemeote basta haber tomado un partido para
ver bien las razones que bal:¡ía para no tomarlo.

I . .l[. ele foltmir.

�EL MUNDO

g2

EL DANTE Eh MEXICO.-La oficina privada de Satanás.

esto no lo pude averiguar, y-detalle bizarro--un cuello
de percal á rayas, una corbata de plastrón y una chistera
VIAJE DE UN REPORTER.
completaban la poco atrayente indumentaria. Sostenía
horizontalmente con ambas manos un bidente al cual se
enroscaba su cola-hermoso apéndice terminado en agui( COXTIXUA.)
¡Adelante! dijo una voz que, con gran sorpresa mía no jón y desgraciadamente remendado áconsecuencia de alera la de los Siete Truenos, no extremecía los Illonolitos, gún percance-y en uno de cuyos extremos se posaba un
dentados qu¡i _me rodeaban, ni retemblaba en las bóv¡idas buho de fosforeecentes ojos sobre el cual bacía equilibrios
de la informe gruta.
un murciélago.
Con la rapidez dE&gt;l pensamiento que hasta ahora tiene
Satán extraía de su puro la más sabrosa bocanada de
el i-ecol'll de las rapideces magüer la electricidad dinámi- humo, al presentarme y á mi saludo respondió co~ ligeca y la luz, púseme á pensar con extrañeza que aquel ra inclinación de cabeza, merced á la cual su ch1stera
timbre de voz no convenía al príncipe de los infiernos: cónica se ladeó con cierta gracia hacia el apéndice cartiera en efecto una voz medianamente ronca y familiar, laginoso de la izquierda, y mascullando las palabras con
nada mett\lica y de intensidad común y corriente, po- el puro, me preguntó:
co propia del enemig0 personal de Dios.
-Usted deseaba .........
-Como engañan á uno las nodrizas y los libros piadoAntes de procoder á explicarme observaba yo sµ rossos, pensé y con resolución digna de un reporter avesado tro atezado en el que babía mucho de la :fisonomía de
á todas las interviews dí dos pasos al frente.
Juan Mateos y un poco de la de Bejarano y que exhorUn personaje de alta talla, perfectamente musculado-- naban negrísimos bigotes y pera no menos ne~ra y bien
no desdeciría ante Romulus--presentóse á mis ojos. Yes- acondicionada. Hubo de caerle en pandorga llll atención
tía un caprichoso traje de verano: calzón de bañista, sá- sin duda, pues clavando en mí sus ojos con cierta durebana leve á guisa de capa ó capa á guisa de sábana, que za, profirió:
-1\Ie obsérva usted bastante. ¿Por ventura
no soy demasiado decorativo?
-No mucho si he de decir verdad, respondí.
Si hubiese tenido el honor de entrevistar á usted hace doscientos años, confieso que la impresión recibida sería gratísima, dados los antecedentes que acerca de su figura se tenían
entonces; antecedentes demasiado espeluznantes que no concuerdan con lo que veo en estos
momentos; m,ís la concepción moderna del diablo, á lo menos según lo que yo sé, es JJ1ás aceptable-si no ha de herirle mi franqueza-que la
realidad de la cual me es dado juzgar......
-Expliquese usted......
-Con mucho ~usto. El diablo del siglo ~
es Me:fisto-un diablo encantador, no agraviando lo presente-personaje de mucho mundo, de
:fisonomía espiritual, de hondo, pero alegre escepticismo Muy dado á los madrigales, buen
surcidor de cuentos, maliciosl' orfebre de frases
intencionadas, de :finos-quid-proquos; dadivoso
en extremo y calaverón como él solo. Su buena
suerte con las mozas es incuestionable porque
conoce la psicología del sexo y calcula con pre' cisión por ende, el cuarto de hora; el número de
sus satélites y corileos es excesivo porque puede
mucho y sabe hacer favores, y se le admite con
agrado en los salones, porque ni hay forma social más cultivada que la su:ya ni corrosivo más
mordente que su murmuración ... Es un Brummel satánico con visos donjuanescos, del mejor gusto.
- Y decía usted ......
-Que su señoría no realiza ese tipo. Es usted un diablo deD1asiado bourgués, un poco marcial, es cierto, pero también un pocg comistrajp, si vale la palabra.
Temí haber dicho demasiado y me puse inquieto, pero mi real interlocutor me tranquilizó en
breve con un suspiro de fuelle cansado y las siguientes palabras:
-Que quiere usted...... el romanticismo ha
EL DANTE :EN JIIJ;X1CO.-l:ata11ás, llamadoaiehl-encmlgo de Jn hi:rrr.r.lena. muerto y el siglo no tiene más ideal que la aritEL DANTE EN lUEXICO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 18!n

mética. Con el tiempo me he trasfor"
mado y las circunstancias me han obli•
.gado á descender del pináculo de m
prestigio á ciertos detalles poco ele·
gantes. La influencia americana, hijo,
la influencia americana...... Estos endil;\blados yankees en su afan de establecer empresas han mercantilizado
mi reino donde hoy por hoy tiene usted grandes fábricas de azufre, baños
termales, canteras en explotación, luz
incandescente, bicicletas y qué se yo
cuantas cosas, y he debido asumir actitudes y :fisonomías de acuerdo con la
actual índole de mi país donde no queda una pisca de lirismo....... ('o$i ra il
11wndo.
-Pero-objeté-cuando menos en
los tormentos sigue usted los antiguos
sistemas penitenciarios de que nos hablan algunos libros tales como Gritos
&lt;le los condenados y otros que he visto
por ahí.. .......
-Diré á usted, el sistema es el mismo pero los procedimientos de aplicación varían. Al caso mocho hemos
preferido la sartén y á la leña la gasolina, como puede usted.ver-y Ueván&lt;iome 1í la entrada de la caverna, me
mostró no lejos un individuo á quien se
asaba concienzudamente, conforme lo
indicará el apunte respectivo. Son más
expeditivos, continuó y hemos debido adoptarlos. Para los descoyunta-mientos nos servimos del Interoceánico, ferrocarril que debe usted conocer,
y así sucesivamente...... Ya ve usted
que en esto el cambio es accidental. ..
pero me dispensará usted-concluyó
-si le dejo. Debo hacer hoy una visita á ciertas dependencias que, según
informes, han sido descubiertas en
desfalco, y estoy urgido de tiempo.
Como supongo que su viaje es de observación y sin tiempo fijo-pues me
informan que es usted reporter de un
periódico caracterizado-aun tendremos oportunidad de vernos. Entre
tanto prometo á usted todos los datos
que pueda necesitar.-Y sin aguardar mis frases de agradecimiento, desapareció por una salida secreta.
Y o aun permanecí algunos momentos en el gabinete,
contemplando el moviliario y sin dar mucha importancia á los ímpetus de Cerbero que pugnaba por hacerme
una caricia. Junto al escritorio de neta factura americana alumbrado por un globo de luz incandescente, hallábase el teléfono, del todo moderno, y sobre la tarima, en
grato desorden yacían algunos periódicos eutre los cuales
distinguí al .Monitor Rep,iblicano, al Nacional, al Tiempo y
algún otro. En las paredes, varios retratos-el de San Pedro en lugar preferente-Y dibujos de másó menos buen
gusto. En suma, salvo taló cual detalle maeabro-la habitación era alegre, confortable, limpia y muy americana.
-Decididamente-repetí-esto pierde su prestigio y
su aureola de extrañeza.
Los satani8tas parisienses se llevarían aquí un chasco. El
Satanás moderno es sobrado burgués. Preferiría en todo caso una :fisonomíá mefistofélica: la de Bengardi por
ejemplo......
Sería más decorativa.
(Continuará.)

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

93

Morían las luces de la tarde
En el cristal de tu ventana,
Y sus fulgores temblorosos
Al despedirse acariciaban
Tu cabellera color de oro
Que en ondas rubias, ~epultaba
El alabastro de tu seno
Y el níveo marmol de tu espalda.
¡Qué embriagador era el perfume
Que las gardenias exhalaban!
¡Qué deslumbrante tu blancura
Y qué amorosas tus miradas]

si·~~-~¡-~~é¡;¡~-d~i-~i~id~- ............
Todo recuerdo al fin naufraga;
Si la lui muere, y se marchitan
En el jarrón las rosas blancas,
¡,Por qué en mi boca se estremecen
Todos los besoll que me dabas,
Y no se borra en mi memoria
Este recuerdo que me embriaga?
FR.lNCISCO M. DE ÜLAGUIBEL.

Las mujeres son celosas de su dominación y los hombres de sus placeres.
Henry Fouquier.

•

***

La. delicadeza es la sonrisa del corazón,
Edouard Galloo.

iGl ·fin sola!

�EL MUNDO

94
SINFONIA EN GRIS MAYOR

El mar como v11sto cristal azogado,
refleja la lámina de u11 cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruftiuo de pálido gris.
El sol, como un vidrio redondo y opaco,
oon paso de enfermo camj.na al zenit,
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almolU1da su negro cojín.
L:1s ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muellr, part&gt;cen gemir;
sentado en un cablt:. fumando su pipa,
eskí un marinero pensando en las playas
de 1111 v,1g,11 lejan,&gt;, bnnn·&gt;so país.
E~ ,·iej,, eee lobo. Tostaron rn cara
103 ra,os de fuego del su! del Brasil,
los recioH tifones del \far de la China
.
le han visto bebiendo su frasco de gin.
L:~ eRpuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabello~, su gorra de lana,
su!&lt; bicep• de atleta, su blusa de dril.
En me1lio del humo que form,\ el tabaco
ve el Yiejo el lejano brumoeo país,
de donde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín..... .
La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del f;ris¡
parece que un suave y enorme es!ummo
del cun•o horizonte borrara el con6u.
La siesta del trúpico. La ,·ieja cigarra
ensaya su ronca guitarra eenil,
v el grillo preludia su solo monótono
én la única cuerda que est1 en su violín.
Ht·nt:-i DAmo.

RE)IORDDIIENTO

A las diez, el tío Gourlot entró, se acostó sin desconfianza, y dando un soploá en bujía, no tardó en dormirse.
Llegadoerael momento. Tiré de uno de mis bramantes, una
silla rodó sobre el suelo con ef'trépito, en dirección á la
cama. Despertando con sobre~alto por tan insólito ruido,
incorporóse el anciano en la cama, i.t6nito; una segunda
silla siguió á la primera, y después el sillón. La culebra
atraída por el calorcillo de las sábanas, se deliz6 desde la
almohada arrastrándose á lo largo de la espinadorsaldel
anciano. El infeliz exhaló entonc&lt;!S un grito terrible. Su
lecho crugía y se balanceaba como nave en mar revuelta.
El tío Gourlot empezó á aullar con una voz agudíi;ima,
entrecortada por convulsivo hipo; pero nadie podía oírle;
el gerente del hotel dormía en la planta baja, y los camareros en los sotabancos. Durante un cuarto de hora saboree el espectáculo de su espanto; regocijándome de an ·
temano á la idea de la narración de la aventura á mis
camaradas, cuando regresaran .............. .
El anciano había cesado de gritar. Un rayo de luna,
filtrando ,t través de las cortinas, iluminaba su descolorida faz; sus ojos, singularmente abiertos, lucían en la
FOmbra de modo extraño; roncaba tendido de espaldas,
inmóvil de terror......... .
Entonces tuve mi!'do yo á mi vez, y no queriendo llevar demasiado lejos la broma, cerré snavemente la ventana.
Dormí mal, aguijoneado por una inquietud, por un
sentimiento. Al clarear el alba, corrí á la ventana. El tío
Gourlot continuaba en la mif'ma posición, la faz terrosa,
los ojos en blanco......... Salté á su cuarto y me acerqué
á su cama. Toqué sus la~s manos secas, crispadas sobre las s,tbsnas: estaban frias ..... .
El anciano había muerto de susto.
Por algunos instantes permanecí allí, estúpido, aplomado en una silla, comprendiendo apenas toda la extensión de mi necedad: acababa de cometer un crímen, ¡un
crímen!
Era preciso ocultar para siempre el secreto de aquella
muerte repentina, en un abrir y cerrar de ojos quedaron
los muebles en su primitivo orden; hice desaparecer la
culebra y vol\'Í á mi cama ..... .
A nadie le pasó por las míentes acusarme...... Atribuyóse la muerte del tío Gourlot á la ruptura de un aneurisma. Pero. desde entonces, un espectro ha venino á
perturbar mi sueño: en alucinaciones vengadoras percibo los rasgos de mi víctima, oigo sus agónicos estertore~
y siento helarse mi sangre con escalofríos de espanto.

.........Síseñores, soy un asesesi no!
Yeinte aiios tenla cuando cometí este crfmen. Ahora
tengo sesenta; soy notari9, alcalde en mi pueblo · natal,
condPcorado, rico, venerado. Y, sin embargo, maté á uno
de mis 1&lt;emejantes.
En.vano me repito que este homicidio fué involuntario, que me hice inconscientemente homicida; siento
unos remordimientos tan vivos, como si hubiese premeditado la muerte de mi víctima. Y el rt:cuerdo de tan si·
Diestra aventura coloca una nube negra en el azul de mi
felicidad.
Ko siempre he sido el personaje frío, acompasado, 80lemne, austero que soy en la actualidad. Hace cuarenta
años seguía yo mi curso tle Derecho en......... y puedo
decir sin vanidt\d retrosperti va ( pues por lo demás he
expiado muy cruelmente tan triste honor) que era yo el
mayor bromi~ta de la facultad. A la verdad, en quella
época nuestras distracciones no eran muy variadas y nos
veíamos obligados á amenizar con travtisuras de nuestra
invención aquella monótona exktencia de estudiantes de
provincia. Xnestro amor propio estaba interesado en distinguirse por las más extravagantes mistificaciones; y cada noche, en el café, entre dos partidas de billar, cada
uno de nosotros refería sus hazañas.
Hallábame yo aposentado á la sazón en el hotel de Bretafl.a, ruidosa colmena llena de est~diantes, donde resonab m desde la mañana á la noche nuestras canciones y
nuestras risotadas. Dícete que hoy día los jóveneq son
taciturnos, nosotros no habíamos leído á Schopenhauer,
y nos dábamos una vida jovial.
Por casualidad y quién sabe si de intento, como para
calentarse :Ua llama de nuestro buen humor, un anciano,
empleado retirado, había elegido domicilio en nuestro
hotel.
Setenta aftoscumplidos ~nía el tío Ciourlot (así le llamábamos) y ocupaba en el segundo piso un cuarto
contiguo al. mío. Ambos cuurtos estaban !!eparados por
un delgado tabique en cuyo centro se abría una ventana.
Abríala él cada mai'i.ana para darme los buenos días, y
todavía me parece estar viendo en aquella abertura su
bonachona faz, rosada y regordeta, con dos ojillos pardos, vivos y sonrientes.
.
Su vida era ordenada como un reloj. Salía á las doce
para irá almorzar y no volvía en todo el día al hotel. La
mayor parte de su tiempo la pasaba en el café de los
Tre&amp; Re!¡es jn~ndo al Chaquet con dos ó tres pequefl.os
rentistas, amigos suyos. A las diez de la noche oía recbinar yo su llave en la cerradura, y al breve rato se
acostaba tranquilamente.
¿Cómo se me ocurrió la idea de perturbar aquella alma
sencilla, de aterrar aq,uel pobre sér pacífico é mofensivo?
Era durante las vacaciones de Pascua. Todos mis camaradas habían salido ......... y·como mis padres se hallaban
viajando, habíame quedado yo casi solo en el hotel, sólo
con el tío Go\Jrlot.
U na tarde entré en su cuarto por la ventana intermedia y preparé un in~enioso sistema de bramantes y poleas, hábilmente disimulados, que me permitían hacer
mover en todos sentidos su sillón v sus sillas. Dos cuerdas atadas á los pies de su lecho, Ún lecho desvencijado
que cruj fa á la menor sacudida, corrían á lo largo de la
pared para terminar en la ventana. Empleé en mi tarea.
una paciencia, una conciencia de artista; en breve todos
sus mueble3 quedaron· armados con la decoración de una
magia. Por remate, coloqué bajo de su almohada una
larga culebra que había cazado yo la víspera á la orilla
de un campo. Después apagué la luz y esperé.

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

JASPES

"

95

*

"*aftos, es el rocío de ventura, que Dios
Tu risa, adorable seilorita de.quince
envía sobre mí todas las maflanas.
Cuando penetras en mi cuarto, atravesando la sábana de luz que el sol hecha por mi ventana, tranquila, blanca, risueña, oloros.a á lilas y á no sé q~1e otro~
aromas; flotando al aire tus dora&lt;.los cabellos, henchido el seno de susp1roF: m1
alma se llena de una inmensa alegría y la esperanza de mejores días vuelve ,í
mi corazón. Entonces me siento casi feliz, y tus besos confortan mi espíri[u que
desfallece.
Tú tapas mis ojos con tus manecitas de muñeca, y después me besas, después
ríes sonora, cade11ciosamente como el correr de un arroyo cristalino...... .
Y pasar el día conmigo, ayudándome, saludándome, tú la más linda y espiritual de todas las mujeres!
*
·

I
Un rayito de luz meridiana,
va á quebrarae en el rojo tapiz,
refractando su p.ílida lumbre,
como una mirada de un nuevo zenit,
sobre el busto de un negro que ríe
most--ando sus dientes de blanco marfil.
II
Sobre un marmol con venas azules,
hay dos vasos con vino del Rhin
que inyectados los ojos de sangre
parpadean del viento al batir;
y al rodar un cupido de bronce
~e rompen los vasos y acaba el festín!
III
En su seno turgente brillaba,
simulando ser ojo de un león,
un brillante de tautas facetas
como hilos de fuego se ciernen al sol;
ella. puso la mano en su pecho,
y la piedra. sobre él se durmió! ........ .

Yo te adoro toda entera. Amo en "tu*cnerpo la pureza de sus líneas de eRcul·
tura griega. Amo el inimitable sonrosado de tu carne jol"en; la luz de tuR c,jos
negros como un dolor; el tinte de tus bucles rubios, con,o un haz de hilillos de
oro, y la perenne belleza de tu faz tranquila y pl.ícida como lade Venus Yictrix.
También adora en tí la sutileza de tu e8piritu pulido como el de un filósofo
epicureo, tu sabiduría, la que te lleva á gozar de todas las venturas de la vida.
Porque tú amas la naturaleza como á única madre de todo lo que eitiste, le das
todo el amor de tu corazón y consagras á ella todo el valor de tu cerebro.
¡Ah! también amo en tí más que todas tus perfpcciones, el timbre argentino
de tu voz semejante al tintineo de las monedas de oro, y adoro sobre todas las
cosas tu risa que parece un gorgeo de pájaros felices en una mañana primaveral,
cuando el padre sol nos da vida y alegria y esMn floreciendo todos los árbolei; de
nuestros bosques.
)lwt·E1, lz.\Gl"IRRE \.ALERO.

IY
La camisa ras~ada en el t6rax
el puño reluce de un fino puiial:
en el rostro un visaje, en la boca
una injuria que quiere tronar ........ .
Así yace el campeón sobre el puente
del ruinoso castillo feudal.
D. l\lARTi:irnz LcJAN.

..

El mundo tiene el aire de un pensamiento frustrado.

"* Universo.
El cielo estrellado es la fisoaom¡a del
*

* * colonias con un banco, los españvles
Los ingleses comienzan siempre sus
con una iglesia y los franceses cen un café concit:rto.
ARNAOJ.D G.U,OPlN.

LA.S FLORES
( De Alphonse Karr.)

Hay muchas maneras de amar las flores. Los sabios las
aplastan, las disecan y las entierran en cementerios llamados herbarios, para ponerles lu~.;o pretensiosos epita- '
fios en b,írbaro lenguaje. Lo;; aficionados, por su parte,
sólo aman las flores raras, no para verlas y aspirar su perfume sino para mostrarlas con nrgullo. Todo su af.1n eonsiste en poseer ciC'rtos ejemplares que no tienen los demás. De aquí el que desdeñen ot:as flores ricas y galanas
que la bondad de Dios haihecho comunes como el cielo y
el sol.
·
.
Cuando en un bello día de Febrero descubrís al pie de
un matojo la primera florecita, un sentimiento dulce y
l\ú.RCEL R1IÉTY.
jubiloso se apoderd de vuestro espíritu: es la primera
sonrisa de la primavern. Entonces despertais entre sombras de árboles y cantos de pájaros y os sentís bajo el influjo de la calma, de la inocencia y del amor. Tales impresiones obedecen á que no sois un amtitr.ur verdadero.
Hilo fueseis, no os dejaríais sorprender así, de improviso,
por esas impresiones falaces y poéticas ...... Pronto recordaríais que en plena primavera los est1mbres se levantan sob~ el pistilo. Si, por el contrario, el pistilo se yergue sobre los estambres, el verdadero aficionado no puede
Versos de Jorg-e Isaacs.
sentir placer alguno ante una flor tan incorrecta-le produce el mismo efecto que los guijarrod del camino-y si
Los sauces alineados del camino
semejante flor se permitiese brotar en su jardín él las
dejaban softolientos
arrancaría, arrojándola á sus pies.
sus verdes plumajes peinará los vientos,
La rosa cani1111 es la única admisible para el sabio. La
jugar en sus sombras á un sol mortecino.
Y a nada nuestros labios se decían
rosa doble, la dt: cien bojas, la de espuma que ostenta
cambiados en pétalos sus estambres, son ejemplares monsmas sus ojos buscaban
mis húmedos ojos, después que miraban
truosos, al igual de ellos-los sabios-que siendo simple•
los últimos rayos del sol que morían.
mente como los demás hombres se duplican y triplican
por la ciencia.
Vencida por mi amor y su ternura
El am11tl'ur no admite en sus colecciones la rosa de cien
reclinaba inocente
entonces en mi hombro su pálida frente,
hojas ni tampoco la de espuma. Las considera vulgares,
porque para él no son flores, son bow¡uct~. «Allí tenéis-turbando su peso mi marcha insegura..
Yegas del )ledellín ¿qué se juraron
os dice-el resultado de mi obra: ese rosal. Soy el único
que ha obtenido sus semillas y jamás ha querido florecer.
su corazón y el mío?
Llevadme á las vegas que bafla ese río;
Mis amigos han hecho esfuerzos imposibles por un in~erVolvedme esas noches que nunca tornaron.
to de este arbolillo extraordinario; pero yo seguiré siendo el único que lo posea."
Hay otras gentes más felices y sencillas que deben á
las flores sus m,l.s puras alegrías y que aman á tadas las
que las hacen el honor de brotar en su jardín. Sin embargo, es preciso distinguir entre esos individuos los que
aman las flores por sus recuerdos ocultos en las corolas
como las hemadriadas en la corteza de las encinas. Ellos
recuerdan que las lilas florecían la primera vez que seencogtraron, y tal vez evocan el cobertizo de madreselvas donde, sentados el uno junto al otro, cambiaron dulces juramentos que ¡ay! sólo uno de ellos ha cumplido.
PAISAJE
Quizás, queriendo formar uu ramo para ella lesºhirieron
El oriente semeja re~io palacio
las espinas, y su amada puso sobre la herida ei pedazo
por cuyo pórtico ampho de azul y rosa
de tafetán inglée, después de pasar la bienhechora tela
se asoma la mañana con faz de diosa
sobre sus labios de rosa. Y así mismo evocan el día en que·
extendiendo sus bucles en el espacio.
junto~ cogier&lt;:&gt;n wergi1&lt;.,mei~ en la orilla del estanque y
En irisada capa de estambre lacio
tamb1en los tiempos ya leJanos, cuando crecían los pálise envuelve, en sus paseos, la mariposa,
dos aleliés en los viejos muros de la iglesia de su pueblo•
y en las frondas y el musgo brilla radiosa
en donde se encontraban todas las maftanitas del domin·
la gota de rocío como el topacio.
go. Así, en cada primavera, brotaban de nuevo sus reAlláen la cumbre enhiesta, blancos y az\lles,
cuerdos, lo mismo que las flores.
como banderas, flotan rizados tules,
Pero hay un momento en que se evocan estos dulces sen·
y acá, el vergel esparce gratos olores;
timientosengendrados J?Orgalanas ilusiones, un momento
cantan los colorines en el follaje,
en que cl'!-lemos convertirnos eu sabios porque empezamos
liba néctar la abeja de rubio traje
á convertirnos en muertos; y es que PUtonces empezamo~
y el valle es todo lluvia de luz y flores.
áentregarnos, sin saberlo, á otras ilusiones. El punto de
L. TORRES ÁBA:,.ERO.
vista del anteojo que achica los objetos, no es m,l.s verdadero que .el punto~e.vista que lo agranda. Al llegará esta reflecc1ón defimti va, se aman las flores por ellas mismas; se las ama porel cuidado que nos exigen· se descubre que todas las riquezas de los ópulentos no' son más
que imitacione~ imperfectas do la salud de los pobres, y
se ve que los diamantes que tantas vergüenzas causan y
tantos orgullos provocan, ya quisieran reflejar el brillo
de las gotas de rocío á los primeros rayos de la aurora.
Compréndase, al fijarse en esta idea, que Dios, en verTal, que pobre no sería m,Ú! que un hombre ordinario,
dad~rna á los oob~ y que les deja acercarse á él como it
rico es un necio.
los milos......... ¡Dichosos los que aman las flores! ¡FeliOctai·io Feuillet,
ces los que no tienen otro amor que el de las flores!

"

* * tle varias almas; el canto llano t•l de
El acorde expresa el dolor ó el placer
un individuo. ¿Cuál es el más estético?
Una orquesta es el llanto ó el himno de una multitud, el del pueblo judío,
porejemplo, al avistar la tierra prometida; un 1·i11loncelloexpres~undolor&lt;&gt; una
alegria no compartida, una duda no escuchada; uu duo parece la amistad: Crbt-0
y María; Belisario y su hija.
)l.\CED0!-.10 FEBNÁNDEZ.

Fl&amp;ura ,.-Traje de recepción, de brocado.

LA MODA.

.;'?i';:·

Como el invierno es el tiempo en que la aristocracia europea diseminada durante el estío .Y _parte~~! otoño en las estaciimee balnearias, en las L·illaR de placer, y en la d1 vma reg10n montañosa de Smza, torna á sus confortables habitaciol}eB .d~ las capitales é inaugura una serie de ~cepciones muy hermosas, los
penód1c11s de modas no nos traen hoy por hoy mas que figurines adecuados á es·
toe saraos familiares ó rumbosos. Escogem1 s dos de loe más bellos de estos figurines atendiendo á que en Jlléxico rige la misma costumbre europea de que hablamos y confiando en que nuestras lectoras corroborarán nuestm elección.

·/

La risa.
Tu risa, oh! mi novia,
eil cristalina como el agua
de los arroyuelos.
Tu risa es un canto de
cadencias adorables, y
toda ella forma en conjuuto un inimitable himno á la alegría de la vida.
¡Y aun hubo un filósofo antiguo, que aconsejaba no reir nunca!
Tú has de reir siempre.
Porque tnscarcajadas palían mis amarguras.
Adt-mt1P, no hay nada
ianadorablecomo la risa.
Espalda de la Fl&amp;ura núm. ,.
Yo la creo uno como
saludable rocío, que re·
fresca nuestro espíritu cansado de este hondo batallar, y que viene de no sé qué
ndo~~le lugar, donde es perpétuo el reinado de la primavera, á donde nacen flores
de divrnos aromas.
Si supieras. Yo también río las más de las veces.
. ~ero no me sale. la. risa de adentro, sino que río sólo con los labios, y por eso
m1 risa es una salva¡e ironía.
Una vez un.a ~n~jer jngó con mi corazón: Deshecbó mi amor, corno se deshec11a un mt1ebTe mutil, y .llenó por sie~pre mi alma de negros sinsabores.
Ya lo veo pasará m1 lado y ...... rio. Oh! más bella qne nunca con aquellos
sus ojos replet-?e de luz ';f de vida, grandPs y de largas pestailas, y ~ío, me río de
su orgullo néc10, con qmen poseyó su corazón.
Y o e~ el fondo no siento sus perfidias, y veo que en mi alma ella sirve de pábulo á mis odios por todas las miseria11 de la Tida.

I,

Fi&amp;ura 2.-Traje francés de recepción.

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

96

Un J:n.úsico inspirado.

TOMOI.

MEXICO, FEBRERO x4 DE x897,

•

NUMERO 7•

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lol brucs, empl•el l'I.LI. FOBE, D"OSSER., t,rue.J.-.J.•Rouaaeau, Pari-.
de esta preparaaon. (Se ffllde en

F'reakanao en aesierto .. ..
[Dibujo de J. M. Vlllaaana.]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

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proporciona asegurar una fuerte suma de dinero, ¡:ao recibir la de •• La caja de ah9·
rros" á determinado r,eriodo de tiempo, ó ántea, según sus estipulaciones.
"La caja de ahorros ' proteje al pobre, presentándole la mejor manera de aho
rar, 7 ofrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequeftae in
vere1onee, pueda obtener una lfran utilidad.
Para comprar las Pólizas de 'La caja de ahorros." ocúrrase á la Oficina Prinoi
pal, calle de OA.DENA. NUMERO 6, por medio de loe Agentes de la Compafiía, de
bidamente autorizados

EXTRACTO
VEGETAL
DE ROSAS Y DE VIOLETAS
preparado

yemas

de

huevos.

ED.PINAUD
PAR IS -

PATE EPILATOIRE DUSSER
•

con

PERFUMISTA-QUIMICO

37, Boulevard de Strasbourq, 37 -

d61n!Je basta las

RAl9ES el YELL9 del

P AA IS

ros
. lro de la.s damas (Barba, Bigote, etc.).

,m

Dlllgun peligro~ el cutis. SO .&amp;iíos de E:dto,ymilla.res de lellimoniosprantiwl la eficada

NJ••• para ta barba. y en 1/2 o.Jaa pan el bl¡ote ligero) Pn
lol brucs, empl•el l'I.LI. FOBE, D"OSSER., t,rue.J.-.J.•Rouaaeau, Pari-.
de esta preparaaon. (Se ffllde en

F'reakanao en aesierto .. ..
[Dibujo de J. M. Vlllaaana.]

�EL MUNDO

"EL MUNDO"

Semanat"io Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. :io.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola,
Toda 'la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Mog-uel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números aueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada pubhcac1ón.
Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTLCULO DE SEOUNDA «?,ASE,

~otas tilitoriales.
&lt;C11rn,terísticas lle un vrogrcso i11tclcct11nl.

Según datos qne trasmite la Administración de Rentas
Municipalee, existen en la capital 346 carnicerías contra
í89 pulquerías. Este dato es instructivo porque revela la.
siuatción de un grupo humano en una ciudad montada
con todo el aparato de la moderna civilización.
Hay bajo los focos de nueetra luz eléctrica una clase
social qeu lleva tres siglos de hambre, y aniquilada por
le anemia acude al licor l&gt;lanco para reparar ms fuerzas¡
existe en la orgullosa capital un núcleo de habitantes
que incuba sus riñas frente al fermentado vaso Y sale
del antro, ébrio de licor, ébrio de sangre, lacerados los
intestinos, con un puñado de tinieblas en la conciencia
y un. girón de energía. arrancado á su yacilante organiEmo.
En este círculo dantesco se mueve nuestro excelente
pueblo: carece de acthidad para el trabajo porque su
alimentación es escasa, se embriaga porque esM mal nutrido, y se enferma y se mata porque se embriaga.
La megalomanía cortesana ha llamado á :\l(•xico l_a ciudad de los palacios, pero si palacios no hay, se registran
7!)8 pulquerías en las que se despanzurra un ciudadano
cada veinticuatro horas.
Nuestros legixludores de la l'alle de Pla/1'1'0.•-como los
ha llamado un escritor distinguido-pretenden que la felicidad nacional se hace con una ley, y olvidan que
una población en que el hambre, la ignorancia Y la embriagez, forman el trípode sobre el que descansa una
porción de los ciudadan0s, no puede jamás presentarse
como el modelo ideal de un agregado humano que en
vano pretende ajustarse á los moldes del progreso con-

DOMINGO 14 OE FEBs:!ERO DE 1Ss,7

tantea de Cuba y se les dá facu:tades para nombrar los
Ayuntamientos, organizar las Diputacio11es provinciales Y
tomar en cierto modo alguna parte en la dirección general de los asuntos de la Isla, al elegir veintiuno de los
treinta. y cinco consejeros que han de fonnar el Consejo
General de Administración; si al establecer este Consejo
ee ha pretendido levantar como una forma de parlamento, dándole atribuciones y asignánlole prorrogath·as que
hacen de él un remedo de Asamblea Legislativa; si de algún modo se han menoscabaJo las omnímodas facultades
que ha ejercido el Capitán General y parece que sobre él,
estarán además del Gobierno s.,berano de la metrópoli, lasdecisiones del Consejo, no est.í resuelto el conflicto en
armonía con las aEp:raciones de la9 clases ilustradas deCuba, que anhelan á mayor repreeentación en el ejercicio
de la soberanfa y no se conforman con la parte que toman sus representantes en las Corks, ni pueden quedar
satisfechos tampoco con la existencia de ese Consejo m.ís
,parecido á un cuerpo consultivo que á una asamblea de-

Como hecho que demuestra un progreso constante en
deliberante.
.
el movimiento intelectual de la Repúbica, consignaréEsa autoridad snprem ,, repreEentada por el Capitán
mos el que acaba de darnos á conocer el gerente de una
General, que nombra la metrópoli, y compartida con los
de las más importantes librerías de esta capital: hace un
empleados superiores que seguirán viniendo de España,
buen período de tiempo, los balances anuales de dicho
continuará en sus funciones á pesar de tod.:&gt;s los consejos
establecimiento arrojan un aumento invariable de veinte
generales y diputaciones provincia.les, ejeiciéndose sin
111il pesos en las ventas de obras sobre el año anterior.
más responsabilidad que la que quiera exijirle el GabiEste desenvolvimiento corre paralelamente al que ha adnete de :Madrid.
·
Con razón pues, denunciaba el Sr. Cánovas cuando de
quirido la prensa en estos últimos.tiemp&lt;?S·
.
Un diario que alcanzara uni circulación máxima de
este asunto se trataba, qne nunca llegaría España al gradiez á doce mil ejemplares, pasaba antaño por ser un pode' do de conceder á Cuba la solicitada autonomía en el senroso vehículo de publicidad; actualmente un colega, El
tido británico de la palabra. En vano se hablaba de reJu1parcial, hace un tiro diario de más de treinta mil núformas liberales y de amplias concesiones; en vano semeros, y todavía no parece restringido á este periódico
decía que para eatisfacer todas las aspiraciones no necetemporáneo.
el campo de circulación_.
. .
.
sitaba el gabinete comervador más que desarrollar el
El año de 1892 escribimos en un periódico de esta ciuprograma de la ley votada por las Cortes en :Marzo de
dad: «llegaremos á tener reinte mil ejemplares de circulación
18%: ni esa ley dió derechos autonómicos á la colonia, ni
diaria.» Han transcurrido cinco años y el progreso del RESUMEN.-Las reformas de Cuba.-Cómo son recípudo el Rr. Cánovas concederlos, ni los hubiera concedipaís ha permitido que nuestros deseos, siempre basados
bidas.-Entre los partidos españoles y e_n,tre los
do el partido liberal; la masa del pueblo español habría
rebeldes.-EI problema político y la cuest1on ecoen una labor sostenida, hayan llegado á mayores altunómica.-llusiones que se desvanecen.-La deuda
prowstado en nombre del patriotismo, en nombre del
ras: la empresa editorial deEr, )Iu~mo, en las diversas pude la guerra y el abismo.-Esperanzas frustradas.
honor nacional.
-La causa de la revolución en pie.
blicaciones que lanza al público, ha alcanzado la cifra de
***
Aunque todavía no puestas en vigor, por fin se han pucuarenta tí cuarenta y do8 mil ejemplares diarios, y los doY si el problema político de Cuba no puede consideblicado
las
prometidas
reformas
que
venía
ofrecie~do
el
mingos este tiro se eleva de cincuenta á cincuenta y dos mil
rarse resuelto con las reformas aplazadas todavia indefiejemplares, que cualquiera persona puede comprobar Gobierno español á la revuelta Antilla, hace dos años le·
nidamente en su aplicación, mucho menos puede deciracudiendo á nuestras oficinas los sátados, de 10 a. m., á vantada en armas contra la metrópoli, y hace dos años
se desatado el nudo gordiano apretadísimo de la cuesenvuelta en los horrores de una guerra tremenda Y des·
lae 6 de la mañana del domingo.
.
tión económica y financiera.
Todas nuestras predicciones se han realizado, y nos es
tructora.
Danse al Consejo General de Administración facultagrato estamparlo en estas columnas, no ya con el objeto
Si hemos de creer las notas que diariamente nos comude la propia satisfacción, sino como una prueba notable- nica el telégrafo sobre la impresión causada por la obra des de señalar los impuestos, y concédensele atri buciomente halagadora del avance de los espíritus en un tan del Señor Cánovas del Castillo, fruto de árdua labor Y nes que á primera vista lo constituyen soberano en el
ejercicio de un derecho primordial: el señalaioiento de
producto de meditado estudio, en los círculos políticos
breve espacio de tiempo.
.
. .
Habíamos, pues, adivinado la evo! uc1ón del periodis- de Espaüa.; si hemos de dar crédito á las opiniones de las obligaciones publicas más trascendentales, la indimo nacional, lo que indica que teníamos una idea clara personas caracterizadas y á lo que dice la prensa y nos cación de los tributos. Pero está esa facultad tan limitadel impulso que recibiría el país, fijados ya sus elemen- trasmite el cable sobre las reformas de Cuba, habremos da de por sí, con las trabas que se la ponen, queda tan
tos de desarrollo, como las consecuencias salen de las de convenir en que han logrado el triste privilegio de no sujeta á la suspensión ó veto del Capitán General y ,t la
revisión del Gobierno español, y puede ser tan hondapremisas en un silogiemo.
contentar á nadie, dada la acerba crítica que se las dirige,
Decíamos el citado año de 1895: «Hace algunos años,
mente, tan radicalmente modificada por las decisiones
aun en las filas del partido conservador que ocup l el polos que se preciaban de conocer á. fondo el periodismo
de
las Cortes que discuten los tratados intern!lcionales,
der y encarna. sus aspiraciones en la persona del hábil
mexicaµo, pretendían arrancarnos lo que estimaban coque
se hace ilusoria y desaparece corrio por encanto toda.
que las ha formulado,
.
.,
mo una ilusión irrealizable: la estrechez de límites que estadista
No hablemos de los corifeos de la msurreccion que por facultad, entre la nube halagadora de pomposas promesas
se marcaba al periódico, parecía oponerse á la empresa. boca de Estrada Palma en Nueva York, han rechazado que forman el fondo de todas las reformas.
Se nos señalaba como ejemplo la larga campaña empren- con incontrastable energía toda idea de avenimiento que
Además, ¿qué es de la abrumadora deuda cubana'? ¿á
dida por algt'm diario, para dar como resultado un nú- no se funde sobre la base de la absoluta independencia quién corresponden los cuantiosos gastoe, de la presente
cleo fijo de lectores, imposible de ensancharse por ley de la Isla, y por declaración de l\Iáximo Gómez en el guerra? ¿hasta dónde se piensa comprometer el tesoro cuº
inexorable, por algo así como un fatalismo intelectual.
campamento mismo, han deseautorizado los rumores de bano, que sólo cvn el servicio de:intereEes quedaría arrui«No se nos convenció. Creíamos y seguimos creyendo, conciliación pacífica que últimam~nte han circulado. No nado y en perpetua bancarrota?.. ....
que si esas viejas hojas no han llegado á obtener un pú- pretendamos referirnos á los cabecitlas y directores de la
Ni una sola palabra sobre asunto que es por sí mismo
blico numeroso, es por su apatía, por su falta de volun- revolución que mal pueden aceptar hoy, después de tan- tronco y raíz de todos los descontentos, fuente de todos
tad en complace~ á. ese público. El Monitor Republicano ta sangre derramada, después de tantos sacrificios, lo que los odios y orígen de todos los movimientos insurreccioencastillado en su vetusta tradición, con sus procedi- ayer rechazaron emprendiendo la campaña antes de co- nales; ni una palabra.que rasgue ese velo sombrío que enmientos de hace treinta años, no llegará á conquistar wi nocer las concesiones que discutían las Cortes españolas. vuelve con tupidas mallas el porvenir financiero de la
solo kctor má.~ y habrá de contentarse con un grupo de Todas esas opiniones son parciales, se han engendrado Isla, y encierra su problen:a económico, que es su problesubscritores subordinados á la disciplina de la empresa, al calor de la pasión y no deben tomarse en cuenta.
ma de vida y de verdadera autonomía en el antro pavoque se ha propuesto publicar un periódico á gusto de ella
*
roso del misterio. Y como habrá de suceder probable*
Son de tal naturaleza las *reformas
según el texto pu- mente, como en la anterior revolución, que se deje caer
y no á gusto del público.»
¡Dígasenos si nos hemos engañado!
blicado, que apenas comprendemos, cómo es que unos
El ,Monitor Republicano acaba de perecer, por no haber las tachen de excesivamente JiberaleE, y en arrebatos de sobre el tesoro cubano la pesadumbre de la nueva deuda
entrado en la evolución periodística-según confesión de lirismo ministerial, las consideren superiores á cuanto de guerra, con más la inmensa suma de indemnizaciones,
su editor-y los que con fe hemos tomado parte en esta pueda conceder una metrópoli á su colonia, sin romper que en esta vez tienen que ser más cuantiosas que nunca,.
las reformas que tienden á la pacificación, dejan en pie
contienda, hemos logrado ya la primera victoria.
Hoy, como ha.ce cinco años, decimos al porvenir: ten- del todo los lazos de la natural dependencia; en tanto las causas que han empujado á los rebeldes, y mas honque otros no vean en ellas, sino concesiones platónicas,
drémos citn mil ejemplare~ &lt;le citc11lw·i6n diaria.
do el abismo que separa la Colonia de la :IIetrópoli.
Con razón, pues, decíamos, que la obra del i:::leñor CáEl día. en que hayamos realizado esta aspiración, la halagos ilusorios, que poco han de servir en la obra de
novas ha tenido el privilegio úe contentar á los menos,.
la
pacificación,
y
poco
han
de
alcanzar
de
los
que
luchan
República estará de enhorabuena, porque habrá alcanatraerse la crítica de muchos y ha dejado sin satisfacer la&amp;
zado un nivel mucho más alto en el termómetro de su por la libertad y sueñan con la independencia.
aspiraciones de la mayor parte.
Si se ha procurado resolver la cuestión política, conceinstrucción, auxiliar fundamental de todos los problemaP.
Febrero 11 de 18\J7.
diendo algo como el derecho de sufragio á los babique se desarrollan á nuestra vista.

~111ítira (!ñ)encnll.

O'OMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

~-== = = = = = = = = = = = =

EI. JAPON EN E~ AÑO DE I597•
Por qué crucificaron á San Felipe.

Los mexicanos de los tiempos modernus s6Jo debemos
á los japoneses distinguidos, consideraciones que satisfactoriamen~ nos condujeron á tener y estrechar relacione.,'!
oficia.les notables por su cordialidad. Oficial y _peraonalmente debo atenciones 4 japoneses de todas las clases sociales y sin tocar al valor, á la fe y á. los méritos que para
la causa cristiana tuvo nuestro compatriota Felipe de Jesúe, declarado santo por la Iglesia católica; creo de oportunidad hablar del Japón del año de 1.397, época del
martirio de San Felipe, con el objeto de hacer precisa la
impresión hietórica respecto de los japoneses en la conciencia de~mis compatriotas.
El edicto imperial de expulsión de los extranjeros es
de 1637, y dice:
l? Ningún navío ó embarcación de cualquiera clase,
ni japonés alguno podrá salir del país. El que viole esta
disposición ser.í castigado con la pena de muerte y el navío con tódo y mercancías será secuestrado.
2? A todo japonés que vuelva al Japón procedente de un
pa(e extranjero, le será aplicada la pena de muerte.
3'? Toda la raza de los portugueses con sus madres y nodrizas, será remitida á Macao con todo lo que le pertenece.
4? Al que se le encuentre una carta de país extranjero
ó que vuelva después de que se le destierre, será condenado á muerte con toda su familia, y á los que se atreviesen
á pedir por ellos.
5? Nadie podrá comprar ni vender mercancía ú objeto
alguno á un extranjero, bajo pena de muerte.
6? Aquél que descubra un sacerdote tendrá una gratificación de 500 Schults de plata, y al que entregue á un
cristiano, se le gratificará proporcionalmente.
Al leer eete edicto hay que preguntarae: ¿qué odiaba,
no el pueblo sino el gobierno japonés? ¿el cristianismo ó
los extranjeros? Del documento publicado resulta que las
dos cosas, bajo la evídente preferencia del odio al extranjero.
El Japón no fué conocido de la A ntiyiiednd chí.~icrr. ni
de los cristianos de la Edad Media. Alejandro el Grande
se detuvo en la frontera de la India sobre un~ gran montaña y preguntando qué país se extendía á sus piés le fué
dicho que el Olimpo ele laR Divi.niclnd&amp;i terribles dPl .,fundo.
Según se cuenta el conquistador respondió: «Como dios
soy su igual, y como terrible nadie ignora que lo soy más
que ellos; este bello país mi espada lo tomará como jardín de invierno.» Pero Alejandro murió sin su jardín de
invierno y la conquista romana tampoco tocó la India.
Marco Polo en el siglo XIII, no vió, sino que oyó hablar del Japón, bajo el nombre Chipang11, como de un
país lleno de oro, de hombres blancos y de mujeres be·
!las y cariñosas. Los filólogos modernos alemanes han
descubierto que desde el siglo X, los árabes conocían el
.Tapón, bajo el nombre de Nafoun y como la mayor de
las islas Afortunadas y Eternas, llenas de las cosas más
bellas.

***

99

EL MUNDO

el Japón, hasta que no obstante las hazañas y la bravuEspero poder contestar satisfactoriamente:
Los japoneses no eran en 1597 intolerantes en mate- ~ de su lugar-teniente Ilide-yoshi, fué al fín vencido.
rias r~ligiosas como no lo son en la actualidad. No hay, por el cuartelazo del general Aketi-1\fotsu-hide. Xobunaga.
ni ha habido, ni puede haber gobierno, ni pueblo intole- se suicidó entonces, por medio del ham-kiri, operación
rante en los países donde hay dos ó más religiones libres, que consiste en abrirse el vientre con un sable.
Hid~yoshi lugar--teniente de Nobunaga, continúa. la
dividiéndose casi por partes iguales el culto de la total población. Cuando hay intolerancia, hay fanatismo, y este campaña, vence á los traidores á su jefe suicida, les corocasiona la agresión mutua que tiene como resultado la ta la cabeza, y gobierna con acierto hasta 1591, en que
destrucción. )lientras hubo fanatismo en Europa, no pu- abdicó para ceder el trono á su hijo adoptivo Hide-tsugu,
quien contaba con toda la simpatía de los jesuíta.s, y padieron subsistir dos religiones, más que privilegiada una
y perseguida y encadenada la otra, como en Inglaterra ra probarles á su vez su afecto, y conociendo las ri validadesde Isabel hasta principios del siglo. En Francia., des entre jésuítas y franciscanos, ~andó quemar á los
Alemania, Hoiancla y Suiza, hugonotes, católiClos, lute- tres más notables franciscanos, en la ciudad de Xagaranos y calvinistas nunca· tenían paz sino treguas. Dos saki en 1.5\)3, precisamente cuatro años antes del martireligiones s.'.&gt;lo pueden coexistir en paz libremente con rio de San Felipe. Hide-tsugu desconoció á su bienheclases directoras y pueblos ilustrados ó escépticos. Sólo chor, que habla guardado la soberanía espiritual del .~ittuna alta idea de la justicia ó la nada del escepticismo toi.smo, quien castigó la traición del hijo adoptivo, degollándolo en 15\J,j, dos años antes de la muerte de San Fehan podido hacer posible la libertad religiosa.
Los japoneses tenían por religión el .~ird1Jix11w cuando re- lipe. El vencedor.hizo emperador al general japonés vic•
cibieron el budi.,mo. ¿En qué fecha? N .:&gt; se sabe la época pre- torioso en la campaila contra los chinos eu Corea, cuya
cisa, pero ya en el siglo XIII, el budismo se diviJía con paz fué firmadad,\ en 1597, y Taiko-sama, emp,m\Jor,
el sintoi~mo la población japonesa. El púlpito ha va- murió sin que hubiese terminalo la campaña el 1,3 de
lido poco á las religiones positivas; los misioneros cat.5- Septiembre de 1:'iH8.
De manera que si San Felipe de .Jesús íué martirizado
licos trabajan en China desde hace quinientos años, y
en
1597, Taiko-sama era el emperador. Pero hay un heapenas hay un millón de católicos e,it,·r cuat,·ocimto, dos
millones de dtinox. El hemí1smo militar, espada en mano, ha cho extraño, Lavisse y R:1suband, compiladores de los
sido siempre el gran ap.&gt;stol de cualquiera fe. En poco mejores documentos, diC&lt;ln que en el ejército de Taikotiempo la Europa, el Asia y el .\.frica se vol vieron cristia- sama había muchos soldados crbtianos, y que algunos
nas, con las armas del imperio griego, de los reyes b.ir- historiadores reputados de la Iglesia aseguran que dibaros, de los reyes francos y sob:e todo de emperadores chos soldados fueron enviad.:&gt;s á la campaña de Corea,
como C.irlo-:llagno. El islamismo convierte el Asia, el precisamente para deshacerse de ellos, sin que nadie
A.frica y parte de la Europa, durante una gloriosa mar- pudiese notar persecuciones. Entonces, ¿cómo considerar
un martirio público como el de San Felipe?
cha militar, b:1jo el alfanje de :Mahoma y cuatro de sus
De todos modos, el Japón, después de la expulsiju de
sucesores kalifas¡ la América se convierte inmediatamenlos extranjeros laicos y eclesiásticos, quedó en paz hasta
te ála fe católica con poco citequismo y mucha arma e3pa·
ñola. Los p:1ladi nes de la religión de Brahama fueron los 18H8. Los ¡ap.:&gt;neses han sido un pneblo militar muy alguerreros vedas, el paladín de la rtlligión egipcia la javali- tivo, y han dado prueb,\s de saber defender su nacionana de los héroes nubioF;el paladín de la religión caldea fué lidad, y lo que es m,ís admirable, han demostrado que
un pueblo puede civilizarse sin misioneros ni conquistala pequeña lanza de los Césares de Assur y de Babilonia.
La flecha persa lanzó la religión iraniana hasta las fron- dores. Jam,ís ha sido conquistado el territorio japonés
teras de la India; los terribles guerreros mongoles sirvie- después de eu organización como nación, y siendo toleron de campeones del l,1u/i.~11io, frente á los guerreros tár- rantes, cuando lus conoció la Europa en 15-12, y no pu·
diendo ser intolerantes, pueeto que ya llevaban m,ís de
taros que habían convencido á millones en la religión
tres siglos de practicar la libertad de cultos, cuando lledel taoísmo. David fu1 el gu1:rrero del judaísmo¡ sólo
Grecia, C.utago y Roma no llevaron en sus banderas una gó San Francisco Javier, quien elogia las maneras afafe. Grecia presenta en sus estandartes to~o lo que es be- bles de los japoneses y su tolerancia, quiere decir, que si
llo, Cartago todo lo que es útil, Roma todo lo que es in- los japoneses han matado misioneros, no ha sido por fanatismo, no ha sido por odio á otras religiones, sino por
moral.
La flamígera espada mongólica picó el ~orazón de los odio al yugo extranjero, por odio á la conquista, por odio
japoneses, introduciéndoles la semilla celestial de la re- á la suerte de todos los pueblos conquistados, que dan
ligión de Budha, y cuando San Francisco Javier llegó en hasta su porvenir para ser rabiosamente explotados en
15-19, encontró viviendo en paz y dividiéndose el culto de nombre de todos los apetitos. Los emperadores japonela población á las dos religiones que hasta el día domi- ses hicieron bien en defe•der su trono, su autonemía y
nan: el xir,toiR1110 y el budismo. Como lo he afirmado, una la paz de la nación atacada, no por la religión, sino por
nación que como sucedió con el Japón en Ví49, llevaba la polít¡ca de conquista, de intriga y de exterminio de
más de tres siglos de tener dos religiones libres y flore- su raza, de su tradición y de su libertad.
cientes, era imposible que fuera intolerante, y en virtud de
*"
este hecho, fué bien acogido, bien escuchado, bien atenLos libros que para escribir este artículo be consuldido y regresó :í Goa, altamente satisfecho de su estan- tado, no •hablan de San Felipe, pero aun cuando nuescia en el Japón, San Francisco Javier.
tro compatriota haya hecho religión y política en el Ja-

Los cristianos tuvieron noticia. de que existía el Japón
hasta 15-12, con motivo del naufragio del navegante poftugués Fernao Méndez Pinto; una ola lo arrojó á la costa
japonesa en Tane-ga-shima. El primer misionero que
pisó tierra japonesa f11.é San Francisco Javier, quien llegó
al Japón el 1.3 de Agosto de 1549. El misionero jesuita
venía de la India, y según sus más fieles historiadores, el
grande éxito que alcanzó en el Japón en sus trabajos de
catequismo, le inspiró dirigirse á China. Alentados por
San Francisco Javier á su regreso á Goa, partieron más
ardientes misioneros para el Japón.
De estos hechos de origen jesuíta, al relatar la vida del
insigne misionero, se deduce que los japoneses no eran
intolerantés en materia religiosa en 1549, puesto que sin
moleetarlo en lo más mínimo, llegó á catequizar á soldados y oficiales del Slwgowi (emperador ) con el conocimiento de este. San :Francisco Javier de vuelta á Goa,
envió otros misioneros al Japón, no al sacrificio sino á
un éxito fácil y seguro como él lo había obtenido. ¿Por
qué los japoneses no martirizaron á San Francisco Javier
en 1,550 y martirizan á San Felipe de .Jesús en li'i07? Por
qué acogen bien al santo europeo y ejecutan al santo mexicano, cuando la fe que los dos profesan es la misma?

..

¿Qué pasó con San Felipe de Jesús?
Según la historia del Japón, hasta I:;65, había reinado
en paz y sin interrupción la dinastía fundada por el
shogóun (emperador) Taka-Udjí en 1334, hasta que el
usurpador 1\fatu-Xaga, príncipe desleal y ambicioso¡ instigado, seducido y dirigido por los jesu(tas, se rebeló
contra su señor en 156i'i y lo arrojó del trono. Un bravo
guerrero, :Sob1maga, hijo de un simple daimio (hidalgo)
deshizo la obra política. de los jesuftas y repuso en el
trono al hijo del emperador legítimo, Yoshi-aki. En 1582
los príncipes de Bungo, de Arima y de Omura, enemigos
poderosos del emperador legítimo, enviaron una embajada {L Roma, presidida por el Padre Jesuita Alejandro
Yalignani, reconociendo su autoridad, y tal embajada fué
recibida con gran solemnidad por el Papa Gregorio XIII.
No se sabe si el emperador legítimo Yoehi-aki, aburrido de la tutela de su protector Nobunaga, ó al fin seducido ó convertido pcr los jesuítas ó los franciscanos, desconoció á su protector y se puso al lado de sus enemigos.
Nobunaga, jefe del partido militar, no se conformó, y
arroj,j del trouo al ingrato príncipe, Xobunaga, sin tomar
el título de shogóun (emperador), gobernó algúu tiempo

pón, cumplió con el deber que la época imponía á los misioneros: atacar la fe pa.,"ltna y á sus Césares; la política
era una consecuencia de la misión del sacerdote, cuando
la Iglesia había presentado una serie de Papas guerreros
de la fuerza de Alejandro YI y Julio II; San Felipe fué
siempre el mártir de su causa, aunque ésta haya sido mitad política y la otra mitad religiosa.
Pero los emperadores japoneses cumplieron un deber
al defender su poder y su patria de la ambición de los
conquistadores¡ creyeron entonces lo que ahora afirmau
que la tolerancia religiosa no es la toleranci; para conspirar contra la paz de un pueblo y la estabilidad de su
gobierno.
Los católicos mexicanos celebran actualmente la gloria
mística de un compatriota; los japoneses celebran anualmente la gloria de su civilización anunciada por un emperador, cuando se le presentó la juventud del Japón
frente á la augusta antigüedad de China. «Convengo, dijo, en que por lo mismo que no nos corresponde el pasado, seremos los dueños del porvenir.»
·
F. B ULN~.

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

100

. DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

==~==================
LOS GRANDES CUADROS MURAL~S DEL TEMPLO DE SAN:FELIPE DE JESUS.-Santos fundadores de Ordenes.

( Al óleo por B. Gallotti.)

Jarrones de Sevres obsequiados por el Señor Presidente de la República
á la Señora Isabel Watson de Gibbon.

Valiosos regalos.
Para completar la información, adecuada á. nuestro
periódico y relativa al concierto que en honor del Si:- Presidente de la República se efectuó en el Teatro Nacional,
publicamos tres fotogafías que tuvimos la fortuna de adquirir y que representan los re~alos hechos por el Sr.
Gral. Díaz il algunas de las apreciables personas que tomaron parte en el expresado concierto.
.
Según dijimos todas recibieron del primer Magistrado
de la República ricos presentes y los que fotografiamos
dan fe de ello.
Tres son nuestras fotoarfías; representan: un par dejarrones de Senes, ofrecidos á la Sra. Isabel 1\'atson de
Cibbon; dos ánforas, de Sevres también, ofrecidas á la
Srita. Fmilia González Cosío y una corona de plata, ofrecida á la Sra. Yirginia Galván de Nava.
Los jarrones y las ánforas, de esa magn(fica porc~lana
preciada tanto en Europa, son verdaderas ¡oyas de riqueza y arte. La base y el remate son de bronce dorado, con
primorosos esmaltes, y el dibujo de la porcela?a es a4mirable. En cuanto á la corona, no es menos nea y delicada. Está hecha de hojas de plata, y de bellotas de oro.
Los lazos que graciosamente la ciñen van ornados de pedrería, y en el centro dela regia corona se levanta un águila notablemente trabajada.
Xuestros lectores pueden formarse una cabal idea de
esos presentes por estas notas, y los grabados que las
ilustran.

Anforas de Sevres obsequiadas pol' el Señor Presidente.á la Señorita
Emilia González Cosío.

En cuanto i\ las damas he aquí algunos nombres:
Señc,ra R,,mero Rubio de Díaz; ve~tía traje negro; adornaba su cabellera un broche de brillantes, y llevaba al
cuel'lo valioso collar; señora de Gonsález Cosío; lucía traje negro, y llevaba magníficos broqueles de gruesos brillantes; señora duquesa de Arcos, llamaba la atención ron
su preciosa diadema de preciosas piedras; señora de Yélez; lucía traje negro con peto gran~tt&gt;, una media luna
de brillantes en el cabello, y magnífü:o collar; sefiora de
Dorantes, traje negro, peto esmeralda y gruesos brillantes; señora Lynch de Camacho; vestía un traje amarillo
caiia, con adornos rosas, y llamaban la atención su flecha
de brillantes; en el peinado, su collar era de valiosísimas
piedras, sus pulseras no menos lujosas, y también los cintillos que lució al caer la manopla de sus guantes debanquete.
Señora de Dering; ves~fa traje blanco adornado con
vistosa lentejuela de acero; señorita Pauncefote, de crema con adornos rosa; señorita González Cosfo, de terciopelo negro con adornos de encajes; la señora de Mariscal,
de azul piilido con hombreras formadas por preciosas amapolas rojas; señorita Adela Fernández; señorita Luz Dfaz,
con sencillo traje crema con adornos rosa y señorita l\Iariscal con precioso traje rosa.
El l\Ienú fué exquisito y á los postres, la cordialidad,
verdaderamente cautivadora. No hubo brindis.
La música de Zapadores y la orquesta del Conservato•
rio, encautaron las breves horas del banquete, que terminó á las once.

_'9'f~.:~5f&lt;Z::..::::::~5t~-=~5f&lt;Z::.
BANQUETE DIPLOMATICO

Nuestros lectores saben ya por los colegas de la prensa
diaria, que el Senor Presidente de la República obsequió
al Cuerpo Diplomático de esta ciudad, con un banquete,
efectuado la noche del jueves último en los salones de la
presidencia.
Ofrecían estos un aspecto de inusitada pompa. El gran
moviiiario de nogal, roble y piel de Rusia, lm1 hermosos
bronces, los grandes jarrones, los regios tapices, la multitud de plantas tropicales, eran, á la mtíltiple luz de incontablesfocos, de un efecto prodigioso. El salón comedor,
tapizado de guinda, era verdaderamente feerico, con sus
magníficos espejos biselados, con sus chinu~m-ies exóticas,
su gran ·mesa llena de flores, admirablemente dispuesta.
Los grandes cuadros enviados por la Academia.de Bellas
Artes, consagraban al Arte augusto el magnífico salón.
Detalle fué digno de mencionarse en el servicio de mesa, el de los menús, impresos en tarjetas pintados á. la
acual't'la por el genial Ramos )Iartínez con una fantasía
incansable. Cada tarjeta llevaba asunto diverso y la elección hubiera vacilado ante todas.
A las ocho y cuarto dió principio el banquete, congregándose en el salón las si~uientes personas:
Sefü ·r Presidente de la República, de etiqueta.
St!ñ, l' MinistFo de Relaciones, Mariscal, de etiqueta.
Señort&gt;s l\Iinistros Baranda, Mena, González Cosío y Señor !'residente del Ayuntamiento, de etiqueta. Señor
Lic. D, rantes, Presidente de la Suprema Corte de Justicia y ~•ñór Gobernador del Distrito, de etiqueta. Seflores Ministros de Inglaterra, de España, de Francia, de
Rusia y del Japón, en uniforme diplomático.
Sefü,r Ministro de Guatemala, de et!queta.
Señor General Vélez. Señor General Berriozabal, Ministro de la Guerra.

La mujer que se masculiniza para probar su igualdad
con el hombre, prueba que no se cree su igual perUJaneciendo mujer.
Mme . .Yelly Lieutier.

***

Los hombres admiran en sus semejantes las bestialidades que los animales rehusan cometer.
Roberto de Flers.
Los santos del templo de l San Felipe de jesús.

COPIA,

Recibí de «The Mutual Life Insurance Company, of
New York,» la cantidad de $1,000.00 ( un mil pesos ) en
pago total de cuantos derechos se deriban de la póliza
número 652,019, bajo la cual estuvo aB¡!gurado el tinado
mi esposo D. Gerónimo Aguado y Lares, y para la debida constancia, en mi carácter de madre, en el ejercicio
de la patria potestad, sobre mi menor hija Elvira Aguado y l\Ioreno1 beneficiaria nombrada en la póliza, extien•
do el presente recibo en la misma póliza que se devuelve
á la Compañía para su cancelación, en Acapulco á 21 de
Rnero de 1897.
(Firmado) Carlota .J[oreno, viuda de Aguado.
El C. Lic. Domingo Zambrano, Juez de 1~ Instancia de
este Distrito, y por ministerio de la ley encargado de la
Notaría Pública del mismo, certifico: que la Sra. Carlota
Moreno, viuda de Aguado, suscribió á mi presencia y de
su puño y letra la antecedente firma y rúbrica, que dice:
«Carlota Moreno, viuda de Aguado,»
Y á pedimento de la •misma interesada, lo hago así
constar para los efectos consiguientes, en Acapulco, á
veintiuno de Enero de mil ochocientos noventa y siete.
-Damos fe.-(Firmado. Lic. Domingo Zaml,ra1,o.-A.
(Firmado) Gilbtrto J. Martínez.-A. (Firmado) Y. Orozco.

Uno de los mejore~ ornatos del templo de San li'elipe
de Je~ús que con justicia ha llamado la atención del público inteligente por su belleza, es la colección de grandts cuadros murales que se alinean en los muros de las
naves laterales, y que representan algunos santos y santas fundadores de órdenes. Fueron pintados estos cuadros, por el Sr. Bartolomé Gallotti y es notable la corrección de su dibujo y la verdad de su color.
Están en ellos representados Santo Domingo de Guzmán, gran fundador de la órden que lleva su nombre y
que fué fecunda en lumbreras teológicas, dando á la Iglesia al inmortal Tom,1.s de Aquino; Santa Catalina de Sena, la excelsa virgen, Santa clara, que sígui6 las huellas
de San Francisco y fundó una órden rica en virtudes;San
Ignacio de Loyola, padre y fundador de la militante y
sabia Compañía de .Tesus, Santa Brfgida y Santa Tereea,
excelsas doct,oras; San Juan de la Cruz, el eximio Aposto!,
San Felipe Neri fundador del oratorio; Santa Coleta y
otros.
Damos nquí cinco fotografias de estos Santos de los
principales cuadros, y enviamos al Sr. Gallotti nuestra felicitación por lo bien acabado de su trabajo.

Leemos en los periódicos que acabamos de recibir
de París y bajo el título "Ultimos ecos de las fiestas Rusas:"

Corona de plata con brillantes,
obsequiada por el Señor Presidente de la República

á la Señora Virginia Gálván de Nava.

Los cuartoe de tocador de S. 1\1. la Czarina y de S. l\f.
el Czar y del Presidente de la República han sido surtidos exclusivamente de perfumería, de la casaEd. Pinaud.
Una indiscreción nos permite informar á nuestras lec•
toras de que había en ellos perfumería «Violette Pre•
ciosa,n esencia, jabón, agua de tocador y el agua de Colonia «)!arfa Louise,n añadiendo que nos consta que sus
Majestades quedaron sumamente complacidas de estos
preciosos productos de la perfumería francesa.
Aprovechamos gustosos esta feliz circunstancia para
anunciar á nuestras lectoras que bajo este mismo título
de «Precio•a» la perfumería Ed. Piriaud, acaba de intro•
ducir en México sus más finas y exquisitas esencias, ta•
les como: «Preciosa Vi.olete,» «Mimosa,» «Muguet,» «HéJiotrope,n «Peau d'Espagne,n «Iris,» «Rosa Mousseuse,»
«Lilas.»
Ya se admiran en nuestros elegantes salones esas ex•
quisitas preparaciones, y sabemos que el pol\"o de arroz
«Preciosa,» el que tiene la gran ventaja de dar á la piel
un brillo y lozanía incomparable y de quedar al mismo
tiempo invisible, tiene alcanzada la más lisonjera acep
tación entre todas nuestras sefioras y señoritas.

Las exequias del Sr. Gobernador de Ourango.

Como saben nuestros lectores, el Sr. Gobernador de
Durango, que había ido á Santiago Pa_pasq11iaro á inaugurar algunas mejoras, resultó repentrnamente enfermo
y murió el Sfüado 80 de Enero último. La noticia causó
gran sensación en Durango donde el Sr. Gf'neral Flores
era muy querido, y la Diputación permanente rtunióse
con premura decretando duelo oficial.
El día l? de Febrero, el cadaver del alto f11ncionario
fué conducido con los honores debidos á la ('apita) d~l
Estado, y ahí se le consagraron exequias dignas de su
memoria.
Nuestro corresponsal se eirvió enviarnos dos foto~rafias que muestran el aspecto de la calle de la Conetit.ución al entrar la comiti va•fúnebre que conducía ~l cadaver. Nuestros lectores las hallarán ilustrando eEtas
Hneae.

'º'

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

'ºª

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

103

EL MUNDO
DEL "LIBRQ:DF.MIS VIAJES,.

[Fragmento.]
"¿Por qué has creado ei infierno •Alláb? ¿No habías
creado ya Chamb?»-Exclaman los afghaneses.-Y9, imitando á los indígenas de aquella.a~ra.sadora. comarca,
modifico la frase y digo en buen cr1st1ano:-¿Por qué has
creado el infierno, Dios mío? ¿no habías creado Cuernavaca?
.
Bien sé que puede sudarse más en otras partes; bien sé
que el inmenso desiertojextendido, como un arco &lt;re círculo, entre las islas del Cabo Y erde y la gra~ murall~ de
la China, el Est€ y el Norte de Sabara, el pie d~l H1ma.laya, el valle del Sagrado Ganges y las estepas SI!} fin del
Afhganistan y la Bukaria, son los hornos de la tier~.
Sé también que sin salir de México, podría sufrir la
tempE&gt;ratura de Iguala y los chorros de plomo derretido
que vierte el sol de Texas. Pero mi ?arne es flaca y yo
no quiero enflaquecerla más. Para mis pecados pobretones y vulgares,. con UD; infierno como Cueraava~a basta.
Xo me arrepiento, sm. embargo, de haber vemdo feste S11dalorium con honores de ciudad. Abro el balcon y
admiro extasiado el horizonte incomparable de nuestra
tierra caliente.
Cuando se baja á Cuernavaca por la rápida cuesta de .
Ruitzilac este cielo cuyas últimas líneas color de ópalo
van ií perderse en las montaña~ donde empiez~ la gran
Sierra del Sur, produce en el ámmo una sensación parecida a la que causa la contemplación del mar en la hora
del alba. Hay algo de Mediterráneo en ese azul fluido.
Es el mar como lo soñamos antes de conocerlo, el mar
de los dioses griegos, el mar de A~fitritt&gt;.. En e~a~ ondas
se ocultan las sirenas quo oyó Uhses. Si de sub1to surgiera en esa quieta superficie una vela latina, sin duda
nos parecería un hecho tan común y natural como la aparición de una ave ó de una nube.
La inmensidad es una como Dios. Ya la admiremos en
el mar ya en el desierto, ya en el cielo, produce siempre
en nu~stro espíritu el mismo sentimiento de dilatación.
Por eso, desde el rústico basta el sabio, todos comparan
el desierto con un mar, y ven el cielo como un océ~n(! superior surcado por la «góndola de plata.» Este sentimiento no lo determina el color, sino la extensión.
El horizo11te que tengo ahora ante mis ojos, puede parecerse al mar que inventa la fantasía; al mar que canta
en los versos de Homero; al mar que pmtan con vago colorido los pintores trasparentista.~. Pero el mar verdadero
no es así. El azul que le damos sólo puede encontrarse
en ciertas aguas, y en la cinta donde confina con el cielo.
El mar es verde acá, negrusco allí, gris en aquellas vastas
lontananzas, aceitoso, pesado y duro en todas partes. Es
grave, adusto: es el Titán insomne, agobiado por un inmenso remordimiento.
·
En las hondas de azul purísimo, de ópalo fluido y de
ámbar en fusión, que tengo ahora sobre mi cabeza, deben
- navegar los ángeles en góndolas de pluma. Si no fuera
un absurdo, diría que la mirada siente, al perderse en
esas C' las de luz, la sensación de bienestai que dan al cuerpo los bañ.os orientales.

LAS EXEQUIAS DEL SE~OR GOBERNADOR D&amp; DURANGO

Calle de la Constitución al entrar la comitiva.

LA PRINCESA Y EL TSIGANO

. La princesa y el tRi~ano ......... se necesitaría habit:ar las
altas planicies del Tibet, encerradas por montes de eeis
y ocho mil metros, para preguntar que Tsigano y que
princesa.
Son ya dos sin embargo, las princesas que han tomado
uria tras de otra, el audaz partido de arrojar sus coronas
cerradas, por encima de los molinos. Xo se ven ya reyes
que se casen con pastoras, en revancha hemos visto, desde haC'e menos de dos mese~, á El vira de Borbón, princem por la-sangre, huir E'n compañía del pintor Jolchi; y
á Clara de Caraman-Chimay, princesa por alianza, raptarse al violinista teiga no JanE'Fi Rif,!o.
Pt:-ro la eecapatoria de Emilia de BorMn, v de Jolchi,
fne relat.ivamente discreta. La princesa dE' Caraman•Chirnay y su Tsigano, han adoptado otra act,itud: han escojido para abrigar allí sns amores, una de las má-s agitadas
capitales de Europa, Bnda.Pest; viven en el hotel; reciben á los reporters; y si no comen en la sala comun, se

( Véase el artículo relativo.)

La misma Calle al pasar el féretro.

,vard; desgraciadamente se supo bien pronto, qu~ se había enriquecido en la explotación de un café fals1fi?ado.
Estan&lt;io así las cosas. el príncipe de Caraman-Clumay
Conoci{i en París á )lis Clara v á Mis Ward. La madre y
la hija quedaron fascinadas añte el blason del príncipe.
Est~. aunque mny enamorado no decfa esta boca es mín;
víctima de una timidez y de una reserva extremadas, bajaba los ojos ante la provocativa americana, de tez deslumbradora, y dP ojo, de fuego. Esto pasaba en }farzo de
1890, :\lis Clara Ward supo coa una decisión d~l todo
americana, precipitar los acontecimientos. y el vemte de
)fayo de 1890, el príncipe de Caraman- Chimay la conducía al altar.
La princE'sa de Caraman-Chimay, tenía su puesto marcado en la corte de Bélgica, allí fué acogida de_sd~ luego
con solicitud, pero se produjeron algunos mc1dentRs
azas misteriosos; con ocasión de una Garden Party en
Laeken, hubo un escándalo; en suma. el príncipe y la
linda princesa, abandonaron la capital del rey Leopoldo
y se instalaron definitivamente en Francia.
.
En París, la pridcesa á pesar del nacimiento de doP_ lujos, adoptó un género de vida singularmente excéntnco,
é independiente, pero su última exceutricida~ ha hecho
o!vidar todas las otras. Fué en el restaurant Pa11lard donde encontró á Rigo, quedirigia la orquesta de Tsiganos.
Ya se sabe lo demás.
En Buda Pest ha mostrado á uno de sus visitantes, su
brazo tatuado de una serpiente, «Emblem~ de su . amor
eterno por rn J anesy». J anesy Rigo por qwen la princesa
de Caraman-Ch.imay se ha tatuado, tiene 35 años. Con
su pE&gt;qreña talla, su cara picada por la viruela, los cabellos lucientes de pomada y el chaleco atravesado por
muchas cadenas de reloj, es un specimen crimpildo de la
raza Tsigana.
Casado tambien Rigo, podía temer una venganz_a de su
mujer, pero esta ha preferido ~ejor á lo que _se dice, dar
á la cuestión un desenlace cómico, desapareciendo á su
vez con un galan.
·
.
En estas condiciones es probable, que los tribunales de
Charleroi y Stuhlweissenburg, votarán bien pronto un
doble divorcio.

cámara de explosión est:i situada en medio del cilindro.
Este motor es de cua~ro tiempos. D&lt;i un explosión por
cada dos vueltas del arbol motor.
E~te sistell).a ·permite atenuar en g_ran inedida las vibraciones desa0 radables qtie se resienten, sobre todo
cuando el vehículo se detiene. Ea efecto, esta disposición
aplicada á dos pistones q11e se desplazan en un cilind~o
comun y que obra eobre manivelas caladas á 1S0° prod_uce un equilibrio en todos los puntos del curso de los pistones, lo que suprime las vibraciont-s y los choques que
provienen de la putencia viva del sisteU1a en movimiento.
El sistema de arustre es novísimo, pero noentraremog
en descripciones t.ícuicas que serían tedios.is para muchos de nuestro,: lectores. Baste decir que en este vehículo y en la ( fiJ. 2.) -le ingenier.i., no mdllos aventajados que el que nos ocupa, la periecci:iu eu el m~canismo
es notable. Mu v en bre-ve veremos en nu~stras ciudades,
el reinado del automóvil.
.
.

La princesa de Caraman-Chimay. (Véase ~l artículo

relativo. )

divierten cuando menos mucho si se les refiere que un
zapatito muy mono de la princesa, obtenido merced á
una recamarera infiel, ha dado de mano en mano la
vuelta. á la mesa del hotel.
En los interwi,w, obtenidos por unestros colegas húngaros, la princesa dP Caraman-Chimay, ha referido complacientemente su vida juvenil, su matrimonio, su hui•
da, sue impresiones nuevas y sus proyectos para el futuro. De esta suerte hemos sabido que Clai;:a "\Vard, hija de
un riquísimo americano del Estado de Michigan, no ha
tenido menos de trece hermanos y hermanas: hay que
convenir en que es dificil hacer la desesperación de una
familia mas numerosa. Clara era la más joven. Cuandó
su padre murió heredó por su parte millon y medio de
dollars; y fuese con su madre á residirá Europa. La dote
era. llamativa; pero las actitudes emancipadas de la joven americana., asustaban á los pretendientes. I'or otra
parte, no tenfa más que diez y ocho añoe. Un gran propietario alemán se presentó; ~u físico sedujo á Clara

;; - .

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La pesca de la Ballena.-EI vigía en lo alto del mástil avistando al cetáceo.

El automovilismo:rey del porvenir.

Los elegantes carruajes tirados por soberbiostroncos y
guiados por vistosos automedontes, en los cuales se da
ancho campo para su refinamiento la fantasía de los poderosos de la tierra, están llamados ádeeaparecer: ~l automóvil ligPTo, silencioso, nípido, empieza á sustituirlos
ya en algunas capitales europeas y el aspecto de las grandes arterias, cambia, se transforma, adquiere fisonomías
extrañas.
".\fochos son los modelos de automóviles ea uso ya en
París. De e! los damos dos que nos han parecido más hermosos. El primero es un vehículo moVJdo P&lt;?r petróleo
(fig. 1.) de M. Darraq, extremadamente curioso, tanto
por la 11ovedad de la. transmisión como por el mecanismo
entero.
La directriz no lleva ni engranajes ni correas, ni conos
de fricción ni aparatos de cambios de velocidad. Suprime pues todos los pequeños inconvenientes inherentes á
esos diversos mecanismos.
.
Estos son remplazados por un órgano único, que permite hacer variar las velocidades por grados insensibles,
desde la suspensión de ella hasta 30 kilómetros por hora,
y que permite al mismo tiempo hacer recular al coche.
· La ventaja de poder avanzar tan suavemente como se
desea, se comprende con facilidad por que los parajes más
dificiles pueden así ser franqueados con facilidad.
El vehículo que representamos aquí es del tipo Petit
Duc de dos asientos. La c,irrocería ó estructura es muy
elegante y el cohductor tiene en sus manos los órganos
necesarios para asegurar la marcha y la dirección del
coche.
·
El motor difiere esencialmente de los construidos hasta el dia.. Dos pistones traba.jan en un cilindro único, la

\!::~
\

Janesy Rigo. ('Véase el artículo relativo.)

LA PESCA DE LA BALLENA

Las ball~nas no están aún á punto de desaparecer de
)a superficie de los mares; basta para convencerde viaJar ~n los océanos que se avecinan de los polos. En eqa;¡.
reg1onE;s se encuentran diariamente; pero perseguida;¡.
con ah1i:ico! se han vuelto más y mis desconfiad'\s. mis
y más dtffc1les de cazarse, y se ha necesitado m&gt;-iificar
completamente los útiles de pesca de esos grandes cetáceos.
En otro tiempo un navío ballenero era, en general, un,
gran buque de tres m.ístiles, de quinientas á ochocientas
ton~ladas,-algi:n~~ veces más-muy sólidamente construido, para res1st1r á la presión eventual de los hielos y
armado de una tripulación numerosa. Se partía p~ra
largas campañas, que duraban algunas veces uno ó dos
año!!. Cuando se encontraban ballenas los botes del navío a:cercábanse á ellas y las atacaban 'con arpón y con
lanza, no sin grandes peligros para los asaltantes Cuando la béstia era cazada, se la ataba á lo largo del ca.seo y
se la despedazaba po_r una maniobraespecial, que consistía en pelarla en espt.ral, como se pela una. naranja; esa

piel cargada de una costra de veinte á treinta centímetros de espesor, era fundid!! á bordo del navío, momentáneamente trasformado en caldero) Las barbas, que
constituyen el producto más precioso de la \:¡aliena, eran
recogidas cuidadosamente; después el gigantesco cada·
yer, desdentado y descortejado, se abandonaba á la descomposición. Así se perdía una. maza de carnes y de
huesos que constituyen, sin embargo un cierto valor.
Ahoi'.a esa pesca se indiMtrializa mucho. Si existen aún
unos cuantos balleneros que proceden ~gún acabamos
de decirlo, el mayor m'.tmero de ballenas Cl!-Pturadas 1:ian
sido cazadas por pequeños navíos construidos especialmente para este uso.
Esos pequeños balleneros, del todo minúsculos en comparación del gigante a! cual tienen la_ misión de persE;guir, miden apenas vemte metros y tienen una capacidad de 40 á 80 toneladas.
Se concibe que con tan débiles dimensiones esos balleneros no puedan emprender las grandes campañas de
sus predecesores, que eran á la vez viajeros, cazadores,
preparadores, y trasportes de productos. Ap!icando los
principios modernos de la división del trabaJo, los balleneros modernos no han conservado mas que el papel
de cazadores. ' El taller está en otra parte, en algún para.je donde puede hallar la fuerza motriz ó cuando menos el agua necesaria para sus calderas.
.
Esos talleres se instalan naturalmente en los para¡es
frecuentados por las ballenas. Hay muchos en las islas
Lofoden (costas noroeste de Noruega), otr~ existe en
los alrededores de Vardoe, pequeña ciudad situa~ ~n la
costa de Laponia, al Este del Cabo _norte. Por ultimo,
cinco existen actualmente en Islandia.
Los productos que se obtienen de la ballena, son los
siguientes:
Las barbas, conocidas en el comercio con el nombre
de ball,ena.•, van siendo cada d(a más caras. Sir,•en para
corsés, paraguas, abanicos, biombos y otra multitud de
objetos.
El aceite, que se divide en dos calidades: la primera,
obtenida por la fundición en el baño-maría, de las cortezas; la segunda por la ebullición de las carnes. Estas
se cortan con una guillotina á vapor, de movimientos
muy rápidos, é impresiona verdaderamente verla funcionar.
.
Las carnes, desembarazadas del aceite que encerraban,
son desecadas en hornos especiales, después quemadas
y trasformadas en un polvo oscuro, casi inodoro·•y que
se vende como abono para la agricultura.
Por último, los huesos encuentran un empleo, ya en
su estado natural, ya por su conversión en negro animal.
En Onondar-Juord se benefician hasta doscientas ballenas por año. Cada una de ellas mide veintiocho metros por término medio, y produce unos tres mil francos
6 sea un producto total de 600,000 francos; pero los

gastos son muy elevados; el material es considera.ble, y
se concibe que el personal sea exigente en el monto de
los salarios; sin embargo, la remuneración del capital invertido es aun así muy satisfactoria.
Volvamos á los ballener'ls, de los cuales nos hemos
apartado un instante. Esos pequeños buques están provistos de poderosas máquinas que les imprimen de 12 á
14 nudos de velocidad. En la proa va instalado, como lo
muestra nuestra grabado, el cafión que lanza el obúsarpón. Este proyectil, en efecto, está destinado á matar
á la ballena. al mismo tiempo que á capturarla. Así el
obús arrastra consigo una larga cuerda, gruesa como el
pufto, y sin embargo, blanda "Omo la seda-una de estas cuerdas cuesta 2,000 francos-va unida á una polea
y se lava con sumo cuidado.
Este pequeño aparato es una simple maravilla mecánica. En tanto que la ballena se debate furiosamente, el
hombre que maniobra deberá conservar la. cuerda siempre tendida en su parte intemediaria, ni demasiado, ni
Inuy poco. Tendrá que conservar durante la agonía, á
veces larga de la bestia, su sangre fría, para enrollar ó
desenrollar su cuerda en un momento dado. La suerte
del buque depende de este instante.
Los balleneros q ne describimos son todos de construcción noruega; inútil es decir que los tripulantes son hombres de una energía y de una constitución excepcionales.
En sus expediciones, un hombre va de vigía en un pequeño tonel colocado en lo alto del mástil. Luego que es
avistada una ballena, el buque se dirige sobre ella; lo
más frecuentemente huye, y en ese caso la persecución
es inútil. Algunas veces se tiene la suerte de encontrarla dormida en la superficie de las olas; entonces puede
el buque aproximarse á buena distancia y dispararle.
Si el golpe fué bien dado, la ballena muere por la
explosión del obús en sus órganos vitales; pero esto es
muy raro. Otras veces se queda como aturdida algunos
instantes, pero lo más frecuentemente se sumerge á pico
con espantosa rapidez, arrastrando al ballenero, al cuaÍ
remolca con el cable del arpón. En este momento crítico, un falso golpe de barra del timonel, una falsa maniobra harían sozobrar al buque sino se cortase á tiempo
la cuerda.
Una vez muerta la ballena, vuelve á lasuperficio. Después que se está seguro que no hay nada que temer de
sus últimas convulsiones, se la ase de la cola por medio
una cadena especial, ásesela asimismo de la cabeza y se
pega á lo largo del buque y se la lleva así hast&lt;\ que se halla un remolcador que la lleve al sitio donde debe beneficiarse
Como se ve, son por demás curiosos los procedimientos empleados para la caza de eae mónstruo que acaso
pronto desaparezca para siempre de nuestros mares hiperbóreos.

Cuernavaca es la reina de***
este infierno que se llama la
tierra caliente: es Proserpina! Se ha detenido al borde
del inmenso caldero, como la joven que, encontrando
hirviente la agua de su baño, encoge la pierna que iba ya
á sumergir en la ancha tina de alabastro. El vapor del
agua en ebullición se cuaja en su rostro. Es la sultana á
quien sumiso esclavo nubio, abanica con plumas de faisán! El esclavo nubio que mueve el abanico de Cuernavaca es Iluitzilac.
Allí está el monte obscuro, coronado de pinos silvestres, pensativo y triste como el esclavo que ama :::in esperanza á la mórbida reina del harem. Sus celos se llaman tempestades. Junta las nubes negras, las enreda en
las torcidas ramas de sus arboles, las agrupa en terribles
escuadrones, y con impulso formidable los arroja sobre
el valle. Pero, á poco, su cólera se extingue; el pino enhiesto que pugnó en vano por desenraizarse y correr á la
llanura, yace en tierra; los rabiosos alaridos del titán
desahogaron su pecho: tri;;te y docil, sigue el nubio agitando su abanico, mientras duerme en silencio la sultana:

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La pesca de la ballena.-Proa de un ballenero mo-

derno.

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

104

De un monte del Norte helado.

Sueña; la nieve y el hielo .
Lo envuelven con su sudario.
Sueña con una palmera
Que en el oriente lejano
i:,e alza solitario y triste
tiobre un peñón abrasado.

***

Ap~rtando la vista del frío Norte, partamos «de cara ~l
aol » como el Byron de Núñez de Arce. ~ntes de examina~ la población miremos á vuelo de páJaro los campos
amenísimos que '1a rodean. Podeis .subir á la to1!e de la
,,ieja iglesia ue franciscanos ó al 1mrador de\ ant1gu&lt;? Pª¡
lacio de Cortés: Desde la torre tended la vista hacia e
Poniente. Bajo tupidos boeques de g11:1yab_os se oculta el
caserío desparramado, de San Antomo. ~o pueden verse las c~sitas. Diríase que están desnu~~s y q!-le ~ ocultan pudorosas detrás de los árboles. Solo la 1gles1a emina su torre por encima de los guayabos, como para
fnirar si el cazador que sorprendió e!l su blanca desnudez
á las traviesas campesinas, se ha ale¡ado. .
El paisaje que se descubre desde el palac1? de Cortés,
exige en el artit:ta que se proponga descubrirlo, el colorido, lleno. de sol, de Eugenio F~omentín. Los campos
de caña ostentan su verde claro, mtenso, deslumbran~
en los liltimos planos del pai.saj~. Pare.ce~ ~rsos, sm
arrugas y sin pliegues, como s1 gigantes rnv1s1bles ~ entretuvieran en restirarlos durJnte la noche. En primer
término, bosquecillos de plátanos .muev~n sus largas
hojas......... ¡los celiidores de la rubia Ev~. Al No.roeste
los cerros se aproximan á la ciudad y al Sur la vista se
pierde en la extensión de los campos sembrados cuyo
término apenas se cofümbra. Los eev.:ros bueyes, tas g1:C1;ndes rktima~ riel Cl1¡tu111110, no aparecen en la llanura. ].i~ngún tropiezo encuentra la.mirada en _el cuadro tranquilo
ue recorre. Las cimas de las montanas rerno~s parece~
de Japizlázuli. Una cinta de singular ")! armó:111.co colorido une la tierra y el cielo, por gradación casi msenslble
de colores,
1
¡Cuaín grandioso es el espe.ct~culo de .la p~Psta del so
en este sitio! Indecible sent1m1ento de rnqmetud ~ apodera del espfriu1- En los montes boscosos, el crepusculo
es trágico. Los árboles cobran vida y voz humanas. Las
montafias se calan sus ci.ipuchos colosales. El venado huye y en las ondas del viento suenan las voces y las escobas
de las brujas.
La muerte en este sitio y á tal hora, debe parecer1!os
menos dura. Así murió Sócrates contemplando la m mensidad del océano en cuyas ondas los rayos del ~ol poniente iluminaban la popa dorada de la !lave -que regresaba de la isla de Delos, en tanto q.~e baJaban los rebaños de las cimas del Taygetes y el U1tceron nadaba en
un mar de oro.
Inconscientemente ante el grandioso cuadro qui ilu~ina una luz fuerte, intensa como la que alumbra los pa1sa·e.s de Claudio Lorena, se recuerdan l~s grandes perspeclivas de la babía de Nápoles con sus nbe:3s bordadas de
naranjos, las mon¼,ñas de la Apulla, la isla de Capre.a Y
Ja costa del Pausylipo. El espíritu encuentra ~l parecido
sin poder preeisar en dónde está. Un vapor v10leta rodea
las colinas distantes. No hay un iitomo opaco en el Acre.
El verde claro de aquellos grandes llanos bebe luz.
Aqui el escrúpulo es la muerte, sin dolores, de una niña cuy~ alma se va al cielo. La naturaleza no se enne. grece, se duerme. Dulce m~Jancolía nos. rode~ en sus gasas, y pensando en la celeridad de la existencia, record~mos el (hrpe diem de Horacio; el Te -~p.ectem supre"!ª. 1mhicwn renerit lumra de Tibulo y el ad~ir.a!lle Invalidisque
tibi te11d1'8, ken! ho11, t11n, palmas1 de"'\ 1rgiho.
Cuántas veces pasaría pensativo Hernán Cortés por este mirador de paredes desnudas y anchos arcos! Sentado
aquí, podía admirar en todo su e~plendor la t~e~ra prometida á su codicia. Y cuando fat1g~~o de amb1c1ones se
-entregaba en brazos del amor ¿qué slt10 más hermo~o para desatar·voluptuosamente las trenzas negras de la ¡oven
india mientras el valle duerme, el sol se oc~lta y lle.na
el ai~ de sonidos metálicos el coro de las c~1charras m·
visibles? La campan¡¡ que da el toque de o~ac10nes ape~as
suena. Las ondas sonoras pasan muy arriba y el sorudo
enervado por el calor y la pereza, cae ~ plomo. La l~na
brota y su claridad amarillenta se difunde en el a1~e.
Blancas nubes simulan en_ las crestas. de los montes diademas de-nieve y en el zemt rebafiosg1gantescos.
EL DUQUE JoB.

Agosto 21 de 1891.

Los nuevos automóviles, Figura
relativo.)

1~.

(Véase el artículo

105

~ ===== == = == == = =

t!UINCE AÑOS DE CLOWN

Un pino se alza en la cumbre

EL MUNDO

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

No tardarán en cumplirse los quince años del díamejor de la noche-en que Ricardo Bell se presentó por
vez primera al públicc:&gt; de México: por aquel entonce~ la
troupe de ~Ir. Orrin semejaba más á aq1;1ella descolorida
comparsa de Tomaso Bescapé, melanc(&gt;l1camente t.razada
or Edmundo de Goncourt, que al bnllante séqmto del
Circo Molier, iluminado 6 giorno por la elegante frase
complicada de Fe~iciano ·champseur, en una de eus encantadoras narrac10nes.
Entonces el Circo era poco ~ás que.una _barraca Y ho.Y
es más que un teatro-dígalo s1 no la mtehgente cubamta Luisa l\Iartínez Casado;-el clo11'n can.~?,º ya P?r T~odoro de Banville, (Polichinelle et clo!""• J ai,qi1, r_¡u o_ns en

J

souvienne-joindre a l hume11r angla u la i•erre· 1talleime

no había roto aún el tosco perfil del bufón de la Eda
:l\Iedia: era aquel buen, tradicional payaRo len.to en s.u_s
movimientos de andar torpe, desgarbado, reCio Y fornido Hércules 'enharinado, con traspiés de beodo, enredado'en figura de cotillón; de éstos una buena puñada había atravesado las pista.~ de nuestros barracones; de Inglaterra nos venía la mayor parte de ~)los, ,Y es que Inlaterra-ba dicho el autor de Les .Jr?res Zemgai~no-;-~a
deado asociar el in~enio á la materialidad del e¡erCICl?
de fuerza, la gimnasia se ha transfor1;1Jado en p!ntom1ma: siniestra se ha vuelto allí. la graCia_ del paya.o Y la
caricatura se trueca en fantástica pesadilla.
.
Ah! es que el humo,· se padece_cada vez con ma_yor tristeza· es que desde Deburau-el 1lu8tre, el apolog1ado por
Teófi.lo Gautier, el amigo de Julio Janin y de Ca~los Nodier, el eternamente triste,-hasta aquel, l\Iazuner,-de
quien dice un biógrafo que en Yocko, ~ac1a .reír con sus
muecas v llorar con su muerte-Mazuner, rival de Talma
y de la :\Iars..o...todos han podido repetir la fr:1se sacramental de los payasos ingleses: Here ,,,e are gam-all of a
himp.'-Ho1,. are you?

r

hay un espacio azul; y allá mucho más allá, ¿cómo-ha de
faltar un rincón de Cielo para el que ha llen.ado alegremente su tarea? ¿No equivale todo esto á un sistema completo de filosofía?
.
.
•Quince años! En este espacio de tiempo, ¡cuantas em1ne'ncias han pasado de prisa y corriendo .al lado de Bell,
mientras el ceoun, firme en su puesto, ha ido noc~e á noche luchando á brazo -partido contra este gran mconstante que Ee llama el público!
.
.
•Quince años! Sabeis que ninguna.de esas emmenc1as
h~biera resistido á esta t.P.naz persistente ~atall~? ~osotros, que á la segunda temporada que nos sirve Siem !In
mismo tenor ya comenzamos á murmurar. contra el. irnpn~ario v cada "ez que Coquelín ha r~pet1do una p1~za,
no he~o·s acudido á la ci¼., hemos mimado! consentido,
glorificado :i este hombre, y cu!!-ndo ~nunc1a .dos bene~
ficios; aun nos parece poco ype~1roos ~empre\ ,más, más.
¡Sí, más, máe! es decir otros qmnce anos.más.
y siempre victorioso, siem~re alerta, s1emp~ en lo alto, flotante al viento 'el ampho pantalón d~ abigarrados
colores la chaquetilla de bordados fantásticos, el gorro
puntiagudo, la boca prolonga_da en cuad!o, d~ oreja á
oreja, la nariz avanzando al aire p01: atrevido pmcelaz?,
los grandes lagrimones negros, los o¡os encapotados b~¡o
enorme aglomer:1ción de cejas1 el semo~a~te de muda m:
terrogación cómica, de cur10s1dad ru~hc1osa, una perso
nalidad de arte que se ha paseado triunfadora de uno _á
otro extremo de la República y á qmen debemos las neas más frescas que han asomado á nuestro corazón ~nel
que resuenan como puñado ~e mone_das de oro arro¡ad?
en vaso de cristal de Bohemia, las risas de nuestros- hijos, las más amadas, las D?ás suaves¡ las más refrescantes Tas más ansiadas. ¿Cómo queréis que no tengamos
gn{titud á este hombre? Gracias señor Bell, muchas gracias!
.
Un niño que piem,a en Bell, es casi un angel que suen_a
en el cielo. Para estos pequeños amados seres, .bell es SI•
nónimo de bondad, de perfección absoluta. B~ll debe poderlo todo: hay bebé que lo mezqla en sus oraciones, Un.a
niña dice á su hermanito: no seas malo por que te cast1a Bell. Y los padres: si eres bueno te llevo a ver á Bell,
tell ¿ha hecho el mundo? Mi hijo lo cree fi;me.mente .. ~o
creo que si no lo ha hecho, no_ se opuso. Nadie le P\dtó
su opinión; de habérsela pedido, vota por la afirmativa,
estoy seguro.
El mundo ¡vaya! y los demás planetas, y el sol, ).' las
estrellas, y en cada una de estas lucesitas que nos muan,
un circo con grandes cartelones en la puerta: «Esta. ~oche Pantomima Acuática,» muchas luces, coches, _mn.os
que ríen y un Míster Bell en ca!1a una de es~as bab1tac~ones celestes! Porque si allá arriba, muy arriba, no hub.1era un Míster Bell, la creacción no sería completa y Dios
ha hecho bien las cosas, porque el es bueno, y Bell ..... .
también.
.
d á
ó 1
Figúrense ustedes, después de esto, ¿Bl ten ! raz n e
clown de l\lr. Orrin para importársele un ardite de Bakounine y de :\farco Aurelio y de todos.

..

los muchos sabios que en el mundo han sido?

Pero ¿y el Arte?-Un momento caballerQ: Yo no me
explico á esos buenos sei\ort&gt;s que creen firmemente q!-le
cada vez que se habla de Arte, hay que ponerse serio:
Estos tigiao.~ son capaces de cerrar las puertas á todo lo
que no sea mármol d~ J.&gt;haros y por amor á ·wagner arrojarían á Offembach del reino de los cielos.-El Arte, señores míos, se roza con los de arriba y se ?Odea con .los
de abajo. ¿Cuál de estas dos poesías bucólicas es me¡or:
Ja Charogne de Baudelairé, ó el Idilio del Padre Pagaza?
preguntaba Urueta á Tablada, no hace mucho. Pues..... .
el Arte se queda con las dos. ¿Por qué? Porque en materia de Arte yo no conozco más géneros que dos: el bueno
y el malo.
Queda el regular.
Peor que el malo, creanlo ustedes.
Después de la Loca .de la Cas~, de Pérez Gl;\ldós, se puede asistir á la Pantomima acuática, y yo he visto á la Jane
Hading aplaudir con convicción á Bel!.
Edmundo de Goncourt, á quien arriba cité, se com:(&gt;lace en dar públicamente las gracias á Víctor F~ancom, á
León Sari y á los Hermanos Hanlon-Lees, uqmenes-escribe el maestro en la p, rtada de sus Prere8 Zemganno;aparte de sus de;treza gimnástica, son capaces de .raciocmar acerca de su profesión como sabios y como art1s~s-"
-Hostia es el A.rte que pasa de mano entre los elegidos.

*

Qninc:e años de Clown.-Ric:ardo Bell.

Bell ha hecho fortuna porque es un buen reidor, porque detrás de aquella máscara blanca 110 se descubre la
sombra de esa punzadora enfermedad que re~ulta, según la expresión de Bourget, de «la despr~porc1ón entre
la realidad y el deseo;» porque en su carca¡ad!\ fr:anca no
hay nada del amargo dejo de ese emponzoñado lrnor que
apuramos todos..... , todos, hasta el payaso,. porque el ve•
neno ¡ay! se ha infiltrado, más qu_e entre nmgunos otros,
entre los que ríen; porque de la risa de Be]! podría decirse Jo que de la risa de Shakespeare ha dicho Carlyle:
es una oleada alegre que nos refresca el corazón.- Hé
aquí todo el secreto.
Bell ha tomado la divisa de d~sempeñar alegremente
su oficio ya recomendado por M1rabeau, y se le da un
ardite Jo' que haya escrito Marco Aurelio en sus Pensamientos, 6 Jo que Bakounine haya consagrado en sus Cartas á loR oficiales rus~s. El.ac~pta el mundo .tal como es,
no pretende corregirlo s1qU1er~; la humamdad n~ es tan
mala como opinau algunos misántropos, pero siempre
conviene que haya Código Penal; el IU?mb7:~ s6lo, ensalzado por Rossean no le causa gra~ a?,mirac1on: la~ masas
suelen ser dominadas :gor un sentlmiento, como d~ce Mr.
Taine, pero es más fac1l do~arlas por ~na carca¡ada; la
dicha la desgracia abstracciones que viven dentro -de
nosot~os mismos puntos de vista, nada más; al través de
todas las tristezaii de la humanidad _se descubre_un punto luminoso, como en esos días lluviosos de Primavera,

* *un mérito: todos los año■
Ricardo Bell tiene todavía
deposita un hijo en el mundo.
¡Ah! Y los arna entrañablemente.
.
.
¡Figúrense ustedes si tendrá el hombre motivos suficientes para mi admiración!
CARtos Dfaz DoFoo,

Los nuevos. automóviles. Figura

relativo.)

2~.

(Véase el artículo

Goulab-Soubi, ó Rosa de la Mañana, era pura y bella
como sus hermanas las•vírgenes, en medio de las cuales
vivirán los elegidos de Mahomet en sus «Jardines de las
delicias.» Nacida en el recinto de la pagoda de Sriringam,
dedicada desde su nacimiento al culto de Vichnou, R'J.~a
de la Mañana era á los quince años la más instruida y
la más graciosa de las .Devada,:¡sis, las bayaderas que sir. ven á los dioses.
Apenas, ~i ·con largos intervalos. para correr como una
gacela en libertad, entre los bosquecillos de almendros
que rodeaban el templo, había franqueado las puertas
sacras coronadas por pirámides de piedra de quince pi·
sos de altura. Jamás había atravesado el puente de veinticinco arcos del Kavery, para salir de la isla sobre la
cual se eleva, en medio del río uno de los más prodigiosos monumentos de la India. Sólo los fit les admitidos en el
santuario cerr-ado para los profanos, la habían admirado
cuando al son de las campanas de bronce y de los tambo·
riles, en la atmósfera de las flores y de los perfumes,
danzaba ante los ídolos dorados y salmodiaba con BU voz
dulce como un canto de ruiseñor las alabanzas del Dios
de amor de la trinidad hindu.
Nada de fuera había llegado hasta ella; sus hermosos
ojos de pupilas agrandadas por el kohol, no conocían
otros horizontes que los grandes árboles de las riberas de
la isla santa, y sin embargo, cuando con BUS dedos agu•
zados hacía vibrar las cuerdas de su sitara, gorgeando alguna poética canción indostana, BU corazón palpitaba
más fuerte y sus miradas se velaban á medias como en
una aspiración inconsciente hacia lo desconocido.
A pesar de esto, permanecía sorda á los homenajes más
exaltados, á las declaraciones más ardientes. Seder Ali,
hijo de uno de los ricos mercaderes de perlas de Tanjora, usaba en vano de todos los medios de seducción.
Gracias á sus ofrendas había ganado á los brahmines, y
la pagoda le estaba siempre abierta; pero Rooa de l,a, Mañana no le respondía ni aun cuando deteniéndola al paso, Je murmnr-aba palabras de amor y no aceptaba ninguna de las joyas que le enviaba.
Sdder Ali, era, sin embargo, un soberbio malabar, joven de facciones regulares, de ojos llenos de fuego, de
fiero andar, y adem,í.s, generoso, presto á consagrarle su
vida entera. Pero Rosci de la Mañana se inquietaba poco
de eso. Su compatriota no era el héroe de BUS sueños de
virgen, y cuando lo distinguía en su camino, se escapaba
como dominada por el terror.
Entonces SeJer Ali, no reprimía un gesto de cólera;
sus labios tenían una mala sonrisa y con una mirada á
la vez odiosa y apasionada, la seguía á través de los jardines y de las galerías de la pagoda, basta que desaparecía.
.A.hora bien, una mañana, en el momento en que ella
adornaba con perlas su lujuriosa cabellera de ébano, el
jefe de los brahmines le dijo que se pusiese sus más brillantes trajes,.que se advrnase con sus más ricas joyas,

que se acord 1se de sus dan1,a~ m ís ligeraq. El radjah de
Tanjora, Silvají, dlba una fiesta á lord William B~ntick,
gobernador de M:adr.í.s y había expresado el deseo de que
las más lindas sacerdotisas de Vichnou se dirigiesen á su
palacio para encantar al noble representante de Inglaterra.
Este deseo era una orden, así es que el misml) día, luego que habieron cedido los grandes calores, Goulab-Soubi
y sus compañeras se pusieron en camino, recostadas sobre
los cojines blandos de sus palanquines de madera de
sándalo.
L!\ noche bastó á los báhi.s, los infatigables p1rtadores,
para franquear las doce leguas que separan Sriringam de
Tanjore; las Devadassig pasaron el día en la pagoda, y en la
noche, á su !Jegad.1, bajo la larga verandah del p.i.lacio
de Silvaji, cuando habiendo preludiado los m ~ísicos, dejaron caer su.s largos velos de muselina blanca, con un
triple hurra saludaron los ilustres ingleses la graciosa sorpresa que les da ')a el radjah.
En uno de los extremos de la galería había sido reservado un largo espacio para las danzas. Alfombras finas y
suaves, como los tejidos de kachemir, tapizaban el suelo;
ma.•salchi.s, portadores de antorchas perfumadas desnudos hllsta la cintura, se mantenían contra el muro. iamóviles, semejantes á las estátuas de bronce. Lord William
Bentick ocupaba el puesto de honor, cerca del príncipe;
d~pués venían á la derecha y á la izquierda de esos dos
principales personajes, los dignatarios de la corte con
trajes cónstelados de pedrería, y en gran uniforme los oficiales de la comitiva del gobernador de Madrás, entre
los cuales se distinguía su sobrino, sir Albert Stanley, uno
de los más jóvenes y de los más hermosos oficiales del
ejército del Bengala.
Sir Albert tenía apenas veintidos años; desde la edad
de cuatro años vi vía al lado de su tío y hablaba correctamente el indostano y el bengalés, los dos idiomas más
usados en la península indostana. Soñador y romancesco, arrullado con las melancólicas baladas de Ossian, co•
munícando poco con sus camaradas del regimiento, vi·
viendo ca,i aislado sobre esa tierra cuya historia está hecha de fantásticas leyendas, se había enamorado de esas
costumbres extrañas. de esas religiones peregrinas, de
ese medio de supersticiones.
Así, pues, la aparición de las lindas Deradrt-•••Üi le pareció la realización de uno de sus sueños, y cuando Rosa, d~
la ,lfañana se adelantó sola hacía el frente del estrado,
radiante de belleza, en la gracia de sus quince años,
creyó que era la que su corazón esperaba y todo su sér
se lanzó baciaella.
Cierto es que la sierva de los dioses era adorablf'. Su
piel estaba apenas bístreada; sus muñecas y sus tobillos
eran de una delicadeza extrema; sus grandes ojos Rombreados por largas cejas negras, tenían miraias tímidas
y quemantes á la vez; su sonrisa era á la vez voluptuosa
y casta.

•

Su traje se componía de una ca"!lisa diáfana de hilos
d~ ananas, de largos pantalones dd seda q•1e caían hasta
sus tobillos rodeados de oro; de un za'{lllejo corto y muy
ancho, hecho de una tela finamente bordada, y de una
pequeña veste desaten rosa, que n &gt; se unía al zagalejo,
deteniéndose por encima de los senos, sin ocultarlos. Sus
puños estaban ornados de preciosos anillos, y los dedos
de sus piecesitos combos, estaban c1mo los de sus manos, pequeños, cargados de sortijlls chispeantes. Un pesado collar de piedras rodeaba su cuello, y en los lóbulos
de sus orejas balanceábase una multitud de pequeños
sequins.
S.'.&gt;lo respecto :i un detalle de su a lorno había abjurado de la moda hindu: no tenia en el cartnago de su nariz
anillo alguno sino únicamente eil la ala derecha, trasparente y rosa, una perla de un incomparable oriente. Se
hubiese dicho que la graciosa criatura no quería entre
sus labios y los del amado ningún ob3t ículo para el beso.
T.1mpoco mascaba betel; eso se veía en el esmalte nacarado de sus dientes; pero sobre su frente se extendían de
través las dos líneas blancas cortadas p:&gt;r una linea roja,
de los sect.arios de Vichn:&gt;U. Por últim ), su larga y sedosa cabellera caía hacia atrás en dos pesada3 tr.iuzas,
salpicadas de perlas, que descendían más abajo que sus
caderas flexibles.
Rosa de l,a, Mañawi, al principio danzó para la masa de
los espectadores, yendo sus dulces miradas del uno al
otro, acariciadoras, inquietas acaso, aca~o investigadoras;
de pronto sus ojos se fijaron en los de sir Albert, com)
si algún fluido de magnetism) los hubiese atra(do, y sus
pasos se hicieron mis las~ivos aún en su embriagador&lt;1
castidad. Con un movimiento d~ una gracia exqui~ita se
envolvía la cabeza y el rostro con su largo velo, y de
pronto, dejándolo deslizar hasta sus piés, se echabl hacia atrás descubriendo las riquezas de su talle fino y
combo; algunas veces se alejab.i lentamente con los ojos
bajos, en una actitud de defensa pidica imposible de d3S·
cribir; con los brazos sobre su pe~ho com'&gt; p.i.ra oprimir
los latidos de sn corazón, desliz í.ndose coro J una .sombra
li~era. En seguida volvía lent'.\m3nte, p.lrtlciendo luchar contra un espíritu invisible, lllnzando á través de
su velo miradas suplicantes; despu~3, repentinamente,
pueciendo cederá una p otencia irr.isistible, se lanzab i
de un salto, yendo á caer de roiillai ante el estradJ, c in
J()s labios húmedos, 103 ojos brillantes, la sonris, lle1n
de promesas, los brazo3 extenlid.)s ha.ci1 el sobrino d~
L1rd Bentick.
E1talló un lrnrra frenético. En cuanto á Sir Albert,
-pe rm!l.neció ahí inm'ivil, fascinado, llamando aún con
103 ()j03, con el coraión y con los sentidos á la linfa
sierva de los dioses, cuando arrastrada por sus compa.ñe•
ra'3, R w 1, de la M añxna hlbía desaparecido yll hacia larp tiempo.
Eiannhe elenim1radooficialvivió más á su lado
que nun'.:a; y cuando abari:lonó los salones, fu:í plr.i. ron.

�dar en los jardines alrededor donde las Derada&amp;'IÍB reposaban.
·
Al día siguiente muy temprano, acompañado de eu
doméstico malabar, Rouwi, galopaba sobre el camino de
Tanjore á Tritcbinapal). Sabia que las valladerasbabían
partido al alba para vol ver á Sriringaut y tenía prisa por
unirse á ellas. Cuando lo logró, el sol llegaba al zenit,
el calor sofocaba, y la~ bijas de Yichnou se habían detenido para sestear, bajo un bosquecillo de bambús, en las
riberas de un pequeiío lago que bordaban los bananeros
y cocoteros.
El paraje era encantador, :leno de frescura y de poesía.
Sir Albert echó pié á tierra, y se deslizó basta el campamento, á lo largo de una calle perfumada por almendros
en flor. Nadie le había visto venir, y se había aproxima·
do demasiado para no perder nada de lo que pasaba. Repentinamente tuvo que comprimir los latidos de su corazón, al mismo tiempo que prestabamllsatentooídoyque
á través de las ramas, sus miradas se detenían, embelesadas, sobre Rosa de la .Maíl,,na, á quien acababa de descubrir. Acurrucada sobre los cojines de su palanquín y
acompañándose de su cítara, la adorable niña come1:-zaba
,ma de esas canciones indostanas que son obras maestras
de imaginación y de gracia. Cantaba los amores de
Krichná. Su voz era á la vez dulce y apasionada, sus senos se levantaban, sobre sus lábioa carmineos erraba una

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 18~7

EL MUNDO

106

mordimientos podían apercibirse pronto de la patrida de
pensionista, la perla de su joyero, y perseguir á su
raptor. Se atrav(,'SO, pues, ~in ruido, el barrio de Tritchinapaly para ganar el camino de Yaradatchilamu, que llevaba directamente á Pondicheri. La comitiva se componía de treinta individuos; los dos equipos de seis babis
para cada palanquín, y de una media docena más de hindus cargados de bagajes, de provisiones y de tiendas. Dos
guías arruados marchaban á la cabeza, después venía
Roumi, á caballo y llevando de la mano la montura de
su amo.
1'iendo los babis por tradición fieles servidores, bastaban ellos para no temer á los ladrones de los grandes caminos, ni á los thugs aislados que iban siendo cada día
más raros.
.
Extendido en su palanquín y con !os ojos fijos en el de
Ro.•a de la .Jfañar..a, Sir Albert no pensaba, pues, mtls
que en sólo sus amores. No tenía noción alguna de la escena de que había sido teatro, pocos instantes antes, una
casita frente á la cual había pasado con $US gentes antes
de abandonar la ciudad.
Desde la terraza de aquella mansión aislada, donde no
brillaba luz alguna, dos hombres habían espiado la caravana, y cuando esta pasaba, habían descendido á la planta baja.
Uno de esos hombres era Seder .Ali, el rico y hermoso

E&gt;U

•

cargados como mozos de cordel; aquellos, inclinados sobre los elefantes y seguidos de numerosos servidores: los
otros, extendidos en pesados carromatos arrastrado.e pol'
bueyes; cipayos que se dirigían con paso alerta hacia sus
regimientos; yogis, peregrinos ha ves, descarnados, m~ertos de fatiga, pero siguiendo siempre rectos y ergmdos
hacia la pagoda del dios venerado, y por último, mendigos acurrucados al borde del camino.
Esto duró hasta el momento en que el sol, levanM;ndoEe por encima del horizonte, dardeó sus rayos oblicuos
sobre los babis agotados por diez horas de calnino. Entonces Sir .Albert echó pie á tierra, corrió hacia :f!,osa de
la Jfañana, que le recibió con las dos manos tendidas y
con una sonrisa, y ordenó que hiciesen alto.
A cien metros de cammo, en medio de un bosquecille
de majestuosos bananos, se levantaba un bungalo de un
aspecto muy agradable. Nuestros viajeros no iban á encontrar allí más que un abrigo y agua: pero no pedían
más, pues que Roumi había cargado á sus portadores con
todas las provisiones necesarias.
El viejo cipayo, guardián del bungalo, las puso pol'
completo á la disposición del oficial inglés, y cuando la
linda tránsfuga del templo de Vichnou descendió de su
palanquín, con la cabeza envuelta en su largo velo de
muselina, adivinó sin duda en parte la novefa de amol'

..

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

107

EL MUNDO

térlnino de su viaje. De suerte que mandó á los babis que esperanza de arrancarla á su sueño mortal, le hacía beber que había sido la más linda de las Demda.,.ri-8 del templo
café ardiendo, que el cocinero de loe babis había hecho de Sriringam esperaba tomar posesión de la rica tumba
apreS11rasen el paso, lo cual hicieren cantando.
La rnta era muy bella y bordada de árboles centena- á toda prisa. Y permanecía inclinado sobre ella, supli• que sn amante había dado órden de levantarle en el cel'ios cuyas espesas sombras temperaban los últimos calo- •dándole con la mirada, con sus caricias, con la voz, que menterio hindu.
res del día. Atravesaba campos de arroz y de caiías de
le reconociese y le respondiese.
*
Entonces, al cabo de algunos momentos, como si ella
azúcar, separados por pequei1os arroyos y estanques, que
El desenlace tr:ígico de la pobre bayadera y del oficial
no pudiese resistir J. su plegaria, á sus lágrimas, á sus inglés ee extendió rapidamente por la India entera, descuando venia la nocbe parecían manteles de plata.
Por fin Roumi, que había tomado la delantera, volvió besos, ó mas bien, como di la vida, parecidaá una lámpa· desde el cabo de Comorin hasta las riberas del Ganges1 y
á anunciar que no estaban más que á tres millas de '\Vo- ra que arroja un fulgor postrero antes de extinguirse, se bien pronto el drama se hizo t&gt;Oética y dulce leyenaa.
diarpoliám y que bien pronto iban á llegar al sitio más despertase momentáneamente en ella, sus miradas per· Yo la oí diez años después de labios del guardián de la
dieron su fijeza, se animaron; sus labios se entreabrieron, necrópolis á quien pregunté quéquerítl decir aquella misfavorable para acampar hasta el día siguiente.
Menos de un cuarto de· hora después, en efecto; Sir murmuró con un inexplicable acento de amor y de fata· teriosa inscripción grabada en tamcn,l y en inglés sobre el
Albert pudo juzgar por sí Jnismo que su guia no se había lilimo: «Yo te amaba con toda mi alma Sahib, peroBrah· mármol de un hermoso mausoleo que sombreaban majesengañado. A cien pasos de un pequeño rio y en medio de roa no ha querido que fuese feliz contigo! ¡Qµe él nos tuosos mangueros:-Gou1,,rn-Sotm1-ALBERTO; 15, 22. . ·
un collado, un bosquecillo de majestuosos mangueros, perdone! ¡No olvides demasiado pronto á la pubre DeraNadie habría podido referírmerla más exactamente que
ofrecía el abrigo más encantador.
dax.~fa infiel á sus dioses por amor á tí!n
ese guardián: era Ro_u mi, el antiguo servidor de Sir AlBastaron diez minutos ,i los mozos para levantar la
Sir Alberto desesperado, mantenía contra su pecho la bert Stanley, y cuando hablaba gruesas lágrimas se escagran tienda encima de los palauquines de sus amos, y no cabeza de la pobre niña, pero no podía pronunciar una paban de sus ojos.
había llegado aún la noche, cuando la tropa estaba ya palabra; sus lágrimas hablaban pur él, cubría de besos
Esas cifras indicaban la edad de los dos infortunados
instalada para pasarla. Acostados bajo sus pequeñas sus labios va heladoe.
que la muerte sola había unido, y su tamba, lugar de petiendas, los hindus formaban una especie de muralla viDe pronto, ella echó eus brazos al rededor de su cuello regrinaciones para las amantes europeos é hindus, estaba
viente al campamento, sobre el cual iban á velar, levan- y se pegó más estrechamente contra él, repitiéndole:
siempre cubierta de flores, no de aquellas flores malditas
«¡Que frío tengo y cómo sufro......... ! ¡011, sí, estrécha- con ayuda de las cuales Scanda había ganado sus cien
tándose de dos en dos horas, centinelas designados por
el jefe de los babis.
me contra tí! 8iento que voy á morir. ¿El amor es pues rupias de oro, sino de las flores sanas y perfumadas, como
Era esta, á lo que parecía, una medida inúW; porque la muerte? ¡Entonces no echo de menos la vida, puesto las que los brahmines hacían regar en las losas del sanel país gozaba de p:;.rticular seguridad, y no existian en que voy á morir por haberte amado! Tú me harás elevar tuario de la pagoda, cuando, ante las estatuaP. de los diola región ni fieras ni reptiles. Además, el tiempo era ma- una hermosa pira, para que Indra me reciba ain cólera. ses venerad9s, debía danzar Rosa de la Mañana.
ravilloso, el cielo cintilaba de estrellas, la atmósfera es- Cuando pases frente á la pagoda de Yichnou, le ofreceRE1'É DE PoxT JEST.
taba embalsamada por las flores abiertas de los mangue- rás flores y frutos en recuerdo mío. ¡Oh, el fuego, el fueros, y los cocuyos estiraban de ;puntos de oro las ti- go que me.devora!"
Traducido para EL l\fo:rno.
nieblas de los follajes. Bajo su tienda, alumbrada por
Se retorcía con atroces dolores, con el pecho levantado
una antorcha de recina perfumada, de nuevo Roxa de la por espasmos nervü,sos, con los grandes ojos abiertos,
~\Iaiiana y Alberto, estaban solos; pero la linda Devadapero ya vidriosos, tratando con su1:1 manecitas de disol•
ssis no temblaba ya; saboreaba con delicia las dulces pa- ver las tinieblas que se formaban al rededor de ella, y
labras que se escapaban de los labios del bien amado, y repitiendo con una voz silbadora palabras sin conexión:
cuado este, despues de un beso postrero, cerró las corti- «¡Ah, lo r.oruprendo ......... es Kali que me llama ......... el
nas de su palanquin para que pudiese dormir, ella Je veneno........ ¡Te amo! ¡Te amo!"
.
repitió veinte veces «Hasta mañana, te amaré siempre»!»
Después reinó de pronto la ca,ma en su l'Ostro, sus laY él enamorado, loco, ee dirigió á su lecho, donde se bios sonrientes parecieron peqir un beso, y echó dulceprometia no cerrar los ojos sino á medias, á fin de velar mente la cabeza hacia atrás. ¡ Estaba muerta!
EFECTO DE BLANCO Y ROJO
el sueño de la que adoraba.
La escena entonces fué horrible. Albe1to extendió el
Roumi se había extendido en el piso de la tienda cuerpo de la adorada sobre las alfombras, y arrodillado
Cuando ,·iene á misar el padre cura,
cerca de ella, con las manos juntas y lus ojos extraviados,
frente á la puerta, despues de haber atado sus caballos á
á la nave risueña y aliñada
las ramas de un almendro. Todo reposaba en el campa- lloraba como un niño y repetía: u¡Hasta muy pronto,
penetra con el sol una parvada
mento. No se oían m,ís que el murmurio:de las aguas que amada mía, hasta ruuy pronto! ¡Soy yo quien te ha made palomas- ,iue anidan en la altura.
ro'an las cafías de la ribera, el canto del bulbul, que en- tado: sería un cobarde si viviese sin t1!"
Desata el piano su oración alada
Agrupados ante la tienda, los babis, profundamente
viaba á los ecos en notas estridentes, la relación de sus
y del gótico altar en la blancura,
amores, el roce de alas de las palomas dormidas. en los conmovidos, participaban del dolor del extranjero; las
diáfana, leve, inmaterial y pura
grandes,árboles, y el silbo del gaya, ese pájaro pequeño grandes palomas azules volaban rastreando para cazar;
se levanta la Forma consagrada.
que alumbra su nido con gusanos luminosos y lucientes, el gaya mataba los gusauos lucientes de su nido; la flores
Canta entonces el Blanco sus cantares;
abrían suij corolas á las abejas, que comenzaban su tarea
y del cual los hindus hacen un servidorcillo alado.
blancos son: alas, naves, luz, altares,
Largas horas habían pasado así, la antorcha se había cuotidiana; el bulbul saludaba, con sus cantos harmoniohostia, cura senil, incienso vago........ .
extinguido y Alberto tan completamente había sucumbi- sos, al sol, imagen de la vida, cuyos primeros rayos, desY en esa nitidez que al hielo enoja,
do á la fatiga, que el día come,nzaba ya á apuntar cuan- lizándose á través de los almendros, nimbaban de oro la
agresiva, vivaz, llameante, roja,
do abrió los ojos. De pronto, bajo el imperio de un te- cabeza de la muerta.
se destaca la veste del monago...... .
rror inconsciente, reprochándose haber cesado un sólo
·ÁMADO NERVO.
instante de velar sobre el séT adorado, se levantó á medias para lanzar ásu derredor miradas inquietas.
Perotodo estaba en calma; se tranquilizó. Entre la
abertura del portier de la tienda, reconoció á Roumi
que, siempreacurrucado·sobre el suelo, fumaba tranqui..._l:_.,
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,
lamente su houka; reconocía el ir y venir de los bindons
1
que, hechas sus abluciones en el río, preparaban el desayuno, el arroz de kari; y de las cortinas del pálanquin de
üoulab•Soubi, salía una de Bu8 pequeñas manos de dedos
,cargados de sortijas. Entonces souriendo, se puso de pié,
TOUJOURS FIDELE
se deslizó sin rnido y fué á rosar con sus labios ávidos,
aquella mano que acaso pensaba él, la dulce niña le habla instintivamer,te ofrecido durante sn sueño,
,omo la flor marchita que ya perdió el prostrero efluvio de esperanza
Pero apenas dado aquel beso, _el enamorado experiY que at\n as! la novia coniervaentre las cartas del pérfido traidor,
mentó una sensación dolorosa; la mano de la bayadera
Tl1 guardas en la urna de todos tus recuerdos la dulce rememb:-anza
Del paralso de oro que se perdió en las sombras con tu primer amor.
estaba helada; no había respondido á su caricia con una
débil sacudida nerviosa. Lleno de sorpresa, recorrió las
cortinas del palkee, se inclinó sobre la joven y arrojó un
Era el instante amargo en que las flores mueren y las estrellas lloran
grito de espanto.
Las lágrimas ~rillantes, las lágrimas sentidas, las lágrimas de Dios;
Los ojos de Rosa de la Mal'!ana. estaban desmesuradaEra el amargo mstante en que el Destino hiere dos almas que se adoran
mente abiertos, y sus extrañas miradas fijas, expresaban
Y rompe sus cadenas de blancos eslabones con el fatal ¡Adiosl
el sufrimiento y el horror. Cuando él la llamó tiernamenAdlos, horas fehces .. Adlos, diálogos tiernos... Adios amantes citas.••
te pol' su nombre, ella agitó los labios, pero sin pronunEl iba al \'iejo mundo siguiendo los fulgores del sol del porvenir,
-ciar nna eola palabra. De su lecho se escapaban efluvios
Mientas que t11 quedabas como la triste Ofella cortando Margaritas
de perfumes acres y penetrantes.
Y viend:&gt; la esperanza como angcl de consuelo bl'I.Jlar en el zatlr.
Entonces, en el colmo del terror, él la tom5 entre sus
brazos y la llevó afuera de la tienda, donde la acostó á
Cuando se desasieron sus manos de las tuyas, turbado y afligido,
pleno aire, con un cojín bajo la cabeza, sobre el tapíz de
Algunos minutos después, 11ctivando los preparativos Como apurando el cAliz que le ponla en los labios lacruel adversidad
-donde el vigilante se había levantado al ver aparecer á
de la partida, Roumi descubrió el misterio del atentado •· For ti, por tt me ausento-te dJJo-&lt;'ree y espera, no temas al olvido/•
Y fueron sus vehemenres, sus 11ltlmas palabras: ¡amor! ¡fidelidad!•...
su amo cargado con su precioso fardo.
de que Ro.~rr di' In J[ufürna había sido la victima.
.Aunque la atmósfera estuviera ya caliente, porque el
En el sitio en que su palkt&gt;e tocaba la pared de la tien·
Contaste tl1 las bo.ras de los eternos d1as de interminables año.s
día llegaba con rapidez, Rusa d-e la Jfllñmm temblaba de da, se había hecho en la tela, con ayuda de un puñal,
cuando los sombrios crespones de la ausencia el alba desgarró,
frío. Además, estaba horriblemente pálida; sus labios te- una abertura demasiado larga para dar paso al miserable, Y
Alzaste las llorosas pupih,s ¡ay! y viste tan negros desengaños
nían, como sus narices, un tinte azulado, y llevaba sus que no habfa tenido más que abrir en ese mismo lado las Que tu alma, como lirio cuando el Invierno llega cruel, se marchitó.
pequeftas manos á la frente como si allí estuviese el mal cortinas de la bayadera dormida, para sembrar al derre-que la atormentaba. Roumi la envolvió en una sobreca- dor del cojín de seda dond:-reposaba su cabeza, las bojas,
Perdona si el secreto que tl1 me revelaste en breve confidencia
ma de seda, en tanto que Sir Albert le frotaba las sienes las flores y los frutos malditos cuyas emanaciones deleSe escape.de su caree! y para no perderse se imprime en el papel.
y los puños para restablecer en ella la circulación de la tereas debían envenenarla.
sangre, que parecía interrumpida. El jefe de los babis,
Y as( fué como, sin violar la ley de la secta que le pro- Yo quiero que Ilumine y rompa el tnsondable capl1z de la conciencia
,q~e se había aproximado, examinó atentemente á la pobre hibía extrangular á una danzante y verter su sangre, Del lnfldente ingrato que tedectacon dolo: "toujours, tou)ours lldele"
Febrero de 1597.
mfia, y se lanzó hacia la tienda de donde ealió casi luego
Scanda, el secretario de Kali, había ganado las cien rupias
con las manos carga~as de hojas de un verde sombrío, d~ de oro que Seder-Ali le había prometido si su rival no
ABTUBO L. CASTA.~ABES.
flores amarillas, de bayas de un rojo vivo, y exclamó llegaba á )ladras sino con el cadaver de aquella á quien
.arrojando á tierra con disgusto aquella horrible mezcla: había sustraído á su amor y ,í sus dioses!
«Flores de upas y frutos de manzanillo¡ la pal kee está lleLa caravana se volvió á poner en camino en la misma
na de ellas! ¡La han envenenado, la han perdido!11
mañana. Goalah-Soubi reposaba su eterno sueño en el
.Al oir esas palabras, el amante de Rosa de la .Mañana palanquín del oficial inglés, que la escoltaba á caballo
,pensó volverse loco de desesperación, ¿Quién podía ha- ~udo, y con el rostro lívido. .Al día siguiente llegó á Pon:
•ber cometido un crímen tan cobarde? La víspera ella se d1chery, donde, después de haber sido purificada según
había dormido tan dulcemente sobre su hombro repitién- los ritos y envnelta en muselinas blancas el cuerpo de la
-dole: ¡Te amo! ¡Qué celosa ira había podido herirla así? joven, siempre adornada con sus joyas, fué encerrada
La vid~ es un bostezo continuado,
.¡Aca~o los brahmines de Sriringam, para castigarla por en una ataud de sándalo y transportad~ luego á Mapues al neo y al pobre, á juicio mío
haberse escapado? ¿Pero cómo un emisario infame había dras.
les hace bostezar, según su estado, '
podido penetrar á la tienda? ¡El no la había abandonado
. Y vei.nticuatro horas después de s~ llegada, la alta sopobres el hambre y ricos el hastío.
ni un instante! ¿Y ella debía morir, morirá los quince ciedad mglesa sabía con dolor pero srn demasiada sorpre:afios, ella, la adorada?,.¡No, eso era imposible, había que sa, porque se conocía la exaltación de Sir Albert Stanley
CAMP&lt;&gt;AHOR••
-salvarla á todo precio!
que fiel al juramento que había hecho á la bien amad~
Y le decía todo esto estrechándola contra su corazón. rnoribunda de no sobrevivil'le, el hermoso oficial se ha3'..e había rodc-ado la frente con un lienzo húmedo; con la bía matado de un tiro sobre la fo~a provisional donde la

*"'

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41.1.,•4· .,,,,.... ~.,,_.
.. •

sonrisa de ternura infinita. Irresistiblemente atraído, Al·
bert Stanley buscó un escondite apartando las ramas de
los almendros, y llegó así hasta muy cerca de la joven
que, ruborizada, se detuvo al re.conoCE;rlo. Ento1;1.ces, suplicante con un acento conmovido y tierno, le d1¡0: «0a·
na sada, 'ma"in i.an ashik, gana sada! u¡Canta aún amor mío,
canta aún!»
Inmediatamente con sus hermosos ojos fijos en el ex·
tranjero cuya imágen, desde la víspera, vivía en ella, Ro•
.•a de la Mañana. prosiguió el relato de las aventuras galantes de el Apollon de los Hindous.
U na hora después gracias á las generoras ofrendas, el so·
brino de Lord Benti~k había obtenido todo lo que deseaba
de los brahmines, bajo la dirección de los cuales estaban
las Deoodassi11. 1/'ué aceptado como un compañero de caJnino, y cuando la &lt;?Rravana se volvió á poll:er en marcha,
quiso eBC-Oltar á pie el pala~quín de la bien amada, !~s
bahis del cual marchaban, aislados del resto de la comitiva sobre los flancos del camino; y cuando, en la noche,
las bayaderas atravesaron el Kamery para volver a~ recinto de la J?agoda, los dos enamo1:1dos habí~n cambiado
tan tiernos ¡uramentos, que largo tiempo vacilaron antes
de separarse.
Al día siguiente y los que vinieron después, el oficial
inglés no abandanó la isla sagra.da; pasaba ahí ~o~ enteras con Rosa de la Mañana, bajo los ramos de ¡azmrnes;
despues una noche en que el sitio estaba desierto y en
que la l~na había abandonado el horizonte, dos palanquines de viaje se detuvieron á la entrada del puente de
los veinticinco arcos. Diez minutos más tarde, la linda
!jierva de Vichnou desaparecía con Sir Albert.
Largo tiempo la estrechó él sobre su corazón y ella, en
tanto que arrojaba una última mirada hacia las pirámides de la pagoda, que se recortaban sobre el cielo y que
lu estrelles parecían festonear de oro, le murmuraba al
oído, con tel'nnra infinita:
«¡Ya ves si te amo: por tí abandono á mis dioses!»
Entonces, inmediatamente, como si hubiese telnido que
le robasen á su adorada, la l1evó hasta el palanquín que
le estaba destinado, la extendió allí dulcemente, tomó
sitio en su palkee, y dió orden á los portadores para que
se p11Biesen en marcha, sin encender antorchas, ni salmodiar los cantos acostumbrados ,í los cuales arreglan
sus pasos. Intentaba él alejarse lo más pronto posible de
la pagoda, los brahalnines de la cual, presas de los re-

malabar cuyos homenajes había rechazado tan duramente Rosa de la .bfaña1&lt;a; el otro, igualmente hindu, estaba
miserablemente vestido, era joven, bien musculado y de
aparieRcia robusta. Su fisonomía era feroz, su andar el
de un felino. ::lus ojos brillaban con un resplandor extraño, y examinando su frente se habría podido descubrir,
aun cuando estuviesen casi borradas, las huellas de las
rayas horizontales de bermellón, por medio de las cuales
se distinguen los servidores de la sangrienta Kali, la
diosa de la muerte.
«Scanda, le dijo con voz iracunda, el amante despechado, cuando estuvieron en el patio de la casa, uno de los
dos palanquines que acabas de ver, lleva una mujer que
se ha burlado de mí por amor á uno de nuestros opresores, qu~ se la roba. Yo no quiero que ese extranjero salga vivo de la provincia ó si Brahma le proteje, es preciso
que no llegue á su {}alacio sino con una amada muexta
entre sus brazos. ¡Ella ó él!
-Al raptor yo le conozco, respondió el Hindou, tú me
los l¡as nombradn: míll! si le acontece alguna desgracia, el
gob~rnador de Madras vengará á su sobrino. En cuanto
á la mujer, quien es ella?
-t"na de las Deuada.~.~ill de la pagoda de Sriringam, la
más bella de todas, Goulab-Soubi.
-No sabes acaso, que las danzantes están al abrigo de
nuestros golpes? exclamó Scanda vivamente. Kali las
protege contra el paño sagrado y nosotros no tenemos
el derecho de verter su sangre.
-Qué me importan vuestras costumbres! qneel uno ó
la otra mueran de cualquier modo! he aquí cien rupias
de plata. Corre hacia ellos, úneteles, y el día en que me
traigas la prueba de que estoy vengado en ella ó en él, te
daré cien rupias de oro.11
El thug asió la bolsa que le tendía el malabar, refle•
xionó un instante, después suB ojos arrojaron un relámpago de baja envidia, y ganando la puerta de la casa:
«Hasta luego Seder-Ali, dijo; prepara tus cien rupias
de oroln
Y flexiblec)mo una fiera, desapareció en medio de la
noche.

***
Entretanto, la caravana prosiguió
su marcha bajo el
cielo estrellado, en la soledad del earoino que, solamente
al alba, se pobló de viajeros: comerciantes que se dirigían
hacia el Sur; estos, modestamente, á pie, pesadamente

de que era la heroica, porque sonrió, inclinándose, y llevándose las dos manos á la frente.
Un cuarto de hora después, los babis habían terminado sus abluciones y su frugal almuerzo de arroz, y se extendían sobre tapices, bajo la verandah, para tomar un
reposo que habían ganado bien. El fiel Roumi pidió ásu
amo permiso para imitar á sus compatriotas, y bien
pronto Sir Albert y Rosa de la Alañana estuvieron solos
en la gran sala del bungalo, medio reclinados sobre los
cojines de los palanquines, con los cuales se había hecho
divanes, y cerca de una mesa cargada de sabrosos frutos.
Porque no tenían sueño ni ella ni él. ¡Deseaban decirse
tantas cosas! Su amor era demasiado profundo para no
ser casto, y en aquel largo camino que acababan de hacer
juntos, no habían en l'ealidad estado solos un instante.
Y ahora que estaban el uno cerca del otro, con las manos entrelazadas, callaban. Alberto, que se daba cuenta
de la responsabilidad que asumía y cuya alma era digna,
no podía ser un amante vul~ar; quería que aquella á
quien había sustraído á sus dioses, com~rendiese que sería su compañera adorada para toaa la vida, y, en la expresión de su rostro, había aun más de entusiasmo, más
de ternura que de pasión.
En cuanto á la adorable niña, parecía no explicarse
como y por qué se encontrabatan lejos de la pagoda donde había pasado su infancia, tan lejos de sus compafieras que debían llorar su ausencia, tan cerca de aquel extranjero, c11yas manos apretaban con fiebre las suyas, y
cuyo mutismo mismo, más elocuente que las palabras y
el fuego, turbaba todo su sér.
Temblaba pareciendo temer algun terrible J?6ligro desconocido, y, en un extremecimiento de embnaguez, cerraba los ojos, como si quisiera escapará las cosas extel'iores para interrogarse más seguramente. Después, tol'naba á abrir las pupilas; sus miradas volvían á Cencotral'
las miradas de aquel que la había hecho olvidarlo todo;
emrojecía un poco y dejaba caer su cabeza de virgen sobre el hombro de su raptor, que entoces le repetía:
«No temas nada, serás mi esposa bien amada: te amo!»
Así pasaron el dia en sus sueños de pol'Venir, y cuando el sol comenzó á descender, la caravana se preparó para la marcha.
Por tranquilo que estuviese respecto á las consecuencias de la aventura, el joven oficial tenía prisa de llegar
á Pondichery, de donde se dirigiría facilmente á Madrás.

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.

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108

DDIIINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

•

-Nadar entre dos aguas en esa urna de cristal que vé
usted.
-No me es desconocida la fison•omía del que fija los
programas en las entradas. Se servirá. usted decirme
quien es?
-Otro editor, hijo, otro e ditor que lle vó á Mexico una.
especialidad: tirar periódicos á dos colores: café desteñido y azul celeste. A ese lo ejercitamos en los programas
y demas remiendos.
- Y aquel ojfio que se encoje como para reducirse á la
raíz cuadrada de sí mismo.
-No es niño, hombre, que mno va ser. Hizo oposición en un periodiquito de á centavo y como el :público
quería noticias, el periódico perdió ventas y se fue empequeñeciendo como las barajas en manos de los prestidigitadores ...
-Precisamente en este momento juega al toro con otro
niño que embiste ...
-Precisamente. Ese nif\o tu€ tambien editor. Tenia la
monomonía de las embestidas. Se embestia á sí mismo y
muri6 de indigestión tambien. Parece que Spencer y Le
Roy Beaulieu y Stuar Mill se le indigestaron ...
- Y en general que opina usted de la prensa de México?
-Le diré á usted.-Y el diablo se rasc6.la cola en actitud pensativa, en general está aun en el periodo cuaternario: gases densos y lodo espeso; plesiosaurios, dinosaurios, ictiosaurios ...... mamouths.... abortos indefinidos .... .
Acaba de salir del periodo del tarro de cola y las tijeras
y aun no puede definirse bien. Por lo demás es inofensi va: juega á la zancadilla y al burrito. Con el tiempo ya
veremos ..... .
-¿ Y quiénes le son á. usted más útiles aquí?
-¿En el circo?
-Sí.
-Pues hombre, hay algunos alumnos muy aventajlJ,das. D. Juan Pedro Didapp, por ejemdlo. ¡Hace cada

DDIIINGO 14 DE F~BRERO DE 1897

EL MUNDO

plancha? ........ .

EL DANTE EN MEXICO.-Los periodistas en las canastas.

EL DANTE EN MEXICO
VIAJE DE UN REPOR7ER.
(CONTINUA, )

Así reflexionaba cuando llegó á mi oído desconcertado
rumor de aplausos :y gritos:
Dejé el gabinete de Su Majestad y aventurándome,
guiado por los ruidos que á mí llegaban, por un dédalo
de obscuras galerías, me encontré de pronto con el abismo á. mis piés, pero un abismo alegre, ruidoso, lleno de
luz.
Em nada menos que un profundo circo rodeado de ariscas rocas, _en las cuales estaba tallada la gradería.
En la parte más visible levantábase un estrado de madera y frente á él un elevador de grandes proporciones,
por donde bajaban, en gran.des canastas individuos cuyas fisonomías no me eran desconocidas.
Las cabezas asomaban como pidiendo suscripciones
(por lo que se verá después). Al primero que conocí fué á
Don Gregorio Aldasoro, embutido con un cesto con el
duque Juan, barba y todo.
¿Qué tal amigo Don Gregorito?
-Sufriendo la pena negra Fígurese usted que la única distracción quema permiten. es la lectura de los versos de este duque 6 de los recuerdos de la Revolución francésa, obra y gracia de Don Antonio García Cubas ... .. .
A medida que cada ·una de aquellas canastas llegaba á
tierra1 los que la ocupaban, haciendo ·contorsiones y
muecas se desparramaban por la arena, donde una espe•
cie de capataz armado de recio látigo los ordenaba en gru•
pos Y les iba marcando las suertes que les tocaban en
ldem.
El amplio local estaba á. reventar y a,enas si con es-.
fuerzos supremos logré penetrar é instalarme cerca del
palco de honor. Satanás acababa de llegar y acertando á
ver~e tuvo la bondad de llamarme á su lado con un expresivo guiño de rabo.
-Este es un espectáculo de encantadora novedad para
usted-:--me dijo.
-Sin duda-respondí, pero no estoy alln muy al cabo
de lo que se trata. ¿Quiénes son esos individuos que des ·
cienden en amplias canastas y luego cirquéan en la arena?
-Periodistas, hijo.
-¿Periodistas?
-Es claro, debía usted conocerlos en sus contorsiones.
-En efecto, y se les condena ......
-A hacer suertes, equilibrios, chistes, á dar volteretas,
á maromear...... en fin á continuar, más á lo vivo sus ta reas usuales en la tierra.
-Hombre, no me parece mal.. ....
-El castigo es apropiado, ¿verdad?
-Sin duda.
-¿Ve usted á aquel individuo que se empeña en andar
para atrás y en obstruir el paso de los otros?
-Aquel que hace gestos avinagrados?
-El mismo. Pues bien: es un Señor García Torres á
quien debió usted oir nombrar por alhi arriba.
-En efecto, no Die es·desconocido el nombre.
-Aquí se .le considera como el tipo del pesimismo
gubernativo. No crey6 jamás en un gobierno bueno, tenía la monowa.níadel ataque y me cuentan que se combatía así mismo cuando no tenía á quien combatir. Pasó
cincuenta años diciendo á un gobierno lo que lehabfa dicho al anterior, y murió el día que tuvo que convenir en
que había un gobernante aceptable.
-¿Y aquel que después de cada maroma toma carbonato?
-¡Abl Gil Blas ........• ese murió de una indigestión de
faltas de ortografía. Ne lejos verá .usted probablemente á.
un individuo jovencito él, delgadito él, esqueleteadito y
de cara un poco agarbanzada, que prepara el trampolín ..•

-Lo veo en efecto.
-Es un editor de periódico que se indigestó á su vez,
pero de vanidad. A lo que yarece se hat:iía cl~ificado á
sí mismo como gloria nacional y como el público no lo
tomase á lo serio ..... .
-Ya, Ya ...... ¿y mi amigo el de luenga barba que saludaátodos?
-Ese pa.s:6 su vida saludando á. nnos y otros ...... al go bierno y á la Iglesia, al elemento oficial y al clero ...... á
todo el mundo. Fué incoloro y por inofensivo se le con•
denó á una suerte facil.
-Cual?

-¿Promete, verdad?
- Y no sólo promete, cumple á las mil maravillas¡
me he fijado en él para Director de El Urdversal .
-Y de lectores, ¿c6mo anda usted?
-}:ro del todo mal, y eso que no entran aquí los q11e
leen artículos de Torito y versos de Manuel Caballero.
-¡,Por qué?
-Porque esos van al cielo.
A. la saz6n el espectáculo. concluía con la pantomima
acuática desempeñada por varios editores y periodistas
conciliadores y Satanás dejó su palco dando la sefial de
dispersión.

( Continuará.)

EL DANTlt EN Ml!:XICO.-Los periodistas en el circo.

Un ·francés que cita oportunamente un verso latino,
está. muy cerca de la verdad.era felicidad.
Teójüo Gautier.

•••

La 1:1abiduría consiste en da.r á la vida, ya sea moral,
ya física, un poquito menos de lo necesario.
Pérez Gald6s.

•••
Una violenta encefalitis, esa especie de apoplegía de
conocimient.os positivos, que fué el proceso de la educación de C¡¡rlyle y de Mill, d~ Taine y de· Rená.u, es la en fermedad de casi todos los maestros de la filosofía contern por:ínea.
Puul Bourget.

•

Toda pasión sincera es egoísta, lo mismo la pasión intelectual que otra cualquiera.
Paul Bourget.

•••

Mientras ya me dan pena
el oro y los diamantes
envidio esos instantes'
en que van, agachándose en la arena
á coger caracolea dos amantes.
'
¡Cuántas home felices y tranquila.a
pasará de tí enfrente
el que pueda vivir e~rnamente
asomado al balcón de tus pupilas!
CAMPOAMOB.

ti!na belleza italiana.

'ºº

�EL MUNDO

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

eq·1(voco, el General nl'lnd\: ''¡SJamosprudentesl" ylaa
op •raciones si~uier0n adelante.
II ,cía veinte minutos por lo menos que registrabñ.mos
Perdido en el cen1 ro rle la cordillera inaccesible á los
las Psquina.i y los rincone~ del E:1tudio 1 sin éxito, cuan•
hombre!", rl vif'jo vulcJn era el @itio más propio pam cedo P•ltvín tuvo la idea de abrir un enorme armario.
lebrar el 11q1lt'iarn•. 8u enorme crater, apagado desde siEr.1, sombrío y hondo; adelanté el brazo que llevaba la
g\011, paree.a e11tn1r de nueyo en actividad, tan grande
luz y me eché pa.ra atr.ts estnpeíacto; un hombre est,aba
t'ra el rniito q111:: altí metían todl)s aquellos eeres fantást.i~
allí, un hombre vivo que me había mirado.
c1F. reunirlos t•11 npant&lt;si saturnal, con objeto de pracInme1iatamente volví á cerrar el armario con doble
ticar ú. favor de la claridad de la luna misterios hovuelta de llave, y tuvimos otr&lt;.) con...&lt;.ejo.
rrendos.
L'\S opinionef! estabao.. muy dividida&lt;;, Soriol q11erfa.
El conjunto del E&gt;specMculo era indeecriptible, digno
a.hu,nar al ladrón, Potvin quería reducirlo pnr el ham.•
del !neo pincel de Goya; una mast'arada eepeluznante en
bre, y yó propu"!e hacet volar el armario con pólvora.
que fignraOOn vieja1:1 desgrefiadas y lúbricas, al lad•• de
El \'Ot() de P&lt;.)tvin prevaleció, y mientras hach la
hermo.,¡as j.'&gt;Vetwi; en lascivas actitudes de bacantes. Feos
g·tar lia con st1 gnn fu3il, fuimos á. bn'3C 1r los restos del
gnomo!ó'I, barbudos v deformes, retozaban haciendo sonar
p ,nche y nuestras pipas. Luego nos instalamos delante
los ca."cabt-les de sÜs gorroii, en tanto que horribles bru•
U.e la puerta. cerrada y bebimos á la salud del prisionero.
jas, sentarlR.s en cuclillas al rededor de grandes calderos,
Al cabo de media hora Soriol dijo:
llenn-i de filtros y ht:bistmjos abominable@, atizaban las
"Xo importa, pero deseo mucbo verlo de cerca; ¿si nos
hognt&gt;rf!fl .con ~ns dedos flacos, ttrmados de largas uñas
apoderíramos de él por la fuerza?"
encon·adas. :Multitud de sabandijas, á las que se mezcla•
Grité: "Bravo," y cada uno se precipitó sobre sus ar•
han g:thipagos y culebra8, iban arrastrándose pQr entre
Ya el fuego ha muert-0 y• las tres hadas P.e aproximan mas. Ll puerta del armario fué abierta, y Soriol, armanlas pab\1 de monstruos e~trafalario~, parecidos á. los que al caldero; llenas de esperanza. Sacan rlf•l fon,lo al corn· do l'-U pistola que no eq-t;aba cargada, se lanzó el primero.
se ,·en en las g,írgolas de las catedrales góticas, sin que zón, ¡Oh, dolor! ¡está p('trificado! todos los fueg,&gt;s del in·
L~ seguimos aullando. E.3to fué un atropello tremendo
narlie !ó!e cuidase de ellos.
en la osculidad. Y después de cinco minutos de una Ju.
fierno no han podido ablandarlo.
El t-nrnnlto crecía por instantes con la llegada de nne•
Entonces con el pecho lleno de sollozns ~' cnnja,ln de cha estupenda, sacamos á. la luz una. clase de viejo ban
vos asistentes, ansiosos Je ocurrir al S:íbado. Los hechi• lágrima::i los p1rpados, alzan tambien el vnelo: y al lleg.lr dido, lleno de cana.91 a...qq_neroso y harapiento.
cerna y nigromantes volaban por los aires agitando sus á la ctÍspide del cráter, el primer rayo dd sol n·,ci,mte
Le ligamós los pies y las manos y le sentamos en un
negra.&lt;i. alas, semejantes á.enormes murciélagos, y las brn• puso en flUB negros cuerpos un reflejo sombrío como el de sillf,n.
jas cahalgaban sobre pa:os de escoba. En un extremo,
No abrió la br&gt;ca.
las perlas.
rodt'ado de sombraR, alz,íba.&lt;-e el trono rústico de S. M.
Entonces Soriol, penetrado de una borrachera solemRxc.,nno
FERXÁxm:z
GL".ARnr.~.
SaMn, el soberano todopoderoso, cuya silueta siniestra
ne, SP. di rigió á nosotros.
se destacaba indecisa en la penumbra, cubierta la cabe-\·amos á juzgará e~te miserable!.
za por un sombrero empenachado con plumas de gallo
Yo estaba en tal estado de embríaguéz que esta propo•
negro. A su lado estaba su compaíiera, la más joven y
siciím me pareció de lo má.s natural.
hermosa de las brujas, desnuda y coronada de flores sil•
Potvin fué encargado de presentar la defensa. y yo de
vestres.
SOFtener la acusación.
-¡Abracax, abraca:r., abrarax.'-gritó la bn1ja de pronto.
Fue condenado á mnerte por unanimidad de votos,
A eeta. voz todos enloquecen, y llenando el aire con
menos uno, el de su defen.3or.
aullidos frenéticos, se precipitan á adorar al soberano
-Yamos á ejecutarlo, dijo Soriol.
Su compañera le acaricia en medio de la a 1gazara gE&gt;nePero tuvo un escrúpulo:
ral. Hecbo esto comienza el banquete, inmunda orgía
Este hombre no debe morir p.rivad'l de los socorros de
ESCENA DE LA VIDA DE LOS ESTUDIUTES
en que todos se embriagan con un líquido infernal, á. la
la religión; hay que bu&lt;1car un sacerdote.
ll1z vacilante de las antorchas y de los cirios verdes que
Hice la objeción de que era muy tarde; entonces Sol'iol
El ladrón.
hlanden al~unasde las brujas. Todos se aman ein pudor.
me propuso desempefia.r e1 oficio y exbort6 al criminal
l'brios de vmo y de lujuria.-A l banquete sigue la danza;
I
para que se confesase conmigo.
-D~sde el momento que les dtgo que no me ,an mtelas manoe se unen, suenan las flautas y los tamboriles y
El hombre bacía como cinco minutos que meneaba los
todos µarten en una fadndula vertiginorn, vueltas las des á creer!
ojos con el mayor espanto y se preguntaba con quf clase
t·spaldas á SaMn que ee iergne fatídico en el centro, ba•
-}fo importa. ¡Cuenta hombrer
de seres tenía que habérselas. Entonces articuló con voz
-¡Bueno! Pero tengo obligación de m'\nifc-starleR que caverno!:a, quemada por el alcohol: «Ustedes bromean,
ii.ado su velludo cuerpo por el resplandor de· los fuegos,
por encima de los cnales van saltando los danzantes.
mi cuento ~s verídico en toda.~ sns partes, á. pesar de su sin duda!u Pero Soriol le arrodilló á. la fuerza y le dijo:
Llega despuéE:1 la hora de la misa negra y la bruja se inverosimilitud. S61o los estwlia.nte~ no extrañarán,
11Confiésate con este caballero; tu última hora ha soprosterna para que sus ancas sirvan de altar. Ln demo- principalmente los viejos, que han confJridn e:--ti\ época nadoh&gt;
nio se aproxima en adem,ín de oficiante á. consumar el en la cual no dejábamos el cultivo de la br0m:l aun en
Aterrado el viejo bribón se puso á. gritar~ uSocorro!•&gt;
i-acrilegio. La escena es terrible, pero de una belleza sal- las circunstanciR.s más gran!@.
con tal fuerza que tuvimos que ponerle una mordaza pa•
vaje que impone y sobrecoge. Un grito de alarma inte•
El viejo estudiante se puso á. cab:illo encima. de un ta- ra que no despertara al vecindario. Entúnces se revolcó
. rrumpe de improviso la siniestra burla; cesa el bullicio, burete y empezó:
por el euelo, tirando patadas y retorciéndose, derribando
al cmil sucede un momento de espectante ansiedad.
muebles y rompiendo cacharros. Alc.~bo de algunos moII
-¿Quién osa turbar esta fiesta?-pregunta Sati'ín con
Habíamos cen!)do en casa de Snrio1, hny mnerto. el mento3 Soriol 1 perdiendo la. pJ.cicncia, gritó: «Aeabevoz ronca y amenazadora.
más endiablado de todos nosotros. Era.,no~ tres no m.í.s: mOFI!,,
-Señor-responde Ariel, uno de los demonios favori• Soriol, Potvin y yo.
Y apuntando al misera ble, echado por tierra, apret.S
to~,-son t~s hadas negras que desean verte y probar el
Basta decir qne habíamos cenado en ca~'\ de Soriol pa- el gatillo de su pistola, el que cayó c Hl un ruido seco.
alcance de tu poder.
ra quecompt'f'ndan que est:.íbamo!:' ébrios. Pot,·in s..ílo ha. Arrastrado por el ejemplo tiré á. mi ve ✓.: mi fusil, que era
-Tráelas ,t mi presencia.
bfa conservado su juicio, algo turbado pero lúcido toda.• de eslabón, brotó una chispa que mes ,rpri:mdió.
Desaparece Ariel y vueh'e luego con lais tres had11.s que vfn.. ¡Eramos jóvenes en aquel tiempo!
Entonces Potvin pronunció con svleurnidad estas p:1tiemblan de pavor it la vista de cosas. t.an horribles. Ro•
Recost,ados sobre alfombras, disentíamos locamente en labras:
c,¿Tenemos el derech.o de m'\tar á este hombre?,)
dean las gentiles, elfos y gnomos, codiciosos de su be• el pequeñ'l cuarto que daba al estudio.
lleza.
Soriol, estupefacto, contestó: «¡D~sd&lt;J ol momento que
Soriol, de espaldas en el snelo, las nierna~ en nna Rilla,
-J.Quién sois y que pretendéis de mí't-interrogó Satán. hablaba de campaffas, pintabn lns nniformPfi del primer le hemos condenado :í. mnerte!,i
Pero Potvin replicó: 11No se fusilan Jo:, civiles; este de•
-Poderoso monarca de las sombras-re2ponde una de imperio, Y de reoente, lE'lvanMnrlose, descolJ:(l nn uniforellas, la más hermosa,-venos aqui postradas á. tus plantas, me completo de húear del gnmrle arruario dondP. colee. be ser entregado al verd.ugo 1 cond1JZC.Í.1umilo i.t la C.Omisa.en demanda. de una gracia qne no hemos podido obtener rionaba los desnojoR de lo!i ejércitos pasadnq y se lo puso. rfa de Policia.n
El argumento nos pareció conchiyente.
de ninguno de los misterioso3 espíritus del mundo. Pero Luego obligó á Potvin li. vestirse de gÑ\n!\dPro, v como
Levanté al hornbrt!, y como no t&gt;odia caminar, le colotú, cuyo poder es infinito y para cuya volunt..a.d no existen este f'IP, resistía, lo agarntmo!il. y desonés de haherlo &lt;lesobstáculos, has de lograrlo si te mueve á compasión nues• nndado. ]P. encajamos un vestido enorme, en el cual que• qué sobre una tabla de dibujo, sólidamente amarrado y
me lo llevó con la ayuda de Potvin, mientras que Sori~l
tm desgracia. Somos hermanas la tres, nacidas en un dó hundido.
armado hast.'\ los dientes cerraba la ru lr .;ha.
'
mismo día y de uns. misma madre; y aunque ahora ves
Yo mismo me vestí de coracero. v Soriol nO!i hi?.o eje•
Enfrente de la guardia el centinela n')s d&lt;:?tuvo.
nuestros cuerpos negros como el azabache, éramos al na- cutar maninbras v ejercicios cnmolicados. Luego hizoesEl comisario llamado nos reconoció, y com l cada día
cer más blancas que los :pardos. De cien leguas á. la re- t,a nroposición: nYa que eRtamos vestidos como veteranos,
era testigo de nuestras bromas, d1~ nue3trns t&gt;X ;entricida•
donda venían gentes á conocernos, tanta era la fama que bebamos como vetern.noR!•i
.
cundía de nuestra gentileza. Esta fué la causa de la des·
Al efecto, un ponche fué prepararlo v behido. y lneg-o des, de nu~~tros inventos increíbles, se ri.i y rehusó
gracia que nos aflige, porque una hada muy poderosa, ene• por segunda vez la llama ardió sobre la palangana llena nuestro prtstonero.
Soriol insiHtió: entonces el centinela nos ordenó con
miga y rival de nuestra madre, resolvió vengarse de ella, de ron.
severidad
volviéramos á. nuestra casa sin promover esdestruyendo lo que era su mayor orgullo: la singular
De repente Potvin. que qnedab~. ii. peAard"I toilo, duP.hermosura de sus hijas. Vanos fueran todos los cuidados f'io de sí. nos hizo callar: y después de un silencio de al• cándalo.
Nuestra tropa se puso en marcha y volvió .í la sala de
y tiernas solicitudes que se emplearon para sustraernos Jr11noR segnndos, diio á media voz: 11¡Estoyseguro que hay
estudio.
de la maldad de la rencorosa enemiJVl. Un d!a se le pre- a.hmiPn en Pl eflt.nrl.io.u
Pregunté: «¿Q"Jé hacemos del preso?,&gt;
sentó la ocasión que tanto deseaba. Dormía nuestra ma•
Soriol flP ]PvantA como r,nilo y gritó:
Potvin 1 enternecido, aseguró que el p'"&gt;bre hombre dedre sobre la hierba fresca á orillas de un río y nosotras
)):Un
hu'lr6n!
¡QuP
s11ert.P!1•
b(a estar muy cansad): en realidad p1.r~cía a, 1niza.udo
flotábamos sobre una cuna de hojas de nelumbo. eseonY
siguió entonando La Jfarscll,wr.
asíligado, amordazado, a.marrado sobre la tabl:t.
'
d1da en medio de los juncos, cuando sobrevino el hada.
Al amparo del traidor silencio con que se fué aproximan•
l\Ie agobió tambié-n á mi vez, una Lifltima inmensa de
"Aux armes cltorcns!''
do, burló la vigilancia de nuestra madre, la cual no pud'l
borracho, y quitándole la mordaza le 1Jregu11t~;: "l Y cómo
impedir que nos cubriera con un pérfido velo que poseía
Tom6 armas de una panoplia pegada de la pared y nos te va, mi pobre viejo?»
Gimió: 1(Basta. por la. Virgenfo
la virtud de ennegrecer la más cabal blancura. Todos los arm6. ~Pgtln nuestros uniformef.l.
médicos han sido agotados para destruir el maleficio. Los
Entonces S ,riol se volvió paternal; le solt ·1 det&lt;)d 1s la,
Rt&gt;eibí 1,n mosquete- ,. nn sable. Potvin nn · gig,nt.eRco
hábiles encantamientos han fracasado ante su misterioso fnRil con bayone-ta. v Roriol. no encontrando la. qne ne- li~uras., le hi~o sentar1 le tuteó, ypJ.ra. repor1erlo, nos
poder; negras nos hemos queda.do y negras seguiremos cesitab~., se apodPr6 dP una ni~tola. de genrla.rmerfa que pusimos inm~d1atamente á preparar un no ivo ponche.
siendo si tú no lo remedias. Oh, Satán, señor omnipoten- ene:ancho en su cinturón y de una hacha de aborda3e que
El ladrón so3~g1du en su sillón, nos mirab·~. C,rn.ndo el
te de las tinieblas, sé generoso, compadécete de nosotras, a~taba encima d_e su cabeza.
líquido estu\'O á. punto, le alargamos una cop.l y bebimos
y devuélvenos nuestra piel de lirio.
á su salud.
tnPe:O abrió con precaución la. pw•rta del estudio y el
-Accedo á vuestros megos-replicó Satán, y vólvién- ejPrcito entró en el territorio sospechoso.
El preso b~hió tanto como un regimiento, pero como
dose al concurso, añadió con acento imperioso.
Cnando ostnvimoa en la inmPnsR oieza.. nbst,n1ida. &lt;le empe~~ba 1í amanecer, se lev:a~tó y con un aire muy for-Acudid á. -mi voz, negros espíritus de las sombras, cuadros enormeR, de mnebles, de objetos extraños é im• mal d1Jo: ((}!fo veo en la preclSlón de dejaros, porque ten•
bFnjas y hechiceros, gnomos, elfos y lutinos. Obedeced pn:-vistw, ~riol noR dijo:
go que volverá. casa.n
lo q 1e- o~ mnndo. Juntad vuestra ciencia infernal y preXos qnedamos muy afligidos· quisimos detenerlo r.n
")Ie nom hro á. mi mi8mO General. Formnmos Consejo
pa1·.nl uu nitro que á estas hadas devuelva su blancura.
de guerra. ~lÍ, lns rorn,.t&gt;ros, te vas á cort,ar la retirada al poco mis, pero so ex~us0 con C,mot::3Ía.
A este llamamiento del amo1 todos se aproximan en ac- enem:ig-o; es decir. á dar una vuelta á. la llave de la puerEntonces nos apretamos las mano.:1 y Soriol lo n,.ln 'llbró
titud humilde.
con la vela ham.a. el zaguán, gritando al último: ((¡cuiJ.ado
ta: tú, l1JA grn.naderos, vas á servirme de escolta."
-Señor, exclama una bruja. centenaria, horrible v des•
Ejecut:.P el movimiento ordenado, y luego me junté con con el paso de la puerta!n
dentada, el filtro que ha de obrar esa maravilla yo lo .co• _ el !JT'lll80 del ejército que efectuaba un reconocimiento.
IU
nozco, más para hacerlo, se necesitan, entre otras, dos
En el momento que iba á meterme detrás de un gran
Nos reíamos á carcajadas al rededor del autor del cuen•
co~as indispensables: la sangre de un ·recien naciJ.o y el hiombo. estalló un ruido .furin~o. "'fe- Ahnlnnr:o'i llPvAnd"I oo. Se levantó, encendió su cachimba y alladió p!antán·
car.1.1.ón·de un a.varo.
1:1iempre la vela en la mano. Potl;'in arnbaha. deatravesa'r dose enfrente de todos nosotros:
-Yen aquí, Puck-llamó SaMn 1 -t6 1 el más listo de rle un J?"Olpe de bayoneta el pecho dP un m~niquí, al cual
lt
lo mejor de todo es que mi historia es la pura ver•
mis demonios, parte en el acto y traenos lo que esta vie· Roriol descalabraba la cabeza á hachazos. Reconocido el dad. 11
GuY DE MAUPAs.,;;A:-iT.
LAS HADAS NE;GRAS

jn pi te. R')ba IS la madre fe}i,1; sn tierno hijo y r;15&gt;g-1. con
tu puñal el duro pecho del aviH'ü.
Puck, desnparece en una espiral do hnmo. Ante 0 &lt;le un
cuarto de honl vuelve triunfante co11 lo pt'did,1. E 1ton·
ces la vieja prepara los ingwdientes y pronnnci:\ Jo .. conjnros. DdSpués lo echa todo en un caldero y rl•vuulv~ los
tizones para cocinar el .brevajri, m t~culll'l.n lo form \~ cabalístiCM. Brilla la lnmbre y ,co:nienza de nnu,·o Id. ronda infernal en torno de la hoguera. CJ.da vez son má:3
violenta, la.&lt;; llamar11.das; pinos enteros se retuPrcen con
e-stallidos lúgnbres, y la vieja no cesa. dd ntiim.r el fuego.
El cr.l.ter tiembla. de placer como renaciendo!'. nna. 1111ev;\
vida; los diablos mismos admir;m la inten~itlad dt!l in•
cendio y es milagro que no se fundJ. el cahll:lro, que ya
está casi blanco.
-¡El alba, el alba!-exclaman varias D"OCes, y por encanto desaparecen todos. L!\ vieja, ya montada en su escoba. les grita desde muy alt.o:
-Si el corazón del &amp;\'aro ee ha ablandado, el filt.ro es
bueno, y beb.éndole, re~obraréis \'Uestra blancura.

••

4

r

LA.SFRESAS

I
Una mailana de Junio, al abrir las ventanas recibí en
-el rostro una ráfaga de aire fn:-sco. Durante la noche había estallado una violenta tempestad y el cielo azul pa•
recfa·renovado y embellecido tras la furia de la to1•
menta.
Loa techos y los árboles estaban mojados todavía por
la lluvia, y de los jardines inmedia.t.os se exhalaba un
marcado olor á. tierra húmeda.
Vamos, Ninon, exclamé en tono alegre, ponte el sombrero. hija mía.
Ninon batió palmas y acabó de vestirse en diez minu•
tos1 lo cual es muy meritorio, tratándose de nna coqueta.
de veinte afios.
II
¡Cuántos enamorados han paseado eus amores por
aquellos bosques!
Son allí interminables los senderos, y la tierra está cubierta de una alfombra de finísima hierba, sobre la cual
el sol, penetrando por el follaje, lanza vivísimos reflejos
de oro.
Y hay caminos estrechos y sombríos eu los cuales es
preciso estrecharse al pasar, uno contra otro.
Ninon, que había abandonado mi brazo, corría como
una cervatilla, muy satisfecha al sentir en sus tobillos el
cosquilleo de la hierva. Luego volvía ámi lado y se col•
gaba de uno de mis hombros, fatigada y cariñosa.
El bosque se extendía como un mar mfi.nito en el que
se agit.aba un inmenso oleaje de verdor.
-¡ Fresas! ¡Fresas!. .. exclamó Ni non saltando una zan·
ja como una cabra fugitiva y registrando la espesura.

III
Pero no eran fresas, sino fresales Jo que había visto.
Ninon, sin miedo á los insectos, por los que tanto ho•
rror sentia1 paseaba sus manos por entre la hierva, levantando todas la.e hojas y desesperada por no encontrar
en parte alguna el fruto apetecido:
-¡Se nos han adelantado!~jo haciendo un mohín de
despecho.-Busquemos bien y encontraremos algo.
Y nos pusimos á. buscar con una conciencia inrreprochable.
Con el cuerpo inclinado, el cuello extendido y los ojos
fijos en el suelo, íbamos andando despacito, sin proferir
ni una palabra' y olvidados del bosque1 de la sombra, del
silencio y del camino que recorríamos.
No pensábamos más que en fresas.
Recorrímos así más de una legua, encorvados y diva•
gando de izquierda á derecha. Pero no se veía en parte
alguna ni una sola fresa.

IV
Habíamos llegado á un ancho talud sobre el cual caía
de plano el sol. Ninón se acercó á. el, resuelta á. cesar en
sus investigaciones, cuando de pronto lanzó un agudo
grito. Acudí asustado, crey~ndo que se había herido, y la
encontré sentada en el suelo.
-Mira-me dijo sefialándome con el dedounadiminu•
ta fresa del tamaño de un guisante y madura por un só~
Jo lado-cógela.
-No-le contesté sentándome junto á ella-tú la has
encontrado y tú debes cogerla.
-No cógela tú.
Tanto y también me defendí, que Ninón se resolvió á
cortar el tallo con sus uíias. Sin embargo~ después surgió
una nueva dificultad cuando se trató de aecidir cuál de
los dos se comería aquella fresa que tanto nos había cos•
tado encontrar.
Ninón quería que fuese yo el elegido¡ pero me resistí
con entereza. Luego, de concesión, acordamos partir la
fresa en dos.
Ninón se la puso en los labios y me dijo sonrriente:
-Vamos, t6ma tu parte.

111

Así lo hice sin saber á punto fijo si la fresa fué partida
fraternalmen'te. Tampoco sé si llegué á. saborear el delica•
do frllto, por lo bien que me supo la miel del beso de
Ninón.
V
El talud estaba cubierto de fresales pero de freeales de
verdad, la cosecha fué abundante. HS.:bíamos puesto en
el suelo un pañuelo blanco, jurándonos solemnemente
depositar en él toda la fruta, sin probar de ella m un só•
lo bocado~
Después de terminada nuestra. tarea, nos dedicamos á.
buscar un sitio apropósito para almorzar y á. p0cos pasos
de distancia descubrí un precioso nido de ho1arasca.
Dejé el pañuelo en tierra y nos pusimos á admirar la
belleza del paisaje.
Xinón me contemplaba con ojos centellantes, y al ver
reflejado mi carifio en mi mirada, se inclinó hacia mí,
.tendiéndome sus manos con un ademán de adorable
abandono.
El sol brillaba en todo su explendor sobre el follaje,
lanzando reflejos de oro á. nuestros piéa.
Almorzamos al fin; pero cuando buscamos las fresas
para comérnoslas, notamos con gran eetupor que nos ha•
bíamos sentado precisamente sobre el pañuelo que las
contenía.
EMILIO Zou. .

El desprecio es el recurso del os paruenu.R, de los preten·
siosos, de los feos iraciosos y de los tontos; la máscara
bajo la cual se abriga la nulidad y algunas veces la vileza, y que dispensa de todo talento, juicio y bondad.
A.Li,-o:sso

DAUDEJ'.

LAS TRES HA.DAS

Todas las hada~ habfanse reunido alrededor de la
cuna ..... .
. El padre y la madre escuchaban enternecidos y silenciosos.
-Nin.o-dijo una de ellas-tú serás apuesto, hermoso,
gallardo. ¡t-;erás héroe! Cefl.irá tu frente doble corona de
oro y laurel. A tu presencia estallará en _entusiasmo la
multitud. Innumerables admiradores seguid.u el carro
de tus triunfos. Harás reír y llorar, provocarás en el af•
ma de los pueblos ya la ternura, ya el espanto. Desga•
rrarán los poetas sus perlas á tus pies. Acordarán los
mtlsicos sus lires para cantar tus alabanzas. Serás amado por cien heroínas ......... El pw1al y el veneno no po·
drán nada contra tí; tu renombre salvará Océano y mon•
tañas .
La madre cayó de rodillas dando gracias á las hadas;
pero la puerta abrióse de pronto y apareció el hada de las
glorias eternas.
-No puedo-dijo-compartir ese agradecimiento. )le
habéis Olvidado, y en castigo, he aquí mi predicción:
Las coronas de oro serán de cartón; reirá, amará, llorará.¡ pero á voluntad de otro. Los que le aclamen, rehusarán luego su íntima estimación. El pueblo, del cual
será ídolo, lo romped un día en cien pedazos ó lo encadenará al carro del nuevo triunfador. Las coronas ele
laurel SP cambiarán en coronas de siemprevivas, y morint en el olvido y pasará. sin deJar huella.
-¿Qué será entonces mi hijo?-gritóel padre aterrado.
-8erá cómico.
Pero el hada de la muerte se apreeuró á exclamar
-'No te importe. niño infeliz; yo t;e vengaré ... ... Des•
pués de tu muerte yo me valdré de tu recuerdo para ha.•
cer difíciles los Primeros p_asos de cualquier otro artieta.
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un peso por las de '500 y. fU?s_pesos por las de $1,000.

Es un mar de pizarra, con una multitud de florecimientos de nieve¡ es un mar gris oscuro, en mil puntos
en donde estallan copos de espuma,
Chente Quiroz me llamó poeta niílo.
No me subleva el adjetivo. Victor Hugoda ese nombre
al formidable ancianQ Homero.
Pero en el Océano me siento·· nifio. Siento siempre
aquella primera impresión de las potentes aguas inmen•
sas. Siento io q'Q,e tan admirabiemente expresó Pierre
LotL Me miró chico y pobre ante tanta grandeza y tan•
ta riqueza. Una onda me canta la Pterna canción de la
espersnza1 y otra me repite la salmodia misteriosa de la
muerte.
Me acuerdo de los tristes poetas, de los p,ílidos soñadores. Me acuerdo de los que van sobre el mar 1 de los
que tienen su pensamiento y su corazón expuest.os á los
golpes del ala de la tempestad ..... .
Allá va una nube. ¿A dónde va? Es caprichosa como
una mujer. Son tres hermanas: la mujer, la onda y la
nube. A la primera la increpó el Padre Eterno; á. la sesegunda el poeta Shakespeare. La tercera, es la polifonne
errabunda de la región azul.
Se mueve como el corazón esta gran miíquioaque arras•
tra el navío. Es un organismo esta casa flotante. Tiene
aorta, nervios, pulmones: yalláenloalto del mástil, la
bandera de las estrellas, la bandera dela Libertad.
¡Bendito ~eael Dios de los errantes, la Providencia de
los viajeros!
¡Bendito sea El que manda it Tobías el arcángel, á Colón los líquenes de América, á Dante la soberana figura
del dulce Virgilio!
RUBÉN DABfr;,.

-

LAIT ANTtPBÉ.LJQIJI: -

LA LECHE ANTEFÉL
pura 6

mezclada con aguil,

dial

PECAS, LEN'TEJAS,TEZABOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARBOS
A.fl,B.UGA.B PRECOCES

EFLORESCENCU.B
ROJECES
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~oleúti•~

Eatreñh:nlento,
3uqoeoa,
lestar, Plladet: gúfrlll.
Conge■tlone•

radoa 6 prevei.idoe.
tofo adjuto ea -6 oobu)
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El Dante en México</name>
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Industria Nacional.--Vistas de algunos departamentos de la Gran Destilería de Alcoholes ••La Casa Colorada."

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§
6--

•

�EL MUNDO

114

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
TelHono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se re1acion.e con 1 la Reiacción, debe ser dirigida al
• Director, Lic. R.af"ael Reyes Spindola.
Toda 'la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
.
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.2ó centavos al
JIJ4:?B, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
T o do pag o debe ser precisamente adelantado.
. RÉGIBI'RADO COMO ARTÍCUW DE SEGUNDA CLASE.
~~~

tto-ta, ellitttrhtle,.
fa alimentación g d trabajo.
Se ha puesto en esto~ días al debate un viejo tema,
siempre de interés pSlpitante: la escasa alimentación de
nuestras clases populares. Reveladoras estadf.sticas han
demostrado que existe un desnivel notable entre la suma de sustancias nutritivas de que dispone la población
de la Repóblica y el esfuerzo reclamado de un pueblo
q•e pretende alcanzar un cierto grado superior en el desarrollo de su riquez:.. póblica.
Los pueblos trabajadores son losqµe poseen una nutrición completa y el nuestro no se encuentra en este caso.
Así, para no referirnos sino á la ciudad de México, vemos que el consumo de carne no 11ega á, cinco onzas por
habitante, promedio muy lejos de ser satisfactorio.
Observaciones prácticás hechas en las fábricas, han
comprobado que el obrero que mayor cantidad de labor
arroja es el mejor alimentadQ, y que así como en algunas
naciones del viejo mundo hay una relaC'-ión constante entre el precio del trigo y el número de defunciones, de
igual modo existe un enlace de causa á efecto entre la nutrición y el trabajo.
Este problema de la poca energía del trabajo nacional
será una de las rémoras con que ha de tropezar siempre
nuestro problema econórilico. Necesitamos fortificar esta
red de nervios lacios de nuestro organismo social.·
Es hecho que llama la atención de los modernos sociólogos cómo el trab.:i.jo de ciertos pueblos y de ciertas razas ofrecía proporción superior en el periodo de la esclavitud que en la époM moderna d9 la libartad de las contrataciones. El pueblo.que const.ruyú las pirámides yace .~n un sopor de eiglo:3, no siendo ya estimulado por el
látigo.de los faraonee.
As·usta verdaderamente la magnitud de tal obra, cuando se piensa de que dos mil hombres fueron empleados
durante tres años eti trasportar una sola"piedra de E lefanfantina á Sais (Herod.oto), y que paraedificaruna pirámide fué necesario el esfuerzo de 360, 000 hombres en el espacio de 20 años (Diódoro de Sicilia ).
Pero en aquellos tiempos el trabajo humano era derrochado insustancialmente, con locas prodigalidades; mientras que en la época moderna, cada unidad humana es
economizada prq.dentemente. El hombre se ahorra la
actividad vital no se desparrama en disparatadas em~resas. Cada existencia tiene su c,uenta corriente abierta én
las fuerzas activas de la creación, y la suma anotada en
el Haber de sus funciones musculares ó intelectuales, tiene su contrapartida en el Debe de la reparación de las
fuerzas perdidas en ·l a tarea general.
Lo que el trabajo impuesto arrojaba con estériles .mcrificios de vidas, la civilización lo realiza en virtud de
la ley de _la economía de la naturateza, que quiere que
las espe~1es no puedan desempeñar las funciones que les
están asignadas, síno bajo la condición de conservarse y
multiplicarse, según una frase de Molinari.
En tanto que una reparación vigorosa no fortifique la
extrema debilidad fisiológica de nuestras clases ¡ n ferio•
res-es decir: en tanto que la alimentación sea como has•
ta hoy deficiente-la total adición del trabajo de la Re~ública, se arrastrará penosamente aplastada, á semeJanza de las víctimas fanáticas del Indostán por el carro
del ídolo deJagrehnat, por el p_oderoso motor de nuestro
progreso.

1~

1
1

'

fas nlarioncs rnmcrrialrs mire .ffiffiro q Jog
l!tslabog Hnibos.
Ya se han iniciado en la vecina Rep_ú blica las reformas arancelarias que el triunfo dél partido proteccionista habría necesariamente de traer consigo. Hasta ahora
las dos cuotas que de algún modo pueden afectar á nues•

tra producción nacional, eon laR que se se refieren á las
frutas y elganado. En cambio, los nuevos derechos que
se anuncian á los minerales no harían otra cosa @ino
alentará los industriales americanos dispuestos á fiiar su
residencia en nuestro país.
Como hemos dicho ya en otra ocasión, al prepararse la
lucha electoral en los Estados Unidos, la situación de
M€xico es bastante ventajosa "()ara ser influenciada por el
triunfo de cualquiera de los dos partidos que se disputaron el poder, y no es hacia este lado ciertamente por
donde se descubre peligro alguno para nuestras finanzas
nacionales.
Se ha hecho observar en estos días que la tarifa Mac
Kinley, vigente en 189t, no afectó al tráfico entre los dos
países, y solamente &lt;lió por resultado la creación de industrias nuevas, que han aumentado por notable modo
la suma de nuestra rique1a pública.
En la tarifa americanade 1891 quedaron libres de derechos los siguientes productos de exportación mexicana
á los Estados Unidos: café", henequén, cueros, fibra y hu•
les, que forman la base de nueftros envíos á la República del Norte. ¿~fodificará el actual Presidente su &amp;nterior políticaeconómica?
A juzgar por las reformas que nos anuncia la prensa del
otro lado del Bravo, el movimiento proteccionista será
detenido en sus avances por laopínión popular que en la
última campaña del sistema se mostró muy descontenta
por el enorme aumento que habían sufrido las mercan•
cías destinadas á satisfacer las primeras necesidades. No
es de ~reerse, por este motivo, que la administración que
debe inaugurar sus funciones el mes de Mar¿o próximo,
extreme la nota de.su programa fiscal.
Por otra parte, el sostenimiento del talón oro, seguirá
proporcionando á nuestros exportadores una buena pri ma-suerte de proteccionismo creado por los países que
han adoptado el metal amarillo-en favor de los Estados
de moneda de plata.
Las próxiroas sesiones del Congreso Americano nos dirán ¿entro de breve espacio de tiempo, si nos equivocamos.

lllttlítica &lt;Thtneral.
RESUMEN.-La r evol u c lón d e Creta. -lmpaci enc ia d e
los cristian o s y c rueldades de l o s t u r cos.-Et Rey
J o rge y sus nobles am b i ci ones. -La paz e urope a y
las disidenci as de l o s g a bin etes. -Pri ncipi os del
fin en el Imper io Otoman o . -Concl usi6n .

Pacieatemente esperaron los habitantes cristianos de
la isla de Creta las prometidas reformas que las potencias
europeas habían impuesto á la Sublime Puerta, para hacer cesar el estado de excitación y de anarquía en que por
largos meses se agitaron el año pasado. Las hondas heri•
das que abrió la cimitarra musulmana se iban cicatrizando; los pechos se dilataban con la risueña esperanza de
mejores díM-; la,g madres sin ventura secaban el llanto de
SUB ojos, y todos sonreían al halago de un hermoso porveQ.ir, libre de sombras y salpicado de arreboles, aunque
fuera bajo el yugo otomano que no habían logrado sacudir, pero que haría mis suave el manifiesto amparo de los
árbitros de Europa.
¡Vana ilusión é inútil esperanza! En medio de la gene ral espectación queansía el remedio á los males tradicionales que aqui:!jan á 103 súbrlitos cristianos del Sultá.n,
estalla un u nevo motín, forjado probablemente en las antesalas de palacio, ó engendrado en el tenebroso corazón
d"el tres veces pérfido Abdul-H::i.mid, y la sangre vuelve
á correr á torrentes, y el fanat.ismo turco y la crueldad
salva.e de la soldadesca vuelven :i regar de· cadáveres las
calles de Canea, y la infeliz Creta se retuerce en las convulsiones del martirio á que la sujetan sus infames verdugos.
¿A. dónde volver los angustiados ojos, si la civilización
cristiana permanece indiferente y muda ante esas escenas de horror y de matan?.a? ¿:í quién pedir auxilio cuan•
do se ha visto que no bastan 1as manifestaciones platónicas ni las protestas pacificas, para desarmar el br.1zo del
fiero otomano que hiere de muerte al infeliz arm enio?
¿dónde encontrar '.\mparo contra las hordas desenc.ide nadas de fanáticos que no conocen freno ni obedecen au .
toridad, ó son el ciego instrumento de los que mandan? ..... .

La sangre helénica hierve y acude "por sus fueros, los'
cretenses se levantan en armas contra sus enemia-os devuelven golpe por golpe, :t su-3 inícuos opresores, ºy fa' isla arde presa de general conflagración .

DOMINGO

21

OE FEBRERO DE 1897

Desde la cumbre del monte Ida, tumba ciclópea del di..
vino Hércules, se descubren las playa9 del Peloponeso,
se alcanzan á ver las costas griegas, y allí se agitan bra-zos fratefnales preparados á recibirlos; la insurrección
estalla, se proclama la indo?pendencia del dominio turco,
y en los campos y en las ciudades se habla de anexión al •
reino de los helenos. El rey Jorge ha escuchado sus clamores: lo que no han podido las grandes naciones que •
tienen la omnipotencia de la foerza, porqne el odio las
a.parta, y las rivalidades las dividen y los recelos las .
alejan, lo hace eJ soberano de un pa(s pequeño, lo inteii·
ta un príncipe que no ha mucho congregaba á loa pueblos•
para rocordar las glorias·inmarcesibles del eterno helenismo, por más que comprenda que la vida autonómica
de su reino depende de la magnanimidad de los poderosos, y apoya abierta y dtcididamente á los insurrectos •
cretenses, tratando de engarzar un nuevo y ,brillante
florón en su corona.

•••

Mas ¡ay! que si en su noble ambición e1 rey de Grecia se lanza á nuevM y atrevidas aventuras; no ve el abis•
moque se abre á sus pies; no ve que puede dar ocasión,,
á la temida guerra continental, y que al arrancar el primer gir6n del suelo otomano, amenazado de próximo é
inevitable repartimiento, despierta codicias dormidas,
"Oncupiscencias ocultas, que han. de oponerse á sus designios; pues ni se han puesto de acuerdo antes para el
descuartizamiento del suelo turco, nis~ han consul'tadolos intereses de los poderosos, pendientes de solución en
el viejo conflicto oriental, semillero d~ discordias y locode z~zobras continu.:1.s para loe gabinetes euro~oe.
Es verJa-l que Grecia parece alentada por _la Gran
Bretaña, y que no se puede comprender que so1a y aislada, contando con sus débiles escasas fuerzas, se atre- ·
viera por sí misma á intentar lo que ha menester del con curso de t0dos para lograrlo; es cierto que debe poseer·
algún fuerte apoyo para pretender romper á viva fuerza.
el tratado de B.~rlín que garantiza la integridad de Turquía; pero no ha ba.stado ese apoyo oculto ni esa simpatía manifiesta.
Si el golpe de audacia no ha llegado hasta el extremode provocar abierta guerra entre el reino helénico y el
imperio caduco de los Califas, es porque á tiempo las potencias han tomado pose'3ión de las ciudades principales,.
mientras las tropas enviadas por el rey Jorge desembar-caban y se apoderaban d-" los campos de Creta. Hubieran,
dejado á los contendientes abandonados á sus impulsos.
y ya la Tesalia hubiera sido invadida, pero también loaEstados Balcánicos, prestos ,t sacudir el yugo musulmán,
se hubieran levantado en armas y habrían dado nuevo
motivo-y ocasión a.l general di:3turbio.

•••

La revolución cretense viene á poner una vez tná.s demanifiesto, no las crueldades legendarias y pro~erbialesde1 Sultán, no su perfidia y mala fe de todos conocida, no _
sus maquinaciones torpes y sus astucias groseras para esquivar sus compromisos, si no l"a dificultad invenciblelas más veces que hay para que se pongan de acuerdo las
naciones poderosas del continente europeo1 siquier se trate de volver por los fueros de la civilización cristiana, villanamente hollado:. por los turcos, ó de apresurar la hora en que deaaparezca del mapa esa mancha que se llama.
el otomano Imperio, baldón infamante de la moderna
cultura.
Por un momento pudo creere-e que la chispa que brotaba en Creta, y que atizaba abiertamente Grecia y á hurtadillas como siempre la Gran Bretaña, incendiaría la
Europa en llama abrasadora, y al fin presenciaríamos Ja.
temida guerra _continental anunciada para la primavera
del pre~ente ano. Af?rtnnadamente para la cauea de la.
humamdad no ha ~ido así, y el sólo hecho de haberseabrogado las P?t.E:ncias el derecho de resol;ver el contlicto,
coa el consent1~uento del gobierno turco que se deja lle-var por su fatahsmo mahometano, es 1;1renda segura de·
paz.
Ya se habla de autonomfa concedida á Creta por unos,
ya se murmura "le aceptación de hechos consumados á ,
pesar de que aun no se llevan á cabo; ya se sabe de p~otesta~. de Inglaterra oponiéndose al bloqoeo de los puertos griegos que proponía Alemania, y al fin sucetlerd que
contra todos lo_'!! t~ados, com9 la RumelÍa Oriental se-s~gó hace diez ano.11 para um_rae al principado de Bulgaria, tendrá:n al fin q1;1e sancionar lo¡ signatarios del1
pacto de Berlrn la aneXLón de Creta al reino helénico.
:Un paso_ más Y~ COfflmma el anhelado desmembram1~nto, s1 Francia. acepta la ocupación británica del·
Egipto, :y no_ hay q111e1:1 se oponga á que el estandarte dell
ágmla b1cíp1_te de Rusia flote orguUoao , sobre la BasHi.ca..
de Santa Soha.
X.X. X.
18 de Febrero de 189,.

EL IDEAL DE LA MUJER EN LOS DIVERSOS PUEBLOS

Según el clima, la raza, la educación y las constituciones de cada pueblo, la mujer se forma del hombre un
ideal diferente y lo acaricia é incuba, hasta que puede 6
-oree poder realizarlo. Ama ó aborrece, se entrega ó des•
defia, se casa ó se condena al celibato, según que encuentra al paso ese tipo supremo, que en sus ensueños se ha
forjado, ó que no tropieza sino con adoradores que chocan con él ó lo contradicen.
La mujer americana es el más viril de todos los tipos
íemeninos. Sedienta de libertad é independencia¡ refractaria á las esclavitudes del hogar; anhelante de los dereGhos y funciones políticas; tendenciosa al trabajo persona.} y al ejercicio de lM profesiones que el hombre ha
querido reservarse; su idea es análoga á. los ideales masculinos, SUB aspiraciones, las aspiraciones de hombres; sus
prefe..-enc!as, las preferencias varoniles. De ahí que profefi!6 el culto de la fuerza y del éxito; de la fuerza económica representada por la riqueza, de la política representada
por la posición social; de la fuerza física, representada
por la estatura a1&lt;entajada, 1a estructura atlética, la salud y la exhuberancia de la vida en general y del trabajo
en particular. Pocas mujeres como la americana, gozarán
con ios espectáculos atléticos y los ejercicioi exportivos;
pocas también se alucinarán á. ~nto extremo con los
títulos nobiliarios y académicos ó militares y con 1as condecoraciones de sus pretendientes, manifestaciones todas de fuerza personaló social, más ó menos real. Una
caricatura típica representa á una millonaria yankee en
busca de m_arído. ¿Qué le exige? ¿amor? ¿virtudes? ¿sumisión? ¿ternura? ¿b!;!lleza? No¡ le exige una proeza, un
tour de force, una hazaii.a especial. Los pretendientes ponen manos ,t la obra: el uno inventa la navegación aérea,
el otro un buque submarino, el de más allá. da la vuelta
al mundo en cuatro pies. La divina yankee no se muestra eatisfecha, é imponeú como condición ltirna paracon~
ceder su mano, el obtener pronto y bien la comunicación en el teléfono. Los heroicos aspirantes se retiran
desalentados ante el imposible que de ellos se exige. A
parte de la fisga á Jas sefioritas de la Oficina Central, la
caticattira pinta todo un estado de alma y todo un fondo
de carácter. Para conquistará una americana, es neceeario ser alto, robusto, colorado, sano; es preciso además
ostentar un título nobiliario 6 social¡ ser mayor cuando
menos, ya que no conde ó marqués; es iadiepensable invocar una hazaña cualquiera, un ayuno de cuarenta. días,
un viaje al polo, un golpe de bolsa, una función pública
elevada. Y ;ay de aquel que se arroje á sus pies palido,
moribundo, extenuado.de amor! puede estar cierto de ser
desairado y basta deepediio. Más probabilidades tienen
de éxito Fitzsymonds, auDque burdo, 6 Roberto Lee,
aunque ancian"O, que todos los Romeos y todos los llarius
de la tierra. Esto no impide que sean las esposas más
fieles y abnegadas que pueden darse.
La mujer inglesa, como tambien el inglés, buscan ante
todo y sobre todo la corrección. Una juventud arreglada,
u.na vida laboriosa y metodizada, la consagración de la
existencia á un fin'noble y útil, modales y continentes
irreprochables, tales son las dotes que e:x:ije á su esposo
y tales las cualidades que impone á sus pretendientes.
Los espasmos, las expansiones, los gritos, los gemidos, la
melena hirsuta, el traje desarreglado, la ociosidad ó el desaseo fracasan invariable é inevitablemente ante una inglesa. Quiere que la amen de un modo tranquilo y apacible, prevee las exigencias del hogar, sueña con él y as·
pira á él y busca la forma de las manifestaciones del afecto compatibles con la fundación de una familia, y con la
educación de los hijos; huye, por consiguiente, de todo
·1• excesivo, de todo lo teatral, de todo lo trágico; quiere,
en suma, un jefe para la familia y no un galán joven para el escenario. Lady Byron, inglesa, jamáa entendió á su
marido ni pudo vivir con él, y la condesa Guiccioli pudo
soportarlo y fué feliz á su lado entre los gritos trágicos y
las crisis nerviosas, que el uno y Ja otra se procuraban,
y se hacían mutuamente lanzar. La conquista de una inglesa supone cualidades y medios peculiares, circunspección, modera~ión, corrección, y hasta algo de respetuosa timidez. El matrimonio inglés es monótono:y serio,
pel"Q....idealmente feliz, y fecundo .
En Italia, las cosas pasan de otro modo. La italiana ea
ardiente, tumultuosa, apasionada. Tiene en :el espíritu
un declive acentuado hacia lo trágico. Ama y quiere ser
amada entre torrentes de lágrimae y explosiones de ira.

115

EL MUNDO

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

Es celosa hasta la locura, riñe _c on su amante y con su
marido¡. buscaén ellos antes adversarios que compafieros.
El tipo físico preferible para ella es e_l del condollieri 6 el
del contrabandista. Ojos negros como la noche, cabellera
selvática, traje descuidado y rico; nada le importa que
su preferido lleve negras las uñas, si con ellas puede desgarrará su enemigo; cuando está á su lado, disimulada·
mente le busca el puñal en la cintura, como buscan las
ingle~s laorquideaen el ojal del frac de sus prometidos.
A la italiana se la conquista como á u na fortaleza, por
asalto. U na audacia la encanta, el peligro la atrae, la
contrariedad, la estimula. Hay que pasar sobre las resistencias de la familia, sobre los celos de los rivales, sobre
las convencione3 sociale3 y enamorarla tocando safarrancho, á tambor batiente y bimdera desp lega.da. El matrimonio italiano es turbulento, accidentado y extraña los
atractivos y 103 gocas de tolo lo pintoresco.
La francesa es en materia de amor es esclava del buen
gusto y del qué dir,ín. Generalmente no escoge su marido;
se lo escogen sus padres. Pero para amar á un hombre lo
primero, lo principal, casi lo único que le exige, es que
no sea ridlCulo. La cualidad que las domina, que las
subyuga, es el sprit¡ es el buen gusto del talento. Elegan~
cia en la persona y los modales, aventuras de juventud
finM, discretas y de buen tono; posición social visible
dentro del buen mundo, son atributos indispensahles pa•
ra seducirla. Ya casada y madre de uno 6 dos hijos, vive
sin cuidarse de su esposo, como él sin cuidarsese de ella,
y &amp;iguen siendo dichosos si el marido observa las buenas
formas y delante del público la trata con finura y distinción.
~ Para conquistará una mujer mexica:na se necesita saber inspirarle compasión. Es fuerza aparentar sufrimiento físico ó moral, aparecer desgraciado ó perseguido, presentarse á sus ojos como buscando protección y amparo.
Los aires de conquistador le repugnan, las suficiencias
de fatuo le chocan, le. ostentación de poder, de riqueza,
de fuerza en cualquiera de sus formas, la dejan fría. La
mujer mexicana comienza á amar en cuanto empieza á
consofar; la forma fnndamenta.l de sus afectos es la termua; una lágrima es para ella mál!l elocuente que un poema; hay que suplicar, que~mplorar compasión, que l)Cdir
gracia. Los fanfarrones, los vanidosos, los fatuos, fracasan y sorprende á cada paso ver á mexicanas bellas y vigorosas como Juno, casadas con seres enfermizos ·y enclenques; á herederas ricas como cresas unidM á escribientes de juzgado menor; á aristócratas intransigentes
fundando hogares con bohemios y advenedizos. Y es que
la mujer mexicana nació para madre y es el modelo de '
las madres; que es toda abnegación, sacrificio, martirio;
que sólo aspira á proteger al debil, á, amparar al desvalido, á consolar al desgraciado y que es una síntesis de las
más altas y excelsas virtudes femeninas.
Por eso no hay madres ni esposas como las mexicanas
ni hogares má3 tranquilos y felices que los nuestros.
DR.

M.

FLORES.

Febrero de 1897.

No se habla jamás tanto de cuestiones coloniales como cuanao se las ignora.
, Eugenio Etienne.

**•

En el curso de los destinos humano.s, el caracteres de
mayor peso que el ingenio y la tenacidad del genio.
Andrés Lebon.

•••

Para colonizar, no Vasta tener el suelo, el fierro y el
oro, se necesita cabeza, corazón y brazos.
Un Africano.

•

**

Un pueblo que trabaja, con las funciones públicas y
las pone á su fa.vo:c.en.almoneda,.. no merece Bel' lib.re.
G. B_oi$sier.

*
**

Se necesita ser religioso para cambiar de religión.
Conde~n Diu.ru.1 .

Sección clentifica y recreativa.
He aquí la lista de loShombres públicos más notables
que han sido asesinados durante el presente sigla: el Czar
Pablo en 1801 ¡ el Sultán Selim III en 1808; el Presidente Kapodistias, de Greccia, en 1831; el Duque Carloe de
Parma, en 185-1; el Presidente Salnade, de Haytí, en 1860;
el Presidente Lincoln. en 1865; el Príncepe Obenowich,
de Servia, en 1868; el Príncipe García Moreno, del Ecuador, en 1875; el Sultán Abdul AsisChan, en 1876; el Pre·
sidente Gardfi.eld, en 1881; el Czar Alejando II, en 1881;
el Presidente Carnot, en 189-1 y el Shahde Persiaen·1896.
-Asegura un filósofo, que la materia no es más que
energ:ía mental convertida en masas susceptibl¿s de ser
percibidas por loe sentidos, así como el agua es el resul
tado de la mezcla de gases invisibles.
-La planta del Espíritu Santo ó peristtria ala.ta, es wia
planta originaria de Centro--América. El tallo de la flor
tieue de 5 á 6 pies de alto y en su extremo superior tiene
numerosas flores blancas y fragantes de figura de Tuli_panes y que se asemeja~ á pak1mas con las alas extendidas.
-Se da el término genérico de humus á una agrupación de sustancias muy aliadas entre sí que forman l:t
materia orgánica del suelo. El color del humus varia en•
tre gris amarillento y negro, y contiene principa1men1e
carbono, hidrógeno y oxígeno. Su cualidad principal
consiste en poder fijar la armonía que resulta de la des·
composición de las materias vegetales.
-La tinta de China se fabrica de hollín del humo de
sesame mezclado con goma animal; tambien cont,iene un
2 p8 de alcanfor quemado y una pequeña cantidad de
perfnmPt.
-Desde el punto de vista comercial los únicos páíses
que produ.cen el añil son la India inglesa y la América
Central. El distrito de la principal producción en la India es el de Bengala, cuya coseeha no baja de 80,000 quintales al año. El añil puro es de un color azul obscuro, casi purpurino. Su gravedad especifica e~ cerca de 1.50. E3
insoluble en el agua. Cuando se restrieg~ algun 1. suhs•
tancia dura con un cubito de añil, deja una huella bri~
llante color de cobre. No tiene olor ni sabe&gt;r.
-El metal 11amado Indium fué dr::scubierto en 1863, por
Reichter y Reich. Se encuentra en el chistNfüa de S.1jonia y en Maine. Puede también prep:-1.rar.ie con el zinc
crudo por medio del ácido nítricj y am )nia. Su peso
atómico es, de 113,6, Su gravedad específica es de 7,421.
Se derrite á los 349° F. El indium tiene un lustre de plata azulado y parecido al plomo, el cual se· asemeja también en suavidad y ductilidad.
-La Ravenala de "Madagascar se conoce también con
el nomb~ del arbol del viajero. E3 una planta del orden
de las musaceM y difiere. del plátano común en la circunstancia ie qne las hojas, que tienen de 10 á 1-! pies de
largo, sólo crecen en dos Hneas opuest9.s del tronco for mando un ab'l.nico gigantesco. El tallo de las hojas c0ntiene, en toda época del año,_mis de dos libras de agua
pura y agradable, de suerte que donde quiera que crecela Ravenala no hay peligro de padecer de sed, por árido
y seco une sea el terreno.
-C,:mstantinopla tiene una población de 680,000 habi•
tantes.
-La. primera miquina de escribir fué Rogistrada en la
oficina de patentes de W áshington en 1858.

L'l- isla del Halcón, en el grupo de Tonga, ha estado
jugando escondite con los exploradores ingle~e s y franceses desde 1889. Algtrnas veces aparece sobre el mar cu~
bierta de verdura, con costaselevada'3 y bien definidas y
á los pocos años se hunde, sin dejar el menor rastro tras
de sí. En otras ocasiones asoma solamente la punta de
una roca sobre 1~ que se estrellan las olas y derepente
vuelve á aparecer en to:lo su esplendor, vestida de arbustos y de flores.
El pueblo de los Estados Unidos emplea 900,000 personas en el servicio de sus 1,890 ferrocarriles. Este ej¿rcito de la paz es igual al ejército permanente de A.lt-mnnia. Según datos exactos, en-1890, esos ferrocarriles tr:tsportaron 600 millones de pasajeros y 800 millones de toneladas de carga.
Teóricamente hablando, todos los súbditos ingleF@".
e.at.á.n..Qbligados á servir de verdugos, siJuesen llamri&lt;l•·~
al efecto por la autoridad correspondiente. El sueldo d, ·
que disfrutarían es de una libra esterlina á fa Ff'-mMHjl,
con el aditamento de dos libras esle¡lina deepués de rn~a
ejecución.

�,
DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

EL MUNDO

116

Generaljuan Manuel Flores, Gobernador de Durango.

Ingeniero José N. Rovirosa.

UN ALMUERZO CON CASTELAR

D¿sde que he sabido que la admiración franca é ingenua es de mal gusto, y que la señora de Lockroy se reía
con todas ganas de los que llegaban á casa de Victor Hugo temblando del sagrado terror del dios, tengo ya mncho cuidado en enfrenar mis nervios, y suelo hacér ti. los
grandes hombres ,t quienes con placer besaría la mano y
daría un fuerte abrazo, saludos bastante correctos. Castelar ...... ¡cómo sallaba yo, desde el principio de mi ju,ventud, en llegar á ver aigún día la faz del hombre de la
maravillosa lengua! Oírle, mirar los vivos ojos suyos·
bajo la gran fretite y sobre los · grandes bigotes que la~

ilustraciones han multip:icado por todos lo~ puntos del
m1M1do: esa era la esperanza que alguna vez debía cumplirse.
Venir á España á. no conocer la Alhambra, y el Museo
de Pinturas ...... y á Castelar, es no venir á Esi;&gt;aña. Hay
que ver á. este pontífice, y hacerle la reverencia y oír el
acento de esa voz que ha resonado por toda la tierra. A
Ja verdad no íué poca fa impresión que sentí cuando, al
llegará mi fonda ayer mañana, encontré una esquela, de
letra que me era muy conocida, y que decía así:
&lt;(Mi querido Darío: tengo encargo del Señor Castelar
para invitará u•ted á que vaya mañana eábado, á las do ce y media, Serrano 40. Le he dicho que yo no puedo
acompañará usted, pues me resiento del reuma.-Su
constante admirador y buen amigo,-R DE C:.\.MPOAMOR.
Con gran sentimiento de no tener la honrosa: compafüa del ilustre poeta y bondadoso amigo, fuí puntual á la
cita. A las doce y media subía las escaleras que condu·
&lt;:en á la morada del monarca iutelectual. Soy franco en
decir que al ve1 de pronto en la puerta, sonriente, afable,
á Castelar, que me tendía la mano, me poseyó la emoción
aquella de Ileine delante de Grethe, y de Amicis delante
de Víctor IIugo; y mi saludo fué quiza suficientemente
correcto. Al~o extrahumano estaba delante de mí; veía
por fin al divmo parlante, al mago rey de la oratoria.
:Felizmente eetaba cerca de él un Diputado liberal, de
barba grie, mortal como yo, y hubo la presentación del
caso, durante la cual mi ánimo se calmó y pude contemplar el genio con tranquilidad.
Deseo á las personas de mi cariño, en especial á mis colegas que hacen versos simbólicos y son nerviosos y vehementes, que cuando hagan sus visitas á los hombres
gloriosos que conmueven, se encuentren siempre con diputados liberales de barbas grises.
Muerto Víctor llugo, - Carlo Magno, Emperador de la
barba florida!-no hay testa coronada que el mundo- admire más: Castelar es de aquellos predilectos cuya sombra alcanza á toda la tierra.
Famas de poderosas alas y largos clarines, han sido las
badasde su cuna. Su nombre y sus victorias se han es•
crito en todas las lenguas. Nueva York pesa en balanzas
de Oro su frase pletórica, y París que le ha hecho pariaiense, como ateniense le haría Atenas, le llama cher mmtre; canción lisonjera que el gallo de Galia no can~a á
ningún otro extranjero en nuestros días.
El estudiante inglés solicita su lección; el diario alemán
que le combate lo hace con el caeco en la mano; Roma le
t1onr.íe; por su escalera suben todos los grandes de España que se d;scubren ante la luminosa realeza de ese republicano que ha hecho que 'miren con ojos simpáticos
su República, tanto el viejo león monárquico, cual él sa,cro cordero pontificio. El orador es lo primero, fero no
es todo el orador en Caste lar. Su fuerza principa consiste en su organismo de apóstol, en que encarna un ideal,
-en que pocos caballeros de los pueblos han podidn escribir en su escudo con más verdad y brillo qu é l estas pa·
labras: LlBERTAD. El sinfonista de la histor ia, el evocador
de épocas y el analista lírico de imperios y reinados¡ ese
lo conoce toda la humanidad contemporánea qu e ha
:abierto los ojos á la constelación espiritual que ilumina
-este siglo.
Jamás ha brotado la palabra humana con mayor can-

Rt:BE:s-DARÍO.

EL MUNDO

117

j

Muerto últimamente.

dal¡ jamás la idea ha teni&lt;lo órgano de tan enormes fusiles1 sonoros trompetas, tubus inauditos, armonías excelsas y pasmosa~.
Castelar ciega . Leído, es como leer el Niágara: un Niá·
gara prismático y musical. ¡Qué oleaje de pensaruientos;
qué espumas de adjetivos; que corriente soberbia de co·
lores.
. Queda su obra, su prodigirnm producción, confusa,
enorme, como una selva. El mundo seaüwira de que haya habido boca humana por donde haya brotado tal
oceano de ideas y de palabras 111:ígicas. Este hombre de
cuerpo pequeño y voz que al oirla por primera vez no
agrada; este exquisito conversador, en G1·ecia hubiera
sido divinizado, cuando junto á los blancos pórticos de
.márinol ..... .
-Pero coma, coma usted esas perdices que están ri"cas!
me dijo él, interrumpiPndo mis callados soliloquios y mis
ocultos pensares. Son regalo de mi amiga la Duquesa. La
Duquesa de Medinaceli.
Y~ 83:bfa yo que el rupúblicoeraamigomuyquerido de
las hnaJudas damas, de las más ricas 1::iembras de la Corte. Y aún no faltaron quienes me dijeran: ((Bah! Fiese
usted de la democracia de Castelarl Si él pudiera ser
Rey ... !n Como á Hugo, ¿le tacban que le guste lo bello,
lo noble, lo rico, la poesia de la vida y la poesía de la historia?
Su rostro es fresco. Su eepíritu es jovial; la salud sonrosa la piel; la sonrisa y Ja risa son frecuentes- en sus labios. La anécdota abunda en el curso de la charla familiar. Tras un a-potegma, un chiste; luego una lección;
luego una censura, una alabanza, una espina, un ramo
de laurel, un hachazo; vive con lujo, el lujo que le da su
Lla~ajo: Castelar es un trabajador que maravilla. A propó.1:1~ ~e su labor, le hablé de La ..Yacio n.~Sf, me dijo.
Mi diana. Usted va á. hacer una cosa, Dano, que le pido
yo. Escriba á los americanos la verdad de la libertad en
España. lJigales cómo aquí eomos ribres con todo y existir la monarquía.))
Ah, y cómo lo eon los españoles! Y cómo comparar esta libertad con la de las Repúblicas nuestras, da tanta tristeza y truita vergüenza!
El tril;&gt;nn0 s.1.be nuestra deegracia, y como yo le quisiese narrar algo de ellas, demostróme que está tan bien enterado como nosütros.
El almuerzo ibaá llegar·á su fin. Castelar come admirablemenle. Kar-:abal, ull revistero madrilefio que le ha
retratado en su vida íntilu,1, ~e qnedacorto e~ ponderar
su buen diente. Yo pondero á_plena voz el comedorcito
mo1,1ísimo, la vajilla, _los tapices; pondero al maestro cocinero que rima salsas como un parnasiano versos· pondero el áureo vino poatifical que le ·envían de boéÍega espléndida, y del que dan cuenta y fin , principalmente, los
hijos d~ lnglater~a que visitan e_l coloso; pondero, en fin,
el ambiente de d~cha. y de gloria que s~ respira en la
casa.
Comenzando por hablar de Vicl;or Hu.,.o, 1\eo-) la conversación á. b. Pedrq del Brasil, áquien ~on u~entusiasmo _decidido y e n el elevado ton o apologético, dediqué
un imprudente recuerdo, :ay de mí!
.
S!, ay de mí: porque Júpiter arrugó el entrecejo; porque toqué el panal de las sagradas abejas. Tuve la pena
de ver que no saliese muy en buen pie el Emperador de
los bras1lefios. La verdad es que olvidé el desafecto profundo queCastelarprofesa á los Braganzas; y aprendí
una vez más cómo es el castigo de los inmortales, y cómo
hiere y raja el cuchillo con que A polo desuella.
Para nota final, y junto con el cbart.reuse, una mala
noticia. Castelar no piensa ir nunca á A.méric'a.

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1897

El Sr. Lic . Don Francisco Martínez de Arr~do,do.

Tenemos el gusto de publicar el retrato de este caballero, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación.
El Sr. Ma.rt(nez de Arredondo llegad dentro de breves
días á esta Capital, de regreso de Yu catán, su Estado natal, donde es muy apreciado, y á donde fué á pasar una
corta temporada, y los numerosos peninsulares residen ·
tes en esta capital, se aprestan á recibirlo con el cariño y
entusiasmo que en ellos ha sabido despertar.
Por nuestra parte deseamos un feliz regreso al estimable viajero .

El Señor ln¡eniero José N. Rovirosa.

. Este señor cuyo retrato tenemos el gusto de publicar,
VIene hace tiempo llamando la atención del mundo cien•
tífico por sus profundos conocimientos en bot~nica, en la
cual ha hecho vastísimos extudios. Es autor de una amplia obra que, ilustrada, eatit ~n prensa y que· se refiere á.
1a flora tabasqueña, y miembro de la Sociedad cie11tífica
de Historia natural. El Sr. Rovirosa es nativo de Tabasco; vi6 la luz en )facuspana y tiene en la actualidad 47
años. La ciencia espera, pues, aún mucho de él.

OB SEQUIO A NUESTROS LECTORES

Con este número reinaguramos la série de novelas ilustradas que con tanto agrado han recibido siempre nuestros abonados. Hilda, la que empe~amos ú. publicar hoy,
eé una preciosa narración deexcepcioual interés dramático, que irá ilustrada con primorosos grabados, Los que
hoy la acompañan, darán fe de ello.
No se olvide que aparte de esta novela incluida enel
cuerpo del periódico, seguirémos repartiendo un tomo
mensual de la Biblioteca Miniatura.
COPIA.

Recibí de c&lt;The Mutual LHe Insurance Company of
New York,)) la suma de $2,43--t-A0. Dos mil pesos 'suma asegurada, cuatrocientos treinta y cuatro pesos' cuarenta centavos, devolución de premios, en pago total de
cu1;1ntos derecho_s se derivan de la póliza mlmero 546,237
baJo la cual á mt favor estuvo asegurado mi finado esposo
D. Ger6nimo Aguado y Lares, y para la debida constan cia, en mi carácter de beneficiaria nombrada en la póliza
extiendo el presente recibo en la misma póliza que sede~
vuelve á. la Compañía para su cancelación, en Acapulco á
21 de F.nero de 1897.
(Firmado) Carlota Moreno; viuda de Aguado.
El C. Lic. Domingo Zambrano, Juez de fa Instancia de
este Distrito, y por ministerio de la ley encarga.do de la
Notaría Pública del mismo, certifico: que la 8ra. Carlota
Moreno, viuda de Aguado, suscribió á mi presencia y de
su puño y letra la antecedente firma y rúbrica que dice:
«Carlota More.no, viuda de Aguado »
'
Y á pedime nto de la misma inieresada, lo bago así
co~s~ p.ua los efectos ?unsiguientes, en Acapulco á
vemtrnno de Ent&gt;ro de mtl ochocientos noventa y siete.
-Damos fe.-( Firmado. Lié. Dominpo Zambrano.-.A..
(Firmado) Gilbm oJ. Mart,nez.-A. (Firmado) V. Oro,eo.

&amp;ntr~ el munao ~ el claustro.

•

�EL MUNDO

118

EL M .U NDO

DDIUIIG0-.&gt;-1 DE FEBRERO DE 18i,7

mas costumbres y en el delta del
1'ilo, las ferias de Tantah, bajo el
aspecto de peregrinaciones pervetúan :fielmente las tradiciones luJnrioeas de Canope y de Bubastis.

--~~~ r· ' :°.::,· _ -.
t -. ·.~:j,.-~ ;

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Al

El amor es como la fiebre: nace y
se extingue sin que la voluntad
tenga en ello la menor parte.

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•

Stcndhal.

•*•••
Tomad del amor lo que

de vino
toma un hombre sobrio, pero nunca os emborrachéis.
Alfredo de Mussel.

*

-

**
Para un hombre
extraviado,
creer en una poisada, es creer en
Dios.
Victor: h.ugo.

r,¡(,**:

El mifticimo del honor puede
hacer víctima e, como toda crisi1
puramente cerebral.
Emilio Zola.

•*•

El progreso debe reepetar lo que
remplaza.
Risard.

COSTUMBRES CURIOSAS DE LEJANOS PAISES

La Feria de Tantah.

•

Tantab, tercera ciudad de Egipto por la cifra de supoblación, situada en plena delta, entre los brazos de Roseta y de Damieta, sobre la vía ferrea de Alejandría al Cairo, es célebre por su triple feria anual, á la vez peregrinación y mercado. Tantah tiene, pues, algo de la .Meca
y de Nijni-Novogorod.
En Enero, en Abril, en Julio, una multitud enorme
invade la ciudad santa del bajo Egipto, la ciudad de las
catorce mezquitas y de los inmensos y magníficos bazares. A decir verdad, las ferias religiosas ó m,ouleds de
Tantah, conocieron días más tumultuosos y más brillantes: aquellos en que el tráfico de lo3 esclavos era libre.
Su prohibición ha dado la señal de un lento declinar.
Además, cada vez que el cólera ee ha abatido sobre Egipto, ha hecho de las suyas en Ta.ntah, en la época de la
feria ,de estío. De suerte que el rnouled de Julio fué suprimido el año último por las autoridadeR anglo-egipcias.
L&lt;t Meca es la ciudad de .Yla.homet; Tantah es la ciudad
de Sald---el-Badaoui.
Hay acerca de esto dos leyendas.
En elafio596de la hegira, dice la una, Sai"d-el-Badaoui
nació en Fez, y su padre, un santo hombre de )faugrab,
á.quien ·el dedo de Dios había conducido á Marruecos, tuV? in1;11ediatamente la J.&gt;rueba ~e que un destino e.xtraordrnano esperaba al recién nacido. Este, en efecto, tenía
ya todos sus dientes. En mantillas recitaba el Koran á
sus padres, en presencia de vecinos que acudían para ver
el prodigio. Y la leyenda cuenta otros cien rasgos sem':'jantes.
Sai:d--el-Bedaoui tenía treinta y ocho años cuando. de .
regreso de Q.n viaje á Medina, se detuvo y se fijó en T.:Lntah, donde su origen extranjero le valió su nombre, que
significa el beduino. Murió en el año de 675, después de
haber vivido cuarenta años sobre la terraza de la mansión donde había recibido hospitalidad.
Sobre su tumba, Abd-el-Aly, su pariente, elevó á su
costa una pobre mezquita, y los amigos del difunto creáronse la costumbre de ir á orar ahí. Este culto piadoso
creció poco á. poco, y las ferias actuales no son sino la
continuación de aquellas peregrinaciónes que tan humilde principio tuvieran.
La mezquita edificada por Abd-el-Aly, se ha convertido en la principal mezquita de Tantah y los descendiente@ de Sai:d-el-Bedaoui, como los sucesores de Mahomet, tienen el título de kha/,ifas y son venerados como
tales por los fellahs.
·
Según la versión segunda, Sai'd-el-Bedaoui, era un francés, un desertor de la cruzada del rey Luis IX. Refugia·
do en Tantah, utilizó su conocimiento de los simples y
supo adquirir una reputación de curandero y de santo.
~aturalmente, abandonó su nombre de cristiano y se
convirtió en el Bedaoni: el Beduino, el extranjero. Sea
como fuere, al mieterioso Sald-el-Bedaou idebe Tantah su
larga proeperidad religiosa y comercial. Un beneficio tal 1
bien vale una procesión.

•*

•
Asistirá la procesión del Khaliía,
del sucesor deSai'del-Bedaoui, es el deseo ardi,mtedetodo fellah. Esta fiesta
cierrá la feria de Tantah. La víspera, después de la ma·
ftana y toda In noche, hasia la mañana del gran dfa, pueblm~ c-uteros hacen su entrada á la gran ciudad en to·
dos los instantes. En la noche, eobre todo esas Ílegadas
forman cuadros singularmente conmovedores de un encanto raro, betlhémíco. El viejo jefe del pu~blo va del~nte, llevado por un asno gris,_ con las babuchas pendientes y el aspecto de un patnarca que condujese el
éxodo de una tribu.
Y la tribu sigue á lorr:o de camello, en pollinos y
á pie. He aquí, bajo el cielo estrellado, el domo de la
mezquita de Sald-el-Bedaoui, que hizo milagros y fué un
santo. En su honor los jovenes toc:1.n aires en sus flan-

.~-·~J
J ~•.

·~'

...~ ~ - . .,.:

La Feria de Tantah.-Llegada de una caravana fellah.

tas y sus tambores, y las jovenei:i, instaladas en cofres,. á. derecha é izquierda de ta jiba de sus .camellos, cuyos cascabeles tintinean, salinodian oraciones.
Sigd.mosles á tra\!és de la.~ calles estrecha&lt;i.
Tantah es la ciudad árabe por excelencia. No
hay casas ni vías europeas. Por un instante se vive un ensueño encantador de un
Egipto antiguo, no turbado por las avaricias
de los occidentales.
Y luego, de pronto, surge la barahunda de
un desembarque inglés en el andén de una
estación de ferrocarrilcuya existencia se ha·
bfa olvidado. Son los turistas ingle, ses, ale•
manes, franceses, egipcios1 del Cairo, etc.,
que vienen por ferrocarril á mezclarse con
los creyentes y con los campesinos que se
encaminaronhastaaquí con el b:tculo en la
mano á horcajadas sobre los asnos.
Pasado el puente del camino de fierro,
el camino aparece radiante de iluminaciones y de fuegos de artificio con que ~e extasían los fellahs, peque.ñas y grandes. Por tvdas partes conciertos, orquestas, rllido. Más
lejos aún, se extiende el barrio r~servado :t
los placeres de los ricos, indígenas ó extranjeros. Ante todas las casas hay puestos de
pasteles y de fruta; por encima de las puertas se ven guirnaldas de lámparas iluminadas; en los umbrales de las puertas, en plena
lnz 1 hay mujeres provocativas y sonriente!'!.
Y los ritmos que acompañan la danza de
vientre de las egipcias y de las maugrabinas, llenan todos los cafés cantantes donde
se oprime una multitud sin cesar renovada .
El espectáculo es m,ís curioso aun para el
extranjero en un barrio má, sombrío y mJs
pobre. Ahí se regocijan los negros comerciarites llegados del Sondan en caravana~
ó los esclavos manumitidos, tiradores dei
Egipto. Al _fulgor de qu_inqués hum?sos, hay
rondas funosas de muJeres y de niñas qre
se tienen de la mano. En el centro, un gran
negro, vestido solamente de una camisa, con
la cabez&amp; cubierta por una larga peluca de cri
nes dé cabal101 lanza gritos guturales ejecutando una mímica de un efecto único.
Así se pasa la noche que precede al gran día
el día de la clausura de la fie1:ta.
'

1/

La feria de Tantah.-Una danza en el barrio negro.

•*•

Tantah no 1:e ha dormido, y 1,in embargr,
en la mañana hay una impresión de despertamientn. Oleadas humanas se desparraman
en todos sentidos. La Kermesse estú. por todafp:utes. La multitud hace círculo alrede-

Domadcr y su mono sabio.

dorde los relatores, esos troveros del Oriente, de los titiriteros, de los domadores que la (livierten con la malicia
de los pequeños monos, la falta de destreza de sus osos
sabio&amp; y la docilidad de sus serpientes magnetizadas. El
calor es intenso, sofocante. El sol está en el zenith ..... .
Unextremecimiento corre por la multitud, el joven
Khalifa, el descendiente del Said·va á. pasar.
Gritos de alegría se elevan y de la cabeza del cortejo
■ urge en medio de un remolino de la multitud.
Una música ú.rJ.be, timbaleros, un destacamento de infantería, abren la marcha. Después avanzan las corporaciones religiosas: estudiantes de las diferentes mezquitas;
cheiks mendigos y ciegoE!¡ sacerdotes de los diversos ritos
musulmanes, con la frente cefiida por el turbante, y el
rostro oculto por velos de lana. Inmediatamente detrás
de ellos marcha un grupo inesperado. En número de cinco, con yelmos ó cascos, el uno acorazado, el otro vestido
de una cota de malla, este provisto de brazalés, todos encadenados, con sus armaduras incompletas, mal ocultando las túnicas de fellahs, representan á los cruzados
vencidos.
Han muerto demasiados caballeros cristianos, franceees principalmente, sobre la tierra de Egipto, para que
pueda creerse .. Los egipcios excépticos y bien infor·
mados afirman, sin embargo, que los despojos verda·
d~ros de los cruzados han ido, no se sabe en qué
fecha, á. enriquecn alguna colección pública ó privada y
que han sido sm;tituidos con piezae de fantasía, ·Poco importa. Esta conmeración de la derrota en Egipto de Jos
cruzados que conducía San Luis, es uno de los lados más
curiosos, para los europeos, del Mouled de Tantab. Los
vencidos de laR cru}'.;adas preceden al Ctlballodel Khalifa.
El sucesor de Sai'd el• Bedaoui va cubierto también de un
casco que parece recordar el origen que una leyenda atribuye á su auteQasado, especie de marmita vuelta al revés, que llevaban numerosos soldados de Luis IX. Un
fino tejido de fibras de palmera oculta el fierro pero el
rudo babero! aprisiona el rostro del Khalifa.
El h erede ro del S.mto cuya tumba atrae á · Tantah á
todos los peregrinos de Egip:to, es muy joven. El papel
que representa es abrumador. P&amp;rece aplastado bajo

el peso del manto que o envuelve
este fué el del Sald venerado, y la tela
entonces era ligera, pero una antigua
tradición quiso que cada califa la recubriese con una nueva seda; poco a poco, gracias á los tegidos superpuestos
la veste se ha converüdo en una verdadera carga. Bajo P.l doble fardo del
casco y del manto, el joven khalifa
oprimido, casi desfalleciente, se aplica sin embargo á llenar hasta el fin su
cruel y divina mísi6n. Sacerdotes
cheiks,ttocadores de tambor y de tim~
bales, le rodean. Los abanicos de Plu.
mas, los estandartes, se balancéan 6
se despliegan por encima de su íren
te; y á la derecha y á la izquierda, mu·
f'
jeree, hombres, niños, anciands, seatropellan impulsados por atroz curiosi dad.
El Khalifa ha pasado; el cortejo no
termina atín. La costumbre quiere
que detrás de los fantasmas de los cruzados caídos en la delta del Nilo, haLa danza sagrada.
ce seis siglos y medio, detrás del
Khalifa en fin, desfilen á su vez las
Los dramas de la conciencia tienen muchas veces una
cortesanas. A este bizantinismo se mezcla un moderintemidad muy aguda. Cuando el mundo ve una mujer
nismo raro.
A caballo, vestidas de sihgnlares trajes masculinos ó que deserta de sus deberes, pronuncia casi siempre un
extendidas en coches descubiertos y adornadas de toiltt- juicio apresurado, sin estudiar las circunstancias excepWl donde ami modas y las europeag se confunden de una cionales que han precedido á. la caída. La opinión no se
determiua nunca según la falta; la•situación social es tomanera sobrado orjginal, pero de mal gusto é indecente,
mujeres muy hermosas, y otras horribles, pasan ,en des- do. Para las mujeres ricas y que se creen sostenidas por
sus aliadas, el mundo tiene tesoros de indulgencia: reserfile interminable.
va sus severidades para las humildes y las débiles. Y en
Como acaba la ñe~a, facíl esadivioarlo ...... En el Egip- estas ejecuciones sumarias, la cobardía de los ho'mbres
to antiguo las ciudades de Bubastis y de Canope fueron no iguala sino á la perfidia de las mujeres.
célebres por su licencia; cada año las fiestas reliofosas
Alberto Delpit.
eran-pretexto para e:xces?~-y orgías, de' Jas cuales ef Tiejo
Heródoto nos ha transm1t1do el. recuerdo. La tierra de
Egipto no tiene ya los miemos dioses, pero tiene las mie- ·

�.OOMINGO
DOMINGO

EL MUNDO

21

21

DE FEBRERO DE 1897

121

EL MUNDO

DE FEBRERO DE'"18Q7

CL"EOPATRA MUERTA

Scott tenía¡-.,¡; años cuando empezó el estudio del hebreo·
Wat.e, en la imposibilidad de leer las obras que trataban sobre mecámna, publicadas en francés, se puso á estudiar eete idioma á lo&gt;! 40 ailos.
A Roberto Hall, cruelmente atormentado por el deseo
., la imposibilidad de comprender el pamlt'lo escrito por
~lacauley entre )lilton y Dante, se lo encontró un oía
e~tudiando el italiano en su ancianidad, acostado en el
suelo.
~pelmao comenzó el estudio dt&gt; la ciencia ú los fiO aiios.
1-'rank lin á los ;J() arios se dedicó de lleno al estudio de
le filosofía natural.
B &gt;ccacio ten[a 3'.J años cuando empezó su carrera literaria.
Alfieri á lns •1i&gt; ailos comenzó á estudiar el griego.
8cott y Dryden se hicieron conocer por lllll! :recientes
obras, después de los cuarenta anos de edad.
Entre nol!otros, el general ;\litre aprendió bien ~l la·
tin con la traducción de Horacianas, trabajo de aliento
potente reali1.a1o á la edad increible de i5 años.
Andersen entr:i á la t&gt;séuela primaria ú los 10 ailos. Antes de epa etlad no conocía ni las letra!!. A los 23 a11os ingresó la uni\·ersidad de Copenbague. Y fué, como ,;e 88·
be, autor de los célebres cuento~, de nov.-las, dramas.
comedias, tragedias, artículos periodísticos varios, •·te.
Tiziauo Yecellio, el glori,,so pintor del renacimiento,
uel más íntimo confidente de la naturaleza," como lu lla·
maron, sólo dejó el pincel á los ~l años.
Tintoretto (Jacobo Robusti). discípulo del gran Tizia·
no, produjo admirables obras ha~ta la edad de 82 ailos.
Tuvo e1widiable perseYerancia. 811 mae~tro, Tiziano, observando un día que su discíp•1lo tenía dotes extraordi•
rarias y que podía lleg~r :í superarle, I&lt;_&gt; de~pi~ió de la
escuela. ...:~te hecho av1 vó d amor propio p.e Tmtoretto,
que se propuso igualar :í su maestro, consiguiendo con
pel"!'en-rancia y lab-Jr, sobn•pasarlo en el dibujo é igualarlo en la pintura.
•

riano el que, bajo la presidencia del emperador decidió la erección de esta~ capillas ambulantes;eehabfa hecho notar que la mayor par•
te de lo~ empleados de las
ei;taciones !'ecundarias y los
que se alojaban en las barra•
cas intermediarias, para la
vigilancia y el mantenimiento de la vía, no podían frecuentar las iglesias de la.~ ciudades ó de las ahleasque es·
Un naturalmente m11v diseminadas á lo lar~o de la li•
nea. Se necesitaba, pueF, á
tin de sati~facer sus 1wcesi·
dades religiosas, hacer circular un vag(m co1l\'ertido en
capilla y proYisto de todos
)Qs objetoH necesarios al cu 1to ortodoxo y serYido por
un padre que nombraría el
Santo Sínodo.
Damos do11 fotografías de
una de estas capillas rodantes, mostrando su interior y
su exterior y una del interior de un vagón bar 100m.
Exteriormente esos co·
ches-capillas no ee distinguen muv netamente de los
vagones ordinarios; se puede
notar, sin embargo, que las
ventanas alectan una forma
v los ornamentos cararterís·
Íicos del eeti lo arquitecturalbizanti no. llay nna puer•
ta en una extremidad y de
cada lado del vagón, ~in con•
tar una abertura que permite
la intercomunicación con el
rtisto del tren. Encima de
El va¡ón cantina, vista Interior.
las puertas de entrada hay
una arcada de la cual está suspendido un juego de
LOS VA.GONES CAPILLA~ Y LOS VAGONES CANTINAS
camr"nª" rlt&gt;Ptin11das á llamar á los fielPS del rito griego. En cuanto al interior, es bastante elegante y de·
La prodigiosa línea férrea que los rusos hao estableci- coract,, ,egun los motivos demasiado brillantes del an.e
io á. través de toda la Siberia, se ejecuta rápidamente, á ruso. Los muros están cubiertos de pinturas que repre•
pesar de las dificultades que se encuentran. Es este un
sentan l11s imágenes santas; por í1ltimo, no se han olvi•
trabajo formidable que pondrá el extremo Oriente á al- dado el altar, el tabernáculo y los candeleros para los
r;uno1 días de Euro\&gt;ª· La construcción no es solamente oirios. Y el ¡&gt;0p• va de estación en estación, en eu caoa
mtereeante por la mmensidad de la empresa, sino m~a rodante, para celebrar el culto divino ante los p.&gt;bresais•
at\n quizá por las condiciones del todo especiales en las
que se encuentra. Lo11 rusos son reputados maestros en lados de la gran linea asiática.
la creación de esas vías ferreas que nacen como por en•
c:aoto sobre loe territorios más ingratos, en medio de lae
planicies de arena, de las vastas soledades: todo el munA través de
¡randes vid••·
do ha conservado el recuerdo del famoso camino de hierro tranalpino, que ahora se trata de prolongar más aún.
lius procedimientos son particularmente interesantes en Jl.'Los genios no han desperdiciado ni los momentos de
11na época en que se habla tanto de lanzar líneas ferreas
la ancianidad para estudiar. La perseverancia, el espíriá través del Africa. Todo hay que inventarlo, así para la tu de detalle y las ocupaciones múltiples los han carac•
explotación como para la · construcción del ferrocarril terizado.
transiberiano: la travesía del continente asiático, que forIliindel no publicó ninguna de sus grandes produccio1:0l'amente durará días y días, necesita un material ro- , nes antes de los 48 ailos.
dante del todo especial, así como instalaciones propias
para asegurar la existencia de los agentes del camino de
hierro, ií lo largo de la línea, en las estaciones frecuentemente aisladas del todo de los pequeños centros habitados.
Todo este material está en vías de crecer, á medida que
wa avansando la vía, porque desde ahora los trozos demasiado considerables entregados á la ('xplotación dan
lugar á. una corriente enorme de viajeros; no solamente
los obreros y el personal en geueral que se dirije á las
c:anteras, Bino también á una multitud de hombres, de
niñoe, todos gentes robustas que se van alegremente hacia las tierras vacantes del &amp;te, á colonizar la Siberia
y ponen á provecho el nuevo medio de transporte tan
ilómodo que se les ofrece.
No diremos gran cosa de las estaciones, construcciones
•e ladrillos, demasiado agradables de aspecto, á las cuales ettá siempre contiguo el reeervario de agua, montado eobre una torre de granito; no se ha olvidado un jardín y muy frecuentemente se encuentra un buffet donde
18 utilizan las largas detenciooee que hace el tren á cada
inewite.
Estos trenes se componen de tres clases: algunos vagones de segunda clase que provienen aún ahora de lae
red~ ferrocarrileras propiamente dichas; luego coches
de tercera de un excelente tipo, establecidos expresamente para el transiberiano y que en la noche se transforman en dormitorios de tres l!neas de camarotea. Hay,
por último, la cuarta clase, compuesta únicamente de furgones, en las paredes de los cuales se ban abierto algunas
ventanas y donde se han di~puc~to bancas rudimentariae.
·
Pero este material rodante acaba de aumentar con vagones de un tipo absolutamente nuevo. 8e conocían hasta aquí loe vagones-lechos los vagones-restaurants, los
-yagoi:ies-cuadras, los vagone!l;salae, y el tren especial
1magmado para la construccron del transcaspiano, contenla un vag6n-dei;pensa, donde los obreros podían comprar cuanto necesitasen. Ahora se tiene el vagón-capilla, además dt1 un vagón-cantina. A decir verdad, hace
ya cierto tiempo que en los Estados de la Unión Americana, donde la población esti\ muy desparramada, en la
Dakota septentrional con especialidad, se había imagi•
nado poner iglesias sobre ruedas, y trasportarlas de es•
tación en estación, para taló cual de los cultos que abundan en el territorio de la confederación. Pero los vagonee-capillas del transiberiano, son mucho más numerosos, mejor instaladvs, y en esta vez forman realmente
pa,\9 del material de explotación de un camino de fierro.
Vai&amp;ón-c:apilla, visbi exterior.
Fué el comité ordenador de la_construcción del transibe·

I••

Vista de conjunto de un va¡ón-capilla.

Preguntósele un día á Lord Palmerston á qué edad
consideraba él que un hombre se bailaba en la plenitud
de la vida, y contestó en seguida: 11á los 79 ailoe." 11Pero,
a¡regó 1t1.1iñaodo un ojo, como yo acabo de cumplir mia
80, puede ser que me halle un poca más allá.11
Bernardo de Palissy murio 1í los 78 años, en medio de
su ruda labor¡ llena de luchas y sinsabores.
.
El hombre de trabajo no tiene ocaso en la vida.
La acción de los gtnios ha sido múltiple. Voltaire decía que el verdadero espíritu
de 111 literatura es el mismo
que el de los negocios, porque la perfección áel uno y del
&lt;,tro consiste en la unión de la
energía y de la previsión, de la
inteligencia cultivada y de la eabidur1a práctica, de la esencia
activa y conCemplativa.
Así Milton, el sublime ciego
que veía con el alma las claridades espléndidas del arte, fué
maestro de eecuela, ocupación
que tuvo en mucha honm yque
áeeempeñó con diligencia 1
amor.
Shakespeare fué un mediano
actor de teatro. Representaba
SUB propias producciones con
muy poco hito y se preocupaba m:í11 de sus ganancia~ peou·
niarias que dt1 sus triunfoe artísticos.
· Dante fué químico ydroguiata; y con Bocaccio y Petnuca
,er,tuvieron muchos años ocupados en embajadas importan•
tes.
Andersen, que sufrió en su
ni1lez y juvemud penalidadea
sin cuento, fué comediante, bai·
larin, aprendiz de fabrica, carpintero, cantante, etc.;
Ciceron fué un trabajador
abnegado. A pesar áe su diapeps1a aguda, puáo vivir mllcho, gracias á su sobriedad, en
meáio de una labor l!ÍD interrupción. No cobrabanaciapor
sus trabajos, porque sólo am•
bicionaba la gloria. Parece haber sido el primero á quien 119
le concedió el título de opadn
de la patria.,, Tenía una verruga en la nariz, en furma degar,banzo. Dil allí 11:l proviu" el
nombre ( cict&gt;r, eu huín.) Y 89
firmaba así .'.\1im:o Tulio y e•
seguida un garbanzo.

N? creaie, distinguida i&lt;efiora, que lo que YOV á relatar
,es Hmplemente una caprichosa farándula urdida en la
fantas1a . • •
Tampoco i~aginéi,a qué embrollo y hago la historia de
lo no acont.ec1do nunca por más que ese defecto St'a una
mala costumbre en 111 que confieso fraucamente iocurrimo~ todo_s los despe~iciadores de papel.
'
~o, Heuoryi mía, Silv~stre Pxiste, os digo más, somos
íntimos a1111goe, tan íntimos, que nunca nos hemos pedi•do prest9do un duro.
. 'oy á referir uno de ~us dCEeognños, el m:11! amargo tal
,;ez, pero antes, permitidme hacer, no la anatomía de su
corazfm-que esa sería tan•a prolija v superior á 1.nis fuer·
Z!l5-!!ino una brevísima digresión que os ponga por de•c1rlo ~sí en verdadero conocimiento del temperamento
de m I héroe.
i:\o hagais una muequecilla encantadora pma decirme
•9ue ya no hay hfroes ni en las novelas por entregas; no,
rnterel'ante burlona, aplacad compaiiva vuestra mofa
porque t,i;toy bien seguro de que mi atolondrado joven es
muv merec¡,dor del calificativo.
. Sllvestrt: lsi I':' queréis) podrá ser un joven bien parecido, su f1s1co mteresa poco y no dará motivo á una
disputa, lo q~e sí ~e imporLa asegurar es que al tropezar
con él,. podre1s fac1lmente confundirle con l'Ualquier pa•
,cífico taqui_n, lo cual no quiere significar que vista con
burgués ah1i_o y lleve en la truculenta testa un sombrero
de seda_ acepillado al contrario; no, discret!sima señora,
ea tan hmpH? y pulcro, co.mo un gato molondro, babia bien
d~ loe qu_e piensa mal, escucha sin sentirse acometido de
h1d_rofobra todas las sonatas con que le obsequian 8118
~nu~e, paga puntualmente á los acreedorel', bebe gín vie•
JO y_t1~ne amor fanático á una buena copia del l'erseo de
-Oothm modelada en bronce florentino.
Como podría haber sido carbonero, millonario ó gen·
&lt;larme, rePl!lta pintor.
En su oiicio, odia cordialmente todos los simbolismos
de sus col~~ de Municb, las complicadas refinaciones
-del Henacrnnento, las apopléticas y beodas rubicundeces
flame_n&lt;:39 y basta las blancuras desmayadas de esa escuela ,:ehg1osa que se inicia en moto yt.ermina en beato An·
gt'-hco.
En los esbozos de que está atestado su estudio ha visto
.al ~or atormentado y pervertido basta lo increíble.
¡No_eé de qué extra~a.orquestricaarraocaeseendiabla•
do art1s~ las estrambot1cas actitudes de sus figuras!
Intenta un claro-obscuro á ia Hops, y sobre fondo ne·
gro_ como techumbre de fragua, amontona matices amortec1~0s y humosa, penumbras para retratar la cabeza del
1w_c1da en. cuya lengua colgante y coagulada por las san. gu1!1olenc1as del veneno se clava un dardo de Juz muerta.
E!] !as fisonomías que pinta, está rediYivo v palpitante

j
[ Damas ¡uatemaltecas.-Srlta. Jesús Monteros.

~e ~na caricia no pagada á puntapies 6 con monedas in·
¡ur1antes.
Finada la misa aurea de aquellos eepo,nsales, llegado el
tenebroso D~-Profundis te sus ardorosos deliquioe, cuando la razón ( el cuervo insaciable) comenz6 á morderla
las entrañas, ocurriósele al pintor que In tierna enamomda
no s51o iba :tentibiar su t:tlamo en las veladas invernales,
sino á hacerl(' la revelación suprema, ú encarnar el verbo de su genio con la pristina v gloriosa l'pifanía.
¡Hu obra maestra!
·
Creyó encontrar In verídica icónira del ideal colum·
brado en muchos días tristes é insomneR noches.
Con mirada de iluminado tzorprendiú todas las patri·
cias perfecciones del privilegiado cuerpo de su amanw.
~) VICIO.
•
Pasaba el tiempo, olvidado de los pinceles, de su canYeréi~ en ellas la mirytd!l torva del be~d9r de ajenjo, timplora de ailejo gfn, de la.enorme pipa turca que le
laanebhnada del h118Cl11chmo ó la del neurui1co consumí• brindaba opiaceos vapores poblando su mente d sueilos
· do po_r el morfinismo; observaréie los visajes de la deses• de s:ítrapa, de la gatita coquctuela, de las pindáricas esperactón asomándose por dientes rotos v amarillos incrus- trofas del poeta favorito ó los crisanth&lt;&gt;mos que cultivatados en encías violaceaa recocidas por el alcohol ma- ba en el jardín.
nos velludas ost.entando una ramificación de ne'rvios
Vi\·ía, contemplando absorto el grano seder1o de ague
atrofiados por el agotamie'?to, las piernas anquilóti"as de lla piel que tenla heroicas nitidtce&gt;1, pasmado ante ese
l?s q~e mueren.en el_ h?sr1tal ó los cadáveres de los vic- bélico himno de la carne que se reveli,,ba en curvaturas
•t~mar1os del odio art1fic1a con su torax acribillado de he- de inaudita gallardía.
ndas sangrantes como bocas de odaliscas embadurnadas ~ Jlesaba con sus pupilas inmensamente dilatadas las
•de kobol.. ....
combas rebeldes del seno de su amada, los nevados homSu mundo eetá en lo más opaco y negro de los antros.
broe, la flacnra egipcia de la cadera, la mano de monja
Como al D,mte parece que lo bao tragado las fauces del taciturna, el rostro bíblico, serenanente expresivo, cirAverno, l,Mlro menos afortunado que el viajador florenti- cuido por negrísimos cabellos que chorreaban como due·
no, eale siempre del foco del Mal sin haber llegado con lo sobre el témpano hiperboreo de los hombros.
.Beatriz al Primer l\Iovil.
Su primera pesadilla sensual junto á Teresa no fué el
. Como profesa idt&gt;as brutalmente pesimist.M! r tenden· vil sasiamiento del deleite impuro, antes bien, la resu·
•ciae morales maleadas hasta el peor grado, sus mstintos, rección de un Mito muerto, la encarnación ingenua de su
· de suyo generosos, padecen lamentablemente baci(-ndole futura gloria artística.
•descen~er á las vulgaridades más innobles.
La humilde bohemia había llegado al abandonado tugu1?' mJeántropo porque con todo el encarnizamiento y
la 1mp1edad de loe verdaderos pen·enios ha picoteado
· con el escalpelo del análisis sus cariños más sinceros.
Un día llegó á su taller solicitando jornal de modelo
una pobre mozuela de esas que se hunden en los lodos del
• arroyo ~n la casta inconciencia de la "primera embriaguez pae1onal.

Después de mucho vacilar, aceptó Silvestre á la desvali~ obrymdo así, Ú!]icamente porque era bonita y le insLPi~ba cierta conme1era~ón ~uy semejante á_ la que expenmentaría un compasivo mirando una gaviota anidar
en la zahurda.
Y, no es que fuera redentorista de los que creen q11e to-da mujer caída pue!le convertirse en aogel y lle¡tar al cie·
lo con las _alas sa!p1cadas por el eslibazo farisaico de la
,p~upac1ón social; tampoco es un romántico de 1830
m s1qui~ra un inofensivo imbécil de los que degradan l!~
· sex~ deific:mde á la hembra en altares idolátricos.
fü~da n:iás lejos que eso; comprendía muy bien que Eva
ha e1do siempre malvada por capricho ó tontería v no se
• escapaba á su observación que todos los Yicios que anidan
•en el corazón de una perdida pueden también prosperar
en la beldad más buena.
•. I )ireos :a verdad plena, mi querida sei1ora: ~il\'eetre re•C1b16 á la muchai:ha porque en su embrutecimiento de
ioltero ~mpede~nrdo ~ despertaba con gruñidos feroces
.a necesidad ammal ~ imprescindible de una compailera.
l\le hac!l dail_o la nsa que oe produce mi crudeza, sin
duda me ¡_uzga1e mal ~ducado, pero reid mucho, mucho,
os lo suphco...... ¡tenéis tan bonita dentaduu! •
Cuand:o las mujt&gt;res lindas rien l1asta ajar las blondas
•del corP.1ño y romper las :arillas del corl!é, antójaseme
• ~ue anba ofi&lt;:1a el buen_ D1oii y 1~ querubineeca chiqui•
1 ería de los limbos repica con v1brantef! campanitas de
•oro..... .
Teresa se abandonó al protector, enamorada porque
• creía gallarda su presencia; agradecida, porque había en·
cont~o un amparo en su abandono, humilde, porque
,ad;'lllrnba con entusiasmo el talento de su amigo y era la
wnmera vez que sentía en su piel el calorcillo voluptuoso

rio para ofrendarle el mas 1mblime de lo~ amores, el de
las musas que chien la corona de e~pioas tan codiciada
por los que ~aben que sobre las mezquindades de la vida
corriente, flota un ianta.~rna, que solo prodiga sus besos
de fuego :1 los raros, :\ loll ungiJos por el gran sacerdocio
del J\rte, ¡¡ eso:; cJaudicautes que desprecia el vulgo por-·
que son los desertores de la lucha perenne de las ambi•
ciones de la ralea común.
¡Su obra maestra!
Sentía apro:ximar5e el momento de la concepción.
~ co~ard!a del [!e6fü.o, le intranquilizaba llevando á
su 11_oagmac1ón un infierno &lt;le preocupaciones.
¡S1 no ten!~ ~siento, si era un pobre ernb8durnador, si
detopués de nY1r para un ensueno lo vefa convertido en
cruel fracaso!
Ante la primera audacia sentía el miedo del ladrón que
roba la custo1ia, el trágico pavor del quo nunca se ha
visto cara ,í cara ante la l\l uerte.
¡:3u obra maestral
¡La que eleva una muralla entre el necio y el vidente!
Trabajaría cen asiduidad incomparable, trabajaría, sí,
mucho, tenazmente, liaeta ver sus ambiciones resueltas
en el triunfo al tran~ladur :í un lienzo aquella fiebre de
calenturiento que inflaba sus arterias..... .
Preparó con 1ent,itud el trabajo, puso varios colores en
las paleta.➔, colocó el caballete en la mejor posición y
despufs l!evó á '.feresa á un lugar del aposento donde tocla la claridad diurna bar1ara sus formas con polvillo de
sol.
Pintaría á ( 'leopatm muerta.
Por largo tiempo fué un dPvoto de la grao reina te·
bana.
. Am(&gt; furio-a~ente s_us_obscurosojossombreados deant1momo, B!1s lu¡osas tnmcas bordadas de grecas capricho·
sas, sus fet1ch~s de alabastro y lapizlazuli, á J11isy á Nepbi•
tys, á Sumaut1 el de lu cabeza de cinocéfalo y á llater con
su airón de plumas de avestruz.
Respetó tambifo los animales sa~rados que adornaban
las columnatas de sus palacios faraonicos sus amores formidables, sus glorias cortesanas y su m~erte tan gran•
diosa!. .....
La brocha lamió la tela dándole al momento colorido.
Después de un trabajo fatigoso y complicado terminó Silvestre el cuadro aquél.
Lo contempló un instante.
~u mirada se enturbió y llevando las manoa al rostro
demud.'ldo lloró copiosamente.
La producción le avergonzaba.
Era odiosa.
Car!1es magulladas y de amarillez ictérica, expresión
estúpida en la faz, Menos de nodriza, músculos exan•
gues y contornos acentuados con una grosería viril.
Cualquiera supondría que estudió frente á la plancha
del anfiteatro, ante el cadáver de esas impulsivas que
truecan al fin su lecho de placer por el horrendo y exclusivo de la. l\Iuerte.
Cuando se aplac', un tanto su estupor sintió que-nue
yo Lasconte -le atormentaban• las serpientes de un furor
msano, y, en un rapto de cólera bestial, se arrojó sobre
el modelo con el ímpetu de los leones del Atlas sobre lu
m,trtires cristianas.
L'.l lucha fué breve.
Las manos atenacea1on el cuello de Teresa dejandoazu•
la&lt;la huella! .....•
¡Singular fenómeno!
Frente al despojo mortal de la jo\•en comprendíó el
asesino que la inspiración bajaba á cubrirle con su velo
ingr,ívido......
Pintó de nuevo con rapidez vertiginosa y después de
muchas l11m1s de trabajo vi(i coronados sus erupe11os por
la victoria tan deseada.
•
Entonces sintió una inmenM piedad por la que fué su
víctima; compremlió que la amaba con locura pero se resignó 1t su suerte porque no ignoraba que cua~do la faipa
anuncia con su estridente claridad el. trinn fo de un artista es porque le ha matado el corazón.
N~ creaiedistioguida señora que lo que os he relatado
es simplemente una caprichosa farándula urdida en la
fantasía .
Crno B. CEllALLOII,

Febrero de OO.

DELICTA CARNIS
D• ••• "llístlcas."

Carne, caree maldita que me apartaa del ciele
carne tibia y rosada que me impeles al vicio
'
ya rasgué mis E:Rpaldas con cilicio y tlagelo '
~or vencer tue impulsos ... y es en vano! te anhelo
a pesar del flagelo y :t pesar del silicio!
Crucifico mi cuerpo con piadosos enojos
y se abmz!\ á mis p\antas Airodita la impura;
me sumer¡o en In meve; mas la tibian sus ojos·
me revue_lco en un tálamo de punzantes abroj¿s
y
labios lo iruecnn en deleyte y ventura!
Y no. encuentro refugio, fortaleza ni asilo
y en m1~ noche~ pobladas de imposibles quimeras,
J.De persigue la 11nagen de la Venus de Milo
con sus lácteos inufiones, con su rostro tranquilo
y las combas tnuofales de sus amplias caderas!

s1:~

···¡oh·,·~11~;j~~;¡~ri·~;,;;,·~r~~-~-¡;¡,·~-¡~·;~~~---······
de~roteros del justo; ya no turben con locas
avideces la cslma de mis puros afectos
ni el caliente alabastro de los senos ere'ctos,
m el marfil d~ los hombros, ni el coral de las bocas!

Damas ¡tuatemaltecas.-Niña Mar¡arlta Novella.

�l".L MUNDO

amor. Ni más ni menos que si
ün ciego escribiera de óptica;
porque Don Prudencio conocía el amor grosero y primitivo del Yiejo Testamento, el
panteísta y simbólico de los
poemas del antiguo Oriente,
el meramente sensual que pinta Longo y que cantó Lucrecio, el caballeresco y platónico de los paladines andantes,
el licencioso y pervertido del
Aretino y de Boccacio, el pastoril incoloro de Sannazaro y
La Gala/ea, el venal y cortesano que entronizaron los Rors
bones franceses y bast!f el amor
envilecido de los que hoy buscan la reputación por el esdndalo; pero todo ello fantaseado, desvirtuado por su propia
ignorancia de la realidad, por
su carencia de seutido artístico, vi~to siempre á través de
su criterio mezquino, de su falsa idea de la moral y de aquella eterna manía retórica, eterna sofocadora de la verdad
de la \·ida.
El caso fué que á fuerza de
leer y e~cribir tanto del amor,
sin disfrutarlo ni entenderlo,
con tanto trabajar, comer tan
HIDROTERAPIA Y AMOR
poco, dormir tan mal y digerir peor, comenzaron á alterársele las fnnciones todas de su organismo, hasta caer
Don Prudencio Farf¡ín la Higuera, de cincuenta y tan- enfermo, i;,ufriendo juntameBte .ven alarmante desorden,
tos años soltero, con ama de llaves setentona, bonachón inapetencias y empachos, cólicos é indigestiones, formany de mediano entendimiento, vivía enteramente cons'.1-- do todo ello un cuadro. sintomático capaz de volver loco
grado al estudio, si no con gran ~ruto, con pe~se".erancia al médico m:ls sereno. l\Iientras pudo trabajar lo lle •6 con
admirable. Era de aquellos á quienes los periódicos ca- paciencia; mas cuando t,uvo que prescindir de papelotes
lifican, si son catedráticos, de docto si senadores:deelo- y libracui;,, d.-terminó ponerse en cura.
cuentes, si publicistas de ilustres, y de eruditos cuando
Comultó primero al docter Garda, quioo tras minulea hacen académicos; pero el dictado que más le conve· cioso reconocimiento de toda su persona, le dijo lacónicanía era el de laborioso, porque si á fin de aj'io se pusiera mente:
en balanza el pan que comía y las resmas que emborro-)falas digestiones por exce~o de sedentarismo. Va•
naba, de fijo pesara más el papel que las libretas.
ya usted á &amp;úud, s y beba aquellas aguas. No hay otro
Cuando en bibliotecas y librerías solemos ver los plú- remedio.
teos como dice el gran libro de la calle de Yalverde, carTan insoportable le pareció la idea de separarse de su
gados de muchos tomos iguale.'! debidos á una sola pluma biblioteca, y st1s apuntes; de tal modo le horrorizó la
y en cuyo tejuelo se lee Fulano: Obra.~ Completas, ó ,'tfenga- perspectiva del viaje. que resolvió hablar con otro memu: Opera Omnia, nos causa maravilla que pueda un dico. Dirigif•se al docLor Gómez, el cual, luego de hacerle
hombre producir tanto, y nos decimos que para el Tosta- muchas preguntas y tentarle en muchos sitios, le habló
doy Lope, por ejemplo, debía tener el día miís de vein- así:
ticuatro horas; ó ellos por arte de magia las multiplica--Hipertrofia del hfgado. Si quiere usted conservar el
ban; mas conociendo tipos como Don Prudencio, nos pellejo, vaya usted :í. Ja Charca y beba todo lo que
convencemos de que la constancia lo vence todo, y que pueda.
cualquiera podría llegar á ser Lope y Tostado, si todo
No contento con esta opinión que también Je exigía el
consistiera en devorar vol(tmenes, tlimar apuntes, evua- apartamiento de la biblioteca, procedió Don Prudencio
cuar citas y llenar cuartillas.
á tercera consulta, dan&lt;l_o lugar á. que el doctor González
Levantábase con el sol en todo tiempo, lavábase apele dijese:
nas por no perder minuto, y sentado ante su mesa de
-Vaya usted á las aguas de Cerraja-S y tómese usted
despacho. donde se alzaba nn mediano monte de tdmos cuatro vasos al dfa.
en rústica, pasta 6. pergamino, muchos apolillados, alCreyó qne se burlaban dn él. ¿Cuál de los tres tendría
gunos malolientes y loa m,ís sin otro mérito que la rare- razón? ¿Dónde e~taría su mal? Ni asiento de colonia féza sorbía el chocolate entre dos párrafos, y aun á veces nica, ni imcripción de lápida celtíbera, ni vocablo godo
te~ía que mascarlo, porque de puro frío se le quedaba corrompido por átabes, le preocuparon tanto'como aquehecho pan de hígado. Almorzaba apoyando en la copa llos t.fes nombres; Saln,/,)8, Charcas, Cern~jr1s. Entre tanto
del agua algún catálogo, en seguida, vuelta al despacho, su mal avanzaba de manera que, imaginando su fin cerdonde nadie podía entrar sin excitar su ira; :í la horade cano, y disct1rriendo como quien era, se dijo: «Los médicomer engullía sin paladear, leyendo entre plato y pla- cos tanto sabe uno como otro ...... Veamos qué historia
to y al acostarse, colocaba en la mesilla de noche papel tiene cada uno de esos pueblos. Saludes está en el riñón
y Íápiz, por si le desvelaba la comezón de apuntar algu· del antiguo califato, y Avicena no habla de sus ao-uas.
na idea soñada. Sus paseos eran desde el bufete á la es- Poco valdrán. No voy á S 1l11des. L'.1 Charca es pueb1o de
ta-ptería y vicevert&gt;a; la calle casi no la pisaba; y la ma- orfgen latino: los romanos construían thermas; allí no
yor suma de ejercicio que hacfa era recorrer á zancadas las hay, luego no consideraron que las aguas fuesen bueun pasillo de pocos metros. Sus relaciones con el mundo nas. No voy IÍ Charca, En cuanto á Cerraja.,, esotra cosa.
exterior se reducían á escuchar los cautos cocineriles de Créese qne allí hnbo en el siglo XIII un monasterio de
la vecindad, 6 leer algún trozo roto de periódico en el jerónimos, los frailes que más se cuida.dan y mejor cocuarto más chico de la casa, y sus goces, que él llamaba
mían; viéndolo bien comerían mucho, tendrían indigespurísimos, era ver impreso su nombre en alglÍ.n boletín
académico y oírse llamar sabio benedictino por un ahijado socarrón v perdido que iba de cuando en cuando á
visitarlo olíáteando herencia, para calcular lo que Je
quedaba de vida.
Habiendo consagrado toda ella al estudio, era Don
Prudencio sapientísimo en letras sagradas y profanas, y
en cambio ignorantísimo en cuanto á la realidad y á la
vide se refiere; y como la esencia de la realidad y la vida és el amor, claro está que de esto no sabía palabra.
Pam él el amor era en parte impulso pecaminoso y en
parte elemento literario. Nunca lo consideró sino como
arma de Satanás ó pretexto para ficciones poéticas. Esto,
en cuantn 1í las causas; pues por lo que se refiere á los
efectos que el individuo puede estudiar en sí mismo, su experiencia amatoria era poca y adquirida en
malas condiciones.
El amor es escenario de ópera donde cada hombre
busca tiple para cantar su dúo: el más dichoso conquista
á la primadona; otros nacen predestinados á partiquiquinas, el mayor número no pasa. de figunmt~ y co_ristae,
en una palabra, asfcomo hay qmen no estudia, prnta 6
describe más que las últimas capas socialeF, DonPrudencio no conucía más que las últimas en~guas: el proletariado del amor. Además nunca llegó ácelebrar con mu·
'91 alguna un verdadero tratado; jamás pasó del mod11~
rit·ewti momt&gt;nt.íneo y grosero que despoetiza la pasión.
No sabía lo qne era una señora, ni vió en su vida ba¡n
fino~, ni pies bien calzados, ni oyó una frarn delicada, ni
pudo formar idea de lo que es la honesta coquetería del
pudor. ni se halló en situación de apreciar que la ,olup·
tuosida&lt;l. intelectual es cien veces más noble y deleito,a
que la de los sentidos. Pero como el hombre es un animal que se contradice, á Don Prudencio Je dió principalmente por estudiar lo que no podía comprender, y todas
sus di-&lt;qnisiciones, ensayos y memorias tenían por objeto
puntos de historia y de likr~t1:ra relacionado~ con el
0

,

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

tiones y padecerían del estómago. Hasta el siglo XI nohablan los autores de aquel manantial; la fundación del
convento es anteriór; de modo que los frailes no Jo conocían indudablemente. Sin embargo, ningún individuode la comunidad lo menc!ona: prueba evidente.de que se
re~ervabán su uso; es decir, las aguas son buenas.,,
Y determinó ir 1t Cerrajas.

···~v1~~~·~;~a.·~;;;úiiú"~i~·d1j~·~i··~éii~~-ii~i~~~~i~:
-Coma usted bien, paseee moderadamente unos días,
fortalézcase algo y luego comenzará usted á beber.
Hízolo así y en pocos días se puso como nuevo; pero
en cambio, sufrió un de~engaño tremendo, porque traaa
mucho hablar con gente del lugar, supo que ni allí ni en
treinta leguas á la rtldonda hubo nunca frailes jerónimos.
¿Poro qué iba tí hacer sino beber?
El primer vaso le puso á morir, haciéndole pasar tan
mala noche, que juró por todos los libros de su biblioteca no volverá tragar gota de aquel agua infame; y comoá la madrugada se sintiese aliviado, tornó á discurrir sobre lo del convento, pareciéndole absurdo admitir que
aquell@s indoctos patanes supieran más que los autorespor él consultados. ,.Cómo no había de existir ó haber
existido el monasterio, si lo citaba el padre maestro fray
Martín Trolero en una nota de su libro JJ,spaniarwn regio11e incognita, edicióu de Amberes, 159,5, al folio 42vuelto? En vista de lo cual, ya que la Providencia le
condujo átales parajes, resolvió aclarar la duda, averiguando si en la décimaterciacenturia hubo 6 no hubo en
Cerrajas convento de frailes jerónimos.
Comenzó, pues, á hacer excursiones, recorriendo la.
comarca en todos sentidos, visitó cuantas ruinas había
en los contornos, inspeccionó libros y registros de ::\Iunipios y parroquias, no escatimó gasto ni se perdonó fatiga
y anduvo tanto que con el mucho ejercicio le volvieron
las ganas de comer; el no trabajar le facilitó las digetiones, el cansancio le devolvió el perdido sueño, y todo
ello junto le restituyó la salud, sin que hablase segunda
vez con el médico, ni tomara un segundo sorbn de agua.
U na tarde ·que se alejó mucho del pueblo, di visó en la.
falda de un cerro dos grandes muros de granito, sobre
uno de los cuales se alzal:¡an varias piedras que á. él se le
antojaron base de torreó parte inferior de campanario.
Apretó el paso para llfgar antes que tramontara el •
sol, tocó por fin el muro, y como descubriese argollas de
hierro entre la~ junturas de los sillares, dedujo, ébrio de
gozo, que aquel fué convento, porque allí era donde se
suje~aba la cadena á que se agarraban loscriminalespersegmdos cuando se acogían tí sagrado. Di6 en seguida la
vuelta al p~red!'.&gt;~ y entonCE;s fué su desencanto; porqu&amp;
en lugar mas v1S1ble y admirablemente conservado sin
injuria del tiempo, ni cantazo de los chicos habí~ un
escudo, ilustre jerpg\ífico, en que, alternaban perros
calderos, cascos y dragoñes, admirablemente conserva:
~os.y ceñido el conjunto por inscripción con mote nobil~ano, parademos~rar que aquel no fué jamás convento,
amo morada de senores guerreros. Grande fué la desilusión del erudito, pero aún le quedaba al bueno de Don
Prudencio Farf~n la Higuera otra y más estupenda sorpresa que experimentar.
Deseoso de ver si se conservaban habitaciones en el
interior del ángulo formado por los muros, dió la vuelta.
á uno de ellos y cuando esperaba hallar vestigio de cuadra aban~onada ó señal de orat~rio derruido, contemplaron sus o¡os el cuadro más heclucero que pueden admirar
los nacidos. Restos de patio, lozas contorneadas de musgo, comizas con colgaduras de piedra arranque de una
escalera.con balau~trada gó~ica, dond~ el mármol parecía enca¡e, una est.itua medio hundida en tierra y sentados sobre la escultura rota, como la juventud y '1a muerte, una mujer y un hombre estrechamente abrazados y
hablando, á pe~ar de hallar~e solos tan baji½J, que no podía saberaerse s1 lo que el viento arrebataba de sus labios
e!-"8 rumor d~ besos ó simidode palabras. Don Prudenc10 les conoció en segm.da. Eran unos recién casados que
se ho~pedaban en su llllsma fonda: ella elegante y hermosísima; él, enamorado y ~allardo; ambos jo,•enes. El
sol parecía detenerse en la lrnea del horizonte para dorar los cabellos algo revueltosde la muchacha, y una ráfaga
de aire se había ido IIHando
lejos la sombrilla abierta, de
seda roja, que parecía una flor
descomunal nacida entre la
hierba, Ellos de nada se cuidaban.

···········································

Volvió ti ::\fadrid sin hallar
rastro del convento v sin beber las aguas; pero cu-rado. La.
misma noche de su llegada se
encontró al doctor García,
qnien al verle fuerte v de buen
color, le saludó diciéndole:
-Ya sabía yo que en Salude.,
se pondría usted como nuevo•.
Don Prudencio riéndose de
todos y aún de sí mismo dijo para sus adentros:
'
-La ·\'ida del campo, el aire puro, la comida sana, trasladar el cerebro desde el encierro del estudio á la libertad de·
la Naturaleza...... ¡esas sí que
son a:ruas minerales!
Y iuego burlándose de las
pasiones retóricas y del falso amor de los libros, se acordó
de la pareja de recién casados,
añadiendo para completar su
pensamiento:
-¡Aquello sí que era poesía!'
JACl.:STO ÜCTA\"IO PICÓN.

12

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1897~============== = = a:E;,:;L~M~U~N-aaD~0= == = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = ==3=

.

., ~\
u~

- ~7

Entre mis manos Já lira estalla;
Mas aunque lejos de tí me -,,aya,
Te dejo todo mi corazón!
Cuando mañana levante el.vuelo,
Lejoe, muv lejos me perderé ..... .
Y al contémplarte bajo otro cielo,
C'on honda angustia, con hondo duelo,
l'or tus encanto~ svspiraré.
JUAN B. DELGADfl.

(

f'lemenceau acaba de recoger en sn reciente obra •·L.a
ml\lée sociale » nn hecho dernlador, nna dolorosa p8¡nna de e1&lt;te ca;ndo fin d,, ,,ir¡lo: el Fuicidio de un niño de
doce añoe. La triete enferinedad ya mina las blancas
conciencias, las almas diáfanaF: Iª no hay niños P~ esta
etap~t'le la vida humana; la deeesptran~a enturbia los
primPros '3Ueñoe ven la amada ctimta las blondas cabezas ee mecen en ~in deseo de escaparse á la vida, en un
febril anhelo de huir mnv lejos, al viaje sombrío. al irreparable, en nna nect'eidad de reporn ete:r:no. N~1estros
niños fon viejos, nacen al 011111.do con tremta an?s, en
sus S"nrisas hay rastros de l1ígr11uas, y en rns mira~as
húmedas punza nn amargo &lt;l~sc&lt;.&gt;Dsuelo. Lescom,un.icamos por inexorahle ley hereditaria. el acerbo sufnmwnto de una sensibilidadenft&gt;rmiza. ¡Oh bellas auroras, de
serenos horizontes y límpido aznl de cielo! Ya no ilumi ·
nareís más los mrnientE&gt;s eneueños de nuestros hijos?
Una inmenFa fatiga ha agt~,ado !1uestro s!etema n~rvioso, Jo.ha depurado, y las impresiones, qmntaesen.c1adas, repercuten en nuestro organ smo con extraordinaria viveza. El golpe de rechazo hiere á los a~ados .Pe•
queñueloe, á quienes condenamos :i torturas rnexplicables á conmo~iones extrañm,. Hemos condenado á muerte á ~sos queridos sérE&gt;s, qne llevan invisible cade.na qne
los aprisiona.-Cnando el Oswaldo de les Apar1ci1o~ de
lbsen. se siente dr·primido &lt;&gt;n toda la fuerza de sn ¡uyentud, en toda Is energía de las primeras luchas, acude á I.a
cienciaqne le ,u~e: «tiene~ algo ••enwHtlit desde tu nacimiento ,, 1:&lt;~l virn~ ponzoñoso cox:re en la sangre fresca,
bajo la suave epi,Jermi~, ~alta y b.ulle en ol~a~as negras.
La vida qne dl'rrochamos con la m.Ft1stancia.hdad de ,n_n
pródigo, va acortando l:\ de estos mñ_o~ abatidos y pahdos que Fe sienten profundamente tristes, en eeta ¡zran
renovaciún de fuerza&lt;; que palpita e!l !ª natnraleza. Llevan con~igo un Jeo-ado que lo, martmza, y un día en que
las rosas h»n com~nzado ll abrirse y los alientos de la primavera e~parcen sn so pin reparador y saluda ble, el angel experimenta la nnst,tlgia ..ie las comarcas lejanas y
abandona sn lecho tibio, en donde los labios han ido á
colgar su nHo de beFos.
·
¡Ah bhmca u mita cuhierta de flores, que atravieeas la
ciudad en un vuelo rlpido! Alhl van nueetras pasadas orgías ó nuestras honrla➔ crisis. :Xo hemos rodido, no, ofrecer una vi,fa sana ,í_la nue1•a simiente, e grano brota del
surco debil v ~in fuerzas.
Pero los q·ue qnedan, ¿tendrtln las.ce1las risas, las francas, las qne Htlt'nan como chnrros de monedas de oro ca·
yendo sobre ,lnf11r:t de cristal? ¡Que rían, Señor, que dejen correr la bnl liciosa corriente de sus fre~ca!' carcajad.,s!
Y quisi/\ra. no~ arrancar tinieblas de sus almas y arrojarlas al antro de &lt;lnnd,, salieron. ¿Por qué no hem'&gt;S sido más f..-licPs p,,ra que ellM lo fneran mí1s? ¿Por qué no
hemos gozado 111:is de la existencia para que ellos sufrieran meno•?
•
Y á ca,!a nuevo am'lnecer·sondeamos la infantil cabe·
cita de onda~ tlMa,,las para de~cubrir si e~tallan dentro
de ella lo~ gfrm,•nt;&gt;s dl'l mal que padecemos, si dE&gt;trás de
la tenue chri h I qne prelnJ.ia al día se anuncian las
'violentas tormenta~ que nos conmueven. ¡Ah!· si nos
fuera dable dt&gt;fterrar la idea de aquel cerebro que vibra
suritm0de,·i-ia y al quela cnriosid&gt;1rl-la gran pérfida-se asoma por momentos~ Inmovilizar aquella con·
ciencia. s11,pen,!er aquella emotividad en un sueño de
hadas, en un sopor vago é indeciso, ¡qué ideal imposible!

No te enfrentes jam,ís a1 problema, niñq de los •
blondos cabellos, no te acerques ¡Í la esfinge que ba
desgaitado nuestras energías y debilitado nuestra
fe. Y pensamos tenerlos todavía en nuestros brazos,
arrullarlos en una caricia ¡,al ,·adora, conservarlos
en esa etapa de somnolencia inconsciimte que los
aparta de la vida.
.
Pero el niño se pone triste, ya en s~1s pupilas se
condensan las Jllgrimas y hay veleidades en su
sonrisa, y entoncE&gt;s ¡oh Dios! protestamos con~ra
esa lev de dolor por la cual se perpetúa la especie,
larva de humanidad arrojada á travJs de todos los
tiempos.
.
¡Oh, mi nií10, mi buen ni!'lo, no estés nunca triste! Que yo pueda saldar m1 an;mrga cuenta. con la
vida, pero que nopa~e nunca a tus tranqmlas n~ches, que el tnígico fantasma no cruce en tu c.'\mino que no turbe una arruga el ee-eno lago en que
na~·egas. Cuando en la noche oigo un grito tuyo
rasgando la tiniebla, siento acudir llanto :í mis ojos;
y me pregunto gné nuevo sacrificio, qué otra tortura será neceeario que padezca, para desvanecer
la visión aterradora. Sinieslr,t leyenda, eres cruel,
eres implacable: los pecados de los paires pasa~·,ín
á los hijos. Y tít, poeta, tenías razón? «Dar vida
as( ¿no es un crimen?" ¿,Somos todos culpables
de ese gran delito de perpett1ar la vida9 Y ellos,
los condenados de antemano ¿nopmlie:ancomo el
Segismundo de L&lt;i vida e-~ ~ueffo pedirnt&gt;s cuent~ de
nuestro crimen?
•
Pero ya su respiración se ha calmado, ya no oigo
el ruido de las hojas de ro~as que produce su cuerpecito al agitarse bajo las s,íbana~, ya reina una inmensa quietud en su alcoba ...... ! El nuevo día lo
sorprenderá .riendo.-RíE&gt;, ríe todavía, mi buen ángel. Aítn no vive~, puesto que atín no sufres, puesto
que al'tn no lloras.
C.rn1.os D1Az DcFóu.

,

DURANTE EL CREPUSCULO

I
Aun del alto balcón la luz discreta
En hilos de oro pálido caía,
Y aun la canción del último poeta
Temblaba en la marmórea ga1erfa.
Dudé; temí.. .... confuso y vacilante
Detuve en el umbral la incierta planta,
Y un dulce acento murmuró: «¡adelante!»
Y una voz juvenil me di¡o: «canta.»
Entonces penetré: cobarde y mudo
Olavé en el tondo del rnlón los ojos,
Y ví brillar el esmaltado escudo
Bajo un dosel de cortina¡es rojos.
II.

Y la miré...... Sobre el sitial obscuro
Lo inmaculada faz resplandecía,
Y se bañaba el tapizado muro
En la azul claridad que la envolvía.
Herrnosa aparición! ...... Doblé la frente,
Pulsé el laud y medité un momento .... . .
Y empecé á d~satar tímidamente
:Bl ala entumecida al pensamiento.
Canté: «Yo soy el nuncio do la pena;
Yengo ele las comarcas del olvido,
Y, bardo errante, mi palabra suena
Con algo de sollozo comprimido.
Señora mía, ya fragantes flores
Los caballeros á tus piés regaron;
Y a en el rojo escabel los trovadores
Par!!' verte y cantar se arrodillaron.

En -vísperas de viaje.
Cuna de Allende, tierra de amores,
Nido de ensueños, bendito hogar:
Entre mujeres, aves y flores
Deja á la alondra que sus dolores
Eche en olvido para cantar.
Eres el huerto que yo soñaba
En mis delirios locos de amor;
El mismo cielo que contemplaba,
El mismo albergue que yo buscaba
Para ocultarme con mi dolor.
Yergel risueño, m ,nsión de calma,
Oasis que en vano triste busqué:
Aquí reposa tranquila el alma..... .
¡Tú eres la sombra de aquella palma
Que en mi desierto jamáf\ hallé!
En tí residen vírgenes bellas,
Cutis de rosa, talle gentil,
Y ufanas lucen estas doncellas,
Como en el cielo lucen estrellas
Y lucen flores en el pensil.

Hizo verter tu mágica belleza
Raudales de armonía á los laudes,
Y ciñe, como el nimbo, tu cabeza
El "fulgor celestial de tus virtudes.
El áureo manto de tus hombros rueda,
En blandos pliegues por la rica falda,
Hasta el chapín, que bajo el brial de seda
Despide sus destellos de esmeralda ..... .
¡Conserve Dios tu vida y tu abolengo!
Yo me alejo de aquí.. .... noble señora;
Qne soy el nuncio del dolor y vengo
Del lejano país donde se llora!

J.Iorir debieran en el aire mudas,
Las pobres notas que mi lira arranca;
Yo sólo sé cantar amargas dudas,
Y trovas tristes á mi musca blancal. .. ···"
Después ...... colgé el laud, la ví un instante,
Holló mi planta la tupida alfombra,
Y tímido, confuso, vacilante,
Dejé el salón y me perdí en la sombra.

Lurs G,

URBl~A.

Cuando las miro desaparecen
Las tempestades de mi dolor..... .
Ora se encienden 6 palidecen:
Son sensitivas que se estremecen
A la primera frase de amor.
¿Y las esposas? ......... ¡Qué gran fortuna
Guardan los hombres en el hogar!
En esas tíbias noches de ¡una,
Yo las he visto junto á la cuna
Durmiendo al niño con un cantar.
Eden florido: no bien asoma
Por el Oriente vivo arrebol,
La madreselva te da eu arnma,
Te arrulla el canto ,de la paloma,
Te incensa el aire, te be~a el sol.
Y así despiertas, después te aliñas,
De nubes de oro formas tu chal;
Y de Guadiana por las campiñas,
A cortar flores lle,,a á las niñas
No sé qué genio prima~eral.

.

·······························································

······ ..... ······················ ·················· ············
Adiós ...... me alejo y el labio calla,
Tiemblan las notas de mi canción,

Mártir en lo pasado, ya inclemente
aspira á ser verdugo én lo presente.
*:...~*

•

¡Falsa! Al hablarme, una hilación extraiia
me trae á la memoria
que á mí solo me engaña
cuando me dice la verdad, la historia.

*.,.
*
Tal vez hallar consiga
1 mis grandes errores un consuelo,
viendo que, á veces, por bJndad del cielo,
el rayo que va i.l. un rey, da en una hormigi.

........

¿Es sueño, 6 realidad, lo que he vivido
No lo sé; pues, yo q11e hablo, no estoy cierto,
si al juzgarme despierto, estoy dormido,
ó al creerme dormido estoy despierto.
C..urPOs\)IOJ!.

�- - -=-= = -

DOMINGO

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 181n

= = ===========-==~-====--'---

rapidez del sueño. Hnbríamo,; andado veinte millas cuando, naturalmente,
el tren descarriló, de,boc.índose hasta irá hun&lt;lir"e en la arena de un vallecilio árido en cuyo centro
espejeaban aguas fofect11s
y pe~a&lt;la~: una e~pecie de
mar muerto oliente á petroleo. Dirán ustedes que
. cómo pude darme cuenta
de la topograíin del terreno HUpucsta una catástrofe, y les responderé que yo
gozaba de inmunidad merced á un paet• firmado por
Sa~n:b.
Con prontitud salté á tierra, y apenas afirmado en
ella, me ví rodeado de un
inmen~o grupo de ciudadanos &lt;le sombreros de petate y ciudadana&gt;' de rebozo de hilaza, que esperaban la lll'gada del •Donat.o
liuerra,• tripulado por un
Ci1rón de agua dulce, para
que loR transport.'\Sen á la
ribera opue~ta: eran las
EL DA:o;TE E:-;' ~IEXICO.-El dcscnrrilamlento hahltual del Interoceánico.
víctimas de Temamatla, é
impacientes
por
la
tardanza
del
vapor, se dehquitaban
EL DANTE EN MEXICO
diciendo pestes de México.
-Figúrese usted, iwñor Cumplido-que hacE: meses y
meFes que ebtaruos aquí, condenados á no pasar el lago
VIAJE DE UN REPORTER.
hasta que la cmpn'"ª del Interoceánico indemenice á
nue~tro:; deudos...... (',-0mo esto no habrá de sucedr por·
( CO:S'TIXt:.\
quu la~ pierna:,;, brazos y demás adminículos do nue~-iras
plebeyas humanidades no se cotizan á precio alguno;
Ya era tiempo de continuar mi explo~ación. ~i quería dc~esperados, hicimos ayer una mani(e~tación á Satanús,
,ue mis notas fuei;en completas. Las reg1011e~ mfcrnall·il el cual, compadPcido al fin, nos penmtió que nos embar110n vastas: ~anta Teresa, en uno dl' sus l'xtas1s co11s11l'tu·
cásemos en d ,,Donato,,, pero estamos tan de malas, que
dinarios vió c ,er al infierno tantos r(·probos, quP, ni
aun no llega. Como en este país no se tiene noción ele lo
volver e'n ~í, m,• admiré-dice,-de que aun quedasen
que vale l'l til•mpo ..... .
hombres en el mundo. Ya EL' comprendl'rá pue8, que es•
te·cuarto seno de las ánimas, no l'B una casa de vecind_ad
'1e México. Los departa111entes•d1· hombres est11n en lll·
mensa mayoría respecto &lt;le los de mujeres. Esta, al pare·
ccr anomalía me la l'Xplicó un diablo oficio¡;o, corpulento, ventrudo~• muy seml'jante en lo achocolatado )'.. simpático, á &lt;,abriel Villa!1Uevn: Los hombre~, me_d1¡0, se
pierden habitual y contmnadamente por las mu¡ere~, y
ellas se pierden ...... cuando quieren y, sobre todo, cuando han echado dl' cabeza á dil•z varoncitos por lo menoR.
-Pcro,-obsl·rvé-¿uEted no ha léído las redondillas de
Sor ,Juana?:

DOMINGO

21

125

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 1897

didos de grúas hincadas en la roca y c:isi á flor de agua,
estaban varios individuos haciendo visajes y contorsiones para e1:,quivar el ataque de lo~ mgrl's mon!&lt;tn,0R0!I,
•Lle~o de curiosidad que me hizo olvidar mi• su8to, pregunté á un peladillo de los de Tt&gt;111amatla que estaba cerca de mí: ¿Sabe usted qué ~ignificacso?
-Son ,-otos, me conteH,6 desd!'ilo~amente.
-¿Pero qué cla~i¡ de rotos?
.
.
-Reportera, mi Jefe, y están camelados á todas horas
por los '1'(19ru.
•
-Pero y lo;; vagres.
-Son lo¡¡ noticiones que le dieron al público......
-¡Ajá!
-Mbté: ese que se retuerce ahí fu(, el que inventó un
brínd.i;; precidencial con m"tivo de una convivialidá diplomática.
-Ese otro del pantaloncito rabón, dió crónica del baile de )linería la vf~ pera de que em ()('Zara.
-Hombre, ¿y cómo'!
-Pos dicen que viú el adorno de Bejarano..... .
-De 'Minería, dir.í. uRted ...... ..
-E~o es, de Minería, y picli5 lbta de invitaciones. A~.
pudo de~cribir el :&lt;alón, mencionar invitado•, que alfit.
no fueron-algunos por no ga8tar los quinientos del
ve~tido de ~u mujer-y lo dcm¡\s se lo imaginó ..... .
-:'.lle gu~ta el procedimiento.
4
-Dicen que así se u~a hoy pala oportunid,í.
-Es una oportunidad laudable.
-¿Y es&lt;· calvo de bigote de alero que guiña el_ojo?
-:::ie llamó Don :'.llodesto Costa, y no etitli aqu1 por reporter mentiroso, sino pqr calumniador.
-Explíquese usted.
-Yo nada sé; pero me&lt;licenque calumniaba á la antigüedad; fué esculcadorde biblioteca~ y les colgaba á
los reyes, á los santos, á los héroes y á_la gepte antigua
en general, uno~ milagros que daba miedo ..•...
-Si, ya me acuerdo ......
Loi, desgmciado, en tanto se debatían presas de paTor
frente :í las fauces de los monstruo8.
lle aquí lo que cuesta lo sensacional, dije- pero en
fin, eso es lo que el público quiere...... l'eor para el público y peor para lo:: reportan!
El peladillo me miró con zocarronería y soltó á modo
de comentario;
·
-~li jefe, si el piíblico
Rrmos nom:ls nosotros, estú bien dicho, pero Pi son
también uswdes lo!' rows,
¿por qué no !'C civilizan?
( Cor,timurrá.)

..

l •

l'n literato que entra
en la política, es como un
~ibarita emmndo en una
fonda china.

Hombres necio, que a~usnls

El mejor crítico musical pería un hombre com·
pletamente sordó.

A la mujer Hfo, ra:ún!

-¡Qué bien ee conoce qmi es u~kd mexicano por lo ·
lírico y verserol Lo~ hombres El'rán necios, no me opongo· lo traen de abol1•ngo; pero las mujl'res no til•nen disc1,1lpa. Qtw, ¿no clama al l'ielo esa legión de emple_ados
cuvas hijas les convierten el suddo en telas que lucir en
Pláteros? ;.Esos míseros oficialeH que uean uu uni,forme
roto para que sus conyugcs H' uniformen eegun las
prescripciones de la andante cul'l!ik·ría? ¿Que no le dan á
vsted lástima eso!!' maridos ricos, viejo8 (• insensatos, esos
maridos in paliibui&lt;, que pagan á peso de oro la ridícula
vanidad de unir sus e ntusiasmos s1•niles, manidos y averiados, á la casquivana juwntud de uua p~eudo-bonita?
¡Ay amigo-y el diablo hacía tambor en su vientre con
los dedos:-1,.se :'.\léxico l'Stá peor que Dinamarka en tiempo de Hamletl
Y á fe que tenía razón. :'.\las por lo mismo que la tenía,
tocábame apn•surar mi expedición para conocer todas
las regiones donde los hombres pagan el cuarto de hora
que las mujerl·S les llevan de ventaja.
•
Dispúeeme, pues, á partir. El Interoceánico 6 /,flT&lt;&gt;Nl,-ril terror pasaba cada cinco minutos por la estación más
próxima, con el fin de que los que quisieran suicidarse
lo hicieran á horas fijas y tomé un carro de primera.
Pronto el gran dragón de hierro partió, agitando al
aire su cimera griRacea, y la.~ hurañas per:&lt;pecti vas de un
camino erizado de rocas, desfilaron ante mi vista con la

21

ne aquí á eincur.nta
anos-si sigue el sistema
de ducación á la moderna-son los hijos los que
reprenderán á los padree
y los que los pondrán á.
pan y agua.
Co),HE KOSTIA.

La familia no es solamente para comer junM&gt;B.
IJOUJSOD.

w

EL DAXTE E..'- )!ExtCO.-El suplido de los report.crs mentiroso.~.

-Hija es usted más bachillera de lo que parece ........ .
-Cla~, como que nací de buena enea. :'.\Ii padre fué1•
diputado, pero como tuvo que dejar la cur~l en un
periodo en que entró Íl la cámara toda una fam1ha de ?t~éxico, fuimos descendiendo la e6cala social, y aquíme tiene usted ..... .
Un agudo pitazo del Danato, que por fin llegaba, la
interrumpió:
Fué de verse entonces el
alboroto y la zambra de
aquella gente. l'or fin iban
á pasar el charco, y en nn
vapor nuevecito .....
Como pude, me embarqué á travrs de aquel maremagnum de zarapes y
enaguas de estampado y
busqué un rincún donde
echar un tabaco y estar á
Pah--o de la charla general.
Quiso mi buena .fortuna
que Jo encontrara, pero
apenas 1mboreaba las de-.
licia8 de mi instalación
cuando: ;cataplmn! ...... El
buque diú con una draga y
empezó á tragar. líquido
por una abertura. de proa,
enorme.
Cuando volví en míque tam birn los reporters
· !.'edesmavan-estaba tendido, cúan largo era, la
borde de un río, en el cual
nadaban rngres enormes,
i nvero,ímiles. En la ribera
opuesta que formaba una
especie de cantil, suspenEL DA.',T e: E.,; ME.XICO.-Caron conduce l. las vtctlmas de Tcmamatla,

EL PADRE-NUESTRO DEL DANTE

Canto XI del Purgatorio.

•Padre nuestro que te hallas en el cielo
No circunscrito, pues tu amor benino
En lo infinito 1:Je difunde al suelo.

~

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.

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. •E.~ta última plegaria, padre amado,
l\o es por no~otros; son nuestros clamores
Por los que ali.len el mnndo se han quedado.•

..

...

"·

-·-~€:~~f~ ~-

•Tu voluntad que el sacrificio enciende
Y tus ángele~ cantan en su Jlo!JQn1111,
Se haga en la tierra que tu amor comprende.

«Xuestra Tirtud que debil ee abandona,
Del amigo güarda y del p&lt;.,cado,
• Y líbranos del mal. que nos baldona.

,

----~.. -..... ·;.;.,...,

«Yenga en paz el tu reino de ventura,
Porque ei de tu seno no desciende,
No alcnnzan:mes solos tanta altura.

"y así cual perdonamos de concierto
Recíprocos agravios, tú perdona
Las culpas del humano desacierto.

-/'

',i!.. "-

«Sea alabado tu poder divino
Y tu nombre, por toda criatura1
Que grata te tributa incienso dmo.

«Danos del pan ]agracia cotidiana,
Porque sin ella en árido desierto
:'.\Iarcba hacia atrasuquel que má.s se afana.

, ./

IIILD~~--No-oela por Gauaara ae ~ind.
•
l~l Ca;tillo de Cbnrlottemburgo esU. pintore:;carnl'nte
~ituauo entr&lt;! lo.1&lt; la6 o~ \\'ettern y lloren, sobre una emi'ilencia cubierta de espeso bosque, al pié de la cual serpentea el l\lotal:i. ü-te riachuelo, que une á los dos lagos,
y ten&lt;lrú :1 lo sumo tres ó cuatro kilúmetros de longitud,
:;e desliza :i. tr.ivé,; de una de las.más bellas comarcas de
la ~necia. Sas aguas son limpias y claras como cri!'tal de
,roca, y su corriente, en la apariencia tranquila, inspira

la ,eguridad y In confianza. Pero eBta calma e.• en reali- recodoe. Xo puetle formarse una idea contemplándolo á
dad engaiiadora, pues si bien la navegaci(m á remo es dbtanc,a, del ímpetu y violencia de estas trasparente:;
allí practicable, nadie puede, .s in embargo, aycnturarse aguas, mo,rada favorita del salmón, y admira ver los essip. tener gran experiencia y conocimiento de lo,; nume- fueno8 musculares que el pescador tiene qne de~plcJar
ro~os escollos, rápidas y remolinos ele ésta falaz:corrrien- ¡,ara cortar esta ma~a líquida.
A su salida de Wettern se ve obstrniuo el ~río por la
te, cuyo encanto y hermosura ~on tales, que se siente un
deEeo casi irre,;ilitible de explorar en canoa su~ ondula- compuerta de un molh10 y por rápido" que hacen la naciones caprichosa~ Y. costear sus pintorescos y sombríos vegación imposible en este parajl}; pero un poco más

�126

abajo puede intentarse eu navegación en lae condiciones
indicadas, y así continúa hasta el lago Boren donde ee
precipita, disminuyendo su empuje á causa del ensanchamiento. Su punto de reunión con el pequeño lago ee
oculta á la vieta de los bejucos, á través de loe cuales se
filtra con un ligero susnl'J'Q.
En la época á que se refiere mi relato, el río, que al~za eu mayor anchura frente al castillo de Charlottemburgo, tenía en leyenda, la cnal se.perdía, como todae, en
la noche de loe tiempos.
Había, j08tamente enel centro de la corriente un escollo de forma circular al cual era puntos meno que imposible aproximarse, debido á la violencia de las aguae.
Producíanse állí remolinos tan extraftoe, y saltos tan desordenados que parecían ocasionados por la acción de algún fuego eubterraneo que hubiera puesto el líquido elemento en ebullición, más bien que por la conftgunción
submarina de los arrecües. Se podía percibir claramente
desde la escarpada cima de la montalla que en el centro
• mismo de este hervidero había un pequello espacio, como de dos metros de superficie apeD&amp;II, en donde el agua
se mantenía tan tranquila que parecía un espejito colocado en medio de una caldera hirviente.
Po; eso se designaba este eitio con el nombre de «La
Oaldera,, y la tradición pretendía qre en el tiempo en
que los rios tenían 11us hadaa, el Motala albergaba una de
admirable belleza, naturalmente, pero caprichosa y porfiada como los aguas que gobernaba. Había elegido el sitio que acabo de describir para su gabinete de toiktt.e; asilo impenetrable donde nadi_!! podía sorprenderla. La linda hada había acabado por.desaparecer como lo hacen,
:ay! todaslashadae. y todas loe leyendae, ahuyentada
por el diecorJante silbido de las fábricas movidas por vapor, que vienen, establecerse ,cortadiatancia, trayendo
consigo el ruido y el movimiento en una comarca hasta
entonces tranquila y apacible. Sin embargo, el antiguo
boudoir de la hada eicistia, lo mismo que ella lo había dejado. El peqnello espacio de agua, con su superficie clara
y tranaparente, era el espejo donde se contemplaba en
-Otro tiempo, y allí estaba siempre, intacto y cintilando ,
loe rayos del sol.
Loa ancianos del logar record¡lban perfectamente habar :visto á la hora del creptisculo, en las hermoaaa tardee de verano la preciosa aparición, sentada sobre una
roca en el centro de la Caldera, peinando su larga cabellera y contemplando BU imagen retratada en la onda
cristalina, como la Soreley q la balada alemana. Aseguraban que aun podía verse el rostro de la linda hada, animado y sonriente en el fondo de su estanque, donde pa- ·
recia estar indeleblemente iinpreao, reposando allí como
en un marco argentado, al abrigo de la mirada sacrílega
de los hombree, protegida en el fondo de aquellas aguas
- bulliciosas; rodeada de aquellas inaccesibles rocas que
la protegían con sus agudas aristas.
.
Llegar hasta el centro del arracife era, segun se decía
nnaempreea di1lcil y peligrosa, sin ser imposible. Existe
en efecto cierto sitio por donde podía hacerse penetrar
una pequella embarcación tripnlada por una 1;10la pereons, y una vez traspuesto este paso dificil, se llegaba con
relativa facilidad , la piedr.1 que la leyenda titulaba
~ taburtü de la hada», al pie del cual 88 encontraba el
espejo. No obstante esto, aun para el remador m'8 diestro y conocedor de los obstáculos del escollo, la menor
vacilación, el más ligero descuido podían ser fatale2. Si
el frágil esquife se desviaba tan sólo una pulgada de la
línea que debía seguir, era envuelto por una especie de
ciclón snbterraneo que lo hacía girar tan n•pentinamente
como una peonza durante un segundo, para sepultarlo
deepuee en el hondo abismo, apareciendo al cabo de ocho
ó diez días loe restos de la emblt"cación y del atrevido navegante, que flotaban, merced de la corriente ó yuradoe
entre las cañas del Boren.
Como podrá suponerse, esta hazana no ecdncia por cierto , ninguno; sin embargo la tradición del país mencionaba los nomores de algunos audaces que la habían efec•
tn'ldo, 11 M• cnn buen éxito, y otros que habían perecido
"" BU tt,mel"l\ria empresa; y aunque todas estas relaciones eran consideradas tan e6lo como legendarias, lo cierto era que desde hacia muchos anos nadie había intentado repetir una proeza ~n inútil como peligr~sa.
El castillo y la poeeción de Cbarlottenburgo eran propiedad por aquel tiempo, del barón Hammarbielm quien
la habitaba en col'flpañía de su única hija Ililda. Hacía
bastantes aiic,s que bab::: q·1r d::&lt;10 yindn, y 'l"frín en el

DOMINGO

EL MUNDO

retiro y en el aielamiento. Se le tenía por un hombre de
carácter duro y violento, por lo demás poco se hablaba
de~!,
Tales eran loe informes generales que yo pude obtener
acerca de esta región que me era conocida desde
hacía mucho tiempo, , cansa de loe relatos que 83bre
ella se habían compuesto , cansa de sus sitios pintorescos y románticos, y por eso formé el proyecto de visitarla y estudiarla , fondo durante el verano.
Así pues en la primera quincena de Junio, provisto de
buena éantidad de telae y coloree, desembarqué c-&gt;n mi
hijo Raul, recientemente llegado de Düsseldorf, donde
había e;;tudiado la pintura, en la pequella ciudad de Motala situada ai' la desembocadura del río, cerca del lago
Wetem.
Casado desde muy temprana edad, y á consecuencia do
una calaverada de aquellas que únicamente se hacen en la
primera juventud, con una mujer que solo me había cautivado por eu belleza corporal, pronto llegó el día en que
lamenté amargamente mi elección, y sobre todo la precipitación con que obré en acto tan trascendental; el nacimiento de un primer hijo, al cabo de un ano, costó
la vida , la madre y con la viudez recobré la libertad.
Aunque e6lo tenía veintiseis alloe, había ya esperimentade tantos sinsabores durante mi vida matrimonial, que
esto me hizo formar la inquebrantable resolución de no
casarme por segunda vez, en cuyo propósito he permane•
cido firme po(completo. En consecuencia, todas mis afecciones las concentré en este hijo único.
._.En la ~_poca en que se desarrollan loe sucesos que voy
, referir, era yo joven aún y como R1ul, de veintiun
alios, estaba demasiado crecido en proporción de su
edad, se nos hubiera podido tomar por dos· camaradae,
que por padre é hijo.
Encontrándome por primera vez en ese país, convenimos en consagrar los dos primeros diae , recorrerlo ,
pie, con el objeto de estuiiarlo antes de ponernos , trabajar.
- A tout ,eigneur, tout honntur. Nuestra primera idea, al dia
eigoiente de nuestra llegada fné el irá visitar la «Caldera,,,
cuya historia había yo referido á R1ul, tal como acabo
de relatarla.
Nos impresionó sobre manera la hermosura del paisaje
y la rareza del fenómeno. A nuestros piés una superficie
de agua cristalina que cintilaba iluminada por el sol, como una gasa de plata, agitándose en toda su extensión;
tan nuiforme era el movimiento del agua en eat.e lugar.
En el centro de este campo perfectamente unido, elev,baee algo como una marmita cuyos bordes se hubieran
mellado, y cuyos flancos obscuros se distinguieran apenas
á travee de loe millones de burbujas que formaba el agua
que le rodeaba.
En la misma linea, sobre la orilla opnestaerguíRBe altivo sobre la colina el castillo de Charlo,temburg cuyas
torree se destacaban en toques claros sobre la espesura
del follage sombrío que lo circundaba.
Raul estaba 11obrecogido de admiración, y sólo pensaba
en el modo de reproducir fielmente sobre la tela esta grandiosa escena.
Descendimos bien pronto por. la pendiente escarpada
y cubierta de maleza, , fin de examinar el fenómeno algo
más cerca y darnos cuenta de la perspectiva que ofrecía
el paisaje al nivel del río.
La vegetación en este valle es extraordinariamente exhnberante para nn país tan septentrional como la Suecia,
y en tal abundancia q ne hacía dificil el acceso de la riben.
Lleg ,mos, sin emb1r~o. á la orilla del agua en un momento, conversando y bromeando, como se hace cuando
es uno joven, sin cuidados por el porvenir y crey{-ndo5e
solo en un bosque.
Grande fné nuestra admiración ni encontrarnos de s:íbito, al desembocar de un grnpo di} sauc\ld que baiiabnn
sus raíces en el río, frente á frente y tan cerca que hnbié•
ramos podido tocarloc1m la mann, en un hondo botecit-1
guiado por nna joven :í q•lien nuestra aparición repenti•
na no pareciú sorprender en mayor grado, y aquien sin
duda había anunciado nuestra llrg:vla el ruido de nnestros pasos y el animadodiálogoqueso,tcní:11nosen el camino. Probab'.ementt&gt; la habianws sorprendi,lu mientra~
se ocupaba en copiar de la naturalez:1, por que estaba precisamente acabando de colocar en su b:irco, un caballete
y otros varios utensilios de pintor.
Flalu-lamM y balb·1~Pa~0s algnnas escusas á las cuales

21

DE FEBRERO DE 1807

DOMINGO

respondió sólo con un ligero movimiento de cabeza, si..
volverse, y aun sin dignarse honrarnos con una mirada.
Luego que terminó sus preparativos, con toda calma asi~
sue remos y nos indicó por medio de un ademán altivo éimperioeo, pero tan expreei vo, que era imposible dejarde interpretarlo en en verdadero sentido, la cadena quesujetaba su embarcación al trunco de un sauce.
Obedeciendo á esta orden muda, me apresuré á desenganchar la marra, lanzándola sobre el banco, hecho lo
cual, impulsé suavemente la barquilla para ponerla á flote. Una sonrisa casi imperceptible fué mi recompensa;:
después la linda batel~ra cuyo roetróestaba vuelto de lleno hacia nosotros, 118 alejó apoy,ndose muellemente sobre eus dos remos.
Dirigía su embarcación con una gracia y una perfección notaMe, y el movimiento cadencioso y regular del remo hacía poner de relieve en admirable talle, flexible y
esbelto así como las bellas proporciones de en busto. Nada de apresuramiento, nada de inquietud en los movimientos que indicara la joven colegiala, gazmona y torpe.
sorprendida y huyendo sin saber porqu~. Al contrario,
nos miraba cara , cara con esa mirada franca y discretamente interrogadora de la mnjerde mundo, quien nnea-- ·
tro continent.e un tanto cuanto encoiido proluJia su piz•
ca de ironía.
Sin duda estaba habituada á navegar en estas agn&amp;&amp;
pues se dirigía en línea recta hacia L, C.ddera, sin vol verpara nada la cabeza y sin permitir que la corriente desviara una sola línea en embarcación; r.Jdeó el escollo y
la lanzó rápidamente en dirección de la orilla opuesta
donde la vimos abordará un peq11ei!.o deeembarcaden&gt;
formado con planchas de madera; dejó eu b.&gt;te y desapareció por la pendiente boscosa que conduce al castillo.
Pudimos eegair con la vista aún, dnrante un minuto, Iu
ondnlaciones de en ropaje blanco que aparecía y desaparecía alternativamente , través de loe arboles.
S.&gt;lo haetaentoncea recobramos el uso de la palabra,
volví la vista hacia Raul y vi que parecía despertar de un,
suello.
-¡Qué encantadora aparición! excll;.mj. Sin duda e&amp;
una de las damas del castillo, pero, si yo estuviera dotado de una imagin¡ción romintica, haría dJ ella la hada
moderna de este río; casi, casi la veo penetrar en la Caldera. ¿Td fijaste en sus ojos Ranl? Q:i~ extr.&amp;lio color t i~
nen, exactamente el matiz verlosode estas honda~ p!rB.da~ y de una expresión tan singular. Todo el ra"sto del •
día me pareció que Ranl estaba m'8 sombrío y preocupado de lo que yo hubiera querido verlo. Exploramos las
orillas del río hasta el lago Borea, lo que nos entretuvo
por todo el día y e61o ya muy entrada la noche, fatigadoa
pero encantados con las bellísimas perspectivas del paisaje que teníamos en la imaginación y que nos proponlamos reproducir en nuestra cartera, bullQ&amp;mOB el abrigo.
Habíamos convenido en principiar 1118 operaciones al
día siguiente con un estudio de la Caldera tomado desde
el puesto en que la habíamos contemplado por la vez primera. Nos dirigimos, pues, con nuestros avíos.
Después de unos inetant.ee de trabajo, Raul, que estab3,-.
pensativo, me dijo:
-¿No convendría que fueramos, hacer una visita
castillo, aun cuando no fuese más que para presentar
nuestras excnaas , la sei'lorita , quien perturbamos ayer't"
Eetáhamoa en sus posesiones y por consecuencia, somos
verdaderamente unos intrusos en 808 dominios.
Esto era el principio de lo que yo temía. Conocía bienla naturaleza impresionable y el caracter apasionado deRaul. Tenía el culto delo bello y el gueto de lo rom:lntico. Yo presentía que si él volvía á verá esta mujer-se enamoraría perclida111ento de ell 1; lo había leido en sn mira&lt;la, pero ni mi81llO tiempo pr,jveía que este amor no s:ilo
~ería una intcrrupciún puasus estudios, sino que lo haría ,!~agracia l •&gt;, cumo no lograra sustraerse con tiempo á

al

i;u rnflujo.

-Haul, ledij_e, ayer despu.!e de la cena, cuando subiste á acostarte y yo me disponía á seguirte, el anciano propietario de nuestro hotel me invit,, á fumar un cigurr.:i
en la terrasa. Nos pu~imos 1í platicar indidtintamente, y
de asunto en asunto, al l!Pg:1r 11! modo con el cual cumpliamos nue~tr.&gt; &lt;lía, 1ne \'Íllo la iuea de interrogarle acerca del lur:,n t.lu ll.unmarhiehm y su familia.,
Bien, seiior, me dijo, sabr.i u,teu que la baronesa.
muerta hace 20 años
veinticinco menor que su muido. Era una mujer de admirable belleza, algo altiva, como conviene á una castellana. Montaba perfectamente á.

era

21

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 1897

caballo y tenía pasión por la naturaleza y los ejercicios al
aire libre, en loe cuales sobresalía. Inmediatamente después de su matrimonio, que se efectuó en el estranjero,
·el barón y su esposa fijaron eu residencia en Charlottemburgo. Durante los dos primeros allos de su vida conyugal todo fné á maravilla y la j1&gt;ven baronesa parecía ser
relativamente dichosa. Pero ¿conocía ella loe antecedentes de su marido, al consentir en unirse , él? todo indica que no. Como lo había conocido en el extranjero,
fné cosa facil ocultarle que era viudo y que en primera
mujer había desaparecido de un modo tan extrano como
misterioso.
·
Esta infortunada joven (hablo de la tilt.ima) me scuertlo perfectamente de ella, continuó el duello del hotel pa·
u.ndo su mano por la frente, porque en aquel tiempo ha·
bitaba yo en el caetillo, donde deeempellaba las funciones de mayordomo loe días de recepcion, era sonámbula,
y muchos la vieron, como yo, pasearse cubierta de un
blanco peinador, por la orilla del río durante las noches
de estío. Cierto día se comprobó que había salido de ene
aposentos dnrante la noche y que no había vuelto. Se le
bnecó por todas partee: en el bosque, , lo largo de la co- •
rriente, y después se notó que el pequello bot.e en el cual
acostumbraba la baronesa coáear los bordee, faltaba
igualme:ite. Se continuaron las peeqniaaa hasta el lago
Boren y se encontró enredados en las callas parte de loa
reetoe de la embarcación. Ya no podía haber duda sobre
la suerte de la deagnciada mujer; era evidente que se
embarcó en un aooeao de sonambulismo, y habiéndose
acercado demasiado al escollo, había encontrado alU la
muerte.
El pesar del barón fué ruidoso, pero nadie lo creyó sincero, todos sabían que estaba sujeto, ataques de una ea•
pecie de demencia hereditaria, tanto mú peligrosa,
cuanto que eabía ocultarlos con simbólica aetncia 4 todos,
menos , su víctima. Nadie le había visto nunca q ne maltratara á su mujer, nadie le había oido proferir amena,ae ó injurias, y, sin embargo, eabíaee que le amargaba
la vida con ana malos tratamientóll y ene brutalidades.
•El río uo devolvió jamás el cadaver. En cuanto , loa
restos de la.barca, puedo hablar deelloe con conocimiento de csusa, porqne ful uno de loe que loe recogieron: no
ofrecían •n nada el aspecto de objetos d9 nallfragio que
han estado hundidos en las profundidades del escollo.
Por otra parte, hay un hecho bien comprobado, y es
que la CAidera nunca devuelve antes del enarto día los
cuerpos que en ella caen, y aquellos de que nos ocupamos
ftleron hallados en la maflan.a misma qne siguió , la noche de la caUstrore. El barón ordenó que inmediatament.e loe quemaran, pre'8:xtando que verlos le hacía
daiio. Nótese además, que loe oadáveree siempre 118 han
encontrado, más ó menos tarde, en el río ó en el lago.
Así, pues, el caso de la baronesa sería tinico en la hl,toria del fenómeno natural de nuestro vall~
En aquella época, eegtin contaban en la comarca, el islote que formaba la C.ldera estaba en comnnicación directa con el castillo por medio de un subterráneo qne paaaba por d1:1bajo del lecho del río, y cuya entrada estaba
ea det.erminado sitio simulado con moataflas de espinas y zarzales, que ahora colmaban las zanjas. Dicho
subterráneo miaterioeo terminaba en una especie de bó·
veda arruina-ta á medias, la cual estaba inmedlatament.e
debajo de la C.&amp;ldera.
«Como este hecho se mencionó en las diligencias jndicialee, se mandaron hacer pesquisas por loe alrededores del
río, con objeto de establecer el mayor ó menor fundamento de aquellos rumores y con 11 débil esperanza de
tener algún medio que permitiese , la jueticia establecer
de una manera cierta la canea de la desaparición de la
baronesa.
.
•Ahora bien, la nochemiamaqueprecedióaldía seiialado para el exámen de aquellos sitios, prodújose un derrumbe súbito debajo del lecho del río, entre la Caldera
y la ribera del castillo.
"El único testigo que pudo dar algtin dato sobre este suceso era un campesino viejo llamado Svensson, que habitaba en una chozita en la ribera opuesta. Sta lo que fuere, á la mai!.ana siguiente, notábaee muy bien una depresión en el lecho del río.
uL'ls pcsqui~as produjeron, en efecto, el descubrimiento del orificio del subterráneo en loe fosos del castillo, y
hasta pudieron penJtrar y seguir avanzando hasta cierta
distancia. Después el paeo quedó de repente completamente obEtruido por la tierra del reciente derrumbe y se

127

•

hizo imposible seguir adelante. Entoces se abandonaron templar mejor eu tela, en la cual apenas había intentado
las averiguaciones, y la desaparición de la baronesa se un bosquejo general.
registró como muerte accidental. El barón salió para el
-Todo es muy interesante, me contestó; pero nada
extranjero y no se le volvió á ver sino al cabo de diez veo en ello que pueda estorbarnos cumplir con un deber
allos, cuando trajo á su nueva esposa.
de co rteeía hácia la señorita Hammarhielm. Me parece
•A poco de su llegada á Charlottenborg, la nueva cas- que le somos deudores de esta atención.
tellana mostró viva curiosidad hacia el fenómeno natu-Muchacho querido, repuse, eetáe en libertad para
ral que se verificaba en los dominios de su marido. In- hacer lo que quieras en este particular; te he referido senquirió todae las particularidades legendarias y reales que cillamente la historia de nuestro huésped para ponerte
se relacionaban con el fenómeno, se informó del nombre en guardia contra loe riesgos que ee te esperan ei pereiede algunos atrevidos , quienes el rumor ptiblico designa- t.es en querer conocer á una persona, en cuya familia
ba por hab:ir penetrado en la Caldera y por haber vuelto
hay evidentemente nna especie de locura ó de monoma, subir vivos ó en el estado de cadliveree, é hizo que le nía, que quid sea hereditaria. Sé lo que vas á contestarexplicaran la disposición exacta de lae rocas y las manio- me: que no te enamoras con tanta facilidad. Está muy
bras que tenían que ejecutarse para salir , buen paraje.
bien; muy posible ea que yo exagere loe atractivos que
•Cierto día, ~prov,chando la ausencia de su marido, esa doncella puede ejercer en lo euceei vo en tu corazón.
se embarcó ella en en pequeno yole, remó en derechura Lo que yo quiero tinicamente, es recordarte que hemos
al escollo, penetró en él, sujetó su barca al Taburete de venido aquí , trabajar y estudiar. Tienes un cor:azón
la hada y se inclinó ávidamente sobre el espejo de lae tierno y dado nn tanto al romanticismo; eres nn entuaguas. Nadie la vió llevar á cabo aquel audaz capricho, siasta y un artista. Desconfío de tus sentimientos y de
, excepción del viejo Svensson que la siguió con la vista tus impresiones. Como acabas de oírlo, la locura heredidesde su caballa, de tal manera estupefacto por el miedo, taria reina en esa familia, y lo que acabamos de saber de sn
que no pudo articular palabra ni hacer un sólo adem,n pasado, no uie da gana de conocerla con más intimidad:
para a,raer la atención de su mujer, ocupada en esos mo- Creéme, no tratemos de cultivar las relaciones que ayer
mentos en la cocina.
contragimos por una mera casualidad. Por lo que , mí
•-De repente, refirió el campesino, vi que la baronesa respecta, te lo declaro de una vez: ir'8 solo al cast.illo.
se echaba para atrás con un ademán de indecible horror, De ninguna manera quiero perder el tiempo en hacer vien seguida volvió, contemplar el espejo, inclinlindose sitas. Adem'8, la joven, como acabas de oírlo, ea orgullo•hasta donde le fué posible, como para penetrar mejor el sa y altanera, por lo que es m'8 que probable que se tenmisterio. Al cabo de un rato, vol vio, subir, en barca. ga por oriunda de una estirpe social superior , la nuessaliendo del eecollo con la misma ventura con que había tra, y que, por lo mismo, tenga en muy poco el trato de
entrado; remó hacia la ribera, volvió, entrar en eu mo- doe pobretones que por azar se presentan ante an paFo.
rada y se encerró en su aposento. Loe criados que la vieSin embargo, , pesar de todo lo que podía decirle-y
ron pasar cuando volvía de en excursión observaron que estuve hablando todavía por largo tiempo- noté muy
sus facciones parecían alteradas por el terror y que esta- bien que no lo disuadiría de en proyecto.
ba aobrecogida por una vi va emoción. Cuando el barón
Aeí pues, después de la comida, se pnao en traje de
volvió, nadie supo con precisión lo que entre ambos pa- visita y se fué al castillo, mientras que yo me instalaba
só, pero en lo sucesivo le notaron la misma mirada som- bajo loe álamos para hacer algunos croquis.
bría y huralia que tenía en los tiltimoa meses de la exisEstaba de vuelta en el hotel y fumaba un puro en la
tencia de su primera mujer. Lo que sí es seguro, por el balauet.nda, cuando él volvió. Había estado ausente todicho de loe criados, es que hubo una violenta escena en- da la tarde.
-¡Ah, padre mío, qué encantadora muj~rl Figúrate
tre loa dos cónyuges , causa de este suceso, que la baronesa gnardó cama por espacio de seis semanas, y que en q ne ea artista por el entendimiento y por el corazón, colo sucesivo la existencia de la pobre dama fué un verda- mo tti y yo, y que tiene un verdadero talento de pintor.
dero infierno.
Me llevó , su estudio, amueblado y decorado con el
gusto de nu Macqnart, y situado admirablemente en una
o.Algunos meses después de su expedición á la Ci&amp;ldera,
dió A luz una nifta, la misma que usted encontró esta ma- de las torrecillas del castillo. Me eneelló buena cant.idad
tiana, sin que poreate suceso mejorase en nada la con- de estudios, de bocetos y de telas, realmente notablea
tratándose de una persona tan joven y que no.es pintora
duca que con ella observaba el marido.
•Eeta vida de miseria 88 continuó por algún \iempo to- de profesión. Su conversación es de las m'8 interesantes
davía, hasta qne en una hermosa tarde de yerano, la porqÚe ha viajado, es muy instruida y ha visitado loe esdeevent.urada castellana emprendió una segunda e:xpe- tudios de varios reputados artistas.
-¿Entonces te recibió bien?
dioi~n , la Caldera, la cual le fné funesta, si es que pue -¡Con la graciosa amabilidad y loa modales fáciles de
de emplearse tal expresión, cuando noalibrade unaexietencia amarga. Hallaron en cuerpo , los ocho días, en una castellana de la Edad Media. Me dijo de rondón y
las aguas del Boren, así como loe pedazos del yole. ¿Fné sonriendo, que deepué, de nuestra brutal irrupción , BU
santuario ayer, esperaba nuestra visita, y me pregwd6
este nn suicidio ó un accidente? Nunca se ha podido
por qué tti no habías venido conmigo. Ah! no, no hay
mas que formular conjeturas en este particular.
ni asomos de locura en aquellos hermoeoe ojos, radiantee_
-Como ya ae había notado después de la muerte de en
primera mujer, el barón recobró cierta calma y ene ojos de inteligencia y de vida, nada de incoherente ó anorperdieron su expresión hnralia y maligna. Hízoee m'8 mal en su palabra elegante y vívida, nada de extrafio ó
taciturno y m'8 retraído, y ahora vive en nna soledad equívoco en B08 pensamientos llenos de originalidad.•..••
Sn enmeiaamo me hizo sonreír. En todo eeo lo reconocasi completa.
·
«Su hija Hilda, qae tenía dos alloa , la muert.e de su . cia como hijo mío.
-¿Y qué te has hecho toda la tarde? ¿Has visto al bá"madre, fué educada por una aya inglesa, que hace pocos
alioe murió. Al contrario de lo que era de esperarse, su rón?
-¡Oh, no! La eellorita Hilda me hizo comprender despadre la idolat.ra, y para él son órdenes SUB deseos más
de
luego que la quebrantada salud y la provecta edad del
insignificant.ee. Es muy inteligente, muy inetruida y
caei siempre en BU
muy diestra en todos loe ejercicios corporales, como lo barón, sn padre, la forzaban
era la madre. En cuanto , en índole, nunca he oído ha- aposento, y que ella representaba, en suma, todo lo visiblar mucho, si no es que por este lado, más bien lile pare- ble de la familia Hammarhielm. Despnés de haber eet,a..
ce á su padre, de quien ha heredado loe modales orgullo- do como dos horas en el taller, haras que ee me figuraron minutos, porque ella supo hacerlas interesantes, me
808 y altaneros, moderados no obstante, á lo que se dice,
por cierta amabilidad llena de encanto, que era la dote propuso que fuéramos, dar una vuelta al parque, y en
natural de la madre. Una sola vezó dos en estos últimos seguida me llevó, la orilla del río, en donde nos paseaalioe, me la he encontrado por estos rumbos, y, , la vez mos un breve nto. Por el camh;10 llegamos á un pequeque rindo homenaje á en altiva y aristocrática hermosu- no desembarcadero en donde se ve anclac'io el yole qne
ra, debo confesar que tiene en la mirada un no sé qué, tti conoces. Me convidó entonces á dar una vuelta por e 1
que me recuerda demasiado , su padre, para que ello río en barca, y como iba yo á tomar loe remos, ella me
dijo:
pueda agradarme mucho.»
-Si usted conociera como yo la perfidia de este herII
moso río, seguramente que no habría aceptado desde lueRaul, que había escuchado mi relato con suma aten- go y con tanta facilidad mi propuesta, y después no
ción, se levantó, retrocediendo algunos pasos para con- f recería usted tan , la ligera sus eervicios para dirigir la

,estarse

�DOMINGO

EL MUNDO

21

DE FEBRERO DE 1Ss17

128

mientos, y la nota vivá que mezclaban en el sombrío fo.
barca. Tenga usted entendido que, si le dejara obrar, habría nueve probabilidades contra diez de que dentro de llaje el vestido blanco y el quitasol rojo de la Señorita
cinco minutos estu viésemo3 los dos en el fondo del agua Hammarhielm.
-A11í como el hijo de usted, Señor Lagni~res, se lo haluchando con las angustias de la muerte.
brá dicho, dijo ella, yo no puedo pretender el título de
Yo interrumpí á Raul.
-¡Yamos, le dije para echar una poca de agua fría so- artista, pero al menos me he ocupado suficientemente en
bre la entusiasta admiración que con zozobra veía yo que pintura para que se justifique mi interés por el arte, y
para que usted pueda comprender en qué grado la prese desarrollaba en su interior, esa jovencita romancesca
sencia de un artista de fama en nuestro tranquilo valle ha
pretende hacer el papel de una hada de río! ¿Y tú has
podido inspirarme el deseo de ver más de cerca al pintor
consentido en dejarte guiar por una joven evaporada, y
bien conocido, cuyas producciones he admirado con fredejarla hacer esfuerzos de torax y de blancos brazos,
cuencia en Stockolmo y en otras capitales.
mientra11 que tú, noblemente sentado en la popa, recoYo hice una respetuosa inclinación.
gías nenúfares ó le recitabas versos?
-Pues bien, sefiorita,-dije, con un tono agridulce, por-No te burles, padre mío, contestó él con un tono un
que de antemano le tenía mala voluntad por las divagapoco perplejo. ¿Qué era lo que yo podfa hacer? ~i rehuciones que iba á introducir en nuestras ocupaciones, pasaba, después de lo que ella acababa de decir, habría
ra no decir nada de los temores más serios que yo expecreído que tenía yo miedo! Así pues atravesamos el río
rimentaba á propósito de ese entusiasta de Raul;-debo
y desembarcamos precisamente en el sitio en donde yo
le habfa dicho que tú habías ido para hacer tue croquis. decir que ca.si no me esperaba una intervie11• en los floriPero acababas de haberte ido, y todavía estaba la yerba dos bordes de este río, y estaba en la firme creencia de
pisada en el lugar en que te habías instalado. La reconduje at castillo, me despedí de ella y volví por el camino
real y por el puente.
Al día Eigniente, estábamos ocupados en continuar
nuestro estudio del Chandrón, y de tal suerte estaba yo
absorto en mi trabajo que no pensaba en ninguna otra
cosa, cuando repentinamente vt que Raul se levantaba.
Escuchamos un ligero roce de vestido en las zarzas y ..... .
Hilda de !Iammathielm apareció.
Como antes lo dije, había tenido ocasíón de arrepentirme cruelmente de haberme abandonado á la impresión producida por la belleza física de la mujer, y la experiencia que de esto tuve en mi corta vida conyugal, me
había vuelto singularmente receloso respecto al bello
sexo. Yo temía para mi hijo las seducciones de una cara
bonita, porque sabía muy bien lo que todas ellas encubren y ,í lo que pueden conducirnoe. Yo mismo las evi·
taba porque me sentía aún demasiado joven para estar
pÓr completo al abrigo de su influencia y porque mi afecto á Raul me había inspirado la inquebrantable resolución de no reincidir.
En consecuencia, había yo adoptado en mis relaciones
de sociedad, con las mujeres todas, y sobre todo con las
más hermosas, una actitud cortesmente escéptica y ligeramente burlona, á propósito para alejarlas. Era esto como una especie de coraza que impedía toda conflagración
que una.sola chispa, al llegar á las partes más inflamables de mi corazón, habría podido producir.
El ser que dentro de mí vibró, al inesperado aspecto
de la hechicera criatura que de aquel modo SP. me presentaba, con la sonrisa en los labios, de ningún modo era
el hombre tal como usted lo comprende y ama, mi que~ ~~i
rida lectora, y como lo·habría usted encontrado en Raul,
....-:: --:·
·~'- ..
sino sencillamente el artista, es decir el práctico experto,
~=:.~· '=.''- ~~-~
cuya conocedora vista abraza los contornos, aprecia los
matices y pesa los valores estéticos comparándolos con
modelos bien definidos. Inmediatamente vino á mi imaginación el recuerdo de Van Beers: «He aquí de pies á
cabeza una de esas deliciosas criaturas que tienen á la
vez algo de mariposa y algo de flor y que constituyen la
delicia de su pincel,n decíame á m1 mismo, sin detener•
me desde luego más que en el buen gu2to y lo nuevo de su traje, la gracia y la .flexibilidad de sus movi-

que al venir aquí, ibamos á poder, con plena seguridad,
mi hijo y yo, recogernos en el sosiego de los campos, y
hacer, á solas con esta hermosa naturaleza, é inspirados
por ella, amplia provisión de temas de estudios.
Pero semejante salida, poco cortés, convengo en ello,
no alteró. para nada la serenidad de su mi rada y de su
hechicera sonrisa.
-Est,i usted en un error, señor, contestó ella festivamente. En estos lugares me reputan un poquillo la hada
del rio, y, como ustedes han venido á instalarse en mis
dominios, creo que debo aprovechar las circunstancias y
acortar un tanto cuanto las alas de vueet1:1 independencia. Pero, fuera de bromas, ardo en deseos, mezclados
con temor, por escuchar la opinión de un maestro sobre
mis débiles ensayos, y espero, señor, y al menos usted
lo reconocerá sin demasiados subterfugios que le debe
usted una visita á la castellana de los sitios que usted se
propone entregar á la posteridad en las ilustraciones de
su pincel.
( continua reí.)

•
TOMO l.

MEXICO, FEBRERO '.Z8 DE x897.

$scena5 me~kanas.

•

---· . ,

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y D::i.oau&amp;Rl&amp;.a.

G galo -oiejo •••
( Dibujo de J. N. Villaaana.)

NUMERO 9.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>DOMINGO

EL MUNDO

21

DE FEBRERO DE 1Ss17

128

mientos, y la nota vivá que mezclaban en el sombrío fo.
barca. Tenga usted entendido que, si le dejara obrar, habría nueve probabilidades contra diez de que dentro de llaje el vestido blanco y el quitasol rojo de la Señorita
cinco minutos estu viésemo3 los dos en el fondo del agua Hammarhielm.
-A11í como el hijo de usted, Señor Lagni~res, se lo haluchando con las angustias de la muerte.
brá dicho, dijo ella, yo no puedo pretender el título de
Yo interrumpí á Raul.
-¡Yamos, le dije para echar una poca de agua fría so- artista, pero al menos me he ocupado suficientemente en
bre la entusiasta admiración que con zozobra veía yo que pintura para que se justifique mi interés por el arte, y
para que usted pueda comprender en qué grado la prese desarrollaba en su interior, esa jovencita romancesca
sencia de un artista de fama en nuestro tranquilo valle ha
pretende hacer el papel de una hada de río! ¿Y tú has
podido inspirarme el deseo de ver más de cerca al pintor
consentido en dejarte guiar por una joven evaporada, y
bien conocido, cuyas producciones he admirado con fredejarla hacer esfuerzos de torax y de blancos brazos,
cuencia en Stockolmo y en otras capitales.
mientra11 que tú, noblemente sentado en la popa, recoYo hice una respetuosa inclinación.
gías nenúfares ó le recitabas versos?
-Pues bien, sefiorita,-dije, con un tono agridulce, por-No te burles, padre mío, contestó él con un tono un
que de antemano le tenía mala voluntad por las divagapoco perplejo. ¿Qué era lo que yo podfa hacer? ~i rehuciones que iba á introducir en nuestras ocupaciones, pasaba, después de lo que ella acababa de decir, habría
ra no decir nada de los temores más serios que yo expecreído que tenía yo miedo! Así pues atravesamos el río
rimentaba á propósito de ese entusiasta de Raul;-debo
y desembarcamos precisamente en el sitio en donde yo
le habfa dicho que tú habías ido para hacer tue croquis. decir que ca.si no me esperaba una intervie11• en los floriPero acababas de haberte ido, y todavía estaba la yerba dos bordes de este río, y estaba en la firme creencia de
pisada en el lugar en que te habías instalado. La reconduje at castillo, me despedí de ella y volví por el camino
real y por el puente.
Al día Eigniente, estábamos ocupados en continuar
nuestro estudio del Chandrón, y de tal suerte estaba yo
absorto en mi trabajo que no pensaba en ninguna otra
cosa, cuando repentinamente vt que Raul se levantaba.
Escuchamos un ligero roce de vestido en las zarzas y ..... .
Hilda de !Iammathielm apareció.
Como antes lo dije, había tenido ocasíón de arrepentirme cruelmente de haberme abandonado á la impresión producida por la belleza física de la mujer, y la experiencia que de esto tuve en mi corta vida conyugal, me
había vuelto singularmente receloso respecto al bello
sexo. Yo temía para mi hijo las seducciones de una cara
bonita, porque sabía muy bien lo que todas ellas encubren y ,í lo que pueden conducirnoe. Yo mismo las evi·
taba porque me sentía aún demasiado joven para estar
pÓr completo al abrigo de su influencia y porque mi afecto á Raul me había inspirado la inquebrantable resolución de no reincidir.
En consecuencia, había yo adoptado en mis relaciones
de sociedad, con las mujeres todas, y sobre todo con las
más hermosas, una actitud cortesmente escéptica y ligeramente burlona, á propósito para alejarlas. Era esto como una especie de coraza que impedía toda conflagración
que una.sola chispa, al llegar á las partes más inflamables de mi corazón, habría podido producir.
El ser que dentro de mí vibró, al inesperado aspecto
de la hechicera criatura que de aquel modo SP. me presentaba, con la sonrisa en los labios, de ningún modo era
el hombre tal como usted lo comprende y ama, mi que~ ~~i
rida lectora, y como lo·habría usted encontrado en Raul,
....-:: --:·
·~'- ..
sino sencillamente el artista, es decir el práctico experto,
~=:.~· '=.''- ~~-~
cuya conocedora vista abraza los contornos, aprecia los
matices y pesa los valores estéticos comparándolos con
modelos bien definidos. Inmediatamente vino á mi imaginación el recuerdo de Van Beers: «He aquí de pies á
cabeza una de esas deliciosas criaturas que tienen á la
vez algo de mariposa y algo de flor y que constituyen la
delicia de su pincel,n decíame á m1 mismo, sin detener•
me desde luego más que en el buen gu2to y lo nuevo de su traje, la gracia y la .flexibilidad de sus movi-

que al venir aquí, ibamos á poder, con plena seguridad,
mi hijo y yo, recogernos en el sosiego de los campos, y
hacer, á solas con esta hermosa naturaleza, é inspirados
por ella, amplia provisión de temas de estudios.
Pero semejante salida, poco cortés, convengo en ello,
no alteró. para nada la serenidad de su mi rada y de su
hechicera sonrisa.
-Est,i usted en un error, señor, contestó ella festivamente. En estos lugares me reputan un poquillo la hada
del rio, y, como ustedes han venido á instalarse en mis
dominios, creo que debo aprovechar las circunstancias y
acortar un tanto cuanto las alas de vueet1:1 independencia. Pero, fuera de bromas, ardo en deseos, mezclados
con temor, por escuchar la opinión de un maestro sobre
mis débiles ensayos, y espero, señor, y al menos usted
lo reconocerá sin demasiados subterfugios que le debe
usted una visita á la castellana de los sitios que usted se
propone entregar á la posteridad en las ilustraciones de
su pincel.
( continua reí.)

•
TOMO l.

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( Dibujo de J. N. Villaaana.)

NUMERO 9.

�EL MUNDO

EL MU~DO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

130

"EL MUNDO''

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subsc~ipción á El MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos. 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO CO)lO ARTÍCULO DE SEGU:s'DA CLASE.

illota, tbitoriales.
&lt;El "c~inaco" ile antaño 1J d libmll ilc lrog.
Hace treinta y cinco ó cuarenta aflos, un liberal era nn
hombre sospechoso para la sociedad, que veía en él un pe·
ligro para los grandes i,lierese.~ con.•tituidos, una amenaza
contra lo existente.
Las generaciones liberales de·aquella época se lanzaron
á sostener sus idea~,.en m~dio de violentas tragedias domésticas, siendo objeto de acres recri~inaciones por parte de los padres, bañados de lágrimas maternas, cau~an ·
do profundo horror :t los deudo3 y e,cindalo inusitado á
la srrridumbre.
Un chiw1co era entonce!! un penonaje terrorífico, un
sér impregna~o de m'.\la~ pa9iones, perdido para el bien
y para la patria. El joven de familia respetable que se
pasaba á la mala cau~ri, cometía, según la opinión sensa·
ta reinante, un acto digno de reprob:1::ión.
El parUdo conservaior-justo es decirlo-reclutaba la
mayor parte de 103 h&lt;'mbre3 de m~rito que contaba el
país, y el que se alejab'.\ de estas filas reñía con la sociedad, con e_l hogar, con el porvenir y hasta con la mujer
que amaba.- La generación libe,al á que nos referimos,
fué verdadera.mente heroica. al arrostrar los anatemas que
sobre sus soiiadoras cabezas se descargaron; al romper
los lazos que los ataban á los afecto3 m.ís tiernos, dieron
muestra de sus nobles energías.
¡Cómo han cambiado las corrientes!
Hoy, ningún padre-aunque sea conservador-se indigna por las opiniones liberales de un hijo suyo; la ma·
dre, que lo eil3eña á rezar de niño, no se alarma ante la
evolución de su espíritu y la sociedad le abre sus puertas.
-Entre el chinrido de antaé\'l y el liberal de ahora, media
toda la distancia que hay en el progreso, de las ideas.
El mismo partido conservador ha acabado por aceptar
doctrinas y principios con los que parecía en antagonis·
mo eterno, en tanto que el grupo liberal, poco á poco curándose de su radicalismo exagerado, ha tomado el lugar
de honor que le corresponde en el avance de las clases
ilustradas.
El chinaco ha muerto, pero su hijo, el liberal, ha comenzado á vivir una existencia nueva, compartida y vivifi·
cada por la sociedad m 1xicana.

que hoy ocupa de respeto y consideración por parte de putrefactas el cielo de Europa, ha sonado ya la hora del
imperio de los Califas, que falto de virtud y de justicia
Ja3 clases actirns de la República.
¿Se iO'.lagina acaso que es tan fácil improvis;u 1:na per· debe desaparecer de la haz de la tierra.
Dice bien un diario liberal inglés: antes que ver á las
sonálidad provista de tales atributos?
potencias
cristianas defendiendo la iniquidad, que estalle
La h istori" nos demuestra que los -~uc,~ou.~ de los granla
guerra
desde
las márgenes del Rhin hasta las cimas
eles gobern.rntes, hacen fiasco en.todos los tiempos y dentro de todos los climas. Son és!os á modo de eso~ cuerpos nevadas del 'Gral.
No opinan así los árbitros de la paz del mundo, los que
opacos que no tienen más luz que la que reciben del sol,
lle
\Tan en los pliegues de sus mantos qe púrpura rayos de
cnya·órbita recorren; desaparecido el foco que les pre·
exterminio
y brisas de bonanza; no opinan asi:, y poresotaba claridad, se pierden obscuramente en el ala inmenvemos
el
contraste
inconcebible de que se defienda Ll
me11•a: del infinito.-Los príncipes herederos, peligrosos
siempre, no son jamis los continuadores de los grandes sombra en nombre de la luz, la tiranía en nombre del
derecho, la opresión en nombre de la libertad. Obscurireinados.
El Generrl Díaz no dejará detrás de si un sucesor; b~s- dades inex p1icables de la diplomacia; mistecios augusto,
·
tantes personalidades ha impulsado en el camino de la de los gabinetes.
política, sin que ellas, en contacto con las necesidades de
***que en los campos de 8-li re
Dos años han pasado desde
la vida ptí.blica, hayan logrado alzarse sobre el pedestal de
los estadistas. Sobrados ensayos de esta edncaci6n tene· un grupo de ciudadanos que rechazaban con eneqía L\,
mos al frente, que hemos visto hundirse repentinamente reformis políticas y administrativas que las cortes espaá impulsos de pasiones exaltadas, de impropias ligerezas, ñolas prometían á la si,emprefi,el Isla de Cuba, lanzaron el
de cóleras desbordantes, de orgullosas intolerancias, a.tri- • grito de iniependencia, y buscaron por m~dio de las
butos que no constituyen la madera en que se tallan los mas y de tremenda lucha la re!llización de su, herm?3 &gt;,
sueños de libertad.
hombres de Estado.
Dos años han pasado y á pesar del derroche verdadero
El General Díaz no tendrá sucesor; pero como ha dicho bien el Jfwulo diario, ha acudido á resolver el pro- de patriotismo y energía de parte del pueblo hispan')
blema, procurando, no formar wi hombre, sino formar un que ha acudido á sofocar la insurrección que le arrebat.\·
p11eblo, por medio de la creación de intereses y también ba un pedazo de territorio, la revolución está en pie.
Da ambos lados se ha peleado con desesperación. E,·
por mefüo de reformas á las instituciones.-El Presidente lo ha dicho en el eloc:J.ente Manifiesto dando cuenta al paña ha visto sacrificada buena parte de su vitalid.1,d
país de los actos de su administración: «De hoy en ade· ahogada en el abismo de la manigua que consume hombres y riquezas sin cuento; ha visto sin desmayar, que
lante, sólamente serán fuertes 102 gobiernos legales.»
Dejar un pueblo, es.algo más que dejar un hombre; de· sus fuerzas vivas eran devoradas y que sus hijos perecían en aras del Moloch implacable de la guerra.
jar institttcione8 es más importante que d"jar s-ucesor.
No busquemos en las lejanías del porvenir la unidad . Cuba ha visto caer ásus mejores paladines, y su entuque ha de poner en movimiento el organismo; busque· siasmo no se agota. Ni promesas, ni amenazas, ui innú •
mos esta unidad en los esfuerzos coordinados de todos meros ejércitos, han logrado abatir sus bríos ni podidopara hacernos dignos del único legado que recibirá la Re- desvanecer las ilusiones de los que anhelan ver libre la
patria cubana. ¿A. dónde van? El capitán Ganeral, sempública: la legislación de un pueblo libre.
brando la ruina y la desolación para acabar ·con todo lo
que sea refugio de rebeldes; los rebeldes extendiend &gt; la
desolación y la ruina, para cegar las fuentes de riqueza,
allá van haciendo de lo que ayer era vergel hermoso, un
RESUMEN.-Mlsterios de la diplomacia europea.- triste páramo, un yermo escueto alu m')raio por la clariEuropa á favor de Turquía.-Grecia en la sombra_
dad indecisa de un sol moribundo.
-Paz que no engrandece.-EI grito· de Baire.-Se•
¡Qué oscuro porvenir! ¡qué lastimon presente! Tar.ie
gundo aniversario.-la insurrección cubana y lo
ha
llegado la promesa de una autonom(a. trunca; por eso
porvenlr.-Conclusión.
ha sido rechazada, y allá van todos, re;pndo de cad.iveImpoEible prever confunda.mento y predecir con tono
res el suelo, y estremeciendo el aire con los clamorei de
profético cuando se trata de las sombrías profundidades una lucha que no acaba. ¡Infeliz Cub.i! cuánto tiempode los gabinetes; imposible desenmarañar la madeja que
necesitarás para cicatrizar tan hondai heridas!
guía sus pasos y seguir el hilo misterioso que los conduX.X.X.
ce á través del dédalo de sus argucias. Pérfiia como la
Febrero 26 de 97.
onda, y caro biante y tornadiza como las nubes, la astu •
ta diplomacia tiene flexibilidades de serpiente y nos re·
BIBLIOGRAFIA
serYa á cada momento sorpresa• de gn9mo.

(El grnn problema.
La prensa diaria se ha ocupado últimamente del problema siempre obscuro y nunca deseado de la. sucesión
del General Díaz.- ¿Qué horizontes se descubren en la
vida nacional fntura, cu.indo-y el país anhela con noso•
tros sobornar al tiempo-la gran energia que hoy anuda
y encauza todas las actividades patrias, no se encuentre
al lado de la República pll'".l ampararla y sostenerla? ¿Dón·
de se halla ese hombre desconocido que ha de reco•
ger la herencia del Presidente? ¡Y bien! Ese hombre no
existe ni puede exietir y pretender formar uno, es un des•
cabellado p&lt;&gt;nsamiento.
Un hombre de Estado, de superiores tamaños, con ap•
titudes aceptadas y reconocidas para desempeñar funcio·
nes tan excepcionales como las desempeñadas por e I ac·
iual Jefe de la :Nación en la presente etapa evolutiva, no se
.for,na en un día, ni en un año, ni en diez años. U na personalidad de tanto relieve es el producto de infinidad de
circunstancias anteriores, de hechos eslabonados que yan
lentamente determinando su prestigio, su influencia ysu
poder. En la figura del General Diaz se ha gastado una
vida de actos salientes, de episodios palpitantes, que por
aglomeraciones sucesivas lo h~n colocado en el puesto

a_,

l30Htiítt Qirnerttl.

Nadie hubiera creído que la Europa cristiana, que en
arranques platónicos y arrebatos sentimentales, ha pro•
testado por cerca de dos años contra las crueldades·salvajes de los turcos, nadie hubiera creido que esa Europa, que alardea de culta y humanitaria se pusiera del lado del Imperio Otomano en el conflicto que ha provocado Grecia en los campos crentenees, sacudidos hoy con
volcánicos extremecimientos. Y sin embargo, esas potencias que ee hacen los porta-estandartes de la civilización
y ee declaran los paladines de los oprimidos, han hecho armas contra los griegos que significan la libertad,
en fayor de los musulmanes que encarnan la tirania,
la persecución, la intolerancia, el odio de todo lo inmutable del pas.ado contra todo lo que se mueve y se agita·
al soplo del progreso.
Los buques extranjeros surtos en la bahía de Canea
bombard~ando al campamento de los insurrecV&gt;s creten:
ees y dando abrigo á los que ayer ensangrentaron las comarcas de Trebizonda y de Erzorvum, y hoy deegarran
el seno de Creta infelíz, están fuera de su misión, han
defraudado las esperanzas de los hombres de buena voluntad que confiaban en que bllos se colocarían al lado
de los m,írtires y nunca ser!an empleados en defensa de
los verdugos.
Es verdad que Grecia invade ageno territorio, cierto
que sin consultar con los poderosos, se ha lanzado á una
aventura peligrosa, y pretende una anexión que comienza el desmembramiento de Turquía; pero ya es tiempo de
qne C')mience ese reparto, ya debe terminar esa historia
de crímenes y sangre que manc!1a con sus emanaciones

OBRAS ESCOGIDAS DEL PENSADOR MEXICANO

La emprendedora casa de 103 Sre3. J. Ballesc t y su~esores, dará en breve al público, en edición que se repar·
tirá por entregas, impresa en buen papel y con profu·
si6n de grabados las obras del Pen3alor }Iexicm1. H l·
mos recibido los seis primeros cuadernos del «Peri~ni·
llon Y podemos asegurará nuestroa abJnados q 1e la forma tipográfica y las ilustraciones3on verdaderamente sn·
gestivas.
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)1éxic'l, Febrero 22 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director creneral de "La 11utua "
-Presente.
º
·
)Iuy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de manifestar públicamente el
pago de las pólizas de seguro, me es grato hacer constarpor la pre~nte, que hoy, en la oficina de «La 1\-lutuan del
digno cargo de usted, recibí ante el Notario, Sr. Lic.
D. Diego Baz, la suuu de ($5,000.0D) cinco !llil p;:)sos, importe de;la Póliza 6 certificado de seguro número 36:2,934que á m1 favor solicitó de esa Compafiía mi esposo el 8r.
D. José :\I. Pérez Rivera.
Estoy muy ag~decida por las atenciones que del personal de esa Cvmpafiía y de usted he recibido con el motivo e~presado, y q•1edo de usted afma.' atenta y S. S.R o.~o n o O. de Pú-ez R frem.

Recomiendo á los turistas gastrónomos (bellísima cualidad que es el anti:doto de la gu la, al grado de que en
NOT.AS A TODO VAPOR
vez de «contra gula templanza» como reza' el catecismo,
deberíamos decir, ,,contra gula gastronomían) les recoNEW-ORLEANS
miendo, decía yo, los manjares deN. Orleans. ¡Qué bien
Entramos en una ciudad vieja, achacosa, súcia de humo comimos!·En lagargof e de una vieja alsaciana, legitimista,
de carbón y de tierra. Es una de esas ciudades del Golfo que por más señas, y cuyos manteles albean más que la bandeparecen hermanas todas, pero muy grande, muy desarro- ra de las lises, en lo alto, en lo más alto de una casuca
llada; en ella caben Tampico, Yeracruz y Campeche, y al· que tiene ventana sobre el río y se yergue en un extremo
go tiene de todas ellas, de Yeracruz sobre todo; la impre- del negro y tortuoso barrio criollo; entre una abigarra·ia
sión primera es desagradable, por el desaseo; ¡una ciudad clientela de antiguos obreros franceses y viejos pilotos en
costeña que no se lava !acara! ¡Horror!-Las calles muy receso, y á flor de cocina, eso sí, saboreamos un pescado
estrechas, tanto, que un wagón-pullman, atravesado en maravillosamente guisado, una morcilla aderezada por
la extremidad de la calle por donde vamos, oculta sus mano de hada y unos cam1rone3 delicadamente amortados plataformas, recortado por las aristas de la,; esquinas; jados en sus rosadas cornucopias de nacar. ¡Y t,n el
las casas en este barrio son verdaderos tugurios infectos, aristocrático reSl'J,11,·a11! de )lor.'la'.l. ¡Q 1~ ostras! ¡qu3 demedio ocultos por montones de basura, de t¡_ablas, de ba- licado pr1pe botte! qué truchas supremas, capaces de enflarriles, de papel viejo, hacinados por donde quiera, á la ori- quecer de envidia al gordo cacique de las piscinas de
lla.de las aceras de piedras partidas y disparejas. A medi: Chimalhuacán! Con decir que solo en C.1,mpeche se coro e
da que nuestros coches avanzan, las casas van siendo muy mejor, está dicho todo, y eso que _Pronto hará treinta Y
altas, lo que hace más sombrías las calles; algunos edifi- ocho años que no como en Campeche!
cios su ben á siete y ocho pisos, con balcones que son por
Un tren de vapor nos condujo á. orillas del lago desfi·
sus proporciones, verdaderas galerías de fierro apoyadas lando por entre los suntuosos edificios de Canal-St. que
en columnas metálicas en los bordes de la acera y que se parecen hechos de yeso pintado; al salir de la gran calle
unen de piso en piso por sus arquerías llenas de arabescos entramos en un barrio de casas de madera, primorosas
y adornos; de donde resultan fachadas enteras de fierro • algunas; después bordeamos un vasto cementerio, verde,
calado. En esta esquina y en la de más allá); en muchas de cesped aterciopelado abajo, verde obscuro arriba, en
otras, unos enormes armatostes de hierro que parecen donde balanceaban sus grandes h.oja~ lustrosas y sus
abortos de la torreEiffel, estorban el paso y hacen cavi- enormes copas de perfume los árboles de magnolia; en el
lar al transeunte novel ¿para qué puede servir esto? Para claro que dividía las dos zona11 verdes, blanqueaban los
lo que sirven tantas cosas; para nada. Después supimos sepulcros de marmol y de piedra, simples estelas fúne·
que estos adefecios iban á servir para los tranvms elécbres, la mayor parte; uno que otro hermoso, con la hertricos y ahora sirven para anuncios. ¿Hay algo en los Es- mosura del arte industrial. Luego costeamos una ancha
tados Unidos que no sirva para anuncios? parece que hu- esplanada, pavimentada de madera, salpicada de kiosbo en todo un negocio medio bizco; en todas partes cue- kos medio m•riscos y medio chinescos, como todos los
cen babas y por aquí á calderadas.
kioskos que desde hace un siglo cubren el planeta con
Desembocamos en Canal-Street; muy amplia vía, bor- su vega~acion de fierro colado; v.imos con cJmplacencia
dada de construcciones de grandiosa arquitectura, sin las casitas de baños instalando confortablemente en el
proporciones, pero con dimensiones casi enormes; un río agua su frágil y caprichosa arquitectura, los miradores
no muy raudo de gente orientada hacia el negocio, el ele!l.1\ntes desde donde se domina el lago, los bats que en·
b1snes (/,u..sRine.•) como dicen tolos con singular energía cie;ran un lago venenoso en sus millareH de botellas mul•
de acento, llena !acalle; este río se abre y cierra al paso ticolores y .etopamo.,. As( se dice en el castellano de la N.
de los carros eléctricos que aturden con su perenne cam · Orleans: el lector está en su derecho p1ra leer: y para,Ms.
paneo y distraen con sus largos dedos de hierro que van
Cruzamos 'u n puente sobre un ancho canal; cuando llepellizcan-to el alambre trasmisor de la corriente que sugamos al otro lado, un chiquillo movió una palanca y el
jetan otros alambres frecuentemente conectados con los
puento semi-giró sobre un piñón de hierro y tomó una
hilos del telégrafo ó del alumbrado. De cuando en
posición vertical á la que antes tenía; una gran lancha de
cuando un tren de vapor llega arrastrando dos 6 tres
• wagones de pasajeros, por el centro mismo de la ave• vapor, remolcando cuatro 6 seis balsas formadas por magnida, y pasa cerca de una estatua que parece esculpí· níficos troncos de abeto, pasó; el chiquillo movió de nue·
da no con el cincel, sino con el hacha y que descansa su vo su palanca y el puente se form'&gt; en cinco minutos.
El lago este, es un mar color de violeta bajo nuestros
cuerpo de plesiosauro parado sobre la cola, en unos bloques rudos y mal acondicionados, que forman un pedes- ojos, lentamente azul á compis de la vista que se levanta
tal no tan malo....... como obra de albañilería ....... hasta sobre él é inmensamente azul en su horizonteelegantísi·
la estatua parece hecha por un albaiíil. Ea ( descubrámo• roo de oceano dormido. Dám')nos el lujo de un crepúsculo
nos) la del gran Henry Clay. Nosotros los mexicanos ins- vespertino aquí, meciéndonos en una ro~kinJ ·rln.ir, flan.•
cribiríamos en ese pedestal estas palabras que el gran queados por un vaso de líquido helado ( meda vergüenza
.,pea ka dirigía á su amigo Channing. «/I(Cy crímenes que por decir que era cerveza) y acariciados, sin metáfora, por
.,u enor,~iclad rayan en lo sublime: ta adquisici6n de Texas una brisa de esas que murmuran ~í través del ventalle de
por nuestros compatriota.~ tiene derecho á este honor. Los tiem · las palmas en lo3 versos de mi pobre Alfredo Torroella ó
po8 modernos no o.frecen otro ejemplo ck ,·api,ia cometida en que vagan perfumadas de azahar en las confidencias de
tan t·afút escala.» Cito de memoria, pero eso es poco más Lamartine. Sobre el raso joyante del lago una cúpula de
raso sin mancha, el ci~lo; el pomo infinito de aire zafi.rió menos.
no y la ilimitada placa de cristal no se confunden, se to*
**
can en una curva de lapizlázuli y los dos matices del azul
Nos alojamos en un lujoso y confortable hotel en la
parecen dos aspectos de un solo ensueño. Un solo celaje,
esqmna de Canal-St. y Carondelet y salimos en busca del
Consul mexicano, de Manuel Gutiérrez Zamora, nombre encima del sol que en el ocaso
EN TIERRA YANKEE

deslustrados; enfría la brisa-y-el alma sale de su anestesia como si acabara de ser creada: Pienso como si pensara, por vez primera; pienso en ellos; pienso en la que
nos defó. Yolvamos; mientras volvíamos cantaban en mi
memoria los versos del martir J uan Clemente Zenea:

0

que su ilustre padre hizo h1!!tórico. ( 1 ) Esto nos proporcionó el gusto de ver algunas calles feas, algunos enormes efidicios, de marmol y granito rojo uno· de ellos, no
destituido de majestad. Un banco en construcción, tiene
en su pórtico cuatro ó seis columnas de mármol purpureo
de cerca de un metro de diámetro. Mucho comercio y
mucha gente, esto se notaba al primer golpe e.e vista pero nada extraordinario. Poco gusto para presentar las
mercancías en los escaparates. Un sastre ha colocado en
la entrada de su establecimiento una serie.de muñecos
que representan personajes de la historia de los Estados
rnidos, vestidos con muestras de la rnpa hecha, que
allí se vende; de modo que puede uno ponerse los calzones del general Sherman, hombre de muchos calzones indudablemente.
(11 r.utiérrez Zamora murió hace algunos me.,;es. Cuanto mexicano haya e,tado en Nue va Orleans en es-tos afios últimos, habra de¡,1orado ~u muerte, como no:::.o tro~.

Ferme les b,·anches d'or de son rouge erentail;

una sola nubecilla de encaje tram'.\do de luz y teñido de
amatista purisimo por arriba, flotaba lentamente en un
segmento verde del cielo. El sol escarlata, pero de un escarlata absoluto, como si saliera de un baño de sangre
humana, se deetaca ovalado y deforme en el vaho violaceo de la atmósfera; del otro la&lt;lo la luna, oxidada, con
una cristalina palidez de histérica, viendo el sol al sosla•
yo, t'On grandes ojeras azu)osas de desvelada, una luna
dulcísimaé impura, en fin, que denunciaba en su luz enfermiza, en su mirada lánguida, la sensualidad suprema
de sus amores tormentosos con el mar. A veces un soplo
que viene del Oriente y que parece el h álito de la luna,
hace correr un estremeciento de plata por el lago que en
el ocaso semeja un disco de acero que el sol damasquina
de arabescos de oro.-,-Los faroase encienden en las ribe•
ras y la luz eléctrica crepita y azulea entre los globos

E l sol al ver la luna acorta el paso
y quédanse mirando frente á frente,
un globo de oro y sangre en el º?aso·
y un globo de alabastro en el Onente.

.,.**

A trip to Chinn-toirn.-Un viaje á China-town, es un i;audeviUe ú opereta funambulesca en que se caricaturizan
ciertas costumbres de la gente de trueno en N. York; la
escena pasa en Bowery, la famosa calle ó avenida popu•
lar y de malísima fama nocturna en la ciudad imperial ;
pegedo á ella hay un barrio chino; ese es China-Town.
Una serie de escenas ridículas y risibles, iguales ií las
pantomimas que organiza y anima Ricardo Bel!; un rosario de interminables canciones, ensartadas en airecillos
graciosos, pero infantiles, como el del valsecillo americano que cantan aquí y en México todos los chicos: después
del baile; una colección de habilidades, silbidos. mugidos
de locomotora, qué se yo, ejecutados á maravilla por uno
de esos hombres que se disputan los empresarios de cir•
co...... Eso es el famoso rir1jc; algunas bonitas decoraciones, algunas luisianesas bonitas, muy airosas, muy gran•
des de ojos y de boca, ¿inglesas? ¿francesas? ¿españolas?
~o sé; algo de todo eso con una gota de esencia africana
en el fondo de la mirada negra y &lt;le la sangre roja.

*

* bañadera de marmol lleDormí un poco dentro de* una
na de agua tibia; pero ya en mi cama; me tuvieron des•
pierto los campanillazos incesantes de los trcwurny.•. La
civilización como el crimen de l\Iacbeth ha matado el
sueño; para dormir cual un patriarca precisa volver al
tiempo de los patriarcas. La civilización ha in ventado rui ·
dos nuevos ó ha hecho nuevas combinaciones de ruidos
viejos. Por eso me aparece en mi insomnio como una joven yrmkee con una corona de estrellas eléctricas, unas inmensas alas blancas de algodón fenicado y dos frasquillos
májicos en las manos: uno de bromuro de potasio y o"l:.ro
de cloral.
Muy de mañan::., después de tomar algunas frutas helada2 y un poco de té, salimos ií vagar por las calles; el
jefe de la caravana, una primilla mía de diez años, esbel•
ta y graciosa como una luisianesa, otro excelente compaliero de viaje que habla en español un copioso inglés de
Ollendorf y vuestro servidor. Una brisilla fría y sabrosa
nos convidaba á andar y vagamos...... vagamos. Los
bloks ( nosotros diríamos las manzanas de habitaciones)
se suceden en las irregulares casillas de interminable ta·
blero. En unos domina el rojo, el color instintivo de la
fabricación yankee, otros son amarillentos, y grises y color de humo todos. )lark Tw:iin dice que desearía para
Nueva Orleans uno de esos colosales incendios como los
de Chicago 6 Boston, para que en la ciudad nueva hubiese un poco de arquitectura; no la hay, en verdad. Lacé·
lebre Bolsa del algod6n con su jactancioso estilo del rena·
cimiento francés, sus cariátides y su o:r'namentación profusa, me pareció de papiermriché. )Iás me gustó por dentro;
su confortable instalación, su movimiento, no extraor•
dinario, pero constante, revelan la gran importancia de
la mercancía-reina en la metrópoli mercii.ntil del bajo )fi.
ssisipí.-En una inmensa carta de los Estados -Unidos es•
tán marcadas las temperaturas diarias de las ciudades
prin~ipalee. Las líneas de balcones de fierro calado, se
interrumpen aquí y allí por alguna enorme construcción
de muchos pisos, acribillada de ventanas; es una fábrica,
un edificio de oficinas, una colmena humana. Por la calle Laffayette, fea y obscura, pasamos á. la calle St. Char•
les, amplia y hermosa, en torno de un jardín lleno de
copudos árboles, una iglesia gótica, un edificio público (la
casa de ciudad ) con altas e1,.calinatas y enormes coluro•
nas grises en su fachada; del otro lado un templo masó•
nico.
El tranvía eléctrico nos condujo á Carrolton; el frío pi·
caba y mordía á su gusto ; eepléndidas avenidas de árbo·
les, apenas despojados de hojas en los primeros días de
su toilette de Otoño ; casas de madera, algunas grandes y
hasta suntuosas, rodeadas todas de jardincillos ordena•
dos á la francesa; grupos de niños y niñas muy limpios y
muy alegi:es que van á las escuelas. En una plaza, sobre
altísima columna blanca, la estatua del gran rebelde Ro·
bert Lee.
*

* *pero lo Yolveré á h acer )
Lonchamos ( perdón Peñita,

�DOMINGO 28 DE FEBRERO DE •1~1

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1S97

132

y salimos á pie para el barrio criollo, en compañía del
buen Gutil•rrez Zamora, á quien entregué una carta que,
por eu delicada amabilidad, llevaba desde la primera lín~a la firma del seílor ::\Iariscal. Entramos en la catedral,
vet.ueta, insignificante, fea; las naves laterales e~tán cortadas en su parte superior por grandes galerías 6 tribunas; algunas pinturas ba!!tante malas; dos \'iejas mulatas
rezan deyotamente junto á la reja que cierra el ábside, Por
fuer.1 nna fachada vuigar rematada por dos torres pira·
roidales.
:-;alimos al parque Jackson¡ me acerqué con viva curio·
sidad ni bronce ecuestre que le sin·e de centro; la estatua
de .-\n&lt;lr¿s Jackson. Nueva Orleans debe la vida á este
hombre~ en 1815 la eah·6 de los ingles:es que la amenazaban y la salvó de él mismo, porque cuentan que estaba
resuelto, en caso de derrota, á reducir la ciudad á cenizas
ante~ que dejarla en poder del enemigo¡ enérgico, iracundo y brutal como era, habría ejecutado su propósito.
Y de mucho más era capaz el bilioso magistrado duelis·
ta dd TenneEsee, el rabioso exterminador de los indios
del rndeste americano, el soldadón sin escrúpulos1 que es
se6uramente el mtí.s notable hombre de guerra que pre·
senta la historia de los E~tados U nidos, á la par de Sherman y Lee y el te1uperamento de soldado más radical que
la mJs turbia, pero la más exaltada de las popularidades
haya sentado en la silla prei!idencial de Jorge. w·ashington y del impecable república J. Q. .-\.dams. Sólo Jackson
y Ulises Grant, han seguido siendo soldados aun en la
presiU.encia; ·washington, Tylor1 no fueron más que ciu-

y el francés que hablaba, ligeramente arcaico, pero con
modulaciones tropicales de música tan marfilina y suave,
que todo nos bacía creer que la f.rancesita de Luieiana se
había escapado de un paisaje de abanico de raso de los
que usaban las lindas damas del primer imperio y que
hoy consen·an todavía en sua pliegues ligeramente marchitos el divino perfume de las flores muertas. ¿Ibamos
á oír de sus labios la llorosa protesta de las criollas de
Nueva Orleans contra la infame venta de la Luisiana á
los Estados U nidos? No; mi patria, nos decía, es los Es,
tados U nidos y México.

FISONOMI.I.S MEXIC.1.N..I.S
A GATO VIEJO ....•.
(\"\.'ase nuestro grabado.)

Por idiosincracia, por atavismo, por todas esas cosas
que hoy se mencionan con palabras nuevas, ó por lo que
ustedes gusten y manden, los mexicanos no podemos
verá una mujer1 guapa 6 fea 1 con tal que sea Joven, sin
derretirnos de amor y-lo que es. peor-sin decirle que
nos derretimos. De abolengo los latinos somos,lloreadore8 y
enamorados; pero á. los mexicanos nadie nos gana á que•
rendones. Yer una hembra y dispararle todo el surtido
de exclamaciones sentimentales ad hoc que tenemos en
Mas tarde hicimos el vi:je
1a [;,,ü acompailados de
_la mollera, es todo uno.
un joven mexicano muy lieto y muy amable, hermano de
Tan nutrida llegó á ser la granizada de piropos que los
nuestro excelente amigo el Director del i,~,iirersal. Lasca- desocupados de Plateros lanzaban sobre las muchachas
Hes que llevan á C'ri:1M'eu1 ('ity (la ciudad media~luna) son paseantes, que D. Pedro Rincón Gallardo, de pía memo•
animadísimas, incep,antemente surcadas de tramways1 de
ria, ó D. Eduardo Yelázquez (no lo recuerdo en estos
carros y carretones, bordada de grandes casas, de enormomentos) penaron con retención y multa á todo lagar•
mes cubos de piedra gris ó roja, perforados de centena- tijo que florease ó. una mujer.
res de ventanas, como el Corl'to, la .·tdwrna, una refinería
Las damas, por su parte, aunque enamoradas de la lide azúcar; el Correo es magcstuoso, con sus cuatro pórsonja, detestaban y dete¡::tan las triviales flores callejeras,
ticos y su aire severo. De una ventana de este edificio hi- y si en un baile, respondían y responden al clásico: f'R 1t8·
zo colgar el proconsul Butler á un energúmeno borracho ted 11l!l?1 li11da con el cursi e1rnstrd m11y yalmite, en Plateros
que había arrastrado la ~andera de la Unión por las ca- se enfullinaban y se enfullinan aun á. la hora en que esto
lles de la ciudad, después de haberla hecho capitular el escribo, ante una palabrita melosa.
heróico Farragut en 1862.
Las biliosas euelen responder con ef:ta exclamación:
Llegamos á la ler~e, inmenso dique de tres ó más millas
¡grosero!
Las nerviosas con una mirada que querrían tener todos
en forma de arco y cuajado de muelles, que defienden
los fuegos del Cosmos para aniquilar al molesto moscarla ciudad de los caprichos del padre dt lax agua.a, del viejo
Mescbasebé. Colocados en uno de tantos muelles en me• dón; las anémicas mueven desdefiosamente los hombros
y las linfáticas prosiguen imptí.,·idas su camino. Pero sean
dio de un ver&lt;ladero laberinto humano, tratamos de ver;
cuales fueren las manifestaciones de las doncellas florea-:.
arriba una nube espesa que se nos metía por las vías resdwJante eljfort'ad,,r, no cabe duda de que este constituye
piratorias en forma de moléculas de carbón, producto del
una calamidad social, una melrna de género diverso á la
aliento de las chimeneas de los vapores que llegaban y
salían¡ primera rube negra. Otra abajo; ésta la compo- que reina en Oaxa.ca, pero no menos atroz. Ha llegado
nían algunos centenares de negros y mulatos que grita- hasta entorpecer el movimiento de Plateres y es frecuente-merced á él-oir diálogo! como este:
ban, juraban y saltaban como goriUas en asueto, yendo
-¿Xiña, no vas á hacer tus compras?
y viniendo de los muelles á los vapores por medio de
-Sí, mamá, pero en coche.
puentes volantes de tablones, con fardos y carretillas
-Ko, ú. pie, que te sirve de ejercicio.
haciendo un ruido diabólico; le faltó al Dante, para un
-Sí, pero me florean ..... .
cuadro al carbón de los que componen su galería infer-No haces caso.
nal, una ,·ista á Creseent City.-Entre esas dos :g.ubes ne- Ay mamá! parece que no conoces á los lagartijos ......
gras había una faja clara que permitía ver en último térLa sellara suspira pensando:
mino la opuesta orilla cubierta de casitas ( todas iguales)
-¡Hace tantos años que soy vieja!
y de fábricas humeando; de esa orilla se desprenden los
Y la niña pide el coche para hacer sus compras.
ferryR, cargados de coch~, de caballos y pasajeros. El río

dadanos.
Nueva Orleans ha hecho bien en cobijar con su manto
azul maculado de humo, :í. los dos irreconciliables enemigos, al soberano orador Clay y al semi-Cezar Andrew
.Jackson. ¡Y pensar que si Clay hubiera ganado al gene:rnl la. presidencia, nuestros negocios con los vecinos habrían tomado mejor y m:í.s cristiano y honrado camino,
y que probablemente hubiéramos economiza.do la guerra
que hace medio siglo nos dilaceró y nos mutiló! Esta presidencia de .Jackson costó mucho¡ en su tiempo quedó
pla"nteada y for1m\lada por el fanatismo elocuente y som·
brío de Calhoun la cuestión ~e los derechos de los Estados que había de resolverse á eangre y fuego en la guerra
de secesi6n¡ en su tiempo se inauguró el sistema de dexpo•
jos, que ha convertido las luchas electorales en combatea
por los empleos, que ha convertido á la democracia americana en un ejército mandado por los politicians; ese sistema. que ha hecho impopular la. honradez de ~Ir. Cléveland, el valeroso presidente que ha reobrado contra él y
contra la tJ()lítica de corrupción y de injusticia que entra·
11a. Xo importa; esta democracia, no presentará.1 sino muy
de paso, el horrendo especMculo de una democracia eecla,·a; hay en ella fuerzas form.idab1es almacenadas que
la sahTartin en caso de peligro; un glóbulo de sangre de
los dejos padres peregrinos de lll Ffor de Mavo, basta pal'a encender en el corazón del último ya11kee el amor indómito y ~agrado de la libertad.
~ada de esto me decía la vulgar é inexpresi,·a fisonomía de la estatua delgeneralJackson .... .. y seguimos. Feo
barrio éste; en el centro de las calles apenas corre el negro y mal oliente arroyo, oculto por basuras, papeles,
restos de barric~s¡ las casas cubiertas de yeso, descasca·
radas, ennegrecidas; el teatro de la Opera francesa, galerón que se abre eobre un pórtico de pilastras cuadradas,
blanco embadurnado de humo, E"S ignominioso. Mas no
sé qué olordeviejo1 de historia, de costumbres crueles, pero pintorescas, de duefios de escla,·os, reina allí v encanta; y luego los nombres del as calles: i·tu Bourb6n: rue Contí_. ..... hacen un efecto dulce y melancólico sobre el espí·
ntu y remueven la arquilla de los recuerdos ......
Habéis leído alguna de eeas delicadas novelillas luisianesae de Jorge Cable? allí pasan con las timideces de las
razas aristocráticas y los estupores de la elegancia caballerezca ante las brutalidades de la civilización del carbón
Y del fierro, algunas mnj~res de la antigua sociedad criolla Y francesa de e~ta comarca. Todavía hay representantes de ella aquí; entramos á una casita modesta y confortable, Y un amigo que nos acompafiaba, nos presentó á su
esposa. Era, una joven madre ligeramente opul-=:nta de
formas, pero tan elegante bajo la ondulación rítmica de
su vestido de mU8elina; era la suya una encarnación lac·
tea Y rosad.a tan muelle, tan fina, con tan delicadas vela·
duras de ámbar sobre la sedefl.a tez; y el peinado recogido en lo alto de la cabeza en una apret.ada diadema de
Wnos dorados, como los tocados de principios del siglo-

•á

¡

describe frente á nosotros su espléndida media luna (de
donde el nombre de Cre11•er1t City) El ~lississipi, el río
más grande del mundo (4,300 mi11as agregándole su tributario el ~Iissouri) tiene la particularidad de irse angostando á medida que se acerca á su Delta. El capitán)Iarryatt le ha dado el nombre de cloaca má.l'ima por la prodigioea cantidad de lodo que arrastra ( más de cuatrocientos millones de toneladas, depositadas cada ai'l.o en el Golfo de México). Así sale, entre estrechos y tortuosos ca•
nales y pantanos, al mar y algún día llegará al canal de
Yucatán y dejará. convertida en una charca gigantesca la
parte occidental dd Golfo; si esta fuera la solución de la
cuestión cubana, habría que esperar un poco, unos millones de años tal vez.
Los vapores blancos de dos ó tres pisos de camarotes y
puentes, que remontan el río, recogen sus pasajeros al són
de la campana, izan sus banderas y parten describie11.do
una airoea curva. ¡Y pensar que esta inmensa arteria de
la circulación mercantil del planeta1 descubierta por So~
to en 1542, no íué explorada por La S,üle ha.ata la.a postrimerías del siglo xv·n y que no ha sido empleada en
el tránsito mercantil basta después que Napoleón vendió
la Luisiana á los norte~am.ericanos eJJ ..l.803, en ochenta

..•

'
Empero,
por atroz que sea la erotomanía en un joven,

tiene disculpa.
Lo que no la tiene es la erotomanía en un vieJo.
La et.cena que ha servido de asunto al pincel de Villasana, es, sin embargo, común, acaso porque lo bueno es

lo raro.
¡Oh! los tenorios seniles! Asomaos por las noches á las
dulcerías, pastelerías y salones de re[reecos servidos por
muchachas, y sorprenderéis más de media docena de 0808
valetudinarios, de esos que ya ni pecar pueden SÍI\O imaginativamente, de esos faunos cincuentones de vientre
exageradamente combo y piernas exagerad.amente fla•
cae, ó del tipo que queráis, desgarrando sus anejas y
averiadas lisonjas insinuantes al oído de una burlona
muchacha, entre vaso de soda 6 de vichí y pastillita de
chocolate ........ .
Los yankees, que según la feliz expresión de P1ml Bourget, ven en la muJer al individU:o y -no al sexo, capacea
son de convivir con lindas mexicanas en una pastelería,
sin mengua de la integridad moral de unos y otras, mas
que entre al establecimiento un viejo alifajado de eeos
que en el otoño de la vida refinan su paladar, y adiós
claustral y pura. fraternidad, adiós paz eucarística del esmillones de francos!
tablecimiento: las solicitudes cautelosas se tocarán en el
El día siguiente lo empleamos en visitar al maire de la aire, estarán en la atmósfera, y los deseos estragados burciudad, hombre excelente y campechano; en dejarnos
bujearán con la soda, en las copas de cristal.
reportear por un amable muchacho de Mazatlán, redacEn México ni el reuma crónico, ni el asma, ni la debi•
tor del Picaywu; en hablar mal de los irlandeses y de
hdad senil impiden i un Don Juan de dentadura poetiza,
los negros que se disputan la riqueza y el trabajo en la
y macierland abrigador, buscar la fruta del arbol prohi•
reina del Mississipe y en vagar .......
bido.
Al obscurecer del día tres de Octubre, partimos.
¡Oh! comodinos gatos viejos que durante el día ru1tru•
Jusro SIERRA·
neais en la silla de cuero de la oficina 6 del despacho,
entreabriendo apenas un ojo para firmar minutas 6 reci•
Febrero de 1897.
bos de renta. y merodeais en la noche á. caza de ratones
tiernos; gatos viejos que engendrais hijos escrofulosos,
Las cuestiones políticas y militares agitan al mundo; epilépticos y maniacos, en trabajoeoe horas de idilio ......
vade retro.' ...... retirad 1.•u.estra bandera ....•• Di08 lo qu.Ure y .
los intereses económicos lo conducen.

G. M. _Valtour.

el diablo .....os desecha.

,.

Señorita Julia Novclla, de Guatemala.

133

EL MUNDO

principalcampea algo en escorzo, elescudode lm Reye~ Católic08, que en un
mo11umento dedicado al descubrimiento de América, no puede ni debe fal·
tar el recuerdo de la Reina magnánima, JK&gt;r cuen~ de cuya corona se acomet10 la considerada como temeraria
empresa. Corta el escudo la faja ecua·
tonal y anima con sus minuciosos detall~s y artística ejecución un gran espacio que de otro modo resultaría
poco agradable. Sobre la superficie de
la esfera ee dibuja en relieYe la masa
de continentes é islas que co¿stituyen
el mundo moderno.
La ejecución del monumento es es·
merada hasta en sus menores detalles.
La figura de Colún es dos veces al natura! próximamente. Ella por sí Fola
trae toda la atención, por su majestuoso aspecto por su expresiva actitud
y por su belleza. La cabezt1. es ver&lt;la·
deramente hermoea: impreso en ella el
Eello de su época, retrata al pensador
y_al hombre de carúcter firme y enér¡pco, que dió remate glorioso rí. In empresa llena de dificultades. Atrae y
hace pensar. Sus líneas Eeveras no lo
son hasta t-1 extremo de hacerla anti•
ptltica, antes bien expre@a la bond:itl
del hombre v la inteligencia superior
del ge!1ío. A Su lado el simbólico quetzal, hendt: suR alas como para remontar su vuelo.
Las tres figuras de los atletae son
magníficos t'!:!tndios del desnudo en
los que('! Fel1or )fnr ha hecho gnl~ de
sus º~"e!,·aciones anatómicas y de su
con?&lt;:1,nnento de las reglas de la compo!-1c1on, para harmonizar entre RÍ
tres figuras eeme_jantes, v ql~e ein embargo, t'x~re!!8n ideas y hábitos enLernmente distintos.
El_ruonurnento, en su totalidad tiene diez metros de altura; y está ro&lt;lPa•
do de una verja, estilo del !óliglo XY,
colocada sobre base de mármol, y todt1.
el la bronceada.
En el frente del zócalo se ha coloca-

d!) una., loz~ s._encilla y elegante, con la siguiente inscripc1frn: u~e erigió este monumento por decreto de 12 de
"&lt;~ctubrc de 1892, siendo Presidente de la República el
11 (,eneral D: .José )laría Reyna Barrios. Inaugur6se el
« 30 de Jumo de 1896.,
_El costo total del monumento no baja de ;:-40,000 segun los datos que he recogido.n
'
• De ~rtíst_ico liemos calificado el proy('cto del sefior Mur
y la eJ~cuc16n que ha flabido darle. Y en efecto: si bie~
la cr~t1ca severa puede hallar repetición de motivos e:n el
dupl_1cado de las esferae, para nosotros em redetición
precisamente es la que merece nueEtro calificativo pues
?om:pleta el ~nsamiento concebido y realizado 'por el
1nsp1radoart1¡::ta.

•••

Como n~ta curio~a i:elati"a á la Exposición de Guate~ala, dan,,mos la F1gmente: La primera instalación orgamzada, correfl~nde á la casa de Krupp.
La_gran fábnca de cai\,1nes, fusiles balas y corazas
fon!ndable. e!1 la gu.erra '.: tem_ible. en 1~ paz, n0 se apre~
suro áexh1b1n:::e m en 1-nincm m enChicugo, y se apresura ii. hacerlo en ( iuatemala.
¿A q~é obedece esto? lmagínomt• quP. el Sr. mmmger de
la fonmdable empreEa aleumoa ~e ha dicho para su coleto: Los rrnnc~ses co? dificultad se lanzarán á una nueva
empretza béhca. Tienen grnndes intereEes indllftriales
que ?,roteger y pocn_s_g:,mas de gastar sus milh:,nes en ba·
las, ,i pe~ar de las lml'as declamal.'iones de la Rerm,,.J1i
L?s yankees ......... ufi! ee-os no pelean. Tienen much¿
dinero y .m.uch~. calma. ¿A qué enviar, pue&amp; cai\ones con
tanta a~1t1c1paC'1011, :í esos ~efi_ores? !~n G_uatemale. ya es
otra co.-,a .... ~. L1s Repubhqmtas latinas tienen lo belicoso e~ los gl\lbulos. de la ¡,;an~re .. \.llf no Fe concibe la vid_!l e-m cneshones rntP.ruacionale~ ......... Yayan pues mi~
h.rupp. ¡Los venderé bien'
'
'
! las formidabl~!-i m:íquÍ nns han lle~ado á la cita las
pmneras Y bof=t.Pzan ya en su instalación, por su amplia
bocaza, preiladJ de muert.t-.

•

+.

Eng:ala_namos n11efitn1i:i colnmnas con una belleza más
d.e la capital de Guatemala. \'icne f:u h~rmosura de Francia; h_ay rafgo_s galo¡:i en l'Se rof:tro ilnminado por la in·
m~ns1dad radiante de dos pupilns obf:curns.
• e llama ...... paia no!!otros la mujer bella no tiene sino
~ombres \'ago!-':. es ~1114e!&lt;tello _de la hermosura eupremu.
8e tiama en!lueno. 1\us1ón. caflll0, e!ólperanza ....... ..
~. comopor~sta Yía el Pegazo de la imaginación pudiera irse muy leJos, ponemos punto.
.

GU..I.TEJll:..1.I,..1.
!Monumento á Colón.-La primera in•talación para
el certamcn.-U na belleza.

C~mos no tener necesidad de re¡:etir que, circulando
amp!1amente_nuestro semanario en la vecina República
-del :sur, es natural y justo que de vez en cuando consa,gremoe parte de ■ uestras columnas á la descripción de be·
IIE:zas y monumentos dignos de toma.rae en cuenta. Cumpltendo, pues, con este prop{Jsito, damos hoy un grabado
del hermoso monumento á. Colón erigido por decreto de
12 de Oct_ubre de 92 é inaugurado' el :30 de Junio de 00
·en la capital _de la República, en el parque de la plaza d~
-a1:mas. Reftnéndoee á ~se ?1onumento, nos dice un crom!™1 goa~m.a.lteco lo s1gwente1 que puede servir de am·
.pha descripción:
Eleeflor D. Tomás )lur ha dado vidaá una hermosa idea
-enel monn~ento,_ en el que no hay accesorios inútiles de
or_namentac16n, m detalle alguno supérfluo, y que no contribu:ra por~oruM:Cuencia, al desarro1lo de aquella. Página
artística é h1Bt6r1ca, todo se une para formarla y para
-d_arle claridad y expresión.
EL basamento.es de baee cuadrada: todo él de mármoles blancos y TOJ08, tiene J&gt;róximarnente dos metros de
altur_a. ~bre él, una semi-esfera representa el antiguo
hem~efeno, s&lt;;&gt;bre el cual ~san sus plantas tres figuras
atléticas en d~ferentes actitudes, pero que contribuyen al
-esfuerzo coman de eostener y elevar en sus hombros el
mundo completado por Colón, cuya figura se alza de pie
sobre el globo en actijud tranquila, sefl.alando á sus pies
:el, ree~ltado de eu ob_ra. Las ~tres figuras representan la
C1enc1~, hiConstanc1a y el\ alor, y tienen de altura vez
y media el natural.
La Ciencia tiene á. sus pies las columnas de Hércules
rotas, a.plastando en su caída la tradición del no máa allá.:
·en una ma1;1oalza un 1milado de laurel pues el sef\or
Mur ha hmdo de coronas y de ramas bien colorarliN~
para repre~ntar unas hojas cogidas al acaso y ofrecid~
•en el e~tm1a_smo del primer momento. En la otra empufia la s1mb6hca palanca, con la que sostiene el mundo· el
· extre.1?0 de la palanca se apoya en Ja Constancia, flg{ira
de ~ct1tud ~posada, que sostiene en su mano izquierda
antigua ántora de la que se desprende una. gota de agua
· 9-ue c:a,e _sobre 1¿na peña deegastada, en la que se lee la
1nsct1pc1ón latina t1!Jt1Ua cai:ot lapidem.11
-La teTCE:ra figura representa al Yalor: figura muy movida, d~ actitud _arrogante, se apoya en el timón de un bo·
teca&amp; sumergido en las olas, como desafiando á la tempestad; pero empui'i.ando prudentemente un cable ues
•el valor no ha de ser temerario sino inteli ente
'p
Las tr~s fi~uraa sei\alan cualidades que filstin.guieron á.
Colón. Ciencia, Conetancia y Yalor
En la semi-esfera de la base hay ~uatro coronas de lau•
rel_que descansan en otros tantos pedestales de mármol
umdos al b~eamento,.con el que forman parte integr.m'•
~- En la fa1a ecuatorial está. escrita 1a leyenda-dedicato·
,~1a: "~uatemala á. Cristobal Colón,,, en caractkresantiguos 1
-ue relieve y de bronce dorado.
En la esfera superior ee dibuja en la misma forma el
f"IDOte ,Plus Ultra, 1:? de Octubre de H52,• y en su rrénte

Guatemala.-Monumento á Colon, .,nau&amp;urada el 30 de junio de l8g6.

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�134

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE J8!17

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

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EL MUNDO

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Bombay.-Torre del silencio.

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El flsunto de palpitante actualidad en Europa es la
cuestión cretense que ha tomado un aspecto del todo
nuevo é inesperado por la intervención del Rey Jorge de
Grecia.
Fresca aún la sangre vertida en las espantosas matanzas de Constantinopla, y un tanto apenas tranquilizados
los ánimos por la intervención de las potencias que exigieran algunas reformas al sultán; la revolución estalla en
l,Teta, la gran isla del azul mediterraneo, y se repiten
las escenas de exterminio, en las que familias enteras
caen bajo el yagatán del turco ebrio de sangre, clamando
en vano piedad y misericordia ......
Como en Armenia, el horror de la tragedia es infinito y
los cretenses cristianos, hartos de la tiranía turca, y caneados de sus crueldades, han contestado á los furores musulmanes con explosiones de fanatismo cruel, y buscando un nuevo refugio han proclamado su anexión al reino
de Grecia.
El re'[ Jorge, inspirado en las ideas de su pueblo, que
aspira extender la influencia helénica, ha aceptado la
declaración de los cretenses, y hace lo posible porque
triunfe la revolución, desafiando al pérfido sultán y exponiéndose ~t las iras de las naciones poderosas, que no
se atreven aún á herir de muerte al infeliz caduco imperio de los Califas.
Por el tenor de los telegramas, parecía que las potencias, con excepción de Alemania cuyo Emperador no es-tá en buenos términos con el gobierno de Atenas, favorecían la anexión de Creta al reino de Grecía; pero el
bombardeo hecho por los cruceros extranjeros al campo
insurgente y laFJamenazas del Almírante inglés, nada menos que á un Príncipe de la casa real de Grecia, quemanda la floti11a de torpederos en las aguas de Creta, hace
pensar que tal vez á última hora las potencias han deci•
dido contener las ambiciones del Gobierno helénico.
Estremece contemplar ese cuadro de horror1 donde el
fanatismo cruel y la supersticion salvaje chocan en convulsión trémenda.
No es sólo el odio tradicional entre los adoradores de
la cruz y los sectarios del Corán lo que produce esas explosiones; se ven allí como los espasmos de un pueblo
moribundo que en su desesperación hiere 1 mata y destruye antes de hundirse en el abismo.
· ¿Cuándo querrá la Europa cristiana borrar para siempre á la Turquía del catálogo de sus pueblos? ¿Cuándo se
librar1i de esa úlcera que la avergüenza?
Damos varios grabados que ayudar.in á nuestros lectores á formarse una idea cabal del teatro en que se desarrollan los sucesos á que nos referimos. ·

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LA REVOLUCION DE CRETA

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EXOTISMOS DE LA INDIA
La peste y los pa~sis.

El asunto que va á inspirar estas notas juntamente con
la cuestión cretense que desfloramos en otro lugar, son
hoy por hoy los asuntos de interés en Europa. No hay
revistaex:tranjeraquedeellosno se ocupe, y si EL ~ItTNoo
ha de reflejar la fisonomía europea como la americana,
justo es que á su turno les consagre algunas líneas.
H echa esta breve salvedad, pasemos al asiento. En
189-i, la peste ó trhmnw1,. que venía de uno de sus focos
endémicos de la China, de las altas planicies de Yun- Nan,

donde diezma, desde 1850 á los habitantes durante una
parte del año, stalló bruscamente en Cantón. En algunas semanas hizo más deú,000 víctima.e.
De Cantón, la plaga no tardó en pasará. H()ng- K~ng.
En 1805, cuando los foco~ de Cantón y de Hong-1\..ong
estaban au!l en t&gt;lena actividad, la epidemia se extendió
á los alrededores de la ciudad y í$anó en Reguida la ciudad de Macao. Hace un año la isla de Forinosa estaba
contaminada .
A fines de 1896, Bumbay, uno de los centros ro.is populosos de la India Inglesa, estaba infe::¡tad~ y pagaba á la
peEte, desde el primer día un esp~ntoso tributo. Da B_ornbay, por último, la peste se embarcó con los peregrrnos
hindus y ha desembarcado estos últim9s Jías en CJ.marararos en el }./far Rojo.
Se han atribuído los estragos de esta plaga á cau~as
bien diversas. Ba~ta, para comprobarlo, mencionar esas
Tor/'es rlel silencio que debieran llamarse m,fa bien torres
de la muerte.
Las Tor-rn del lrilencio, en número de 115 en la India,
sirven de lugar de sepultura á los par:,;is. Ya se sabe que
esta secta. una de las más curiosas y rle las más ch•ilizadasde la India, profesa el culto del Faegl) Sr,,qrado.
En Bombay, donde su colonia llega á. 47,458 habitantes, han hecho sucesivamente elevar siete torres que sir·
ven para la inhumación de sns correligiona..ios.
Estas torres ó Drtl.:mas esMn agrupadas en la cima de
una colina, .Malabar Hill, que domina la mar á algunos
kilómetros de Bowbay.
Al contrario de lo que pudiera suponer¡:¡e, ~!alabar Hill
es un barrio lujoso donde se agrupan deliciosas quintas,
á. las cuales la vecindad de los Dakmas no asusta en ma•
nera alguna.
Estas torres están -por lo dem,í,q rodeadas d~ jardines
magníficos; para dominarlos. basta estar autorizado para
subir á la terraza de uno de los tres Sagris;-se llama así
las capillas en la cual es mantenido el fuego Sagrado.Desde esta eminencia, la vista se extiende á lo lejos hasta el mar. Bombay y su maravillosa rada aparecen en
parte ocultos por plantaciones de cocoteros; á lo lejos, la
cadena de los Ghates, alrededor un parque inmenso que
circunda los Dakma.s. ¿Son estas verdaderamente torres
como se las ha llamado? Su altura no guarda proporción
con su diAmetro. La más grande de las cinco tiene 90 pies
de diámetro por 35 de altura. Son masas enormes de manposterfa demasiado resistentes para durar siglos, construídas de granito negro y duro1 revestidas de una capa
de cal Llanca.
En el centro, un pozo de quince pies de profundidad v
de 45 de diámetro, conduce por un agujero practicado
en la mampostería á cuatra canales dispuestoc, en ángulos rectos el uno del otro y terminados cada uno por
huecos llenos de carbón. Un parapeto de µiedra de catorce pies de altura, rodea la parte st;tperior é impide ver
al exterior. Este parapei;9 es el que, visto de Jejos, parece formar una sola masa con el aparal;o de pierira, y á
causa de sus revestimientos de cal, da al conjunto la apariencin de una torre aplat1tada.
La plataforma está dividida en setenta y dos compartimientos 6 cajas abiertas que parten del punto central y
están dispuestas como los radios de una rueda y se hallan repartidas en tres filas concé ntricas, separadas las
unas de las otras por estrechos conductos de piedra que
sirven para llevar la humedad ,í. los pozos y los canales
in feriares.
Es bueno hacer notar que el número tres es el emblema de los tres preceotos de Zoroastro, y el mlmero 72 el
de los capítulos del Yasne, una de las secciones d el ZendAvasta.

Cada línea de ataudes de piedra está separada por un
pasadizo, lo que viene ó. hacer trs pasadizos circulares¡ el
último rodea al pozo central. Estos tres pasadizos están
atravesados por una calle que conduce á la puerta única
por la cual entran los portad.eres. En la primera tila están colocados los cuerpos de los hombres, en la de en medio los de las mujeres, y en la última, la más pequeña,
cerca de los pozos, los de lós niños.
Sir Monier ·williams, que ha asistido á. los funerales de
los Parsis nos los describe así:
Eu tanto que yo me ocupaba con el Secretario en exami ·
nar el modelo de la torre, cierta agitación llamó nuestra
atención: una centena de pájaros reunidos sobre uno de
los Dákomas, comenzaron á moverse, en tanto que otros
se dejaban caer pesadamente de los árboles vecinos. L'3
causa de este movimiento nos fué bien pronto revelada;
Un convoy se aproximaba. El cuerpo sea cual fuere el
rango del difonto: rico ó pobre, y así esté próxima ó lejana su morada, es llevado sierµpre por los nasasalars, que
forman una clase aparte en la comunidad. Las personas
que siguen el convoy van después, Como los cargadores
son supuestos impuros á causa de sus funciones, vi ven
completamente separados del resto de la comunidad y
son ampliamente retribuidos.
Antes de llevarse el cuerpo de la casa donde están e~
asamblea los padres y los amigos, se recitan plegarias
que contienen ciertas Ghatas· ó preceptos morales, y el
cadaver es expuesto á la mirada de un perro que los Parsis consideran como un animal sagrado. Esta última ceremonia se llama Tr1.g-did.
uEl cuerpo, envuelto en trapo blanco, es colocado en
seguida sobre un ataud de fiero, y los cargadores, vesti·
dos de blanco también, avanzan hácia la.a torres.
uLos padres y los amigos, igualmente vestidos de blanco y unidos de dos en dos por medio de un pañuelo siguen á la distancia de unos treinta pies.
uLa torre elegida para la exposición contenía ya 10!,
restcis de muchos miembros de la familia. Los dos Nasasalara abrieron la puerta rápidamente y llevaron respetuosamente el cuerpo al interior; después, con detalle3
invisibles para todos, le depositaron, según los ritos en
uno de los Knh Cinco minutos después reaparecieron
con el atand y el sudario blanco, Apenas habían cerrddo la puerta, una docena de pajarracos, rápidamente se·
guidos por los otros, se abatieron sobre el cuerpo. Bien
pronto volvieron á aparecer y volaron á los árboles: no
habían dejado más que los esqueletos ..... .

r***'
¿A qué atribuir las causas de esta enfermedad infeccio-

sa que los parais niegan haber provocado por sus usos fu.
nerarios? .Al contagio, que no debe confundirse con la
epidemia. L1:1. peste es contagiosa y se comunica por el
tacto. Se desarrolla también por la suciedad de Bomba.y.
E:ita hermosa ciudad contaba con 800,000 habitantes.
Ahora ha quedado reducida á la mitad
En la India todo es extraordinario......... ¡hasta la
muerte!

Las naciones no tienen grandes hombres sino á pesar
de ellas.
BAUDELAIRE.

•••

Un voto en tiempo de paz, vele tanto como un .sablazo
en tiempo de guerra.
8m J OHN LUBROCK.

�EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1!97

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primera lección.

�EL MUNDO

tas. Era, en fin, un constante lector de novelas de aventuras y dramas sangrientos, y un habil orador en todas
las reuniones públicas de obreros.

•••

EL PARRICIDA

El abogado alegaba como circunstancia atenuante 1a loenra de su defendido. ¿De qué modo, si no, podía expliearse tan extraño crimen?
Habíanse encontrado una mañana, en un cañaveral
cerca de Chatou. loS cadáveres de un hombre y una mujt'r muy conocidos por su posición social, casados hacía
11n'año1 después de tres meses que llevaba de viudez la
tlama.

Nadie les conoda enemigos que hubieran podido asef.inarlos, y sin embargo, los dos cadáveres presentaban
,evidentes señales de un crimen.
Hieiéronse varias investigaciones para dar con los ase--:
Fi11os y se interrogó ,t. los marineros de aquella ribera; mas
todo resQ.lt6 infructuoso.
Cuando ya se iba á abandonar el asunto por imposible,

El abogado alegaba la locura.
¿Cómo pod,ría, de otro modo, explicsT'Se que este o'?rero hubiese asesinado á sus mejores clientes, gentes neas
v podf"rosas que le habían dado á ganar en dos años más
de 3,000 francos, según constaba en sus propios l!bros? .
Esto sólo tenía una explicación: la locura, la idea fi.Ja
del desheredado que descarga sobre dos personas su
vengan.za por odio á una clase.
Aquí el abogado hizo una oportuna alusión al sobrenombre pue:;to por las gentes á. este sér abandonado, exclamando con vehemencia:
-¿No es esto una cruel ironía, capaz por sí sola de
exaltará.este desgraciado muchacho que no tiene padre
ni madre?
El es un ardiente republicano, ¿qué digo? pertenece á
ese partido político que la República fusilaba y ?-epor·
taba haíle poco y que hoy ac?ge co~ los brazo~ 5:b~ertos;
á ese partido para el cual el mcend10 es un prmcip10 Y la
muerte un simple medio.
Estas tristes doctrinas, aclamadas en las reuniones 1)~blicas, han perdido á este hombre. Ha oído ;t los republtcanos, á las mismas mujeres, pedir la sangre de Gfl.mbetta,
la sangre de Grévy, y su.espíritu enfermet, ha querido la
sangre de un burgués.
¡No es, pues, á él á quien debéis condenar; es á la Comuna!
Estas palabras fueron acogidas con murmullos de aprobación. que hacían l)resumir que la causa estaba ganada.
El )iinisteriopúblico guardó silencio.
Entonces el presidente hizo la pregunta de costumbre:
-Acueado, ¿tenéis algo que alegar en vuestra defensa?
Levantóse el reo.
Era de pequeña estatura y ten~a el pelo mbio ')Omo el
lino. Los ojos eran grises y de mirar profundo.
Comenzó á hablar, y su voz fuerte, franca.. y sonora,
cambió bruscamente la opinión que de él se había formado.
Hablaba cOn acento un tanto declamatorio, pero tan
claro, que todas sus palabras se oían hasta el fondo de la
sala.
-SeiiOr presidente, dijo, prefiero la muerte á ir á. un
manicomio y voy á declararlo todo.
He matacÍo á aquel hombre y aquella mujer, porque

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1Si,7

defensa, y no tuvieron piedad. Debían amarro.e y me rechazaron.
Yo les debía la vida, ¿pero la vida es un bent- ficio? La.
mía en todo caso, sólo era una desdicha. Despn s de su
vergonzoso abandono, sólo les era ae:reedo.r á la venganz~.
Ellos cometieron contra mí el actomás111human o, masinfame más monstruoso que puede comett::rsec ..mtra un
sér, y Yo tenía que vengarme.
Un hombre injuriado, injuria; un hombre rolmdo, re•
cupera por la fuerza lo que le pertenece; un honibroengañado, burlado,escarnecido, martirizado y de~ho11rado mata. Yo he recibido todaseetas ofensas y me he Yengado matando. Era mi. legíti1;llo ,derec~o.
.
Les he quitado un vida feliz a cambio de una bornble
existencia que !Ile habían im~u~sto.
.
.
Se me dirá que se y un parricida, no lo mego¡ ha sido
por culpa de mis padres, que considerándome como una.
cat¡a abominable, porque mi nacimiento fué una tai.;ha,
de rnfamia y una vergüenza, m~ arrojaron. de su lado ...
Ellos .buscaban un placer ego1sta y tuvieron Uf!. J11JO
imprevisto que abandonaron; ahora ha llegado m1 0easión y he hecho lo mismo con ellos.
Y sin embargo1 yo estaba dispuesto .ri amarles.
.
Hace dos años, cuando él fué por primera yez á. mi c'.t.:
ea, .no supe nada. Me hizo diversos encarg?s Y volnu
con frecuencia 1 pagando siempre cop. esp~end1dez Y _c, induciéndose de modo que comencé a sentir pur él c1t:rm
afección.
A principios de este año llevó consigo á mi madre en
una de sns visitas:
Cuando ella entró en mi casa temblaba de tal n,1o&lt;lo,
que la creí -presa de un ataque nervioso.
Aceptó una silla y un vaso de agua que le o!recí; f)('.rOpermaneció sin decir nada_. Contemplaba nns trfllm]O~
con aire extraño, y sólo contesta?a por monosilabo~ :l
cuantas preguntas le hacía su ?1ar1do.
.
,
Cuando partieron, me ocurrió pensar s1 aquella runJer
estaría trastornada.
Yolvieron al siguiente mes, pero entoncf"~ ya era due:
ña de sí. Permanecieron hablando largo tu,mpo en nn
casa, y me hicieron bastantes enca~os, . .
Después los ví otras tres veces, srn ad1 vrnar nada, l1as•
ta que un día comenzó á hablarme ella de mi v,idu., de
mi infancia y de mis padres, á lo que Y? reepond1:
-Mis padres, señora, ~ueron unos miserables que meabandonaron.
Cansáronle tal impresión estas palabras, que llevándose las manos al corazón cayó sin conocimiento.
-Esta J?Ujer €5 mi madre, pensé en aquel im.tante.

-¿Sois mi madre?
Retrocedió tres pasos al escucharme, y ee tapó los ojos
para 11.0 verme. Sostú v,ola su marido entre sus brazos, y
~xclamó, dirigiéndose á. mí:
-¿Estáis loco?
-No, respündi; bien sé que sois mis padres y que no
me equivoco, Reconoced.lo, guardaré el secreto; no os
pediré más: siempre seré lo que soy, un pobre carpintero.
Hizose atrás con ánimo de salir, sof-teniendo á mi madre, que sollozaba; pero yo me apresuré á cerrar la puerta, guardando la llave en el bolsillo.
-Contemplad la, le dije, y negad que esa mujer, es mi
madre.
Palideció espanta.do, sin duda ante el temor al esciindalo que presentia, y que babia evitado durante tantos
años para salvar su buen nom
. bre y su reputación, y exclamó con ira:
-Sois un miserable que sólo quer~is sacar el dinero.
¡Lástima de beneficios los que se prestan ¡¡ estas gentes!
Mientras esta escena se desarrollaba, mi madre sólo
acertaba á decir:
-¡Vámonos, vámonos de aqui!
Pero como la puerta permanecia cerrada, gritóme mi
madre:
-Si no abrís, inmediatamente os mando encarcelar
por violencia.
· Estas palabras me hicieron voh•er en mi, y en el mismo instante abri la puerta, dejándole:; partir.
Al verme solo roe pareció que acabab.i. de quedar huérfano, de eer abandonado. de nueYo ..4.poderóse de mi una
ee-pantoea tristeza, mezclada con ira; senti así como un
sublevamiento de todo mi sér, y corri tras ellos á lo largo
del Sena por el camino que tenian que seguir para ganar
la estación de Cbatou.

\

'

-~__;,"'--~.:_.._
Pronto los alcanc,í. La noche era obscura. Yo caminaba con paso de lobo sobre la hierba para que no me
sintieran, y procuraba oil'les.
M.i madre seguía llorando en tanto que su esposa le
decia: ·
-Tuya ha sido la culpa. ¿Por qué has querido verle?
Esta ha sido una locura. Hubiéramos podido hacerle todo el bien que hubiésemos querido¡ pero desde lejos y
sin mostrarnos. Si no le podemos reconocer á qué venían estas visitas?
'
Cuandoescuchéestas palabras, ptíseme entre los dos
manifestándoles:
-¿Me negaréis a.hora que sois mis padres? ¡No no me
lo neguéis! Ya que me rechazú.::oteis una vez no' lo ha·
gáis la segunda!
'
Entonces, señor presidente, levantó mi padre su mano
os lo juro por el h(!no:r:, :por la ley, por la República y m~
cruzó el rostro. Qwse suJetarle¡ mas élse desasió y eacó su
revólver.
Al ver su movimiento n? sé lo que senti; ello es que
recordando que llevaba mi compás en mi bolsillo losa·
qué para hundirlo en su pecho no sf cuántas vece;.
Mi madre comenzó á gritar: ¡socorro! ¡asesino! Yo sin
darme cuenta de lo que hacía, la herí también.
'
Cuando ví sus cadáveres por tierra, los arrastré sin reflexionar. Esto es todo. Ahora juzgadme.

*

' o1v1º6 á sentarse el acusado,
• * y ante las revelaciones

que
' acababa de hacer, quedó aplazada la sesión.
Si_n?sotros íuésemosJurados1 ¿qué hariamos con este
parricida?

&lt;3:uy
constituyóse preso voluntariamente un joven de un pue•
blt-'cillo vecino.
Era un carpintero llamado Jorge Luis, conocido por el
eobrenombre del cBurgués,&gt;i quien respondió á cuantas
preguntas se le hicieron, diciendo:
- Y o conocí al hombre hará unos dos ai'íos y á su esposa la conocí hace seis meses. Como paso por habil en
mi oficio, solían encargarme la reposición de muebles an•
tiguos.
Y cuando se le pregunta.ba:-¿Por qué les habéis dado
muerte? re~pondía con terca obstinación:
-Los he Ulatadoporque he querido.
Y no hubo medio de arrancarle otra respuesta.
Era el joven nn hijo natural, criado en el país y abnn-donado después á sí mismo. No tenía más nombre que el
de Jorge Luis¡ pero como á. medida que se fué desarrollando se iba haciendo más inteligente y mostrando gustos más delicados, pusiéronle sus camaradas el sobrenombre del «Blll'gllés,n y no se le conocía de otro modo.
Tcnfaaele por notable en su oficio, en el que hacía
obras de verdadero mérito, demostrando grandes aficio•
nes -á la escultura en madera, y considerábasele como un
exaltado y acérrimo partidario d" las doctrinas comunis-

Mas me guardé de dar á entender lo que había conocieran mis padres. Escuchadme ahora; después me juzgado. Quería verla venir. Una vez hecho este descubrí ·
réis.
Una dama tuvo un hijo legítimo y lo dió por media- miento, decidí informarme acerca; de sus antecedente!!!,
y supe que sólo estaban casados desde el mes de Julioción de su cómplice á que lo criase una pobre mujer.
anterior y que mi madre había enviudado hacia tresAquel serrec1én nacido, venido á. la vida, era inooonte,
pero estaba condenado a la miseria eterna, á la vergüen• años.
Luego era indudable que se habían ato;idO en vida del
za de un nacimiento ileg~l¡ más que esto, á la muerte
misma, puesto que se le abandonó, porque al no recibir primer marido; .más no existía una prueba concluyente.
La única prueba era yo, que nada poiia decir, por es•
la nodriza su pensión mensual, pudo, como hacen muto decidi es~rar.
~has, dejarle verecer de hambre.
Nuevamente volvieron á visitarme, y el dia en que esPero la muJer que me recogió fué honrada, más honra•
da, más grande, más madre que mi madre, y me cuidó y to tuvo lugar pareci6me mi madre m{t.s emocionada que
de costumbre. Estuvieron un rato en mi compañía, y al
crió en vez Q.e abandonarme.
partir me dijo:
Crecí con la vaga impresión de que llevaba sobre mí el
-Yo os quiero bien porque me parece que sois un liomdeshonor. Los muchachos que conmigo jugaban me llamaron un día bastardo. No sabían lo que esta palabra bre honrado y trabajador, y como supongo que acaso penséis en casaros algún dia, quiero ayudaros ·áelegir libre·
significaba. Y o también la desconecía, pero la presentí.
mente la mujer que os convenga.
Era entonces uno de los más inteligentes de la escuela,
Yo que fui casada una vez contra mi corazón, s6 lo
puedo asegurarlo, y hubiera. sido un hombre superior, si
mis padres no hubieran cometido el crimen de abando· que se sufre con esto. Así es que tengo gusto e• ayuda•
ros, y como soy rica, .sin-hijos, dueña de mi fortuna, quienarme.
ro dotaros. Y me entregó un sobre grande cerra.do.
Este crimen fué cometido contra mí.
Yo la C(?ntemplé un momento fijamente, y la dije~
Yo fuí la víctima. Ellos fueron los culpables. -E staba sin

139

EL MUNDO

DOMIIIGO 28 DE FEBRERO DE 1897

DE l\IAUP.As.SAN'l'.

S I NFONIA

Aun no baña la luz nuestro hemieferio ... ..... .
Y no tafien los vientos escondidos
de la selva el magnífico ealterio ........ .
¡ Están aletargados los sonidos
,en brazos de la sombra y del misterio!
La bruma, como ~n palio vaporoso,
pren~e su manto baJo el hondo piélago ,
del cielo SMH-, y- sobre-el bosque hojoso.; ....
¡Turban sólo el silencio temeroso
el repentino vuelo del murciélago
y esas fl~bilea voces-de una ga:na
-como notas confusas-esparcidas
en la hoja seca, en la menuda grama,

en las grietas del tronco, entre la rama,
en un inmeneo acorde confundidas!
La tierra duerme ...... á trechos se espereza
y un solemne rumor llega al oido,
como si algón gigante que bosteza,
postrad.O de cansa.ocio y de pereza,
revolviera su cuerpo entumecido.
Mas viene á despertarla de su rneño
el Noto que apareja su cuadriga;
que con tenaz y formidable empeflo
del negro campo de los aires dueño,
sus corceles indómitos fustiga.
La bruma en mil girones destrozada,
huye de la ventisca que alborata
el aprisco, el cubil y la nidada
y que con furia indomeñable azota
el dorso de la férvida cascada.
El huracán con poderoso empuje
las moles de las nubes disemina;
y cuando el trueno como fiera ruge,
el grueso tronco de la recia encina,
treme, y la rama vacilante cruje.
Crece el fragor en la extensión inmensa,
que es pavoroso carnpo de batalla;
el eléctrico fluido se condensa;
corno alarido de titán estalla,
y el monte asorda y la llanura extensa.
Por la rápida racha conmovidos,
de un lado y otro lado cabecean,
como juncos, los árboles fornidos,
cuyos robustos gajos eacudidos
parece que al chocar se abofetean.
Se oye el clamor del gárrulo follaje
y descifrar no sabe el pensamiento,
abismado ante el lóbrego paisaje,
si el ramaje con furia azota el viento
ó el viente azota al trémulo ramaje.
Se rompen y dispersan y confunden
los gruesos hilos de la lluvia al fuerte
empuje del turbión; y se difunden
por los aires los présagos de muerte
del cií.rabo infernal que miedo infunden!
Como un dragón de resonante escama
se retuerce en su cauce el hondo río
que raudo arrastra la rompida rama,
su voz uniendo en el tremendo drama
de la a Ye herida al doloroso pfo.
Las fieras, entre zarzas eepinosas,
se arrastran de su cueva en dereCh ura;
y del rayo las llamas sulfurosas
acrecen el horror y la pavnra
de esa explosión de la ira de las cosas.
El duro bronce de la pobre eruüta
la tempest;id indómita golpea;
rn voz solemne en la tot menta invita
á orar, y de las chozas de la aldea
sube basta el cielo la oración bendita.

Santiaguito la vió por vez primera en una tienda en díª
de Navidad: esperó que saliese y sin más rodeos nuestro
héroe, con su lenguaje peculiar de conquistador decidido,
le propuso un noviazgo en toda forma; ella se hizo un alm[bar, y sintiendo que la sangre le bullía como dicen que
le bulló :.í nuestra madre Eva cuando lo del Paraíso,
no puso·reparos al insólito afi.tn amoroso del (1mancebo.i1
Estas relaciones de tres aiios de paseos, balcones, dulces
y muñequerías vino á turbarlo la indiscreta presencia de
Julio. El coraje de Santiago no tuvo límites, y, claro, como él era «boJ..Dbrel) de resoluciones decisivas, y en asuntos de t&lt;horior,&gt;no hubo en jamW. quien l_e pusiera el pié
adelante, deeafió para un (1encuentron guerrero á su adversario.
Y ya es hora de que sepámos el resultado de tan Qélica
jornada.

•*•

Era tal la algarada de los valientes soldados, que los vecinos salieron preci-pitadamente ú los balcones creyendo
que algo muy grave acontecía. Las mujeres sobre todo se
impresionaron mucho, y hay quien habla de alguno que
otro síncope y tal cual upataleta.11 sin más grandes ni terribles consecuencias. Pero enterados al fin de lo que se tra-:taba, acabaron po:r tomar en broma aquel ejército de gente menuda cuya indumentaria de plumas de gallo, _cintas
de colores etrabiosos,&gt;• faJas y bolsas para cargar piedras,
era de lo más curioso. :Nada faltaba allí, hasta un pequeñito seguía el regio paso del jefe, haciendo &lt;le tambor,
el cual tambor era una vieja lata de petróleo que metía
más ruido ella sola que toda la turba voceando.
A poco andar, y cuando el entueiaemo es,taba en punto de locura, encontraron al enémigo atrincherado, y
allí fué el repartir órdenee: el valeroso caudillo, poseido
de su papel, mand6 rodear el barranco casi inaccesible
donde se refugiaba Julio, y sin intimidarle aquellas ventajosas posiciones, exclamó con su voceeita enérgica.
-Hala, muchachos, arriba ...... Tambor, paso de ataque ..... .
Un redoble formidable, y empezó una lluvia de pedra das, vidrios y cascotes que era una delicia. A ratos do~
minando la horrenda algarabía de la pelea, ee escuchaba
la voz del jefe:
-¡ Hala, ruucbachos, al barranco!
El chico tuvo impetus de héroe. Con el cabello en de•
sorden, el rostro inflamado y el cuerpo er~uido, avarizando sin titubear, apostrofaba {L los de arnba y les llamaba: c1¡Cobardes!)) En lo más crudo de la refriega, en
medio de las vociferaciones, de los golpes de lata y de
los estrépitos de los cascos rotoe, hecho, no ya un héroe,
sino una furia, emprendió la cuesta de la altura mientras
sus compalieros empezaban á retroceder agobiados por
la lluvia- de piedras: ya se dispereaban, flaqueban los
primeros bríos, la derrota era segura, y, algunos creyeron
propicio el instante para tomar el olivo ...... Apenas se
oía entre el espantoso jaleo del combate, como jadeante
alerta, el golpe del tambor. Pero el temerario Santiaguito continuó impávido la ascensión del barranco entre
piedras y terrqnes que ee desmoronaban bajo sus pies.
··························"·········································
Así, por la senda tortuosa, dando saltoei, agarrándose,
Se aplaca el vit:nto. La ventie.ca abate
braceando y encogiendo el éuerpo, trepó al fin con passu rabia destructora, y el estrago
mosa agilidad. Y íué aquel supremo esfuerzo tan audáz,
cesa ya en la paleftra del combate.
que cesó como por encanto la batalla. Ambos ejércitos
!Y la aurora gentil al suave alhago
quedaron inmovi les. Santiaguito y ,1 ulio estaban frente
del aura mansa, las gt1edejas bate!
tL frente.
Surge de pronto el luminar del día
bajo el limpio zafir1 sus rubios lampos
Salvada la distancia que durante la reyerta separaba
derramando la paz y la alegría
á los encarnizados ad \'ersarios, el primero, sin más vacisobre la vtrde alfombra de los campos ......
laciones, puesto en jarras y con la voz un poco tembloroY dejan los pastores su alquería.
sa por el esfuerzo que acababa de hacer, gritó con mal
Y comieuzan á erguirse, recelosas,
contenida rabia:
las ramas del arbusto en la floresta,
-¡Ya estoy aquí, Julio! ......
á discurrir las lindas mariposas
-Y yo tambien, ¿qué quiere&amp;?
de flor en flor, y á preludiar su orquesta
-¿Qué quiero? ¡Pues vaya una pregunta!. .. ... Que me
las aves por los nidos y las rosas ..... .
dejes en paz ú.. la Sofía ...... y luego pa, que no te burles
de los hombres ..... .
JOSÉ L NOYELO.
-¿Qué? ...... fMe ibas á matar?
-/l1 uede., .... quizas!
Y durante este feliz diálogo se acercaban lentamente
el uno al otro.
-Mira que falta i-erlo, Santiago.
-¡Pues míralo!-grit6 enfurecido el muchacho y lanzándose sobre Julio lo agarró violentamente por ~¡ cuello; pero Jnli(! era de lo_s que no se huian por golpe de
ENTRE C HICUELOS
más ó menos 1mportancm, y contestó á la agresión estreComo se ingenió Santiaguito para escaparse de casa. chándose á su enemigo. Entonces aquellos dos muchaaquella tarde, á pesar de la vigilancia que sobre él ejercía chos1 con lo_s brazos y las piernas enredadas, rugiendo,
bomita.ndo ms!l-1tos, arran~ándose los pelos, forcejeando
su madre, es cosa no averiguada todavía.
-Lo que á ese se le ocurre-decía la buena señora-ni con desesperación, con rabi&amp;, con verdadero odio de c,hombres,n rodaron por el suelo hechos una bola. Unas veces
el mismísimo demonio es capaz de llevarlo á cabo.
El tal Santiaguito, según ella, era peor que el santo de e.raSantiaguito quien intentaba incorporar$e, yotrasJusu nombre, y la culpa la tenía el difu11to, su esposo que ho; ambos caían nuevamente, pero sin ceder continuaban en su espantosa lucha, y rodando, rodando al borde
le dió una educación desaetrosa. ¡Como que una n&lt;khe
cuando apenas contaba seis años el pequeño, se lo traj~ del abismo ..... .
-¡Qué os vas á caer!-gritaron de ambaspart:.es los chiborracho como una cuba! En suma, que el muchacho
cos llenos de espanto¡ pero el :.viso llegó tarde: al primer
llagaba á pillo por el más corto de los caminos.
grito se unió un l!egundo alarido de cien bocas un sólo
U:n _día que lo enco.n~ró desplumando v_ivo á un pollo,
decidió meterlo defimt1vamente en el colegio y al prin ci- alarido que repercutió sonora y tristemente e~ todo el
campo.
pio todo iba bien; pero ya fuera cuestión de te~peramento
Santiago y Julio, arrastrados por aquellos decisivos esya de costumbre, es lo cierto que Santiaguito &lt;lió al tras:
te con la formal ídad, y como era bien quisto y precóz en- fuerzos de la lucha; llegaron á la orilla ...... y enioscados
tre loe suyos, logró formar de sus condiscípulos &lt;1Una par- y retorcidos, brazos, cuerpos y piernas cayeron rebotantidai'. que alborotaba á todo el pueblo cuando salia, en do por la pendiente hasta el fondo, do~de se oyó sordo é
medio de atronadoras algaradas, á espantar animales al ingrato e~ chasquido de dos cráneos que se rompían de
un golpe ..... .
campo y á robar nidos de pájaros.
La escapatoria del chicuelo obedecfaesta vez á un compromiso de honor: su ejército, ese temido ejército capaz
de conquistar el barrio entero ú. pedradas le esperaba en
Poco después de este suceso, una encantadora niña de
~posi~ión de librar una batalla con las Íropas del seiioaños y un joven de su misma edad se despendían
11t? fulw, un. caballerete de doce años, que ee había per• trece
de esta suerte en el balcón:
m1t1do corteJar á Sofía, la novia de Santiago.
-Cumplirás tu ofrecimiento? ¿No volverás á hablar
Porque Santiaguito tenía novia, y guapa, ¡Pues no fal- eón Sant1aguito? ..... .
taba más!
-Ni con Julio; con ninguno de los dos .
-¡Bueno! ...... Hasta luego, Sofia.
• que aquella niña de trece
En efecto, nada más hermoso
-Adios 1 Juan, hasta luego.
años, con sus líneas gloriosas de talle esbelto que acusaban proyectos de hem bra--eteg&amp;ntí'.siró.a ' ··
MIGUEL EDUARD~ p ABDO,

••

�DOMINGO 21t DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

vían sobre aquellos infelices, me aventuré por
ún pasadizo, del _fondo
del cual surgían aullidos
de dolor. Dicho pasadizo
se abría sobre una meseta
plana y tersa, de alguna
elevación conforme lo indicaba el declive del talud, y sembrada de tachuelas cuyas puntas
veían hácia arriba, en
atroz profusión. Ahí dan·
zaba con piruet,as que daban lástima, una multitud de cariacontecidos
sujetos, pugnando en vano por acertar con sus pi•
eadas en los intervalos
--:~
donde las tachuelas eran
más escasas. Un dia' ·,
blillo, desde la cornisa de
¿
una roca frontera á la meseta, pinchaba con un bi-.
/
dente á los remisos, y hacía continuar 3in inte·
rrupci6n aquella danza
tremenda de gestos y conEL DANTE EN MEXICO.-Los aduladores.
torsiones.
A lo que parece y por lo que pude coleg~r, se penaba
EL DANTE EN !UEXICO
ahí á los aduladores serviles de todos los tiempos, á los
Rigolettos de todas la~ épocas, á los que b~ilaron y sonVIAJE DE UN REPORTER.
rieron perpetuamente ante un señor á qmen velaban las
m.iserias del pueblo y de quien ob~enían grandes concesiones. Leve era en verdad el castigo para maldad tama( co~;TINÚA.)
ña-y perdone el que leyere si Matías Cumplido se echa
á filosofar- poca una eternidad para compurgarla. Loe
No lejos de las tumultum1as agua~ donde los r~porters gobernantes, como las mujeres hermosas, suelen no ver
mentirosos purgaban de tan extra.no modo su ligereza, más que el lado bello de la vida. C_uando no son comb~ abrfase amplio estanque de hirvientes. aguas, al cual tidos cuando el monstruo Revoluc16n, no lanza sus rugisurtían infinidad de llaves de grueso cahbre. Dentro, _ba- dos á. sus pies, son víctimas de un optimismo consolador
ci.endo visajes, tomaban un baño poco agr:ad~bl~, . á Juz- que coloca frente á sus ojos prismas rosados de encantagar pi:&gt;r la expresión de sus fisonomías, vanos md1v1duos,
doras facetas . A veces, el adulador procede con tan poca
de aspecto monacal unos, otros de fisonomía mofletuda maña que su dios penetra pronto el más ':elado engallo,
y vulgar.
mas así y todo es criminal, que el m~l éxito de una acMe aproximé con el somb_rero en ;a mano á un dem~- ción en nada.influye sobre su moralidad, y merec~ por
nio que afilaba en un m?lleJÓn mo_v1do ~ vapor el agm- ende, bailar sobre tachuelas per sec!Lla se~loru~.-Filosojon de su rabo, y él me informó, sm deJar su tarea, del fía de reporter-dirán ustedes, y dirán bien. }1losofía de
objeto y destino de aquel departamento.
reporter,que luego echa á perder las mejores publicacio-Aquí hallará Uili!ted á los que no se lavaban.
nes, pero ¿cómo había de sustraerme-yo al achaque co-No creí que eso constitu_yese un delito. . .
.
mún de todo reporter mexicano? Po_rque el repfrter me-Y grande, amigo Cmnph~o; todas las rehg_1ones bien
xicano es de suyo filósofo, romántico y u~ s1 es n? es
11acidas 'Prescriben las abluc10nes como predlsponentes lacrimoso. El reporter americano eTtsarta diez mentiras
á la eant1dad, y en los tiempo"' modernos un pecado con- en un entrefilet, el mexicano diez lirismos: aquí nacetra la higiene es el más feo pecado que puede darse. No mosen redondilla y ay nos moriroos·en endecasílabo!Muve ust,ed que estamos en la época de la microbiología?
chas veces, tras un juicioso editorial en que se flagela,
-Y me diría usted én· qué gremios son más numerosos
pon~o por caso, el protieccionismo á ovtrance,.un repórter
los enemigos del jabón?
sen~1mental se queja á. propósito de ~ualqm~r cos~, de
que los mexicanos no protegemos la rndustna nacional
vistiéndonos de casimir del país.
He visto en un diario tras un tonante artículo contra la mendicidad la gei'.oebunda declamación de un reporter sobre la d~eza de corazón de los ricos que per•
miten que las pobres criaturitas ~e k 1_s mend~gos, esos
angelitos de Dios, anden con loe P.1eces1tos_al aire, .cuando con unos centavitos que se le d ieran al llmosnento se
remediaría ...... ¡todito! Oh, sentimental, pío, azucarado
y tierno corazón de los reportera ..... .

tes; comprar material el miércoles y trabajar jueves y
viernes.
-En efecto, es usual eso.
-¡ Y tan usual!
El artesano mexicano cederá. su puesto al extranjero,
no porque éste tenga más aptitudes aun cuando entr"'
nosotros no andan escasoij los cretinos-sino porque ti~ne más formalidad. Emborracharse los domingos es-en
los tiempos que atravesamos,-casi legitimo; curársela el
lunes tempranito muy disculpable; pero gastar tres cuartos de semana ed «operaciones,1 tan sencillaf!, es illlpasable,
Además, el artesano mexicano, deja el aprendizaj~
cuando aun no gana ni tres reales diarios, y por sí y ante sí, se proclama maestro. {Aqní, todos son maestros,
desde el remendón de zapatos hasta el remendón de rnazurkas). El artesano yaukee, se retira del taller cuando
ha concluido su enseñanza y es hábil.

EL MUNDO

···-.:::.·.

~¿=!: :~

- ---::='~

~

-

--~

•••

'\!} 1
'

-Y ese individuo que con una vara de paraguas en 1a
mano resiste el chaparrón más deshech&lt;,??
.
-Es un mal artesano justamente castigado. Fabricaba
paraguas y seguía el procedimiento común á los artesanos de México á muchos de los cuales hallará usted pel1'Jdos por donde más pecado han habido.
-¿Qué procedimiento, si usted gusta?
.
-Uno muy complexo por sus componentes: pedir
para material caro y comprado de mal~ clase;_ prometer
bajo palabra de honor entregar el tra}J~JO tal d1a y entregarlo ocha día.s después; suplicar anticipos todos los días;
emborracharse sábado y domingo, curársela lunes y mar-

·.·. .

··-

' 5ti?J.i~~,~;~":~ ~
EL DANTE EN MEXICO.-Por mal artesano.

El artesano mexicano no aspira á traer pantalones. ~o
le importe mostrar (puntos suspensivos).... lo que la decencia Prohibe. Así,;pues, en habiendo pulque .. ¿Y cuándo nos regene_raremos, preguntará usted? Pues sencillamente, (con perdón de Terrazas y de Agüeros) cuando
merced al cruzamiento de razas se haya transfundido á
nuestras venas algo de la vigorosa sangre sajona, que mejore la empobrecida sangre que corre por las venas de los
cinco millones de alcohólicos, de los seis millones de
histéricas. de los quinientos mil epilépticos1 de los eeiscientos mil alucinados, de los cien mil enfermos de males venereos, etc. etc., que constitu/íen la mayoría de la
población, y vivifique loa doce mi Iones de impotentes
de la voluntad, que entran á. la k•tería y sueflan místicamente en herencias y en tesoros escondidos ....
¡ Ohl cuántas cosas más me dijo el di_ablete mi interlocutor, á propósito de aquel otro pobre diablo .... ¡Pero no
las digo!
(continuará.)

~- :~~~:tti! ~

f•"i-~

;.'~~~.

.="t=..="t=.-="t=;.-=ti=.
Para una sociedad de pícaros, la virtud no es más que
la impotencia de 'tener vicios.
Alexis Chavanne.

•••

La desconfianza es el alma del régimen parlamentario.
T,.aeberl.
Cuando ~e acaba de ver
á la mujer amada, la vista
de cualquiera otra no es
~gradable; físicamente ha•
ce dafio :i los ojos: ya comprendo el por qué .

•••

El imperio de las mujeres
demasiado grande en
Francia; el imperio de la
mujer demasiado limitado.
PS

EL DANTI!: E.."i MEXICO.-Por "remendón" de música.

-Ay amigo, y el diablo untaba un poco de saliva al
filo de su aguijón, en todos! La limpieza es casi un mito
en México. Si pudiera usted penetrar los misterios que
ocultan muchas pecheras de lino almidonadas y muchos
calcetines de hilo de &amp;cocia! Si las faldas crujientes de
Eeda dijesen su secreto! Naturalmente el pueblo de México tiene el record de la suciedad; pero, á ese no lo traemos aquí: hay para él un gran estanque con legía. Aquí
nos Y1enen sólo los sucios copetudos, en su mayoría gentes de iglesia: monjas capuchinas y teresianas que jamás cambian de habito y allá por campanl6.a de vacante de ropa interior; curas ventrudos que llevan la sotana
hecha una babilonia de rapé, ceniza de puro y residuos
de ensaladas; y abarroteros al por mayor, y militares
y ...... cuanto usted quiera. En general hay ·en México
un santo horror á. la agua fría.
-Y esas duchas lavan la conciencia?
-El diablete sonri l filosóficament.e, y prosiguió su tarea. No creí oportuno insistir y escapando cowo pude de
los duchazos de agua á di vera as temperaturas que llo•

•*•

La imagen del primer
amor es generalmente la
más conmovedora; ¿porqué?
porque es casi el mismo en
todos los países y en todos 1
los caractéres. Por lo tanto,
~f:te primer amor no es el
más apasionado.

••*

Tener firmeza de carácter; es haber probado el
efecto que hs demás producen sobre uno mismo;..
por consiguiente, necesitamos de los demás.
8TENDHAL.

•**
Como los individuos, las
EL DANTE EN MEXICO.--Castlgo de desaseados..

naciones tienen sus ane•
mias.

HILD.,~ •-Novela por Gauaara ae °0ind.-Núm. 2.
•••-·◄•&gt;--~"--~¡¡;CI~.Cambiamos todavía unas pocas de banalidades; se pu'BO á. examinar con mucho interés nuestras telas, y en seguida, declarando que no quería ser importuna por más
tiempo, se despidió de nosotros y desapareció.
-Vaya una pe1'80na amabilísima, y que no peca precisamente por el lado de la timidez, dije con sequedad á
Raoul. Ya DO me extrafia que la tarde que pasaste con
ella en el castillo, te haya parecido tan llena de encanto.
Sin embargo, yo habría preferido que esa hada de río 6
esa diosa de los rosale1i11 según como le convenga apelli~

darse, hubieee tenido una poca de 1a reticencia que enga•
lana, según dicen, sus modeloe, y que fuese no poco
menos sociable. Hénos aqui con una invitación que tiene
aires de una orden. No parece sino que n&lt;;&gt; puede uno
pi1mr la yerba de este valle sin irle á pedir permiso á esa
eeilorita.
-Padre mío, eres un ingrato, me contestó con aire
sombrío. Mlle. de Ha.mmarhielm ha tenido contigo uha
amabilidad del todo singul!\J'. Hay por allí muchos que
se tendrían por felices si tan seductora peraona les mos-

trase tanto int.erés. ¡Ni siquiera te has fijado en que t,e
mostraba tantas atenciones, que apenas si tuvo una mirada para mí.
Creo realmente que el pobre muchacho estaba celoso.
Este descubrimiento me preocupó porque no hacía
más que confirmar y aumentar mis recelos.
-Ella tieue sencillamente el deseo de aprovecharse de
mí para aprender á pintar; pero si está. en la creencia de
que voy á. divertirme dándole lecciones, se equivoca,
contesté con gesto enfadado. Bien veo que estaré obli~

�EL MUNDO

una expreEión más seria, como deben provocarlas la evogado á hacerle una visita, puesto que ella nos pone la
cación de un recuerdo de duelo en toda persona bien
pistola en el pecho; pero después...... si ella se imagina
educada. Sin embargo, como apenas tenía yo dos años
que me volverá á ver con frecuencia! ..... .
cuando sucedió esta desgracia, no puedo decir que el asAmbos fuimos al día siguiente.
pecto de la Caldera evoque en mi alma ningún penoso
M:e sorprendí al ver en la~ telas y bocetos que Hilda
recuerdo. Al contrario, me he acostumbrado á considede Hammarhlielm me ensefió, un verdadero talento, por
rarlo más bien como una especie de monumento fúnebre
más que pecaran en general. por el defecto de casi todos
erigido á la memori.\ de mi madre, que como el instmlos l)rincipiantes ó aficionados, la falta de acabamiento,
mento de su muerte.
y ciertas imperfecciones de dibnjo.
-¿Y desde la imprudencia que costó la vida á la baroBajamos después á la orilla del río, porque yo tenía
nesa, dije, na·lie ha tenido la temeridad de intentar pect1riosidad de ver la Caldera p'&gt;r aq11el lado. Yeiásele
más de cerca, sedestcaaba m~jor en un horizonte miis cla- netrar al escollo?
Ella desvió la cabeza con una imperceptible sonrisa.
ro, y tenía algo de más grandioso y de más característi-¡Qné interesante sería conocer á fondo y con todos
co. !mediatamente form~ el proyecto de hacer los estudios necesarios para mi cuadro principal de aquella re- sus detalles la historia de este escollo! dijo ella, aparen gión. El taburete de b, hada se presentaba á descubierto hondo no haber oido mi pregunta. E~ indud.lble que esy, si se hubiese p')ilido C')!OCC\r allí un modelo ó un ma- t:i íntimamente ligada á la de este castillo. ¡C11ántos dranequ(, la leyenda habría p,)dido reproducirse en la tela, mas horrioles han de haber pasado allí! Usted ha de saber qne en otra época había un eubterr.ineo qne lo unía
por decirlo as(, d; apr~ Mture.
Pareoe que la eefiorita Hilda, que estaba á mi lado; adi- con los calabozos y que partía de los cimientos mis•
vinó mis pennmientos, porq11e repentinamente me dijo: mos de la mansión. ¡Imagínese usted cuántos sinies-¿Usted necesitar.1 su had.\ allí, eentada en su ta· tros Barba·Azul de la Edad Media, de los que hacían desaparecer á sus mujeres unas después de otras, ó cuánto
btirete, verdad?
-Esto facilital'Ía mucho lM cosas, contesté; sin em- galán trovador de los que arriesgaban sns días para com·
bargo, no e; enteramente indispensable; más tarde puedo placerá la hermo$&amp;, yendo quizás por indicación de la
a~regaTla hada, en mitallf,r: lo esencial es representar cruel castellana, á cantarle un lied de amor en el tabure.
bien este espectáculo único y el paisaje qn · lo rodea. te de la badal...... ¡Yo tengo adoración por aquellos tiem¿Querría usted permitirnos, sei'iorita, que viniésemos por pos heroicos! ¡cuánto desearía haber vivido entonces!
-Démos gracias á Dios de que os hizo nacer en un sia.1uí una série de mafian.as? Usted eabe que casi no es
glo
menos romancesco, seiiorita, interrumpí, para cortar
posible trabajar en el mismo sitio m.í.s de una hora seesa
retahila de frases sentimentales y necias que yo de•
guida, á causa del cambio -le los efectos de la luz.
testo
y que me sorprendía escuchar en aquellos labios.
-Yalocreoquesí, sefior, vengan ustedes tantas ve•
Yo no pongo en duda que ueted hubiese enviado á la
ces cuantas quieran. Hucho guito tendré en verlo á usted trabajar, y espero que me permitirá que lo vea mane- muerte docenas de trovadores, y que el lago Boren hu·
jando el pincel y mezclando los colore~, cOl!a qne será biese exhalado torrentes de harmonía al recibir y al fromuy ventajosa para mi. ¿El caballero Riul vendr.í. tam- tar contra sus rosales tocias las guzlas que la Caldera
.bién ó preferirá continuar sus estudios por el otro lado hubiese devuelto sin echarlas demasiado á perder.
-Mi señor burlón, dijo ella riendo con toda gana, ten·
del río?
-Si usted lo permite, sefiorita, dijo Raul ruborizán· ga usted entendido que es usted un oso y un excépt.ico,
lo que sólo ee excusable en los arList.as de su reputación
dose un poquillo, acompanaré á mi padre. Como he vey mérito, que por sus ol)ras manifiestan que son idealis•
nido para trabajar bajo su dirección, tenemos la costumtas entusiastas, al mismo tiempo que aparentan sefialarbre de estar siempre juntos.
se como tarea el protestar constantemente, con sus pala-¿Cómo es posible, sellorita, le dije en seguida, para
bras crudas y hasta cimcae, contra su temperamento arisllevarla pooo á poco al capítulo de la mieteriosa Caldera,
tocrático y las tendencias elevadas de su conciencia.
que se halla dejado subsistir un escollo tan peligroso,
que aegún se dice, ha cau•ado m ís de un accidente, cuanIII
do sería tan facil por medio de algunos cartuchos de
dinamita hacerlo desaparecer? No alcanzo á creer que
Así, puéP, volvimos ai castillo al día eiguiente, y vimos
laJ autoridades lo conserven eimplemen te por amor
otra vez á Mlle. Hammarhielm, y en la tarde cuando tuá lo pintoresco y por respet() á una novela romancesca.
-Desde luego, sellor, contest,S ella, le haré á usted no- vimos que ir á pescar cangrejos con ella en el río, y aif
tar que las autoridades nada tienen que ver en esto. El sucesivamente, y día á día por espacio de semanas ene~collo está en propiedades de mi padre y nadie tendría teras.
A menudo, no pudiendo decidir á Raul á que renunderecho á quitarlo, supuest&lt;&gt; q11e no es un obstáculo 2ituado en una vía de navegaci 'm pública. Soy Ein embar· ciase siquiera por un día á aquella sociedad, hice rancho
g&gt; de la opinión de usted, la Caldera está como un perro aparte, y, creyendo haber dado con un sitio solitario en
r.i.bioso y encadenado en Dlleitr.&gt;s dominios. Y no basta donde poder trabajar á solas, lo dejaba que fuera á incorp:uaaeguridad del públlco, que se sepa que debe evitarse porarse con Hilda. Pero era muy raro que al cabo de un
sa proximidad, porque m:1y ·p Hible es que con él se instante no los viese llegar á ambos á mi retiro.
Me daba cuenta perfecta de que lo que yo había prechocase por casualidad. Por otra parte, pueden venir algunos extranjeros que ignor,m estai particularidades; por vi~to y recelado para mi pobre Raoul había sucedido, y
lo que creo que el escollo ,fobia d~Hparecer. Sin embar- que él estaba profundamente enamorado de la joven, y
g,.,, un día que hablé á mi p \ lre, proponiéndole que ca- aun me había yo visto tentado á abandonar aquellos luvase una mina debajo de la C.11 lera para hacerlo saltar y gares, y substraer á mi hijo, por medio de la fuga, á las
desembarazar de una vez por liO• lai el rio, se mostró sin- consecuencias de un amor que, según eran mis creencias,
gt1larmente opuesto al proyecto. 0&lt;' esto tuve que inferir no podía tener otro término que una cruel decepción paque tenía particular cari ñ l .i e~t~ f~niSmeno de la natu. ra el muchacho.
r.ileza que la casualidad tnv•&gt; ,t bien poner en sus propieSin embargo, la joven había hecho tantos progresos en
dades. Ya usted sabe que á la ed.1 l que él tiene se arrai- mi estimación, se mostraba tan modesta, tan natural, tan
ga uno á lo que posee, no se amlln los cambios y se tiene franca y de tan buena índole, que era imposible dejar de
un re,peto innato por las tr, li..ii,mes, aun cuando confi- amarla, aun haciendo abstracción de su belleza y de su
nen con la leyenda. Estab.\ 1n·1y agitado y observé que gracia, si esto hubiese sido posible. Así pues, había yo
no se calmaba sino cuan-1, le ofrec1 que ·nunca volveria llegado á preguntarme si no era posible dejar que lascoá hablar del asunto.
sas siguieran su curso natural, con la secreta esperanza
Ella hablaba con wno tranqniln y jnicioso, sin el me- de que ella acabaría por corresponder á su carifio; pornor embarazo y sin qne nada en su voz ó en su mirada que, en mi fatuidad de padre, me parecía aveces imposipndiese traicionar la agitación qne involuntariamente ble q~e la joven no llegara á compartir los sentimientos
de Raul.
1&lt;-:1iau que 1Jr.&gt;ducir los penosos recuerdos. De esto deduje que ella ignordba completamente las terribles sosDe8graciadamente, y eeto con alguna frecuencia, el
pechas que sobre su padre pesaban.
amor que exige el concurso de dos seres, dice un refr-.ín
- Es indudable que usteu Pabe que mi madre perdió de un cruel realismo, quiere que uno de ellos ame, mienla vida en estos pfrfidus torbellinos, continuó ella, to- tras que el otro se deja amar. En este caso particular,
mando su voz una inflexión mas grave y su fisonomía evidentemente Raul conjugaba el verbo activo y Hilda

DOMINGO

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DE FEBRERO DE 1897

el verbo pasivo. Lo que más m~ impacientaba era el verque, realidad ó ·afectación, ella aparentaba ignorar porcompleto los sentimientos que inspiraba.
Yo, sin embargo, no me atrevía á inducir á Raul á..
que se declarara; había algo en aquellos hermosos ojos¡
de matiz indefinible, que yo no comprendía y que me ponía inquieto. Sin embargo, yo esperaba siempre; Raoul,
que se parecía á su madre, era un hermosísimo muchacho; era joven y de índole excelente, aunqne un pocoblando de temperamento. Por último, no tenía ningún
concurrente. «Preciso sería, me decía á mí mismo, que
esa joven tuviese un cor.izón singularmente duro y frío
para que al fin y al cabo no se dejase impresionar.,,
Trabajábamos ora casi todo el día juntos, ora en un
paraje, ora en otro. En la noche, conveníamos en el lugar en donde nos encontraríamos al día siguiente en la.
maflana y en el sitio al que consagraríamos nuestros estudios. Si llegábamos los primeros, Raul y yo á la cita,
Ililda, seguida del criaJo que llevaba sus aperos de artista, uo tardaba nunca mucho en aparecer. Ella iba ha·
ciendo notables progr&lt;'BOB bajo mi dirección y se mostraba discípula aplicadJ, inteligente y llena de talento.
El estudio de la Qlldera, que yo había principiado desde la orilla del castillo, había tenido sus interrupciones,
y las sesiones que yo le había cousagrado no habían sidomuy seguida!!, porqu~varias mallanas las ocupamos en
otras coeal!. Por último, convenimos un día en volver á
aquellos sitios para seguir ese estudio y terminarlo.
Habíamos llegado y nos disponíamos á instalar nuestros caballetes, Raul y yo, cuando vimos á Hilda quellegaba sola y con las manos vacías.
Ella explicó que no se encontraba en esa maliana con
ganas de pintar, y que prefería vernos trabajar.
Se sentó un rato á rui espalda, sobre la yerba, con sti
sombrero en la mano, y parecía absorta en verme trabajar. Derreperite, seflalando con la punta de sn sombrilla..
el Taburete de la hada, al qne yo estaba dando algunas.
pinceladas complementarias, me dijo:
-¿Qué, no podría yo servir á usted de modelo para la
hada que desea poner sobre esa roca?
-¡ Yaya, si nól Esa es nna excelente idea, contesté. Sería usted una hada encantadora, quizás un poco moderna, pero tanto más interesante culinto que ~ destacaría..
por el contraste con un paisaje eevero y · accidentado..
¿Pero tendr,I. usted paciencia para conservllr una misma.
postura? Vamos :i escoger una piedra ó un11 roca, lo más.
semejante que sea posible con el asiento de la bada, y en
la cual pueda usted instalarse con toda comodidad. Por
otra parte, la postura no tiene para qué ser cansada, ybasta puede adoptarse cualquiera. U na bada sentada con,
naturalidad y cierto abandono, eso es toJo lo que yo exigiré, ¿Se siente usted con fuerzas para imponer esa violencia á su vivacidad natural, sellorita Hilda?
-Ya se ve que sí, ei ueted lo desea, contestó ella.
Al cabo de algunos minutos se levantó, y, dejando su
sombrilla y su sombrero en el suelo, se dirigió á su barquita azul. Se embarcó y ee puio á bogar con aire negligente é irresoluto.
Tan amenudo la habíamos visLO proceder de aquella
manera, tan acostumbrados estábamos á verla atravesar·
el río costeando el escollo, ó remontar su corriente, Ó ·
bien bajar con ella, que ni Raul ni yo teníamos la menor·
sospecha de lo que pasaba en aquella preciosa cabeza, in-•
ya cabellera ondulada era agitada por la brisa.
De súbito mi hijo, que la devoraba con los ojos, se le-vantó precipitadamente, llevósti las manos á las sienes
con ademán de espanto, y gritó con ronca voz:
•·
-¡Padre mío ...... está abordado el escollo!
lle levanté de un salto.
En lugar de seguir al contorno del arrecife, según lo •
acostumbraba, ella acababa de dirigir la proa de su embarcación contra la primera línea de los rompientes.......
Vímosla que daba dos ó tres vigorosos gol pes de remo que elevaron la embarcación á la mitad de aquella línea, en,.
seguida ella se levantó, tomó uno de los remos con las dos
manos Y lo apoy!) contra una punta de roca que venía á
estar detrás de su bajel.
La yole se alzó de a ielante para atrás, como un caballo
que se encabrita y desapareció por un segundo á nue3tra
vista, con la intrépida joven, detrás de una peña.
Un instante después, trepaba ella al Taburete de la hada agitando su pañuelo.
Aunque al alcance de la voz, el rumor del agua no ha- ,

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DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

1

-=---=-~ ~===-=-=--- =======-~-~~ ·- - ~. ~== = = ============ ======-==~~4=3~=

bría permitido que nos comunicáramos; así pués, era inú· de Raul. ¿Pero qué cosa y de qué manera? Yo sentía muy vía á donde todo la impele, la felicidad de otro y la suya.
bien que si hubiese pertenecido al sexo que se recrea en propia, paréce, á guisa de formidable arco á la entrada.
ti! tratar de entendernos por medio de la palabra.
El tiempo que había corrid0 entre el inetante en que este género de intrigas, habría cogido hábilmente la pe· del camino que la conduciría á la ventura, resistir riényo la había visto allí, al lado mío, y aquél en que acaba- lota al vuelo, para hacerle comprender cuanto la amaba dose á todo lo que uno puede hacer para inducirla. Y
ba de verlo aparecer sobre aquella roca maldita era tan él y qué excelente marido se1ía para ella. Por desgracia basta parece que, presa súbitamente de ese deseo inetinti•el tiempo urgía y el joven al incorporarse con nosotros, vo de seducción que existe n:iás ó menos en todas las muje-corto que me pareció estar soñando.
Aquel capricho audaz me heló de terror. ¡Si por lo me- me obligaba á aplazar para mejor ocasión mis proyectos res y las inclina con frecuencia á ejercer.el poder de sus en•·
cantos precisamente sobre los seres más refractarios, panos estuviese ahora fuera de riesgo! pero todavía faltaba de intermediario en operaciones matrimoniales.
rece, me decía á mí mismo, que esta joven, cuyo car.icter
la vuelta, y la salida de la Caldera presentaba exactamen-¿Y es la primera vez que usted lleva á cabo esta hasencillo, recto y digno me era tan amable, quiere repente el.mismo peligro que la entrada. Y qué podíamos hazaña? le preguntamos los dos.
tinamente ensayar en m( el poder de la coquetería. ¿Secer nosotros para auxiliarla? No teníamos á nuestra dis-Nó, contestó ella, ya lo he hecho dos veces, sin que
ría posible que ella quisiese, al ver que los sentimientos
posición ninguna bares, y, aun cuando la hubiéramos te·
mi padre lo haya sabido, se entiende, porque nunca me
que me había inspirado no eran más que los de un carinido ¿de qué nos habría servido?
perdonaría esta imprudencia, si llegara á saberla. Por lo
fio paternal, y con el ahinco súbito y culpable de camRaul estaba lívido; iba y venía por la ribera gj!sticudemás, se ha exagerado mucho la dificultad de penetrar
biar su índole, inaugurar una nueva y odiosa táctica y
lando como un loco.
en la Caldera; se trata únicamente de saber en qué
tratar de hacerme creer que á mí es á quien ama? Debía
Entretanto la joven acababa de sentarse en el Taburemomento preciso hay que levantarse y empujar la canoa
conocerme lo bastante ahora para saber cuán inútiÍ sería
"te de la hada y comprendí al verle que permanecía ente•
hacia adelante manteniéndose uno de pie hacia atrae, una tentativa semejante, aún cuando mi carillo á Raul
ramente inmovil, en una actitud graciosa á la vez que na:
porque el paso por este paraje es demasiado estrecho no me la hubiese hecho odiosa.
tura!, que ella había llevado á cabo aquel totir deforce
para que puedan emplearse los remos horizontalmente.
Así me hablaba la voz del amor paternal, que yo calipara colocarse como modelo, y que no abandonaría aquel
Así escomo se salva el punto crítico, y esto lo ensena la ficaba de razón y que procuraba darle toda mi atención.
sitio maldecido hasta que yo le hiciese sellas de que ha·
tradición, y la noción se trasmite del uno al otro como Pero al lado de ella escuchaba otra voz mucho más incobía terminado mi boceto.
un secreto. Es también preciso saber que no hay más herente, pero que evocaba dentro de mí una !rensación
Así, pues, volví á tomar mi paleta y mis pinceles, y me
que un sólo punto en la roca en donde la punta del remo
puse á satisfacerla, con el corazón tort.urado por la antan agradablt: y tan dulce que me subía del corazón cose fije sin resbalar; si no · se toca ese punto, es uno mo embriagadoras bocanadas de júbilo supremo.
gustia, imaginándome que esa sería quizás la última vez
Estábamos entonces en la primera quincena de Julio.
que yo la contemplaba viva, y figurándome la desespera- perdido!
-No ví que se quedara usted contemplando la límpi- El veranó estaba en eu plenitud, ~ las plantas se
ción de Raul si la Caldera se tragaba á su víctima.
Cerca de media hora estuve trabajando febrilmente y da corriente, le dije; &amp;in embargo, la tradición dice que abrían en la íntegra madurez de su'fl.orecencia. Las flologré hacer, á pesar de mi agitación, un estudio muy se- todavía se vé allí el bello rostro de la hada de otros tiem- .res brillaban con sus más hermosos colores y exhalaban
pos. ¿Nada tiene de tentador para usted tal espectáculo? sus más delicados perfumes; los insectos zumbaban y las
mejante á mi modelo.
Sin
emb irgo no hay que temer la comparación poniénd&lt;t · aves cantaban en el denso follaje con una unanimidad y ·
Y a había terminado, pero no me atrevía á. hacer ·una
al
lado
de aquella la imagen de la hada de nuestros día@.
un ardor que parecía demostrar la breve duración del essena, y cuando pensaba que aquello seríaquizas la muer•
-Ese
es un cumplimiento, tanto más agradable para tío escandinavo y que, aguijoneados por la naturaleza,
te de aquella hechicera doncella, mi corazón se oprimía
y las lágrimas subían á mis ojos. Me causó sorpresa des . mí cuanto que no estoy acostumbrada á recibirlos de ue- trataban de suplir la brevedad de·la vida por su mayor
cubrir de repente el lugar que ella ocupaba en mi cora- ted, sellor mentor, contestó ella sonriéndose. Por lo de- intensidad.
más, algo me debéis para que os perdone vuestra imperzón y el vacío que su muerte me dejaría.
Todos los seres que me rodeaban, vegetales, insectos ó
No sé ei ella adivinó lo que pasaba dentro de mí, pero tinencia de hace un rato.
pája~os, ~e parecían revestidos con galas de fiesta, y creía
-Y bien señorita, usted no ha contestado á mi prede repente ví que se levantaba y que desapareció detrás
yo O1r sahr del campo de trigo dorado, de la espesa yergunta:
¿cómo es que usted no ha tenido la idea de mirar
del T¡!.burete. Estaba sin duda ocupada en desatar su
ba ó del follaje de profundidades misteriosa!! como una
barco para la peligrosa vuelta. ¡Mi corazón había cesado á la fuente del hada?
multitud de acentos gozosos que se harm;nizaban en
-Porque sé muy bien lo que se vé dentro de ella, conde lafül
un coro para cantar el himno de amor á la naturaleza.
Vímoela pasar como ftecha por el pasadizo fatal, des• testó con tono seco, y, según me pareció, con un ligero
-¿Y ei realmente fueras tú el amado? murmuraba la
pués detrás de la roca...... Hundióse la proa de la yole, extremecimiento, y ningún empello tengo en volver á voz pérfida. ¿Te opondrías á tu propia ventura cuando
levantando la popa com!l en un adios á la Caldera!. ........ mirar. Pero observo, agregó ella volviéndose al caballete, viene ella misma á ofrecéraete? Si ella te ama, es porque
después y súbitamente la vimos fuera de la zona peligro· que loe temores que me lisonjeo de haberos hecho sufrir no le ama á él. ¿Por qué, pués, ese empeflo en lanzada á
sa. Un instante después, desembarcaba, un poco pálida no le han impedido á usted pintar una hada á la que me sus brazos, cuando ellacreequesu dicha está en los tuyos?
todavía, pero con una sonrisa de triunfo, aunque tuviese siento orgullosa de haber servido de modelo. Yo no que-;-Es demasiado joven para tí, decía la otra voz; no po- ·
una ligera expresion de niño que se espera lo vayan á re- ría pecar contra la modestia, pero hasta me parece que dri.a amarte por mucho tiempo, si· cedieras á este capries un retrato y de los más parecidos.
ganar.
cho, nacido del gusto por la contradicción. Ee w1a conRaul se había preciptiado á su encuentro y la ayudaba
sentida de la fortuna; quiere el fruto que no puede atraá que saliese de la barca.
VI.
par Y del que en breve se disgustaría, ei llegase á obte-¡Ahl senorita Hildal ¿cómo ha podido ueted exponer·
nerlo No cedas, no te pongas en ridículo, tú el hombre
se de este modo? empegó á decir estrechándole las maAl día siguiente, como no tenía disposiciones á la so- fuerte Y excéptico. Recuerda tu experiencia matrimonial
nos y mirándola con los ojos llenos de lágrimas, en los ciabilidad, declaré' á Raul que mi intención era dejarlo abandona est?s lugares, deja á Raoul solo con ella y tod~
que se pintaba DIUY bien la pasión para que ella pudiese ir sólo al castillo, cosa que no pareció disgustarle mucho. tomará el me¡or pase para bien de todos.
ignorarla por más tiempo.
Necesitaba estar sólo para poner una poca de calma en
Raz~nando de esta suerte, iba yo andando, un poco al
-Vamos, Raul, cálmese usted, contestó ella con un to- la agitación de mis pensamientos y para analizar algunas azar, Sln pi:eocuparme gran cosa de los sitios y de los
no que me pareció un poco seco. Como este río ha de ser sensaciones desconocidas que parecían ser la consecuen- puntos de v~sta. Había yo salido para pasearme, y, como
algún día de mi propiedad, fuerza es que lo domine.
cia del sacudimiento moral que dentro de mí había pro- no me een~1a con ganas de trabajar, no había llevado ·
llientras que él amarraba la embarcación en su lugar, . ducido el acontj:lCimiento del día anterior.
más que m1 bastón. Casi sin notarlo, no tardé en salirme
ella corrió hacia mí y, mirándome con esa singular miraSentía una secreta ira contra m( mismo y más aún con- del camiuo, y me entré por unas praderas pántanosas,
da que siempre me desorientaba, se inclinó sobre mi te• tra esa joven, cuyo verdadero carácter me aparecía más pintadas de árboles y de zarzales, que están cercanas al
la, murmurando,,al menos hasta donde pude entender: incomprensible que nunca. ¿Pertenecía ella á esa catego río en la ribera opuesta á Charlottenberg.
-¿Y bien comprende usted ahora?
Al desembocar en la pradera, divisé una modesta caría de personas cuya característica parece ser una necesiYo había tenido tiempo de sosegarme y de limpiar al- dad innata de hacer precisamente lo contrario de lo que bafia medio oculta entre los árbolee. Erase la casa habigo que me hacía ~uillas en los párpados. Mi angustia
uno querría que hiciesen, y cuyos actos parecen produci- tada en otro tiempo por el viejo Svensson, que ya había•
había desde luego cedido ante un corto instante de en- dos por un sentimiento de oposición, que flexible siempre muerto hacía muchos años y al que habrá sucedido el
ternecimi~nte y de júbilo al verla fuera de peligro, pero en apariencia, pero obstinado y terco como un resorte de arrendatario de la pesca de salmon por toda la parte que
ese corto instante de emoción había sido seguido de otro acero, no sólo opone á los buenos oficios de parientes afec- corría en las tierras del barón de Hammarhielm.
-de colera y de indignación qne duraba todavía.
Resolví inmediatamente hace~le una villita. Me lo entu.osos ó á los consejos de amigos sinceros una invencible
-Sei\orita Hilda, le dije, con gesto severo, si tu viera la fuerza de inercia, sino que parece ingeniarse en hallar contré e.n un cobertizo fuera de la casa, ocupado en orde·
honra de conocer al padre de usted, iría inmediatamente algo de contradictorio para encolerizarlos y hacerles sen- nar sus instrumentos de pesca. Me recibió con los modaá decirle ,ne su hija no se halla todavía en estado de seles corte,ree Y hospitalarios que caracterizan á los Suecos
tir hasta donde se burlan de sus buenos consejos?
p ~ de su nodriza y que, si ya se despidió á ésta y
-Est.a joven, decíame, que se halla por decirlo así so- de todas las clases de la sociedad. Era un hombre de unos
q uit-re conservar á eu heredera, es preciso que se procure
la en el mundo, sin amigos, sin parientes, sin consejeros, cuarenta años, de expresión seria y benévola. Declaró
una buena aya, una mujer de peso, cuyos ataderos de de- se da perfectamente cuenta del interés que me inspira. que rne conocía mucho de vista, porque nos había ob:1erlantal sean bastantes fnertes para que resistan las ca- Fi.nge que aprecia mis consejos, que está agradecida por vado, á Raul Y á mí, pintando ó .paseándonos con la
briolas de una IJ-ill&amp; indisciplinada é imprudente!
m1s deseos de contribuir á su dicha. Ella misma debe se~orita del Castillo. Platicamos un rato de pesca y sal- O mejor un buen marido, capaz de satisfacer las missentir que necesita de alguno que la ame y que la dirija. mon, Y este tema nos llev.'., con toda naturalidad á la Calmas condiciones que la ama de gobierno, añ.adió ella Su soledad y su juventud deberian predisponerla á con- der.i.
riéndose y mirándome de hito en hito, aunque un poco testar con ahinco á la voz del amor. 1Iuy bien sabe ella
-¿Ifa intentado usted alguna vez penetraren ella? le
ruborizada.
que mi mayor placer sería verla compartir con los senti- pregu11~ ·..
Esta r espuesta me impresionó; me ocurrió de súbito mientos de &amp;mi, sabe perfectamente que despreciándolo
-U11a ~ola ocasión, me contestó. Trabajaba yo entonque aq11ella era ocasión excelente para decir algo á favor lo haría desdichado.. Y, lejos de dejarse llevar por una ces pum t:I viejo Svensson. Aunque muy joven todavía,
0

�EL MUNDO
144

ya conocía todas las dificultades de la navegación por este río y ardia en deseos de t,entar el golpe de la Caldera,
de ir á. ver lo que había de hermoso en éea decantada
fuente de la hada. El viejo Svens!On, que gustaba mucho de charlar, sobre todo cuando había bebido, me descubrió una noche tan menudamente la maniobra para penetrar en el escollo, que resolv( hacer un ensayo al mismo día siguiente. Llevé las cosas perfectamenté¡ pero
nunca he vuelto á. hacer ese alarde, y nada ni nadie podrá decidirme á. volver allí por segunda vez.
-¿Y qué vió usted en la fuente de la hada?

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

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de un cada\"er dentro de la fuente de la hada, y además
este estanque, según el dicho de los que lo habían visi•
tado era tan profundo, que no eepodfa ver el fondo. Ahora bien, como acabo de decir á ueted, el cadaver, cuando
yo Jo ví, tenía las piernas metidas entre las piedras del
fondo, el cual se distingue muy bien. Así pues todo inclina á creer que el espejo de la hada, que evidentemente era una especie de chimenea natural, comunicaba más
6 menos directamente con la bóveda 6 más bien con la
cueva en la cual terminaba el subterraneo. L'l presión
del aire producida por la explosión de la mina debió proyectar todo lo que 58 hallaba en la gruta, y eeta quedó
obstruida basta cierta altura por los escombros y fragmentos de roca, y entre los cuales el cadaver quedó apri.
sionado y detenido en la posición que acabo de describirEn cuanto á su estado de conservación por espacio de
tantos años, nada tiene de extraordinario si se considera
que estas peñas son de composición calcárea y que él
agua del estanque, constantemente renovada por las infiltraciones, está. siempre muy !ría.

-Pues yo, senor, contestó el pescador después de ,,.a,_
cilar algunos segundos, lo que allí ví me inspiró tal terror, que estuve :i punto de perder la sangre fría para salir sano y salvo del escollo. Pero supongo que usted
eslará al corriente de lo que se refiere sobre el pasado del
viejo barón, y que no es ya un misterio para nadie.
Yo le probl' en pocas palabras que no ponía excepción
á la regla.
El continuó:
Dí las gracias al pescador por su interesante relato; en
-)Ii curiosidad era grande, como puede uizted imagiseguida,
despidiéndome de él proseguí mi paseo, que me
ná.rselo¡ a3i es que, una vez que entré á la Caldera me
llevó
haete
~l punto donde se reunen el río y Boren.
apresuré á. amarrar mi barca y á subir al troio de piedra
Imposible me parecía ahora cret&gt;r que Jlilda ignorase
que Jleya el nombre de Taburete de la Hada. Me incliné
l.Lvidameure sobre la superficie límpida y sosegeda, espe- el terrible episodio que figuraba con caract.(&gt;res de sangre
rando que vería algún reflejo extrai\o ó algún juego de en la historia de la vida de su padre. Ella había visto el
la natur~J{'zn que fingiera el rostro de una mujer. ¡Retro- cadáver y no le causaba el menor asombro. ¿Era por secedí lleno de horror! Lo que en un principio tome por quedad de corazón ó por fuerza de caritcter?
No volví al hotel sino hasta en la tarde, y encontré á
un informe paquete de hilaza y por vestidos manchados
Raul solo en nuestro aposento. El pobre muchacho em·
y hechos trizas, se precisó muy pronto ante mis ojos,
dentro del agua transparente é inmóvil. Era el cadáver, pezaba á revelar los signos exteriores de la pasión que lo
6 mejor dicho Ja parte superior del cad:lver de una mu- consumia. llabiaenflnquecido y babia perdido, con el gusjer. Lo que yo había tomado por hilaza era su larga ca- to y con el interés por el trabajo, toda la alegría y el enbellera. que flotaba en desorden sobre la superficie del
agua. Los pies y las piernas desaparecían en el fondo
del estanque. La cara. ó más bien dicho lo que de ella
quedab.'l, parecía vuelta al cielo. Las carnes, aunque
blanqueadas por el tiempo y privadas de color por su
permanencia dentro del agua, cubrían aún aquella calavera cuyas órbitas, dos agujeros negros, parecían implorar piedad, mientras que un horrible «rictus&gt;) que descubría la blanca dentadura hacía un gesto de risa del que
me acordaré toda mi vida.
¡Y érai;e en semejantes cercanías, ante un espectáculo
tan repulsivo y casi tan espantoso como lo era el mugien•
te abismo que ella había tenido que atravesar, en donde
aquella joven extraordinaria se había expuesto durante
media hora para servirme de modelo!
-Evidentemente ese es el cadaver de la infortunada
víctima del barón, dije. ¿Pero como se explica usted que
haya quedado allí?
-Eso se explica muy bien, senor. Usted. sabe que el
barón, cuando supo que se habían ordenado pesquisaa
judiciales en los alrededores del castillo para saber si había ó no un subterraneo en comunicación con el arrecife,
parece que llevó en la noche una buena cantidad de p6l·
vora al subterraneo que el hizo saltar aque11a misma noche; quería impedir con la destrucción de ese túnel que
alguna vez pudieran llegar hasta el misterioso reducto
en donde probabl'emente había ocultado el cadaver de 1~
infortunada degollada por él en un momento de furiosa
locura. La explosióñ.
de aquella mina no sólo destruyó
,&gt;
la parte del sub~aneo que estaba debajo del lecho del
tj.o,. Bevandose la corriente hasta el menor vestigio, sino
qu8 debe haber producido algún cambio en la disposición de las rocas que forman la base de la Caldera. En
efecto, nunca, antes de estos sucesos se había hablado

BR01'1CE FLORENTINO

~u pelectro no es de oro:
de fierro y formidable.
~u eepfritu ño es suyo:
lo trajo un avatar.
Su acento ea el de BJrea.s.
Su afán es indomable.
Su goce es el martirio,
y es llanto au cantar.

Ama lo tenebroso,
Busca lo inexcrutable.
Quisiera por regiones

de sombras divagar.
O de encrespadós maree,
el piélago insondable
en noche sin estrel u,s
impávido surcar.
No for,a Ja áurea rima;
la endecha afeminada
que lleva los recuerdos
de amores á la amada
ó armónica difunde
en música sutil.
El es bardo guerrero,
él es robusto atleta,

tusiasmo que en otro tiempo haclan de él un excelent.&amp;
compai'l.ero.
Al verlo sentado, pálido, abatido y meditabundo, en
un sillón, con la barba en la mano y la mirada (ebril, fija
en el vacio, mi corazón se oprimió dolorosamente.
-Raul, querido hijo, dljeleofreciéndolela mano, creo
que debemos pensar tn irnos. Ya tomamos un número
suficiente de bocetos y de estudios para trabajar en el taller, y podriamos volver á. Stockholmo dentro de dos ó
tres dias. ¿A. qué fin quedarnos aqui más tiempo? Veo
muy bien que Hilda no te ha dado ningún estlmulo que
te permita abrigar la me.nor esperanza. Asl pues, prolongar nuestraestanciaaqul, sólo nos traerá.dailos, mientras que, si volvemos á la ciudad, tú tendrás trato secial,
y este trato, unido á tus habituales ocupaciones, pronte
te hará olvidar tu pena.
-Como quieras, padre mio, me contestó. Sin embargo,
concédeme aún tres dias. Como tú mismo Jo habrits notado, cada vez se patentiza más que los sentimientos de
Ililda hacia mi no son sino los de la amietad, y de diaen
din estoy perdiendo la esperanza de que cambie, aunque
á veces se me figura que, si ella supiese cuánto la amo,
esto podria tener influencia en ella y traer un cambio en
sus impresiones. Aparenta ignorarlo tan completamente,
que en ocasiones pienso ...... En una palabra, yo no quiero irme sin intentar ..... . sin haberle hablado. Deseo,
cueste lo que costare, hacerla salir de esa amabilidad altanera y fria¡ pero la misma siempre, que parece ser su
nonnade conliucta para conmigo. Quiero que ella eepa
todo, quiero averiguar por mi mismo si conoce mi amor,
6 si únicamente finge que lo ignora.

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( Omtinu.ará.)

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que quiere con el verso
que con el símil ret.a
y esuda con la estrofa
su pecho varonil.
CAnLes P10 U1mBACH

~=:--:::::;.;,J_=:--:::::;.;,J.=:-~~
Hay muchas cosas en política á las cuales ee resigna
uno sin estar convertido á ninguna de ella.a.
Thierl.

El peor efecto de nuestra.a enfermedades morales es el
de quitarnos los deseos de curarnos.

G. M. Valtour.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

fYé ,u1c ;u u estro] urticulo_ c~1torJnl.)

,

•

•

•

,

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO ~E 0897

"EL ldVNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
ll.ÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Relia.cción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes 8pindota.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ~r dirigida al
Gerente, Lle. Fausto noguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $_1.25 centavos al
mes, y ee cobra -por trimestes adelantados.
NúmeroP. eueltfl!&gt;. 50 centavoez.
Avisos: á razón de $30 plana por cada· publicación.

aquí, dada la tendencia de los espíritui:, no gozan de
crédito.
De aquí dependne en la m:1yor parte 1le los e-a~•)!!,
esos arrebatos explotados por la p,dri11ta11t reinn•1t.e
en españoles y mexicanos, puedan ftlciltaente U~¡¡;e11lr.1r
en un conflicto que todos lamentaríamos.
Nunca como ahora se hace indispensable una gran dü-

eis de sangre fría.
En vista. del estado de ánimos, debe hacerse el e.'1Crifi cio de obtener halagadoras victorias tras i~ empeñadas
polémicas. En este asunto la razón 1a tendrá e.iempre el
más correcto.

Todo pa110 debe acr "precisamente adelanUdo.
Ri:GJSTRAOO COXO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLA.~E.

l{(tttts

ti\itorittlt;.

&lt;!5nilltrmo ll)rido.

gantes~a entre enrontradas concupiscencias y contrariasdoctrimH', el co111batt-- 8angriento entre fuerzas y activid:11h•~ po,l,•ro!la!I que parecían irreconciliables ti.perpetuidad; lio~, la nniúu Je todos loe ciudadanos y la liga pa~
c.fiea Je lus eleml'..!ntO!~ más disímbolos, para acatar la autorid:1J supr~m:i, y prestarlJ. cada cual su contingente.
unos aceierando y otros retardando la m:ucha resuelta.
en loe comicios, pero cada cual en su puesto en el admirable mecanismo del complicado aparato gubernamental.
Ayer la pasiün y el prt'juicio, el odio y el rencor, empw.jados A podero~3 lucha y ocasionados á choques espanto¡;os; hoy ln calma tranquila, la fría serenidad rindiendo
pleito homenaje al elegido del pueblo, sometiéndose de
grado ú. la voluntad, mnnifiesta entre relámpagos y true•
nos en la hermos:1 tempeF-tad de los c'omicioe.
¡Puebb viril y grande el que así combate con energía.
republicana, y esgrime todas las armas de su vital c,mstitncióL1 plutocr.'itica en los días de discusi611, en las ho•
ras del sufragio, para eeguir después, sin asomo de domédtica~ rencillas, sin resabios de las pasadas luchas,
majestu\JSO y altivo en el c.lesa.rrollo interminable de su
soberana grandeza!

•*•

Acaba de apartarse de nuestro lado una de la~ figuras
Y no esperemos que la. a,¡lwinistraci.ón que hoy se ina.u•
n:~ui¡,z genuinamente oacionale1,i, una personalidad distingur,\ cumpla en t,xlas sus partee el programa de la Conguida c¡ue viene il compendiar el caráctor, el espíritu, el
vención S.1cional Rtpublicann, dictado en las horas de
modo de ser de toda "una ~poca. Con Gnillermo Prieto
exitaci:m política, cuando los cerebros caldeados al rQjo
desaparece, en efecto, un pedazo de vida naciona 1, de
en la. anitn ,d.i discusión. trataban de deslumbrar
esa vidaque, con sus vicios y sus virtudes, sus triztezas y
con la. pompa de sus declaraciones.
sus glorias, sus entusiasmos y sus depresiones, ha aniCon una prndenC'ia. aEtuta, el candidato elegi&lt;lo que_hoy
mado y resumido la típica leyenda patria.
se coloca en la primera magistratura de la gran nación
¿Quíén no conoce en la Repll blica la historia de esta
americana, aceptó el puesto que ee le ofrecía, pero nunexistencia? ¿Quién ignora loe títulos que amparaban á.
ca se comprometió explícitamente á. seguir al pie de la
Guillermo Prieto para ocupar un logar predilecto en el
letra las decisiones lanza.das en el calor de la refriega por
corazón de loe mexicanos? Rodeaba al ilustre anciano
los convencionales de Chicago. Conocidos como enm sus
una como aureola formada por la gratit.ud y el carino po·
ideales políticos, reputado ya ante la nación entera como
pular. Iba él de este modo protegido, á semejanza del
el paladín de un programa emine11.temente econ~m1ico,
héroe de Horacio, por una triple coraza. de afectos, que
basado en laR consideraciones del proteccionismo más radical, quiso lle Kiuley que así lo aceptaran. Y ai,;í, sin
la muerte ha, por fin, hecho pedazos.
Los hombres que sobreviven á eu tiempo y logran
sin compromisos previos, sin recibir condieoneA de nadie,
conser\"arintact.a y de una sola pieza su personalidad, es
sin escuchar insinuaciones de ninguno, sin
proque poseen dotes superiores. Guillermo Prieto, en quien
mesas es como ha ascendido al poder.
se traslucía un iigero dejo de amargura hacia las nuevas
Esto no significa qne su adminiet.ración vaya á. camigeneraciones, supo, sin embargo, darJas la mano y forti nar sin rumbo fijo. Si alguien se deja penetrar fácilmen•
Ge neral Gu a d alu p e L6 p ez,
ficarlas. ¿'Qué importaba que la~ idea, hubieran sufrido
te en sus planee y propósitos, es sin duda el célebree8taJefe d e la s ~ Zon a Milita r. ten Gu a d alaja ra el
actual.
una transformación completa, cuando la conciencia nadista de Ohio.
cional había tendido un puente entre el porvenir y el
No seguirá la política agresiva que en las relaciones con
palado, entre la realidad y la esperanza?
las potencias extl"'.-\njcras le aconsejaban los republicanos
De aqne1lossoftadores entusiastas, de aqoellos espíride la Con\'t;&gt;nciú11; probablemente, desatendiendo á la&amp;
tus apasionados, de aquellas alr;nas desbordantes de iiea• RESU MEN. -Mc Kin ley en e l pod er.- La exalt a c 16 n de
ardientes i;imp,1ti,1s que han manifestado loe partidarios
ayer y la p a c ifica c oncord ia d e h oy. -EI p r o1rama
les, somos hijos nosotroe. A elloe lee corresponde un pri·
que lo eligieron, y eiu fijarse platónicamente en la tremenrepubli can o d ' Ch icaco y la n uevaadmlnlatrac l6n .
-La doctrina d e Mon ro e y el protecc ionismo. mer puesto en la historia de nuestra jovea. nacionalidad;
d1\ lucha que ha.::e dos ai)os Eacude con eetremecimientosPaz de nom bre y c u crra de tarifaa.-EI p o rveni r de
para elloS ee toda la gloria y todos los honores. Hombre3
Ue volc,í.n los C.'\mpos antillanos, no ha de tender la. maMCxi co.
de lucha y hombres de emoci6n 1 sirvieron á s11 ca•1s:\
no i'L los tenaces insurrectos de Cuba¡ vera con gran ea•
c9n· la espada y con la lira, con el lamento de .Job y 1a
tieiacciün
qu~el trat.ado de arbitraje permanente con In·
Si con profundo interés Bf'guimos el ano paeado los moimprecación de Isaíae, con la serenidad del martir y la
vimientos de la poHtica americana, preparJndose á. deter- glaterrJ. ponga á los Estados Unidos al abrigo de formi energía del guerrero.
minar por el ejercicio del sufnigio, el más eolemne de lL,8 dable choqu~ entre &lt;los poderoea.s naciones; dejará en el
A. este heróico grupo perteneció Prieto, y más que nin·
olvido, ó porlo menos no irá. á.desenterrar del poh·o deactos en los pueblos democráticos, disponi~ndose á fü,fi
guno otro contribuyó á. e!parcir el credo de la democra·
nir por medio de las urnas electorales la marcha admi- los ar.:hi vos para renovarla: la debatida doctrina )fon roe,
cia, disponiendo de eee aparato laminoeo y -vibrante que
nistrativa en el nuevo periodo presidencial que hoy tan sujeta á. provocar conflictos como ocasionada á des•
le ponía en comunicación con la conciencia popular: su
pertar envidias y rencores¡ no pretenderá., como lo !:!vlla•
se inaugura; si nos fijamos con singular atención en el
poesía naéional,.eedesbordante deentnsiaemo, ingenua y rumbo que tomaban los partidos, las fuerzas que desple· ban sus defensores, que la Unión americana ee entrome·
burlona, haciendo del chiste una epopeya y convirtiendo
gaban y los programas que discutían, y vimos cuidadosa- ta en la politica europea, favoreciéndo armenio8 perse·
cada harapo en un pabellón de victoria; poesía que sale
mente cómo se iba formando la pública opinión en el guidos 6 amparando cretenses insurrectos, exponi¿udosede lo hondo de esepu~blo, que ee mira en ella como los club, en el meeting y en las grandes convenciones nacioJ· á dificult.ades que lo aparten de sus propósitos.
Pero si en su p'Jlitica extranjera activa dejad fatis{eastros en la móvil onda de los lagos.
nales, á favor de las fuerzas vivas y de las clases direc·
Guillermo Prieto vivirá eternamente en la memoria de
chas
las aspiracionl!s pacifi:.!as Je la nación, es segur\\, es
toras de la nación, á impulso de los grandes intereses
los mexiéano!: su nombre será conservado como una reindudable
qu~ inaugurar.í. una guerra, mis_íormiJable
puestos en juego, del poderoso ahento democrático que
liquia legada por la Libertad á. las nuevas generacíon es agitó todos los espíritus y despertó las latentes energías quizá. que la que s~ hace al resplandor fatídico de 101:1 disnacionales. ¡Hagamos un alto ao1emne en el b~rJ~ d~ esparos y al ei,truentl•&gt; ruidoso de los callones: la guerra depolíticae de un pueblo que vive sólo de su riqueza y su
te amado !!epulcro!
trabajo, ajeno en general á. los ensuefiee herma.sos y be- las tarifas, c,.mtr&lt;\ todo aquel que se quiera oponer á las
llas utopías que seducen á otros: no debemos, aho- ~xigencias de un pu:-blo compuesto de setent!t. millone.3
ra que comenzad á poneti!e en práctica el resulta- de estómagos aco&amp;tutnbrados á. uo.a substanciosa y nutriti ·
do de esa agitación, dejar de del.licar uno mirada á. la ad- va alimentaciúu.
Esa será. la poíllica republiC'ana que ha de conmover i1.
ministración republicana que hoy ·e ntra .i funcionar bajo
En estos días y con motivo de un hecho desagradable
la vieja Europa..
la dirección del célebrd campt..'t'.111 dd proteccionismo,
ocurrido en Puebla1 y en el que intervinieron unos súb ·
AfortunaJa1nente para )I~•xico, su admirable situaci..':,n
·wmiam
E.
)fo
Kinley.
rl i l,o!I ri~ Es pafia, ha tratado la prensa diaria de los elemen•
lo
pone al a:npan.&gt; Je csas_conmociones. y lejos de temer
••
tos que cons\itnyen la base de las relaciones entre mexiLo primero que d-:isde luego llama nuestra atenci.Jn y
por su creciente bienestar, mira confiado esos uuerns de·
caei nos asombra, á. nosotros inquietos latino@ acoi;tum- rroteros, que 1í. hl postre nos ponen en condiciones de concanos y españolee.
bmQos á escuchar m,is las Eugestiones de la paeióu, .i. aten- tinuar sin zozobras nuestro progreso iniciado ya con firLa colonia española representa una p1r~ irnp'lrtante
en la explotación de la.riqueza na~iooal y por ~'.I a~li~·iUad der más las insinuaciones seUuctoras dd partido, es yer mez~, al abrigo rni:!mo du ese proteccionismo americano ..
la absoluta sumisión de todo un pueblo tí. las: decisior:es
y sus energías ha sabilo collqui,;tart.e un:\ po::ici:m q:1e
X.X. X.
eancionadas
de las mayorías. Ayt!r la agitación en masa,
la enaltece. Hay, es Yerdad, entre aliuno3 de sus miero•
4
de
llirzo
de
!S:li.
el choque formidable de ir.U.-re&amp;-e opucetm=, l:l lucha gi •
bro~, re~t'ls de idea~, qne si tienen razón en Sll patria,

"ªºªª

11'0Htica QiJtneral.

Qfa;µañolts lJ 11trrirntt1J!i.

coqueteado para saber coquetear, y ei ha sido esposa fiel
y leal ni conocerá ni podrá. interpretar los arrebatos, los
terrores, los remordimientos del amor desleal. Con meAnimado debate se sostiene en estos días en la prensa
nos razón aún podrá. llenar su delicada misión si han aniparisiense, respecto á la delicada cuestión de saber si la pudado en su corazón ]as blancas palomas de h:s virtudes
reza y la inocencia son compatibles con la profesión de
femeninas y no las víboras de las malas pasione.-11. Cuanartista dramá.tica. No versa la discusión so!.:&gt;re loe pelido una mujer no ha hecho otra cosa qne suspirar y songros que corre entre bastidores la virtud femenina, ni soreír, cuando no ha sof\ado más sueños que los de Graciebre las tentaciones que dimanan de la ficción del amor,
la, ni experimentado otros anhelos que los de Oíelia, ni
del remedo de la galantería de las caricias y frases ardienentrevisto otros horizontes que loe del velo sobre el altar,
tes en el escenario y del trato de los Don Juan y de los
le están vedadas las frivolidades de Frou•Frou, las pasioLovelace fuera del teatro. Tampoco está á. diecrisión si es
nes de Lucrecia y las venganzas de la Tol!ca;eetá fuera de
ó no una neceeidad para la actriz el recurrir á la galantecuadro en el teatro moderno y1 madura para fundar un
ría para bastará las cuantiosas exigencias del desenfrehogar honrado, fecundo y feliz 1 está tierna y verde aún
nado lujo de trajee, joyas y atavfos que impoqe la escena
para fundar nna escuela dramá.t.ica 6 interpretar no permoderna, que imperiosamente exige el público, y que no
sonaje del teatro actual. Pero que esa mujer llegue :í. vibastan ti. cubrir los honorarios, por suntuosoe que sean,
vir, que engafie al marido, que se escape del tibio hogar
de que se goza en la privilegiada profesión. Sobre estas
para cenar en alegre compafiía; que su amante mate en
materias hay estudios serios, y Alejandro Dumáa, hijo,
duelo al marido, que la justicia le arrebate á. sus hijos 1
pronunció la última y siniestra palabra levantando el oroque escale el calvario de todos los dolores y baje á. la lepel que cubría la úlcera. Que él con la 11Dama de las Ca•
trina de todas las degradaciones, y entonces, y sólo e.-nnieliBkl," había contribuido á gangrenar.
tonces ser1í. artista, podrá. pisa'r con aplomo el escenario,
La cuestión palpitante y actual es diferente 1 m:is prohabrá en ella materia prima para representar los per·
funda y menos circunstancial Que las otras y de cuya sosonajea; con el vicio habrán llegado hasta su espíritu la
luc16n está pendiente el público
¿La pureza y la
luz, y hasta su corazón el fuego del genio y Sardou y Zoinocencia de la actriz, pueden permitirle la expresión
la é Ibeen habrán encontrado la intérprete ideal de sus
perf~ta y completa de las pasiones, de las tempestades,
El teatro contemporaneo•*•
ya es otra cosa .. C.:,mo todo el obras y la representación viva, palpitante y sincera de
de loe ímpetus qne el drama moderno pone continuamen- arte de nuestros días, como la pintura, la escultura, la litesus personajes.
te en acción? ¿Ee poeible la interpretación en el teatro
ratura y hasta la música1 propende á la imitación de lo real.
Así como ant.iguamente se fingían en cartón los leones
de las inquietudes de la mujer adúltera, t ipo favorito del Aboca eu objetivo fotográfico sobre los hombre&lt;i, lascoy panter.i.s del Circo Romano, cuando las necesidades del
drama contemporáneo; de las volubilidades de la coqueta, sas y los sucesos, y saca clichés sorprendentes de exacti•
teatro imponían su presentación al público, y hoy se al•
de los éxtasis y transportes de la mujer e:namorad.a, cuan- tud, impregnados de \"ida efectiva, palpitantes de emoquila.o las fieras reales y efectivas del Jardín de Planta!!;
do se tienen la conciencia limpia y el alma inmaculada,
ción verdadera. Ya. no .~n mufiecas descarnada'3, ni ma. así el mezquino teatro antiguo llevaba á las virgeúes á re•
cuando no se conoce del amor sino la apariencia, y cuando
nequies automáticos loe que desfilan sobre el escenario,
pret'entar prostitutas, y ya es tiempo de que esa conven ·
~e es tan sólo un teórico de la mú intensa de las pasio- son hombrea reales y verdaderos con todo el conjunto
ción acabe. Los fueros del ante teatral moderno reclaman
nes? ¿O ee, por el contrario, indispensable haber vivido,
complexo de sus múltiples atributos; ya no son tési s es- que cada personaje encarne en un profesional de la claEe
haber amado realmente, haber apurado hasta las heces el
colásticas las que desenvuelven en figuras de retórica correspondiente.
·
caliz de hiel yde ambrosía, queee llama una pasión, pata ante el espectador, Bino amalgamas de suceeos 1 de episoTal es el alegato; no hemos disimulado ni su apariencia
aírontarel fuego de la rampa, para poderprel!entaral púbJi. dios históricos ó biográficos. Los personajes viven y
seductora ni mitigaclo'Su fuerza intrinseea. Yeamoe ahocola ·imágen viva y palpitante de la pasión· sentida y vi- sienten, pertenecen á su raza y á eu medio, hablan el
ra la r{&gt;plica y la refutación. Ese modo de razonar, no sóvida, sus ansias, eua trances, sus delirios y sus tormentos? lenguaje de todo el mundo, viven la vida general, dialolo produce escá.ndalo y casi provoca nauseas, sería esto lo
Est.a última opinión tiende á. prevalecer. Directores de gan como financieros ó como cocheros, respiran la misde menos, bien que triste, si el argumento fuera sólido y
teatro, dramaturgos, artistas y pensadores, consultados ma atmósfera y se nutren de los mismos jugos que la
la conclusión verdadera. Inclinaríamos resignados la caal efecto, han opinado en ese sentido y Claretie, Zola,
humanidad. La intriga se burla del tiempo y del espacio; beza si estuviera demostrado que es una fatalidad humaC09uelin Cadet y otl'08 muchos, afirman excá.tedra, que los sucesos se desenvuelven en todos los contmentes; las
na el que sólo por el camino del vicio se llegue á la met.a
hay incompatibilidad radical y absoluta entre la pureza acciones se mezclan y atropellan como en el mundo real .
del
arte dramático .Pero, lejos de ser válido, el arg\lmeny la inocencia y las manifestaciones elevadas y supremas
La imitacilm exacta y pl'eCiea va hasta el extremo; la to es vicioso y conduce al mayor de loe abeurdoe.
del arte dramitico. Para aoatener e:!ta tésis, se citan pre- in Jumenta.ria se inspira en la ar4ucología y en el üabiEl principio, si es verdadero, tiene que ser general¡ si
cedentes, se invocan textoe, ae exponen los ueos y cos- nete de las Estampa,; se mandan hacer el pufial 6 el
vale
para una pasión, el amor impuro, va!e para todas las
tumbres. Zola, consultado á. ese respecto, estudia la
de veneno del modelo auténtico y adecuado; lae
cuestión en todos aus aspectos, y después de meditarla Joyas, los accesurios y el moviliario son objeto &lt;le los demás, y ei ee prueba que la mujer necesita para repremucho, y de extenderse en considerandos de todas cla- más profundos y detenidos estudios; las decoraciones re- sentar haber sentido y experimentsdo personalmente las
pasiones y ejecutado los actos que las provocan 6 que aon
eee, acaba diciendo: 11¿Pero á qué ocuM_rnoe de estudiar producen ex8ctamente :os panoramas, las perspectivas,
su natural consecuencia se hab1' demostrado que el
la pureza de las actrices, si no ha de presentarse el casof»
loe accidentes del paisaje en cuyo seno ae supone pasan
hombre está. en el mismo caso. Veamos á cuanto desatiy se cita, por último la frase de Agust.ioa Brohan á una
loe sucesos.
no conduce esa opinión. Desde luego, si una mujer noea
aspirant.eal tablado: 11Tienes mucho talen~o, no hay duEn estas condicionC's autores y actores v1aJan, descimadre, no podrá representar la ternura, la abnegación, el
da; pero te"ea&amp;orba tu iooeenci&amp;.•
fran manuscritos, estudian psicología, filosoífa é hiato •
sacrificio maternal; luego toda actriz neceaita ser madre
ria¡ observan personalmente; visitan, vestidos de frac,
•*
necesita igualmente haber tenido hennanoa y h-berlo;
De aer real y efectiva eea incompatibilidad, resultaría
los palacios y concurren, revestidos de blusa, á laa ta•
amado
y haber conocido y venerado á sus padreepara repre•
un hecho completamente deeconaolador, el de que el bernas y áloe tugurios.
En loe hospitales observan las ansias del agonizante, sentar los papeles que le exigen estas diversas especies
ejercicio de una de laa artes más nobles y elevadas, y una
los hipos precursores de la muerte, las demacraciones de de afectos. Esto esfacil de allanar. Peroentoncee¿quién
de las más características del siglo XL-X.. trae aparejado
la, tisis, las convulsiones de la histeria y las actitudes de podr.í representar el papel de Fedra? ¿Es de suponeree
neceaariamente el vicio, y de que no podrá. admirarde en
la
catalepsia. En loe anfiteatros estudian la facies cada- ni por un momento que la Ristori ó la Pezzana, ó lta•
el escenario un talenW femenino, aia que quede el rea.vérica, la rigidez de la muerte. Con loB grandes médicos chel 6 Sara Bernardht hayan sentido esa pasióii repugbio de que aquel genio es pura y simplemente una munante y antinatural por en propio padie? ¿O vamos áad•
aprenden á distinguir el asma brónquica de la cardiaca.
jer perdida.
¿En quá puede fundarse opinión -tan desconsoladora? El corazón humano loestudiau en el mundo y en la so- mitir que Fedra no ha tenido intérprete, contn la opiPues en consideraciones de un card.Cter profundo y cuya ciedad, frecuentan todas las clases sociales, se codean nión uná.nime de la crítica universal? ¿Si la artista ha de
!.Olidez no puede ponerse en duda. El teatro antiguo yel igualmente eun los magnates y con los obreros, con representar el tipo de una infanticida, necesita haber daarte dramá.tico correspondiente, eran eeencialmente artifi- la virtud y con el vicio, con la riqueza y la miseria, des- do 1;0uerte á sus hijos ó haber experimentado impulsos
hacia ~an nefando crí~en? ~as mujeres qu~ matan¡ deben
ciales y convencionales.. Paeiones decorativas, personajeJ tilan de todo el basurero humano, como un elixir, todo tener
1Dtérp!'8tes a&amp;eSmos; 1nM:rpretee ebnos, las mujeres
inventados, lenguaje especial, estilo declamatorio y dia- lo que la vida tiene de típico, de característico y lo sir- que beben; 1Dtérpretee ladrones, las mujeres que roban.
Loe hombres están en el mismo caso. Para representar
ll-ctico, la regla de las tres unidades: la de acción, que ven al público en forma de drama 6 de novela.
á un banqu,ero hab_ría qu~ ser millonario)'." jugar á la bolsimplificaba la intriga; la de tiempo, que forzaba los
Desde este momento, nada má.e natural que exigir del
sa. Napoleon sertt 1mpos1ble en el teatro smo lo interpreacontecimientos y precipitaba los sucesos; la de lu- artista que para representar un papel, haya vivido la !\'i- ta el General Saussier por lo menos y como para repre·
gar, que reducía á su más simple expresión la mise en da del personaje; que haya experimentado sus mis~as sentar monarcas se necesita haber reinado, sólo las te!ltas
coronadas podrán interpretará. Luis XI ó á. Enrique IV,
~,.;.11e; la proscripción de las pasiones bajas y de loe pa.si.ones, corrido los mismos riesgos, profesado sus mis- y en las p~ertas de los teatros habrá. que poner camiones que digan 1,Se necesitan asesinos,1 y en ninguna par·
personajes vulgares, hacían de las tragedias de Racine y
mas ideas. Y siendo este;, así, no hay lugar en el teatro
te representará el drama meojr que en los presidios.
de Corneille, modelos del género, verdaderas [.Q{IA acom- moderno para la inocencia y la pureza de Jas mujeres.
Ante tanto y tan colosal absurdo los más fervientes
pasadas y majestuosas en las que, como dice Taine: 11perpartidarios?e la d~scabellada tésis ti~nen que I'Ctroceder,
*
** moderoo, de toda prefe- y ante la disyun~1ya de negar la posibilidad del teatro
eonajes de cartón, sentados en aillones clásicos, discu•
La mujer figura en el teatro
tendrán quead.m1t1r que son compatibles la pureza y el
tían cuestiones generales, en un salón abstracto.n Nada rencia, como coqueta y como aJúJtera. Para traducir en talento dramát1~ y que se puede á. la vez admirará. una
de preciso ni de concrete, ideas generales en vez de per- ace_ntos :erdaderos, en actitudes apropiadas, en gesticu- mnger como artista consetvando el derecho de respetarla
sonajes vivientes¡ todos los pormenores característicos Jac16~ vigorosa, las pasiones que el teatro le atribuye, como dama.
enprimidoe. Julio César no es un hombre, es la idea im- neces1t-a haberlas experimentado. Le es forzoso haber

LA PUREZA V EL ARTE DRAMATICO

1......,.•.

peri.al; Bruto no tiene sangre ni carne, es el principio
democrá.tico; un grupo sin carácter ni tipo definido, representa al pueblo; á. cualquiera, á todos, á. ninguno.
Como decoración, un pórtico ó un jardín; como mobiliario, unas banquetas forradas de sarga roja¡ como indu·
menta.ria, la peluca empolnda para los actores y el peplum y el.velo para las actrices.
l:'n teatro de este gJnero no exige ni impone al actor
la obsen·ación de la&amp; pasiones, ni dP- los caractéres, ni de
lae actitudes, ni de la gesticulación humana. Ciertas en·
tonaciones de pacotilla para la indignación, la ternura ó
la ira; a~titudes copiadas del Museo Vaticano; ademanes
calcados de los altos dignatarios del Estado, ó de la nobleza, 6 del rey mismo; gemidos mitigados y aprendidos
por imitaciún del director de e9Cena; explosiones de pól·
vora mo1ada encauzadas en el bien parecer; grupos excé•
micos imitados de Rafael: tal es el arte dramático que
exige el teatro clásico. Claramente se comprende que la
m,í.s inocente petisionista del Sagrado Corazón pueda represent,arcon éxito las Cleopatras, como lasJimenae de la
tragedia clásica. Para morir como ~Iitrídates 6 como Julio
Céear mueren en ese teatro, bastan tan sólo un buen
maestro y muchos ensayos, y no se necesita ni la ob-Jervación directa, ni menos aún 1a experimentacion en materia de dolores ni de pasiones reales.

!rasco

,

�EL MUNDO

=

....

DA.MAS MEXICANAS

COMO SALVO GUILLERMO PRIETO
AJUAREZ

Mis compañeros quedaron en el
despacho del !:lr.. Juárez, y yo salía
con mis í1tiles de escribir ea la mano.
Estaba remudándose la guardia,
había sóldados de uno y otro lado
· de la puerta: por la p1\rte de la ca-·
lle; al entrar yo en el.zaguán, para
salir, se volvian dentro d~él los soldados: t'i. mi me pareéi6, no sé por
qué, que eran arrollad«;&gt;~ 'por una
paTtida de mulas 6 de ganado, que
solía pasar por allí: me embutí roa·
terialmente en -la pared y me co·
loquétraa la puerta; pero volví los
ojos para .el patio, y vi, ensangrentado y en adet,nan espantoso,
al soldado que custodiaba la pieza:
grit:.os, mueras, tropel y confusion
horrible, envoh-ieron aquel espacio.
El lugar en que yo eRtaba parado era la entrada 1'i. u nade las oficinas del Estado; allí íuí arrebata·
do, á. la vez que se cerraban wdas las Yentanas y la puerta, quedando como en el fondo de un 1'i8•
pulcro.
Por la calle, por las puertas, por
el patio, por todas partes, los ruidos eran horribles; oíanse tiros en
todas direccioneP, se derribaban
muebles, haciéndo estrépito al
despedazarse, y las tinieblas en que
estaba hundido exageraban 1í mi
mente lo que acontecía " me representaban escenas que.felizmente no eran cil'rtas.
En la confusión horrible en que
me hallaba, ví que alguno de los
que estaban encerrados conmigo
en aquel antro, salía para la calle
impunemente: yo no me atreví á
hacerlo, pendiente de la suerte de
mis amigos, tí quienes creí inmolados al desenfreno de la soldadesca feroz.
.
Los gritos, los ruidos, los tiros,
el rumor de la multitud, se oían
en el interior del Palacio. Como
pude, y tentaleando, me acerqué á
la puerta del salón en que roe hallaba y daba al patio, apliqué el ojo
á la cerradura de aquella puerta, y
vi el tumulto, el caos más espan~
toso: los soldados y parte del populacho corrían en todas direccione!;, disparando sus armas; de las
azoteas de :palacio á lüd corredores
cnh:i.n 1 ó meJor dicho, se descolgaban aislados, en racimos, en grupos,
los presos de la cárcel co.ntigua,
con los cabellos alborotados, los
vestidos hechos pedazos, blandiendo puilales, revoleando como ar•
roa terrible sus mismos grillos.
En el centro del patio de Palacio,
había algunos que me parecían jefes, y un clérigo de aspecto fe-

DOIIIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

r

~EL MUNDO

149

=-=~-===-==

subyugaba, que desbara~b9'. erpeligro, que lo tema á m1sp1es ..... .
Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije ... .. .
A medida que mi voz sonaba, la
actitud de los soldados cambia~
ba ...... un vfojo de barbas canas
que tenía enfrente, y con quien me
encaré dici(,ndole, «¿quiéren san~re? ¡b{,banse la mía ...... !11 alzó el
t11sil, lus otros hicieron lo mis- •
mo ...... Entonces] vitoree á Jalisco.
Los soldados 11oraban, prote0 tando que no nos matarían y as1
se retiraron como por encanto ..... .
Bravo sepuso de nuest~ lado. .
J uárez se abrazó de mi...... mis
campaneros me rodeaban, llamándome su salvador y salYador de
la Reforma ......... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimae.
GL:lLLER'.llO PRIETO.

Nuestro grabado suplementario
y el 2~ tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura.••

Acompafiamos á. ef:lte número de
nuestro Semanario un precioso grabo.do á. colores: 1cLa Reina del Carnaval* y el 2° tomo de nuestra Bi·
blioteca Miniatura, conteniendo
hermosas páginas de lectura, de
cuya amenidad é interés respon•
demos á nuestros lectores, á. quie•
nea esperamos complacerán mucho
ambos obsequios.
OTRO PAGO DE $5,000 DE
"LA MUTUA"

EN1MEXICO.

--,
México, Febrero~2 de 1897.
fieflor D. Carlos :SOmmer Director
general de ·'La Mutua."-Presente.
Muy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de mani!estar públicamente eJ pago de las
pólizas de seguro, me es grato ha&lt;.!er cons~ por la presente, que
hoy, en la oticina d1;, i(La Mutua..
del digno cargo d~ usted, recibí
ante el Notario, Sr. Lic. D. Diego Baz, la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos, imporw de la póliza
ó certificado cte seguro numero
3t32,934 que á mi favor solicito de
esa Compañia mi esposo el Sr.
D. José 1\1. Pérez 1üvera..
&amp;toy muy agradecida por las
atenciones que uel personal de esa
Compaf\ia y de u..eted. he recibido
con el motivo expreaado, y quedo
de usted afma., atenta y S. S. Rosario O. de Pi:rez Rivera.

roz ...... .

Algunosmein~tar.Jná huir; á mí
medió vergüenza abandonará. mis
amigos. Luché por abrir la puer•
ta ...... la cerraba una aldaba, que
después de algún esfuerzo cedió: la puerta se abrió y
yo me dirigí al grupo en que estaban los jefes del motín
.\ uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, l\.1ini1't.ro de lhcienda, y que quería seguir la suerte del Sr.
,Ju,lrez.
Apenas p1 (nuncié aquellas palabras, cuando me sentí
atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado
y con\"ertidoen objeto de la ira de aquellas furias ..... .
Desgarrado el vestido, lastimado, en situación la más
deplorable, llegué á la presencia de los señores J uárez y
Ocampo. Juárez se conmovió profundamente¡ Ocampo me
1·econvino por no haberme escapado; !?.ero hondamente
impresionado po'r i:¡ue me honraba con,.tierno cariffo.
Apenas recuerdo, despu(•s de los muchos an.os que han
transcurrido, las peraonas que me rodeaban.
Tango muy presente el salón del Tribunal de J uaticia,
sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy viendo en el
cuartito de la izquierda del dosel á. León Guzmán, á
Ocampo1 á Cendejas junto á Fermín Gómez Farfas; á
Gregario Medina y su bljo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo¡ a.l general Refo¡zio Gonzltlez Si!pliendo al Sefl.or J uárez.
Re había anunciado qu.e nos fusilarían dentro de una
hora. Algunos, como Ocampo, escribían sm disposiciones. El Sefior Jnárez ee paseaba silencioso, con invero•
símil tranquilidad: yo salía lt la puerta á ver lo que
ocurría.
En el patio la gritería era eaf,antosa.
En las calles, el $eiior Degol ado, el General Díaz de
Oaxaca, Cruz Abedo y otras personas que no recuerdo1
~ntre ellas un médico Malina, verdaderamente heroico,
se organizaban en San Francisco, de donde ae desprendió al fin una oolumna para recobrar Palacio y liber-

DOMINGO 7 O€ MARZ DE 1891

Señorita Elisa Corona.

El jefe del motín, al ver la ix&gt;lumna en las puertas de
Palacio, dió orden para que fusilaran á. los prisioneros.
Eramos ochenta por todos.
Una compañía del 5'? se encargo) de aquella orden b1rbara.
Une. voz tremenda, salida de una cara que desapareció
como una visión, dijo: 11Yienen á fusilarlos,it
Los presos se refugiaron al cuarto en qne estab'.l el 8eftor .Tuárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapetarse con las puertas y con las
mesas.
El Señor Juárez avanzó á la puerta; yo estaba á su espalda.
Los soldados entraron al salón ...... arrollándolo todo:
á su frente venía un joven moreno, de ojos negros como
relámpagos: era Pera.za. Corría de uno á otro extremo,
con pistola en mano, un joyen de cabellos rubios: era
l\Ioret. Y formaba en aquella vanguardia Don Filomeno
Bravo, Gobernador de Colima después.
· Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto...... y ein más espera, y sin Ra}:)er quién daba las voces de mando. oímos
distintamente: «¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen!
¡Apunte•!,1 ..... .
Como tengo dicho, el Sefior Juárez estaba en la puerta
del cuarto: á la voz de 1,apunten,n ee asió del pestillo de
la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó ..... .
Loe rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba á J uárez ...... yo no sé ...
ae at&gt;Oderó de mí algo de vértigo ó de eo.aa de que no me
pueao dar cuenta ...... Rápido como el pensamiento, tomé al Seilor Juárez de la ropa, lo pueé á mi espalda, lo
cubrí con mi cuerpo ...... abrí mis brazos ...... y abogando
la voz de «fuego11 que tronaba en aquel instante, grité:
tarnos.
A eee amago aullaban materialmente nuestros apre- •¡Levanten esas armas! ¡los valientes no sseeinan!~...... y
hablé, hablé yo no sé qué: yo no sé qué hablaba en m1,
hensores: los gritos, las carrerrs, ·el ®rrat de laa puertas,
Jo nut.rido del fuego de fusilería y artillería, eran indes- que me ponía alto y l)Oderoso, y ,·eia, entre una nube de
sangre pequefl.o todo 1o que me rodeaba¡ eentía que lo
crip\ibles.

e "la: Caja de Ahorros.••

Nos es grato dará conocer al público el rer,umen ~ae
los Boletines números 4 y.~. en los que la naci('nte institución que encabeza estas líneas, informa acerca de sus
operaciones correspondientes á. los meses de Diciembre
y Enero último.
EL número de pólizas expedidas hasta el 31 de Enero,
eran las siguientes:
l ~ Serie 8,86.'3 por valor de $ 300,300
:?~
,,
3,56i
,,
,, l.7S:l,500
:l.'
"
5,342
/1
11 2.342.(.100
17,772

$ 4.521,800

En igual fecha la reserva ascendía á. $7,253 72.
Durante los meses de Enero y Febrero se han amortizado las siguientes pólizas:
1! Serie números 6, 8, 5, 10,12 1 i 1 1-l, por valor de$ 700
2~ Serie números 4, 3, H, S por valor de.............. 2,000
3~ Serie números 4, 3, O por valor de.................. :11000
Total ............ $ 5,iOO
Sumas amortizadas antes............ 3,400

Total amortizado hasta el 12 de Febrero .......... $ !\100

Los pagos han sido todos hechos por medio del Notario -público, Lic. D. Rafael Párez Gallardo, quien ha ex•
pedido los certificados correspondientes.
Dichos certificados así como los recibos de los tened.o-res de pólizas, eat.án PO la oficina de la Compai'i.i'.a, calle
de Vergara número 12, á disposición de cualquier per3o•
na que desee cerciorarse de su autenticidad.

El Polo Norte.-EI "fram" entre los hielos.

EL POLO NORTE
CONFERENCIAS DEL DOCTOR NANSEN

El Doctor Nansen ha sido en est:os días. el asuo~o de
-todas las conversaciones en el Re1Qo Umdo. Los rngleses muéstranae un si es no e~ orgullosos, porque según palabras del audaz explorador, uno hubiera logrado nada,
sin los derroteros que los expedicionarios ingleses de
varias épocas le habían marcado de antemano.n
Raza de audaces es la escandinava, que, viviendo en
Yecindad con la eterna esfinge de hielo, no se da punto
de reposo en perseguir su secreto. De ahí las continua·
das tentativas que n? son
parte á. impedir los mil pe·
ligros, los arcanos riesgos
-que acechan por todas par•
tes al navegante.
El Doctor Xansen no se
sustrae á la influencia ambiente, y aun e~ más PT?Picio á. ella. Sabio Y -!llª"n?,
temprano sintió con 10tens1 ·
dad mayor que muchos otros,
el afán de reeol\·er el eterno
problema. Su biog~afí_a, en
breves raBgos, es la s1gmente:
J..lega ahora Fridtjo. :Saneen ti 37 af\os. A los 19 rngi:e·
s6 á la l .. oi veri;üdad de Cnstianía con la intención dede•
dicarse especialmente al. estudio rle h\ zoolog{a. Temenclo Peto p1&gt;r fin, ingresó en
IS~:! á luA vapores noruegos
de los mures de Spitzbt-rgen
y ~corrió !ó!ucesivamente las
co~t.as de Islandia Y (-iN:M¡n·
Jandia. A su regreso .ué
uombni.dn Director del Mu•
seo de Historia ~ atural ep
I',ergen, y t"n 1s.~s, de~pu1·s
de rt&gt;-eihir sn g1ado de Doc·
tor en filoF-ufia, ~e em~a;CÓ
con e:u íamotia exped1c1ón
de Groenlandil\ que fué deA·
crita en un volúmen publicado hace seis años. A rn
vuelta permaneció en su ca@a
tlurante no per[odo en qnt,
por nombra.miento dl:'I c:ouierno fué Director dd :'-11!·
seo de Anatomfa comparativa, en lar niYersidad de Cristanía.

feren~ias relativas á. su viaje en la 8)cied.1d R~al d,i lioo
graíia. y ha Eido objeto de mil atenciones, no st \u de
parte del mundo científi~, sino de la noblez~. L., Sociedad en cuestión agrac16lo con su gran premio Cll! medalla de oro qne le fué entregada en el City Hal1,. p,,r el
Pnncipe de· (,is.les, enmedio de las de01ostracio11t:~ dt,
aplauso de la alta sociedad inglesa. Xotable era 1·1 as·
pect.o que preseutaba el salón la noche de esa et~t.regu.
memorable, y sigtJifica~ivas las muestra~ de aprec111 re·
cibidas por el sabio. Tiene ~ate una muJer encant:u.l.ora!
q 11e con estoicismo verdaderamente noruego, aguardo
eu regreso_d_urante tres añ~s, ~n que nadie daba nvticia."i
profundd.:
El Doctor Nansen fué á. Londres con el fin de dar con- suyas ' repitiendo con com·1cc1ón
-El vol\"er.i.
Es además padre d~· un.\
angelical cri,1tura, y le e11bra11
las comhleracion~s sot.:rn.le~
y_los mt-&lt;,l;o¡;, de subeisteucia.
Y sin embargo, deja au ho·
gar paru lanzarse áformid.e.·
bles aventura'\ geográficaH~
Singular y poJeruso esp1ri¡u
el escandinavo que se nos
aparee~ á tnl\·l's Uel trem11n•
do vieJo lb3cn .....

Pero la tendencia del explorador eta fuerte en él,
y cuando la Asamblea noruega votó un crédito para
costear una expedición al Polo Xorte, él aceptó con
ngrado. En 1892, el Doctor Nam~en acab5 1~ constr~1cción del famoso buque 11Fram,• '/ en 24 de Juho de ~8.)3,
salió con doce compaderos, iniciando la larga y pehgrosa serie de aventuras, que concluyero., basta el ?tono
del ano último. Cómo se salvó de la muerte gracias al
feliz encuentro de la expedición Jackson Harmworth,
será. capítulo de la historia contemporánea.

•
••

•••

El Polo Norte.-EI sol de media noche.

Describir lo que vió el audaz noruego durante su larg l
expedición, sería digna tare.1.
de un poeta de numen pt•·
deroao. l:iautier hubiera hallado en las blancas prnJ, ·
rus polar~s la realización d~
su inmortal Siflfoni,a e11 Bla11 ·
e,, Jlo!lor; hubiera encontra•
do al tia.da blan::a que la in~piró; Alarcún eec'ri1,0 hubi1·ra una nue\·a. J/,xlorin tMXmdiWH"a, y .Tu-lio 'Verne imaginado una nueva novela.
U no de nueetros grabadnii
represeuta una escena Polar:
El sol de media noche...... .
¿El eol de media noche?
-Rí, incomparable lector;\.
rsted sabe deflde la escul!·
la, que en determinada ép,J·
ca del año, en las regioneii pt.&gt;lares no ee pone el ~l. Ifay
días que dnran meses, ~ro
no diasradiantf"S, inundados
de clalidad y dé calor, como lvs q11e nsted cnntempla
t'U ee~ valle de bendición
de donde nunca se va la pri-

�EL MUNDO

·-·,
·~

~

~

-.~

Docto(Nanscn.

mavera., ainodfas misteriosos semi-alumbrados l¡&gt;Or el astro opaco que describe una curva sobre el horizonte y
une á veces los crepúsculos con las auroras.
Imagínese usted un pafsaje blanco, de un blanco irritante, inmaculado, implacable, feroz ..... . Arriba, un cielo gris, de un gris uniforme. A lo lejos un ~lobo rojizo
que parece enfermo ..... . Un barco aprisionado por enormes masas de hielos. Algunas siluetas se mueven como
algo de e:xtramunde en la infinit,a sóledad del paiEaje ....
Finja usted luego muchas luces; la luz rosada de la anrura, 1a cárdena luz del crepúsculo, la refracción de los hielos ...... y por .fin que extienda en el horizonte su abanico
de llamas una aurora boreal! Qué paisaje tan hermoso
verdad? Creeríamos estar en Selene la pálida, ante una
pomposa naturaleza muerta ..... .
Oh linda amiga mía; usted que ha pa!:!ado muchas na·
vida.des en la tibia sala iluminada donde el piano canta
y campanillean las risas infantiles; oiga como describe
el noruego las noches buenas de su destierro:
-Llegó, dice, el veinticuatro de Diciembr6 de 9-i y nos
aprestamos mis diez compañeros y yo á celebrar los
Christmaa. Una nube de tristeza empafiaba lossemblan•
tes . .Aquellos hombres de hierro, inquebranta,bles Ftiem•
pre, pensaban hoy en el jubiloso movimiento de Christiania, en las amplias calles invadidas por la multitud
regocijada, en los cafés de donde escapan llamaradas de,
gas y gritos alegre~, y, sobre todo, en el Saloncito tibio
donde se adereza el pavo, donde esparce husmos sabrosos la salchicha, y van y vienen la esposa de cofia blanca
y los niflos alegres. Escogimos algo de lo mejor de nues•
tras provisiones; cone:ervaa y vinos. El Fram yacía muellemente sobre los hielos, y para alegrarlo, improvisa•
moa en los mástiles farolillos de varios colores. El frío
era tremendo, nuestras pieles apenas bastaban á guarecernos un poco de él. En el cielo brillaban como diamantes pá.lidos algunas. estrellas, en la sábana blanca
que nos rodeaba, ni un rumor fuera del gruñid{) leja•
no de los osos, ni un movimiento, e:alvo el de las fo.
esa que penosamente se arrastraban sobre los témpano!':
Cenamos y bebimos á. la salud del lejano hogar, y cuando terminaba nuestro ágape modesto, una aurora boreal
desplegaba, como serpentrna misteriosa, su tela sonrosa•
da en el horizonte!
Verdad que esa descripción es una balada de las nieves? Que prestigio tienen para nosotros esos países de lo
blanco, para nosotros que coTitemplamos los abanicos de
las palmeras y los azahares perfumados!

y las costmn hres funerarias
de la secta indja de loe Parsis á. la cual pertenecen la
m~yorfa de los habitantes de
Bombay. Estos, según dijimos no entierran sue: muertos, 'sino que depositan los
cadáveres en las famosa.e Htorres del silencio,u una de las
cuales, en su parte interior,
reproduce nueetro grabado,
't
con tal fidelidad, que nos ex•
cusa entrar en Iargasdeecripciones. Apenas la familia ha
dejado el cada.ver en la pila
correspondeinte, numeroeas
bandadas de buitres ee arrojan sobre el muerto y dejan
de él solamente la oeamenta
pelada que á poco tiempo
pasa ai pozo central, dejando
el sitio vacante para otro
cadpver. Lae eroanacionee de
estas i&lt;torrrs del silencio))
eon, como puede suponerse1
causa constante de imalubridad y peligro manifieeto
en tiempos de epidemia.
La ciudad de B&lt;mhay.
y eeto lo expresamos también , contaba ha\'.e unos
cuantos meEes la rep.petable
suma de ocho cientos mil ha•
bit.ante!:!. Hoy, merced á las
defunciones y á la emigración, ha quedado reducida á
la mitad. Los pobladores fe
desbandan llenos de terror.
Como si el tnmendo note
de la peste no baetara, el
hambre reina también en la
India y las escenas de dernlación que se contemplan,
son verdaderamente laati masas. Uno de nueetros grabados represenU\ una de
· ellas, en que una turba de
hambrientos ee lanza sobre
algunos víveres.
Los ingleses procuran remediar males semejantes en
cuanto¡meden, pero su tarea
es débil ante la magnitud
de los desaetres.
Los precios de los granos
~on mu y crecidos en los mercados locales y el Gobier110
británico, para proporcinarlos brinda trabajo á todos los
que se le presentan; pero aun hay un n6:J:?ero excesivo de
habitantes que por enfermedad y deb1h~ad suma, no
pueden desempeñar tarea alguna, y éstos arrá~transe en
los caminos, agrúpanse á las pnt·rtas de las ciudades y

DOMINGO 7 DE MA11ZO DE ,a97

ofrecen J?Or donde quiera el espectá.culo de~garrador de
su miseria. En sólo una semana, según cifras qne tenemos á la vista, los ingleses propürcionaron la subqist.en•
cia á dos millones y medio de mdividuos: 1.254,000 en
h1s provincias del Noroeste; 327,000 en la PresiLlf"ncia de
Bombey; 339,000 en Bengala; 97,000 en el Pu.njab; 28,oo:&gt;
en las provincias centrales; 2ó,OOO en Rajputana; 69 en
los territorios_de la India r.entral, y algunos más en la
Presidencia de Madrás y Burma. Por fortuna las lluvias
empiezan á declararse v el precio de los granos tiendeá declinar.
•

.DO ■ UIGO

7 DE MARZ.O DE ,a97

EL MUNDO

•

.

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"&gt;,.,

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Nansen indi c ando la ruta que sigui6 en-su expedición. ante la Sociedad Real de· Geografía,
de Londres.

Lo que sí no cesará, es la causade la terrible epidl'mia,
que, como decimos, se atribuye á. la manera de entcrrilr
sus muertos, que tienen los parsis.

Notas é impresiones.

La tradición de la revolución es como una mina quesus fieles guardianes hablan siempre he haC'er sah a'r.
G. M. VAT,TOl:lt.

••

• los padres son,
Las necedades de
perdidas para los hijo~¡ cada generación hace las su~·as.
}"e(lerico I l.

•
••

En todo país las costumbrt&gt;sson.
inferiores á. la moral que predican las reJigiones ó las filosoftas.
Gabi·iel Compafr('.

•••

Evolución: Ci)mplaciente i:;in6nimo de variación.
·

.

.•.

Más se hiere á los amigos por·
la moderación en el elogio, que á
los enemigos por el exceso en la.
crítica.
G. M. raZtour.

•*•

La verdad domina todo; no se·
la desprecia impunemente. Solo,
ella presta servicios definitivos ..
Berihelol.

*
••

La verdad en el caracteres la
sinceridad, la verdad en el ingenio es la naturalidad.
Félix Himún.

***

Nuestros jueces absuelven al·
borracho que golpea, hiere y mata: en la actualidad el vicio exeu~
sa al crimen.
G. M. rallour.

•
••

Si los gastos continúan como
hasta hoy, vendrá. un dfa en que
los franceses no serán más qne nn,
pueblo de me11digos ante una fila.
de cuarteles.

*••

Torre del silencio en Bombay.

Gambefla.

No es el remedio de la miseria.
avivar los odios.
Las plagas de la lndia.-Torre del Silencio en Bombay. (I nterior. )

0oNBE DE fiAl'S.S.XYI.LLE.

,

-;.

' t.

Las plagas de la India.

Ls higienistas, que con tanta razón se preocupan de la
peste que aflige este invierno 1i los habitantes de la India
mglesa, estiman como una de las cauaas indudables de
tanto estrago, la falta de higiene en toda aquella región

.

'

.

'

,,
.

�l52

EL MUNOO

DOMINGO 7 OE MARZO DE 181,7

,53

EL MUNDO

DOMIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN MEXICO -Por Oh·cra.
LÁ. CAR.C.AJADA

En el cementerio que rodea Ja iglesia, eiempre fresco~
lleno de dores, y dorado por el eol, yi una muchacha le
diez y siete anos, aún no cumplido@, apoyada sobre una
tumba y riendo á. carcajada tendida.
No ea posible imaginar nada máe hermoso que aquella
.criatura. angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos
rubios, DO muy largos, sus ojos' eentellaDtes y sus labiOB
de coral.
•
Pero me di@guetaba que no dejase de reir, porque DO
está bien e80 de most.rar a1egría junto 1t lae tumbas . donyacen los muertos.
Ji.fo acerqué y no pude resistir á la tentación de hablarle en estos términos:
-Hace usted mal en reírse, eenorita. Estoy seguro de
que no ha conocido usted siquiera al qne descansa bajo
t&gt;s&amp; losa.
-¿Qué no le he cenocido?-dijo la joven.-¿Qué no le
he conocido? Era mi n01.·io, que me adoraba con delirio
y á quien yo corres_p&lt;mdia con pasión. Mi felicidad era la.
1.-uya; corrían pareJas nuestras esperanzas, y cuando mi
amado murió, ere! morir yo también.
-Pero el caso es que usted se ríe-repuse yo.
-¡Ah!-contestó la doncella.-Me río para rendir un
tributo á. mis recuerdos de ventura.
-¡Xo comprendo! ..... .
-Cuando vivía, estribaba su mc.yor goce en verme
alegre y contenta, y si me pusieseá. llorat sobre su tumba,
estoy eegurade que habría de producirle un profundísimo pesar.
CATDLLE i\bSDD;.

LA OR.ACION

Yo que amo la existP.ncia por el goce de mirarte,
Por la dicha de quererte, por la gloria de ~sarte;
Yo que adoro lo qne t;oca,e y_ bendigo lo que pisa~:
Diera todos mis deleites, diera todas mis sonri!.la3
Si pudiera efl tus momentos pesarosos consolarte.

Gratas memorias del hogar paterno,
Que aciLrician mi mente cuumorada,
Yoluptuosae c11.:'acione:i del prosc.;_to,
Fragantes com¡&gt; Jloreij de m1 patria! Venid conmigo lÍ. la. colioa trh,--te
Por arrebole8 pálidos bronceada,
Y escucharéis el cant-0 Jaetimero
Que inspira la onlcióu al extranjero.

Que no llueva en el obscuro firmamento de tus ojos,
En el búcaro de flore!!, es mentira., no hay abr,1jos:
Oh, estrellita de mis oie-los y sirent1. de mis mares:
Tú no sabes los enojos que me causan tu~ pesare:J.
Tú no sabes los pesares que me cansan tus enojos.
ARTt:.R1)

L.

Rentado allí¡ sobre la piedra grande
Que va escalando la espinosa ,:arza,
Sobre mis manos mi cabeza débil
Melancólicamente reclinada,
Miro la noche que de orienti:, impulen
~ )bre lo3 cielos su luctuosa gasa,
Y ~cucho del lejano campanario
El són, en roi paraje solitario.
Acentos quejumbroMs de la tarde,
Snapiroe que venís de la monUlüa.
Los balidos trayendo del rebafio,
Con los cantares que el labriego ensaya;
Rumor confm:.o de aonora fuente,
Helado cierzo qne silbando pasas ......
Me alivia vuestra fúnebre armonía,
Murmullos que al morir modula el dio.

C.\ST.\~_\JlES,

)larzo de 1897.

CANCION

Alma blanca, mh blanca q11e el lirio,
Frente blanca, más blanC·\ que el cirio
Que ilumina el altar del ~~í\or,
Ya serás por la aurora encendida,
Ya serás sonroij8cJ_a v herida
Por el rayo de luz dél amor.

OfJ.me, ¡oh sol! tu Jí,:ida lumbrera
13añe desde las cumbres azuladas,
Cual la antorcha de un féretro los valle~
Donde las sombras de la noche vagan,
La espuma argente del lejano río,
Del templo abandonado la cruz parda,
~[ient.ras llegando la tiniebla impura
Te arroja su enlutada vestidura

Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risl\ argentina
Junta el albo marfil al clavel!
Ya veréis cómo un beso os provoca
Cuando Cipres envié á eM boca
Las abejas sedient.ui de miel.

VIE:NDOLA Ll.,OR.AR.

¿Por qué Hueve en el obscuro firmamento de tus ojos?
¿En el búcaro de flores encontraste los abrojos?
¡Ob! estrellita de mis cielos y sirena de mis mares:
'fl1 no sabes los enojos que me causan tus pesares,
Tu no sabes los pesares que me causan tus enojos!
¿Qu_é irlron de niebla esfuma tus azules perapc.--ctiYas?
¿Qué mfernal caricia. agoi-ta tus fragantes siempre vi vas?
¿Qu6 reproche palidece tu ideal color de rOf!a?
;.Es la duda, eee fant.ssma, esa nube tempestuosa
Que atraviesa por el cielo de la, frentes pensativas?

c,r-

Yo no quiero que en lbs nidoP del jardín de tus amores
Haya tórtolas enfermai y dolientes ruisef'iores;
Cuando sufres y 1a iJJclina'! me parece tu cabeza
lna estrora de Lord Byron emoapada de tristeza:
jlo no quiero que tú sufra.~! ... ¡ Yo no quiero que tú llores!

En vano busco los hermosos eit.ios
Do las tardes pasaron de mi infancia,
Donde á la luz del arrebol lujoso
Las sencillas leyenda!! me contaran:
No escucho la cast.ruera melodiosa
Del labriego al volverá. su cabaña,
El cuerno del pastor, ni los graznidos
Dd aves que buscan su:J ocultos nidos.

)[aoo~ blanca..~ como hostias benditas
Que sa~is deshojar margaritas
Junto al fresco ro'lal del pensil,
Ya daréis la canci6n del amad()
Cuando hiráis el son()ro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.

Hora de arrobamiento doloroso,
Indiferente al lloro que derrama
Rn silencio ante tí la desventura,
En él tu vela de crespón empapas;
Toma también el llanto de mis ojos, Y á saludarte volveré mana.na,
Sobre el negro peñón de la colina
O entre los cardos de la triste rllina.

Ojós bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul,
Cuando lleven las harlas á Oriente
A la bella del bm!que durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu c:.Uiz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera su palio levanta
Y hay un cor.&gt; de alondras que canta
La canción matinal del amor.
Rt'BÉS D.\RÍO.

JORGE lsAAC!:!.

,
Aunque véque la engai\an con frecuencia,
No se quiere curar de su inocencia.
C.Ul'.POA.)(0.R.

�EL MUNDO

154

AMOR INSUl,SO
Se conocieron siendo todavía mny jóvenee.
Desde el primer instante atrájolos una viva aii'.l11?atía;
pero nunca lograron ver prosperar sus deseos,. debido á
la tenaz policía materna que á. ella perseguía y á. la suceptibilidad quijotesf'.a de él.
.
La primera :floración del amor que había de conaurmrlea toéla una vida, fué desde muy temprano asperjada
por las lágrimas.
.
Su idilio era misterioso y mudo, con el mutismo cobarde que se posesiona siempre de las grandes afecciones.
Cortábanlo á.grandes intervalos viajes veraniegos 6 enojos originados, ya por una mirada grave, ya porque él
observó con pecaminosa insist.encia á. otra mujer 6 ella
fué perseguida por cualqnier mentecato; ora porque pasó él por los lugares donde acostumbraba encontrarla y
no la vió; ora porque un día pluvioso se asomó ella al
balcón en un momeato triste y no pasAba él por la calle.
t~l Cuando se columbraban en algún lugar, su fugaz vistazo era un simpático saludo.
Ella parecía decir:
fi '-Ha dormido poco ó le aniquila algún dolor interno;
si, debe ser de loe que sufren solos¡ la tristeza tiene una
fisonomía cuyas demacraciones solo perciben todos los
que han padecido alguna vez..... Esos ojos de mirada
torva, su semblante sañudo, la mueca desdeñosa, me lo
dicen claramente;•¿será pobre?
Por su parte, divagaba al contemplarla él:
· -Yot.e quiero; un!} voz si~ilosa me dice aq,uí dentro que
me estás predee-tinad.a y debes unir tu destmo al mío con
cadenas inrompibles; junto á tí mi existencia sería paradisiaca; muchas noches cuando me hace temblar el frío
de la soledad, reconstruyo poco á poco el cuadro imaginado: una casita blanca en el campo, arriba mucho azul,
abajo primavera¡ los dos muy solos nos besaríamos bajo
el emparrado, contemplaríamos la muerte del sol en los
crepúsculos campestres; al llegar la noche sentiríamos el
pavor del .Angelu., al oír tremer broncamente los cobres
del campanario; después la cena, un ágape de enamrn-ados, laego ull!l visita á los pobres dd t.ohío y por último

el descanso, pensando en un nit\o rubio y blanco como tú.
Otras veces se veían en el teatro, y sus observaciones peregrinaban en el desbocado Hipógrifo de las congeturas:
-¿Seré un simple?...... ¿Cómo pude colegir las opulen·
..;ias de esta nifia ......... ese vestido ne acusa á la heredera la tela es barata, su confección deja mucho que de-se~r las flores del·sombrero se han ajado y veo en todo
su c~ntinente no sé qué desgaire de mal tono ...... ¡parece distraída!. ..... ¿será. to!lta? ...... creo que sí, porque se
ríe de las simplicidades de este Talma de la legua.
Ella cavilaba al ma•riposear de su abanico:
-Xo es un hombre vulgar; me enrunara su elegancia
por lo severa y soberbia; sus modales son impertinentes,
pero de una altivez muy di@tingui':1-a ...... ¡parece un burlón de gran tamaflo!. ..... ¿tendrá. dinero?......... probablemente· la miseria y el orgullo no han podido nunca desposa~ ...... ¡me está mirando!. ..... ¡Dios D?ío y con qué
fijeza! ...... quisiera corresponder á e~ m1~da, hacerle
comprender de algún modo que me simpatiza¡ pero no,
es mal visto creería. que soy coqueta...... procnraré estu•
diarlo con e'1 rabillo del ojo ...... ¡Así!. ..... Al disimulo ... .
Oiras veces se encontraban el uno frente al otro y la
idea que incubaba en su pensamiento era idén~ica:
-¿Quié-n será?
Y sucedía también con frecuencia que al verse pasaban
de largo como dos viejos camaradas que. por conocerse
mucho no tienen ya nada nuevo que decirse.
-El.
,
-Ella.
Sus vidas por un largo periodo de tiempo se deslizaron
sin accidentes acariciaodo u.na esperanza que acaso porque estaha lejos lo, hacía dichosoe.
Maria estaba segura de que Lociano n.1:1nca se vería
impresionado por los encantos de otra muJer que no fuera ella.
El, con una candidez, impropia de varón, ~aba incondicionalmente en la fidelidad de eu desconocida.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovió
ceniza muchos in'\"iernos y hojas de rosa otros tantos ve·
ranos.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

Tornóse María seria y hura ña por parecerle el racato
llevado al puri~"anismo, la. meJor prenda de u_na mujer_
discreta, y Luciano, o[end1do por lo que supoma un desdén inmerecido fué hosco y brutal con la doncella.
¡Singular [enómeno: mientras más empeño ponían los
dos en convencerse íbtimamente de la antipatía que se
manifestaban, más omnipotente y grandioso se revela■a
en sus corazonel' el carifio; llegaron it odiarse de una manera estúpida, porque los amores cuanto más grandes,
más próximos al aborrecimiento está.o¡ sus miradas, aquellas miradas que se besaron voluptuosas y tiernas en otros
bellos días, JI cruzarse, chispeaban como puntas de espadas, eran algo semejantes al reto provocado por una injuria inolvidable.
Concurrieron cierta vez á. un baile, y él, después de infinitas vacilaciones decidióse á solicitar un vals de su
enemiga¡ ella por toda respuesta extendió tr.é mula y vacilante la etiqueta. Luciano apuntó su nombre con letras
incomprensibles, y después de D?uchas ceremonias lrív?las viéronse estrechados por furioso abrazo y confundido~ en el turbión de los bailantee.
La imprevista emoción de aquel encuentw, entorpeció sus sentidos embotando la sensibilidad de los dos en
una atonía que ee acercaba mucho al idiotismo; el joven,
que no era tonto, dijo aquella noche todas las patochadas que podría decir decir un cretino de bue•
na cepa desperdició ridículamente la oportunidad que
el acasd le deparaba; no osó estiecbar un poco el talle
que r;e quebraba entre sus brazos, ni ella supo alentarh
a las licencias que en el caso especial en que se encontra•
ban, hubieran sido lícitas por atrevidas que íuesen.
Al despedirse sus manos se estrecharon bruscamente.
Fué todo.
En poder de Luciano habla quedado como prenda inestimable, un guante de l\Iana, que conserrnba el perfumd de su manecita imperial, y en el que las arrugas no
conseguían deshacer el modulado impr1::so por los dedos
á la cabritilla.
Fue el amuleto del maniático, lo guardaba siempre
junto al pecho creyendo en su nunia igualada locura que
al poseer esa baaatela de Maria fa llevaba siempre consigo y se encontr:ba junto á ella escuchando alelado el aureo campanillear de sus rie~B inocentes.
. ..
Su pasión se quintaesenció en el egoísmo y prmc1p1ó á
padecer los celos insensatof.l del amante sin ventura, odió
ferozmente a las hermanas de su amada, á. su mamá, esa
señora enluta.da con perfil de cariátide que siempre la
acompafiaba1 á sus amigas, á los nécios que ~a saludaban, y á todos aquellos seres que merecer pudieran alguna manifestación amable de la joven.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovi6
ceniza muchos inviernos y hojas de rosa,otros tantos veranos....
Luciano y }faria asistían á. la agonía de su juventud;
en las más secretas reftexiones, apareciá.seles el cadáver
de su amor, y frente á él, aentfanse abrumados por
toda la vergüenza de la simplicidad al comprender que
si no les tocó una parte de dicha en el terrestre abrojal
era por que se rez~!ºº en la car~ra haciendo pompas
de jabón y deeperd1c1ando oportumdades que sólo en raras ocasiones se presentan al mortal.
El ímpetu que vivificara sus afectos juveniles estaba
ya debilitado por la edad, el fuego sagrado de apagaba
lentamente en sus corazones y el épico entusiasmo de la
edad moza, había cedido sus trofeos á la torpe displicen cia de los años ..... .
Los hilos de lino que se espiraleaban en sus cabelleras
eran los dolores que extrangularon las maripoeas dor_adas de la ilusión, difuntas y enterradas ya en el oear10
de sus recuerdos.
En sus arterias no correrá más la sangre encandescida
por las fiebres interiores, porque.-amadores líricos-en·
cendieron piras al Amor Humano y no supieron coronar
de pám_panos sus frentes......
.
Es tnste sentir la aproximación de la Exterminadora
Taciturna cuando aun no se han aburado los labios con
el quemante vino del deleite!
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida llovió ce•
niza muchos inviernos y hojae de rosa otros tantos ve·
ranos ..... .
Los amantes esquivaban mútuamente su presencia,
com¡,rendiendo que sus fisonomías serían en el futuro,
una implacable burla del pasado.
¿Se debe amar cuando la calenda de las pa·siones ha disecado los músculos y el rostrd es sólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más incóg_nito del alma?
¿La atracción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á travás de las distancias y las corporeas metamórfosis
cuando se ha plantificado en lag más sensibles placas de
lamente?
¿No?
¡Sí!
La airacción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á través de las distancias y las corporeas metamórfisis
cusndo se ha plantificado en las más sensibles placas de
la mente.
Podrá estallar la lujuriosa poma en el terreno reque-mS:do por las lavas de cien cataclismos.
Se debe amar cuando la calenda de las pasiones ha disecado los músculos 1 el rostro es eólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más in•
cógnito del alma
¿Qué importa que el tiem_Po1 ese viejo alado de la barba florida haya llovido cemza muchos inviern~ y hojas
de rosa otrns tantos veranos? ..... .
Luciano y María, ancianos ya, mortificados por la co~sunción y el reuma, sintiendo el frío de una vejez soli~
taria y la necesidad de algún amor comprendieron q_ueen el período trágico de preparar ei bagage del matenal
embeleco para consignarlo á. las •entrafl.as de la madre
tierra, debian acoplarse santificando en santa unión el
martirologio de su vida; pero en ese momento solemne
un pudor infantil que fué su última timidez, los separó
hasta que marcharon claudicantes á. la sombra ..... .
llarzo de 97.
Crao B. CEB-'LIAS. -

D!)M INGO 7 DE MARZ DE 1897

Permaneció inmóvil, con el brazo izquierdo tendido
á lo largo del cuerpo y el derecho apoyaao en el alfeizar

de la ventana de Ja ~uardilla. Había cesado la lluvia,
pero el cielo estaba a.un cubierto por deueas nubes de color de plomo. Allá abajo, en la calle, todo era luz y alegría. Los faróles del aluwbrado público y los mecheros
de las tiendas enviaban á las alturas oleada'! de resplandores¡ al ruido de los earruaje8 y el que producía la muchedumbre taconeando fuertemente sobre las losas de
las aceras, uníanse el eco de canciones alegres y los gritol!; de los vendedores de periódicos y baratijas: de los
balcones de un piso segundo salfa un raudal de notas cancanescas, arrancadas al piano por los há.biles dedos de un
futuro Rubinatein ......... Allá arriba, en el espacio ineon·
mensurable, todo era eombra y tristeza. Las compactas
nubes, impulsadas por viento huracanado, pasaban velo·
-0es, atrol)ellándose, como pelotones de un ejército que
huye á. la desbandada, y formando en sus mil capricho•
sas combinaciones, .6guras extrañas de gigantescos monstruos.
Raimundo miró al cielo, miró á la tierra y recordó su
pasado. e~ el que había también luces-muy pocas: las
de la11 1luSiones-y sombras-mucbas1 las de la realidad.
Recordó su pasado ...... El pueblo que le vió nacer y en
el cual había vivido hasta que vino á. la corte; sus estudios de segunda enseñanza interrumpidos p1 r la muerte de sus padres; su triste, su penosa existencia al lado
.de un hermano de su madre, de aquel vjejo avaro que
gozaba fama de rico y que se negó rotundantemente á
que el huérfano continuara sus estudios.
Y si únicamente hubiese tenido que sufrir esta mjustifioada oposición ... .. . Pero no fué esto solo: el huérfano
vióse precisado á apurar basta las heces la copa de la humillación y el sufrimiento. Su tío no perdonaba ocasión
de martirizarle, no se cuidaba ni mucho ni poco de renovar sus destrozadas ropae, su mugriento sombrero, sns
botas torcidas y agujereadas. Su tío solfa decirle con
frecuencia: «¡Holgazan, vete al campo y coje un azadón,
ei quieree comer! ¡que equivocado estás si crees que tengo obli~i6n de mantener á sefloritos ganduleE!n
Y llarmundo sufría en silencio aquellos brutales insultos; se retiraba al cuarto más obscuro de la casa, y pasábase allí las horas llorandó, maldiciendo su delicada naturaleza y la educación que había recibido: esas dos cosas
que hacían de él un sér rnservible para el trabajo cor-

poral.

¿Y luego? .._. rranscurrieron tresaifos .Y c.onsiguió una
plaza de eacnb1ente en· el Juzgado, retnbwda con doce
pesos al mes. Entregaba once á. su tío y el peeo reetante
lo invertía.en comestibles que devoraba ansioso todas las
nocQ.es al encerrarse en su habitación, porque el infeliz
jamás pudo satisfacer por completo las exigencias de su

estómago.

Fué entonces cuando empezó á sentir un afán de glo- ·
ria creciente, avasalledor. El sentimiento de lo bello
inundaba su alma de artista, de poeta, de sér privilegiado que olvida en sus locoil devaneos lo material para
pensar en lo intangible. ;Oh, qué ratos tan deliciosos
aquellos en que podía sustraerse á las miserias, d. las impurezas de la realidad y dejar que vagara su espíritu en
una atmósfera de luz sonrosada y deslumbradora! En tan
hermosos sueftos, las amarguras y privaciones del presente desaparecieron por completo de su imaginación y eran
reemplazadas por fa felicidad de un porvenir que brillaba ant.e sus OJOS con todos los bellos colores del arcoiris
Aquellas ilusione~ halagüeflas, engendradoras de una
.alta fiebre intelectual, dieron el resultado consiguient,e.
Raimundo rompió la cadena que le tenía sumido en la
más insufrible de las esclavitudes y ee presentó en la capital, en ese gffi!l- palenque do.n~e rifien ~n _batallas encarnizadas las virtudes y los VICIOS, la fil.Ben&amp; y la opu•
lencia las ambiciones nobles y las ambiciones mezquioas, 1~ lealtad y la apostasía 1 el talento y el descaro.

... y· ·t~é 'ci~~¿~~-·. ü~·~. a.~·~~~ d~·;~~t~S ·&lt;¡-~~·¡;;~·a.~~~·~~
,el espfrit11 dél que las sufre, primero temor, después pá.-

EL MUNDO

155

nico y, por último, de~aliento; una de esas derrotas que cierran el camino de la esperanza y que
colocan ante los turbios
ojos del caminante la palabra ¡atra.,.' escrita con
caracteres de fuego sóbre
un fondo negro oomo el
de insondable abismo.
Y el huérfano veía la
en~rgica palabra, el mandato imperioso, aIJá arriba, en
el espacio lóbrego sureedo por gigantescas masas de
vapores ...... Hubo un momento en que le pareció que él
formaba parte del tropel de nubes que corrían empujadas
por el huracán sin Eaber
cuál sería la •duración del
termino de su viaje.
Nubes que ruedan por
el espacio arrastradas por
unafuerza euperior, irre•
sistible...... y luces que
caen vencidas en la lucha
por la existencia.......... .
Hay entre unas y otras
exacta semejanza. Piér·
dense aquellas de vista
tráa el horizonte; desaparecen estas del palen•
que social. ¿A dónde han
ido? ¿Quién eabe ni á
quién le importa.?.......... .
~Iientras hay a oleadas de
luz que deslumbre1 y voces alegree y acordes y ar•
moniosas qne impidan
oír el grito de angustia
del infeliz vencido ........ .
T0)1A8 C.\llACllO.

Y fervo~ ante el blanco ea~rario
A suplicarte mi amor se arrodilla.

lle acuso, puesto á tus pies, ¡oh mi Diosa!
Como una tierna plegaria repito.
Que de mi sueíio tu imagen radi orn
Miro surgir, y tu nombre beudito,
En mis insomnies, con voz temblvroea.
Que de tu templo al un:ibrnl, taciturna,
Llora en silencio la pobre almti miti,
Y melancólica virgen nocturna ,
Te va á. dejar de la rima en la urna .
Mis peueamientos: la triste ele-gia.
Escucha, ¡oh pálid,a y tris-te princesa!
Esta pasión tanto tiempo callada.
Y abre tus húmedos labios de frt&gt;ea
Para que cum.Plas la grata pro11 eea
Que hizo á. m1 amor tu apacible mirada.
Mas Ei es un suefi.o no más la ,·entura.
De ser tu esclavo y amarte de hinojos,
Si no ha de eer para mí tu ternura,
Si he de olvidar mi infinita amargura
Yiendo la dicha en tus lánguidos ojoe,
Sellara, el búle-amo dulce derrama
De tu perdón en mi pecho que te ama,
Y contemplando tu regia belleza,
Ante tus pies, abrasado en la Jhma
De mi pasión, moriré sin tristeza.
EFRÉN REB01.LF.DO.

Marzo de 1899.

PRE:DE:STINADA

Está tu rostro transparente y flébil
De tus muertas virtudes ante el túmulo,
Y tu sonrisa-cual lamento débilFlota de tus recuerdos sobre- el cúmulo.

SUR LA BRECHE

,

*

. la herencia atroz,
* * era
' el estigma
Era
Cumplido; al fin, como un conjuro mágico;
Y-descifrado el oprobioso e.nigma¿A qnien sorprende el desenlace trágico?

I
Si vivir es luchar,-cuando la pluma
vibra en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar su frente
y sacudir el miedo que le abru~a ..... .
Si escribir es luchar,-laglona suma
es azotar al crítico insolente;
que al estallar la ola prepotente
cubra su sien en delicada espuma ........ .
Re,·iente el verso al roce de la chispa:
y zumbe de la gloria de las palmas
con el tenaz zumbido dela avispa ..... .
Que por la ley eterna de las cosas,
y por la ley eterna de las almas,
¡los versos sin espinas no son rosas!

•*•

Aún tus blancas inocencias duermen
En el nido sin luz de tu modeetia';
Tornando en sangre el clande~tino gérmen
Habló en la sangre la iracundia be~tia.

*

*••

¿Tu calma te condena ó te prestigia?
¿Te entristece tu mal ó de él te alegras!
¿Acaso tu alma atravesó la estigia
Sin enlodarse con sus ondas negras?

II
Para vengar mis íntimos agravios
lucharé con el mundo, cuando el mundo
me arroje ese desdén torpe é inmundo
conque ¡infeliz de mí! manchó áloe sabios ...
B:Ultame del dolor estos resabios
para sentirmeexcéptico profundo¡
y saber desplomarme moribuado,
con la frase de Bruto entre loe labios: á virtud
-Yirtud, necio: eres un nombre ..... .
gritaré flajelando altivo y loco
el espíritu crédulo del hombre ..... .
Y envuelto en mi bandera ensangrentada,
he de irme muriendo poco á poco,
¡con la mano en el puiio de la espada!. .....
III
Hoy, ¡oh mundo brutal! mi alma te mira
con lástima y desprecio¡ que tú mismo
vas á ocultarte al fondo del abismo,
aun impotente en medio de tu ira ........ .
El sacro fuego que á ca•tar me inspira
resistirá tus soplos de egoísmo:
No insult.Ps mi doliente excepticismo1
no profanes el culto de mi lira! ........ .
¡Vano es que quieras apagar mi fuego!
tenaz y altivo,-al modo de aquel griego,
ya que nunca tu aplauso me concedes,
...... Saldré á encontrar el carro del destino,
y arrojándome en medio del camino,
gritaré á toda voz:-Pasa, si puedes!
JC&gt;sE S. CnocANO,

CONFI.TE:OR

Si acañciar un sueño es delito,
Si es un pecado est,e amor infinito
Que aquí en mi fiel corazón vive opreso,
Caigo átu planta Ymurmuro contrito:
¡Oh Diosa mía! yo á tí me confieso.
Pequé. y co"ntigo me acuso turbado
Que tu recuerdo querido he guardado
En mi memoria cual santo awuleto,
Y que 1uil veces mi pena he calmado
Con el placer de adorarte en secreto.
Que te he formado en mi pecho un santuario
Do la esperanza, inmortal lampad.ario,
Vierte su luz, do la fé siempre brilla.

.

** en vano
Nubló la carne tu razónt
ContenPr el impulso pretendiste
Y, al fin, al sucio fondo del pantano
Como una rosa tropical caiste.
•

*** desequilibrio
Si un profundo y fatal
Ha encarnado en tu cér, desde su origen,_
¿Cómo han de merecer torpe ludibrio
Las inconscientes faltas que te afiijen?
*

*
¿Qué culpa tiene el* hurac:in
violento
Que azota al valle, con estruendo ronco,
Si cae-herido al soplo de su alientoDel roble hospedador el viejo tronco?

•
••

Y sin embargo, ¡oh pecadoras buenas!
Desesperad del anhelado puerto:
¡Hay en el mundo muchas :\Iagdalenas
Pero Jesús, el redentor ......... hamuerto!
M. Bou,gos CAcno.
liarzo de 1897.

ORIGEN DEL NOMBBE DE ALGUNAS FLORES

'

La J11~ia tomó su nombre de Leonardo Fucb, un sabio
botánico alemán.
La begonia, fué llamada así en honor de M. Begón, bo•
túnico h:ancés.
Jazmín es corrupción de la palabra árabeysmim.
El vlttmbngo se llama así, porque los médicos antiguos
suponian que era eficaz para curar el tnvenenamienc.o
por plomo.
El nombre de la lila ea casi igual al que esta flor tie-ne
en persa?
Atthea procede de una palabra griega que significa c,curar.»
La dalia tomó su nombrd de un célebre botánico sueco,
Andrés Dahl, que fué discípulo de Lineo.
El amariti.8 fué llamado así en honor de la ninfa de ea· te nombre cuya historia refiere Yirgilio.
Cuenta Ovidio que un joven bien parecido llamado
...Yarcüo se convirtió en la flor que lleva su nombre.
Lirio Ee deriva de la palabra célica li, que significa
blanco. Esta flor ha sido considerada siempre como em•
blema de la pureza.
Pedro Magno), Profesor de Medicina en la Universidad
de :Uontpelier, Francia, dió su nombre á la magnolia.
El adoni.~ tomó su nombre ~del hermoso joven de so
nombni, muerto en una cacería.
Desde wuy antiguos tiempos se ha considerado &amp;l pensam.ie11to com un emblema de recuerdos cariI1osos.

�EL MUNDO

OOMIN/;0 7 DE MARZO DE 1&amp;~7

¡

¡,:

-Con quién hablo?
-Libertad!-gente de paz!
-Viva México!
-Quienes son ustedes'?
- l' n soldado y su galleta.
Que entren, respondió Peri•
co Nieto desde adentro-y cierra Pedro por que va á empezar el conce"rtante de Tronos y
Potestades.

,

·'/

/

if~

/'

·r:..:·
) ..

I

157

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 0897

•••

Y heaquícomprobado, concluyó el diablete rascándose la
cola, que un casado vale por
doa .!-Olterones ......
-No quiere usted á los célibes.
-Porque los conozco. Ovando vea. usted. en un .laridou á.
una vieja de bigote marcial y
fa!deri l lo al ranto, santigüese
usted Cumplido. Yestirií. desedas al falderillo y no dará. &amp;gua
al gallo de la paF-ión. EEO!.I cincuentones qne llenan el vacío
de eu corazón vano con hipotecas de casas, pericos de colima, perrillos de Chihuahua
y paliques con clérigos, son
rnaloe, amigo Cumplido... La
vida que no ee vive un poquillo
para I&lt; s dem:ís, es nociva, crimina I á. inútil.
- Y usted dice eso! proferíusted. un enemigo de la humanidad? Yamos, es usted un
pobre diablo.
-Amigo, desengáfieee uet.ed,
hoy por hoy hasta el diablo es
un ente vulgar .

*••):-

EL DANTE E:N MEXTCO.-El esposo de sl mfsmo.

.ll;I. DANTE: JJ;N 111:E;XICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTISÚA,)

Y érase que se era un individuo de aspecto duro, ventrudo, qne de la manera más infeliz llevaba un mal pergefio de mujer y á quien un aatanacillo trnvieso y otro que
no lo era menos ponían como nuevo-pues era un viejoentre las risotadas de un grupo de diablejos espectadores.
No me fué prnciso inquirir que mala persona era aqueUa: un letrero prendido al hombro y Otro donde dijimos,
lo explicaban claramente: uEl eapoeo de sí mismo n ea decir, PI ególatra, el egoísta, el que ha hecho de su~ comodidades, -de su bienestar, un culto.

Campoamor en una de sus más bellas doloras, explica cómo el hombre casado empieza por amar sobre todas Iaa·cosas á. la mujer, continúa por querer más que
á. su cónyuge á su hijo, y concluye por amaree á sí mismo
más que_ á eua hijo~ y á a.u c~nyuge; pero este -postrer egoísmo ha sido prece~tdo e1quiera por abnegaciones, y
no se pena en el mfierno, porque el amor antiguo,
anticip.ada_mente lo redimió. El figurón que yo tenía
ant,e mte OJOS, de tan eriraña manera vestido y penado, era un solte~ón ( casta de víboras) que. pagaba
cal"O~uautoadorac16n, su egoísmo y su sequedad de
espíritu ..... .
-¡Ay de los célibes! exclamó un Belial de enroscada cola, qne mascaba chicle no lejos de mí. Sabe
usted, aíladi61 entre nuestros vecinos los· del Paraíso, se tiene por hombre de pro al caeado.
-Pero hombre, si h~y algunos matrimonios que....
vale más no hablar del asunto.
-Con todo y eso patrón, un mal marido,. cuenta
m~ ant.e el Amo que dos solteros y para probarle
m1 aserto, allá va una hietorieta,
-Suéltela usted, hombre, pero no maeque chicle,
que parece usted galleta.
-Entre galletas anda precisamente la cosa-respondió. Oiga usted:
Acertaron tt llegará las puertas del parniso un soldado y una monja, jóvenes ambos y no mal encarados. La monja que se había anticipado al recluta
llev~ba ya un buen plantón enel sardinel de la puerta smlo~rar mas que \rn .-aquí no entran la!:linútifes, •
Pf?nunciando entre sorbo y sorbo de jarabe balsám1co, por San Pedro, y le refirió sus cuitas al soldado:
-¡A.y! mi alma, exclamó éste, pues si á usted
que es una palomita sin hiel que se aplicó saraban
d:1s en pemtencia toda la vida no la dejan entrar
qué eeráá mi, triguefia de mis entrete1ai:?
'
. -Pero qué ha hecho usted? preguntó la monja, deJando ver una mueca de púdica alarma?"
-La mar de cosas. Yo florecí en :\léxico en la époc.a de las_ 1du~as i~testinasn ( que eran verdaderos c6hcos de mvagrnación) y me pronuncié con diez generales .Y luego contra loe diez, robé tlacos de haber á. mt compañía, introduje tripas al cuartel y dfa
lo que era de otros para los onomásticos del jefe.
-Pues ahí es 1;1ada, ¿y ahora que hacemos?
-Tengo nna idea exclamó el soldado 1 dándose
una pH-lmada en la frente como todos los héroes de
las non~la.."1 \Ylr entregas, v 8in más decir tomó en
sus brazos á la 1.. blata y 5e la echo al hombro como
si fuera fasíl 1 tras de lo cual llamó con garbo á la des•
veneijada puerta del edén.
Abrió Pedrito, que d.e glutial una sopa · de chocola,3, y en~ar.tndose con el intruso preguntó.

~

1111111111// u:

Aún debía encontrar motivo de asombro aquél día. Al
regresar al rentro porque era. tarde, encontré
en el recodo del camino el más peregrino
grupo: uno de la Comparsa infernal extraía á
tirabuzón, la entraña principal de un viejo
verde que fué el Don Juan averiado-pero
rico y dadivoso-de todos los salones.
·
-A7, amigo, en punto á tirjos verdes se yo más que usted. "'\ áyase por Plateros y verá ...

(Continuará.)

A tí, ducha en amor, yn te da risa
una loca de atar como Eloisa.
CAMPO.A.MOR.

J

EL DANTE EN '.\fEXICO.-En la tierra.

LA LINTERNA

Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento;
Le lleva el santo eacramento
A un moribundo á. la taberna.
Ante su paso, una cisterna
Finge un bostezo descontento.
Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento.
Mas en la opaca noche eterna
Súbita estrella, en un momento,
Rueda del alto firmamento
Y hace las veces de linterna
Entre la zarza y la caverna.
MAURICE ROLLINAT.

BALBI:-.0 D.\Y.\LOS.

:\Iarzo de 1897.

W~lJ:~~
SU.ll;ÑOS

De mi alma haré una gota de rocío
Para regar con ella tu corola;
Haré un sublime altar del pecho mío
Y en ese· altar te adoraré á tí sola.
Bri11ará en las tinieblas de mi suerte,
La luz de eol de tu mirar divino¡
Será un períune para tí mi mnerte
Y mi vida una flor de tu camino.
Te creí realidad y eres fulgente
Ilusión de mis días halagüefios;
Te vf, Sefiora, y coroné tu frente
Con el lampo inmortal de mis ensuefios.

•

·:,..

Ven, dejemos el lecho del proscrito,
Del mundo impuro, que tu planta toca,
Ven conmigo¡ yo haré .del infinito
U na copa de amor para tu boca.

;

L; triste noche plegará sus velos
Y tu voz en mi lira de poeta
Agregará al cTe·deum .. de los cielos
El mtígico nocturno de J ulieta.

..

• •

0

EL D AXTE E..", MEXICO.-Dentro de poco tiempo.

¡Feliz si en tu semblante 1,1,ún vetu esposo
la materia en estado luminoso!
C.-nrPO. \M OK..

. .~

1/

Ven, yo te amo¡ la lur. que tú destellas
Será. mi eternidad, y en santa calma
Tú buscarás 1i Dios en las estrP\la~. '
Y yo ló encontraré dentro de tu alma.
Jn-4TO Srnnn.\.

Aspiré á. verte un dfa,
pero dePpnPR de verte
corno dijo .Jesús, Dolores rola,
"mi alma quedó triste haeta la muerte. "

. -:'". ~1'-:.,

HILDA.-}Jo,;,ela por 6auaara ae °0ind.-Núm. 3.
~

,•• r ;

V

~údada me falt.aba una sesión para completar el estu.,¿uo d~ la Caldera, que había emprendido. Raul y yo re$)lviwoa ponernos á la tarea desde el día siguiente.
.Así, puéa, á la mañana siguiente, :i la hora acostumbra-

'

.

.~

da, estábamos sentados en el mismo sitio, en donde ha•
biamos asistido al rasgo de fuerza llevado á cabo por
Ililda.
Esta no tardó en aparecer. Si Raul ae había resuelto,
en virtud de la conversación que habíamos tenido Ja vfaper:l, á precipitar los acontecimientos y á. hablar á la

•

joven de sus sentimientos amorosos, en ésta se veía aquel
día algo q¡¡e parecía indicar que también había tomado
una resolución, que había formado un proyecto cuya naturaleza era difícil adivinar.
:Maniíesta,ba un aire agitado y nervioso que no le era
habitual¡ su mirada tenía algo de más profundo y hasta

�EL MUNDO

•

DDMINGD 7 DE MARZD DE 1897

~¿Qué es le, que ustéd piensa de rrii sue.üo, me pregun
una expresión de gravedad, que su encantadora sonrisa cuestion, tenga ueted entendido, de una vez por todas, tó ella?
que profeso mucha amistad y estimación á Raul, pero
no era capaz de disimular por completo.
Entregado por entero á lo que acababa de saber y á. la
nada que pueda parecerse al amor. Si usted no estuviera
Sinembargo,estabajovial como siempre, y aun aquepesadumbre
que por ello resentía, no había yo escuchalla mañana se mostró más amigable que lo de costumbre tan cegado por el amor paternal, continuó con un tono do las últimas palabras de Hilda sino distraidamente, con
de deepecho, usted habría podido observar esto desde
,con Raul.
el sentimiento vago y confuso de qne re trataba únicaCuando le dije que empezábamos á pensar en nuestra hace tiemoo 1 y, habiéndolo .observado, usted jam:is ha- mente de una tentativa de coqueter:a, tanto más odiosa.
partida, ella me pidió como favor especial que le hfoiera bría alimentado la esperanza de que IIilda de Hammar- cuanto que seguía inmediatamente :i la declaración tan
hielm pudiera consentir alguna vez en casarse con el hi un pequeño estudio en tinta de china del pórtico del casjo
de usted, por cualquiera consideración que pudiera ser. categórica, que echaba por tierra las esperanzas de Tiaul
tillo que estaba del lado norte, es decir, en la fachada
y las mías.
Y ahora, permítame, para cambiar de tema, qne le reopue2ta á aquella en que nos encontrábamos.
~Nunca he dado á los sueños ninguna importancia,
cuerde que mi pregunta ha quedado sin respuesta. L~ contesté, dando principio á recoger mis efectos, poque
- Este será un recuerdo &amp;e ustedes que me traerá á la
memoria las agradables horas ch trabajo que hemos pa- repetiré: ¿Cómo es que usted que sabe defender tan elo- estaba demasiado agitado para continuar pi atando y me
cuentemente la causa de la~ personas casaderas, Iiunca
disponía :í retirarme.
sado juntos, dijo etla.
ha contraído u:;ted nuevo3 víncul11s? ¿Ninguna mujer,
-SJñor de La.guiéres, repuso la joven al cabo de un
Como el ornato y el dibujo de arquitectura eran predesde la que usted perdió, ha hecho latir su corazón? rato ¿alguna vez se le ocurrió á usted, en el cuno de su
cisamente los ramos á que Raul se había dedicado, es¿Así, pues, ninguna mujer existe que pueda inspirarle viudedad, que usted y su hijo hubieran podido enam &gt;·
peciri \mente durante el invierno, lo designé como más
amor? ¿O quizás, sintiéndose usted tan superior .í las de- raree de la misma mujer?
califi.ud') que yo, para aquel gBnero de trabajo, y la jobilidades de eete mundo, ha hecho un pacto con la musa
-Jamás, contesté secamente.
ven, volviéndose hacia él, le preiuntó si tenía buena vode las bellas artes y le ha jurado que jamás se dejará dis-¿Pero si eso hubiese sucedido, qué había usted he·
lunt:\d para ejecutarle aquel trabajo.
traer del culto que le ha consagrado, por un amor á mucho?
-Cm muchísimo gusto, señorita, contest6 el joven.
Ella bajaba la cabeza al pronunciar aquellas palabns y
jer terrestre? Un día me contó ustied que su amor paterReunió inmediatamente sus efectos y partieron juntos
nal babia sido una especie de preservativo contra el aparentaba eetar muy ocupada en reunir algunas bri.,mas
para el paraje desde donde Hilda deseab:i. que se hiciera
otro. ¡Yaya! ¿Acaso no vemos adonde quiera que dirija- de yerb:i. que arrancaba una ,tuna con una precipitación
el estudio.
mos los ojos, ejemplos que nos manifiestan que hacen febril. Aquella preciosa mano blanca, de dedos finos y
Al cabo de un rato, ella volvi6 sola y se sentó al laaristocráticos, que tanto había yo esperado ver entre las
buenas migas juntos?
do mío.
Si hubiese estado menos absorto por la idea de la de· de Raul, hacia cintilar el diamante del dedo anular con
-¿Ha com3nzado R1.ul su bo3q•1ejo? la dije.
sesperación que no dejaría de apoderarae de mi hijo tanta vivacidad que pare"ía que salían chispas Ue la
-Está en"pleno trabajo y más ab3orto en su asunto de
cuando le refiriese las palabras decisivas de la joven, hayerba.
lo que nunca he estado yo en presencia de= su caballete,
-Si eso hubiese ocurrido, nadie lo habría sabido-dije
bría notado la amargura y la vehemencia con que fueron
contestó ella.
yo-Jamás me habría interpuesto como un obstáculo papronunciadas
aque1las
irónicas
palabras.
-Esto consis!ie en que le h'.l. tom'.\do gu3to al encargo,
Fuera lo que fuese, las burlas ae Hilda me volvieron
ra la felicidad de mi hijo.
contesté.
en mi v me hicieron ver que estaba pr5ximo á hacerme
Ella levantó la cabeza:
-¿Y por carifio á vuestro hijo, señor de V:1gieres, us·
ridícu~~; sin que por ello ganase algo la causa de Raul.
-¿Pero ei el objeto del amor de ustedes dos hubiese
ted, viudo á los veintitres años, no ha querido volver á.
-Tiene usted razón, señorita, contesté. Debería haber amado al padre y no al hijo?
ca.sa.rae? me preguntó ella de repente. ¿S~ría pqsible que
conocido á usted lo bastante para saber que usted, la
La voz que había yo escuchado la víspera durante mi
el amor paternal llevara á cabo tales sacrificios?
hada de ese río pérfido y de esa roca insensible y cruel,
pa~eo
solitario, esa voz que sólo el aspecto triste y cabiz-Yo no comprendo lo que este sacrificio pueda tener
debe tener en buena proporción los elementos que entran bajo de Raul pudo hacer c.\l.lar, se hizo oír de nuevo. Senpara usted de extraordinario, contesté, casi lastimado,
en la composición de los objetos con los cuales usted se tí ruborizarme y puse los ojo3 en Hilda. Sus mejillas hapor el tono en que se m~ hacía la pregunta; cesaría realidentifica. ¡Empresa vana es intentar evocar en usted bían palidecido y su ansiosa respiración por sí sola me
menoo de serlo, si mteJ c·rno~ier.i. m ~jor á. mi hijo, si use:entimientos que no es posible que experimente! ¡Sería habría hecho comprenJ.er la importancia que ella daba á
ted supiese qué corJ.7..Jn t.m abnegado, tan ... .. .
lo mismo que pedir á ese río que cesará de correr 6 á esa mi contestación, ei su mirada intensa y la expresión de
-De ninguna manera pongo en duda que ~l posea to ·
das las cualidades posibles, interrumpíó ella con tono ee- roca que derramara lágrimas por las víctimas que ha he- sus labios entreabiertos no me lo hubiesen reve,ado pa·
eo. Sé per.fectamenlie que es un joven apreciable en to• cho! Así, pues, con permiso de usted y para no perder el tenteruente.
¡Y como estaba hermosa, exponiéndome su corazón
do3 conceptos; he tenido tiempo sobrado para convencer- tiempo, vuelvo á mi trabajo, sin contestará las pregunme de ello, y creo que conozco al hijo de usted casi tanto tas que usted me hace y que consideraría simplemente con menoscabo de todas las conveniencias! Sus mejillas
como sarcasmos bien merecidos que no exigen contesta- encendidas, su mir.ida chispeante y como agrandada, pacomo usted mismo.
ción.
recían manifestar lo que costaba ,t la altanera Hilda de
-Pues bien, señorita Rilda, usted debe saber,· en tal
-Muy bien, señor de Laguit!res, replicó ella sonriendo, Hamroarihelm humillarse hasta el punto de ofrecer su
caso, que el muchach1J la am1 vivamente, dije yo, decihasta que ví que volvía usted á ser el mismo que he co- amor á un hombre que no se lo demandaba.
dido á aprovechar aquella ocasión para hablar un poco
nocido. ¡Cuánto más prefiero las respuestas incisivas de
Ella estaba apoyada en una de sus manos, con la trenen favor de Raul y tratar de averiguar si él podía tener
usted á las melosidades sentimentales de los jóvenes á. la za medio deshechá de sus cabellos negros que caían en
alguna probabilidad de hacerse aceptar por la joven.
-Yo sé que él me ama, coi-itestó ella sencillamente; si moda! ¿)fe permite usted que le cuente lo que la hada cascada'de sus hombros sobre su pecho. Tenía el rostro
tiene la intención de pedir mi m!lnO, usted podría prestar- de ese río, supuesto que así me llama, sofió la última no- vuelto hacia arriba y su mirada audazmente ñja en rn í.
le un servicio de amigo y excusarle un paso cuyo resulta• che? Soñé que amaba á. un oso, continuó sin esperar res- En aquel caluroso día del estío, ella iba vestida con un
traje blanco que dejaba libres los antebrazos y el cuello,
do le seríá muy desagraiable, dándole á entender que puesta, un bueno y corpulento animal, que no quería
comprender que yo lo amaba y que sólo respondía con
que un cálido ru.bor acab~ba de invadir como si todo su
mis sentimientos h!:Lcia él no son de ninguna manera los
patadas y grufi.idos á todas mis caricia@. Era extraordi · ser protestase contra el atrevimiento de sus palabras. Yo
que él querría. lfe parece que he demostrado suficientenariamente distraído mi oso, perv yo tenía la persuación veía que todo su cuerpo estaba temblando por el es fuer~
mente, en estos últimos días, que nada tenía él que espe•
zo que hacía para contener su agitación.
rnr. añadió con un tono duro y recargando la voz sobre de que sí lograba separarlo del objeto de su distracción,
no permanecería por más tiempo insensible tí.mis encan·
Un segundo de vacilación, y yo quedaría vencido.
esta última expresión.
Al decir: ((Hilda, yo te amo, sé mía)) yo la hacía feliz.
Yo me había impresionado tan dolorosamenlie el día tos y que había de hacer de él lo que quisiese. Así, pues,
-¿Y yo? ...... Oh! yo sentía que el amor sería aún para
anterior por el estado de sombría desesperación en que resolví hacerle sufrir una dolorosa opei-ación que me lo
ha.bí1\ encontrado á Raul y del cambio físico que aquel entregaría sumiso y abnegado. Me lo llevé un dia álu ro- mí muy dulce. Ahí estaba, muy próximo á. penetrar,. Y
muy pronto,me hallaría invadido y domefiado.
fatal ;\mor le había acarreado, que aquellas palabras me ca de la hada1 terreno en el cual, siendo la hada del río,
Pero, en aquel momento supremo, la imagen de mi pocau'3:tron un vivísi.mo dolor. A pesar de todo, él había estaba yo dotada de una fuerza extraordinaria. Luché con
coniervado alguna e3peranza, sus últimas palabras no me él, lo derribé y le perforé la. nariz, por la cual pasé un bre hijo no me abandonó. Al amar a aquella mujer, agrehabían dejado duda alguna.sobre este particular. Las pala- anillo. El expresó su dolor con lastimeros gritos; en se• gaba á la desesperación de Raul los tormentos de los cebras que Hilda acablb:l dJ oronunciar, sonaban como el guida la herida se f ué cicatrizando poco á poco y cesó los y del odio. ¡Raul tal vez me habría odiadol Esta idea.
doble fúnebre de todas nue3tras esperanzas, las mías y de hacerlo sufrir. Rntonces pasé una cuerda por aquel fué para mí como el dique que detiene el torrente é imanillo y presto mi oso fué todo mío, y en lo !¡ucesivo ee pide la inundación.
las de él.
La sangre, que á. mí me parecía que había abandonado
-¿Pero por qué no podría usted amará mi pobre mu- manifestó el más tierno, el mis amante yel m.ís feliz de
mi semblanlie, refluyó con fuerza. Me desvié y respondí
chacho? le dije, quizás un p&gt;CO aturdido, y movido úni- los osos
Sorprendido del tono profético de aqueilas pa.labras con un tono tranquilo y resuelto:
camente por ese sentimieoto que nos impulsa á defender
que
no sé por qqé me causaron desagradable impresión,
-Yo no habría correspondido á ese amor.
palmo á palmo un terreno que sabemos que esta perdido.
Hubo un momento de silencio1 du,rante el cual no me
Todo p:t.rece ma'nife3tar que él es el marido que usted ne- involuntariamente volví la cara hacia mi interlocutora.
cesitaría, y tiene todas las cualidades que deberían com· Ella alzó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. El atrevía á mirarla. Yo sufría por ella, sentiaque debía excalo.r habitual de sus ojos se había cambiado en un ma- perimentar, aunque quizás en menor grado, lo que Raul
placeros.
-Señor de LaguiCres, el oficio de corredor de amores tiz glauco como ciertos reflejos del río y parecía que bri- iba á. sufrir y adem,'is los t.ormentos qu_e su altivéz y un
es indigno de ~ exclamó ella sonriéndose. Cerrando llaban con una llama singular que podía indicar la pa· temperamento nervioso debían causarle bajo el latigazo
de la humillación y del amor propio herido.
los ojos, creería uuo estar oyendú á una tia vieja tratan- sión, pero también quizás la locura.
No obstante, aquella extraf'ia expresión no dur0 n;iás
Y tales tormentos no debían ser bagatelas en aquella.
do de acreditará su sobrino. Realmente lo veo á usted
en un papel tan nuevo y que tan mal le sienta, que me que un instante, y casi inmediatamente recobró ella su joven de sentimientos romancescos y exaltados, habitua•
da :i hacer lo que se le antojaba, colmada de todo.q los
cue&lt;Jt.i -trabajo reconocerlo ~á usted. · Para terminar esta ñsonom.ía habitual.

DDMINGD ? DE MARZO DE

,asn

bienes de la fortuna, tanto como dé los de la naturaleza.
Pero era demasiado dueña de sí misma y demasiado
mujer de mundo para dejarse influenciar en apariencia
por la confusión y la perplejidad. El penoso silP.ncio que
siguió á mis palabras, no duró más que brevísimo ra0,
lo preciso para permitirle qne se repusiera, y con su aire
jovial y la sonrisa en los labios dijo irónicamente:
-¡Es usted verdaderamente sublime, señor de la Lagniéres!
-Y hasta podría usted decir que he salvado el paso
que separa lo sublime de lo ridiculo, dije para mis adentros, porque á pesar de todo, y aunque no hubiera siquiera permitido al amor paternal que entrase en lucha con
el otro, sentía dentro de mí algo de ese sentimiento doloroso de desgarramiento que produce el sacrificio y al
que siguen los remordimientos.
Después de esto, le tendí la mano en signo de despedida,
como todOs los días lo hacía, sin decirle sin embargo que
era mi intt:nción no volverá verla.
Estaba resuelto á llevarme á Raul al día siguiente sin
'pretexto alguno. Ya no había para él en aquellos sitios
más que nuevos sufrimiéntos que esperar. Y yo corría
un grave peligro.
Sin embargo, por más que hice por dar á mis faccio nes su habitual expresión, sentí que mis ojos se humedecían, y observé que una lágrima brillaba en los de ella,
pero una lágrima que ee quedaba en el fondo, y que ella
no permitió que se asomase á -los párpados. Ella debió
adivinar mi pensamiento, porque me dijo:
-A.dios, señor de Lagniéres, ó más bien hasta la vista,
porque usted volverá á verme.

YI
Yolví directamente al hotel, y me puse á esperar con
impaciencia á Raul. Tenía yo el presentimiento de que
él hablaría esa misma mañana ú Hilda, y me puse á. pen·
sar que después de todo \'alía más que así fuese, y que
escuchara su sentencia de labios de aque·lla misma.
f'.tra esperarlo, me occrpé en poner en orden nuestros
efectos, y empecé á empacar.
El llegó clerepente, y entró á nuestro aposento con el
paso precipitado de un hombre que viene .i buscar un
objeto olvidado y mostróse muy sorprendido de encontrarme allí. En efecto ,t esa hora estábamos por lo
común casí siempra ausentes, ocupados en trabajar al
aire libre, seajuntos1 sea separadamente, ó en excu.rsiones de exploración en busca de moti vos de estudio.
-~!Ya por aquí, padre mío! Yo te creía en el Boren,
conclnyendo tu estudio de rosales.
Yo me lo quedé mirando ávidamente. No tenía de
nioglina manera el aspecto de un hombre que acaba de
sufrir un desaire de la mujer amada. Tampoco le veía
yo con ese aspecto sombrío y desesperado con el cual lo
vf¡lía yo volver del castillo casi diariamente . .Al contrario, más bien parecía contento, aunque su, aire preocupa·
do y cierta agitación febril mostrasen hasta la evidencia
que había habido alguua explicación entre los dos.
Como ante!! lo he dicho desde que el caracter de Raul
se había formado yse había transformado en un hombre,
las relaciones que nos unían habían sido más bien las de
dos buenos amigos íntimos y carifiosos. Nunca teníamos nada oculto el uno para el otro: él conocía todo mi
pasado, y yo conocía, no solo el suyo, sino también todos
sus pensamientos. Cada alegría, cada disgusto que acon tecía al uno, era inmediatamente comunicado al otro y
compartido con él.
-¡Y bien! Raul, le dije bruscamente, ¿Has hablado
con Hilda?
-Ya le hablé, me contesto, y lejos de repelerme deñnitivamente, como nos lo esper:Ibamos,_ me ha pedido algunos dias de reflexión.
Esto se hallaba tan lejos de lo que n1e esperaba, que la
sorpresa me dejó mudo por algunos instantes.
Sin embargo, mirándolo con más atención 1 ví inmedial&gt;3mente que él trataba de ocultarme algo. Sin hacerme ninguna ilusión respecto de lo que podían ser los sentimientos de Hilda para con él, ví inmediatamente una
mira torcida en esta esperanza que la joven le había dejado y su inesperada respuesta no me pareció en con.
sonancia con la conversación que conmigo había tenido.
Tomé entonces á Raul por la mano, y, abligándolo á
que se sentara al lado mío1 le participé todo lo que ella
me había dicho. Le dije todo ..... . exepto que ella amaba á otro y que este otro era su padre mismo.

EL MUNDO

Habría temido, al hacerlo, despertar sus celos, habría
temblado si me enajenaba el cariño de mi hijo único, de
aquel por quien yo viviría únicamente ........... .
¡Ay de mí! ¡Cuánto me he arepentido de esos temores! Xo ocultándole nada, desc~briendole toda la verdad, quizá él habria podido amarme men(."181 pero habría
quedado mejor persuadido de que aquella pérfida mujer, al
hacerle esperar su a.mor sin condición, solo quería su pérdida. Habría comprendido que ella no lo consideraba
sino como un obstáculo por suprimir, ó quizfls únicamen·
te como el mejor instTumento de su venganza.
El me contestó inmediatamente que, como su conversación había tenido lugar despues de mi partida, podía
ser muy bién que antes de venir á verlo ella hubiese hecho reflexiones cuyo resultado le habría sido m¡ís favorable, y que él no quería todavía abandonar toda esperanza. El se daba cuenta perfecta, me dijo, de lo que se deducía de mi relato, y también de lo que ella le había dicho. Así, pues, si ella consentía finalmente en casarse
con él, era porque tenía otro móvil distinto del amor.
Sin embargo, estaba tan seguro de hacerce amar en lo
sucesiv&lt;.,, que estaba dispuesto á aceptar todas sus condiciones, resuelto á todo para obtener su mano.

,

El pobre muchacho estaba tan poco -acostumbrado :í
ocultarme nada, que yo le arranqué, por decirlo, así á pedazos toda la verdad. Sin embargo, me obligó ú que le
prometiera antes de contar todo, que yo no me opondría
1-Í. su proyecto si él me comunicaba la condición que la
joven había puesto para otorgar su mano. Esperaba yo
tanpoco lo que iba á.decirme que se lo prometí, con la
condición de que yo quedara bien convencido de la imposibilidad para él de llegar á la realización de sus deseos de otro modo cualquiera, y de que lo que fuese áser
nada tuviese de reprensible óque pusiese su \'ida en peligro.
A esto me contestó que amaba tanto á Hi!da, que el
mayor peligro que pudiera amenazar sus días, em tener
que renunciar á ella, y los signos exteriores del mal que
lo devoraba, eran tan visibles que acentuaban enérgicamente sus palabrns.
He aqui, pues, lo que le hice decir.
Hilda después de haberse separado de mi lado, se ha•
bía reunido con él y se babia mostrado tan afectuosa y
tan amable 1 que él por último se había encontrado con
ánimos para decirle qu~ la amaba y para solicitar su
mano.
Ella le contestó inmediatamente lo que me había dicho, es decir que le profesaba mucha estimación y amistad, pero no amor. Sin embargo, como en ella no mostraba que quisiese hacer de aquella objeción un obsticulo insuperable, él estuvo más elocuente y persuasivo,
mientras que ella aparentaba dejarse conmover poco á
poco. Le habló en seguida de su madre, le refirió lo que
ya sabemoe, que la baronesa probablemente se había precipitado voluntariamente al escollo fatal para dar término á una existencia intolerable.
Después agregó, en la forma de confidencia íntima,
que la aya inglesa, antes de morir, babia rendido esta
declaración: una recamarera de la baronesa, que había
visto á ésta en la roca de la hada pocos minutos antes de
su desaparición en el remolino fatal, había observado distintamente que ella hacia el ademán de una persona que
arroja algún objeto al estanque conocido con el nombre
del Espejo de la hada. Este objeto, según el dicho de la
aya, debia ser uoa cajita sellada_ ó un frasco que contenía un papel en el cual la pobre mujer escribió sus 111timas instrucciones á su hija y algunas revelaciones sobre su marido, pero que ella había juzgadó en sus últimos momentos ó presa quizá; de vacilaciones ó de escrúpulos, no deber publicar. En consecuencia, la baronesa se
babia decidido á ocultar aquel documento en un paraje
en donde, sin condenarlo del todo al olvido, sería muy
difícil llegar.
-Para encontrar y retirar ese objeto, dijo Hilda, es
por lo que, dos veces antes de la llCgada de ustedes á estos parajes, he afrontado los riesgos de la Caldera, pero
inutilmente. Y sin embargo, la caja sellada allí está, visible en el fondo del estanque, pero hay un objeto tan
horroroso que habría que tocar para llegará la caja, que
nunca he tenido el vafor para hundir mi brazo en el
agua. Usted, Rau1, conoce mi carácter un poco roman•
cesco, añadió la pérfida sonriéndose, y así es que no le
extrañará que le diga que el que quieiese obt.enermi ma-

no aumentaría mucho sus -probabilidades de lograrlo
trayéndome esa caja.
El pobre muchacho se había declarado inmediatamen•
te dispuesto á hacer la tentativa, y la joven había fingido explicar muy detalladamente la maniobra que se
tendría que ejecutar para llegar hasta el centro del esco•
llo con las mejores probabilidades de éxito.
El efecto que este relato produjo en mí, antes es para
imaginado que para descrito. El proyecto de aquella mujer se me apareció en toda su atrocidad, yel sueño que ella
me había contado y que yo había escuchado distraídamente, como una impertinente charla, vínome derepente á la memoria con una singular claridad. Era una alegoría profética y una amenaza lo que aquella singulir
mujer se disponía á poner eu pn'tctica con un ingenio
yerdaderamente diabólico.
Déjase enteder que yo eetaba absolutamente resuelto á
impedir que Raul ejecutase aquella insensata tentativa, aun cuando tuviese que emplear la fuerza.
:Xo había tren para la capital antes de las ocho. Tomé
inmediatamente la resolución de partir con mi hijo en
aquel tren, y 1 como no nos quedaba mií.s que una noche
que paear en aquel lugar, me prometí no perder de vista
á mi pobre loco, aunque parnÉe toda la noche en vela.
La pasamos en efecto platicando y razonando. Yo le
expuse con tanta calma, como la pude afectar, las pocas
probabilidades de éxito que tenía consigo por no tener
ninguna experiencia de la manera de proceder para navegar en aquel río. Yo le hice ver que uoa mujer capaz de imponer semejantes pruebas, jugando con la vida
del hombre que la amaba, no podía ser más que una mujer sin corazón é indigna de ser amada; que aun logrando traerle el objeto en cuestión nada lo autorizaba á
creer que ella le otorgase rn mano.
Apelé ~n seguida á mi afecto paternal, recordándole-que
él era el único sér que para mí representaba á la familia
y la ventura ·en est.e mundo. ¿Tendría corazón para exponer así sus días con rÍeiigOde emponzoñar el resto de la
exístencia que yo tendría aun que pasar aqu[ abajo?
Hablé por mucho tiempo, y con una emoción tan ere•
ciente, que acabé por conmoverlo.
Yo me reprochaba amargamente el haber dejado que
las cosas llegasen á ese punto. El sentimiento de la desgracia que podía herirme me había invadido por entero,
comunicando un calor y un acento de perimación á mis
palabras que acabaron por hacerlo llorar.
Se echó á. mis brazos y dE:claró por último que renunciaba á su funesto proyecto.
Era media noche, yo lo obligué entonces á que se acos tara, cosa que ejecutó cuando le di la seguridad de que
yo no tardaifa en hacer lo mismo.
·
l\!e ocupé t,Qdavfa algunos instantes en nuestro equipa·
je. A poco, el rumor regular de su respiración me aseguró
de que se había dormido. Yo mismo estaba fatigado y
me arrojé v.estido en mi cama, prometiéndome velar muy
bien hasta la salida del día á mi pobre hijo, hechizado
por una hada maléfica, como á. mí mismo me decía contemplándolo en snencio. )Ie parecía que se había vuelto niñ.o. Al menos yo sentía por él, en aquellos momentos,
ese sentimiento que más bien se parece al amor maternal, formado de ternura emocionada, con el cual se mira
en la cuna al nifiito que se ha tenido en una esposa muy
amada. Yo no tenía suefio, á lo menos según me lo parecía. Exitado y agitado como estaba, me habría parecido
imposible dormir.
Y sin embargo, así sucedió. ~Ie dormí profundamente
y tu ve un espantoso ensueño!
Estaba sentado en la roca de la hada. Hilda estaba á
mi lado, rodeándome con sus brazos el cuello. En torno
del escollo, cuyo abordaje parecían custodiar, velase com(' un círculo arremolinado de horrorosos cadáveres.
De repente ví aparecer, fuera de aquel circulo á. Raul
embarcado en el bajelillo azul. Hacía violento~ esfue/
zos para salva1 el círculo fatal y llegarse hasta mí.
Yo quise tenderle las manos y dirigirle palabras de estímulo, pero en aquel mismo instante, mi compafiera me
enlazó tan estrechamente, que no pude hacer un sólo
movimento.
Yí que el pequeño esqui-fe hacía un supremo esfuerzo
para pasar el obstáculo 1 pero el remolino se apoderó de
él, y Raul y la barca quedaron devot'Rdos, mientras que
la hada cruel, que me retenía en su poder, murmuraba á
mi oído: «Está consumada la operación, tu corazón cesará de estar distra!'.do, serás mío para siempre.))

�Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

�EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

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MÉXJOO

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Rt&lt;JISTRADO 00\10 ARTÍCULO DE SEGU?.'DA CLASE.

Qfota~hitirn sinir5tra.
Se está comentando por laprer sa a·aria un horripilante
hecho social: el ahmento del homicidio en la ciudad df'!
Yéxico. Las estadísticas que con este motivo se han pu•
blicado, demuestran de un modo indifcutible que la ca•
pital de la República ea una de las poblaciones más cri•
minales del mundo. La relación entre la criminalidad
homicida de París y la de México, es de u1to á trrir1A1, ]!
seis. Esta relación es enorme y debe sériamente preocu•
parnos.
El profesor Sighele de la Uuiversidad de Piza ha da·
do á la estampa un instructiv.,, trabajo sobre la crimiDA ·
lidad de Artena, aldea italiana, considerada como una
gusanera de delincuentes. En comparación con la.:i demás
comarcas de Italia, Artena arroja. en efecto. un notable
coeficiente de criminalidad. Aeaí, mientras todo el reino
da un término medio annal de R38 homicidios por cada
100,000 habitantes, la aldea citada no proporciona menos

l

_J·
Señor Cipríano Gu errero.
(üandidato al Gobierno de Durango.)

de 52.50 por cada 100.000. Esta cifra parece al Profesor
Sighele en extremo alarmante y llama la atención sobre
esta localidad infesta.da por el delito.
Y bien, este promedio resulta insignificante junto al
contingente que el homicidio nos ofrece en el Distrito
Federal, en donde el término medio es de ciento ocho por
cada grupo de 100.000 habitantes. Cómo llamaría el Profosor Sighele á este grupo humanoJ cuya delicia parece
ser degollarse concienzudamente?
Cuando una sociedad arroja perfiles tan negros, es que
el mal se encuentra dentro de los elementos que la constituyen, que corre por su red arterial, qoo punza dolorosamente en cada celdilla del organismo. La extirpación
del cancer no se logra entonces con una ley, ni las convulsiones sociales desaparecen con un decreto; enton•
ces hay que mirar más hondo, que escudrifiar más profundamente, sirviéndose de los hechos para hacer una
desoladora inferencia. Y los hechos está.u allí á nuestra
disposición, como materia prima, palpitante y terrible,
de un a.te ato análisis.
Precisamente en los momentos en qne se debatía este
obscuro problema del homicídio, la prensa. de información nos ha.cía saber que en una de las calles de la capi•
tal un de!:conocido asesinaba bárbaramente á un transeunte, porque éste le había negado un cigarro. ¿No es
esta una re velación aterradora de un estado social?
Un pensador ilustre ha dicho que el delincuente no es
sino el instrumento de un crimen preparado por la

sociedad. En el fondo de ella están loa fermentos de esta
descomposición. La parte sana y útil, representada por
el Estado, ha salido al encuentro de esta oleada negra, Y
ha necho lo que en todas las naciones del mundo: se
considera eficaz para redimir conciencias: abrir escuelas Y
favorecer el desarrollo de los elemeutos económicos. En
esta acción combinada está la solución de la siniestra dolencia cayo diagnóstico nos ha revelado la estadística.

QH compaiirrismo rn la prrnsa.
SP ha invocado constantemente en las discusiones pf'I·
riodísticas, comp(l11erisrrw. Esta hf'lrmosa palabra ba sido
rimada por los gacetilleros novicios y ha servido de escudo á. un grupo de vividores que se han aprovechado de
la prensa para sus fines particulares.
En virtud de este principio, existe en el periodismo
una solidaridad obligatoria, una responsabilidad mt'ítua,
una mosoneria neceearia, que estrecha á todas las con•
ciencias-la del hombre honrado como la del cowloti.ero
del periodismo-á vestir una túnica de Neso, de la qne
nadie que eegrime una pluma podría desprenderse sin
arrancarse pedazos de su propia carne.
Esta te.aria es insostenible: el compuñerismo, tal como eae
pret.ende reclamar de la prensa, ese compañ.. rurm.,-, fundado en culpables amistades, en tolerancias vergonzosas, en
sumisiones abyecta!'!, no existe en ningua profeeión, en
gremio alguno, y más se asemeja-dentro del criterio que
lo sostiene-á nna complicidad repugnante que á un sen·
ti miento basado en la franca y lib~ investigación de los·
actos, que debe normar las relaciones entre los hombres
honrados.
Diremos más todavía: mientras existan en la prensa nacional periodistas que se sirvan del vehículo de la hoja
impresa para denigrar á. otros periodistas, el decantfl.do
compañmsmo constituye un sarcasmo irrisorio que dudamos mucho que sea aceptado por los escarnecidos.
El compaivri8mo se explica entre personas de una mis•
roa condición social, de una misma educación y que se
guarden las mismas consideracion~s. ¿Pero se encuentra
la prensa de México· en estas circunstancias?
Esa marca def(ihrica con que se quiere sellará. todos los
espíritu~, es un yugo oprobioso é intolerable queestiem·
po ya de despedazar.-El tompafferismo .en la prensa representa la peor y más humillante de las tiranías, impuesta por el más tenaz y arraigado de los prejuicios sociales.

DOMINGO ,4 DE MARZO DE 1897

brutal soldadesca romana y dispersados á los cuatro vientos al soplo devastador de los adoradores del Cor.in. Y
vimos renacer sus glorias y brotar aua tradiciones de entre aquel montón de ruinas venerables á la humanidad
entera.
Los bosques sagrados resuenan otra. vez con la risa alegre y juguetQna de ninfas y gnomos de luz, y se deja escuchar el canto no olvidado de Pan y de Dyonisos; las
ondas del Alfeo y las aguas del Eurotas fingen de nuevo
cofl sus arenas de oro y algas movedizas, cuerpos de driadas y formas de silfos; parece que de nuevo los dioses se
mezclan con los mertales y que ·1a tierra inmortal de la
eterna belleza convida á las naciones á beber en el vaso
desbordante de poesía, donde apagaron su sed las generaciones que fueron. Mas ¡ay! que si la madre común de
los helenos que extendió su influencia soberana desde
las remotas playas heladas de la Cólquida hasta las abra
sadas regiones de la Tebaida, y desde las riberas del sagrado Gar ges hasta las rocas abruptas de la fenicia Gadee, pudo cobrar su libertad, aun quedan muchos de sus
hijos gimiendo bajo la coyunda impía que á sangre y fue go les ataron las hordas de Bayareto y las hueetes de Solimán. Todavía entre otros muchos que llevan en su frente la marca imborrable de su divino origen, el pueblo
cretense sufre los vilipendios de la dominación muslímica.
No faltan en.sus anales ni los heroismos de los snlio tas que en la terrible danza ,te lu muerte se arrojan á un
abismo con sus hijos en los brazos por no caer en poder
de los albaneses, ni las hazañas de los canarísque luchan
desesperados por la auhelada libertad.
No faltan en sus esfuerzos sobre humanos hechos glo~
riosos que los acreditan ú. los ojos del mundo que los
contempla absorto, como dignos de su raza de:titanes y
merecedores de la grandeza de su estirpe, vinculada en
la historia de sus insurrecciones. Menos afortunados que
sus predecesores del Atica y del Peloponeso, los creten•
ses han pe learlo sin esperanza y sucumbido en su demanda por·vírtud del que se llama concierto européo.
No lograron nada en la guerra de independencia de ...
1822, que creó la nacionalidad griega; nada en las rnbse•
cuentes insurrecciones y nada con las promesas de las
potencias que aparentan socorrerlos.
Han visto con asombro constituirse los Estados balkánicos, arrebatados al territorio de sus opresores¡ han presenciado una y otra vez el desmembramiento del caduco
Imperio de los Califas, donde cada uno de los poderosos
congregados en la tarea de librar á Europa de ese cuerpo
podrido, infecto y carcomido de gusanos que se llama
4

· {11 i~rn lfürral.
Con motivo de los acontecimientos de Creta, la prensa
ha comenzada á interesarse por la suerte de esta isla que
lucha hace más de setenta ai'ios, por sacudir la dura do•
minación musulmana, y de la prensa ha pasado al pÚ·
blico una corriente de simpatía hacia el territorio rebelde.
Es que en nuestro pafs se manifiesta un movimiento
favorable á las ideas liberales y de independencia, y á
todo pueblo que lucha por soslenerlas. Todavia, es cierto, el verdadero concepto de la libertad no ha llegado ú
penetrar en todas las clases, pero la tendencia existre muy
marcada de uno á. otro extremo del país.
Hemos dicho en más de una ocasión que el pueblo mexicano no se encuentra todavia á la altura de sus intituciones; pero también hemos manifestado que toda ley
tiene un carácter educativo, este caracter ha ido pene•
trando poco á poco en la colectividad. Aún en las clases
inferiores-masa inerte que ha servido de materia de explotación it los viejos odios de los viejos partidos ant&amp;gónicos-se advierte este impulso perceptible cada vez que
se presenta la oportunidad de externar sus opiniones.
La. educación completará y perfeccionará estas ideas
que hoy se agitan informes, pera que acaso en día no lejano tomen una dirección más util y conveniente para la
causa liberal de la República.

cruzada se organiza por loe poderoSOB de la tierra, se concierta una liga despiadada que hace olvidar los místicos
horrores de la Santa Alianza, y no es para socorrer al debil, ni para consolar al opreso pam lo que se congregan
-escuadras, y se levantan ejércitos y se enarbolan estandartes: estremezcámonos de santa indigoaci6n, todo ese
aparato bélico y ese clamoreo es con el objéto de defender al infame Sultán que abito de sangre y de matanza
de cristianos en el Asia menor, en Creta y en las calles
mismas de su imperial ciudad, olvida en las delicias del
Harem, la historia inicua de sus crímenes de lesa civi•
lización.
Las naciones se congregan por medio de sus representantes en las aguas de Canea, pam oponer la égida pro•
tectora de sus acorazados á los golpes que asesta el heroismo helénico al miserable otomano; se juntan en conciliábulos y discuten en confabulaciones, no el modo de
extirpar para siempre de Euroya esa úlcera corrompida
que se llama por un sarcasmo mconcebible la Sombra ík
Dios sobre la tierra, sino la manera de evitar que un rey
digno de los tiempos legendarios, capaz de sostener en
sus robustos brazos la espada de Leónidas ó de blandir
la lanza de Filopemén, se apodere con buen derecho de
esa isla infeliz, que ha manifestado abiertamente el deseo de constituir parte del reino helénico.
Y el Pireo es amenazado con los cafiones de las potencias, y las santas playas de la divina Hélade se miran en
el riesgo de verse profanadas por la planta de loe que se
llaman defensores del helenicismo.
Incomprensibles secretos de la diplomaci:i.! obscurida•
des tenebrosas de los gabinetes. QU1eren la paz, quieren
prolongar con su poder una vida miserable que se acaba;
quieren galvanizar un cadáver que ya apesta. Y como los
Estados balkánícos se aprestan á recoger su parte de bo•
tín, y se temen levantamíéntos en Macedoma, insurrecciones en Albania y rebeldías en Rumelia, esperan, ilusos, conservar una paz que se desvanece, y sostener con
mistificaciones que todos reprueban el artificioso andamiaje en que se asienta la ruin existencia del imperio
otomano.
Asustadizas las potenciss ante la perspectiva de una
guerra universal, menos costosa quiza que la abrumadora paz armada, ponen el veto á la anexión de Creta, y le
oponen como un consuelo mezquino la prornésa de una
autonomía, menos consistente quizá que las reformas tanveces convertidas en humo y pavesas.
No import.a: los que luch9,n por su libertad é independencia, tarde ó temprano alcanzan el anhelado triunfo; y
los cretenses, que hoy parecen los proscritos de Europa
y los cristianos griegos que en sublime arrebato se aprestan á morir por sus hermanos} llegarán á la soñada meta de verse cobijados por el mismo estandarte que el rey
Jorge tremola ya en los &lt;lesfiladeroR de la Tesalia.
El grito del oprimido sube al fin al cielo en contra del
opresor, y los asesinos de Trebizonda ydeEstambul, los
tígres carniceros de sangrientas fauces, hartos de carne
humana en Armenia y en Creta, se verá.n muy pronto
expulsados, no sólo de la patria del justo Minos y del
astuto Dédalo, sino también de toda tierra donde pueda
fructificar la idea grandiosa de la civilización occidental.
Ya es tiempo de borrar esa mancha que salpica de lodo
el mapa de la culta Europa.
X.X.X.
Marzo 11 de 1897'.

'ªª

deveras. Como estaba desnudo, desperté helado, á la
vista de Mongomery, que es una gran ciudad pintorescamente asomada á orillas de una gran barranca en cayo
tondo corre el Alabama.-Costeamos esa barranca, pasamos el río, corrimos á todo correr por entre bosques
que nos hacían suspirar de envidia (¿en la mesa central
hay otro bosque que ese bosque de museo que se llama: el
bosque de Chapult.epec?) atravesamos plantíos de maíz
perfectamente ordenados, saludamos las consabidas casitas de madera pintada y entramos en la estación de
Atlanta.
í***
Malo; el jefe de nuestra caravana, que ve mal, quiso penetrar de prisa en la estación en el ro.omento en que el
guarda vía, que era un agente de policia á la vez, bacía
seña á los traunsentesde que se detuvieran. lo que ni vió ni
podí.a ver nuestro compañero¡ entonces el agente lo empuja bruscamente, el mexicano, como era natural, le dió
un bastonazo é instantaneamente se sintió asido de la
mano y encerrado el puño en una cadeneta de fierro; el
viejo polic~w.1,n estaba furioso y quería llevar á su ofen ·
sor á un puesto de policia. Un amable truchimánqaepor
ahí andaba, explicó al agente que su prisionero no veía
bien y que eramos espaiíoles: nAhl dijeron los ojos del funcionario, con razón entonces; los españoles no saben lo
que es la policía.n Y nos dejó en paz refunfui'iando. El
Estado entre los sajones, dicen los teoristas de derecho
público, no es más que un juez y un gendarme. ¡Pero
qué gendarme!
.
Malo, dijimos al entrar; peor, exclamamos al mata.lar•
nos en el Hotel, abriendo un telegrama del consul mexicano en N. Orleans: dos ó tres horas antes había muerto
el Sr. Romero Rubio.-Grande y dolorosa fué mi sorpre·
sa; pensó en un grupo de cordiales amigos míos que le
eran profundamente adictos; pensé en su familia desolada, pensé en la mujer, noble entre todas, que fué la com•
pañera de su vida y algo así como la inmacuiada vestal
del ara doméstica. El distinguido muerto era mi amigo
también ¿de quién no lo era? Era la amabilidad misma,
la exquisita aunque un poco difusa amabilidad social de
México, traducida en la sonrisa, estereotipada, por decir·
lo así, en sus labios. No, no em un comparsa en la comedia seria de nuestra política, era un actor; la experiencia le había dado, ya en los años maduros, una aptitud
singular para conocer á los hombres, facultad política de
· primer orden. Hombre de ambición y de placer, amaba
la lucha, el combate era para et una voluptuosidad y, á
pesar de es.o, sabía ser tolerante y conciliador, por bene•
valencia y no por miedo, por que ese gran epicure1Sta
era un valiente y si creía poco, creia firmemente. En suma, la historia, que se ocupará de él, la historia en medio
de sus severidades tendrá. en cuenta que Romero Rubio,
fué la personificación de la burguesía mundana de México, con sus defectos y sus cualidad~, sus intrepideces y
sus indolencias, sus comp1acencias y sus audacias, en el
grupo de hombres de temple superior que nos dió la Re ·
forma.-Y pensando en ésto iba yo por las calles de la Ca•
pital del Estado de Georgia, muy alineadas, muy amplias, muy bien servida_s por los tranvi.as, á encomendar
al hilo telegráfico mi péfflme al Presidente y á su familia; y pensando en ésto me dirigí al Hotel en que estaba
alojado mi antiguo y fraternal compañero de colegio Car•
los Diez Gutiérrez.

EN T I E RRA V A NKEE
NOTAS A TOOO VAPOR
A NEW - YORK POR ATLANTA

1!}alítica &lt;Thtneral.
La insurrec ción de Creta y la cuestió n de Orie n te:.

Imposible apartar la vista de ese cuadro de heroísmo
que se desenvuelYe en una isla legendaria, bañada por
las ondas azules del mar del Archipiélago!
Un pueblo pequeño, en cuya ascendencia se cuen•
tan los héroes y los semidioses de la Fábula, pero sobre
el cual han llovido todos los horrores de la implacable
Némesis, se debate en angustia suprema por sacudir el
yugo ominoso que le impusiera en días de duelo, hace
más de dos siglos, la barbarie y el fanatismo de los otomanos. Una y cien veces ese pueblo que parece proscrito
por la deidad crnel que en la teogonía helénica preside
los destinos de los hombres y de los dioses, ha iotent&amp;do romper sus cadenas y arrojarlas al rostro de sus ver•
dugos ó convertirlas en espadas para luchar por su li·
bertad. Todo en vano: su viril esfuerzo se ha estrellado
contra la fuerza inexorable que le han deparado de con·
auno sus crueles señores y sus despiadados amigos.
Pudo la magna Grecia resucitar al estruendo de los ca·
ñones que atronaba.nen Navarino y aparecer ante el mundo transfigurada y soberana al ensalmo mágico de la.
poesia caballeresca• del mártir de Missoloughi; pudo recoger y embrazar el olvidado escudo de Palas Athenea y
ostentarse bajo el pórtico derruido del Pa.rtenón, coronada con las rosa&lt;\ de sus canéforas y la sagrada encina de
los bosques de Dodona; pudimos admirar por la acción
voluntaria y concertada de Rusia, Inglaterra. y Francia
en el primer tercio de la presente centuria. al pueblo inmortal de Salamina y de Platea. regenerado y libre, entrando al ejercicio de sus derechos pulverizados por la

EL MUNDO

DOMIIIGO 14 OE MARZO DE 1897

Do n Francisc o Góm e:z: Palac i o.
(Ce.ndldat.o al Gobierno de Dnrango.)

Turquía, ha ido tomando su parte de botín; han visto desgajarse, la Moldavia y la Valaquia, la Herzegovina y la
Bosnia y hasta la mezquina Rumelia, y ellos no han podido hallar una mano que se tienda en su favor para sacarlos del hondo abismo de la esclavitud.
¡Pobre Creta!
Sus gritos de angustia no han encontrado eco ensu desolación, y Hécub.1 infeliz ha visto degollados en su presencia á sus hijos más queridos, Laoconte maldecido, la
sierpe del fanatismo musulmán, los ha ahogado en sus
apretados anillos ante el ara de sus altares que no había
profanado; y miserable Prometeo, se ve atado con cadePas de diamante á la roca del martirio, mientras el bui•
tre de la tiranía roe sus entrañas que sin cesar renacen,
al influjo mágico de su heroismo inagotable.
Y cuando tras largas lucha~ y tremendos combares, en
que la victoria ha estado más del la'1o del opresor1 tras
prolongadas vigilias en que ha acariciado el suefio rmposible de su libertad, ha hallado en su camino la figur:t
caballeresca del rey Jorge que como el Teseo de Ja antigüedad pret,ende libertar á la nueva Ariadna de las garras
de su señor; que como los heroes medioevales se apoya
no más en Dios y su derecho pani. hacerse el campeón de
los que lloran, de los qne gim 3n y trabajan; una nueva

Apretones de manos, since~os y cariñosos ha1Jta luego11,
campanadas, humo, y vamos ya á todo E-sea.pe; el arco de
la ki,ée se dibuja en la noche por la inmensa guirnalda
de los faros eléctricos que el rio reproduce y deshace en
temblores diamantinos. Losjt:rrl/8 continuan su tráfico y
cuajados de farolillos, parecen góndolas colosales que se
bal!1-ncean ~obre el Mississipi que duerme con una respiración de mño. -Calor sofocante, enfermador africano1 capaz, si durase, de convertirlo á uno en n~· y ese calor
pega?o á las alfombras, á los terciopelos, á ]~ serlas del
glt;eptng car, es desesperante. Salimos al balcón de nuestro
carro q~e era el último de una larga serie y abrimos los
ventamllos: un hombre estaba escondido en la escalerilhl; el conductor nos dijo que estos viajeros clandestinos
suelen establecerse en los techos y aun abajo, en los
trucks de los carros¡ aquel incognito dió un brinco y se
puso en S4lvo en la vfa.-Una nube de polvo arenoso nos
hizo entrar; los dobles cristales de las ventanillas apenas
guarecían el interior del dormitorio: una hora duró aquel
tormento; pudimos entonces observar la negra y espesa
veget~ción que bordaba la vía; todo ello lodoso, pantano•
so, miasmático; el miasma se convirtió en una nubP. de
mosq11itos, peor que las de México; una de esas que envuelven y saturan las casas del noroeste de Tenoxtitlan
en Agosto es una bendición, comparada con la que estaba llevando á. cabo la succión de nuestra sangre y de
nuestro sueño; esta nube deJmoecos era bíblica. Pasó-todo pasa-sólo el calor reinaba en la tierra· sólo la luna.
-en el cielo. -Cruzamos por lagunas ó estua;ios que bgrdan esta comarca bajísima sobre largos puentes de esta•
cas que, en el agua inmóvil, parecían cepillos colocados
por las cerdas sobre una mesa de acero. Más allá de Mobila ( en donde hay un colegio de jesuitas en que se han
-educado en }a. virtud tantos jóvenes mexicanos, como
Pe~e Echeverría). me invadió 110 el sueño, sino una es•
pec1e de sopor fatigoso de que me sacó la algarabía infer•
nal de u.na murga de diablos, en forma de ciudadanos
negros ~ ci1;1dadanas negras que_ en la estación H (¿no
era en L1bena?) celebraban el arribo feliz de un candidato para presidente municipal de la ciudad cercana. Bajó
el candidato muy tieso, muy digno, muy necrro• no
aquella escena nome pareció ridícula· en ml&amp;O'Oitia (est&amp;~
ba muriéndome de cal or ) sorprendí s~ fado trágico y dantesco, y esa pesadilla n p ri1ri me trajo el suefio, un sueño

•
••

Estas ciudades americanas, que come, Atlanta, tienen
apenas medio siglo de vida, empezaron por unas cuantas habitaciones de palo, pero luego en su nucleo van ad quiriendo robustez y el palo es reemplazado por la piedra
y surgen á compás del desenvolvimiento de los recursos
agrícolas de la comarca ó de la situación topográfi~a de
la población, en la encrucijada de varias vías naturales
( ambas cosas se realizan en Atlanta) los grandes edifi•
cios, el capitolio de piedra blanca1 la Universidad de
granito y ladrillo, el hotel monumental de ocho ó diez
pisos con grandes fachadas decoradas de columnas ciclópicas, y revestidos de sillares perfectamente tallados é
imperfectamente pulimentados, (lo que suele ser feo, pero fuerte y da, por ende, una especie de formidable mas•
culinidad á las construcciones) hoteles en cuyos- halls
vastísimos y confortables se da cita, para conversar, to •
da la sociedad de negocios de la ciudad, entre el Rata.u·
ram y el bar; las calles se alinean, iguales unas á otras
por las casas que las bordean, por los coches que las surcan, por la gente que las transita compuesta de seres que
se muevan velozmente como á impulsos de un mecanisinterior, que llevan en el rostro marcada la seriedad,
la preocupación, el ensimismamiento de quien está á pique de perder la fortuna ó la vida si llega cuando la manecilla del reloj haya pasado de un punto fatal. Yme ex•
plica el sillón americano, ese sillón de cuero ó de rotín
compuesto de pequeños lechos para las piernas, para las
nalgas, para las espaldas, para los brazos, para el cuello,
para los zapato!:!, para los sombreros;. esos sillones de que
no quisieramo~ los gordos levantarnos nunca, sillones
ideales, digo, reales, con la más cómoda de las realidades, y que permiten á ese terrible judío errante de su
casa, que se llama el pueblo americano, descansar tanto
en cinco minutos, como un emperador asirio descansaba
en una noche.
*·. *
. Para irá la Exposición-tiene Atlanta su exposición na•
cional, que no es una feria del mundo como la de Chica•
go, porque Atlanta tendrá doscientos mil habitantes
cuando Chicago tenga dos millones, lo que no tardará
mucho, pero que sí será muy concurrida-para irá. la Exposición. decía yo, hay q11e recorrer seisó siete kilóme tros, por un terreno en parte ondulante y quebrado. Se
llega, se paga yse entra por un torno que gira con sólo
que el que se coloque en una de sus secciones eche á.
andar. A un lado de la entrada un boceto de barracas y
sobre una estaca un letrero: m u:ica.,, viUage-:muy bien,
ahí habr.í dentro de unos días mole y tortillas y tamales
que algllnos vankees diC'='U que son muy de su gusto;
sospecho que é:.to es mera urbanidad internacional.

m•

-En In cuenca de un laguito artificial rodeado de fina
arena y de un cesped bien peinado -Y joyante como
una franja de seda verde, se levantan los edificios de la
Exposición, unos caei al nive~ del agua, otros en la
falda de las pequeñas lomas mrcunstantes. Todo muy
bien dispuesto, con cierto 1ujo de arena fina en las
calzadas, y de faroles elegant.es y de bancos muy cómodos y de platabanda.a d~ flores y de arbolillos
muy lustrosos y frescos. Visitamos el departamento
de labore.a de mujeres (más inferior á. lo que a9.ui
puede presentan:e ) y los de muebles, de carruaJee,
de maquinaria; el palacio de la electricidad, el pabellón
chino, el japonés, etc. De todo esto tenemos muestras en
las tiendas americanas de México¡ la exposición nuestra
aun no estaba organizada, pero estaba en muy buenas
manos. Sentados al borde de la rampa que rodea por un
lado el lago y sube al departamento del gobierno fede~
ral está.u l~s edificios de algunos,E~tados: algo semejante
á 1~ que las fotografías de la feria de Chicago nos dieron
á conocer.
Bajamos al lago, formado por dos vasos elegantes uni ·
dos bajo un p11entecillo de buen gusto¡ .uno de l.os dos va•
sos tiene en el centro una fuente con vistosos Juegos de
agua.-Unas chalupas de nogal, barnizadas como un
mueble de salón, y movidas eléctricamente, giran en de·
rredor de aquel doble estanque conduciendo viajeros¡ entramos en una de ellas y pasamos un rato delicioso; todos los edificios de la exposición se veían en derredor,
con sus fachadas pintorescas y J?resuntuosas, desde el
templo de las Bellas artes allá arnba, con eus inmensas
escalinatas y sus pórticos griegos de yeso, basta la falsa.
porcelana del kiosko chino. Allá al frente la mar y todos
los baques de guerra de los Estados Unido!:', sombríos,
torvos, con sus torres de hierro y sus cañones gigantescos y sus torpederos á uno y otro lado, 6 sus mallas &lt;le
hierro tendidas en derredor, para cortar el paso á los tor·
pedos enemigos. Sí, ...... sí, ... ...todo eso estaba allí, pero
pintado en unos enormes tablones que prolongaban la
perspectiva del lago y que remataban la exposíción en
algo así como un mirífico anuncio de circo.
En nuestro paseo tuvimos el gusto de recoger á bordo
al Gobe}rnador de San Luis Potosí, apuesto y campecha·
no como siempre, que, acompañado de algunos amigos y
de los comisarios de la Exposición, visitaba los edificios.
Pronto lo perdimos; una chalupa en qne navegaban al·
gunas elegantes y amables señoras de Atlanta nos abordó y en un santiamen lo hicieron trasbordarse á su b~rquilla, y á fuerza de amabilidades y sonrisas lo retuvieron cautivo, en compañ.ía de un intérprete, hombre muy
acrradable por cierto. Díaz Gutiérrez quiso arrastrarme
cÚnsigo, pero resuelto como estaba tt pou.r ca.us,. á. no
ocuparme en la gente, sino en el país, me resistí y le
dije wtfos.
La iluminación del lago, de los edificios, de los árboles,
fué un espectáculo encantador de veras; todo Sd refleJaba en el agua, que parecía hervir en diamantes y zafirus,
y las notas de las músicas instaladas aqui y allá, convertían aquellas multiplicadas sensacion1::s, _en cierta ine•
fable emoción de placer y melancolía.

•
••

Volvimos en la mañana siguiente, deseá.)Jamos ver el
departamento de Bellas artes. Desde la monumental escalinata que parecía tajada en ,la rbisrba colina con sus
magníficas balaustradas, sus está.tuM de piedra artificial;
desde el pórtico de simili•mármol que la corona, se do·
mina todo el contorno de la exposición¡ mO.cha luz, gran
cielo de día de fiesta aereo, los celajes como velos de tul
transparente y sin color. Detrá.s del p6rtico un vestíbulo;
es el salón de e~cultura. Muy bien. Los dos marinos gigantescoe, eebeltos y arrogantes que llamaron la atención en Chica~o, ahí están, en yeso. Admiramos un bus to de viejo, mmucioso, pero concienzudo y real á maravilla; Ull Falstaff de barro, soberbio de veras, tratado á.
grande1:1 planos, en la manera franca y atrevida de nuestro Jesús Contreras, y guardande en la pasta cocida la
huella cla1a del l!lic y del dedo inodelador.-En derredor
del salón de escultura, los salones de pintura; primorosas acuarelas, dibujos que, vistos de prisa, parecen muy
buenos y algunas espléndidas telas; muchas de estilo
primitivo, pero involuntariamente modernizado y ama·
nerado por ende; en suma el artificial pre-rafaelismo de
la escuela inglesa, que causa la impresión de un arte falso, pero seductor como ninguno.
No sólo los imita:dores del semi-bisantinisme de los primitiv,s están aquí representados, hay también impresionistas; de ellos son estas pequeñ.as telas, sin dibujo y
sin colorido, tratadas por 111edio de un pincel cargado con
todos los colores de la caja, que manchan Pin orden aparente; pero vistas de lejos y en cierto ángulo, hacen esta•
llar ante los ojos un conjunto de objetos que procuran la
sensación misma de la unidad ó hacen creer en ella; esto
no es pintura, es prestidigitación óptica al oleo. ¡Cosa
singular! Ví allí unos paisajes de árboles morados sobre
estanques blancos en que nadaban flores azules, que era
lo más irreal que puede concebirse; aquello parecia un
paisaje de ensueño, pero hacía sofiar. Sin embargo, ha ·
bía pintura de veras, en esa improvisada pinacoteca. Un
bautizo de San Juan de Faircbild pasmoso de relieve y
de verdad, aunque de colorido convencional;estonosparece al menos á los que estamos acostumbrados á una luz
muy cálida, pero menos matizad.ora que la de las regiones
frías v húmedas. Una danza de nifiosde Mad. DénvoutBretou. pintada (corno todo lo de esta bija de un gran ar
tista) con la intención de traducir la realidad y no de
parafrasearla; aquellas cabecitas de oro y rosa en relación
con el tono verde del prado, producen un efecto sabroso
de plenitud, de vida y de verdad. U na gran tela firmada
¡oh! ¡extrañeza! Madeleine Lemaire; ignoraba que la in•
comparable acuarelieta de L'abbé Co,,~tantin pintara al
aceite c-on tanto brío. Aunque bien visto, el cuadro resul ·
ta por la suave trasparencia de las tintas, algo así oomo
una tela pintada al oleo. con procedimientos de acuarela.
Es nna Ofelia, en escorzo, con la cabeza en el primer
plano y en el último los desnudos pies de campesina fia•
ca, que viene Tesbalando en su marco de yerbas locas
4

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 18g7

y de flores multicolores, por una corriente d.i!ifana y negra, el rfo de la muerte. La impresión total es embargadora; intensa la sinfonla del colorido, aunque compue1::ta.
con pocas notas de la. gama cromática, pero esas notas r~corre n todos los tonos, desde el alto hasta el Velado y sordo; y aunque la tonalidad es azulosa, no resulta fría; la
muerta vive. ¿Pero es de Lemaireel cuadro? Muchos bobos, yo de ellos, contemplan largamente· un cuadro de
Checa: [',,a "Mau1na11uia. Nosécuantasobjeciones pueden
haceroe al colorido, al dibujo, á la arqueología &amp;el compositor, aunque ya hoy puede restaurarse sin un sólo
anacronismo una galera y un ciréo romano, desde la estola de las vei!tales hasta las acróstolas de los barcos en lucha sobre el improvisado lago. Lo que sé es que toda
aquella masa enormesti movía, Insolas, las velas, los combatieotes feroces, los espectadores más feroces que los
combatientes, todo, pero todo como presa de un vértigo
convulsivo. t-,o!o el tmpuatrn- está inmovil, impasible,
inconmovible como una institución, fastidiado como un
dios. lTn hallazgo este contraste.
-Se nos va el tiempo, apenas tenemos el neces'U'Íu para lh•gar al hotel, tomar algo y marchar.
-Pero hay mucho que ver aquí todavía .......
- Bueno, pues nos alcanzar:ts en .\'ueva York.-Partí.

DAMAS

LA CUESTION CRETENSE.

: En _eetos momentos, el mundo entero tiene fijos sus
d1lata~os por el aso~bro, e_n la cien vaces gloriosa
y legendana ma~re Grema, y as1ete con doloroso interés
á un drama her01co cuyos actores puede1.1 sucumbir de
un momento á otro bajo la aplastante omnipotencia de
los colosos europeos.
.
La historia de este drama es tan 6Cncilla como conmovedora: Hace runchos anos que un hermoso país de va.
l_i~ntes, )a iela de Creta, cuyo mapa damos en otro lugar,
.gune baJo. el poder a~olutista de los turcos. La tiranía
de la media luna ha sido ahí, tan ominosa é insoporta·
ble á las veces que eee pueblo se ha levantado en armas
-contra sos opresores y entonces las escenas terribles
de asesina~os y matanzas _cometido@ por éetos, ha cla~ado· al c1e_lo._ Las _poten.mas europeas que anhelan hace
tiempo suprmm al 1mpt'rio otomano del mapa de Europa, no tanto para volver por los fueros de la civilizncion
y de la humanidad ultrnjadas1 sino para repartirse fos giro~es de _esa tierr~ vasta y hermosa, cohibidas pvr su política sutil de gabmete y por la misma promiscuidad de
sus deseos, limitáronse entonces á pedir al saltan las reformas que los creten@es legit1mamente pedían y el soltan las prometió y una paz siempre momentan'ea volvió
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::_r:} :::,1

Amaneció: las poblaciones, la9 ciudades, las estaciones
con sus grandes letreros en los salones de espera: wai.lm!J
room for wlute people, se su'c edfan con cierta rapidez. En
los bOsques, en los campos, en las ciudades, tlorecía el
mu.mcio, la flor postrera de la naturaleza americana, profanándolo todo con sus enormes cartelea abigarrados y
-sus letras hechas para ser leídtis :í seis leguas J.e distancia: /lohh, Ca¡¡toria, 1lluü, 1Yulri11,1, be aqm los ejempla1es
más notables de esta flora de cart.ón pint.ido. ¿SerJ. éste
el objeto último de la actividad dee:,te gran pueblo? In. ventar anuncios, poner anuncios, propagar anuncios. Eso
parece: las ciudades, que son aglomeraciones de paloma•
Seriora Julia Schmidtleln de:Bermejillo. (Fotografia Valleto.)
res, ¿titrnenotro objeto que mostrar anuncios en las veot!mas, en les tej,,dos, en las chim~neas? Un amigo mío,
hombre de empresa, agricultor entendido, premiado en
americano, me decía que muy frecuentemente la inven- muy bien, p:&gt;r.:¡ue las chim~nea:i de las casas no humean,
di versas expo3iciones, y benefactor de los pobres. Resición del anuncio precede á la de la co.m anunciada! ¡-Oh! ni hay g¿.nte-eu las avén idas: es domingo.
L0s barcoi llenau él río, 103 coches eléctricos pasan dió en Estados Unidos, en otro tiempo, siendo miembro
tierra del h•.w ib«.'l, bendita seas!
com) crust:tcaos fant.istic,H por las calles; la impresión de nuestra Legación, y en la capital de la Repúbltca, deEntre treinta anuncios de .,..Vutrina y c~t?ria divisa- de la grandeza de ests.ciudad es formidable, los btokx ro• dicó gran parte de sus energías al periodismo y al magismos esfumado. la !Jiiw~t,i, de la cúpula del C.lpitolio de jizos, se extién:ien ha3ta el horizonte y escalan el cielo.
terio.
""asbington 1 en una niebla tan ténue, que p.irecia un Ctlpulas, torres, chimeneas inveros(milmente altas, de
El sefior G0mez Palacio, tiene en la actualidad cuasimple d&lt;!slustramiento del cristal bruñido del cielo. En fá.bries.3 mudas, r¿.m1tes monumentales, puentes de
renta y cuatro afios.
el fondo de una avenida erig(a el ObelUJCo su piramidión fierro por donde quiera, eso es lo que resalta en aquel
El señor Don Cipriano Guerrero, hermano de la inspi•
de granito. Y seguimos. Una ciudad intensamente coló- océano arquite"ctural. Nue-Mo tren corre furiosamente rada poetisa Dolores Guerrero, e" también hombre de valer
. rada, pero enorme; con grandes manchas verdes de árbo• ·media hor.1, · para en otra estación y Filadelfia sigue, si• y de energía, que ha servido á. la políti..:a de Durango en
les aqui. y allí: dos, trest cinco, ochocientos, mil alina- gue, sin t(;rmtno.
varias épocas, mostrando siempre un nf)ble desinterés y
mient.os de casas coloraaas; las manzanas, diré block1J1 de
Salim()s p )r fin; continúa de un lado de otro la pro- teniendo como solo punto de mira el bien de su pahoy en mis, muy estrechas\,como cajas de puros de 30 6 cesión de pJblaciones y cas.i.s; llegamos Jeuey-City: es tria.
40 varas de alto, p.iradas so .re uno de sus lados peque- la misma ciudaride siempre, lo que hemo3 visto en todas
El señor Guerrero nació en 1844, contando por lo misños, y cuajadas de ventanas de arriba abajo, con sendas partes.
mo en la act.ualidad cincuenta y dos años.
persi¡¡,nas verdes. U nas cuantas puertas de campanarios,
.TomarooS' el.far_l¡, bogamos en dirección de un hacinaAmbos caballeros son muy apreciados de la sociedad
por entre los tejados¡ eso es Baltimore. Hasta luego.
miento indefinido, que llega basta donde llega la vista,
de Dnrango que ha sabido aquilatar sus relevantes mé·
He aquí las selvas de Pcmsilvania; hijas ó nietas de con~trucciones que manchan el cielo puro; todo eso rit.os.
de las que encontró el gran cuákero Guillermo Peno. acaba delante de nó:mtros en una punta; á ella nos vaSon magníficas; aqui la lucha entre el bosque y el ·mos acercando. LQ que nos fija é h1pnotiza, es una cúpuOTRO PAGO DE$ 10,000 DE "LA MUTUA,.
campo cultivado ha terminado por una transacción. la de de cobre dorado. muy alta ¿qué es esto, un templo,
Los árboles, dorados ya por los primeros besos gla• una torre? Es la. cúpula de la caqa del JVorlr.t, roe dijo el
EN TAPACHULA.
ciales de la estación, empiezan á no ser verdes, son amigo que nos había recibido. Y elj,rry atracó en NueRecibí de ciThe Mutual Life Insurance Company of
rojoij y amarillos1 parecen flores inmensas. Un pue- · va York.
,
New York la suma de {$10.00000) diez mil pesos plata
blito pintorescamente desbarrancado allí enfrente de
Jc~To Srn1uu.
del cui"io mexicano én pago total de cuantos derechos se
las riberas del Susquehanna; más allá, á. la dereMarzo de 1897.
derivan de la póliza núm. 566,701 bajo la cual y á. mi facha, las playas de la bahía del llm•re de Gru.cia, lleno de
vor estuvo asegurado mi finado esposo D. Agustín Escogracia, es cierto. Pasamos el rio: debajo de nosotros los
bar. y para la debida constancia, en mi car.í.cter de bevaporcitos surcaban lentos y airosos. Más allá, \\'ehnCANDIDATOS Al GOBIERNO DE DURANGO
neficiara nombrada en la póliza, extiendo el presente reington, una ciudad fiibrica; después Cbester, y desde
cibo en la misma póliza que devuelvo á laCompafiía para
aquí laa lineas férreas, admirableruente construidas, se
multiplican y coll\·ergen hacia una formidable esv.lanaE notro lugar publicamos Jos retratos de los Sef\ores Don s11 rancelación en Tapachula á 15 de Febrero de 1897.C,1ruu11 H,. de Escobar.
da literalmente pavimentada de vías fé rreas, .A..rnba de Francisco Gomez Palacio y Dm Cipriano Guerr~ro, per•
noaotTos pasan otros trenes como sobre teclados de gi- sonalidades ambas muy prePti_g.iadas, á quienes la. opiLuis G. )layen, E~cribano público del Estado Libre y
gantescos pianos; el aliento de las chimeneas, los pitazos, nión pública señala como candidatos al gobierno del EsSobdrano de Chiapas, certLfico que fué puesta en mi pre•
el campaneo incesant.e, forman en nuestro sensorio una tado de Durango.
especie de telón de fondo obscmo, tramado de acero y de
El Seflor Palacio, es hijo de Don Francisco del mismo sencia la firma de la señora Dofla Carmen E. de Escobar,
humo. A.bajo de nosotros hay otra estación mayor y más apellido, Benemérito del Est.ado y que desempefió altos por ella misma.
Tapachula, Febrero 15 de mil ochocientos noventa y
cruzada de líneas férreas! que la que atravesamos.¡ á su puestos en el país. Ha prestado el valioso auxilio de su
nivel se extienden las ca les sin fin de Filadelfia; ae ven. cooperación á la marcha administrativa del Estado¡ es siete.-Luia G. Mayen.

l

165

generoso, estaba que las potencias europeas pondrían nn
veto á Jas iniquidades de los turcos y admitirían la anex•
ción siquiera fuese provisoria de Creta á Grecia¡ pero las
potencias europeas piensan de otra suerte. Ante la cuestib11
capital de su.inestable equilibrio, nada vale Ja agonía de
un pueblo. Ay del que tome la inicia.ti va para desmembrar
á Turquía: el oso rm,.o, el jabalí germano1 Leviatan y el gn•
llo galo, se contemplan y callan. Impedir la acción iuopinada de Grecia era el sólo camino posible y Europa para no perder un problemático pedazo de tierrá. nefanda
en Torstuía, para no dar un choque al edificio de s11 política dificil, hizo camm común con los turcos..... .
Sus buques de guerra arra@arán á Candia y á Canea y
reducirán acasoá pol,·o, la trunca maravilla del Partenon.
Grecia que es el arte, la inteligencia; Grecia que es en estos momentos la humanidad; perecerá acaso, y el rny
Jorge como un nuevo Temírtocles irá á. pedir hospitali
dad á un enemigo lejano, después de haber asistido heroicamente á la agonía de su reino y á la ruina de rn
casa.
Tal sucederá si la decisión inapelable de lae potencias
no varía · mas entretanto, ¡qué sublime tragedia la que Ee
desarrol 1a en las playas doradas, donde habitaron los
dioses y ee hicieron marmol! y cómo levanta ras simpa•
tías del_unive~o, ese hombre que ha dicho á la orgullosa ommpotenc1a europea:

La Heroicidad del debil.

A pique estuvimos de perder el tren, unos entramo~

en unos wagones, en otros los demás¡ nos reunimos pur
fin y partimos hacia la Carolina meridional dejando :í.
Atlanta, la puerta del S,,r, comu la llaman los georgianos.
Con devoradora velocidad ealváb.imos una en pos de otm
las ~linas erizadas de espléndidos bosques de coníferas
que forman aquí las ondulaciones más bajas de los Apalaches y me dormi narcotizado.peramkn sUc11tire lu'M'. Al
despertar poco después, escuchando el ruido de los trenes
que pasaban y pasaban como visiones espectrales de reptiles antediln\'ianos. El rumor de las campanas de las máquinas, llegaba vertiginosa,nente· tocando un doble frenético y en el instante se perdía en un grito trtígico como
si se lo tragara un rezumadero del viento. Aquella rica CO·
marca que alumbraba Ja luna:
eRe nenvf,tr de pluta
t tt el lago de la noche,
había sido testigo de la postrera lucha, de la suprema,
en la guerra de Sece,1;ión. Aquí se babia preparado el dPseulace del drama¡ aquí Sherman después de haber traldo su
ejército desde el valle del Mississipí á. Atlanta por el ca.·
mino de fierro que él mismo const.rufa, había efectuado
• En marcha napoleónica hasta Saranah en la costa del
' Atllmtico y había subido deshaciendo canlinos é incen•
diando poblaciones, para impedirá los separatistas 1ehacerse, basta Richmond, en donde Grant tenía acorralado
al general Lee, como una jauría á un león: llegado Sher·
man, el león tuvo que rendirse. Aquí se jugó en esta formidable campaña el destino de la República americana
y del imperio mexicano. 1,Señores, decía Maximiliano ú
tres 6 cuatro de sus Cone:ejeros de Estado, con el parte de
la toma de Richmond en la mano, el imperio está ven&lt;::ido.»

t EL MUNDO

MEXICANAS

Príncipe Nicolás.

á. loa ánimos después de las t-remendas convulsiones de guerras sin cuartel.
Pero las reformas no vinieron nunca cual
se esperaban y si fueron en auge siempre las
tropelías de los turcos1 hasta hacer imposible la situación de la vejada isla. Esta tornó
á. levantarse en armas enarbolando la bandera de la libertad, y las escenas de terror,
imperan de nuevo en el sangriento campo
donde no sólo se veD.tila la cuestión de nacionalidad. y de autonomía, sino que luchan
á muerte, sm tregua y ain cuartel dos credos religiosos: el .I!;vangelio yel Korá.n, Ctis•
'to _y Mahoma.
Escalaron los insurrectos cretenses sns al•
tas montañas, coronaron sus profundos desfiladeros; sus mujeres y sus hijas desbandaron ·por todas partes, huyendo del al•
fanje sarraceno, deE!piadado y cobarde y no
hubo región del país donde no llamease la
lumbre del vivac, ni recóndita guarida donde no se ocultase uoa familia pere:eguida ó
acechase al enemigo un patriota resuelto.
?ero ¡ay! los insurgentes, los vejados1 los
justos oontendientes del derecho son pocos
ante la formidable avalancha musl1mica
que pasa como las antiguas tropas de elefantea cartagineses, dejando en su camino
arroyos de 11angre y mierubros palpitantes.
Los creten1es, que proclamaban su
anexión á Grecia como único medio de salvación, sucumbían sin remedio, ante la
cautelo1:1a impasibilidad del oso ruso 1 cuya
zarpada poderosa bastaría áaniquilar la.Su·
blimePuerta, ante el Leviatan inglés, sefl.or
de los mares, 11.nte el jabalí alemán de poderosos colmillos y ante el gallo de Galia
de recios espolones ......... .
En tan angustiosas circunstancias dejóse
oir una voz, y ee&amp;. voz no era la del joven
Czar omuipotente, no era la del Kaiser gimnasta y guerrero, ni la cascada de Lord t-:aliabury, ni tampoco Jaque ha cantado Ja
l\laniellesa en las callea de París. Era la
voz de un rey pequeño, humilde y pobre,
que ha poco hacía resurgir el explendor de
las olimpiadas gloriosas en el standium prestigit: do donde sucumbió el guerrero del\Iara•
ton. Bete rey no tiene más que dos millones de ,•aE=alloe y tres hijos heroiCOSj no
posee flotas poderosas ni ejércitos innumeros; pero debil y toda su voz llena de reproches se oyó en el Continente porque h~·

blabaen nombre del derecho y en nombre de la humanidad.
Puesto que un pueblo de heroes sucumbía ante la faz
inconmov1bl~ de la Europa "ivilizada, y puesto que esa
Europa ommpotente, como las vestales senudas inclinaba el dedo ...... permitiendo á. los victimarios musulmanes rematar su obra odiosa, él, el pequen.o, el debil saldría. á. la defensa del ,oprimido.........
'
Y Grecia movilizó sus tropas, alistó su flotilla de torpederos que puso á. las órdenes del príncipe Jorge, y est!ecbando en fraternal abrazo á su hermana opresa, sahó con ella á. la mitad del camino y gritó al muaulman
carnicero y á. la Europa formidable .
¡ Pasa 8i puedes.'
Ro el criterio popular llevado siempre de lo noble. y

Duque de Espart..

-Yo soy más grande que tú, porque
soy noble y buenoT

•••

El Príncipe Jor¡:c.

La familia real de Grecia hacia la que el
mundo enterovuelveahora sus miradas no
es una de las viejas dinastías de Euro~ El
re_y _Jorge I nacido en Copenbague el 24 d(,
Diciembre de 1845, hijo de Christian IX.
rey de Dinamarca, tenía dieciocho afiot
cuando fué llamado, por el voto de la Aaam.
blea Nacional griega, á ocupar el trono dt•
los belenos1 en virtud del protocolo firmad&lt;,
el 5 de Junio en Londres, por las tres gran
des potencias protectoras: Francia, Inglate
rra y RtJ.sia. El 27 de Junio, era declarad.1,
Mayor por la Asamblea Nacional, y comenzó á reinar el 30 de Octubre de 1863.
Había servido antes de su advenimiento
al trono, en eJ regimiento de infanteríaJru.
sa del Neva, del cual es ahora coronel· du
rante eu estancia en San Petersburg~, S&lt;·
e_n amor6 de _la gran duquesa 01~ Constan
tmona, nacida en 1851, y. con la. cual ee casó en 1869EI príncipe here tero nacido de estematri•
monio el 21 de Julio de 18ü8, lleva el nombre y el título de Constantino,duque de JIA3
parta; se casó en Atenas, el 27 de Octubre
d~ 1889, con la pr~nceea Sofía de Prusia, 11actda el 1-1 de JuDJo de 1870 y católica gdega desde el 2 de Mayo de 1891.
De este nacimiento nació el priocipt" Jor
ge (1 O Julio de 1800) en el castillo de Dee,-Jia, cerca de Atenas, propiedad que habite.
actualmente el P.rincipe heredero.
. El segundo hijo del rey de Grecia, príncil&gt;E: Jorge, nacido en Córfú, en 18U9, t s
cap1tá.n de navío en la marina helénica· eu
hermano menor, príncipe Nicolas, n~cido en A:-tenas en 187_2, llev.a en el ejército
las f!1nc1ones de capitán de artillería. La
partida del príncipe Jorge para Creta le ha
da~o de la noche á. la mafiana u■a p&lt;)pular1dad muy grande en su país y diríamos
una celebridad casi universal. '
_H~ aqui la silueta que traza él de un pe•
n6d.1_co europeo:
1
• T1ene veintisiete aHos y es uno
de los
má.s hermosos hombres de la Hélade como l_os guerrerüs antiguos esculpido; en
los fr1sosdel Parthenon.
Grande, sólido, ejercitado en todos los
sports, acaso también en 1¡1, palestra, est.i

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 189T

EL MUNDO

166

DOMINGO 14 DE MARZO DE

,11.0~

Fl. MUNnO

escuad_ras, siguiendo ~ 1-lidra.
y al Mi K adi en su camrno hacia el Sur y operando un nuevo
d€sembarque sea cerca tl.e•
Sphakia, sea en loa alrededores de Se1ino-Kasteli, sitiado,
ya por los cretenses.

dotado de una fuerza:'maravillosa, y los súbiitos de su padre
le llaman con admiración alhle·
ticos.prinkys (el prfncipe atléti•
co. ) No lleva barba para mayor
semejanza con los antiguos; es
robio, de grandes ojos azules
y frecuentemente á su paso
por las calles de Atenas, aparecen discretamente hermosos
ojos negros en las ventanas semi-cerradas.
Marino de corazón, ha seguido los cursos de 1a escuela naval y ha obtenido regularmente sus grados, aunque con rapiqez. Es capitán de fragata,
comandando la primera división de la defenE!a móvil.
El príncipe beredero de Grecia, duque de Esparta, ( el
Dioda(]W!, como ee dice ahí) es
muy amado, muy apreciado
por sus sólidas cualidades; el

actnal de la escena. Los sucesos en que enreda sUBargumentos Sardou, son una imitación exacta de la forma
que los sucesos aná logos siguen en la realidad; pero ~ta
semejanza es sólo en lo superficial, en lo más somero P.e
la forma: la verdad de estas ficciones dram~í.ticas no está
más que en el modo de las apariencias, y aún falta mucho
para que el interés que sólo puede nacer ante la contemplación de la vida humana ·representada, se produza en el ·
público, cansado ya del hermoso juego de las tablas, donde sólo se ofrece al espectador una convencional trabazón
de sucesos que, por artística combinación de fingidascua·
lidades, produce en breve cu!l,dro ·una especie de microcosmos, :representativa de mucha más vida y realidad de
las que cabrían naturalmente en tan estrechos iímites de
espacio y tiempo, si todo aquello sucediera en el mundo
real. Si eEto se nota en el teatro de Sardou, que, en lo
que se refiere á la verosimilidad del movimiento escénico
y de las fonnas de la acción, es quizá el. que más se acerca á las exigencias de la realidad, ¿qué diremos de los demás autores que, dando una importancia, ó exclusiva 6
predominante, á los distintos elementos del drama, ora
al carácter, ora á la elección moral ó la tésis filosófica
y jurídica, tienen tan eecaso esmero al inventar la trama
de su fábula 1 y menos aún al darle la vida, la forma dra•
mática? Dumás, por ejemplo, es hoy el gran lJ).flestro de
cuantos entienden que el teatro puede Ser escuela de tras·
cendentales filosofías. palenque, como el Agora ó el Foro, de cuestiones de Derecho civil ó Economía política.
Para Dumás el argumento es un pretexto para la tesis;
cualquier ocasión, cualquier hora, cualquier sitio le sirven para hacer hablará sus personajes del a,sunto que él
tenía entre ceja y ceja. Cada personaje, por ajeno que su
carácter propio sea á. todo discureo de probanza, va ex•
poniendo algo de lo que el autor piensa acerca del punto
de debat,e que traía preocupado á París por aquel enton·
cee: sea el divorcio, la situación eocial de la mujer extraviada, 6..... .la cuestión de Oriente. Nifios, ancianos, menestrales, pordioseros, cómicos 6 potentados, todo el mundo tiene en los dramas de Dumas algo que decir á la rnciedad para que no sé olvidA: y al efecto, se lo dice siempre con ingeniosa frase, en que la paradoja, la antítesiF!,
la hipérbole 6 el popular retruécano sirven para dorar la
píldora que ha de tragar el respetable público, representante de la sociedad entera cerca de Alejaodro Dumás.
Esta censura que escribió Zola en otros términos, es
justa; y así, el teatro de Dumas se acerca á la .""epresentación de la realidad aún menos que el de Sardou. Los
caracteres, las relaciones de éstos y los móviles porque
obran, están mejor estudiados, con más verdad y máa
profundamente, en el teatro de Dumas que en el de Sardou; pero ese teatro, como tal, como imitación de la vida en forma dramática representable, es más falso que el
de Sardou y más que PI de Scribe: lo convencional entra
por más, la abstracción se proclama, ó tácticamente se reconoce ser legítimo resorte del dramaturgo; el_ artificio
de la acción es más transparente, la ilusión menor, y todo esto hace que ante obras de este género, el público se
crea enfrente de un mundo aparte, que no es el suyo, que
tiene leyes especiales de tiempo, espacio y combinación
de sucesos: leyes que es preciso conocer de antemano pa•
rano pasmarse al ver tanto prodigio de casos fortuítos
que desempeñan providencial destino, y para poder interesarse con la suerte de aquellos comediantes disfrazados de personajes que en realidad no existea en ningu.na
parte. No, no existen, porque conocemos á runchos que
tienen aquel carácter, que obrarían así en tal caso, pero
que se diferencian de todo lo demás, porque éstos son
hombres y aquéllos son personajes de Alejandro Dumás;·
es difícil verlos y no acordarse de la primera página del
drama, que dice: «Personajes ...... Actares (fl.tP han creado

-11,t0a11-

Refraccione8 extraordinarias.
Conocidas con el n~mbre
de Hada Mor&amp;ana.
[l'ta se-=nuesiro grabado.]

M. Forel, el sabio profesor de

Laueanna, ha llamado la atención sobre las diferentes re•
fracciones que se rproducen en
la Puperficie de los Iag:os, y una
de las más extraordinarias de-las cuales, observada desde hace mucho tiempo en el estrecho de Mesina, es conocida.
con el nombre de Hada Mor-

príncipe Jorge es quizá,má.s ·po-

gana.

{)Ular, por sus ímpetus,su buen
humor y su vida externa.u

Está, de una. manera p:eneral, caracterizada por el hecho de que los objetcis situados sobre la ribera opuesta
del lago, parecen siJ;1gularmente estirados en el sentido vertical¡ las rocas, los muros, lascasas, parecen transformadas
en• inmensas construcciones,
de las cuales los itali-anos han
hecho los palacios del Hada·

*

A. las notas* *que damos en
otra parte sobre la insurrección cretense, y á los grabados
de Creta y de Canea, punto de
concf'ntración de las íuerzas
navales y militares puestas en
movimiento, nos. parece útil
flñadir una carta para recordar
Mm'gano.
•
:í nuestros lectores la situación
Los Hada Morgana son1 un fep:eografica y la configur;ición.
nómeno extremadamente inde esa isla.
estable y que no dura, en gene•
Los griegos que hasta aqnf
ral, más que unos cuantos mi~
obedeciendo las sugestiones de
nutos.
Europa, habían prestado á. sus
Cuando cesa, el objeto, cucompatriotas de Creta socorros
yas dimensiones verticales espuramente oficiosos, han entaban tanagrandadas, tomafre•
viado oficialmente dos acorazacuentemente proporciones exdos, el Hidra·y el Psara, seis
tremadamente reducidas. Cotorpederos, una corbeta y cuamo M. Forel lo ha comprobatro trasportes, de los cuales el
do, los Hada Morgana no ocuMi Kadi ha llegado el último á
-pan más que .un segmento-li, las aguas cretenses. Han desmitado y perpetuamente varia-embarcado en la bahía de Koble del horizonte; inuy cerca de
lvmbari y desde el convento de
ello a •Be producen frecuenteGonia, el coronel Yassos ha de
mente refracciones de un orden
cretado en nombre de rey de
completamente diferente. Y&lt;&gt;
Jí)s helenos, la ocupación de la
no los he observado en el lago•
isla, especificando que «proLéman sino en tiempos tranmetía proteger la vida, el hoquilos y cuando la temperatunor y los bienes de todos los
ra del aire es notablemente
habitantes de la isla sin distinmás caliente que la del lago;.
ción de religión.»
marzo, abril y mayo son los;
Francia, Rusia. Inglaterra,
meses en que tales fenómenos
Italia, y Austria Hungría, disson más bellos. Reproducimos
ponen en las proximid'ades de
en el grabado adjunto una foCanea de nueve acorazados,
1,0grafía que fué hecha por los
diez crac.eros y tres torpederos~
Sefinres Picard de la Cllauxssin contar con los refuerzos
de-fonds, á fines de 1890, y que(tUe están enviando.
nos muestra un efecto de miraLa cuestión cretense,-lnsurgentes de Creta haciendo fuego á una columna turcaL~s montañas.
Los periódicos europeos di·
--_..
Je obtenido con una barca socen · que aun cuando se senEl resto de la isla escapa á su acción y el bloqueo total bre el lago Leman. Se notará la desproporción de la8'
tiría uno tentado á creer que el proceder de los griegos
es una locura, quien así pensara.. no conocería la auda· es imposible. Asf, de una parte es probable que los in- velas del verdadero buque y de su imagen. Cuando se tocia prudente de ese pueblo. Todo lo que pueden hacer surgentes tomarán sucesivamente las plazas importantes mó la fotografía, el cielo estaba un poco nublado.
M:uchos eabios, entre los cuales citaré á Humboldt,
las potencias es ocupar las ciudades de la costa _Septen- y arrojarán de eJ-las á las guarniciones turcas. En cuanto
Woltmsnn, Charles, Dufour, han hablado de los Fataa
á la flota griega, bien podría evitar un conflicto con las
-trional, 6 sea la Canea, Retimo, Candfa y Sitio.

estos papeles.u

LEOPOLDO AJ.AS (Clarín.)

La cuestión cretense.-lnsurgentes encendiendo señales en los montes.

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Mapa de la Jala de Creta.

Morgana; -pero hasta el presente no se ha dado, que yo
eepa, explicación satisfactoria, porque en el caso en que
el aire ee más caliente que el agua del lago, observamos,
ya loe Hada ;Morgana, ya, y esto es lo más frecuente, el
miraje conocido con el nombre de míraje sobre agua jr'la
y que ha sido muy bien estudiado por Bravais, en este último miraje los objetivos apartados tienen eus dimensiones verticales reducidas. Parece singular que lae mismas
condiciones térmicas pueüan dar nacimiento á dos mirajes diametralmente opueát.os. He aquí cómo creo poder
explicar eeta anomalía aparente.
Observando muchas veces loe Hada Morgauacon una luneta poderoea, he testificado que, como en realidad, los
objetos no ee agrandan eino que se producen muchas imá·
gene~ superpuestas del mismo objeto? que son ya directas,
ya enrevesadas. He contado hasta cmco, como esas imá.genes están en general, muy aproximadas, y aún á veces
tocándoee unas á las o\ras, es muy dificil separarlas á la
simple vieta y producen la ilusión de un objeto agrandado. Algunas veces una parte solamente del objeto, da nacimiento á imágenes múltiples. Aef, yo be vjsto frecuen·
temente barcas con dos espolones: las velas no presentaban nada de extraordinario; algunos instantes después
no quedaba más que un espolón y las velas parecían gigantescas.
Parece resultar de estas observaciones que los Hnda
Morgana no son mas que un miraje de imágenes múltiples.
El análisis metálico puede por lo demus dar cuenta de
los hecho!! observados.
En su noticia sobre el miraje, Bre.vais demuestra laposibilidad de tres \mágen~, enel caso enque~U:Ba--cap&amp;d&amp;
aire caliente vaya á superponerse más ó menos bruscamente á una capa de aire frío y cuando la calma subsecuente de la atmósfera permite á esas dos capas subsistir
algún tiempo en su estado.» Pero eeas son precisamente
las condiciones que se llenan durante la aparición de laa
HadaMorqana, puesto que, como lo he dicho más arriba,
es necesario para que el fenómeno se produzca, que el aire

esté muy tranquilo y notablemente más caliente ~que el
agua. Esta existencia de tres imágenes no es más que UD
caso particularmente simple de las Hada Morgana. Yo he
ensayado explicar el análisis, la producción de cinco imágenes que yo he observado, pero me he detenido por la
complicación de los cálculos.
Bravais muestra también, cómo, en el caso de tres imá~enes, ciertas pQ.rtes solamente de UD objeto, dan lugar á
imágenes múltiples: este fenómeno se-produce igualmente, como se ha visto.
Por último, si se reflexiona que dos capas de aire de
densidades muy diferentes no pueden permanecer largo
tiempo superpuestas, la una á la otra sin mezclarse, se
dará. uno fácilmente cuenta de la instabilidad del fenómeno y se comprenderá por qué los Hada Mvrgana y el
miraje sobre agua fria pueden sucederse tan rápidamente
en la misma región del lago.

PAGINAS DE; AR.TE;
EL TEATRO FRANCES CONTEMPORANEO

SARDOU Y DUMAS

Hay un teatro contemporáneo, el francés, que algo tiene de lo que el nuevo drama necesita; pero que por vicio
inveterado y de herencia en todos los teatros latinos, no
puede, si continúa con los dogmas de su tradición, llegar
á las condiciones necesarias de una obra dramática digna
del tiempo.
En las obras de Sardo u y de Dumá s; se ve la vida

Una barca sobre el lago Léman.-Efecto de espe•
jismo.

�EL MUNDO

pOMINGO ,4 • Ol MAltZO OE •&amp;91

r

DD■ l ■GO

,4 Dt MARZO Dt 111117

BL MUNDO

&amp;n la fuente.

�DO■ l■N

, DOMINGO 14 DE MARZO DE 189?

BL MUNDO

170

in,•eroeimilee y ·decreY.do que einC1lea1a cocodrilos eeco
gfdos entre loe más sensibles del Nilo, airJesen s~ fune ...
ralee y llon.aen en cadencia; un prfnet~ de Hungría
acababa, por despecho de ser rehUBad.01 de ccal'l8 con
une; bailarina cuya reputación no era menoa ligen que,
lae guas azul~ y I088daa que flotaban alrededor de ID
cuerpo; por úlmno, doe condes y algunOR viscondee, aetevaronee, nueve chambelanes y cienM&gt; diez y ocho enudianlel ( de derecho, medicina y_ aón de &amp;eologla) oe morían de amor por ella Bin remedio. 1A Bella ~m'iauecia
impaaible ~ d o 4 ID prlncipe encan'8dor, y el viejo rey conlmuaba ganando á an cbambelan •-nnade
aln experimentar la menor oorpreea de eu vena inago'.
lable.

..

•**

la pnnoesa tenla el Mbilo, en laa lardee de enio. de ¡,aeearae en el parque del t..Wlo. Bajo el cielo claro y hor-mlgneante de eolrella•, eradelicioao relardane ul oen,a
de loa parlerrell y de loa ,,bolea.
Y be aquí qne uDa noche, en hmo que lllOOrrfa la ca·
lle principal an llnamen'8 81llll'8Dllda que oo llé eicuchaba piada algnnL vló levan- an'8 ella 1111111101Dbn pisada y luerle.
-Qoi~n eolá ahl'I exclamó L4 B,11111, qalfn e,ü abl?&gt;
. Pero ninguna vos reepondló, la bermooa prinaelll, ein$16 B01amen'8 doo bnzoo vellndoa y potenlel al rededOI
Je en cuello. ·
.Oh! Dioo mio-murmuró; aoy m'!'!""I B, una bealalo
Era en efecto una enorme beatia, de piel -eedoa 1:aaa.... &amp;lrecbaba á la princeoa Bin hllcerle dalló, mente.
•Acaao eo una boMia eDamonda de mí• 'D81116 ¡.,..
dialamenle la pñ noeoa. Y
oe -u:,mquilfs6.
Eo$a ideo en al nada lenla de lllamla, paell!&gt; que Lfli.:.
Batia, deepoéade habAroolooado nnap,1111 ~
'8 aobre kle lahloo de la pri-lemann
-1&amp;1 palabrae llenaa de ..nlido. •Yo ll9rteneJ9o al""animal; no lo probaré pero 101 hombreo 7 todlll!lolll ralillM dipoe de fe oa lo aaegtl?&amp;ñ'!, y
me A!""la, porque yo oa "'I'º como 6ingml
ea

1,,.

T..?::.-

am6Jamú.•
la vos era melodloaa, la Plla--,erftun,-la 7 ~

ye,.'

onrioaa, en lugar de oenfü el maigo brmal
ella el !ria delioaclo. Pero LJ Bella no 11e ~ en
delalle¡ ~DO que oe ain,i6 mi,y_
\ia lan ni nata I formidable hubiera
ID
111 hermooura. bula el JM!n'8 de Ir, e ~
4_ hacerle en ~rmlnoa eipblklaloo, 111111 deá1I tffn ,,...
monada.

• I&amp;

t:he~~.:,;=

14 H

JU. IID!IDO

IIAII&amp; 11&amp; ~

-

alguna .... copiaroe•no babéia vialO,
. como enceale lompo,
en la pupila de una jo,en virgen .
que ea de ..,. padree y 1111 hogar e ~ ?

l
A11' en la AuYemla, oaal oculta enk'e tao nubeo, habla
una chOBa babllada por una mujer y un nlllo de clnoo
alloe.

Rioardd oe llamaba el llillo 7 :'lbrla m mad!e.
.
AmbOB oanofan de lo máo .....-rio; -1-n tao no•
obee abrazado• a!11_11t&amp;loaamen'8: &amp;l frío era lnlenoo 7 no
'8nfaa oon qué ahripqe; '8Dlan hambre r lat fallaba ua
mlaarable ~ de pan, ,
la madN .......,. meclend&lt;&gt; al hijo;
oanlaba oon
TOS doloriaa; ID caldo era UD himno fa.oerario; Ull ¡ayl
ilel alma; Hlenaado por el bambra, el nlllo
ceMlia el canio de la maire; lae &amp;lnlebtao lo
-:ool'flan tocl,,, '/ oa!a 1t. nleft y aullaba el lobo en 811
-madrlguen,.
.
l'u6 eUlempo: la mama. oe lnolluba 1-jo el peao de
· loa 'f el nlllo cftlOfa á eu llldo, como crece la verde
rama ja•lo al oaroomido
lUeízd&lt;&gt; '8nia 111111 lllarmola á la que bab!a enaellado
mil lliaClu 7 11ue ballt.ndo al 16n de-piado orpniJlq, léeprnporol!laaba el a,llleBIO, •
. J.A mildm 111 8.n m11rl6 t el nillo al aolo cogió 811
~ '/ IU IDakatmnlO 1 abandon6 la oaballL
-Yllp,lldo llf)r 1\111 lllOúallali hacía ballar 4 811
711. . .olo UepDa lt. noebe 110 '8Dla m4a leoho
ni m la oarlclauú arrwlo, que el
. - , .:' - '
1tlrqirdelaellerao á lolejoe.

pan&gt;

le

uonco.

e

!!!l~¿,!t'!:

ll.

üinlrDo,
l::t!•Mo
-. i.. ~ nnbea•
~

• ,;e-: batfa 11,ll &amp;fo IDlenoo;

JI~• la ~ 111 rfclda ma-

~• rc:iolpi:.,...,. ~
!In, qae dejaba
« !~ kll lilllmóe._ vlbraa en la

_,¡¡.,...

............, ....,_,.do,
nadie •ifa' el lafalla.,. bambre, tenla
Y oon - n o ~ ~ ua:que dalla, l a ~ -.

,_

t,¡alen'ldc,a aólodad.

¡ilérnaa 7 oay6

n -

¡ ¡anri6a.

....~o,¡-+•········.......................

Y-'°•en"'""'""•""

Si '911881n alma ha podido
an'8lo pu-,,
aenUdo babd tambiéa goce Inefable
á1 no haber periorbado
la oahna de la !neme o,iolalina •
áqnéhrinaabaam~
la aeln OOD &amp;IDO?, ni la pu dÓloe
del corao6n laoamo
de la lnooan'8 joYen, de IDO padra■
O'l"llo noble y de 811 h&lt;&gt;PII encanto!

;.rban como 4 inlrnlo viellanle de

)Jabla111111no 111111~ qne era hermooa como el

4fa;eraUDniábermooaqneeldla, porqueeeleúl\imono
ele caando en cuao4o, de levan- grie
1'_1Rlviolo,_en""'° que la pñD088&amp; oe levanlaba siempre

"'Cptbe

~,-ie.
Ella JWh&gt;ówai.mfa

-.~lle

p o r ~ ' an 'fiejorey,muy perepil&gt;aba.toilu 8118 . - e n ·jugar pokar oon
118-iietan' elle 6111mo no ncilaba en portier • - . - lle cioda oinoo; 111 ee que el viejo rey enoonlraba,
al pobr el dl'l81ildo"de eae Jaegoe y al cbambelao
,1muiQtrl$M!de 8118 fanclonailoe.
B1 lt. pnD088&amp; oe hubiera Gallo , BU real padre para g:ne
~ en médúe8ol6n, babrfa llevado elgrap chúcO;
-111111pr!nceanomenoeaneadaqae bormooaymuy
i tiempo, IOm6 el IIBltiio de dlriglne por 11 milma, ro·
clé6le ele ......,..,1.e loe 1114' U - aprendi6eldibQ\O,
plm6 en pottelana, ejecm6 n i - brillamee y oe con,nr¡¡c, en nn,..... de la •ocali-i6n.
Oaando hubo lllqalrldo $ocl¡ie 1M perfeccioneo, locluai •
....._1Jtm6 '- 111 padli, '1 le babl6 en eo1e 1....,..¡e,
hermooaoomo el ella,- eo cooa.oon..,nlda; '8n·
1111 7D aola mú """lldadee 4"" IOdu tao mocbachu del
reÍÍIO ¡ . - Qa6 ~ bilcar de. ml?•
~ I l'l!lll&lt;liidl6 dllUllidomenle el viejo 1ey.
-Ah! eao eo $oda lo ln'8rean'8 que '8néia quo propynaunet
~I
'-'llell.rilll, I R ~ Oonquo _,,.., eb? y sin ras6nl P!Rll"" no Nn6ia la menor razón para caaarme. Reeponded......
.
-Tengo 111111 ru6n u:celen'8 y eo _ , He llegado ,
kle - • 7 alloe. Tú \ieneo vein'8; eoMi• en la
• edad en que lle tao majeree; yo, _,y en la edad
en qoe nno tao deja; no qalero dejarle 101&amp; y abandonada
• •u eale 11111ndo, e n - que me lamo á conocer el °'ro.
Ene doncella, eree nóbil; no fallan por ahl prlnoipeo he•
n,clerQo; eerú reina; eao 1ormará parle de ,u carrora, y
• no pc,dria rehDBUlo.
·
· ~ n peidón . . - , m e ~ eer reina, peto no ser
la mu¡er de nn rey que me ~ - Aceptaré el malriioónlo IR • preeenla 1-jo un upeclo eeduclOr: lind01
ojoo, labloa llnoa, diacnnce liernoa f elepnle aa¡,ecl&lt;&gt;;
pero oa preTengo que no me casaré 11no en esu condi•
clones; quiero ~ á mi amo.
-BaeD!)J boeno, dijo el viejo rey, obrarás, WanM&gt;j'?;
no has le1ao mncbaa novelas y no semo que hagas nece·
dadee. Pero ai qnieree darme guolO deepacha pronlo. Por
ahora es preciso que te deje; mi cbambebin me eepera
hace \iflmpo y como-~ mú jugador que hU cartas, me te'!10 que haga ~na bilis y se ponga mb amarillo que los

-

.-r

•••

"'"'''·

limones.
Dicho esto, el viejo rey dirigióse á la cámara vecina

y ganó la pan1da.

•
••
Cuando se mpo en el mundo
.que la

prioceea, la que
era llamada L,,•JJdl,a, estaba deeeosa de contraer justas
y RUiituosae nupcia!I, todos lo9 príncipes, duques, seftoree, ee rascaron simultáneamente la oreja derecha, y.

-¿Dó•

fa~-•

,

m

la lnna, oomo ho■$1■ oe eleva en el Orlenlol; la8 llaa, como UCrlmaa oe lllOID8D en el cielo; lao olaa, como
qlieju, eollolim en laa pla,- Y la lnna 11.no 18 eleva, 7
tao el&amp;reltao qm, lloran y !u o1aB que lll8plnln, ¡qaé-°"'I
OOOI 110D, lino Plepriaol
IV
BI e8urió de tao llora■, el mormullo de 101 b,e¡1191¡ el
-DIO de la lira, ta,, ......... del poela, el hamo de loo
t-ioo; In qne -,Ira, IOdo lo que aolto.a y &amp;o•
qae eepera. IOdi&gt; lo qne • nrdad, y ■mor 1 gloria,
•ete111á Dice: todo eol'leprial

:i:

. ..,........
'-~~e~delaba-=t..

......, aol de l a ~ y aajapla¡
elal-1, la~ylatJONU!
~ m lieMDioa f11UtL.
•

¡Ah, q~ rlaa"' . . . . , lllellOlpncJ¡o
la eocie&lt;WI, que-elé.. biqano ~
á MI lalea Ylilnd '1 bOIIQÍ' ~ ·

&gt;odm

El cielo de aquella larde en eapl4ndido, imponen'8: en
el horlaollle llbi:uado de lnmenoo 19Jo. 11e 4iat&gt;lomaban
loe _,,,,broa de un mandq incendiado la Tfapera.
~ lt. noehe, eDlri mil aml¡oo alO&amp;lé de la

ución.

•
••

.

-¡Oh! onánlO ,iempo he ngado lejoe,-é, lncban·
4o con la fatalidad empellada en retardar el ownpli•
mienlO de mi m• ardlen'8 deleo; siempre ta recneido
ha,i4o el ideal, el alma de ooru6n qae le peneoe. Ven, dime que me mnobo, que.,. nadil podri,
IIOllMU"OI en la vida!
~ • - . -'fflima, la rnb)a cabes&amp; '" lnolin6 aobre
mi homht,,¡ deepnéa nn beao de fnego nnl6 n-raa
almaa.
.uf, en dnl- coloqnloe de amor, de promeaaa quo oon_ . lae lipimaa de A:lke, oorrleron tao iw-......
lndndahlamenle, niDgón morlal ha aldo má dlchoao
que :,o en 8IOI JDOlll8llkllp 11Upremoe. Juro que u:la'8 la
felicidad,
.
Quisá el dJa oe ooercabL
-Tengo eed, dije, deoeolOmar abro qne refreaque mi
p,pnla; la lli,bre me lnftde: ...,., , _ ,
•
-¡Aqnl no hay aguo; ftJ&amp; 4 IOlnarla i m oaAI me grl•
'6 nna voa eolenlOrea.
LA PLEGARIA
Abrl 101 ojos proluadamen'8 uutado, 7 vi delan'8 nn
lodivldno lonado en _,..ób611 ,peme íalraba elapel .
lallar...... Era un Gcmfiffl J; ta - ·
•
No aolamen'8 lieae ánplea el cielo,- también hay nn
-yt ,.....nw. ¡Qué , . t,o,,;r ¡,1.11ee
d6•
anplenelooruón;elangeldel ooru6nee la Plepria.
de ei,W?
•
¡Ay! .lOnúlo habla deliiadol
'
11
Al
1&amp;1tr. del Oafé. ml edOl'J!'! IIO;P!!do ~ r "''" ,...,_
Al _ , la larde hay eipllmu que oe quiebran en Ju beu penll6 el ~lúllbrlo y éll en ilerla:
olu. h•r nubea que • dlafar¡lait en el eier y rayo,, 4J18 mó 7 me d4DOllii6 en el l ' i ~
.. - - D e n lo a!IO. F.aaesplllDIII, , .... Dllbee; y
Buenoo dlaL·
9101 rayoa, ¿qué Olra OOOI aon, lino ple¡pmu'I
VtmoalpíJe.

¿Qnlén oaad decir q,w t a , ! , ~
Ml 1188- eepleadQr 1 kl■udll
cubren una al1111&gt; 81J1illadora, lrta,
nido de la tnlei6n J la la,....nt

inurmuramn , coro; "Dlablo!t!• La prinoeaa oonaitufa
nn admirable parlldo; en primer ¼ugar era de una bellesa radianle, de una belleza tal que cerca de ella, d&lt;,llaa y mujeree gaa(llll pu,,ofan ie&amp;B, de \in'8 anémico 7 de
ojoe •In luz; en ,egnndo lnpr ~ temlOrioa tan IOI que la8 ren'81 11.ubi-n bailado para la manulenc16n
de m,1 puebloa; -por 61\imo, era indudable que 811 marido no oe laalidlarla Jamáe. porque lll llllenlO '8nfa doneo
maravilloaoa de am!lea y de riilela; lldemAa &amp;ooala ni•
- brlllanlea y oe excedla 1 11 milma en lt. vocallTolee coneideraeionee explican qae 4 l"Utir de elle
momenlO la _capital del reino de 1A Bdlu vleoe aeud1r
prlncipeo aegllid01 de noollaB · deelumbramee, eelloree
qne conduelan un ,ren labnl~~ ~lanee y emirel - -palladoa de elefan'81 7 de bayaw,rae.
Diéro111e lleelaB estnordlnariu en que ~
lluéepede1 diapu'4ronee el lujo y rivalizaron enlllllgÍ!l!I• ·
cl6n. La prl11C8111 asiRió , ee1o1 rel!GCIJoo oon nna pme,¡1&amp; Indiferencia y cuando 811 padre fe OÚJI~ gue deletml·
naae algo, eeoogiendo en,re tanlOI dioünpidOI oandldalOI, reepondi6:
.
-Me. apena no poder aliu IMiellce""'; pero nin•
gano de 8IOI oe11oree ha eabido ~ Tod/31
·aon genlel 1in lnlerea; 10n nécloa qno cleoeal1 mla ble·
nea y mi corona; no hay uno, lo he comprobado, que me
baya mirado de o,ra manara que como 4 uaa meroancla
de precio. Pl98ero no cuarme 4 oer la oompallera, por
no decir la eeolava, de uno de eaoe rldlcnloo mamarra·
choe. Esperad, mi qnarldo padre, '8ned ~ a ; __,
vendrá el fam010 prlnclpe encanlador; en IOdo caao, para malar el $iempo . y oonoolaroe lendréll litlDlpre , , , _
lro chambelán; acaao eelé, de lanlO -raroo, en a¡onfa,
mu no ba d&amp; eolar difuDlo alln.

encanlada dei·.

Neoeel~ alannoo inllan$91 y annoé luego hacia ella.
-El cielo, la dije, 18 abn, delanle de mil ojoe. ,Porprl·
mera'Y9S.,,.
·
-SI, por primen no, repi\ió levanUndoee y wndl6n·
d&lt;&gt;me oilrlll- la mano de marllf, la eolllllaDOia noa

hLIP■ TuEBA.

LA 81LI.A Y. 1A BESTIA

811

,~

cledoll ~..
lamumoiaq,'8

:icm'lo¡ 11B iuldo

•J6

~

detlenaliilbrelu

tmllfk\

'.eJble•nn llruole¡n-

■ 1 do an llank,,
M.LÍIIIIQIIOD'.nor.

Noo JIIOPODWDOI leáejar el ú!IO faYOnble de nn Jan- de amor. nn S, mil - ~ c o n anhelo ln4nllO.
X. llbacicmes .. l1108dleron oondemuiada lreoaeaeta•
lt. ooa.......&amp;6n ex-1va, onimailfllm•
elevó al
mejor grado deentaef:emo;el pnnnme-,,,;,-denrllami•
~ 4 cada paoo
can:ajadae, pilOI de
lJ:uM;I• a-.,ia: baalamol nn mido do mil demonloo.
Jll e■beoa era DD votoin, la oen$la , pnnlD de eelellar·
enravladOI ......- ~ la lm en lbÍ
.
. -joll ....neotanoo q• piaban en •priobOIIB
NOCloaee; Indo
rico muebla]e del (Jalé :oobNba é1l
derreclor m!o; :,o m181DO -.bfa-nder de mi Ji,reo- •
aal -bllida&lt;L laa plernaa oe i...i.tan , _ _ el pe., de nn can,bro donile aa ogllaba la '8mpeelad.
En M oon la copa rebOBante del oltampallr, en la ma•
no, gril6, miB ami8"I' •Porellal Por la rabia - ·
~ me eaparal• SI, beWmoa lodoa por Alicel ";8"

.=,

•rooaa

es:-

Y mi lD8IIO ~mola llév6 , loa labioll la birvlen'8 bebi-

"':'.;:e'.:;

U DO á uni&gt;, 101 prlnclpee deepechad01, oe ..iraron,
muy hendoa en BU amor propio y enfadad01 de haber becho 1!111'°' considerablee sin el máB ligero pro~o. Su
única ooneolaclón filé, para cada 11no, haber eldo recba- .
rado como IOOOB loo olroe. y no haber vlMO preferencia
por nadie. Ra¡¡reeabaD aviD81'a40B del carácler y la ODI·
nlóD que ahora lenfan de la princeaa, le era,_ mnoho
menoo favorable que el dia de su llegada. AdmirAbanoe
de que eo la hubi- llamado La &amp;114, como si fuele la
10la mnchacha bermoea de la "\ierr&amp;; enimaban 111 talen~
k&gt; vulgar, au conversación sin brillo, aua ap&amp;itodee llricu comunes; no tenla más que 81l8 im,ortan'88 riquezu; ··:«Y, bien1 ···oea 'Iºª
reepeclo 4 eellB la ideo de los prelendienlel DO babia va- di~ un di&amp; ila pnboesa, deopuéa de un dóo amorooo,
riado; persistían en jmgarla con complacencia, y habrian el 1,oven eenor, que acaban de de•P'!larae de eu oabeza experimen'8do un placer sincero en adjudicárselaa.
de,.oeo ytenfa enire 109 mll.llOBSO diafru per!!imado.
La prlnceBI ee burlaba de !u hablillM y rumoreo ma:-i Ah! respondió L'l. Bf!l.li,, decepcionada. Esto ea ho,.•
licioeos aobre en conduela y BU caracter; abfa que ata mble! Mae na hnbiP"' valido ser bestia que flngirlo. Yo-•
d,,maeiado bella y demaaiado buena para hacer la alegría estaba del tod.o decidida á. acordaros mi mano cuando voe
del hombre que amara y eaLe pensamiento baetaba á me o~~Mie vuestra pata. Pero ahora .. , .. .-... Todos mil
mantener en sus labios una eonnsa maraviHosa. Sin em- c~mphm1e!}to8 para vuestra piel, querido mío¡ lo hicí..,
bargo suspiraba un poco, el príncipe encanUdOI' se bacía . tieis muy b1en.1J
esperar demasiado,
Y se faé á encontrar á su padre, que acababa de ganar·
Pasó un ano. IA Bella permanecía insensible; no obs- so o,~ partida de pókar.
tante, un rey de Eitipto acababa de malaf'l!e por amor á
RoHÁN Cooixs.
ella, después de ha~r cometido cierto número de locuras

·;~·;;;¡;;·~--~·;;;;;¿~

·~

(111: Elm.■ DK Voe.)

Yo amo la■ beH■e lloree que DO han .ido
toaallaporlamano
de mdle; 7 me p■re'l8 9ae ee BU eeencia
mnobo má ..,.. oaanclc&gt;
no _,.,..i,,a. Olllénlanoe aáD ergnidaa
· aobnt 811 prODlo tallo.
Dejad tao """"' al ñ,eál f - l e ;
• deDIIO 80 • nido amado,
dejad loe paiarllloa que oe arrollen,
_dejad en pu loe ooraronee oHt&lt;Jo.
¿En alguna ooaal6n no habéie '8Dido
·
COIO0 un eapejo el claro
y profundo raudal de limpia fuente
onyo recodo blando
seln apacible oon amor eombrea?
·
vuee1ra:imagen acaso

~-,hrela mea demirmoL
Vtmonoe, leedije, y ..U .... mi tan.laempaa6 , ,.._
&amp;ar por l'l!ldoneo - - : ..8:ria-; nep.roa ea OOD•
falo uopof no e é - vilioDell Impalpable-. movléndoae ffllipnOIIB; semi alao da ignoloa oomp,ílleroo de la
~ que liaban....,. 7 ltrrOjaban IUllft freeoor oobre
D1l8 · - oálidaL

Jw,Qr.llmiM,

"°"

d a ; ~ ~ t a o ~ el vallo da baoarú rod6 ea
Al!, pnee, onando La. Iksli4 andas ta:oo elaéevlialenwde poa8I' aohre el de ta priJlOl!IIII""
do, La. 1kUa jnzgó lnoponunu enfadmee y ..., •
•
oe deJ6 hacer,,Y onando dlp que oe dej6 ~ . entlendÓ
'l"" oe_1o volvió.
Eale .,. original proalgnió por mnobaa nocbel• La. JI,;
11a eolaba muy enamorado de La B~~faé 'la no le&amp;igo y có:l"'!de eeoenaa
con,
moredorao; 1181111
que el jardín oe casa 4 veoeo oon el
eorral ...... LJ Bella qae babia re¡,huado dellilatloaamen·
'8, loa hombreo 1 eno hom:.:\:¡ lltl!rla muy :oolnnlariamente, LJ Be,oo y á sr•d•dee ..................: ...

1Rle, di-lelir, qne el IDdlldi&gt; ~
noveelllD~déblouey!IÍ'IJ
el blae6n da mil lriun!oec~p,#

• Y OODMIDl'kl l""I!&lt;)' la Jo,en rabia, ¡ la bl.... - uva, ohjelo ele mis euuelloel Oún bella - b a con 811
llojll bala lila, inclinada -,Jm, una peqaella - ,. meditando delanle de tao ))llalnaa del libro predileclO: taeepe1&amp; cabellera dorada, ea¡iarclda por aobre loo hombroo, cn'brla 1aa ■obarblaa lonnaa del pecho; 111 llna upalilla de
Ferry dejaba , la vlBla la media color de carne, que oprimfa lae tomeedaa panlOrrlllae.
.
¡Jamú babia vino nada mú arrebalador· lenla delanla hermoanra •11 lll1KlÍleelaci6n eopléndi&lt;Ía, lenladoral
En mi analedad, dudaba si era ella realmen'8 6 '81 vez
un Ideal, una fanlalla, la exoeloa creac16n de un alma de
poelll! ...... Abl 11,-era ella: yo oa lo ........,.
El ealón eelába bailado de una !ns pálida, oomnolientu1 de, lOB enormea cuadloe ae dMteeeban penonajee 10mhn01 en ademán de eocuchar el diálog&lt;! de amor qno iba
4 empesa!'F· Por una ventana enve&amp;blena, el aire agita,.
ba el cqrmlaje qne el ~jo del frenle repródncla en forma de mODHrno ébno; loa amorcillos del cielo.raeo-me

A UL'l'llaTU■U
lfo e1 m -1ie ala lln, helal1a, lntrfe,
Loqaeme~en\~...-.
8lnci el m i - de ........ dolóteo
Do laaban brazo , biuo -ricia , maene.
Dl01 qnlto 11■11 an v e l o ~
Y enél ~ Uvldoo---,
~ el o a b é ~ ~,:;:¡"" hóu,,,.
Ah! qae oi el hombre Bin dnlclr .muriera

o ..... DO dnloe lecho en n,¡ palaoloa

Tn fu ..1ee1e y m Inmortal a...,;;;¡.:'
la humanidad oe 1Dléldan enlera·
Y la $lern, lin alml\, en IOd
l!ooarl snoda, ababdonada,

Ti

CAB1.o8

1

A.

SAL.lVBIBY,

'°

BeWn! pira el"•mor no hay imposibles.
Lo mleiñó qne las palmu
á vecee nuestnu1 almas
se encarnan , dillanciaa i11crelblea.

•
••
Te morlaa por él, pero ee lo cierlO

·
que pas6 \iempo y liempo, y no te bu moerlO.
OAJl1"0A.110&amp;.

�DOMINGO 14 D"E MARZO D"E 18~7

EL MUNDO

172

EL D.L~TE EN :MEXICO.-Los discurserq,;.

E;[, DANTE; .E;N M.E;XICO

VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTINfA.)

Un tranvía de los ferrocarriles del Distrito me condujo
con parsimonia y seso á las oficinas de Satanás. La Yerdad es que aquel agitado viaje, comiendo en malas fondas--que esto ni en el Infierno mejora-y durmiendo en
lechos más problemáticos que loe de los grandes hoteles
de México, me tenía calenturiento y débil.
Anhelaba un poco de reposo y conversaciones amenas
con el patrón de aquellas regiones, que, á pesar de su aspecto vulgar, debe saber mucho, por viejo si nó por dia·
b10, 6 por diablo si nó por viejo.
-Tan pronto 'de vuelta, Don Matías? Qué ha visto us ted de bueno por ahí?
-Diré á usted, los suplicios que he presenciado tienen
más de cómico que de trágico.
-:--Seguimos en esto el espíritu nacional.
-Cómo el espíritu nacional!
-Es claro, Don Matías, cuándo ha visto usted que los
mexicanos tomen algo á lo serio?
Es un pueblo de Qromistas. Porque no me negará mted
que hasta sus pronunciamientos y cuartelazos han sido
bromas de muy mal gusto ........ . ¿Qué toma á. lo serio eea
gente? vamos á ver: ¿La Religión? Pero si no saben ni
lo que creen, Cumplido. Se va á misa lo mismo que á una
logia masónica, por fantochada, por vanidad ó por costumbre... .... Se habla de política por monomanía y se
trabaja maquinalmente, por necesidad. ¿Dónde están los
hombres de convicción? No me vaya usted á decir que en
el peri(!dismo porque le pongo una lavativa de jabón ..... .
¡E! penod.ismo! ¡Bueno eslá el periodismo!. ..... Se habla
mucho, pero mucho de los grandes problemas sociales. y
e_stos Be: gastan de puro viejos sin que un pseudo-editoriahsta amerte á resolverlos¡ se defienden ideas descabelladas, por capricho, por necedad ...... ni siquiera por rnteré~ propio, porque para el chantage, sépalo, Cumplido de
IDIB entretelas, se necesita talento; se inventan mentiras
burdas, se calumnia neciamente al compañero cuando
gana más, et voila tout. Ese es su periodismo de ustedes ...
¡Y_qué ge1_1te recluta) -.A.~tes se decía: 1cEstudiante perdulano, sacristán 6 boticario, u hoy hasta los sacristanes y
los perpetradores de carmelitanas son periodistas líricoembusteros-mmtimentales ...... Los I\Ue escriben algo que
pueda leerse son pocos y tienen que defenderse de una jau-

EL DANTH: E.r."l" "hIEXICO.-Los licenchulos.

{"Íade sietf:mesinos, que ladran á. to_:lo lo que es levita limpia y sentido comun ...... ¡Uff, amigo, uff!. ... . .
Y Satanás estornudó.
-Yenga usted, continuó, venga usted por aquí cerca y
verá el suplicio á que he condenado á todos los. habladores, á los que gastan la palabra en infiernitos, á los que,
desde una tribuna, desde un periódico ó desde una cáte·
dra, pronuncian apotegmas fantástico@ 6 necedades sentimentales.
Y cogiéndome por el brazo me llevó en un santiamén á. un salón donde muchos individuos alineados
frente á otros tantos fonógrafos de bocina, escuchaban
sin cesar sns propias arengas_.
Allí estaban los patrioteros que excitan al popul~cho
con estúpidas palabr.ts altisonantes, en las fi~stas cívicas;
allí se hallaban los par;amentaris1,a~ en embrió~, q~e P!edican jacobinismos del terror, ahora que las mstituc10·
nes se basan en la conciencia del país y no se bnmbolean
con el airecillo que agita, al pasar, una sotana; ahí
se encontraban los. que tras de ca,fa banq11ete infligen
vilipendios !mngrientos á. la palabra, para adular las orejas de 110 magnate; ahí se veían lo,3 poetas melenudos
que asaltan Jas tribunas para rim~r majaderías. de c:t-jón,
ante una multitud que no sabe m qué es patria, m qué
es libertad ni qué es derecho; allí 1 por último, penaban
los frailes presuntuosos que envo lvieron en. metáforas,
recortaron con Plipses y estiraron con paradoJas, la palabra de verdad, para proporcionar frívolo pasto á esa aristocracia romántica que exige para ir á los templos que
el gendarme retire á la gentuza, porque apesta y lleva
rotos los vestidos ...... allí está.han todos los que han be ·
cho del verbo infiernitos de pólvora y luces de artificio,
cariacontecidos y gestosos, con e~pción de D_o~ Joaquin Redo, que escuchaba con deleite la repet1món de
sus brindis pintorescos, echando sólo de menos los cal•
dos respectivos ..... .
-Venga usted, venga usted, exclamó de 1;1uevo el jefe,
y empujando una puerta, me mostró en la cintura de una
roca, al borde de un precipicio, á una.~ cuantas docenas
de amordazados.
Estos, me dijo, son abogaios, chicaneros y parlanchines, sofistiqueros y ladinos; aquí están todos los que pro•
ba.ron que lo blanco era. negro, los que desde la barra de
la acusación lanzaron anatemas contra reos inocentes por
lucir la fuerza de eu facund(a y la energla de sus após·
trofes; los que desde la barra de la defensa, voc iferaron.
sincf)nvicción en bien de un pillo q11e les pagaba mucho;
los agentes del MinU,terio público queexpect&lt;?r:iro1;1 foimidables requ1s1torias con•
tracien pobres diablos,
con el único fin de que el
Ministro se dijt:se:
-uEste muchacho es
de provechan ...... todos,
en fin, todos los que en
nombre de la elocuencia
y en virtud de la ambición, conculcaron los
fueros del derecho, los
fueros d.el deber, los fueros de la conciencia!

•••
departalD.ento

EL DANTE EN MEXICO.-Los a.utores de medicinas de patente.

De un
inmediato llegaba. á ruí
un rumor como de fuen•
te surtida porgruesa linfa de agua. Satanás leyó
en mi rostro la curiosi dad, ymurmur6:
-Los envenenadores!
Venga usted á verlos.
Y fuimos.
En amplia corriente de
agua se debatían, bañados por grueso chorro
de .... medicinas de patente! los intoxicadores
de la humanidad. Los
médicos de todas las épocas. Del espacio llovían
píldoras, .pastillas, cápsu.-

las, y de un ~ran·canal de hierro, emuleionee, aceites,
ungüentos, vmos, emplastos, cuanto la fantaaia ha inventado para explotar, intoxicámtola impunefllente, á la
humanidad.
Nunca un castigo me parecio má.~ idóneo que aquel,
presa de una exaltación impropia de mi carácter flemático, exclamé:
-Rabiad por los siglos de los siglos!, descomp'lnedores de estóma~oe, altt:radores de bílis, envenenadores de
sangre, casta infame de forjadores de píldoras homicidas y de dinamitas higiénicas que habéis· causado· más
males que la P.i1.z Europea ... Ribiad por siempre!» Trás la
cual antífona, Satanás y yo tomamos una taza de choco-

r

late.

( Continuará.)

ETERNAS.

Quedóse para siempre
vagando mi tristeza
dentro del alma herida
por un dolor aleve:
,
como un huérfano aroma
de virginal pureza,
cual pájaro que agita
sus alas en la nieve.
La musa de mis versos
tornó la faz soro brfa
y altiva desde entonces
mis dudas no consuela:
huyó de mis estrofas
la trémula harmonía
y su himno apasionado
no canta Filomela ..... .
De mis recuerdos gratos
al mágico conjuro,
surgieron de la sombra
mis cándidos amores:
y ví tu rostro de ángel
tan pálido y tan puro,
cubierto por las rosas
de tímidos pudores.
Y al sol de tus pupilas
hermosas y eerenas
que el llanto de la ausencia
tal vez obscureció,
tornóse en blanca aurora
la noche de mis penas,
se fueron los pesares,
mas la tristeza no!

Y ha sido desde entonces
mi ilulce compafiera,
de todos mis ensueños
y mi dolor testigo:
y así dentro del alma
mis novias, cuando muera,
al fondo del sepulcro
podréis bájar conmigo!
J89i.

F. Tiraorna.

Háblame más ...... y más ...... que tus acentos
me saquen de este abismo;
el dia en que no salga de mí mismo
se me van á comer mis pensamientos.
CAMPOAJlOS.

DOMINGO 14 DE MARZO OE 18.a-,

EL MUNDO

'73

-Tenías un complot preparado contra tonce!=, á falta de su persona, tenía nna reserva de buenas
mi, decía, cuando lleno de confianza yo p'.llabr&lt;l..~, de buenos consejos, de afectnnsas demostram(dirigía· á casa de ella para tomar una cione!:',
Ganó una reputación de bondad, de criterio y de pntinocente taza de té.
La Señora Fourneron eRcuchaba levan- dencia· se convirtió enel oráculo de los unof", la pro\"itando los hombros y amenazando con el dencia1de los o·tros y una autoridad para todo?. Pero la
casa que amaba con predilección, la casa donde reinaba
dedtt al recalcitrante.
-Paearás el trago, le decía. De m:is le- como autór.rata, era lade su sobrino Fernando ])uvernoy.
Ahí la hacía de bienhechora. No había casado ella á
jos he llevado á otros al pie del altar.
Fernando? :So fué merced á sus enérgicas reprimendas
Y en voz baja añadía:
-¿No ves ú Fernando lo feliz que vi ve como rompió él con París donde vivía, el diablo sólo sa-,
be cómo? Xo se encontrú, gracias ¡1 ella, á Elena de Aucon su Elena?
-Feliz, feliz, repetía Jacobo; no me bian en su camino?
Elena de Aubian, huérfana, ·educaba. con maternal ;'8r·
opongo á ello, pero recuerde usted que
los hebreos se dejaron de la roano celeste nura á un hermano menor que ella algunos año~; acaso
y echaron de menos las cebollas de Egip- habría rehusado casarse para consagrarse á él, si una ire•
sis.ti ble vocación de marino no se hubiese revelado en el
to.
Entonces la Sel1.ora Fourneron se en· adolescente y si Fernando no la hubiese dicho:
fada.ba no admitiendo que se tuviese la
-Mi casa será siempre la suya si usted me hace }agra•
mellor duda sobre la felicidad de las unio- cia de aceptarla. Felipe encontrará en mí un amigo, un
nes que ella había aconsejado.
verdadero hermano.
Casar á los unos, bautizar á los otros,
Bajo la influencia de la tía Fourneron, deseaba él apaenterrar ú estos, ver nacer á aquelloe,
sionadamente serle agradable á Elena, encontrándola coconstituía para ella un círculo de ocu· mo la encontraba tan linda, con sus ojos de un azul propacionesexquisitas que parientes y amifundo, sus ligeros cabellos de oro pálido, su alta talla gra•
gos estaban obligados á proporcionarle. ciosa y fragil; y sobre todo, tan sencilla, tan dulce, tan reElla escogiá. los lutos y la ropa para el posada, euemiga de lc,s caprichos, de las intrigas y de las
futuro niflo, ella discutía con la comadro- grandes _pasiones.
r a ó con el enterrador, enloquecía á los
Elena vaciló largo tiempo, dudando de sí misma, te•
médicos con interrogaciones múltiples y miendo no saber retener en la tranquila vida del hogar
no había proyecto de matrimonio del cual doméstico á ese parisiense recientemente convertido.
no recibiese la confidencia, ni un enamoPor fin, después de largas indecisiones cedió y no tuvo
rado que no implorase su socorro; sabía motivos para arrepentirce. Era plenamente feliz desde
la cifra de las dotes, la edad de los padres hacía dos años, cuando dió á. luz una niña.
en linea directa y en línea colateral.
El día en cuestión, era, pues, día Ce bautizo.
Cuando desees casarte, acude il la tía
La t'ia Fourneron, resollando recio, atareada, corría de
J'ourneron.
una pieza á la otra, abría los grandes armarios, sacando
Ese incorregible bromista de Jacobo porcelanas de Saxe, les crista.les y la vieja argentería.
parodiaba así los mandamientosdeDios,
Por donde quiera reinaba la agitación, la zambra inhecon gran escándalo de las piadosas se- rente á esa clase de fiestas, pero, en la cámara de la joven
ii.oritas de Lezines¡ pero qué podían las madre, todo estaba tranquilo y silencioso.
bromas 6 las buenas palabras contra una
De codos sobre sus blancas almohadas, mhabaellacon
influencia tan bien establecidai
una ternura infinita al bebé, todo envuelto en linos yenLos bromistas ·estaban con Jacobo, los cajes1 que dormía á puiío cerrado, en su cuna.
serios con la señora. Fourneron. Ella
Por la v·entana abierta, entraban 1a brisa de Abril y los
1
aconsejab3i dirigía y juzgaba én último olotes de la primavera.
Elena aspiraba con ;aelicia ese aire embalsamado. rnn.
caso.
En otro tiempo había sido casada, rica · emoción de alegría inundaba su corazón: ¡Ah! cuán fácil
y joven¡ las bancarrotas se llevaron la for- es·ser feliz y qué dulce es la diéha!
PRIMERA PARTE.
tuna, la enfermedad al marido; los años, la juventud; sóLa sombra de una tristeza pasó por sus ojos: tres meAquella mañana, la Señora Fourneron se sentia extre- lo los gustos por el derroche y el lujo permanecieron. $es transcurridos ya desde el nacimiento de la querida
Esos gustos, ella no podía satisfacerlos sino en casa de pequeñuela y aun permanecfa, ella, ]a madre, condenada
madamente dich0€a .
Hacía que preparasen la mesa para la comida del bau- otro; en casa de otro solamente, volvía á . encontrar las . á la reclusión y al reposo.
comidas suculentas, los caballos, los coches¡ pero para
1 ismo, conferenciaba. con la cocinera, amonestaba á las
La ceremonia del bautizo había debido ser diferida
j\Jvenes sirvientas, dirigía toélas las coeas á su antojo en sentarse á esas mesas ricamente servidas1 para montar para esperar, con la8 vacaciones de Pascua1 la llegada
la casa de su sobrino, el pintor :Fernando Duvernoy.
ií. esos trenes, comprendió bien que necesitaba. e.rea.rae de•
del padrino, ese hermano tan amad!), ese Felípe de Au ·
- j :--;ueetra buena tía Fourneron! ¡ Eea excelente tía
rechos: esos derechos fueron los buenos oficios.
bian, retenido por los estudios de la escuela naval. Oh!
To oficiosidad convirtiúse para ella en una profesión sobre este pullto ella se mostró firme, resistiendo :'i. fas
Fourneron!
Así exclamaban, en un concierto universal de a.laba.n- Iucrati va; se hizo oficiosa como se hace uno abogado ó lobjecíories de a madrina, la Srita. Aglaé de Lezines1 y á
z::i.s, no solamente sobrinoe, sobrinM, primos y primas,
médico.
las observaciones de la tía Fourniron. No, Do cedería;
«Usted no piensa jamás en sí misma, buena tía ]:'ourt-ino los amigos, los enemigos, los extrafioe, la ciudad
era preciso que Felipe sacase de pila á la. preciosa chide Pontarlier toda entera. Porque era de notoreidad pú- nerón; usted se olvida de sí misma por los otros, decían quilla. Además, eeperaba estar de pie, curada¡ esperaba
blica que la Sefiora. Fourneron: se mostraba para tea.os las gentes de corta vista. Modérese usted, porqu.e se seguir á la i'glesia al dulce cortejo y tomar su· parte y s•
Rmigable, oficiosd, maternal, como decía ese pícaro bro- mata.n
sitio en aquella. cara reunión dE:&gt; familia.
Ella.-nó se.moderaba en efecto, sino en las ocaaionee· e:e:
rnista de Jacobo de SommereF, que no le perdonaba que ·
Ahora bien, Felipe había llegado la víspera; el bau~i•
que un pariente pobre la llamaba á su socorro; pero enbubieEe por tres veces pretendido casarlo.

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

174

zo debía celebrarse dentro de algunos instantes, pero la
voluntad del viejo médico la retenía aún en su lecho ó
en su chai.ae-longue,

- :-fo, no, mi querida enferma, seria ut1a imprudencia;
usted no puede aún ni salir ni andar.
Y de aquel arresto inexorable, era de lo que la joven
madre se entristecía.
En aquel momento un golpe muy ligero hirió la puerta. Una voz níaacalina que se suavizaba al suplicar, murmuró:

Tafilbién hizo fracasar la perapiciacia de la señora
Fourneron y realmente creía en su curación próxima, aún
cuil.ndo sus fuerzas tardasen en volver más de 10 que había supuesto.
Un poco de anemia, había dicho el médi.co.
Esta palabra tan dulce de anemia, que oculta cosas tan
graves, adormecía las inquietudes y arrullaban las ilusiones de todos los que la anu:1.ba.
Por fin un día pudo levantarse y apoyada en el brazo
de Felipe dtscender al jardín.

-¿Puedo entrar?
-Sí, sí, dijo ella vivamente, con un rayo de alegría en
los ojos¡ entra, Felipe.
l""n joven de dieciseis años que llevabr el traje de los
educandos de la Escuela naval, penetró al cuarto, de puntillas¡ tenía entre sus brazos un enorme haz de lilas.
-Las he cortado para tí, Elena, ¿las quieres?
Y como se aproximase al lecho, ,ua le tomó la cabeza entre las marn~s, y mirándole hasta el fondo de los
ojos:
-La querrás mucho, le dijo, no es verdad?
-¿A quién? preguntó él sorprendido.
Ella le indicó con un gesto á la niña.
-Ciertamente la amaré, pues que es tu hija y va á ser
mi ahijada. A propósito, ¿qué nombre le pondremos? Te
has decidido por alguno? El tiempo urge. Aglaé, como
tu prima Lezines,_ su santa madrina, ó Fllipina, como yo,
su indigno padrino? ¡Dos nombres muy feos! Pobre chi·
quilla. Un nombre feo es como una etiqueta grosera que
le colocan á uno sobre la frente. Yo amo los nombres de
flores: Rosa1 Margarita; 6 más bien, pues que es bautizada en el tiempo de las lilas, si quieres, Elena, la llama1-emoe Lila.
Ella dijo sonriendo debilmente:
-Lila es lindo¡ ¿pero qué dirá nuestra tia Lezines?
No hay Santa Lila en el Paraíso.
-Bah! Santa .A.glaé y San Felipe bastarán para la protección celeste; déjame llenar con ella mi primer deber
de padrino, que es el de pone1·le en la frente una linda
,etiqueta, elegante y perfumada.
-¿Y la querrás? ¿no serás celoso?
-No seré celoso, aunque bien comprendo que va á robarme una parte de tu cariño; la más grande, la mejor¡
la amaré en tí, te amaré en ella. Bendigo á Dios porque
te envió á esa niñita en el momento en que tu hijo grande va á partir.
Después, viendo el terror maternal que pasaba por los
&lt;&gt;]os de la recien parida1 y reprochándose la emoción que
le causaba:
-Oh! exclamó, esta partida es bien lejana; no pensemos en ella¡ pensemos más bien en hacer aceptar á la
madrina el lindo nombre de Lila.

DOMINGO 14 DE MARZ DE 1897

quienes la ternura fraternal sea la afección dominante:
Elena era de estas.
Ese niño á quien había ,,isto crecer cerca de ella, le era
caro infinitamente, y ahora que se convertía en hombre,
se sentía orgullosa de él, orgullosa de sus brillantes estudios de oficial de marina, de su belleza, de su audacia,
de la franqueza de su mirada, de su conversación alegre.
Le parecía ver revivir {!,l padre tan largo tiempo llorado.
Ciertamente amaba con ternura á su marido que no la
contrariaba jamás y no la comprendía¡ per.o adoraba á.

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II
l.l'ué llamada Lila, no en las fuentes bautismales acaso,
-pero en la intimidad del ho~r.
Yanamente la madrina, la señorita de Lezin.e, insistió
para que el nombre de Aglaé fuese preferido¡ todos los
,otros miembros de la familia se ligaron contra ella, sobre todo M. Duvern.oy, que amando como artista todas
las cosas que salieran de lo trivial, pronunció como Ultima rrttio que el nombre de Lila le agradaba.
-Quiero dibujarle-dijo-armas parlantes.
En efecto, cuando se decoró la camarita que la joven
madre llena de gozo organizaba al lado de la suya, para
iustalar al niño, el artista pintó sobre las blancas tapicerías, sobre las maderas, en todas partes, graciosos r~mos
de lilas.
Complacíase en esta tarea de la que Elena se mo!ffra.ba
.reconocida.
El tiempo de las vacaciones pasó para Felipe, ese afio,
&lt;:orno pasan las horas benditas de las cuales se guarda to•
da la vida un recuerdo conmovedor.
Aun cuando la convalescencia de la enferma fuese larga
y algunas veces el viejo doctor tuviese sobre la frente un
pliegue cuidadoso, nadie pensaba en inquietarse. Elena
permanecía sonriente y á las preguntas de su marido y
de su hermano, respondía invariablemente:
-Voy muy bien, ae los aseguro á ustedes; me cuido
por exceso de precaución; siento que cada día vuelven mis
fuerzas; pero como soy muy prudente, no me muevo
aun.
Esto es todo.
Los dos hombres se dejaron engañar.

ces de hacer reventar de envidia á Pantagruel de Gargantua.
«Tu me estimas demasiado, Eegún lo espero mi querido
muchacho, para pensar que es de mis bodas de lo que
se trata. ¡No! ¡No! Yo he tenido la fortuna de despistar
haeta hoy loa satánicos complots de la tía Fourneron.
c,Buenas luchas me ha hecho; el otro día me hizo acorrerla porque había caído de un coche¡ como comprenderás, no cayó sola; iba con ella una viuda encantadora, pero no me rendí¡ el expediente, de verdadera ópera comica, es ya demasiado viejo.
u Yo resisto á. la viuda y resistiré á todas las huríes del
profeta si me piden que las lleve :.t la alcaldía.
11Ese funcionario del Estado civil á quien yo venero
sinceramente, me hace el efecto de un jarro de agua fría
luego que una mujer me habla deél.
uOh! esa _tía Fourneron! La casamentera rabiosa! Dios
padre hará bien en prohibirle la entrada al paraíso, si desea, como se afirma, que los hombres permanezcamos
célibes.
uAsí, pués, no es de mí de quieri se trata, sino de un
amigo mío, llamado Leódice Martín. Se casa en Brest con
una de sus primas; debe poseer tambien alguna tía contra las maniobras de la cual no supo guardarse y me ha
pedido que sea su gar(Jon d'hon_neur.
c,Con una imprudencia indigna de mi edad, instado mucho, he consentido. Parece que ese:: puesto glorioso de
[J(irro1t d'honneur encuentra dificilmente candidatos. El
celibatario se haca raro con esta m.anía que tienen todos
de casarse; con la leche en los labios. Los reiractarios1 los
que desatan todas las redes en que se les envuelve, si no
se en.san con la mano derecha, se casan con la izquierda.
La libertad nada gana con eso. En suma, el infortunado
se encontraba en grande apuro y acudió á mi solicitud.
uEs un gentil muchacl10, muy chic, muy hiyh lije, uno
de mis m,is agradables conocimientos en el mudo parisiense. Yo quería complacerlo, agrad9.rlo, y prometí lo
que quirn.
11;:.;i. mipequeño, prometí:el acontecimiento era aún
muy lejano; se cree neciamente que lo lejano no llegará;
además1 yo soy de aquellos que no detestan los proyectos, que adoran los viajes en perspectiva y que, llegado
el momento ...... En fin, si hay que oír la confesión entera de tu viejo y respetable primo, te diré que tengo en
estos instantes una aventura imprevista cuyas probabilidades no quiero abandonar¡ los aueentes siempre pierden, ya lo sabes.
11Por solícito que sea yo, ya compranderás que no voy á
.atravesar la Francia cuando la caza está abierta, cuando ......... cuando ......... cuando te11go mejores coRas que
hacer aquL ....... ¡demonio!
uPílades. en ocurrencia semejante, no hubiese hecho
por Orestes más de lo que yo hago en este momento; él
le hubiera escrito á su pequeño Felipe:
e&lt;Ocupa mi lugar, esto, casi no te molestará; hazme el
,servicio de acompafiar á la vicaría y al Registro áedeimbécil que se deja casar. Acaso te diviertas, acaso te adjudiquen una seílorita de honor aceptable, que responderá.
modestamente á tus ensayos de conversación: uSí señor¡
no sefior1 0 enrrojeciendo mucho de su atrevimiento. A
tu edad, se debe amar aún á esas pollitas, pero para un
viejo zorro como yo .. ...... . que pobres liebres!
Envíame rápidamente tu consentimiento, espero que
no tendrás el corazón demasiado desnaturalizado para
J"ebul!;ar 1i un pariente apenado, esa prueba de respetuosa
deferencia.
uTe eetrecba la mano.
J AOOBO

Las vacaciones del joven marino iban á espirar¡ unos
días más y se iría¡ dos aflos más que pasaría sobre el buque escuela y luego haría su primer viaje marítimo. Entonces vendrían las largas separaciones y las angustias
mortales!
¡Cómo sentía ella en ese momento toda la magnitud
de eu ternura y el amor-casi como el que profesaba á su
hija, por aquel joven que partía!
Ciertas muj_eres han nacido para ser madres, otras para esposas, otras para ~ante&amp;¡ aquellas sacrifican el hijo al marido; estas el marido al amante. Hay l)OG~ para

Felipe qae la C.&gt;ntrariaba frecuentemente y la comprendía siempre.
El tiempo de la escuela naval transcurrió para Felipe
ain incidentes notables.
Esperaba con impaciencia la orden de su primer em ..
barque, cuando recibió de Jacobo de Sommeres la carta
siguiente:

1,M.i viejo Felipe:
u¿Te agradaría ser gar~ d' honrumrJ ¿Sí?Pues no tienes
más que decir una palabra; te prometo unas bodas capa•

DE SmDlER&amp;s.11

P. S.-A propósito, en tu casa van bien, tu ahijada
balbucea y aun cuando su vocabulario sea reducido1 no
por eso se admira uno menos de la elocuencia de sus día-cursos. Su padre la adora tanto que se vuelve idiota.n
Por el correo siguiente Felipe respondió:
((Mi querido Jacobo:
uEstoy por completo á vuestra disposición y feliz por
presWlr á vuestro amigo el ligerísimo servicio que reclama.is de mf.
11Deseo también prestaros ese servicio á vos personalmente, cuando la hora del \riunfo de la tía Fourneron
haya sonado, y esa hora eonará sin duda alguna.
«En cuanto á las sefloritas de honor que responden enf"Ojeciendo: nsí eeilor, no eeñor,l) censtituyen en la hora

EL MUNDO

presente, como los plesiosaurios antidiluvianos, una especie perdida. Las jóvenes de nuestro tiempo eon sabias y amigas de disertar, capaces de ponernos en aprietos, de los cuales no c;iem pre salimos bien.
«Si yo encuentro en el fondo de la vieja Bretaña á la
ingenua de las antiguas novelas, bendeciré mi buena estrella, y me caearé y ,ros seréis mi gart;on d lzonnmr.
&lt;&lt;Esperando esto, quedo todo vuestro: enviad á vuestro
amigo.. T~ndr..i buena acogida.
FELIPE.&gt;1
La visita de S tn 1\.fut(n no se hizo esperar y la inteligencia fué rápida ent1 e los dos jóvenes.
-Os estoy muy agradecido Señor de A,ubian, del servicio que consentís en prestarme.
Parece que nada vale ese servicio y sin embargo, entre
mis numerosos amigos ninguno ha tenido la abnegación
de venir ú. fastidiarse durante cuatro 6 cinco días.
Los amig._is pariE=ienses, mi querido Seiior de Aubian,
son unos famosos cobardes; si les proponeis que ós sigan
illás allá del café Riche ó el BJsque, desertan. Es cierto
que los amigos de provincia no son más valerosos. Yo tenía la promesa de vuestro primo de Sommeres¡ pero él,
cuando menos, si falta á última hora, proporciona un
reemplazo y yo no pierdo en el cambio. No lamento,
pues, á los malos amigos que me han engañado y mesentiré muy orgullorn de presentaros á mi noviayá.mi futuro suegro. ¿Sabéis que me caso con mi prima? ¡Oh! un
matrimonio de conveniencias de familia: no soy roman·
cesco. Además, conozco á Valeria desde la infancia· ella
es dulce, sencilla, buena bija. Yo no amo á las mujere~
complicadas, y vos? Solo que os pido para todos mucha
indulgencia. ¡Ah, no son brillantes! Han vivido siempre
en provincia. El tío l\-fartín 1 todo ocupado con sus nego~
cios, que á fé mía prosperan ........ .

Ideas a.bsurdas de muchacha.! Desgraciadamente mi
tío, por otros motivos, se ha declarado contm mi. Ama
su i•it[(i y tiene placer en recibir ahí á sus invitadoE.
En suma, querido sefior, si os dignais el lunes próximo tom,ar el camino de fierro y descender en la estación
de San Thegonnec, encontrareis un coche y á vuestro
servidor que os esperarán.
Se levantó y despuee de haber una vez más dado las
gracias á Felipe, un poco más calurosamente ,de lo que
las &lt;"ircunstancias lo exigían, se despidió.
Felipe de Aubian a la Señora Elena D1n•mwy en Pontarlier.
ttMi querida hermanita.
Alea Jacta e1,t, que quiere decir en buen francés que voy
á ser gar,ón d' hann'!ur de un señor á quien no conozco.
ttTu debes tener por Jacobo la explicación de eete
enigma. El me despacha :i uno de sus amigos, un guapo
muchacho de veintiséis aii.os, muy chic, muy elegante,
demasiado elegante y demasiado chic neas: muy adulador también, el cual me abordo, y me habla poco menos
en este lenguaje:
¡ Eh/ Buenos dí.a.s .~n1or Cuervo,
Q11í: guapo e1stá usted.

Qué buen mozo me paree,'.

Yo no tenía en mi pico un queso 1 pero hubiera podido
tenerlo sin inconveniente alguno, porque el diablo ,me
lleve Ei roe dejó hablar una p3labra.
«Vino luego una tentativa para de1:lumbra1me con la
enumeración de sus hermosas relaciones en ese mundc
donde no penetramos nosotros, los pobres as.pirantillos
de marina, destinados á vivir como salvajes en lejanos
países. Yiendo que no me producía deslumbramiento
ni envidia, cambió de gama y entonó un himno en honor
Aquí M. Mar ti n hizo una pausa, se frotó las manos una
de la prosperidad de la casa Martín. "C"n poco más y
contra la otra, hizo sonar su lengun contra sus dientes y ·
me hubiera hecho palpar la cifra de la dote, pero no camiró á su auditor, esperando sorprender en sus ojos alrece de finura y bruscamente se interrumpió.
gun signo de envidia. Pero no vió smo la política resignación dde un hombre que escucha una historia &lt;lema·
siado larga, en la cual no toma gran interés.
-He &lt;libido fastidiaros con todos estos detalles de fami:ia; pero vamos á vivir como amigos, casi como hermanos, durante algunos dias1 y es conveniente que nos
conozcamos bien. Vos, señor de Aubian, vos sois de
aquellos áquienes se adivina de una ojeada¡ la carrera que
habéis abrazado tiene pordivisa: itlfonor, lrabajo, intrepidez.u
Basta vero$ para comprender que no faltareis á:esLadivisa. Pero nosotros, gente de fiinanzas, gente de bolsa,
somos más dificiles de penetrar. He aquí por qué, puesto
que me haceis el honor de asistirá mi matrimonio, procuro explicarme con vos.
Yo soy lo que el mundo llama un buen muchacho, pero soy tambien un hombre honrado en todas las acepciones de la palabra. La mano presta siempre á estrechar la
de un amigo ó á cruzar la espada con un adversario¡ (todos lo saben y me hacen justicia.
Ah! yo he teni~o de esas r.uestiones de amor y de esas
cuestiones de hónor! En fin, todo eso ha pasado, me or•
deno, puesto qus me caso.
Dios mío, es fuerza que os prevenga: Yaleria no es una
hermosa¡ algunos os dirán que yo be sido tentado por los
bellos ojos de su dote, pero me desolaría que me juzgase
mal un hombre por quien tengo tanta simpatía y tanta
estima.

Me caso por dar gusto á mi padre, en primer lugar y
en segundo para estrechar los lazos que unen la casa
l1artín de París á la casa Martín de Brest; pero me caso,
sobre todo, porque Valeria me ama: tiene por mí una
adoración tan vi va, tan profunda, que la pobre muchacha se moriría de seguro si yo la desdeñase. Hablo con
un hombre de honor, vos me comprendéis, caballero.

Y ahora lo he dicho todo. Mi matrimonio se efectuará
dentro de ocho días; se celebrará en el campo, e~ Keroech, donde mi suegro ha hec'1o construir una villa.
Yo hubiera preferid,&gt; á Erest; habría i.iJo mas cómodo
para todo el mundo, no es wrdad? Pero no han querido
ceder á este respecto.
Mi di[unta tía está ooterrada en el cementerio de Keroech y le parece á Yaleria que su madre, desde el fondo
de su tumba. nos bendecirá.

11:~t-~~~1
..,4,

-ª~,

'"':&amp;; -

v
):,-..

uEntonces se mostró buen muchacho, dedic{rndose á.
los intereses de la familia, casándose con una prima por
que tiene por él una vi va afección.
nY bien, que te diré yo, hermana! Ese señor no me
agrada y he lamentado haber consentido en servirle &lt;le
gar,ou d' h011:new·.
uEn fin, acabaré como he comenzado: la suerte esLi
echada., y es demaciado tarde para desdecirme.
1&lt;Pongo á. los pies de mi querida reinecita Lila tocla la
admiración de su padrino:

Felipe.11

( O,,itin'-"'rá)

�EL MUNDO

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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capota parisienses.

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ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

-

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

•

N(Jlllft, RO

J:IO

�EL MUNDO

"EI, MlJNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
HJl:xrco

Toda la correspondencia que se relacione con la R&amp;,.
4acci6n, debe ser dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ee cobra. por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

.

Todo pa¡:o debe aer precisamente adelantado.
RtGiln'RA.DO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE•

Matas tbitarialts.
por qué uiue d "rl]antage."
Un grupo de personas resueltas h.a querido penetrar
en ese pudridero que mancha la prensa de todos los paf•
aes y que se llama cha,itage. Se ha pretendido realizar lo
que designó un colega con la !rase: la dMinfecci6n dtl perwdilmw, analizando actos y desentrañando hechos de
dudosa moral id.ad social. La tarea es más trabajosa de
lo que á primera vista parece, porque el mal tiene raiees
muy hondas, porque la plant.a se nutre del jugo extraído
de la tierra que la rodea.
El clu:,,ntagista, pícaro .fir. de siglo, que ha cambi rulo la
capa raída de Guzmán de Alfarache por el traje de etiqueta del caballero de los salones, y la rapiere de Satabadil por la pluma del publicista, encuentra en nuestro
medio un apoyo real, una base sólida, un escudo que lo
ampara y lo hace invulnerable, en la complacencia social, en la falta absoluta de va'torcivil para afrontar con
energía las vociferaciones de estos asltantes de la honra,
tolerados y sostenidos por las víctimas.
Esta tolerancia se traduce en una viabilidad positiva
de semejantes industriales, que encuentran mercado á.
propósito para colocar sus productos averiados. Si el
hombre amenazado con el escándalo tuviera suficiente
corazón para afrontar el siniestro golpe del flamante
bandolero; si se alzara á. un nivel superior, penetrándoee
bien de que dentro de los términos de ciertos pactos, tan
graves resultan para la moralidad social las proposiciones
del asaltante como la aceptación de estas proposiciones
por parte del asaltado, estos microbios perecerían.
La energía personal mexicana se derrocha en acciones
violentas, en actos impulsivos, pero nunca en actitudes
serenas y reposadas, jamás en tranquilos estadgs de conciencia, inspirados en el cumplimiento de un deber.-El
chantagista puede explotar canallescamente á hombres
manchados, puede fustigará impuros, puede acometer á
bribones; pero el hombre honrado que se deja envolver
y e:irtrangnlar en esa red infamante, y cei'iir su cuello por
eee dogal, es responsable de contribuir á la explotación
cín:cay desvergonzada de todos suscoasociados.
Es preciso fortificar ciertos músculos, vigorizar ciertas
fibras. inyectar energías en nuestra voluntad, siempre dispuesta á desfallecer en actos de suprema defensa social.
¡ Los hombres honrados que cgntribuyen al sostenimiento de los picaros, no cumplen con su deber!

Qfnfermebllbes sociales.
Juzgan algunos que el publicista está obligado á cerrar
los ojos, mostr.indoae ciego voluntario, á todo lo que no
es agradable. Imaginan que la prensa y el libro están
destinados á engañará. losespfritus con el polvillo de oro
de la mentira y las elocuentes estrofas de la adulación rimada.
Par.i estos criterios, tener la osad la de enfrentarse con
una dolencia social y escu:lrifiarla, y diagnósticarla, constituye un delito; en la conciencia humana, hidrópica de
saber, debe perpatnar.!e el error, antes de sembrar la
alarma y mantener en constante jnfancia á los cerebros,

arrojando sobre ellos pufiadoe de tinieblas y suaves pét.aloe de ro!!as.
lY nó! El publicismo moderno se dfatingue precisamente por su gran tarea de analizar enfermedades orgánicas, de desentrañar miserias, de destruir prejuicios, de
preparni: el porvenir con el estudio concienzudo y valeroso de los hechos. La ciencia, la gran impa~ible., como la
llamó Goethe, se difunde democráticamente entre las
multitudes1 revelándolas sus prolcngadas anemias1 descubriendo sus violentas convulsiones, dando á conocer al
hombre donde los idealistas y los cortesanos habían colocado al ángel.-No es preciso que una verdad i:ea agradable, ha dicho el ilustre Taine;¡ba..sta conque sea verdad/
Pero se nos dice, hacéis un mal á Ja sociedad en que vivís, haciendola saber de quá masa está fabricada. ¿'Mal
se llama sacará los hombres del error, ensefiarles sus vicios, sus defectos? Creemos nosotros que antes por lo
contrario, hay en la sinceridad de estas revelaciones una
gran ensef'ianza moral, un principio de alta conveniencia colectiva y de higiene social. Los pueblos se redimen de sus vicios por la ciencia, y hacer de ésta
una eterna cortesana, mercenaria que respeta todas
las cobardías y se inclina humildemente ante todos loB
caprichos, es desconocerla, prostituirla.
Pero todavía es más monstruvso el criterio que sostiene
que la exhibición de estas enfermedades desprestigia á.
los gobiernos. ¿Qué culpa tienen Josgobiernol!I de los productos morbosos de un estado social? Si el hijo de un alcohólico y una histérica tiene noventa probabilidades contra cien de ser candidato á. un delito, ¿se puede arrojar
el cargo al poder público de esta ley fatalmente necesaria,
y fuera de los límites posibles del Estado?
El Estado no dispone de las facultades extraordinarias de convertír el agua en vino y la concieñcia del culpable en el santuario de una virgen. La obertura del
Tannhauser no obtendrá gran éxito en una tribu de canf bales; nunca serán culpables los ejecutantes sino el auditorio.
Todo lo demá.s son extravagancias impropias de escritores serios, y que.tienen en algo sus deberes de educar
al público.

Jalftica &lt;l&amp;tntral.
RESUMEN.-La Cámara francesa en la Cuestión de
Oriente.-La última esperanza • .-......Aislamiento de
Grecia.-EI acuerdo de las potencias. -Aun no es
tiempo.-Concluslón.

Nube negra y sombría se cierne aún en el azui. cielo de
la divina Hélade. L1s grandes potencias ea ro peas en su
incesante afán de mantener la paz, y desoyendo los clamores de los infelices cretenses que rechazan la autonomía ofrecida, y anhelan sólo formar parte de la nación
helénica, han decretado oponerse por medio de la violencia á. las aspiraciones del rey Jorge, que ya soñaba en
la incorporación de la isla de Creta á sus Estados.
La actitud de la Ciimara Francesa adhiriéndose, de
buen grado, á la política &amp;.el gabinete que preside M. Mélline, y ahogando el sentimiento público que se inclina
en sus arrebatos romancescos á todo lo que es noble, á
todo lo que es grande, y rinde el tributo de su admiración
y ofrece el homenaje de sus simpatías á. los que luchan
en Creta por la santa causa de la libertad, ha venido á
desvanecer las ilusiones de los helenos que esperaban
encontrar si nó apoyo decidido en el pueblo francés y
material auxilio en el Gobierno de la República, por lo
menos una resistencia á los designios de los poderosos,
que indirectamente sirviera á la cansa del débil, á la aspiración justa del oprimido.

• •*
Según las manifest.aciones ruidosas á favor de Grecia
en las calles de París, según la opinión de buena parte de
la prensa, más dispuestJ á celebrar la desmembración de
Turquía y á. salud.ar al rey Jorge como paladín de la
idea cristiana, que á secundar las exigencias del emperador Guillermo, más que ninguno empeñado en reprimirá c&amp;f'ionazos lo que se h.a dado en llamar temeraria
aventura del gobierno griego: había motivos para creer
que la Cámara ::re interpusiera entre las potencias decididas á hacer valer la omnipotencia de sus re.soluciones, y

DDMINGD

21

DE: MARZO DE

1897

DD ■ INGD 21

los míseros súbditos del Sultán que han pretendido desJigarse de su -ominoso yugo, buscando el abrigo y acogiéndose al amparo de la madre común de los helenos.
No ha sido así: cualesquiera que sean las simpatías que-personalmente abriguen los diputados franceses por 1acausa de Creta, que es la causa delajusticia y de la libertad, han
debido sofocarlas y afirmar con su voto el lugar que Francia ha obtenido en el concierto de las naciones. Han debido pesar en su conciencia, no tanto las consideraciones
de amor á. la noble aspiración de los cretenses y al heroísmo de los griegos, que quedan abandonados á sus propias
fuerzas y expuestos á las iras fanáticas del Sultán y á la.
feroz barbarie de los musulmanes, como las conveniencias políticas generales, la necesidad de conservar un
puesto de honor en el trabajoso equilibrio europeo, y la
esperanza de atraer en favor de la República esa unidad
que no debe romper, cuando se trate de la evacuación
del Egipto, hoy sujeto á. la tutela britá.nica.
Parece que el sentimiento público se ha sacrificado en
aras de la alianza franco-rusa; no hay tal: si algún sacrificio se ha hecho, ha 8ido en aras del buen nombre y del'
prestigio de la nación francesa, llamada á desempeñar misión muy alta en no lejano porvenir.
Por lo domis 1 al garantizai: la autonomía de la revuelta isla, al comprometerse á su pronta paciflcacióñ, y al
desprenderla del dominio directo de la Sublime Puerta,
creen las potencias y con ellas Mr. Hanoteaux, ministro,
de relaciones de Francia, que se atiende lo bastante al
clamor de los pueblos, hartos ya de la dominación muslímica.

X.X.X.
Marzo 18 de 1897.

EL MUNDO

EL DOCTOR JUAN B. HIJAR Y HARD

( Apuntes para un estudio.)

Acaba de morir en esta ciudad uno de esos hombres
ameritados, á quien su excesiva modestia no dejó bri •
llar tanto como merecía, en las esferas altas de la política, de las ciencias, de las letras y de la diplomacia.
Me refiero al Dr. D. Jnan Bautista Hijar y Haro, nacid•)
-en Guadalajara el 24 de Febrero de 1830, muerto en México el 5 del actual.
Condiscípulo de Don Ignacio L. Vallatta, &lt;}.el general
Ignacio R. Ala.torre, del Lic. D. Emeterio Robles Gil,
fué, como estudiante, de los más notables en el Seminario de Guadalajara. Cursó con brillantez la medicina,
siendo uno de sus maestros más amados, el Dr. Clement.
En cuanto obtuvo el título, dió la cátedra de terapéutica
en el Instituto de Ciencias, é impulsado por sns convic·
ciones, salió á. campaña. como Jefe del Óuerpo médico
militar, á las órdenes del general D. Santos Dt:gollado.
La gravedad y muerte de Agustín Degollado, hijo del ge·
neral, le retuvieron en Morelia, en los días en que sus
compafieros fueron fusilados en Tacubaya (Abril de
18-59.)
Este triste suceso y el fusilamiellto de su íntimo amigo Herrera y Cairo, le infundieron más brío para combatir, en unión del señor su padre, en deíensa de las leyes de Reforma.
Su caracter bondadoso, su lealtad á. toda prueba, le
conqu.istaron amigos, como el heróico general Antonio
Rosales y el mártir Leandro Valle, que cargó su camilla
en Zapotlán, cuando Hijar y Haro, atacado por Daniel
Gómez, cayó del caballo con la pierna rota en cuatro pedazos.
Siendo muy joven el general Corona, trató y estimó á
Hijar y con él se fué á Espafia, llevándolo de Primer
Secretario, al reanudarse nuestras relaciones con la antigua madre patria, en 1874.
En Madrid fué donde conocí al Dr. Hijar. Tratábanlo
con cariño y con respeto los literatos de más nombre, y
yo, escuché la lectura de su poema 11Roberto y Laura,,i
en la casa de D. Pedro A. de Alarcón, la noche en que
allí se oyó por vez primera al gran tenorJulián Gayarre.
Manuel del Palacio leyó el poema. de Hijar que fué saludado con sinceros aplaueoe. Al conocer en Espai'la la
obra 1(Historia del Ejército de Oriente,u que escribió por
encargo del Sr. Juárez, y en la cual están descritas todas
las campañas del general Corona, se le nombró ccmiembro
honorario de la Real Academia de le Ilistoria," como se
le nombró también por sus diversos escritos 1&lt;miembro
honorario de la Asociación de Escritores y Artistas españoles,)) que presideNúfl.ez de Arce.
Intimo amigo del general D. Antonio Ros de Olano,
de D. Ventura Ruiz de Aguilera, de Castelar que lo distinguía constantemente, de Grillo, etc., asistfaá las veladas literarias, y sus versos cautivaban á. los más selectos
auditorios.

'***
Pero si la Europa juzga cumplidas sus obligaciones yllenada su misión, en pro de los esclavos cristianos que se·
debaten en convulsión treménda, por darse en Creta el
gobierno que ambicionan; el Rey, el gobierno y el pueblo de Grecia, inspirados por un solo aliento, empujados por la misma idea, y aguijoneados por el mismo deseo.
no se someten ni quieren inclinarse ante los designios
del más fuerte.
Retirarán su escuadra de las aguas cretenses. p:Jrque
sería inútil la resistencia y est.éril, ante los formidables.
buques que allí han amontonado los defensores del Sultán; pero las tropas que hace un mes alientan á. losrebeldes en el interior de la Isla, y que al mando del CJronel
Vassos han tomado posesión del territorio en nombre de~
su soberano 1 esas quedar.in en su puesto, y sólo cederáfu
el paso á. los soldados extranjeros áquienesdesafi~n á singular combate.
Ya se rumora seriamente el rompimiento abierto entre
Grecia y Turquía; ya ee anuncia esta resolución como la.
única que ha de dará Grecia libertad de acción, y que
espera la exima de la tutela que sobre ella han preten-dido ejercer los poderosos. Va.no intento: Europa que en
aras de la paz ha sacrificado sus tradiciones, y, aunque so-lo en apariencia, ha organizado una cruzada en contra
de los campeones de la fé cristiana y en defensa de la
oprobiosa Media-Luna; Europa quedió vida á Bulgaria,
á. Servia y á la misma Grecia, segregando después la Bosnia y la Herzegovina del patrimonio de los Califas, no
permitirá. que Greciaquede envuelta en una guerra que
tan costosa fué á. Rusia en 1877; no tolerará que, después
de sus gestiones y el unánime acuerdo que ahora reina,
se perturbe la mentida tranqu.ilidai de las naciones, por
la aventura peligrosa de un rey que quiere apresurar con,
sus escasos elementos, y aun á. pesar de los apuros financieros de su tesoro, la caída del secular imperio otomano,
cuando todavía los augustos sobenmos que lo asisten en,
su lecho mortuorio no han azordado en sus altos é ines.
eruta.bles designios, administrarle la extremaunción:
Y habrán de ceder ante la fuerza, habrán de calmar~
sus ímpetus los impacientes. Hoy es la autonomía de
Creta¡ mañana ser,t su anexión. Todavía no está maduro el plan que ha de hacer efectiva la cláusula más importante en el testamento de Pedro el Grande¡ el águila...
moscovita aun no se decide á extender sus robustas ala&amp;t
sobre la baailica de la Santa Sabiduría.

DE MARZD DE 1897

Educado con exquisita delicadeza, era de los que ae
captaban un amigo desde el instante en que lo saludan y
que logran con la buena forma seducir á los más tenaces
adversarios.
Hijar fné Miembro de la Real Academia de Medicina
de Roma, y Delegado de México en el Congreso de Americanistas de :Madrid (1881 ), de Higiene y Demografía de
Ginebra (1882), Penitenciario de Roma (1888) y Conferencia Sanitaria de Roma (1885 ).

•

En la época en que estnvo en lt.alia como Encargado
de Negocios, recibió muestras de consideración de la Reina Margarita, y presentes afectuosos del Rey Humberto .
Veinte anos sirvió sin descanso, en nuestras Legaciones y cuando regresó á la patria fué electo, primero Vice
Presidente y después presidente del Senado.
Como poeta, sus versos son dulcísimos, tiernos y delicados. PerteneciAndo á la escuela subjetiva¡ cantor de
sus propios sentimientos; admirador de la naturaleza ea
1odas sus grandiosas manifestaciones; tienen sus rimas
todos los encantos de una imaginación cread.ora y de una
sensibilidad incomparable.
Como médico le vi hacer curaciones sorprendentes; había llegado á establecer un trat.amiento para la curación
de los cálculos biliosos y otro para combatir la ataxia lo•
comotriz. Sus estudios sobre la lactancia aon de interés
muy grande.
Fué un hombre muy honrado y muy sano de espíritu,
Idólatra de sus hijos, puso todo empefio en educarlos é

JUAN B. HIJAR Y HARO
( De retrato pintado por su hijo el Sr. Alfredo Híjar.)

ilustrarlos, y logró ver realizadas sus esperanzas, pues
ellos corresponden con su talento y sus méritos á. los afanes de su padre. No son estos apuntes un estudio sobre
la personalidad de Hijar y Haro.-l!e reservo á. escribir
algo má!'I detenido y más en forma.-El dolor que me
causa su muerte no me permite todavía estndiar las tases
de su vida. Acabo de acompañarlo á. su última morada,
donde un buen amigo, Don Juan J?uentesSolís, hizo breve pero sentida sinopsis de lo que f~é Hijar para su pa·
tria.
¡Duerma en paz el noble amigo! ¡Duerma tranquilo el
que siempre guardó en su corazón las excelencias sublimes del sentimiento!
Hijar y Baro no deja un enemigo¡ practicó el bien,
honró á. su patria, sirvió de mil modos á. sus amigos y ha
legado una memoria sin tacha á cuantos le conocieron y
trataron .
Yivió como sacerdote del bien y murió com&lt;• un justo,
-Poco antes de cerrar para siempre sus ojos,-ya privados de luz por una ceguera inesperada que abatió su espíritu y entristeció su suerte-todavía recitaba alguna ertrofa de la alegria, que escribió para un poeta.
Hijar y Haro cruzó la tierra sonriendo y consolando.
Ya entró á ese reino en que solo la Historia perturba el
sueno cou sus aplausos ó sus anatemas. ¡Dichoso él que
solo encomios recibe con las coronas que cubren su
tumba!
JuAN DE Dios PEZA.
Marzo de 97.
PAGINAS ESCOGIDAS
DEL LIBRO

un

DESIERTO" DE PIERRE LOTI

Domingo 25 de Febrero.
Al espléndido amanecer; nuestro campo se despierta,
se estremece, se repliega para la partida. Sobre las rocas
que formaban muralla detrás de nosotros, se mantiene
la luna blanca que con su llpagada pupila en el cielo azul
nos ve partir.
Al punto, basta el mediodía quemante, las soledades está.n sembradas de guijarros negros, como espolvoreados
de carbón, y estos guijarros relumbran, brillan bajo el ardiente sol dando una ilusión de humedad á los sedientos
que pasan. Durante horas enteras,.desfilan las negras
soledades, llenas de espejeos¡ en algunos lug&amp;rt:s loe salitres y las eflorescencias de sales forman vetead('B grises. Nada canh, nada vuela, nada se mueve: Pero el silencio inmenso, está martillado á la sordina por el andar
incesante y monótono de nuestros lentos camellos.
A medida que se atraviesa una región menos muerta, al
borde G.e alguna cosa que debe ser el lecho deseado de algún torrente, crecen incoloros tamarindos, y pálidas florecitas blancas y hasta dos altas palmeras. Unagolondri-

'79

na gris croza con vuelo azorado, y Jas moscas de nuevo
ee posan en los ojosJlorosos de nuestros camellos! 1.."'nensayo de vida. Y dos grandes pájaros negros, los señores
del lugar despliegan sus alas arrojando su grito en el silencio.
Nuestros beduinos de escolta al ver las palmera!'i olfatean que hay agua bajo su delgada sombra y conducen á.
las bestias. En efecto, en una hoquedad de art::na, hay
una poca de agua y los camellos con gruñidos de alegría,
se aproximan, é intentan sumergir dos ó tresá un tiempo
sus hocicos mezclando sus largos cuellos extendidos.
Después el desierto comienza de nuevo, más seco y m,í.s
estéril. Nos alejamos siempre del Mar Rojo, desaparecido desde ayer, internándonos en las comarcas montaiiosas del interior. Cuántos valles lúgubres y grandes circos desolados atravesamos todavía antes del reposo de
la tarde! Nuestros camellos siguen siempre con el mismo .
balanceo rítmico que adormece, siguen casi por sí solos
las imperceptibles sendas del desierto, que han seguido
ó trazado durante innúmeras edades bestias semejantes
de las que descienden, en esa misma dirección, la t"tnica
un poco frecuentada de la arabia sinai"tica.
Hacia la tarde, pasan tres mujeree impenetrablemente
veladas sobae camellos jóvenes de hocico al aire. Un momento después, un muchacho bronceado, que parece inquieto de su huida, sigue la misma dirección que ellas en
la soledad donde nuestros ojos las han perdido. Su camello adornado con bordados, tiene franjas y borlas que flotan al viento en su carrera.
En torne nuestro, ámedidaque el sol se aleja, las montaiias se elevan y los valles se ahondan. Las montañas
son de arena de arcilla y de piedras blancas: aglomeraciones de materias vírgenes acumuladas al azar de las
formaciones geológicas, jamás movidas por el hombre1 y
lentamente deslavadas por la lluvia, lentamente caldeadas por los soles desde el principio del mundo. Afectan
las más extraHas formas y se diría que una. mano ha tenido cuidado de colocarlas, de agrnparlas, con aspecto
casi idéntico, durante una legua son 1:eries de conos sobrepuestos, escalados como con una intención de simetría, después las puntas se apJAnan y se convieTten en
series de mesetas cíclopes, en seguide se ven los domos
y las cúpulas como restos de ciudades fósiles. Y se permanece confuso ante lo rebuscado é inútil de esas formas de las coeas, mientras que todo desfila en el silencio de la muerte, bajo la misma luz implacable, con las
mismas partículas brillantes de moca de que esttt sembrado el desierto, en esos lugarEIB, como un monte de parada. A ratos uno de loscamelleros canta y su voz nos eaca de una somnolencia ó de un sueiio. Su canto es más
bien una serie de gritos de llamada, infinitamente tristee, en los que el nombre de Allah suena sin cesar y despierta en las paredes de los valles, claros ecos, sonoridades casi espantables que dominan.
En la tarde, á la hora en que la magia del poniente
desciende nada más para nosotros en el desierto, acampamos en un gran circo melancólico y todavía sin nombre, y todo él de arsilla grisásea rodeada de una muralla
de rocas gigantes.
El lugar carece de agua¡ pero para dos ó tres días todavía, tenemos con la del Nilo yel cheík, nuestro guía,
promete acamparnos mañana cerca de una. fuente
Tan luego como se mont.an nuestras tiendas, los camellos, desembarazados de su pesada carga se dispersan por
el camino en busca de raras retamas y nuestros árabes de
briznas secas para hacer fuegos, semejantes entonces, á
brujos de luengos trajes, recojiendo yerbas, al caer la tarde, para los maleficios. Y durante una noche, nuestra
pequef!.a ciudad nómade lleva la ilusión de la vida á. ese
lngar perdido donde no volvera jamás y donde mañana
reinará el silencio de la muerte.
Hay una desolación más y más grandiosa, en ese lugar, á medida .que el sol se abate y se apaga. Circoinmen•
so rodeado como de desplomes de ciudades¡ cosas caóticas derribadas, exfoliadas, ahondadas por fisuras y cavernas. Y todo ell,i como nuestras camellos, C(\mo nuestros
Beduinoa, como el suelo y como todo. es de esos tonos
grises, cenicientos 6 moreno ardientes que forman el foneterno, el fondo neutro y por lo mismo intensamente c1í.·
lido, sobre el cual el desierto arroja y despliega todas sus
fanstasmagorías de luz.
He aquí la hora del poniente, la hora mágica; sobre
las cimas lejana.e aparecen, en furtivos minutos, las violetas incadescentes, y los rojos de brasa; todo parece despedir fuego.

•

�O-OMINGO

EL MUNDO

180

DE MARZO DE 1197

escarpaduras, hacia arriba, y mirándome con el cuello
tendido, con aire de íntimo conocimiento; nuestros dromedarios que reflexionan sin dnda, en el medio de bajar
hasta el agua apetecida, y que gozan también quizá, á. su
manera., de la mañana suave.

Entre tanto el sol se ha ocult.ado, pero aunque todo se
en:.ombrece un fuego latente, un fuego que tarda en apaga1 se, incuba aún largamente bajo esos morenos y esos
grises que son los verdaderos colores de las cosas. Después, pasa un estremecimiento y súbitamente el frío desciende, el inevitable frío de la tarde en el desierto.
encendido en cielo inmenso, y nuestros beduinos, como
de costumbre, se han sentado formando rueda en torno
de sus luminarias de ramas-siluetas negras sobre llamaradas amarillas-doce de ellos r,e desprenden, vienen á
colocarse ante las tiendas, rodeando á uno que toca gaita,
y comienzan á cantar en-coro. Y segtin la cadencia lenta
qne el gaitero les marca, balancean la cabeza. El aire es
,·iejo y lúgubre, tal sin duda, como se oía eu el desierto
cuando Moisétr pasó. Más triste que el silencio es la música beduina que se elev:a, inesperadamente, gemebunda
y que parece perderse enel aire, no habituado al ruido,
ávido del sonido, como esas arenas están ávidas de rocío.
Jueves 8 de Marzo.
¡Oh, el Oned-el-Aln, el valle de la fuente! ¿Con qué palabras, con qué imágenes de frescura tomadas de los poe•
tas del antiguo Oriente, pintar ese Edén escondido en los
granitos del desierto!

A NUESTROS LECTORES

Con nuestro próx:imo número repartiremos el-tercer tomo oe nu¡,¡¡tra B,bliot"ca MiriWh,1,ro, correspondiente á Mar•
zo, é incluiremos aderD;ás, un suplemento relativo al Car·
naval en Mérida, para el cual tenemos aún hermosos
grabados.
E1, ::\-luNDO prepara una notable reforma.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

ENME:XICO.

\

•

1

El carnaval en Mérida
Qriental.''-Señorita Clementina González.
(De fotografia tomada en 10.&lt;l salones de ·'La Unión.")

rocas á plomo se deslizan y vienen á danzará trechos en
el hilo del agua remOvida.

•••

En una hoya profunda de paredes puliJas, que parece
algún sarc6[ago ct~ rt!y, suspendo mi paseo para bañar•
me;"Cntoncesal levantar lo~ ojos, apercibo graudes bt'S·
tias de asp~cto antidiluviano inclinadas al borde de las

'

'

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director general de "La Mutua.''
-l'rest&gt;nte.
Muy Señor mio:
Hoy he rt&gt;cibído de uLa ?t-Iutua,n Compai'íía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia•
gay t&gt;n Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)iiez mil pesos imporlie dela póliza número
071,958, bajo 1a cual estuvo asegurado mi finado esposo
til :Sr. D. Ftiderico S;:1nche.
Además, me ha sido eutrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos los premio1::1
que mí citado esposo pagó á. la Compañía desde ha.e.e
cnatro años que bOlicitó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obs1ante que mi repetido esposo falleció en Francia
á fines del afio próximo paeado, la Compafiia con todo
empeño, se ocupó de la tramitación de los documentos
para comprobar el íal!ecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las estipulaciones contt'nidas en la citada póliza.
Puede uet~d, Eeiior Director, si así lo deseare, dar pu blicidad á la presente, y me repito de usted afma., S. S.
corno albacea de la testawentaría de mi finado esposo el
Sr. D. F~derico Sanche.-AlU!e Sand1e.

,8,

EL MUNDO

DOMINGO a1 DE MARZO DE 1&amp;91

El. CARNA.V AL EN MERIDA

meóte sucede en Yucatán, merced á. largos añoa de tra•
bajo. Componen, en su mayoría, eEta sociedad, hacen- f
dados, banqueros, J;lropietarios, etc,. etc.
«El Liceo de Menda.u reune en su seno á los que, con
el fruto de afanes pasados, colaboran-en la obra del adelanto social.
f
Estas dos grandes agrupaciones son las que organizan
principalmente las fiestas carnavalescas que tanto llaman !,
la atención de los hijos de otros Estados de la República, y l'
de los extranjeros. Cada una, está presidida por u!'a
junta directiva que nombra comisiones entre los asoc1ados, para las fiestas.
El Carnaval está formado de varias festividades. Du ~
rante esos cuatro días recorren las calles, comparsos de
baile que toman tantos nombI'es como l!On los bailes que
ejecutan: negros, i,uJ.ioll, jú:aras, cinw, etc., etc. Estas coro·

1

"LA UNION" Y "EL LICEO"

•

•
Hay una paz especial, una*incomparable
paz de oasis
no profanado, que por todos lados rodea y protege el
desierto muerto. Y pasamos ahí sin prisa nuestras horas de espera.
Un solo momento de agitación en el día, á propósito
de una serpiente de gran tamafio, que se ha mostrado en
una palmera. Nuestros beduinos que la han visto de manera distinta que nosot,os, afirman que tenia dos cabe•
zas, que por consiguiente era Barkil, rey de las serpientt,s y que es necesario matarla. Y hacen una batida inútil á pedradas en las bellas palmas entrelazadas.
PIERRE L&lt;:rrr.

•
••
Cuando la noche ha llegado,
cuando las estrellas se han

Es la mañana, la mañana luminosa y yo exploro al·
ocaso el oasis encantador donde nuestra. pequeñ.a ciudad
de tela blanca va á permanecer uno ó dos días. En lo
mús hondo del valle corre un agua viva y clara en estanques de granito que tienen el pulimento del marmol trabajado y que no tienen ni una planta, ni una alga y cu·
yo fondo se transparenta como el de las piscinas artificiales para laa abluciones de los sultanes ó de las huríes.
Corre esa agua rara, esa agua preciosa, ya disimulada en
los últimos repliegues rosa de los estanques, ya esparciéndose en charcos arenosos donde crecen tamarindos y
soberbias palmeras desplegadas en penachos azules.
Se admira al pasar cada une de esos salvajes jardines.
Dei:.pués el rinconcito paradisiaco, repentinamente des~
aparece tras cielos bloca de granito enormes y no se ve
durante• algún tiempo más que laa piedras pulidas donde
el agua se encierra, hasta el momento en que el milagro
recomienza en alguna vuelta y otra hondonada encantada sobreviene. El cielo, naturalmeute es de una limpi•
dez de cristal, como debe serlo un cielo del Edé-n, y los
I),íjaros cantan en las palmas, las libélulas tiemblan posadas en los juncos y los reflejos solares á pesar de las

21

La fiesta de los yucatecos es el carnaval. Durante cua~tro días, en aquel lejano Estado, nadie se ocupa en otra
•cosa que en disfrazarse, en bailar y en el adornr- de los
cafros. Por eso el carnaval de Mérida goza de fama en
toda la República.
El Carnaval es el traje riquísimo que, durante cuatro
días del año, viste la capital yucateca. El traje cuesta
más de cien mil pesos, pero los hijos se proporcionan, en•
tre alegrías y entusiasmos inenarrables, la satisfacción
de contemplar embellecida á la madre amorosisima.
Poca.a fiestas se celebran como ese carnaval. Aquel es
un desbordamiento de alegría, un derroche de color y
armonía_, una hermosa competencia de ingenio y arte,
que absorbe durante cuatro días, el espíritu del pueblo
yucateco.
Asi las familias distinguidas como laa de clases populares, loa consagrados á la ciencia como los humildes arte·
sanos, en esos cuatro días, ee dedican exclusivamente al
placer. El carnaval es el descanso de un aiio de fatigosas
tarear:i.
En Mérida, capital del Estado de Yucatán, las :fiestas
alcanzan rarlsima animación, y en ellas se invierten su~
mas considerables. Toda la sociedad meridana contribuye para dar lucimiento á. aquellas extrañ.as 11olemniductes
en honor de ~fomo.
Desfilan en prodigiosa procesión, todas las manifestaciones del entusiasmo: aquellos son los días de locura de
una gente cuerda en exceso. El serio jurisconsulto lo
mismo que el travieso estudiantillo, la alegre niña, sonrisa de los cielos, y la reina del hogar, el pobre y el rico,
el viejo y el niño eligen un disfraz y salen á la calle t n
jubiloso coro, }?ara no volverá. sus cuidados, sino cuando
ya el sol del miércoles de ceniza avanza lleno de brillanteces, hacia el punto más alto del firmamento perennemente azul.
Y en medio de esa alegría, en los mayores transportes
del entusiasmo, no se registra una sola rifia, ni amarga
el placer un leve disgusto; todos, con las manos estrechadas, como en un grau coro, bailan al rededor del
dios ti.lomo, para tornar al día siguiente, á. donde los reclama la prosperidad de 18 patria.
Dias son, los de carnaval, de reposo para un hervidero
humano que fecunda con el sudor de su frente, la esterelidad de aquella región, y que ha logrado convertirla en
poderosa madre.
Piira organizar las fiestas existen dos sociedades ~La
Unión» y «Liceo de Mérida,)) formadas por las clases distinguidas por sus profesiones y por su riqueza.
1(La Uniónn está compuesta en su mayoria, por esa
clase social. que, careciendo de dones de fortuna. busca
en el estudio y en el trabajo diario, con los medios de
vivir, la satisfacción de haber cumplido con el deber. De
esta sociedad forman parte, abogados, médicos, escritores,
ingenieros, estudiantes, propietarios de talleres, etc. etc.
Reune en su seno, á los que con sus personales esfuer.zos, contribuyen á la properidad del Estado.
11Liceo de Mérida,n ea una sociedad formada por la cla,.se distinguida por su riqueza, adquirida, como general -

(Signe en 1a página lSJ.)

El carnaval en Mérida.-Batalla deflores.-Carro de ' 1 La Paloma''-NiñosAncona y Cámara.
( 2? Premio. )

"
~,.,.,,
,,
-

'

/ ,~

L

Sociedad ula Unión."-Pensam1ento.-Srita. Francisca Cámara B.
Batalla de flores.-Carro 1 ◄ Maripos-a."-3er. premio. (Familia Cireval.)

�EL MUNDO

182

DOMINGO

21

DE MARZO DE •B97

El Carnaval en Mérida.

DOMINGO H DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

EL CARNAVAL EN MElRIDA

~'

~ ..

:.r·

HLiceo de Mérida" .-Carro Japonés.-Familia Martinez de Arredondo.

las Ondinas. Sociedad "la Uflión ... -Señoritas Mercedes Peon Cisneros, Amira y Elia Evía, Elia Peón Cisneros y Celia Ruíz.

Salones de~la Sociedad de mestizos "Recreativa Pol'lular."
Templo OricnUI.-Carro alegorico de la Sociedad "la Unión."-Sritas Ger1.rudls Baquciro, Clotllde Baqueiro, Sara Tenorio y Raquel Prieto.

�DOMINGO

l&lt;L MUNDO

~cuajes de la ,6udad, ~radoe ·
p()i;..t,roncgR val_iosfsime~. ~n

•

OE

MllRZO DE 1lc17

F.L MUNDO

l&gt;OMINGO a, DE MARZO DIE ,t1,7

de flo ra , diversión que, desde
hace algunos años, urgWJiza el
«Liceo de ~érida.»-Un jurado nombrado por esta eociedad premia los tres mejores
carros que se lucen durante
el paseo. Ea la fiesta del carnaval, de mayor costo, pues se
gastan en organizarla wás de
veinte y cinco mil pesos.
De las sociedades de mest.izol!, asf como de sus di -versiones, nos ocuparemos en
el próximo número de este
semanario que dará. el domingo, un suplemento en que ee
publiC3riin losdem,s grabados
del (;arna.val de Mérida.

parsaa van á las casas á bailar y eon recibidas a llí aleg~'\. mente. En la:i i.ar.iUd1 de Véfl•
•i fican pst!a1..1s cdrt1Wva1escos, .,:. f
se _lucen los ~ ,61egantfJI""ca-..
la nOcffi.'é';" se venfican ba1\eeen
el L ~ o y en La Uni6n.
EnSre estos bailes, son dig
nos de menciona.rae, el del
sábado que celebra Et Lv:eo,
el del domingo que se verica
en L"' U,üon y loa del mart,eE
en ambae Sociedades.
El baile del S.i.bado es comunment.e de S.raje1 de {anta.•
sía. Damas y caballeros asis•
len disfrazados con ,vestidoe
costoeíeimos y caprichosos,
que dan aspecto verdader;1mente encantador al b.iile. El
bailedeldomingo, que ci:lebrs
uLa Uni6n11, es, sin duda, el
mlis concurrido d~ los q ,,e se
Terifican en l\fárida: los arnplioe salones de aquella sociedad quedan llenos de gente;
ee diticulta á lu p.t.rej.Li el
baile, pero éste es notable no
sólo por el número de c mcu•
rrente.s, aino tambien p,1r St:;
entusiasmo. L1a del mime
eon los m ·i s animados del carnaval; generalmente en uEI
Lioeo- terminan á la.e cuat.ro
y en "La Uni6n,1 á la.e seis de
la mai'iana. '
Td.mbién son diver~iones del
carll&amp;val los hawt?H, pa~eos
con que se da principio á hu
6.~st.as. En esM)S paseos, se lu•
cen primorosos carroa alegó·
rico&amp;, ct&gt;m!) verá. el lect.or, en
lOiJ grabados qué publicamos.
D-JS aon lo3 t&gt;aw:tos, uno· del
uLiceo» y ot.r1 de la 11Unión,•
ambas sociedades costean loe
carroe, que conducen hermo•
BM .aetioritas.
Por últ.imo, el marte.a, en la
mafiana, se verifica la batalla

2,

/\
Fragmento.
......... Todos nos forma moa
una ilusión del mundo, Uusión
poét.ica, sentimental, risueila,
melancólica, desagradable 6
trii;te, según el pro{)ic, temperament.o. Y el escntor no tie•
ne otra misión sino reprodu•
cir fielmente esta ilusión con
todos los procedimient.os de
arte que ha aprendido y de
loa que puede disponer.
Ilusión de lo hermoso que
es una convención humana!
Ilusión de lo feo que es una
o~inión que ee modifica! Ilusión de lo verdadero tJUe jamás es inmutable! Ilusión de
lo innoble que at.rae á t.antos
sé.res! Losgrandesar•t.in.asaon
los que impenen á la humanidad su ilusión particular.
ÜUY DE MAUPASSANT.

El carnaval en Mé:rlda.-Grupo ntervezaa.

$1 Domingo en la (alameia.
{Dlbyjo d•J. lla Vlll ■■ ana. ]

"Liceo de Mérida" .-Carro

11

Llra" .-SrlU. González.

�186

EL MUNDO

CUENTOS CRIMINALES.
BLANCO Y ROJO.

Alfonso Castro, escribía por última vez en su prisión.
He aquí el interesante manuscrito:
De los labios rojizos de un hombre de ley, un cualquiera con mirada vulgar y barba descuidada1 ha caido lenta, pesada, mi sentencia de muerte.
En otros tiempos, cuando la enfermedad ó el fastidio
me tiraban en la cama, he pasado algunass horas pregun•
tándome ociosamente cual 1:ería mi fin; mis ojos se abrían
C?º toda la penetración que me era posible darles, queriendo romper lo impenetrable, excudrii'iar y distinguir
11.lgo del momento definitivo que lo futuro me reservaba.
La~ dos muertes que yo veia como más probables eran
ó b~en un duelo buscado estúpidamente, 6 bien una bala
alaJada en ~l craneo por mi propia mano. La justicia,
mas precavida y dudando tal vez de mi buena punteria,
ha venido ,i. evitarme ese trabajo: en vez de una bala,
será.o cinco.
Durante el proceso-ruidoso y concurrido como no lo
fué nunca un estreno-apenas si he procurado defenderme: He oido vociferar, c~amn venganza en nombre de la
sociedad yen nombre deeUa; mi abogado, á quien apenas
conozco, 1;1n defensor de oficio, hacía lo imposible µar
probar m1 locura, 6 cuando menos atribuir mi acto á un
momento de enagenación mental. Creo que ante lo imprevisto &lt;;le mi caso, los mP.dicos hubieran podido declarar en m1 favor, pues efectivamente, en la conciencia de
esas gentes se neceeita estar irremediablemente loco para
cometer un crimen como el que he cometido. Mis jurados quedaban estupefactos cuando con gran pompa de
p_alabras. y e";ceso de negro y rojo, e1 agente del ministe•
no púbhco pmtaba los falsos sufrimientos de la victima
y lo monstruoi;io de mis sentimientos; verd~d es que entre ellos había un dueño de dulcería, uno de tienda de
a~a!rotes y u1;1 prestamista¡ el ser juzgado por estos ind1 v1duos ha sido una de las mayores ironías que el destino me reserraba
Cüando se habló de locura y mis antepasados d~sfilaron evocados por la gangosa voz del defensor, yo, me levaoté para protestar, repitiendolee que, mi razón completamente lúcida de suy0 , lo estaba particularmente en
el momento del crimen y puesto que no trato de excusar~e-añ~dí- r. claramente he confesado mi crimen y sus
móyiles, mút1l me parece emplear mezquinos subter·
fug1os.
Pasar por un asesino vulgar ó por un loco, era lo único que me sublevaba y el único cargo del que procuraba
defenderme.
Mi abogado, quien tampoco comprendía que un reo no
se PrE:Bt.ara á su propia ~alv?-Ción, no sa~ía lo que pensar
de m1. Durante las audiencias, al ver mi sangre fría, tac~ada 4e c~nismo por los periodistas, y mi poco, ó más
bit!n, mngun empeño en ayudarle, me tenía por el tipo
acabado del insensato¡ á solas conmigo 1 cuando en mi
celda me oía razonar y discutir sobre mi caso, me tenía
por cuerdo. ¿Por qué decidirse pues?
. Ahora bien, lo que ni jueces ni abogados han comprendido, lo que en su profunda ignorancia del ser humano y
sus aberraciones no han acertado á penetrar y atribu•
yen á. exceso de perversidad, decretando mi fin como el
de un animal dafiino; eso quiero dilucidarlo yo, expliri.rmelo, estudiarme, y ponerme frente á frente de
mí .~ismo como ante un juez, hoy que la erronea
Justicia humana para nada tiene que intervenir en mis
asuntos.
Un loco, evidentemente no lo soy. Pienso, discurro y'
obro como el más común de los mortales, mejor muchas
veces. Ser un enfermo, no lo niego, un enfermo pero un
-enfermo de refinamientos1 un Eediento de sens.icic,r.es
nuev~H!.

OOMl111GO

Cuando pienso en mi crimen, veo que necesariamente
debía yo llegar á él; era. un predestinado; estaba marca.do
para. seguir esa ruta, no en las mismas condiciones que
la mayoria, pero mas. evidentemente quizás. Enumerar
todas las crisis y todas las transformaciones de alma por
las que he pasado antes de llegar al extremo de mi camino, seria· muy dilatado, sin embargo, ciertos hechos
algunos accidentes de mi vida, hay que contarlos neceeariamente-, puesto que no son sioo los p:reoursores, el pedestal que se levantaba poco á poco, para colocar el más
grande de todoe, el más completo, el ultimo.
Naci inquieto, de una inquietudalarmante,con avidez
de ver todo, de conocer todo y de todo saciarme. Crecí
entregado á la fantasía de mi capricho que en mis primeros años me llevó á, la lectura, á la que golosamente me
entregué devorando hojas. rellenando mi cerebro de
ideas opuestas, verdaderas ó falsas, razonables ó absur·
das, dejando que dentro de mi se mezclaran á su antojo
tan disímbolos manjares.
Me complacian sin embargo los libros extraños, los
enfennisos, libros de una Literatura viciada, ansiosa de
novedad y de más allá, libros que me turbaban y que
helando mi corazón, marchitando mis sentimientos, halagaban mi imaginación y despertaban mis senti~os á.
goces raras veces naturales. Mi espíritu, sin idea fija que
le sirviera de aliento para la existencia, sin convicción
ninguna, no sabía nunca adonde ir, vagaba constante•
mente haciendo variar mis pensamientos á la primera
impresión. En realidad, en mt jamás hubo energía ni
voluntad, no hubo sino eso: impresiones.
Llegué á. comprenderlo y procuré buscarlas, encontrar•
las, en todas partes y á cualquier precio, como busca el
morfinomaniaco, la morfina, y el alcohol el borracho; fué
mi vicio y fué mi placer.
Como era natural cada vez íuísiendo más dificil en mis
elecciones y cada vez tenía que encontrar impresiones
más rebu.scadas; á meses de orgía desenfrenada, de fiebre
de placer, meses durante los cuales me consumía en las
locuras más imbéciles y más arriesgadas, se suced(an semanas de cGmpleta continenc!a y reposo; huía de mis
camaradas de desorden, venían depresiones morales,
que en mis desvaríos y en mi eterna peregrinación en
pos de sensaciones, me arrojaban á las plantas de una
im~n y me hacían matar mis días escuchando repiques,
genndos de ói'ganos y murmullos de oraciones, con tan
mala suerte, que siempre, cuando más grande era mi fervor y más creía estar cerca de la felicidad, una frase ridícula oída en un sermón, el rostro hipócrita, bestial•
mente irrisorio de una beata ó los defectos artísticos de
una pintura, me expulsaban de ahí, lanzándome en busca
de otra cosa.
Mi imaginación no podía estar quieta nunca, iba y venía disparatando, buscando siempre algo más, incansable.
Fueron caprichos amoroso~._..,. .. sin amor; pasiones que
pretendía tener, cuya pequems1ma llama frataba inútilmente de inflamar. La sequedad de mi corazón era notable; yo no sentía afecto por nada ni por nadie: me exaltaba, me esforzaba en amar con locura, en sentir pasar por
mi frente algo de ese di vino aUento que tan felices ha hecho á los grandes enamorados....... yo estaba imposibilitado de conocer eso; con esfuerzos me acordaba al mes
de la mujer á quien jurara amor eteroo y nunca pude
echar de menos durante media hora á la que me afanaba
por amar.
Quise refugiarme en el arte, estudiar y vibrar ante las
grandes concepciones, sentir el estremecimiento creador
del Poeta, el Músico ó el Pintor, pero incapaz de un tra•
bajo ~ostenido, iba de la Pintura á la Música, de la Música á la Eseultllra y de la Escultura á la Poesía, sin loorar
encadenar mi atención ni dominar la pronta lasitud 'que
como inquebrantable círculo, me envolvía.
'
Además, yo era ambicioso y algo conocedor, había estudiado á fondo los grandes maestros, habla vivido una época entera en los museos má.s célebres y la comparación
eD;tre los grandes y mi pequeñez me asqueaba de mí
mismo.
Erré en fin, entre todo aquello que pod.ia producirme
una impresión, no logrando sino excitar y hacer más sutiles mis sentidos.
Las mujeres no podían soportarme tres días por mis
exigencias, los amigos, excepto unos cuantos, tan enfermos como yo, me hufatl temerosos de ser envueltos en el
torbellino de extravagancias peligrosas que levantaba á
mi paso.
Los asesinos célebres. los aérea horripilantes, los diá.•
bólicos, me seducían. Yo soñaba con personajes como los
de Poe, como los de Barbey d' A.urevilly; me regocijaba
con los cuentos de este maestro y particularmente con
aquel en donde dos esposos que riñen, se arrojan á la cara., se abofetean con el corazón sangriento aún del hijo ·
pensaba en los seres 9-ue Baudelaire hubiera podtd¿
crear; los buscaba comphcados como los de Bourget y refinados como los de d' Annunzio.
En tal estado, nervioso y excitable como nunca un
día, en un prado, ví por primera vez á una mujer ~Ita
algo delgada, de andar muy lánguido y con la palidez d¿
una margarita. En sus ojos había un poder dominante
que envolvía y subyugaba. Procuré conocerla y trabar
amistad con ella, lo que no me fué difícil. La traté llegué
á interesl\rme por ella como no me había interesado has•
ta entonces por mujer alguna. Había en ella y en todo
cuanto la rodeaba algo tan raro, tan misterioso que
nolpodía explicar ni comprender, y que me aterroriza a
al tiempo que me atraía; era la sola mujer ante la cual me
sintiera temblar; la angustia, la opreeión que yo sentía
cuando sus ojos se clavaban en mí, no lo había conocido
basta entonces.
Su voz me rncabs. fuer&amp; de mí, tenía tonos únicos indefinibles y á veces-era también un&amp; adoradora. de Baudelaire-cuando recitaba)os versos del más inquietante
de todos los Poetas, yo sentía un soplo helado pasar por
todo mi cuerpo; eiriste una estrofa que nunca, nunca po·
dré olvidar y siempre resonará, salmodiando:

¡;o

Et comme dautrcs par la tendr.:ss",

21

DE MAPZO DE •807

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

sur ta vi.e .et sur ta jeuneBSe
moi, je i:euz regner par l' e.ffroi.
De tal manera guardo el sonido y la expresión de estos.
versos, que cuando las balas desgarren mi cuerpo, dominan~o el clamor.de la detonación, gritaran imponiéndose•
y remando efectivamente en mí, por el espanto.
Su casa estaba toda en harmonía con ella; ningún ruido, el rumor más leve era prontamente extinguido, las
alfombras ablandaban los pasos r las puertas no crujían..
nunca. La rodeaban objetos valiosos, libros precisamente encuadernados, imágenes rusas en las que las vestidura~ ~ran de _metal dorado; pinturas arcaicas, angeles -primitivos ó bien del más acabado modernismo ma(t'istralescopias de Dante Gabriel Rossetti, Burne, Jon~s y fiokleln •
sobre las mesas, ligeras1 delgadas, ocupa,ndo muy poc;
lugar, vasos de esmalte ó con Bacantes esculpidas en las
redondeces del marmol y sobresaliendo, rompiendo la
h_armonía, gestos macabros, expresiones de pesadilla, trágicos ademanes de marfiles ó mascarones japoneses.
Junto al piano cubierto de rico tapiz bordado con oro 1
baj? 1;1n busto del !nonarca de Bayreuth, todas sus obras: e l
fugitivo Lohengrm, el errante Tanhii.user las '\\Talkirias-.
libertadoras, los irónicos Maestros Canto~s la idílica la
sublime epopeya de Tristán é Iseult, las tinieblas del drepúeculo de los Dioses, y el esplendor del Oro del Rhin.
~a nacionalidad de la que podía considerar como mi
a1~11ga,~e era perfectamente desconocida y á pesar demis habdes preg!,lntas, nun~a logré averiguarla; hablaba
correctamente, s~n acento ninguno, el español, cantaba el
Alemán y el Italiano Cf)ffiO una Florentina ó una hija de
Hannover; su lengua favorita era el francés y su tipo se•
prestaba á todas las suposiciones: unas veces la creía Hú ngara, ;polonesa otras, Eslava algunas; Francesa 6 alemana eviden_temente no lo era; para ser hija de la Rt-pública, Imper10 del Arte contemporáneo, le faltaba espíritu,
locuacidad, le faltaba el sello que difiere á la FranCl.'sade
cualquiera otra mujer haciéndola enteramente pPnonal,
imposible de ocultarse; para lo alemán le faltaban los
modales pesados, ligeramente bruscos, la sonrisa exclusiva, la sencillez y la expresióri de hablar que c.1racteri•
zan á las rubias hijas del dorado Rhin. Yo no sabía puesque pensar: italiana 6 española¡ tampoco lo era para ser
Jo plimero ten'ia demasiado gusto artístico, para lo seg1;1n&lt;;to le fal~ba vivacidad1 fuego en los ojos y t&gt;n los mov1m1ento:1, ntmos y calor en la voz: las austriaca.i, son
una mezcla~~ Francesa y ~lemana! mur poco graciosas
para ser parisienses, demasiado delicadas para ser Berlinesas óHannoveri'anasóHamburgesas, siendo la mujeralemana generalmente la misma en todas parte:&gt;.
No p_udien?-? sacar ~da en claro, me conformé y -per•
manee• en mi 1gnoranc1a.
Un día, después que la música de Wagner hubo caído
severa, sugestiva, torturante sobre nosotros; fatigada, lánguida como nunca, se extendió sobre un diván. Sus bra•
zos -pálidos, aon palideces de lmaa, llevabao atados unoSlargos lazos rojos que despues de envolver el puño caian
como dos aochoa hilos de sangre.
Y una idea fantástica cruzó por mi cabeza. Vi á esa.
mujer blanc&amp;, desnuda, extendiaa en ese mismo diván;
la vi plástica, pictórica, escultural, un himno de la forma~· la vi ir palideciendo lenta, muy lentamente, el fue•
go de su mirada vacilando en los ojos ...... y la idea del
crímen surgió.
En la noche no pude expurgarla un momento, no pensé en las consecuencias y la palabra crimPn la tuve por
completo olvidada-en todo caso, el temor nunca mehubiera detenido-Para mf, aquello no era sino un goce
supremo, un exquisi.tismo como nunca me lo había pa•
gado; pertinaz, imborrable; me aparecía en la obscuridad,
blanca, desnuda, plástica, un himno de la forma; veía
sobre el Paros de su cuerpo, al extremo de lo azulado de
las venas, un ancho hilo saliendo, un arroyuelo rojo, de
un rojo cada vez má.s vivo, de un rojo más vivo, más.
cruel, mientras más tenue y más suave era la palidez de
las carnes.
Coo la idea fija ya de realizar mi deseo, la inicié en los
goces del eter; la ví cadavérica, sintiéndose inmediatamente ligen, volatilizada, no teniendo dentro de si más,.
que una pequeña luz de vida, refugiada en el cerebro,
ilumin.i.ndo el pensamiento, haciéndole ver todo y sobre
todo discernir con gran superioridad, dándole la clarivi•
dencia.
U na tarde, cuando dormía sin sentirse criatura humana, cuando dominada por profundo sueño paseaba en
algún «Paraiso artificial,~ mi bisturi fflBgÓ rápidamentelos pufios, la sangre afluyó tiñen-lo las ropas que torpemente le arrancaba, y la extendí por éompleto en el
di van.
.
La sangre brotaba por palpitaciones, corría manchando la mano, goteando de loa cinco dedos como de cinco•
heridas, rápida, •egruzca.
Yo la veía vaciarse, las venas se azuleaban, se aclara•
ban, eran abandonadas por el carmín¡ sus labios sobre•
todo, se tornaban en lívidos, mientras la sangre seguía
corriendo y extendiéndose como un tapiz. Ella palidecía, palidecía como yo lo había soñado, tan tenue, tan
suavemente como cruel era la herida del rojo vencedor.
Abrió los ojos, por su cuerpo pasó una convulsión, me
miró, algo ::itrav-esó en su mirada como una luz que seextingue y las palpitaciones de la· sangre terminaron.
Sus ojos me miraban fijo~, sus labios blancos parecían
decir por última vez:
Sur ta vie et sur ta jeunes.&lt;1e,
mol, je veux regner parl'ellroi.

Y yo quedaba inmóvil, extasiado ante aquella palidez,.
ante aquella sinfonia en Blanco y Rojo.
Marzo de 1897.
BERNARDO CouTO CASTILLO •.

~=..=.!=--=.!=--=.!=He amado á esa mujer de tal manra,
que no me volví loco, porque lo era,
CAMPO.!.MOR..

EL MUNDO

ee tímidas; no platicaron de
perifollos ó gansadas amorosa.a ni insinual'on en la con·
venación palabras de esas
que obligan á un señor de•
cent.e á las corteeanfas que
más mortificarle -pueden.
Sea que la indiferencia de
las hembras lastimara el vi•
drioso orgullo de aquel efebo
que como Hilas estuvo á.
punto de ser raptado por ]as
ninfas 6 que derechamente
se sintiese enamorado, ello
íué, que cierta noche, contemplando el hermes de la luna
y el chispear de los luceros,
juró á las dos criaturas una
pasión volcánica y trágica, á.
la que eUas, ignorantes de la
perfidia del amador, prometieron corresponder con
todas las fórmulas que en tales casos son de uso corriente y comón.
\,,
Aunque las muchachas por
1
su fisico eran más gemelas
que_ los Dióscuros, moralmente sus instintos estaban
siempre en contraposición;
Sabina era impetuosa y capaz de todas las locuras de
una impulsiva, Mercedes, por
el contrario, tenía la santa
bondad de las almas impecables y en su sensitivo corazón
solo germinaba una exigencia sublime: amar.
Sus temperamentos repre•
sentando fuerzas é ímpetus disimbolos, estaban subyngadoa á. la voluntad veleidosa del aturdido por las ligas
de una pasión de igual intensidad aunque revelada de
maneras muy diversas.
La psicología del ánimo de Fabián era curiosa y complicada.
Cuando palpitaron en sus órganos loe histerismos
de la pubertad, sus más próximos amigos y parientes llegaron á. creer de buena fé que estaba loco, tantas y tan
gordas fueron sus extravagancias.
En ese lapso de la vida en que la juventud echa á. vuelo susclamoreantes campanas y la hembra resurge ante
el adolescente con todos los satanismos del pecado, por
que pecadores son sus ojos, y pecadores sus labios y pecadoras sus formas, Fabián codició furiosamente á todas
las(pensativas que supieron dejar en su memoria la coruscante huella de una mirada de diablesa.
Se enamoró sucesivamente de una cirquera con formas
de una exuberancia calipi,gia, de alguna gazmoña amiga de su madre, de una tía monja, de la esposa de m
profesor de lógica, de su madrina de confirmación y
probablemente hasta de la portera de su casa.
Como se comprenderá, en bicho de tan peregrinos an•
tecedentes_, una afeccion como la que conturbó á las jóvenes, tema que prosperar causando sus qou.secuentes
extragos.
Tan extraña aventura hacía trastabillear al desdichado Fabfan sobre una interminable hilera de horcas cau.,
dinas,
Torturado su ingenioi logrópormuchotiem{)Oquenin~
guna de las novias sospechara la infame traic16n de que
estaban siendo vfctimasi pero como por el inexorable fatalismo que determina e destino de los vivos, todas las
tragedias de la existencia, tienen ineludiblemente que
desenmarañarse alguna vez, llegó el día en que las burladas supieran hasta en sus más mínimos detalles todas
las maquinaciones del infame,
Su estupefacción fué mayor que la del santísimo Job
cuando el angel agorero fué á. notificarle las tremendas
nuevas.
Dejándose arrebatar por los furores del momento, juraron tomar terrible venganza del perverso.
Sabina, haciendo belicosos ademanes y arrastrada por
sus melodramáticos instintos. llegó á pensar en venenos
y puñales. Mercedee, después de mucho cavilar, quedóse
como entontecida en un aletargamiento de marmota.
Ya atenuado el colérico paroxismo, las dos lloraron
copioE:atnente y abrazadas cayeron de hinojos ante la
:M:adona, encareciéndole como buenas cristianas que
arrancara. de su pecho aquel maldito hechizo que amenazaba perturbar por siempre la paz filial de sus afectos.
Vaciaron la conciencia en la rejilla del confesonario,
refiriendo todos sus escrúpulos y cuitas al padre cura, y
procurando en un severo examen expiritual que ningún
repliegue de sus almas pasarli desapercibido á la investí•
gación saludable del mentor; éste, que era un viejecillo
experimentado .y muy sabio, después de oír atentamente
la novela, dijo á. sus adorables penitentes: Huir 10uy
lejos.

-

CONFI.ICTO GR.A.VE

Que un hombre se apasione tontamente de dos muje·

res¡ aunque parezca escandaloso, es tan natural como que

á una dama le ocurra exactamente lo propio por tres varones.
Comunmente esos amadores en plural procuran dis·
culpar su felonía alegando el recurso de los contrastes:
rubia y morena, esbelta y rolliza, tonta y vivaz, pobre y
rica.
Fabián no disponía de esa formulilla que solapada•
mente puede atenuar la infidelidad, porque las dos muchachas por quienes el hipaba, se parecían una á la otra
como dos gotas de roc(o.
Tenían casi la misma edad, pensaban idénticamente,
fueron educadas en un solo colegio, la dote de ambas al•
canzaba cifra igual, dormían en la misma alcoba, leían
juntas sus novelas, y, estupendo fenómeno entre dos· rivales, 83 amaban francamente y con ternura.
Eran hermanas.
Sin saberlo, Fabiá.n, había acreditado una reputadón
de hombre siogular sin que sus humorismos y genialidades fuesen por fortuna capaces de encaminarle á. la casa de Orates.
No era el más jaquetón de los galanes de su barrio, ni
perpetraba el~ías, ni encres.paba su cabello á. lo Musset,
ni vestía deaahñadamente, m dr.saUnaba en disertaciones eacabrosaa delante de las sefloras, hablando de escepticismo y desengaños para hacerse el interesante; nada
de eso; su fama de hombre excéntrico la debía más á un
exceso de cordura que á un principio de demencia, por•
que, aunque el concepto resulte paradójico, nadie negará.
que ante el criterio de la social comunidad es más fácil
. ganarse el título de loco siendo cuerdo, que el de cuerdo
siendo loco.
Las mamás con hijas cotizablee en el mercado matrimonial, le hablaban melosamente y elogiaban su figura
é indumentaria rifléndole porque no hacía visitas.
Muchas sefioritas vestidas á la última moda, sabedoras
de que ese joven no feo y de aspecto bonachon poseía
una fortuna muy bien saneada, declararon en Estado de
asedio su sencilloéinofensi vo corazón, el cual, (según dicho de ventrudas y casamenteras matronas} no había
pertenecido á ninguna beldad.
Un caballero rico y no muy sandio que conser11aba á
los veinticinco años una alma vir~en y un capital al que
no habían abierto brecha los caprichos de una figuranta,
era en verdad presa tentadora.
Por esa única y exclusiva razón el pacífico y buen ma•
yorazgo se vió atacado ruda y encarmr.adamente por una
aguerrida artilleria de miradas suplicantes.
Tuvo que aplicar frascos de vinagre y sales amoniaca•
les á la picaresca naricillade mur.has desmayadas; soportó aparentando propicio talante, infinitas historias sentimentales; es:::uchó resignado los aullidos de muchos pianos desafinados y fué por luengos meees halagado hasta
el fastidio por una parvada de solteras que le buscaban
como las palomas ~olosas el granero.
Ante su impasibilad las chicuelas sin dote propalaron
que no tenía sentimientos; otras, monstruosamente feas,
murmuraban que era un presuntuoso; las gotosas abuelas lo calumniaron san~ientamente y hasta los maridos
pe buena fe se permitieron desacreditarlo en los salones.
Por mucho tiempo el inocente Fabián sufrió con estoicismo de espartano la nubada de iracundias que como
castigo del cielo llovía soore su cabeza, preguntándose
en el colmo del asombro, cual pudiera ser la causa de
aquella mal-querencia que las amables señoritas se em•
peñaban en manifestarle.
En el más amargo período de su desgracia fué casual•
mente present.ado á. Sabina y á Mercedes, doncellas huer•
fanas, de humilde posición, bonitas, inteligentes y hon•
radas; caso raro, aquellas nifiae, no adularon al prócer;
récibieronle· con exp1ntanea camaradería, sin mostrar-

Cuando se aleja la blonda soñadora dejando plantado
á un amante que sufre, es porque el olvido, ese pájaro
siniestro, ha proyectado la sombra de sus alas invadiendo con sus duelosJlaaurora de un amorefimero.
El ave nómade, canta un día, abriga su fragil nido en
el alero, arruUa á. Filomela una estación, y luego, al t;o..
ser el bóreas asmático y senil, escapa alijera á la tierra
que florea para perderse en las caliginosas lejanías em~lvando su plumaje con chispas de las fraguas del sol.
Al instante en que el fastuoso Febo chorreaba oro roo•
!ido en el abismo de la sombra, lle!N Fabian á. la casa de
sus amigas con un ramillete de vio1etas en cada mano y
dos cartuchos de bombones en las faltriqueras de un casacón con pretensiones de chupa que usaba sólo en sus
grandes aventuras.
Llamó di:Jcretamente.

Como no le contestaran, colóse á 108 aposentos de rondón y después de minuciosa inspección acabó por con•
vencerse de que la jaula estaba vacía y las alondras habían volado!. .. .. .
Entonces alejóse llorando de aquel lugar donde había
sido dichoso tantas veces,
Las torres dPsgañitaban sus b ..onces celebrando las
exequias del fastuoso Febo y la tristeza indefinible del
crepúsculo llenaba el espaPio, como ansiosa de impregnar su melancolía en las almas de los tristes.
Crno B. CJ:.:BA..J,Los.
M:arzo 12 de 1897

ALBUM
Para buscar los versos que ha de darte
Mi alma conmovida,
Necesito leer hoja por hoja,
El misterioso libro de mi vida.
Y es verdad, en sus páginas hay versos,
Pero versos qub lloran ...
Lirios que mueren, aves que se alejan,
Y lágrimas de amor que se evaporan.
¿A. qué llevarte al triste cementerio
Que duerme en el olvido? ...
No quiero que te siga el ave negra
Que en mi cerebro colocó au nido!

Tú eres feliz ... y yo por otra senda
De la vida me pierdo ....
Te dejo, entre las hojas de tu albnm
La única flor que guardó:-mi recuerdo!
México, Marzo de 1897.

JOSÉ l\f. B-cemLL~.

OFRENDA

Los balcones ojivales de un convento carmelita,
Perpetúan en sus marcos, cual prodigio de cristal,
La litúrgica vidriera que á un maestro mosaíta
Encargó un prior de Hipona por decreto rectoral.
Un infolio venerable, en romance franco anuncia
Que sus goznes y sus llaves, mara.villa de cincel,
Fueron la obra legendaria de un orfebre de Maguncia
Que emigró al país de Hungría, bajo el reino de Isabel.
Cuando el sol gasta su aljaba en los ónices del coro,
Asemeja la vidriera zodiacal constelación,
Sumergida en el encanto de un crepósculo de oro
Que realza sus matices de jacinto y corindón:
Bajo el beso de mil lirios-un floral beso de eedaCifie el Niño Dios un nimbo de un reflejo aurisolar;
St1"j pañales son de un lino tan hermoso, que remeda
El vellón de bella espuma que en las a1J.cas tiene el mar.

Y María-Oh alegría, oh ambrosía, oh melodfa!Más sograda que los óleos de la unción del rey Saúl,
En eu manto azul, glaciado de menuda pedrería,
Está envuelta, como el sueño de algún astro en lago azul.
José vela en los portales con su vara de azucenas
Y su manto de gran púrpura como un viejo emperador¡
A sus piés están ardiendo suaves mirras agarenas
En brasero que ea la boca de un dorado aligator.
Suaves miras que extrajeron de un jardín de mil corolas,
Los tres magos orientales cuya pompa ee toda real:
Bajo u,, cetro de oro fino resplandecen sus estolas
Y sus mitras eminentes, de un prestigio arzobispal.
Respirando un vapor de oro por sus túmidas narices,
Descendió el Toro celeste que preside al sol de Abril;
Lleva atados en sus cuernos por guirnalda cuatro lisea,
Y Is estrella Sahil luce enclavada en su perfil.
Y la mística paloma, en un claro azul distinta,
Lleva en el pico una cinta de grana. como pendón;
&amp;nta D§i Genitrix, dice en la grana de la cinta,
Decorada como el regio pectoral de Saloruón.
Sobre el rústico pesebre de las altas glorias, llega,
-Resonante de alabanzas su magnífico claríny á la puerta del pesebre como un cisue astral despliega
Sus dos alas, cual dos liras, un inmenso serafin.
Cuando el diácono salmodia, secundado del arpista,
La3 perínclitas secuencias ante el negro facistol,
Y en los dedos abaciales centelléa la amatista,
Y la carne de las hostias resplandece como un sol,
La vidriera de colores estremécese en su hueco,
Conmovida como al paso de un armado palafrén,
Y parece que resuenan en el ámbito del eco,
Las cuarenta mil campanas de una ideal Jerusalén.
LEoPOlJJO LUGONE-;.

Febrero de 1897.

�DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

gL MUNDO

,89

•

..,

KL DANTE EN MEXJCO.-El enemigo del Exito.

EL DANTIC EN MEXICO.-Pena ae los poetas chirles.

EL DANTE EN MEXICO

cijada? Es el emblema de la Injuria, del ódio, de la ca•
res de madrigales para al bum, cantores incondicionales
lumnia. que persigue siempre á los hábiles. Lo tenemos de las Fléridss de vecindad ...... Sus gemidos destrozaban
aqní por sugestivo.
el tímpano y su gesticulación era digna de Don Gerardo,
VIAJE DE UN REPORTER.
En efecto, vi á una especie de San son de membranosas
( el del aao) en Jorge el Armador ......... .
alas de murcié1ago, viendo de reojo hacia un punto igno•
Cuando más absorto eEtaba en mi contemplación, senrado,
tí que una mano férrea me cogía por las solapas de la
(co;-.c1.uYE.)
La noche caia pesadamente y los reverberos del gas y
americana y exclamaba:
las lámparas eléctricas. abrían sus pupilas rojizas ó lívi·
-Usted se qued:-trá aqui; usted merece el suplicio; por
-¿ Y qué dirá '.lSted en México de su visita dantesca? das con guiños misteriosos. Desde la plataforma culmi- que ha cometido también el feo pecado de los versos. Va
nante en que se encontraban las oficinas privadas de Sa- usted á ser izado inmediatamente. A ver-añadió la voz
me pre_gunt6 Satanás entre sorbo y sorbo de Soconusco.
tanás, el panoroma de las regiones infernales era prodi- dirigiéndose á un diablete-una cuerda y un Pegazo de
-Escribiré un folleto.
gioso por sus efectos de sombra y luz. Recortaban por los que herramos esta mafi.ana para el amigo Cumplido!
-Oreo más oportuno que haga usted su relato en los
todas partes el espacio, crestones irrtgulares, semejanUn extremecimiento espantoso me conmovió todo; dí
periódioos.
. -E~tán muy ocupados en decirse majaderías, amigo tes á las agujas de una catedral gótica y á los cuales se un grito ...... me restregué los ojos: un empleado del Feprendían fantásticamente los focos de lu~, regando fulrrocarril Interoceánico me sacudía gritándome: u¡Pachumío.
·
Ha mucho tienipo que nuestro ~e~iodismo sigue é_se ca- gores que se abismaban al fin en el espesor de las tinie- ca ......... hemos llegadoln ...... Mi pesadilla se desvanecía á
bias. El silencio era completo, salvo lol'! gemidos escapa- lo lejos; venían rumores alegres de fuera y sobresaha en
mino, imaginándose en su estult1c1a que al púbhco le
importan un comino sus pleitos de comadres. El periódi- dos de algunos réprobos á quienes se aplicaban los tor- tre todoe el grito ríspido de un papelero que gritaba:
11El¡ Globo de acentavo! La verdad sobre el asunto de
có mexiciino ha ganado en noticierismo extranjero: esta- mentos más disímbolos de noche y de día. Respirábase
mos hoy al ianto de la cuestión de Creta ó de la Ineu · una atmósfera de misterio á pesar del exceso de tempe- Don Emilio Ordóñez,1 ........ .
¡Omnia somnum est/. ..... pero este merecía ser cierto!
rrección cubana. con notable oportunismo, pero ha per- ratura y era agradable permanecer en contemplación.
Satanás, abito de chocolate con bizcochos, se habladorFIN
dido en seriedad. El periódico honrado, decenttl y severo, se ve acosado perpetuamente por la jauría famélic.a de mido en una silla ...... dormía todo ..... .
Yo pensaba:
]as bojas de comisaría y de escándalo, y, 6 se mantiene
1tQué rnmensa distancia hay, de la tremenda trilogía
sereno en su ~mesto b3&lt;:iendo _oíd~s ~e m~rcader á l?s insultos, panilocualneces1ta pac1enc1arndec1ble,6desc1ende dantesta á este pseudo averno donde hasta el crírnen se
al asqueroso campo donde SPS contrarios almacenan lodo ve empequeñecido! En nuestro siglo ni el mal siquiera
es grande; todo se baila afectado por la pequeñez de los
de combate, para lo cual necesitaría una desvergüenza
que .desnaturaliza. por completo su finalidad y sus ten- espíritus y por la mezquindad de los caracteres. Nosotros
que hemos hecho parodias de todo: de cris~ianismo y de
dencias.
-¿Pero cuá.l es el fin de esas hojas tabernarias que se política, merecemos un infierno así, risible en su vulgaritiad.n
dedican al insulto verduleresco?
Aquí llegaba, cuando hirió mis oídos un ruido acompa-¿El fin? Lo nauseabundo no ha tenid0 jamás otro
4.ue ensuciar; cuál es el fin de l~ burbuja que surge del sado y seco con el cual alternaban gemidos y frases pla•
cieno? ... ...... Oiga usted. en l\Iéx1co hay una cosa que no ílideras.
Como tales rumores parecían proceder de parajes cerse perdona jamás: ser habil. Si funda usted una empresa
y dedica á ella todas sus energías y todos sus eleroen~e; canos, me aventuré en dirección á. ellos y pronto me en•
si se aplica á. ella oon todos sus empeños y la estudia y contré en una especie ae taller mecánico alumbrado a gi-Orno, de cuyo techo formado por la pared superior de una
la discute y al fin, merced á su trabajo, á su paciencia y
á la constante efectividad de los recursos empleados la ve especie de gruta, pendían, afianzados por las arcas, varios
coronada por el éxito, los que se consagran á labores si- individuos, sujetos al más extraño de los suplicios ...... .. .
milares le odiará.n á. usted con toda su alma. No entabla- Alineados perfectamente sobre una plataforma de rerán una lucha leal, no implantarán mejoras para sostener sortes, habla innúmeros caballos de hierro, los cuales gi~
con ventaja la concurrencia á que se les fuerza. No com- rando sobre sí mismos, aplicaban, con sus gigantescas pesufü1.s herradas, coces concienzudas en salva sea la parprarán máquinas ......... sencillamente dirán insultos y
estos irán ea cresaendo proporcionalmente al éxito de te ...... á quien diréis! ¡ A los poetas chirles!
EL DANTE EN MEXICO.~El despertar.
A lo que entendí, aquellos caballos férreos eran caricausted. La envidia y la impotencia son dos grandes eleturas de Pegazo, de Pegazo airado, que al fin se venga
mentos de nuestro c9,rácter.
No temas de mi amor nada imprudente;
Llega una empresa americana al país; gasta aquí cau- de quienes con burda espuela atormentaron sus ijares.
solo se ama á las santas santamente.
dales para crear una industria, lo improvisa todo, y los Ahi estaban los poetas populares, que juzgaren morada
capitalista&amp; impbt.entes y anaideáticos, se encogen de hom- idónea de la musa el sardinel de una pulquería y la mebros con desdén, primero y después, lanzan sobre los em · sa de un figón; los que disfrazaron al ideal, de charro
Sf como el héroe de la Mancha, antaño
prendedores toda-la andanada de sus vituperios. No era ó de china poblana. Ah( estaban los poetas inspirados,
realice por tu amor grandes hazañas,
lógico, equitativo y justo que combatieran con mejoras los que sin decir agua va, soltaban cada alud de versos
hoy sentado á la sombra de un castaño,
sentimentales y se jactaban de su facilidad de parir poey no con insultos? ?ero ......... oosi va. il mondo.
pensando mucho en ti, como castaaas.
¡El éxito, murmuró Satanás pensativo-el éxito! ........ . mas, como si el verso se midiese por kilos y bastase -rara
¿Ve ust.ed á aquel coloso que ahí cerca, vigila una encru- ser artista la buena voluntad¡ ahí padecían los surc1doCAMPOAMOR.

ENGANO SUBLIME-PJri'.b}aríai!esco!.
NUMERO 2.

Villa Martín, 10 de Septiembre.
Mi querida hermanita:

«Heme a&lt;1uí instalado en Villa Martín y recibi Jo con
los brazos abiertos por mis huéspedes.
uSon muy sencillos y muy buenos; tan sencillos y tan
buenos que me ban enamorado: el padre, el rico arma-dor, grueso, bajo, vestido de una hola.panda desteñida,
&lt;le u11 gran sombrero de plantador, tiene mis bien la apa!°iencia de nn jardinero que de un millonario. Su hija se
le parece desgraciadament.e: tan gruesa, tan baja y tan
-rubicunda como él_; y casi tan mal vestida.

...

l

uLa casa es sencilla; unavastahabitacióndecampo, sin
lujo, pero confortable.
~ Desde en la mafia na asisto á. la llegadq, de los padres,
de los tío!:1 1 de los primos, de toda la familia, en número
,..estringido, por lo d~más: dos viejos señores con sus mujeres; el uno, Martín de Rochelle, de los trigales, seg(m
me han dicho; el otro Martín de Tarascón, de las aceiteT.as; uaa !:olterona flaca, p:ilida, de aspecto asustado, á la
-cu:ll se llama la tia Eudoxia; y una prima viuda, laSeilora
Cleoméne Martín de Marselh1. El padre de Leodice, Mar--tín de París, como lo llaman, no llegará. hasta estf\ noche,
para la firma del contrato.
,,Además de los miembros dt- la familia !!e recibirá maliana, para el momento solemne, gentes de la vecindad,
relaciones y amigos.
,,He acabado por comprender por qué Leodice Martín
parecía tan feliz de que yo aceptara su in~itación. Evi,dentemente no podiaestarorgulloso de presentará alguien
á un.:1. familia tan sencilla, tan bur~ueea, tan vulgar; con•
migo, esto nada sigficaba puesto que soy un humilde
-oficial de marina que seir.í mariana.·

uVerdad es, por otra parte, que en medio de todas es.as
buenas gentes, deSentona un poco m.i amigo- Leodice; bs
domina y las deslumbra.
uNo exageró el amor admirllti,·o que su futura siente
por él; eso se ve y por instantes la transfigura. Sí, por
instan~, esa muchacha fea se vueh·e casi linda, cuando
mira á su primo. Me recuerda á aquella heroína. de la
vieja comedia de Bllzac que leí en tu casa. el ·afio p.tsado:
Eugenia Grandet.
nLa explicación de este matrimonio es sobrado natnral:
Martín de Brest es rico y Mart\n de Paris no lo es. El
matrimonio de dinero, ese mercado de que 1\n hombre de
corazón debía enMjecer, se ha vuelto en nuestro siglo
muy frecuente.
«No ha dejado Leodice de admirarme mucho ahora por
su agitación, por su inquietud, ·por una nerviosidad ·qne
verdaderamente las circunstancias no explican; e-e l1ubiese dicho que esperaba, que temía alguna cosa; iba, Yenía,
salía, volvía á. entrar, se extremecfa al menor rni&lt;lo, se
sobresaltaba, respondía de una manera enrevesada á
las preguntas que se le hacían¡ en fin, tenía el aire de un
hombre que está fuera de sr.
(c¿Qué es lo que puede trastornarle así, Dios mío, en
una unión tan aareciatle donde todo marcha á la medida de sus sórdidos deseos?
(&lt;He acabado por suponer que teme acaso el instante
del contrato.
11Una ~()sa mis importante para mí fué la aparición de
la sei\orita de honor á la cual fuí presentado hoy.
uSe llama Beltrana Meriadec: dos ]indos nombres, no
es verdad? Pues bien, la mujer que los lleva es cien veces
más linda que esos dos nomb~s. Fina y blanca, de cabellos de oro rizo de un mara'1"illoeo mafo;, de ojos leonados, un poco fieros, uu p•JCO s.1h·aJea, de boca pi'que-

ña, de labios delgados; pero esa Qpca de labios deJgadosp
reeponderá tan Jacónicamente como Jacques lo ha predicho ó se hllmanizará con largas frases? Verdaderamente yo no sé nada; basta el momento presente no he oido
aún @u voz.
uCou una muda inclinación de cabeza me ha respondido, cuando su amiga me presentó á ella. No estoy ni aun
seguro de que se haya dignado mirarme. Después las jó•
vene.;i se retiraron al fondo del salón á. cuchichee.rae prolongadas y misteriosas confidencias.
uLa vi e.ita de la seflorita Beltrana fué corta, como te lo
dec!a; uua aparición, pero que aparición!. ..
·•Después de su partida busqué á Leodice, que se en•
contraba ausente del salón. Quería tener algunos infor
mes respecto á esa linda señorit;a de honor. Al pronun
ciar su nombre, el me mostró la extraña fisonomía que
ya otra vez le había notado.
-1Cl.}mo! Beltrana ha venido! Y que se ha hechú? Qué
ha dicho?
-«Ha conversado largo tiempo con la seiiorita Ya~
leria.
-11Con,yereado largo tiempo ...
ciBru.ecamente, sin escucharme más, sin atender (¡ mÍ:i
preguntas, se alejó de ahí.
&lt;•Por la noche solamente, á la hora de la comida, hablú
,~aleria de la visitante: es una awiga de infancia, casi su
mejor amiga, aún cuando sus relaciones hayan sido interrumpidas durante muchos años.
Beltrana es hija de un oficial retirado, tin viejo capitán;
habita coa su padre una casa aislada, nole1osdeKeroeók.
La.e dos amigas casi no se separaban cuando eran nifias;
después ,·ino la sep:i.raci0n debido .i. la entr.i.dá de Beltrana en una de esas cae-as de educación, donde las hijas de
oficiRlt!S son gratuitaweute educadas.

�EL MUNDO
«La sefiorita 1'fartín, habla de en amig:\ con ternur.1.
Pobre Beltra.na.! Su vida ea tan triste! me ha dicho! Por
~so he querido que asi&amp;tiese á mi matrimonio. He tenido
la rnerte de no tener primas¡ he podido pues escoger á.
mi señorita de honor.
uHe insistido para que Leódice nos trajese á. uno de sus
amigos y le agradezco á usted, señor. que haya venido.
Esta reunión de familia que le parecerá. á. usted tan fastidiosa, es una fiesta para ella que se divierte t.an poco.
Yo querría verla tan íehz!
uY bien, deci1id1m,,.nte h'ly instantea en que Valeria
no es del tolo fea: a.on los instantes en que la bondad de
su corazón raifa en sus ojos.
uSeñor:i Elena, si la longitud de esta carta os sorprende, voy á da.ros su explicación: os escribo en mi cuarto,
despues de comer, en tanto que todos los de la cw;a están
ab3ortos en la lectura del contrato.
uHe visto claramente que la presencia de un extrafio,
tan extraño coi:no yo, no era deseada. A la primer ·
palabra deexc\18a discreúa qb.e'pronuncié, Leodice excla•
m) con precipit1ción:
-11Cilm1 no, mi querido de Aubian, tiene usted cinco
veces razón para sustraerse á esta fastidiosa tarea que yo
me veo forzado á. tolerar. L:1, lectura de un contrato es
abrum \lora! E3cribJ. u~t.el su~ cartas; si puedo escaparme á tiempo iré á decirle buenas noches. Acuéstese usted
temprano: la jornada de mañana. será ruda.
uY ahora son las- nueve; naia ro.is tengo que contarte
y nime atrapa el sueño.
uVol,;er al salón seda penoso. En estos momentos, al
atravesar el corredor, he oído voces que parecían discutir.
nBah! voy á pasear á la playa; no creo que el Sr. Leodice piense en venir á n;i.eterme á mi cama. La noche es
soberbia, no hay luna, pero sí muchas estrellas. Allá,
lej0s, la mar canta; quiero irá escucharla.
uBllenas noches una vez más, mi hermana querida; beso tus dulces ojos, estrecho la roano de FernandQ, beso
los lindos pies de Su Alteza mi adorada Lila.
Felipe))

Brest, 11 de S!&gt;rt.

uElena, querida hermana m(a1 mi conciencia viviente,
te escribo bajo el imperio de una gran emoción, te es~
cribo para ver claro en mí.
,1He hecho bien en no asistir á este matrimonio? He
hecho bien en partir?
c,Cuando tu respuesta me llegue ya no tendre resolu
ciónque tomar, pero querría oir, como cuando era un chicuelo, que me dijeses:
11Has hlcho muy bien, has hecho muy bien Felipe, estoy contenta de ti.
1(Ohl son peregrinos los amigos de Jacobo de Sommeres!

11Y ve como se conducen loa hombres que se jactan de
ser vividores, y cómo tenía yo razón en no sentir confianza en este ...... Q1 1é miserable!
nOye lo que ha pasado:
,cSegún te escribía, salí de mi pieza, me deslicé fuera
de mi casa, atraves¿ el parque y me diriji al mar.
uEn aquella noche toda iluminada de estrellas, experi·
mentaba una sensación de ensueño al pasearme solo,
completamente solo con el oceano, á lo largo.de aquella •
playa desierta.
uCreo que anduve largo tiempo sin darme cuenta de la
distancia recorrida. Por fin, resintiendo un poco de lasi•
tu 1, me eche á tierra, sobre la arena, al pie de una de
esae grandes piedras druídicas de que está salpicada la
Bretaña.
uY la mar cantaba allá lejos, ante mí, comenzando á.
ascentler y rompiéndo3e en la playa.
11Yo la escuchaba embelesado: ningún concierto humano es tan bello como esa gran voz de la mar y he aquí
por qué, no escuchando mas que á. ella, no viendo más
que á ella, olvila.ba yo la hora, ab3orto en esa contem•
plnrión infinita.
"L 11 ¡vHo rápido, precipitad.0 1 nervioso, me despertó de
mi ensul!iiO. L!egabl un hombre. En el mismo instante
una mujer envuelta en el manto de las campesinas breto•
nas, pasó ante mí como un relámpago, gritando:
-nPor fin, por fin!

uEn la obscuridad de aquella noche sin luna, no me había. percibido.
1,Quiso arrojarse en los brazos de Leódice, y con un·
gesto brusco él la rechazó.
-nNo haga usted necedadee, dijo; ya es demasiado haberme hecho venir. Qué es lo que quiere usted por fin?
(&lt;Ella dijo:
-&lt;\Quiero saber si me ama usted aún. Quiero suplicar
á usted que renuncie áe se matrimonio ahora que aún es
tiempo. Quiero decirle á usted que eso sería mi m-uerte.
Quiero suplicarle. rogarle, arrojarme á sus piée; tenga us•
ted piedad de mí, Leódicel
uSe arrodilló.
-i&lt;Vamos, dij1&gt; él, levántese usted, basta de melodra•
roa. Usted sabe bien que la amo siempre, puesto que es•
toy aquí, áriesgo; sí, á riesgo de descomponerlo todo si
alguno nos hubiese segui io. Sea usted siquiera razonable¡ este matrimonio á mí tampoco me diviert.e. E3 una
calamidad! pero una calamidad necesaria. Ya le he dado á usted las razones, yo creia que como muchacha
sensata me había usted comprendido. L'l casa Martín de
París no es muy sólida; tiene ne,esidad de andamios y
esos andamios puede proprocionárselos la casa :Martín d·e
Brest,. Yo me sacrifico, mi pobre niña. pero nada cam•
biar.í. en nuestro amor; por que ya.comprenderás que no es
la gruesa peonía de Valeria la que puede reemplazará
una rosa de Bengala como tú.
i&lt;Ellase había levantado, y el quiso abrazarla; pero
ella se echo hacia atrás y con 1;1na voz feroz exclamó:
-&lt;cMe habeis prometido que os casariais conmigo, me
Jo habeis jurado¡ de otra suerte no me habría entregado
á vos, no habría yo cedido¡ lo. habeis jurado y ahora ...... .
-..:No pudo continuar.
{{El dijo con un tono ligero:
-1(Y ahora me caso con otra. E3to prueba la verJad del
proverbio: uEl hombre propone y Dios dispog.e¡o Dios lo
ha dispuesto de otra suerte; vamos, lfüd razonable; me caso,
~to ee indispensable, pero en el estío próximo volveré
y juro que entonces el Cromleck, testigo de todas nuestras citas ..... .
~nCallaos1 callaos, dijo ella con una voz á.8pera, no ju·
reis ya y escuchad á vuestra vez mi juramento: Si rechazais mi suplica, me vengaré; he esperado hasta última
hora; pero entanto que viva, ese matrimQnío no se realizará:
1cY con los dientes apretados, repitió:
-u:\fe vengaré, me vengaré!
((El dijo con un tono de burla cruel:
-l(Ea la escena clá.sica, ya la conozco.
ttY declamó con enfasis:
Lt• va á los 1)if3 de los aftam1,
El c:oraz6n. q•~ me ahandona ¡
AntU1, apr&amp;1Urak, m'Ús f.em.e

HuUar ahí denwvo á Flermiona.

uDespués afíadió:
-11Que hará:Hermiona, oh mi hermosa? No me disgustaría saberlo. Hoinbre prevenido vale por dos.
uSin hacer caso de la ironía.1 sin indignarSe por la bur•
la, llena toda de su colera y de su pasión, respondió
ella:
ctlre á buscará Valeria, le diré qne no la amais, que
la ridiculizais con el sobrenombre ~e peonía, que os ca~
sais con ella únicamente por que ~s rica, que la abando•
nareis y la•engañareis.
-{(Babi Bah! Valeria es una buena muchacha; me
adora y me perdonará, a1;1n cuando yo fuese cien veces
má.s criminal; hay en su alma plácida demasiado de amor
y de indulgencia para absolverme de todos Ls delitos del
infierno.
uPues bien, me dirijiré á M. Martín; el no es un vivi·
dar, él es tm hombre honrado; y cuando sepa las promesas que me habeis hecho, losjuramentesqne hemos cambiado, cuando comprenda que su hija no puede ser feliz
con vos .......
uSe interrumpió haciendo una mueca.
---1eY que pruebas dareis de esta acusación á ese hom•
bre honrado! Nuestras citas? ¿Han tenido testigos?
¿No, verdad? Nuestras precauciones estaban bien tomadas; por prudencia, me cuidé de todo. Tenéis cuando
menos algunas líneas de mi letra?
i&lt;Ella respondió sordamente:
-uDa snerte que por eso no babeis respondido á mis

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1!97

cartas! Por eso :fingiais temer comprometerme! lo que t,e...
miaisera poner una arma entre mis manos!
-u¡Pardiez!.Un sabio ha dicho: uD_¡dme tres líneas de
escritura de un hombre y yo le hará ahorcar.u No quiero
que me ahorquen, no quiero que me arruinen, no quiero
que me casen á pesar mío.
-ce¡ Pues bien! dijo ella violentamente, diré todo á mi
padre¡ él os matad.
&lt;1E3ta última amenaza me pareció que producía sobrn
el espíritu_ de M. Martín más impresión que todas las
otras. P~rrnaneció un momento silencioso y respondió
con un tono. más dulce:
-!cVamos, no digas locuras; no se mata á nn hombre
tan impunemente como á una liebre: hay trabajos forzados y también gujllotina ...... Sobre todo, cuando no se
tiene prneba alguna, entiendes bien? prueba alguna ..... .
uDespués con voz temblorosa:
11Hagamos las vaces, querida mía, abracémonos, despidámonoe, como buenQS amigos, porque la luna se levanta y yo no quiero ser percibi(!o. No te digo adios, sino
hasta luego.
uE\la no respondió al principio1 después, sollozando,
exclamó:
•
u-No; no, no os perdono. Comprendo ahora de sobra
como ha beis jugado Conmigo. Tenéis razón; ninguna
venganza me es posible; pero cu11.n fo menos puedo morir
dejándoos un eterno remordimiento.
ciCon un vaso desigual, paso de loca, la ví dirigirse al
mar.
t1En un segundo, me puse de pie sofocando un grito de
terror.
u¿Cómo no me vió Leodice? ¿C.lmo no me oyó? Estaba
demasiado absorto; pero yo no quería intervenir con tor•
_peza y 110 podía soportar que la dejase morir. La seguí
con una n::iirada de terrible angustia.
11Ella no se precipitó en las olas; sea que en el momen•
to supremo su valor hubiese flaqueado, sea que tuviese
aun un resto de es~ranza, se dejó caer sobre la arena ante
el mar que ascendía. Y ahí envuelta en sus paños negros,
parecía solo una de e30s pobres leñ.os que el océano va á.
arebatar;
uEl tiempo huía: una ola más alta y la imprud1=mte se
perdía para siempre. Yo busqué con los ojos á Leodire;
ah! e3ta vez tnve un eublevaJ?lientQ de cólera: el cobarde
huía. No vacilé, me lancé. hacia la pobre niña, la tom&amp;
en mis b:razos y la retiré de ahí.
11Ella dejó oir un grito de alegría:
-»¡Oh! me amas siempre, puesto que no quieres dejar•
me morir.
KSu error fué de corta duración. Murmuro:
-1tNO es él, ¡oh Dios mfo! ¡no ea él!
»Después se dejó caer de nuevo en tierra, se ocultó la.
cabeza con eu manto negro y se echó á. llorar amargamente.
u¿Qué podía yo hacer? Ella no me preguntaba ni aun pa•
recfa inquietarse de mi presencia.
uA la claridad de la luna, durante el minuto en que, tomándome por Leodice, había levantado su rostro haciai.
mí, un rostro radiante de felicidad, conocí á Beltrana ~ieriadec, la amiga de Valeria1 la señ.orita de honor que meestaba d~tinada.
1tLloraba con la cabeza entre las manos. Yo la dejé llorar, comprendiendo que en sus lágrimas, su enérgica có•
lera zozobraría, que no tendría ya fuerzas para comenzar·
de nuevo lo que había intentado hacer; en una palabra,.
que no se mataría.
uNo cambiamos una frase más; al fin se levantó con
el.,rostro oculto en un pliegue de aa manto¡ solo sus ojos,
aparecían, soberbios, ardiendo con un brillo sombJio. J\Ie·
míró Ia,gamente sin decir uoa palabra, y se alejó.
u~fo se dirij ía ya hacia el mar y no ia seguí.
uAquí es, herm~na querida, donde surge el caso de
conciencia. ¿Qué debía yo hacer?

DOMINGO

20

EL MUNDO

DE MARZO DE 1897

•

uNo podía conservar ilusiones respecto álos sentimientos de honor de Leodice¡ pero revelará. M. Martín la indignidad de su futuro yerno, era una tarea ingrata q1ie
me asustaba.
«En el fondo de mi alma se levantaba un sentimientc&gt;
muy preciso: una repug~ancia á. asistir á ese ma~rimo1 i ""
que me parecía odioso; yo quería- evitará. la desventu ·
rada muchacha el suplicio de mi presencia, ahora que sabia su secreto. C..Jmplde~ía á Valería, compadecía a.
"Beltrana y execraba á. L'~o::lice.

•

•

_..,..,..
..

~~

,. .

;·!'""

•

n:No reflexioné largo tiempo: No es acaso una dicha pa.ra loe que deben ser hombres de acción no perderse en
las vacilacienes del pensamiento? Volví á. mi pieza, arreglé mi petaca y salí á las primeras luces del alba.
11Dejé sobre mi mesa una palabra de excusa para M.
Martín. Pretextaba indisposición súbita que me forzaba
á.partir.
n¡Qué habrán pensado? ¡No lo sé! poco me importa! .. _
¿Pero tú', hermana, que piensas de tu hermano? ¿He hecho demasiado ó he hecho poco? ¿No me. he lavado las
manos como Pila.to? O bien, al desertar, he faltado á las
leyes más elementales de la hospitalidad y de la política?
c&lt;Espero impacientemente ~u respuesta.
FELIPE,»

•••
La Sra. Elena Duverrwy al Sr. Felipe Aubian,

uMi querido hermanito:
uTodos IQ.e dicen injuriBP; que te he educado mal, que
he hecho de tí una mujercilla, una señorita. Jacobo de
Sommeree, á quien he puesto al tanto de tu carta, da libre curso á. su indignación! Te trata de cándido, de boba-

licón; él estaba lejoe de esperar qué un oficial de marina
tu viese, para ciertos asuntos, severidades de capuchino.
Afiade que hay pocos hombres que no hayan tenido que
experimentar, en vísperas de matrimonio, semejantes
asaltos; que sólo loa simples se dejan coger, y que Leo•
dice no es }ID simple.
({Debo afiadir que no h~ encontrado en Fernando el sólido apoyo que esperaba; sin explicarse con la cínica brutalidad de Jacobo,.insinúa que hubiera eido preferible
no entrometerse en este asunto y asistir al matrimonio
com9 si nada se hubiera vieto¡ estima que el deber de un
testigo, de un gar~on á' Jwnneur, de un invitado, es
volverse ciego y sordo. Te censura que bayas ido á. va·
gabundear ( esas son sus expresiones) durante la noche.
Jmnás sabe uno-dice-á qué descubrimientos se expo~
ne. He aquí la moral de los hombres, mi querido niño, y
de los mejores, porque éstos son gentes honradas. ¿Ha
brá. necesidad de decirte que no es la mía y que he sentido una profunda tristeza escuchándolos?
1eYo comprendo y apruebo el sentimiento que te hizo
huir de esa casa y la aprensión -de tener que estrechar
aún la mano de ese- miserable. Porque pa,t:a
pa?a.. íní,

es un miserable, aun cuando siga siendo á los ojos de lo
otros un hombre galante.
uSolamente un temor me tortura, Felipe; Jacobo pre•
tende que las cosas no quedarán así, que tu brusca partida ha sido una afrenta, que la esquela dejada á M. Martín es insuficiente, que en el caso procede una explicación;
en fin, que para evitar las consecuencias de tu incivilidad, habrá que ~scribirle una carta de excusa.
~ 1(Esta carta, Felipe, yo sé bien que no la escribirás, y
no quiero imponértel.!I.; pero tengo la angustia en el corazón, porque nuestro primo ha afiaiido que ese miserable es un matón, un espadachín, un cliente de los salones de armas.
11¡Oh, mi Felipe, cuá.nto temolcuánmalos son los hom•
bree y cuánto te amo!
Tu hermana-ELENA.

4

tí7"

Felipe de .Au-bian á la Sra. Elena Duverrwy.

•

uMi pobre hermanita, tranquilízate. Por terrible quesea ese matasiete con la espada ó con la pistola, ya habrla encontrado alguno para que le respondiese; pero no-

�•11•

EL MUNDO

DOMINGO

21

DE MARZO DE 111!)7
DOIIINGO

J)iensa casi en provocarme en duelo. La noche de su ina•
trimonto. partió para Italia y cuando regrese, hermanita,
habrá entre nosotros el Mediterr1.íneo, el mar Rojo y el
Océano Indico. Acaba de llegar la orden de marcha. Hete pues contenta ( cuando menos asilo e~pero); partimos
para los marea de la China y no pienso que el feroz Leo·
&amp;ce vaya á perseguirme hasta allá.
1&lt;Doa años de ausencia, querida, extinguenmuchoaren•corea, calman muchas cóleras. Yo supongo que jamás me
demandará ni razón ni explicación.
1(Lo que si es grave y triste, es que no podré irá abra.zarte y decirte adios: Pontarlier está tan lejos y tenemos
tan poco tiempo!
"Cuida mucho tu salud, hermanita querida: las últimas cartas de la tía Fourneron me inquietaron un poco.
Dice que _tienes mal aspecto, aun cuando te obstinas en
no quejarte.
,1Bien sé que la buena tfa, en su fiebre de solicitud desea vernos á todos enfermos, á fin de tener el placer de
,cuidarnos y la gloria de salvarnos. Bien sé que tú mé
afirmarás que ·nunca has estado mejor; ¿pero esto es verdad?
u:\Ii Elena querida, no tener más que una hermana en
el mundo y pmtir tan léjos de ella, tan lejos que se necesitan meees para que sus cartas nos lleguen! Cuando
piem:o eu esto me dan ganas de desertar ó presentar mi
dimis!ún.
&lt;i¡Que Dios te guarde, Elena!
uTu hermano que solo á tí ama.
Felipe.n
P. S.-Li á Jacobo mi pena por haber correspondirlo
tan mal á sus esperanzas; dile que si los oficiales no son
,capuchinos tampoco son tigreé y que por miserable que
pueda ser una mujer, no se complacen en verla torturar.
u)Iira tú, hermana. Yo no aceptaría ni una broma, ni
una censura á este respecto. Yo no doy sino á ti sola el
derecho, 9"e juzgar de mi conducta y de normarla.
III.
Cuando la Sra. Duvernoy recibió esta carta, no pudo
,coñtener las lágrimas. Oprimiala la angustia, Felipe iba
á partir siu que ella lo hubiese vuelto á ver; no lo vería
jamás!. .....
Pero no eran los azares del mar lo que más temía; tam•
poco que no volviese,, E!ino no estar en el mundo cuando
-su vuelta. Se sentía gravemente enferma.
Lo que ni Fernando ni Jocobo de Sommeres, ni el me•
dico tal vez observaban: el debilitamiento paulatino y gradual de la joven, la tia Fourneron no había dejado de
percibirlo. Asediaba á Elena á preguntas, la vigilaba
desde la mañana bata la noche, entrando á su cuarto con·
todos los pretextos, miníndola hasta. el fondo de los ojos,
de tal suerle que acabó por comunicarle su convicción,
quitándole también esos bienes supremos que hacen retrocederá Ja muerte y frecuentemente vuel,·en la salud:
la esperanza y la ilusión. Elena1 sin embargo deeeaba
sanar: se aferraba á la vida con la enérgica voluntad de
no abandonará. los que amaba, á Fernando, á Felipe, y,
sobre todo, á. su pequeña Lila.
Desde la discusión con Jacobo 3 propósito del matrimonio de Leodice, ese deseo de vivir estaba acompafi.ado de una inquietud moral. Llevado por la necesidad
de convencer, de tener razón,. de.guardar para sí la última palabra, Jacobo le Labía chcho con su franqueza
brutal: &lt;1¡Pardiez, prima Elena, si los hombres se anduviesen por las raQlas pam romper con su pasado y enviar
.al diablo á las intrigantes, no se casarían jamás. Pregunt.1.d algo de eso á vuestro marido.u Ella había vuelto
hacia Duvemoy sus ojos interrogadores y lo vió vacilante, turbado hasta el fondo del alma.· Herida en su pudor de mujer honrada, se abstuvo de pregunta!, pero la
duda se le qp.edó en el alma.
Algunos dia.e después, Jacobo totn6 bruscamente á la
carga; esta. ve.z llevaba excusas:
-Estoy desolado por lo que he dioho, mi pob_re prima;
Fernando me ha hecho una algarada; que queréis, yo
creí que eetábais al corriente: ¡eso era t{ln público! Todos
fos artistas pasan por lo mismo, no hay que admirarse.
Fernando ea muy bueno, pero muy débil. ;Las mujeres
lo dominan 1 Ah! y no fué facil e~capar de esa. Sabéis el
medio que yo empleé? Me puae en competencia. Yo era.
más joven, más rico, demasiado guapo y decidido• á per•
manecer célibe. La tía Fourneron no había emprendido
aún mi conversión; agotaba las armas de su arsenal con-

tra vuestro marido. Ella fué la que inventó la maquia- aguas. A fuerza de instancias, logró el pobre hombre que
vélica combinación que logró hacer de Fernando el más" I..eodice paniera solo¡ mas fueron tantas y tales las muesfeliz de los maridos. Ya veis, pues, que hay que eer in- tras de desolación de Valeria, que un día, haciénd0se un
duJgente con mi amigo :Martín. En ese duelo que se . supremo esfuerzo, la dijo:
libra siempre entre el hombre y las mujeres, ellas tienen
- Vete, vete á. buscarlo, puesto que no amas má.s que á.
por armas sus astucias, sus comedias, sus tragedias tam- él en el mundo:
bién. El hombre no tiene más que su egoii:mo. ¡MalaElla se levantó de un salto y le echó los brazos al
ventura para~ debil! Fernando era un dtbil; me tuno cuello:
que vuestro FeliIJe no sea un débil también.
-Gracias, padre, gracias; cuán bueno eres permitiénElla mostró una hermorn eonrisa de confi.,ama:
dome abreviar mi permanencia aquí! Mira, estny tan in-Oh, no! Felipe es tan :firme como bueno, honrado y quieta, soy tan deegraciada cuando no le veo .............. .
leal.
Y partió alegremente al otro día.
Y cedió la disc.usión, mas cuando Jacobo se hubo ido,
ei enfriamiento perduraba.
En su hermosa mansión ,acfa, }l. 1\Jartfn meditaba
Conque era pues un débil el hombre á quien ee había
tristemente.
unido! A. pesar del grande afecto que le prnfeEaba, no po·
¡Qué largos son esos días de Otoño! 1\Us largas aún
día impediree juzgar severamente algunas denotas: la
imposibilidad en que él estaba, por ejemplo, de defen- eeas tristes tardes pasadas en un rincón y ante el fuego,
der sus intereses, prefiriendo dejaree perjudicará entrar solitario! Los negocios no le interesaban ya: ¿para qué
·en pugna. Débil, no por cobardía, no por bondad, eino ganar dinero para los ingratos? Por sus labios vagaba
por una especie de pereza; de t9l suerte, que las tareas esa'terrible palabra que resume la nada de todos los es.fuerzas, la locura de todos los sueños: "¿l'ara qué, para
penosas venían siempre sobre ella.
Y ahora en la penumbra de su alcoba, en Ja triE.teza qué?n repetía amargamente. Ante él pasaba su vida, una
vida laborimm: cuidados, vfgilias, actividad incesante,
del crepúsculo, con las dos manos cruzadas sobre las roalgunas veces horribles temores que hacen correr un sudillas, pensaba: Que sería de su pobre Lila si ella moria? Vanamente trataba de reaccionar contra la impre- dor frío por las sienes.
No se erigen las fortunas sin una lucha tenaz! Y.el.resión producida por las revelaciones de-Jocobo: recordaba
sultado de tantos e!.Euerzos era la soledad y el abandono!
frases, palabras pronunciadas otrz.s vecés ante ella, eufeUn padre es tan p6ca coea para el hijo, en tanto que el
mismos, sonrisas veladas. Entonces no había comprenhijo es todo en la vida del padre! El también había sido
dido, ahora comprendía.
un hijo ingrato; queria hacer fortuna. Esta idea fija haLo que experimentaba no eran celos retrospectivos 1 era
bla paralizado, absorvido todos los sentimientos de sU
aprensión; no por ella que acaso iba á morir, sino por la
corazón. El primer escalón que le había permitido alhuerfanita que le sobreviviría. Se dejaría sorprender
canzar la meta, fué el matrimonio: los cincuenta mil
por los artificios de algún intrigante eEe hombre de coescudos
de su mujer le permitieron emprendar en algu ·
razón debil cuando ella no estuviese ya ahí? Oh! 1á! era
nos negocios. Su mujer se asoció a él y al morir, dejándopreciso vivir! Lo necesitaba, lo quería.
Llamado el viejo médico, Ee sorprendió de encontrarla le una hija, contempló orgullosa la prosperidad de la
•
tan nerviosa. Advirtió los desordenados latidos del co- casa.
y todo para qué? ......... si ahora no había una ternura
razón y la irregularidad de los pulsos. Ordenó numerofemenina que calentase el frío de su vejez ........ .
sos medicamentos, todos los vinos generosoe, todos los
En este momento flotó ante sus ojos una esbelta Y
el!xires, todos los fortificantes, todos los anti-neurastéblanca figura. Hacia muchos días que la encontraba en
nicos.
la playa. Estaba sentada sobre una gran pieda y contemElla obedeció dócilmenw.
plaba el océano. Como no amaba á los perezosos, la·había
El médico da el remedio, más Dios solo da la curación.
mirado al principio con una extremada desaprobación.
IV.
nEaesa haragana de Beltrana Meriadec,,1 babia murmu•
En tanto que Felipe de Aubian bogaba, á plenas velas rado. Pero los ojos que encontraron los suyos, no deja hacia el Japón; en tanto que •Leodice paseaba· chabaca- ron de turbarle. Eran unos ojos leonados, de un brillo
namente por lila playas del Adriático á la pobre fea de sombrío y de potente seducción.
Valeria; en tanto que Elena miraba tristemente irse su
El no era experto en belleza femenina: verdes ó azules,
vida, Martín de Brest se fastidiaba.
obscuros ó negros, los ojos de las mujeres no le preGcupa·
Desde· el matrimonio de su hijo erapresadeesamelan- ban jamás; pero el recuerdo da aquellos le persiguió tan ·
colía que todos los padres han experimentado, tristeza to y tan bien, que al día siguiente volvió á la playa, pre•
caueada por la últiina decepción de la vida: la ingratitud sa de un deseo un poco maquinal, como si hubiere ido
del hijo. De un cara1:ter dulce, apacible, amaba la casa,• en pos de un resto de navío ó de un objeto curioso é inla vida de familia: Valeria, al partir, dejaba nn vacío in- teresante. Los ojos estaban aún fijos en el mismo sitio,
capaz de ~lenarse. Mientras duró el invierno, soportó va- siempre ociosos. perdidos en la inmensidad. Creyó ver
lientemente la separación; estaba en Brest, sus negocios
lucir eb. ellos una lágrima. Después, vol vi6 todos los días
lo distraian, además. las cartas de su hija le llegaban im- al mismo paraje, sin razón, sin esperanza. En su vida,
pregnadas todas de gozo; estaban fechadas en Niza, en destituida ya de toda finalidad, este encuentro silencioso
Florencia, en Roma, en Venecia, y por último en Nápo- se conVirtió en un hábito y en un placer.
les. Aquello era para la muchacha que jamás habia abanY he aquf que solo en su gabinete se echó á sofí.ar co~
donado la Bretaña, una maravilla, una embriaguez. El aquella muchacha, deopués de haber pensado, quien sabe
se asociaba á. esta ventura, pero experimentaba un poco por que extraiia asociación de iJeas, en una pobre sir·
de celos. ¿Por qué no era á él, á él solo, á quien debfa vienta á. quien sinceramente había amado: María ·9omesta felicidad? ¿Por qué habían permanecido el uno y la bier, abandonada cruelmt&gt;nte antes de su matrimonio,
otra pegados á esa casa de comercio, t ne.errados en los sin preocuparse de lo que sería de ella. No habfa cohe•
EOmbríos departamentos, en los escritorios polvosos? Ah!. sión posible entre los dos recuerdos yein embargo el uno.
era preciso ganar millones, y ahora otro los gastaba ale- sucedía taimadamente al otro.
gremen~. Sentía para su yerno una especie de rencor,
U11 día, en el momento en que su paseo le llevaba de··
ese rencor que inspiran los ladrones hábiles. Si cuando lante de Beltrana, ella se levantó y se acercó á él. El se
menos al ·robar la caja fuerte no se hubiese llevado el co - detuvo, más intimidado que sorprendido. "No era amigo
razón de la muchacha!
de platicar con las muchachas hermosas, pues· jamás haPasó el invierno y la primavera vino. Se había conve- bía tenido el hábito de esas conversaciones; pero tamponido antes del matrimonio que los jóvenes pasarían el co había querido alejarse ein oirla. Iba sin duda á soliestío en Kereck y que Leodice, al ojo de su suegro, se ini- citar para su paire, ese viejo cazador furtivo del capitán
ciaría en el funcionamiento de la casa de Brest cuya di· Meriadec, algúu permiso de ca al eu sus bosques reserrección debía representar. ((Así casi no nos abandonare• vados.
mos, tío Nart.ín,n había dicho, y paro liando una palabra
( Continuará. )
célebre: ((Ñada ha cambiado en vuestra vida, no tendréis
sino un hijo más.n Previa esta seguridad ee concluyó el
matrimonio, más al ~greso de los novios Leodice habló
de los negocios de Paria, de la necesidad de un viaje á
Alemania, y de la exigencia para su salud, de tomar

21

DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

LA MODA

'Traje parisiense para niña.

•

�l&lt;J.. MUNDO

11'.A.MODA.

DOMINGO n DE MARZO DE 1897

En pocos afioa, todas las Eefio~ distinguidas iban como
la Empt-rat.riz Eugenia, co11
la cabeza alta, los ojos mir-,mdo vagameute1 el talle ondulante ......... y hasta Jos ca~llos adop·aron uniforme...... .
En 185h llega el apogeo de
su triunfo; tiene ya uu hij1 ;
t-8 t-n la nueva sociedad la expresión suprema de la finura fra¡1c-..sa. No tiene ni las
incohl'rencias de Josefina, ni
l»s indiferencias de Maria Lui~
sa, ni las tristezas de la du.
qut&gt;1:1a de Angulema, ni las
t urbul,enrh1s de 11ifia mimada
de ta duqueea de Bnry. Sin
embargo, de todas ha toma.
do algo: la ~ensibilidad. la
d n lwra, la protección á )fls
pt&gt;qut&gt;ños, el gl,SIº por lo inédito y por los rdiaamientos,
la pJegante distracción.
E11 la uwecolan:rn de la corte
Fe afirma indh•cutiblemente é
impone á las útras damas lo
que ella ha entendido, eetudiado y colocado en su verda•
dt&gt;ro punto. Si la observamos
t&gt;n su estricto papel de muj, r
á :u motlo, la consideración
reina por cu:to superior en el
C(,nocimieµto de los matices,
de tal modo, que cosas exLravagnntcs ó ínfimas wciben de
ella una precisión más acá de
lo cual todo es tonto y más·allá
todo es ridículo. La vemos
muy á menudo en sus habit.'lcjones, en rápidas posturas,
sorpre-ndida en tr&gt;ilettea que
una nonada h0ría grotescas y
que son, sin embargo, encan•
tadoras. Bajo un horrible
sombrero plano, que Je impLnen los modistos¡ con un traje
liso cerrado en las mangas,
cerrarlo en el talJe, y deFgrit.ciadamente inflado por abujo,
t&gt;El 1 seguramente, la Emperc:1.tr iz 1 y para convencerse de
ello, basta compararla con las
otras damas.
Cuando viste con las galas
de las grandes recepciones,
como por ejemplo, la de JoeembaJadores de Pereia (en
Enero), ni la misma María.
Antonieta hubiera tenido aspecto más distinguido. Llevaba nna corona de flores y
pPndfa de sus hombros amplísimo manto. En pie, al ladodel Emperador, son refa á. aq uellos enviados de las m·il g ii11tAnoche1S, que comervan en la ca•
beza su gorro de astrakán, y
sin embargo, e~tán como cortadosdelante de ella.

DOS HERMOSOS MODELOS

Ahora. ninguna dama encopeklda, ninguna reiua de la
hermosura puede considerarse
satisfecha s1 no tiene má! que
en modista, eu -eastre. Y ea
que el traje femenino, en lo
relativo á la elección dt:' género@, y aun comunmente en
su factura, se masculiniza ii
grandes :pasos. Salvo en abrigos y aplicaciones de tr-djes de
gran soirée, están nuesi raR da·
mas muy lejos ya de los buenos tiempos que precedieron
á laaetualetapa del figurín.
Las complicac1ones desaparecen inseni:iblemente, aunque
no lo co~toeo de las telas, y
dia llegará, ei el capricho r~ menino no opta por los t:xtremos, en que la tisonoaüa dolninante de la moda sea de
11na augueta eencillt'z.
De uno ó de otro modo,
quien mantiene el cetro de la
actua1idad y la fantasía en
cuestión de trajt:e ferrt(&gt;ninos,
es ortb ,el Parisie,i ee. ,v&lt;•rtb,
el único, el inimitable "\Vorth,
cuyo cerebro e~tá t&gt;D teni:ión
perpetua, para c:n&gt;ar cada día,
cada hora, el guifiapo de actualidad que r~inará en París
elcual reina á su vez sobre
toda la tier1 a.
El hermo1,íeimo traje de
casa que ilustra estas líneas,
acaba de salir de su establecimiento y ha obtenido prediJeccit1nee stfialadas. Hay
quien lo repptael clt,-J ,,'reuvr~
''" la sea:ion. NosCJtros ni quitamos ni ponemos rey, limitándonos á dt'jar al buen gueto de nuestras lectoras la
aprobación más ó menos in·
condicional de ese figurín y
Oel no menos bello para niña,
que aparece en visible parte de ebte pliego y que f'S factura de la propia presLigiada
cuaa.
La entrada definitiva del verano promete primores, de
que nuestras lindas abonadas
&lt;starJn al tanto con la debida
0 portunidad.

,v

LAS MODASDEAYER
El segundo Imperio

El se~undo imperio, aparte
ele su rnterés puramente historico, tiene para los espanoles
otra eepeciEi de interés. Una
1·
de las figuras más ilustres de
aquel tiempo fué la condesa
de Teba, de la cual dice Bouchot que no ha habido personaje de drama t,an conmoveOrí¡en del nombre de al¡unas
&lt;lnr ni tan doloroso.
florea.
·
De este modo retrata el autor de d,es eléga1,c,-si1 á la
Aseguran algunos que rriEmperat1 iz 1 cuando la augus11antl'mo, ee compone de dPS
ta s~fiora fué á ocupar el
palabras ~rit&gt;gas que signitl•
trono de !&lt;'rancia.
can 1&lt;flor de oro,n nombre que
1,Era entonces encantadora:
se Je puso por el color de aleus rubios cabellos, casi dogunas de sus variedades; y
1·a&lt;los, formaban dos grandes
otros sostienen que crisanteondas en las siene~, imitando
mo significa uflor de Crieto,1&gt;
el peinado de las antiguas mi·
alusión a que en e) Oriente
lanePas. Su rostro era owlaflorece por la Noche Buf'na.
do, de una gran pureza de líEl nombre de la roisa se deJM&gt;as y un poco corta la barriva del latín y ea casi igual
billa, la nariz correcta. aren todos los idiomas.
qaeadas las largas pestaí'ias,
~""
r,
.Jr1tflrn11a se deriva de] grieoj08 'Ot!netrantes y muy jun- ~:-...
-·~·•·•~...~..... _. ::...;:~~~
---"'"'~""""""t':t:r,;~~"~~"~,,..~-~="'"'-'~*"'-~"~•"
go y significa &lt;{flor del viento,ll
tos. Sn perfil semejábaee al de
nombre que alude al hecho de
los ant.iguoscamafeos, sin ninTraje parlsienae par.a casa, del establecimiento de Worth.
que esta planta vive en lugagún defecto de los que Maria
res expuestos á. los vieutoe.
Antonieta en~ontraba al suyo. La boca era grande, por- c,i,n la esposa de Luis X VI. No se citan a1111 fraaes, la RPgÚ'? la Mitolog(a la anémona nació de la sang~ de1
que su sonnsa dejaba ver lindísimos dientes. De dio- Emperatri?. no trata de hablar pan. la po&lt;1.teridad, pero ¡sa- A loms; pero otros sostienen que brotó de las lágrimas•
► ª era eu cuello y sus hombros y en talle ondulante y
lu&lt;la tan bien, en P:u sonriiia tan dPliciosa! ... ... ....... .
de Vénua, qne lloraba la muerte de un amante.
&lt;leigado,. penetraba en los req~iebres de la falda, como
Uno de suq primerop; éxitos fné dos meses despnés de
El jacintn también tomó siu nombre de la Mitokgía.
en ?tro t1empo_e!_emba1Jenado corpiño de la Reina Mar- su boda, en el baile del Cnerpo legh,tativo. Allí afrontó
griega: refiere Ovidio que Jacinto, un muchacho muy
ganta. en .su mm_ua.que. Las manos y los piés mostra- 11:allardament.e mil miradas qne expiaban señales de des- hermoso, fué hijo de un rey de Esparta y favorito d"'
ban lo ar1stocrát1co de su raza, pies de mufieca y manos fallecimiento. Todosaqnellos cortesanos inclinados ante Apolo. Zéfiro, envidioso de la amistad que unía á. Jacinlargas y afiladas.
ella trataban de encoatrar algnna incorrecci6n para pn- to y á. Apolo desvío la direc~ión de un tejo que tiró és~
te iugando, Yel tejo fué á herir á Jacinto, que ca_\·Ó
tiempo ~~.-¡~·y~·~¡··~·1··~·~·c1,~~--~._:;~je·~t~;;~~·d~ blicarlaen seguida. La emperatriz pasó por delante de
ellos, alta la frent,e, sin vacilación algnna, expresando muerto. Apolo convirtió el cuerpo de su favorito en la.
las Princesas, una manera de andar propia de ella ]a ptrfectamente todo lo que era propio de su rango, y ol• flor que lleva au nombre.
f.rl!nte alta y cierto ~racioso y distinguido movimien~- ... vidándolo cuando era conveniente.
Mirtfl significa perfume. Creen algunos que este nom~n los primeros tiempos de eu matrimonio se le perElla impuso 1~ moda en el vestir Apenas la Empera~ bre le fué dado á. la flor que lo lleva, en honor de J!irty11.,
mite ser bella y presentarse en las las recepciones en Au triz Eugenia hubo resucitado los ahnecadore!ó!, ninguna poetisa griega que vivió en el ei~lo V antea. de Cristo y
pomifical de soberana. Sentíase en París cierto orgullo Soberana dejó de adoptarlos. Del mismo modo Josefina de quien recibió Píndaro sua primeras lecciones de p0t~e poner en parangón aquella bellezl\ altanera y román- impuso á la Reina Luisa de Pn19ia los t-alles altos y los sía. F..n tiempo d" Plnt.~rco existían aún algunos poeml.iB
tica con otras bellezas célebres. Se reconoce su distinción mantos de corte. Bien pronto fueron admiradas las acti- de Mirlys pero hoy todos se han oerdido.
1
y Stl!\ digno11 modales La corte ePta encantada de su tudes de la Emperatti1,, la manera de saluilar á la Tf'don•
graci~, c,1m&lt;H&gt;n otro tiAmpo los petirnetree de )a&lt;i Tulle- da con cierta inclinación de cabf.:rn,, Fu modo de andar y
nas ó U.el uP.tláis R•Jyalu lo estaban de ln r1 i \"¡ •1 , :i!l ~t ri ;l • h:1.~ta la clo:&gt;nericia •nn 11 ,Je ~11 sonrisa y de su mirada.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Toda la correspondencia que se relacione con la Relliacción, debe ser tlirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subscripción á El MUNDO mle $1.25 centavos al
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Todo pago debe ser prec;isamente adelantado.
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11:u füpúblirn ,!ll111¡,ir ~e O::cntro-,lmérirn.
El jueves de la pasada semana fué recibido oficialmente por el sei'ior Pre!!idente de 109 Estados U nidos 1\Iexicanos, el señ.or Yúdice, Ministro plenipotenciario de la
República Mayor de Centro-America.-Forman esta República, según pacto suscrito en Amapala por sus resp""Ctivos gobernantes, los Estados de Honduras, Nicaragua
y Salvador1 que han dado el primer paso positivo en pro
de la unificación centro-americana, viejo pensamiento
que antaf.'io ha eervido de ensefta á palpitantes y eangrientas luchae.
Alguna vez ha hablado el M1u,do de la unión centroamericana, y expuesto los obetáculos que, á nuei:tro jui ·
cío, se oponen á. la realización de la idea. Los pueblos
jóvenes de esa parte del Continente han permanecido
largos afias en una suerte de antagonismo latente, en una
actitud recelosa, que han estorbado todas las iniciativas
encaminadas á este objeto, ya procedieran de las lucu
braciones del legjslador ó del estadista, ó bienemanarau
de los actos más incisivos y precipitados del hombre de
combate.-Para destruir esta mala inteligencia; para extirpar estos fermentos y ,limpiar el horizonte de nubes,
se ha trabajado activamente y el pacto de Ama.pala se
nos presenta como un hecho realizado.
Es posible-queremos persuadirnos de la solidez de este reciente lazo-que la República Mayor de Centro-América constituya el germen de la futura unión de aquellos
E~tados¡ pero al mismo tiempo que expresamos estos deseo!!, nos llegan de Guatemala noticias que se apartan
mucho del program'.l que debe servir de mira, según presumimos, á. la definith·a agrupación á.e aquellas Repúblicas.
Parece, en efecto, que Guatemala está siendo objeto
por parte de sus vecinos, de una política poco franca, ondulante y movediza, que pocu prepara á la tan decantada unión. En el fondo, la lucha es tan sorda pero tan
febril como en todos los tiempos lo ha sido. Dentru de
estos términos, el pacto d~ Amapalaacaso no esté llamado
á resolver por el momf&gt;nto, el problema, tantas veces iniciado como fracasad•l, de la unific.1ción de aquellos Es·
tados.
De todos ipodm, y encerradu:i en la. correcta neutralidad que caracteriza á la política de :.'IUxico, en sus relaciones con las demás naciones, sólo nos resta reconocer
el nµevo Estado que acaba da ser acreditado ante nues •
tra República, como la expresión de la voluntad de tres
naciones, con las que siempr~ hemos sos~enido buenas
relaciones, y reconocídas como independ~entes.

Una proµaganila µrourd¡11sa.
No hace todavia muchos días un periúJico de eeta Capital publicó un articulo humorístico, destinado á. burlarse, con mayor ó menor donaire, de Ja activa propagauda que don Carlo3 Gris está l lt1vauJo á. cab ), de bueno,,
años á. esta parte, en favor de la. agricultura naciuuat.
Swcede ti veces que el periodista militante, (alto de inforruaciunes, toma de los t.:abellos el primer motico que se le
presenta para cubrir la. labor del dJa, á vuela pluma· y con
la premura impuesta p,.,r el cajista, que va arr,ancando
cuartilla á cuartilla de la mano.
La verdad es que la tarea emprendida por el sefior
Gris es de aquellas que no merecen iranias. Su entusias-

.roo no podrfa cauf:arnos risa, porque ha servido, cuando
menos, para poner de relieve hechas que intereea conocer. De su pluma, nervioea y ágil, ha ido ealiendo la Re•
pública como una rica materia prima sin explotar, que
Fe ofrece á los Qombres de capital y de trabajo, como un
excelente mercado propicio á. todas las activida~es.
Esto es menospiuJorescO que una polémica sobre laposibilidad 6 no posibilidad de la prodúcci6n de la arUtocra.cia en México; pero mucho más substancioso para los intereses nacionales.
A ocaeiones, e! Sr, Gris desdende basta el fondo de
nu ..stras desdichas económicas y sociales, y sus palabras,
de una amarga sincPridad 1 cortan como un puñal damasqnino.~El nos ha ht&gt;cho saber .que un ca.balto americano
gana m&amp;- que un_iorn.aforo en México; yél también quien
ha puesto ante nuestra vista el desgarrador espectfoulo
de la -'1equú:t de nuestras tierras con frase punzanteé incisiva.
Nó¡ el Sr.. Gris no es un ilmm, que traqsforma los rebaBos de ovejas en valerosos ejércitos, ni los molinos de
viento en gigantes descomunales: nuestras miserias y
nuestros prejuicios, nuef'tras falt.as y nuestras depresiones quedan fotografiadas en las páginas que con singular
constancia esparce á los cuatro vientos de la publicidad.
En cambio ¡cuánto debemos á este propag,mdista infatigable de nuestras grandes emp,resas futuras! ¡Qué
servicios los que ha prestado al ensanche de nuestra riqueza pública!
A un reduciendo las proporciones de sus pro.spectus á.
los términos que hubieran de desear cuatro jfaneurs timoratos de la calle de Plateroec, siempre se habrá hecho
acreedor á su saldo, que debemos satisfacerie:en gratitud
los mexicanos, por la persistente cam,paña en favor del
desarrollo de las energías nacionales.

li)alftictt Q&amp;enerttl.
RESUMEN,-EI concierto europeo y la cuestión de
Oriente.-Apariencias y realidades.-EI bloqueo de
Creta y la paz universal.-Los d1sidentes.-La opi
nión pública y los gobiernos.-Una cesión conseguida y otra anhelada.-Conclusión.
4

Si fue¡a real y positivo el cacareado concierto de las
potencias, en la actual situación de Europa, pendiente la
paz de un arrebat,o de los soldados griegos en las fronteras de Macedonia, ó de un arranque de los soldados turcos en los lindes de Tesalia; si no fuera mentida. esa aparente unión con que han acudido al acuitado Imperio oto·
mano, amenazado de muerte por su corrupción y herido
en la mitad de su poder por los atrevimientos del rey
Jorge 1 no presenciaríamos ese ensoberbecimiento de ·que
acaba de dar muestras el Sultán al dirigirse oficialmente
á sus agentes y altos funcionarios, declarando que la preEent-e actitud de laec naciones cristianas en favor suyo, se
debe á. la gestión muslímica y de ningún modo á la magnanimidad de los aliado~, y que contando como cuenta á
discreción con los ejércitos de las potencias y sus formi•
dables escuadras, -'-Y le faltó agregar sus inagotables tesoros,-puede dictar cualquier medida restrictiva para sofocar lai protestas y oposiciones que se levanten contra su
soberana voluntad.
Si el Califa de Jo3 Creyentes hubiera visto la decantada
unidad de acción en lm gobiernos, para exigir1e rt&gt;sponsabilidades por los asesinatos y matanzas de cristianos que
una y otra vez han ensangrentado el suelo de Turquía,
y para compelerlo CQn violencia á cumplir las promesas que dictara el miedo y rechazara su perfidia, no veriamos hoy sancionada la iniquidad de atizar indirectamente la barbarie de los hijos de Mahoma contra los in.
defensas cristianos del Asia Menor, considerando rebeldes y contumaces ii todos los que aspiren á ejercitar los derechos de adorará su Dios y practicar su culto seglln el
dictado de su conciencia, cí todos los que suefien con el
aire santo de la libertad y sus tranquilos goces.
Pero á todo eso da lugar esa protección decidida que
han desplegado los gobiernos ú. favor del turco, por sostener la i11tegridad de sus dominios; á eso conduce la
pret.ensión de mantener incólume el tratado de Berlín,
ya roto y maltrecho ~r"los búlgaros, cuando encendieron la insurrección de los rumeliOLas orientales, q11e ·al
fin quedaron unidos á los súbclitos de aquel príncipe caballeresco que se llamó d.lejamlro de B.1ttenberg: á eso da
ocasión la cruzada anticristiana no predicada por un Pe-

dro el Ermi tafio, desnudo y hambriento, para reecatar
el sepulcro de Cristo, sinl) impuesta en palacios y gabi•
netes por omnipotenlie monarca que no talen~ que, un
pueblo vigoroso y heróico por razón de raza y tradicionee, se lance sin su consentimiento á la revindic:ación de
sus tradiciones y de su . raza; eso resulta, en fin, de la
preponderancia de los emperadores moscovita y germánico que han hecho prevalecer sus designios en el concejo de las naciones, para oponerse en nombre de la fuerza
contra las aflpiraciones de los op1 imidos, para declarar
inhábiles á los cretenses para obtener su anhelada inde•
pendencia.

•••
Afortunadamente para la causa helénica, que es la causa de los pueblos, esa soberbia dd t=ult,ín ha despertado
de su le~areo á los embajadores que parecían absortos en
la contemplación de en obra admirublr&gt;. No se señalan,
ni como promesa mentida, castigos merecidos á los instigadores de horribles recien tt&gt;s matanzas en el Asia Menor; no se encuentra la rnmis iún que era de desearse de
parte de la Sublime Puerta á las &lt;lecisiones de las potencias que la defienden en inandita uni6n; no se echa de
ver más que el llamamiento de tropas, la acumulación
de materiales de guerra, la agi tacióu fobril que precede
á los grandes sacudimiento~ internacionales, y todo ese
aparato bélico y esa. manifo:;tación de fuerza 1 en mPdio
de apuros financieros y lamentables penurias, son
contra Grecia, soif1, desamparnda, que se lanzó á la peligrosa aventura de socorrer pneb!os á ella unidos por comunidad de intereses y de Mpiraciones.
Por eso ya se habla de &lt;li visinnei entre las potencias
que han establecido el bloque,1 J.e Creta. Si fueron precisas largas y acaloradas discc1sifmes para decidirs6 á esa
intervención armada, si expiró u.ia y otra vez el plazo
fijado para esa ostentación .i~ fuerza, anlies de llegar á. un
acuerdo, para. cortar á los insurrectos cretenses y á los
soldados del rey Jorge toda. co1uu11ieación con el gobier.
no de Atenas, no es fácil que tan pront~ se consiga ese
acuerdo para aislará Grecia de toda comunicación con el
mundo, con el bloqueo de sus puertos principales.
Cierto que se ven 06ciale.:3 alemanes mezclados en el
ejército turco, dirijiendo las maniobras y levantando for•
tificaciones; es verdad que mucho se ha hablado de que
las huestes innúmeras de Nicol1s H, que en Plewna y
Andrinópolis, hace veinte arios, humillaron las armas
musulmant:s, están dispuestos ahora á defenderá sus jurados y legendarios enemigos¡ pero también dabe notarse, que la opinión pública en Inglaterra, en Francia y en
el reino de Italia va 1:1centuándose cada vez más en favor
de los griegos, y al fin tendrán que ceder los gobieri'1os á.
su imprescindible presión.

•••

Se teme que el mismo día en que se declare el bloqueo de los puertos de Greda, no será. posible detener ,t
los soldados helenoi:z, que con el arma al brazo, sólo esperan esa señal para· cruzar la frontera y lanzarse contra.
sus aborrecidoe enemigos.
Y detenido el rey Jorge en los movimientos de su ma~
rina 1 único modo con que podría obten13r alguna ventaja
sobre el turco, ¿permanecer,t Europa, indiferente y sorda, ante los clamores del diminuto reino que puede ~er
aplastado porlosejér. i&amp;.os del pértid0 Aodul-Hamid?Ella,
que hizo brotar un pueblo libre al estruendo del cañón
que tronó en Navarino ¿permitirá que ese pueblo se hunda en las sombras de la derrota? Prevalecerá hasta el fin
la iniquidad sobre la jm1ticia?
Nó, ya se habla de discensiones en el seno mismo de la
escuadras que bloquean la Isla de Creta, y mientras no
se decida su marcha hacia las aguas del Pireo, será tiempo todavía de prevenir la catástrofe, que comenzaría -por
la humillación del débil, pero que también podria termi••
nar con la explosión terrible del universal conflicto tan
temido de todos, como de ninguno deseado.

•*•

Como palpitante prueba de la inconsistencia de ese
concierto de las grandes nacionalidades, puede presentarce la anunciada cesión que ha hecho Italia en favor
de la Gran Bretafia, de una isla pequeña situada frente á
las costas de Túnez, no lejos de la rnberbias ruinas de
Cartage, á cambío de un abrupto peñón, perdido en las
aguas del :l\Iar Rojo, no lejos de Ja colonia de Erythrea.
En otras circunstancias que no íueran las presentee,
casi :paEaría inadvertido semejante cambio; pero hay que

DOMINGO 28 DE MARZO DE 18!&gt;1

•

EL MUNDO

notar que, cuando Ingl~terra quiere adueflarse del Mediterráneo con esa nueva esta:!ión naval, y completar la
,cadena con que ha de ceñir las costas meridionales de
Europa, extendiéndoee de Gibraltar á. Chipre, pasando
por la Isla de Malta, Rusia también pretende un puerto
en las costas del Archipiélago, á cambio de la protección
que por sí y por medio de las tJtras potencias ha impartido al vacilante Imperio turco.
Y el gran Imperio marítimo que se siente amenazadJ
en la India por el camino de Afganistán, y en sus influencias del remoto Oriente por el camino de Corea, se previene de ese modo, uniéndose con Italia, para entorpecer los movimientos de la escuadra francesa que parecía
señora del Mediterráneo.
Francia no puede consentir en la proyectada cesi6n 1
aunque viera á su potente aliad.a Rusia alcanzar el puesto que ambiciona en la península de Athos, y ha de oponerse por ende á. que se lleve á. cabo ...... Hablen despufs los optimistae d~ conciertos y uniones, y desentrafien si pueden estos misterios de la diplomacia.
X.X.X.
25 de Marzo de 1897.
El Señor Obispo de Vucatán.

Cclebrabáee en la catedral de Mérida, la fiesta de San
Bernabé, patrono &lt;le la ciudad. El templo e~taba severo
y ricamente adornado; en el altar mayor lucfan millares
de lámparas y cirios en medio de los cuales brillaban los
diamantes y esmeraldas de la custodia. Uajo el dosel rojo, presidía la solemnidad, el santo obispo Gala, rodeado
del Cabildo, y en el coro, entonaban los cánticos de la
misa, angelicales señoritas. El diácono cantó la última
palabra del Evangelio, cerró él libro, sentáronse los oficiantes y de su puesto en el cabildo, se levantó el canónigo más joven, deslumbrante el rostro con la más dulce
sonriea, que acompafiad.g de algunos acólitos se dirigió
al púlpito. A su paso, los asistentes cuchicheaba.o:
-E:1 el Padre Carrillo.
Así hube de conocerá. quien por sus obras históricas,
bacía mucho tiempo profesaba gran predilección.
Me fijé mucho en aquel semblante, no sé Ei para descubrir en su mirada, al autor de la historia antigua en Yucatány det,\Velina,» pero, la verdad, el sermón no me dejó
tiempo para continuar et examen. Tantas vulgaridades
había eácuchado de labios de oradores sagrados, que,
deede luego, el exordio de aquella originalísima plática,
cautivó mi atención.
No recuerdo uno solo de los maravillosos conceptos,
mas nunca podrán borrari:e de mi memoria, los cuadros
magníficos, pintados con toda la hrz y el colorido de una
fraee extremadamente sencilla, que destacó más que en
mi imaginación, ante mis ojos la batalla de Thó~, desastrosa para los valerosos mayas súblitos de Nachi CJcom, y
la fundación de Mérida por Don Francisco de l\fontejo
hijo del Adelantado.
A nadie podía cab~r du fa en ello: quien así trataba
acerca de la historia yucateca, ~abía consagrado muchos
años á. su estudio. Erl el mismo qne guardaba documentos importantísimos, Códice Chumayl, que servirán pa
ra rehacer los tiempos primitivos de América. Bien reve•
laba aquel canónigo joven, dt:, sonrisa tan dulce, que merecía las distinciones de sociedades científicas extranjeras, nombrindolo miembro suyo honoralio.
Han- tramcurrido muchos afios y aun me parece estar
viendo al sacerdote de rr·stro cobrizo, color de la raza
maya, vestido de sotana y humilde sobrepelliz, con el
bonete en la mano, y aún me parece estar oyendo aquellas palabras que tanto conm'ovían á sus oyentee.
:i\Lí.s tarde, el Seilor Obispo Uila lo designó para coadjutor euyo, y el Papa León X.Ul lo nombró obispo inpat·
tibwt lle Lero, isla del mar Egeo, con derecho de futura
suce~ión, en la diócesis de Yucatán.

timo. Señor Carrillo y Aneo"ª• Obispo de Vucatán.
Muerto la semana anterior.

El nuevo obispo se dedicó á c;1rregir abusos y á revivir la disciplina eclesiástica. entre sus diocesanos Nun·
ca desmayó su energía; en un priucipio, la ge:nte rica,
acostumbrada á domrnar eacerdotes, sintióse herida
por aquella dignidad en tl cumplimiento del deber, y los
sacerdotes-entre ellos algunos antiguos compañ.eros de
cabildo del nuevo obispo-protestaron dejando caer sobre él, tilde de orgulloso y amigq de los honores mun•
danos.
Nada importó aquella tempeeta1 formidable que
amenazaba, al Obispo de Yucat.á.n. Acudía diligente
al remedio de las neceiidades de su obispado y reprimía con severidad los abusos y defectos de sus subalter·
noe. Fué un modelo más de la entereza maya, resignada
en el sufrimiento y templada hasta el apogeo de su grandeza.
Como prelado, trabajaba por un fin: la organización da,.
su di6cesi 1 y :í los pocos ai\os, volvió á ésta la paz deseada.

•*•

No, por eso, olvidó el Sr. Carrillo y Ancona sus traba·
jos de historiador. Diversa!'! obras nacierondP. su pluma,
que si no encantan por su estilo, ofrecen grande utilidad
1í. la ciencia y han prestado algunos servicios á la patria.
Puede citarse su oplÍPculo acerca de Isla Arenas, cuya
propiedad disputaba el Gobierno americano al de México. La obra del Sr. Carrillo esclareció la cuestión, y en
las razones aducidas por el obispo yucateco, fundase el
Gobierno deftléxicJ para reclamar la propiedad de laisla .
Finalmente, ésta fué devuelta por el Gobierno de los
Est.a1fos l; nidoe.
Poco antes de morir, sostuvo con el Lic. D. Juan F.
Molina Solis una polémica acerca de punt0s muy interesantes d1:, la historia y ucateca. La. colección de es:os artículos hoy en prema, compondrá el apéndice á su bis•
toria antigua de la peninsula.
Coro') prelado, dirigió cerca de treinta cartas pastorales á s11.3 diocesanos y áiniciativa euya fuécreada recientemente la diócesi de Campeche.

•*•

En lo privado, el Sr. O.rrillo y Ancona, se distinguió
por su amabilidad. To&lt;lo el que eolioitaba de él algún
servicio que no amenguara el cumplimiento de en deber,
salía del Palacio episcopal de Mérida, complacido.
No ob;;itanteel haber tenido que corregir graves defectne, p:na iius inferiores 1 fné afable y bondadoso.
Por tan altos méritos, Yucatán, acompafia conrternado el cadáver del sábio prelado, basta verlo deeaparecer
en la. tumba.

•••
El 15 de Febrero de 1~7, murió el Santo Obispo Uala,
y ocupó su lugar el Sellor (.'artillo y Ancoua. Aquel babia empleado su tiempo en implorar la gracia divina para. regir el obispado; pa'3Ó 1 pues, sobre lus malcJ,ades humanas y sobre ei alborotado mar de los abusos clericales 1
ein voner los ojos en unos ni en otros. El virtuosísimo
varón, creyéndese tremendo pecador, juzgaba :í los demás
con suma benevolencia y no pocos sacerdotes yucatecos
campaban por sus respetos, en sus parroquias.

Páginas de Cuaresma.
Recuerdos de Sevilla en el tiempo Santo.

EEa ciudad de Guadalquivir bullía ardorosa y sonriente corco una nifia feliz y candorosa que aspira el aire saturado con los suaves perfumes de la primavera.
El cielo despejado y brillante, aquel cielo tan genuinamente andaluz, de un azul ein igual, que sirve de majestuoso dosel al espléndido rey Q.el día, enviaba sus plá.ci-

195

dos luminares á. la tierra y se miraba en el río como en
espejo divino que retrata á. la vez en eus cristales el conjunto de bellezas, entre cuyo exorno sobresalen, como
las primeras figuras de un cuadro, la grave. eilueta de la
Torre del Oro, los maravillosos jardines de las Delicias Y
el suntuoso palacio de San Telmo.
Con el beso del sol enjugaban las flores sus lágrimas
de la noche.
Las auras furtivas lleTaban doquier eñ sus ocultos repliegues la esencia de los azahares embalsamando el ambiente, y los armoniosos trinos de las aves llenaban el
espacio de alegres y deleitosas melodías.
Era una mañana de esas que son una fortuna para el
que ama y un coi{suelo para el que llora.
El sacro tiempo de Cuaresma y en particular el de la
Semana Santa en que conmemora la Igleeia Católica el
sublime drama de la Redención verificado en el Calvario, imprime en los pueblos cristianos un sello de tan
singular tristeza, que infiltra el espíritu y predispone el
á.nimo de los seres sensibles y religiosos á la contemplación de los ·altos misterios y de las grandezas de la su pre~
roa obra del Salvador.
Pero donde más especialmente se observa la influencia
de esta época, donde puede decirse que se acentúa más,
es en la capital de Andalucía, pues se respira allí en esos
días una atmósfera tal de midticismo que parece no sólo
visible á la retina, sino hasta qut, se huele como aroma
divino, y que se palpa en todo lo que revela la mano de
la creación.
El semblante de los sevillanos, siempre afable y risueño se reviste en estos días de una doble aureola, de infinila dicha, de santoorgullo 1 de noble eatisfaccióu, porque
pasa por ellos el culto rendido á. sus hermosas imágenes
que ostentan rodeadas de un caudal de oro y pedrería,
caqsando la admiración de propios y extraños, es la mayor felicidad.
Yo no podría. decir cuál de aquellas archicofradías,
compuestas en su mayor parte del comercio y de todas
las clases de la sociedad, se distingue más por su celo y
devoción, y por su afan de superar á todas en fausto y
en riqueza; pero es lo cierto que los venturosoa hijos de
aquel suelo privilegiad,o pueden estar envanecidos de su
Semana 8anta, la m1is famosa dei 1\Iundo, la más bella y
esplendorosa. maravilla de los hombres y asombro del
universo.
Multittid de seres que se agitaban sin ces'lr como s1,1ce·
de siempre en testas días sin noches para el descanso,
ouesto qu~ en su ardiente entusiasmo religioso posponen
el suefio á la idea de acudir presurosos á presenciar el
desfile de las cofradías de madrugada con el mililmo devoto fervor que lo presencian.todos iGs añoe, recorrían las
calles de la bética c!udad, afluyendo en mayor número
por las que se dirigen á la )facarena.
Deseosa de presenciar una vez más el férvidú rego,
cijo, Ja indescriptible alegría de los vecinos de aquel célebre barrio, al regreso al templo de su renembrada
cofradia, me confundí con la muchedumbre, y empuia·
da por aquella oleada humana, más bien que conducida
por mis pief, llegué á. duras penas á. colocarme en sitio
á propósito, desde donde pudiera satisfacer el anhelo de
mi curiosidad.
Tras un rat,o de espera, el movimiento de la gente, que
en cortos instantes aglomeróse hacia la izquierda, for•
mando una apretada masa de carne viviente con vaivenes de mar alborotado y murmullos de viento tempestuoso, á la vez que las voces de los que conquistaron ma·
yores alturas encaramándose en los trboles y sobre un
trozo de mur.:&gt;, teEtigo de viejos recuerdos, que aun no
había demolido la piqueta del progreso, gritando con
placenteros ecos ,i¡ya viene! ¡ya viene!" me dieron á entender que Ja procesión se aproximaba por aquel lado.
L'l masd- de carne se hizo menos movible y más coro•
pacta.
Empiná.ndome cuanto pude sobre las puntas de mis
pies, rúiré por entre las cabezas que habla delante de mí
y me dispuse á no perder ni un detalle del sagrado espectáculo.
Dos indivi&lt;lno~ rle la benemérita Guardia civil, haciendo caiacolear los caballos, q11e ~ a aldndose de patas traserns con grave peligro de atropellar :í lo.:! curiosoi más
cercanos, bien aoJ.ai~d, &lt;le la1l l cnrn'&gt;cn airoso balanceo,
iban despejando el camino y ab1 iendo ancha calle para
el paso de la cofradía,

�EL MUNDO

196

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

La cruz divina, símbolo de la sublime
epopeya de todo un Dios eacrificado por el
hombre, precediendo al ceremonial, pasó
infundiendo el respeto y la veneración ~n
hombres y mujeres, que inclinaban las
unas con humildad la frente y se descubrían los otros con verdadera devoción.
Numerosa fila de penitentes, deslizándose á derecha é izciuierda como fantd.sticas
visiones, durante largo rato pasaron arrastramlo la casi interminable cola de su túnica blanca como vestidura de cisne¡ de
igual color elevábase sobre sus cabezas el
capirote piramidal, cubriendo el rostro que
sólo se a.divinaba á través de los dos agujeros por donde ·asomaban los ojos cual chis·
l)as de fuego, única señal de vida que al
parecer animaba la marcha siempre igual y
acompasada de aquellos autómatas sin
otro movimiento. De sus hombros penQ.fa
,el gran esca pul ario de seda verde, insignia
de la advocación de la Santísima Vil'gen
que adoran los macarenos, y sobre una cadera apoyaban con 1rnmo firme, ein demostrar vacilación ni cansancio el encendido
cirio monumental.

DAMAS MEXICANAS

f
1

Los hermanos mayores, recogid:1 la cola
en un brazo y sostenic&gt;ndo con la otra roano

la bruiiida vara de plata, iban y venían por
,el centro cuidando del orden y la debida
-eompostura de la hermandad.

.

El primer paso, grande, suntuoso, mag
nífico de riqueza y esplendidez, apareció
por fin á mi anhelante vista, y todas las mi·
radas, como la mía, fijas en aquel punto sig·
nificaron su piadosa admiración. Representaba La .~enlencia de CriIJto, aquella esce·
na indescriptible en la que Jesús, humilde y resignado como un cordero bendito,
después de habeF escuchado la injusta y
calumniosa acusación del tirano Pontífice
Caifásee conducidoá. presencia de Pilatos,
Gobernador de la Judea, quien compren·
c.lie:ado la inocencia del reo y no bailando
culpa que justifique el castigo, vacila un
momento, pero al fin lávase las manos, creyendo de este modo limpiar su couciencia
de aq11.el crimen afrentoso y confirma la
sentencia.

Señora Luz González Cosío de López.

El aµcho y bien decorado paso, f!obre el cual se dibuja maravillosos relieves de oro, que desde la cabeza caía por
con tanta verdad dicho solemne acto de la Pasión del detrás de las andas hasta tocar en el suelo.
Los fulgores divinos en que venía envuelta la Reina
Señor, pasó roza.ndo con la gente el rico paño de terciopelo que prendido en derredor bajo el tailado zócalo do- celestial como si la gloria fuese en torn•) de Ella, y la exrado ocultaba á los ojos curiosos las toscas figuras de los presión de profunda ternura, de eanto amor, de infinita
forzudos hijos de Santiago, quienes dirigidos por un in- · misericordia que briUaba en sus ojos, hizo exclamar á
teligente capataz y vertiendo copiosss gotas de sudor ca- todos en regocijado grito y en coro improvisado un ¡viminaban sin ver, pero con suave y recto andar, soste- va la Virgen de la Esperanza! qs.e resonó en el espacio
niendo sobre sus cabezas aquel enorme peso que hacia llevando sus ecos por los aires, prolongados sonidos artemblará veces las bombas de cristal de los artísticos moniosos cual si ~l arpa sagrada de David hubiera vibracandelabros, cuyas luces, desvanecido su brillo al resplan- do desde la altura al sentir en sus cuerdas aquel sonorodor del sol, se movían como si fueran lenguas de oro ha· so acorde de inefable gozo. Repetidos acentos de júbílo,
de ti~rno amor filial haCia aquella Madre generosa, de
blando en mudo lenguaje con el cielo.
Vistosa escolta de soldados romanos de á. pie y de á ca- quien todo se espera, lanzaban doquier entusiasmadoe,
inclinando la rodilla reverente cuando un acontecimien•
ballo siguió detrás, al mandO de un Teniente y de un Ca•
pitán, espada en mano, luciendo con aire marcial la lu· to inesperado vino á trocar en pena las muestras de conjosa ropilla de terciopelo bordada de oro, el plumero da tento de aquel pueblo fervoroso.
Un hombre que entregado de contínuo á. frecuentes li&lt;Costosas plumas que ondean sobre el bl'iUante casco de
baciones se hallaba entonces en un lastimoso periodo de
acero, dando á. la trigueñ.a faz de aqullos hombres, que
embriaguez, asomó en aquel solemne instante á la puerlevantan la frente poseídos de noble orgullp, verdadero
ta de ia taberna, donde celebraba. á su modo la santidad
aspecto de guerreros.
del día, y Eintiéndose contagiado de la alegria general,
Nuevo desfile de penitentes llevó otra vez nuestra ima- .dando-desaforados vítores á la Virgen, levantó la mano
ginación hacia fantásticos ideales, queri~ndo en vano dere;cha, en la que aún conservaba el vaso del vino, y
descubrir con el pensamiento la velada fisonomía donde sin darse cuenta de lo que hacía lo arrojó á la santa. faz
radicaban los expresivos ojos que sólo dejaban ver los de la imagen divina, qne al furioso golpe se de'iconcbó,
nazarenos.
sin que por eso cambiara su dulce expresión de Madre
La proximidad del clero, los himnos religiosos y el hu- amaitte y generosa, dispuesta siempre á proteger y permo perfumado del incienso fué indicio de que la Madre
donar hasta á sus más ingratos hijos, ¡Sublime demosde Dios se acercaba, y la más pura alegría se dibujó en tración de humildad y de amor digna de la bendita Malos semblantas. Era Ella, en verdad. Las cinceladas andre de Aquél que siendo Poderoso murió por los pecadodas de plata con pabellones de tisú, que sostenían á la res enclavado en un madero!
hermosísima virgen de la Esperanza entre profusas luces
El asombro, la indigna~ión de los que presenciaron
y ramos de flores, aquella imagen purísima, patrona adotan inaudito, tan abominable hecho, no tuvo igual. La
rad.a de la Macarena, apareció engalanada· con sus más
multitud se revolvió rugiente como fiera herida 6 como
hija qué defiende á su madre, y arrojándose sobre el impreciosas galas y con el espléndido ma.nio bordado con

pfo con enconada ira, lo hubiera exterminado en~breve, castigando por su mano el
sacrilegio, si los agentes de la autoridad no
ee hubie1an apresurado á detener al malvado, ó más bien al pobre loco, que con
cara de idiota, mirabaá los que le atacaban,
sin rechazar la agresión, como estupefacto,
6 comprendiendo quizá la profanación que
acababa de cometer en un arrebato de delirante entuslasmo.
El remolino de gente siguió agitado, tumultuoso, amenazante, lanzando con murmullo sordo terribles sentencias sobre el
culpable, mientras éste era conducido á la
prevención.
Del sitio opuesto al del suceso, una voz
varonil, freeca, sonora, como chorro de
agua cayendo sobre el marmol de una
fuente, cantó una pop11lar eaeta dedeEagravio á la Virgen, y-de nuevo un coro de voces gritó por doquier: u¡Viva nuestra Bfiiora de la Esperanza!n repitiendo los sentidos
cantares y los fervientes vivas basta la misma puerta del hermoeo templo de San Gil,
término de la procesión.
Al penetrar la sagrada imágen en su casa, vuelta de cara al pueblo, pareció echar
una tierna mirada de despedida á eus hijos queridos, envuelta en lágrimas de pie·
dad y de perdón para el desdichado, y entre las l'uidosas aclamaciones del pueblo,
las melodiosas notas de los instrumentos de
cuerda, los salmos que entonaban los sacerdotee, vaporosas nubes de incienso, soplos
de auras, fragancia de flores y rayos de luz,
reflejos celestiales, fueron introduciendo
suavemente á. laVirgenpor la nave central
de la iglesia donde los católicos hijos de
aquel barrio han sabido erigirle un trono
resplandeciente sobre los puros cim,ientos
de su jnfinito amor.
Algunos años después de aquel á que me
refiero, volví á ver en la sin par y poética
villa de Sevilla, las cofradías de madrugada en una de Jas principales calles de la
carrera yal pasar la de San Gil, tuve el placer de admirar nuevamente la bellísima
escultura restaurada de la Virgen de la Esperanza, llamandopoderosaroente mi atención un hombre que, detrás del paso, descalzo y aherreojado con grillos y cadenae,
caminaba dificultosamente, con los ojos bajos y la frente
inclinada, en actitud humilde, revelando en su aspecto
y por el silencioso movimiento de sus labios, que iba entregado á. mental oración, en cumplimiento de algún sosolemne voto, yendo sin duda, por ominosa culpa, poseído de la más profµnda y s~ncera contrición.
Aquel hombre era el mismo que en años anteriores
cometiera el sacrilegio referido en un momento de ciegá
excitación, y habiéndole encausado y juzgado severamente la justicia ~e la tierra por tan nefando crimen,
cumplía la merecida pena impuesta á su delito, con el
arrepentimiento en el alma y las lágrimas en los OJOS.
CAROLJXA

DE

SoTO

Y

CoRao.

OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA''

ENMEXICO.

México, ~iarzq 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director gener.i.l de ''La }1utua.''
-Presente.
Muy Señor mio:
Hoy be recibido de uLa Mutua,iJ Compañía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia·
gay en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (1O,000.00)'.liez mil pesos importe de 11;-p_óliza número
571,958, bajo 1a cual estuvo asegura.do Dll finado esposo
el 8r. D. Federico Sl4nche.
Además me ha sido e1ltrega'la la suma de $2,082.40,
importe d~ la devolución íntegra de todos los premÍOH
que mí citado esposo pagó á. la Compañia desde hace
cuatro años que t:!Olicit.ó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obstante que mi repetido esposo falleció en Francia.
á fines del afio próximo paeado, la Compañia, con todo
empefio, se ocupó de la tramitación de los. documentos.
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las esr.ipulaciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, eeñor Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de ud. affma., S. S.
como albacea de la testamentaría de mijinado esposo el
Sr. D. Federi~ Sanche.-Aeise SancM.

EL CARNAVAL EN MERIDA

COMO NACIO El CARNAVAL

El eterno enemigo del hombrP
y amigo eterno:de la mujer, el diablo, sintió una vez hastío de t:1Lt
persona.
Ser un fantasma incorpóreo,
siempre acompailando á la tmn1;1 •
nidad como una sombra, en e1H
dichas ó pesare~, no le resultaU;~
al cabo un juego mu.y divertid".
Quiso, puPe, ser hombre p1, 1·
unos dias. Quiso tener corazón
y labioei. Labi1 s· para beber la
embriaguez; coni.zón paraform: r
un acorde divino con el corazóu
de una mujer amada.
Como mozo que libre se lanza :i
la vida, el diablo agotó en poca-1
horas todos los placeres. Amú,
bebió, jug'6, riñó. Fué un Do 1
Juan, un Falst-aff, nn Monte Crhto, un Estudiante de Salamanca.
Andaba beodo por las calle¡.:.
A la locura había robado todos
sus cascabeles.
Era en Febrero. A un cielo llu•
vioso correspondía un sudo co11
fango.
El diablo cayó. Cayó Qe cara
sobre el lodo.
Probó el polvo amasado con la~
lágrimas de las nubes y las baja,cosas del mundo, é hizo una
mueca.
Una mueca de burla,dedesver·
güenza y de as..:o.
Y al estampar allí su rostro era
puloso, quedó hecho el molde de
una :fisonomía de Carnaval.
Nació la primer careta.
JOSÉ DE 81.LE'j,

197

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

1

~:i .

.

'

/\

PAGINAS ESCOGIDAS
La cuestión social y la ciencia.

La humanidad progresa por el
trabajo: el trabajn ea el eterw,

obrero de la civilización; cuanto
es llega á ser por una acción actir1t
ti trabajadora, tres palabras qu~
encierran la misma idea: todo sér
humano que merezca el .nombre
de tal, será obtero de algo, grande
6 pequeño, modestoó sublime, segúnseasu fuerza creadora ó transformadora. Y no sólo el sér humano, cuanto existe, desde las
grandes masas astron.ómicss:hast a
los últimos átomos, se afanaen
un trabajoJcontínuo é inacabable.
Verdades son éstas que nadie
niega y que han descendido á la.
categoría de vulgarísimas.
Pero esta palabra trabajo se entiende de diversas maneras, y de
Sociedad ••La Uníón.''-Carro ''El Mundo.••-S~ñorita Clementina
torcer su sentido, de adulterar su
esencia, de estrechar su círculo propio, pueden nacer en modo el q1te escribe, el qne medita 1 el que discurre, el
que r.... vnt.&gt;ivP iJt!a~ en el h11etN de 1:111 cr.i.neo: r¡uerna,uw
la esfera social enemigos y odios tan injustos como fum·s·
rn&gt;a.terialnwntE', m:b~ qm• sn carne y i:iu i;;angre, centenares
tos. Todo trubajo es noble. respetable, fecundo, santo
pudiéramos decir, si nos dejásemos arrebatar por místi- rte celdillas ~,-i..,P~¡ y ambas combustiones-h1. del traba·
cas exaltaciones; pero entiéndase bien: todo tr,d,nj,,; nJ jiidor v h1 dt-l hombre de est11dio ó de \e1ra11-se mi•fcn.
,tp/ mit11fl.•1 m,,,rtn, porreltlíduosquímicos y por consnmo de
éste en particular: no aquél y los demás desprecia.blt-t!,
energ1a 1ni1Y.rial, cuando sólo bajo el punto de vista ffsi·
aborrecibles y engañosos: todos por igual.
Trabajo es consumir una parte de la vida para alcanzar cu se corn,idnan.
Pero he aqní nna circunstancia notable, nna armnnfa
más vida, ya para sf, ya para los suyos, para la patria 6
para la humanidad, para la generación presente ó para sociii.l. q11e entre aparentes discordias. luchaq y conflic•
las generaciones futurae. Poco importa la forma en que tos d"lscubre el pensador. A saber: qne el trabajo del que
eeto se realice: las exterioridades del trabajo constituyen con el cerebro y con las idt"as r.rabaja, s-iem¡.ire es en be·
neficio del qne trabaja con en fuerza muscular. Sin
su característica, son sus determinaciones particulares.
'l'rabajo es el del pobre bracero que remueve tierra para el pensamiéotn, sin el estudio, sin consumir el sistema
nervioso, ni ha.y progreso, ni ha.y invenciones, ni la inla P.:x:planación de una obra pública; el del cavador, que
hunde su azada entre terruílos; el del minero, que se dustria contaría hoy tantas y tantas maravillas como
hunde todo él en las profundidades de la negra galerla; cuenta; ni habría ferrocarriles, ni miiquinas de vapor, ni
pero trabajo es también el del sabio, que recogiendo toda electricidad, ni teléfono; ni nuestra vida fuera cadi vez
su fuerza nerviosa en el cerebro, penetra en los misterios más amplia, ni el problema social fuera cada vez menrn~
del Cosmos; el del inventor, que tras noche y noche de difícil: no ya resolverlo ni plantearlo fuera posible. Ni
desvelo, fabrica un cuerpo férreo para meter en él una sospecharía el obrero que su suerte puede mejorarse, ni
funza naturai, el del poeta, que consume su inspiración por meJorarla.seafanaria, ni podría comunicar siquiera con
sus hermanos para hacerles participes de sus angustias y
buscando harmonías y belleza.e en mundos invjs1bles.
No es el único trahajo el del esfuerzo muscular: trabajo es de su~ sufrimientos.
Cada cual aislado, metido ensu mina, sudando sobre el
también el de la vibración del sistema nervioso y eL del
surco de sn campo, aferrado á su telar, ó estremeciéndo-cerebro sobre todo; y como en las condiciones humanas se
bajo el látigo de su amo en _el Asia, en Grecia, en Roá. todo pensamiento acompaf'ia un desgaste de substancia
-encefálica, como el sistema nervioso y su gran centro su- ma, penearía tan sólo en el dolor del momento ó en el
de la noche próxima, como suprema esperanza.
perior e'" el organismo en que las ideas traba.jan, resulta descanzo
Sf; el trabajo del pensamient.o ha sido y es et r.-rJ.efUQr,
,con evidencia matemá.tica que trabaja et que pieri,aa como
trabaja el que cava, el que asierra, el que cepilla, el que humanamente hablando, del trabajo manual. Millones
de manojos de nervios y millones de cerebros se han qu,ecoloca ladrillos, el que arranca bloquee de carbón bajo ,n
d I q,,,.mi,e ,m~iite durante sig'io'-1 v siglos para redimir
tierra, el que eropufia la cafia del timón 6 la palanca de
millones y millones de múeculns, de millones y millones
la locomotora. No trabaja metafóricamente, idealmente,
trabaja con trabajo maú:riAil, dando al progreso y á. la ci- de pobres seres de sus toscos y afana.dos esfuerzos.
¿De qué modo? Dígalo la ciencia con sus grandes leyes,
vilización pedazos de su organismo, consumiendo su máquina humana, sudando en el foco de la substancia gris que nunca son estériles para la práctica. Díganlo los incomo suda el obrero por la piel, agotando sus fuerzas físi- ventores con sus maravillosa¡ creaciones. Dígalo la incas, cayendo rendido por la noche para no dormir quizá, dustria con sus prodigiosos artificios. Dígalo nuestro sique la vibración del músculo descansa, pero la vibración glo, que empieza con fo ..midables y á veces sangrientos
cerebral sigue tercaagotandoenergias, espantando el E'Ue• gritos de libertad y va acabando con himnos de triunfo
ño reparador y consumiendo todo el capital de la vida. al vapor y al fluido eléctrico. Pero digámoslo aún en fórEl r.rabajo físico es siempre, hablando en ·términos ge- mulas menos vagas, más exactas y más comprensibles.
nerales, una combtWi6n; quema el pobre obrero su carne En el mundo inorgánico, el trabajo es el resultado de la
acción de unaf11,t;Tza á lo largo de un camino, venciendo una
y su sangre cuando dobla el cuerpo y empuja contra el
obstá.culo la azada 6 el zapapico; pero trabaja del mismo reBi..qtencia; se mide por kilogramos y metros~ su unidad

el L-ilngrá,,utro , 6 el cab«Uo dP
,·aµvr que son 75 l..-i.lográmetroB. Y
t-oda la in,m,tria mataw.t con su
,·ariedad infinita, con su maravillosa f'~plendidez, no encierra
otra unidad ni ij~ compone de otra
cosa; resistencrns vencidas por fB·
fuerzos á lo largo de caminos ó
rendidos en kilómetros, 6 recog1dos en vaivén, ó contorneados t-n
círculo. Todoobreroen la última
capa social, en la más ínfima, más
desdichada, y por lo tanto más
digna de compasión, todo obrero
que no dispone más que de i::n
fuerza fisica, que no ha recibido
educación, ni tiene conocimien·
tos más 6 menos extensos que bagan productivo su trabajo por el
trabajo de la idea, trabaja de este
modo; vencecon el esfuerzo de la
azada la resistencia del surco á lo
largo del surco mismo: vence con
el choque de la piqueta la resist.en ·
cia del mineral á lo largo del filón:
vence apo, ando la pala del ren,o
contra t:-1 ·agua la reeietencia el~
}¡-u:1 olas, y cuenta que aqu'.L ya h~
civilización (hombres que disenrrinon) le ha dado una palanca.
Pero no sólo en el roJseroobrt'ro, en el i::abio más profundo, t-n
el artista más sublime, en el i11 •
ventor como en el empreeario, en
toda la escala humana de la acti•
vidad y ton el fondo del organh:JUO, el trabajo maieri.al es el rni::swo en su esencia: lo mismo trabaja el mll.i::culo que la celdilla gris,
que la subs:.ancia blanca, el cora·
zón que el pulmón: siempre I a
una fuerza venciendo una resistencia, ~iempre el trabajo rot"C:'L·
¡'
nico bajo forwa de calor ó dt- electricidad, ó de acción química
En el cerebro que piensa, como
en el peón que acarrea ladrillo~.
bajo el puruode lista del consumo
de energías y de Ta. fatiga uiateria 1, no hav más que hlográm,tro,"j ó en Hls equi\'alentes calorífico!&gt;, eléctricos, magnéticos 6 quí111icos. Al trabajar se consumen
kilográmefi•o.~ en las evc,lucit.,nes
cerebrales qee vibran, como en
la locomotora que salva abismoP,
taladra montes y contornea curvas.
No odie el obrero al que trabaja con el pensamiento en cualquiera de las esferas sociales, qt:e
identicos son y son herroanosan. e
la ley et e roa del trabajo; y kil&lt; grámetros con1:umen uno~ y otrcei,
y pedazos de sus organismos ~e
queman, y dfa por Uía van coi enmiendo aquél y éste su E'xistencia
González.
en la misma obra de redencióu.
¿Pero qué es el trabajo humano, cuál es la ley de sus
evoluciones? La ciencia, mejor dicho, todas las ciencias
combinaO.as nos lo hacen ver y nos lo demuestran con
demostraciones infalibles.
Cit.mbiar kilográmetro ~or kilográmetro; t1na ttni.dad de
trabajo muscular ó nervioso por otra 1midad: un pedru.o
dP 1•1:da por otra tanta 1Jida, e-:,tO seria casi la inmovilidad.
la negación de todo progrei::o, el encharcamiento peren·
ne en las primeras charcas que dejó el diluvio al retirarse: sería el es&amp;ad'l salvaje á. perpetuidad y sería al fin,
la destrucción y la muerte: allí no habría problema so·
cial, allí todos seríamos iguales: todos á ras de tierra en
el bosque 6 en la caverna.
No; la humanidad progresa, porque no cambia 11n trabnjo por otro trabajo ig,«ll, sino por otro TRABAJO MAYOR:
ahí está. su ganan.da, ¡esa palabra tan odiada! ahí está su
ir.ter~e, su beneficte:, su triunfo, su gloria y su porvenir.
A fuerza de ganancias hemos progresado y somos lo que
somos.
El sabio, que consumiendo y quemando masa encefá•
lica, como tantas veces he dicho, y desarrollando kilográmetros químicos en las profundidades de su cráneo,
descubre una ley, una fuerza, una energia, ¡&gt;ongo por
caso el vapor, la electricidad, el modo de utilizar los rayos solares,. ó la p alpitacióa de la marea; ese sabio, repito, por unos c11antos kilográmetros que consume encuentra potencias infinitas para la humanidad y para el
obrero mismo; y en ese cambio de lo menos por lo m.ás,
de un consumo deenergia nervioso por un aprovechamiento de millones y millones de caballos de vapor, está
cifrado el maravilloso progreso material del siglo XIX y
el acrecentamiento de la riqueza humana. Así se emancipa el trabajo muscular de las clases inferiores, poniendo á su servicio el trabajo (\e la nar.ureleza inorgá.nica y
las grandes fuerzas que antes seconsumian estérilmente
para la civilización. Asi el obrero se va elevando en el
orden de la inteligencia y va poco á. poco mejorando su
suerte. Antes sólo trabajaban sus musculas, ahora entra
á la parte su cerebro, y con mover una palanca en la lo•
comotora ó con abrir una válvula de paso, hace trabajar
á miles de kilográ.metros, que es como si sus músculos
se hubiesen centuplicad.o mil veces y fuesen los de un
titán.
Pues bien: estas ganancias de fuerza motriz; esta suma
de beneficios que resultan al cambiar una pequeña parte
de energía orgánica y un pequef'i.o coneumo 1 (pi:!queflo
f:'F

1

�,g8

DOMINGO 28 DE MARZO DE 08g7

EL MUNDO

relativamente) de vida por una cantidad enorme de energia inorgánica; estas fuerzas natura)es, vapor electri,..idad. 1 calórico, acción quí.
mica 6 luz, fuerzas antes ociosas y que el genio del hombre ha !'rranc:id_o de su bolganza,
para hacerlas trabaJar en miles de rnúquinl:l~
aparatos é, invenciones, en férreas cárcelt&gt;s ¿
sobre carriles metá.lícos 6 eo hilos de hi1;:rro·
todas estas energias acumuladas 1 vuelvo áde~
cirio, constituyen 6 pueden cons tituir, si locamente no se consumen, f'l cupitat de las mo
dernas sociedades. Y he pronunciado la pala-

EL CARNAVAL EN MERIDA

bra temerosa.
.iCó~o ha d~ ser el &lt;&lt;?pitat1 ni el ru6netruo,

m el tirano, º! el vampiro, s1 es n1 el 6r,11m .f,'.del traba¡o y de la producrión el único
redentor ?el obrero y del hombre!
¡Ah! ¡S1 de la noche ú la mafia.na. por arre
de 1:11agia ee du1;&gt;lica!:Pn, ee triplicaSt-n t•JtlOS low
('ttp1talea de la tierra, cómo se duplicaría y triphcarfa el bienestar del obrero!
¡ Esta sí que sería la inmediata solución del
problema social: los salarios al toe la reducción
de horas, la instrucción del obre¡o su deseanª&lt;?, veJez tranqu~la, su vida ~oraÍ más y mi.is
dilatad~ por ~onzontes hoy inaccesibles!
Ah! e1 C(!Trl~sen 1 como dice el gran maesLro,
no dos cap1tal1stas tras un obrero 1 eino ui11lt
ó lrn11la Ira,. ti 1Uimo ei.m para q ue llevasen
una carretilla de tierra, cómo entonces el hu·
mi_lde veón impo,~drí.a la lry, no por su fuerza
física 6 por la rntervención abrnrda de otras
fuer2as que el Estado le prestase, eino por la
fuerza de eu derecho y por ley de naturaleza'
¡Por fuerza y ley incontrastables!
·
:"''in _el capital, nada: la muer1e, el hambre, la
!D1eena para todos: _todos igualeF, pero con la
igualdad de las pocilgas 6 de los cementerios.
Con laabu11•ltntciu d1: capital, todo: el bienestar y la esperanza; que aun las mismas des·
igualdades serían gérmenes de pr11greeo. Yale más la deeigualtlad de dit.: mem,s más ó menos entre muchas t0rres1 que la igualdad niveladora que se tienda mezquim1.111em~ sobre
un rastro de hon11igas.
Y ~ien, aólo la ciencia y sus aplicaciones
prácticas, !ID.lo el trabajo inteligente, realizan
estoe procltg1oe; no en un día t0do pero cada
día algo m,is.
'
1!8bájese, puee, en' ~solver, dentro de lo
pos_ible, el probl~ma social 6 en facilitar su eo•
luc~ón: esto es Justo n~ble y simplitico, pero
enuéndaee que la eoluc1ón más eficaz consiste
en aumentar el ~pital:Porel trabajo, y entiéndase q11e el trabaJo m!is fecundo es el de la inteli~encia
El mundo antiguo esclavizó al hombre: esclavicemo~
hoy loe elementos: cada masa de vapor que se encierre
en m_ia caldera, cada corriente eléctrica que se lance por
ua hilo, cada ray~ de sol que ee aprisione, redimirá. cíen
obreros. Pero ¿quien eabe? Acaso es ley histórica que el
pueblo escogido odie siempre al redentor.

8tl'O

JosE Ecm:oARAY.

--~---=-----

DOMINGO 21 DE MARZO DE 18g7

EL MUNDO

Y _sin embargo, en medio de tanta desolación~
brillaba una esperanza de vida, uoa aspiración
de amor, una de eeaa floree que entre las junturas de los sepulcros brotan. Veíase en eepacioso salón a.na joven que se probaba blanca
corona de azahar. Era la corona de desposada
que tenía apercibida para la noche siguiente
noche de sus bodas. Apenas contaba veiuteaño~
Largos rizos rubios caían como rayos de luz sobre sus espaldas. Brillaban como un cielo seren_o su Aazules ojos teilidos de melancólica felicidad. Al través de su tez veíase circular la
sangre. Era tan npuesta 1 tan alta y tan elegante, que bien podia parecer, por lo ancho de su
frente, por lo esít'rico de su cabeza, por el profundo azul de sus ojos, por su nariz aguileHa
sus pronunciados labios, su erguido cuello Y
( su maJestuoso continente, la estátua que re•
presentaba el genio de su patria, que representaba á Polonia. Yo tengo para mí que esos
pueblos esclavos. desolados, suelen dar en el
tormento hermosas hijas al mundo nacidas
d~ la~ m~s sublimes inspiraciones, d~ laa insp1racl0nes del dolor. ¿:-.;o os acordáis de aqueJlw; hermosísimas hijas de Israel que tatHan
sus harpas bajo los sauces de B11bilonia que
conf?ndfan sus lágrimas con las aguas d~l extranJero río, y que deea.rmnban con su hermo•
aura á los perseguidores de su pueblo?

V.
Aquel arrobamiento es interrnmpido, sin embargo, por el anciano, que entra y ex•
clama:
1,Amar, amar cuando Polonia está en tierra. cubiertn de ceniza y desangre, amar es un
crímen. ¿No oís las hienas que machacan entre eus dientes los últimos resloe deLcadJ!,,•er? ¡Y sois felicee! Mirad. wirad, y se descubría el pecho; una, dos, tres, cuatro,_cinco, ee1a
cicatrices. Por ahr he vertido 1:,angre de mis venae. Por ahí han soltado pedazoo de micorazón. lle en·canecido en Sibcria, me he encurvado bajo el pee-o_ de mis cadenas. Ya n~ ten•
go fuerzM para vivir aun tengo fuerzas para aborrecer. Paloma puede levan1aree. S1 hoy
es el ludibrio del m,;ndo, mafianaser.i el angel exterminador de loe tiranos. Ladislao, ve
á morirá Polonia. Milrfa, envíale á. la muerte. Vuestro primer beso de amor será. maldecido, porque podrá dar de sí el alma de un esclavo. Si mañana \:~rsovia no se levanta de
nuevo t\ pelear pasado mafiana irl!is atados codo con codo á Siberia. Que vuestro pecho
eea todo odio, &lt;Íne vueiltros brazoil eean lanzas, que vuestro aliento sea fue.go; porque yo,.
anciano, yo que he caido cien vece!! en los campos de batalla, -voy á monr por fin sobre
el seno de la pat1ia esclava.u
Y el anciano quiso erguir1:,e y echará. correr como un joven, pero sus piernas flaquenron, y cayó de rodillas ante el cuadro de la Virgen. En tal eazón óyese una griteria con·
íusa de rít'(l Polcnda, y el ruido de una descarga cerra.da.
VI.
El joyen Ladislao señaló al anciano, !!eñaló al cielo y estrechó fuertemente contra su
corazón á. liaría.
-¿Te va.e? preguntó la jo,·en.
-1\,le voy, María, me llama la patria.
-Es el ruido del viento, dijo María.
-Nó, es ruido del comba1e, le replicó Ladislao.
-Por piedad ¿y nuestro amor?
-¡Nuestro amor! ¿pues qué, preguntó el joven, nnetitro amor no había de durar sino
lo que dure la vida?
-LMaHana! dijo María, ¡man.anal
-J:1,;l corazón me dice, exclam~ Ladislao, «el corazún me dice que mafia seria mía.,

l[

"Liceo de Mérida."-Carro

Juatlcia.••

11

DE EMILIO CASTELAR

I
El cielo llovía nieve sobre Varsovia en triste noche
Parecía ~jer un sudario para cubrir aquel cadaver. Tod.¿
Jo que rema en el tE&gt;pulcro, reinaba alli: frio, silencio,
soledad. Por sus calles abandonadas l)M&amp;ban de vez en
cuando, caballer~s en pequcilos caballos, loe tártarot!
como aves de rap1fia, que se lanzaban en aquella huesa.

L:1 joven dejó su corona de azahar, deepuée
de baberse cerciorado al espejo de que le sentaba bien y corrió :í. una ventana como para
mirar si alguno que esperaba venía ya. En
aquel instante vi6 pasar envuelto eotre las ráfagas del viento1 entre los remolinoe de la nieve, un pelotón d~ cosacos que juraban y mal~
decían de Polonia. netiróse la joven horrorizada, y maquinalmente f'e sentó al piano, dejó cae(dcFe~perada la cabeza sobre el pecho y
recorrió con rns dedos las tecla1:. El instrumento produjo una melodía profundamenW
triste, una de esa.a melodías que son el lloro
de Loda una generación, la agonía del alma
de todo un pueblo. Inmediatamente apareció
en la puerta µn ~nciano encorvado y vacilante, q1w pronunció con horror estas palabra.a:
-({¿Qué haces? ¿no sabes que ese cántico de
nuestros padres, t'Uede costarnos la vida?11
-Es verdad, abuelo, repuso la joven es
verdad; no tenemos patria.
'
- Yo creo- que sí, dijo el anciano¡ yo creo
q_ue este pueblo, apedreado ayer como San
Esteban, poctrido ayer como Lázaro, aún tiene esperanza.
-¿Dónde está?
-En Dios, dijo el anciano.
-¿Y cuándo nos oirá?
-Cuando le hayamos deearm11do con el martirio.
-¡A1ín mú mártires! exclamó la joven con acento de.
ganador. Dos grues&amp;d lágrimas, do~ lágimas se extendieron por so rostro, como dos amargos rioe de dolores. El
anciano bajó la voz, y dijo:

lágrimas; no veía la tierra desde el cielo de eu amor, compeudiado eu los azulee ojos de
su amaute, donde se había reconcentrado toda su alma.
¡Cuár felices aquellos momentos! El jovC'n acariciaba la i•lea de su bondad, como el
logro de iodos sus deseos, cowo el término de una ambición que había llenado t-Oda su vida. Amó á aquella mujer desde niño, desde qne los primeros sentimienr.os brotaron de su
alma. Mil obstáculos inseparables, mil contmriedades le bablao co1111Jatido. Hu amor inmenso le llamaba á. Maria 1 y el dest.ioo le apartaba de María. Porfia, después de luchar
y reluchar, después de consumir anos enteros en una desesperación inmensa se encontraba
en vísperas de su boda. Contaba con impaciencia los minutos que faltaban para Bt'ilarcon
un juramento eterno la alianza de dos corazones nacidos el nno para el orro, digo.os de
confundirse en una sola vida. La aspiración de su ser, t\ los :t! anos, cuando toda la imaginación es calor, toda la inteligencia luz, todo el sentimiento pa~ión, todas las am bicier
nea amor, era ¡oh! era unirse con la mujer de sus ensueños. No mira el Fat(&gt;lite al plane•
ta, el planeta al sol, el ruisenor :l su nido, el arroyo al cielo, ni el cie!o á. 1?ios, como aquel
amante miraba á su amada. No sabría vo, pobre narrador de esta b1stor1a, no sabría decir cuanto le decia, repetir sus palabraei entrecortadas. Aun no ba nacido pintor que baya
TPtratado el fondo de uoos ojos enamoradoF. Aun no ha nacido mósico que ha.ya trascrito
la nota de un sm:piro.de amor. ¿Dónde está el escritor capaz de repetir las palabras deun
pecbo:enamoradv? ~Lis fácil es repetir el rumor inmenso que levantan á las alturas las
olas del Oceano. El corazón henchido de smor es el universo. De amor, de esperanza, de
felicidad estaba henchido el corazón del joven Ladielao. Los dos habfanolvidado el mundo. ¿Qué valía para ellos la patria, cuando el imán de su amor les alzaba al cielo?

♦

El carnaval en Mérida.-Scftorita Lucrecla Caatellanoa, en traje de fantaaía.

-Aún tenemos ee,peranzas, si pensamos sólo en guPrras.
¿Qné amor ea posible cuando abrazas un cadáwr? ¿Para qué engendrar cuando engendras nn esclavo? Maldito el corazón que á. su amortgofst.a sacrifica el amor á la patriu;
-maldito el seno que f'ngendra hijos para qne los devore t-1 tirano. Te probabas \u velo dti
,dee~ada. ¡Infeliz! Ltis hijas de Polonia han nacido en un sudario. Su. cuna es un sepulcro. ¿Qué será e11 lecho nupcial? Y desapareció el anchrno.

rn

Después de oír estas palabras, quedóae María como muda, pasmada. Sin embargo, á
los pocos minuto1ee recobró un tanto y eedirigio á un cuadro de la Virgen que en el tes·tero .del salón brillaba. Madre mía, dijo doblando laa rudillas, Madre mía, óyeme. EL na-yegante, cuando las nubes borran las estrellas, cuando el viento levanta las olas, cuando
-el hurac!n. ruge, te invoca y le oyes, y el cielo vuelve á. lucir sus estrellas, y el mar e.E&gt;
duerme como un nii'io, y el buracán ae convierte en brisa, y las velas se rizan como las
alas de u1.1aave, y el barco llega al puerto. ¿Por qué, por qué no has de socorrerá. un pue•
blo qua ee ahoga en un mar de sangre? Nuestras casas son panteones; nuestros lechos sepulcros; los al~res de sus iglesias. pesebres de los caballos tártaros¡ Sus hijos, en su furor, despojados. Este pueblo ee hunde, se sumerge en un mar de hiel; cuando le falta la
voz, levanta á Sí en demanda de auxilios sus mauos c.lrdenas y ensangren1adas. Ya hPmoa sufrido la crucifixión. Ya hemos dormido largamente el suei'!.o de la muerte al piti
de nuestro calvario. ;,No ha de llegar Ja horade resurrecei6n para este .Grist1 de los
pueblos?
La Of'D:Ción fué interrumpida por la presencia de un jnven, que á. pe39r de troer eu
.gorra de pieles y su capotón cubierto de nieve, su,iaba.. J.lufa se levantó y corrió á. su
encuentro. Es imposible q1,1e pudiera haber en toda Polonia una pareja más hermosa. Lo!i
dos jó\·enes, loA dos rubio1,1, los des altos, loe dos de azules ojos, de blanca tez, los dos pa. recidos, con. la diferencia que (,1 tenía toda la fuen;a, tod1\ la austera hermosura del va·
rón, y ella toda la gracia, toda la delicadeza, toda 1-' hermosura de lo que llama Goethe
el idtal femeninn.
Juutáron!!t-1 sus manos, sus ojos, su alient?, sus almas. Reinó por algunos instantes
ese silen~io infinito que ninguna frase humana podnl. expresar, ese silencio religioso qut,
ha sido siempre la sublime elocuencia del au,or. Si aqnel éxtasis se hubiera prolongado
en t.oda la.di1atación de los tiempos, sería la biemwenturunza celeste. Esta. tl~ctricidad
de dos miradas que se juntan en un deseo, ese choque de dos almas que se confunden eu
una idea, eFa armllnia de dos corazones que laten unísono1,1, e~e aroma de dos suspiros que
se comprende:u,, e-a unión de dos vidas indisolublemente ligadas como el alma y el cuerpo, co~•O t-1 OJO y la retina, como el pecho y la reflpiración. ¡ah! ~::so E.&lt;; EL AMon. ¿Por qué
no decirlo? l!;/ anwr,, siemprt egtlí.,.fn,· sirmprP rl!! el r_r¡,1LJ&gt;l11() ,m,,l,1111: dr lajurn1lt1d, la conceu•traci6n '.'!! W; t:i,fa en s~ mi-11ma, romo JJOrafonnar .f11erza y difutam· y e.rtt:ndt:r.~ en mtet.'08 ureA.
Co,no d1JO h más ,,ulillnu rfr ln1t 1,oi&gt;tafil mod1TMt1 ( Victor H ngo ), td amor e1t el eg9i.Jlmo dt do,.
Para él no AA.Y e,,. mu, t/u,/111Jn d1, arrobamÍ.f:',,tu w patria ui Juww.ni,J:.111; no hlly má, que tl mUmo: toda!,« tu1Taes el espucio que el ser amado habita y toda ta huma1ád1td eslá m ei sér amadt
-compe-r«tu.i,ta.
Y 1?,é aquí por qué Maria lo olvidó todo en aquel momento: las palabras del anciano,
,las tristezas de su corazóu, la patria desolada, los aullidos de los cosacos, s1J oración¡ SUB
Grupo de Meatiua.

Srñorit.as Mercrdes-y-Elena Pon ce Vales.
¡De fotografia tomada en los salones de "La t'ni6n.")

�aoo
En tanto se oyó una desear·
ga .más enea ... . . .
-¡Ladielao! exclamó María,
por Dios ..... .
La joven no Fe ntrevía sí de·
cir)e que no partina ...... Pero
añadía pars engafiarfe á. si mis-

•

EL MUNDO

EL OARN AVAL EN MERIDA

ma: 11LadiF1\ao, es el viento ...
-N6, dijo el jovenj esel alma
de la patria.
-Adiós: mafia.na de todos
modos, exclamó Maria, será.
nuestra boda.
El joven se lanzó á. la calle,
y María fue á caer al lado de
RU abnelo, ante la imagen de la
Virgen.
VII.
Un día entero de combate.
La sangre ha corrido durante largas horas. Los hijos de
Polonia han peleado de nuevc-.
Toilos los hombreR se han lan·
zado al campo. TOdas las mnjPres á los altares. María reza v
llora. Del fondo del abismo de
su desesperación sóh ee levanta
lma plegaria. Sucede nna nuPva noche El ruido de combllte
ha eesttdo. El éxito no e11 d'ldoso. Polonia lucha ~&amp;.bierdo
que cae· Un silencio inmenflo
reina !!obre lacindsd.-Aqnellri.
debía. ser la noche de la boda de
María. Su corona de azahar E"R·
tá allí¡ el velo está allf; pero su
amante no está. María le llama
y no responde. LI\ joven deP,raría ¡,Dónde ha Pido el comb1te? Fuera de sí, loca, se sifle la
corona. se prende el velo ~' se
apeT"cibe á irse.
¿Dónde está Ladislao? pregnnta á. su abuelo que yace espirante al pie de la YirgPn, espiranlie de dolor y de f1,tiga.
-¡Felices los que mueren con
el Seíior! contesta d anciano.
María lo comprende. La noche es obscura, la nieve cae. La
joven vestida de blanco, envuelta en Pl velo, sola, entra en el
torbellino del viento, parece la
f'statua de un Pepulcro que anda, ó el alma de una virgen que
vllelve del cielo.
Sus eienes laWn, su corazón
lat.e, como si se dirigiera á su
tálamo nupcial. Va á las afueras de Varflovia, al lugar del
combate. Regia, ra con &amp;ua manos anhelosa los montones de
muertos. Lafl sombras son tan
esoesas que no puede distinguir
los rostros.
En esto se oye un gemido,
que es el último gemido de una
Bando ''Liceo'' -Carro ''La Mutua. ''-Familia Jappan.
vida que se apaga.
Rs él, grita, es él.
Lnego, de lejos, cuando los hélices se han puesto á nleUn rayo de luna rompe las nubeP. 1'-lllrfa rec·0noce E"l
rostro de Ladí1:1lao, lívido, teñido por las !:!t,111b1w de la tear ya con cierto vigor, hemos visto alzarse en el muemuerte. Pone la mano sobre su corazón; 110 late-•pone lle y en la borda del buque un diluvio de pañ\w-lofl blirncos como si los viajeros y sus amigos de lacoi:.ta hubieran
el oído sobre su pecho; no respir-J.
~Has m11erto, dice sin lanzar un !ay! En efta noche puesto á secar la ropa íntima de sns tristezaEI, mojada
por el llanto de las despedidas, colgándola al vif&gt;nt.o, que
debi'us recibir mi primPT beso de amor.
se lleva más tardeó miis temprano, hacia el olvido todos
Y clavó sus labios ardientes sobre los frío" lahios del
cl\dávP.r. Sorvió ensu beso la muerte. Al dta Pig,lit'nte loA dolores y todas las satisfacciones de la vida.
Los viajeios novicios, apenas el bnque ha salido, se han
llevaban en carros al cementerio los cadá\"f'rl-'S dt' los in
puesto á t-scribir sus impresiones de viaje, como si notus11rrectoi:i 1 y entre ellos el cadáver de una joveu humosí·
vif'ra n m:ís tiempo.
sima envuelta en su velo de desposad·\,
Las niujne!'I se muestran más avanzadas én el desem·
¿Sabian los sepultureros ei secreto u~ aquella muerte?
pe,ño de esta grave blrea y redactan con una letra varo-No losé.
nil de e!ólcnela n, rte americana, en sendos cuadernos ú
Ignoro, pues, si los dos cadáveres se juntaron en la
ojas volantes, las ideas penmnbradas de su imaginación
misma huesa.
flnt.ante.
.
EMrLIO CASTF.L.',R
NoeotroP, cada día, cnando el mar no está enteramente desagradable, lo que le ocurre pocas veces en esta sec{'ión de sus domi nio!ó!, nos sentamos á mirar su mafia onLO QUE DICEN LAS OLAS
duhmte PncrPspada, teílida y rumoroea, como e,I follage
ile los árboles movido por el viento, escuchando ln qne
¡Adiós, Norte-America! ¡Adiós por siempre tal ve1!
¡Adiós, selvas embalsamadas y fredcos valleE, como di- dif'm laHolns, Pegún la inolvidable expresión de 'Dickens.
¡Lo que die-en )ns nla11!
cen en Aida!
1:':l as tambiPi:i 1:mentan sns penurias y angustiaF; re 1a¡Adiós, ternplos de piedra consagrados ,¡ la inclm,tria!
tan sn eterno vmJe por loR ,,qarell, por los ríos. por las
¡Adiós, ferrocarriles vertiginosos, ascem1,,rps volM.nteP
nnbes. por la cun1bre de la'd montañas por los despefia•
ríos encauzados y ~os ein iguales en el ornado!
'
'
'
¡Adiós, sublime N1ágara 1 estruendosa reliquia de la tie· dero"' y los arrf"&lt;'ifPi"'. •
A2itadas. anhelante@, f&gt;nloquecjdas, corren como el
rra., joya de América! No me olvidaré de tí mientras en•
hnm~re, buecandn sn nivel sin Pncontrarlo jamáP, y van
tre la mz por mis ojos y pueda reproducir tu imagen,
mientras mis oídos no se cierren á los rumores y Hmidos dt&gt;sat.rnadM, un día al Nort.P, otro al Sudó en cua.lqnier
rumbro, alzando flU cabeza blanca de canas para mirar en
de este mundo, mientras corra la sangre p'lr mi cerebro,
friccionando mi pensamiento: mientras h1.ta mi corazón el horizonte fli la jn-rnada tiene término.
Y Fe atropellan desatadat:i, trf'pándotiP. sobre sus veciy no cese mi aliento!
El «Britania,11 de la flota \Vhite Star, sigue nadando á nas, inútil, estérilmentf&gt;, hundiéndolas bajo su peso, en
tanto que otras E-e levantan, y otras y otraq crPcen más
razón de quince millas por h•ra.
adelantP. siempre más adelante en el infinito océano reHsic rnatro días que nos hemos embarcado en Nueva
moviendo sus lomos hinchados y huyendo en curva; inY,11 k, t'II ua muelle cubierto de gente.
Ha ha:,bido despedidas tiernas, abrazos, lágrimas, pala- dolentes ó e!ilp11mosas de cólera, hasta perderse en una
•
bras canñosas, expresando el deeeo de feliz viaje frases confusión inacabable.
ah~das por la emoción y variadas escenas, en' que lo
Las olas cantan en tono mortificante la leyenda de
l)()ético y In doloroeo de los últimos momentos previos á nuestros pesares, retirando nuestra mente á los lejanos
la separación, fe mezclaba con la excitación apurada del tiempos de ¡a infancia, cuando una madre desvelada
viajero, el transporte de los bagagee y los cuidados de mecía nuestra cuna; ó á lo menos, remotos del romance
todos por atender á sus sentimientos, á su parsgu38 á de nuestra vida, cuando la voz temerosa del amor &lt;'.0rressus saludos, á su capa de goma, á. eus lágrimas y á ~ua pondido, murmuraba sus caricias en nuestros oídos.
maletas.
Traeli los acentos de la :patria abandoDada, de la amis0

DOMINGII 28 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN

tart i nc:egura, dtl desengaflo in-

iuerecido, y se alejan llevándose nuestros suepiros y dejándonos en el pecho la amargura
de sus entrañas saladas.
AlJá lejos, las esperanzas como las aves blancas de los roa
res, aparecen en el tul de la ee ·
puma: avanzan, se aetrcan y
cuando les abrimos los braios
para estrecharlas contra nuestro corazon, la onda se desvanece y las burbujas de au penarho vuelan en invisible atmós·
fera hacia los cielos.
La hi ...toria de nue@tra vida,
con todos sus recuerdos confu·
sos, anacrónicos, flota en las
mont-a.ñas que el viento levanta,
ee hunde en :os valles fugaées
qae ellas forman, vuelve á subir en las olas siguientes y en""lviéndose ea SUR ondulacio11es, se aparta y se oscurece, engendra~d_o una vaga sensación
de mart1r10, de remordimiento
y de dnda respecto al mérito de
nnestros actos parndos ó al
acierto J.e nuf'stra conducta en
la sucesión de los añ.os.
-¿Púrquéno fuí más bueno?
s~ pregtmta el esphitu atribulado.-¿Por qué no fuiste? interrogan las olas á. su turno, y
nadan·f o sobre sus flancos se
e.~capan palmoteando con sus
,·értices quebrados como bur•
l indose de nueetra miseria.
La sensación del ritmo vital
!'"e embota; las faculfadesembargadas por la suma de reminiscencia!, languidecen, y una melanc?hca y sua~e aspiración á
morirse, se extiende como un
sudario sobre el alma.
i Un Eepulcro en el mar insondable, la caída Ein salvación
sin amparo, la muerte sin re~
medio, con el consuelo de la
imposibiliElad ralculada contra
la cual toda lucha ea una quimera ......... ! son las dos ideas
indecisas, deslustradas 1 semidormidas que el cerebro fomenta, mientrai: las olas paean golpea~do los costados del b~que,
q,ue Juegan con su peso y se retiran, encarg:a ndo á ot1 as olas
su tarea. ¡lJu sepulcro en el
mar!
L'38 olas mrnerían mucho
tiempo nuestro CU"rpo; sí, tiempo mucho prolongando el simu·
lacro de la vid11, con su eterno
movimiento y la soledad de ]a,.
tumba en un cementerio c11alqniera habría defaparecido con
todos sus hono!es, rt&gt;emplaza·
da por el capncho bullicioso
de las aguas, en el mnndo infinito de la atmóafera líquida. Vtlrde ó azul, co11 esmeraldas ó zafiros db;ueltosl
Las ol»s dicen entre tanto: Así tus pesarei,; y tus ~nsueñ11s, negro8 ó te!l-idos por la luz de t.m-1 ilusiones, eerán
llPvados por 1-'l tiempo y sembrados en ... ¡ camino de la
vida, como migajas de tus oídos ó tn• amores, cuando la
ed:-id mar.!hando sobre tu cuerpo, llegu1.: á 1::uíriar tu ce•
n.-bro y á helar tu corazón.
:Un estrem~cimiento nos d~spierta en medio de la ho•
rrtble fantae1a¡ las olas contrnúan su viajl:' interminable
ca11tando t:u solemne romanza_con acent s do!oridos, y
entrd me tonos; el ?fdo sobrescitado percibe los nombres
de las pen:C?oas aloJadas en nuestro corazón. las melodías
que apren~1mos _en tal 6 cual época de la vida, los pedazos de frase_ can_flosa, los reproches, las diFcusiones y,
por fin, el silencto que resulta del ruido uniforme cuandü el cerebro 1;1e cansa yel SUAño empieza á batir sm~alas
El viento silba en el cordaje del buquP y arrebatand~
en 1a boca de las !.:himineas el humo nelio denso como
nube de tormenta, como aliento letal lo ll~va desmi-&gt;nu·
zándolo entre sus dedos para dejarlo c~er en copos lenta
p_erezosamente,_disolviéndolo en los confines de la vietB
sin conservar DI el fantasma de su existencia.
Lo€1 mares entonan á la Vf'Z alegres sonatati como mú•
si~:1 ?e bailes al~e!'-noA, y la aspiración á vivi'r renace.¡\ 1vu en el bulhc10 del mundo. allá en las grandes ciu•
d3:dt'S !lt'naS de intrigas y de conflictos que acortan dism!nuyen y destruyen e; tiempo, envolviénddo P;. los,
plieguP~_d,: su_ Pf:rmaaente variedad basta dejarlo invisi~lel-¡'\ 1v1r s111t1éndolo todo, como un curioso de las pat-1onei:i; dando valor á lo que no lo tieue ó quitándolo á
las grayes y trasced~ntales cnestionesl-¡Vivir caminando hacia la tnmba sm sospechar su proximidae, y dPjarse sor prender eu medio de la d~preocupación atolondrada, @rn saber po_r dónd_e se va DI por dónde se ha ido, como !as olas ee:g':1n el ';lento ó el calor de las corrientes
mai:masl-¡y1v1r sufriendo Jas torturas como juguetes
del rn!o_rtumo y tomando como hambrientos un pedazo
deiehc1dad descomp.uei:t.a,.para.ro.etla.hasta el.hueso sin
dejarle un átomo de carne!. ..
Las olas pasan por debajo del buque encorvando la es•
palda y levantándolo en alto para mostrarlo cabeceando
6 rielando sobre la superficie rugosa del Océano. El ma:restá áspero, según la expresión de á bordo, y yo me reti•
ro cansado de haber hablado tanto con sus olas'f
ÜSCAR WtLDE,

EL MUNDO

00"-INGO 28 de MARZO de ,897

201

====~~===========================~==================~=-~
MERIDA-Sociec:lad "La Uni6n."'--:-Carro "Mariposa."

El, CAR.NAVAi, EN MER.IDA
LOS MESTIZOS.

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En Yucatán la clase popular está. formada generalmente por los descendientes más cercanos á. los mayas,
que llevan el nombre de meztizns. De esta clase se componen diversos gremios de trabajadores que, perseverantes en :ms oficios, sin grandes exigencias sociales á que
atender, logran reunir modestos capitale!!, á veces acre•
centadoe basta sumas considernbles.
Miembros de la clase llamada mrzli.za en aquel Estado,
han sido hombre!-! distinizuidos por RU talento y su virJ
tud, como el Sr. Obispo Carrillo y Ancona, muerto en la
semana pasada. La cualidad del \'alor ha enaltt:'cido.-también á la clase popular .yucateca, en las luchas sangrientas que tristemente conmovieran al Estado.
El pueblo de Yucatán llama sobre todo la atención de
los extranjeros, por su aseo. Raro es el E&gt;jemplar, tan
abupdante en la República, del hombre que inspira compas~6n á la vez que repugnancia, por su traje sucio y harapiento,
Las mujeres llevan el pelo graciosamente peinado en
forma de lazo, que atan en medio con una cinta; usan_
camisa de lino blanco, sin mangas, con escote cuadrado
y bordada al rededor del escote y de la falda, con vistosos hilos de diversos colores; esta cami:m se llama /u¡ri/.¡
y saya también de lino blanco, bordada, lo mismo que el
lu"pil, en el borde; se cubre la parte escotada del traje,
con un rebozo de lienzo ó de seda.
En la parte delantera, llevan crur.adas las extremidadea del rebozo, una de las cuales. eostienen con la mano
izquierda en nn cuadril, dejando la derecha libre. Ostentan en el cuello gruesas cadenas do oro v de-corales, y
en las orejas pendientee de oro y corales 6 perlnQ,
Los hombres usan camisa de lino blanco, de pechera
bordada ¡,rimorosament(, y con botonadura de oro y piedras prec1oeas; ancho pantalón blanco y sombrero de pa.·
jilla. Llevan la camisa fuera del pantalón y van calzado~
con cacleH de charol.
Los mestízos han formado dos grandes agrupaciones para celebrar las tiestas de Carnaval. Estas asociaciones se
lla~an uPaz y Unión)) y nRecreativa Popular,n que están
regidas por juntas directivas electas entre los socios.
No contando con edificios propio;, las dos sociedades
toman anticipadamente en alquiler las mejores casas de

Batalla de Flores.-Carro "Pandero .. "-(Prim:r Premio. )-Famili, Ponce Cámara.

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DOMINGO 28 de MARZO de 1897

EL MUNDO

202

DOMINGO 28 de MARZO de 18117

EL MUMDO

EL CARNAVAL EN MERIDA

la ciudad, las adornan lujosamente y las convierten en
,espaciosos salones para los bailes. Esta és la única diversión que organizan las sociedades de mestizos y á las cuales
asisten siempre mtis de cuatrocientas parejas.
Las orquestas para los bailes de nieshzl)8 son iguales á.
las que tocan en los salones del «Liceo y de t&lt;L'l Unión.•
A veceE" los 'llUstiws celebran bailes de máscaras y de
trajes de fantasía, pero no tienen el atractivo de los ordinarios que ofrecen aspecto encantado, pues en estos so·
bresale la deslumbrante blanr.nra de los trajes y de las gasas y demás adornos de los salones.
En estas di versiones rnn d~ notarse el orden y los distinguidos modales de la clase popular yucateca, siempre
correcta y respetuosa. La fraternidad es su mejo1 distin.ti vo.
Durante los bailes de carnaval no acontece el menor
escándalo; las comisiones oara. cuidar el orden resultan
inútiles pues, en todo el tiempo que dura su encargo, no
tienen que intervenir una sola vez para evitar la mlis leTe discordia.
Los me8lizo., tratan á eus damas, con respetuosa galantería. Incapaces son de atreverse á pronunciar dela•te
de ellas, uua palabra descom\&gt;uesta, porque sería delito
gravísimo, imperdonable; qmen lo comete lleva, para
siempre, el estigma de mal caballero, y no vuelve á ser
aceptado en reunión a,guna.
Los extranjeros son acogidos con la más exquisita franqueza. Cuando un extranjero visita aquellos salones, los
miembros de 1a junta directiva lo reciben y acompañan
satisfaciendo todas sus curiosas preguntas¡ lo 9bsequian
finamente y al retirarse le hacen presen~s sus demostrac!ones de gratitud por haberlos visitado.
Por un sentimiento de dignidad que los enaltece, nunca invitan á tomar parte directa en sus reuniones á
quienes no visten el traje de elloe. Tampoco pretenden
participar de las diversiones que organizan las otras sociedades. El suyo es un carnaval aparte.

Las oosas pesadas tienen sus espectros como _los hombres muert,os. -1'. Ji'e1tu.l.
E l pensamiento es un poder y el talento una libertad.
- Vict.or Hugo.
El dolor es el artista:de los artistas.-Chstelar.
Demasiado paraiso el amor no llega á quererlo.- V-w4.or Hv.go.

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S o c ie.dad " la Uni ó n."- Ca rr o Chi n .::sc o.

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lblonumento á lblaría Gferesa, en °0iena.
Tomado dircctame"le por el artista fotógrafo mexicano Señor Gu111ermo V.alleto, en la capital de Austria.
Sociedad

11

La Unl6n. '"-Carro alegórico

0

La Fuente. º'-Señoritas PIiar Cámara y Maria c~ntón Horta. (VI ala delantera.)

203

�204

EL MUNDO

CUENTO SANTO

C &gt;no !os apóstole~ eran pobres y r6.Sticos y de cora•
zón s~ncillo y humilde, Jesús, su divino Maestro se
fºJ?aba cond■.uamente en instruirlos y prepararlos'con
ecc1on~. prácticas, á su alcance y el del pueblo 8 J
m1s16n de predicar el Evangelio de Dios á
~n~

'lis

f;!.º

Un día caminaba Jesús ~orlas riberas del Jord,tn en
C?tnpatlía de sos amados discípulos Simón y ,Júdas Iscar1ote. Do~ hombres trabajaban en una heredad inmediata al cam.100, uno de ellos hermoso y el otro mu feo
am~os homb~s saludaron muy corteses y afect~osos' ~
"je~us.l sus discípulns. Jesús y Simón devolvieron el san o u. 1os dos con el mismo amor á uno que á otro· mas
!1º aaí Judas que apenas contestó al saludo ~el bo~bre
ieo, Y por el contrario, contestó muy afectuosamente al
saludo del •hom_bre hermoso. :Sot() Jesús esta diferencia
Y así que ~e aleJaron un poco de loa trabajadores pre•
gunt6 á Ju das:
.-Júdas, ¿por qué has saludado con más amor al homb 1e hermoso que al hombre feo?
. ~Maestro contestó Júdas: el
vtaJero que e-ncuent.raen su camiQo un pedazo de oro y un pedazo
de pedernal ¿cómo ha de estimar
en ta•to el pedernal como el oro?
!esús calló, sonriendo á J údas
tns~mente y él y sus discípulos
continuaron el camino.
Como hacia mucho calor y la
jo~nada ita siendo larga Ydesabrida, sentáronse bajo unos árboles á cuyo pie .brotaba una free•
ca Y. cristalina fuente, en que se
refrigeraron así que habían des•
cansado un poco.
Bntreteníase .Jesús conforme
platicaban, en golpear con su bá«;:ulo un ribazo que daba sobre la
tuente, cuando deeprendiéndose
un gran c(,sped, aparecieron so·
bre la tierra removida, un pedazo
de oro y un pedazo de pedernal.
.J údas lanzó un grito de sorpresa. y alegría al ver el oro y se in•
chnó á cogerle.
-Deten~, amado .T údas, que
soy yo quien ha descubierto ese
pedazo de oro y ese pedazo de pe·
dernal, y el pedernal y el oro
son mfoa y no vuestros.
-Cierto, señor, contestó Simón, sin vacilar.
-Cierto, dijo también Judas
como de mala gana.
,Jesús tomó :el oro y el pedernal1 y después de cerciorarse de
que oro puro era el primero y pie~
d~ el segundo, extendió hacia el
Oriente sus brazos, suspendiendo
e?, !a diestra el pedernal y en la
s~mestra el oro, y dijo á sus dísc1pulos:
-Quiero hacer&lt;,s dueflos de este ha~lazgo. Tomad li un tiempo
de m1 mano lo que más os plazca: uno el pedazode oro y otro el
pedazo de pedernal
Yal decir Jesús ésto Simón'"
,Jud~s se lanzaron á u-d tiempo á
Fu diestra y á su siniestra para
coger, Simón el pedazo de pedernal y ?udas el pedazo de oro.
,Jesus calló, sonriendo triste~ente á Judas, y con alegria á
Sunón y k&gt;s tres continuaron por
las desiertas orillas del Jordán.
_)laestro, dijo Ju das, el sol declina ~a 1 y apenas hemos tomado
hoy alimento alguno.
-;-Cierto, contestó Jesus. Adqmere, amado Judas, con un poco del oro que lleva.e, alguna vianda con que nos remediemos loe
tre!l.
.Ju~s miró á_ todas partee, y
no ,·1endo por mnguna mas que
calladas eoled!ldes, :eplicó:
-1\laestro, 1mpos1ble es hallar
en estos desiertos quien nos la
,·enda.
,Jes~s sonrió á Judas tristemente, v dilo á Simón·
g-"s1¡:ón, pescador eras en el mar de Gali lt-a
·
tm n comprendió lo que el ruaest.ro de b
cáddose ~ Jordún 1 arrojó á la corriente un s::z~~l~ ~i~~
ca o a 1 e.a.bromo en una cuerda y poco d
é
arrastrando con el un pe
'
d
espu s 1a retiró
J ,
s· ó
. z muy gran e.
aiu~s~z~anb.e~i:~~~eron plácidamente al ver fuera del
-¿De qué nos sirve ese pez, les dijo Judas si no te .
rnos fuego para asarle?
,
ne
.Jesús Simón callaron; pero Simón tomó un oco d

f

l~?:ft j~~~~:/c~nu!\ :~~~~ 1d~~~ºbá~~~ e:apr:::ª~
ebn°)udi6, pocoddespués el pez tomaba el colÓr ali oroeS:.
re as ascuu e una alegre bogue
h
P!]ésd Jedsúa Y los dis~ípulos continu~bin ns°u ':'!i~o~e¡'!:
via os e. 1as angu~tms del hambre.
1
p_art1~edvolv1leron con cuidad.o entre los pliegues de
a umca, u as a pedazo de oro Y Rimón el da d
peder~al, Y JPsús mirándolos alter~ativame~: ~ºn ·Ó
con tristeza á Judas y con alegría á. Simó
'
rt
Cuando llegó la noche que era bsc
n.
el pecadoi Jeeús dijo á s~s discip~lost-a, obscura como

t~

DOMINGO 28 DE MARZO DE ,197

. -Necesitamos luz y descanso para continuar nuestra
EL CERDO Y LA ABEJA
Jornada. Luz nos la dar.i el nuevo día, sueilo y deecan •
sho ntaos dar.id este bosque. Descansemos y durmamos aquí
as. que espunte el alba.
A uno de melena.
Dicho esto, Jesús y eus discípulos se acostaron sobre el
olroso cé~ped, Y momento@ después Jesús y Simón dor·
Atardecía. El poeta, aentado en una banca de piedra.
m an apaClble~ente, pero Judas velaba temeroso de ue dei bosque, se puso á monologar de la siguien~ manera·
d upedazrante eldsueno algun malhechor llegase y le arreba~e
~ volveré á pintar cuadros tan bellos como E'H~ u~
e1
.º e oro que poseía.
á desplegar ante mis ojos el crepúscu\ ... ¿c'J.né
Bramidos de fieras comenzaron á oír.se á lo lejos cada uu I a. encuentran los lectores con ver los paisaJt·s ue
vez~ acercaban, se acercaban más. Jesús Simó'
bi°eqbeJo con mano de artista? Ya es tiempo de r:t&gt;iub~·ar
contrnuaban ap~ciblemente dormidos, ni 1ls oían~' q~ a go ueno en las almas. De hoy más mis ve1'808 t:nce~udas, :J,Ulcont1nuaba despierto y cada vez más ate'rrid.o
fábr1n un folldo de sana moral. Me dedicaré á escribir
, eto,ped r
sus compaileros y les hizo notar el peligro qu:
._u as. ¡Este género de literatura es tan provechoso' El
a.
os amenazaba.
nmo ~ la vez qu~ @e divierte con la charla gracio1m' de
tod-A¡ado J udas, le dijo Jesús. la luz inspira terror á los 1m:les, tet1ene con facilidad la moraleja que como
os os ma 1os, y por eso huyen de ella. Ad uiere con senu 1a. 1enhechora cae en @u corazonoito para p~ducir
1
d~rpo~~d~e:ib~rqnuosedllelvasl?-n poco de luz, cuio resplan- cop ~ 1 t!e~po frutos riquíeimos.
~
. . e pe 1gro que temes.
d ~ncipiaré, pues, por atacar la pereza que es el origen
-d.éfaest r0..., rephc.) Judas, ¿quién en esta soledad ha de
e ntos males y el m.is repugnante de los vicios. Haven •rme 1ar
blaré del cerdo, por más q ne ya casi todos loa fabulistas
lo hayan tomado cnmo prototipo
DAMAS GUAT:EMALT:ECAS
de la tlojera.
¿Qué otro animal simboliza la
ett:rna pultronerla?...... Y bien
luego que establezca unsimil per~
focto t11tre el cerdo que yace en
el fango y el hombre perezoso que
se revuelca en el lodo de los vi cios, ¿á quién tomaré como emblema de constante laboriosidad?
Indudablemente á la abeja
Y oyendo tal nombre una de
las mil que se ve1an en la cercana
ttoresta, y que, acurrucada en el
caliz de un lirio, había escuchado
atentamente al poeta, no pudo
contenerse, y abriendo las t-emblo~osas alitas de gusa, hendió
el aire con la velocidad de una
tlec!~a y fu(\ colérica, á. clavar su
agw¡ón en la nariz amoratadadel
boberuio sofiador.
Ay! ...... dijo este-dando una
fuerte palmada á la. abeja, que
rodó como una ebna sobre el
cesped. ¿Porqué me hieres?
-Purque iudigna oirte hablar
en contra de· la perezu y á favor
del.trabajo. Bien se te pudiera
aphcar á tí lo que á cierto tunan·
te: 11Predica1 pero no aplica.» Tú
que dtbes ocuparte en remediar
las necesidades de tu familia¿por
qué no trabajas? ¿Piensas acaso
que e!:c~ibir versos es oc~pació~
pr_oducu_va? Te e;11ga1las, amigo
mio. Ocupate de t1 mismo y deJa
á los ~em,ís á. quienes p~c.endes
c~rn&gt;g1r. Observa una vida labor10sa y activa, y así serás un li•
bro abierto para los holgazanes.
Es ~al vis~ que prediques y no
nphques. , amos, remienda tu
levita raida y mugrosa, y que te
c?rten la melena que cae en lac1os mechones sobre tus hombros.
T.la pasado la época del roman•
uc1smo. Anda, recortate esas
ufiaa que parecen garfios acerados, y busca de taller en taller
t-n qne ocupartl-', para que alimentes á tus hijos ...... á esos po·
Llres niños, que muchas veces
cumo los de la leyenda alemana'
hambrientos y cansados de llora;
se van queda11do dormidOtl al son
del arpa ..... .
D~ @úbito ,;e oyó á lo lejos el
sou';&gt;ro retmtm de una campani•
ta t1pluda que llamaba al enjambre¡ 1a luna asomó en el horizonte la mitad de Au disco como un
t.rozo de cristal opaco, y la abeja
cortando bruscnmer,te el hilo de
sus conse,o!§ y Hin decir 11adioe,1
tuese perdiendo como punto ne~
gro en un claro del bosque.
El poeta, nervioso v febril tornó
á eu hogar, y echando en ~co roSeñora Carlota H. O. de Kelly. (Escritora.)
to las palabras de la heridora se
te
puso li escribir, á la parpadeanhi!1"eªnúds caellló; k&lt;&gt;rnanl do á reclinarse en el césped y Simón
1
.
o peuerna , encendió una ho
' 6
' eerd.1. d.e uu fa;0lillo, la fábula que debía titular l(EI
. ? ~ la AbeJa."! cuando C..rncluyó su obra repet.fa con
~~r;ej :~n!~:t!:ªtefieras sa_alejába;u;~~~~t~á:s
del~c;r~nanto provecho sacarán de aquÍ los perezochores le robasen su:~~-º e que vm1endo los malhe- S?S· mientras él reía, loco de triunfo, su esposa en un
rrn(6n de la buhardilla, decía al pequefiito con 'materna ternnra:-no llores, hijo mio, ya no llores 1 tan luego
como amanezca iré á conseguirte el pan que me pides.
JUAN B. DELGADO.
J A~1 contm~aron larg() tiempo y por diversas ~omarcas
Marzo de l 897.
e•bus ydsus_d1s~ípulo~, Jesús ensefiando Y amando á. los
po res e c1enc1a y ricos de
ó s· ó
piedra que daba luz J d
n, un n llevando la
h~ta que Jlegó un dfu e~ ª ~~ J~~Ó;ueposo_lo ddaba pes&lt;?,
4 .
miento la pied
,
meo o por c1de esto llamó~qd 11evatóba S11n6n, á quién en memoria
. dr ect·
es e en nce3 Pedro, que quiere decir
~~~ ~iav~~~i¡1 p!9ran PJnerta para entrar en el cielo,
viendo
ro, Y udas Pe ahorcó de un sáuce
abrir 1a'r~eu:~~~d~i'&lt;int~;~ para hacer llaves con qu~
Tan grande ea tu virtud que est.oy seguro
que es verdad lo que dicen muchas gentes
A. DE TPUEB.-\..
qne ~ fnerza de eer puro
'
Bt:: mueren cou tu aliento las serpientes.
CurroA.lloa.

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1891

ENGAÑO SUBLIME-Por roaríal;escot.
NUM:ERO3.

eD:t:{t

~J

i:º1~

~i~:~iI~~~}\~~g}~2~:~~~t:~!:1~ 1:ú!n;
coraz

209

de emoción entrar en su cuarto, 1:1 creyó en una de eens
escenas de celos áque estaba acostumbrado; lo creyó miis
aún, cuando con mano temblorosa le mostró ella la carta. Resolvióse él á llevar la cosa en paciencia y salir del
paso con algún engaño ó con al~una broma. •Acaso sea.
preciso un regalo, grui\ía él entre dientes. Ah! cuestan
caro las mujeres legítimas cuando tienen el impudor de
mezclarse en la conducta de sus maridos.•
Desplegó el papel, silbando un airecillo......... •
-¡Qm! es esto! ¡qué es esto! exclamó con una voz tonante. Qué es lo que nos cuenta ese viejo Joco? ¡Yolverae
,í. casar! ¡ah! ...... pero yo me opongo á ello! Esto no es
leal, eeto es un abuso de confianza, una picardía, una.
burla. ¿Qué no ea bes tú que rehizo el contrato de matri·
monio, no d1lndote más que tu legítimn, loa cuatroci~ntos mil francos de tu madre y unos miserables quinien•
tos mil francos m:b? El se guardó todo el resto, los gruesos millones. ;Y ahora se casa con otra? ¡Yiejo pillo! ¡y
no dice con quil~n! ¡Xo oea decirlo ......... con una'. ........ .
Ajü la carta oon cóler.1; pe.ro cuando iba. :1 arrojarla al
fuego, algunas líneas de finísima letra apar1.:cieron ,¡ sus
ojoe. Xi ella ni él, en su tnrbaci()n, las habían notado.
El voh-iü á tomar el papel y leyó:
~:.fi querida Yalería:
"Soy muy feliz en convertirme en madre \"'Uestra, por
que tt•ngo por el Sr. )lartín tanto r~~peto como cariíio.
11Dignaos recibir y mostrará vuestro marido la seguridad de los eentimientQs que no tengo nect&gt;sidad alguna.
de banco.
de expreearos y de los cuales no de~o sino daro:: una.
¿Pero dónde? ¿cí1mo? ...... Por más bue•
na voluntad qne él tuviese no podíndar• prueba.
••Bt:LTH.\X.\ )lERlADEl".
le expliwciones ahí, en la playa ..... .
¡Oh!
esta
vez
no
fué
un
grito
sino un rugido de Leodi-Es indiepen8Uble que vaya u~ted á mi
casa.
ce. Sus dientes se apretaron, sus pulios se crisparon y le
~- Ella. mo,·ió su linda cabeza, un poco vino un remordimiento feroz de no haber¿e desembaraperpleja, pero rápidamente tomó una de zado de ella de no haberla arrojado al mar de un punt:i.1
decisión.
pie1 como á. unrL besi.ia venenoi:ia~ cu:.1ndo se había ella.
-)li padre iní. á darle á usted las graacostado en la are11a eeper,rndo la muerte.
cias, sefl.or y me conducid t\ casa de usted
ttYo me yengar~.•
á la hora que usted me indique.
»Yo me vengaré," había dicho, Recordaba él la cruel
De-ede aquel día el eeñor )Iartín cesó
burla con que había recibido.P.sta amem\za ...... ¡Pardiez?
de deplorar la aueencia de Yaleria.
y ee vengaba de una manera. mús segum que si hubiese
•·········································· ···············
hecho fracasar su matrimonio. Perdida. Yalerin, él haEl sott.1r Alltrlt11 a ln llniora Le6dice Mnr-""' :,._
bría. bmcudo otra novia. Cuando un mucllacho guapo seti,1.
resuelve á ca!-arse con una mujer fea, siempre halla. mal"i:lla Jfartín, en Ktroitk.
nera de venderse á. buen precio.·
cc!\Ii querida bija:
~
.:_-:cs.
Pero la fortuna coll.lprometida no se vuelve :.í hallar.
(lLa
presente
carta
te
llevará
una
impor~-4~~Los
)Iartín de P:lrís disimulaban desde hacía algún tiem·
tante noticia y no quiero dudar de que tu
po
eus
embarazos por (alta de dinero; con la dote de Yamarido y tú la acogeréis como buenos hijos respetuosos
Con gran asombro del sei\or Martín, no era de un per·
leria se había podido pagar las deudas, lernntar la casa.
de mis voluntades.
mi.so de caza de lo que Beltrana iba á hablarle. Había
11!\Iira tu, mi vida era demasiado trist-e¡ me eentía de- por algún tiempo, ju~tamente el necesario para aguardar
leído ella acaso en sus ojos su horror á las mujeres ociola herencia de )fortín de llrest. Pero casado Martín de
masiado solo, muy abandonado. N.o te bogo reprocbefl,
sas? Lo qne solicitó fué trabajo, el medio de ganarse Valeria no se los bago li tu marido; pero es un hecho que BreE:t, los millones y la herencia, todo desaparecía, todo
1
honradamente la vida y lo hizo con bermosl'@imas palani uno ni otro cumplisteis vuestras promesas: él, de po· iba á ser preea de aquella linda muchacha que 1:abia aliar
bra.a: "El trabajo, dijo, es la verdadera nobleza y debe
nerse al frente de mi casa de Brest; tú, de pasar el estío tan bien f:U venganza á sus intereees.
uno estar orgulloso d~l dinero ganado con probidad.»
¿Qué podía hacer él ahora? ...... Las súplicas de Yaleen mi villa.
Al escucharla sintió@e él halagado en su orgullo pleberia,
sus amenazas, sus revelaciones misma!&gt; permanecían
«La. pequeña permanencia, tan precipitada que hiciEte
yo, el mas susceptible, el más exigente de todos los or@in
resultado.
¡Ah! ya bnbía visto él esos amores, sabia.
aquí en la primavem última, me probó de tnbra que yo
gullor. Hablaba con una voz clara, met.ilica, un poco ás
que ninguna locura juvenil puedecomparárs~les, yademtís
había acariciado una quimera. En fin, ,~alerin, no quie•
pera, que vibraba de nna manera extra.na.
ro recriminarte; os perdono con todo mi corazún v11tctro recordaba el magnífico poder de sus ojo~, al cual él mi3Para responder á. su confianza, él le dió algunos but&gt;nos abandono, dirfamás bien, ynestrn. ingratitud. Un l'tngel mo habfa tenido tauta pena de Sltstraer.:;e, al que ncaeo
consejos. Caminaban el uno cerca del otro; él, excami- del cielo se ha dignado encargarse de consolarme. Ella habría cedido sin la triple coraza de aY,iricia, de egoisrno,.
nando concienzudamente lodas )as p,,siciones que conquiere reemplnzar á. la ,·ez á la hija olvidadiza y á la san- de libertinaje de que se envolvía. ¿~o era acaso ci~ti\J
vienen á una. mujer, ella escuchándole con una respetuota eepoE!a que el cielo roe arrebatú; me daau juventud, su que le había turbado más aquella blanca muchacha di,
ojos leonados que todas las cortesanas de París? ¡Cuánto
sa deferencia, sin nada de domesticidad porque, en priafecto y su abnegación.
tiempo había recordado á la joven, de una tan extraña
mer lugar, su padre no la hubiera permitido y él, el Se(lEelaremos unidos dentro de ocho día~.
nor )lartín, no la hubiera aceptado tampoco. Qué diablo!
, «No os pido, hijos míos, que asistsis á mi matrimonio, belleza, en su rebelión feroz, tan a.pa~iouada, en sus súesa joven que le cónsu1taba tan ingeuuam1:nte se con- qut&gt;, por otra parte, se efectuaci en la más eetricta intimi- plicas! ¡Cuántas veces la había vuelto á. ver prosternada.
vert(a á sus ojos en lo que es la cliente para el abogado,
dad; pero me apresuro á ai\adir que mi casa es siempre á sus piee, 6 acostada sobre la arena y envuelta en sus
vest.idos negros! ¡Cuántas penas había. tenido para olvi•
en lo que es la pupila para el tutor. El debía velar por la vutstra y que seréis bien venidos.
darla! ¡Olvidarla! ...... En aquellos moment.o3 se confesasus intereses. Por encima de las domésticas están las insTu padre que te quiere:
baque no la había olvidado un solo instante.
titutrices, las damas de compañía! Hum! hum! La miro·
Martín y Com¡m,""iiu.u
ba más atentamente y la eucontraba mncho más linda
..\.mor, fortuna, toda se le escapaba. Era inútil la lucha.
YI
para esas situaciones inciertas, tan expuest.as á la tenta
Beltrana debía estar bien segura de su victoriapnesto que
Cuando Valeria hubo acabado la lectura de esta carta
ción y al insult.0. Poco á p..,co, el interés que resentía se
había permitido á. M. Martín que les escribiese, puesarrojó un grito y toda temblorosa, la llevó á eu marido.
transformaba. No se trataba de una clie11te, ni aún de
to qua habfa unido á su carta aquellas_lineas que resana•
¿Como iba él á acoger semejante revelación? Apenas
una pupila; era de su propia hija, de otra Yaleria, pero
ban como un desafío. 11¡Qué necedad he hecbo-repetíasi ella notó que el nombre de la futura 1;-sposa había eido
reconocida, y para la cual no podía meno:! que tener una
quemando las cartas de que ella fué tan pródiga! Sí, ¿pe·
omitido. Este nombre le importaba poco, por lo demás:
ro quién podria preverloentonces? ...... Soy yo quienaho•
viva eolicitud.
en tal momento permanecía aterrorizada por el te·
Como el Sr. Martín sedetuvieeegeeticulando, animán·
ni. estoy sin pruebas y ella la que sobrenada.
mor del descontento de Leodice. Yiéndola toda pálida
dose; amontonando argumentos sobre las objeciones, ella
pidió tímidamente el permiso de ex•
preur sus desem: Habfa una carrera n&lt;.tablemente independiente-, interesante,
útil, bella entre todas, y como él la inte•
rrogase con la mirada, e la atiadi6.
-El comercie,, la indm~tria, esa, grandes emprerns en que el nombre de «::\Iartín11 brilla con resplandor tan vivo.
Obtener que le fuese confiada la teneduría de libros de la casa, tal era el sueno
que habia forjado y para la realización
del cual, después ds muchas vacilaciones,
se atrevió tí. solicitar su apoyo.
El movía la cabeza, con un aire de
aprobación. Aun cuando las mujeres fueeco rara vez emplendti.s para esta tarea,
era posible que ella la obtuviese, grocias ,í
una recomendación eficaz ...... Solo que la
teneduria de libros e-s una ciencia: ¿conocía ella la part.et/·cnica? Francamente,
confesó Beltrana la insuficiencia de su eaber. ¡Ah! si pudiese obtener algunos consejos, algunas leccione~!
Había fijado en 1~l eus ojos suplicantes,
cnyo fluido la envolvió del todo ..... .
Pues bien, sí, yn que ella lo deseaba,
le eneeñaría la contabilidad de las cama

~

~ ~~r~}t

�EL MUNDO

20

VaJeña esperaba temblando que él hablase. Leodice
tuvo una irónica y maligna sonrisa:
-E-;:Cribidle, querida mfa á vuestro padre; aseguradla
los votos que bago pa,ra que la peste lo mate y el diablo
se lleve á la fiera intrigante que va á arruinarno~.
Y cm&amp;o.do ella salía la siguió con una perversa mirada
y alladio:
-En. eui,.nto á tí1 chiquilla, si crees que en lo de adelante voy á molestarme ..... .
Ya solo, púsose á recorrer con paso nervioso el elegante gabinete de trabajo, donde casi no trabajaba.
Se dettvo ante un bureaudeébano con ricos ornamen·
tos de cobre, hizo jugar un resorte, y abrió el cajón secreto donde - por- medida de precaución guardaba su correspondencia amorosa; pero en vano examinó uno á uno
loa billetes:multicolores y perfumados: "No hay nada de
ella, dijo-ya lo sabía; yo no daba importancia alguna á
sus cartas, las deegarra.ba á medida que las recibfa. Ella
tenía la manía epistolar; era inútil que yose lo prohibiese. Endiabladamente compr9metedora para mí esta correspondenoia, por estar casi á la vista de Valeria, hoy
se vuelve preciosa, de tal suerte que darfa lo que me pidiesen por uno de tales autógrafos.,1
Brutalmente, arroió de nuevo en el cajón los pobres
billetes llenos de ternezas. 11¡Ni una prueba!. .... . ni una
prueba!i1 ..... .
¡Dd: pronto, su frente· se despejó! ¿Ni una prueba?
¡Quién sabe! u¡Ahl Beltrana, la hermoea1 acaso babeis
cantado victoria demasiadoprontoln Después entre dientes, añadió: «Esa circunstancia siempre me ha parecido
e:rlraña: Sommeres está aqui, él debe saber ... apretándole
él di['! todo. ¡Ah! Martín de Brest, esperad un poco1 yo
os haré pagar vuestra imprudencia y la linda suegra que
me dais!n

•
••

Un domingo de Febrero, al salir de misa mayor la sefiora FvuTneron, se detuvo cerca de la fuente del agua
bendita. distribuyendo ligeros saludos y ligeras sonrisas
á todos los que pasaban. Por fin aparecieron las señoritas de Lezines, que, como de costumbre, habían prolongado sas oraciones ... ... ... Apenas las tres mujeres bubieronsa.lido de la iglesia, Jacobo de Sommeres que perdía
el tiempo en el atrio, se aproximó á ellas. Fué acogido
con una frialdad un poco altiva por las dos Lezines1 que
no le per,lonaban su pereza.
La Sra. Fourneron le censuraba también por otros motivos. «¿Practica?u Era la primera pregunfa que hacían
las madres prudentes cuando ella proponía un candidato á b mano de una heredera.
No; esa mala persona dé.Jacobo no practicaba; porque
en buena conciencia no se puede llamar practicante á un
hombre que no llega á la iglesia sino en el momento del
Iie mi..Ba est, y cuya total devoción se limita á. distraer á
las piadosas devotas que salen de la santa casa.
No; J"a.cobo no practicaba; siempre é inut1lmente le
había censurado esto; pero en aquel momento otra cosa
la preocupaba.
-Ya sabeis mis pobres amigos, dijo, esto no va bien.
Elena no ha podido levantarse ayer; ha tenido dos síncopes y si yo no hubiese estado ahí.. ...... .
Ciertamente, noticias tales eran tristes y ninguno se
hubiese atrevido á poner en duda la veracidad de las palabras de la. compasiva y excelente tía Fourneron; sin
embargo, el sonido de su voz era alegr.e ¡Bah! quién censura á.un médico porque se enriquece en tiempo de epidemia; á un abogado porque se regocija cuando los hijos
de un mismo padre se arrojan como lobos rapaces sobre la herencia paterna1 ensefiá.ndose los dientes? ¿ Por
qué, pues, mostrarse más severo con aquella mujer solícita?
Ella continuó:
Si, doa síncopes! El doctor no es~á tranquilizado del
todo.
Yo le hablé aparOO cuando salió de la pieza y no me
disimuló que la situación es de las más serias. nAh! querida señor&amp; Fournerón, me dijo, qué dicha para Duvernoy la de tener á usted cerca de él en estos crueles momentos.
Que sería d~ él sin la admirable abnegación de usted?&gt;,
Las señoritas de Lezínes hicieron un gesto; á pesar de
su caridad bien conocida no gustaban de escuchar largo
tiempo los elogios que se discernía su tía Fournerón.
Jacobo fué quien exclamó:

-Como! como! la pobre prima Elena .... . es posible
que se halle tan mal? eHo me upena mucho; experimento por ello un real pel:lar. La he visto bien poco desde
hace dos afios; ha habido entre nosotros un poco de resfrío con motivo de una historia de su hermano Felipe ...
y á propósito de Felipe, me parece que va á Volver; su
tiempo de mar debe haber espirad.o.
-Si, muy pronto, dijo la Eefiora Fourner6n 1 y Dios
quiera que eucuentre aún á su htrrnana!
-Tienen el uno por el otro una ternura profunda, replicó Jacobo; serfa ese un desgarrador y triste retorno.
Pero, porqué diablo ee ha rehusado ella obstinadamente
á abandonar Pontarliery, á pa!,lar en el medio día la mala
estación, como el doctor le aconsejaba?
-Por qué? pronunció sentenciosamenteAglaé con una
indiferencia fatalista, yo encuentro que tiene razón: aquí
ó ah1 se cura una cuando Dios quiere.
-Pero Dios no siempre está dispuesto á hacer milagros; hay un proverbio que dice: uAyúdate, que el cielo
te ayudarán
- Yo estimo que Fernando ha errado mucho en no llevarla á fuerza.
Todos por lo demás estuvieron de acuerdo en censurar
la debilidad de Fernando: se dejaba domiuar por su bija
y no tenía más cuidado que el de satisiacer á aquella nifía chiqueada.
-Apuestoá que no ha pDrtido, dijo Jacobo, por que Lila quería hacer bolas de nieve, y no hay nieve en el Medio dfa.
-Es cierto1 añadió la mayor de las Lezines, la sefiorita Eulalia, que la debilidad de nuestra prima por esa niña, sobrepaea á todos los límites permitidos. Sabe usted
que me han contado? .Antes de ayer á las cuatro, Lila
entró con su padre á casa del pastelero para comer una
golosina. Yo censuro, bien entendido, esa moda de hacer come, pasteles á los niños, en •v b de un panecillo; lo
cual sería más higienico; pero no es eso todo. A traves
del aparador de la casa, Lila, percibió tres pobrecillos
que la miraban con ojos ávidos. Y declaró perentoriamente que no comería su pastel si no se les daba también
á ellos. Fernando cede al de&amp;eo de su hija; más be aquí
que otros pobrecillos llegan, y otros aún. Era Ja hora de
la 3alida de la escuela: todos los niños de Pontarlier se
encontraroll bien pronto reunidos ante la pastelería. Lila distribuye los pasteles, despues las crema.e, después
los.merengues, después los bizcochos¡ por fin les llegó su
turn9 á los pasteles grandes, que fué preciso cortar en
trozos para todos aquellos pícaros golosos. Resultó que
en la noche, cuando yo iba á buscar para Aglae y para
mi una rosquilla de ciruelas, ya no había nada! Ah! ella
les llevará muy lejos si continúan educándola así!
....--Aglae es su madrina, dijo la tía Fourneron; debería
hacerle algunas observaciones.
-Lo he intentado, dijo agriamente Aglae, pero he sido
muy mal acogida. Elena me ha respondido que era tan
feliz con la gran ternura de su marido para su hija, que
me suplicaba instantemente que no hiciese sobre el asunto observación alguna. 'Verdaderamente yo no la entiendo.
No, no la comprendían ni Aglaé de Lezines .ni la tía
Fourneron tampoco, ni Jacobo de Sommeres y E!in embargo, era él, si hubiera estado dotado de penetración,
sobre todo, si hubiera recordado algunas de sus propias
palabras, era él quien habría debido comprender á Elena, compadecerla y no herirla. Pero esas palabras las
había arrojado al viento, con su imprudente ligereza,
sin inquietarse del terreno en el cual caían. Y habían
caido sobre un alma doliente, debilitada por la enfermedad, pronta á la duda, á la inquietud, á la desconfianza.
Se habían incrustado, habían echado raíces, habían ere·
cido 1 se habían convertido en esa cosa contra la cual no
pueden luchar ni_Ia raz6n1 ni la voluntad, ni el buen een •
tido: se habian trocado en idea fija. La idea fija! ese
mónstruo de alas negras que os obsesiona durante el
día con su incesante presencia, que se acuesta por la noche á. vuestro lado, que os despierta durante la noche,
que agita vuestros sueños y que por la mañana está ahí,
ante vosotros, desde que abrís los ojos; mónstruo tanto
más cruel, cuanto que frecuentemente estáis sin armas
para luchar contra él, que no osa confesar sus ataques y
disimula las heridas que os hace.
¡Ah! si Elena hubiese osado arrojarse en los brazos de
su ma1ido y decirle: ¡1Júrame que no lamentas nada de

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1'97

ese pasado maldito que yo ignoro, pero que excecro; JUrame que te encuentras más feliz en nuestra vida tranquila de provincia, que en aquella loca existencia pari•
sienee; en fin, júrame que si muero no darás otra madre
á nuestra hija.
Pero no osaba decirle esto aun cuando :fijase alguna
vez en.él sus grandes ojos de fiebre, aun cuandofreenen•
temente las frases de súplica temblasen en sus labi()I!,.
¡Decírselo! ......... y si iba, con esta imprudencia á evocar
el espectro del pasado y quien sabe si á hacerlo renacer! ....... .
Comprendía vagamente lo que es para el hombre,
y sobre todo para el artista, la atracción &amp;el froto
prohibido. Era preciso callar1 alejando de él el peligro y
la tentación. De suerte que rehusó obstinadamente abandonar Pontarlier por una de las ciudades del.Mediodía.
que el doctor aconsejaba. Quién sabe si Fernando se encontraría. en Niza, en Pau, en Kyeres, alguna de las intrigantes de otro tiempo, de las que tanta pena le había costado separarlo? Quién sabe si viéndola tan enfer•
ma, no entraría en el corazón de esas ambiciosas una
atroz esperanza? Qué podía hacer una mujer condenada
lo más frecuentemente :.t la reclusión en su cuarto, á la
inmovilidad en su sillón? ~o, no! era preciso permanecer en Pontarlier1 donde ningún peligro podía aparecer,
donde la liga de familia era una salvaguardia, donde podía ella contar con la vigilancia severa de Jas Lezinee,.
con las amonestaciones de la tía Fourneron y aun con el
socorro de Jacobo de Sommeres·. Y además, y sobre todo, era preciso atar estrechamente el padre á la hija. Es~
te fué "Su trabajo de cada hora 1 su estudio de todos los
instantes.
Desde que Lila pudo hablar, el nombre de 1&lt;papái, fué el
que balbuceó; desde que sus bracitos pudieron enlazar,
se suspendió zalamera, al cuello de su padre; fué á él á
quien dió todos sus besos, á sus rodillas fué á donde se
encaramó; después, más tarde, fué_á él á.-quien dirigiólaa
mil peticiones infantiles, á el á quien demandó juguetes.
Se hubiese dicho que la madre no existía; de tal suerte
la pobre Elena ponia su cuidado en desaparecer, tanta astucia empleaba en 1a importante conquista de ese corazón de hombre, por una nin.a. Ella, tan recta, tan franca, se echó á mentir, moetrá.ndose herida, y á veces celosa de las preferencias de la chiquilla. .Al mismo tiempo
se volvía severa, para que Lila fuese á quejarse á su padre y sintiese él 1a necesidad de defenderla, de amarla y
de protegerla.
Esta táctica tuvo pleno éxito: jamás un cortesano apareció más orgulloso de los favores de su reina ni más deseoso de ejecutar sus voluntades. ,valter Raleigh, uñ día
arrojó su capa á los pies de Ieabel; pero el Señor Duvernoy arrojaba todos los días á los pies de su pequeñuela
ea corazón entero.
VIH.
El aviso El Alci6n acababa de entrará la rada de Brest.
Sobre el muelle de arribo, la multitud se oprimía: una
zambra, un tumulto, gritos de alegría y de impaciencia,
resonaban donde quiera; las mujeres agitaban sus pafiuelos, los hombres sus sombreros¡ algunos se callaban, oprimidos por la emoción ó por la angustia; familias enteras
estaban ahí: viejos padres de cabellos blancos y chicuelos en los brazos de sus madres. Impacientábanse, irritábanse de la lentitud del desembarque y por fin estallaron aclamaciones y hubo abrazos y transportes de embriaguez y de amor.
Nadie ero.pero 1 se cuidaba de un grupo de jóvenes oficiales de marina que pasaban silenciosos, con esa emoción del primer regreso á. la patria.
Muy cerca, muy cerca, quizá en la extremidad de
Francia, pero Francia es tan pequeña cuando se acaba
de dar la vuelta al mundo; muy cerca1 pues, una hermana, una madre, una novia, los esperaban.
Dirigíanse hácia el Correo, y algunos salían con las
roanos llenas de cartas: esos eran los felices; otros expedían alegres telegramas y luego íbanse á. cenar juntos, y
como había baile en el almirantazgo 1 y se encontraron
cada uno con su invitación, la aceptaron. Hacía tanto
tiempo que no habían baih,do en Francia! Y sentían en
el corazón tanto bienestar y tanta alegría!
Felipe no fué de aquellos que salieron del Correo con
las manos llenas de cartas; ninguna misiva lo esperaba.
uElena no sabe mi llegada, se decía1 ¿por qué he de in-

DOMINGO 28 DE MARZO CE 1Ssn

21

EL MUNDO

quietarme? Es una coea sin importancia. Se pierden
tantas cartas ankis dad.legar :i nuestras manos!. ... .. .. .
Tc?legra.6'1, sin emb.irgo, y con una angustia que no
era duefio de dominar, esperó la respuesta. D~ suerte
que no cedía á. las instancias de su camarada :Merville y
rehusó ir al baile. Se sentía con el corazón muy oprimido ........ .
Merville se obstinó:
-Qué diablo de Aubian! sois peor que una sensitiva;
como vos, yo tampoco tengo carta, razón de más para
distraernos. Os llevo de grado ó por fuerza: entendeis.1
Cedió, como cedía casi siempre, cuando la cosa no vaHa la pena de una discusión. Después de todo, era cierto
.que valía más tratar de distraerse; era cierto también
que parecía una sensitiva. 1(Jacobo Sommeres hubiera
dicho uuna mujercilla,,¡ pensaba él, y le reprocharía :i
Elena haberme educado mal!,,

Los jóvenes oficiales danzaron hasta en la mañana,
ébrios de aquellas lucee, de aquellas flores, de aquellas
elegancias; despuée, pasada la cena1 se reunieron en el
hueco de una ventana y pusiéronse á conversar alegremente.
-¿Habeis visto, preguntó uno con tono desbordante
de entusiasmo, ha.beis visto en el gran salón á. una mujer con traje de satín verde claro? ¡QJ.é cabellos! qué
hombros! qué ojos!
-Cómo no la habíamos de ver! dijo un aspirante de
marina; no nos hemos vuelto ciegos al dejar el Alción, y
se necesitaría serlo para n@ notarla, tanto Illás, cuanto
que resplandecia también con todos los fuegos de sus
espléndidos brillantes. ¿Es soltera1 casada 6 viuda?
-Si es soltera, yo me caso con ella; si es casada me 1a
robo; si es viud::i., la. consuelo; declaró con fatuidad un
jovencito, á quien los vapor~s del champagne se le su·
bían 1t la cabeza.
-Es casada; pero si te la robas te roba.ria.s también al
marido, por que no la abandona y permanece clavaUü ai
respaldo de su sillón.
-Uíf que posma.
-Hablad con m{LB reepeto amigo mío, ese posma es
ocho ó diez veces millonario, es uno de los 1 icos armadores de B res t.
-Psh ...... !
-Y su historia es divertida, con un sabor particular
que la distingue del matrimonio corriente por dinero. En
ta11to que vosotros correis los marea, yo aprendo his·
torias.
-Entonces comienza tu relato.
-Chut! escuchad la historia de la mujer vestida de
satin verde pálido.
Había una vez un bellaco que hacia Ia corte á dos muchachas: la una bella y pobre, la otra fea y rica.
- Y se casó con la fea, ó el mundo ha cambiado mucho
deede que navegamos.
-Sí, peroqu6pensais vosotros de la abandonada?
-11.Ariaoo refería 8us penas á la roca .11
-Eso es clásico, eso lo aprendimos en el colegio: se
pr-atende que es uno de los más hermosos versos de Racine.
-En efecto, empezó así ií lo que se dice, solo que Ariana no tardó en advertir, que las rocas son:confidentes fastidiosos y monótonos. Un día, vió sobre la playa á un
hombre bajo y grueso, de sesenta primaveras, que la miraba.
- Y ella le contó sus penas?
-No, creo que no; la verdad es que no se sabe lo que
le contó¡ pero se dice que el ingenio acá.de á las jovenes,
sobre todo á. las jovenes pobres. Era una linda venganza la que el cielo le enviaba: ese sexagenario millonario,
era nada menos que el padre de su rival.
- Y se casó con él?
-Si, se casó, en tanto que el bellaco paseaba á su feota
por A.lemania é Italia. Ya adivinareis su chasco; parece
que amenazó á. su suegro con su maldición
-Y el suegro se dejó maldecir?
-Creo que sí¡ está loco de amor y la mujer es demasiado bella, convendreis en ello, para explicar todas las
locuras.
-Y n• se ha arrepentido el viejo de su imprudente
temeridad.? Ah! señores, señores, me hactiis ruborizar ........ .

-Ruborízate cuanto quieras1 Merville, ese traje de sa•
tío verde, es capaz de todo. En cuanto á arrepentirse
de su elección, el buen hombre no pjensa en ello¡ es tan
feliz como puede serlo un mortal. Cree en ella con firme
confianza que nada puede quebrantar. E3os rumorcillos
que yo os he traído, pura invención acaso que un yerno
cupido, frustrado en sus esperanzas, lanzó á. los vientos,
han llegado á sus oídos. Y piensas tú que lea prestó la
menor atención?. Arrepentirse! Oh! gran Dios! Puede
uno arrepentirse cuando tiene en su casa un tesoro de
gracia, de bondad y de sabiduría?
-Palabra de honor: estás enamorado?
-Sf, estoy enamorado, y no pienso en negarlo. Muchos otros se hallan en el mismo caso. Adonde nos lle~
vará esto? Ella rehusa ver, rehusa danzar1 rehusa plat~car y rehusa coquetear; permanece impenetrable en eu
reserva. Pero chut! ahí viene.
Una mujer de una belleza soberan.a, entraba al saloncito. Andaba con un movimiento lento y gallardo y mantenía elevada, en una actitud altiva, rn hermosa cabeza
rubia, co:ronada por resplandeciente diadema de brillantes. Avanzaba, hendiendo la multitud, en tanto que un
murmullo admirativo se elevaba ante sus pasos. Suma•
rido, metido en un traje negro, la acompañaba.
-Hum! dijo el oficial letrado1 se diría una sirena ..... .
remolcando á un cachalote.
Y hubo en ,m rededor risas sofocadas.
-Hablais demasiado alto, dijo uno, podrían oíros.
En aquel momento, en efecto, la joven pasaba ant,e el
grupo de oficiales. Al rumor de sus voces se volvió hacia
ellos y repentinamente la altiva indiferencia de Ru mirada se trocó en un extremo espanto. Ellos la vieron cambiar de aspecto, palidecer y temblar. Pero por un esfuerzo de voluntad prosiguió su marcha alejándose del brazo
de su marido.
-Que s_iga.ifica eso? exclamó el aspirante cuando ella
hubo desaparecido. Si hubiésemos tenido la cabeza de
Meduza á nue.Etras espald.s.s 1 no habría testificado más

~-,- -Y ,~.i:ftJ:l.

. .~_f:ii!:
horror y espanto. Quien de nosotros, seiiores, ha producido ese terrible efecto?
-Es de Anbian, dijo el barón de :Merville; ella no podía desprender de él sus miradas. ¿Acaso la conocéis Felipe?
-De Aubiá.n, replicó el aspirante1 esta es una traiciónt
¡Cómo! nos ha beis dejarlo vociferar tanto sin ad ve 1 tirnos
de vuestro .... de vuestro ...... cómo diría yo? de vueetra
intimidad con la hermosa Beltrana Martín?
-¿Habéis dicho Beltrana Martín?
-Vamos de Aubian, no bagais comedias, no neguei•s,
vuestra emoción os traiciona. Debíais confiaros á vuestros arnigos.
-Xada tengo que confiar señores; no cononzco á esta
mujer. Y afiado que no he oido las tristes historias á que
haceis alusión. No escuchaba, estoy demasiado preocupado y demasiado triste esta noche.
-Entonces, dijo el aspirante, después de un silencio,
si no la conoceis 1 os ha hecho mal de ojo ...... Las sirenas
son capaces de esto.- Debeis huir, mi pobre amigo; no
queda otro remedio.
-Huiré en efecto, respondió. Tan luego como esté
franco 1 partiré para las montañas del Doubs y pasaré con
mi hermana mis vacaciones.
-Yo, dijo, el baron de M~rville, voy á verá mi m1.dre; no quise anunciarme.i quiero SJrprenderla; pobre
mujer, será tan feliz al verme!
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'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

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AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Relación OPAC</name>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 13, Marzo 28</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(Zalle ae la Glcalceria número 2'1',

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'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

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AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

�•
EL MUNDO

24

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

"EL ltilJNDO''
Semanario Ilustrado.
"'Tetefono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

•

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCCión, debe ser dirigida al

ll)alítica Qítneral.
RESUMEN.-Muerte de Cisneros Betancourt y captura de Ruíz Rivera.-Una nueva fase en la insurrección cubana.-latáctica de guerri1las.-La marcha
del General Weyler.-Creta sin esperanza.-Grecia
abandonada.-La force prime le droit.-Conclusi6n.

Director, Lic. Raf"ael Reyes Spindola..
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lle. Fausto.Moguet.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
m,s, y se cobra por tri.mestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa~os.
. .
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicac16n.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

1lllotas tbitarittlts.
\

t!)rablrma rcanómictJ.

¿Estamos enfrente de una nueva baja de la plata? La
prensa acaba de anunciar que el gobierno del Japón ha
decretado adoptar el m.-0ri.mrumlismo oro, lo que detendrá inmediatamente la demanda anual que hasta ahora
ha venido Oaciendo aquel país del metal depreciado.
Los mercados del Extremo Oriente se han considerado
como el abismo sin jon•to de la produccitín argentífera.
Por esa enorme bocaza se han ido enormes cantidades
de plata, y el Japón no ha sido de esas comarcas
la menos solícita en este constante consumo. Su conversión al talón de oro, traerá pues crmsigo, un grave tras
torno enel precio del producto. ¿Pero es posible que este
flamante Estado, abierto valientemente al progreso mo·
derno, pase sin al.Leraciones trascendentales. de uno á
otro régimen?
Una de las circutlstancias económicas que más ha fayorecido el desarrollo industrial del Japón, sirviendo de es"
timulo á la inmigración de capitales extranjeros, ha sido
precisamente su base monetaria. Pagados en plata los
jornales1 los empresarios han encontr'ldo una considerable reba ja en los gastos de producción: este hecho ha permitido la creación de una industria floreciente, que no
sólo excluye los articulas similares de la vieja Europa,
sino que se destaca en los horizontes como la amenaza de
una competencia futura.
Un cambio violento de sistema monetario poodrfa al
imperio asiático al borde de tina crisis, y su gobierno es
bastante ilustrado par~ suponer que no proceda por me ·
Uio de un brusco salto que paralizaría la expansión de
su riqueza social.
Por lo que á México hace, la República ha resistido
con increible fortaleza la mlis ruda baja de la piafa, y
como el descenso indicado, se anuncia de un modo gradual, siempre dará tiempo á que en la cuestión financiera se tomen las precauciones indispensables para ·sufrir loa nuevos golpes de rechazo que nos depare el porve·nir de :a plata.

Al comenzar el rercerafio de esa lucha emprendida en
los campos de Cuba por los que sueñan en una patria
nueva, la guerra entra en una nueva fase, marcadl:l:_ por
una derrota favorable á. las armas españolas, y la prisión
de un caudillo insurrecto, destinado á ser el sucesor del
célebre cabecilla Antonio Maceo en la provincia de Pinar
del Río, y señalada por la muerte del que funcion_a ba co•
mo Presidente provisional de la anhelada República, he·
choa acaecidos casi simultáneamente en difnen&amp;es pun·
tos de la revuelta isla.
La desaparición de Salvador Cisneros Betancourt, exMarqués de Santa Lucía, investido con la suprema autoridad por voto unánime d~ los jefes rebeldes, con ser tan
sentida en las filas immrrectas, será quizá. de menos tras·
cend~ncia para la causa cubana que la prisión de R~:z.
Rivera por el general Velasco en los campos de ¡j¡au Cr1at6bal. El anciano que, con el título de Presidente de la
República cubana, parecía encarnar los destinos de lainsnrrección, y se llevaba tras sí el respeto de las multitudes y la veneración de sns partidarios, más que una energía en acción y una fuerza vi va, era una especie de. monumento de las pasadas luchas, una personalidad que CO·
municaba·el prestigio de su nombre á. la contienda.actual,
una sombra gloriosa de muertas energías que recordaba
á los combatientes la tenaz resistencia ofrecida á. los tercios españoles en la tremenda guerra de dit:z años.
En la época presente en que nadie concibe la muelle
ociosidad ni el descanso reparador; en que se han menester la actividad sin tregua, el movimiento incesante, el sacrificio inagotable, para que permanezca en pie la causa
de los rebPldee; hoy que el gobierno de la Metrópoli,
mientras ofrece reformas seductoras que semejan la au•
tonomía, redobla á la vez sus ataques, concentra sus elementos de combate, yen esfuerzo supremo procuraaplastar la revolución de múltiples cabezas, sofocar tacto ger•
men Bt-paratista, y desarraigar toda idea de independen ·
cia; en estos momentos de angustia, infinita y decisiva
lid, tiene mayor significación para lo por"venir, entre los
que simpatizan y trabajan por la independencia de Cuba, la captura del cabeci 11a batallador que en las fértiles
campiñas y agrias moo.tañas de Pinar del Rí~ mantenía
vivo el fuego de la revolución, que la muerte de unanciano, muy ameritado y digno de rPspeto en Js.s huestes
insurrectas, pero ya falto de vigor por sus cansados afias
y sin la energía física que en otro tiempo desplegó en fa .
vor de la libertad é independencia de la Autilla.

*
••

En las provincias de Oriente, '1:á.ximo Gómez y sus
subalternos activan la campaña; avanzan, se concentran,
retroceden, se dispersan, amenazan aquí, marcan con la
llama del incendio rn paso por allá, y en incesantes evoluciones y movimientos, ni dan tregua á las columnas
españolas lanzadas en su persecnción, ni aceptan la batalla decisiva á que pretende obligarlos la estrategia de
los ejércitos reales. Comprenden que su fuerza estriba,
no en el vigoroso empuje que barre campamentos, asalta
ciudadeE y desmantela fortalezas, sino en la guerrilla que
molesta, la emboscada que sorprende, el golpe de audacia que desconcierta un destacamento, y por eso no abandonan su objetivo que es entorpecer la marcha de lasco·
lumnas pesadas, aparentar un altoá. pie firme, como esperando batalla campal, y lue~o dispersarse por las veredas, dividirse en grupos insignificantes, perdidos en las
quebraduras de la sierra ó en las espesuras de la manigua,
¡Todavía uno menos! ..... . Los viejos campeones de la para volver al día siiuiente á la misma carga, que repetiLibert¡ad van desertando de nuestro lado. Se alejan los da una y otra vez, tiene que agotar las fuerzas del eneq¡¡e en otro tiempo pusieron suR energías al servicio de migo y consumir sus recursos en marchas y contramarun principio que está ya germinando en nuestro joven chas que nunca. acaban, en busca de invisibles sombras
,mela. Se llevan á la tumba recuerdos gloriosos, días de que se hacen palpables, cuando una colina, un bosque,
trágicat:J luchas, entusiasmos épicos y un gran aliento de un recodo del camino, una arruga del terreno les permiesperanza que sopla de las actuales g,meraciones.
te hacer una ó varias descargas, y dar así muestras de
A esos veteranos del liberalismo, rígidos é inflexibles que no son vanos fantasmas, sino soldados reales, avesacomo el programa que se trazaron, pertenecía el Gene- doa á ese géneN de combates, capa;a, de vencer algo que
ral Rocha, muerto en los comienzos.de la anterior sema- no fuera la indomable tenacidad del patriotismo esna. Su historia, fué la eterna, incamable lucha contra el pat'i.ol.
fanatismo, que perseguía con el ardor y la cólera de un
Nutrido y aleccionado en esa táctica del débil y pequecazador á una res brava.
flo contra el fuerte y poderoso, el Jefe insurgente Ruiz
No se podría, en verdad, lanzar un reproche á. ese Rivera, por cerca de cuatro meses sostuvo la lugha desacendrado sentimiento radical que informaba su criterio. igual en Pinar del Ria, y logró evitar batallas formales
El jacobinismo del General Rocha ibaendérezado áun que habían de comprometer su posición¡ pero menos
grupo social en el que hay que buscar las sensaciones afortunado que sus colegas del Camagüey, acaba de caer
por medio de enérgicas sacudidas y poderosas reaccio- en manos de los soldados del rey Alfonso, que en los
nes: el eJército. Allí sólo el radicalismo echa raíces, só• campos de Cuba defienden la integridad de sus domilo la idea jacobina hace estallar el sentimiento liberal. • nios.
Y para el ejército y por el ejército trabajaba el veterano general, pur ese cuerpo, antaño sin alma, enel que los
propagandistas del liberalismo han prendido un espíCon esta pérdida, !a revolución hs recibido nuevo golritu.
pe; y como quiera que, las autoridades americanas pareJamás hemo'-1 negado nosotros los servicios que los ja- cen más decididas qlle nnnca.á impedir las expediciones
cobinos han prestaJo á la libertad: reacción contr;a reac- filibmteras, que á la continua panían de las costas floción, había que gponer una fuerza contra otra fuerza y ridanas, proporcionando armas y recursos á los ddensofrPnte á una exaltación otra equivalente. Para que des- res de la manigua, solamente les queda, á mis de su tei,11~1:1 el conceJ?tO del liberalismo haya tomado caracteres nacidad. y energía, la esperanza de: que la nueva estación
precisos, ha ¡;:1'10 indispensable trasponer esas etapas de de lluvias entorpezca los movimiento! de las tropas esformación, salvar e::ios periodos de lucha, que tachonan pañolas, y puedan así IM disperaas partidas insurrect.as,
la historia de todos los pueblos.
recobraT su brío en lo intrincado de la selva ó en las queY por esa labor útil é interesante, emprendidit, como bradurad de la sierra.
acabamos de decir, en pro de la difusión del liberalismo,
U no á. uno loa caudillos principales de la insuraección,
tiene el General Rocl1a un puesto de honor en la grati- han ido cayf'ndo en ese abismo que jamás se colma; uno
tud del partido liberal,que ha visto partir con pena al
á uno han ido desapareciendo en la ruda pelea. No se
soldado de la Refornu., al militar aguerrido, al corazón improvisan Joq campeones ni brotan en los momentos de
franco y sincero, envuelto entre los pliegues de su vieja prueba los paladin~s_; es necerario que se formen en la lubandera de batalla.
cha, que Eean productos expontáneos del combate, que

se forjen como el hierro al golpe de la derrota y al fuegQ.
del incendio.
Si aun quedan energías en les campos cubanos; si el
impulso ar1ioroso, que ha llevado á los rebeldes á esa lucha sin cuartel donde la munte impera, no se ha agotado aún, vendrán otros á ocupar los lugares de ios que-caen, y á recoger las armas de los que sucumben._
Entretanto, allá va el Capitán General, á la cabeza de
sus tropas acostumbradas á vencer, sometiendo pueblos y
encadenando voluntades; allá va cegando las fuentes y
cercenando los recnrsos de que se alimentaba la insurrec•
ción; allá va ostentando en una mano su espada implacable, y en la otra el acta de reformas que ha prometido el
Gobierno español.

No hay esperanza para loq afligidos cretenses; no hay
consuelo para los griegot:1 débiles q11e pretendieron tomar
bajo su amparo á Creta iafdiz, contra la manifiesta voluntad de las potencias europeas.
Cada v:ez que osan los insurrectos atacar las posicionesturcas, cada vez que dan un paso hacialaindependenciaó
quieren acercarsé.á la aiihelai1.a unión con la madre Grecia, tropiezan con los acorazados de los poderosos que nose detienen en bombardeará las huestescristianas1 endefensade laopróbiosa Media Lnna.
En vano se oyen los clamores del pueblo griego que re•
percuten en las capitales europeas, hablando en nombre
de su razón y de su tradición, y pidiendo al fuerte no
protección ni apoyo, tino lib~rtad de acción en los cam •
pos de Creta. En vano ha amontonado el Gobierno griego en un supremo esfuerzo y con heroico sacrificio, todos
sus elementos de guerra en las frontera.s de Tesalia, amenazando, moderno David, al gigante Imperio otomano.
Las potencias siguen el plan que se han trazado: conser•
var intacto el patrimonio de los califas, mantener inc·Ílume la integridad del territorio turco, y guardar inmaculado el tratado de Berlín.
No valen quejas de los oprimidos ni lamentaciones &lt;le-los mártires, ni hondos saspiros de los esclavos; se haol•
vidado la perfidia proverbialdeAbdul•Hamid; no se rd•
cuerdan las matanzas de cristianos ni las espanto8as ex-plosionee del salvajismo del turco y de la barbarie del
curdo; ni siquiera se tienen presentes las sangrientas.
burlas sufridas por la diplomacia europea, vil juguelle
del Sultán ...... todo desaparece ante la razón rnprema &lt;l.e
la paz universal, que se quiere conservar aun á costa dA
la Justicia, t:ratandode ocultar, con forma aparatosa, el
horror á la guerra que todos temen y que ninguno desea_
X, X. X .

Marzo 31 de 1897

El dique flotante de Tlacotalpan.

EL Mmmo diario y EL IMPARCIAL Qablaron ampliamente dP- esa construcción móvil que acaba de inaugurarse y
de la cual damos hoy una fotografía: Hnelga p.Jr lo mismo una descripción nueva y nos limitaremos á afirmar
que el Dique en cue~ti6n con11tituye una gran mejora qne
ha tiempo venía haciéndose indispensable; pues facilita.
extnior.:lioariamente la careLi.a de los buques mercantesy de guerra de las aguas del Sdno Mexicano y ahorra
gran parte de las considerables cantidades qne esta ope•
ración árdua demand!l.ba por llevarse á cabo en el extranjero.

QH Sr. &lt;!l&gt;eneral litodJa.

•*•

Damas distlnguidaa.

L'ls hermosas fotografías últimamente p•1blicada'3, entre las cuales está incluida la de la señora Luz GonzáleZ'
Cosio de L'ipez, nos han sido prooorcionadas por el ldistioguido arti'Jta Don Guillermo Valleto, el cual hacemos,
presente en estas lineas la expresión de nuestro agradecimiento por su galante amabilidad.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

J:;:NMJ:;:XICO.

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director geneml de "La Mutua.,,.
-Presente.
Muy Señ.or mio:
Hoy be recibido de 11La Mutua,•&gt; Compañía de Seguro!J
de Vida de New York. por conducto del Sr. L . Goroztiaga y en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)1 liez mil pesos importe de la póliza número
571,958, bajo ia cual estuvo asegurado mi finado esposo
el Sr. D. Federico &amp;nche.
Además, me ha sido entrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos loa premios
que mi citado esposo pagó á la Compafiía desde hace
cuatro años que solicitó el seguru, formando un total de
12,082.40.

No ob.•!lante que mi repetid&lt;1 esposo falleció en Francia

tt fines del añ_o próximo_J)asadoJ la Com_pañia, con todo
empeño, se ocupó ñe la tramitación de loa documentos
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con todR. exactitud las estipu•
laciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, sefior Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de vd. affma.1 S. S.
como albacea de la testamentaría de mi finado esposo el
Sr. D. Federico Sanche.-Alise SanchP.

I,A. CUJ:;:STION CRJ:;:TJ:;:NSJ:;:

ATENAS EN TIEMPO OE CRISIS

•

El afio último, en el mes de Julio, cuando yo desembarcaba en el Pireo, mi Catelero, mostrándome los acorazados griegos, me dijo, no sin cólera: nLas potencias no
quieren que vayan á.Creta y se ven abligados á permanecer ahí.»
Y he aqu( que siete meses después encuentro una situación del todo diferente. y al desembarcar me aborda
el mismo Catélero y blandiendo el puño, exclama:
11Las potencias no quieren, pero nosotros queremos;
donde quiera que haya griegos, en Alemania, en Rusia,
en Inalaterra, pondrá.a. si es preciso, fuego á todo, para
vengá'rse de Europa.11 Y. con un _ges~ violento se muerde el dedo en testimomo de su si ncer1dad.
Esta misma frase de indignación, de desesperación y
de audacia, es la que en adelante voy áoir donde quiera
bajo diversas formas, según los interlocutores. Todo ese
pueblo está ostigado por la idea de la guerra. Por las Ca•
Hes pasan grupos gritando: uLa guerra,n y sobre los muros se ha inscrito en letras groseras y vacilantes:
Ziw o po:.emos
V1.1.•li la guerra/
L'&gt;S menores inc!dentes son un motivo de excitación.
para la exasperación nacional y el e!pectáculo de los cr~teoses refugiados que recorrea la ciudad en grupos, no
es propio para calmar los espíritus, p.i tampoco los miserables campamentos de mujeres de Creta que hacen secar en las plazas del Piréo los a~drajos q~e les ~stan.
Sin embargo, nada parece cambiado á primera V1Sta en
las costumbres atenienses que comprenden, como las de
todas las ciudades de provincia, ciertos ritos inmutables.
Todas las mañanas, á eso de las once, se va á oir la mú ·
sica militar ante el palacio; después, las personas elegan•
tes se muestran en el paseo á donde volverán una hora
antes de la noche. En esos minutos tradicionales, los cafés rebosan ensu clientela habitual y los atenienses sofla meros se abordan febrilmente y se preguntan aún: "Qué
noticias hay?n como se preguntaban ayer· y como hace
dos mil años.
Pero de pronto un grito y un movimiento de la multitud, traicionan Ja sola preocupación de todos. Banda·
das de niños, se precipitan, clamando:
-¡ Pavastima! ¡ Pavastima.l ¡S'upkmentol ¡Supkmento.1 Y
arrebata todo el mundo los periódicos calientes, q 1 1e uaen
los últimos telegramas: las flotas combinadas acaban de
ocupará. Retimo, ó Ilerápetra; 1~ tropas gr~e~as no pue•
den ir á. Candano á poner orden entre los cristianos y los
musulmanes¡ el emperador de Alemania quiere que la1::
potencias tomen medidas de.rigor ........ .
Los comentarios no tardan en llegar y todas las censuras precedentes se uoen á las recriminaciones nuevas contra E11ropa. La animosidad es grande, sobre todo contra
Alemania; y se traduce en caricaturas en que el Emperador Guillermo está. representado sosteniendo con su brazo máscort.o al Snltán Abdul Hamid, con esta leyenda:
¡ &amp; qué brazo se apoyci el gran asesi,~o.l
Obsérvanse asimismú otros hechos menudos no menos
caracteristicos: los barberos de Atenas se han puesto de
acue1·do pata no rasurar al embajador de Alemania y el
propietario del Hotel &lt;k Alema"ia anuncia en los periódicos que en adelante su casa llevará el nombre de Hvktde
Myce™1?&gt;!
En las calles comerciales, otros espectáculos manifiestan ya más seriamente la idea de la guerra: las armerías
están llenas de compradores! los negociantes improvisados colocan en las plazas mesas donde se alinean los fusiles; se reconocen por todas partes grupos de voluntarios que van á proveerse de armas, y los trajes europeos
de los jóvenes de A.tenas, se mezclan á los calzones anplios de los cretenses, que cubren su cabeza con un pai'iuelo negro y á 1a~JU8ta,,eUM blancas de los pastores de
Thesalia, que llevan el fez flexible de lienzo rojo.
Si se desciende en camino de fierro al Piréo, casi no hay
tren que no esté lleno de soldados; en las estacione.a la
multitud los aclama, los sigue sobre los muelles de em·
barque, y par&amp;en en la noch~ para Volo ó para Arta, saludados por adioses graves y casi solemnes. Porque no
hay que olvidarlo, ese pequef'í.o pueblo no se comprome·
te al acaso en una aventura heroica; va deliberadamente
para defender lo que juzga su derecho estricto en las supremas catástrofes. Sin duda el ateniense sonríe aún y
se di vierte por instantes¡ pero ba renunciado á las largas
y bulliciosas alegrías del carnaval, y aun cuando ee manifiesta en la calle como el 22 de Febrero ó el4 de l\Iarzo,
lo hace con infinita calma y dignidad.
El 22 de .F'ebrero treinta mil personas desfilaron por las
calles y se dirigieron al palacio para protestnr contra el
bombardeo de Phroudia por los acorazados europeos. El
4 de Marzo se tr;:1taba de inyit.ar al Gobierno á. rechazar
con energía la nota idéntica de Jas seis potencias.
Este segundo meeting ee frustró un poco por una lluvia
intempestiva: «Dios está con el Sultán,* decía alguno
~ntre la multitud; sin embargo, millares de hombres se
apiñan ante el Circulo de los estudiantes; poco á. poco
Bid cierran los establecimientos y la multitud se pene en
marcha. Va primero á la Universidad; los discursos ahí
la exhortan á la resistencia; después flotan las ba.nd~ras
á pesar de las gruesas gotas de agua que comienzan á
caer, y la manifestación contini'ia su curso. En el camino
se encuentra á un pappa$ ( sacerdote cretense) Kyrillos
E-1stathiou; el pappalf, feroz y bonachon á. la vez, coge el
asta de una bandera. Es él ahora quien va á la cabezade
la colnmca, en tanto que, bajo loa paragul,s abiertos, re•
suenan sordamente loe gritos de:
Zi.tO, 6 polemos! Zitúl ó polemos.l Zil6.'
L\ multitud llega ante el palacio; algunos cvzúnl bastan á contenerla; sin embargo, furiosos remolinos la agitan cuando con una voz ronca, con los cabellos pegados á
la frente por la lluvia, los oradores demandan la presencia del rey. Los oficiales de palacio se suceden y ensayan vanamente hablar; por fin, entre las columnas, por

encima de aquella multitud de cabezas, a~oman. el ros~ro
blanco los ojo1u:mles y eJ. mostacho rubio del príncipe
Consta'ntino el príncipe atlético, como se le ll9wa. Rumores, acla~ación, silencio¡ el príncipe declara .q?-e en
aquellos momentos el rey no pue~e _hablar;_ fe!1c1ta _al
pueblo heleno por su energía patnót1ca y le_ 10v1ta á dispersarse. La multitud se va con pena,. obstinada en su
sueño de guerra, y un _descontento ~nta: uNoa representarán la misma comedia que e,1 1886.n
Sin embargo, como un signo de esperanza, un P?CO de
sol ilumina por fin las ruinas santas de la Acrópohs, :r á
lo lejos, hacia el horizonte, baña _la verdura nueva de
los pl&amp;nes, al pie del monte Aigaleires y la ru1a blanca.de
Eleusia.
PEDHO QUILLA.RO.
Aten~, 5 de Marzo de 1897.

A mi juicio, la Qbra maestra de Wagner es laj~6n de
todas esas grandes craaciones sonoras. Es el ~onJunto y
no el detalle, la masa y no el fragmento.
Alli está eu obra.
De la producción inmenea de Wagner, desgraciadamente no conozco más que la últiwa, que escuché ochq
años Íi.á en la Scala de Milán, c(}n intérpretes sobreea•
lientes )! que dejó en mi espíritu una sensación extraña
y poderosa, el recuerdo de algo sobrehumano y di vino,
que _palpitaba en el fondo del alma y vibra toda\Tía en
el cerebro, como el eco de un arpa angélica.
La vida de Wagneres la •*•
odisea del genio.
El peleó como ?n condenado para hacer. {?rimar. en el
desconciertomueical del ·mundo, sus nov1s1mos ideales
artísticos; luchó en las sombras, solo, sin un soldado que
le ayudase á. saltar las barricadas1 hasta que logró imponer sil criterio estético.
Ese periodo de la existencia de Wagnertrae á la memoria Jale ye.a.da de aquel titán que trataba de arrancar
de sus brazos la férrea cadena que lo sujetaba. á la roca
maldita, ;para volar de un aletazo hasta el cielo.
Los pruneros trabajos fragmentarios del músico genial fueron silbados, y su autor befado y calumniado por
la turbamulta, que no llegando á comprenderlo, le decía
loco ambicioso y audaz, cuando no era si.a.o un revolucion~rio en el arte. Exactamente lo que acontece en la
actualidad li!erariacon la escuela modernista, que para
la mayoría es músü.:a wagneriana. No entienden de la miEa la media, y salen á pontificar periódicos y revistas
contra los decadentes, ein comprender que la escuela así
denominada, ha tenido, segtí.n Enrique Panzaccbi, en
Victor Rugo sus primeros indicios, y tiene ahora fuera
del grupo francés, inteligencias de primer orden, como
D'Annuncio, en Italia, y Eugenio de Castro, en Ponugal.
Pero \Vagner, que como todos los grandes artistas, tenía la conciencia de su valer y de sus fuerzas, continuó
trabajando en el silencio y en la obscuridad de su retiro,
hasta que se presentó con Lolumgriri, ee decir, con una
obra perfecta desde el pie hasta la cumbre, que fué ele·
vándose, Cual tenue luz, de los muros sombríos del cas~illo de Bayremh, hasta llenar el universo co11. fulgores ~e
incendio, arancando á la humanidad, atónita, en medio
de cien preocupaciones constantes, un sólo inmenso grito de admiración.

•*

General de Dlvisi6n S6stenes Rocha.

t

el míércoles ultimo.
(Véase nuestro editorial,)

INFORMACIONE;S CURIOSAS
COMO VIVE IBSE!'I

De un interesante artículo que un crítico inglés, Mr.
Sherard, acaba de pablícar en la revista Humanitarian,
tomamos estos datos acerca del famoeo dramatu~o no•
ruego Enrique Ibsen, al que túvo ocasión de estudiar de
cerca en su recieme viaje á Christiania:
Ibsen, según Mr Sherard, es peshnista en teoría y mi·
sántropo en la pr.áctica.
Busca la soledad, y manifiesta una profunda aversión
hacia los goces íntimos del hogar y de la familia.
No va jamá.i: á verá. su hijo, que es, por otra parte tan
misántropo y tan retraido como el autor de sus díal'.
Cuando el hijo se casó, el padre ni siquiera asístió al
matrimonio.
La única distracción de Ibseri. conf:liste en sus dos paseos cotidianos. Se dirige siempre hacia un café, entra
en él, pide los periódicos y se hace, servir una copa de
aguardiente y un vaso de cerveza. Coloca aquella á su
derecha y éste á. su izquierda, y bebe de ambos alternativamente.
Nunca va al teatro, ni á sociedad.
En una palabra, vive como un bongo.
Esta falta de sociabilidad extrai\a más en un país como
eo. Noruega, donde la gente es de lo más sociable y comuoicativa que se conoce; sólo puede explicarse por el
orfgen escocés del célebre eecritor.
En sus· conversaciones con Mr. Sherard-que no debieron de ser muy largas, dada la dificultad de sacarle
muchas palabras del cunpo-sólo se exaltaba y salia de
sus casi!Jas cuando el critico inglés le hablaba de la doctrina y tendencia de sus obras.
¡Pero si mis obras no tienen tendencia ninguna!-répetía muy agitado.
-¿Cuántas veces tendré que decirlo?
Es preciso que se convenzan ustedes de que yo en mis
obras no soy un profesor en su cátedra, sino un pintor
en su estudio. Yo no soy partidario de nada, ni mis comedias pretenden probar nada tampoco. Yo aspiro solamente á retratar la vida como la veo á mi alrededor. Vivo en Noruega y á loa noruegos saco á escena. Eso es
todo,
Y, pasada esta ráfaga de animación que enrojecía el
semblante de Ibsen, volvía el misántropo á su mutismo
acostumbrado.
LA DIVINA COMEDIA MUSICAL

Algunos afirman que la obra maestra de W agner es
Tannho.u.ser; otros, ÚB maR&amp;roa C&lt;mlores; otros, "JT'úitán ¡.
hofde; los rnás Lohengrin, bautizada en Italia con el postítulo de DiM,a comedia mu.s1f"al.

Antes que surgiera "\Vagner,• primaba todavía la melodía pura, las ca1&gt;alfttt., y los motivolf de la vieja «manera»
italiana. Meyerbeer trajo deepués á la música las leyendis del Norte y fundó el ecteptismo, hasta que vino \Vag•
ner, como enviado por Dios, con el mandato de cumplir
una misión providencial, y creó una nueva escuela, es
Elecir, fundó la melodía en el acompaii.amiento orquestral estruendoso y magno; la palabra con la nota musical; el diálogo uhabladou con la frase 11cantada,11 y de esa
armonía sonora surgió el udrama lírico,n haciendo saltar
los moldes vetustos en mil fragmentos, y produciendo la
revolución artística más grandiosa de este siglo.
Los espíritus bajos y perversos, que hiere.a. por la espalda, no cejaron por esto en su unoblenmisión, y á los
epítetos anteriores, que le habían prodigado, agregaron
un sinnúmero más para acobardarle en su empresa, hi·
riéndole en el alma y en sus sentimientos más delicados.
Lo llamaron 11cumpositor miserable,,1 «músico inepto,, y
«estropeador del arte.u
Wagner entregó al público desprecio á sus gratuitos
ofensores, probando tntonces que era de Ja talla de los
que se imponen ó sucumben.
Loheugrin quedó sepultado bajo silbidos en París, para
renacer en Bologua á. la inmortalidad.

•*•

C1,1ando se trace la historia musical de este siglo, se le
dará. á "\Vagnerel sitio:- de honor que le corresponde.
Es quizá el ejemplo más grande de fortaleza de alma,
de fé ~n los idealed, de constancia en el credo y de fir.
meza de rumbos que regi!tr11.n los anales del teatro, desde Sil génesis hasta nuestra época; y Lohengrin, la divina
comedia musical, vivird, mientras haya seres capaces ds
comprender y de eentir las cosas grandes, emocionantes
y sublimes; mientras haya amor y belleza, sueños y esperanzas, ilusienes y recuerdos¡ en una palabla: míen~
tras haya arte y artistas en el mundo.
Lms BERIESO.
COMO SE CASAN LAS INGLESAS

Todo el mundo sabe las pocas forma1idades que son
precisas en Inglaterra para los que quieren contraer matrimonio: una visita al Registro Civil, unos cuantos peniques de gasto, dos teetigos y pocos papeles. Pero ea menester examinar de cerca estas costumbres para darse
cuenta exacta de la libertad que encuentra la mujer en
Inglaterra.
En el mes de Enero último, dice el articulista que nos
comunica tan curiosas noticias, entré en una papelería
para hacer varias compras, y la hija dei comerciante me
mdicó que volviera dentro de unos días, porque no tenía
en aq11el momento la clase de papel que yo necesitaba.
-Bien, volveré la semana próxima.
La señorita del mostrador vaciló un poco, y al fin contestó:
Es que yo no estaré la semana próxima, porque pienso
caEarme mañana ..... pero le ruego á usted que no diga nada ,t mi padre, porque aún no está prevenido.
Y era verdad. Al padre le dió la noticia el novio mismo, momentos antes de ir á casarse, en estas ó parecidas
palabras:
-Me caso con su hija dentro de una hora. Ella no qui.
so de.cir á _usted nada, temien_do que usted se opusiera al
matnmomo...... Todo está dispuesto, y los testigos nos
aguardan abajo en el coche, y puesto que ya.es inevita•
ble, debía usted ponerse la levita y asistirá la ceremonia;
Eerfa lo más conveniente y lo más correcto.

�216

DOMINGO 4 DE ABRIL DE •S~7

F.L MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

Y el padre se puso la le vita y asistió á la ceremonia,
porque esto era lo más correcto.
En la lglesia de Saint l\fartin's Cbu rch, ocurrio un enlace qne no sorprendió á. nadiei sino qué, por el contrario, mereeió la aprobación ·unánime de todos los concurrentes Casá.base una muchacha de veintiún años, y en
el momento en que el sacerdote preguntó, según la fór•
mula acostumbrada:
-¿Quién dá esta mujer á este hombre?
La joven, llamada ro.isa Echel B ......... impidió á. su padre que contestara, y le dijo solemnemente al cura:
t"',-Nadieme entrega al hombre que yo he escogido; me
doy yo misma. La pregunta que usted ha formulado pertenece al tiempo. Por fortuna ya ha pasado aquel en que
la mujer eraconside1ada como una cosa, como una esclava, de quien sus parientes podían disponer á su antojo.
Si yo no consintiese en unirme á. mi prometido, no babrfa fnerza humana que pudiese obligarme. Le ruego,
pues, á mi padre respetuosamente, que se abstenga de
contestar, y yo le respondo á usted, ya que usted me lo
pregunta, que me doy yo misma, por mi sola voluntad,
al hombre que está aquí á mi lado.
El cura se inclinó sin decir una palabra, creyendo la
escena terminada, pero al preguntarle á miss Eche! si
prometía respeto y obediencia á. su marido, la miss volvió r'i tomar la palabra:
-- Si no lo respetase no estaría yo aquí: y continuaré
respetándole mientras· tanto que lo merezca, pero no
prometo odedecerle: acepto un esposo, no un duef'io.
El novio no hacía más que ~onreirse y callar. Al día
siguiente los periódicos de Londres contaban el hecho
sin hacer comentarios, y como si se tratara de la cofa
más natural del mundo.

UNA PARABOLA DE TOLSTOI

En el Potchine Eboi:nih, la revista moscovita que aparece
una sola vez al año, ha publicado en estos días el conde
Tolstot ttes parábolas exquisitas. Ofrecemos hoy á los
lectores de EL MUNDO, una, 1a más breve, pero no la
menos significativa y bella de las tres. En ella el pensa•
miento de Tolstol refleja en puras formas de arte su concepción cristiana de la vida:

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•

Dique flotante de Tla c otalpan, inaugurado últimamente.

g11ardaba el trono del gran Mogol dé Delhí. Durante largo tiempo, se creyó que el primero era simplemente un
trozo de criAta.l; Por úttimo, un mercader armenio llamado Lasaref adivinó su inmenso valor, lo compró y con
peligro de su vida lo llevó á San Petersburgo para ofre•
cerlo á Catalina II; l)ero la Czarina creyó exagerado el
precio que pedía Lasaref, y despidió al mercader armenio, que partí{&gt; para Amsterdan .. Allí el conde Alejo Orlof pagó por el diamante más de 2.000,000 de francos, lo
hizo tallar y lo envió c_o mo regalo á Catalina II, conce~
diéndole al mis.no tiempo cartas de nobleza á Lasaref y
una renta auual de 2,000 rublos. El Orlof pesa 199 quila•
tes y¼, ó sean 8 quilates más que el Kohi·Noor.

Sellos.
Pocas son las personas que aquí conocen todas las clasi;,s de sellos que se usan en Estados U nidos.
Los hay desde uno á diez centavos, siguen los de quin~
ce, saltan á cincuenta, y pasan luego á uno, dos y cinco
peeos. Los de estos dos últimos precios apenas se usan y
puede decirse qae los coleccionistas de sellos son las personas que más los emplean en compras, cambios y ventas.
ExisWn además los sellos de periódicos, que no se venden al público1 y ni aun á los edit.ores 6 publicistas, y &amp;e
emplean solamente para. cubrir el porte pagado de los
diarios, uniéndolos á la matriz del recibo que se da á la
empresa remitente. El precio de aquellos es desde un
centavo hasta cien pesos.
Cierran· la lista los sello3 para remisiones especiales y
los empleados en balancear diferencias de menos en porteos deficienl:.t;:'s.
La reserva á mano es bastante para cuanto.a pedidos se
hagan, pues exist,en hoy en dep6~'.to 230.000,000 de sellos
y los talleres en que se hacen, trabajan continuamente
para suplir la creciente demanda. Calcúlase que al Gobierno le cuesta cinco centavos cada millar y el noventa
por ciento de los vendidos son de á dos centavos.
LA MUSICA EN LONDRES

Los periódicos rusos, enumeran y describen laa iosigcias imperiales que se enviaron de San Petersburgo á
Moscou para las fiestas de la coronación del Czar; la joya
principal es la corona, que se ejecutó según un modelo
bizantiao, estimándose su valor.en más de 5.000,000 de
francos. Se compone de dos partes que simbolizan el
imperio de oriente bel de occidente; en medio se levanta un esplendido ru í en forma de pera, que tienen fijos
cinco día.mentes, figurando una cruz. Esta maravillosa
obra de orfebrería, la encargó Catalina II cuando subió
al trono, siendo un ginebrino llamado Jeremiae Pauezic
el joyero imperial que la ejecutó.
'
El cetro que el czar Pablo encargó para el 5 de Abril da
P,e 1897, día de su coronación, es aun más notable. Su
valor proviene especialmente del magniñco diamantie conocido con el nombre de Lasaref ú Orlof, siendo muy
curioea su historia. El Lasaref y el Kohi-Noor, son dos
diamantes que formaban los ojos del león de oro que

Una bomba.

La bomba que el anarquista Panwels arrojó hace más
de dos afios en 1~ iglesia de la Magdalena en París, no fué
funesta solamente al autor del atentadll.
La. sacudida causada por la detonación fué tal, que el
célebre órgano se descompuso.
Los trabajos de restauración acaban de ser terminados
y su importe ascendió á la respetable suma de veinticuatro mil francos.
Notas é impresiones.

No se debe gastar más de lo que se gana; ni aun todo
lo que se gana.
La economfa es la. pre visión.
Lo que la hormiga hace por instinto, hagámoslo por
razón .
No hay p~queflas economfas.
Los arroyitos hacen los grandes dos.
Todo préstamo es una pérdida, todo ahorro es una ga..-.
nancia.
No dejéis ese ahorro para mañana, lo podréis hacer
ahora,
La religión es el primer .freno del hombre¡ la sabi•
duria no es más que el segundo.
M. Ch.
Las mejores frutas son la,1 que han sido picadas por los
pájaros; los hombres-miis de bien, son aquellos en quienes
se ha cebado la calumnia.
Pope.
La verdadera compasión es una limosna más preciosa
delante de Dios, que la del oro y la plata¡ porque dando
nuestros bienes damos lo que es nuestro, y dando nu~stra compasión, nos damos á nosotros mismos.
San Grego-rio.

Joyas rusas.

U ria estadística levantada sobre los lugares de recreo
eLt Londres, los calcula entre 550 y 600, siendo de éetos
má"' de 450 musicales. En las otras ciudades de Inglaterra el número asciende á 1,300 de los que cerca de 160 son
destinados á conciertos.
Los teatros en Londres llegan á 50, y en las otras ciudades de Inglaterra á 200. Los salones de concierto en
Londres son unos 30, mientras en el resto del pais llegau
á la enorme cífra de 1,000.
Muchos de estos sirven también para representaciones
teatrales y al mismo tiempo de capillas y punto de reuniones poUticas.
El capital invertido en Londres en sitios de diversiones, efJpüCO mellO!fd&amp;·4" millones de libras, sin contar el
Palacio de Cristal, el Albert Hall y otros.
Hay empleadas en esos establecimientos más de ló,000
personas, adem.áa de otras que lo son indirectamente.
Los teatros y salones de conciert.os en Londres tienen
capacidad para medio millón de espectadores.

············"··••························· •
... i~~~~:~~~~~-¡~·-~¡~~~ me
ha ocurrido cuando he ha-

blado en favor de] precepto del Evangeli?, qu~ recomienda no oponerse al . mal con la v1o~en~1a. Por
Cristo ha sido formulada dicha regla, y sus d1sc1pulos la
han repetido después de él en todos los tiempos y lugares. P~ro sea que no se l1a reparado en ella, sea que n.o
se la ha comprendído, 6 sea, por úJtimo, que ha parecido dificil conformarse á ella, lo cierto es qne cuanto más
tiempo bapasado, más ha sido olvidada, y más él arre·
glo de la vida de los hombres se ha alejado. A t.al punto
se ha llegado que dicha doctrina se ofrece hoy :l los ojos
del mundo c~mó algo ,1t1eyo, desconocido, cuando
imensato y extraño.
)le ha sucedido como al viajero que recordaba á los

Cuando la fortuna eleva á un hombre de repente, si el
afortunado es néoio, se yeriue; si es sabio, se inclina.
Emiqu.e Boucher.
Si los malvados eupiesen lo ventajoso que es ser hombre de bien, querrian serlo aunque sólo fuese por espe•
culación.
Franklin.

El cuerpo es el instrumento del alma, y el alma es el
instrumento de Dios.
Plviarco.
Ea preciso merecer las alabanzas, y huir de ellas.
Fenelón.

ACUARELA

•
Cae la tarde.
.
El cielo parece un mornico inrueneo que irr»;dia luc1 s
vacilantes sobre lae aguas óel higo, Bpt nas uzadas ))l r
brisas de primavera.
.
Lirios y azucenas, mala Cares y v10IE'tas derra~an rn
aliento virginal al ledo rumor de la fuente, que dice, CIJ·
mo en snefios, ·una pfeg~ria de amor.
Los azulejos cantan en la en?iesta copa del ~amán; en
el viejo bucare se mecen los nidos de los turpJales, y el
colibri bueca su abrigo jwlto á la encendida flor de 101::1
granados.
1-;s la hora de las gasas de fuego en las lejanías del horizonte y de los penachos de neblina sobre la desnuda
cresta de las montañM.
La cerca de los piñonea está recién J?Odada; y tr~s ella
ee extienden los gamelotales, verdes 1:nempre al humedo
beso de la laguna.
El toro muje y escarba en ~edio ú. su serrallo, y e) corcel ID·
dómito-de crin hirsuta y lomo
brillante, ajeno á todo ultraje
humano-preside altanero la yeguada, mientras la oveja bala en
el alar del cobertizo.
Ella esti.í bajo la parra, negligentemente et-ntada en su mecedora de juncos.
Sot.rel:!l fondo carmesí de la elegante falda se destaca la blancu ·
ra de armiño de los encajes, que
hacen como de búcaro de espumas al marmóreo seno y al cuello de cisne.
El pelo negro baja en ondas eo·
bre la c11rva frente: la sejaarquea·
da arroja tonos crepusculares eo. bre el ojo rasgado y negro como
las parnparas; bajo la nariz judía,
el somosado Jabio Se contrae al
soplo de leve sonrii.a, dejandoelftrever dientes de perlas .
Como la brisa. en las soiíolientas aguas del lago, aletea en su cerebro un pensamiento que-álas
indecisas claridades de la tarde-·
vaga inquieto del tierno niíio que
calienta en el regazo al apuesto
cazador cuya .figura de H(;rcules
comienza á contornearse bajo las
palmas de la entrada.

•'• vieron que la cizaña
Los propietarios de un prado
crecía en él, y ocurrióseles que era lo mejor para extirparla ségar sus tallos, con lo cual, naturalmente, vo~vió á
crecer la cizaña con más vigor que antes de la siega.
Pero un propietario vecino, de mucha prudencia y sabiduría, al viSitar á los dueiies del prado, dió á to_dos mu&gt;:
útiles consejos, y entre ellos el de no segar la cizaña, si
es que se quería evitar que iee propagara par si mii:;ma,
y que en cambio, la ¡irrancasen de ra1z.
Los propietarios del prado,
DAMAS MEXICANAS.
bien sea porque entre el número de instrucciones reciQidas del
buen vecino no hubiesen repaTa·
do en la relativa á la necesidad
de extirpar, arrancándola de cuajo, hL cizaña, en luga'" ae segarla;
sea que no llegaran á comprender
,este consejo1 ó que los cálculos
personales impidiesen aceptarlo¡
lo cierto es que siguieron eegando
la ciza.ila y consiguiendo por lo
tanto, que con mayor fuerza se
rnultiplicase.
Eu el curso de los años siguien·
tes, no faltó más de un hombre
.que recordaee á loe dueños del
1m1du el consejo del prudente y
buen vecino; pero quien tal hacía no era escuchado, y tan poco
caso ee le hacía como ci nada. estu\'iese ocurriendo.
\"inf"I á suceder de esta suerte
.qne t-egar la cizaña desde el mo·
ruen10 en que aparecía fué no so•
lo un hábito, eino una tradición
eagrada con'locualelprado llegó
:t estar~ada vez más enfermoé in·
vadido.
Llegó el día en que no hubo en
-el prado más que cizaña. Los propit:tarios de él gemían por tal
causa, ingeniándose para enconLlega! Ee él 1
trar el remedio de situación seLoS" lebreles l_e preceden jadeanmejante, que, sin e~bargo, era
tes, y cuando el viejo mastin le
uno, nada más que uno: el señai.aluda con l:lUS roncos gruñidos.
lado por el vecino sabio y justo.
despiert~ el niiio y le consagra
l'ero nadie lo usaba.
una sonriea; tiéndele sus maneSucedió, por último, que entriscitas sonrosadas, y evoca en su
tecido un caminante al advertir
i nocenciaun mundo de recuerdos,
la perdición del prado, bmcó 1~
t.lt, esos que parecen perdidos en
inetrucciones dejadas por el \'ec1las horas de lucha, que brotan eu
no sabio y b~eno, todas las cna:
loli! instantes de las supremas sa•
)es estaban olvidadas, por ver s1
tisfaccionee.
babia entre ellas alguna con que
•. Venid, venid, oh tardes de pripoder remediar las causas de la
mavera! con vuessras gasas de
aflíccion genQ.J'al. Descubrió la
fuego en fas lejanías del horizon·
,que decía que no era necesario
te, y vuestros penachos de 11ebli ·
Eegar la cizaña, sino arrancarla
nas en la desnuda cresta de las
de raíz. Declaró pues, á los duemontañas.
ños del prado que habían sido
imprevisores y que de mucho
)1. Y. RoMERO GARCÍA .
tiempo af.rás babian sido advertidos todos contra dicha imprevi·
sión.
Pero en vez de comprobar lo
que este hombre dec1a, para que,
CARICIAS MUERTAS
eo el caso de que fuera exacto no
segar más la cizaña, 6 demostrar·
Sin odio, pues. queridas mía~,
le, 1¡&gt;or el contrario, que e1:ttaba
y aunque algunas de vosotras me
eqmvocado¡ e.o lugar de acepta'r
habéis parecido livianas criatusin molestia la máxima ofrecida,
ras, cuando llega el día de visitar
los duenos del prado resolvieron
á los muertos amados, consolado
,en su mayor parte declararse
por mis lágrimas sinceras, tejo
ofendidos por la apelación que á.
pii.ra l'OSOtras, ~oo flores frágiles
la memoria y doctrina del anticomo l'0sotras mismas, ef,meras
guo varó.o justo había hecho el
coronas, poniendo en ellas, no
viajero, y, conformes en esto,
siemprevivas, eino lirios blancos
empezaron á. lanzar contra él
como vuestras frente!, sin 8angre
toda especie de invectivas y de
que las colore, y rosas encarnaofensas.
.
das como vuestras bocas, sin beDecían de él que era vrgulloso,
sos que las avive, y lilas de otoque se imaginaba ser el único
:ño, veleidosaa,y delicadas como
Señora Beatriz Redo de Zaldivar. (De fotografía Valleto.)
.que había comprendido las insvuestras virtudes sin realidad:
trucciones del antiguo vecino.
~o meno~preciéis estas ofrendas de un obstinado con
Otros aseguraban que el viajero era u.a. falso intérprete, duefios de] prado la prescripción antigua del vecino jusun traidor y calumniador presuntuoso. Presintiendo los to, en virtud de la cual no debe ser segada la mala yer- ·rns recnerdos en el tumulto de la Tida. El bagage de la
demás que no había dicho nada de su cuenta, sino que ba sino arrancada de raiz. L)s dneños del prado han mía, el fardo lijero que durante ella arrastro, compónese
,eimplemente habia recordado los consejos de un hom· oc~ltado maliciosamente que en dicha regla se establecía de vuestras deliciosas mentira.s de antai'io de la memo•
bre estimado de todos, afirmaron que er&amp; un individuo no que la ciuüla no fuese &amp;estrui~a, si_no que era mene_s- ria. fiel á. vueatr.1.s carnes infieles, de todo fo vuestro que
perjudicial, que tan solo deseaba ver multiplicada la ci- ter no destruirla de una manera 1rracLOnal. Dd propio encantaba la juventud de mis sensuales fervores. ¡ Adiós,
zaña, demaoeril. que el prado quedase perdido para siem- modo cuando he afirmado que para destruir el mal es amiguitas mías! Si noa encontramos un día en otro munpreciso conformarse al precepto de Cristo, que nos en- do, que no sea mejor qne e~te que vivimos; porque fu~pre.
mos aquí completame11te dichosos, vosotras, con la. feli-•Pretende-dPCian--que no 'Co.oviene segar la cizafia; seña no oponerle la violencia, sino extirparlo por el amor,
:pero, de no destruirla nosotros, se multiplicará hast.a el se ha exclamado: -aNo escuchem:&gt;s á este insensato, que cidad de vuestras perfidias: yo, con el encanto de mis
rnfinito; y entonces, ¡adiós nuestro prado! Es maravillo- nos induce á. no luchar con el mal 1 precieamente euando ilusiones, cuyo postrer perfume sube todavía de mi alma
á. vue-EZtros pies, con el ramillete de dulces quimeras cuso creer que éste nos ha sido dad0 para que propaguemoa el mal nos eEtá ahogando.•
Y loa hombres oontinúau tranquilamente, con el preyos últimos pétalos revolotean alrededor de vueetras
la ma-l.a yerba.
•
texto
de
destruir
el
m_al,
reproduciéndolo
y
multiplicánimágenes ¡¡jn vidB.1 en la caricia del viento otoñ.al.
Con la peor intención olvidaban decir que de todo ha·
ARMAND SrLVESTRE.
dolo.
bia hablado el viajero menos de .no destruir la cizaña,
habiendo sólo afirmado que debiera ser arrancada de
raíz en lu~ar de ser segada.
LR opimón de que el caminante era un insensato 6 on
¡Qué formas de belleza soberana
intérprete mentiroso, ee afirmó de tal manera, que ya no
modela Dios en la escultura humana!
se oyeron contra él más quein}urias, contestándose con
C,\ l!POA.l[O x.
el ailencio :l las explicaciones terminantes que él ofrecía

"º

Conocimi'entos útiles para los hombres de trabajo.

Abono: para el cultivo de hortalizas es conveniente el
empleo de abonos líquidos, puesto que se desean obtener
productos intensoe y dpidos, ayudando para ello el suelo con la reposición abundante de las pérdidas sufridas
por la producción.
Los abonos sólidos duran más tiempo, pero en cambio
no suministran con tanta abundancia principios fertilizantes al terrenoá.que se aplican. Se obtiene un abono¡¡.
quido, especialmente para coles, pepinos, melones, cala•
bazas, lechug&amp;s, etc., con excrementos descompuestos de
gallina, disueltos en agua comtín, con lo cual se regarán
)as plantaciones de las huertas.
-lle aqui un·método muy sencillo para conservar los
melones.
Para la fruta tardía, se les corta cuando aún no han
Jlegado á. madurez completa; so les frota ligeramente con
un trapo y se colocan durant~ dos días en un sitio seco.
Después se llena µ.na bairica con ceniza, !impía de todo carbón. En esta ceniza so ponen los melones, tratando de que estén completamente cubiertos.
Teniendo cuidado de qut:i no se hielen, ee tendrá melo•
ues en J&gt;erfecto estado el día que se quieran comer ó ven der casi tan buenos como recién cortados de la planta.
-Las hojas de geranio tienen la propiedad de curar
prontamente las cortaduras, quemaduras y rasguños de
todas clases.
Se toman una ó más hojas de esta planta y se trituran
sobre un pedazo de género: luego se aplican sobre la herida.
La hoja se adhiere fnertemente á la piel, junta las carnes y cicatriza la herida en poco tiempo.
-El cerdo es, á pesar de su fama, un animal muy aficionado á. la limpieza si se le deja en libertad para bus•
car los medios de no vivir t:intre basura. L3. paja que se
le pone por lecho se debe renovar con tanta frecttencia
como la de los caballos y la de las vacas. Los alimentod
que se le dan, deben ser sanos y nutritivos, y á ellos debe agregarse agua limpia para beber. También conviene
procurarles un sit;o con agua -para bañarse cuando hace
calor, y observando todos estas reglas, bien sencillas por
cierto el que los cuide tendrá el gusto de ver que sus cerdos engordan pronto y más que los de sus vecinos que los
tienen abandonados, y además la manteca y la carne de
los primeros tendrá. un sabor mucho más agradable.
-Se emplea el ácido bórico con éxito extraordinario
para el endurecimiento del yeso, que, tratado de un tierno modo por este producto, obtiene la dureza de la piedra.
Para obtener ese resultado se junta por medio de un
pincel con tri borato de amoniaco el yeso reciente¡ también se puede amasar el yeso mezclándolo con el ácido
bórico disuelto en agua, ai'iadiéndole la cantidad de amoniaco conveniente para formar el triborato de amoniaco.
Al cabo de dos ó tres días el yeso de este modo tratado
es inatacable por el agua y de una dureza igual á. la de la
piefüa.

asegurando que la destrucción de la cizafia era eethnada
por él como uno de los principales deberes del ?uefio ~e
la tierra aunque comprendía que esta destrucción deb1a
entende'rse como el vecino sabio y justo la entendía . .

l:

•

�/,

EL MUNDO

ªª

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

•

lJN JlJGADOR

.--Al salir del teatro entré en el Círculo y me entretuve
hasta muy tarde ante la mesa del baccarat, mirando el
juego y montado en el respaldo de una de esas sillas
alias para uso de los jugadores que no han encontrado
sitio aoteel tapete syerde, 6 de los siniplt::s curiosos como
yo. Ern aquella, como se dice en el lenguaje del club,
una hermos_a partida. El banquero, Ut1 joven guapo, con
traje de :mirée y con una gardenia en el ojal del frac, llevaba perdidos unos tres mil luises¡ pero en su radiante
:fisonomía de vividor. de veinticinco años, no se nomba.
la menor emoción. U nicamente el lingulo de aquella boca que pronunciaba. las sacramentales frases; «Doy ....... .
En carta3 ...... Bac ...... Aquí está el punto ...... ,, no habri&amp;
mascado tan nerviosamente una pu uta de cigarro apaga•
do, si el frío frenesí del juego no le hubiera oprimido el
corazón. Enfrente de él un sujeto de cabellos blancos,
jugador de toda la vida, hacía de sotabanquero, y manifestaba sin hipocresía sn mal humor contra la mala sombra que de tirada ea tírada iba disminuyendo el montón
de .fichas y tantos colocados delante de sí. En cambio,
el má.s ale~re regocijo iluminaba el rostro de los puntos,
que seataaoa en derredor de la mesa, extendían sus
puestas, y m1rcaban en el papel con la punta del lapii,
las alternativas de la apuesta, ese «espíritu de la tallan
en que los menos supersticiosos no pueden dejar de creer
en cuanto tocan una carta. Hay ciertamente ·en él ea•
pectáculo de toda lucha, aunque sea la de un siete con
nn ocho y de un rey con un as, no sé qué de fascinación
que interesa profundamente la curiosidad, porque allí
eatá.baq1.os cincuenta personas alrededor de aquellos jugadores, siguiendo los lances de la partida, •sin parar
mientes en Lo avanzado de la hora. ¿Qué filósofo expli·
oará ese fenómeno, esa inercia de la madrugada, que iumoviliza en Pil.rís á. tanta gente, no importa dónde, pero
siempre fuera de sus casas, donde descansaría del trabajo y de las di versiones? Por mi parte, no siento haber
cedido a9-uella noche al encanto malsano de trasnochar,
porque e1 me hubiera retirado cuerdamente á la hora regular, no hubiera encontrado en el saloncillo en que se
cena, á mi amigo el pintor Miraut, solo ante su mesa, en
disposición de beberse una taza de caldo¡ no me hubiera
propuesto llevarme en su coche á. mi casa, y no le hubie•
ra oido referirme un caso del juego que á la mañana siguiente escribí, lo mejor que pude, dándome él su autorización para ello.
-¿Qué diablns estaba usted haciendo en el Círculo después de las doce-me preguntó-puesto que no cenaba
UBted?
-Est.aba mirando jugar-le reepondí-he dejado en
buen camino al mocito Lautrec. Perdia en los sesenta
mil ........ .
El coche se ponía en marcha al pron.unciar yo esta
frase, y veía de perfil á Miraut que encendía su cigarro
con aire de Francisco I (el Francisco I del Louvre, pintado por Ticiano) aire que sus cincuenta años bien cumplidoE han amplificado, dando también realce á. su hermosura. ¿No es bastante singular que con sus hombros
de lansquenet, su anchura de espaldas y su sensualidad
refinada, casi glotona, este gigante siga siendo el más especial de nuestros pintores de flores y de retratos de mujeres? Cmviene añadir que de aquel pulmón de gladiador sale una voz de UJ'la dulzura musical, y que las manos que yo examinaba de nuevo, mientras aosten:ía Ja
cerilla yel cigarro, son de un~ finura imcomparable. Sé,
además, por experiencia, que eate aold.adón tiene un coraa:ón excelente, y así no me chocó mucho Ja melancóli•
ca confidencia invo1unt.ariamente provocad.a por mi frase
sobre el juego. Afortunadamente tuvo tiempo bastante
para contarme el caso muy por menor. A medida que
nos acercábamos al Sena, la niebla se iba haciendo más
espesa, y nuestro carruaJe avanzaba al paso, en tanto que
mi compafiero daba rienda suelta al recuerdo de la. hie-

toria, ya antigua, queme iba refiriendo. Algunos agen·
tes de policia andaban de acá para allá con antorchas en·
cendidas: otras brillaban en el á.ngtilo del puente que
atravesábamos, colocadas al rape de las piedras, por don·
de corría un arroyuelo de resina encendida. La fantásti·
ca silueta de los otros coches que se cruzaban con el nues·
tro en aquella niebla acre, casi negra, desgarrada á trd•
chos por las móviles luges, aumentaba sin duda la impresión del pasado, que se apoderaba del artista, porque su
voz se iba haciendo más dulce y más débil á medida que
se alejaba en espíritu más y más de mí, q,ue le interrumpía. lo preciso para excitar sus re~uerdos.
-Yo,:-empezó á. decir-no he jugado más que dos ve•
ces, y, ¿me creeréis? hoy ni siquiera puedo ver jugar ......
Hay algunas horas, ya aabeis, de esas en que uno no tie•
ne los nervios bien templados, en que lavi1tasola de un
naipe me obliga á salir del cuarto ....... ¡Y es que ¡ayl de
esas dos únicas partidas conservo tan terrible recuerdo!
-Quién no las tiene de esa clase?-dije.-¡ Y yo que
estaba presente cuando nuestro pobre Paul Da.rieu trabó
cuestión en este mismo Círculo de que ea.limos, por una
jugada dudosa, y luego su.rgió a 1uel absurdo desat:ío,
acompañándolo al cementerio á los cuatro días de haber·
le estrechado la mano delante de estP. tapete verJ.e. Siem ·
pre hay algo de tragedia al rededor de las cartas, de los
crímenes, de las deshonras y de los suicidios. Pdro todo
esto no impide que se vuelva á reincidir, como se vuelve
en!Espafía á las corridas de toros, á pesar del despanzurramiento de los caballos, de las herida:1 de lo! picado•
res y del asesinato del toro.
~nvenido-dijo Mirant-pero no debe ser uno mis•
mo la causa de esa"I tragedias, y eso es lo que á mi me ha
sucedido en circunstancias bien sencillas, P~ro cuando
os lo haya referido, comprenderéis por qué la más insi~nificante partida de besigue me infunde igual escalofno
de horror que sentiría al oir una detonación en el campo
un hombre que hubiese dado muerte á alguno ror descuido al limpiar una arma. Era precisamente e año de
mi entrada en el círculo, en 1872, que fué también el de
mi primer triunfo en la Exposición ......
-Vuestra Ofelia entre lWjflores 1 me parece estarla viendo. Bien recuerdo el ramo de rosas amarillentM junto á
la rubia cabellera, rosas de un amarillo tan pálido, tan
delicado, y !µego sobre el corazón aquellas otras rosas
obscuras, como manchadas de sangre......• ¿Quién tiene
ahora ese cuadro?
Un banquero de New York-contestó el pintor dando
un suspiro-que ha dado por él cuarenta mil francos.
Yo le vendí en mil quinientos en época en que ........•
Claro, todavía no era yo el artista ofortunado de quien
vuestro alter ego, Claudia Larcher, 'decía maliciosamente:
«Dichoso Miraut, cuyo oficio consiste mirando todo el
día. á una americana, lo cual le produce quince mil francos!. ..... i, Dicho sea entre nosotros¡ pero podía haber hecho sus juegos de palabras á costa de otros, y no de sus
antiguos amigos .... En fin, Dios le haya perdonado.Pero si os hablo de dinero-afi.adiótocándome en el brazo, porque conocía que iba á contestar defendiendo la
memoria de mi antiguo amigo-no vayais á creer que es
por realzar el valor comercial si,e mis obras; no. Es sólo
porque esos mil quinientos francos tienen relación con
mi aventura. Fijuraos que yo no había tenido nunca
reunida una cantidad igual. Mis principios han sido tan
penosos! Llegué á. París con una subvención de mil fran~
coa que me pagaba mi pueblo, y con esa suma ó poco más
be tenido que contentarme du.rante seis años.
-He conocido esos apuros-dije yo-pero por poco
tiempo, ¿Comía usted, como nosotros, en casa de Poly•
doro, calle de Monsieur-le-Prince, donde por diez y ocho
sueldos se lograba ahriorzar? Cuando encuentre usted á
Jaeques Molan y Ue aburra con sua historias mundanas y con las elegancias de su próxima novela, háblele
de esa repostería, y antes de cinco minutos quedará. usted libre de él.

-'Nosotros habíamos resnelto el problema por medio
del fal~nsterio, repl!có el pinto~¡ algunos cornpañeros y
yo hac1amos la cormda en comun. La amiga de uno de
nosotros1 que había sido cocinera. ( tales eran nuestras
eleganci~,) nos guisaba las dos comidas diarias por cuarenta y cmco franco~ al mes cad.a uno, El cuarto, quince
francos: nada de criados; yo mismo me hacía la cama
Total, sesenta francos para lo pr~ciso .. Estaba. desarrapa~
do como un ladrón, pero no sabia lo que era 1r en ómnibus. Mi_s compañeros vivían _como yo y no ha ido mal.
Allí esta?a!1 el escultor T11rd1f: Sucre, el pintor d€ animales; R1v1as, el grabador, y por :fin, el mejor dotado de
todos, el cantinero de nuestra cintina, como le llamábamos, Ladrat ........ .
-¡L'ldrat, Lad~at!-dije yo evocando mis recueraosyo conozco ese nombre.
-Le habréis leido en los perió:licos-signió diciendo
Miraud, cuyo rostro se nubló-pero voy á ello. Ese La•
drat, que se llevaba todos los premios de estudio en la
Academia, era ya entonces víctima del terrible vicio de
la b~bida.. En la vida ~em~iado libre que llevábamos,
sem10breros, y en contmuo roce con modelos y traltajadores, estábamos expuestos á muchas tentaciones. y desde luego á ésta. A L'.ldra.t le había dominado. Tengo que
deciros esto para que no me juzgais dentro de un momento con demasia·la severidad. Aquel triste hábito le
impidió ganar la pensión de Roma. De tal manera se al•
coholiz6, qU:e acabó de cualquier modo una composición
que había empezado magistralmente! En una palabra
en 1872 era el único que habflc\ continuado en la vida d~
bohemio de la más baja estofa. Había llegado á. ser lo
que llamamos un .Petardista, ? sea. d.e un hombre que hallamos de _estudio en e~tud10, p1d1enrlo prestado cien
sueldos aq_u1¡ mayor cantidad allá, siempre con deliberado propóa1to ~e no pagarlos en la vida. Y los de este gé•
nero duran muchos años.
-Por lo menos daba las gracias con algún irumlto-repliqué yo-como ese Lagrimandet que conocí y que nun•
ca iba á casa de Mar~u~l sin pedirle algo para la capillita
(eraª?- fórmula) Y.sin msultar.le en seguida para salva•
guardia de a~ dignidad. Un dia le encontró disponíén•
do.se á cor~g~r las J?ruebas de un artículo que iba á publicarse. P1d1ó su limosna, y Andrés se la dió. ((Caballe•
ro-le dijo, metiéndose en el bolsillo' la moneda de plata-¿queréis conocer si un escritor tiene talento? Pues no
teneis ?J-á.s ci.ue av~riguar si 11:c.iben su original en una
redacción. 81 la reciben, está Juzgada· es una medianía
Adioa ...... Ahí tiene usted un pobre m'odelo.
·
-No-dijo. Miraut-no era ese el género de Lad.rat.
Daba las graci~, se echaba á llorar, juraba que trabaja.
ría y luego se iba al. café y se envenenaba con ajenjo. En.
tonces le daba vergue1;za y no volvía á presentarse en
muchos dí~. Sus pedidos, por o~ra parte, era insignificantes; casi nunca pasaban de men sueldos. Así ea que
me extrafió mucho una tarde al encontrar en mi casa
una larga carta suya1 en que me pedía nada menos que
doscien~os francos. Hacía más de seis meses que no le
había visto; y me contaba en ella que todo ese tiempo
había estado lucha~do ?ºn ~u vicio, que no había bebido, que había querido traba.Jar, que sus fuerzas le habían
vendido, q~e su mujer estaba enferma (seguía viviendo
con 1a cantmera); en fin, una de esas cartas de mendigo
desoladoras, cuya lectura le deja á uno disgustado.
•
-Cuando se les dá crédito-dije yo-porque á. ios diez
años. de vivir e~ París ha recibido uno tantas epístolas
~meJantes ... y 81 entre el montón hubiera aiqniera dos
smceras ..... .
-Más vale exponerse á. que le engafien á. uno todas las
demás veces, que dejar de atender á esas dos-replicó el
pintor.-for ~tra parte, en aquel momento no puse en
duda la 1:nnce~dad de Ladrat. Quiso la casualidad que
aquel día hubiese yo cobrado los mil quinientos francos
de la Ojelia. En mis asuntos de dinero siempre he sido

muy meticuloso. Yo no tenía .deudae1 y guardaba en mi la mala suerte. Porque existe. Ya conocéis la célebre
frase: «En el juego, después del placer de ganar~ hay
cajón una cantidad igual.
Tenía instalado mi PStudio y provisto mi guardarropa el de perder.n No encuentro otra frase para exphcaro.:t
para todo el año. Me acuerdo que hice de memoria el ba• esa especie de ardor eropoosofiado, esa mezcla ~e ~pe·
lance de mi situación económica al tiempo que cepillaba ranza y de desesperación, de cobardía y de encarn1~am1enmi gaba.n para ir á uno de mis primeros convites de EO· to. Se cuenta. con dominar la ~ala suert:e, Y se tiene la
ciedad ur.a de esas comidas detriuafador áque se va con seguridad de que se ealdrá vencido. Se pierde la facultad
un ape'tito de maestro de escuela y con un amor propio de de raciocinar y se hacen puestas que se sabe no son abestudiante. Se tieoe igual fe en la autenticidad de loe vi· surdas. y la: ganancia corre, primero laa ficb&amp;3 luego los
nos que en la Eoinceridad.de los elogios! Comparé mi si• tantos ~ncaroados, los blancos, y se fir~an nuevos I?agatua~ión con la de mi antiguo compañero de barrio, y tu- ré:¡. Después de haber tenido durante diéz ~ños seg~dos,
ve uno de esos impulsos generogos tan propios de la ju- el valor de mirarme antes de gastar los ve!n~ centun~s
ventud como la flexibilidad y la alegría. f'ogf diez luises, de un tranvía, como yo hice, se juegan quimentos y mil
francos sin vacilar.·Pero voy á. haceros el resumen de todo
los metí en un aobr~. escribí las seüas de L'1drat y luego
llamé á mi portero 8i es:t1: bomb!"E' _hu bies~ estado allf, ell dos palabras. HHb1a entrado_ en el Círc0;Io á las on.ce,
mi antiguo camarada hubiera rec1b1do el dmero aquella y á. las dos abría la puerta de 1:11-1 casa, hab1end&lt;? per~do
noche misma; pel"o había ealido á recades. Pues mafia- sobre mi palabra los tres mtl francos de m1 crédu,o,
na eerá, dije, v ~alí, dejando preparado el sobre encima que era como os lo be dicho, casi todo lo que poseía:
-Pues bien-dije yo-si después de aq~ella sacudida
de mi mesa. Tenía tan biPn tomada mi resolución, qne
experimenté de antemano ese cosqnilleo de lijera vani- no se ha hecho usted jugador, es .que no tiene usted vo•
Era para perderse para siempre.
dad que nos produce la conciencia de una acción genero• caci6n.
Tiene mtecl razón-replicó Miraut.-Cuando m~ dessa. :N" o es muy hermosa la tal vanidad, pero es humana,
y hay tantas obras que no. t_iene1_1 ese pr~texto ele.vado, pert.é al día ,;¡Íguifi"nte del sueño abrumador que sigue á
por eje~pl(), ¡la que en mt rnter1or ~ucedt6 á la pnmera semejantes sensaciones, se me representó de. nuevo,. Y
ya no tuve más que dos ideas: la 4e tom~r mi desqmte
ca.si inmediatamente! En la caea donde comía me en- aquella
noche misma y la de combmar m1s apuestas con
contré sentado entre dos mujeres muy elegn.ntes qne riarreglo·á la experiencia ad·
valizaron para conmigo en adulación y coqneterín.
En una palabra; salí de allí á eso de las once, domina• quirida. Recons.tituí mentaldo por una de esas crisis de fatuidad en que rn siente uno mente ciertas jugadas que
d:ieño del mundo, y me apeé en nuestro Círculo, esta- había perdido y que hubieblecido entonces en el hotel de la plaza Venfü\me, á. don- ra debido ganar una~, tirande me había guiado uno de los convidados que se brindó do y otras no tirando á ciná hacerme los honores de la reunión. Como casi no co• co. De pronto mis ojoR se fi.
jaron en la carta dirigida á.
nacía á nadie allí, no había puesto en él los pies seis semanas deepuée de haber sido admitido. Dos -pintore~ me Ladtat v que la víspera ha·
habían servido de padrinos, y sólo la perspectiva de la bíadejado sobre la mesa. Un
Exposición anual me había decidido á hacerme socio, 1t cálculo involuntario me de
pesar de la cuota, que me parecía entónces muy cara. •muestra interiormente que
Era yo tan ingenuo, que preg.nnté á mi g11ía como se lla• con dar aqLiel dinero hacía
maba el juego que tenía reun:d.as alrededor de la mesa un sacrificio insenE1ato. Pagados los tres mil francos de
á tantas personas, Se echó á reir, y me enseff.ó en dos pami deuda, ya no ine q neda·
labras las reglas del bal'carat.
ría casi nada. Para reunir
-¿No os tienta esto?-me dijo.
-¿Por qué no?-contesté algo mortificado de mi igno- una cantidad que me permi•
tiese volver allá. por la noche
rancia-pero no tengo dinero.
( y yo conocía que no podía
Sin dejar de reir, me explicó cómo me bastaría firmar
dejar de volver,) neceeitaba
un pagaré para recibir sobre mi palabra ha.eta tres mil
francos, á condicion de devolverlos dentro de las veinti- tomar prestado del tratante
cuatro horas. Después comprendí que aquel mozo me ha- en cuadros y malbarat11r al•
bía tentado para jugar él con la bt1ena suerte de un prin- gunos estudios. Así podríi:t
cipiante. Pero yo me hubiera bastado solo para caer en recojer unos cincuenta luiseE.
la tentación. }.le encontraba en uno de esos momentos y de aquellos iba á distraer
en que gritaría uno, como aquel otro, el barquero duran- diez para aquel perezoso, pa•
te la tormenta: "Llevas ií César y su fortuna ...... 11 ¡Oh! ra aquel borracho, para aquel
Un César bien pequen.o -y una fortuna redncidísima, por· embustero. Porque yo intenté demostrarme á mi mismo
que me senté á la mesa diciendo ú. mi compai'\ero:
- Voy á. firmar un pagaré de cinco luises y si pierdo, que su carta no era más qne
1m tejido de falsedades. La
me voy ..... .
cogí y la volví á. leer. Su
- Y perdió usted v se quedó.
¡Me acuerdo de haber formado tantas veces esas acento me desgarró nueva•
pNde.otes resoluciones y de no haberlas cumplido! ....... . mente el corazón. Pero, no.
No quise oir aquella voz, y
-La cosa. no fué tan facil-replicó ll.Iiraut.
-Jrii tentador, qne se había sentado junto á mi, me di• me eché de la cama para esjo que agaardase mi mano. Le obedecí. Tiró nueve. Yo cribir apresuradamente un
billete negativo. Le escribí
había arriegsa.do mis cinco luises.
-Haga usted doble puesta-me dice al oído mi con- en términos breves y secos,
para interponer una b{_l,rreryi
sejero.
.
-Tiro ocho. Sigo doblando siete, y gano. En fin, de infranqueable entre m1 antinueve en ocho y de ocho en siete, y siempre doblando, guo camarada y mi compa•
paso seis veces seguidas. A la septima tirada, y siempre si6n. Cuandoenvié el billete,
inspirado por mi compañero, hago un luis tan sólo. Pier• sentí un poco de vergüenza y
do; pero tenía unos tres mil francos ante mi. Mi guía, de remordimiento; pero me
aturdí á más y mPjor con los
que había ganado casi otro tanto, i;e :evanta y me dice:
muchos paseos que tuve que
-Si es usted razonable, haga como yo.
Pero yo no le escuchaba. Acababa de experimentar dar. Por otra parte, me decía
.yo para acallar mi concien ·
una sensación demasiado fuerte para dejar aquello así.
No pertenezco 1t la escuela de los que usted llama ana- cia, si gano, siempre estaréá
listas, ni me paso de listo en mirarme, y en sentir. Dia- tiempo de enviar la cantidad
pensadme, pues, si no os declaro sino en globo y por me- á Ladrat. Y ganaré.
-¿Y ganó usted?-le predio de imágenes lo que por mi pasaba. Durante loa cortos
instantes en que había ganado, había invadido repenti- gunté, viendo que se callanamente todo mi ser un embriagador orgullo. Un exal• ba.
tado sentimiento de mi personalidad me agitaba y me
soliviantaba. Una eeneación análoga he experimentado
al nadar en mar gruesa. Aquella inmensa ola movil que
MADRIGALES
os amenaza, os balancea, y ti la que dominaia con vuestra fuerza, es ciertamente el símbolo exacto de lo que
fué el juego para mi en aquel primer período, el de la
Cuando el rosado velo
ganancia¡ porque nuevamente gané en igualesproJ,&gt;&lt;&gt;rcioLa aurora descorría,
nes que un moment,o antes, y luego más. No arriesgaba.
Bañando en suave luz el ancho cielo,
grande~ apuestas eino sobré mi mano y sobre la de los
A baBarse fué al mar la amada mía.
demás; jugadas insignificantes; pero cada vez que tocaEstaba el mar sereno;
ba las cartas, tenfa un humor tan insolente, que primePero al ver la blancura de aquel seno
ro callaban todos, y Juego cuando tiraba, prorrumpían
Y aquellos blondos rizos
como en un rumor de admiración. Quizá sin aquella adY a que 1 sin fin de hechizos,
miración hubiera tenido valor para dejarlo. Pero. ¡ay!
A recibir dispúsose á mi íngrata,
siempre he tenido un amor propio de todos loa diSblos,
Por abrazarla más y más aprisa,
que me ha hecho hacer mil tonterías, y con mis caCon breves olas de luciente plata.
nas todavía ha de hacerme cometer otras muchas sin duEntró en el mar: la juguetona brisa
-da. Lo conozco, me doy cuenta de ello, y luego,
Acarició el magnífico tesoro
cuando tengo espectadores, adios mi dinero, no puedo
De rosas, nieve y oro¡
sufrir que digan: 1&lt;Se ha echado atrás.u Es sublime eer
Las aguas bulliciosas
.así cuando la escena pasa sobre el puente de Altole; peEn torno se apretaban
ro ante una mesa de bacarat, y al azar de una carta, es
Del oro v de la nieve y de las rosas,.
estúpido. Tin embargo, este orgullo infantil fué causa de
Y con liscivos besos la besaban.
que después de haberme hecho gozar de mi buena forY Apolo, más que nunca diligente,
tuna, no qui~e ceder ante la mala cuando se acercaba.
Aguijó á los caballos del famoso
Por que yo lo conoc(. Llegó un instante en que comGran carro, y asomó por el Oriente,
prendí que iba á. perder, y aquella especie de lucidez vicComo quien ver desea
toriosa que me había hecho coger las carta.a con una
Al cabo de cien siglos, sorprendente,
confianza absoluta, se eclipsó derepente. Estaba escrito
Salir del mar á. Venus Ci t.erea.
que yo había de experimentar, en una misma sesión, todas las emociones que el juego produce á. sus aficionados,
Tu sombra ser quisiera;
porque deepués de haber sentido la borrachera de la gaQue siéndolo, alma míai
nancia, experimenté la seca y punzante embriaguez de

-Sí, respondió con voz completam~nt~ alterada-y
más de qulaientoa luises; pero al día a1gU1ente era ?,~masiado tarde. Inmediatamente después de haber rec1b1do In negativa de mi billete, La.drat, que no me había
engañadu se t:1intió poseído del frenesí de la de~speración. Su compañ~ra y é l tomaron la fatal resolución d_e
asfixiarse. Encoatrá.runlos muertos en su cama, Y yo fw,
yo, nótelo usted bien, el que hice descerrajar la. puerta.
Llegué con los doscientos francos, sí, ¡era demasiado ~arde! Ahí tiene usted por qué se acuerda de haber leido
en los periódicos ese nombre de Ladrat. ¿Compre?de !lsted ahora, por qué la sola vista de una carta me rnsp1ra
horror?
· d ¡ d'
-Vamos-le dije-si le hubiera usted envia o e mero la vlspera le hubiera salvado un mes, dos ro~ses; pero
hubiera vuelto á caer, el vi~io le hubiera domrnado de
nuevo, y hubiera acabado col?º acabó.
.
.
-E3 posible-contestó el pmtor-pero bien mirado en
la vida, nunca debe ser uno la gota de agua.que haga rebosar el vaso.
PAUL BoUBGFr.

Nunca, nunca de ti me apartaría.·
Pisar por tus pies breves me dejara;
Ya, como perro fiel, te seguida;
Ya, por verte mejor, me adelantara;
Y, llegada la noche, ¡cuán dichoso
Fuera al velar tu plácido reposo,
Contemplando, á. la tíbia y vacilarite
Luz de tu alooba, tu beldad radiante,
Que por lo rara asombra!. ....... .
Pero sombra de dicha es eer tu eombra.
¡Ay, soñador amante!
¡4-y, loco desvarío!
¿Cómo del claro sol ser sombra ansío?
Pues que cant.ando lloras,
Pues que llorando cantas,
Y alma y oído, ruiseñor. encantas,
Ven, llora junto á. mí, que estoy cantando;
Ven, canta junto á mí, que estoy llorando;
Que aquestas penas mías
No sé ya si son penas ó alegrías.
Ven, dechado de amantes,
Y en mí hallarás cQD.Suelo á mis dolores,
Ora llorando cantes,
Ora cantando llores.
FRANCISCO RoDRIGUEZ MARíN. '"

Marzo, de 1897.

•

�220

EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE ll!ll

•
EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

..

,

EN GANO SUBLIME-Por roaría S!escot
NUMERO 4.

}.loribunda! Era eso posible? Se muere acaso cuando
se es bella, joven, necesaria á la dicha de todo3 y ardientemente amada? Un recuerdo despiadado se levantaba
en su mente. Se veía vestido de negro, caminando detrás
de un ataud, en es.e ataud esrnba. tendida su madre. Ella
también babia muerto en su belleza, en su juventud; mo•
ría con el corazón clestrozado. L'l insignia que arreb3tó
en Sebastopol el coronel de Aubián, hizo dos víctimas y
dos huéríanos.
:F'ué entonces cuando Elena reemplazó para Felipe al
padrd y á. lama lre, de.:aparecidos; partiendo sus juegos,
vigilan lo sus estudioe; tan firme y tan abnegada.
Ct:1audo se despert.6 la vocación del marino en él, ella
se eáforz0, en su ti"erna inquietud, por apartarlo de eso;
pero Felipe resistió enérgicamente, mi raudo desde muy
alto aquellos pobres terrores de mujer. A_bora, recordaba la mirada de orgullosa admiración que e la le dirijió
la primera vez que le vió con su lindo uniforme de la Esóuela Naval.
Fué el dfa df&gt;l bautismo de la pequefia Lila; las menores circunstancias de este feliz momento se representaban en su espíritu. Le paro?cía oír la súplica de Elena:
"Tú la amarás, verdad, Fdipe?» ¿Aquellas sencillas palabras le llenaban de terror. No indicaban acaso los sinies•
tros prP-sentimientos que agitaban ú. la joven madre? Se
sentía de nuevo presa de una angustia tan viva que inclinó la cabeza hacia la ventanilla, como si la vista de los
objetos de fuera pudiera disperear sus lúgubres ideas.
Reinaba aún la primavera; á lo largo de las alamedas,
en el recinto de los parques, los mismos racimos blanoos
y violetas se balanceaban á.l soplo de la brisa, cayendo
muellemente sobre el verde tierno de los follajes. Y be
aquí que enmedio de eus recuerdos vi6 el baile de la vispera.: una cal:tellera ardiente, dos ojos fijos sobre los suyos, una luenga falda verde de móviles reflejos; pero lo
que recordó sobre todo fué la pe·sadilla de la neche y la
impresión fue tan terrible, tan fuerte, que tuvo que acudirá todas sus energías para contenerse: uCon razón, pen~ba él, se reprocha á los marinos su tendencia tt la superstición; privados durante larguísimo tiempo de comunicación con el mundo, nos creamos un mundo imagina•
rio1 damos fe á. nuestros sueños, y somos tan creídos como nuestros bogas. uEsa mujer no esun monstruo¡ como
había de devorará mi pequeña Lila? Esa palabra de sirena que mis compafieros repitieron, me llegó it través de
mi sueño y causó esta alucinación.»
Pero pensaba también.
11Había flores, muchas flores; Aglaé de Lezinei:i, que es
muy piadosa1 sin embargo, cree en los s1lefi.os. Soñar
flores es nuncio de lágrimas, la be oido decir frecuente•
mente,1,
Y murmuró entre dientes;
-Flores, lilas, había muchas flores, la isla entera es•
taba cubie.rta de ellae. ¡Oh! ¡Dios mio, Dios mío!
Pero serenándose bruscamente:
-No, soy un loco para creer en ef.00 presagio y apenarme de eeta suerk'.
Por fin se aproximaba. Un temor más punzante .que
lo~ otros le apretaoa el corazón ha!lta rompérselo. Tenfa
casi deEeos de gritar para no oir resonar en su oido la
palabra terrible¡ de huir muy lejos, á la extremidad del
mundo, guardando cuando menos en el corazón la duda
y la esperanza.
-Pontarlier! Pontarlier!
Descendió del vagón sosteniéndose apenas, debil, como un niño, ante aquel eepantoso dolor. Un viejo criado
esperaba en la estación; corrió hacia el mariri.o, y con
voz alterada dijo:
IX.
-¡Oh, señor Felipe~ venid pronto; la pobre señora os
El tren llevaba co!l demasiada lentitud á Felipe, para espera para morir!
la fiebre y angustia que le de,·oraban.
X
Elena moribunda! Su hermana adorada! El sólo ser
qae amaba en la tierra! El temor de llegar demasiado
En una c:.'imara de sobria elegancia, un poco severa.
tarde, de no ver más aquel rostro querido, levantaban Elena se moría dulcemente.
en su corazón sollozos que apenas podía comprimir; era
Alrededor de-ella reinaba esa mezcla de lujo y de vulprecisa la presencia de sus compañeros de viaje, de esos garidad, ese desorden que dice más elecuentemente que
indiferente&amp; que le miraban con sus ojos distraídos, era todas las palabrae, que se ha perdido la esperanza. Sobre
necesario todo su orgullo de hombre .para permanecer las etogerrs. al lado de las figurillas de viejo Saxe, redoEereno, :rero necesitaba tanto que le tranquilizaran!
mas de medicamentos, .acumuladas; pomos de poción,

Y to4oe aquellos jóvenes de espíritu ver3átil, pusiéronse á hablar de sus familias con la. emo:::ión prQfunda. del
marino. Dos años de ausencia!. ..... Cuántos cambioo ..... .
Niños crecidos, jóvenes casadas ......... y mucbps viejos,
muertos!
El baile languidecía. Se retiraron los oficiales. Cumo
era el tiempo de primavera el día comenzaba á apuntar.
Salud al primer sol sobre la tierra de Francia! Eaeaya• ron bromear aún, pero estaban conmovidos, un poco graves¡ se estrecharon la mano y separáronse.
Ya solo, Felipe de Aubian tomó el camino de su hotel;
pero una pesada tristeza le oprimía. Ese m')menW tan
impacientemente esperado, la vuelta á la patria, habia
llegado; era tierra frallcesa la que sentía bajo sus pies;
pero un temor de que no podia darse cuenta alteraba su
. dicha. En el baile casi no había danzado; distraido y SO·
ñador1 no escuchaba las conversaciones de sus amigos,
demasiado preocupado para divertirse con sus bromas.
La aparición de Beltrana lo sustrajo apena~ á. su dolorosa
abstracción; acaso ni á. esto hubiera prestado atención alguna sin la persistencia de la mirada que ella fijó en él.
Eaa"mirada, como acontece frecuentemente, atrajo la su·
ya. Al principio no _la reconoció: Era tan grande la diferencia entre aquella mujer tan expléndidamente vestida,
atravesando aquellos salones de fiesta, y la pobre muchacha envuelta en su manto negro que se acostaba sobre
a arena para morir! Se hubiera creído el juguete de una
ilusión ó de un parecido notable, sin aquel pronombre de
1,Beltrana11 que su compañero pronunciara. Beltrana, ula
hermoea Beltrana )Iartín!&gt;J
Como eentia los ojos curiosos de todos aquellos jóvenes
oficiales escrutando su turbacián, no osó permitirse pre.
gunta alguna: estaba de por medio el honor de una mu•
jer. Más valía callarse, tratar de desviar las sospechas:
él preguntaría, él sabría más tarde.
Era esa una aventura extraña, cuyos detalles le satis•
facería mucho conocer, cuando la dura cuita que lo ahogaba, hubiese cesado. Volvió á. su hotel y se arrojó en su
lecho. La fatiga lo adormeció, pero tu,•o en su sueflo una
fatiga·espantosa.
Se veía en los mares lejanos, sobre un navío clavado
por la calma en medio del Océanoi ni un soplo de aire
hinchaba las velas, y sin embargo estaba próxima una isla, una isla por completo cubierta de flores.
En la playa estaba sentada su hermana Elena. Lila
jugaba á sus pies; tenía en sus manos un haz de las flores
cuyo nombre llevaba.
Elena eomeía y parecía infinitamente dichosa. De pronto una mujer emergió de las ondas; distinguió Una cabellera leonada, ojbsdeun brillo mágico, brazos de una blancura de..nacar que se tendieron hacia la. pequel1uela; y á.
los que ésta, imprudentemente, respondió con alegría,
ofreciendo sus floree ......... Entonces vió él una cosa espantosa: la mujer se volvía un monstruo; tenía garras de
tigre, una crin de león, y cola de 1:!irena. Salió del agua,
se apoderó de la nifla y la devoró en tanto que Elena irguiéndose desesperada, llamaba á su hermano en su socorro y él no podín avanzar.
Se despertó cubierto de un sudor helado. Llamaron á
eu puerta y entró .un criado portador de un telegrama.
Felipe temblaba de tal suerte que no osaba abrirlo. Per•
manecía inmovil con los ojos fi.Jos en el papel azul. Por
fin lo abrió y un grito ronco se escapó de su garganta, ~
llevó ambas manos al corazón y cayó sobre su lecho sollo•
zando.
El telegrama no contenia más que estas palabras:
uElena ee muere; apresúrese usted.u

i!.a nocqe.

manchas de tizanas aqu( y ahí, maculando el satín de los
tapices. En una mesa, llevada de prisa para la admiui::tración de los últimos sacramentos 1 un altar. El paire
acababa de retirarse Ct·ll los ojos llenos de lágrima~, der
pués de haber cumplido su ministerio, y sólo los mh?mbros de la familia permanecían cerca de la moribunda..
Encorvado, con los codos sobre las rodillas, la calJe-¿a
entre las manos, los ojos 610s, con la estupefacción bestial que causan los dolores demasiado fuerte1:1, el Sr. Do.vernoy permanece sordo á las exhortaciones que la señora Fpurneron le dirige.
-Fernando, mi querido sobrino, mi pobre amigo, ten
va.lar! No te dejes abatir así; ea! de tu entorpecimiento.
Acaso aun h ay esperanza.
El no responde y parece no oirla, aun cuando ella vuelve sin cesar hacia él, no abandonándole eioo para preparar alguna tizana, y turba.ndo con su burdo anda1 la
calma de aquella h lra solemne.
En el fondo de la cámara rígidamente arrodilladae, en
inmovilidad de estátuas, las sefioritas Lezines, recitaban
en voz baja las plegarias de los agomzantee. En los marcos de las pueitas, algunos criados lloraban tímidamenie,
en tanto que sentada al pie del lecho, una niñ.ita miraba
esa escena, con grandes ojos asombrados y temerOSOB.
La sustrajeron {L sus juegos y la llevaron de prisa para
recibir la última bendición de su madre, porque aún
aprieta en eus manos una muñeca que no ha querido
soltar. En su alma de nii'io se levanta el terror de lascosas inexplicables. ¿Porqué está. tan pálida su madre?
¿Por qué su padre permanece inmóvil, sin levantar 108
ojos?.¿Quién hace llorará. los criados y por qué las primas Lezines están de rodillas moviendo los labios sin
que salga de ellos sonidoalguno?
Sólo la tía Fourneron la tranquiliza. Nada ha cambiado
en su aspecto habitual: va y viene á través de la c:.í.tn.1.ra,
desplaza las redomas de medicamentos, prepara pociones
inútilee; después ee aproxima al lecho, arregla las ropas y
sonde á la nina. Aun ha querido llevársela; perb con un.
expresivo gesto de ruando, la mo¡ibunda se opuso y la.
pequelluela permanece pegada al pie del edredón,. con
una curiosidad perezosa y en un silencio atento.
0

De instante en instante-, la moribunda levantaba loe
cansados p,irpados y su mirada, después de haberse detenido en la niña con nna expro?sión desgarradora de pes.ar y de ternura, se fijaba en la puerta de la cámara con
ansioSa expect,ativa, corno si en aquella hora suprema,
algún eer humano hubiese podido llevarle la salud. Ia
tía Fottrneron entonces se aproximaba al lecho.
-)Ii buena Elena, no te fatigues así; aun no ha llegado la hora; no puede venir atí.n. Después se dirigía á. la
puerta, dabfl una orden á un criado que se enjugaba sns
ojos, se precipitaba, bajaba la escalera corriendo y volvía bien pronto, eacudiendu la cabeza negativamente.
Era esta la reproducción dolorosa de la vieja fábula en
que la mujer condenada á. muerte esperaba la llegada del
libe1tador. Pero ninguno puede salvará la víctima; poco importa que la hermana Ana vea al hermano que acude. La muerte, es el Barba Azul despiadado á quien nadie desarma ni hace retroceder.
Y sin embargo, esta expectativa ansiosa de una moribunda, tiene algo tan conmovedor, que poco á poco, todos los ojos t:ie fijan en la puerta y todos los oidos escuchan: las primas interrumpen sus fúnebres letanía~ la
tía Fourneron abandona sus pociones y las criadas, en
continuo movimiento, descienden y suben las ei:caleras.
-¡Señora, seflora, ya viene; aquí está!
En la escalera se oyen pasos rápidos, una respiración
agitada, y en el dintel aparecen la al~ talla y el roairo
bronceado del marino. rn largo suspiro de alivió sale
de todos los.pechos, en tanto que la moribunda, rea.nim,tndose, en un supremo esfuerzo de voluntad, exclama:
-¡Hermano mio! Felipe! Por fin!. ....... .
El se ha lanzado hacia ella 1 cubre de besos sus manoe,
su pálido rostro, rodeándola con sus brnzoi::, como si pudiera defenderla, llevársela, salvarla. Entonces ella, con
una voz extinguida, c,uyos acordes rotos llegan apenas á
su oído:

�222

-Yo te esperaba, yo te esperaba, dice:
Y más bajo, con un murmullo:
-Júrame Felipe que protegerás ámi pobre Líla ........ .
Vacila aun, y luego, más bajo, tan bajo que él apenas

•

EL MUNDO

-Elena! Elen», mi bien amada, vuelve!
¿Qué aconteció? ...... Era el •juguete de una ilusión? 1In
suspiro querelloso le había respondido. Pálido, conmovido, se levantó y con voz temblorosa repitió su llamado.
la oye:
Esperaba un milagro!. ........ Ella no podía haberse, pars
- ...... Cuando Fernando se haya vuelto á. caEar.
siempre, perdido para él.
El se extremece e1:cuchando esta sombría y extrall.a
~Elena! Elena! Elena! ..... .
[llegaria y busca los ojos de Fernando Dnvernoy. Este
Por segunda ,·ez se estremeció: el mismo ruido extraño
no ha cambiado de actitud, acaso ni se ha percibido de se dejaba oír y en la puerta. apareció una forma blanca.
la llegada del joven marino; con la mirada vaga y la bo• Por un instante Yaciló; pero de pronto Fernando sintió
ca contralda por los sollozos violentamente contenidos, dos brazos que, acariciadores, se arrojabaná en cuello.y
permanece abrumado por la desesperación.
la palabra ((jpapá! ¡papá!u fué dos veces repetida. 8í 1 era
Conmovido á la vista de este punzante dolor, Felipe ella, la pequeña Lila; ella., tristemente olvidada en aquel
no osa ;esponder. La pre\,isión de un segundo matrimo- largo día de duelo!
nio en un momento tal le parece un insulto. Pero Elena, .
Llegada la noche, como preguntase si su madre no volsin hablar más, ase entre sus mallos desfallecientes la vería pronto, le respondieron:
mano bruna del joven oficial, la posa sobre la cabeza de
-Tu mam:.í. ha partido para el cielo; vete 1.i. dormir, Lila niñita y espera.
·
la, como una nifia bt1ena, y los ángeles te visitarán.
Es demasiado joYen, casi un niño ese aspirante de maObedeció, pero su corazoncito perinanecfa angustiado.
rina de quien se reclama tan solemne juramento. Su ca- ¿Por qué dormirse así, sin esperará. rn madre que de serrera debe arrastrarle muy lejos; pero con esa presciencia guro vendría? Con la cab~za reclinada sobre las almohaque Dios da algunas veces á las madres moribundas, Ele- das blancas, pús9se á soñar en aquellos paíees celestes,
na lo implora con su mirada ansiosa y esa mirada tiene todos constelados de pedrerías; en esos países donde couna expresión t~l de súplica que él no resiste ya.
rren la leche y la :miel, donde maduran los frutos que la
Apoyando la manO sobre la cabez3. de la niña, levanta tierra no conoce. Las e:Hrellas ci n titaban en el azul soro brío
los ojos hacia el crucifijo de m1rfil suspendido en el fon- del cielo. Lila, con los ojos fijos en esas constelaciones
do del lecho. Ning1rna palabra es pronunciada en voz alluminoi:ae, se decía alegremente que su mamá Lacra un
ta, sus labios no se agitan, pero en el 'corazón 1 el jura- hermosísimo viaje en el país de los ángeles de donde
1
mento está. hecho y la madre lo escucha.
sin duda le traería algún juguete maravilloso. Se durmió
-Gracias, Felipe, dice.
pero con un euefio turbado y calenturiento, á través del
Y muere.
cual oyó una voz que decía: nE!ena, Elena ...... )) Por fin
XI.
su madre estaba ah(! En qué pensaba, pues, que no ibj, á
El dolor de Fernando Duvernoy, largo tiempo compri verá su pobre hijita?
Se levantó sonriente, ioca, y con los pies desn~dos se
mido, podía darse libre curso; los parientes, los amigos
llegados de todos los riMones de la provincia, se habían dirijió al departamento de su madre. La joven niñera,
Tetirado al :fin. Se volvia á, encontrar solo, comple,tamen- que reposaba cerca de ella, fatigada por las recientes vigilias, dormía peeadamente y no la oyó.
te solo, en aquella cámara nupcial donde ·bahía pasado
tan felices años; ella había partido aquella mafiana para
Lila asió el pullo de la cerradura, la puerta cedió, giró
oo volver más; en tanto que él, de pie, casi impasible á sobre sus goznes en silencio y Lila sorpreD.dida se detuvo
fuerza de sufrimiento, contemptaba con mirada seca y fi. en el dintel: su padre solo, estaba abi, con el rostro tan
Ja el ataud que los hombres se llevaban
contraído, tan p,tlido,· que al pronto ella tuvo mieao.
Oh! qué horrible día! cu.in largo é int~rmin;ib\e le paSin embargo, ~arrió hacia él y se precipitó á su cuello
reció! Cien, docientas personas quizá murmuraron á eu con la pregunta aquella que le quemaba los labios:
oído simpáticas palabrns; él daba las gracias con un apre-Qué, mamJ. no ha ruelto aún del cielo?
.
tón de n:lano, con un signo de cabeza;_pero las palabras
Al oir aquella voz de niño, aquella pregunta ingenua,
no las oía. Ojos húmedos de lágrimas de compasión se el círculo de hierro que retenía las lágrimas de Fernanfijaron en l?s suyos, en tanto que sus párpados permane- do se rompió y el pobre hombre lloró. Lloró sobre aquecían áridos y quemantes; en medio de aquellas simpatías lla pequeiíuela tan inconsciente de la desgracia que la
triviales, de aquellos sollozos de mujeres, apoderábaee de había herido; la estrechó entre sus brazos; ¿no era acaso
él una especie de pudor celoso que le forzaba á contener su último tesoro?
su propio dolor.
Largo tiempo sus lágrimas co"rrieron¡ Lila mezcló las
Ahora; al I'ededor de él reinab"a el gran silencio de la suyas; comprendía que su wadre no había v1:1eJto y con
noche; él-Velaba solo en la cámara de la muerta y su de- su cabecita oculta en el seno de su padre, se durinió en
sesperación ·se exhalaba.
medio de esta primera decepción.
Una desesperación febricitante: gritos roncos sollozos
Era ya tarde cuando la joven niI1era despertó; sus ojos
sin lágrimas que sacudían su cuerpo en una crisia nervio- cayeron sobre la cuna vacía y un estremecimiento de te-·
sa; después una inmovilidad de estatua y algunas veces
rror 1a conmovió: En las veladas de aldea se cuentan tan•
sobre sus labios un rictus de dolorosa rebelión. Sus ma- tas historias terribles, historias de pobres muertos que
nos se crispaban, desgarrando el satín de los sillones
salen de su tumba y vienen á buscará sus hijos! Se vis·
arrancando las franjas de seda. El lujo que reinaba ai tió persignándose y se dirigió á la cámara mortuoria:
rededor de él, Je parecía un insulto á su pesar. Esos ob- Desde el dintel, el cuadro que se ofreció ásus ojos Jatran·jetos fa_miliares 1 los muebles que ornaban su pieza, todor
quilizó. Lila con su gran bata de noche, dormía entre los
los testigos de su dicha, avi"vaban sus recuerdos y aguza • brazos de su padre, que vencido por la fatio-a dormía
0
ban su pena. Es una especie de ironía esa inmovilidad también.
'
de las cosas materiales -ante la desaparición de los seres
Se alejó con paso discreto, bajó ií la cocina donde la
humanos. Qué? todas esas nonadas frágiles, esas estatui• Sei}ora Fourneron ejercía ya su formidable vigilancia, y
tas delicadas, esas baga!,elas insignificantes, duraban aún la cual al verla gruñó:
y ella había desaparecido?
-En fin, está usted aquí, perezosa;¿porqué baja usted
Contemplaba el silloncito donde tenía ella la costum• tarde?
bre de sentarse, la mesa de labor que contenfa su borda-·
¿Qué" ha hecho ueted de la nii'ia?
do en embrión, el reclinatorio donde á mafiana y noche
-La sefiorita se ha dormido sobre las rodillas del
se arrodillaba tan largamente. Todas las huellas de la Sefior.
lenta enfermedad habfan desaparecido; la cámara mis-.C0mo! ¡cJmo! va á enreumar á esa nifia ....... corro
ma ofrecia una fisonomía de fiesta, estaba adornada &amp;m á. decíreelo ..... .
un exquisito y piadoso rebuscamiento: último .homena-El Señor duerme-Sefiora-parece tan fatigado!
je, limosna suprema it los que se van. Flores, flores por Ayer noche prohibió la entrada . .' ....
todas partes; cubriendo el lecho, como habían cubierto
-¡Ha hecho muy bien, porque hay gentes indiscretas!
el ataud; algunas habían caido y yacian sobre la alfomPero sep_a usted u.na vez por todas, que las COnsignas no
bra. Cn viejo cristal de Venecia las reflejaba alegremen- me conciernen.
te, todo parecía vivir y sonreir, y sin embarg,. ellB no
Subió pues y fué á mezclar sus exhortaciones vulgares
estaba abí.
'
á los tres soberanos conéoladores que venían su báhmmo
1:'&lt;&gt;s labios rigidos de Fernando ee entreabrieron con
sobre el desesperado: el suefio, el silencio y la niña.
un deegarrador gri~o de llamami~r.to.
-¡Qué locura Fernardol ¡Qué locura! ¡Pa8ar la noche

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

en un cuarto lleno de flores! ¿Quiéres pues enfermarte
de la cabeza? Cuando menos dame á la peq11efia, voy á
acostarla.
Sin decir palabra el se. dejó quitará la chictiela, pero
sobre su~ facc1one":1 volvió á colocarse la máscara rícrida
0
del dolor.
!,as dos Señoritas de Lezines entraron. Ll~gaban d1:,
la iglesia donde habían oído tres misas y sus almas piadosas se desbordaban de ex"elentes intenciones: querían
hacer Comprenderá su desolado primo que la prueba es
enviada por Dios y debe ser soportada con resignación y
valor para merecer las palmas eternas.
Eran estos altos y grandes pensamientos que tenian la sola desven~aja de llegar demasiado pronto para
un hombre que no podia ni escucharlos ni compren-•
derlos.
Las dos le ha bfan tomado la mano, las dos hablaban
con unción y aun con elocuencia, recitando pasajes de
sermones y de capítulos de sus libros de ho!"8s, · más él
uo las escuchaba¡ s,,Io de cuando en cuando sacudfa la
cabeza con un movimiento de rebelión: esa palab~ de
resignaCión que volvía sin cesar, le parecía sinónimo de
la palabra olvido.
Despues llegó Jacobo de Sommeres, más realmente conmovido que la tía Fourneron y que las dos solteronas;
pero disimulando su simpatía bajo una brusquedad afectada:
-Yarno?, v:1mos, hay que ser hombres, mi pobre viejo.
Aun cuando te rompas el corazón contemplando su cámara vacfa, no. la resucitarás! Todos somos mortales, que
qureres tú! Ya vendrá tu turno y el mío también. Eso
no tiene vuelta de hoja!
·
.fernando nada tenía que decir y no respondía, pero
las amonestaciones de la una, las homiUas de las otras y
los torpes consuelos de Jacobo, herían su dolor. Ah! cómo habría deseado huir ,t la extremidad del mundo con
su hija en los brazos! L? que pasaba ese día, pasaría aun
y mis los dias siguientes, bien lo sabía.
En efecto, la Señora Fourneron volvió al día siguiente
con nna colección de lamentacion~s nllevas.
-Que abominación, Fernando! Que horror!.. ... Todo
n.tá expuesto al pillaje! .... .. Felizmente estoy yo ahí pa,
ra poner en orden á todo el mun 10!
Y se dejó caer en un sillón, como al peso de sus gloriosas f~tigae.
Al día siguiente tambien volvieron las primas Lezines.
Esta vez no llegab.in con lag manos vacfas: Aglaé llevaba un libro de meditaciones cuya lectura pretendía hacer, Y Eulalia una banda de tapicería. El las vió instalarse sn un rincón de la cámara, apoderarse de la mesa so
bre la cual Elena trabajaba y las miró con vaga ~irada
no intentando opo1;1erse á esta invasión.
Por lo demás, con que derecho se opondría? No sabía
acaso que la intimidad de la :vida de provinciá crea en
las relaciones de familia, una cadena ettrecha de la cual
ninguno, por fuerte que séapuede librarse? No sabía que
su tía Y sus primas volverían ollstinadamenteá CODBOlarlo'?
Era un deber, para el cumplimiento del cual ellas burlarían t ,.ln:i loa obit-lculos¡ as( pues, con ap1tía, sin lucha,
sin ~esistenpirt, Fer.tanda las dejaba hacer; únicamente,
po: ~nstante~, volvia loo¡¡ ojos hacia la ventana, c.Jmo e
prisionero que piensa en escapar de su calabozo.

la mejor manera O.e comprobarlo no es consolará. loe que
lloran? Qué sería de Fernando si nadie se ocupase
&lt;le él? ¿Quereis que os diga todo lo que pienso?.....•
I 1 ues bien,ese jov'en·nos disimula algo; debe haber cometido una falta que no oea confesar: ~na pérdida en el
~ juego, tal vez. Yo le he oido decir que los oficiales de
marina juegan mucho. Oso eeperar que no babi-á en su
-conducta algo más grave; él hubiera hecho á su hermana
Elena su conft:sión; estimo que nosotros debemo11 reem-

dos jueces que esperan á un criminal. Ri h~biese estado
m·e nos preocupado, se habría apercibido de que Aglaé le
miraba con mirada llena de suposiciones YPeveridades y
Eulalia con una profunda conmiseración y hubiere son•
reido ante algunas reminisc~ncias infantiles, cuandomuy pequeño-comparaba el ealón de las primas Lezinee
al tribunal de la inquisición oliente á auto de fe.
Era coPtumbre en casa de las señoritas Lezines dramatizar los menores acontecimientos y erigirse en Corte de

,,.--·,..r·,-• .J,-

213

-Yo decía ayer á mi hermana Eulalia que vuesl'ra
conducta, Felipe, me parece bien extraña. Fernando seha mostrado siempre bueno para con vos, y tengo el sentimiento de deciros que le pagais lll!\I :,us beneficios y suafec~. ¿Qué os ha hecho él?
Felipe la miraba sin responder. ¿Era posible que no
hubiese supueEto nada? Verdaderamente tenía el aired6'
un culpable y Aglaé pudo, sin correr el riesgo de ser IDterruwpida, pronunciar una de esas homilías á que era
tan aficionada. Mezcló las negruras de la ingratitud, laa
amistades peligrosas para los jóvenes, la necesidad de
confesar las faltas cometidae-, prometiendo no reincidir
y unió á esto un pequeño sermón sobre la contrición y el
firme propósito.
El no la comprendió. Estaba muy lejos de creerse comprendido en tales palabras.
De suerte, dijo siguiendo su idea fija, que :mi pobre
Elena no era feliz.
Ellas respondieron á la vez con un grito de indign:a,ción:
-Cómo que no era feliz! Y que le faltaba si gustakt
l'n marido que la amaba, que la adoraba ...... Sí, si, Felipe, por eso el buen Dios se la ha llevado, porquep:rohíbe la idolatría y Fernando la idolatraba·.
El las mir6 atentamente y vió que eran sinceras. •Me
he desviado, pensó, no saben nada; deb1 presentirlo.
Eetaba á la vez contento y decepcionado; por que úde
una pirte temía el instante,en que le aerfa preciso romper todo comercio de amiatad con su Cll!lado, por otra habría deseado qae esta información terroinaae y
no tener que volver :i ella¡ pues la alian-za de las Lszines hubiera sido de graa peso. Se deapifüó y se diri~ió hacia el peque-ño alojamiento de la tía Fourneron.

Xl.
Una noche Aglaé de Lezines dijo J. su hermana:
-J;:uJalia, no encuentras tú bien extrai'ia la conducta
. de Felipe?
Eulalia de Lezines, cuya comprensión era tarda, pero
cuya alma era indulgente, respondió con placidez:
~:Ko; yo no he notado nada de e.xtrafio; nuestro joven
pnmo me parece animado de excelentes sentimientoe.
-¡Animade! replicó Aglaé con impaciencia animado!
Yo nada sé; en todo casO, esos buenos senti~ientos no
se manifiestan mucho que digamos. Yo estoy admirada,
asombrada y aun diré, apenada, de la manera con que ee
conduce con eee pobre de Fernando. Lejos de rodearle
de cuidados afectuosos, como nosotros lo hacemos· lejos
de _intentar endulzar s~ pena, se aparta de él y ;arece
hmrle. Temo verdaderainente que Felipe no tenga corazón.
-¡Oh, Aglaé, puedes tener semejantes ideas! ¡él amaba tanto á la pobre Elena!
-La amaba, y ac.'lso no"otr,..s no In am.lb1mos? .\.c:i•n

EL MUNDO

DPMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

•

p la.zarla cerca de él. Le he ad vertido,
pues, que mañana le acord!lda unaentrevi3ta particular. Te suplico que asistas.
.á ella, y que me secundes lo mejor que
puedas.
Eulalia respondió con su voz tranquila:
-Te secundaré con la meJor buena voluntad, Aglaé, confesaremos juntas á
nuestro joven primo.
Docilmente, más no sin emoción, Felipe se dirigió ii. la cita dada por la~t2rrible AglaJ de Lezines.
No se preguntó. 11¿Qué querrá..: decirme?&gt;1 Sino que
pensó: cfLo sabe todo y es de eso de lo que quiere hablárme.u Eso, significaba su pen~amiento único y cons-tante. Desde el minuto supremo en que Elena moribun&lt;la te había hecho jurar que prutegería á la huérfanita,
· muchas suposiciones, muchas inquietudes pululaban en
-su espíritu. Desde luego, la más plausible de todas: una
intriga culpable sorprendida por la esposa ultrajada.
Bajo el imperio de esta convicción, miraba con ojos
despiadadamente duros la desesperación da su cufiado¡
le jzugaba hipócrita, a menos, pensaba, que su dolorfue~ causado ¡&gt;&lt;&gt;r el remordimiento. Pero, hipocresía 6 remordimiento, no le perdonaba; resentía por el culpable ese horror que inspiran los traidores y los asesinos.
De~asiado joven para ser indulgente con ciertas faltas;
gaardaba la hermosa. severidad de aquellos áquienes ninguna t.entación ha hecho flaquear. Hubiera abandonado
uMe orienté mal, se decía al andar, estas dos eolte reinas
J.usticia: un desacuerdo con nn proveedor, una reprimená Pontarlier la misma noche de los funerales, sin la nehan restringido el circulo de en vida; se ocupan poco del
eesidad de saberlo todo para conjurar el peligro si era. da á un ·doméstico, daban lug3r á, un lujo de llctitudes seprojiroo. Sea devoción real, sea indiferencia, no gne&amp;an
tiempo aúu, para vigilar !a suerte de Lila-si era ya dema- veras y á solemnes amonestaciones. Sí, él babia sonreido
como tantas otras mujeres del comadrrurgo. Xo se habla
1
frecaentemeatede
esto,
mas
ahora
nt&gt;
peneabaeo
sonreir.
siado tarde. Sin embargo,• de diario aplazaba li'l investigamal en casa de ellas; adem~8, Aglaé no tnmsije con et
Apenas
se
hubo
sentado
en
1a
silla
que
le
designaron
Clón, porque le repugnaban los espionajes y los interromal¡ sí se le hubiese advertido, no habría ~sca.Peado á.
g:d,orios clandestinos; y le intimidaba la tarea que le i.n- y que ee parecía á un banquillo de prevenido, cuando
Aglaé tomó la l"'labra, Oh! no tenla ella el hábito de Fernando loe duros reproches 11 riesgo de petder con éL•
&lt;'umbfa.
Y afiadió con un suspiro: 1~Acaso la tía Fourneron me
Así pues, con el corazón palpitante, entró al gran ea- ir por caminos undulanteá, por senderos umbríos y floridirá lo que tengo que sabePI.
dos,
sino
que
marchaba
derechoásu
fin,
majestuosa.menIón donde las dos solteronas, gravemente eentadas en si( Cbntinuará.)
te, "Obie el e: mino real frlo y desnu"lo.
JlnTIC'j:I r,,. ¡rrandeF re:-,rald(l", 1 e r~perabar, remejantee á

º·

�DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897
EL MUNDO

BOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

Entcinces el centauro sintió caer por su rostro lágrimas copioeas. Lloró Por el viejo
'Pagani Emo muerto ; pero·también lleno de una fe recién nacida, lloró conmovido al apa~
rrcirniento de Ja nueva Luz.
·
Y mientras sus lt"grimas cafan eobre Ja tierra negra y fecunda en la cueva de Pablo
el Ermitafio se ealudaban en Cristo dos cabelleras blancas, dos ba'rbas canas dos almas
fefialadas por el Señor. Y como Antonio re:firieee al S.olitario eu encuentro'con loa dos
m~:mstrum,, y de qué manera llegase á su retiro del yermo, díjole el primero de lo3 e1 e
m1tae:
11En -:erdad, hermano, q~e am_bos tendrán rn p:emio: la mitad de ellos pertenece
á las beehas, de Jas cuales cmda Dios eolo: la otra .nntad es el hombre y la Justicia eter~
na lo pnmia ó lo ca!'tiga.u
'
BE: aquí que la siring~, la flauta paijana, c~cerá y aparecerá más tarde en los tubos
de loa organo~ de las basfü~as, por ¡irem10 al eát!ro quE: buscó á Dios; y pues el cenU.aro
ba llorado, mitad por los d10ees antiguos de Grecia y mitad por Ja nueva fe sentenciado
eerá ~ correr mientras.viva eob:e el haz ~e la tierra, basta que de un salio portentoso
en virtud d'e eus lágrimaei, aec1enda al cielo azul 1 para quedar para siempre luminoso
en la maravilla de las conetelaciones!

se ha declamado mucho contra el positiv!1:1:J?,O de las ciudadei:=, plaga que, rntre las
galas y el esplendor de la cultura, corroe los cimientos morales de la sociedad· pero hay
una plaga más terrible1 y esf'1 positivismo de las !ildeal::!, qne petrifica milloneS de séree
matando en ell(fa toda ambición nüble y encerrándolos en el círculo de una exie.tenci~
mecánica, brutal Y.~enebros~. Hay en ~rne~tras sociedades enemigos muy _espantoem•, á.
esber: la especulacion, el agio, la metahzac16n del hombre culto, el negocw¡ r,ero sobre
~stos descuella un mónstruo que, á la callada, destroza má.e que ninguno: ·ee a codi&lt;"ia.
del aldeapo. Para el aldeano codicioso no hay ley moral, ni religión, ni nociones claras del bien; todo esto se resuelve en su alma en supersticiones y cálculos groseros formando un todo inexplicable.
'
Bajo el hipócrita candor, ee esconde una aritmética pnrda que supera en agudeza y
perspicacia á cuanto ide~ron los matemáticos más expertos. Un aldeano que toma el
gusto á los ochavos y sueña con trocarlos en pJata; para convertir después la plata en
oro, es la bestia más innoble que puede imaginarEe; porque tiene todas las malicias y eutilezas del hombre y una BE'quedad de sentimientos que espanta. Su alma rn va condeneand_o h~ata no s~r~ás que un graduad0r .de canti~ades. La ignorancia, la rusticidad,
la m1eer1a en el v1v1r, completan esa abommable pieza, quitándole todos los medids de
disimular su deEcarnado interior. Contando por los dedos, es capaz de reducir á números todo el orden moral, y la conciencia y el alma toda .
B. PÉREz G,, 1,nó~

'

LAS LAGRIMAS DEL CENTAURO

-

,

'·&amp; .;
., ·""'t

-----/rt-&gt;\-

Traje de primavera de modelo nuevo.

LA MODA

¡
¡

Rt:BEN DARIO.

Ciento veintinueve afias habían pasado después de que Valeriano y Decio, craeJes
emperadores, mm traran la bárbara furia de sus,pereecuciones eacri:ficando_á los hijos de
Cristo, y sucedió que u.Ó. dfa de claro azul, cerca de; un ai:royo, en la teba1da, ee encontraron frente á hente un sátiro y un centauro. (La ex1stencm de estos dos seres eEtá comprobada con teetimonio de santos y sabioe, como lo demostró en su cuento La, Ninfa un
hombre ilustre del pafs de Francia.) Ambos iban sedientos, bajo el calm: de! cie,lo yapagaron su eed:elcentaurocoghmdo el agua en el hueco dela mano; el sátiro mclinándose
robre la linfa basta saborearla.
Después hablaron de es1 a manera:
-uNo ha mucho, dijo el primero-viniendo por el lado del norte, he visto á un ser
divino, quizá Júpiter mismo, bajo el (Usfraz de un bello anciano. Sus ojos eran'pene•
trantes y poderoi:os, su gnin barba 111anca le cafa á la cintura; caminaba espaciosamente, apoyado en un toeco bordón . .Al ,,erro e se dirigió hacia mf, hizo un signo extraño con
la diestra; aentile tan grande, como· si pudieee enviar 1.t voluntad el ni.yo del Olimpo.
No de otro modo quedé que si tuviese ante la mfa la mirada del padre de los dioses. Hablóme en una lengua extraña que no obstante comprendí. Buscaba una senda de mí ignon.da, pero que, sin saber cómo, pude indicarle, obedeciendo á raro y desconocido poder. Tal miedo sentí1 que antes de que el numen siguiese su camino, corrí locamente por
la vasta llanura, •vientre á tierra y cabellera al aire.,,
-11Ab, exclamó el eatiro-¿tú ignoras acaso que una auf.ora nueva abre ya las puertas del Oriente, y que loa dioses todos han caído delante de otro Dios más fuerte y más
grande? El anciano que tú has vh,to no era Júpiter,no es ningún ser olímpico. Es un en'Viado del Dios nuevo.
Esta mañana, al salir el sol, estábamos en el monte cercano todos los _que aún quedamos del antes inmenso.ejército capripede. Hemos clamado á los cuatro Vientos llaman~
do, Pan y apenas el eco ha respondido á nuestra voz . .Nuestras zampoñas no suenan ya
como en los paeados días; á través de las hojas y ramajes •o hemos visto una sola ninfa,
de roea y marmol vivos,_ como las que eran antes nuestro enc~mto_. La muerte nos per- .
eigue. Todos hemos tendido nuestros brazos velludos, y hemos rnchnado nuestras pobres
testas coronadas, pidiendo amparo al que se anuncia como único Dios inmortal. Yo
también he visto á ese anciano de la barba blanca, delante del cual has eentido el influjo
de un desconocido po&lt;ler. A pocas horns, en el vecino valle, encontréle apoyado en su
bordón, murmurando plegarias, vestido de una áspera tela, ceñidos los riñone's con una
cuerda. Te jo.ro que era más hermoso que Homern, que hablaba con loa dioses y tenía
también larga barba de- nieve. Acercóe.e á mi 1 armado de ese signo omnipotente que cau96 eo tí misterioso espanto. Yo tenfa en mis manos á la sazón miel y dátiles. Ofrecile
ygust.ó de ellos como un mortal. Hablóme y le comprendí sin eaber su lenguaje. Quiso saber quién era yo, y díjele que enviado de mis compai'ieros en busca del gran Dios,
y rop.bale intercediese wr nosotros.• Lloró de gozo el anciano, y sobre todas sus palabru y gemidos, resonaba en mis oídos con armonía arcana esta palabra: ¡Cristo! Después
levantó sus imprecaciones sobre Alejandría; y yo, también como tú temermo, huí tan
:r..ípidamente como pueden ayudarme mi!!I patas de cabrá.u

EL MUNDO

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1• l
· o ' e}oci&lt;¡
1Traje parisiense para ucr::rtve
ea. ''
Traje de primavera con triple bolero.

�226

EL MUNDO

LA llIODA
Esta mañana, al dejar mi lecho, ví ~ través de los cristales de mi ventana, una golondrina, charlando como
una descosida en el alero del vecino patio. P arecía cantar aleluyas á la primavera y me hizo pensar en e~ eterno rejuvenecimiento de ]as cosas. No hay en este tiempo
bendito una ruina que no ostente cu1u.1do menos, el aureo
florón de una salvaje flor de cardo; ni llanada que no se
enverdezca ni arbol que no estrene vestido, ni flor que
oo se expa¿da, ni insecto que deje de lucir al buen sol
viflficante 6 su bruñido coselete de esmeralda, 6 sus
palpitante~ élitMs de punto de seda; ni corriente que no •
se encrespe voluptuosa, ni bestia 1 en fin, que no sienta en sus arterias el desbordamiento de una sangre nueva. ¡Oh primavera, hada de la juventud, que el buen
Dios te bendiga! Primavera te llamas en el h úmedo campo; amor te apellidas en los espírhJJt::!. El poeta de la bar•
ba .florida dijo:

OOMINGO 4 DE ABRIL DE ,897

Enfermos del Estomago

- Bueno! pues que ca nten 103 pijaros y el collado re•
verdezca y h aya p íos de zenzontles y pal pitaciones de
é litrOs de libéJula y llamaradas verdes de coseletes de
coleóptieros y ... ... ¿qué m is? P ctes, todo e30! Ya se i ma ·
ginará usted que no he de ir á. saborear tanta bucólica
sin un traje adecuado ........ .
Y dice usted muy bien y por eso le muestro esa colección de figurines salidos de las manos del m ismisimo
, v orth (como si dijéramos de la Santísima Trinidad. )
Nada de ex plicaciones de modista poco diestra. ¿Le
agradan á usted, lectora? Bueno, pues ahora á el egir u~o
y después que vea yo su lindo rostro expuesto ~l rubio
sol de Abril y á las caricias sanas de la buena primavera!

Es conveniente convencerse de que el DIGESTIVO MOJARRIETA es lo único positivo, lo único que
cura radicalmente las enfermedades del Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre cada oblea, el nombre DIGESTIVO MOJARR,IETA.

DISPEPSIA, GASTRALGIA y ENTERITIS CRONICAS
con sus síntomas: Agrios después de las comidas ó Aoidos del
estómago, Sed, excesiva, Hinchazón ó Peso en el Vientre por
poco que se coma, Digestiones lentas ó incompletas que producen Repugnancia, Mareos, Dolores Je \ ientre Vómitos biliosos y biarreas crónicas.
Son enfermedades que según ensefian millares de persosonas bien conocidas y Fespetables, á quienes se vió sufrir durante MUCHOS ANos y además reconocen eminencias médicas
de varias naciones, sólo se ruran COMPLETA y RADICALMENTE
con el

LfCTGI:.\ P,IRA LAS SE~ORAS
~

1

¡

ontabilidad de la casa.

Para que una familia viva
i-in apuro!'!, y cuando_ las
circumtancias lo permitan,
haga economías, es indispeni::able establecer un cálculo
exacto entre loa ingre¡;os y los
gaatos, y someter éstos~ _aquelloe sin el cual reqms1to se
toe~ en el triste escollo del
malestar, que en un plazo
más ó menos largo, conduce
á lastimosos dernEtres. A fin
de proceder en forma ordenada, convendria que la mujer de su caea poeeyera con~cimientos de '.Le1lc&lt;turícl¡ de Libros; pero como semejante estudio n@ es de los que mejor se adaptan al sexo feme·
nino puede suplirse su falta
por ~edio de un sistema sencillo de contabilidad, y esta
práctica debe reeomendarse,
puesto que ofrece resultados beneficiosos.
El sistema ,t que aludimos,
se reduce á anotar en un
cuaderno las cantidades que
se reciben v los gastos que
se verifican.~ Con ePte proCt:idimiento no es poeible incurrir en omisiones.
De este modo se averigua
todos los meses el total de los
ingrei,oa y el de los desembol•
sos, y pueden hacene las
,·· . .
e~onomias que demande la
situación de la familia, economías irrealizables desde el
punto de victa del resultado
práctico, si prescindimos de
tales anotacionee, porque en,
toncee, bien que se conozéa la
\
'
necesidad de disminuir los
gastos, ea difícil señalar laa
partidas qu0 importa modificar en este sentido.
En obsequio de la cla1idad,
y por si en un mismo día
¡ (. /
' ' ,
,, ¡
,,
se compra más de una vez un
artículo, así como por si en
'lf,:::1 t ,1 ~:
épocas dadas hay gastos extra:ordinarioa y transitorioe,
. ..
~
.
,r 'i,,,,,¡,~
'
sirve de muchb el cuaderno en
1'
cues1Mm, de donde pasarán
'
los apuntes á un libro general,
en el que figuren los totales
; ,¡i'
1/
mensuales que arr.oje el cuaderno.
'
;·.4 11! ¡
En una casa bien ordenada, corresponde á Ja mujer el
manejo y la distribución del
dinero destinado á los gastos interiores, y claro es que
nQs expreeawoa en esta forma, Sll;poniendo:que la mujer,
por virtud de su conducta,
•
se hace acreedora á merecer la
confianza de su marido. En
este caso, no hay duda que el
Esp.1l!da del traje para "Five o'cloek tea."
acierto y la buena distribu •
ción serán los resultados que
«Ahí donde falta todo1 la naturaleza se encarga de suse obtengan en beneficio de la familia y del decoro del
plirlo todo: tiene la yedra para las ruinas y el amor para
hogar.
los hombres. ,)
.

.

Cuerpo pa·ra tra~e de casa.

l\Ii mujer, mi hija, mi cuñada, mis hijoE", mis criados
y yo también, lea servimos. Comen carne y beben vino 1

dos grandes neceaid.ades para la infancia. Después de lo
cual, juegan; van á la escuela.
En una palabra ....... pero me parece que he dicho bastante para hacer comprender que esta idea, la introducción de las familias pobres en las familiás menos pobree,
introducción á nivel y piso llano, protegida_por hombres
mejores que, por el corazon de las mujeres sobre todo, no
puede ser mala, la creo práctica y pi-úpia para dar bue·
nos frutos, y hablo de ella á fin de que Jos que puedan y
quieran la imiten.
.
.
Esto no es limosna, es.fraternidad! Esta penetración de
las familias indigentes en las nuestr3fl, nos aprovecha,
como á ellas; es un principio de solidaridad, pune en acción y movimiento y hace marchar, por decirlo así, de·
lante de nosotros, la santa fórmula democrática: LIBERTAD IGUALDAD Y FRATERNIDAD, Es la comunión de nue,-tro¿ hermanos más felices. Aprendamcs á servirles y ellos
aprenderán á amarnos.
·

VrcroR Huoo.

Amemos, bella señorita: abramos nuestro espíritu al
amplio cielo y al excelente sol; hay muchas mariposru!,
flores que vuelan, en loa jardines1 y la buena maga que
-60 lliLma la Moda, derrocha fantasías para la estación.
Ahora le ha dado por los •Hjeroe caprichos. Hay un flgul'in para tertulia que verá usted en la primera plana de
-eete pliego, que parece hecho como el cisne de Rubén
l&gt;arío:
De luz alba, de seda y de sueiro ...... .. .
Bien sé, blanca amiga mía, que para vos pasarían ine.percibidas todas las pompas pcimaverales, sin Jaa pom{l&amp;a 6 los caprichos de la moda. Salir al campo, bien
-eettí.. pero f:aJir con un hermoso traje de mu-de lina de actualísimo modelo!
De otra suerte .. ....

En las 11roitoerias y Boticas.
AGENCll.-APARTAllll POOAL 183.--IIEXICO

sana los humores molestos. é impide
la. calda. del cabello. Cuando el
cabello se pone s eco, claro, marchito

IGII que en su juven tud tuvieron esta. enfermedad y van á. ("asar se. pues pued en tras·
mitir el virus sifilitico y ~ ~os que l_lan tomado mercurio pues elimrna. ese pehgroso
mineral.

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ó gris, le dev uelve el color original

y su contextura, estimulando nn

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He establecido desde hace algün tiempo, en mi casa de
Guernesey, una pequei'ía institución de tratern:dad práctica que quisiera anmentar y sobre todo propagar. Es una
cosa tan pequefia (lue puedo hablar de Pita. Es una comida semanal de niños indigentes. Cada semana algunas
madres pobres llevan. sus hijos 4 comer á mi casa. Al
principio tuvo ocho, luego quince, hoy tengo veintidós.
Los niños comen juntos, están confundidos, católicos,
-protestantes, ingleses, franceses, irlandeses, sin distinción de religión ó de nacíón. Los invito al goce y á la
risa y les digo: ¡Sed Hbre,! Comienzan y acaban la col'l'i•
da con una alabanza 4 Dioe, sencilla y fuera de tóda fórmula religiosa.

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quinientos y de mü pesos, cobrando mensualmente treinta centavos por las de $100¡
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sus Pólizas el ahorro, con múltiples utilidades en toda.a las clases sociales, lo qoe
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35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
conlianza a vd , lo mbmo que en cualquier otro USlllll!• que M' refiera A cirugiu, pues ei-toy pen-uurlidode sus aptitudes, de i-u hnhi\ir\nd
pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
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de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

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&amp;l

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(talle ae la Gllcalcerla número !Z'l,

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35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
conlianza a vd , lo mbmo que en cualquier otro USlllll!• que M' refiera A cirugiu, pues ei-toy pen-uurlidode sus aptitudes, de i-u hnhi\ir\nd
pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
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REMATE
DE

t!&gt;O l;!icicle!as
Para h•c•r lwia•r t loa
NUEVOS MODELOS

DE 1807.

Se /tace el
20 POR CIENTO

introducirá próximamente grandes reformas.
Por hoy hacemos notar á nuestros lectores que el número actual lleva una página musical y algunas consagradas á las últimas
fantasías de la moda.

DE DESCUENTO

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de este periódico en Centro América, Sres. J. M. Lardizábal y Compañia, Guatem3-la.
Estiin autorizados pa1 a arreglar contratos para anuncios y suecripciones.

da C011sultas tod08 los dfas, menDll los de fltl!i.a, de , d. 6 de la tarde.

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1

$i'm\ii;5•"+w,w:oe'lll!.oW'~·••wie,•~"'
C.rta intereaante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

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"0eraaaero Netrato ae ,9esucristo.

(P.ropledad artisttoa del Seilor Fr11a.01eoo Dustam.ante.)-;\·ea.seelarticulorelatlvo.)

�EL MUNDO

DOMIN60 11 DE ABRIL DE ,&amp;97
DOMINGO II DE ABRIL DE •807

"EL lllUNDO,,
Semanario Ilustrado.
R.éOisr&amp;ADO OOMO AETÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•atas tbitorialts.
1ra prospcriba~ ~scaJ.
La nota política dominante en estos últimos días, ha
sido el substancioso cuanto consolador informe presidencial, presentado el día primero á Jas Cámaras. De él resultan dos hechos culminantes y rada dfa más plausibles:
la conservación y consolidación de la paz pública, que no
ha experimentado la menor alteración en il último semestre, y la creciente prosperidad del fisco.
El ejercicio fiscal pasado se saldó, según se recordará,
con un excedente de importancia, y por la primera vez
en la histori1 de nuestras :finanzas, se vió constituida y
depositada en las arcas del Banco Nacional, una reserva
que hoy pasa de seis millones de pesos; eEe resultado
plausible se ha sostenido y acentuado entre Septiembre
de 96 y Abril de 97. Loa iBgreaos l&lt;"ederales en loa seis
últimos meses, pagan de veintiseis miaones, en conside•
rabie aumento sobre el primer semestre del año fiscal
pasado y en exceso sobre las previsiones del presupuesto
vigente.
Todo permite suponer que un nuevo excedente vendrá
á acrecentar las reservas actuales, tan necesarias para
precaver nuevos desequilibrios que pudieran resultar de
la baja que en estos momentos se vuelve á comprobaren
el valor de la plata. Mientras el fisco prospere, el estado
del país será satisfact.orio y la paz duradera, y á la sombra del 6rdenprosperará. el país en todos sentidos.

•
••

El informepresidencial _consigna muchas mejoras llevadas á cabo, entre elfo.a: quinientos kilómetros de auevos íerrocarrilea, nuevamente construidos; terminación
de las obras del Desagüe del Valle; inauguraciones de
faros y muelleH, avance considerable de obras en los
puertos, reparación de caminos y calzadas. La minería
manifiesta un inmenso progreso, representado por una
exportación de sesenta y un millones de pesos en el ejercicio de 95-96, sobre una exportación total de ciento cinco milloner,::; aumento en las solicitudes de concesión de
aguas para riego ó fuerza motriz 1 y otras más que sería
¡.irolijo enumerar.
Bonancible como es nuestra situación actual, más próspera la augura para lo futuro el Informe Presidencial, y
t.odo buen mexicano debe felicitarse del actual estado de
cosa.e que si ee debe al buen eentido del pueblo, nu se
debe meno:11 á. la ínteligencia y energ1a del Gobierno.
El Gener~l Diaz debe estar tan orgulloso de su obra,
como la Nación lo esti de su prosperidad material, y todos debemos hacer votos por la perpetuación de una bonanza que es prenda segura de futura grantleza para la
República.
LA SEÑORA MARIA ROMO DE DIAZ DUFOO

Después de corta, pero dolorosa enfermedad, falleció
el viernes ú!Umo, la esposa de nuestro querido compa•
fino Carlos Díaz Dufoo.
Ante ese dolor inmenso, ante ese hogar para siempre
huérfano, ante esa frente helada hoy, y ayer nada más
acariciada por auras de juventud y ráfagas de ilusiones,
nuestro labio permanece mudo, impotente para expresar el sentimiento que nos embarga.
L!I implacable y traidora eombra ha herido muchos
corazones y hace derramar muchas lágrimas. ¡Quién las
podrá enjugar! ¡quién podrá. ofrecer el consuelo!

l9trlítica ®tneral.
RESUM EN.-Ráfagas de lnquletud.-Otra vez la cues•
tión africana.-Egipto, Transvaal y el plan br1tánico.-Europa y la insurrecci6 ■ de Creta.-Las ambiciones de cada uno.-La mentira convencional
dela paz.-Grecia al aacrificio.-Conclusi6n.
En vano llegan amenazadoras á Europa ráfagas can-

J~ incendio, de •a llá del extremo del Africa Austral, donde se alzan en formidable competencia el ele.
mento germi.nico, representado por los ciudadanos del
Tranavaal y su orgulloso presidente Krueger, y el elemen--to briMnico, encarnado en la insaciable ambición del rey
dP.l oro, del porta-estandarte de la omnipotencia colonial,
del célebre agitador Cecilia Rbodes.
En vnno las arenas nubia!:', que hicieron retroceder esdt-11ll'::

pantado al héroe de Macedonia en sus legendarias con•
quistas, y han hecho temblará loe modernos hijos del Lacio con sus espantosas catástrofee, en vano las abrasadas
comarcas de Abisinia sienten ya la impresión imborrable
de los soldados de la Reina Victoria, heraldos de su grandeza y nuncios de su inagotable expansión territorial,
proclamando ante el mundo, que la presa tomada por
los modernos cartagineses no se arranca fácilmente, y
que la posesión de Egipto será aplazada indefinidamente.
Absorta la Europa en la contemplación del drnma que,
iniciado en las escabrosidades de Creta, puede tener sangriento desenlace no sólo en loa desfiladeros de Tesalia
ó en los agrios acantilados de Macedonia, donde se hallan frente á frente dos razas y dos civilizaciones, sino
en cualquiera parte del mundo occidental, en cualquier
punto de las monarquías cristianas donde se dan cita
todas las ambiciones y concurren en abierta pugna todas
las concupiscencias: no quieren considerar las potencias
otro asunto, o.i atender á. más conflictos que al desarrollado á favor de la barbarie musu1Dl8na y por virtud de los
arrebatos líricos del pueblo helénico
Sin atenderá protestas que venían de Francia de modo
ostensible y de Rusia con prudente cautela, sin escu~bar
amenazas que provocaba su política invasora, cubriendo
sus pretensiones con el pretexto de auxiliar á los italianosen los descalabrossufrido3 en las llanll}'asde Erythrea,
vrganizaron los ingleses su expedición al Soudiin que ter•
minó por la caputra de Dongola; y tomando nuevos pun•
tos de apoyo y adelantando siempre hacia las fuentes del
sagrado Nilo; afirmando su dominio sobre las posesiones
del Jedive, amenazando por una parte las colonias extrafias del Africa Central, y se aproximan á esa conjun•
ción anhelada que ha de envolver en apretada red todo
el continente negro, desde A.leJandría hasta el Cabo de
las Tormentas. Firme en su propósito ]a Gran ·Bretafia
de adueñara~ de todas las tierras del oro y del marfíl y
ejercer su omnipotente influjo en las fértiles comarcas
africanas, ya que la primera intentona contra el Transvaal fracasó por la precipitación de sus c~udillos al llevarla á cabo, se prepara á. nuevasaventnras y se apresta á
nuevas invasiones que la han de dar el anhelado triunfo,
si las naciones interesadas en conservar sus poaesíom~s y
su influencia no acuden apresuradas en auxilio de la República del Tranwaal y del Orange, unidas para su propia defensa, pero incapaces de resirtir á. la abrumadora
catástrofe con que se Jas amenaza.

*

¿Quién piensa ahora e; l~ comarcas africanas, por
más que sean ó puedan ser espacio á la expansión incesante de la.población europea, y campo fecundo , la acti vi.
dad de las masas que, estrujadas y comprimidas: buscan
salida en Jas agitaciones socialistas, ó estallan formidables en las explosiones de la anarquía? Quién se ocupa
en loa copllic~os que puedan surgir en el territorio de
mat.abeles y zulúes, de abisinios y sudane~es, cuando la
atencióll toda del mundo occidental está concentrada en
la divina Hélade, madre de pueblos, progenitora de
dioses y cuna de la civilización occidental?
Francia, á pesar de su tradición republicana, de sus
aspiraciones democráticas, y de la atmósfera de radicalismo que la ha envuelto en los últimos afioa, vería con
verdadero regocijo el advenimiento de un protectorado
sobre Siria, que pusiera en su poder lugares santificados
por la historia1 poetizados por el mhticismo y divinizados por la religión; y aplaudiría con entusiasmo la adquisición de ese botín, si lograba al mismo tiempo ensefiorearse de la tierra faraónica, fin y remate de todas sus
ambiciones, y hermosa realidad de sus más bellos en•
sueños.
Rusia eye el clamor de sus sacerdotes, que desean cantar sus salmodias y celebrar las ceremonias de su pomposo rito bajo las augustas bóvedas de Santa Sofía; escucha
la voz de sus campesinos que suenan con las fértiles llanuras de la Mesopotamia, en medio de la tristeza interminable de la estepa; y atiende al alarido d.;il cosaco que
pugna por acampar en las encantadas riberas del Bósforo
y ambiciona, siguiendo la fuerza de su destino, cumplir
la frase más importante del testamento de Pedro el
Grande.
Austria desearía varse definitivamente instalada en
Bosnia y Herzegovina sin reclamaciones ulteriore81 extender su influencia directa sobre los pueblos esclavones
que forman part:,e de ]os R;tados B.i.lkánicos. reinar como
úuic.i soberana sobre toda la cuenca del Danubio y apoderarse del gran puerto de Salónica.

Alemania, que no tiene interés direclo éinmediato en
las comarcas encantadas del Oriente, y que por su alejamiento no pretende nada en el reparto del imperio bi,
zantino de los Q.3manlíE&gt;s, aspira eí á poseer un puerto en.
el Mediterráneo, única manera de tomar ingerencia en
los grandes acontecimientos que por ley histórica se han
desarrollado y tienen que desarrollarse en sus costas
accidentadas. Nada sería mejor para sus tendencias ni
la ayudaría más ea sus aspiraciones1 que verse duefia de
un punto de apoyo en ese campo vasto donde se han representado loa má.s tremendos dramas de la humanidad.
Arrebatar Trieste á su aliada Austria-Hungría, que lo posee con mengua de los derechos alegados por Italia, sería
el colmo de sus más risuei'ias esperanzas.
Inglaterra no es la más modesta en sus pretensiones:
afirmar legitimamente la posesión de Egipto, que ha retenido en medio de las protestas de todos y las recriminaciones de los más, no es su único anhelo, aunque es la
parte principal de su programa.
A Italia no le sentaría mal encontrar compensaciones
á sus desastres de Abisinia, ni vería con malos ojos el
aumento de su influencia en las costas de Berbería.
Y en medio de todos estos intereses encontrados, de
estas aspiraciones que entrechocan, de estas tendencias
contrarias y enemigas: ¿quién nové claramente lo que se
oculta tras el decantado concierto europeo, tantas veces
alegado en ia cruzada anticristiana que se ha enviado 1L
loe campos de Creta? ¿Qui~n no mira, no el deseo de proteier al turco ni la intención de perseguir al indefenso
cretease, ni el objeto de oponerse á los sueíios del Rey
de los Helenos, sino la manifiesta voluntad de conservar
la paz, con el fin de que ninguno baga oste.neibles sus
ocultos designios y sus secretas mirM, antes que loe otros
hayan madurado el plan que los ha de conducir al logro
de sus aro biciones?

*
••

Por eso se ven esas vacilaciones en el programa impuesto á loe almirantes que mandan las escoa iras extranjeras en las aguas de Creta. Por eso esa rabia reconcentrada contra el gabinete de Atenas que, sabedor de lasrivalidades mal encubiertas de las grandes potencia3, resiste solo y abandonado á sus propios esfuerzo&amp;, la tempestad que contra Grecia se desata.
Primero fué el bloqueo de Creta, para obligar al rey
Jorge á. retirar sus tropas, después la amenaza de1 bloqueo de los puertos griegos que aun no se lleva á cabo·
ahora es la conminación olímpica pa1a el que rompa la~
hostilidades en las fronteras de ::\facedonia. Eso formó lo
que pudiéramos llamar el programa de las amenazas. El
programa de los halagos ha ido creciendo también: primero fué la autonomía prometida '1 la revuelta isla, luego la sumisi(?n de la Turquía á. las decisiones de los poderosos, y hoy es el gobierno ofrecido al príncipe Jorge
de Grecia, como compenaación á las impaciencias de loshelenos y á los martirios de los cretenses.
Si las amenazas no han sido bastantes á sofocar el movimiento heléaico, nada valdrán los fútiles halagos. La.
patria de Milciades y de Canaria, que aun snefia con los
frescoSI lauro:; de Maratón y de Plaeat, no está disp\1esta
á ceder ea su tenaz empeflo.
¡Quién sebe Casta dónde lleguen las p.::,tencias en sus
inicuas pretensiones! Ojalá no tengamos que presenciarel sacrificio de la Grecia desvalida en el altar de las ri validades secretas ambiciones comprimidas, que se ocultan en la mentida aspiración á la paz universal!

X.X.X.
8 de Abril de 1897.

OTRO PAGO DE $25,6o4 DE "LA MUTUA"
EN 111:E:XICO.
.J la Sra. Ctotüde C. viuda de Be-jarano, dR Topachula.

Tapachnla, Mnzo 16 de 1897.
:::iefior D. Carlos Sommer, Director gener3I de ''La.
Mutua.''-i\ié-xico,
Muy estimado sellor:
Sirve esta paN certifi~~r á nstdd que hoy nos han sido
pagadas las pólizas números:
389,886 por ............................... .. $ 2,000 00
429,+77

,, ············•· .................. .

~:i~t :: :::::::::::::::::::::::::::::::::
la devolución de premios.

»

3,000 OU

)) 10,000 00
11 101601 40 con,

Sofamente puede afirmar-est;e pago el ya inmejomble
c~to de la Compañía al digno cargo de u:1ted, y le autonzamos para que haga el u.:10 que mejor le convenga á.
usted de esta carta.
~mos de usted atas. , aftmos. SS. SS. - Ctotilde C. deBryarano.-Como su tutor, A lrjurtdro CJrdova.

1111 SEMANA SANTA.
(Alcali.-Guadalajara.)

En la cort,.e de las Espaf1as1 siempre tendremos que
-echar de meuos dos cosas: mar ó r10-mucha agua jun&amp;a!
-donde rPcrear los ojos, refrigerando la sangre con brisas de deleic.osa humedad, y un r.emplo grande, una caied.raJ adonde ret.irarse en días y horas en que el espíritu pide recogimiento y contemp1ación de algo muy ea~ble, muy augusto, muy estético á. la vez. De esta necesi~uu, ":1~ aún que de los preceptos de la higiene y las
1wpo1:11c1one.s d~ la moda, se originan las salidas veraniegat1 á respirar los aires del Cambr ico, y la costumbre,
que va arraigándose timidam1;inte, de pasar fuera de Ma&lt;1rid los d1as de Semana /Santa.
/Sevilla se lleva lo granado, la gent,e rica y más amiga
de iIDlazarce en las tiendas de la ieria, que lle meditaren
la t'asión. Después de SeV11la, Toledo con sus magni.fi.
ce;11,cias monuwentales y sus horrores posaderilea, des-critos por Galdós en Angel Uuerra . ..... A Toledo ya no se
va umcamente por divertirse (en el eentido burao de la
palabra); se va por instinto art1stico, por retinamiento
religioso, y unas miajil1as por costumbre. Lo que no se
le ocurre a nadie, ó por lo menos se les ocurre unicamente á media docena de curiosos por afio, es lo que hice yo
en los d1~ santos del 01: internarse en la Alcarria, y
visitar dos joyas del arte español: el palacio del Infantado y la cat.t,dral-fortaleza titi bigÜtmza. .Pues yo les f10
~ lus que quieran seguir ~te mismo itinerario, que meJOr lt.luJadut1 y ruaur.t:nidot1 que en 'fult:,do, estaráu en Al·
cala, Slgüenza y üuadalú.Jani, en primer lugu, porque
peor que en 'foledo no ca~ tm los terminot1 ui:, lu poeinlti; y en 1:1egundo, porq•.le no relativam~me, srno eu abBOlULo, las tundas que lle recurrido son muy aceptables
Y s1rven cowida saua y exceltmte. .No traigo de eUas la
t.ernble impresión, qu~ jamás se me borrar&lt;1.1 U.e cuatro
dia1:1 t-0ledauus, con anguilas de rJO y angu11as de maza·
pán, sm otro alimento que ayudase ii cuullevar wu ex,
,rana penn,encia.
.::iahwoa de Madrid para Alcalá por la tarde, con un
dia u.legre y delicioso, t.empiudo, 1impido1 de esot1 d1as
Ca6t.ellanos en que el 1:101 v11:1te de gala y derrama subre el
a_nctu y desnudu terrullo, los rojo1:1 ronus de ta maremma
-SJeJJeea. Las praderiaa del Henares, no visitadas por la
pruuavera tod.av1a, aún no e1:1tre11arán su tú01ca de vert1or, Y. el rio espejt1aba sin una mala sombm lle ramaje
.que a.tese á sus aguas el encanto del velo, del wisterio y
ae la frescura. r'ur eso no me pareció tan lindo como
a:traa veces, cuando pacen sus onHSH herbotas tus rorus
libres, pac1ücos en su sol.edad cuanto 1uriusus después
en el tSSngrienr.o anfiteatro. He ido lllUchas wces iL Al-ca1tÍ. á .tint:is de Abril y en todo el met1 u~ .Mayo, epoca en
que celebra 111, vieja ()ompluto su tamotm prw1;i1üon de las
ó'u1ttm furmas1 y eu esa e1:nación del aílo ed amenisimo el
corto trayecto.
i-:oco ruás de las cuatro serían cuando llegamos á la estación de Alcalá, que dibta de la ciudad cusa de medió
kilómetro, .si no we engañan las piernas, pues no hay
ómwbus ru coche que Ht:v~ zi. los viajeros. Un chiquillo
encaniJado cargó cyu nuestros malet1nes y nos guió á la
fonda ue Hictatgo, la mt:jurcit.a del pueblv, segun nuestro guia. u¿Nos tmeeñar11tt después e1 archivo·t11 Je pregunté. 11 Yo no sé el archivo,&gt;&gt; conLestó at.ónita la criatura,
-en vista de lo cual resolvimos buscar el archivo noso,ra1:1-la empresa no era dlficil y 1a hubiésemos realizado á no aparecerse por al11 un hermano mayor de nuesti:o porta 10:aletas ,más enterado que et y d.i1::1puesto á serv1ruus t.ie cicero11e,-86lopodfa ahorrarnos a1guna pérdi&lt;1a cte t1empo 1 ei nos equivocábamos en las callejas nada
r~!utiltas_ d.e Alcalá; por lo demás1 el archivo es para mí
.sitio familiar: baswmt.es veces me he detenido en su afiligranado patio, al pie de su grandiosa escalinata, y rec~o la vista en los prolijos y delicados modillones de
la plle~cilla que precede al arranque de la balaustrada.
-.Pur c1e!'O que en loe tres ailos que llevo de visitar con
.alguna as1du1d.ad este rico monumento donde viven tantoH recuerdos y tantas glorias, nuoca veo que adelanten
las ooras de restauracio.o, en buena hora impulsadas,
despues de la visita del rey Alfonso XII, por el conde de
To~no. La muerte de este prócer debió contribuirá pa.n.h.z.arJasi y no hay esperanza de que las active el actual
~1mstro de Fomento, que según propia confesión está
dispuesto á dejar arruinarse ¡el claustro de San J ua.n de
los .H.ey~e, nuevamente restaurado! fundándose en que
•!as nac~onea pobres, como las peraonas de mala poei •
-ció~ soc_i..l, no deben poseer joyas ni galas.)) Aguarda con
~1enc1a el magnifico salón de Concilios su pavimento,
Ins:&gt; de azuleJena y tapices cnlgades, que completen el
esplendor de un recinto que por sus dimensiones y por
la riqueza de s_us árabes ventanas de ataurique, portadas
Y ~no, es úmco en España,-según repite, entre envanec1d~ y melancólico, el conserje.
. Dedicado !i, archivo general, el palacio del gran arzobispo Tenono, fué restaurado y atendido en gran parte
(y Jo poco 9.ue falt~hace D;láesencibl~ el abandono, apa•
tia Y penuria que llenen rnterrumpidos los trabajos.)
Há..l!an5!3 los legajos dPl archivo clasificados con esmero
en l~mp1oe estantes; los techos de casetón y ensamblaje
~e neas maderas al estilo renaciente ó de morisco alíarJe, están como nuevos¡ los preciosos ventanales rehechos
conforme al modelo anti.gu';), no dejan que de~ar, y únicamente. los moder~os vidnos de colores y la viveza de
oros y_p1nturas lastiman algo la pupila. El tiempo los
amortiguará, y entonces todo el edificio adquirirá la armonía que hoy le falta.
Lo que nos sobró de dfa después del archivo Jo em_plea!Dºª en ecbar una ojeada al patio de la antigua lJnivers~dad de Cisneros ...... la Universidad donde lucieron
-su b1rre~ las doctoras.- Au1;1que ocupado el edificio por
un colegio de Escolapios, bien puede su melancólico assu silencio y decadeucia, autorizarnos á repetir
as palabras de un entusiasta de los monumentos espa-!].oles! allá por los años de 1848: -Todo ha muerto en el
.intenor del edificio, condenado ya á perpetuas vacacio-

J:°to,

EL MUNDO

ne3 ......... Las aulas silencio3as y vl\cias, cubierto.3 de
hierba::i los patios, el claustro principal destituido de la
única anim~ión y belleza que podian comunicarle alegres bandadas de estudianks inundando á horas fijas sus
tres órdenes de galerías, ó rodeando el barroco templete
de la fuente que en medio brota ......... » Hoy no existe la
fuente: de ella supongo que se hicieron los dos graciosos
pozales con cisnes y conchas que pueden verse en cada
patio. ¡Pero qué triste, qué solitaria, la creación de Cis•
neros! En el l'araninfo se me abatió el alma1 leyendo por
las_paredea, sobre humildes tarjetones de cartón, nombres que debieran grabarse en bronce, entre ellos el de
una doctora de Alcalá. El año O de este siglo aún contaba la Universidad de Alcalá quinientos alumnos......... .
Ya iba obscureciendo cuando entramos en Ja Magistral,
donde algunos canónigos principiaban á. entonar el rezo
de maitines, y otros salían precipitadamente de la sacrid•
tía hacia el coro, para incorporareeásuecoropañeroa. Un
sacristán, de fisonomía á la vez ladina y franca, de ojos
claros y lleno.3 de fe, legítimo paleto casrellano, se encargó de abrir la cripta ó capilla baja, donde reposan las cenizas de los santos niflos Justo y Pastor, tiernos mártires
cantados por Prudencio y patronos de Alcalá, degollados
bajo Daciano. La cripta ea sombría, pero apenas el sacristán enciende un cirio, vemos el camarín, su bóveda
de ahumades espejuelos, y la urna de plata que contiene
los cuerpos de las dos criaturas, arrancados á la devoción
de los oscenses, que no querían ni á tres tirones restit.uirlos. Indicando yo al sacristán cuánto me gustaría v~r .las
reliquias de los niílos, el buen hombre me las deacnbe
de un modo algo fantástico. Según él, aun se les conocen
á aquellos sane.os cenfüsores de la fe utas piernas, calzadtlB
con st1 zapaüto y su media blanca y su pantalonci~ bor·
dado.» Renuncio á comprender tistos dtitalles de rndumentaria en unas criaturas martirizadas en el siglo Uf, y
oigo con singular frición imaginaiiva la pintura del cuer·
po incorrupto del b.umilde lego franciscano San Diego de
Alcalá, aquél á. quien los ángdes. con sus propias ~anos!
ayudabau en las faenas de la cocma. El cuero-segun mi
sacristán-hállase en apariencia de vida, flexible, natural; su carne cede á la presión de los dedos. «Nadie dees•
te mundo lo ve,• afiade, pa~eando su cirio por la piedra
tefl:da por la sangre de los mártires y que conserva lasefial de sus ropilla.31 mientras á mf se me hace agua la boca, de ganas de admirar el cuerpo milagroso.
Dormimos en Alcalá, y á. las o.1ho de la manana, favorecidas por el mismo tiempo apacible y despejado, tomamos el tren que noff lleva á Guadalajara. Apenas nos
apeamos en el desmantelado patio de la fonda del Norte,
se me ocurre que, disponiendo de un día entero y verdaderv, debiéramos alquihu un carruaje é internarnos en
la Alcarria, donde nos convidan tentadoras excursioaes
-Pastrana, Hita, Cogolludo.- La ocurrencia prueba mi
ignorancia topogdfica: el más cercano de estos pueblecillos dista r,eis leguas de Guadalajara, y la jornada nos
obligaría á hacer noche en él.-Convencidos ya de que
en Guadalajara teníamos que entretener todo el día de
Jueves Santo, empezamos por asistirá los oficios en la
iglesia de Santa María CU ~fuente. Concluida la ceremonia no.:1 deparó la fortuna encontrar en el Gobernador de
Guadalajara-ya destinado á Logroü.o, perv no trasladado aún-! un amigo de las juventudes de mi padre, el titulo mejor á mi amistad ...... El señor Cam!\cho recordaba
haberme visto jugar y correr en mi casa la CoruHa, siendo
tan niíla, que ni memoria conservo de esa época¡ recorda·
batambiéncou venemción y ternura, á la ilustre condesa
de Mina, amiga de mi padre iguelmente¡ y tu alegría al
verme en Guadalajara, y la cordial y obsequiosa hospita·
lidad que desde aquel punto ejercitó con las tred viajeras,
me probaron que le había sido gratfsimo evocar aquellos
recuerdos.
Con tan buen introductor, se nos abrieron de par en
par las puertas de las tres curiosidades mayores que en•
cierra Guadalajara: El palacio del Inlantado, hoy asilo
de huérfanos de la guerra,-el panteón de los Ü:!lllnas, y
la capilla de los U rb1nas. Ante todo, el palacio.
Testimonio de la fenecida grandeza de una casa aemiregia1 que en determinadas circunstancias pnso la ceniza
en la frante al trono, álzaee el palacio del Infantado en
el punto más visible de Guada\ajara. Impresión extrafb
causa su fachada mayor, de piedra que el tiempo tiñó con
acara..nelados tonos: la originalidad del recargado estilo
tiene algo de decoración pomposa deetinada á servir de
fondo á alguna comedia del siglo XVII, algo de estrofa
de poema caballeresco italiano, y nada de la severidad
espaflola ni del miaticisrno gótico. Increible parE&gt;ce que
el mismo arquitecto del claustro de San Juan de los Reyes sea el del palacio de los Mendoms: él fué, sin embar•
go, quien recamó, á estilo de manto bárbaramente fas·
tuoso, este edificio, testimonio del orgullo de una dinastía de magnates, que pudo ver en sueños la corona. Como tachones de pedrería, conslielan la fachada gruesos
clavos, las dos colt1mnas que la sostienen eet.án labradas
lo mismo que una joya; la ojiva de la puerta luce, á modo de collar, primorosa inscripción; el testero, que remata en lindo arco rebaJado, tiene la complicada labor de
un relicario. Loa gritos que sostienen las enjutas, el águi•
la del yelmo, los velludos salvajes que, apoyados en gi•
gantescas porras, sostienen los blasones, dan á la fachada
un caracter que recuerda poesías del A.riosto ó del Góngora. Falta allí seriedad castellana, y hay en cambio un
derroche de fantasía propiamente italiano ó portugués.
Confirmo est.a idea al entrar en el patio. que tanto recuerda el claustro de lús Jerónimos de Belén y el ornato
excesivo y caprichoso de la arquitectura 111an11elintJ.. Verdad que las columnas del primer cuerpo son de extremada sencillez; en desquiLe, las de la galería snperior ofrecen el acanalado y la hojarasca del estilo plateresco más
rico, y se coronan y guarnecen con dobles randas de piedra, caladas, ajedrezadas, encintadas, realzadas por ali•
mañas quiméricas é imposibles. y tan finas, que los o:6.cialee encargados del Asilo de Huérfanos las hacen limpiar con plumero, lo mismo que se limpia algún primoroso juguete de sobremesa.
Ni la fachada ni el patio son, sin embargo, las mejores

preseas del palacio del Infantado. Destruidos los incom•
parables del alcázar de Segovia, juzgo sin par sus teclioe,
sobre todo el del salón de Linajes, curiosa muestra de la
eecultura civil española. Nuestro arte escultórico, absorbido por la imai{inería religiosa, no aco~tumbraba repro•
ducir la vida social de los siglos XIV y XV. En el salón
de Linajes, el techo propiamente dicho es un encrespado
piélago de talla de oro, un dorado mar que se helase de
repente sin perder la caprichosa oscilación de su revuelto
oleaje: el suave tono mateé intenso que adquiere el do·
rado al pasar los años, hace más opulenta y hermosa tan
rica bóveda, y la realza, alejándola, la sorprendente curnisa ó galería, cuyo adorno forman, no sólo los blazones
de la estirpe de :llendoza, sostenidos por altaneros grifos,
águilas y leones, sino-detalle más curioso, y cuya riqueza es indecib!e-góL:cos doseletes que cobij1m á parejas
de damas y caballeros, representación, según dicen, de
los ascendientes de la casa; bultos de meQ.io cuerpa y-si
no me engaña la distancia-de tamafio natural, pintados,
dorados, estofado!, vestidos con trajes de la Edad Media,
sonriendo la dama al caballero con delicada cortesía. U a
sarao de nobles castellanas y guerreros, un sarao eterno,
-elegante, her,ildico. ¿Qué sería este salón, cuando revi~tiesen sus paredes ricos tapices y celebrasen en él fiestas
6 aparatosas ceremonias sus opulentos sefiores?
Hoy es capilla del Asilo. Así como los cadetes de Segovia disfrutaron del regio alcázar con sus techumbres
de oro y zafiro, que no les importaba un bledo, porque el
muchacho, como el salvaje, es casi siempre indiferente á.
las impre:!iones artísticas, los chicos del A.silo de Guada•
lajara usufructúan aquellas bóvedas de hadas, que regularmente les tendrán sin cuidado. Debo, no obstante,
hacer una advertencia: el A.silo de Huérfanos, fundación
nacional impulsada y llevada á fefü; término por la generosa y firme iniciativa del digno marqués de Novalicht'B,
no ha venido á profanar uu admirablt, monumento, si110
á."ofrecerle las únicas garantías de conservación que tenía,
al deshacerse de él, dejándole en muy deplorable estado,
su duei'io el duqúe de Osuna. Si allí se establece1 v. gr.,
un casino ó una fá.brica, las balconadas de encajes, los techos de estalactitas de oro habrian de sentirlo. Los iRteligentes y celosos oficiales que hoy están al frente del Asilo,
han comprendido quE' tienen do3 deberes, el uno explícitamente aceptado, el otro tácito y moral, pero no menos
estricto: cuidar é instruir á. los hnérfauitos, haciéndoles
todo el bien posible en alma y cuerpo, y velar con igual
cariño por el palacio de los Mendozas. Ambos deberes
cumplen religiosamente, reparando los desperfectos del
palacio hasta U.onde lo p~rmite 8J1 limitado presupuesto.
Del palacio eubimos al castillo, no sin detenernos antes en la capilla de los U rbinas, juguetillo ó monería arquitectónica, desgraciadamente conver~ida en depósito
de carros, y no sé si en cuadra. Vis telarañas trepan á
su gusto por los delicados adornos de estuco, y tienden
su cortina polvorienta por encima de los frescos, y á la
parte exterior, uno de los torreoncillos que componen
su original arquitectura mudéjar yace derruido. Por el
suelo, entre paja, lodo é inmundicias, puede verse todavía el blasón de los Urbinas, el roble, esculpido sobre
una lápida sepulcral. Para mayor dolor, la capilla de los
Urbinaa está en venta, y si lacompraalgunápersona ajena al arte y la derriva y levanta allí una casa de cinco pisos, al seductor estilo urbano del siglo XIX, nos lucimos
como hay Dios. Bien podrían el Municipio ó la Diputación provincial de Guadalajara adquirir ese bibelot, ese
objeto de cristalera, que no costará muy caro, ni requie •
re gran desembolso para restaurarlo convenientemente y
devolverlo al culto, trazando alrededor uo. jardincillo.
El castillo, ó mejor dicho el atiguo convento de franciscanos, antes del Temple, domina, al extremo oriental
de Guadalajara, la ciudad. Ocupan su recinto y grandiosa iglesia ojival los ingenieros militares, que han adornado la nave profanada y vacía con arcos de armamento y
fornituras, decoración severa, casi artística, y ·á. poco que
la imaginación se exalte, grave y religiosa. De ll.ll( bajamos al panteón de los Mendozas, nuevo y formidablt:, t.estimonio del poderío de nna casa que se atrevió á envidiar
el últimodescaneode los reyes, y á. competencia con el panteón del Escorial, y en opinión de muchns, eclipsánctolo,
ee labró tan ostentoso entern; miento. Parécese mucho
al del Escorial, sólo que dominan en él los mármoles ro•
jos. Hoy no duerme ningún Mendoza en las regias urnas
de pórfido. El panteón fué profanado por los franceses,
y los restos de tanto noble personaje, mezclados y con•
fundidos, se trasladaron á la villa de Pastrana. Hay un
contraste penoso entre la magnificencia de tan rico:; mármoles y el abandono y deeofación que el panteón respira, con su altar sin imágenes ni luces, con el frío gla•
cialde su soledad de piedra. En el helado fondo de aquella tumba1 recordábamos la decadencia de la CiU3a de Osuna, en tiempo de Fernando VII, representada todavía
por el magnate, de quien se refieren mil consejas asegurando que se dejaba atrás las ponderadas prodigalidades
de los asentistaE franceses con Luis XIV y Luis XV, ofre•
ciendoal rey, á guisa de combustible para freir un par de
huevos ensarten de plata, nn fajo enorme de billetesque
representaba todo el caudal del anfitrión. (1) lloy el palacio de los Mendozas ha sido enajenado; sus escudos de
armas, cantados en el Corlo famoso, blasonan á un colegio, y el desvastado panteón es una ironía más en tan
alta ruina ..... .
Los viajes por España son, en su mayor parte, visitas
á los muertos. Ellos se llevan la mejor de nuestras impresiones: nuestra historía está escrita en los sepulcros.
El paTlteón de 0füna sugiere más ideas amargas sobre la
desdicha de nuestra aristocracia, quepuedesugerirla famo·
sfsima novela del POOre Coloma; y la verdadera curiosidad
que me dejó atrás en G11adalaja, es el EZa.rcófago donde
yace depositado el cuerpo incorrupto de doña María Coronel, viuda de D. ,Juan de la Cerda, la que se desfi .;uró el
rostro con un tizón ardiendo por no romper la M couyu~
gal.
EMILIA PARDO BAZÁN.

l (1) No respon1o de la eucfüud de esta l eyenda.

�EL MUNDO

DOMINGO II de ABRIL de 18g7
EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE ,891
GRECIA Y EUROPA

~aile ae:fanlasia efecluaao en el (!aslno llfrancés la noclte ael sábaao i ael actual.

Una manifestación.

No ineistiremos 1-,,bre la cueetion cretense, -preocupación actual dl"l mundo entero, sino para dar atgunM nui-V1t8 ilmtraciouee, que son el retrat.o del coronel Ya8e11~. jdt- del cuerpo expedicionario griego en Creta1 el de Th~od,1rv Dt:lyannis, primer miuistro griego¡
una fotng.r , fia J,lj la manifestación habida ant.- el palaciodel Rey Jorg'-', para protestar contra las medidas corree·
ti vas de l~i;J potencias; la caza de un buque griego que
llevaba un contrabando de guerra para Creta, llevada á.
cabo por un cazatorpedos inglés1 y, por últicoo, la recidencia del Rey Jorge en Corfú.
Reepecto á. la cuestión cretense, nueetros lecto'res eaben por los diarios telegraruse que sin duda leen con interes, el aspecto que torna cada día, incierto en verrlad, y
cuya definítiva no puede preveerse. Quien dice que debido á los buenos oficios de la emperatriz viuda de Rusia, hermana del rey de Grecia, el Czar se ha comprometido á. apoyar á aquel huta donde lo permitan los intereses de su omnipotente imperio; quien afirma que hay
un acuerdo eecreto entre Inglat.erra y Francia para dar
un rumbo del todo inopinado y diverso al conflicto griego-turco; qu\en pretende que el temido bloqU('O dei Pireo por las escuadras combinadas no se llevará á. efecto.
Llegan rumoree de guerra de la Frontera de Thel:!alia,
donde el duque de Esparta asumió el Mundo de los eJércitos de eu padre, prestos á. lanzaree contra el t11rco que
por su parte nose descuida, reclutando gente y artillando sus fuertes en la mísera isla foco de la insurrección,
magüer los buenos 6 malos oficios. de laei potf- ncias. sigue
f.&gt;scuchándose el gemido de las víctimas y el alarido de
una guerra sin cuartel.
En tan dificil situación las previsiones todas son vanas y sin valor y no vale husmear los rumores diplomá•
tioos de las «anci llerfas.
Se espera saber de un momento ti otro el nuevo proyecto de l\iI. Hanotaux, ministro de ~laciones en Franc-ia, que deberá resolwr el problema contint!ntal, asf podrlamos llamarle, que encarna la cueRti6n cretense-, 6
cuando menos, proponerle una resolución más efectiva,
y la atención universal Eigue concentrada en la Iala donde bregan tan grandes y encontrarlos intererne.
Que este nuevo proyecto sea eficaz 6 que o.o lo sea, JQ
cierto es que la insurrección ereteme f sel movimiento orgánico de un pueblo, que 110 cesará con el paliativo de
reformas y promeeas. Mantiénenlo odios legendarios de
raza y más que todo la convicción íntima é indestructible de que solo la unión de Creta á Grecia compadece los
interese!! sagrados que bregan
Es esa rebeldía tremenda contra un poder ominoso,

•

•

Llaga contra rl sih&lt;:'io subl~mda

nsando la valiente expresión de uno de nuf'stros más graneles poetas, y eabido es que el paliativo no sana las (d.
ceras.
Si Europa acierta á resolver la cuestión cretenee de
otra suerte qne como los cretenses mismos lo desean, no
habrá hecho más que 9,plazarse el choque temido por su
dificil equilibrio, pero el problema quedará en pié, continuarán las iras su fnruento terrible en los ánimos exal tados y maña.na, la hidra surgirá de nuevo, más formidabif&gt;, más tremenda, más amenazadora ..... .
Dios proteja á los que defienden su derecho. Dios sal•
ve á Creta, que es con la Belos esplendente de los tiempos heroicos, la gloriosa abuela de la humanidad.
Cuando Dios borra es porque se prepara á eecribir.
Bo1t,'rll,(f.

Una manifestación ante el palacio real de Atenaa.

En la guerra los planes abundan; lo difícil ~ea la ejecución.
Duque de Amnale.

Un amigo os pide dinero: ved qu~ qaertiia perde1: el
diuero 6 el aruigu.

No hay comn las genU"e que hacen oficio de alegres,
para tsta1 trides y mtlancóJicae.

.1.Vurr~Jlonnier.

•

.

Gspeclo ael salón.

La cuestión crctensc.-Captura de un buque griego con contrabando de gu,.,.rra, por un buque in&amp;léa.
(Dibujo de Carlos A.leal.de.)

IveUe Guilbert•

�234

EL MUNDO

DOMINGO 11 DE ABRIL DE 1897

Coronel Vassos, Jefe del Cuerpo Expedicionario grie-

go e11 Creta.

Costumbres Af'ricanas.
UNA FIESTA RELIGIOSA

Los ingleses, que han pbntado su bandna en todos los
rincones del orbe, están en aptitn 1 de observar las coetumbres más exóticas en los pafses más lejanos, y en la
India y en el .A frica Jea es dado coi templar con su .flema
y tranquilidad de espíritu habituales, cuadros verdaderame1Jte pintorescos de animación popular en que lo sagrado y lo profano entran por iguales partes.
En general, en 1os pueblos patriarcales y primitivos,
no hay más que dos grandes móviles determmantes de
las conmociones populares, séan estas del género que fueren: la tendencia belicosa y la tendencia religiosa. A ve-

ces ambas se adunan, y no es lo menos frecuente, de
suerte que en las grandes festividades que siempre son
litúrgicas, junto á los emblemas religiosos se advierten
los emblemas guerreros.
Tal acontece en la India en las grandes ferias y tal asl
mismo en la procesión religiosa efecmada en la ciudad
de Kombakonun, del misterioso continente africano, denominada del Mahamakan, la cual se efectúa en la primer semana de Marzo.
Centenares de millares de negros desfilan por las calles, llevando colosales carros que sustentan unas torres
de arquitectura extrafia, las cuales constituyen eímbolos
religiosos.
El espectáculo de aquella muchedumbre es indescriptible, y raya en verdadera locura el entusiasmo reli~ioso.
Pero más que todo sorprende las miradas del vrnjero
el aspecto de aquella inmensa multitud, cuando, pasada
la vrocesión y para purificarse según sus rito~, se lanza
ávida al caudaloso é inmenso rfo Cauderv. No es decible
como invade aquella prodigiosa asembles las turbias
aguas del río, que no turbias, sino negras, permanecen
después por breves momentos, y la fruición de aquella
inmt rsión colectiva y casi simultánea...... Nuestros grabados dirán más que lo que pudié,amos decir á nuestros
lectores. Ellos perpetúan la visión de una de las escenas
más curiosas del arcano continente que contempló la gloria de Memphis y la gloria de Cartago.

•

Se necesita ser muy religio;io par.i. cambiar de religión.
Condesu Diaw,.

la superficie descubierta y no la que e¡:::tá cubierta con la
grasa, de wodo y_uecuanUo é.;ta ~e quita, después, el nombre queda tan claro, como si ee hubiera escrito en papel.
Todo lo que falta después, es volverá cubrir con un poco
de esmalte la parte raspada, y el nombre querla invisible
hasta que convenga descubrirlo para comprobar la pro•
piedad de Ia bicicleta..

Para poder rejuvenecer aquellos, lo primero que debe
hacerse es descalzarles una buena parte de Jas; ralees y
cubrirlas con tierra nueva, rica en abo1.to, pomendo des·
dués, al redPdor, aunque á cierta dist_ancia de la madera,
una buena cama de cenizas. En segmda se debe proceder á ingertar varias ramas, poniendo en ellas u~a nueva variedad de fruta, operaión que debe co!ltmuarse
poco á poco hasta hacer cambiar todo t;l .ramaJe, y por
último, ae ha de lavar toda la corteza v1e1a C?n lechada
de cal, ácido fénico y lejía fuerte para destrmr_todos los
parásitos que Je ataquen, y para que la superficie se vuelva á poner suave y en condicione~ ealudables._ OJei todos
los árboles agradecen este tra~amtento y contrnuan da~do fruta por un númerodA años másó menos larg~, máxime si no se descuida el abonartos con frecuencia para
que el suelo recobre las sustancias fertilizantes que el arbol necef:ita.

Ejercicio Higiénico de la Bicic}eta.

Las horas del día en que el ejercicio que se hace en
las bicicletas es benéfico, depende principalmente del
tiempo. En los meses de la primavera y del otoiio, cuando no l:!ace mucho. calor, ~e puede viajar casi todo el día,
pero nunca deba hacerse est.o de l.:.s once á. las tres en
el verano. En est.s estación se c.leben escójer las horas
frescas de la mafiana y de la tarde, ó si fuere preciso, por
la noche cuando hace luna. Eti todo caso hay que tener
en cuenta que la cabeza y el dorso son las partes del cuerpo más expuestas á. los rayos del sol 1 asf como también
el cerebro, y que e,i;to es precisamen1e lo que hace el daño, mucho más dallo que el can.ancio y el sudor. Al hacer un viaje largo se debe tomar antes de salir un baño
de agua fría ó templada y repetirlo al terminar la jornada, antes de la comida ó la cena. Durante el viaje bay
que beber poco, y si lo que se bebe es agua, se le debe
afiadir unM gotas de aguardiente. Para quitar la sed que
produce el cansancio, nada es mejor que un vaso de le•
che ó agua de vichy. A falta de estos se puede tomar
agua con vino ó zarzaparrilla.
Los licores fuertes nu deben tomarse p0r ningun motivo ni tampoco el chapagne. También es perjudicial la
cerveza, la que si bien parece darfuer✓.ascuando se toma,
pronto protiuce un esta·io de laxitud en los miembros
y hace la marcha más fatlgosa. Lo~ ciclistas de profesión
dicen que el tabaco es otra de las cosas que deben proa·
cribirse ó por lo menos uearse con moderación, ei se
quiere correr ó viajar mucho. Por último, lor principiante,:, cometen con frecuencia el error de ir á todo correr
cuando saleu de casa y olvidar qne estJn ga::itando innP.·
cesariamente las fuerzas que han de necesitar para la
vuelta.

Las Tortas de Salvado.

Costumbres afdcanas.-lnmersión en las

•••

Las anterioref: líneas y el bellísimo retrato de Jesucristo, que aparece en 1mPstra primera plana, debémosios al
Sefior Don Francisco Bustamante, quien posee la propiedad artística de la imagen, tomada, dice del camafeo en
cuestion.
Esta imagen, muestra los rasgos dfl tipo sirio-caldeo
más puro. Así debió ser el maestro, exclamamos al oontemplarla y su vista nos inspira seosacio11es -axtrañas y
misteriosas.
_D_amos al Señor Bustamante las gracias por su re,m1s16n.

NOTAS CICLISTICAS
Bicicletas marcadas.

El jefe de policía particular de una compañía de seguros dt; bicicleta, aconseja á los ciclistas que pongan en su
máquma una contraseña quP sirva para identificarla y
probar el derecho de su propiedad cuando con motivo de
un robo, haya que disputarla.
Algunas de las máquinas están
numeradas pe r el fabricante,
pero esas son pocas y además
tienen la numeración en luga•
rns en que es muy facil borrarla. Y puesto que la marca pal a ser útil tiene que ser indestructible y secreta, no se ha de
poner en la silla, en los mangos ni en ninguna de aquellas
&lt;.,trae partes que !e pueden
cambiar facilmente. El lugar
Jireft'rible es la armadura, donde rn puede hacer de manera
qne eea invisible para todo el
qnP 110 sepa dondt- se halle. El
n1ejor procedimiento para gral arla 1·s el siguiente. Se raspa
con 1111 cuchillo, como una
pulgaJ;1 cuadrada del esmalte,
hasta dt&gt;jar el metal descubierto y limpio. En e&lt;&gt;guida se cubre la paJte ra~pada con una
capa de graea ( el sebo puede
servir) y con un punzón de
acero mojado en ácido fénico
se escribe en ella las iniciales
ó el nombre que se quiera. El
Costufflbrcs africanas,-Llegada de Mahamak: procesión religiosa por l,aa calles punzónpaaapor la grasa hasta
de Kombakonum.
el metal,dondeelácido corroe
La desco1,fianza es el alma del régimen parlamentario.
Valbert.

•

Dt:sde los primeros sigloa de la nueva Era Cristiana1
todas las m.ás grandes y célebres notabilidades en pintura y esc.ultura htin trabajado con asiduo interee, empleando cuantos medios Jea ha proporcionado su grande inteligencia, para transladar al lienzo el rostro más bien
delineado posible que pudiera semejarse al de !\uestro
Señor Jesucristo.
¿Pero quién, no obstante su inspiración podrá suponer•
se la verdad de un ideal que por perfect.o que parezca,
ninguno de esos grandes artistas conoció?
.IIay más: en la multitud de las creaciones reproducidas por los grandes maestros, se nota 1 á la simple vista,
que el Cristo se parece, según la nacionalidad del artista,
al tipo alemán 1 it.aliano, francés ó español.
Tiberio César, E operador de Roma, durante eu reina,
do, (Año 32 de J. C.) habiendo oido hacer grandes elogios de Jesús, deseaba con frenética ansi~dad conocerle,
cuando recibió la siguiente relación que h~ sido fielmen
te traducida por los biEtoriadores Jatiuoscontemporá.neos
de la época. Dice asi: Noticias al Senado de Rílma relativas á Jesucristo, durante el reinado de Tiberio César,
Emperador, como la que los Gobernadores de las di vereas
provincias sometidas á. la autoridad del Senado y pueblo Romanos solían remitir al Senado á medida que los
SUCPBOA &lt;cnrrl!m en dichas provincias.
PUBLIUS SEt\TULES en aquel entonces Presidente
de la Judea escribió una epístola al Senado y Pueblo de
Roma, corcebida en los eiguient.PF Mrrninos:
11Apareció en estos nueetros tiempos un hombre de
« gran virtud, llan1ado Jesucristo, que toda.vía vi ve entre
n nosotros: que f'Stá reconocido por los gentiles como el
•Profeta de la Verdad, pero que sus discípulos le llaman
u El Hijo de Dios.»
u/i,'l ha reaucit.ado á los muertos y cura-io todo género
(( de enfermedades. Es hombre de estatura algo elevada
&lt;&lt; de buena prefencia, dotado de un eem hiante venerabl~
(! de esos que inspiran ;:i los q11e lo contemplan afecto y
u temor; tiene el pelo de color de avellana madura, lacio
u casi hasta las oreja~; por debajo de estai algo rizado, de
(( color más resplandeciente y cayendo en ondas sobre
11 los hombros: la cabellera dividida por una raya al estilo
u nazáreo: la frente muy despejada y ter.sa; cara sin una
11 sola mancha 6 arruga y de un bello color rosado: la bo~
uca y nariz de formas intachables: la barba un poco eecc pesa en armonía con la cabellera en un rostro de im(( presión inocente á la par que reflexiva y juiciosa, los
11 ojos claros, pardO!! y vi vos. Al reprobar es terrible, al
((amonestar cortés y bien hablado: su conversación es
(&lt; agradable aunque grave. Nadie recuerda haberlo visto
({reirse¡ pero muchos le han visto llorar. El cuerpo de•
(( recho y de proporciones bien ordenadas: loe brazos y
&lt;( manos perfectas. Al hablar es tan moderado y modesto
11 como eensato, Un hombre que, por la singularidad de
(! su belleza eclipsa á. todos los hijos de los hombres.11
Entonces, Tiberio César, más entusiasmado aún, por
la relación antes citada y avivándose en él más el deseo
de conocerle, mando á un lapidario de loe de más nom~
breen su época, para que dibujara en un camafeo en esmeralda la divina efigie de Nuestro Señor Jesucristo.

235

EL MUNDO

DOMINGO lt de ABRIL de 1897
EL VEROAOERO RETRATO OE CRISTO

Teodoro Oelyannls. Primer Ministro griego.
Los Nombres de la Bicicleta.

La Cyclits Revi,ew pasa revisia á los diferentes nombres que ha recibido la bicicleta en los distintos países
en que ha sido adoptada. En Francia se llamó primero
célerií~re, luego vélocipede, después bycicle, y por últime, b1cyclette, vélo y bécane; en Holanda snelwiel
woetwiel y trapwiel; en Bélgica velocepieti: en Italia velocipe_de y bicicletta; en España velocípedo, bicicleta y
máqwna¡ en Alemania Hochrad y Niederrad¡ en China
yangma (caballos extranjeros), feichai (máquinas vola•
d?ras) )'.' tzutzan (et;ches que andan solos), Cuenta la Cyclits Reme que un chino del campo, al explicar á sus convecinos cómo era una bicicleta que había visto él en la
ciudad, les dijo: uEs un borriquillo que seguía tirándolo
de las orejas y que se hace andar dándole patadas en la
tripa.n La Oycli8t Revi.ew hubiera podido completar su curiosa reseña y coronarla dignamente, si á su noticia hubiese llegado á la definición de la bicicleta dada en E¡:::pañ.l\ por un granujilla, que dijo viendo pasar á un ciclista:
u¡Mirad un afilador que se ha vuelto locohi

SUPLEMENTO MUSICAL
EL MUNDO obsequia á sus abonados con
un hermoso suplemento musical y les llama
la atención sobre su número de Semana Santa, al cual scompafiarii la novela correspondieute á Abril.

•
Lo qne ee llama gauar tiempo en política, es frecuentemente per jerlo.

.A. de Broglie.

aguas del Cauvery.

INFORJIACIONES

El ahuacate.

La fibra de la Rhea.

Por considerarlo de interés, traducimos á. continuación lo que le (1urrier Jr'rar,raiu dice respecto á esta
fruta:
.
.
uUonde los árboles más notables de la Aménca trop1·
cal es el abnacate, conocido por los botá.nicQR con el
no~br~ dld ce l'ereea gratfsima ·11 Pertenece á la familia. de
las Laurineas. Los aztecas lo llamaban 11ahocacoh01tln
( á.rbol q11e ee parece al roble.) El nombre actual en eapaflol e9 pues una corrupción del azt('ca. Los tarascos le
llama~ i&lt;cupánda.u En algunas localidades del país lleva
el nombre de 'tonalaguate.' Se le ~ncuentra al esta_do
sil veet,re en Misantla y en otras regrnnes de la A~énca
tropical. 8e le cultiva eu México. Desde mucho tiempo
aot-'IS de la coí:lquista se le empleaba en la alimentación.
El fruto extendido simplemente sobre el pan y eepolvoreado con sal, es de un sabor exquisito. Se sirve igualmente en algunos manjaree.
uSegún perece es un alrodieiaco; tiene ademáe, al decir de algunos, la virtu-lde activar la supuración de las
llagas, las heridas, etc. La película de este fruf.?, tomada en una dósis de 8 a 10 ~ramos, sana á los niños que
padecen ataques de solitaria. El grano asado, combate
eficazmente la disentería. Las sefioras hacen uso de él
para evitar las enfermedades del cuero cabelludo. El
Jugo de este grano prodnce una tinta indeleble que sirve
para marcar el. lienzo. EL Dr. Grosourdy recomienda,
para lo'3 ataques de gota, que se frote la parte atacada con
el aceite extraído de este fruto. Regún el Dr. Betancourt,
la carne del ahuacate contiene.: Un aceite verde, un aceite incoloro, estearina, margarina, clorofila, .ácido ac~tico
y eales. Los granos están compuestos de aceite volátil,
recina, ácido má.lico, materia e:x-tractiva, colorante, azúcar, goma, albúmina, tanino, almidón, graea y salea;
contienen además amigdalina y einaptasa; estas sustan•
cias en pre3encia del agua, producen ácido prúeico.

Leemos en 1'1,e 1 imelJ que actualmente se ha vuelto á
despertar el interés por la indnstria de la elaboración de
la Rhea, planta de la familia de la~ Urtíceas, y perteneciente al misno género que el Ram1e de que se ha habla•
do mucho. El gobierno de la India oriental ofreció en
1869 un premio de 50.000 libras y otro en 1877 de 50.000
rupias al inventor de una máquina para hilar la fibra,
que desde tiempo inmemorial sirve á. los chinos, indios
y egipcios para hacer redes de pescar, cuerdas, velas,
carpas y aun tt&gt;gidos para ropaR, etc. La fibra de la Rhea
es la más lar~a ( de 6 hasta 2-1 centímetros) y la más
gruesa (de 0.04. hasta 0.08 milímetros, diámetro de las
células) que se conoce y se compone de celulosa pura,
por' lo cual ella se asemeja á la fibra del cañamo y del
lino. La planta prospera bien en el Asia Austral, Africa,
Australia y aun en la Francia meridional. China exporta anualmenta más de ll millones de kilógramos de esta
hebra, lo mismo que de l&amp;. fibra del Roa, ambas elaboradas penosamente á mano.
.
.
La gran dificultad de la elaboración consiste en la separación de la capa de resina en que se hallan encerradas las fibras y por meiio de la cual están tenazmente
pegadas á 1~ corteza exterior. En China y Assam, las
mujeres abren la .PI.anta por Jo la~go con_ los dedos-un
trabajo muy fastid1oeo-y despu~~ rastrillan_ las fibras,
las juntan y las paean por unos c1hndros mnvtdos á. mano, de donde re.sulta que las ?ebras de la ~hea no so!1
redondas como otros hilos amo achatadas. Fué la primera vez en la ex-posición de Londres en 1851 que se expusieron tejidos de Rhea bajo el nombre ~e 11Grasscl~th:1)
Durante la guerra de secesión nortearnencana se prmc1pió á hilar la fibra en Alemania y en F~ncia, mez~lada
con cáñamo ó lino, dando cuerdas superiores y resisten•
tes. pues ninguna fibra resiste mejor á la humedad que
la Rhea, y ninguna es más lustrosa ni se tiñ.e con más
facilidad.
Sin embargo, hasta hace poco no fué posible -preparar
esta fibra en estado sano completamente limpia1 pues
siempre quedaba una parte de la resina pegada á ella, y
la elaboración á mano resultaba demasiado cara. En Alemania la hicieron fermentar, pero la fibra -perdía mucho
de sus buenas calidades en este proceso. Ultimamente,
por fin, el químico Doctor Gomees después de muchos
ensayos logró descubrir un nuevo método de elaboración
de la Rhea, y con tanto éxito que se formó la sociedad
anónima 11amada '1.'he Indian Rhea Pibre Pal.erlt Company
con un capital de seis millones de rupias gue levantó una
fábrica en Bombay, otras en varios puntos de Bengala y
\)Íensa fundar algunas en Madras, Burma: Aaeam para
Pxplotarest,a industria en ~rande escala. El método de
Gomesa se funda en la elinunación de la resina por me-dio de soda y zinc. Las tiras de la planta se lavan bien y
se colocan durante una noche en un baño ácido muy deluido. El otro día ee les pasa por un baño alcalino y se
hierven en una solución débil de sosa cáustica á ]a cual
se ha agregado zinc.
Después, una vez lavadas y i::ecadas las fibras, se. presentan como una estopa b 1anca, luatr&lt;Jea, fina. lista para
el peine de la hiladora. De eeta estopa se están fabricando ahora t.oda claae de géneros, tanto panas graeeas y
lienzo barato, como los encajes más finos. De la misma
cantidad de esWpa de Rbea puede fabricarse un 40 por
ciento más de género que del mismo peflo de la estopa de
lino, es decir, 100 metros de ~énero de Rhea pesan tanto
como 600 metros de hilo. Estos hilos y tegidos de Rhea
flOn muy fuertes y pueden teñirse con todos los colores
fJ.cilmente. El gobierno de la India ha dicernido el premio acordado á. la sociedad mencionada, y no cabe duda
qne se ha iniciado una nueva industria textil de imenso
porvenir, sobre todo, en vista de que la Rhea ciece en
los climas eubtropicales y templados y puede cultivarse
v aclimatarse en muchas regiones del globo, entre las laÍitudes 5 y 45 grados, pues se encuentra al estado Rilvestre en vastas regiones situadas en esta zona terrestre, y
ene Pxigencias en cuanto á la fertilidad y la humedad del
suelo, no pareC('n ser muy elevadas

Sabemos hoy que la molienda del trigo por medio de
cilíndros produce mayor cantidad d~ afrechos que lamolienda antigua que se hacía por medrn de mut;l~s- Estos
afrechos ó salvado, que son de gan valor nutnt~vo para
los animales, pero desgraciadamente ofrecen el lllC?nveniente de ser poco trasportables á causa de rn densidad,
que es muy debil, y además por que se alteran por fermentación con gran faciidad. Mr. l\fillot ha logrado la
transformación de este ealvado, por compresión, en una
especie de tot1a llamada frQmentina, de fácil tra11port"',
Reguraconservación, de gusto agradable á los animalefl,
debido á la mezcla de una pequéña cantidad de nnía, d~
fácil masticación y de una riqueza que permite cornpararlaá las mejores tortas de granos oleaginosoe. Dicha
torta contiene los siguientes elementos: materias azoadas 17.50 por ciento¡ materia A hidro-carbonadas, -55. 10;
maierias grae~, 2.40: y ácido fosfórico, 2 OO. Muchosanima1es de los que sobresalieron en el último concurso
agrícola de ParíP, habían sido engordados con esta nueva torta.
El Cultivo del Ruibarbo.

El Ruibarbo es una planta que se CLltiva no solamente
por sus propiedades medicinales, sino también porque en·
traen l,1, confección de diversos platos, áloe cuales comunica el saber agradable que posee. Para cultivarlo en debida forma es necesario contar con terreno en abundancia no meaos de 5 pies en diámetro para cada planta,
do~de no se acumule el agua en la primavera ni haya
otras plantas mayores que le ha~an sombra. La tierra ee
debe arar y abonar con liberahdad, extendiendo la labranza y la mezcla del abono hasta una profundidad de
20 pulgadas ó más si posible fuere. Luego se hace la
plantación y ee cuida de desyerbar el terreno haeta que
las 'Plantas. pueden cu!darse poreí solas. Si algunos tallos
tienden á dar flores, se cortan desde luego1 pues que no
son flores las que ee quieren, sino muchas hojas. Estas,
sin embugo, no se han de cortar el primer ailo. A mediados del verano se l~i! hecha m,ts ~bono, se escarba la
tierra en poco y se riega en abundancia. Pasados algunos
días se repite la cava y el cultivo queda terminado.
El año siguiente las plantas darán jn'Sn número de hojas las cuales se recogen tirando de ellas para abajo con
el fin de que se desprendan por su unión con el tronco.
Esas hojas Ee pueden quitar casi todas pues la plnnta tiene bastante si se le dejan media docena de ellas sanas y
vigorosae, El deshoje, sio embargo, no debe continuarse
más que hasta principios del mes de Agosto, á fin deque
las· plantas puedan recobrar el vigor snficient,e para dar
otra cosecha en la estación próxima. Todos los cuidados
que el plantío necesita después de establecido es cavar la
tierra, abonarla, regarla, y volverla á cavar al fin de co~
secha. Las plantas continúan produciendo por espacio
de seis á ocho años, siendo de recomendaraeel repetir la
p]antBción de aquellas que van decayendo tan luego como esto se nota.

Arboricultura.
Vebiculos Mecanicos.

El detener el decaimiento de los árboles una vez que
empieza ea tarea bastante difícil, pero no imposible _para el buen arboricultor. Hay muchos árboles que pierden su vitalidad prematuramente debido á diversas causas independientes ó reunidas. Aquellos árboles que
han dado grandes cosechas de frutas por espacio de algunos afios y parecen disfrutar de un vigor inagotable1
son á. veces los primeros en llegar á la vejez, porque
agotan más pronto las materiae fertilizantes que sus fllices encuentran en la tierra, mientras que aquellos que
presentan desde jóvenes una apariencia raquítica que no
dan más que hojas y esas en cantidad limitada, suelen
vivir mucho más tiempo.

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En el concurso de París á Marsella en que se trataba de
recorrer, entre ida y vuelta, una distancia de 1,680 kilómetros, ha sido vencedor el carruaje con motor de petróleo de Mr. Michelín, que ha hecho el viaje en 72 horas, 6
sea a razón de 23 33 kilómetros por hnra.
No nos dice esto mucho en favor de la introducción
práctica de los vehículos meclinicoE.
La velocidad de 23 kilómetros es excesiva, y á. nada
.viene tampoco demostrar que se puede hacer ese viaje de
1,680 kilómetros en un carruaje abierto de cuatro asientos: nosotros preferiríamos, con mucho, hacer ese viaje
en un coche Pullman y &amp; la velocidad de 100 kilómetros
por hora.

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Residencia de la Reina Victoria en Cimiez. -Hotel Regina.

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�DO ■ IIIGO

EL MUNDO

II DE AIIRIL DE •S!IT

- -----=~~-;._==---~-DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

I,A REI:SA DE INGI..1.TERRA

DAJtJAS DISTINGUIDAS MEXICANAS,

LA CICATRIZ

Su entrevista con el Presidente de la República francesa.

SU VIAJE A NIZA

El acontecimiento máe importante de la última semana en Francia, fuésin duda laentredsta qne 1nvo h.trr
en Noisy•le•Sec, entre el presideate de la Repúbhca
Francesa y la reina de Inglaterra.
L'l que ee dijo en el curso de est.a conversaeiún quedu·
ró apenas diez minutos permaneced prob11blemente se•
cretl.&gt; entre la reina Victoria y M. Fdil: Faure¡ cuando
más las cancillerías de las dos naciones tendrán vago
conocimiento de ello. Pero es indudable que este encuentro, que no autorizaba precedente alguno, ha sido
motivado por coneideracione1:1 1 en el númaro de las cuales, la cortesía ocupa un rángo mny 8t'Cundario.
Inglaterra y Francia BA han aconhvto de que estuvieron aliadas en 1855, cuando esa e~rna cuestión de Orien·
te había hecho necesaria tal ahrnrn. Cuarenta y dos
años han pasado desde entoncee, y los acontecimientos
cretenses han determinado una nneva at)roximaci6n.
J.Qué resnl~rá de ella? El tiempo nos lo dirá.
~os ha parecido ioteusantecuneervar la visión de esa
entrevista. La audiencia va á terminar, el Presidente de
la República 80 retira y besa la mano que le tiende la Reina Victoria. Esta escena que para á las seis de la tarde,
en un tiempo gris de Marzn 1 ei-t\ animada por la extensa
valla que en la estación forman dos grupos distintos: los
oficiales y los funcionarios de las dos naciones.
El embajador de ingla1erra 1 de levitón negro, está al
lado de los ayudas de campo de la reina. Un poco más
atr1ls el indio que e~tá encargado de la delicada misión de
conducir de la mano á. ::5u Graciosa Mageetad, se codea
con los ayudas de cámara ingleses, metidos en sus
trajes rojos bordados con las armas reales.
Al contrario de lo que muchos periódicos franceses pre·
tendían, M. Hanotaux, Ministro de Relaciones, no aeisti6 á la entrevista.
Encantada por sus precedentes permanencias en Niza,
la reina Victoria escogió por tercera yez esta ciudad pa•
ra pasar sus vacaciones anuales.
Este es, dicen los periódicos pari,3ienses, el mejor elogio que puedahacersedellitoral francés 1 que tos periódicos y los doctores americanos denigran con tanta malevolencia desde hace algún tiempo.
La vuelta de Su Majest,ad estaba subordinada al hallaz.
go de un inmueble capaz de poder recibir dignamente á
1a emperatriz de las Indias, y largas fueron las investigaciones antes de que el encargado de buscar alojamieJ1tO
ee entendieP!e con loa propietarios del Excelsior Hotel
Regina, c•1ya posición maravillosa y rica mueblería, debían tentarlo.
llizo:30 una instalación especial en el pabellón de la
derecha del hotel 1 absolutameute reservado :t la soberana,
y del cual no poa.fa eacaree mejor partido, t.anto bajo el
punto de vista de la distribución de las piezas como de la
de loa muebles, sencillos, pero de buen gusto.
Los departamentos de la Reina, situados en el primer
piso, ábrense sobre una terraza baíl.ada por olas de sol,
desde la cual la vi eta se extiende sobre esa divina Niza in·
mortalizada por los poetas.

El hombre momia.

3T

•-¿Y bien? dijo el capitán.
Sin dat'Be cuenta, respondió:
-Han visto. Vienen.
-Bajad, pues, exclamó el Jefe.
¡No tm~o tiempo de responder! Abrió loe
brazos, se dobló sobre )as rodillas y, como
arrastrado hacia atrás por el peeo de su cabeza, desde lo alto del terraplén rodó al foso interior haciendo desmoronarse la tierra.
Algunos soldados se precipitaron para levantarlo. Una voz exclamó:
-¿Estais herido?
Estaba tendido en tierra, con los ojos abier•
tos, inerte, con una bala en medio de la frente.
Los soldados le miraban consternados.
Entonces el cnpit.ln se arrastró basta el cuerpo y después de haber mirado un inetante eee
rostro para siempre inmóvil, pronunció estas
palabras:
-Era un valiente.
IluGu~ LE'Roux.

Era un nifto muy rubio, con tez de nh1n,
venas que ee traslucían debajo del cútie1 frente lisa y ojos azul pálido.
Muy delicado, se le había criado al calor
de la seda y de las caricias, oculootfmidamente de los resfriados, de los tra!!tornos 1 del
agua fría-de todo lo que mata. Así, con sol:!.
cuatro años, tenía aun la tor~za de movi
miento, la admiración de eqmlibrio de los
chiquitines á quienes una primera dfoblum
acaba de llevar, titubeando de orgullo, los
brazos de su nodriza á. losde su madre.
An~s de dormirse pensaba largo tiempo en
loe cuentos de brujas y deda:
-Cierra la cortina, mamá, ciérrala con un
gran alfiler, para que si la bruja llega it ¡mear
por ahí, no divise la luz de mi lamparilla.
Creció, y con él su cobardía.
Había cambiado su cuna por uno de esos catrecitoe de hierro donde duerme la inocencia,
los nií1os, y la castidad, los frailes.
EL:MONO
No creta ya en las brujas voladoras que lle,·an las gua.gas en sus canaetae¡ pero los ase•
sinos frecuentaban sus suenoe, el miedo á eee
;\n había &lt;'apita\ de provincia donde el iluemonstruo que ee oculta debajo de la@ cama~,
tre Pick uo hubiera dejado gratíümosrecuer·
acecha la regular respiración del suef\o para
dos.
le\'antar en las tinieblas su cabeza horrorosn,
Pick, el larguimcho Pick, el inimitable
alargar su mano que estrangula, su hocico que
Pick .
Era un artista lúgubre y burlesco á la vez;
chupa.
Y basta el chi!-porro~ del cnflón del can•
uno de loe más genuinos representantes di; la.
delero prolongaba sus veladas de angustiM.
escuela inglesa que, en lo que serefiereágimCon la frente l"mpapada en sudor, los rodillas
nástica e:x~ntrica, eeguia fielmente loa preceptos del prefacio de Cromwell, mezclando lo
debajo de la barba, acechaba en el cielo la danza de las sombras crecientes.
buío con lo horrible.
Una noche qu~ reabria sns ojos en en pie?.a
Ser m1ts delgado que rick, parecía á todos
medio obscura, despufs del entorpecimiento
cosa imposible.
Aquella delgadez aumentaba eparenteroen·
del prim.~r E.meno, entre su lecho y la blanca
te, gracias á los artificios de la malla de color
pared, no levautaree del suelo claramente una
de carne. El público creía. ver las costillas del
forma decapitada. Era In sombra de un rnaclown cuando este ealfa ,t la pista.
niq_uí, en e_l cual la costurera había dejado un
No habia otro más listo ni más agil, ni de
traJe de batle. La luz moribunda lo iluminaba
con una l~amaque, intermitente, hacía salir de
mayor resi~tencia.
Cuando no estaba trabajando se le veia
la obscuridad y volver á ella la silueta de la
meditabundo, aburrido,. como hombre que es•
gran muñeca.
Se levantó de su lecho para rechazar el fantú. fuera de su elemento.
A penas prestaba atención á. los ejercicios de
tasma, dió un gritó horribll! y ee precipicó al
las incomparable@ señoritas que, vfilótidas con
suelo.
t1 ujes griegos ó escoceses, saltaban por_los tra•
Lo recogieron desvanecido, mucha sangre ee
eecap,~~a de su frente. El médico que 1:1e lladicionalas aros de papel.
El público deliraba por Pick.
mó, d1Jo:
Pero no podía deciree lo mismo de los de·
-Tranquilizaos, no morir:1.: pero conservará.
más artistas del Circo Forelli, que no hacían
esta cicatriz toda su vida.
más que tolerarle, por no haber otro clown
En la violenta caída de su cuerro, la frente
habja dado en el filo de la pala de metal que
l'alleto).
que dignamente le pudiera reemplazar.
Sra.
Clara
Mariscal
de
Moran
y
sus
hijos.
(Fotografla
de
Y todos le adulaban, porque tenía un talen•
servia para echar el carbón á lachimenea. Es·
to daba á. la cicatriz semejanza con una cortamujer, y este reto estaba escrito al pie: u¿Por qué esta to extraordinario para amenguar el mérito de los trabadura. En_ toda la extensión del choque la rotura ee pre•
ha dejado eus ,·est.ido9?11
jo!ó! de sufl compafieros.
sentaba igualmente profunde.. Y como á cansa del dolor nif\a
Sus amigos declararon q11e debía batirse.
De Pick de~ndía casi siempre el éxito ó el fracaso de
?º había que_rido exponerse á la -picazón de su costura
El
sent'la
q\té
no
t,endría
fu~rzas
para
vivir
hasta
el
dia
1111 dd11tt.
Jamás ie reumeron los bordea de la herida.
de la salida de la escuela, con esta amenam de como,te
La madre no se consolaba de ef!taavería.
Ptiro lle~ó un día en que los artistas humillados vieron
suspendida sobre su cabeza.
-¡Yo que lo he cuidado tanto! decía.
mnv próximo el momento de la venganza.
Respondió como un sonámbulo:
Y se lamentaba y encontraba á su hijo desfigurado.
El vi~jo Forelli-un hombre de muy malas intencio-Podría despreciar este insulto, pues he dado mis prue-¡Bah! Cl~n~do ~ngas vein~ anos, mi ami90, le dijo
bas. Pocos meses antes de entrar aqní, viajaba en A le• nt.'s-compró á. un marino holandés, por una insignifiun día un vieJO ofici!3-l d~ Afnca, afirmarás a la mujer mania. He disputado C)D un oficial alem·in, que en alr.a cante cantidad, un soberbio mono, magnifico ejemplar
que te ame, que tu c1cntnz es una cuchillada. No le cos· voz hablaba mal de Francia,. Nos hemos batido á sable; de la especie¡ un orangután, que educado á fuerza de hatará trabajo creerte. Yo mismo serla capaz de engaf\ar•
be sido herido; tengo todavía la scílal de 1!1 herida al tra• bilidad, de ayunos y de latigazos, concluyó por adquirir
me. Y así esa arruga t,e hará más honor .que perjuicio.
todos los c0nocimientos necesarios para colocaTSe al nivez de mi f ren fe.
Un sablazo á través de la frente, sienta á mil maravillas
No se sospechó que mentía. La historia se esparció; vel de muchos hombres, y hasta para aventajar en sa.bi•
á un hombre.
las manos se extendieron hacía la suya¡ el caricat.urista durfa á. no pocos académicos.
Estas palabras le dejarofl pensat:vo.
Desde el día en que Taki-nombrecon que el mono fuá
Como en la sinceridad de nuestra alma nos parecen vino á su encuentro como los demás.
h1utizado-apareció en la arena del Circo, la estrella de
El lo P!'rdon6.
sobre todo extraordinario esas cualidades que superan á
Y debido li esta leyenda, acabil en paz su tiempo de es• Pick comenT.6 á. palidecer.
nuestro esfuerzo personal, el valor militar se presentaba
La inconstante muchedumbre fué fijándose cada vez
cuela.
á su cobardía revestido de un brillo divino. Y una irreCuando el regimiento en que había entrado de servicio más en el mono, mientras relegaba al olvido los delicioaistible tentación ee deslizaba en su corazón de hacer fué designado para que partiera á una lejana colonia, con- sos ratos que le proporcionaba el clown. Cuando el mocreerá la multitud que tenía el corazón hecho de la mis· ira un enemigo ealvaje que resistía valientemente á los no salía con uniforme de general inglés ó cubierta la cama substancia que los héroes cuya hist.oria leía y merefrancese@, se levantó para ir donde estaba su coronel y bl!za coa un colosal sombrero de plumas, el entusiasmo
cía compartir su fama y renombre.
d~ la mult,itud estallaba en estruendosos aplausos y acla•
decirle:
A.hora bien, en secreto, delante d~ loe espejos se pro-Dejadme permutar. )ti padre está muv viejo, me ha macione@, y nadie se cuidaba de Pick, del inimitable Pick,
baba el kepis. Levantaba la visera sobre sus cabellos des• suplicado que no me a:eje. He tenido la débilidad de ce- que dernraba en silencio su humillacióo 1 aumentada y
cubría la cicatriz gloriosa......
'
conver1idaen inaudita rabia por lao miradas furibundas
derá. sus suplicas,
Pero desde la puerta, al ver entrar al subteniente, ke- que el festejado animal le dirigía.
-Ahora, se decía, aólo tengo la apariencia de un nino
Pick agotó todos los recursos de su fuerza, de su inge•
que ha.caíd~ aob1;0 una pala, pero si mis bigotes hubie• pis en mano, con la frente cubierta por una bella cicatriz,
sen sahdo, m tuY1eae á cada lado charreteras mi levita
el coronel exclamó:
nio, de su habilidad.
P,!rO en vano exbibia caprichosas mallas sembradn
-Ah ¡mi valiente jo,•en! qué suerte tenéis para vues•
ciertamente que todo el mundo creería que en una refríe~
de estrellas y lunas, en vano cambiaba. la forma de su t,u •
ga he recibido esta herida.
troA estreno~. Volveréis con la cruz.
l)é de crin amarillenta y se embadurnaba el rostro con
Y no se rec1;83ba sino con los juegos de soldado, con
Y no ee atre,·ió á presentar su vergonzosa petición.
Se hizo al mar y recorrió con su regimiento alg11oas le- latas enteras de rojo y azul.. ....
tamborea, fusile&amp;, sables, cartucheras. Hue padres deguas en un país pantanoso. Había es¡wrado que la fiebre
¡Todos sus esfuerzos fueron inutiles!
cían admirados:
lo retendría en el hospital. Esta no Je hi7.o su presa por
-¡ Era tan miedoso en su infancia! Ahora no piensa
El mono le había eclip,;ado.
ironía. Una noche durmió muv cerca de las avanzadas
D&lt;&gt;minado por la ira y por la desesperación, herido en
ya sino en la batalla. Con toda seguridad haremos de él
su vanidad de artista y de hombre, Pick, el clown que
enemigas.
·
un cadete.
Por la mafia.na su capitán lo llevó en reoonocimiPnto tarto había hecho reír al público, sintió invadido su ceFué lo que sucedió.
Sin embargo, una angustia espantosa le oprimió el co- con una débil compaf'Ha para tantear f'I terreno. De, re- rebro por ideas horribles.
mzón cuando, abierto el diario, en la lista de los candi- pente, los chinos invisibles Palieron de t.odas parte"' v !ns
franceses no tuYieron sinlJ el tiempo de metersd eri ur
datos admitidos, leyó s~ nombre con todas sus letras.
Y una noche, á. las dos y media, cuando ni el más leve
Pa.eó la noche con pesadillas, con las sábanas snbidaa fortín abandonado, para eecapar iÍ la mat.•rnzn
ruido interrumpía el protundo silencio del Circo, confiaSe tendió allí al capitán graYemente heriJo, y que ya do
hasta la cabeza para no ver las perspectivas espant.osas
á la vigilauc1a de un palafrenero, Pick entró en él por
de campos de bata1la que se desarrollaban ante ~¡ con no podía sostenerse sobre su111 piernt,111.
una puerta trasera, cuya llave había sustrafdo.
apariciones; ee acurrucó para escapar al aplastamiento de
Hizo llamar al euhteniente- y le d•j•1:
Paeó con rapidez por delante de las cuadras donde tran-A1,.,igo mío, atad una bandera á v111:&gt;Ftro ~able y !-!Ubid quilamente
lae pesadas cargas de caballería cuyo viento creía sentir
dormían los caballos de volteo y de alta esal terraplén. Haced l?ef\al de quP estamos acorralado!': es cuela, y después de hacer una caricia á uno de los perros
eobre EU cuerpo.
Por la manana, ee arrastró hasta. la pie1:a de su padre preciEI0 que nos liberten. Los chinos van li disparar sobre amaest,rados, que empezó á grunir, pero que en seguida
para.confesar su cobardía. Cuando ya tenía la mano so· vos. Nos alcanzará.o. Y ademá.s, es el deber.
.El subteniente no dijo ona palabra, no palideció, pero le conoció, aproximóse al palafrenero de guardia, el cual
bre el picaporte, se desvaneció su reeolución.
roncaba tendido sobre un montón de paja y victima de
súbitamente se pum frío como una piedra.
Se dejó poner, pues, el kepis rojo.
borrachera fenomenal.
Con manos que no temblaban, ató su pafluelo al sable una
En el seto SUB compafieroe creyeron olfatear su cobarConvencido de que no se desperlarfa ni á tres tirones,
día y lo embromaron. La blancura de en tez, 1o rizado y con P"-80 vivo subió al terraplén.
Su silueta se destacaba en claro sobre el cielo azul Pa• siguió por el pasillo circular, deteniéndose ante una puerde sUB cabellos, la palidez de sus ojos de nifia, todo esto
ta, que empujó suavemente, acercándose luego, de puntifué cruelmente ridiculizado. U na vez enconL."6 en el dor- recia de abajo de una estatura extraordinaria.
En el acto una descarga nutrida de fusilería partió d:l lla~ !l unl. jaula muy grande, que era el dormi~rio de
mitorio'- en la cabecera de su cama, clavado en la muraeu rival.
lla, un aibujo que lo representaba vestido con un traje de fuerte. El no parecía oírla.

~.!=--=~-= -=.!=1t

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•

•

•••

EL HOMBRE MOMIA

Las rarezas patológicas son frecuentemente ,Pretextos
para exhibici&lt;.-nes. Cada feria cuenta en el numero de
sus atractivos algunas monstruosidades de que el público ee muestra amigo siempre. Aquí el gi9ante, "el hom·
bre más grande del mundo;» ahí el enano, ,,el más pe·
queí1o del universo;n acullá, la mujer t1on barbas, la umujer coloso,,1 después el hombre lrml.d&gt;, monstruo ectr6m1-lo,
privado de muchos ó de todos sus miembros; el 11hombre
pez 1 11 tuac,\d.o de esa afección cutánea que en el hospital
lleva el nombre de Jcthyosis¡ el hombre tllfJUtleto, y en
general, un caso de atrofia muscular, etc., etc.
'C"n clínico, recorriendo las ferias, podría reclutar más
de un Rpecimen referente á. la patología.
París posee acLualmente el Jiombre momia, y este nue •
vo fenómeno cuya extraf'ia apariencia atrae á los bobos,
no es mlis que el ejemplo de una afección mórbida, poco
frecuPnte, es ciel"\o, pero bien descrita y científicamente
estudiJ1da.
El Jl,m,J,rr 111,,mi,1 d ni" rtPl 'fl"IÍI-I del ~nl. no de Egipto,

2

EL MUNDO

Entrevisb de

la reina Victoria y el Presidente Faurc.

como parece indicarlo su nombre, sino de Pro..,eoza, don•
de nació su repütación y prnsperó r.tpidamAnte, sirncio ·
nada por los exámenes médicos y por ronchas pub'ica•
ciones científicas. Examinado al principio en Ma.rs~lla,
por l\f. P,atóo. inspiró al P,ofosor Gra!!set nna lección
clínica en el bosphal San Eloi, de ~1ont,p .. 1Jier. La. N,u.tia Icúnografi,, de la Salpetierrf'. ha publicado este inte•
resante estudio recogid·&gt; por ).1. Vedtd y acompanaio de
numerosas fotografías.
«A primera vista. dice el profesor (irasset, es un h'lm·
brJ disecado. El tejid•) celular Bllbcutáneo, ha desapare•
cido los músculos y los huesos est1ín atrofiados en extre
mo, la. piel presenta un sclorosis de las mAs ext.ensas.
P1Jr su cabeza evoca la imagen de la Santa M ,ría Egip·
ciaca de Rivera, todo su cnerpo está redncido al Estado de
esqueleto, pero es un esqueleto vestido de una piel seca y
colada corno una momia ( véase el grabado).
uVedle la faz¡ la piel est:t aplicada contra los huesoe, la
ausencia de músculos e!4 casi completa, el conjunto tiene
un aspecto cicatricial, 1a boca está inmó..,,1, rígida y en·
t.reabierta, como te.llaJa en un trozo de cuero, eegú o la
expresión de Cbarcot; loe labios muy adelgazados, son
sobre.do peque0os para recubrir los dientes, no pueden
unirse para silbar; las orejas, e.delg~zadas t.ambi~n y enrlurt&gt;ciclas, no están, por decir!, así, lobulada~. L'\ nariT.
deprimida en la base, muy afilada en la punt.a, presenta
Pn la parte media una salida marcada sobre todo enel li\·
do dt!recho; las alas están reducid~s al mínimum y no
g izan de un movimiento, las pupila&lt;\, replegadas y muy
cort!l". no llegan á recubrir naturalmente loi globos oculares y presentan por esta circunstancia un aspecto e:xhor•
bitante.
L 'ª hnesos de la faz eP.tán A.t.rofhdns, IA.111 mejillas dPP·
rarm,rli\8, la barba fruncirla. No tiPne barba pt-ro lo,-1 c..1,•
bello~ di son abundantes y normales.
Los miembros tambien est.á.n ext.N:"marll\mente redn~idos en todas sus dimensiones. La piel, de color amarillo,
maculado de placas rojizas, parece pegada á los huesoa,

cuyas aspere7.BS se dibujan todas exageradamente. En la
mano los tendones aparecen salientes como las cuerdas
de nn violin. Las pit&gt;riias tienen raro aspecto y las uñu
están vneltas hacia dentro,
..
La piel aunque distendida y espesa en ci_ertos sit~oa,
conserva aún cierta flexibilidad. Se l?uede prnch_arletm·
punemente entre los dedos, s~lvo al nivel de los ~1é~. Pe·
ro los moYimientos dP lo!'\ mienbros_son muy hm_1ta:d011
por las ret,racciónes ílbro➔RS, en particular. los roov1m1en•
tos de extensión. Así el sujeto conserva su;mpre una .ac•
titud ankilosado, su pie sobre todo, parecefi1ado á. su pierna como si fuese un pie de madera. Se vueh•e como una
pie1.a, como una estatua eo la sala de un ta\ler.
En cambio, ~Fte esqueleto ambulante t1en~ corazón,
pulmones, estómago. que han conservado sus 1ustaa proporciones y que fn!lcion~~ bien_.
.
Tiene buen apeuLo, digiere bien, &lt;l:uerme !º ~1smo. Su
sensibilidad P.@tá. intarfat.. No seque]&amp; de nrngun dolor.
Sus facultadt!S intelectuales no están afectadas_ e!1 mo•
do alguno; platica con agrado y muest~ conoc1m~entoa
que te habrfan va liño en la escuela e! primer prem.10.:-···
Soloqu.:i Hl f'Bpfritn, como lo@ de ciertos reyesf'g1pct08,
permanece oreso en la momia viviente de un cuerpo que
mspira horror.
Los gm.nñP.,. politicns se sirven de las pasionesi pero
no las ex~rimentan.
G. RJ.han.
El amor perd·lna to3o. El amor proph&gt; nada.
C1rlo1 de 1J1 r1Lard.

•• •

�EL MUNDO

•

DOMINGO 11 .DE ABRIL OE 189

EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

Brilló en la semioscuridad que allí reinaba una hoja
de acero.
Taki no se había despertado y su cuerpo, tocando cae:i
los barrot.es de la jaula, estaba en situación muy á propó~
sito para que Pick le arrancara la vida de un solo golpe,

•••

El clown, al levantar el brazo, avergonzóse del acto
que iba á realizar.
Repugná.bale, en aquel momento, asesinar al mono, y
pensó á la vez que su cobarde acción no serviría para Fa•
ciar por completo su sed de venganza. Deseaba matará
Taki, pero luchando con él, e~truJándolo entre! sus nervudos brazos, mordiéndole1 desahogando, en fin, de un
modo brutal, toda la furia, rencorosa de que se senna
poFeído.

Y dominado por esta idea, mezcla extrafía de instintos sanguinarios y nobles, arrojó el puñal y abrió violentamente la plJerta del encierro.
Taki abrió los ojos y Pick comenzó á hostigarle para
que Be enfureciera.
Debió aquel comprender, indudablemente, que tenla
d-alante un enemigo temibh·, porque salió de la jaula con
el cuerpo encogido y los ojos brillantes y en actitud amenazadora.
De pronto alzóse sobre sus patas traseras, y hombre y
mono se confundieron en estrechísimo abrazo, que babia
de terminar con la muerte de uno de los dos comba
tientes.
Pick tenía mucha fuerza y una agilidad portentvsa, y
Jas empleó bien para t.icfent.ier.;~ de Taki y para saciar eu
él su rabia.
Era aquel un duelo grandioB0 1 en el cual los rivales pro
curaban destrozarae mutuamente sin lanzar un solo grito. Transcurridos algunos minutos, comprendió el clowu
que su vigor se debilitaba y que era preClso acabar.
Hizo un supremo esfuerzo y trato de derribar sobra
el suelo 4 su contendiente.
Pero Taki, comprendiendo también que aquel era el
instan'8 decisivo, logró desasirse de los brazos que le sujet.aban, deslizóse eutre las piernas de su enemigo y, agarrándose á ellas, le volteó.
Al mij¡no tiempo oyóse un espantoso crujimiento de
huesos y'"la angustiosa voz del hombre que gritaba:
-¡ Esto es una traición!. ..... ¡Dios mfo!. .....
.Así murió Pick, el larguirucho .Pick, Pickel inimitable.
PAUL GINISTY.

•

UN ROBO

Arnoldo se pa~eaba ·agitadamente por la acera de la
calle de la Esmeralda. Era indudable que estaba muy
preocupado.
Me acerqué á él y le dije:
-¿Aguardl\S á alguien para darle una bofetada?
-No, repuso. Lo que sucede es que no tengo la conciencia tranquila.
-En ese caso te dejo solo.
-Al contrario, quédate.
Y añadió:
-Estoy devanándome los sesos para buscar el medio
de que la portera de esa casa acepte doscientos pesos.
-¿Por qné no se los das sin rodeos?

presionable, qne cada día deEcubro en ella encantos nuevos. Cuan&lt;lo b lgunos de estos días buenos Ealimos de casa y vamoa por la calle Florida ó por la avenida, sedetie·
ne en todos los escaµarates. La pobre dt"searia e~to y lo
i&gt;tro, y lo de m.ís 1111.i, que yo no puedo pruporciop.arla.
Ent.onces da un e:uspirito y cunii11uamos nuestro paseo .
Pvr tol'l,uua, sus ambicione::! 80U pasajeras. -Semejs.nte
11 la rnariposilla de tenues alas, se posa un instante en la
flor, y en seguida se aparta de ella sin dejar t::1 más leve
rastro. Pero t:&gt;ntr~ todos lus caprichos que he visto brotar
y dhiiparse tao tas Vt'Cc!:', hay uno que he tenido que sa•
til:lfocer fon:ornm~nte. Enu11a, que antes de nuestra boda
vivía con su familia en el:!a casa, bajaba á menudo desde
el pisoalt11 á la pont-ría para recr!!arse con los gorgeosde
un canario maravilloso . .Ta111ás ha habido pájaro alguno
de su especie qne haya modulado sonidostandulce1::1, frases tan t;vrprendt&gt;Ltes; en un certámen hubiera vencido al
ruiseñor y al jilguno.
lJuandu no.1 cas,ltnos, Emma 88 fuéá vivir cnnmigo en
una mo&lt;lesta casa baj¡1. de la calle Anchorena, consider,índose enteramente dichosa con poseer un jardín de40
metros cuadradu,i, &lt;il que daba sombra un arbol algo tristf\ corno todos lus prisioneros, pero que llenaba cumpli•
dameure su pape.: Cada vez que un rayo de sol iba Ailuminar nuestros rosales y nuestras dalias, exclamaba.
Emma:
-¡Q 1é dichoso serfa Titi en mPdio de es-A follaje! Tití
era el canario de la calle Ksmeralda..
Arnuldo interrumpió su marcha.
Impresionado por la. pArsistencia de aquel Afecto, aila•
dió, mld encamind it verá la portera, hablé con ella largo
rrLto, á guiea &lt;lt! proemio, y abor-ló 1esueltarnente la cuestión.
-'.\Ii mujer, la dije, habla con frecuencia de su canario
de Udted.
-¡Ab! Si. Lll 1,eñorita Emma, Jp quería mucho. Estoy
segura de que Ae recorrería. toU.~ Holanda ~do encontrar
ninguno igual ui parecido.
-¿:'.fo podr a yo adquirir alg11110 semejante?
-lfo cuanto al plumaje, es muy posible; pero cantando no hay otro como él.
-¿Por qué no me lo vende usted?
La portera se ir~uió con arrogancia.
-¡Oh! ¡C,lballero, eso nunca!
-¿Quier .. ustt!d 50 peso:.?
-Imp,1&lt;:iible.
-¿Cieu?
-No lo daré por ningún precio.
-¿Y por doscientos pewi.?
La mujer dirigió una. mirada á laja da donde Tití se
estaba dand? un atracón de alJliste, y r~·p11so:
-Lo sentiría much() ......... No puedo 1:1epararme de él.
El desconsuelo de Btnma, fué terrible al conocer el mal
éxito de mis gesLiones. Transcurrió el día tristemente.
Al salir, observé que mi esposa trataba dldque no pasáramos por la calle de la Esmeralda.
Para concluir. Viendo que la diplomacia no daba resultado, decidí apelar á la fuerza.
Al dia eiguiente pasé por la casa de la calle Esmeralda
en el momento en que la. portera, vestida de obscuro se
disponia á ealir.
'
-V?Y á ver, me dij&lt;?, á un primo.mío que es empleado
de pohcfa. Estoy temiendo que pierda el pues.o. Mi
marido se queda cuidando de la portería.
Una idea diabólica cruzó por mi cerebro. Tomé un coche de plaza y me fní á una pajarería á comprar el cana
rio que más se pareciese al ave codicia.da por el color
del plumaje y por una especie de corona n~gra que tenia
en la cabecitia. Cinco minutos después entré en la porte.
ría Y rogué al portero que me hiciese una compra 1 para
la cual le tli tres pesos.
~o bien hubo vuelto las espaldas, me apoderé del maravilloso canr.or y metí el extrafio en la jaula. Mi mujer
no cabía en sí de gozo ...... Sin embarrro, me atormentaban los remordimientos y á los pocot días volví á verá
la portera.
-¿Conserva usted el canario?
-Sí, sefior.
-¿Acepta usted mi anterior proposición de· vendermelo por 200 peeo~?
-¡Ah, caballero! exclamó. Ahora no lo daría ni por
un tesoro . ¿Querd. usted creer que desde el último día
que nos vimos no ha cantado ni una sola v"lz?
( El pajarero me había vendido una hembra).
UmncK.

-Lns ha rechazado.
-;'PnP~ insiste!
-La insistencia seria una confesión.
-¡Una confesi.'m!. ..... ¿"De qué?
-De que se los he robado.
-¿Es posible?
-Como te lo digo ....... Escucha.
Se detuvo un poco y continuó:
-Ya sabes que sigo enamorado de mi mujer. Esto
no es mny frecuente al año de matrimonio· pero es una
mujer~tan simpática, de tanto entendimie~to y tan im·

Sentado en una loma, al pie de una barr&amp;nca
Con su guitarra amiga. á sola&lt;.i, canta un ciego ,
Y notas tri11tee, l,mguidas, al instrumento arra'nca
Con la tristeza mística del solitario ruego.
'
L&lt;l envuelven resplandoMs del sol 1 crepusculares·
Los vientos de la tarde su cabellera azotan,
'
Y al par que en el espacio se pierden sus cantares
Gotas de amargo llanto de su. pupila brotan.
El sol bañó en su~ rayos de re!!plandores rojos
El fruto_de esos párpa~os, inmóviles y muertos,
Y yo enJugué una lágnma al ver aquellos ojos
Para el placer dormidos, para el dolor despiertos!
Para él no hay sol radiante, ni noches estrelladas
Ni amarillenta luna que surque el firmamento;
'
Para él no hay cariñosas sonrisas ni miradas
Ni pájaros errantes que crucen por el vien~.'

Para él no hay más que sombra. Para él nada fulgura:
Rs justo que se aflija y en RU aflicción imploni,
Y que cuaudo alce un canto desde su noche obscura,
Ananque notas tristes á su guitarra y llore!. .....
Pero también la sombra cruzan radiantes huellas;
En negros nubarrones el rayo centellea;
En las obscuras noches fulguran las estrellas,
Y surge entre la sombra1 más diáfana la idea.
Si más que luz da sombra la claridad del día
Y el mundo de la forma, la humanidad ofusca,
¿El cieto ve el impulso divino que lo guía,
Y claros los misterios en vano el hombre busca?
¿Yerá en su fondo mismo de Dios la omnipotencia?
/.Traspasad los lindes del misterioso arcano,
Y con los ojos fijos por siempre en su conciencia
Ü&lt;lnoceráel abismo del corazón humano? ..... .
Entonces que no llore, que cante, que P(lnría,
)Lis lumbre hay en sus ojos y en au in.terior mas calma:
Q1ie no abra la pupila porque la luz del día
Pm:ide lanzar tinieblas sobre la luz de su alma.
Drruo Unrne.
Abril de 1897.

Como dos mi;ripoe-as sobre la nieve
vuelan tus manos blancas por el teclado,
y sollozan las notas que ha despertado
de tus ágiles dedos el soplo leve.

El ambiente está obscnro y en el nublado
cielo la luz se apaga temblanao ...... llue-ve .... ..
como dos maripoeas sobre la nieve
vagan tus manos blancas por tl teclado.
Cae sobre mi espíritu un llanto helado
y el pensamiento triste, que no se atreve
á volverá los días de mi pasado,
mira volar tus manos por el teclado
como doB mariposas '3obre la nieve.

Dit z 111t\rmole-s icónicos de testas milenarias,
Fo¡,o1 tan

en z::ns 1iuca~ la cripta medioeval
q,le guarda la~ yacentes est.ituas funerarias
U.e: n1onjt'S y aUalitJ.e,; de gran cepa real.
Ahí por siempre moran las viejas canonesa!:!:
al lado el firm~ báculo, al pecho el aurea cruz;
los áulicos primados, las graves doctoreeas,
espectadore:J mudos de la perenne luz .....
Ahí Rns manos juntan en actitud de ruego:
,vilf,edn, ,~l re.1.1 Vélfo,,llJ; Tristán, alma ck kón¡
Raul. el de la roja cimera y negro escudo,
con lisPs en un campo de·gules por blas6n.
En ángulo quieto que ú. la plegaria invita,
en el marmóreo táJallio dono.e tt'ndida t&gt;etá,
inll'.l.6vil, casta y bella, düerme Margarita•
( fa rtina de las trenzas flor-idus) de Valois.
Los mamo leos posan eus moles vetfodas
en míticas quimeras, bicornes y iiladas,
de arborescentes colas y de ademán flemático,
que escrutan el silencio pobfado de pavuras
y clavnn en las hoscas y arcaicas escultUtas
él dardo de su ojo trnnquilo y enigmático.
En las paredes se abren profundas hornacinas,
donde á los besos tenues de occidua luz solar
que llueve pólen de oro de todas las vitrinas,
exhiben los doctores su túnica talar:
San Agustín, flagelo d~l mónstrno Maniqueo,
medita en el abismo de la honda Trinidad;
San Pablo-el fiero apóstol-escribe á Timoteo
preceptos ecuménicos de vida y de verdad;

='t=- =l'@-='t=-='t=ACUARE;l,A

H, bía cerJa un bello jardín, con más HorPs que azaleas
y más violetas que rosas, Un bello y pequt•flo jardín con
jarrones, pero siu estátuaP; con una pila bhinca1)ero sin
surridores, cPrca de una casita como hecha I ara un cuento dulce y feliz.

í

-

.

1

.., J,.
•

CHDPIN

PARA UN MIS Al.

. );,,e\ -l
I:::_

J~r6nimo, el adusto doctor, el eremita
de cut&gt;rpo e~queleteado, de gran calva senil,
en su cavern.1. brava junto á la cruz medita,
forjando su potente dialéctica sutil.
. .. Y .\Iagdalena gime, á solas con pnnzaotes
dolures; su cabello riza 1o y blondo, cae
sobre sus ~uos, breves, agudo8 y distantes,
cuyos pezont'S fingen dos yemas rozagantes
en el 1ri1?al de oro que el viento lleva y trae ...
El fü,mbo, excelt-o amparo de las querellas mfsticae,
corona un baldaquino de sobrio y rico plan,
y 0Etenta entre sus gajos las armas cabalíeticas
de Lucas, de Mateo, de '.\1arcos y de Juan.
Los cuatro, en hondos éxtasis, en actitud arcana,
parece que contemplan la Esencia Soberana
del Logof:1, hecho carne de befa y de baldón;
y en su profundo arrobo y en su expresión de artietas,
fingen un quator lírico de bardos simbolistas
q_ue riman loe rumores polífonos de Sión ........ .
Cuando la noche llega, velando el hemisferio
del dombo, con sus gasas de pompa sideral,
las gfrgolaf:1, los gri íos, los tra!!gos del misterio,
penetran á la cripta volando en espiral;
Despiertan á los santos doctores en sus frías
moradas de reposo, galvanizando van
los áridos cadáveres, y en fúnebres theorfas
entonan el 'l'n~r,g,o tremendo de Isaías
al isocrono y lento compás de un ademán.
AllAD0 N1!:RVO,
1897.

t '
I.AS INCONSTANTE;S
.~·

LA MUCHEDUMBRE

LA OLA

.

V

F.? la pila un cisne se chapuzaba revolviendo el agua, sacudiendo las ala:; dri un blancor dt-i nieve, enarcando el
r.uell•&gt; en In forwi del brazfJ de tt11a lira 6 el asa de una
ánfora, y moviendo el pico húmedo y con tal lustre como si fuese labrado con una ágata de color de roea.
En la puerta de la casa, como extraída de una novela
de Dickem,, t&gt;staba una de esas viejas inglesas, únicas,.
solas, clá8icai, cun la cofia encintada, los anteojos sobre
la nariz, el cuerpo encorvado, las mejillae arrugadas, más
con color de manzana madura y salud rica. Sobre la saya.
Qbscura, el delantal.
Llamaba:
-¡Mary!
El poeta vió lli&gt;-gar una joven de un rincón del jardíu
hermosa, tri!tnfal, sonriente¡ y no quiso tener tiempo si~
no para meditar en que son adorables los cabellos dorados cuando flotan sobre las nucas marmóreas, y en quehay rostros quo valen bien por una alba,
Luego, todo era delicioso. Aquelloi quince allos entre
las rosas-quince afias, sf, lo estaban pregonando unas
pupilas serenas de niña, un seno apenas erguido, una
frescura primaveral, y ur a falda hasta el tobillo, que dejaba ver el comienzo turbador de una media de color de
carne;-aquellos rosales temblorosos que hacían ondular
sus arcos verdes, aquellos durazneros con sus ramilletes
alegres donrle ee detenían al paso ]as mariposas errantes
llenas de polvo de oro, y las libélulas de alas cristalinas
é irisadas, aquel cisne en laanchi.a taza. esponjando el alabastro de e-us plumas, zabuytSndose entre espuma3eos y
burbujas, con voluptuosidad, en la tran13parencia del
agua; la casita limpia, pintada, apacible, de donde emergía como u na onda de felicidad; y en la puerta fa anciana, un invinno, en medio de toda aquella vida, cerca de
Marv, una virginídad en flor.
Ricardo, poeta lirio!o, que andaba á caza de cuadros,
estaba allí con la satisfacción de un goloso que paladea
coeas exqnisitas.
Y la anciana y la jf)ven:
-¿Qué traes?
-Flores.
•
M@straba Mary su falda llena oomo de iris hecho trizas, qnq revolvía con una de sus manos grácileflde ninfa,
mientras muriendo eu linda boca purpurada. sus ojos
abiertos en redondo dejaban ver un color de lapizlázuli
y una humedad radiosa.
RuBÉ:. DARÍO

•

Allá viene la ola, la pérfida, la hija caprichosa del vie •
jo ebrio: se estremece, es fragil como la nubf', nerviosa
como su hermaJJa, la mujer. Viene rizada con au blanca
blonda de espumas, cantando la canción del náufrago, y
bromeando y riendo, se tiende negligentemente sobre la
playa y bern la arena; pero el anciano, hecho &lt;le ea!, se
enfurece y la llama con su voz ronca; el la, at.emorizada,
se retira melancólicamente y se aleja rnspirando hacia
otras playas, mientras que el viejo gruñe y siente celos.
Allá va la ola, la pérfida, la caprichosa hija del viejo
ebrio: ya olvidó la orilla que besó al nacn el dfa. Se
oculta el sol, y ella sigue su marcha, bromeando y riendo, con BUS cadencias melodiosas, relampaiueando plata,
á otra costa de cerros muy verdes, donde nay caracoles,
conchas, grandes peñas, moluscos qne duermen .
LA NUBE

Se despereza voluptuosamente bajo la arcada del misterio: ella ha creado el país de los auef'ios; es la encarga•
da de hacE'r variar el panorama místico; creó las sombras
y creó el amor; es la étérea errante, la bohemia mágica.
forma el alba, se mancha de carmín, se envuelve en P"·
plos de oro luminoso, se tiñe de rubio ...... Es un velo de
novia, luego una flecha, un león, un haz de espigas, un
destello, una corona de laureles, un manto funerario; y
se pierde, lejos. muy lejos, vaporoea, pálida, para apare·
cer en otras regiones salpicada de luz, sangrienta, tormPntoea, vestida de negro.
Reina del aire: tú fecundas la madre tierra, tú ador•
nas el traje blanco de la Aurora, tú traes la alegoría á la
leyenda biblica que formó el cielo y divinizó el color
azul; tú eres fi'agrada porque vives en la altura, tú eres
diosa porque eres adorada; pero eres variable, eres de·
leznable. Simbolizas lo ideal: eres la ironía.
LA MUJER

Herruoeura y nervios, belleza, desdén, orgullo. Eres
frágil, porque te enamoras de un perfume, de una flor,
de una piel tefi.ida.
Eres ínígi 1, porque tus cabellos ondulan á merced del
viento, porqne tus ojos jamás descam~an, porque tu vaho
es la brisa d~I pudor convertida en voluptuosidad, el mareo de una virginidad fogosa, la huella silenciosa del
misterio.
El amr,r es tu boguera: allí te incendias. El amor es tu
altar: allí está tu cá.liz. El amor es tu crepúsculo: alH
están tus esplendoreA y tus sombras.
Tú vi ves del recuerdo: eTPs la frívola adorable, la nodriza di \.'i na que reparte la ambrosía y da el brebaje á los
profanos del santo bimeneo.
·
Tú purificas ó corrompes; tú haces ablución en los ritm rmsteriosos del dolor, ó caes sensual abrazada del vicio en las mudos santuarios del placer. Eres angel, eres
estatu l 1 eres esfinge.

La carne hecha mármol, la masa inconsciente é bisté·
rica; un ronquido de beodo que acompaña las pantomimas de un payaso, glorificando lo que ayer despreció.
La entusiasma la voz potente de un tribuno ó el sonido
seco de un cuerno; se embriaga con la música y con la
pólvora; es un tejido enorme de nervioe excitados por la
impresión del momento, dominados por la mneca exagerada de un E'.'altimbanqui. Destroza por un símbolo, arroja incienso y flores ante la espuma criminal de un lago
de sangre. Desaparece la idea de humanidad ante un
personalismo pasajno. Es un titán que se convierte en
niño.
La animación de la fiebre, la voluntad en el decaimiento de las grandes crisis, el vértigo enervante de las agru
paciones¡ y después, nada, decepción; caen los falsos [dolos, y la misma masa que los elevó se alza poderosa para
aplastarlos. Es la ola humana: tiene la ironía de la nube
y los caprichos de la mujer.
PEntt.o CÉSAR D0Mu1c1.

PAGINAS NUE;VAS
"Oro y Negro" de Francisco M. de Olaguibel.
PROVENZAL
A

Carlos Dísz Dnfoo.

El viento de la tarde trémulo agita
del platfado olivo la fronda cana,
y del mar rnmoroso la voz lejana
bajo el cielo de estío canta y palpita.
Sólo turba el silencio de la infinita
soledad de esa hora, la soberana
canción que entre Jos tallos de mejorana,
con escalas salvajes, el viento grita.
Loe himnos estridtmt.es de las cigarras
surgen entre las anchas v verdes parras,
se oye el sordo murmull0 que en los cantile!:!.
alza, cuando se estrella, la ruda ola
y, guiada por pitos y tamboriles,
pasa, rJpida y leve la farandola.

PRIMAVERAL

Los huracanes de Marzo se han acabado de llevar la sá.bana helada con que el invierno había amo1tajado á la
Naturaleza. Abriles mensajero de la vida, y trae t'I en•
cargo de r~::iucitarla con sus dulces besos.
Fiesta tienen los campos, y fiesta hay en los jardines,
paramentados como altares, para que oficie en elloM la
luz.
Jóvenes, ancianos y nifios, celebran en estos momentos la renovación de Ja vida, el alumbramiento dela Na•
turaleza, la fecunda primavera.
Aquí quit:iera yo verá. mi buena y querida madre, por
estas calles pobladas de gente feliz, confundida con estas hermosas ancianas que lucen sus guedejas de nieve
corno joyas de honor, y Uevan en el pecho, á la par de
las jóvenes coronadas de oro, su ramillete de f:loref, de
la8 primeras que brotan al sol primaveral.
Yo no sé pur qué nos parece, allá. por nuestras tierras,
profanación ó ridículo el que una anciana.lleve como
aquí flores sobre el corazón, cuando con ellas adornamos
laM imjgenes y las tumbas, la santidad y la muerte. Cualquiera diria que entre nosotros, el haber dado la vida á
otras criaturas, el haber vivido para levantarlae, educarlas y vt&gt;rlas l'eproducirse, es extralimitar la mt:dida de la
huruana exii:stencia. Allá nuestras madres mueren socialmente cuando dejan de ser jóvenes. Aquí la vejt-z constituye ornamento venerable; es como sacra prenda de
otro tiempo, que tod1.,s ponen con orgullo á la vista, para
que sean bien mirada.
¿Y por qué razón han de ser1 la gloria del salón, el aire
de las avenidas, la sombra de los parquee, el placer inocente de la vida en la sociedad y en la n1turaleza, pri vilegio exclusivo de los que llevan todavia alta la frente y
frescas las mejillas? Por qué recluir nuestras madres á
la labor y á la oración? ¡Si en sus aí'ios están sumados todos los de nuestra vida! ¡Si sus cabellos blancos son la
corona de plata que, junto con el tiempo, les labraron los
cuidados de nuestra existencia! Sus ojos no centellean,
por que velaron mucho nuestro suefio; su tez no es tersa, porque por ella corrió mucho llanto para que nosotros
rié~~mos ei~mpre; y si su cuerpo se inclina, mucha parte tiene ea ello el hábito de extendernos los brazos para
ponernos en pie sobre el planeta.
Me encanta ver estas madres con sus cabezas escarchadas, y sobre el pecho un manojo de lilas, presidiendo la
animación general en las mallanas de hermosa primavera . Me parecen ellas las legítimas sacerdotisas del culto
de la vidaen sus renovaciones, porque han vivido mucho¡
porque han llevado tributarios á las densas corientes humal...u1.s; porque han ensancfiado el espíritu de sus renuevos con el afán de la esperanza, que es la primavera perpetua de las almas; porque sólo ellas comparten con el
Creador la divina satisfacción de sentir palpitar la vida
de los seres antes que el sol los alumbre y el aire loe acaricie y la naturaleza los reciba en Sl1S brazos maternales.
Las Madonas de Rafael son cada día más hermol!as y
divinas, á proporción que el tiempo va fundiendo sus colores. Lo mismo sucede con nuestras madres. Aquella
belleza singular que de niños !ó!e nos antojaba ideal de loa
cielos, no desapar~ce sino que á nuestra vista se trans•
forma. El tiempo la va dorando con su maravilloso barniz, sacado de la esencia del misterio¡ la va dando transparencias y placideces m[sticas;:......Ja va añadiendo á lo
bello lo adorable. ¡Cuánto noble reposo en sus actitudes; cuánta sabia fijeza en sus ojos; cuánta dulce melancolía en sus sonrisas; cuánta augusta dignidad en todo su
ser! Es que ahora el artista que anima el cuadro es el
alma. Ya lo abandonó con sus últimos toques el pintor
fogoso del colorido; el que pone eobre el rostro á nacer
eoles y á reventar claveles; ahora. viene el apacible pintor de los crepúsculos, el de las noches eerenas, el de la
belleza tranquila, y paea sobre el cuadro su pincel empapado en lnces vespertinas y en destellos sideralea.
Sí, son hermosas, muy hermosas nuestras madres. Vengan rojos labios; vengan chispeantes ojos; vengan ebúrneas frent_es, y yo preferiré :poner~¡ beso, y con mi beeo. toda m1 alma, en esos labios pá:1dos que pronuncian
mi nombre en sueños¡ en esos ojos tranquilos que rueven
ausentes; en esa frente surcada en que está. escrito mi
nombre hace más de cincuenta afios!
Aquí quisiera yo verla, en esta procesi6n de la primavera, confundida con estas n-inasdecoronas de plata llevando también Cf'lmo ellas á los altares de la Natu~leza
inmortal su ofrenda de flores, que yo para su pecho
arrancaría á la rama de lilas más gallarda.
X ICANOR

Boi, ET

PERA~A.

�DDIIINC.D II DE ABRIL DE 1897

•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMIIIGO II DE ABRIL DE 1897

ENGAÑO SUBLIME-Pori'.blaría!!esc:ot.
NUl!'IER05,

La Seflora Fourneron se encontraba en su caea, presta
á salir¡ pero!viendo entrar á. }""elipe, arrojó un alegre grito:
-¡Ah! estás aquí, queridito mio! Pensaba en tí. Aglaé
de Lezines pretende que nos ocultas algo. ¡He! :He! cosas del corazón. Apuesto á. que be adivinado! Vienes á
confiarte á tu tía J'ourneron, sabiendo que ha hecho que
ee logren loe matrimonios más difíciles? Eso supone una

confianza plena. Dime su nombre. Había atraído á. Felipe y hécholo sentar sobre un pequefio canapé. Le mi•
raba eonriente y golosa del i)equei'ie secreto de amor que
ibaá eerle confiado, y alentándolo, siguió:
-Pero no respondes; temes sin duda haber llevado tus
anhelos demasiado alto y que no sean acogidos? ¡Hum!
será dificil no amar á un muchacho tan guapo. Y el

amor, ya lo sabes, á nada resiste. Por lo dem,e-- tenemos
para ofrecer una carrera poética, llena de atractivos para
las almas románticas, un lindo nombre, con partícula1 lo
que no es para desdeñarse: una pequeña fortuna, modesta pero segura¡ yo no veo mas que un obstáculo¡ eres muy
joven, pobre muchacho mfo; sed preciso obtener que
ella sea paciente y constante: fíate para estoá la tia Fourneron. Ye tú, yo tengo buena manp¡ soy yo q11ien hacaeado á la pobre Elena, y durante los siete años de su
unión, no tuvo una sola ¡ena.
El dijo ávidamente:
-¿Está usted segura, bien segura?
-Cómo segura ..... . poco y tanto como de la existencia
del sol! no solamente ni una pena, sino ni una contrariedad, ni una nube. Fué amada como merecía serlo.
En cuanto á tí, b.ijo mío, tan luego como me digas su
nombre ..... .
- Yo no pienso en casarme, dijo él.
-No piensas en casarte, Felipe! en qué piensas tú,
puea? Por qué pareces tan preocupado?

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El se levantó y se pasó una mano por la freut.e:
-Nada, no es nada, y le agradezco ..... .
No era empero á aquella mujer indiscreta y curiosa á. quien pod.ia decirle su
.¿
_/ duro tormento. Salió de ahí con paeo lento, pensando: «La intriga eEtit muy
bien oculta, muy bien secreta, puesto que ni las :primaa Lesinee, ni, sobre todo, la t!a Fourneron, la conocen. Elena debió sorprender el adulterio y ocul
t6 fieramente la injuria.
Se extremeei6; una sospecha dolorosa acababa de nacer en su espíritu y crecía hast.a la certidumbre; esa sospecha explicaba Ja ignorancia de la tía Fourneron y de las ee6orims de Lezinea, pero explicaba sobre todo, la ardiente
súplica de Elena: -.Júrame proteger li Lila.•

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ran buen artículo.

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�EL MUNDO
uEso,)) si, l(eson debfa ser, «eso!» t1Eso 1 )) es decir la se•

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duccióu más vil, ]a que se disimula bajo la· sombra de
Jecho doméstico, la que abusa de la dependencia de la
cria:1a para obtener de ella vergonzosos favores¡ eedución
que desh.onra á un caballero tanto como un abus.;, de oonfianza.
Rlpidament.e examinó el personal femenino de la casa : Mariana, la vieja cocinera, fué puesta aparte: cincuenta afias de edad; pero las otras dos mujeres eran jóvenes; la una, Otilia, la recaruarera, morena, pálida, un
poco delgada, de modesto aspecto y correcta y afinada
por el contacto diario con su ama, con actitudes de dama
y el aire muy dulce; él pensó: ((una hipócrita." La otra,
Marieta, la niñera de Lila, pequeña, no linda, pero fresca con la frescura de la juventud y la alegría un pooo
bulliciosa de las gentes· de campo ... ..... .
Tornó á. ver los pobre3 ojo3 moribun los que implonban; pero la última parte de la plegaria no dejó de turbarle: ((Cuando Fernando se vuelva á casar ..... .. ... i,
Volverse á. casar!
Eutonces, se casa uno con ..... . Y por qué no? pardiez!
aí, aecasa uno así. Uno de use tíos maternos, por ejemplo, ¿no se cas6 á lo3 sesenta años con su criada? Hubo un
escándalo en la familia, pero resistiendo á. los extrafiamientos y pretendiéndose fuera de toda ley y suficientemente mayor de edad, efectuó su boda.
Y aun suponiendo que Fernando no se casase, Felipe
veía en un porvenir próximo y sombrío á la pobre Lila
entreg:\da á merced de una mujer viciosa, que podría á
su antojo embrutecerla y corromperla acaso.
El termino de sus vacaciones llegaría mpy pronto.
Partiría él llevándose esta inquietud mortal, y si partía,
no faltaba á su juramento? Por tres veces, repitió en alta voz: «Qué hacer? Qué puedo yo hacer? Qué debo yo
hacer? Sentía demasiado en su angustia que jamás osaría
dirigir á. su cuilado la insultante interrogación, Murmu •
ró: «Seré astuto, investigaré, espiaré ...... mas espiar, es•
piar .... .. yo soy su huésped, como su pan, qué vergüenza! No, es preciso tener el valor de interrogarle sobre sus
proyectos para el porvenir¡ acaso coasentirá en separar•
Be de Lila. Yo la confiaré á las primas de Lezines, á la
tía Fourneron ...... Sí, sí es preciso, absolutamente hablar
:t Fernando.n Un sudor ligero mojaba sus sienes, en tanto que subía la escalera y que llamaba á la puerta del taller de su cuñado. Este, viéndole entrar, le tendió las
dos manos con un gesto afectuoso;
-Soy muy feliz viéndoos 1 Felipe, os veo tan poco,
querido hijo! Oh! no os hago reproche alguno; vuestro
dolor, como el mío, busca la soledad y e l silencio; los
consuelos le importunan.
Bajó lavo:, y en tono de niño que teme ser oido y reprendido, continuó:
-Me fatigan, me abruman; vos sabéis de quiénes quie•
ro hablar. Eso ea más que una persecución, ea una tortura; pienso en huir para escaparles.
El joven preguntó pensativo :
-¿Por qué q uere is partir?
-Quiero partir, Felipe, porque sufro demasiado aquí.
¿Qué queréis que sea de mí cuando os vayáis? Llevadme,
amigo mío; llevadme ...... Oh! si pudiéseis hacernos subir
á. Lila y á mi en uno de vuestros grandes buques~ Si nos
fuese posible seguiros hasta la extremidad del mundo!
Sí, yo quiero partir; me muero contemplando su alcoba
vacía!
Después se lamentó largamente, como pobre hombre
debil que era, repitiendo:
-Sufro mucho aquí.
Duramente, sin apiadarse, Felipe le interrumpió:
-Y pensais verdaderamonte llevaros ú. Lila á. través
de largos viajes?
-¡Oh! Felipe, y cómo no llevármela? ella es mi amor,
mi tesoro, mi consuelo, el recuerdo viviente de la que ya
no existe.
Después de un silencio, Felipe preguntó con voz que
temblaba un poco.
-Pem vos no podéis ocuparos coa.tinuamente de ella
y es demasiado pequefia para que se le prive de los cui_
dados de una mujer. ¿Es qué contais con llevaros á Marieta?
Fernando respondió sencillamente:
-Marieta es demasiado joven, demasiado niña, demasiado insuficiente, en una palabra, sin la continua vigilancia de una madre. Yo tendría más confianza en Oti•

tia, pero, con gran pena mfa, nos abandona. Una vocación religiosa, á. la cual ha resistido tanto tiempo, cuanto sus cuidados han sido necesarios á. su querida ama:
entra dentro de un mes á. las carmelitas de Beaanc;ó n. Mi
pobre Elena me pidió que pagase el pequetio dote necesado; es esta una denda de reconocimiento que yo soy
feliz en satisfacer.
Fernando no comprendió ni supo iamá.s por qué la en ·
trada de Otilia á. las carmelitas causaba á. su joven cuñado una alegría tan viva, y por qué la expresión severa de
sus ojos ae había, de pronto, suavizado, y por qué murmuraba con voz alegre:
-A las Carmelitas! que buena criatura! cuan contento
estoy! cuan contento estoy!
Otilia no comprendió y no supo jamás porqué F~lipe
le regaló, •aquella mísma noche, un rosario soberbio, el
máii h,ermoso que pudo encontrar en la mejor joyería de
la ciudad.
Fe sentia feliz, pero al día siguiente sus desconfianzas
renacieron, tomando otro rumno. No era en la casa donde se encontraba la enemiga; era preciso buscarla fuera, y
á la primera oportunidad volvió sobre el asunto del viaje.
-No puedo sin cierta inquietud-dijo á Ft&lt;rnando-ver
que os llevais á Lila; es taa frágil, tan delicada; además
sinó he entendido mal, vuestra ausencia será larga, por
que no se disipa la pena en unos meees.
Por qué no ponerla mejor en una casa de educación re•
ligiosa, bajo la vigilancia de las primas de Lezines y de
la tía Fourneron? Ahí sería cuidada1 amada, instruida,
bien educada y vos quedaríais libre para obrará. vuestro
gusto, libre para ir y venir sin e3e gran embarazo de una
hija.
Pero Fernando se rebeló:
-No, no, dijo con una voz violenta1 yo no me separaré de ella¡ preferiría cien veces quedarme aquí, á. riesgo
de morir de consunción y de tristeza. Q3 lo rdpito, Felipe, ella es todo mi amor, el sólo bien que me une á la vida: si élla no existiese, me mataría.
Después continuó en un tono más tranquilo:
-Por qué no recnrrir mejor á. una aya á. una institutriz que nos siguiera por todas partes, á una mujer de
buen corazón, de espíritu cultivado, capaz en 1ma palabra, de amar, de iil,Struir y de educará.nuestra niña?
Felipe preguntó :
- Y para este puesto importante ya teneis quizá. una á
la vista?
Todas sus sospechas volvieron á asaltarle.
-No!-dijo Fernando-yo soy incapaz de buscarla¡
nuestras primas Lezines se encargarán de eso. Yo hubie •
ra preferido recurrir al buen sentido práctico de la tía
Fourneron, pero ella pedirfa para si misma el ¡mesto y
tendría una admirable ocasión para sus solicitudes! Me
dirigiré, pues, á las Lezines, y enseguida vos me ayuda •
reis Felipe, á hacer entre las que se presenten una elec·
ción feliz. Vos comprendéis de que importancia serán los
gustos, el caracter y el corazón de esa desconocida á quien
yo deberé confiar la tarea de formar los gustos, el caracter y el corazón de Lila.
Las desconfianzas de Felipe se desvanecían; sin embar•
go, dijo aun:
-Por qué no escogéis una aya inglesa 6 una aya alemana? Se dice que son muy expertas para los cuidados higienicos. Además po~ía serviros de intérprete en vuestros
viajes.
-Teneis razón, Felipe; vuestra idea es excelente y, sobretodo, me libraré del peligroso concurso de la tía Fourneron

Xlll.
Aquella perla de las ayas no fué fácil de descubrir. La
tía Fourneron y las primas Lezines, convocadas por Fernando en conclave, se erizaron de exigencias y de pre•
venciones; l,a.s pobres muchachas atraídas por el anuncio
inserto en los periódicos de la localidad y p":&gt;r sus brillantes promesas, se vieron excluidas prontameute.
Aglaé hacía pasará. las aspirantes por un exámen seologico que un doctor de la Sorbona hubiera terido trabajo
en sostener. Por poco que vacilasen sobre las di versas
virtudes de la gracia actual y de la gracia santificante,
eran reprendidas sin piedad. La tía Fourneron las interrogaba en seguida sobre la iarmaceutica sobre las reglas
de higiene, sobre los síntomas de las enfermedades y so•
bre los medicamentos apropiados: se hubiera dicho que
se trataba de u!la cátedra de doctor en medicína.

DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

Pero por severa3 que fuesen estas pruebas, no eran má1:1o
que un juego de niños en comparación de la prueba temible de los ojos de, Felipe: él tenía por un crimen el pe•
queño rizo de cabellos rebeldes que se escapaban del
sombrero, el ponpón de cinta, el traje bien hecho, la belleza y aun la fealdad, si la fealdad era fresca, espiritual
y agradable de verse.
Solo Fernando permanecia indiferente ante este importante concurso.
-Lo declino todo en vosotros, amigos mios, había di.
cho: para mi sería penoso recibirá. esas jovenes y tedio•
s~ despedirlas.
Y caía de nuevo en su sombrío entorpecimiento, y desde que la tía y las primas, ocupadas en buscar institutriz
no lo acosaban, sus proyectos de viaje parecían abandonados.
La nacionalidad de la aya complicaba aún la cuestión.
Las sefioritas de Lezines se rebelaron definitivamente
contra una inglesa por temor del proseHtismo protestantR:
-Las que se pretenden católicaSJ no son frecuentemente más que herejes disfrazadas. Quién sabe si algún adep to del anglicanismo, del presbiterianismo, etc, no se des lizaría en medio de nosotros?
Los da.ros recuerdos de la guerra estaban demasiado
recientes para que s&amp; admitiese una hija de la Alemania.
del Norte. Se decidieron pues por una austriaca. La seflora Fourneron descubrió la dirección de un convento
de Viena que formaba institutrices. Esta palabra «convent.o» tranquilizó á las señoritas de Lezines, que se mas·
traron favorables á. la vienesa. Solo que como no se podía hacer venir á. Pontarlier todas las institutrices de
Viena, Felipe ofreció irá practica1 una vista de ojos á los
lugares mismos. Tan luego como obtuvo autorización pa•
ra ealir de Francia, partió bien provisto de instrucciones.
y de recomendaciOne~. Su viaje tuvo pleno éxito. A la
sexta mujer que le fué presentada, exclamó como Arquf •
medes: «Eurekan y Arquímedes no sintió por. su descubrí ·
miento tanta alegría como Felipe.
No era fea la pobre Carlota D1rm!ln; era más y mejor
que fea: vulgar, insignificante. Un largo rostro de faccio nes regulares y groseras, los ojos redondos, la boca car-nuda en los labios espesos, entreabiertos por una perpe•
tua sonrisa; el busto cuadrado, ma.ciso, como tallado á
hacha:i:os, y por encima de todo, un deadén de la moda,
una ignorancia ab.30luta de la coquetería, que no disimulaba ninguna desgracia física ni trataba de embellecer-fealdad alguna. Y con esto, en los grandes ojos redoll dos, en la boca de labios grueso3, en el menor gesto de
aquella maciza peraona, raii1bJ una indecible bondad,
una de esas bondades á flor de epidermis, cuya infl.uen·
cia es imposible resistir, una de esas bondades que se ig•
noran á. sí mismas, de tal suerte están hechas de abnega•
ción.
Seguro de que la señorita Dirman debía ser instruida,
como lo son todas las alemanas, sin vacilar la contrató y
se la llevó casi en triunfo, de tal suerte era feliz con su
encuentro.
Carlota tuvo la fortuna de agradará. las primas de Le•
zines, porqu~ de3de el día siguiente de su llegada asistió
devotamente á la primera misa. Agradó también á. la
Sef'i.ora Fourneroa por las excelentes recetas para hacer·
pas~eles y crerua'S que le co:nunicó; pero desde el primer
día, desde el primer minuto ganó el coraz{m de Lila. Le
bastó tomar á la pe1tueñuela en sus brazos robustos, y
estrecharla cJntra su corazón, para que aquella con ese
instinto de animal que ~uplé en los niños á la razón imperfecta, sintiese y comprendiese que aquel abrazo era.
maternal y que aquel corazón serfa tierno y abnegado.
Felipe temía algunas censuras de Fernando, porque
ante los ojo3 del artista la fealdad es un crímen; pero elJ
pintor, realmente absorto en su dolor, se limitó á dar las
gracias á. su joven cuñado.
-Habéis elegido perfectamente, Felipe; la señorita .
Carlota parece ser una excelente persona; es en verdad
el aya que mejor poi.ría convenir á. nuestra Lila. Ahora
sí puedo dar continuación á mis proyectos de viaje,
Un mes má.s tarde partía acompañado solamente de ,.
Liiá y de la aya. Otilia entraba á las Carmelitas; la seii.ora Fom neron se encargaba de buscar á. Marieta otro acomodo y Mariana se quedaba al cuidado de la casa.
Fernandn, antes de su partida Labía cerrado con su
propia mano la a lcoba de la mue rta ; ninguna presencia.

DOMINGO II DE ABRIL D'E 1897

debía profanarla. Ftilipe tornaba á Brest para esperar u.n
nuevo ernbarqut&gt;. Sus temores se disipaban; no rnlaroen~
te no habfa descubierto indicio alguno de traición, éino
que la actit.ud de su hermano, la intensidad de su tristeza, sn indiferencia para todas las cosne, llevaban el eello
de dolores proiund-•s. Se necesit.arfa que fueee un mise·
rabie hipócrita, pensaba él, y yo lo be conocido siempre
lleno de franqueza y de rectitud. El es libre ahora. ¿Para qué había de representar esta comedia?
Su adiós fué cordi11.I y tierno.
-Adiós, mi qnerido hiJo.
-Adiós, hermano.

XIV
Felipe al llegará Brest no se acordaba ni de Beltrana
ni de :\f. Martín, ai de LeodicC: el dolor, las preocupa
cianea graves, habían borrado de su espíritu el recuerdo
de la a,·eotura, á la cual involuntariamente, encontrárase mezclado. Este olvido no fué de larga duración. Desde luego, registrandó diversos papeles insignificantes,
llegados durante su ausencia, prospectos de negocios, catálogos de casas de comercio, impresos de todas claeeP,
descubrió mucbas_eaquelas de invitación. Estaban con•
cebiclas asi:
(e El señor y la seflora Martín, ruegan al Sr. Felipe de
Aubián que les haga la honra ......... n
In vitacivnes para tertulias, para comidas, en aquella
mierna villa Martín, donde había pasado el inolvidable
drama.
Tu'\'"o un gesto de sorpresa: Beltrana lo había reconocido en aquel baile del Almirantazgo y quería recibirlo.
¿Era acaso para hacer un alarde de audacia, ó para su•
plicarle queguardase sileacio? Se sintió ofendido: ,cYo
no soy un Leodice, se dijo, y esta súplica. sería una in•
juria.n
En seguida pensó con má.s jueticia1 que habiendo sido
sus tres entrevistas completamente silenciosas, Beltrana
no podía conocer la delicadeza de sus sentimientos y la
rigidez de su houor. u Así somos todos, mu~uró, queremos qne se nos adivine. Pobre mujer! el tipo masculino que le ha sido dado ver de cerca: su hermoso Leodice, ha debido inspirarle desconfiaoza por la especie entera. Haría yo mal en molestarme; pero no debo ir á. su
casa; no quiero ser ni su cómplice ni su confidente.))
Tomó una tarjeta de visita y por encima de eu nombre:
«Felipe de Aubián,11 escribió:
,,Encuentra en su casa, á su regreso, las invitaciones
que el señor y la señ.ora :Uartin le hicierou el honor de
dirijirle. Les suplica tengan á bien recibir la expresión
da su gratitud y sus excusas que su duelo y su próximo
viaje, no le permiten llevarles personalmente.n
Ella comprendería as! que no quería verla.
Al día siguiente; ú. la hora, del almuerzo con su amigo
Merville, le esperaba otra prueba:
-Dime, de Aubián, le preguntó este, porqué razones
misteriosas y maquiavélicas te has puesto á. mistificar·
nos? Sf, á mistificamos, pardiez! sosteniendo que no CO·
nocíae á los Martín. Porqué entonces Martín no habla
más que de ti y no se preocupa más que de ti? nY que
porqué no aceptaste sus invitaciones? Que donde esta
bas? Que~i tu amencia sería larga?)) Si tuviese otra hija,
creería yo que tenía el proyecto de hacerla tu esposa ..... .
Ya sabes, nosotros hemos ido frecuentemente á. casa de
los 1\fartín: á 12.s fiestas de estío en eu villa y hemos presenciado inusitado lujo: Iluminaciones, juegos de artificio, un cuento de las mil y una noches! despues otras
fie1:tas en el yacht, porque tienen un yacht, sin hablar
de lo.; esplendores de su hotel de Brest. Ah! por rico
que sea el viejo Martín, circulan cierto'3 rumores en la
ciudad ...... En fin, esos rumores nonos importan.
Si á. él le agradase arruinarsij por la hermosa Beltran a
no seremos nosotros quienes lo lamentemos, verdad? ..... .
Qué mujer amigo mio! sorprendente, incomparable,
inexplicable! Loa esfinge, una quimera! ......... Imaginate que atraviesa por e3aa fiestas como en el baile del almirantazgo donde tú la viste: indiferente á todas los homenajes, á. todos los amores. Sabes? Fourquet, el vizconde
de Fourqnet, el hermoso Fourquet, el irresistible, ha perdido sus mad¡igales y sus miradas magnéticas; el pequefio de Sombres pierde su alegría, su esprit, su atractivo
endiablado, y se vuelve malancólico. En cuanto á Legoleck, tengo miedo de que se vuelva loco. Qué quieres tú?
á fuerza de hablar de ella todos llegamos á la obsesión:
e.oigma, esfinge, quimera, ......... será. de quien la desci-

EL MUNDO

íre. Por qué me ocalias tú lo que sabes de ella? Por qué
negar que la hns conocido?
Felipe respondió molesto.
-Realmente os estáis poniendo fastidiosos iú y los
otros; si esa mujer noos vuelve locos como á Legoeleck,
cuando menos os está. volviendo idiotas, pobres amigos
míos!. ....... .
-Huml de Aubian! No quieres responder.
li'elipe movió los hombros:
-Mal haya ei eé lo que vosotros imaginaie:
He aquí todo lo que pasó: Yo debía reemplazará. uno
de mis primos en el matrimonio de la se.ñorita ::M:artin.
Llegué la víspera en la tarde: me pme muy malo en la
nocbe. Me dolían horriblemente losioteetinoa. Temíqne
fuese un emponzoHamiento ó un ataque de cólera. Siempre se dan algllll:os casos en Brest.
Confieso que perdí la cabeza como no niño. La idea de
turbar la fiesta, de coneternar á. mis huéspedes, de enloquecer á. los convidados, me pareció tan insoportable que
resolví huir, huir sin decirlo . .Apenas amaneció me hice
ca.aducirá la estación y partí.
Me había alarmado de sobra, mi indispos.iCión era leve,
y lo incivil de mi conducta no podía tener mas que una
excusa: La muerte ..... . y yo estoy vivo aun. Ahora que
te he dicbo la-verdad, comprenderás que este asunto de
conversación me sea poco a~radable. Si mi aventura se
supiese, sería víctima de :as bromas. La señora Martín
no me conoce y me admira que te haya hablado de mí.
-No, si no es ella, ella no me ha hablado jamás de tí;
es su marido, no confundas. Y me ha bec4o un interro•
gatorio en regla, por que no te lo he repetido todo. Me
ha preguntado si tus camaradas te estimaban, si gozas de
buena reputación, si podría uno fiarse de ta. palabra, si
no transigías en cuestiones de honor. ¡Ah! ¡pobre viejo!
Y todo porque tu viste en s_u casa un ataque de colerina .....
Felipe ee creía libre ya de estas molestias y desembarazado para siempre de los esposos M1rtín. Pero Merville que no era precisamente la discreción, no había podi·
do resistir al maligno placer de contará algunos amigos
la aventura del pobre de Aubian. Estos bromearon i~
petto á sus expensas; más como lo querían y sabían además
que era poco sufrido, no hablaron jamás del asunto en su
presencia. Aun evitaron pronunciar el nombre de la se·
flora Martín. El se percibió de ésto, adivinó las causas, y
se regocijó del resultado que había obtenido. M~ valía
exponeree generosamente á un pequefio ridículo que correr el riesio de comp;ometer á. una mujer por una afee•
tación de silencio y de aires de misterio.
Por lb demás, iba á. abandonará. Brest; la orden de di·
rijirae á. Rochefort para embarcarse, acababa de llegar•
le. Cerraba sus maletas y hacia de prisa sus últimos
preparativos, cuando fueron á advertirle que un seflor
quería hablarle. Ordenó que fuese introducido y avanzó
hacia el visitante. Al verlo apenas pudo contener ungesto de fas ti dio ........ .
Era Martín de Breet.
Martín de Brest no era ya aquel hombre mal vestido,
de gran sombrero de plantaiior, á quien tres al1os antes
se habría confundido con el jardinero de su villa, sino un
hombre elegante en cuanto cabe, aunque ua. poco rubo·
so del traje que llevaba, cc,mo si le hubiese parecido impropio de su edad.
Felipe no halló en él, ni la franca simplicidad que era el
distintivo de aquel millonario, ni la bonomía de su aspecto y la sencillez de su acojida. u¿Qué irá á. decirme?))
se preguntó ofreciendo una silla al visitante.
El Sefior Martín no hablaba; fijaba en el joven sus ojos
indecisos, daba vueltas entre ms man )B admirablemente
enguantadas, á uu junCQ magnifico. El silencio se pro·
longaba y Iué Felipe quien habló:
-}lucho le agradezco sefior, que haya venido á mi
casa; yo habría debido llevarle á. usted mis excusas y mis
agradecirofontos.
Se sintíó presa de un vago malestar ante el silencio de
su interlo::utor, y ante aquellos grandes ojos que le miraban fijamente.
-Sefior, dijo por fin )Iartín de Brest, no me debe usted ni11guna excusa; soy yo quien se la debo porqu3 vengo á quitarle el tiempo. Sin embargo, era preciso, pues~
to que usted se va ..... .
Y luego de pronto, como el hombre que toma uo gra.n
partido, exclamó:

243

-He venido para preguntarle á. usted. ¿por~ qué )l'J
asistió al matrimonio de mi hija, hace tres a11os?
Felipe respondió evaaivamente:
-Una indisposición súbita, sefior; ee lo dije á usted.
Martín de Breat movió la cabeza, murmurando:
-Así lo creí al principio.
Y cambiando de tono, con una voz que suplicaba:
-Seilor de Aubiá.n, lo conjuro á. usted á que me diga
la verdad.
Felipe tuvo piedad de aquel hombre:
-La verdad, señor, dispénseme usted de decínela.
:Me cubriría de ridículo.
Gravemente el Sr. Ma1tín insistió:
-Le conjuro á usted á. que me la diga.
Ante la persistencia de este interrogatoriO, ante aquellos pobres ojos inquietos, q a.e parecían sondear hasta el
fondo de su alma, se sintió turbado. Ensayó sin embargo, reíerirle la historia que había adormecido las suposiciones de Merville; pero aun no llegaba á la mitad de
su narración, cuando M. !lL1rtín le intt,rrumpió con un
use lo agradezco á. usted, sefior,11 pronunciado con una
voz tan triste, que compre11dió la inutilidad de su engafio.

De nuevo entre los dos hombres reinó el silencio; ua
silencio muy largo, durante el cual Felipe vió al Sr. Martín pa~mr sucesivamente del rojo apoplético á la palidez
cadavérica; gotas de sudor perlaban su frente, y por fin,
lágrimas que no pudo retener, cayeron de sus ojos.
.Felipe se levantó de un salto.
-Usted sufre, señor; permítame que llame.
El Sr. :!\Iartín !o detuvo.
-No llame usted, se lo suplico; es cierto, sufro; ¡oh!
si usted pudiese, si usted quisiese librarme de la duda
que me tortura!
Le miraba con ojos extraviados; su boca estaba convulsa por un sollozo. Introdujo su diestra en la boba de
su levita y sacó un carta que desplegó. Sin embargo, no
se la tendió á. Felipe.
- Yo me hibfa resuelto, dijo, á que no la leyera us·
ted . Yo sé que en su mundo, ustedes1 gentiles hombres,
ponen su dignidad en el silencio, y que son capaces de
morir estoicamente eín dejar escapar una palabra deque·
ja; sé que no se van á contar los_infortunios conyugales
á un desconocido; sé que los débilee se callan y que los
fuertes se vengan; pero yo no soy un gentil hombre, yo
soy un artesano á. quien el trabajo ha enriquecido... y
además, yo sufro, yo sufro ...... Yo la amaba demasiado,
yo creía en ella como en todo lo que hay de bello y de
noble sobre la tierra; yo que nunc8 oro, daba cada día
gracias al cielo porque me la babia concedido; ella era
mi alegría y mi orgullo. Yo no podía esperar que esa
niña de veintidos años experimentase por un viejo como
yo un amor igual al mío; sin embargo, ella pretendía
amarme mucho, con un afecto reconocido y yo no pedía
má.e. La encontraba casta y orgullosa; su i.ofancia, su niñez habían corrido en la soledad del convento .... .. ... Pero la antevíspera de mi matrimonio, recibí la infame
carta. que tengo aquí.
Y dió sobre el papel que tenia en la mano un puñetazo, como si hubiese esperado aniquilar á. la denuncia y
al denunciador.
-Sí, una carta infame, una carta anónima, una de
esas cobardías indignas de la menor creencia~ Beltrana
vergonzosamente es acusad.a de ..... . de ...... tenga usted;
lea!
Felipe leyó:
«Un amigo que quiere al Sr. Martin, cree de su deber
prevenirle que la mujer con quien se va á casar, e3 la
más vil y la más peligrosa de las intrigantes; aprovechándose de la imprudente a.nistad de la señorita Valeria,
ha puesta en obra todos los medios para quitarle á su
futuro, á quien por lo demás, ella nada ha rehusado.
1cYiendo frustrados su esperanza y sus planesamliicio_
sos, ha dirigido contra el Sr. l\Iartin el terrible poder de
seducción que posee.
«Por despecho y por venganza quiere Cal:arse con él.
1&lt;8i el Sr. 1Iartín desea asegurarse de la verdad &lt;le las
cosas, contenidas en este billete, bastará preguntarle al
Sr. Felipe de Aubiá.n lo que vió en la playa la noche del
20 de Septiembre, y por qué huyó de la Vil la ~Iartín, sin
asistir al matrimonio de su amigo,n
( Contimiará.)

�EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO II de ABRIL de ,897

LA MODA
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i!as primeras flores.

Traje ae primat?era para paseo, con sombrero ae nuet?o moaelo.

�DOMINGO II OE ABRIL DE ,897

EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE 18g7

LA JIIODA

Y continúan los trajea primaverales. Abril
viola las ytmas que mañana se multiplicarán en
mi riadas de flores, fingiendo en los jardines un
iris heclw trizas! .flcrt:E para la Virgen inmaculada que viste de blanco de nieve y ciñe su cintura d"' azul de citlo ..... .
La meda ha tenido hoy una coquetería. Jun·
to álos espléndidos trajes hechos para las doncella1:1 y las esposas jóvenes, nos muf'stra dos modelos de corte @evtro, pero agradable y aun fantaseado ha~ta donde las convenienciaslo permitt~n, para matronas.
Sí, por qué en eee concierto de vida primaveeral y bulliciosa, no han de dar su neta inmaculada los blancos cabdloe? Esun conlra.Ete tan
hermoso el de los rizos rubios con los sedeños
rizos blancos!.. ...... Oh! son muy hermosas las
gmves matrnnas vestidas severa y elegantemente, alternando en los paseos y en las soiré/j con
sns bijas, y contemplándolas con dulces mira
dae, que hablan de égida afectuosa, de salvaguardia, de amparo!. .....
Por eso es simpática nuestra página de modas
de hoy, que, por lo demás, trae deliciosús figurines para. las jóvenes.

Un refrán dice que en Valencia la carne vale lo que las legumbres,
' las legumbres lo queei agua, loshC'mbres lo que las mujeres, y éstas nada.
Dicho refrán es falso en lg que se refiere á los hombres y á. las mujeres.
La verdad es que. colocada entre la andaluza y la catalana, sin tener
la pasión de la primera ni las altas cualidades morales de la segunda, la
valenciana tiene menos carácter propio. Con todo, sus ricos vestidos, sus
cabellos en bandas, su fisonomía expresiva, 1a hacen típica;puede reivindicar todas las virtudes caseras, pero más suavizadas que en otras partes.
Aeí como Barcelona es la ciudad de Espaf'ia que mas se parece á una
gran ciudad francesa, &lt;lel mismo modo el espíritu serio y práctico, el
perfecto conocimiento de la economía casera, el sentido comercial muy
desarrollado de la catalana la semeja mucho á la (ranceea. Mas el parecido no va más allá.
Muy orgullosa con ser catalana, por nada cambiaría de provincia. El
ser catalanes un título de nobleza.
La catalana eshermoeaó fea, no hay termino medio; y es admirable,
cuando hermo@a. Si bien no tiene el pie pequeño y la mano fina de la andaluza, es más alta; más ancha de hombros, y,en el andar no le faltan
gracia y nobleza. Es de una sinceridad y franqueza, á. veces chocantes;
es activa y entre las mujeres de España es la que goza de más autoridad
en su ca;a. Tiene también más libertad moral.
Es incontestable que del punto de vista del sentimiento patriotico,
aeaz general entre las mnjeres de España, hay que colocará la aragonesaen primer término. Ha dado pruebas varias veces, de la virilidad, fuerza y resistencia que desarrolla en ella el amor del suelo natal, vigorizado
aún por el defecto ~2.pital del pueblo aragonés, au inquebrantable empe•
cinamiento.
Cuando la aragoneea se propone algo 1 lo quiere deveras; nada le puede arredrar. Sus historias amorosas lo prueban. Es franca, leal; se puede
tener íé en su fidelidad, E!i la ha prometido: sufrirá antes que faltará su
palabra, que considera como algo sagrado. Más sise Je puede amar por su
energia y su actividad, se la puede amar también por eu sin número de
encanto.a mujeriles; por su ternura y su delicadeza.
Es fuerte y sana, de una belleza sevfra.
En todos los tiempos, los eepafioles que no han visitado Galicia, han
considerado á la gallega como un sér pesado y sin inteligencia. Nada más
injusto.
Si en este incompleto boceto da las mnjeres de Eeipafla mencionara
taro bién sus virtudes más elevadas, no eerürn ya t:m sólo las hermosas
mujeres que son en realidad, sino que aparecerlan también como las
madrE:s susceptibles de mantener las cualidades de la raza. El día en
que las mujeres de España puedan desarrollarse libremente bajo su cielo sonriente, el desarrollo nacional será correlativo y continuo.

--"-,

LECTURA PARA LAS DAMAS
LA MUJER ESPANOLA

Vestido parisiense de calle.

•

rra civil, alentando a lo0
hombree, desafiando el
peligro, dando sus fner·
z:"81 su dinero, sus hijoe.
Pero es madre ante todo.
P.Jsee grandes virtudE'-8
caseras, el orden. la eco•
no mía, una acti vidail. in·
canaable, y sobre todo, la
lealtad, la alegría, la ca 1·
roa generosa de las natu·
ralezas sanas. Son bnenas
compat'ierAB para sus ma•
ridos; madres amant.es y
l:!f'veras, partidistas tem1blee cada vez que se trata
dP, su ideal religioso y político.
Taccristianacomo ella.
pero de una devoción más
dulce, la mujer de Toledo
es la perla de Castilla la
Viejaporeuaencille:r,. Su
aseo casi inverosímil pnederivalizar con la tradicional leyenda hol:l.n&lt;leea. Su casa de ba.Jdg~as
deslumbrantes, y su ropa
deperfecta blancura, hue·
len suavemente á tomillo.
Con su veSti.do de percal,
sus poi leras de la na roja
6 azul, con su pafiuelo de
coloree vi vos en torno
del pescuezo, atrae por la
frescura de e.u cútis; ann
entre las campesinas, escasas son las que andan
descalzas ó con las pier·
nae desm11fa¡;a. Su ve~tido
es á veces pobre y remendado; jamás se ve en él
una mancha 6 un desgarrri. Graves como lasmontaüas de su país, son un
,:idryrno para esa ciudad
• • ,'&gt;tica y melancólica de
Tvledo.
La chula, más gracio~a
que hermo:!a, de estatura regular, de talle flexible, de aire macareno, de tez trigueña y p:í.lida á la que dan calor
1100s ojos expresivos que dicen claramente lo que quieren
decir, en un idioma enérgico, es una mezcla extraña de
miel y de p6\vora. Dulce y paciente para con el elegido
de su corazón, es por lo general de un carácter ardiente
y colérico que tiene su complemento en un lenguaje que
abunda en expresiones pintorescas, ligeras como flechas.
En el b'l.rrio en que vive, las reyertas son moneda corriente. No reflexiona; tan sólo obedece á eu imaginación

Para eetudiarálas muj"'res de España, convie•
oe dejará un lado á la muJer de la aristocracia
y á. la burguesa y atenerse exclusivamente á la
del pueblo. Allí encuentránse todavía la tradición casi pura, los tipos verdaderos de belleza,
energía, amor y pasión estampados con una nitidez de agua fuerte: los trajes que mejor se
adaptan á rn gracia y modo de ser, las costum•
brts, con esa gravedad, eea dulzura, esa pureza
que han hecho y hacen del pueblo espa6ol 1m
gran pueblo de acción.
Sin remontarse muy lejos en la historia 1 Sti
sabe de qué valor, de qué heroú=mo las mujeres
españolas dieron prueba durante la invasión
napoleónica. Unos espíritus perspicaces suponen que no sucedería otro tanto hoy. Por mi
parte, estoy convencido de lo contrario y creo
firmemente que, en caso necesario, las muje1es
de Espana coneagrarían la historia.
La mujer vasca ha dado numerosos ejemplos
de·valor, de entusiasmo y de abnegación durante el último movimiento carlista. Ha soportado
con la frente serena túdcs los horrores de la gue-

Traje de seda negra y amarilla, con bandas de
raso, para matrona.

~

-~

~
:

-

.,;

Vestido de gros negro graneado, para matrona.

UE

Toilette de recepción.

Máloga.

ó su corazón; esclava del primer movimiento, tiene un
genio arrebatado, celoso, á. veces cruel; en cambio, su bondad á veces no tiene límites para con el que sabe entenderla; es generosa y caritativa. á tal punto, qne no cortaría su manto en dos pedazos como San Martín, sino que
se lo 8acarfa todo entero para abrigará una criatura enferma, á un mendigo 6 á un anciano. En virtud de su caractier batallador, jamás puede querer á un cobarde. Es
madre hasta el exceso1 como en todo. Desinteresada, to-

. _\f

ALMACENES

do corazón y teda sangrE',
sigue siendo poética, en·
cantadora, ava.ealladora.
La andaluza es hermana de la chula. Ambas sen
de la mi1:1ma raza; pero la
última es más dulce, m(e
modesta, más religioea.
Tiene una imaginación
ardiente y se.asual. El caE!arse la tiene muy prE'ocupar1.a y cuida mucho
su persona, siendo muy
amante de los colores cla·
ros, vi voe. Su gran elegao •
cia reeide, sobre todo, en
el pañuelo con que cubre
sus hcm broa.
El complemento de Fil
toüette consiste en flore"",
claveles rojos, rosas blancas, que coloca artistica ·
mente en su cabellera negra ó rubia color de oro,
pues numerosas soo laH
rubias en Sevilla, Cádiz y

Sombreros de Primavera.

J. P. R.

.,.,

Es aficionada á. cuanto
reluce, y hace un enorme
consumo de alhajas de
dublé. Nada, sin embargo
que tenga un brillo t-an
vivo, malicioso al mismo
tiempo que lánguido co•
mo sus ojos, grades y profundos, llenos de inteligencia, aun cuando la que
los posee carezca de ella.
Por cierto tieIJe la boca
fresca, la nariz hermo~a,
pero todo su t-ncanto re·
side en sus ojos, únicoe,
quizás. en el mundo, y en
su mirada.
Su converrnciónestá llena de imágenes y de poé·
ticae exageraciones. El
andaluz es 11 n pueblo quetodo lo canta, pero sobre
todo las dulzuras del amor, las angustias de los celos, los
odios rivales. La andahiza lleva-en -el il.i-ma un f-ondo de
melancolía y tristeza, que expresan la música; y el ritmo
de sus cantos. Una insaciable necesidad de cariño hase
de ella una amante terrible; la necesidad de sacrificarse
hace de ella una madre sublime.
Tiene uPa alta idea de su dignidad, y moriría antes de
casaree contra su gusto. Ademáe, posee el sentimiento
exagerado de la justicia, y se apasiona por todo lo noble
y hermorn.

EL PALACIO DE HIERRO.
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�El Pectoral
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del Dr. Ayer.

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Dr. A yer. Calma la inflamación

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y predispone al descanso. Como
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del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que están expuestos
1os jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO

Carta interesante al público. 54 affoa de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

S. C: Maleo, Febrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlin de G&amp;ray.

Presente.

S5 anos justamente era la edad que llevaba de padf'cer
an&amp;. de las peores f&gt;nfPrmedades que pueden rnbrevenirle
&amp;l hombre, como Fon lae Eetrechecee en el caf\o de la orioa. El tfempo ~ iba pa@ando sin que yo resolviera l\ operarme por el horror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundia el cloroformo, y por último, la
dificultad de abandonar un ne~ocio para guardar cama;
~ues bien1 en tall'B circunstancias emprendí viaje desde
~an Gabnel Estado de Morelos¡ lila capital, paraconsulLar con el reputado eEpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una mat1era 8tt'lC\.Ua: di: bo fa cu l. ati vo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Ean~, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en e!erto, el
día 13 del presente mee me operó en eu consultorio pnr~icular situado en la grande avenida de Jae callee del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8¡ duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo viviente del buen éxito que ee
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
11,l famoso especialista y como una muestra de mi grati~ud doy á conocer este echo al público y si estuviera au Lorizado daría el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á mf les ha hecho el Dr. Preciado.
Lurs MANJA TtRFA

L;UID&amp;llo amigo y compa.ftero:

Con el fin de que llegue A n0Ucia.de1 J)l1blico y puetta. éste a.provecha~ de los esfuerzoi. l' trabaj06 que yo he emprendido, me es grato
manUei,.tar que \'d, es lhtlro cirujano me.xlcano que ¡;o conozco que
&amp;epa perfectamente ml mHoJo para cunir las ~trec ec~ uretrales_
del exóíago, del recto v del utero por medio de la. eleetróllsls lloeal
PUeden, puesa los enlermos de este &amp;fnero, entregarse con entel'a
confianza. a.\' ., lo mlsmo que en cualquier otro a.cnnto que se refiera A ctrugta, pue,; efétoy pen-uadldo de sui1 aptitudes, de r,:u habllidad
p&amp;ra operar y de su btulta llw;tracl6n. A la \'ez me es g,:ato decir u na
vez n:uls que mi método J)O.ra curar le.sestreche&lt;-s es lnofcmdvo ni.pido y de resultadOR maro.\'il10808 y que por medio de él he curado millares de enfermos en dl\'en;a.~ parter,: del muudo, como lo he proba.do en los libros que he e..;crito y en diver.-as Aeademlas de Medicina
Hoy que regreiso6 Par1s A oontbmar mis trabajos deo:pué-s de mi
agradable permanencia. de lnvlemo en esra ciudad, quiero que 108
mex.icaruY1 s1gan aprovechando m.J11esfuenos y por e;to les recomiendo se pongan en manOH de ,·d., !'l'lnlm.&lt;I de que quedarán ,atlsfech08.
Escribo A ,·d. la presente pe.ro que haga.de ella. el u'!O que mejor le
convenga, flacléndole 1nesente una vez más mi shicero nprcclo - Dr
J . .A . .flwt, profl!'f'Or de Anatom!a. de la Fac•ultad de Par1..cr
•
'
~1 Dr. Garay ha pral•llcado numem•,fü; operadone&lt;ipor{mediode'la.
electr6llsls, foda/J ('Ol'l frito, y e11 alguna.-; w:.·ompe.J\ado de los Doctore&amp;
M. Outlérrez, M. Aveleyra, J. Zárrnga y A, Ga,1no.
El Dr. Adrhiu de Garay es 1,rofe!'&lt;f1r de Anatomia quin\Wca. en'"la.
E..&lt;:e.uela Nacional de Ml-ilielna, rlrujano del Jl()f'pltal JuArez y d el
Asilo Fspafiol; proferor de Higiene en la Deuda Normal de ProfeN&gt;
res, Presldente de la 1-orledad Médica "Pedro h.('(:ObedO" y.._dl.rect.or
del perl6dlco La Escttela de Mtdicina

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:l'..ÚlU0.6. l!:Sl'E Cl.6.I, de .6.J'E lTE:S d e '1'00Al)01l, l)a.i'&amp; P ASEO '1 '1'E.6.'1'BO
CREMA CAIIELfA, CREMA EMPERATRIZ.
POLVOS para elll1)0ltar loe cabeiloa. Blondo, blanco,
ROJO 1 BLANCO en eb.o.peta1,,
oro, pinta J d1amaote.
ROJO VEGETAL enpoln.
BllilfCO de PERLA en po!TO, blanco, ró!eo, Rachel,
LÁPICES e1peetale1 pan. ennegreeer pea;talu y ceJu. POIIADli ROJA para Iot labloa, en bote1 J m roll01,,,
los P•oitm~tos d• CH, FAY u encuentran •n el Mundo entero, •n casa de 101 Principales Perfumlafll YDroguKt••·

1

'

LA. HORCHA.T.EDA.

[Dlb11Jo d•Jo . . ■. VIIIHan ■ .]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

•••

Para Resfriados, Toses. Bronquitis.
~!al de Garganta, Romadizo y Tisis

Incipiente no hay remedio que se
aproxime al Pectoral de Cereza del
Dr. A yer. Calma la inflamación

de la garganta, destruye las mucosidades irritantes, suaviza la. tos
y predispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y para el alivio y curación
del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que están expuestos
1os jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO

Carta interesante al público. 54 affoa de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

S. C: Maleo, Febrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlin de G&amp;ray.

Presente.

S5 anos justamente era la edad que llevaba de padf'cer
an&amp;. de las peores f&gt;nfPrmedades que pueden rnbrevenirle
&amp;l hombre, como Fon lae Eetrechecee en el caf\o de la orioa. El tfempo ~ iba pa@ando sin que yo resolviera l\ operarme por el horror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundia el cloroformo, y por último, la
dificultad de abandonar un ne~ocio para guardar cama;
~ues bien1 en tall'B circunstancias emprendí viaje desde
~an Gabnel Estado de Morelos¡ lila capital, paraconsulLar con el reputado eEpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una mat1era 8tt'lC\.Ua: di: bo fa cu l. ati vo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Ean~, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en e!erto, el
día 13 del presente mee me operó en eu consultorio pnr~icular situado en la grande avenida de Jae callee del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8¡ duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo viviente del buen éxito que ee
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
11,l famoso especialista y como una muestra de mi grati~ud doy á conocer este echo al público y si estuviera au Lorizado daría el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á mf les ha hecho el Dr. Preciado.
Lurs MANJA TtRFA

L;UID&amp;llo amigo y compa.ftero:

Con el fin de que llegue A n0Ucia.de1 J)l1blico y puetta. éste a.provecha~ de los esfuerzoi. l' trabaj06 que yo he emprendido, me es grato
manUei,.tar que \'d, es lhtlro cirujano me.xlcano que ¡;o conozco que
&amp;epa perfectamente ml mHoJo para cunir las ~trec ec~ uretrales_
del exóíago, del recto v del utero por medio de la. eleetróllsls lloeal
PUeden, puesa los enlermos de este &amp;fnero, entregarse con entel'a
confianza. a.\' ., lo mlsmo que en cualquier otro a.cnnto que se refiera A ctrugta, pue,; efétoy pen-uadldo de sui1 aptitudes, de r,:u habllidad
p&amp;ra operar y de su btulta llw;tracl6n. A la \'ez me es g,:ato decir u na
vez n:uls que mi método J)O.ra curar le.sestreche&lt;-s es lnofcmdvo ni.pido y de resultadOR maro.\'il10808 y que por medio de él he curado millares de enfermos en dl\'en;a.~ parter,: del muudo, como lo he proba.do en los libros que he e..;crito y en diver.-as Aeademlas de Medicina
Hoy que regreiso6 Par1s A oontbmar mis trabajos deo:pué-s de mi
agradable permanencia. de lnvlemo en esra ciudad, quiero que 108
mex.icaruY1 s1gan aprovechando m.J11esfuenos y por e;to les recomiendo se pongan en manOH de ,·d., !'l'lnlm.&lt;I de que quedarán ,atlsfech08.
Escribo A ,·d. la presente pe.ro que haga.de ella. el u'!O que mejor le
convenga, flacléndole 1nesente una vez más mi shicero nprcclo - Dr
J . .A . .flwt, profl!'f'Or de Anatom!a. de la Fac•ultad de Par1..cr
•
'
~1 Dr. Garay ha pral•llcado numem•,fü; operadone&lt;ipor{mediode'la.
electr6llsls, foda/J ('Ol'l frito, y e11 alguna.-; w:.·ompe.J\ado de los Doctore&amp;
M. Outlérrez, M. Aveleyra, J. Zárrnga y A, Ga,1no.
El Dr. Adrhiu de Garay es 1,rofe!'&lt;f1r de Anatomia quin\Wca. en'"la.
E..&lt;:e.uela Nacional de Ml-ilielna, rlrujano del Jl()f'pltal JuArez y d el
Asilo Fspafiol; proferor de Higiene en la Deuda Normal de ProfeN&gt;
res, Presldente de la 1-orledad Médica "Pedro h.('(:ObedO" y.._dl.rect.or
del perl6dlco La Escttela de Mtdicina

TOMO l .

(ruaa r o ae la $staci 6n.

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'

LA. HORCHA.T.EDA.

[Dlb11Jo d•Jo . . ■. VIIIHan ■ .]

�DOMINGO I&amp; DE ABRIL DE 0897

EL MUNDO

"EL MUNDO''
Semanario Ilustrado.
"T'eléíono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MblCO

Toda la correspondencia que se relacione con Ja

Re,.

411CCión, debe eer dirigida al

Director, Lic. Raf"ael Reyes Sptndota.
Toda la corresponJenci¡1 qne se rtilacionc con la edición
Jebe ser dirigida al

Ningún cJ.rruaje rompfa con el estruendo de las rued1::1s
el 'Wlemue silcucio d~ u:1.s calles. L.Js grit-•s de loB maro·
meros rasgaban el airu y los ofdu:5 t.awbién. ¡CJwu ha
corrido tl Ll~lllpo!
Pvr aq11~1la ~azón no- babia nacirlo Bejarano y uo se
proy"cwoau t'XposiciooPs de flores: Las mujeres no se expo1J.u1.11 más que en loa temploa ......... á a~r magulladas
por la muchedumbre. Ya no se toma la horchata en canta.ritos nuevos.

•••

Gerente, Lle. Fausto Moguel.

La Semana Santa de nuestros días está vestida á. lamo-

La subscripción A EL MUNDO vale $l.:t5 centavos al
111t:B, y ~ cubra. por trimestes aJelantaJus.

derna! Los boiubres pasan el día en las calles de Plateros
y las mujeres se exhiben en todogénerodeex:posicíonea.
Tudo lo viejo desde las suf'gras hasta las mantillas, tienen
la licencia de paseará la luz pública. Lo primero que se
piema, viendo esos trajes de color de agua marina, esas
plumas de p.1vo y esoi botines de raso, ~s que el vestuario del teatrv Nacional se ha vendido al menudeo. 81 ven
muchas caras y muchísimas caricat.uras. Sgmbreros hechos en la ca!:'a y que d~ lejos ó de cerca {&gt;atecen tiltro3
abollados con los que acaba de jugar uu gato¡ viejas que
se deecaecarau y jvvenes al oleo; levitas cuyos faldones
ee abren por &lt;letrJs, dejando ver uu pícaro remiendo;
corbatas color de sangre y guantes de ret.lecilla. Los monumentos si han cawbiado poco.
La wiswa profm,ión de naranjas plateadas y banderitas de oro volador; las velas de cera, que se tuercen y se
deshacen con el calor sobcant.e di! la iglesia, la.e: aguas de
colores repartiendo la luz en haces, loa proietas de car·
tón muy s~rios y forma.les; Josué con un sol de nariz co•
!orada, entre las manos. l\foisé~ con dos mechones ca•
lumniadores de rayos, equidos sobre la ~abeza; to'aos
los personajei de la Biblia1 estropeados implacablemente
por los escultores, fijo~ en el altar, como una guardia Palatina de la Iglesia'.

.Números sueltos, óU centavos.
A visos: á ra.7.Ón de $30 plana por cada publicación.
fodo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉG!tfrK.WO C:OM.O ARTÍCUW U.K SEGUNDA CLASE.

La Semana Santa.
Todavía me acuerdo, como 1-1i lo e~tuviera mirando, de
aquel magnífi..:o saco de tt.-rntopelo que eetrené un Jue\·es :::lanto.
¡Ya ha llovido desde entonces!
Tenía sus torro3 de sed.a, muy sefiores míos; y su bol•
sa de costado par.~ guardar el pañuelo blanco cvn sus iniciales negra:". La v1spera del día famoso en que debía
estrenarlo, no dvrmí en toda la noche. Sólo otra sensarión parecida he experimentado: cuando el primer sombrero de copa se pavoneó con eeBoril donaire en mi per•
chero.
¡Dios mío! ¡Cómo se suspira de nii'io por ese Jueves
Santo, esperado durante doce mee-es! Para los niños de
la clase media es el ella cláeico de los eEtrenos. ¡Qué herrnoea sería para ellos la Semana Santa, si no agriara su
t.lichalamaldita estrechez delos botines que comprados
la víspera1 al obscurecer, de prisa, entre el barullo de los
entrantes y salientes1 aprit:tan el pie como un zapato chino!
Para los ricoP, y los que no conocen, afortunadamente
esas penurias y privaciones que trae consigo la pobreza,
no existe, de seguro, la infinita ansiedad con que se aguar-da un día de fiesta. Mas para los po b1 es, enclauetrados sevf ramente en el duro aislamiento y el trabajo, el calen•
dario abre 'de ti echo en trt&gt;cho sus cerrados barrotee 1 de·
. jando ver un pedazo de cielo azul, como el girón i:1el firmamento que ce mira por Ja anguloi-a claraboya de una
cárcel. Por la abertura de ecos barrotes mal unidos entra c&lt;;mo ~na bocanadade_aire q.ue refresca la sangre 'y comumca ahentl) p~ra eegmr copiando oficios en el desmantelado salón de una oficina, ó vendiendo diversas
mercancías tras el pesado moftradnr de una tienda. Esas
francas alegrías que saludan. la llegada de los días de fiesta, forman la riqueza de los pobree. Para ellos la Sema·
na Santa. no Eignifica, como para nosotros, el trastorno,
penoso siempre, de los viejos hábitOF•, la obstn.1cci60 del
boulevard y la altura espantosa deJ termómetro; para
el!os. esos t~s .6 cuatro días, ungidos por la tradición
cristiana, significan la libertad más awplia y prolongada
de que pm•den gozar durante el año, ta fiesta de familia, la comida cuidadosamente aderezada, los pescBdos
que sólo se comp:an para el Viernes Santo, los paseos
llevando á la rnuJer del brazo y los niños·de la mano á.
través de las calles y los templos, el vanidoso placer de
tomar un heladu en el café, el anhelado estreno de la ro·
pa nueva, loa dfae sin patrón, sin amo, sin ministro, las
noches de largo euefio no cortado por el repique del reloj
d!lndo las seis de la maBana., ni las pesadillas en que revisten formas coloEales los hbros de Caja y las enormes
ruedas de las fábricas.
La víspera del J neves Santo, en cuanto dadas ya las 01 a•
ciones, ciérranee las oficinas y se apagan las luces de las
tiendas, .el pobre esclavo tláse á recorrer las caHes, llevando bien guardados los cartuchos en que tiene el dine•
ro de su sueldo; y cuando vuelve á casa entre loa gritos
regocijados de los nifios que salen á aguardarle en ta escalera, va poco á poco descargando su provisión de en.
cargos: latas y pasteles, el enea.Je que falta para el vestido nuevo. ~e la esposa, el so~"!,&gt;rerito de paja florentina
para t::l h1Jo mayo!¡ las prov1s1ones para la despensa, to•
da la mmensa vanedad de peces y mariscos que son indiapenea~les para estas vigilias de gran gala; la empanada de oshonee, el tarro de mostaza, y cubierta por triple
envoltura de papel de estraza, apenas azomando el en·
carnada casco de latón, la gran botella de Alicante ó
Burdeos ~~lo, qu~ al ~í~ sigui_ente ªI?urará entre aplau•
sos la familia. Rhm, VIt&gt;JO Rhin, el vrno de los ricos ja•
más produce una alegría franca ni un placer tan gra~de.

•••

Mi sa:o de ~rciopelo negro está ya más calvo que los

~adém1cos. 81 tuviera mtimoria me contaría Iasperipepcias de aquella Semana Santa en que me hizo sudar como un acróbata. Ya lian cambiado las costumbre,i hemos ~rdido muchas diver::iionea, umchas fieftas~ La
procesión no sale ya con su cortejo-devoto por la::i calJeg
n~ ~J Centurión caracolea en su caballo color de cap¿
vteJa. Sólo firmes, rt'f':istiendo los vafreue::i de la snerte
y los empujes de la civHiz~ción, perman"cen tres cosas
eternas: las matracas, los Judas y las rosquillaP. Hasta
las aguas frescas han adelantado. La horchata de los bue,~,•!- tit--mpos ~a desapai:ecido con la china poblana y los .
\1:1ev;::, d~ Gmllermo Prteto. Los pueEOtos de aguas frescas
~n verdaderaLOente cafés _de t:ncrucijada, C'lll Sil"!, pequti•
?ªS meEas, más ó me~os limpias, sus canapé:! deevenci•
Jados, sus vasos de cnstal y su~ meseras. Ya no se toma
la h?rchata en cantaritos nuevos. Delenda est Carthago.
¿En dónde están ahora aquellas tinieblas fe San Ague•
tío? Seguryi.meate han ido á loe telarañorns almacenes en
donde el t1em~. avaro ~uarda las lunas viejas y loa monumentos dA ~~n Fmnc~sco. ¡S.-t.n Francirnol Aquella era
la grandE: Iglee1a de la .Semana Santa. En ella se lucían
las ma~hllas negras, último resro del poder ele E~paña,
les vesudos de moaré y loe floridos tápalos de China.

MANUEL GüTIERES N .ÜERA

EL CERRO DEL CALVARIO
Véee nna loma enfrente del egida
Qne el blando influjo del Abril enerva1
Y donde envano la cansada cierva
Busca el raudal y pasto humedecido.
No hay un arbusto donde cuelgue el nido
De avecillas la gárrula caterva¡
Ni un matorral, ni 1m tronco, ni una hierba
Donde module el céfiro un gemido.
Ruinosa, oscura, sepulcral ermita
C'orona enhiesta la caliza cumbre '
Donde soberbio el vendaba! se a ita.
De esqueletos horrible muchedumbre
F.s fama que de allí se precipita,
'
El sol hermoso al esconder su _lumbre.
JOAQUÍN ARCADIO PAGAZA.

Dtibe el Uueno !'lf&gt;ntir que tiembla el imela
corno el jusOO de Horacio con firmna.
y ver también qnt ee tlesplomae1 cielo
diu incliuur eiquiera la cabeza.

•••

Cnani.lo se abre la tierra estremecida
el bneno reza, se re:::igua y muere
'
que ea e1 único eabio en esta vida'
el que saba querer lo que Dios quiere.
ÜAMPOA.MOB.

EL DOMINGO DE PASCUA EN GAZA
( De ''El Desierto" de Pierre Loti.)

Gaza, una de la'a ciudades máa antiguas del mundo
mencionada ya en el Génit-.e::1, en las tenebroEas época~
anteriores á Abraham, fué asaltada y vuelta á tomar derribada y elevada por todos loE viejos pueblos de J~ tie•
rra; los Egipcios la poseyeron veinte veces; perteneció á
los Filisteos, á los gigantes de la raza de Mn,,c, á los Asi•
rios, á les Griegos, á los Romanoe, á los Arabes y á los
Cruzados. Su suelo sembrado de escombros, lleno de
osa.mentas y de tesoros, se encuentra trabajado hasta en
su profundidad. La colina de tierra que le sirve de asien •.
to, es una colina artificial, amoldada por tiempos lejanoa
y vagos; sus alrededores están minados por subterráneos
de tod3:a !as edadee, de.salid3;5 ignoradas; sus campos estan acr1b1llados de aguJeros sm fondo, en lvs que tienen
sus madrigueras lagartos y serpientes.
A ocaciooes fué espléndida, sobre todo en los tiempos
del di&lt;;&gt;s Marnas, que tuvo allí un célebre templo. En la
actuahdad, las arenas han asolvado su puerto, enterrado .
sus mármoles. No es ya sino un humilde mercado á la.
puerta del desierto, en donde se surten las caravan~e.
Su ~pecto sigu&amp;siendo sarraceno;por e11cimadel montón ruinoso de sus casas, se elevan mezqnit.aa y kioskos
funerarios dt cúpulas blancas y se alzan palmeras esbeltas y grandes sicomoros.
País de ruinas y de polvo. Barriadas de arcilla de lodo
seco, y aquí y allá, incrustado en viles materiales, un
vetusto mármol árabe, el blasón de una cruzada, un fragmento de columna antigua, un santo. ó un Baal. Restos
de templos yacen esparcidos en laa callee, fri:,os de palacios griegos1 en tierra, en el dintel de la puer1a.
Escasos transeuntes y ninguna hud ,a de carruajes·
dromedarios, caballos y asnos.
'
Algunos inmóviles turbantes, blancos 6 verdee, sen ta•
dos en las gradas de los templos. Todo el movimiento
en el bazar, obscuro, cubierto de palmas umrchitae, en el1
que ~duinos de diferentes tribus del dt-1:ierto, compran
con dinero de merodeo, arneses de cauiello, vaina~ de
• sables, avena y dátiles.
En una mezquita la tumba de Nebi-el• Hachen abllelo
de Mahoma y patrono actual de la ciudad.
'
Penetramos allí en medio de un claro ra1 o de sÓI de esta
mañana de Pascua. Primeramente Fe üfrt'ce á nue~tra
vieta un amplio patio rodeado de blancoe arcos. Algunos
hombree eeenc~entran allí en e.ración; ptro bay 1 ~obre
todo, gran cantidad de muchachos que j Ul•gan bajo eELe
inmenso cielo azul. Es el uso de Oriente; . as praderas r
los patios de las mezquitas 1::onel lugar de cit.a de los Dl•
ñoe;_se ven como cosa natural y conveniente eEOB juegos
sencillos al lado de las oraciones de los ancianos proeternadoe.
Los más pequef'Ios, loa que apem,s saben correr tiene.a
en los tobillos un rosario de cascabeles, para que las ma •
dres puedan 0ír desde lejos en dónde se bailan, así como
se iodean de campanillas los cuellos de las cabras en la
montafl.a.
Este patio se comunica por medio de unas ojivas cerradas con verjas de hierro, con tranquilos cercadoe, som·
breados por palmeras y en los que crece una ) erba pri •
maveral, alta y florida, lugares en los que sin duda duermen los muert&lt;,s.
La tumb~ del santo se encuentra en uno de los ángu ·
los, la maciza puerta, ornamentada Je esculturas anti•
guas, está cerrada con llave¡ átguien, que rezaba allf va
en busca del viejo sacerdote guardián, y nos sentadios 1
en tanto, á la sombra de los arcos, en medio de una paz
religiosa que lo envuelve todo.
Acude con lentitud el sacerdote, anciano de barba.
blanca y turbante verd.Q; abre y entramos. Bajo una tris •
te cúpula, horadada en su parte superior, pintarrajeada,
de ara~ecos cuyos colores han apagado la humedad y
las lluvias1 se alza el gran catafalco de paño verde· en
las cuatro esquinM bolas de cobre co~onadas por la ~edia luna, y en la cabecera el turbante del muerto que ve•
la una vieja gaea.
Pos las callejas, por los bazares 1 la gente va y viene
ocup~da en sus as.untos cuotidianoB: aquí no es domi¿go, n1 es Pascua., emo ?n día cualquiera de la Egira-y
nada en esta pnmera ciudad de Judea despierta ~, recuerdo del Cristo.
'
Si1;1 embargo, he aquí ot:a mezquita de mayores pro·
porcrnnes, cuya puerta gótica nos parece una puerta deCatedral, y cuyo- umbral, en donde nos quitamos nues•
~ras ~abuchas, es como el umbral de una iglesia. En el
mtenor, una gran nave, en forma de cruz latina con columnas de marmol gris; y aquí y all~ en los' muros
otras cruces, que han sido arañadas, es ~erdad. pero qu~
persieten en dibujarse bajo las espeEae capas de cal que
las cubren. Es, en efecto, una iglesia, edificada po... estos
Cruzados de fe ardiente que veman en otro tiempo á ha·
cerse matar en Tierra Snnta. ¡Qué fuerza poseían aquellos bombrf:S y ci,ué prodigios érales poEOible n= alizar! ¡Cuán
bella es- su 1glesm para haber sido edificada en medio de
las guerra!'I, en un país de deetierrol ¡Cówo sorprende
verla en pie todavía!
· l
En ~u blancura tranquila, iluminada pM un reflejo de
sol or1ent11.l que resplandece afnera alg•l cristiano ce en·
euentra aúo, repent,inamente en elia. Los francos que la
const:11yeron. hace eiete siglos, habían, ~in embarg,, obscurecido ya el Jesús del Evangelio por infantiles Jeyen·
das-y ahora. lo que es más todavía -las sombrías ban•
banderas vtrdes de ;\fahoma ocupan la nave despojada,
en el lugar de .las imágenes _que colocaron allí aquellos
C.ruzados senc1ll.os; _pero. es igu111, algo de Redención ee
vislumbra, algo 1mpálpable é infi.nirawente dulce con una
vaga impresión de la fiesta del domingo de la fiesta de
la Pascua.........
'
.Por lo demás, los Cruzados han dejado aquí huellas
snya::1 en tod.os partes, y se correría el riesgo de remover
su:J huesos BI se removiera este viejo terreno sembrado de
ruinas y fl,:,. muertos. La ciudadela turca coÍnenzada en
el siglo Xlll, retocada, recargada de t~das las épccas

OJIINGO

,a

-DE ABRtL DE ,8g7

de la historia, ofrece en sus muros un conjnnto de eutilee
lineamientos árabes y pesados escudoe de los Liempoe ca·
balleresoos, en los que bro~an en la actualidad loe Hque•
nea, las plantee de las ruina~.
En los bardos alto1-1 1 nos detenemos en un logar desde
donde aparece to-lo Gaza, con s111:1 casas de tierra, sus mi•
naretefól, sus Cl'i.pulas bl rn..:as r,,dt&lt;adaa de palmeras, ab.i.jo los rc,stos de dU~ balha~1:1, dd tiempos desconocidos,
cuyos planos no se desti nguen ya y se pierden en los ce~
mev.teiios. Un mundo de cementtrios invade la campi•
na; en uno de ellos, baju un sicomoro, algunas mujeres
agrupadas lloran ruido~amente algún difunto, según los
actos oficiales, y PUS lamentaciones rítmicas se elevan
hasta nowtroe. Muchos hermosos jardines cubiert(ls de
sombra, muchos senderos bordeados de cactus y por loa
que suben a11nos llevando á la ciudad el agua en odres.
Y, por último, la mar lejana. ll\B espigas de las ~iembrad
e ndulando en rizos, y más alfá lae arenas d.-1 desierto; nn
panorama mela'nc6lico á que es difícil de asignar una focha en el cuno de las edades.

¡;:L MUNDO
LA CRUZ OE LA MONTAÑA

VIA-CRUCIS

Cada vez que trato de traer á la memoria aquel camino
de la Redención, reproduzco, por poder imaginativo, el
grandioso lienzo de Rafael de Sanzio, pasmo de Sieiliu.,
viajero errante, llevado en las lanzas de la conquill!ta y rescatado por la piedad cristiana de ~ntre la.e p1eseaa de la
gran conmoción volcánica que agitara un día el suelo de
la Europa.
Allá veo yo á Jeeúe, destacándose va;ientemente de en•
ire el grupo brutal que le asedia; 601a en su cabeza un
luminoso rayo en que parece haberse concentrado toda
la inspiración del artist-i: si allí hay luz, no e:, la que vie
ne de lo alto, es la que irradia de aquel busto transfigu•
raJ.o por el dolor. Enturbia sus ojos una nube de higriwas y de entre aquel llanto comprimido surge una miu:u.la de infinita tn::teza, mientrai; su boca se pliega amargaooente en una sonrisa eerena.
A. la derecha, la Divina Madre extiende ens palpitantes brazo!:! y dos gotas df&gt; rocio titilan en loa hilo::1 de hé1.Jano de sut: pestañas.-Magdalena gime arrodillada.
Al fondo, uu muy lejos, eo ese eterno primer plw,o,
único que h1 pint.ura de la época 'Parecía dispouer para
su::1 personajes, un montón de cabezas pose1das por la
ira, muchas sombras en aquellos semblantes y muchas
ironías en aque:Jos labios. Y en aquel c,.,njuntu, algo aA·
reo y cutil, algo miíd que la 1nspiraclún d..-1 artista: la fe
de sn alma, el ideal religioso, el amor divino &lt;lentro tfo
un eepíritu.
EL MISERERE DE SAN PEORO
La Btlnda del sacrificio es larga y dolorosa, pero si el
martir llora no es por él, es por Sión que ya visluiubra
hundida en lontananza: tcNo llortlis por mí, dice .í. las
(Roma. )
mujert's¡ l torad por vosotras mismas y pur vuestros bi·
jo.:i.u Y aun hay movimientos en Sud u1iembros tlolor1•
Pero hay nnacere,oonia y un mnmentosublime: el 1'-li•edos y cou sublime entereza se dirije al lugar del suplirereen San Pedro. La música es de una inspiración inag-ocio: es que de allá arriba la 01deu de Padre 11a. tlt!sceotable. de un efecto sorprende11t,e. R)ma vió eael si~lo XVI
que E" l protestantismo le aventajab,1 t"n música, cuando tar.- dido basta .El y ha penetrado en su s?r, sublimado al
anuncio del martiriu.
to aventajaba ella al p, oteetant1sooo eu pintura, t n escultuTiene este camino la- punzante amargura de un dolor
ra y en arquitectura. Naturalmente buscóun m11sico1 arÁ
que nose acaba nunca: se le recurre paso á pasv con el
contrastar esta inferioridad, y lo encontró sublime, enCrucificado, y cu cada aspereza se va deJarnfo un girón
contró á Palestrina, ese Miguel Angel del arte lírico. ltl
de carue1 hast,a Jleg.1r á. lo alto de la cima. La vida, prenPa.pa prohibió que su Miserere fuera copiado, para que
dida al cuerpo por invisibles ligadurai;1, se.alt"ja tenuesólo resonase en la iglesia cuyas bóvedas gigantes se ha·
mente, sin. convulsiones desesperadas. El l'i&lt;t (,'rw..:~ es
Jlan completamente en armonía con las sublimes notas.
el comienzo de una agonía serena.: t.11, la agvnía del HomUn dia escuchaba fuera de sí el Miserere un niño subli·
bn•Dios.
me. Eete nii'io, que debía ser el Rafael de la música, lo
Tvdo lo que la rabia huma11a ha podido amontonar,
aprendió de memoria y lo divulgó por el mundo. Llamábaae el niñ,,, Mozart. El genio germanice vino como siem· cae en esa inmortal carrera svbre la Sagrada Victima: el
escarnio, el furor, la burla, se mezclan y se confundeo y
pre á robar sus secretos al gemo latino, en la guerrae1er·
na de ambas uzas. No hay pluma capaz de describir la '-"" un solo eco se formulan, gritos de b~stia famélica que
ha encontrado su preea1 la reclama, ju, g.i. con ella é ineolemnidad del Miserere. La noche avanzB. La Basílica
cita todavía su apetito y prolonga má1-1 el ~uplicio. Basta•
está á. obscuras, sus altares desuudos. La última vela del
ría (desús para el martirio ese V'ia Cruc~, el pesado wa•
tenebrario se ha ocultado tras del altar. Os creeriais den•
dero á su hombro, la injuria escupid~ á su rostro, esa
trode un túmulo inmenso á traves de cuyastablaaentrara el reFplandor lejano de lámparas funerarias. La mú- oleada brutal invadiéndolo todo, devoradora, imsacia·
ble y haciend·) flotará. tste Divino Mártir de latalvaci6n
sica del Miserere no tiene inatrumentación. Es un coro
sublme combinarlo de una manera admirab!P. Ya se oye de las almas.
l\1aría ha regado con su lla oto cada piedra de la som•
como el rumor lt'jnno rle una tempestad ó como la vibrabrfa calle: la Madre es la esencia divina, pero es Madrn.
ción del viento sobn· lns ruinas y en loe cipreses de las
Sabe que el martirio es preciso, pero sabe tambiéu que
tumbas; ya como un lamento que se levantara del fondo
de la tierra ó como nn plañido que enviaran los á.ngeles el Mártir es su L.ijo. Y en aquella imerminable senda,
los mártires son dos: El y Ella.
del cielo, todo envuelwen sollozos, en unalluviade lágri·
El cat.olicismo Sé nutre con la sangre de la víctima: de
mas.
Como las est1Huas de blnnco marmol son de tal mane- generación en generacióu el terrible drama ha pasado
con sus acentuados perfiles sin perder una sola de las irn·
ra•gigantescas y brillan t,aoto que las primeras sombras
no pueden completamente ocultarlas, parecen evocacio- presiones que su recuerdo evoca en la hietoria huma.na.
nes de otras edadeR que, al levantarse de su sepulcro y En el cuuo de todos l@s grandes hechos que han conmovido al.planeta, esta dulce figura que pasa con los brazos
desceñirse de su negro sudario, entonan ese cántico de
dolor y de horrible de1&gt;esperación. La Basílica toda se extendidos 1 fulgurante de luz, derramando bendicion..-s,
no ha desaparecido; siempre en el fondo de nuestras Inconmueve, vibra cual si los acentos de tt&gt;-1ror salieran de
chas se conserva esta hermosa visióo que toca nuestro
cada una de sus piedral'I. Esta l?1.01ent.ación, larg 1, sublime,
esta ola de hiel evaporada en los giros d1::l ftirt-, ns hiere espirito con el triple poder de la fé, de la esperanza y t.ld
amor.
profundamente el corazón, p01q·1e es su tr!stczainfinita,
Jesús no pod.Ja llegar al mundo sino para ser herido
es la voz de Roma quejándot1t1 (t lf•S cielo8 desde su le•
por el dolor, para el sacrificio y para la redención. Pocho de cenizas, como si bajn sns cilicios se retorciera ago•
nerse en contacto con las COl!as humanas, reducir,m, El,
nizante. Llorar así, lamtintarse com•i los antiguos prot, •
más inmenso que el espacio á los estrechos límites (id
tas bajo los eauces del Eufrates ó sobre las piedras esparnuestro breve cuerpo; tomar carne de hombre, era ya de
cidas del templo: llorar en cadencias sublimes, conviene
á una ciudad como esta, cuyo eterno dolor no ha ofendi· condenarse al martirio: la nieve no se mezcla con el fuedo todavía á su eterna berwosura. Así es la ciudad escfa- go sino para mancharse. Había de morir: nostalgia divina lo apartaba de nosotros. Arrojó en las siembras la
va. David sólo podría Fer su poet.M. Lo eublime es la nota
et.t-rna semilla, y ee encaminó serenamente al patíbulo.
de su cántico. Roma, R,1ma; eres grande:1, eres inmortal
Su vida humana fué un holocausto: loe católicos se aprohasta en tu desesperación y en tu abandono.
ximan áeste drama de rodillas.
Tendrás eternamente en el corazón humano un altar,
Allá en el Calvario, cuandu la sombra va borrando los
aunque e:e pierda la fé, que ha sido t,n presdgio, corno se
pe1files, y el sagrado cuerpo abandonado á. su propio pe•
perdieron las conquistas que habían eidotu fuerza. Nadie
podrá robarte el dónde la inmortalidad qne te confiaran so, parece como vencido en la lucha contra la raza humana, llora todavía la Madre, y su silueta tiembla wbre el
tus dioses, que te bao e:osk--nido tus pontíficee, y que te
fouct.o 'n.¿,gro de la ciudad cruel. Abajo duermen las paconfirmarán eternamente tus artistas.
siones mal extingnida;i, enfrfanse los odios; es el repmo
EMILIO CA!-i"Tl-:LAR.
de la b,stia repl~ta. Arriba vela el dolnr; i:e eleva hasta
el Padre y busca un hilo dti luz en medio de tantas tinie•
bta!'.
Y el sagrado cuerpo parece animarsf', y de sus labios,
una ':ez más, brotan fra::i1c:s de perdón para sus \·erdugos,
EN EL COJllEDOR
de bienaventmaJJza para todos los homb,eio, de amor
( Pascua de Resurrección.)
para la madre; e? el úoico soplo de aqnella al111a que antt"I! de abandonar su armazón mortal, lo ilumina con el
Mágico hervor que Se dilata en torno
lulo de luz pedido por la Madre. Ultimo esfuerzo de un
hace saltar la nota crietalino
eipíritu antes de abandonará la que tanto ama.
de la ancha copa qne el aldeano empina,
'f¡_¡rnbién las almas tienen eu vi:l crucis. A las que sudel carnaval por el feliz retorno ..... .
fr~n, á. las qne lloran, abierto f'Stá el cawino de esa otra
alma inmensa, que llena el Universo, que lo vivifica toEs un arado el singular adorno
d&lt;: la de Aquel qu~ expiró en Ja cruz.
único que hallar puede la retina;
E. GóMEZ GUERFERO.
y allá trae de la puerta se adivina
caduco, ahumado y ceniciento horno ..... .
Hoy es Pascua. Hoy del aol al postrer lampo
bebe una misma copa con su amada
el labrador, por la salud del campo;
Y hoy á la cena la embriagiiez asiste,
danzando al rededor de una colgada
ave sin plumas, retorcida y triste ........ .
J. s. CH;

Conmueve de placer nuee\ras entradas,
al ver q ne consolando ajenos malee,
va la piedad desde las casas reales
á barrer la_mieeria á las cabañas.
C AMPOAHOR.

Notienem,a ado : no que laa flores
Que el inocente leñador corlara,
Que los esbeltos juncos cimbrad.orea
Para alfombrdr el césped de tu arn,
O de campestres lirios la cadena
Que pastora infeliz ofreció pía~
(.,'uando con labio trémulo pedía
Tu protección en su amorosa pena.
Te da sus perlas la naciente awora
En argentada lluvia de rocfo,
El iris con las tintas te colora
Del sol de las montai'ias del estfo.
La piedra de tu altar, arrulladora
Lame la blanca linfa de ese río,
Que va después, eotre la selva ob.=cura,
El soto á tecuRdar y ia llanura.
Así te quiso el Redentor del mundr,
Que te escogió en el bosque centena do,
Para abrazarte con doloc- profundo
En su eanto mart,irio del Calvario;
Y así debes est-ar entre las flores.
En tusafiosos bosques-escondido~,
Consolando los tímidos dolore~,
Ali vianda lm pechoi:1 oprimido~.
¿Santa y sublime Cruz! ¡~y de3 lichaJ o!
Ruge la tempestad de lo'I peaare::1
Dentro mi corazón desesperado¡
¡Vengo á buscar c'o osuelo en tus a 1t \tes;
Dame de mi nii'iez blanda el sosit'gu!
¡Que vuelva al corazón la antigua calma,
Consuelo del cristiano, te lo ruego!
Yo tengo mustia y dolorida el alma.
Yo quiero aquí olvidar; busco un asilo
En t,í1 mi dulce y única esperanza:
Aquí en tu altar descansaré tranquilo;
Aquí hallaré la paz y la bonanza!
Y cuando enlute el velo funer,.i.rin
Mi triste frente y al dolor sucumba,
Tú, Cruz humilde, cubrirás mi n~ario,
Y tus violetas ornarán mi tumba.
Ia:t-ACIO M. Ai.TAMIH.\.XO.

BRONCES
MOISES

De perezosas sierpes negra trama
Finje su luenga barba retorcida,
Y es fil frente á la cumbre parecida
Que elsol calcina con eterna llama.
El gensamiento que al Seilor proclama
Al -partir de au lengua conmovida,
Como un gigante con la sien herida
Lleno de furia se retuerce y brama!
Sus fuertes nervios el furor violenta
Cmrndo de Dios numera los agravios
De aterradora majestad cubiert.o ..... .
Ht1y en sus ojos brillos de tormenta
Que parece que viene de sus labios
Uu soplo retumbante del desierto

*•*

SAN JUAN

Asienta sobre v6rtjces la planta,
su frente al cielo tempestuoso toca,
el acento de fo.pg I de su boca
torbellino de arc1l.ngeles levanta.
Entre es fragor de la trompeta santa
que á ¡uicio los espíritus convoca,
con rui11a y con estrépito de roca,
la caree\ de los réprobos quebranta.
Al mandt1to de Dios, que él obedece,
todo ~n profundo y colosal abismo
pur inmensa vorágine perece ..... .
)..fá.s para gloria del humano duelo,
sobre el horror del vasto cataclismo
aur~a .Ternsalem erige al cielo!
J UErrO A. F ACIO.
OTRO PAGO DE $25,604 DE "LA MUTUA"

ENMEXICO.

.J

/,a

Sra. C1.0tiJd,~ C. viuda de Bejarano, d.e Tapa.chula.

Tapachnla, '1.rrzo 16 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer, Director gener.il de ''La
Mutua.'' -México,
)-foy estimado i-dior:
Sin·e ef'ta par,, ..::.erti6 :,r A n~t'" q11e hoy nos han sido
pagada~ !na pólizru:i mímer,J:;:
389,886 por ... ... . .. ...... .......... .. ...... $ 2 000 00

-429,477 i , • .•••• •••• ••••• ••• • . . . . . . . . . . . . . 11 s:ooo 00
600,321 ,, ................................. )) 10 000 00
153,939 ,, ................................. » 10' 604 40 con

la devolu.;ión de premios.
'
So.lamente puede afirmar este pago el ya inmejorable
crédito de la Compa11ía a.l di5no cargo de usted, y le autorizamos para que haga el usv que mejor le convenga á
usted de esta carta.
Somos de usted atas., aftmos. SS. SS.-Ctotüde C. de
Bejarano.-Como su tutor, A lejandro C6rdova.

�....

EL MUNDO

DDMINGO 18 de ABIIIL de 1897

DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

EL MUNDO

&amp;scenas me~icanas.

9ue¡,es $anto.-"0isÚanao los LbJonumentos.
[DlbUjo de Joaé M.. Vlllasan.a.J

í:a ultima c-2na.

•s1

�EL MUNDO

'Una Semana Santa de hace dos siglos.
Espléndido se ha mostrado el sol en este d.!a, que á no
dudarlo el Padre de la luz eetaba ganoso de presenciar el
boato que ha des1¡&gt;legado el rey má11 galán y fastuoso del
orbe para solemmzar el mayor de los misterios de nuestra sacrosanta religión.
Después del retiro que, llevado de su mucha piedad,
se había impuesta recluyéndose con su augusta familia
desde el viernes á. loe reales aposentos de San J er6nimo1
en la tarde de ayer miércoles hizo su entrada en la Corte
el rey nuestro seiior, con gran contentamiento de sus
vasallos, que viendo en su ga!larda persona el más firme
sustento de esta vasta mooarqufa, no pierden ocasión de
mostrarle su amor y hacerle ver la alta estima en que
tie1.1en sus prendas.
.
De ese júbilo dícese que llo han participado en tan•
ta medida los reverendos de Atocha, que contando•
con que á. su casa asistirían SS. MM. á. las tinieblas,
1!8 han creído desairados con la preferencia que el monarca dió por esta vez al templo real de la Almudena, que
tal vez por su mayor proximidad al alcázar fué el elegido.
.
En él era tal la aglomeración de gentes, que al abrir las
guardas calle á las reales personas, hubo no escaso número de heridos, y no pocos fieles fueron á dar con sus
huesos en la caree! de corte, acusados de haber tenido
más listas las manos para registrar faltriqueras que los
ojos para admirar las galas de que se había adornado el
templo.
No fué, sin embargo, esto, que por ser·monedacorriente en nadie causó asombro, lo que aguó la fiesta. Otro
incidente, que por haber sido muy comentado no ha de
pasar en silencio, fué lo que hizo que terminara desabrida y punto menos que solitaria una solemnidad religio ·
saque coment.ó tan animada y concurrida.
Poco de~pués del primer salmo, la reina nuestra señora sufrió un desvs nacimiento que casi la privó de sentido y aunque su relig1osida.d nunca desmentida, una vez
de~vanecii.10 el sopor, la hiciera instar á todos á perma•
neceren la iglesia, siquiera hasta la terminación delco·
menzado nortnrno 1 el rey, galante siempre, la acompafió al Alcázar, de donde ya no volvieron á salir.
Los m 1s dieron por causa al íncidente el sofocante calor producido por las luces, y aun hubo quien tuvo el
síncope por v~nturoso nuncio de nueva sucesión; pero
como en parte alguna no faltan lenguas maldicientes,
éstas dier,m otra significación al lance.
Sabida. es la costumbre que tienen los lindos al uso
de ha~r en eate día. obsequio.:1 á sus damas, de matracas
de ricas madera.e embutidas de oro, plata y marfil y otras
materias precio::,as, con que·armar ruido en los templos.
El rey á fu('r d~ g,1,lán, había hecho á au aug·1sta esposa
presen'te de una. dd estae máquinas. verdadera joya, en
que por haber puesto mano los más renombrados plateros recién venidos de Italia, parecía no poder tener rival
en el ruundo; y esta circunstancia había llenado de legítimo orgullo tt la que con él compa1te la soberanía de estos vastos reinos.
Dícese sin embargo, que el contento de tan augusta
señ.ora se' vió turbado desde el momento mismo en que
penetró al templo, por ver que muy cerca de su estrado
tenía almohada e1erta dama á. quien es fama que ,el gran
Philipo galantea, no por cierto con desabrida fortuna.
Sin embargo, casi es seguro que habría disimulado t!U
enojo, á no haber reparado que la susodicha, con descoco inaudito y con objeto manifiesto de hacer más público lo que para nadie es secreto, mostraba en la mano una
matraca que, por ser de mayores primores que la de nuestra soberana, harto claro revelaba la alteza de su origen.
La reina entonces, sin ser duefía de si, hizo menudas
piezas la suya, y acudiendo copiosas lágrimas á sus ojos,
ee vió tomada de! desmayo de que ya se hizo mérito,
De esto será lo que quiera. El rey es mozo y galán, y
aunque la suerté leunió cou quien á nadie cede en virtud
ni hermosura, la juventud es indómit.a, y más fácil es
ven~r luteranos y hugonotes que domar los fieros de
una sangre bullidora é inquieta.
El hecho es, que si tormenta hubo, los primeros albores del día la disiparon, y hoy jueves ambos monarcas
han asistido álo3 Divinos Oficios al convento de Descalzas Reales, donde no se ha sabido que admirar más, si 11s
armoniosos sones de una orqoesta digna en todo de los
o.fdos que la escuchaban, 6 la artificiosa traza del monumento co □ que las alcurniadas madres han logrado hacer la más bella apariencia del sublime misterio que hoy
se conmemora.
Loa reyes, terminado el Oficio, fueron obsequiados con
un agasajo en que, sin quebrantar los preceptos del ayuno, pudieron paladear las delicadas garapiñas y las sabrosas aguas de limón, canela y bergamota, que tan alta
nombradia de hábiles reposteras ha dado á las religiosas.
Su Majestad mo~tró tal pena por no hacer brecha en las
salsillas de merrneladas y jaleas que se ofreci,.n á sus
ojos, q 1e la superiora prometió que en la mesa de hoy
correna á cargo del convento toda la parkl de la confitura, y q 1e nuev.os regalos al paladar podría ofrecer si los
augustos huéspedes honraban el sarao á W divinn con que
la comunidad hade festejar el Domingo de Resurrección.
El rey, no Sólo aceptó con su cortesanía habitual el
ofrecimiento, sino que se comprometió á ser pareja de la
superioora en lazarChbanda mf.stica con que se rompiera el
b~ile.
c.,n esto, y después de admirar los ricos tapices y reposteros con que se bah.fa engalanado el claustro bajo,
salieron SS. M.\L del monasterio para asistir en el Alcázar al ú.watorio, donde fueron agasajados largamente los
doce pobres elegidos, entre los que el rey distinguió con
palabras de afecto á un antiguo alférez de los tercios viejos, que después de servir desde los tiempos del Sr. D.
Felipe el Segundo, lisiado de un tiro de Arcabuz, pide
hoy limosna en las gradas de la Victoria.
Por Ja tarde, despuélfde oido el Sei-nión del Mandato en
la Real Capilla, ealió la corte con pública ostentación ií.
visitar los sagrarios1 siendo tal el luJo qoe en su atavío y

servidumbre desplegó el conde-duque que, aunque el rey
iba bizarro en extremo, vestido de !~nado cou aforr0s
de color perla y randas y sobrepuestos de plata pasada,
hubo de decir con sin par donaire á uao de ~us sumilleres:
-La mitad pnr lo menos de los memoriales que se recojan los proveerá. de su bolsillo Olivares; que por lo visto anda con más bolgura su casa que la ro.fa.
La carrera no se eefialó por incidente alguno notable,
puesto que aunque en dos ó tres ocasiones la ostentosa
comitiva estuvo ú. punto de yerse rota por las oleadas de
la plebe puesta en confusión, li tal incidente por todos
los afi()S 1 no dan valor sino las gentes sobrado espantadizas. Ci~•:.&lt;J es que por irreverente pudiera pasar que los
pueelcs de bebida y golosinas obstruyan la puerta de los
templos y den ocasión á que las destemplanzas de la em·
briaguez turben el recogimiento devoto quC el día pide;
pero la costumbre es costumbre, y hay que respetarla en
evitación dl::l maynres malea.
Más de lamentar íué. otro suceso que, llenando de consternación el ánimo de S. 1\1., hizo que seretiraseásureal
morada antes de ponerse el sol.
Cuando se dirigía á Santo Domingo, qu~ este año se ha
visto concurrido como nunca por estrenar monumento,
regalo del seíiot inquisidor general y traza del sevillano
Diego Velá.zquez de Silva, gran bulto de gente que s_alía
precipitadamente de la l'glesia gritando: i&lt;¡Profanac1ón,
profanación,!n detuvo el paso de S. l\:L, quien buscando
refugio en las casas que habita un hijo del conde de Fuentes, mandó persona que se informara de lo ocurrido en
el templo.
Esto, á lo que de público se decía, fué como sigue: A
cierto consejero de Portugal, hombre de tan alta prosapia como entrado en años, hále ocurrido ~a poco tiempo
la idea de dar su ya sarmentosa mano a cierta doncelhca
á quien, no por lo que parece perdiendo su tiempo, re•
cuestaba de amores un mayorazgo más sQbrado de mala
fama que de buena hacienda. El mozo no debió quedar
satisfecho con gozará medias lo que por entero pretendía, y hoy, aprovechando la confusión del mucho gentío
y sin respeto á la s~mtidad del lugar, arrebató á. la esposa del brazo del propio marido y se dirigió desde cerca
del presbiterio á la puerta de la iglesia1 ganoso sin duda
de poner en cobro su presa.
Esto hubiera conseguido si algunos criados del consejero, más avisados que su amo, v:endo el juego no hubie ran querido cortarle el paso, no sólo dando descompuestas voces, sino poniendo mano á las dagas. Al mozo no
debía faltarte tampoco quien le guardara las espaldas,
puesto que en breve espacio, donde todo era antes rec&lt;;&gt;gimiento y oracionPs, sólo se escuchaban votos y porvidas mezclados al chocar de espadas y á los lamentos, de
los no poco:i: heridos que con su sangre manchaban las
losa11 de la Casa del Señor.
Más de media hora tardó en ponerse remate al tumulto, cayendo, no sin trabajo, en manos de la jm1ticia los
causantes de él. Dícese que el templo se cerrará hasta
que sea de nuevo purificade y que los culpables pagarán
en la horca su delito. Dios Nne:i:tro Señor sobre todo.
El rey ha tomado tal pena d.-il suceso, que hay quien
pretende que excusará su presencia en los balcones G.el
Alcázar al paso de la Procesión del Santo Entierro que, como es uso, saldrá mañana. Aunque esto suceda, no por
ello se verá menos concurrida la carrera, que sastre hay
que lleva ya velando más de tres semanas por terminar
ropillas y saboyanas que han de lucirse en el tránsito. y
damas y galanes no renunciarán á ser vistos en día'1.etanta gala, suceda lo que suceda.
De todo informaré más por menudo en otra estafeta;
que como ee fácil que vengan tiempos en que la erética
pravedad traiga consigo el descreimiento, bueno es que
documentos escritos muestren á. las generaciones venide,
ras cuánta es la piedad de este siglo, que ha de ser citado pata gloria nue~tra, si no como espejo de buenas coa•
tumbres, como dechado de intachable fe y de sincera rd•
ligiosida:l.
A~GEL R. CHA VES.

VIERNES SANTOS
La cruz ya(!C sobre el p'll\·o. D.rnrm ~ el templo. En lo~ alt.ires

ya los coros fervorosos de las vírgenes no cantan,.
Secos cirios. arropados en las sombras tutelares,
con nostalgias luminosas de las sombras se levantan.
En el órgano-ese duro roncador empedernidoduerme el cántico los suefios de sus místicos ensalmos;
y se escucha q11e resuenan en el fondo del oído
los gorgeos de las notas postrimeras de los salmos.
El espíritu escapándose en el verbo que aletea,
va girando por las nnbes v esperando que se le abra
el gran pórtico dorado del alcázar de la Idea,
donde al pie del Padre Eterno canta gloria la Palabra!

DOMINGO 18 DE ABRIL DE ,8g7 "

La neurótica creyente que en su Dio~ pensaba ap"'nas,
ClJmO ha visto al diablo, salta y en sud rezad ~Id aprc.:;11ra ..•
Ella ha visto que un fantasma gira en torno dd lds luces;
y tell.ida en los colores inflamados de la ros.1 1
atropeya sus palabras, con los derl.0.::1 hace cruces
y va hundiéndose en las nieblas de la iglesia sil"'11ciosa....
Todo calla. La campana de las torres ya.ce m uii.'1; 1
y sus cantos c¡ue ayer mismo fueron gloria hoy fuesen menguu.:

taciturna, con sus sueños melancúlicos de viud&lt;J..
bamboléase én las sombras, amarrada dd la leugua ........ .
Mas enmedio del silencio filo.sóficíl y profundo,
se levama el señor cura; y espaciando la mirada,
con la idea en los abism'ls, con las plantas en el m1rndo,
sube á. lo alto del Gran T,:,do, baja al fondo de la Na.da.
Mue,¡e ideas, cambia rumbos; mueve frases, cambia giros;

y-á los lóbregos pasando de los tonos más serenos,va soltando lai palabra.a como lánguidos suspiros,
comG besos, como quejas, como gritos, como truenos ..... .
J osÉ S. Cmx:A.No.

CU E:NTOS EV ANGE:1,ICOS
( De un evangelio inédito encontrado en la abadía de San.
Wolfgang.)
EL SOCORRO DE.UN LADRON

!.-Una noche negra, hacia el Egip~o, á través del de•
sie1to, sin ganado, sin bueyes, sin carneros y c0n las ánforas vaciaa, loe viajeroi caminaban impelHlüd p1.1r el
viento, sobre las inmensas sabanas de arena.
II.-La noche estaba mu_v pavorosa y muy ne~ra, y
torturados por el hambre y la sed y la afliccióu, lo.:; viajeros gemian, no sabiendo á quién implorar.
Ill.-Entre las tinieblas de la noche se diRt.inguía. un
árbol, y Jesús dijo: ((Yo subiré áeseárbol para. VPr si luce alguna ventana. sea muy léjos ó muy caca. Y Jesús.
subió al árbol y Maria le preguntó: u¿:~fo ves lucir ninguna ventana?n Y Jesús contestó: uSólo v~o la:, tinieblM de
la noche.)) Después de unos instantes, María volvió á pre•
guntarle: tc¿No ves lucir la ventana de nint(una casa?,&gt;
Entonces Jesús contestó: ce Veo una luz pcqaeñisima allá
muy lejos; pero dudo si sea una estrella que luce entre
las nubeR negras, ó la luz de una ventana.u
IV.-Y era la luz de una ventana. y cuando los viaje ros se hallaron frente á la casa, José llamú &lt;Í. la puerta y
apareció una vieja llevando una lámoara..
V.-Y habló María, la madre de Jtisús: uStlñora, per•
mítenos dormir bajo el techo de tu casa h1\-1tl\ qu1:1 salga
el sol; el viento del desierto ha resecado m1e.c;trod Ubio3
y nuestra piel, y la arena ardiente nos qu("•UÓ los pies;.
somos un anciano, una mujer y un niño d., d.,):, añ11::,, que
nos hallamos sin asilo y lo imploramos tle tll bondad.&gt;&gt;
VI.-Pero la vieja:-uHuid pronto, contt':;t,ó; huiJ, porque mi marido, á quien llaman Tito, es el m Ltl crud y el
más terrible de todos los ladrones del desiert·1 y se c,1m place en asesinará los viajeros que desp,,ja. Ifoid pronto
porque está comiendo, y si os escuch;i vc:udrd. ,i. llla•
taros.n
VII.-Yacabando de decir estas palabras, 'l'ito salió,
mostrando su rostro negro, sus ca.bellos eri;1,,d )S y :;11;:1 gri·
tos semejaban rugidos de león. 1c¡Oh, noche t&lt;lli.:, gritó,
que trajiste á mi casa estos viajeros para qud 101:1 de::1p0Je, y
si la cena que preparaba mi mujer noea de mi agra.do, tal
vez la carne de esa mujer ó de ese niño, t1t1.ti:Had,n mi
hambre!n
VIII.- Y los viajeros temblaron.
IX.-Pero cuando el bandido feroz hubo visto al divino Biflo, se esparció por su rostro una expresión de inefable bondad y sus miradas se trocaron da feroces en
amables. 1,Venid, dijo al aaciano y á. Marít1, entrad á mi
casa y cenad y dormid; no os haré ningún daño, sólo pido como recompensa, que me permitáis tener sobre mis ro ·
dillas á ese niño, el más bello y el más encantador de los
hijos de los hombres, y besarlo una vez, si acaso uo tie ne miedo á mi inculta barba.
X.-Y los viajeros entraron, y cenaron y durmieron y
el malhechor enternecido, ad.miraba ex~siado á su divino huésped.
XL-Cuando salió el sol los viajeros eedespidierondei.
bandido, y éste se desolaba y gemía, porque pensaba que
jamás volvería á verá aquel niño encantador. Pero Jesús, volteándose hacia él, le envió un beso con loe dedos
de su diestra infantil! u1ito, le dijo, terrible malhechor
que con tanta bondad me has dado albergue, tú me volverás á ver, te lo prometo, en nombre de mi padre.n
XII.-Y cuando Jesús fué crucificado, TU.o también
fué crucificado á la dereJba del Redentor.
ÜATULO MÉNDFZ.

La neurótica creyente, con fantástica ternura,
murmurando sus cortadas oraciones, se arrodilla;
y en sus labios perfumados con olores de mistura
todo llora, todo gime, todo tiembla, todo brilla.
A través del casto velo de las gohs de su llanto
ella observa el lienzo obscuro que hacia un lado se di visa:
Satanás alza los cuernos á. los pies del angel santo,
con la boca dilatada p or estúpída sonrit:a
¡Oh qué plÍ.nico! ¡oh qué frío va corriendo por las vena~!
¡oh qué vertig.:i de sombras! ¡oh qué golpes de locura!

Si esperamos en dios con alma honrada,
Premiará nuestra fé su providencia.
¿Qué es el temblor de nuestro globo? Nada 1
al lado del temblor de la conciencia.
C.rn:r o.uIOR..

EL MUNDO

DOMINGO .18 de ABRIL de 897

•ss

~~=====~=============================~
facistoles de bronce, ¡qué hermoso conjunto presentan en
el coro, y qué pena causa ver alguna de las soberbias sillas en una casa moderna, y considerar el destrozo que
supone la desaparición de esos coros tan majestuosos,
tan episcopales, tan seductores para el pincel ~e la artista!
Las verjas cerra.ado misteriosamente las capillas ó deearrollandosus filigranas de hierro ante los altares, decoran
de admirable modo el recinto; y la piedra, los mármoles,
las maderas l?recioeas, la plata, el oro, la pintura, la
orfebrería, uméndose para embellecer y adornar á la ca·
tedral, como ádesposada ene! día de sus nupcias, dan ~r
resultado esa sinfonía incomparable del arte, que admt·
ra sin fatigar, que atrae sin deslumbrar! que penetra
dulcemente, insensiblemente por los sentidos y por el
corazón, y causa en vez del horrible calambre y de la neurosis aguda de los museos, un delicioso estado de phtcido ensueño y de beatitud espiritual. ......... En loe palacios de Cristo, en las bellas catedrales españolas las más
engalanadas, que no tienen rival en el mundo, el com·
plemento del espectáculo religioso es el pueblo. Humildes labriegos, vestidos con sus trajes regionales, arrodillados en primera línea1 lo más cerca posible del altar mayor vrontos á besar el anillo del obisdo cuando pase,
nos' dicen que allí es la mansión de la igualdad, que en la
catedral á nadie se excluye, que para todos, y acaso más
para loa desheredados y los miserables, se acumularon
maravillas por espacio de siglos en la Chsa dorada de
Dios.
Este goce, repito, que no puede disfrutarlo el pueblo
de ·M adrid. No es seguro que los hoy vivos duremos lo
bastante para ver concluida la catedral dedicada á nuestra Señ.ora de 19. Almudena, y que por ahora no ha rebosado mp.cho de la cripta subterránea. Y cuando esa basílica moaerna esté concluida, y abierta al culto, sin que
falte ni la cuerda de una campana 1 ni el roquete de un
monaguillo, ya se notará la diferencia entre la intimidad
de las catedrales viejas y la sequedad y el fr.fo de las nuevas. En templos y en aristocracias no caben innovaciones, lo que da elaborado el tiempo, es lo único que vale
y sirve.
En Madrid la"Semana Santa sólo ofrece una particulari ·
dad característica: que no circulan cochea durante los dos
días de Jueves y Viernes Santo. Ya se comprende cuanto
se modifica el aspecto de la población quedándoseá pie. Un
silencio provinciano adormece las calles más bulliciosas y
las que, no entarugadas aún, resuenan constantemente
como yunques de fragua, al batir de los sonoros cascos y
al estrépito de las ruedliS. Loe cocheros y los lacayos se
pasan el afio pensando en esos dos días de libertad y de
reposo, que ]es compensan el ambiente helado de las lar·
gas esperas en las inmediaciones del teatro Real, el abu ·
rrimiento á las puertas de las casas donde se celebra la
sofrée 6 el baile, las vueltas y más vueltas por el Retiro,
la tarea de todo el año, sin domingos ni fiestas de guardar-porque el domingo es precisamente cuando más zarandeados suelen andar loa coches.-¡Dos día3 de azueto!
¡Dos días en que, si los señores quieren salir, lo harán como los demás mortales, á pata galana, pisando el dur,1
adoquinado y rompiendo zapatitos!
Pues b11sta contra la venerable costumbre deno enganchar el ,Jueves y Viernes se ha formado una cornen•
te de oposición. Hay quien clama porque las comunica·
cianea no se interrumpan, alegando los nego~ioa, las en·
fermedadea, mil cosas que exigen circu.laci6n detranvias
y de carruajes. En cuanto á la mantilla y al traJe negro
y á la visita de estaciones y al paiSeo después, no es po1:::i ·
ble desconocer que tampoco prosperan. Temo que llegue
á caer en desuso tan graciosa y típica costumbre.
Los oficios á que concurre gente más escogida son loe
de las Ordenes militares. Hay en estos oficios esa atmÓffera de evocación del pasado que conviene á las ceremo·
El d i v i n o p re•o .
nias religiosas. Por un instante los mantos blancos, loa
( Dib¿jo del natural, por Carlos .Alcalde).
airosos birretes, las rojas cruces, la indumentaria arcaica
es ho1a ya de que sirvan de baluarte y fortaleza á. losde· de los caballeros causan una ilusión medioeval, algo que
SEMANA SANTA
fensores de la ciudad, si el sarraceno ó el francés la asal• se parece á la que nos produce un drama romántico. 1!.'l
'l'r01:ador ó Los .Ama11.tes de Teruel. Veis desfilar, con soLos que tienen el mal gusto de paeearse en Madrid es- tan; pero moralmente, la catedral protege aún á los fietos días aeñaladíeimos entre todos los del afio, no encuen- les, y les aguarda, adornada, reeplandeciente, cariñosa. lemne paso, á. los mismos que días antes os ablaron aletran ninguna iglesia cuyas dimensiones, cuyo decorado Ya velen sus retablos esculpidos los fúnebres pafios que gremente el lenguaje de la sociedád actual, y os cuesta
y cuya majestad levanten el ánimo á la contemplación.
hablan del espanto y t-error del mundo cuando su Reden- trabajo creer que son ellos, que no estamos en el ~iglo
Los templos matritenses son en general feos y reducidos, tor expiraba en la cruz; ya se ostenten 'por claustros y XVII. Apart6 de estas ceremonias de la Semana Santa;
y carecen de esas artísticas maravillas que en las grandes bóvedas los tapices flamencos y las banderas y estandar• el resto del afio ni recordais que existen las Ordenes micatedrales españolas realzan el esplendor del culto é in- tes cogidas al enemigo en gloriosa,:. batallas; ya se colum- litares, las de historia gloriosísima, las que fueron terr.:ir
funden religiosidad y mueven á contrición.
pie el enorme incensario, despidiendo chorros de humo de los moros. Otro prestigio desvanecido, eetaa Ordenes
No soy, sin embargo, partidaria del viaJe á Sevilla. Es- aromático; ya el órgano solloce, ya eleve al cielo una me- militares tan artísticas y tan castizas, que sus recuerdos
ta es la excursión de loe que quieren pasearse y divertir- lodía de esperanza y triunfo ...... la catedral tiene siem- están escritos en las piedras de los más orgullosos casti·
se, no de los que anhelan recogerse y Eentir hondamen- pre vocea que nos llaman, formai:: pa,a el sentimiento llos, en los blazones de las casas más ilustres. Hoy son
te la inmortal leyenda de la Redención. Al disponer la que no sabríamos expresar, y es verdaderamente la Do- únicamente honroso pretexto para ostentar nn uniforme
maleta para Sevilla, ee piensa en la feria, en las segui- mtts aurea, el palacio de todos. la idea más democrática y arrastrar un manto, pues ya las órdeues militares no
dillas bailadas por piececitos andaluces, en el olor de los y mas inspirada en la igualdad y la justicia que han co- gueTrean, ni poseen los privilegios y fueros con que antaño se enorgullecfan. Y sin ley común 1 despojadas de
azahares y de la~ rosas, en loa toros, en las carreras, en nocido los siglos.
todo, menos en las ceremonias de la austera Semana.
Los palacios que hoy se construyen y enriquecen con eu finalidai histórica, aun son bellas las Ordenes militaA Sevilla va la htgh l{fe, para volver á. encontrartoda la magnificencia de las artes decorativas y suntuarias, res; todavía el recuerdo las dora, como dora el sol, al po ·
se allí juntos los miamOE'.1 y las mismas que se reunian sólo los ve el pueblo cuando el pobre arteeat..O, ganándo- nerse, un paisaje espléndido.
habitualmente en Madrid. Sevilla ea lujosa y alegre, y se eu jornal, emploma el zinc en el tejado altísimo ó ajus-De lo que no es fácil decir cosa alguna es de las procesu Semana Santa me recuerda, no sé por qué un primo- ta el tarugo de fina madera al pavimento de mosaico. Si siones madrilefías. Cualquier ciudad de provincia lleva
roso objeto de art.e que tuve ocasión de ver en cierta co· el artesano no va llamado para trabajos de su oficio, ja- en esto ventaja á la corte. No hablemos de Sevilla: Tolelección, y que no he olvidado jamás. Consistia en un más traspasará aquAllos umbrales. Lasresidonciae de los do basta. Una procesión en las callPS de Toledo es. cosa
Crucifijo dt: admirable figura, que al jugar un resorte se monarcas están cerradas basta para la clase media y para digna de que la describan y la pinten. En Madrid las
convertía en puñal agndo y brillador. La Semana San- parte de la nobleza, y sólo la grandeza penetra allí. Las contadas y mezquinas procesiones deberían suprimirse,
ta de Sevilla, con sus espléndidas é interminables pro- mismas casas particulares no svn accesibles para mucha pues ni edifican ni conmueven. Si quieren aprender l~
cesiones, con sus Pasos, y sos Nazarenos, y sus Vírgenee, gente, y las costumbres hacen gradualmente más riguro- que ea una procesión eslét.ico, ain lujo algu_no, basta casi
y sus cofradías, y eue melancólicas saetas, y á la vuelta
sala consigna del aislamiento. Obra de arte que adquie- sin imágenes, vean la de la Soledad, en 001 pueblo natal.
de todo ello su feria regocijada y sus danzas sensuales y re un particnlar, ca.t.adla perdida para el goce y la cul- Ee una precesión en que no figura sino la Virgen, envuelmoriscae, y sus lances de amores y honor, evoca en mí tura del pueblo. Tal vez por eso el pueblo es cada día ta en luengos paños de luto. Una eola espada, agnda y
la idea de ese crucifijo-puñal.
más indiferente al arte.
reluciente, se pone en su afligido corazón. Sobre el pt!Las Semanas Santas graves y recogidas, las encontra¿Y los mue:eoe? decís. Los museos son la necrópolis del cho se cruzan sus manos delicadas y amarillas, como reréis en Toledo, en Alcalá, en Sigüensa, en Santiago de objeto del arte; cada sala, triple hilera de nichos. Re- primiendo la ola de lágrimast que quiere desbordarse.
Compostela, en Salamanca; en todas las ciodades donde,
cordad, cerrando los ojos, la impresión de un museo y Es conmovedora esa imagen pobremente vestida, sin borsobre el arbol a.ñoso y venerado de la tradición, no ha la de una catedral, y comparadlas. En la catedral la obra dados, sin joyas, sin más que dos gotas de llamo que al
prendido enel ingerto de la diversión á la moderna. Lle- de arte ocupa su eitio y tiene eu razón de sér. El camarín desprenderse brilhm á. la luz de los cirios.
garéis á cualquiera de esos simpáticos pueblos viejos, y tallado se hizo para la efigie milagrosa, y los trajes de riLa procesión recirre IR. ciudad de noche y en silendesde el drimer inetante comprenderéis que su centro,
co tisú, ]as ajorcas cinceladas de gótica labor, los bro- cio ...... y llev!\ eu i:f toda la elegiaca y sobrehumana poeque su corazón es ]a catedral. Todavía, como en la Edad cbes con el águila de rubles, los mantos historiados, las sía de la SeUlana dolorosa.
:\Iedia, las augustas bóvedas delgran templo, dan som- coronas de argf'ntería, forman el guardarropa y el guarbra., cal vr y abrigo :i la población y á. sus habitantes. No dajoyas de la Virgen. Los sitiales de gran relieve, los
JUEVES SANTO

�DOMINGO 18 de ABRIL de 189_7

JESUCRISTO Y EL ARTE LITERARIO(l)

( Del Lic. J. Pallares.)

Señorea:
El mundo no ha sido nunca gobernado moralmente
por la razón, ni por la ciencia; el mundo eólo ha podide
ser subyugado y regenerado por el Arte.
La razón es el lenguaje dela.saltas inteligencias; y el
mundo se compone de muchtdumbres cuyo oído sólo
entiende el sencillo y sonoro lenguaje del sentimiento y
de las pasiones.
L:.1, chmcia es la percepción profunda de loa hilos finísimos que forman la trama delicada é imperceptible de
Wdos los fenómenos del muudo físico, moral y social¡
y el ojo del vulgo no puede seguir con su ignorante mirada las in.finita~ é innumerabtes leyes que en asombrosa
unidad rigen al mundo entero.
La pupila d~I sabio ss ha cansáno en el microscopio,
persi¿:uiendo día á día al infusor10 que se oculta en los
pliegues de lo infinitamente pequeñu; el atentoé incansa·
ble oído del genio ha necesitado centenares de años para
sorprender los secretos de la gama 1Uusical y las vi oraciones de~ sonido en las ondae impalpables del espacio;
el escalpelo del materialista ha desgarrado en la siniestra
plancha del análisis muchos miembros palpitantes y perdídose en muchas t.inieblas autes de tocar el nervio 10.isterioso que alienta nuest.ra vida é inflama el pensamiento y las pasiones en lo íntimo de nuestro cerebro; el moralista y el jurisconsulto han estado muchos siglos inclinados hacia t,l abiswo del corazón humano par.i poder
trazar, iluminados por los reLlmpagos de las tduipestades
sociales el rudimentario y bárbar., decálogo de los dere·
cbos y deberes del amo y del esclavo.
¡ Esto ea la ra.zón, esto es la ciencia!
.E:lla, como las religiones en sus siglos heróicos, se ali•
menta de existencias humanas y quiere márt.ires. Las
más robustas organizaciones sucumben fat.igadas, pues
años enteros de ptiraeverante lucha apenas alcanzan we1:1quino fruto. Galileo penetra con atrevida mirada en los
abismos siderales;pero muere ciego. ¡En el_Golgota de
)as ciencias el genio es mártir y vtirdugo de sí mii::11.no á la
vez! Y el munJ.o no se cowpune tie wá.rtires, ni de vocaciones para el sacriticio.
La verdad y la ciencia no se trasmiten de generación
á generación, como las c1eencias, por simples abluciones
de agua; el bautismo cie.nlfico es largo y condena al ca·
tecúmeno á penosas iniciacivntis, tí. la dura y severa iniciación de esclavizarae á fórmulas abstract.aa, á simbólicos geroglfficos que son un lenguaJe enigmático para loa
profanos, ea decir, para la bumanu.iai.i.entera.
¿Por qué este tna1,ísimo é inevitable tráusito por las ca•
tacumbaa del tecnicismo cientiti.;o para poder escalar el
capitolio de la verdad? Por que la naturaleza ea avara y
celosa de sus mi~terios, y para ocultarlos á loa ojo!' del
espíritu, jamás se le presenta desnuda, sino envuelta en
el pérfido ropaje de 1a belleza. Jamás dice al hombre:
he aqui el gbrmtm secreto de las maravilUU que admiras; he
aquí el áwmo químico que engendrt1, la celailla, q~ se transforma en tegi.áo, 9ue se pru,.,agu. ,m abanico uejlur~, y que
elabora en su ma;rstuoso ere.cimiento de tú1uca de verdura que
oobija lo, bosquei; y loi; valks. No¡ la nat.uraleza no se pres -

ta á tan intimas confidenciasi pues al deabordatad en formas caprichoeaa y divinas, embriaga la fantasía., pero ex~
travía. y obscurece las rutas de la rt:t.Zó.n. Loama.a t!imples
fenómt:HJ08 y las má.s sencillas verdades se esconden tras
nimbos de oro y de nácar, y ea necesaria Ja dura circun•
cisión de la fantasía y una ptirpet.ua rebelión contra el éxtasis para desgarrar e.:3O.:1 celajes de púrpura; ea preciso
que el frio análisis dest.roce sin piedad t.odas las bellezas
del univerao pa1a sorprender el sencillo mecanismo de
sus causas.
¡Mirad si nó, á la naturaleza siempre pródiga en engaños; miradla deJeitlindose en cubrir bajo iulinita vanid ad de espectáculos el fenómeno aencilhaimo de la des·
composición de la luz! Aquí ea el arco iris desplegando
eus festones de oro y de púrpura en el dosel azul del firmamento; allá es Ja paleta misteriosa dibujando en los
horizontes del desierto paisajes impalpables; más allá.
son soles que se multiplican y aurora.a dti luz que se improvisan en los abismos del infinito.
Las matemáticas üenen cifras misteriosa.a, signos caba•
listicos, figuras enigmáticas que pintan la.a más sutiles y
refinadas abs&amp;raccionea del espíritu; pero con esos eignos
y figuras, el hombre traza en un papel los destinos dt, los
astros, de los solee y cte las nebulosas. La química y la
biología tienen fórmulas que parecen evocaciones de magos, tienen un lenguaje de letras y cifras que sólo los iniciados comprenden; pero con estas fórmulas posee el
hombre Ja misteriosa preJicción de la vida y de la muerte, la salud y la enferwedad responden á los conjuros de
ese lenguaje y con él penetra el espíritu en loa risue.ños
albores de la cuea y en las tristes tinieblas del sepulcro.
¿Quién resiste el fatigoso lenguaje de los severos jurisconsulto~ y de los nebulosos publicistas? Las áridas páginas de una estadística secular serían meaos volumiao1:1as, menos gigantescas, wenoa aterradoras que los millares de llbroa que ha ePg~ndrado el primitivo y rudo código de las doce tablas de la ley; pero bajo la disciplina
de eaas rígidas frasea, de esos rit.os jurldicoa, deeaaainu·
mera.bles glosas de legistas, la humanidad ha hecho el
duro aprendizaje del ordt"n y la obediencia para pasar
al traves de los siglos desde la ergáat.ula de la esclavitud
hasta las tranfisguracionea de la democracia.
¡Ahora...... peraeverantea escrutadores de la naturaleza, apóstoles de la ciencia, id á la conquista del mundo
armaJos con el poder de vuestras fórmulas, de vuestros
cálculos y de vue,stras cifras; arrebatad los corazones,
provocad Jos entaB1asmoa, transformad las creencias los
eentimientoa y ~as obras con demost.raciones mate~áti•
ca.a, con revelac10nes químicas 6 con predicciones bioló•
(1) Discurso pronunciado por el Lic. Jacinto PiUlareaen 19 da Ene
ro de~. al i11&amp;ugurarse la cáted.ra Pe oratoria foren~.

,

SJ,esus en el templo.

EL MUNDO

.gicas¡ detened el ímpetu de los instintos y de las esperanzas que Ee desbordan con el frío anális1s de tas leyea
de la oferta y de la demanda¡ enjugad la.a lágrimas de los
millones de hombrea que sufren hablándoles de las con•
dlcionea sociol/JgieM del, desenvolvimiento; inspirad el amor
del hombre al hombre y la sed dejusticia y mejoramiento moral, y la resolución para el martiriq con las heladas
frases de supervit!encia de tos más aptos en -la lucha por la
vida!

¡Id hijos de la meditación, iniciados en los secretos de
la naturaleza; id á la conquitta del mundo con el impo,.
nente aparato de vuestras fórmulas, de vuest.ras cifras y
de vuestros cálculos; y el mundo no ent.enderli vuestro
idioma, y el muudo sentirá pequeña vuestra ciencia,
porque cuando esa ciencia haya penetrado con su mirada
en las órbitas de las nebulosas, todavía entonces el corazón humano latirá insaciable por algo que está más allá
de la últ.ima nebulosa ...... más allá de los abismos que
puede alcanzar la pupila arrogante y atraída del cálculo
matemát.ico, .... . r

Ese algd baja del cielo á enaltecer nuestro espíritu y á
henchir nuestros pechos, no encarnándose en el simbo lis•
mo convencional del lenguaje cient.ífico, sino modulando
elidioma del sentimiento, dd amor ydelaalágrimas;modulando el idioma eternamente di vino del Arte.
Escuchadme:
Mucho t.iempo antes que las playas del mar de Galilea
Y sus risueños valles y colinas recibieran la ambrosía de
la palabra. más sublime que ha eacuchado el mundo,. ya
la tiloso fía griega había predicado la doc&amp;rina de la igualdad humana y erigido en preceptos el amor del hombre
al hombre.
¿Porqué pues están desiertos los altares de Epicteto y
de Zenón y henchidas de generaciones las bóvedas (f.le
guardan el ara misteriosa de los recuerdos del Mártir de
Judea?
¿Por qué la profunda palabra d::lestoico se ha perdido
como el eco de una débil cuerda entre el inmenso cántico
que en himnos .reculares repite los acentos del sublime
stirmón de la montaña?
Los espíritllB cultivados pueden saborear las clásicas
f~ases estampadas en Jas cartas de Sén1::ca, en las disertaciones deEpicteto óen las páginas de .M:arcoAurelio. Ala
filosofía erudita, á. la filo~ofia de escuela, 4 la filosofía
científica pudo escaparse como último esfuerzo de elevación moral esta bella frase de Séneca: 'lbdo ute tmive:rao
en que vil:imes C8 uno y sujeto á un Dios, y por eso somos socios
Y miembros de la Divinidad y por eso n!Uuralmente somos tQdos _los homhres hermanos (1) Fragmentos, como este, aparecidos aquí y allá en que es frecuente y se define el amor
del hombre al hombre, en que 1:1e predica el sacrificio, la
resignación y el valor en lo::1 combates de la vida, soo recogidos cuidadosament.e por los literatusy lo::l eruditos y
aC1..tnir.;1dos por los filósofos,
Pdro tra~Jadaos con la imaginación á otra escena mis
grandiosa en que el arte os vaá t:nsenar esas mismas doctrinas en lenguaje ni, conocido ei.1 las chisicas academias
de la sabia Grecia, en que el arte tiende las alas de su ins•
pira.ción sobre lo::i sabios y Jos ignorantes, los poderosCIB
y lm1 humildes, los presentes y lus foturos; en que t:I ar •
te llega áes¡¡, majestuosa unidad de sentimiento q11e se
cristaliza en m mum ,nt1&gt;s se::mlares; en que tiene p.Jr tribuna una montañ.t. ceñida por las nieblas de los mares1 y
por auditorio la humanida i entera y por idiowa 1ma cascada de notas de nmor, que desdeñando ingeniosos razonamientos se comunica y entiend~ directamente con loa corazones. La frente del joven orador está iluminada -por
los destellos del infinitu;en sus labios tiemblan acentos
de ternura desconocidos hast.a eutonces1 y su palabra
comprensi va1 universal y soberana, dirigiéndose ti todos
los siglos y á todas las razas, deja cai::r sobre la tierra es•
tas frasea de fuego y de lágrimas.
«¡Malditos vosotros, ricos y opulentos, qPe apretáis
(cvue~tros graneroe y acrecéis tesoros ·con los sudores y
c1lágmna~ de la desnudez; llegará un día en que sent.iréis
c(Lambre y pediréis al mendigo llagvso una gota de agua
ct.:On que apagar el fuego que calcine vuestra garganta!
u¡Y benditos vosotros á quienes tocó en suerte en la
utierra la pobreza y el llanto, porque llegará un día en.
uque cada una de vuestras lágrimas será eterno venero de
udicbas inefables! ¡Bienavent.urados vosotros, que pade•
«ciendo hambre y sed de justicia desafiáis las iras y las
uaeduccionea del poder para cubrir con el calor de vuescitra palabr~ al justo y al oprimido¡ porque hartos seréis
ude justicia en el día de las grandes 1eparacionee¡ ¡Y
((bienaventuraios también VOjOtros que pasáis por este
umundo enjugando Ugrimaa y derramandomiaencordias
«porque el que crió los cielos y la tierra, tiene ansiad~
((estrecharos coctra su corazón y daros el ósculo divino
(1de su inagotable amor!11

............................................... , ........ ·······················
Ea aquellos solemnes momentos loa últimos rayos
del crepúsculo envolvían en vapor de oro la figura seduc•
tora de aquel tribuno del género humano, las mnchedum.
brea que le escucharon bajaban la montaña sintiendo
por vez primera en la vida de la conciencia humana que
los harapos del mendigo estaban glorificados por una moral desconocida y nueva, y cuando las sombras de Ja noche cobijaron al mundo, éste había recibido la palabra
regeneradora que debía cambiar los criterios de la justi•
cia, de la gloria y de la felicidad. «Habtr hecho de lapobreza un objeto de amor y de deseo; h~ber levantado al mendigo sobre Z.s altares y gl&lt;&gt;rijicado la desnudez de la miseria, es
un golpe maestro de que ta/, vez no se dé .cuenta la economúi

polui.ca, pero ante el cual el verdadero moralista tiene que indinarse; (2) y este golpe maestro, esta revolución íntima
de loa corazones y de Jas conciencias. ea un discurso una

maravilla del arte en qu,e las m1s altas abs:traccio~es y
(1) "Totum hoc quo oontinemur unum est.. et- Deus et 80Cli :sumW!I
eju.s et membra. Na.tura nos cogJl&amp;t.os edldit," Sen. ad, Laei l. 91-00
t2) Las p:i.lab~ subrayadasya.Igunasotrasque uo loesUnen el resk&gt; de e&lt;1te dlSCWN&gt;, llQ i.on de m aut.or, irino tomadas de va.nos escritores.

enseñanzas de la fi.losof!a estóica está~ reducidas á estrofas de amor.
¿Qué. ha sucedido despué, de esta escena de alta elocuencia que los siglos no han visto repetirse? ¿Qué ha eucedido con las páginas de la filosofía estóica y con esa
página del sermón de la mont.aña no escrita, sino en el
corazón de los hombre sencillos que la escucharon? ¿Qué
ha suredido?: ........ La clásica enaeñanta de las escuelas
nos ha iniciado :i pocos escogidos en las concepciones del
estoicismo; pero pobres y ricos, ignorantes y sabios, todos loa nacidos en el mundo civilizado hemos aprendido
al pecho de nuestras madres la9 divinas estrofas del orador del mundo. Lo::i espíritus "elevado~ y los hombrea del
poder habrán encontrado quizá ea los hábj.les discur808
de Sáneca fortaleza y valor para sus altas y aristocráticas
advtrsidades; pero sólo la frase ·eencilla y pura del poeta
nazareno ha pasado de labio en labio duunt.e diez y nue•
ve siglos, derramando dulzuras sobre millares de hombres rudos y desheredados. En el silencio de las biblio•
tecas el erudito, el literato y el .fi\0-,ofo han glosado fría
y tranquilamente la9 doctrinas de Zenón y d~ Epícteto;
pero el sermón de la montafia ha sido glosado con sangre ...... .•. con sangre de tres siglos de martirio en loa
jardines de Nerón y en las birbaras hecato,11bes del
Circo!.. ...... .
¡Oh! el cristianismo adora al Verbo de Dios en el tribuno sublime de Judea; la filt&gt;sofi,a, y la c.-rUica no pueden
mirarle un poco fija.mente sin.o de ródülai; psrmitidme que
lo praseuie á. vuestra contemplación, dado mi propósito,
tan sólo como el grande artist.a de la palabra, para pedirle el secreto del arte que llegó en aus)abios á la más alta,
á la mis inimitable dd sus manifestaciones.
Jesús, ha dicho un profundo paasador¡ es el genio más
idealista en el fondo y más materialista en la forma: muy
idealista en sus conctpciones, muy materialista en la expresión. Ya.qui tenéiahwnaname,ae hablando, todo el secreto de la m.1gia inmortal de su palabra y el secreto del
arte, de todo el arte de la palabra humana.
¡Idealista en el fondo, idealista en las concepciones!
porque el ideal es la condición, ea la vida, es el alma de
toda ob·a de arte; es el encanto secret.o que anima al mar•
mol, que flota en. la piedra lanzarla á. las alturas, que pal~
pita en el lienzo apena~ humedecido por pincel; que vibra en las estrofas del poeta y en el acento de fuego del
orador; es la visión religio!!a que inicia al artista en los
secretos y maravillas del infinito¡ que le da un asienroen
la mesa eucarística de la vida inmaterial y supra.sen·
aible.
Para mí, sefiores, el idealism 1 no es otra co3a que un
presentimiento del infinito, y el arte la forma en que ae
encarna ese presentimiento.
Yo no sé si al hablar así me conquiste las iróhicassonrisas de los neófitos de moiernas doctrinas; pero conauélame de esos anatemas del realismo humano, esto que oa
voy á decir:
El primer filósofo del siglo, el hombre qne ha podido
reunir en su espíritu gigante los dos más grandes poderes
de la inteligenciai el poder aná.litico de las ciencias que
conviert ~ en ruinas todos los do~mas li priori y el poder
creador de la filosofía que sintetiza en atrevidas y aólidaa
gener.:ilizaciones, todos, absolutamentetodos los conociwie11t.o.:1 hu n.1,110~ después de hab~rlos profnndizado;eM
genio del siglo qu3 ha paseado su mirada escrutadora por
todo el univer::1.., conocido, ha formulado refiriéndoae 4
las religi.on.ea, un pensamiento que puede referirse, que
V';'Y á ref~nr a~ arte, po.rque ':11ª parece que arte y religLón aon 1dént1ca'J m.arufestac1onea de la naturaleza huwana. «El Conocimiento rml ( diée este eminente fil6eoc&lt; fo) no llena, ni llenará jamas el domi'nio del penaamien1&lt;to, ni del eapiritll. Al fin del descubrimiento más prodiu gioao, queda y quedará siempre esta cuestión: ¿q11é hay
1( más alla? Hay, pues, y habrá siempre dos actividades an « tit.éticas del espíritu, pues ahora y en lo sucesivo la acictividad human.a se ocupará no sólo da los fenómenos y
(( sus relacioneia sí que tambi~n de algo no aparente, de alugo absoluto. Y el gran mérito del Arte es haber vislum.
(e brado siempre lo supra sensible y no haber cesado jau más de comunicarlo al hombre con los recursos de la
ce materia y de lo finiro; haber sido siempre fiel á su mi« sión de impedir á los hombres absorveree por completo
((en lorelat1vo y en lo inmediato, en lo material y grose•
1ro;11 haber prol!lamado (agregaré yo) con todas sus fuer~
z.!s: qu~ el hombre no sólo vil'e de pan, sino ftuetiene nec~:t11.1ad de amar, de creer, de adorar, algo mif.s eantoque
las altas y bc\jaa de las Bolsas mercantiles.
Yo, sefioree, no quiero, al invocar estas conclusiones
del filósofo inglés, resucitar el magister dixi.l de la filosofía dogmática; yo quiero ignorar si el idealismo es unre!J.eJ~ del infinito y el arte del Divino medi.1.dor que nos
1mc1a en la penumbra sobrenatural de lo descoo.ocido
para redimirnos de las cadenas de la materia que tiendeJ
á envil~cer nuestra especie; yo ignoro si el arte de-;poja•
do del ideal no. es otra cosa_ que un juego del ocio, una
fantasf~ de. añc1.onados, la men~ 11ana de las vanidades; yo
no sé 81 el 1deahamo será uoa quimera de que se alimentan sólo las almas débil~ ~ perturba.das
el extravío.
Lo que sé ea, que pera1gmendo un idea, el de una Sierra promet.ida á &amp;ravéa de las á.ridae arenas del Desierto
fué como el pueblo hebreo iluminó al mundo con la con~
cepci6n monoteíst.a y le redujo con la augusta moral de
sus J&gt;rofetas; y q1;1e cuando ese mismo pueblo descendió á
la vida real y edificó un templo y se encariñó Con el orgullo de sus sinagogas, entonces su moral y su teolog[a
convertidas en pedantismo de fariseos, sólo tuviero~
energín para derramar el sarcasmo sobre el Verbo del
ª1:l~r y mancharse con la ~angre de su ignominioso suplicio. Lo que sé es, que el ideal d.&lt;t las libertades patrias
produjo las locuras de Maratón y Salami na, aquellas locura~ que empujaban ~ loa atenienees y espartanos al
mart1.no de las Term6pllja¡ y que una vez vendido ese
ideal .al _oro de la corrupción me_ced6nica, aquellos hijos
de M1lciades y Temístoclea, enVJlecidos por las d4divaa
y las .riquezas, fueron y eatuv~eron contentoa con serlo y
se de1aron llamar por la fustiga.dora voz demosleniana
'loa mks merctnarioa ~ Fújpo. Lf) que sé ea, que el pueblo
de Pelayo y del did, tn.Spirado por o~ro ideal, eJ dti su ~

fºr

�DOMINGO 18 DE ABRIL DE 185&gt;7

EL MUNDO

DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

ligi6n y sus hogares, salió de las ásperas grutas de Covadonga, para cruzar el Gólgota de siete siglos de sangre
haeta arrebatará la media luna el cetro de Recaredo; y
que ese mismo pueblo, ya sin ideales ni locuras, se convirtió en genízaro de la inquisición en su propio suelo y en
traficante de carne humana en el Nuevo Mundo. Lo que
sé es, que los ideales de la demencia d~mocrática hicieron llevará Ignacio Ramírez las cadenas del presidiario
sin doblegarlo y la toga de altas magistraturas sin corromperlo, y que una vez trocados en realidad por la vic•
toria aquellos ideales, los tirteos de la austeridad republicana colgaron su lira en los fúnebres sauces del decoro
y tomaron el lapiz calculador del logrero para computar
los bendi.cios del níquel y de 1a. deuda inglesa!
¡Oh! si el idealismo es una quimera y un engafio, jamás engalio alguno ha sido tan fecundo para )a sublime
transformación de nuesr.ra especie: y si ti idealismo es el
arte, jamás ha existido artista. más universal y comprentivoque el que erigiendo en ideal del género humano la
eed infioita de justicia y el progreso infinito del amor,
ha dado ti programa y la diviea inmortal á todas las revoluciones políticas y morales que han existido y pueden
existir después del sermón de la montaii.u.
Pero el idealismo, señores, no se aprende en las escue·
las; es condición del arte¡ pero no fruto del arte: éste, lo
único que puede tnseñaros ea la forma de la inspiración 1
pero no la inspiración misma. La forrua propia del arte,
ta que podéis adquirir con pers~verame estudio, ya lo sa·
béis, es el materialismo en ta expresión que da carne y
sangre, relieves de mármol y bronce á los ideales del
et1piritu y dd eentimien.to. Este delicado y fino consor•
cio del ictea1ismo en las concepciones y el materiali!'mo en
la expresión, ha hecho que la palabra del orador Divino
pase de siglo en siglo, sin perder nunca su prestigio ni
t4U l!_Opularidad, ni su belleza siempre nueva.
¿En qué página de las literaturas conocidas podéis en•
contrar materialismo en la ex.presión mát4 enérgico que
el de aquellas frases de brJnce que se han fundido en la
concieucia de la humanidad'? Y cuenta que los narrado•
r¿s del Evangelio apenas han podido trdsmitirnos pálidos reflejos cte la sonora vibración y delicados giros de
aquella palabra que siempre salía envuelta en olás de
fuego, de sangre y de lágrimas; de aquella palabra que
er-J. dardo agudísimo cuando desgarraba la pie! de los
hipócrilas, carcajada de eterno sarcasmo cuando caía sobre el dgido pedanti0 mo de las sinagogas, lampo de nie ·
ve y guirnalda de flores cuando derramaba consuelos sobre los limpios de corazón.
Un día los eternos tartufos de la teología quisieron ridicutizar sus doctrinas de perdó11 y misericor..tia, poniénaolas eu contiicto con los soberauos fueros de la jueticia.
•i.&lt;ltffl. mujer es adúltera ( le dicen)¡ ¿deb~mos lapidarla,
cumo ord.ena la ley, ó penlonarla, como predican tus
doctrinas?11 Los proced1mit:ntos lógicos ·exigirian un laburioao diacuri30 para arrancar la careta á 8863 pérfida y
capciosa pregunta, para decir á. aquellos moralistas de
formulas que la docuina del perdóu se dirige al sentimiento, al corazón, al hornbr~, no á la magistratum ni á
lu. ley. Pero el orador de Judea encuentra en las profuna.as penem,ciones de su alma la frase mágica quP- en
punzante iron1a encarna y refi~ja precisas distinciones y
Juwinosos comentarios. «t!:l que esté limpio, que tire la
primera piedra,n les dice, y ebta vez toda dis..:usión fué
llliposible, la palabra ee convirtió en látigo y loa tartufos
Nhgiosos huyeron avergonzados de eu torpeza.
Or.ro día algunos horuores pertenecientes rt ese linaje
de reptiles que se arrastran eu la delación y el espíonajapara vengarse de las superioridades morales que les
umnillao, le t.endieron una celada á. fin de compromettlr el supernaturalismo de sus enseñanzas con las euscept,ibilidades det poder político. u¿Debemos, le diceu, pagar el tributo al ~sar?u Por toda respuesta, Je•
sucristo Jea pregunta: de quién ea la efigie esculpida en
Ja moneda? uDei César.u contestan aquellos esbirros, es\recb.ados por la realidad. Hl'ues dad al Céf!ar lo que es
del Cé3ar, y á Dios lo que esde: Dioe.n Y con e~te finísimo
i.ropo y antítesis luminosa, se1.1t6 las bases de la libertad
religiosa, resolvió el probh:ima de las relaciones entre la
Iglet1ia y el Estado, y sancionó los fueros de la conciencia. No es cl.Ll.pa suya, ,i más turde los profarWAJ.Qrea ae su
doctrina ~ C01'virtíeron en un Moloc ái:idu de carne humana.
La parábo1a, esa especie de drama popu lar, de relieve
y escultura animados de los más a ltos problemas de la .
ti10t:ofia; la parábola, género de literatura casi desconocido á los hebreos1 fuéen sus labios una creación esponanea y namral, un idilio perpetuo de seducción para co•
.mullicarse con las almas sencillas y hacer descender basta el corazón de las ignorantes masas, las trascendentales concepciones de su enseBanza. AQuién no ha sentido
en su propia historia, en la historia de su corazón y de
su vida todo el vigor y valent(a de aquella parábola del
hijo pródigo? ¡Retrato admirable de todos los humanos,
nu menos grandioso por su universalidad, que tierno y
profundo por las delicadas y enérgicas líneas con que est;áu dibujados los inescrutables abismos del alma! Ni la
rica lógica, ni la moral de observación, han seguido con
tan ~rtera mirada esos trist1simos descensos del corazór y del carácter dilapidómelo en las abyecciones de la
orgía y del más refinado egoismo; toda la riqueza deeentimieutos elevados, aprenuidos en los primerüs años de
la vida. ¡Con razón la frase de hijo pródigo flota en wda
la literatura moral y en todas las conciencias como un eco
de remordimiento y de vergüenza!
l-'en:io, Juvenal y MoliCre, Tácito y Rabelai@, apenas
llegan ti la piel con su látigo fustigador¡ Jesucristo hiere
la carne, p,11,dra hasta el hueso, rasga las fibras del corazón. l!:&amp;a. túnica de Ntt10 ckl ridl.c«lo &lt;¡u.e arrastran todos lu
tartujoll y fal/jos dei·otos; ese sambenito de oprobio que co •
bija eternamente á los sectarios del t;anto por ciento; esas
coronas de infamia que ciñen la frente de t.odos !os avaros, fueron tejidas pur Jesucristo con artificio divino¡ fué
él quien creó esas ooras maestras con fina ironia y sátira
inmortal. •Sepulcros blanqueados por fuera y corrompidos por dent;ro, n les dice á. los hipócritas. «Es más fácil
que un camello entre pc,r el ojo de unaaguja, que un

rico sesalve,u les dice á los avaros. uVes la pajita en el
ojo del VE:Cino, y no ves ~a vig_a en tu propio ?io,» les dice á los difama.dore.a. «H1p6cr1tas que·devora1s las casas
de las viudas con Jargas oraciones, &gt;, les dice á los traficantes de ritos religiosos. ccHipócritas que limpiáis lo de fuera del vaso y del plato y por dentro está.is llenos de rapifia y de infamia,n les dice á. los centenares de jueces que
entonces, como hoy, cubren con fórmulas jurídicas sus
secretas prevaricac1ones á favor del amigo, del soborno ó
del poder público.
Y estaij frases y otras de igual riqueza literaria han
quedado esculpidas en la piedra angular de la moral
eterna como un estigma de fuego que atorm.enta perdurablemente los insomnios de todos los hipócritas, de todos los avaros, de todos los prevaricadores, de todos los
opresores de la humanidad. Y esto es lo que yo llamo
materialismo en la forma, esto ea Jo que se llama dar car•
ne y sangre á las concepciones del espíritu, eato es lo que
se llama vaciar en bronce imperecedero las más elevadas
enseñanzas de la filosofía.
¿Y ebto puede aprenderse? ¿Esto puede adquirirse?
¿Hay quien pueda revelarn()S PI t:iecrato de las formas, el
secreto de los grandes artistas de la palabra humana, ó
este -as un dón del cielo1 concedido como privilegio á pocos escogidos?
Voy á. res1lver esta duda.

•*• de aspecto despreciable,
E;ubo en Atenas un abogado
flaco, de rugoso semblante, de incorrecta y grosera pro•
nunciación y casi tartamudo. Est.e abogadu se atrevió
un dfa á presentarse en la. tribuna ilustrada por la olímpica palabra de Pericles. ¿A.divinais lo que pasó? ...... El
orador fué saludado por los silbidos unánimes de la muchedumbre.
Dos veces intentó rehabilitarse y dos veces bajó las
imponentes gradas del Pnix peri!e~uido por las burlas y
sarcasmos de aquel pueblo de artistas.
¿Qté va á hacer t'Bta pobre victima de su propio orgullo? ¿Esconder su impotencia y su vergüenza en las obscuridades del olvido? ¿Convencerse de que su vocación
y sus caprichos no van acordes y apagar en los tranquilos goces de la vida privada la inmoderada sed de gloria
que le devora? ........ .
Prf.f/U"lod á las ulas del mar Forio ]I eilus ós conkslarán de
lo que es capaz el gerdo a,, la pe1·set1e1·u1u:iu; preguntad al
precursor de Alejandro Magno y él os dirá t.nostrandoos
las cicatrices de sus victorias, lo que alcanzan las tenaci•
dades del alma.
Ese abogado desprecia ble, tartamudo, tref veces si Iba do
se condena durant~ largos años al aislarnieutodel estudio:
sube frecuentemente con acelerado paso las rápidas pendientes de las montafias recitando trozo.i de la !liada pa•
ra robustecer su voz, declama entre el ruido de las olas
tragedias enteras, llevando ú. la boca piedrecillas de la
playa para corregir la torpeza natural de su lengua; in venta ingeniosa y ridículamente raparse el pelo de la
mitad de la cabeza para verse así obligado á vivir en el
retiro de tranquilas meditaciones; se entrega con frenesí
á la lectura de todos los filósofos, de todos los poetas de
todos los oradores de tu tien1vo, y cuando cree qu~ es
llegado el momento solemne y último de la prueba
vuelve á presentarse á aquella tribuna de sus ensue:
fios .... .. y entonces, con voz atronadora y elocuente despiert.a el patriotismo aletargE1do de sus compatriotas, con•
vierte á. sus oyentes en soldados, marca con estigma
oprobioso la frente de los mercenarios del extranjero,
esculpe en relieves inmortales los secretos designios del
hipócrita invasor, y durante cuatro lustros, su pa abra
nada más que su pafa.bra, detiene en las fronteras d~
Atenas al potente y numerosísiml.) ejército de Filipo ......
¿Qué más podré deciros después de esta dpida biografía de las tenacidades heroicas del vencedor de Esquino?
Una sola frase, una brevísima frase que va á eternizar
en vueetros recuerdos todas las ideas y todos los sentimientos que be pretendido comunicaros.
¿Queréis, tenéis propósitos serios de poseer el arte que
imriortalizó las tribunas de Grecia y de Roma?
Pues buscad lecciones de perseverancia, de mucha per•
severancia, en las enseñanzas del primer tribuno de Ja
elocuencia griega: pero buscad. también sed de justicia
infinita, sed de justicia enel divino idealismo del prime:
tribuno de la justicia eternal

~-=.!=-=.!=-=.!=-=l'"=.i¾
D el Libro de t o s Sal mos.
¡Sefior! ¡Seflor! ¿Por qué los que me dañan
como el acridio en mi redor pululan
y en m1 tenaces sin piedad se ensañan
y mi espíritu debil atribulan?
Oye mi alma un acento que le grita:
«¡Para tí todo es mal, todo es miseria ......
ni en Dios encontrarás la paz bendita
que Dios quiso negarle á la materia!u
¡Es mentira,:Se1lor! Tú eres mi amparo¡
alivias Tú mi corazón herido,
y guardó mi fe en Tí, como e1 avaro
guarda el oro en sus arcas escondido.
En más de una ocasión, aislado y trisM!,
te hablé, enturbiada mi pupila en llanto,
y amoroso, Señor, á mf veniste
desde la cumbre de tu Monte Santo.
Y me dormí tranquilo y sin angustias,
y olvidé mi congoja y mis temores,
y al despertar hallé mis flores mustiaa
trocadl\S todas en fragantes flores.
Eres Tú la salud; eres la roca
que se opone tenaz al mar bravio:
¡ayúdame en la lid, y de mi boca
aparta el caliz del dolor, Dios mio!
J osE PEóN
Abril de 1897

DEL

V.A LLB ...

259

EL MUNDO

IMITACION DEL CANTAR DE LOS CANTARES.

Ven á. tu huerto, amado.
que el árbol con su fruto te convida;
el céfiro callado
espera tu venida¡
tú al céfiro y al huerto das la vida.
Del alba nacarada
la lumbre esquiva la purpurea rosa
á la tierra inclinada:
la abeja silenciosa
ni en torno zumba, ni en la flor se posa .
Ni á su consort" halaga,
el ruiseüor sin tí, cantando amores·
ni mariposa vaga
'
inquieta entre las flores,
tendiendo al sol sus alas de colores.

Ven, esposo á tu huerto
á dar vida á los céfiros y flores;
ven, que mi pecho abierto
á tus dulcPs amores,
sin tí, mi bien, es huerto sin olores.
Ven, y l1. la fresca sombra
de las cruzadas hojas del manzano,
sobre la verde alfo1Dbra,
beber.is, dulce hermano,
rica leche ordeñada por mi mano.
Y á. los gratos olores
de la mirra, del nardo y de la rosa,
gustarás los sabores
de rubia miel Rabrosa,
y el zumo de la uva deliciosa.
Ven, que por ese prado
el sol ardiente tus mejill&lt;1.s tuesta:
aquí el roble coµado
blanda sombra nos prt'sta,
y en mi regazo pasarás la siesta.
Yo duermo descuidada;
mas del esposo el corazón velando,
espera la llegada¡
ya oí su acemo blando;
el esposo ti. mi puerta est,i llamando.

LA SEMANA SANTA EN SU ASPECTO ESTETICO

Que en las solemnidades religiosas de la Semana Santa quepa uaa parte muy principal al Arte, es cosa. que
sólo pued~n ne~r las almas vulgares, que. no penei.rando
en el sentido íntimo de lo que el culto cnetiano ostenta
en eelOS días de •tan bien ordenados rito@, únicamente
ven en ellos un tradicional espectáculo en ocho mortales
jt ,rnadas, más ó menos desfigurado por la rutina la negligencia y aun á veces por la poca dignidad de Íos acto•
res. Bien sé que están muy distantes de pasar por gen•
tts del 111011ttm, como se dice ahora, muchos que ampliamente dotados de privilegiadas facultades intelectuales
niegan ein embargo, el interés estético de la semana con~
Pagrada por la Iglesia desde los tiE&gt;-mpos apostólicos á
honrar loE misterios de la Pasión y ::\foertedeJesucristo,
y á recordarlos á los fieles por medio de los oficios y ceremonias al efecto establecidos; pero éstos para mi. SÓ·
lo son rulr¡o prorürional é inttrwo, porque si no carecen de
buena fe, en cuanto se lea presente la ocasión de considerar detenidamente esos oficios y ceremonias y de ini•
ciarse en la significaoión de sus símbolos y misterios, de
segara mudarán de parecer.
Sí; gran interés estético, gran copia de bellezas de concept;O y de forma, literaria y artíeticamente consideradas,
ofrece la Semana Santa á toda alma dota1a de delicados
sentimientos y de cierta elevación de ideas. No las apreciamos por que las vemos generalmente mal presentadas, y nos sucede con ellas lo que con una hermosa colección de cuadros abandonada al polvo y las telarañas
en un desván de mala luz, ó con una soberbia tragedia
leída por un niHo tartamudo. Desde nuestra infancia estamos viendo esos oficios enteramente desfigurados, celebrados por virtuosos, pero muy indulgentes párrocos,
que aunque inmunes á nuestros ojos por su ea.grada investidura, son reos de lesa estética por el descuido con
que miran lo que atai'ie á la posible perfección de la for.
ma; dentro de lo humano en cuanto se refiere á la ade~uada decof!lción del te1:11J?Io, al mobiliario sagrado, á la
indumentaria de los m101stros-preste celebrante, diá&lt;'Ono y eubdiáeono-turiferarios, acólitos, ("antores, múf.icos¡ á la compostura y pulcritud, y hasta al paso me1-urado y semblante sereno de cuantos toman parte en
tan augustas ceremonias, vigilando particularmente por
que no falten nunca la debida decencia en las personas
y la regularidad y precisión en todvs tos actos de la sa•
grada liturgia.

-Abre, esposa querida;
no te detenga::i, 001 cvnsudo wio,
iib1~we, por tu vida¡
.
tewblando estoy de frío,
rms cabellos cubi~rtos de rocío.
-Ay! que el desnudo pecho
tiemblo al aire sacar, esposo amado,
de mi caliente lecbo!
ay! que el pie delicado
tiembla tocar el pavimento helado.
Sus dedos el esposo
entró por las rendijas dé la puerta;
á su tacto amoroso
el corazón Jespierta,
Y toda tiemblo y me l:lstremezco incierta
Alcéme presurosa
para abrir al. amado que esperaba,
y mirra muy prec10sa
mi mano destilaba
que corrió por los goncea de la aldaba.
Abrí¡ más ya cansado
no me esperaba, ay triste! y era ido!
Mi corazón llagado,
de cruda ausencia herido,
llámalo y no respode á. mi gemido.
Lós guardas me encontraron
que la ciuda.J custodian, y me hirieron,
yel manto me quitrron¡
como sola me vieron,
y ramerilla pobre me creyeron.
Doncel las de Judea,
si hallárades por dicha eu plaza ó calle
al que til alma des~a,
qut: torne suplic-allt,
y no vue1va d. perd~rt!e por el valle.
Gallarda es su figura
como el cedro del Lfl¡ano eminente;
su blanca d~utadura
sou ¡&gt;trias del Ori,m~,
y bruñido ruar.fil su U~réa frente.
Conoceréis quien sea
si vuestro pecho palpitó al miralle1
Donce1la1:1 &lt;1~ J udt:la,
qut torne suplicall~
y no vuetva á perden:1d por el valle.
VENTUUA DE LA YEGA.

-¿Qué haremos, cuando el cielo
caea1:1 y \elll~lu~ cun fragor derriba?
-¿Qué haremos, preguntáis, almas de hielu?
¡Ttmer fé en la justicia de allá arriba!
¡Nadie sabe, mortales,
por qué cuarteando el globo nos castiga
ese gran Dios, para quien son iguales
los destinos del hombre y de h, hormiga.
CAMPOAMOB.

Nadie es capu de prever los defectos que á la larga
pueden producir en el corazón y en las ideas de una
criatura sensible_. que abre por primera vez los ojos al
mundo de la realidad; de una tterna educanda, por ejemp lo, recien salida de un colegio de religiosas timoratas y
pulcras, el espectáculo de un oficio de Domingo de Ra•
moa ean~ado_en una pobre y ~estarlada !iglesia por un
cura ordrnan? que _lanza berridos de sochantre hiposo,
con la cara sm afeitar, la cabeza llena de remolinos de
pelo. las manos con las uf'ias de luto y las yemas de caoba, la capa pl uvial medio caída por detrás descubriendo
en el cogote un pal mo de alba sucia1 y los zapatos despellejados. Cuando ese cura dice la antifona: Rodame, oh
Beiwr, cm~ hisopo, y seré limpio; lámme y quedaré más bl.anco,
que la metse, una voz secreta, tal vez la de al~ún diablillo retozón y maligno, ID.urmura al oído de la tierna doncella: ¡/mena falta te hacfl
¡Ah! Si yo fuera rey absoluto de un pequen.o Estado
muy homogéneo y muy culto, como, por ejemplo, la Ba•
viera de cuarenta. aflos atrás; si pudiera yo disponer de
auxiliares como los que tuvo incondicionalmente á sus
órdenes el rey Luis I, bajo c11yo sabio protectorado tanto
florecieron las artes, ¡qué oficioR de Semana Santa se ce•
lebrarían en mis dominios! Ya me dirían entonces los
indiferentes á. la estética del culto católico si puedt- haber
ó no grandes bellezas en esos oficios que ellos de buen
grado mandarían suprimir por anticuados. En primer lugar, tendría yo una catedral, no como las de León 1 Burgos, Toledo y Savilla, excesivamente lób~as y e xcesi•
varo.ente grandes para mi propósito de erigir uu escenario adecuado en que poner de manifiesto con toda clari •
dad hasta las más pequef'ias peripecias y accidentes de la
divina epopeya de la Pasión y Muerte del Redentor. Mi
catedral sería recogida y luminosa, de estilo italiano co•
mo la igleiia de San Luis de Munich ó como la Baame'a de
San Clemante de Roma, pero toda decorada con l)intums
al fresco 6 con mosaicoe ejecutados por los mii.s msignes
artistas. Ins alt.ares, los ambones, el mobiliario del presbiterio, del coro y de la nave¡ las vestiduras sacerdotales·
todo había de ser del más exquisito gusto; objetos d~
marmol, bronceó madera, de mala forma, pafio que far-

mase malos pliegues, no se verían en mi iglesia. Ni cele•
brarían en ella. clérigos de Wdid cala,Jura, pórq11e los mi•
nistros del altar, el preste, el di!lcono, el subJ.iácooo,
cuanoos intervi1men en los sagrados oficios, incluso los
cantores, los sMristanes, los monaguillos, etc., serian por
mí escrupulosamente escogidos, de manera que entre
ellos no hubiese uno solo de aspecto desagradable. La
música seria, exclusivamente de órgano ó de instrumentos de cuerda; trompas y clarines y demás instrumentos
belicosos no entrarían en mi iglesia, comotampocoadmi~
tiria entre loe cantores y coristas voces de soprano ni de
becerro. Así lo que se canta como lo que se dice en tono
de rezo, había de acentuarse y de articularse con la per·
fección debida, sin atropello ni farfulla, para que el pue•
blo tc,do lo percibiese clara y distintamente.
Y no ganaría solamente la e~tética del culto en que éste se celebrara de una manera digna y adecua.da, f.ino
que los mismos misterios que en la8emana 8.mtaconme•
ruora la lglssia adquirirían entre el pueblo una significación y una importancia de que hoy carecen con gran perjuiciv suyo. Porqud las ensenanza'! que se desprenden
de las oraciones, salmos, profecías, lecciones, cá.nticos y
pasajes de los evangelios que "'n t'Stos días sant03 se rezan ó se entonan, son para él enteramente perdidas: y los
sublimes dogma~ (cuy.1 fé nri hay salvación) figuradas en las ceremonias simbólicas q11e en e~tos dias ee re•
cuerdan. son arca cerrada para los en~ndimientos ¡Í quienes no se consiente percibir con claridad las explicacioues que dan de ellos los sagrados textos, relat,u.dos pr~cipitttdamente y sin sentido.
Hay que tener presente que las enseñanzas que estos
días nos da la Iglesia de .fesucristo son más difíciles de
aprender cuanto más se aparta de las sugestiones propias
de la naturaleza humana. No es maravilla hacer uu poema que cautive la atención y gane la voluntad 1 con lu vida de un héroe en quien, á medida que se acumulan los
triunfos, crecen la gloria y la fortuna; pero es superior a
la razón del hombre que exista una divina epopeya en la
cual el héroe vaya al triunfo y á la gloria por el camino
de la abnegación, de la hnmildad, del propio sacrificio,
del oprobio y de la ignominia, y sin embargo, esta es la
epopeya de Cristo: esta la sublime enseílanza de una
doctrina nunca revelada al hombre en los tiempoe anti•
guo~, y por lo mismo tao contraria it las naturales suoe9 •
tiones y tendencias y tan difícil de aprender.
Esta hermosa y divina epopeya comienza con la.entrada triunfal de Jesncristo en Jerusalén, montado en un
jumentillo, símbolo de la
humildad, que ha de eer
ti! alma de los triunfos del
ciistiano. ¡"1ué conmove•
dúra eencillez la de las
oraciones que se dicP11
durante Ja bendición de
los ramos! «¡Oh Dios!, que
rf'uneE lo.que está disperso y reunido lo coneerva@,
que bendeciete á. los putiblos que salieron cOn ramos á.recib ráJesús: ben~
d.ice también eetos ramos
de palma y de olivo que
tus siervos reciben fiel•
mente en honor de tu
nombre, para que coneig:ao tu bendición los habitantes de cualquier lugar en donde fueren colocados, y ahuyentada toda
adversidad, proteja tu
OieE.tra á los que redimió
Jt-fUCriero.n
1,¡0h Dioamío,quemandaste á la paloma anuo•
ciar la paz á la tierra con un ramo de olivo: suplicámoste que te dignes santificar con tu bendició celestial estos
ramos pa~ que 11irvan á. la salvación de todo tu pueblo.,,
. Losofic10s de~ Lunes v ~!artes Santos son un vivo y
tierno compt&gt;ndio de la Pasión y una continua exhortación 11 1013 fieles á no gloriarse srno en la Cmz. El día en
qll;e propiamente empieza el gran duelo de la Iglesia es el
MieretilesSanto, por que en él se congregaron los prínci•
pes de los sacerdotes, los escribas ó doctores de la ley
los ancianos y magistrados para deliberar sobre los me:
dios de prenderá Jesucristo, y en él se decretó su muerte. Recuerda la iglesia la mansedumbre de Jesús y cómo
se e!ltrejt() a] sacrificio por el linaje humano, recitando la
lección de halas (cap. III): ,dué herido por cauea de
nuestras iniquidades y macerado por nuestras maldades ........ . Coruo 0"."eia que llevan á la muerte, del mismo
modo será conducido¡ como cordero delante delesquih1dor, enmudecerá y no abrirá su boca." El Jueves :,,an1,o
fué en todos los tiempos uno de los días má.ssole·nnes de
la Iglesia á causa de los grandes misterios qne en él se
obraron. Día di' lo8 mistnws le llama bao los griegos y los
demás pueblos del Oriente. En sus ceremonias se compendian: la humildad de Jesucristo, en el l,myltorio de
los pibt, su amor incomparable, en la institución del Sacrameuto de la E 11C(1n·~lí•1¡ la primera oblación de ,Jesús
en aras de este amor, en la Orcw1,61i del huerto y su snngrien•
ta agonía¡ su voluntario sacrificio, en el Prendirwe1do .
~os salmos que se cantan en este día son de una bellt',:-'
rncomparal:&gt;Je, y en la traducciún del Cfüdieo de Jfo1tt/ ,.,
tomado del cap. XV del E.rod,J, se han ejercitado la;
plumas de nuestros más grandes poetas. Superiores á t,1do elegio son pl)r otro lado, considerados como trozos
ya de tierna, ya de altaé inspirada poes(a, el himno Pan~
ge liitg11•t con qnf'- el Sant.isimo es depofitado en el Monumento; el J!agn{ficrrt que se canta eu las Víspera~, y e~~
hermoso vuelo del corazón, abierto á la más dulc~ ~sp~ranza, que lleva el nombre de Cánliro de Siirtnfo.
Sería intertninable nuestra tarti:l si hubiérarn,Js de re•
aeñar todas la:i bellez:is de forma y de concepto ate.-;nradas en las augustas ceremonias que siguen :i las del Jitti•
ves S.1nto ha.stJ el dia J.J L\ glork1i!:1 r~für.!c~ ión del SJ·

f1or. M:uy frío de imaginación U:i 11.• sJr qqien oiga sin
P!óltremecimientos las tres leecion~s de los capítulos II y
II[ de las .Í/l.11M,tm:frin .,s d e JeremíWJ con que comienzan
loi:J ID\itiuf&gt;S del V ternes SJnto, y quién no aiente Jagran•
deza del Cáatir-o de H 11bacltc: «Dios vendrá del A.ustr.:i, y
el santo del monte F,min.-Su gloria cubrió los cielos, y
la t;ierra estí llena de sus alaban,:as.-Su resplandor será.
como la luz, y todo el poder estará. en sus manos.-AIH
est.á la fortaleza: delante de él irá. la muerte-Delante de
sus pies ealdr/1 huyendo el diablo: paróse Dios y midió
la tierra.-1\Uró y deshizo las gentes, y Jos montes del
siglo fueron reducidos á polvo.-Los collados del mundo
se encorva"'On por los caminos de su eternidad, etc.,,
S6 lo quien tenga el corazón de piedra vodrá. oír impasible
los Improperios que luego se cantan mientras se hace la
Adoración de la Cruz: «Pueblo mío, ¿qué te hice ó en qué
te contristé? Respóndeme. Por que te saqué de la tierra
de Egipto, preparaste una cruz á. tu S:ilvador.-Porque
te J\evé cuarenta añ'&gt;s por el Desierto1 te alimenté con el
maoá. y te entré en nna tierra muy buena, tú preparaste
una cruz á. tu Salvador.-¿Qué má., debí hacer por tí que
no lo hiciese? Te planté como vina de cepas excelentes,
y tu oo has tenido para mí sino amargura, pues en mi
sed me diste ií. beber vinagre y con una lanza abriste el
costado de tu Salvador etc. n
No Podemos, por la falta de tiempo, ocuparnos en otras
manifestaciones estfticas de grande importancia que nos
suministran los oficios del Viernes y Sabado Santos y
del Domingo de Pa.scua, cuales son: el Santo Entierro;
los P1VlQ., que se sacan en proseción en muchas de nuesciud.ades; la admirable regeneración del mundo por el
e!ipíritu, figurada en la solemne bendición del fuego y
del agua, y loR cánticos con que se celebra la gloriosa Resurección de Cristu y su triunfo del pecado y de la muerte. Rn otra ocasión quizá las expondremos.
PEDRO DE MADR.\20.

Yo, como único remedio,
C',omo alivio de ruis males,
Ttingo una Dolorosita
Que me regaló mi madre,
Vuando por la vez priuiem
Llt'gué al pié rte los alrnres
A gustar la Hostia sagrada
-Mistico pan de los ángeles. Allf está! -Sus oj•·•s negros
Vierten el llaoto :í raudttles
Tiene la tez mustia y pii lida'
Muestra afligido el semblaoie.
Con infinita tri~tt-za
Jnnta las manos aüa\•es,
Y alza la frente á los cidos
Con ademán suplicante.
En llegando elrues de )layo,
¡Oh, recuerdos inefablf'sl
Niño aún, por la mana na
Le ponía en sus altares
Las roeas más exquisitas
Que brotan de los rosales,
Que cuajados de capullos
Luce el jardín de mi valle.
Cuando abandoné mi cru;a,
El dulce hogar de mis padres,
Para emprender las fatigas
De mi vida de Pstudiante,
L:i coloqué en mi cartera,
La llevé por todas partee,
Y al fin del afio eJla sola
Me ayudaba en mis exámenes.
¡Hoy ya soy hombre y no olvido
Los consej&lt;,s de mi Dladre!
Le rezo cuando despierto
Y le rezo al acostarme;
Aun, llegando el mes de Mayo,
Le doy flores tropicales,
Aun me siento otra vez niño
Y me sonríe cual antes.
Por eso nunca abandono
A mi Virgen un instante;
Por eso cuando estoy triste,
Cuando siento hondos peeares 1
Como consuelo de mi alma,
Como alivio de mis males,
Beso la Dolorosita
Que me regaló mi madre.
Abril de 18fl7.

Jt•A~

B.

DEt,GADO,

!Quién de su pe~ho desterrar pudiera
la duda, nuestra eterna compaf'iera!
CAlll'O.iHOR.

�260

DOMINGO 18 DE ABRIL DE

18sn

261

EL MUNDO

ENGANO SUBLIME-Por roaría!!~scot.
NUME;R06.

En tanto que lefa esta carta, Felipe preparaba su respuesta¡ volvió á plegar el papel y dijo friamente:
• -Como usted miemo lo ha expreeado, seiior, toda carta
anónima es una cobardía indigna de la menorlfe; es el
arma de los calumniadores. Yo no sé por qué me comprenden en eso, -porque nada he vieto.
Avidamente el Sr. i\Iartín examinaba al joven, pero
su voz caneen-aba aun su alteración, cuando replicó:
-Sí, mi confi.i.nza en ella era tan absoluta que esa arma de cobardes se deslizó sobre mí sin tocarme. Me
dirigí á ella y le dije: nOs calumnian, bija mía.» Ella
me reepondió con senc1llez: «No lo extraño, mi dicha
presente debe hacer tantos envidiosoF! pero si voe,
mi único amigo, me ult.rajáseis con una suposición,
1
todo quedaría roto para siempre entre los dos.u Mi
Beltrana, exclamé yo, no sabéis que os admiro tanto como os amo? cómo podria dudar de vos? Ella
me tendió su querida manecita diciéndome orgullosamente: ((ÜB lo agradezco; hacéis bien en creer en

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Sí. entonces, pieotóe esas acueaciones y aún me
sentía feliz con la locura de darle esta prueba de mi
absoluto respeto.
Fuí durante dos años feliz, muy feliz ........ .
Un enternecimiento al recuerdo de la dicha perdida endulzó aún el timbre de su voz que espiró en
suspiro querelloso.
Ft1lipe, nervioso, muy fastidiado yun poco pálido,
respondió:
- Y o no he visto nada, no he oído nada, no sé
nada. ¿Por qué no continuar creyendo? ¿Por qué no
despreciar esas calumnias? ¿Por qué preocuparos de
esa miserable carta? ¿Por qué emponzoñar vue~tr&amp;.
dicha?

-~o, no es posible, ella no puede eeruna miserable. Digame usted la verdad, lo conJnro, repítame usted las pa•
labras que ha oído, acaso interpretó usted mal, las jóve•
nes son á yaces tan imprudentes ..... .
Su voz temblaba, su rpirada imploraba. Una inmensa
piedad llenaba el corazón de Felipe ..... .
No, jamás, no repetiría al marido las palabras oídas,
esa confesión demasiado explícita: «Usted prometió que
se casaría con migo, usted lo juró; sin esto no habría yo
cedido, DO me habría entregado á usted.»
__,..---· ;
Pero era preciso poner fin á una escena que se con¡ vertía para los dos hombres en una verdadera tortura. Con una voz tranquila que DO vacilaba y aún
un poco enérgica, respondió:
-Yo ne be visto nada, yo no be oído nada, señor.
Yo le he dado á usted roi palabra de honor, se la doy
alln, nada más tengo que decirle.
Y en la rigidez de su actitud, en la .firmeza de su
mirada, se leía una determinación t!\D inflexible que
el pobre Martin comprendió la inutilidad de una
insistencia mayor. Dirigióse haci&amp; la puerta con un
paso que vacilaba. Salió y Felipe siguió largo tiempo
con los ojos á ese mísero millonario que se alejaba,
encorvado, insignificante, con la cabeza baja, como
un hombre ebrio, esqui viindose de los transeuntea
que lo miraban con despreció! ¡Pobre vieja paveza
del gran naufragio, ein gracia y sin esperanza!

dijeron que no transigía usted en cuestiones de honor;
usted no querría engallará un viejo. ¡Oh! si pudiese us·
ted decirme: «Por mi honor de gentilhombre juro, por el
Cristo, que han mentido ...... juro que nada he visto, que
nadeheoído;juroquetsaeartaenteraesiofamia y engafio.» Oh, amigo mío! ¡Oh mi joven amigo! Rí usted
quisiera, si usted pudiera decir eso ........ !
E~ta vez fué Felipe quien palideció. Aun cuando ya
temía esta exigenci!I., no había tenido el tiempo ni la

,!f;

XV

En el crucero Andrómeda, después de largos meses de navegación, Felipe meditaba, recordaba y sufría.
¡

1,

Hablaba aprisa, tenía ansia de que aquella terrible
escena finalizase. Sentía venir el peligro y se esfor~mba en escapa(de él. Se levantó:
-Lo lamento mucho, señor, pero como lo ha hecho notar usted, estoy muy ocupado en este momento. Le suplico que se sfrva excusarme y que me
permita.... .. .
Sin abandonar su sillón, el seüor Martín respondió:
-Lo que me queda por decir no es largo, yo le suplico
,que me conceda aún algunos minutos: es la dicha de mi
vejez la que está en juego. Sí, durante dos años yo he sido el máa feliz de los hombres.
Usted no pódfa saberlo ......... ustedes los jóvenes no
pueden saber qué tesoro de ternura, de amor, de pasión
.se amasa en los corazones viejos que no han amado nun-ca. Sí, yo la adoraba con todas las fuerzas de mi cora~
z6n; pero también, con todas las fuerzas de mi sér1 la
deeconfianza, y la duda y los celos me tortu.raban hacía
seis meses.
Y en un tono muy bajo, como si no hubiese querido
oír él mismo las palabras que iba á pronunciar, murmuró:
-Ese baile del almirantazgo......... ¿se acuerda usted?
Felipe hizo un signo de cabeza afirmativo. El Sr. Mar•
tfn continuó:
-Atravesábamos los salones para partir; su mano reposaba sobre mi brazo, y yo el!taba orgulloso, orgulloso
de su hermosura, de sus éxitos, de su toileue. Deºpronto
sobre mi brazo la pequeña mano se crispó; yo tuve conciencia de un extremecimiento. Ví á Beltrana, pálida,
desfallecer y, en sus ojos un espanto indecible. Seguí la
dirección de sus miradas; era usted, señor de Aubián, el
que le había causado la tremenda emo.ción.
Eso duró apenas algunos segundos; ella prosiguió su
marcha y salimos¡ pero la arma venenosa entró desde
eee día en mi corazón. Desde ese día pensé en que la
carta anónima no habia mentido acaso. Recordé algu•
i;i.os indicios, iterrogué á mis gentes; estas me afirmaron
que habían visto &amp; usted abandonar la villa y que no te•
nia usted el aire ni el aspecto de un hombre enfermo. Lo
he buscado y acababa de partir partl las montanas del
Doubs; supe por su~ amigos el gran duelo que le hirió;
esperé su vuelta; usted era mi última esperanza....... Me

presencia de espíritu para tomar una. T('8olnci0n. La solenidaa del juramento exigido y la mirada. de plomo que
pesaba sobre él, decían claramente que todos los snbter·
fugioseran inútiles. No tenía más que dos alternativas:
perderá una mujer 6 cometer un perjurio. Y ese joven
que no transigía jamás en cuestiones de honor, vaciló;
extraviado, durante un segundo, ya no veía nada ni sabía nada ...... Una á una penoeamente las palabras salían de sus lábios, en tanto que por un movimiento del
que no era dueiio, sus pupilas se movían convulsivaDiente:
-Por mi honor le afirmo y le juro que n&amp;da he visto
y que ..... .
Un sordo gemido le interrumpió; el viejo se había levantado y con tono de autoridad 'dijo:
-No concluya U$ted: es inútil, comprendo todo. Los
hombres como usted no pueden mentir, aún cuando lo
quieran. Oh! Dios mío, Dios mío! He aquf la certidum·
bre. He aquí la verdad! Lo que usted ha oído y sorprendido en esa noche fatal debe ser muy grave puesto que
es usted perjuro ..... ¡Esto es horrible! ¡esto es horrible señor!. ..... Mi sobrino, el futuro de mi hija1 antes que Bel ·
trana lo conociera! ¡Ella sabía que Valeria amaba loca•
mente ásu primo! ¡Esto es odioso!. .. ... esto es odioso!
Hablaba con violencia, una ola de sangre subió á su rostro, se arrancó la elegante corbata anudada con arte, se
arm,ncó los botonee de aµ camisa: se sofocaba. Felipe
· quiso aproximarse á él y socorrerlo.
-No, es inútil, dejeme usted, me·voy. Estoy apenado, aí verdaderamente apenado de haber venido á molestarle. Dos veces repitió esta frase; sin embargo no se iba.
Perfllanecfa de pie ante Felipe, mirándole con ojos que
suplicaban, retenido por una breve y última esperanza.
-Me voy, me voy.
Y de pronto:

Había acogido con sombrío gozo la orden de embarque en otro puerto, con un cuadro de oficiales que
él no conocía. No tenía alre&lt;kdor de él ni un amigo,
ni un camarada; nadie se inquietaba de su tristeza,
ni se obstinaría en consolarlo. El crepé negro de su
brazo les diría su duelo, le dejarían libre como el
quería serlo: libre para llorar, porque verdaderamente no había llorado aún.
Después del golpe desgarrador del adiós, se había
encontrado investido de todos los cargos inherentes
á esos fúnebre(acontecimientos. Después, Lila1 asustada, contristada por el silencio de su padre, iba á.
él, se pegaba á. él no abandonándole casi. El recogía
á. la pobre pequeB.uela como un legado eacro, velaba por
su bienestar, jugaba con ella y aun reía para hacerla reír.
Había sido á la vez el hombre de negocios del padre y el
ayo de la niña; pero había Pido sobre todo el esbirro, el
eepfa, el inquisidor. La necesidad de penetrar el sentido
de las últimas palabras de Elena, había pesado l!obre su
dolor hasta el punto de paralizarlo: hombre de acción,
como lo había dicho, no permitía al pensamiento que
suavizase su espíritu en tanto que la acción permanecía
aateel.
Ahora, sobre el puente del navío, pensaba, recordaba,
meditaba. Los días son largos en medio de esa monotonía de las olas grises, de esa soledad del océano. Al rededor de él, los oficiales trataban de engañar por la le:tura, por la conversación. la lentitud de las horas, la pe
sadez del tedlo. El sólo no contaba las horas lentas, no
sentía el pt:sado tedio; su dolor, como todos los dolOl"E's
profundos, bastaba para llenar su alma y vivía de ella.
Se había llevado los objetos obseqüiados por Elena,
los objetos confeccionados por ella para el ornamento de
su camarot.e y aun los pueriles jugnetes medio]rotos. Era
ese como un museo de recuerdos en el cual gustaba encerrarse; pero sobre todo, se había llevado sus cartas, y so·
lo, bien solo, las releía, con los ojos llenos de lágrimas que
dejaba correr sin vergüenza alguna. ¡Oh! cómo le amaba!
¡Cuá.n dulce, cuáu infinitamente dulce y tierna!
Ll\ primera que abrió era una vieja carta: diez a.fios de
fecha; él estaba enfermo en la enfermería del colegio; ella
le escribía:
«Llegaré, hijo mío, casi al mismo tiempg que esta carta; nie moriría de inquietud lejos de tí.11
Y aquella buena noticia, y aquella cara presencia hicieron lo que no podían hacer todos los remedios de loe
médicof: vencieron la fiebre y aseguraron la curación.
Una carta aun: está severa. Se encontraba él compro-

�EL MUNDO

DDMINGD 18 DE ABRIL DE ,'lg7

==D=D=M=IN=G=O=•=•=d=•=A=B=R=IL=d=•=8=g~7~=================E=L=M=U~N=D
=0=========================•63
metido en una diabluta de estudiante y por amor propio
se obstinaba. _Pero la reprensión era tan profundamente
tierna que el arrepentimient&lt;• entró en el corazón del rebelado y produjo la sumisión.
Otras y otras cartas venían después: eran toda su vida
que pa9aba. Pero cuanto mis las releía mis se da~a cuentad~ lo qlle Elena había sidopua él: á la vez amiga, her·
mana y madre, es decir, toda la dulzura, toda la poesía,
todo el encanto de las ternuras femeninas.
Las cartas que releía más frecuentemente que todas las
otras, eran las de los d Js últimos años, recibidas en el
precedente viaje en todas partes, en todes los puertos
donde el Alción tocaba. Eran largas, llenas de esos menudo3 d~~al\e3 tan c1ro~ á los ausentes. Hablaban de todo,
de los cuadros de Fernando, de las tentativas matrimoniera~ de la tía Forneron, de las ligeras ridiculeces de las
dos Lezines.
Elena escribía con toda la encantadora alegría maliciosa, que tan bien sabia aleará su gran bondad; él ha•
bía reído entonces, ay! Ahora todas esas cosas divertidas le parecían un velo echado sobre una profunda herida. ó semejantes á. esas guirnaldas de flores que ocultan
un ataud. A través de las palabras, á través de las lineas,
leía él. Lo que leía era el nombre de Lila unido siempre
al epíteto: (&lt;pobre nifla.» Porqué compadecía á esa hija
feliz, mimada, adulada?
Lo que leía tambien era aquella plegaria murmurada
ya en la mañana del bautismo.
«Tu la amarás, Felipe, ¿no es verdad? Y aún una vez
había escrito: «Tú la protegerás.» Es cierto que había
puesto sobre esta frase una larga tacha, una linea de tinta, tan negra que él no pudo leer las palabras.
Ahora si las leía; la profecía de la muerta, oculta ba'jo
aquella linea de tinta, le parecía sombría, explicita, amenazadora. No la había comprendido cuando aun era
tiempo.! No babia suplicado á. Elena que le dijese el secreto que le torturaba el corazón. Había leído aquellas
pobres cartas ligeramente, dejándose sorprender por su
alegría fingida, feliz de recibirlas, feliz de responder á
ellas, obrando en esto como había obrado siempre, como
un niño. Un niño! Yerdaderamente hasta entonces no
Labfa sido otra cosa, dejándose mimar y querer!. ... &gt;••••
El dolor lo maduró; no s0lamente el dolor sino aquel deber de protección asumido por él.
Su pensamiento iba hacia la huerfanita; recibía con
bashnte regularidad noticias de ella, á veces por dos lineas breves de Fernando, lo más frecuentemente por lar•
gas cartas de la aya. Carlota gustaba de escribir en un
estilo ampulo:10 en que acumnlaba los epítetos de ala·
banza y l~s expresiones de reconocimiento.
Ya haciendo alusión á la preferencia que Felipe le había dado, lo comparaba al rey Asuero1 poniendo la corona sobre la frente de la tímida Esther¡ yaal rey Salomón,
tan célebre en la hiato.ria por ~ sabiduría de sus juicios.
MasexOOnsamente aúo se apiadaba del dolor del señor
Duvernoy.
«Oh! señor Felipe, decía, el gran mundo querría rodear de
entusiasta admiración al eminente artista; pero él esconde su resplandeciente corona de gloria de la multitud que
lo idolatra y la ha depositado en la fría tumba. Será bondadoso para ion todos; pero guardará su corazón paternal para la incomparable niña que le recuerda á la esposa
adorada, tan cruelmente arrebatada á su inconsolable
iernura por el destino despiadado...
D~pués, sin descender de las alturas líricas, hablaba de
lf!,, nifia1 de los juguetes que prefería, de sus mujiecas y de
sus efltudios, cuya importancia exageraba: sus progre;
sos en la lectura, las páginas de escritura sin una mancha de tinta, las pequeñas fábulas correctamente recitadas, las frases felices de nifia. Le decía esas cosas ingenuamente, con todo el orgullo de una madre. Felipe no
podía ver aquello con indiferencia; hay cosas cuya verdad se impone. C"rlota con todas las fuerzas de s11 corazón adorab3, á. Lila. U na pálida sonrisa Hu minaba por
un h~t'\nte la rigidez de su Joven rostro, y murmuraba:
u!:&lt;;~ bt.1.ena, muy buena y la ama.n Pero la car~a no concluía aún. La aya consideraba como un deber enviar al
Sr. Felipe, tan echado de menos, que debla fastidiarse
solitario, perdido en un fraga navío en medio del tempestuoso océano, » el valor d9 un inoctaoo en páginas ma•
nuscritas, con el loable fin de di:1traerle y para. procurar•
le-decía-algunos instantes de placer. Hablaba de los
países que atravesaba, de las ciudades donde permane·
cía. Decía tan ex:ictlmente com'l un manual de Geogra-

do ee buscan. El buscará al traidor, él le gritará su infamia, él le abofeteará.
No se viven los meses enteros con los ojos fijos en un
problema sin llegar á resolverlo. Felipe encontró la pista que buscaba. Y á las amad.as cartas de Elena debió
este nuevo beneficio. En una de ellas, para siempre preciosa, donde aprobaba tan plenamente su conducta cuan•
do la huida de la villa Martín, añadía que Jacobo de
Sommers lo censuraba. ,Jacobo de Sommers sin duda alguna había contado todo á su amigo y éste, abusando de
tal confidencia se permitió comprender ti Felipe en la
cuestión para la atisfacción de sus iras, de su avaricia y
La carta continuaba pero él no la concluyó. Por perdi·
do que estuviese sobre el «frá.gil navio,&gt;1 tenía horror á las de sus impurezas.
Si Felipe hubiera vivido entonces en uno de esos me•
descripciones fastidiosas hechas con ojos que no sabían
dios
en que abundan las distracciones, la impresión de su
ver, á las apreciaciones de un espíritu limitado que no
comprendía ni la poesía de la naturaleza ni la filosofía de encuentro con M. Martín se hubiera acaso borrado 6 ami.
norado; 8i hubiese tenido más edad y hubiese sido más
la vida de los pueblos. Doblaba pues la extensa misiva,
aguerrido
contra la malignidad de los hombres, habría
hacía con ella una bola y la enviaba á flotar sobre la ci•
aca1w
visto
este incidente con una filosofía resignada y
ma de las olas. Después volvía á las cartas de la muerta,
dejado
á
la
Provideocia
el cuidado de castigar á loa pér~
á esas cartas que ya .no recibiría mis, que tocaban todas
fidos, pero estaba en la edad de las indignaciones genelas cuerdas sensible de su alma y las hacían vibrar.
Hay empero un recuerdo que pone en fuga los pensa- rosas y de las resoluciones caballerescas. Sin embargo,
mientos de duelo y de amor, que hace subir el rubor á. los meses y los afias se deslizan, el '\'iaje es largo, y aun
su frente, crugir sus dientes, relampaguear sus ojos, y es cuando no ee distraiga de su determinación, Felipe resiente á pesar suyo un poco de ese apaciguamiento que
el recuerdo de su última entrevista con Martin de Brest,
el recuerdo del juramento que hizo en el cual Martín de producen el tiempo y la distancia.
Quando la Andrómeda entra á la bahía de Rochefort,
Brest no creyó. Y Martin de Brest tuvo razón .
no es en Leodice en quien piensa desde luego; es en LiEl probó que los maridos no se dejan engañar tan fa.
cilmente, que los viejos negociantes conocen bien la y aun en Fernando. Su corazón dolorido siente la neel mundo. No creyó y Jo dijo con claridad. Felipe cesidad ardiente de encontrar un poco .de amistad y de
bienvenida, quiere verlos, abrazarlos. Estan en Buchano pudo airarse contra ese viejo, por que Felipe me1-1tía.
rest. Irá antes que todo hacía ellos y se ocupará de LeoMint'.ó, sí, y mintió con juramento.
dice en seguida.
El momento de la acción ha pasado, ese momento que
Otro pensamiento lo decide. Jacobo dijo á Elena que
le conmueve sie!J)pre y le arrastra, sin que pueda juzgar,
Martín es un duelista, un matasiete, la más fina espada
deliberar, discutir, y ahora, piensa, delibera, discute, se
de París. Felipe podría morir; se ven estas cosas injustas¡
juzga. Una vez más ha obrado como un niño. Ha obedeel duelo 1;10 es un juicio de Dios y él no quiere morir sin
cido á un sentimiento caballeresco, no deshonrar á una
haberse asegurado de la felicidad de Lila. No tendría de•
mujer; á un movimiento de piedad, tranquilizar á un anrecho de disponer de su vida si encontrase sufriendo á la
ciano .... .. No lo ha logrado y sí se hizo perjuro. Martín
niña.
de Brest dijo la palabra de la situación: uHay hombres
XVI
que no pueden mentir aun cuando lo quieran, y el era de
esos.n He aquí porqué obró como un niño, tratando de
c&lt;Olvida uno como se consuela, ha dicho La B ..uyere;
hacer una cosa de la que no era capaz. Perdió á aquella no hay enel corazón fuerza para amaró llorar siempre.1►
muj':!r con más seguridad que bi lo hubiese confesado toFernando Duvernoy olvidaba, y, sin creerlo, se consodo, y desesperó á aquel viejo.
laba.
Al principio, en su dolor sombrío, había recorrido sin
Su hermana Elena, en las graves lecciones que le daba
detenerse
1-0s sitios más célebres de Europa.
en otro tiempo para formar su joven conciencia, repe.A.penas
llegado, partía de nuevo, fatigado por la bar·
tia frecuentemente: 11No hay que hacer jamás el mal con
la loca esperanza de que de él se derive un bien. Dios no bulla de los hoteles, por el tumulto, por la animaoión
tiene ninguna necesidad de nosotros para arreglar les alegre y loca de los viajeros. N J podia soportar la vista
acontecimientos futuros; el porvenires de El, el presente de esos felices que marchaban de dos en dos á través de
solo nos pertenece, y en el presente no debemos cometer la vida, cuando él se encontraba solo. Odiaba á. esos in acción ninguna que sea mala, no debemos transgredir diferentes que ignoraban su pena, á esos jóvenes en vianinguno de los mandamientos divings. En uno de esos je de bodas, mostran-lo · insolentemente su dicha, á. las
mandamientos, no está escrito acaso: «¿No mentirás?n Y viejas parejas también, que paseaban con apacible aspec to de gentes satisfechas; reprochaba á las jóvenes que
él desobedeció á Dios y á Elena; él mintió:
La irritación crece en él hasta la cólera: reprocha á. existiesen, á las viejas que no hubiesen muerto.
Habría querido vivir en los cementerios, buscaba el
Martin de Brest por haberlo llevado á ese falso juramendolor
de otro, pero en esa vida errante los dolores de otro
to, censura á Beltrana y no experimenta ya con reseran
raros
y casi imposibles de enco.ittrar.
pecto á ella esa simpatía llena de piedad resentida en la
Decidió que en lugar de descender en los hoteles bus·
playa por la pobre muchacha abandonada. Las últimas
palabras de M. Martin alumbran aquella escena trágica caría instalaciones temporales por un mes y aun por una.
semana; queda estar en su casa.
con una horrible lnz.
Cirlota le fué, en estas ocurrencias infinitamente pre·
«Mi sobrino era ya el futuro de mi hija, cuando Beltra•
na lo vió por primera vez; ella lo sabía, ella sabía como ciosa: ella discutía los precios con los propietarios dema·
siado ávidos, amaba la economía y no quería renunciar
amaba Valeria á su primo.»
Ella lo sabía! Ella lo sabía. Sí, lo sabía! Como pudo al amo á quien servía. El reconocía sus buenos servicios
ignorar ese amor que Valeria no pensaba casi en disimu- con gratificaciones, con obsequios, obsequios y gratificalar, ese amor que tramfiguraba su fealdad, volviéndola ciones que pasaban ciertamente del precio que los pro• .
casi linda y que se advertía en sus menores frases. Como pietarios habrían exigid.o por eus alojamientos, pero Car··
no había de confiarse á su amiga? ...... Para él, á quien to- lota se mostraba reconocida, ingeniándose en mil delicada deslealtad rebelaba, Beltrana no era ya la interesante das atenciones.

fía, el grado de latitud, la form11 de gobierno, el nombre
de la capital, las ciudades m:ú. notables y la cifra de la
población. Decía asimismo los hoteles donde se hospedaba, los menús de las comidas que se le servían; se deleitaba en los recuerdos gastronómicos, emprendía una disertación sobre las diversas cocinas del globo, y Felipe, que
sabía leer á través de las linee, veia aparecer y lucir el
pecadillo único de aquella mujer: golosa, muy golos~,
horriblemente golosa. ¡Qué importa! Ella no se creía per·
fecta, y además, la gula no ea un obstáculo para la bondad y la abnegación.

víctima' de la seducción, sino la mujer artificiosa que
trata de quitará su amiga el corazón de su futuro. No le
perdonaba tampoco su matrimonio con ese pobre Martín de Brest .... .. y por no deshonrará aquella ambiciosa,
á aquella intrigante, fué por lo que mintió! Pero L'3odice
es el sér más ex:cecraio sobre el cual se encarniza toda
su ira. Oh! si no estuviese encadenad,&gt; sobre el puente
de su buque ...... Oh! si pudiese arrojarle al rostro todo
su desprecio! Paciencia, ese día llegará. Pur largas que
sean las navegaciones tienen un término. Si las montafias no se encuentran 1 los hombres si se encuentran cuan-

Un día, sin que·nadie hubiese podido comprender como aconteció aquello, el pintor encontró en su cámara.
una tela, una caja de colores y pinceles.
El había dicho á su arte un eterno a.dios, ese adios nofué empero más que un corto (1hasta luego. &gt;1 El artista sesentia lleno de un ardor nuevo; jamás había comprendi·
do tan bien la misterima hermosura de las cosas y jamás 1
tampoco las había interpretado tan bien. Sin embargo,.
rehusaba enviar sus telas á las exposicione3. Felizmente
Carlota estaba ahí, é igsistía y suplicaba.
-El muy honorable señor D.ivern )Y no tiene el dere•

cho de privará su patria de la vista de sus obras maes
trae.
El cedió y no tuvo por qué arrepentirse; sus cuadros
fueroo. notados¡ algunos periódicos hablaron de ellos con
elogio. Se ofreció un precio elevado. Carlota triunfaba,
pero Dnvernoy movía desdefiosamente los hombros.
-Qué importa la gloria, p~esto que ella no vive ya
para aplaudir mis éxitos.
Y decia ectoseriamente, sin hipocrecía, no creyendo
disminuida su pena. La respetuosa admiración de Carlota lo entretenía en esta ilusión. Cada día, á la hora del
desayuno, ella le ofrecía el bálsamo del consuelo. Fernando escuchaba voluntariamente las lamentacíones de
la aya. Ellas eternizaban su duelo¡ y además, como artista, amaba la alabanza.
Protestó al principio cuando ella le comparó á los
maestros ilustres. Poco á. poco se acostumbró, complaciéndose en su papel de ídolo, respirando á plenas narices aquella espesa humareda de incienso; pero jamás
pensó que bajo las hipérboles de la pobre muchacha se
ocultaba un ardiente amor.
.F'elipe que creía saber leer entre las líneas, no lo pensó tampoco. No se imaginó que la perla de las ayas, tan
bien escogida por él, era romancesca y sentimental, que
era una de esas alemanas que sueñan con un Werther, que
t?da la vida lo han esperado vanamente, guardando en el
fondo más proEundode su espíritu tesoros de quiene8 nadie ha hecho caso"¡ que había llegado á su trigésimo sexto
año1 siempre sentimental, siempre romancesca y jamás
comprendida. Si él hubiese pensado estas cosas, se habría asustado, porque má.s que la gula, los eentimientos
romancescos no excluyen la devoción y la bondad.
Los instintos maternales se despertaron en el corazón
de Carlota, al mismo tiempo que la pasión: ambos amores se confundieron y la instiJ;utriz adoró á su educanda
con toda la ternura de su corazón sentimental.
A. los ocho afios Lila ae parecía á su m1dre: fina, fl.exible, rubia y blanca, y en aquella rubia y blanca figura de
niflá., se abrían en toda s11 extensión dos grandes ojos
serios, dos ojos de un azul sombrío, graves, con esa gravedad de los niños educados en:mediode las lágrimas, por
gentes que no ríen jamás. Los ojos de Lila eran de ordinario tranquilos y dulces, pero la menor contrariedad
los hacía brillar de cólera. La niíiita entraba entonces
en accesos de ira, á los cuales nadie osaba resistir. Otro
defecto era su excesiva sensibilidad; la más lig-'lra repri.
menda la hacía llorar indefillldamente.
Su padre y su aya temfan los accesos de lágrimas más
aun que los accesos de cólera; si la salud de la pobre pequeña iba á sufrir! Cddían pues, ced!an siempre,
Carlota no osaba aventurar raprensión alguna, viendo
con terror erizaree delante de ella dos dificultades temibles: poner á Lila enferma y disgustar al señor Duvernoy.
El temor de ser despedida la asustaba y ante esta horrible desgracia, qué sigaificaban las lecciones mal aprendidas ó los caprichos de una niña de ocho años~t
La educación de Lila presentaba pues en muchos pun•
tos lamentables lagunas, cuando Felipe, obtenidas sus
vacacio11.ea, fué á reunir11éle en Bucarest.
Estaban insta.lados desde hacía cerca de un mes ea una
linda casa; el pintor encontraba amplios asuntos para sus
cuadros en aquel país nuevo para él y prolongaba más y
más su permanencia en los sitios que visitaba, no sintiéndose ya impelido á vagar por el aJuij6n del dolor.
Felipe se percibió bien pronto de las modificaciones habidas en el dolor de su cuflado y sufrió con ellas. Le censuraba injustamente que hubiese continúa.do sus queha•
cerea, que se complaciese en su obra, de la semisonrisa
con que la contemplaba ha:lándola buena y sintiéndose
en gran progreso; y le censuraba por último que hubiese
cesado de llorar. Era injusto, como se suele ser en casos
semejantes.
El vacío l}ue rasentía Ferna.ido desde hacía cerca de
tres años, había agotado la amargura; ee había acostumbrado á la ausencia de la bien amada. La costumbre ha·
b~a hecho_ su obra, pero el marino sobre su navío, no podia experimentar estos beneficios. Jamás Elena le había
seguido, era él quien partía y este primer retorno en que
no 1~ encontraba, avivaba su pena dándole la impresión
del implacable y eterno a.dios.
Pero si él acusaba sin razón á su cnfiado, por otra parte le hacía plena justícia en cuanto á su fidelidad, retractándose interiormente de sus antiguas y odiosas suposiciones.

Cerca de tres afios habían transcurrido y no solamente
el viudo no se había casado, sino que ni pemado había en
ello. En cuanto á una intriga clandestina, cómo habría
sido posibie á través de tan continuados viajes? .A.demá-s,
por limitada que fuese la experiencia de la señorita Carlota en cuanto á estos asuntos, hubiera sorprendido algún encuentro, algún indicio revelador. Nodisimula uno
durante cerca de tres años cuando es absolutamente libre. Ahora bien, la convicción de la señorita Carlota res•
pecto de la virtud de Fernando, permanecía absoluta;
esto se veía en los elogios .que ella prodigaba á. su ídolo,
en el culto admirativo que le dedicaba.
Otra prueba más parecía al joven perentoria: el pintor
se hacía leer sus cartas por la aya. :\Iuy cuidadoso de su
vista, de la que sufría un poco y que reservaba toda en·
tera para su pintura; muy perP-zo30 también, suprimía
todas las pequefias fatigas. Después del desayuno, en
tanto que fumaba una larga pipa, Carlota abrta delante
de él su correspondencia y leía cartas. y periódicos. Fernando vió el asombro de Felipe acerca de esto y dijo:
-Yo no tengo secreto alguno, mi querido amigo; algunas cartas de negocios de esa horrible escritura de los
empleados ministeriales; otras de la tía Fourneron 1 con
sus garrapatos¡ de cuando en cuando algunas patas de
mosca de las.primas Lezines; verdaderamente esto no va·
le la pena de fatigar mis pobres ojos. Cd.rlota es discreta y
abnegada: una perla, mi'querido Fdlipe, una perla que
vos habóis pescado para mí!
Felipe, más exigente, encontraba que bajo muchos as•
pectos1 la perla de la,;i ayas dejabJ. mu ~h 1 que desear.
Ocho días después de su lleia fa oyó grit:is furios1s que
salían del cuarto de Lila. Inquieto, se levantó; pero el
Sr. Duvernoy le retuvo con un gesto:
-No es nada, Felipe, no os molesMis, es Lih que se
encoleriza.
Un poco sorprendido él, preguntó:
-¿Y qué le acontece frecuentemente esto?
-Oh! muy frecuentemente; sólo que desde que vos estáis aquí se ha contenido, y por eso es la primera vez que
la oía.
.._y la sef'iorita Carlota no trata de corregirla de este
terrible defecto?
--Carlota!. ..... Es posible que lo haya ensayado; pero
sin éxito.
Algunos día&amp; después, una escena de género diferente,
inspiró al matino nuevas inquiet\ldes, respecto al caract,er de la niña. Lila, á la hora del almuerzo se levantó
con aire misterioso, salió de la pieza y volvió trayendo
en sus manos una frutera de donde se exhalaba un delicioso perfume. Eran confituras de rosas, tan apreciad.as
en los paises de Oriente. La chiquilla aproximándose á
Felipe, se las ofreció.
-Gracias, hijita, dijo éste, no me gustan las confituras.
Ella tuvo una mueca de despecho.
-Pero éstas! oh! éstas! Vos no habéis comido jamás éstas. Tomadlas; yo lo quiero. Soy yo qaien las ha hecho
p~ravos.
Y con un movimiento autoritario acumuló en el plato
vacío cuatro 6 cinco grandes cucharadaa. El 1 complacientemente la ieguía con loe ojos y las gustó apenas con los
Jábios.
-Qué tal? Qué tal, eh?
Y con una vanidad pueril, la chiquilla repitió;
-Soy yo quien las ha hecho para vos.
Pero Felipe á pesar de su buena voluntad sintió clara•
mente que no podía llevar má.s allá su heroísmo.
-Los confituras son excelentes, querida, dijo, pero es
preciso que le gusten á. uno y á mí no me gustan.
-Oh! exclamó ella.
Sus grandes ojosa?. llenaron de lágrim!:ls; volvió á tomar la frutera y salió del comedor llorando. Carlota la
siguió.
-Estoy desolado, dijo Felipe.
El pintor respondió después de un silencio:
-Sí, habría sido mejor no violentarla, otra vez no la
contrariéis.
Lila estuvo triste durante todo el día, triste tambien
el día siguiente.
-Ui! Lila, díjole el marino, que feo eseo.fadarae.
Ella replicó con aire doloroso.
~Me habéis hecho sufrir mucho; si me quisiérais, pa.
drrno Felipe, habriais comido las: confüuras, puesto que
yo las había hecho para voz.

El se asu8tÓ de esta extrema sensibilidad de corazón.
-~fo es una prueba de amor, Lila, obligará las gentes
que se aman á. hacer lo que no les conviene; pero sf lo es
y grande, no dudar de su cariño. Comprendes esto, hija
mía?
Ella le echó al cuello sus bracitos acariciadores y tuteá.ndole por primera vez:
-Sí, lo comprendo, y créo que me amas, padrino Felipe.
Aquel día hicieron las paces, pero la tranquilidad no
fué de larga duración.
Los caprichos de la niña eran frecuentes y no si~mpre
acertaba Felipe á llevarla por el buen camino.
Un día, pregnntóle:
-Quiéres recitarme tus lecciones, Lila?
Y el desengaño fué completo. La ignorancia de la nifia era. mas absoluta aun que lo que él esperaba. Con·
fundía los lugares y los países; colocaba á Clovis en la
torre d3 Babel y á. Jerusalem al pie del monte Blanco.
El quiso hacerla leer y se percibió bien pronto de que no
sabía leer absolntamente; pero como se había prestado
docilmente á este exé:nen humillante, él le dió las gracias y la besó.
Por la noche, solo en el jardín, reflexionaba.
Ciertamente el grado de instrucción de una nrna de
ocho años, no ofrece aún mis que una debil importancia; sólo que lo qne él censuraba era la educación toda
entera y aquella debilidad ante los caprichos. El oficial
de marioa sujeto desde temprano á las reglai saludables
de la disciplina, no admit.fa ni la desobediencia ni la rebelif.n.
¿Pero qué podía hacer? El Señor Duvernoy no consentiría jam,ís en separarse de su hija para ponerla en pensión! Por otra part;e, la presencia de la nifia, ¿no era una
salvaguardia? Sin embargo, crecería así, mal educa:ia, y
ante ella se abriría la vida con sus probabilidades de des ventura y sus tremendos arcanos. Crecería igualmente
adulada y m:mada por dos corazones débiles, egoístas y
buenos.
En ese momento, una ligera sombra se deslizó cerca
de él y oyó una voz muy dulce que murmuraba:
-¿Por qué habéis dicho, padrino Felipe, que si mima•
má viviera me I?ondría en un colegio? ¿Acaso mamá no
me qnería?
El la sentó en sus rodillas y estrechándola tiernamente contra su corazón, respondió:
-Sí, chiquita, tu madre te quería, te quería coa toda
su alma y por eso hubiera querido verte bien educada,
porque los niños mal educados son raras veces felices.
Ella sorprendida preguntó:
-¿Es que yo i;stoy mal educada?
-Sí, dijo él con franqueza; te quieren demasiado aquí,
yte quieren mal; no resisten á tus caprichos, no castigan tus cóleras.
Ella replicó.
-¿Y acaso mi mamá era mejor que yo cuando tenía
ocho afios?
Felipe ee vió embarazado para responder ver!dicamente á. esa pregunta, porque cuando Elena tenía ocho años
él acababa apenas de nacer; pero no vaciló:
'
-Ciertamente, á. los ocho años mamá Elena leía muy
bien.
-Entonces, dijo ella, yo aprenderé. Yo querría parecerme mucho á mi pobre mamá, á quien mi papá ama
tanto. Yo quisiera verla ..... .
-Ayl mi pobre niña, eso no es posible, porque tu madre está en el cielo.
-Si, pero su retrato, cuando menos; yo nome acuerdo
nada de ella y sin embargo pienso en ella muchas veces,
papá no habla de eso nunca. Si tú quisieras, padrino
Felipe, decirme lo que ella hacía, lo que ella decía ........ .
Entonces, largamente1 él le habló de su madre, entrando en los menores detalles de su vida de niños, refiriéndole á la pequefia, cuán dulce había sido siempre Elena
cuán buena y cuán prudente. Ella le escuchaba atenta~
mente y cuando él concluyó, dijo en voz baja:
~ Voy á hacer todo lo posible por parecerme á mi
mamá.

Y Felipe comprendió que acababa de darle la mtis saludable de todas las lecciones; pero que acababa así mismo de hacer surgir en ese corazón de niña una especie
de culto sagrado por la madfi? difunta, unaafecciónsombría, tal cual la experimentaba él mismo· n.n cuidad
celoso de guardar de todo olvido la querida'memoria co~
mo si el olvido hubiese sido una profanación.

�DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

. EL MUNDO

XYII.
El tieoopo volab,. Felipe, á instancias de Duvernoy,
Je acompafió hnc.:ta Yeneciti, donde se despidió afectuosamente dirigi é nd,)se luego ií. Pvrtarlier donde le '.lrgía ver
á. Jacobo de Rommers, quien le confesó paladinamente,
que él había confiado á: Leódice lo relativo á la presencia
del joven marino en la playa la noche del drama ..... .
-Con que vos ee lo habéis dicho, exclamó el joven
con cierta exaltación.
-Yo se lo he dicho, ea claro, respondió Jacobo. Tenía
el derecho de saberlo; pero he aleg\do también en favor
tuyo l .s circunstancias atenuantes: que eras demasiado
niño1 un chiquillo, una especie de e.eñorita con uniforma
de aspirante de marina.
-Y él se dignó perdonarme? preguntó Felipe irónica.
mente . ........ .
-Sí, pero se hizo rogar mucho; estuviste en peligro de
tener una querella con él, li no haberte encontrado en
los mares del Japón ...... Ahora ya lo ha olvidado todo y
yo desearía que no lo viéses.
-Está en Par!e?
-SI, en el hotel de la avenida de Antin.
Felipe se levantó.
-Cómo, exclamó Jaoobo, y eso era todo lo que tenías
que decirme?
-Nada más; quería platicar contigo.
-Vayat eres un guapo mozo, un si es no es misterio so... .. . Cuánto apostamos á que traes algún uegocito en-

tre manos - guifió el ojo,- un negocillo que quieres
guardar para· tí solo, pícaro egoist.a ......... Qué te vaya
bien, eh?
-Primo, respondió Felipe, tengo en efecto un asunto
del que no quiero hablarte ahora, pero que te confiaré
probablemente mañana.

XVII

En el suntuoso hotel de la avenida de Antin, Leodice,
terminado el almuerzo se abandonaba ú las dulzuras
del farnientt, cuando entró á su. habitación un ayuda de
cámara:
-Un señor1 .desea ver al señor, dijo.
-Qué señor, ha dicho su nombre?
-Medió sn tarjeta.
Leo dice leyó, no sil... cierta sorpresa:
FBLIPE DE AuBlAN.

0ficlo.l de Marina..
El repitió:
-¡Eelipe de .-\..ubian! ¿qué diablos me querra?
Esta visita evidentemente no le agradaba por los importunos recuerdos que !e traía.
Acaso viene á darme excusas por su deserción de mi
boda1 pensó, y dirigiéndose al ayuda de cámara:
-Hazlo entrar, ordenó.
Pero apenas dada la orden, se arrepintió de ella; en fin
por más que el vino fuera amargo había que beberlo, sin
dejar suponer que repugnaba.

f&lt;

EL MUNDO

DOMINGO 18 de ABRIL de 1897

Cuando Fe1ipe apareció, Leódice de una ojeada se convenció de que no era una Eeñorita disfrazada de marino,
ni mucho menos. Jacobo de Sommer lo babia vieto con
ojos poco fieles . .Aquel joven erguido y firme, de faz severa y de tez bruñida por el mar, le inspiraba reepeto.
-Querido sefior, encantado de veros, exclamó, sentao@. Habéis hecho muy bien en paearme vuestra tarje
ta; yo no recibía por estar muy ocupado. Y designó con
un gesto el bureau donde estaban depositados algunos
papeles.
-Pero para vos me he apresurado á hacer una excepción.
No siempre se os ve en París, ¿verdad? Pero ¿por qué
diablos no os sentáis?
-Señor, dijo Felipe, luego que Leódice le dejó hablar;
he venido á Paria con el único fin de tener con vos
una explicación.
-¡Una explicación! pero diez, veinte, las que querais 1
yo no rehuso nunca explicarme porque las malas inteli gencias me disgustan. ¿Qué explicación deseais?
-Quiero que me expliquéis, dijo Felipe dominando lo
mejor que podía la irritación y el disgusto que le causaba el personaje, por qué os habéis permitido poner mi
nombre en el anónimo que escribíeteis al Señor Martín?
Sin duda Leódice babia previsto esta pregunta y no le
convenía mostrarse herido. Continuó, pues, balancelín·
doee en su mecedora, mostrando en sus labios una sonrisa de misericordia y de piedad.
-¡Oh! mj querido seilor, dijo con un tono irónico; si
la carta de que hablais era anónima1 ¿por qué me hacéis
la injuria de atrijmfrmela? ¿Habéis reconocido mi letra?
-Yo no conozco vuestra letra1 dijo Felipe cuya irritación crecía¡ pero el hecho relatado en esa carta, de mi
presencia en Ja playa durante la noche que precedió á
vuestro matrimonio, no era conecido más que de Jacobo
de Sommere, y Jacobo de Sommers no habló de él más
que á. vos.
-Entonces1 querido sefior, respondió Leódice sin cambiar de actitud, ¿durante la noche que precedió á mi matrimonio me bicísteis ]a gracia de espiarme? ¿Es esta 1a
conducta de un hombre cuyo honor es tan quisquilloso?
-Yo no os espiaba, bien lo sabéis, replicó Felipe á
quien la burla de Leódice hacía perder su sangre fria,
pero os he o(do, os he visto y he sido testigo de vuestr.a
infamia y de vuestra cobari:.fa.
-Verdaderamente, dijo Leódice sonriendo, siempre
vos habéis sido testigo de eso. Me agrada oír tal confe•
sión de vuestra bocal Entóuces mentisteis cuando el se ~
ñor Martin os interrogó? De suerte que vos, tan puntilloso en cuestiones de bo11or, bicísteis un juramento
falso?
- Sí, dijo Felipo, cuya cólera se desbordaba ya, hiriendo con su pufio el buró; sí, juré en falso para no deshon ·
rar á. nna mujer, y también forzado por vos, que sois un
miserable.
)~sta. vez Leodice se levantó.
-Creo, OOñor1 que os permitís venir á insultarme á mi
casa. Salid, ú os hago arrojar por mis criados . .En cuanto
á daros explicaciones1 oid mi respuesta. Yo no me baOO
con. un hombre, que según confesión propia se ha des ·
honrado con un espionaje y con un perjurio.
-Aii! conque Mí es, rugió Felipe, pues bien, yo os for ·
zaré1 yo os insultaré en público y os insulto aquí.
Y con su guante le abofeteó el rostro.
Leodice había palidecido.
-En efecto, dijo, me forzais¡ dadme vuestra dirección
y mañane recibiréis mis sestigos.

XYIII.
Una hora más tarde Felipe llamaba á la puerta de J acobo. Este le recibió con su cordialidad alegre.
-Hete aquí muchacho, tienes palabra. Vienes á hacerme la relaeión de la aventurillaT te escucho y soy todo
orejas qerido.
-La aventura, dijo Felipe que no pudo impedir uaa sonsonrisa, no es tal como vos la imagináis.
Acabo de insultará Leódice, Martín, y os suplico que
me sirvais de testigo.

( Continuará. )

1

.LA MODA
Los lindes sombreros siguen siendo la
n_o~a predilecta para los fantaseadores pa.r~sienses, y por eso_les damos la preferencia entre los .figurmeei que publicamos.
El que aparece en esta plena es sobre
todo, un encantador capricho' y de una
supremaelegaacia. Lo recomendamos es•
pecialmente á nuestras bellas lectoras.
El pleno eetío traerá modelos que prometen mucho, y de ros cuales baremos la
reprod ucci6n con ]a oportunidad que acostumbramos.
LIVIA COLUMBA

_Escu~ha, amiga mia, una YCrdadera y
triste historia que voy á referirte. Xo es
un cuento de --ami?to, ni una de esas narra•ciones fantáeticas que las madres contaban ".le nocbe á sus pequeñuelos en aquellos tiempos en que las madres hallaban
placer en e~e entretenimien~; no, es, como te he dicho, una historia, y te salgo
garante de su autenticidad, porque tengo
íe en la veracidad del hombre que me la
refirió.
Hubo un tiempo en que se apGderó de
mí la afición bárbara de la caza con una
intensidad Ycrda~ernme~te ho;rible, por
lo menos ú los OJOS de nu actual conciencia. Cuandopienso en las pobres víctimas
de mi pasión cijen~tica de otros dfae, paréceme que erd otro eér que había entonces en mí quien consumaba aquellos injustificables atentados. Hágame esa ilu·
sión, porque eolo así consigo acallar una
secreta voz que me acll!=a, y poder en mis
paseos por la campina contemplar las
avecillas en sus variados movimientos en
la copa de los árboles, sin et ntir profundo malestar cuando fijan en mí sus redondos ojos, y pian los pichones y cantan 6.chirrian las madres. De otro modo,
pareceríame que me dirijen miradas de
reconvención y que en su sencillo lengua ·
je me llaman con un nombre que hiere
mis oídos como hiere el blanco la za.eta
disparada por habil arquero.
¡Cuantas veces ha turbado mi sueño la
sangrienta imágen de un montón de cadáveres de inofensivas avecillas! Allí be
visto tórtolas y verderones, con las alae
rotas, ruiseñores y Mrpinteroa con el pecho destrozado, y cigua~, cernícalos 1 pájaros bobos, que luchan por tender el vue•
lo cuando ya la muerte ha inutilizado
sus alas paradiempre.
¿Qué placer esperime.ntaba yo en privar de la vida á. los pobres pajaritos que
ae atravesaban en mi camino, ó que
descubría en el follage tupido de loe
corpulentos mangos, y en las enbieatae
bojas nuevas de las esbeltas palmeras?
¿Quieres saberlo amiga mía? Pues bien;
te lo diré. Ninguno me caneaba la muerte
de los indefensos animalitos; lo que me
causaba una satisfacción profunda era mi
destreza de novel cazador. Cuando tendia
el cai'ion de mi buena; escopeta vizcaina,
estaba seguro de no errar el tiro¡ y cuando veía flotar por el aire las plumas 9ue
el plomo había arrancado á la avecilla
que había elegido para blanco, ó sentía el
choque de su cuerpo inerte contra las ra•
mas y las hojas, apoderabáse de mí una
grata emoción que borraba por completo
de mi mente toda idea de compasión ha•
cia los seres destruidos tan sin razón ni
provecho.
Ese es el único crimen que pesa sobre mi conciencia.
Te lo he coi:ife~ado sin jactanci~, .Y espero que mi fran•
queza y mi amcero arrepentimiento me obtendrán tu
perdón. ¿No es así, mi buena amiga?
Pienso que después de todo, yo rny una ardiente convencida y leal partidaria de la pena de muerte: qu~ para
mi., la vida humana es sagrada é inviolable1 por la naturaleza, y que por nada en este mundo querría ser juez
pues á la hora de firmar una sentencia de muerte1 prefe~
riría faltar A mi deber para con la sociedad, á traicionar
mis convicciones.
Absuelta por ella y por t!, de mi más grave delito co,
mienzo la histórica naración.
'
En una nebulosa y obscura mafiana del mes de Noviembre de no importa que año, tornaba yo de mi escur·
ción matutina por uno de los estrechos y sombríos senderos_ de la selv~ de Galindo, que conducen de la ciénega
á la ciudad, y viceversa, cuando la espesa neblina que
desde mny temprano se e!!tendiera por la cuenca del Ozama se deshiw en fuerte lluvia¡ Jo qqe me obligó á. buscar
abrigo al pi&amp;dó unasalt1sima!! rocas en cnya cima forman
las copeyes y perooilas como un tupido solio, que no
permite el paso ni á. las gruesas gotas de un aguacero.
En pos de mí llegó un viejo cazador á quien sólo conocía yo de nombre y de fama, y que también venía á. guarecerse allí de la lluvia. A otros cazadores había oído hablar de él como de un buen hombre, pero de muy mal
genio: nadie se atrevía á. usar de su pal-O, aún sabiendo
que él no iría á ocuparlo, por esta ó la otra razón. Más
que respeto, era miedo lo que inspiraba á. SllB compañeros
de profesión.
A decir verdad, estas noticias y su aspecto, que no

S o m b r ero ni c ole.

predisponía en su favor, me hicieron al pronto ver con
muy malos ojos su llegada. Diócne lo~ buenos días en tono bastante áspero, y se pu,.o á. verter un torrente de palabras. Habló del tiempo, de lo malo de los cacni nos, de
la mala situación del pa\s, diciendo pe!!tes del gobinno
(con razón, dicho sea en acatamiento R. la verdad) de
la caza, contra las fincas de caña, y por último, contra
las mujeres. Al llegar aquí, su:i exprr•siones fueron tan
duras que no pude contenerme, y le interrumpí dicienle: pero viejo, ¿qué le han hecho á usted las pobres mujeres para que tan mal las trate?
Me miró fijamente, como si hasta entonces no ee hn•
biera dado cuenta de mi presencia allí: sacudió el ca•
cbimbo, tosió; y cuando yo esperaba que se de•atara en
improperios contra mí, con una voz suave qne nunca
hubiera supuesto fuera capaz de poseer, me habló así:
Vea usted joven; y(., no soy sabio como usted¡ no ·soy
más que un pobre viejo ignorante, pero, eso Rí, que no
ha vivido de más en el mundo, que tiPne muchísima ex•
periencia. )Ie casé muy joveu, y enviudé, quedándome
una hija á. la cual crié con mucho. trabajo; á los quince
af'íos me abandonó por un perdido que no tardó en deshacerse de ella. La recogí para que muriera. en mis bra•
zos, muy tarde arrepentida. Me dejó una chicuela que
ya cuenta doce afios1 á la que quiero como á nadie he
querido. Por ella es que desde la una de la mañana yengo aqui á. ganar el pan con este perro oficio de cazador.
cuando no me voy mar afuera en un cayuco á. echar el
anzueln. La muchacha me quiere y es muy docil¡ pero
eieropre eatoy pensando en que cuando sea más entrada
en afios me la haga también. Al IIegar aquí, la emoción
lo obligó á detenerise, y se pasó una mano por los ojos

para limpiar:-ie las 1:'igrirnas que brotaban de ellos, ex•
pontaneas como t.odai las que surgen del corazón.
En siendo hPmt.raa, continuó, todas son iguales! Vea
usted. E a chicnla, mi nieta, tenía una palomita que le
llevé un día ligt&gt;ramente herida, y ella la curó. Crió la como á nna criatnrt\; no probaba bocado que con elia no
compartiera, la pooia á dnrmir en su misma cama y no
la perd a de vista por miedo á los gavilanes. La llamaba
Llvia CulLunba porque ella ae llama Livia, y en no se
qué lengna 1laman columl,aR á las palomas. Por4.ue debe
usted sa.berque mi nieta está ú la escuela en la cmdad, y
aabe cosa~ que cuando me las cuenta me quedo haciendo
cruceP. Pero vol viendo :t 811 palomita, el animal correspondía al carillo &lt;le su ama como un sér inteligente. Se
posaba Pn sns hombro!!, audaba detrás de ella, y al anochecer la buscaba para que la llevara á. la cama. A la verdad ó á. la memira de mi nieta, ambas se hablaban y se
entendían perfectamente, con palabras la una, la otra con
arrullos. No ha.re muchos días me dijo mi nieta que había FOrprPndid.o un jo\'"en gavilán, en un árbol del patio
mirando fija ~, tiernaruentoá.Livia Columbaque á su vez,
posada en el respaldo de una 1:illa en el comedor, no qui taba los ojos del extraflo huésped. Por más que aceché
al malvado avechucho no pude verlo¡ parece que escogía
la!! hora!! en que yo estaba fuera para acercaree á la casa.
A mi nieta que pasa de ladina, se le encalavernó qne
el ~avilucho est.nba enamorado de Columba, y que ésta
no lo miraba con malos ojos. Una vez que se le metió
eso en la cabeza, cogió á su paloma por las dos patitas, y
mirándola de frente y besándole el pico le dijo: Columbi•
ta mía, estoy muy sentida contie:o porque te estoy mirando y no te conozco. ¿Qué se ha hecho el juicio que
4

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DOMIN60 18 DE ABRIL DE 1&amp;97

EL MUNDO

LA FRATERNAL
Y SUS PROGRESOS
Con verdadero interes hemos leído un artículo de fondo publicado en el número correspondiente al dla último
del mes próximo pasado, por la compañía de seguro§ de
Vicia y Accidentes denominada La Fraterual.
Insertamos el expresado artículo ~n tas columnas de
nuestro semanario, por que además de que _en él se da á
conocer el progreso de la Institución del seguro, el cual
se a~entúa más y más en la República, los honores de
ese progreso corresponden de una manera muy especial
á la compañía de que hemos hecho mención, lo cual satisface, pues tratándose de una Sociedad Nacional nos es
grato palpar que prospere.
No añadiremos elogios que puedan considerarse apasionados, y por lo tanto, nos circunscribimosáreproducir
el referido artículo1 cuya lectura recomendamos á nuestros lectores:

I

f
-r '

~.,.•··(\"

UNA _NOVEDAD
Se¡¡:uro

con inveraión.--Planes en graduac:i6n y
dotales.

•

iempre alabé en tí? ¿Cómo te extasías contemplando á
el!e maldito gavilán, enemigo mortal de toda tu r11za?
¿Cómo has podido imaginarte que esas figuras que te ba·
ce y esos piropos que te endilga tienen otro propósito
que atraerte á donde -pueda clavarte las garras y destrozarte á. picotazos! Con no poca sorpresa de la chica, con·
téstale Columba: No comprendo, amita mía, cómo puedes tener semejante idea de ese apuesto y gallardo animal1 que traspira bondad. Yo te aseguro que mientras
más lo miro, más me gusta, y que estoy convenc:da de
que me quiere y me hará feliz! Ola! exclamó mi nieta.
¿Conque á tal extremo han llegado las cosas? ¿Conque
vas derechita, por tus pasos contados, por el camino de
tu irremisible perdición? Pues mal que te pefe, yo te salvaré. Y no la soltó hasta que con sus propias manos cons·

Grupo de sombr..-roa de primavera,

Al darnos la poEtrera despedida,
me lanzó una mirada
que en el pecho clavada
la llevé todo el resto de mi vida.

•*•

¡Es un sueño de amor su triste historiat
Nació; fué amable, candorosa y bella.
Amó; reinó; murió; se abrió la gloria,
entró, y el cielo se cerró trae ella,
ÜAMPOAMOR

Vitalidad Debilitada,
Sangre Empobrecida.

truyó una jaula de bambú muy capaz, y la metió dentro.
Cerró s.ólidamente la puerta, y muy satisfecha de su obra
colocó la jaula en el patio y se ent.regó, como de costumbre á sus quehacerelil.
Por la tarde dormía yo la siesta en mi chinchorro y df'sperté sobresaltado á los gritos de mi nieta: papá, papá!
corre que Columba se ha escapado!
En un decir Jesús, ya estaba yo con la escopeta al hom bro bajando la colina en dirección á un grupo de javillas
en donde sabia que acostumbraba reunirse una banda
de gavilanes; percibí el ruido que hacían entre los árboles; acerquéme con mucho tiento y no tardé en ver en
una rama al gavilán enamorado de Columba, qne con el
pico le arrancaba las entrafi.as, mientras otros dos, jóve•
nea como él, trataban á la vez de meter el suyo por la
ancha herida que tenía en el pecho el cadáver aún palpitante de la impmdente. Iba á hacer fuego sobre el grupo de animales, pero reflexioné, y volviendo á echarme al hombro la escopeta volví á mi casa, pensando en
que aquel drama no era acaso más que un anuncio de lo
que pueda suceder más tarde. Ya usted ve si tengo ra•
zón e.a lo que digo. Todas son iguales; cuando se enamoran, van lo más satisfechas á su perdición, como las ma•
riposaa á las llamas.
Cesó la lluvia, me despedí del viejo cazador, y tomé el
camino de la ciudad.
Mientras lo recorría, no dejé de pensar en el cuento
que acababa de oír, ni de preguntarme ¿tendrá razón?

Léase lo que la. Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el reverendo
padre L. P. ,vuas, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hérmano del difunto y eminente juez ·wilds :
"Por muchos años padeci de divie.
sos y otras erupciones de carácter
semejante causadas por sangre empobrecida. Mi apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por la experiencia del
.oien que babia producido en otros.
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la nwjM
que jamás se haya preparado 11am.
la. sangre."
Para todos los desarreglos orig!uados de sangre empobrecida ó viciada.
y debilidad general, tómese 1a

R. J. CASTILLO.

I,A PI.U.MA.
¡Pluma! cuando considero
los agravios y mercedes,
el mal y bien que tú puedes
causar en el mundo entero,
que un rasgo tuyo severo
puede matar á un tirano
y que otro torpe 6 liviano,
manchar puede un alma pura,
me estremezco de pavura
al alargarte la mano.
ABELA.BDOLoPEIZ DE AYA LA,

Vestido de reeepc:ión,

No repares sólo en la belleza de la mujer.
No desees la muJer por su belleza.
No es la belleza física la que une los corazone, sino la virtud.

La bellesa es cosa fugaz.

•••

¿Quién podrá confiar en un bien tan fragil?
Es el primer dón que noa hace la naturaleza, y el primero qu
nos arrebata.
.AJmONIZ.

Zarzaparrilla
-~-~~~l"REPAHADA l"OR

Dr. J. C. A¡er yCa., Lowell, Mass.,E. U. A•.

J

c¿Cómo corresponder á la confianza que día á día dispen'ia el público á La Fraternal?,
cEmpeñáadon'&gt;s con toda asiduidad en mejorar los planes que emite la Compañía, en ampliar su esfera de acción, rompiendo con la rutina para sustituirla con los
nuevos elementos que proporciona el progreso cientifico,
del cual deben dimanar todas las combinaciones, á fin de
que ellas descansen sobre base sólida.,
cHemos procurado nunca precipitarnos: las conquistas
alcanzadas, los triunfos obtenidos, no nos han envant:ci•
do, por el contrario, obligan nuestra-. responsabilidades
y por lo mismo aguzamos nuestro ingenio1 estudiando,
previendo y cimentando todo lo que puede dar un resultado benéfico á la institución del seguro, y por consiguiente al público á que está consagrado.,
cConstantemente hemos dado á luz los actos que norman nuestra conducta, hemos llevado á la conciencia públi-ca la persuación de la honradez con que nos producimos, porque sobre este punto no caben falsas modestias ,
y en cuanto á la bondad de los principios que han formado el Código de La Fraternal, nos cabe la satisfacción
de que hasta ahora no ha habido causa justificada que
pueda motivar, pero ni siquiera sospechar arrepentimiento por haber acatado esos principios.,
cSi en nuestros primeros pasos usamos de la mayor
cautela, si nuestras operaciones las limitábamos á su ex-presión más sencilla, con esto acusamos cordura, absteniéndonos de aba.rcar lo que nuestras fuerzas no nos
permitían, lo que la experiencia no podía aconsej8.rnos,
puesto que carecíamos de ella¡ pero por fortu_na en nuestra ¡narcha, que no ha estado exenta de obstáculos, hemos podido seguirla, haciendo á un lado los últimos y alcanzando el adelanto anhelado. Estacionarnos ahora
equivaldría á retrogradar, y una conducta de tal naturaleza daría motivo sobrado para que se nos censurase.
Esto no puede entrar en n~stro propó~ito, y por lo mismo multiplicamos los factores que deben conducirnos al
logro de nuestras legítimas aspiraciones, sin que esto
quiera decir que abandonamos la prudencia, entregándonos á locas ilusiones que traerían dolorosísima decepción. Marchamos en busca de nuestro engrandecimiento,
escogemos terreno firme, y con planta segura llegaremos á la cima donde irradian nuestros ideales.,

**•

cHemos mencionado una novedad y tal es la póliza que
emite Lá Fraternal bajo condiciones que hasta ahora
nunca se habían conocido en la Repó.blica1 porque nin-

guna de l&amp;.S Compañías que actualmente actúan en ella
las estipulan en sus contratos.,
cSeguro con í,iversión se denomina el plan referido,
y en él están adunadas una serie de opciones que permiten al asegurado obtener un verdadero y positivo beneficio, cualesquiera que sean las circunstancias porque
tenga que atravesar en lo futuro, pues se ha procurado
preveer al mayor número de contingencias. ,
cOrdenemos nuestras apreciaciones para mejor comprención de los contratos relativos, tanto en la forma como en el fondo. A toda persona que solicite la referida
póliza se le presentará "Un documento, en el cual en terminos bien claros y concisos se detallan todas las circunstancias de su pretensión contandose entre estas una tabla de opciones gara11tizadas préviame1tte en la que se
fijarán los valores que importan, pues estando calculados de
antemano, el solicitante conocerá desde lu~go todos los
derechos que puede ad-1uirir. ~
cEl nuevo plan está exento de problemas más ó menos
ventajosos, sujetos á fluctuaciones: se halla combinado
de manera que en números concretos se estipulan en la
póliza, de co:iformidad y con entera exactitud á lo solicitado, las sumas que importan cada una de dichas opciones. De esta manera, extirpamos cualquier abuso ó engaño que pudiera cometerse, evitamos m,1.las ó confusas
apreciaciones, y por lo mismo nuestros contratos serán
lisos y llanos, teniendo por norma principal la más absoluta buena fe.&gt;
cLas solicitudes empleadas para el caso las componen
dos documentos enteramente iguales, es decir, hay un
prúicipal y un duplicado que, firmados ambos por el solicitante y el Agente, sirven, el primero para enviarse á
la Oficina central de la Compañía á fin de que sirva de
base del cootrato1 y el segundo queda en poder del interesado para su propio resguardo, permitiéndole este ejemplar efectuar el cotejo con la poliza que se le expida, la
que tanto en datos como en cifras deben guardar absolu•
ta identidad con los de la solicitud. Bajo esta forma no
cabe duda acerca de las cláusulas del contato que se pretende, cesa por completo toda interpretación errónea, y
los asegurados en todo tiempo saben á qué atenerse, sin
que pueda temerse la más pequeña decepción .

*'*

11El Seguro con Inversión queda dividido en dos planes,
uno denominado Dotal en graduación y el otro simple•
mente Dotal. En ambos la obligación de pagos por parte
del asegurado no es indefinida, sino qut: se limita á un período que él elige voluntad entre los tres que ha adoptado la Compañía y los cuales se fijan en 10, 15 ó 20 años ..
Se llama Dotal en grad,,ación, porque el plazo para que
perciba el asegurado personalmente por haber sobrevivido á aquel, depende de la edad en que se solicita la póliza. Ei.ta es incontestable desde el segundo año de su vigencia, no habiendo más excepción que la prevenida por
el Código de Comercio en sus artículos 393 y 433. Ea el
tercer año el asegurado puede hacer ya uso de las opciones estipuladas y éstas consisten en saldar la póliza, en
cederla á la Compañía por un valor en efectivo, en obtener un préstamo que causa un rédito del 8 por ciento al
año, en obtener un seguro extendido ó sea la prolongación por determinado tiempo del riesgo que debe correr
la Compañía para pagar el Seguro. Puede también comprarse una renta vitalicia, y finalmente, si el asegurado
sufre alguna invalidación, tiene derecho á percibir en el
acto el 50 por ciento del valor á que ha ascendido su póliza cuando sobreviene esa circunstancia. Debemos agregar que el valor de Ia póliza en caso de fallecimiento aumenta en proporción á los años que se ha vivido, de modo que sin alterarse en lo más mínimo las obligaciones

del asegurado, con una misma cuota compra año á año un
seguro siempre ascendente en su valor&gt;
cCompletaremos los anteriores asertos y consideracio•
nes copiando aquí la tarifa correspondiente á tres edades,
y por ella se palpará que de antemano La Fraternal de
á conocer y ga,·antisa el valor de cada una de las opciones que, como hemos dicho, se enumeran en el contrato.
La repetida tarifa es como sigue:
(Omitimos la publicación de la tarifa por ser demasiado extensa y servir á los interesados para consultarla en
caso necesario.)
En el Seguro con Inversión, Plan Dotal, las estipula•
ciones son iguales, con la sola diferencia de que el plazo
para percibir en vida el valor de la póliza no depende de
la edad del asegurado, sino que éste lo fija, escogiéndolo entre los de diez, quince ó veinte años.' 1

•**
Reasumiendo todo lo expuesto, lt1. repetida póliza es
incomparable por las siguientes razones:
11

1ª Las obligaciones del asegurado no son indefinidas,
sino limitadas á plazo determinado.
2ª La póliza es incontestable desde el segundo añ0.
3ª A medida que sobreviva el asegurad'&gt; aumenta el
valor de su póliza.
4ª Puede cuando lo desee saldarla en proporción verdaderamente equitativa.
5ª Puede cederla á la Compañía por un prec.O en dinero efectivo, convenido de antemano.
6ª En circunstancias aflictivas tiene derecho á que se
le hagan préstamos sobre su misma póliza, y de esos
préstamos también se estipula el monto á que pueden
?,scender.
7ª Cabe también comprar un seguro extendido por
tiempo previamente calculado, sin que cause obligacio•
nes posteriores.
8ª Puede entrar en los cálculos del asegurado comprar con lo exhibido una renta vitalicia.
9ª En el caso fortuito de una invalidación, si no ha
optado por cualquiera de los derechos anteriores, la
Compañia paga la mitad del valor de la póliza en la fecha en que acaece tal suceso.
IOª y última. Si el asegurado no opta por alguno de
los derechos anteriores y sobrevive al plazo dotal, recibirá en efectivo el valor total de la póliza.

Ahora bien, en qué caso no está debidamente recompensado el asegurado? En todos lo está.
Cuándo es caducabie la p6liza aludida? Nunca, porque
además de que desde el tercer año cualquiera de las
opciones le dan pleno vigor, en todo tiempo si se hubiere
omitido por olvido ó alguna otra circunstancia hacer uso
de ese derecho, la póliza en cuestión puede revalidarse.
Hemos procurado concretar de una manera somera
todo aquello que puede dar una idea exacta de la bondad
de los nobilísimos fines que encierra el nuevo plan, que
desde hoy ponemosá disposición del público; y confiamos EJ.ue la posteridad nos hará justicia, que los hechos
vendrán á corroborar todas nuestras exposiciones, y que
La Fraternal será objeto de las bendiciones de todos los
que reporten sus beneficios,_ porque hubo una mano previsora que deposita~e en ella y en tiempo oportuno us.
ahorros para provecho propio ó de sus deudos, y para
engrandecimiento de una institución Nacional, que contribuirá á la honra y gloria de nuestra patria.
Cualquiera explicación ó dato que se nos pid .1 sobre el
particular, pl, _Je recabarse directamente d ,! nuestros
Agentes ó de la Dirección Gent:ral, que radica en la ciudad de éxico."

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minarin por las do• t\l timas d·
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&gt;9.olnaa: 1• San Franolaoo n"dm. Ul.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>l

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�EL MUNDO

270

-

DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897
DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1Sg7

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Tell:fono 434.-Calle de Tiburcio nilm. 20.-Apartado 8'¡ b.
MÉXlCO

hem1s visto aniquilarse reputaciones y desaparecer per•
sonalida&lt;l~s, que un golpe de maza derribó de sus altivos
pedet:talee.
. .
.
Ejemplos como el que la admm1strao1ón de Veracruz ha
dado, necesitan meditarse atentamente.

Toda la corresponciencia que se relacione con la R&amp;iacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Raf"ael Reyes 8pindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto ltloguet.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Aviaos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ■ cr preclaamente adelantado.
RfcoIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

,íUtrico tJ la ®ran :Ontafta.
La Cámara de Senadores ha aprobado, en la anterior
seman11, el tratado de límites entre el territorio mexicano'y la colonia de Belice, perteneciente ti la Cran Bretaña. E8te tratado causó hace tres aftos una cierta sensación, muy especialmente, como sucede á. menudo, entre
las personas ajenas 1í la cuestión. Fué necesario que se
exhibieran alllorizadoa documentos y se hiciera uso de
una cerrada lógica para destruir vulgaridades de grueso
calibre que habían hallado eco en buen numero de espí•
ritus.
En aquella époC!a quedó demostrado:
Primero: que lo~laterra posee incuestionables derechos sobre la po1,f's1ón de Belice.
Segundo: que el Gobierno de México ha reconocido es•
tos derechos, acrndita.Jdo cónsules nacionales en la co•
lonia británica.
Tercero: que el dafit qiw en el asunto de límites entre
Belice y el territurio mexicano, es altamente perjudicial
para los interese~ de la República, por la amenaza de
una expansión constante de la ~olonia; los peligros de
un tráfico entre los indios rebeldes y los habitantes de
la colonia, que proporcionaban á aquellos elementos de
conservación y resistencia¡ y por Último, el tráfico fraudulento entre uuos y ot.ros, realizado con graves pérdi ·
das para el Erariü Federal.
Se imponía, pnes, la aprobación del tratado, y df'spués
de tres afl.os, en los que los espíritus más saturados de
patriotismo han podido meditar atentamente acerca de
la materia, y los publicistas cultivadores del género efectista no se creen obligados á reproducir sus insignifican•
tes altison1lncias, se ha ~cudido, por fin, á. cubrir esta
laguna, dando solución á un problema trascendental, y
que no sólo por los males que ocasionaba en la actualidad, sino también por ]os riesgos que entrafiaba en lo
porvenir, era indispensable terminar.
En estos últimos tiempos hemos visto, en efeoto, que
un asunto de limites ha estado á punto de traer serias
complicaciones á una de las repúblicas del continente;
y este hecho ha podido servir de saludable advertencia á
todos los Estados de la América latina para dejar arregladas sus cuestiones de derecho internacional.
La aprobación del tratado entre el gobierno de México
y el de Inglalierra, relati v-o á los límites de Belice, es de
suma conveniencia y nosotros celebramos que, vencidos
los primeros obstáculos que se elevaron en un principio
en la Cámara de Senadores, f'Ste alto cuerpo haya apoyado con su voto una convención que no puede menos de
semos favorable.

ta µ,Jlítica tJ la justicia.
La prensa diaria ha proporcionado, en estos dfae, abun•
dantes detalles acerca de uo tenebroso crimen cometido
en la ciudad de Jalapa, y en el que se encuentran com•
prometidas personahdades de algún relieve social, acusadas de haber favorecido con act.os delictuosos la ejecu•
oión del repugoante delito.
Generahnen\6 el cuadro de la criminalidad nacional
arroja pocos casos semejantes. La gran suma de la delincuencia, representa la característica de un grupo humano hundido en los horrores del sal vagismo. Crímenes
rejirlados, en los qne intervienen unidades de una clase
superior; plaoes siniestros desarrollados hábilmente por
personas de cierto nivel social, se anotan en corta cantidad en los negros registros de la criminalogfa mexicana.
En el caso presente, se trata de un delito en el que,
como ya queda dicho, intervienen personalidades de cate~
goría, que ocupan puestos distinguidos en el cuadro de
una administración. Si el gobierno del Estado de Veracruz hubiera cerrado los ojos y los oídos á. los clamores
dP 110Ji opinión fuertemente impresionada, babrís cafdo
eu d más terrible desprestigio. Pero afortunadamente
para la sociedad y para el gobierno se 0a procedido con
energía, y loa sospechosos de esta trama, despoJados de
sus-atributos oficiales, :figurarán como simples reos en el
escandaloso proceso abierto por la justicia veracruzana.
No es el momento de preguntar cómo hombres serna.
jantes han podido tener acceso á prominentes puestós
públicos. En política. se impone, á. las veces, la ne'cesidad de utilizar elementos poco limpios en el deaempefio
de determinadas funciones. De estos sacrificios están
llenas las páginas de nuestra historia contemporánea, y
en más de una ocasión hemos señalado, en estas columnas, el extraño fenómeno.-Pero lo que la política crea,
la justicia lo destruye, y ante escándalos como el de Jalapa,

lí)olftt.ca ®tntral.
LA GUERRA UE ORIENTE Y LAS GRANUES POTENCIAS.
¡Qué inmema responsabilidad pesa sobre las grandes
potenci1ts ~uropeas! qué risible aparece ante i;,I mundo su
decantado coucierto, y cuán tremendos serán loe cargos
que les rt:sulten an~ la historia por la guerra greco-turca
que acaba de estallar!
Se oponen en norubre de la fuerza ti la expansión del
heleni11mo y á sus manifostaciones civilizado~; siegan
con mano aleve la aspiración de libertal que empuja á
los creteJlseS á lucba destisperada¡ se asientan al lado de
la iniquidad, interponiéndose como un escudo entre el es•
clavo que anhela su manumisión y el orgulloso sefiorque
sueña en la perpetua servidumbre; en nombre del tratado
de Berhn que ha podido ser desgarrado y roto varias ve•
ces por el fuerte, proclaman la integridad de un imperio
que se desiuorona, enfermizo y caduco, cuando del tron~
co carcowido las Je~prendidas ramas pudieran dar naci ·
miento á nuevas y vigorosas nacionalidades, inyectando
en ellas savia de libt!rtad, y se habrían de formar pueblos
robustos, ingertando en sus podridos or~anismos gérmenes de democracia y sembrando en su fecundo suelo la
semilla de las nuevas ideas; con inaudita crueldad se han
colocado en el conflicto de Oriente del lado del Sultán que
significa la perfidia, el fanatismo, la superstición y el es•
tancamiento, para combalir á los helenos que, cuales•
quiera que hayan sido sus errores, sus arrebatos y de•
lirios, han eecr1to en su bandera la palabra «¡adelante!11
y sublimes como sus héroes legendarios, creyendo poseer
las armas divinas de Aquiles y la égida inqtebrantable
de Pa.llas Athenea1 se l~v,1ntao más soberbios á. cada gol•
pe que reciben; y cuando después del bloqueo de Creta,
han vieto FUS inútiles esfuerzos por sofocar la insurrec•
ción y pacificar la revuelta isla de :Minos, ve11. ahora á los
griegos marcha'ndo al ~acrificio¡ sienten los estremecimientos del sagrado monte Parnaso, sacudido por la artilleria musulmana, y contemplan las aguas encantadas del
Cefiso, que ayer arrastraba arPna~ de or(', don.de los rayos
de A polo fiogian siluetas de ninfas y perfiles de gnomos,
que lleva ahora en sus ondM ensangrentados cadáveres de patriotas, melladas armas y yelmos destrozados;
cuando todo esto pued1:: n ver, cuando en su mano y poder estaba haber evitado esas escenas de horror y de matanza, que hasta hoy parecen representar la derrota de
los cristianos y el tnunfo de los hijos de Mahoma, la humillación de los que pelean por la libertad y la victoria
de los que luchan por la opresión: declaran con inconcebible calma, que están dispuestas á. observar la más estricta neutralidad en la cootienlac':.eGrecia y de Turquía,
ante la explosión del odio secular del turcomán que se
venga en el griego, aislado del mundo y abandonado por
los que se titulan sus prot.ectures, se venga de la humillación en que ha vivido, con el horror de sus iras agarenas.

•••

¡Eecaroio cruel, sangrienta ironía! Declarar la neutralidad abara, para. abandonar á la divina Hélade en poder
de las bordas muslimicas, para que la autoridad moral
de Rusia que apoya al aborrecido Abdul Hamid, harto de
sangre y abito de ferocidad, y la ayuda material de Alemania que manda sus oficiales para que se mezclen en
las filas de los adoradores de la Media Luna, rúrvan eficazmente á la derrota de las armas helénicas!
Declarar la neutralidad, después de haber maniatado
al rey Jorge, cuando trataba de arrebatar á los cretenses de la ominoea dominación de Turquía; cuando emprendía la reconquista del mundo griego en bdneficio de
la idea cristiana y á favor de la libertad de los pueblos,
por quien siempre se ha ofrecido en holocausto el pueblo
de los dioses y de los héroes!
Extraña imparcialidad la que amenaza con sus iras
olímpicas á los Estados li!emi soberanos de los Balkaned,
si osan adherirse al movimiento insurreccional contra la
Sublime Puerta, y se atreven ,prestar auxilio, á los acuitados ejércitos ya rechazados en Millona, acaso en Turnavo, y tal vez en inminente peligro de ser aplastados en
las llanuras históricas de Tesalia1 de donde partieron las
falanjes macedónicas para irá llevar el verbo de la cultura griega hasta las remotas riberas del sagrado Gaogesl

•'•llamáis dueños de los pueDespertad, vosotros que os
blos y directores de las naciones, vosotros que os cubrís
orgullosos con el pomposo manto del derecho divino y
creéis gobernar en nombre del Arbitro Supremo de las
sociedades; despertad poderosos de la tierra! No más
complacencias con la iniquidad, no más impías contemplaciones con la injusticia: la cuna del arte y de la gloria
está amenazada de caer en poder de las huestes mongólicas, que los siglos y el contacto con la civilización occi •
dental no han podido transformar.
Entre la Turquía, herida de muerie, podrida hasta la
médula de loe huesos y corroída de infamia y de miseria,
y Grecia, la eterna y íecun-ia madre del ideal y de la belleza, progenitora infatigable de la libertad y la justicia:
la. elección no es dudosa. La humanidad que piensa y que
siente estará por la divina Hélade.
Pero ¡ay! que en los tiempos de la melinita y de
los caiiones Krupp1 no bastan para vencer las bendiciones de las almas de buena voluntad y las simpatías de
las multitudes: se necesita algo más positivo. A vosotros
los poderosos de la tierra os toca intervenir á tiempo, y
no esperará. que Grecia infeliz. deeangrada, exánime, expirante, si es vencida en las trincheras de Larissa1 vuel•
va hacia vosotros los ojos moribundos.
Que desaparezca una y mil veces del mapa de Europa
esa mancha de baldón que se llama el Imperio Ot.omano,
antes que ver menoscabado en un ápice el territorio del
heroico y esforzado i-eino de los Heleno3.
22 de Abril de 1897.
X. X . X.

EN TIERRA. YA.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR

LA CIUDAD IMPERIO

El paso del Ferrv á. la tierra firme se hace insensiblemente: cree uno pisar el barco todavia y ya va andandosobre el pavimenw de madero de uaa estación. De mí
sé decir que hasta que no salí á. una calle y subí á un ca•
rruaje dispuesto de aatemano por un viejo y buen ami•
go nuestro, no desapareció la sensación, á un tiempo an•
gustiosa y voluptuosa, que resie11te todo el que m sob-relas aguas.
Persistió más todavía en mi cerebro la imagen de la
cúpula de cobre del World ( el gran tocayo del periódico
que da amable hospitalidad á. estos apunti:&gt;s); la veía dominando el ilimitado picadillo de con:;trucciones que en
una masa clara, hecha de á.ngulos de piedra encaramados unos sobre otros1 se extendía hasta más allá del alcance de nuestra vista. Con trabajo y sin éxito, mientras nos distribuíamos en los carruajes, procuraba fijarme
en detalles y quitar de delante de mi e1cular aquella placa;en que se había fijado el total instantaneo de esta
monstruosa Nueva York que1 en poco más de medio si•
glo, ha devorado ochentaó noventa millares de kilóme•
tros cuadrados de su is:a de Manhaltam para amontonar
dos millones de habitantes.
Por ti.o nos pusimos en marcha¡ dejam!')s atrás un laberinto de tortuoeas callejas, empaqnt:&gt;tadas entre muros,
cuyas cormsas superiores era imposible ver desde el coche, pero que con frecuencia nos mm.traban en brusco&amp;
y grandiosos relieves, ya una sucesión sombría- de co•
lumnatas rom~nas, ya de pórticos grie¡tos, ya de pilas•
tras góticas, ora de basalto, ora de pórti lo, de granito ó
marmºol; pero todo obscuro, todo silencioso, todo triste.
-Broadway, me dijo mi compañero de carruaje, un méxico-germano aclimatado enN. York -¡Broadway! Una
de las primeras arlerias mercantiles del mundo ¿este es.
Broadway? {literalmente víti ancha )-Cierto1 esto es muy
grande y muy extrafio. Ei!trecho algunas vf'ces, anchíeimo otras, cortado por parques ingltlses alfombrados de
verde, sombreados por árboles muy altos, muy gráciles,
muy melancólicos 1 y sembrados de estatuas de bronce,.
muy serias y m11y insignificames. Broadway dia91111ri la
ciudad de un vértice á otro perturbando gracio~amente la regularidad matemática de sus calles y ave1iidas y
engendrando aquí blocksde casas en forma trapf'zniJ.il, y
mái allá, en diminntos y ridículos prisma~ triangulares.
:Qué en01midad! Una, tres, cinco millas y la til!f'g-atla y
silenciosa vfa no acaba; y e:! monót.ona al c.tb,,. Por todas partes pequeñas tiendas cerradas, embutiJlle en altí•
simos muros¡ á. cada momento estátuas de rnadera pintarrajeadas, junto de las puertas baja'J en que, se ex!:)ende tabaco¡ frecuentemente empinados sitial~ coloc.idos
en la acera ea donde los traneeuntee se hacen dar betún
con una formalidad monumental, y todo ello sigue y sigue. Porque nada acaba aquí¡ se perciben sin cesar los
montones de blocks que comprimen la vía por donde
transitamos. ¡Y qué altura la de esos bfochl Parece la.
superposición de dos ó trei:I ciudades de vados pisos cada una.
¡Y qué soledad! En los wa.gones funiculares (a rrastrados por un cable de acero escondido en el pil!&lt; ) y allá.
arriba1 en los elevados, transita alglrna gente; pe10 en la.
calle casi nadie. ¿Qué ha sucédido? ¿Pvr qué e~,á. aban•
donada esta ciudad? ¿En donde ~stán los habitan
tes? preguntaba en tono elegiaco. ¿8e los ha tratado la.
tierra?-No, respondía mi compañero: la cuarta p&lt;irtede
la población está. en el campo, la eegtrnda enana parte
está. en el templo, la tercera en su casa y el resto en las
cantinas, ( que están cerradas,.) Ei! domingo.

•*•

Después de más de dos hora:i de carruaje llegamos abu•
rridos ytrist.es á. nuest.ro confortablf'l y elegabte ho:el enla.
7~ avenida, muy cerca del Parque Central (Grenoble hotel). Comimos, charlamos, nos istalamoe, y hundidos en
eendos lechos mullidos y calientee, cada uno de nosotros
se encerró en sus rec11erJos, rumió sus impresiones y durmió ó no durmió. Yo á las tres de l-1 rnañanatoméun ba•
fio de agua fria, á. las cinco otro de agua tibia, y así lo
hice casi todos los días. Poco despué:i llevando ya en el
est.6mago el zumo de dos ó tree raci1Uosde esas uvas californianas, tan largas, tan apretadas, tan cristalinas y de
tan lustroso envero, y medio litro de leche helada, salí á
vaguear con mis compañeros. Programa: bajaremo!-1 porla 5! avenida hasta donde podamos¡ tomaremos ahí el
ELEVADO (the Lo, dicen los yankees, que son una máquina
de simplificar, en movimiento perpetuo) y loDcharemos.
en Do1m•Town, en la Ciudad baja.
La delicia de perderse en•*•
una gran ciudad

desconocida, no es dada á un viajero en N. York. Las avenidas
cortan la ciudad á lo largo, 9 ó 10, no recuerdo; y las calles á lo ancho, en número de más de doscienta!:&gt;, ya comenzando la primera en los límites de la ciudad vieja,
allá abajo en la base del triángulo que forma la punta de
la isla. Nadie puede perderse; le basta leer en la cinta de·
los antiguos faroles de gas, de que apenas los armazones
quedan, el número de la calle y de la avenida, para orien·
tarse. ¡Es singular que en este municipi() de N. York,
uno de los más ricos del Mundo y en donde se ha gastado y robado tanto, no baya sobrado un millar ó dos de
dollars para placas indicadoras!
Las calles ae parecen todas; be aqul el tipo que más ee
reproduce: grand~s edificios, monumentales por sue di·
mensiones; ocho 6 diez pisog con frecuencia. Ning11•t.
balcón; ventanas todas, con dos ba&lt;1tidores de cristal qu •
suben 6 bajan deslizándose por correderas paralelas: nuu
ca puede abrirse más que media ventana, ó la part.e de
arriba ó la de abajo. A unos dos ó tres metros sobre el;
nivel de la acera, una serie de bonitas y pequefias vidrieras: son las puertecillas de aquellas casas enormes, que
tienen casi uniformemente un ancho de siete áocho metros;.
resultan, puee, series de torreone¡i contiguos, mas como,
todos están construidos segun el migmo patrón, parecen
palacios del tamaih de un block ca1a uno. De la puerte•

eilla se baja á la calle por una escalinata de piedra con
grandes balaustradae. Todo, casas y escaleras de color de
chocolate claro. Entre dos escaleras, el fondo de la acera está abierto y por ahí recibe luz, cuando la recibe, el
primer piso subterraneo en donde están el comedor y
olras dependencias domésticas. El segundo piso subteterráneo, siempre iluminado con gas, á. veces recibe luz,
por el anden de la acera, en donde suelen substituir 11 las
losas grandes placas de vidrio; á través de ellas puede
el traunsente ver las cocinas, las calderas de loe elevadores, calefactores, etc.
Desembocamos en una vía anchísima y que la altura y
la robus1ez de los edificios qne la bordan hacen parecer
estrecha. Estábamos en el centro de la Quinflt Avenida.
Empieza allá abajo, más allá de nuestro horizonte1 sube
á lo largo del Parque Central y no termina; terminará.
donde termine New-York-que ya rebasó su isla; pero N.
York terminará en alguna parte?¡ ó seguirá. á. lo largo del
Hudson y hará. del Champlam uno de los lagos de su futuro Q:,ural Parrk y desembocará.en -al Canadá, que será.
entonces parte de la confederación americana? Quién sabe; pero cuando esto sucedn, los Estados Unidos después
de'un tempestuoso periodo de monarquia 1 6, meJor dicho,
de cesarismos socialistas y demagógicos, habrán vuelto á
su eqnllibrio republicano formando una confederación
compuesta de grupos federales independiente1:_1, de ve1daderas naciones; entonces nosotros, que habremos crecido
más lenta, ¡ohl sí, más lenta, pero más sanamentP&lt; ( d,i m
piano m Rano) veremos qué partido tomamos; ¡oh! lo hemos de pensar mucho. Si alguno no cree en esta profe,fa,
tómese el trabajo de vivir cuatrocientos afias.

•*•

No se puede ne¡ar; la primera impresión es soberbia:
¡Ah! si vieras la calle de Rivoli; ¡oh! si conocieses la Avenida de los Campos Eliseos; si hubieses recorrido el Ri11g
strasse de Viena, me dec1an mis compañeros...... Entre•
tanto yo que ne, conocía má.s que la«Avenida de loe hombres ilustresQ bacía un esfuerzo para no permanecer boquiabierto, mientras mis amigos iban á rezará San Patricio. Es un encanto esta iglesia de San Patricio, la catedra; católica1 viuda, en aquellos días, de su Arzobispo
que estaba en México coronando tt Nuestra Senara de
Guadalupe y sirviendo de corista en el apoteósis de Juan
Diego, personaje tan real 1 gracias al poder creador de la
imagiuación del pueblo, el supremo poeta aoónimo, co•
roo el Guillermo Tell de los suizos. A éste y á aquel los
inventaron los monges¡ pero á éste, á Juan Diego, en la
actitud en que querían los mieioneros eternizará la raza
conquistada; protegida por la reina de loe cielos, que convirtió la tilma indígena ~n una égida fulgurant.e, capaz
de embotar todas las codicias y avideces de los encomenderos y de rodillas ante los fraile!i eus bienhechores.
En el centro de amplísimo andito tapizado con la felpa
verde de deliciosa graminea inglesa, se alza solo, eober•
bio y puro el templo gótico que la piedad fasmosa de los
irlandeees, que ayer se disputaban unas patatas y hoy
derrochan millones, ha erígido á. su patrono nacional, al
santo misionero que es la personificación legendaria. de
su fe y su esperanza, de la religión y de la pat.ria. La blancura del marmol 1 la ~lf'gante sob iedad de los apoyos exteriores de las bóvedas ogi valei:1 1 la fantasia de la ornamentación, la fragilidad aerea de los muros diafanizados
por vitrales gigaotescoe, la elevación sublime de las flechas orladas de marmoreo encaje, obligan á poner en olvido la extraffa forma de monstruosa arii.cuicta de piedra
que tienen los templos góticos. Lo verdaderamente en·
cantador en esta igles:a de San Pd.tricio, es la suavidad
con que las Haeas converjen todas desde la base al extremo de la flecha, que la imaginación continúa en una
linea ideal en lo infinito. Es una plegaria, como ee ha dicho de estas maravillosas creaciones de la arquitectura
ogival, pero una plegaria mansa y serena¡ no es un dolo•
roso miserere, es un plácido y solemne tedeum.. Lof arquitectos que ésto ejecutaron no eran esos monges inquietos
y llenos de fé niística 1 pero en perpetua lucba con el infierno en el interior de su alma; no er!'.ln esos arquitectos
de atormentado espíritu que intentaron hacer de un edi •
ficio inmenso unt1 pirámide aérea maravillosamente calada y ornamentada con todas las quimeras, y todos los
demonios, y todas las deformidades del pecado, trepando
en forma de escultura3 convulsivas por los arbot.antes y
abriendo sus fauces sobre el abismo en las gárgolas y riendo en los doseletes de los santos, mientras adentro se sucedían en una mirífica epopeya, todas las faces del com•
bate entre la luz y la sombra; ensangrentado aquí, divinizado allá, por las claridades que filtraban del rubí y del
zafiro de los vitrales. No, aquí no; en esta catedral hecha
con lo mejor de todos los estilos del arte gótico, no hay
lucha, hay triunfo; la luz que domina en el interior es la
de la amatista episcopaló ladel topacio que rodea de oros
de apoteosis las madonas, los tabernáculos y hasta las
cabezas argentadas y los roitros floridos de dos ó tres ir•
landesas que hacen crujir los reclinatorios bajo el peso
de sus cuerpos atiborrados de roasbeefs y de margarina de
Chicago. ¿Qué ea lo que falta aquí, ¡oh! San Patricio?
Nada, todo¡ falta el tiempo, falta la pátina de los siglos,
esa que quitad á esta catedral magnífica, su aire de haber salido ayer de una fábrica de catedrales ¿qué sé yo?
La hístoria, ea suma; esto es lo que falta aquí; dentro de
ochenta añoe, cuando los anarquistas y los negros hayan
degollado cien 6 dos cientas familias de mil lanarias ir•
landeses en las gradas de San Patricio, el vapor de sangre que suba por estos muros dando al marn:tol un tinte
color de rosa, trágíco y delicioso á un tiempo, habrá convertido este costoso ejemplar de la industria humana,
en una obra de arte.

•••

Librenos el cielo de que horrores como eJte que acabo
de profetizar, esmalten de rojo algún día el libro de oro
de San Patricio. Me tranquiliza que ninguna profecía
mía ha salido cierta, porque no he sabido vaticinar de,cpué..~, que es la mejor receta para predecir lo futuro.Pensaba en ésto viendo sucederse las magníficas casas altas de la «Quinta A venida,u en dos rayas paralela.e, á mis

271

EL MUNDO

lados. Hay en ellas má.e estilo, mejor dicho, hay en circundada y penel)Jl.da por la vieja ~neva York. Es u11.
ellas, todos los estilos, y todos esos estilos se suceden ho• triángulo erizado de muelles_( docb) en sus catetos; los trarizontal ó verticalmentt,. Aquí hay una puerta profunda eatlanticos, loe ferry, y mil embarcaciones de toda especomo la de una basílica gótica, allá. un primer cuerpo ro- cie zumban en deredor de esos docks, ó inmóviles como
mánico, más allá. triunia el Renacimiento; enfrente se cetáceos colosales hacen sus formidables digestiones de
pavonea el pórfido negro en grand~s columnas, más allá. el artículos de exportación en cambio de baratijas ó de
rojo veteado de blanco; encima de estos pisos bajos hay emigrantes.-En este triángulo, el mundo entero está pre•
tambi~n una sucesión vertical de estilos, Pelión sobre eePte en vertiginosas transacciones comerciales, y todos
Osa¡ lo bizantino sobre lo á.rabe, lo italiano de les qua- los representantes del comercio del mundo han querido
tener un despacho, un mostrador, un libro de cuentas; ~r
trocenti sobr&amp; arcadas ogivas lanceoladas ó floridas, etc.,
etc. Entre todo eete pol·pourri de arte, los grandes esca· eso el terreno tuvo una demanda enorme y ti.do quedó
parates donde se muestran 6 carruaJes, 6 mobiliarios es- distribuido en porciones de siete ..netros y medio de frenpléndidos, ó artículos de moda lnjosíeimos, ó ejemplares te; entonces pa.-a dar cabida á. esta enorme población
de arte, pinturas, grabados dtt alto precio, y asi 1 sin ce- diurna de latraosación y del lucro, sobre un piso vino otro
y otro y veinte má.t! y los arquitectos americanos, preocusar. La monotonía. viene de lo igual en lo enorme, no
de lo igual en la forma, porque todas las formas del ar• pados bien poco del arte, y gobernados por la necesidad
te del dieefio, chocan a.:¡ui y desorientan la vista y des• de conquistar en el aire lo que no era lícito tener en el
menuzan la atención. Probablemente depende ésto de suelo y ne buscar en sus construccioneE mucha resisten·
mis ojos poco educados por el momento y habituados cia contra el viento y contra lo deleznable del piso, han
hechomaravillasdesolidez fragily, empefiadosen tener en
casi exclusivamente á la estampa y al estereoscopio.
Rompen est.e alineamiento de caserones con bases de sns fantásticas torres todo el confort, toda la comodidad
palacio y cuerpos de fábrica y coronamientos de templo caractéristica de la cultura yankee, inventaron los elet'aclores y otra porción _de cosas que es preciso que nuestros
6 de fortaleza, una que otra iglesia protestante, obscura de
fachada, y cubierta de parietarias, ó un estanque gi• arquitectos vayan á estudiar ahí, sur le terraút, por que
gantesco ( resermir) encerrado en muros cicló picos, to- cada una de ellas significa una dificultad vencida á. fuertalmente vestidos por la primorosa hojilla lauceola.da de za de CtUculo1 un problema resuelto á. fuerza de ingenio.
Y asi es como se han puesto de moda en N. York y en
una hiedra japonesa, muy de moda aquí.
Llegamos á. Mitdis.~on S1¡uare; y me senté rodeado de toda la Onión, estas casas que los americanos llaman con
italianillos nacidos en New York y que hacen un curioso cierto orgullo u rasca nubesn sky-1wrapeTS. Pronto estas to•
mosaico anglo-napolitano al conven1ar con sus clientes rres serán de acero, ó de vidrio, 6 de aluminio, y subirán
( hay una en construcción d~ 25 pisos y otra de 32 en
latinos, mientrw- dan lustre á los botines. Hermoso par•
que inglés éste, decorado por un monumento á la gloria proyecto para el i)'un, popular periódico de aqui) á. 140
de los triunfadores en la guerra de Mé;xico, del que es mett·os. Supongo que habrá. que tener entonces encendida
permit.ido no hacer caso, en segundo lugar, porque no la lnz eléctrica toao el día en las calles de esta B:1bilonia.
vale nada. lUs agradable es contemplar la gran estatua
D. Juan Navarro1 consul general de México en New
sedente de Mr. Seward, de un parecido sorprendente; un
York 1 ha situado su despacho en uno de esos edificios de
buen viejo era éste; yo le dije unos versos muy tontos,
cuando era colegial, en el salón de EmbaJadores. Y co- oficinas1 que, como todos, en esW\ parte de la ciudad, tiemo no los comprendió (¿los comprendía yo?) lo conmo- nen las bases acribilladas de cantinas y re~taurants y gabinetes para lonchar rápidamente; Doa Juan Navarro,
vieron, á juzgar por un sonoro y húmedo beso que roe
ha visto crecer rumbo al Norte y rumbo al cielo, esta ciudad hipertrofiada de gentes y de dinero que él encontró
modtetameute instalada entre Madui.'{on S,1uare y la Batería. ¿Qué es tan viejo el Señor Consul? ¡Oh! no; tiene la
coqu~tería de dejarse decir que ha pasado de los cincuenta; yo creo que no. Habla y discurre como cuando estudiaba en Medici,m, tan jovial, tau franco y tan cue11tixta
como un estudiante, y anda todos loe días dos ó tres leguas por .1Jrood1my, bebe poco, usa el agua fría y se acuesta temprano. El consu1 verá celebrar el segundo cente•
nario de la Independencia de los Estados Unidos. Am.l"11.
Una hora hablamos empleado en ir y venir por lVall-,,;,,·trnt (este era el límite de la vetusta ciudad) y comenzaban á aburrirme infi.uitaroente los movimientos rápi•
dos, mecánicos y silenciosos de aquella multitud Fin solución deconlinuidad, y me pareclan tontas las columnatas de la sub-tesort'ría de los Estados Unidos y sin gracia la Bolrn, y soso el cielo gris y la atmósfera que moja•
ta los vestidos casi sin lluvia, cuando nos encontrauios
con una iglesia amarillellla, de un gótico serio y viejo,
junto á un cementerio lleno de piedras sepulcralee. A qui
estaba la antítesis, luego la poesía; y sí, aquí estaba la
poes1&amp;, allí está. 'ltfoity ('Jwrch, como si dejeramos 1 la
catedral protestante de N. York. Me pareció mucho menos bonita que San Patricio; aquellas naves espléndidas,
aquellos i·itrctleR inmensos regalados por los ricos irlandeses, aquel ultar 111.ayor, que me hizo tan agradable impresión y del que ya no me acuerdo, no pueden compa1a1se
á. este interior de la Trinidad. Et!te me gusta más¡ es nH1s
viejo ¡oh! sf: las vidrieras son más pequeílas, los órganos
no son tan soberbios, todo es más pequefio ¡y tan d~enudol En el ábside una gran vetusta sillería tallada en nogal ó encino, y su camposanto al lado y T\'rtll- 1Slr11t en
frente. Esta impresión se filtra hasta el fondo del aln1a;
hay algo allí que hace resonar dulcemente la cuer&lt;la de
harpa de los euei'ios ya no soñados, de las esperanzas lloradas eecretamente hace tiempo, y entonces el órgnno 1
que todos llevamos en la abandonada capilla de nuestro
sentimiento re ligios.o, canta el cántico lejano de las primeras creencias, de los humildes altares de la iglesia tM.
tal y veinte generaciones de creyentes surgen en nuestro
María Joaéfa Ottiz de Oominauez.
corazón y ee postran ante Jesús, el fundador de los tem(Corregidora de Querétn.ro.-Véase el púrraio relativo.)
plos pobres1 el maestro de los apóstoles sin brocado, e.in
oro.
estampó en una mejilla.. C:ood b!f Mr. &amp;ward. Y toma•
Abril de 97.
moa en seguida la próxima estación del elet:ado¡ yo habría
Justo Sierra.
tomado mejor el próximo restauran t.

•*•

•*•

Tiene toda mi aprobación este invento de los ferrocarriles elevados, ó como aqní dicen todos: el elerado 6 the L,
sencillamente, conduciendo por término medio un millón de pasajeros diariamente, los trenes del elevado que
se siguen con intervalos de dos á tres minutos en el día,
y de cada diez por la noche, van y vienen á lo largo de
varias Avenidas desde lo 1n;.i.s alto de la ciudad, desde el
río Harlem y de má.s allá, hasta la punta de la isla, hasta lo que se llama [I¡ batería. La vía de bíerro y madera
estti construida sobre columnas fundidas á la altura de
los primeros pisos en la ciudad buja, y á. los de los mlis
altos, á veces 1 en la superior; allí, hacia el Harlem, los
trenes van al nivel de los tejados de casas de doce y
quince pisos, sobre tinglados de fierro que parecen nacidos de la torre Eiffel; desde allí se domina el Parque
Central y gran parte de la ciudad; hay que verlo. A veces, en uDa sola avenida, se alinean dos vía9 separadas;
suelen, sin embargo, ir juntas en una armazón sola que
sirve de techo casi al pavimento inferior, por donde
discurre otro millón de pasajeros en wagones foniculares
6 de tracción animal y en toda clase de vehículos; nadie
anda á pie, sino el menor espacio pasible, y cuando estos eeilores van á pie, van corriendo á buscar la escalera
del eúrado 6 á subir en la primera bocacalle á. la plataforma de un wagon de cable. Et xic semper.
Llegamos á. Doll'n-tou.m que es un laberinto de callejas
tortuosas, la antigua 1Yúera .Am.sterdam de los holandeses,

OTRO PAGO DE$ 25,6o4 DE 11 LA MUTUA"

ENMEXICO.
J Ul, Sra. Clotüde C. viuda de Bejaran-01 de Tapachula..

Tapachnla, Ms.rz? 16 de 1897.
Sefior D. Carlos Sommer1 Directer general de ''La
Mutua.'' -México,
Muy estimado señor:
Sirve esta para certifi~a.r á usted que hoy nos han sido
pagada! las pólizas números:
389,886 por ..... ........ ... ...... .. ....... .. $ 2,000 00
429,477 11 ··························•······ )1 3,000 00
600,32L " ..... ............................ • 10,000 00
753,939 " ................................. • 10,60-1 40 con
la devolución de premios.
Solamente vuede afirmar e11te pago el ya irn:nejorable
crédito de la Compailía al digno cargo de usted, y le autorizamos para que haga el uso que mejor le convenga á.
usted de esta carta.
Somos de usted atoa., aftmos. SS. SS.-Ctotilde C. de
Bejarano.-Como su tutor, .Alejandro C6rdot,a.

�DOMINGO 25 de ABRIL de ,897

DOMIIIGO

EL MUNDO

272

UN RETRATO DE LA CORREGIDORA

DAMAS DISTINGUIDAS MEXICANAS

El retrato de la benemérita Doña María
Jo13efa Ortir. de Dominguez que publicamos
en otro lugar, está sacado de un busto auténtico y fué obsequiado por lo3 Señc&gt;res Juan
Iglesias nomingue2;, .José Iglesfas, Francisco
Iglesias Dvminguez, Muiano B. Soto, José
E . Durán y Mariano Solorzano-nietos Je

la conspicua dama, con motivo de la transla·
ción de sus restos á Querétaro, donde se
conservan con los debidos honores.
Ahora que está muy próximo á inaugurare-e el monumento que en el hermoso jardín de Santo Domingo perpetuará la memo·
ria de la que tan grandes servicios prestó á
la causa de nuestra autonomía, juzgamos
oportuna la publicación de ese retrato, digno de conservarse con afecto y agradecimiento.
GRECIA

Salud ¡oh Grecia! madre del genio; salud,
tierra de la inspiración y de la hermosura.
El mar celeste se repliega en tus doradas
costaA de marmol, sobre cuyas arquitectóni·
eas lineas tienden sus hojas los laureles y los
mirtos, gratos á la gloria y á la inmorta·
Jidad.

•s

EL MUNDO

~=======~================:;~~~~================,===_:!!,_

DE ABRIL OE ,197

Za crisis ae Oriente.

religión fué poeta y mártir el inmortal Byron.
Este iuspiradísimogenio, al ver los combates
empefiados por Grecia, no se contentó con
dedicarle su inspiración, consagróle también
su vida, cr•rriendo á pelear y morir en sus
Aras. El pueblo de los Termópilas y de Pla
tea; el que ha enseñado á leerá la humanidad; el que ha puesto la cuerda del arte divino en todos los corazones; el que ha cincelado la forma humana en su eecultura severa;
el que ha guardado todavía el calor de la inspiración en sus vivificadoras cenizas, bien
mereció contar entre ms mártires al primer
poeta que Inglaterra poseyó en uuestro si
glo. Era el mes de Abril y la mañana i::i •
guiente al día de Pascua. La naturalt&gt;za rr~u.
citaba con sqs mariposas, con su tibio calor
tan delicioso en la primavera de los ciimas
meridionales. El clero griego cantaba la re-surrección de Cristo.
Byron presentía y profetizaba la resurrección de Grecia. Sin embargo, el combate, la
incertidumbre, los choques con la realidad
en que su alma &amp;:e malhería, el dolor, 11 na peste mortífera, consecuencia de la guerra exterminadora, lo gastaron y lo hicieron doblegarse hasta caer ex8nime sobre el pabellón
de la libertad, en cuyos plieguesquirn envolver su agonía para morirá la sombra de su
Grecia, como. Catón y Bruto habían muerto
á la sombra de su República. No tenia trein·
ta y seis:años By ron al morir. Y se inclinaba
el inmortal hacia la muerte, como el arbol
que herido por el rayo se abrasa en la terrible fuhninación, aunque lo adornen flores y
lo santifiquen frutos. Era una hermosa mañana, el sol deslizaba sus primeros rayos en tre las últimas gotas de rocío, y las aves
1:ntonaban sus coros, como si la naturaleza
consagrase un himno á la victoria del poeta.
~n su delirio de muerte se imaginaba el cuitado asaltar los muros de Lepanto cuando
en realidad se precipitaba· por los fosos del
sepulcro. Decia en sus agonías y extertores
((Adiós, adiósii como perdiéndose allá en ribe·
ras misteriosas. Y su palabra última fué uade·
lante,n como si consolaee á sus soldados llorosos y á sus amigos desolados, asegurándoles la continuación de su vida en otros hori ·
zontes más claros y en otro mundo mejor.

•

Las ondas del Egeo te arrullan; las brisas
del Asia, perfumadas en los pebeteros de
aromoeas esencias, que forman las islas de
tus archipiélagos, te orean; el sol embota sus
rayos para no encender tu bienhadado suelo,
templo antiquísimo de la sabiduría.
En tus auras van los coros de las nueve
mueas, que trenzan sus divinas lanzas sobre las alfombras de tus nubes teñidas por
alboradaB y arrebolesde una luz sin igual.
Todos cuan ~os hacen de la estética su religión, desean verte rodeada de tu cintura
de islas¡ cubierta de tus rojos granados y de
tus cipreses obscuros, de tus pá.mpamos verdes y de tus olivos negros; cortada por tus
altas cordilleras, donde se refugian los dioses, y por tus colinas, á cuyos pies, desde los
senos que las ninfas llenan, salen murmuradores arroyos cantando.
EM.ILIO Ü.ASTELA R.
Entre los troncos de tus árboles corren los
caballos en pelo, entre las ramas de tus bos-IOI•ques gorjean los ruiseñores enamorados,
mientras los sátiros de largas pezuñas y hen•
Llamamos la atención de nuesdidos pies vierten á. la voz de Baco, por do•
tros lectores sobre la hermosa páquier voluptuoso regocijo.
Todos quieren beber el agua del Cefiso,
gina musical que acompaña á este
cantada por $6focles; coronar~ con las purnúmero. Frecuentemente nos propureas y gualdas hebras del azafrán y los ramos del oliente narciso, antigua gairnalda
ponemos obsequiar á nuestros abode las diosas; seguir las procesiones celebrauados suplementos de esta naturadas con carreras de mozos que fueron modeSeñorita María Watsoi1, en traje d e fant asía. (De fotogratía Valleto.)
los para Fidias y con bailes de vírgenes que
leza y el próximo será una preciosa
inspiraron divina embriaguez ar dulce AnaAve
.ll[ar,a,
escrita especialmente para El
creonte; contemplar el Egeo; cruzado por las naves dora •
*
Tal poesía y tal retórica **
empleaban los filohelenos andas, donde los sacerdotes celebran flotantes sacrificios enlllundo.
tre los conciertos de las cítaras y los hexámetros de los tiguos, al comenzar el poema rle la independencia griega.
El filohelenismo llegó á constituir una rdigion, y de esta
poetas que despiden á. las brisas inmortales canciones.

...

PORVENIR DE BELLEZA

•

•

$ólaaao cretense plantanao su cruz en un oli\?o para resguaraarlo ae la aestrucción ae los cristianos.

Cristina Terreros.

Maria Luisa Gmmün.

Paz Algara y Terreros.

Lupe Terre-m.
Concepci6n l'l[alo.
(De fotografia ValleOO.)

Lupc Rincón Gallardo.

Rosita Guzmin.

replt&amp; Algara y Terreroe.

�DOMIIIGO •5 DE AIIRIL DI ISO?

EL MUNDO

DOMINGO 25 de AIIRIL de 1897

EL MUNDO

Necueraos ae la $emana $anta.-Los principales Monumentos.

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1 -t~ .1,.-?.~

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, San f ..anc:iaco.

Santo Domingo.

Catedral.-(Altar del costado.)

San Cosme.

Fotografía Artlstica, 17 Rivera de San Cosme numero 8. -{Obsequio del Señor Ricardo Contla.)

Novicia en el coro.

275

�DOMINGO

EL MUNDO

zs

DE ABRIL DE 1197

277

EL MUNDO

DOMINGO 25 DE ABRIL l)E 1897

---r:LA NUEVA TEMPORADA DE OPERA DEL NACIONAL 1\-'ALGUNAS DE LAS PRINCIPALES ARTISTAS

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Malle. Savinc.-(er. Dugazon.

Mme. Foedor. u51gurd. ••

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Malle. de Blaz1. 1cr. Oanz:ante, medio caraeter.

Ese público es todo de zarzuela, de Don Lu1s el TumSalvo raras excepciones el
dilettantismo, está en el periódo terciario y las representaciones se hacen en familia, una familia reducida, un cenáculo en que por cada pagano hay cinco periodistas que
discuten las t-endencias de una música que suele ya no
tenerlas. Críticos inofensivos que se inspiran mutuamente para llevará cabo al día siguiente la anodina la•
borde suB crónicas gacetilleriles. Todo ese mundo de lae
letras que mal digiere las crónicas de Lemaitre1 es insolvente, y á ese solo tendreis por espectador ........ .

LA NUEVA TEMPORADA DEL NACIONAL

ban y de La Vuelta del rivel'o.

Avido estaba nuestro público de Opera, más que á.vido,
famélico, y se explica que con tanta tacihdad eehaya cubierto en la contaduría del Nacional la suma que la Compaiiía fran~eea exigia para trasladarse á México.
Desde que la hermosa Libia Drog paseó sus enfermisas
nerviosM.ades por la e51cena de nuestro teatro metropoli•
tano, ya dardeando tras el .impe,tir,mite la luz de ~us ojos
orientales en la Marion de Pucrini, ya paeeando triunfal
al glorioso ritmo del rittorrui Vincitor; desde que Ugl.ettó
desplegó toda la gama de sus recursos arfü,ticose~ Ilugonotes, y Baldini hizo alarde en el divinamente mgenuo
Don .Juan de Mozart de Ja flexibilidad y la gracioea travesura de eu ingenio, no eé que hada antimuBical nos había condenado á. la plástica ctel circo y á la pepitoria zarzuelera, sin esperanza.
La Compafüa frances!l fué el Mesíae, congregó al todo
Jlé..t.·icc dilellanti ( en su mayor parte de un dilettantismo intuitivo) y le dijo: 1egoza baetn que quieras.)!
Empero ese público ávido no quiso capitular desde
luego con el aplauso y ha ido concediendo BU aprobación palmo á palmo; pero esto que supone una cautela
más 6 menos justa, aquilatará el valor de la compañía,
que cuenta en su seno artiEtas ,·erdaderamente hábiles, discretos y bien educados y que se nos ha revelado
en las primeras representaciones como un conjunto armOnioo y homogeneo.
Mad. Fcedor, joven y simpática, poseee una voz de
.agradabilisimo timbre y se empefia en agradar. El Sr.
Albera es un completo artista y domina cvn mucho des-

•••

No ha faltado quien, tras haber asistido á las primeras
representaciones dadas por la compafiía, moteja á ésta de
poco vivaz y apasionada, más tal cargo ha sido rebatido
con habilidad por el inteligente cronista del Mundo diario.
La efcnela francesa no ee la de los derroches de senti•
mentalismo y de voz; mantiene diestramente á esta última en los tonos medios que son los que se prestan, mejor
para los matices, economiza sus fuerzas para el derroche
capital y necesario y busca ante todo la verdad. La es•
cuela italiana es toda pasión, hecha para el grito trágico,
para la nota formidable, descuida Ios deliciosos tonos
medios, proscribe casi Ja acción en la ópera y ee acerca
mucho á esos cantores que el prosf1itismo Wagneriano
anima en el místico Walhalla de Bayreuth y á los cuales no les permite sino unos cuantos movimientos acompasados como conviene á la augusta magnitud de la obra
y _á la inmutable y serena grandeza del incomprensible
Dios germano ... ..... .

~----·
Mme. Lafeuillade.-Ougazon.

Mme. Benattl. Contr,alto.

Pnfado la escena. Su vo7. es bien timbrada. Madame
Benatti (Mezzo soprano) e8 discretísima y habilidosa
en el juego de su voz y, por último, Massart, el tenor
vale mucbo como voz y como eecuela.
E:3tos artistas y otros que no mencionamos por ahora,
pero cuyas fotografiaa ilustran estas notas, constituyen
sin duda un idóneo cuadro que hará agradable y animada ]a temporada que ee inicia en el Nacional.
Entendemos que esta se prolongará más ó menos según el éxito que alcance, y la verdad es que debemosdeseárselo completo y cumpli&lt;io, no tanto ya en bien de
los artistas que integran la compafHa, cuanto en propio
beneficio.
En efecto, e] fracaso de una troupe es siempre obstticu•
lo para la formación de otras, y el desvío de nuestro pú·
blico 1 un gran inconveniente para que nos visiten buenos artistas y ambas cosas pueden llevarnos ó á la total
carencia de espectáculos, que valgan la pena, 6 á ser víctimas del exclusivista rnouopolio de t.ales 6 cuales empresas más 6 menos cimentadas ó más ó menos conocedoras de los recursos que aquí pueden hallarse y del público con que cuentan.
La prolongada penuria, la inmeasa serie de dificultades con que Ma.ggi tuvo que luchar, y que al fin, no obs..
tante su :filosofía y su buena voluntad lo obligaron á levantar el campo, mflainm sin duda en las compañías dramaticas que hayan puesto los ojosen nosotros y quepretendad vieitarnos v tanto másinfluiranen eUascuanto más
notables sean.-Ño vengais á México, se les dirá, es el
país clásico de las disoluciones de las compañías y de las
quiebras de los empresarios.

llclle. Bcrthet, 1! Cantante 1T1er•.

ENGANO SUBLIME
NUMI!R07,
-~

-Martín! Leódice Martin! tú h11.s ineultado á Leó-

dice Martín? Estás loco, mi pobre Felipe? ¿Pero por qué?
-con qué motivo? Nada te ha hecho ese hombre. Te invita á su matrimonio y tú crees conveniente escaparte;
-en esto la culpa &lt;&gt;a tuya, yo ~e lo dije¡ pero en fin, es una
vieja historia y no hay que penear en ella. Y ahora me
dices que has :do á insulta:lo ..... .
-Pero tengo un motivo, dijo Felipe, gravemente; un
motivo que no es mi huida de la villa Martín, aun cuando se derive de ella. Escíichaooe, Jacobo, voy á. referíroslo todo. Y le contó la visita de Martín de Brest, la
-carta anónima y el jur!l.mento que se le había pedido.
Jacobo de Sommeres recorrió 1t grandes pasos supequetlo salón, visiblemente agitado como una bectia brava.
-Diablo, diablo, jurar por el honor una cosa falsa, y
por el otro lado deshonrará una mujer cuyosecreto se ha
-sorprendido! Oh! mi pobre Felipe! Y tú crees que Leódice es quien ha eecrito esa carta anónirc:a?
-A. menos que eeais vos, Jacobo, ó Fernando; pues
que nadie más lo sabía.
-Fernando! Qué necedad! Conocía él acaso á M. Mar·
t1n? Y además, qué quieres que le importara á. él el matrimonio de esa mu,er?Encuanto ámf, qr1é? ... El y yo, por
otra parte, te amamos demasiado para crearte un embarazo. Elena, por lodemás1 nos ha hecho jurar que guardaríamos el secreto, y si yo he violado mi prome3a, refiriéndoselo á Leódice, es porque creí obrar en interés toyo.
Después, bajando la voz, en el tono humilde de una
-confesión:
-No tengo reparo en confesarlo; yo no estaba muy en
mi acuerdo ......... él me a3ediaba, y ahora compren~o
eu insistencia y sus pregunta!:!.

-Entonces como yo, vos, Jacobo, no dudais que baya eecrito esta carta anónima?

_,.

- ;..

-Ay! hijo mío, no lo dudo¡

él la llabrá escrito 6 la ha hecho eecribir. Tenía un interés demasiado poderoso en
hacer fracasar ese matrimonio, y no es de aquellos á quienes detienen loa escrúpulos. Pobre hijo mío! pobre hijo mío! Yo tengo la culpa de que haya acontecido todo
eso ...... Oh! las acciones, las acciones insignificantes! como babria que desconfiar de ellas! Se inicia una intriguilla necia que no se quiere abandonar y escribe. uno á
su primo: uHacedme el servicio de reemplaurme y de
asi~tir á ese matrimonio ......... n y lo envía uno á. la muerte! ...... Un duelo!. ........ y qué dueh&gt;!. ........ Con qué adversario!. ..... Eres tú fuert,e en la esgrima, cuando menoi;,? ......... qué arma va él á escoger? ......... Oh! Dios mio,
Dios mío!
Y de pronto, bruscamente, cambiando de tono:
-Escucha, Felipe, es preciso tener confianza en mí y
dejarme arreglar esto. Yo voy á verá Martín. Qué dia
blo! él también ha cometido con respecto á mí' sus errores. Le diré que por consideración á nuestra vieja amistad, olvide una palabra un poco viva. Le explicaré que
tú no podías estar contento de haber sido forzado ácomprometer tu honor, que él dtbe comprenderlo;en fin, que
si es necesario un encuentro, sea un ligero encuentro
benigno, á. primera sangre. D~jame ir á. hablarle antes
del envío de testigos. Despué3 de todo, no ha habido entre vosotros más que palabras un poco vivas ........ .
-Per&lt;tunadme, dijo Felipe, pero le he abofeteado con
mi guante.

... ;;

.
~. t

.• ..;.?·i

~~.t&amp;~~ ~~c~'ic,;:_~·t1~~~ ~

-Abofeteado! replicó Jacobo ......... Abofeteado!. ....... .
entonces ya nada puede hacereel ..... ... Oh, hijo mío!
pobre hijo mío! y todo porque una vieja bestia, como yo,
se ha divertido en una intriga!
Y al decir estas palabras, presa del remordimiento que
le oprimía el corazón, asustada por el encuentro que juzgaba inevitable, aquella uvieja bestia&gt;i de Jacobo, aeechó
á llorar.

•
••

Felipe esperd.ba loe testigos de Leódice¡ pero pasó el
día sin que los viese aparecer. Un poco asombrado cuan•
do llegó la noche, íbase á la casa de Jacobo, cuando éste
llegó ii la suya. Una alegría vi vísima que no penSl\ba en
di~imular, radiaba en sus ojos.
--O hl mi pequeñuelo 1¡Qué coincidencia! No han venido
los testigoE&gt;, verdad? ...... No vendrán; por ahora cuando
menos ......... y acaso nunca, porque la seflora Valeria
Martín es~á. moribunda ......... Toma, lee la carta queaca·
bode recibir de ese pobre Martín:
Felipe lPyó:
ccMi querido Sommeres:
«Bien sabéis, sin duda, que yo debía enviar dos de mis
amigos á vuestro joven primo, para arreglar las condiciones de la leccionciUa que ha reclamado de mí. Vos me
conocéis demasiado para saber que no rehuso jamás
dar lecciones de éstas; pero en los actuales momenM&gt;S un
imperioso deber me obliga á diferir un poco el placer de

�EL MUNDO

2¡8

DOMINGO 25 de ABRIL d~ 1897
DOMINGO 25 de ABRIL de ,897

mi encuentro con eEe señorito rabioso. Espero que él tendrá. á bien darme credito por alguno3 días. He áquí el
hecho, amigo mío:
«Mi pobre mujer está muy enferma en Niza, tan enferma, que los médicos no me dejan esperanza alguna de
curación: una críeis fatal puede de un momento á otro
arrebatarla á. mi ternura. No finjo con vos, querid'J amigo, en cuanto á fidelidad conyugal; vos habéis conocido
buen número de mis diabluras; pero sois un hombre,
pardiez! y sabéis que esas cosas nada significan. Valeria
es, no solamente mi mujer, es mi prima y mi amiguita
de infancia, la querida criatura que siempre me ha ama·
do. En el momento de perderla, siento los lazos potentísimos que han }jgado nuestros corazones.
«Ahora bien, esta crisis fatal que los médicos temen,
puede ser provocada por una emoción. Valeria me espe•
ra, porque estaba yo á punto de correr á su lado, me lla•
ma, roe desea con una impaciencia febril; os convence·
réis J.e ello al leer la carta que de ella recibí esta mañana, y qte os incluyo. Me amenaza con abandonar Niza
y volverá París por poco que yo tarde. Ahora bien, vol•
verá París en esta época del año, sería para ella un peligro de muerte, y la pobre alma es capaz de todas las locuraf!.
11Yo bien querría que me matasen; pero no quiero roa•
tar á mi querida moribunda. He aqui por qué voy á ir
desde luego; adormeceré sus desconfianzas, calmaré su
inquietud, pretextaré un viaje de negocios, y así, habiendo arreglado todo, regresaré con el espíritu tranqui·
lo y la mano firme á ponerme á la disposición de ese jo·
ven tigre, sediento de mi sangr~. Cinco ó seis días me
bastarán; lo que se difiere no es cosa perdida.
1tVuestro de coraOOn, querido amigo,
Le6dice Marlfa; 1i

Cuando Felipe hubo concluido la lectura de esta carta,
rechazó con un gesto el sobre timbra-lo en Niza, que Ja•
cobo le tendía.
-No, no, es inútil. Me quedan aún diez días de vacaciones; es suficiente, esperaré.
Pe~o habiéndo pasado el sexto dia sin noticias. suplicó
á Jacobo que volviese á casa del Sr. Martín; el tiempo
urgía¡ dentro de cuatro días debía él volverá su puesto.
A. la respuesta del portero de que el Sr. )fartín no había
vuelto aúo, Felipe insistió cerca de Jacobo para el envfo
de un telegrama. La cóntestación no se hizo esperar.
{{Moribunda, crfsis tarrible; impJsible parr ir.i&gt;
-Acaso, dijo Fdipe, podría yo obtener algunos días
más de licencia y dirigirme á. Niza.
J 11cobo exclamó:
-¿Y piensas tú en eso? Eres, puee 1 como él pretende, un
tígre sedientg de sangre? Con qué derecho irías tú á turbar
el legítimo dolor de ese muchacho? El también tiene corazón, ¡demonio! Ama á.su muJer, ásu amiguita de infancia!
Yo me he sentido enternecido al leer su carta, siendo una
vieja bestia, como soy; y tú un joven, un niño, te has
de mostrar feroz? ... No, no, tú no irás á Ni:za, y no pedirás licencia. Me opongo á ello. Te irás prudentemente á
tu puesto, y á. tu vuelta arreglaremos tu negocio. He aquí
todo.
-Bueno, dijo Felipe, moviendo los hombros, si conviene á M. Martín guardar durante dos afias la huella de
mi guante, no tengo el derecho de oponerme á ello.

XIX
Felipe había tornado yaásu puesto en el buque, cuan do un día, en el bulevar Jacobo vió pasará Leódice Mar·
tín. Corrió hacia él con las dos manos ten1idas, balbuceando palabras de condolencia.
-Pobre amigo. Dolorosa pe:rdida ........ ¡Todos mortales l. ...... .
Leódice lo detuvo con un gesto; despuée, con un poco
dP Pmhnrazo:
-.)h&gt;, no, eso no ha acabado aún, la crísis ha sido larga y mi presencia la ha salvado. El médico lo ha dicho,
Gracias á nuestros cuidados está en estos momentos u.a. _poco mejor, tranquila. Me he aprovechado de esta calma, para acudir al arreglo del negocio que sabéis. Iba á buscaros,
Haremos eso rápidamente, porque he prometido volver
dentro de tres días. ¿"Eati aún aquí ese endiablado?
-No, dijo JacohJ q 11e no pu1o impedir frotarse las maoe, partió, e~tá muy lc·j,Jt-.

-Nose habrá embarcado cuando menos, grufió Leó·
dice.
-Embarcado, puede ser, no lo sé.... . . . Pues bien, sin
duda, dt!be haben:e embarcado. Pero, véamos, Martín;
voe, un hombre serio, vos que habeis dado tantas prue·
bas de valor, no vais á buscar áesegalopfn cuando tenéis
tan crueles cuidador. Pensad en vuestra mujer, no peo·
seis más que en ella; es preciso cuidarla, curarla, salvarla. Después eEe pilHn. vendrá. y arregiaremos el asunto
en condiciones razonables. Vamos, vamos, Martín, vuestra bravura es demasiado conocida; podeis ser generoso.
Y con lágrimas en la voz, añ.adió:
-Hacedlo por mí, os lo suplico, soy yo la causa de
todo.
-Vamos, sea, dijo Leódice con magnanimidad, por la
pobre moribunda y por vos esperaré; pero á condición de
que me prevendréis cuando vuestro primo haya puesto e. 1
pie en tierra francesa.
-Os lo prometo, os lo juro, mi pobre Martín.
En el momento de embarcarse, Falipe recibió un carta
de Jacobo de Sommeres, haciéndole saber que Leódice
habfa abandonado la cabecera de su mujer moribuñda
para irá arreglar eu querella, y que en su contrariedad
de no haber encontrado á su adversario en Paris, maoi~
festó la intención de perseguirlo por mar y tierra; que sin
embargo ~e había rendido á. los prudentes conseJos de
Jacobo, bajo la condición formal de eer advertido de la
vuelta á Francia del marino.
Mi querido muchacho, añadía Jacobo, no te ocultar¿
que lo hP encontrado muy irritado contra tí; si el duelo
hubiese tenido lugar, habría sido, de fijo, un duelo á
muerte; pero f.\ se calmará. y espero que tú también serás conciliador. ¡Que diablo! sería dem1.siado necio hacerse alojar en pleno pecho la punta deunaespadaóuna
bala de pistola porque le plugo á una dalla repre:aentar
en la playa una escena de tragedia de la que se ha sido
iuvoluntario testigo.
Felipe leyó esta carta con una sonri.sa; y se permitió
tener una duda sobre la ternura conyugal de ~f. Leódice
Martín y aún se preguntó si la más fina espada de P11rís
no sería también la más prudente.
·
Respondió:
c(Mi querido primo.
uYo agradezcovuel:ltros buenos oficios. Estoy desolado de
que las necesidades de mi servicio no me hayan permiti ·
do permanecer más largo tiempo á la disposición de ::\J.
Martín. !\fi ausencia esta vez no será muy larga: Quince
meses cuando más .
e1Aseguradle á M. Martín que me apresuraré á preve·
nirle de mi vuelta.
«Recibid la expresión de mi reconocimiento y todos
mis excusas por las molestias que os he causado.»
Después partió con el corazón ligero, casi contento1 iba
de nuevo á afrontar los peligros, las tempestades, pero
no dejaba cuidado alguno detrd.s de sí. Que L~ódice se
batiese ó no se batiese, esa era cuestión suya: La explicación había tenido lugar, la ruda lección había sido da·
da. En fin, se había conduoido como un hombre y no como un niño?
La parte de amor le satisfacía también. No babia dejado á Lilas feliz, amada, chiqueada? DemaJiado chiqueada
por cierto, había sido preciso que él se erigiese en censor!
Pero podía censurar al padre y á la aya que quisiesen
demasiado á la querida nif'ia't
En el curso de su viaje recibía noticias, y ya. Lila le es·
cribía por su mano. Oh! la letra no era por cierto un mo- .
delo de caligrafía. El estilo, y sobre todo la ortografía
dejaban mucho que desear, pero tal cual eran sus cartas,
las leía con gusto. Había, sobre todo, una pequeña fra·
se, que se le quedó en la memoria:
c•PAdrino Felipe, mi mamá. Elena escribía mejor que
yo á mi edad? No cometía faltas en sus dictados? No se
encolerizaba j~más? No rompía sus muií.~cas?
Un día escribió:
c(Estoy muy contenta, padrinú Felipe, porque papá me
ha dicho esta mañana que tengo los ojos, 103 verdaieros
ojos de mamá.n
Evidentemente la madre era para la niña un ideal al
c.ual se esforzaba en parecerse.
El leía y releía aquellas líneas queridas, tan mal escritas, tan llenas de faltas; después las besaba y las encerra ·
ba en el cofre en que se 6ncontraban las cartas de la
muerta.

EL MUNDO

XX
M. Duvernoy realizaba puuto por pu.nto la primera.
parte de su programa recorriendo en pequeñas jornadas
aquella mara vil losa Italia, no pt-nnaneciendo mucho en
ninguna parte. Pür ricos que fuesen los m·.u:eos, por admirables que fuesen los monumentos, el piular los miraba apenas, dejando los entusiasmos á laexhuberante Carlota. Pasaba, no se detenía, sentíase asido por primera
vez, por la ncstalgia del hogar.
Y sin embargo, qué era la pequeña villa de Pontarlier·
cerca de esas ciudades espléndidas? Y su clima tau rudo, sus largos inviernos, rns cortos estíos, cerca de esos
paise3 que gozan de una primavera eterna?
Hubiera vuelto directamente á eu ciudad sin el temor
de fatigará la nifia y también de encontrarse de nuevo
con su sufrimiento, de sentir el dolor adormecido levan•
tarse vivaz y cruel.
Desde que hubo franqueado el 8an Gotbardo:y puesto
los pies en tierra suiza, deede que se sintió c"erca de Francia, esa irupreeiC&gt;n se volvió preponderante y apreeuró su
marcha.
En Laueanne se detuvo.
Muy cerca de Duchy, al borde del lago, una linda Ca.fa.
le agradó al pin~,)r; In. alquiló y se instaló.
-Esperaremos aquí la llegada de Felipe-dijo-será.
un mes de retardo cuando más.
Pero había cont;ido sin la fatalidad.
Quince días después de esta instalación, Lila, despertándose en la noche, lanzó un grito de dolor; le parecía
que una mano de fierro le oprimía la g&lt;i.rganta, impidiéndole respirar, sofocándola.

1

En un segundo, el aya se puso en pie, y de prisa llamó á
M. Duvernoy. Este corrió á buscar un .nédico: la palabra terrible de dijtei'i/1 le martillaba el cerebro.
Iba á perder eu último tE&gt;soroY
El diaguóstico fué menos terrible que lo que había
creído.
-No, no, dijo el doctor, no es la difteria: una fiebre
eruptiva quizá.
Escribió su receta y recomendó los mayores cuidados y
las mayores precaucionee.
Durante tres días, durante tres noches, el padre y la
aya, sin tomar reposo ni alimento, permanecieron ansiosos cerca del pequeño lecho en que la nífia se quejaba,
en el delirio de la fit:bre, llamando á rn padre y á EU ma.
dre también.
-Ah! decia el desgraciado torciéndose las manos, Ele .
ra viene á arrebatármela.
Al terc3r día la escarlatina se declaró, el doctor al advertir las placas rojas en el cuerpecito de la niña, mostró
por primera vez una tranquilizadora sonrisa.
..-Va eso bien; una erupción soberbia!
De=Jpués, volviéndose hacia Carlota:
-Sólo que hay que impedir los resfriamentos, nada de
imprudencia~, precauciones excesivas, una reclusión de
tres semanas poco más ó menos:
Mi papel está caei terminado, el papel de la Enfermera debe con~inuar, más atento aún quizá.
Cuando hubo partido, Carlota lloró de felicidad.
Duvernoy, profundamente conmovido, tomó entre la&amp;
suyas las manos de la excelente muchacha.
- V os reemplazais cerca de mi pobre niña á la madre
que ha perdido-le dijo-Ella no habría podido ser más
abnegada. Qué puedo yo hacer para probJ.r.J s mi inmenso reconocimiento?
Ella bajó los ojos, presa de un embarazo púdico, no
oeando responderle: &lt;iAmadme, porque yo os nmo)l y
murmuró ruborizándose:
-La humilde aya sólo cumple con su deber; pero sí el
honora ble señor Duvernoy quiere hacerla incomparable mente feliz, en lo futuro, la llamará Carlota.
-·Carlota, dijo él sonriendo, Carlota, querida Carlot,a,
el angel bueno de mi pobre hija!
Ocho días más tarde, la franca conva.lescencia comen·
zaba. Carlota, encerrada en la cámara de la enfermita,
comía y dormía cerca de ella, se ingeniaba para divertir•
la y distraerla, le contaba maravillosas historias, inventaba juegos¡ pero insistía para que el pintor diese algunos paseos y respirase el aire puro del exterior.
El obedecía dócilmente, y en esa alegría del peligro
conjurado, sentía el corazón ligero y ebrio de alegría.
-Salvada! Salvada! estaba salvada!
El nombre de uCarlotan reclama.do por In aya y que él
continuaba dándole1 no podía bastará rn reconocimiento._

Pasaba por una de las calles de Laussanne, cuando en
el aparador de un almacén de orfebrería, un soberbio corazón de oro enriq_uecirlo de turquesas y esmeraldas atrajo
sus miradae. Estaba colocado en un estuche de terciope lo azul. l\f. Duvernoy compró la joya y fué á ofrecéreela
á. la aya.
-Es vuestro emblema, querida sefiorita Carlota, por
que vos sois taro bién un ca razón de oro.
El quiso ponerle por su propia mano el brazalete que
acompañaba al corazón, después besó la mano engalana da que había tomado entre la suya:
-Un corazón de oro y nuestro buen angel, eso sois,
repitió.
Era demasiado feliz para pesar mucho las expresiones
de su gratitud, y en ese momento una mujer astuta,.y
babi! hubiera podido obtener todo de él.
Por la noche, cuando la niña se durmió, cuando Carlo·
ta ee encontró eola, cubrió la joya de cien besos.
-Un corazón, murmuraba¡ un emblema, ah! yo no habría oeado jamás esperar e3to! E3 la confesión discreta
de su amor, la que ha querido hacerme de esta delicada
manera.
Se dice que los incendios persisten durante años bajo
la ceniza, !)('ro que el menor soplo de aire desencadena su
formidable violencia; el amor de Carlota hubiera acaso
vivido siempre oculto, casi ignorado de ella misma, sine!
soplo de esperanza que las imprudentes palabi-as del ar.
tista hicieron surgir de pronto. Ella le había adorado por
eu dolor, por su inconsolable trist.eza; adorado con admiraci..ón, convencida de que no olvidar1a jamás á esa Elena tsn amada, convencida. iogenuamente de que niñguna mujer borraría este recuerdo invencible. Se había di.
cho que sería infinitamente feliz en morir por él. Morir
por él.. .... Los rneños ambiciosos de la pobre Carlota no
habian hasta entonces traspasado este límite, y aún para
llegar á tal resultado érale preciso recurrir á todos los
expedientes de su poderosa imaginación romancesca.
Un paseo por el mar, hecho bajo un cielo sin nubes, le
sugería la idea de una tempestad, con el barco legenda
rio de sobra cargado y la obligatoria abnegación de uno
de los pasajeros por la salvación de todos. Entónces Car•
lota, grande y sublime se ai rajaba voluntariamente á las
ola~ y él comprendía bien, que ella moría por asegurar su
salvación. Ay! el paseo concluia, sin tempestad, sin bar•
ca demasiado cargada, sin incidentes dramáticos.
Carlota, al volver al puerto, reconocía melancólica, que
en el curso ordinario de las cosas no es tan facil morir por
el que se ama.

Un poco más tarde, la travesía da los Apeninos le daba
la esperanza de un ataque de bandidos. Ya los veía feroces, armados hasta los dientes, deteniendo los trenes1 desbalijando loa viajeros, poniendo al pecho del bien amado
Du vernoy el arma homicida. Felizmente ella estaba ahí,
ella, Carlota, y ante el arma homicida arrojaba su propio
corazón¡ el tiro salía y ella caía muerta¡ pero él la recibía
en sus brazos y la bendecía. Oh! cuán idealmente bello
era morir así.
Cien veces repitió estas escenas burlescas, acumulando
todos los teeoros de su devoción. Ahora la escena cambiaba;no se trataba ya_de morir, era preciso vivir puesto
que él le había dado su corazón.
Ciertamente la amada y hermosísima novela tendría
aún muchas peripecias, antes de llegar al último capítulo. La apoteosis del matrimonio. Ella. debería aún pro•
barle que era digna de ocupar el lugar de la bien ama.da
Elena: haber cuidado á Lila con toda la ternura de una
madre no bastaba, qué podía hacer aún?
Hubiera deseado por ejemplo que el señor Duvernoy
fuese herido de ceguera para ser su A.ntígona, 6 arruina•
do por un depositario in.fiel á la hora precisa en que ulil
tío de América la instituía su legataria universal, dej~tndole algunos millonee. Hubiera sido dudar de la Providencia, no contar con alguno de estos acontecimiento~.
Pero acordaba á la herencia de América todas sus preferencias porque nada probaría. mejor el desinterés y la ge•
nerosidad de su carifio.
Se sentía indeciblemente feliz durante esos tristes días
pasados- á la cabecera de una niña enferma, tan feliz que
se preguntaba algunas veces si la dicha de los cielos era
tan grande.

Felipe de ·Aubian á Le6dice Martín.
Rochtfort a.4- de Mnyo.

flSefior:»
11Desembarco en Francia este mismo día y tengo el honor de hacéroslo saber.
«FEUPE Dl!:

Ausu..s.

Oficial clt.'! Marina. En rada de Roohefort.
A bordo del Neptuno.

Felipe á. Fernando:

R-Oduforr, !14 d., Mayo.

Mi querido Fernando:
«Encuentro al llegará Rochefort la carta que me hace
saber á la vez la enfermedad y la curación de nuestra
querida nifia
«Ninguna necesidad tengo de deciros mi emoción á la
idea del peligro que ha corrido, ni mi reconocimiento por
Ja excelente muchacha que parte con vos vuestra angustia y vuestras pena s.
«Tengo ansia de veros: desgraciadamente algunas cues•
tiones del servicio van á retenerme durante un tiempo
cuya duración no puedo fijar.
«Tan pronto como esté libre iré á vos y tomaremosjun•
tos, coma lo deseaie, el camino de la pobre casa vacía.
P. S. ((ÚB he dicho alguna vez que mi testamento eFtá
depositado en Besanc;on en el estudio de M. Colard y que
dejo á Lilas mi pequeiía fortuna?
Hay algunos legados insignificantes para viejos servidores de mi madre. Yo os suplicaría además, mi querido
Fernando, que retiráseis de mi haber una suma de la
cual vos mismo fijaríais la cantidad y la ofrecierais, sea
en forma de dinero, sea bajo otra forma á la excelente
muchach 1 cuyos cuidados-según me decís-han salvado
á nuestra niña. No os admiréis mucho de este post scriplum fúnebre; parece una anomalía que yo os distraiga
con previsiones de muerte, cuando vuelvo á Francia yes•
tá confurado todo peligro, pero todos nosotros somos así;
para nosotros los marinos, el mar es un amigo que no tememos, la tierra, al contrario, nos parece llena de emboscadas.
1cOs acordaréis sin duda de Dumont d'Urville, muerto
en un accidente de camino de fierro después de haber dado la vuelta al mundo.
11Una vez más hasta luego.,1

Felipe de .Aubian á Jacobo de &amp;mmert$,
Rochefort, 31 de Jfayo

Mi querido primo:
uEstoy desde hace ocho días en rada de Rochefort, y
desde luego dí aviso de mi retorno al Señor Martín. Yo
contaba con una respueeta suya, y esperaba no fastidiaros más con este asunto atendiendo al cuidado y á. la
desola~ión que os causa. Pero el señ.or Martín no me res·
pande, y su eilencio me fuerza á poner aún á contribu•
ción "ueatro afee.to por mi.
uHe pedido unas vacaciones que pueden serme acorda·
das de un momento á otro. Yo querría acabar con esto é
ir á Lausanne á. encontrar á Fernando. Sería muy des·
agradable para mí que obtenidas mis vacac:ones, perma•
neciese clarado en Rochefort para esperar la determina•
ci6n de un señor que no se apresura; por otra parte no
me gusta que mi adversario pueda pensar y decir que mi
paciencia ha sido de corta duración.
«0.3 suplico pues, que le veais y le preguntéis si ha re·
cibido mi carta y qué decisión le conviene tomar, os doy
carta blanca para arreglar las condiciones del combate.
«Gracias de nuevo, y perdón.
FELfI&gt;B.

Jacobo á Felipe.

Po.itarlier, 2 de Junio
Querido muchacho:
Recibí tu carta; no estoy en Paríe, sino clavado en es•
te maldito Pontarlier por un eatiínico ataque de gota que
dura hace seis meses y que me entrega atado de pies y
manos áesta terrible tía Fourneron.
Sí, hijito, la «vieja bestian de tu primo J acobo, vacila,
tergiversa, capitula; ya no tien3 fuerza para hacer frente
al enemigo.
Sabes tú que seis meses de enfermedad son, en manos
de la tía, un gran argumento para el matrimonio?
Con quién piensas que me quiere casar? pues nada menos que con la prima Eulalia de Lezines, no es muy jo·
ven, verdad; pero sí muy buena, en fin aun no estoy de•
cidido.
En cuanto á tu negocio, ¿qué quieres que te diga? no
puedo verá Martín, á quien por lo demás, mi visita fas•
tidiaría, perdió á su mujer y, en dos años todas las cóleras se calman; deja este asunto, ve á tus negocios y no te
ocupes más de él; que llore en calma ese pobre diablo y
ven pronto á hacer uoa visita á la pobre bestia vieja de
tu primo.
JACOEO,

( Continuará. )

�DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897

EL MUNDO

•So

LAS TRF;S IIIANF:RAS

En 1a exposición de pinturas me detuve con un pintor
modernista amigo mio 1 ante un cuadro de M. Garnoteau,
miembro del instituto.
El lienzo, admirablemente trazado, representaba á
Diana y sus ninfas, en medio de un hermoso paisaje.
Mas ií. pesar de todo, una circunstancia especial mellamó extraordinariamente la atención.
-No lo entiendo, dije á mi compañero, pero el caso es
que esas mujeres sólo me gustan hasta la cintura, porque
las piernas son detestables.
-Ese mismo defecto, me contestó mi amigo, lo encontrarás en todos los cuadros que Garnot-eau ha pintado de
treinta. aUos á esta parte. Pero la cosa se explica perfec·
tamente1 pues has de saber que todas esas piernas son copia fiel y t!Xacta de las de Madame Garnoteau.
Sentéwonoe y te contar6 la historia completa.
Y h~ aqu·í lo que me refirió mi amigo,_ el pintor modernista:
Ya conoces los comienzos de Garnoteau cuando vino á
París, pensiouado por el municipio de Liwognes. El pobre traoajó cvmo un caballo, y al cabo de cinco años ganó el premio de Roma por su 1'emUStocles er,tre los pm·sM.
Cien.o día descubrió üarnoteau su vocación: el desnudo y los cuadros de ninfas; y desde entonces no ha pintado ot1 a cosa.
A su regrei;o de Roma 1 trabó el pintor relaciones en su
país natal con una Joven bien educada, ni bonita ni fea,
alta y fiaca 1 quizás en demasía, con la que contrajo ma•
trimonio, á p,:1sar de las dificultades qu~ ponían los pa·
dres, ricos industriales de Limognes, á que su hija se casase con ..... , ... ¡wi anfata!
-¡ Dios mío! decía la madre, antes de otorgar la mano
de lanilla. Casará mi Celestina con un hombre que no
pinta más que mujeres desnudas! Pero Garnoteau alegó
que el arte 10 purifica todo y que sus cuadros se vendían
bien, y al fin se realizó la boda.
-~l día anterior á la ceremonia, llamó Celestina aparte á su fm.uro y le dijo:
-¿Es verdad que no pintas más que mujeres sin vestir?
-:::lí, hija lllia.
-¿Y no podrias pintarlas sin modelo?
Garnoteau le demostró que estotra. cosa irrealizable y
la novia no volvió, por lo pronto, á hablar más del
asunto.
·
Pero al día siguiente del matrimonio, Celestina mur•
muró al oído de su eEpOt.O:
-Prométeme hacer lo que voy á pediite.-Tolero que
copies el cuerpo de otra~ mujeres, la cara y los brazos;
pero en lo tocante á las piernas, no lendrás más modelo
que yo, si no quieres verme morir de angustia.
Garnoteau pasó por todo, sin preever las consecuencias de rn debilidad de carácter.
Al llegará este puntQ interrumpí á mi compañero, y le
dije:
-¿ Y cómo has podido saber? ........ .
-Nada más sencillo. Garnoteau se lo dijo á su amigo
Carbonnel, el cual se lo comunicó á )iicada, una modelo, que ásu vez me lo dijo á mi.
Y ahora prosigo:
Garnoteau fué fiel á su promesa; y de ahí procede esa
interminable i:;erie de ninfas, gruesas en su parte superior y flacas en su parte inferior.
Mientras Celestina fué jóven, todo era tolerable, gra,ciaa á la frescura de la forma y hasta un crítico influyente llegó á descubrir que aquel modo de comprender y de
pintar á la mujer1 era eminentemente espiritual.
A poco tiempo, Garnoteau entró en el Instituto.
Pero Celestina, al envejecer, iba adelgazándoee á. toda
prisa, lo cual influía, como era natural, en las piernas de
las ninfas de Garnoteau. .
EL público acabó por notar el contraste, y la venta bajó de un modo extraordinario.
En vista de esto, el artista se dedicó á pintar sirenas,
para evitar las ;giernas de eu esposa, pero Jas sirenas pa·
saron inadvertidas.
&lt;Jeleatina quiso que su marido volviera á. pintar ninfas, y como esta era la espeáalidad de Garuoteau, vol·
viéronse á vender algunos cuadros.
-Gracias á. mí, le decía Celestina, se venden otra vez
tua lienzos!
El pobre Garnoteau, condenado á pintar eternamente
las tibias de au mujer, acabó por aborrecerlas.
-Acompañadme ab.ora, repuso mi interlocutor, y te
contaré el :final de mi historia.
El pintor modernista me llevó á CMa de Durand y me
enseñó una Danza de ninfa-3, .muy notables todas ellas,
no aó,o por sus cuerpos, sino tawbién por sus piernas,
robustas y macizas como pilares de iglesia.
-¿De quién es ese cuadro?-le pregunté.
-De Garnoc.eau.
-¡No es posible!
Sí, hombre, me dijo mi amigo. Madame Garnoteau ha
muerto Lace dos meses y ahora el artista no pinta más
que piernas enormes, como. para desquitarse del pasado.
En la actualidad no encuentra el pintor modelo alguno
cuyas piernas le parezcan bastante sólidas.
·
En cambio los cuerpos y las caderas se adelgazan y se
espiritualizan, volviendo á formar otro contraste en sentido inverso al anterior.
Asf, pu&amp;a, Garnoteau, á imitación de Rafael, ha tenido
también tres maneras; pintó primero figuras muy armó•
nicas en conjunto; despues cuerpos hermosísimos con
piernas delgadísimae, y :finalmente piernas en extremo
voluminosas con cuerpos sumamenw delgados.
Y estas tres maneras corresponden á los tres períodos
de su vida: antes de Celestina, en tiempo de Celestina y
después de Celestina.
·
J ULlO

LEJr,t:UTRE.

-:=il=-":::2&gt;~=-=~=-~=
es
Tan grande fué que ante él todo pequefio
«un delito el nacer,n la vida un suefio.n
'

CAMPOAMOR.

EL ULTIMO POETA.

281

EL MUNDO

DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897

La muerte de Vargas Vila.

TRAOUCCION OEL ITALIANO.
(L. STECHETTI.)

En la nevada cumbre de un monte fabuloso
que anublan los crepúscuJ03, y encienden las auroras,
y escalan sin est.répito las vocea triunfadoras
que con su augusta calma serenizó el Reposo;
habita (solitaria, de un mundo misterioso
qml, tú, divino Ensueño, conformas y coloras,)
girón de nebulosa mental que va por horas
centripetando el germen de un genio silencioso.
Ya el Cosmos adivina la gestación del numen
que del sublime anhelo dará el postrer resumen.
Ya Ee estremece el Eter al presentir el ritmo
del eviterno número, supremo !ogaritmo.
Serán de esa ma , nífica y mater Iliada,
la Muerte, Aldo l\1anuncio; el rápsoda, la Nada!
BAl,BINO

DAYAJ.0$.

i\féxico, Febrero Ue 1897.

F;N F:L LA.GO.

Se pone el eol: el agria cordillera
sobre el confin de oro se destaca;
arden las nubes de carmín, y un vi va
reflejo de volcán alumbra el agua.
Abren ya las estrellas en el cielo
su pupila de luz, y rn levanta
la luna, sobre un pico de la sierra,
como un dieco de nácar.
Ya vuelven lai gaviotas á sus nidos,
ocultos en las peñas solitarias;
y á la orilla también, cual las gaviotas,
sobre la onda azul vuelan las barcas.
Hincha el viento sus olas que parecen
de leJos unas alas
níveas como el plumón de la paloma,
y como el aire de las cumbres, raudas.
Comienza el lago á levantar sus olas,
que van luego á morir sobre la playa,
y que-¡asf como el alma del poetalcuando se rompen cantan.
El rumor de colmena de Ja vida
ante el misterio de la sombra, calla¡
y bajo el cielo constelado y limpio,
como una virgen se arrodilla el alma.
Se puso el sol: de los enhiestos montes,
á las desiertas playas
bajan ya las tinieblas, como una
procesión silenciosa de fantasmas.
¡Se avivan los recuerdos!. ..... ¡la tristeza
se difunde en las coeas y en las almaal
¡y en el silencio augmto de h¡ noche
se estremece la voz de la plegaria!
J esÉ BECERRA.
Chapala, Abril 11 de 1897.

A MIS AMIGOS.

¡La he de amar, ¿por qué no? ei las escalas
Accesibles están, y si el ascenso
Eei tan facil, contando con laa alas
De mi amor, que es inmenso!
¡La he de amar! ¿por qué no? si su belleza

Es un símbolo augusto de poesía;
Y en sus pupilas reina una tristeza
Hermana de la mía.
¡Dejadme! ¿qué es mi mal? ¡pues lo deseo!
¡Ya de ilusiones! La razón es obvia:
Si he de ser otro nuevo Prometeo,
Qa.e me mate mi novia!
¡Que me mate! ¡lo anhelo! Si con sólo
Que me amague el peear de eus desdenes,
Me parece sentir que el frfo del Polo
Atenacea mis sienes.
¡Dejadme, mis amigos bienhechores!
Si no me ama será mortal la herida,
Y, en sefial de perdón, regad con flores
La tumba del suicida.
QUIRrNO ÜRDAZ,

Abril de 9i.

HISTORIA ROJ.lÁNTICA.

Trágico ha sido el fin de este veterano en las justas
del pensamiento.
Dotado por la Naturaleza de un espíritu sensible á la
abstracción artística, y ávido de profundizar sus estudios
históricos y arqueológicos, no vacila en austraeree el bullicio atrayente de las grandes capitales europeas, para
iree á engolfar en el seno de antiguas razas y civilizaciones antiguas, y beber, en las fuentes mismas de Hipocrene, aquellae aguas maravi1!osas que rejuvenecen el alma y la llevan á la contemplación de los grandes ideales
que encarna el arte en sus múltiples manifestaciones.
Si en su viaje anterior al Viejo Mundo recorrió la Italia y arrancó luego á su númen notas vibradoras para
descubrir sus variadas impresiones sobre la patJia del
Dante y de Savonarol&amp;, ahora preparaba auaHeU:nicaz, libro que se nos antoja rico en detalles, deducciones y gua•
to literario. Refrescado por las brisas del Mar Jonico,
bajo ese mismo cielo cantado por Homero y por Menandro, recorriendo quizá los mismos campos que ilustró
Agamenón hace más de 30 siglos. Vargas Vila, ha debido
eecribir cosas bellísimas, que ojalá manos amigas se encarguen de salvar de la lepra del olvido, para aumentar
el l1Cervo de la literatura americana y comribuir á la gloria dt:d joven escritor.
Después de visitará Atenas, de escudriñar sus apolillado1:1 archivos y admirar sus gloriosos monumentos, testigos aún de la pujanza todav1a no aventaJada de Fidias' y
1-'raxtteles, fué Vargas Vila á Siracusa, célebre, no tanto
por haber mecido la cuna de Dionisia, cuanto por la admirablt- cepa que se cultiva en sus campos y destila ese
caldo que los peritos confunden con el néctar de los dioses.
Helacionóse en Siracusa con una joven artista, griega
de naci1ui~nto, pero sarda por su origen y sus afecciones.
Ifig~nia era una chica de cuatro lustros escasos, y, como
la soñad,~ virgen de Judea, robó á las hadas sus vestiduras
de armilla, á la aurora sus tintas y celajes, y al qPerub
que arrulla los suefioe de Jehová, robó las armon1aa que
hacían de su voz catarata de arpegios y de ritmos.
Vargas Vila, también artista por idiosincracia, apenas
c~&gt;nocio á Ifigenia sintióse avasallado por aquellas explosiones de hermosura; y como Numa, cuando encontró á
Egeria exornando el agreste fondo de una gruta, el pecho
del prosista colombiano se dilató ante la influencia estética, y de sus labios, ungidos con la miel de las abejas de
Hesot..1i0, brotaron raudales de ternura que fueron á arrullar .en el alma de la virgen las primeras sensaciones de
la paeión que nace.
Oh! ~qm de las est-rofas dantescas, ó del pincel que inmortalizó á la hermoea viuda de Pescara! Que si e1 genio
del vate florentino, en su creadora fantasía, bajó al vientre de Tártaro á buscará su Beatriz, y la paleta de Miguel Angel; acaba sus creaciones de los torrentes de luz
que lanzaban las pupilas de Victoria Colonna, de no menor~s. alas se valdría el pOfta para ascenderá espacios
aqmhnos en busca de nu~vos coloridos con qne delinear
las palpitantes formas de Ifigenia.
Sm. que pretendamos abordar cuestiones metafísicas,
es evidente .que la simpatía, al iecundar el corazón humano, fecunda también y viste cou ropajes de nácar y
za~r el ambiente en que nace y se deaarroJla. Porque la
misma ley que en t.-1 rnundo material impulsa 1:-ta molé
Ct?,lae. á reciproca atracción, hasta formar cnerposdegran
vitahdad1 produce en Jo moral iguales fenómenos y reBt?,ltados .. La 13!-mpatía-dijo Dumas, padre--es llama diviaa que 1lumma el corazón y diopenst1. á los verdaderos
amantes del uso de la palabra.
De ahí ese idilio que enloquece á VargM Vila, idilio
engendrado con miradas y t!Onrieae, amamantado da.
puéecon besos y caricias y palabras de ambrosía crecido
en eegu~da al fueg? ~~ dos naturalezas ea el aPogeo de
su plemtud y su virihdad y para morir temprano entre
sombras y misterios.
Ifigenia y Vargas Vila, luego de haber unido sus co·
razones y hecho votos de eternal amor se fueron á. la
quinta ~nar6~aca, Pf:!quefia propiedad i-ural que aquella
poseía mmed1ata á S1racusa, con cuyo nombre quiso re•
cordar al ilmñre trágico ateuiense.
Seis semanas llevarían de vida conyugal cuaodo en
una de las alamedas qu-a rodean el parque d~ la quinta,
estrechados en amoroso abrazo y contraídos aún BIJI
labios por el ritwo del postrer beso se hallaron sus oa·
dáveres, tibios todavía, sobre un c¿lchón de musgo que
sombreaban castaños corpulentos.
'
~a ca~ea de tste doble suicidio que hiela la san~ p&lt;&gt;r
lo i~~óhto, trat~n~ose de seres que inician una vida de
fru1mones y dehcrne, es verdaderamente inoomprenaible.
No quedó un solo raetro que pueda guiarnos á descubrir
la clave del enigma, pues en loe cortos renglones que ee
hallaron escritos ton francés en la cartera a.e Vargas Vila, precedidos de este epígrafe de Ninon de Lenclos en
loa últimos momentos de su vida:
Qu'un vain espoir ne vienne polnt s'offrir
Qui puis.;;l ébranlcr moun courage,

·····················
········•···················································
en esos cortos renglonee, decimos, apenas si nos cuenta
el infortunado compatriota, que sólo por un acto de ex·
pontánea y mutua voluntad se despiden ambos del
umundo de los vivosn para entrar en el ((mundo de lo&amp;
muertos.&gt;•

Bella eEtaci6ll! Todo á gozar convida
del placer sin medida ........ .
-Mas, ¿qué es eso que vuela?
Una hoja que cae, y nos revela
la nada de las cosas de la vida.
ÜAHPOAMOB.

Cuando mires que rueden las hojas
Al soplo del cierzo
Y recuerdes que yo, como ellas,
Al abismo caf de los muertos;
Ve al panteón á buscar mi sepulcro
De flores cubierto,
Y de él, de la cruz olvidada
Que levanta los brazos al cielo,
U na á una recoje esas florea
Que brota mi pecho,
Y con e Uas, gentil y amorosa,
Engalana tus rubios cabellos:
Son loa cantos de amor de mi alma,
Loa himnos, los versos
Que olvidé consagrarte en la vida,
Que no pude decirte en secreto!!
J OSEVAZA UEZ,
Zacatecas, Abril 1? de 1897.

1

Fué una .noche del invierno último, en el rincón de
fuego¡ porque había Uov:ido todo el día durante nuestra
visita á esa maravilla de las maravillas que se llama
Baalbek, cuando o'i referir por un árabe llegado con nosotros de Damas, la leyenda que transcribo, releyendo
mi carnet de viaje:
El leóL. soberbio....... y generoso acababa d~ ser muer•
to, dejando cerca de él para honrar su memoria y perpe ·
tuar su raza, á su leona y á un joven leoncillo.
Este noble retoño ardía en deseos de recorrer el mundo.
-Por qué, le decía su madre cubriénd~le de caricias,
por qué quieres abandonarme? No estás bien aq1i11?....... .
Ten cuidado, hijo mío, más allá de esaa vastas soleda•
des que forman tu imperio, encontrarás, entre mu~hos
peligros al más terrible. al más cruel de tus enemigos!
al que t~ ha hecho huél'f~no ......... ese temible sér que se
llama el hombre!
Fatigado de oír cada día esta eterna amenaza, y no
tomando consejo más que de su valor, el heredero ~l. se'1'1or de la gran cabeza, partía una hermosa noche, diciendc, á su madre:
-Nada temas, soy joven, soy fuerte, soy valiente como
lo era mi padre ........ .
Nada tengo que temer, y si encuentro al hombre ....... .
pues bien, nos veremos.
Partió.
El primer día vió á. un buey en su camino.
-Tú eres el hombre? le preguntó.
.
-No, respo1.adió el apacible rumiante, aq~el ~e quien
tú hablas es mi sefior; me ata al arado y si mi paso le
parece demaeiado lento, para activar mi marchame hunde en la carne una punta de acero, que según creo, llama
aguijón!
El leoncillo se alejó pensativo.
Al día siguiente vió á un caballo en la pradera, con los
pies entrabados por cuerdas.
-TQ. eres el hombre? le preguntó el feroz viajero.
-Es mi señor, respondió temblando el corcel. Yo soy su
servidor y le sirvo de D?ontura. Cuando no avanzo á. medida de su deseo, me hiere loa flancos con Ulla especie de
ruedecilla ó estrella guarnecida de láminas agudas.
Después de ha~r sacudido largamente su crfn, el león,
.rechinando los dientes, siguió su camino, preguntándose
con sorda rabia quién podía ser el que en el muodo parecía
habei- sometido todo á su eapricbo á su fuerza y á su vo·
luntad. Algún tiempo después llegó á. la India. .
Su mirada descubrió inmediatamente un arumal de
monstruosa corpulencia, que parecía dotadc de una fuerza invencible.
-Esta vez no me equivoco, se dijo aproximándose.-·
¿Eres tú el hombre?
-Estás en un error, yo soy el elefante1 y aquel cuyo
nombre acabas de pronunciar, es mi amo'/ señor. Yo le
llevo sobre mis lomos cuando desea viaJar ó cazar al
tígre ........ y cr-mo tiene com:pleta confianza.. en mí ..... .
frecuentemente me deja al cuulado de sus hiJuelos.
Oyendo estas palabras, el joven león se alejó más y
más pensativo.
De pronto, ruidos sordos con intervalos regulares inte•
rrumpieron 1::1u meditación.
Del fondo del bosque era de donde aquellos ruidos
surgian.
Avanzó y en un vasto claro vi6 una encina próxima á
desprend~rae de su tronco, herida por el hacha de un
eér en el cual el joven viajero no se fijó de pronto.

Y dirigiéndose á la encina:
-Serías tú acaso el boml.:ire? pregunt6le.
- No, respondió abatiéndose el coloso, el hombre es
ese que acaba de derribarme y muero de loa golpea que
rn mano me ha dado.
Sólo entonces el joven león se dignó fijar su mirada en
aquel 1i quien acababa de designar la encina, pero á. la
vista de un sértan fragil y de proporciones tan delicadas, dejó desdeñosamente caer estas palabras:
-¿Cówu, eres tú aquel de quien mi madr.., me habló
con tal espanto? Uno de tus semejantes fué el que osó
herirá. mi padre? ...... Tú eres al que por prndencia de·
berfa yo esquivar?
-Soy yo, l'f'Spondió sencillamente el leiiador.
-Pero, deegraciado, tú eres la imágen de la debilidad,
sólo mi nombre te haría palidecer, y con un golJ)e de mi
potente garra te tendería á mis pies!
El hombre sin dignarse responder luego, hizo una profunda hendidura en el tronco de la encina que acababa
de espirar¡ después, volviéndose hacia el leoncillo:
-Te parezco debil, le dijo. Mira esa encina orgullosa
de su fuerza ...... estaba erguida y robusta......... y sin
embargo, hela tendida en tierra; ya vea lo que puede mi
brazo. En cuanto á tu nombre, no podría hacerme palidecer, yo conozco uno más terrible: ¡la miseria!.. .... y tu

RF:LIF:VF;.
A un poeta.

Musa regia! No la envidia, no la mofa ni el espanto
La detienen; forja el verso y con rápido ademán,
Al erguirse siempre altiva, funde un rayo en cada canto
Y lo arroja y lo hace trizas contra el rostro del rufián.
Musa triste! Ya solloza con amargo desencanto
Y se eleva hasta los cielos impelida por su afán,
O preludia el himno eterno del amor ferviente y santo
Arrancando ardierites notas á la flauta del dios Pán.
Que no hay dique que contenga su pujanza de coloao;
Del inmenso espacio duefio bate el bardo, majestuoso,
Las potentes ígneas alas de su audaz inspiración.
Y al sentir sobre su frente la aureola de la fama,
Y al mirarse rodeado por el pueblo que le aclama,
Se debate en la tribuna cual indómito león.
AURELI0 G. CARRASCO.
Mé:xico 1 Marzo 24 de 97.

SANGRE Y AMAPOLAS

grito es menos espantoso á mi oído que· el de mi cachorro cuando me pide pan ......... No son mis débiles músculos los que puedo oponer á tu fuerza ......... es el pensamiento! él me ha hecho tu amo......... ¿lo dudas aún?
Pues bien, mete la pata en esta hendidura, si te atreves!
añadió mostrando la grieta mantenida abierta por el hacha.
Al oír estas palabras, si te atreves! el joven león no vaciló y obedeció.
Entonces el leñador retiró el arma sangrieata aún de
la savia del gigante de los bosques. La fiera estab&lt;\ aprisionada.
Y bien, ahora. soy yo el hombre? dijo gravemente el
leñador. Soy yo tu amo?
Aniquilado por tanta audacia, el lean había inclinado
la cabeza y guardaba el silencig que conviene al que se
confiesa vencido.
Luego que le fué devuelta su libertad, se extendió en
el musgo y ee puso á lamer tristemente su pata, manchada toda de sangre.
El hombre entonces se inclinó Pobre el herido v después de haber lavado cuidadosamente la llaga, sin 8.ñadir
una palabra, sin volver siquiera la cabeza, el hacha á la
espalda., emprendió con tranquilo paso el camino de su
cabat'ia.
Largo tiempo la fiera le siguió con la mirada ...... Cuando f!evióaola, abrevada de verguenza, dudando en adelante de su fuerza y de su poder, dos gruesas lágrimas
obscurecieron sus ojoa, se levantó, y cojeando tornó len•
tamente a.l desierto ........ .

Madrea dolientes, madrea espafiolas
que en las olas miraia vuestros pesares,
con qué dolor contemplaréis los maree,
los marea de sangrientas amapolas!

Cuando Julio desate sus corolas
á. los rayos del sol caniculares,
derramaréis suspiros á millares,

viendo temblar sus incendiadas olas.
Pensando en vuestros hijos adorados
sangre veréis, tii1endo loR collados,
sangre en el monte que la altura escala,
sangre en el mar y en el espacio terso,
¡como si el sol que alumbra el Universo
fuese una luz inmensa de bengala!
SALVADOR RUEDA..

~
No le guata el placer sin violencia:
Y por eeo ya cree la desgraciada
que ni es pasión, ni es nada,
el amor que no turba la conciencia.
ÜAMPOAMO&amp;.

�DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1&amp;91

EL MUNDO

•12

LA. MODA..

se le presentó e 1mo pecado mortal, y derramó lágrimas de remordimiento por aquel amor heroico,
á que debió su patria tal vez la libertad. En vano había corrido en
los campos de batalla la sangre de
la doncella deürleane: en vano su
alma angélica babria subido al cielo entre las llamas de su pira funeral, si Inés no hubiera quedado de
angel de guarda de su real amante
para inspirarle E' l honor por medio
del amor, é infundirle apt&gt;g0 á las
virtudes propias de un rey, con sus
caricias femeniles .
A su grande mansedumbre y
dulzura reunía á veces bastante
energía. Los ingleses inundaban la
Francia con sus huestes vencedo•
ras, mientras que Carlos se entre·
gaba á todo género de placeres en
sus castillos de Loches y Cbinon.
En vano le habfa exhortado su es·
posa María de Anjou, á. que eacu·
diese el yugo de la molicie y repeliese la invasión. Estaba resuelto á perder la corona lo más ale·
gremente que pudiera.
Presentóse un astrólogo en la
corte, y preguntado por Inés, sobre
su suerte futura, respondió: nQue
estaba destinada á fijar por largo
tiempo el corazón de un gran rey.»
La favorita se levantó al oir esto, y
hacindo al soberano una prohnda
reverencia, le pidió permiso para
pasar , la corte del rey de Inglaterra, con el objeto de cumplir su destino, al'i.9.diendo: (&lt;Señor, sólo á Enrique VI puede aplicarse la predio·
ción, puesto que vos vais á perder
vuestra corona, y él-la vá áagregar
á la suya.u
Llegó por fin el momento en que
este sér radioso debía desaparecer
delos ojos de BU real adorador. Des•
pués de la toma de Rouen, Car•
los se estableció en Jumieges é
Inés, en el pequeño señorío de
Menil, á poca distancia de la abadía. Ana se ve 1 ó ee congetura por
lo menos, el camino que tomaba el
rey al dirigirse á la mansión de su
amada. Allí fué atacada por una
enfermedad mortal, casi en los bra•
zoe de su amante, y en medio de la
carrera de gloria que ella misma'_le
había iniciado á seguir. Varias son
las opiniones eobre la causa de su
muerte: algunos dicen que fué víctima de los celos de la reina; pero
nada interesante es por cierto esta
disputa: habíadesempei'i.ado su alta misión, eudestinosehabíacum•
plido, y murió.
Su.corazón _fuésepultado en la capilla de la Ví:rgen, en
Jum1egee, baJo de un magnifico y elevado t(Lmulo de
marmol negro. Representaba áinée arrodillada1 ofrecien•
do nn corazón á la madre de misericordia. Al pie de la
tumba estaba_ otro corazón de marmol blanco. Todo esto
ha desaparecido, pero la lápida que cubría el cenotafio
todavía ee ve en RC?uen, embutida en la pared de uaa d..
ea ~e la_ ca~le de Samt-Maur, arrabal Canchoiae. Parte de
la mecnpc1ón esta borrada, mas lo que falta se suple con
la de la tumba que recibió el resto de su cuerpo en Loches, parece haber sido nn fac-8i.mile de la de J umiegee.

Ahora toca su turno á los ni:lios: la sonrisa del hogar y los
solos en cuyos rostros la vida sonríe franca é ingenuamente, por·
que nada sabe aún.
No reclaman ellos por cierto su
part.e en las caprichosas fantasías
mundanas: les basta con su alegría y con sus juguetes; mas las
madres solícitas, las perfectas elegantes, no permitirían que allí
donde ellas lucen el primor de

un traje, mostrasen sus hijos el
.desalifto. Y los engalanan con toda la fantasía de !i.U propia cosecha y la de las modistas. En
nuestras planas de hoy se hallarán á este propósito encantadores trajes infantiles, que no dudamos aprovecharán para sus hijos algunas de nuestras discretas lectoras.

--

Lecturas para lasdama8
INES SOREL

Ese montón de ruinas solitarias, de paredes expuestas &amp; la int,em perie y de torres dei:Muidas;
con flores salvajes en las ventanas, abrojos en los salones, yedra
por tapicería, y por alfombra la
triste y larga yerba que crece sobre los sepulcros, fué en otro
tiempo la famosa abadía de Jumieges. Sus escombros son como
un monumento erigido á su pasada gloria.
,····...
El gusto de los monjes para elegir buenos localee, es incontestable. Hay quienes digan que el lugar de que nos ocupamos, era ori~~:,;~_
'\::t
ginalmente un yermo cubierto de
bosques y pantanos, y que su fecundidad fué debid&amp;. á la infa•
tígable dedicación de los benditos
hermanos; pero la única prueba
que hay de esta opinión, ea la
obscura etimología de la palabra
latina Gemmeticus, tomada de iwen
ó guen, que en Celta significa pan ·
tano. Corroboran esto con el hecho de que los alrededores son
pantanosos. Parece, sin embargo,
mucho más probable, que los
monjes eligiesen para reposar un
oasis en medio del desierto, y no
un pantano en medio de pantanos. A más de esto, los cronistas antiguos convienen unánimemente en describir á.Jumiegea co•
mo un lugar de delicias
especialmente como mansión vorita
de la vifia.
Esta abadía fué fundada por Da goberto, según unos; pero según
otros, cuarenta años despuée, es
decir, á mediados del siglo VII,
por Bati lde, esposa de Clovis II,
y San Filiberto, fué su primer
abad. Al principio no contaba
éste más que con sesenta monjes;
pero supo aprovecharse del tiempo con tal cordura, que su sucesor llegó á tener novecientos. Cuatrocientos, juntamente
con"el abad, fueron traneladados al cielo en un mismo díaj
y quinientos huyeron de los normandos, que arruinaron
el monasterio en 851. Fué reedificado gradualmente y
en el eiglo XI llegó al apogeo de su esplendor. Cayó' de
nuevo, pero con más lentitud, y la revolución francesa
vino á completar la obra de destrucción.

'

~r·

l.

Traje de casa veraniego.

EL MUNDO

DOMINGO 25 de ABRIL de 1897

Trajea para niñoa, de última nov,.dad.
CYC..UST.
NOBLE DAMOJSELLE AGNES DE BOBBI,.
EN SON VIV ANT DAlIE DE BEAUTE.
ROCBERIE, &amp;:C,

¡Oh si pudiera sentlr

PITEUSE ENVERS TOUTE'S GENi:1 1
:&amp;'I' QUI LABGEMENT DONNOlT SON BIEN
AUX EGLISES ET AUX PAUVREB.

AMEN!

Las ruinas, según hoy están, tienen un aspecto muy
imponente. El techo de la nave ha desaparecido, pero
las paredes que aún exist.en, dan idea, acaso eXagerada,
del tamatlo y proporciones del edificio. Las torres de la
parle occidental están casi completas también, y desde
ellas se di.efruta de una grandiosa perspectiva. Las aguas
majestuosas del Sena ee extitmden al frente; .i la dere•
cha, la negra selva de Br.otonne; á la izquierda, la de
Mauny; y á la espalda, los bosques y precipicios de
Duclair.
En medio de todos estos objetol!I, las ruinas que ve uno
á. sus piée, imprimen al cuadro un aire de solemnidad y
grandeza sombría. Muy lejos de la superficie de la tierra
para poder oír la voz de sus habitantes1 osimaginaiaque
un silencio sobrenatural reinB en la escena¡ silencio no
interrumpido, sino antes bien hecho más sensible por el
gemir del viento al pasar por los derruidos monumentos
de los siglos anteriores. Entre las aé-reas fantasmas con
que poblais la nave, distinguís, al verlos aparecer por un
momento, para Be{&gt;tt.ltarae después bajo loe arcos cie las
bóvedas laterales ( como las sombras que interrumpían
el sueño de Macheth) al rey Dagnberto, al segundo Clo•
vis. á su consorte Batilde, á San Filiberto, al Escandina•
vo Rollo, á Guillermo Longue-EJ}re, y á C,ulos VH, el
protegido real de la Doncella de Orleans.
Mas ¿quién ea aquella sefiora de los tiempos pasados,
que deslizándose de las ruinas, parece tomat el sendero
que conduce al cercano y pequeño casti110 de Menil?
Flores broGan bajo sus piés, suaves y fantásticas floree,
que se marchitan luego que ella pasa; el aire á su derredor está lleno de fragancia; loe arbustos miemos, al re~irar las ramas para dejarla pasar, parece que conocen la
marcha mageeGuosa dela beldad. Es Inéa Sorel, la no•
ble, la generosa, la honrada, sí, la virtuosa Inés Sorel,
amante de Carlos VII. Esta mujer admirablH, no queriendo desempeñar el papel de heroína, se contentó con
hacer un héroe á su amante. nSi el honor, le dijo, no os
puede hacer desistir del amor, éste os conducirá á. aquel.»
Los cronistas contemporáneos describen á Inée Sorel,

como da más bella de las bellas¡n dulce, amable, humil•
de y d1;1vota. Llevaba la caridad hasta e 1 exceso, y su ge•
nerosidad y buena índole no conocían límit.es. Su corazón era sobre tedo sensible á las impresiones religio8111,
y cuando el angel de la muerte la arrebató á la mitad de
la carrera, en medio de la prosperidad, la elevación y el
brillo de una belleza sin igual, el único error de su ,-ida

Cual otro tiempo he sentido,
O bien ser lo que ya he sido!

igtr~ ~;i:s:1miÍvtr

Que ya se han desvanecido!

LAQUELLE TREPABSA LE NEUVIRME JOUR
DE FEVRIER 1449,
1
1
PRlEZ DIEU POUR LE REPOS DE L AM'E D ELLR.

Toilette de ciudad para señora joven.

había sido el mayor enemigo de
su padre, y aun había tomado las
armas contra él¡ puede también
haber sucedido que comenzase á
dar pruebas de aquella devoción
ardiente qae agobió pocos afios
después á su sombrero coa meda•
llas de santos. No vacilaron, puE's,
aquellos santos hombree en pedir
con unanimidad licencia '{)ara tras•
ladar los restos impuros á un lugar
máe mundano.
Difícil sería adivinar los senti·
mientas que)nspirara esta petición
á Luis X1 1 al amigo y compadre de
Tristán el ermitaño, al que cortaba las cabezas de sus nobles, ó les
encerraba en jaulas de hierro, y colgaba á. sus vasallos de más baja
esfera, á. guisa de bellotas, de los
árboles de Plessie. Puede ser que
Luis tuviese algo de hombre en su
naturaleza, así como era escelente
rey en casi todo, ménos en el excesivo afecto que profesaba al hacha
y al cordel. Sea lo que fuere, res•
pondió que el deseo de los monjes
era muy racional, y que ,n dei•of·
viendo los regalos de la difunta, podían hacer lo que quisieran con
su cuerpo. Una luz repentina vino
á iluminar á. Jos siervas de Dioe.
Una mujer que había dado dos mil
escudos de oro á. la abadía de Loches, no podía ser tan sxcesii:ament.e mala como decían; y áesta domición la pobre Inés había añadido
tapiceríae¡-y no sólotapicerias, sino también pinturas;-y no sólo
pinturas, sino también alhajas.
¡ Mala! vay, vaya, era una santa positivamente.
¿Qué espíritu maligno les había
infundido la perversa idea de arrojar sus cenizas? Determinaro_n,
pues, para compensar su error, redoblar sus cuidados tiernos y respetuosos. La señora de Beauté, permaneció tranquila durante trescientos años, hasta que la revolución estalló, y destruyendo los mo·
numentoe, esparció sobre la faz de
la tierra á los monges que los guar•
daban.
La capilla de la Virgen, dond"'
estaba sepultado el corazón de
Ines, forma una parte considerable de las ruinas. Entramos á ella
por la saladeguardias 1 bóveda desJ
mantelada y sombría, que resonó
en otro tiempo con las pisadas de
los caballeros de Cárlos VII.
Un estremecimiento supersticioso nos sobrecogió al penetrar á la
capilla, y ver sombus y rayos del
sol deslizarse como espectros á. lo largo de las paredes.
Uua piedra engastada eu la pared, 11 manera de nicho,
nos informó de que allí estaba encerrado el corazón en
otro tiempo ardiente y generoso de Ines Sorel.

Pero no, pasó ya la época (aunque no hace mucho) en
que sombrero en mano y la rodilla en tierra, hubiéramos aeludado con corazón palpitant-e y labio trémulo la
tumba de lnee Sorel. Tal cual estábamos, no pudimos
menos de fijar una larga y silenciosa mirada sobre el lu-

.&amp;.QUI YACE LA NOBLE
sdORA

lNES

DE SOREL,

DURANTE BU VIDA
WOHA DE BEA UTl!: 1

ROCHERIE ,.\C.
PIADOS.A. PA..RA CON TODOS, Y

QUE GENEROSA.MENTE
REPABTIA SUS Bf.ENES A
LAS IGLESIAS
Y A LOS POBRE'S.

LA CUAL MURIO EL DIA NUEVE
DE FEBRERO

DE 1449,

ROGAD A DIOb POR

BL RJCPOSO D.E BU AL\U..

Espalda del traje marinero.

AJ&lt;EN!

r
Jaquet para niñas.
Cuerpo de seda con bordados de batista.

Los monges de Loches. á. quienes había
cedido gran parte de
sus riquezas, recibieron
sus despojos mortales
con reB{)eto y gratitud;
pero luego que murió
Carlos VII ( doce años
después.), atacaron á. su
conciencia verdaderamente monacal escrúpulos, religiosos sobre
si debían haber dado 6
no sepultura en lugar
sagrado á la amiga de
un rey ......... difunto.
Sabían que el monarEspalda del Jaquet para niñas. ca reinante, Luis XI,

Traje marinero para niñas.

�EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

�EL MUNDO

286

DOMINGO 2 de MAYO de 18!i111

públicas latino-a.mericanaa. Para exportar en proporción ex~ste entre la realidad y el ensueno, olvida por un ina ..
de lo que el pequeño E::1tado de Costa Rica envía al ex- tante su papel apocalfptico, y deja caer sobre la concien-terior, necesitaríamos que nuestras remesas representa· cia. asombrada de su público, declaracionesque:resuenani
ran una cuntidad.igual á 559 mülones de pesos, en núme- como barretazos en el pedestal del ídolo que reveren•
MÉXICO
ros redondos. Para compararnos cou la Argentina, Slt cian.-Así aconteció con el difunto Afonitor Republicano,
Toda la correspondencia que se relacione con la Re-- millones, y para rivaliza~ con Chile, 299 rn,llones.
en el triste amanecer de un 16 de Septiembre, en el que,
iacción, debe ser dirigida al
He aquí todo el problema fiscal en breves términos: al hacer el viejo campeón del expirante jaeobinismo, eH
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola,
una maea imponible de riqueza creada, muy inferior á balance de sus idea.le~, se encontró con que la cuenta coToda la correspondencia que se relacione con la edición
las necesidades públicas de un país lanz;ado á todo vapor rriente presentaba un ealdo en su contra de algunos cendebe ser dirigida al
en
el camino del progreso.-Por eso es de aplaudirse el tenares de beodos, arrastrados enérgicamente á las comiGerente, Lle. Fausto ltloguel.
resultado
obtenido en la elaboración del presupuesto, sarías.
La subscripción á EL MUNDO vale $1."25 centavos al
Para modificar esencialmente los elementos constitu·
m,a, y se cobra. por trimestes adelantados.
cuando la necesidad de conservar el crédito acrecentaba
Números sueltos, 50 centavos.
ti vos de nuestro organismo social, hay que afrontar con,
la fuerte partida destinada al servicio de la deuda.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
Feliz;mente sobre el vasto campo de la producción na- valor el cuadro de síntomas de nuestras dolencias nacio ·
Todo pago debe acr precisamente adelantado.
cional se han :irrojado abundantes pufiados de semillas nales, puesto que para curar una enfermedad es preciso,
RÉGISTIUDO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
que comienzan á. estallar en el surco. Sobre la esperanza antes que nada, diagnosticarla.
de un ensanche de labor social, deben descansar todas
nuestras probabilidades halagüeñas para lo futuro. En
la antigüedad, las agrupaciones sociales vivían de la conquista y del despojo . .Actualmente, los Estados viven del
trabajo y del tráfico. Ah( está vinculado el porvenir na- RESUMEN.-h1 guerra de Oriente.-La derrota de los.
griegos y la agitación popular.-lnconsecuencla
Asi como los muertos siempre tienen razón-según la fra~ cional, porque, como se ha dicho y repet:.ido basta la sade las rnasas.-La monarquia y la demagogia.ee de un escritor contemporaneo-los gobiernos que tie- ciedad en estos últimos tiempos, solo los pueblos ricos
El rey Jorge en peligro.-La responsabilidad de las..
Potencias.-Ls última promesa.-Conclusión.
nen la desgracia de ser vencidos en luchas de armas con- se encuentran en condición de ser libres.
tra un Estado en-amigo, siempre resultan culpables á los
No eran vanos nuestros temores ni infundadas nuesojos de los pueblos.-Esta ley sociológica formulada por
tras
zozobras, por la suerte lamentable que amenazaba á
EL MUNDO, con motivo de las probabilidades de una gueGrecia
en la lucha que tiene empeñada. con su llntigua
rra con Guatemala, acaba de ser comprobada por los he·
dominadora y poderosa duefia, la imperial Turquía. Sea
chas; y á. riesgo de que se nos tache de inmodestos, llaUna casualidad nos ha dado á conocer este hecho que
mamos la atención sobre este hecho que demuestra, no merece atenta meditación. Durante las veinticuatro ho· falta de pericia en los generales ó inexperiencia en el jonuestra extraoriinaria clarividencia de augures politicos, ras correspondientes al domingo de la semana anterior 1 ven Constantino, colocado en el primer pue5to del ejérsino la solidez; del método que empleamos en nuestros es· fueron consignados á. una Comisaría cuatrocientos indivi- cito1 no obstame sus floridos años, por el acendrado patriotismo que ha manifestado y su ardiente amor á la
tudios sociales.
duos acusados y responsables de di ver.sos delitos y falEl cable nos ha auunciado 1 en efecto. que como conse- tas de policfa. Ti!.l dato es altamente revelador de un es- tradición helénica; sea que las huestes griegas, animadas
cuencia de las últimas derrotas sufridas por los ejércitos tado social, con insistencia delineado en estas páginas. de un deseo vehemente de vengar ea el turco afi..-josrencores y tradicionales odios, han sido impotentes para
griegos, el pueblo de la doble penínsu1a ha manifestado
Así, mientras un diario iddlista dilapida su tiempo y su
resistir el empuje de las tropas que manda Edhem Pa. su indignación contra el rey Jorge, produciéndose un mo· tinta en maripoeear en torno de las costumbres dein'Jcráchá;
ó que los bravos otomanos orgullosos, con sus laurevimiento en favor de la República. La gran culpa del ticalj, el ((gigante luminoson-como lo llamó un orador
entusiasta monarca consiste en ser impotente contra el -se abandona en la vía pública ó en la atmósfera pesti• les que no pudieron arrebatarles los ejércitos griego:i en
triunfo de las huestes enemigae, y su enorme delito el de lente de la pulquería á los actos más asquerosos, hasta los teductos de Plewna, á pesar de su derrota; fieros con
sus tradiciones que en otro tiempo los hicieron dueños.
no haber cubierto á los soldados helenos con la aureola
llegar á la alarmante estadística de que acabamos de hadel mundo civiliz;ado; ebrios con sus fanatismos que los.
de la victoria.
cer mención.
empujan
inconscientes en lo mis reñido de las batallas 1
Y sin embargo, no hace tres semanas la Grecia se conU u partidario del Estado todopoderoso, reclamaría el
movía ante la actitud heroica del soberano, y en loor su- apoyo del gobierno, apronchando la oportunidad de alucinados con sus ideales que los arrastran á buscar
yo entonaba himnos épicos. ¿Qué ha sido preciso para vociferar-elocuentemente contra el poder público, del muerte gloriosa por la defensa del estandarte verde del
Profeta: ello es que los súbditos del rey Jorge, rechaz;ac1mbiar la conciencia de un pueblo? Lo inevitable: la
que decía una publicación no hace muchos meses que ha
acción ruda y poderosa de un ejército más numeroso, sobre debido modificar al pueblo física y,¡moralmente. Por des- dos en Macedonia, arrollados eu los desfiladeros de Mi·
lM enérgicas huestes griegas, cuyo valor ha luchado en va• gracia, esas cualrocienlas unidades humanas afectas á las lona1 _,..otos dentro de las murallas de Matti, casi aplasno contra la superioridad incontrastable de eua adversa• expansiones dominicales, no se modifican con un decre- tados bajo los muros de Turnavo, han abandonado á.
toda prisa, en medio de terrible confusión, presa de pánirios.-Ser vencido en esta contienda, equivale á ser trai• to, y las lobregueces de semejantes espíritus no se disico
terror, no en retirada honrosa, sino en palpable des·
dor.
pan al golpe de una ley providencial: ((háganse loe
El rey Jorge, á semejanz;a de Lear, puede ahora meconsoladora fuga, han abandonado la plaza forticada demalos, buenos!•
ditar amargamente sobre la ingratitud de los pueblos:
Larrisaa, refugiándose unos en la ciudad de Volo, donde
No faltan publicistas que de tiempo en tiempo se es•
una oleada de entusiasmo lo convirtió en el ídolo de las
pueden ser socorridos por la escuadra, y haciéndos~ fuerfuerzan en destruir las causas de todos los malos efectos,
multitudes; oira oleada lo derribó de su pedestal. La his·
tes otros en Farsa.la, donde intentan resistir el peso de
creando una situación artificial, que si no remediaría
toria recojerá esta uueva página de las iniueticias hulas fuerzas mahometanas.
dolencias de gravedad latent.es enel organismo, estorba•
manas.
ría la satisfacción de necesidades legitimas. ¿Quién no
Inmensa ha sido la resonancia de esta derrota en todoha oído proponer un fuerte impuelilto sobre las bebidas
1l'.o!i ¡¡ns11¡¡11eslos 1J el ¡¡roblema ~scal.
el territorio helénico; tel!l.pestuosa la agitación popularalcohólicas como medio de desterrar la embriaguez? A
que en ola.e turbulentas amenaza hundir la monarquía;
Durante la semana, la Cámara de Diputados se ha es·
los partidarios de este extrafl.o programa} les diríamos,
tado ocupando en el examen y aprobación de las inicia· con Musset, que no hay que confundir el vino con la inaudita la excitación de las masas, fáciles de ser arrebati vas de presupuestos para el a:tlo de 1897-98.-El resul- embriaguez. Semejante impuesto, que la práctica ha con· tadas por la tronante voz de los demagogos, dócil ine•
tado de la comparación entre las cantidades p,obables de denado en otros países, no perjudica:ría al vicioso-s1e...o.- trumento en manos de loe agitadores de oficio, materia
ingresoa y las de gastos, arroja un su.perabit de algo más pre interesado en eludir la ley-sino al que ha menes~ prima elaborable en poder de los que viven al ruido de
de quince mil pesos, suma que, en realidad, debe estimarse ter, para el cumplimiento de exigencias fisiológicas, de la asonada y al concierto áspero del motín, blanda cera
para los que pretenden usarla como medio de escalar las
como mucho más considerable, en raz;ón de la sólida ti• la materia objeto del gravá.men.
alturas del poder. Los pueblos que ayer atizaban el odio
midez con que están calculados los rendimientos de las
Como en todos los casos análogos al que sefialamos, no
al mahoIDetano, obligaban al Gobierno de .Atenas á derentas federales.
son las medidas directas y radicales las encargadas de
Continúa, pues, la nivelación en este importante ramo establecer el equilibrio; la aalud está en la adopción de clarar la guerra, constreñían al re.y Jorge á asumir enérde la Hacienda Pública, hecho económico de gran tras- un tratamiento tónico que comunique vigor al organis- gica actitud en la frontera m3.ced6nica; las maeas incono:;cientes que no ha mucho todavía levantaban arcos trinncendencia para el país. en otras épocas sometido á un de- mo. La higiene antes que la terapéutica.
fales al paso del príncipe Constantino, porque, alentado
ficiente constante, al que parecía estar condenado sin apeEsos cuatrocienlo8aeres humanos representan la ola nelación, El gran esfuerw que la República ha desarrolla· gra de una colectividad elevada á. las más alti;s funciones por su juventud y en alas de su ingente patriotisron, vodo, cooperando vigorosamente á la obra :financiera, inau- sociales. Ali(, en e&amp;e abismo de ignorancias y depresio- laba ti la cabez;a de los ejércitos que habían de dii-¡ ntar
el paso á los adoradoree de la Media Luna; las que ayer
gurada en momentos de pavorosa crisis, da una muestra nes, de vicios y apetitos, se recluta el pensamiento que
frente a1 Palacio real aclamaban al rey Jorge, cada vez
de la elasticidad de sus elemen os. Y todavía la nación la prensa metafísica se ha complacido en hacer brotar,
ha corne1uado apenas á dar las primeras muestus de su como una flor de aroma exquisito en medio de las ema• que con energia y virilidád interpretaba el sentimiento')
energía productora, aun nos falta mucho para poder pre· naciones de un pantano. Allí está vincula.do, para cier- popular; las que embriagadas con sus recuerdos histl risentarnos ante et mundo del trabajo como un mercado tos publicistas, el porvenir y la salvación de la Repúbli- cos y soñando con los lauros de Maratón y Salamiuu~
sin comprender la hostilidad de todas las potencias, sin
activo y resistent:.e de la actividad humana.
ca. Con esta brillante materia prima elaboran muchos
medir el número ni la fuerza de sus enemigos, e.e prepü·
No hace muchos ailos un aficionado á los asuntos esta- cándidos sus boletines sobre las costumbres democrálictrs!
raban á celebrar fácil victoria, ahora fe vuelven contra
dístico~, nos demostraba, midiendo el monto de la riqueSucede á. veces que uno de estos escritores, fatigado un
el
Gobierno1 maldicen al rey Jorgf", reniegan de la di•
za producida por el valor de las exportaciones, que Méxi- dfa de sus juegos de imaginación, arroja una mirada al
nastía
dejan ernuc:lar la fatíJ.ica p.ilabu de traici6n, Y
1
co ocupa un lugar muy secundario en la lista de las re- medio que lo rodea y al ver la enorme distancia que
1

" E L ltI'UNDO"
S•manulo Ilustrado.
"Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

motas eilitorhtle5.
Untt lctJ fürcio lógica.

l!Jalítica ®rneral.

•••

~~DO;;;;M;;l;;N;;G;;O~•,;:d;;•:,;M;::A;;Y;;O~d;::•,,;•892!1~=================E~L~M:;UN~;;D;;O~=======================aa..:,a::_7~

8in reconocer SUB propios errores, achacan toda la catás •
trofe á la impericia 6 mala fe de loe que dirigen la cosa
pública.
Pueblos tornadizos, cambiantes maaas, volubles muJ ..
titudes, siempre derribarán al 1dolo de un dia, y levantarán sobre el pavés á. los que halaguen sus pasiones, acari•
cien sus instintos y por cualquier medio los conduzcan á
satisfacer sus ambiciones.

•••

Y no es que veamos con indiferencia la derrota del
griego, que significa la libertad y el triunfo del turco, producto extemporáneo de una civilfaaoión caduca y enfermiza, fruto tardío de una época petrificada, indigna de la
cultura moderna; no es que nos regocijemos al ver la herida profunda que ha recibido ei helenismo en los desfiladeros de Macedonia y en las llanuras de Tesalia; no es
que dejemos de considerar el retardo que sufrirá la expansión griega 1 llamada como en otros tiempos, á llevar
el verbo encarnado de sus ideales, á toda la región en
donde brillaron sus dioses, fulminaron sus héroes y se
consagraron sus poetas y sus sacerdotes.
Duélenos ver á la que en la historia fué antorcha para
todas las tinieblas, libertad para todos los oprimidos,
consuelo para todos los que lloran, inspiración para to•
dos los artistas, onda eólica para todas las harpas, duélenos ver ii Grecia, virgen ofrecida en holocausto por la
civilización de todos los pueblos, abandonada por las na~
ciones fuertes, desamparada de los que debieron aocorrerl_a, BQJa y afligida, entregada á la crueldad de sus
señoree, expuesta á las terribles venganzas de eue antiguos tiranos, que al intentar hacer la redención de Creta,
sangre de su sangre y médula de sus huesos, se ve sacrificada, no pQr la crueldad. de Abdul-Hamid, no por el
salvajismo de los otomanos, no por la :fierez;a tradicional
de los rudos Osmaolies, sino por el miedo impío, por el
temor inconsiderado de las potencias europeas, que hablan á voz en cuello de acuerdos unánimes y conciertos
pacíficos, en tanto que el odio y el rencor y las riva1idadades corroen sus entrañas en revuelta y confusa fermentación
No se conmovieron con las lágrimas del cretense, que
:reclamaba libertad1 y emprendieron horrenda cruz;ada
anticristiana, para oponerse á. las aspiraciones de Grecia,
que intentaba romper las ca:lenas q11e por dos siglos ataron la sagrada Iala1 al carro de la barbuie muslímica;
no se eat:.1emecieron con el canto guerrero de los tesaliotas, que anhelaban vengar en sus altivos señores el
odio de cuatro centurias, y creyeron que la nación grie.
ga retrocedería espantada de su propía obra, pensan do q·1e la tierra que ha producido Leónidas y Temísto~
eles, Aristides y Filopeméo, retrocedería con pavura an •
te la posible derrota. Y dejaron hacer, y permitieron que
las hostilidades quedaran rotas y toleraron que los turcos
acuchillaran á loe soldados bisoño; del príncipe Constantino, y reservaron su intervención para el momento
en que la bandera de Edem. Pachá., flotara orgullosa so•
bre las fortalezas de Larieea.
Ha llega-lo ese momento1 y las potencias indiferentea
y crueles, cruzadas de brazos, aplazan nuevamente su in•
tervención. Ven vacilar el trono del rey Jorge, al soplo
huracanado del pueblo griego á quien excita la demagogia, y no acuden en su auxilio sus augustos primos, los
soberano3 de la tierra: ven AGrecia infeliz;, humillada y
rota, bajo la espada vencedora del turco, y no van en
ayuda de la acuitada.
¿Para cuándo guardan sus decantados favores? ¿Para
cuándo reservau sus tareas en pro de la civilización cristiana?
X. X. X.
Abril 29 de 1897.
OTRO PAGO DE$ 2,394 DE "LA MUTUA'"

ENMEXICO.

México, .Abril 27 de 1897.
Se:tlor D. Carlos Somm.er, Directer general de ,cr.a
Mutua.''-Presente.
Estimado se:tlor:
Agradecida á. Vd. por la eficacia para la consumación
del pago de la póliza número 674,014, dirijo á Vd: la presente manifestándole que hoy en presencia del Sr. Lic.
Diego Baz, Notario Público, recibí en la oficina de 1cLA
MUTuAn la eu.ma de $2,394.38 valor del Seguro que en esa
Compañía tenfa á mi favor mi esposo el Sr. David Car.
son Gaul, siendo por valor del Seguro $21 000.00 y $394.38
por premios que pagó por él y ~ue c&amp;nfonne al contrato
se me devuelven, en consecuencia el costo del seguro fué
un peso.-De Vd. afma. atta. y S. S. Jfre. All.ilne Gaul.

EN TIERRA Y.1.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR
DESDE ARRIBA

Yo creo que el elevador1 esta caja de fierro 6 madera,
elegantísima A veces, que sube y baja. sin Ct!sar, por medio de un sencillísimo mecanismo, se inventó sólo, surgió un día del anhelo de eucaramarse por la atmósfera,
que Bintieron Nueva York, Filadelfia ó Boetoo, qué sé
yo, de la necesidad de establecer pirámides humanas en
estrechísimo recinto, caro como una acción de mina en
bonanza, de hacer inmensos alojamientos vert.i.cales1 pc,r
la imposibilidad de hacerlos horizontales, de todo esto;
pero hay que pensar que sin el elevador, todo esto habría sido imposible, y como era indispensable, el eleva•
dor nació. Y como el agua del río sube por medio de una
bomba de vapor á los más altos niveles, aei. aquel río de
gente que en wagones, y carruajes y á pie c.Jrre durante el día por las calles de la gran ciudad, se distribu ·
ye en infinitos canales vivos, que ascienden y descienden incesantemente dentro de aquellos edificios, donde
hierve el esfuerzo humano, á. lo largo de cables de acero
q1i1e por la ligerez;a, pero perenne conmoción que producen, parecen hechos con nuestros nervios. Pero así es
este pueblo; derrocha tal cantidad de fuerza nerviosa,
que si se pudiera trasmutar en eléctrica, basta.ria para
alimentar un fanal que alumbrase un cuarto del planeta.
Estas reflexiones hacía para mis adentros visitando á
algunos amigos en sua nichos del tercero, del quinto, del
octavo piso de eeas enormes casas de oficinas, building,
de la ciudad-baja. Uno de loe mozos que conducen loa
ascensores de la casa en que está nuestro consulado, sa•
be algunas palabras en m.rjicano, come' él dice¡ su voca·
bulario se compone de diez ó doce palabras, pero muy
expresivas; son desvergüenzas en eepailol muy castizo.
.A las once del día aubiamos una escalinata de fierro,
tomábamos nuestros billetes, y á Brooklyn ......... Lo que
más admiré en Nueva York fue, primero Nueva York, no
me habría cansado de verla un afio entero, siempre en·
contra.ha yo algo nuevo, y si no algo bello1 sí siempre interesante; me gustaba más aquella Nueva York de bulto,
que P11rís ó Londree ......... en estereoscopio, que es como
he visto ¡ay! áLondres y París ......... Pero Nueva York
tiene sus detalles que son maravilla.a; duodécima maravilla del mundo ( la 13; es la Torre Eiffol): ¡el puente de
Brooklyn! Pot supuesto que la tal maravilla tan cacaread.a y tan elogiada ......... lo el!I en realidad. No ea un
humbug, no es un borrego este puente. Allez y i•oir, como
dicen los galos . .Anduvimos como medio kilómetro sobre
aéreo tablero de fierro, por encima de la ciudad, antes de
llegará. la orilla del Easl-Ricer, que la separadeBrooklin;
en cada orilla se levantan sendas pilas soberbias, macizas basta la altura en que el tablero colosal del puente ee lanza sobre el río y clareadas en su eatructura :1t1perior por un doble arco ogi vo. Y es indecible la elegancia
de esta cosa enorme ( que me perdone el lector loa epitetazoe, no hay otros en mi ear,iet de viaje.) Hay una gracia de encaje metálico en la onda espléndida que traza
esta hamaca de cuatro cables de acero kilométricos, que
partiendo de otras curvas amplísimas sobre la tierra firme, atraviesan las carnizas superiores de las pilas y sos·
tienen á cuarenta metros de altura sobre el agua 1 una
mesa tramada de metal de 450 metros de largo, cuyos
bordes están unidos á. la curva por varillas de acero que
se cruzan con las que parten en abanico de las carnizas
al puente, formando una red que da fuerza, aumentando
la gracilidad aérea de la construcción.
Veinte mil personas por ahora atraviesan este fragil
paso sobre el abismo, unas en las líneas férreas, otras en
carruajes y sobre una amplia calzada los de á pie, viendo
bajo sus pies las puntas de los masteleros de los barcos
que pasan y pasan, sin lograr tocar con sus penachos de
humo el levís.imo arco de fierro trazado en su cielo.
Por las ventanas de nuestro wagon vimos iluminarse y
desvanecerse como ilusión de óptica la bahía, bordada
acá. y allá. de una movible mies de mástiles y surcada por
buques enormes de cerca, pero que parecían juguetes de
ni:tlos sobre aquella límpida plancha de cristal azulosa
que se angostaba y canalizaba lentamente para paear debajo de nosotros.
Llegamos á Brooklyn, ((una ciudad L.ermosa11 que pegada
á Nueva York no es mas que u.u. suburbio enfático de la

Empire-Oily. Por aquí corren y corren loa cochee eléctri•
coa, que en Nueva York no ha permitido el Ayuntamiento; pero nosotros tomamos una especie de wagonete que
nos condujo al cementerio, á Greenwood. Es un parque inmenso; las amplias calles suben y bajan en comodísimas
rampas en torno de camellones vestidos de una moqueta
espesa y sedosa de grama inglesa de un verde ideal. · Loe
árboles que parecían haber detenido gotas de sol en sus
frondas de oro otoñal, sombreaban aquellos montículos
que convidaban no á. dormir, ni siquiera á dormir el líltimo sueño, sino Asentarse sobre ellos con una cesta repleta de provisiones al lado. ¡Diantre! .Así es la vida:

en verso todo empieza; todo acaba en prosa
aquello era melancólico, monótono, delicioso como el
c&lt;l'ementtrio de .Jldea,, de Gray:
Bajo de aquellos álamos nudosos,
del tejo melancólico á la sombra
donde se alza en mogotes numerosos
el césped verde en desigual alfombra.
(Tradlltria.)
y sin embargo: ¡ay! de m!, no me quitaba el hambre. Ni
había por qué; el ce:firillo era glacial, el paseo largo, la
muerte es larga, ea muy larga¡ un poeta latino de la decadencia, es decir, de la edad en que las razas sanas empiezan á volverse histéricas, B:1lbino Dávalos, lo debe de
haber dicho: mo-rs longa, i-iltt bret•is. No, ni había porque perder el apetito ahí; ab( la naturalez;a es solemne,
pero la muerte es industrial. Torrecillas góticas, sepulcros ingeniosos, &lt;,stentosos algunos, sin gusto todos; aquí
está. el sepulcro del inventor H., del filántropo R, del
General M., del fabricante de pianos Steinway, del in·
ventor de la 11oda·water. Pues bien ¡cómo perder el apetito, á. fuerza de tristeza, delante de la tumba singular del
inventor del agua gaseosa! Dejé1 pues, aquel magnífico
jardín, suspirando por un buen roast-beef y una taza de
leche. Logramos satisfacer nuestro irreverente deseo y
volvimos á pie por el puente. Dejábamos la muerte atrás,
esta es la vida; los hombres desa¡,&gt;arecen, pero el hombre
no, el hombre es eterno-eterno en términos hábiles, co·
mo dicen los abogados, una eternidad de un par de millones de años, una eternidad de bolsillo; pero ti esa eternidad acomoda sus obras. Esta es una de ellas.
Nos comprime el panorama; á nuestra derecha el río ó
el brazo de mar que baña por el Este la isla de }fanbattan1 corre y se pierde, literalment:.e cuajado de embarcaciones, de todas las formas, de todos l0e tamailos; navíos de e, uerra que paean debajo de nosotros, chatos, con
sus torres de fierro por donde asoma la trompa siniestra
del caftón monstruo, sus marinos y oficiales muy tiesos
y muy indiferentes, cada uno en su puesto, como solda•
dos de plomo de un metro de alto, rumbo al arsenal de
Brooklyn; navíos mercante!:! donde todo es movimiento
y ruido, y mil otros en perpetuo vaivén; todo se ve muy
claro desde arriba, no se pierde detalle y se abarca el
conjunto, sin embargo, y esta es una diversión superior.
Ahora, si se separa la vista del Eaet•river, encerrado en
un doble cantil formado de erlificios monumentales de
Brooklyn y Nueva York y se dirige al otro bdo del puen•
te, á la bahía, grande como un golfo, vivient:.e como una
ciudad flotante, sembrada de islas, y unida en el horizonte con el Oceano y desvanecida en el espacio, entonces ...... Aquí tienen UBtedes un espectácul'l que no cam•
biaría yo por todos loa lanches del mundo; pensaba esto
con toda sinceridad; ¿sería porque ya había lanchado?
Puede ser; lo que quiere decir que ya no soy poeta.

•••

Sería curioso que me metiese ahora en la empresa de
describir el Post-office; la casa de Correos de México, no
se le parece.-Ni la fachada de vieja casaespaiiola, remo•
zada por nuestro estilo arquitectónico oficial, que es banali.simo, como diría yo si no perteneciera a la Academia,
tiene puntos de comparación con esta fachada suntuosa
y fría, terminada por mansarda.s ó buhardillas como las
del Louvre ó de Versalles; ni el patio en que se recibe al
público en México, en derredor de casilleros de poca importancia, puede dar idea de esta amplísima nave, techada de cristal, sostenida por altísimaE columnas de estilo
noble, rodeada por altísimas galerías de fierro 1 mucho
mejor ilumidada por la electricidad que por el sol las calles de la ciudad y en donde las meeas y los escaparates
forman como un plano en relieve de edificios de madera
y callea y plazas por donde discurren centenares de per
sonas ..... .

�DOMINGO a DE M~YO DL olgJ

EL MUNDO

¡Y por qué habíamos detener aquí una casa de correos,
si no la hemos hecho! Si aquí ha sido necesario apropiar
loa macizos edificios coloniales, todos de estilo con ven•
tual y adecuados para.la vida interior de silencio y recogimiento, á. la vida moderna que es toda exteri~r, toda
actividad, toda fiebre ...... Eeo llegará y espero que lle•
gará mejor; entretanto no nos conformemos con lo que
tenemos, no, go a heud.

•••

¿Y aqudla cúpula de cobre que ee me incruet6 como
un clavo en el cerebro cuando divisé á N. York por primera vez en esta supuesta isla.de Manhattan, que en realidad no es más que una lengu1. de roca arenosa, erizados de docks los bordes como la defenea de un peje-sierra?
Aquí está, sobre una de estas torres anguloeas en que
vive esta gente, rn frenética vida de negocios y que noes
posible llamar casas; son los templos del business. Arriba
puee; pagamos uags cuantoscen'tavos, entramos en nuestra jaula ...... Sólo el tiro de una mina puede dar idea de
€Stas pozos, por donde vuelan loa ascensores ...... Llegamos, subimos una escalerilla de hierro y henos aquí
instalados en una ventanilla de la cúpula.
Ya sabía yo que así t:-ra N. York; no había cesado de
Dgarármela así y ¡qué sorpresa! Cómo dar idea de este
apeñuzcamiento de edificios aquí abajo de nosotros, que
un poco más allá se calma, se serena, se regulariza y se
escapa en macizos regulares de casas rojas, iojizas 6 enrojecidas, que no dejan de ser grises sin embargo, y se
va, se va por la estrecha isla y se pierde en nuestros horizontes en un salpicamiento de manchas verdosas de
árbolee, por entre giro nea de nubes de carbón de piedra.
Desde esta altura se ve á nuestra derecha la línea de
BrookJyn y el puente en un eEcorzc,maravilloso; por entre los ángulos de las casas se ven cruzar las velas, las
chimeneas, los árboles desnudos de los barcos; aquí abajo se distinguen loa ramales de fiierro del ele1:ado sobre
el cual arrastran sus enormes' eslabones los trenes, que
pasan y pasan, tragando y vomitando gente en las estaciones. Más abajo los coches funiculares surcan ríos de
viandantes y de carruajes que forman gruesos Pudoa vivos en las boca calles, que se disuelven y se forman instantáneamente. Broadway, como una serpiente negra de
multitud, corta al sesgo las otras corrientes y casas y calles
y avenidas y plazas y se pierde qµién sabe dónde. Aquí no
surgen los campanarios, como en nuestras ciudades, una
que otra aguja gótica, que nunca se sabe si ea de una
iglesia ú oficina pública, ó colegio ó compañía de seguros; las que descuellan como torres son las casas altas,
las de quince ó veinte ó veinticinco pisos, como esta azulosa y aun no rematada que vemos aquí á un lado. Los
penachos de humo espesos cerca y tenues y blancos á
medida que se alejan y que se escapan de todas las chimeneae, dan á todo esto cierto aspecto de inmensa ~staoión de carros fúnebres, inmóviles bajo sus plumerós
ondeando en una sola dirección.
Corrimos á otra ventana. Oh! el agua, el agua, las tendidas, las interminables planicies de agua, este es el panorama supremo, este es el espectáculo que nnnca sacia,
que hipnotiza, pero que no cansa, que absorve la mirada
primero, y el pensamiento luego, y la emoción después y
lo deja á uno sin conciencia como el fragmento de madeil'B que flota á merced de las olas ...... Cada contemplación
del mar es un naufragio, ea un desvanecimiento infinitamante voluptuoso en el no ser, el nirvana de los budistas
aquí estli, de aquí brotó la imagen que se tornó en idea,
que se volvió sistema en el cerebro de los filósofos ascetas de la India ........... .
La bahía se ve desie aquí admirablemente recostada
en la luz de esta tarde clara; está gris como el cielo, pa·
rece formada de cielo líquido; las islas cargadas de edi·
ti.cioa y espinadas de mástiles la pueblan sin disminuirla; todos loe monstruos que surcaban el oceano en los
tiempos terciarios han vuelto á la superficie en forma de
navíos, de ferrys, qué sé yo, en todas formas; pero rígidos en sus inarticulados carapachos de fierro, con sus
caudas rotatorias ó sus formidables aletas que transforman las olas en lúminas explosiones de diamantes y topacios ...... .. . Allá enfrente, ea una isleta, se ve una figura que parece la vigilante pastora de estos mostruoa marinos¡ la libertad de Bertholdy. ((Nos queda un segmento
-de tarde y de luz: vamos a1lá.n

•*•

En el vaporcillo que tomam!)sparair á Bedloes-Island,
-en donde alza la estatua de la libertad su antorcha que

ilumina al mundo, nos divertimos bastante: una murga
más 6 menos húngara, tocaba vahes y polkas sin tomar
resuello, más que para enviar al primer violín de la orquesta á recoger los medios dolara de los pasajeros, y una.
parvada de muchachas que parecía escapada de un colegio del Sagrado ~Corazón protestante, bailaba incansa·
ble, sin mamá ni tía que la vigilase, y cuidada sólo por
el pabellón de las eBtrellas que estampa sus barras rojas
en el rostro del que insulta á una mujer y por los grandes ojos de bronce de la Libertad que va viniendo colosal
y rigida hacia nosotros.
Mis lectores saben de memoria la estátua de la libertad, regalada por la República Francesa á la Norte-Americana; se la encuentra reproducida en si mili· bronce, en
aluminio ó nikel en todas las tiendas de baratijas exóti_
cas. El original es aterrador; quii!iro decir que la primera impresión que en mí produjo, fué el terror, exactamente igual á la que reciente un niño frente á un toro.
Esta seneación es fugaz: acercándose al pedestal, que es
una torre, la impresión se desvanece casi · por un detalle
que la dispersa y la disuelve; aquel coloso está hecho ( á
la vista, naturalmente) de pequeñas placas clavadas artíeticawente¡ muy dificil es que se Iunda toda aquella
multitud de fragmemos en una sola figura. Cuandu es•
ta reaparece á nuestro&amp; ojos, ya es más serena la imágen.
Es de una serenidad sublime; toda la estatua viene de Grecia; parece sal-ida del Taller de Scopas. El busto recuerda á la Juno-Ludovisi, la diad~ma de rayos y la clámide
y el epomis son apolíneos; la escuhura helénica es una
fuente de eterna juventud; el artista necesita no copiarla,
sino dejarse sugestionar iofinitamente por ella; así Bartholdy. Y era natural, la libertad, la política, la civil, ea
uoa invención helénica, mejor dicho, es un producto del
intelecto de los helenos, como la ciudad, como la civili•
zación; mejor dicho, es la civilización misma; esta libertad iluminando al mundo, ea el geroglífico gigantesco de
la civilización humana.
Precedidos por nuestras intrepidaa compañeras de viaje subimos la escalera altísima del pedestal; luego ví la
estrecha espiral de fierro que por dentro de la estatua
misma sube á la diadema y á la antorcha, y teniendo en
cuenta mi volumen, vacilé y me quedé; mis compañeros,
fuerte y ágil el uno y delgado como una fibra de ramié
el otro, treparon en pos de las mises. Yo pude á misanchas ver ( no me caneaba de ello nunca) la esplendida
bahía de Nueva-York.
La ciudad enfrente derramada en tropel en larguísima
isla; á mi izquierda el Hudson á donde, entre un centenar de embarcaciones, penetraba un magnifico paqu.ete
rojo y negro de la Trae:atlántica francesa; en la otra orilla
del Hudson, N. Jersey, una reducción en ladrillo y fierro de la gran ciudad; del otro lado de esta, aquí cerca de
nosotros, la isla del gobernador cubierta de pesadas construcciones; más allá el diluvio de cafi!as de Brooklin, sobre el Eastriver, como trazado en gris con la punta de
un pincel mojado en tinta de China; el puente de Brooklyn, entre cuya onda inmensa pasaba silbante y hermoso un tren de vapor; deliciosamente dulce el paisaje hacia aquel lado, una acuarela á dos tintas que habría sido
firmada por un maestro holandés-Del balcón opuesto
se veía la boca del estrecho ( los Narran.s) que comunica
la bahía interior con la exterior que se pierde en el Atlántico. Una iela cuya separación de la tierra firme no se
advierte (Staten--Island) recorta nuestro horizonte con su
costa parda sembrada de poblacioncillas d0 recreo. El
cielo estaba pintado con una sola tinta pizarrosa que se
degradaba hasta el lila tierno en un amplio arco del Sudeste y parecía reflejar un oculto crisol de oro en fusión,
allá donde el Hudson vierte en la Bahía su lenta corriente de ametista.
Vimos concienzudamente Ja estatua haciendo estaciones en los ángulos de la esplanada en que descansa el se. vero pedestal. A está distancia, por el frente, tiene la Libertad un aspecto augusto, pero parece demasiado robusta y !38 ve corta por maciza. Del lado del brazo que erige
la antorcha, un poco atrás, el ángulo de vieta es admira•
ble; se ve todo el desenvolvimiento de la figura, lanzada,
como un unísono cantado por un pueblo 6 por un oceano,
hacia lo alto, en un gloria, in excelsis de bronce y de vida.
,Es inexpresable, vifrt;g desd~ aquí, el movimiento que,
transformando la fuerza en gracia y harmonía, recorre la
estatua de linea en linea, ondulando desde el pie echado
hacia atrás, por los pliegues de la túnica, hasta el gálibo
divino del rostro, y el perfil del brazo hasta el balcón y

la flama inmóbil de la antorcha. Sentimos el golpe en
plena alma, nuestras miradas quedaron como cris~lizadas al contacto de la mujer de bronce y lasaogre se agolpó á nuestro corazón.
Junto del pedestal hay un bar, en donde sirve á 103
turistas cerveza 6 soda un enorme mocetón que por la
estatura y la hermosura, parece hijo de la estatua. Caía
la tarde cuando navegamos de vuelta á la ciudad¡ la misma música, las mismas muchachas bailadoras, las mis•
maaJbaratijas,'.reproduccioncilla de la estatua (estallo, ca...
bre, cristal etc.) Pero música y baile y comercio todo
quedó repentinamente en suspenso¡ los pasajeros éramos
todo ojos; ¿cómo evitar un choque antes de llegará
nuestro desembarcadero? Sobre 1351 olas color de violeta
formaban una verdadera malla de espuma las estelas de
treinta ó cuarenta barcos que surcaban en todas direcciones. Con una precisión admirable pasamos tocando la
hélice de un navío inglés y sintiendo á la espalda el vaho
de hulla quemada de un ferry que con sus faroles encendidos parecía flotante pirámide de luz.
Sentados en una banca de fierro del Square que borda
la Batería, pegamos nuestro oído al salmo melancólico
de nuestro espíritu; ¡oh! libertad, reina aqu( sobre inconmovible asiento, allá.ideal muy puro, sí, puro ideal.
¿Qué eree, por qué no nos conformamos con vivir sin tí,
con ser dichosos sin ti? ¿Porqué para apellidarte apuramos
los vocablos de admiración y amor de nuestro idioma?
¿Por qué te llamamos augusta, y santa y trde vecea santa y más aún, te llamamos madre? ¿)!{adre de qué eres
tú? Madre de violencias, de tumultos, de manos armadas, de multitudes ebrias, de sociedades histéricas, de
puebks que se bambolean y se desmoronan, eso eres en
la historia! ¡Oh! manía incurable de nuestro corazón.
Pero si no esperásemos en tí, no creeríamos en la vida
moral, nos sabría á ceniza el placer más noble; se apagaría como una llama en el fanal neumático, nuestra fe en
el porvenir. ¿Te veremos los hombrea de mi generacióR
aunque Eea Eentada al borde de nuestra tumba? ¡Te be•
moa llamado, te hemos amado tanto! ...... Mi generación
creyó entreveer nn día tu aurora política! Fuéuna visión
juvenil? No importa¡ moriremos gritando como el Ber•
lichingen de Goethe: Aire celeste......... libertad, li·
bertad!
En la impenetrable tiniebla1 rodeada de una corona de
diamant.es eléctricos, la antorcha de la estatua constelaba
la noche.
Juato Sierra.

Abril 29 de 97.
Lajamáica efectuada en Mlxcoac el domingo último.

Loe organizadores de esta fiesta de la hermosura y de
las flores, deben estar satisfechos. El espectáculo que la
tarde del domingo último ofrecía la plaza de San Juan
de Mixcoac, era delicioso. Llegaban los trenes henchidos
de gente, y la concurrencia, formada en eu mayoría de
guapas Eeñoritas, desparramábaee gárrula y feliz por laa
enarenadas callea flanqueadas por puestos moníaimoe, dignos de una acuarela de mano maestra.
Deecollaban entre éstos una taberna alemana que el
Sr. Ingeniero D. Salvador Echegaray hizo con6truircon
una propiedad absoluta, que hace completa la ilusión
de UD paEeo por el alto Rbin; un kiosko japonés de elegantísima forma, debido á la incansablefantaaia del mismo caballero; el primoroso puesto de flores. el de café Y
el de dulces. El primero y el segundo de los menciona·
dos, obtuvieron, si no nos equivocamos, primeros pre·
mios, otorgados por un jurado, en el q'liepeeaba la autorizada y culta opinión del Sr. Gobernaáor del Distrito.
Aqilel espectáculo de animación indescriptible, prolon. góee hasta entrada la noche, y dejará sin duda IÍ loe organizadorEs y á los que asietieron UD recuerdo.
Constantemente leemos en los periódicos: nEl crimen
era indudable, pero gracias á la elocuencia del abogado
'lal, el reo fué declarado inocente.u Si es verdad que un
defensor puede ejercer tanta influencia, es necesario au1primir á los tribunales 6 á· los abogado's.
ALFONSO .KAÍIB.

•

•••

Las cosas pasadas tienen sus espectros como loe hombres muertos.
P. FEvAL.

¿De quién será?

�DOMINGO

EL MUNDO

•go
UNA CONFESION

2

OOIIINGO

DAMAS DISTINGUIDAS

(Traduccién para "El Mundo."

I
El abate Cheminat estaba Eent::ido en en
confetionario detde h~cia yadoshoras, y l'I
digno Eacerdo~ Bt sentía muy caneado de
haber escuchado la larga serie de mezquinas
faltas y de pecadillos, á menudo imagim1,~
rios. que peea11 en la conciencia de las jórn·
nea y viejas devotas de un cura de provincia.
Este era conocido por su profunda y paterm l
indulgencia, por sn paciencia en eecucbar
los interminables detalles de escrúpulos, así
como por su 1::levada virtud, desue1te que sn
piado!:a clientel!I se bacía cada año mas nu
merosa, más exigente, en tanto que él ¡ay!
no se rejuvt!necía. Era un hombre como d"'
uuoa cit1cnenta años, que nunca había eidu
muy robusto y que una existencia llena de
ansterida'ies, en un clima demasiado duro,
había gastado prematuramente. En aque; a
noche de fines del mes de Febrero, se estre•
mecía de frío en el fondo de aquella capilla
d&amp; l(IS Mínimos que todos los habitan~ s
de Clermont Ferrand conocían muy bien y
que alza su fachada gris en el ángulo dé
aquella espaciosa y melancólica plaza de Jau•
dt&gt;, en la que se puede ver, la mitad del año,
la cimR del Pny-de•Dome, blanca de nieve.
Por fin se encontraba solo. Cinco minutos
más y subiría á la habitación que h-i ser.vía
de presbiterio; allí se caldearía al calor de la
chimenea, en su biblioteca, y proseguiría en
largo trabajo sobre la historia del clero de
Auvernia, al que pensaba consagrar su ancia•
1 idad, una vez retirado en la más pacífica canongía que le prometía Monseñor en una época cercana.
~in embargo, por apremiado que se encontrase por instalarse en su buen sillón y fren ·
te á sus legajos, como confesaba hasta las
cinco de la tarde y no había dado aun la primera campanada, permanecía en su puesto
como un centinela, escuchando con delicia
el eilenc:o de tumba interrumpido por alguna silla que se movía y que llenaba el santnaric•. EEte silencio era la mPjor prueba de
qu~ nadie wuía ya necesidad de su ministerio y que podia separarse. Así á. peEar~de
bU habitual dominio sobre sl uiis1no, no pu·
do reptitnir un movitoh•ntu de mal humor
ruand&lt;', con esa finura de oido de un sacerSri ta.Juana Torres Rlvas. - ( De joto;,raj'ta Vallelo y Comp.)
dote que conoce los ruiJosde su igleeia como
una ama de caea los rnirtos de en bogar, oyó
la puerta de emrada abrirse y unos pasos rápidos aproxi• incapaz de soportar el fardo de dolor que sobre ella pe
maree y luego detennae ante el confesionario. Algmen saba, y un sollozo la conmo\'"ió en tod!-' su sér, ~ient.121s
se arrodilló y tocó suavemente en la rejilla, detrás de la repetia aquel Ab ! desef!perado, afiad1endo: u¡ D108 mio,
cual una tabla movible formaba una especie de tabique.
tened piedad de mí! ..... ·"
.
.
. .
Aunque el abate Cheminat hub1eEe e1empre eJerc1do su
En Ja nerviosidad á la vez tímida y presurosa dtt e~te
acto, crmo en el roce de telas de que fnéacompañada, el ministerio en un medio en que Las falta.a rnn de un orden
;,bate Obeminat adivinó á una mujer. Imagin6 qne eHla- muy mediocre, había eecuchado mnc~as veces extrailas
confidencias. El alma huma.na removida en sus profunba obligado á. escuchar una vez más todo un largo relato
de faltas veniales, de peque.O.as mentiras, de cóltarad, tle didades, hace oir siempre tl mismo eco sini~st ro de lointemperancias, narraci6n como las que le baciJ.n pur cura y de desgracia auu entre las más deprimentes po·
ceJJteoares y que le obligaban á asistir imaginativam ubrezas! Y después ~¡ Eacerdote se parece al médico, ~ote á tantas inocentes y medianas existencias. D,jose que davía en este particular: no admírarse nunca de cualquier
esta última devota hubieEe podido muy bien esperar has- anomalía que para otro sería monstru?ea.
ta el día siguiente. Después, echándose en cara inmediaSin embargo, el viejo confesor quedo espant.ado ~nte la
tamente esta contrariedad poco caritativa, hizo una ora· aberración moral que revelaban las palabras de la.JOV~~·
ción mental y abrió la hoja del confesionario.
¿Cómo, aquella desgraciada criatura cuya. respm1c1,_,u
En medio de la sombra que se espeeaba, reconoció en la anhelante manifestaba su agonía, podía unu ta.nt.a vie•
silueta de la mujer arrodillada ante él, una joven, y en su
dad á tanto extravío: creer en el perdón de Dws, bui:!mirada que brillaba á través de un doble velo, que se en• carlo, implorarlo. y al mismo tiempo hablar ~e ~n crírmm
contraba presa de la más dolorosa agitación. Desde aquel
y de un suicidio? porque e.ilto era lo que significaba su
momento, la contrariedad de Cheminat dió lugar á uaa conft:eión: quena cometer un crimen y matarse en se•
idea del todo profesional. Sucede con el verdadero sacer• guida.
dote,-y él era uno de ellos,-como con el verdadero mé¿Pero cuál crimen?
•
La primera idra del sacerdote fue que se trataba de un
dico:
drama
Je
celos.
La
jo
veo
había
1-1ido
eng~flada.
Por
quién?
Uno y otro ante un enfermo de cuerpo ó de alma, nu•
Por uu marido? .Por un amante? Que importaba! Ha.tlJa
lifican en ellos todo lo que e3tá fuera de sus funciones
sido engañada y se preparaba á. veugar~e. En esta~ crisis
profeeionalei:i.
El viejo cura h"bía escuchadn en su viJa millares de agudas de la pasión, el único remedlO es ganar tiempo.
confesiones. Aquel mismo día había oído más de diez! ~l sacerdote no lo ignoraba, ne( fué .que comenzó á. res.
Peru cuando inclinó su cabeza gris para no perder una vonderla con la más pent:trante unción: .
-Hija mía. lo que uHted me pide, es 1mpos1ble. Ya
palabra de lo que ib.\ ú decirle la penitente, dt&gt;j6 ver á
través de la rejilla un perfil tau profundamente piadoso sabe uet.ed bien, que la sola idea U.e una falta es ya la
y atento, como si la recier llegada hubiese sido la prime- ta cuando esta idea ha sido aceptada, usted lo sabe bien
p~esto que dice que es crístiana. S~ la. misencordla de Dios
ra que Ee arrodill9.ra ante él:
significa exigir nuestro arrepent1m1en1? y volver sob1:9
El aspecto ascétic'&gt; de este rostro, 1mrcado1de arrugas y
nuestros pasos ...... ... la idea qne ha temdo ~d. de vemr
qne ilumiaab.i.n do~ pupilas nt&gt;gra::1 de una cándida seve·
á este tribunal es una gracia, una gran gra'?rn. No la de·
nJad,-si se pueden unir esta'i J.os palabras,-hicieron
que el corazón de la joven latiese apreturadamentf'. ¿De je e1:capar. Arrepiéntase de haber pr~med1ta~o un~ ac·
et'peranza ó de amo,? Qnien sabe. ~u respiración se hizo ción que Ud. misma califica de crimrna.l. De gracias ~l
nüs corta y recitó la oraci0o: 11.\fo ~onfie.m á. Dios ......... " Señor unicamente por haberla p10med1tado, renunc1t::
Ud. á ella de toda voluntad, con tc:,do corazón, y diga
II
conmigo: No nos induzcais en tentac10~es_. ....... ...... .
Vió que movía la cabeza con un movumento de rebel-Padre mío-principió con voz casi convulieiva, des- día, y con uo acento en que ya vibraba una voluntad inpnés de que el sacerdote dirigió algunas preguntas á las domable, respondió:
.
..
c-uales apenas respondió. -&amp;curro á ueted en una hora
No padre mío es inútil.. ....... m1 resoluc10n está toma•
t,.. nible de mi exit:tencia ......... E~toy en vísperas de co- da, baré lo que tengo resuelto y moriré dt"spués, moriré
uu::ler un crímf'-n, al que no sobreviviré ......... }fome pre- condenada. Y repitió: ¡Condenada! ¡Condenada!.: ........ .
gunte Ut:!t,ed q11é crimen. No se lo diria. Pero lo comete-Vuelv~ Ud. mai\ana, dijo el sacerdote, á qt?1en esta
rá. Debo cometerlo,-añadió insistiendo sobre ef!ta pala• exaltación asustó todavía más, consult.aré con nns supe
bra: Debo.-Y á peear de esto, padre mío, no soy mala,
riores eclesilisticoP, continuó prudente~~ote, y tal vez ...._.
ya lo veis; aun tengo fe. Vengoá suplicará usted que me
-¿Y si no puedo volver? lnterrulllplO la Ju veo. ¿Y 111
conceda de antemano la absolución de lo que voy á ha· maílana ya sucedió la deEZgracia? ...... .Me he arrastrado
l·er, para qne no muera en pecado mortal.. ... .... Ya com- hasta aquí esta tarde, merCE&gt;d á un úl.tuno esfue;zo, papreudo que este paso parecerá á usted insensato, porque sé r .1, no cometer esta acción horrorosa em haber Bido per4.uees un crimen, porque loconfies1. No lo cometa u:,ted, donada de ántemano. No, prosiguió casi desfallecida, no
- f ü mted á. decirme ....... .. Si pudiese referirle todo, patengo 1:alvación Dios me rechaza como los demás ........ .
dre mio, mediría usted mi miseria, la compadecería, y
¡en dom.le enco~traré un apoye,! ¡Córn~ sufro!. ....._.... .
sabría que esto es inevitable ........ .
El :tbate Cneminat permaneció unos instantes e1lenc10¡Ah! suspiró, apoyando eu frente contra la rejilla, como E'O. :\[iraba de nuevo á la extraña devo~a1 tratan..10 de

;a,1.

....

DE. MAYO DE: 1197

sorprender alguna señal de lo que ahora sos
pechaba. La descomposición de las facciones
de la penitente, no se debía únicamente á
su emoción. Vi6 en ella esa mirad.a amiosa.
y contraida que la maternidad pone en lasmu1ereF. El chal que1envolvía á la deEconocida se había entreabierto en el abandono
de eu último movimiento, y apareció muy
clara la deformación del talle. La juventud
de la desgraciada, la pobreza decente de su
vestido, lo espeso de su velo, la hora elegida
para desfü;arse á la igle~ia, todo revelaba
que la verdadera causa de su anguetia era,
no los celoe, como el confesor había creído
en un principio, sino la vergüenza de una.
muchacha en visperas de ser madI"t".
El sacerdote al hacer este descubrimiPntn,
fué presa de una angustia horrible. Toda la
responsabilidad del sacerdocio se conmovió
en él. Tuvo una intuicion ó más bien la evi·
dencia de que si trataba de saber más, el vio•
lento sobresalto de la vergüenza precipitaría á. esta criatura enferma del alma más que
del cuerpo, á alguna determinación inmediata. Al misma tiempo, la idea de la tleci •
sión audaz, casi herética, que era necesario
tomar1 lo hacía temblar de los pies á la ca•
beza.
Pero este sencillo y noble cura de provincia era un hombre de fe profunda, uno de
esos creyentes á cuyos labios sube expon•
tnneamente, en las grandes pruebas, la sn•
plica suprema: cdn. maaus toas, DominP,
commendo spiritum meum.)i Elevó su alma
Á. Dios1 con todo el ardor de que era capáz,
para obtener una luz, una inspiración que .le
permitiese descubrir la palabra bienhechora
-parae8ta alma desolada, que impidiese el doblfl crimen que esta suprema desPsperación
ha~ia resuelto. Le pareció que un rnplo de
gracia de lo alto había en efecto conducido
a él aquella joven. En el rápido y terrible
resplandor de esta meditación, comprendió
que el amor á la vida y la esperanza no ha·
bían sido arrancadas del todo de aquel corazón. La joven madre amaba aun la vida,
puesto que no se hab1a matado á los prime·
ros síntomas de en maternidad, y amaba ya
á la criatura puesto que no había intent,ado
matarla en su Feno. El sacerdote oró de nuevo con un fervor que redoblaba eusescrúpu•
loe., y con voz tierna y eevera dijo:
-Voy á pedirá Dios, bija mía, que le per•
done de antemano lo que va á. hacer ..... .
Unicamente pongo una condición irrevo•
cable.
-¿Cuál, padre mío?
-Antes de matarlo, déle usted de mamar.
Y como si tuviera miedo de sus propias palabras, murmuró más bien que recitó, la fórmula de absolución: uln
nomine ...... )) y 13u vieja mano t.emblorosa volvió á. cerrar
la hoja del confesionario.

III
La desconocida permanecía allí incapaz de moverse; tt
t.al grado la había aterrado la perspicacia del sacerdote.
Lo oyó salir de su confesionario y se extremeció de te•
rror ante la idea de que iba á detenerla, á. esperarla, á
hablarla. Pero no: se alejó del lado de la sacristía.
Díjose que acaso regresaría dentro de algunos ID.inutoe,
ili:&gt;spués de que hubiese tenido tiempo de quitare-e su&amp;
habitas. La idea de cruzarse en la sombra de los pilares
con este hombre que conocía su secreto, la dió fuerza pa•
ra levantarde.
Antes de matarlo, había dicho el confesor, udéle usted
de mamar,n y el pobre niño, que todavía no había nacido, habíase removido en el seno de la infanticida, como
Ai él también comprendiese lo terrible de esta reeo•
lución.
·
Tuvo la energía de llegará la puerta, apoyá.ndOEe t'n
las paredes, de llamar en la calle á un carruaje vacio,
uaa de eeas malas berlinas montadas sobre ruedas y de
vidrios plegadizos, que sirven de vehículos en el centro
de la Francia. Subió; las ruedas sacudidas sobre el pavimento impregnado de guijarros puntiagudoe, fueron pa•
ra ella un dolor físico, hasta hacerla grit.ar. No encontr6
algún bienestar, si tal nombre puede aplicarsele á. tal
miseria, sino una vez acostada fn el lecho de la pobre recámara de un hotel de última categoría en que se había
refugiado, cinco semanas antes, cuando había sido ya
imposible ocnltar su estado.
La luz que encendió iluminaba con una claridad movediza el papel manchado de las paredes, loe mueble~
de caoba usados, en otro tiempo rojos¡ Ja alfombra rapada que apenas cubría los ladrillos del piso. Este rincón
de angustia y de pobreza, era, sin embargo, un abrigo.
Tiritando sedeslizóJulieta (Pee era su nombre) entre las
telas de algodón usadas y bajo las delgadas colchas, SO•
bre lae cuales arrojósus vestidos para aumentar el abrigo.
Afuera los transeuntes caminaban, escucbábanse voces y risas: era la hora de la cena en la mesa del restaurant; alguien trató de penetrar en la pieza: era un boro•
breque se engañaba de puerta, y qne lanzó un juramento
al reconocer el número. La enferma tembló, al imaginar
que el cerrojo no fuera tal vez suficiente, y se leVf\ntó
para arrastrar su maleta sobre la puerta. Volvióse á acvitar casi helada, y se echó á llorar silenciosamente.
La calentura había hecho presa en ella, sus itleas iban .,·
venían en su cerebro y sus venas palpitaban al extrem ~
de creer que su cabeza iba á estallar. Uno pc&gt;r nno sur
gieron en su memoria sobre•excitada, los P¡.,isodios de l!'
fatal aventura que la había conducido á. aquell,i hora 81niestra. Como los moribundos rec-11erdt1n i,n existencia
entera desplegada ante ellos, recordó rn i11fanci.~ en Paríe, en el último piso de una triste ca •a de la cal'.e de

2

DE MAYO DE 1807

EL MUNDO

Santiago, cerca del Liceo de «Luis el GranDAMAS DISTINGUIDAS
de,i, en donde su padre era profesor.
Eran cuatro hijos que vivían del pequeflo
eneldo de aqellaclase. ¡Cuánta angustia! Ha•
cer el pal)t'l de una sefiorita, cuando eu aote
t-ra wem-'r que la de la hija de un arrenda·
dor, que una sana y robusta car:npeüna que
nu ha recibido inetrucción, que.no ha aprendido el piauo, ni la historia, ni los idiomas;
pero que tampoco ha tenido sueños imposibles y peligrosos; luegoJulieta volvió á ver
la muerte de eu madre y euceeivamente, la
dt- su be~wano menor, su hermano segundo,
y por últ1wo, su padre ...... A dónde dirigir·
set Ya no había casa, y por t-Oda eu fC'Ituna
poseía un tlt;ulo de institutriz.
Con la protección de uno de loe colegas del
muerto1 había entrado como aya en la casa.
de una faooilia rica ...... ¿Cómo se dejó sedu
cu por el joven B..\Tón de Querne, una de las
'Visitas de la casa? ¿Lo sabía eUa acaso? En
uua atruóefera de lujo flotan siempre los gérIllt"nes de las más funestas tentaciones. No
obstaIJte la benevolencia de aquella familia
¡cu.í..utas humillaciones babíasufrido, que la
habían hecho mala! ¡Que involuntaria é
irn sistible oleada de perversos sent.imientoe
se había formado enelhs. sólo á la aproxima•
ción &lt;le las jovenes de su edad, que, al venir de visit•a, rnbían muchas veceH á su pieza de estudio, en el último piso, para abrazar 1i sus pequeñas alumnas. Reepirarel perfn11oe de sua tocados, adivinar su libre y
hermosa vida de placer, d.! fautasía, y en algu11ae de ellas, loe 11mores eecn:tos, 11:1. ulcerabtiu el cora.zón.
Luego, cuando en el salón á donde bajaba
pol· las noches, el eefíor de Querne había
comenzado á fijar su atención en ella. ¿Dón d,· hubiera encontrado la fuerza necesaria
ptira contrarrestar esta seduccióu, c~mo ella
l1ubiera debido? Eete cortejo adulaba su
amor propio; era amada como una de estas
1.1Jnjeres demasiado envidiadas, por un joven
cuyas conquistas conocía. Creyó ser amada,
ckyó en este hombre que sin embargo nuaP.!l. le habla hablado de casarse con ella, y un
J.:a, de debilidad en debilidad, de concesión
t:"nconcesión, se había convertido ensu amante. Dos meses de embriaguez, de alegría profunda, insensata, únicamenta para ella; si él
la hubiese querido, aun cuando no hubieEe
1,ido má." que una hora 1 no hubiera tenido
la crueldad de abandonarla súbitamente, in.
1i I iéndole este ultraje tan atroz como impla&lt;·able: No te quiero, no es culpa mía. ¡AO,
Sr;ta. Leonor Torres Rivas . (Dejol.OfJTafui VaUeto y~}.
qué fraael ¿Y c6mo esta boca qne le había
hecho tan:ardorosoe juramentos, había podido pronun- ciente del día la miró ......... Era una niñ.a. La inocente
ciarla?
criatura movía sus piernecitae, ple¡!aba su3 párpados,
Las imágenes se hacían más claras, más terribles. Jtt- 11bría sus labios. Repentinamente Julieta escuchó en
lieta se volvía á ver en la época en que la terrible pers- i 1naginación la voz del sacerdote: 11Antes de matarlo dele
pectiva se había de~ubierto, y luego impuesto á su espí- m1ted de mamaJ'l) .......... Y docilment-e, casi servilmente,
ritu: ¡era madre!
apartó su camisa, descubrió su delgr.do seno y lo aplicó
En su espanto, no tuvo por un momento la idea de re• á ef'ta boquita que vaciló un momento y luego comenzó
currir al eeduc~or, demasiado orgullosa para sufrir las á absorver con avidez. Y á medida que las gotas de eu
dudfls denigrantes de aquel hoUlbreque ni aún había. leche pasaban á. esta carne nacida de eu carn~, las lágricre1do que era su primer amor. Se lo había dicho en los más subían á sus ojos, lágrimas dulces, bienhechoras, en
momentos de su ruptura, se había atrt&gt;vido á decírselo y que se abogaba su desesperación, hasta qm~ se puso á 80·
Jnlieta h1bfa callad J. Dias y dias se habían suC€didr y
llozar exclamando: "Hija mía; hija mía.)) Y en lugar de
ella en una terrible angustia.
'
aliagar á la. debil y miserable criat.ura, la mecía amoro•
Mientras pudo. disimuló su estado á las miradas de samente. El sacerdot.e habfa hecho bien en absolverla.
loe padres de me alumnas. Cuando compr'endió que su
¡Había sido salvada de su doble crimen!
Pecret.o iba á 1:er conocido, preteetó la enfermedad de un
P&gt;.uL BouRGET.
hermano suyo, entonces profesor primario en el Liceo
Clermond y Bt- dirigió, en efecto, áesta ciudad. Pero al
llegará la estación, no había tenido el valor de ir á ver
á. este hermano. Habíase hecho llevará un hotel ext.ra
viado, al azar¡ se habi'a inscrito con un nombre falso y
a' lí esperaba desde hacía seis semanas, hipnotizada por
VESPERTINA
la idea ~e. este crfmen, del que. habría deseado pedir perdón ant1c1pado al eacerdote. 81 el destino quería que la
criatura no viviese. ella viviría: su honor estaba salvado.
Roja puesta de sol.
Podía rehacer su f'xistencia, después de esta falta única.
Bordando el domo
Si el niflo vivía, ella y el niño morirían. ¿Por qué si era
del crepúsculo ígneo, se deRtaca
una 11.iña, la iba á t-xponer á. una suerte semeja.nte á la
la obscura ramaión de un árbol. como
Puya¡ tal vez peo1? ~i era un hombre, á :ia suerte de su
la sombra de un» mano abierta Yflaca.
padre y de su hermano, cuyas miserias de esforzados
Cruza el in~ndio un pájaro; parece
burgueses había conocido?
·
pincelada de sepia fugitiva;
Para los deegraciado3 que carecen de recurrns y que no
ya en lo altn el fulgor se desvanece
eon obreros ó labradores, vale más no nacer, ó morir in·
en un lúgnbre azul, donde cautiva
mPdiatamente ........ .
y engae11:1da eo penumbrru:o, se eEtremece
A través del torbellino de estas ideas, sus dolores f0
una pálida estreda pensativa.
iniciaron agudo~, tan crueles, que para no gritar, J 11tie1a
Por el gris é intrincado varillaje
mnrdía sus almohada", retorciendo so pobre cuerpo.
del bm:que, la tiniebla ailenc1osa
¿Cuánto tiempo dur6 esta agonía que tuvo el valor de
va tejiendo el sutil y negro encaje;
1-oportar sin que un gemido franqueara el dintel de aqne.
pero aun quedan prendidos al follaje
lla pieza que debía guardar su se~reto? Nunca hubiera
ampoi:i de luz caneJda y perezosa
podido decirlo, y el niño nació.
entre loe o~ muertos del paieaje.
Estoy solo y medit.o;
IV
y mientrassueí'io, y sobre mi cabeza
comienza á constelarse lo infinito,
F.ra por la mañan::,, una mafíaoa fría y gris de A u ver•
;¡l)ro mi corazón á la tristeza:
ni11 1 que filtraba eu claridad tenue á. través de las vidrie•
una tristfoza santa quP me viene
1"88. Julieta tenía alli ála criatura junto á ella, la sentía
¡&lt;1h mi Madre, de tí, Naturaleza,
vivir, y sin embargo, no había extendido aun f!Us manos
de tí que me haces Poñador y artista,
para tocarla. El horrible proyecto se había apoderado de
y dejas qne mi espíritu se llene
nuevo de su cerebro, bast-aria apoderarse de ella in media·
con un vago delirio panteísta!. .....
mente, cerrarle la boca con una mano y ahogarla. D'n mo¡Santa y dulce tria~za que me vino
\'imiento bastaba, ¡y qué movimiento tan sencillo! Pero
sin que yo la llamaFe! ......
no tenía la energía de hacerlo. Un caneancio inmenso
Cu,= lga en tanto
se había apoderado de ella, como si su voluntad se husu lámpara la luna, en t-l divino
biera apartado de su lado. De pronto, en el silencio de
silencio
de
la
nochP.
Y IDA imagino
la casa y de la calle, se hizo escuchar un grito agudo y
que ee una cele!:tial gota de llanto.
debil á la vez, que la sacó bruscamente del letargo en
que yacía. Pemó que era necesario prnceder. Cogió al
LUIS G. URBL.'.'A.
ni11o con un extremecimiento, sus dedos rec)rrieron al
fragil cuerpecito. Quiso verá la criatura y á la luz naAbril de 1697,

Silueta ducal.

Aureo copo de sol el cabello,
En su pálida frente corrt c1a,
Como un balo de euave destello
Tornasoles de nácar proyecwi.
A su rostro de virgen no iguala,
Al abrir su capullo la riea,
El perfil exquisito de Onfah,,
Ni la triste expresión de Eloiea.
Su belle.za idE'al sugestiona,
Tiene albor de nevada camelia,
Celestial beatitud de Madona
Y el encanto inefable de Ofelia.
En sus límpidos ojos engasta
El zafiro de tonos risueflos1
lgnea boya. que explende la casta
Lumbre a.zul de los místicos sueñoli!.
Son ilustreEI sus timbres preclaros,
Su blasón voluptuoeo embelern,
Blancas pomas ardientes de Paros
Coronadas con nimbos de fresa.
En su egrf'gio poder absoluto,
Reprimiendo amorosos arranques,
Corteeanos le ofrendan tributo
Níveos cisnes en glaucos estanques.
Ella extiende su mágico imperio
Que fascina y enerva y arroba,
Donde finje el tupido misterio
De las selvas, penumbras de alcoba.
En e.u armónica voz que subyuga
Como el eco de liras remotas,
Rima trémolos dulces de fuga,
En tropel, de vibrátiles notas,
Y después que al deleit.e apostrofa,
Vencedora en idílica lucha,
ne una extra.ff.a, romántica estrofa,
Loe pausados acordes escucha.
En los tiempos galantes, su porte
Conquietaee el amor de un monarca:
Fuera Harum-al-Rashid su cone-orte
O su heráldico paje Petrarca.
Ella suefia eer novia de un bardo,
De un poeta que fuesP un bohemio,
ne la Lírica, heroico Bayardo,
Que cantase aguardando su premio.
Imponente en su tierno abandono,
RPgia norma de esbelta elegancia,
Que llevara esplendorPe al trnno,
Dt'l Rey Sol Luid catorce de Francia.
CARLOS P10 URDA.CH.

OJOS NEGROS

Ojos de tímida virgen,
Ojos azulefl, serenos,
Loe ql1e infundís en las almas
De la eeper'l.nza los sueños;
Ojos que hicisteis poeta
Al que una vez logró verofl,
Ojos color de zafiro
Enamorados del cielo:
No despertéis en m1 mente
De aquel amor el recuerdo;
No me miréis compatiirns.
No os quiero mirar, no quiero
Ojos de púbera virgen,
Ojos traidores, protArvos,
Los que absorvieteis mi alma.
Los que incendiasteis mi pecho¡
Ojos que hacéis defldichado
Al que una vez lo¡:?:ró veros,
Ojos c6lor de tini~bla,
Grandes, profundos y negros:
No os apart.éis despiadados
Que estoy muriendo por veros;
Sed una vez compasivC's,
Miradme una vez al menos!
FER...'IAN(lRANA.

Abril de 1807.

Al campo voy como :í mi bogar orimero,
pues, al ir desde t--1 v.1l h• basta el otero,
de di~tancia en di8tancia.
f'l olor á tomillo y A. romero
me recuerdan las dichas de mi infancia.

•••

Le eres fiel, mas ya cuenta cierta historia
qne entre él y tú ee acue~ta otra memoria.
CAMPO.A.MOR.

�DOIIINGO • DE MAYO DE ,&amp;97

El:, MU1'1'T'IO

DOMINGO

2

EL MUNDO

DE MAYO DE 1891

LA MODA

Espalda de laa

~y,t·..

t1¡¡ura ■

J y 4.

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.■ ata con tres volantes, d• satín claro.

l.

Granadina con apl icaclon••· 2.

Jaquct bordado, con falda de

■ atín

nea:ro, 3.

... '

Traje d• seda India floreado. 4.

�EL MUNDO

OOMIIIGO

DE MAYO DE 110-,

2

caract.eriza, ellas han creado para los trajea de media estación muy bellas formas, haciendo resaltar la gracia de las sefioras que los llevan. .
Voy á describir en este género dos ó trea encantadores vestidos que he admirado en una excelente casa, y en los cualee está. bien marcada la nota del día
Uno en pan.o cachemir color mastic bordado de aplicaciones de raao. El cuer po~ un bolero, todo bordado de aplicacienee sobra un delantero de muselina
de seda crema. Como tocado una toca de terciopelo rubí hecha de gruesos bollo nes de terciopelo con cresta de puntilla antigua y ramillete de rosas té.
Otro, en lindo pafio gris azulado. La falda muy bien cortada, lisa entera·
mente, y el cuerpo ee~á formado de pliegues escalonados loe unos sobre los
otros delante y atrás, teniendo como ornamento un doble pliesée de tafetán de
dos k&gt;nos, fo,rmando sobre el costado izquierdo del cuerpo. Cintura drapeada
y cuello alto vuelto, adornado de un pequen o plissée de dos tonos. Toca de terciopelo verdefoUoje, b~llonada en birrete¡ sobre el CO!ltado u!l gran bouquet de
violetas blancas, y al pie de ellas dos pequeilae touffes de violetas del bosque
de varios tonos de color.
No es posible en eeta estación ir bien veetida, siguiendo las exigencias de
la moda, si alguno de loe trajee no se adorna· con bordados mate ó galón; los
bordados de todos géneros están en boga y no puede imaginarse nadie la cantidad de ornamentos en soutacbe fim, 1 pastillas de azabache y de otras clases que
adornan y realzan los trajes de hoy, siendo todos de un gusto sin igual. F11ldas
y cuerpos están cubier~s por ellos, y puedo citar uno que ~e vi~to ~n este gé·
nero para que pueda servir de modelo. Esen paño-cachemir roJo brique ador nado en lo nito de la falda y el corselete de un fino aoutache negro, enlazándose
en dibujos irregulares y de un efecto muy original.
En el momento actual mil chucherías á. cual mi.ts liniaa encantan la vista
con sus coquetones adornos y preparación, que, si bien no varían en el fondo
las lfneas del traje, e11ae le da:z;i un tono elegante y original. En este género citaré las corbatas de muselina de seda y encaje, que tan bien adornan loe cuerpos· se hacen también ruchMelegantes en cinta Pompadour, para rodear el cuello ~on nudo atrás y pequefla ruche del mismo. plegada en el borde;_en el delantero caen en forma de chorrera en gasa plegada adornada de encaJe ó puntilla fina formando pan.os hasta el talle. EitoS cuelloe, de una fantasfa muy
nueva son alt.os y se adornan la mayor parte de ellos de una lista de perlas de
c::&gt;lor ~on panos' de corbata en eurah orlados de encaje.
Las·pedrerías negras seducen esta temporada, y sobre los cuerpos, aal como
en sombreros y tocas, l9:s l~nteJuelae y bocachone son empleados de diversas
maneras y su favor va siempre en aumento.
.
Hoy el reinado de las floree está en En apogeo, y como todas laa muJeres, por
lo general, les rinden verdadero culto 1 es e l reinado má.s duradero. En
esta bella estación loe salones de las modistas son comparables á un parterre

~~i

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- 'f"'

~:h

tejuelas rodeando la copa y ramas de lilas mezcladas con un nudo de
terciopelo verde muago; i la izquierda la pasada está retorcida po,r un
grupo de lilas de muchos t.onoe y prendidas en una lazada de terciopeelo. Imposible comprenderá no verlo la gracia y elegancia de este
sombrero, verdadero adorno para una jovencita.
O~ro, redondo en paillaeson negro, muy ligero, es unaverdadera
constelación de azabache. Este sombrero, de una distinción absoluta,
puede convenir t\ \Odas las edades. Como adornos, plumas con draperie de tul bordado de lentejuelas, que forma abanico dela.o.te. Atrás,
sobre el mofto. dos pequel'ios grupos de violeta.a y choux de tul sembrado de lentejuelas de azabache.
Entre las novedades de la estación, citaré tombi~n las flores gigantea, que hacen ellas solas todo el sombrero. Hé aquí uno de estos
modelos: con gruesos pétalos de roE!as formando como una inmenea
flor; atras touffe de plumas negras. En todas hay las más selectas mo•
neríae que es posible imagmar¡ se hacen todavía en terciopelo delco·
lor del trajeó del adorno de él; se adornan con plumaa negras y gran
grupc, de violetas.
En las casas de costura se amontonan las telas más maravillosas
destinadas ya á. la estación estival, que ha de llegar en breve. La in·
dustria lyoneaa ejecuta en el momento importantes pedidos, que son
prueba de que las telas de seda han de gozar de gran favor, del coal
triunfan hace algunos anos. Nada, en efecto, viste mejor que estas ri-

e

Modelo de c:orae.

Modelo de corsé.

donde la flor de seda é tRreiopelo. tan decorativa como
linda, montada por babil artiEta, lucha en verdad con la
fior natural. Ella da á nueEtroe sombreros el adorno más
bello y elegante, y e!."ta estación será la que le conceda
todo su favor. La ciuta que Ee ha tratado de resucitar,
no podrá jamás dar á. nuestro!:! sombreros la nota elegante que ellos reclnman y que es tan necesaria para
complemento de un bello traje. La flor que goza la primacía en estos momentoca e3 Ja violeta¡ ella se encuentra
por todas partes, en touffee, en ramilletes, en cubrepuntae y afectando todos 101 tonos desde la violeta negra
basta la blanca, pasando por todos los colorea de su escala. Se la ve en todos loe sombreros, sea cual fuere su forma¡ est.a pequen.a flor con su lindo ío11aje, montada sobre su tronco, forma una delicada y linda cresta; así que,
una vez conocido este adorno, al cual no ea posible resistir, no hay eeftora que deje de ostentar en su sombrero
la modesta violeta que, 6in embargo, pasa sin hacerse
notar.
Para ser fiel á mi promesa. de hablaroca algo respecto á.
loe sombreros de novedad, citará alguno á fin de poder
formar idea de ellos. En sombreros, el birrete y el canotier.BOn siempre los mfls apreciados; se ven tambien tri•
cornioe yel gran sombrero, al.cual se le hace honor siempre, y como fantasía se hacen muchos con copas altas y
anchas con pequeflo borde plano levantado en un coetado para dejar pasar el adorno. Como ejemplo, citaré uno
en paja de arrqz negra, con doble draperie de tul de len -

.t.""
•,

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

Bata d e • atín, frente y e• p a ld a .

II
Instruir es educar. Educando ,,á la más cara mitad» se depoeitan en su eeno gérmenes de ei:peranza y de ventura. Por la juventud-que e&amp; la maga
del t,iPmpo-debemoe convertir en encanto'e_l estu•
dio, el libro en oráculo, la edad en eacerdocto y la
patria en eantuario del porvenir.
La inteligencia es la obrera del siglo~ y la nrnez
vuela como mariposa que busca en la floresta miel.
La generación pasa como abeja pensadora nu•
triendo su panal.
La instrucción civiliza como el talento ilustra.
La ilustración es la lumbura;del orbe y sirve de
faro á. la Repllblica, dirigiéndola por el sendero ee
las naciones ilustradas.
La ilustración hace de los p~eblos templo1:1 don;
de la libertad inepira culto, es la ídolo paz p1íblica
y el patriotismo, levantando altares á laeabiduria,
festeja loe triunfos del progreso, celebra las glorias
del genio, tributa incienso á la belleza móral y can ta en inmortal poesía himnos de civilización y de
contento. La ilustración ea el movimiento de la
época en el oleaje de la corriente univeraal.
III
La mujer ejerce en el mondo un poder irresistible: su imperio es el amor y no hay hombre que
ella. no sepa avasallar~ por eso allí donde brilla el
sexo hermoso con la apacible luz del pensamiento,

cas telas, que dan una elegancia tan marcada al \raje sin

··¡

buscarla t.anto en su hechura y sin complicaciones de
adornos. Los tintes admirables de las bellas eederias de
Lyon, la delicadeza de .sus dibujos en que la composición
artística es tan maravillosa1 tiene para toda seflora de
buen fusto un atractivo lleno de seducción. El tafe1án
tendr este año una boga creciente: es una tela de estío
muy linda y práctica, en la cual ta ligereza y solidez pueden deea6ar todos loe _tiempos y circunstancias; según su
color obscuro ó claro, él constituye el traje sencillo de paseo ó el tuje más elegante, con el cual se puede asistir á
un concierto, comida ó misa de casamiento, y es siempre
el traje clásico por excelencia, sólo con. variar tu forma ó
sencillamente sus adornos.

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~

1.'L.
'\

Traje parisle "se de P rl rri avera.

LA MODA
LA EOUCACION DE LA M UJER

:W.Estamoa en ph::i11u 1Jport; inlciaEe la temporada de carreras siempre concurridas por lo mejor de nuestra sociedad y la moda, que so pena de no vivir ha de ser opcrLuna, forja ya
y confecciona modelos del mejor gusto. De eat&lt;•s hemos escogido los mejores para preeentarlos á. nuestras lectoras, afladiendo algunos corsés de última novedad.
Para detalles completos, relativos &amp; los tlltimos caprichos psrieienses, véase la amplia crónica que publicamosá continuación.

CRONICA DE PARIS

El concurso hípico, que se abrirá en breve, no es solamente interesante bajo el punto de
vista de [la lucha y destreza entre los que se:disputan el premio; mas todavía creo lo es mirado
por lo que concierne al movimiento que produce entre nuestras elegantes para lucir en él loe
más bellos y ricos atavíos.
Es,:en efecto, el concurso hípico con el que comienza Jaexpresión de las aovedades más principales que van á dar el tono á la esiación.
Estas son muy deliciosas; todaslascosasque eeteacontecimientr,, frívolo al parecer, ha be·
cho eurgir de los más renombrados talleree, serán las que harán declarar una vez más que la
indetria de Parffl, la reina en el mundo de la moda, sabe buscar en sus designios loe grandee
aoontecimient.oe que darán la nota principal en el mundo elepnte.
Loe adornos nuevos se muestran en mont.ón y se loe admira con interés y curioeidad; iodo
cuanto se desea de más nuevo en formas y coloree lo encontramos hoy; loe vestidos sencillos
en líneas! pero que dejan una impresión tal de elegancia seductora y distinguida que no se
borra fácilmente. Hay afortunadamente mezclas en tRlae y adornos, combinaciones de cortes
y de colorea, q\le hacen una harmonía perfecta y agradable á la vieta. Pero hace alga.nos aftoe,
de tal manera ha escudrifiado la moda en loe recuerdos de grabados de otras épocas, y tan bien
ha imitado todos los _estilos, que es poco menos que imposible crear tipos de trajes absolutamente nuevos. Gracias, por lo iantro, al gueto tan e~izuro y á la imaginación tan fecunda de
nuestra.e costureras:, á fin de que cad&amp; estación traiga algunos cambios en el arreglo de los trajef!, ellas les saben dar una elegancia muy refinada, conservando siempre el estilo sencillo y
correcte, que es el tono saliente de la moda actual. Con el estinto innato de lo bello que les

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•-:ú,.,,- .. ,.
-•

7

Traje: para niño• de 3 á 4 aftoa.
Traje partsiense de paaeo.

I
Iluminarse con el fa.lgor de las auroras, recoger en su
caliz el rocío de las lágrimas, endulzar de este valle la
ámargura y embellecer la soledad, he aquí el destino de
esa flor viviente en brazos del jardín social.
La nin a es un botón de roea que al abrirse exhala delicioso aliento. Todo en ella respira virginal esencia : la
pureza de eu mirada 1 la dulzura de sus labios, la expresión de su sonrisa y su genial candor.
1!3 joven ha nacido como la estrella en en espacio para
lucir.
¡Cuán hermosa ee levanta en su esfera!
A mar !f Mr a,mula, ea el delirio que compendia su historia ierrenal. Por eso se educa mejor en el regazo ma•
temo.
La educación ea obra de las madres; y no hay afecto
tan puro como el carii\o maternal.
La maternidad es P.rovidencial maestra que desvelándose desde la cuna, ilumina basta el .sepulcro' con la ant.orcha de la sensibilidad.
Saludables ejemplos recibe la madre que crece aprendiendo laenseflanzade la virtud.
Quien cultiva unacampifla virgen, espera verla flore•
cer.
La semilla que se riega en buen cercado, ofrece muy
sabroso grano.
¡Qué dulce es á la ruda labradora saborear el delicado
fruto de la planta que sembró!

Traje para niños de: 5 á 6 añoa,

�DOMINGO a DE MAYO DE 11!97
296

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

~--,~

)a vida se embellece y el espíritu domina eobre el corazón.
Cuando el angel de la educ:ici6n abre sus alas hay un
cielo espiritual.
Las nifiae no son solamente pimpollos de los padree,
sino también flores de salón y adornos de la sociedad;
animan el suelo, engalanan el festín y perfuman el tála mo. Instruirse para reinar es su misión.
Princesa en su alcázar, la mujer instruida ciñe preciosa guirnalda que el soplo de los años no marchita y que
ni la misma furia de la desgracia se atreve á desgajar.
El amante se convierte en e&amp;poso de la pretendiente
educada; y la mujer halla en la educación un lazo para
aprisionar al marido.
La educación es la misteriosa cadena para unir las vo•
luntades.
Debe educarse la vestal que se consagra al templo, la novia que prepara su velo y la desposada que tiene en su
dedo el anillo nupcial; la soltera y la casada, porque to•
das han de poetizar su vivienda con ese libro que refleja
las almas coronadas de celeste resplandor.
La educación es aureola de la sabiduría del hogar.

_____ _
,

EL MUNDO

-..-.. - -- - - --=----:·~.,
•

_,__,_

~

~

-

IY
En el campo intelectual se alza la palma de· la ciencia,
á cuya sombra encuentra abrigo el sentimiento y se de•
leita la imaginación.
Si luce en el camino de la existencia, el desierto es un
oasis¡ y cuando el sol de la cat:a resplandece esparce en
torne- claridaé:.ea.
La educación ea el ambiente de la felicidad conyugal.
El cristianismo ha proclamado la santificación de la
familia, y la religión ea fuego celestial en que han de en•
cender di vi nas lámparas las vírgenes de la tierra.
Con primorosos y angelicales dones ha favorecido Dios
á. las mujeres; El las ha hecho imágenes buenas, dulces
y amorosas, como semblanzas del Edén: las ba enriquecido con espirituales galas, colmándolas demaravillosris
virtudes¡ pero con lo que más las ha coronado de gracia,
redimiéndolas de la tirania del pecado, ha sido con la
santidad del matrimonio instituido desde la creación en
el sublime misterio del Paraíso.
La esposa ee la amable compafiera formada de la ces•
tilla de Adán.
Los primeros amores divinizan y la mujer ha sido
criada para delicia del hombre.
La bumnnidad es la pareja enamorada puesta por el
Supremo Hacedor en el recinto del Edén.
La mujer educada simboliza la alegría doméstica, como la paloma es el emblema de la consorte fiel.

1

ENGANO SUBLIME
Por lb)aría l!esc:ot.
NUMERO 8.

¡Tres días en París!.. .... Qué
gentil advertencia! Corría yo
el riesgo de encontrarme cara á
cara en el boulevard con ese bebedor de sangre. Me fiaba neciamente á ]a promesa de ese
diablo de X ... ... , que me había
jurado que le sería rehusada la
licencia........ ¡ Y cuente usted
ahora con loe amigos! Nada,
que será. preciso ausentarme y
eso es lo que yo no quería ..... .

NUESTRA COCINA
Patatas.

El cocinHo ó la persona encargada del n~gimen de la
cocina1 ha de tener en cuenta que la patata esun nrticulo importantísimo y del que puede sacarse grandísimo
provecho, pues se presta á infinita variedad de guiaos,
todos agradables y nutritivos en sumo grado. Por consi•
gniente, para cada guiso ea necesario eecnger las patatas,
porque la elección de ellas entra por mucho en el resultado del uso-que ha de J1acerse de este tubérculo.
Así, pues, las patatas amarillas y encarnadas han de .
usarse para los guisos en que ee cuecen enteras, porque
dichas patatas no pierden su forma; y cuando se han de
emplear en purés ó en el ramo de pastelería, deben bus•
caree las clases harinosas.
Trajes de Sport.
Las patatas de secano son de la mejor clase, pues tienen
menos parte acuosa que las de huerta.
aparato
especial,
:emes
p11ede
c()n~ezuir.se
el
ohjeto
de
la
LO MEJOR DE LA VIRGEN
Las patatas nuevas, cuando no tienen todavía el volú•
men que deben tener, según su clase, son malsanas, de manera más eenc11la, echando agua en 1ma olla 6 manni •
•~;
en
lijo
boca
de
ésta
se
coloca
una
cubierta
de
mimbres
difícil digestión y sólo deben emplearse por pura neceei•
Lo mejor de la Virjlen, hija mía,
dad, pues no estando maduras y en todo su desarrollo, d1spuef:lta de modri que no toque PI agua· las patate1-1 sP.
ponen encima de dicha cubierta, la cual 'se r.ubre tam~
dice el padre vicario á Ro:-al ía,
no son las más apropósito para 1a alimentación.
bién.
con
una
tapadera
dP
rnadna
6
barro
guarnecida
de
Jo mejor de l\Iarfa,
Para todos loe guisos en que hayan de emplearse las
1
sin género de duda, es la pureza,
patatas, ha de comenzarse por pelarlas y cocerlas en agua un henzo blanco de dos h trPB dobleces, para que contenga el vapor, v se coloca la olla 6 marmita sobre el fuego
Roealla, que unida al hombre amado,
al vapor.
Y se l~ hace hervir lo suficiente para cocer las patatas.
siente el primer latido
Para cocerlas al vapor no hay necesidad de tener un
. Cocidas de este modo son muy agradables. -pues no
del fruto de su amor Fantificado
pierden nada de ~u aroma ni dP su gueto especial.
le contesta con roRtro enrojecid~:
Las patatas comdas al vapor 6 en agua, para servirse
. P~r~onad. iiefior cura, si os enoja
enteras, no deben pelarse.
m1 opn~tón en tal punto, que vos, padre,
Solo. deben m~nd11ree cnando hayan de eervirse en
tomareis como PX~rafia paradoja:
cualqmer otro gmso 6 condimentarse de cualquier otra
lo mejor de la Virgen, ...... es ser madre.
manera.
SAl.\'ANY.

Calañ..ares.

Pero habrá que hacerlo. El int
el 26 en camino para el polo y
ahí que los osos blancos lo de-

~Felipe á f'erna11do.
t1Rochefort 6 de J nnio.
«:lle íué rehusada la lioencia, Fernando. Recibo al mis•
mo t.iempo aviso de que estoy designado para la expedi~
-ción al Polo Norte, de la que habéis oido hablar sin
dude.
«P.rt.eo como teniente á. bordo del Intrépido. Parto
-denlro de tres eemanae. Estoy sorprendido de mi nom·
bramiento¡ no se designa _,.ordinariamente para largas
traveeiae-tres aflos cuando menos-sino á. oficiales que
lo han solicitado. Bajo el punto de vista del progreso en
la carrera, esto es soberbio; pero no soy ambicioso. Yo
.amo f'l mar por sí mismo, por sus peligro11, lo imprevisto
y lae i.randea y misteriosas impresiones que me brinda.
Lo amo como amante desinteresado y no como aman'8
ú";do.
11~0, yo nada he eolicit.ado; sin embargo, acepto, bien
-entendido. Sólo que no puedo resignarme A. partir sin ir
á veros. A falta de la larga licencia que solicitaba, no ob tengo más que un permiso de algunos días, el tiempo ne-cetario apenas para besar á Lila y daros un aprétón de
maU&lt;is.

Muy conocido es el guiso de este pescado, pero el que
v~mos áda.r hoy á councer es el que supera á todos por lo
bien que dice á estos, haciéndolos aaradables
hasta á las
0
pereonas de paladar más delicado.
. Estos ee sirven bien asados á la parrilla, con tinta ó
sm P.lia, después de emparrillados con un polvo de hari•
na Y yemas de huevo, pimienta molida, sal y agrio de li món de modo que r:esulte una masa muy ligera. También
se rehogan con aceite 6 manteca de vaca y se sirven con
una salFa hecha con agua, sal, miga de pan, azafrán y un
poco de nuez moscada.

FELIPE.11
u Felipe

dt .A vlrián á Leódi.ce .lfartín.

,,Se flor:
11Tengo el honor de preveniros que abandono Rochefort. Paearé en París loe días 10, 11 y 12 de Junio. Pa•
raré en el Círculo militar. Volveré á Breet el 18 de Junio
y el 2,~ me embarcaré.
«FELIPE DE AtrnlAN.•

Cuando.n.na enfermerl trl es':.á d~ moda ee muy dificil
A. una pa11s1"nse no tenerla.

-Y ahora, dijo Felipe, las cosas están perfectamente
-en rt-gla; ya no me ocuparé m&amp;Bde ese indecente.
E~e indecente, cuando recibió tal carta, se levantó lleno de có!era.
-¡Ah! vaya, vaya!.. .... pero ese hombrecillo rabioso.
no quiere, pues, dejarme en paz!. .....

E111111nn11el .lrnu,.

• **

Este fin de Siglo pertenece á los «inse:xualee .. : la mujPr
reclam~ á la vez e.u derecho al voto y á la esterilidad. La
maternidad da miedo.

,Tules Clretie. ·
Bluaa de Pon¡¡,ee.
Abr1~0 para niño de g á 10 años.

y0ren .. .... !
¡Y decir que yo soy el benefactor de ese muchacho!
¡que yo lo he hecho nombrar teniente! Un ingrat.o ..... .
¡Y eso me ha costado caro! Y el diputado X no ha hecho
cada de provecho.
Sonó el timbre.
-Preparad.me mi saco de viaje y traed un coche. Parto al instante.
An~ de abandonar el hotel, &lt;lió al conserge la c'oneigna de responder, á wdas las personas que fuesen A. buscarlo, que había partido para· Arkangel desde hacía un
mes y que allí pasaría el estío.

IX
Felipe no pudo obtener más que un permiso de ocho
dlea .
Eso era bien poco y había infinitas cosas que hacer durante tan corto lapso de tiempo. Llegado á París esperó
durante los tres días que habia designado, más no le Jlegó mensaje alguno. Para no correr el riesgo de eet.ar ausente cuando le buscasen loe testigos de su adversario, si
es que s·1 adversario le enviaba testigos, lo cual comenzaba ya á poner en duda, no se a\revía á abandonar el
Círculo militar, pasando las horas del día en leer las revistas y periódicos. Solamente en la noche salia.
Ahora bien, una noche, al pasar, ante el café Riche,
una voz bien conocida le llamó.
-De AubiAn! Pardiez! de Aubián con que sois vos!
Qué hacéis aqul?
-Sin duda lo que hacéis vos, Merville, paso.
-Y bien, yo no hago eso, yo no paso, yo digo como
Mac-mahon: Aquí estoy y aquí me quedo.
Sencillamente, heme agregado al Ministerio.
A fe mía comenzaba ya A fastidiarme del mar¡ ee monótono; y además París ...... sabéis, París ...... cuando uno
ha mordido ...... Y vos, veamos, de dónde venís? A dón•
de vais? qué hacéis?
-Yo, yo dejo el Neptuno y .me voy al Intrépido. Oc1.o
días de perm.ieo, eso es iodo, para abrazar á 1os mios.

Después vue 1vo á Brest.
-A Brest! Y sabéis acaso que ya no la encontraréis?
qué ha partido?
-Quién ha partido? PregunMJ Felipe aparentando no
comprender aunque la respuesta para él no fuese dudosa,
-Quién! pues Beltrana, hombre, Beltrana Martin! creo
que no la habréis olvidado. Sin embargo, hace largo
tiempo que vos y yo no hablamos de ella. Cerca de cuatro años!
Cómo vuela el tiempo! Paréceme que fué ayer cusndo
nos separamos. .Yo no me olvido de Breet y estoy aiem•
pre al corriente de lo que pasa. Le Goeleck y el hermoso
Forquet hablaban sin cesar de ella. Ahora ya no hablarén .
-Pero en fin, qué es lo que ha. pasado? preguntó Félipe
con una curiosidad impaciente.
-En primer lagar que la bija del Sef\or Martín ae murió: la joven á cuyo matrimonio vos habéis ......... cómo
decir? en ñn, vos ha beis debido asistir!
-Adelante, dijo Felipe sonriendo, continuad, os lo
suplico.
-Ah! no os guata la broma! Bueno no insistirá. Conque Valeria ~Iartin murió primero. Su padre no la había
vuelto A. ver. Permanecía d.isgUBtado con sus hijos desde el matrimonio. Aun ignoraba que estuviese enferma
y brutalmente le comunicó su yerno por medio de un telegrama la fatal noticia. Parece que el pobre Martín es·
tai:a muy cambiado desde hacía tiempo: ya no tenía go•
ces ni jovialidades¡ una actitud de viejo sauce llorón ..... .
El golpe fué mortal: un ataque de apoplegía fulminante
y ya no volvió á. eu conocimiento.
-Pobre hombre, exclamó Felipe c.on una piedad profunda.
Volvía á ver en su mente al anciano saliendo de la entrevista con él y alejándose desesperado, herido en el
corazón.
-Si, pobre hombre, repitió Mervill, pero también pobre mujer, por que de la cumbre de aquella riqueza y de
aquel lujo ha caído al precipicio de ]a miseria.
-Obl de la miseria .... ..... dijo Felipe incrédulo.
-Si señor, una miseria relativa, se entiende. Yo no digo que esté reducida á. mendigar su pan. Loe diamanies
con que se adornaba bastarían eolos para ponerla al abrigo de la mendicidad cruel. Pero cuando se ha vi vido
bajo un pie de gastos de dos A. trescientas mil libras, ee
penOBo veree reducida á la mediocridad de algunos millares de francos. En todo caso ella no ha querido dar :t ens
admiradores ese triste y lamentable espectáculo. Adónde
ha id~? ¿Qué ha sido de ella?

Nadie lo sabe. Algunos pretenden haberla encon.,rado
en Monte-carla, otros en Biarritz, en Vichy y aun en
Constantinopla. En suma, esos son cuentos y nada de poeitivo se sabe.
-Quién ha heredado, pues, al Señor Uartin?
-Su yerno, que era al mismo tiempo, eu propio sobri-

�EL MUNDO

DOMINGO a DE MAYO DE ,8117
OOMIIIGO z DE MAYO DE 1897

no, y en consecuencia su heredero más próximo. Unse·
fior demasiado inaceptable, entre paréntesis, que se ha
conducido coa la viuda de su suegro, atrozmente. La
obligó por medio de sus agentes á abandonar el hotel y
la población, y todo fué vendido!
-Y~ijo Felipe con un poco de ironía-ni Le Goeleck, ni el hermoso Forquet, ni vos Merville, ni ninguno de los adoradores de la sefiora Martín se ofreció para
reemplazar al esposo perdido.
-Ah! diablo! diablo! de Aubián, cómo sois ...... Uno
se enamora, pero con ciertos fines ........ .
Además, reemplazar á un hombre que tiene ocho 6 diez
m.illome, no es cosa facil.
Yo no tenía más que un corazón y dudo que Beltrana
lo hubiese aceptado, como no habría aceptado los de los
otros ..... . Con que os embarcáis en el ulntrépidon?
Pues bien, felicidades, querido amigo. Acaso no sea
muy cómoda la travesía. Yo que comienzo á h&amp;eerme
viejo, prefiero decididamente el Ministerio al puente de
un navío.
Sacó su reloj.
-Es preciso que os deje. Tengo una cita. Siempre hay
. citas en estie país ....... .
Y estrechando la mano de Felipe, partió tarareando:
Hay un Jugar en Sevilla ........ .

Habiendo pasado loa tres días, durante los cuales Leó·
dice no había dado señal alguna de vida, Felipe partió
para Lausanne.
Besó con viva emoción á la pobre Lila, muy pálida y
debil aún. Su visita, muy corta, dos días apenas, fué
grave, casi triste. .A. las preguntas reiteradae de su cuñado, respondió:
-Sí, es cierto, mi expedición será larga; sí, es cierto ...
me temo ........ .
Fernando exclamó:
-Pero vos, Felipe, tan aventurero y tan valiente ..... .
Una melancólica sonrisa pasó por el hermoeo rostro
del joven oficial:
-Oh! no es lo largo de la expedición lo que me asusta,
no rnn tampoco eua peligros; pero conservo en el corazón la impresión terrible de mi primer desembarque. Yo
no soy siempre feliz al volver! Me la cuidaréis mucho, no
es verdad, Fernando?
Y bruscamente, sin transición:
-¿Habéis pensado alguna vez en volveros á casar?
-Casarme! exclamó el viudo con asombro sincero; cómo podría pensar en casarme, Felipe? Mi corazón está
muerto y no volverá á palpitar ya más.
Y enérgicamente repitió:
-Jamás! jamás! jamás!
En el momento en que se proponía esta cuestión, el
aya entraba á la sala para tomar un libro que la niña reclamaba. Salió inmediatamente con una precipitación de
conmovida, mas no demasiado pronto para que la mirada penetrante del marino no pudieee advertir el vivo rubor que súbitamente invadió su plácido rostro, coloreándolo de púrpura hasta la raíz de los cabellos.
-¡Ah! pensó él, acaso Carlota!. ....... .
Pero esta suposición, esta duda no le inspiraba temor
alguno. Miró atentamente á su cuñado; éste no había
prestado atención alguna á aquella escena muda: la pobre Carlota no era para él mas que una especie de mueble ó de animal familiar; habituado, como estaba, á no
notar ni su presencia ni su ausencia, continuaba sus pro•
testas de eterna viudez y de eterno dolor.
-El nada sospecha de este amor, se dijo Felipe, y no
le hala.garfa mucho por cierto; la pobre muchacha ea tan
fea! Pero una mujer sinceramente enamorada ejerce tardeó temprano su imperio sobre un hombre débil; él es
muy débil y se dejará cazar. Por qué había yo de opo•
nerme? Más vale ésta que otra. E3ta es dulce, buena, faci I para vivir y adora á Lila.
Por la noche, cuando la nifia se hubo dormido, él pro,·,,oó las confidencias de la aya. Ella temía la oposición
úta Jvven y que tuviera bastante influencia para que se
la despidiese. Con cubores juveniles seguidos de palide•
cea mortales, después de haber negado largo tiempo, acabó por confesar el secreto que él había sorprendido.
-Oh! compaaivQ sefior Felipe, sed bueno con la hu•
milde aya, ella no podría sobrevivirá la separación, ella
es la débil planta que está atada á la encina magestuosa,
ella es el pajarillo débil que el menor rayo del radiante
sol hace cantar y vivir.
El sonrió y la tranquilizó. No solament;e no pediría

que se la despidiese, sino que sería su amigo y su a.liado.
-Yo sé, ciljo, que puedo sin temor confiaros el porvenir de Lila; sé que la amais con maternal ternura; só que
seréis siempre indulgente con la huerfanita. Hé leído todo eso en las cartas que me hicísteis el honor de escribirme: en ellas he leído que tenéis un sencillo corazón,
abJ1egado y generoso. Os doy, pues, á mi querida niña,
y deseo con todo mi corazón que su padre pien.se en ca•
saree con vos. Cuento con vos y con vos rnla, señorita
Carlota; continuaréis escribiéndome, enviándome noticias rnyas, verdad? Lila es olvidadiza, como todos los niños, Fernando es inexacto, como todos los artistas; pero
vos, en cambio, sois la exactitud y la regularidad. No os
dejéis, pues, desanimar ni por la falta de contestación,
ni por la incertidumbre de esta correspondencia. Aun
cuando lleguen á vos las noticias más siniestras, prome·
tedme que seguiréis escribiéndome.
-Compasivo señor Felipe, respondió ella con cierta
solemnidad, mientras la pobre aya sepa escribir, su corazón reconocido os escribirá.
Y jamás pro.mesa de novio, jamás juramento de caballero, jamás voto hecho á Ja madona fué más religiosamente cumplido. Carlota escribía en una especie de diario los menudos acontecimientos de la vida de familia,
que todgs los meses, al azar de los vientos y las olas, le
enviaba á. través del océano.
El abandonó á Lausanne más tranquilo.
-Algún día volveré del Polo, se decía; además esta
plácida y·sentimental alemana es la más inofensiva criatura del universo entero. Una especie de buena bestia
sin malignidad, sin traición, sin astucia. Madrastra ó
institutriz, ha nacido para obedecer y docilmente, obedecerá.
Pasó por Pontarlier, deteniéndose sólo algunas horas.
El tiempo urgía. Jacobo le recibió con una avalancha de
lamentaciones.
-¡Esto acaba, muchacho!.. .... ¡Que mi ejemplo te
sirva!.. .... ¡Hay que ca.anee! ¿Ves tú el resultado de no
hacerlo? ¡La gota! ¡Una satánica gota que no deja su
presa! Cáeate, muchacho; oye los consejos de la tía Fourneron; pues que ha de hacerse eso, más vale pronto que
tardP.
-Pero más vale tarde que nunca, dijo Felipe riéndo.
Yo lamento, mi querido primo, no poder ya solicitar las
funciones de garcon d' lwnneu,·.
-¡Oh! ¡oh! muchacho! No estoy todavía en ese caso,
pero voy para allá, aunque cojea cojeando. Eulalia consiente en casarse con esta vieja bestia. Es muy buena,.
es un angel de abnegación. La bondad es la primera belleza de una mujer. Los jóvenes no saben esto.
Felipe dejó á su infortunado primo, después de habe:r;
aprobado enérgicamente sus disposiciones nuevas, y se
dirigió á casa de las primas Lézines. Inmediatamente
notó algunos cambios. Eulalia tenía aires púdicos de desposada, confusiones de virgencita. Habló de Jacobo ruborizándose.
-Nuestro pobre primo Sommeres, vos le habeis visto
sin duda, Felipe. El Dios de misericordia y de perdón le
ha enviado la prueba de la enfermedad, pero es por su
bien, su dicha y su salud eterna.
-Amen, prima, dijo Felipe. Espero tambien que ser•
vir(eso para su conversión á las ideas del matrimonio y
que encontraré á mi vuelta alguna modificación en el es•
ta.do civil de los miembros de nuestra familia.
-Yo no sé lo que queréis decir, respondió ella bajando
los ojús.
En cuanto á la tía Fourneron., más ocupada, más ata·
reada que jamás, quiso sin embargo conducirá. Felipe
hasta el camino de fierro, diciéadole con un tono misterioso y confidencial el gran triunfo de su perseverancia.
-Aprende de mí, Felipe amigo, que no debe uno desesperar jamás de nada. Oh! este si que medió que hacer.
Es un burlón, un bromista terrible. Más de veinte entrevistas, por culpa suya, no dieron resultado. El sefl.or
amaba eu libertad. Oh ....... ! su libertad! Siempre la ha
tenMo y ahora no puede dar un paso. Felipe, amigo, yo
aguardo á toios esos obstinados para cuando les da el
primer ataque de gota! entonces ya no resisten ..... .
Ya sabes el nombre de la que será su esposa? Hum!
Habrías tú creido que esa devota tendría el corazón tan
tierno? ...... Ahora le ama como una colegiala.

-Y que dice Aglaé?
-Aglaé no está descontenta, eis una hermosa presa para su proselitismo.

EL MUNDO

Encadenado en su Billón, cómo podría sustraerse á. sus
sermones?
Pero hablemos de tí. Qué lá.stima q ne te vayas ...... y 0
iba á proponerte un negocio soberbio: rubia, veinte años,
linda, una dote de ........ .
Felipe no supo jamás la cifra de la dote de ese 1&lt;negocion
que era sobe1bio y rubio y que tenía veinte años.
Un silbido estridente, desgarrando el aire, impidió á
la tía Fourneron concluir la frase tentadora. El tren se
movió: Felipe, inclinado en la ventanilla, oyó aún reso • .
nar estas palabras:
-Reflexiona, ocasión únícal.. ...... .
Después, en un último grito:
-Rubia! Rubia!!
• SEGUNDA. PA.R.TE.

!XXI.
No lejos de la habitación del pintor, al borde del lago,
se encontraba un modesto chalet. Habitá.balo, sola, una
mujer joven. Percibíasela en el jardín, lánguidamente
recostada, con la cabeza cubierta con un velo negro. Vivía en el más absoluto aislamiento. Solamente en la noche, á la hora del crepúsculo, detenía.se un coche á. la
puerta del chalet. La extranjera, vestida de un Juengo
traje de duelo, atravesaba el jardincillo con paso lento,
pareciendo sostenerse con pena, subta al coche y no volvía sino por la noche.
Lila y Carlota en la reclusión forzada en que las órdenes de 1 médico las retenían, se ocupaban demasiado de
esta vecina misteriosa, á la cual apellidaban la ,(princesa
negra.u La aya inventó respecto de esta desconocida las
más fantásticas suposiciones: ya, que era una criminal
que hu.fa de la justicia de su país, ya que una ilustre
desterrada.
Todas las mañanas, á la hora del desayuno, preguntaba
al pintor:
-El honorable señor Duvernoy no ha visto á la princesa negra?
El respondía con indiferencia, pero ella insistía:
-Estoy cierta de que es una reina. ¡Hay tantas reinas
desterradas! Oh! ¡cómo desearía verla de cerca!
Este inocente deseo no tardó en cumplirse¡ una noche
las dos reclusas no oyeron el ruido del coche que iba á
buscará la princesa, y Carlota eu ebservación det;rás de
la vidriera, exclamó:
--Sale á piel sale sola! Oh, Lila, siquisiéseisprometerme ser juiciosa, yo podría segllirla, unirme ::! ella, entrever su rostro; sería yo tan feliz! ....... .. y después vendria
á contaros.
-Sí. si, id pronto, exclamó la pequeftuela á quien la
misma curiosidad pueril agitaba.
Una hora más tarde volvió Carlota,
-La he visto! me ha hablado! esundamaexcelsa!Una
Majtstad tan imponente! Es tan bella!
Después comenzó su relato. No había tenido trabajo
para reunirse con fa desconocida, por que ésta estaba
sentada al borde del lago en una actitud de melancólico
ensuefio. Un libro qun no lefa, permanecía abierto sobre sus rodillas. En el momento en que el aya pasó freo•
te á. ella, la extranjera se levantó y el libro cayó. Carla•
ta apresuradamente lo levantó acumulando las excusas
por el extremecimiento que involuntariamente le había
causado, solicitando su perdón. Benévolamente la prin •
cesa afirmó que perdonaba, y para comprobarlo consintió
en dar con la aya, un paséo de algunos pasos. Pero det.eniendose: nNo1 no, e3toy muy fatigada, muy enferma,
dijo. No, estoy demasiado fatigada, demasiado sufriente.11
Corlota ofreció su brazo robusto cuyo apoyo fué aceptado.
-Oh! querida mía, ella ha tenido á bien apoyarse en
mí, además me permitió ir á ofrecerle mi respetuoso 110menaje. Iré desde mañana, no es verdad, Lila? lo queréis?
Desde aquel momento, se establecieron relaciones de
intimidad entre la.e dos mujeres: condescendencia de n11 1.
parte, respetuosa deferencia de la otra. El corazón Bl·• •
sible de Carlota se ingenió en las atenciones d-alicada,-,
en los pequeños cuidados. Pidió al pintor la autorizacióu
de prestar á su vecina los libros. revistas y periódicos.
Cada mañana también le llevaba algunas floref; poco á
poco llegó á las preguntas y á las confidencias. Al principio la extranjera fué sobria en explicaciones.

-Yo no hablo del pa'laio, dijo, sino con una dolorma tristeza; pero á. VU9Stras preguntas, querida señorita, responderé en algunas palabra?. NMí en Bretafta, de una anti•
quísima familia: los Meriadec. Un l\leriadec, según se dice, reinó en otro tiempo sobre
la A.rmórica. Yo tenía 20 años cuando mi padre me hizo casarme con el Sr. Martín.
No dijo otra coaa¡ la romancesca alemana ~e encargó de colmar las lagllnas de esta relación demasiado lacónica. Si la noble mano de una l\Ieriadec se habfa unido á la de un
comerciante (ué sin duda por salvar la vida de su padre gravemente comprometido en
una conspiración realista y que est.aba á punto de dejar su cabeza en la guillotina. Se
conspira siempre en Francia. En cuanto á. la guillotina, qué importa! La aya no se
detenía por tan poco. Le gustaban todavía las historias trágicas del Terror, Francia re.
publicana era, á sus ojos, el país en que las mujeres, para salvar á sus padres, son conde·
nadas á. beber vasos de sangre.
Apenas hubo ella compuesto esta lamentable historia, cuando ee la refirió á la misma
se flora Martín. Esta la escuchó con un silencio Heno de aprobación.
-Estáis dotada de una penetración maravilloea, eefiorita, elijo dulcemente, de la
penetración de una alma compasiva.
D"spués dejó caer sobre el respaldo de la silla su cabeza fatigada:
-Sí, yo he sufrido, yo he sufrido mucho en mi triste vida¡ mis fuerzas se han usado
en las luchas incesantes y crueles¡ pero ya vendrá el eterno reposo. Espero la ve-

�300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

�DOMINGO g DE MAYO DE ollg7

EL MUNDO

"EL 1'1'UND0"

Semanario lluetrado.

TelHono 434.-Calle de Tiburcio riUm. 20.-Apartado

87 b.

M:EXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Reiacción. debe eer dirigida al

Director, Lle. Kaf'ael Rey~&amp; Spindol~.
ht. correspondencia q Utl se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lle. Fausto M.oguel.
La eub1:1cripción ll. EL MUNDO vale $1.;¿ó centavos al
mes, y t:ie cobra por trimeetee adelantados.
Núrutiros sueltos, 60 centavos.
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Tod.H.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.
R&amp;GIBI'RADO COMO ARTÍCULO DE SBGUNDA CLASE.

Significa un avance notable en el espíritu nacional la
ausencia de movimientos agt"t'eivos contra le.a colonias,
hecho desagradable que antafio constituía una de las notas más picantea del programa. Y dado este estado de
conciencia, es de esperarse que en lo fut.uro p~sida un
elevado criterio en la interpr~tación de anh-ersarios Be•
mejanteEI.
No hay razón para despt&gt;rtar una maflana con sedi·
mentos de:vie&gt;jo· odio hacia Estados amigo.~, cun quienes
estamos trescientos sePeuta y cuatro dfafl eu las má.s cor•
diales relaciones. .Edo8 aniversarios no e8tá.n destinados
á despertar olvidados rencores, ni ii atizar apagadas ho·
guera~. Han podido las nacioues desgarrar1:1e eu la larga
historia de la humanilad las unae á Jaa otras, ein que tm
el estado actual de los e!lpíritus se imponga la n ... cesidad
de sostellf r t"Ste pro,pecto de guena permauente.-Las
tribus primitivas viviau de la agresión y por la agresión¡
las modernas nacianalidádes de la solidaridad y ctd cambio.

fa mrrstía ~e la uiba.

·•

Un diario acaba de rozar con vuelo de ave uno de los
problemas que más ocupan la atención de los publicis·
tas y hombres de .Estado: la carestia constante de la vida
moderna. Es en efecto, una dolorosa nota eecapada del
prO@'reeo contemporáneo, la que se refiere á este desequilibrio entre el cuadro de necesid,ideE1 1 cada día dotado de mayor amplitud, y las posibilidades de satisfacerlas. Aquí,el pensador, el político, el economista, se de•
tienen alarmados ante la suprema angustia que se eleva
de una humanidad sedienta de alcanzar el supremo bien
que la civilización le ha prometido.
Y ¡cosa extrafia! el economista, el p~nsador y el político, están de acuerdo en que las condiciones económicas
de esta humanidad han mejorado visiblemente en estas
últimas épocas, y que á una baja, siempre continua de
de los prod11ctos indispensables para la existencia, corresponden un aumento en los salarios. ¿A qué obedece,
p·1es, estacdsis latente, este t.-stado de malestar que 1í
ocasiones encuentra espaciosa salida en las agitaciones
de los grupos socialistasó en las disolvencias desolado•
ras del programa anarquista? La explicación debe bus·
caree en un hecho que hemos delineado á la ligera: el
desarrollo ilimitado de las necesidades, como una con•
secuencia lógica de esa misma civilización, de la que,
aunque quisiéramos. no podríamos nunca renegar.
Un obrero de nuestros días satisface, en realidad, un
número mayor de necesidades que un señor feudal de loa
tiempos medioevales. Su vida está llena de más canti•
dad de comodidades, y, sin embargo, todavía no se considera feliz, y reclama una parte mas considerable en la
distribución de la riqueza social. El libro y el periódico
han deEarrolJado ante su vista deslumbrada un panorama nuevo, y hacia esta tierra prometida se encaminan sus
deseos y se encauzan sus aspiraciones, ¡La vida encarece! se prorrumpe entonces, y mientras en la pluma de
Toletoi este sentimiento, idealizado 1 se convierte en una
tendencia hacia el misticismo, en la boca de Bakoonine
se trueca en un movimiento de rebeldía.
Aquí mismo. en México, en donde el problema social
está muy lejoa'de hacer explosión, se ha anotado pos-,
treramente un hecho que vale la penadeeerexaminado:
un empleado público se lanza á operaciones fraudulentas contra el Erario. Es hábil y su maniobra puede pasar inadvertida durante cierto tiempo; se sorprende la
estafa y el interesado es sometido á un proceso 1 en el
que al rnr requerido para que manifieste las causas de su
delito, contesta con la convicción de un hombre que cree
haber encontrado el menos indestructible razonamiento:
mi sueldo no bastaba para Stender á mis necesidades!
Por fortuna nos encontramos muy lejos de semejantes
idealismos; el tipo de Juan Valjean no obtiene gran éxito, y todos sabemos que ha pasado el período del sen timen•
talismo penal, y que un delito no puede jamás ser excusa•
ble á titulo (je una buena acción, de una obra :filantrópica 6 de un hecho de alt.o y trascedental altruismo. .El
hombre que comete un asesinato con objeto de apoderarse de los bienes de la víctima, no podría jamás alegar
como exculpante, que ccn esos bienes trataba de fundar
un establecimiento de beneficencia pública. Precisamente en los momentos en que el señor Navarrete, empleado
de la Tesorería á que aludimos, presentaba su programa
de necesidades no satisfechas, el Jurado Popular condenaba á un reo de robo en casa habitada, cuyo defensor esgrimía en favor de su defendido, argumentos análo¡?os.No prejuzgamoe la cuestión; examinamos un sofisi:;na,
bastante generalizado, y que es necesario destruir.
El asunto de la careEtía ae la vida reclama, no obstante,
toda la atención del eetadieta. Es cierto que el legislador
puede int~rvenir en esta crísie, de la que sufren las clases
menos favorecida~, en el reparto de: bienestar social. Haca tres ó cuatro afioe, en un documento oficial, se iniciaba
la idea de mejorar la condición del empleado mexicano
mediante un aumento de la cifra de sus honorarios, que,
á pesar de la:; nuevas exigencias, continúan siendo los
mismos que bace veinte 6 veinticinco años. El bello
ideal á este reepecto es tener menos empleado~ y m'ás
bien retribul&lt;loP, ideal á que ee opone el carácter nacional, que ha:convertido el tiresupuesto en un frondoso ár•
bol á cuya eombra desea desransar cada ciudadano.
0nm0 sucede sit-mpre, la explicación de todos los feu6u11.•noR de ni:den económico y político que se descubren 1::u loe k'jir!n~ rte nuestra estructura nacional, proceden de oculia::i dolencias de un organismo que no nos
cansaremos de repetirlo, es necesario fortificar.

11'.a, fiesta, nocionales

q

los ctlranicro,.

Hemos, como todos los afioa, celebrado el aniversario
del triunfo obtenido por el ejército mexicano contra los
axpedicionarios franceses, en la época de la intervención.
Y como todos los ailos también 1 los miembros de lasco•
lonias extranjeras, residentes en esta capital, se haneafor•
zado en tomar una parte muy activa en la hi':'tórica festi•
vidad.

•
la solución pacifica de todas las dificultad.es que pudie•
ran sobrevenir en lo fur,uro, obviando choques y evitando diforencias entre los dos países de habla inglesa; ni la
manifiesta adhesión de Me Kinley á un contrato en el
que parecían de acuerdo los diversos partidos políticos¡
ni la influencia preponderante de los republicanos que
habían comprendido esa determinación en su plataforma,.
electoral¡ ni la consideración de la influencia benéfica
que había de tener un tratado semejante en las relacio•
nes diplomáticas de los pueblos civilizados, que en aquél
verían la posibilidad de mantener la paz por medios racionales entre dos naciones poderosas, y pt,rende, habfa.
de modificar en algo las ideas generales que sobre el
equilibrio profesan los partidarios de la paz armada¡ ni
la esperanza de que uaa convención así concluida, no
entre temores y s1..1bresaltos, no por amagos y amenazaa,
sino por espontáneo convencimiento entre dos nacionalidades fuertes, y con la conciencia de su poderío: nada
bastó á crear la mayuria que reclamaba en el Senado el
ministro Sherman, prest1g:1ado como el que más en el
Gabinete americano.
t'
Habló la negra honrilla que~ creyó ultrajada en el
tratado; se escucharon las insinuaciones del amor prnpio
mal aconsejado, que se juzgó humillado en algunas cláusulas, porque se pretendía someterá juicio de árbitros,
asuntos que se pensaran indiscutibles; resonaron en los
ámbitos de la alta Cámara las declamacfones de los que
no toleran ni el más pequeño é insignificante sacrificio:
se habló de imposiciones soñadas por la Gran Bretai'ía y
de t)retensionelil que lastimaban el decoro, y se propusieron enmiendas que coavi,rtían el tratado en tina
simple convención para instituir un tribllnal de arbitraje,
que dirimiera las reclamaciones mútuas, alejando la idea
primitiva de gran alcance y humanitarios sentimientos
que lo habían inspirado.
El resultado era de preverse: divididos así los ánimosY guiados por otras miras que turbaban la tranquilidad
del sereno razonamiento1 fácilmente se comprendía
que al fin la pasión prevalecería sobre el criterio; y los
que sofiábamos en que se iba á dar un paso firme en Ja
vía de la paz universal.invitando los pueblos anglo-sajones á las naciones civilizadas á dirimir sus posi_bles dife•
rencias por esos medios que aconseja la razón y apoya la.
conciencia del propio valimiento, hemos sufrido verdadero desencanto.
En vano tratan los hombres de buena voluntad de hacer prevalecer la razón sobre la fuerza; en el fondo de
\as aspiraciones mejores y más nobles y bajo las tendencias más laudables, rugirán encarnizarlos rencores y rivalidades, envidias y odios reconcentrados, que han de separar aun á los pueblos de la misma raza, alen~ados por
idénticos ideales de paz y de progreso.

~'\~cos
de las fiestas del 5 de
'\::'::,,t

~ayo·/&gt;í;\,+-

~

'\.

•
*.

Monumento á la memoria de Ooi:,ato Guerra
levantado sobre su sepulcro en la Rotonda de los
Hombres llustre•(Mármol de Ori,zaba combina~o con mánnol blanco.)

La República M)xícana no puede querer mal á la
Francia; su espíritu ha paeado á las arterias de la intelectualida.d nacional, y de esta nación nos nutrimos copiosamente. Y este movimiento no es un dilentanttiemo de
actualidad: e@tudiantio las ideas de los pe1sooajes más
prominentes de la Independencia patria, se descubren
huellas de loa principios que informaban á los revolucio•
narimi franceses. Los textos de los discursos de la Asamblea ConstituyentP, las grandilocuencias metafísicas de
los hombres de 1789, deslizadas en las conciencias de los
i11surgentes mexicanos, proporcionaron mayor cantidad
de materia prima que las austeridades de los fundadores
de la nacionalidad americana. Y estos heclios transfundidos de generación en generación, no pueden desvanecerse ante el recuerdo de un acontecimiento que la misma Francia ha condenado.
Estamos muy lejos de las utopías de la paz universal,
inaceptable dentro de los inflexibles egoísmos de los EstadoE!. La guer1a de Oriente en Europa es un palpitante
ejemplo de lo que puPde y debe esperarse de las hermoSM estrofas subrP Mnfraternidari univnF.taL P~ro los in•
tereses que antaño desunían á los pueblos tienden hoy
á estrecharl .. e.
Por eso en aoiverearios como el del Cinco de Mayo,
antes de la celebración de una victoria cvntra un país
amigo, se conmemora la total deeapa~ición de afiejos
agravios enterrados ya en la fosa dd olvido.

lhtlítictt ®tneral.
RESUMEN-Estados Unidos y Gran Bretaña-El Sena•
do rechaza el tr .. tado de arbitraje-El interes y el
amor propio-Un desPneanto-la guerra Sud afri•
cana y la paz europea-Alianzas imposibles.

Por cuarenta y tres votos contra veint:Féis, ha sido re•
chazado en el Senado americano el tratado general de
arbitraje, concluido no ha mucho 8ntre el ministro de la
Gran Bretaña y el secretario de Relaciones_d_e la unión
americana, en los últimos meses de la administración de
C!evelaod. Necesitándose para ~ aprobación de loa tratados y convenciones internacionales del voto de dos Wr•
ceras partes do los senadores presentes, faltaron cuati:o
que asintieran á las bases acordadas por ~r .. Olney y S~r
Julián Pauncefote, para que el tratado rec1b1era la deb1•
da sanción.
·
Ni el entusiasmo manifestado en todas las clases sociales de las dos grandes nacioaes, que veían, y con razóu,

Además del volcán en horrísona erupción que ha reventado entre loe desfiladeros de Macedonia y las llanuras de Tesalia, amenazando con general conflagración el
suelo europeo, derribando ídolos de un día y arrastrando
en :fiero cataclísmo á la nación helénica, rota y maltrecha
bajo la esJ?ada triunfadora de Edehm Pachá, desangrada y moribunda bajo la avalancha asoladora de las huestes del Sultán, en medio del universal abandono y casi
culpable desamparo en que la han dejado los poderosos
de la tierra, acallando los impulsos de su propio corazón
y oyendo sólo la torpe sugestión del miedo de verse en•
vueltos en comtilicacionea violentas, hay allá en el ex•
tremo sur del Continente Negro una nube de tormenta
que como el conflicto de Oriente, como la insurrección
cte Creta, como la desastrosa guerra greco-turca, puede
en un momento sumir á las naciones de Europa, á las
grandes potencias que tanto recelan un rompimiento, en
despiadada lucha por el predominio á que cada cual as•
pira por su parte sobre las regiones ecuatoriales.
Siempre guiada por sus ideas de expansión incesante y
desmedida que la han de hacer dueña absoluta de todo el'
continente¡ siempre arrastrada por sus insaciables ambi•
ciones que la han de colocarcomoseñoradesdeladesembocadura del sagrado Nilo haet~ el Cabo de las Tormen•
tas, desde las riberas del Senegal donde se oculta traidora la muerte para todos los colonos, hasta las costas
ricas que baña el canal de :Mozambique y las codiciadas
regiones de Madagascar; la Gran Bretafia no retrocede en
sus planes de absorción y marcha siempre adelante en
la realización de sus designios.
Ayer sublevó á loe invasores del Tranevaal, hoy ee pre•
para al amparo del prestiijfo inagotable de Cecilia Rho•
des, intérprete de sus designios, á declarar la""gnerra á la
República sud africana. Pero como el Presidente Krüeger
no esta solo como Grecia infeliz; como en caso de ser·
vencido por los batallones británicoe, padecerían honda••
mente loe intereses de las naciones que allá están com•
prometidos, ya se habla aun de imposibles alianzas en•
tre Francia y Alemania unidas á la omnipotente Rusia,
para detener las insaciables ambiciones de Inglaterra.
Existirán ó nó tales alianzas que juzgamos muy difíciles; pero demuestran esos rumores, que hay otro punto
sobre el que se fija la ateación de las potencias, y que si
lograra zanjarse el conflicto de Oriente, sacrificando á
Grecia en aras de la paz europea, pudiera surgir por cau•
sas no atendidas, algo más serio que la humillaclón del
pueblo helénico, qut, pusieralen peligro el trabajoso equilibrio europeo: la guerra sud africana.

·x.

Los alumnos del Colegio Militar en la Avenida Juárez.
Revi•ta Presidencial á la• tropas de la Guarrtición.-Carruaje del General Diaz.

X. X.

Mayo 6 de 1807.
La vida es pesada; hay que levantasla á veces con alaF,.
aunque éstas alas sean de mariposa: el tiempo tan cortv·
en .m duración, se con frecuencia demasiado largo cuando paia, muy lento 1 en el curso desigual de las horas;.
hay que ayudarla á paear con más rapidez y más agra•
dablemente, desde la aurora haeta la puesta del eol.
Lamartinr.

CONCURSO oE BICICLETAS EN ATZCAPOTZALCO.

El palco de las reinae.-Grupo frente á la casa del Sr. Zimbrón.

Francisco Rocha..-ler. Premio.

�304

EL MUNDO

DOMINGO !1 de MAYO de 0897

DOMINGO 9 DE MAYO DE 1"97

Concurso de bicicletas

formaba un junco; en el manubrio se veían bonitos escudos los
rayos de las ruedas estaban t'.api•
zad~~ cnmpletameñte ron flores
eFCOJidas, y del centro de la barra
que une el asiento y el manubrio, se elevaba un gran ramo
que cubría al eeñorRocha, quien
vestía un magnífico traje com.
puesto de pantalón corto blanco
blusa de sutah lila y gorra d¿
jokey de los mismos colores.
El 2? premio de 25 perna lo
re~ibió el Peñor Salvador Sancipnán, quien exhibió una máquina sencillameJ1te adornada
ron flores exquisitas y vestía
magnifico traje de s~da blanco y
azul.
E: 3er premio df' 15 pesos les
tocó á )oP jóyeneá Leonardo Zimbrón y Ciro f'astillo, que lucian
un ;wagnífico tandem perfectamente adornado.

EN ATZCAPOTZALCO.

Pintoresca la cercana villa em.

p_eñoeas sus autoridades y ~ntus1astas y distinguidos sus habi-

tantes, nada de extraño tiene que
la fiesta que organizó laJui,ta Pa
triótica de Atzcapotzalco y que se
verificó el día 5 del actual, baya
resultado una de las más animadas, entre aquellas con que se
celebró la fecha gloriosa para
el Ejército mexicano y el triunfo
que tanta trascendencia tuvo en
la vida de la República y la re•
conquista de nuestra autonomía.

••*

La tarde estaba nublada pero
la ll~ via fué galante y 'no se
atr~v16 á descender, poi no deshoJar las flores. descolorar las ban,
der3:s nacionales y manchar las
C?rtrnas que constitman el principal adorno de la calzada de los
Reyes, sitin que se eligió para el
certámen de bicicletas, adornadas CO!] flores. al cual acudieron
las prrncipales familias de Tren·
ha, Popotla, Atzcapotzalco, San
Cosf!le y !1º pocas de México, pa•
ra d1 vertirse y dar animación á
aquella fieeta.
Las señoritas vistiendo el traje
de campo que tanto realza su
belleza, ocupaban la numero~a

.

FIIANCISCO M. DE OLAGUIBEL

"ORO Y NEGRO"

.•.

__ ,,,IOI,,. __

El pensamiento,es un ·poder y
el talento una liberta1. ·
VICTOR HUGO .

adorno¡ pero se llevaron la palma las que hoy publica•
moa en nueEtros graba~os, y las siguiente:::
'
El Sr. Pascual 1\1. Dáv1l_a presentó su máquina adornad_a con flores blaJJcas y roJaB que formaban esta inscripción: 1&lt;5 de Mayo 1862.n
Ws jóveres ~!ías Chávez y Leopoldo O. de León,
mont,apan una b1c1cleta de dos asientos en cuya parte
postencr se formó un gran concha con flores y papel
plateado que servía de eombra á los ciclistas.
Jorg: C~rdero, precio!:!~ niflito de cinco á seis afias de
edad, ,eatido con un traJe de seda de los colores nacionales, montaba pequPfio velocípedo, adornado con flores
y raso color de rosa, figurando una cuna
~armeli~a _Méndez Rivas, de no mayo~ edad que JorgP,
l!Jc1ó su bicicleta adornada con raso blanco y lazo:1 de
het,ones blancos y azules.
Federico Mé.ndez Rivas, además del adorno floral de
su maquina, se presentó vestido de torero llevando en·
tre los manubri_os una bien imitada cabez~ de toro que
movía con gracia al manejar la bicicleta · ·
'
Carlevaris y Aguilera, dos caballeros d~ conocido buen
humor, provocaron ' la hilaridad de los concurrentes pres~ntando sus máquinae y vestidos adornados con za~ahona_s, ceboll.as, le_chug~s, c?les, etc., y dieron, COJ.1 sus
chistes de rngemo, ammación al concurso.

*
••

Salwado ~ Sanc.lprlán.-2~ Premio.

Deepués de varios paseos, los bicicletistas formaron
frent._, al J?Rlco de l\on_or; las estimables reina-S arrojaron
gran cantidad de c~W,etti y multicolores serpentinas á los
C?ncursantef&gt;, y entre aplausos del público que quedó satisfecho ~el fallo del jurado, procedieron á la repartición
de p:emioe, qu~ fué como sigue:
. Pruner premio de $50: sellar Fran:iscoRocha, cuyabi•
cicleta adornada con gardenias, claveles y listones, producía magnífico efecto: la parte posterior de la máquina

Leonardo Zimbrón y Ciro Castillo. -3er. Premio.

'Biller_ía que se colocó bajo una '1.'ela
á m1_taa. de la calzada, donde
también se levantaba, adornado
-con ~l mejor buen gusto, el palco
destmado á las reinas; los cabal!eroa paseaban por los espacios
libres y al frente de varias casa!:!
-en improvisadas tribunas s¿
veían los más admirables 'gru{)Os _
formados por las familias que
habitan en Atzcapotzal00, haciendo bonito contraste con los de la
_-gente del pueblo qne con todo orden asistían á la fiesta, enteras
mente nueva para ellos.

He conocido hombres dotados de
bueµas cualidades, mny útiles para los demás y ~in utilidad para @f
mismos, así como un reloj de sol
en la fachada de una casa, que in·
dica las horas á los vecinos y á. los
t~anetuntes. pero no al propieta•
uo.
Cn ... TEAUURIAND. ~

Poco antes de••
las cuatro de la
tarde los miembros del Ayunta
miento, el Sr. Lic. Angel Zimbró~
Y demás autoridades, se presentaron en el palco de honor, acom•
pafiando á las preciosas señori.
~~s Rosario
Ordoiiez, Teresa
1/,/mbron, Sofía de la Vega, Celia
'elasco, Carmen Maza, y Ana
María de la Torre, reinas del
co~curso, que vestían magníficos
_traJes.
Momentos d@spués comenza·
r?n ~ recorrer la calzada más de
c1e~ Jóven~s afectos al sport que
~emendo. ~nacimiento d~ que
iba á _venficar&amp;: el concurso, emprendieron el Vl8je desde Méxi-co .Y lucían allí sus buenas máqu~nae y su ha bilidadpara ma•
neJarlfls.
Muchas de las bicicletas ad.ar.Dad~ )la~aban la atención por
la ong1nahdad y buen gusto del

Sefior D. Carlos Sommer, Director generti.l de "La Mutua."-Presente.
Estimado sef'ior:
Agradecida á Vd. por la eficacia
para la consumación del pago de
la póliza número G74, 014, dirijo á.
Vd.'la presente manifestándole que
hoy en presencia del Sr. Lic. Di~go
Baz. Notario Póblico, recibi en
la nficina de 1&lt;LA MoTUAn la euma
de $2,394.38 valor del Seguro que
en esa Compañía ten fa á mi favor
mi esposo el tir. David Canon Ga·
u!, siendo por valor del Seguro ....
$2,000 00 y $394.38 por premios
que pagó por él y que c@nforme al
contrato se me devuelven :en consecuencia el costo del seguro fné
un peso.-De Vd. afma. atta. y S.

OTRO PAGO DE $2,394DE
"LA MUTUA"

ENMEXICO.
México, Abril 27 de 1897.

•

•
.

Señores Carlevaris y Aguilcra.

-•=..

..c
....,~..

S. Mre. Albine Gaul. ·-

SERENATA

"Entre un aureo repique de CMCabeles,

La. adora.da. á buscarme vendrá algO.n dla,
Y tenderi á sus plantas la poesta
Las enfermizas llores de mis rondeles.

Como aves
viajeras
que buscan
un nido
leJano,
Se pierden
huyendo
las notas
extraiias
del piano ... .. ..
Y en breves, undosoe y rápidos giros,
Se 1levan los vientos.
Loa ecos llorosos, de vagos suspiros,
Y vagos lamem.os.

Le ahuyentará la negra melancolla
Y alumbrado del tedio, las ~mbras crueles

Terrornado el concurso se im•
proyiearon unas carreras' que estuvieron vndaderarnente lucidas
por la habildad de lPs corredores que en ellas tomaron parte.

Concurso de bicicletas en Atzcapotzalco.-Grupo formado por los niños Carmelita Federico
é Ignacio Méndez Rivas y Jorge Cordero.
'

EL MUNDO

•

No hace mucho que con su habitual florido lenguaje
Eutre un attreo reptque de cascabeles
de ()?0t.&amp;, escribía Amad? ~ervo un artículo en el que
La. adorada á buscaqne vendrá algiln dia.
mamfestaba sus muy legtt1mos derreos de ver impresos y
No me llamNs entonces; la amada m1a
-corriendo P?r el mundo loe libros para él predilectos de
Me lleYará. A las filas de sus tropeles,
)." mi mano en las suyll!l, pA.lUa y fria
.algunos amigos suyos.
Iremos por la inmensa ruta sombrla
León Cladel ha dicho que lns odios de los poetas @on
Entre un aureo repique de cascabeles.
,sagrados y·parece haber en ellos algo de hechizo mal•
Ahora-, si queréis después del poeta conocer al hombre,
hechor que hace concluir ~al á. aquellos á quienes el
poeta lanza los rayos de sus iras¡ entre otrost-jemplos ci- os diré que Paco ó el gosse como le llamamos, es el mis jo•
ven de los que hoy tienen un nombre en las letras. Vive
ta á Napoleón III.
Ignoro si Nervo odiari, pero sus buenosdeEeos se cum- arrinconado en Provincia, lejos de sus amigos y de toda
plen. Después de el ,,Claro ooecuroi, de C-eballos des- producción literaria, lejos de todas las elegancias y los
pués del libro cruel, áspero y desnudo cc,mo la 'carne refinamientos que son innatos en él.-Singular contrast.e
de1:.1ga:~a sn~re 13: plancha del anfiteatro, después de propio de los grandes artistas: Balzac, el hombre que
l~s m1senas bien _vistas y e_xpresa~a~ en saliente y enér- mfts mujeres y más mundanos ha pietado, nunca pudo
~1ca pl'f'Ba, nos viene, glonoso pnne1pe llegando de le- salir del cuartucho donde sudaba, e:qgendrando su inJanae comarcas el 110ro y negron del muy alto y ldeñorial mensa ccComedia Humana.u
¡,aeta Francisco M. de Olaguibel.
DAMAS DISTINGUIDAS JllEXCC.A.N.A.S
Con qué unción, con qué e:xtremecimiento de manos, abrí el joyero brusco, toeca
,caja encontrada al azar tan pobre ay! como
rico su contenido. Ya, y para mi -ventura,
Ja pureza de loe diamantes y el oriente de
las perlas me era conocido. Sabíade antemano todo cuanto debía enc&lt;'ntrar: primero las
joyas sencillas, perlas muy pequeflas ~y
anilll'S muy diminutos, piedras delicadas
-que BA regalan á las mujeres cuando enn nifias. Sabia bien que el oro de esa Rimas
temblaba en carnes muy pálidas, que su
brillo serpenteaba tras la filigrana de los en·
-cajes. entre -pechos nacientes apenas y que
1 ,s ligeros brazaletes ceñirían puños bien
f ragiles.
Loe versos de j 1Ventud de Ola~nibel son
vírgenes que llevan; ya el preeentimiento de
sus fnturos duelos podía li'xclam8l'se de ellos
ron Casal, llevan t(la tristeza de los séres
,que deben mórir temprano.n Sus sneños eon
1,;1.Jbeantee» pero en esa blancura vive ya el
1 emor de lo negro. La provenzal, la arlesia•
11a que pasa entre las e@pigas, bajo E&gt;U cofia,
~1 canto zumbador de las cigarras, se aleja
&lt;le la Farandola, y aunque el sol sea radianae y azul el cielo, ella tiembla y pienea
~n el mistral que ee acerca y silba y sacude
y extrtemece.
LoB uCroquis modernosn y las uBaladas re•
-graen son las dos partes de la obra que tal
vez prefieta yo.
En la primera, en loF&lt; uCroquis modernmi»
liene Olagufbel notas únicas, leed su t(Ob·
seeión,n desesperante. lóbrega balada que
t'Olloza brotando del vaso donde se buscó el
olvido. c,El amor modnnon en el que quiero detenerme miis tarde y la «alcobai, y la
(1míetica.n En las Baladas negras cantan
todos los tonos. Balarla roja del crimen,
donde la sangre brota de los senos rafgatlos
de la amada. Balada rubia donde el cognac
gorgea y dice al tri@i;e uel teeoro de sus campánulas de oro)). Balada don/le la enlermedad-umadona aombría y pálidan-abraza y
da sns beeos de fiebre al -poeta, la Balada de
las almas tristes y la de las 11Perlas Negras,n
baladas sencilla@, baladas sombri:l.s, baladas
donde sonríe 1a 1&gt;iedad, baladas donde llora
la tristeza y bosteza el tedio, el soberano
tedio, el invencible tedio.
Al leer loe versos de Olagufbel pienso ne·
,cesariamente en los modernos maestros belgas, leed á Huysmans, á Vethaeren, i Rorlembacb, á. Maeterlink, mirad c(Las aguas
iuerlee1&gt; de Feliciano Rojas y decidme si en
Sra. María Luisa Romero Rubio de Teresa. (De fotografla Vallcto
el autor del c(Oro y Negro,» no flota la melancolía, lo lúbrico y lo místico, de los jó•
Olagufbel, sin embargo, se ha formad.o en un medio
venes maeetros de este -fin de literatura. Decidme si el
literario, hijo de Manuel Olaguíbel, su in~(Amor moderno,11 del que va he hablado antes, no pa- esencialmente
pasó entre las resonancias y las preocupaciones
rece salido de la pluma de Huysmans antes que la t.rapa fancia
del romanticismo: sobrino de Tublada1 bebió
y la brujería lo hubieran conquistado, 6 actualmente de estériles
desde temprano en las fuentes del modernismo, en cuyos
Eachilde:
pequeflos grupos en nuestro país habia de ocupar con
Nocasta.&lt;t hermosura.'! nJ rostro de princesa.
Nervo y con D,í.valos puesto tan prominente.
NI ojos endonde brilla la luz de la Ilusión:
Y ahora, amigo Nervo, á quien cupo la honra deponer
Satánicas beldades. perfiles de faunesa
al frente del «Oro y negron tan artístico Propileo, estáis
y trágicas pupilas de angel en rebelión,
contento? ee levanta la go88trie! Dejad que las pelucas
No bocas ideales de sonrosada fresa
académicas se estremezcan, no t,emáis má.s á. los CanibaEn donde tlembl&amp; el ósculo gentil de ia pasión,
Boca. Fensual y h1brica que muerde cuando besa.
lescos artículos de los jóvenes, no¡ q® loe poetas popu•
Con labios encendidos,-flores de tentación,
lares, los cantores del Cinco de Mayo y de loe listoncitos
Amores ardorosris, vibrantes y soberbios
y los cielitos y las virgencitas produzcan mucho, muchíDe Oomle brota el cant.o sonoro de 1~ uervios
simo, cada día más, es mi mejor deseo; en el día no leja-Hechos de fibra y f6Sforo, de médula v de luzno de las compensaciones, cuando Gut.iérrez Nájera teny sea nue.,;;tm musa como un sucubo t&gt;álido
que e.h6gue nuestras vidas entre su abrazo cálido
ga una está.tua y se haya olvidado á Guillermo Prieto\
mientras sucumbe el Suefi.o clavado en una cruz.
entonces, decidme, ¿qué pesará más, todas las obras de
Si no conociera tanto á. Olaguibel, al leer sus versos lo má.E! popular de nuestros poetas 6 el pequeflo volúmen
-creería de raza blanca, babíendo habitado ]argo tiempo titulado uOro y negro.?
Y ahora esperemos los versos del maestro Balbino Dá.•
Bruges la villa muerta que inspiró áRodembacb. Ahí en
medio de la tristeza de las call~f! desiertas, en la soledad valos el tcFlorilegio11 de Tablada, las uM.ísticas.,1 de Nervo
de los vili'joe barrios tapiados por conventos, en su alma y la «Carne- del doloroso Ceballos.
se hubieran despertado el recuerdo de los viejos hechiBERNARDO CoUTO CASTILW•
.:r.os de las nocbli'B sabáticas, y tal vez subiendo á- algun
Mayo de 1897.
viejo campanario hubiera visto desfilar ante él cercá.ndo•
Jo y envolviéndolo en sus macabricaR caricias las roncas
Enmenidee de que nos habla en su «Remordimiento.»
No creáis sin embnrgo al leer á Olaguíbel y sus clamores y sus llamamientos hacia el Nirvana, sus eternos bos·tezos de doloroso tedio, que para siempre ha hedido la
¿Oyes, Concha, loe céfiros alados
aroar~a hiel de la desesperanza; al final de su volumen,
que agitan tu abanico en derredor?
t&gt;I último de sus magistrales «Rondeles,u es todavía un
P.ues son todos suspirOll ó recados
grito de esperanzas, un canto claro y vibrante entre los
que te manda al óído
.gemidos de los organoa, un sol eeplendente brotando
CAMPOA~[OR.
;i audo enmedio del crepúsculo.

7

Y se oyen
Canciones profanas
Que giran errantes
Como caravanas
Corriendo hacia allá ..... .
Canciones que imprimen
Su huella temblando,
Y gime y gimen,
Y siguen andando,
Sin norte ni guia, ni rumbo, ni -plan ... .. .

Y vago,
Y lejano,
Diciendo tristezas
ignotas
Se anima el teclado
del piano,
CJmO un mar de nácar:
las notas,
Que hirió una borrasca:
la mano.
Aprestan los bajeles
.
sus quillas de armonía,
Despierta en los rabeles
la nota que dormia
Y entre las '1.lgas fres~as
renace la canción,
ED un torrente ciego
se esfuman las escalae;
Los ojos tienen fuego,
los dedos tienen a las,
Y un buitre misterioso
desangra el corazón.
~esangra el corazón!

Y mientras lae notas
Derraman sus gotas
De llanto en la mano,
O&gt;moaves
viajeras
que buscan
un nido
lc-jano,
Se pierden
huyendo
los ecos
extrañ.os
· del piano.....

*••

y C!)

E~ voces mi adorada,
Con su lúgubre balada
Me recuerdan la aventura
De tus fingidos desvíos
Y los mudoe desafíos
-Discusiones de ternuraDe tus ojoe con loe míos.
Me recuerdan que ayer, loca
Rió mi boca con tu boca,
Y loe besos, como altivas
Ilusiones de colores,
A libar-fueron amores
-Mariposas fugitivasDe tus labios en las flores.

Tú te has ido,
Tu te has ido ... .. .
Y ~unque muerta no te olvido:
Sobre mi hondo desconsuelo
Tu recuerdo flota y flota
Como nube, como nota,
Olmo el sol y como el cielo.
MANUEL B. UG \lITE.
Buenos Aires, 1897.

-Se dice mempre: Si yo hubiese vivido hace cien afias.
Se olvida que hace cien años no ae habria sido el mismo,
que no se habrían tenido las mismas idea~, ni loe mis·
moa gustos, ni la! mismas necesidades. Escomo si se tuviera la pretensión de imaginar lo que se pemaría siendo
ave 6 serpiente.
-Hay'una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay mons~ruo absoluto en la naturaleza moral
como en la fíaica.
\
PAUL BooBGET.

�EL MUNDO

306

DOMINGO 9 de MA'(O ' de 1897

DOMINGO 9 DE MAYO DE ,&amp;97

LA FERIA AGRICOI.A EN COYOACAN

está de fiesta.
La Sociedad Anónima
de Concursos, · perseverando en sus propósitos
de cooperar basta donde
sea posible al adelanto
de la Agri.cultura Nocional, dispuso reunir en
una sola exhibición todos los ramos que hasta
fioee del afio próximo
pasado se habían presentado aisladamente, espeOYOACAN

rando aeí comunicar mayor ímportancia é inte•
rés á sus concursos.
A eete efecto, con fecha 10 de Dicienbre último convocó á los agricultores, floricultores, ganaderos,
fabricantes é importadores de implementos agrícol~, piscicultores y en general á todos los que en cualqmera de
las Vastas manifestaciones de 1a labor agrícola empleen
su actividad y esfnerzos á una Exposición General de
Agricultura que se abriría el 25 de ~Abril y se clausurarla el 23 de Mayo de 1897.
Firmaban la convocatoria los Sres. Don Manuel Fernáncioz Leal, D. Guillerme Uhink, D. Francisco Sosa, y
D. Everardo Hegewisch.
Los Objetos que podían ser expuestos, quedaban comprendidos en los siguientes grupos:
Materias y procedimientos de explotaciones rurales.
Materias y procedimientos de la hort,icultura.
Materías y procedimientos de industrias agrícolas.
Agronomía. -Esta iística agrícola.
Productos agrícolas alimenticios de origen ve~etal.
Productos agrícola3 alimenticios de origeu ammal.
Productos agrícolas no alimenticios,
Insectos útiles y sus productos. - Insectos perjudiciales y vegetales parásitos.
Plantas vivas de todas clases.
Colecciones de plantas medicinales.
Flores sueltas, ramos y adornos de flores.
Adornos de flores secas y hojas.
Planos para formar jardines y parques.
Instalaciones de invernaderos.
Grutas artificiales y riscos.
Aparatos de física y meteorología, aplicados á la floricultura.
Instrumentos y aparatos de floricultura en general.
Mac~tas, floreros y demás objetos fle cerámica propios
para jardines.
Proyectos de jardines zoológicos.
Pájaros y peces vi vos.
Frutas secas.
Legumbres, tubérculos y raíces alimenticias.
Dulces de frutas.
Féculas.
Colecciones de modelos de frutas.
Arboles frutales.
Ganadería.
La inauguración de esta interesantísima feria se verificó, tal como estaba anunciado, el domingo 25 de Abril,·
habiendo presidido el acto la distinguida Sra. ~ Luz
Acosta de González Cosio, á quiea acompañaban los
Sres. Ministros de Fomento y Gobernación.
El pro~rama consistió en una poe:iía admirablemente
pronunciada por la nifla Clotilde Quijano, de la Escuela
~formal, y un interesante discur3G del Sr. Ingeniero D.
Eiequiel Ordoñez.
Es costumbre que el Sr. Presidente de la República
visite la Exposición de Ooyoacán en los primeros días
siguientes á. la inauguración. La visita presidencial se
veñ:ficó el domingo 2 del presente mes,
El Sr. Presidente, con su puntualidad acostumbrada,
llegó á. las diez en punto de la mañana á. la plaza de la
Constitución. dond:s e9perab1a do3 trenes especiales de
la linea de Tlálpam.
Recibieron al sef'ior GeneralDíaz los señores Ministros
deJ usticia, Fomento, Gobernación, Guerra y Marina, el se•
iior Gobernador del Distrito, el señor Oficial Mayor de Fomento, el señor Director de la E3cuela de Agricultura y

otras personas distinguidas, todas las cuales ocuparon el
último carro. En el otro iba la señora Rafaela Suárez, Di•
rectora de la Escuela Nprmal,_y . ~lgunas alumnas de esta
institución. ·
La comitiva presídenciS:l fué recibida en Churubusco
por el Prefecto de Tlalpafu. y por el P~sidente Municipal
de Coyoacá.n:, á quieñes acompañaba el Señor General
Alatorre y otraB personas.
.A. las 11 menos cuarto llegaron los carros á la Exposi.
ción. Un escuadrón del 21? Regimiento con banda y música hizo 'los honores al Señor Presidente.
Tan -pronto como el Primer Magistrado ocupó el puesto de honor en la rotonda del patio central del edificio el
Señor D. Everardo Hegewiecht Secretario del Consejo de
Administración ofreció el brazo á ia señorita Concepción
de la Fuente, alumna de la Escuela Normal, quien iba á
leer un trabajo escrito por e1Ia acerca de «La Vida del
:A,.cuario.1&gt;
La Befiorita de Ia Fuente in;ipresionó desde luego agra•
dablemente al auditorio. Es una joven morena de grandesJy h8miosos ojos negros. BU voz es dulce y harmoniosa
y su dicción facil. La joven oradora vestía elegante traje
de raso blanco adornado con listones de igual color. La

El General D.faz, se mostró muy satisfecho, y regresó á.
México á la una de la tarde.
Hoy disertará en la Exposición la señorita María Laine, el domingo próximo Ja señorita Ana María Castro, y
la distribución de premios se verificará el domingo veintitrea del presente mes.
El Consejo de Administración de la Sociedad .á.n6nima de Concursos de Coyoacán debe estar satisfecha del
buen éxito de sus trabajos .

ca de la ciudad y á orillas del mar, descargas de fnsilt:·
rí.1,, estampidos de cañón, el E&gt;ilbar dt las balas y los gritos de los combatientes, le obligaron á detener sus pasos.
-¡Cáspita!-e::a:clam6 para sí el Doctor en correcto
griego antiguo, porque se adaptaba al medio ambiente.
-¡Vaya un modo de hacer fuego! ¡Qué caflonazos! ........ .
¡Parece que diepaian con dinamita!...... ¡Ya estoy
en plena civilización moderna! ........ .
Y tendiendo una mirada al mar, lo vió cuajado de formidables buques acorazados, cruceros, cañoneros, torpe•
deroe, cazatorpederof:l, avisos y transportes de guerra, en
cuyos topos ondeaban sendas banderas de las grandes
potencias de Europa.
-Aquellos barcos-prosiguió Brijá.n-no se entretie•
nen en hacer salvas, pues advierto el terrible efecto de
las granadas en ese promontorio donde se alzan tiendas
de campaña y estandartes coronados de cruces, que acusan la presencia de un campamento cristiano. Por lo visto, loe Gobiernos europeos mandan aqtú sus poderosas
escuadras en calidad de amigables componedores en la
COiltienda de turcos y cretenses, y tratan de persuadir á
los últimos de Ja necesidad de la concordia. ¡Inclinemos
la frente ante estos irrefutables y atronadores argumen·
tos y busquemos un refugio qu.e nos ponga á cubierto de
lógica tan contundente y abrumadora!
Y alejándose de la playa, dió con un estrecho y corto
valle que se hacía entre montañuelas rodeadas de abruptos riscos, al extremo del cual, cubierta de espesos mato•
rrales, se formaba una gran cavidad al pie de un cerro.
A ella se acogió el sabio helenista á tiempo que reventaba en el valle un enorme proyectil cargado con melinita.
-¡Jesús me valgal-gritó nuestro viajero; pero su voz
fué ahogada por el eco de la formidable detonación, que
con pavoroso estruendo repercutía en aquellas cavornosas profundidades.-¡De buena me he librado! Forzoso
sed permanecer aquí hasta que cese el chaparrón de acero y dinamita, que según lo que arrecia, parece que las
grandes potencias están haciendo la apoteosis de la paz
armada.
Y acomodándose lo mejor que pudo en la ent1ada de
la cueva, se quedó largo rato pensativo, sentado en el
suelo, con una manr• en la frente y el codo en la rodilla:
reflexionaba sobre los progresos de la balística y de la
diplomacia.
De pronto, cuando ae extinguían loa últimos ecos del
tremendo estampido, se oyó una voz que desd0 el fondo
de la caverna gritaba:
-¿Quién va allá? ¿Quién turba mi reposo? Quienquiera que seas tú que profanas este sagrado recinto, respetado hasta por tos dioses inmortales, pagarás caro el ea•
crílego atrevimiento! ¡Caigan sobre tí las iras de las furias infernales!
Los pretéritos cabellos del insigne erudito debieron
ponerse de punta, porque daba diente con diente, temblaba. de los. pies á. la cabeza y sentía escalofríos en todo

El Doctor Brijá.n consum'ldo latino, insigne helenista, verdadero erudito y autor de nn trabajo histórico
que tiene por tí\ulo Incitaf,tJ y su ti.empo, no ha muchos,
días que viajaba por la isla de. . Creta en !busca de inspi•

Fachada del Edificio de la Exposición.

se.fiorita de la Fuen~ hizo nn bonito estudio de los acuaraciones, é falta de materiales, para componer un libro
rios para Balón, jardín é invernadero y fué muyapla.u,
consagrado á Epiménides de Gnossos, aquel poeta y filódida. En seguida el sefior Alcocér, dellnstituto Médico•
Eofo de quien refiere la leyenda que, siendo pastor y
dt6 lectura á un briflante trabajo sobre exportación de
mozo, harto de andar por brefiM y malezas, en una tarfrutas, que interesó vi vameute al auditorío. Tdrminaba.
de de riguroso estío, convidado por la frescura, el silen..
el sefior Alcocér de leer un trabajo, cuando llegó el sefior
cio y la obscuridad del lugar, y rendido al deseo del naLimantour, Ministro de Hacienda, acompañado de Don tural descanso, entró en una agreste y profunda cueva
José V. del Collado.
y muy á su gusto y placer se echó una siesta de cincuen~
El señor Presidente visitó en en seguida todos los de- ta y siete afi.os, día má.s, día menos.
No gusta el Doctor Briján de compafi.ías-le basta Ja
partamentos de la Exposición. Son dignos de mencionarse la colección de aves de corral del seflor Zayas En· de la sabiduría subjetiva,-y por lo tanto no es de ex•
ríquez, quien presentó también un libro utilísimo acerca trafiar que viajase solo y á pie, sin más guía que una
de cría de esos animales¡ la interesante exhibición de brújula y una carta alemana, y, para curarse en salud,
ería de gusanos de seda é hilado de esta materia exhi- provisto de dos salvoconductos, uno del Gobernador oto•
bición hecha por el conocido y afamado sericiculÍor Don mano y otro de Papamalekos, principal caudillo de los
.
Hi~ólito Chambón; el ganado de San Salvador el Seco; - insurrectos cretenses.
los ~nstrumentos agrícolas de la Escuela de Agricultura;
Gracias á dichos documentos pudo recorrer sin dificulloe IDstrumentos de Meteorología y un precioso acuario tad ni tropiezo, una buena parte de la isla, y admirar
de la Escuela Normal para Profesoras, y los carneros del
sus hermosos valles y elevadas montañas, su vegetaci~n
sefior Méndez.
lozana y exuberante y sus pintorescos paisajes; pero apenas encontró vestigios de los antiguos monumentos,
arrasados por la barbarie de Ja conquista, menos piadosa
y clemente que la mano dPstructora de los siglos.
Loe restos del célebre .Laberinto. que se hallan en
Gorthina, al sur del Monte Ida, fueron objeto de sus concienzudas investigaciones, y bien á pesar S'.lyo, porque
tiene afición á. todo lo peregrino y maravil;oso. hubo de
convencen:e y persuadirse, conforme con la opinión de
la crítica, constante demoledora de la leyenda, que aquellas intrincadas galerías, labradas en roca viva, no son
más que profundísimas canteras abandonadas, G.e donde
debió extraerse la piedra para la construcción, si no de
las cien famosas ciudades, de muchas de ellas.
Subió á la cumbre del Monte Ida, donde re1re6 la vis•
ta en uno de los más grandiosos é imponentes panoramas que ofrecerse pueden; pues á los encantos naturales
de la tierra, á la perspectiva del mar Egeo, poblado de
islas, que se pierde en el horizonte, y al cielo casi Biempre puro, claro y transparente, se unen los recuerdos bis•
tóricos de la civilización helénica, capaces por sí solut-1~
de encender el ánimo y arrebatarle á las sublimeB regionas de la eternal belleza, merced al grande y poderos . . .
influjo que ejerce en nosotros la sugestión estética d~I
. tiempo ó de la distancia.
Visitó á Candía ó Heracli6n, puerto que fué de Gnosaü$
ó Onossos, situada á cinco kilómetros de aquel¡ á Rethimo, la antigua Rithimnos, que ee asien~ cerca del Ida, en
la parte Occidental de esta eJevada montaña; y de camino á la Canea, la Kydonie de los griegos, hallándose cerEl General Dlaz y sus acompañantes.

•

EL MUNDO

Exhibición de la Escuela Normal para Profesoras.

su cuerpo. ¿Era sueño ó realidad? ¿Alucinarión rle la
mente, ó verdadera percepción de los @entidos? No: el
Doctor estaba despierto, en perfecto estado de concien·
cia; no le cabía duda. Aquellas extrañas palabras le infundían espanto; pero al propio tiempo sentíase poseído
de asombro y estupor que le robaban el vital aliento y
helaban la sangre de sus venas; porque la voz mistt:riosa
había hablado en griego, en el más puro y harmonioso
griego del Atica antigua.
-¿Quién anda ahí?-repitió aquella máecerca.-¿Quién
eres, mísero mortal, que te presentas con tan grotesca y
ridícula vestidura? ¿Histrión acaso que apela á semejante indumentaria para solaz y recreo de los ojos? ¡Ni el
mismo Dios de la risa pudo ofender de tal suerte las le·
yes de la belleza y la majestad de la forma humanal
Habla, ¿quién eres?
-Safior--balbuce6 el doctor en el mejor griego que
sabía;-sorprendido por
violenta tempestad, me re•
fugié en esa cueva. Soy extranjero ..... .
-Harto lo dice y corrobora la aspereza de tu lengua; mas ¿por qué has turbado mi sueño con tanto
eli!trépito?
-No me culpes á mí,
que soy hombre natural•
mente pacífico i enemigo
de todo rui1o, y más del
que causan y producen los
explosivos modernos. Culpa á la civilizada Europa,
representada por las escuadras que no lejos de este sitio puedes ver y admirar
en medio del marespacioso.
Y Briján, cuyas pupilas
contraidas por la claridad
no le habían permitido hacerse cargo de su interlocu•
tor, vió salir del fondo de
la cueva y dirigirse al valle
á un decrépito anciano de
venerables canas y larga
barba que le llegaba á la
cintura, vestido de quit.ón
y clámide y calzando cáli •
gas.
El_ cual, sin reparar en E'll
asombro del Doctor, que seguía sus pasos, se encaminó
á la playa, y abarcando con
la vista al mar, queengrande extensión se mostraba,
sorprendido de tan numerosos, diversos y para él extraños: buques, exclamó:
-¡Naves qne surcan el
imperio de Neptuno, sin
remos ni velas, vomitando
penachos de humo y estremecen el aire, la tierra y el
firmamento con sus truenos! ....... ¡Estoy so.fiando!
¡Qué maravilla!
-Bon buques-contestó
el Doctor-que se mueven
á impulsos del vapor que
engendra el sueño.
-¡Vapor, fuego! Plutoa.
Aspec:to de la rotonda en el monmento de la cot1ferencia.
domefiando á Neptuno,

usurpando el poder de Eolo?--exclamó el anciano.
-¿Tan ajeno vivf's á las cosas del mundo para ignorar·
las de tal suertt-? ¿No has visto nunca el mar?
-Cerca de sus orillas se meció mi cuna: soy de Gnosos.
-¡Gnosos! ¡Ni vestigios se encuentran de la ciudad!
-.J:4.:xtranjero, si no ba~ perdido la razón, Baco turba
tus sentidos. Dic~s que Goossos no existe, cuanJo bá
nea dias que estaba yo allf.
-¿Há tres días que dejaste una población de la cuál no
queda má~ que el recuerdo? Quién eree, extraña visión,
pues cuando más te miro más dudo fle tu realidad corpórea?
-Soy Epiménidee, hijo de D0rfadea, el favorito de los
dioses ........ .
-¿Epiménidee, el filósofo cretense que estuvo dormido en una caverna más de medio siglo?
-Si¡ abrumado por los aiios. harto de la ingratitu1 de
los hombres y de la crueldarl de la muerte que me condenaba á vivir, me encerré de nuevo en la cueva con el
propósito de entregarme el descanso; pero es tanta mi
desventura y tan mala mi estrella, que cuando me quedh.ba traspuesto, vino á. despertarme el ruido infernal de
estos navios.
-¡Un breve sueño de veinticinco siglos! ¡625 olimpíadas!
-¡Seiscientas veinticinco olimpíadas! ¡Desvarfo! ¡~o
ea posible! ¡Si fué ayer cuando me refugié en la cueva y
quedé dormido!
-¿Acaso la nada es susceptible de tiempo ni medida?
-¿Te consagras también al estudio de la filosofía?
-Qoién no la esrudia; pero ¿quién saca verdaderofru•
to de sue ensefianzae?
-¿Ha contribuido al perfecionamiento humano!
-El rebano, la multitud anónima, el vulgo es casi el
mismo que conociste. Eterno niño, se entretiene en romper los libros cuando no se burla de sus maestros. Ni
aprende, ni se cotrige, ni le escarmientan las lecciones
de la experiencia. Candoroso de suyo, se deja seducir
facilmente por cuantos saben halagar sus gllstoe pueriles.
Versátil é inconsciente, hace ú. veces pedazos sus juguetea favoritos para llorar luego su pérdida. No carece del
concepto de la moral; pero suele fallar más con la pasión
que con la justicia. No soporta la contradicción, blvida
los favores y paga casi siempre con negra ingratitud á
quien mejor lea sirve.
-Reconozco al pueblo que me llevó en triunfo cuando
le libré de la peste, y pasado el peligro me obligó á refllgiarme en la cueva; pero no dudo que los que tienen la
misión de encaminar y dirigir sus pasos, merced á las
enaefianzaa de la historia y al natural progreso y el deseo.
volvimiento de los principios morales y sociales\ habrán
perfeccionado el arte del gobierno. cimentándo o sobre
el derecho y la justicia en su concepto más puro y elevado.
-¿El derecho? Mira los navíos q_ue arrojan sobre la
playa instrumentos de muerte y de ruina: pues ése es el
derecho. ¿La justicia? Héla allí en aquel campamentn
de patriotas cretenses, rodando ensangrentada por el
suelo.
-¡La fuerza, siempre la fllerza, soberana del mundo!
Mas ¿quién usurpa el cetro á Júpiter? ¿Quién de tal suerte se apodera del principal atribnto de su divinidad y
fulmina sobre la tierra los rayns destructores?
-Há. muchos eiglos que Júpiter perdió la corona.
Ahora reina Pinto y gobierna 1\forcurio.
-¿Y Minerva, mi querida Minerva?
-Sobornada por ambos no se desdeña de servirá Mar•
te. Gracias á ella las naves navegan ain velas ni remos;
llevan el huracán en sus entranas, y le menosprecian si
se opone á su marcha; se alumbran de noche con la claridad del día; amparan y protegen á sus tripulantes con

�Habiendo desaparecido su cadaver, se creyó que había sido entregado á. loa musulmanes. Y ninguno oyó hablar más de él .

............................................................................................................. ·············

La señorita Concepci6n de la Fuente pronunciando su discurso.

murallas de acero, y disparan á mansa! va enormes arte•
factos de metal, que encierran en su seno el exterminio.
-¿Mas que causa mueve é incita á estos extranjeros á
hacer guerra á mi patria?
,-La común envidia y el temor del bien ajeno. Tupatria. ea una doncella. eternamente hermosa que arrastra
las cadenas de larga y cruenta esclavitud. Por romperlas ha vencido á Penélope en la constancia, á Hércules
.-n loa trabajos y á Aquiles en el valor y el ardimiento
E!'lpera al fin sacudirlas; pero los grandes Estados de Eu~
ro}Ja, codiciosos de la po~1 aióq y ~bardes pf!,ra la disp~·
ta, le ofrecen á ma11.os ll~n·as la libertad, s1 en cambio
pacrifi:ca el firme ~ acendrado amor que profesa al pueblo
helémco. Ella resiste pensando sólo en el elegido de su
,corazóa, y los rivales se unen y congl'E'gan aquí para imp_oner su voluntad con la fuerza bruta. Así, la diploma•
c1a, ~sum,en y compendio de ~ajas pasiones, eia alteza
de 1!11ras para alentar y servir loa más nobles ideales,
haciendo basta ostentoso alarde de tenerlos en poco disp0ne á su ~nt?jo d.e la suerte de lo~ Estados débil'es, y
busca su 1ust1ficac1ón en la convemencia de prolongar
una paz vacilante y i,iempre en peligro¡ paz más costosa

Exhiblci6n de Sericicultura de don Hlp61ito Chamb6n.

é ini~ua que la. misma guerra, porque las naciones se
arnnoan al peso de las armas que acopian la mutua desconfianza, la torpe emulación y el constante recelo. De
e¡¡ta manera obran y proceden las potencias que se jactan de marchar al frente de la civihzación,
. -¡Esto no ea h,.civilización-exclam6Epiménidee aleJándose de la orilla del mar,-aino la barbarie ilustra•
da! ........ .
-¿Adónde va ..? -preg1mtó el doctor.
-¡A mi soledad, á olvidarlo todo, á dormir en lo más
hondo de la caverna, donde no puedan despertarme los
rugidos de la fiera humanal
NILO MARÍA F ABRA.

Imita á aquella nueva Galatea,
pues, al ver quef!,lgú~ hombre la subyuga,
para no eer vencida siempre emplea
la gran estratagema de la fuga.
CAHPOAMOR.

AMARGURAS

Est~ba triste, macilenta, con el alma sumida en el do•
lor, BlD esperanzas para el porvenir.
Todo la hastiaba, basta la religión.
Una vez amó; pero con un amor puro y sin límites, y
la engatiaron. Al verse burlada, rompió con la sociedad.
Se reccmcentr6 en el reducido espacio de su pequeño
bogar. Hogar frío donde no encontraba afecciones ....... ..
Después cobró odio invencible á los hombres. EBoaeran
los culpables de su deegracia.
Pensó ~n el suicidio¡ pero ¡ay! únicamente se valen de
este medio los pobres de espíritu ...... -Ella no podía EO·
portar más el desencanto de la vida.
No, nos más ver aquel sol que alumbró loa bellos días
de ª1:1 pa.sada felicidad. No más abismarse en amargas
med1tac1ones á orillas del mar ........ .
......... ¡Ah, euAntasilusiones perdidas! ........ .
•······••ICuAntas venturas frustradas! ........ .

Era una noche tempestuosa y obscura en que se ofau
retumbar ~os atr&lt;?nadores ecos de las nubes; ella que no
creía en Dios, lo imploró frenética con todas las fuerzas
de su a~ma para que le quitara la horrible excitación que
la dommaba,
Se efectu? .un milagro. Cayó en profunda meditación
Y oró. Rep1t1ó las oraciones que cuando tierna nin.a le
enaefiaron sus padres.
El bálsall?-o dulcísimo de la religión, de la religión que
tod_o lo purifica, fué un gran lenitivo para aquella at,na
8edienta de corurn.el-0 y marchita por loa dolores.
ROSARIO ABMENTEROS DE HERBERA.

Se asombra con muchisima inocencia
de coeas que aprendió por experiencia,

•••

:..

Como todo es igual, siempre he tenido
un pesar verdad.aro
por el tiempo pncio110 que he perdido,
por no haber conocido
que el que ve un corazón ve el mundo entero.

-

":t';,., .

. ...
~--~

,.,.

G,ucPOAMOP.

Toro y becerro de la exhlbici6n

41

Mundy."

El monje le bendijo y le dijo: Este es un milagro del cielo. Caballero, que la paz
sea contigo! Te concedemos lo que deseas!
En verdad, el judío Ismael no había dormido con un sueño apacible. No porque
hubiese conocido jamás loa remordimientos¡ pero la joven le había lanzado, al vart.ir,
extraños anatemas que despertaron en su alma loa terrores de la superstición. Y visiones inquietantes turbaron su noche. he suerte que experimentó la necesidad de levantarse antes de los primeros rayos del dia. Con la prudencia de un gato se dt'alizó foera
de la ciudad y se dirigió á lo largo _del Arlanzón, hacia el camino de Miraflorea, para
ir de ese lado á reclamar algún pago á un deudor.
Mas he aquí que sobre la arena de la ribera, Ismael percibió nna forma negra. Y
habiéndose aproximado1 reconoció el cadáver de Encarnación. Entonrea el judío sintió que el temor le bacía un nudo en la garganta y huyó rápidamente. Mas como se
vol viese una tercera vez hacia el lugar donde yacía el cuerpo de la joven, percibió
muchas luces que la rod.eaban y que erraban misteriosamente. Eran los monjes á. los
cuales se había señalado el cada ver y que venían para entenarlo. Pero Ismael creyó
inmediatamente en una ronda diabólica de eepíritue engendrados en la sangre de su
víctima. Reconoció pues que la Vdnganza e~taba próxima y corrió, lleno de espanto,
hacia su casa. Ahí descendió á toda prisa hacia la cueva donde ocultaba sus cofres lle •
uos de oro, y sumergió, febriscitante, sll-8 manos entre loe doblones. Porque sabía por
los árabes que el ao11ido del m.et:¡.1 tiene sólo la propiedad de poaer en huida á. los fantasmae.
13ien pronto los gritos de fuera llegaron hasta él. Y he aquí. que á la extremidad
del largo corrddor que conducía á su refogio ~ubterráneo, en la sombra apareció una
luz. Ismael se prectpitó de nuevo hacia el cofre para hacer sonar sus piezas de oro. Pe·
ro la luz vengadora se aproximaba siempre.
Y en el dintel de su guarida, irguióse un fantasma gigante:co, cubierto de una
armadura blanca y con una antorcha en la mano.
El judío tnTO apenas faenas para murmurar.:
c&lt;Gracia!i, La palabra salió deeugarganta como un estertor y cayó con el rostro
pegado á. la tinra,
uVamo11, judío inmundo! levaPta la cabeza ¿y mira, no reconoces á tu víc~ima?
-Mi victima!. ..... Si, yo soy un criminal, un miser"'ble! piedad!. ..... "
Grande fué ]a tristeza Pn 13nrgol cuandn se sn•
po la muerte de la bella Enrarnac:ón la de las me•
ji 11 a a eonro11adas
'
como los laurales
rosas que flo1ecen
Pn Granada, en los
palacios d~ loa moros. Se la había
viP.to la víspera E"n·
trar á la casa del judío lEmael, el ueu
rero á quien la miFeria de su i viejos
padres no había podido entonces con•
mover, y cuando
h~bo salido.de ~a ca~a dP\ jndfo inmn.ndo, huyó en me•
d10 de la noche qne venía; sns ojos pnríeimo3 permane•
cían fijoE&gt; en tierra y un dnelo de vergüPnza la envolvía.
Al alba, loe monjes del monasterio d~ Min¡floree encontraron su cuerpo inerte sobre las riberas del A rlanzón.
Y de todas las calles, y de todas las plazas de la ciudad,
1mbla un grito de ira contra aqne1 que la había impuleado á la muerte. Las jóvenes lloraban recordando su compañía; las viejas prodigaban sus m~ldicionea con locua·
cidad; en tanto que los hombres ee miraban con mirada
aornbría y juraban entre dientf&gt;a.
Loe campesinos, ~ncaramadoe ron dignidad en sus mulaf', al bajar de la montaña, se ttrlruiraban de ese rumor,
y preguntaban si loa p~ganoa habían apriFionado los estandartes de Castilla. Y cuando eabfan el nuevo ~rimen
del usurero maldito, unían su cólera á la cólera pública,
porque casi todos le debían de antemano todo el dinero
dP ~u cosecha.
Y todos estaban de acuerdo en que la hora de la ven·
gauza había llegado.
t,Ese judío ba merecido el suplicio; es preciso colgarlo
-con un puercoln
Los t!aballeroejóvenes jug,lban en nna plaza. Uno de
-ellos exclamó: 11Reclamo !a ~abeza del judío para suspen·
derla á la puerta de mi caea.n
El otro dijo: 1tY yo quiero su piel para hacer una al·
jaba.u
11Yo también la reclamo, dijo un tercero, porque he he·
cho voto de ofrecer á las d,nnas de las Huelgas, un crucifijo recubierto de la pii:l de un pagano.i1
-La piel de un guerrero, FPa¡ pero sería un sacrilegio
revestir la divina tigur3 del Cristo con la piel de ese vil
murero. Yo la tomar~, pnee, por mi parte y mandaré ha·
c-er la imagen de un júdaf', qu~ expondré en la plaza pública, detrás de una reja, á. fiu de que los paseantes lo cu·
bran con sus salivas.
-Para poner á todo el mundo de acuerdo, juguemos
sns despojos; el más diestro guardará la cabeza y la piel;
los otros te partirán lae riqoerns.
-¡Silencio! Pxclamó nn caballero cubierto de una armadura toda bl,mca, y á. qnien nadie conocía; silencio!
rnalos caballeros que quen:il3 mancillar vuestras manos
&lt;'un el oro inmundo! Suy yo quien dará el cast-igo en nomb1e de la justicia. Y que niguno pretenda disputar mi
p1ivilegio\1J
Un monje rPvestiJo de una nstidnra blanca y negra ,
a,·anzó: uReclamo áPste hombre! El Evangelio ha dicho:
t1Xo matar.ís. " Súlo Dios puede disponer de la vida-de loa
hombrea. Así, puee, PSte no puede ser condenado ein un
juicio de nuestro tribunal , pues somos inquisidores de
lJHatilla!))
S:l caballero se inclinó, puso una rodiila en tierra y beeó el hábito del monje:
- uPadre mío, dijo, tus palabras son justas; pero ese
hombre, en otro tiempo me ha traicionado y me ha entrt-"gado á los paganos. Concédeme ser el instrumento de
tu jui:;ticia.
-Quién eres tú, á quien nadie conoce?
-Soy el caballero Pt!dro de Miranda.
Eotoncea _todos retrocedieron un paeo1 como anteun
L1,tasma.
Recordaron q-:ie en otro tiempo un paladín de este nombre hac1atemblar:por sns empresas á los paganos del reino de Granada. Un día ese caballero había sido traicionaSe ir¡tul6 un fantasma gigantesco con una antorcha en la m1no.
-do por su amada, que le hizo beber un brevaje de muerte.

�EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de ,8g7
DOIIINGO p DE IIAYO DE •8g1

·

. Y el judío per~anecía tendido sin osar levantar los ojos, y temblando como una
hoJa al soplo del viento.
uY bien! eres mudo, judío hocico de puerco, que te arrastra~ as1 sobre tus euatro
patas como un brut· ?
-Por Javeb!.. .... Encarnación!. ..... piedad!. ..... mira!. ..... He aquí todl\ mi foitu11a: Hay en ese cofre doblones y doblunes ...... Toma Jo qua qni~ras ...... O rniís bien
déJame que lleve á. los tuyos ?astante oro par11 llenar rle dicba PU vt-jn.u
'
. Detrás del caballero hab1an llegado muchas gent.es á. quienes bmael no J b.

del día. Después fné colocado dentro de
1~ ntatua, se Fellaron las dos partes y las
trnieblas 1::ternas cayeron sobre el suplicia •
do, en tanto que la estatua radiaba á los
ojus de los hombres al igual que el sol.
Aei fué como se vió durante m11cbos
años una estatua de oro á las puertas de
Burgos.

Una voz grave habló:
11 Este hombre h~ Co?!esado su crímen, ea pues ·inutil interrogilrlf'.
Ahora, nos
compete li ~~sotros, rnqu_1s1dor de Estado, pronunciar el juicio y vamús á hacerlo en
nue~tra solic1t~d, pai::a bien de todo11 1 ante el pueblo reunido. Que los esbirros aten
ese Judío con hgas sólid~s. Q1e lo hag~n en seguida compa:ecer ante nuestro tribunal y que se prepare á 01r su condenación.u
Y cuando el pue.blt:? percibió la faz lívida de IsmaeJ, las vociferaciones redoblaron Y el usurero se sintió aplastado bajo la ira de toda una ciudad
E~tonces el inquü:idor pronunció e¡;tas palabras: «El Evanielio ha dicho· uEl
r¡ue hiere por el fi~1-ro, perecerá por el fierro. E~ pueij justo que el que ha caus~do la
muerte de su se~eJante por_ el oro, perezca por su oro.
. Esta sentencia fué acogida por los aplausos del pueblo, y un escribano leyó un· ·•
c10 en latín, que Ismael no comprendió.
JUl
Despue~ fu~ arrastrado á la pri.!!ión.
Al día_ stgmente el carcelero introdujo al verdugo seguido por dos hombres que
llevaban tierra en canaRtas.
El ju!1ío pensó que había llegado su última hora. Fué despojado de sus vestidos
Y extendido e~ el suelo, temblando de terror y de frío.
~u an~us~1a se acrecía por la ignorancia del suplicio á que se le &amp;estinaba. Cerró
los.030sy s1nt1ó qu.e posaban sobre su cuerpo una sustancia húmeda, algo que se ase•
meJaba al y~so moJado, y en el cual se le cubriría vivo.
. ~cubrieron primno sus pies J'._ s1;1s piernas, después su vientre y su pPcho funon
opnnudos corno por el plorno; por ult1rno su cabeza quedó encerrada en una máscara
de lodo é Ismaél esperó la muerte.
Pe~o bien pronto se desvaneció; y cuando volvió en sí sintió que sus miernbros 08 .
taban libres.
'
Sólo el ca;celero se .mantenía cerca de él. Y creyó que una pesadilla había 1 ·.
nado su espfruu extraviado por el terror.
a uci
Pasaron muchos díae.
.
Una mañana la pu~rta del c.alabozo se abrió aun, y habiendo entrado los esbirros
le arran~arron sus vestidos, . i? ligaron con cuerdas, le ocultaron ta cabeza en un
lo empuJaron foera de la prisión.
saco Y
De nuevo Ismael, espantado, oyó en su rededor las imprecaciones de la ciudad
cuando estuvo ~n el lugar del suplicio? se 1~ 9uit6 el saco que Je ocultaba los ojos. ' y
.Entonces v16 sobre un estrado al 10qms1dor de castilla con sus ase,mres des nés
abaJo, al caba) lno blanco sobre su caballo, metido en rn armadura de fanÚsma pdes~
pués á los pemtentes con sus coguya?, que esperaban su cada ver y por fin aulla' d
amenazando, al rededor de{&gt;~, á la multitud. En lugar del suplicio se hab'ía disp~e~t~
u.n zócal~ de marmol en med10 de la plaza, y sobre ese zócalo se levantaba resplande
ciente .ba¡~ lu luz del sol, una estatua toda de oro. Ismael notó que esa' estatua ex·
t~aordmana estaba Aeparada por en medio en dos trozos, El verdugo le dijo· :vi·
b.ie~ esa estatua; se ha empleado para fundirla todo el 010 de tu tesoro &gt;) El ¡:udíoi;:
smttó desfallecer.
·
Y el verdugo af'íadió: ((Esta estatua va á ser tu ataud n
Un predicador arengó al condenado, excitándolo á co~vertirse Pero el ¡'udi'ó ya
nad a oía.
·
Perci~ía á lo lejos el curso del Arlanzon yel sitio en que vi6 tendido el cadaver de
Encarnación. Por fin el verdugo lo atió. Por última vez Ismael vió el cielo y la luz

.··ü'~~. ~~fi~~~~. ~i~. ~~·i,~;.g~·: ·~~·.p~;~iii~:

-~

·~~

LA NUEVA PRIMAVERA

Es la gran fiesta de la Naturaleza! Una oleada de luz
ha despertado~ las cosas tristes, á los gérmenes dormidos, y la Impasible, 1~ eterna Impasible abre sus ojos
para contemplar la v1da.-Eres tú mi vieja amiga mi
buena c~nfidenta de otros tiempos, ~res tú siempre, t:riun•
fan~ Pnmave~I Ayer. llamaste con tu pálida claridad
de..v1rgen anémica á mi ventana y prendiste una nota
r&lt;&gt;31za en las temblorosas hojas del rosal olvidado. La no•
che, la pérfi.da, la cal!ada, la que a90cha su presa y opri·
me loa e~pintus,. ha s1~0 vencida, y en los espacios canta
la creac1~n su h1mn.o Inmortal, vibTa y palpita. Ya u~gaste, ~rmnf~nte Primavera, y~ estas aquí, fiesta de vida,
preludio de Juventud! .. .... &lt;(¡Vida! ¡Juventud! ¡Primave•
raf ¿Para qué?&gt;i ........ .
No, mi vieja amiga, mi buena confidenta de otros tiempos, ya no eres la misma. Me engafias. Tus alientos
nuevos no arrastran las mismas impresiones el aire sano
y fresco de.la mañana no lleva las misrna.s p~omesas. En
vano de.splte~as tu estandarte victorioso. ¿Qué importa
que revistas iguales líneas y te cobijes dentro de idénticas
formas? Lo que '!,e ti amamos, lo que nos hacía penetrar
calla~am~nte b~Jo tus arcadas floridas. la vaga aspiración,
el m1steno ansiad@, la sensación exquisita 1 el desbordante anhelo, la invisible escala por donde se sube al
ideal, to~aesa~ohorte divina ha pasado, todo se lo lle.
v6 la ley rn~eclinable, 1.a que ~ime y mata, la que pone la plegana en los láb1os del mcrédulo y la blasfemia
en la boca del creyente, la ley de la vida que preside
la muerte.
¿Cuántas primaveras ¡oh Dios! han rozado con sus alitas diáfanas cada existencia humana, para comprender
que no hay Primavera? Acaso una sola, una noche una
hora, un minuto .... .. Y después, en vano llamarás á esas
ventanas coa. la pálida claridad de virgen anémica y pren.
derá una nota rojiza en las temblorosas hojas del rosal
olvida~o ......... Ya no serás la. misma ven~dora, y tú
Impasible, eternamente Impasible ya no abrirás los ojos
vara contemplar la vida.-Aquella, la nuestra, la que hacía e+tallaren nues~ra alma locos anhelos y florecer radiosas excelsitudes, ae fuépara no volver ya nunca 'allá.
se hundió en el ala inmensa de lo Desconocido.
'

•••

U,.. dónde van los muertos, nuestros muertos? pregun.
ta Paul Bourget en la postrera página de su Idilio trági•
co.-¿Los que nos 11:an amado¡, hemos amado, los que se
apartan de nosotros no tendr n ya nunca contacto con
nuestra alma; ó acaso vivirán á nuestro lado, con una vi·
d~ que. se escapa á nuestros sentidos, una vida confusa y
misteriosa de que no logramos penetrarLos, epasrcida
en el Infinito, y que es perfume en la flor, luz en el as-

tionri~as, que trasmigran de una boca á. otra boca,
como almas condenadas á un eterno mx,tarf .... .••.•
El es el que, sin capa, quiso librar la dosis
que segregan los nervios, por eso la neurosis
le eeCUJ?E' en las. entrañas una sustancia gris;
ustancia que. d;isuelve. los entusiasmos bélicos
que ayer le h1c1eron digno de los soldados gaélicos
que aun vagan en los yermos de la cautiva Erin !
¡El eP!.. .... En su cerebro vacilan los enigmas
que pesan como fardos, que duelen como er:1tig~as,
que acíbar nos ofrecen y nos ofrecen miel. .....
Sobre las verdes aguas del mar de su memoria
caminan los ilustres fantasmas de la Historia '
-conciencia de los siglos pretéritos.-¡EI esi'.... . .
Palpando con los ojos la bóveda celeste,
mientras los vientos inflan su descecli~a veste
sigue el audaz proscrito de la morada azul
'
sigue mientras errantes emanaciones cálidas
abrigan, como madres, á las Ninfas Cusálidas
mientras los girasoles se tornan á la luz!. ..... '
Espera, espera, espera ......... Los huracanes ruedan,
las olas se levantan, los ecos rn remedan,
el vértigo le empuja, no le hace vacilar ....... ..
Avanza, avanza, avanza, con pasos inseguros:
no verá derribarse los dilatadoij muro@ 1
centinelas que guardan la nueva Jeric6 • ••••••••
Avanza, avanza, avanza; y al borde del abismo
exclama coti estruendo corno de cataclisrno:
((¡Ya perdi la esperanza de provocará Dios!n

ron de que el hombre de oro habíadesapa•
recido.
AlgunC1s campesinos pretendieron que
los ladrones se lo habían llevado para ven•
derlo á los musulmanes y que se les había
visto arrastrando la estatua en un carromato, tirado por más de treinta mulas.
El pueblo de Burgos no se dignó perse•
guirlos. Ademós nunca creyó en este relato1 que le pareció inverosímil.
Pues tactos reconocieron que sólo el diablo pudo tenn interesen robará los cristianos el ataud de un judío.
Exmqui: Gt:ERT,IN.

tro, vibraci~n imperecedera en el ritmo del movimiento
en los espac10s? ~l etern'? grito de angustia que Ae esca•
pa de u_na huruamdad triste y adolorida ¿es el dE&gt;sespe·
rado gn~o de un náufrago que antes de rodar en el abis•
mo ~ov1ble de las ondas, ha encerrado en el marco de
su m~rada la ~o_le~ad inapelable del Océano? Y si no es
asi, si en el v1aJe rnc~sante de las moléculas, los espíritus
~gresan, como la Pr1mavera, y se asoman á las concieh·
Cias de los .abandonados, como, las estrellas se asoman á
l~ supei::fic1e de loA lagos, ¿en qué nota perdida hacen
o~r sus imperecederos lamentos, en qué punto del espacrn. oc~ltan sus nostálgicas tristezas? ......... Y la vidacrn•
za 10?1ferente, en medio del eterno misterio, desbordando. himnos y rebosando rosas, y la nueva Primavera teje
gmrnaldas con 1~ recienabiertae flores de los campos.
Allá, en el 11ant1guo bosque,)) el ruiseliorcanta siempre
en l:!I granado. ¿Qué sabe él de estas desgarradoras tra•
gedms de las almas? Para él la existencia con todas sus
P.alpitaciones, .se encierra en estas estrofas que surgen
sm ~sfuerzo, BID dolor y que s~ nos antojan irnpregnadas
de mc.urable amarg.ura. ¡~mén sabe! Acaso vaya en
ellas disueltas ~lgo 101:1-ater1al de lo que en lo material
busoa~os: _lágnmas, miradas, ecos, remembranzas ....... .
¡Cruel iromaJ La vida se ríe sardónicamente de nuestras
~ebeldías Y sigue su marcha triunfal, su alegre camino, la
mcesante resurrección de las cosas.

•••

¿No eras tú, jov~n poeta el que un día devorabas en la
apoteosis de la Primavera las páginas del Interm&lt;&gt;zzo, y en
tu garganta pugnaba el sollozo por abrirse paso? Ahora
evocas tu dolorosa crísis, el primer desfallecimiento, cuan•
d.o todavía la dura ley de la lucha no se te había apare·
c1do como un espectro en el umbral de tu morada. Aho~ buscas el vereo sarcástico, el punzante epigrama, la
v1brador.1. saeta que penetraba en tu lacerado espíritu
en aquella reveladora floración de la juventud primera'.
¿En dónde estás, buena sensación ya perdida, que te hacía ver un ?iaro re~ondel de cielo á través de tu tempestad de lágrima~? Piedad suprema que redimías todos los
dolorfls y sublimabas todas las ·ristezas la que con una
frase de esperanza agitaba hasta el Io'co horoismo en
una excelsa serenidad compasiva, los buenos impuisos,
?dónde~ ocultas? Noches estrelladas, claras noches de
1IlSO1;1llllO, en las que. el espasmo hincaba su garra en tu
pa;p1tantecuerpo, ~tentra.s afuera algún genio invisible
deJaba caer el polvillo de oro de sus ensueños sobre el
fecundo seno de la naturaleza y la hacía palpitar con su
beso de amor ........ : ¡qué lejos y qué cerca! ¡qué profunda la huella que deJó en la conciencia y qué empalidecí.
da en el marco que la encerró breves momentos!

•••

En la noche, cuando el silencio se restablece y la Na-

•

Do:1-11:-.00

Carl os Díaz Dufoo .

Mayo de 1897.

LA ULTIMA ESPERANZ A.

De pié, sobre la cresta de una elevada cumbre
do ádesl.eirse bajan lo'&gt; ampos de la lumbre
•
que arroJa el sol, cuando hace su fragua en el cenit
un joven descendiente de los antiguos bardos
'
que ha hallado en su camino vegetación de c~rdos
está c~n la mirada fija en el porvenir ........
'
El cielo invaden masas enormes de tinieblas 1
la atmósfera enrarecen ejército de nieblas
venda!ldo las pupilas sin rumbo, el sueiio' va;
y_ él, sin que nada amengüe su sobrehurnano temples11;1 q~ nadie su estoica resolución contemple,
mira á través de todo lo que puede cegar!. ..... .. .
El r.ayo al enemigo de sus arranques busca,
el báhto del noto los sentido:1 ofusca,
emboca el Angel Negro su funeral clarín·
y él, como si tu viera su cuerpo una coraz~,
ó ~om? vást~gl) último de la ciclópea raza,
mira iwp.M1ble, tofo lo que le puede herir¡
El D~ettno le presta sus ojos msondables
Vulcano le remacha los bicepe formidables'
para que, arrnado púgil, se cuadre ante San~n;
y_el paladín no graba terribles predicciones,
m mide con su fuerza la fuerza de los leones
porqa.e de é'U ,a.talaya quiere ret.ar á Dios .......'..
¿S~ra el Ajax que piensa fingirse en Estilita,
el m1~mo que, en sus raptos de cólera, medita
hundirse en el pantano de la noche social?··· ·····¿Será ese que en los labios de R1belai3 coloca,

-Sí, sefi.or Seguin.
•
-Pero ¿te falta aquí la hierba?
-¡Oh, no, sefi.or Seguinl
-¡Qo.i.zá te habré atadú corto! ¿Quiéres que te dó soga
larga?
-No vale la pena, señor Seguin.
-Entonces, ¿qué te falta, qué qoiereE?
-Quiero ir al monte.
-No ea.bes, infeliz, que en el monte está el lobo? ......
¿Qué harás cuando se te presente?
- Le daré de cornadas, señor 8eguin.
-¡Valiente comino le importan tus cuernos al lobo!
Chivas mE&gt;jor ePcornadas que tú me ha comido. ¿Sabes
lo que pasó á la pobre Renata, una señora. cabra. vieja
que estaba aqui el año atr'8, fuerte y astuta como un lobo? Se las tuvo tiesas con el lobo toda la noche ...... Y
despuE&gt;a, á la madrugada, el lobo se la comi6.
-¡Caramba, pobre Renata! Eso no le hace, señor Seguin; déjeme usted iral monte,
-¡Bondad divinal-exclamó el sefi.or Seguin.-¿Pero
qué les pasa á mis cabr~? Otra más que el lobo me vaá.
comer ...... Pues bien; ¡yo te salvaréá despecho tuyo, bribooa! Y para que no rompas la cuerda, voy á. encerrarte
· en el eHablo y no saldrás nunca de alli.
En seguida, el seiior Seguin llevó la cabra á un establo
muy obscuro y cerró la puerta de él con dos vueltas de
llave.
Por det=gracia, se había olvidado de la ventana; y,
apenas se volvió de espalda, ma:rchóse de allá. la peque:ña ........ .

MARTÍXEZ Ll'HX.

LA CABRA DEL SEÑOR SE;GUIN

turaleza ~e ~repara á RU gran fiest1 de .Primavera y la
vaga aspiración de buscar en los espacios el luminoso
rastro del e:1píritn ausentr, mientras canta el ruiseñor en
el granado y las fuerzas de la tierra se estremecen en su
l~b.or inacabable, y todo canta y germina; de puntillaR,
stgilosamente, me acnco temblando á una amada cami •
ta y pongo mi cabeza sobre las alas de dosangelrs .... .. y
entonces ¡oh Dios! ya entró en todo mi sér la Primavera ......... la nueva Primavera demi vida.

EL MUNDO

Siempre serás el misrno1 rni pobre Gringoire!
¡Conque te ofrecen plaza de cronista en un buen peri6di.co de París, y tienes el cuajo de no aceptar!. ........ ¡Mírate á. tí mismo, infeliz mancebo! l\fira ese jubón lleno
de sietes, esas calzas derrotadas, ese flaco rostro pre-gón
del hambre. ¡He ahí á dónde te ha conducido la ¡.,asión
por las bellas rimas! He ahí lo que te han proporcionado
diez años de leales servicios en t.re los pajes del Sr. Apolo ......... ¿No te da ya vergüema?
¡Hazte cronista, imbécil! ¡Ha.!.te cronista~ Ganarás buenos escudos contantes y sonantes de mogollón, tendrá.s
tu cubierto en casa de Blévant y podrás pavonearte los
días de estreno con una pluma nueva en el birrete ........ .
¿No? ¿No quieres? ......... Pretendes permanecer libre á
tu antojo hasta elfinal.. .... Pues bien, oye un poco la
his~oria de La cabra dd Sr. Segnin. Verás Jo que se gana
queriendo vivir libre:
El sefl.or Seguin jamás había tenido suerte con sus cabras. Todas las perdia del mismo modo: una mañanita,
la menos pensada, rompían la soga, escapábanse al mon te, y allá arriba comfaselas el lobo. Ni las caricias de su
amo, ni el miedo al lobo. nada las contenía. Parece ser
que eran cabras indepen.dientes, que anhelaban á toda
costa aire libre y libertad.
El bueno del sef'ior Seguin, que no comprendía una
jo~ del caracter. de sus animales, estaba afligidí.simo, y
decia:
--Se acab6; mis cabras se aburren en mi casa, no conservaré ni una sola.
. Sin e~barg?, no se desal~ntó; y después de haber perdido de 1dént1ca manera seis cabraf, compró la séptima;
sólo que esta vez tuvo el cuidado de que fuese muy joven, para que se acostumbrara mejor á permanecer en
casa.
¡Ah Gringoire, qué linda era la cabrita del señ.or
ñor Seguin! 1Qué linda, con sus dnlc~s ojos, su perilla
de sargento, sus cascos negros y relucientes, sus cuernos
á rayas y sus largos pelos blancos, que la vestían de gabán! Era casi tan hechicera corno el cabrito de Esmera! da (¿te acuerdas, Gringoire?); y además, dócil, zalamera,
y se dejaba ordeñar sin menearse, sin meter la pata en
la escudilla. ¡Una monada de cabrit~! ........ .
El sefior Seguin tenía detrás de en casa un cercado de
espinos. En él puso á su nueva huéspeda. En medio de
la prade1ita clavó una estaca cmdó de que tuviese cuerda
larga, y de vez en cuando iba á ver si Petaba bien. La
cabra era muy feliz; y rurniaba la hierba con tan buena
gana, que el señor Se-guia estaba extático.
-¡Gracias á Dios-pensó el pobre hombre-que &amp; la
postre hay una que no ee hasüará. eo mi caea!
El señor Segnin ee engañaba: su cabra se haetió.
Oierto día dijo ésta mirando al monte:
....... ¡Qné bien se debe a, ~st.ar allá. arri~a! ¡ Ay que gusta triscar entre malezas, sin esta maldita soga- que me
despelleja el cuello!. ..... ¡Quédese para el asno ó para el
buey eeo de pastar en un cercado!...... A. las cabras nos
hace falta mucho espacio.
A partir de eme momento, parecióle insípida la hierba
del cercado. Le entró tedio. Enflaquecía y ee iba quedando sin gota de leche. Daba lástima verla todo el santo día
tirar de la soga, abriendo los agujeros de la nariz y balando con tristeza ¡ Bée/
'
El seflor Seguin a:lvirtió que á su cabra le pasaba algo
pero no sabía qué.. .. .. Una mafi.aoa, al concluir de arde~
ñarla,_ volvi6se la ca~ra y le dijo en su patué:
-Oiga, señor Segum, me aburro en su casa; déjeme
usted ir al monte.
-¡Ah, Dios ~o! ...... ;Ta.mbién .ellal-grit6 estupefacto el señor Segwn, y de la 1mpres1ón cayósele la escudiJdil~. y luego, sentándose en la hierba, junto á au cabra, la
JO:
-¡Cómo es eso, Blanquita! ¿Conque me quieres abandonar?
Y respondió Blanquita:

. ¿Te ries, Gringoire? ¡ParJ.iez! Ya lo creo; eres del partido de las cabras, en co!ltra de ese buen sefior Seguin ....
Vamos á ver si pronto te ries.
Cuando la cabra blanca llegó al monte, aquello fué un
ª!robamiento general. Los añosos pinabetes no habían
visto nunca nada más bonito. La recibieron como á una
reimcita .. ;os castafios bajaban hasta el suelo sus copas
para acanc1arla con las puntas del ramaje. Las áureas
~etamas entreabiertas it su paso, exhalaban todo el meJor a.roma qnP podían. El monte entero la festejó.
¡Figúrate liringoire, si estaría contenta nuestra cabra!
N? más cuerda, no más estaca ..... . aada que le impidiese
triscar y pacerá su antojo ...... ¡A.llí sí que había hierba!
¡1:{asta por encirna de los cuernos, querido!. ..... ¡Y qué
hierba! Sabrosa, fina, dentellada, constituida por mil
plantas .. .... ¡"lJiferencia del césped del cercado! Pues, ¿y
la~ flores? ..... . ¡Grandes campanillas azules, digitales pm·
pureas de largos cálices, todo un bosque de flores silvestres llenas de jugos bien olientes y que·se subían á la cabeza!
La cabra blanca, medio birracha, revolcábaseallá.adentro patas al aire. y rodaba á lo largo de las escarpas, re vueltacon.lasho1as y las.castañiB caldas. L·1ego, deun sal·
to, se poma en cuatro prns de repente; y cátala disparada
de cabe~a, á. travez de brezos y chaparros, ya en lo alto
de ~n picacho, ya en el fondo de una torrentera, arriba,
abaJo, por todas partes ........ . Hubiérase dicho que en la
montaña babia diez cabras del señor Seguin.
Y es que á nada tenfa miedo la Blanquita.
P1Haba de un salto grandes torrentes que la salpicaban
~e hu medo poi vo y espuma. Entonces, chorreando toda,
iba á tumbarse á la larga sobre una roca plana y poníase
á. secar al sol. Una vez, al avanzar hasta el borde de una
meseta, .con una flor de citiso entre los dientes, vió abajo,
allá abaJ01 en el llano, la casa del señor Seguin con el
cercado de atrá.s. E:30 la hizo reír hasta llorar.
¡Qué pequeiio es todo eeo!-dijo-¿Cómo habré podido
caber allí dentro?
¡Pobrecilla! Al verse encaramada tan alto, creíase por
lo menos tan grande coml) el mundo ...... .. .
En resumen: aquel fué un gran día para la cabra del
sefior Seguin. A la mitad de él, mientras corría ú. diestro
y siniestro, vino á dar con una manaia de gamos. die•
pY.estos á mascar con buen diente una lambrusca. Nues•
tra peqneüa andariega de !raje blanco, produjo gran impresión. Diéronla el mejor sitio junto á la lambrusca, y
todos aquellos señores estuvieron muy galantes ...... Hast;a parece ser ( quédese esto entre nosotros, Gringoire)
que un joven gamo da pelo t.egro tuvo la suerte de agradará Blanquita. Ambos novios se perdieron una o dos
horas entre el bosque¡ y ti quieres saber de lo que trata•
ron, anda y pregúntaselo á los parleros arroyos que co·
rren invisibles por entre el muego.
De pronto refrescó el viento. La montaña se puso de
color de violeta: era la noche.
-¡Ya!-dijo la Cabrita; y se detuvo muy pasrnada.
Allá. abajo, la campiña estaba envuelta en brumas. El
cercado de I sefior Seguin desaparecía entre la niebla, y
ya no ee veía más que la techumbre de la casita, con un
poco de humo. Oyó las eaquilas de un rebafio que iba á
recogeree en el redil, y ain,i6 profunda tristeza en su alma ...... Un gerifalte, de regn-ao, la rozó oon las alas al
pasar. Estremecióse eJla ...... Luego olió un anllido en el
monte.
-¡Guau, guau!
Pensó en el lobo; la loquilla no había pensado en ello
en todo el día ...... En el mismo momento sonó muy le•
jos, en Pi valle, una trompa. Era que el bueno del sefior
8eguin intentaba el último es.fuerzo.
-¡Guau, guau!. ..... -decía el lobo.
-;Vuélvete, vuélvf&gt;te!. ..... -gritaba la trompa.
Ganae le dieron á Blanqoita de volverse¡ mas al recordar la estaca, la soga, el seto vivo del cercado, pensó que
ahora ya no podría acost.umbraree i aquella vida, y que
más valía quedarse en el monte.
Ya no sonaba la trompa ..... .
La cabra oyó tras de sí un ruido de hojas. Volvió la
cabeza y vi6 entre la sombra dos orejas cortas y tiezas,
con dos ojos relucientes ...... Em el lobo.
Enorme¡ inmóvil, sentado sobre el cuarto trasero, estaba allí mirando á la cabrita blanca y soboreá.ndola de
antemano. Como sabia bien que se la comería, el lobo no
se apresuraba; solamente cuando ella se volvió; rióse ,él
con e~rcasrnn.
-¡Ja, ja! L1. cabra del sellor S¿guin!

Y ee pasó la roja y gruesa lengua por sus labios euavea
como la yesca.
Comprendió Blanquita que esta.ha perdida. Al recordar un momento la historia de la vieja Renata, que se
había batido toda la noche para ser devorada por la mañana, dijoee que quizá. fuese mejor dejarse devorar en
seguida; luego, cambiando de parecer, se puso en guardia, con la cabeza baja y los cuernos hacia adelante, co•
mo una valiente cabra que era del sefior Seguin¡ y no
porque tuviese esperanza de matar al lobo ( las cabras no
matan a los Jobos¡, sino nada más que poi ver si podría
resistirse por tan argo tiempo como la Renata ..... ..
Entonces avanzó el monstruo, y los cuernecilloe entra
ron en danza
¡Ah, valerosa cabrita; con qué bríos acometía! Más de•
diez veces ( no miento, Gringoire) obligó al lobo á retroceder para tomar aliento. Durante esas treguas de un
minuto, la golusuela cogía á, escape otra brizna de sus caras hierbas¡ después, tornaba al combate, llena la boca ...... Aquello duró toda la noche. De vez en cuando, la
cabra del señor Segnin miraba danzar á. las estrellas en
el claro cielo, y decía para sí:
-¡Oh! ¡Con tal de que resista hasta el alba!.. ...... .
Apagáronse las estrellas unas tras otras. Blanquita redobló las cornadas, y el lobo los mordiscos ...... Un re·splandor pálido apareció en el horizonte...... Desde un
cortijo subió el cántico de un gallo enronquecido.
-¡Al fio!-exclam6 el pobre cuadrúpedo, que sólo al
dia esperaba para morir; y tendióse en el suelo, con su
hermosa piel blanca, toda manchada de sangre ......
ELtonces el lobo arrojó.se encima de la cabrita y se la
comió.
¡Adioe, Gringoire!
La historia que has oído no es un cuento de mi invención. Si alguna vez vienes á Provenza, nuestros caseros
te hablarán á menudo de la cr1bra del .~efíor &amp;guin, que se
l1atiá toda lrr noche con el lobo, y al cabo, por l&lt;t mañana, el
lobo se la comiú,

Oyeme bien, Gringoire: E pieu lon m.atin lon loi,p la
1llfl tl flt' .

ALFOKSO

DACDFI'.

RELIEVES
AMADO

NERVO

¡El templo! La luz tibia derrama sus fulgores,
Y en áureos tonos rico su mágiéo pincel,
Abrillantando el alta ventana de colores
Recorta á un tiempo el ovio de un jonio capitel.
Desata oculto genio la voz de mil rumores
Chasquean las doradas molduras del cancel, '
Y eleva el Cristo exangue los ojos sofiadoree
Llorando el ateismo del pueblo de Israel.
Silente forma diáfana, ee yergue: ea la propicia
Tespíade del bardo, la pá.lida novicia
Que yerra por el lóbrego recinto monacal,
Y va sofiando en épocas de contrición bendita
Y en castos desposorios con el Jesús1 que invita
Los brazos extendido!!, al místico ideal.
'
SALVADOR RUEDA

Radiante musa vierte sus alegrías,
Juguetona, locuela y enamorada,
Y lleva en el abismo de su mirada
Luz de extrañas pasiones y nostalgias.
Negras las arqueadas cejas sombrias,
En mármoles y rosas la tez tallada,
Y es .su boca riente fresca granada
Do vierte el labio roJo mil ambrosías.
El mantón coruscante, la .zapatilla,
La burbuja en I&amp; caña de manzanilla
Y del rojo corpifio las ricas telas,
Esrnaltan las estrofas, tendiendo el ala.
La zambra se despierta, y el aire escala
Bullicio de panderos y castañuelas.
Mayo de 1697.

AURELIO G. CA RRAiCO,

No te ablandes oyendo sus acentos,
que el diablo en ocasionE&gt;s
acalora los buenos Bt'ntimientos
para hacer cometer ma 1as acciones.
Yo suelo con tu nombre, nifia hermosa,
por miis que el curso de mi edad avanza
hacer mi alma dichosa.
¡Sabe tan bien el pan de la Esperanza
qne ya no me alimento de otra cosa!
CAMPOAMOB.

�•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de•~?

DOIIIIIGO II OE MAYO DE ,&amp;97

ENGANO SUBLIME
Por lb}aría \!escot.

l

NUMERO 9.

Despt1~s. á lo largQ de un gran bulevar, ot.ras 1·ill(J11,
provocativas como cort.e1:1anas, mostrando complacientes
á los ojos de los paseantes, , través de verja.s coq11eta.", su
trnje multicolor y la gran línea de verdura quP corta la
,·illn en do.!!, luciendo, en medio de las lnjoP:ae el•·gaociaa,
la nota de loe rÚ!ticoe cultivoa. Por fin, franqueado el
-viaducto, he ahí la vieja La usan ne con sus cal lee eatre•
chas entre taludes cortados á pico 6 en deecemos verii·
ginoaos, eus·attaa casas que parecen encerrar al paseante
,en un vericueto sin salida; pero las casas se separan, una

Greda inmortal.
Cu.adro de II.Sleinlradzld

\

de ellas se sobaja formando plataforma 6 terraza, y el la·
go aparece de improviso, y es cada vez la misma impre·
Pión de sorpr.-sa, admirativa cada vez, un pJa...,...r inteDSO
como si se temiese no verlo más y no se recordase ya rn
hermo ura!
Lila no dejaba de correr en aquellas callee tortuosa!:',
di11curriendo por las rápidas pendientes con alegre pre~
cipitación de nii'ia, en tanto que detrás de ella el aya se
eofocab:i por seguirla. Después caminaban rehusando
preguntar, enc:intadae de perderse, embelesadas cuando
0

el azar de su paeeo las llevaba de pronto al pie de un
monumento
Cn día visitaron la catedral con eee eentimiento dein~
tfonss. curio~idad y de vago terror que los cultos extran•
jeros inspirao; pero la antigua badlica permanece profundamente católica con sus altos pilares, su.a navea
profundas, la obeouridad de sus bóvedae, y sobre todo,
ese hálito de antiguas edades que nada podría extinguir
en el logar santo.
~e dos mujeres ee detuvieron en el sitio vacío de la

�3 11

agua bendita, buscando esta y con un gesto involuntario
hicieron la seílal de la cruz; después se dirigieron hacia
las grandes bancas de encino para arrodillarse: como el
agua bendita, los reclinatorios no estaban ahí.
Se pasearon con pasos tímidos á través de la igleeia
desierta CC'n el alma presa de una misteriosa melancolía.
La nifia no podía comprender la importancia de esta
gran derrota religií"1m, pero la desnudez de los muros
la impresionaba: ya no había euad.roe, ya no había estatuae, ni santos con vasos de flores á sus pies; ya no había capillas ricamente ornadas, no más ex- votos ni :cirios
arrojando en las tinieblas la nota alegre de las iluminaciones; no más madonas blancas tendiendo á los fieles
sus braios de misericordia y de amor. Sólo dos hombres
de piedra, rígidamente acostados sobre las tumbasen dos
rincones sombríos, la~ miraban con sus ojos graves. Pasaban frente á ellos suavizando sus pisadas.
Cuando llegaron frente al santuario encontraron solamente las mesas de marmol de las comuniones calvinistas. La niña dijo en voz muy baja:
- Ya no hay lámpara.
Y la ausencia de esta lámpara del santuario, que arde
dia y noche al pie de nuestros altares, penetró el alma
católica de Carlota de un dolor tan punzante, que se arrodilló sobre las piedras, y como los ancianos de Israel ante
el templo perdido, se puso á llorar.

EL MUNDO

jer de unos treinta años, de ojos tristes, de boca seria,
de actitud fría y reservada.
-Señora, dijo avanzando.
Ella se estremeció ligeramente, y s:n embarazo algu·
no se excusó :
-Perdonadme, sefior, esta obra. es tan bella! Me olvidé de todo al admirarla. Le debo 61 primer instante de
placer que he gustado desJ.e hace tiempo. Temo haber
sido demasiado indiscreta entrando á esta casa en ausencia vuestra; pero mi triste salud me prohibe tan frecuentemente salir de mi cuarto y tenía tan gran deseo de esta visita ..... .
Se detenía ante las di versas telas esparcidas en el salón,
y sin exageración, sin adulación vulgari con palabras:muy
sencillas, las alababa delicadamente. El incienso bajo esta
forma discreta, guardaba un perfume exquisito. El pin·
tor se inclinó dando las gracias. Comenzaba á. sentirse
obligado á esta admiradora; no pensaba ya en censurarla
porque había violado su consigna. De sus cartones, de
sus cajas, de sus armarios, sa~ó todos sus estudios, to•
dos sus esbozosi insaciable de los elogios que ella, sin fa.
tiga, continuaba prodigándole. Ella dijo visiblemente
embelesada:
-Esto es todo, señor? Dabéis tener todavía algo más.
Esto es tan hermoso, que desearía uno admirarlo siempre!. .... .
Al fin, dijo coa 1.1n tono grave:
-El deseo de contemplar todas estas hermosas obras,
Al salir de la iglesia se encontraron al pintor que venía á uníraeles. El admiró en un grave silencio la impo· no es la sola razón de mi visita.
Sus ojoe se inclinaron, se detuvo vacilante; pero dominente belleza del paisaje que se extendía á sus ojos: las
nando
su emoción, continuó con una sencillez altiva:
montañas de un hermoso negro, hundían su blse en el
-¿Por qué avergonzarme de confesará un hombre de
sombrío lago, sus cimas con sus blancas manchas de nieve se recortaban sobre el azul claro y comenzaban á ele- corazón una pobreza de que no debo ruborizarme? Soy
viuda, mis débiles recursos no ba3tan á mis necesidades.
varse vapores ligeros como flecos de pluma.
Y como no quiero aceptar nada de nadie en el mundo,
-Esto es admirablemente bello. murmuró el pintor.
ni socorro@, ni limosnas, he pensado en trabajar. Me han
Alguien cerca de ellos dijo:
-Sí, el tiempo es muy bello ahora, pero mañana, sin dicho que tengo muchae disposiciones para la pintura,
mis profesores afirmaban que yo podrfa, en caso necesaduda, tendremos bruma.
rio, utilizar mis débiles talentos. Es esta vuestra opi•
Lila exclarñó gozosa:
-Oh! papá! la bruma, que felicidad! Tú acabarás tu nión, sefior?
Los ojos bajos parecían retener las lágrimas, la boca de
estudio y nos iremos, no es verdad?
A pesar de todo el placer que sentía en aquellas excur - labios delgados, comprimía algún sollozo; el timbre mesiones, á. pesar del encant0 de Laue:anne, Lila permane· tálico de la voz sentaba bien á cada palabra de aquella
cía inquieta; su enemiga estaba ahí, como los ogros de súplica á. la vez humilde y fiera. Permanecía de pie,
los cqentoa de hadas,emboscada en el chalet de peraia• manteniendo en una mano temblorosa, un álbum de pequeñas dimensiones. Fernando Duvernoy empezaba á
nas cerradas, presta á devorar alguna presa.
L:i inquietud de la niña persistía, aun cuando nada vi• encontrarla tan seductora, qu€ se apoderaba de él cierto
niese á molestarla.
terror, y Jejoa de avanzar la mano para recibir el álbum,
retrocedió un paso. Después, con un tono~poco alentador,
-Qué dichal-repetia-])11.rtiremos muy pronto.
casi
dnro, el tono de un poltrón que siente venir el lpeCuando los tres paseantes volvían á la villa, la criada
ligro :
suiza fué á su encuentro con un aire un poco inquieto.
-La pintura, sefiora, en la época actual, respondió,
-La dama vestida de negro, del chalet ha venido á ver
es
una carrera poco lucrativa; tenemos un exceso tal de
al señor. Estaba muy fatigada y pidió permiso para enproducciones,
de todo género, que nuestros grandes maea•
trar al taller del señor; dijo que el señor le había enviatras mismos, tienen trabajo para colocar sus obras. Cier•
do su autorización por intermedio de la aefíorita Carlota.
Yo la dejé entrar, no osé rehusarme. Espero que el señor tamente yo no osaría aconsejaros que entráseia en esta
vía. Encontraréis, así me lo temo, muchas penalidades,
no estará deecontento.
pero
debéis tener una familia, amigos, que se apresuraCarlota arrojó un grito de alegría.
rán
á
ayudaros.
-Querido señor Duvernoy, cuan feliz soy!
Ella respondió con penoso esfuerzo:
Hace cerca de ocho dias que no la veo. Quiere el señor
-Los Meriadec son pobres y yo no quiero servirles de
permitirme que vaya á recibirla?
carga;
en cuanto á la familia de mi marido, en cuanto á
- No, dijo él secamente.
los Sres. Martín ...... .. .
No le agradaba qne entrasen á su taller en su ausencia.
Pasó una llama por sus ojos; era el resentimiento de
Además, le reprochaba á. esa extranjera que por tanto
alguna
humillan.te negativa ó la rebelión de una indoma•
tiempo hubiese diferido su visita.
ble fuerza.
'
-Es preciso correrla, dijo fnncamentle Lila, fruncien- ....... .. En cuanto á. los Sres. Martin, moriría de ham do sus lindas cejas. Es preciso ponerla á la puerta.
bre antes que dirigirme á ellos. En otro tiempo tenía
-Así lo haré, pero con las formas de costumbra, dijo
amigos, ahora ya no los tengo.
él sonriendo.
Después, con una voz firmei repitió:
Subió la escalera con paso lento; el de3eo que había te-No quiero aceptar nada de nadie en el mundo; ni
nido de conocer á esta mujer, se de3v mecía; vol vía á te• socorros, ni lim~sna.
ner desconfianza, y el epíteto d:'l aventurera encontrába•
Decididamente esa aventurera daba pruebas de una
11e rle nuevo sobre sus labios¡ pero apenas abrió la puerta,
impecable dignidad. El sintió por ella más respeto.
cuuudo sus disposiciones hostiles se modificaron sensi-Dieiponed de mí, sefiora, dijo con un tono resignablP.mente. Y de hecho, para un artista, el espectáculo do, estoy á"vuestras órdenes. Tomó el al bum y lo hojeó.
que se ofrecía á. sus ojos, superaba al de las aguas cam- Había acuarelas, después crayons, paisajes, estudios de
biantes del lago y á los esplendores de los picos nivosos. árbole3, flores y aun algunas figuras. Nada de eso lo desLa extranjera, ante el paisaje de bruma, parecía en éxta- lumbró: no esperaba tampoco deslumbrarse y disimuló
sis, medio tendida en un sillón, con la mirada :fija, tan sin mucha pena su falta de admiración, limitándose á
ab~orta por su admirHión, que no oyó la puerta girar cumplidos de una trivialidad cortés. Verdaderamente
sobro sus goznes. Eete homenaje mudo, tan sincero tan después de todos los elogios que ella acababa de prodiinopinado, halagó el amor propio del pintor, más y' me- garle, hubiera sido demasiado impolítico no adm irararse
jor que ningún cumplido pudiera hacerlo. Vió una mu- él á su vez.

DOMINGO g DE MAYO IIE 1897

=

-Muy lindo ciertamente, disposiciones felices, mucho
gusto, composición fácil, hermosos rasgos de lápiz .. ... .
Ella ie miraba con sus grandes ojos serios que dilataba la angustia.
-Oh sefior, la verdad, d~cidme la verdad, os lo suplico. Vale más para mí no alentar una quimérica espe•
ranza.
Entonces él cambió de tono, y devolviéndole el album:
-Lo que he dichoi señora, lo sostengo¡ tenéis diepoeisiones felices, pero os ha faltado trabajo, y ahora sin un
trabajo arduo, taimado, no se llega ... .... ..
-Entónces esas acuarelasi mi última esperanza, notie•
nen valor alguno, nadie las comprará?
El tuvo un movimiento de hombros que expre3aba Sll
pena y su impotencia. Encontraba rlemasiado duro repe •
tir una segunda vez la cruel opinión.
Vió á la Sra. Martín de3fallecer ante está decepción, le
pareció que su pálido rostro palidecía aún; pero ella no
profirió una queja y él tuvo gran piedad de esta emoció n
tan valientemente comprimida.
-Gran Diosi Señora, no tiene usted otros recursos?
Es posible que baya esperado 11sted .. .......
Ella sonrió vagamente, dolorosamente.
-No os inquieteis señor, respondió, tengo ciertamente otros recursos; ellos me bastarán.
El comprendió bien que le mentía. Mas sin dejarle
tiempo de protestar, ella continuó:
-Adios, dignaos escusar mi indiscreta vieita y perdona_d que os baya importunado.
No, no, cien veces no; él no consentiría en dejarla par•
tir así. ¿Qué valían algunos billetes de banco nús ó menos en su cartera? No había dado muchas veces dinero
á los artistas pobres que solicitaban su genero:,idad? Ja. más un infortunado le pareció más interesante. Hubiera
querido decirla: 11Pretendéis no tener amigos, y he aquí
uno que viene á vos, aceptad de él el dinero que os sea
necesario: él tendría un goce tan grande en pre.:;taros es•
te servicio!&gt;) Pero tales ·palabras morían en sus labios sin
que osase pronunciarlas. «Yo no quiero aceptar nada de
nadie, ni socorros, ni limoso~,)) hc1bía dicho ella. Este
derecho que ella rehusaba de una manera tan abiioluta á
sus parientes, ¿cómo se lo acordaria á un dt:Econocido?
Un ofrecimiento de este género, ¿no era acaso un insulto?
¡Es tan dificil dar limosna á aqudloa que rehusan tender
la mano!
En tanto que ella atravesaba el taller para retirarse, él
la seguía, presa de sentimientos complexos de pena, de
despecho y de timidez, balbuceando palabras sin conexión en que se confundían torpemente su ~mbarazo y
su buena voluntad. uEn verdad, señora, os a~eguro ..... .
estoy desolado ...... ciertamente las acuarelas ...... pero yo
no pido sino ...... yo sería feliz .... .. excelentes disposicia.
nea, sin embargo ...... muy lamentable, sí, muy lamentable ..... .
Después, con más firmeza:
-Es imposible que os vayais as1.
Ella murmuró en tono humilde y bajo.
-Os he comprendido perfectamente, señor; las dispo•
siciones más felices son inútiles sin una dirección acer•
tada. Nosotras teníamos en el colegio un profesor demasiado facil de contentar. ¡Ah! si yo hubiese recibido en•
tonces las lecciones de un maestro como vos, ahora
estaría salvada, en tanto que ...... No concluyó la frase.
El la interrumpió con un grito de triunfo. ¡ Lecciones!
Pardiez, sí, lecciones. ¡Cómo no había pensado en esol
i El podía darle leccioneal Es decir, retocar esas deplorabl~s acuarelas, y hacerlas vender en seguida por .sus
agentes.
En todo caso, á favor de esta estratagema, le haría.
aceptar algunas sumas de dinero. Este hermoso expediente le pareció que conciliaba todos los intereses y ponía en salvaguardia todas las susceptibilidades.
Ella volvió lentamente la cabeza. El permaneció un
instant.e sin hablari coutempláa.dola.
Cómo sus OJOS de artista hubieran pódido no admiraraquella incontestable oellei:al los cabdlos leonados ant.e
el reflejo dt:ll sol pouitmte, iluminándose de cobre y deoro¡ los grandes ojos irradiando fulgores profundos, la
vaga sonrisa, en fio, tenían ese encanto extraño que inquieta, atrae y fascina. Beltrana comenzaba desde aquella hora á ejercer sobre él el ascendiente de dominación
que una mujer de firme voluntad ejerce,rá siempre sobre
un hombre de corazón bueno, de imaginación viva y de
vol □ ntad debil.

DOMINGO g DE MAYO DE 1897

Con largas perífrasis.él le expuso su proyecto, excogiendo las palabras más corteses, suavizando sus expresiones¡ él hubiera querido hacerla creer que ella le obligaría aceptando sus lecciones. Temía qne ella rehusase,
rompiendo así todo lazo de unión entre ellos.
Ella escuchaba sin que emoción alguna de descontento
ó de alegría se revelase eu su ros~ro. Su respuesta fuá
breve, ningún arranque imprudente se dejaba percibir
en ella.
-Vuestra delicadeza} señor, me ofrece la sola limosna
que yo puedo aceptar.
Fué él quien prodigo las gracias con una gratitud cuyas cansas facilmente habría descifrado un psicólogo
-Pobre mujer! murmuró él cuando ella se hubo retirado, verda1eramente es muy interesante! Además, este
servicio de mi parte causará. tan.to placerá mi buena Carlota! Exelente Carlota. Bien le debo esto. Ha sido tan
abnegada!
Cuando la señora Ma~tin volvió ti su casa, una risa sardónica reemplazó en sus labios á la pálida sonrisa de resignación:
uTodoa son lo mismo-pemó ella¡ todos faciles de seducir por Jos mismos medios: halagar su vanidad, pedir
su protección.n
Se había puesto de codos en la ventana de su chalet,
más no era ni el hermoso y tranquilo espejo del lago con
sus barcas de velas blancss, ni las sombrías montañas de
Saboya lo que miraba. Lo que volvía á ver era una pá·
gina de su vida, cuando, sobre una playa bretona, se había dirigido á un anciano para obtener de él consejos y
lecciones. Después esos largos meses de invierno, durante los cuales se dirigía á su caea todoi los días; la pena
que había tenido en vencer sus timideces¡ las desconfianzas de aquel enamorado sexagenario, hasta llevarlo
por fin á solicitar temblando una mano que ella le tendía
desde hacía largo tiempo. Y esa era la misma escena representada esta vez con la habilidad que da la experiencia. Acababa de ganar Ja primera escaramuza más facil..nente de lo que había esperado.
Se pasó la mano por la frente.
11Sia embargo, no debo f1nn cantar el '.Itl Dewn, por
que la victoria definitiva será vivamente disputada. Ten·
go en el sitio una temible enemiga. A través de las reticencias de Carlota he comprendido perfectamente qnejla
niña me es hostil: ella defiende contra mí á su aya y defenderá á. su padre más aún.&gt;1
Ante ella, sobre la zona que bar.la el lago, pasaban en
esa hora del crepúsculo bandadas de paseantes, familias
enteras con hermosos nifi.os elegantemente vestidos.
Ella l6s seguía con los ojos.
«Yo no amo á. los niños, dijo con tono duro, á los niños
ricos, á los niños mimados. Yo jamás he sido mimada:»
Recgrdó su triste infancia en la pobre casa de Bretaña,
la envidia que le inspiraba s·1 pequeña amiga Valeria
Martío, á. quien sus padres amaban y chiqueban.
«Sin duda, pensaba ella, yo habría sido menos mala si
hubiese sido aroada.n
Un peco de vacilación pasó por sus ojos: libraría la lucha contra esa nif'ia? el fin valdría la pena? Pero recordó las confidencias de Carlota; el taller con sus bronces y sus mármoles preciosos amontónados en desorden}
la balumba de las grandes cajas llenas de maravillas adquiridas por el pintor en sus diferentes viajes. Sí, la partida valía la pena de ser jugada. No se trataba por cierto
de amor, el amor ne era para ella mas que un engaño in·
fernali una trampa donde el más débil, el más ingenioso
de los dosi se deja cojer. En esa trampa ella había caido
una vez y había sufrido hasta desear la muerte. No caería ya en adelante.
En tanto que así pensaba, había llegado la noche.
Ella permanecía de codos en su ventana, en un enauefto
profundo; no oyó ni la arena de las calles crujir bajo
nnos pasos rá.pidos, ni el tiwbre de la campanilla. s~
estremeció cuando la voz de Carlota le llegó de lejos¡
la alemana se dirigía á la criadai preguntando si la seilo-

ra Martín podía recibirla.
uAh! pensó Be!trana 1 una contra orden, sin duda, la
niña habrá vencido y van á partir.»
Pero no era de una contra orden de lo que se trataba,
muy al contrario, Carlota, jubilosa, llevaba áau querida
princesa el entusiasmo de su alegría.
-Os va á. dar lecciones! Os volverá una gran artista co·
mo él! Oh! querida amiga, cuán feliz soy! Cuán bueno es,

EL MUNDO

verdad? Y qué dulce recompensa para la aya por sus
cuidados y su abnegación! El me ha dicho: •Yo no puedo rehusar nada á una amiga de mi querida señorita Carlota!» Yo le pedí que me llam.ase Carlota el día que me
dió eu corazón.
-El día en que os dió su corazón! rep!icó la Sra. Martín, cuyas finas cejas se fruncieron . Os ha dado su corazón! Y por qué hacíais de eso un misterio?
Carlota enrojeció:
-Oh! Yo esperaba ......... yo pen~aba ...... Yo creía que
el Sr. Duvernoy estaría contento de mi discreción! y
además, era un placer tan grande tener un secreto con él
solo! Perdonadme!
-Entonces él quiere casarse con vos? Os lo ha dicho?
Será eso muy pronto?
-Muy pronto! Oh! no, querida amiga. Cómo había de
ser eso muy pronto? El gran patriarca Jacob no guardó
acaso durante catorce ailoa los rebaflos de Laban para
casarse con su querida Raquel? Cómo testificaría yo me•
nos paciencia, cuando no tengo menos amor? La recom•
penaa es demasiado bella para no ser esperada.
-Pero vos decía que os ha dado su corazón!. ....... .
Cuándn? ...... Cómo? ...... en qué términos? ........ .
Fué desdués de la enfermedad de Lila. Un corazón so berbio, tododeoro,enriquecido de turquesas y diamantes. Pero los diamantes y las terquesas nada significan, el
corazón lo es todo! El me ha dicho: uEs vuestro emble•
ma, sefiorita Carlota, vos sois un corazón de oro.n
La Sra. Martín disimuló con trabajo la irónica sonrisa
que plegaba sus labios.
Cuando Carlota hubo partido:
-Imbécili ex-clamó. Me ha dado miedo. Vamosi deci·
didamente intentaré la aventura. La niña me hacía vacilar, Carlota me deeide.
Y sintió una alegría malsana en derribar el fragit cas~
tillo de cartas de la imprudPnte Carlota; una alegría de
corazón helado, ura perfidia femenina, celos de ese ino·
ceute amor que amenazaba con elevarse tan alto.

x:xrv
Al día siguiente, al despertar, Lila arrojó un grito alegre. Una bruma ligera se extendiai á través &lt;le la cual
las montafias de Sabaya parecían como veladas de gasa.
Llegaba, por fin. el efecto tan vanamente esperado por el
pintor hacía tantos días.
-Oh! exclamó ella. qué felicidad! papá acabará su estudio y partiremos.
Se asombró de no ver á Carlota sentada, como de ordinario, al pie de su lecho, pero la alegria de la próxima
partida la volvía filósofa:
-Apuesto á que está en casa de la uprincesa negra,u sila
duda para decirle a.dios, puesto que vamos á partir. Oyó
rumores que partían del taller; su convicción se afirmó:
eran movimientos de cajas y golpea de martillo.
Están empacando-peneó~¡que felicidad!
Se levantó aolll, se vistió apresurad.amente, corrió llena de gozo al taller y se arrojó entre las piernas de su
padre, manifestándole ardientemente su alegría. El la
recibió con impaciencia, casi con cólera.
-¡Eres insoportable, déjame tranquilo, por poco me
haces caer!
Tenía entre Sus manos una soberbia á.nfora que acababa de salir de una caja y que llevaba con infinitas pre•
cauciones. D~scontenta y sorprend:da, ella retrocedió,
después miró en su derredor. No se trataba de empacar
sino de desempacar; las cajas no se cerraban, se abrían.
De sus flancos salían hermosos objetos, que la niñ.a, en
cualquier otro caso hubiera visto desaparecer con guato;
ante esos primores habría alegremente batido palmas;
pero pPrmanecía inmóvil, inquieta, no osando cuestionar, temiendo la reepneata, mirando con sus grandes ojos,
llenos de ese terror de las cosas de la vida que los nifíos
presienten y que no comprenden.
La víspera, despues de la partida de su visitante, el
sefior Duvernoy ee había percibido de que su taller, esa
gran coqueterla de los prntorea, se encontraba en el más
espantoso desorden. No se· había tomado el trabajo de
o"narlo para aquella instalación. temporal, limitándose á.
colocar ilU caballete, Bll caJa de colorea y algunas telas;
las estatuitas, los broncea, adquiridos recientemente, se
encontraban depositados en desordeP aquí y ahí. Desde
en la mañana había dicho á. la aya:
-Si queréis ayudarme, sefíorita Carlota¡ haremos esta

cámara más digna de la visita de vuestra amiga. Bastar
abrir mis cajas y sacar de ellas algunas telas y algunos
bibelota.
Alegremente, ella le prestó su concurso y estos preparativos eran los que Lila acababa de sorprender. Ella dijo con insistencia:
-Pero si hay bruma en el lago, papá.
-Sí, sí, respondió él, lo sé, ·pero eso no ti~ne ya la
misma importancia puesto que no partimos.
Herida en el corazón, ella repuso:
-No partimos, por qué, por qué?
Por que yo encontré ayer una discípula á quien he prometido lecciones: la princesa negra.
Oh! á la primera mirada en el taller había temido ella
esta respuesta. Sin embargo, hacía tantos diasque aguardaba aquella bruma que debía permitir la partida! Tantos días que al despertar corría á la ventana, irritándose
contra el sol radioso! Y he aquí que la bruma extendía
sobre el gran lago su manto de gasa, y cuando Lila corría
á llevar esta dichosa nueva, se le respondía distraidamente que aquello no tenía importancia por que no se
quería ya partir. Y era él, su padre, quien decía esas cosas lamentables! El sabía bien no obstante la pena que
le causaría.
No putiría ya! Y por qué odiosa razón? La princesa
negra, la maldita, la execrada; el ogro de los cuentos de
hadas! Su padre, su padre le daría lecciones ;.í. eea fiera,
sería todo de ella y no se acuparfa ya de su pequefia Lila!
La cólera de la nii'ía se mezclaba con el terror; hirió el
suelo con el pié exclamando:
-Yo te lo prohibo, yo no lo quiero!
Por la primera v~z él resistió á. e~a imperios1 voluntad,
y respondió:
-Lo quiero yo.
C«rlota á Felipe.

uExcelente Sr. Felipe, la ay~, fiel á su promesa, va !\
d8.r cuenta á su bienhechor de los acontecimientos que
pasan en esta casa, donde, gracias á su protección ha sido recibida para encontrar la pura afección que desearía
su corazón sensible. Cómo podría ella olvidar aquellos
hermosos acentos paternales? uV uestros sueños se reali •
zarán, señorita Carlota, contai conmigo. soy vuestro
aliado.&gt;, Magnánimas palabras que Carlota lleva cociQ.as
en u,n saquito azul sobre su corazón reconocido y que resonarán en sus oidos más melodiosamente que los con·
centos de los serafines que cantan ante el Señor.
et Vos sois bueno, sefiorJFclipe, pero os diría yo el temor de mi alma? ......... Oh! sí, pues que sois el confiden·
te de vuestra humilde amiga. Abora bien, temo que Lila no sea misericordiosa. Quiero pintaros la escena con•
movedora que ha tenido verificativo ayer. Ah! si vos hubiéseis l.'Ptado ahí, vos, á. quien ella. honra con un temor
tan tierno, habríais hecho entrn la benevolencia en su
corazón rebelado.
uYo no he hablado aún al Sr. Felipe de la noble amiga que la Providencia me ha hecho encontrar en este
camino de la vida, donde se halla, en medio de tantas
palomas blancas, tantos gavilanes de garra cruel, tantos
rapaces carnivoros, tantas :fieras de terrible rugido. Así
ha sucedido, eeñor Felipe, que esta noble hija de loa re•
yes de Armórica, se ha visto condenada por la ferocidad
de un esposo indign 1 de su mano y por su orgullo en no
condescender á humillantes limosnas, á ganar por el trabajo una modesta vida que los favores de la fortuna embellecían en otro tiempo; pero que parece mil veces
conmovedora en las pruebas de una pobreza soportada
con tanta magnanimidad.
1cEl generoso Sr. Duvernoy ha tenido á bien consentir
en dar á la desterrada preciosas lecciones para aumentar aún su talento en el arte tan hermo@o de la pintura
al aceite. Ayer el hermoso taller se adornaba bajo la dirección del gran arfü,ta. ¡Oh, qué hermoso ea ese tallert
los magníficos mármoles que el Sr. Duvernoy ha adquirido de los grandel3 estatuarios de Italia, salieron de sus
envolturas, felices de instalarse sobre las consolas para
festejar á la visitante. Las ánfóras, loa vasos precioso.::,,
se colmaron de flores de colores variados. La pobre Carlota quiso llevar un hermoso cojín de perlas que recibió.
de Bavierai donde Vergi88mein nicht ee extendían sobreun fondo blanco de seda preciosa.
11Lila, sólo, tengo el dolor de decirlo, contemplaba estos preparativos con ojos entristecidos. Sentada en un

�EL MUNDO

rincón, hurafia Rehusó ayudar á su aya en el trabajo
delicado de poner las flores en los vasos.
No respondió á su querido papá, cuando él la llamó á
su lado y aún hirió el suelo con el pie, encolerizada; osaría yo repetirá su padrino sus propias palabras? Ella di·
jo: 1&lt;No quiero :n Pdro su padre, en su bondad enérgica y
segura, n,apondió con fiereza: 1,Yo lo quiero.»
Cuando la priacesa desterrada apareció, semejante á
una reina, cuando el 3eflor Duvernoy avanzó para ofrecerle la m·aoo, cuando la hubo instalado ante su propio ca•
bailete, ese caballete en que él compone sus obras maestras, que harán para siempre la aJmiración de ·1a posteridad, en tanto que el aya se apresuraba á depositar sobrd el sillón el espléndido cojin ornado por la flor delrecuerdo, he aquí que en el silencio retembló de pronto
un gran sollozo.
uA.hl señor Felipe, que puñalada recibíó Carlota en su
corazón sensible, viendo llorar á la bien amada Lila.
11Corrl á ella con los brazos abierOOs, ella huyó recba•
zándome. Yo la busqué vanamente en el jardin; por fin
pensé en visitar su cuarto. La pobre Lila, tendida en
tierra lloraba muy fuerte. Sd esforzó en escapáraeme,
pero yo la había asido. uQué tenéis Lllaquerida?,1 Ella no
quería responderme; poco á poco llegué á calmarla, pero
rehusó irá. presentar sus excusas á la visita. ¿Por qué la
habéis traído? decía. Bien sabéiB que no la amo. Kh pre•
ciao que parta. uNo quiero que esté aquf.n
11[i'ué en vano que yo me esforzara en hacerla ruborizarse de la dureza de su corazón. Ella Bacudia la cabeza
con una obstinación muy culpable. Viéndola más tranquila, la dejé para volver al taller, ilabiéndomelo ordenado así el señor Duvernoy.
(&lt;Oh generoso señor Felipe, Lay en la vida horas bellas
y preciosas! Cuando le ea dado al alma contemplar la
magnanimidad, y este es el bello espectáculo que se
ofrece á los ojos de la pobrecilla aya. La infortunada
víctima de la injusticia 1 había enjugado loB pinceles y
dejado el caballete y se mantenía de pie en la actitud dé
Ia:grandeza.
uNo, decía, no quiero hacer llorará vuestra hija; id
((pronto á. consolarla y decidle que no volveré máa)) Pero

él, como conviene á los corazones generosoB, se obstinaba: uEstas lecciones os son necesarias, no debéis hacer
caso alguno de un capricho de niño.)1-uYo no quiero
que vuestra hija llore, repetía ella mirándole dulcemente, Era ese un noble combate de grandes almas, y las lágrimas de ternura mojaban mia pupilas· al considerarlo.
«Fué entonces cuando la humilde aya se permitió elevar la voz. Lo que ella no osó hacer por sí misma lo hizo por la tranquilidad de su hija de adopción. Osó pedir
al gran artista que diese sus leccione·s en la morada de
su amiga, pues que la generosidad le haría salir de su
taller. El señor Duvernoy quedó muy contento de mi
idea, porque me tomó la mano diciéndome: ccVerdaderamente sois una excelente persona, señorita Carlota.u
n¡Oh! ¡qué dulces palabras! Y cuán orgullosa se sentía
Carlota por haber merecido ee0 elogio. Peri) la hija de
los reyes1 ¡qué altiva! 11Yo no aceptaré eso jamás 1 ), decía.
El señor Duvernoy unía sus súplicas á las de Carlota.
Por fin la noble armoricana cedió 1 vencida. Vi una lágrima de reconocimiento brillar en suB ojos. Quedó convenido que el seflor iría diariamente á. darle una lección
durante las horas de paseo que yo doy con la bien amada Lila.
&lt;(A.caso censuréis vos mi debilidad, señor Felipe 1 pero
yo jamás he castigado aun á la queridá niña, y sería demasiado duro comenzará propósito de una amiga mía!
¡Oh, señor Felipe, cuán dulce es amar. Pero también
qué suplicio afligirá aquellos á quienes se ama!
nYo creo que el señor Duvernoy está contento de que
las cosas se hayan arreglado de esta manera, porque me
ha testificado que mi pequefia combinación le agradaba.))
uPues que el Sr. Felipe ha tenido á bien permitir á
Cadota que le abra su corazón, me excusará que le diga
que espero haber probado hoy al Sr. Duvernoy que su
humilde amiga sabe mostrarse util y segura, y que así
me he elevado en la escala de su afección. JamáB al ha•
blarme ha tenido un aire mis satisfecho, ni aun cuando
me dió su hermoso corazón de oro. Siento, estoy segura,
que he hecho un feliz progreso en el camino que me conducirá á la felicidad.

DOMINGO • DE MAYO DE ,ls,7

11SupHco al Sr. Felipe crea siempre en el eterno reconocimiento de su devota
c&lt;CARLOTA.n
IA1.a á Felipe.
uPadrino Felipe, padrino Felipe, soy muy desgraciada,
soy muy desgraciada, más desgraciada que todos. No te
he dicho que la princesa negra quería quitarme á mi
buena Carlota; si tú supieras, padrino Felipe, cuanto trabajo me ha costado impedirlo! Yo tomaba mi lección
todas las mañanas, aun cuando casi no tenia deseos de
ello. ¡Tú lo sabes, jamás tiene Uü.O deseos de tomar eus
lecciones! Y después, á la siesta, 1bamos de paseo, pero
ea igual, yo no estaba muy tranquila y tarde ee me hacía volverá Pontarlier.n
nY bien, adivinarás lo que ha hecho ella? Ha venido
al taller de papá y le ha pedido lecciones de pintura. Ell a
quería, ya comprenderás, venir todos los d1as; entonces
me habría robado á mi papá y también á mi buena Carlo ta, y yo no habría tenido ya nadie que m&lt;d amase pucetu
que tu no eetás aquí."
Tú no sabes cómo papá me regafió injustamente; no
era sin embargo una necedad decirle que había bruma
en el lago. Ya no me quieren como antes, y eB la princesa negra quien lo impide¡ yo he leído eso en un cuento.i1
(iHabía una vez una nifiita cuya mamá b.abía muerto
y á quien una hada malvada atormentaba . .En primer
lugar no es del todo una princtsa por que no t'f! negra.
Se quitó el sombrero; vi sus cabellos, son rojos, son muy
feos los cabellos rojoe.u
«Y bien! papá sostiene que son de HUn matiz soberbio,
muy rnrc, 1 como del cobre en fusión.),
uOhl Pairino Felipe, yo no se ya ahora cuando volveremos á la casa de mi pobre mamá.
uPapá me ha prometido que la mujer roja no vol vería.
ya á su taller, pero yo insisto eu partir y quién sabe por·
qué él no quiere . .A.demás, veo bien que está deBcon1ento
de mi.
((Padrino Felipe, yo soy muy desgr:rniada.
u7'u pequeiia Lila que pie-,UJa mucho en tí.))
P. S. Has visto ya los osos blancos? Si pudieras traerme uno pequefiito, yo lo mantendría, y cuando fuese gran·
de, le haría devorar á la mujer roja.
uYa té su nombre, se llama Beltrana; no es lindo ese
nombre como el de Lila, verdad? pueB bien, papá pre·
tende que es un bellísimo nombre, de un sonido guerrerrero. Admira todo en ella y Carlota también.

~DOMINGO 9 de MAYO de 0897

ELMUNDO

LA MODA.
Conocéis una joven tan encantadora c·1anto veleidoea?
~tan linda como exigente y tan dulce y seductora, que
-atrae y subyuga á. todos cuantos la mirán? ......... pues
-esa joven hechicera, esa engañadora sirena es la Moda.
hija .única de un matrimonio extraño contraído entre el
Buentono Y. la Locura; sacó del primero Ja gent,ileza y
la arrogancia, y de la madre, la gracia y veleidad; á. su
prea~ncia lC?B co~zones jóvenes se sienten atraídos por
u_na mvenc1b~~ simpatía, y el padre de. familia, por rÚB·
hco que sea, tiene que ceder ante la mcógnita deidad,
viendo á sus tiernas hijas embellecidas por los encantos
que ella derrama á manos llenas. Así, puee, no extraña·
rán nuestras queridas lectoraB que consagremos un es•
pacio mayor en nuestras columnas á. tan gracioaa co•
,quetuela.

Figuras I y .a. -Trajes de recepción y de paseo.

l~-Chaqueta estrecha de encaje grueso, adornada únieamente por dos solapas de piel de seda azul. Las mangas muy ajustadas están adornadas por cuatro bucles de
la misma tela, con encaje y b&lt;;tones de concha. Este mismo adorno ae ejecuta en el borde inferior de la chaqueta
y mangas. La falds plegada en pliegues gruesos, va adornada con doB tiras del miamo encaje en forma de quillas.
Z?-Este traje lleva un cuerpo blusa oon grandes hombreras y abrochado en el lado izquierdo con gruesos botones de cuerno. Falda y mangas de fular Pompadour.
-Sombrero de paja, color crema, con penacho de plumas
blancas y cintas Pompadour.
Figurillls 3 y 4.-JJ o s trajes de paseo .

1?- Vestido de seda azul claro. La falda va adornada
-con ocho cintas de terciopelo azul muy obscuro, de un
centímetro de ancho, y dispuestas en semicírculos hasta
Hegar al borde de la enagua. Talle-b~usa cubierto con
muselina de seda crema, adornada con terciopelo azul y
-encajes crema, espalda lisa, manga con bullón muy alto 1
adornada con cinta y encaje en el borde.
2?-Este traje es de alpaca color vert estilo sastre, muy
propio para el verano; va adornado con trencilla color
mordoré y botones de fantasía. Mangas de pernil con
plisé en el borde; cuello vuelto de falla.
Figuras

s y 6.-Trajes de

Visita y rec epcl9n.

1?.-Este elegante traje se compone de un cuerpo de
muselina de seda acordeón, terminando en punta. Coselete y mangas de encaje guipure. Grao cuello de seda á
-rayas diagonales y cuello recto adornado con un finieimo encaje. La falda del mismo listado diagonal.
Sombrero negro, con flores de seda color de oro, agrupadas á un lado,
2?-Vestido primavera de bengalina glacé, enteramenliso, cruza al abrocharse sobre el lado derecho y se abre
-en el talle, encima de un cuerpo de muselina de seda,
adornándolo con cocas de listón broché, lo mismo que el
-cuello. Cinturón de encaje. Manga muy abullonada y
fruncida.

Fernando á Felipe.

______,,,

...._
Figuras

1

y

2.

-=-=-··

-Trajes de recepción y de paseo.

ACU AREL.A.

((Mi querido amigo.
Ka tengais cuidado por la Balad de la enfermita. Va
bien, gracias á Dios. Sólo que, ei su[ealud es buemi, su
caracter deja mucbo que desear; está muy chiqueada y
sus pretensiones al despotismo no tienen límite.
11Hé aquí un ejemplo:
"Tiene la idea fija de volverá Pontarlier y yo la tengo
también por cierto. Mi permanencia en Lausanne no es
máB que provisional; mas creo ser el amo y fijar eegúu
mi conveniencia el momento de la partida . .A.hora bien,
diariamente hay pequeñas escenas á propósito de Ja 4:terna pregunta: ¿cuándo partimos? ¿cuándo partimo~? Después ojos llenos de lágrimas y flatos ante mi respuesta
de que no quiero partir aún.
((Oh! sí, Ja he mimado mucho y ya eB tiempo de darle
algunas lecciones más exactas de la autoridad paterna y
de la sumisión filial. Vuestra presencia me eería muy
util para ensef'i.ar á esa niña caprichosa, que los padrt'~
no deben obediencia á loa hijos.
uAcaso me deje llevar un poco de la cólera; pero á la
larga es difícil no resentir alguna irritación.
&lt;(Nada más tengo que deciroB de nosotroe. Tengo en
venta algunos cuadros que encuentran buenos. Este pa;s
me:proporciona excelentes estudios y no tengo gran pris(en irme á enterrará Pontarlier.
((Se me hace tard-a recibir no~icias vuestras, mi querido
Felipe, y sobre todo veroa volver de esa expedición de•
masiado larga para lo que desearía vuestro hermano

Rirrí! Rirrct gritaba la pobre viejecita, que no se atrevía á dar un paso por
temor de tropezar en un trebejo é ir á limpiar el suelo con su cuerpecillo amojamado: Paro Rirrí no contestaba, y la abuelita empezaba á amostazarse con
la desatención de la chiquilla. ¿Dónde diablos estarla Rirrí?
La casucha en que vivía Rirrí era un O:do de urraca, donde pudiera ha•
llarse desde la celada de Don Quijote, hasta el gorro encascabelado de Polichinela 6 la camisa astrosa de Pasquino.
Rirrí era la perla, ella la ruda concha que la guardaba. Los quince afias
habían deshojado todas las flores de sus primaveras en aquella carita fresca,
olorosa y risueña. De su seno, hecho para Eervir al .A.mor de cabezal, surgían
redondeces tímidas y palpitantes, que obligaban á. pegar en ellas las miradas.
Era como una corderilla de las que en otro tiempo ae apacentaban en las repuestas praderas de Engadí; flor hermosísima, digna de ornar la frente de una
reina, zagaleja peregrina merecedora de aquellas estrofas voluptuosas y ardientes que preludió en su arpa el apasionado autor del Cantar de los cantares.
Brillaba en sus ojos la llama celestial del pudor, en su boca palpitaban los berns, ganósos de desplegar las alas y enloquecer almas, y en su espiritu espumaban la malicia amable de la mujer y la candidez angélica de la nifta, fundiéndose ambas en marid .. je cariñoso. Aurora, cuando asoma su rostro luminoso en el Oriente, no es ni más adorable ni más bella.
Rirrí prdeaaba amor ardiente á las flores, tanto, que muchas vece3 ibi al
jardincillo que en~lanaban sus gentiles hermanas, y a1lí ee eelaba horas ente•
ras mirándolas, ohéndob?s, besándolas, acariciándolas como si fueten criatura:!
humana@. Aquella mañana Rirrí cazaba mariposas, acompañada de Andresi~
llo, un buen muchacho, tímido, esquivo y melancólico, que la quería mucho
Sudorosa, jadeante, rojas laB mejillas, en desorden los sedosos cabellos, medio.
abierta la boca, donde se asomaban unos dientitos :finos y blancos, y desabro•
chado el corpiñ.01 Rirrí se detuvo unos momentos para tomar aliento y saltar
un arroyo. Andresillo la contemplaba con extraña insistencia desde el opuesto lado. Estaba hermosísima Rirrí!
Ella inclinó el cuerpo hacia adeln.nte y algo potente, eléc~rico, enloquecedor y grandioso sintió su compaii.ero, porque el vértigo le empujó, fuese á
donde ella, la apretó en fuerte nudo entre sus brazos y lueg,&gt; estampó en aquella boca, nido de fragancias y armonía@, un par de besos, ruidosos, sonoros,
largos y quemantes, que hicieron estremecerá las flores de celos y de envidia.
Y mientras la abuelita se desgañitaba gritando: Rirrí! Rirrí!, ella decía
sonriendo á Andresillo: Mañana te eapero para que cacemos mariposas!. .....
PEDRO

Mo~"Txs1xos.

i;Duvcrnoy."
Continuará.

Los ojos del espíritu, como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver
más allá de cit::rto límite.-AljmUJo Ka,-r.
.Fig.ur.as 3 y 4.-Dos trajes de paseo.

Cuando uno se queja de la vida, es, casi siempre, porque se le ha pedido
lo imposible. -Ei-nesto Rentui.

�EL MUNDO

DOIIINGO g DE MAJO DE 1897

IDILIO ETERNO
CONSEJOS

Ruge el mar y se encrespa y se agiganta¡
La lu.ua, a\'e d~ luz, prepara el vuelo,
Y en t:l mouitmt.o t:n que la faz levanta,
Da un beso al war y~ remonta al cielo.
Y aquel mónstruo indomable que respira
Tempestades y sube y baja 7 crece,
Al sentir aquel ósculo, suspira ........ .
Y en su cárcel de rocas ...... se estremece!

-Es muy malo para la salud tomar el relente ó eereno,
ó recibir la humedad que cae de noche, como 1-ambien el
frecuentar después de anochecido, los bosques, jardines,
alamedas ó paseos mnypobladosde árboles ó de plantas;
pues habéis de saber que las plantas y lae flores durante
el día embalsaman y purifican el aire, pero luego que el
sol ee pone, despiden un vapor ó gas que corrompe el ai •
re, dando dol()r de cabeza, y á veces basta desmayos, á.
quien lo respira .

,/!}/·,'
,

~-

/·•·

.Hace siglos de siglos que de lejos
Tiemblan. de amor en noches estivales:
EUa le da sus límpidos reflejos
Et le ofrece sus perlas y corale;!

nica biciclet.11 qui
tiene esta ventaj1

e, la

Y el mar la arrulla con 3u eterno grito'
Y le cuenta su afán y su amargura
'
Con una voz que truena en lo infinito!

t,ienen más refor
mas modernas y ex
elusivas qne ningu
nas ot.ras.
Pídanse catálagOI
y pormenores,
Trachsel y Cia.
Unicoe A.a-@ntAi:1 ps
ra la RepO.blica.

~'L!i

&amp;Jb"

A.partado 349 Calle flp, fiantP nllm

En un ...
Aguacero

Y ella exclama en su loco desvarío:
uPor doquiera la mnerte me circunda!
Detenerme no puedo, mónstruo mío!
Compadece á tu pobre moribunda!. .....
Mi li.ltimo beso de pasión te envío·

Mi casto briBo á tu semblante junto!;; ..... .
Y en las hondas tinieblas del vacío
Hecha cadáver se desploma al punto!

Y al contemplar los lum111,osos rastros
De la alba luna en el oscur-0 velo
Tiemblan de amor los soñoliento~ astros
En la profunda soledad del cielo!

EFLORESCENCIAS
1\0.JECEB

&amp;

.

~ el ot,\I•

,ncx,r,.

-----

CABELLO

~herry Pcctoral-apnrece en la envoltm·a
• ie realce 1!11 el crist,11 n~ ciula frasco.

EN EL CONFESIONARIO

SALES AMERICANAS

Cerca al confeeionario
La ví llorosa en las desiertas gradas
Del templo solitario,
Las manos engarzadas
En el coral y el nácar del rosario.
Llena de virginal melancolía 1
De devoción y de ternura t&gt;jemplo,
De en plegaria el murmurar se oía,
Yuna estátua de mitrwol parecía
Llevada allí para adorrar el templo.
Símbolo de la cándida inccencia,
Con sus culpas á solas bata Haba,
Y del embHme altar en la presencia
La pudorosa fre11te reclinaba
Temblando ante la voz de su conciencia.
Su corszóri contrito
Con inquietud latía:
Tal vez del ángel el mayor delito
Era llorar en éxtasis bendito
Por cosas que ignoraba todavía.
Del incienso la nube fugitiva
A intervalos velaba su belleza,
Y del sol una ráfaga cautiva
En la calada ogiva
Iluminaba su gentil cabeza.
¡Ay! calma ya tu corazón contrito:
Que un ángel como tú, de fé modelo,
Está. de Dios bendito
Si antes de confesarse su delito
Sus culpas llora y le ilumina el cielo.
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&lt;( -o"e
·¡;

Figuras 5 y 6.-Trajes de visita y recepción.

CLUB ATl.,ETICO DE TAM:PICO.

Dada la importancia que día á d~a adquiere el puerto de Ta1,I1picoi no es de extrañarse que una institución que como el {(Club Atlético,» requiere grandes centros de po•
blaci6n, baya podido desarrollarse y prosper.ar, en medio de un pueblo corto, es cier·
to, pero cuya mayoría de habitantes goza de cierto bienestar.
El elemento principal con que ha contado para su prosperidad y desarrollo el
Club de Tampico, ha sido las colonias extranjeras, muy numerosas y ricas en aquel
puerto del Golfo, así como el empeflo y entusiasmo cen que ha trabajado el presiden•
te del mismo, Sr. Griffith,:cónsul de S. M. Británica.
Cuenta la Sociedad con un amplio edificio, en el que tiene instalados salones de
gimnasio, esgrima, box y un baño de regadera para el uso de sus miembros. El aepecto que de noche presenta, es muy animado y original, entregados la mayor parte
de los concurrentes á diversos ejercicios atléticos y al mismotiempo parecefiquello una
torre de Babel, pues se escuchan animadas convereaciones en inglés, francés1 alemán
y espafiol. Esta variedad de lenguas da al Club cierto caracter de cosmopolitismo quelo hace más agradable.
·
La sala de esgrima está á cargó del profesor francés Sr. Des-Easarts, quien Iestá
sacando discípulos muy aventajad.os. Nuestro grabado representa un grupo de socios,
teniendo por fondo una de las cabeceras de la sala de esgrima¡ ésta se halla decorada ad hoc con trofeos de armas y los escudos de las naciones cuyos hijos forman la
sociedad.
El lunes último tuvo verificativo el primer asalto p1tblico que constituyó una fi"
ta mu~ agrada~le. El señ.or Des•Essart9 presentó un grup¿ de sus discfpulgs 1.1,, -1
aventa1adosi quienes por sorteo iu.eron .saliendo.al combate siendo el último venceo, (
el S~. Ollerhead, Y. su inmediato champion_ el Sr. Bourdolin'. Ambos fueron f.remiador-~
el primero con un Juego completo de esgrima y el segundo con un puña . Alguno"'
B;Saltos posteriores de sab~e y espada, entre el profesor Des·Essarts y el Sr. Carlos _Ma·
t~enzo, y un asalto de ~ugllato entre los señores WillsonyBarr,'dieronmayorannna·
c1ón á la fiesta que termmó con un espléndido baile con que fueron obsequiadas las se·
iloras de Tampico. En la actualidad es el Club el centro de reunión de las famílias]másdistinguidas de aquel puerto.
,
0

El Club Atlético de Tamplco.-Grupo de socios.

O
•

ED.PINAUD

17"' Pó11~11s&lt;' en ¡?n:nclla. contrn las imita.!i lne-s 1,arn1:1s. El nombre le- Ayer's

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LA.IT Al'ITÉPBÉLIQU&amp; -

PREl'AlllOO POR El OR.T ORREL DE PARIS

PREPARADO POR

Todo calla ...... el mar duerme y no importuna
Con sus gritos salvaJes de reproche
Y sueña que se besa con la luna '
En el tá.lamo negro de la noche!

CAMPO.AMOR.

'O'NIVE!SAL DEL

Pectoral
de
Cereza
del Dr. Ayer.

Entonce el mar de un polo al otro polo,
Al encrespar sus ondas plañideras
Inmenso, triste, desvalido y solo, '
Cubre con sus sollozos las riberas!

Te adviertoi ángel caído,
que ya has perdido en la opinión las alas,
y que el olor de santidad que exhalas
ya sólo lo percibe tu marido.

RESTAURADOR

el hombre se ca1ó hasta los huesos.
Y esta mojadura le clió un resfriado.
Descuidado éste se le presentó la
tos. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomHr una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese atajado el
resfriado, impedido la subsiguiente
enfermedad y padE':cimietJto, y economizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, to~es, mal de gar.
ganta y todas las afecciones pulmo.
nales es el

Un inst,ante!. .. mitiga mi amargura
Ya que entu lumbre sideral me bañas·
No te alejes!. ..... No ves tu imágen pu;a
Brillar en el azul de mis entrafíai:,?»

J LLIO

-

VICTOR V VICTORII

Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio el' que su luz desploma
Y veJando la faz tras de la nube
'
Le oculta el duelo que á su frente asoma.

•

y OKOB.-\MA. El mar, á BUS pies, yace gi.
miente é indefinido.
Hasta la aren'laa ribera se extiende la te.
rraza del viejo palacio. Sus balaustres de venerable cedro matizan con nota bruna el
fondo blanco. La villa, muy abajo, duerme
sombría y solemne. Solo l)alpitan, melancó•
licos, errabundos farolillos¡ algunos retardados concurrentes de las casas de té regresan.
do á sus moradas.
Bicorne, sangrienta, de frágil apariencia,
}a luna eedeslizacercadelhorizonte, haciendo pensar en una avecilla herida que se debate en los poi:,treros espasmo@ ..... .
HObitzílú, fantasista vigoroso, 11poyado en
la baraada contempla el mar gimiente é in•
definido.
Loe bajeles titnhfan sobre las ondas re•
volt.osas, cambiantes, sanguinolentas ..... .
De sui:, bandas fluye la luz rlesanimada,
medrosa, sobrenadante. Las bocinasenvfan
imperativas, órdenes de .o ando. El cordaj~
t€mblorea escalado por enormes ineectoe: los
silenciosos marineros.
Las aves marinas pardnzcas, chilladoras,
vuelan hacia lo alto en dirrcción de las gri•
ses nubes.
Paisaje inst-a ble. Llreve cadencioeamente,
y el tisú metálico, radioso, parece encerrar
el cuadro en un Vaf!to fanal de vidrio ..... .
Bóhitzoú deja eecapar de su pipa algodonsdas e11pirales de humo ascendente@, em•
brumadoras ..... .
En tanto que piensai amateur furineo de
su art~, en una acuarela de ejecución ~mpresiollista, rasgos geniales y húmedas brillan•
teces, donde se vean una luna sangrienta,
un mar pluvioso y buques que tit.ubean sobre las ondas revoltosui cambiantes y ean•
guinolentas ...... l
JosÉ Axroxro RO)fAX.

tA. DE¿

VICTORIA, h

más cómoda, her
moea y fuerte.
Las bicicletas

Ella lo aduerme con su lumbre pura

Y al descender tras de la sierra fría,
Le grita el mar: ((¡en tu fulgor me abrssol
No desciéndaa tan pronto, estrella mia!
¡Estrella de mi amor ... detén el paso!.. ....

~.::::::!;if=..=1'"= ="t=.-=l'&lt;z=.~

Fij•een enla SILLA
IJE VOLTEO, la ú

Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amantes afligidos·
.h..llr¡, le dice: "¡te amo!' 1 en su; fulgores,
Y el responde: "¡te adoro!" en sus rugidos.

Camprende que su amor es imposible
Que el mar la copia en su profundo een~,
Y se contempla en el cristal movible
Del mónstruo azul en que retumba el trueno.

-Nunca os laveis las manos, y mucho menos J,t. cara, tito esperad á comer después del balio: entonces come•
.
con agua caliente ó tibia, aunque este helaodo. Si no Re· réi; más á gusto, y os hará más provecho.
-Los artfonlos de despensa deben comprarse, s1 es poguíe este precepto, tendréis muchu más frio después de
haberos lavado con el agua tibia ó calen lada, ee os mar· sible1 en épocas determidadaJ del afio, que generalmente
son tas de la cosecha res~i va. Entónces abunda más
chítará y arru¡ará el cuti@.
el anículo y, por consiguiente, está más barato; en\oD-Los bafl.os de limpieza no han de 'Pasa: de un cuarto ces eetá. más fresco y, por consiguiente, es máe fácil sn
de hora, y el cuerpo ha de en&lt;:ontrarse á gusto en ellos?
es decir, que el agua no de':&gt;e mcomodar por su calor m conservación.
por su frialdad.
-Es muy malo comer dentro del baño. Si sentís ape~
NOCTURNA

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(t &gt;
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111

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CROQUIIS

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IJ)

La nC'che se va. F,l perfil
De la áspera serranía

Asoma tras la imti 1
üasa d~ la ni~bla fría.

11

,:,

l.J..

El céfiro, notlls mil
Ttae de la arboleda umbría
Do el eoro alado y gentil
P1eludia una sinfuoía.

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OJ:IU•ledlllo:i ueuen ou sv~119d sug

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....

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:li

Y mientras el rutilante
Sol asciende y reverbera
Rasgando el diáfano tul,
Va mi alma. delirante
Cabalgando en la Quimera
Por el ancho cielo azul!
ESTÉBAN FLORE-'.

Mayo de 1897.

�RAFAEL SALCIDO
§)mportaaor ae muebles americanos
,;.&lt;r;"'e?~-J..

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¿Qué le airé ..... 7
(Dibujo de Jo11é M.. Vlllasana.J

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>RAFAEL SALCIDO
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Atentado Rey Humberto</name>
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